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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Aribau: buceando en los orígenes de la Renaixença (y IV de IV). VI. La “ruta” de los liberales ochocentistas

A los veintidós años exactos de la muerte de Bonaventura Carles Aribau (o Buenaventura Carlos Aribau como él firmaba siempre sus escritos) se inauguraba en el Parque de la Ciudadela de Barcelona la estatua que lleva su nombre, cincelada por Manuel Fuxá. En la decoración de la plazoleta donde se encuentra y en la peana, participó el arquitecto Antoni Gaudí en lo que constituyó uno de sus primeros trabajos en 1875, cuando todavía era estudiante (58). Tanto la ubicación del monumento como la pena de la estatua son extremadamente significativos.

En la peana se reconocen con facilidad símbolos masónicos: taus, piedras cúbicas, piedras puntiagudas, piedra sin desbastar y, por supuesto, hojas de acacia que indican a las claras una inequívoca influencia masónica. Así mismo, en nuestra obra Gaudí y la Masonería resaltamos dos hechos anómalos en la historia y la ubicación de la plazoleta (59) que contribuyen a generar un rompecabezas de muy difícil solución. De un lado, las obras del Parque de la Ciudadela fueron confiadas por el Ayuntamiento a los hermanos Fontseré, maestros de obras con los que trabajó Gaudí mientras era estudiante. Se trataba de dos hermanos que alcanzaron altos grados en la masonería de Barcelona, concretamente en la obediencia disidente dirigida por Ronsend Arús i Arderiu, la Gran Logia Simbólica Regional de Catalunya. De hecho, puede afirmarse que si recibieron el encargo del ayuntamiento fue precisamente por su adscripción a la masonería. Ahora bien, el otro elemento es mucho más perturbador: la llamada “plazoleta Aribau” donde se encuentra la estatua está situada en un extremo del parque y tiene forma triangular, como si se tratara de una punta de flecha que apunta en dirección oeste. Pues bien, en nuestra obra mencionada demostramos que ese punto constituía uno de los vértices de un triángulo rectángulo formado por otros dos puntos situados en el Turó de las Menas del Parque de Güell y por el dragón Ladón de las cuadras Güell en Pedralbes, diseñadas y construidas también por Gaudí a lo largo de su trayectoria. El eje de este triángulo está orientado hacia el norte y la decoración del Turó de las Menas es así mismo extraña: se suele decir que se trata de tres cruces, pero no es cierto. Son tres símbolos que indican las seis direcciones del espacio: la ascendente y descendente, la norte y sur y la este oeste. Estas cuatro últimas están representadas por “cruces” cuyos brazos horizontales están orientados en esas direcciones geográficas… y coronadas ambas por piedras cúbicas terminadas en punta, una decoración inédita en la iconografía cristiana, pero habitual en la masónica: esas piedras cúbicas puntiagudas (remedo de los obeliscos egipcios) indican la “obra” que debe realizar quien quiera acceder al grado de Maestro, tercero en la jerarquía masónica. Lo sorprendente es que la “cruz” que indica la dirección arriba-abajo fue “restaurada”, pero la que cuenta es la versión originaria: mostraba muy claramente un triángulo rectángulo de lados iguales con el vértice de 90º orientado hacia arriba. Hay que decir que ese pequeño triángulo reproducía el triángulo gigantesco cuya hipotenusa arranca de la Plazoleta Aribau, sigue a través del Eixample (cruzando la Plaza de Letamendi, la única plaza del Eixample) y llega hasta la verja del dragón en las cuadras Güell).

Todo esto es suficientemente extraño y, aunque no es éste el lugar para intentar esclarecer la intencionalidad de todo el conjunto, sí es la hora de preguntarnos qué hace Aribau en todo esto. Albergamos la convicción moral, aunque no lo podemos demostrar, que Aribau fue miembro de la Sociedad Carbonaria durante un período de su vida. Ese período es posible que se inicie en pleno trienio liberal o bien, inmediatamente termina, cuando Barcelona está repleta de carbonarios italianos exiliados, a los que conoce bien y con los que colabora en El Europeo, cuyo mismo nombre en la época era de resonancias carbonarias como hemos demostrado. Antes, Aribau había sido un liberal exaltado, a partir de ese momento se irá moderando progresivamente, cada vez más. La imagen que se ha pretendido dar de él como de un “modesto oficinista” es evidentemente falsa. Es cierto que nunca fue un multimillonario al estilo de Villavecchia o Remisa para los que trabajó, pero también es cierto que disfrutó durante un largo período de una situación económica muy desahogada y que ocupó cargos de mucha relevancia, de los que el menor no era, precisamente, ser uno de los hombres de confianza del mayor banquero de la época de Isabel Segunda. Lo cierto es que estuvo ocupando puestos de gran responsabilidad y de poder antes de cumplir los 60 años. Entonces enfermo, se trasladó a Barcelona y fue agotándose su patrimonio hasta el punto que su viuda solicitó una pensión a la Casa Real por los servicios prestados. No fue nunca, salvo en sus primeros de juventud, un “pobre oficinista”, especialmente cuando atenuó sus ardores juveniles, se convirtió en alguien que estuvo siempre cerca de los centros de poder, que sobrevivió e 1826 a 1858, más de treinta años, frecuentando los centros de poder y ocupando cargos de responsabilidad pública de primer orden. También aquí la historiografía catalanista ha creado la ficción de un catalán que malvivió en Madrid, incomprendido y añoradizo, ignorado por las gentes de la capital que desconsideraban su talento y lo marginaban por su catalanismo. No hay nada de eso. Ni Aribau fue marginado, ni llevó una vida oscura, ni siquiera alardeaba de catalán, ni mucho menos de catalanismo.

Murió durante las fiestas de la Merced, patrona de Barcelona. Aprovechando esa festividad, Anselm Clavé había organizado en los “Campos Elíseos”, zona de recreo próxima a lo que hoy es el Paseo de Gracia, un festival de tres días, con sus “masas corales”. A hemos dicho que la inspiración de Clavé para crear grupos corales derivaba de la lectura del Viaje a Icaria de Étienne Cabet. Clavé, más tarde, después de una vida vinculada desde su juventud a los movimientos liberales más radicales, ingresó en la masonería y hoy figura en el cuadro de honor de los masones célebres españoles.

¿Fue el caso Aribau similar al caso Clavé? La trayectoria de éste le llevó del liberalismo exaltado, al comunismo utópico y a la masonería. Aribau ¿debió realizar un recorrido similar del liberalismo constitucionalista, al carbonarismo y de ahí a la masonería? Esta trayectoria no es extraña entre los liberales del siglo XIX. ¿Fue el caso de Aribau? Fue, en cualquier caso, el caso de otro catalán, Adbón Terradas que siguió una trayectoria similar pasando por el carbonarismo, el republicanismo y… la literatura. Es lo que podemos llamar “la ruta de los liberales ochocentistas”.

VII. El caso de Abdón Terradas

Terradas fue carbonario y republicano. Colaboró asiduamente en las páginas de El Vapor, la revista que publicó la Oda a la Patria de Aribau. Terradas había ingresado en la fraternidad carbonaria en su tierra natal, Figueras, en el Empordà, en donde había alcanzado fama de agitador eficiente, de ahí que el carbonarismo la propusiera desplazarse a Barcelona para ampliar su radio de acción (60). Fue así como en 1836 se hizo cargo de la “venta” (61) carbonaria de Barcelona que empieza a utilizar el nombre Los Vengadores de Alibaud (62).

El carbonarismo catalán contaba con núcleos importantes en todo el Principat. También estaba presente en el País Valencià y Baleares, que irradiaron a partir del núcleo catalán. Barcelona fue durante unos años la meca del carbonarismo italiano en el exilio y por su situación geográfica fronteriza facilitó la ósmosis con el carbonarismo francés. El carbonarismo era una organización clandestina, inspirada en la masonería forestal de los bosques del Jura (inicialmente sus logias se llamaron “bosques jurásicos”…) y organizado en “ventas”. Habitualmente, dieron vida a organizaciones políticas que ejercían una actividad pública, pero frecuentemente, la represión hacía que se convirtieran pronto en grupos clandestinos. En Catalunya, el carbonarismo tuvo la primacía entre las asociaciones secretas conspirativas, mientras que en Madrid, la Sociedad de los Caballeros Comuneros era quien marcaba los ritmos. En Catalunya también hubo “torres” comuneras.

La primera sociedad carbonaria conocida en Catalunya fue la Societat dels Drets de l’Home. La clandestinidad, la represión, la incomunicación acentuaron la tendencia al fraccionamiento que siempre tuvo el carbonarismo y la comunería. Paralelamente se formó (con disidentes de ambas asociaciones) el grupo de Los Vengadores de Alibaud que terminó fusionándose con la Societat dels Drets de l’Home, adoptando el nombre de La Federación. Más tarde se integraron en La Federación las logias mazinianas de Joven España y los Carbonarios Unitarios que habían salido del encuentro entre distintas ramas carbonarias y masónicas, extendidos estos últimos por Castilla. Por lo que se sabe, la influencia de todos estos grupos alcanzó casi todo el territorio nacional. Los acuerdos tomados por La Federación implicaban que su presidencia estaría durante tres años en manos de catalanes surgidos de Los Vengadores de Alibaud y otros tres en manos de los carbonarios castellanos de Joven España, alternándose por períodos iguales. Eugeni Puch, Joan Lamarca y Ramón Pelachs eran los catalanes comisionados para mantener la relación con el resto de núcleos de La Federación. A partir de 1836, todos estos grupos tuvieron más relación con los carbonarios franceses que con los italianos, especialmente con la Socièté des Amis du Peuple, presidida por August Blanqui (63).

En 1840, Terradas, en Barcelona, incansable, organiza una sociedad secreta, la Sociedad Patriótica que difunde un ideario republicano a través de una Hoja Volante que luego se transformará en el semanario El Republicano (1942).  Ese mismo año fue elegido alcalde de Figueras pero al negarse a jurar lealtad a la regencia de Espartero, éste, a través del Duque de la Victoria, se niega a reconocerle el cargo, ingresándolo en el castillo-prisión de Figueras, desterrándolo luego a Perpignan. Allí redactará un poemita, el Pla de la Revolució, que será conocido como el “cant de la campana” y musicado por Anselm Clavé (64), un republicano habitual de todos estos círculos. Se trataba de una canción insolente y de contenido radical que tuvo éxito entre las clases populares. Luego, Terradas participó en las “bullangas” barceloneses, especialmente en la Jamancia de 1843, episodio tras el que resultó confinado en Vilafranca del Penedès y luego a Sigüenza. Se exilia en París desde donde lanza su llamamiento del 1 de julio de 1848 instando a los republicanos españoles a la insurrección y a romper su pacto con los carlistas. De retorno y algo serenados los ánimos, fue elegido en 1854 alcalde de Figueras, cargo que ocupó diez meses hasta que el capital general, de apellido Zapatero, lo destituyó desterrándolo a Cádiz donde moriría.

Abdón Terradas tenía también ambiciones culturales. Como Aribau escribió y, en buena medida, lo hizo también en castellano. Su primera novela data de 1835, La esplanada en donde realiza una descripción casi costumbrista de la Barcelona de la época. Diez años después, ironiza contra la monarquía –una de sus bestias negras- en El Rei Micomicó, escrita en catalán. Tradujo en 1846 al castellano la Historia popular de la revolución francesa de Etienne Cabet.

Terradas es liberal como Aribau, tiene ambiciones literarias como él y los datos sobre su militancia en el carbonarismo son numerosos a diferencia de Aribau del que solamente podemos sospechar que se vinculara a estos círculos. También la figura de Terradas ha sido objeto de “recuperación” por parte de la historiografía nacionalista catalana. También aquí, la figura de Terradas es la de un político nacido en Catalunya, pero que no manifiesta ningún entusiasmo por formas de nacionalismo. Tenderá hacia el federalismo en la última etapa de su vida, pero si esta está caracterizada por algo es –al igual que en todos los “cabetianos” conocidos, Clavé, Monturiol y, también Cerdá- por su proximidad a las clases populares, mucho más que a la identidad catalana. Así mismo, como Aribau, se expresa indiferentemente en catalán o en castellano, según convenga. No le conocemos ninguna manifestación de aprecio ni a los Jocs Florals, ni su opinión sobre la Oda a la Patria. Al igual que Aribau, Terradas tenía tendencia a escribir poemas satíricos en catalán sobre actualidad política, pero también ensayos y documentos políticos… fundamentalmente en castellano.

Quizás la figura de Abdón Terradas nos haya podido servir para aproximarnos algo más, por vía indirecta, a la figura de Aribau. Los dos, como hemos visto, tienen cierto número de rasgos comunes, es cierto que uno –Aribau- se modera en su madurez y que, en cambio, Terradas muere en Cádiz, desterrado y ostentando los mismos rasgos de radicalismo que en su juventud, pero ambos compartes posiciones liberales y progresistas. Ambos escriben indistintamente en castellano y en catalán. Ambos gozan de popularidad alcanzada gracias a unos pocos versos: el Cant de la campana para Terradas y la Oda a la Patria para Aribau. Terradas fue indiscutiblemente Carbonario. Aribau se rodeó en un período de su vida de carbonarios… luego, también pudo serlo.

VII. Del fin de la carbonaría al nacimiento de Jove Catalunya

La fama de Aribau y su consideración de la Oda a la Patria se consolidan gracias a la acción de la primera asociación catalanista. Su nombre: Jove Catalunya. Un nombre, inequívocamente de resonancias carbonarias y mazzinianas. Esta asociación se funda en 1870 y se disuelve en 1875 después de afrontar graves problemas interiores. Nunca superó el centenar de afiliados, pero se trató siempre de individualidades muy influyentes desde el punto de vista cultural y con relevancia social. La sociedad estaba sostenida económicamente por Eusebio Güell Bacigalupi.

No es, seguramente, por casualidad que la asociación se funda en 1870, el momento álgido en el que culmina la unificación italiana con la toma de Roma (en cuya defensa habían participado catalanes carlistas dirigidos por el Savall). Algunos consideran que el proceso de unificación italiano que culmina en la creación de una “nación”, puede tener paralelismo en Catalunya e inspirar la creación de un nuevo Estado-Nación. Además, es el año en el que una dinastía italiana irrumpe en la política española con Amadeo de Saboya, de ahí que los liberales catalanes consideren que un nombre que evoque la resistencia nacionalista y antimonárquica en Italia, adaptándolo a Catalunya, puede ser suficientemente explícito de la voluntad final de Jove Catalunya.

