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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Conspiradores, conspirativos y conspiranoicos (IV de VIII). La figura del chivo expiatorio

Infokrisis.- En toda conspiración el chivo expiatorio es, como en el timo del nazareno, el que se ve obligado a dar la cara para recibir todos los palos. La diferencia estriba en que, mientras en el viejo timo del nazarenos, el sujeto participa voluntariamente, en un proceso conspirativo, lo hace muy a su pesar. En esta entrega vamos a intentar acotar los rasgos que aureolan a todo chivo expiatorio, rematando la faena con el estudio de dos grandes representantes de esta especialidad: Antonio Tejero y Jamal Zougam.

8. La figura del chivo expiatorio

Una conspiración, inmediatamente estalla acarrea consecuencias policiales y judiciales. Los “autores intelectuales” se preocupan de manera preferencial, no solamente de evitar que ninguna pista conduzca directa o indirectamente a ellos, sino que ofrecen culpables a la opinión pública: son los “chivos expiatorios”. El por qué se elige a alguien a alguien viene dado por factores muy diferentes que luego analizaremos. Lo importante es que el falso culpable pueda ser presentado a la opinión pública como un elemento esencial de la “versión oficial”  y en su historial existan elementos que permitan pensar que, efectivamente alguien como el que nos presentan como culpable puede serlo verdaderamente.

¿Tiene algo que ver el chivo expiatorio con la conspiración? No, en absoluto. A pesar de que en algunos casos se haya hecho creer al futuro chivo expiatorio que está participando en algo importante, la triste realidad es que lo ignora todo sobre lo esencial de la trama y en ocasiones llega hasta el final convencido de que está sirviendo a su ideal. En alguna ocasión se ha dicho que hay gente que experimenta la sensación de que ha cometido un atentado simplemente porque ha llevado el comunicado reivindicativo de la acción.

El chivo expiatorio debe tener algunas características que configuren al sujeto como adecuado y creíble para desempeñar el involuntario papel de chivo expiatorio. Estas características son preferentemente:

- que carezca de experiencia política hasta el punto de no percibir que está siendo manipulado, ni entender la naturaleza de la operación en la que está siendo embarcado.

- que tenga un historial previo que o bien sea el propio de un extremista o bien se pueda fabricar a propósito.

- que sea incapaz de entender lo que ocurre y de articular una defensa con argumentos razonables y comprensibles.

- que carezca de medios económicos para asegurar una defensa razonable y deba recurrir, necesariamente, a abogados de oficial o a abogados voluntarios que, en muchas ocasiones, han terminado siendo colaboradores de los medios de seguridad del Estado y, deliberadamente han conducido mal su defensa.

- que en ocasiones haya declarado ante otras personas sus opiniones radicales y se haya visto implicado en asuntos turbios que le han llevado a ser conocido por la policía e incluso que haya colaborado con algún servicio de seguridad del Estado.

- que tenga algo que ocultar de la naturaleza que sea (habitualmente que esté implicado en episodios de delincuencia común) y que, por tanto, tenga un comportamiento “sospechoso”.

¿Es posible poner un rostro al “chivo expiatorio perfecto”. Sí, podemos poner algunos nombres concretos. Uno de ellos es el Antonio Tejero Molina, el ex teniente coronel de la Guardia Civil cuyo nombre está ligado para la posteridad a la conspiración del 23-F, y, por supuesto, Jamal Zougam condenado como ejecutor material de los atentados del 11-M.

a) Antonio Tejero Molina.-

Su condición para ser “chivo expiatorio” viene en función de una serie de características personales: se considera “patriota y guardia civil”, no político, lo que dicho de otra manera implica que no conoce ni los mecanismos ni las leyes de la política; lee únicamente El Alcázar, así pues sus conocimientos políticos están deformados por un diario que sostiene que el país va a romperse en cualquier momento (en 1977-80) y que los terroristas dominan la calle y nos van a precipitar hacia el “comunismo”; es una persona que se deja arrastrar por el corazón, mucho má que por el razonamiento lógico, esto le lleva a ser una persona visceral, dada a los exabruptos y a las posiciones radicales en defensa de sus ideas.

Además tiene una “historia previa”: ha protagonizado insubordinaciones, participado en complots como el de la Cafetería Galaxia, sus opiniones contrarias a la transición democrática y a la democracia son suficientemente conocidos y ha recibido varias sanciones. Para colmo se ha convertido en el ídolo de la extrema-derecha con una valoración muy superior a la de los líderes políticos de ese sector (Blas Piñar, Fernández Cuesta, Girón) que son vistos como poco dados a la acción.  Para colmo, tiene un físico característico: amplio bigote y tricornio. A principios de 1980, cuando todavía no ha estallado la conspiración del 23-F, es, sin duda, el Guardia Civil más conocido de toda España. Y esto tendrá importancia en el momento en que su imagen –y no la que esperaban los golpistas- aparezca ante las camas sin que nadie se llame a engaño: “Es Tejero que ha entrado en el Congreso”. Y, al verlo, la mayor parte de Capitanes Generales comprometidos con la operación, dan un paso atrás y no sacan las tropas….

Para colmo es un hombre fácilmente influenciable por aquellos a los que aprecia… incluso a los agentes del CESID que en aquel momento conforman buena parte de su entorno. ¿Eran golpistas estos agentes? En absoluto, eran infiltrados en el ambiente golpista… pero no para desarticular la operación antes de que estalle, sino para acelerarla para que fracase. Y así lo hacen.

El plan originario del golpe –sin duda ideado por el Coronel San Martín, el único de todos los militares golpistas que tenía criterios políticos y que conocía perfectamente los mecanismos de este tipo de conspiraciones- implicaba que un grupo civil debía entrar en el congreso de los diputados dando la impresión de que se trataba de un “grupo terrorista” no identificado. Este grupo debía mantener secuestrados a los diputados y al gobierno. Esa era la justificación para que las fuerzas armadas se pusieran en marcha y salieran a la calle para salvar al país de una situación de vacío de poder en la que nadie sabía lo que podía ocurrir… Tal era el Plan y Tejero debía solamente comprar los autobuses y las casacas que debían utilizar quienes tenían por misión entrar en el Congreso; cosa que había hecho en noviembre de 1980. Pero ese grupo fue desarticulado un mes antes y el entorno de Tejero, en el que confiaba –en buena medida formado por oficiales y funcionarios del CESID- le indujo a que no se fiara de nadie y que fuera él quien ejecutara la acción personalmente. Pero en esta perspectiva el plan inicial –insistimos, con toda seguridad ideado por San Martín- quedaba desnaturalizado: no era un grupo terrorista el que iba a ser el “casus belli” para movilizar a las tropas, sino el guardia civil más conocido en toda España (Tejero, de ahí la importancia de su físico) el que todos los Capitanes Generales comprometidos vieron entrar en el congreso y no al frente de un grupo terrorista… sino de la unidad de tráfico de la Guardia Civil. A partir de ese momento, el golpe carecía de justificación y estaba fracasado. De ahí que la mayoría de capitanes generales no se movieran aquella tarde.

La democracia española que días antes del 23-F estaba literalmente rota: con un partido de gobierno virtualmente desmadejado, con cuatro cónsules honorarios secuestrados por ETA, con los episodios de la muerte del etarra Arregui y del asesinato del ingeniero Ryan, con una retahíla de atentados diarios de ETA(m), de los poli-milis, de los comandos autónomos, del GRAPO, de grupos anarquistas, de la extrema-derecha, con huelgas, agitación estudiantil, y para colmo con conspiraciones en marcha que podían cristalizar en algún movimiento de envergadura a medio plazo, era necesario desactivar esta bomba de tiempo actuando en dos direcciones:

- fortaleciendo y reconstruyendo la confianza del electorado en la clase política y

- cortando de una vez y para siempre cualquier riesgo golpista.

Gracias a la entrada de Tejero en el Congreso ambos objetivos fueron alcanzados: dos días después, Fraga, Suárez, Camacho, Carrillo, toda la clase política aparecía codo a codo en la manifestación de protesta contra la tentativa de golpe y, las detenciones de militares junto al proceso de Campamento desactivaron para siempre el peligro golpista.

La cosa no acabó ahí. Se trató luego, no solamente de desactivar el golpismo sino de ridiculizarlo y evitar que en el proceso que seguiría se llegara hasta el final en el esclarecimiento de la verdad. Eso se consiguió gracias a algunos abogados que se “pegaron” a ciertos procesados como Tejera y que eran, como minimo, de dudoso actuar. Estos abogados recomendaron a Tejero que formara un partido político pro-golpista del que los medios de comunicación hablaron ampliamente restando protagonismo al otro líder de la extrema-derecha, Blas Piñar, hasta el punto de que no pudo renovar su acta de diputado, mientras el partido de Tejero, Solidaridad Española obtenía un porcentaje ridículo de votos que convertía al golpismo en España en una anécdota irrisoria. Una vez convocado el juicio, los abogados recomendaron a Tejero que se mantuviera en posiciones desafiantes, en lugar de intentar esclarecer –él mas que nadie- los mecanismos que le llevaron a optar por ser él quien entrara en el Congreso. En los cuatro años siguientes, mientras todavía siguió existiendo una extrema-derecha con cierta base militates, Tejero recibió a miles y miles de visitas, autobuses enteros de simpatizantes, que fueron a verlo al Castillo de Figueras donde permaneció prisionero. Todos estos visitantes lo veían como a un héroe y como a un mesías: ¿cómo podía explicarles que precisamente su papel en el golpe había sido el de chivo expiatorio y que gracias a él nunca más habrá golpismo en España? Tejero terminó creyendo su papel de “salvador” y, o bien fue incapaz de entender lo que había ocurrido, o lo que es más probable, prefirió mantenerse en su papel de militar-que-hizo-lo-que-tenía-que-hacer.

b) Jamal Zougam.-

Hemos examinado los testimonios que han incriminado a Jamal Zougam y han contribuido a condenarlo como “autor material” de la masare del 11-M y, sinceramente, no encontramos base suficiente como para una condena de culpabilidad por mucho que lo haya ratificado el Supremo. De hecho, es un asunto de fe: hay que creer o no a los testigos que lo identificaron… después de que su foto ya hubiera aparecido en los medios de comunicación a partir del 13 de marzo. Zougam era el chivo expiatorio perfecto. A ello concurrían distintas circunstancias:

En primer lugar era marroquí y si se pretendía –como se pretendió inicialmente- que las sospechas del atentado fueran cargadas a espaldas de Al Qaeda, el concurso de algún ciudadano de no importa qué país árabe era necesaria. El chivo expiatorio debía ser necesariamente árabe y del que constara al menos que podía ser de religión islámica. Zougam lo era. Nunca había demostrado opiniones fundamentalistas y todo induce a pensar que se trataba de uno de esos fieles islámicos que siguen una práctica muy relajada de los preceptos musulmanes.

En realidad era un inmigrante perfectamente aclimatado en España. Decimos “aclimatado”, no integrado. Había montado un locutorio que, además, vendía telefonía y, según parece, estuvo vinculado a venta de tarjetas clonadas y trapicheaba con materiales de telefonía robados. No era completamente inocente, y tenía como rasgo común con otros imputados en el 11-M el que se movía en círculos de delincuentes comunes, pequeños traficantes con frecuentes incidentes con la policía, de poca monta pero que dejaban huella.

Pero si Jamal Zugam fue elegido para ser el primer detenido acusado de participación directa en el atentado se debía a un solo hecho que se ha ido olvidando con el paso del tiempo: en efecto, Jamal Zougam conocía a Abú Dadah, detenido un año y medio antes de los atentados del 11-M y acusado de ser el responsable de la “célula española” de Al Qaeda que, para cierta prensa –e incluso para el juez Garzón…- habría tenido un papel capital en la planificación de los atentados del 11-S. Todo esto venía a cuenta del tránsito por España de Mohamed Atta, uno de los implicados en el 11-S, presencia todavía envuelta en brumas y que dista mucho de estar confirmada sin sombra de dudas.

Porque, inicialmente, lo que se aspiraba era a presentar los atentados del 11-M como ejecutados por Al-Qaeda. Quienes planificaron la acción, los verdaderos “autores intelectuales” sabían que el atentado sería mucho más eficaz para lo que se pretendía (obtener un vuelco en las elecciones del 14-M) si venía firmado por la franquicia internacional del terror Al-Qaeda. Además, desde hacía años, el propio Aznar había creado o permitido la creación de un fantasma que recorría España: el del terrorismo islámico. De hecho, desde mayo de 2000 se venía hablando del tránsito de terroristas islámicos (incluso en el accidente de un Fokker que había el trayecto Ceuta – Málaga, La Razón habló de que uno de los pasajeros debía encontrarse con el cerebro financiero de Al Qaeda…) e incluso se había detenido en el barrio musulmán de Alicante a uno de los presuntos miembros del Comando Meliani desarticulado en Alemania… se trataba de alguien en absoluto vinculado al terrorismo pero que huía por delitos comunes. Si a estos añadimos el “comando Dixán” y una treintena más de presuntos terroristas islámicos que la policía de Aznar detuvo entre 2001 y 2004, siempre con informaciones procedentes de la CIA, del FBI, del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia norteamericanos deseosos de que todo el mundo tuviera en mente la supuesto universalidad de la “guerra contra el terror”. Aznar se plegó a todos estos deseos y dando por ciertos informes tan carentes de base como los que atribuían a Irak la posesión de armas de destrucción masiva, permitió que también España fuera recorrida por el fantasma del terrorismo internacional… hasta que finalmente, él mismo fue víctima de ese fantasma cuando fue atizado por otros.

A pesar de que durante el juicio sobre el 11-S y en la investigación paralela de la prensa apenas se hablara de Al Qaeda, lo cierto es que en las fechas del atentado e inmediatamente posteriores la inmensa mayoría de informaciones –alguna vez alguien deberá de analizar todas esas informaciones y explicar de que fuente espúrea salieron- apuntaban con datos que parecían muy concretos, hacia la autoría de Al-Qaeda. Y en ese contexto artificioso, el simple conocimiento que Jamal Zougan tenía de Abou Dadah, era suficiente como para vincular al primero con la red de Al-Qaeda. Por tanto Zougam era el culpable perfecto.

También en él el físico era importante. Se trata de un rostro magrebí típico pero con la característica de llevar el pelo negro, largo, lacio y desordenado. No es el único en tener estas características. Es frecuente que abunde gente así en un tren de gente modesta que va al trabajo por la mañana… En el momento en que la foto de Zougam se convierte en la imagen más difundida a partir del día 13 de marzo, es evidente que algún pasajero del tren creerá reconocerlo (de hecho los reconocimientos se hicieron por dos personas en dos trenes diferentes) ya sea porque ha visto a alguien similar a él, con ese pelo tan habitual, o bien porque subconscientemente ha identificado la foto que ha visto en algún diario o en la tele, con alguien que remotamente podía parecerse a Zougam. Es un fenómeno que conocen todos los que han trabajado en algún servicio de seguridad del Estado: cuando se comenta a un grupo de gente que ha estado próximo al escenario de algún crimen, un detalle absolutamente ficticio para comprobar la calidad de su testimonio, siempre hay alguien que cree reconocer e identificar con seguridad ese detalle.

Zougam, por lo demás, ni entiende los mecanismos de la política ni lee la prensa diariamente, ni siquiera le interesan lo más mínimo los vericuetos de la política española. Simplemente ha venido aquí a buscarse la vida… y lo hace trapicheando en su locutorio de Vallecas. Trabaja, pero no dispone de grandes medios económicos que le permitan contratar a abogados de primera fila, mediáticos, ni mucho menos que hagan de él un “hombre importante” y, por tanto, un intocable. Es, simplemente, un tipo que trabaja y trapichea, que mantiene a su familia, pero que no dispone de medios ilimitados, por tanto, no podrá asegurar su defensa en condiciones óptimas.

Así mismo, no tiene relación con el resto de acusados, por tanto, está completamente aislado en la prisión y desde allí pude hacer muy poco para entender qué es lo que verdaderamente ha ocurrido, ni cómo es que se ha visto implicado en un asunto cuyas dimensiones le trascienden. Y para colmo, esa mañana del 11-M no tiene coartada, o mejor dicho, su coartada es su familia, por tanto, se juzga que no es válida.

Y finalmente el hecho de que tenga un locutorio en el que se vende también telefonía será otro elemento adicional que lo determinará como chivo expiatorio, porque si –contra toda lógica- los atentados se han cometido utilizando terminales de móviles como temporizados, nada más adecuado que el concurso de alguien que los vende y trapichea con ellos para parecer el culpable perfecto. Esto llega a tal nivel que en las informaciones que se publicaron sobre el registro realizado al locutorio de Zougam se llegó a decir que la policía había encontrado el fragmento de plástico de la carcasa que faltaba en el teléfono recuperado por la policía en la “mochila de Vallecas”, y que había sido arrancado con unas tenazas para que por el hueco pudieran salir los cables hacia el detonador… Este detalle, absolutamente espectacular, sin embargo, no volvería a ser repetido nunca más. Se trataba solamente en aquel primer momento de presentar a Jamal Zougam como vinculado a Al-Qaeda (a través de su conocimiento superficial de Abu Dadah) y como “experto en telefonía y, por tanto, capaz de armar los teléfonos móviles de las bombas. Jamal Zougam era, lo repetimos una vez más, el chivo expiatorio perfecto.

