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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Los arquetipos del cine de espías. De 007 al superagente 86, pasando por Harry Palmer (I de II)

Infokrisis.- En esta segunda parte de los apuntes sobre cine de espionaje vamos a intentar penetrar en la taxonomía de los tres arquetipos de modelos de espías que hemos identificado en la primera parte. Se tratará de una aproximación rápida y esquemática en donde intentaremos realizar un viaje a lo esencial del subgénero de espionaje

 

1. James Bond: o la “ilusión”.

El éxito reiterado de James Bond a lo largo del espacio ocupado por tres generaciones (mis padres vieron las películas, yo las he visto y mis hijos también) se debe a que, por encima del tiempo nunca se ha apartado de la misma tendencia que estuvo presente en la primera entrega  (007 contra el Doctor No, en 1962, diez años después de que Ian Flemming escribiera su primera novela con OO7 como protagonista). En efecto, a lo largo de 22 entregas la serie ha vendido siempre “fantasía”. No es por casualidad que “fantasía” (facultad que tiene el ánimo de representar las cosas ideales en forma sensible o de idealizar las reales) y “fantasma” (imagen de un objeto que queda impresa en la fantasía) tengan la misma raíz etimológica que procede del latín phantasia, la cual, a su vez procede del nombre del dios Phantasos, hijo o servidor del sueño, encargado de producir las visiones en el sueño.

El personaje de James Bond genera en determinado tipo humano sueños y fantasías  sobre como podría ser su vida y huir de la honesta mediocridad que, más o menos, nos afecta a todos en lo cotidiano. Bond, por decirlo así, más que maestro de espías es el as de la alienación que nos desvía de ser como somos en realidad para atraernos hacia la ensoñación.

Mujeres, aventuras, lujo y viajes son las cuatro constantes que aureolan al personaje creado por Ian Flemming y lanzado mundialmente a la fama por avispados productores hollywoodienses. El martín agitado no mezclado, el Aston Martin, la proliferación vermicular de “chicas Bond”, los viajes a uno y otro lugar del mundo, las aventuras triunfantes, los riesgos de los que sale siempre airoso, seducen a las generaciones. Sedujeron ayer cuando Europa estaba saliendo de la dura posguerra y seducen hoy en plena globalización. El enfoque apenas ha cambiado. Monny Peny sigue siendo Monny Peni, solo el jefe ha pasado a ser una mujer (signo de los tiempos), los recursos facilitados por “Q” han cambiado, pero también su fondo es el mismo: facilitar un apoyo por parte de lo inesperado. Realmente, si el producto “James Bond” no ha experimentado variaciones sensibles en el fondo de su esencia, de debe a que responde a los deseos de los espectadores.

La variación fundamental no ha radicado en los “valores” que transmite sino en el acompañamiento coreográfico: ayer la guerra fría, luego la perestroika como trasfondo, finalmente el mundo globalizado en la que el terrorismo ocupa la médula misma del eje del mal… De hecho, el “mal” siempre ha estado presente en la serie. Si el ciclo James Bond es algo, es puro maniqueísmo: Bond, ciertamente, alterna cinismo con bondad, pero sus enemigos son encarnan lo malvado elevado al límite. Y en cuanto a las chicas, son paradigma de la belleza de su época. Tampoco esto ha variado extraordinariamente lo que indica a las claras que si se quiere hacer un “producto de masas” y no mera ingeniería social, hay que fijar tipos masculinos que sean “machos, machos” y hembras con las curvas bien puestas. El resto es retórica zapateriaza que ni pincha ni corta en la realidad sexual de las mayorías y sólo tiene eco en los individuos a individuas con algún tipo de problema.

Bond vende la ilusión que le falta al urbanita moderno. A fin de cuentas la vida gris del funcionario de ventanilla o del comisionista de muchas o pocas ventas, del estudiante aburrido y palillero al ama de casa con fantasías eróticas que su marido no logra entender o satisfacer, el ingeniero que no puede ingeniar libremente, el periodista cuyo director siempre elige el peor de sus artículos para publicarlo, el médico al que los pacientes se les va la vida como el agua entre los dedos, el abogado que depende del humor de los distintos niveles judiciales, el jubilado harto de la masificación del Inserso, el constructor que se creía que esto no caía… etc., todos ellos –todos nosotros- tienen una vida que no han elegido. Ni nuestros hijos salen nunca como los habíamos programados, ni la vida nos sale como deseábamos. A James Bond, en cambio, todo le sale bien. Lo gris de nuestra triste cotidianeidad contrasta con los fulgores de sus días. Cuando en 007 al servicio secreto de su majestad Bond se enamora de Dyana Rigg, los productores están a punto de cometer el gran error de la serie: ¿imaginan a un James Bond sentado frente al fuego del hogar explicando a media docena de niños díscolos cuentos o batallitas? ¿lo imaginan despidiéndose de su mujer para ir a trabajar después de haber tomado un zumo de naranja y dos tazones de chokocrispis? Imposible. Afortunadamente para el futuro de la serie, se impuso la sensatez y Diana Rigg falleció pocas horas después de contraer matrimonio. Bond ni siquiera pudo darse un polvo con papeles.

Bond es lo que todos querríamos ser y que alguna vez hemos soñado en ser en los oscuros corredores de nuestro cerebro. Bond sigue en vigor porque los espectadores desean una figura como él. El espía, además, conoce “el secreto”, vive por él, lucha por él y tiene licencia para matar si alguien se interpone entre él y la conquista de un secreto. El secreto da poder o finge darlo; por eso ansiamos disponer de secretos que nos garanticen el ascendiente sobre otros, el ir permanentemente de enterados por la vida (y mucho más en un país como éste, poblado con más índice de enterados por kilómetro cuadrado que cualquier otro). El espía es aquel que hace de la conquista del secreto una profesión. Sólo su vida es secreta: no sabemos nada sobre Bond, ni sobre sus padres, ni donde ni qué estudió, ignoramos en qué universidad de la vida se aprenden esas chorradas del “martín agitado no mezclado” y de la temperatura a la que hay que consumir un Moet&Chandon que se precie. Ni siquiera tiene acento de alguna región concreta de Inglaterra. Sherlock Holmes se vería desarmado ante la imposibilidad para aplicar su método analítico-deductivo y extraer algún dato sobre Bond.

Así pues, Bond, dueño y señor del secreto, y por tanto del poder, está clausurado para que otros alardeen de poseer algún secreto sobre él. Penetrándolo todo, no deja que nadie penetre en su médula interior (¿quizás Monny Peny, quizás M tiene en algún dossier perdido sobre la mesa de su escritorio algo sobre la vida pasada de Bond?).

2. El Superagente 86 o el péndulo que se aleja

Bond tenía un punto débil especialmente para los amantes de la realidad o para quienes se niegan a alejarse demasiado de ella. Es demasiado fantasioso. Satisfacen solamente a quienes precisan una sobredosis de fantasía que contrapesar a su sobredosis de plomiza mediocridad. En algún momento el personaje llega a ser tan pedante como irritante, en especial en sus relaciones con mujeres. Es cierto que “las jeunes filles elles aiment au mauvais garçons”, pero de ahí al “al aquí te pillo, aquí te mato” va un trecho que Bond recorre con excesiva facilidad. El personaje siempre acierta, nunca tiene un fallo en sus movimientos, en sus planes, en su comportamiento, se viste por los pies sin que, tras las más inverosímiles aventuras, haya perdido ni un ápice de compostura. Al final, si uno es mínimamente exigente, termina harto de tanta banalidad sobre la temperatura del cava o sobre el caviar más afamado. Bond carece de fondo, es tan insustancial como las mismas hojas de té recalentadas siete veces siete. Es irónico, sí, pero carece de sentido del humor. Y lo que es más irritante, nunca pierde la compostura.

Todos estos handicaps de la serie fueron suficientemente claros a partir de la quinta entrega de la serie incluso para su protagonista Sean Connery. Fue entonces cuando George Lazemby lo sustituyó efímeramente en una sola entrega de la serie (la mencionada 007 al servicio de su majestad, seguramente la más atípica del conjunto).

Cuando eso ocurría, 1969, el cerebro de cómico judío que adornaba la cabeza de Mel Brooks hacía tiempo que estaba triunfando con su serie Superagente 86 (en inglés Get Smart). En septiembre de 1965, Brooks había estrenado el primer episodio de la serie que puede ser definida en rigor como el “anti-Bond”. Con el agente 86 el cine de espías se sitúa en las antípodas del inspirado por las novelas de Ian Flemming. El superagente 86 es “Maxwell Smart” y, a diferencia de Bond, no da una a derechas. Cualquier iniciativa, por pequeña que sea que adopte, es inevitablemente fuente de fracasos y conflictos interminables. Ni una sola misión sale como estaba programada, aun cuando todas se coronen con éxito porque, a fin de cuentas, la sucesión de metidas de pata terminan son de tal calibre que siempre se llega al éxito final por caminos insospechados.

Smart no tiene personalidad propia. Es no-Bond, o más bien, anti-Bond. A cuarenta años vista, los 200 episodios de Superagente 86 apenas han perdido actualidad. Los códigos de humor manejados por Brooks siguen siendo eficaces. De hecho, el que en breve se estrene en largometraje un remake de la serie protagonizada por Steve Carell (ver la serie norteamericana para TV The Ofice para comprobar las cualidades interpretativas de Carell) y dirigida por Peter Segal, es muestra de que la técnica de ofrecer el personaje de bond en negativo tiene su público.

Los gadgets ofrecidos en 007 por “Q” se convierten en objetos completamente inútiles en la serie del superagente 86, no aparecen mujeres fatales, ni Smart es bueno ligando, en realidad es todo lo contrario y el único personaje femenino es Bárbara Feldon (la agente 99) de la que ni siquiera se sabe su nombre, pero que, en cualquier caso tiene el aspecto de chica media norteamericana de esas que te puedes encontrar en un campus universitario o paseando por Queens o Rode Island. Los malos, como era de esperar, son infames en todos los sentidos. En lugar de ESPECTRA (la organización internacional de criminales, rival de 007), 86 se tendrá que enfrentar con KAOS dirigida por “von Siegfried” (Bernie Kopell) desternillante genio del mal provisto de faraónicos proyectos que inevitablemente encallan ante la acción de “Control”. El hecho de que sea alemán, hable con un marcado acento alemán y vista como el “Barón rojo”, son suficientemente elocuentes. Brooks, un director de origen judío que frecuentemente realiza –como Woody Allen- sátiras en relación a su origen étnico, ha optado por ironizar sobre los “malvados alemanes” veinte años después del término de la II Guerra Mundial. Mel Brooks parece querer decirnos: “no eran malos, eran simplemente imbéciles y ni siquiera fueron capaces de exterminarnos”.

Con esta serie Brooks descubriría su verdadera vocación: parodiar películas de éxito. Lo hizo con Máxima Ansiedad parodiando el cine de Hitchcock, parodiar el cine mudo en La última locura, parodiar el cine de terror el El jovencito Frankenstein, parodiar la saga de las galaxias, parodiar el cine del oeste (Sillas de Montar calientes) y un largo etcétera que le ha llevado a realizar productos en ocasiones discutibles pero que siempre han gozado de aceptación por parte del público.

Marwell Smart es lo que a nadie le gustaría ser. Sus gustos son zafios, el glamour está completamente ausente de sus días, no hay acción que sea capaz de desarrollar limpiamente, sus metidas de pata son constantes, a nadie, ni siquiera a un payaso le gustaría tener una personalidad así.

Si Bond es lo que a todos nos gustaría ser, Smart es todo aquello que odiaríamos ser y que, de hecho nunca podremos ser. La caricaturización es tal que ni siquiera es posible que el más patoso de todos nosotros alcance los niveles de incompetencia de 86 (salvo que se sea ministra de cuota del gobierno ZP, claro).

