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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (8).Los "actores emergentes"

a. El papel de las potencias regionales como sustitutos del Imperio

Desde los años de Lydon Jhonson al frente de la presidencia de los EEUU y, posteriormente, bajo Richard Nixon, una idea fue cobrando cuerpo entre los estrategas norteamericanos: a la vista de la oposición interior que suscitaba la Guerra del Vietnam y al tradicional aislacionismo norteamericano, debería ser posible actuar en distintas partes del mundo mediante "gendarmes", es decir, mediante países interpuestos que siguieran las directrices del "imperio" y fueran ellas las que sofocaran los incendios regionales. Gobiernos como el militar de Brasil, como el Sha de Persia, como el Suharto en Indonesia, como los gobiernos sudafricanos, debían realizar un papel similar al de los "foederati" en el antiguo Imperio Romano: combatir contra los enemigos de Roma en las regiones de su influencia.

Con el paso de los años éste sistema de alianzas fue cayendo: primero, el Sha de Persia no pudo soportar la embestida de los ayatollahs, luego los militares brasileños se vieron forzados a abandonar el gobierno en 1984, Indonesia se vio presa de una inestabilidad interior que la inhabilitó para jugar papel alguno internacional y que concluyó en 1998 con la dimisión de Suharto después de más de 30 años de ejercicio del poder. El final del régimen del apartheid en Sudáfrica, sumió a este país es en una situación incontrolable cada vez más dramática.

En estos momentos, EEUU sigue manteniendo la teoría de los "regímenes preferenciales": Marruecos en el Norte de África y, a partir, de esa fase mantener el control de la Franja del Shäel, Polonia y Chequia en el Este de Europa, los países de la Commonwealth, especialmente India en la zona del Indico y en el sur de Asia… pero se trata de potencias regionales poco eficaces y seguras.

La realidad es que las naciones que cuentan (China, India, Irán, Brasil, etc.) tienen otros planes y no están dispuestas en este momento a asociarse como "foederati" de un "imperio" que se muestra como decadente y de futuro incierto. Estas potencias optan, más bien, por convertirse en potencias regionales con aspiraciones de liderar sus regiones respectivas dentro de un mundo multipolar.

b. El mundo islámico frente a Israel


Oriente Medio sigue albergando el dudoso honor de ser una de las zonas más calientes del planeta durante los últimos 60 años. Esta conflictualidad arranca de la creación del Estado de Israel en 1948. Desde entonces se ha generado una tensión permanente, cuatro guerras árabe-israelíes y dos intifadas. El resultado de toda esta tensión acumulada ha sido la polarización de las posiciones en dos ejes: Israel-EEUU y Palestina-Islam. El papel de los EEUU en el conflicto deriva de tres hechos: el peso de la comunidad judía dentro de los EEUU, la necesidad de los EEUU de contar con un "gendarme regional", a la sazón, Israel, con capacidad para ser una base en un hipotético conflicto por el control de las reservas petroleras de Oriente Medio, y, finalmente, el mesianismo propio de los EEUU que, culturalmente, enlaza con el mesianismo judío y les hace "pueblos hermanos", tal como sostienen los fundamentalistas cristianos (EEUU pueblo elegido de la modernidad, Israel pueblo elegido de la antigüedad).

En el fondo del conflicto lo que subyace es la imposibilidad de coexistencia de dos pueblos sobre una misma tierra, a lo que se une la peliaguda cuestión del control de los acuíferos de Gaza y Cisjordania y de las Fuentes del Jordán que abastecen de agua el desierto de Neguev y permiten la colonización judía. El conflicto se agrave todavía más a tenor de que Israel es la única potencia nuclear en la zona y se ha negado a firmar cualquier acuerdo sobre limitación de armas nucleares.

Si el conflicto de Palestina se ha mostrado insoluble a lo largo de más de sesenta años, se ha debido especialmente a que cada parte cree tener detrás de sí la potencia suficiente como para derrotar a la otra: los EEUU tras Israel y el mundo islámico tras Palestina. Eso y, cierto maximalismo a la hora de la negociación por ambas partes desde 1946, ha enquistado el conflicto cuya resolución hoy no se percibe. Además, detrás del conflicto subyace el elemento irracional en la medida en que la clave de bóveda de la crisis permanente es el control de la ciudad de Jerusalén de especial relieve para judíos e islamistas.

No habrá paz en Oriente Medio mientras persista un orden multipolar que precisa de la pieza israelita para estar contar con una base próxima a las reservas petrolíferas de la zona. Ni habrá paz mientras la irracionalidad fundamentalista convierta al conflicto en una especie de lucha cósmica de potencias divinas y demoníacas.

Europa no tiene nada que ganar en este conflicto y, no solamente debe de abstenerse de apoyar a una u otra parte, sino que debe lograr que el resto de potencias se inhiban y sean los propios protagonistas quienes, faltos de otros apoyos exteriores, buscan una solución a sus problemas. El problema de Palestina no es un problema de "terrorismo internacional", ni puede ser un pulso con el sionismo internacional: son los habitantes de Palestina quienes deben tener la responsabilidad de decidir su futuro.

Lo que se dirimió en la guerra entre Irán e Irak de 1980 a 1988 tenía como único objetivo afirmar a una sola potencia regional. El régimen irakí tenía la aquiescencia de Occidente a la vista de su carácter laico y del rechazo que provocaba en la opinión pública las masas iraníes fanatizadas por los ayatolahs. Sin embargo, tras la guerra se puso de manifiesto la voluntad de Saddam Husein de erigirse en potencia regional con dos aspectos que resultaban preocupantes: era consciente de que la clave del proyecto era el control sobre las reservas petrolíferas de la zona y era enemigo del Estado del Israel. Esto impidió que los EEUU siguieran con Irak la misma política que habían seguido con Arabia Saudí: protección y seguridad a cambio de petróleo.

A raíz de la invasión norteamericana de Irak, el régimen iraní concentró esfuerzos para convertirse en una potencia regional y empezó a actuar como tal. A pesar de que la constitución iraní defina al país como un Estado Islámico y, por tanto, integrado dentro de la idea de umma musulmana, lo cierto es que, de la misma forma que la URSS utilizó el comunismo como soporte ideológico para su proyecto expansionista, Irán utiliza el Islam con la misma intención, aspirando a liderar el mundo árabe y a transformarse en gran potencia regional.

c. El coloso indio

A partir de 2000, el papel de la India ha ido creciendo en la escena regional. El famoso "efecto 2000" hizo que, ante la imposibilidad de los programadores de los EEUU para resolver los conflictos que se auguraban en el momento del tránsito de 1999 a 2000 en los equipos informáticos, tuvieran que "subcontratar" a programadores hindúes. A partir de entonces Bangalore se convirtió en la meca mundial del software a precio de saldo. La militarización y nuclearización de la India y su permanente conflicto con su rival histórico Pakistán, no deben hacer olvidar el hecho esencial: india, como China, son potencias en estado de formación, sometidos a fuertes tensiones internas propias de países que aspiran a ser potencias regionales, en los que una minoría de la población ha alcanzado un nivel de vida similar al norteamericano en el siglo XXI, mientras que una parte notable de la población sigue estancado en niveles de vida medievales o pre-medievales. Así mismo, si la cuestión social está atenuada por el apego a la tradición que todavía se vive en India (y, en menor medida en China a causa de la Revolución Cultural que borró los rastros de tradición en aquel país), el problema religioso está vivo y activo. Una minoría de la población india es de religión islámica y cada vez con más frecuencia aparecen chispazos entre ambas comunidades.

El riesgo de conflicto armado con Pakistán por la región de Cachemira, es recurrente y se reaviva cada cierto tiempo. Hasta ahora los inversores y la patronal de ambos países han conseguido evitar que el choque pasara a la fase "caliente", pero es difícil establecer cuánto tiempo pasará antes del nuevo repunte de la tensión.

Hay que tener en cuenta que un choque indio-pakistaní (con los EEUU tras el primero y China tras el segundo contendiente) podría arrasar completamente la zona de conflicto. India aspira a ser una potencia regional en el Sur de Asia en condiciones de controlar todo el comercio del Indico (y, por tanto, tener también las llaves de la ruta del petróleo y del comercio marítimo de China hacia Europa).

d. Los problemas de Iberoamérica


Con una democracia mal asentada y con una irreprimible tendencia a caer en la corrupción y en los escándalos, Iberoamérica sigue siendo un continente inexplicablemente balcanizado a pesar de hablar una misma lengua (los pasos dados en Brasil para que todos sus habitantes hablen castellano son significativos). Al Sur de Rio Grande, Mexico podría aspirar a ser una potencia regional pero dos factores juegan en detrimento a esta legítima aspiración: la proximidad con los EEUU que taponan cualquier ascenso de México en la escena internacional y una absoluta inseguridad interior, desempleo, deuda externa, extrema pobreza, analfabetismo y desnutrición infantil en algunas zonas. Mientras México no sea capaz de atajar la influencia de los carteles de la delincuencia, aumentar el nivel de vida de su población y establecer un Estado fuerte, no podrá jugar un papel relevante en la zona salvo en la hipótesis de desplome del Estado Federal Norteamericano.

El subcontinente está parcelado en tres zonas: Brasil que sigue aspirante al papel de superpotencia regional y que, para alcanzarlo suele actuar conjuntamente con Chile (constituyendo así, en la práctica, un "espacio transoceánico" que según la escuela geopolítica es fuente de poder). En su contra juega el factor étnico que hace de Brasil un conjunto inestable, en el que una parte importante de su población está más preocupada por samba, la liga de fútbol o de boleyplaya que del futuro de su país. A favor juegan sus dimensiones, reservas energéticas y el contar con una élite cultural y tecnológica.

La segunda zona sería Argentina país que cuenta así mismo con espacio, reservas y nivel científico y cultural. Sus handicaps son la inigualable miseria de su clase política y el situarse geopolíticamente cogida en una pinza por la alianza chileno-brasileira.

En cuanto a los países andinos, paradójicamente están siguiendo en mayor o menor medida las directrices políticas emanadas de Venezuela. La idea "bolivariana", como todo mito colectivo, tiene capacidad de atracción, a condición de no olvidar su naturaleza: la voluntad de Chávez de convertir a su país en potencia regional y no el mesianismo indigenista que se le pretende atribuir. Las soflamas de Chávez y todas sus aparentes excentricidades no tienen más que un objetivo: crear en torno suyo un polo de agregación de todos los gobiernos indigenistas o de izquierdas interesados en emanciparse de la tutela del "imperio". Mientras los pozos de petróleo sigan fluyendo crudo este proyecto tendrá cuerpo y solidez. A favor suyo juega el sentimiento antiyanqui anidado en el subconsciente colectivo sudamericano, que ha permitido que durante cincuenta años el castrismo no haya encontrado nunca grandes oposiciones en Iberoamérica, especialmente tras la renuncia del régimen de exportar la guerrilla; el riesgo de desplome de los EEUU que le impedirá ejercer como "gendarme" del mundo y, por tanto, intervenir en Venezuela (mayor proveedor mundial de petróleo a los EEUU). En contra del proyecto chavista juegan los nacionalismos propios de cada nación andina que el recurso al "bolivarismo" no consigue desterrar, así como el "monocultivo económico" venezolano. Las reservas de crudo venezolano, estimadas en 2009 en 172.000 millones de barriles (en torno a un 34% de las reservas mundiales y quinto mayor productor mundial) no durarán siempre (se estima que más allá de 2025 la disminución de la extracción en Venezuela será notable y se agotará totalmente en el 2040; por otra parte, la extracción del petróleo venezolano es más costosa: de 7 a 10$, frente al de Oriente Medio, 2$ y al ruso 5$).

e. China y su cita con la desestalinización


El crecimiento económico chino y su espectacularidad han hecho momentáneamente olvidar que aquel país es el último país en el que los principios del stalinismo siguen vigentes. Así mismo es el país del mundo que con su miserable sistema de coberturas sociales, con sus salarios de hambre y sus ritmo aberrantes de trabajo ha dado alas a la globalización y ha permitido la deslocalización de miles y miles de empresas a aquellos horizontes privilegiados para la rapacidad del capitalismo y que, paradójicamente, se dicen "socialistas y científicos".

