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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

¿Qué es ETA? ¿A quién sirve ETA? ¿Cuál es el papel de ETA?

Infokrisis.- La duración del impacto de un acto terrorista sobre el conjunto de la sociedad se estima no superior a los cuatro días, acabados los cuales, la víctima es olvidada, sus familiares cargan en solitario con el dolor y las protestas ciudadanas se diluyen como un azucarillo. Los muertos pasan a la estadística y sus nombres ds olvidan. Por lo demás, no vale la pena desgañitarse mucho con condenas a ETA y a la madre que la parió, la imagen que queda fijada en la retina de la gente es la del presidente del gobierno, la del ministro del interior, algún miembro de la familia real y el jefe de la oposición condenando el atentado. A la sociedad no le llega ni que usted ni yo estemos contra ETA o que pidamos la cadena perpetua (y a todo esto ¿por qué cadena perpetua y no pena de muerte? Para delitos de especial gravedad el sentido común dice que cuatro paredes para un castigo son tres de más y que su poder ejemplificante es superior).

Creo que algunas veces enfocamos mal el problema. La acción de ETA y su misma existencia es, simplemente, tan odiosa que ante su primera manifestación en forma de crímenes reaccionamos como cualquier bien nacido: exteriorizando la protesta contra ETA y queriendo hacer algo para acabar con el medio siglo de actividad terrorista de la banda. Valdría la pena aprovechar estos momentos de “crisis” para plantearse qué es ETA, por qué existe hoy y quién forma parte de ETA. Empecemos por esto último.

La militancia etarra o el pringao criminal

A poco del atentado de Palma de Mallorca se han publicado las fotos de los terroristas. Es habitual. En realidad, a la vista de anteriores ocasiones en las que se ha hecho lo mismo, tenemos todo el derecho a dudar si verdaderamente se trata de los asesinos que pusieron la bomba en Mallorca o bien, simplemente, de las primeras fotos de etarras que tenían a mano en Interior, como para indicar que “todo está controlado”. Y lo mejor del caso es que nosotros pensamos también que, efectivamente, “todo está controlado”, luego explico el por qué.

Las fotos que hemos visto no difieren extraordinariamente de las que se han ido publicando reiteradamente en los últimos años. Siempre chavales jóvenes, siempre luciendo su mejor aspecto de descerebrados, siempre trasluciendo una imagen de escasa formación intelectual, moral y humana, siempre evidenciando un inequívoco aspecto de impericia tanto en terrorismo como en cualquier otra actividad. Así son siempre los próximos etarras que resultarán detenidos. Habrán colocado entre 3 y 6 bombas, asesinado entre 1 y 4 personas, y tendrán que sumar a sus actuales 20 ó 23 años, treinta más a la sombra. Ni siquiera tiene aspecto de psicópatas. Se trata simplemente de “pringaos”. Claro está que llamarles “pringaos” sin añadir que se trata de asesinos sería olvidar que ellos han elegido su camino y que deberán pagar por ello, su opción, simplemente, ha destruido su vida.

Cualquier chiquiliquatre que ingresa en estos momentos en ETA debería saber que no tiene por delante mucho futuro que digamos. Unos meses de preparación, su integración en un comando reunido a prisa y corriendo, apoyado por una pobre infraestructura, probablemente “quemada” por desarticulaciones anteriores, sin preparación técnica (no digamos política), tras haber disparado un par de cargadores en cualquier monte y leído cuatro comics sobre cómo armar un petardo, es lo que el neonato etarra porta en sus maletas para este viaje sin retorno. Entre tres y seis meses después, su foto aparecerá en un cartel. A partir de ese momento, puede ser detenido en cualquier instante. Fin de la historia. Otro chiquiliquatre lo sustituirá con idéntica perspectiva de futuro: treinta años a la sombra.

Desde el punto de vista político y jurídico, se trata de asesinos. Desde el punto de vista social no les cabe otro calificativo que el de “pringaos”. Un “pringao” es aquel que destroza su vida al servicio de una causa con la que ni siquiera está identificado. Se inmola al servicio de los intereses de otros, que, por supuesto, no son los suyos.

La “excepción vasca”

Hubo un tiempo en el que las fotos de los militantes de ETA eran diferentes. Los juzgados en el proceso de Burgos eran “hombres” hechos y derechos. Sabían lo que querían, e incluso sabían cómo lograrlo. No es que fueran menos criminales que estos, pero al menos mataban con la convicción moral de que estaban construyendo una opción política. En ellos había una voluntad política.

A partir del atentado de la calle del Correo cualquiera que hasta ese momento hubiera considerado a ETA como un fenómeno “político”, debió de renunciar a este punto de vista: lo peor de aquel atentado, no sólo fueron los muertos, sino que ETA jamás lo reconoció como propio… a pesar de que las pruebas eran abrumadoras. Simplemente, ETA no quiso reconocer que había asesinado a inocentes y, explícitamente,  asumía que no había explicación posible.

La sociedad española, y especialmente la oposición democrática, a partir de ese momento debió empezar a ver a ETA con otros ojos. Y sin embargo, no fue sino hasta entrado el felipismo, cuando el PSOE advirtió que no se trataba más que de un grupo de descerebrados dirigidos por asesinos en serie y psicópatas que argumentaban las más peregrinas razones para justificar sus desmanes. Y un fenómeno así solamente puede combatirse generando otro de efectos opuestos y que haga gala de la misma brutalidad. Durante la época del GAL la mayor parte de los españoles permanecíamos absolutamente indiferentes ante la liquidación física de etarras. Que los lloren sus madres que para eso parieron monstruos; la sociedad española no los lloró. El problema fue que el felipismo, fenómeno político corrupto como pocos, no fue capaz de encargar esta tarea más que a una banda de chorizos integrales dirigidos por incompetentes absolutos.

En los años 90, el terrorismo etarra quedó como “la excepción vasca” en Europa. Hasta el IRA se desmovilizó. Antes, en los años 80, todas las “organizaciones armadas” que actuaban en Europa Occidental fueron completamente desmanteladas, algunas de las cuales habían logrado un nivel de estructuración muy superior al de ETA (Brigadas Rojas, por ejemplo). ETA permaneció a título de excepción. ¿Algo se estaba haciendo mal? ¿por qué se hacía mal?

¿Para qué sirve ETA en 2009?

No creo que quede nada en ETA que remita a los viejos ideales de “independencia y socialismo”. Estos, como máximo, quedan como coreografía emotiva y romántica para justificar unos crímenes. Y, a todo esto, ¿qué sentido tienen esos crímenes? Respuesta: Mantener la llama de la franquicia. En general, poco más. Pero ¿por qué ese interés en mantener viva a una organización terrorista cuando por vía democrática sería posible llegar más lejos en la independencia vasca? Esa es la pregunta clave. Y responderla es bastante fácil.

Hubo un tiempo en el que ETA actuaba en función de una estrategia política inexorable y claramente definida. Eran los tiempos del “Vasconia” de Federico Krutwig, incluso de la Ponencia Otsagabia de Moreno Bergareche, de las resoluciones emanadas por los organismos directivos de la banda, etc. Eso quedó ya muy lejos y a partir del asesinato de Miguel Ángel Blanco y del empantanamiento de la banda y la sucesión de redadas, detenciones, etc., e incluso de la hostilidad social creciente, era imposible que la banda siguiera actuando por consideraciones políticas. En ese momento, ETA ya no tenía posibilidades de elaborar una estrategia y si hasta ese momento había tenido cierta iniciativa estratégica en el Euskalherria, a partir de ese momento le iba a ser imposible reconstruirla. Luego, ETA ya no servía como organización política, pero siempre podía servir para los intereses personales de su cúpula.

A partir de ese momento, ETA empezó a adquirir una nueva fisonomía: unos dirigentes políticos a los que solamente les interesaba su margen de maniobra, esto es, de poder, y unos dirigentes terroristas que, en principio pensaban sólo en sobrevivir y luego en extraer un beneficio personal a la situación. Pero el zapaterismo añadió un nuevo elemento en la ecuación.

El terrorismo sienta mal a las víctimas y a sus familiares, mucho más que al poder. El terrorismo nunca erosiona al poder, siempre, en cambio, opera un reflejo condicionado en la opinión pública: a cada acto terrorista, el grueso de la ciudadanía se aproxima al gobierno, acogiéndose bajo la protección de su paraguas. Además, el terrorismo tiene un efecto traumático en la opinión pública que no puede desdeñarse especialmente en momentos como éste en los que las noticias alarmantes sobre el paro, la crisis económica y la endiablada ausencia de “brotes verdes” son el pan de cada día de la información. El terrorismo permite que incluso la oposición tenga que callarse: ¿cómo no va nadie a dejar de apoyar al gobierno en su lucha antiterrorista? Hasta el jefe de la oposición cierra filas y apoya las iniciativas de Interior… Cada atentado es como una diversión cruel que distrae la atención de los problemas centrales de la gobernabilidad del Estado.

Han quedado atrás los tiempos en los Zapatero llegó a la Moncloa mesiánico e ingenuo-felizote, pensando que pasaría a la historia de España en dos patadas resolviendo por vía de la negociación el problema de ETA. Sus asesores en la materia, le habían contado que dentro de ETA había una posición favorable a la negociación. Es posible –seguro en nuestra opinión- que ZP se arrojara en plancha por la vía de la negociación por que le presentaron “argumentos de peso”. Y, uno de ellos, sin duda, era que “alguien” dentro de la cúpula etarra ya había colaborado con un sector de las fuerzas de seguridad del Estado. Ese “alguien” garantizaba el buen fin del “proceso de paz”.

A partir de aquí, las preguntas que pueden formularse son muchas.

¿Qué permite suponer un entendimiento entre ETA y un sector de la seguridad del Estado? Respuesta: el atentado del 11-M y cuatro hechos vinculados al mismo.


a) El increíble paralelismo de las “caravanas de la muerte” que llevaron parte de los explosivos de Mina Conchita a Madrid y de la furgoneta etarra cargada de amonal que debía ser colocado en el “corredor del Henares” (era, además, la tercera furgoneta-bomba detenida por la policía y que apuntaba al “corredor del Henares”).

b) El robo de un coche por parte de la banda en el callejón en el que vivía Rodríguez Trashorras, el pequeño delincuente condenado por haber vendido una parte de los explosivos.

c) El hecho de que en pisos francos de ETA en Francia se hubieran encontrado rastros que indicaban que estaban ensayando dispositivos de detonación activados por teléfonos móviles (sin duda la peor forma de activar un explosivo y la que ningún terrorista real utilizaría jamás) idénticos a los utilizados el 11-M.

d) El que entre 2002 y 2004 se había producido un número excepcionalmente anómalo de detención de etarras que dejaba suponer la existencia de un “topo” situado en funciones de dirección en ETA.

No es que ETA tuviera nada que ver con el 11-M, sino simplemente, que alguien de dentro de ETA accedió a crear pistas falsas o elementos que, en el primer momento pudieran ser utilizadas por los autores intelectuales para realizar su objetivo: inducir una versión inicial errónea del atentado, confundir a un ministro del interior del PP de poca experiencia en materia antiterrorista (Acebes) induciéndole a hacer pública la hipótesis etarra… sobre la “pista islámica”, de tal manera que fuera fácil desatar una oleada de histeria entre el 11 y el 14-M –el “queremos saber la verdad”- que tuvo como conclusión el fin buscado: el tránsito de 1.500.000 de votos del PP al PSOE que implicaron el fin de la “era Aznar”. Para este objetivo era ABSOLUTAMENTE NECESARIO poder contar con algún puntal en el interior de la banda, un canal de transmisión de “peticiones”.

No se trataba, por supuesto, de un infiltrado policial al estilo de “Lobo” o de “Cocoliso”, sino de algo mucho más rentable: un etarra de estricta observancia, miembro de la banda desde su adolescencia y que, en un momento dado de su vida, con familia, hijos, cáncer de estómago, entiende que si lo detienen nunca más saldrá en libertad. Tiene nombres y apellidos. Es “Josu Ternera”, el “inaprensible”…

Algo debieron detectar sus colegas del “aparato militar” cuando crearon una estructura terrorista completamente diferenciada de la conocida por “Ternera” y cuando, finalmente, lo desplazaron de las conversaciones de paz… entrañando el fin del proceso, el ridículo espantoso de Zapatero (“hoy estamos mejor que mañana”… y, 24 horas después de pronunciada esta frase, saltó por los aires la T-4) y la nueva situación que se abre ante nuestros ojos.

La hipótesis sobre la que la prensa (e incluso las fuerzas de seguridad del Estado) deberían trabajar es la de una “entente cordiale” entre determinados policías y determinados dirigentes de la banda. No sería la primera vez que en el terrorismo europeo se han dado estas circunstancias. A partir de la detención de Renato Curzio y Adrana Faranda, las Brigadas Rojas cayeron en manos de una dirección de la que hoy se sabe que, al menos uno de sus miembros –el más importante, por cierto, Mario Moretti- trabajaba para un sector de la seguridad del Estado. ¿Vamos a extrañarnos de que en España –cuya trayectoria terrorista hasta hace poco ha sido tan parecida a la de Italia- ocurran cosas similares?

El cambalache no es tan difícil de establecer: “yo no te detengo a ti, pero tú me llevas a los que ponen bombas”. Es como ir a la manicura: no te arrancan las uñas, pero te impiden que arañes. El intercambio de favores satisface a las dos partes: los “colaboracionistas” de la dirección etarra adquieren una especie de inmunidad (durante el “proceso de paz” se vio a Ternera en Navarra) que les justifica entregar regularmente a los “pringaos” de la base, y la seguridad del Estado puede alardear de éxitos y, al mismo tiempo, de tener controlado el fenómeno etarra, y por tanto, utilizarlo en beneficio propio. ¿Para qué acabar con ETA si ETA todavía puede rendir dividendos a un gobierno? Nadie acaba con la gallina de los huevos de oro.

A este respecto, valdría la pena recordar que en las elecciones de 2008, después de meses sin que ETA atentara, nuevamente volvió a hacerlo asesinando al ex concejal socialista Isaías Carrasco el 7 de marzo… cuando las elecciones eran el 9 de marzo. Era evidente que tal asesinato tenía como ÚNICO FIN, no matar a una figura absolutamente irrelevante en la política vasca… sino reforzar la sensación de que ZP “combate al terrorismo”… “por eso los terroristas asesinan a socialistas”. Se borraba así de un plumazo (y dentro del margen de días ajustado para que esa idea no se disipara en la cabeza de los electores) el efecto negativo que todavía ejercía el proceso de paz impulsado por ZP. El vínculo entre la seguridad del Estado (una seguridad, por algún motivo interesada en que ZP siga en el poder el máximo de tiempo posible) y ETA, aparecía de manera tan diáfana que resulta increíble que ningún medio de prensa osara ni siquiera plantear el por qué en “zona electoral” siempre un atentado, mira por dónde, termina arañando unos votos para el PSOE.

ETA es hoy un despojo de lo que fue a finales de los 70 o durante los 80. Un cadáver que “alguien” (la “X” actual es demasiado tonta para ver más allá la Moncloa) se encarga de mantener en vida latente unos veces para justificar una detención y prestigiar a un ministro, otras para crear un cortina de humo (contra más se hable de un atentado, menos e hablará de la crisis), a veces para tapar la paternidad de un crimen mayor (11-M), qué importa. El problema en todo esto es que mientras siga habiendo en la calle descerebrados con una parabellum o una olla de amonal, siempre podrán zafarse de cualquier tutela y actuar por sí mismos. Tal parece que es lo que ha ocurrido en Mallorca y en Burgos: uno o dos comandos de ETA se han visto momentáneamente revitalizados, aunque es difícil saber por quién y sólo el tiempo dirá para qué.

Desgraciadamente, la lucha antiterrorista y todo lo que tiene que ver con los entramados terroristas no es tan simple como nos lo presentan: los buenos no están a un lado y los malos a otro, frecuentemente hay sectores intermedios, ósmosis entre gentes de uno y otro lado que sirven a proyectos de manipulación, información no divulgada a la opinión pública, intereses de las empresas periodísticas. Nada es, en definitiva, lo que parece en el mundo del terrorismo. Por tanto, gritar “ETA: pena de muerte” o exigir la “cadena perpetua para etarras” es demasiado poco. LO QUE HAY QUE EXIGIR ES LA VERDAD SOBRE EL TERRORISMO. Que Rubalcaba no explique dentro de unos días cómo han detenido a los seis “pringaos” asesinos de las fotos difundidas por Interior, sino cómo es posible que “Josu Ternera” no haya sido todavía detenido y sea, en los últimos siete años, el único etarra de la banda que sigue en libertad. Combatir al terrorismo implica que el mejor terrorista no es aquel con el que te marcas una partida de mus, sino el que visitas en prisión.

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Crítica de la ideología liberal (II de IV) Alain de Benoist

El liberalismo debe sin embargo reconocer forzosamente la existencia del hecho social. Pero antes que preguntarse porque existe lo social, los liberales se han preocupado sobre todo de saber cómo éste puede establecerse, mantenerse y funcionar. La sociedad, como se sabe, no es para ellos una entidad diferente de la simple suma de sus miembros, el todo no es nada más que la suma de sus partes. Sólo es el producto contingente de las voluntades individuales, un simple acercamiento de individuos que buscan todo de defender y a satisfacer sus intereses particulares. Su objetivo esencial es regular pues las relaciones de los intercambios. Esta sociedad puede ser concebida, ya sea como la consecuencia de un acto voluntario racional inicial (es la ficción del “contrato social"), o como el resultado del juego sistémico de la totalidad de las acciones producidas por los agentes individuales, juego regulado por la “mano invisible" del mercado, que “produce" lo social como el resultado no intencional de los comportamientos humanos. El análisis liberal del hecho social descansa así, sobre una aproximación contractual (Locke), o sobre el recurso a la “mano invisible" (Smith), o sobre la idea de un orden espontáneo, no subordinada a un cualquier diseño (Hayek).

Los liberales desarrollan la idea de una superioridad de la regulación mediante el mercado que sería el medio más eficaz, más racional, y más justo, para armonizar los cambios. En primer lugar, el mercado se presenta ante todo como una “técnica de organización" (Henri Lepage). Desde el punto de vista económico, es a la vez lugar real en el que se intercambian las mercancías y la entidad virtual en la que se forman de modo óptimo las condiciones del cambio, es decir el ajuste entre la oferta y la demanda y el nivel de los precios.

Pero los liberales no se preguntan sobre el origen del mercado. El intercambio comercial es, en efecto, para ellos el “modelo natural” de todas las relaciones sociales. Deducen de ello que el mercado es también una “entidad natural”, definiendo un orden anterior a toda deliberación y a toda decisión. Constituyendo la forma de intercambio más conforme a la naturaleza humana, el mercado estaría presente desde el alba de la humanidad en todas las sociedades. Encontramos aquí la tendencia de cada ideología a “naturalizar” sus presupuestos, es decir a presentarse, no por lo que es, una construcción del espíritu humano, sino como un simple descriptivo, una simple nueva transcripción del orden natural. Rechazando paralelamente el Estado como un artificio, la idea de una regulación “natural" de lo social mediante el mercado puede entonces imponerse.

Comprendiendo la nación como mercado, Adán Smith opera una disociación fundamental entre las nociones de espacio y de territorio. Rompiendo con la tradición mercantilista que identificaba todavía territorio político y espacio económico, muestra que el mercado no podría por naturaleza estar encerrado en límites geográficos particulares. El mercado no es, en efecto, tanto un lugar como una red. Y esta red tiene vocación de extenderse hasta los confines de la tierra, ya que su único límite reside a fin de cuentas en la facultad de intercambiar. " Un comerciante, escriba Smith en un fragmento célebre, no es necesariamente ciudadano de ningún país en particular. Le es, en gran parte, indiferente el lugar  en el que tenga su comercio, y no le hace falta ás que un pequeño disgusto para que se decida a llevar su capital de un país en otro, y con él toda la industria que esta capital puso en actividad” (13). Estas líneas proféticas justifican el juicio de Pierre Rosanvallon que ve en Adán Smith al primer internacionalista consecuente". "  La sociedad civil, concebida como un mercado fluido, añade Rosanvallon, se extiende a todos los hombres y permite superar las divisiones de países y razas."