Los nombres no son neutrales, indican tendencias. La carbonería organizada se extingue en un momento impreciso en Italia (entre otras cosas porque alcanzan su fin, la unificación de Italia) en 1870 y las últimas conspiraciones impulsadas por Louis Auguste Blanqui diez años después. Las organizaciones carbonarias estaban ligadas indisolublemente a la palabra “joven” seguida del país (o la nación) correspondiente, de tal manera que incluir la palabra “joven” a mediados del siglo XIX en el nombre de una asociación implicaba aceptar una vinculación explícita al carbonarismo, de la misma forma que en el siglo XXI, aunque el comunismo haya pasado al basurero de la historia, utilizar la palabra “comunista” califica completamente a la organización que lo asume (65).

Jove Catalunya es una organización cultural, no política. Intenta “hacer país” trabajando el tema lingüístico. Aquí ya no hay bilingüísmo sino que sus miembros tan solo escriben en catalán y lo consideran como el testimonio de una fe política, su creencia en la existencia de una nación, Catalunya, oprimida y que tan solo cuenta con la lengua para garantizar su “factor diferencial”. Inicialmente, era una tertulia informal en la que participaban escritores catalanistas. Tenían un concepto romántico de Catalunya y es fácil pensar que estaban familiarizados con la obra de quienes habían introducido esta corriente estética en Catalunya: los redactores de El Europeo con Aribau a la cabeza. Este romanticismo hacía que, además de sus preocupaciones lingüísticas, los miembros de Jove Catalunya centraran su atención en la historia catalana del que Josep Mª Figueras dice que era “un catalanisme d’arrel historicista i més contemplatiu i reivindicatiu del passat que no pas dinàmic i de posicionament de futur” (66).

En la asociación participarán algunas de las plumas catalanas más brillantes de la época, como Ángel Guimerá o el arquitecto Domènech i Montaner. La presidencia de Jove Catalunya estuvo en manos del poeta Picó i Campanar, apoderado del Conde de Güell en sus negocios particulares. En aquella época estudiaron la posibilidad de crear un diario en catalán, pero no se consideró posible. Debieron contestarse con una revista mensual, La Gramalla, que sería el portavoz del grupo. Tras la disolución de Jove Catalunya la mayoría de sus miembros y el propio Güell Bacigalupi, siguieron alimentando las siguientes manifiestaciones y formas del catalanismo político-cultural. Fueron ellos, en primer lugar, quienes elevaron la Oda a la Patria al rango de “arranque de la Renaixença”… ¿acaso por que conocían la vinculación carbonaria de Aribau? De no ser así, resulta muy difícil de entender porqué ese poema escrito sin voluntad política ni patriótica, alcanzó un rango que su autor jamás reivindicó y, lo que es peor, jamás le interesó.

VII. Algunas conclusiones

A falta de un estudio más pormenorizado sobre el carbonarismo catalán (para el que hay que disponer de un tiempo que nosotros no disponemos, desgraciadamente) creemos que, a la vista de todo lo anterior, pueden establecerse algunas conclusiones irrefutables:

1) Aribau tiene una trayectoria política que durante toda su vida lo mantuvo en posiciones liberales y constitucionalistas, a pesar de que fueran atenuándose con el paso de los años.

2) Aribau compartió en Barcelona proyectos e iniciativas con los círculos carbonarios de la Ciudad Condal gracias a los cuales pudo sacar adelante la iniciativa de El Europeo e introducir el romanticismo en España.

3) Aribau, contrariamente a lo que sostiene la historiografía nacionalista catalana, desempeñó cargos de singular importancia en Madrid en un ambiente liberal trufado por la acción de tres sociedades secretas (carbonarios, comuneros y masones), es difícil pensar que lograra sobrevivir en ese ambiente (especialmente tras la muerte de Gaspar de Remisa) de o haber pertenecido a alguna de estas asociaciones.

4) Aribau jamás se interesó especialmente por la lengua catalana, ni por la cultura, ni prestó atención a los primeros destellos de la Renaixença. Simplemente escribió su Oda a la Patria como un encargo para satisfacer al jefe que le había contratado.

5) La masiva presencia de exiliados carbonarios en Barcelona entre 1820-23 posibilitó el que Catalunya se convirtiera en el foco de expansión de esta asociación.

6) A partir de ese momento, siempre existió un vínculo entre los nacientes regionalistas catalanes y los carbonarios italianos. Aquellos veían en el proceso de unificación de Italia el nacimiento de una nación como la que ellos aspiraban a formar. El nombre de la primera asociación catalanista, Jove Catalunya, es significativo al respecto.

7) La Sociedad Carbonaria tuvo en Catalunya implantación en el ámbito federalista, republicano y comunista utópico tal como lo demuestra la adscripción a la misma de figuras como Clavé, Monturiol, Terradas o Cerdá, influidos todos ellos por el Retorno a Icaria de Ètienne Cabet.

8) Es significativo que el gobierno nacionalista de la Generalitat no haya hecho absolutamente nada por estudiar la presencia en Catalunya de los grupos carbonarios y de los comunistas utópicos del siglo XIX que tuvieron una presencia y un peso excepcional en Catalunya y que contaron con la militancia de personalidades del mundo de la política, la cultura y las artes de la época. Seguramente porque ninguna de estas corrientes entra dentro del esquema histórica del nacionalismo catalán preocupado por demostrar que, a partir de la Oda a la Patria, todo catalán de relieve estaba más o menos implicado en la “construcción nacional de Catalunya”.

Notas

(58) Tratamos exhaustivamente el asunto de la estatua de Aribau en el Parque de la Ciudadela en nuestra obra Gaudí y la Masonería (Ernesto Milá, Editorial PYRE, Barcelona 2005, págs.. 83 a 92).

(59) Ernesto Milà, op. cit., págs. 168-173.

(60) Abdó Terrades, primer apostol de la democracia catalana, Josep Soler i Vidal, Ediciones de la Magrana, Barcelona 1983, pág. 36.

(61) Para una visión rápida y global de las sociedades conspirativas españolas durante la primera mitad del siglo XIX, puede consultarse nuestro artículo: La Sociedad Comunera, una masonería conspirativa española, que alude ampliamente a los carbonarios: http://infokrisis.blogia.com/2009/021302-la-sociedad-comunera-una-masoneria-conspirativa-espanola.php. La Sociedad Carbonaria estaba organizada en “ventas”, equivalentes a las logias masónicas o a las “torres” comuneras.

(62) Alibaud, oriundo de Perpignan fue detenido en esta ciudad por intento de regicidio contra la figura de Luis Felipe de Orleans cuando salía del palacio de las Tullerías para trasladarse a Neully. No acertó con el disparo. Un año antes, Alibaud había estado en Barcelona durante la revolución de 1835. En ese momento, el carbonarismo catalán estaba organizado en la Societat dels Drets de l’home. Josep Soler (op. cit., pág. 37) duda si Terrades lo conoció en calidad de “buenos primos” (trato que se deparaban unos a otros carbonarios del mismo rango) o bien como “oficial de organización interna”. El caso es que el paso de Alibaud por Barcelona dejó una profunda huella entre los carbonarios locales.

(63) Josep Soler, op. cit., pag. 38.

(64) Terradas y Clavé militaron juntos en el Partido Democrático o Partido Democratico-Progresista, fundado en 1849 en Madrid como escisión del ala izquierda y radical del Partido Progresista, cuya dirección estaba formada mayoritariamente por antiguos carbonarios. Los servicios policiales consideraron a este partido como la punta del iceberg de otra sociedad secreta, Los Hijos del Pueblo, fundada por Fernando Garrido (también carbonario) y debió refugiarse en la clandestinidad. Debió esperar hasta el bienio progresista (1854-56) para ser de nuevo legalizado. Puede ser considerado como una formación socialista utópica de carácter obrerista que en Catalunya fue dirigida por comunistas utópicos seguidores de Etiénne Cabet: Narcís Monturiol, Abdón Terrades, su discípulo Francesc de Paula Cuello, Pere Montaldo, Ceferí Tresserra y Anselm Clavé. En 1857, el partido seguía dirigido por antiguos carbonarios, como Ceferí Tresserra y Antoni Ignasi Cervera que habían creado la sociedad secreta El Falansterio que se impuso en la dirección. En 1859, de nuevo en la clandestinidad, se fueron radicalizando y participaron en distintas sublevaciones que fracasaron regularmente. Evolucionaron hacia un federalismo republicano de la mano de Pi i Maragall que en 1864 se impuso en la dirección del partido. Tras el triunfo de la revolución de 1868, junto a Prim se transformaron en el Partido Republicano Democrático Federal.

(65) La historia de Blanquí y de sus iniciativas conspirativas están perfectamente resumidas en la obra de Sarane Alexandrian, El Socialismo Romántico, op. cit., págs.. 180 a 273.

(66) Josep María Figueras, El primer diari en Llengua catalana,  Premio Nicolau d’Olwer 1995, Institut d’Estudis Catalans, Barcelona, 1995, pág 80 a 83. Traducción “un catalanismo de raíz historicista y más contemplativa y reivindicativa del pasado que no dinámica y con posicionamientos de futuro”.

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Aribau: buceando en los orígenes de la Renaixença (III de IV). IV. Gaspar de Remisa y el encargo

Las biografías más sucintas cuentas que Gaspar de Remisa era un financiero español nacido en Sant Hipolit de Voltregá en 1784 que hizo fortuna como asentista del ejército y empresario de obras públicas pasando a ser el banquero de Isabel II (38). Poco más. Habrá que profundizar un poco más para saber que Remisa era un individuo avanzado para su tiempo y trajo de París el primer daguerrotipo que se vio en España, regalado luego en 1840 al Liceo Artístico (39) del que el propio banquero sería presidente. En 1839 fundó el diario El Corresponsal, que se editó hasta 1844 (40) y en el que colaboró Aribau asiduamente. Isabel II distinguió a su banquero con los títulos de Marqués de Remisa y Vizconde de Casa Sanz (41). Remisa creo la bolsa de Madrid en 1831 (42) y fue Director General del Tesoro.

No es ningún misterio que los banqueros no tienen patria y Remisa tampoco la tenía. Sin embargo, sus subordinados se pusieron de acuerdo en obsequiarle en uno de sus aniversarios con un libro de poesías escritas por ellos mismos en distintos idiomas. Aribau era uno de sus empleados más destacados y le tocó escribir un poema en catalán.

Después del desastre del trienio liberal y de la brusca entrada de los “Cien mil hijos de San Luis”, Aribau se moderó un poco más. Los artículos que va publicando en El Europeo, nos lo muestran como una persona que sigue manteniendo sus ideas pero que ya ha perdido la fe exaltada de unos años antes. El riesgo de represión ejerce para él un peso decisivo a la hora de atenuar sus posiciones de juventud. Esa moderación le permite ser nombra el 8 de marzo de 1822 “juez de hecho” de la Diputación de Barcelona, pasar en el 23 a ocupar el cargo de Secretario de la Diputación de Lleida. En ese punto, irrumpen los “Cien mil hijos de San Luis”. Aribau se encierra en su casa. Solamente le sacarán para editar El Europeo. Cuando desaparece la revista, la Junta del Comercio le encarga su representación ante el gobierno de Madrid en donde tiene múltiples y buenas amistades. Se desplaza a Madrid y el 1826 entra a trabar con Gaspar de Remisa. La colaboración durará 20 años, hasta la fecha de fallecimiento del marqués en 1847. A Aribau le corresponderá redactar y leer el elogio fúnebre (43).

La muerte de Remisa coincide con otro período de inestabilidad política. El gobierno Pacheco lo nombra vocal del Consejo de Agricultura y Comercio y luego Director General del Tesoro. Su gestión al frente de estos organismos, fue eficaz, pero breve. Pacheco duró poco en el cargo y su caída arrastró la de Aribau. Pacheco pertenecía a los liberales moderados con los que Aribau había terminado identificándose. Tenía ambiciones literarias y escribió algunas obrillas que no pasarán a la historia literaria de España. Aribau, en esa época, debía haber moderado todavía más sus posiciones, hasta caer casi en el conservadurismo del que Pacheco estuvo próximo.

La Oda a Patria es una de las cuatro composiciones poéticas atribuidas a Aribau y redactadas en lengua catalana. Las otras son, una Carta dirigida desde Madrid al General Prim, Compte de Reus (1843) y un par de poemas. Sin embargo, será por la Oda a la Patria por la que Aribau pasará a la historia de la literatura en tanto que se considera que su publicación en El Vapor dio el pistoletazo de salida para la Renaixença. La obra fue escriba unos meses antes de su publicación. Los subordinados de Remisa pidieron a sus colaboradores más inmediatos que escribieran un poema, recopilados en un volumen que le regalaron el día de 1832. Más de un año después, el 24 de agosto de 1833, fueron publicados en El Vapor (44) que empezó a publicarse ese mismo año. 

La única intención de Aribau al escribir esto versos fue acceder a un encargo ideado para halagar a su jefe (45). No está, ni motivada por un fervor patriótico-lingüístico, ni siquiera por un interés cultural, sino solamente para acceder a un encargo que no podía rechazar, pero del que hay rastros que tampoco le hizo especial ilusión el realizar. Así, por ejemplo, cuando escribe a su amigo, Francesc Renart i Arús el 10 de noviembre de 1832, lo hace en estos términos (respetamos la ortografía de la época): “Recibe con paciencia mis pegigueras y disimula si sólo cuando las hay, tomo la pluma para escribirte. Necesito de ti de veras. Para el día de San Gaspar presentamos al Gefe unas composiciones en varias lenguas. A mí me ha tocado el catalán y he forjado estos informes alejandrinos que te incluyo para que los revises y taches y enmiendes lo que juzgares, pues yo en mi vida las vi más gordas” (46). El texto de la carta no demuestra ni un interés excesivo, ni siquiera la conciencia de que estaba haciendo una composición que pasaría a la historia. El tono es de un encargo fastidioso que aborda sin mucho interés y como “una pegiguera”. Si falta algo en la carta es, precisamente, el fervor patriótico que otros han querido ver en la obra de Aribau. Se evidencia, en particular, que a Aribau le ha tocado escribir en catalán, no lo ha elegido él, ni mucho menos parece tener interés en hacerlo. Y además, pide ayuda a su amigo catalán, en castellano. De hecho, Aribau parece tener en muy escasa consideración al catalán que ni siquiera menciona en el poema, aludiendo sólo (como más tarde hará Verdaguer en alguno de sus poemas) al “llemosí” (47).

