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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Revista de Historia del Fascismo – IV

Revista de Historia del Fascismo – IV

Sumario

REVISIONES

Hitler [no] me ha dicho: Rauschning, un falsario desenmascarado

Durante décadas el libro de Hermann Rauschning Hitler me ha dicho se ha considerado como un pieza fundamental del Caso Hitler. Desde obras “ligeras” como El retorno de los brujos de Louis Pauwels y Jacques Bergier hasta las  sesudas  obras  de  historiadores  académicos  como Trevor-Roper, era frecuente entre los años 50 hasta finales del milenio, recurrir a esta obra para dirimir cómo era la verdadera personalidad del führer. Aun hoy algunos siguen considerando a esta obra como “fuente primaria”… lamentablemente  para  ellos,  desde  hace  20  años,  está demostrado ad nauseam que la obra de Rauschning no tiene credibilidad sino que es uno de tantos ejemplos de propaganda de guerra.

BIOGRAFIAS

Abate Barruel: el padre de todas las conspiranoias

A  finales  del  siglo  XVIII  al  abate  Augustin  Barruel  consiguió una fama extraordinaria con la publicación de su obra Memorias para servir a la historia del jacobinismo en  donde  daba  una  explicación  teleológica  a  todos  los episodios que se habían sucedido en Francia a partir de 1780 y que se desencadenaron aquella orgía de sangre que  fue  la  Revolución  Francesa.  El  éxito  de  Barruel  fue tan rutilante como efímero, sin embargo, todavía hoy se le considera como el introductor de la visión conspirativa de la historia y su obra como el “padre” de todas las conspiraciones. Esta es la vida y la obra del abate Barruel…

NEOFASCISMO

L’Uomo Qualunque: un producto de postguerra

En la confusión de la Italia de la postguerra, durante un corto  ciclo  de  apenas  tres  años,  un  partido  político  de nuevo cuño llamó particularmente la atención: el Fronte dell’Uomo Qualunque, literalmente el Frente del Hombre Cualquiera (aunque otra traducción alternativa sería “del Pobre Diablo”) entendiendo como tal al ciudadano sin expectativas  que  sufre  las  consecuencias  de  las  situaciones  adversas  generadas  por  otros.  El Uomo  Qualunque fue  un  grito  de  desesperados  que  se  extinguió  pronto ingresando una parte sustancial de sus miembros en el Movimiento  Social  Italiano  que  heredó  también  buena parte de sus votos. 

MÍSTICA FASCISTA

Codreanu y su mística guerrera

Nuestro colaborador Eduardo Basurto nos envía este artículo sobre la mística guerrera de Codreanu que supone el primer estudio publicado en la Revista de Historia del Fascismo  sobre  esta  corriente  en  Rumania.  Además  de hacer honor al título, el estudio de Eduardo Basurto realiza un repaso a la historia de la varidad rumana del fascismo singularmente preciso.

CINEMATOGRAFÍA

Forces Occultes… El cine francés bajo la ocupación

Hasta hace poco inencontrable y desde que se han puesto en marcha las plataformas de intercambio de archivos Peer to Peer y youTube fácilmente accesibles en la red, Forces Occultes es un película extraña que responde en primer lugar a las exigencias antimasónicas del gobierno francés de Vichy y de la propaganda alemana. Pero nos equivocaríamos si considerásemos que Forces Occultes solamente  es  “propaganda”.  Es  mucho  más:  refleja  por primera vez en la historia del cine cómo es una iniciación masónica de la que hasta ese momento el “gran público” no tenía conciencia exacta en qué consistía. Y no hay en ella absolutamente ninguna falsificación. La pesquisa en torno  a Forces  Occultes  nos  llevará,  por  extensión  lógica, en la segunda parte de este artículo, a examinar el panorama del cine “colaboracionista” realizado durante la ocupación y terminará con una referencia a la figura de Claude Autant-Lara, fallecido en 2000 después de ser durante un período diputado europeo del Front National.

DOSSIER:

Julius Evola y el III Reich
Las relaciones y los proyectos de Julius Evola en Alemania 1930-1945.

I. Introduccion

II. Julius Evola y la cultura alemanas

III. Contactos en el Reich 

          - La Comunidad de  Trabajo de los nacionalistas

          - Con la “revolución conservadora”

          - La red del príncipe KarlAnton von Rohan

          - Gottfried Benn y el Rivolta  

          - Del Herrenklub a las SS

          - La “defensa de la raza” en Alemania e Italia

          - Los objetivos del período 1938-1943

          - Evola en el Cuartel General del Führer

 

Características: 

Formato libro 150 x 210 mm

Páginas 216

Tapas en cuatricomía con solapas 

Pedidos: eminves@gmail.com 

Precio venta al público: 18,00 euros + 3,00 euros de gastos de envío (precios para España, resto mundo, consultar) 

Forma e pago: ingreso en cuenta corriente BBVA (al hacer el pedido indicamos el número) o pago a través de pay-pal (ver columna de la derecha)

 

Suscripción

6 números: 100 euros

12 números: 200 euros

Así se pagó la deuda...

Infokrisis. – A nadie se le escapa que Grecia, Portugal, Islandia y España tienen dificultades para pagar la deuda. El Banco Central Europeo ha venido en ayuda de cada una de estos países situados de manera inestable sobre la cuerda floja. La fórmula es la peor de toda las posibles: intervención no quiere decir –nunca lo podría decir– “condonación”, sino que simplemente se trata de encontrar algo así como un avalista para la concesión de un nuevo crédito que permita pagar el anterior lo que inevitablemente generará más deuda a la vista que no hay crédito sin intereses. Pues bien, hay otras fórmulas para pagar la deuda. Alguna de ellas nos ha sorprendido por su originalidad y por aquello de que el mejor cazador es el que logra matar dos pájaros de un tipo.

En emule hemos encontrado unos apuntes publicados por el Colegio “El Valle”, Departamento de Ciencias Sociales, asignatura de Historia Contemporánea, para el 1º de Bachillerato. Los apuntes se titulan El fascismo italiano y el nazismo alemán. Decididamente no hay nada como la enseñanza privada… Los apuntes evidencian cierto rigor histórico impropio en la enseñanza media española, incluyen referencias bibliográficas y en apenas ocho folios extremadamente claros resumen los contenidos de estas doctrinas sin caer en descalificaciones facilonas propias de la Educación para la Ciudadanía o en apologías dignas de otros tiempos.

Una cosa nos ha llamado particularmente la atención en estos apuntes: el relativo a “La política económica del nazismo” que generalmente se ignora para priorizar los elementos truculentos relativos al Holocausto, exaltar el recuerdo emotivo y sentimental de Anna Frank o hacer recaer la responsabilidad de la II Guerra Mundial en el III Reich (y si tuvo alguna responsabilidad fue en la invasión de Polonia realizada para cerrar un conflicto fronterizo a la vista de que los polacos se negaban a negociar apoyados por el Reino Unido. Fue, precisamente, el Reino Unido quien presionó a Francia en los días siguientes al inicio de la invasión el 1 de septiembre de 1939 para que el día 3, ambos países declararan la guerra a Alemania. Esa declaración reactivó la máquina del capitalismo norteamericano que apenas funcionaba desde la crisis de 1929 y que el New Deal no había logrado poner en marcha. Dicho de otra manera: el capitalismo logró salir de una crisis que no había logrado superar en 10 años –ir tomando nota de los plazos– poniendo en marcha una guerrita de nada).

Corto y pego un fragmento de los citados apuntes que explican cómo fue la política económica del III Reich y sus objetivos principales:

Lucha contra la deuda externa: no se puede devaluar el marco porque automáticamente se incrementaría la cuantía de la deuda externa. Se recurre a un procedimiento drástico: se paga a los acreedores con marcos bloqueados, que sólo sirven para comprar en Alemania.

Esta idea para luchar contra la deuda externa sorprende por lo que tiene de imaginativa y se reduce a esto: “si alguien quiere cobrar nuestra deuda, tenemos la intención de pagar a la voz de ya, solamente que el dinero que el acreedor reciba, es un dinero a lo Monopoly, reconocido por el Estado y útil para ser invertido en el propio territorio de ese Estado”. Así, el buen cazador que era el economista Hjalmar Schacht mataba dos pájaros de un tipo: reducía completamente la deuda externa de una día para otro y… utilizaba la totalidad de ese dinero para conseguir la reactivación de la economía y crear riqueza.

Ahora ya sabemos cómo diablos el III Reich consiguió pasar de 3.000.000 de parados (en un país que entonces tenía más población que España en la actualidad, esa cifra era considerada inasumible por la sociedad y generó el crecimiento de los extremos del arco político y el derrumbe de la República de Weimar. Podemos imaginar lo que hubieran sido 6.000.000 de parados, el equivalente alemán de la época a lo que soporta hoy España en 2011) al pleno empleo y a la formación de un Estado ultramoderno en el que las autopistas, la televisión y el desarrollo del I+D+i constituyeron el eje central que permitió pasar entre el 30 de enero de 1933 (fecha en la que el canciller Hitler asume las riendas) y el 1º de septiembre de 1939 a una nueva fase de desarrollo nunca experimentada antes en país occidental alguno. La solución era pues, extremadamente simple: “marcos bloqueados que sólo sirven para comprar en Alemania…”. Es una tradición de la mejor política ofrecer soluciones simples a problemas complejos.

La bondad y efectividad de esa solución se demostró en la práctica y nadie puede dudar de que los resultados conseguidos alcanzaran la calificación de notables. Claro, la contrapartida fueron las libertades políticas, la destrucción de la república de Weimar y el desequilibrio en la Europa continental con la aparición de una potencia central en torno a la cual y a su crecimiento hubiera gravitado toda la Europa continental en menos de una década. No sé si la frase de “¿Cañones o mantequilla?” la pronunció efectivamente Rudolf Hess, el lugarteniente de Hitler, o bien es una de tantas leyendas. En realidad la disyuntiva era “¿libertades políticas o riqueza ya?”. Y puestas así las cosas, me temo que Hitler hubiera ganado cualquier plebiscito así planteado.

Bien, ya sabemos cómo se resolvió la cuestión en 1933–1939. Ahora hagamos un tránsito de casi 75 años hasta nuestros días. ¿Sería posible decir a los inversores: “hay tenéis dinero de Monopoly hoy mismo que deberéis invertir en nuestro país”? No, evidentemente, hay una moneda única en Europa –mal que nos pese– y la mayor parte de las decisiones económicas pasan por ahí. Dejando aparte esta salvedad –que no es baladí– la medida de Hjalmar Schacht resolvería hoy nuestro problema económico para siempre. ¿Hay deuda? Se paga, pero el dinero que recibe el prestamista lo invierte –si quiere cobrar– en la economía nacional. En este caso en la economía europea. Genial. Ah, por cierto, el hecho de que el III Reich fuera un Estado fuerte hizo que la deuda pública emitida fuera de “obligatoria compra” por parte de los bancos y las entidades de ahorro. Sí, efectivamente, esa imagen que prodigó la historiografía marxista de que los “Estados fascistas” fueron entidades al servicio de la alta burguesía capitalista eran absolutamente falsas: no solamente eran falsas sino que el Reich metió en cintura a la Banca… en lugar de pagarle sus bonus, sus caprichos y sus beneficios. Y es que el Reich, estuvo dirigido por “monstruos” que no estaban dispuestos a comer de la mano de la banca. Compárese aquélla clase dirigente con la de los actuales Estados europeos y se verá la diferencia que existe entre el “estadista” y el “político profesional”, entre el acero y la babosa.

