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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Revista de Historia del Fascismo - 3

Revista de Historia del Fascismo - 3

Sumario número III correspondiente a Marzo 2011:

TENDENCIAS
Henri De Man y el “socialismo ético”

Capítulo de Nè destra nè sinistra. La nascita dell’ideologia fascista, Zeev Sternhell, Akropolis, Nápoles 1984, págs. 119-139.
En España no existe ninguna obra relevante sobre Henri de Man y su “neosocialismo” o “planismo” que influyó ampliamente en los “no conformistas de los años 30”. De ahí que hayamos decidido presentar esta traducción de profesor Sternhell que ilustra la vida y la obra de este socialista que abandonó el marxismo hacia ese espacio gris que existió con el fascismo.

BIOGRAFIAS
Hugo Wast, de oficio escritor, de vocación nacionalista y antisemita

La conspiración del silencio no siempre alcanza sus objetivos. Los detractores de Hugo Wast no han podido evitar que en Argentina muchas calles lleven su nombre y que, sistemáticamente, bibliotecas públicas de las grandes ciudades recuerden en sus rótulos al que fuera uno de los mejores escritores argentinos del siglo XX. No en vano, cuando murió, Wast había vendido tres millones de ejemplares de sus obras. Incluso hoy, después de sesenta años de muro de silencio, sus obras son reeditadas con cierta frecuencia y en Google aparecen 18.000 referencias a su vida y obra. En buena medida, los grandes escritores argentinos del siglo XX se nutrieron de las obras de Wast. Sin embargo, lo más habitual cuando acudimos a biografías o historias de la literatura argentina poíticamente correctas se limitan a definir a Wast como “escritor antisemita”. Y lo era, pero era bastante más que eso: católico, conservador, dotado de una pluma ágil y vigorosa que se movía bien tanto en relato cortos como en novelas de gran calado, alguien, en definitiva, que merece ser recordado. Para quien esto escribe constituye un honor recordar la pluma de Hugo Wast y recomendar su lectura para los amantes de la literatura de expresión castellana.

DOSSIER: FASCISMO UNO Y TRINO
Tres orígenes para el mismo movimiento, tres concepciones de un mismo fascismo

Entre las distintas interpretaciones del fascismo se tiende a considerar a este movimiento político del siglo XX como algo homogéneo o, al menos, algo a lo que se reconocen solamente variedades nacionales. Parece una obviedad, pero no está de más recordar que el fascismo es un “producto de síntesis” entre “lo nacional” y “lo social”. Y si esto es así parece lógico que existan tres variedades de fascismo: aquel que es “más nacional que social”, aquel otro que es “más social de nacional” y, finalmente, aquel que intenta mantener el equilibrio entre “lo nacional y lo social”. Esto nos permite hablar de un “fascismo de derechas”, de un “fascismo de izquierdas” y de un “fascismo centrista”. Este esquema es fácilmente aplicable en todas aquellas naciones en las que el fascismo alcanzó el nivel de fuerza política pujante: Italia, Alemania, Francia, España…

FASCISMO Y SECTAS
Logia Thule: el ancestro inmediato del NSDAP. Mito y realidad.

Este artículo debería ser consultado tras la lectura de otro dos publicados anteriormente en la RHF: el dedicado al estudio de las sectas ariosóficas y el dedicado a la revista Ostara. Se ha escrito que la “Logia Thule” era la “rama bávara de la Orden de los Germanos” y esto es sólo cierto a medias y el matiz no deja de tener interés. El impacto de la Logia Thule sobre el NSDAP fue real… pero mínimo y no fue más allá de lo que se ha llamado “la prehistoria del nacionalsocialismo”.

SECTAS
La vertiente ocultista del peronismo (III de III)
Perón, masón y miembro de la Logia Propaganda 2

Es fácil divisar las dos vertientes de estas notas sobre la Logia Anael y el papel de López Rega. Una e ellas afecta al General Juan Domingo Perón, dirigente y fundador del justiciaismo argentino y seguramente el político mejor valorado y que despertó más entusiasmos en aquel país durante el siglo XX. La obra tiene que ver con López Rega. Ambas se refieren a su vinculación con el ocultismo. Las preguntas a formular son, pues, tres: ¿Hasta qué punto el general Perón, Eva Perón e Isabel Martínez de Perón creían en el espiritismo? ¿Se afilió Perón a la masonería? ¿Cuáles eran las fuentes doctrinales de López Rega?

COMENTARIOS
“La derecha radical y Europa”, respuesta a la revista Sistemas (III de III)

Llegamos al tercer y último jalón de nuestra respuesta a la revista Sistemas, considerada como “científica” a la vista de los errores de bulto contenidos… Seguramente se nos escapará alguna puntualización, pero estamos convencidos de que, al menos en sus líneas generales, habremos ayudado a plantear la cuestión de fondo: la necesidad de un debate profundo y vinculante sobre Europa en el seno de la “derecha radical”.

DERECHA FASCISTA
II PARTE: EL CAMPO MONÁRQUICO DURANTE LA REPÚBLICA

Continuando con la serie de artículos y comentarios sobre la “derecha fascista española”, añadimos hoy la tercera parte titulada: “El campo monárquico durante la República” y “Acción Española”, faltando la última parte sobre Renovación Española que publicaremos en el número 4 de la RHF.

TERRORISMO
LA OAS EN ESPAÑA. Notas sobre el libro A la sombra de Franco.

La lectura de la obra del villenero Gastón Segura Valero, A la sombra de Franco, subtitulada El refugio de los activistas franceses de la OAS, nos ha inspirado algunos comentarios que amplían el contenido de este libro –que no parece extremadamente aceptable y bien documentado- pero al que le hemos observado algunas carencias y huecos que intentaremos compensar en las páginas que siguen.

NEOFASCISMO
El nacimiento de Ordre Nouveau

Les mouvement d’extreme droite en France aprés 1944. François Duprat. Editions Albatros, París 1972, págs. 192-200

François Duprat, asesinado por un comando izquierdista en una carretera de Bretaña mediante la colocación de un artefacto explosivo bajo s vehículo en marzo de 1978 pertenecía a la dirección de Ordre Nouvea y es el autor de estas líneas incluidas como capítulo final de su obra Les Mouvements d’extreme droite. Vale la pena añadir que dos años después de que fueran publicadas estas páginas, Ordre Nouveau resultó prohibido por las autoridades, sin embargo impulsó la creación del Front National que hasta el pasado 15 de enero de 2011 ha sido dirigido por Jean Marie Le Pen. En torno a ese eje ha fructivado en los últimos 30 años el movimiento de oposición nacional en Francia, cuya semilla inicial fue Ordre Nouveau. Estos fueron sus primeros pasos.

 

Características:

Formato libro 150 x 210 mm
Páginas 216Tapas en cuatricomía con solapas

Pedidos: eminves@gmail.com

Precio venta al público: 18,00 euros + 3,00 euros de gastos de envío (precios para España, resto mundo, consultar)

Forma e pago: ingreso en cuenta corriente BBVA (al hacer el pedido indicamos el número)

El Papus: 34 años después

Infokrisis.- Hace quince días TV2 proyectó el documental, El Papus, anatomía de un atentado en el cual aparecía entre otras personas a las que no se nos pidió que diéramos nuestra opinión. En este mismo blog se encuentran varios artículos sobre ese atentado a los que remitimos a nuestros amigos y lectores. El documental está realizado con mucha honestidad y en buena medida sirve para entender una parte de la transición. El pasado 28 de enero el documental se presentó en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ante numeroso público y me tocó dar mi versión de lo que supuso aquel atentado, junto al dibujante JA hoy en El Jueves y entonces la redacción de El Papus y el ex director de El Periódico, Antonio Franco.

Hay dos cosas que nos gustaría recalcar porque constituyen el centro de la tesis que defendimos:

1) La policía se limitó a detener a los "sospechosos habituales" (un pequeño grupo de adolescentes, con varios chivatillos infiltrados en su interior, que en los meses anteriores al crimen habían ido acumulando pequeñas agresiones y atentados por las que no fueron detenidos, pero en el momento de estallar la bomba se les responsabilizó y con su historial anterior era difícil que aparecieran como inocentes) a pesar de que a la misma policía le constaba fehacientemente que no habían sido culpables de ese crimen.

2) La policía de Barcelona, a las órdenes de Martín Villa, se negó a investigar el atentado de tal manera que permitiera llegar hasta los verdaderos culpables. Como ocurriría el 11-M no siguieron la pista más fácil (el explosivo) y la investigación era un absoluto abujero negro.

3) Ese atentado hay que inscribirlo dentro de los "extraños atentados" de la transición que causaron 200 muertos y que en Barcelona dieron mucho que hablar (Caso Scala, Caso Papus, Caso Viola-Bultó, Caso ERAT, ejecución de dos GRAPOS, etc.).

4) La "transición" no fue nada más que un intento de generar una violencia artificial en los extremos (extrema-derecha y extrema-izquierda) que hicieron que la población tendiera a desplazarse hacia el centro (centro-derecha y centro-izquierda) en donde hasta 1976 había un inmenso vacío. Dicho con otras palabras: el origen del actual sistema político español reside en esta "operación" que generó 200 muertos.

5) Juan Peñalver Saldoval, el conserje del edificio donde se situaba la redacción de El Papus, falleció víctima del atentado. Su muerte está todavía hoy impune. Pues a recordar la "memoria histórica", recordémosla, pues no en vano, esos sucesos tuvieron lugar hace 34 años.

Mi participación en el documental, un tema desagradable en el que no tenía nada que ganar ni que perder, se debió precisamente a esto: vale la pena arrimar el hombro para denunciar lo que ocurrió en la transición. Aquello fue un gran fraude a la esperanza. Costó 200 muertos. Aquellas aguas, trajeron estos locos...

Quienes deseen ver el documental completo pueden pulsar el siguiente enlace:

DOCUMENTAL EL PAPUS, ANATOMÍA DE UN ATENTADO

 

 

 

28-N - Elecciones catalanas

Infokrisis.- Este artículo publicado con el subtítulo Reflexiones sobre el triunfo de la derecha liberal y nacionalista, fue publicado poco después de las elecciones catalans, pero hasta ahora no había tenido ocasión de reproducirlo en info-krisis. Está escrito a poco de conocerse los resultados y no intenta otra cosa más que realizar un análisis global de lo que ocurrió y de por qué ocurrió, con especial referencia a los resultados de Plataforma per Catalunya.

Las elecciones del 28 de noviembre han supuesto la apertura de un nuevo ciclo político en Cataluña. Lo que ha ocurrido es un presagio de lo que se confirmará en mayo en toda España: el triunfo de la derecha, el hundimiento socialista con su llanto y crujir de dientes. Pero también es preciso recordar otros rasgos de las elecciones catalanas: ascenso de los populismos y de la opción anti-inmigración representada por la PxC. Cambiarán los rostros en la política catalana, pero nada más. El electorado tenía que decidir si votar al partido de la corrupción (CiU) o al frente de los ineptos (PSC+ICV+ERC) y se ha decantado por los primeros. Ahora sólo queda ver los resultados… y no parece que vayan a ser muy halagüeños.

La victoria de CiU ha sido “histórica” en la medida en que ha roto todos los techos pre­vios y otro tanto puede decirse de la derrota del PSC. Si bien hubo menos abstención de la esperada (también en esto se equivocaron las encuestas o simplemente min­tieron para estimular la participa­ción) ésta beneficio especialmente a CiU y castigó a la izquierda.

En Barcelona capital, los resulta­dos en Sarrià-Sant Gervasi, reducto de la burguesía acomodada, regis­traron una participación del 673,4% y una aplastante victoria de CiU con el 51,9% de los votos. Sin embargo, en Nou Barris, de carácter proletario y trufado por la inmigración, ape­nas voto el 54% el electorado y el PSC consiguió imponerse con un 28% (fue el único distrito en el que tuvo mayoría en la Ciudad Condal). Globalmente, CiU obtuvo 130.000 votos más en Barcelona que los so­cialistas lo que permite adivinar que en mayo, Xavier Trías conseguirá desalojar por primera vez al PSC de su feudo en el Ayuntamiento.

Victoria a la derecha. Humillación a la izquierda

En general, la derecha liberal y la derecha nacionalista se han impuesto a la izquierda. Ésta ha recibido un varapalo histórico que también deja presagiar el calvario electoral que aguarda a los socialis­tas en las próximas convocatorias electorales. Los tres partidos situa­dos a la izquierda del espectro po­lítico catalán sufrieron resultados que oscilan entre lo malísimo y lo catastrófico.

ICV puede darse por satisfecha si solamente perdió 52.000 votos y se quedó con apenas 229.985 votos y 10 escaños. La gestión de su líder, Joan Saura al frente de la conselle­ría de interior, hacían presagiar re­sultados todavía peores. En cuanto a ERC, la catástrofe es inapelable: simplemente perdió la mitad de sus votos y de sus diputados. En cuan­to al PSC, la caída es algo menor a la esperada, pero lo suficiente para poner fuera de combate a Josep Montilla. En efecto, los resultados de este partido han sido los peores de su historia: 570.361 votos, 18% y 29 escaños.

Los resultados de 2006 registra­ron un total de 1.459.27 votos para la izquierda catalana (PSC + ERC + ICV) que se tradujeron en 72 es­caños. Cuatro años después, apenas suman 1.018.39w votos y 48 esca­ños. En el otro lado, las distintas derechas pueden darse por satisfe­chas: CiU + PP sumaron 1.582.029 votos y 80 escaños, mientras que en 2006 recogían 1.257.978 votos y 62 diputados. En lo que se refiere al PP, la mejora ha sido sustancial: 384.019 votos y 18 escaños, mejo­rando los resultados objetivos en 1995 por Vidal-Quadras. Está cla­ro, pues, quién ha ganado y quién ha perdido.

Génesis de la tragedia socialista

El PSC es un partido con dos al­mas que han ido coexistiendo bajo la misma sigla mientras las mieles del poder autonómico y municipal han dado lo suficiente para satisfa­cer a todos los intereses. Pero ese tiempo ha terminado y tras el 28-N se ha abierto la caja de los truenos.

En el PSC han convivido siem­pre dos sensibilidades identitarias: la sensibilidad catalanista procede de la fusión de las dos ramas del originario Moviment Socialista de Catalunya que durante la transición se obstinaron en llamarse PSC-Congrés y PSC-Reagrupament. Lo esencial de estas dos corrientes era una ausencia completa de obreris­mo y sus militantes no eran más que miembros de la burguesía catalana y de las clases medias progresistas. Paralelamente, existía la Federación Catalana del PSOE se carácter más obrerista y en sintonía con la sigla socialista fundada por Pablo Igle­sias.

En 1978, después de las primeras elecciones generales se abordó el congreso de unificación de las tres tendencias forzado por el dinero de la socialdemocracia alemana admi­nistrado paternalmente por la Fun­dación Ebert y que exigía la exis­tencia de un único partido socialista en toda España. En ese congreso de unificación, la dirección recayó en la tendencia “catalanista”. Sin embargo, de cara a articular una re­lación “amigable” con el PSOE, el PSC renunció a tener grupo parla­mentario propio en el parlamento de Madrid y colaboró sin fisuras en los distintos gobiernos de Felipe Gon­zález aportando ministros y resul­tados electorales. Eran los tiempos e Narcis Serra, Ernest Lluch, Josep Borrell, etc que figuraron como mi­nistros (y no precisamente de los peores) en los distintos gobiernos de Felipe Gonzalez).

A lo largo de los años 80 se de­mostró que en las elecciones auto­nómicas, el electorado se decantaba hacia CiU, pero en las elecciones generales y en las municipales va­riaba en beneficio del PSC. Esto generó que éste partido obtuviera especialmente un gran peso munici­pal y que sus ayuntamientos se con­figuraran como el trampolín para sus futuros dirigentes: este grupo de alcaldes socialistas decididos a dar el salto a niveles superiores de la administración, se le conoció como el grupo de “los capitanes” y consi­guió un peso específico dentro de la organización a partir del Congreso de Sitjes en 1994. Precisamente en ese Congreso, Josep Montilla inició su meteórica carrera hacia la presi­dencia de la Generalitat a partir del feudo socialista del Baix Llobregat.

Las “dos almas” socialistas

Así pues a partir de ese momen­to, el PSC estuvo dividido entre sus “dos almas”: de un lado los “capitanes” controlaron el aparato del partido y de otro los catalanis­tas seguían dirigiendo el partido política e ideológicamente. Ambas tendencias eran conscientes de que debían coexistir para mantener sus redes de intereses y batir a CiU.

La elección de Pascual Ma­ragall como candidato para las elecciones de 1999 a a Generalitat escondía a estas dos tendencias: Maragall había salido del ambien­te municipalista del PSC, pero al mismo tiempo era sobrino nieto del poeta catalanista y su apellido gozaba de enorme prestigio en el medio catalanista. Entre 1999 y 2003 la figura de Maragall esta­ba seguida por la de Montilla que desde el primer momento ofició como su sucesor in pectore.

Cuando en 2004, Zapatero, contra todo pronóstico y gracias a los atentados del 11-M se hace con la poltrona de la Moncloa, Maragall, ya instalado en el Palau de la Generalitat, impulsó la refor­ma del Estatut con la intención de superar el techo autonómico pujo­lista y de forzar el tránsito a una constitución federal que parecía sintonizar con la idea de “España plural” propuesta por Zapatero…

Y aquí se produjo el primer gran error del PSC: gobernar el clave soberanista en lugar de en clave social tal como esperaban la mayor parte de electores que le habían obsequiado con su voto. Maragall demostró escasas cua­lidades para el liderazgo; su go­bierno fue errático, se rodeó de mediocres o simplemente de nulos para cargos de responsabilidad, dependió del estado de ánimo de ERC y de las tensiones interiores que sufre habitualmente este par­tido y el proceso de redacción y tramitación del Nuevo Estatuto se convirtió en agónico y realizado ante la indiferencia de la opinión pública.

Dado que el terreno soberanista es en el que mejor se movía CiU, la tramitación del Estatut, permi­tió que esta coalición recuperara la iniciativa estratégica y, final­mente, el Estatut salió adelante gracias a la componenda bilateral entre Zapatero y Artur Mas, lo que supuso el primer bofetón para el PSC y, no digamos para ERC que con sus diputados en Madrid creía ser la “llave” de la situación.

Sin embargo, cuando cuatro años después la sentencia del Tri­bunal Constitucional rebajó con­siderablemente las competencias estatutarias, a pesar de la mani­festación que recorrió el Paseo de Gracia (40.000 personas según unas fuentes, 1.400.000 según los organizadores…) no pudo ocultar que la sentencia había causado dos fenómenos: la muerte del tripartito y el aumento de las tensiones entre las dos alas del PSC. A pesar de que las elecciones se convocarían seis meses después, a partir de la sentencia del Constitucional, el Tripartito dejó de existir y estalló una guerra civil larvada en el seno del PSC.

Al PSC pareció, a partir de ese momento, importarle muy poco lo que había hecho hasta ese mo­mento en el poder: los “capitanes” tomaron el control, criticaron las multas lingüísticas que había pro­movido el gobierno del tripartito, presionado por ERC, como si la cosa no fuera con ellos; Montilla llegó a pedir que el debate elec­toral tuviera lugar en castellano y, para colmo, a lo largo de la precampaña se presentó como el muro de contención ante el inde­pendentismo… a pesar de haber gobernado siete años con los in­dependenistas de ERC. Tal fue el “giro copernicano” del PSC hacia el españolismo… un intento pos­trero y tardío de recuperar el voto no catalanista.

Justo en ese momento se pu­blicó un interesante artículo de Lluís Orriols en El País en el que realizaba una sociología electoral de las dos tendencias del PSC: los “españolistas”, decía Orriols, son más fieles al socialismo que los “catalanistas”. Mientras que estos últimos tienen tendencia a cambiar su voto hacia CiU o in extremis, a ERC, es más difícil que los “es­pañolistas” lo hagan. Los resulta­dos electorales parecían confirmar esta hipótesis, hasta que el 28-N demostraron que también en esa dirección había habido fugas im­portantes: hacia el PP, hacia C’s e incluso y muy significativo, hacia la PxC.

Era evidente que tras conocer­se los resultados del 28-N, las dos ramas socialistas entrarían de nue­vo en litigio. A la hora de formar gobierno, Artur Mas incorporó a Ferrán Mascarell a su gobier­no. Antiguo conceller socialista, Mascarrell formaba parte del sec­tor “catalanista” del PSC. No era tanto un guiño hacia la “sociover­gencia” como un intento de adi­cionarse al sector catalanista del socialismo. Otros miembros de este sector como Antoni Castells exigieron romper con el PSOE y constituir un grupo parlamentario propio en Madrid con el que po­der afrontar el post-zapaterismo. Y en eso están en el momento de escribir estas líneas. Tras Castells se encuentran los nombres señeros de Montserrat Turá, Ernest Mara­gall y Marina Geli.

Pero en sector de los “capi­tanes”, reconvertido, se prepara también para el ataque: en la ac­tualidad, este sector está represen­tado por los ministros o exminis­tros catalanes que han figurado en los gobiernos zapateristas y por Josep Zaragoza, el secretario general del PSC. Tanto Carmen Chacón como Celestino Corbacho han surgido del municipalismo del PSC y están bien situados para re­coger la herencia de lo que quede del “montillismo”. Mientras se prepara el congreso extraordina­rio, la venerable y paternal figura de Joaquim Nadal queda como ex­ponente público del PSC.