La principal ventaja de la noción de mercado es que permite a los liberales solucionar la difícil cuestión  del fundamento de la obligación en el pacto social. El mercado puede ser considerado como una ley reguladora del orden social sin legislador. Regulado por la acción de una “mano invisible", neutra por naturaleza en tanto que no encarnada por individuos concretos, establece un modo de regulación social abstracta, fundado sobre “leyes" objetivas consideradas como capaces de regular las relaciones entre individuos sin que existan entre ellos ninguna relación de subordinación o mando. El orden económico estaría así llamado a realizar el orden social, pudiendo definirse uno y otro como una emergencia no instituida. El orden económico, dice Milton Friedmann, es “la consecuencia no intencional y no querida de las acciones de un gran número de personas movidas solamente por sus intereses”.  Esta idea, abundantemente desarrollada por Hayek, se inspira e la fórmula de Adán Ferguson (1767) evocando hechos sociales que “derivan de la acción del hombre, pero no de su diseño"

Se conoce la metáfora de Adam Smith sobre la “mano invisible":  “Buscando su propio beneficio, el individuo [es conducido]  por una mano invisible a promover un fin que no forma parte en absoluto de su intención” (14). Esta metáfora va mucho más allá de la observación, en general banal, de que los resultados de la acción de los hombres a menudo son muy diferentes de los que ellos mismos esperan (lo que Max Weber lo llamó la “paradoja de las consecuencias"). Smith localiza en efecto esta observación en una perspectiva optimista. " Cada individuo, añade, pone sin cesar todos sus esfuerzos esfuerzas en buscar, por todo el capital de que pueda disponer, el empleo más ventajoso; es cierto que es su beneficio lo que contempla y no el de la sociedad;  pero el cuidado que se da para encontrar su beneficio personal lo conduce naturalmente, o más bien necesariamente, a preferir precisamente este género de empleo que le parece ser más ventajoso para la sociedad". Y más lejano: “Aun buscando nada más que su interés personal, trabaja a menudo de una manera más eficaz para el interés de la sociedad que si realmente este fuera su objetivo".

Las connotaciones teológicas de esta metáfora son evidentes:  la” mano invisible" sólo es un avatar profano del Providencia. Hace falta también precisar que contrariamente a lo que a menudo se cree, Adán Smith no asimila el mecanismo mismo del mercado al juego de la mano invisible", porque no hace intervenir ésta más que para describir el resultado final de la composición de los cambios comerciales. Sin embargo, Adam Smith todavía admite la legitimidad de la intervención pública cuando las meras acciones individuales no logren realizar el bien público. Pero esta restricción saltará velozmente. Los neoliberales reniegan de la noción misma de bien público. Hayek prohibió por principio toda aproximación global a la sociedad:  ninguna institución, ninguna autoridad política debe asignarse  objetivos que pudieran cuestionar el buen funcionamiento del "orden espontáneo". En estas condiciones, el único papel que la mayor parte de los liberales permiten a atribuir al Estado es de garantizar las condiciones necesarias para el libre juego de la racionalidad económica a través del mercado. El estado no podría tener finalidad propia. No hay más que garantizar los derechos individuales, la libertad de los intercambios y el respeto a las leyes. Dotado de pocas funciones más que de atribuciones, deben en todos los demás campos ser neutral y renunciar a proponer un modelo de “vida buena” (15).

Las consecuencias de la teoría de la “mano invisible” son decisivas, en particular sobre el plano moral. En algunas frases, Adán Smith rehabilita en efecto muy exactamente comportamientos que los siglos pasados siempre habían condenado. Afirmando que el interés de la sociedad está subordinado al interés económico de los individuos, hace del egoísmo la mejor forma de servir a otros. Tratando de maximizar nuestro mejor interés personal, obramos sin saberlo, y sin que contemplemos siquiera el interés de todos. La libre confrontación en el mercado de los intereses egoístas permite “naturalmente, o más bien necesariamente", su armonización mediante el juego de “la mano invisible" que los conducirá a la excelencia social. No existe pues nada inmoral en buscar prioritariamente su interés propio, ya que a fin de cuentas la acción egoísta de cada uno acabará, como por casualidad, en el interés de todos.  Es lo que Fréderic Bastiat resumirá con la fórmula:  “Cada uno, trabajándole para sí mismo, trabaja para todos” (16). El egoísmo no es pues finalmente más que un altruismo bien comprendido… Y son las actuaciones de los poderes públicos quienes merecen por el contrario ser denunciadas como inmorales" cada vez que, bajo pretexto de la solidaridad, contradicen el derecho de los individuos a actuar en función de sus meros intereses.

El liberalismo vincula individualismo y mercado declarando que el libre funcionamiento del segundo también es el garante de la libertad individual. Asegurando el mejor rendimiento de los intercambios, el mercado garantiza la independencia de cada agente en efecto. Idealmente, si el buen funcionamiento del mercado no es estorbado por nada, esta adecuación se opera de modo óptimo, permitiéndole alcanzar un conjunto de equilibrios parciales que definen el equilibrio global. Definido por Hayek como “catalaxia", el mercado constituye un orden espontáneo y abstracto, soporte instrumental formal del ejercicio de las libertades privadas. El mercado no representa pues sólo la satisfacción de un ideal de optimación económica sino la satisfacción de todo aquello a lo que aspiran individuos considerados como sujetos genéricos de libertad. Por fin, el mercado se confunde con la justicia misma, lo que conduce Hayek a definirlo como un “juego que aumenta las probabilidades de todos los jugadores", antes de añadir que, en estas condiciones, los perdedores harían mal en quejarse y no tienen más que o cogerse a sí mismos. El mercado sería por fin, intrínsecamente “pacificador", ya que reposa sobre él “dulce comercio" que, reemplazando por principio la negociación al conflicto, neutraliza al tiempo tiempo el juego de la rivalidad y de la envidia.

Se notará que en Hayek, la teoría de ella “mano invisible" es formulada de nuevos en una prospectiva “evolucionista". Hayek rompe, en efecto, con cada razonamiento de tipo cartesiano como con la ficción del contrato social, que implica la oposición, clásica a partir de Hobbes, entre estado de naturaleza y sociedad política. En la línea de Davide Hume, hace por el contrario elogio de la costumbre y del hábito, que opone a todo “constructivismo”.  Pero afirma al mismo tiempo que la costumbre selecciona las reglas de conducta más eficaces y más racionales, es decir las reglas de conducta fundadas sobre los valores mercantiles, cuya adopción conduce a rechazar el "orden tribual" de la “sociedad arcaica”. Por esta razón, aún reclamándose de la tradición", critica los valores tradicionales y condena firmemente toda visión organicista de la sociedad. Para él, el valor de la tradición deriva efectivamente y ante todo de que es espontánea, abstracta, impersonal, y por tanto, inapropiable. Es el carácter selectivo de la costumbre lo que explicaría que el mercado haya de imponerse poco a poco. Hayek estima así que todo orden espontáneo es fundamentalmente “justo" al modo como Darwin afirma que los supervivientes de la lucha por la vida" necesariamente son los mejores". El orden del mercado constituye desde ese momento un orden social que prohíbe por denifición a los que formar para de él tratar de reformarlo.

Se percibe así que la noción de mercado constituye va en los liberales mucho más alla de la esfera económica.  Mecanismo de alquiler óptimo de los recursos raros y sistema de regulación de los circuitos de producción y consumo, el mercado también es –sobre todo- un concepto sociológico y “político”. El propio Adán Smith, en la medida en que hace del mercado el principal protagonista del orden social, es llevado a concebir las relaciones entre los hombres en función del modelo de las relaciones económicas, es decir, como relaciones con la mercancía. La economía de mercado desemboca de manera natural en la sociedad de mercado. "El mercado, escribe Pierre Rosanvallon, es primeramente una forma de representación y estructuración del espacio social;  solamente en segundo lugar es un mecanismo de regulación descentralizado de las actividades económicas mediante el sistema de precios” (17).

Para Adán Smith, el cambio generalizado es la consecuencia directa de la división del trabajo:  “Así, cada hombre subsiste mediante cambios y se convierte en una especie de mercader y la sociedad misma pasa a ser específicamente una sociedad comerciante” (18). El mercado es, pues , en la prospectiva liberal, el paradigma dominante en el seno de una sociedad llamada a definirse en parte ella misma de parte a parte como sociedad de mercado. La sociedad liberal no es más que el lugar de los cambios utilitarios en los que participan individuos y grupos que son movidos por el mero deseo de maximizar su interés propio. El miembro de esta sociedad, dónde todo puede comprarse y venderse, es comerciante,   propietario o productor, y en todo caso, consumidor.  “Los derechos superiores de los consumidores, escribe Pierre Rosanvallon, son a Adam Smith lo que la voluntad general es a Rousseau."

En la época moderna, el análisis económico liberal se verá extendido progresivamente a todos los hechos sociales. La familia será asimilada a una pequeña empresa, las relaciones sociales a una interacciones de estrategias competitivas interesadas, la vida política a un mercado dónde los electores venden su voto a la mejor oferta. El hombre será percibido como una capital, el niño como un bien de consumo duradero. La lógica económica será proyectada sobre el conjunto de toda la sociedad en la que está encastrada, hasta a englobarla completamente. Tal como ha escrito Gérald Berthoud, “la sociedad puede entonces concebirse a partir de una teoría formal de la acción finalizada. La relación costo-beneficio pasa a ser el único principio que guía al mundo” (19). Todo se convierte en factor de producción y consumo, todo se supone que debe resultar de la adecuación espontánea entre la oferta y la demanda. Cada cosa vale lo que vale su valor de cambio, mesurado por su precio. Y, paralelamente, todo lo que no puede expresarse en términos cuantificables y mesurables es tenido como carente de interés o inexistente. El discurso económico se revela profundamente cosificador de las prácticas sociales y culturales, intensamente ajeno a cada valor que no se expresa en términos de precio. Reduciendo todos los hechos sociales a un universo de cosas mesurables, por fin transforma a los mismos seres humanos en cosas, cosas sustituibles e intercambiables ante la mirada del dinero.

(c) Alain de Benoist

(c) Por la traducción Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia.

Crítica de la ideología liberal (I de IV) Alain de Benoist

No habiendo nacido sólo de un solo hombre, el liberalismo no se ha presentado nunca como una doctrina unificada. Los autores que se han reclamado de esta corriente han dado con mucha frecuencia interpretaciones divergentes, sino contradictorias de la misma. Sin embargo, hizo falta hubiera entre ellos suficientes puntos comunes para que se lis pudiera considerar a unos y otros como autores liberales. Son precisamente estos puntos comunes los que permiten de definir el liberalismo como escuela. El liberalismo es, por una parte, una doctrina económica que tiende a hacer modelo del mercado auto regulado el paradigma de todos los hechos sociales:  lo que se llama el liberalismo político sólo es un modo de aplicar a la vida política principios deducidos de esta doctrina económica, la cual tiende a limitar siempre lo más posible la parte del político. (En este sentido ha podido decirse que una “política liberal" era una contradicción en sus mismos términos. Por otra parte, el liberalismo es una doctrina que se basa en una antropología de tipo individualista, es decir que descansa como sobre una concepción del hombre como ser no fundamentalmente social.

Estos dos rasgos característicos, que poseen ambos una vertiente descriptiva y una vertiente normativa, (el individuo y el mercado son descritos al mismo tiempo como hechos y presentados como modelos) son directamente antagonistas de las identidades colectivas. Una identidad colectiva no podría analizarse de manera reduccionista como la simple suma de las características que poseen individuos asociados en el seno a una colectividad dada. Requiere que los miembros de esta colectividad tengan la clara conciencia que su pertenencia engloba o supera a su ser individual, es decir que su identidad común resulta de un efecto de composición. En la medida en que se basa en el individualismo, el liberalismo tiende a romper todas las uniones sociales que van más allá del individuo.

En cuanto al funcionamiento optimo del mercado, implica que nada estorba la libre circulación de los hombres y las mercancías, lo que implica que las fronteras deben ser consideradas finalmente como inexistentes, algo que todavía contribuye aún más a la disolución de las estructuras y de los valores compartidos. Eso no significa, naturalmente que los liberales no hayan podido defender nunca identidades colectivas, sino que implica que no han podido hacerlo más qué en contradicción con los principios de los que se jactan.

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Louis Dumont ha mostrado perfectamente el papel jugado por el cristianismo en el tránsito en Europa de una sociedad tradicional de tipo holista a una sociedad moderna de tipo individualista. Desde su origen, el cristianismo sitúa al hombre como individuo que, antes de cualquier otra relación, está en relación interior con Dios y que puede esperar a salvarse gracias a su transcendencia personal. En esta relación con Dios se afirma el valor del hombre en cuanto individuo, valor en relación al cual el mundo se encuentra necesariamente rebajado o devaluado. El individuo es por otra parte, parejo a todos los demás hombres en tanto que titular de un alma individual. Igualitarismo y universalismo se introducen así en el plano ultramundano:  el valor absoluto que el alma individual recibe de su relación filial con Dios es compartido por toda la humanidad.

Marcel Gauchet ha retomado la constatación de una unión de causalidad entre la emergencia de un Dios personal y el nacimiento de un hombre interior, cuya suerte en el más allá sólo depende de sus actuaciones individuales y cuya independencia se encamina hacia la posibilidad de una relación íntima con Dios, es decir de una relación que solamente le compromete a él. "Cuanto más se aleja Dios en su infinitud, escribe Gauchet, más tiende a convertirse la relación con él a algo puramente personal, hasta excluir toda mediación institucional. Elevado a su absoluto, el sujeto divino no tiene más de legítimo que en su presencia íntima. Así la interioridad, por de pronto, se convierte decididamente en individualidad religiosa” (1)

La enseñanza paulista muestra una tensión dualista que hace del cristiano, sobre el plano de su relación con Dios, un “individuo fuera del mundo":  convertirse en cristiano implica de algún modo renunciar al mundo. Sin embargo, en el curso de la historia, el individuo fuera del mundo va a contaminar progresivamente la vida mundana. A medida que adquiera el poder de conformar el mundo en función de sus valores, el individuo que se situaba inicialmente como fuera de este mundo va a volver a él progresivamente para transformarlo en profundidad. El proceso se realizará en tres etapas principales. En un primer tiempo, la vida en el mundo ya no es rechazada, sino relativizada:  es la síntesis agustina de las dos ciudades. En un segundo tiempo, el papado se arroga el poder político y se convierte a su vez en poder temporal. Finalmente, con la Reforma, el hombre se apropia totalmente en el mundo, dónde trabaja para mayor gloria de Dios, buscando un éxito material que puede ser interpretado como la prueba misma de su elección. El principio de igualdad e individualidad que no funcionaban inicialmente más que en el registro de la relación con Dios, y podía pues aún coexistir con un principio orgánico y jerárquico estructurador del todo social, va de esta forma a encontrarse remitido progresivamente sobre la tierra para desembocar en el individualismo moderno que representa su proyección profana. "Para que nazca el individualismo moderno -escribió Alain Renaut quien expone las tesis de Louis Dumont- será necesario que la componente individualista del cristianismo termine, por así decirlo, "contaminando" a la vida moderna, hasta el punto de que progresivamente las representaciones se unificarán, el dualismo inicial se borrará y "la vida en el mundo será concebida como pudiendo ser enteramente conformada como valor supremo": al final de este proceso, "el individuo-fuera-el-mundo se habrá convertido en el moderno individuo-en-el-mundo" (2).

La sociedad orgánica de tipo holista, entonces, habrá desaparecido. Para retomar una distinción célebre, diremos que se habrá pasado de la comunidad a la sociedad, es decir a la vida común concebida como simple asociación contractual. Pero éste ya no será más el todo social quien ocupará el primer lugar, sino los individuos titulares de derechos individuales, atados entre ellos por los contratos racionales interesados.

Un momento históricamente importante de esta evolución corresponde al nominalismo que se afirma en el siglo XIV, con Guillermo de Occam, que ningún ser existe más allá del ser singular. Otra momento-clave corresponde al cartesianismo quien pone ya, en el campo filosófico, al individuo tal como será más tarde supuesto por la perspectiva jurídica de los derechos del hombre y por esta otra, intelectual, de la razón y de las Luces. A partir del siglo XVIII, esta emancipación del individuo con respecto a sus uniones naturales será interpretada regularmente como signo del acceso de la humanidad a una "mayoría de  edad", en una perspectiva de progreso universal. Entendida por pulsiones individualistas, la modernidad se distinguirá primeramente como el proceso mediante el cual los grupos de parentesco y vecindad y las comunidades más amplia, desagregarán progresivamente para “liberar al individuo", es decir , de hecho, para disolver todas las relaciones orgánicas de solidaridad.

*     *     *

Ser humano ha significado en todos los tiempos afirmarse a la vez como una persona y como un ser social:  dimensión individual y dimensión colectiva no son idénticas, pero son indisociables. En la percepción holista, el hombre se construye él mismo sobre la base de lo que hereda y en referencia al contexto social-histórico propio. Este modelo, que es el modelo más general de la historia, al que el individualismo, que es preciso mirar como una particularidad de la historia occidental, termina oponiéndose directamente.

En el sentido moderno del término, el individualismo es la filosofía que considera al individuo como la única realidad y lo toma como principio de cada evaluación. Este individuo es considerado en sí mismo, abstracción hecha de todo contexto social o cultural. Mientras el holismo expresa o justifica la sociedad existente en referencia a los valores heredados, transmitidos y compartidos, es decir en último análisis en referencia a la sociedad misma, el individualismo plantea independientemente sus valores de la sociedad tal como la encuentra. Por ello no reconoce ningún estatuto de existencia autónoma a las comunidades, a los pueblos, a las culturas o a las naciones. En estas entidades, no ve más que sumas de átomos individuales y plantea que sólo estos poseen valor.

Esta primacía del individuo sobre la colectividad es al mismo tiempo descriptiva, normativa, metodológico y axiológica. El individuo es considerado como primero. Ya sea que se le suponga anterior a los social en una representación mítica de la “pre-historia”" (anterioridad del estado de naturaleza), ya sea que se atribuye un simple primado normativo (el individuo es lo que vale de más). Giorgio Bataille afirmó que "en la base de cada ser, existe un principio de insuficiencia". El individualismo liberal afirma al revés la plena suficiencia del individuo singular. En el liberalismo, el hombre puede considerarse como individuo sin tener que pensar en su relación con los demás hombres en el seno de una socialidad primaria o secundaria. Argumento autónomo, propietario de sí mismo, movido por su único interés particular, se define, por oposición a la persona, como “un ser moral, independiente, autónomo y tan esencialmente no social” (3).

En la ideología liberal, este individuo es titular de derechos inherentes a su “naturaleza" cuya existencia no depende en ninguna modo de la organización política o social. Los gobiernos tienen el deber de garantizar estos derechos, pero no sabrían fundarlos. Siendo anteriores a cada vida social, no han salido inmediatamente de deberes, pues los deberes implican precisamente que hay un principio de vida social:  no hay deberes hacia otros si no hay ya otros. El individuo se convierte así en el manantial de sus propios derechos, empezando por el derecho a actuar libremente según la conveniencia de sus intereses particulares. Se encuentra entonces “en guerra" con todos los demás individuos, ya que éstos son impulsados a actuar de la misma forma en el seno de una sociedad concebida como un mercado competitivo.

Los individuos pueden optar por asociarse entre ellos pero las asociaciones que forman tienen un carácter condicional, contingente y transitorio, ya que quedan subordinadas al consentimiento recíproco y no tienen otro objetivo que satisfacer mejor los intereses individuales de cada una de las partes. La vida social, en otras palabras, no es más que un asunto de decisiones individuales y de opciones interesadas. El hombre se comporta como un ser social, no porque esté en su naturaleza, sino porque tiende a buscar su beneficio y sus ventajas. Si no encuentra ventajas, puede en cualquier momento (al menos en teoría), romper el pacto. Es incluso en esta ruptura que manifiesta mejor su libertad. En oposición a la de los Antiguos, que consistía primeramente en la posibilidad de participar en la vida pública, la libertad de los Modernos reside, en efecto, ante todo en el derecho a apartarse. Esto es así porque los liberales siempre tienden a dar a la libertad una definición sinónimo de independencia  (4). Benjamín Constant celebra “él el gozo pacífico de la independencia individual privada", añadiendo que "los hombres no necesitan, para ser felices, más que ser dejados en una independencia perfecta, en  todo lo que tiene relación con sus ocupaciones, empresas, a su esfera de actividad, sus fantasías” (5). Este “gozo apacible" debe entenderse como un derecho a escindirse, derecho a no ser tenido por ningún deber de pertenencia ni por ninguno de estos vasallajes que, en ciertas circunstancias, pueden, en efecto, revelarse incompatibles con la "independencia privada".