Se dice que cuando existe una deuda dos sufren: el prestamista porque no sabe si va a cobrar y el deudor porque debe afrontar pagos muchas veces insoportables. La “técnica Schacht” resuelve este conflicto: ambos quedan satisfechos y ambos están eternamente agradecidos uno al otro. Hay un pero…

… La solución solamente es aceptable cuando quien la propone tiene solvencia, seriedad y capacidad suficiente como para que el “dinero de Monopoly” se convierta en dinero real que cumpla su función económica: aportar beneficios a su poseedor y generar desarrollo. Si el dinero solamente sirve para lo primero el prestamista termina siendo un tiburón especulador y su única recompensa en situación normal –es hasta hace pocas décadas que se ha perdido toda idea de normalidad en economía– es el paredón. Especular con el hambre, especular con el bienestar de un pueblo es un crimen contra la comunidad. El mayor crimen que puede cometerse e imaginarse.

Hay otro punto en los citados apuntes del Colegio “El Valle” que vale la pena sacar a colación. Miren:

Lucha contra la inflación: el economista Schacht, intentó evitarla a través de los “Efectos MEFO”, papeles garantizados por el Banco de Alemania. Se presionó para que en vez de presentarlos a descuento en el Banco se pagara con ellos en los intercambios cotidianos; así se desembocó en una circulación pseudomonetaria. Al mismo tiempo, se orientaba el consumo hacia niveles bajos.

Efectivamente, el mayor problema de la primera propuesta es que no desemboque en un proceso especulativo incontrolable. Schacht también lo solucionó a base de vaselina. Los “Efectos MEFO” eran pagarés emitidos por el propio Estado que se volvían a descontar al Reichsbank y que funcionaban como moneda paralela. Así se disimulaba el déficit presupuestario (y también el gasto de defensa). Era una forma de expandir el crédito sin llegar a la devaluación de la moneda ni a la inflación (efectos a los que también se llegó impidiendo la salida de divisas, así quedaba mantenido el patrón–oro en el interior.

En la economía liberal se trata de garantizar al prestamista el máximo de intereses y garantías. Así se concibe la civilización de la usura. Al parecer en la economía tal como la concibieron desde Gottfried Feder hasta Hjalmar Schacht lo que se situaba por delante de los derechos del usurero era el desarrollo de la nación.

El presupuesto de defensa alemán que en 1933 era del 8%, cinco años después había pasado al 60%. No está mal. De esto se deduce “cierta agresividad” del III Reich que un día haría falta comparar con el “complejo militar-petrolero-industrial que gobierna hoy en los EEUU. La industria armamentística alemana, no solamente se lucró, sino que generó empleo. El empleo generó crecimiento económico. El armamento generó seguridad en los inversores y en crecimiento garantizó una oleada de obras públicas inconcebible en aquel momento en un Estado desarrollado y con un nivel de deuda como el que acumuló la República de Weimar. Compárese esa política con la practicada por el Zapaterismo y se verá que cualquier parangón es imposible. La debilidad frente a la fuerza, no es más que la desconfianza frente a la confianza, la inseguridad frente a la seguridad. Se suele decir que el “dinero es cobarde” y es cierto: huye de la debilidad salvo cuando logra –como es el caso actual– que el gobernante de turno, débil, cobarde, acomplejado y corrupto, coma de su mano.

¿Alguien se imagina a aquellos terribles rectores del Reich, gentes que habían conocido las durezas y las destrucciones de los frentes, que habían luchado durante 15 años para levantar una “nueva Alemania” y un “Reich de mil años” inclinándose ante algún banquero? No, claro. Pues a lo mejor sería hora de recuperar gentes de fuste y acero, Holocaustos aparte, antes que políticos babosos, coriáceos y mentalmente enclenques. Porque esta crisis es mayor de la del 29 y esto no lleva camino de resolverse, salvo por el camino habitual en estos casos: una guerrita de nada que ponga en marcha las fábricas y mueva el dinero en la reconstrucción.

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.com – htpp://info–krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

¿Elecciones? Mejor suicidarse

Infokrisis.- Las elecciones municipales, por algún motivo, coinciden con las autonómicas en todas las autonomías menos en Galeuzca. Y no me pregunten por qué. Desde 1977 hemos pasado entre 35 y 40 procesos electorales (municipales, autonómicos, generales, europeos). Pues bien, el mecanismo electoral es primitivo, corrupto, esclerotizado y tercermundista. Lo sé porque este año estoy cerca de una de las candidaturas y me horroriza lo que veo y oigo.

En general, en comicios europeos y en determinadas convocatorias electorales hemos podido ver como subgrupúsculos que apenas reúnen en toda España a 50-60 militantes han podido presentar en torno a 400 candidatos. ¿Cómo lo han hecho? Es fácil: falsificando firmas y utilizando carnés de identidad recogidos de las maneras más diversas a efectos de rellenar listas. No es algo nuevo, UCD ya puso en práctica en 1977 este procedimiento utilizando carnés de ancianos. Era lógico que en 1977, cuando la sociedad tecnológica aún no había despuntado, que procedimientos de este tipo pudieran utilizarse tan impune como habitualmente. Mucho menos admisible es que estas prácticas se sigan utilizando aquí y ahora.

Luego está el problema de las “cuotas” sexuales. La legislación española establece que los porcentajes de cada sexo deben ser 60-40, es decir que ningún sexo deberá tener una representación menor del 40%... ¿Y los gays? ¿y los transex? ¿Qué hacemos con ellos? Antes o después reivindicarán sus cuotas correspondientes e incluso es probable que si en 2008 no hubiera estallado la más formidable crisis económica de todos los tiempos, Zapatero ya hubiera traído a colación el tema.

Las “cuotas” sexuales son un problema añadido para la creación de candidaturas. Casi todos los partidos lo tienen. Y lo que es peor, elaborar las candidaturas equivale a situar en posiciones preferentes a alguien en virtud de su sexo. Nunca se protegió tanto a la mujer, pero nunca se la insultó en tal medida porque siempre quedará la duda de si esta o aquella mujer están donde están por sus capacidades o por ser “mujeres de cuota”.

Los partidos resuelven este problema echando mano de mujeres, amigas, novias, amantes y empleadas: se las coloca en la cuota y luego si salen elegidas no tienen nada más que dimitir. El Front National francés, cuando se estableció esta absurda legislación declaró que cada candidato iría acompañado de su mujer en la lista y las que lo desearan dimitirían en caso de salir elegidas la misma noche de las elecciones. ¿Hecha la ley, hecha la trampa? En realidad, no: más bien, a una ley estúpida corresponde una burla inteligente.

Hacer una lista en la que la cuota femenina encaje puede convertirse en algo así como practicar el noble arte del encaje de bolillos: establecer tramos de cinco candidatos en cada uno de los cuales rija la proporción 40-60 y un último tramo que en caso de ser par exige el 50-50 si es menor de cinco candidatos. Bien, pues, los partidos lo consiguen: ahora solamente queda que la candidatura sea reconocida por la Junta Electoral y posteriormente proclamada como tal.

Para ello la candidatura debe haber nombrado previamente a “representantes”. Es extraño porque el registro de partidos políticos debería funcionar y estar al día, constando quién dirige cada formación política. Las comunicaciones entre la Junta Electoral y las candidaturas, deberían hacerse a los organismos de dirección de los partidos políticos (cada uno de los cuales tiene un “equipo electoral” que bastaría con comunicar por email a la Junta Electoral Central). Pero la lógica no sirve para las orientaciones del aparato electoral estatal. Los partidos deben de nombrar “representantes”… uno por cada candidatura y otro general, uno para las elecciones autonómicas y otros para las generales. Y todo esto hay que hacerlo personándose en las puertas de las Juntas Electores correspondientes. En realidad, el registro de partidos políticos, es otra ventanilla junto a la cual hay un archivador en el que se abren carpetas por cada nuevo partido y ahí se quedan… y de nada importa que el material que está en ese archivador tenga algo que ver con la realidad o no haya la más mínima relación entre una y otro. Muchos menos importante es que en cierto número de formaciones, ni exista tesorero, ni se rindan cuentas, ni siquiera se hayan celebrado los congresos cuando corresponden, ni por supuesto, celebrados estos, tengan alguna representatividad… El registro de partidos políticos, no sirve para nada de lo que debería servir: desde el PP y el PSOE hasta el último gañán que se ha montado un partido para poder disfrutar de las cuotas de sus pobres afiliados, existe toda una práctica canallesca que nadie investiga y mucho menos el Registro de Partidos Políticos.

Hay que decir que las juntas electorales están compuestas en la cúpula según el modelo de la LOREG que, por cierto no dice nada sobre de dónde salen los funcionarios de base que las componen y que son quienes deben tramitar las candidaturas. Y ahí viene lo más grave, porque se trata de funcionarios del Estado destinados temporalmente a ese menester… y que cambian en cada elección. Con lo cual tenemos a ambos lados de la ventanilla de admisión a probos funcionarios del Estado que no tienen mucha idea de lo que tienen que tramitar y al otro lado a “representantes” de las candidaturas que tampoco andan muy enterados del procedimiento y de sus misteriosos arcanos.

A la vista de que estamos inmersos en la era de la informática y que a nuestra disposición están las herramientas de la Web 2.0. que facilitan la interactividad, la comunicabilidad y la accesibilidad, lo lógico sería que el ministerio del interior o la Junta Electoral Central tuviera una web en la que se pudieran admitir instancias, se recogieran modelos de funcionarios, un reglamento sobre los procedimientos y donde una FAQ disipara cualquier duda que pudiera surgir. No hay nada de todo esto. Ni modelos de instancias, ni posibilidad de enviar las candidaturas por internet (y eso ya es posible, o sino ¿para qué sirve el DNI electrónico?). Por no haber ni siquiera hay claridad sobre cómo deben presentarse las listas, nombrar los representantes, ni nada parecido.

Cuando el proceso electoral ya se ha iniciado todavía ni siquiera están colgados en la red los emails de las Juntas Electorales de Zona y las candidaturas deben perder horas interminables en buscar los teléfonos, las direcciones y los faxes de los correspondientes juzgados de primera instancia. Ni siquiera existe una relación de partidos judiciales que aclare a cuál pertenece cada población. El tercer mundo está entre nosotros en materia electoral.

Y es que la tecnología para la Junta Electoral Central debió agotarse en 1980 cuando se comercializaron los primeros faxes, porque en esta huxleyana era de progreso cibernético, el fax sigue dominando los procederes de las Juntas Electorales que envían sus comunicados por este procedimiento postdiluviano.

A todo esto se añade otra bagatela: el 22-M se elegirán consistorios y gobiernos autonómicos (salvo en Galeuzca)… Si bien en las elecciones municipales los consistorios no tienen posibilidades de idear una ley expresa, las Comunidades Autónomas en cambio suelen tenerla y prescribe unas normas diferentes a las del resto de Comunidades. Y así ocurre, por ejemplo, que en Valencia exista una “Ley Electoral de la Comunidad Valenciana”… Al estar solapadas ambas convocatorias electorales, resulta imposible explicarse por qué los procedimientos son tan absolutamente diferentes en cada una.