Hasta las elecciones de mayo no parece probable que se desate una noche de los cuchillos largos en el seno del socialismo catalán. Las dos tendencias saben lo que se juegan: concejalías, puestos de trabajo, cargos remunerados de asesores y puestos en empresas públicas. Y a esta red de intere­ses las tensiones ideológicas le convienen poco. Porque, a fin de cuentas, lo que importa recordar es que el PSC no es un partido fuertemente ideologizado, sino todo lo contrario, es un grupo de pragmáticos dividido en dos frac­ciones, una de las cuales considera que el “catalanismo” le ayudará a prosperar y el otro que el “munici­palismo” les favorecerá.

Inmolarse por la independencia

El otro resultado catastrófico ha sido, por supuesto, el de ERC. Perder 200.000 votos y la mitad del grupo parlamentario, no es una bagatela. Esos votos, funda­mentalmente, han ido a parar al SI de Laporta y al Reagrupament de Joan Carretero, hasta un total de 140.000 votos y el resto ha regre­sado a los caladeros de CiU.

La historia de ERC en los úl­timos 20 años ha sido azarosa. A partir de 1989 (Congreso de Lleida), el partido abandona su tradicional federalismo por un in­dependentismo maximalista. Los artífices de este cambio son Angel Colom que acababa de entrar en ERC y Carod-Rovira. Tras el pe­ríodo de Colom al frente del parti­do (en el que las cuentas quedaron a cero y la solvencia del partido se vio sumergida en las profundida­des), la andadura de ERC se vio favorecida por el llamado Pacto del Majestic entre Pujol y Aznar cuando el primero aseguró la go­bernabilidad del primer gabinte del centro derecha.

En 2003, ERC alcanzó su máximo techo electoral obtenien­do en las autonómicas 544.324 votos y 23 escaños y en las ge­nerales del 14 de marzo de 2004 logró 638.902 votos y 8 diputados en el parlamento de Madrid. ERC pasó de la noche a la mañana, a ser la tercera fuerza política catalana y durante unos años, Carod tuvo razón al afirmar que ERC tenía la llave de la gobernabilidad.

Pero eso fue antes de que el fa­natismo independentista de ERC pusiera palos en las ruedas del tri­partito y adoptara un maximalis­mo independentista que no estaba en sintonía con la realidad objeti­va de la sociedad catalana. ERC ha perdido el voto juvenil en be­neficio de Laporta, ha perdido en voto maduro en beneficio del Re­agrupament y ha perdido el voto moderado en beneficio de CiU. No es raro que haya pasado de ser la tercera fuerza política catalana a la quinta, por detrás del PP e inclu­so de la minúscula ICV.

Antes de entrar en el nuevo ciclo electoral, en el interior de ERC ya se produjo un primer ajuste de cuentas, siendo elimina­do de la dirección, Carod-Rovira y reforzándose la posición de Joan Pugicercós. A pesar de la derrota cosechada de la que Puigcercós es responsable casi único, su po­sición al frente de ERC no peligra: quienes podían disputarle es cargo están fuera del partido.

Ahora es fácil prever en qué va a consistir la próxima jugada de Carod dentro de ERC: llamar a la formación de un “frente indepen­dentista”, junto a las CUP, al Re­agrupament y a Laporta a fin de lograr la quimera de “independen­cia para el 2014” (apenas faltan ya tres años…). Sin embargo, la figu­ra de Laporta es, en este ambiente, la de un demagogo, de mucha am­bición y poca cabeza, inestable y personalista, con el cual cualquier pacto corre el riesgo de naufragar inmediatamente después de fir­marse.

Por otra parte, el resultado de los referendos sobre la indepen­dencia ha sido más bien pobre y ha demostrado que menos de un 20% de la ciudadanía votaría sí a la secesión catalana en una con­vocatoria de este tipo. Por lo de­más, tanto Carod como Laporta o Carretero tienen un programa que corre el riesgo de decepcionar a quien lo examina: todo empieza y termina con la independencia de Catalunya… una vez conseguida, todo irá bien, sin que se explique exactamente cómo será ello posi­ble.

El descubrimiento de Alicia Sánchez-Camacho

El PP en Catalunya siempre ha sido un partido marginal y nunca ha logrado tener ni cuota de poder, ni proyecto suficiente como para hacerse un hueco en la política catalana. Cuando Vidal Quadras pareció estar a punto de lograr ese espacio político, los Pactos del Majestic lo borraron literalmente de la política catalana.

Lo cierto es que entre 1996 y 2003, el PP catalán consiguió ir royendo al ala “españolista” del PSC, e incluso ganar votos en el cinturón industrial de Barcelona presentándose como el partido de los no catalanistas. Pero el giro pro-norteamericano de Aznar hizo que muchos de estos votantes que procedían de la izquierda, se per­dieran en las elecciones de 2004 y que no fueran recuperados en los seis años siguientes.

La elección de Alicia Sánchez-Camacho para encabezar el parti­do no fue una buena opción. Sus evidentes limitaciones y su falta de capacidad para gestionar el partido han provocado cientos de abandonos de los que el más nota­ble fue, sin duda, el de Montserrat Nebrera.

Sin embargo, en las elecciones del 28-N el PP lograba su mejor resultado en Cataluña. Está claro que buena parte de ese resultado se debía a que un sector del elec­torado que piensa en términos de Estado percibe que la alternativa al PSOE es el PP desengañados del primero optan por el segundo. Pero también está claro que el PP ha mantenido su posición y la ha mejorado gracias a la incorpora­ ción de un tema que rechina en la militancia del PP en el resto de Es­paña: la inmigración.

En 1996, fue precisamente José María Aznar quien abrió las puertas a la inmigración. En 2003, cuando cedió el poder, había 800.000 inmigrantes ilegales en nuestro país y 2.250.00 regulari­zados. Por entonces ya se habían producido los violentos sucesos de El Egido y las protestas en otras muchas ciudades españoles contra la inmigración ilegal y masiva. La situación de la delincuencia empe­zaba a estar fuera de control y ni Aznar ni ninguno de sus ministros decían nada sobre el tema, salvo que no había motivos para precu­parse.

Alicia Sánchez Camacho ha descubierto el tema de la inmigra­ción gracias a su responsable en Badalona que, temiendo ver pe­ligrar su puesto gracias al avance de PxC, optó por incorporarlo a su programa. Antes CiU ya había hecho algo parecido en relación al empadronamiento de ilegales.

La Sánchez-Camacho lo desco­noce todo en materia de inmigra­ción: ignora incluso el número de inmigrantes que residen en Cata­luña, desconoce por completo las implicaciones del fenómeno, tan sólo ha oído campañas. De ahí que se haya limitado a copiar las pro­puestas de PxC en materia de in­migración y añadir el bochornoso “contrato por la integración” que hubiera debido proclamar en 1999 cuando en España había 1.000.000 de inmirantes y no hoy cuando hay 6.000.000.

La dirigente del PP ha llega­do hasta extremos increíbles: lo que Anglada decía en un mitin, ella lo repetía un día después. Y eso le ha dado un buen resultado que no logrará mantener durante mucho tiempo: en efecto, si bien en Cataluña, donde el PP no tie­ne la más mínima posibilidad de gobernar, la Sánchez Camacho ha podido copiar las propuestas de PxC, en otras zonas en donde el PP lleva años gobernando (Madrid y la comunidad Valenciana, espe­cialmente), no le va a ser tan fácil demostrar “dureza” con la inmi­gración cuando la política del PP en esas autonomías en relación a la inmigración es exactamente la misma que la del PSOE.

Artur Mas sabe perfectamente que en apenas 15 meses va a tener que entenderse con un gobierno del PP y que a poco que se con­firme la actual tendencia electoral, el PP puede gobernar con mayoría absoluta. Si eso es así, el papel de CiU en la gobernabilidad del Es­tado quedará muy disminuido y la mejor solución es presionar ahora al PSOE a la vista de que todos los beneficios que no obtenga hasta marzo de 2012, tardará en obte­nerlos.

Ciutadans

Hace un año, C’s era un partido muerto: había tenido una escisión interna y diversos abandonos, no había sido capaz de trenzar un acuerdo con Rosa Díez que en ese momento se encontraba en la cres­ta de la ola y que manifestaba su interés por irrumpir en Cataluña. Sin embargo, la quiebra del elec­torado socialista ha facilitado un trampolín para que C’s reverde­ciera sus laureles electorales.

A lo largo de la legislatura, C’s palideció por completo. En todo momento se limitó a reali­zar seguidismo en relación a las propuestas del PP y tan solo en­tró en liza en materia lingüística. A pesar de afirmar ser un partido de “centro-izquierda”, en realidad, apenas ha sido otra cosa que una opción antinacionalista… que fi­nalmente ha conseguido atraer al voto juvenil no nacionalista, con más atractivo que el PP. Con una media del 4% en las grandes ciu­dades y del 3,5% en las de tamaño medio, el espeque definitivo de C’s puede producirse en las próxi­mas elecciones municipales. Por el momento el partido se ha es­tabilizado utilizando como único “tema estrella” la hostilidad hacia el catalanismo.

Esa hostilidad es la que le ha facilitado el crecimiento en ciuda­des en las que el viejo PSUC des­apareció por completo y en donde la nueva ICV no tiene fuerza su­ficiente de arrastre para adicionar votos. Y otro tanto puede decirse de zonas del cinturón industrial desencantadas por la ambigüedad insuperable de las dos tendencias del PSC en materia de catalanismo y catalanización.

La gran esperanza: PxC

Durante algo así como hora y media, prácticamente hasta que se realizó el recuento de un tercio de los votos emitidos, subsistió la esperanza de que PxC lograse entrar en el parlamento con tres diputados. En las horas siguientes esa esperanza se fue diluyendo y, finalmente, al llegarse al 100% de votos escrutados, PxC quedó fuera del parlamento… por los pelos. En torno a 400 votos más por la cir­cunscripción de Tarragona hubie­ran bastado para entrar en el parla­mento. Ahora se sabe que 75.321 catalanes apoyan las listas de la PxC, lo que supone un 2,42% del electorado que acudió a las urnas y que prácticamente alcanza el 3% en la circunscripción de Tarrago­na.

Basta realizar un muestreo rá­pido a los resultados obtenidos, sin necesidad de triunfalismo que oculten el hecho de que entre 2010 y 2014 no habrán diputados de PxC en el Parlament, ni de retor­cer argumentos, para advertir que:

1) PxC es el primer partido extrapartamentario. Ha rozado el escaño. No lo ha obtenido por los pelos y contando con un cerco mediático absoluto. Fue significa­tivo que CNN y algunos medios de comunicación escorados a la izquierda, evitaran mencionar a la PxC incluso en los momentos en los que el escrutinio les daba tres diputados. En esto han seguido la consigna tácita de ignorar por todos los medios a PxC. Es más significativo todavía que después de varios meses en los que PxC no aparecía en los medios de prensa de la derecha, una vez cerradas las urnas estos mismos medios que hasta ayer habían ocultado la exis­tencia de PxC, pocas horas des­pués realizaban sesudas interpre­taciones sobre sus resultados. No vale la pena calificar a todos estos medios conchabados para evitar que en Catalunya surgiera una voz discordante y anti-sistema.

2) PxC duplica el resultado del siguiente grupo extrapar­lamentario y si se hubiera trata­do de una elección proporcional debería haber obtenido entre tres diputados y cuatro diputados. Es significativo que formaciones que han gozado hace meses de apoyos mediáticos no desdeñables, hayan obtenido resultados muchos me­nores que los que han correspondi­do a PxC: ahí está, perdido en las profundidades de la clasificación UPyC e incluso el Reagrupament Independentista. Por lo demás, la distancia que ha separado a PxC de C’s y de SI, han oscilado en apenas 25 y 20.000 votos. Otras opciones de las que se ha hablado relativamente (Alternativa de Go­vern, a causa del video de Montse­rrat Nebrera) durante la campaña, apenas han obtenido 2.187 votos. Desde hace meses considerába­mos que había tres escenarios para la PxC: la “victoria indiscutible” (entrar en el parlament), la “dul­ce derrota” (quedarse en puertas siendo el primer partido extrapar­lamentario) y el “fracaso absolu­to” (obtener unos resultados que le dejaran en la cuneta a larga dis­tancia del pelotón de cabeza). Se ha producido la “dulce derrota”: la demostración de que en su primera confrontación electoral autonómi­ca, PxC ha estado a punto de en­trar y sus resultados distan mucho de ser “pobres”.

3) PxC ha confirmado que su estrategia (lucha contra la inmi­gración masiva - lucha contra la corrupción - lucha contra la crisis económica) ha conseguido el respaldo de un sector no des­deñable de la población. Se ha dicho que PxC era solamente un partido anti-inmigración. Lo es, pero también es un partido que ha llevado un discurso muy claro so­bre la corrupción y el único entre los importantes que ha aludido a la globalización como la matriz de la actual crisis económica y como el principal factor que ha generado la oleada migratoria. Vale la pena no olvidarlo: vale la pena recor­dar que PxC es algo más que un partido anti-inmigración o que ha enarbolado esta bandera por sim­ple oportunismo tal como lo ha hecho con el descaro más absoluto el PP cuya líder, Sánchez Cama­cho, se notaba que apenas sabía de qué iba el problema a poco que algún periodista le pregunta sobre la materia. Esa insistencia en una temática muy diversificada es lo que ha permitido a PxC realizar un discurso coherente y perfectamen­te cerrado: hay crisis económica porque hay globalización, hay glo­balización porque hay liberalismo, las prácticas políticas liberales se traducen en una corrupción gene­ralizada y la globalización se tra­duce en dos fenómenos perversos y deletéreos: la deslocalización y la inmigración.

4) PxC se sitúa en inmejora­bles posiciones para obtener un nuevo tirón en las próximas elec­ciones municipales. En el escena­rio de la “dulce derrota” lo que se ha demostrado es que PxC tiene detrás 75.000 votos y esto se va a traducir entre 75 y 100 concejales en las próximas elecciones. Quien piense que al no haber salido ele­gido ningún diputado de PxC, se iba a producir un desmorona­miento de este partido, se equivo­caba: esto solamente se hubiera producido en el tercer escenario (el del fracaso total)… pero esto no ha ocurrido. Hoy mismo, en los perfiles de facebook, los mi­litantes, afiliados y simpatizantes a la PxC, demostraban su entu­siasmo y su interés en continuar la batalla en las próximas elecciones municipales.

¿Por qué PxC no ha logrado entrar en el parlament?

Vale la pena realizar una críti­ca a los motivos que han dejado en el atrio del parlament a la PxC. Hay varios. Vamos a repasar unos y otros:

1) Tal como era de prever los medios a partir del mes de marzo realizaron un cerrojazo mediáti­co. A partir de ese momento pareció como si hablar de la PxC estuviera prohibido. La PxC desapareció de las TVs, de las columnas de los dia­rios y la consigna fue cumplida por todos los grupos mediáticos.

2) La actitud del PP que fue evolucionando desde la des­orientación del mes de enero de 2010, cuando se desencadenó el asunto del empadronamiento de ilegales, hasta el mes de marzo cuando empezó a husmear sis­temáticamente en las Webs de PxC y, literalmente, copiar to­das y cada una de las consignas que PxC iba difundiendo: fue así como Sánchez Camacho se ente­ró de que en Catalunya existían mezquitas y cómo parte de la po­blación catalana rechazaba la isla­mización de esta autonomía. Más adelante, cuando PxC empezó a difundir la consigna “Única solu­ción: repatriación”, el PP elevó el tiro e intentó asumir esta consigna variándola sensiblemente y plan­teando el tema del “contrato de inmigración” e introduciendo el tema de la repatriación al aludir a los inmigrantes que llevaran dos años en paro… algo que también había dicho PxC. Los estrategas del PP lo han tenido fácil: con copiar las consignas de PxC sis­temática, ya habían cumplido su trabajo. A ellos los medios sí que les han deparado amplios espacio. De poco ha importado que el dis­curso del PP sobre la inmigración fuera improvisado, siempre inor­gánico, sin intención siquiera de ser cumplido ni ahora, ni cuando Rajoy se siente en la Moncloa, meramente oportunista y carente por completo de escrúpulos.

3) Durante los dos últimos me­ses previos a las elecciones, en la mayoría de las ocasiones en las que algún medio o algún partido se ha referido a la PxC se ha dicho sistemáticamente que se trataba de un grupo “racista y xenófobo”. Ilustres mediocridades de la polí­tica catalana han empezado a re­coger firmas para la ilegalización de la PxC. Al cerco del silencio se ha unido la infamia. Y en esto, la izquierda, como siempre ha sido maestra, contando por un lado con la acción de ONGs y grupos especializados en la difamación y por otra con llamamientos al “an­tifascismo” que parecían anclados en concepciones políticas de hace 50 ó 60 años. La intención era as­fixiar a la PxC con esta doble te­naza: silencio y difamación. Y ni aún así se ha logrado el objetivo de pulverizar a la PxC.

4) La PxC ha tenido que ven­cer otro problema: el “enemigo interior” que en los últimos dos meses aumentó su presión para dar la sensación de que se estaba produciendo una situación de des­composición en el partido. Desde abril hasta octubre, individuos escuálidos que, por un motivo u otro, se habían visto apeados de la PxC, iniciaban ataques furi­bundos cargados de odio y resen­timiento, en webs. En este baile hemos visto a digitales que cam­biaban de ubicación de un día para otro, estafadorcillos que llenaban sus perfiles de facebook con va­rios ataques diarios y para colmo resentidos que acusaban a la PxC de ser “pro-sionistas” (y nada les importaba que fueran incapaces de aportar dato alguno). Había semanas enteras que las “alertas Google” sobre PxC venían carga­das con una docena de noticias de lo que hemos llamado la “banda de los resentidos” cuyas noticias eran utilizadas por blogs con más seguimiento para seguir sus cam­pañas de difamación. El momento culminante de todo esto tuvo lu­gar cuando se produjo la dimisión de Pablo Barranco y aquí cabe añadir algo: el error de la direc­ción de PxC consistió en nombrar secretario general del partido a al­guien sin experiencia política de ningún tipo y desconocido para la mayoría de la militancia y del que ni siquiera se tenía constan­cia de cuáles eran sus ideas polí­ticas. Los errores se pagan y, por el motivo que fuera, al producirse la crisis, los medios la presenta­ron como una “vendetta” interior. A lo largo de semanas y meses de este tipo de ataques, este “frente interior” fue erosionando la ima­gen de la PxC. Es evidente que lo escuálido de todos estos ataques y lo limitado de los medios que los han ejercido, no ha supuesto una gran merma electoral… pero sí han restado algunos cientos de votos que hubieran valido para obtener el escaño. En este senti­do, hay que denunciar la actitud aventurera y particularmente ob­tusa del llamado Partit per Cata­lunya que apenas logró presentar una lista en Lleida obteniendo 312 votos… sin embargo, los me­dios han jugado con la confusión deliberada de las siglas y han ha­blado bastante más del irrelevan­te Partit per Catalunya que de la PxC. Un nuevo episodio más de la política del cerco mediático que hoy –cerradas las urnas- algunos periodistas como Josep Ramone­da reconocían que ha existido en torno a la PxC.

5) Desde el verano, en los medios periodísticos catalanes, los profesionales que habían recibido la orden de no escribir nada sobre la PxC, en privado comentaban la posibilidad de que entrara en el Parlament, si la abs­tención era alta. La abstención ha sido, efectivamente, alta, pero no tanto como se esperaba. De hecho ha habido casi cuatro puntos más de participación. Si esta partici­pación hubiera sido cuatro puntos menos que en 2006, ese desfase hubiera abierto de par en par las puertas del parlament a la PxC.

6) La implantación de la PxC no es homogénea: es fuerte en el sur de la provincia de Tarragona, en la Montanya barcelonesa y en algunos enclaves del cinturón in­dustrial, pero es todavía débil en Lleida especialmente y en Girona y, relativamente débil en las gran­des ciudades. Esto ha hecho que los resultados fueran modestos en algunas zonas. De todas formas, también se han producido sorpre­sas: en Salt se ha rozado el 5% que se ha obtenido prácticamen­te con una visita de Anglada, en otras zonas de Girona y del Em­pordà se han obtenido porcenta­jes aceptables incluso en lugares donde no existía organización de la PxC. De haberse podido contar con una organización implantada de manera más homogénea en toda Catalunya, los resultados ha­brían sido sin duda mejores. Por lo demás, el voto en la provincia de Barcelona cuesta más que en las otras tres provincias. La PxC olvidó en la campaña que era en Tarragona en donde podía obte­ner mejores resultados (como de hecho así ha sido con un 2,60%, superior a la media obtenida en Catalunya, 2,42%).

7) La PxC no ha podido compe­tir con los presupuestos extraor­dinarios (muchos de ellos surgi­dos al calor de la corrupción) que se han puesto a disposición de los grandes partidos. Contrariamen­te a quienes difamaban a la PxC apuntando a “dinero sionista” o a fondos imaginativos, la campaña ha demostrado que los fondos so­bre los que ha trabajado PxC eran apenas las aportaciones de sus mi­litantes y miembros. Es el precio de la independencia política. En nuestra opinión, los recursos han estado austera y bien gestionados y la única crítica que podría reali­zarse es que hubiera sido necesa­rio concentrar más medios en Ta­rragona en donde se ha quedado a poco trecho del escaño.

El balance final confirma la “dulce derrota” como tal: se ha hecho lo que se ha podido en un ambiente particularmente hostil, con enemigos “interiores” agui­joneando desde la impotencia y con enemigos “exterior” actuando en pinza, en medio de un cerro­jazo mediático y de una campaña sistemática de denigración, que, para colmo, ha encontrado en el oportunismo sin escrúpulos del PP a su aliado más efectivo. Una bue­na campaña y un buen resultado a tenor de los medios desplegados y gestionados con rigor y honestidad.

¿Qué aguarda a Cataluña?