V. Una vida de liberal ajeno al catalanismo

El Vapor fue uno de los canales a través de los que se difundió el romanticismo en Catalunya a partir de 1833. Se tradujeron en dicha revista muchos textos de procedencia alemana (pero traducidos de su versión francesa) que, junto con las obras de los socialistas utópicos Owen y Fourier (48), influirían decisivamente en los años siguientes en Catalunya. Esta revista, habitualmente –y para aumentar la sensación de contradicción- publicaba invectivas contra lo que calificaba de “provincianismo” (49), reivindicador del terruño frente a la Nación, idea propiamente liberal a la que se adscribía la revista.

El problema para los mentores de la Renaixença que centraron en Aribau su arranque es que nada, absolutamente nada en esta composición, en la vida de Aribau y en su entorno y en sus escritos, denota la más mínima “conciencia nacional catalana”. Esto ha llegado a preocupar a algunos catalanistas intermitentemente. Por ejemplo, a poco de establecerse la II República, el diario regionalista La Veu de Catalunya publicó estas consideraciones de Rubió i Lluch: “La manca d’intencionalitat de l’autor d’aquesta composició ha estat moltes vegades recordada. No cal, doncs, insistir en aquest punt, ni en faré retret al nostre celebrat poeta, a qui es podría aplicar aquella frase de Goethe: “A vegades cal recordar a l’autor la separa propia intenció”, però sí que li faré retret de l’absoluta indiefrència amb què ell contempla l’estela lluminosa que havia aixecat amb la seva noble inspiració” (50). Rovira i Virgili y Valentí Almirall se expresaron en idénticos términos (51).

Así mismo, Manuel de Montoliu comenta el caso anómalo de un “precursor” que no toma parte en el movimiento por él iniciado, concluyendo: “No podem parlar, malauradament, del catalanisme d’Aribau, ni solamente en la forma més atenuada” (52). Se puede, pues, poner en duda seriamente que Aribau fuera más que un funcionario nacido en Catalunya, que escribió sólo en contadas ocasiones, en catalán y que jamás atribuyó a estas cuatro poemas ningún interés particular. Los historiadores nacionalistas se las han visto y deseado para hacer de Aribau una “eminencia catalana”, de la misma forma que también la Renaixença hico de Domingo Badía (a) “Ali Bey”, otro “catalán ilustre” (su retrato figura entre los de los “catalanes ilustres” de la sala de reuniones del Centre Excursionista de Catalunya), nacido en Barcelona, francmasón y aventurero… que incluso ocultaba que era catalán (53). Dicho de otra manera: en ambos casos, tanto por lo que se refiere a Aribau como a Domingo Badía, la historiografía catalanista ha realizado una tarea de recuperación que se disuelve como una tela de araña ante la luz, a poco que se realice un examen crítico de los hechos.

En Aribau, esta “recuperación” ha llegado hasta extremos lamentables. Es frecuente en los escritos publicados sobre él en Catalunya, especialmente en los últimos tiempos, que no se aborde nunca su situación familiar. Se ha dicho que permaneció soltero o que no tuvo hijos, cuando la realidad es muy diferente. No solamente se casó, sino que lo hizo con una mujer de muy noble familia castellana, Juana López de la Torre Ayllon (54). Y además tuvo dos hijos. Nada que ver con la imagen melancólica de Aribau, paseándose como un extraño por las calles de un Madrid que consideraba ajeno completamente a él, meditabundo y muerto de añoranza por la tierra natal. En absoluto. No hay nada de eso. Es más: es justamente lo contrario. Aribau fue a Madrid por voluntad propia, jamás dio muestras de añoranza, rasgo del alma que, abusivamente, Verdaguer consideraba como parte del ser catalán (“Parléssiu el català, sabríeu què es l’enyorança”, que equivale a “Si hablarais catalán, sabríais lo que es la añoranza”). No solamente va a Madrid voluntariamente, sino que además, hace allí una brillante carrera que, posiblemente en Barcelona no habría pasado de ser la de un oficinista y contable. Salvo en el encargo de la Oda a la Patria (en donde de lo que se trataba no era tanto de loar a Catalunya sino de que la composición gustara y halagara –como cualquier regalo- a su jefe, Remisa) en donde hay atisbos de esa añoranza (pero es imposible deducir si era real o inducida por la necesidad de cumplir con el encargo), no hay ni un solo escrito de Aribau en donde evidenciara un mínimo arraigo a su tierra natal e incluso un mínimo interés por contemplarla como realidad cultural autónoma. Para colmo, por si esto fuera poco, la carrera político-funcionarial de Aribau se realiza a la sombra del liberalismo moderado español y Aribau se considera a sí mismo como un probo funcionario del Estado Español, en calidad del que en 1855 se traslada a Barcelona como comisario regio para el derribo de las murallas de la ciudad, después de lo cual será nombrado secretario de la Intendencia General de la Real Casa  Patrimonio.

De todo esto se puede deducir que es completamente falsa e indefendible la visión que Milá i Fontanals dio en su discurso necrológioc del Ateneo Barcelonés, precisando que “Lo que realmente le inspiró [a Aribau], lo que le dictó desusados y mágicos acentos fue el amor al país, convertido en mal uso de ausencia. Aribau era muy catalán y debió vivir fuera de Cataluña” (55)… No hubo nada de eso. Aribau como antes Domingo Badia, fueron catalanes de nacimiento pero nunca de convicción o de sentimiento. Y lo tiene muy difícil sino imposible quien aspire a demostrar lo contrario. A pesar de tener un reconocido prestigio literario, Aribau, que conoció en vida cuatro sesiones de los Juegos Florales restaurados, jamás se interesó por ellos y vuele a ser falsa, gratuita y menzas la opinión de Pere Coll i Vehí, según la cual “Aribau somniava d’obtenir l’Englantina d’or dels Jocs Florals de Barcelona, premi que ningú come ell no havia merescut” (56)… encomiables palabras que otros testimonios niegan completamente. Por ejemplo, Josep Miracle en su obra La Restauración dels Jocs Florals proclama “la indiferencia  amb què va veure el restabliment dels Jocs Florals, els quals, a desgrat de tenir Aribau en la categoría de capità i la seva obra en la de brúixola, mai, en els Quatre anys que es van celebrar en vida d’ell, no van rebre un mot d’encoratjinament de simpatía o de simple salutació” (57)… como para que Milà i Fontanals repitiera que Aribau merecía más que nadie la Englantina de Oro…

El día 26 de septiembre de 1882 el retrato de Aribau se colocó en la galería de catalanes ilustres del Ayuntamiento de Barcelona y dos años después se inauguraba el monumento con su imagen en el Parque de la Ciudadela. El mito estaba en marcha y aún sigue.

Queda un misterio por desentrañar. ¿Por qué Aribau fue elegido como portaestandarte y arranque de la Renaixença cultural catalana, si su papel en ella fue irrelevante y jamás tuvo interés en este movimiento? Sobre esto vale la pena decir algo.


Notas

(38) http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/remisa.htm

(39) José Martínez Ruiz, “Azorín”, en su obra Doña Inés, historia de amor (Ediciones de Elena Cadena, Clásicos Castalia, Madrid 1973), cita a Remisa en la página 74. Dice de él que en el museo romántico de Madrid existe un retrato suyo firmado por el pintor Vicente López. En cuanto al daguerrotipo, recuerda que el Liceo Artístico y Literario fue generosamente subvencionado por Gaspar de Remisa y José de Salamanca. A su vez, Azorín, extrae todos los datos que cita sobre Remisa de la obra de Ramón de San Pedro, El marqués de Remisa. Un banquero de la época romántica. Publicaciones del Banco Atlántico. Barcelona 1953.

(40) Citado en http://www.iberofotografia.es/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=67

(41) http://www.raco.cat/index.php/ausa/article/view/39374/39248

(42) Citado, entre otros, en Historia de España contemporánea, José Luis Comellas, Rialp, Madrid, 1972  pág. 115.

(43) Datos biográficos extraídos de Josep Mª Poblet, op cit., pág. 21-24 que, a su vez, han sido extraídos completamente de la obra de Manuel de Montoliu.

(44) http://www.xtec.cat/~aribas4/literatura/comentari%20P%E0tria.htm

(45) Tal es la opinión de Josep María Miquel i Vergés en un comentario sobre la obra de Antinoi Puigblanch, lamentando su olvido y que cita Josep María Poblet, op. cit., pág. 31.

(46) Josep Mª Poblet, op. cit., pág 38.

(47) Se trataba de un error lingüístico habitual en la época: se consideró, hasta que los estudios filológicos lo desmintieron completamente que el catalán procedía de una lengua galo-romance, el llemosí, hablada por los habitantes de la Provenza. Inicialmente esta consideración se debía a la mala calidad de los estudios filológicos de la época, ciencia que experimentó un brusco desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, cuando se sabía a ciencia cierta que el catalán era una lengua hispano-romance, los sectores catalanistas seguían insistiendo en que era un derivado del llemosí y, por tanto, galo-romance. A nadie se le escapa que si optaron por esta vía interpretativa sobre el origen del catalán se debía a consideraciones políticas. En efecto, era un intento de desenganchar a la lengua catalana de cualquier tributo que tuviera en relación a otras lenguas hispano-romances y a enlazar con las de un Estado, el francés, que no tenía nada que ver con Catalunya. Así mismo, se trataba de resaltar una historia de Catalunya que tuviera que ver con el Norte, mucho más que con el resto de la Península, a despecho de que después de la batalla de Muret en el siglo XIII, terminó la influencia de la corona de Aragón en el sur de las Galias y en la mayor parte de la Septimania (salvo en el Vallespir, Conflent y la Cerdaña).

(48)  La música, entre France et Espagne, Interactions stylistiques 1870-1939. Textos reunidos por Louis Jambou. Presses Universitaires de Paris, 2001. pág. 109. Esta obra recoge las actas del Coloquio Internacional celebrado en París en la Sorbona-Paris IV y en el Instituto Cervantes de la capital francesa.

(49) Véase a este respecto al texto de Josep Ramon Segarra i Estalleres, Provincianismo y proyecto liberal de Nación en la España del siglo XIX. http://www.ahistcon.org/docs/Santiago/pdfs/s2u.pdf, página 12.

(50) La Veu de Catalunya, En el primer centenari de la Oda, Rubió i Lluch, 24 de agosto de 1933. Traducción: “La falta de intencionalidad del autor de esta composición ha sido recordada en muchas ocasiones. No hace falta, pues, insistir en este punto, ni se lo reprocharé a nuestro celebrado poeta, a quien se le podría aplicar aquella frase de Goethe: “A veces  hace falta recordar al autor su propia intención”, pero si que le reprocharé la absoluta indiferencia con que contempló la estrella luminosa que había alzado con su noble inspiración”.

(51) Josep Mª Poblet, op. cit., pag 32.

(52) Manuel de Montoliu, op. cit., pág 124. Traducción: “No podemos hablar, desgraciadamente, del catalanismo de Aribau, ni siquiera en su manifestación más atenuada”.

(53) “Otro testimonio de su paso por Segovia es elucidador. Estuvieron con él [con “Alí Bey”] dos catalanes, Jaime Amat y su sobrino, Torres Amat, el primero siendo Tesorero de Intendencia y Administrador de Bienes Nacionales, el cual escribe en sus memorias: "A pesar de tratarle familiarmente y de no poder ignorar que estábamos allí, jamás supimos que fuera catalán" (...) "oíamos, si, la voz popular de que era judío, que estaba circuncidado, que había sido musulmán y otras mil especies con que el pueblo se complacía en presentarle, no solo como afrancesado, sino como masón e impío"... pues bien, es posible que todas estas acusaciones tuvieran un poso de realidad.”, fragmento de nuestro artículo Ali Bey: aventurero y descendiente del profeta. http://infokrisis.blogia.com/2009/021304-ali-bey-aventurero-y-descendiente-del-profeta.php

(54) Josep Mª Poblet atribuye a Elias de Molins la visión de un Aribau soltero y muerto por la melancolía, en su Diccionari d’escriptors i artistas catalans. Op. cit., pág. 25.

(55) Citado por Josep Mª Poblet, op. cit., pág. 26

(56) La referencia a Coll i Vehí está extraída del Diario de Barcelona de fecha 9 de octubre, poco después del fallecimiento de Aribau y citada por Josep Mª Poblet, op. cit., pág 27. Traducción: “Aribau soñana con obtener la Englantina de Oro de los Juegos Florales, premio que nadie mejor que él hubiera merecido”.

(57) Citado por Josep Mª Poblet, op. cit., pág. 31: Traducción: “La indiferencia con que vio el restablecimiento de los Juegos Florales, los cuales, a pesar de tener Aribau en la categoría de capitán y su obra en la de brújula, nunca, en los cuatro años que se celebraron con él vivo, recibieron una palabra de ánimo, de simpatía o simplemente de saludo”.

Aribau: buceando en los orígenes de la Renaixença (II de IV). Aribau, presunto carbonario

Infokrisis.- En la historia del siglo XIX catalán suelen aparecer personajes que han alcanzado fama (Anselm Clavé, Narcís Monturiol, Ildefons Cerdá, etc.) de los que prácticamente se oculta que pertenecieron a asociaciones secretas y grupos conspirativos. Y esa militancia no era un mero “detalle” secundario en sus vidas: si se tuviera en cuenta que Clavé o Monturiol eran comunistas utópicos en la línea de Etienne Cabet, se entendería el por qué se aprestaron a propagar el canto coral entre los trabajadores o de dónde procedía el interés en la navegación submarina o por qué las manzanas del Eixample barcelonés tienen forma ochavada (18). A nadie que haya estudiado mínimamente la vida y la obra de estos tres personajes de la cultura catalana del XIX se le ocurrirá disociar su militancia política de las aportaciones que realizaron; es más, si realizaron unas aportaciones concretas fue en función, solamente de sus creencias políticas y como aplicación de las mismas. De ahí que tenga importancia fijar si Aribau era o no carbonario o si, como mínimo estaba implicado en el universo conspirativo liberal de la primera mitad del siglo XIX.