Hoy sabemos –por que la sentencia del Supremo lo ha establecido- que Al Qaeda no entraba para nada en los atentados del 11-M y la policia en cinco años no ha logrado encontrar ni una sola pista que llevara a la franquicia terrorista… acaso por que esa franquicia estaba en manos de los EEUU y era controlada desde territorio americano y –probablemente quienes diseñaron el 11-M no lo previeron- la actitud del gobierno Zapatero repatriando las tropas de Irak y llevando una política antiamericana de manual, implicó que los EEUU no facilitaran el terreno a los “autores intelectuales” del 11-M. Así, el papel de Al-Qaeda que en los primeros meses ocupaba diariamente espacios en prensa, se fue bruscamente olvidando hasta desaparecer por completo…

Jamal Zougam no tenía amigos en círculos políticos, ni siquiera en círculos islamistas radicales, no tenía conocimientos políticos, ni experiencia para entender en los primeros momentos la trama en la qe involuntariamente lo habían incrustado a modo de chivo expiatorio. Era, lo repetimos por última vez, el culpable perfecto.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

 

Conspiradores, conspirativos y conspiranoicos (III de V). Cómo se planifica una conspiración

Infokrisis.- Llegamos a los momentos claves de esta serie. Tenemos una idea de lo que es una conspiración y de sus diferencias, sabemos que las conspirciones aparecen en períodos críticos de degeneración democrática, resta ahora saber cómo se planifica una conspiración, cuáles son sus niveles de decisión y como se ponen en marcha. Tal es la intención de esta entrega.

7. Cómo se planifica una conspiración

Es fácil describir las “artes conspirativas” con la precisión de un mecanismo de relojería. El proceso es siempre el mismo y es fácilmente reconocible en las conspiraciones del 11-M y del 11-S, como también en la del 23-F o en asesinato de Kennedy y en episodios de similar gravedad. No hay absolutamente nada original en todo ello, si hay que hablar de “originalidad” habrá que buscarla en el diseño táctico, pero la estrategia no varía nunca.

Se trata simplemente de ejecutar una acción espectacular que, por sí misma facilite el que la población acepte una situación nueva –la querida por los conspiradores- con mansedumbre bovina, que de otra manera se le habría hecho indigerible. Esto es todo y a esto se reduce el conspiracionismo desarrollado en el marco de una democracia formal. Apenas hay variación de una conspiración a otra, se trata siempre, simplemente, de elegir bien la acción espectacular –pura táctica- no es nada más que un momento puntual en el desarrollo de un programa estratégico concebido en función del objetivo propuesto. Está concebido inevitablemente como un proyecto de carácter político-militar en el cual siempre es preciso definir tres elementos:

- los objetivos a los que se pretende llegar.

- la estrategia o plan general de trabajo en la marcha hacia la conquista del objetivo político.

- las tácticas o fases en la ejecución del plan estratégico.

Esto permite suponer en la existencia de distintos niveles de planificación. Y esto es importante porque siempre que se habla de “autores intelectuales” se alude a ellos en relación a un atentado concreto. Este es el error: es difícil pensar que el nivel de decisión táctica –puesto que el atentado no es mas que un momento concreto, traumático pero puntual, en el desarrollo de un programa estratégico, por tanto es muy posible que quien defina los objetivos de la conspiración no tenga relación alguna con quien elabora el plan táctico, esto es el atentado en sí mismo. De hecho, la seguridad de una conspiración implica la existencia de distintos niveles de planificación y decisión. El nivel táctico es, sin duda, el más pedestre, tanto como es el más dramático, pero no es, desde luego, la “fuente” de la conspiración. Este nivel responde solamente de cuestiones “técnicas”: cómo cometer un atentado, en donde buscar la mano criminal que lo ejecuta, cómo garantizar su silencio y su seguridad, cómo cortar las investigaciones que pueden conducir a niveles más altos en la conspiración, cómo crear pistas falsas, cómo buscar falsos culpables, y, por supuesto, como ejecutar técnicamente el atentado.

Cabría, pues, más bien hablar de “responsables tácticos” de un crimen, mucho más que de “autores intelectuales”. Esta figura implica otra cosa. El “autor intelectual” es quien diseña la operación marcando los objetivos políticos y promoviendo la creación del pool (el grupo de intereses) interesado en llevar adelante la conspiración. La habilidad de un proyecto conspirativo consiste en enmascarar la existencia de este pool hasta hacerlo invisible evitando que jamás se habla de quienes salen beneficiados por una conspiración.

Es evidente que todos los niveles de la conspiración deben estar coordinados jerárquicamente desde la cúspide del pool a los niveles ejecutivos básicos. No hay conspiración sin establecimiento claro de estos niveles jerárquicos. Decir jerarquía implica establecer niveles de decisión. A medida que nos aproximamos a los niveles más bajos de la misma, aparece una indudable autonomía táctica. Los ejecutores tienen libertad para interpretar las órdenes que se les ha dado y planificar la operación clave de la operación según las posibilidades a su alcance. Quienes planificaron “intelectualmente” el 11-S o el 11-M no fueron los que eligieron estrellar aviones contra las Torres Gemelas, ni quienes ordenaron colocar bombas en trenes, sino quienes ordenaron realizar una acción espectacular de intensidad tal que permitiera un cambio de percepción en la opinión pública. Nada más. Sería imposible encontrar una orden que comprometiera menos, pero que dejara entender con tanta facilidad que era necesario asesinar a cuanta más gente mejor y de la manera más dramática para estar en condiciones de asegurar un cambio en la orientación política de un país.

Así pues vale la pena establecer las responsabilidades de cada nivel:

Nivel de Objetivos: le corresponde el marcarse los objetivos de la operación. Está formada por el pool. No es más que un grupo de intereses tan poderosos y concretos como informal es su estructuración. No hay minutas de las reuniones, no hay publicidad a pesar del poder de quienes deciden. El pool se forma en función de intereses y que buscan tener una situación preponderante y de fuerza en la nueva situación que pretenden crear. Participar en un pool supone reforzar la propia posición frente a competidores bien aclimatados en la situación que se pretende subvertir o bien frente a otros que estando fuera del pool no se beneficiarán del cambio que se propone. Decir pool es decir intereses decisivos. No se trata para un pool de beneficiarse simplemente con una nueva situación, sino de beneficiarse con contundencia redirigiendo buena parte de los flujos del Estado en gran medida hacia sus propios intereses.

En los prolegómenos de los atentados del 11-S, lo espectacular del desarrollo táctico de la operación era requerido por los objetivos fijados por el pool que impulsó el crimen. Estos objetivos, fundamentalmente, eran cinco:

- Rediseñar el mapa de Oriente Medio abriendo el paso a las guerras de agresión de Afganistán e Irak de acuerdo con Israel y Arabia Saudí.

- Eliminar los mayores riesgos que pudiera tener el Estado de Israel.

- Reorientar los recursos del Estado procedentes de la fiscalidad hacia determinados consorcios privados.

En el caso del 11-S, el nivel de objetivos es más difuso y menos evidente, sin embargo, es presumible que el pool estuviera formado por representantes de sectores interesados en:

- Obtener la victoria de Zapatero en las elecciones del 14-M que de otra manera jamás se hubiera producido (lo que se cuestionaba días antes de las elecciones era si Aznar obtendría mayoría absoluta, no la victoria del PP).

- Retirar las tropas de Irak rompiendo la coalición internacional con el resultado de debilitar la posición de los EEUU y de Inglaterra.

- Variar el marco de relaciones con Marruecos convertidas en imposibles tras el episodio de Perejil y con el aznarismo intentando sustituir a la inmigración marroquí por inmigración rumana.

- Intereses de los constructores y hosteleros españoles dispuestos a invertirsin riesgos en Marruecos.

Nivel estratégico: le corresponde trazar el plan general de trabajo para alcanzar el objetivo propuesto. Es inevitable que quienes se sitúen en este nivel sean buenos analistas políticos, experimentados y rigurosos. Intuyen la existencia del pool pero ignoran quienes lo componen, solamente conocen a la persona que ha contactado con ellos para proponerles el trabajo. De hecho, solamente deben contestar a preguntas concretas: ¿Qué ocurriría sí…? ¿qué efectos puede tener una operación con tales o cuales características…? ¿Cómo obtener un cambio en la opinión pública que posibilite emprender un nuevo rumbo político? Y así sucesivamente. Es posible, incluso que algunos partícipes de este nivel formen una especie de “dirección estratégica” que centralice y desarrolle definitivamente el plan estratégico a la vista de los estudios realizados. En este nivel están presentes individuos procedentes de muchos ambientes, todos ellos con poder y conocimientos a diferencia del nivel superior, el pool, que sobre todo disponen de recursos económicos y poder. De ahí que, frecuentemente, en este nivel se produzcan fugas y errores en un intento de obtener mayores rentabilidades personales a la operación. Así, por ejemplo, días antes del ataque a las Torres Gemelas se produjeron maniobras especulativas bursátiles sobre las acciones de las empresas que tenían allí su sede. Esas acciones apuntaban a determinada agencia de cambio y bolsa dirigida por un antiguo jefe de la CIA. En comparación con lo que estaba en juego (el diseño de un nuevo mapa de Oriente Medio y el estallido de las guerras de Afganistán e Irak, esta especulación apenas suponía una minucia… que sin embargo, alguien consideró que le valía la pena tentar la suerte; era evidente que todo esto se realizaba desde el nivel estratégico).

Tanto en la conspiración del 11-M como del 11-S era inevitable que estuvieran integrados en éste nivel estratégico individuos con una amplia experiencia en seguridad y que han debido de ocupar altos cargos en la seguridad de sus respectivos países. El concurso de analistas de información es así mismo necesario y estos solamente pueden proceder de consorcios periodísticos o de comunicación. Igualmente es presumible que participen conocedores de los asuntos internacionales, no necesariamente diplomáticos.

Nivel táctico: le corresponde todo lo relativo a la ejecución directa de la conspiración, especialmente en su momento clave de su desencadenamiento. Seguramente es la parte más simple, pero al mismo tiempo aquella en la que los cabos sueltos pueden permitir remontar una línea… hasta los niveles más bajo de la ejecución táctica. Para este nivel solamente existen “problemas técnicos”: ¿dónde contratar mercenarios con cualificación y estabilidad mental suficiente como para asesinar sin pestañear a cientos de personas a precio razonable? ¿Cómo fabricar culpables perfectos y chivos expiatorios? ¿Cómo administrar los tiempos en los medios de comunicación para que se optimice el impacto en la opinión pública y se maximicen los efectos? ¿Cómo crear cortafuegos y pistas falsas? ¿Cómo evitar que terceros puedan seguir la pista y remontarse a los responsables del nivel de decisión táctico? Las cuestiones a plantear son muchas y la responsabilidad de este nivel no termina con el estallido traumático de la conspiración sino que debe estar activo en los años siguientes hasta que se conjura el riesgo de que algo pueda torcerse por una inoportuna investigación o por la brusca salida a la superficie de algún dato que rompa en mil pedazos la versión oficial. Esto no se consigue manteniendo una estructura formal operativa, sino a través de la promoción de algunos de los participantes en la conspiración a puestos clave de la seguridad (no necesariamente los puestos públicos) desde donde podrán recurrir a fondos reservados y grupos de operaciones especiales. Lo esencial en este nivel es la parcelación de la información. A fin de cuentas se trata de las últimas consecuencias del paradigma newtoniano vigente en las ciencias y en la sociedad, aplicado a la conspiración y al terrorismo: un organismo se subdivide en aparatos y cada uno de ellos en funciones, cada función está aislada e ignora a otras y cada una de ellas se limita a ejecutar su parte ignorando incluso la existencia de otras partes. Solamente en el momento mismo de ejecución del momento de ruptura los participantes perciben que forman parte de un proyecto coherente pero del que ignoran cualquier otro dato concreto. Eso hace que, aun cuando alguna de las partes fracase, cometa indiscreciones o simplemente intenta aprovechar de alguna manera la información de la que dispone, nunca disponga más que de datos e informaciones completamente parciales y secundarias que, por sí mismas no indican apenas nada. De todas formas, los técnicos en todos estos temas, saben que quien ha sido capaz de planificar detallada y fríamente la muerte de cientos de personas no va a tener inconveniente en decretar la de un posible “renegado” que, en un momento dado, denuncie algún aspecto de la conspiración por secundario que pueda ser. La vida humana es frágil y vulnerable y si alguien lo sabe es precisamente quien ha asesinado a alguien. Por tanto, no es raro que en episodios como la muerte de Kennedy, la sucesión de muertes misteriosas que se produjeron en los diez años siguientes (en torno a 40 muertes) afectara solamente a testigos y a periodistas que habían intentado profundizar algunas pistas, pero nunca entre responsables directos o indirectos del crimen.

La figura del “chivo expiatorio” es fundamental y será tratada a continuación con todo el detalle y con la experiencia que nos otorga el dudoso honor de haber ocupado esta lugar en una ocasión de nuestra vida…

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

 

 

Conspiradores, conspirativos y conspiranoicos. (II de V) El eje final de la degeneración de las democracias

Infokrisis.- En sta segunda parte del estudio abordamos dos cuestiones vitales: el "daño" que cualquier conspiración ejerce sobre una parte de la población y que define a las mentes capaces de planificar operaciones de este tipo como, pura y simplemente, enfermos mentales, y en segundo lugar las conspiraciones como etapa final en la degeneración de las democracias. Analizamos las tres fases de esta degeneración.

5. El “daño” a terceros como eje de la conspiración

En la conspiración la idea de dañar a un tercero es esencial para otorgarle ese carácter. En la conjura, no está necesariamente presente. Es más, el hecho de conjurarse o juramentarse no es ni siquiera negativo, sino que lleva implícita cierta dosis de idealismo: antes hemos aludido a algunos oficiales de Marina juramentados para hacer pagar a los asesinos de Carrero Blanco su crimen. De no haber existido el crimen de Carrero no se hubiera producido el de Beñarán Ordeñana, por lo tanto, eso implica que no asesinan al etarra para exteriorizar un impulso asesino, ni mucho menos gratuitamente, sino como acto de venganza por una muerte anterior, o más bien de “justicia” expeditiva. En otros casos, los conjurados se ponen en marcha porque creen legítimamente que su acción es necesaria para defender, no sus intereses, sino los de su nación, los de su pueblo, los de su comunidad, aunque esta defensa a ellos pueda causarles algún prejuicio, o incluso costarles la vida.

La conjura deja presuponer cierto grado de idealismo que nos guardaremos de defender pero que, sin embargo está ahí. En el siglo XIX abundaron las conjuras de todos los signos que acarrearon desgracias para muchos de sus protagonistas, patíbulos, pelotones de fusilamiento y pérdida de bienes. La historia del carbonarismo francés y la figura de Blanquí, el eterno conjurado –estuvo presente en casi una decena de conspiraciones todas las cuales, sin excepción, acabaron mal y dieron con sus huesos en la cárcel- salpican la historia del XIX francés. Al margen de los métodos blanquistas y de un idealismo casi ingenuo o, quizás con más propiedad, absolutamente infantiloide, lo que menos puede decirse de Blanquí es que sus conjuras no le beneficiaron materialmente. Lo mismo les ocurrió a la mayoría de socialistas utópicos del XIX. El factor ideológico es importante en las conjuras porque es el que justifica los compromisos personales adoptados en función de un proyecto político por el que se está dispuesto a dar la vida.

En las conspiraciones el elemento ideológico está completamente ausente. El conspirador aspira a beneficiarse del proyecto por puro egoísmo y sin que medie ningún tipo de consideración doctrinal o moral. Precisamente lo que está presente es justamente lo contrario: una ausencia de moral y de principios casi patológica. Y este es el verdadero fondo de la cuestión porque quien es capaz de diseñar un 11-M o un 11-S esa persona está muy enferma. Su enfermedad tiene un nombre: es un psicópata. Sabe que su acción va a matar a mucha gente, pero no le importa porque no siente absolutamente ninguna empatía con sus vecinos, con otros ciudadanos, incluso ignora el más mínimo respeto a la vida humana. Como enfermo que es, piensa que se lo merece todo y no tiene absolutamente ninguna justificación por el sufrimiento ajeno. Es más, lo que busca es precisamente situaciones de máximo terror para que sus planes de beneficio personal, lucro y poder, salgan adelante.