En realidad, el progreso chino abarca solamente las grandes ciudades pero, en el interior del país, la pobreza, la debilidad en las infraestructuras, la falta de servicios sanitarios, la corrupción, la omnipresencia del partido comunista (la mayoría de "millonarios" son afiliados al partido o de lo contrario jamás habrían logrado contar con una posición preponderante en sus sectores económicos), la falta de libertades políticas, el déficit creciente en seguridad, contrastan con las aspiraciones china a derrotar a los EEUU en la carrera económica. Desde los años 60, el Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación Chino sostiene la ineluctabilidad del conflicto con los EEUU. China todavía no está preparada y, por tanto, aplaza el momento del enfrentamiento decisivo: en realidad, atraer a toda la producción mundial de manufacturas hacia China supone condicionar el futuro y restar capacidad industrial al "primer mundo" y, especialmente, a los EEUU. Comprar deuda pública norteamericana supone, así mismo, tender la mano y demostrar buena voluntad momentánea. Pero China, para todo aquel que haya pasado por el país, se haya comunicado con la población y haya podido ver los informativos es: una sociedad militarizada, convencida de que el futuro de la humanidad es el socialismo y que éste será extendido por el Ejército de Liberación Popular Chino.

China ha entendido que el hueso duro de roer es Rusia. La extrema violencia con la que Rusia contestó a las reivindicaciones chinas por los territorios al Este del Usuri y del rio Amur que culminaron en enfrentamientos violentos que costaron muchas bajas a ambas partes en 1969, no dejaban lugar a dudas: Rusia sería a partir de los años 90 el "enemigo segundario" y mientras la República Popular China no tuviera acumulación militar suficiente de fuerzas, había que practicar la política de la amistad y de la mano tendida hacia EEUU.

A lo largo de los últimos años, China ha descubierto que existía otro enemigo: el "enemigo interior" constituido por las importantes comunidades uigures del Turkestán chino de confesión islámica. No es que esta comunidad en sí misma pueda constituir un factor de desestabilización, pero sí que puede ser espoleada especialmente desde los EEUU como factor de desestabilización interna. No es que los EEUU vayan a atizar directamente una revuelta uigur, es que pueden hacerlo por medio de Turquía, aspirante también a convertirse en potencia regional para lo cual utiliza como excusa la existencia de un espacio turcófono que abarca también al Turkestán chino. La geoeconomía no es ajena a este conflicto: el Turkestán Chino (rebautizado como "Xinjiang" a partir de 1884 con su incorporación al Imperio Chino) alberga sobre su territorio un tercio de las reservas chinas de petróleo y dos tercios de las reservas de carbón, demasiado importantes si China quiere acceder a un posición hegemónica (o de Turquía si quiere aspirar a ser una potencia regional).

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (7).El papel de la OTAN

a. El último vestigio inútil de la Guerra Fría

Nuestra condición de europeos occidentales nos sitúa dentro de la OTAN, de ahí que sea necesario analizar el papel de la Alianza Atlántica y establecer qué es lo que representa para nuestro continente. Creada en 1948, después del Golpe de Praga, como culminación de la alianza estratégica de los países que quedaron fuera del "Telón de Acero", fue desde el principio un instrumento de la política exterior norteamericana. Con el paso de los años, ese papel ha ido creciendo para convertirse actualmente en una apéndice del Pentágono, una especie de fuerza auxiliar del ejército norteamericano.

Hoy, la OTAN es el último dinosaurio de la Guerra Fría. Nada justifica su existencia, ni nada explica cuál es su misión en las actuales circunstancias. El desmantelamiento de la OTAN o su transformación, son absolutamente necesarias para dejar atrás el recuerdo de la Guerra Fría y la fase de ocupación de Europa por las dos superpotencias.

b. La OTAN de alianza antisoviética a escoba de los EEUU

Desde el principio, la OTAN se presentó como una alianza antisoviética. Su misión no solamente consistía en defendernos de los tanques soviéticos que esperaban al otro lado del Telón de Acero el momento para lanzarse sobre Europa, sino también y sobre todo para evitar la implantación del comunismo en Europa, seguramente la forma más tosca de ordenación de la sociedad con su igualitarismo extremo, sus concepciones seudo-religiosas, y su desconsideración por la persona y la libertad, así como su "método" histórico y sus pretensiones científicas desmesuradas. Entre 1945 (y especialmente a partir de 1948) era necesario cerrar el paso al stalinismo en Europa. Ese fue el papel de la OTAN entre su fundación la caída del Muro de Berlín.

A partir de 1989 queda en evidencia que quienes sostenían que la OTAN no era más que la subordinación de los Estados Mayores europeos al Pentágono, no estaban exagerando. La URSS se hundió, pero los EEUU siguieron manteniendo su presencia en Europa y no hicieron ningún amago de retirarse o disolver la Alianza (mientras que el enemigo, el Pacto de Varsovia) desapareció por sí mismo.

Desde entonces la OTAN ha sido empleada por los EEUU como ayuda en operaciones que sólo convenían a los intereses norteamericanos, pero que nada tenían que ver con la defensa y seguridad europeas.

c. Sin función y sin misión: creando enemigos. El terrorismo internacional

En 1989 y el 11 de septiembre de 2001, se hizo demasiado evidente que la OTAN no tenía enemigo y, por tanto carecía de principio de razón suficiente. Las protestas contra la OTAN, incluso de partidos que hasta ese momento le había apoyado, tomaron especial cuerpo en Alemania que paga una quinta parte del esfuerzo presupuestario de la organización y que en esos momentos tenía otras prioridades (la reconstrucción de la Alemania Oriental reunificada). Sin embargo, el 11 de septiembre de 2001, los EEUU consiguieron afirmar la existencia de un enemigo imaginario, el llamado "terrorismo internacional", en función del cual atribuyeron una nueva misión a la Alianza Atlántica: a partir de ese momento, los EEUU consiguieron salvar temporalmente la existencia de la OTAN atribuyéndole como misión la "lucha contra el terrorismo internacional".

Eso hizo que tropas europeas fueran a escenarios remotos que nada tenían que ver con la misión estatutaria de la OTAN, para completar el esfuerzo norteamericano. De ahí la presencia de tropas europeas e Afganistán y en cierta medida en Irak.

Pero el "terrorismo internacional" es una ficción. No se sabe ni quien lo promueve (y las sospechas no apuntan precisamente al islamismo radical), a estas alturas es evidente que carece de entidad orgánica, misteriosamente todas sus acciones son inoportunas y susceptibles de ser empleadas como "casus belli" o, simplemente, hacen daños calculados a la causa que dicen defender (como ha sido el caso de los atentados firmados por Al Qaeda en Irak). Por otra parte, pensar que los ejércitos de 19 países se han forjado como misión combatir a un fenómeno que, como todo terrorismo es minoritario y precisamente solamente un seguimiento policial, es casi un chiste y el ejemplo de hasta qué punto, los gobiernos europeos siguen desinteresados por su defensa nacional y dispuestos a seguir a los EEUU en todas sus aventuras neocoloniales.

d. De la alianza anti-soviética a la alianza anti-rusa

Fue a partir de 1989 cuando quedó suficientemente desvelado el carácter de la OTAN como organismo subordinado a los intereses hegemónicos norteamericanos. Hasta ese momento, la OTAN había sido presentada como "alianza antisoviética", contra los tantos del Ejército Rojo y contra la ideología marxista. A fin de cuentas, resultaba más desagradable una cheka que un MacDonals. Pero lo que resultó sorprendente para muchos fue que, a partir de esa fecha, no cambiaron esencialmente las directrices de la OTAN que, en la práctica, se transformó en una alianza anti-Rusa. Y aquí es donde reside el gran problema.

Por que si hasta 1989, los intereses del Estado Soviético eran completamente diferentes a los de los Estados europeos, a partir de la caída del muro y, más especialmente, a partir de la toma del poder por Vladimir Putin, el escenario estratégico generado era nuevo. Europa ya no debía de ver a Rusia como enemigo sino como aliado histórico y al mundo anglosajón como el persistente boicoteador de cualquier alianza euro-rusa.

Cuando en 2008, los EEUU anunciaron la colocación de diez interceptores antimisiles en Polonia y una estación de radar en la República Checa, era evidente que tales iniciativas -tomadas, además, fuera del marco de la OTAN, apuntaban hacia Rusia a pesar de que cínicamente se anunciara que iban dirigidos a prevenir ataques llegados desde… ¡Irán y Corea del Norte! Nada les importó que ese sistema antibalístico dejara sin cobertura a Rumania, Bulgaria, Grecia y Turquía, países miembros de la OTAN. Era evidente que los misiles norteamericanos seguían apuntando a ciudades rusas y que Rusia, para el Pentágono, seguía siendo el enemigo principal.

Ante la protesta por la instalación anunciada de mísiles y radar, los rusos manifestaron que consideraban la iniciativa como "el avance de la infraestructura militar de la OTAN hacia nuestras fronteras". Posteriormente declararon no estar convencidos por las explicaciones dadas por Condoleezza Rice.

Este episodio, así como los prolegómenos de la Guerra de Irak en los que la OTAN demostró ser una estructura superada e inadaptada a un mundo temporalmente unipolar, generaron una oleada de inquietudes en las cancillerías europeas y, momentáneamente, la sensación de que era necesario reformar la OTAN. Sin embargo, la llegada al poder de Nicolás Sarkozy en Francia, sin duda el "más americano de todos los presidentes franceses", hizo que esos intentos de reforma chocaran con las posiciones norteamericanas reforzadas en el continente.

e. Por una defensa europea común

La existencia de la OTAN es una condición sine qua non para el mantenimiento de un mundo unipolar. De ahí que el desmantelamiento de la OTAN, o al menos su transformación en otro tipo de estructura, sea prioritaria e imprescindible si el objetivo principal es la creación de puentes de amistad, alianza y cooperación con la Rusia reconstruida. Los marines que llegaron a Europa en 1944 tienen que reembarcar. Las bases de la OTAN sin excepción deben ser desmanteladas. Los últimos vestigios de la guerra fría deben desaparecer para siempre.

Pero todo esto no contribuye a resolver el problema fundamental: la defensa europea. La prudencia induce a plantear el desmantelamiento de la OTAN en dos fases: en una primera, el mando europeo de la OTAN tendría autonomía propia y se situaría al margen de las decisiones e intereses del Pentágono. En una segunda fase, ese mando europeo se independizaría completamente de la OTAN, disolviéndose oficialmente la Alianza. Este proceso caminaría paralelo a otro cuyo primer paso sería el desmantelamiento de las bases norteamericanas en Europa. Se trataría de crear algo parecido a lo que fue en los años 50, la Comunidad Europea de Defensa formada únicamente por ejércitos europeos para defender intereses europeos y que, en su momento, no tuvo continuidad, asfixiada por la OTAN y por las presiones de la Guerra Fría.

Todo esto implica algo que no debe perderse de vista: la necesidad de que Europa recobre su interés por su propia defensa. Esto implica mejorar la eficacia, los presupuestos, la investigación y el armamento de los ejércitos europeos, así como el establecimiento de prioridades estratégicas que no pueden deslindarse del objetivo a alcanzar: un mundo estable, en tanto que multipolar y en el que la alianza euro-rusa jugara un papel moderador. Mientras los gobiernos europeos no arrojan por la borda ese pacifismo de manual que ignora el hecho esencial de que solamente los países armados son independientes, Europa seguirá siendo un títere en política internacional, dirigido por funcionarios subcontratados del "imperio". Mientras Europa niegue los verdaderos desafíos de nuestro tiempo y siga percibiendo en el horizontes enemigos ilusorios (el "terrorismo internacional") proyectados como señuelos por el maestro de ceremonias, ese gigante económico que es todavía la UE seguirá sin tener peso político.

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo II. Los mecanismos de la colonización y de la inversión demográfica. La implacable lógica de las cifras

Cuando los franceses colonizaron Argelia, la población europea fue siempre minoritaria en relación a los árabes. Más aún: la tasa de reproducción de las poblaciones indígenas se convirtió rápidamente en más fuerte que la de los europeos, ya que estos, con su habituales ligerezas filantrópicas, crearon hospitales y dispensarios que hicieron caer las cifras de mortalidad infantil entre los indígenas. Vivimos en Europa una situación rigurosamente inversa y, paradójicamente, similar: inversa porque el colonizador extranjero tiene un dinamismo demográfico superior al de los autóctonos europeos (amplificada por las constantes nuevas llegadas); y similar porque el crecimiento numérico de las poblaciones no europeas es rápido mientras que los europeos no renuevas sus generaciones.

Se trata de una inmersión demográfica. La consecuencia es clara, y es ahora visible para todos sin tener necesidad de consultar sabias estadísticas: desfiguración antropológica y la modificación en profundidad del sustrato étnico de Francia y seguramente de Europa. Más adelante veremos los riesgos de este fenómeno histórico rápido e inaudito, en progresión geométrica: decadencia de la civilización y de las culturas europeas, pérdida de independencia para el continente, posibilidad de una guerra civil étnica, etc. Al mismo tiempo, la presión del islam agrava la nocividad y los peligros de esta invasión demográfica.