Las elecciones no solamente son un proceso cuantitativo de captación y recuento de votos, sino que son un monstruo burocrático de papeleo absurdo, inútil, proclive a la falsificación y que se admite o se rechaza según criterios distintos no solamente en cada una de las juntas electorales de zona, sino según el funcionario que te atienda. Una especie de ruleta rusa ideada por los partidos mayoritarios para justificar los sueldos de sus funcionarios o simplemente para joder –sí, para joder- a los minoritarios. Sí, porque, mientras los partidos minoritarios deben apelar al voluntarismo de sus militantes y a la buena o mala fe del funcionario de ventanilla, los partidos mayoritarios lo tienen mucho más fácil: les basta con liberar a las secretarias de los diputados provinciales (¿qué diablos hace un diputado provincial y para qué diablos puede necesitar una secretaria sino es porque sea su amante o la chica que le hace los carajillos?) y desplazarlas a la sede del partido para que se desesperen ante el papeleo electoral. Y, por lo demás, aunque estas funcionarias reubicadas temporalmente lo hagan mal ¿qué junta electoral va a ser capaz de negarse a admitir una candidatura del PP o del PSOE o a sus representantes? Aunque hayan realizado rectificaciones fuera de plazo, aunque los papeles que hayan presentado estén fatal, con ellos no hay problema. Las candidaturas minoritarias son las sufren y para ellas sí que no hay piedad. Un simple fallo puede acarrear el que la candidatura se caiga inapelablemente.

No tengo una particular simpatía por el ecologismo, pero si me he formulado la inquietante y laberíntica pregunta de ¿cuántos árboles son necesarios talar para cubrir las necesidades burocráticas de papel en cada campaña? ¿Cuántos bosques habrán desaparecido desde 1977 para transformarse en papel sobre el que se impriman instancias, fotocopias de DNIs, hojas de fax, nombramientos de interventores, representantes, administradores, etc? Millones. Podría decirse que el sistema burocrático electoralista español es un arma de destrucción masiva y uno de los causantes de la deforestación a esta parte de la galaxia.

¿Es igual en todos los países? Es imposible que lo sea. De hecho, incluso en nuestro país las cosas no deberían ser como son en materia de democracia electoral. Si la Junta Electoral Central (si el gobierno, en realidad) no ha considerado necesario adecuar la dinámica pre-electoral a las posibilidades de las nuevas tecnologías, no es por negligencia, sino simplemente porque las dilaciones, dudas, ausencia de documentación, disparidad de interpretaciones de la LOREG, ausencia de un reglamento electoral y de documentación clara, nítida y breve, de funcionarios de plantilla, etc., todo ello beneficia a las opciones grandes y perjudica a las pequeñas.

Aquel sistema político que nació en 1978 y que hoy agoniza fue hecho a medida de quienes lo impulsaron: facilitaba la creación de una opción de centro-derecha y otra de centro-izquierda que se turnarían eternamente en el poder, apoyados en caso de no contar con mayoría absoluta, por otras dos formaciones menores de carácter nacionalista. Y eso hasta el fin de los tiempos. Las dificultades que se crean a los pequeños partidos para tener acceso a las elecciones son cada vez mayores y forman parte de ese mecanismo de conservación que generó el sistema para eternizar el gobierno de sus dos columnas, el centro-derecha y el centro-izquierda. Algo muy poco democrático.

Recuperando el título de una obra de Herbert Marcusse podemos decir que los sistemas digitales han hecho hoy posible el que el sistema político español fuera absolutamente representativo y verdaderamente democrático. Eso sería “el final de la utopía”, es decir, cuando la Utopía sería posible. Sin embargo, la gran contradicción de nuestro tiempo es que los sistemas digitales posibilitan la igualdad democrática… pero no se aplican. Con lo que unas elecciones justas y democráticas, en España, son simplemente utópicas y para los funcionarios de los pequeños partidos, incluso molestas. A ver qué día la Democracia llega a la “democracia”, a esta triste, desfigurada, miserable, corrupta y cuernilarga democracia española…

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la publicación de este texto sin indicar origen.

¿Se van o no se van?

Infokrisis.- En estos momentos planea sobre la sociedad española una gran duda: ¿aumenta o disminuye el número de inmigrantes? ¿Y en qué número? No está claro y, por una vez, las estadísticas tampoco tienden a aclarar gran cosa. Hoy, lunes 4 de abril se han publicado los datos correspondientes al padrón municipal. Son confusos y, para colmo, el gobierno, a través de sus voceros –en este caso El País- tiende a confundir más a la población.

Los nuevos datos del padrón publicados hoy indican que el número total de residentes en España asciende a 4.700.000 millones de personas experimentando un aumento de más de un 0’3% en relación a las cifras anteriores correspondientes al 1 de enero de 2010. Es decir, que, en principio, a pesar de los avances informáticos, de la potencia de los nuevos procesadores, los datos que el gobierno se digna darnos son de hace 14 meses. Según el padrón las cifras de inmigrantes ascenderían hoy a 5.700.000 de inmigrantes de los que 2.400.000 serían comunitarios y 3.300.000 extracomunitarios, siendo en total un 12,2% del total de la población. Es, evidentemente, una mentira estadística.

La realidad es que el censo publicado a menos de un año de las elecciones generales es un censo “ideado” para tranquilizar a la población. De reconocer la situación real, la ciudadanía empezaría a preguntarse ¿cómo es que con la crisis económica actual y con 5.000.000 de parados, no solamente los inmigrantes no se van sino que llegan más? Para evitar esta incómoda cuestión, el gobierno y los voceros mediáticos que lo apoyan han inventado una nueva estrategia: la del fraude en el censo, que equivale a ser un nuevo fraude a la democracia.

¿Cómo se ha hecho este censo?

Se trata de ahorrar en lo esencial y seguir dilapidando en lo accesorio. El censo es esencial en una democracia porque cada ciudadano supone una parcela de soberanía nacional y, por tanto, un voto. Estamos en una democracia cuantitativa: y en matemática lo que cuentan son las cantidades absolutas y trabajar con datos reales, por eso el gobierno ha dejado de ser riguroso en la elaboración del censo. “Si lo hacemos es para ahorrar 200.000.000 de euros…” han dicho a El País, los portavoces del Instituto Nacional de Estadística.

Porque, a partir de ahora, el censo ya no se hace casa por casa… apenas es otra cosa que una “gran encuesta”. Este año toca realizar censo (se hace cada 10 años) y las cifras podrían ser demasiado espectaculares: será la primera vez que el censo se realiza con una presencia masiva de inmigrantes, por tanto, cuidado, porque pueden haber sorpresas desagradables para la identidad autóctona.

Este año, solamente el 10 de los hogares españoles recibirán la visita de encuestadores y deberán rellenar los formularios. Los datos se publicarán en otoño. Es evidente que falsearan la  realidad como ha venido haciéndose en los últimos 15 años. Cuando era evidente que estaba creciendo la inmigración a velocidad excesiva, primero el gobierno del PP y luego el del PSOE, minimizó la importancia del problema, restando una media del 20% del total en las cifras de inmigración. Pero este es el primer censo que se realizará con una inmigración masiva insertada en la  sociedad española. El censo que se publicará en otoño de 2011 ni será exhaustivo, ni será universal: será, como todo lo que ha hecho el gobierno Zapatero en los últimos siete años un censo voluntarista, irreal, buenista y último ejemplo de la política del avestruz o del médico que en lugar de reconocer que su paciente tiene fiebre y debe paliarla, se limita a romper el termómetro.

Antonio Argüeso, subdirector general de Estadísticas del INE ha expresado con una brutal claridad el criterio del gobierno en la materia: "¿Ponerse otra vez a contar a todo el mundo? Empezar de cero es una pérdida de tiempo y de dinero descomunal". Además, añade, hay “dificultades económicas”. Ese censo actualizado también demostraría que en casi 500 localidades el censo se ha adulterado para beneficiar a unos o a otros en las próximas elecciones municipales. Este fenómeno es especialmente visible en pueblos con menos de 1000 habitantes en los que un concejal y el propio ayuntamiento dependen de 50-100 empadronamientos. Los rumanos, en este terreno –comunitarios y, por tanto, con derecho a voto, han sido los protagonistas de este fraude especialmente en la costa mediterránea.

El censo “ahorrará” así una cuarta parte de la factura, pero, eso sí, no servirá absolutamente para nada, ni será un fiel retrato de la realidad española. Además, 40.000 personas que habían trabajado en el censo de 2001, no volverán a ser contratados… El cambio de sistema ha suscitado un debate en el interior del propio INI. Fuentes interiores del organismo han dicho que “Esto, en rigor, ya no es un censo”. En años sucesivos, bastará con “intuir” las cifras y hacerlas casar con la instantánea que un gobierno concreto quiera dar de su población, para ahorrar todavía más. En censo que no sirve para nada impide incluso planificar servicios sociales, redondear un modelo económico o, simplemente, saber cómo está realmente la pirámide de población.

Así pues, este censo que no es censo, es, además, ilusorio, engañoso y mendaz.

¿Qué dice la estadística de empadronamientos?

Dice demasiadas cosas. La primera de todas que la población española ha crecido hasta enero de 2010 en 129.788 personas. Se dice también que se han producido 146.855 “nuevos españoles” y que, paralelamente ha descendido el número de extranjeros. Y lo ha hecho poco: 17.067 personas. ¿Qué está pasando? ¿De dónde nacen estos nuevos ciudadanos? Hay que leer entre líneas para entenderlo.

La cifra de 129.788 personas “nuevas” indica un aumento del 0’3% de la población. Sin embargo, los 17.000 inmigrantes que presuntamente se han ido, son apenas el 0’04% del total. Es fácil intuir lo que está ocurriendo: en una pirámide de población como la española, el número de nacimientos tiende a ser igual al de muertes, así pues, las diferencias se deben a la incidencia de la población extranjera en España y a un dato que el gobierno oculta por todos los medios: la cantidad de inmigrantes que están obteniendo la nacionalidad española y que desde 2009 se ha ido disparando. Era evidente que esto iba a ocurrir: según la legislación española, después de 10 años de residir en España, el inmigrante tiene derecho a reclamar la nacionalidad española. Y esto es lo que está ocurriendo: no es que se vayan los inmigrantes, es que están desapareciendo de la lista de inmigración y están reapareciendo en la de “nacionales”. La cifra de los que ya han atravesado este Jordán estadístico no ha sido publicada jamás por el gobierno, sin embargo puede intuirse que en estos momentos está en torno al millón de casos. En esto radica la “mentira estadística” de estas cifras del padrón.