Una vez cometido el atentado no tendrá el menor inconveniente en mentir descaradamente y dejar que los chivos expiatorios cumplan su papel al que han sido llevados mediante provocaciones, embustes y elaboración de pruebas falsas. No le importará tampoco que inocentes –o al menos inocentes de la conspiración en sí, aun cuando no de delitos menores o de delitos pasados- vayan a parar durante largos períodos de tiempo a las cárceles, aun a sabiendas de que está arruinándoles la vida. Sabe que tendrá que mentir ante los medios de comunicación para anunciar tal o cual aspecto de la versión oficial y sabe que tendrá que mentir durante mucho tiempo. A todas las personas con una moral “normal” nos cuesta mentir en los pequeños detalles de la vida cotidiana, sin embargo el psicópata no experimenta el menor empacho en mentir cuantas veces sea y no importa cuántas veces al día, ni aun en el caso de que sus mentiras acarreen consecuencias nefastas para terceros.

Sí, porque el verdadero fondo de la cuestión de las conspiraciones es que causan dolor y sus “autores intelectuales” son psicópatas… psicópatas que están ocupando cargos de mucha responsabilidad y poder en las sociedades occidentales. Algo está fallando y es precisamente el que gente que debería estar encerrada con varias camisas de fuerza, sin embargo, está al frente de departamentos de la seguridad, ocupando los más altos puestos del poder político o dirigiendo el poder económico. En un mundo competitivo como éste, sin duda, el que mejor se ha adaptado a él ha sido el psicópata sabedor de que contra menos prejuicios tenga, contra menos empatía tenga y contra más oriente todos sus esfuerzos en la persecución de sus intereses, cueste lo que cueste y caiga quien caiga, mucho mejor.

Hay dirigentes políticos, económicos, policiales, militares, tanto en el poder como en la oposición que están dispuestos a defender sus intereses personales con tanta contundencia que son capaces de pactar con otros igualmente trastornados como ellos la muerte de decenas de personas si ello les ayuda a avanzar un paso en la conquista de beneficios personales.

6. El arte conspiratoria como signo de desintegración de un sistema

El desarrollo de conspiraciones como el 11-S o el 11-M solamente pueden desarrollarse en países con democracias enfermas. La nuestra, como diría la canción de Dylan, “muere y agoniza, aun cuando apenas acaba de nacer”. De hecha, el que este tipo de conspiraciones homicidas se desarrollen con absoluto cinismo en el seno de las democracias más avanzadas –y no así en cambio en países atrasados del Tercer Mundo cuyas sociedades apenas dan valor a la vida- nos permite afirmar que el conspiracionismo (es decir, la práctica conspirativa en las líneas de actuación que ha adquirido tras el 11-S) se sitúa en el límite extremo del proceso de degeneración de las democracias.

Esto proceso, como las transformaciones del espíritu que describió Nietzsche en su Así habló Zarathustra, se desarrolla en tres fases:

1) la democracia se convierte en partitocracia

2) la partitocracia se convierte en plutocracia

3) la plutocracia se convierte en dictadura

En efecto, cualquier forma de democracia implica participación de la población en las tareas de gobierno mediante elecciones libres. Ahora bien, para poder obtener éxitos –esto es, para poder gestionar el poder- la clase política se organiza en estructuras artificiales improvisadas en función de tópicos (tópicos conservadores de centro-derecha o tópicos progresistas de centro izquierda). De ahí salen los partidos políticos. Así pues no estamos hablando de “representación democrática directa”, sino de a través de los partidos políticos que son esas piezas que se interponen entre el elector y el ejercicio del poder. Cuando existían opciones ideológicas –y por tanto programáticas- claras, las fronteras entre los partidos eran igualmente, se sabía lo que cada cual defendía con nitidez y se sabía donde empezaba y donde terminaba el margen de maniobra de un partido.

Pero esto dura, inevitablemente, poco especialmente en un mundo en el que se ha relajado hasta desaparecer toda tensión ideológica y a fin de cuentas el resultado de una elección está completamente desvinculado de los contenidos que presenta cada opción e incluso de la reflexión crítica que pueda hacerse sobre la gestión pasada de los candidatos. En 2004 el PSOE ganó solamente gracias a que alguien sembró con 192 cadáveres su ruta hacia el poder. En 2008 volvió a ganar gracias a un ex concejal asesinado providencialmente gracias al cual ZP se hizo perdonar su política de mano tendida a ETA y gracias a una mentira mil veces repetida (la inexistencia de crisis económica). Porque, en definitiva, cuando aparecen los partidos políticos aun sin ningún principio ideológico de razón suficiente, lo que ocurre es que la fidelidad al programa queda sustituido por la complicidad entre los afiliados al partido.

Ya no se trata de llevar a la práctica un programa político ambicioso y un proyecto de sociedad, sino que se trata de ganar el poder: el poder por el poder, para gestionarlo, para beneficiarse de sus mieles, por autosatisfacción, por su erótica, por lo que sea. En ese momento preciso el interés de partido se coloca por encima de cualquier otro interés.

Probablemente desde los años 80 cuando el felipismo entró en su lenta agonía, era el tiempo para que los dos partidos mayoritarios hubieran tenido el valor de asumir sus responsabilidades y pactar una “gran coalición”. Ni fue así ni ninguna de las cúpulas de los partidos lo propuso aun cuando el país se estaba cayendo a jirones a base de políticas antiterroristas miserables y erróneas, a base de corrupción generalizada, pelotazo, paro galopante, reconversiones industriales traumáticas y crisis económicas sincopadas.  Cada partido pensaba que en la elección siguiente vencería o que, al menos contaría con los votos de la calderilla nacionalista para imponerse sobre su rival. Dado que las dos alas del arco parlamentario (la derecha-derecha y la izquierda-izquierda) se iban desleyendo como un azucarillo hinchando los efectivos del centro-derecha y del centro-izquierda, al final nuestro sistema político fue progresivamente entrando en pleno raquitismo y reduciéndose todas las opciones a dos estatales y dos regionales, con lo que el infamante apelativo de “banda de los cuatro” les cuadra.

Pero cuando eso ya se había percibido –hacia mediados de los 80- y cuando ya se sabía que la palabra de los partidos y su fidelidad a no se sabía bien qué principios era tan peligroso como Michael Jackson en una guardería, la democracia, sin que lo percibiéramos –entonces se hablaba todavía de “joven democracia española” añadiendo un mucho de boato y pomposidad- nuestra democracia había dejado de ser tal para convertirse en partitocracia (o partidocracia, como prefieran).

En la partitocracia los intereses de los partidos están por encima de cualquier otra cosa. Y los intereses de los partidos, no lo olvidemos, se confunden con los de sus cuadros dirigentes. Niveles de dirección hay muchos en los partidos y, afortunadamente para ellos, la elefantíaca administración española ofrece cargos prácticamente a todos los militantes, sino en un nivel será en el otro, y si no como asesores, y si no, simplemente obteniendo buenas canonjías o dicasterios. Hay casos extremos como el del Partido Socialista de Andalucía en el que el número de cargos electos socialistas y el número de militantes van prácticamente a la par. El militante sin cargo es una figura en extinción, casi un absurdo anacronismo.

Si alguien había creído que la partitocracia es el mal absoluto de la democracia, que se vaya olvidando. Aún existen  peldaños que llevan a realidades más sórdidas, bajando pasito a pasito hasta el infierno de las conspiraciones asesinas.

El primer paso era –por utilizar la fraseología nietzscheana- “de cómo la democracia se transforma en partitocracia” monstruos que avasalla y miente. El segundo paso ahora va a ser “de cómo la partitocracia se transforma en plutocracia”, vampiro cósmico-político que amenaza con robarnos las entrañas mismamente. Sí, porque llegado a un nivel de concentración partitocrática (y en España se ha producido un nivel mucho mayor que en cualquier otro lugar europeo, pues no en vano el efecto coordinado de la Ley d’Hont, de las listas cerradas y bloqueadas, el hastío de la población por elecciones constantes que visiblemente solamente sirven para instalar bajo el sol del bienestar y la abundancia a los cargos electos, todo esto ha contribuido a que el divorcio País Oficial – País Real se vaya ampliando) éste termina transformándose en plutocracia.

Plutocracia es literalmente “poder del dinero” (del griego πλουτοκρατα, gobierno de los ricos). ¿Qué ha ocurrido? Es fácil entenderlo: cuando no hay tensión ideal en una democracia, la relajación va abriendo paso a la partitocracia y cuando las cúpulas de los partidos están instaladas en el poder y perciben que los grandes negocias solamente pueden hacerse a su sombra, se inicia una colusión entre el poder económico y el poder político que ahoga toda democracia.

El zapaterismo, buenos rollos aparte, sonrisas ingenuofelizotas al margen y declaraciones populistas a tutiplé, no es más que la forma más extrema y directa de plutocracia que se ha atrevido a adentrarse en terrenos en los que ningún otro partido hubiera tenido ni la indecencia de la impudicia de instalarse. El que un amiguito del alma de ZP, como Pablo Sebastián que, sin duda tendrá otras cualidades, pero no el arte del buen gobierno, el que un colaborador estrecho de Sebastián hay terminado como asesor de la patronal de la construcción y pocos días después el gobierno haya abordado ese plan absurdo e ignorante de “comprar suelo a las constructoras” (¿y por qué no compran sellos en el estanco de la esquina que se queja de que con la crisis la gente no consume?) y el que el gobierno ZP haya querido estar presente desde el principio en la reordenación del sector energético en España, autorizando por lo demás subidas de precios desaprensivas, indica todo ello hasta qué punto el poder de la partitocracia no se limita solamente a “estar” en el poder, sino que también quiere “tener” beneficios y los quiere ya. Esos beneficios emanan de la santa alianza entre poder económico y poder político. Pero mientras que en la etapa partitocrática el poder político permanecía todavía con iniciativa ante el poder económico, en la fase siguiente el poder económico es el que hace y deshace a su antojo en beneficio de las clases económicas dirigentes y del partido en el poder. Dicho de otra manera, la clase política come de la mano de la oligarquía económica, gobierna por y para ella con la excusa de que si la economía funciona nos beneficiamos todos… algo que parece difícil que este país digiera después de casi veinte años de trabajo precario, contratos basura y salarios de miseria en tiempo de vacas gordas.

No es raro que Zapatero se rodee de verdaderos patanes en los distintos ministerios. Hoy sabemos y que Solbes es una mediocridad y que su único mérito fue aprender a hacer pasillos en Bruselas. Sabemos que Sebastián va a “pillar” y sirve sólo para “pillar”, cualquier profecía que haya será propia de la bruja Lola antes que de un técnico y en cuanto a las ministra de cuota puede ser definidas casi sin excepción como las tontas del bote, tontas no por lo de mujer sino por lo de cuota. Zapatero jamás colocará a ministros con personalidad, iniciativa y conciencia de servicio… justamente porque si lo hiciera correría el riesgo de que hablaran claro y de que denunciaran desde dentro lo que muchos vemos desde fuera: que, a pesar de su rostro afable y de sus modales soft, de sus devaneos y talantes, de su culto a las minorías y a los mariconeos, el zapaterismo es a la oligarquía del dinero lo que la luna al sol, en efecto, el zapaterismo orbita en torno al billete de 500 euros como un mosquito lo hace en torno a una fuente de luz.

No es por casualidad que la España del zapaterismo se iniciara con la conspiración del 11-M. Era casi obligado. Es difícil saber si Zapatero es consciente de lo que ocurrió el 11-M e incluso si es consciente de que el texto de las sentencias es papel mojado mientras no estén claros todos los extremos del mayor atentado que se ha cometido en Europa desde el final de la II Guerra Mundial. Claro está que Zapatero no es ningún lince en nada más que en propia promoción, pero es difícil leer la prensa todos los días, mirar al mundo, y no entrever una mano negra en el diseño de aquellos atentados. La formación cultural, política y humana de Zapatero es de muy baja cota, hasta el punto de que se ignora completamente que tenga alguna afición o algún interés cultural. De Felipe se sabía lo de los bonsáis y del Guerra que le gustaba Malher y leía a Gertrud Stein… Zapatero es un páramo cultural todo él. Da la sensación de que antes de ocupar el poder solamente tuvo tiempo para trabajarse el camino hacia el poder, y una vez en el poder, no tiene más resuello que para sobrevivir en él. Así pues, ni piensa ni tiene tiempo para pensar. Pero esta es otra historia. Lo cierto es que en este tipo de conspiraciones como las del 11-M y del 11-S circulan en niveles subterráneos. Es difícil que Bush o ZP supieran algo de lo que se cocía entre bastidores. Ambos, por lo demás, son demasiado tontos como para intuir el fondo de la cuestión, pero lo suficientemente inteligentes como para saber que no deben preguntar nada y que hay temas sobre los que no se puede ni hablar en familia. Por tanto no es raro que hayan elegido colaboradores todavía más limitados que ellos. Ahí están las ministras de cuota que ni dan la talla como ministras ni como mujeres. Lo mismo cabe decir del equipo de gobierno de Bush formado en parte por neoconservadores –los únicos que realmente tenían un proyecto por disparatado que fuera: reordenar el mapa de Oriente Media, liberar a Israel de cualquier riesgo y asegurarse el suministro de petróleo- y luego por una patulea de ilustres ignorantes a la americana.

Antes hemos aludido a la complejidad de una conspiración, ahora podemos añadir que las conspiraciones solamente pueden realizarse desde el ejercicio del poder o al menos cuando parte de sus programadores están bien situados en al escala del poder y preparan su transición de unas a otras manos. Al conspirador moderno le interesa obtener el máximo beneficio económico posible en el mínimo tiempo, esto les hace chocar ocasionalmente con el poder político que precisa un poco de prudencia y de mano izquierda para hacer digeribles sus decisiones. De hecho, el responsable del poder político en una plutocracia no pasa de ser el chico de los recados y así hay que a Zapatero, como un chico de los recados con ideas propias. Y esas ideas propias son precisamente lo que más alarma genera en la plutocracia pues corren el riesgo de generar situaciones de desequilibrio y choques con retroceso.

Pero hay una fase siguiente de degeneración del sistema democrático y es cuando la plutocracia para impedir que se investiguen sus corruptelas, sus manejos y sus crímenes, empieza a ir ahogando a todos los poderes del Estado y de la Sociedad. Es la tercera fase de la pendiente de la decadencia muy avanzada en el momento actual en los EEUU y de la que también se encuentran algunos síntomas en España.

La esencia de la democracia es un sistema de pesos y contrapesos para evitar que un solo poder haga y deshaga a su antojo. Si no existe esa división de poderes la democracia es pura ficción al margen de los procesos degenerativos que haya abordado. En España ya es preocupante que el poder legislativo sea una caja de resonancia del poder ejecutivo y que el poder judicial baile al son del ejecutivo y éste a la música de las originalidades, las excentricidades y los exotismos de ZP y de las maniobras orquestales del poder económico.

Ahora bien, si además de esto existe una amenaza a las libertades generada con la excusa de la “lucha contra el terrorismo”, como está ocurriendo en los EEUU, esto ya es mucho más grave. La primera intención de la administración Bush tras la legitimación del 11-S se evidenció en el Acta Patriótica -¡redactada por John Ashcroft meses antes de que se produjeran los ataques!- que capacitaba a las fuerzas de seguridad del Estado para interceptar correspondencia privada, comunicaciones, realizar registros y detenciones preventivas cuando la seguridad nacional “estuviera en juego”. Luego se aprobó la doctrina del “ataque preventivo” contra cualquier país del que se supusiera que podía emanar un peligro para la cacareada seguridad nacional. Noción flexible donde las haya. Guantánamo no es solamente la muestra de que EEUU ha entrado en una deriva problemática en cuestión de libertades, también cientos de ciudadanos fueron arrestados “preventivamente” después del 11-S, pasando incluso tres años en prisión sin juicio y son conocer los cargos en su contra. Sin olvidar a los detenidos en Guantánamo que llevan siete años siete a la espera de juicio y de que se formulen acusaciones contra ellos. Si esto no es algo parecido a una dictadura habrá que crear una nueva palabra para calificarlo.

El problema es el siguiente: una conspiración –que solamente puede diseñarse desde los aledaños del poder o desde el mismo poder- precisa vulnerar la ley y, por tanto, se expone a ser denunciada en un marco democrático formal. Por tanto, una vez la democracia ha degenerado en partidocracia y esta en plutocracia… queda la etapa final: impedir que se investigue para lo cual hay que evitar… que se pueda investigar. Y si se investiga a fondo, hay que evitar que los datos obtenidos puedan llegar a juicio. Y si llegan a juicio, se trata de que se reflejen en la sentencia a gusto del consumidor, es decir, a gusto de quien ha diseñado la “versión oficial”. Esto es lo que estamos viendo en España desde hace cinco años, cuando resulta evidente que la versión oficial no se sostiene y sectores enteros de las empresas periodísticas se niegan a publicar la más mínima duda razonable sobre la “versión oficial”.