De la infancia de Aribau se sabe lo justo con alguna duda y varias imprecisiones. Se sabe que nación el 4 de noviembre de 1798 y que era hijo de una familia acomodada cuyo patrimonio derivaba del comercio. Estudió en el Seminario Conciliar de Barcelona, le apasionó la lectura de los clásicas y entre 1814 y 1816 estudia ciencias varias. De ese período se polemiza sobre un defecto en la pronunciación que le hacía hablar con dificultad. Unos atribuyen este defecto a una segunda dentición anormal y otros a un susto que le produjo la irrupción en el domicilio familiar de soldados franceses para detener a su padre (19). Parece ser que ese defecto nunca lo terminó de superar y le acompañó durante toda su vida.

En 1815, a poco de abandonar las tropas francesas Barcelona, Aribau participa en la constitución de la Sociedad Filosófica en a que figuran también Ignasi Savall, Francisco Llaró, Antoni Monmany, Miquel Antón Martí, Ramón Muns, Somponts i Llobet, López Soler. Todos son amigos, jóvenes y atraídos por los ideales de la ilustración, todos con ganas de obtener fama literaria. El cenáculo intelectual tuvo corta vida y se disolvió en 1821. El alma de la Sociedad fue Francisco Llaró i Vidal. Manuel de Montoliu que es a quien seguimos en esta parte, estudió toda la documentación de la Sociedad Filosófica, depositada en la Acadèmia de Bones Lletres. La Sociedad tenía tres secciones: Metafísica, Física, y Oratoria y Poesía. Su boletín tenía el pretencioso nombre de Periódico Erudito. Los artículos no se firmaban con el nombre sino con un seudónimo. El de Aribau era “Ubariso”. El de López Soler, “Lopecio”; “Silvio” el de Savall; “Montano” el de Muns… ¿eran los “nombres iniciáticos” con los que en aquella época era habitual que utilizaran los miembros de las sociedades sacretas? No hay que descartarlo en absoluto. Todos ellos comparten los mismos ideales constitucionalistas; son antiabsolutistas y en sus reuniones parece que hablan más de política que filosofía. 

La revista apareció de junio de 1815 a 1820. Montoliu define el nivel de la revista como “mediocre y pedante” (20). Aparecen artículos irreverentes y anticatólicos. Hay continuas referencias a Adam Smith, Rousseau, la Enciclopedia, el marqués de Caracciolo. Las traducciones son de obras que ya gozaban de reconocida fama en Europa y que llegaron tarde a España. Contrariamente a lo que algunos han dicho, en la Sociedad Filosófica no hay ni rastro de romanticismo. Aribau lo descubre entre 1820 (cuando la Sociedad Filosófica ya está agonizando) y 1823 (21).

En 1815 la masonería todavía no se había reconstruido en Barcelona. Se sabe que, en aquellas primeras logias traídas por las tropas napoleónicas, iniciaron a algunos barceloneses, pero lo más probable es que se tratada de “afrancesados” y que siguieran a las tropas napoleónicas en su retirada. Por tanto, hay que descartar influencia masónica en la Sociedad Filosófica, por lo menos en sus primeros pasos. Por otra parte, la trayectoria de los miembros de la sociedad y del propio Aribau les caracteriza como opositores a la presencia francesa y, por tanto, necesariamente exteriores a las logias. Como se sabe, en aquel momento la masonería internacional estaba fracturada en dos grandes tendencias: las logias de obediencia francesa (en general republicanas, laicas y liberales) y las logias de obediencia inglesa (conservadoras y teístas). Antes de la entrada de las tropas napoleónicas existían logias en España de obediencia inglesa, sin embargo, el carácter anticatólico de los textos difundidos por la Sociedad Filosófica impide reconocer influencia de esta rama de la masonería. Sin embargo, el marasmo de la guerra de la independencia y las convulsiones políticas inmediatamente anteriores debieron arrasar completamente con esta masonería. Cuando, Domingo Badía (a) “Alí-Bey”, decide realizar su viaje a La Meca, previniendo que necesitará ayuda y apoyos en el curso de su expedición decide ingresar en la masonería, pero debe de ir a Londres para hacerse iniciar (22). Son los últimos años del reinado de Carlos IV y de la presencia de Godoy, lo que indica que ya en esa época, inmediatamente anterior a la invasión napoleónica, la masonería de obediencia inglesa se había extinguido en España.

En cuanto a la Sociedad de los Caballeros Comuneros no se había constituido todavía y los primeros carbonarios italianos solamente llegarían a Barcelona en 1820, coincidiendo, eso sí, con el cambio de actitudes en el interior de la Sociedad Filosófica y con su disolución.

Así pues, resulta extremadamente difícil establecer si existió detrás de la Sociedad Filosófica alguna influencia organizada de grupos secretos que operaban en su interior y mucho más difícil todavía establecer de dónde venía esa influencia. En cualquier caso, no hay ninguna duda de que, al menos en su juventud, todos sus miembros fueron liberales y constitucionalistas. El recurso sistemático al seudónimo (practicado en la Orden de los Iluminados de Baviera, en buena medida formada por intelectuales y artistas, y en la masonería, no deja de ser sospechoso y permite pensar que detrás pudiera haber algo más que una simple hermandad literaria compuesta por jóvenes pedantes.

En el caso de Aribau, no sólo él sino también su padre, son constitucionalistas convencidos, opositores a Fernando VII y partidarios de la Constitución de Cádiz. El padre debe exiliarse y la madre enferma. Bonavertura Carles Aribau debe entonces ponerse a trabajar en el comercio (en Casa Dodero). Desde el principio colaborará en el estallido de la revolución liberal de 1820 (23).

Así mismo, tampoco hay que olvidar que en el primer tercio del siglo XIX, la actividad política liberal se desarrolló casi siempre en condiciones políticas muy precarias, a un paso de la clandestinidad y con un riesgo permanente de sufrir la represión. No es raro, por tanto, que los liberales se organizaran desde el principio en organizaciones secretas juramentadas (como el carbonarismo o la comunería) o siguiendo la tradición del siglo XVIII en cenáculos intelectuales tras los que se ocultaban otras intenciones. De no ser así, la Sociedad Filosófica sería como mínimo un foco de actividad liberal, una agrupación de admiradores de las modas enciclopedistas y de la Ilustración, llegadas a España con retraso.

La Sociedad Filosófica terminó disolviéndose e integrándose en la Academia de Buenas Letras de Barcelona en 1821. Las fichas de ingreso de los nuevos socios son de fecha 4 de junio. Poco más de veinte días después, el 26 de junio de ese año, uno de los miembros de la Sociedad Filosófica, López Soler, será nombrado secretario general de la institución (24). Se trataba de uno de los activistas constitucionalistas más exaltados. Aribau ingresa también en la Academia (25).

Aribau, a todo esto, ha publicado en 1817 su primer libro que lleva el título de Ensayos poéticos, escrito en castellano y que resume sus intervenciones en los cenáculos de la Sociedad Filosófica entre 1815 y 1817. En 1820 es un revolucionario (26) que no duda en ponerse del lado de Riego cuando promueva el movimiento constitucionalista. Aribau escribe versos que se popularizarán pronto y el famoso himno:

Libertad, libertad sacrosanta,
nuestro numen por siempre serás:
podrás vernos morir en tus aras,
que vivir en cadenas, jamás!
(26)

Sigue colaborando en ese período con Ramón López Soler (27), el más exaltado de los miembros de la Sociedad Filosófica con el que incluso escribe un nuevo himno político del que vale la pena transcribir un fragmento:

Mientras tú a los esclavos persigues
Oh, Lopecio, con fiero clamor,
Yo pretendo cantar a los libros,
Que no en vano soy libre y cantor.
Benjamín, los loores recibe
De un extraño que te es superior,
Que tú eres francés y cautivo
Y yo soy español y señor. (28)


El texto es de 1920 y es casi un paradigma de los ideales constitucionalistas de la época e incluso del estilo: declamatorio, desgarrado, arrebatado y nacionalista. Sin embargo, poco a poco se irá moderando (a diferencia de López Soler que morirá antes de llegar a la madurez con el mismo radicalismo que le acompañó desde la adolescencia). En esa época absolutamente nada vincula a Aribau a algo que pudiera considerarse remotamente como precedente del regionalismo catalanista. Es liberal de la época y, por tanto, nacionalista español, sin más matices. En esa misma época, para demostrarlo, colabora con las publicaciones liberales más famosas de la época: empieza colaborando con El Constitucional, pero sus artículos son criticados por demasiado moderados; pasa luego a La Voz de la Razón, en donde Josep Mª Poblet dice que el moderado es él (29). Colaborará con otras muchas revistas (la más fluida con El Vapor, otra portavoz de los liberales exaltados). Sigue sin aparecer el catalanismo por ningún sitio. Estos artículos, además, los escribe siempre en castellano. Para colmo, tras la peripecia de la Sociedad Filosófica, Aribau pone en marcha junto con el editor Rivadeneyra la Biblioteca de Autores Españoles que publicará las obras de Cervantes y de Leandro Fernández de Moratín. En los tres primeros volúmenes de esta obra Aribau colabora redactando ediciones críticas, introducciones y cuidando los detalles de la edición de estos autores españoles. Tampoco aquí aparece ningún prurito catalanista. De esa época datan también poemas en castellano incluidos en su primera obra –Ensayos Poéticos- de 1817. Uno de ellos es curioso porque nos sitúa en plena temática panteísta. Aribau creo que la Creación es la mejor prueba de la existencia de Dios. Y cuando alude a la “creación” se está refiriendo a la naturaleza, de ahí que la naturaleza sea la manifestación de Dios y pueda llegarse a éste a través de su contemplación (30). Panteísmo ingenuo y juvenil de un  poeta castellano nacido en Catalunya que en ese momento apenas tiene 19 años. Igualmente significativo es que en la introducción a esta obra Ramón Muns i Seriñá, otro miembro de la Sociedad Filosófica, aluda a la poesía como “la primera fuerza civilizadora del mundo” y remita a la Edad de Oro y al mito de Orfeo, temas… que se repiten en la simbólica masónica de aquella época con singular reiteración y que en Barcelona están muy presentes en el bagaje simbólico que acompaña la decoración del Parque del Laberinto (31).

Las sospechas de que a partir de 1820, cuando Aribau se vincula al carbonarismo se basan en tres pruebas circunstanciales que, por sí mismas no demuestran nada, pero sí que contribuyen a generar la noción de una “duda razonable”. Estas pruebas circunstanciales son tres:

- La colaboración de Aribau junto a Ignacio Villavecchia, comerciante italiano afincado en ese momento en España.

- A esta relación sigue la creación por parte de Aribau de la revista El Europeo, que encarnaba el título de la asociación carbonaria creada por Garibaldi, en esos mismos años, Joven Europa y que en España contó con una sucursal.

- El hecho de que en Barcelona se albergaran durante el trienio liberal a 600 carbonarios italianos que vivieron arracimados en la calle Industria, a la derecha de las Ramblas, próximos al puerto de la ciudad. De la actividad propagandística de estos carbonarios surgió la rama española de la secta secreta conspirativa.

Estos hechos pueden encadenarse unos a otros y todos aparecen justo en el momento en el que la Sociedad Filosófica, radicada en Barcelona (puerta de entrada del carbonarismo) se disuelve. A falta de un estudio más pormenorizado es posible pensar que es precisamente la difusión de las ideas carbonarias a partir de 1820, cuando se produce el desembarco masivo de carbonarios italianos en Barcelona, es el factor desencadenante de la ruptura dentro de la Sociedad Filosófica. Es, en cualquier caso, curioso que la diferencia que hay entre la Sociedad Filosófica y las iniciativas posteriores de Aribau consiste en que, a partir de 1820 asume el romanticismo como idea filosófico-existencial y da un tinte romántico a sus publicaciones. El Europeo será considerado como el vehículo de introducción de las ideas románticas en España. Pero es que, el romanticismo en Italia se identifica completamente con los ideales carbonarios y especialmente es encarnado por la figura de Garibaldi, a medio camino entre el agitador político heroico y el condotiero renacentista.

No es solamente cuestión del título. La presencia carbonaria en la redacción de El Europeo es asfixiante. Colaboran en su redacción el inglés Cook y los italianos Galli y Montegia, los tres conspicuos conspiradores carbonarios. Por otra parte, todo esto es inseparable de la vinculación, justo en ese momento, de Aribau al industrial italiano Villavecchia del que, muy probablemente, surgieron, sino la totalidad, al menos lo esencial de los fondos gracias a los cuales fue posible lanzar la publicación El Europeo, una de las mejores revistas de su tiempo y que trascendía la idea de una pequeña revista de agitación y propaganda realizada por liberales exaltados.

La vida de El Europeo será breve, apenas seis meses. El primer número salió el 18 de noviembre de 1823 y el último el 24 de abril de 1824. El pie de imprenta demostraba que la publicación se realizaba desde Barcelona impulsada por un “grupo de intelectuales que se daba a sí mismo el nombre de Escuela Romántico Espiritualista” (32). La militancia carbonaria de dos de ellos, Luigi Monteggio y Fiorenzo Galli, está fuera de duda y la vinculación de Cook a los círculos místico-románticos con vinculaciones a grupos masónicos o próximos a la masonería. Carl Ernst Cook, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, no era inglés sino alsaciano y se le considera uno de los introductores del romanticismo en España a donde llegó como exiliado liberal (33). Se trasladó pronto a Menorca en donde fundó un colegio que alcanzó pronto prestigio científico. De ahí salió el frenólogo y masón Mariano Cubí. Emigró a Italia para participar en los combates por la unificación del país, junto a Mazzini y Garibaldi. Aunque se ignora si perteneció a la carbonaría, se alineó siempre junto a carbonarios y es con ellos con los que en 1821 se convierte en un exiliado más llegado de Italia a Barcelona. En la Ciudad Condal conocerá a Aribau y a López Soler y junto con Moteggio y Galli fundarán El Europeo. En ese momento las preocupaciones de Cook no son solamente políticas, sino que sigue orientaciones muy comunes en aquella época entre los liberales exaltados: se interesa por el magnetismo animal de Franz Anton Mesmer y por la frenología de Sprunz, Gall y Mayer, aspectos de un conocimiento en evolución que todavía no había conseguido abandonar su etapa pre-científica (34).

Se suele enfatizar que el Europeo fue la primera publicación que difundió los ideales románticos en España de manera organizada y sistemática. Eso es innegable, pero no es menos innegable, que estaba fundada y promovida por cinco liberales exaltados de los que dos son carbonarios, sobre Cook existe la seguridad de que también lo fue, y sobre Aribau y Ramón López es fácil pensar que se sintieron atraídos por el carbonarismo y dispuestos a difundir su ideario identificado con el romanticismo (35).

