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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (y 14).Definición del papel de España en política internacional

a. España como frontera sur de Europa y marca anti-islámica

La geografía, la historia y los intereses nacionales condicionan el papel de España en la escena internacional.

- La geografía nos sitúa como la frontera sur de Europa, como el país más próximo de Europa Occidental a territorios africanos: es decir como frontera con otro espacio geopolítico provisto de otros ritmos de vita, otras tradiciones étnicas y otro ritmo de desarrollo.

- La historia nos indica que todo lo que ha llegado del Sur del Estrecho de Gibraltar han sido elementos conflictivos: invasión islámica en el siglo VIII y presencia durante ocho siglos de una ocupación militar que alteró la vida de los territorios mientras estuvieron ocupados, imponiendo un régimen político-religioso islámico.

Hoy, España sigue siendo la frontera sur de Europa y el interés nacional indica que se trata de asumir la experiencia histórica asumida durante 800 años y cerrar el paso al Islam salvo que se pretenda alterar profundamente el tejido social y cultural de nuestro país, transformándolo en una quimera multicultural que, finalmente, terminaría inclinándose a la voluntad del sector más intolerante: el islamismo.

Y este problema no es únicamente español, sino europeo. Por tanto, la responsabilidad de España como centinela frente al sur no supone solamente una defensa de nuestra integridad territorial, sino de la defensa y libertad de Europa. Hoy, este papel es más necesario que nunca a la vista de que puede discutirse si los contingentes llegados del sur están protagonizando una "inmigración" o más bien una invasión: esto es un proceso de sustitución cultural, étnico y antropológico y una ocupación física del territorio.

b. España como puente con Iberoamérica

Así mismo, la historia, la lengua y la geopolítica obligan a considerar a España como un puente entre Europa e Iberoamérica. Contrariamente a lo que los teóricos de la Hispanidad pensaban, el continente Iberoamericano dista mucho de ser homogéneo y se encuentran partes completamente diferenciadas. En general -y aparte el caso brasileño- Iberoamérica está fracturada en dos sectores: el que étnica, cultural y antropológicamente es una extensión de Europa y el que es, por el contrario, y aspira a seguir siendo, algo completamente diferenciado de Europa, que podemos llamar el mundo andino o el mundo indígena. Los primeros asumen como propia la herencia europea y los segundos atribuyen a esa herencia la fuente de todas sus desgracias refugiándose en un indigenismo hostil, similar a cualquier otra ideología tercermundista nacida en África o en Asia.

Ante esto es preciso ser claro: el indigenismo andino es una forma encomiable de "retorno a las fuentes" y de práctica y afirmación de una identidad concreta. Sólo que esa identidad no es la europea y, en tanto que culpabilizadora por la colonización, se afirma como adversaria. Europa y, más en concreto, España o Portugal, no tienen absolutamente nada de lo que arrepentirse ni de lo que pedir perdón por colonizar unas tierras que en el momento de la llegada de los conquistadores registraba sistemas degenerados con una irreprimible tendencia a la práctica de los sacrificios humanos masivos y con estructuras político-sociales agotados que demostraron su debilidad ante la llegada de pequeños puñados de colonizadores.

Si se acepta este punto de vista, se acepta su corolario: estrechar al máximo las relaciones con los países que aceptan sin reservas el ser hijas de la conquista hispano-portuguesa, y mantener un cordón sanitario contra aquellos regímenes indigenistas que alimentan el odio identitario contra nuestro país.

Este esquema puede trasladarse también a lo que representa la inmigración procedente de Iberoamérica en el siglo XXI: si se trata de dar cabida a inmigrantes en nuestro país, a la vista del hundimiento demográfico, está claro que quienes afluyan a Europa deben ser lo más similares a las poblaciones europeas actuales. Solamente el mito relativiza la importancia de este factor aceptando la llegada de contingentes separados por una brecha  cultural y antropológica de las poblaciones europeas y que, además, en muchos casos, llegan con presuntas reivindicaciones históricas o con resentimientos y odios latentes. El principio universal aceptado en todos los tiempos es: "lo semejante se une a lo semejante y lo semejante rechaza a lo opuesto". Y este principio debe mantenerse igualmente en política internacional en relación a Iberoamérica: apoyo, solidaridad y estrechamiento de vínculos con aquellos países que acepten el asumir los valores europeos, valores del mundo clásico y de la catolicidad de la época, rechazo a las ensoñaciones pre-colombinas y a quienes condenan la nueva etapa en la historia del subcontinente iniciada en 1492.

c. Papel geopolítico de España

Por su situación geográfica, España es:

1) Ruta avanzada y bidireccional de dos líneas de expansión: Norte-Sur y Este-Oeste.

2) Ocupa un tercio de la fachada atlántica de Europa

Mientras duró la "guerra fría" y la bipolaridad (1945-1989), aun cuando en teoría, España no hubiera estado adherida a la OTAN, en la práctica los acuerdos tejidos por Franco con los EEUU suponían una inclusión efectiva en la Alianza Atlántica a la que proporcionábamos cuatro elementos clave:

1) El control del tráfico naval sobre el Estrecho de Gibraltar, operado a través del Mar de Alborán cuya costa Sur, al independizarse el Principado de Marruecos quedó recudido a Ceuta, Melilla y las Islas Adyacentes, suficientes elementos como para asegurar el cierre del Estrecho y embotellar a la flota soviética en el estanque Mediterráneo.

2) "Profundidad" a la Alianza cuyas líneas que daban extendidas más de 1000 km con la inclusión de España. Sin esta inclusión era imposible defender Europa Occidental de un ataque soviético (real o supuesto) pues, entre la frontera Germano Occidental y el Atlántico francés de Bretaña y Aquitania, apenas existían entre 900 y 1000 km.

3) El portaviones atlántico del Archipiélago Canario situado en la ruta del Atlántico Sur, pero también en la ruta del petróleo que, desde el Golfo Pérsico bordea las costas de Africa para llegar a Europa, uno de los ejes en disputa en el mundo bipolar a partir de 1973 (primera crisis del petróleo con el cierre del canal de Suez e inicio de la era de los superpetroleros).

4) Base avanzada para la llegada de aprovisionamientos de EEUU, potencia aislada geográficamente y, por tanto, segura en el caso de confrontación bipolar, donde, históricamente se ha concentrado la producción de armamento destinado a los campos de batalla europeos durantes los dos últimos conflictos mundiales.

Ahora bien, liquidada la era de la bipolaridad, el mundo pasó a una situación de inestabilidad unipolar a cuyo fin estamos asistiendo. En esa nueva etapa, el papel geopolítica de España, lejos de atenuarse, queda realzado en la perspectiva de un mundo multipolar en el que España es la frontera Sud-Oeste de Europa y, por tanto, el puesto avanzado en las comunicaciones con tres bloques exteriores a Eurasia:

1) El Magreb, cuya evolución futura se basará en tres factores:

- Inestabilidad interior (conflicto sociales a causa de la pobreza, políticos a causa del déficit democrático y religiosos a causa de los choques entre distintas facciones del islamismo local) que pueden derivar en conflictos armados civiles.

- Presión demográfica propia y recepción de la presión demográfica procedente del Africa Subsahariana que exceden con mucho las posibilidades de integración de los Estados locales.

- Progresiva penetración de los EEUU que al verse rechazados en el territorio de la Unión Europea, intentan seguir presentes en el Mediterráneo a partir del Magreb (penetración efectiva en Marruecos y Argelia, presencia consolidada en Egipto desde su derrota en la guerra del Yonkipur y neutralización de las veleidades libias).

2) Iberoamérica, cuya evolución futura girará en torno a tres ejes:

- El intento de consolidación de Brasil como primera potencia regional si se dan distintos factores políticos (posibilidad de establecimiento de una política de Estado estable), sociales (disminución de la pobreza y el analfabetismo), de comunicaciones (si aumentan las vías de comunicación entre el Brasil atlántico y los países del Pacífico: especialmente Chile, Bolivia y Perú), lingüísticos (bilingüismo práctico en Brasil para facilitar el intercambio con el resto de Iberoamérica de lengua española).

- La concentración de esfuerzos de EEUU para lograr una mayor penetración económica y un mejor control político, especialmente en los países de la cuenca del Pacífico (Chile, Perú, Ecuador y Venezuela). Lo que supondrá, en la práctica, una guerra comercial con España, principal inversor en la zona en estos momentos.

- La estabilización de una zona de librecomercio similar al antiguo Mercado Común que favorezca la integración de las economías regionales y genere un gran mercado de consumo en condiciones de propulsar una industria estratégica propia.

3) Los EEUU, cuya evolución en los próximos veinte años tendrá como ejes:

- El aumento de influencia de la minoría hispana en la vida cultural, en la sociedad y en la vida cultural de los EEUU que, por primera vez en su historia dejarán de ser un país WASP con minorías recluidas en ghetos y sin cultura ni tradiciones propias.

- Un aumento de la inestabilidad social a causa de las desigualdades crecientes e insoportables de renta y de la estratificación étnica de la misma. La integración racial de los años 60 ha fracasado completamente y EEUU tiene ante la vista un conflicto civil que será a la vez racial y social en un momento de regresión de las libertades públicas y de los beneficios sociales en nombre de un liberalismo salvaje cada vez más extremo.

- La sensación de fracaso civilizacional y neoimperial que generará la breve tentación unilateralista que se aseverará inviable cuando concluya el segundo mandato de Bush, debiéndose aceptar el hecho consumado de una multipolaridad. Esto hará que cristalicen de nuevo las tendencias aislacionistas tradicionales en EEUU y el país se recluya en su territorio nacional, y con aspiraciones hegemónicas reales solamente sobre Iberoamérica.

- Una quiebra inevitable de la economía norteamericana que arrastra desde principios de los 80 un incremento de la deuda pública, actualmente extremo y que solamente está avalado por la aparente estabilidad política y el peso militar de EEUU, como soportes para el valor de cambio del dólar, más que el valor de éste en sí mismo. Esta quiebra puede ser el desencadenante de la fractura racial y social a la que hemos aludido.

- El desplazamiento del teatro principal de operaciones de EEUU, del Atlántico Norte al área del Pacífico con todo lo que ello implica: proliferación de bases militares y de intervencionismo en la zona, acuerdos comerciales preferenciales con esos países y, posibilidad de enfrentamientos con una zona, posiblemente no tan desarrollada como la Unión Europea, pero en situación ascendente y en donde EEUU va a encontrar fuertes competidores económicos (Japón) y a la vez militares (China y Rusia).

Cada uno de estos tres actores geopolíticos interacciona en el devenir histórico de España que, inevitablemente, va a estar vinculado a la Unión Europea, antes que a cualquier otro bloque, pero, al mismo tiempo, va a tener que afrontar problemas nuevos:

- El inevitable deterioro de las relaciones con Marruecos que no ha renunciado a sus aspiraciones sobre Ceuta, Melilla, Islas Adyacentes y Canarias, ni realiza esfuerzos reales para cortar la producción e haschís con la que inunda a España, ni tampoco para contener la riada de inmigrantes que aspiran a acceder a los escaparates de consumo europeos.

- El inevitable distanciamiento con los EEUU a causa de la "alianza más segura" que practica este país en la zona (actualmente orientada hacia Marruecos y entre 1956 y 1999 orientada preferencialmente hacia España) con la contrapartida del ascenso hispano en EEUU que tenderá a atenuar este distanciamiento.

- El inevitable endurecimiento de la relación económica con Iberoamérica que gravitará en torno a una potencia regional emergente (Brasil) que pretenderá hacer valer su influencia ante presencias exteriores, incluida la española y en torno a una potencia histórica presente en la zona desde la Doctrina Monroe (EEUU) que seguirá consideran a Centroamérica y el Caribe como su "patio trasero" y a la masa sudamericana como su "coto privado de caza".

En este sentido, la política exterior española del futuro estará determinada por estos tres ejes:

- Desde el punto de vista cultural: contribuir al aumento de influencia del mundo hispano en los EEUU, haciéndolo extensible, no solamente a los troncos étnicos indios venidos del Sur de Río Grande, sino también a la propia población hasta ahora WASP, esto es, restando impacto a los productos culturales surgidos de ese núcleo, para lo que es preciso "hispanizarlo". Esto, parecía ilusorio en décadas anteriores, pero un estudio de las curvas demográficas de la población hispana en los últimos diez años, deja prever un vuelco completo a la situación. En otras palabras: culturalmente, se trata de recuperar la idea de que parte de la tradición norteamericana es hispana y que la mitad del territorio de los EEUU (según atestigua el Tratado de Paz de París de 1763 que marca el límite entre las posesiones inglesas y españolas en América del Norte) fue hispano y colonizado por españoles (Florida y el Virreinato de Nueva España cuya parte superior correspondía a los actuales Estados de California, Nevada, Texas, Nuevo México y parte de Oregón). Esto aporta raíces históricas para avalar y justificar la penetración cultural.

- Política de contención hacia un mundo árabe imprevisible, atrasado y sin posibilidades de alcanzar un nivel óptimo de desarrollo económico a causa del atraso histórico que supone la religión islámica así como el fracaso de los intentos occidentalizadores (Naser, el baasismo iraqui, sirio y libanés, los vaivenes persa-iraníes), un mundo árabe al que le quedan únicamente treinta años de reservas petrolíferas para seguir manteniendo una providencial fuente de ingresos y dentro del cual no existe ni un solo país en el que pueda hablarse de una situación de estabilidad real.

- Política de cooperación con entre la Unión Europea e Iberoamérica en aras de asegurar la estabilidad de las inversiones españolas, evitar que los intercambios comerciales en el subcontinente se realicen solamente en dirección Norte-Sur con el grado de dependencia que implica. El mantenimiento de una situación imperial de los EEUU sobre Iberoamérica, implicaría en corto espacio la reaparición de una tentación intervencionista en el resto del mundo. De ahí que la Unión Europea y España en concreto deban apoyar el desarrollo de los grandes países iberoamericanos: Brasil (llamado a ser por sus geografía, reservas, población y tecnología, el germen de una potencia regional), Argentina, Chille (países con gran potencial económico y cultural, cuyas contraposiciones geopolíticas se trata de atenuar) y Venezuela (ruta más corta hacia Iberoamérica).

Esto permite formular tres consecuencias.

La primera consecuencia a desarrollar es el siguiente: contra más atenuada esté la influencia cultural protestante y calvinista en los EEUU, mayores espacios de libertad tendrán los pueblos Iberoamericanos y mayor estabilidad tendrá un sistema multipolar. En ese contexto el papel de España queda reubicado como puente -no retórico sino muy real- entre Eurasia y el continente americano.

La segunda consecuencia a desarrollar es: dada la inestabilidad del mundo islámico, la única política posible es la contención. De nada sirve ayudar a políticas de desarrollo regional en países que, de la noche a la mañana, pueden deslizarse bruscamente hacia el fundamentalismo más radical, o países que albergan en su interior un potencial explosivo que hace inviable la inversión en desarrollo; dadas las peculiares características del islam y la intensidad con que esta religión condiciona la vida de los pueblos árabes y magrebíes, les imprime agresividad, les dota de un mesianismo enfermizo e históricamente superado y genera objetivos teocráticos que enlazan con un pasado remoto, y dada, finalmente, la ubicación geográfica de "frontera sudoeste de la Unión" que tiene España, por todo ello, la contención es la única política posible, no solo para España sino para toda la Unión Europea. Este axioma puede ser desarrollado a partir de las tesis que expusimos en nuestra serie de artículos contrarios a la integración de Turquía en Europa y la posibilidad de que el "espacio turcófono" sea un factor de desestabilización permanente entre las tres potencias euroasiáticas.