También hay otra mentira: los nacimientos. La tasa de natalidad de las comunidades inmigrantes es entre tres y cuatro veces superior a la española (si bien es cierto que la tasa de abortos entre la comunidad inmigrantes es hasta seis veces superior a la autóctona, lo que indica que estas comunidades inmigrantes ni practican rastros de planificación familiar, ni medidas contraceptivas, ni nada que se pueda parecer a responsabilidad ante el fenómeno de la paternidad). Y esto indica que a pesar de las diferencias entre el número de inmigrantes y el número de autóctonas, en la práctica, la cifra de nacimientos de hijos de los primeros es casi idéntica a los nacimientos de los autóctonos… con una nota adicional: los nacidos en España, sean marroquíes o marcianos, reciben inmediatamente la nacionalidad española en virtud del “derecho de suelo”. ¿Son españoles? Las niñas cuando tengan su primera regla llevarán velo y los niños tenderán a abandonar los estudios a los 14 años para trabajar con sus padres. ¿Pueden llamarse a estos jóvenes, en rigor, españoles? Lo son administrativamente. De hecho, lo son sólo, administrativamente.

La opinión de los voceros del gobierno

El País es, junto con Público, una especie de Boletín Oficial del Zapaterismo. No es raro que desde las columnas de estos panfletos se defienda a cara de perro las orientaciones y se cubran las vergüenzas del gobierno. Hoy mismo, El País explica con una seriedad pasmosa que el padrón municipal está equivocado y que se ve “inflado” con un millón de personas. No somos 47.000.000 de habitantes… somos 46.000.000. El millón de diferencia está compuesto por inmigrantes que se han ido, sin darse de baja en el padrón. Así lo dijo Antonio Argüeso y así lo ha certificado El País. Es, naturalmente, falso. Y, aunque fuera cierto, por sí misma esta cifra obligaría a realizar un censo riguroso, en lugar de un censo de chichinabo, pues no en vano 1.000.000 de diferencia entre realidad y ficción, supone un desfase de casi un 0’5%, intolerable en una estadística de población.

Según Argüeso, el padrón municipal incluye "entre un 3% y un 4% de dudosos". Después de años de decir que el número de extranjeros disminuía, había que demostrarlo estadísticamente de alguna manera y ahora se ha encontrado la explicación… Y, poco importa que apenas 20.000 inmigrantes se hayan incluido en el Plan de Retorno Voluntario (que ofrece ventajas económicas a quien se va además del pago del billete de avión…) ¡en los últimos cuatro años! Hace falta encajar la cifra real de inmigración con la cifra oficial.

Estimamos que la real debe situarse en torno a los 7.000.000 de inmigrantes llegados desde mediados de los años 90. Sin embargo, las cifras de INI la rebajan hasta los 5.700.000. Esta cifra tiene un problema: las cifras dadas por Eurostadt no coinciden y existe un desfase de 1.300.000 inmigrantes, de la que el INI deduce que corresponde a “inmigrantes que se han ido y no lo han comunicado”. Parece increíble que se pongan en duda las cifras del Plan de Retorno Voluntario, extraordinariamente apetecible para el inmigrante desde el punto de vista económico a cambio apenas de jurar que no regresará a España en los próximos tres años y se ignore deliberadamente el número de los que reciben la nacionalidad española por vía administrativa. De ahí que el último “invento” de la ingeniería estadística consista en decir que “se van pero no se borran del padrón”… efectivamente, no se borran, pero tampoco renuevan su inscripción. Y, de hecho, ¿cómo saber los que se van y los que se quedan sin realizar un censo general de la población?

De hecho, si tenemos en cuenta que desde 2000 han recibido la nacionalidad española 1.000.000 de inmigrantes y que se sabe que los nacimientos de la comunidad inmigrante son entre 3 y 4 veces superiores a la de nacimientos autóctonos, y, además, para colmo, tenemos en cuenta que estas cifras del padrón que nos presentan hoy, tienen 14 meses de antigüedad, podemos establecer sin temor a equivocarnos que las cifras reales de inmigración no descienden (a pesar de que haya inmigrantes que efectivamente han retornado a su país de origen (según el Plan Retorno, apenas 20.000) cantidad que ha sido cubierta con creces por los nacimientos, por los recién llegados, por los que estaban en situación de irregularidad que al cabo de tres años de permanecer en la ilegalidad se han visto recompensados con el permiso de residencia. Y, a todo esto, ¿están todos los que son? Dicho de otra manera: ¿Están todos los inmigrantes empadronados? ¿Cuál es la bolsa de inmigrantes no empadronados de los que solamente se tiene constancia en los servicios sociales o cuándo resultan detenidos?

Nos están engañando torpemente. Los últimos gobiernos han convertido al INI, de un organismo científico y técnico que debía reflejar una instantánea de la sociedad española en cada momento, en una caja de resonancia de las fantasías del gobierno, de sus necesidades electorales y de su –a fin de cuentas- irresponsabilidad.

La realidad sugiere a falta de estadísticas rigurosas que están retornando muchos menos inmigrantes de los que en buena lógica deberían retornar a causa de la crisis económica y de que aquí no hay trabajo, ni lo va a haber en los próximos 10 años para mano de obra no cualificada. Y, sin embargo, no se van porque aquí, mantenidos por los ciudadanos que trabajan y pagan impuestos, se vive mucho mejor que en sus países de origen.

La realidad sugiere que las agencias inmobiliarias, a la vista de los destrozos que se han producido en los últimos siete años en el arriendo de pisos de alquiler a inmigrantes, ya les exige una condiciones que no pueden ofrecer y, por tanto, es cierto que el número de inmigrantes de alquiler ha descendido y, con ello, el precio de la vivienda de alquiler. Pero no nos engañemos: no es que hayan retornado o estén retornando es que se están concentrando en pisos patera. Es cierto que el número de hipotecas firmadas con inmigrantes se ha reducido prácticamente a cero y que una parte inusualmente alta de hipotecas ejecutadas corresponde a inmigrantes, pero eso no implica que se han ido o se estén yendo, sino que simplemente son realquilados –práctica, por cierto prohibida en la mayoría de contratos de alquiler- por otros de su misma nacionalidad.

Todo esto debería demostrar suficientemente la mala fe del gobierno. Sorprende también los silencios de la oposición que parecen compartir este secreto: los gobiernos autonómicos del PP son tan opacos como el gobierno central en esta materia y no tienen el más mínimo interés en resolver el misterio.

Esto es todavía más grave en la medida en que estamos ante una crisis económica sin precedentes ante la que urge reducir el coste social (y esto pasa por la repatriación masiva de inmigrantes) y que nos aproximamos a una próxima oleada de inmigración procedente de la creciente inestabilidad en el Magreb. La fiebre no pasa por el mero hecho de romper el termómetro de la misma forma que el avestruz no conjura el riesgo que le amenaza por el mero hecho de ocultar la cabeza.

Hace falta tener el valor de formular las preguntas acertadas:

- ¿Cuántos residentes en España son hijos de españoles?

- ¿Cuántos inmigrantes han obtenido la nacionalidad española en los últimos 10 años?

- ¿Cuántos hijos de inmigrantes han nacido en España y han sido considerados como españoles a pesar de que sus dos genitores eran inmigrantes?

Solamente estas preguntas nos darían las cifras aproximativas al fenómeno de la inmigración. Eso y un censo realizado con rigor científico. Dos factores que el gobierno no tiene en absoluto en cuenta.

Ah, y nos jugamos con quien quiera que un estudio estadístico pormenorizado de la inmigración introduciendo las correcciones derivadas de estas preguntas que hemos formulado, daría una presencia de inmigrantes actualmente en España superior a los 7.000.000, es decir, algo más de un 15% del total de la población

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com

 

MANUAL DEL CANDIDATO

MANUAL DEL CANDIDATO

Infokrisis.- Acaba de aparecer EL MANUAL DEL CANDIDATO, un cuaderno de 76 páginas dedicadas a orientar a los candiatos identitarios en la próxima campaña para las elecciones municipales. En esta obra se agotan todos los temas que pueden interesar a un candidato identitario o patriótico para conseguir que su lista quede bien situada en las elecciones de mayo. Desde los imperativos legales hasta el contenido y los consejos para la precampaña, desde los objetivos, la estrategia y la táctica electoral, todos los aspectos de la campaña son tratados de manera clara, breve y orientativa. Se han añadido unos anexos sobre la relación con los medios, el análisis de la sociedad civil para intuir qué sectores pueden aceptar mejor al candidato y la obra termian con un breve argumentario orientativo del que deberá preparar el candidato para el feliz desarrollo de su campaña electoral.

El Manual del Candidato está a la venta al precio de 11 euros, incluidos gastos de envío y puede ser solicitado a eminves@gmail.com (dedidos de 10 ejemplares o superiores: 5 euros el ejemplar).

 

Sumario del Manual del Candidato


Elecciones municipales: concepto general ........................... 1

I. Imperativos legales ........................................................... 5
II. Perfil adecuado de los candidatos ................................... 15
III. Pre–campaña electoral ..................................................... 19
IV. La posibilidad de coaliciones electorales
y candidaturas de electores ..................................................... 25
V. Objetivo electoral: qué se pretende con la campaña ...... 27
VI. Estrategia electoral: planteamiento de la campaña ...... 30
VII. Tácticas electorales: ejecución de la campaña ............. 35

Anexos

1. Sociología de las poblaciones ............................................. 49
2. ¿Quiénes son los enemigos? .............................................. 51
3. Partido, militancia, sociedad civil ....................................... 53
4. Relación con los medios ..................................................... 54
5. Campañas políticas: ¿qué son? ¿cómo se realizan? ......... 65

Argumentario ............................................................................ 69

La familia en Europa

Infokrisis.- La Europa de hoy es altamente tributaria del mundo clásico. Tanto es así que algunos pensamos que la solución para el Viejo Continente es combinar los adelantos científicos más avanzados nacidos del genio de Europa con la tradición más ancestral. Y esta es la herencia clásica. Por que fue aquí, en la sagrada tierra de Europa, donde nació la democracia, el pensamiento científico y todo aquello por lo que hoy vale la pena vivir e incluso sacrificarse. Y fue también en el mundo clásico donde nació una concepción de la familia que merece ser recuperada. Nuestro guía en esta etapa va a ser el brillante Foustel de Coulanges y su no superada y más que centenaria obra “La Ciudad Antigua”.

Explica Foustel que si nos trasladamos con la imaginación al mundo clásico encontraremos en cada casa un altar y en derredor del altar una familia congregada. La familia tiene conciencia de sí misma gracias a la memoria de sus ancestros. Si careciera de ancestros, ni siquiera existiría. Los vivos y los muertos están unidos en torno a este altar y no lejos de él, siempre cerca de la casa, se encuentra la tumba de los antepasados, la que Foustel denomina “la segunda mansión de la familia”. Y añade: “allí reposan en común varias generaciones de antepasados: la muerte no los ha separado. Permanecen agrupados en esta segunda existencia y continúan formando una familia indisoluble”. Por que lo que une a los miembros de la familia antigua es la religión del hogar y de los antepasados, sin duda la mejor y la más realista de todas las religiones. Resulta difícil que la presencia de un dios, ignoto e improbable, condicione nuestro comportamiento cotidiano, pero la fidelidad a los ancestros, a los de nuestra sangre, de nuestro linaje, a los que nos precedieron y de los que somos últimos vástagos, eso si que tiene fuerza de compromiso.