Toda sociedad precista tener un ídolo y un espantajo. Bond es el ídolo, Smart el espantajo. Nos recuerdan los límites máximos y mínimos, inalcanzables ambos, ficticios los dos, permanentemente ahí para emocionarnos con lo que nos gustaría ser y no somos, o hacernos desternillar con lo que sabemos que, afortunadamente, jamás seremos. No es que estén muy alejados, es que son las dos caras de una misma moneda que tiende a separarnos de la realidad.

El Smart termina siendo tranquilizador: nos dice que por alto que sea nuestro nivel de incompetencia nunca llegará al límite extremo del de Smart. El es lo que a nosotros nunca nos gustaría ser y que, de hecho, nunca seremos. Las sociedades rurales siempre tenían en alta estima al “loco”. En todos los pueblos había un loco que estaba integrado y distaba mucho de sufrir la marginación e inspirar el temor que inspira hoy. La función social del loco (como la del bufón en la corte, el último, el más alejado del rey y de su función) era recordar por la vía de la negación, cuál era el estándar de normalidad. El “normal” sabe que lo es, justamente, porque existe un polo de referencia que le indica donde empieza la “anormalidad”. En este sentido, Smart cumple análoga función: se sabe quien encarna la estupidez y la inutilidad, por tanto es bueno alejarnos de él.

Pero ni Bond ni Smart aportan mucho al cine ni de intriga ni de humor. Ambos son, efecto, muestras de un subgénero específico, el cine de espionaje, pero no dicen mucho ni de cómo es la vida personal de un espía, ni cuál es su trabajo, ni siquiera cómo es su organización. Para advertir todo esto hay que acudir a otro ciclo que caracteriza el que hemos definido como “tercer modelo”: Harry Palmer.

3. Harry Palmer o el espía sin atractivo

Las seis entregas de la serie Harry Palmer, especialmente las cuatro primeras, aluden a un espía británico del MI5, que bien pudiera haber sido un corredor de comercio, un funcionario de aduanas o un oficista de pocas aspiraciones. La primera entrega de la serie (IPCRES) apareció en 1965 cuando ya era evidente que la serie James Bond iba por el camino de ser un éxito sostenido. Bond y Palmer son la antítesis, pero no en el sentido en que lo es Maxwell Smart. Palmer es un personaje particularmente creíble que bien pudiera sintetizar en sí mismo la tragedia del “sector”: la banalidad. ¿Imaginan ustedes lo apasionante que debe ser la vida de un agente del CNI cuando durante semanas, meses y años sigue las vicisitudes y la trayectoria de un sector político intrascendente? ¿imaginan lo que es levantarse cada mañana pensando en lo que hará esa mañana el último mohicano de los GRAPO o el descerebrado de turno de ETA o si tal o cual ultra de derechas se meterá cuarto y mitad de perica por la mañana y al medio día habrá montado la marimorena? Pues bien, ese es el trabajo real del “espía”: seguir la banalidad de aquellos a los que el Estado considera, por algún motivo, “peligrosos” y que, en la mayoría de los casos son apenas peligrosos para sí mismos.

Harry Palmer carece por completo de encantos: era un sargento inglés destinado a Berlín que cometió un delito y fue descubierto. Se le puso en la tesitura de ingresar en el MI5 o bien purgar la condena Optó, lógicamente, por lo primero. Pero ni es un gran ligón, ni tiene gustos exquisitos y sofisticados, ni siquiera es un conocedor de vinos y cavas. Y en cuanto al coche maneja un Rover de serie, bastante destartalado por lo demás. La serie lo pinta con ciertas cualidades culinarias (sería imposible imaginar a Bond con el delantal batiendo un huevo o a Smart en la misma tesitura sin que incendiara la cocina), pero lejos de darle cierto glamour, termina por restarle cualquier rastro el que él mismo maneja el carrito del super. Ligar le cuesta lo suyo y aunque en el curso de la serie moja de tanto en tanto, lo hace tras dura lucha. Y para colmo lleva gafas de pasta gruesa.

Ni siquiera es un jefe sino apenas un agente poco esforzado, harto de rellenar papeleo, leer y releer fichas y encallar en los vericuetos burocráticos del servicio secreto inglés. Sus jefes no son mejores. Los tres primeros episodios de la serie (IPCRES, Funeral en Berlín y El cerebro de un billón de dólares) evidencian un servicio secreto burocratizado y de dudosa eficacia. Así los ingleses veían a sus propios servicios en el período en el que descollaba James Bond.

El trabajo de espía es, lo hemos dicho, aburrido: vigilancias sin fin, lectura de dossiers e informes cuya calidad es relativa, y sobre todo papeleo, mucho papeleo, formularios de rendimiento, peticiones oficiales concedidas inevitablemente tarde tras rellenar innumerables peticiones y algún que otro palo recibido. Sí, porque si bien Bond nunca encaja un buen crochet de izquierdas y Smart los encaja todos, es raro el filme de Palmer en donde no termine con un ojo amoratado, una camisa destrozada o, literalmente hecho polvo, no tanto por un descuido suyo como por ineficiencia del servicio al que pertenece.

Los primeros episodios de la serie se filmaron en aquel tiempo en el que todavía la burguesía media británica acudía al trabajo con bombín, paraguas enfundado y gabardina blanca. Aquel tiempo segregó las tiendan alucinógenas de Carnaby Street y de los arrabales de Manchester emergieron los Beatles.

La serie atravesó un Guadiana y tras desaparecer durante casi veinte años reemergió en 1995 y 1996 con dos títulos: El expreso de Pekín y Medianoche en San Petersburgo, filmadas tras la caída del Muro de Berlín y que recogen un ambiente distintos completamente a las tres primeras entregas. Palmer ha abandonado el MI5 y se ha independizado estableciéndose en San Petersburgo con una especie de agencia de seguridad de la que forman parte antiguos espías del KGB, de la CIA y del MI5. Se trata de dos productos menores del subgénero de espionaje pero vale la pena verlos en la medida en que su ejecución es correcta y el ritmo narrativo no desdice el encanta de las primeras entregas.

Harry Palmer regatea con sus jefes por unas pequeñas libras más en sus emolumentos, cumple por la mínima con su trabajo y no busca ascensos, sino simplemente que transcurra el día a día de la manera más rápida y entretenida posible. No vive ni en un chalet ni siquiera en un cómodo dúplex, sino más bien en algún desconocido arrabal londinenses, seguramente repleto de paquistaníes, en un pequeño estudio donde reina el desorden más absoluto. He visto cientos de apartamentos así en Londres y en París. La banalidad de sus moradores es la norma.

El ciclo de Hayy Palmer se advierte perfectamente el drama de la “comunidad del espionaje”. Viviendo de sueldos estatales han terminado adquiriendo la mentalidad de cualquier otro cuerpo funcionarial. ¿Imaginan a un subalterno de ministerios implicado en una aventura apocalíptica para salvar a la tierra como hemos visto embarcado tantas veces a Bond? ¿imaginan a un auxiliar administrativo de cualquier ente autónomo vivir aventuras en defensa del “seu President”? El funcionariado lleva siempre a un estilo de vida propio en el que la audacia, lo inesperado, las hermosas mujeres, el lujo y la acción están excluidos por definición. Pues bien, eso mismo es lo que ocurre en cualquier servicio de inteligencia.

Hace poco un amigo embarcado en estas peripecias se me quejaba de que sus superiores hacían oídos sordos a sus informes sobre el terrorismo islámico en España. Era que no se los habían pedido. A cada funcionario de esos cuerpos de seguridad le interesa solo que el área bajo su cargo funcione bien. Si tu área es la de los movimientos antifascistas no te beneficiará en nada pasar a tu superior un informe sobre el terrorismo internacional que, a fin de cuentas, es cosa de otro departamento. Para colmo, como en cualquier servicio de seguridad del Estado, la estabilidad en el mismo puesto de trabajo está ausente por completo. El principio es que si dejas demasiado tiempo a un funcionario en la misma área, o bien terminará por no rendir o bien se buscará la vida y correrá el riesgo de caer en la más absoluta corrupción. Por eso cada seis meses se cambia a la mayoría de guardias civiles de sus destinos cuando están adscritos a la lucha contra el narcotráfico. El problema es que los que ocupan esos cargos carecen durante los primeros meses de trabajo de la más mínima experiencia y cuando la adquieren ya les toca ser destinados a otras áreas. Y, por lo demás, ¿a qué deberían de ser fieles? ¿a un organismo? ¿a un equipo ministerial? ¿a un línea política? ¿a un ideal? Los gobiernos cambian de línea política como los hombres de calzoncillo. La de hoy puede ser contradictoria con la de ayer y el funcionario, si quiere mantenerse en el machito, deberá simplemente aprender a cumplir las órdenes emanadas de la superioridad, sean las que sean. Esto es: despersonalización, apatía, silencio, conformismo y rutina son las características que mejor le ayudarán en su carrera. Tal es el mundo de Harry Palmer, tal es el mundo de la “comunidad del espionaje”; de la real, no de la idealizada.

Por eso deberían bajar todas las películas de Harry Palmer antes de que el gobierno, esa sucursal de la SGAE, se las ingenie para impedir que podamos beneficiarnos a través de los programas P2P de la existencia de productos cinematográficos suficientemente amortizados.

© Ernesto Milá – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Los arquetipos del cine de espías. De 007 al superagente 86, pasando por Harry Palmer (I de II)

Infokrisis.- El espionaje suele ser banal e incluso aburrido, al menos en la vida real, sin embargo en el cine gana enteros convirtiéndose en una profesión apetecible e incluso glamorosa. Cuando entre 1934 y 1936 Alfred Hitchcock filmó cuatro films de espionaje (El hombre que sabía demasiado, El agente secreto, Sabotaje y Los 39 escalones) estaba sentando las bases del cine de espionaje. Setenta y dos años después (72 es el número sagrado de la khabala, 72 son los nombres de dios y 72 son los “compañeros de Seth”, así que parece haber algo mágico en este ciclo) se estrena el remake cinematográfico de Superagente 86. Decididamente vale la pena darle un repaso rápido al cine “de espías”. ¿Real como la vida misma?

 

Nada es lo que parece

Hay mucho mito rondando los asuntos del espionaje. En esto del espionaje se liga tanto como en cualquier otra profesión. Aquí como en otras profesiones, como decía aquel, se folla mucho lo que pasa es que siempre follamos los mismos. Por lo general, salvo alguna ingenua imperdonable o alguna aventurera viciosa, las mujeres no parecen encontrar nada particularmente glamoroso en el espía medio. He conocido a algunos que tenían menos sex-apel que el oso Yogui. Conocí uno –durante un tiempo hombre de la CIA y más tarde “agente libre”- que si no follaba al menos una vez al día se sentía mal. Así que cuando declinaba el día, daba igual lo que estuviera haciendo la cuestión era que buscar mujer se convertía en su principal obsesión muy por delante de cualquier otra obligación. Incluido el espionaje. Para colmo era de aquellos que habían aprovechado el curso básico de espionaje, así que cuando nos tocaba compartir habitación en cualquier hotel, era francamente molesto que durmiera con la luz encendida como para indicar a posibles enemigos que estaba en vela y despierto. No solamente no estaba en vela y dormido sino que además roncaba. El que quedaba permanentemente en vela era yo.