La tercera consecuencia no es otra que reconocer que el destino de España y el de Europa, a lo largo de todo el siglo XXI, van a estar unidos. Si bien es cierto que en el pasado, las contradicciones y los intereses contrapuestos, frecuentemente, se tradujeron en guerras y conflictos, éste período ha concluido. La última guerra civil entre europeos (1939-45) y la fabricación de nuevas armas de destrucción masiva, indica que de producirse un nuevo conflicto de esas características en suelo europeo, implicaría casi necesariamente la desaparición de Europa, incluso físicamente.

d. España en Europa: renegociar el acuerdo con la UE

Europa es nuestro principal campo de integración. Esto no implica aceptar acríticamente la actual relación con la UE. Si la UE aspira a ser aceptable e irreversible debe acometer una profunda reforma interior (cuyo primer paso es definir sus objetivos, su modelo y sus límites) y, al mismo tiempo, el Estado Español debe renegociar sus condiciones de integración, especialmente en materia agrícola y alimentaria.

Europa sigue siendo todavía hoy, excesivamente desigual en materia económica y la política de adaptación que siguió a nuestra integración (la conocida como "reconversión industrial") no generó nuevos horizontes económicos sino que liquidó sectores enteros de nuestra industria (siderurgia, minería, astilleros) que solamente fueron compensados mediante jubilaciones anticipadas y subsidios, pero no con la creación de empresas sólidas que pudieran sustituir a los sectores industriales desarticulados. Durante veinte años, la llegada masiva de Fondos Estructurales, hizo olvidar que España abordó un proceso de desertificación industrial a mediados de los años 80 que, agravó luego la deslocalización y que se ha hecho dramática en el momento en que coincidió el cese de flujo de Fondos europeos, la crisis económica, la crisis de la construcción, la crisis turística y la crisis financiera internacional.

Así mismo, las políticas agrícolas de la UE atribuyen un papel cada vez más privilegiado a los productos horto-frutícolas procedentes del Magreb y de Israel que lesionan especialmente nuestra agricultura. El establecimiento de cuotas en la producción de leche, el régimen de subvenciones (a menudo regulado con principios absurdos: subvención a la plantación de vides y subvención al arranque de vides…), genera situaciones poco asumibles y muy alejadas del principio de "autonomía alimentaria" que debe regir para todo el territorio de la Unión.

Por otra parte, el hecho de que, después de la entrada de España, se hayan producido otros ingresos y se haya trenzado una trama de acuerdos con países no europeos, modifica extraordinariamente las condiciones iniciales que firmó nuestro país en el momento de su ingreso en la Unión Europea. Todo ello, unido, lleva a dos necesidades: la de "cerrar" Europa, con toda la prudencia que requiere, lo antes posible, esto es poner límites a Europa y priorizar el desarrollo de las economías interiores del continente y reducir al mínimo imprescindible los acuerdos preferenciales con países extra-europeos.; y la de renegociar las condiciones de afiliación de España a la UE a la vista de los cambios operados en los últimos años.

e. España y Portugal

La cooperación hispano-portuguesa en el momento actual es fundamental, no sólo por razones históricas y culturales, sino fundamentalmente por motivos políticos y estratégicos. En primer lugar, ninguna razón geopolítica justifica la existencia de dos naciones peninsulares que, solamente se apoya en episodios históricos (Aljubarrota, 1385, con la derrota castellana y la nefasta gestión del Conde-Duque de Olivares en 1640 que determinó la bifurcación definitiva de los caminos de España y Portugal).

En segundo lugar por que la huella dejada en Suramérica no fue solamente obra de españoles, sino también de portugueses y hoy, no puede abordarse una política europea común en relación a Iberoamérica sin tener en cuenta el papel de uno de los aspirantes a ser potencia regional, Brasil con obvios vínculos lingüístico y culturales con Portugal.

En tercer lugar porque el mantenimiento de la actual situación favorece la alianza de Portugal con Inglaterra y, por tanto, el reforzamiento del eje anglo-sajón, cuando en realidad, el objetivo estratégico de los países europeos en este momento debe ser la emancipación política y especialmente económica del sistema anglo-sajón afectado de un cáncer profundo e irremediable: la deuda.

En cuarto lugar porque los problemas políticos, estratégicos y económicos y los intereses derivados de ellas, son prácticamente los mismos entre ambos países. España y Portugal pueden duplicar su interés estratégico en la zona del Estrecho y en el triángulo Gibraltar - Canarias - Azores, controlando buena parte de los accesos y rutas del Atlántico.

Finalmente, porque dos culturas del mismo origen, que han recibido las mismas influencias y que han compartido experiencias históricas similares, pueden reforzar extraordinariamente su presencia en el mundo a costa de caminar juntas.

Por todo ello, y al margen de los acuerdos con la Unión Europea, España y Portugal deberían de avanzar hacia estadios superiores de colaboración nacional y de establecimiento de objetivos estratégicos conjuntos que, además, reforzarían su papel en la Unión Europea y en la escena internacional.

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Fin Documento I

 

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (13). El papel de Europa en la escena internacional

a. De 1945 al Mercado Común y a la UE

Tres guerras franco-alemanas en menos de 70 años era demasiado para ambos países, así que un lustro después de acabada la II Guerra Mundial, los gobiernos francés y alemán dieron los primeros pasos para construir lo que luego sería (en 1951) el Mercado Común Europeo. Atendiendo a los razonamientos que había expuesto antes de la guerra el conde Coudenhove-Kalergi, la unificación europea se abordó desde un punto de vista económico y, más concretamente, alimentario. La iniciativa, lanzada por Roberto Schuman y recogida entusiásticamente por Konrad Adenauer. En los años siguientes se firmaron distintos acuerdos que reforzaban la creación de "las comunidades europeas": el acuerdo CECA (Comunidad Económica del Carbón y del Acero), la Comunidad Europea de Defensa, la Unión Europea Occidental, Euratom, etc.

Después de siglos de enfrentamientos, lo único que en la postguerra podía servir como punto de encuentro a naciones que, cada una de las cuales, tenían agravios comparativos con otras, era la necesidad de subsistencia económica. Los primeros acuerdos del MCE tuvieron que ver especialmente con sectores económicos estratégicos (siderurgia y agrario). Se pretendía sobre todo lograr estabilidad en los precios y abastecimiento en los mercados.

Los primeros 20 años fueron de escasas realizaciones, tan solo en 1965 se crearon los órganos directivos: la Comisión Europea y el Consejo de Europa. En 1986 se firmó el Acta Única Europea y, a partir de entonces la construcción europea cobró un nuevo impulso hasta la firma del Tratado de Maastrich (1992) y la formación de la UE. La voluntad inherente a Maastrich era transitar de la "unión económica" a la "unión política". La ambición era constituir una "federación" capaz de jugar un papel internacional decisivo que superara la debilidad política de los países europeos y la elevara al nivel de su potencia económica.

La Unión Europea es, por el momento, un proyecto frustrado.

b. Los errores en la construcción de Europa

Los errores en la "construcción de Europa" se remontan al mismo inicio del proceso cuando se trató solamente de una "unión económica". Aceptando la primacía del factor económica, se logró que, desde el primer momento, no existiera entusiasmo ni aceptación popular. Los primeros ataques que recibió la idea europea consistieron en apostrofarla como "Europa de los Tenderos". El problema no era ese, sino que, en realidad, se trataba de una "Europa de los Tecnócratas" que gobernaban de espaldas a la población. Desde entonces, casi siempre que se han realizado consultas populares sobre Europa, o bien la participación ha sido escasa (media de participación electoral en toda Europa por debajo del 50%), o bien lo votado era diametralmente opuesto a las directrices de la cúspide de la UE (rechazo franco-holandés al proyecto de Constitución Europea).

Tras unos primeros veinte años en los que prácticamente el MCE no creció, bruscamente, hacia mediados de los años 80, se inició una enloquecida carrera de ampliaciones que aumentó con la instauración de la democracia en el Ester Europeo. Se ganó en extensión, pero se perdió en coherencia. Si bien hasta 1986, todos los países que formaban parte del MCE eran muy homogéneos en cuanto a su estructura y a su nivel de desarrollo y si bien las incorporaciones de los países mediterráneos llegados a la democracia después de experiencias autoritarias, pronto alcanzaron niveles similares de desarrollo gracias a los fondos estructurales (y con la contrapartida de haber tenido que liquidar sectores enteros de su industria en lo que se llamó "la reconversión" de la segunda mitad de los 80), lo cierto es que los nuevos países del Este estaban todavía separados por una brecha brutal y, desde el momento en que entraran en la UE se iban a convertir en una verdadera aspiradora de fondos estructurales.

Para colmo, la UE, a partir de Maastrich adoptó medidas apresuradas y poco meditadas. La creación del "Espacio Schengen" era una arriesgada aventura, especialmente si antes no se regulaban los aspectos más conflictivos y se garantizaba la protección de las fronteras exteriores de la UE. Al no haberse hecho así, un narcotraficante turco que haya introducido un cargamento de heroína a través del llamado "corredor turco" de los Balcanes (formado por los núcleos islámicos de esta zona), puede hacerlo llegar sin ninguna dificultad a Finisterre al no existir controles fronterizos.

Por otra parte, la UE tiene una actitud esquizofrénica en relación a los EEUU: una especie de relación amor-odio. En EEUU las cosas están mucho más claras: UE sí, pero sometida al "imperio", a modo de "potencia regional" y tapón frente a Rusia. El euro constituyó una amenaza para la economía norteamericana al aparecer un moneda de cambio internacional capaz de rivalizar con el, hasta entonces, indiscutible dólar. De hecho, la señal para la invasión de Irak fue la decisión de Saddam Husein de exigir el pago de euros por el petróleo iraquí vendido. En este contexto de imposiciones norteamericanas a la UE por medio de sus peones interpuestos, figura la ideo de que Turquía pertenece a Europa. Los EEUU se han manifestado como los grandes valedores de la incorporación de Turquía a la UE pues, no en vano, saben que desparramar a 90 millones de islamistas turcos por Europa supondría un desquiciamiento social para el Viejo Continente. No es raro que fueran los principales aliados de EEUU en Europa quienes siempre han propuesto esa integración: Aznar y Blair.

Si el proyecto de constitución europea fracasó en Francia y en Holanda fue precisamente porque la campaña orquestada en su contra se centró en la "cuestión turca" que, además, impedía la definición de las fronteras de Europa y del carácter de la Unión. No es raro que, después de una primera fase de indecisión y armonización de mercados interior (1951-1965), tras una segunda fase de balbuceos y ampliaciones temerosas (1965-1986), siguiera una fase de transformar el MCE en una federación política (1986-1996), a la que siguiera una ampliación en cadena, excesivamente acelerada y poco meditada, seguida de una parálisis institucional (1996-2009).

c. Las negatividades en la construcción de Europa


Como ya se ha dicho, lo más negativo en todo este proceso es:

- el "buenismo" y la ambigüedad que impide asumir y defender los rasgos de la identidad europea a fin de evitar "ofender" a otros continentes. Esto ha terminado en la incapacidad de los tecnócratas de la UE para crear "mitos movilizadores" y, por tanto, han sellado, el que la  construcción europea se realice de espaldas a las masas.

- la ausencia de una voluntad de defensa que sigue subordinando la estructura política de la UE a la estructura militar de la OTAN y ésta, a su vez, a las paredes del Pentágono. Dado que la UE no ha "crecido" en la convicción de la existencia de "enemigos exteriores" (especialmente a partir de 1989), ha evitado pronunciarse sobre sus necesidades e defensa.

- los teóricos de la UE no han sabido deslindar el concepto de "Europa" (geográfico, geopolítico, cultural e incluso étnico: todos los europeos tienen un sustrato común indo-europeo) del concepto de "Occidente" (completamente artificial, propagado durante la Guerra Fría y que contempla como "lo mismo" a Europa y a los EEUU).

- los vaivenes políticos y los diferentes humores de los que han hecho gala las distintas cancillerías europeas se ha traducido en diferentes ritmos asumidos en la construcción de Europa, así mismo, la presencia de políticos más o menos mediatizados por los EEUU ha hecho que, frecuentemente, el destino de Europa siga en manos extra-europeas.

Esto ha llevado al punto  actual: Europa sigue siendo en gigante económico y un enano político. Europa sigue careciendo hoy de la idea de "misión" y "destino" que solamente pueden alumbrar el nacimiento de una federación dotada de voluntad política. Europa sigue siendo un "apéndice" de Occidente. Europa sigue sin asumir su defensa. Sigue mirando al Este como al enemigo y sigue condicionada por los criterios geopolíticos anglosajones del siglo XIX formulados para beneficiar precisamente al mundo anglosajón. Después de décadas de lenta y laboriosa construcción europeo, ahora Europa vive uno de sus peores momentos: políticamente paralizada y económicamente en crisis.

d. Europa desenganchada de Occidente


Europa es Europa, no es Occidente. Occidente es un concepto propagado durante la Guerra Fría dentro de la teoría de los "tres mundos" (Primer mundo: el desarrollado habitualmente identificado con los países de la OTAN; Segundo Mundo: países comunistas organizados en el Pacto de Varsovia y Estados aliados asiáticos; y, Tercer Mundo o países no alineados con ninguno de los dos bloques anteriores, en vías de desarrollo o subdesarrollados). La idea de Occidente es rechazable desde todos los puntos de vista:

-    No es una idea geopolítica: no se apoya sobre entidades geopolíticas realmente existentes sino que incluye a países muy diversos y alejados entre sí que no tenían nada que ver salvo… su alianza con los EEUU y su papel anticomunista (Australia, Nueva Zelanda, Turquía e, incluso, Sudáfrica.

-    No es una idea histórica: Occidente es un concepto sin precedentes en la historia, ha existido el mundo clásico, Hélade y el Imperio Romano, la catolicidad medieval bajo la forma de Sacro Imperio, el imperio español, el francés, el inglés, pero nunca "occidente".

-    No es un concepto cultural: a pesar de que se haya querido presentar a Occidente como la antítesis de "Oriente", entendiendo por tal el comunismo y manifestaciones culturales que se consideraban como "contrarias a Occidente": el budismo, el  confucianismo, el islam, etc.

Occidente es algo mucho más banal e irrelevante: es un concepto abstracto destinado a unir el destino de Europa al del americanismo, sin ningún tipo de sostén. En función de ese concepto se ha justificado la sumisión de Europa a los intereses económicos, estratégicos y políticos de los EEUU. Se trata, en definitiva, de un concepto que no tiene posibilidades de acomodarse en un mundo post-globalizado.

Europa tiene la obligación de definirse:

- O con "occidente", poniéndose en el furgón de cola del americanismo,

- O independiente y libre mirando realizando el eje geopolítico Madrid-París-Berlín-Moscú.

Cada opción tiene sus implicaciones inexorables: la primera supone el reconocimiento y la certificación ad infinitum de la decadencia de Europa y de su renuncia a ejercer un papel activo en la escena internacional. La visión "ideal" que los EEUU tienen de Europa es: un continente multiétnico (y, por tanto inestable), balcanizado como hasta ahora en decenas de naciones y nacionalidades (y, en tanto que balcanizado, débil), y por tanto fácilmente adaptable a las exigencias de su política.

Pero, como hemos visto, la crisis del americanismo no va a retrasarse mucho: el endeudamiento del Estado federal, de las administraciones locales, de las empresas y de las familias es tal, que EEUU no tiene posibilidades de salir de esta crisis indemne. En el momento en que se desplome el poder "imperial" de los EEUU ya no estarán en condiciones de ejercer su influencia en la escala internacional. Ese será el momento para reconstruir Europa y reformular las relaciones con Moscú.