Globalmente el independentismo sale derrotado: las opciones inde­pendentistas sumadas no alcanzan el nivel de votos de ERC hace cua­tro años. La inclusión de Laporta introducirá de manera obsesiva el tema del independentismo en el par­lament y garantizará la salida a la su­perficie de escándalos económicos y procesos a los que se verá some­tido Laporta, contribuirán todavía más a erosionar como “poco serias” las posiciones independentistas. Los resultados de ERC son, por su par­te, catastróficos y siembran las más serias dudas sobre el futuro de este partido. Por el momento, Carod-Rovira es ya un cadáver político y el secretario general de ERC, Pui­gcercós, a pesar de que no se haya enterado es otro tanto.

No tendremos independentismo, pero tenemos más soberanismo en un momento en el que la crisis económico-social es más grave en Cataluña que en cualquier otro lu­gar del Estado. Vuelve a gobernar la alta burguesía catalana, así que ten­dremos más victimismo, más sobe­ranismo y el deseo de jugar un papel en Madrid vendiendo caro el apoyo a cualquier partido que no obtenga la mayoría absoluta para gobernar.

La corrupción apenas ha estado presente en la campaña electoral y solamente PxC la ha mencionado sistemáticamente. El resto de par­tidos ha cubierto el tema con un tupido velo sin duda pactado pues, no en vano, durante la campaña electoral los casos Palau y Pretoria han dado que hablar... en los juzga­dos. Eso demuestra que “robar” en Catalunya, no implica costes elec­torales. Con lo cual no hay abso­lutamente ningún elemento como para pensar que la rapacidad y las prácticas corruptas de la clase po­lítica catalana, proseguirán como hasta ahora.

Difícilmente CiU va a poder contener la deslocalización de la industria catalana y el aumento del paro. No va a estar en condiciones de rectificar la crisis de la enseñan­za, ni está dispuesta a repatriar a los excedentes de inmigración, ni a hacer otra cosa más que ejercer el binomio soberanismo/victimismo. CiU no es la solución para Catalun­ya sino una parte muy importante del problema.

Catalunya es una de las zonas más deterioradas del Estado Espa­ñol y nada indica que esta tendencia no proseguirá: con la mayor deserti­zación industrial de todo el Estado, con una tasa de paro especialmente juvenil que tiene sólo parangón con la andaluza, con la mayor acumu­lación de ni-nis, con unos resulta­dos educativos catastróficos, con la mayor tasa de inmigración de España y la mayor acumulación de inmigración islámica, con una prensa que come de la mano de la alta burguesía, con una oligarquía de 300 familias –casi feudal- en to­dos los resortes del poder, inmersa en una gigantesca crisis en España y en Europa… solamente alguien obsesionado por el nacionalismo puede esperar que la petición de un “concierto económica” puede ser la solución a todos los males. Y en esto está CiU que, fiel a su soberanismo basará toda su política en obtener de Madrid concesiones económicas y prebendas… algo que va a ser muy difícil en tiempos de crisis (cuyos efectos se van a prolongar en torno a 10 años).

Cuando se convoquen las próxi­mas elecciones autonómicas, en torno a 600-750.000 inmigrantes habrán sido naturalizados. Vere­mos entonces cuál es la posición del PP y de los partidos mayorita­rios, no tenemos la menor duda de que se iniciará una enloquecida ca­rrera por captar esa bolsa de votos y que todos los partidos pugnarán por prometer más y más beneficios para los “nuevos catalanes” que pe­sarán como una losa sobre la recu­peración económica de Catalunya.

La conclusión final que puede hacerse es que estos resultados no resuelven nada más que el entierro del tripartito y de los líderes de las tres formaciones. Se abre una etapa de inestabilidad, dudas, más sobe­ranismo sobre el trasfondo inquie­tante de una crisis siempre presente y una corrupción que campará libre por todo el territorio catalán.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - http://info-krisis.blogspot.com - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen. 

Mare Nostrum y Siglo XXI

Infokrisis.- El Mediterráneo es el primer mar que aparece en la Historia buena parte de la cual discurre entre sus orillas. En los últimos 4.000 años el Mediterráneo ha sido frontera natural para unos y escenario de intercambios comerciales para otros. Estas dos concepciones persisten en la modernidad, apenas sin variaciones. La única novedad, de hecho, es que a partir de 1945, un poder no europeo recorre desafiante sus aguas: la VI Flota de los EEUU. Este artículo aspira a revisar el papel geopolítico del Mediterráneo en el siglo XXI.

Sorprende saber que el nombre “Mediterráneo” es relativamente reciente. Desde Estrabón se había aludido al “mare nostrum” (nuestro mar), pero no fue sino hasta el siglo XVI cuando Jacques Amyot utiliza la expresión “mar Mediterráneo” que ocasionalmente algunos geógrafos medievales habían utilizado para definir el espacio marítimo situado “en medio de tierras” (y tal es la etimología del nombre). A partir del siglo XVII el nombre de Mediterráneo se convertirá en sustantivo y como tal aparecerá por primera vez en un mapa de 1737.

El esquematismo turco hizo que llamaran al Mediterráneo “mar Blanco” por contraposición al “mar Negro” cuyo acceso dominaban gracias al control sobre el Bósforo y los Dardanelos. Antes, los árabes le habían llamado “Bahr al Abiad al Mutawasat”, literalmente “mar Blanco de En medio” como oposición al Mar Rojo.

Entre el Estado y el Mercado

El hecho de que los romanos aludieran el Mediterráneo como “mare nostrum” indica cuál era la concepción geopolítica sobre la que se movía el Imperio Romano: formar una civilización imperio en torno al estanque mediterráneo. Las zonas que se alejaban del Mediterráneo parecían tener poco interés para los grandes emperadores romanos. Si se vieron obligados a conquistar Britania, el noroeste de las Galias Dacia o la parte más occidental de Hispania fue para completar el dominio de espacios geográficos en los que no existían fronteras naturales; pero siempre, Roma se atuvo a una proyección geopolítica sobre ambas orillas del Mediterráneo.

Mientras lo que podemos considerar como una “falta de experiencia imperial” o una “carencia de sentido geopolítico” propia de las ciudades griegas se evidenció en la aventura imperial de Alejandro Magno quien abandonó el espacio geopolítico propio de Helade llegando a las puertas de la India, Roma tuvo siempre claro –y especialmente con Augusto y en el período de los grandes emperadores– que su espacio geopolítico se circunscribía al Mediterráneo. Más allá del mismo se enfrentaba a pueblos demasiado diferentes como para poder imponer una pauta de civilización. Por otra parte, la seguridad de Roma dependía de que a través del Mediterráneo fuera posible establecer un tránsito de mercancías entre los puertos a los cuales iban a parar las Vías romanas.

Desde el principio de su andadura como Estado, Roma advirtió que entre su concepción antropológica y cultural y la de los pueblos “del sur” que se situaban en la otra orilla del Mediterráneo, existían unas diferencias fundamentales: Roma daba importancia al Estado y a la solidez de su construcción que era garantía de poder realizar una “misión histórica” centrada en la extensión de la civilización. Para poder “civilizar” era preciso disponer de un fuerte y sólido aparato estatal.

Inspirado en los cultos solares procedentes del mundo clásico y de los pueblos aqueos y dorios que dieron lugar a lo mejor del mundo griego, la concepción romana del Estado implicaba la existencia de un centro civilizador que poco a poco iba extendiendo sus dominios a otros pueblos similares.

Cuando se produjo el choque histórico con Cartago, fueron dos modelos de civilización los que se enfrentaron en el estanque mediterráneo: de un lado los pueblos de la diosa, seguidores del culto a Tanit y a Astarté, avatares de la “gran madre”, atrincherados en torno a Cartago, pueblos de comerciantes herederos de la vieja Fenicia; de otro, Roma que priorizaba la civilización y el Estado frente al comercio, el Imperio frente al Mercado, los cultos solares a los cultos telúricos y ginecocráticos. A lo largo de tres guerras púnicas, Roma impuso su concepción y liquidó durante todo un ciclo histórico el poder marítimo y comercial de la otra orilla del Mare Nostrum.

Este enfrentamiento histórico confirmó lo que ya se podía percibir con claridad desde el choque entre Atenas (potencia comercial y marítima) y Esparta (potencia guerrera y terrestre), algo que ha constituido la primera ley geopolítica: el enfrentamiento ineluctable entre potencias terrestres y marítimas que disputan el mismo espacio geopolítico.

Ayer fueron Cartago y Roma, antes se habían enfrentado Atenas y Esparta, hoy, finalmente, el Mediterráneo entre 1948 y 1989 fue el teatro del enfrentamiento entre la VI Flota de los EEUU y el Ejército Soviético en la última edición del choque entre potencias marítimas y terrestres, entre el Estado y el Mercado. Con la Pax Romana venció el Estado, con la Pax Americana ha vencido el Mercado. ¿Hasta cuándo?

Mediterráneo e Islam

Un esquematismo acaso excesivo, distingue entre la “orilla norte” del Mediterráneo y la “orilla sur”. También hubo una “orilla Este” (Fenicia) y una “orilla Oeste” (Tarsis), y en el siglo XVI el esquema volvió a repetirse en el enfrentamiento entre el Imperio Turco y el Imperio Español. Lepanto resolvió el conflicto durante dos siglos restando a los turcos el acceso al Oeste del Mediterráneo y debilitando extraordinariamente su poder naval.

Tras la caída del Imperio Romano, a la “orilla Norte” le había costado restablecer un poderío naval que solamente existió digno de tal nombre gracias a la Corona de Aragón, cuando al fracaso de su expansión geopolítica hacia el norte provenzal (con la derrota de Muret), siguió una expansión hacia el Mediterráneo Oriental que llevó a los estandartes aragoneses hasta el Adriático e incluso más allá en la aventura de los almogávares. 

Durante esos siglos, Occidente había intentado recuperar el dominio del Mediterráneo especialmente con las cruzadas haciendo de Chipre un bastión para el control de la orilla oriental de este mar. El poder naval de las órdenes militares, especialmente del Temple y de los Hospitalarios, permitió que durante dos siglos, las naves del Islam estuvieran en situación de inferioridad estratégica y tan solo pudieran operar sus incursiones piráticas (de hecho lo hicieron hasta mediados del siglo XVIII) desde Argelia. Más tarde, Lepanto hizo que el imperio otomano debiera renunciar a su proyección naval y abandonara toda esperanza de reunir las fuerzas de su flota con la de los piratas berberiscos que actuaban en el Oeste del Mediterráneo. A partir de Lepanto, el Imperio Otomano apenas dispuso de un vector terrestre –nunca más volvería a ser marítimo– que apuntaba hacia el corazón de Europa –Viena– y que, finalmente, al ser derrotado ante las puertas de esta ciudad, debió contentarse con una presencia inestable en los Balcanes cuyas consecuencias lamentables duran todavía hoy.

La experiencia histórica enseña que los marinos islámicos han sido inferiores en calidad a los europeos y las sucesivas derrotas les han inducido a presentar el Mediterráneo como un espacio para el “intercambio y las relaciones comerciales”. Y así aspiran a que siga siendo en la actualidad coincidiendo con los neoliberales europeos para los cuales el Estado es apenas un mal necesario y el Mercado el bien absoluto, milagroso, benéfico y mirífico. Si ésa es la causa del neoliberalismo, la causa de Europa dice otra cosa.

Hoy, el Mediterráneo, desde el punto de vista de la causa de la identidad europea es una frontera: la línea del frente más allá de la cual existen territorios hostiles y ante la que hay que prepararse para futuros enfrentamientos; sin embargo, para el Islam –apoyado por la potencia comercial de los EEUU– el Mediterráneo es un espacio de “libre comercio” y, por tanto, una zona de intercambios culturales y (como todo “mercado”) de… mestizaje.

Los matices del Mediterráneo

Sería demasiado esquemático admitir que una zona tan rica en matices puede reducirse apenas a dos conceptos: “orilla norte” y “orilla sur”, “Europa” e “Islam”. En realidad, puede hablarse con propiedad de seis orillas en el Mediterráneo si queremos ser más precisos.

La primera sería la orilla bajo control turco. Ese control ha quedado históricamente garantizado por la presencia turca en la Tracia europea y por el control de los estrechos que cierran la salida del Mar Negro a la potencia Rusa. El “Este islámico” (Turquía) cierra el paso del Mediterráneo al “Este europeo” (Rusia). Es importante recordar que esta “orilla” es solo turca tras la conquista de Constantinopla y la destrucción del Imperio Bizantino, pero que anteriormente era una de las zonas más genuinamente europeas en la medida en que allí había florecido la civilización clásica (en Asia Menor) y se había implantado la romanidad. La invasión de Chipre por el ejército turco en 1974 se realizó precisamente para reforzar la presencia de esta potencia en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, esta odiosa iniciativa que supuso la marginación y la liquidación de miles y miles de greco–chipriotas, no debe oscurecer el hecho esencial: el Egeo no es un mar turco, es un mar europeo desde los albores de la historia y es Europa quien debe seguir teniendo la primacía en el Mediterráneo oriental. Una Europa libre y que se haya sacudido la tutela que los EEUU siguen ejerciendo a través de la OTAN, reivindicaría (e impondría) su presencia naval masiva en el Egeo recordando a Turquía que su área de expansión no puede ser hacia Europa (de donde ya ha sido rechazada una vez) sino hacia el mundo árabe (tal como el káiser Guillermo II convenció a las autoridades turcas antes del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial: buenas relaciones… a cambio de que el eje de expansión de Turquía se desplazada hacia el mundo árabe).

Próxima a esta zona e indudablemente en sinergia con ella se encuentra lo que podríamos llamar “orilla asiática del sur”, históricamente lugar propio de los pueblos fenicio y hebreo, teatro de enfrentamientos desde 1948 que han justificado la presencia masiva de la VI Flota de los EEUU en todo el Mediterráneo. Este conflicto está desplazado fuera del área geopolítica europea. Sus protagonistas no son pueblos europeos, ni sus aliados lo son tampoco (EEUU para Israel y el mundo árabe para los palestinos), por tanto, se trata de un conflicto que hay que alejar lo más posible de Europa. Europa no puede ni debe recibir salpicaduras del conflicto de Oriente Medio. Un dominio europeo sobre el Egeo y una presión euro–rusa sobre Turquía obrarían a modo de un cortafuegos que recluiría el conflicto judío–palestino dentro de Oriente Medio y le restarían la proyección mediterráneo que los EEUU esgrimen como excusa para estar presentes en la zona.

Más acá existe lo que podíamos llamar una zona sudoccidental africana con personalidad propia y presencia histórica desde el tiempo de los faraones. Egipto es, con mucho, el Imperio más antiguo del mundo y constituye en la actualidad uno de los estados árabes más poblados, al tiempo que ejerce un papel geopolítico fundamental: es la bisagra entre el Magreb y el Mashreq (el “levante” o la parte del mundo árabe más al Este que Libia). Mientras duró la experiencia del nacionalismo árabe laico con la figura extraordinaria de Gamal Adbel Nasser, existió la posibilidad de que Egipto liderara la respuesta de los países árabes contra el intervencionismo norteamericano. Tras el fracaso de la experiencia nasserista (y la destrucción del baasismo iraquí con la derrota de Saddam Hussein), Egipto pasó a ser un país árabe más, sin una proyección geopolítica bien definida, alineada con los EEUU y con una fuerte componente de desestabilización interior (los Hermanos Musulmanes, la primera organización fundamentalista tuvo allí su origen y su puntal más poderoso aún en la actualidad). Egipto ni siquiera ha estado en condiciones de explotar su papel estratégico otorgado por el Canal de Suez. La inestabilidad egipcia desde los años 70 ha generado el que las flotas petroleras se dotaran de buques de gran calado capaces de contornear la “ruta del petróleo” desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, eludiendo el problemático paso de Suez que hoy tiene su importancia estratégica muy disminuida.

En cuarto lugar estaría la orilla magrebí del Mediterráneo, la más próxima a Europa Occidental y, por tanto, la más sensible y conflictiva. Esta orilla en los últimos 20 años se ha visto convertida en la zona preferencial del tránsito de pateras: de Marruecos a España y de Libia a Italia. Se trata de una zona de predominio bereber que ha sido arabizada e islamizada. El poder petrolero de Libia y Argelia (y el creciente poder de Marruecos debido a su amistad y alianza con los EEUU) hizo creer hace treinta años que el Magreb podía evolucionar rápidamente a niveles del Primer Mundo. Esta expectativa se ha visto frustrada y en la actualidad, el Magreb es más bien una olla a presión en donde se produce el aumento de la presión del islamismo radical convertido en la válvula de escapa del resentimiento y del odio social. Europa, ante el Magreb debe de abandonar la política que ha adoptado en la última década (abrirse a los productos agrícolas y comerciales del sur, de ínfima calidad y que acarrean la ruina de la agricultura europea y más avances de la deslocalización especialmente en la industria textil) y adoptar una política de contención de riadas migratorias, de repatriación de las vanguardias inmigrantes que ya han llegado y un rearme arancelario que defienda al Norte contra la competencia desleal del Sur.

Ya en el Norte, la orilla europea tiene dos “áreas” perfectamente diferenciadas: el llamado “Arco Latino” y el “Área Balcánica” al Oeste y al Este respectivamente. Nada que decir, sobre la primera: es la nuestra. Es aquí en donde vivimos y esta es la zona que debemos proteger del “enemigo del sur” y de cualquier otro adversario geopolítico. La otra es, sin duda, la más conflictiva de Europa. Esa conflictividad es una herencia de los tiempos en los que el Imperio Otomano estuvo presente en la zona y dejó comunidades islámicas que hoy se han configurado como los principales factores de inestabilidad en Europa: Albania, Bosnia, y el llamado “corredor turco de los Balcanes” que comunica la Tracia europea con el Adriático y cuyo pilar es la ficción geopolítica que atiende al nombre de Gran Albania y que agruparía a todos los territorio islámicos de los Balcanes. El factor religioso es aquí esencial y explica por sí mismo, porque estas zonas situadas en una parte de Europa viven un atraso de 200–300 años en relación al resto del continente e incluso de las zonas distantes apenas unas decenas de kilómetros.

En la actualidad, solamente dos países del Norte, Albania y Bosnia–Herzegovina, tienen ingresos inferiores a los países de la orilla Sur: no es por casualidad que se trate de países de mayoría islámica. Albania tuvo en 1998 un PIB de 750 dólares per cápita y Bosnia 820 dólares. Luego, gracias a las ayudas de la UE lograron aumentar en 2005 hasta los 1.200 dólares… mucho más cerca de Marruecos (1.000 dólares) que de Francia (23.000 dólares). Siempre, inevitablemente, el Islam tiene estos efectos deletéreos sobre el progreso económico.

Estas zonas son “zonas de combate” en donde Europa, lastrada por la OTAN y por la intención norteamericana de debilitar al Viejo Continente, ha permitido a bandas de delincuentes islámicos establecer “zonas liberadas” en los Balcanes. Es imprescindible que mientras el Islam esté presente en estas zonas, Europa habilite muros de contención y “fronteras” antropológicas y culturales ante este núcleo, establezca como un “casus belli” el intento de potencias no europeas de aumentar su peso y condicione su incorporación a Europa a una laicización total de estas sociedades, a retornar al período anterior a las limpiezas étnicas operadas por los islamistas en los territorios de la antigua Yugoslavia y a una libertad religiosa que permita restituir en esas zonas el espíritu y la tradición europea, desterrando de una vez y para siempre lo que llegó con las invasiones turcas de los siglo XV y XVII.

Norte y sur: cielo e infierno

A medida que discurre la historia, la brecha que separa a la orilla Norte del Mediterráneo de la orilla Sur se va ampliando y nada impide pensar que ambas orillas dejaran de distanciarse cada vez más en algún momento.

En 1950, en torno al Mediterráneo vivían 212.000.000 de personas que treinta y cinco años después habían ascendido a 360.000.000  y en la actualidad han pasado a ser 475 millones. En apenas 60 años la población, simplemente, se ha duplicado. Para colmo, en ese tiempo, la zona se ha convertido en el principal destino turístico del mundo que acoge al 40% del turismo mundial. En 1971 llegaban a las costas mediterráneas del Norte y del Sur 86.000.000 de viajeros… pero en 2004 eran ya 250.000.000 y se prevé que en apenas veinte años hayan llegado a 600.000.000.

Tales flujos humanos y turísticos no pueden realizarse sin un alto coste para el medio ambiente y el hábitat natural de la zona que afectan especialmente a los países del Norte. El paisaje de las costas ha variado extraordinariamente. De vivir de la pesca, y el comercio, estos pueblos han pasado a tener una economía que depende casi exclusivamente del turismo. Masificación, contaminación medioambiental, escasez de agua, se van afirmando como los grandes problemas de la zona, mientras que en el Sur la aparición del fundamentalismo islámico ha hecho que el crecimiento económico–turístico de la región se haya visto limitado.

La constatación más espectacular, con todo, no es ésta, sino el desequilibrio demográfico entre Norte y Sur. Si en 1950 dos tercios de la población se situaba en el Norte, en 1985 se distribuía por igual y en 2025, el Sur dispondrá de dos tercios de los habitantes. La conclusión que demográfica que se impone es obvia: el Norte envejece mientras que en el Sur bullen pueblos “jóvenes”. La constatación es todavía más escalofriante si se tiene en cuenta que en los países del Sur del Mediterráneo los menores de 30 años suponen ¡entre el 60 y el 75% de la población!