Cuando se empieza la publicación de El Europeo, el trienio liberal ha concluido con la entrada de los “Cien mil hijos de San Luis”. La agitación política debe moderarse, sino se quiere terminar en prisión o algo peor. Esto explica el carácter literario de la publicación El Europeo y el que el elemento político haya pasado a un plano secundario. En los ambientes liberales la experiencia de la Santa Alianza y su operación en España cortando radicalmente el trienio liberal, tuvo un extraordinario impacto. Empezaron a pensar que, de la misma forma que las monarquías europeas actuaban unificada y solidariamente, las fuerzas liberales debían de hacer otro tanto. De ahí que, a partir de entonces, los liberales empezaran tempranamente a aludir a la “idea europea”. En 1836, distintas asociaciones carbonarias nacionales  creadas a la imagen y semejanza de Giovine Italia, la organización de Mazzini y Garibaldi, fundaron Joven Europa que evidencia que la idea europea estaba viva en el carbonarismo (36).

De 1924 a 1836 median doce años. A la revista El Europeo le cabe el honor de haber albergado al primer núcleo carbonario que comprendió que para afrontar la ofensiva de la Santa Alianza era preciso una alianza entre los liberales europeos.

A partir de ese momento, la actividad política de Aribau disminuye y se reduce solamente a la publicación de artículos en distintas revistas, cada vez más moderadas. Y en Madrid funda el periódico El Corresponsal y más adelante, cuando este desaparece, vuelve a colaborar con El Constitucional así como con una publicación nueva: La España… En esa época publica la Oda a la Patria (37).


NOTAS

(18) En nuestra obra Guía de la Barcelona Mágica (op. cit., págs.. 218-225) tocamos brevemente esta temática. Existen rastros documentales suficientes de que Clavé, Monturiol y Cerdá compartían el ideal de Etienne Cabet expuesto en su libro Retorno a Icaria. El propio Monturiol tradujo al castellano esta obra en 1848 que fue publicada por la Imprenta y Librería Oriental de Martín Carlé y reeditada en 1985 por Ediciones Orbis, SA. Durante su estancia en el Empordá en calidad de perseguido político, Monturiol observó los sufrimientos de las familias de los pescadores cuando salían a la mar y su “amor a la humanidad” le indujo a inventar un navío insumergible, el submarino. En cuanto a Clavé, su impulso por el canto coral deriva de que tal como explica Cabet en su obra (pág. 60-61, entre otras muchas referencias) el canto refuerza la solidaridad y la unión entre las personas. Cabet explicaba que los icarianos cantaban mientras trabajaban. En cuanto a Cerda, tal como expusimos en la Guía de la Barcelona Mágica, ideó el Eixample en función de las inspiraciones que extrajo de la lectura de Cabet, cuando éste aludía a que Icaria era una ciudad circular con grandes avenidas rectilíneas y con manzanas cuadradas. Cerdá se limitó simplemente a diseñar sus manzanas de tal manera que contuvieran la cuadratura del círculo (problema que no tiene solución matemática pero sí geométrica) ante la imposibilidad de que el Eixample fuera circular como proponía Cabet. Mantuvo, eso sí, la consigna de trazar avenidas rectilíneas para que “pudiera circular un aire más limpio” (Cabet, op. cit., pág. 71). El hecho de que el nombre de Icaria quedara grabado en el callejero barcelonés es suficientemente significativo de la importancia que tuvo el comunismo utópico en aquella ciudad. Sorprendentemente ni la Generalitat ni el Ayuntamiento de Barcelona han realizado medida alguna para recuperar este pasado, seguramente porque no tenía absolutamente nada que ver con el regionalismo catalanista que se ha intentado en todo momento convertir en el eje y en la clave de bóveda de la sociedad catalana.

(19) Poblet, op. cit., pág 19.

(20) Manuel de Montoliu, op. cit., pág. 47: “En general, els trevalls originals del socis de la Filosófica no pasan dels limits de una mediocritat bon xic pedantesca” (Traducción: “En general, los trabajos originales de los socios de la Filosófica no superar los límites de una mediocridad muy pedante”.)

(21) Manuel de Montoliu, op. cit., pág. 49.

(22) Hemos tocado este tema en nuestro artículo “Alí Bey, aventurero y descendiente del profeta”, publicado en Saber Mas, Barcelona 1998, pág, 23-25 y en el blog infokrisis: http://infokrisis.blogia.com/2009/021304-ali-bey-aventurero-y-descendiente-del-profeta.php

(23) Constitución Catalana y cortes de Cataluña. Excerpta vuitcentista de Peguera, a càrrec de Ramon López Soler, Jaume Ribalta i Haro, Universitat de Lleida. http://www.raco.cat/index.php/RevistaDretHistoric/article/view/27898/27732

(24) Jaume Ribalta, op. cit., pág. 4 y también http://lletra.uoc.edu/ca/autor/bonaventura-carles-aribau

(25) http://lletra.uoc.edu/ca/autor/bonaventura-carles-aribau

(26) Jaume Ribalta, op. cit., pág. 5

(27) Una biografía literaria de Ramón López Soler, puede encontrarse en el artículo Ramón López Soler, el romanticismo en su teoría y en su práctica, http://www.cervantesvirtual.com/portal/romanticismo/actas_pdf/romanticismo_8/cremades.pdf

(28) Citado, entre otros por Josep Mª Poblet, op. cit., pág. 21.

(29) Josep Mª Poblet, op. cit., pág. 21.

(30) Citado por Manuel de Montoliu, op. cit., pág. 50.

(31) En nuestra obra Misterios de Barcelona, Editorial PYRE, Barcelona 2001, pág. 9-27, realizamos un análisis simbólico e histórico del Parque del Laberinto y establecimos que su decoración atiende a los patrones de la mitología griega redividos por el neoclasicismo del siglo XVIII, pero también anotamos que, determinados detalles, hacen que la cosa no sea tan simple: esos mismos temas mitológicos aparecen también en la decoración de la Casa Xifré en Barcelona (véase la misma obra, páginas 28-42) y ahí ya es posible demostrar que están vinculados a la franc-masonería y al martinismo.

(32) Antonio de Montoliu, op. cit., pág. 54

(33) Los datos sobre Cook han sido extraídos de http://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Ernest_Cook

(35) Sobre la frenología y la figura de Mariano Cubí de un lado y el mesmerismo de otro, véase el artículo publicado por nosotros en infokrisis: Mariano Cubí y las glorias de la frenología, en donde se aportan datos sobre las relaciones de Cubí y de los frenólogos con la masonería. http://infokrisis.blogia.com/2008/121202-mariano-cubi-y-las-glorias-de-la-frenologia.php

(35) Véase la totalidad de la obra El Socialismo Romántico, de Sarane Alexandrian, Editorial Laia, Barcelona 1985, que en su mayor parte está dedicado al socialismo utópico, a las conspiraciones carbonarias, al comunismo icariano y al positivismo tardío que entran perfectamente en este contexto político-liberal-espiritualista.

(36) En 1931 Mazzini fundó Giovine Italia que fue completamente desarticulada tras la conspiración fallida en Savoia en 1834. Un año antes, Mazzini fundó Goivine Europa en Berna con el fin de “coordinar a los pueblos europeos que aspiraban a la independencia nacional”. Estaban presentes representantes de Suiza (La Jeune Suisse), Polonia (Joven Polonia), Joven Alemania (cuya actividad era de socorros mutuos y difusión cultural entre los emigrados alemanes). En 1836, la asociación había dejado de existir, cuando ya se habían formado grupos similares en toda Europa, incluida España. La asociación Joven España fue generada por carbonarios. Así mismo existió Joven Inglaterra que contó al Disraeli entre sus afiliados.

(37) Para ampliar todos estos datos puede consultarse la obra de Antonio de Montoliu, op. cit., págs. 45-59 y Josep Mª Poblet, op. cit., págs.. 21-23.

(c) Ernesto Mià - infokrisis - infokrisis@yahoo.es  - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducicón de este texto sin indicar procedencia.

La pasada autoritaria inevitable: de la monarquía inútil a la República Presidencial

Infokrisis.- Los más amantes de la libertad somos sin duda los que hemos experimentado su privación, por tanto podría parecer paradójico que nosotros, que hemos conocido la prisión y el exilio por motivos políticos, seamos quienes defendamos ahora una necesaria “pasada autoritaria” para el próximo futuro. De hecho, la libertad solamente puede ejercerse en condiciones de “normalidad” y, en las actuales circunstancia, la “normalidad” es algo que pertenece al pasado, casi como un recuerdo de otro tiempo. No digamos ya al futuro. Vivimos una situación de EXCEPCIONALIDAD y ante situaciones de este tipo hacen falta medidas excepcionales, actitudes excepcionales y reformas excepcionales.

A medida que se profundiza en la crisis crece la sensación de que vivimos momentos excepcionales.
No son momentos, pues, en los que todos podemos alegremente opinar, en donde cualquier solución que cuente con un respaldo electoral suficiente puede ser aplicada, sino el momento en el que las riendas deben ser entregadas a técnicos y expertos. Eso, o de esta crisis no nos salva ni dios.

1. Un largo período de declive previo

Durante décadas hemos vivido un proceso de socavamiento de todos los valores y estructuras de las que había vivido nuestra sociedad hasta no hace mucho. El proceso empezó en los años sesenta y ha proseguido inexorable hasta hoy.

Poco a poco han ido cayendo las estructuras tradicionales de las sociedades occidentales y no han sido sustituidos para nada sólido: la familia se ha ido disolviendo y cada vez más ha perdido su papel de “célula base de la sociedad”; la religión tradicional se ha perdido y es hoy objeto de minorías pero la mala noticia no es esa, sino que no ha sido sustituido por un sistema orgánico de valores éticos y morales, sino por vaguedades y valores finalistas de un lado y por supersticiones de otro. Los valores economicistas se han convertido en la única preocupación a medida que el sistema económico y la inestabilidad hacían obligaban a que el individuo se preocupara cada vez más de cómo ganarse la vida y como salir adelante, él y los suyos.

El Estado ha ido cayendo progresivamente en manos de corruptos y corruptores y, hoy, cualquier parecido con una democracia digna de tal nombre es pura coincidencia. Partidocracia y plutocracia son las calificaciones que mejor le cuadran. La educación se ha hundido desde principios de los años 70 y cada vez de manera más irreversible. La universidad se ha afianzado cada vez más en su papel de fábrica de futuros parados o de mileuristas en precario. Todo esto, naturalmente, sin hablar de la quiebra ecológica (que se aproxima a su límite) y de un urbanismo salvaje que cada vez construye ciudades más inhabitables y hostiles. Y no encontraríamos dificultades en seguir enunciando conflictos que ahora, ya, están llegando a su límite.

Más allá de ese límite no existe sino el colapso del sistema político-económico-ecológico-social. Estamos a punto de llegar a ese punto y, probablemente, cuando se perciban las dimensiones de la crisis económica y la imposibilidad de salir del agujero negro del endeudamiento y la contradicción entre una marcha atrás necesaria y la imposibilidad de emprenderla sin cuestionar las bases mismas del sistema capitalista, entendamos que la situación no tiene salida.

2. Elecciones para tiempos “fáciles”: cortoplacismo

Las elecciones partidocráticas sirven para renovar la representación en los órganos legislativos y en el ejecutivo. Son útiles cuando un partido no ha estado a la altura de su tarea y es preciso aplicar rectificaciones y correctivos, entonces entra otro partido para aplicar soluciones, de la misma forma que cuando una camisa tiene una pequeña mancha, se la coloca en la lavadora y sale como nueva. Pero el problema hoy, es que esa camisa, no tiene sólo una pequeña mancha, sino que está completamente desgastada, con las costuras a punto de romperse, con el paño hecho girones, manchada una y mil veces hasta haber perdido la memoria de su color originario. Así está nuestro actual sistema global. Unas simples elecciones no bastarán para aplicar las medidas urgentes e ineludibles que se precisan.

Desde los orígenes de la democracia en España (1978), los partidos han venido pensando sólo en agendas a cuatro años vista. Ni al poder ni a la oposición les interesa mucho nada que se sitúe más allá de los próximos cuatro años que son, a fin de cuentas, los que van a estar en el poder. En estas circunstancias ¿para qué van a planificar a 8, 12 ó 16 años vista, cuando el país y los propios partidos mayoritarios los dirigirán otras personas y los actuales cuadros bastante tendrán con disfrutar de los pingües beneficios obtenidos –quizás legal, pero siempre ilícitamente- procedentes del tiempo en el que “tocaron poder”?

Las estructuras democráticas tal como han sido concebidos en la actualidad, son eficaces en los tiempos “sin historia”, nunca en los tiempos en los que la historia se acelera y se precipitan las crisis. Éste es uno de ellos
. En las actuales circunstancias, la salida a la crisis no puede dejarse en manos de un patán ignorante en economía como ZP que ha elegido a una ministra fashion por el simple hecho de que, al no entender ella tampoco absolutamente nada de economía, no cuestionará las decisiones tomadas desde La Moncloa, decisiones, por supuesto, adoptadas siempre por motivos electoralistas.

3. De los “floreros” a la fuga de los expertos

Lo más triste de la situación actual es que el PSOE, pero más en concreto quien marca el ritmo y quien ha sustituido a la sigla histórica por la suya, ZP, es que las “ministras de cuota”, sin excepción, se han demostrado como el más increíble fiasco de la historia democrática de España y como meros floreros. Si hay alguien que ofende a la dignidad de la mujer, que coloca mujeres en puestos clave, no tanto por su preparación sino como guiño al 50% del electorado, ese es ZP.

Y lo más terrible es que en España existen mujeres suficientemente preparadas y que conocen mucho mejor los problemas reales del país, que los “floreros” colocados por ZP. El problema es que en el entorno ingenuo-felizote, sin la más mínima solvencia intelectual, sin más ambición intelectual que la de atenerse a lo políticamente correcto, nadie, ningún técnico, ni experto, ningún profesional preparado, encaja. Más bien ocurre lo contrario: cuando un presidente se cree capacitado para exponer en materia de energía nuclear su opinión, a despecho de la de los técnicos, éstos prefieren alejarse y el entorno del presidente ZP queda vacío de opiniones autorizadas y relleno sólo con ministras que no conocen nada de defensa, de transportes y comunicaciones, de sanidad, de cultura o de economía… O simplemente por tontas de baba al estilo de la Aído cuya presencia en el gobierno, califica por sí mismo, el entorno del zapaterismo.