Los liberales insisten de modo particular sobre la idea de que los intereses individuales no tienen que ser sacrificados nunca al interés colectivo, al bien común o a la salud pública, nociones que consideran como inconsistentes. Esta conclusión se desprende de la idea de que solo los individuos tienen derechos, mientras las colectividades, siendo sumas de individuos, no tendrían ninguno que les perteneciera en propiedad. "La expresión "derechos individuales" es una redundancia, escribe Ayn Rand,  no hay ninguna otra fuente de derechos” (6). "La independencia individual es la primera de las necesidades modernas, afirmó ademán Benjamín Constant. Por tanto, no hace falta preguntar nunca el sacrificio para establecer la libertad política” (7). Antes suyo, John Locke declaró que "un niño no nace sujeto a ningún país", ya que, convertido en adulto, “tiene la libertad de elegir el gobierno bajo el cual encuentra bueno de vivir, y unirse al cuerpo político que más le guste” (8).

La libertad liberal supone, por tanto, que los individuos pueden hacer abstracción de sus orígenes, de su entorno natural, del contexto en el que viven y dónde se entrenan sus opciones, es decir de todo lo que hace que sea como es y no de otra manera. Supone, en otras palabras, como dice John Rawls, que el individuo siempre es anterior a sus fines. Nada demuestra sin embargo que el individuo pueda considerar a sí mismo como un sujeto libre de todo vasallaje y al margen de todo determinismo. Nada demuestra por lo demás tampoco que preferirá en todas circunstancias la libertad a cualquier otro bien. Tal concepto ignora por definición los compromisos y las uniones que no deben nada al cálculo racional. Es una concepción puramente formalista que no permite de darse cuenta de lo que es una persona real.

La idea general es que el individuo tiene el derecho a hacer todo lo que quiere mientras el uso de su libertad no interfiera con la de los demás. La libertad se definiría así como pura expresión de un deseo que no tiene otro límite teórico que el idéntico deseo de los demás, estando mediatizados el conjunto de estos deseos por los cambios económicos. Es lo que Grotius, teórico del derecho natural, ya afirmó en el siglo  XVII: “No es contrario a la naturaleza de la sociedad humana trabajar para su propio interés, mientras se haga sin lesionar los derechos de los otros” (9). Pero es evidentemente una definición “irénica”:  casi todos los actos humanos se ejercen de una forma u otra a expensas de la libertad de los otros, y además es casi imposible determinar el momento en que la libertad de un individuo puede ser considerada como lesiva para la de otros.

La libertad de los liberales es efectivamente ante todo libertad de poseer. No reside en el ser, sino en el tener. El hombre es considerado libre en la medida en que es propietario, y. en primer lugar, propietario de sí mismo. Esta idea de que la propiedad de sí mismo determina fundamentalmente la libertad será, por otra parte, retomada por Marx (10).

Alain Laurent define la realización de sí mismo como una “insularidad ontológica cuya primera finalidad consiste en la búsqueda de su propia felicidad” (11). Para los autores liberales, la “búsqueda de la felicidad" se define como la libre posibilidad de intentar maximizar los propios intereses. Pero el problema que se plantea acto seguido es saber lo que debe entenderse por “interés”, tanto más cuando los tenedores de la axiomática del interés raramente se preocupan por evocar la génesis o por describir sus componentes, de la misma forma que tampoco se preguntan si todos los actores sociales están en el fondo movidos por intereses idénticos o si sus intereses son conmensurables y compatibles entre ellos. Presionados en sus posiciones, tienden a dar al término una definición trivial: el "interés" se convierte en sinónimo de deseo, de proyecto, de acción orientada hacia un fin, etcétera. Todo se convierte en “interés”, incluso la acción más altruista, más desinteresada, puede ser definida entonces como egoísta e interesada, ya que responde a la intención voluntaria y al deseo de su autor. Pero en realidad, está claro que para los liberales, el interés se define primeramente como una ventaja material que, para ser apreciado como tal, debe poderse cuantificar y calcular, es decir poder expresarse bajo el horizonte de este equivalente universal que es el dinero.

No puede sorprender por tanto que el ascenso del individualismo liberal se haya traducido, primeramente por una dislocación progresiva de las estructuras de existencia orgánicas características de las sociedades holistas, luego por una disgregación generalizada de los lazos sociales, y finalmente por una situación de relativa anomia social, dónde los individuos se encuentran al mismo tiempo cada vez más ajenos unos a otros y potencialmente cada vez más hostiles entre sí, en esa competencia generalizada que toma la forma moderna de una “lucha de todos contra todos". Tal es la sociedad descrita por Tocqueville en la que cada miembro, “retirado y aparte, es como extranjero para todos los otros". El individualismo liberal tiende a destruir dondequiera que se instaure la sociabilidad directa que durante mucho tiempo ha impedido la emergencia del individuo moderno y las identidades colectivas que le son asociadas. "El liberalismo, escribe Pierre Rosanvallon, de alguna manera hace de la despersonalización del mundo las condiciones del progreso y la libertad" (12).

(c) Alain de Benoist

(c) Por la traducción: Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin citar procedencia.

Raíces paganas (I de n) La barretina y yo: cuando el factor diferencial no lo es tanto…

Raíces paganas (I de n) La barretina y yo: cuando el factor diferencial no lo es tanto…

Infokrisis.- El autor de estas líneas tiene en su poder una foto (la que acompaña este artículo) de sí mismo a la dulce edad de cuatro años, vestido para cantar “caramelles” y, por supuesto, provisto de la tradicional  faixa y  de la no menos consabida barretina catalana. La foto tiene su gracia porque en aquella edad me dejé vestir así simplemente porque sabía que así acompañaría al primer amor de mi vida, cuyo nombre  ni recuerdo y cuyo rostro conservo solamente a través de  otras fotos. La barretina es uno de los signos de identidad de Catalunya y yo ,como catalán, en las profundidades del franquismo, allí por 1956, me fotografié, rubito como era, ejerciendo de catalán.  A partir de ahí todo se hizo cuesta arriba...

Poco después los escolapios glosaron en mi primer año en el Colegio de las Escuelas Pías de la calle Balmes, a la virgen negra de Montserrat. Nos explicaron a nosotros, pobres ingenuos, que los africanitos tenían mucha fe en aquella imagen pues, no en vano, era la “única” virgen negra… Luego, todo este mundo patriótico y regionalista empezó a caérseme encima cuando supe que, por lo menos, en Censtochowa (Polonia) había otra virgen con idénticos atributos de color. Y peor fue cuando me enteré que entre los varios cientos de tallas de color, en Madrid, dos vírgenes negras competían con la solitaria "moreneta" de Montserrat, la virgen de Atocha una de ellas. Hoy sé que hay varios cientos de vírgenes negras, algo que jamás perdonaré a los escolapios. Me lo ocultaron durante más de diez años. El "mestre Coll", profesor de música del Col, incluso me seleccionó como "escolanet" y candidato a cantar en la Escolanía de Montserrat. No había una "virgen negra", había cientos. Me indujeron a que lo creyera y cuando descubrí que me la habían metido doblada, supe que había algo en el catalanismo que a fuerza de deformar la realidad, inducía a la duda sistemática y cartesiana.

Pero siempre, pensé, me quedaría la barretina.

A decir verdad, la barretina es una especie de calcetín de lana que si se luce con gracia hasta tiene la virtud de quedar estética. A mí me quedaba bien cuando acompañaba al primer amor de mi vida, amor puro e ingenuo, único, a cantar caramelles. Para quien no lo sepa, haya perdido sus raíces o sea de más allá del Ebro, le diré que las caramelles son canciones populares, siempre ingenuas, que se cantan en Pascua  Florida por grupos de chicos jóvenes que recorren las calles acompañados de instrumentos musicales de “la terra” (el cèrcol, rigo rago, el regue-rec, el cataclinc, els bastonets, la xifra o el picanya que tampoco está mal o la gralla que no puede faltar). La gracia es que los jóvenes, mientras cantan, elevan una cesta con un bastón [véase en la foto el palo situado a la derecha] y el (o la)  destinataria de la caramella, introduce un regalo. Somos del Penedés en donde ya de esta costumbre no queda ni el folre [forro], por mucho que lograra sobrevivir al franquismo (estoy hablando de 1956) pero, desde luego no sobrevivió a la transición ni a 30 años de 5% de comisión. Después, cuando estaba más formadito como adolescente, en Sant Juliá de Vilatorta, volví a cantar las caramelles justo el día en que fui consciente de que lo mío con las mujeres iba a ser duro y largo. Allí, en efecto, conocí a la primera ricahembra de ojos profundos que hoy, cuarenta y tantos años después sigue conservándolos intactos y extremadamente expresivos, eso sí, con cuarenta quilos de más.

*    *    *

Debí de superar la adolescencia, la juventud y lanzarme en plancha en la madurez bien llevada y en las canas que denotan serenidad, para saber que las caramelles eran un antiguo rito pagano que, en primavera, cantaba la resurrección de la naturaleza. Dar la noticia mediante las canciones cantadas de casa en casa, era hacerse acreedor de butifarras y demás derivados del cerdo. Era la gula, el indicativo de que Doña Cuaresma había acabado su reinado. Ese mismo día la madrina nos regalaba la “mona”, hoy un pastel insulso y remilgado y ayer austero, circular y con el huevo duro en el centro, símbolo de toda generación. La sociedad tradicional en Catalunya sobrevivió al franquismo pero no ha podido sobrevivir a la Generalitat. Por lo que recuerdo, las caramelles que cantábamos eran del tipo pedo-caca-culo, burlonas, satíricas, tirando a guarras, pero eso sí, dotadas de una ingenuidad desaparecida hoy.

Como digo, de las caramelles no queda ni el “folre”. Afortunadamente la barretina goza de buena salud.

Para un nacionalista catalán la barretina es signo primigenio de identidad. Si la barretina no se lleva empotrada en la cabeza, se lleva, al menos, grabada a fuego en el corazón. Yo tengo lo mía, la que lucí en 1956, figurando entre mis tesoros familiares (junto a un documento por el que mi tatarabuelo, indiano él, compraba tres esclavos en Cuba). De casta le viene al galgo. Y sin embargo nada tan universal, y, por tanto, tan poco catalán, como la barretina.

Lo entendí el día en que, mirando la enciclopedia del arte que mi padre había comprado vi a una figura masculina cabalgando un toro, mejor dicho apuñalando a un toro y luciendo la barretina. Yo, en aquel momento, estaba buscando simplemente esa estatuaria clásica despendolada que empezaba a indicarme –tenía ocho años– que entre hombres y mujeres existía una sutil diferencia en la parte genital y pectoral y que había algo que me atraía de las formas femeninas, aunque no tenñía muy claro qué era. Y lo que encontré fue el gorro frigio que más tarde volvería a ver como atributo de los revolucionarios franceses de 1789. No vale la pena engañarse: nuestra barretina es el gorro frigio de los "guillotinistas" franceses y el tocado de los iniciados mitríacos.

Joan Amadés, para colmo, me confirmó en lo que sospechaba: que lo que vale la pena de Catalunya es lo que es universal o, como mínimo, mediterráneo. En una librería de remate, en plena calle Condal (¿qué mejor nombre para una calle barcelonesa?) adquirí un volumen del etnógrafo catalán titulado, justamente, La Barretina. Esta obra resultó ser un facsímil del mismo ejemplar que fue publicado por el autor en 1956 (año en el que yo me desgañitaba con las caramelles en la Pascua Florida) y tirado, indicaba la edición, en 125 ejemplares. Es decir, que una obra catalana, escrita en catalán y sobre etnografía catalana, pudo publicarse en lo más oscuro del franquismo -1956, repito, cuando todavía seguías las restricciones eléctricas, los cupones de racionamiento y la huelga de tranvías se estrenó violentamente– pero sus impulsores consideraron que con 125 ejemplares tenían suficiente… y seguramente sobró alguno.

Amadés es probablemente una de las personalidades más vigorosas de la cultura catalana del siglo XX. Sobre Catalunya no se sabe nada más que lo él supo. Reconstruyó una tradición antropológica y cultural y lo hizo sin subvenciones, ni parabienes oficiales. Lo hizo, simplemente, porque amaba su Tierra. Y además, era lo suficientemente sincero como para no engañar con maximalismos exclusivistas y con grandezas inconmensurables. En sus escritos, siempre, está presente una frescura y una ingenuidad que hoy ya ha desparecido en las filas regionalistas.

Me leí en una tarde la obra de Amades. Valía la pena. Sin duda, nunca nadie ha escrito 78 páginas tan intensas y profundas sobre la barretina catalana. Mi barretina. Todo lo que pueda decirse sobre la barretina si no está en las páginas de Amades es que es falso y si está ¿para qué repetirlo de nuevo? En cuestión de antropología catalana, Amades lo es todo. A él se lo debemos todo en cuestión de barretinas.

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Sin prejuicio de que la barretina tuviera una antigüedad mucho mayor, es hacia el siglo XIV cuando consta que los catalanes se tocaban la cabeza con ella gracias a una cita de Bernet Metge en Lo Somni que indica incluso su color: “vermell”, rojo. Juan de Austria, gobernador de Catalunya, keynesiano ante litteram, fijó los precios para evitar subidas del mercado y estableció que las barretinas traídas de Nápoles, de tafetán, debían costar no más de 7 sueldos, la misma ordenanza alude también a barretinas de seda y de “llana enfortida”, lo que indica que la prenda servía igual para un roto que para un descosido.

Fijada su antigüedad, valdrá la pena decir algo sobre la fácil etimología del término. Barretina deriva de barret, sombrero y, éste a su vez de birrus que en castellano ha dado origen a birrete y en catalán ha terminado por definir a esta prenda con forma de bolsa o mejor de manga, cerrada por un extremo. Birrus, a su vez, indica en latín, y según el eminente etimólogo Meyer-Lübke, rojo o bermellón… elemento importante éste, pues el nombre no deriva de la forma ni de la función sino del color, lo que indica que éste era el verdaderamente importante y lo que imprimía carácter.

Esa etimología permite rastrear como llegó a la civilización medieval. El birrus, en Roma, era una especie de capa roja dotada de una capucha, finalmente, la capucha se independizó del resto de la pieza y el nombre de la prenda pasó solamente a determinar la capucha. Pero, andando etimologías, todavía puede viajarse más atrás en el tiempo y establecer que el término latino birrus deriva del griego pyr, equivalente a fuego. Así pues, debemos ver en la barretina algo que, originariamente, estuvo ligado al fuego. Seguramente es por esto que en el Rosellón, en los valles de Andorra y en el Urgell, no se habla de “la barretina”, sino “del barretí” atribuyéndole un “sexo” masculino, el mismo precisamente que el del fuego.

Así pues barretina define a un tipo específico de tocado, mientras que barret es el sustantivo propio de cualquier prenda que se lleve en la cabeza. También aquí la etimología puede ser utilizada como recurso: el barret es, generalmente, una barretina modificada, a la que se le colocado algún tipo de visera. De ahí que lo que en castellano se conoce como sombrero, en catalán antiguo fuera barret amb ales o en mallorquíno barret amb ventalla, por no hablar del barret amb orelles, en valenciá.

Por cierto, en toda la cuenca mediterránea aparecen nombres similares: en Niza es el barretú, en casi toda Italia hay rastros de berretta o berreto, en el Mediodía de Francia no hay dificultad en encontrar el barretín,  y el barro aplicados a las gorras infantiles, incluso alejados de la luz y del sol mediterráneos en los Alpes Grisones y en Engadine, la Suiza romanche, aparecen también barreta y barretin para describir a lo que es una simple boina. O en Tolosa donde se decía de los orgullosos y altivos que “no te puedes fiar de ellos más que de un hombre con barreto” (plus fier que un home de barreto). En la Gascuña y en el Bearn, también a la boina se le conoce como “berreta” y en toda Italia, desde el Friuli hasta Cerdeña y del Piamonte hasta Sicilia, la barretina (o derivados) aparecen en términos como barete, baretine, baretone, baretate, baretute , barreta, barreto, bertone, berrita demostrando la innata creatividad itálica, capaz de multiplicar ad infinitum el número de barretinas tanto como las variedades de pastas cocidas.

Esta excursión por las etimologías nos ha permitido también introducirnos en el “área geográfica” de expansión de la barretina que en la romanidad fue todo el Mediterráneo. En realidad, la expansión de la barretina se realiza en aquella época y quizás antes, cuando los marineros griegos empezaron a cruzar todo el  Mare Nostrum. Era Eduard Toda, diplomático y compañero de correrías infantiles en Reus junto a su amigo del alma Antoni Gaudí, viajero impenitente que llegó a disfrazarse de faraón en Egipto, masón de tomo y lomo, quien fue el primero en darse cuenta de que en todos los puertos mediterráneos y en todas las zonas costeras existía algo parecido a la barretina: siempre roja o bermellón, siempre con forma de bolsa, de entre dos y seis palmos de longitud y ocasionalmente provisto de una borla en el punto de encuentro de las tramas de la lana y cierre de la bolsa. Eduard Toda indicaba además, y la precisión es importante, que solamente en la orilla norte del Mediterráneo existieron o existen barretinas. Poco o nada en el sur. De hecho, a partir de Valencia ya es difícil encontrarlas, aunque se tiene la convicción (gracias a un Atlas del siglo XVI) que se utilizó hasta Cádiz. Nada, desde luego, en el Plus Ultra, esto es, al otro lado del Estrecho. En el Este hay rastros de barretina hasta Istria y Dalmacia y desaparece más allá del Adriático. También se le encuentra en algunas zonas del Norte de Portugal.

Esto define un espacio geográfico que, aparentemente y en parte coincide con el ámbito de expansión de la Corona de Aragón. Aunque no siempre. Las amplias barretinas utilizadas por los “forçados” portugueses, largas y con borla, en sus espectaculares suertes ante los astados, se dan sobre el Atlántico, donde Catalunya no tuvo nada que ver. La cosa es más complicada de lo que parece y todo induce a pensar que la superposición entre el área de expansión marítima de la Corona de Aragón y el área de utilización de la barretina sean casuales. Y si fuera de esta zona de expansión también se utilizaba la barretina era simplemente porque era anterior a la existencia de los Condados Catalanes.

Hay que seguir a Amades en este tema para entender que los daos que aporta son esenciales para comprender la naturaleza del problema. Después de leerlo se tiene la sensación de que la barretina es tan catalana como la ley de la gravedad o como el pino mediterráneo: están en Catalunya, pero también en cualquier otro lugar.

Los pueblos antiguos de Asia Menor utilizaban un tocado de forma cónica que aparece en numerosas esculturas y punturas, algunas de las cuales parecen estar describiendo a las actuales barretinas por su extraordinaria similitud. También en Karnac, en el antiguo Egipto y en Tebas, aparecen bajo relieves y pinturas en las que los esclavos prisioneros llevan unos capirotes puntiagudos a modo d cucurucho que los arqueólogos consideran parientes cercanos de la barretina hacia en 1.400 antes de nuestra era, es decir, hace la friolera de 3.500 años. En el famoso Obelisco Asirio de mármol negro, depositado en el British Museum hemos visto escenas de manumisión a Asiria de los pueblos tributarios. Los esclavos de Senaquerib iban tocados con este mismo capirote. Citando estos datos, Amades, menciona expresamente a Brunet i Ballet –quizás como para quitarse de encima responsabilidades– cuando éste afirma que “entre los pueblos mediterráneos que tomaron parte en la conquista de Egipto había catalanes que llevaban barretina”. Los prisioneros representados en el Obelisco Asirio, como por arte de magia, se han transformado en improbables catalanes por la magia del arte de su tocado. Como para disculparlo (Amades era antes antropólogo y folklorista que nacionalista), escribe que “el señor Brunet escribió su trabajo cuando los estudios prehistóricos en nuestra casa estaban casi vírgenes y era viable su suposición”, todo para desmentir luego al “señor Brunet”: “según la opinión de la prehistoria actual, no podían existir catalanes entre las gentes mediterraneas que tomaron parte en el fracasado intento de conquista de Egipto”. Verdad histórica restituida, pues.