Los defensores de las Luces, los medios progresistas y democráticos, los lobbis antirracistas, todos los inmigracionistas, ignoran que han abierto la caja de Pandora, la jaula del Tigre. Su hermosa concepción de una "sociedad de tolerancia" corre el riesgo de ser barrida por el cambio del sustrato étnico y cultural de Europa que han permitido sino impulsado. Más generalmente, la historia considerará que los europeos fueron víctimas de la misma ceguera que los indios de América del Sur. Abrir la puerta a los colonos, creyendo que les van a traer beneficios, y despertarse cuando ya es demasiado tarde.

Iban Rioufol escribe (Le Figaro, 01/04/1999): "La llegada de inmigrantes está en camino de cambiar la fisonomía del Viejo Continente […] Francia se hace mestiza. Según los datos oficiales, sobre 102.500 extranjeros que se establecieron regularmente en 1997, el 59%  procedían de África, el 22% de Asia y un 8% de Europa, sin contar los de la Unión Europea. La reagrupación familiar está en el origen del 70% de estas entradas. El actual gobierno ha relajado las normas. La Dirección de Población  de Migraciones del Ministerio de la Solidaridad acaba de registrar un alza del 35% de la inmigración legal, desde 1997. Es estas llegadas se añaden las más imprecisas pero importantes, de los clandestinos. Los sin-papeles -mala conciencia de la izquierda- habiendo obtenido la seguridad de que no serán jamás expulsados por la fuerza […], Francia no ha sabido proveerse de los medios de una política de inmigración disuasiva. Por el contrario, sus protecciones sociales y jurídicas siguen siendo extremadamente atractivas".

Menos que cualquier otro país de Europa, Francia no controla a la inmigración. Peor aún, como veremos más adelante, una ideología cosmopolita se emplea con todas sus fuerzas en abrir el grifo de entrada de extra-europeos con objetivos étnicos y políticos muy precisos. El suicidio étnico no se sufre solamente, es deseado por algunos.

La cifra aproximada de inmigrantes extranjeros en Francia en el año 2000 oscila de 5 a 8 millones, sin contar a los clandestinos y a todos los no-europeos presentes declarados "franceses" por aplicación del derecho del suelo.

Desde hace cuarenta años, 4,5 millones de alógenos se han instalado en el Hexágono francés y se han reproducido vertiginosamente. Nunca, en toda su historia, Francia ha conocido tal flujo de población. Es imposible que un choque étnico de estas características no tenga finalmente consecuencias históricas de envergadura. Por otra parte, el fenómeno no se detiene, ni siquiera se ralentiza.

El presidente del INED (Instituto Nacional de Estudios Demográficos), Jean Claude Barreau, un hombre de izquierdas poco sospechoso de agitar el "riesgo migratorio", declaraba tranquilamente: "Por término medio, en un año normal, se cuenta más o menos un flujo de 100.000 inmigrantes por año. La distorsión estadística de 1997 en relación a 1996 procede casi completamente de las regularizaciones inmigrantes ilegales y de las reagrupaciones familiares".

En diez años, sin tener en cuenta el número de nacimientos generados en el seno de familias inmigrantes y clandestinas, son pues ¡mucho más de un millón de alógenos no europeos, jóvenes y deseosos de reproducirse, los que han llegado a Francia! En la demografía las cosas van muy rápidas: sumando la tasa demográfica de los etno-alógenos ya presentes, mas fuerte que la de los autóctonos, los nuevos inmigrantes y la progenie de estos últimos, así como los mestizajes, en el horizonte del 2010, si nada lo impide, la población de Francia corre el riesgo de contar con mas de 15 millones de personas de origen extra europeo, de los que la mayoría será más joven que la población de cepas autóctonas.

El INED evaluaba en 1007 en 12 millones el número de personas con ascendencia "extranjera". El espectáculo de la calle está confirmado por los demógrafos. Contra más jóvenes son las generaciones, mayor es la población de alógenos: el efecto bola de nieve está llegando.

Por su parte, el experto demógrafo Jean Paul Gourevitch estima que en 2000 había 4,5 millones de inmigrantes, esto es el 8% de la población francesa, el flujo de entrada de los que quieren instalarse definitivamente en Francia; para 7 millones (12%) la población debería ser reconocida como parte integrante de la comunidad nacional, y a 7,8 millones (13,5%) el conjunto de la población de origen extranjero viviendo sobre Francia (en Immigration, la fracture legale, Le Pré aux Clercs, 1998). En realidad, estas cifras son ampliamente subestimadas.

Señalemos también que el número anual de naturalizaciones, en alza constante, (45.000 en 1987 y 73.000 en 1993) es enorme. Adicionados a los hijos de extranjeros que nacieron jurídicamente franceses en virtud del "derecho del suelo", estos "nuevos franceses" permiten a los sofistas afirmar que el número de "extranjeros" en el sentido jurídico es casi estable. Estas cifras (los 1 millones de "extranjeros en sentido amplio" del INED y los 7,5 millones de "extranjeros en el sentido estricto y reciente" de Gourevitch), ¿no tienen en cuenta los residentes en los DON-TOM y de las antiguas colonias, que son franceses de pleno derecho? Una reciente nota de coyuntura de la Embajada de Argelia en París (07/4/1999) no comunicada a los periodistas, pero que pude procurarme mediante trampas y hacer traducir del árabe, señalaba con júbilo de Argel, que el número de árabo-musulamnes presentes en Francia era muy superior en proporción a la de los europeos en África del Norte antes de la independencia.

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El mestizaje, por su parte, así mismo, avanza -lo que no es el caso en los EEUU, país de impermeabilidad racial-, dejando aparte el hecho de que la mayoría de uniones mixtas termina mal a causa de la distancia etno-cultural. Se estima que el 30% de los niños que nacen en Francia hoy tienen un ascendente extranjero de primera o segunda generación, la mayor parte de origen afro-asiático. El 11,25% de los casamientos oficiales son mixtos, sin contar las uniones de concubinato que pasan a través de las estadísticas. La gran mayoría de los mestizajes (a causa de la "desvirilización" del hombre europeo de la que hablaré más adelante) afecta a parejas en las que la mujer es europea. Y los mestizos, en su mayoría, no se sienten psicológicamente europeos, sobre todo los varones. Los otros países de Europa conocen la misma situación que Francia, pero con un retraso de en torno a diez años. Globalmente, Europa vive una tragedia demográfica y etno-cultural, enmascarada por el frágil parabrisas de las ilusiones económicas.
Todo esto terminará mal. Pero, en el fondo, para salir de esta situación, será preciso desear este final. Todo renacimiento, como todo nacimiento, se realiza en la sangre y en el dolor.

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En 1998, la llegada de inmigrantes regulares aumentó un 35% en relación a 1997 según las cifras del Ministerio del Interior, prueba que el gobierno francés ha renunciado a toda limitación seria de las entradas. La Oficina Estadística de la OCDE estima que el número acumulado, solo para Francia, de llegadas de inmigrantes regulares (refugiados, reagrupación familiar, etc.) y de clandestinos es de 150.000 por año. Sin contar los visados concedidos cada vez más generosamente para las "estancias turísticas", que se prolongan indefinidamente. El número de retornos o de expulsiones es cada vez mas débil, el saldo de las entradas está en torno a 200.000, el doble de las cifras oficiales citadas anteriormente. En diez años, a causa de este flujo serán dos millones de personas más los que tendrán sus hijos en nuestro suelo, sobre todo si son clandestinos a fin de impedir cualquier medida de expulsión.

Pero hay algo mucho peor. Un hecho capital del que no se habla jamás y que los medios de comunicación ocultan cuidadosamente, pero que el personal hospitalario conoce bien. Sobre 780.000 nacimientos anuales en Francia, una de las cifras más bajas de nuestra historia, 250.000 son nacimientos de madre magrebí, africanos o asiáticos, o bien de parejas mixtas. Se puede hablar pues de catástrofe étnica con una dimensión que jamás hemos afrontado en nuestra historia. Un tercio de los nacimientos son protagonizados por alógenos extra europeos según una encuesta del INSEE de 1994. La mitad de estos hijos ya es francesa porque son padres están naturalizados, la otra mitad adquirirá automáticamente la nacionalidad a su mayoría de edad, según el derecho del suelo. Es la "inmigración interior". Las maternidades son una vía de invasión más eficaz que las fronteras.

Hoy, el 8% de los adultos residentes en Francia son de origen extra-europeo, pero el 20% de los colegiales, mayoritariamente afro-magrebíes, y ¡el 34% de niños menores de cinco años! A este rimo, un tercio -seguramente más- de los adultos será afro-magrebí o asiático en una generación y ¡cerca de la mitad entre los "jóvenes"! Pero las cifras podrán ser aún más graves por la llegada constante de nuevos inmigrantes, jóvenes y prolijos, que vendrán a añadir su capacidad de procreación a la de los extranjeros ya instalados. Las minorías de hoy corren el riesgo de convertirse en mayorías mañana.

La realidad estadística está maquillada por las autoridades y los medios de comunicación "bienpensantes", pero se hace imposible camuflar lo que se instala en la calle. Se induce hipócritamente a creer que el número de extranjeros en Francia es estable -en torno a 4,5 millones- mientras que la proporción de inmigrados y de alógenos no cesa de crecer. Pero el derecho del suelo y las naturalizaciones masivas camuflan las verdaderas proporciones. El calificativo de "francés", en las actuales circunstancias, ya no tiene ningún significado: las naturalizaciones se realizan aceleradamente -¡desde 1996 a 2000 se han producido 100.000 naturalizaciones anuales que han "salido de las estadísticas" de inmigración- y los hijos de extranjeros nacen franceses. Estos "nuevos franceses" no están, sin embargo, integrados en la sociedad francesa.

De forma que, por un simple cálculo demográfico, es posible pronosticar que, si nada lo interrumpe, este proceso rápido y masivo, al igual que los EEUU (pero con consecuencias mucho más graves), Francia en el curso del siglo XXI corre el riesgo de no ser ya mayoritariamente un país de raza blanca ni de cultura europea. 

Ya hoy partes enteras del territorio nacional, como la comuna de Marsella, la villa de Rouvaix, el conjunto del departamento de Seine-Saint-Denis, los distritos XII, XIX y XX de París son zonas donde los europeos ya son una exigua minoría cuando no han desaparecido completamente. La cuestión que plantearé sin temor a lo largo de esta obra será saber si esta colonización de población masiva y brutal no atenta contra nuestros fundamentos biológicos, no corre el riesgo de arruinar nuestra civilización -incluso nuestro sacrosanto crecimiento económico- y hacer progresar nuestra cultura.

Un desastre demográfico

La situación de Europa es demográficamente desastrosa, tanto o más grave que durante la gran peste del siglo XIV y, desde luego mucho más que tras las dos guerras mundiales. Europa envejece, ya no renueva sus generaciones al mismo tiempo que acoge a masas afro-asiáticas que cada tienen un mayor protagonismo en la natalidad interior.

El informe de 1998 sobre las migraciones internacionales publicado por la OCDE anuncia resultados más que alarmantes: "Las migraciones juegan un papel no desdeñable en el crecimiento de la población de numerosos países. Así, desde 1988, el crecimiento demográfico de Europa deriva principalmente de la inmigración más que de los nacimientos, mientras que en los Estados Unidos los nacimientos juegan siempre un papel dominante".

Y a pesar de la aportación migratoria y de los nacimientos de alógenos, la población europea continúa envejeciendo y en algunas zonas de Italia y Alemania las cifras absolutas son impresionantes. Es decir, la increíble debilidad demográfica de los europeos de origen, puede compararse al etno-suicidio, del que hablaré más adelante. El informe explica: "Francia, el Reino Unido, los Países Bajos y Noruega deben su débil crecimiento demográfico a los nacimientos, mientras que en otras, como España, Grecia, Portugal, Austria y Dinamarca, es la aportación migratoria la que domina".

Y aún, hay que precisar que en los países donde los nacimientos aseguran aún un minúsculo crecimiento demográfico (debido igualmente a la disminución de la mortalidad esto es a la "multiplicación de los ancianos") una gran parte de los nacimientos y de la renovación por fecundidad natural no es debida a los europeos sino a los inmigrados.