4. De esta no se sale con otra convocatoria electoral…

Los dos grandes partidos, los únicos que con el sistema de listas cerradas y bloqueadas, pueden gobernar el país, se parecen demasiado como para que las políticas aplicables de uno a otro se diferencien excesivamente. Donde unos dicen Malesa, Filesa y Time Export, los otros dicen Operación Gürtel; donde unos proponen como necesaria la entrada de Turquía en la UE, los otros opinan justamente lo mismo; donde unos entreabrieron las puertas a la inmigración, los otros las abrieron completamente; allí en donde unos desde el poder conceden dinero público a los sectores que han generado la crisis (banca y construcción), los otros protestan en realidad por no haber podido ser ellos quienes apliquen esas medidas. Unos se oponen a los otros cuando no son poder, pero cuando acceder al poder hacen justamente lo mismo que lo que criticaban… Y todo ello, siempre, eternamente, con una agenda a cuatro años vista. Nunca a más. Y esta crisis precisa planificación a largo y medio plazo. Si no hay este tipo de planificación, no habrá salida posible, ni dentro de dos, ni dentro de seis años, aunque Zapatero haya pasado al basurero de la historia.

Los problemas de nuestra civilización y de nuestro momento histórico son excesivos como para que pueda salirse de ellos sin un proceso de concentración del poder, de poder ejercido por técnicos y expertos de indudable capacitación profesional, pero también de entrega, responsabilidad y patriotismo, que actúen por encima de los intereses partidistas de los gobiernos.

Hace unos años nadie en España planteaba la cuestión de la cadena perpetua. Nuestra constitución la había proscrito. Ahora, la cadena perpetua es una exigencia unánime de la sociedad y ya muchos empezamos a pensar si no sería cuestión también, a la vista de cómo están las cosas, de restablecer la pena de muerte para delitos de gravedad excepcional, actos de traición y corrupción, acción de las mafias de la droga y delitos de terrorismo con derramamiento de sangre.

De seguir así, en pocos años, muchos empezarán a sostener la necesidad de paredones improvisados y juicios sumarísimos.

5. El papel de la monarquía en esta España en crisis

Es lo normal de las crisis: después de años de una lenta degradación, a medida que se profundiza en ella, la velocidad de caída va acelerándose hasta alcanzar una curva asindótica negativa. Y de esta solamente se sale a través de lo que hemos definido como una “pasada autoritaria”: esto es, de un período en el cual la población renuncie voluntariamente a elegir a un gobierno cada cuatro años, para aceptar que el poder esté gestionado por técnicos y expertos y nunca más por amateurs, aficionados, ministras de cuota o gobiernos de telegenia, marketing y buen rollito…

La constitución de 1978 atribuyó a la monarquía un papel de representación alejado de cualquier poder real. Era el tributo que la oposición democrática pagó al franquismo sociológico: un rey para evitar que la izquierda pudiera alardear de “ruptura”, pero un rey sin poder. ¿Y para qué sirve un rey sin poder? Las alocuciones de fin de año son un pobre capítulo de buenas intenciones ofrecido regularmente cada navidad, pero sin valor real. Por lo demás, Juan Carlos I tampoco tiene excesivo interés en nada más que sea mantener la corona y cederla a su hijo primogénito en herencia. El resto, no parece interesarle mucho. Un plotter sanciona las leyes aprobadas por el parlamento. Esos son todos sus poderes.

Una monarquía así concebida es una monarquía inútil. Y lo que es peor, resta la posibilidad de que existe un “poder” central situado por encima de los partidos que tenga voluntad de ejercer sus prerrogativas. La existencia de ese poder sería el que en las actuales circunstancias tuviera capacidad para recusar a ZP como presidente del gobierno. Si la sigla PSOE ha obtenido una mayoría que gobierno el PSOE… pero no el incapaz que está al frente del PSOE. Y si la gestión del gobierno sigue sin ser eficaz, tiene que haber un poder superior que obligue a la convocatoria de nuevas elecciones.

6. De la monarquía inútil a la República Presidencial


Sí, estamos defendiendo que España se transforme –lo antes posible- en una República presidencial. El añadido “presidencial” es importante. No se trata de tener un presidente sin capacidad para el ejercicio real del poder, sino de un presidente que esté por encima de la lucha de los partidos y de sus mezquindades y tenga prerrogativas de ejercicio de poder real.

Hasta ahora siempre habíamos defendido que la dicotomía monarquía-república era un tema secundario que afectaba poco a la población y ante el que la inmensa mayoría de los ciudadanos parecía completamente indiferente, por tanto, no valía la pena “tocarlo” como elemento de agitación política. Sin embargo la profundidad de la crisis nos ha inducido a cambiar de criterio: una monarquía que carece de poder y que es solamente una cáscara sin vida, no tiene ya sentido. Diferente hubiera sido que la monarquía reivindicara en algún momento prerrogativas, que tomara la iniciativa ante según qué problemas (la larga agonía del felipismo duró cinco años y ZP logró el poder en 2004 sobre 192 muertos y en 2008 sobre la gran mentira de la inexistencia de la crisis), que vetara decisiones que lesionaban visiblemente a la sociedad, que hiciera constantes declaraciones públicas y que utilizara sus prerrogativas constitucionales para inducir cambios en la línea política de los gobiernos. Esa monarquía se hubiera ganado el jornal y el respeto de la población, más allá de la prensa del colorín, de las bodas y los bautizos convertidos en única actividad pública de una institución ya caducada. No queremos un presidente del gobierno con las mismas atribuciones y cuyo único aliciente sea su cambio de cara cada cinco años.

7. El problema de fondo: Autoridad para establecer un Orden

La situación actual es de tal gravedad que es preciso recuperar la idea de un Poder capaz por sí mismo de generar Orden, a la vista de que tenemos un simulacro de poder incapaz de sacarnos del caos.

No es hora de plantear si república o monarquía, sino de proponer una República Presidencial con un presidente elegido democráticamente y situado por encima de los partidos políticos y dotado de poderes reales de veto, disolución de las cámaras y elección de jefe de gobierno. A eso le llamamos un “poder real”, frente a la ausencia de poder y a la sumisión a las necesidades marketing de los gobiernos.

¿Bastaría una República Presidencial para sacarnos de la crisis? Sería necesario, pero no suficiente. Los períodos de reconstrucción (y aquí es todo un mundo el que hay que reconstruir: la noción de poder, la vertebración del Estado, la estructura económica de España, su encaje con la UE, la transmisión de valores, el sistema educativo, el desenganche con la globalización) requieren de una palabra: planificación. Nunca como hoy se ha precisado alejarse tanto de la economía neo-liberal que proscribe cualquier forma de planificación e intervención del Estado.

De hecho, los años de la globalización han arrinconado al Estado. Éste ha debido ceder parte de sus competencias en materia económica a organismos internacionales y ve limitado su margen de actuación por múltiples estructuras supranacionales y acuerdos suscritos con otros países. Estamos en un momento en el que el Estado-Nación todavía no ha desaparecido, pero ha entregado parte de sus atribuciones a estructuras supranacionales. A fin de cuentas, eso es la globalización. Pero el proceso todavía no es imparable. El Estado-Nación sigue teniendo atributos, recursos, estructuras de poder que puede utilizar a condición de tener voluntad política. Se trata, simplemente, de ejercer esa voluntad. Y en ocasiones de ejercerla brutalmente, pues muy frecuentemente, cuando los cánceres hacen metástasis, no queda más remedio que aplicar el bisturí o lo que se llama “procedimientos agresivos” si de lo que se trata es de recuperar la normalidad.

No creemos que la sustitución de un régimen monárquico huérfano de poderes reales por un régimen republicano presidencialista bastara sólo para regenerar el país. Hace falta algo más: un giro radical en las orientaciones políticas, económicas, sociales y culturales de un país. Y hay que llamar a las cosas por su nombre: un mínimo concepto de Orden no puede reconstruirse sin que le acompañe de cerca el concepto de Autoridad. Cuanto mayor sea la Autoridad, mayor será la estabilidad del Orden constituido. Y quien dice autoridad, dice aceptación de la responsabilidad que implica el ejercicio del poder: sin miedos, sin más limitaciones que el bien público, las necesidades del momento y una ética y una moral rigurosa. ¿La ley es una limitación al poder? Claro que lo es… en situaciones normales. En situaciones de crisis generalizada, la ley va muy por detrás de las necesidades de la población, por tanto no es la referencia suprema. Lao-Tsé lo tuvo muy claro en el siglo VI antes de JC cuando escribió: “La justicia es como el timón, hacia donde se le da, gira”. El timón es importante, pero la voluntad del timonel y su pericia para llegar a puerto, lo son todavía más.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com



Aribau: buceando en los orígenes de la Renaixença (I de IV)

Infokrisis.- La tesis de este pequeño trabajo es que, Bonaventura Carles Aribau, considerado como el punto de arranque de la Renaixença catalana, permaneció durante toda su vida completamente ajeno a cualquier idea catalanista y participó en su juventud de la actividad de las sociedades secretas carbonarias que operaban en España. Este dato no es desdeñable a la vista de que otros patriarcas del catalanismo o del republicanismo catalán, eran cambien miembro del carbonarismo, sin olvidar que la primera asociación cultural catalanista, Jove Catalunya, tenía profundas raíces carbonarias.

Así pues, este trabajo puede considerarse como un intento de establecer si existieron ligámenes y hasta qué punto fueron profundos, entre el carbonarismo y la primera generación catalanista, todo ello tomando a Aribau y su Oda a la Patria como excusa.

I. Y en aquel tiempo, nació Aribau…

A pesar de que Bonaventura Carles Aribau i Farriols nació en los últimos años del siglo XVIII, su vida es propia de un liberal del XIX. Nace en un momento en que los ideales de la Revolución Francesa han eclosionado, cuando la Revolución Americana ya está más que consolidada y los EEUU en plena expansión. Hacía poco que la “Guerra Gran” había concluido y ya se había firmado el Tratado de San Indefonso.

En aquella ocasión, los misioneros jacobinos procedentes de Francia multiplicaron sus campañas de agitación en Catalunya, cosechando un rechazo general. En aquel momento (1793), la Convención francesa declaró la guerra a España e invadió Catalunya y Euzkadi. Sin embargo, una oleada de fervor patriótico –impensable hoy- recorrió Catalunya (1). Pérez Bustamante lo describe así: “El entusiasmo de la España católica y monárquica para luchar contra la Francia revolucionaria fue extraordinario: de todas partes afluían donativos y soldados voluntarios”. Ángel Osorio y Gallardo da cuenta del mismo clima con unas pocas pinceladas: “Los obreros de una fábrica de Barcelona ofrecieron parte de su salario para contribuir a la defensa de nuestra sagrada Religión, de nuestro Augusto Soberano y de sus Estados” (2)  y para Nicolau d’Olwer, independentista y miembro de la asociación de extrema-derecha catalanista Palestra en los años 25-36, fue luego ministro español de economía y unos de los defensores del Estatuto de Autonomía, es decir, una fuente poco sospechosa que reconoce que se trató de lo que define como “primer acto de españolismo de los catalanes” (3), algo que refrenda otro historiador catalanista, Ferrán Soldevilla cuando escribe: "Catalunya comparte los sentimientos del pueblo español, combate sin ninguna aspiración de reconquista autonómica, no siente, en ninguno de sus estamentos o de sus hombres la más tenue vacilación, ante la oportunidad que, para recuperar la libertad, le ofrezcan las insinuaciones, las esperanzas y hasta los proyectos de los revolucionarios” (4).

Habían transcurrido apenas 75 años desde 1714 y al pueblo catalán de aquel momento parecía no importarle absolutamente nada la abolición de la Generalitat y la integración en el proyecto nacional-borbónico. De hecho, el período que va desde 1714 hasta la Oda a la Patria es muy molesto para los historiadores nacionalistas porque no se perciben rastros documentales de que existiera mucha oposición a la “españolización” de Catalunya. Es más, en los poemas, canciones y aucas que se publicaron en aquel momento para excitar a la resistencia contra los jacobinos, el catalán es el idioma dominante sin discusión (5), lo que deja pensar que, contrariamente a la versión oficial (que alude a su desaparición) seguía utilizándose en manifestaciones públicas… a favor de España.

Los sucesos se desarrollaron rápidamente: el general Ricardos penetró con fuerzas catalanas en el Vallespir y el Rosellón en donde los españoles fueron recibidos como libertadores y siguieron avanzando hasta las puertas de Perpiñán, interrumpiendo la ofensiva y generando desánimo en los habitantes de la zona que… después de 150 años de dominio francés seguían sintiéndose incómodos tanto en la República Francesa como antes durante la monarquía.

La detención de los tropas de Ricardos permitió la contraofensiva francesa y su ocupación de Ripoll, Camprodón, Androrra y Arán, hasta la fortaleza de Figueras donde murió el Capitán General Conde de la Unión que había resucitado los somatenes armados disueltos por el Decreto de Nueva Planta. Su sucesor, el general Urrutia, convocó una Asamblea General del Principat que acordó la formación de los Tercios de Catalunya y pasó de nuevo a la ofensiva entre un redoblado entusiasmo popular que se manifestó en las donaciones dadas por particulares para mantener este cuerpo. A la altura del río Fluviá, Urrutia logró frenar la vestida francesa y forzar la Paz de Basilea (1795) por la que Francia restituía todo el terrero ocupado a cambio de algunas ventajas económicas y de la mitad de la isla de Santo Domingo.

A este pacto siguió el tratado de San Ildefonso que alió estratégicamente a España en la órbita de Francia, lo que supuso desde el primer momento un desastre para España (ataques ingleses en las colonias, destrucción de la flota en Tafalgar, etc.).

Luego llegó la guerra abusivamente llamada “de la independencia”. En realidad se trató de distintos conflictos unos situados dentro de otros. En realidad, la insurrección de las clases populares el 2 de mayo en Madrid adquirió las características propias de una protesta social muy similar a los motivos que se habían producido anteriormente (el llamado “motín de Esquilache”, el de Aranjuez y otras algaradas similares), sólo que, en esta ocasión, el elemento más odioso era la presencia francesa. Sin embargo, el 2 de mayo no tuvo ni el concurso de la inmensa mayoría del ejército (salvo el episodio de Daoiz y Velarde), ni de la burguesía, ni de la aristocracia, que censuraban desde sus ventanas del Madrid de los Austrias los incidentes. Luego, la intervención inglesa, persistente a lo largo de la contienda hizo que en buena medida Francia e Inglaterra dirimieran sus diferencias también en España y, después de Bailén, las grandes batallas de la guerra fueran protagonizadas por tropas inglesas.