La familia antigua tenía su altar en el hogar. Hogar, religión, familia, eran lo mismo. Es por eso mismo que Foustel puede decir con justicia: “Una familia era un grupo de personas a quienes la religión permitía invocar el mismo hogar y ofrecer la comida fúnebre a los mismos antepasados”. El fundamento de la familia era religioso y cultual. Separándose de la familia, el individuo quedaba al margen de la sociedad; espiritualmente era un desahuciado por que jamás su memoria sería venerada por los miembros de su familia. La idea era que al morir, el hombre clásico perdía su cuerpo físico, pero una entidad más profunda seguía acompañando a los miembros de su familia y se manifestaba a través del fuego sagrado del hogar situado en el altar del culto doméstico. Además, las familias patricias romanas podían establecer con toda precisión el origen de su linaje en algún dios o héroe de la mitología clásica: Hércules, Agamenón, Aquiles, Marte, etc. Y había que ser fiel al linaje de los ancestros por que ellos eran dioses.

Cada culto doméstico era diferente y particular al resto. Cuando una joven perteneciente a una familia determinaba se enamoraba de un joven de otra familia y terminaba casándose con él, no se trataba sólo de una boda con consecuencias sobre la herencia, la dote, la descendencia, etc. sino que afectaba sobre todo al culto doméstico. Abandonar el hogar paterno y construir otro con el esposo, equivalía a convertirse a otra religión: de ahí la importancia del matrimonio y la gravedad de la elección. Por eso los antiguos llamaban al matrimonio “ceremonia sagrada”.

La boda, si es que así puede llamarse, constaba de tres episodios: el primero transcurría en el hogar del padre, el tercero en el hogar del marido y el segundo era el tránsito de uno a otro. Inicialmente el padre de la novia, en su hogar ofrecía un sacrificio a los ancestros y declaraba que entregaba a su hija al novio. Solamente si el padre accedía a que su hija se desligara del culto doméstico, el matrimonio era considerado válido. Para entrar en la nueva religión doméstica, debía, previamente, abandonar la antigua. La segunda fase era una ceremonia iniciática que equivalía a un rapto: no en vano, el marido cogía entre sus brazos a la novia y entraba así en el nuevo hogar. Las amigas de la novia y ella misma debían gritar y realizar un simulacro de resistencia, aunque, claro, ninguna aspiraba a que el “rapto” fracasara. Ya en el hogar, el esposo colocaba a la esposa en presencia de la divinidad doméstica. La rociaba con agua lustral y tocaba el fuego sagrado. Rezaban unas oraciones y comían juntos una torta de pan, frutas y vino. Las tres fases se llamaban: tradition, deductio in domun y confarreatio. La fórmula romana: “Nuptiae sunt divini juris et humani communicatio” implicaba que la mujer había entrado a formar parte de la religión del marido.

Así concebían nuestros ancestros –todos los hijos de la Vieja Europa somos, así mismo, hijos del mundo clásico- la unión de un hombre y una mujer con vistas a formar una familia. Foustel, por eso concluye: “La institución del matrimonio sagrado debe ser tan antigua en la raza indoeuropea como la religión doméstica, pues la una va unida a la otra. Esta religión ha enseñado al hombre que la unión conyugal es algo más que una relación de sexos y un afecto pasajero, pues ha unido a dos esposos con los poderosos lazos del mismo culto y de las mismas creencias”.

El matrimonio era, por todo ello, sagrado e indisoluble. No eran unos pacatos estos romanos que concedían el divorcio civil con una gran facilidad... el civil, por que el matrimonio religioso no se disolvía por el equivalente al tribunal romano de la Rota, sino que se precisaba otra ceremonia sagrada: “Solo –dice Foustel- la religión podía separar lo que la religión había unido”.

Luego estaba la cuestión de los hijos. Cada romano y cada griego tenían el máximo interés en dejar un hijo tras de sí, por que gracias a ellos dependía su propia inmortalidad. Es más: tener hijos era uno de los deberes para con los antepasados, pues su dicha podía durar lo que durase la familia. En el mundo indo-europeo el primer hijo recién nacido se llamaba “el hijo del deber”, los demás eran hijos del amor, de la pasión o de los efectos de la noche al claro de luna llena. Pero el indo-europeo debía ante todo cumplir con su deber engendrando el vástago que supondría la posibilidad de prolongar el linaje. Por que el matrimonio era poco menos que obligatorio. Fustel cuenta que Dionisio de Halicarnaso había visto en los viejos anales de Roma una ley que prescribía el matrimonio de los jóvenes. Alabada sea aquella ley y maldito el tiempo futuro que la perdió. Cicerón en sus comentarios sobre la ley romana dice que proscribía el celibato. Y Fustel colige de todo esto que “el hombre no se pertenecía, sino que pertenecía a la familia”.

Del concepto de familia (como agrupación de los que proceden del mismo linaje en torno al altar doméstico), hemos pasado al examen del vínculo que lo hace posible (la boda con sus tres fases), para ver luego la importancia que adquiría el “hijo del deber” (en tanto que propagador del linaje). Pero si alguien creía que con esto ya bastaba, erraba. No era suficiente con engendrar un hijo. El hijo, además, debía ser engendrado según un ritual sagrado para que pudiera tener el poder de perpetuar la religión doméstica (y, por tanto, a la familia misma). El vínculo de sangre no era suficiente para prolongar la familia: era preciso un vínculo superior. Fustel, una vez más, explica con brillantez: “el hijo nacido de una mujer que no hubiese estado asociada al culto del marido por la ceremonia del matrimonio, no podía participar por sí mismo en el culto”. El casamiento era, por ello, obligatorio. Su objeto no era el placer, ni la fusión de dos fortunas patricias o del hambre y las ganas de comer plebeyas. El matrimonio servía para unir a dos seres del mismo culto doméstico para hacer nacer un tercero que fuera apto para continuar este culto.

Estaba claro que si la mujer era estéril el matrimonio podía disolverse sin excepciones. Por que es básico entender esto: lo fundamental para el griego y el romano antiguo era que la familia no se extinguiera y que la llama del culto doméstico jamás se consumiese. Y a este objetivo se subordinaba el amor, el pragmatismo o la pasión. Más aún: en las legislaciones indo-europeas más antiguas, si la esposa enviudaba, estaba escrito que debía casarse con el familiar más próximo del marido. Y si tenía hijos con él, éstos se consideraban hijos del difunto.

El nacimiento de una hija no suponía cumplir con el “hijo del deber”. Debía ser hijo varón. Pero tener un varón tampoco bastaba. Era preciso recibirlo en la comunidad religiosa familiar. El rito prescribía que, inicialmente, el hijo fuera reconocido por el padre. Luego venía la iniciación que los romanos celebraban al noveno día de vida del recién nacido, los griegos el décimo y los hindúes el duodécimo. Ese día el hijo era presentado a los dioses domésticos, una mujer debía llevarlo en brazos y dar con él varias vueltas en torno al fuego doméstico. A partir de ese momento se consideraba que el niño había entrado en la comunidad familiar, estaba obligado (obligado sería decir mucho, tenía el derecho sería quizás más adecuado) a practicar el culto doméstico y a profesar la religión de los antepasados. Por que era un privilegio más que una obligación.

Fíjense si estas concepciones estaban fuertemente arraigadas que influían en toda la legislación y en algunas instituciones familiares. Veamos. En aquellos tiempos la vida media era corta, no sólo por la precaria salubridad, sino también por la abundancia de guerras. Se tendía a que las familias fueran más que numerosas; la propia matrona romana era el símbolo de la fertilidad y de las necesidades de aquella sociedad tan ruda como pura y esencial. Además, si algo caracteriza a Roma era el pragmatismo. De ahí que existiera todo un ritual de adopción que garantizase la incorporación de hijos no sanguíneos al linaje. Cuando un linaje carecía de hijos varones, la legislación y el ritual permitían que se incorporara uno. Se repetían las mismas exigencias que para el matrimonio: para que un hijo pudiera integrarse en una nueva religión debía de abandonar la antigua. Cuando se adoptaba un hijo era preciso ante todo iniciarle en el culto familiar: “introducirlo en la religión doméstica, acercarlo a los penates”. El lazo de nacimiento quedaba roto, el vínculo otorgado por la iniciación era más fuerte y, desde luego, superior. Se integraba en una nueva familia y, para ello, era preciso emanciparse de la anterior; esto es, debía emanciparse de la religión practicaba por su antigua familia que, a partir de ese momento, ya no era nada para él. Para el mundo clásico, el lazo de la sangre no era nada a la hora de establecer un parentesco –cualquiera que sea- era preciso el vínculo del culto. Por que –siempre con Fustel- “la religión determina el parentesco”. El hijo no podía recibir la herencia del padre si no compartía el culto doméstico o si había abrazado otra forma de culto.

Demos otro paso ya que hablamos de herencia: la propiedad. Contrariamente a lo que algunos tienen tendencia a pensar, la propiedad privada no existió siempre. El establecimiento de la propiedad privada fue largo, trabajoso y no se realizó de manera uniforme. Los germanos cultivaban la tierra y eran propietarios de la cosecha... pero no de la tierra. Las tribus indoeuropeas se reunían cada año para deliberar qué lotes de tierra debían cultivar sus miembros. Había variantes: para los griegos, la cosecha era propiedad común y sólo la tierra pertenecía al patrimonio de la familia. Pero fuera cual fuese la desembocadura práctica, lo cierto es que en las sociedades indo-europeos la religión doméstica, la familia y el derecho de propiedad estaban íntimamente unidos. Cada familia tenía sus dioses y su culto; la propiedad se inicia precisamente con ese concepto: la familia es propietaria colectiva de los dioses. En un segundo paso dado que los dioses están asentados en el culto doméstico, esto es, en el hogar, y éste sobre una tierra, existe finalmente una relación misteriosa entre los dioses y el suelo. Y esto estaba arraigado de tal manera que la pena de destierro por la cual el sujeto debía abandonar la tierra de sus ancestros, era considerado como tan grave como la pena de muerte e incluso más por que suponía vagar por el mundo como un muerto en vida, sin relación con un linaje, con un culto doméstico y con un hogar.

Después de los dioses, el hogar –templo de esos dioses- constituye la segunda etapa de la aparición del derecho de propiedad. Pero, fijémonos, que no se trata de una propiedad individual, sino familiar. Aquella seguía sin existir. El hogar tenía puerta y esta debía permanecer cerrada, ¿por seguridad? ¿para preservar la intimidad? Sólo en parte: no conviene que el hogar permanezca abierto para que alguien ajeno a la familia vea el desarrollo del culto doméstico. Por eso los dioses de este culto se llaman “penates”, literalmente dioses interiores u ocultos. Por eso mismo, el hogar es aislado del exterior mediante un cercado que delimita un recinto sagrado que el dios protege y vela. Violar este recinto supone, no un atentado a la propiedad privada, sino un sacrilegio y una muestra de impiedad. De ahí la dureza con que siempre se castigó en el mundo antiguo el “allanamiento de morada”. El domicilio era inviolable: el dios doméstico –comenta Fustel- “ahuyentaba al ladrón y alejaba al enemigo”. El recinto sagrado era el herctum y en su centro estaba el altar doméstico. Cada casa debía estar aislada de otras; no podía haber muros en común: miren cualquier bloque de apartamentos de nuestra ciudad y los ansiados “adosados” y verán hasta qué punto estamos hoy en la inversión del concepto antiguo de hogar. “¿Qué hay de más sagrado que la morada de cada hombre?” se preguntaba Cicerón. Hoy sería fácil responderle: la televisión, el automóvil. Y en cuanto a lo que hoy llamamos “allanamiento de morada” penado con cuatro años, tres meses y un día, en otro tiempo suponía un sacrilegio. Fustel –siempre Fustel- escribe: “Para invadir el campo de una familia era necesario derribar o cambiar de sitio un límite; ahora bien: este límite era un dios. El sacrilegio era horrendo y el castigo severo”. Los romanos, que para esto no se andaban con chiquitas, establecieron en su legislación más antigua: “Si ha tocado el término con la reja de su arado, que el hombre y sus bueyes sean consagrados a los dioses infernales”, en otras palabras que el hombre y los bueyes debían ser sacrificados en expiación.