Es un signo que, simbólicamente, no engaña: que incluso países como Portugal, Italia, Grecia o España, hasta no hace mucho generadores de inmigración y dotados de una alta natalidad, y cuyo nivel de vida económico no es el de Francia o Alemania, sufran hoy una profunda depresión demográfica y proyecten flujos migratorios llegados de África, participando en la enfermedad de Europa.

El informe observa continuación: "En Alemania y en Italia una muy fuerte inmigración no logra compensar una demografía natural negativa. Es pues difícil contar en la aportación de las migraciones para reducir o frenar el declive demográfico fuertemente marcado en algunos países".

Así nos encontramos frente a una situación dramática en Europa o no solo la población global disminuye pero donde la proporción de europeos no cesa de decrecer y la de los alógenos de aumentar. La relación de la OCDE precisa: "La aportación demográfica de la inmigración no se limita a las entradas de extranjeros. Se añaden sus hijos, en número más elevado que el de los hogares autóctonos. Así los nacimientos extranjeros o de origen extranjero representan una parte importante del total de los nacimientos en algunos países: 10'1% en 1996 en Francia (mientras que los extranjeros constituyen el 6,4% de la población), 13,3% en Alemania e incluso 22'8% en Suiza". Estas cifras no tienen en cuenta, para Francia, los nacimientos de padres naturalizados o convertidos en franceses por derecho de suelo… Ya que entre los "padres franceses" que hacen hijos, existe una fuerte proporción de magrebís o de africanos que tienen ya la nacionalidad francesa. Los Beurs de la "tercera generación" por ejemplo, los que protagonizan la crónica por sus razias incesantes, no solo son buenos jóvenes franceses sino que ¡también sin jurídicamente hijos de padres franceses! Sin embargo no entran en las estadísticas de nacimiento de extranjeros. En realidad, tal como he dicho antes, los "nacimientos de extranjeros reales" en Francia, es decir, los nacimientos étnicamente no europeos (y esto es lo más importante), son en torno al 30% o incluso más. Y la cifra corre el riesgo de progresar…

Y de todas formas para agravar el conjunto, todos los que nazcan se convertirán automáticamente franceses… Gracias al derecho del suelo, habrá siempre estadística y jurídicamente muchos franceses en Francia, una mayoría de hecho. Si, pero no serán europeos. Como tampoco los colonos europeos en América no eran indios… Para Europa, finalmente, y no tan lejos en el tiempo, tendrá lugar una explosión o una implosión, la crisis liberadora o el hundimiento. Volveremos a este tema en el capítulo final.

(c) Guillaume Faye

(c) Editions de L'Aencre

(c) Por la traducción: Ernest Milà

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (6).Geopolítica del siglo XXI

a. El choque histórico Tierra-Mar en el ciclo de la modernidad

El análisis geopolítico parte de la base de un enfrentamiento casi metafísico entre potencias continentales y potencias oceánicas. Las primeras estarían predispuestas a atribuir la primacía al Estado, desembocarían en sistemas en los que se confía en el Estado para resolver los conflictos de los pueblos, a diferencia de las potencias marítimas que concederían la primacía el comercio. Este esquema que tiene en la antigüedad su climax en el enfrentamiento Roma-Cartago, se reprodujo durante la Guerra Fría en el choque entre los EEUU (potencia naval-comercial) y las URSS (potencia continental-estatalista). El eje angosajón que prolongó luego su existencia, ya como potencia hegemónica, impulsó por su misma naturaleza marítima, el sistema globalizado que mejor convenía a sus intereses. Ahora bien, a partir de 1989-91, el problema geopolítico mundial consistía en que los EEUU debían dilatar demasiado su expansión marítimo-comercial y afrontar la "colonización comercial" de un parcela de la Tierra excesivamente grande: el continente euro-asiático, de Finisterre a Hong-Kong y de Ceylán a Narkik. Ya no se trata pues del enfrentamiento de una potencia naval contra otra terrestre, sino del choque entre una potencia naval y varias terrestres. Los estrategas norteamericanos han calibrado que la victoria para ellos es posible a costa de controlar las fuentes energéticas y las reservas mundiales de petróleo.

El problema geopolítico de la modernidad consiste en la imposibilidad  por parte de los EEUU de controlar espacios geopolíticos tan complejos y diversos y afrontar a actores que tienen las reservas mundiales más próximas a sus bases, mientras que el carácter "insular" del mundo anglosajón y su alejamiento de las principales fuentes energéticas fragiliza su estructura imperial y la hace imposible de mantener. Si tenemos en cuenta que el despliegue para la intervención en Afganistán duró aproximadamente mes y medio y la que precedió a la invasión de Irak se prolongó durante un trimestre, entenderemos la fragilidad de una situación en la que los pozos de petróleo del Caspio están a pocas jornadas de marcha de los T-72 rusos y que los pozos de Arabia Saudí y el Golfo Pérsico están solo a algo más de distancia de Moscú, incomparable con la que separa esos objetivos energéticos de Washington.

Por amplia que sea la presencia de los marines en Eurasia nunca se eliminará el handicap decisivo de la distancia con la capital "imperial" y de una excesiva dilatación de sus líneas de aprovisionamiento y suministro. A la hora de realizar un análisis de este tipo es preciso no perder de vista la noción de "espacio geopolítico", aquel sobre el cual se puede operar de manera efectiva: Alejandro Magno no lo entendió y llegó a las puertas de la India construyendo un Imperio efímero que no le sobrevivió a causa de haber rebasado con creces el "espacio geopolítico" de Hélade. Por el contrario, Julio César intuyó esta noción haciendo estableciendo para el Imperio un espacio que se reducía a los contornos del Mediterráneo y a los territorios anexos. Roma jamás tuvo excesivo interés en controlar, ni la cornisa cantábrica ibérica, ni las islas Británicas, ni los territorios situados más allá de las Galias, con considerar que estaban demasiado alejados de la capital imperial. Los EEUU, desconociendo la noción de "espacio geopolítico" afrontarán en el primer cuarto del siglo XXI una situación insostenible.

b. ¿Desplazamiento del eje del comercio hacia el Pacífico?

Durante todo un ciclo histórico, hasta el siglo XV, el eje del comercio mundial y, por tanto, el centro de la política mundial era el Mediterráneo en las proximidades de cuyas orillas tuvieron lugar los grandes enfrentamientos decisivos para la humanidad. A partir del siglo XV, ese escenario se desplaza hacia el océano Atlántico Norte a cuyas orillas tienen acceso los países más desarrollados. Ese ciclo dura hasta 1973, a partir del cierre del canal de Suéz, cuando se evidencia que la ruta estratégica esencial para la humanidad que conduce el petróleo del Golfo Pérsico a Europa Occidental y hacia los EEUU, discurre necesariamente bordeando las costas de Sudáfrica, esto es, ampliando la importancia geopolítica de la totalidad del Atlántico. Sin embargo, a partir de 1989, con la globalización como escenario, se constata que la diferencial demográfica y poblacional, así como el traslado de las plantas de producción del Primer Mundo hacia China y los "dragones asiáticos", está desplazando el eje del comercio mundial del océano Atlántico al océano Pacífico. A esto se une otro fenómeno: el desigual desarrollo industrial de los EEUU que, a partir de la irrupción de la era de la informática, hace del Oeste de los EEUU uno de los centro tecnológicos más activos. Se constituye así un "arco del Pacífico" que va desde California a Japón, de Japón a las costas del mar de la China y de ahí a Indochina, en donde se acumulan grandes contingentes de población (luego, de consumidores), recursos naturales y potencia industrial.

Si bien es cierto que el eje de la actividad económica mundial se está desplazando de Esta a Oeste, hasta tener en las orillas del Pacífico su eje central, no es menos cierto que todo lo que rodea a este océano es problemático: el arco del Pacífico está, así mismo, sometido a zonas tectónicas de ruptura, los países asiáticos distan mucho de ser una balsa de aceite y China tiene una cita ineludible con formas democráticas de organización o bien, cuando la burguesía local haya crecido lo suficiente, el Partido Comunista se verá imposible para controlar la disidencia, las revueltas en las nacionalidades (especialmente de la etnia uigur), y, especialmente, las revueltas sociales. Por otra parte, es pronto para decir como terminará la polémica entre las dos Coreas cada vez mas rearmadas y cómo saldrá el Japón de una crisis económica que ya dura 10 años.

Por otra parte, el Pacífico encierra cuatro sectores completamente diferentes: la diagonal anglosajona de California y Australia y la diagonal amarillo-andina de Tokio a Valparaíso, completamente diferentes desde el punto de vista antropológico, existiendo en medio un amplio espacio de navegación vacío, pero excesivamente dilatado para poder ser controlado por una sola potencia naval, especialmente cuando en el momento de escribir estas líneas los chinos están priorizando sus fuerzas navales.

De ahí que, desde el punto de vista geopolítico parezca excesivo afirmar que los EEUU afrontan mejor que cualquier otro país el desplazamiento de la economía mundial al Pacífico. Más parece que si fue el Atlántico el océano que propulsó a los EEUU como potencia hegemónica mundial, la correlación de fuerzas no le es tan favorable en el Pacífico en donde encontrará flotas rusos y chinos que accederán a alta mar con facilidad en lugar de las dificultades que la marina rusa encontraba para acceder al Atlántico.

c. Las fuerzas en conflicto en Eurasia

Mientras Europa se sienta "protegida" por los EEUU, en lugar de reconocer en el espacio Ruso-siberiano, un aliado natural del Viejo Continente, Europa no jugará un papel político internacional de ninguna magnitud. Los dirigentes europeos, presos de los esquemas ya superados que datan de la Guerra Fría, han confiado su defensa a una potencia exterior, inhibiéndose del mantenimiento de unas Fuerzas Armadas en condiciones de garantizar la independencia y la autonomía europeas. De hecho, el servilismo con que unidades militares europeas acuden al llamamiento del "imperio" en conflictos que no tienen nada que ver con los intereses de Europa (Afganistán e Irak), y las facilidades de los gobiernos de Chequia y Polonia para la instalación en su territorio de baterías y dispositivos que forman parte del "escudo antimisiles" apuntado contra Rusia, son indicativo del nivel de renuncia de los dirigentes europeos a asegurar su propia defensa, esto es a disponer de un papel en la escena geopolítica mundial como potencias que cuentan.

De todas formas, en Europa Occidental, antes o después deberá dedicarse un presupuesto aceptable de defensa a la vista de la conflictividad interior que registran las masas ingentes de inmigrantes magrebíes que se han ido instalando en los últimos treinta años. Pero esta situación de atomización del continente (que la UE dista mucho de haber superado) le impedirá jugar a Europa un papel en la escena mundial en los próximos años.
Rusia, reconstruida y con ganas de hacer pagar las humillaciones sufridas en el período 1989-2006, se está rearmando y reconstruyendo su poder interior y preparando su nueva proyección exterior. En el primer frente, la destrucción de la oligarquía generada con las privatizaciones y los negocios mafiosos que afloraron durante la perestroika, es garantía de la recuperación de confianza de un país que, a partir de ahora, va a dedicar todo su poder a reconstruir el espacio de lo que antiguamente fue la URSS. Y eso no va a realizarse sin tensiones internacionales, especialmente porque los EEUU prevén que si su presencia es proscrita de los antiguas repúblicas del sur de la URSS, quedará fuera del acceso a la cuenca petrolera del Caspio. Rusia, en estos momentos, carece de un plan geopolítico de hegemonía mundial y tan sólo aspira a garantizar la estabilizad de Eurasia.

Para ello debe contar con el entendimiento con la otra gran potencia Euroasiática: China. A pesar del crecimiento espectacular del PIB en los últimos veinte años, China es todavía un país con amplias zonas y cientos de millones de ciudadanos anclados en el subdesarrollo, con unas infraestructuras, en buena medida, primitivas e insuficientes y, especialmente con unos sistemas de organización social situados entre el mandarinato y el stalinismo. Se suele olvidar que China es el último país del mundo en el que el partido dicta despóticamente las reglas. Incluso hoy, para acceder a la élite de "millonarios", es preciso pertenecer al partido, el cual mantiene una presencia en la sociedad similar a la descrita por el Gran Hermano en la novela de Orwell 1984. El "primer mundo" existe solamente en China en las grandes ciudades de la costa del Pacífico. Es inevitable que, antes o después, aparezca en China una burguesía ciudadana que rebase las posibilidades de integración del Partido Comunista y que reivindique formas democráticas de organización. Al mismo tiempo, las masas chinas no pueden estar permanente sometidas a ritmos infernales de trabajo, sin apenas coberturas sociales, con una sanidad deficiente, con infraestructuras insuficientes y con salarios al borde de la depauperación. La enormidad de las dimensiones de China hace que todo allí sea gigantesco: la pobreza, las necesidades del desarrollo y, especialmente, los riesgos a afrontar, riesgo de guerra social, riesgo de convulsiones pre-democráticas y riesgo de recesión económica que implica un retorno de los inmigrantes interiores al campo que abandonaron en los años de progreso desmesurado.