Porque de lo que se trata es de que una conspiración no solamente tenga éxito, sino que nunca nadie pueda llegar hasta el fondo de la cuestión. Para ello una creciente manipulación de los distintos poderes del Estado y del sistema de comunicaciones, es inevitable. De ahí que hayamos dicho que en el último nivel de degeneración del sistema democrático, cuando la corrupción ya se ha generalizado, y la plutocracia domina cómodamente, empiecen los recortes a las libertades, recortes brutales y sin recato al estilo que los practica la administración norteamericana y recortes selectivos, de guante blanco, basados en la coacción, en la zanahoria y el palo, como realiza la administración ZP.

© Ernesto Milá – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com

 

Conspiradores, conspirativos y conspiranoicos (I de VIII). Qué es y qué no es una conspiración

Infokrisis.- La reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre el 11-M ha hecho, una vez más, hablar en demasía sobre la “teoría de la conspiración”. Mala cosa porque, en realidad no existe ninguna “teoría de la conspiración” sino, en realidad, una crítica a los agujeros negros de una versión oficial que, a partir de la sentencia del Supremo, se ha convertido toda ella en agujero negro. Por lo tanto, hemos pensado si no sería bueno dedicar una pequeña serie de comentarios a viviseccionar lo que se ha dado en llamar “conspiracionismo”, en todas sus variantes.

 

1. Introducción. El día en que un director me pidió un artículo conspiranoico.

Fue el último artículo que escribí para esa revista y no porque surgiera ningún problema con su director sino por la sencilla razón que desde hacia un año habían ido rebajando las tasaciones de los artículos hasta que llegó un momento en los pagos ni siquiera justificaban el trabajo que uno podía tomarse en elaborar el artículo. Pero lo que sí me llamó la atención es que en esa mi última relación con la revista el director, aficionado a largas conversaciones telefónicas (mientras que los años de clandestinidad me habituaron a un número mínimo de llamadas que, inevitablemente, debían ser breves, escuetas y casi telegráficas), tras explicarme cómo debía ser el artículo y los temas que debía tocar (era sobre las calamidades africanas) concluyó pidiéndome: “Que quede conspiranoico”. Nunca había utilizado esa palabra, ni siquiera la había oído en otros. Sabía, desde los atentados del 11-S que podía hablarse de “conspiración” pero nunca de “conspiranoicos”.

No había mucha materia para hacer de un reportaje sobre la tragedia africana, una piedra angular del conspiracionismo. A fin de cuentas, los africanos están experimentando hoy las consecuencias de lo que han sido capaces de hacer con su independencia. Llevamos casi medio siglo de independencia africana y ha sido inevitable que esos países que quisieron ser independientes –y que a menudo lo fueron masacrando a los antiguos colonizadores- asumieron su propio destino en sus manos con el resultado que todos conocemos. Quisieron ser independientes y la independencia –y nadie más que una independencia mal llevada- les quemó. Hoy de África quedan cenizas y problemas, pero no por conspiración alguna sino por la incapacidad del africano para organizarse y asumir un destino nacional y una correcta gestión de recursos.

Sin embargo, a partir de aquella conversación con el director de aquel medio (que cada vez sigue contando más con becarios para seguir apareciendo), empecé a dar vueltas al concepto de conspiracionismo, a sus desviaciones, a su patología y a sus rasgos esenciales.

Es necesario distinguir entre la conspiración en sentido estricto, es decir, la planificación consciente, responsable y orgánica de un efecto pernicioso para la sociedad pero que beneficia a sus impulsores, de lo conspiranoico (obsesión paranoica por descubrir un sentido oculto teleológico a determinados fenómenos sociales traumáticos o no). Si lo primero dará origen a la aparición de “teorías de la conspiración”, es decir, al conocimiento especulativo que explica determinados episodios históricos, lo segundo será la proyección interpretativa realizada sobre un determinado episodio realizada por una personalidad paranoica.

En ambos casos, el resultado está íntimamente ligado al carácter y a la persona de quien realiza el análisis: una persona racional e imaginativa podrá, si tiene los instrumentos y datos a su alcance, improvisar una teoría de la conspiración; pero si se trata de una mentalidad paranoica aun disponiendo de los mismos datos, los ordenará de manera diferente y necesaria para satisfacer su obsesión.

Las investigaciones llevadas a cabo en torno a los macroatentados del 11-S y del 11-M han evidenciado las interrelaciones entre ambas tendencias del espíritu. Es evidente en ambos casos que las “versiones oficiales” cojean desde el primer momento y para quien ha podido conocer mínimamente los métodos de trabajo de servicios de operaciones especiales públicos o privados, ambos macroatentados responden más a una operación típica de este tipo de organismos que a atentados cometidos por grupos terroristas casi inexistentes. Sí, en efecto, digamos de partida que consideramos que en torno a estos dos macroatentados han existido conspiraciones y a ello hemos dedicados dos libros: 11-S, la gran mentira y 11-M, los perros del infierno.

Ahora bien, conocemos la mentalidad conspiranoica, la hemos visto en nuestra generación encarnada en muchos de nuestros amigos o conocidos y sabemos perfectamente que el principal enemigo de las teorías de la conspiración son los conspiranoicos.

Así pues, las líneas maestras que nos proponemos en este trabajo van a ser:

- distinción entre las teorías de la conspiración y entre el universo conspiranoico.

- distinción entre la mentalidad conspiranoica y la mentalidad analítica.

- definir lo que es una teoría de la conspiración.

- demostrar que lo conspiranoico es una enfermedad del espíritu.

- establecer cómo se monta una conspiración.

- denunciar los mecanismos utilizados por los conspiradores.

- fijar la importancia de este debate en la política del siglo XXI y

- exponer la doctrina de Julius Evola y René Guénon sobre la contrainiciación

Esperamos poder aprovechar las vacaciones de agosto de 2008 para rematar esta temática que nos parece extremadamente importante y que creemos que reaparece ahora en Occidente, pero siempre, de una forma u otra, ha estado presente desde principios del siglo XIX. Ya habrá ocasión de ver por qué.

2. ¿Qué no es una conspiración?

En agosto de 2006 apareció una noticia que guardé como curiosidad: la estrella del pop Michael Jackson afirmaba que había sido víctima de una “conspiración” promovida por sus ex asesores, un grupo de abogados que buscaba su ruina financiera. La noticia apareció cuando el nombre del cantante estaba aún muy tocado por el escándalo de abusos sexuales a menores. Al parecer, según explicaba la “relaciones públicas” de Jackson, los antiguos asesores financieros del cantante habían intentado reclutar a individuos que lo demandarían y provocarían su bancarrota. La portavoz no dudó en proclamar que el asunto “podría ser una de las mayores conspiraciones en la historia de la industria del entretenimiento, los documentos enviados a Michael Jackson y sus representantes revelan un deliberado plan de algunos de sus ex abogados, así como previos asociados y antiguos asesores, para llevar al señor Jackson a una involuntaria bancarrota". Durante un juicio que duró cuatro meses por cargos de abuso de menores en 2005, la fiscalía afirmó que el músico estaba en dificultades económicas debido a una creciente deuda. Lamentablemente, la portavoz de Jackson no entregó los nombres de los conspiradores, pero dijo que Jackson ya había ordenado a su actual equipo legal que investigue la confabulación y presente las correspondientes demandas en múltiples jurisdicciones…

Hasta aquí la noticia que evidencia hasta qué punto la palabra “conspiración” se utiliza con extrema ligereza. Ahora bien, los datos contenidos en esta información podrían ser ciertos y, efectivamente, Jackson habría sido víctima de una vasta conspiración. Sin embargo, los hechos juegan en su contra:

- La portavoz de Jackson no cita los nombres de los abogados resentidos con el cantante.

- Dos años después, el tema no ha tenido continuación, se agotó en esa noticia, no hubo más en la misma dirección.

- El episodio tenía lugar cuando Jackson afirmaba que iba a grabar su primer disco desde 2001 y era posible que, a la postre, todo fuera una técnica promocional.

- Y, finalmente, el episodio está demasiado cerca del proceso que tuvo que soportar Jackson por abuso y corrupción de menores que dañó definitivamente su carrera.

Así pues, cabría más bien hablar de “maquinación” en la medida en que este concepto presupone un proyecto o asechanza artificiosa y oculta, dirigida regularmente a un mal fin. Esta palabra, derivada del latín,  machinatĭo, -ōnis, es mucho más oportuna que conspiración. Y, a fin de cuentas, todo induce a pensar que si hubo machinatĭo seguramente fue organizada y estructurada por el equipo de marketing y publicidad del propio cantante, decidido a relanzar su carrera. Habría que añadir que alguien que es capaz de hacerse en el cuerpo lo que ha hecho Michael Jackson es un pobre diablo enloquecido en manos de sus asesores.

Y si esta noticia no implica una conspiración, ¿no se trataría más bien de confabulación y ese podría ser el nombre que se le aplicara? No exactamente. La confabulación es otra cosa. La Real Academia lo define como “acción y afecto de confabular o confabularse” y, a su vez, “confabular” sería el acuerdo entre dos o más personas para acordar la realización de un plan generalmente ilícito. En España ocurría hasta hace poco todos los días cuando un concejal de urbanismo colocaba el expediente de un promotor amigo suyo y del que cobraba generosos estipendios ante cualquier otro expediente listo para resolverse. No es que fuera ilegal, era simplemente, ilícito. Se negaba a unos lo que se concedía a otros simplemente por que mediaba amistad o algún refuerzo económico cuya existencia era imposible de demostrar (si fuera posible demostrarlo de “ilícito” pasaría a “ilegal”).

Así pues, una conspiración ni es una confabulación, ni una maquinación. Tampoco es un complot, aunque frecuentemente vaya asociado con él. El complot –palabra de origen francés incorporada a nuestra lengua sin ninguna alteración- es una forma de confabulación en la que dos o más personas se ponen en contra de otra o de otras. Habitualmente toma la forma de una conjura de carácter político o social y por ello se sitúa muy cerca de la conspiración.

La conjura es otra cosa y tiene que ver mucho con pactos o juramentos. No es tanto la acción en sí misma como el hecho de juramentarse para realizarla. Se suele aludir a la existencia de grupos de “conjurados”, es decir, a cierto número de personas que se han puesto de acuerdo en algún fin y que ritualizan este acuerdo en el acto del “juramento”. Cada uno de los que lo han suscrito es un “juramentado” y la acción colectiva de todos ellos es la “conjura”. La conjura históricamente ha ido muy pareja al asesinato de algún líder político. Se dice que John Wilkies Booth y quienes conspiraron contra Abraham Lincoln se juramentaron antes de iniciar sus planes. Así mismo se sabe que un grupo de marinos se juramentaron para vengar el asesinato del Presidente del Gobierno Luís Carrero Blanco y consiguieron incluso ejecutar a Miguel Beñarán Ordeñana, el jefe del comando asesino de ETA.

3. Paréntesis sobre la conspiración (que no conjura) de los necios

Y luego está, por supuesto, la “conjura de los necios” a la que vale la pena dedicarle algún párrafo. Leí en unas circunstancias muy difíciles esta obra (que me prestó otro que estaba todavía en circunstancias más difíciles que yo) dos años después del 23-F que, como veremos en algún lugar, si fue algo, fue una conspiración en pleno sentido de la palabra. Ésta otra de los necios venía a cuento de la famosa frase de Jonathan Swift: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él”. La aventura de Ignatius Reilly es, literalmente, desternillante y estrambótica, pero ¿es una “conjura”? A decir verdad, la palabra “conjura” aparece solamente en el título de la obra y luego dos veces más en el texto pero con el sentido de exorcisar, evitar. En el punto álgido de la “conjura” Ignatius Reilly interrumpe una fiesta y se dirige a los sorprendidos invitados:

—¡Silencio! —aulló Ignatius por encima del furioso parloteo—. Estoy aquí esta noche, amigos míos, para explicaros cómo podéis salvar al mundo y traer la paz.

No hay en lugar alguno de la obra ni juramento, ni nada parecido, elementos que como hemos visto son necesarios para que podamos hablar de conjura.

Por otra parte, el proyecto de Ignatius Reilly expresado de forma hiperbólica en cientos de cuadernos Gran Jefe escritos de su puño y letra y dispersados por su habitación a la espera de que un día decida compendiarlos en una obra que debería darle fama mundial, así pues existe pensamiento “político”, existe “acción política” y existen “conspiradores” e incluso existe un partido político “secreto”. Y, por haber, hay también una doctrina política que inspira la conspiración: Boecio y la filosofía medieval, pero no el Renacimiento ni la Ilustración, con lo cual su opción es tan evidente como arcaica.

Por tanto, estamos delante de una loca conspiración, pero conspiración al fin y al cabo, ingenua, deslabazada, triste en ocasiones, que remite a un clásico de la literatura como es el Quijote de Cervantes. Reilly como el Quijote aspiran a restaurar la Edad Media y si el segundo emprende locas aventuras, el primero tiene que atravesar por algo peor: trabajar para pagar una deuda. Así es la obra de John Kennedy Tool que seguramente pasará a la historia como el Quijote del último tercio del siglo XX.

La conjura de los necios es una caricatura de conspiración, pero conspiración al fin y al cabo y, desde luego, no más grotesca que algunas conspiraciones que se han producido en el siglo XX. Quizás sea por eso por lo que, tras toda la aureola de bufonadas sin fin, sucesión de absurdos y abracadabrantes proyectos de restauración del pensamiento de Boecio, el libro destile una irremediable tristeza. Golpes de Estado a la sudamericana, el golpe mismo del 23-F en España e, incluso, las conspiraciones del 11-M y del 11-S, tienen, como el diablo mismo, un aspecto innegablemente bufonesco y ridículo que sería el único en resaltar, de no haber sido por los miles de muertos que han costado, particularmente las dos últimos.

4. En positivo: que es una conspiración

Marilyn Ferguson autora de La Conspiración de Acuario (que sin embargo tiene poco que ve con conspiraciones propiamente dichas) afirma que “conspirar” es “respirar juntos”. Si este es su sentido etimológico no es desde luego el que tiene hoy y mucho menos el que le conceden los conspiranoicos. Pero la Ferguson tiene cierta razón cuando relaciona la palabra “conspiración” con hacer algo –respirar o cualquier otra cosa- en comunidad con otras personas. No hay conspiraciones unipersonales; la conspiración, incluso la más pequeña concebible, es hija de un acuerdo entre distintas personas, acuerdo que sigue a una conversación en la que se declaran las intenciones y se acepta plantear secretamente acciones que permitan obtener los resultados esperados que justifican y dan sentido a la conspiración.

Si conspirar no es solo “respirar juntos”, es, ante todo, “actuar junto a otros en función de un plan común aceptado por las partes”. Se conspira para derribar un gobierno, para acabar con una situación o desencadenar otra, para catapultar a una nueva clase política dirigente hacia el poder o, simplemente, para repartirse alguna prebenda, pero lo cierto en todos los casos, es que los conspiradores esperan obtener beneficios personales. Este es pues el primer elemento presente en toda conspiración: el afán por obtener un beneficio.

Tanto más grande sea el beneficio, tanto mayor será el secreto que envuelve a la conspiración. Y este –el secreto- es el segundo elemento presente en toda conspiración. Conspirar a la luz del día es imposible, de hecho obrar así no sería realizar una conspiración, sino llevar adelante un proyecto que sería gozaría del favor general en la medida en que todos los ciudadanos considerarían que pueden beneficiarse de él. Cuando un gobierno decide que el 5% de la energía producida en su país sea producido por fuentes alternativas, a pesar de los muchos intereses que entran en juego, nadie tendrá el derecho a pensar que se trata de una conspiración: todo se hace con luz y taquígrafos y si hay algún extremo que no está claro o bien en el proceso de adjudicación y en las concesiones se producen irregularidades, esto compete más a la corrupción que a la conspiración. En un organismo publico “corromperse” supone que los responsables del mismo utilizan sus funciones y medios a su alcance para aprovecharse. En un caso así, siempre, de lo que se trata es de obtener beneficios y no dejar que otros los obtengan, a diferencia de la conspiración en la que, inicialmente, de lo que se trata es de provocar un mal que, en una segunda fase, generará un beneficio a quien lo desencadena. Mientras que en los casos de corrupción el beneficio es el único fin que se persigue, en las conspiraciones suele ocurrir que un episodio traumático –véase el 11-S o el 11-M- sea el momento táctico necesario para alcanzar, indirectamente ese beneficio.