Nadie podía vender su propia casa –para horror de los API y desesperación de los gestores hipotecarios-, ni renunciar a ella. Era una ley antigua. Ni vender la tierra ni dividirla. La cosa es coherente: “Fundad la propiedad en el derecho del trabajo, y el hombre podrá enajenarla. Fundadla sobre la religión y ya no le será posible, pues un lazo más fuerte que la voluntad humana asocia al hombre a la tierra”. Fustel una vez más. La propiedad no es propiedad de un sujeto, sino que éste es su depositario en tanto que mero eslabón en la cadena del linaje. Por eso mismo la expropiación con fines de utilidad pública era desconocida por los antiguos. La Ley de las Doce Tablas prescribía la imposibilidad de confiscar las tierras de un deudor, pero con la misma autoridad establecía que el cuerpo de éste pertenecía al acreedor. La sociedad antigua no bromeaba con ciertas cosas.

El derecho de sucesión estaba plenamente regulado y garantizado. Cicerón resume: “La religión prescribe que los bienes y el culto de cada familia son inseparables y que el cuidado de los sacrificios recaiga en aquel que reciba la herencia”. Y un abogado griego especificaba ante el juzgado: “Reflexionad bien, jueces y decidid entre yo y mi adversario quién debe heredar los bienes de Filémon y hacer los sacrificios sobre la tumba”. Por que el cuidado del culto y la sucesión son inseparables. Fustel colige de todo esto que: “transmitiéndose la religión doméstica de varón en varón, la propiedad se hereda del mismo modo”. Lo que hace que el hijo herede no es la voluntad personal del padre. El padre no necesitaba hacer testamento: el hijo hereda sin restricciones. Pero es el hijo mayor el que hereda; no la hija. ¿Por qué?

Dado que la hija no es apta para mantener la llama de la religión doméstica en la medida en que al casarse renuncia al culto de su propia religión para asumir la del esposo, por eso mismo no tiene derecho a la herencia. Hacer heredera a la hija implicaría dejar al altar doméstico sin culto. ¿Y si el padre moría sin hijos? Entonces se intentaba buscar entre sus familiares quien debía ser el continuador del culto. La ley ateniense prescribía que “Si un hombre muere sin hijos, el heredero es el hermano del difunto, con tal que sea hermano consanguíneo; a defecto de éste, el que hereda es el hijo del hermano: pues la sucesión pasa siempre a los varones y a los descendientes de los varones”.

De todo esto puede deducirse que nuestros antepasados no daban importancia alguna al testamento. Los recios habitantes de Esparta lo proscribieron, simplemente. Solón en su código lo permitió sólo a quienes morían sin herederos. Legar arbitrariamente los bienes era una opción que apareció en un tiempo muy posterior a los orígenes. Todo el patrimonio era indivisible e iba a parar al primogénito, el “hijo del deber”. El código de Manú, ley de los antiguos arios establecía que “el primogénito sienta por sus hermanos menores el amor de un padre por sus hijos, y que éstos, a su vez, lo respeten como a un padre”.

El padre de familia detenta una autoridad similar a la de un jefe de Estado. Falta saber de dónde derivaba tal autoridad, pero está claro que ésta era, sobre el papel, absoluta hasta el extremo de poder vender y matar a su hijo. En el mundo clásico el origen del derecho no hay que buscarlo en un legislador, sino en la familia. Los principios que regían a la familia, con el tiempo pasaron a ampliar su radio de acción y a trasladar sus principios a un marco más amplio.

La autoridad en la familia, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, no la detentaba el padre en tanto que tal. Hay alguien que está por encima del padre: la religión doméstica y el dios al que los griegos llamaban el “hogar-dueño” y los latinos “lar familiae pater”. Era una divinidad interior o, con más precisión, la creencia que anida en el alma humana, una autoridad indiscutible a partir de la cual se establecía la jerarquía familiar. El padre era el primero en tanto que encendía el fuego sagrado y lo conservaba. Era el pontífice, quien establecía puentes entre el mundo humano y el de los lares. Le corresponde dirigir y ejecutar la liturgia y los sacrificios, pronuncia las oraciones. La familia se perpetuaba a través suyo. Cuando muera se transformará en un ente divino que los descendientes invocarán. La mujer tenía otro rango, ni superior, ni inferior, simplemente diferente. Las legislaciones indo-europeas la consideraban como una menor de edad. No podía tener hogar propio ni presidir el culto. Era la materfamilias pero perdía el título al morir el marido. Soltera estaba sometida al padre; muerto el padre, a sus hermanos; casada a su marido; muerto el marido, a sus hijos. Que no se vea en esta dependencia una imposición, ni el derecho del fuerte, sino que derivaba de las creencias religiosas que situaban al varón como pontifex del culto doméstico. La mujer ejercía también, en cierto sentido, un sacerdocio. Tiene sus derechos derivados de ser la encargada de velar para que el hogar no se extinga. Sin ella, el culto doméstico resulta insuficiente. Si el paterfamilias enviuda, pierde por eso mismo el sacerdocio. En contrapartida, la legislación, las costumbres y la tradición romana atribuían a la mujer una gran dignidad, tanto en su papel de madre matrona como de amante. No nos engañemos: pocas sociedades como la romana han tenido en tan alta estima a la mujer y la han dotado de semejante veneración, incomparable con el rol social actual de la mujer. El hijo, por su parte, no podía cuidar el culto doméstico mientras viviera el padre y no importaba si se casaba y tenía hijos. En la casa romana, en la casa indo-europeo, si bien no existía la igualdad de derechos y obligaciones, si al menos había una igual dignidad. Esto es mucho más de lo que existe hoy.

La religión doméstica configuraba el núcleo familiar y lo organizaba. Se equivocan quienes atribuyen a este modelo organizativo un machismo inherente a la condición de varón del padre. En absoluto, repitámoslo otra vez, esa preeminencia aparecía en función de su papel en el culto doméstico y de su condición de sacerdote del hogar y depositario de los misteriosos ritos del culto y de las fórmulas secretas de oración. Fustel de Coulanges realiza un análisis etimológico de la palabra “pater”. En griego, latín y sánscrito la palabra era la misma y tenía idéntico significado. Era una palabra –y un concepto- antiguo, casi diríamos “originario”. Cuando los romanos querían aludir a quien había contribuido al nacimiento de los hijos, no utilizaban la palabra “pater”, sino “genitor” y los indios “gânitar”. Por lo demás, su autoridad distaba mucho de ser absoluta: era dueño del hogar y de sus bienes, pero no podía ni entregarlo, ni enajenarlo. Podía repudiar a los hijos, pero no era una decisión que se tomara a la ligera pues podía correr el riesgo de morir sin descendencia y, por tanto, su familia se extinguiría y los manes de sus antepasados caerían en el olvido. No había –óigase bien en estos tiempos de derechos adquiridos y relativismos morales- derecho del padre que no estuviera acompañado de obligaciones. Era el primero de entre los miembros de su familia, por que le correspondían unos deberes tan absorbentes que, en el fondo, no era sino el primer servidor de la familia.

Los lares eran los dioses terribles encargados de castigar a los humanos y velar sobre el destino del hogar. Los penates son los dioses que nos hacen vivir, mantienen nuestro cuerpo y sostienen nuestra alma. Los manes son nuestros antepasados devenidos dioses tras al muerte. Dioses protectores, dioses mantenedores, dioses destructores, era difícil que el romano en su hogar se sintiera solo: todo una cohorte sutil le acompañaba, le protegía y lo sostenía. El dios de la caridad no existía. El amor al próximo tampoco. Un hombre veía en otro a un ente exterior a sus ritos, que no debía conocerlos, con el que no tenía oraciones en común, ni siquiera dioses. Por lo mismo, el romano antiguo no imploraba a su dios en beneficio de alguien ajeno a la familia. También ignoraba lo que era la caridad: el romano entendía sólo de deberes. Y el primero de todos era contraer matrimonio. El celibato no era solo una negligencia, era también un crimen.

Nuestro padre es el mundo clásico. Yo me siento hijo de Roma. En Roma, para nosotros hispanos, empezó todo. Entramos en la civilización de la mano de Roma y de su romanización. No podemos evitar admiración, veneración y nostalgia por estos orígenes. Hoy aquel modelo histórico es irrecuperable, pero si es posible repensarlo. Por lo demás, este modelo no desapareció bruscamente, sufrió distintas adaptaciones y mantuvo hasta un tiempo relativamente reciente residuos de sus orígenes. La función de esta pequeña obra consiste en rescatar algunas de las tradiciones y costumbres –casi completamente desaparecidas en nuestros días- que afectaron al matrimonio y a la familia en nuestro horizonte geográfico. Vamos a intentar enumerar estas tradiciones y darles una explicación. Todo sea para recuperar el legado de nuestros ancestros, todo para renovar el contacto con el mundo de los orígenes.

Sabemos como se concebía la familia y el matrimonio en la Roma patricia. Veamos qué características ha tenido en la España tradicional.

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Barcelona y el sexo...

Info-Krisis.- No sabríamos como definir la Barcelona tradicional, si inhibida y pacata en lo sexual o desenfadada y dionisíaca. A decir verdad hemos encontrado rastros de lo uno y de lo otro. Barcelona tuvo, como todo puerto de mar, un barrio de dudosa reputación, salpicado de lupanares, llamados aquí, eufemísticamente, "casas de barrets". Incluso hasta nuestros días  la institución de los "meublés", cuya discrección y exquisitez ponderan todos los que han pasado por ellos, es muestra de ese doble aspecto: de un lado se vive el deseo de gozar, de otro se mantiene en secreto. ¿Tiene la sexualidad de los barceloneses algo que ver con lo mágico y misterioso que nos ocupa? Hubo un tiempo en que sí. 

 Antes hemos aludido a las brujas y hechiceras. No es ningún secreto -y así lo hemos dicho- que, desde la más remota antigüedad existió un nexo de unión entre brujas y celestinas; desde Roma y, posiblemente también en Egipto, las primeras celestinas fueron también hechiceras; el filtro amoroso se situaba en el espacio común y exigía de la celestina una sabiduría que iba mucho más allá de satisfacer las necesidades lúbricas de la clientela. Por lo demás, alguién ha definido al sexo "como la fuerza mágica más fuerte de la naturaleza" y a poco que meditemos sobre ello veremos que así es, en efecto. El sexo está íntimamente ligado -aunque no necesariamente- al Amor. Y los barceloneses de ayer y de hoy se han amado como pocos pueblos.