Engañados por los medios de comunicación, esta inmensa masa de jóvenes del Sur, sin cultura ni educación, ni futuro en su tierra, ven en los escaparates de consumo europeos su gran objetivo a alcanzar, para ellos su ídolo, imagen e icono es Zinedine Zidane (de la misma forma que todo africano cree que podrá llegar a ser un Samuel Etóo…). Si a esto unimos la imagen de la mujer europea en contraste con la mujer islámica envuelta en velos y enmascarada, se entenderá que entre los jóvenes del Magreb se mire a Europa como tierra de promisión. Además no hay que olvidar el papel de los predicadores islámicos fanáticos que perciben la debilidad europea (injertada por el progresismo y el liberalismo) e incluso consideran que la presencia islámica hasta Poitiers hace que los territorios de la Península Ibérica y el Mediodía francés sean considerados como “tierra islámica usurpada por cruzados e infieles”.

Cortar en seco esta riada migratoria (sí, se pueden poner puertas al campo…) y repatriar a los excedentes de inmigración que se hayan negado a integrarse en la sociedad europea o que no hayan respetado la legislación europeo, es prioritario para restablecer la normalidad en la orilla Norte del Mediterráneo.

Es cierto que el Mediterráneo es hoy, preferentemente, una zona de intercambios comerciales. Más del 50% de los flujos comerciales de los países del Sur se realizan con la orilla Norte e incluso Argelia, Marruecos y Túnez destinan el 75% de sus exportaciones a la Unión Europea. Sin embargo, el intercambio comercial de los países del Sur con otros de su entorno cultural es bajo, muy bajo o bajísimo. Marruecos apenas tiene un volumen del 5% de intercambios con Siria a pesar de que la Liga Árabe desde hace décadas pone especial énfasis en promover el aumento del intercambio comercial entre países islámicos.

Si bien el Sur del Mediterráneo está políticamente colonizado por los EEUU desde finales del siglo XX (la instalación del Mando de África del Pentágono en Marruecos solamente ha sido la última confirmación de esta tendencia) la UE es el primer inversor directo en la zona (con un 39% del total) y la primera fuente de asistencia y medios de financiación (todos los años concede 3.000.000.000 de euros en préstamos y ayudas no reembolsables))). Esta política también es insostenible: se ayuda a la orilla Sur (aunque la corrupción y la mala gestión generan que buena parte de esa ayuda se pierda) mientras aumentan las deslocalizaciones del Norte y aumenta el flujo migratorio de Sur a Norte. Difícilmente en la historia se ha visto una iniciativa de este tipo que perjudique tanto a un pueblo y que siga de manera suicida: el Norte invierte para que el Sur desarrolle una industria propia… en detrimento del Norte de donde se deslocalizan industrias en dirección al Sur y, paralelamente, se permite el establecimiento sin límites en el Norte de inmigrantes procedentes del Sur. Para colmo, los inmigrantes magrebíes residentes en Europa han hecho que la primera fuente de ingresos del Magreb no sea ni el petróleo, ni el turismo, ni la industria… sino las remesas enviadas por los inmigrantes: una verdadera fuga de capital institucionalizada y aceptada por todos.

La brecha cultural

Pero donde las cifras son más espeluznantes en relación a las diferencias de desarrollo entre el Norte y el Sur es en lo relativo a los ámbitos culturales. En 2005, el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres de la orilla sur eran analfabetos. Esta situación es inseparable del fatalismo insertado por la religiosidad islámica (“Alá es dueño de todo, Alá es todopoderoso, todo lo que vale la pena conocer está escrito en el Corán”…, una frase que todavía repiten de manera monocorde miles de imanes analfabetos en el norte de África).

No es raro que  las inversiones en materia de “Investigación + Desarrollo” sean completamente inexistentes en el Sur. ¿Para qué invertir algo si la UE ya aporta los fondos para cubrir esa partida presupuestaria? En efecto, en 2003, los países de la UE se fijaron como objetivo alcanzar una inversión del 3% del PIB en materia de I+D. Mientras, Egipto dedica apenas el 0’5% y Túnez el 0’4, siendo los dos países árabes más avanzados en esta materia.

¿Libros? En el Norte es una industria pujante y si bien los libros impresos disminuyen sus tiradas (aunque aumenta el número de títulos editados…), ha irrumpido el e–book que garantiza la buena salud del libro en el Norte. En el sur, en cambio, es una industria cultural agónica: los libros publicados en todo el mundo árabe apenas representan el 1,1% de la producción mundial, lo que da una idea de cómo es el desierto árabe en materia de edición.

En el capítulo de las nuevas tecnologías las cifras son igualmente lamentables para la orilla sur: en todo el mundo hay un promedio de 80 ordenadores por cada mil personas, pero en los países árabes apenas hay 22 por cada mil y apenas el 1,6% de la población tiene acceso a Internet.

Políticamente la situación es aun más desastrosa para el Sur: las democracias del Norte (con todas las limitaciones y los procesos degenerativos que se quiera) tienen como contrapartida gobiernos autoritarios cuando no teocráticos (o una mezcla de ambos), regímenes de partido único y no hay absolutamente ningún rastro de alternancia real.

El fracaso político del Sur

Europa vive una situación de estabilidad política desde 65 años una situación de estabilidad política creciente que cobró un nuevo aspecto en la primera mitad de los 70 cuando desaparecieron los regímenes autoritarios de los países mediterráneos y cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. Sin embargo, en la orilla Sur del Mediterráneo hemos asistido a procesos políticos caracterizados siempre por un aumento de la inestabilidad. La presencia del Islam es inseparable de esta inestabilidad. El Islam siempre ha demostrado una increíble falta de adaptación y una imposibilidad para aplicar fórmulas modernas de pluralismo político. Presos de la “obsesión religiosa”, la orilla Sur del Mediterráneo ha vivido crisis cíclicas y en los últimos 60 años ha sido incapaz de prescindir de regímenes dictatoriales y autoritarios.

Lo mejor que ha dado la orilla Sur después de la Segunda Guerra Mundial ha sido, indudablemente, lo que podríamos definir como regímenes populistas laicos cuya primera manifestación fue el kemalismo turco implantado a partir de 1924 y que tuvo similitudes con el régimen tunecino de Habib Burguiba. En ambos casos de trataba de regímenes laicos que ponían el énfasis en el desarrollo económico y en la occidentalización que obtuvieron buenos resultados. Experiencias relativamente parecidas tuvieron lugar en Egipto (con Nasser), Siria e Irak (con el Baas) y Libia (con Ghadaffi). Sin embargo, aquí los resultados han sido más modestos.

El nacionalismo árabe que prendió en 1952 en Egipto se tradujo en un régimen autoritario que reprimió a islamistas, comunistas, comerciantes y terratenientes y cuyo modelo estuvo más cerca del fascismo italiano que de cualquier otro régimen (existe una famosa foto de Nasser inaugurando la sede del Movimiento Social Italiano, el partido neofascista, en El Cairo poco después de llegar al poder). Durante su primera época, Nasser obtuvo unas tasas de crecimiento económico excepcionalmente buenas, lo que hizo que su prestigio internacional aumentara y pasara a ser uno de los puntales del Movimiento de Países de Alineados. Sin embargo, la intervención anglo–francesa en Suez (1956) y la derrota de Egipto ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) comprometieron definitivamente la viabilidad del régimen que, finalmente periclitó con la muerte de Nasser y el final de la guerra del Yonkipur (1973).

En Argelia se produjo una situación similar cuando accedió al poder Houari Boumediene tras el largo y sangriento proceso independentista que situó a Francia al borde de la guerra civil y generó una oleada de terrorismo independentista así como una respuesta por parte de la OAS (resistencia francesa en Argelia). En su afán anticolonialista, tanto Nasser como Boumediene terminaron acercándose a la Unión Soviética y desembocando como los gobiernos baasistas de Siria e Irak en regímenes policiales. Desde el punto de vista económica el resultado de todos estos regímenes no fue malo, pero el deslome de la URSS se produjo una nueva situación en la que se demostró que ninguno de estos regímenes había sido capaz de demoler la estructura social basada en clanes procedentes de la Edad Media.

Lo mismo ocurrió con los regímenes semiparlamentarios y semiautoritarios que aparecieron en la orilla sur desde los años 50. Se trataba de monarquías que, como la marroquí o la jordana (e incluso como la libia hasta el golpe de Ghadaffi en 1971) se presentaban como regímenes “más europeos” y declaraban incluso tener rasgos “liberales y reformistas”. En realidad, ninguno de estos regímenes ha tenido éxitos económicos notables, y han desembocado en sistemas difícilmente definibles a medio camino entre la democracia y el stalinismo, con una tendencia más acusada a este último que al primero.

La aparición del Islam en la escena se produjo cuando los regímenes de populistas laicos o nacional–populistas empezaron a ofrecer malos resultados económicos y fracasos político–militares ante el Estado de Israel. En la orilla Sur sigue incólume la llamada “economía de renta”  (de tipo tributario, basada en la posesión de bienes raíces y en una fiscalidad aberrante sobre las clases medias que siempre impedirá su ascenso y que no tiene nada que ver con la producción de riqueza y mucho menos con su distribución). Ese modelo económico, además, requiere altos niveles de autoritarismo y corrupción y es inseparable de ambos fenómenos. Si a éstos unimos la presencia del Islam y su innata incapacidad para paralizar el desarrollo económico, así como la presión demográfica, veremos que la situación del sur del Mediterráneo es, en estos momentos, explosiva y es normal que los regímenes de la zona encomienden su futuro a los buenos oficios de los marines y del Departamento de Estado Norteamericano.

La orilla Sur ha fracaso económicamente, políticamente es un hervidero de resentimientos y de corruptelas y socialmente está anclada en la edad media y en el modelo económico rentista que hace imposible la cristalización de una burguesía media con capacidad suficiente como para que pueda desempeñar algún papel democratizador o “ilustrado”.  Los problemas sociales no se traducen en un aumento de los movimientos sociales laicos de protesta, ni por un aumento en la filiación de los sindicatos, ni por un radicalismo de los partidos políticos o de los grupos obreros, sino… por un aumento del apoyo a los partidos islamistas que con sus promesas de “justicia social” y de “redistribución caritativa de la riqueza”, lanzan un mensaje que indudablemente cala cada vez más en las masas desheredadas que sólo contemplan una salida en la inmigración a Europa.

Las estructuras autoritarias y represivas de los Estados de la orilla Sur han conseguido momentáneamente detener el ascenso del islamismo radical en algunos países (como Argelia), desviarlo hacia actividades extraparlamentarias (como en Marruecos con Caridad y Justicia que se inhibe de participar en procesos electorales) o simplemente reprimiéndolas brutalmente (como en Egipto que todavía no ha cesado la presión sobre los Hermanos Musulmanes). No es raro que estos regímenes se hayan arrojado en manos de los EEUU en un intento de garantizar el trueque de garantizar la seguridad de sus estructuras dirigentes a cambio de colaborar con el Pentágono, es decir, un intento de extender a todo el mundo árabe el pacto que dura ya casi un siglo de los EEUU con la dinastía de los Saud en Arabia Saudí. Pero así como en Arabia es fácil garantizar el orden y controlar a la población, en el Magreb todo esto resulta mucho más difícil, casi imposible, a la vista de las extraordinarias aglomeraciones humanas que han aparecido en torno a las grandes ciudades y que hoy son un semillero de radicalismo.

En la actualidad, la opción de emprender el camino de la inmigración es una válvula de escape para los jóvenes magrebíes: pero no durará siempre. La mayor parte de Europa está imponiendo restricciones a estos flujos masivos. Es cuestión de tiempo que esos flujos (los que ya están instalados en Europa y los que no pueden acceder a Europa) generen un resentimiento antieuropeo que se traducirá en unos mayores índices de conflictividad tanto en política internacional en el área mediterránea como en el interior de los países de la orilla Norte y de la orilla Sur. Europa debe estar preparada para ese momento porque el resultado de unas masas desesperadas galvanizadas por imanes analfabetos y aventureros puede dar como resultado el que el desequilibrio entre la orilla Norte y la orilla Sur se traduzca en un enfrentamiento “caliente” en la zona. Y si bien Europa es hoy incapaz de mantener fuerzas militares ofensivas, deberá por lo menos asegurar su defensa interior y de su estilo de vida. Si no mediante las fuerzas armadas y de orden público, sí al menos mediante fuerzas paramilitares organizadas por como fuerzas de autodefensa de la ciudadanía.

Éste va a ser el precio a pagar por no reconocer durante 60 años las diferencias entre la orilla Norte y la orilla Sur. Cuando las diferencias existen y son de la magnitud que hemos expuesto, ni las buenas palabras ni el humanismo angelical sirven para detener el conflicto: el Sur está dispuesto a “tomar” lo que el Norte tiene ante la incapacidad de alcanzar su nivel de vida. Cuando la brecha es tal como la existente en la actualidad, el único principio que cabe aplicar en el Norte es el de “precaución” en relación al Sur. No se trata de poner un puente de plata, ni de ayudar al Sur, tanto como de establecer una divisoria: al Norte los territorios libres del Islam y al Sur los territorios islámicos, al Sur la barbarie y al Norte la civilización, ¿y los islamistas presentes en el Norte? Es simple: deben ser repatriados o diluirse –en caso de que puedan- en las sociedades de la orilla Norte.

Hace 400 años, la expulsión de los moriscos marca el modelo a adoptar: la quinta columna del imperio otomano fue expulsada tras intentar la insurrección. El “principio de precaución” ante el Sur sitúa este modelo histórico nuevamente en primer lugar…

[recuadro fuera de texto]

El Proceso de Barcelona y la Unión por el Mediterráneo

Crónica del fracaso del irrealismo político

Los días 27 y 28 de noviembre de 1995 se celebró en Barcelona la llamada Conferencia Euro–Mediterránea que incluyó a todos los países de la UE (incluidos aquellos del Este aún no integrados pero con los que se habían iniciado conversaciones para su integración) y todos los países de la orilla Sur (salvo Libia). La conferencia intentó ser un proyecto geopolítico elaborado en las postrimerías del felipismo a fin de realzar el papel internacional de España y para reforzar los procesos de relanzamiento iniciados con los “eventos del 92” (Olimpiadas de Barcelona, V Centenario del Descubrimiento y Exposición Mundial de Sevilla) y que fue asumido por la UE.

La declaración final propuso una “asociación con el fin de crear en el Mediterráneo “un espacio de paz, estabilidad, seguridad y prosperidad compartida”, lo que implicaba trabajar en tres direcciones: asociación política (definiendo un espacio de paz y seguridad), asociación económica (medidas para una “prosperidad compartida”) y asociación cultural (“favorecer los intercambios entre culturas y entre las sociedades civiles”). Se trataba, por supuesto, de un cúmulo de buenas intenciones que sedujo a la izquierda europea y que ignoraba por completo los hechos esenciales: diferencias abismales y brechas entre el Sur y el Norte y reforzamiento en el Sur del peligro islamista. Quince años después de su fundación el llamado “Proceso de Barcelona” y la “Unión para el Mediterráneo” que le sucedió en 2008 no han servido absolutamente para nada constituyendo uno de los fracasos más notorios de la UE y, en particular del gobierno español y al francés que tomó el relevo.

Cuando Nicolás Sarkozy ocupó la presidencia francesa relanzó (y rectificó) el Proceso de Barcelona en una iniciativa que fue criticada por la Unión Europea e incluso por Turquía. Inicialmente sólo Zapatero y Romano Prodi aceptaron la propuesta y en la cumbre de Ministros mantenida en Marsella el noviembre de 2008, se acordó crear este organismo (con sede en Barcelona) con una intención de participar en el proceso de paz de Oriente Medio.

A la creación de este organismo siguió pocos meses después el estallido de la gran crisis económica en la que todavía nos encontramos y por eso, el proyecto fue aparcado completamente por todos sus integrantes. Francia intentaba con este proyecto recuperar el protagonismo perdido en el Norte de África y participar en las conversaciones de paz en Oriente Medio. El propio Estado de Israel se ha desinteresado por la iniciativa (que él mismo suscribió) y otro tanto ha ocurrido con la Liga Árabe a la que pertenecen todos los países de la orilla Sur.

Francia no ha contado con fuerza suficiente ni capacidad de arrastre ni en el Norte ni en el Sur como para comprometer profundamente a las cancillerías en su proyecto. En el Sur se da como una tendencia ya consumada el aumento de la presencia político–militar de los EEUU en detrimento de Francia, potencia hasta principios del milenio hegemónica en la zona. Por si esto fuera poco, la República Popular China también ha iniciado un proceso de penetración en África que hace que las posibilidades francesas de recupera protagonismo en la zona se reduzcan a cero.

Resulta significativo que la celebración de la Cumbre Francia–África en Niza a principios de junio de 2010 haya pasado casi completamente desapercibida a pesar de haber sido convocada por Sarkozy y Hosni Mubarack y contar con el apoyo del presidente en funciones de la UE, Zapatero. La aspiración de este último de celebrar en Barcelona el pasado 7 de junio la prevista cumbre de la Unión para el Mediterráneo, se vio coronada por un nuevo fracaso que deslucía todavía más si cabe el “semestre español” al frente de la UE.

Sarkozy ha cometido el mismo error que cometió Francia y Alemania en los años 90 subordinando la “profundización” de la UE a la “extensión” de la misma. Se ganó en superficie pero se perdió en cohesión y en coherencia. Con la Cumbre Francia–África o con iniciativas como la Unión por el Mediterráneo, la dispersión geográfica y la multiplicidad de objetivos cierran posibilidades reales para que puedan establecerse áreas en las que la cooperación resulte verdaderamente eficaz. Ni siquiera, por otra parte, se establecieron áreas de prioridad y todo adquirió la forma de una maraña inextricable en donde se hablaba de “derechos humanos”, “democracia”, “libre comercio”, “cerrar el paso al terrorismo” , “cooperación económica y desarrollo”, etc, pero sin indicar cuales eran los objetivos prioritarios. Marruecos, por ejemplo, entendió que lo prioritario era el “desarrollo” y puso la mano para pedir subsidios y subvenciones de la UE y para que Europa abriera las puertas a sus productos agrícolas de ínfima calidad. A Marruecos, indudablemente, no le interesaban ni regular los flujos migratorios (primera fuente de ingresos de su economía vía remesas), ni por supuesto obstaculizar el tráfico de drogas (su segunda fuente de ingresos). Los intereses del Norte y del Sur eran completamente diferentes sin posibilidades de establecer acuerdos que beneficiaran simétricamente a las dos partes.

El aplazamiento de esta cumbre supone enterrar prácticamente de manera definitiva la Unión por el Mediterráneo y el Proceso de Barcelona. Difícilmente una “proceso” puede asentarse sobre bases tan “buenistas” y ambiguas como esta iniciativa. A partir de aquí los estrategas de la orilla Norte deben empezar a plantearse otra perspectiva: si la “cooperación” no ha hecho que ni el tráfico de drogas, ni el de inmigrantes, ni la deslocalización industrial, ni siquiera la industrialización del Sur, hayan avanzado mínimamente, será cuestión de empezar a pensar en políticas enérgicas de contención y de puertas cerradas o de lo contrario el desgaste que están sufriendo los países de la orilla Norte no podrá prolongarse durante mucho tiempo.

Por el momento el Proceso de Barcelona nunca logró despegar y la Unión por el Mediterráneo siempre ha volado muy bajo. Las cancillerías europeas deben revisar sus métodos, apuestas, perspectiva e instrumentos para actuar en la zona. Quizás el realismo sea la carta con la que haya que sustituir al “buenismo” que irrumpió en 1995 y que ha llevado a Europa al más estrepitoso fracaso en sus relaciones con la orilla Sur y a permitir que EEUU  e incluso China la sustituyeran en la zona.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 



 

 

Pros y contras de Facebook

Infokrisis.- Las nuevas tecnologías constituyen un bloque: se aceptan o se rechazan. Si bien hoy casi nadie –y desde luego nadie con un mínimo de lucidez– critica la irrupción de las nuevas tecnologías de la información, si en cambio surgen críticas a algunos aspectos de lo que se ha dado en llamar Web 2.0. En general estas críticas sugieren que estamos facilitando voluntariamente datos sobre nuestra privacidad que serán aprovechados torticeramente por grandes consorcios o incluso por la seguridad del Estado. Facebook en concreto –sin duda la “red social” con más seguimiento– no sería otra cosa que un instrumento desde el cual se controla nuestras vidas, es decir, Facebook sería la cristalización de la vieja idea orwelliana del “Gran Hermano”… ¿Es así o se trata de una exageración?

Probablemente el problema de fondo es que la era digital avanza a una endiablada velocidad y cuesta seguir el ritmo de las innovaciones y el alcance y utilidad de los nuevos dispositivos tecnológicos que van apareciendo de manera incesante. Esto hace que subsistan dudas sobre dónde encuadrar cada herramienta tanto de hardware como de software. Para poder encuadrar a Facebook y a las redes sociales es preciso antes situarlas en el contexto que le es propio, la Web 2.0.

¿Qué es la Web 2.0?

En un período que podemos situar entre el 2003 y el 2004 empezó a cristalizar lo que se ha dado en llamar “Web 2.0”. Nuevos sistemas de programación, nuevas herramientas de trabajo, mayor velocidad en la transmisión de datos, permitieron pasar de una concepción de Internet estática y pasiva (alguien colocaba contenidos en la red, fundamentalmente en HTML, que otros leían) a una concepción dinámica y participativa en la que el concepto esencial era el “intercambio” y la llamada “arquitectura de participación”. En este sentido la Web 2.0 no sería una tecnología –o en realidad, no sería sólo una tecnología– sino más bien la actitud a adoptar para trabajar en Internet.