El tercer elemento presente en Eurasia es el islamismo. A pesar de su identidad religiosa, el "creciente islámico" que alcanza desde las costas del Atlas hasta Filipinas, podría jugar un papel importante en el futuro tan sólo si tuviera un sustrato étnico unificado que aceptara una única política. Pero el mundo islámico está fracturado y su importancia deriva simplemente de que sobre su territorio se encuentran las reservas de petróleo más importantes. El mundo islámico está dividido entre las potencias del Magreb de un lado, Turquía y el espacio turcófono de otro (que abarca territorios situados en las exrepúblicas soviéticas de mayoría islámica y en el Este y Sur Este de China), la zona de Oriente Media fracturada a su vez entre sunnitas y chiítas y el Islam del Este y del Sudeste Asiático. Sin olvidar el islam africano despreciado por el islam árabe y que juega un papel importante en África Negra.

En conclusión: tres de los cuatro actores principales en Eurasia (la UE, China Rusia) están a favor de un mundo multipolar. Dos (Rusia y China) mantienen una decidida postura contraria a la intervención norteamericana en Eurasia. Una (el mundo árabe) tiene una actitud ambigua: enfrentada a EEUU por una parte, por otra los EEUU sobreviven gracias al petróleo del Golfo Pérsico y Arabia Saudí). De estas cuatro "patas" dos son débiles interiormente (el mundo islámico y la Unión Europea) y los otros dos son Estados típicamente continentales fuertes. Eurasia, por todo esto, demasiado diversa, demasiado amplia como para que pueda aludirse a ella como una totalidad orgánica o con posibilidades de estructurarse como tal (error de los intelectuales "euroasistas"), como para que no aparezcan los conflictos en este inmenso espacio continental.

Sin embargo estos conflictos, son habituales entre naciones. A lo largo de los años 60 y 70, Rusia y China estuvieron en varias ocasiones el filo del conflicto armado por los territorios situados al Este del río Usuri, sin embargo, hoy son aliados. Europa debería participar también en esta alianza estratégica, a condición de emanciparse definitivamente de la tutela norteamericana.

d. La necesidad de una alianza Madrid-París-Berlín-Moscú

Desde el siglo XIX los estrategas anglosajones han experimentado terror ante la posibilidad de un eje continental euro-ruso que equivaldría a vedarles su presencia en el espacio euroasiático. En la actualidad, esa estrategia sigue todavía en vigor y tiene éxito a causa de la dejadez, la apatía y la ignorancia histórica de la clase política europea. Sin embargo, la perspectiva de un acuerdo euro-ruso es hoy más necesaria que nunca.

Una vez concluida la Guerra Fría y retornada Rusia a una situación de "normalidad", han desaparecido los condicionantes ideológicos que impedían un estrechamiento de las relaciones entre Europa y Rusia. Hoy, a pesar de la desaparición del Pacto de Varsovia, a pesar de la reiterada evidencia de que Rusia no alberga intenciones ofensivas o ambiciones territoriales sobre Europa, los EEUU han seguido manteniendo a la OTAN como alianza anti-rusa, han aprovechado los años de debilidad de Rusia para ampliar la OTAN a los países del Este y aún hoy los mísiles balísticos norteamericanos siguen apuntando contra 200 ciudades rusas. Los EEUU saben perfectamente que un acuerdo euro-ruso supondría que los marines desembarcados en Normandía en junio de 1945 deberían de reembarcar para no volver a poner jamás la bota en Europa.

A lo largo del siglo XIX y durante el siglo XX (especialmente en los momentos que precedieron al estallido de las dos guerras mundiales) el mundo anglosajón se preocupó de evitar que Francia, Alemania y Rusia llegaran a acuerdos de cooperación y firmaran tratados de paz. Eso permitió el estallido de dos guerras mundiales y la destrucción de Europa cuyo primer beneficiario fueron los EEUU que en 1945 estuvieron ya en condiciones de competir por la hegemonía mundial.

No fue sino hasta 1951 cuando el Tratado de Roma fue el primer síntoma de que la situación había cambiado: el primitivo Mercado Común se organizó en base al acuerdo franco-alemán, constituido a partir de entonces como el "núcleo duro" de lo que luego sería la UE. En aquellos años de la Guerra Fría, España estaba incorporada de facto al dispositivo militar norteamericano por vía de los acuerdos firmados entre Eisenhower y Franco. Fue a partir de 1985 cuando España entró de pleno derecho en la OTAN, aportando "profundidad" a la Alianza Atlántica. Seguía el enfrentamiento secular con la URSS. Sin embargo, a partir de 1989, con la Caída del Muro de Berlín, era posible plasmar por primera vez un eje euro-ruso.

No es por casualidad, ni por un prurito nacionalista que aludamos al eje geopolítico necesario para el futuro como un eje que incluya Madrid - París - Berlín - Moscú. Ya no se trata de dar "profundidad" a la OTAN, sino de priorizar el papel de España en un futuro orden multipolar en el que la fachada atlántica de la Penínsuma Ibérica, unido al sistema de archipiélagos anclados en la ruta del Petróleo (Canarias y Azores), el control sobre el estrecho de Gibraltar y la situación geopolítica de España tiendan a resaltar el papel de la Península Ibérica como puente hacia Centro y Suramérica.

Al mismo tiempo, España tiene, por su configuración y por su historia, rasgos que corresponden a una potencia oceánica. Así mismo, es la frontera sur de Europa, lindante con el mundo islámico del Magreb. Si el entendimiento entre la UE y Rusia es importante porque supondrá el reencuentro histórico de pueblos provistos del mismo bagaje antropológico y cultural, también es importante porque Europa está tecnológica, científica y culturalmente desarrollada, pero sufre una crisis demográfica que precisa renovación genética. Así mismo, el hecho de que Rusia posea recursos energéticos de grandes magnitudes posibilita el que el espacio Euro-Ruso pueda jugar un papel en el futuro, a condición de desembarazarse de la globalización, independizarse de las finanzas anglo-sajonas y asumir un destino histórico y geopolítico capaz de establecer un orden mundial multipolar.

La Colonización de Europa. Guillaume Faye. Capítulo I. Una sinfonía española

Infokrisis.- Hemos abordado la traducción del libro de Guillaume Faye La Colonización de Europa publicado en el año 2000 por Editions de L'Aencre. Cinco años después de la publicación de esta obra estallaba la intifada en Francia... que había sido prevista en todos los detalles por Faye. Ocho años después las zonas de "non droit" habían pasado a ser más de 2.000 y se reproducían los incidentes de la intifada en la región de Saint Etienne. Cualquier excusa es buena. A pesar de que esta obra se refiere casi completamente a Francia, en el curso de la traducción vamos a realizar un esfuerzo de adaptación aprovechando para introducir los datos relativos a España en los lugares oportunos. Las 250 páginas de esta obra pueden calificarse de proféticas e inducen a una actitud que puede ser resumida en una palabra: Reconquista.

 

La Colonización de Europa
Guillaume Faye

 

Dedicado a la juventud europea


Introducción
Una sinfonía española


¿Inmigración mal controlada? ¿Exceso de trabajadores extranjeros? ¿Nacimiento tumultuoso y "simpático" de una sociedad multirracial en la "ciudad global" planetaria, cosmopolita y pacificada por Internet? No. Todo esto son ensoñaciones angelicales de intelectuales sin cultura histórica, sin memoria, sin realismo, sin presciencia. Colonización mediante el desplazamiento de poblaciones y estrategia de ocupación definitiva de Europa del Oeste por las masas del Sur y de Oriente en su mayoría musulmanes: esto es lo que vivimos. Y no lo viviremos pacíficamente.

Las cifras son alucinantes. Citemos tres solamente: el 25% de los jóvenes de 5 a 20 años nacidos en Francia son de origen extra-europeo. En 2010, el islam será la primera religión practicada en el Hexágono francés. El 75% de los actos de delincuencia violenta en 1998 han sido cometidos por magrebíes o africanos. Fuentes discretas: INSEE y ministerio del Interior. Los medios os están ocultando estas informaciones. Lo cierto es que las estadísticas rompen los termómetros. Pero el espectáculo de la calle informa al pueblo sobre aquello que se pretende disimular.

La invasión se realiza tanto mediante las maternidades como por la política de fronteras abiertas. La derecha blanda y la izquierda enloquecida hablan -cada vez menos, eso sí- de "fantasnas" cuando se evoca la realidad. Minimizan, reinterpretan y se tranquilizan, como aquel pésimo médico que contaba a un enfermo canceroso que solamente sufría de un enfriamiento pasajero. El número de necios es infinito.

Los expertos y los ideólogos, integracionistas o comunitaristas, de derechas o de izquierdas, buscan tranquilizar, racionalizar "todo pasará cuando nos hayamos sumergido en la multiculturalidad, viva la sociedad pluriétnica relajada y tranquila". La ceguera es total. La implacable lógica demográfica ejecuta rápidamente su obra matemática. Como la voluntad de conquistarnos,  a menudo reconocida por sus autores pero ignorada por la opinión pública.

Muchos líderes árabes y musulmanes, instalados en Europa o en el extranjero, desean y planifican estratégicamente la colonización irremediable y la ocupación definitiva de nuestras naciones. Algunos hablan incluso de "guerra santa" (djihad) en Europa. Es una venganza y una respuesta a las Cruzadas y al colonialismo europeo. Pero se adivina igualmente la expresión de la nueva voluntad de poder del islam, asociada a un resentimiento étnico implícito. Los otros pueblos del Sur y de Oriente se precipitan por la brecha. Consigna mundial: ¡Hay que conquistar Europa!

De hecho, Europa se desviriliza, festeja el Gay Pride, asunción de la homofilia triunfante; celebra las bajas tasas de natalidad, el individualismo desbocado, el mestizaje de sus mujeres y el etnomasoquismo. Les ofrece morada, cubre de subsidios y cuidados a ejércitos de falsos refugiados, pero deja morir de hambre a sus "sin techo" autóctonos. Define como inhumana la expulsión de los clandestinos, invasores. Practica la preferencia extranjera. Sus clases políticas, su burguesía xenófila, han querido que se pareciera a mujeres de edad que pagan a gigolós para que se instalen en su casa. Toda ocupación tiene colaboradores: los politicastros y la clase mediático-intelectual forman la armadura del partido inmigracionista, es decir colaboradores de nuestra colonización; están bien respaldados por las jerarquías religiosas católica, hebraica y protestante que no advierten que salsa corren el riesgo de comer. Los pueblos europeos, por su parte, no han sido nunca consultados, sobre todo los medios populares que sufren de lleno el azote y el choque con la inmigración colonizadora. Pronto será muy tarde y se alcanzará un punto sin retorno. Las urnas ya no podrán hablar. No quedarán más que dos hipótesis: la desaparición histórica o la reconquista. Volveremos a este tema.

La inmigración masiva de los pueblos del Sur y de los musulmanes es el mayor desafío que afronta Europa desde el fin del Imperio Romano. El tronco antropológico europeo está amenazado y, por tanto, toda nuestra civilización: una Tierra ocupada y un Pueblo que ya no renueva a sus generaciones y se hace reemplazar, en su propio suelo, por injertos de otros pueblos, tal es la banal dramaturgia histórica que arrasó el imperio faraónico, a los amerindios y tantos pueblos. La americanización cultural es detestable. Pero uno puede liberarse mucho más tranquilamente de un MacDonald que de una mezquita, de unos jeans antes que de un chador…

Las tragedias raramente son pacíficas. Y las colonizaciones no se hacen nunca sin enfrentamientos. Vivimos en Francia el inicio de una guerra civil étnica. La inmigración masiva no es sólo económicamente desastrosa (cuesta a Francia en torno a 800.000 millones al año), no ha arruinado solamente a la escuela pública, sino que ha generado el boom de lo que se llama impropiamente "delincuencia". Los barrios arrasados, los disturbios, las razias cada vez más frecuentes de las bandas afro-magrebís, las zonas en las que el Estado Republicano ha desaparecido se multiplican, los saqueos que se extienden al centro de las ciudades y ahora incluso a los campos, a las autopistas, a los trenes, las expulsiones de los europeos de las "ciudades", obedecen a iniciativas, no solamente de criminalidad, sino especialmente de conquista territorial. Esta última es el complemento de la inmersión demográfica. Naturalmente, el islam está activamente detrás de todo esto.  En cuanto a la alta criminalidad de los "Beurs-Blacks" ["beurs": descendientes de los árabes y bereberes inmigrantes en Francia; procede de la inversión del orden de las sílabas de la palabra "árabe": a-ra-beu que daría beu-ra-a y, por contracción beur], no es en absoluto consecuencia de una desesperanza económica o de la pobreza, ni de una pretendida "exclusión social" racista, ni siquiera de una revuelta realizada a imagen y semejanza de las del proletariado de otros tiempo, sino de un deseo de conquista y de humillación de los europeos fundada sobre el resentimiento.