En un futuro nuevo orden internacional multipolar, Europa debe ser una de las piezas claves para la estabilidad de Eurasia: nuestro primer objetivo geopolítico.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (12). La necesidad y la posibilidad de un mundo multipolar

a. Los años de hegemonía mundial de los EEUU: años de prosperidad para EEUU

La hegemonía mundial no es una ambición que tenga que ver con ninguna misión imperial, ni siquiera con la sensación de realizar un "destino histórico", sino simplemente una necesidad para la supervivencia de los EEUU. Dotado del capitalismo más dinámico y salvaje que pueda existir, su lógica interna exige un espacio cada vez más amplio para poder proyectar su economía, hasta que finalmente, en el límite, alcanza a todo el mundo (globalización). Y en este terreno no cabe una "segunda plaza": o se vence a todos los actores en liza y se impone el propio sistema a todo el mundo o se desaparece. La habilidad del neoconsevadurismo norteamericano consiste en haber sabido recubrir el liberalismo salvaje que constituye su médula, con apelaciones a la "América de siempre" (la del "destino manifiesto" y de la "doctrina Monroe", la de la "nueva frontera" y la de la "nación elegida por Dios") estableciendo un nexo místico entre el "pueblo elegido" del Antiguo Testamento y el "pueblo elegido" de la modernidad. Esta fuerte carga emotiva es lo que ha logrado que una parte del electorado aceptara unos planteamientos ultraliberales que machacaban a las clases medias y a los trabajadores.

Por otra parte, los extraordinarios niveles de endeudamiento del país, de las distintas administraciones y de las familias, hubiera sido inconcebible en otro país que no estuviera acompañado de un gigantesco poder militar y coercitivo. Entre 1989 y 2007, los EEUU se encontraban en la cúspide de su hegemonía: a pesar de que la producción industrial había caído en picado, a pesar de que la economía productiva se estaba deslocalizando aceleradamente y se había generado una financiarización de la misma, el dinero seguía afluyendo a las bolsas de los EEUU a un ritmo de 1.000 millones de dólares al día, procedente de los petrodólares, de algunos países de la UE, de Japón y, cada vez de manera más fluida, de la República Popular China.

Existen varias razones para justificar la existencia de este flujo de dinero continuado a las bolsas norteamericanas que empezó a finales de los 70 y se prolonga hasta hoy: de un lado, el poder militar y hegemónico garantizada que los  bonos de deuda pública norteamericana eran pagaderos y respaldados por el aparato burocrático-militar del país; eran, pues, bonos seguros. De otro lado, era la compra por los servicios de protección y seguridad (caso de los petrodólares que afluían a las bolsas USA para garantizar la persistencia del paraguas protector sobre las dinastías petroleras del golfo pérsico). En otros casos -como en Europa o Japón- el flujo de euros o de yens a las bolsas americanas tendía a reforzar la vinculación con EEUU. Finalmente, para la República Popular China, la inversión en bolsas norteamericanas suponía demostrar voluntad de coexistencia pacífica a la vista de que el país todavía no está en condiciones de competir por la hegemonía mundial. Dicho de otra manera: la prosperidad norteamerican
a se ha debido al flujo de dinero que ha llegado a sus bolsas, procedente de todo el mundo. En es se ha basado en los últimos 30 años la prosperidad de los EEUU.

b. La imposibilidad de prolongar el mundo unipolar


No es que la crisis económica esté vinculada a la imposibilidad de prolongar un ordenamiento unipolar del globo: es que la crisis económica ha acelerado el derrumbe del poder hegemónico de los EEUU y, por tanto ha hecho inevitable el tránsito hacia la multipolaridad. De todas formas se habría alcanzado la multipolaridad antes o después: mientras que los EEUU encuentran dificultades crecientes para alcanzar sus objetivos estratégicos, el resto de actores geopolíticos (salvo Europa…) siguen acumulando poder y, a pesar de que, Rusia y, especialmente, China, tienen problemas internos no tienen ni remotamente la intensidad de los que tiene planteados EEUU en los próximos años, el primero de todos, una moneda enferma que, en cualquier momento, puede caer y que, de hecho, caerá a medida que más países decidan realizar sus intercambios comerciales en euros o bien, como es la propuesta chino-soviética, en una moneda especial destinada a este fin.

La experiencia del ventenio de dominio exclusivo norteamericano ha demostrado tres cosas: que el mundo es demasiado grande como para poder ser dominado por una sola nación, que el mundo es demasiado diverso para ser penetrado por una sola cultura y que el mundo es demasiado complejo para poder ser gestionado por unos pocos.

El primer rastro de imposibilidad de prolongar la hegemonía mundial se pudo intuir con el fracaso del desembarco norteamericano en Mogadiscio, Somalia (en misión de paz de la ONU), debiendo reembarcar a las pocas semanas ante la virulencia inesperada de los combates con  las bandas locales. Menso de 10 años después esta sensación de impotencia militar se confirmó cuando el grueso del ejército norteamericano no estuvo en condiciones de vencer sobre el terreno a la insurgencia irakí y afgana. Poder militar decisivo, sí, pero para bombardeos estratégicos y lanzamiento de mísiles a cientos de kilómetros de distancia, no para ocupar y combatir sobre el terreno.

A esta incapacidad militar se fueron sumando anualmente las cifras de déficit público, las crisis que se sucedieron cada vez con más brevedad (tras caer las punto.com y los valores tecnológicos, se pensaba que se habían conjurado los riesgo de crisis bursátil por diez años, pero solamente ocho años después estallaba la crisis financiera internacional a partir de los EEUU).

Si hasta finales de los años 70, la inmensa mayoría de inmigración que había llegado a los EEUU era de origen europeo, a partir de ese momento aumentó desmesuradamente la llegada de "latinos" hasta el punto de constituir mayoría en algunas zonas del sur de los EEUU. Estos inmigrantes eran completamente diferentes (en raza, en valores, en religión, en ideales y en idioma) a los que habían llegado antes en toda la historia de los EEUU. A diferencia de los negros que perdieron todas sus señas de identidad cultural, los "latinos" las siguieron manteniendo. El aumento espectacular de su número hizo que no precisaran integrarse en la sociedad norteamericana: están en Norteamérica, pero no son Norteamérica. El país quedó formado a principios del milenio por media docena de comunidades étnicas separadas todas ellas por altos muros: barrios blancos, guetos negros, barrios hispanos, barrios coreanos, barrios vientamitas, barrios hindúes. Sociedad multiétnica, sí, pero también sociedad multirracista en la que cada comunidad se reconoce solamente en ella misma y en donde los recién llegados no tienen la sensación de pertenecer al país, sino de ser algo ajeno y distinto a él.

Y todo este cuadro se da en un sistema con bajas coberturas sociales y sanitarias, con un sistema penal excepcionalmente duro, con bolsas de pobreza y analfabetismo que tienen mucho más que ver con los países en vías de desarrollo que con el Primer Mundo y, con una permisividad extrema a la hora de comprar y portar armas. El combinado de rivalidades interétnicas latentes, de estado del bienestar poco desarrollado, crisis económica, resulta explosivo: ningún país con problemas internos sociales importantes puede aspirar a seguir siendo por mucho tiempo potencia hegemónica.

c. Cuatro patas de un Orden Mundial Multilateral

Lo más probable es que la implosión de los EEUU tenga lugar de manera violenta a raíz de una sucesión de revueltas étnicas que las fuerzas federales se vean impotentes para afrontar. Dichas revueltas pueden ser causadas por la carestía, por el empeoramiento de las condiciones de vida o, simplemente, como efectos de la crisis económica transformada ya en crisis étnico-social. En 2005, el gobierno federal logró reconducir la crisis causada por el huracán Katrina en Nueva Orleans gracias a que se trató de un caso único localizado geográficamente, pero se evidenció a obsolescencia de las infraestructuras y las dificultades de los socorros y de las fuerzas de orden para desplegarse en apoyo de los damnificados. Esto indica que los EEUU no están en condiciones de reaccionar ni ante catástrofes naturales, ni siquiera localizadas, ni ante disturbios sociales si estos abarcan un cierto número de ciudades. En caso de crisis, según algunos analistas, es posible incluso, no solamente que los EEUU pierdan la posibilidad de ejercer cualquier tipo de proyección sobre el exterior, sino incluso que queden desgajados formándose distintos conjuntos: por una parte el sur de los EEUU con mayoría negra y latina, por otra parte, el centro de los EEUU, la América profunda, más afecta a los valores tradicionales y WASP, de otra parte, la costa Oeste y particularmente California que podría seguir siendo una potencia industrial sin ayuda del resto de la Unión. Desarticulados los abastecimientos y el aparato del Estado Federal la vida en ciudades como Nueva York se haría prácticamente imposible. Siempre que se produce una crisis de esta magnitud, el factor más espectacular es el estallido del país y la segregación de sus distintas partes (algo que ya ocurrió cuando la URSS entró en crisis o cuando el Imperio Austro-Húngaro fue disuelto en 1919).

Aunque este escenario dantesco -pero posible- no se realizara en todo su dramatismo y los EEUU consiguieran mantener intacta su estructura federal, no parece posible que lograran mantener en el futuro un rastro de poder hegemónico. Como máximo se preocuparían de controlar la zona del Caribe y poco más, incluso una crisis de liderazgo, por leve que fuera, serviría para avivar llamas de emancipación en zonas de Iberoamérica que hasta ahora han sido caldo de cultivo ideal para caudillos populistas. Lo único que justificaría la presencia de EEUU en la escena internacional serían los residuos de su poder armamentístico que todavía permanecería como elemento de coacción y eso, probablemente, les permitiría jugar un papel debilitado pero real en el hemisferio norte de América.

Las dos potencias hegemónicas de Eurasia seguirían siendo Rusia y China, seguida a distancia de la India, tras la resolución de su contencioso con Pakistán. En cuanto a Europa, la crisis de liderazgo y de proyecto que padece, así como el hecho de que durante 70 años se haya habituado a subcontratar su seguridad y protección, la mediocridad de su clase política en la que no están presentes estadistas dignos de tal nombre desde hace dos generaciones y en la que cualquier político no tiene más horizontes ni aspiración que lograr su reelección, parece poco probable que pueda jugar un papel decisivo en un mundo multipolar. Por lo demás, los problemas se acumulan en Europa que vivirá en la segunda década del milenio una sucesión ininterrumpida de conflictos étnico-sociales, diferenciados de los de los EEUU: en Europa, al estar protagonizados presumiblemente los incidentes por franjas de la inmigración islámica, revestirán los rasgos de "guerra de religión" que se superpondrá a la "guerra étnica" y a su contenido de revuelta social. La proximidad de Europa a los países del Magreb y la existencia en los Balcanes de Estados de confesión islámica, puede generar una corriente de simpatía y apoyo hacia el islamismo en estas zonas que verán en el debilitamiento de Europa una ocasión histórica para alcanzar ventajas. El problema de Europa es su dejadez a la hora de asumir su defensa, y su ingenuidad al creer que la "pax americana" en el continente duraría eternamente. De todas formas, la historia de Europa es la historia de crisis en lo más profundo de las cuales ha emergido el genio europeo que venció a los persas en Salamina e Himera, que los contuvo en las Termópilas, que liberó Palestina durante las cruzadas, que venció en Lepanto y que rechazó al islam cuando ya se encontraba a las puertas de Viena. El genio de Europa emerge en las situaciones difíciles y se reblandece en la paz. En cualquier caso, una sucesión de revueltas étnico-sociales contribuiría a desbordar a los Estados y a los partidos que durante años han hecho posible que camináramos de manera irresponsable hacia esa situación. De ahí que, en caso de sucederse una crisis de este tipo, se trate de una crisis liberadora: del parto doloroso de una nueva situación, que movilizará fuerzas vivas y sanas del continente. Allí donde los Estados no podrán hacer frente a las situaciones, minorías conscientes y decididas tomarán la iniciativa y al acabar el conflicto caliente tendrán en su mano una reordenación del mapa político europeo que, desde luego, nunca volverá a ser como antes del conflicto.

A partir de esa crisis liberadora y de la erradicación del cáncer que supone la clase política para los países europeos, será previsible que el viejo continente asuma de nuevo su papel de faro de la civilización y se configure como uno de los puntales de un nuevo orden multipolar, junto a la Rusia reconstituida y formando eje con ella y en coexistencia pacífica con China. Junto a estos tres puntales, en el continente americano son posibles dos escenarios: o bien una potencia local emerge (el eje Brasil-Chile) y ordena en torno suyo los territorios al sur de Rio Grande, o bien la ideología bolivariana abandona el populismo fácil y grosero en el que está anclada hoy y evoluciona hasta promover una federación similar a la Unión Europea. La gravedad de la crisis y la intensidad del desplome al que se pueden ver abocados los EEUU, seguramente les restará toda capacidad para actuar fuera de sus fronteras. Una eventual reconstrucción parcial del poder norteamericano solamente podrá hacerse en la costa Oeste a partir del potencial tecnológico e industrial de California y, con esa base, es posible que surja un nuevo poder regional. Pero esa nueva estructura parece difícil que pueda prolongar su influencia más allá del territorio de los actuales EEUU.

d. Principios de un mundo multipolar


1) La multipolaridad es una necesidad para el mundo: el futuro será multipolar o no será. La conveniencia de la multipolaridad se basa en que un cuerpo es mucho más estable si se sostiene sobre cuatro patas que si se sostiene solamente sobre una.

2) Los puntales del mundo multipolar solamente pueden ser naciones con amplios niveles tecnológicos, número de población suficiente, extensión territorial y con recursos naturales.

3) Los déficits de algunos de estos elementos deben inducir a las distintas potencias regionales a colaborar entre sí y la política internacional, a partir de ese momento, no puede ser sino un sistema equilibrado de pesos y contrapesos en el que ninguna potencia sea capaz de imponerse por sí misma a las demás y, por tanto, acepte una convivencia pacífica, con las demás.

4) Los puntales de un mundo multipolar solamente pueden ser Estados contra más homogéneos y coherentes, mejor. Solamente, homogeneidad y coherencia, permiten forjarse proyectos de futuro y tener la posibilidad de llevarlos a cabo.

5) Si se aspira a la estabilidad durante generaciones, los puntales de un Nuevo Orden Internacional deben ser agrupaciones de civilización, cada una de ellas suficientemente independiente y diferenciada de las demás, con una dinámica interna propia y renunciando voluntariamente a intervenir en los asuntos de terceros.

6) Dos zonas geopolíticas tienen un futuro particularmente incierto: África y el mundo islámico. Demasiado tribal la primera y demasiado extensa y desigual la segunda, parece difícil que puedan jugar un gran papel en el futuro: las diferencias entre sunnitas y chiístas, restan a Irán la posibilidad de ser el leadership del mundo árabe. Por su parte, la atomización africana la convierte en la gran aglomeración de Estados frustrados de toda la humanidad. El carácter tribal de las sociedades africanas imposibilita el que algún país alcance "masa crítica" y peso político-económico para reivindicar el papel de "potencia regional".