Además, en los episodios de corrupción concurren pocas circunstancias y siempre son las mismas: los individuos corruptos tienen la posibilidad de aprovecharse de su cargo para beneficiarse y lo hacen sin dudar. De no haber disfrutado de una posición de dominio en ese ámbito, no hubieran estado en condiciones de corromperse. Sin embargo, lo esencial en una conspiración es que concurren siempre una multiplicidad de factores e intereses. De ahí la dificultad para establecer “teorías de la conspiración”, porque no solamente se trata de reunir una serie de episodios anómalos e imposibles de comprender en sí mismos, sino de comprender bien los mecanismos a través de los cuales la conspiración ha sido posible: y siempre son los mismos. Nunca en una conspiración, uno solo de los beneficiarios tiene fuerza suficiente para desencadenarla. De hecho, una conspiración puede emerger en el momento en el que se cruzan distintos tipos de intereses, todos ellos con un peso real, con áreas de influencia perfectamente definidas, y con capacidad para entender que trabajando junto pueden desencadenar una situación que contribuya a mejorar sus expectativas. Entender cuáles son estos componentes, definirlos, describirlos en sus nombres y en sus límites, suponen un trabajo arduo a la hora de establecer una “teoría de la conspiración”. Y, por lo demás, jamás se estará completamente seguro de que, siendo beneficiarios objetivos, hayan participado realmente en la conspiración. Por ejemplo, es posible que parte de la dirección de ETA, algún sector de la policía, los industriales vascos, los cristaleros –pues no en vano, cada bomba de ETA “enriquece” a los cristaleros que bruscamente deben renovar un bien que, casi por definición, no es fungible- y la clase política, sean renuentes a desmantelar de una vez y para siempre a la organización terrorista… pero es evidente que algunos de los colectivos mencionados, si bien se benefician objetivamente de las acciones de ETA, ni están en condiciones, ni tienen interés en “conspirar” para que siempre el pulmón de ETA tenga un resuello que le permita alguna operación terrorista.

Se sabe, por ejemplo, que el complejo militar-industrial, Edgar Hoover entonces director del FBI, un importante sector del Pentágono, los amigos tejanos del vicepresidente Lyndon Baines Johnson, la mafia, los exiliados cubanos que no habían podido perdonar a Kennedy el fracaso de Bahía Cochinos, conspiraron para asesinar al presidente. Lo que se ignora es, si estos son todos los intereses que resultaban beneficiados con el cambio de administración y, sobre todo, cuál era el grado de participación de cada una de las partes implicadas.

Otro tanto cabría decir del 11-S o del 11-M. Dicho con otras palabras: se trata de “conspiraciones” de tal envergadura que no están sólo al alcance de “un” poder, sino que precisan de la acción coordinada de varios poderes, tanto en el momento mismo del desencadenamiento de la conspiración, con en la fase posterior (sin límite temporal) de investigación sobre la misma. No se trata solamente de encargar a un grupo de mercenarios contratados en el extranjero la comisión de tal o cual atentado mortífero para precipitar una determinada coyuntura, sino de contar luego con la complicidad de algunos medios de la seguridad del Estado, de la magistratura y de la fiscalía, y especialmente, con la colaboración de algunos medios de comunicación, para dar una versión de los hechos acorde con la “versión oficial” previamente establecida y que imbuya en la población la sensación de que esa es la única verdad indiscutible y dogmática hasta el punto de que se cierren las puertas a cualquier tipo de investigación posterior que aspire a profundizar más allá de los límites de la versión oficial.

En el caso del 11-M está claro que para todo aquel que tenga ojos y vea y oídos y oiga, los elementos probatorios sobre los que se ha basado la sentencia de la Audiencia Nacional, fueron de tal debilidad que ni siquiera se sostuvieron algunas de las peticiones fiscales. Finalmente, la sentencia en primera instancia fue tan ambigua que técnicamente podía ser descalificada con facilidad. Cuando llega a la casación, la sentencia es podada de los elementos más difícilmente sostenibles, pero sin ganar en concreción: si bien se excluye por completo que Al Qaeda haya tenido algo que ver y desaparece por completo cualquier condena a los imposibles “autores intelectuales”, no se dice gran cosa sobre los autores materiales que, al sostenerse que murieron en Leganés, extinguen su responsabilidad… Una sentencia así hubiera debido, al día siguiente, exigir de la policía y del Ministerio del Interior, una reapertura del caso a partir de cero y la apertura de otras pistas de investigación… Si no se ha hecho es, precisamente, porque determinados medios de comunicación y el partido en el gobierno, han sostenido ante la opinión pública –contra toda lógica y contra el sentido común- que la sentencia confirma la “versión oficial” y excluye por completo la participación de ETA… ¿y? Sí, esos mismos medios y ese mismo gobierno, durante cinco años han estado sosteniendo –sobre bases no del todo falsas al menos en lo que respecta al PP- que la única “teoría de la conspiración” sostenía que el atentado lo habían cometido los moros pero que había sido planificado y programado por ETA. Y es cierto que el PP pagó sus errores contenidos desde el 11-M hasta los dos años siguientes en donde se obstinó, por encima de toda lógica en defender la autoría de ETA, en lugar de reconocer: “nos han engañado desde el primer momento” y señalar a los autores del fraude que figuraban entre los propios medios de la seguridad del Estado, entre los medios de comunicación de determinada cadena y entre algunos representantes del único partido político que obtuvo un beneficio de las explosiones: el PSOE.

En un país en el que la prensa expresara las posiciones de los propios periodistas sin estar condicionados por los intereses del medio en el que trabajan, si no existieran “intocables” en los medios de comunicación, en la política y en la seguridad, y si el sistema político español no estuviera esclerotizado por la partitocracia y la plutocracia, nadie se habría atrevido a dar la orden de que se desguazaran los trenes, nadie se habría opuesto a realizar nuevas investigaciones hasta que no se llegara a esclarecer hasta el último extremo del crimen y, por supuesto, hubiera resultado imposible presentar a 9 cretinos, a cual mas incapaz, como “autores intelectuales del atentado”, todos, inevitablemente absueltos por la Audiencia Nacional o el Supremo.

Para “conspirar” hace falta disponer de un lugar privilegiado en la pirámide social. El conspirador –en realidad, los conspiradores- deben estar situados a una altura tal que permita mirar a lo lejos, eso da la posibilidad de planificar las consecuencias del acto, prever las reacciones y disponer de una red de silencios y complicidades con los escalones inferiores. No conspira quien quiere sino quien puede. Y hoy, las únicas conspiraciones posibles en los Estados occidentales construidos con una increíble complejidad, son las conspiraciones de los poderosos para ser todavía más poderosos o para alternarse en el poder con otra banda de poderosos. Una conspiración como la de los “sargentos” del siglo XIX, o pensar que el pronunciamiento de tal o cual espadón generará un cambio de gobierno, pertenece a una mentalidad anterior al último tercio del siglo XX. De hecho, la conspiración o lo que fuera de Tejero o a la que le indujeron a picar, solamente pudo realizarse desde el poder con la intención de asentar a ese mismo poder y “conjurar” de una vez por todas las amenazas golpistas.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

El teatro de Ibsen y su influencia sobre la crítica de Hitler a la democracia

Infokrisis.- Desde el bachillerato no había tenido ocasión de releer a Ibsen. Más bien de verlo representado, pues no en vano su obra es exclusivamente teatral. Hoy se sigue representando a Ibsen si bien se ha perdido la memoria de cuál era el verdadero pensamiento de este autor que renovó el teatro europeo. En Internet es fácil bajar algunas de sus obras representadas a principios de los años 70 en la memorable serie televisiva Estudio 1. Pero de todas ellas, sin duda, la que necesariamente hay que ver –al menos, la que todo “regeneracionista” tiene obligación de ver- es El Enemigo del Pueblo.

 

¿Quién era Ibsen?

En 2006, Noruega celebró por todo lo alto el centenario del fallecimiento de su gran gloria literaria, Henrik Johan Ibsen. Se trató de un homenaje nacional y popular que involucró a todos los ciudadanos noruegos que dispusieran de un mínimo de sensibilidad cultural, no en vano Ibsen es considerado como uno de los autores que más ha influido en el teatro realista moderno.

El aspecto que luce Ibsen en las fotos que han llegado hasta nosotros nos lo muestran como un individuo casi victoriano, con cabellos blancos desordenados y barba del mismo jaez, todo ello sobre el gris oscuro de las primeras fotos novecentistas que solían regalarse los pequeño burgueses bienpensantes. Sin embargo, no hay nadie menos burgués y menos victoriano que Ibsen. Su teatro es, simplemente, revolucionario en relación a su tiempo… y a la actualidad, pues no en vano, las obras de Ibsen conservan con una inusual frescura todo su interés.

Conoce la miseria después de que su padre se arruinase; trabaja durante seis años de aprendiz en una farmacia y luego estudia medicina, pero antes de terminar empieza a escribir poemas y pequeñas piezas teatrales en las que da salida a una rica interioridad a la que su timidez extrema impedía exteriorizarse.

Su primera obra teatral –Catilina- es un fracaso que ni siquiera logra ser representada, pero su hora llega cuando otra de sus obras, La tumba del guerrero, se representa por primera vez en 1851. De Cristianía se establece en Bergen donde conoce a la que será su mujer y estrena en esa época (los años 50 del siglo XIX) algunas de sus obras más populares (Los vikingos de Helgeland entre otras). Harto del ambiente luterano de Noruega en 1864 se autoexilia en Roma y en 27 años no volverá a su país. Residirá una temporada en Munich cuando ya era un autor reconocido a nivel europeo. En 1891 regresa definitivamente a Noruega y morirá en 1906 a la edad de 78 años.

En el 2006 al cumplirse 100 años del fallecimiento de Henrik Ibsen, el Ministerio de Asuntos Exteriores de ese país decidió que éste debe conmemorarlo en todo el mundo como el “Año Ibsen”. Ibsen es hoy el autor teatral más interpretado después de Shakespeare.

¿Qué escribió Ibsen?

Las obras completas de Ibsen (publicadas en un solo volumen en 1952) son fácilmente accesibles en cualquier biblioteca y basta echar un rápido vistazo para advertirse la existencia de tres etapas en su obra. La primera coincide con su estancia en Noruega durante su juventud. Son obras de carácter romántico en las que frecuentemente aparecen elementos folklóricos locales. Brand, por ejemplo, alude a la invasión de Dinamarca por los prusianos y a la ausencia de solidaridad que otros países nórdicos practicaron. Más interesante y actual es Peer Gynt (1868) cuyo protagonista Peer, caricaturiza el genio noruego, sumergido en la fantasía y poco previsor.

A partir de su autoexilio se siente más libre para profundizar en dos direcciones: realismo (no en vano es el padre del teatro realista) y crítica social. Esto lo convierte en un autor polémico ninguno de cuyos estrenos pasa desapercibido. En este período escribe sus dos mejores piezas: Casa de Muñecas y El enemigo del pueblo que es la obra que ha justificado este artículo. La primera ha sido considerada falsamente como una obra feminista. No lo es, es más bien, una obra en la que son denunciados los rasgos de la burguesía, su doble lenguaje, su conformismo y, finalmente, sus prejuicios. Y no es feminista en la medida en que el autor no reivindica la “igualdad” para la mujer. De hecho, la niega. Escribía a propósito de la obra: “Existen dos códigos de moral, dos conciencias diferentes, una del hombre y otra de la mujer” y aquí reside el problema, porque aun cuando la igualdad no exista y el hombre y  la mujer sean diferentes, las leyes han sido escritas y eran interpretadas en aquella época solamente por hombres. La obra fue estrenada en toda Europa y en toda ella fue objeto de vivas polémicas.

Mucho más polémica sería todavía Un enemigo del pueblo (1882), la que, en nuestra opinión, es su mejor obra. El año anterior, Ibsen habia sido muy atacado por su obra Espectros e Ibsen se sintió como el protagonista de esta siguiente obra que trae a colación el drama de un hombre de convicciones frente a una sociedad sin principios que practica el oportunismo más absoluto e inmoral. Su protagonista, denuncia que las aguas del balneario son un peligro para la salud. Las fuerzas sociales del pueblo tratan de ocultarlo en la medida en que la prosperidad del pueblo está íntimamente ligada al balneario. Su obstinación en defender la causa de la verdad le llevará a enfrentarse con las fuerzas vivas del pueblo que terminan declarándolo enemigo aun siendo conscientes de que la denuncia del protagonista es perfectamente cierta. Éste, por su parte, descubre bruscamente que “las raíces de nuestra vida moral están completamente podridas, que la base de nuestra sociedad está corrompida por la mentira”. Debe de abandonar el pueblo sólo con su mujer y su hija.

Este período termina con El pato silvestre (1884), abierta al simbolismo en el que aborda el tema de la duda sobre si el ser humano puede o no regenerarse. Ibsen toma al pato salvaje herido que quiere morir en el fondo del lago, como una perífrasis simbólica de ser una sociedad que rechaza la verdad y vive en plena mentira autocomplaciente. El protagonista dice: “La vida podría ser bastante agradable si no llamasen a la puerta esos acreedores reclamando el cumplimiento de los ideales a pobres hombres como nosotros”. Esta obra se sitúa a medio camino entre el realismo social y el simbolismo que preside su tercera etapa.

En esta tercera fase de su obra, Ibsen se vuelve metafórico y sus producciones más representativas serán La dama del mar, El maestro constructor y especialmente  Hedda Gabler. Precisamente, esta obra es la negación misma de cualquier “ramalazo” feminista que hubiera podido tener Ibsen cuando escribió Casa de Muñecas. La protagonista no respetaba los ideales y la moral de la mujer de la época, está obsesionada con el éxito, pero nada impide que sea profundamente desafortunada. Puede decirse que Ibsen se anticipó cien años al panorama de la mujer “liberada” actual, cuya liberación del varón, lejos de ser un “progreso” es la fuente de nuevas servidumbres sin compensación. No tiene salida, así que en la última escena se suicida.

¿Existe un nexo entre Hitler e Ibsen?

Estaba visionando de nuevo El enemigo del pueblo para escribir este artículo cuando descubrí una frase que había leído en un ensayo político. Decía Ibsen por boca del protagonista: “El hombre más fuerte del mundo es el que está más solo”. La frase, en efecto, fue recuperada justo cuarenta años después por un preso encerrado en Lamdsberg que escribió “El fuerte es más fuerte cuando está solo”. Ambas frases son hijas de la misma inspiración, pero la segunda fue escrita por un admirador de Ibsen, Adolf Hitler cuyas reflexiones en el penal de Lambsberg fueron transcritas en un libro que inspiraría al mayor movimiento de masas de la Alemania moderna, Mein Kampf.

Bruscamente me di cuenta de que la crítica que realizaba Ibsen a la democracia liberal había sido recuperada, frase a frase por Hitler en su obra política hasta el punto de que la posición del futuro führer sobre este tema era literalmente calcada de la de Ibsen. La cuestión era si se trataba de una casualidad o si algún historiador la había analizado ya. Es evidente que Mein Kampf  sido viviseccionado desde el momento mismo en el que se entregó a la imprenta en cientos de ocasiones. Alguien, pues, debía haber notado la influencia de Ibsen sobre el pensamiento de Hitler. Y, por otra parte, en la biografía de éste debían existir también rastros del momento en el que se interesó por la obra del escritor noruego. ¿Era así?

Sin duda. Existe un nexo entre Ibsen el maestro y Hitler que asume buena parte de sus ideas y, en especial, la crítica a la democracia contenida en El enemigo del pueblo. En algunos capítulos del Mein Kampf, cuando Hitler habla de la miseria de los políticos bávaros de Weimar, parece que esté hablando de los personajes pintados por Ibsen a través de los cuales denunciaba a la pequeña burguesía conformista que intenta, por encima de todo, mantener su holgada posición… aun cuando se basara en una peligrosa mentira. Los políticos conservadores, la prensa libre, los progresistas, son denunciados por Hitler con las mismas palabras que se desprenden de los arquetipos de la obra de Ibsen, hasta el punto de que cabe pensar si durante su encierro en Landsberg, Hitler no tuvo acceso a los libretos de las obras de Ibsen.

Existía un testimonio de primera mano que retrasaba el conocimiento que Hitler tuvo de la obra de Ibsen hasta sus años de escolar. Era, como no podía ser de otra forma, August Kubicek, compañero de adolescencia de Hitler que trasladó sus recuerdo en una obra aun hoy frecuentemente reeditada como la mejor fuente biográfica de Hitler en esa época: Hitler, mi amigo de juventud. Ambos jóvenes acudían frecuentemente al teatro y a la ópera, pero no tuvieron ocasión de ver la representación de ninguna obras de Ibsen. Sin embargo, Kubicek dice a este respecto: “Los dramas de Ibsen los leyó Adolfo en Viena, sin que causaran en él una especial impresión” y añade: “Por lo menos, no puedo acordarme de ello”. Fin de la cita.

Era inevitable que los recuerdos de Kubicek fueran limitados a pesar de que su testimonio es inestimable para comprobar las convicciones de juventud del futuro Führer. Sin embargo, otros autores han abundado en las fuentes de las que bebió Hitler tras despedirse de su amigo de juventud. Debemos a Werner Masser una de las biografías más completas de Hitler en la que, igualmente se habla de las “fuentes” de Hitler, incluyéndose entre las más importantes a Ibsen.