En el otro lado, el KGB no daba tipos mucho mejores. A principios de los 80, cuando aún se vivían los últimos coletazos de la Guerra Fría, el sueño de todo miembro de la “comunidad del espionaje” era conseguir que algún funcionario del otro bando desertara. Mi problema es que no estaba en ningún bando, pero conseguir que desertara un funcionario del aventajado del KGB era una tentación demasiado apetitosa. Era un tipo joven y guapete que solía tener éxito con las secretarias de prensa de la Presidencia de cierto país iberoamericano. Era, por supuesto, el corresponsal de la Pravda moscovita. Una buena noche coincidimos en un lupanar –nos habíamos visto y observado en el edificio de la Presidencia- y con la confianza que da unas copas de más y la complicidad de terminar el mismo burdel tuvimos una conversación. “¿Qué tal te va en el KBG?”, le pregunté. Y puso cara de perplejidad. ¿Cómo era posible que yo supiera que él era el hombre del KGB en la capital? Sencillo, le expliqué: el responsable de la antena de la CIA –cuya hija era una mina de información dada su desmedida afición a la cocaína- es el agregado de prensa de la embajada americana; lo sabe todo el país; de la misma forma que todo el mundo sabe que los corresponsales de Pravda son los enlaces del KGB allí donde se encuentren. Se tranquilizó. En los días que siguieron aprendí mucho sobre el KGB y su entrenamiento. Pero supe algo más: estaba colado por una secretaria de prensa de Presidencia. La conocía y sabía que se trataba de una mujer de alto voltaje, así que empecé a preparar su deserción. Obtuve para él garantías del gobierno de que recibiría una concesión de tierras particularmente generosa y una dotación económica por las “molestias”. Todo estaba ultimado: la boda con la chica, la tasación de las confidencias y el título de propiedad de la concesión. Era jueves y le llamé para quedar el sábado en el hall del Sheraton. No acudió. Llamé a la embajada pero no me supieron dar cuenta de dónde estaba. Me llegué a su apartamento pero allí no había nadie. El lunes la voz anónima de la embajada soviética me informó que el corresponsal de la Pavda había sido llamado urgentemente a Moscú. Al parecer alguien había detectado que estaba a punto de desertar; supongo que debió acabar en la taiga siberiana. El nuevo corresponsal de Pravda, por lo demás, era el clásico funcionario troquelado según los moldes del KGB: corpulento y tosco, con la cabeza embutida en el tronco y que se esforzaba permanentemente por poner cara de mala hostia.

El espionaje es asín... Hay mucha literatura en torno al tema, de ahí que el cine de “espías” sea quizás uno de los que más separan de los modelos reales. A fin de cuentas, el “Callahan” de Harry el Sucio es posible que exista en alguna ciudad norteamericana y por qué no iba a existir algún sujeto similar al Capitán Alatriste en la España del XVII, hasta los personajes de Toy-story se parecen a los juguetes reales… pero no así los espías cinematográficos.

Dejando aparte algunas cintas en las que se traza la historia del grupo de espías de Oxford que ficharon por los comunistas en los años 30 y siguieron entre 30 y 40 años trabajando para Moscú (los Philby, los Malean, y demás) o raras películas que reproducen algunos episodios históricos (Operación Cicerone, por ejemplo o la serie protagonizada por Sam Nelly, Reilly, as de espías) el resto de películas de este género están particularmente desenfocadas. Pero se trata siempre de biopics que intentan reconstruir episodios históricos concretos y, por tanto, el guión está acotado por los márgenes de verosimilitud.

Tres tendencias tres

No queremos ser exhaustivos en este breve artículo, pero sí recordar tres tendencias que están presentes en el cine de espionaje y que se repiten invariablemente:

- el modelo de espía glamoroso, aventurero, erotómano y situado a medio camino entre el común de los mortales y cualquier miembro de la legión de los super-héroes. El arquetipo de todos ellos es, sin duda, James Bond.

- el modelo cómico, chapucero, incapaz de dar una a derechas, grotesco, ridículo y permanentemente metepatas. Jhonny English de Rowan Atkinson pertenecería a este tipo, pero el modelo por antonomasia es el Superagente 86, Maxwell Smart. Otro modelo sería Flint agente secreto, interpretado por James Coburn. Y otro más: Austin Powers

- finalmente, existirían algunos raros casos de películas en las que el guión pretende ser honesto y describir como es, verdaderamente, la vida del espía y de dónde ha salido. Las primeras películas de este género intentaban reproducir lo más fielmente posible cómo eran las cosas (así lo intentó Hitchcokc en sus cuatro películas dirigidas en los años 30) y luego debió llegar Harry Palmer para volver por el mismo sendero.

Ciertamente, hay otras películas inclasificables en algún subgénero. Los valores de la cinta Los 3 días del cóndor a nadie se le escapan y el intento de de Sydney Pollack de dar verosimilitud al protagonista introduciendo personajes secundarios (el asesino a sueldo lorenés interpretado por Max von Sydow o el cuadro de la CIA encarnado por Cliff Robertson) no logran evitar la sensación de que un analista timorato que solamente lee novelas difícilmente se convertirá en un agente operativo eficiente y espabilado. En esta película el papel representado por Robert Redford (“Turner”) es único en la historia del cine de espionaje y diferente a cualquier otro, por tanto no es a excepciones en lo que nos vamos a centrar.

Nos vamos a centrar en los tres modelos descritos anteriormente y que se pueden resumir así: el “fantasma”, el “matao” y el “real”, o si se prefiere, el “modelo James Bond”, el “modelo Maxwell Smart” y, finalmente, el “modelo Harry Palmer”.

De James Bond se han filmado hasta la fecha la nuevamente cabalística cifra de 22 películas (como 21 son los arcanos del tarot más la carta del “loco”) a lo largo de un dilatado ciclo de 46 años. Para los que tenemos algo más de 50, la figura de James Bond ha recorrido prácticamente toda nuestra vida casi desde que tenemos uso de razón, cuando éramos menores y ya deseábamos ir a ver el portentoso bikini con el que Ursula Andrews salía de no sé que playa. Muy por delante va el Superagente 86 con 200 episodios, si bien de apenas 20 minutos que cubrieron también nuestros recuerdos de adolescencia entre 1965 y 1970, habiendo sido repuestos en varias ocasiones. Sin embargo, de Harry Palmer apenas se han filmado seis episodios, con una interrupción de casi 20 años entre los cuatro primeros (segunda mitad de los sesenta) y los dos últimos (en 1995 y 1996).

Como vemos no faltan elementos de juicio.

© Ernesto Milá – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

A la venta el número 10 de IdentidaD

A la venta el número 10 de IdentidaD

A partir del día 15 podrá adquirirse en los kioscos el número 10 de la revista IdentidaD. Cuarenta páginas en formato tabloide con informaciones y análisis exclusivos sobre la inmigración masiva como principal probema de Europa. Consultar el sumario del número 10. Dadas las vacaciones de verano, Identidad estará ausente de los kioscos el 15 de agosto. El número 11 podrá adquirirse a partir del 5 de septiembre.

Aullidos (III). La debilidad sigue matando: 19 muertos más en el Estrecho

Infokrisis.- A menos de una semana después de que ZP se haya negado a comprometerse a no realizar más regularizaciones masivas, 19 personas han muerto en unas de los más trágicos episodios de la inmigración masiva que ha costado incluso la vida a nueve bebés. Pero hay que decirlo bien alto: si esta masacre tiene a un “autor intelectual”, éste es ZP: como decíamos hace tres años, “la debilidad mata”. De hecho, la debilidad y la estupidez siguen matando.

 

La pobreza no genera inmigración

A poco de conocerse la noticia, ZP ha expresado con su más compungida cara de circunstancias, su “dolor” y su idea reiterativa de que la inmigración está fomentada por la pobreza. Ni siente “dolor”, ni la pobreza está detrás de la inmigración. Esta idea reiterativa ya se ha demostrado falsa en muchas ocasiones. Recordamos, sin ir más lejos, cuando en plena crisis de las vallas de Ceuta y Melilla, Jesús Caldera explicó que los que intentaban vulnerar nuestra soberanía e imponer su presencia por la vía del hecho consumado, no se podían contener porque “el salto de las vallas es un problema de pobreza”… Bastó que el comisario europeo Franco Frattini “aflojara” 40 millones de Euros al sátrapa marroquí, para que Mohamed VI al día siguiente la “pobreza” pareciera desaparecer completamente de África a la vista de que, desde entonces, no se han vuelto a producir saltos masivos. Era evidente que esos saltos estaban permitidos por la policía marroquí y, por tanto, por el Mohamed VI para obligar a los “bobos europeos” a que se rascaran los bolsillos.

Ahora la situación se repite de nuevo. Zapatero tiene que ir esta misma semana a Marruecos. En las semanas previas, Mohamed VI ya ha “preparado” el viaje. Primero fueron las avanlanchas de subsaharianos en las aduanas de Ceuta y Melilla, luego el paso franco a las pateras que nuevamente, aprovechando el buen tiempo, volvían a cruzar el Estrecho, ahora ha sido una patera tripulada casi exclusivamente por mujeres y por sus hijos recién nacidos la que va a planear sobre la entrevista Mohamed VI-ZP: “Si tu no me pagas más… los dramas seguirán produciéndose”…

Y Zapatero pagará. Claro que pagará. Pagará en forma de ayuda al desarrollo, pagará en forma de subvenciones a ONGs que enviarán alimentos gratuitos a Marruecos que, una vez llegados, desaparecerán de los circuitos de la beneficencia y reaparecerán en mercados y a la venta, pagará en forma de “acuerdos culturales”, pagará en forma de proyectos de “cooperación”, pagará… es decir, pagaremos todos, pero las comisiones de estas ayudas –¡ah! ¿pero no sabían que todos estos créditos blancos, ayudas y subsidios se firman cuando ya está claro las comisiones que se desvían para todas las partes que las han negociado? ¿acaso creían que los presidentes de gobierno entran por la puerta de La Moncloa con apenas unos ahorrillos y salen cuatro años después convertidos en multimillonarios porque han sabido gestionar sus 5.500 euros mensuales de sueldo?...-

Zapatero lo ignora todo sobre África (de hecho parece ignorarlo todo sobre cualquier cosa, manteniendo un déficit cultural y humano verdaderamente bochornoso para quien ostenta la presidencia del gobierno). Ignora que si bien es cierto que existe hambre en algunas zonas de África, los contingentes migratorios que llegan a Europa ¡no proceden de las zonas hambrientas, sino de las zonas más prósperas! ¿o es que saben de algún tripulante de patera que proceda de Darfur o de los campos de refugiados del Zaire…? No, de hecho, lo que sorprende, es que quienes sobreviven tienen aspecto de estar bien alimentados y de haber podido pagar los 2.500 euros que cuesta la travesía y que incluyen un completo servicio de orientación cuando logran alcanzar la península en todo lo relativo a abogados, derechos, repartos gratuitos de bocadillos, centros de asistencia social, ONGs de apoyo, etc.

El sueño aficano

Si no es la pobreza ¿qué es lo que impulsa a los subsaharianos hacia Europa? Hay varios motivos. África –lo hemos dicho frecuentemente- muere de SIDA, hambrunas cíclicas, desgobierno, dictaduras, epidemias y guerras civiles. ‘Africa es el continente desestructrado por excelencia. Nada funciona buen en África. Y, por supuesto, ni hay asistencia social, ni mucho menos sanidad digna de tal nombre. De hecho, no hay ni siquiera gobiernos que merezcan este nombre y, por no haber, tampoco hay “Estados”. Hay dictadores y tribus, que no es lo mismo.

El modelo “africano” es Samuel Etóo: un tipo que rompe cada mes un Mercedes nuevo o un Porsche y que ha logrado ser respetado por los “blancos” y aplaudido con sólo dar patadas a un balón. Zidane y Etóo son los dos grandes ídolos africanos. Todos los jóvenes quieren ser como ellos. Y sus madres están dispuestas a ponerlos en la recta de ese sueño africano, llevándolos a Europa.

En África el nivel de SIDA es insoportable y en una generación habrá mermado el continente. Aún así, en Sudáfrica no solamente no se adoptan medidas para paliar una epidemia que alcanza al 17% de la población (en Malí es el doble) e incluso se desaconsejan los preservativos para mantener relaciones sexuales. Y no lo desaconseja el brujo de la tribu… sino el ministro de sanidad. Así pues, la crisis sanitaria es irremediable en toda África. Las ONGs europeas ni tienen suficientes voluntarios, ni es el caso, como para tener cerca de todas las parejas que hagan el amor a un “observador” dispuesto a colocarles el preservativo… Ellos deberían poner también algo de su parte.