LOS INICIOS DE UN GRAN AMOR               

Ayer se daba más pompa, ceremonia y solemnidad a la declaración de amor. Acaso por eso las uniones duraban más y, aunque el tedio llegara finalmente, solían ser eternas. Y no era raro que así fuera. Los jóvenes barceloneses, antes de declararse a una "pubilla", iban siete domingos seguidos a misa en el Convento de San José y solo después del último "Ita misa est" osaban declararse a su amada. Si la boda no podía celebrarse inmediatamente, ambos jóvenes, acudían a jurarse amor eterno ante la estatua de la Mare de Deu del Carmen que se exponía en la Iglesia de San José.               

Existían ciertas procesiones y ritos religiosos creados para estimular el amor eterno. También existían supersticiones que operaban a modo de indicativos. Si una chica se miraba al espejo en la medianoche del día de San Juan, podía intuir en él la imagen de quien sería el gran amor de su vida, al menos eso decía una tradición muy extendida entre los barceloneses que pensaban también que en la fuente de Hércules, situada en el Paseo de San Juan esquina Córcega, se reflejaba en el agua el rostro de la persona que estaba destinada a compartir alegrías y tristezas por siempre jamás; esto ocurría a la misma hora, el mismo día fatídico. 

Dos procesiones tenían análoga finalidad y ambas discurrían por el barrio del Raval. Una, la llamada "dels bordets", en los prolegómenos de la Semana Santa, hacía desfilar con cirios pascuales en las manos, a los hijos nacidos fuera del matrimonio, abandonados o huérfanos; si alguién sentia una repentina pasión por alguno de los "bordets", no tenía nada más que entregarle una cinta azul en prenda de su amor.

Otra procesión partía del convento de las Egipcíacas a la ermita del Peu de la Creu, ambas lugares hoy desaparecidos, pero que han dejado rastros en el callejero del Casco Antiguo. La procesión  -que ya mencionamos en nuestra Guía de la Barcelona Mágica- se parecía extraordinariamente a las antiguas saturnales romanas. Los jóvenes varones, con el torso desnudo debían azotarse las espaldas mientras duraba el recorrido. Se decía que si alguna gota de sangre salpicaba a alguna chica, ésta quedaría inmediatamente prendada del penitente. Ritos y tradiciones ingenuas de una sociedad que se esforzaba en entrar en la modernidad. A partir de la crisis finisecular, todo esto fue barrido por los traumas en cadena que vivió la sociedad barcelonesa.

HETAIRISMO Y DERECHO DE PERNADA               

Estos amores eternos estaban muy alejados de las uniones temporales obtenidas al auspicio de los burdeles que, son en definitiva, las que nos interesan. Y tienen cabida en estas páginas en la medida en que la prostitución, originariamente, fue en todo Occidente una institución sagrada. Egipto, Grecia, Roma, y las demás civilizaciones tradicionales concebían el "hetairismo" como prostitución sagrada. La mujer, hasta entonces virgen, debía ofrendar su integridad a la diosa antes de contraer matrimonio. Llevada al templo consagrado a la diosa del amor, debía esperar junto a una columna que cualquier extranjero arrojara una moneda a sus pies para entregarle su virginidad. Nunca jamás volvería a ofrecer su cuerpo a cambio de dinero, sin embargo tal era el tributo que debía a la diosa. Cuando se analiza el origen del "derecho de pernada" se comprueba que tuvo un origen similar. En la mayoría de los casos, bastaba que la mujer que iba a contraer matrimonio pasara sobre la cama del noble, sin que éste la tocara; era el signo de que le rendía vasallaje y sumisión. El futuro marido, por su parte, en el curso de la misma ceremonia ofrecía al noble "beber en sotacopa"; el acto consistía en ofrecer al noble local un vaso de agua en una bandeja que éste tomaba y arrojaba su contenido en semicírculo, mientras que decía que el pacto de vasallaje duraría todo el tiempo que aquel agua tardara en regresar al vaso. Cómo puede verse, el "derecho de pernada", en nuestro ámbito cultural jamás adquirió el carácter dramático y depravado que en otras latitudes.               

En esas mismas culturas mediterráneas, el hetairismo se convirtió en una cofradía sagrada de la que derivó directamente el fenómeno de la prostitución. Podríamos decir que la prostitución actual no es sino una institución sagrada transformada en laica en el decurso de las centurias; una institución que tenía un lugar muy concreto en la sociedad. Las culturas clásicas distinguían dos figuras de mujer: la mujer madre y la mujer amante que se encarnaron en la Roma antigua en las figuras de Demeter (convertida en Santa Madrona en la Ciudad Condal) y Venus Afrodita (una joven que embrujaba con su aspecto físico, algunos de cuyos rasgos -salvo la virginidad, pequeño detalle- coinciden con el mito de Santa Lucía que ya analizaremos en otro lugar de esta obra). 

Incluso a principios de siglo, era extremadamente frecuente que varones de todas las clases sociales, tuvieran una amante oficial, al tiempo que compartían una feliz vida hogareña. Para ellos -e incluso para sus mujeres- resultaba obvio que las madres de sus hijos no podían tener la misma servidumbre sexual que exigían a sus amantes; hacerlo hubiera sido degradar su función materna y mezclar dos planos que no tenían nada que ver: el del amor y el del sexo. El hecho de que en una de las torres de la muralla romana se descubriera una estatua de Diana implica que determinados cultos telúricos de carácter mistérico, se celebraban ya en la Barcelona de los orígenes. La institución fue variando y adaptándose a los nuevos tiempos, pero conservó hasta un tiempo excepcionalmente reciente residuos de ese carácter sagrado propio de su irrupción. No en vano existía en la prostitución barcelonesa un hilo endeleble jamás roto entre las casas de lenocinio y los conventos de un lado y la brujería de otro. Hemos aludido a Enriqueta Martí como muestra de lo segundo, tendremos en este capítulo ocasión de ver como en determinado período del año las prostitutas barcelonesas ingresaban en un céntrico convento y como en la decoración de algunos burdeles dominaba el viejo simbolismo pagano.

EL CASTIGO

La Barcelona antigua jamás puso excesivo énfasis en combatir la prostitución, si en cambio vio siempre con malos ojos al intermediario, al alcahuete, que era castigado con el cepo. Este castigo tenía un carácter genérico y siempre iba acompañado por algún complemento: la lengua atravesada por un alfiler para los blasfemos, tripa de cerdo en torno al cuello por ofensas a las autoridades, la cara untada con boñiga de buey si se trataba de un agravio al vecino, etc. Los alcahuetes resultaban expuestos a la vergüenza pública en la Plaza del Ángel; desnudos en los cepos, el castigo duraba medio día para la primera falta y día entero para los reincidentes. Con el tiempo el castigo se atenuó y en el siglo XIX se limitaba solo a rapar el pelo y las cejas y a ser paseada la culpable a lomos de un burro por las calles de la ciudad antigua.

La abundancia de prostitución en todos los tiempos deriva del carácter portuario de la ciudad. Barcelona tuvo puerto desde la mas remota antigüedad aun cuando la ubicación de éste no haya dejado de variar a lo largo de los siglos. La calle Argentería era el antiguo camino romano que conducía a los muelles, partía de una puerta lateral de la muralla, el Portal Mayor. No era la puerta más próxima al mar; la Puerta de Regomir o Puerta Pretoria vigilaba las costas, sin embargo, en esa parte, al tratarse de un acantilado rocoso, era impracticable como puerto. El área situada frente al fuerte de Regomir se conoció en la edad media como Roquetas, precisamente por su configuración. El perfil de la costa varió mucho. En el período en que se construyó la muralla romana, el mar alcanzaba hasta Regomir. Joan Amades sostiene que en el siglo XI el mar llegaba prácticamente hasta la plaza del Pi, lo cual parece exagerado. Sin embargo si es cierto que en el siglo XIII ya se había retrasado hasta la calle de la Merced y, doscientos años después estaba a la altura de la actual Plaza de Antonio López, frente al edificio de Correos. La sedimentación de las arenas arrojadas por el Besós y el Llobregat produjo la formación de una barra litoral que luego, tras 1714, se rellenó con los escombros del barrio de la Ribera, sobre el que se edificó el Barrio de la Barceloneta. La actual plaza de Medinacelli, donde hoy se encuentra la columna en honor de Galcerán Marquet, fue hasta el XVIII lugar donde baraban las barcas de los pescadores. Poco a poco el puerto fue desplazándose hacia esa zona donde, a lo largo del XIX, se fueron concentran los prostíbulos.         

En tiempos de Cervantes el fenómeno tenía una incidencia mucho menor. El escritor aprovechó unos meses en la ciudad de Barcelona, para rememorar en en "El Quijote" ese período en el episodio de la "cabeza parlante". La tradición sostiene que el escritor se albergó en la casa de Gil Grau, en el número dos del Paseo de Colón. La casa, por supuesto, ha sufrido drásticas modificaciones a lo largo de los siglos y la que acertadamente alberga hoy al Gremio de Editores, tiene poco que ver -salvo el emplazamiento que le otorga la tradición- con la casa originaria. La Muralla del Mar situada justo enfrente hizo que debiera accederse a la casa por la calle de la Merced. Cervantes imaginó la lucha entre su héroe alienado y el Caballero de la Blanca Luna, en la playa situada frente al actual edificio de Correos. Es significativo que la derrota sufrida ante su oponente bastó para devolverle la razón; pero esta es otra historia.

Desde finales de la Edad Media hasta el siglo XVII se obligaba a las prostitutas barcelonesas a vestir de una manera diferente. Un pañuelo de colores vivos e inusuales, situado sobre la falda, delataba su oficio. El pañuelo se llamaba "parranda", nombre que ha quedado asociado a juerga y libertinaje. La tradición sostiene que la mujer de Jaime I, dispuso esta ordenanza después de que una prostituta besara al rey en el curso de la misa sin que éste advirtiera su condición.

Con esta historia y esta fisonomía, el puerto de Barcelona iba a tener un creciente tráfico marítimo, sobre todo cuando, a lo largo del siglo XVIII, aumentó el comercio con ultramar. Tras semanas de travesía, los marineros, una vez desembarcados, se convertían en ávidos consumidores de sexo. Amadés da una etimología para la palabra "ramera" no carente de interés: la "ramera" sería la mujer del "remero". Para satisfacer a remeros de galera y marineros de altura estaban las hetairas barcelonesas y sus curiosas costumbres. 

BURDELES DE OTROS TIEMPOS

Amades da seis características por los que podían reconocerse los burdeles barceloneses: solían tener en su fachada el relieve de una dama hermosa (como el de la calle de la Carassa), en otros casos un sátiro y motivos eróticos evidenciaba la condición del local (burdel del número 6 de la calle Ancha), otros burdeles tenían abundante decoración vegetal (fue un burdel el que, precisamente por ese motivo, dió nombre a la atual calle del Laurel); más tarde bastaba que tuvieran el número de la calle en grandes caracteres para que se supiera el destino del edificio; las fachadas pintadas de bermellón eran otro indicio y, finalmente, la estrechez de las puertas de acceso.

Hubo un tiempo en que las autoridades protegían a los burdeles como si de un bien municipal se tratase; sabedores de que estos locales podían ser foco de disputas y tensiones, eran vigilados por una guardia; también la autoridad municipal procuraba, a la vista de las enfermedades venéreas que irradiaban los burdeles, que sus pupilas se sometieran a frecuentes controles médicos. Unas costumbres extremadamente avanzadas y, desde luego, mucho más razonables que las actuales.