Lo sorprendente es que solamente en Catalunya la “guerra contra el francés” adquirió tintes comunitarios. En Barcelona, las clases populares, los menestrales, las aristocracia, tomaron partido casi unánimemente durante toda la guerra en contra del ocupante (a diferencia de en Madrid en donde, tras el estallido del 2 de mayo no hubo resistencia significativa, sino que se instauró la corte de José I sin grandes problemas). La insurrección catalana se inició en Lleida, se extendió luego a Barcelona y a Girona. Fue precisamente de camino a Lleida para sofocar la rebelión cuando se produjo la derrota francesa del Bruch a manos de somatenes de la región. Otro episodio similar tuvo lugar en el Ordal con tropas francesas que intentaban alcanzar Tarragona.

Cuando el 18 de junio de 1808 se articula la resistencia en torno a la Junta Superior de  Catalunya lo hacen en nombre de España y de Fernando VII. Napoleón intentó instigar el nacionalismo y el regionalismo ofreciendo la incorporación de Catalunya a Francia y el libro uso del catalán en lo que se dio en llamar “política fraacesa de captación”. Napoleón en su correspondencia dejó escrito incluso que su intención era incorporar Catalunya a la corona francesa algo que solamente pudo hacerse tardíamente el 26 de enero de 1812. El Principat fue dividido en “departamentos”. Pero… el catalán que hasta ese momento había sido tolerado por los franceses en virtud de su “captación”, fue por primera vez proscrito e incluso se intentó la penetración del francés. No hubo nada que hacer. Salvo la colaboración interesada de individualidades pertenecientes siempre a la alta burguesía y a la aristocracia ilustrada, ni menestrales, ni burgueses, ni clases populares, aceptaron el dominio francés como demuestra la famosa conspiración del Día de la Ascensión y los fusilamientos y las protestas que siguieron. Inútil recordar la resistencia numantina de Girona con sus dos “sitios” y la resistencia de Tarragona, sin olvidar que el mito heroico de la contienda, por excelencia, fue la figura de Agustina Zaragoza i Domenec, nacida en Barcelona y alma de la resistencia zaragozana.

En la noche del 27 y 28 de mayo de 1814, las tropas francesas evacuaron Barcelona tras seis años de ocupación. Llevaban la bandera borbónica para evitar represalias de la población civil. Durante la ocupación, las tropas francesas habían creado algunas logias masónicas a la que en el último período accedieron a iniciar a barceloneses. Sin embargo, la impopularidad del ocupante, por sí misma, explica el hecho de que al retirarse los franceses no quedara ni rastro de estas logias e incluso que la masonería tuviera en la Ciudad Condal mala fama durante muchas décadas.

Con estos datos el cuadro de la Catalunya que vio nacer a Aribau se completa: no había ni rastro de nacionalismo ni de regionalismo, se hablaba y se escribía en catalán. No existía ningún elemento objetivo que permitiera pensar que todavía quedaran cicatrices de los episodios de 1714, ni que existieran rastros de un regionalismo, ni siquiera del foralismo anterior, ni tensiones antiespañolistas ni antimonárquicas. No es por casualidad que algunos historiadores hayan afirmado que el siglo XIX fue el gran siglo español de Catalunya y que ésta misma época sea observada con desconfianza por los historiadores catalanistas.

En el momento en que Aribau escribe su Oda a la Patria no hay rastros de reivindicación regionalista en el horizonte.

II. La pre-Renaixença

La obra de de Josep Mª Poblet, Aribau, i abans i després (6) tiene la virtud de ser, así mismo, poco sospechosa: publicada durante el franquismo (1963) dentro de una editorial que difundía textos catalanistas abunda en detalles biográficos y, al mismo tiempo repasa, en su primer capítulo la situación de la literatura catalana “antes” de la llegada de Aribau. El autor, arrastrado por cierto prurito patriótico-catalanista no puede evitar quedar en evidencia en algunos momentos.

En el segundo párrafo del capítulo I aborda la letanía: “Després de 1714, les lletres catalanes tingueren una gran devallada”, para luego añadir a continuación: “La veritat és que abans d’aquesta data, el panorama no s’albiraba gens esperançador. Barcelona era una ciutat poc menys que somorta. Els seus habitants romanien aclofats, reclosos, en el Cercle emmurallat” (7). Así pues, la realidad es que ya antes de 1714 el panorama no era “muy esperanzador”.

En realidad, las escasas muestras de literatura catalana antes de 1714, al menos las de mayor calidad, se habían producido en el territorio del antiguo Reino de Valencia. El catalán era el idioma que se hablaba  en el Principat pero no había generado hasta ese momento una literatura remotamente parecida a la castellana. Josep Mª Poblet rebaña en la historia de la literatura catalana anterior a Aribau y anterior a 1714 y todo lo que encuentra se puede resumir en apenas 10 páginas. Del Medievo no queda nada salvo los “Misterios”, representaciones devotas de las que aún quedan rastros en la Comunidad Valenciana: el Misteri d’Elx, El Miracle de Sant Vicenç Ferrer o el Jesuset de Sant Cristofol.  Antes solamente hay rastros del uso literario del catalán en las Homilías de Organyà (finales del siglo XI), en las obras de Llull (siglo XIII) y Ausias March (siglo XV) y en el Tirat Lo Blanc de Joanot Martorell tan apreciado por Cervantes que es de los pocos libros que salva de la quema de El Quijote.

A decir verdad el “gran siglo” de la literatura catalana no se genera sobre el territorio de los condados catalanes sino en el siglo XV en el Reino de Valencia. Luego, la literatura que florece sobre el territorio del Principat es muy escasa y sin ambiciones. Habitualmente se trata de obras de teatro y sainetes muy ligeros. En 1700, por ejemplo, el Rector de Vallfogona (de apellido poco catalán, García) escribe una obra dramático-religiosa prácticamente imposible de representar en el teatro por su duración y complejidad.

A partir de ese momento se inicia una larga decadencia que va arranca desde el siglo XVI y que se prolonga oficialmente hasta 1833, fecha de la publicación de la Oda a Catalunya de Aribau. Pero, a decir verdad, a poco que se examine la marcha de la literatura catalana posterior a 1714 se ve claramente que no tiene grandes diferencias con la que existió en los 200 años antes. Tanto inmediatamente después como en los siglos anteriores, abundan las obras de carácter religioso, demostrando que en este terreno poco había cambiado: La Passió de Fra Anton de Sant Jeroni y los dramas que estrena Joan Ramis en Menorca, a cual más truculento.

En 1788 en el Rosellón se estrena El Café de Barcelona, un sainete de Ramón de la Cruz, de carácter bilingüe que será representado en Barcelona en el teatro de la Santa Creu (hoy teatro Principal en las Ramblas). Ignasi Sobravia estrena en esa época otra pieza cómica: Comedia del famós i divertit Carnestoltes.

En el período en el que Aribau es un adolescente emerge una figura estrafalaria, actor histriónico, agitador político, escritor irreverente, vinculado a sociedades secretas liberales y conspirativas: Josep Robreño a quienes algunos han presentado como el verdadero estimulador de la literatura catalana en su aspecto teatral. Avelí Artís confirma que “el mèrit del ressorgiment del Teatr Català, més que a Frederic Soler, es devia a Josep Robreño” (8).

Robreño era, sin duda, un tipo excepcional. Los que lo conocieron lo describen como de muy corta estatura, gordo, barrigón y cuellicorto, que se comportaba habitualmente como un verdadero histrión. Todos loan su vis cómica y Joan Amadés (9) lo sitúa delante del Teatro Principal, en las Ramblas, justo en donde hoy se encuentra la estatua a Frederic Soler (a) “Serafí Pitarra”, arengando a las masas insurgentes que, tras una desgraciada corrida de toros en la plaza de la Barceloneta habían asaltado la Capitanía General, asesinado al capitán general en la “bullanga” de 1835. Robreño excitó a las masas y les invitó a subir por las Ramblas y quemar “los centros del oscurantismo”. Así ardió buena parte del patrimonio gótico de Barcelona (10). Entre este detalle (no desde luego desdeñable, porque todavía hoy se sospecha que determinadas organizaciones secretas instigaron esa “bullanga”) y que Robreño era, habitualmente, alguien muy definido políticamente por los contenidos de sus obras, hay que situarlo forzosamente dentro de una de estas tres asociaciones: la Sociedad de los Caballeros Comuneros, la Sociedad Carbonaria o la franc-masonería que ya por entonces se identificaban con el liberalismo anticatólico y con el socialismo utópico. Debió ser en función de esta militancia que arengó a las masas en 1835.

Hijo de menestrales, Robreño, nacido en 1780, siguió el oficio de carpintero como sus padres. Sin embargo en 1811, en plena guerra de la independencia, se aficionó al teatro y realizó sus primeros papeles cómicos que alternaba con la redacción de panfletos y escritos antifranceses. El físico le acompañaba y nada más salir al escenario el público, muy benévolo, estaba dispuesto a reír. Además solía publicar aucas, novelas y panfletos en los que solía confirmar su vocación del liberal constitucionalista y su anticlericalismo. Su comedia más conocida es Lo sarau de la Patacada (11). El estilo de Robreño es irónico, utiliza los giros del pueblo llano, no tienden a resaltar la belleza de una rima, sino a buscar la carcajada más estruendosa. Solía atacar con aña a sus rivales y no se preocupaba mucho de deformar la realidad si ello le convenía. Por lo demás, su estilo era ingenio y directo, utilizaba un lenguaje que era el propio de las clases populares barceloneses de la época (12).

Debió ser después de la guerra de la independencia cuando asumió ideales de carácter liberal y exaltado que le llevaron a la prisión y al exilio hasta la amnistía de 1832. Tras su participación en la bullanga de 1835, conoció nuevos problemas judiciales, pero siguió su carrera como actor, comediógrafo y polemista sin grandes dificultades hasta 1838 cuando, en el curso de un viaje a Cuba, su navío embarrancó y tanto él como su mujer murieron de sed. Robreño fue considerado como el máximo exponente liberal entre los autores teatrales de su tiempo y entre los autores ligeros de sainetes y comedietas populares (13)

Se habla poco de Robreño en los manuales de literatura catalana. Tenía un problema: era bilingüe. Era capaz, incluso, en una misma comedia, de alternar catalán y castellano.  Y de la misma forma que en el movimiento gay se tolera malamente a los heterosexuales, entre catalanistas es de mal todo alternar ambos idiomas. Esa ligereza lingüística le ha valido a Robreño un olvido casi absoluto, tenuemente roto por la concesión anua de un premio de teatro que lleva su nombre.

Robreño suele ser encuadrado dentro de lo que se ha dado en llamar pre-Renaixença, junto al mataronés Antoni Puigblanch, otro liberal que moriría exiliado en Londres o Josep Renart i Arús, otro exponente del constitucionalismo, del que Comas Pujol dice que cuando querían escribir “en serio” lo hacían en castellano (14). Puigblanch (así firmaba sus libros y artículos pero su verdadero nombre era Antoni Puig i Blanch, era hebraísta (15) y siguió estudios eclesiásticos que abandonó. Se declaró liberal y fue expulsado de España radicando en Londres en donde siguió escribiendo material gramatical en catalán y algún problema en este lengua. Sin embargo, también aquí, cometió “pecado de bilingüismo”, escribiendo sus grandes libros (Inquisición sin máscara y Opúsculos gramático-satíricos) en castellano. Víctor Balaguer afirma que Puigblanch “fou el primer que al segle XIX assajà a donar vida literaria a la Llengua catalana” añadiendo que se atribuyó a otros la gloria literaria que merecía sólo Puigblanch (16). Se suele loar su obra Les Comunitats de Castella como el primer producto literario catalán de gran nivel, dirigido a “gente preparata” y a eruditos (17)

Hubieron más autores (Manuel de Montoliu dedica todo un libro a la figura de Aribau y al movimiento cultural y literario catalán que le precedió) que se expresaron en catalán, pero también en castellano. Carecían pues de prejuicios lingüísticos. Eran partidarios de dirigirse al público “popular” en catalán (pero no sólo en catalán, sino también en castellano), mientras que las obras a las que pretendían dar cierto “empaque” las redactaban en castellano. Da la sensación de que a principios del siglo XIX, nadie atribuía particular interés a la cuestión lingüística, sino más bien a los contenidos.

Llama la atención el que fue parte de estos autores son liberales exaltados que conocen las incomodidades del exilio por sus ideas políticas. Dos de ellos –Robreño y Puigblanch- son agitadores liberales en un tiempo en el que “ser liberal” iba necesariamente parejo a pertenecer a alguna “sociedad secreta”. Y sólo había tres (eso sí, divididas en múltiples tendencias): la masonería, el carbonarismo y la Sociedad Comunera. La primera conclusión que se impone es:

- hubo literatura catalana antes de Aribau;

- la primacía de Aribau como autor del pistoletazo de salida de la Renaixença es discutido por varios autores;

- no existía problema lingüístico en Catalunya en aquel momento. Un mismo autor se expresaba en el idioma que creía más conveniente para hacer llegar su mensaje

- y buena parte de los literatos catalanes de aquella época estaban ligados políticamente a corrientes liberales y conspirativas.

Parte II de III

III. Aribau, presunto carbonario

IV. Gaspar de Remisa y el encargo

V. Una vida de liberal ajeno al catalanismo
Parte III de III

VI. La Sociedad Carbonaria en España

VII. Del fin de la carbonaría al nacimiento de Jove Catalunya

VIII. Abdón Terradas carbonario y republicano

IX. Algunas conclusiones

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.


Notas a pie de página

(1) Otra historia de Catalunya. Marcelo Capdeferro. Ediciones Acervo. Barcelona 1986, pág. 80.

(2) Historia del pensamiento político catalán durante la guerra de España con la República francesa. Ángel Osorio y Gallardo. Madrid, 1913, pag. 23.

(3) Resum de literatura catalana. Nicolau d’Olwer. Barcelona, 1927, pág. 96.

(4) Citado por M. Capdeferro, op. cit., pág. 381.