Las herramientas que se integran en el concepto de Web 2.0 son suficientemente conocidas por todos los que se han aproximado mínimamente a Internet: de un lado blogs creados mayoritariamente a través de plataformas y servidores gratuitos que ofrecen todos los recursos que antes solamente eran accesibles para quienes dominaba el lenguaje HTML y contrataba bajo su coste un espacio de almacenamiento; entornos para compartir recursos que permiten su almacenado y visualización en cualquier momento y ser difundidos mundialmente, siendo extraordinariamente diversificados, desde compartir clips de vídeo en youTube y una docena larga de plataformas similares, hasta Flickr la conocida base de datos fotográfica, pasando por los programas de intercambio de archivos P2P y, por supuesto, por las llamadas “redes sociales”; también entrarían en la Web 2.0 las “Wikis”, en donde voluntarios, más o menos bien intencionados y preparados, introducen contenidos que otros usuarios pueden modificar; los impulsores de este proyecto facilitan el software y el espacio para que cualquiera pueda elaborar su propia “Wiki” dándole la orientación que desee.

También forman parte de la Web 2.0 las llamas “plataformas educativas” que, como Moodle o Webquest, ofrecen unidades didácticas extremadamente fáciles de crear y de consultar. Y por supuesto los nuevos motores de búsqueda que, como Google, ofrecen muchas más posibilidades que las de los antiguos “buscadores”: posibilidad de almacenamiento de datos, posibilidad de selección y recepción de noticias, posibilidad de estructurar una agenda y una biblioteca virtuales que no dependen de ningún disco duro sino que pueden ser consultadas en cualquier lugar, etc.

Facebook –y por extensión todas las redes sociales– no son más que una parte –y ni siquiera la más importante– de esta formidable segunda oleada de Internet cuyo principio rector es que la información debe poder introducirse y se debe acceder a ella fácilmente, adaptándose a los propios intereses del usuario de manera más simple aún.

Si todo es gratuito en la Web 2.0 ¿quién paga?

Los usuarios aportan buena parte de los contenidos y, dejando aparte, unas cuantos sites especializados y diarios digitales, la inmensa mayoría de material que puede hallarse en la Web 2.0 es “subido” sin interés económico. Sin embargo, los soportes en donde reside todo este material son relativamente caros y consumen una energía cada vez más cara, requieren cuidados por parte de personal especializado y su mejora solamente puede hacerse con el concurso de técnicos informáticos contratados; estamos hablando, pues, de cientos de miles de terabytes situados en miles de servidores esparcidos por todo el mundo mantenidos por miles de técnicos superiores. ¿Quién financia todo este entramado tecnológico que no es particularmente barato?

Además, se da la circunstancia de que las grandes empresas vinculadas a la Web 2.0 están valoradas en decenas de millones (sino cientos) de dólares, muy por encima de su patrimonio mobiliario y detrás de ellas se encuentran poderosas empresas inversoras de capital-riesgo que no apostarían por ellas (bastante tuvieron con el estallido de la burbuja de las puntocom a finales del siglo XX…) sino estuvieran muy seguros de su rentabilidad y viabilidad futura.

Es cierto que algunas de estas herramientas (las Wiki, por ejemplo) están concebidas como “fundaciones” que estimulan a los grandes consorcios a realizar donaciones a fin de reducir la cuenta de beneficios, pero lo esencial de la Web 2.0 se mantiene a través de la publicidad y de la venta de bases de datos. No hay que sorprenderse, ni mucho menos escandalizarse: en realidad lo que pretenden las redes sociales, los servicios de correo electrónico gratuito y cualquier otro instrumento es que aportemos datos sobre nosotros mismos y sobre nuestros gustos es tener nuestro perfil que permita orientar una publicidad más directa, personalizada y eficaz.

Si al abrir una cuenta de correo en yahoo.es se nos pregunta sobre nuestros intereses y respondemos que “los viajes” y damos luego el visto bueno a recibir publicidad, a partir de ese momento, recibiremos en ese mismo buzón que acabamos de abrir ofertas de turismo… que a fin de cuentas es lo que hemos dicho que nos interesaba. No hay en ello nada criticable: me dan un servicio, me envían publicidad orientada. De hecho lo criticable sería que nos enviarán constantemente anuncios de publicidad sobre temas y materias que no nos interesan en absoluto como se hizo en los primeros años de Internet.

Las actuales grandes rotativas basadas en el offset están ya hoy obsoletas y están siendo sustituidas por nuevos equipos que utilizan sistemas de impresión parecidos a las actuales impresoras caseras de chorro de tinta. Mientras que las antiguas rotativas solamente podían producir un modelo de catálogo, las nuevas permiten personalizar los catálogos según el perfil de cada consumidor. Esto ha sido considerado por algunos, con cierto dramatismo, como una “intromisión en la privacidad”…

¿El Gran Hermano conoce todos nuestros gustos?

Quienes achacan a la Web 2.0 la vulneración de la privacidad, olvidan que la optimización de los servicios gratuitos en la red debe financiarse de alguna manera y que la publicidad selectiva es más cómoda para el emisor y más útil para el receptor, respondiendo a las necesidades de venta de los productos del primero y a los gustos e intereses del segundo. Y, por lo demás, ¿forma parte de la “privacidad” el que nos guste determinada marca de café o de películas? ¿se le puede atribuir tanta importancia a algo que, de por sí, es completamente banal?

Los detractores de la Web 2.0 alegan que, a base de cruzar datos sobre nuestros gustos se obtiene un perfil muy completo de cómo somos y de cuál es nuestra intimidad. Pero esto es, igualmente irrelevante: en nuestra dimensión de consumidores (y en una sociedad capitalista todos somos, queramos o no, consumidores) importa muy poco lo que nos guste o deje de gustar. Por lo demás, los sistemas de correo electrónico más avanzados permiten desviar hacia la carpeta de Spam o hacia cualquier carpeta creada al efecto cualquier correo. En  Gmail, por ejemplo, es particularmente sencillo hacerlo y seremos dueños de consultar correos de ofertas publicitarias cuando lo deseemos… o nunca, desviándolos simplemente hacia la papelera electrónica.

Los sectores críticos olvidan que vivimos en un mundo capitalista construido a base de oferta, demanda y mercado. Es ahí y no en otro lugar en donde hay que incluir el fenómeno de las nuevas tecnologías y particularmente el de la Web 2.0. La ventaja respecto a otras herramientas en las que se ha basado históricamente el capitalismo –la publicidad convencional en radio, prensa y TV, por ejemplo– es que, mientras que aquellas nos llegaban indiscriminadamente, éstas las podemos filtrar, seleccionar, elegir o desechar.

Está claro que ambas tienen de excitar artificialmente necesidades para lograr el consumo, pero tal es la ley interna del capitalismo y sería absurdo que a estas alturas nos sorprendiéramos. La TV convencional no pretende otra cosa que vender publicidad y para que la gente se fije en ella, entre bloque y bloque de anuncios, las televisiones deben aportar contenidos.

La novedad de la Web 2.0 estriba en que, si bien se soporta económicamente mediante la publicidad, somos nosotros mismos los que podemos aportar contenidos y no estamos obligados a “sufrir” los que nos ofrezcan los grandes consorcios mediáticos. Los anuncios de Google, por ejemplo, dan incluso la posibilidad de ganar pequeñas cantidades de dinero en nuestros blogs (en determinadas plataformas, no en todas) insertando automáticamente anuncios seleccionados por los “tags” que correspondan más exactamente con los contenidos. No hay en ello nada de criticable, sino que, a fin de cuentas se trata solamente de una optimización de la inversión publicitario que algunas plataformas aceptan compartir con quien introduce los contenidos.

¿Streep-tease público en las redes sociales?

En las redes sociales el problema se complica algo más: el usuario acepta dar su perfil y que éste sea conocido por otros usuarios de la red. Se han producido abusos especialmente con gente muy joven que ha aportado datos y fotos de manera imprudente, ofreciendo demasiados datos sobre sí mismos (a principios de septiembre una usuaria de Facebook mostró la foto de sus plantas de marihuana… siendo detenida poco después). Igualmente se ha dicho que en los EEUU algunas aseguradoras sanitarias se han negado a suscribir pólizas de seguros médicos con gente que, a partir de su perfil en Facebook, demuestra pertenecer a “grupos de riesgo”. También se ha dicho que algunas empresas a la hora de contratar personal miran el perfil del sujeto, sus amistades, sus filias y sus fobias… e que incluso algunos pedófilos han utilizado las redes sociales para ubicar y entablar relación con sus víctimas.

Todo esto -a pesar de cierta vaguedad y de que entre los 35 millones de usuarios de Facebook, era inevitable que, antes o después se produjeran abusos (como en Wikipedia o en youTube y, por supuesto en blogs)- ni parece que se trate de algo generalizado, ni siquiera significativo, sino existente a título de excepciones y que no suscita ningún tipo de alarma social.

En cuanto a la exigencia de las redes sociales de que los datos aportados sean “veraces” como condición para el mantenimiento en línea del perfil… es evidentemente algo ingenuo y casi infantil. Cualquier puede crearse un nickname que sea fácilmente reconocible y compartido sólo por sus amistades e incluso utilizando su nombre real, no está obligado a aportar más datos de los que quiera sobre aficiones y gustos. En esto como en todo debe imperar el “principio de prudencia”, no aportar más datos sobre uno mismo que favorezcan la acción de grupos de delincuentes o la utilización impropia de las referencias aportadas. El problema es precisamente que algunas redes sociales –Twenty, por ejemplo– cuentan con un público mayoritariamente joven o incluso infantil proclive a revelar datos sobre su ubicación que siempre pueden ser utilizados por pedófilos y delincuentes.

Nadie obliga a realizar un streep-tease público de gustos, aficiones y tendencias sobre nosotros mismos para participar en redes sociales, pero incluso aunque se haga, la inmensa mayoría de datos son irrelevantes y el impacto de la delincuencia en estas redes es, por el momento, mínimo. Si actuamos de manera irresponsable en estas redes, es nuestra responsabilidad, no de la herramienta en sí misma. No es algo nuevo…

Parte de los adelantos tecnológicos que surgieron en los últimos quince años del siglo XX están siendo utilizados de manera impropia: los teléfonos móviles son instrumentos útiles aunque la mala educación o la falta de educación de algunos nos obliguen a oír en los transportes públicos sus conversaciones; los sistemas de reproducción de mp3, estilo iPor y similares, son un avance en todos los sentidos… a pesar de que haya gente que moleste a quienes tiene cerca colocándose el volumen a la máxima potencia hasta desbordar los auriculares y ser oído por otros a los que esa música no les interesa en absoluto; el problema de las nuevas herramientas digitales reside en que son accesibles a todos… incluso a aquellos que carecen de educación, sensibilidad y respeto por los demás, pero también a los irresponsables, a los inmaduros y a los imprudentes. Ese y no otro es el verdadero riesgo de las “redes sociales”.

¿Y los servicios de seguridad del Estado?

En los últimos dos años se han publicado algunas noticias –muy vagas, hay que decirlo, casi “conspiranoicas”– en las que se afirmaba que las redes sociales estaban controladas por la CIA y otros servicios de inteligencia y que suponían la culminación de su sueño en la medida en que el usuario da información sobre sí mismo lo que hace innecesaria una observación y seguimiento del sujeto por parte de esos servicios de inteligencia… Se trata también de una exageración.

En realidad, lo que puede obtenerse en los perfiles de Facebook es bastante irrelevante para la seguridad del Estado. Ningún terrorista anunciará jamás en su Facebook en la sección de “eventos” una convocatoria para el próximo atentado, ni felicitará por su aniversario a los otros miembros de su comando… En cuanto al seguimiento de “disidentes políticos” no terroristas, cabe decir que ya se realizaba antes mediante el control de las listas de correo electrónico o de los accesos a determinadas webs vincularas a grupos extremistas. Lo importante es tener en cuenta que la abundancia de datos que pueden desprenderse de un perfil de Facebook y del listado de sus “amigos”, es muy relativa: al igual que el contenido de una conversación en un teléfono intervenido supone para la seguridad del Estado una mera pieza de un puzle que no se sabe muy dónde colocar, los datos que pueden desprenderse de Facebook son un aluvión de material e informaciones irrelevantes en donde nadie verdaderamente peligroso ni que se haya propuesta atacar al Estado colocará nada verdaderamente importante y decisivo.

Un crítico de Facebook ha dicho recientemente: “Lo blogsfera no sirve para el control social, pero las mal llamadas redes sociales no sirven para otra cosa”… ¡claro que sirven para otras cosas! Por ejemplo, para difundir ideas disidentes. Son decenas de miles los perfiles de Facebook que difunden noticias, links informativos, intercambian opiniones contra la globalización y contra el sistema socio-político… y no ocurre nada, salvo que la “disidencia” crece. La posibilidad de un control social existe pero es mucho más grave (y está más confirmada) a través de otros sistemas, como la red ECHELON, ideados precisamente para eso. Cualquiera que haya analizado datos de inteligencia sabe que el aluvión de informaciones irrelevantes que se encuentran en las “redes sociales” sirve para poco o muy poco y casi siempre para nada, apenas para estar informado de una convocatoria de grupos radicales antiglobalización o sobre las actividades de algún grupo de skins ultrarradicales… que ya tienen en su interior suficiente número de infiltrados de todos los servicios de seguridad del Estado como para tener que recurrir a Facebook…

¿Para qué pueden utilizarse políticamente las “redes sociales”?

La respuesta es “para mucho”. La lectura del libro de Juan Faerman Faceboom es suficientemente ilustrativa. La facilidad para dar de alta a “amigos” permite en pocos meses conectar con varios cientos de personas con los que se pueden compartir informaciones, enlaces, vídeos, música, opiniones, etc y también, por supuesto, programas políticos, consignas electorales, materiales de campaña y todo aquello que ayer era difícilmente accesible para las opciones marginales o nuevas que no tenían acceso a los grandes medios de comunicación. En las “redes sociales” uno puede contentarse con ser espectador pasivo o bien ser actor introduciendo el propio material que sostenga a determinada opción política. Habrá algunas que interesarán más que otras y eso mismo será la prueba del dinamismo de cada opción y de su capacidad de enlace con los intereses de grupos sociales concretos. En el momento en que el DNI electrónico esté más extendido y el voto electrónico se haya generalizado, posiblemente la respuesta del electorado esté mucho más influida que ahora por las “redes sociales” y, desde luego, será muy diferente a la que existía mientras solamente hubo publicidad convencional.

La irrupción de las redes sociales ha hecho que algunos productos de Internet ya estén anticuados. A nadie con dos dedos de frente se le ocurriría hoy lanzar un nuevo “diario digital” (los últimos intentos se han saldado con estrepitosos fracasos y, no digamos, quienes han pretendido cobrar por los contenidos, caso de Factual que duró menos de un mes en activo): las noticias circulan por la red, cualquiera puede darse de alta en Alertas Google y disponer en tiempo real de informaciones sobre los temas que le interesen; le bastará luego, simplemente, colocar en su Facebook links con esas noticias y añadirles un pequeño comentario.

El hecho de que, de momento Facebook solamente admita 400 caracteres es un elemento extremadamente positivo obligando a sintetizar el mensaje y la idea que se pretende transmitir: lo que en otro tiempo se llamó “lengua espartano” o “lenguaje lacónico” en donde lo esencial era comprimir las palabras, lograr brevedad, austeridad en los adjetivos, esencialidad en las ideas y transmitir un mensaje inequívoco y que no pueda interpretarse erróneamente…

Si alguien lo desea también podrá entretener a sus amistades incorporando fotos o montajes fotográficos, podrá mostrar vídeos de youTube o música de Goear y, finalmente, en apenas media hora mostrará en su “perfil” noticias con su correspondiente comentario (lo que equivaldrá a un diario digital), links a artículos que le interese promocionar (con lo cual logrará potenciar los blogs que desee) y conseguirá entretener audiovisualmente a  unos “amigos”, con los que podrá discutir, intercambiar ideas, chatear y conocer sus sugerencias.

Conclusión: el “Gran Instrumento”

Parece difícil rechazar todo esto con la excusa de que nuestra privacidad puede verse vulnerada. Las nuevas tecnologías han hecho que algunos instrumentos que hasta hace poco parecían innovaciones espectaculares (los grupos de “news”, las listas de intercambio de correos electrónicos, soportes como Geocities, etc.) hayan quedado laminados cuando apenas habían cumplido 12-14 años de existencia, siendo sustituidos por otros mucho más eficaces e interactivos. Lo que hoy está en la cresta de la ola, no tardará mucho en ser sustituido por otras herramientas y otras tecnologías cuyo único riesgo es que el Estado, con la excusa de la “propiedad intelectual”, intente limitar su uso o, incluso, prohibirlos…

Las “redes sociales” son hoy una herramienta de síntesis de otras existentes previamente, la culminación en 2010 de los avances tecnológicos ocurridos en Internet en los 10 años anteriores. Como todo, estas redes sociales también son susceptibles de críticas (ya hemos resaltado que no tienen en cuenta la ponderación y prudencia de sus usuarios) pero nos equivocaríamos si pensáramos que la herramienta en sí misma es malvada, obtusa o perjudicial: quien es malvado y obtuso es su usuario irresponsable, nada más.

La Web 2.0 es un pack en el que entran distintos productos y herramientas: o se acepta en bloque o se rechaza en bloque. De la misma manera que hoy resulta imposible viajar en avión y fumar y si uno siente la necesidad irreprimible de encender un cigarrillo siempre tiene la opción de no subir al avión, así mismo cuando uno accede a la Web 2.0 le va a resultar difícil rechazar una herramienta y aceptar el resto.

Las excusas para rechazar las “redes sociales” carecen de fuerza convicción suficiente como para ser asumibles, parten de presupuestos conspiranoicos poco o nada demostrados. Los vínculos siniestros entre servicios ignotos de inteligencia y la empresa gestora de Facebook, son demasiado tenues y la lógica dice que su utilización a afectos de la seguridad del Estado acarrearía más problemas (especialmente de saturación de información en su inmensa mayoría completamente inútil) que ventajas a la hora de desarticular grupos problemáticos. En cuanto a descubrir nuestros gustos y nuestras afinidades no es ciertamente negativo en la medida en que permite que recibamos publicidad orientada según nuestros intereses, publicidad que, por lo demás, podemos leer o rechazar con un simple golpe de tecla. Si nuestra “privacidad” consiste en saber si utilizamos brandy, bourbon o vinacho, es que tenemos una pobre privacidad...

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

“Globalización” o “Gobierno Mundial”

Infokrisis.- Con el tiempo se ha ido sabiendo que la reunión del Club Bildelberg el pasado año 2010 supuso una quiebra en el interior de este grupo de poder a causa de las diferencias entre un grupo de elite norteamericano compuesto por capitales subordinados a los intereses del Estado de Israel, y otro que no se siente cómodo con esta situación y quiere ir más allá se la globalización. Se trata de una importante fractura generada en buena medida por la crisis económica mundial. El hecho de que la situación esté evolucionando hacia el caos hace temer a las dos fracciones del Club Bildelberg que pueda producirse una situación de descontrol generalizado que solamente terminaría con un conflicto bélico de envergadura.

 

A partir de la reunión de Sitges del Club Bildelbergs existen dos opiniones enfrentadas. Es la primera vez desde que existe esta organización en la que las diferencias impidieron aportar acuerdos. Y esta fractura llega en plena crisis económica mundial. La primera fracción del Club –compuesta por capitales norteamericanos subordinados al Estado de Israel y, en buena medida, procedentes de financieros de origen judío– aspira a seguir manteniendo el proyecto de Nuevo Orden Mundial, esto es, la globalización tal como ha conocido a partir de 1989. No puede hablarse de un perfil ideológico de este grupo, pero sí de unas reacciones y actitudes comunes: esta fracción considera que los EEUU son el “pueblo elegido de la modernidad” y está vinculado por lazos indelebles e incluso místicos con el “pueblo elegido de la antigüedad”, Israel.

¿Dónde situar Bildelberg?

Algunos analistas consideran que el Club de Bildelberg es la cúspide de la pirámide del “poder mundial”, bajo la cual se sitúan otras conferencias y círculos similares de menor rango: la Comisión Trilateral que agrupa a magnates, políticos y comunicadores procedentes en exclusiva de EEUU, Japón y Europa; el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y su corresponsal en el Reino Unido, el Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) que unen a esferas influyentes en el mundo anglosajón. La cúspide es, indudablemente, el Club de Bildelberg que sería una especie de “élite de la élite” y agruparía a personalidades del mundo de las finanzas, la gobernación, la comunicación y los medios de todo el mundo en sus encuentros anuales.

A lo largo de los más de cincuenta y siete años de existencia, la fisonomía del Club ha ido cambiando desde los primeros momentos en los que su fundador, Joseph Retinger, intentaba promover el entendimiento entre los EEUU y la Europa de la postguerra. Con el paso del tiempo, los asistentes fueron variando y ampliándose. El tratamiento de los temas dejó de ser meramente consultivo para irse convirtiendo en un “foro operativo”.

Las dos últimas reuniones del Club han tenido lugar en “zonas de conflicto económico”: en Grecia en 2009 y en España en 2010. En ambas reuniones se aludió a la crisis económica y a los países PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, España) y fue en el curso de estos dos encuentros cuando, a la vista de la gravedad y el creciente descontrol de la situación económica, se generó y se fue ampliando la brecha entre las dos alas del Club.

La crisis ingobernable

Como se sabe, inicialmente, la crisis económica se presentó como localizada en los EEUU y generada por las “hipotecas basura”, las famosas subprimes. A fin de cuentas, parecía no ser nada más que un ambicioso conjunto de operaciones inmobiliarias excesivamente arriesgadas, que tan solo dañarían a algunos pequeños aventureros financieros, pero que no afectarían a lo esencial de sistema mundial.

El hecho de que el presidente Bush se viera obligado a poner en marcha un “plan de salvataje” bancario que se comió literalmente 800.000 millones y la noticia de que los “activos tóxicos” circulaban por todo el mundo y tenían capacidad para “infectar” a otras instituciones de crédito y bancos no norteamericanos, fueron las primeras señales de la gravedad del problema y de lo incomprensible de que se hubiera producido.