7) Las armas y la defensa son garantías de libertad e independencia. Quien renuncia a su propia defensa y a ser pacifico pero armado, alienta las tentaciones intervencionistas del Estado vecino. Un mundo multipolar es un mundo en guardia y en vela permanente, un mundo unipolar es un mundo subordinado a una sola superpotencia. Antes vigilante y en guardia que desarmado y dominado.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (11). El escenario más indeseable: guerra para salir de la crisis

a. El ejemplo histórico de cómo el capitalismo sale de las crisis: 1939-1942

En 1939 los EEUU todavía no habían salido de la Gran Depresión iniciada 10 años antes. Si lograron salir a partir de 1941 fue gracias al estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Hay que recordar que la guerra se inició a causa de un problema fronterizo entre Alemania y Polonia que provocó la desmesurada reacción inglesa, arrastrando a Francia, que se sentía amenazada mucho más por la actividad del Intelligence Service que por presión alemana. Con Francia e Inglaterra en guerra contra Alemania, el papel de los EEUU consistió simplemente en engrasar sus plantas de producción y empezar a vender armamento, tal como luego hicieron con la URSS. Finalmente, tras dos años de presión sobre el Japón para cortar sus suministros petroleros, consiguieron que el Imperio del Sol Naciente lanzara un ataque por sorpresa contra Pearl Harbour consiguiendo la excusa perfecta para que la opinión pública norteamericana admitiera la entrada de su país en la Segunda Guerra Mundial. Dado su situación geográfica, alejada de todos los escenarios bélicos, los EEUU permanecieron libres de las destrucciones de la guerra, consiguieron poner en marcha un gigantesco dispositivo industrial que precisó incluso de la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y, no sólo eso, sino que al acabar el conflicto estuvieron en condiciones de financiar la reconstrucción de Europa mediante el Plan Marshall. En 1945, tras Hiroshima y Nagasaki nadie recordaba ya la crisis de 1929. Salir de la crisis de 1929 había costado "simplemente" más de 60.000.000 de muertos.

b. El "terrorismo internacional" como gran farsa para justificar guerras de agresión


De entre todas las ficciones y señuelos creados en los últimos 15 años, sin duda el fantasma del "terrorismo internacional" ha sido el más lacerante  (por que ha costado miles de vidas). El "terrorismo internacional" ha sido la coartada que han utilizado los EEUU para intervenir en cualquier lugar del planeta. Para ello les ha bastado simplemente acusar a tal país concreto de ser el refugio de presuntos terroristas. Sin embargo, nunca ha logrado demostrarse la relación causa-efecto y aún hoy resulta imposible vincular orgánicamente, con datos aceptables para cualquier corte de justicia, los atentados del 11-S, de Londres o del 11-M, con alguna red terrorista internacional. Siempre, antes o después, aparecen las dudas sobre las informaciones difundidas o sobre a quién ha organizado y ejecutado verdaderamente cualquier atentado.

En el subconsciente colectivo de las masas ha calado hondo la idea de que nuestras sociedades están amenazadas por el "terrorismo internacional". No es casual que haya sido el islam a quien se asocie la paternidad ideológica de estas presuntas redes. El islam contiene en sus textos sagrados y en sus actuales difusores, un potencial de violencia que difícilmente encontraríamos en religión alguna. El hecho de que existan acciones de la resistencia palestina o de las insurgencia afganas e iraquí, es presentado como muestras de la existencia de ese terrorismo, cuando en realidad son actos propios de un movimiento de resistencia que se expresa mediante la violencia contra el ocupante. En Irak haría falta explicar muchos atentados firmados por Al-Qaeda y que en realidad no eran sino masacres perpetradas con el único fin de desacreditar y aislar a la insurgencia.

La excusa del "terrorismo internacional" -que no resiste el más mínimo análisis y que todos los que tienen alguna idea remota de "inteligencia" y de cómo operan los servicios especiales, son perfectamente conscientes de que se trata de un fenómeno generado artificialmente- ha servido, no solamente para desplazar los marines a territorios remotos, justificar invasiones, sino también para vencer la resistencia al aislacionismo propia del pueblo norteamericano. Así mismo, se ha utilizado como justificación preventiva para labrar una red de alianzas regionales (como en la Franja del Shäel) que han reforzado el poder de los EEUU en zonas de interés estratégico (el Magreb, África subsahariana, Sudeste asiático, etc.). Lo más sorprendente es que, en la actualidad, cuando a cualquier gobierno le interesa adoptar una medida que lesione los intereses populares, coarte las libertades o simplemente golpee a opositores, no tiene nada más que acogerse a la excusa del terrorismo internacional para que sus medidas, por antidemocráticas que sean, reciban la aceptación de amplios sectores de la población.

Hay que recordar por enésima vez que ninguna investigación, ni ningún servicio de inteligencia, ni tribunal alguno, ha podido establecer que existe una organización mundial terrorista que mueva los hilos, programe las acciones y ordenes las masacres.

c. Los EEUU como instigador, proveedor de armas, pero inhibido en el conflicto

El gran riesgo del momento presente es que la administración Obama asuma el hecho de que los EEUU no están en condiciones de abordar nuevos conflictos exteriores (como la pretendida invasión de Irán propuesta por los neoconservadores para "acabar el trabajo" iniciado en Irak), pero sigan considerando que solamente un conflicto regional puede reavivar la economía internacional y aportar carburante para un proceso de recuperación económica.

Hay que tener en cuenta que, en las actuales circunstancias (con un exceso de deuda y una imposibilidad de alcanzar mayores niveles de endeudamiento por parte de las familias y de los países), solamente una traumatismo internacional estaría en condiciones de poner en marcha de nuevo las fábricas y generar movimiento económico, tanto por parte de la industria armamentística, como por parte de las empresas de automoción y aeronáuticas, como por lo que respecta a los fabricantes de componentes electrónicos. Así mismo, un conflicto generaría la posibilidad de reconstruir posteriormente las zonas devastadas, lo cual sería otro estímulo a la economía internacional. Desde este punto de vista, una guerra programada es mucho más rentable que una catástrofe natural, un maremoto o un terremoto. El mecanismo de la economía no precisa una catástrofe natural sino el poder contribuir a generar una catástrofe humanitaria: un terremoto resuelve solamente el 50% del conflicto, la reconstrucción, pero una guerra hace que los beneficios aumenten con la compra de armamentos y, posteriormente, con la necesaria reconstrucción de las zonas afectadas.

En las actuales circunstancias, los EEUU ya no pueden afrontar una nueva aventura exterior, pero si están todavía en condiciones de instigar un conflicto localizado en alguna parte del planeta. El consumo de armamentos, haría lo suficiente, sin que la administración Obama resultada manchada por el aislacionismo propio de la administración norteamericana y sin que se corriera el riesgo de aumentar el déficit de las cuentas. Por tanto, si en los próximos años, el mecanismo económico no se vuelve a poner en marcha mediante medidas convencionales, es seguro que los estrategas del capital optarán por desencadenar guerras localizadas entre potencias de segundo orden, con lo que lograrán destrucciones superiores a las de la II Guerra Mundial, sin el empleo de armas nucleares (que harían inviable durante unos años, a causa de la contaminación atómica, la reconstrucción de las zonas afectadas)

d. Escenarios posibles para un conflicto generalizado

Los escenarios para conflictos de este tipo no faltan: guerras entre las exrepúblicas soviéticas del Sur por cuestiones de control de las reservas petroleras, una larga, prolongada y destructiva guerra civil en el interior de Irak cuando se retiren los marines en 2010, un conflicto entre la India y Pakistán, conflictos entre países africanos fáciles de instigar a causa del tribalismo de aquellas sociedades, conflictos religiosos en Malasia y Nigeria, guerras localizadas contra cualquier país miembro del "eje del mal", fermentos de guerras civiles en los países andinos aprovechando la degradación progresiva de las condiciones sociales, reactivación más o menos ficticia de la conflictividad en el Caribe y en Centro-América, instigación de un guerra civil en China aprovechando la permeabilidad de la etnia uigur y tibetana a la propaganda norteamericana, y un largo etcétera de posibilidades que se ofrecen a estrategas inmisericordes preocupados por que la economía vuelva a funcionar aunque sea sobre la pira de millones de seres humanos.

Nunca se advertirá lo suficiente de esta posibilidad: la memoria histórica enseña que de las grandes crisis económicas solamente se sale mediante grandes guerras de destrucción masiva. Y esta vez no va a ser diferente. Seguramente, la única diferencia es que anteriores crisis habían cogido a los EEUU en una fase ascendente y aprovecharon la ocasión para multiplicar su influencia y su peso en la escena internacional, al mismo tiempo que, amparados en su aislamiento geográfico, se veían libres de las destrucciones. La situación actual es completamente diferente: los EEUU encuentran dificultades para rellenar las filas de su ejército y deben recurrir cada vez en mayor porcentaje a grupos étnicos que no tienen nada que ver con los WASP. El hecho de que debieran comprometer a la OTAN en las operaciones en un país como Afganistán es significativo de sus necesidades y carencias actuales. De la misma forma que, Roma en sus 1000 años de vida solamente mostró decadencia militar en los últimos 70 años (a causa de la selección al revés propia de toda guerra en donde siempre mueren los mejores), el ciclo norteamericano no ha llegado a la cuarta parte de duración antes de que se haya evidenciado la decadencia militar. De ahí que no haya que esperar tanto una intervención directa de los EEUU en un eventual conflicto generado artificialmente para poner en marcha la maquinaria económica, sino tan sólo a nivel de potencia instigadora y suministradora de equipos y materiales bélicos, sanitarios, alimentarios, logísticos, etc., a cualquiera de las dos partes o a ambas…

e. El "escudo antimisiles" como elemento de coacción para Rusia y Europa

La voluntad de los EEUU de poner en marcha un sistema de detección de misiles que garantice la destrucción de los vectores lanzados contra su territorio nacional, sería loable… de no ser porque no existe potencia interesada ni en condiciones de lanzar un misil nuclear de un extremo a otro del planeta: tanto Corea del Norte como Irán están a años luz de disponer de una tecnología capaz de realizar una acción ofensiva de este tipo. Es evidente que el escudo antinuclear, apunta contra el "enemigo principal": Rusia. De ahí que las dos baterías de misiles anti-misiles y la estación de radar que los completan han sido situadas en las fronteras entre Europa y Rusia, comprometiendo de esa manera a los europeos ante el país que debería ser su aliado natural.

Desde los años 60, los EEUU han mantenido la ambición de controlar el espacio exterior para garantizar su hegemonía mundial. Todas las iniciativas desarrolladas por la NASA desde el Programa Apolo iban encaminadas a este fin. Si la doctrina de la "disuasión nuclear" hacía imposible el estallido de un conflicto bélico, demasiado destructivo, el destino de la lucha por la hegemonía mundial se librería en el espacio exterior, demostrando una de las superpotencias es capaz de destruir en el aire, antes de que lleguen a sus objetivos, los vectores lanzados contra ella y, por tanto, estaría en condiciones de mantener toda su capacidad ofensiva, mientras el adversario resulta completamente neutralizado.

La llamada "guerra de las galaxias" a principios de los años 80, propugnada por Reagan como continuación de la militarización del espacio exterior, no pudo desarrollarse en aquellos momentos por limitaciones de tipo técnico que hoy han ido desapareciendo. Al mismo tiempo, el desplome de la URSS hizo innecesario seguir en esa dirección. Pero en la actualidad, a la vista de las dificultades de EEUU para reclutar tropas, en vistas a su escasa eficacia militar y a las exigencias de la sociedad norteamericana de una guerra "asimétrica" con cero bajas, el programa ha sido de nuevo recuperado en forma de "escudo anti-misiles".

Por otra parte, no puede olvidarse que las dos intenciones complementarias que justifican para EEUU la instalación del escudo anti-misiles en Europa son: de un lado el constituir un obstáculo para las relaciones entre Rusia y la UE, utilizando a dos países "receptivos" a los intereses de los EEUU (Polonia y Chequia) y dar un aliento a su industria armamentista, especialmente a la industria aeroespacial, que no ha podido participar de los beneficios generados por las guerras de Irak y Afganistán para las industrias de equipos terrestres, logística y municionamiento.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (10). Las líneas de ruptura del sistema

El actual ordenamiento mundial es inviable por tiene distintas líneas de fractura o límites de sostenibilidad. En la actualidad se están alcanzando todos estos límites comprometiendo el futuro del sistema mundial a corto plazo. Estas líneas de ruptura son:

a. Inviabilidad geopolítica: caída del americanismo

El período de hegemonía norteamericano está terminando. El globo es un planeta demasiado grande y diverso como para que una sola potencia pueda mantenerse por mucho tiempo como única potencia mundial. La dilatación de sus líneas de aprovisionamiento, la pesadez de su maquinaria militar y la multiplicidad de adversarios hace que una sola potencia mundial sea inviable. Con la caída de los EEUU muchos problemas que hasta ahora no han tenido solución se resolverán bruscamente: el problema de Oriente Medio que hasta ahora no ha podido ser resuelto porque el apoyo de los EEUU a la causa israelita daba a esta la ventaja sobre los ejércitos árabes, la renuncia de Europa a ejercer su independencia con el consiguiente distanciamiento de su aliado natural, Rusia, los movimientos anti norteamericanos en Iberoamérica cuya existencia y persistencia en el poder se debe al rechazo que EEUU registra en el subcontinente, la misma existencia de la globalización y del capitalismo salvaje, todo ello se mantiene sobre la existencia de un imperialismo geopolítico a escala universal que, una vez desaparecido, abrirá el camino hacia la resolución espontánea de todos estos conflictos. Las leyes de la geopolítica establecen que un imperio es tal cuando tiene en su centro a una nación "transoceánica" susceptible de ejercer su influencia en dos océanos, pero el análisis histórico desconoce la existencia de una nación que haya gobernado sobre cinco océanos. Esta pretensión no hace más que multiplicar adversarios, enemigos y alianzas interesadas e inestables que desaparecerán a la primera dificultad. Además, la primera ley de la estrategia reconoce la imposibilidad de luchar en dos frente al mismo tiempo. Por todo eso el poder hegemónico de los EEUU va prolongarse por muy poco tiempo y ya hoy está en la cuerda floja.

b. Inviabilidad económica: fin de la economía financiera por exceso de deuda

El capitalismo, aproximándose cada vez más a su límite de acumulación de capital, no genera ninguna alternativa, en la medida a que este límite coincide con el final de su ciclo vital. La actual crisis económica del sistema mundial, cuyo eje es el mundo anglosajón, coincide con la crisis geopolítica. Si el sistema globalizado está íntimamente ligado a las necesidades del capitalismo anglosajón, la crisis geopolítica de los EEUU imposibilitará estabilizar la economía mundial. Por otra parte, ese sistema económico ha demostrado en la actual crisis que es víctima de algo que era previsible desde su arranque: la rapacidad, el afán desmesurado de lucro y de acumulación de capital, el desprecio por la vida humana y las desigualdades abismales entre personas. Para mantener una tasa siempre  creciente de beneficios, primero fue preciso mantener unos altos índices de explotación y depauperación de las clases trabajadoras (segunda mitad del siglo XIX), posteriormente el capitalismo entendió que era preciso transformar a los proletarios en consumidores (fordismo de principios del siglo XX), más tarde, tras los "30 años gloriosos" (1945-75) fue necesario que para mantener esos beneficios los salarios fueran comprimiéndose progresivamente (aumentando el número de proletarios: a mayor demanda de trabajo y con una oferta menor, los niveles salariales disminuían) y para seguir manteniendo los beneficios se abrió la espita del crédito (que daba la sensación a las clases modestas de que tenían "poder adquisitivo", cuando no era más que poder para endeudarse). Este fenómeno se desarrolló también en los Estados que se endeudaron progresivamente y más allá de sus posibilidades de pago. Cuando se ha producido el primer ralentizamiento del mecanismo de producción-consumo-deuda, a partir de la crisis de las subprimes, el sistema ha descarrilado. Hoy agoniza víctima del exceso de deuda.

c. Inviabilidad política: una democracia transformada en plutocracia

En una ordenación normal de la sociedad la política es anterior y superior a la economía y, por tanto, las decisiones políticas deberán tomarse independientemente de los centros de poder económicos. Los teóricos liberales -que tenían a esta doctrina económica por infalible- excluyeron a la "economía" de su teoría sobre la independencia de los tres poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial). La democracia era imposible mientras no se reconociera la existencia de otro poder, el económico, que tendía a situarse siempre por encima de los tres poderes del Estado y a condicionarlos. Ahora es preciso liberar a la política de la economía. A medida que ha ido aumentando la concentración de capital, el poder económico ha ido restando a la democracia su rasgo de "poder del pueblo", transformándose en el caldo de cultivo más adecuado para el juego de los poderes económicos. Las elecciones no son más que un mero espectáculo en los que solamente pueden situarse en la recta final como ganadores, los partidos, no que mejor encarnan los intereses de la población, sino los que mejor encarnan los intereses del capital. La democracia se transforma así el "plutocracia" (poder del dinero). Si esta transformación ocurre "por arriba" (mediante una mediatización del poder político por medio del poder económico y de un servilismo del primero hacia el segundo), "por abajo" la democracia degenera igualmente en la medida en que para participar en ella es preciso hacerlo a través de los partidos políticos mayoritarios (los únicos que tienen posibilidades de acceder al gobierno de las naciones). Con fines de estabilizar el sistema de partidos, las legislaciones les atribuyen una presencia asfixiante en la sociedad (en los consejos audiovisuales, en las cajas de ahorros, etc.) cerrando el paso a los cuerpos sociales intermedios (sociedad civil, con sus asociaciones, sus sindicatos, sus colegios profesionales, el mundo de la enseñanza, de la justicia, de las fuerzas armadas, de la familia, etc.). Los partidos políticos, no solamente rompen el cuerpo electoral en opciones enemigas, sino que, además, se erigen como únicos representantes de la sociedad. En realidad, los partidos políticos hoy no son más que fuerzas dirigidas por ambiciosos que no han encontrado acomodo en la empresa privada y que aspiran a alcanzar altos niveles de rentabilidad personal haciendo sus negocios a la sombra del poder. La democracia se ha transformado en "partidocracia".