(5) Véanse estos fragmentos rescatados por Capdeferro:

“¿Qué pensavas, tal vegada / gabaig, que Espanya dormía / perque ses tropas tenía descansant dins l’estacada?”, publicado inicialmente en El Diario de Barcelona de 19 de diciembre de 1793.

“Vallespir, Roselló, la França entera / Del valor español lo excés admira: / Ya espera resistir, ya desespera // Ya brama contra el Cel, però delira: / Que lo cel es qui vol que torne a Espanya / Lo Rosselló, Navarra y la Cerdanya”, publicado en El Diario de Barcelona el 1 de octubre de 1792, titulado “Soneto Catalá”.

(6) Aribau i abans i després, Josep Mª Poblet, Rafael Dalmau Editori, Col.lecció Episodis de la Historia, nº 47, Barcelona 1963.

(7) Aribau…”, op. cit., pág. 7. Traducción: “Después de 1714, las letras catalanas tuvieron un gran descalabro”… “La verdad es que antes de esta fecha, el panorama no veía nada esperanzador. Barcelona era una ciudad poco menos que mortecina. Sus habitantes permanecían recluidos, en el recinto amurallado”

(8) Citado por Josep Mª Poblet, op. cit., pág. 11. Traducción: “el mérito del resurgimiento del Teatro Catalán, más que a Federico Soler, se debía a Josep Robreño”.

(9) Historia de Barcelona, Joan Amadés, Ediciones 29, Barcelona 1983, vol. I, pag. 293.

(10) En nuestra obra Guía de la Barcelona Mágica (Martínez Roca, Bacelona, 3ª Edición, Barcelona 2008), hemos aludido ampliamente a estas destrucciones que afectaron especialmente a los conventos que se encontraban en las propias Ramblas (el de los trinitarios, el de los jesuitas) y luego cerca de la catedral, el convento de Santa Caterina, joya del gótico catalán, en donde hoy se sitúa el mercado del mismo nombre.

(11) El “ball de la Patacata” era un local de moda en la primera mitad del siglo XIX, que estuvo en la calle Tapies antes de que ésta sufriera una degradación a finales del siglo XIX y hasta finales del XX, previa a su desaparición.

(12) La biografía de Josep Robreño puede leerse en http://ca.wikipedia.org/wiki/Josep_Robrenyo_i_Tort, en donde entre otras cosas se reconoce que “Es pot considerar com el precursor de la Renaixença literària catalana especialment en el món del teatre.” (Traducción: “Se le puede considerar como el precursor del Renacimiento literario catalán especialmente en el mundo del teatro”).

(13) Orígenes Culturales de la sociedad liberal, Jesús A. Martínez, Biblioteca Nueva, Editorial Complutense, Casa Velázquez, Madrid, 2003. pág. 262.

(14) Gran Enciclopedia Rialp, artículo firmado por  A. Comas Pujol. Dice Comas: “Josep Robrenyo y Francesc Renart, que son en realidad sus precursores, empezaron a escribir para sesiones familiares y luego representaron sus obras públicamente. Fervientes partidarios del constitucionalismo, sus obras responden a sus ideales políticos. Los personajes, para darse a entender mejor, hablan en catalán, pero cuando desean producir una impresión de seriedad lo hacen en castellano. Josep Robrenyo (1780-1838) escribió además numerosos pasquines, proclamas, himnos patrióticos, octavillas revolucionarias, que las clases populares aprendían de memoria con entusiasmo”. http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=9229&cat=Literatura.

(15) En Viquipedia están incluidos algunos detalles biográficos de Puigblanch, entre ellos que fue catedrático de hebreo en la universidad de Alcalá, publicando Elementos de Gramática Hebrea. http://ca.wikipedia.org/wiki/Antoni_Puig_i_Blanch

(16) Citado en Aribau i el seu temps, Manuel de Montoliu, Aedos, Barcelona, 1962. pág. 81. Traducción: “fue el primero que en el siglo XIX intentó dar vida literaria a la lengua catalana”.

(17) Tal es la opinión de Josep Mª Poblet, entre otros, op. cit., pág. 14 y la de Enric Jardí que dedicó un denso volumen a la vida y a la obra de este autor: Antoni Puigblanch. Els precedents de la Renaixença, Aedos, Barcelona 1960.

¿Sigue siendo la inmigración el primer problema de España? Necesaria actualización del tema...

Infokrisis.- Desde 1999 hasta 2007, la situación estaba claro: entraban cada años un promedio de 500.000 inmigrantes, mucho más de lo que la capacidad de asimilación (hablo de asimilación, no de integración) de España se podía permitir y mucho más de lo que un crecimiento razonable de nuestra economía podía soportar. De hecho, el crecimiento del PIB en ese período tuvo que ver más con el aumento de la población (más población, más consumo, más PIB). La inmigración crecía por encima del nivel de sostenibilidad social y muy por encima de las necesidades de la economía real.

El resultado ha sido que en estos momentos tenemos a 7.000.000 de extranjeros, de los que casi dos millones no aparecen en las estadísticas: unos por ilegales y otros porque han adquirido la nacionalidad española. Aún hoy, una de las esperanzas del zapaterismo para evitar el desplome del PIB es precisamente que siga entrando inmigración… a razón de 400.000 al años. Ese fue aproximadamente el número de los que entraron en 2008 (cuando la crisis ya se había oficialmente declarado) y el número de los que entrarán en 2009.

¿Por qué la inmigración aumenta? Simplemente porque las repatriaciones (5.000 en 2008 y que no llegarán a más de 8.000 en 2009) incentivadas por el Plan de Retorno Voluntario suponen en todo el año los mismos inmigrantes que siguen llegando por el Pirineo (gitanos rumanos), por Barajas (andinos) y por Gibraltar (magrebíes y subsaharianos) en ¡una sola semana!

Sin olvidar, por supuesto, que por dura que sea la crisis en España, al menos aquí reciben un trato humano, subsidios y subvenciones para ellos y para sus hijos, asistencia sanitaria y social, educación gratuita e incluso si optan al acceso a la universidad se les rebajan las exigencias de nota… Cuarenta millones de afectos por el SIDA en África que no reciben ninguna asistencia en sus países de origen, 200.000 albinos de raza negra discriminados en sus países, millones de jóvenes magrebíes tirados literalmente en los zocos de sus países y en los arrabales de Quito, Lima, Bucaramanga o La Paz, sin la más remota posibilidad de obtener empleo y miles de menesterosos de todo el mundo, ven en los escaparates de consumo, en las coberturas sociales y en el sistema sanitario, un ideal… por mucha crisis que haya. ¡Y no digamos del “efecto llamada” que nuestro permisivo y garantista sistema jurídico-penal opera sobre la delincuencia internacional!

Así pues, no dejarán de seguir llegando inmigrantes por profunda que sea la crisis en España. Y los problemas que esta inmigración plantea se van a ir acumulando. Por este orden:

1) Son una bomba aspiradora de recursos públicos que éste país no tiene. La inmigración ha supuesto un gran negocio para la construcción y hostelería que han obtenido grandes beneficios al hundirse el precio de la mano de obra. Pero han sido un desastre para el Estado (esto es, para todos), aumentando asindóticamente el gasto social.

2) El impacto para las clases trabajadoras ha sido insuperable: han competido con ellas en salarios, han arrojado al paro a millones de trabajadores españoles, les han usurpado subsidios y subvenciones del Estado que les correspondían a ellos, a sus familias y a sus hijos (¿hay alguna beca de alimentación escolar en toda España que la cobre todavía alguna familia española?)

3) Se han agrupado en guetos marginales olvidando que en toda Europa esos guetos se han constituido como focos de conflictividad. Era la forma en que los inmigrantes defendían “su identidad”, agrupándose con los que son como ellos. Pero, finalmente, “identidad” implica “territorialidad”. Poco a poco, esos guetos irán configurándose como enclaves territoriales de otras nacionalidades.

4) Después de 10 años de trabajo intenso (contribuyendo al desarrollo hipertrófico de la construcción y de la hostelería) el paro afecta a la inmigración de manera creciente: sin esperanzas en que ni hostelería ni construcción recuperen nunca los niveles de desarrollo que tuvieron antes de la crisis y sin que la mano de obra inmigrante pueda acceder a otros sectores económicos (¿a cuáles?, por cierto)

Todo ello hace que la inmigración se haya convertido en una fuente de problemas y que el balance económico final  sea negativo: han contribuido al aumento de los beneficios de algunas patronales, pero han sido responsables de que el gasto público en materia social se haya disparado.

Mientras esta situación va acumulando un formidable potencial explosivo, a partir de mediados de 2007, empieza a aflorar la crisis económica. Si existe hoy una palabra que pueda definir el estado ánimo de las poblaciones de Europa Occidental y, más en concreto de España, esa palabra es crisis.

Da la sensación de que la crisis económica y todo lo que ello implica, han sustituido a la inmigración como primer problema percibido por los españoles en las encuestas del CIS. Y efectivamente, es así. Pero no hay que olvidar que inmigración y crisis económica están tan unidos como en otro tiempo estuvieron unidos PIB e inmigración.

Efectivamente, no hay que perder de vista que:

1) Con las actuales cifras de inmigración residente en España, no hay solución posible a la disminución del gasto público. Éste seguirá aumentando asindóticamente mientras la bomba aspiradora de recursos públicos siga creciendo. Detener el gasto público implica:

- contener definitivamente y para siempre la invasión (porque se trata de una invasión, no de una migración ordenada y en función de las necesidades del país receptor).

- repatriar a los excedentes de inmigración que llegaron anárquicamente a nuestro país y forzaron su regularización gracias a la absurda reforma Caldera de la Ley de Extranjería en 2005.

2) El paro entre españoles está –contrariamente a las voces “políticamente correctas”- ligado íntimamente a la presencia de mano de obra extranjera que trabaja por salarios menores. Cuantificándolo: 4.000.000 de parados (de los que 1.000.000 es extranjero) son 4.000.000 de inmigrantes de más. Esto implica percibir que, como máximo, la cifra de entre 1.500.000 y 2.000.000 de inmigrantes es el máximo que podría admitir la sociedad española: un 5%, el límite admitido por los sociólogos más allá del cual se inician los problemas de integración y convivencia.

3) Entre 1996 y 2007, nuestro país sufrió una transformación basada en un aumento de la actividad del sector de la construcción  y del sector hostelero. Se abarataron costes laborales (mediante la entrada masiva de inmigrantes que hicieron que aumentara la fuerza de trabajo a más velocidad que la demanda de trabajo, por lo que el coste de los salarios bajó) y se compensó la merca en los ingresos abriendo la espita del crédito: el resultado ha sido

- malo para las familias que se han visto endeudadas por cuantías superiores a sus posibilidades de pago.

- malo para las entidades de crédito que concedieron préstamos alegremente (los impagados entre inmigrantes triplican a los impagados entre autóctonos).

- malo para el Estado que creyó –estúpidamente- que el aumento de ingresos por aumento de la actividad económica duraría siempre y que el mercado laboral se mantendría siempre en alza.

4) El futuro se adivina todavía más negro que el presente: un 60% del capital financiero flotante disponible para créditos está siendo absorbido por el Estado y desviado hacia la compra de deuda pública (la inversión más segura por el momento), así pues, el Estado (a causa de su exceso de gasto público) absorbe el dinero que necesita la industria productiva (la real, no el pastelazo inmobiliario-hostelero) para relanzarse. Y esta carencia no tiene salida de ningún tipo.

Así pues, el balance de la situación es el siguiente:

- Es cierto que existe una crisis económica que ha tomado el relevo de la inmigración como focalizador de las preocupaciones del pueblo español. De hecho, el CIS informa que las tres principales preocupaciones a julio de 2009 son: paro, crisis económica y, en tercer lugar, la inmigración.

- Pero no es menos cierto que paro, crisis económica e inmigración son tres fenómenos que a la postre son el mismo: la crisis del modelo productivo español adoptado por el aznarismo y revalidado por el zapaterismo, basado en salarios bajos, hipertrofia de la construcción, aumento del peso del sector servicios y acceso fácil al crédito.

Ni uno solo de esto tres problemas tienen solución por sí mismos:

- no habrá salida posible a la crisis si no se estimula el empleo

- no habrá estimulación del empleo si no hay inversiones

- no habrá inversiones si el Estado no relaja su ritmo de endeudamiento

- no habrá disminución del gasto público si no disminuye el número de inmigrantes

En las actuales circunstancias no se puede ser muy optimista en cuanto a la evolución de la situación que, con pequeñas variantes tenderá a recorrer las siguientes fases:

1) Después del verano, la crisis económica, en tanto que crisis persistente, se revelará como depresión. Esta depresión a fuerza de persistir en los próximos 3-5 años, arrastrará una crisis social de dimensiones incalculables, especialmente porque la riada migratoria no se detendrá (no se está deteniendo)

2) Tras un período de crisis y convulsiones sociales en los que el Estado habrá superado con mucho su límite de endeudamiento, la crisis social se transformará en crisis política. Los rasgos de esta serán:

- el dislocamiento de los partidos mayoritarios que hasta ese momento hayan gobernado España (PP y PSOE) que serán considerados como responsables del proceso de profundización de la crisis.

- en consecuencia, la caída del modelo de Estado que se puso en marcha en 1978, al derrumbarse las dos columnas sobre las que mantenía su  estabilidad.

- de las convulsiones que nos quedan por delante, así como de la transformación de la crisis social en crisis política, depende la configuración de nuestro futuro.

Es importante no confundir deseos con realidades, pero es lícito suponer que con el hundimiento del sistema político surgido en 1978 se hundirán también muchos de los rasgos que le habrán acompañado:

- la intocabilidad de la monarquía y el tránsito hacia la república o al menos hacia una consulta popular sobre esta materia

- la partidocracia y la plutocracia, principales lacras del sistema político español.

- el reconocimiento del fracaso del “Estado de las Autonomías”

Así pues, todas las posibilidades y las perspectivas están abiertas en el futuro inmediato. Vamos a asistir al parto de un nuevo sistema mundial y, por supuesto, España no va a permanecer al margen de este proceso que entre nosotros revestirá características propias. Y como todo nuevo nacimiento, no podrá hacerse sino en medio del dolor, precio a todo cambio y precio exigido especialmente por culpa de quienes han hecho posible el que llegáramos a la situación actual.

Crisis económica, paro e inmigración, no son más que las tres caras de un mismo problema y no se resolverán sin antes alterar el sistema político que los han hecho posibles.

© Ernest Milà – infokrisis – http://infokrisis.blogia.com – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.

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