Si bien la primera operación de rescate bancario consiguió salvar a los grandes bancos hipotecarios norteamericanos (Fanny Mae y Freddy Mac), distó mucho de reactivar la economía mundial (2009) y, a partir de ese momento, lo que era tan sólo una crisis coyuntural que iba a afectar solamente al sector inmobiliario norteamericano y a unos cuantos bancos lo suficientemente estúpidos para conceder créditos imposibles de reembolsar, se convirtió en una crisis estructural y generalizada.

Desde que el lunes 15 de septiembre de 2008 cayeron Lemhan Brothers y American Internacional Group (AIG), la mayor aseguradora del mundo, empezó a percibirse la ingobernabilidad de la crisis. ¿Se trataba de caídas provocadas? Por supuesto: un sector del Club de Bildelberg estaba persuadido de que había que salvar como fuera a la globalización y para ello era precisa sacrificar el papel preponderante de los EEUU en el mundo. Esta era la clave del problema tal como la planteaba un sector del Club frente a los “nacionalistas norteamericanos” tipo Brzezinsky.

El razonamiento era simple: el origen de la globalización se encuentra en la resolución favorable a los EEUU de los cuarenta años en que se prolongó la Guerra Fría. Del “duopolio” se pasó al “monopolio” internacional. Y la consecuencia lógica de la nueva situación creada con la caída del Muro de Berlín fue la creación de un sistema económico mundial patroneado por los EEUU. Pues bien, este esquema ya no sirve… y ha demostrado su ineficacia a lo largo de esta crisis

En el fondo de la cuestión reside la creciente convicción de que la crisis en estos momentos es incontrolable (tal como teme un sector del Club de Bildelberg, y buena parte de los economistas mundiales). La crisis para un sector de Bildelberg sería una crisis del neoliberalismo… que paradójicamente se intenta resolver aplicando fórmulas neoliberales en lo que parece ser una reedición de la triste historia del bombero incendiario. El problema es cómo ambas fracciones del Club entienden ese “neoliberalismo”…

Doce años que cambiaron al mundo… y que han concluido

Si durante el período que se prolongó desde 1989 hasta el 11–S de 2001, el poder hegemónico norteamericano fue inapelable tanto en lo económico como en lo militar (y, por lo demás, el poder del dólar se basaba en el presupuesto del Pentágono y en las bayonetas de los marines), sin embargo, a partir de 2001 se percibieron tres fenómenos nuevos: el ascenso irresistible de nuevos países con voluntad de convertirse en superpotencias económicas regionales (India, Irán, Brasil); por su parte, el crecimiento chino auguraba, en segundo lugar, que en apenas 15 años su economía se convertiría en la primera a nivel mundial; y, finalmente, que los EEUU se habían convertido en la aspiradora del ahorro de todo el mundo al necesitar diariamente algo más de 2.000 millones de dólares inyectados en sus bolsas (procedentes especialmente de China, pero también de Rusia, de la Unión Europea, de India y de los países productores de petróleo) para asegurar el “american way of life”…

Estos tres fenómenos evidenciaron:

1)      Que los “países emergentes” y una Rusia salida de la crisis del postcomunismo, no iban a seguir tolerando por mucho tiempo ni la tiranía del dólar en los mercados mundiales, ni la insolencia de los EEUU a la hora de aproximarse mediante la política del “big stick” (el gran garrote) a las fuentes energéticas mundiales y a garantizar su control mediante una red de 700 bases militares repartidas a través de cien países y asumen más del 50% del presupuesto global de defensa de todo el mundo.

2)      Que la economía norteamericana se había convertido en una economía parasitaria y había dejado desde hacía mucho tiempo de ser una economía productiva y que esa posición solamente era posible gracias a la existencia de la Reserva Federal y al control del valor del dólar. La economía norteamericana hoy, en 2011, precisa entre el 40 y el 45% del ahorro mundial para financiar su consumo interior. Existe la sensación cada vez más vivida fuera de los EEUU de que con ese dinero se están financiando guerra ofensivas y de invasión que solamente benefician a los EEUU. Esto demuestra también una gran impotencia: sin la compra de bonos del tesoro norteamericano que realiza todo el mundo, éste país no estaría en condiciones de mantener sus aventuras bélicas del exterior. Y al mismo tiempo una situación de interdependencia de la economía mundial: si China ha adquirido con sus “ahorros” bonos del tesoro norteamericanos, su economía está relacionada a los EEUU y la seguridad de su dinero depende de la salud del dólar. Para los teóricos norteamericanos de la globalización (Paul Volcker primero y Brzezinsky luego) esta interdependencia de las grandes economías garantizaría la paz mundial…

3)      Que la crisis ha afectado desigualmente a distintas partes del mundo: en China el crecimiento ha proseguido, Rusia, por su parte, sigue reconstruyendo su sistema de producción, en Iberoamérica la crisis se ha notado menos que en Europa o en EEUU y en India el crecimiento, aunque ralentizado, prosigue. Esto ha generado una nueva situación geopolítica que no favorece en absoluto al poder mundial de los EEUU: el eje de la economía mundial se está desplazando hacia el Pacífico, pero su eje se está alejando de la Costa Oeste de los EEUU y situándose en Asia… y esto es precisamente lo que reconoce un sector del Club de Bildelberg. Sería este sector el que aspira a poner fin a la actual situación de monopolio hegemónico del poder mundial que detenta los EEUU y que cada vez se corresponde menos con su hegemonía económica y con la salud del dólar.

Si esto es así, la hegemonía mundial de los EEUU cada vez es menos interesante para la globalización. Es más, la existencia misma de la nación americana, con sus recursos, con su constitución, con sus bases militares, empieza a ser demasiado costosa para mantener un sistema mundial globalizado.

En el mes de diciembre se puso de manifiesto, por ejemplo, la llamada “guerra de las divisas”, fundamentalmente entre el yuan chino y el dólar japonés. Ambas economías tienen un comportamiento similar, ambas tienen lo que Europa no tiene, herramientas para fijar su política monetaria. Algo que le parece intolerable a algunos antiguos partidarios de la globalización que hoy se decantan hacia el “gobierno mundial”. La globalización no ha podido terminar completamente con el poder de los Estados Nacionales y, por tanto, siguen existiendo leyes, gobiernos, fuerzas armadas, intereses en definitiva, que defienden soberanías y gobiernos que dependen de elecciones libres y, por tanto, del estado de ánimo de la opinión pública.

Los “mercados” (eufemismo para mencionar a un pequeño grupo de financieros que inspiraron la globalización), por ejemplo, ha presionado sobre Zapatero para que aprueba “reformas” que acentúen la vinculación española al sistema mundial globalizado… pero la posibilidad de caer en picado en las encuestas, una vez se apliquen estas reformas, es lo que hace dudar a Zapatero y genera impaciencia en los “mercados”. Esto es precisamente lo que un sector del Club Bildelberg quiere evitar a nivel internacional: aspiran, no solamente a un sistema económico mundial autónomo del poder político y con hegemonía de los “mercados”, sino que aspira a que estos “mercados” dicten las normas políticas al margen de los gobiernos democráticos y de sus recursos. Y es en ese momento en el que estalla la llamada “guerra de las divisas” como demostración de la existencia real de este problema.

De la “globalización” al “nuevo orden mundial”

En efecto, la “guerra de divisas” se basa en la presunción de que el yuan está sub-evaluado y el dólar sobre-evaluado… lo cual es rigurosamente cierto en ambos casos. Tanto la Reserva Federal como el Banco Central Chino tienen potestad para fijar políticas monetarias y especialmente tasas de interés; la Reserva Federal compra los bonos del tesoro que emite el gobierno de los EEUU emitiendo, simplemente, dinero. Pero China, hace exactamente lo mismo: ambas –es Samir Amin quien lo explica en una reciente entrevista– “han conservado en su poder las herramientas necesarias para manejar su política monetaria”… algo que la Unión Europea desde los acuerdos de Maastrich y Lisboa ha renunciado a hacer.

El Banco Central Europeo, por ejemplo, no tiene capacidad para prestar dinero al Estado y su única atribución es… controlar la inflación y conjurarla, cómo si ese fuera el único riesgo para una economía… El Banco Central Europeo ni siquiera tiene capacidad para fijar las tasas de interés ¡deja esa potestad al mercado bancario… y se limita a reconocer cada mañana el termómetro que fijan los mercados! Y los “mercados” nuevamente son un eufemismo para mencionar a los bancos a los bancos europeos, a los bancos norteamericanos y a los bancos foráneos que operan en Europa. Increíble, pero cierto: Europa ha emitido una moneda única, pero ha dado su control efectivo, no a las naciones europeas, sino a las instituciones de crédito, europeas, no europeas… y incluso anti–europeas.

La percepción que tiene un sector del Club de Bildelberg es que la globalización encuentra problemas en la medida en que todavía existen Estados–Nación que mantienen instrumentos para utilizar la economía en beneficio propio. Así pues, a la etapa de la globalización, proponen que suceda la etapa del “gobierno mundial”.

En esta nueva etapa de lo que se trata es de restar competencias a los Estados–Nación y limitar cada vez más las parcelas de soberanía… empezando por el poder de los EEUU. ¿Y eso cómo puede alcanzarse? Simplemente cesando esfuerzos para salvar al dólar norteamericano y al euro y abriendo la perspectiva a lo que observadores como el economista argentino Adrián Salbuchi definen como “colapso controlado”. El objetivo final sería la sustitución del dólar y del euro por una nueva moneda mundial que no sería controlada por ningún país en particular, sino simplemente por una “autoridad monetaria mundial”… verdadero “gobierno mundial” y última fase de la acumulación de capital. Pero queda conocer la opinión del otro sector del Club Bildelberg.

¿Una guerra para superar la crisis?

En las mismas columnas de la revista IdentidaD hemos alertado en varias ocasiones sobre el riesgo de que algún sector de la “intelligentsia” mundial se concluya que la reactivación económica mundial solamente puede alcanzarse, como en crisis anteriores, recurriendo a la provocación artificial de conflictos parciales o generalizados capaces por sí mismos de poner en marcha a la industria y, posteriormente, de generar el formidable negocio de la reconstrucción de las zonas afectadas. Es la vieja táctica utilizada en 1939 cuando un conflicto fronterizo entre Alemania y Polonia fue la excusa utilizada por la alta finanza internacional para desencadenar la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, en la actualidad éste riesgo, lejos de desaparecer, lo tenemos cada vez más próximo.

La zona de Cachemira, el Beluchistán y, por supuesto, Irán, son zonas poco distantes en el espacio, concentradas en Asia Central, en donde todos los datos apuntan a que puede convertirse en el foco de un conflicto futuro. En la reunión de Sitges del Club Bildelberg, se trató del tema del ataque a Irán. Y ahí habría surgido un desacuerdo en el cual las posiciones del Club se habrían polarizado en las dos tendencias que hemos mencionado.

Para el capital judío, para los representantes del Estado de Israel y para la alta finanza norteamericana altamente tributaria con estos medios –es decir, para el sector partidario de mantener la globalización tal como la hemos conocido en los últimos 21 años, el ataque a Irán es casi una necesidad que deriva de la actual precariedad del Estado judío, aislado internacionalmente, debilitado interiormente y amenazado por Estados árabes circundantes y dudando cada vez más –a la vista de los resultados de las guerras de Irak y Afganistán– de la capacidad de los EEUU para conjurar el riesgo.

En el momento en que los marines se retiren de Irak, cuando el poder nuclear iraní alcance su máxima expresión, el Estado de Israel experimentará una amenaza bien real y no está dispuesto a llegar hasta ese punto sólo: precisa del poder protector del Pentágono. Un sector de Bildelberg comparte esta posición y, en tanto que su origen y su emotividad están vinculados a Israel, están mucho más interesados en una “guerra preventiva” para salvar al Estado judío que en promover el “gobierno mundial. Ese guerra, por lo demás, serviría para poner de nuevo en marcha la economía mundial.

El otro sector del Club de Bildelberg considera todo este planteamiento como excesivamente arriesgado: no desean afrontar un conflicto provocado entre los Países Árabes e Israel, no tienen el más mínimo interés en salvar a un Estado situado en un lugar inhóspito del planeta y poblado por apenas 7.000.000 de habitantes que desde su fundación se ha convertido en un problema mundial. Prefieren dejar que se desencadene una crisis étnico–social en los EEUU que, junto a la enormidad de la deuda norteamericana y a la sobrevaloración del dólar, den lugar a un desplome interior en ese país, del que pueda surgir una nueva moneda mundial y al calor de la misma un “gobierno mundial”. Tal es la apuesta y tales son las posiciones de ambos sectores del Club.

En parte, la llave está en manos del Estado de Israel: un ataque relámpago de la aviación judía sobre los puntales del Plan Nuclear iraní, utilizando incluso armas atómicas, podría generar un conflicto localizado en el cuadrilátero Oriente Medio - Asia Central. Los EEUU intervendrían a favor del Estado de Israel, mientras los países árabes se concentrarían en operaciones de represalia. La actitud de China y de Rusia podría contribuir a que el conflicto pasara a ser mundial: lo que algunos analistas no han dudado en describir como “Tercera Guerra Mundial” acaso con exceso de dramatismo, pero en el que está pensando una parte del Club de Bildelberg.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Tea Party: Intraducible

Infokrisis.- Covadonga es a España lo que el “motín del té de Boston” es a los EEUU. En esta hora crepuscular de la nación americana el Tea Party ha tomado el relevo del fundamentalismo religioso de la época Bush. Si antes los fundamentalistas consideraban al terrorismo islámico como el gran enemigo, ahora el Tea Party hace de los comunistas el mayor peligro que los EEUU deben afrontar en los próximos años. Poco importa que no haya comunistas en los EEUU. De hecho tampoco está claro que hubiera terroristas islámicos. Éste es el Tea Party, la última locura del conservadurismo norteamericano. Vamos a realizar un estudio crítico sobre este movimiento.

Algunos medios de comunicación españoles han intentado identificar el Tea Party con determinadas corrientes del PP o en sectores situados fuera del PP que pugnan por organizarse. Vanos intentos de atribuir una filiación carpetovetónica a una iniciativa que por sus características y contenidos es exclusiva de la civilización norteamericana. El Tea Party puede ser definido como la reacción de un sector importante del pueblo norteamericano ante la deriva actual de los EEUU, que habría logrado identificar algunos de los problemas –y no todos…– que afectan a aquella sociedad pero que dista mucho de haber aislado sus causas; para colmo, las soluciones que propone, de aplicarse, contribuirían a agravar aún más los problemas ante los que intentan reaccionar.

El Tea Party en el origen de los EEUU

Al iniciarse el último cuarto del siglo XVIII, el Reino Unido afrontaba dificultades de tesorería y el rey Jorge III decidió aumentar algunos impuestos especialmente en las colonias de Nueva Inglaterra. A partir de la promulgación de la Stamp Act en 1765, Gran Bretaña podía imponer impuestos especiales a sus trece colonias de “Nueva Inglaterra”. Como toda nueva tasa fue muy mal percibida por los destinatarios que carecían de representación en el Parlamento Británico (los colonos sostenían que a un territorio no representado no se le podían aplicar nuevos impuestos, no taxation without representation).

El impuesto sobre el té encareció extraordinariamente este producto y se convirtió en un elemento de fricción entre la metrópoli y sus colonias. Instigados por John Hancock, propietario de una corbeta que realizaba contrabando de té, se declaró un boicot al té llegado del Reino Unido y transportado por la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. En pocas semanas las ventas de té realizadas por esta Compañía pasaron de 145.000 kilos a sólo 240… aumentando el consumo de té procedente del contrabando.

A partir de 1773 los stocks almacenados por la Compañía de Indias y las pérdidas de ingresos empezaron a ser insoportables. Fue entonces cuando el gobierno británico promulgó el Tea Act que autorizaba a la Compañía de Indias a vender té en las colonias de Nueva Inglaterra sin pagar tasas y a un precio más barato que el ofrecido por los contrabandistas. Éstos eran todos ellos colonos o vinculados con la piratería caribeña. Fueron estos contrabandistas y piratas quienes iniciaron una campaña para seguir boicoteando el té comercializado por su competencia, la Compañía de Indias.  

El 16 de diciembre de 1773, sesenta miembros de la Logia masónica local de Boston, Hijos de la Libertad, disfrazados de indios mohawks, asaltaron tres mercantes británicos y arrojaron al mar 342 fardos de té propiedad de la Compañía de Indias, en total 45 toneladas de esta mercancía valoradas en 10.000 libras de la época. El asalto había sido dirigido por el John Warren, “venerable” de la logia masónica de Boston. El episodio pasó a la historia como el “Tea Party Boston”…

Las consecuencias de este episodio fueron dos: de una parte, el suceso se convirtió en el arranque simbólico de la “revolución americana” que desembocó en la independencia de los Estados Unidos. De otra parte, para compensar las pérdidas generadas por el boicot al té en Nueva Inglaterra, la Compañía de Indias empezó a vender opio indio en China que terminaría causando una verdadera mutación catastrófica para la sociedad de ese país. Más tarde, en el primer tercio del siglo XIX, entraron en ese comercio mercaderes norteamericanos generando grandes acumulaciones de capital y un entendimiento con los comerciantes británicos que cristalizó en la formación de las primeras asociaciones internacionales anglosajonas compuestas por las grandes fortunas formadas a partir de estos comercios: el Consejo de Relaciones Exteriores en Nueva York, la asociación Skull & Bones de estudiantes de Yale, el Instituto de Relaciones Internacionales en Londres, etc.

No es, pues, por casualidad que el actual Tea Party Mouvement haya tomado este curioso nombre que no dice nada en Europa pero que está en el arranque de la historia de los EEUU. 

De Bush a Sarah Palin

Cuando en 1979 se produjo la victoria de Ronald Reagan, el fundamentalismo religioso ya había impregnado a amplios sectores de la sociedad norteamericana. La victoria de Reagan estuvo apoyada en primer lugar por el llamado “dinero nuevo” (pequeñas compañías petroleras y nuevas empresas surgidas al calor de las incipientes nuevas tecnologías) que se oponía al “dinero viejo” (procedente de las antiguas dinastías capitalistas norteamericanas habitualmente decantadas hacia posiciones liberales e identificadas con el Partido Demócrata).

A lo largo de los ocho años de gobierno de Ronald Reagan estos sectores fundamentalistas aumentaron su penetración en la sociedad norteamericana, pero las aventuras exteriores de George Bush y la recesión económica que acompañó a los últimos meses de su gobierno, decantaron al electorado hacia Bill Clinton. No es que la derecha religiosa hubiera desaparecido, ni siquiera se trataba de que hubiera aminorado su impacto, sino que este sector político se estaba recomponiendo en la oposición.

Durante la segunda mitad de los años 90 asistimos, paralelamente, a una mutación ideológica del capitalismo norteamericano. La característica habitual de esta mutación fue la formación de un nuevo tipo de “logias”, verdaderas sociedades discretas y elitistas que agrupaban a elementos que compartían el mismo pensamiento y que no eran más que dos percepciones diferentes del neoliberalismo: de un lado, los “objetivistas” discípulos de Ayn Rand cuya cabeza visible era Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal con Bush, y de otro los discípulos de Leo Strauss que constituyeron lo esencial de la primera administración de George W. Bush.

Este segundo sector estaba formado mayoritariamente por individuos procedentes de la izquierda trotskista de los años 60 y 70, reciclados en el neoconservadurismo en los 80 y 90. Todos o casi todos eran agnósticos, muchos de ellos judíos y todos sin excepción partidarios de un entendimiento preferencial con el Estado de Israel, sin embargo eran conscientes de que sus ideas eran excesivamente sofisticadas como para que pudieran ser apreciadas por el electorado norteamericano, así que no dudaron en aconsejar al candidato presidencial George W. Bush que buscara una alianza con la derecha religiosa que en la segunda mitad de los años 90 tenía como denominador común al llamado “movimiento de los cristianos renacidos”: éstos pusieron la masa, los otros las ideas. Cuando a finales de 1999, Bush llega al poder lo hace aupado por la masa de este movimiento religioso fundamentalista… pero su administración no está gestionada por ellos, sino por cerebros agnósticos, ultraliberales y ultrabelicistas: los Wolfowitz, los Kristel, los Perle, etc, etc, discípulos de Leo Strauss.

Durante el último período del mandato de George W. Bush se produce la crisis de las subprimes y las ayudas estatales a los grandes consorcios bancarios afectados por la crisis. Una parte del electorado conservador se siente defraudado y recupera el discurso originario propio de los “cristianos renacidos”: la culpa de todo la tiene “el gobierno federal” y los “izquierdistas infiltrados” en el Congreso que han logrado crear falsos señuelos y favorecer a las grandes acumulaciones de capital en detrimento de la población norteamericana. Hace falta pues, disminuir el peso del gobierno federal y volver al “realismo”, esto es a la identificación de los grandes peligros que acechan a los EEUU. En este contexto reverdecen personajes como Ron Paul o irrumpen otros como Sarah Palin. Es, en definitiva, éste el caldo de cultivo que un año después de la subida de Barack Obama al poder generará el Tea Party Mouvement.

Las propuestas del Tea Party se contienen en el llamado Contrato de América sintetizado en 10 propuestas políticas, la primera de las cuales consiste en establecer la constitucionalidad de toda nueva propuesta de ley como paso previo a su debate en el congreso. A partir de aquí, la doctrina del Tea Party es propia de cualquier otro movimiento neoconservador (menos impuestos, mayor fiscalización de la administración, más control del gasto público y disminución del peso de las agencias federales). Pero algunas ideas del Tea Party, añadidas a este cuadro, son extremadamente sorprendentes y le otorgan una especial carta de naturaleza.