Estos dos cánceres, plutocracia y partidocracia, han desnaturalizado completamente a la representación democrática generando tres fenómenos profundos: un aumento de los niveles de abstencionismo e inhibición de la política por parte de sectores cada vez más amplios de población, un divorcio entre la clase política y la población (entre el país "oficial" y el país "real") y una desconfianza cada vez más extendida hacia todo lo que representa "partido". Mientras la situación económica era aceptable, esta protesta quedaba como propiedad de grupos marginales y agoreros, pero a medida que la crisis económica y la depresión subsiguiente, vayan profundizando, la protesta popular va a ir encaminada contra los "gestores de la crisis" incapaces de sacarnos de ella. La crisis económica, generará una crisis social que, en el último estadio, provocará una crisis política, cuestionando las bases del actual sistema de participación: la "plutocracia partidocrática" se hará entonces inviable.

d. Inviabilidad ecológica: "decrecimiento" frente a "desarrollo sostenible"


El capitalismo se basa en la explotación de los recursos naturales y en su conversión en bienes de consumo. La actividad depredadora de la naturaleza ha podido abordarse desde el inicio del capitalismo, sin que la vida en la tierra se haya visto excesivamente alterada; sin embargo, en este terreno se ha generado un proceso acumulativo similar al que se produce en el hígado de un alcohólico, el cual inicialmente no nota los efectos de la acumulación de alcohol en su hígado, pero que se van acumulando hasta destrozarlo. Los 150 años de explotación sistemática y cada vez más acelerada de los recursos naturales, ha ido acumulando detritus, residuos industriales, polución en las capas altas de la naturaleza, deforestación, y, en una palabra: alteración del equilibrio ecológico del planeta. Esto ha generado una marcha hacia el caos ecológico que cada vez se aborda a mayor velocidad.

A partir de la Conferencia de Río, la línea de la globalización mantenida por los EEUU y los grandes consorcios financieros e industriales, llega a un punto de acuerdo con la línea humanitarista y con los alterglobalizadores, lanzando el concepto de "desarrollo sostenible". La peligrosidad de este concepto deriva de que parece aureola de "prudencia" y "comprensión" hacia los problemas del medio ambiente y reconoce implícitamente los riesgos de explotar la naturaleza de manera "insostenible". De hecho, este concepto no suponía nada más que un intento de diversión, inviable desde el punto de vista de la racionalidad: el concepto de "desarrollo sostenible" implica que una voluntad aparentemente "moderada", pero constante: no habrá nada que detenga el desarrollo, éste será "sostenible" pero ilimitado. Este concepto choca pues con la realidad de un planeta de posibilidades y recursos limitados, más allá de los cuales se entra en el caos. El sistema no puede evolucionar de manera "ilimitada" porque, más allá de determinados umbrales se hace inviable: puede haber petróleo o uranio para treinta años, durante los cuales el sistema dispondrá de energía (si bien esta resultará cada vez más cara a medida que se vaya agotando), pero acabado estos recursos, la naturaleza tarda millones de años en renovarlos…

Por lo  tanto, mientras no se reconozca la dramática realidad (la imposibilidad de un "desarrollo sostenible"), seguirá el camino hacia el abismo. La alternativa es el "decrecimiento" esto es, la renuncia voluntaria a los actuales niveles de consumo y depredación de la naturaleza, a cambio de una perspectiva de "viabilidad". Y este estadio jamás podrá alcanzarse dentro del actual sistema político-económico. Para asumirlo será posible asistir a grandes convulsiones económicas, a gigantescos cambios políticos y a un cambio en las correlaciones de fuerzas a escala geopolítica.

e. Inviabilidad social: el capitalismo senil extrema las desigualdades

Mientras el capitalismo ha asegurado el progreso en amplias zonas del planeta, ha sido prácticamente incuestionable, especialmente cuando el fordismo se planteó convertir a los proletarios en consumidores, mejorando su nivel de vida. Pero esto ocasionó unos aumentos extraordinarios en la producción y llevó directamente a la depredación de los recursos naturales. La pirámide social tendió a convertirse en una extraña figura geométrica con una cúspide extremadamente alta y reducida, distancia a cada vez más distancia de una base extraordinariamente amplia (como un triángulo isósceles con los dos lados iguales convexos). Ninguna estructura social es viable cuando existe tanta distancia y tanda desigualdad entre los que poseen todo y deciden todo y los que solamente poseen deuda y no tienen ninguna esperanza más que la de seguir endeudados o embargados.

Este modelo social hipertrófico de las diferencias entre una exigua minoría y una mayoría abrumadora, es el signo de una estructura senil inviable a corto plazo, especialmente en momentos de crisis económica e incapacidad de la clase política para aplicar otra medida que no sea el utilizar los recursos públicos (esto es, los recursos de "los más"), para salir en auxilio de los intereses de "los menos". Pero en el marco de una plutocracia partidocrática no podía esperarse otra cosa: el dinero de la sociedad es desviado por la clase política hacia aquellos, precisamente, que han sido responsables de la crisis, aumentando de esta forma, todavía más, el abismo entre unos y otros.

Esta situación es propia de todo período pre-revolucionario: cuando los que "poseen" realizan demostraciones frívolas y prepotentes de su riqueza, excitando el resentimiento y el odio de quienes no poseen nada. Así ocurrió en el período previo a la revolución francesa y así está ocurriendo en la actualidad. El estallido histórico es generado, por una crisis económica, que se superpone a una ausencia de legitimidad, pero no por rechazo consciente y teórico sobre los elementos que generan la crisis, sino por rechazo visceral hacia el exhibicionismo frívolo de la élite económica.

f. Inviabilidad energética: se acabó el petróleo barato

El sistema capitalista mundial está sometido a ciclos económicos pero su crecimiento deriva del crecimiento energético. Los beneficios del capital, se reinvierten para que se transformen en fuente de nuevas rentas. Si este proceso se detiene, el valor del capital se estanca primero y luego disminuye. Pero este proceso se mantiene porque en los últimos 150 años siempre ha aumentado el flujo de energía a las fábricas. Si este se estanca o disminuye, los beneficios del capital disminuyen inmediatamente. De ahí que para mantener el actual sistema económico mundial sean precisos niveles cada vez mayores de producción de energía.

Hasta 1973 no hubo problema: se empezó utilizando el carbón y la energía hidráulica, más tarde los sistemas energéticos derivados del petróleo o del gas, finalmente la energía nuclear. La primera crisis del petróleo (1973) demostró la fragilidad de este sistema. Más adelante, el establecimiento del "Pico de Hubert" sobre el punto óptimo de extracción de crudo en relación a las necesidades del consumo, fue una segunda señal de alarma. Sabemos que habrá petróleo para no más de 30 años. Probablemente, menos. La energía de fusión nuclear, la única que podría sustituir ventajosamente al petróleo, es todavía una duda científica. Se ignora, simplemente, si podrá algún día ser dominada y aplicada.

Si tenemos en cuenta que el sistema globalizado se creó de espaldas a la teoría sobre el "Pico de Hubert", entenderemos la irresponsabilidad de quienes diseñaron un sistema mundializado en el que grandes buques de carga, aviones de bodegas gigantescas y trenes de alta velocidad, recorrieran el planeta transportando mercancías a cadenas de suministros cada vez más dilatadas y distantes. La globalización, en definitiva, no solamente ha hecho que amentaran las emisiones de CO2 a la naturaleza, sino que, ha generado la deslocalización industrial en un momento en el que se vivía aún la "era del petróleo barato"… pero la globalización solamente es viable con una aportación extraordinaria de carburantes que posibiliten el traslado de mercancías. Y el petróleo se agota. Este problema permite comprender la inviabilidad energética del actual sistema globalizado.

g. Inviabilidad alimentaria: del exceso de transgénicos a la escasez del agua


La vida humana en la tierra se sustenta sobre dos elementos que la hacen viable: alimentos y agua. A partir de 1943 se desarrolló la llamada "revolución verde" basada en la selección genética, los monocultivos y la utilización masiva de fungicidas, pesticidas, herbicidas y fertilizantes. En su segunda fase (a partir de los años 90) se utilizó la ingeniería genética para crear nuevas variedades (los "transgénicos"). Hacia 1965, la "revolución verde" se había extendido a amplias zonas del Tercer Mundo, mejorando la producción de alimentos y resolviendo el abastecimiento de arroz y maíz en Asia. El rendimiento de los campos se multiplicó por cuatro o, incluso, por cinco. Hasta 1995 todo esto no era cuestionado y se convenía en aceptar que había resuelto buena parte del problema del hambre en el planeta.

Sin embargo, en la segunda mitad de los 90 empezó a evidenciarse que el aumento desmesurado de la producción estaba generando problemas inicialmente no complados: las semillas -hasta ese momento obtenidas gratuitamente por los campesinos de sus propias cosechas- se encarecieron extraordinariamente, aparecieron nuevas plagas, se multiplicaron los problemas en el almacenamiento, era preciso adquirir útiles de cultivo costoso para poder optimizar las cosechas (y, por tanto, el campesino debía endeudarse), desaparecieron miles de variedades locales mucho mejor adaptadas y se cambiaron los hábitos alimentarios de las poblaciones. Todo esto llegó a su clímax cuando empezaron a comercializarse las semillas transgénicas que precisaban de fertilizantes específicos y de las que se decía que eran inmunes a las plagas. Casi veinte años después de la aparición de los primeros transgénicos, todo esto se ha demostrado como un verdadero fiasco: su productividad por hectárea es similar a la de las semillas habituales; terminan precisando más fertilizantes e insecticidas; su aspecto exterior parece más agradable a la vista, pero sus cualidades nutricionales están reducidas; en algunas variedades sus ciclos de crecimiento son ligeramente menores, a costa de retener agua y, por tanto, de alterar su sabor tradicional. Por lo demás, a medio plazo se ignora el efecto que pudieran tener sobre la salud en una generación.

A todo esto se añade el problema de los aditivos, la mala utilización de los pesticidas (en muchas ocasiones sin tenerse en cuenta los plazos de seguridad recomendados por los fabricantes), los problemas que han surgido con los embases (algunos de los cuales se ha demostrado que eran responsables de la disminución en el número de espermatozoides de los consumidores). Los mismos cultivadores, sometidos a los efectos más inmediatos de los pesticidas, vermicidas y fungicidas, son quienes experimentan más directamente sus efectos: a pesar de la aparente vida sana que supone trabajar en la naturaleza, los campesinos son quienes muestran mayores tasas de cánceres y de infertilidad. Si en las últimas décadas han aumentado los tumores se debe, en gran medida, a los residuos químicos anidados en los alimentos.

La escasez creciente de agua complica todavía más el problema. El agua se ha convertido en un elemento estratégico de primera magnitud, casi como el petróleo: éste mueve a las máquinas, pero el agua mueve al ser humano y nutre los cultivos que alimentan a las poblaciones. No es raro que buena parte de las crisis mundiales tengan lugar a causa del control del agua (Palestina y el Kurdistán, por ejemplo). El cambio climático hace que todo este problema aumente aún más: el deshielo del agua dulce contenido en los Polos hace que las corrientes marítimas queden alteradas y, por tanto, el clima tienda a modificarse, amén del aumento del nivel de las aguas marinas que puede forzar al abandono de amplios territorios situados al nivel del mar.

La "revolución verde" logró engañar durante más de 50 años a los observadores que la tuvieron como un gran avance y lo mismo puede decirse de los transgénicos. Pero, a la larga, se han demostrado como factores esenciales para el caos alimentarios del planeta y, sin duda, uno de los factores más desequilibrantes del actual sistema mundial. La deslocalización alimentaria de la humanidad y el envío de alimentos de un lugar a otros del planeta, puede ser fatal en caso de estallido de alguna pandemia que obligue al cierre de fronteras y a la interrupción el comercio mundial, especialmente para las zonas del globo que, como Europa, son cada vez más dependientes de los alimentos llegados del exterior. Frente a la deslocalización mundial alimentaria es preciso tender cada vez más a criterios de proximidad alimentaria: cada comunidad debe alimentarse de aquello que es capaz de producir. Así ha sido durante milenios, existiendo una amplia estabilidad. Han bastado, sin embargo, 20 años de globalización, 70 de "revolución verde" y 20 de "transgénicos" para que el sistema alimentario mundial entre en crisis.

h. Inviabilidad social: las convulsiones sociales que vendrán

La globalización ha generado movimientos ingentes de población de sur a norte y de este a oeste. Se ha excedido con mucho la capacidad de asimilación e integración de los países receptores y, así mismo, ha crecido extraordinariamente las más de la misma identidad, deseosas de mantenerla, encastradas en otras comunidades y que ya no precisan la integración en el país receptor por que su comunidad-gueto la hace innecesarias. Se crean así islotes identitarios en el seno de otros países que antes o después reivindicarán derechos propios: es normal, mantener la identidad lleva necesariamente a reivindicar territorialidad y, llegado a este punto, el paso siguiente, es reivindicar soberanía. De ahí que más allá de un 5% de concentración de la inmigración en una zona determinada, genere inmediatamente fenómenos de "gentrificación" (cambio de los habitantes de una zona por otros, recién llegados, con aparición de guetos) y altere los rasgos y los comportamientos de las comunidades.

Para colmo, se están produciendo fenómenos sociales de los que cada vez existen señales más alarmantes: el hecho de que los piratas somalíes puedan operar casi con entera libertad en zonas próximas al Cuerno de África, el hecho de que la UE haya permitido la fundación del Estado mafioso de Kósovo, dirigido por una banda de gánster y delincuentes, el hecho de que las redes mafiosas y los cárteles de la droga, cada vez extiendan más su área de influencia por el país, el que cada vez resulten más evidentes las vinculaciones entre el poder político y el poder mafioso, la desaparición de toda norma ética y moral entre la clase política, unido a una profunda y cada vez más visible "barbarización" de la sociedad (cada vez más violencia y cada vez más gratuita: en las calles, en las escuelas, en el propio hogar, el hecho de que la vida no valga absolutamente nada en algunas zonas del planeta, la inseguridad ciudadana, el aumento casi asindótico de los presos y, por tanto, el aumento en la comisión de delitos y faltas), todo ello aumenta, mientras que, paralelamente, va disminuyendo la influencia de los factores tradicionales que hasta ahora han ido garantizando la estabilidad y la subsistencia de una sociedad organizada: la familia (con aumentos insoportables en el número de divorcios, la elevación de la edad en la que el joven se emancipa y monta su familia, las familias monoparentales), la procreación (la gestación y educación de los hijos, la transmisión de los valores de un pueblo a la generación siguiente), los cuerpos intermedios de la sociedad (distintos niveles orgánicos de la sociedad, corporaciones, gremios).