En África han comprobado además algo que los magrebíes conocen desde hace cuarenta años: los beneficios de la victimización. Saben que en Europa hay gente lo suficientemente boba como para darles todo aquello que pidan sin exigirles nada a cambio. Y eso no es desprendimiento, es, lo repetimos, estupidez. Contra más des, más vendrán en busca del cargo-cult en forma de progre y humanitarista europeo. Vienen a trabajar, claro, pero también a buscar la sopa boba. Y en ello incluimos a las pobres madres que han perdido a su hijo en la patera de Málaga.

Sí, ellas también son culpables. Saben –y lo saben porque las mafias de la inmigración se lo han dicho y, en esto, no les han mentido- que si llegan a Europa con un niño menor de edad, es absolutamente imposible que las expulsen. Repito: absolutamente imposible. Lo lógico sería lo contrario: repatriarlas en las mejores condiciones posibles para evitar que otras mujeres –y en África hay millones de madres como éstas- se decidan a lanzarse a la aventura. Contra más se lancen –es un problema matemático- más morirán en el Estrecho, ellas y/o sus hijos.

Zapatero autor intelectual de la masacre

Pero hay algo más. Todo esta sucesión de muertes absurdas en el Estrecho tiene a un responsable intelectual: el que ha elaborado la teoría que sensibiliza los corazones de los europeos y que no tienen nada que ver con la realidad. El autor intelectual y gran responsable de las muertes en el Estrecho es José Luís Rodríguez Zapatero.

Como todo progre europeo, Zapatero siente una especie de complejo de superioridad respecto a África y a los africanos. Piensa que el destino de estos es vivir como europeos, según los estándares europeos. Si no, la situación de los africanos es “injusta” y de “pobreza”. Pero África no es Europa. El África interior vive en unas condiciones más parecidas al neolítico que a la modernidad. En las zonas de costa, se ha intentado transplantar los estándares de vida occidentales. He visto en cabañas de Lobito y en chozas de Nuachkot, televisores con antena parabólica colocados en el único mueble del habitáculo: una mesa que más parecía ser un altar sobre el que se rendía culto a la TV.

En África, por lo demás, no existe la familia, sino la tribu. La promiscuidad habitual en las relaciones sexuales hace que cada varón tenga relaciones con un cierto número de mujeres que, a su vez, desconocen a ciencia cierta quien es el padre de sus hijos. No será el padre el que los eduque, sino que esta educación es asumida por la tribu. Además, al tratarse en buena medida de zunas rurales, existe una facilidad para acceder a los alimentos básicos. El estilo de vida africano es diferente al europeo y solamente un progre ignorante como ZP puede pensar que para los africanos el mejor estilo de vida no es el suyo… sino el occidental. En esto demuestra su “occidentalocentrismo” y su desprecio por las tradiciones culturales y antropológicas africanas.

Además ZP es un fanático del “mestizaje”, del “multiculturalismo” y de la “sociedad multiétnica”, así que necesita más y más inmigración para seguir poniendo en práctica su magna obra de “ingeniería social”. Es incluso probable que como algunos descerebrados, piense que la mezcla étnica terminará creando una “raza humana mestiza” (lo que algún pensador mexicano llamaba “raza cósmica”) que erradicará por completo la existencia del racismo y de las desigualdades étnicas, conservando lo mejor de cada raza. Esto recuerda aquel chiste contado sobre Bernard Shaw cuando una dama hermosa pero limitada en su intelecto le pidió tener relaciones sexuales para poder alumbrar un hijo “con mi belleza y su talento”, a lo que Shaw repuso: “¿Y qué ocurriría si sale con mi belleza y su talento?”. El chiste es aplicable a las concepciones que ZP se debe forjar sobre etnología y cultura. Por algún motivo, el mestizaje siempre termina resaltando los valores más negativos de los grupos étnicos originarios.

La debilidad mata

El drama –y es un drama en cuanto que muere gente- es que ZP intelectualmente es un cero a la izquierda. Los conceptos que maneja en todos los órdenes (salvo quizás como profesor de derecho) son extremadamente rudimentarios y toscos, así que no hay esperanzas de que entienda la naturaleza del problema. Y el problema es que la debilidad mata.

Si hace cinco años ZP hubiera repatriado por vía de urgencia a todo inmigrante ilegal que arribase a nuestras costas, haría ya cinco años que el problema de la inmigración suicida mediante pateras y caducos se habría terminado. En lugar de eso, ha preferido pontificar como progre buenista que es, sobre la pobreza, sobre el hambre en África, sobre los derechos humanos… y así el “efecto llamada” de 2005, en lugar de disiparse, se ha centuplicado. Es evidente que en ningún poblado africano, nadie pagaría 2.500 euros a las mafias para emprender una aventura que inevitablemente costaría la muerte o la repatriación. Pero, dado que dos terceras partes de los ilegales llegados en cayuco, logran su objetivo y se establecen en suelo español, la aventura suicida prosigue (las mafias evitan hablar de los muertos en el mar) y cada vez más africanos vienen en busca de su sopa boba o dispuestos a transformar a sus hijos recién nacidos en Ronaldinhos, Etóos o Zinades.

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Es con una mezcla de dolor y náusea que escribimos estas líneas. Dolor porque ningún ser humano puede permanecer insensible ante una tragedia que se lleva 19 vidas de las que 9 corresponden a bebés. Y náusea porque se trata de muertos tan inútiles como evitables. Se ignora cuánta gente se ha ahogado en estas aventuras. Hace tres años la Guardia Civil aludió a 3.000, mientras que otras fuentes añaden un cero a la cifra. Es posible. Pero aunque fueran 300 la cosa no cambiaría mucho: ninguno de los supervivientes logrará jamás insertarse en el mercado de trabajo español (en el supuesto de que hayan venido con esa intención y no con la mucho más simple de tener la convicción de que en España atan los perros con longaniza y el Estado lo subsidia todo), en estos tiempos de crisis, los supervivientes lograrán sobrevivir a costa de sobrecargar más y más nuestro gasto social que ya, desde hace una década, va a parar casi íntegramente a la inmigración. Pero también aquí hay pobres y también aquí hay necesitados autóctonos que parecen ser pobres de segunda división. Y ahora, con la crisis a cuestas ¿los proyectos de ingeniería social de ZP son viables? Ni son viables, ni tienen interés racional, son simplemente ensoñaciones de un bobalicón con cuatro ideas progresistas mal aprendidas y peor engarzadas, pero lo suficientemente fanático e inconsciente como para ponerlas en práctica. A pesar de que lo de “intelectual” le cuadre poco a ZP, lo cierto es que él es el único “autor intelectual” de las muertes en el Estrecho.

© Ernesto Milá – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 

 

La pretendida “dureza” de la UE en materia de inmigración se queda en cero

Infokrisis.- ZP rompe el consenso europeo.Gracias a ZP, el plan francés para contener la inmigración ha quedado descafeinado y ha ganado en una ambigüedad que le restará toda eficacia. Antes, los cánceres de cada nación afectaban sólo a esa nación, pero con la UE un cáncer nacido en cualquier país europeo puede afectar a la totalidad de la UE. Los ciudadanos españoles podemos avergonzarnos de que nuestro presidente haya descafeinado el Pacto Europeo de Inmigración y Asilo convirtiéndolo en un documento prácticamente inútil: ni “pacto de integración”, ni “condena a las regularizaciones masivas” estarán presentes.

 

El Pacto Europeo de Inmigración y Asilo, que ha sido acordado por Francia, España y Alemania, fue profundamente modificado respecto al borrador que presentó el Gobierno francés. Se han eliminado o suavizado sus aristas más agudas. Éstas suponían una condena a la política de regularizaciones masivas (y, por tanto, a la realizada por ZP en 2005) y una defensa del contrato de integración (propuesto por el PP en su última campaña electoral).

La ambigüedad presidiendo el Pacto

En el texto del Pacto las regularizaciones no se prohíben… es más, el texto, de ser claro, ha pasado a ser lo suficientemente ambiguo como para que cada país lo interprete a su gusto. Se habla de que la UE admitirá “regularizaciones caso por caso”, añadiéndose que estas regularizaciones masivas no serán sólo por “motivos humanitarios”, sino también por “razones económicas”.

En cuanto al “contrato de integración” pasa a ser sustituido por una ambigua declaración en la que se alude al "equilibrio de derechos y deberes de los inmigrantes". Se dice algo tan evidente como que los inmigrantes tienen como única obligación el "respeto a las leyes del país de acogida". También aquí se ha rebajado el listón obligando solamente a los Estados tomar medidas para "favorecer el aprendizaje de la lengua [por los inmigrantes] y su acceso al empleo".

En el preámbulo del documento se incluyen frases inspiradas por ZP: "La hipótesis de una inmigración cero parece irrealista y peligrosa”, o esta otra: “Las migraciones contribuyen al crecimiento económico de la Unión Europea y de Estados que las necesitan por su situación demográfica y su mercado de trabajo”.

De las antiguas resistencias a la inmigración masiva solamente quedan estos fragmentos: “[...] La UE no tiene medios para acoger dignamente a todos los inmigrantes que buscan una vida mejor. Una inmigración mal controlada puede atentar contra la cohesión social de los países de acogida"… sin embargo, es evidente que las medidas contenidas en el Pacto no van a contribuir a “controlar” la inmigración. Es incluso dudoso que sirvan incluso para atenuarla.

Un documento frustrado

Es evidente que, por sí mismo, ZP no tiene fuerza, prestigio y argumentos suficientes como para imponer nada a la UE y mucho menos a la vista del desastre que ha constituido su política de inmigración. Entonces ¿por qué Francia ha transigido?

La derecha gobierna en Francia y en Alemania (los interlocutores de España en las negociaciones sobre este Pacto) y, especialmente en el primer país, ha subido al poder con un programa claramente anti-inmigracionista. Pero el volumen de los inmigrantes residentes en Francia y la acumulación de errores anteriores de la política gala en esta materia han contribuido a que la situación en los suburbios poblados por inmigrantes sea altamente explosiva y cualquier chispa pueda prenderlos de nuevo. Sarkozy no ha puesto toda la carne en el asador en esta materia para un nuevo estallido en las banlieus. De cara a su electorado, Sarkozy puede esgrimir como argumento: “ZP es un fanático izquierdista”, evitando de paso  un estallido étnico.

En estas condiciones es dudoso que este documento sirva para algo. Cada gobierno lo interpretará a la medida de sus necesidades y compromisos locales y, nuevamente, la posibilidad de que exista una actitud unitaria en materia de inmigración, queda nuevamente abolida. El 15 de octubre el documento será ratificado por la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno a celebrar en Bruselas.

La irresponsabilidad del PSOE

El Gobierno español, que pactó la última redacción en una reunión con el Ejecutivo francés celebrada el pasado 4 de julio en Madrid, se declaró "muy satisfecho"  por el resultado y sostiene que “avala la política de inmigración aplicada por España en los últimos años”...

¿Un triunfo para “España”? Triunfos son la victoria de la selección española en Austria o la victoria de Nadal en Wimbledon: victorias netas, claras y sin discusión. Lo de ZP en el Pacto Europeo de Inmigración es algo muy diferente. La [no]política de inmigración del gobierno socialista ha constituido un fracaso –no un éxito- y ZP ha logrado que el reconocimiento de ese fracaso se soslaye en el documento y éste alcance una ambigüedad tal que permita interpretarlo como un “aval europeo” a su [no]política.