La conspiración comunista

El temor a Bin Laden propio de la derecha religiosa neoconservadora ha sido sustituido en el Tea Party por el temor a “los comunistas”. Poco importa que en EEUU haya tantos comunistas como terroristas islámicos (es decir cero o poco menos que cero), lo que importa es que los miembros del Tea Party creen ver a comunistas agazapados tras la administración Obama. Están convencidos de que las decisiones de Obama –especialmente en materia de reforma del sistema sanitario– están orientadas por esos comunistas (los más moderados prefieren utilizar el término “socialistas”, pero, a fin de cuentas, unos y otros pretenden decir lo mismo). Glen Beck, un periodista de la Fox News lo expresa con claridad meridiana: “los comunistas, y no los yihadistas, tratan de destruir a nuestro país”.

Para el Tea Party nada ha cambiado en el mundo desde finales de los años 40 cuando se inició la Guerra Fría: la URSS ha caído, sí, pero, a fin de cuentas, para ellos, la URSS es Rusia y Rusia sigue existiendo y constituye el principal valladar para limitar la hegemonía mundial norteamericana. Y, por lo demás, la República Popular China es un gobierno que se autoproclama “comunista” a pesar de que en los últimos seis años haya apuntalado a la economía norteamericana con fuertes inversiones que permiten a los EEUU asegurar su consumo interior…

Los miembros del Tea Party ven en el Estado Federal al Gran Satán que ya no es una potencia concreta, sino una amenaza interior. En realidad, esta percepción no es muy diferente de aquella otra que se materializó en las jornadas posteriores al 11–M cuando cada individuo con rostro árabe era inmediatamente considerado como un enemigo que conspiraba contra el pueblo americano y un terrorista en potencia. Pero los comunistas ahora son mucho más peligrosos: están agazapados bajo el escritorio del despacho oval de la Casa Blanca y harán que un día Norteamérica amanezca con un régimen “socialista” que amputará las libertades y realizará una interpretación libre de la Constitución.

Si Bush jugó con el antiterrorismo sin terroristas a partir del 11–M, el Tea Party alerta sobre la amenaza comunista en un país en el que no hay comunistas y en donde los socialistas más radicales equivaldrían a los socialdemócratas europeos más moderados. La percepción del problema es buena: es cierto que existe una amenaza contra las libertades, no solamente norteamericanas, pero el riesgo no parte de socialistas ni comunistas sino del propio sistema neoliberal que ha generado la globalización y que tiene su base en el libremercado mundial.

La inmigración masiva

La misma percepción errónea de un problema muy real es el que mantiene el Tea Party en relación a la inmigración masiva. Benn Michels, un profesor de Literatura de la Universidad de Illinois ha expresado con claridad la naturaleza del problema: “la amenaza no son los saudíes en aviones, sino los mexicanos a pie…”. Michels no pertenece al Tea Party, se limita a analizarlo, pero quien sí pertenece es Debie Riddle, miembro de la Cámara de Representantes de Texas y puntal del Tea Party y le da la razón en su percepción de la inmigración.

Riddle es, además, una de las activistas más radicales de este movimiento; sus juicios son siempre tan beligerantes como iluminados, tan radicales como absurdos. Para la Riddle la “escuela pública” es una idea “venida de Moscú” esto es “de las calderas del infierno” (es ella quien realiza esta adjetivación) añadiendo luego “La presentan como una idea generosa para manipularnos. Pero no tiene nada de generosa. Llevará a este país a la ruina”. Riddle ha lanzado también la idea de los “terroristas infantiles”, como mínimo, curiosa…

Según Debie Riddle, las madres mexicanas embarazadas se esfuerzan en dar a luz en territorio norteamericano para luego retornar a sus hijos al sur de la frontera de río Grande pero ya con la nacionalidad norteamericana. Cuando hayan adquirido uso de razón, habrán sido educados en el odio a los EEUU, entonces volverán a cruzar la frontera del Norte con pasaporte norteamericano y conspirarán desde dentro para destruir a esa “gran nación”. En Riddle, además, están presentes las ideas del Tea Party aderezadas además con la pátina de fundamentalismo religioso habitual en la extrema–derecha norteamericana.

Así pues, la inmigración es negativa, no porque altere étnica y antropológicamente a los EEUU, o porque rompa el monopolio del inglés (en Miami el 80% habla castellano y en Houston el 40% ya es hispano parlante, cifras ligeramente más bajas se dan en California e incluso en la distante Nueva York cualquier ciudadano español podría desplazarse de un lado a otro de la ciudad sin necesidad de conocer la lengua inglesa). Lo que el Tea Party alerta es sobre la posibilidad de que los inmigrantes se conviertan en terroristas, por eso este movimiento que busca la desregulación de todas las actividades del Estado, paradójicamente, exige un control riguroso sobre la inmigración procedente especialmente del sur. Su lema es “inmigración sí, pero inmigración legal”.

Una vez más el Tea Party ha percibido el problema pero le ha dado un giro completamente estrafalario. En la cresta del movimiento (el pasado otoño), un portavoz del FBI debió aparecer ante las cámaras de TV para explicar que no existe absolutamente ningún dato que permita pensar en niños terroristas llegados de México con pasaporte norteamericano que se dispongan a atentar contra los EEUU. En realidad, para los EEUU la inmigración es un problema: los hispanos no son como los afroamericanos (que han perdido toda tradición propia salvo el tribalismo), ni mucho menos como los orientales (que constituyen pequeñas redes de apoyo mutuo insertadas en la sociedad WASP), los hispanos traen su lengua y sus tradiciones, junto a su tasa de reproducción extremadamente alta. Además están más próximos a la frontera Sur de los EEUU y fluyen a un ritmo mucho mayor. En apenas tres décadas han roto el monopolio del inglés y del calvinismo. Su modelo religioso es el “Cristo de los pobres”, no el Dios que premia con la riqueza a los justos. Y, para colmo, su concepción de la familia está en las antípodas de la civilización norteamericana.

La crisis económica

Esta oposición a la inmigración procedente del sur se relaciona también con un rechazo a algo que en Europa nos parece intocable: la escuela pública y gratuita. Para los miembros del Tea Party, como hemos visto, esta idea es “satánica” y ha sido introducida en la mentalidad norteamericana poder un “autócrata extranjero”: ese autócrata, paradójicamente, no es otro que el Gobierno Federal. La madre de todas las corruptelas es, para ellos, la clase política que vive mirando solamente a Washington de quien parten todos los impuestos y exacciones sobre “nosotros, el pueblo” (tal como gustan llamarse los miembros del Tea Party).

Se trata pues de disminuir el poder de Washington, de la presidencia de los EEUU, del Congreso y de las agencias federales en la sociedad norteamericana. De hecho, lo que el Tea Party quiere es un Estado reducido a la mínima expresión, una idea que ha sido introducida por Ron Paul y su Partido Libertariano y que hunde sus raíces en la tradición política de los “padres fundadores” de EEUU.

Todo esto enlaza también con su percepción de la crisis económica. La inmensa mayoría de miembros del Tea Party rechazan las operaciones de “salvataje” realizadas tanto por la administración Bush como por la administración Obama: el dinero público no es para invertirlo en salvar a entidades que han sido mal gestionadas, sino para disminuir el déficit económico. Es evidente que los miembros del Tea Party proceden de las clases medias, pero es todavía más significativo que su dirección esté compuesta por grandes fortunas.

La clase media norteamericana percibe que algo está cambiando en aquel país, el problema es que, una vez más, siendo esta percepción acertada, la interpretación que le dan es nuevamente abracadabrante. Las estadísticas les han enseñado que hace 30 años las clases medias y pobres que componen el 80% de la población norteamericana cobraban el 48% del “ingreso nacional”, pero en 2010 esta cantidad ha descendido casi 10 puntos. En 1982 –a poco de iniciarse la “era Reagan”– el 1% de los norteamericanos más ricos acaparaba el 12,8% de la riqueza nacional, pero en 2006 ya absorbían el 21,3%, casi el doble. La clase media se empobrece y los situados bajo el umbral de la pobreza van creciendo al tiempo que los más ricos detentan cada vez más riqueza: tal es la ley del capitalismo, tender hacia una creciente acumulación de capital… No hay por ello que sorprenderse excesivamente.

El único culpable de estos desequilibrios es el liberalismo, esto es, la doctrina fetiche del Tea Party. Cuando se realiza el análisis de por qué han surgido estas gigantescas acumulaciones de capital y por qué disminuyen los ingresos de las clases medias se constata que todo este proceso se ha generado gracias a la inmigración: al dejar pasar constantemente a inmigrantes (en torno a 1.000.000 anuales) el precio de la mano de obra ha ido bajando progresivamente, se han perdido puestos de trabajo entre los norteamericanos autóctonos y quienes siguen trabajando lo hacen por un salario menor –el trabajo es un elemento más de la economía de mercado sometido a la ley de la oferta y la demanda– de ahí el empobrecimiento de unos y el enriquecimiento de los grandes consorcios.

El Tea Party no dispone de una interpretación coherente para la crisis económica actual. Para unos se trata –obviamente– de una conspiración generada por la intromisión en las bolsas norteamericanas de capital extranjero (sin el cual los EEUU hace ya 30 años que habrían dejado de existir), por maniobras especulativas de “los países comunistas” (Rusia, China e India) y por el alto coste de la administración federal (sin embargo nada dicen de las guerras de expansión en Afganistán e Irán que suponen la principal fuente de gasto público en la actualidad y no la reforma del sistema sanitario).

No es difícil intuir por qué en el importante terreno económico el Tea Party no tiene doctrina propia: se trata de un movimiento contradictorio en el que sus bases han salido de las clases populares (incluso de inmigrantes hispanos llegados hace 30 ó 40 años) pero su dirección (y su financiamiento) está en manos de multimillonarios, esto es, de los primeros beneficiarios del sistema mundial globalizado. Uno de ellos es el multimillonario David Koch. En realidad, una parte del “dinero nuevo” de la época Reagan paga las chaladuras del Tea Party. Y no es raro que así sea: el problema para este sector del capitalismo norteamericano no es otro que constituir una base social lo suficientemente amplia como para que en el próximo ciclo electoral alcancen la mayoría absoluta. No es raro que el Tea Party hoy sea financiado con dinero procedente de las aseguradoras, de los consorcios hospitalarios, incluso de las empresas que regentan el cada vez más amplio sistema de cárceles privadas. Esto explica sus tomas de posición en estos terrenos.

Tea Party: hechos y rostros

El Tea Party nació justo cuando el presidente Obama llegó al poder y como respuesta a una de sus primeras decisiones polémicas: el plan de relanzamiento económico que suponía una inyección de 787.000 millones de dólares. Una blogger de Seattle, Keli Carender organizó la que ha pasado a la historia como la primera manifestación pública del Tea Party cuando convenció a 120 seguidores de su blog a participar en una manifestación contra este plan económico que debía votarse al día siguiente. Poco después, el febrero de 2009, Rick Santelli, periodista de la CNBC propuso a través de un vídeo subido a YouTube protestar contra la decisión presidencial de habilitar un presupuesto para ayudar a los propietarios de casas amenazados por la ejecución de sus hipotecas. Así nació el Tea Party en Chicago. Desde el primer momento la revista de Dick Armey, FreedomWorks, aseguró la financiación del movimiento a través de capitales llegados de ATT, Philip Morris, Verizon, etc. Luego se sumaron los septuagenarios libertarianos de origen judío, David y Charles Koch, petroleros que ya antes habían apoyado a Reagan y que han permanecido al tanto de todas las iniciativas conservadores garantizando su financiación.

Las protestas contra los planes económicos de Obama y especialmente contra la reforma de la sanidad, relanzaron la carrera política de Sarah Palin y del propio Partido Republicano batido en las anteriores elecciones presidenciales. Su primera gran victoria fue la elección de Scott Brown como senador por Massachusetts.

Sin embargo, tal como se demostró en las elecciones legislativas de noviembre de 2010, el Tea Party no es completamente identificable con el Partido Republicano, ni siquiera con su “ala derecha”. Es, en realidad, un movimiento social neoconservador una parte del cual está incluido en el Partido Republicano y otra agrupa a movimientos cívicos, a pequeños partidos, círculos de opinión e influencia mucho más radicales que el propio Partido Republicano. Durante meses sus miembros valoraron la posibilidad de que los candidatos del Tea Party concurrieran a los comicios con listas propias compitiendo con los republicanos.

A la hora de la verdad, los resultados fueron más magros que los esperados. Si bien tanto el Partido Republicano como el Demócrata se vieron obligados a incorporar algunos temas propios del Tea Party, los mejores resultados los obtuvieron en Florida, pero, en general el radicalismo de sus posiciones asustó a buena parte de los electores republicanos que obtuvieron resultados inferiores a los esperados allí en donde sus listas seguían la doctrina del Tea Party. En el feudo de Sarah Palin, Alaska, la candidata republicana Lisa Murkowski, sostenida por el Tea Party llegó en segundo lugar tras el aspirante demócrata.

En febrero de 2010 Ron Paul y Sarah Palin participaron en la primera convención nacional del Tea Party Nation celebrada en Nashville. Se trata sin duda de las dos figuras públicas más conocidas del movimiento, si bien no son reconocidos como sus líderes; de hecho, el movimiento está muy descentralizado y prácticamente sólo dispone de líderes locales.

Lo más preocupante es que un reciente sondeo demostró que el 54% de los norteamericanos “piensan que el movimiento del Tea Party es positivo para el sistema político americano”. Quienes respondieron favorablemente al Tea party eran “americanos más ricos y más educados que la media y mayoritariamente republicanos”, blancos, casados, mayores de 45 años y pertenecientes a la clase media”… el problema es que este perfil corresponde hoy solamente a un 18% del electorado.

Además de Sarah Palin que formó equipo con McCainn como aspirante a la vicepresidencia en las pasadas elecciones presidenciales, el nombre de Ron Paul, como hemos dicho, es el más conocido de los que se mueven en el entorno del Tea Party. Paul, es Republicano y fue represente por Texas entre 1976 y 1985 y luego nuevamente volvió al Congreso a partir de 1997. Libertariano (no anarquista, sino partidario de la disminución del peso de la administración) aspiró a la nominación por el Partido Republicano en 2008. Es uno de los inspiradores y financiadores del movimiento Zeitgeist que denuncia la deriva del capitalismo moderno y expresa sus reservas hacia la versión oficial sobre los atentados del 11–S. Su hijo Rand Paul es también miembro del movimiento y senador republicano por Kentucky.

Sharron Angle (senadora por Nevada hasta ser derrotada en 2010) es otra de las activistas más radicales del Tea Party. Entre otras lindezas propone la desaparición del Ministerio de Educación, considera que el calentamiento climático es una superchería y, como guinda, apoya los programas de desintoxicación de la Iglesia de la Cientología de la que es simpatizante. Ah… también está contra la “fluoración del agua”. Por algún motivo el Tea Party la ha emprendido contra el fluor y los fluorescentes. Michele Bachmann, diputada por Minessota llega a afirmar que es falso que las lámparas fluorescentes consuman menos que las de resistencia eléctrica y considera que el Estado no debe influir en los gustos del consumidor en esta materia.  Otro caso curioso es el de Ron Johnson, senador por Wisconsin, que aportó de su bolsillo ocho millones para su campaña electoral basada en la falsedad del cambio climático.

Una parte del éxito del Tea Party ha consistido en su fuerte implantación en las redes sociales especialmente en Facebook, Twitter y MySpace, así como una actividad infatigable en blogs de amplio seguimiento popular. Solamente así se entiende la popularización de sus ideas en tan poco tiempo.

Un balance global

Nos equivocaríamos si pensáramos que el Tea Party es un movimiento unitario: en realidad se trata de un movimiento heteróclito que tiene solamente unos pocos puntos en común: arraigo en una percepción rigorista de la Constitución, intocable, irremplazable, inadaptable, oposición al Estado Federal, liberalismo de estricta observancia (con sus contradicciones) y rechazo a la inmigración ilegal hispana y a las subidas de impuestos. A esto se une especialmente una psicología muy particular surgida de los bajos fondos de la mentalidad norteamericana formada a partir de 1945 y que tras alimentar durante cuarenta años a aquella nación, lejos de difuminarse al desaparecer el comunismo, sigue en vigor como en los años 50 ó 60.

Esta mentalidad está formada por cierto “providencialismo” (propio de la cultura americana: EEUU es el “pueblo elegido” de la modernidad, mientras que Israel es el “pueblo elegido” de la Antigüedad y la alianza entre ambos es la garantía de un futuro esplendoroso y querido por Dios…) y altas dosis de “conspiracionismo” (la intuición de que tras las grandes decisiones y los grandes momentos históricos actúan fuerzas desconocidas que buscan la perdición de los EEUU). Una mentalidad así está alimentada (como cualquier otro fenómeno norteamericano) por sectores del gran capital pero su base social es otra: las clases medias empobrecidas o en riesgo de empobrecimiento.

El Tea Party es un producto de este pensamiento y del activismo de la derecha ultraconservadora norteamericana que difícilmente aceptó la victoria de Obama en 2008. En cada movimiento del nuevo presidente, el Tea Party percibe “gasto innecesario” que supondrá un aumento de impuestos. Poco importa que estos gastos estén destinados a la protección social o sean subsidios para la reactivación de la economía. No hay forma humana de que entiendan que son medidas requeridas para su seguridad, bienestar y para la reactivación de la economía.

¿Qué proponen? Una idea extremadamente atractiva: la restauración del espíritu fundador de los EEUU. Contrariamente a lo que algunos han explicado y a lo que se tiende a pensar en Europa, el nombre de Tea Party no ha sido elegido porque sus miembros se reúnan para debatir asuntos políticos mientras degustan un té, sino porque ese nombre se encuentra en el arranque de la independencia de los EEUU.

El problema es que han pasado casi 250 años desde la Declaración de Independencia y el tiempo no pasa en vano. Las ideas generadas a mediados del siglo XVIII y que cristalizaron especialmente en la Revolución Americana y apenas unos lustros después en la Revolución Francesa han inspirado más de dos siglos de civilización pero hoy están rancias y se muestran completamente inadecuadas para gestionar el mundo del siglo XXI. La visión rigorista y esclerotizada de la Constitución Norteamericana es un producto de los puntos de vista religiosos tan particulares propios de aquel país, intraducibles a cualquier otro.

Repleta de contradicciones, percibiendo los problemas pero nunca sus causas últimas y mucho menos las soluciones, todo lo que el Tea Party propone son recetas que ya estaban implícitas en la Constitución devenido texto verdaderamente sagrado. En relación al movimiento de los “cristianos renacidos” que consideraban que el Nuevo Testamento no era solamente un libro repleto de parábolas y alegorías, sino que debía seguirse al pie de la letra porque toda la verdad estaba contenida en su interior, el Tea Party tiende a sacralizar los textos fundamentales redactados por los “padres fundadores”.  Algo que no es bueno para el sentido común…

[recuadro fuera de texto]

Nada es lo que parece…

Resulta curioso constatar que el “motín del té de Boston” (Tea Party Boston) fuera la primera operación “false flag” (bandera falsa) de la historia: masones disfrazados de indios dieron el pistoletazo de salida para la independencia de los EEUU… y la operación tuvo éxito. Seguramente por eso, la historia de los EEUU no es más que la sucesión de otras operaciones “false flag” cada una de las cuales ha ido ampliando el radio de acción de este país.

Operación “false flag” fue la voladura del acorazado Maine en el puerto de La Habana que dio origen a la guerra hispano–norteamericana, destruyó para siempre la presencia española en el Caribe y en Filipinas y dio la hegemonía a los EEUU en estas regiones. “False flag” fue también el cargamento de armas y el artillado del vapor Lusitania, en el que viajaban también turistas, cuyo hundimiento fue la excusa de los EEUU para entrar en la Guerra Europea en 1916 que convirtió a los EEUU en una potencia internacional. “False flag” fue, por supuesto, la presión y el bloqueo sobre Japón en 1940–41 que desencadenó el ataque a la rada de Pearl Harbour vaciada de los únicos navíos estratégicamente importantes, los portaviones. El ataque, conocido anticipadamente por el Pentágono, no fue obstaculizado a fin de permitir la entrada de los EEUU en la Segunda Guerra Mundial y confirmar su duopolio internacional junto a la URSS, durante 50 años. En estos casos, la opinión pública norteamericana era contraria a la intervención en estos conflictos y solamente estos episodios traumáticos, verdaderos casus belli, lograron variar esta posición.

El “false flag” ha estado presente en todos los episodios de la historia de los EEUU: la guerra de Vietnam se inició con el “incidente de Tonkin” que hoy se sabe que jamás existió; la conquista de Nuevo México y la expansión hacia el sur fueron posibles gracias al episodio traumático de El Alamo que el ejército norteamericano podía haber liberado pero que era necesario que fuera sitiado y asaltado por las tropas del general Santana para sacudir el deseo de venganza del pueblo norteamericano. Y es así como llegamos al atentado de las Torres Gemelas en 1993 en el que el explosivo, el montaje de la bomba, la conducción del vehículo fueron realizados por confidentes del FBI mientras que el Imán inspirador intelectual del atentado pudo entrar en los EEUU gracias a la CIA. Ocho años después, dos aviones se estrellaban contra esas mismas Torres Gemelas entrando los EEUU en una nueva política intervencionista en todo el mundo bajo el rótulo de “lucha contra el terrorismo internacional”.