A todo esto se unen los criterios deletéreos de "mestizaje" y "multiculturalidad" que en realidad implican pérdida del nivel cultural de un pueblo, creación de híbridos culturales de muy escasa calidad en función de los cuales son "educados" (más bien habría que decir, "deformados") los jóvenes y una relajación general de las costumbres. La caída del nivel cultural que se ha operado asindóticamente desde principios del siglo XX y que ha tomado el carácter de una carrera desenfrenada en los últimos 25 años, con la aparición de la "telebasura", pero también con la universalización de productos infraculturales en todos los dominios del ocio, hacen que esta sociedad carezca de fundamentos sólidos y pueda desplomarse en cualquier momento y ante la primera dificultad insuperable.

El cuadro final es de una sociedad que está situada social y culturalmente al borde de la inviabilidad y a punto de dar el paso final hacia el abismo. Hasta ahora, las sociedades han reaccionado ante las crisis que se han entrado a su paso, estimulando a sus mejores elementos para realizar trabajos titánicos de enderezamiento que se anclaban en las tradiciones culturales de los pueblos. Pero la globalización y las concepciones multiculturalistas han arruinado todos los elementos sobre los que podían apoyarse las reacciones hasta el punto de que resulta legítimo preguntarse si en la actualidad existe una masa crítica, una élite cultural, capaz de superar la marcha hacia la decadencia de toda la sociedad.

Hay que contemplar, así mismo, la perspectiva de que la crisis económica, termine acelerando el proceso de desintegración social.  En este sentido, la crisis y la depresión, actuarían a modo de electroshock susceptible de desarticular completamente las prácticas y los criterios sociales erróneos y enfermizos de las últimas décadas, en la esperanza de que después, la sociedad volvería a enlazar orgánicamente y reconstruir una unidad coherente y "normal", lo que equivale a decir que el nacimiento de un nuevo marco social y cultural, como todo nacimiento solamente se podrá realizar tras haber sufrido los dolores del parto.

Notas para entender el siglo (I de V) PERSPECTIVA INTERNACIONAL (9). Las corrientes ideológicas de la globalización

a. Globalización económica y globalización ideológica

Es frecuente cometer un error en el análisis y ver a la globalización como un todo homogéneo que tiende hacia el mismo objetivo. Ante la globalización existen cuatro posturas posibles:

- Los que sostienen la necesidad de una globalización por motivos económicos, tratándose siempre de instancias financieras y de consorcios multinacionales que precisan abaratar costes y optimizar rendimientos del capital.

- Los que sostienen que la “humanidad” es un todo y que, por tanto, hay que caminar hacia una unificación: un solo gobierno, una sola religión, un solo estilo de vida, y tender finalmente al mestizaje étnico y cultural con el objetivo de acceder a un estado multicultural que genere una sola cultura mundial.

- Los que se oponen desde distintas actitudes a la globalización, proponiendo “otra globalización” que recogería elementos de las otras dos corrientes: para “controlar” los efectos deletéreos del flujo internacional de capitales, bastaría, según ellos, instaurar una “penalización” (la Tasa Tobin) a la circulación de flujos económicos de un país a otro. Así mismo, aun sin llegar a los extremos del sector “humanitarista” de la globalización (segunda posición), asumen un internacionalismo que no es sino el último reducto de la antigua militancia marxista que todos ellos compartieron.

La primera corriente defiende la necesidad de la globalización por razones económicas (más bien por mitos económicos) y sirve a los intereses de los grandes consorcios multinacionales y de los centros de poder financiero. La segunda corriente, iluminista es de carácter ideológico y utópica y puede ser definida como un mero “humanitarismo”, tan ingenuo como deletéreo. La tercera corriente, por su parte, es una síntesis posibilista de las otras dos con fuerte influencia ideológica del marxismo de otros tiempos, reconvertido y tamizado a la luz del ecologismo y de otros mitos contemporáneos.

b. De la UNESCO a Bildelberg y vicecersa

Hay que ser más precisos. No basta con señalar las tres corrientes ideológicas por las que discurre la globalización. Hay que señalar con el dedo y describir más exactamente a los actores responsables de haber diseñado estos esquemas.

La primera corriente fue promovida por los descendientes de los financieros y magnates que vienen dominando la economía mundial en los últimos 200 años. Estas élites económicas se organizaron desde principios del siglo XX en “círculos influencia” que no “tenían poder político” pero que eran el verdadero poder. Cristalizaron en el Consejo de Relaciones Exteriores de los EEUU, sin duda, el organismo privado más influente, saltando al otro lado del Atlántico y constituyendo el Instituto de Estudios Internacionales, matriz británica de la misma área de influencia económica. Estos círculos estaban inicialmente informados por las ideas “fabianas” (corriente del laborismo británico que proponía una mejora progresiva de las condiciones de vida de la población con vistas a convertirla en consumidores y aumentar, por tanto, los beneficios de la gran industria) difundidas por la London Economic School. Anteriormente, en los EEUU, las dinastías económicas habían constituido una serie de “corporaciones estudiantiles” y logias destinadas a forjar el carácter de sus hijos y, así, perpetuar su influencia. La existencia de la más influyente de estas corporaciones se supo a finales del siglo XX, a pesar de haber sido fundada a mediados del XIX. Se trataba de Skull and Bones constituida en el Campus de Yale que ha aportado generaciones funcionarios a los servicios secretos norteamericanos y a las redes financieras, convirtiéndose en una de las mallas más exclusivas del poder mundial. Así mismo, después de la Segunda Guerra Mundial se constituyeron otros dos “círculos concéntricos”: el Club de Bildelberg y la Comisión Trilateral ideada por Zbigniew Brzezinsky, presentados como foros de análisis de los acontecimientos mundiales, cuando en realidad son justamente los foros en los que se preparan esos mismos acontecimientos.

La marcha de la concentración de capital en los años 60-90, facilitó el camino a la globalización, pero éste jamás habría sido recorrido, de no ser por ideólogos, políticos y economistas que establecieron la naturaleza y los tiempos de los jalones a recorrer. A partir de los años 50 se hizo evidente que no basta ostentar solamente el poder económico y, por tanto considerar al poder político como un instrumento en manos de los gestores del capital, sino que era preciso también controlar el poder mediático e incluso el tiempo de ocio en lo que cínicamente, Brzezinsky llamó “entetanimiento”: la ciencia de mantener dormidas y en un lavado de cerebro permanente a las poblaciones, ajenas a la acción de quienes tejen los hijos de su destino.

La otra línea de la globalización, la “humanitarista” también es fácilmente identificable con nombre y apellidos. Emergió a finales del siglo XIX en los laboratorios ideológicos anglosajones en los que interfirieron fenómenos muy diversos: los restos del socialismo utópico, el ocultismo de matriz teosófica, los “progresistas” que consideraban que el avance de las ciencias resolvería cualquier problema de futuro, las corrientes filosóficas positivistas y masonerías disidentes del tronco central y tradicional de la Orden. Estas primeras corrientes se plasmaron en los eventos “mundialistas” que empezaron a ser frecuentes en el último cuarto del siglo XIX: Exposiciones Internacionales, eventos mundiales, posteriormente, la rehabilitación de los Juegos Olímpicos, los Foros Mundiales de la Religión, etc. Hacia principios de los años 20 estaba muy extendida la idea de una “nueva religión mundial” o de un “idioma universal” (el esperanto) que sustituiría a la multiplicidad existente hasta ese momento. Tales ideas, después de sucesivos retoques y revisiones, plasmó a causa de los acontecimientos históricos generados en gran medida por el capital mundial (la necesidad de una guerra para salir del bache económico generado por la crisis de 1929), en la formación de las Organización de las Naciones Unidas y, posteriormente en varias agencias especializadas, en particular, la UNESCO. Estas entidades internacionales disponen de funcionarios de plantilla que tienen la capacidad de actuar al margen de las directrices emanadas de los gobiernos de los países a los que pertenecen. Por ese resquicio se filtraron los ideales “humanitaristas” que sostenían todos los secretarios generales de las NNUU, desde Trigve Lye a Ban-ki-Moon y todos los directores generales de UNESCO desde Julien Huxly hasta Koichiro Matsura. La acción de este sector se plasmó en la redacción de una serie de “cartas internacionales”, la más conocida de las cuales es la de Derechos Humanos. A pesar de no disponer del peso específico de los gobiernos que forman parte de estos organismos internacionales, lo que sí han hecho ha sido promover un tejido internacional de asociaciones y ONGs, financiadas con cargo al presupuesto de estos organismos y que difunden la doctrina “humanitarista” por todo el mundo.

Cuando se produjo la caída del Muro de Berlín y se hizo evidente que se caminaba hacia un Nuevo Orden Mundial, ambas líneas de la globalización parecieron converger. Pero a partir de la cumbre de Río se evidencias conflictos e incompatibilidades: el impulso que anima a la primera línea globalizadora no es el deseo de un “mundo unificado y más justo”, sino el de un “mercado mundial que permita obtener mayores beneficios”, propulsado especialmente desde los centros de poder financiero y económico del mundo anglosajón. A partir de 1999, se evidenció radicalmente la ruptura entre ambas líneas. La llamada “batalla de Seatle” evidenció el frente común formado entre los partidarios de la “otra globalización” y la legión de ONGs impulsada desde los ambientes de UNESCO y NNUU. Las propias declaraciones del entonces director de UNESCO, Mayor Zaragoza, evidenciaron netamente que la luna de miel entre ambos sectores de la globalización se había interrumpido y se asistía a un tira y afloja que todavía dura hoy.

c. La “otra globalización”

En 2001 tuvo lugar el primer Foro Social Mundial, reunión anual de organizaciones que llaman a “otra globalización”. En esa primera ocasión, la convocatoria fue realizada por el Grupo ATTAC (partidario de la Tasa Tobin) y en buena medida promovido por la izquierda progresista disidente europea, así como por el Partido de los Trabajadores de Brasil. Aquel primer foro tuvo lugar en Portoalegre y desde entonces se ha ido  convocando anualmente bajo la consigna de “Otro mundo es posible”. Este sector es un pastiche de sindicalistas, ONGs, comunistas, ecologistas, proteccionistas, anarquistas, cristianos de base, pacifistas, feministas, con presencia de muchos partidos de izquierda, así como con el apoyo de la línea “humanitarista”, que ya desde mucho antes trabajaba en distintas ONGs y asociaciones internaciones especializadas. Susan George explicó que no se trataba un movimiento “antiglobalización”, sino que “en realidad, entre los que queremos una globalización inclusiva, basada en la cooperación y la seguridad, y aquellos que quieren que todas las decisiones las tome el mercado”. En realidad, exceptuando las tendencias hacia formas utópicas de organización y unificación mundial que todavía están presentes en NNUU y, especialmente, en la UNESCO, puede decirse que ambos sectores son complementarios y actúan al unísono.

Es importante destacar dos elementos: que este sector coloca el énfasis de manera obsesiva en la “libre circulación de personas” por todo el mundo, manifestándose como el primer “lobby inmigracionista” y, en segundo lugar, que de este sector con ósmosis entre los ideales propagados por UNESCO y el “altermundialismo” se sitúa el extraño enfoque ideológico de José Luís Rodríguez Zapatero y de nueva parte de sus ministras y funcionarias de cuota (de ahí, entre otras lindezas, la exótica insistencia de gente como Leyre Pajín en aludir a “acontecimientos cósmicos”).
d. Contra cualquier forma de globalización: identidad

La globalización es una tendencia absolutamente rechazable en cualquiera de sus acepciones la medida en que:

1) Prioriza los intereses de las élites económicas anteponiéndolos a los intereses de los pueblos.

2) Los desequilibrios regionales hacen imposible una “unificación del mundo”, siendo éste ideal utópico la fuente de buena parte de los conflictos que afectan hoy a la humanidad, especialmente la deslocalización industrial y los movimientos masivos de población.

3) Todas las formas de globalización sostienen que la “humanidad” es un todo… pero, la “humanidad” no es nada, sino un concepto teórico y, por tanto, utilizado solamente para analizar determinadas categorías intelectuales. Lo que existen son los “pueblos”, esto es las comunidades organizadas en función de vínculos históricos, genéticos, políticos y culturales.

4) En tanto que “pueblos” cada uno de ellos tiene sus “señas de identidad”, es decir, lo que les define que es, al mismo tiempo, aquellas formas con las que se sienten más a gusto y que hunden sus raíces en el pasado. Por tanto, todo lo que es “identitario” tiene que ver con las raíces y con el entronque de una persona concreta con lo que ha sido a lo largo de las generaciones “su pueblo” y “su comunidad”. Nunca ha existido “la humanidad” más allá de cómo especie biológica.

e. De la globalización a los “espacios integrados”

La actual crisis económica es, como hemos dicho, la crisis de la globalización. Si la justeza de un sistema político o económico se mide por sus resultados y se revalida por su puesta en práctica, hay que reconocer que la globalización es, sin duda, el sistema que peor ha funcionado y  cuyo fracaso se ha evidenciado antes. Son los riesgos de aplicar construcciones teóricas que encubren objetivos de lucro económico y saqueo de los pueblos. Si la globalización económica supone solamente una optimización máxima de los beneficios del capital, la globalización humanitarista supone el empobrecimiento cultural de los pueblos al borrar sus rasgos de identidad y subordinarlos a un mestizaje universal situado siempre muy por debajo del nivel de la cultura a la que pertenecemos.

La alternativa a la globalización económica, no es una ingenua y simple tasa como pretenden los altermundialistas, sino la división de la economía en zonas “integradas”. Entendemos por este concepto: zonas autosuficientes que siguen sus propios ritmos económicos y que actúan en función de sus posibilidades, cerrados el máximo posible, a otras zonas. Resulta absurdo traer corderos de Nueva Zelanda cuando aquí se pueden criar, es incomprensible que gobiernos como el español o el inglés, que podrían ser autosuficientes en materia lácteo, importen leche del extranjero. El principio de autonomía alimentaria y de proximidad industrial debe ser la norma para la definición de los espacio de economía integrada.

Nuestro espacio económico es el bloque euro-ruso que podría perfectamente emanciparse de ese cáncer de la economía mundial que es el sistema financiero anglosajón y ser autosuficiente en materia industrial, en investigación, en energía y el cultura, a la vista de que ese amplio espacio tiene como origen a los pueblos indo-europeos que civilizaron desde Moscú a Finisterre y desde Atenas a Islandia, pueblos absolutamente diferenciados en su trayectoria histórica, en sus realizaciones culturales, de cualquier otro pueblo y, sin embargo, tan similares entre sí.

El concepto de “espacios integrados”, con sus traslaciones culturales, económicas y políticas es el concepto que sustituirá ventajosamente al mito imposible de la globalización.

Carta abierta a los militantes de DN y a los exDN

El proceso unitario emprendido por tres organizaciones de nuestra área política se ha iniciado en un clima de colaboración y voluntad de entendimiento, lo cual no es poco para partidos que desde hace cinco años apenas habían mantenido contactos.  Se trata, de tres organizaciones que enfatizan el tema de la "prioridad nacional" en lo que se ha dado en llamar el "área anti-inmigración". Es evidente que no están todos los que son… pero vale la pena también preguntarse por qué una de las siglas, Democracia Nacional, no está presente en ese proceso.

En las últimas reuniones que tuvieron lugar en 2005 de la llamada Mesa de Coordinación, DN, en cambio, sí estuvo presente. Sin embargo, en esta ocasión se ha juzgado que era imposible e inadecuado invitarla. El motivo es muy simple: en las dos últimas convocatorias electorales, la dirección de DN ha demostrado su mala fe ordenando a sus militantes que taparan sistemáticamente los carteles de cualquier otro partido que defendiera la "prioridad nacional". DN ha usado y abusado de esta táctica de manera injustificada y reiterada. Ahora le toca a su dirección asumir las responsabilidades de sus actos y afrontar un aislamiento que les va a ser muy difícil de superar.