En Estados Unidos incluso toda esta influencia ha sido tratada en un volumen dedicado exclusivamente a analizar la influencia del dramaturgo noruego sobre el führer: Hitler and Ibsen, subtitulado: El dramaturgo, el plagiario y la parcela del III Reich, de Steven F. Sage. El libro entra dentro de la órbita antinazi, pero la abundancia de documentación contribuye a dar credibilidad a la tesis central –más allá de las creencias políticas del autor- a saber, que Hitler tuvo muy en cuenta la obra de Ibsen a la hora de estructurar sus ideas e incluso su estilo.

En esta obra, Sage sostiene que “el joven Hitler” quedó muy impresionado y recibió la influencia de tres obras de Ibsen. La influencia más fuerte es, naturalmente, la de El enemigo del pueblo, con cuyo protagonista, el Doctor Stockman, Hitler se identifica. Parece evidente e innegable: cuando Stockman realiza en el acto III de la obra una crítica a la democracia ante la asamblea de vecinos del pueblo, lo esencial de sus puntos de vista están recogidos en el Mein Kampf en los capítulos que aluden a las inconsecuencias del sistema de partidos y a lo voluble de la opinión pública. Sage llega a opinar que la influencia de esta obra era, como mínimo similar a la que ejerció sobre el “joven Hitler”, la ópera de Wagner Rienzi. Compartimos esa opinión. En ambos casos, no se trataba solamente de “ideas”, sino mucho más de “identificaciones”. El “joven Hitler” quedó tan impresionado por las figuras de Cola de Rienzi y del Doctor Stockman, que, a partir de ese momento se identificó con ambos y con sus destinos. Pero hay una tercera identificación no carente de interés.

En El Emperador y Galileo, Ibsen rememora la figura de otro personaje “anómalo” de la historia: el Emperador Juliano, llamado “el apóstata”. Se trata de una de las figuras señeras de la Roma crepuscular que se reveló contra la decadencia y contra la fuerza del destino en nombre del viejo paganismo. Al igual que Stockman o Rienzi, del Emperador Juliano es una figura tan trágica como atractiva que define en sí misma el drama de todos aquellos que han decidido nadar contra la corriente. Ibsen consideraba que esta obra era su culminación como dramaturgo. Es, de hecho, la más densa desde el punto de vista de las ideas que consigue transmitir el drama interior del Emperador Juliano atrapado entre la voluntad de restaurar el viejo paganismo y la supremacía del cristianismo en los estratos populares de la población.

En cuanto a la tercera obra de Ibsen que mereció un interés por parte del futuro führer es menos conocida y –que sepamos- no ha sido representada en España. Se trat de El maestro de obras Solness que recupera el viejo tema del amor y de las diferentes formas de amar. De hecho, Ibsen fue un gran estudioso de la mentalidad femenina y muy frecuente hace de mujeres los ejes centrales de sus piezas (Hedda Gabler, por ejemplo, sin duda la más famosa de esta incursión en el mundo de lo femenino). Sin embargo, en El maestro de obras Solness, Hilde está enamorada del artista que da nombre a la pieza. Éste responde a sus amores, pero es evidente que para él no se trata de un ser carnal, sino que Hilde representa, no a una mujer real, sino a la fuerza ideal que está detrás de toda obra de arte auténtica. A pesar de que esta temática no mereciera ser incluida en su ensayo político, el Mein Kampf, es indudable que Hitler tenía una particular concepción del amor que hundía sus raíces en la producción de Richard Wagner que coincide exactamente con la incorporada por Ibsen a la co protagonista de El maestro de obras Solness.

La demostración que hace Sage de los vínculos entre el pensamiento de Hitler y la producción de Ibsen no deja lugar a dudas sobre la enorme influencia que ejerció éste sobre las opiniones del “joven Hitler”, mucho más de lo que recordaba August Kubicek. Sage indica que estas tres obras de Ibsen nunca desaparecieron de la mente de Hitler el cual parafraseó casi textualmente en algunas intervenciones públicas y en discursos ante las masas, frases de los dramas del noruego. Pero, además Ibsen ofreció al “joven Hitler” “modelos de comportamiento”, como mínimo, tanto como Wagner, hasta el punto de que termina asignándose el papel de los protagonistas de las piezas de Ibsen. Si Wagner ofreció en sus obras los valores metafísicos y trascendentales que asumiría Hitler en su concepción del mundo, Ibsen puso, literalmente, las palabras en su boca.

Otro aspecto que destaca Sage es la influencia que tuvieron las concepciones neopaganas de Ibsen especialmente en los años de juventud de Hitler. Más adelante, cuando ya haya iniciado su carrera política, no podrá evitar el tacticismo y el que algunos de sus principios más arraigados paran a segundo plano, o simplemente, fueran colocados en el baúl de los recuerdos, simplemente para no provocar fugas de electores o no abrir problemas que tenían poco sentido en una carrera de ascenso al poder.

El libro de Sage apareció en 2006 cuando se cumplía el primer centenario de la muerte de Ibsen. Hay que decir que el libro está redactado en un tono moderadamente anti-nazi, pues no en vano Sage es un antiguo becario de investigación en los EEUU del Holocaust Memorial Museum y no puede evitar demostrar su agradecimiento a quienes le financiaron sus estudios.

Es inevitable ver en este fragmento de El enemigo del pueblo la inspiración de la sentencia que Hitler añade en Mein Kampf: “El fuerte es más fuerte cuando está sólo”. Ibsen coloca esta frase al final del IV acto de su obra:

DOCTOR STOCKMANN.- ¿Qué locuras estás diciendo, Catalina? ¿Cazarme? ¿A mí, que ahora soy el hombre más poderoso de la ciudad?

SEÑORA STOCKMANN.- ¿Poderoso?... ¿Tú?

 DOCTOR STOCKMANN.- Sí. Y hasta me aventuro a decir que soy uno de los hombres más poderosos del mundo.

MORTEN.- ¿De veras, papá?

DOCTOR STOCKMANN. (En voz baja.) ¡Chis! ¡Silencio! Todavía es un secreto; pero acabo de hacer un gran  descubrimiento...

SEÑORA STOCKMANN. (Extrañada.) - ¿Otro descubrimiento?

DOCTOR STOCKMANN.- Sí, otro. (Congregando a todos en torno suyo.) Helo aquí. Escuchad. El hombre más poderoso del mundo es el que está más solo.

Algunos fragmentos de El enemigo del pueblo

Hemos entresacado algunos fragmentos –no particularmente seleccionados- de El Enemigo del Pueblo todas ellas pertenecientes a los Actos III y IV de la obra:

(…) No; la mayoría no tiene razón nunca. Esa es la mayor mentira social que se ha dicho. Todo ciudadano libre debe protestar contra ella. ¿Quiénes suponen la mayoría en el sufragio? ¿Los estúpidos o los inteligentes? Espero que ustedes me concederán que los estúpidos están en todas partes, formando una mayoría aplastante. Y creo que eso no es motivo suficiente para que manden los estúpidos sobre los demás. (Escándalo, gritos.) ¡Ahogad mis palabras con vuestro vocerío! No sabéis contestarme de otra manera. Oíd: la: mayoría tiene la fuerza, pero no tiene la razón. Tenemos la razón yo y algunos otros. La minoría siempre tiene razón. (Tumulto.)

(…) Os juro que no otorgaré ni una palabra de limosna a los desgraciados de pecho comprimido y respiración vacilante, quienes no tienen nada que ver con el movimiento de la vida. Para ellos no son posibles la acción ni el progreso. Me refiero a la aristocracia intelectual que se apodera de todas las verdades nacientes. Los hombres de esa aristocracia están siempre en primera línea, lejos de la mayoría, y luchan por las nuevas verdades, demasiado nuevas para que la mayoría las comprenda y las admita. Pienso dedicar todas mis fuerzas y toda mi inteligencia a luchar contra esa mentira de que la voz del pueblo es la voz de la razón. ¿Qué valor ofrecen las verdades proclamadas por la masa? Son viejas y caducas. Y cuando una verdad es vieja, se puede decir que es una mentira, porque acabará convirtiéndose en mentira. (Se oyen risas, burlas, murmullos y exclamaciones de sorpresa.) No me importa lo más mínimo que me creáis o no. En general, las verdades no tienen una vida tan larga como Matusalén. Cuando una verdad es aceptada per todos, sólo le quedan de vida unos quince o veinte años a lo sumo, y esas verdades, que se han convertido así en viejas y caducas, son las que impone la mayoría de la sociedad como buenas, como sanas. ¿De qué sirve asimilar tamaña podredumbre? Soy médico, y les aseguro que es un alimento desastroso, créanme, tan malo como los arenques salados y el jamón rancio. Esa es la razón por la cual las enfermedades morales aca­ban con el pueblo.

(…) Y yo estimo, Pedro, que eres un loco de atar. Voy justamente al meollo del asunto, puesto que estoy hablando de la repugnante mayoría que envenena las fuentes de nuestra vida intelectual y el terreno sobre el cual nos movemos.

(…) ¡Por Dios, señor Hovstad, no me hable usted ahora de verdades evidentes, reconocidas por todos! Las verdades que acepta la mayoría no son otras que las que defendían los pensadores de vanguardia en tiempos de nuestros tatarabuelos. Ya no las queremos. No nos sirven. La única verdad evidente es que un cuerpo social no puede desarrollarse con regularidad si no se alimenta más que de verdades disecadas.

(…) La creencia heredada de sus antepasados, y que usted defiende impensadamente sin descanso: me refiero a la creencia según la cual la plebe, la mayoría, constituye la esencia del pueblo; a su juicio, el hombre del pueblo, el que encarna la ignorancia y todas las enfermedades sociales, debe tener el mismo derecho a condenar y a aprobar, a dirigir y a gobernar, que los seres elegidos que forman la aristocracia intelectual.

(…) ¿Es que no podéis oír por una sola vez en vuestra vida una verdad sin encolerizaros? Realmente, no esperaba convenceros a todos en el primer momento; pero creía que, por lo menos, estaría de acuerdo conmigo el señor Hovstad, que es librepensador...

(…) Sí, tiene usted razón, es cierto. Nunca denotó esa sinceridad. En fin, no quiero comprometerle, señor Hovstad. Por lo visto, aquí no hay más librepensador que yo. Os voy a probar que La Voz del Pueblo se burla cuando dice que la mayoría es la esencia del pueblo. Eso no implica sino una adulación, un truco periodístico. ¿Se dan cuenta ustedes? La plebe es la materia prima que hay que transformar en pueblo. (Escándalo.) ¿No se han fijado en la diferencia que existe entre los animales de lujo y los animales vulgares? Piensen en la gallina de un campesino. ¿Qué clase de huevos pone? No mayores que los de una paloma. Imaginaos, por el contrario, una gallina japonesa o española, de casta selecta, y comparadlas. ¿No habéis visto a los perros, esos amigos de quienes casi puede decirse que pertenecen a la familia? Tomad un mastín grande, sucio, vulgar, que mancha todas las esquinas, y comparadle con un perro de raza, cuyos ascendentes se han alimentado bien durante varias generaciones y han vivido entre voces armoniosas y música. ¿No opinan que el cráneo de ese perro de lujo estará desarrollado de un modo muy diferente al del mastín? Creedme: los cachorros de esos perros de lujo son aquellos a quienes los titiriteros y los saltimbanquis enseñan las habilidades más extraordinarias que los otros no podrían aprender jamás.

(…) ¡Condéneme si no sois animales! Todos somos animales. Lo que pasa es que hay una gran distancia entre los hombres-mastines y los hombres de raza. Y lo más gracioso es que estoy seguro de que el periodista Hovstad me dará la razón... tratándose de cuadrúpedos. (…) Cuando se trata de animales de dos patas, el señor Hovstad no se atreve a compartir mi opinión. Predica en seguida en La Voz del Pueblo que la gallina del campesino y el mastín callejero son más distinguidos y mejores que la gallina y el perro de lujo. Así será siempre con el hombre, mientras no eliminen lo que hay de vulgar en él, para alcanzar su verdadera distinción espiritual. (…) La plebe a que me refiero no se encuentra sólo en las clases bajas; también bulle en torno nuestro, aun entre las clases más elevadas de la sociedad. Básteos mirar a vuestro propio alcalde. Mi hermano Pedro es tan plebeyo como cualquier otro bípedo calzado con zapatos.

(…)  Pero es un plebeyo, porque piensa lo que piensan sus superiores, porque opina lo que opinan sus superiores. Quienes hacen eso serán siempre plebeyos morales. Por ello digo que mi queridísimo hermano Pedro es tan poco noble en realidad, y por consiguiente, tan poco liberal.

(…)  Sí, en efecto, ése ha sido otro de mis descubrimientos; sólo el liberalismo tiene valores morales. Así, pues,  conceptúo indisculpable por parte de La Voz del Pueblo afirmar que la mayoría, únicamente la mayoría, está en posesión de los principios del liberalismo y de la moral; que la corrupción, la vileza y todos los vicios son patrimonio de las clases altas de la sociedad, y que de ellas proviene toda la podredumbre, como el veneno que corrompe y contamina el agua del balneario proviene de las porquerías del Valle de los Molinos. (Escándalo. El DOCTOR STOCKMANN, sin turbarse, prosigue sus palabras, arrastrado por sus pensamientos.) La misma Voz del Pueblo pide para la mayoría una educación superior y cabal. Pero la verdad es que, según la tesis del propio periódico, eso sería envenenar al pueblo. He aquí una vieja equivocación popular: creer que la cultura intelectual es contraproducente, que debilita al pueblo. Lo que de veras debilita al pueblo es la miseria, la pobreza, y todo lo que se hace para embrutecerle. Cuando en una casa no se barre ni se friega el suelo, sus habitantes acaban por perder en un par de años toda noción de moralidad. La conciencia, como los pulmones, vive de oxígeno, y el oxígeno falta en casi todas las casas del pueblo, porque una mayoría compacta, que es harto inmoral, quiere basar el progreso de nuestra ciudad sobre fundamentos arteros y engañosos.

(…) ¿Y qué importa que se arruine una sociedad podrida? Lo mejor que se puede hacer es acabar con ella, acabar con todos los que viven de la mentira como bestias dañinas. Terminaréis por contaminar todo el país, y sois capaces de llevar también a él la ruina de la ciudad; si se llega a tal punto de corrupción, gritaré con toda mi alma que este país debe ser aniquilado, que nuestro pueblo debe desaparecer de una vez para siempre.

Sospecho que la plebe debe de ser tan insolente allá como acá. En todas partes ocurrirá lo mismo. ¡Bah!, no le importa que los perros me enseñen los colmillos. Me río de ellos. Pero eso no es lo peor; lo peor es que de una punta a otra del país todos los hombres resultan esclavos de los partidos. El mal no se acusa tan malo por sí. Es  posible que en América los asuntos públicos no se lleven mejor; allí hay asimismo mayoría aplastante, uniones liberales y todas esas patrañas. Matan, pero no queman a fuego lento, no encadenan un alma libre, como aquí, y siempre el individuo puede apartarse, abstraerse. (Se pasea por la estancia.) ¡Ah, si su­piera de un bosque virgen o de alguna isla solitaria en los mares del Sur, don­de pudiese vivir solo!

(…) ¿Qué dices, Catalina? Es que prefieres verlos vivir en una atmósfera como ésta? La otra noche, tú misma has podido comprobar que la mitad de la población está loca de atar, y que, si la otra mitad no ha perdido la razón, es  porque los imbéciles carecen de razón que perder.

(…) ¿Qué quieres insinuar? ¿Que no es exacto lo que dije, lo que digo? ¿Que esas ideas no trastornan el juicio? ¿Acaso no son una mezcla de justicia e injusticia? ¿No han llamado mentira a lo que yo sé que es verdad? Por último, la mayor insensatez de esos hombres de edad madura, de todos esos liberales, de toda esa masa infecta, es que se creen y se hacen pasar por espíritus libres. ¿Dónde se habrá visto nada semejante, Catalina?

(…) ¿Y qué quieres que le haga, Catalina? ¿O es que prefieres que me arrastre por el fango, dependiendo de la opinión pública, de la mayoría compacta y de todas esas paparruchas? No; lo que deseo es bien sencillo: deseo meter en la cabeza a esos estúpidos a quienes llaman aquí liberales, que son los peores enemigos de las hombres libres, que los programas de partido abortan toda verdad capaz de vivir, que la forma como interpretan ciertas conveniencias está fuera de toda moral y de toda justicia, y que acabarán por tornar la vida de todo punto insoportable. ¿No opina, capitán, que lograré hacérselo comprender?

(…) Pues va a entenderlo en seguida. Se impone que desaparezcan los cabecillas de partido. Todo cabecilla es un lobo, un lobo hambriento que necesita para vivir cierto número de gallinas y cordederos. Y si no, díganlo Aslaksen y Hovstad. ¿Cuántos corderos devoran? Y los que no devoran, los inutilizan, convirtiéndolos en propietarios de casas y en suscriptores de La Voz del Pueblo. (Se sienta en el borde de la mesa.) Ven aquí, Catalina. ¿Ves cómo nos envía el sol sus rayos generosos, y cómo nos refresca la brisa de primavera que entra por esa ventana?