Otros como Pella i Forgas ha creído que si en Catalunya ha sobrevivido la barretina mejor que en otros lugares (llegan incluso del mar a la Catalunya interior, profunda y hecha de reciedumbres y fortalezas plurimilenarias) se debió a que en aquella santa tierra hubo una influencia semita muy antigua y de intensidad muy superior a lo que se viene considerando. Catalunya sería pues para Pella i Forgas una sucursal de Fenicia y de ahí derivarían todos los rasgos del carácter catalán empezando por su espíritu comercial. El viajante de comercio catalán no sería sino el descendiente del fenicio cargado de telas que surcaba el Mediterráneo en todas dirección. Y también al ethos fenicio debería de atribuirse ese carácter catalán ahorrativo. Amades que cita también a Pella i Forgas, lo disculpa, casi dándose por ofendido: “No tenemos datos de que nuestro pueblo hubiera recibido ninguna influencia de razas de Asia Menor”.

Y después de esta última frase, Amades pone punto y aparte empezando el párrafo siguiente con la verdad unánimemente admitida:  “La opinión generalmente aceptada cree que la barretina es descendiente del antiguo gorro frigio”. Bingo. Ahora ya estamos bien situados.

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Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, el gorro frigio no era solamente un “gorro”, sino una prenda que cubría hombros y espalda fijada al cuerpo a través de cintas que se ataban bajo la barba. El hecho de que terminara en punta hacía que siempre, ésta cayera hacia delante dándole esa forma particular que está presente en los gorros frigios que acompañan a las escenas del sacrificio del toro en los cultos mitríacos. Pero hubo un antes de Mitra. El dios romano Mitra, de hecho, procedía de Persia, donde se encuentra el origen de este culto que no sería sino una derivación del zoroastrismo, culto solar por excelencia.

Es fácil realizar una analogía que lo explica todo. Un tocado de color rojo, ligeramente caído sobre la frente, es asimilable a la cresta del gallo, el animal que saluda el nacimiento del sol. De ahí que, el gorro frigio haya pasado a ser en la historia de las religiones, el “gorro de los iniciados”, aquellos que reciben mediante el acto de la iniciación, el “poder solar” que les permite recorrer el tránsito del mundo físico al metafísico. Así pues, su origen era fundamentalmente sagrado. La cosa continúa no sin cierto dramatismo en el culto a Cibeles, madre de toda una escuela de misterios.

El mito explica que Cibeles, deslumbrante y cautivadora atrajo los amores de Attis, pastorcillo de Frigia que utilizaba el gorro de los pastores de esa comarca de Asia Menor.

Atis fue castigado por esos amores. Simplemente enloqueció, sentando el precedente de todo varón que convierte a una ricahembra en objeto de su obsesión. Y puestos a hacer locuras, simplemente se castró. En Roma, las fiestas en honor a Cibeles alcanzaron las más altas cotas de desmadre obligando al Senado a tomar medidas. Los sacerdotes de Atis (los “coribantes”, se autoflegalaban con látigos hechos con tiras de piel de cabrito, alcanzaban un estado de éxtasis salvaje, en el curso del cual, frecuentemente, se castraban rememorando al semidios frigio.

Cibeles no era más que otra prefiguración simbólica de la “madre tierra”. Su nombre deriva del griego, Kybélé, “la del pelo”… Y, ya se sabe que donde hay pelo hay alegría; de ahí que el gorro frigio fuera uno de sus atributos. La diosa pertenecía al ramo de las antiguas diosas mediterráneas, desde la Gea hasta la Rea minoica, diosas telúricas y ginecocráticas, diosas de ordeno y mando, de sociedades matrilineales y de sometenimiento de la virilidad al eterno femenino. Diosa de cavernas, bosques y montañas, deidad de vida, muerte y resurrección, pero también de las murallas (de ahí que se la represente en algunas ocasiones con una corona con murallas, véase el símbolo de la República Italiana, por ejemplo), señora de las bestias y Gran Madre neolítica…

Muchas democracias han tomado a Cibeles como símbolo y han colocado su imagen o simplemente el gorro que “la del pelo” lleva asociado en sus escudos nacionales. Es evidente que se ha producido una caída en el nivel simbólico: el gorro frigio que rememoraba al gallo compañero eterno del Sol y su anunciante, esto es, reflejo de una voluntad metafísica de trascendencia se ha transformado en un mero reclamo publicitario de “la libertad”. El símbolo está presente en las iconografías de las dos primeras revoluciones burguesas: la americana y la francesa.

En esta óptica casi banal, el gorro frigio representaría la libertad y su color rojo, simplemente, la sangre que se está dispuesto a derramar para obtenerla. La Gran Madre se ha transformado en la Marianne de la República francesa, pues, no en vano se decía que el gorro frigio era utilizado por los esclavos libertos en la República Romana. Es significativo igualmente que se la represente de cuerpo entero con un timón, un saco de trigo medio derramado… símbolos del comercio, lo único que interesaba a las burguesías revolucionarias de finales del XVII. Hay que atribuir buena parte de este disparate simbólico a la masonería que, a fin de cuentas, era la expresión organizada en esa época de la burguesía revolucionaria. Cuando Eugene Delacroix pinta en 1830 su famoso cuadro “La libertad guiando al pueblo en las barricadas”, asocia definitivamente el poder republicano y laico a una imagen concreta: la Marianne revolucionaria, “la pelos”, cubierta por el gorro frigio. Hoy ha sobrevivido a cinco Repúblicas.

Afortunadamente, otra línea emanada de Persia dio origen a otro ramillete de cultos, contrarios radicalmente al de Cibeles y sus castrati, el de Mitra. Si el primero fue telúrico y ginecocrático, el segundo fue viril y patriarcal, solar, a fin de cuentas. Y esto enlazaba mejor con el gorro frio, verdadera cresta del gallo solar. Se sabe perfectamente cómo se extendió el culto mitríaco a toda la Europa Romana: a través de los legionarios que tuvieron conocimiento de él en las campañas de Oriente y que luego fueron trasladados a otras latitudes o fijados sobre un terreno en el momento de su licenciamineto, cuando el Estado les atribuyó por los servicios prestados, lotes de tierra. De ahí que se asocie continuamente el culto a Mitra con las legiones, esto es con un culto guerrero.

En tiempos de Constantino, el mitraismo y el cristianismo se disputaban la primacía espiritual en Roma. Finalmente, el Galileo logró destruir los altares paganos e interrumpir la tarea de repaganización de la romanidad con el Emperador Juliano quien con propiedad puede ser llamado “el último romano”. He hablado con tradicionalistas italianos que me han asegurado con una seriedad pasmosa que el culto a Mitra había sobrevivido en la clandestinadad y que si quería inciarme salía barato. No lo creo. Al menos no creo que haya sobrevivido como tal. Sí, en cambio, creo que la fiesta del toreo, hasta el siglo XVIII aristocrática y realizada siempre sobre montura, por tanto, propia solamente de la nobleza, como si se tratara de una montería a la peninsular, hay algo que pertenece al antiguo mitraismo. Ya he recordado que, no en vano, los forçados portugueses, portan el gorro frigio en su suerte que, a fin de cuentas, no es más que un “coger el toro por los cuernos” y que, seguramente es el último reflejo de las hermandades mitríacas en las que todo el grupo actuaba como un solo hombre… Como los admirados  forçados portugueses.

Por otra parte, las relaciones del torero con el toro denotan que van más allá del espectáculo. Existe en el arte del toreo algo tremendamente sexual. Lo han dicho muchos toreros, algunos de los cuales han confesado haberse corrido entre pase y pase. Otros te cuentan que el toro “sabe” si has estado con una mujer la noche anterior. Y más de uno y más de veintiuno han ejercido de tronchamozas obsesivos en todas las camas que se les han presentado. Sin olvidar, claro está, el atractivo que pueda tener para algunos el traje de luces de mitad para abajo. Esta misma interpretación enlaza con la escuela psiquiátrica que ve en el gorro frigio un simple símbolo fálico: está en la cabeza, tiene forma de pinganillo flácido y para colmo es rojo color de la excitación, la sexualidad y el polvo del siglo. El hecho de quien cabalga al toro, en los antiguos cultos mitríacos, porte gorro frigio y al mismo tiempo asesta puñaladas al astado hasta desangrarlo, indicaría una forma de penetración virtual. Por esto mismo, también habrá quien se crea autorizado a ver en la barretina una especie de preservativo gigantesco apto sólo para cipotones XXL.

Pero todo esto ya está fuera de lugar. Demasiadas elucubraciones para tan poca épica. Sea como fuere el gorro frigio fue adoptado por las cofradías de marineros del Mediterráneo acaso porque ya era atributo propio desde la más remota antigüedad o porque se vieran reforzadas por las fratrias mitríacas, o por ambos motivos o incluso simplemente por puro pragmatismo. En Catalunya, las relaciones comerciales fluidas a través del cauce del Llobregat, facilitaron el comercio entre la costa y el interior y, por tanto, la transmisión de objetos que resultaban prácticos, baratos, fáciles de reproducir y cómodos de llevar (los mozos de cuerda –“bastaixos de capçana”– llevaron hasta el primer tercio del siglo XX largas barretinas de cuatro y seis palmos, que les servían para amortiguar la carga que llevaban en su espalda y así puede vérseles en uno de los forjados medievales de la puerta de Santa María del Mar [la “catedral del mar” o la “sede de la peixetería”, la iglesia de los maestros constructores de Barcelona]).

El hecho de que la barretina se transmitiera en Catalunya desde la costa al interior garantizó mucho mejor su subsistencia (las poblaciones del interior suelen ser más conservadoras que las de la costa) y de ahí que un símbolo casi universal, haya pasado a ser exaltado como reflejo de la catalanidad y cimera de la identidad catalana. No había para tanto. Nuestras pesquisas siguiendo la barretina, el barrus romano, el gorro de los coribantes iniciados en los misterios de Atis y Cibeles, la firmeza de los frates mitríacos y la luz originario de la Persia indo-aria,  nos han dado la ocasión de repasar, no tanto la historia de Catalunya o la identidad catalana como la de una raza y de un pueblo por encima de fronteras nacionales y autonómicas, que quiso emular al  gallo y vincular su propia vida a la del Sol.

Y luego siempre persiste esa sensación de que el gorro frigio nos quiere decir algo mágico que parece haberse perdido en la modernidad. No en vano, los pitufos, esos dibujos animados que remedan a los genios del bosque del viejo paganismo, van tocados con el gorro frigio, a pesar de que él sea blanco y ellos azul cobalto… Es como si nos llegara de la antigüedad el reflejo remoto proyectado sobre un prisma que casi impide reconocer la luz originaria.

Yo por mi parte, me puse faixa y barretina en el lejano 1956 y  acompañé a los que eran como yo a cantar caramellas, en la Pascua Florida, justamente en el mismo día en que los iniciados en los misterios de Atis y Cibeles celebraban sus fiestas portando esos mismos gorros en el Equinoccio de Primavera. Estas son mis raíces, paganas, por supuesto.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen


Alain de Benoist. Entrevista sobre el decrecimiento. Elements 2007/08

Infokrisis.- El verano de 2008 aprovechamos para traducir la obra de Alain de Benoist, "Mañana, el decrecimiento" que está en estos momentos entrega a la imprenta para publicarse en lengua castellana. Nos permitimos remarcar el interés que tiene esta obra para comprender las distintas escuelas ecologistas y particularmente la tendencia "decrecentista". Aprovechamos ahora para traducir esta entrevista publicada en el número 8 de la revista Elements que alude a los contenidos de esa obra.

Elements:  Contra el desarrollo sostenible y el conjunto de las visiones "progresistas" de la ecología y el hombre, una teoría del “decrecimiento" ha empezado a desarrollarse en los años 1970. ¿Puedes definirla y puedes describir sus principales desarrollos?

Alain de Benoist:  Estamos confrontados hoy a dos fenómenos que cada uno conoce bien: poluciones de todo tipo transforman progresivamente la Tierra en cubo del basura y arrastran serias irregularidades climáticas y un agotamiento acelerado de las reservas naturales que nuestro planeta tardó millones de años a constituir.  La causa mayor de esta situación es la civilización industrial que se ha lanzado durante dos siglos a una loca carrera sin preocuparse por entorno natural e imaginándose que los recursos naturales eran, al mismo tiempo, inagotables y gratuitos; pero no lo eran. La teoría del decrecimiento ha nacido tras una reflexión sobre la noción de “límites”, y más precisamente por la constatación de que no puede existir crecimiento económico (o demográfico) infinito en un espacio limitado y con las reservas naturales limitadas. Por decirlo de otra manera, nadie puede vivir indefinidamente a crédito sobre una capital no reproducible. El economista Nicholas Georgescu-Roegen ha sido uno de los primeros a presentar el decrecimiento como una consecuencia inevitable de los límites impuesta por la naturaleza. La idea ha sido luego recuperada, particularmente en los medios ecologistas, por un cierto número de economistas y teóricos.

Afirmando que hace falta hacer decrecer "huella ecológico" de las sociedades industriales, los “decrecentistas” constatan que vamos contra un muro, que vamos hacia allí muy rápidamente y que hace falta cambiar de ruta. Pero la temática del decrecimiento también tiene naturalmente un alcance antropológico y un aspecto moral. Tiene por eje el rechazo de la desmesura, el rechazo de una evolución que hace predominar el interés por las cosas inanimadas sobre las cosas vivientes, que redoblan la noción de valor sobre las nociones de cálculo y renta, y que acaba por transformar los seres humanos  mismos en objetos. La escuela propone, no una limitación de la libertad, sino al revés, una vuelta a la “vida buena" de la que habló a Aristóteles, por oposición a la “vida" ordinaria considerada solo en relación a las necesidades elementales. Es un rechazo a la mercantilización del mundo, un rechazo a esta fuga hacia adelante en el “cada vez más", que durante mucho tiempo ha consistido en internalizar los beneficios y externalizar las pérdidas, sin preocuparse por el marco natural de vida ni por las consecuencias futuras de nuestras acciones. Es una teoría que contradice a la mentalidad dominante actual según la cual vale más tener más que tratar pues de ser más(e incluso que el ser se reduce al tener).

Elements:
  El objetivo del que se habla hoy, sin embargo, es el de alcanzar un “desarrollo sostenible", algo que criticas duramente en tu libro. ¿Cuáles son las grandes líneas de esta crítica?

A. B. : El desarrollo sostenible consiste en reducir los costes, intentar utilizar menos materias primas,  generalizar el reciclaje, construir productos menos golosos en energía, recurrir a las fuentes de energía alternativas, etcétera. Todo eso es bonito y bueno… pero tales medidas no hacen evidentemente más que retroceder el fina. Sabiendo que el barco irá a chocar contra las rocas, el capitán se limita a reducir la velocidad, pero mantiene la ruta…

Tal como dice Patrick Viveret, el tiempo ecológico, la medida de los equilibrios naturales y el calendario climático, no concuerdan con el tiempo económico (la aproximación puramente cuantitativa y monetaria de las contabilidades públicas). El rechazo a considerar esta discordancia de las temporalidades muestra que la doctrina del “desarrollo sostenible" no cuestiona seriamente los principios de base de la sociedad actual. Se trata siempre de extraer un beneficio de los recursos naturales y humanos, y de reducir la deuda del hombre hacia la naturaleza mediante dispositivos técnicos que permiten transformar el entorno natural casi en una mercancía. Ahora bien, no puede coexistir de forma duradera la protección del entorno natural con la búsqueda obsesiva de un rendimiento cada vez mayor y de un beneficio cada vez más elevado. Estas dos lógicas son contradictorias.

Uno de los aspectos más absurdos del crecimiento medido por el PIB, producido interior bruto, es que éste contabiliza positivamente cada actividad económica a pesar de que resulte de la destrucción de un valor, por ejemplo, una catástrofe natural, un huracán o una marea negra." Señalo en mi libro que la consideración, en el establecimiento del PIB, de estas destrucciones de valor, de una parte, y de otra parte del coste real de la actividad económica, referida a sus efectos no comerciantes (impacto negativo sobre el biodiversidad) destrucción de los paisajes, polución del aire, etcétera), conduciría a evaluar muy diferentemente nuestros índices de crecimiento.

Como hoy todo el mundo se considera más o menos favorables a la ecología, sus adversarios no quieren quedarse al margen. Se dicen “ecologistas” a su manera. Su discurso es, aproximadamente, el de todos los políticos: reducirse a intentar conciliar lo inconciliable. La “buena" ecología, según ellos, es la que no amenaza la primacía de la economía, su idea es que no es preciso sobre todo oponer los que quieren proteger el planeta a los que quieren seguir engrosando sus beneficios. A este respecto es revelador la declaración de Luca Ferry que declara recientemente:  “Soy resueltamente favorable a la ecología dado que se integra dulcemente en a la economía de mercado." ¡Todo radica evidentemente en el “dado que!" Olivier Dassault, por su parte, va más lejos:  es a través del mercado que los problemas tienen solución, la prueba es que los derechos de contaminación se venden en Bolsa”. Conclusión:  “Finalmente, la ecología no puede ser más que liberal". Casi un sueño…

El desarrollo sostenible busca de poner al servicio de la lógica del capital una disciplina, la ecología, que por naturaleza contesta a sus fundamentos. Es la razón por la que Serge Latouche no titubea en calificarlo de "oxymorón." Símbolo de esta contradicción:  Nicolás Sarkozy firmando, como toda la clase política, el “Pacto Ecológico" de Nicolás Hulot, luego organizando “el Grenelle del medio ambiente" en el mismo momento que se declaraba dispuesto para “relanzar el crecimiento”. Bossuet dijo divertidamente que Dios se ríe de las criaturas que deploran los efectos pero que siguen aferrados a las causas." Querer al mismo tiempo “desarrollo" y “respeto por marco natural de vida”, es inventar la cuadratura del círculo.

Elements:  En tu libro, pones en aprietos, precisamente, algunas ideas recicladas regularmente por los medios de comunicación, particularmente el principio de que quien contamina, paga. En lugar de disuadir de contaminar o de “moralizar" la emisión de contaminantes, tendemos efectivamente a la constitución de un vasto y lucrativo “mercado de la polución": a los que contamina de más, y que también soy más ricos, se les atribuyen verdaderos derechos para contaminar" mediante un coste añadido que se apresuran a repercutirr sobre sus precios. ¿Qué piensas del principio de precaución?

A. B. : El principio de precaución es la respuesta dada por los juristas al  "indeterminismo metafísico" (Karl Popper) que, poco a poco, se ha impuesto en las ciencias. Desde Ludwig Boltzmann y Henri Poincaré hasta Werner Heisenberg e Ilya Prigogine, el desarrollo científico nos ha conducido a abandonar el paradigma clásico de algo real accesible en su totalidad al espíritu humano, pues la imposibilidad de conocer los valores iniciales de un sistema rompe cualquier esperanza previsibilidad. El sueño de Laplace, participando de una esperanza ontológica se basada en el determinismo metafísico y todavía seguido por Einstein, Rosen y Podolski, todos hostiles a las consecuencias epistemológicas de la revolución de los quanta, ha cedido el sitio a una representación del mundo incompatible con la idea liberal de una “mano invisible" dando a luz una sociedad armoniosa por la simple oblicuidad del mercado.

En Francia, como lo se sabe, el principio de precaución fue incorporado en el 2005 al texto de la Constitución que estipula que, “cuando la realización de un daño, aunque incierto en el estado de los conocimientos científicos, podría afectar de modo grave e irreversible el entorno natural, las autoridades públicas velan por la puesta en marcha de procedimientos de valoración de los riesgos y adoptarán medidas provisionales y proporcionadas para detener la realización de un daño". Formulación bastante moderada y que ha dado lugar a las polémicas muy inútiles. Pero Jacques Attali no sale de su lógica cuando denuncia el principio de precaución como una amenaza para el crecimiento, mientras Claude Bébéar, hablando de "obscurantismo", asegura que no tenemos otra elección más que el hundimiento, dado que “ya estamos embarcados", del navío.

Todo depende naturalmente de las modalidades de aplicación. Admito la objeción de Jean-Pierre Dupuy según la cual “hay casos dónde la incertidumbre es tal que la incertidumbre es, en sí misma, incierta”, de modo que “no puede saberse si las condiciones de aplicación del principio de precaución son satisfechas o no”. Pero se trata de caso-límite. El principio de precaución no es un principio que hace del “miedo" el motor de las políticas públicas, incapaz de estimular la investigación y la innovación y acabar en la parálisis. No es, en absoluto, un principio de abstención que conduciría a no hacer nada, ni el fruto de una ideología de la “tercera edad" aspirando al riesgo cero. Es un principio de acción que, esforzándose por debatir sobre lo probable (que, como observó Bergson, no nos parece retrospectivamente “posible" más que cuando ha ocurrido) y teniendo en cuenta la incertidumbre del conocimiento, hace intervenir simplemente en las decisiones del momento presente la preocupación por el futuro. En otras palabras, es un principio que afirma que las medidas pueden ser también tomadas en la ausencia de certeza absoluta y sin esperar imposibles “pericias definitivas", para que el riesgo haya sido percibido correctamente y haya sido valorado.