A la delincuencia de robo y de pillaje, al crecimiento de una economía criminal paralela y parásita, se añade una voluntad de provocación belicosa… Hay que oír las palabras de las bandas de rap IAM, NTM o African Affirmation... Créame: todavía no hemos visto nada. La designación de los símbolos del Estado como objetivos (bomberos, policías, empleados de correos, inspectores de trenes, etc.) así lo atestigua, al igual que la progresión rápida de las instituciones islámicas controladas por los países árabes en todas las ciudades de Francia. Sustraer a Europa de su soberanía, primero interior, luego exterior, es un proceso que ha comenzado. Relean la historia...

En cuanto a los que nos señalan el "modelo multirracial americano", simplemente no conocen la naturaleza profunda de los Estados Unidos, faltos, sin duda, de haber vivido allí, como yo he podido hacerlo. Los Estados Unidos, son una sociedad financiera y policiaca, multiétnica y multirracial, una "no tierra sin pueblo", un calidoscopio gigantesco y humano repartido sobre un espacio inmenso, capaz de administrar muy bien las migraciones de poblaciones heterogéneas. Pero Europa, que es un Pueblo, sobre una red territorial muy reducida, no puede soportar el caos étnico sin guerra civil.

Los sueños de los futurólogos se convertirán en humo. El futuro está en el regreso y en el desarrollo de los comportamientos ancestrales, particularmente de las civilizaciones consideradas como los bloques étnicos. El paradigma del mestizaje universal, del "ciudadano del mundo" jamás se impondrá. Y, a despecho o a causa de la tecnociencia, el futuro será más arcaico -es decir, en el fondo, más etológicamente humano- que el pasado reciente. Estará dominado, a causa de la densidad humana creciente del planeta, por conflictos de pueblos, por el control de las tierras, los mares y las fuentes energéticas. Europa peninsular es la primera en ser ansiada. No por Rusia, sino por los Estados Unidos, económica y estratégicamente, y por el Sur bajo la bandera del islam.

La guerra étnica a cuyos primeros brotes estamos asistiendo, no es materia ni de la sociología ni de la criminología. Es geopolítica y geoétnica. Al término de una guerra, la historia proclama siempre a un vencedor y a un vencido. El vencido es, en general, aquel que rechaza el enfrentamiento, que niega la agresión, que toma al enemigo por su amigo. Mañana, si cien ciudades ardieran al mismo tiempo, ninguna fuerza de orden público estaría en condiciones de hacer nada tal como demuestra el cálculo numérico… Mañana, los jóvenes inmigrantes, contrariamente a los cálculos estúpidos del Partido Socialista o de los Verdes, no votarán por estos partidos, sino que aspirarán a tener representantes de su campo, musulmanes, que exigirán privilegios ante el poder. Es la lógica de la colonización por lo bajo.

Es posible que les vaya a sorprender, al igual que el médico que prescribe al enfermo la operación como última posibilidad, pienso que el estallido neto de una guerra civil étnica puede ser incluso necesario. Cuando una situación se vuelve insoportable, inextricable, solo la catástrofe -según la teoría matemática del mismo nombre- puede haber caer un sistema en el caos para que otro orden nazca. La juventud europea ¿va a tomar conciencia y a defenderse, animada por la memoria y la voluntad? Quizás no. Quizás…

No será desde luego el Estado de Derecho y sus policías impotentes quienes podrán combatir el caos étnico, sino el pueblo mismo: nuestro pueblo. No se tratará entonces de una "guerra civil" en el sentido fratricida clásico, sino mucho más de una guerra de liberación. La historia es irónica: Francia viviría entonces la situación de Argelia en 1960…

Pero es preciso no negar al enemigo su nobleza ni la humana justeza de su causa: ocupa el territorio que tú abandonas. Preserva su suelo y su sangre, extiende su suelo haciéndose con el tuyo y reemplaza tu sangre por la suya. El enemigo juega su papel y es estimable. Solo el colaboracionista, es decir el traidor, no lo es en absoluto.

Todo pueblo invadido en su tierra ha tenido siempre una consigna: de la Resistencia a la Reconquista. La "ayuda de regreso", brillante invención del economista de cámara Raymond Barre, en la historia, jamás ha funcionado verdaderamente… Reconquista, ¿una sinfonía española?

(c) Autor: Guillaume Faye
(c) Edición francesa: L'Aencre
(c) Traducción: Ernest Milà

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (5). El papel histórico de Obama

a. Nada nuevo con Obama… salvo la crisis

Justo en el momento en que se empieza a evidenciar la crisis del imperio americano aparece la figura de Barak Obama considerado como una "bocanada de aire fresco" en la política mundial o como el "Zapatero mestizo". Sin embargo, Obama no representa nada nuevo en América: tras él están las mismas fuerzas económicas que ya estaban presentes a partir en la historia de los EEUU, las dinastías financieras agrupadas tras siglas e think-tanks influyentes. La América de los Rockefeller y del "dinero viejo", la América del CFR, la América populista promocionada mediante las técnicas del "entetanimiento", esto es del espectáculo convertido en forma de hacer política.

Obama no es más que el personaje que aparece en una situación nueva (una crisis económica sin precedentes) con una imagen populista destinado a generar esperanzas en las minorías étnicas (las más afectadas por la crisis y a las que, por tanto, hay que dar esperanza y confianza en el futuro) y, ante la imposibilidad de seguir manteniendo el gasto militar y el "esfuerzo imperial", aportar un rostro "amable" que anteponga la sensación de "amor a la paz", "diálogo mundial", frente a la sensación de derrota y declive "imperial".

b. Las iniciativas de Obama en política exterior como síntoma

En el primer semestre de su mandato, el gobierno de Obama no se ha caracterizado por grandes cambios de orientación, confirmando que, muy lejos de constituir una innovación en la "ideología americana", es más de lo mismo. Ayudas a la banca, pobres resoluciones en la reunión del G-20, cierre de Guantánamo (y marcha atrás), promesas de acción rápida contra la crisis y los conflictos bélicos, anuncio de retirada limitada de tropas de Irak en 2009, plan de estímulo económico consistente en limitar el gato público medio billón de dólares… y, eso sí, reuniones con dirigentes iberoamericanos, europeos, de la OTAN, con tropas en Irak. Nada más: poco para un "dirigente cósmico".

La actitud de la administración Obama no cambia en relación a Oriente Medio, prosiguen las bravatas contra los países del "eje del mal" (Corea del Norte e Irán),  la retórica sobre la "lucha contra el terrorismo internacional" se sigue utilizando como eje de la política exterior en función de la cual se justifica cualquier actitud. No existe ni siquiera la evidencia de una nueva relación de los EEUU con el resto del mundo que borre la sensación de prepotencia que se ha ido transmitiendo en la administración Bush.

Obama no es sino el representante del "dinero viejo" (paradójicamente más liberal, e incluso fabiano, que las nuevas formas de capitalismo americano, el "dinero nuevo" que acompañó a Ronald Reagan en su ascenso) y de los intereses de las "dinastías" formadas a mediados del siglo XIX en los EEUU

c. El acuerdo de limitación nuclear

De todas las manifestaciones políticas realizadas por Barak Obama sólo una es altamente significativa: el inicio el pasado 19 de mayo de las conversaciones entre EEUUU y Rusia sobre la reducción de armamento nuclear estratégico. Esta iniciativa confirma que Obama está a favor de la "reducción de armamento nuclear". La cuestión es por qué. Obama proclamó antes, en Praga, su intención de proponer la reducción de cabezas nucleares a 1.000 por superpotencia y a trabajar para la prohibición de las pruebas nucleares (cuyo tratado no está firmado desde 1996). El actor Michael Douglas, "embajador de paz en la ONU" comentó que Obama firmaría en un plazo máximo de dos años. Antes, los neocon habían roto unilateralmente el acuerdo ABM sobre mísiles antibalísticos firmado en 1972,  lo que llevó a Rusia a retirarse del acuerdo START-II que contemplaba la prohibición de mísiles intercontinentales dotados de cabezas múltiples.

Detrás de este giro en la estrategia nuclear norteamericana lo que se esconde es el enorme coste de mantenimiento de los arsenales nucleares. Washington ha optado por lo que se conoce como armas de "quinta y sexta generación" que utilizan la miniaturización de circuitos y la microinformática, disminuyendo el poder disuasivo del armamento nuclear y mucho más baratos en coste de fabricación y mantenimiento. La nueva doctrina militar norteamericana prevé la creación de una "fuerza especial" para intervenir en "cyber wars" y "net wars", instalada en Maryland y dependiente de la NSA. Los objetivos de esta "guerra informática" tenderían a desbaratar los sistemas informáticos del adversario y, por tanto, a inmovilizarlo. Rusia tendrá operativa antes de dos años una fuerza similar.

Todo esto es enormemente significativo: ahora son los EEUU quienes no pueden mantener tan alto como hasta ahora el listón armamentístico y precisan negociar con el enemigo principal una reducción de armamento nuclear a la vista de que el resto de actores todavía no disponen de acumulación de armas atómicas suficientes como para ser un peligro. El inicio de las conversaciones para la reducción de armamentos está motivada por la necesidad de los EEUU de reducir presupuesto militar a causa de la crisis económica y la deuda.

d. Nada detrás del espectáculo

Fuera de este elemento no hay novedades en la figura de Obama que se ha sobrevalorado en Europa (y particularmente entre la progresía española), pero cuya aprobación en EEUU ha experimentado una merma de tres puntos en las encuestas. La impresión general es que, a medida que pase el tiempo se irá disipando la aureola de innovación con que se ha vendido el producto Obama.

Las declaraciones del jefe de la CIA, Leon Panetta, definiendo a los EEUU como una "nación en guerra" no son completamente alocadas: los planes de intervención en Irak, Afganistán y Pakistán, los programas de guerra psicológica contra Moscú y Pekín, la excusa de la lucha antiterrorista para justificar cualquier intervención en exterior, la retórica sobre el "eje del mal" que permita amedrentar a terceros países a costa de enfrentarse verbalmente con potencias de tercera, cuarto y quinto nivel, las operaciones encubiertas diseñadas especialmente para Iberoamérica, todo ello demuestra que nada esencial ha cambiado de Bush a Obama, quizás, tan sólo, un intento de mejorar la imagen. Nada más.

e. Obama, el liquidador del Imperio

El papel histórico de Obama es el de contener la protesta popular que se va a generar en los EEUU cuando los efectos de la crisis económica se adivinen irreversibles y estimular una ola de simpatía en el exterior que permita recuperar confianza y neutralizar adversarios. Pero le va a costar mantener la paz interior en una sociedad golpeada por la crisis, fracturada étnicamente, progresivamente brutalizada y en la que la inhibición del Estado en el mantenimiento de inversiones públicas ha hecho que las infraestructuras del país se hayan quedado atrasadas y anticuadas. Esto y la imposibilidad de acrecentar la deuda hasta el infinito así como el ascenso de nuevas potencias -y en especial la reconstrucción del poder militar ruso- harán tambalear la sociedad norteamericana. Como en el caso de la URSS,  no será una derrota militar sino la constatación de la imposibilidad de mantener el esfuerzo armamentista, unido a la rapacidad de una parte de las dinastías económicas, lo que correrá el riesgo de generar un desplome interior que puede tener lugar a lo largo del mandato de Obama.

Si éste quiere evitar el desastre absoluto deberá adoptar una serie de medidas geopolíticas y la primera de todas ellas es el repliegue de los EEUU en sí mismos: renunciar al proyecto imperial, acometer la renovación de infraestructuras, minimizar el papel del complejo militar-petrolero-industrial, convencer a las "dinastías" de que hay que realizar concesiones a cambio de la paz social e intentar salvar lo salvable. Este proyecto que sintonizaría bien con el tradicional "aislacionismo" del que suele hacer gala la población norteamericana encajaría muy mal con los intereses de los poderes fácticos que gobiernan en los EEUU desde la conclusión de la Guerra Civil a mediados del siglo XIX.