(…) Nunca. Les enseñaré yo mismo. Ya no tendréis que estudiar nada de nada; pero, eso sí, haré de vosotros hombres libres y superiores. Para ello, Petra, necesitaré tu ayuda, ¿me oyes?

MORTEN.

- ¿Y qué vamos a hacer cuando seamos hombres libres y superiores?

DOCCTOR STOCKMANN.

- Entonces, hijos míos, iréis a la caza de lobos, que por aquí abundan.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

ADDENDA

Por su interés reproducimos un correo que nos ha hecho un amigo y que completa en algunos aspectos el artículo:

"Moltes gràcies per haver-me fet arribar aquest excel·lent article d’en Milà. Sóc un admirador de l’obra d’Ibsen i tinc en cartera posar-ne en escena alguna, potser "L’enemic del poble" la qual vaig veure a Barcelona la temporada passada en un brillantíssim muntatge d’una producció del Centro Dramático Nacional, amb un dels grans actors catalans del panoràma actual (Francesc Orella) interpretant el rol de Stockmann. Em va agradar moltíssim i crec recordar que t’ho vaig comentar. És una obra amb molta força dramàtica i farcida de contingut que alguns intenten fer passar per caduc i anacrònic. Ja sabem de què va tot això de la cançoneta del "políticament incorrecte"...
 
Et faig dues petites aportacions a l’article:
 
1a. L’obra d’Ibsen Peer Gynt que cita Milà va ser utilitzada per Edvard Grieg per composar una gran obra musical de la qual en vaig seleccionar un fragment per les audicions dels nens de Cicle Inicial. Em sembla que era la darrera del curs. Fins i tot tu mateix em vas comentar que els agradava molt. Recorda que Grieg (en realitat Greig ja que el seu avi va adaptar la grafia del seu cognom a la fonètica nòrdica), sentint-se plenament noruec, va inspirar-se en una obra coneguda d’un autor important del país (Ibsen) per fer-ne aquesta mena de poema simfònic que ha passat a la literatura musical com una obra indispensable.
 
2a. Solness, el constructor va ser representada al Teatre Nacional de Catalunya la temporada 2000-2001 en un muntatge dirigit per Carme Portacelli i en el qual el rol principal (Solness) l’interpretava un gran actor: Lluís Homar, a qui tinc el goig de conèixer, així com també a la directora. Aquesta posada en escena va rebre molt bones crítiques. Et dic tot això perquè en Milà menciona que Solness, el constructor no s’ha fet mai a Espanya i, almenys, aquí sí que l’hem poguda veure. Entre parèntesi i sense cap mena d’ànim de crítica ni mala fe, sinó ajustant-me estrictament a la realitat, t’he de confessar que el centre teatral d’Espanya, en aquest moment i des de fa ja una bona colla d’anys, es troba a Barcelona. Vull dir que no m’estranya que obres tan complexes com Solness, el constructor no es programin a la resta de l’Estat (L’enemic del poble que vaig veure la temporada passada és l’excepció que confirma la regla) perquè per posar-les en escena calen grans actors i directors i aquests, ara per ara, es troben aquí. I t’ho puc dir amb coneixement de causa perquè de teatre en veig molt i molt durant l’any i des de fa moltes temporades. Veig producció pròpia, de la resta de l’Estat i estrangera. I m’és relativament fàcil reconèixer els nivells com estan. Actualment, en allò que afecta a l’Estat, no hi ha color. Els muntatges de qualitat, els intèrpreds amb categoria i els directors amb més talent es troben, sense cap dubte, a la ciutat comptal. Madrid, segurament, té el cinema, però Barcelona té el teatre. És el que hi ha.
 
Casa de nines  també la vaig veure al TNC la temporada 2003-2004 amb direcció de Rafel Duran (un director amb gran projecció i solvència) i interpretada per Laura Conejero, qui va eclipsar al públic amb la seva acuradíssima construccció del personatge principal de Nora. En aquesta producció hi participava una actriu coprotagonista molt coneguda meva (Roser Batalla), amb el fill de la qual estic treballant actualment a Mirall trencat

 

Illa Lac

Las últimas horas de Europa - de Adriano Romualdi, ya está en venta

Las últimas horas de Europa - de Adriano Romualdi, ya está en venta

Infokrisis.- Ediciones Identidad ha publicado y está a la venta la obra póstuma de Adriano Romualdi Las últimas horas de Europa. Con esta obra Ediciones IdentidaD abordan el compromiso de publicar un libro al mes. Hemos elegido esta obra de quien fuera nuestro "hermano de espíritu", Adriano Romualdi, una obra póstuma publicada en Italia (y reproducida con autorización de la familia y de la editorial italiana) que, por sí misma, muestra la sensibilidad particular del autor.

Sobre el interés de la obra:

Entre 1945 (final de la II Guerra Mundial) y 1989 (caída del Muro de Berlín) Europa vivió sus horas más oscuras: divida políticamente, ocupada militarmente, anulada en la escena internacional, gobernada por quienes llegaron en los furgones de los vencedores. Pero no solamente fueron derrotados "los europeos", sino, especialmente los vencedores se cuidaron particularmente en asfixiar sus valores. Romualdi los describe con una pluma ágil y contundente.

Sobre la obra:

“Con Las últimas horas de Europa, volumen publicado de forma póstuma en 1976, Adriano Romualdi se disponía a dar a la imprenta un gran canto épico de los tiempos actuales: desde las primeras páginas penetramos en una época
en la que renacen y actúan figuras míticas y eternas, como el guerrero, el héroe, el caballero: frente a ellos aparecen monstruos multiformes, demonios desencadenados y horrores infernales. Como es propio del alma germánica, y por tanto de la verdaderamente europea, en la tragedia de la Segunda Guerra Mundial, como en la prosa de Adriano Romualdi, domina una visión trágica del heroísmo, la de un combatiente que afronta a un enemigo que dispone de fuerzas desproporcionadamente superiores, que sabe que está destinado a la muerte y a la derrota, pero que igualmente conoce su deber y lo cumple hasta el final, hasta la anulación de sí mismo en el combate. En esta derrota está la victoria del héroe, en el sacrificio extremo y en mantenerse fiel a la propia idea, a la orden recibida, al voto de lealtad y a la propia tierra”.

Sobre el autor:

Adriano Romualdi (1940-1973) es todavía hoy un punto de referencia para la cultura identitaria europea. Intelectual incómodo, agudo historiador y filósofo penetrante, nos ha legado, a pesar de su prematura desaparición, numerosos ensayos que van desde el problema indoeuropeo o la biografía de Julius Evola, hasta el análisis filosófico sobre Nietzsche o Platón y desde el fenómeno del fascismo o la cultura de Destra hasta el poblema de la Tradición en Europa. Con Las últimas horas de Europa, Adriano Romualdi nos ofrece una crónica angustiada por momentos, en otros fría como el ártico sol de medianoche, de aquel oscuro y heroico Raknarök que signó la derrota de Europa.

Ficha técnica:

Título: Las últimas horas de Europa

Autor: Adriano Romualdi

Editorial: Ediciones IdentidaD

Colección: Historia nº 1

Tamaño: 15x21 cm.

Páginas: 200

Cubiertas: encuadernado en cartulina peliculada con solapas

 

Pedidos:

precio venta al público: 20,00 euros + gastos de envío (2 euros para España)

forma de pago recomendada: ingreso en cuenta corriente BBVA 0182 6501 24 0201565685

alternativa: mediante correo contrarrembolso.

Dirigirse a:

- idpress7@gmail.com

- telf.: 666 873 024

- apartado de correos 6107 - 46080 Valencia

 

Infokrisis: 50 meses, 750 artículos, 10.000 folios para entender nuestro tiempo

Infokrisi.- En mayo de 2008, infokrisis cumplió su quinto aniversario. Lamentablemente el primer año de vida de Infokrisis (bajo el dominio krisis.info) se perdió a causa de la actividad de “hackers de las alcantarillas” que afectaron a la DNS del portal. Reconstruida pocos meses después en forma de blog, Infokrisis ha llegado hasta aquí con 750 artículos y casi 10.000 folios de texto sobre las más inverosímiles materias. Nuestro quinto aniversario ya ha pasado y no tuvimos ocasión de celebrarlo a causa del mucho trabajo en el que estábamos comprometidos en aquel momento. Lo hacemos ahora sirviendo los índices de estos últimos 50 meses.Pedimos disculpas a nuestros amigos y lectores por las muchas faltas de ortografía y errores de sintaxis que puedan haber encontrado; un blog se hace robando tiempo al ocio y no siempre se dispone del suficiente como para cuidar forma y estilo. Agradecemos así mismo los cientos de e-mails -verdaderamente cientos- que hemos recibido en este tiempo y de las palabras de ánimo que nos habéis dado. Si alguien quiere ayudar a este blog le sugerimos que se suscriba a la publicación IdentidaD en formato tabloide y aparición mensual.

 

 

 

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Ante las próximas elecciones europeas (I de V). Las contradicciones de la construcción europea

Infokrisis.- Iniciamos una serie de cinco artículos sobre Europa y sobre la construcción europea que vienen dados de manera natural por los apuntes que estamos tomando en estos días de cara a establecer cuáles son las prioridades y las necesidades de nuestro continente en el actual momento histórico. Como siempre, las anotaciones son bastante anárquicas y desordenadas, pero deberían contribuir al propósito de elaborar un documento coherente, orgánico y estructurado sobre este tema.

 

En el momento en el que cualquier proyecto científico requiere la colaboración de distintas naciones, cuando el presupuesto de cualquier proyecto de investigación de vanguardia excede con mucho los de una nación concreta, y cuando los problemas del área geográfica europea son comunes (remontar la crisis económica, supervivencia de la propia identidad, garantizar la propia defensa y la independencia, evitar la desertización industrial y detener la deslocalización), es inevitable que los Estados-Nación busquen aproximarse entre sí y colaborar.

Unión Europea: Un balance incompleto

En este sentido el proceso de construcción europea no ha sido negativo para nuestro país ni mucho menos para el resto de naciones europeas. De hecho, España se ha beneficiado hasta 2006 de los fondos estructurales que contribuyeron a relanzar la obra pública y la modernización de la red de comunicaciones. La existencia de un espacio económico europeo ha permitido que aumentemos exportaciones y ha creado la sombra de un poder europeo que ha impedido en algunos momentos que los niveles de corrupción se hayan extendido, durante 15 años ha contribuido a auto imponer una disciplina económica y la creación de una moneda única ha hecho que el dólar finalmente tuviera un rival.

Ahora bien, el balance no es completamente positivo:

1) El balance de la construcción europea dura más de 50 años, tiempo suficiente como para haber coagulado una estructura más sólida, y no ha sido así; subsisten grandas (y graves) incertidumbres sobre la Unión e incluso sobre su alcance y límites.

2) Aún hoy se ignora cuál es el futuro de la Unión Europea y si, finalmente, tendrá la forma de federación, de confederación, de unión de Estados Nacionales o de algo completamente diferente y, mucho más opacos, son los plazos que se desarrollarán.

En su actual configuración Europa (que es mucho más que la Unión Europea que, a fin de cuentas no sería más que intento burocrático de construir una estructura supranacional a golpes de decreto) sigue siendo un proyecto inorgánico que se mueve a velocidad de tortura con los ojos vendados y sin brújula ni hoja de ruta.

Historia y futuro de la UE

En tanto que Europeos tenemos el derecho de exigir un pronunciamiento a nuestras autoridades sobre el futuro de la Unión. Es imposible permanecer por más tiempo sumidos en un mar de dudas viendo como caen uno tras otro acuerdos, constituciones y pactos que al ser rechazados en un punto de Europa pasan a ser automáticamente invalidados.

Las etapas en la construcción de la UE han sido fundamentalmente tres:

1) Prehistoria de la UE: desde el llamamiento de Schuman a la creación de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), creación de la Comunidad Europea de Defensa en 1952,

2) Arranque de la UE: firma del Tratado de Roma en 1957 piedra angular de la Comunidad Económica Europea (o “mercado común”), creación de las primeras instituciones europeas en 1965 (comisión Europea y Consejo de Europa) que son foros de colaboración entre los distintos gobiernos de la CEE. Hasta 1987 no hay grandes variaciones salvo las incorporaciones de más países.

3) Vacilaciones de la UE: Tratado de Maastrich firmado en 1992 que transformaba a la CEE en Comunidad Europea trascendiendo el carácter económico originario y adquiriendo una vertiente política. El tratado crea la “ciudadanía europea” y el euro.

A esta última etapa debería seguir una última en la que se aprobara una “constitución europea”. Sin embargo, las ambigüedades contenidas en el proyecto originario fueron suficientes como para que se rechazara en Holanda y Francia, colocando el proyecto en situación de atasco.

La UE surgió inicialmente como un “mercado” (la denostada “Europa de los tenderos”), pasó luego a expresar una voluntad política (y por tanto a adquirir una formulación como tal) y ahí se estancó.

Evolución del mundo y evolución de la UE

Los avances en la construcción europea han estado muy por detrás de los cambios que se han producido en los últimos 50 años en el mundo. La clase política europea ha dado muestras sobradas de incapacidad

a) para clarificar el proyecto y definir las intenciones finales clara y detalladamente.

b) para llevar adelante un proyecto tenuemente definido, sin plazos ni estrategias.

c) para identificar lo europeo de lo no-europeo y en concreto para situar (a partir de 1989) a los EEUU como “adversarios” de Europa y a redimensionar el papel de Rusia después de la caída del comunismo.

d) para adelantarse a la globalización y ser capaces de diseñar un proyecto europeo que fuera capaz de responder a esta pregunta: ¿cuál es el papel de Europa en un mundo globalizado?

A fin de cuentas, desde 1945 lo único que suscita el entusiasmo y el interés de los partidos políticos de izquierda y derecha es cómo seguir controlando el poder o como desalojar de él al partido de la oposición. El oportunismo, la falta de objetivos políticos a medio y largo plazo, la demagogia, los niveles de corrupción cada vez más alarmantes, los miedos de los conservadores y las piruetas sin red de los progresistas, han contribuido a que los cambios en el mundo tuvieran lugar a mucha más velocidad de la capacidad de adaptación de la política europea a los tiempos nuevos.

La extrema ralentización en el proceso de construcción europea y el hecho de que habiendo estado en condiciones de responder a la realidad inmediatamente posterior al final de la II Guerra Mundial, a partir de finales de los ochenta (con la caída del Muro de Berlín y el inicio del proceso globalizador) haya ido quedando poco a poco retrasado en relación al momento histórico presente, se debe especialmente a la ausencia en la clase política europea de la figura del “estadista” (el que “construye” la política en función de una voluntad y un destino definidos y que persigue inexorablemente). La clase política europea carece por completo de figuras de la talla de los grandes estadistas y apenas agrupa a poco menos que gestores –más o menos honestos, más o menos eficaces- del día a día.

Mientras Rusia se reconstruye y replantea su proyecto “nacional”, mientras China ha optado por la vía del crecimiento económico sacrificando al mismo las libertades políticas, mientras India intenta hacer una mixtura de lo uno y de lo otro, mientras los EEUU viven los años previos a su colapso y desplome interior, Europa ha ido desperdiciando su capital humano, su tiempo y renegando de su propia cultura, de su misión civilizadora y, a fin de cuentas, de su identidad.

Identificar las grandes contradicciones del momento presente

Los factores que entran en juego y que vale la pena analizar con más detalle son cinco: la unión Europa, los Estados Nacionales que la componen, las potencias ajenas a la UE (y en particular los EEUU), las ideas con las que ha nacido la UE y la población del conjunto. Estos elementos se relacionan entre sí generando distintas contradicciones.

Las contradicciones que se producen en el interior de la UE se dan en siete niveles:

1.  Contradicciones entre el proceso de construcción europea y la globalización: para algunos de nuestros políticos la construcción de la UE es una fase local de un proceso mucho mayor, la globalización. Toda la clase política profesional, sin excepción, de la UE asume como propio el proceso de globalización aún cuando se trata de una mecánica impuesta por los grandes consorcios multinacionales y por la clase política al servicio de la plutocracia (poder del dinero). El problema es que la globalización debilita sobre todo a Europa en la medida en que genera un doble movimiento de sentido contrario: deslocalización empresarial desde Europa hasta fuera de Europa e inmigración masiva desde fuera de Europa hasta Europa, todo ello para optimizar los beneficios del capital mucho más que para racionalizar los procesos de producción. Así pues, tiende fatalmente a ocurrir que en un mundo globalizado Europa es cada vez más débil, tanto si está formada por un conglomerado de Estados Nacionales como si es una federación. El hecho de que el tejido industrial europeo vaya siendo liquidado y que el mismo tejido agrícola en algunos países (España entre ellos) sea progresivamente laminado convirtiéndonos en dependientes no sólo de manufacturas sino también de alimentos de zonas geográficas muy distantes, generan un futuro incierto e incluso un problema de viabilidad continental: cada vez con menos puestos de trabajo y con un trabajo de menos calidad, cada vez con mayor mano de obra extranjera, cada vez más dependientes de los suministros exteriores… Esta contradicción no puede resolverse positivamente para Europa dentro del actual orden de cosas. Para conseguir superar la contradicción es preciso romper el juego de la globalización. Solo en un mundo no globalizado, Europa podrá sobrevivir en la medida en que se verá obligada a reconstruir tejido industrial y agrícola, conseguirá una autonomía en suministros y será lo menos posible dependiente del exterior. Esa Europa por supuesto es lo que podemos llamar “Europa Extendida” desde Lisboa a los Urales. Y en este sentido la lucha contra la globalización debe convertirse en el nexo de unión entre Europa y Rusia.