Desde el punto de vista táctico, ZP ha obtenido un éxito “rutilante”… tan rutilante como negar la crisis y conseguir que 12.000.000 de electores se lo crean. Zapatero está yendo de victoria en victoria hasta la desintegración final del país. Porque es evidente que la crisis económica existe (¡y qué crisis!) y es también evidente que la inmigración se ha convertido en un problema capital en nuestro país. Un titular de PRISA puede enmascararlo… pero el problema no desaparecerá.

La irresponsabilidad de ZP no reside solamente en esto. Sus exigencias –España es el país que en estos momentos tiene el mayor problema de inmigración en Europa porque en ningún otro ha llegado tanta inmigración en tan poco tiempo y en ningún otro país existe una estructura económica tan débil como en España- al resto de socios europeos –mucho mejor preparados para soportar crisis económicas y de inmigración- han eliminado la posibilidad de una política única en Europa para la contención de la inmigración.

ZP, en definitiva, hasta hora ha supuesto un cáncer la para identidad española, ha abierto de par en par las puertas a una inmigración en número muy superior al necesario y al que podemos integrar y, finalmente, ha conseguido que el cáncer haga metástasis y se traspase a otros países.

Sarkozy, por su parte, es culpable de decepcionar a sus electores que le exigían actitudes contundentes en materia de inmigración. Claro está que el Pacto es tan absolutamente ambiguo que deja a cada país las manos libres para actuar a su arbitrio. Pero con este plan en la mano, los electores de Sarkozy quedarán ampliamente decepcionados.

 

Aullidos (II). José Luís Rodríguez Zapatero y la “new age”

Infokrisis.- Distintos medios de la derecha han tachado a ZP de “masón”. Si non e vero e ben trovato, a condición de definir que es lo que se entiende por “pensamiento masónico”. Coincidencias haberlas, haylos, pero no con el tronco central de la masonería, sino con obediencias para-masónicas exóticas a su vez próximas a sectores de la “new age”. Todo esto nos lleva al inicio de un estudio sobre las “fuentes ideológicas de ZP”.

Las medidas de Corbacho...

Caldera “el eficaz” no quería empañar su imagen con cuatro años seguidos de malas noticias económicas que se avecinan. Para “Mister eficacia” hubiera sido muy duro tener que poner cara de circunstancias al dar las cifras de paro o de baja de las cotizaciones de la SS. Así que prefirió ceder el cargo a Celestino Corbacho.

Corbacho, da la cara con un aplomo digno de encomio. Hasta ha dado algunas medidas que prometen ser notorios fracasos. Su “plan” establece el retorno de 20.000 inmigrantes en paro que hayan capitalizado su percepción del seguro de desempleo. ¿20.000 solo? ¿Y el resto hasta llegar a los 380.000 actuales que se habrán duplicado en menos de un año?

Su segunda medida estrella es “proponer” limitaciones a la “reagrupación familiar”, ¿ahora lo piensan? ¿limitaciones cuando están llegan mujeres, hijos, abuelos, suegros de inmigrantes desde hace un año y medio acogidos a la reagrupación familiar? ¿ahora piensan en esto? Claro está que ha hecho falta ver las cuentas de las autonomías en materia de asistencia sanitaria para entender que el desembarco masivo de abuelotes llegados de todos los rincones del planeta, no solamente no iba a contribuir a pagar las pensiones de los nuestros sino que iba a acelerar el desplome de la Seguridad Social.

Por lo demás, ni Corbacho ha dicho cuando se aplicarán estas medidas que ni hay fecha para su aprobación por el consejo de ministros (con minúscula, que ya les vale, a tenor de su cualificación). Pero hay que decir algo más sobre Corbacho.

Corbacho y la masonería de l'Hospitalet

Procede de l’Hospitalet, segunda ciudad catalana en volumen de población y primera en porcentaje de inmigrantes residentes. Quien diga que l’Hospitalet es una balsa de aceite es que no conoce la ciudad, no ha paseado por sus calles y no ha oído los comentarios. Servidor si lo ha hecho.

L’Hospitalet es una ciudad “multiétnica” situada al borde del estallido social. Con unos precios de la vivienda disparados (cualquier chamizo de 30 metros cuadrados costaba 30.000.000 de las antiguas pesetas), con unas comunicaciones deficientes, un intrincado tramado urbano, con un 20% de inmigración, ya se produjeron en 2004 protestas vecinales por la presencia de bandas étnicas en algunas plazas públicas. La policía de Corbacho prefirió entonces retener e identificar quienes protestábamos por este estado de cosas, mientras los delincuentes llegados con la inmigración realizaban su “trabajo”. En cierta ocasión, los propios vecinos increparon a la policía de Corbacho, defendiendo a los que protestaban e indican que los delincuentes eran otros…

L’Hospitalet tiene una larga tradición masónica que se remonta a mediados del siglo XIX en donde existían varias logias de las distintas obediencias. Uno de los masones locales, Rosend Arús i Arderiu, acumuló una considerable fortuna y gracias a su munificencia legó la joya de la masonería española actual –la biblioteca Arús- y el actual edificio del Ayuntamiento de L’Hospitalet. Desde entonces siempre la masonería siempre ha tenido presencia en la ciudad e incluso se cuenta que en el interior del propio edificio del Ayuntamiento existe una logia masónica. Por otra parte, es rigurosamente cierto que la masonería ha estado presente en la vida ciudadana de L’Hospitalet. ¿Es masón Celestino Corbacho? No lo puedo afirmar, como tampoco se puede afirmar otro tanto de ZP. De hecho, si ambos nombres están en los registros de afiliados de alguna logia, eso es un problema secundario a la vista de que la masonería es una institución legal. El problema no es ese, sino otro que tiene poco que ver con la masonería como institución. El problema de fondo es que, con demasiada frecuencia, en los últimos tiempos, la masonería europea ha encarnado una línea que nunca ha tenido nada que ver con su patrimonio ideológico. En efecto, la masonería ha sido uno de los motores del lobby inmigracionista en todos los países de Europa.

La masonería anti-tradicional

La masonería ha asumido como propia la ideología de la “multiculturalidad”, las proclamas hacia una “sociedad multiétnica”, los elogios al “mestizaje”, etc. Y es contradictorio que una asociación que, en 1717 nace como evolución de las hermandades de artesanos, es decir, de la mejor tradición europea, termine defendiendo justamente todo aquello que es ajeno y opuesto a la tradición de la que ha surgido la masonería.

La ideología que sostiene ZP y Corbacho es propiamente, la ideología masónica reconvertida por la interpolación en los 40-70 de elementos disidentes del ocultismo de la Blavatsky, grupos inspirados por Alice Ann Bailey y sus grupos para-masónicos (Triángulos, Servidores del Mundo, Buena Voluntad Mundial) presentes en algunas instituciones internacionales (UNESCO, NNUU, FAO).

La ideología de estos grupos es simple: “a un gobierno mundial (de la que las NNUU serían el embrión) corresponde una nueva religión mundial (la propagada por Ann Bailey y algunas tendencias de la New Age) y una nueva raza mundial (de ahí el énfasis en el mestizaje y lo multiétnico)”. Eso daría a la “humanidad” un aspecto “homogéneo” y contribuiría a la definitiva “paz mundial”.

Tal es la ideología y tal es también el núcleo de la ingeniería social zapateriana. A la vista de esto, el que sea o no masón es secundario, porque, al margen de su pertenencia a una estructura masónica, lo incuestionable es la coincidencia del pensamiento para-masónico de Ann Bailey con el de ZP. Pero hay algo más.

Zapatero y la New Age

ZP pertenece a una generación del PSOE que ya no ha leído ningún texto de Marx. Tampoco consta que tenga ninguna afición particular por ninguna tendencia filosófica. Al menos de Guerra se sabía que oía a Malher y leía a Gertrud Stein. De Aznar, por ejemplo, se supo que en su juventud leyó a José Antonio y a Ortega. Pero de ZP hay un misterio absoluto sobre cuales fueron sus “fuentes” ideológicas.

En alguna ocasión hemos estado a punto de decir que ZP es ambición” pura y simple, sin más, ambición de poder y estudio telegénico de cómo acceder a él. Hoy creemos que hay mucho de eso. Pero, evidentemente, hay algo más.

Antes hemos aludido a las ideas de Ann Bailey y de una serie de grupos atrabiliarios, disidentes de la teosofía (en Internet hay toda la información sobre estos grupos y se pueden “bajar” todas las obras –infumables, por cierto- de su inspiradora, de la misma forma que a la sede suiza y neoyorkina de estos grupos se pueden encargar decenas de folletos sobre NNUU, religión mundial, paz mundial, hambre en el mundo, etc., enviados gratuitamente y que demuestran que detrás hay sólidos apoyos económicos y que son grupos ocultistas con voluntad de intervención política). Hemos dicho que estos grupos formaban el alma de una parte sustancial del movimiento conocido por New Age.

La otra parte de este deslabazado movimiento son las escuelas terapéuticas y en concreto las que sostienen la absurda idea de que “el pensamiento construye la realidad”, pero no en el sentido de voluntad y determinación, sino en un sentido mucho más siniestro y casi animista.

Estos grupos de New Age (en torno a Louis Hay, Napoleón Hill, y dos docenas más) sostienen que somos víctimas de nuestros pensamientos positivos, pero que si logramos tener únicamente pensamientos positivos, la realidad nos contestaría adaptándose a ellos. Un libro de Louis Hay se titula precisamente “Los milagros del pensamiento positivo”.

Todos estos libros (y los cursos presenciales que les acompañan) son extremadamente peligrosos y solamente podrían haber surgido del caldo de cultivo del calvinismo americano: Dios ayuda a los justos con la riqueza. Esta idea, laicizada, ha dado lugar a las distintas corrientes del “pensamiento positivo”: “la realidad ayuda a los que piensan positivamente”.

Es evidente que la realidad objetiva responde a leyes perfectamente establecidas. Incluso la economía. Un déficit en la formación personal de alguien no es la mejor forma de contribuir a que encuentre un puesto de trabajo, por muy positiva y justa que sea su vida. Así pues, es frecuente, que cuando algún partidario de estas corrientes se ve decepcionado por la realidad, tienda a explicar su fracaso, porque no ha sido todo lo positivo que debía ser o porque hay algo en él que es fundamentalmente injusto y por tanto Dios o la realidad le dan la espalda.

Y esto nos lleva al presidente del gobierno español. Desde hace un año viene proclamando que no hay crisis en España. En un principio parecía que todo estaba justificado por la proximidad electoral y que, cuando pasaran las elecciones, adoptaría medidas. Hoy es legítimo dudar de todo esto. Da la sensación de que, verdaderamente, el presidente del gobierno considera un error reconocer la existencia de la crisis, se limita simplemente a no pensar en la crisis y a… pensar positivamente. Se le ha escapado en alguna ocasión (en la SER cuando creía que e micrófono estaba cerrado). A estas alturas –y a falta de datos sobre su formación intelectual- es lícito pensar que los únicos de “fuentes” intelectuales que dispone ZP es ese pensamiento newager.

Los cursos y los libros sobre pensamiento positivo son, literalmente, infames. Sustituyeron a finales de los años 50 a los manuales escritos habitualmente por jesuitas que trataban los temas de ayuda a la formación de los jóvenes y ayuda a adultos con problemas de conciencia. Habitualmente, estos manuales repiten las mismas ideas una y otra vez con distintas frases: “hay que ser positivos”, “hay que creer en lo que hacemos”, “hay que desterrar la negatividad de nuestro entorno”, “aunque no lo percibamos inmediatamente el pensamiento positivo crea una realidad igualmente positiva”, etc.