Elements:  ¿En tu opinión, es el decrecimiento la prolongación natural de la ecología, su traducción práctica? ¿Te parece la única respuesta económico-política a la crisis ecológica que están en vías de manifestarse?

A. B. : El subtítulo de mi libro es:  “Pensar la ecología hasta al final", lo que ya contesta a la pregunta. Está claro que a una preocupación ecológica rigurosa carrearía una teoría de la disminución. Algo lógico. Pero está claro que esta convicción no está compartida por todos. Ciertos ecologistas aceptan con más facilidad la idea del “desarrollo sostenible", otros incluso están dispuestos a ceder a los cantos sirenas de cierto capitalismo verde". Todo esto puede explicarse por la reticencia a romper claramente con la ideología del progreso.

El “desarrollo" prolonga, en efecto, la ideología del progreso que se encuentra expuesta en Bosquejo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano de Condorcet, pero también en formulaciones religiosas anteriores. La idea de que la humanidad es fundamentalmente una y que está destinada a pasar universalmente por los mismos estadios se encuentra en la economía de la salvación propuesta por san Agustín (se ha pasado de la economía de la salvación a la salvación por la economía). La visión de un desarrollo unilineal del devenir histórico, en oposición a la concepción cíclica heredada de los Antiguos, está en el origen mismo del monoteísmo y ha inspirado en todos los historiadores modernos la idea profana del “sentido de la historia" como substituto a la idea teológica de la Providencia.

Los partidarios del decrecimiento, no hay que ocultarlo, llaman a un cambio de civilización. Saben que lo que quieren conservar implica una verdadera Revolución (en estos son verdaderos “conservadores revolucionarios"). El tema de la disminución choca de lleno frente, no sólo con una tradición occidental fundada, al menos desde el Renacimiento, en la idea del dominio de la Tierra, sino también en un sistema económico, el capitalismo, para el cual la actividad económica implica un crecimiento sin fin, en los dos sentidos del término. Se comprenden entonces las dificultades con las que se choca y las resistencias que tienen que vencer. Cada tendencia llevada hasta lo exponencial implica lo que en matemáticas se llama un “paso al límite”. Los partidarios del decrecimiento si sitúan más allá de este paso al límite.

Elements:  Los “decrecentistas" experimentan las mayores dificultades para elaborar un programa político. ¿En qué podría consistir una política del decrecimiento? Evidentemente, semejante sociedad no está a la orden del día. ¿No podrá manifestarse más que en un contexto de crisis generalizada, sino de catástrofe?

A. B. : Serge Latouche cree mucho en la “pedagogía de las catástrofes". Por mi parte soy algo más reservado que él. ¡Temo que las catástrofes no tengan sobre todo efectos catastróficos! Lo que está seguro, éste es que si se continúa en la dirección actual, de las catástrofes son muy conocido. Eso dice, hace falta subrayar, a pesar de los piaillements de las críticas al Claude Vivaracho, que los trabajos del Grupo intergubernamental de peritos sobre la evolución del clima, GIEC que reúne hoy acerca de 200 científicos, no han manifestado para nada al primer golpe una inspiración catastrophiste", lo que incita a aún más cogerlos en serio. Sobre la calefacción climática, la primera relación del GIEC, en el 1990, se afirmó encoré agnóstico. Sólo está en el segundo, publicado más tarde cinco años, que esta calefacción ha sido declarada verificado con una fuerte presunción de la acción del hombre para explicar el aumento de los gases a efecto cierra que paran el destello infrarrojo emití de la Tierra. La tercera relación, parecida en 2001, afirmó por fin con limpieza que lo esencial de la calefacción de las últimas décadas ha sido debido al aumento de los gases a efecto cierra imputable al empleo de las energías fósiles.

Pero la cuestión del calentamiento climático sólo es un aspecto del problema de la evolución de los ecosistemas confrontado con las desestabilizaciones entrópicas. Recientemente se ha revelado que la subida del nivel del mar debido al calentamiento climático podría, no sólo arrastrar la inundación de numerosas tierras costeras, con todas las consecuencias económicas y sociales que eso implica, sino también contaminar con el agua salada de un 30 a un 40% del agua potable subterránea que existe en la plataforma continental. Ahora, sólo el 2% del agua presente en Tierra es potable, y se sabe que las capas freáticas ya están en vías de disminución.

El barril de petróleo que cotizó 20 dólares en el 2002, ha alcanzado prácticamente hoy los 100 dólares. El coste del petróleo sólo puede seguir aumentando por dos razones simples. El primero es que el “pico de Hubert” está a punto de ser alcanzando, más allá del cual, la mitad de las reservas originarias de petróleo habrán sido consumidas y el petróleo no podrá ser extraído más que a rendimiento menguante. El segundo es que por eso mismo el petróleo está llamado a convertirse en una mercancía rara, cuya demanda será cada vez más superior a la oferta. En cuanto a la producción masiva de biocarburantes como el etanol, tendrá como resultado disminuir las superficies agrícolas dedicadas a los cultivos de alimentos. Esta situación es intrínsecamente polemógena: tras las guerras del petróleo, seguirán las guerras del agua.

Se puede ciertamente creen que el mercado y la inventiva humana solucionarán todos los problemas, que se descubrirán reservas de petróleo desconocidas, que los progresos tecnológicos harán aumentar la tasa de explotación de los yacimientos petrolíferos, que se pondrán a punto energías de sustitución mucho rentable, etcétera… es posible creer en todo eso, pero no es nada más que un acto de fe. Convocándonos a este acto de fe, los teólogos del crecimiento se revelan como los últimos creyentes de la ideología del progreso. Nada más…

En cuanto al programa político del decrecimiento, contra el que se levantan muchas objeciones (aumento del paro, efectos sociales devastadores, etcétera), queda por precisar algunos puntos. Pero numerosas propuestas prácticas han sido realizadas: relocalización de la producción, nueva orientación hacia la autosuficiencia, revaluación de los costes en función de sus incidencias no comerciantes, supresión de los productos desechables y penalización de los gastos publicitarios, reducción drástica del derroche y control de la obsolescencia programada de los productos, limitación del crédito, desarrollo de la economía directa y el sector terciario, reciclajes intensivos, limitación de los consumos “intermediario”, restauración del sector agrícola, relanzamiento de la democracia participativa en la esfera pública local, recurso a todos los niveles al principio de subsidiareidad, recronstrucción de los lazos sociales (entre los individuos, las comunidades y las familias), y de un tejido orgánico de cuerpos intermedios, etcétera. Sobre todos estos puntos, remiro al último libro de Serge Latouche, Pequeño tratado del decrecimiento sereno, (Ed. Mil y un noches) que subraya con mucha precisión la importancia que los “decrecentistas" conceden a la noción de autonomía (y, por tanto, de subsidiareidad), bajo todas sus formas económicas, políticas y sociales.

El error sería concebir el decrecimiento convivencial como una detención de la historia, un simple crecimiento negativo. El decrecimiento no propone de llegar a un estado estable, terminal, comparable a la sociedad sin clases de Marx, al equilibrio global de los liberales o al “fin de los tiempos" de la escatologia clásica.

Elements:  ¿Qué piensas de la fórmula, defendida por algunos “decrecentistas", de una renta universal, incondicional, generalizado para el conjunto de la población?

A. B. : Antes que de una “renta universal", prefiero hablar de renta de ciudadanía. Es una idea que encuentro extremadamente interesante, y que hará falta estudiar en serio un día o el otro. Es en todo caso revelador, es que esta propuesta, que se encuentra ya de Víctor Hugo y que ha recibido un principio de aplicación práctica en Norteamérica, ha encontrado defensores en los medios más diferentes:  en Francia, por ejemplo, ha sido sustentada por ecologistas como Yves Cochet o Christine Boutin (una “renta social garantizada desde la cuna a la tumba"), y para algunos liberales que ven en ello un remedio para luchar contra el “asistencialismo”. No tiene ciertamente como objetivo animar a las personas a "no hacer nada" (tanto más en la medida en sólo la percepción por ciudadanía no garantizaría un nivel de vida muy envidiable), sino que tiende a organizar toda la vida social sobre bases diferentes. También supone un cuestionamiento claro a la hipertrofia del salario. Al no tener espacio, porque el dossier es complejo, no me extenderé sobre el tema. Tendremos oportunidad de regresar a él. Por lo que se refiere a una aproximación teórica y a las modalidades de aplicación, me remitiré a los trabajos de economistas como Yoland Bresson, André Gorz, Laurent Geffroy, Philippe van Parijs, etcétera..

Elements:  La preocupación por la "ecología profunda" (deep ecology), es una constante de muchos movimientos que cuestionan la sociedad liberal, en especial de algunos comunitaristas americanos como Edward Goldsmith, Robert Hainard o Arne Næss, movimiento que se ha acentuado con la aparición relativamente reciente del "ecoterrorismo" ¿Qué piensas de esto?

A. B. : ¡Dejemos de parte el ecoterrorismo sobre qué no hay gran cosa a decir, si no que la más razonable de las doctrinas siempre puede inspirar el extremismo… En cuanto a la "ecología profunda" ha tenido el gran mérito de intentar dar a la ecología bases realmente filosóficas.  En mi libro, por ejemplo, hablo de los debates sobre el “valor intrínseco” de la naturaleza al que ha contribuido abundantemente. Le reprocho, por el contrario, caer en el exceso inverso al que denuncia: el “biocentrismo" igualitario defendido por algunos de sus partidarios no vale más que el antropocentrismo alimentado desde la época de Descartes o Galileo. Lo que está en juego entre los hombres y la naturaleza no es un juego de suma nula en el que todo lo que sería concedido a uno sería automáticamente perdido por él otro. Para decirlo más claramente, estoy convencido que se puede reconocer el lugar excepcional que ocupa al hombre entre los seres vivos sin conceder nada a la ideología del dominio desencadenado y del todo poder de la técnica.

Elements:  “Del hombre y de la naturaleza, escribes en tu libro, la pregunta crucial no es saber quién tiene que dominar al otro, sino saber cómo puede reinstaurarse y mantenerse la relación de co-pertenencia que ellos une" Pero, esta relación, esta suerte de pertenencia mutua entre la naturaleza y los hombres ¿quién ha sido responsable de que cediera y se derrumbara? ¿Y quién podría hacerla reaparecer?

A. B. : Amplia pregunta. Hablando en términos históricos, lo que lo ha hecho ceder y derrumbarse, es la cancelación de una representación hermenéutica del cosmos como un todo armonioso pudiendo servir de modelo a la conducta de los asuntos humanos. Este “desencanto del mundo", vaciando la naturaleza de todo lo que le se atribuyó antes como sagrada, ha sido incontestablemente cuestión del monoteísmo. Ha desembocado, a causa de la desviación cartesiana, en la transformación del mundo en un objeto inerte en el que el hombre fue invitado a erigirse como él “dueño soberano". Dualismo agudo, por consiguiente, entre el mundo-objeto y los hombre-sujeto que no han dejado de legitimar todas las formas de destrucción del entorno natural. Al mismo tiempo, la sustitución de una visión lineal y monovectorial de la historia humana a la concepción cíclica de los Antiguos le ha desembocado en el progresismo" moderno. En este sentido, la ecología aparece incontestablemente como una reapropriacion de otra relación  con la naturaleza diferente de la que ha dominación en los últimos siglos. Es preciso no equivocarse, lo que se cuestiona en este disciplina, es una cuestión a la vez filosófica y moral relativa a la relación del hombre con la naturaleza: relación de dominio o de co-pertenencia, de predación o de convivencia amistosa.

Elements:  ¿Para aplicar un día un decrecimiento probatorio, ¿no sería posible redoblar la diguración en la derecha de “Cómo no ser progresista sin convertirse en reaccionario" de Jean-Paul Besset por un “Cómo no ser reaccionario sin convertirse en progresista" de Alain de Benoist? ¿Es posible reunir a anti productivistas y anti-utilitaristas de derecha e izquierda?

A. B. : Siendo la Tierra nuestro patrimonio común y atravesando la preocupación ecológica potencialmente todos los terrenos heredados de la modernidad, es evidente que los hombres de derecha tanto como los hombres de izquierda, pueden tener buenas razones para proteger el entorno natural. Ha existido por lo demás siempre un anti-productivismo y un anti-utilitarismo de derecha cuyas raíces históricas son al menos tan viejas como las del anti-productivisme y del anti-utilitarismo de izquierda que fueron durante mucho tiempo ocultados por los espejismos del progreso. Serge Latouche llega incluso a reconocer que “la crítico más radical de la modernidad ha sido planteada más a la derecha que a la izquierda", algo que el compromiso reciente de la mayor parte de la derecha bajo la bandera liberal tiende a hacer olvidar. En contraposición, parece claramente hoy que el socialismo productivista siempre ha presentado puntos de convergencia mayor con la lógica de la expansión continua del capital, lo que da retrospectivamente razón a los partidarios de una “tercera vía".

La conjunción transversal a la que aludes y por la que yo también hago votos, se enfrenta sin embargo a lastres persistentes de un lado y del otro. A la izquierda, cierto número de “decrecentistas" han heredado un sectarismo del que no logran deshacerse. ¡Contrariamente, se consta hoy una indiferencia, hasta una hostilidad señalada hacia el ecologismo en los medios de derecha que alardean de no creer en el “calentamiento climático" (“¡que no se nos cuenten historias! ") o de tener otras prioridades, etc.

Las causas de esta actitud son variadas. Cuando no resultan de una adhesión pura y simple a las ideas liberales, pueden provenir de un no conformismo mal situado, de un deseo de realizar sistemáticamente lo contrario de lo que se dice o se escribe un poco por todas partes (es mucho más original afirmar que 2 + 2 son 5), o también de un deseo de voluntad de poder que llega a aceptar no importa qué forma de desmesura. En los medios de derecha, algunos definen ingenuamente la civilización europea a través del “espíritu prometeico”, sin preguntarse porque, en la mitología griega, Prometeo es condenado por los dioses (representa el espíritu titánico portador del hybris anunciadora del caos. Otros ven en los ecologistas a izquierdistas mal arrepentidos o en el amor de la Tierra una forma de “mundialismo", sin advertir que la misma teoría del decrecimineto plantea detener la mundialización enfatizando el localismo. Bruscamente, estos medios son inducidos naturalmente a aceptar la lógica del depredación y el reino sin límite de la voluntad de poder. Uno queda sorprendido cual los adversarios de la ideología del progreso no perciben que la ecología representa hoy la forma más vigorosa de contestación de esta ideología, que personas para las que el hombre es primeramente un heredero no comprenden que el entorno natural carácter forma parte de la herencia y que los adeptos de los valores propios de las sociedades tradicionales derivan de allí, por pura estupidez o pereza intelectual, para hacerse ardientes defensores de una modernidad que ha laminado todo lo que habrían querido conservar.

(entrevista realizada por Michel de Urance y François Bousquet)

Diciembre de 2007

(c) Revista Elements

(c) Alain de Benoist, Michel de Urance y François Bousquet

(c) por la traducción: Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de éste texto sin indicar procedencia.

Alain de Benoist: El eje París - Berlín - Moscú

Infokrisis.- Hemos traducido esta conferencia de Alain de Benoist pronunciada dentro del ciclo "Encuentros del pensamiento rebelde", en 2004, poco después del inicio de la agresión norteamericana contra Irak. Parte de las esperanzas que nacieron en aquellos días, cuando el eje franco-alemán plantó cara a los EEUU, se han disipado, pero la necesidad de un eje París - Berlín - Moscú permanece. De ahí que hayamos considerado oportuno rescatar este texto todavía no traducido al español y presentarlo a llos lectores de infoKrisis.

 

Encuentros del pensamiento rebelde
París, el 18 de enero de 2004
EL EJE PARIS-BERLIN-MOSCOU


Señoras, Señores, Queridos amigos,

Durante los años, si no de las décadas, Europa ha representado una gran esperanza. Hoy, inspira sobre todo la inquietud. Se ve también en ocasiones como una amenaza. En verdad, desde la adopción del tratado de Maastricht en el 1992, Europa funciona de cabeza. Víctima de las lentitudes de la burocracia de Bruselas, de la ausencia de unidad de puntos de vista de los países miembros y de las sutiles matizaciones sobre sus finalidades, exclusivamente preocupada por la competencia comercial y la ortodoxia financiera, se ha embarcado además en un apresurado proceso de ampliación que la condena a corto plazo a la impotencia y a la parálisis. La Europa política, hoy, aparece totalmente atascada.

El fracaso de la conferencia intergubernamental que se desarrolló el 12 y 13 de diciembre de 2003 en Bruselas ha constituido una demostración clara de la amplitud de la crisis. A causa de este fracaso, el sistema adoptado en la cumbre de Niza regulará, a partir del 1 de mayo de 2004, el funcionamiento de la Europa de los 25. Una Europa condenada por esto mismo al inmovilismo y, por tanto, privada de la posibilidad de desempeñar un papel político en la escena internacional. Esta situación, como se sabe, conviene perfectamente a los nuevos Estados miembros de Europa central y oriental que no ven en la unión europea más que un espacio económico y un manantial de subsidios, y que buscan prioritariamente, mediante su adhesión a Europa, integrarse completamente en la economía y en el mundo liberal. Estos países no están absolutamente interesados en una integración comunitaria suplementaria, y desde luego no van a preocuparse de construir un poder político europeo. No tienen otra ambición qué volverse países satélite de los Estados Unidos, como y lo fueron una vez Unión Soviética.

El proyecto de Constitución europea presentado el 20 de junio de 2003 en la cumbre de Tesalónica también es de los más significativos. Ciertamente, en relación a Europa, se tiene el derecho de pensar que una mala Constitución vale más que una Constitución digna de tal nombre. Todavía hace falta saber en qué consiste exactamente este texto.

Ahora, lo primero que es preciso subrayar a propósito de este proyecto es que no es en absoluto un proyecto de Constitución. Lo propio de una constitución es crear una comunidad política, fundar la identidad colectiva que presupone esta comunidad, lo que no es en absoluto aquí el caso. Una Constitución implica, además, un poder constituyente, es decir que exige ser redactada, adoptad y ratificada por el pueblo o, en su defecto, por una asamblea electa especialmente por los ciudadanos a tal efecto. En este caso, habría hecho falta pues que fuera elegida una asamblea constituyes o, por lo menos, que el Parlamento europeo se hubiera transformado en Asamblea Constituyente. En lugar de eso, el proyecto ha sido confiado a un conglomerado heteróclito de representantes de los gobiernos y de los Estados, de los Parlamentos nacionales, del Parlamento europeo y de la Comisión Europea de los que nadie ha recibido mandato alguno para debatir un proyecto de Constitución. En cuanto a los ciudadanos, tampoco serán consultados, ya que según las últimas noticias, la posibilidad de pronunciarse por referéndum sobre este texto tampoco les será concedida.

No se trata pues de una Constitución sino de una especie de tratado con valor constitucional, adoptado como una ley o un reglamento por los Estados firmantes, lo que es algo completamente diferente. La expresión de “tratado constitucional", en efecto, es contradictorio en sus términos: una Constitución es una ley de un tipo particular que, como tal, se impone a todos y a cada uno, mientras que un tratado es un simple contrato entre Estados que se interpreta a través de un método que privilegia el análisis de la voluntad de las partes. En el mejor de los casos, la Constitución será adoptada por los Estados conforme al procedimiento habitual empleado para los tratados y no podrá ser revisada más que según la regla de la unanimidad que no forma parte de los procedimientos constituyentes, sino más bien de los procedimientos diplomáticos. El proyecto tiene a gala subrayar que la Unión está “inspirada por la voluntad de los ciudadanos y de los Estados", en la práctica solo prevalecerá la voluntad de los Estados.

Una Constitución, finalmente, se limita en general a establecer un sistema institucional y definir algunos principios generales. Tiene que ser redactada de tal forma que todos los ciudadanos puedan reconocerse en ella, sean cuales sean sus opiniones políticas,  que, en un marco democrático, necesariamente son múltiples y divergentes. Sin embargo, el actual proyecto de Constitución, lejos de acoger todas las opciones políticas, excluye de partida a un cierto número proponiéndose adoptar orientaciones exclusivamente liberales.  Orientación decisiva, especialmente en la perspectiva de las nuevas adhesiones, ya que el artículo 1º del proyecto declara abrir la Unión “a todos los Estados europeos que respetan sus valores".