Obama puede pasar a la historia como el "Gorvachov norteamericano", el liquidador de un imperio, o bien puede pasar a la historia como el presidente que no pudo evitar el desplome de los EEUU.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (4). El derrumbe del Nuevo Orden Mundial

a. El mesianismo de los EEUU reavivado por los neo-con

Si los neocon han tenido su momento de éxito es, fundamentalmente, por que sus enfoques enlazaban con la tradición norteamericana forjada golpe a golpe desde la llegada de los tripulantes del Mayflower: puritanismo, esperanza mesiánica en que los EEUU son la "nación elegida por Dios", ideología calvinista que reconoce en los ricos a hombres justos aureolados por Dios con el éxito social y que, por lo mismo, ve en la pobreza el estigma de un castigo divino, observancia de los fragmentos bíblicos como indicativos del camino textual a seguir, agresividad e intolerancia para con los enemigos y sensación de estar cumpliendo un plan diseñado por Dios.

Detrás de la insolencia, prepotencia y arrogancia de los neoconservadores, lo que subyacía era el espíritu de siempre de los EEUU, el que dio vida a la doctrina del "destino manifiesto" y el "América para los americanos… del Norte" (Doctrina Monroe) en función del cual se justificó la ampliación de los EEUU a costa de México y más tarde, la ampliación de su influencia a costa de España, el que antes había dado vida a la Declaración de Independencia y al discurso de Gettyburg de Abraham Lincoln, etc.

La habilidad de los neoconservadores consistió en aprovechar e integrar una serie de movimientos que a principios de los 90 estaban fuera de su disciplina: los fundamentalistas cristianos o cristianos renacidos que aportaron a apoyo de amplias masas populares, simples en sus razonamientos y fanatizadas en sus comportamientos, sin los cuales el pequeño grupo de intelectuales neoconservadores jamás habría logrado salir a la superficie.

b. La inviabilidad económica de los EEUU

Desde mediados de los años 70, el endeudamiento del Estado Norteamericano sigue creciendo a velocidad cada vez más acelerada, especialmente después de que Nixon aboliera el "patrón oro" que respaldaba a la moneda americana para evitar la devaluación del dólar a causa del gasto insoportable que suponía la Guerra del Vietnam. Esa guerra, inútil e innecesaria, destructiva como pocas, no tenia más objetivo que reforzar los beneficios del complejo militar-industrial que tras un breve período de marginación del poder durante los años de Kennedy, lograron volver otra vez al centro del mismo con su sucesor, Lyndon Jhonson. A partir de ese momento, la deuda exterior no dejó de aumentar.

En la actualidad, la deuda pública de los EEUU alcanza entre los 9 y los 10 billones de dólares que si se suman a la deuda pública de las empresas y de las familias alcanza los 50 billones de dólares. A lo que habría que sumar la acumulación de déficits fiscales y comerciales, y un volumen de gastos militares totales que podría llegar a representar en 2009 el 10 % del Producto Bruto Interno norteamericano.

Estas cifras son absolutamente imposibles de cubrir especialmente para un país que en buena medida ha deslocalizado su industria y que, para colmo, se ha quedado con unas infraestructuras obsoletas en la medida en que el Estado Federal no ha dispuesto de medios suficientes para acometer una renovación de las creadas en los años 60-80, tal como se demostró

En estas condiciones es imposible pensar que Obama o cualquier otro presidente cumplirán su palabra de extender la sanidad a todos los norteamericanos, aumentar las coberturas sociales, medidas que inevitablemente dispararían el gasto público.

Para colmo, la llegada masiva de inmigrantes "latinos", en gran medida andinos y mexicanos, ha aumentado las bolsas de pobreza y los guetos, dotados de valores muy diferentes a los que dieron vida a Norteamérica.

Las políticas de integración racial se han saldado con repetidos fracasos y han llevado a una sociedad multiétnica que es, por lo mismo, mucho más multirracista que multirracial, pues no en vano, las comunidades étnicas están encerradas en sí mismas son autosuficientes y se ignoran unas a otras.

La violencia está a la orden del día y las distintas prisiones (públicas y privadas) albergan a casi 3.000.000 de presos, cifras desmesuradas en cualquier país civilizado. Las psicopatías y neurosis, la figura típicamente americana del "serial killer", una cultura completamente naïf y unas tasas de analfabetismo propias del tercer mundo, generan una estructura social extremadamente débil que no soportará privaciones, estrecheces, ni la caída del "sueño americano".

c. Poder militar y hegemonía político-económica

El proceso de caída de los EEUU que seguramente se concretará en la segunda década del milenio, tendrá un aroma parecido al que se produjo en la URSS. Al igual que la URSS, todo el sistema de los EEUU descansaba en unas fuerzas armadas con un fuerte potencial ofensivo en las que se cifraban las esperanzas para alcanzar (o mantener) la hegemonía mundial. Finalmente, el mantenimiento del esfuerzo armamentístico, terminó creando problemas a la totalidad del Estado. Al producirse el desplome se evidenció la obsolescencia de las infraestructuras (no es raro que una de los primeros síntomas de crisis de la URSS fuera el desastre de Chernobil) y de los servicios públicos.

En los EEUU puede repetirse un proceso similar: el esfuerzo armamentístico está agravado al ser sus beneficiarios consorcios privados. Durante casi treinta años, los EEUU han mantenido el listón armamentístico a costa de ir aumentando la deuda pública. Pero esto tiene un límite y es imposible prolongarlo hasta el infinito.

Para los EEUU, el mantenimiento de un poder militar hegemónico es la única garantía -absolutamente la única- de que seguirán afluyendo dineros a las bolsas norteamericanas y que los bonos del Estado se seguirán vendiendo en todo el mundo. Pero eso tiene sus riesgos: el hecho de que  China hubiera adquirido casi 500.000 millones de dólares en bonos de Fanny Mae y Freddy Mac, las dos gestoras hipotecarias de los EEUU, fue el factor que evitó que Bush declarara la quiebra de ambas entidades y asumiera el compromiso de salvarlas de la sima en la que se encontraban. Eso, o de lo contrario, la República Popular China se habría negado a comprar más deuda pública norteamericana.

Solamente la devaluación del dólar lograría atenuar el impacto del déficit del Estado Federal, pero eso supondría que todos los países que mantienen reservas de dólares o los que han comprado bonos públicos, quedarían perjudicados y, por tanto, se correría el riesgo de que no volvieran a comprar más deuda pública.

La hegemonía militar es, aparentemente, el mejor "respaldo" para el dólar, pero, al mismo tiempo es un motor que hace aumentar la deuda pública continuamente y, si se redujeran (como se están reduciendo) las distancias entre el poder militar de los EEUU y de otros Estados, se correría el riesgo de que los bonos del Estado se redimensionaran a su única dimensión de "papel basura".

d. El empantanamiento militar de los EEUU en el mundo


Ya durante la Segunda Guerra del Golfo, la de Kuwait, se puso de manifiesto que las famosas "armas inteligentes" de las que estaban dotados los EEUU distaban mucho de tener la precisión anunciada. Los misiles Patriot solían fallar, el ejército norteamericano se benefició solamente porque los misiles de Saddam Husein eran mucho más primitivos. Al mismo tiempo, la eficacia de la infantería de marina solamente quedaba demostrada después de bombardeos reiterados y masivos a gran distancia o a altas cotas, pero su eficacia era dudosa a la hora de ocupar los territorios destrozados. Otro tanto ocurrió durante los criminales bombardeos contra Yugoslavia. Después de semanas de intensos bombardeos por mar y aire, lo esencial del Ejército Yugoslavo siguió en pie sin sufrir apenas daños. Los bombardeos se cebaron en las infraestructuras (red eléctrica, puentes, carreteras, etc.), pero a pesar de los satélites espía no consiguieron localizar los arsenales ni los almacenes del Ejército Yugoslavo. Para colmo, uno de los "aviones invisibles" resultó derribado por los sencillos sistemas antiaéreos serbios y, cuando el país estaba completamente machacado, la infantería norteamericana rehusó intervenir al considerar que lo esencial del pequeño ejército yugoslavo seguía operativo. Idéntico fiasco se produjo durante la breve intervención militar en Sudán, en donde bandas de guerrilleros pobremente armados lograron arrinconar hasta el reembarco a las unidades marines apoyadas desde el aire.

Las guerras de Afganistán e Irak han servido para aumentar el escepticismo sobre la eficacia del dispositivo militar norteamericano, en jaque desde hace ocho años por bandas informales de pastores y cabreros armados en las montañas y que apenas está en condiciones de salir de sus bases en Bagdad.

Es significativo que el pensamiento militar norteamericano del siglo XXI consista en diseñar "guerras asimétricas" en las que se busca un resultado de "Cero bajas propias y destrucción total del adversario". Para ello se han diseñado sistemas de aviones cuyo piloto dirigirá cómodamente desde la base el avión mediante un joistyck, lejos del campo de operaciones, contemplando la evolución del adversario mediante webcam. Los marines de carne mortal, serán sustituidos por robots igualmente dirigidos desde la base. Pero todo esto evitar reconocer el hecho esencial: el que, a fin de cuentas, la infantería, antes o después, deberá ocupar los territorios conquistados y, por tanto, las tecnologías tienen un valor relativo, si las tropas carecen de combatividad y habilidad táctica para los combates.

Todos estos fracasos militares han terminado por cuestionar la eficacia del dispositivo militar del "imperio" y, por tanto, éste ha debido de recurrir a los "aliados" de la OTAN para exigirles que participen en el "trabajo sucio".

Tras el estupor que produjo el anuncio inicial, las pequeñas bases que han instalado los EEUU en las exrepúblicas soviéticas del Sur, lo cierto es que, en caso de conflicto con Rusia, e incluso con formaciones irregulares guerrilleras, los 50 ó 150 marines que albergan pasarían inmediatamente a ser rehenes.

e. El fin del "ciclo americano"

Crisis económica, endeudamiento sin límite, riesgo de devaluación, falta de éxitos militares definitivos, alteración étnica y coexistencia de valores contrapuestos entre la población, desarrollo desigual de los distintos Estados, fanatismo religioso, sociedad multirracial y multirracista, todo eso no permiten augurar un futuro esplendoroso para el "imperio".

Los EEUU, fundados en 1776 habrán completado el ciclo "imperial" en menos de 250 años. A pesar de que todos los teóricos de la hegemonía norteamericana gustaban de comparar los EEUU con el antiguo Imperio Romano (hasta el punto de que Bush mantuvo 250.000 soldados en el extranjero, porque Roma tenía esa cifra de legionarios dispersos por el Imperio), lo cierto es que el ciclo norteamericano apenas habrá durado una cuarta parte del ciclo de Roma.

Todas las noticias que desde el 1º de mayo de 2003 (fecha oficial del final de la Guerra…) afluyen a los teletipos deben interpretarse como síntomas del final del ciclo norteamericano. Los EEUU no habrán sido una proyección del antiguo Imperio Romano, sino su inversión: no hubo un período largo de pacificación, no se produjo ninguna "Pax Americana", para mantener su poder, los EEUU debieron provocar guerras localizadas, a menudo contra contendiente de cuarta o quinta fila (como lo era Saddam cuyo ejército falsamente fue presentado por el Pentágono como ¡el tercero del mundo!). No existió una civilización digna de ser conocida: los productos culturales exportados por el americanismo eran de tan escasa calidad que no pasaban de ser "modas" puntuales. Ninguna comparación entre el legionario romano y el marine norteamericano. Ninguna dignidad en el centro del poder imperial al que llegaron frecuentemente títeres de los consorcios económico-financieros o del complejo militar-petrolero-industrial. EEUU no fue la proyección de Roma la Grande, sino su antítesis, su reflejo especular, su contracción grotesca.

El americanismo está en crisis: sabemos en que situación comenzará la segunda década del milenio, pero ignoramos en que estado dejará esa década e incluso si en 2020 se aproximará a su desplome final.

Notas para entender el siglo (I de V). PERSPECTIVA INTERNACIONAL. Las líneas de derrumbe del sistema mundial y de la globalización (3). Globalización, enfermedad senil del capitalismo

a. Un sistema creado por el capital y para mayor gloria del capital

Hay que situar la actual crisis en el contexto del presente ciclo económico. Este ciclo nace de la aspiración de aumentar los beneficios del capital: éste solamente maximiza sus beneficios cuando instala sus plantas de producción en los lugares con salarios más bajos y menores coberturas sociales y que están más próximas a las fuentes de materias primas. Dado que, la llamada "era del petróleo barato" se prolongó hasta 2006 era posible trasladar las mercancías de un lugar a otro del planeta estableciendo cadenas de suministros en los lugares más alejados del planeta. Los beneficios iban a parar a las sedes de los consorcios multinacionales.