2.  Contradicciones entre los distintos Estados Nacionales que forman la Unión: las desconfianzas entre España y Francia son habituales, en los países del Este existen distintos puntos de fricción territorio y distintas reivindicaciones. Sin olvidar el problema de la retrocesión de Gibraltar. El caso inglés es particularmente visible en la medida en que se trata de un país que siempre ha mirado con recelo a la Europa continental y que prefiere mantener abierto el vínculo atlántico con los EEUU. Históricamente para los ingleses la Commonwealth y las relaciones con el mundo anglosajón siempre han sido más importantes que cualquier otro proyecto. En este sentido, desde el siglo XIX, los estrategas anglosajones han visto con horror la posibilidad de que cristalizara un eje París-Berlín-Moscú. Pero esta no es la única contradicción de este nivel que aparece en el horizonte. La persistencia del nacionalismo en los distintos países europeos hace que frecuentemente salga a la superficie el espíritu anti-alemán en Francia o el espíritu anti-polaco en Alemania, o fricciones entre Rumania y Bulgaria o entre los Países Bálticos y Rusia, o incluso entre España y Francia. Tales fricciones no pueden ser consideradas más que como residuo del tiempo en el que los Estados Nacionales eran omnipotentes. En tanto que contradicción anidada en el subconsciente colectivo de algunos pueblos es de difícil solución y no desaparecerá más que cuando se inserte el nuevo espíritu de una idea europea común.

3.   Contradicciones entre los Estados Nacionales y la Unión Europea: no siempre las decisiones de los primeros convienen a los segundos, y lo mismo ocurre en sentido inverso. Una decisión del Banco Europeo puede general dificultades en España y las veleidades del gobierno ZP en muchos terrenos, perjudican al conjunto de la UE. Al no existir una “clase política europea”, sino estar formada ésta por las “clases políticas nacionales” suelen aparecer conflictos e incomprensiones entre las necesidades de una política europea común y las necesidades de los Estados miembros. El concepto que los europescépticos manejan contra la idea europea es la de “pérdida de soberanía”, cuando en realidad quiere decir que temen dejar de tener las manos libres para aplicar las políticas demagógicas y oportunistas. En estos momentos, el Banco Central Europeo ha optado por aprestarse a políticas contención de la inflación para lo cual sube los tipos de interés respondiendo a la solución técnica para el conflicto, cuando los Estados Nacionales, especialmente los de Europa del Sur hubieran defendido las bajadas de tipos de interés. Contradicciones de este tipo surgen constantemente. El desinterés europeo por el olivo y el aceite de oliva en los años 90 deriva de que la comisaría de agricultura de la UE estaba en manos de centroeuropeos ajenos por completo a la cultura mediterránea del aceite. Las contradicciones de este tipo solamente podrían superarse mediante la creación de una clase política europea que tomara el relevo a las viejas clases políticas de los Estados Nacionales.

4.   Contradicciones en el interior de los Estados Nacionales: a todo lo anterior se suman los conflictos latentes en el interior de cada uno de los Estados que forman la UE. Estas contradicciones son, fundamentalmente cuatro:

a.   contradicciones entre los intereses de la población y los intereses de la clase política: el “país real” nunca ha estado tan distanciado como ahora del “país oficial”, nunca la población ha estado tan de espaldas a la clase política y a la política misma. El Estado tiene presupuesto suficiente para satisfacer las necesidades de la población, elevar las pensiones y mantener el Estado del bienestar… sin embargo el egoísmo de la clase política impone el que solamente esté dispuesto a “repartir” en función de sus necesidades electorales.

b.   contradicciones entre los intereses de la población y los intereses de la oligarquía económica: los partidos políticos son los mediadores entre los poseedores del capital y los recursos jurídico-administrativos del Estado, sirven a los poseedores del capital y sólo a ellos y, de la misma forma que la televisión vende publicidad y para hacerla digerible inserta entre los anuncios programación, la clase política vive por y para servir a las grandes concentraciones de capital y para hacer digerible esta situación genera el pequeño zoo de la política cotidiana, con su oportunismo y su demagogia, su ilusión de libertades políticas y de democracia-ficción.

c.   contradicciones en el interior de la partitocracia e inadecuación creciente del sistema: sin embargo, la clase política de cada Estado Nacional dista mucho de ser homogénea, existen distintos grupos de intereses y distintas alianzas, la clase política ni siquiera tiene actitudes unificadas ante muchos problemas y en el interior de cada partido está en perpetua tensión debido a las ambiciones de unos y de otros. Por otra parte, las necesidades de las poblaciones y la viabilidad de los Estados modernos solamente pueden sostenerse mediante la aplicación de criterios técnicos libres de los condicionantes políticos y económicos. Al no existir esa posibilidad dadas las vinculaciones entre las clases políticas y los intereses económicos, resulta una inadecuación creciente del sistema a la realidad tecnológica y a las necesidades sociales.

d.   contradicción entre el poder del Estado central y las periferias: particularmente en España se vislumbra un proceso de dramáticas consecuencias, la fragmentación del Estado en distintas administraciones cada una de ellas dotada de una burocracia paquidérmica favorece la aparición de conflictos y contrastes entre el “centro” y la “periferia”. Hasta ahora estos conflictos estaban atenuados por la convicción de que se pertenecía a una misma nación-Estado, sin embargo, los nacionalismos periféricos se han convertido en la “coartada ideológica” para las burocracias periféricas. Así pues, hoy la clase política está ubicada en el aparato central del Estado y en los aparatos autonómicos y cada vez son más visibles las contradiciciones entre uno y otros, hasta el punto de que en determinados partidos –PSOE, pero también el PP- tales contradicciones llegan hasta el punto de carecer de un “proyecto nacional” y de la imposibilidad de reconstruir uno. Agitar el elemento “nacionalista” o “localista” es un factor emotivo y sentimental de singular capacidad movilizadora y que cualquier demagogo puede revitalizar o poner en marcha.

5.   Contradicciones entre los Estados Nacionales y los EEUU: durante medio siglo la lucha por la hegemonía mundial tuvo como escenario preferencial la disputa sobre una Europa vencida primero y dividida después. Tras la caída del Muro de Berlín Europa hubiera podido recuperar su independencia, pero los EEUU mantuvieron sólidos apoyos en el interior de Europa y especialmente entre los régimen de Europa del Este. Hoy los intereses entre Europa y los EEUU son contradictorios e incompatibles, sin embargo los EEUU siguen influenciando en el interior de Europa a través de tres canales:

-   Partidos políticos ganados para la causa del americanismo.

-   Consorcios multinacionales cuya sede social está en los EEUU.

-   La hegemonía cultural norteamericana mucho más fuerte que su hegemonía política y que su hegemonía económica.

A medida que los EEUU vayan viendo más erosionada su situación interior (por la deuda pública, por la crisis económica, por el problema étnico, por la debilidad estructural y de valores de la sociedad americana, por su incapacidad militar para mantener por mucho tiempo su situación hegemónica, por un cambio étnico debido al ascenso de la etnia hispana) intentarán imponer a sus “aliados” europeos un sistema de alianzas tendentes a poder mantener el liderazgo (con excusas tales como la “lucha contra el terrorismo internacional) y para ello utilizarán a los tres canales de influencia que hemos descrito. Gane quien gane el próximo proceso electoral en EEUU no tendrá interés en varias políticas de Estado que se mantienen desde el enunciado de la doctrina del “destino manifiesto”.

La OTAN es en Europa el canal preferencial a través del cual los EEUU aseguran “protección” (¿ante el terrorismo internacional?) a sus aliados europeos los cuales descargan su desinterés por las cuestiones militares fiándolas al arbitrio de los EEUU y, por tanto, prolongando su situación de debilidad. La contradicción no podrá resolverse en beneficio de Europa más que cuando cese la hegemonía cultural americana en el continente, cuando se cree una ala europea de la OTAN primer paso para una política europea común en materia de defensa y cuando el electorado haya arrojado a la cloaca de la historia a los partidos y a los políticos ganados por el americanismo.

6.   Contradicciones entre la población autóctona europea y 20 millones de inmigrantes no europeos: Europa es un viejo continente que procede troncos étnicos comunes y de unos sustratos culturales que alcanzan desde Moscú a Lisboa y de Narvik a Sicilia. El viejo paganismo europeo que alumbraba desde su alba a los pueblos indo-europeos que poblaron el continente, el mundo clásico y la catolicidad medieval suponen algunas de las señas de identidad comunes que otorgan carta de naturaleza a Europa. Esas son, en definitiva, las raíces de nuestra identidad. Pues bien, el proceso globalizador introduce –utilizando miles de excusas todas ellas falaces: caída de la natalidad en Europa, necesidad de mantenimiento de los sistemas de seguridad social y protección, necesidad de mano de obra, habituales en la derecha y multiculturalismo, universalismo, cosmopolitismo, mestizaje habituales en la izquierda descerebrada- a un elemento nuevo y ajeno histórica, étnica y culturalmente a nuestro continente: la inmigración. No se trata de “asimilarlos” (lograr que pierdan sus raíces) o “integrarlos” (enclaves étno-culturales alógenos en territorio europeo que no deberían crear problemas), sino de que son ajenos a Europa, su presencia carece de sentido y contribuye solamente a crear problemas de todo tipo, rompe la unidad cultural y étnica del continente, difumina su identidad y genera un sin fin de problemas sociales que contrarrestan con creces las presuntas ventajas –en el supuesto de que hubiera alguna- de su presencia. Es esencial entender este punto: si debe cerrarse la puerta a la inmigración extraeuropea es, ante todo, porque desfigura la identidad europea. Y esa identidad es, precisamente, lo que se trata de afirmar y defender, o de lo contrario Europa dejará de tener sentido en la historia. Europa ha existido porque ha tenido una misión y un destino: ser el faro de la cultura, ser el centro civilizador por excelencia. Y eso ha podido ser así porque el sustrato etno-cultural europeo es común desde los albores de la prehistoria: en unas ocasiones unos países europeos ha sido civilizadores y en otras la antorcha ha pasado a oros. Desfigurando la identidad europea mediante el mestizaje, el cosmopolitismo o el universalismo, lo único que se logra es que la antorcha se vaya extinguiendo.

Los conjuntos jurídico-administrativos como la UE son más viables en tanto que más homogéneos son. Si pierden homogeneidad se convierte en mosaicos, frecuentemente mal avenidos como sucedió con las repúblicas de la antigua Yugoslavia; en efecto, la política de trasvases de población para “homogeneizar” una realidad antropológicamente muy diversa, sirvió sólo para crear enclaves étnicos de un grupo en el seno de otro y para alterar mayorías de población (las diferenciales demográficas entre unas y otras comunidades nunca son iguales y siempre terminan beneficiando a alguna, caso de los musulmanes de Kosovo, santuario supremo de la identidad serbia). Reivindicar, pues, otra cosa que no sea la homogeneidad antropológica, étnica y cultural del continente es contribuir a la disolución de Europa en un magma inestable en el que a la vuelta de 50 años nuestros hijos serán una minoría marginada en su propio continente.

Finalmente, entran en juego los problemas económico-sociales: Europa es un continente superpoblado, aquí no necesitamos población y no vendría mal una disminución relativa… a condición de que el Estado supiera administrar sabiamente sus recursos humanos y económicos y cesara la dilapidación de fondos en las tareas más absurdas (enterrar el 0’7%, por ejemplo, en las bombas de absorción que son los países de África) o en unas cargas burocráticas insoportables. Dadas las actuales tendencias de los procesos productivos, con una mecanización creciente incluso en zonas rurales, no importa que disminuya la población, e incluso puede llegar a ser saludable –como cualquier otra táctica para el “decrecimiento”- para aumentar el bienestar y mejorar las condiciones de vida en el continente. Si esto es así –y es innegable que lo es- de lo que se trata es de que sean los europeos quienes trabajen, que no existan bolsas de paro entre europeos, que cualquiera que sea su edad, nunca jamás le falte trabajo a un europeo. Y, finalmente, que los salarios que se cobren en el continente dan acceso a una vida digna y saludable. Y la inmigración perjudica todo este planteamiento.

Por todo ello la única solución para esta contradicción consiste en aplicar políticas de:

-   contención de la inmigración

-   reversión del fenómeno con repatriación de inmigrantes en paro

-   evitación de las políticas de reagrupamiento familiar

-   seleccionar la inmigración necesaria marcando los contingentes

-   endureciendo las medidas para adquirir nacionalidad europea

-   acelerando los procesos de expulsión, no prolongándolos 18 meses como establece la nueva Directiva Europa de Retorno, sino acortándolos a 72 horas y retornando al inmigrante al último país del que procede.

7.   Contradicciones entre los valores del siglo XVIII y las exigencias de lo “actual”. Utilizamos la palabra “actual” (o “actualidad”, es decir, lo que está presente y lo que se aproximará en el tiempo) antes que “modernidad” por la connotación ideológica que tiene (la modernidad no es un concepto temporal sino filosófico que ha sido definido como el intento de imponer la razón como única norma verdaderamente trascendental de la sociedad). Sea como fuere la “modernidad” está hoy regida por valores que nacieron en el siglo XVIII:

-   el liberalismo económico:

-   la democracia política:

-   el racionalismo mecanicista:

-   la concepción progresista:

Todos estos valores tuvieron su ciclo que abarca un período situado entre 1789 y mediados de los años 80. A partir de ese momento, todos estos valores empezaron a ser cuestionados: el liberalismo económico arrastrado por la globalización terminará generando la imposibilidad de far play en el mercado mundial, la democracia ha terminado siendo sinónimo solamente de plutocracia y de partitocracia; el nacionalismo mecanicista está siendo sustituido en las ciencias y en la filosofía por un paradigma holístico que vuelve a considerar el cosmos como totalidad en lugar de estudiar cada una de sus partes o mecanismos aisladamente de las demás y que ha llevado a la “especialización”, el gran vicio de la modernidad. Y en cuanto al progresismo cabe decir que hoy más que nunca es evidente que la historia no discurre siempre en sentido ascendente y que los valores “mas avanzados” no son siempre los mejores, sino que frecuentemente en su intento de responder a problemas existentes terminan generando otros mayores.

Es absolutamente increíble que una sociedad extremadamente compleja y “nueva” como la del siglo XXI puede estar gestionándose con valores cristalizados a lo largo del siglo XVIII.

Esta última contradicción es, a la postre, una contradicción liberadora y a través de la cual se pueden resolver todas las demás. Hemos intentado establecer desde el principio que la mayor parte de contradicciones que hemos enumerado no tendrán salida mientras persistan las actuales circunstancias políticas, culturales y económicas que dominan en Europa. Hemos insistido en que solamente la emergencia de una nueva clase política dirigente europea podrá revitalizar la idea europea y darle un sentido que hoy no tiene y que, en buena medida, explica el atasco en el proceso de construcción europeo.

La forja de una nueva clase política es inseparable de la inyección de nuevos valores. En realidad, tampoco es que haga falta una gran capacidad creativa y de síntesis: esos valores han existido siempre y existen aún hoy, son los valores que han hecho a Europa y que nos han convertido en el faro de la civilización. Se trata sólo de rescatar esos valores tradicionales para un determinado momento histórico.

Las contradicciones que pueden surgir en el seno de un sistema solamente pueden ser superadas mediante respuestas contundentes y enérgicas que generen nuevas condiciones objetivas y favorezcan la emergencia de procesos históricos hasta ahora situados en vía muerta o simplemente atascados. Si la construcción de Europa (y el concepto mismo que debería alumbrar tal construcción) están hoy agonizando, se debe exclusivamente a que para abordar un proyecto de tal naturaleza hace falta dotarse de un nuevo espíritu y de unos valores diferenciados en relación a lo que existe hoy. Al haber abandonado los valores tradicionales europeos ha resultado imposible construir “Europa”, como máximo se hubiera podido aspirar a construir una especie de coordinadora inestable de Estados Nacionales, pero no reconstruir la superación de todas las contradicciones en forma de un proyecto histórico ambicioso que no puede ser otro más que el de transformar los rasgos comunes de la identidad europea en una cristalización jurídico-administrativa capaz de jugar un peso decisivo en el tercer milenio.

© Ernesto Milá – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com