¿Empiezan a comprender ustedes la política de ZP? Entre Ann Bailey y Louise Hay nos ha caído una buena. Claro que peor hubiera sido si ZP de jovencito se le hubiera ocurrido leer algún texto de la Comunidad de Findhorn (emblemática en el ámbito de la New Age) que sostenía la necesidad de “hablar con las fuentes y con los árboles”… claro que hay ministro que parecen leños. Como diría el anuncio de “Aquarius” (otra referencia de la new age): “El ser humano es extraordinario”.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

Aullidos (I) Como si aquí no pasara nada. Aquí ha pasado mucho y pasará mucho más

Infokrisis.- En los últimos meses hemos evitado introducir comentarios sobre el tema de la inmigración ilegal y masiva a la vista de que lo que teníamos que decir lo decimos a través de la revista Identidad. Sin embargo, en estos últimos días, el espacio que una revista convencional puede publicar cada mes es insuficiente para incluir todos los elementos de crítica a la actual política del gobierno socialista en materia de inmigración. De ahí que reemprendamos, siquiera por una vez, los artículos de seguimiento del fenómeno de la inmigración y del drama político español.

El gobierno no ha aprendido nada

Jesús Caldera fue uno de los peores ministros que haya tenido el globo, incluidos los peores ministros de los peores países del más olvidado rincón del Tercer Mundo. Su “regularización masiva” de 2005 fue suficiente como para calificarlo de irresponsable y, por sí misma, mucho más que la entrada de España en la guerra de Irak, sirvió por sí misma para que ZP recibiera todas las collejas posibles de sus colegas europeos.

Tras esta regularización masiva y el efecto llamada que siguió, Jesús Caldera no volvió a levantar cabeza. El hecho de que redactara el programa electoral del PSOE en las últimas elecciones, es significativo del nivel intelectual de este partido. Pero hay que decir algo a favor de Caldera: tuvo un sexto sentido para retirarse antes de que lo vapulearan en la siguiente legislatura. En efecto, Caldera pudo incluir en el programa (y en la línea táctica que lo acompañaba) que el gobierno ZP lo había hecho a la perfección en todos los terrenos y, especialmente, en materia económica. Era todo un puro falseamiento de la realidad. El gobierno ZP no había acertado en ni un solo terreno en el que había intentado hacer algo diferente a lo que hizo el PP. Pero quedaba lo peor: la crisis existía y de qué manera y, sobre todo, iba a ser una crisis social (lo que Caldera tenía muy claro), pero también una crisis étnica (lo que las neuronas de Caldera ni siquiera son capaces de intuir).

Así que prefirió retirarse con buena paga, poco trabajo y ninguna responsabilidad a la “fundación de fundaciones” que el PSOE quiere propiciar, declarando pomposamente que será el “laboratorio de ideas”. Y algo falla porque Caldera e “ideas” son conceptos incompatibles.

12.000.000 de votantes que se han hecho daño a sí mismos

Lo peor no es que un perfecto inepto aspire a dar ideas a una izquierda europea que ha demostrado carecer de ideas. Si la izquierda europea ha quedado completamente en la cuneta y en España no es, sin duda, porque aquí la derecha se mueve en unos niveles de pobreza intelectual similares a los del PSOE, sólo que el PSOE logró con la telegenia de ZP un marketing más eficaz, mientras que el labio de Acebes y el aspecto amacarronado y chulesco de Zaplana no contribuían precisamente a hacerle ganar electores. Lo peor, decimos, no es que el gobierno haya estado cuatro años en la inopia y haya ganado las elecciones del 9-M gracias a una mentira y un muerto (desde luego, mucho menos dramático que ganarlas con 192 muertos) sino que lo peor es que el gobierno no haya extraído apenas conclusiones de cuatro años de fracasos en todos los terrenos.

A decir verdad, pensarán los Zapatero y los Caldera: “si hay 12.000.000 de gilipollas que nos han votado haciéndolo todo mal, ¿para qué diablos vamos a modificar nuestra línea política?”. Gilipollas es, según el diccionario de la RAE, todo aquel cuyas acciones contribuyen a hacerle daño a sí mismo. Solamente algunos beneficiarios del gobierno socialista saldrán indemnes, pero lo cierto es que buena parte de esos 12.000.000 de electores se verán tan afectados por la crisis como los votantes del Partido por la Paz Cósmica o del Partido del Cannabis. El problema es que los votantes socialistas no estarán completamente flipados –como los de estos dos partidos emblemáticos de la España del cuelgue y el cebollaza- para ignorar las consecuencias de su voto.

Del antiterrorismo a la inmigración: contumacia

La detención de “Thierry” y de sus compañeros suponía una acción policial encaminada a eliminar de la dirección de ETA a los contrarios a la negociación y a aquellos elementos opuestos a “José Ternera”. Era una detención selectiva que aspira simplemente a crear dentro de ETA las condiciones necesarias para una nueva negociación (más discreta y que si ZP logra cerrar antes de 2012 posiblemente le sirva para desviar la atención del caos económico y alardear de un éxito en materia antiterrorista). Dicho con otras palabras: ZP sigue barajando la carta de la negociación con ETA como forma de acabar con el problema. De momento, su anterior veleidad en la materia ya dinamitó el Pacto Antiterrorista.

Pero si hay otro terreno en el que ZP no se haya enmendado es en el de la inmigración masiva. Y esto es importante porque, con toda la que ha caído resulta absolutamente injustificable que ZP se haya negado a firmar lo que proponía Francia sobre prohibición de nuevas regularizaciones masivas en el ámbito de la UE. La razón que ha dado López Aguilar es que los mercados laborales pueden subir y bajar y mañana podemos necesitar más mano de obra extranjera, por tanto, ha dicho textualmente “no podemos atarnos las manos”…

Sería imposible condensar más estupidez humana en menos letras. No hoy, cuando ya hay 6.000.000 de inmigrantes y solamente cotizan a la seguridad social algo más 1.400.000, sino desde 2001, ¡sobran inmigrantes en España! Su presencia no ha servido para “cubrir puestos vacíos”, puesto que el paro nunca ha descendido de 1.500.000 y puesto que a lo único que ha contribuido la inmigración es a regular a la baja –incluso a la muy baja en el sector servicios- los salarios.

Pero lo más sorprendente es el “optimismo” -propio del gilipollas- de López Aguilar que –a lo mejor por ignorancia- cree que la crisis se resolverá mañana y que en un año se absorberán los 2.500.000 de parados a los que nos encaminamos y harán falta otros 2.500.000 millones de inmigrantes para “cubrir puestos de trabajo”…

¿Puestos de trabajo? ¿de qué? ¿de qué sectores? Dado que el gobierno ZP (como ayer el de Aznar) no se enteraron de que la crisis es estructural y no coyuntural y de que aquí lo que hace falta es un cambio de modelo económico y éste precisa un mínimo de 5 años para surtir efectos desde el momento en que se aprueba, hay que pensar que “el no atarse las manos” que decía López Aguilar es un nuevo y estúpido gesto de inmadurez, falta de preparación para gobernar e incluso ignorancia supina de lo que está pasando en la sociedad. ¿Ignorancia? Sí, de ZP hacia abajo, todos, ¡por que resulta absolutamente increíble que no haya en el PSOE ni una sola voz discordante del discurso único pro-inmigracionista. Ni un afiliado con personalidad, ni un afiliado que pertenezca a la cuota de “hombres que tienen redaños para decir la verdad”.

Estamos en el atrio de la crisis

El gobierno español sostiene que el único culpable de la crisis es la subida del petróleo… Si era eso, bastaba con bajar impuestos que gravan a los carburantes y todo hubiera seguido igual. Y si se trataba de la escasez de petróleo con estimular el cultivo de biodiesel en las cada vez mayores extensiones de tierras de cultivo abandonadas en nuestro país, era posible contrabandear la crisis.

El gobierno sabe que no es eso lo que está ocurriendo sino algo de mucha mayor envergadura:

1)     Lo que ha fracasado es la globalización y su autopista de doble circulación (de Norte a Sur, la deslocalización empresarial y de Sur a norte, la inmigración masiva).

2)     Lo que ha fracasado es la estructura económica de España y el modelo económico basado en la especulación y el ladrillo desde las profundidades del felipismo, además de en los contratos basura y los salarios de miseria.

3)     Los costes de mantenimiento de un Estado sobrecargado en burocracia y sin duda el más pesado y tensionado de toda Europa. En período de “vacas gordas” no había problemas, pero a la hora de las “vacas flacas” todos los niveles administrativos, endeudados, reclaman su parte.

4)     El deterioro de la clase política, la connivencia de los grupos mediáticos y económicos con facciones de la clase política que nos ha llevado de ser una “democracia formal” a ser una “plutocracia real” en donde el único poder que cuenta es el poder del dinero.

La gravedad de la crisis mundial remitirá –o no- pero, aunque remitiera, ninguno de estos elementos presentes en España de manera especial y en Europa en distintas medidas, seguirán incidiendo negativamente sobre la situación.

Todo esto rebasa la formación intelectual de Zapatero y de su equipo ministerial hecho a medida del Principio de Peter sobre los distintos niveles de incompetencia. Así que nada buena, ni siquiera nada mediocre, puede esperarse para salir de la crisis económica.

Para acabar de arreglarlo, la persistencia del gobierno en no reconocer jamás sus errores y en persistir en ellos llevarán inevitablemente a consecuencias indeseables. En 2010, los 6.000.000 de inmigrantes se habrán transformado en 7.500.000 como mínimo. Y será una suerte porque algunos preveíamos que entre 2010 y 2012 se llegaría a los 10.000.000 de inmigrantes. Pero todavía estas cifras pueden modificarse.

En efecto, la situación en el Magreb sigue siendo tan explosiva como hace un año y medio y no ha remitido ninguno de los elementos coadyuvantes a un estallido social que se adivinan en el ambiente del norte de África desde principios del milenio. Estos países, por lo demás, no pueden evitar la presión demográfica del África Subsahariana… creer que se puede alejar el riesgo de llegada de riadas de inmigrantes a Europa sin necesidad de asumir medidas de dureza inaudita, es cada vez más ilusorio.

Ni la Directiva Europea del Retorno (a aplicar dentro de 2 años y que apenas contribuirá a resolver la cuestión de los ilegales), ni mucho menos las torpes medidas propuestas por Corbacho (limitar la reagrupación familiar y subvencionar el retorno de los parados) paliarán los efectos más demoledores de la crisis. La paz social ha terminado. La paz étnica puede terminar en cualquier momento y no solamente en España sino en toda Europa.

Pero para ZP todo el problema consiste en retomar la negociación con ETA, contentar a sus cada vez menos aliados, generar “pensamiento positivo” en torno a la crisis económica y enarbolar la mejor de sus sonrisas al a hora de echar la culpa de todo al “precio del petróleo” (que para él es como el precio del cafelito…, que si se entera del verdadero le da un disgusto).

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

MILICIA: introducción a la obra de próxima aparición

Infokrisis.- Publicamos la introducción  la obra Militia, próxima a aparecer.En las 300 páginas de este libro se contesta a tres preguntas esenciales: ¿para qué fue creada la milicia? ¿a que leyes obedece? y ¿cuál es el futuro de la milicia en el siglo XXI? En su conjunto, esta obra supone un repaso a la tradición guerrera y un intento de recuperar una forma de ser para nuestro momento histórico.

 

M I L I T I A

 

Introducción

Los hermanos luchan y se dan muerte,

los sobrinos carnales quebrantan la estirpe;

malo es el mundo;

tiempo de espadas, tiempo de sangre,

se quiebran los escudos,

tiempo de viento, tiempo de lobos,

hasta que acabe el mundo:

nadie quiere ser indulgente con el otro.

Edda. Poema de los dioses. Poema de la pitonisa

 

En esta obra no vamos a glosar un mundo feliz, sino al mundo que ha sido siempre, y que volverá a ser. Un mundo que hemos olvidado en Europa y que apenas lo tenemos como un espectáculo lejano y distante: el mundo como conflicto. Enst Jünger recordó en un libro que la guerra era “nuestra madre” y tenía mucha más razón de la que incluso él –miembro de la legión extranjera francesa, luego de las tropas de asalto durante la I Guerra Mundial, más tarde oficial de la Wermacht en la Segunda y siempre, hasta sus 102 años, escritor de talento– pretendía tener. 