En su artículo 3º, el texto del proyecto hace de un “mercado único donde la competencia sea libre y no falseada” el objetivo central y el valor supremo de la unión. Por otra parte, el papel esencial atribuido al Banco Central Europeo es la estabilidad de los precios, pero no se concede ningún derecho de control sobre la política monetaria ni a los ciudadanos ni a los Estados. El objetivo de la libertad absoluta de los intercambios es situado como superior a cualquier otra finalidad. Eso significa, no sólo que nada estorbará los movimientos de capitales, especulativos y demás, sino que cada política pública en materia social o fiscal, en materia de control de la inmigración o preservación del entorno natural puede ser rechazado bajo la acusación de “falsear la libre competencia”. Estipular que ninguna política es ya posible, a partir de ahora, si atenta contra esta competencia, equivale a decir que ésta constituye un fin en sí misma y no un medio al servicio del empleo, del crecimiento, del equilibrio ecológico o de la justicia social.

El proyecto, en otros términos, acaba grabando en mármol y convirtiéndola en la única conforme a la Constitución una política rigurosamente liberal hoy fracasada a la vista de sus resultados. Una vez “constitucionalizadas", tales orientaciones serán impuestas a las instituciones y a los Estados. Tal como ha escrito Dominique Rousseau, profesor de la universidad de Montpellier, el proyecto de “solamente al liberal la calidad de principio de derecho mayor sobre el cual fundar la legitimidad de las políticas públicas e impone a los ciudadanos europeos y a sus representantes inscribir sus leyes en la lógica de la economía de mercado".

Añadamos que el artículo 40º dispone que "para poner en marcha una cooperación más estrecha en materia de defensa recíproca, los Estados miembros trabajarán en estrecha cooperación con el OTAN" y que estipula que cada política de seguridad y de defensa común deberá “ser compatible" con la política adoptada en el marco de la OTAN. Esta disposición limita con antelación la autonomía de la política exterior de Europa y aliena sin discusión su independencia. Declarar como compatible la pertenencia a la OTAN y la realización de una “política común de seguridad y defensa" no puede ser en efecto que una petición de principio.

También hay otros argumentos tabú que el proyecto de Constitución se guarda mucho de abordar: el problema de la lengua de Europa, el problema de su capital, el problema de sus fronteras externas, el problema de las modalidades de aplicación del derecho comunitario, el problema del modo de financiación del presupuesto de la unión europea, etcétera

Frente a esta situación, dónde la lógica de los intereses particulares reemplaza la dinámica de la comunidad de pertenencia, sólo existe una solución: actuar de forma que los que no piensan en Europa más que en términos de mercado no impidan a los demás avanzar. La única alternativa es la formación de un “núcleo duro", asociando los países decididos a ir adelante en la construcción de un verdadero poder político. Esta idea fue explorada el año pasado, de modo premonitorio, por Henri de Grossouvre en su libro titulado París-Berlín-Moscú (1).

Significativamente, las señales precursoras de este eje París-Berlín-Moscú se manifestaron en la víspera de la guerra americana en Irak, cuando Francia Alemania y Rusia, en una declaración conjunta publicada el 5 de marzo de 2003, manifestaron claramente su rechazo a asociarse unilateralmente con esta agresión militar decidida por los Estados Unidos (2).

Este “núcleo duro" no puede descansar naturalmente más que sobre el tándem franco-alemán, cuyo papel en el seno de la unión europea no se ha desmentido nunca, por las razones históricas que Henri de Grossouvre, precisamente, supo recordar muy claramente cuando escribe que "desde la Edad Media, la calidad de las relaciones franco-alemanas decide de la paz o de la guerra en el continente". "Francia –prosigue- es el centro de la Europa del Oeste [...] es al mismo tiempo el único país europeo que participa tanto de la Europa del Norte y la Europa mediterránea, incluso con una fachada atlántica. Alemania es el gozne dinámico de Europa, la vía de paso obligado para introducirse en el Norte, en el este y en el oeste. Francia tiene al mismo tiempo una vocación mediterránea y una vocación renana. Los franceses y los alemanes tienen una parte de su historia común, el imperio de los Francos. Los herederos del imperio carolingio siempre han estado, económica y culturalmente, por delante del resto de Europa. Juntos, franceses y alemanes son el paso obligado, económico y política, de la Unión Europea" (3).

No es menos cierto que, durante mucho tiempo, Francia y Alemania han adoptado en relación a los Estados Unidos de la América actitudes diferentes. Por razones históricas muy conocidas, Alemania se ha reconstruido fundamentalmente a partir de 1945 bajo forma de un no-poder. Durante la época de la guerra fría, la República Federal se sintió dependiente de los Estados Unidos que la consideró, a su vez, como su aliado más seguro en el centro de Europa. Retomando una fórmula célebre pudo decirse que Alemania fue entonces al mismo tiempo un gigante económico y un enano político, lo que la llevó a no jugar sobre la escena internacional más que un papel de reparto.

Ahora, es precisamente es precisamente esta ecuación la que tiende a desaparecer. Muchos signos muestran que Alemania pretende, a partir de ahora, emplear su unidad recobrada para desempeñar un papel político más en consonancia con su importancia real (4). Como siempre más allá de-Rin, la evolución es lenta, pero parece innegable que un nuevo rumbo se ha adoptado: el rechazo sin equívoco planteado por Alemania a la petición de apoyo formulada por los americanos en el asunto iraquí, es significativo. En Francia, este importante acontecimiento no ha sido valorado probablemente en su justa medida. Sin embargo, tal como Stephan Martens ha señalado, nunca tras la creación de la RFA, las relaciones germano-americanas fueron sacudidas por una crisis tan profunda" (5). Desde el 29 de noviembre de 1999, durante una de sus estancias en Francia, Gerhard Schröder hizo suya la formulo de "Europa poder". El 5 de agosto de 2002, en Hannover, declaró adherirse a una “vía alemana", (deutscher Weg), distinta de la seguida por la política americana, lo que debió facilitarle la reelección no hace mucho. Más recientemente todavía, en febrero de 2003, el semanario Der Spiegel pudo titular en portada: Revuelta contra América. David Schröder contra Goliat Bush" (6).

En cuanto a la opinión pública alemana, también ha evolucionado. Según un sondeo publicado hace algunos meses, el 76% de los alemanes estiman que los americanos siguen solamente sus intereses cuando intervienen en el extranjero, contra el 58% que opinaba lo mismo en 1993, y apenas son poco más del 31% quienes estiman que los Estados Unidos son hoy los garantes de la paz y la seguridad en el mundo, contra el 62% en el 1993.

Se trata pues de una evolución notable. Alemania abandona progresivamente su posición de mejor alumno de la clase atlántica. Se embarca con Francia en una empresa que se cree el núcleo de una verdadera defensa europea, lo que le permite a Henri de Grossouvre escribir que el fin del tabú transatlántico es el acontecimiento mayor de la política extranjera alemana desde el fin de la Segunda Guerra mundial" (7).

No es pues una casualidad que el fracaso de la cumbre de Bruselas haya relanzado enseguida la idea de una iniciativa franco-alemana para superar la crisis, iniciativa que se manifestaría en la formación en el seno de la unión europea de un “núcleo duro" cuyas formas queda todavía por determinar. Algunos también hablan ya de la creación de una verdadera confederación a franco-alemana que, si viera la luz algún día, reuniría probablemente también a los países de Benelux. Así se realizaría un proyecto que el General de Gaulle planteó hace ya mucho tiempo: revisar el tratado de Verdun que dividió en el año 842 el imperio de Carlomagno para reunificar a los Francos del Oeste y los Francos del Este.

Al mismo tiempo, aparece como vital establecer con Rusia una asociación estratégica que permita vincular este país con la unión europea en todo lo que concierne a la política extranjera, y reforzar con la cooperación con este país, particularmente en materia aeronáutica y energética. Es de nuevo el eje franco-alemán a quien le correspondería tomar la iniciativa de este acuerdo de asociación y espacio de cooperación al que podrían sumarse también países como Ucrania y el Bielorrusia. La incorporación de Rusia a este proyecto tendría mucho más calado que la asociación de un cierto número de países europeos que manifiestan sin ambigüedades su voluntad de no seguir jamás una política distinta de la trazada por Washington.

Francia, Alemania y Rusia no tienen sólo numerosos intereses políticos, económicos, estratégicos y culturales conjuntos. También son países notablemente complementarios. No tomaré aquí que dos ejemplos, uno concerniente a los problemas de defensa y el otro relativo a los recursos energéticos.

Se sabe que los Estados Unidos dedican anualmente el 3,4% de su PNB a gastos militares, mientras que Francia solamente le dedica el 2,6%. La ventaja de los americanos en este campo es, pues, la consecuencia lógica. Sin embargo, Francia, Alemania y Rusia dedican, entre las tres, más dinero a la defensa de lo que lo hace los Estados Unidos cada año. La coordinación de algunas inversiones podría permitir a Europa recuperar una parte de su retraso.

Pero Rusia, sobre todo, dispone de materias primas que no poseen ni franceses ni alemanes. El peso de los hidrocarburos y de las materias primas en general, es considerable en la economía rusa, y ha aportado en el 2003 el 35% del presupuesto nacional y el 13% del producto interior bruto (PIB). Rusia se es, a partir del año 2000, el tercer productor y el segundo exportador mundial de petróleo, pero también el primer productor y el primer exportador mundial de gas natural. Es decir, sus grupos petrolíferos y gasistas no son sólo actores económicos de primer plano, sino que también pueden desempeñar un papel eminentemente político, ofreciendo en parte a la Europa occidental un manantial de abastecimiento de energía alternativa a la obtenible en el Medio Oriente, hoy bajo control americano. Además, el cierre por parte de Alemania de la mayor parte de sus centrales nucleares va a hacer a este país más dependiente en lo que respecta a su producción de electricidad y de gas natural que viene principalmente de Rusia.
Alemania es, por lo demás, ya hoy el principal inversionista y el principal socio comercial de Rusia.

A este respecto es muy importante la construcción de la red ferroviaria denominada “Viento del Este" que conectará China con Europa occidental, pasando por Rusia, Bielorrusia y Alemania, o también la puesta en marcha  en abril de 2003 de un corredor ferroviario a través de Polonia que une a dos veces más velocidad que por vía marítima, Extremo Oriente con Europa occidental.

Naturalmente, sobre todo esto planean incertidumbres. Pesan principalmente sobre Rusia, cuya recuperación económico-política es un elemento vital para el futuro, pero que contiene cierto grado de imprevisibilidad. La reciente detención del "oligarca" Mikhaïl Khodorkovski, el hombre más rico de Rusia y uno de los principales símbolos de todas las malversaciones de los años 90 que había claramente adoptado posiciones pro-americanas ante la guerra de Irak, evidencias la voluntad de Vladimir Putin de restaurar el Estado y de sancionar un cierto número de mafiosos hasta ahora intocables. También hay los datos demográficos que son particularmente inquietantes tanto para Alemania como para Rusia, como también para la mayoría de los países de la Unión Europea, ya que se prevé que en 2050 la media de edad en Europa será de 57 años, por 37 en los Estados Unidos. Finalmente, hace falta contar evidentemente con los vaivenes electorales que, en cada país, pueden implicar modificaciones de la orientación política.

Más allá de estos datos coyunturales, existen tendencias de fondo y realidades permanentes, la principal de las cuales fue recordada por Henri de Grossouvre cuando escribió que “el adversario exacto de los Estados Unidos en el hemisferio Norte, es la Europa más grande, de Brest a Vladivostok, flanqueado en cada extremo por los archipiélagos británicos y japonés", añadiendo que “este gigantesco conjunto eurasiático reúne lo esencial de la población y de las riquezas mundiales" (8).

La idea de un eje París-Berlín-Moscú abre paso en los espíritus. Y lo que es más interesante, transciende todos los laminados habituales, y encuentra defensores en los medios más variados.

Jacques Julliard, por ejemplo, considera que ha llegado la hora de reforzar la pareja a franco-alemana. "E incluso –escribe- de la fusión orgánica de las dos naciones en los campos diplomáticos y militar, [porque] no hay otro remedio de salvar la idea europea amenazada por el neo-imperialismo americano" (9). "No existen actualmente, añade, más que dos países que, a pesar de sus dificultades coyunturales, reflejan la idea de una Europa-poder:  Francia y Alemania. Se puede añadir Bélgica. Propongo que se rehaga lo que Schumann hizo en el 1951 con el carbón y el acero: poner en común nuestro ejército, nuestra diplomacia y nuestra política económica. Todos los países que quieran asociarse con esta iniciativa serán bienvenidos [...] Estoy persuadido de que algunos países se sumarían. Italia, por ejemplo, después de que se haya desembarazado de Silvio Berlusconi" (10). Y añade: “Bastaría que Francia y Alemania pusieran en común sus recursos en materia de diplomacia y defensa para que la situación europea y mundial
se modificaran radicalmente”  (11).

Tal es también la opinión del diputado europeo Jean-Louis Bourlanges que considera que “tendría sentido formar dentro de la unión, y en terrenos en los que las competencias de la Unión son inciertas o no son exclusivas -la defensa, la política extranjera o la política presupuestaria-, un pacto federal entre algunos Estados decididos a poner en común sus medios institucionales, administrativos, de balance y militar, en vista de realizar una política común" (12).

"Más que nunca, París y Moscú tienen que acercarse, escribe por su parte el geopolítico Aymeric Chauprade (13), mientras el socialista Alain Joxe declara:  “Me parece que la elección de Alemania, de Francia y de Bélgica considerarse juntas como el núcleo fuerte de la defensa europea […] es un paso importante" (14). "Estoy persuadido, afirma Daniel Cohn-Bendit, que la idea de una federación limitada a algunos países y organizada a partir de un núcleo federal franco-alemán puede tener viabilidad. Sería de esperar que antes del 2009, se viera una federación europea nacer dentro de la Unión que acelerara la convergencia fiscal, social y económica. Tal núcleo puede ser atractivo para otros Estados miembros" (15). Y no habría dificultad en multiplicar los ejemplos.

En este contexto, en octubre de 2003, el Instituto Real de las Relaciones Internacionales (IRRI) de Bruselas publicó un documento titulado Un concepto de seguridad europeo para el siglo XXI no carente de interés ya que tiene el mérito de considerar la seguridad europea a partir de la misma Europa y de sus intereses y concluir que Europa sólo puede existir a condición de ser un poder. Se lee, por ejemplo:  “Independientemente del peso económico, político, demográfico y militar, no hay ningún poder sin voluntad [...] El poder necesita la voluntad de imponer su impronta sobre el curso de los acontecimientos. La unión europea sólo será potente si sus Estados-miembros ponen en común, voluntaria y colectivamente, su voluntad de constituir uno de los polos de un mundo multipolar y actúan en consecuencia”. En el mismo documento se subraya que “la única la autonomía de decisión permite la toma de conciencia de su identidad y su soberanía, y ofrece la responsabilidad de la decisión, sin inhibición causada por la costumbre de ser dependiente, sometida o agradecida".

Qué el eje París-Berlín-Moscú no sea una simple y cándida visión del espíritu todavía queda demostrado por la lectura de la prensa americana que considera que tal perspectiva es tomada muy en serio y percibida como un peligro real". “Todos los factores combinados -escribe el neoconservador John C. Hulsman en el periódico de la Foundation Heritage- Francia, Alemania y Rusia tienen potencialmente todos los atributos de un gran poder capaz a nivel global de hacer de contrapeso a los Estados Unidos, Francia facilita las orientaciones políticas e ideológicas, Alemania el poder económico y Rusia las capacidades militares". La conclusión del autor es que, para enfrentar esta amenaza, los Estados Unidos tienen que jugar golpe a golpe buscando por todos los medios fragmentar este núcleo anti-americano" (16).

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Señores, Señoras, Queridos amigos,

Durante estos últimos años las tensiones entre Europa y los Estados Unidos no han cesado de agravarse. No afectan sólo al comercio, la carne, la aeronáutica, el proyecto Galileo, el sistema de posicionamiento y navegación por satélite competidor del sistema americano GPS. Se extienden a todos los campos y adoptan formas nuevas. Los políticos, por razones diplomáticas evidentes, a menudo tratan de disfrazarlas, como Jacques Chirac que afirma todavía hace algunos meses, en un coloquio organizado por el Financial Time que “Europa y los Estados Unidos comparten los mismos valores" (17). Pero, lo cierto es justamente lo contrario. Tal como Sylvie Kauffmann señaló recientemente “la evolución de las sociedades americanas y europeas durante las últimas décadas revela en realidad un foso creciente de naturaleza moral, cultural o político, sobre temas muy importantes como la guerra, la paz, la solidaridad social, la justicia, la inmigración o la religión" (18).

No puede dudarse que la globalización va a agriar estas divergencias de visión y de intereses entre Europa y los Estados Unidos, que, a fin de cuentas, derivan del punto de vista geopolítico, según el cual la Europa continental está más que nunca señalada como un poder terrestre y los Estados Unidos son un poder marítimo. "Los Estados Unidos son un pueblo del mar, recuerda Henri de Grossouvre, mientras Europa continental está marcada por su relación con la tierra. Los Estados Unidos, a causa de las guerras civiles europeas del siglo XX, han tomado el relevo del poder marítimo por excelencia, Inglaterra. La preponderancia del comercio y la subordinación de las otras actividades humanas a las relaciones comerciales les caracteriza" (19). Hay pues entre ambos una diferencia fundamental de concepciones del mundo y valores.

Ahora, lo que resulta interesante, es que esta diferencia es puesta de relieve hoy por los americanos para justificar su política. En un libro publicado el año pasado, y que ha causado mucho interés, el neo conservador Robert Kagan afirmaba por ejemplo que el foso que se ha cavado entre las dos riberas del Atlántico ya tiene demasiada profundidad para que se pueda esperar en superarse en un futuro previsible (20). Esta opinión es compartida también por otros comentaristas (21).

Simultáneamente, la posición americana en relación a Europa se ha aclarado netamente. En  junio de 2003, el semanal americano The New Republic anunciaba con titulares en primera página: “Europa superpotencia. Por qué América debe temer la construcción europea". El redactor jefe del periódico, Andrew Sullivan, escribió: “El principal poder que se beneficiará éxito de la construcción europea será Francia. Y las intenciones de Francia son esencialmente hostiles hacia los Estados Unidos, cultural, económica y diplomáticamente. El desafío actual a la política exterior americana es cómo impedir a la nueva Constitución europea convertirse en realidad". Tres meses más tarde, en el mes de septiembre, el semanario de William Kristol, The Weekly Standar, publicó un artículo titulado a “Contra Europa unida."

Los europeos son presentados en otro lugar, como sibaritas y cobardes, como fascistas o antisemitas incorregibles, como los traidores o simplemente como deficientes mentales. En el Washington Times, William R. Hawkins ha llegado a explicar que el enemigo número 1 de los Estados Unidos, no es Osama Bin Laden sino los europeos: “El mayor peligro para la independencia, la seguridad y la prosperidad de los Estados Unidos no vendrá quizás, en el alba del siglo XXI, de nuestros enemigos declarados, dotados de armas de destrucción masiva, sino de nuestros sedicentes amigos que sueñan con controlar nuestra economía y encadenar al gigante americano" (22).

Pierre Hassner lo reconoce: “hoy, el gobierno americano juega abiertamente a la división de Europa" (23). “ Por la primera vez del principio de la guerra fría -añade Timothy Garton Ash- se encuentran personas muy influyentes en Washington que afirman que está en el interés de los Estados Unidos tener una Europa débil y dividida" (24).

Esta hostilidad hacia Europa se duplica por la hostilidad hacia el euro que no tiene evidentemente nada de sorprendente. Durante la posguerra, los americanos pudieron beneficiarse de la guerra fría que los situaba en una posición de fuerza en relación a sus aliados europeos, y garantizaba la omnipotencia del dólar, utilizado como moneda de reserva por los bancos centrales de todos los países del mundo. Pero la guerra fría ha concluido y la llegada del euro amenaza el monopolio americano en los mercados de cambios monetarios mundiales. En un país que no cesa de consumir más de lo que produce, cuyo nivel de endeudamiento representa el 31% del producto interior bruto mundial y el 40% de la renta individual americana, cuya balanza de pagos no cesa de deteriorarse, cuyos déficits de cuenta corriente han alcanzado niveles históricos, y cuya tasa nacional de ahorro ha caído en 2002 a su nivel más bajo de todos los tiempos, el mantenimiento del monopolio del dólar es una necesidad vital.