Sin embargo, DN en su momento representó un intento de renovación de nuestro ambiente político: las tesis que dieron vida a DN todavía hoy siguen siendo válidas. Su análisis sobre la mundialización figura entre las mejores aportaciones ideológicas que se han producido desde la transición, su tesis sobre la "autonomía histórica" contribuyó a redefinir los contornos de un ambiente político, también, hacia 2003 fue el primer partido que estuvo en condiciones de enunciar una serie de medidas tendentes a resolver el problema de la inmigración. Inútil decir que quienes elaboraron todo este arsenal de documentos, en la actualidad se encuentran fuera de DN (a decir verdad, dentro de DN solamente queda uno de los fundadores del partido: uno solo de los 900 miembros que contó el partido en el momento de su fundación y que hoy están reducidos a menos de la tercera parte).

Desde el año 1999, DN ha ido segregando distintas promociones de dirigentes y militantes de tal manera que seguramente en la actualidad existen más ex militantes de DN que militantes en activo. Por otra parte, los principios que dieron vida a DN parecen haberse difuminado dentro del partido. Las delegaciones nacen, crecen y mueren a velocidad vertiginosa. De hecho, salvo un par de delegaciones (Burgos y Asturias) el resto está formado por grupos inestables de poca entidad, incluidos los de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. Y es preciso recordar que el partido tiene ya 13 años y que, salvo en una ocasión que rozó los 15.000 votos, en todas las convocatorias electorales se sitúa entre los 5 y los 10.000, error técnico incluido.

En el momento de escribir estas líneas son las 3:30 de la madrugada. A esa hora el contador del partido indica 30 visitas simultáneas, simpre 30 visitas, ni una más ni una menos… lo que quiere decir que el contador está deliberadamente falseado. Lo sabemos todos desde hace años, pero ¡qué importa!: estas prácticas no ayudan a que el partido crezca, sino tan sólo a retrasar el reconocimiento del fracaso de la gestión de Manuel Canduela al frente del partido.

Y esto es lo que todos tenemos claro: que el problema de DN no es la militancia que, fácilmente podría integrarse en el proceso unitario que hemos emprendido; el problema es el presidente del partido. Sólo ese y nada más que ese.

Va siendo hora de que los militantes de DN pidan explicaciones a su presidente ¿Qué avances se han logrado en estos últimos seis años, desde que asumió la dirección en exclusiva? ¿Qué éxitos se han cosechado? ¿Qué incremento -o disminución- en el número de militantes? ¿Cuántas delegaciones se han creado y cuántas más han desaparecido? ¿Qué número real de visitas tiene la Web? ¿Por qué en los últimos años ni siquiera se ha podido convocar la Universidad de Verano digna de tal nombre que fue otra de las innovaciones de DN y que contribuyó a que, al menos durante unos días al año, los militantes de distintas provincias tuvieran un conocimiento exacto de la situación del partido? No aludiré ya a que todo militante tiene derecho a pedir el libro de cuentas del partido porque esta es una vieja historia tan evidente que, a estas alturas, no vale la pena remover.

Durante estos años, para los que estamos fuera del partido, ha resultado evidente que Canduela lo ha dirigido como si se tratara de una secta: ha estimulado una visión paranoica de la realidad ("todos están contra nosotros", "el CNI, la policía, los demás partidos patrióticos, todos conspiran contra nosotros", "DN es la pieza clave de la política española y para cerrarle el paso, el sistema utiliza todos sus recursos", y así sucesivamente). Realmente nadie, ni siquiera dentro de los grupos patrióticos se acordaría de DN de no ser por esa persistente manía de tapar la propaganda de todos los demás partidos. A decir verdad, es seguro que los cuerpos de seguridad del Estado tienen a algún informador dentro de DN, pero no porque suponga un peligro de desestabilización, sino simplemente porque, ha convocado manifestaciones provocadoras con choque garantizado contra la extrema-izquierda. Y ni siquiera Canduela se ha preguntado quién es el informador que tiene dentro de sus filas, en su propia cúpula.

El presidente del partido cuando viaja a Barcelona explica que en Salamanca el partido avanza incontenible; cuando está en Huelva dice que el avance se produce en Asturias; cuando está en Burgos explica que en breve se abrirá un local en Madrid y que la estructura allí es fuerte… En realidad casi todo esto es falso y tiene un único fin: que los militantes tengan una imagen falseada de su propia organización, que crean que, aunque allí donde se encuentran ellos son débiles, hay otras provincias alejadas en las que DN "arrasa". Todo esto es mucho más patético que una estafa pura y simple: es un fraude a la esperanza y a la buena fe de la militancia. Y está durando demasiado.

La militancia de DN debe de entender que el cinturón sanitario creado en torno a esta sigla no es gratuito: está forzado por la actitud de su presidente Manuel Canduela, abiertamente hostil a cualquier otro grupo patriótico y anti-inmigración. Hoy, en un momento en que es preciso concentrar esfuerzos, la militancia de DN se encuentra cada vez más aislada. Es preciso recordar que nadie, absolutamente nadie, alberga el menor resquemor contra la militancia de DN. Lamentablemente no puede decirse lo mismo de la actitud hacia su presidente que cosecha un rechazo unánime en todo nuestro ambiente político.

Desde este punto de vista, la militancia de DN debe de hacer un esfuerzo para tomar el tren que está arrancando: informarse bien sobre la situación real del partido, plantear los problemas en congreso o mediante escritos a la dirección y afrontar la sustitución del actual presidente por incapacidad manifiesta para alcanzar los fines estatutarios.

Y luego estamos los que en un momento de nuestras vidas fuimos militantes de DN y, por diversos motivos, nos hemos alejado o hemos sido expulsados por los motivos más banales. También a nosotros nos compete cierta responsabilidad en la resolución del impás que vive el partido. La creación de una Asociación que agrupe a los que se suele llamar exDN debería ser el primer paso para recuperar los temas y los ejes que dieron vida al partido hace 13 años.

Lo paradójico es que, durante ese tiempo, las tesis de autonomía histórica y la crítica al mundialismo han sido incorporadas a otros partidos… mientras que han desaparecido completamente de DN. Va siendo hora de que los exDN recordemos qué reflexiones políticas e ideológicas nos llevaron a incorporarnos al partido.

Digámoslo claro: quienes impulsamos el proceso unitario queremos que la militancia de DN se integre en el mismo en plano de igualdad con las otras organizaciones. Pero, para eso, la militancia de DN tiene que poner algo de su parte y manifestar interés y decisión. Por nuestra parte estamos dispuestos a apoyarles. Pero, eso sí, hay una persona incompatible e irrecuperable para cualquier proceso unitario: a la militancia de DN corresponde decidir cómo resolver este conflicto.

Recibid un cordial saludo

Ernest Milà

PD.- A las 4:10 cuando termino esta Carta Abierta el contador de la web de DN sigue "misteriosamente" atascado en las consabidas 30 visitas de cada noche. Sólo por eso alguien merece ser corrido a gorrazos.

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo II. Romper el termómetro para no conocer el problema. Un trabajo de desinformación

En estos momentos le resulta imposible al gobierno conocer exactamente el número de no europeos presentes en Francia ya que ha roto el termómetro: los servicios estadísticos no tienen el derecho de formular preguntas sobre los orígenes de los habitantes. La característica de una época de declive es enmascarar precisamente ese declive, censurar a los que anuncian la catástrofe. O bien negar las cifras -lo que ya no es posible-, o bien, de manera cada vez más frecuente, se pretende que este maelström étnico y demográfico no es peligroso, que provoca miedos injustificados, "fantasmas". Por dejadez intelectualista, se niega la realidad, o más bien sus consecuencias.

"Los psiquiatras coinciden en estimar que se tiene miedo de aquello que no se conoce" escribe Véziane de Vézin (La Figaró, 01/04/1999). Lo que, en realidad, hacen esos psiquiatras es exorcizar la realidad; hasta el momento en que lo real atrape a todo el mundo. La misma Véziane de Vézin deplora las "imposibilidades fijadas por el INSEE para conocer exactamente el origen de las personas en el curso de los censos".

La doctrina oficial es pues que el gobierno y sobre todo el pueblo no deben conocer las cifras reales de la inmigración ni la amplitud de la colonización étnica. Desgraciadamente para ellos, el espectáculo de la calle, de la salida de las escuelas, de las tasas de criminalidad entre los inmigrantes informa al pueblo mucho de manera mucho más certera que las intenciones tranquilizadoras de la clase político-mediática. Esta susurra: "Controlamos la situación. La policía vigila. La integración se produce, por las buenas o por las malas, pero se produce. Todo va bien. Los flujos están controlados". Desgraciadamente, todo esto es falso. Una colonización salvaje está en curso. Estamos en Roma en el siglo III y no lo sabemos aún. En el curso del censo de población de 1999, el INSEE ha optado por excluir a los inmigrantes.Fue excluido del formulario de preguntas la relativa al origen étnico y a la religión. Se contentaron con una "encuesta asociada", sobre el origen de los padres sondeando solamente a una persona sobre cien y por departamento. Max Clos escribía en Le Figaro (05/03/1999): "Un sociólogo ha explicado que atraer la atención sobre los caracteres étnicos o religiosos de una ciudad corre el riesgo de provocar reacciones racistas. La población podría están tentada de relacionar la población de origen magrebí o africano con la inseguridad". Como si "la población" no se diera cuenta por sí misma de la realidad que corre en las calles… Otro bonito ejemplo del desprecio hacia el pueblo y del desprecio a la famosa transparencia democrática por el poder.

Para que el enfermo no conozca si está con fiebre se opta por romper el termómetro. Ya que el poder niega que la inmigración sea un cataclismo social y sea en realidad una colonización de población, hace como si la inmigración no existiera. Esta maquinación sería incomprensible en los países anglosajones, donde no existe tal tabú étnico y donde todos los censos precisan cuidadosamente el origen nacional y racial y la pertenencia religiosa de los individuos.

Michèle Tribalat, director de investigaciones del Instituto Nacional de Estudios Demográficos, que protestaba contra esta censura, se ha visto acusado de "deriva extremista" porque pensaba que era necesario conocer el número aproximado de magrebís y africanos que viven en Francia. Explicaba ingenuamente, a pesar de no tener nada de cripto-fascista, que "sin embargo, es el único medio de poder aprehender los guetos en algunos barrios, poder estudiar las eventuales discriminaciones en el empleo o en cualquier otra actividad". Bueno… esta alma cándida anti-racista termina siendo considerado como racista simplemente porque quiere "saber".

Hervé Le Bras, demógrafo próximo a Claude Allègre ha acusado al FINED de "deriva derechista", mientras que el Instituto está formado notoriamente por investigadores de izquierda. Ha denunciado "un riesgo de discriminación en el censo si se tienen en cuenta los orígenes étnicos". La falsa moral se superpone siempre a la realidad.

Una colonización "por lo bajo", muy diferente del antiguo colonialismo europeo

No soy yo quien ha inventado el término "colonización", diciendo que no se trata de una inmigración en el sentido clásico sino de una ocupación definitiva de nuestro suelo por masas que se desplazan por razones económicas pero también por motivos políticos y étnicos de conquista. Existen analistas lúcidos que perciben el problema. Jean-Claude Barreau, por ejemplo (en De l'islam et du monde moderne y La France va-t-elle disparaître?) recuerda que todos estos inmigrantes, legales o clandestinos, que llegan a Europa y se reproducen conservan sus costumbres, su religión, su lengua y la memoria histórica, "no son inmigrantes sino colonos". Christian Jelen en Les casseurs de la République mantiene el mismo planteamiento. Ninguno, desgraciadamente aborda el problema absolutamente central del "caos étnico", mucho más importante que el del "consenso republicano", del que hablaré en uno de los capítulos de este ensayo. Pero, finalmente, algunos tienen el valor de dar la voz de alarma: nos están colonizando. Thierry Desjardin, amigo de Chirac, poco sospechoso de racismo, escribía en su Lettre au Président à propos de l'immigration, que fue cuidadosamente ocultada por los medios de comunicación de masas bienpensantes: "Este "jodido" problema va a ser el problema esencial de los próximos años, no hay que hacerse muchas ilusiones: hay decenas de millones de pobres gentes en el Tercer Mundo que van a preferir correr el riesgo de venir a nuestra casa antes que morirse de hambre en la suya".

Frente a este problema, los partidos mayoritarios han propuesto "ayudar" a los países exportadores de inmigrantes para que estén en condiciones de retenerlos en su territorio. ¡Aquí está la contradicción!: para regular los flujos migratorios, algunos bienpensantes proponen utilizar el arma económica del neocoloniamo, que ellos denostaban hace algunos años.

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Retorno del garrote: Europa está en estos momentos colonizada por aquellos que ella había colonizado antes. Pero las dos colonizaciones son de una naturaleza diametralmente opuesta. El colonialismo europeo era una "colonización por lo alto"; nuestra colonización por el Tercer Mundo es una "colonización por lo bajo". El colonialismo europeo había sido una empresa de civilización, la colonización de Europa es una empresa de descivilización.

Es preciso inicialmente acabar con el sacrosanto cliché según el cual el colonialismo europeo habría sido un "pillaje", un pecado histórico, una empresa de destrucción de "culturas eminentes", etc. En realidad, el colonialismo europeo ha sido beneficioso para el Tercer Mundo y su balance ha sido negativo para Europa.

Con esa ligereza y ese angelismo propio de la mentalidad europea, acentuados por la mística del Progreso y de la Misión Civilizadora, como Prometeo hemos dado el fuego a pueblos que no lo poseían. No hemos destruido en absoluto culturas tal como pretenden los defensores, en el fondo rousseaunianos y adeptos al mito del buen salvaje y del etnopluralismo, sean de izquierdas o de derechas. Tras el paso de los europeos, las culturas árabes, indias, chinas, africanas, etc. ¿han sido arrasadas? En absoluto. Siguen siendo vivaces y mucho menos occidentalizadas y americanizadas que las desgraciadas culturas europeas.

El colonialismo europeo no nos ha reportado ningún beneficio económico en relación a sus costes. Se ha hablado de "pillaje", de explotación de sus materias primas: pero estos pueblos eran incapaces técnicamente de explotarlas ellos mismos. Hoy, por ejemplo, las royalties giradas a todos los países petroleros del Tercer Mundo descansan completamente sobre la capacidad, el trabajo, las inversiones de europeos y americanos. Lo que les ofrecemos es una renta.

De forma general, la pauperización de los países del Sur no es una consecuencia del colonialismo o del neocolonialismo sino de su inmensa incapacidad para asumir su destino, incluso cuando poseen inmensas fuentes de recursos naturales. En otro tiempo llegué a pensar que el colonialismo europeo era cínicamente responsable, a causa de una tendencia al beneficio y a la explotación, de la depauperación del Tercer Mundo. Era una visión intelectualista que he abandonado.

El colonialismo ha girado contra nosotros como un boomerang. Hemos fallado, no por afán de lucro, sino por ingenuidad, universalismo, por exceso de generosidad más planteada, queriendo exporta por todas partes nuestra civilización hacia pueblos que no podían adoptarla. Ofreciendo nuestras técnicas sanitaria, hemos logrado que descendiera la tasa de mortalidad y hemos conseguido que la demografía de esos países estallara. Hemos aportado nuestras tecnologías, les hemos construido sus infraestructuras. Fue un grave error que hoy estamos pagando. Volveré más adelante sobre este punto: el error del europeo es ese gusto por las donaciones que se explica a la vez mediante la ideología caritativa cristiana y por su naturaleza propio del ingenuo que no alberga desconfianza. Los antiguos pueblos colonizados, con raras excepciones, nunca han realizado ningún reconocimiento a las aportaciones del colonialismo europeo.