En realidad, si ha existido evolución y el ser humano ha podido sobrevivir frente a otras especies mucho mejor adaptadas biológicamente a un entorno hostil, ha sido gracias a que fue la única que aprendió a manejar armas. Las armas han sido nuestras eternas compañeras desde que un hombre primitivo, tomó una mandíbula de herbívoro como puñal y un fémur de gacela como porra. De otra manera nos habríamos extinguido. El arma fue la cristalización física de nuestro instinto de supervivencia. Con el tiempo, se hizo evidente que algunos seres humanos estaban mejor dotados para el manejo de las armas y el combate y de ahí surgió la casta guerrera; formada por los defensores de la comunidad, procuraba alimentos cazando o defendía las cosechas. La creciente complejidad de la civilización y la ampliación de las comunidades, fueron los elementos que modularon esta casta y la transformaron en milicia.

Desde el principio, la milicia fue capaz de dotarse de unos valores que la diferenciaban de las dos otras castas. Y el primero de todos fue entender que lo comunitario estaba por encima de lo individual. La terrible verdad de esta casta fue desde el principio asumir que el guerrero no es nada y su comunidad lo es todo; la casta guerrera, en su terrible simplicidad, aprendió pronto a dar y a recibir la muerte. La defensa de la comunidad así lo exigía. Horacio Cocles, sólo con su espada, cierra el puente que da acceso a Roma y muere luchando contra los bárbaros, pero sus compañeros, aprovechan su sacrificio para destruir el puente y cerrar las puertas de la ciudad al invasor. El 29 de mayo de 1453, durante el asedio a Constantinopla, en la puerta de San Romano, los turcos logran penetrar en el recinto amurallado. El Emperador Constantino se despoja de sus insignias imperiales y carga codo a codo junto al noble castellano Francisco de Toledo y sus soldados que recibían órdenes, vitoreaban a Dios y blasfemaban en nuestra lengua. Fue la última carga cristiana en defensa de las libertades bizantinas. Gracias a ella, algunos civiles consiguieron huir del exterminio que les esperaba. Ejemplos como estos son frecuentes. No es solamente el cinematográfico Forrest Gump, uniformado de marine de los EEUU, quien retrocede hasta la zona batida por los morteros del Vietcong para salvar uno tras otro a sus compañeros, es Leónidas y sus trescientos espartanos bloqueando las Termópilas para permitir que las ciudades griegas se preparen para afrontar la invasión asiática, es aquel humilde soldado que fue Miguel de Cervantes, debilitado por la fiebre que pide situarse en el esquife de su galera en Lepanto, es Harald Hardrada luchando en el Puente de Stanford hasta la muerte para “conquistar veinte pies de tierra inglesa”, es la legión extranjera francesa masacrada en Camerón, o la Guardia napoleónica que “muere pero no se rinde”, o, más simplemente responde con un sonoro “mierda” a la oferta de rendición, son los soldaditos españoles en Baler, los “últimos de Filipinas” cumpliendo la orden de resistir hasta más allá del deber y lo racional, son los submarinistas de la Xº Flotiglia MAS hundiendo buques ingleses en la bahía de Suda, en Alejandría y Gibraltar, son los Tercios de Flandes en el sitio de Mastrique o la carga enloquecida de Gerard de Ridefort al frente de sus templarios en San Juan de Acre, rememorada en Balaclava en la Guerra de Crimen por la Brigada Ligera, son los últimos defensores del Berlín destruido que luchan sin esperanzas, fieles a su juramento de “honor y lealtad” en abril de 1945… es toda una teoría de heroísmo ininterrumpido que, finalmente, termina constituyendo lo que hemos llamado, la “tradición guerrera”, el objeto de este estudio. Porque en esto reside la grandeza de la milicia: si bien el guerrero sólo tiene valor en tanto que encuadrado anónimamente en una unidad de combate, es decir, como ente comunitario, finalmente, la figura del “héroe” emerge de forma natural y conquista un valor y una personalidad que puede figurar por derecho propio junto al científico o al asceta. Hubo un tiempo en el que el “héroe” a través de su esfuerzo y de la “prueba del combate” conquistaba la inmortalidad, como Hércules había conquistado la suya a través de sus “doce trabajos”. Aparentemente, resulta paradójico que muchos de quienes aceptan el anonimato de una formación de combate, destaquen como héroes, simplemente, cumpliendo con su deber.

Todo esto parece difícil de comprender en nuestros días. Hemos podido oír a ministros de la defensa explicar con una seriedad pasmosa que “prefieren morir a matar”, aun cuando, evidentemente, ni estén dispuestos a arriesgar un pelo en uno u otro sentido. Hemos podido oír a demagogos que nos explicaban que la pobreza en el mundo se debe solamente a los gastos armamentísticos. Hemos oído a pacifistas que jamás han conocido ni estado en condiciones de imaginar las destrucciones los campos de batalla, abominar de los desastres de la guerra, sin calibrar lo que está en juego en los conflictos y eludiendo el hecho de que hay “paces” mucho más crueles y criminales que los conflictos. Con demasiada frecuencia “paz” no es sinónimo de “normalidad”. Hemos visto a terroristas kosovares transformados en bandidos de butrón y palanqueta en nuestro propio país, vulgares chorizos del tres al cuarto. Hemos visto a jóvenes antimilitaristas negarse, no sólo a aprender a manejar un arma (lo cual podría ser compresible), sino incluso a realizar la antigua “prestación social sustitutoria” (lo cual resulta una intolerable muestra de egoísmo, insolidaridad y mezquindad). Hemos visto como cualquier humorista del tres al cuarto se cuidaba mucho de no ofender a los islamistas a la vista del percal que cortan, pero no tener el más mínimo inconveniente en multiplicar, semana tras semana, ironías y burlas innobles hacia las Fuerzas Armadas. Hemos visto la miseria de una época, en definitiva.

Hoy la milicia no tiene buena prensa en nuestras sociedades. Muchos la consideran algo inútil y se preocupan de asignarles las tareas más absurdas en los lugares más alejados del planeta en los que nuestra defensa nacional no tiene nada que ganar. Militares muertos en el Yakolev-42, enviados otros a Haití al mando de oficiales marroquíes (nuestro adversario geopolítico), otros enviados a morir en Afganistán o en Palestina (¿qué diablos se nos habrá perdido allí?) después de regresar de Iraq (¿que se nos perdió allí? ¿por qué tuvieron que ir a morir en defensa de nada algunos de nuestros muchachos?), fragatas escoltando a portaviones americanos en misiones de bombardeo a la frontera sirio-iraquí, aviones españoles bombardeando infraestructuras yugoslavas por encargo de la OTAN -esto es del presidente norteamericano- navíos de la armada enviados a rescatar pateras y cayucos y a vigilar las inmersiones subacuáticas de la esposa de Zapatero; nuestros muchachos tiroteados en el Congo y en Haití; atravesando campos minados en Afganistán; aviadores y aparatos españoles vigilando los cielos de los Países Bálticos (si, de los Países Bálticos, dado que estos países carecen de cazas para asegurar la integridad de su espacio aéreo); desembarcando en las cálidas playas del Líbano para interponerse entre el Ejército judío y la milia de Hizbullá… No puede extrañar que con tareas de este tipo, nuestras Fuerzas Armadas no sean “comprendidas” por la sociedad, de hecho, ni siquiera en la propia milicia se comprenden acaso por que son incomprensibles. Esta dispersión de “misiones” sin que exista la más mínima coherencia entre sí, ni la más mínima pauta estratégica, sino impulsada por conveniencias políticas, consideraciones electorales o ensoñaciones humanitarias ignorantes, es muestra del despiste del gobierno español en materia de Defensa.

“Defensa” es asegurar la integridad territorial de la nación, algo fundamental en estos momentos en los que diariamente nuestras fronteras se ven asaltadas por oleadas de inmigrantes inintegrables e innecesarios; hoy entran riadas de inmigrantes, mañana esas mismas rutas pueden ser recorridas por millares de terroristas y saboteadores. Pero, al parecer la integridad del espacio aéreo letón –no amenazado por nadie- es más importante para nuestras autoridades. “Defensa” no es enviar sistemáticamente a nuestros militares como turistas armados a los cuatro rincones del planeta. Y, además, con riesgo de morir. “Defensa” es asegurar la integridad territorial y la seguridad de una Nación. Algo que los últimos ministros de Defensa ignoran por completo, atrincherados en la ecuación “milicia = ONG en uniforme”.

Ante semejantes misiones, cumplidas con dignidad, frecuentemente con heroísmo y siempre con disciplina, podemos entender la distancia con que la incomprensión con que la sociedad española contempla hoy a sus Fuerzas Armadas. Pero no siempre fue así, ni siquiera en la actualidad debería ser así.

España fue civilizada por las Legiones Romanas. España alcanzó una mínima forma de Estado independiente con un pueblo guerrero, los visigodos. España volvió a ser gracias a ocho siglos de combates contra el Islam. España se convirtió a su vez en Imperio civilizador en América (justo es recordar que España civilizó, no masacró, por mucho que les pese a los Evos Morales del subcontinente que no encuentran mejor excusa a su pobreza actual que una colonización que terminó hace casi 200 años y que duró, efectivamente, apenas algo más de 250 años) gracias a sus “conquistadores” y gracias a los Tercios de Flandes pudo evitarse durante un siglo la fragmentación de Europa hasta la Paz de Westfalia, cuando las galeras de Juan de Austria ya habían contenido a los otomanos. Y así sucesivamente. Parafraseando a Goethe, podría decirse que somos enanos sobre hombros de héroes.

Queremos aportar algo para paliar el alejamiento que unos sienten hacia las fuerzas armadas, o incluso para desmontar la sobreactuación hostil de pacifistas cuya banalidad argumental y ceguera analítica resulta exasperante. Incluso aspiramos a aportar algunos argumentos a aquellos que sienten necesaria la presencia de las Fuerzas Armadas en la sociedad del siglo XXI. El razonamiento que planeará a lo largo de estas páginas es que una sociedad que renuncia a defenderse de los posibles ataques que puedan surgir del exterior o del interior, es una sociedad que ya está vencida y derrotada. Una sociedad de esclavos.

El lector no deberá perder de vista algo que frecuentemente solemos olvidar, a saber: que el conflicto ha sido el estado natural de la humanidad y que solamente desde 1945, y solamente en Europa Occidental, hemos vivido sesenta años de paz. Pero no existe ninguna garantía de que esa situación se prolongue hasta el infinito. Más bien, todo induce a pensar que, lamentablemente, esta situación tendrá, mal que nos pese, un fin y que corremos el riesgo de que cuando eso ocurra no estemos dispuestos para los retos que se nos presenten. Conflicto de civilización, agotamiento de recursos energéticos e hídricos, configuran un futuro poblado de densos nubarrones. Tal es el panorama.

La crónica de la vida de las naciones ha permitido grabar a fuego esta ley en la historia de la humanidad: los pueblos que renuncian a defenderse son pueblos que sucumben a sus vecinos; la vida de los pueblos está regida por la ley de la competencia, el débil es dominado por el fuerte, mediante la guerra o la política (entendemos a la política como la “continuación de la guerra por otros medios”); el débil alimenta al fuerte a costa de sus recursos; esto fue cierto en las sabanas africanas hace medio millón de años en la aurora de la humanidad y sigue siendo cierto en nuestros días. La condición humana tiene aspectos problemáticos y desagradables, pero no podemos esconder la cabeza y pensar que un día desaparecerán el instinto territorial, el instinto de agresividad o el instinto de supervivencia; o creer que algún día desaparecerán las constantes geopolíticas que condicionan las conductas de los gobiernos; o que mecanismos tan complejos como las sociedades modernas pueden seguir funcionando eternamente con energías fósiles que, día a día, van agotándose y pensar que de ahí no van a surgir tensiones futuras.