Ciertamente, todavía hará falta tiempo para que el euro pueda convertirse en una moneda de reserva realmente concurrente con el dólar, pero cuando ocurra, Europa se estará poniendo en plano de igualdad con los Estados Unidos en este campo. Sería necesario para esto que el euro fuera mirado como un activo utilizable en todos los países, y que los Estados tengan el deseo de acumular en esta moneda sus reservas. Sería necesario también que pudiera garantizar continuamente una liquidez planetaria y desempeñar el papel clásico de “prestador de última instancia". No ha llegado todavía ese momento. El euro puede servir sin embargo, de ahora en adelante como moneda de reserva en un cierto número de mercados. Una etapa esencial además sería superada si la Unión Europea lograra convencer a los países exportadores de petróleo, empezando precisamente por Rusia, de aceptar euros en lugar de los dólares. El monopolio americano se encontraría entonces seriamente dañado, algo de lo que Washington es muy consciente.

Frente a la perspectiva de un eje París-Berlín-Moscú, los Estados Unidos no pueden pues más que reaccionar  y reaccionar con la violencia y la brutalidad que les caracteriza. La decisión americana, anunciada al principio del mes pasado, de excluir a Francia, Alemania y Rusia de los contratos para la reconstrucción de Irak, es a este respeto muy significativo.

Pero es probable que los Estados Unidos se vieran obligados a adoptar, ante los tres miembros de este eje virtual, una estrategia distinta. Condoleeza Rice, consejera a la seguridad nacional, dio una idea enunciando la consigna: Castigar a los franceses, ignorar a los alemanes y perdonar a los rusos" (25). Lo que quiere decir que Rusia es capaz de enmendarse, que Francia es irrecuperable y que, por lo que respecta a Alemania, basta con esperar.

En los años sucesivos, la política americana en relación a -como por lo demás en las relaciones con China-  va principalmente a consistir en un intento de cerco, tal como evidenció el asentamiento de las tropas americanas en las repúblicas musulmanas y la región del Caspio gracias a la guerra del Afganistán.

En relación a Alemania, los americanos harán inicialmente todo lo que esté en su mano para hacer estallar el idilio franco-alemán. El 3 de noviembre último, hemos visto al neo conservador Richard Perle, durante un foro organizado sobre el tema “Bundeswehr y sociedad", coger aparte violentamente al ministro alemán de la Defensa, Peter Struck, regañándole por la "profundización de las relaciones franco alemanas" y estigmatizando la fuerte tendencia de Francia y Alemania a expresar su solidaridad a la menor oportunidad", lo que ha provocado una protesta pública del antiguo jefe de Estado Mayor francés, el almirante Giacomo Lanxade. Al mismo momento, Michael Ledeen, uno de los “halcones” republicanos más cercanos que la Casa Blanca, declaró abiertamente que Francia y Alemania deberían de ser considerados ya como “enemigos estratégicos" de los Estados Unidos.

Es probable que los Estados Unidos también harán todo lo que esté en su mano poder para conseguir la salida de los social-demócratas alemanes del gobierno que, en razón misma de su antifascismo evidente, han podido expresar, sin ser sospechosos, ciertos sentimientos “nacionales", y para inducir la llegada al poder de los democristianos, tradicionalmente más atlantistas. Sin embargo, aunque esta eventualidad tuvo lugar, no es seguro que Washington pueda alcanzar sus fines. En el interior mismo de la CDU-CSU, existe toda una corriente que no es, en efecto, muy favorable a un retorno puro y simple a una alineación con los Estados Unidos. Henri de Grossouvre, a menudo, ha recordado que en el 2002 un acercamiento franco-alemán hubiera podido llegar hasta la creación de una confederación que ya había sido incluso estudiado por las autoridades francesas y el candidato Edmund Stoiber, estimando incluso como “casi nulos” los riesgos de tal circunstancia y de una evolución mayor de la política extranjera alemana.

Queda el caso de Francia, que los americanos, como acabo de decir, los Estados Unidos juzgan como aparentemente irrecuperable. Puede verse la prueba de una oleada de francofobia de violencia extraordinaria y de una amplitud sin precedentes que ha provocado el rechazo del gobierno francés de asociarse con la agresión contra Irak. Durante meses, los franceses han sido tratados en la prensa de “monos capitulacionistas y comedores de queso" (cheese eating surrender monkeys), e incluso se vieron autoadhesivos que proclamaban: “¡Primero Irak, luego Francia! ".  El error consistiría en creer que este francofobia se ha limitado a las capas marginales de la población, cuando en realidad, ha sido relanzada, con una virulencia asombrosamente fina, en los periódicos más serios. Sólo citaré algunos ejemplos de ese estilo. En el Weekly Estándar, considerado como uno de los periódicos más influyentes de los Estados Unidos, Larry Miller escribe:  “Hace mucho tiempo que los franceses me hartan;  ¡la próxima vez que los alemanes invadan vuestro pequeño país de mierda y necesitéis alguien para salvar vuestros traseros de colabos, os liberaréis solos!"  (26). En el Nueva York Post, Ralph Peters añade que Francia, dirigida por un pigmeo moral desprovisto de todo escrúpulo", y cuya única ambición es de defender el derecho a los dictadores a morir de vejez en la Riviera" es uno de los enemigos más repugnantes de América. Concluye: Francia tiene que sufrir, pecuniariamente y estratégicamente. Los franceses nos han golpeado por la espalda. En respuesta, deberíamos desollarlos vivos" (27).

El 28 de agosto de 2003, Thomas Friedman, probablemente el cronista de política extranjera más influyente de la prensa americana, quien recibió el Premio Pulitzer en el 2002, escribió en el Nueva York Time que entre los Estados Unidos y Francia, a partir de ahora, sólo existe “el estado de guerra", "Es tiempo para los americanos de darse cuenta de esto –afirmó- Francia no es sólo un aliado incómodo. No es sólo nuestro rival celoso. Francia se ha convertido en nuestro enemigo" (28).
"Francia deberá pagar", declaró no hace mucho Paul Wolfowitz, opinión de que un sondeo efectuado por el Instituto Harris mostró que es compartida hoy por el 43% de los americanos. A despecho de los propósitos agresivos sostenidos aquí y allí, no es exagerado decir pues que en el momento, para los Estados Unidos", París se hace valor como chivo expiatorio, víctima expiatoria, cabeza de turco y oveja negra" (29). Y que mostrarse agresivo con Francia es evidentemente una forma de dar ejemplo y disuadir a los tentados por imitarla: su castigo tendrá el valor de advertencia.

Los Estados Unidos que han intentado siempre instrumentalizar las rivalidades regionales, quieren proceder con la unión europea como han procedido en otros tiempos con el Imperio Austro-Húngaro. El objetivo, como siempre, es dividir para reinar. Con Samuel Huntington, ya intentaron oponer el mundo eslavo y ortodoxo a los países de Europa occidental, política que tuvo en el aplastamiento de Serbia, de algún modo, una aplicación práctica. Con Donald Rumsfeld, quieren jugar la carta de la “nueva Europa" –esto es la de los países de Europa Central que, en el seno mismo de la Unión Europea, están listos para aceptar el dominio de Washington-  para poner en dificultad a la vieja Europa", juzgada menos dócil. Calculo que vuelve a apoyarse en lo que Tony Judt ha llamado una “muleta de goma" (30), por la simple razón de que estos países son, en su mayor parte, países débiles, dependientes de Europa del punto de vista económico, y de Rusia por su aprovisionamiento energético, y que además pertenecen a la periferia, la cual no puede pasar sin el centro, mientras que, a la inversa, el centro si puede muy bien en el límite, prescindir de la periferia.

Los americanos, por fin, seguirán instalando bases militares en todas las regiones estratégicas por dónde pasan oleoductos y gasoductos, de Asia central a los Balcanes. Continuarán tratando a la OTAN como lo que siempre ha sido, desde la época de la Guerra Fría: un medio para impedir que Europa se reconstruyera como fuerza autónoma (31). Y, naturalmente, seguirá pesando sobre las opiniones públicas europeas por la ubicuidad de las redes de influencia de que disponen: políticos comprados al peso, medios de comunicación que comen de la mano, grandes fundaciones cuya financiación aseguran, asociaciones especializadas en el formateo de los espíritus, etcétera (32).

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Señoras, Señores, Queridos amigos,

En materia de relaciones internacionales, como en muchos otros campos, se ha adoptado un giro radical en estos últimos años. Desde 1993-94, las viejas reglas del juego internacional han sido abandonadas, y hemos entrado entre lo que pudiera definirse como “era postatlántica”. Asistimos a la disolución de hecho de todo un sistema en el que la Alianza Atlántica fue el corazón, en efecto, disolución de la que los mismos Estados Unidos tienen la responsabilidad al exigir a sus aliados que se comportaran de vasallos.

Esta crisis del vínculo trasatlántico es en sí mismo indisociable de la llegada de un mundo nuevo. En este nuevo mundo, las líneas de batalla son menos internacionales que trasnacionales. La geografía de las iniciativas no es definida fundamentalmente por las fronteras nacionales, aunque la división de la política de seguridad entre interior y exterior tienda a desaparecer. Los choques decisivos no se producen entre civilizaciones (que no son realidades de poder, sino más bien crisoles de idea-fuerza), pero al mismo tiempo en su seno y a escala global. Se asiste por todas partes a la subida al poder de formas de poder transestatales o no estatales, en el seno de un espacio que ya no es arborescente, es decir compuesto por organizaciones tradicionales, sino rizómico, es decir, hecho por redes descentralizadas (33). A la guerra fría ha sucedido la paz caliente;  al mundo bipolar, una globalización en la que los Estados Unidos representan la fuerza principal, pero cuya lógica profunda es de esencia tecno-económica y financiera, ya que se distingue ante todo por el dominio planetario del Forma-Capital.

Los americanos siempre han pensado que sus valores y su estilo de vida son superiores a los demás y que poseen una validez universal. Desde sus orígenes, siempre han pensado que tuvieron por misión de esparcir estos valores y de imponer este estilo de vida a la superficie de la tierra. Desde siempre han creído en la división moral binaria del mundo. Desde siempre, estiman que encarnan el Bien y se imaginan, por expresarlo en los términos del presidente Wilson que les ha sido reservado el  "infinito privilegio" de “salvar el mundo" (34).

El movimiento hacia el unilateralismo y el hegemonismo vienen pues de muy lejos. Tal como ha dicho Hubert Védrine: “no es George Bush quien ha inventado el combate del bien contra el mal. Es tan viejo como América" (35). Pero en fechas recientes, este movimiento se ha acelerado, como resultado que “los mitos fundadores de la nación americana se han convertido en las políticas americanas operativas " (36).

El equipo que llegó al poder con George W. Bush asoció efectivamente dos corrientes diferentes. La primera es la de los fundamentalistas protestantes, hiper reaccionarios y populistas, pertenecientes a un movimiento “jacksonienne" cuyo jefe de filas es Billy Graham y que es representada hoy por Pat Robertson, Franklin Graham, Paul Weyrich o Ralph Reed. Gracias a ellos George W. Bush ha podido ser elegido.  La segunda corriente es ala de los “neoconservadores", a menudo antiguos izquierdistas, muy vinculados a la extrema derecha israelí que les ha provisto su parrilla de lectura sobre la situación en el Cercano-Oriente y hoy situada a la derecha del partido republicano. Los primeros están representados en la Casa Blanca por el secretario de Justicia, John Ashcroft, el consejero privado del presidente, Karl Rove o el secretario del interior, Gale Norton, moderados puritanos que piensan que los Estados Unidos son un pueblo elegido por la Providencia, provisto de un “destino manifiesto” y de una vocación misionera (37). Los segundos (Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Richard Perle, Douglas Feith, Elliot Abrams, etcétera), por su parte, han desarrollado la idea de unilateralismo, de guerra preventiva, de policía mundial que triunfa hoy. Ambos sectores se unen en la idea de que el mundo entero tiene que ser construido a imagen de América, expresando una misma hostilidad hacia cualquier país que expresase su desacuerdo, es decir, con una aventurerismo agresivo e iluminado.

Los americanos han asumido a la vez una lectura hollywoodense" y mesiánica de las relaciones internacionales. La visión del mundo a la que se adhieren es una visión no interactiva de  relación con otros, en la que cada poder independiente es percibido como un potencial adversario hostil. Esto significa que el pensamiento americano no tiene más referencia sí mismo y que los americanos ya no ven el resto del mundo más que a través de sí mismos. El resultado es un nuevo régimen de guerra, al mismo tiempo una nueva percepción de la política extranjera, basado en las armas. Toda idea de poder ha sido reconducida a una dimensión militar, la noción de “rival” se convierte inmediatamente en sinónimo de “enemigo”. Se comprende que, a partir de ahora, en estas condiciones, toda la doctrina estratégica americana tienda a impedir al resto del mundo de alcanzar la paridad militar y tecnológica con los Estados Unidos. Y que cualquiera que ose emitir críticas sobre la política extranjera de Washington sea presentado enseguida como un psicópata y un cómplice del “eje del mal” (38).

En la era “postatlántica", los Estados Unidos ya no disimulan su intención de afirmar su hegemonía. “Estiman tener solamente ellos el derecho de decidir, sin limitación externa de ningún tipo, sobre lo que tiene que ser hecho preventivamente por su seguridad, comprendido el impedir emerger a cualquier rival" (39). "Washington decide -escribe Justin Vaÿsse- y los aliados europeos tienen que conformarse con estas decisiones, sin tener verdaderamente voz, sin ni siquiera haber sido consultados en muchas ocasiones o informados de manera adecuada. Solicitan un apoyo casi automático, y el castigo de los disidentes ha reemplazado a la costumbre que consistió en minimizar los desacuerdos y evitar que no estallaran públicamente". En efecto, prosigue, “en el sistema postatlántico promovido por la administración  Bush, la importancia de un país no deriva de sus recursos propios, de su poder o del papel que asume en las tareas comunes, sino de su distancia con respecto del centro.  Como en Versalles, los aristócratas "domesticados" tuvieron que acostumbrarse a un nuevo sistema de poder, en función del sitio de cada uno en los círculos concéntricos alrededor de la persona del rey, y no de su poder propio. A su vez, el posicionamiento en los círculos concéntricos alrededor del rey o de Washington,  depende de la aquiescencia a la voluntad del centro, se ha convertido en la instancia legítima de clasificación  de los cortesanos o de los países" (40).

"Los americanos, observa por su parte Thierry de Montbrial, rechazan categóricamente la noción de un mundo multipolar, cuyas dos componentes son inaceptables a sus ojos. De una parte, quien dice mundo multipolar sobre entiende un equilibrio de los superpotencias, y por tanto, la necesidad de un contrapeso para los Estados Unidos […] No se acepta, por otra parte, que un equilibrio cualquiera pueda ser garantizado por la organización de las Naciones Unidas, es decir, en la práctica por el Consejo de Seguridad y más precisamente por sus cinco miembros permanentes. A los ojos de los americanos, esto equivaldría a reconocer a Francia, a Rusia y a China el derecho a formar con los Estados Unidos y Gran Bretaña una especie de directorio planetario" (41).

Todo eso, una vez más, no es realmente nuevo. Pero hasta aquí, la guerra conducida por América contra Europa y él “resto del mundo" ("the rest of the world"), toma esencialmente formas económicas y comerciales, manifestándose particularmente en el condicionamiento de las opiniones públicas, la manipulación de los espíritus, el descrédito sobre todo lo que pueda suponer la competencia (42). Lo nuevo, es que el primado estratégico se ha vuelto abiertamente militar, y que tiende a regular la extensión del mercado a través de acciones de violencia brutal.

En el libro que han publicado en 2003, Lawrence F. Kaplan y William Kristol describen así, sin prejuicios que “América tiene que ser no sólo el guardia civil o el alguacil del mundo, sino también su faro y su guía" (43). La globalización, explica otro neoconservador, Michael Novak, constituye una forma de reconstitución del mundo, y el centro de esta reconstitución son los Estados Unidos. "El interés americano, añade Richard Perle, es de tener [...] un mundo al que podemos exportar e importar y en donde no seamos amenazados" (44).

El objetivo final, es de establecer eso que el incondicional pro-americano Guy Millière ha propuesto sin complejos llamar el “América-mundo" (45). El objetivo de este neo-imperialismo alimentado por el espíritu de cruzada, el objetivo de esta auténtico teoestrategia" autista, es la imposición unilateral de los valores comerciales a la totalidad del planeta, la transformación de la tierra en un inmenso mercado homogéneo dónde reinaría sin división ni límite sólo la ley del beneficio, en resumen, la instauración de un modelo de sociedad en el que habrán de mucho más consumidores en cuanto haya menos ciudadanos.

Nunca, desde la época de Théodore Roosevelt (1912), los Estados Unidos hubieron investigado tan visiblemente como hoy el dominio por la fuerza militar, ni aspirado tan abiertamente a establecer de modo unilateral su supremacía sobre el planeta. Nunca como hoy manifestaron con la fuerza su rechazo radical a la noción de reciprocidad o arbitraje, en la medida en que ésta podría restringir su libertad de acción. Por ello no es excesivo decir que los Estados Unidos constituyen actualmente el principal factor de inestabilidad en el mundo, el principal factor de brutalización de las relaciones internacionales. Y este unilateralismo tiene las probabilidades de revelarse como duradero, incluso cuando George W. Bush deje la Casa Blanca, en la medida en que deriva desde hace años de una tradición histórica y de una evolución de las mentalidades a través de los años.

Pero, naturalmente, el sueño americano choca contra la realidad. Se en estos momentos en Irak: los Estados Unidos han ganado la guerra, pero ya han perdido la paz. Pretendieron instalar una democracia de mercado, pero han establecido el caos. Afirmaron luchar contra el terrorismo islámico, pero han dado al fundamentalismo musulmán razón de ser y fuerza para actuar. Quisieron aprovechar la ocasión para regular definitivamente el problema palestino pero su “hoja de ruta" ya no es más que un recuerdo. Y él muy revelador que, en ésta aventura, no hayan sido más capaces de conseguir el apoyo de México o Canadá que no hayan alcanzado alinear a los alemanes, o incluso que hayan chocado con el rechazo de Turquía, su aliado tradicional al Cercano-oriente, para autorizarlos a atacar Irak a partir de su suelo.
*
Señor, Distinguidos Sres., Queridos amigos,

Hace ahora más que diez años que los europeos eluden sistemáticamente la cuestión de saber si quieren o no construir un poder político y cuál sería la naturaleza de las relaciones que tal poder tendría con los Estados Unidos. Sin embargo, en el asunto iraquí, “la resistencia franco-alemana a las posiciones americanas ha tenido el mérito de localizar el factor capital en el futuro: hacer de la Unión Europea un actor capaz, sobre el plano internacional, de influenciar en el curso de las cosas, de imprimir su marca y de definir objetivos, de concebir la Europa de los 25 como un conjunto geopolítico" (46).

Formado a partir de la pareja franco-alemana, un eje París-Berlín-Moscú permitiría constituir, en un mundo transformado en multipolar, un formidable polo de seguridad y de prosperidad, en el mismo momento en que permitiría a Europa encontrar su autonomía y su capacidad de acción. Permitiría crear un poder político regional que no tiene por ambición de administrar los asuntos del mundo, sino contribuir a la regulación de la globalización. En lo inmediato, permitiría diferenciar aquéllos que, sobre nuestro continente, quieren avanzar y los que se contentan con constituir una simple zona de librecambio, sabiendo que, como ha dicho Giacomo Delors, “falto de tal diferenciación, Europa es condenada al estancamiento o a la dilución" (47).

“La alternativa es simple, nos dice Henri de Grossouvre. O los franceses y los europeos asumen la responsabilidad de su seguridad, de su política extranjera y de la evolución de su demografía y vuelven a ser actores de la política internacional, o bien salen historia, y desaparecen físicamente y de forma progresiva en el seno de una amplia zona de librecambio bajo protectorado estratégico americano".

En su rueda de prensa del 23 de julio de 1964, el General de Gaulle declaró: “Siguiéndonos, franceses, se trata de que Europa se haga europea. Una Europa europea significa que existe por sí misma y para sí misma, dicho de otra manera que en medio del mundo, tenga su propia política".