Esto implicaba la aparición de una irreprimible tendencia a la deslocalización industrial: esto es, al traslado de las empresas, hasta los años 90, instaladas en el Norte, hacia el Sur primero y hacia el Este después. Países como China se han convertido en virtud de esta tendencia en verdaderos centros mundiales de producción de manufacturas gracias a una mano de obra fronteriza con la esclavitud, con salarios de hambre y coberturas sociales mínimas.

Pero este fenómeno de optimización de los beneficios del capital no podía aplicarse a todas las actividades industriales. Algunas empresas, por sus características, eran de imposible deslocalización: actividades de hostelería, trabajos agrícolas y construcción. Para optimizar los beneficios en esa dirección se recurrió a la inmigración masiva, es decir, el desplazamiento de ingentes masas de población desde el Sur y el Este hacia el Norte.

Así pues, la globalización es una autopista de doble dirección ideada para optimizar solamente los beneficios del capital. Una autopista con dos direcciones: deslocalización e inmigración.

Si se aspira a desarticular la globalización y a preparar el advenimiento de un mundo post-globalizado, necesariamente las dos direcciones de trabajo son: relocalización empresarial, esto es, reindustrialización de los países europeos y contención de la inmigración, seguida de inversión del fenómeno mediante repatriaciones, a fin de restablecer la normalidad en el mercado de trabajo.

b. El ciclo del capital: de la producción a la financiarización

Nos encontramos en la fase senil del capitalismo. Los economistas Kondratieff y Schumpeter analizaron los ciclos del capitalismo atribuyéndolas una duración de entre 40 y 60 años. Cada uno de estos ciclos está dividido en dos fases: una ascendente en la que el eje de la actividad es la industria y la producción de bienes. En esta fase se introducen nuevas tecnologías y son períodos de renovación y progreso constante. Eso hace que las empresas deban atender a ingentes inversiones para poder afrontar la competencia. Por eso el precio final de los productos tiende a encarecerse. En un momento dado, esta fase ya no puede mantenerse: las empresas deben recurrir al endeudamiento masivo. También los individuos y las familias tienden a endeudarse al resultar los precios inaccesibles para sus ingresos. Se entra entonces en la fase descendente del ciclo. El capital pasa entonces a ser progresivamente un medio especulativo en lugar de una inversión necesaria para el trabajo. En esta segunda fase la rentabilidad del capital aumenta desproporcionadamente gracias a la especulación. Se generan así "burbujas" gracias a las que el capital aumenta rápidamente sus dividendos.

Pero este ritmo es absolutamente insoportable para los mercados, para las naciones y para las familias: la aparición de "burbujas" especulativas tiende a encarecer extraordinariamente los precios de los productos y atrae más capital en la creencia de que especulando en esa dirección generará más y más beneficios. En un momento dado, el volumen de todas estas burbujas es tal que inevitablemente van estallando una tras otras. En ese momento se producen fenómenos de sobreproducción que desembocan en cierres de empresas, eliminación de puestos de trabajo, ralentización de la actividad industrial y repliegue absoluto del consumo y, finalmente en un proceso deflacionista.

Cuando se ha llegado a ese momento, la característica dominante que presenta el sistema económico es la inestabilidad que redunda sobre todo en perjuicio de las clases más desfavorecidas. Por eso decimos que la crisis económica, termina convirtiéndose en crisis social afectando a la mayor parte de la población y si ésta se prolonga, inevitablemente, acarrea convulsiones políticas… que contribuyen todavía más a agravar los efectos perniciosos de la crisis económica y a prolongarla.

La tendencia general de los economistas es a admitir que en la actualidad nos encontramos en la fase descendente del ciclo económico abierto tras la primera crisis del petróleo en 1973 a raíz de la Tercera Guerra Árabe-Israelí. Esta crisis tuvo su continuación en la crisis petrolera de 1979, salpicó a los países del Tercer Mundo especialmente durante la primera mitad de la década de los 80 en forma de exceso de endeudamiento, pasó a ser una crisis bursátil que generó un aumento de las tasas de interés en 1987, una recesión en los EEUU iniciada en 1991 y el primer gran sobresalto asiático que llegó con la crisis en 1997 de la que Japón todavía no se ha recuperado. Poco después estallados los valores punto.com (2001) y así hasta llegar a los primeros despuntes del estallido final en el verano de 2007.

Ningún economista duda -salvo los que cobran del gobierno Zapatero- que la actual crisis es la más grave que padece la economía mundial desde la de 1929-30.

c. La locura productiva amenaza para la vida

El gran drama de nuestro tiempo y lo que lo convierten en un tiempo verdaderamente odioso es que todas las actividades humanas y el propio destino de lo humano están a merced del capital. Se desregulan las actividades económicas para beneficiar al capital con la excusa de que así se beneficiarán las poblaciones. Pero es falso: para que alguien gane, otros tienen que perder. Ganan los grandes consorcios, pierden las poblaciones. Contra mayor es el afán de lucro y usura de las mega corporaciones financieras, más pierden los pueblos.

Desde la postguerra la vida en Europa y en los EEUU se ha convertido en la actividad de productores alienados por el trabajo e integrados por el consumo. El aumento de enfermedades mentales y depresiones tiene su origen en la confusión que sufre en ciudadano por su papel en la sociedad: ignora el valor y la utilidad de su trabajo, vive permanentemente ante la tensión de salarios limitados y la ofertad extraordinaria del consumo al que sólo tiene acceso mediante el recurso al crédito. La vida de las clases trabajadoras ya no les pertenece, es una vida puesta al servicio de las instituciones de crédito: una vida hipotecada.

A esto hay que añadir problemas sanitarios derivados de actividades lucrativas pero peligrosas y contaminantes: hoy más que nunca aparecen dolencias cardíacas por los ritmos de vida y de trabajo y por el modelo alimentario llegado de los EEUU, hoy más que nunca los residuos químicos generan tumores y cánceres, esterilidad y enfermedades degenerativas. Aún no se han cuantificado los problemas generados por alimentos cada vez más atractivos pero con menores cualidades nutricionales. Tampoco se ha comprobado el impacto de los transgénicos, a pesar de saberse que todo lo que se dijo para justificar su lanzamiento (inmunes a plagas, optimizados para mejorar las cosechas, más nutritivos), eran puras falacias propias de mercachifles.

Sin olvidar que los vertidos de CO2 sobre la atmósfera, la contaminación sistemática de acuíferos, el agotamiento de tierras a causa de su sobreexplotación y la superanbundancia de fertilizantes, la contaminación de los mares, las talas de bosques tropicales, todo esto contribuye a aproximarnos al caos ecológico con paso firme, tan decidido como irresponsable.

Hasta ahora el capitalismo era una máquina generadora de desigualdades, a partir de ahora, el problema es que el capitalismo se ha convertido en un peligro y empieza a vislumbrarse que las leyes del mercado y la desregularización de las economías, así como la subordinación de la política a la economía, son una amenaza para la vida misma en el planeta. Ya no se trata pues de rechazar un sistema de producción de bienes y de distribución de la riqueza fundamentalmente injusto, sino que se trata, sobre todo de rechazar un sistema que ha terminado siendo incompatible con la vida.

d. El capital amenaza a los pueblos

El capitalismo en su actual configuración es el gran enemigo de los pueblos. Cualquier iniciativa política de los gobiernos se adopta solamente si contribuye a aumentar los beneficios del capital. La "santa alianza" de la modernidad es el pacto entre la clase política y los consorcios industriales y bancarios para mantener un simulacro de democracia que permita ofrecer un espejismo de "participación" y de "libertad", cuando en realidad existe un consenso para mantener el actual status cueste lo que cueste. Las normas adoptadas por los gobiernos para salir de la actual crisis son elocuentes y demuestran sin ninguna dificultad la existencia de esta "santa alianza" a la que se han sumado los consorcios mediáticos: apoyo a la banca y apoyo a los constructores, los dos sectores que, al menos en España, han sido responsables de que la crisis hundiera sus garras en España con particular virulencia.

Lo más sorprendente es que en el momento de escribir estas líneas ningún gobernante haya declarado lo que resulta más evidente: que esta es la crisis de la globalización, que se ha generado a causa de las insensatas políticas que acompañan a la globalización (deslocalización e inmigración) y que la única forma de salir de ella de manera duradera y para siempre, es desmantelando esa locomotora que es la globalización y que circula a la velocidad de un AVE contra un muro de hormigón armado.

Cuando se produce una crisis económica de estas características es evidente que hay que tirar por la borda aquellos elementos y prácticas que la han generado. En esta crisis ningún miembro de la clase política europea o americana se ha atrevido a expresar que si la infección de los activos contaminados generados en EEUU ha podido circular libremente de bolsa en bolsa por todo el mundo es gracias a la libre circulación de capitales y que, por tanto, la primera medida es gravar esos tránsito con presiones impositivas suficientes como para desmotivarlas. Así mismo, tanto en Europa como en EEUU, la banda y las instituciones financieras han tenido una responsabilidad absoluta en la concesión de créditos fáciles de los que podía dudarse que se cobraran algún día. Era evidente que el dinero obtenido por actividades fraudulentas, usurarias o simplemente ilegales (narcotráfico, especulaciones mafiosas) iba a parar a los "paraísos fiscales", sin embargo, el G-20 se negó a adoptar medidas en relación a estos agujeros de dinero negro. Tampoco existen garantías de que los nuevos productos financieros que vayan apareciendo en las bolsas mundiales estén a cubierto de la actuación de aventureros económicos o de especuladores sin escrúpulos.

En definitiva, hoy más que nunca, el capitalismo actúa contra los pueblos, amparado en una clase política que ha conseguido degenerar el concepto de democracia instaurando en la práctica un escuálido régimen que, por una parte es una plutocracia (poder del dinero) y, por otra, una partidocracia (poder de los partidos).

e. No hay futuro para el capitalismo porque no hay futuro para la globalización

En 1929, desde el punto de vista económico, solamente contaban Europa, EEUU y algunas zonas muy reducidas de Iberoamérica (Argentina) y de Asia (Japón). La crisis de 1929 era forzosamente limitada al ámbito de instauración del capitalismo más avanzado. Hoy, la globalización ha hecho que la crisis económica tenga unas dimensiones mundiales: es la gran crisis de la globalización.

Lo que se ha producido es una gigantesca acumulación de capital que cada vez está en posesión de menos manos. El fenómeno ya había sido previsto por algunos economistas a mediados del siglo XIX que no habían estado en condiciones de contestar a la cuestión final: ¿qué ocurriría cuando el capital estuviera concentrado en manos de unos pocos cientos de financieros y los procesos de concentración posteriores fueran difícilmente imaginables? ¿Qué dinero podría utilizar el resto de la población para hacer frente a sus gastos habituales en la vida cotidiana? Falta poco para llegar a esos niveles de concentración de capital. Por el momento vale la pena recordar que un tercio de la producción mundial está concentrada en menos de 200 consorcios. Las operaciones realizadas por los 10 bancos mayores de Nueva York superan a toda la renta nacional de los EEUU… El ritmo incesante de fusiones, absorciones y OPAs, contribuyen a reducir cada vez más el número de empresas que cuentan y, dado que el capital a su disposición es mayor que el de muchos Estados, pueden establecer sus reglas de juego por encima de los mecanismos de control democrático.

Un sistema económico así concebido es inviable: no sólo porque enriquece cada vez más a una minoría en detrimento de la inmensa mayoría, sino porque genera una situación de inestabilidad al hacer que los capitales migren de un lado a otro del planeta en busca de los mayores beneficios puntuales y generando momentos de prosperidad en unas zonas que serán seguidos por ciclos de sequedad económica y ausencia de inversiones. Además expolia el medio ambiente más allá del límite de sostenibilidad con el cinismo de llamar a ese proceso "desarrollo sostenible".

La globalización es una tormenta de verano que aparece en la historia de la humanidad con una fugacidad y una violencia inusitadas, pero breve y que desaparecerá dejando atrás solamente un rastro de destrozos. Apenas 20 años ha durado el sistema globalizado, los suficientes como para la cita con su crisis terminal. Ahora bien: con la globalización caerán muchas cosas. Caerán las clases políticas que lo han hecho posible, caerá un modelo de producción y de consumo, caerán unas leyes del mercado tenidas como mitos intocables, caerá un modelo económico y será preciso reestructurar la economía mundial de arriba abajo.