Entiéndasenos bien. Educar para la democracia es bueno. Lo sabían en las ciudades griegas. Atenas fue la cuna de la democracia, pero Atenas no dudó en tomar las armas en defensa de sus libertades y ni uno solo de sus ciudadanos pensó disponer de razones suficientes para eludir el compromiso. El impulso de Alejandro Magno llevó a las ciudades griegas hasta las puertas de Afganistán. Tanto en la Grecia Clásica como en la Roma Republicana y en los primeros tiempos de la Roma Imperial, solamente podían ostentar cargos públicos los que habían pasado por las legiones. Hoy esto sería difícil, sino imposible. La Educación para la Ciudadanía (la antigua Formación del Espíritu Nacional rediviva por ZP) se convierte en un fin en sí mismo y se amputa la parte complementaria del programa: en ocasiones es preciso defender la democracia y las libertades que la acompañan de manera decidida, contra adversarios interiores y exteriores, con las armas en la mano. Unas cuantas páginas de esta obra van a estar dedicadas a aludir a las relaciones no resueltas entre democracia y milicia. Es falso -y falsamente tranquilizador- el lugar en el que la democracia ha situado a las FFAA en los países occidentales: a su servicio, es decir –no nos engañemos- al servicio del partido que está en el poder, al servicio de la plutocracia, esto es, del poder del dinero. Y dadas las frecuentes oscilaciones políticas, se corre el riesgo –como ya ha ocurrido- de hoy defender A y mañana defender no-A. Bien, esto puede ser aceptable y legal, en tanto que constitucional, pero no es legítimo: las FFAA no pueden reducirse al papel de convidados de piedra, y frecuentemente convertidas en pim-pam-pum de antimilitaristas y pacifistas para mayor gloria de la libertad de expresión; una libertad, por cierto, que, a su vez, los miembros de la milicia no pueden ejercer sin menoscabo de sus hojas de servicio. Negar que existe una contradicción fundamental entre la estructura jerárquica, unitaria y disciplinada, las FFAA, y la estructura igualitaria, polimorfa y liberal de la sociedad política, es negar la realidad y refugiarnos en tópicos tranquilizadores. Se acepta que las FFAA tienen que estar al servicio del poder político –lo cual parece razonable-, pero se olvida que ese poder político no es unitario y que, frecuentemente en apenas seis meses puede cambiar y adoptar medidas contradictorias que afecten a las FFAA de manera radical: “ir a Irak”, “volver de Irak”, “enviar fragatas a Irak”, “ir a Afganistán”, “ir más a Afganistán”. “ir a Kosovo”, “volver o no volver de Kosovo, pero no creer en Kosovo independiente hoy, aunque quizás si creer en Kosovo independiente mañana”… Y, al parecer, el hecho de que la Constitución sitúe a las FFAA a las órdenes del gobierno de turno, hace superfluo cualquier explicación y discusión sobre la naturaleza de las misiones encomendadas. Por lo demás, lo hablado en el parlamento, tanto en este terreno como en cualquier otro, es un diálogo de sordos cansino y repetitivo. Creemos, en definitiva, que a pesar del consenso entre medios de comunicación, partidos políticos de derecha e izquierda, y grupos económicos, todavía no se ha situado a las FFAA en el papel que les corresponde en las democracias occidentales. Y, tarde o temprano, va a hacer falta revisar esta situación

En los peores momentos de la “intifada en Eurabia” (los disturbios provocados en los suburbios franceses por inmigrantes e hijos de inmigrantes en el otoño de 2005), los alcaldes de algunas poblaciones pidieron la intervención de las FFAA para restablecer el orden. En los EEUU, ante la presión migratroria del sur, la Guardia Nacional ha sido enviada para resguardar la frontera de Río Grande y evitar que millones de inmigrantes fuercen la legalidad del Estado. Ante cualquier catástrofe natural solamente las FFAA (y no la mayoría de ONGs generosamente subvencionadas) están en condiciones de prestar ayuda. Lo vimos durante la inundación de Nueva Orleáns, pero también en nuestro territorio, ¿podemos olvidar que las costas gallegas fueron el destino de miles de voluntarios al verse invadidas por el chapapote, pero que, solamente la crisis amainó con el desplazamiento de unidades militares a esa zona o que los incendios que asolaron Galicia en el verano del 2006 solamente fueron extinguidos tras la llegada de unidades militares? ¿Hubiera sido tan penosa la participación española en el conflicto de Irak si se hubiera consultado preceptivamente el criterio de las FFAA para sellar nuestra intervención o bien para certificar nuestra retirada y hacer una cosa u otra con criterios estratégicos y no por conveniencias políticas mal definidas? Un presupuesto bajo -sino ridículo- de Defensa ¿puede bastar para asegurar las tareas de protección e integridad del territorio nacional? Lo que es “políticamente correcto” en la sociedad ¿debe serlo también necesariamente en las FFAA? ¿Tienes sentido el que a una milicia a la que se exigirá el sacrificio supremo en el momento de la verdad, cobre sueldos que impidan la formación de una familia, por debajo de cualquier otro cuerpo funcionarial, tal como está ocurriendo con nuestros soldados profesionales? ¿Puede asumirse como normal el hecho de que habitualmente se elijan ministros de defensa a boleo y solamente entre hombres de confianza del poder político –por aquello de que para el poder político, de las FFAA solo cuentan, en buena medida, la “información militar”– y mujeres embarazadas –por aquello otro de la imagen “rompedora” que pretende un gobierno que no es más que imagen– sin el más mínimo conocimiento de la milicia, de la defensa nacional o de los armamentos y el estilo militar? A ningún gobierno se le ocurriría nombrar ministro de agricultura a alguien que lo ignorara todo sobre el campo, o ministro de economía a un licenciado en historia, o de sanidad a un autor teatral y así sucesivamente; sin embargo, cualquiera segundón o cualquier hembra de cuota, ya que no de tronío, vale para ministro de defensa, con tal de que sea “de confianza”. No puede extrañar que la transición del ejército de leva al profesional fuera un desastre y que, a partir de ahí, esté resultando muy difícil mantener lo que queda de las FFAA. En esta obra diremos algo sobre tales cuestiones.

Y hablaremos, sobre todo, de valores. Miren: estamos persuadidos objetivamente de que tenemos ante nosotros un futuro sobre el que se ciernen sombras amenazantes. La tranquilidad y el bienestar de las últimas décadas han operado un efecto narcotizante y deletéreo sobre el espíritu de las poblaciones y las clases dirigentes occidentales. Pero esto no durará siempre. El mero hecho de que exista la posibilidad de una crisis futura debería obligar a actuar en consecuencia. A fin de cuentas, gobernar es también prever. No solamente nuestras FFAA no están en condiciones de asegurar un conflicto de corta duración, sino que nuestra propia población se desplomaría moralmente ante la mera posibilidad de ese conflicto. Nuestro sistema educativo ha formado a promociones de jóvenes dotados de valores “finalistas” fuertemente arraigados. La paz, el progreso de los pueblos, la fraternidad universal, la solidaridad intercultural, la tolerancia, la ayuda al desarrollo, se han enseñado en las escuelas y han impregnado a nuestros jóvenes. Lamentablemente estos valores humanistas, idealistas, difusos, abstrusos y confusos, no han estado acompañados por la transmisión de valores “instrumentales” que deberían de guiarles en el día a día, en lugar de inspirarles solamente un venturoso y radiante futuro utópico. Esfuerzo personal, espíritu de sacrificio, autocontrol, fidelidad a la palabra dada, valor, capacidad de análisis y objetividad, conciencia de sí mismo, constancia, valor de la memoria, etcétera, al estar ausentes de los programas de enseñanza se convierten en la madre de todos los fracasos sociales posteriores. Tenemos adolescentes educados en la tolerancia, pero incapaces de ayudar a sus padres en las tareas domésticas, capaces de solidarizarse con las víctimas de cualquier catástrofe natural en Papuasia o en las Galápagos, pero incapaces de esforzarse en los estudios o comportarse con corrección y educación en el hogar. Los hay que predican la multiculturalidad y la tolerancia, pero se muestran incapaces de autocontrolarse en las relaciones con sus padres, con sus hermanos o con sus compañeras. La educación actual es una educación chusca e inútil, capaz sólo de fabricar tontos en serie. Lo lamentamos, pero creemos que no vale la pena utilizar un lenguaje más sofisticado ni razonado para describir al actual sistema educativo español. El que quiera comprobarlo que acuda a las puertas de un colegio público o hable con los profesores.

Pues bien, estamos persuadidos que, ante las crisis que intuimos en el horizonte, va a ser preciso, lo antes posible, rectificar los valores educativos que hoy transmite nuestro maltrecho y peripatético sistema de enseñanza. ”Educar para la ciudadanía” (sea lo que sea, si es que es algo) en lugar de “Educar el carácter” (por que el carácter y el estilo que forma, lo son todo), es evidenciar una ceguera que hace tiempo se ha instalado entre las autoridades del ministerio. Los valores “finalistas” trasmitidos por el sistema educativo han mostrado con creces su nulo impacto (por no decir su impacto negativo) y su ineficacia. Nunca la escuela ha estado tan postrada, ni ha cumplido tan escasamente su función formadora del carácter. De la escuela moderna no salen personalidades sólidas sino una mayoría de individuos coriáceos que se desmadejan a la primera dificultad.

Hace falta encontrar valores de reemplazo, capaces de constituir el armazón interior de los individuos para hacer frente a las crisis que se avecinan. Un par de generaciones pueden resultar demolidas y hundirse moralmente el día en que pidan una “pizza” y nadie conteste al otro lado del teléfono, pueden caer en la desesperación y la crisis interior más absoluta si encienden la TV y solamente aparecen canales muertos, o si la discoteca de la esquina se ha cerrado y nadie sirve “perica”, “costo” o “rulas” y no hay energía para alimentar sus focos, la intensidad de sus decibelios o los ritmos sincopados sin fin… Y no digamos si a gente educada en el actual sistema de valores se le pide que “dé algo” por su comunidad: “¿Y a mí que coño me importa? ¡yo, a lo mío! ¡anda y que le den pol culo a la comunidad!”.

La cuestión de fondo es: cuándo se ha llegado tan lejos en el proceso de demolición de la cohesión social y comunitaria ¿cómo se puede remontar el bache para forjar un nuevo modelo educativo capaz de insertar valores en condiciones de afrontar a las crisis que vendrán? La política de paños calientes ya ha dado todo lo que podía dar. Y solamente se nos ocurre una respuesta: recurrir a los valores que todavía hoy se enseñan en las academias militares.

En esta obra vamos a repasar algunos de estos valores y lo vamos a hacer, en ocasiones, repasando la historia de los cuerpos de elite, mientras que en otras aludiremos al valor metafísico y transfigurador de tales valores. Por estas páginas van a desfilar los legionarios romanos, los hoplitas de Esparta, los templarios de Tierra Santa, los mosqueteros y los tercios de Flandes, los samurais, la Legión Española y otros cuerpos de élite similares. De ellos deduciremos valores y actitudes ante la vida. Por otra parte, aludiremos específicamente, cuando convenga, a tradiciones militares que han recorrido transversalmente, más allá de las limitaciones de espacio y tiempo, la vida de los guerreros.

Nuestra intención es reivindicar -sin medias tintas, ni sumisiones a lo políticamente correcto- a la milicia y al espíritu militar. Créanme: en los años que vendrán, va a ser preciso que algunos de nosotros, especialmente las jóvenes generaciones, entiendan y vivan como propios los valores militares porque de ello van a depender demasiadas cosas. Esperemos estar en condiciones de saber transmitirles estos planteamientos.

Ernesto Milà

Madrid, 20 de junio de 2006