Hoy, en los EEUU, no todos los detractores de la versión oficial sobre el 11–S figuran entre los miembros del Tea Party Mouvement, pero todos los miembros de este sector emergente rechazan la versión oficial del atentado con Ron Paul a la cabeza. Quizás este extremo sea el más interesante que ofrece el movimiento.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

El sistema contra la juventud

Infokrisis.- Estas navidades han confirmado que, por primera vez, una generación que ahora tiene hasta 15 años va a alimentar su ocio solamente con videojuegos. Tales han sido los regalos más vendidos en estas fechas. Cualquier otra cosa, incluso productos del sector informático (MP4, iPads, iPhones, iBooks, etc, etc) han tenido poco impacto entre la franja de edad de entre 6 y 15 años. Todavía no se han calibrado las implicaciones de un cambio cultural de este tipo, aparte, naturalmente, del ensanchamiento de la “brecha digital”: la distancia que separa a los que utilizan las nuevas tecnologías de los que permanecen de espaldas a ellas… cuando lo realmente importante es la existencia de un amplio espectro de población joven que lo desconoce todo de la vida y solamente sabe utilizar un tipo de producto microinformático: el videojuego. Tras la Generación Ni-Ni, la Generación Cero está a la espera en el atrio.

 

La generación que ahora empieza a aproximarse a los 60 años fue la primera que desde su infancia vio cómo la televisión ocupaba un espacio creciente en su vida. La que ahora tiene 30 creció con los ordenadores personales y luego descubrió las consolas de videojuegos e Internet. Los que ahora tienen entre 10 y 15 años forman parte de la primera generación que han dado la espalda a los juegos hasta ese momento tradicionales, compartidos con otros amigos y han recibido (y exigido) como regalos de Navidad solamente videojuegos.

Del “compartir” al “competir”. La adicción.

No es raro que esta nueva generación no conozca la palabra “compartir” y prefiera la de “competir”. Ciertamente, Internet permite relacionarse con otros jugadores de cualquier lugar del planeta, pero solamente para competir. Los tiempos en los que los niños salían a la calle y se pasaban buena parte de su tiempo de ocio con sus amigos y compañeros han quedado atrás. La nueva generación conoce solamente la vida y el mundo a través de una pantalla de ordenador. Si quiere jugar a los bolos tiene un juego de bolos que, de paso, incluye también tenis, baseball, fútbol y golf. Es difícil arrancarlos de la tiranía del monitor e inducirles a que conozcan el mundo real.

De hecho, el mundo virtual es extremadamente tranquilizador para ellos. Un niño “muere” una y otra vez en el monitor de su videojuego, para revivir inmediatamente y poder rectificar la jugada progresando al nivel superior. El morir virtual no ocasiona daños ni molestias, sólo aumenta el rendimiento del jugador. En cambio, un pisotón dado por descuido en la calle produce dolor puntual; es el precio de la realidad. Además, la realidad virtual es tranquilizadora: en ella, antes o después, siempre se gana. En la realidad tangible esto no ocurre: no está nunca claro si se alcanzará lo esperado o no, si se podrán cumplir ambiciones y proyectos. Además, en el universo tangible, moverse implica un esfuerzo, intentar obtener algo supone sacrificarse, querer “ser” algo requiere precisamente la presencia de algo que el jugador de un videojuego no está dispuesto a asumir: que no todo en la vida es juego o diversión.

La adicción es el efecto esperado por los fabricantes de un videojuego: éste es tanto mejor cuanto mayor es su capacidad adictiva. De hecho, la adicción es uno de los principales factores que se tienen en cuenta para medir la calidad de un videojuego: el tiempo que el jugador está “enganchado” a él sin moverse de la pequeña pantalla, las horas que le dedica...

El problema de la adicción de toda una generación a los videojuegos no es que espacios cada vez mayores de su vida pasen a depender de su adicción, sino que el entorno en el que desarrolla su vida se va degradando y unidimensionalizando: a fuerza de dar la espalda a la realidad tangible, el adicto a los videojuegos se sumerge en una realidad virtual que resulta para él mucho más gratificante y tranquilizadora.

Quiebra del sistema educativo

En una sociedad sana, el sistema educativo habría enseñado al joven que el ocio constituye una parte de su tiempo, pero que esos años son, fundamentalmente, años formativos en los que su capacitación y su preparación para asumir responsabilidades en el futuro son, sin duda, lo más importante. Hay tiempo para todo: para el estudio, para la familia, para los amigos, para el ocio e incluso para los videojuegos… pero esto ocurriría sólo en una sociedad sana: en la actualidad el tiempo destinado a estos últimos va engullendo progresivamente el dedicado a otras áreas de la sociabilidad.

La combinación entre un sistema educativo desintegrado y que ya no cumple ninguno de los objetivos para los que había sido diseñado y la tendencia del joven a usar y abusar cada vez más de los videojuegos actúa en sinergia creando un efecto deletéreo. Poco importa, desde este punto de vista, si los videojuegos son pacíficos o violentos: es su capacidad adictiva situada en el marco de una crisis del sistema educativo lo que los hace peligrosos.

Las concepciones progresistas en materia educativa hacen que desde la preescolar, el joven, en lugar de ser adiestrado en las distintas habilidades del conocimiento y especialmente en los sistemas de obtención de conocimiento (esfuerzo, constancia, sacrificio, interés, concentración, autodisciplina), reciba una enseñanza cuyo principio es “aprender jugando”. Los maestros procuran que el niño adquiera conocimientos a través de juegos y de diversión, evitan que tenga que esforzarse y se obstinan en que desde las letras hasta el contar hasta 100 se conviertan en un juego que logre interesar al niño. El resultado de este sistema de enseñanza es que el niño aprende, sí, aprende, sobre todo… a jugar.

En las fases siguientes de su progreso por el sistema educativo, cuando ya ha entrado en la EGB y se supone que debería de adquirir conocimientos más sólidos, los padres van percibiendo que el aprendizaje de la lectura y de la aritmética se va retrasando en relación a lo que ellos mismos habían experimentado en su aprendizaje. Un padre de 50 años se formó en el bachillerato del tardo franquismo que aseguraba que entre los 5 y 6 años el niño había aprendido a leer correctamente y sabía sumar y restar con facilidad. Hoy el dominio de esas habilidades tiende a retrasarse un par de años. Por lo demás, hasta los 10 años, el niño ejercitaba la “caligrafía”, hacer que su escritura fuera inteligible, hoy esta asignatura ha desaparecido completamente y si era importante se debía sobre todo a que el niño aprendía a dominar su pulso, su atención y su capacidad para templar su ánimo.

La lectura era otra habilidad que se enseñaba a partir de los 5 años y que a los 8 ó 9 proporcionaba algo más que fluidez en su uso, garantizaba también la comprensión de lo que se estaba leyendo. La única forma de asimilar todas estas habilidades es mediante el esfuerzo, el sacrificio, la atención y la constancia, elementos que están completamente ausentes del “aprender jugando” que, a fin de cuentas, solamente transmite el… aprender a jugar.

Rostros desconocidos para errores conocidos

Para colmo, alguien de rostro desconocido, cuyo poder para diseñar un sistema educativo estaba en contradicción con su cualificación para hacerlo, decidió un buen día que los niños podían progresar de un curso a otro a pesar de tener asignaturas suspendidas. Lo razonable hubiera sido que se volviera a examinar el septiembre de las asignaturas suspendidas en junio, pero alguien sin rostro decidió que el niño podía pasar al curso siguiente aun manteniendo un déficit de conocimientos, déficit que al ser acumulativo, cada año le inhabilitaba más para el dominio y la comprensión de determinadas asignaturas. Para dividir hace falta saber sumar, restar y multiplicar, si el alumno pasa de un curso a otro con déficit de conocimientos en estas materias jamás podrá dividir, ni adentrarse en las complejidades del álgebra y, por lo mismo, tampoco estará en condiciones de seguir adelante en asignaturas como física y química o en aquellas otras que requieran reflexión lógica incluso aunque sean de ciencias. Sería bueno que los medios de comunicación nos recordaran el rostro de quien introdujo esa “novedad” en nuestro sistema educativo que ha destrozado la vida estudiantil de una parte importante de nuestros jóvenes.

Y para colmo, tampoco conocemos el rostro de aquel otro educador que creó distintos “itinerarios”, esto es distintas ramas que a partir de una temprana edad condicionaban la orientación posterior del estudiante: el antiguo bachillerato de ciencias a un lado y de letras a otro tenía sus asignaturas “hueso”: matemáticas y química por una parte y latín y griego por otra, es decir, estaban equilibrados en dificultades.

En cambio, los actuales “itinerarios” adolecen de varios defectos insuperables. De un lado, en un momento en el que los jóvenes carecen de “vocación” y en su inmensa mayoría ignoran lo que quieren ser en el futuro, es extremadamente peligrosos pedirles que elijan a temprana edad un itinerario que condicionará sus estudios futuros: lo más probable es que elijan el itinerario más  fácil, el que consideran que tiene menos asignaturas “hueso”: el humanístico, el artístico… y rechacen el científico que es el que les requiere más esfuerzos (en un momento, además, en el que a fuerza de ir pasando de curso con asignaturas suspendidas ya les ha hecho perder el control de las asignaturas de ciencias). A esto se une que, llegados a esos niveles, la cultura del esfuerzo y del sacrificio ya está completamente ausente del panorama del estudiante.

PP y PSOE: padres de un sistema educativo quebrado

El resultado de este sistema educativo esperpéntico construido por el PP y por el PSOE es una superabundancia de alumnos (una tercera parte) que abandonan sus estudios de primaria antes de concluirlos. Los que pasan al nivel universitario lo hacen mayoritariamente a carreras “fáciles” o con pocas complicaciones (habitualmente de letras) para las que, por lo demás, existen escasas salidas profesionales y un número desmesurado de alumnos: ¿cuántos periodistas necesita la sociedad española? Sin duda muchos menos que los miles que cada año se gradúan en las facultades de periodismo de este país (para colmo, la fractura de España en 17 comunidades autónomas hace que cada una de ellas exija una facultad de periodismo a despecho de su población y de las posibilidades de empleo de los licenciados, la inmensa mayoría de los cuales al acabar sus estudios se limitan a ser becarios en cualquier medio de comunicación que, para casi todos será su única posibilidad en la vida de haberse aproximado a una redacción).

En cuanto a los que han abandonado sus estudios ni siquiera les queda el recurso a la formación profesional: se tarda demasiado en acabar unos estudios que tampoco están concebidos como prácticos y aplicativos. Lo que les interesa es trabajar en lo que sea y lo antes posible: mientras la construcción ha absorbido mano de obra, cientos de miles de jóvenes que habían abandonado la EGB se refugiaban en las obras, evacuando escombros o haciendo tareas de peonaje… La crisis ha cerrado esta vía para siempre y ha dado carta de naturaleza a la Generación Ni-Ni.

En cuanto a los jóvenes que siguen carreras técnicas y que concluyen sus estudios, el panorama no es mucho más alentador: les aguardan salarios bajos y contratos en precario que no están en relación con los esfuerzos que han tenido que realizar para obtener el título y que, desde luego, no les va a permitir formar una familia ni a la mayoría independizarse de sus padres. Los problemas de la enseñanza en España se dan a todos los niveles y también nuestra universidad tiene carencia extremadamente dramáticas.

En efecto, la vinculación entre universidad y empresa es cero o próxima a cero. En otros países, es frecuente que cuando los alumnos presentan proyectos de fin de carrera, buscadores de talentos acudan a las exposiciones y ofrezcan, ya a partir de ahí, contratos a los nuevos licenciados. Esto no ocurre en España, entre otras cosas porque las empresas funcionan de manera muy diferente: aquí no es la cualificación lo que se requiere para ejercer la mayor parte de empleos, sino el tener a un buen “contacto” (habitualmente un amigo, un familiar, etc). En muchas empresas, puestos de responsabilidad son entregados a individuos completamente nulos que, a su vez, para salir adelante, deben contratar a técnicos mejor cualificados… y peor pagados. El resultado final es que cada vez más jóvenes licenciados en carreras científicas se van al extranjero para poder ejercer su empleo a cambio de un salario digno y de una estabilidad en el puesto de trabajo.

La desembocadura de toda esta catástrofe educativa es un empobrecimiento cultural y científico de la sociedad española y el que, en su conjunto, nuestros jóvenes tengan “poco valor añadido”. No es por casualidad que el modelo económico de José María Aznar se basase sobre todo en el desarrollo de dos actividades aparatosas pero de escaso valor añadido: construcción y hostelería. El fracaso de nuestro sistema educativo nos había abocado a ello… Y mientras eso siga así ni leyes de “economía sostenible”, ni nebulosos proyectos de I+D+i podrán aplicarse en la práctica.

De la generación Ni-Ni a la generación Cero

El sistema de enseñanza se ha convertido en un reservorio de niños, una especie de logística de almacenamiento mientras los padres trabajan, pero ha perdido completamente su capacidad educativa y tiene muy mermada su función formativa. De hecho, el sistema educativo –por bien que funcione- nunca puede sustituir al entorno familiar en la formación de las nuevas generaciones, pero, éste, se encuentra hoy así mismo degradado: abundan las familias monoparentales, los hijos únicos y los divorcios; todo esto ha hecho que se alterara extraordinariamente el marco en el que crecen los hijos.

Desde luego, una sociedad moderna no puede negar que la familia burguesa está hoy muerta y enterrada pero que era un “más” en relación a las modernas formas parafamiliares que han ido apareciendo posteriormente. En la familia burguesa estaba todavía presente cierta especialización: la madre se cuidaba de la educación del niño y del mantenimiento del hogar, mientras que el padre aportaba medios económicos a la familia. No era una forma ideal de organización familiar, pero suponía un estadio superior al que lo ha sustituido.

Cuando, a partir de los años 40 la mujer empezó a integrarse en el mercado laboral (veinte años después en España), se rompió esta división de funciones, el sistema educativo suplió el hecho de que la madre disminuyera su presencia en el hogar. Eran los tiempos en los que se enseñaba “urbanidad” en los primeros años de escuela. Pero luego, cuando el sistema educativo entró en crisis en los años 70 y especialmente en los 80 y 90, todo esto se fue al traste.

Hoy estamos viendo los resultados de una generación que, en buena parte ya tuvo una educación muy deficiente, educando a su vez a sus hijos. El resultado será inevitablemente demoledor. Esto, para colmo, ha coincidido con la eclosión de los videojuegos que han representado para las familias la posibilidad de que los hijos estén tranquilos, casi en un estado entre letárgico y catárquico ante el monitor de la cónsola de videojuegos.

¿Hay solución? En lengua castellana “solución” rima con “educación”.  La educación es hasta tal punto importante para un país que resulta imposible cambiar un modelo económico sin cambiar antes el modelo educativo. Modelos educativos de perfil bajo que aspiren solamente a que el joven abandone las aulas conociendo los rudimentos culturales mínimos, no puede aspirar a desarrollar una economía basada en I+D+i.

Primero educación y reconstrucción de un modelo familiar sólido y estable. Paralelamente reconstrucción del sistema educativo reintroduciendo los valores de esfuerzo, sacrificio, constancia, autodisciplina y mérito por parte del alumno y reconociendo autoridad al profesor. Para ello es preciso revisar todos los recovecos del sistema educativo, incluidas las Escuelas Normales, verdaderos reductos del progresismo que nos ha llevado directamente a la ruina del sistema educativo. Si un profesor no tiene valor (o no cree) en la necesidad de imponer su autoridad, no puede seguir dando clases. Es preciso volver a la concepción clásica que considera a la escuela como una relación jerárquica entre los que tienen un “saber” que transmiten a quienes no lo tienen. Si, en lugar de esta concepción se impone la que hasta ahora ha sido habitual en democracia, esto es, que alumnos y profesores forman un todo “democrático” e igualitario, nunca jamás se logrará recomponer nuestro sistema.

Frente al “aprender jugando” hay que reimplantar la “cultura de la memoria” sin la cual es imposible ejercer el pensamiento lógico y que no es sino una parte dela cultura del esfuerzo. El elemento central de cualquier sistema informático es la CPU, la “unidad central de procesos”, el cerebro del ordenador. Un ordenador es tanto más eficaz cuanta más memoria RAM tiene y a mayor velocidad funciona. Otro tanto ocurre con el ser humano. Sin embargo, la enseñanza moderna ha desterrado por completo el aprendizaje memorístico de los planes de enseñanza, lo que equivale también a imposibilitar el ejercicio del pensamiento lógico…

El papel del mundo digital

Hoy, todos los profesores tienen que comprobar si los trabajos que encargan a sus alumnos los han hecho ellos o los han copiado y pegado de cualquier Web (alguna de las cuales alardea de existir para cubrir esa función: www.rincondelvago.com, por ejemplo). Cuando Zapatero en uno de sus habituales “paquetes de medidas” proponía que todos los estudiantes tuvieran un ordenador personal, evidentemente, no sabía lo que estaba diciendo: eso solamente puede ser admisible en un sistema educativo que funcione, no en un sistema educativo quebrado en el que cada estudiante, con el ordenador recibiría la posibilidad de insertar videojuegos o jugar en red. Los edificios no pueden empezarse por el tejado, pero tampoco a ZP se le puede pedir algo de sentido común.

Paradójicamente nuestros jóvenes están a la cola de Europa en rendimiento escolar pero tienen un más que aceptable nivel de utilización de las nuevas tecnologías, incluso los que han abandonado los estudios a los 14-16 años. Esto explica por qué en España no se producen estallidos de cólera como los que han sucedido en Grecia, Reino Unido, Francia o Italia en situaciones en general bastante menos dramáticas que la española. Aquí nuestros jóvenes están sometidos a la narcosis de los videojuegos que se completa con otras “esperanzas para desesperados” generadas por el propio sistema. En ningún otro país, por ejemplo, los clubs de fútbol están tan endeudados con el Estado (especialmente con la Seguridad Social a la que adeudan en torno a 5.000 millones de euros) como en España y en pocos países la situación del déficit público haría tan urgente cobrar esa deuda: sin embargo, es mucho más fácil que el Estado embargue la cuenta corriente de un pequeño empresario a la taquilla del CF(FC) Barcelona o del Real Madrid.

El sistema (entendido como el conjunto de intereses, político, económicos y mediáticos que dan forma a una nación y a su sociedad) ha entendido perfectamente que el mejor joven es el joven consumido ante la pantalla de un ordenador, que puede cultivar su tiesto de marihuana en el balcón. Poco importa que pase las horas muertas intentando superar el nivel del videojuego en el que se encuentra, o que emplee horas en ver partidos de fútbol intrascendentes jugados por equipos que ni le van ni le vienen, incluso en ligas distantes en el espacio. Poco importa que fuera no haya trabajo, ni posibilidades de obtenerlo en el próximo lustro. Tampoco importa que su nivel de conocimientos y de preparación laboral sea cero o próxima o cero, o se concentre en sectores (como la hostelería y la construcción) que nunca más le van a ofrecer alternativas laborales.

Si tiene necesidad de relacionarse de tanto en tanto con otros jóvenes, la moda del botellón le facilitará una oportunidad más para el embrutecimiento de los sentidos mediante sobredosis de alcohol. Si va por la calle, por el metro, llevará encajados en los oídos auriculares que harán que con apenas 25 años tenga los tímpanos endurecidos propios de un anciano de 65 años. El ruido, el videojuego, el botellón, el espectáculo deportivo, le impedirán meditar sobre lo miserable de su existencia. Comerá solamente porque sus padres trabajan o viven de un modesta pensión que da al menos para eso, y de poco le importará ser un prominente miembro de la “Generación Ni-NI” que apenas ocupó un corto período de tiempo entre el estallido de la gran crisis económica (junio de 2008) y el momento en el que advirtió que ésta era algo más que un paréntesis en el que ni trabajaría, ni estudiaría.

El problema de fondo es mucho mayor de lo que se tiene tendencia a pensar: si esta crisis que se prolonga ya por espacio de tres años, dura –tal como se prevé- en torno a 5 ó 10 años más, en el curso de los cuales no solamente no encontrará trabajo, sino que le será muy difícil reemprender unos estudios en un sistema educativo quebrado, de tener 25 años pasará luego a tener 35, una edad en la que ya resulta difícil encontrar determinados trabajos y su preparación y experiencia profesional serán la misma que ahora mientras que la sociedad habrá cambiado radicalmente. En esa sociedad posterior a la crisis, mucho más competitiva que la actual, los 35 años pesarán como una losa, y mucho más si tenemos en cuenta que las pensiones de jubilación se calcularán sobre la base de los últimos 25 años de cotización. Para entonces es posible que muchos padres que hoy mantienen a sus hijos, ya hayan fallecido ¿de qué vivirá entonces la Generación Ni-Ni? ¿en qué trabajará?

Por eso hemos empezado diciendo que la “brecha digital” entre los usuarios de las nuevas tecnologías y los que permanecen de espaldas a ellas, no es –contrariamente a lo que opina la sociología- el hecho capital de la sociedad moderna. Incluso alguien que no haya utilizado jamás un ordenador puede realizar trabajos agrícolas y, por extensión, puede trabajar en sectores de poco valor añadido. Pero un joven de la Generación Ni-Ni que durante años no haya trabajado ni estudiado, que haya utilizado su tiempo para chatear por la red, utilizar videojuegos, enviarse mensajes SMS y que maneje todos los mecanismos de ocio de la red ello no implica que esté mejor adaptado para afrontar una sociedad competitiva, sino que está refugiado en un mundo virtual que lo aísla completamente la realidad y le proporciona un entorno narcótico y tranquilizador como la droga más sedante que se hubiera inventado.

La Generación Ni-Ni es sólo un estadio temporal en la vida de un joven. Su permanencia en este nuevo grupo social producto de la crisis, durará entre 3 y 10 años más. Cuando haya terminado la crisis –de la manera que sea, incluso son el desmantelamiento del actual sistema mundial de producción y consumo- toda esa generación adicta a lo digital, percibirá que no está preparada para tomar el relevo de las que le han precedido: será una Generación Cero. Hay que alarmarse sobre cómo serán los hijos de esta nueva generación. 

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.