Siempre está allá. Ha comenzado una carrera de velocidad.

Alain de BENOIST

Referencias

1. Paris-Berlin-Moscou. La voie de l’indépendance et de la paix, L’Age d’Homme, Lausanne 2002.

2. Francia y Alemania habían ya manifestado su interior el 22 de enero de 2003, fecha que marcaba el 40 aniversario de la firma del tratado franco-alemán entre el general De Gaulle y el canciller Konrad Adenauer.

3. «Le temps de la fusion franco-allemande est venu», texto que se puede consultar en la web http://www.paris-berlin-moscou.org/, septiembre 2003.

4. Cf. especialmente Wolf Dieter Eberwein y Karl Kaiser (ed.), Germany’s New Foreign Policy. Decision-Making in an Interdependent World, Macmillan Palgrave, London 2001.

5. «L’Allemagne n’est plus américaine», en Outre-Terre, 5 de junio de 2003, pp. 175-190, p. 175.

6. «Aufstand gegen Amerika. David Schröder gegen Goliath Bush», en Der Spiegel, 20 febrero 2003.

7. «Nous et les Américains», en Outre-Terre, 5, junio 2003, p. 273.

8. Ibid., p. 263.

9. «Europe : vive le père Ubu!», en Le Nouvel Observateur, 12 de junio 2003, p. 68.

10. «Le crépuscule des dictateurs», en Politique internationale, verano 2003, p. 214.

11. «Marions-nous!», en Le Nouvel Observateur, 27 de noviembre 2003.

12. «La grande illusion», en Le Nouvel Observateur, 26 de junio 2003, p. 93.

13. L’Action française 2000, 18 septembre 2003, p. 9.

14. «Apogée ou déclin de l’empire?», en Mouvements, noviembre-diciembre 2003, p. 36.

15. «Faut-il sauver la Constitution européenne?», en Libération, 5 de octobre 2003, p. 5.

16. «Cherry-Picking: Preventing the Emergence of a Permanent Franco-German-Russian Alliance», en The Heritage Foundation. Policy Research and Analysis, 28 agosto 2003.

17. The Financial Times, 26 mayo 2003.

18. «Valeurs transatlantiques, pas si communes», en Le Monde, 6 de junio 2003, p. 1.

19. «Nous et les Américains», art. cit., p. 264.

20. Robert Kagan, Of Paradise and Power. America and Europe in the New World Order, Alfred A. Knopf, New York 2003 (trad. fr. : La puissance et la faiblesse. Les Etats-Unis et l’Europe dans le nouvel ordre mondial, Plon, Paris 2003). Por una crítica de este punto de vista, cf. David P. Calleo, «Power, Wealth and Wisdom. The United States and Europe after Iraq», en The National Interest, verano de 2003, pp. 5-15.

21. Cf. por ejemplo Nicholas Fraser, «Le Divorce: Do Europe and America Have Irreconciliable Difference?», en Harper’s Magazine, septiembre 2002, pp. 58-60.

22. «EU’s Angry Chorus», en Washington Times, 24 de mayo 2002. Cf. aussi David Brooks, «Among the Bourgeoisophobes. Why the Europeans and the Arabs, Each in their Own Way, Hate American  and Israel», en The Weekly Standard, 15 de abril 2002, que desarrolla la idea según la cual los europeos compartirían con los árabes una misma hostilidad “buguesófoba” con el materialismo americano.

23. «Europe/Etats-Unis : la tentation du divorce», en Politique internationale, verano de 2003, p. 171.

24. «Du rideau de fer à la faille transatlantique», en Esprit, octubre 2003, p. 79.

25. Citado por Jim Hoagland, «Three Miscreants», en The Washington Post, 13 de abril 2003.

26. «Le jour de gloire n’est pas arrivé!», en The Weekly Standard, 3 de junio 2002.

27. The New York Post, septiembre 2003. Cf. también Thomas L. Friedman, «Vote France off the Island», en The New York Times, 9 de febrero 2003; Steve Dunleavy, «How Dare the French Forget», en The New York Post, 10 de febrero 2003; John Laughland, «L’Amérique contre l’Europe, mais surtout contre la France», en Outre-Terre, 3, 2003, pp. 245-252.

28. «Our War with France», en The New York Times, 28 de agosto 2003. El artículo ha sido íntegramente traducido algunas semanas después por el semanario alemán Der Spiegel.

29. Justin Vaÿsse, «Le nouvel âge postatlantique», en Commentaire, 103, otoño de 2003, p. 544.

30. Tony Judt, «La voie américaine», en Le Débat, mayo-agosto de 2003, p. 44.

31. Cf. Christopher Layne, «America as European Hegemon», en The National Interest, verano de 2003, pp. 17-29.

32. Entre otros ejemplos, citemos el del Comité por la Liberación de Irak, cuyo presidente, Bruce P. Jackson, antiguo vice-presidente de la firma Lockeed-Martin, es a la vez el hombre que ha convencido al gobierno polaco para comprar aviones americanos antes que aparatos rusos o franceses y que está en el origen de la carta de los diez jefes de gobierno denunciando a principios de 2003 la posición franco-alemana sobre Irak.

33. Cf. Percy Kemp, «Chaos et cosmos de l’après-guerre froide», en Esprit, octubre de 2003, pp. 10-38.

34. Sobre las fuentes (y las manifestaciones) del mesianismo americano, cf. especialmente Ernst Lee Tuveson, Redeemer Nation. The Idea of America’s Millenial Role, University of Chicago Press, Chicago 1978 ; Walter Russell Mead, Special Providence. American Foreign Policy and How it Changed the World, Free Press, New York 2001 ; Clifford Longley, Chosen People. The Big Idea that Shapes England and America, Hodder & Stoughton, London 2002.

35. «Que faire avec l’hyperpuissance?», en Le Débat, mayo-julio de 2003, p. 8.

36. Ibid.

37. Sobre la componente religiosa del actual gobierno norteamericano, cf. El estudio muy detallado de Bernadette Rigal-Cellard, «Les origines de la rhétorique de l’axe du mal : droite chrétienne, millénarisme et messianisme américain», del que una versión resumida ha sido publicada en julio de 2003 en la revista Etudes (el texto íntegro disponible en red: <http://www.religioscope.info/article_189.shtml>).

38. Sobre la genesis de esta expresión “eje del mal”, cf. David Frumm, The Right Man, Random House, New York 2003, que relata en que cinsuntancias la fórmula fue puesta a punto por uno de los consejeros presidenciales de George W. Bush, Michael Gerson.

39. Hubert Védrine, Face à l’hyperpuissance, Fayard, Paris 2003.

40. Justin Vaÿsse, art. cit., pp. 542-543. Cf. tambien Pierre Hassner y Justin Vaÿsse, Washington et el mundo. Dilemmes d’une superpuissance, Autrement, Paris 2003.

41. «Les Etats-Unis contre l’“Europe puissance”», en Le Monde, 1 de agosto 2003.

42. Cf. Especialmente Rémi Kauffer, L’arme de la désinformation. Les multinationales américaines contre l’Europe, Grasset, Paris 1999. Sobre la permanencia del anti-europeisme americano, cf. También Romolo Gobbi, America contro Europa. L’antieuropeismo degli Americani dalle origini ai giorni nostri, M&B Publishing, Milano 2002.

43. Lawrence F. Kaplan y William Kristol, The War over Iraq. Saddam’s Tyranny and America Mission, Encounter, San Francisco 2003.

44. «Les relations entre l’Europe et les Etats-Unis», en Commentaire, 101, primavera 2003, p. 11.

45. Guy Millière, L’Amérique-monde, François-Xavier de Guibert, Paris 2000.

46. Stephan Martens, «L’Allemagne n’est plus américaine», art. cit., p. 189.

47. «Pourquoi l’Europe fait peur», en Le Nouvel Observateur, 2 octobre 2003, p. 62.

 

(c) Alain de Benoist

(c) Por la traducción: Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de esta traducción sin indicar origen.

 

Indices infoKrisis - octubre 2004- julio 2009

Infokrisis.- En febrero de 2004 apareció por primera vez krisis.info que fue objeto de ataques reiterados por parte de hackers surgidos de las alcantarillas en el mes de septiembre. Poco después, cuando ya apareció la primera oleada de blogs, optamos por convertir el portal en un blog persona que cinco años después sigue publicando artículo sobre los temas más variados. Estos índices generales son la muestra del trabajo realizado en varios campos, política, geopolítica, ocio, artes, cultura, cine, inmigración, prospectiva, etc.

 

Indices infokrisis

Octubre 2004 – Julio 2009

1059 Artículos introducidos – 625.000 artículos leídos – Casi 15.000 folios de textos

 

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Julio 2009

 

 

 

 

 

Prontuario y argumentario para entender lo que es y lo que supone la “autonomía histórica”

Infokrisis.- Quizás sea bueno recordar lo que es la “autonomía histórica”. En España es en el único país en donde se ha realizado una teorización de este tipo; en ningún otro ha hecho falta porque a partir de 1945, era evidente en toda Europa que había que proceder a una renovación integral de los movimientos nacionalistas por imperativo legal, para evitar hacer causa común con la derrota y con aspectos problemáticos de su pasado y por cambio radical de la situación en Europa en 1948 y 1948.

Parece absolutamente increíble que solamente fuera en 1996 cuando en España se planteó la necesidad de superar el modelo histórico en el ámbito de DN. Y mucho más increíble que en la actualidad éste tema no sea asumido por buena parte del área.

De ahí la necesidad de recordar sucintamente qué es la “autonomía histórica” y por qué es hoy más necesaria que nunca.

1. Los razonamientos para llegar a la teoría de la autonomía histórica

I) “Las manzanas también caen en Tasmania”.- La Ley de la Gravedad, como toda ley física, es universal. Es cierta, no porque una manzana cayera sobre la cabeza de Newton en una tarde calurosa de 1666, sino porque las manzanas han caído en toda las eras y en todos los lugares del mundo… incluida en Tasmania.

II) “No hay nada nuevo bajo el sol”
.- Si hubiera que quedarse con una sola frase del Antiguo Testamento, ésta extraída del Eclesiastés. A lo largo de 4.500 años de historia, todo ha sido dicho. Probablemente lo que quedaba por decir es lo que no vale la pena considerar. En el siglo XXI nada de valor se dirá que no se haya dicho anteriormente.

III) “Valores originarios antes que valores originales”.- Los fanáticos de tal o cual pensador sostienen que hasta llegar a su aparición, nada de lo dicho anteriormente tenía valor y con posterioridad a su irrupción solamente los que transcurran por su senda merecerán ser considerados. Sin embargo, la historia de las ideas nace con el ser humano. Los valores que valen la pena defender son los “originarios”, no los “originales”.

IV) “Antes una comunidad que un individuo”.- El individuo no es nada, salvo un accidente circunstancial y transitorio. Su pensamiento vale poco. Como máximo sirve para calificarlo. Lo que realmente cuenta es el pensamiento de la comunidad, los valores que defiende, el estilo de vida que practica desde su origen, esto es, su identidad. Quien dice “identidad”, dice comunidad.

V) “La única identidad que vale asumir es la originaria”.- Un pueblo que genera un código de valores propio o no otro, es porque se encuentra más a gusto con ese sistema de creencias y valores para actuar sobre la realidad y para valorarla. Un pueblo que pierde sus valores o asume otros contrarios a los suyos es un pueblo en crisis.

VI) “Los valores son permanentes, las formas históricas que los encarnan circunstanciales”.- el Honor nació cuando un cazador neolítico supo que su comunidad estaba antes que él y se sacrificó en defensa de los suyos. Ese mismo valor ha recorrido la historia de Europa desde la antigüedad y ha tenido el mismo contenido a pesar de que las circunstancias históricas hayan variado.

VII) “Los momentos históricos son únicos e irrepetibles”.- Es inútil aferrarse a determinados momentos históricos. Éstos, por definición, tienen siempre “principio de razón suficiente” que hace que sean únicos e irrepetibles, diferentes a cualquier otro. Lo que remite a la frase de Marx de que la historia se repite: la primera vez como tragedia y luego como comedia.

VIII) “Arqueofuturismo es asumir valores de la más remota antigüedad para un futuro siempre en construcción”.- El futuro es inexorable y devora el tiempo. La modernidad es una meta volante que jamás se termina alcanzando. La única referencia para viajar en la modernidad siempre en construcción son los valores. Se trata simplemente de adaptar esos valores a los rasgos de cambiantes de la modernidad más avanzada.

IX) “La autonomía histórica consiste en reconocer que un tiempo nuevo precisa nuevas formas de expresión de los valores”.-  La actividad de un grupo político no puede identificarse con un determinado modelo histórico, ni con una ideología cerrada. Los valores se traducen en concepciones del mundo abiertas y adaptables; mientras que las ideología son sistemas cerrados que pronto pierden actualidad y capacidad para interpretar la realidad.

X) “Reconocerse o exaltar la última o la penúltima forma histórica que ha revestido un sistema de valores supone perder la noción sobre el contenido mismo de esos valores”
.- Reconocerse en un movimiento histórico de los años 30 carece de sentido desde el momento en que la historia ha avanzado a velocidad de vértigo en los último 75 años y el mundo de los años 30 es hoy irreconocible. De ahí la inadecuación de símbolos, actitudes, planteamientos, siglas, esquemas ideológicos, programas políticos y formas organización, de los “modelos históricos” del pasado.

2. La autonomía histórica como ventaja

La autonomía histórica deriva de estos diez puntos. Se enuncia diciendo que el movimiento X asume la autonomía histórica cuando es independiente de las formas históricas que revistieron otros movimiento en la historia reciente de nuestro país y de Europa.

Esto entraña una serie de ventajas:

I) “Tabula rasa: la historia comienza con nosotros”.- La teoría de la “autonomía histórica” deriva de una necesidad surgida de la experiencia. Un movimiento en el siglo XXI no puede ser tributario y depender de la imagen que haya dejado un movimiento nacido en el primer tercio del Siglo XX. De la misma forma que son dos mundos completamente diferentes, los movimientos políticos deben adecuarse a las realidades históricas

II) “Optimizar el tiempo: discutir de política, no de historia”.- La experiencia demuestra que lo que cuenta en la lucha política es el debate político, no el debate histórico, ni la mirada hacia el pasado inmediato. Cuando un movimiento asume alguno o la totalidad de los rasgos de los movimientos de los años 30 lo que está haciendo es situarse, por este mismo hecho, fuera del debate político del presente y, por lo tanto, condenarse él mismo a la esterilidad.

III) “Optimizar la doctrina: valores no su cristalización en un momento concreto”.- Es fundamental distinguir entre “doctrina”, “programa”, “ideología” y “concepción del mundo”: doctrina es el conjunto de principios teóricos que informan a un movimiento político; programa es el conjunto de propuestas que ese movimiento presenta a la sociedad, propuestas de orden político; ideología es una sistema de creencias cerrado que pronto cae en la inadecuación; concepción del mundo: es un sistema abierto de valores. El programa varía a medida que varían las condiciones sociales; doctrina y concepción del mundo son lo mismo. La identidad entre doctrina e ideología y su defensa de un programa político de otro tiempo son las características de los “sectores históricos”.

IV) “Adaptabilidad del movimiento”.- El movimiento político debe ser adaptable a las circunstancias siempre cambiantes y a las distintas fases por las que atravesará en el curso de su lucha política. El movimiento político debe estar inmerso en los debates políticos de su tiempo. Si pertenece al “sector histórico” continuamente es arrastrado por debates… sobre la historia reciente y el pasado inmediato.

V) “Asumir una imagen acorde con el tiempo”.- Cada tiempo concreto tiene unos códigos de comunicación adaptados a él y comprensibles para toda la población. Utilizar códigos de comunicación, símbolos políticos, fraseología y consignas de otro tiempo, supone una imposibilidad para comunicar las propias ideas a la población.

VI)  “Asumir una memoria histórica integral”.- La memoria histórica, para ser tal debe ser integral y esto implica reconocer que la historia no es un campo por el que han discurrido inocentes. Todos los que han construido la historia tienen elementos conflictivos. En la historia no hay culpables o inocentes, sino “grandes” o “pequeños” y esta clasificación no es apta debates políticos.

VII) “Evitar ser devorados por el tiempo”.- La teoría de la “autonomía histórica” emerge de la necesidad de evitar ser devorados por el tempo. El tiempo devora a todo aquello que no se mueve con la suficiente velocidad como para escapar a sus garras o para adaptarse. Ser devorado por el tiempo implica que para alguien  se detenga el reloj de la historia y  le resulte, por tanto incomprensible, entender los ritmos del tiempo nuevo.

3. Algunas conclusiones ineludibles

I) La autonomía histórica para ser eficaz tiene que ser completa.- No vale serlo hasta aquí y más allá, rechazarla. En el momento en que no es completa, los problemas que genera la vinculación al “modelo histórico” se reconstruyen inmediatamente.

II) ¿Por qué es necesario plantear el tema de la autonomía histórica hoy?.-

a) Por el nivel de confusión ideológica de nuestro ambiente y de atomización política, lo que evidencia que “algo” falla: el fallo consiste en la inseparabilidad de nuestro ambiente del recuerdo a la historia del franquismo. Contra más se distancia una opción del "modelo histórico", mejores resultados electorales obtiene.

b) Porque los grupos sociales que más fácilmente pueden integrarse en nuestro ambiente (a causa del problema de la inmigración) son clases trabajadoras: y estas no manifiestan absolutamente ningún interés por el franquismo
. Es más, las clases trabajadoras –mucho más que los estudiantes- constituyeron el núcleo de la oposición democrática al franquismo y esa sensación de extrañeidad sigue vigente.

c) Porque el tiempo va pasando y quienes tenían 60 años en 1975 y habían vivido la totalidad del franquismo adhiriéndose a él, hoy tienen 95: es decir, la generación que podía apoyar al franquismo y todo lo que representó… ya ha desaparecido. El caso del MSI es significativo: cuando las filas de partidarios de la República Social empezaron a clarear a causa de las defunciones, el partido pasó de "neo-fascista" a "post-fascista".

d) Porque el franquismo ya no dice nada a la inmensa mayoría del pueblo español que considera ese período de nuestra historia como superado y no percibe de ninguna manera el interés político que pueda tener. Definirse como franquista o falangista hoy, tiene el mismo valor que definirse como pro-numantino o partidario de Juana la Beltraneja.

e) Porque resta apoyos y hace el vacío en torno suyo.-  la adscripción al franquismo o a las formas tradicionales que ha revestido “lo facha” en España logran que el grueso de la población evite relaciones con esos sectores y los condene a la esterilidad política, al aislamiento y a la indiferencia en las elecciones.

f) Porque todos, absolutamente todos, los movimientos políticos que han logrado avanzar en Europa -SIN EXCEPCIÓN- se basan en el principio de autonomía histórica. No hay absolutamente ninguno de estos movimientos que pertenezca al “sector histórico”. Si se quiere “despegar” es preciso asumir el modelo de autonomía histórica. Harina de otro costal es que aquí, muchos en lugar de despegar se prefiera hacer testimonialismo.

III) ¿Y qué se hace con los que se sienten ligados a los “modelos históricos”?.- Alguien ligado al sector histórico debe entender que lo suyo no es la política sino el testimonialismo y que desde el punto de vista del sector histórico, la eficacia de la acción política siempre quedará comprometida por el lastre insuperable que supone la referencia al modelo histórico. Éste debe entender que su terreno de expresión no es la política, sino el mundo de las fundaciones, de la historia, de las actividades culturales, pero no el de la acción política.

IV) Pequeña biografía de la autonomía histórica.- A pesar de haber sido teorizada en el marco que dio origen a Democracia Nacional, su primera manifestación fue a principios de los años 60 en el movimiento Jeune Europe fundado por Jean Thiriart entre 1962 y 1966. Las necesidades de adaptación de todos los partidos a las legislaciones vigentes en Europa, sí como el paso del tiempo, hicieron que poco a poco se fueran renovando las actitudes y las formas de expresión de los distintos partidos de carácter nacionalista. Esta renovación no se manifestó nunca en España hasta la creación de DN (1996). Pero, a partir de 2005, DN entró en una deriva problemática que borró en poco tiempo los rastros de cualquier concepción doctrinal. En los pocos casos que en España se han obtenido concejales en pueblos de tamaño significativo, se ha hecho con “colores” de autonomía histórica, lo que, por sí mismo, debería bastar para mostrar la idoneidad del planteamiento.

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