El interés puesto por los franceses en Argelia, por ejemplo, no estaba motivada por un deseo de explotación ("hacer sudar al burnous"), sino por la ingenua voluntad de "exportar la civilización". El Bachaga Boualem lo ha reconocido. Escuelas, dispensarios, maternidades, cultivos de amplios territorios agrícolas que los indígenas eran incapaces de explotar, infraestructuras: todas estas difíciles empresas no sólo no han destruido la cultura de estos pueblos, sino que les han puesto el pie en el estribo, han dinamizado su demografía y les han dado acceso a la técnica europea. Hoy, los graves desórdenes que agitan Argelia se deben únicamente a su propia responsabilidad. Este país, como tantos otros, es constantemente asistido financieramente por Europa, de la misma forma que alegremente asistimos económicamente a la comunidad argelina instalada en Francia. De todos estos países afro-magrebíes que hemos tenido la desgracia de colonizar "por lo alto", aquellos a los que hemos aportado más beneficios, no hemos recogido más que resentimiento y odio. Funcionan según la mentalidad de la muerte del padre.

Y ahora nos colonizan "por lo bajo". Su llegada masiva  es para nosotros un factor global de debilitamiento y servidumbre, mientras que nosotros hemos sido para ellos un factor de reforzamiento a largo plazo. Para nosotros la mala conciencia y la culpabilización, para ellos la buena conciencia y la des-responsabilización.

Pero los europeos son responsables de los que les sucede. Nos hemos equivocado al creer en una civilización universal y querer convertirlos masivamente a nuestras visiones del mundo. Los romanos cometieron el mismo error. Terminaron por ser sumergidos por aquellos a los que quisieron romanizar. Es la tragedia de todo universalismo. Hoy, pagamos nuestros propios errores: les dejamos invadirnos, creyendo que nos aportarán sus dones, mientras que no nos traen más que sus propios desórdenes. La ligereza prometeica aliada con la caridad cristiana, tal es la tragedia del espíritu europeo. Médicos sin Fronteras, el "derecho de ingerencia", Amnesty International son ilustraciones de esta continuación del catastrófico colonialismo europeo. Se interesan antes por la suerte de los otros que por la suya propia. Se ha olvidado aquel proverbio medieval: "golpea al villano y te ungirá; unge al villano y te golpeará".

El inmigracionismo de los politicastros

Más aún que los gobiernos de derechas que, siendo Giscard presidente y Chirac primer ministro, inventaron el catastrófico concepto de "reagrupación familiar", los gobiernos de izquierda dan muestras de un verdadero frenesí inmigracionista. Sin que ningún motivo serio pueda ser invocado, el ministro de Interior, Jean-Pierre Chevènement deseó, en 1999, ¡elevar de 50.000 a 200.000 el número de visados concedidos anualmente para los argelinos¡ Se sabe que en su inmensa mayoría jamás vuelven a residir en su país de origen. Así se organiza a sabiendas el hecho de que Francia se haya convertido en el vertedero de África del Norte.

El 8 de julio de 1999, el mismo Chevènement, en un decreto discreto, ha facilitado y extendido la reagrupación familias, es decir la llegada a Francia de familias extranjeras para residir.  Incluso Claude Coasguen, una de las figuras de pro de la Democracia Liberal, ha calificado a esta medida de "irresponsable y que suscitará numerosos fraudes", mientras se faciliten las condiciones para obtener una tarjeta de residente. Este diputado parisino prosigue: "Ya han aparecido problemas con los ilegales, nosotros vamos ahora a generar problemas con los extranjeros con papeles" (Le Figaro, 11/07/1999). Además, adoleciendo de falta de medios y de efectivos suplementarios, la Oficina de Migraciones Internacionales se muestra incapaz de controlar seriamente las entradas. Jean-Pierre Chevènement, violando el artículo 45 de la ley que lleva su nombre, rechazó publicar el número de cartas de residencia entregadas a extranjeros en los años 1997 y 1998… empleando una vez más la conocida técnica de romper el termómetro antes que reconocer la existencia de la enfermedad.

Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Sociales ha publicado una cifra: de junio a diciembre de 1997, se ha constatado un alza del 37% de las cartas de residencia entregadas. A los inmigrantes clandestinos, casi inexpulsables se añade el flujo de verdaderas y falsas reagrupaciones familiares, los seudo-refugiados políticos y los flujos de estudiantes. Así, por efecto acumulado de las entradas clandestinas, de las entradas legales y de los nacimientos, la masa de población afro-magrebí (de los que todos los jóvenes resultarán un día naturalizados) crece a considerable velocidad.

¿Cuál es la motivación de los socialistas para animar y acelerar esta política suicida? Primeramente el dogma cosmopolita y universalista de la República Francesa, inspirado en el eslogan: "Todo hombre tiene dos patrias, la suya y Francia". Señalemos la ingenua creencia del PS de que los inmigrados serán sus electores y que les permitirán permanecer eternamente en el poder. Mientras que el día en que los inmigrantes voten en masa, lo harán por sus propios partidos y a sus propios líderes, probablemente islamistas.

Es preciso hablar también de esta especie de vértigo moral que embarga al político de izquierdas: para obtener el marchamo de antirracista y humanista (ya que no quiere ser tildado de social u obrerista y aún menos de "populista"), debe imperativamente favorecer la inmigración. Se aferra al dogma de "la inmigración, una oportunidad para Francia"… ¿Lo sigue creyendo?

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Hasta los años 70, parecía creer que los inmigrantes no eran más que una mano de obra de apoyo que no permanecería mucho tiempo y "volvería a su país" una vez hubiera hecho algo de fortuna. Raymond Barre inventó la angélica y tecnocrática idea de la "ayuda al retorno". Se les paga para que regresen. Luego, se encuentra interesante la idea de "co-desarrollo": gracias a nuestras ayudas masivas y a nuestros préstamos, creamos empleo en los países exportadores de inmigrantes, a fin de anclarlos allí. Durante el tiempo en el que pertenecí a la Nouvelle Droite sucumbí a esta ilusión. Lamentablemente, la idea del retorno, tanto como la del co-desarrollo, sin impracticables económica y psicológicamente. Primeramente, porque no se puede "ayudar" eternamente, asistir a un país mediante préstamos (jamás reembolsados= para que artificialmente cree empleos; luego porque los inmigrantes no quieren en ningún caso retornos a su país. Piensan como colonizadores en establecer definitivamente a sus familias. La mayoría de los que han percibido las ayudas al retorno han regresado de nuevo a Francia.

Aprovechan la extraordinaria debilidad de los gobiernos europeos, culpabilizados y acomplejados, para instalarse con toda impunidad. La reagrupación familiar de Giscard es el ejemplo incluso de una medida humanitaria poco reflexiva; y, sin embargo, éste último denunciaba algunos años después en Le Figaro Magazine una "invasión" ¡que él mismo había programado! Ante el revuelo provocado por sus manifestaciones, el antiguo presidente se perdió en confusas justificaciones. Al igual que más tarde Chirac -que, por su parte, había defendido la reagrupación familiar mientras fue Primer ministro- con su famosa frasecita sobre "los ruidos y los olores" de los inmigrantes. Tal pusilanimidad deja perplejos.

"El gobierno, de hecho, ha abandonado toda pretensión de regular los flujos migratorios, en beneficios de la mera gestión de los recién llegados, aparecidos fuera de cualquier voluntad política", escribe Ivan Rioufol (Le Figaro, 01/04/1999). Sin embargo, en la mayor parte de los países del mundo, las medidas de control de la inmigración son por todas partes mucho más duras que las medidas pretendidamente "fascistas" preconizadas por el Front National. Los inmigrantes no son considerados como colonos definitivos, ni como huéspedes refugiados acogidos en nombre de la religión de los derechos humanos, sino como visitantes provisionales. La mayor parte de los países del mundo consideran que su homogeneidad étnica es su bien más preciado; sus leyes sobre la inmigración no contravienen en nada al derecho internacional público y nadie les acusaría de practicar la "preferencia nacional" y las expulsiones de los clandestinos. Mientras que si un país europeo practicara claramente estas medidas, sería, por una especie de discriminación moral, situado al margen de la humanidad. 

La derecha, por su parte, copada por el fatalismo y la demagogia, admite las cosas como hechos consumados, algo que para ella resulta una tradición, maquillando las dimisiones como si se tratara de victorias. Charles Pasqua, devolviendo su banda de ministro del interior, se decía partidario en mayo de 1999 de la regularización masiva de clandestinos. François Bayrou, en agosto de 1999 defendía un "nuevo humanismo integral" según la expresión temerosa de la peor de las lenguas de algodón, mientras que Nicolás Sarzoky, recuperando una fórmula de los trotskistas de SOS Racismo, tras hacerse heraldo de una "derecha moderada y generosa", lanzaba la idea de "una Francia multicolor, la de los franceses diversos, múltiples, diferentes". Europa tiene el deber de ser una "tierra de acogida", deber que escapa a los demás pueblos. Armados de mucho más buen sentido que los europeos, los demás países del mundo saben perfectamente que las sociedades multi-etnicas y multi-raciales poseen problemas insuperables. Ante un aumento inquietante de la inmigración asiática, el gobierno de Arabia Saudí "ha reforzado la política de "saudización" de los empleos, que consiste en despedir al 90% de los extranjeros […] y reemplazarlos por saudíes. El sector privado, por su parte, ha sido obligado a seguir esta tendencia. El personal de cada empresa debe comprender más del 80% de suadíes" (Al Quds Al-Arabi, 14/01/1999). Amnesty International no ha tenido nada que decir, como tampoco este editorial del Soleil, diario de Dakar, bajo la pluma de Ousmane Sembé (05/06/1998): "las es expulsiones de clandestinos que viven sobre la carne del país no tienen nada que ver con ningún debate moral, sino sólo con la aplicación de las leyes ". En toda África, negra o magrebí, la inmigración masiva y definitiva es impensable. En la inmensa mayoría de los países musulmanes, la unión de una mahometana con un europeo -incluso sin casamiento- es prácticamente imposible. Ninguna alma cándida, política o intelectual, en Occidente, lo lamenta. En Irán, los matrimonios mixtos están prohibidos: la situación de colonización étnica masiva que sufre hoy Europa parecería impensable en cualquier otra parte del mundo. Europa aparece así, en el mundo entero, como una tierra abierta, cuya clase política admite casi unánimemente que las reglas de preservación territorial no se apliquen a su continente.

El círculo vicioso de las regularizaciones

Las oleadas de regularizaciones de clandestinos a las que ceden los países europeos, bajo presión de los lobis inmigracionistas y para evitar las acusaciones de "racismo", ni siquiera permiten "blanquear" -y no se trata de un nuevo de palabras- las cifras de alógenos. Son una señal para los innumerables candidatos a la inmigración en Europa y son también una bomba aspiradora suplementaria. Las regularizaciones, como un círculo vicioso, animan y aumentan aún la llegada de nuevos clandestinos que, a su vez, pedirán ser regularizados. Georges Tapinos, profesor en la IEP de París señala: "La inmigración irregular es un fenómeno continuo y dinámico, que no se detendrá bajo pretexto de que las regularizaciones. En los EEUU, tres millones de ilegales han sido regularizados en 1986 y hoy (1999) se estima que el número de ilegales vuelve a ser de tres millones".

Las "regularizaciones" son una terrible regalo a los inmigrantes alógenos. En noviembre de 1998, picado por el mosquito del humanitarismo, el gobierno italiano decidió regularizar a 38.000 clandestinos. Se produjo entonces un flujo increíble de clandestinos que vivían en Francia hacia Italia beneficiados por la posibilidad de circular libremente por el espacio Shengen europeo. Pero fue también un estímulo, por el efecto de boca a oreja o del "teléfono árabe", para todos los que vienen de Pakistán, de Marruecos y de África negra… Las "regularizaciones" lanzan un mensaje al mundo entero: "Europa es Eldorado, Podéis venir, no hay problemas".

Dicho de otra manera, las regularizaciones, contrariamente al objetivo buscado, no hacen descender el número de ilegales, sino que, simplemente, lo aumental. Según dos mecanismo: nuevos ilegales son incitados a la partida a causa de la mansedumbre de los países de acogida; y las regularizaciones forman "comunidades de acogida seguras" para sus compatriotas.

En 1997, según una estimación del Ministerio del Interior, 100.000 extranjeros en situación irregular vivían en Francia. Habida cuenta de la minimización de los datos estadísticos conflictivos, esta cifra puede multiplicarse fácilmente por dos. En el momento en que se aplicaron las medidas Jospin-Chevènement que supusieron la regularización masiva de finales de 1998, 143.000 ilegales decidieron "salir del armario". Se notará que los 43.000 cuya legalización fue rechazada continuaron viviendo en Francia tranquilamente sin ningún riesgo de expulsión. Circulares administrativas (ilegales) prohibían en efecto la detención de los rechazados. Ya, en 1982, 132.000 habían sido realizadas sobre las 145.000 presentadas. Fue la primera y la última vez..

Las regularizaciones de la última ola Jospin vienen en su mayor parte de África y del Magreb. Se experimentó un crecimiento de los asiáticos (8.000 chinos, 1.700 procedentes de Sri Lanka, 1.900 filipinos, 1.500 paquistaníes) que no procedían de antiguas colonias francesas. Los flujos de entrada se mundializan. Los únicos regularizados de origen europeo eran 190 rusos.

Uno de los criterios del 75% de las regularizaciones de clandestinos ha sido la "presencia de lazos familiares en Francia", lo que ha favorecido a los magrebís y a los negros africanos: así los miembros (verdaderos o presuntos) de familias de inmigrantes legales que residentes en Francia tienen todo el interés en venir e instalarse clandestinamente. Esta noción de "lazo familiar" es, por otra parte, muy elástico. En torno a 20.000 ilegales han sido regularizados porque eran padres de hijos nacidos en Francia y, por tanto, franceses; 10.000 por que se habían casado con una persona en situación regular (sin que el matrimonio fuera rechazado), etc. 16.500 eran "solteros" y han sido regularizados por que "tenían un trabajo regular". Dicho de otra manera: un "trabajo negro regular"… La ley, bonita muchacha, es cada vez violada con más frecuencia.

Un ciudadano musulmán de Malí que llega clandestinamente a Francia con dos concubinas y seis hijos y "esposa" a una tercera mujer (regularizada o francesa), teniendo con ella varios hijos, será beneficiario de importantes ayudas familiares y será finalmente regularizado ya que su "esposa" está legalizada y que sus hijos tenidos con ella son franceses en virtud del derecho de suelo.

Una pareja procedente de Sri-Lanka o marroquí que llega clandestinamente a Francia con tres hijos y que tiene otro más (ya francés) recibirá un subsidio familiar, cobrará la "renta de inserción", escolarizará gratuitamente a sus hijos y tendrá todas las posibilidades de ser finalmente regularizada.

La bomba aspiradora funciona a pleno rendimiento. Resulta inútil precisas que estas regularizaciones, operadas por circulares administrativas, son ilegales y antidemocráticas, ya que constituyen medidas arbitrarias que derogan la ley querida por el "pueblo francés". Al igual que son resulta ilegal y antidemocrático el rechazo a la expulsión de los clandestinos, con mas razón cuando se ha producido la comisión de un delito que concluye en una condena penal. La voluntad general es abiertamente vulnerada y befada en nombre de los habituales y fofos criterios humanitaristas. Pero ¿durante cuánto tiempo seguirá siendo esa la famosa "voluntad general"? Simple: hasta que las minorías se conviertan en mayoría.

(c) Guillaume Faye

(c) Editions de L'Aencre

(c) Por la traducción Ernest Milà