Al llegar la Semana Santa se requería a las prostitutas para que ingresaran en el Convento de las Monjas Egipcíacas, pero esto no constituía tanto un castigo como la posibilidad que una sociedad creyente y devota daba a las mujeres que practicaban el oficio mas viejo del mundo, un tiempo de meditación y búsqueda interior. Situado en la confluencia entre la calle del Hospital y la Riera Baja el convento se llamó a partir del siglo XVIII "de las arrepentidas", regentado por las Monjas Mínimas. En este convento se veneraba una imagen del Santo Cristo de los Descarriados. Cuenta la tradición que una prostituta lo recibió de una persona piadosa; la prostituta le prometió solemnemente que los viernes no pecaría, pero víctima de la necesidad, terminó rompiendo su juramento y el Cristo sudó. Afectada por el milagro, la prostituta ingresó en el convento. No muy lejos de allí, en el convento de San Agustín -cuyo último resto, la iglesia de San Agustín puede verse hoy en la plaza del mismo nombre- se veneraba una imagen de la Madre de Dios de las Virtudes, a la que las prostitutas más piadosas iban a orar tras acabar su jornada. 

BURDELES TRADICIONALES

Frente al convento de los Angels, en pleno Raval existía un famoso burdel regentado por una celestina, la "Nicolaua" que solía utilizar ruda para encandilar a los hombres. Tenía fama la tal "Nicolaua" de que los hombres que llegaban hasta su cama soportaban dos coitos, pero el tercero los colocaba en riesgo de muerte. Varios, efectivamente, fallecieron en lo que se suponía era un envenenamiento. Terminó denunciada a la Inquisición como hechicera y nigromante. Otro burdel famoso estaba situado en la Plaza Real disimulado en una tienda de sombreros. Bastaba pedir un modelo determinado para que el cliente tuviera acceso a la trastienda dedicada a muy diferente menester. De este burdel deriva la asimilación barcelonesa de estos locales a "casas de barrets" (sombreros). En los períodos absolutistas de recio moralismo del siglo XIX se solían utilizar triquiñuelas de este estilo. Otro burdel, este en la Baixada de la Pressó, estaba disimulado en una guantería. La casa del Fang en la calle del Comercio, era otro afamado burdel del que se contaba la leyenda de una garza que robó un diamante del Rey de Portugal y lo depositó allí dando lugar a todo tipo de comentarios. 

El burdel de la calle de las Moscas gozaba de gran prestigios entre los marinos de todas las latitudes. Las mujeres que allí trabajaban aspiraban a ser redimidas de su humillante cometido por algún apuesto marinero. Y no se trataba de una quimera, sino de una práctica habitual. El burdel de la calle de la Carabassa mostraba un orgulloso reloj de sol del que aun quedan trazas y el del numero 11 de la calle Serra tenía en su portal unas rejas que fueron suficientes para expander el rumor de que las mujeres que allí se ofrecían al público estaban secuestradas. Otro burdel que gozaba de gran prestigio estaba situado en la calle de la Carassa esquina Mirallers; allí puede verse aún el rostro humano pétreo que indicaba a los soldados y marinos extranjeros la existencia del lugar. Este, en concreto, fue posterior a la guerra de sucesión y se habilitó a mediados del siglo XVIII. El burdel de la calle de las Cabras fue de los primeros en construirse en esa zona cuando el Raval era aun un descampado. Antes, en los siglos XIV y XV, la zona próxima a la colegiata de Santa Ana estaba salpicada de burdeles que doscientos años después se desperdigaron por el Raval.               

Una zona a la que llegaron a lo largo del siglo XIX fue a la calle del Arco del Teatro que entonces se llamaba calle de Trentaclaus, nombre que ostentaba desde el siglo XIV. La calle era larga y tras dejar atrás la muralla por el Portal de Escudillers, recorría la parte baja de las Ramblas, pasaba tras las Reales Atarazanas e iba a parar a las barracas de pescadores del Puerto antiguo, hoy Can Tunis. En el 1401 la Reina María ordenó que las prostitutas abandonaran el lugar; fue entonces cuando se desperdigaron a lo largo de las Ramblas y llegaron hasta Santa Ana. Allí fueron a confluir con otras expulsadas del barrio de las Puelles por decisión de la abadesa con la aquiescencia del Rey.

ASÍ FUE LA "INDUSTRIA DEL SEXO"

Desde entonces hasta nuestros días las costumbres y zonas de prostitución han variado extraordinariamente. Hoy el Barrio Chino barcelonés es solo un recuerdo. Sus calles han sido "esponjadas" y la mayoría de burdeles y zonas de prostitución han desaparico. Eso no quiere decir que el fenómeno haya desaparecido, sino todo lo contrario. José María Carandell escribía su "Guía Secreta de Barcelona", "la calle Robador era la de mayor incidencia prostibularia". Hoy Robador, una de las calles más antiguas de la ciudad, es casi un recuerdo. Ya no quedado ninguno de los "consultorios médicos" o "clínicas de vías urinarias" que vendían preservativos y examinaban órganos genesíacos enfermos; han sido sustituidos ventajosamente por los sex-shops o los centros de asistencia primaria, ninguno de los cuales está situado en aquella zona.               

Durante los años ochenta la marejada de la droga y las reformas urbanísticas en el Casco Antiguo acabaron con buena parte de este ambiente. La figura del "chulo" o "taxista" ha desaparecido prácticamente. La mayor cantidad de burdeles se sitúa hoy en barrios respetables, el Ensanche es uno de ellos, pero en la "zona alta" de la ciudad están sin duda los más afamados. En cuanto a los "meublés", tras algún período de cierre por parte de las autoridades franquistas, los vientos de la transición los reabrieron y retornaron a sus momentos áureos. Robador no es un caso único, calles enteras como la de las Tapias han desaparecido en su antigua configuración para reabrirse sin sombra de prostitución. De la "isla negra" situada entre San Ramón, San Olegario y las Tapias no queda sino un descampado. Cuando en 1956 el gobierno cerró las "casas de lenocinio" se tenía la presunción de que la "vida golfa" había sufrido un golpe mortal. Carandell sitúa a Barcelona a la cabeza con 98 establecimientos de este tipo cerrados. En esa medida hay que ver el origen de la abundante prostitución callejera que vimos cuando despertamos al sexo allá a mediados de los sesenta y hasta bien entrados los ochenta. Lo que vino después fue el tránsito de la economía artesanal a la industrial: desde principios de los ochenta la prostitución había ido emigrando a zonas más respetables e incluso el gran periódico de la burguesía catalana bienpensante alquilaba parte de sus páginas de anuncios por palabras a las nuevas hetairas incluso en los últimos años del franquismo. 

Sin embargo, la mayoría de prostitutas actuales ni están motivadas por el hambre como antes, sino por el consumo en el mejor de los casos (la prostitución unida al fenómeno de la droga todavía no ha logrado erradicarse). Muchos consumidores habituales de estos servicios se quejan de la desmotivación e impericia de las pupilas; "ya no hay prostitutas profesionales", suelen decir. Y tienen toda la razón. La prostituta de hoy, a diferencia de la tradicional, está desarraigada; a pesar de todo lo sórdido que siempre ha acompañado a la prostitución, antes estas mujeres constituían, sino formalmente un gremio, si al menos tenían prácticas que indicaban cierto nivel de organización colectiva. Se sabe, por ejemplo, que las prostitutas mayores, ya retiradas del oficio, cuidaban a los niños de las que aun estaban en activo. También que las mayores, llegado el momento, se retiraban y abrían un local de citas que ponían a disposición de las jóvenes. Existía "continuidad generacional" entre unas y otras promociones. 

En las salas de espera se transmitían los secretos del oficio, como lograr hacer eyacular antes a un hombre, qué hacer y decir y que no hacer y callar, trucos y pequeñas maldades, que constituían la esencia de la profesión. De eso ya no queda ni el recuerdo. También aquí, la tradición se ha perdido y lo que trae la modernidad -el cybersexo, con el que Barcelona se ha situado a la vanguardia europea del sexo- parece excesivamente frío como para poder sustituir con ventaja los viejos usos y costumbres. La distinción entre mujer madre y mujer amante ha quedado abolida en estas décadas de liberación de la mujer. Los roles sociales se han difuminado y el caos que vive hoy la prostitución contrasta con la sensación de orden que alcanzó en otro tiempo.

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Cine y masonería

Infokrisis.- Desde los años 40, la masonería ha aparecido con inusitada frecuencia en un buen número de filmes. En ocasiones la aparición de la masonería ha sido fugaz, pero en otras se ha situado en el centro de la trama. Con el paso de los años, las productoras se han ido interesando por la masonería, no en vano tiene algunos elementos muy “fotogénicos”: el ser una sociedad, más o menos, discreta, el disponer de una iconografía que a muchos se les antoja inquietante y el estar envuelta en cierto misterio.

Como mínimo ocho presidentes de los EEUU en el siglo XX, han sido masones: William McKinley, Theodore Roosevelt, William Taft, Warren Harding, Franklin Delano Roosevelt, Harry Truman, Lyndon Johnson o Gerald Ford. El mismo presidente Clinton perteneció a una asociación de  hijos de masones. EEUU es el único país del mundo en el que la masonería tiene un poder absorbente y está presente en algunas de las instituciones más importantes del país, en especial en el Pentágono. Pero también en Hollywood, tradicionalmente, siempre ha existido un buen número de actores y directores que pertenezcan a la orden. Así pueden entenderse los guiños de algunas películas producidas en Hollywood y los argumentos de otras. La masonería está presente en Hollywood.

¿Qué tienen en común Clark Gable, Glenn Ford, John Wayne, Peter Sellers, Oliver Hardy, Harold Lloyd, Harpo Marx, Mario Moreno “Cantinflas” o Telly Savalas? Todos son actores, en efecto, pero hay algo más: todos ellos, un buen día de su vida, desfilaron con la pernera izquierda del pantalón arremangado y el hombro izquierdo descubierto, con los ojos vendados, ante logias masónicas regularmente constituidas. En efecto, todos ellos fueron iniciados en la masonería. Y son sólo unos nombres extraídos al azar. Hubo y hay muchos más.

Para sus miembros, la masonería es un grupo que busca el perfeccionamiento del ser humano. Para sus detractores, una oscura sociedad que protagoniza desde conspiraciones hasta tráfico de influencias. Como siempre, la verdad ni es completamente blanca ni negra, sino que está hecha de matices grises y claroscuros. No es pues éste el momento de realizar un balance crítico de la masonería, sino solamente recordar en las páginas de cine de IdentidaD, unas cuentas películas que han tocado algunos aspectos de la sociedad.

“Fuerzas ocultas”: la iniciación masónica filmada

En 1943, Francia estaba ocupada, en buena medida por las tropas del III Reich. Muchos franceses habían decidido colaborar con el ocupante o bien con el Mariscal Petain en la zona donde se mantuvo una administración francesa. En los 10 años anteriores, desde que estalló a finales de 1933, el “escándalo Stavisky” (una estafa piramidal protagonizado por un ciudadano de origen judío en el que se vieron envueltos varios miembros de la masonería francesa), la derecha francesa había adoptado una fuerte actitud antimasónica. Henry Marqués-Riviére, realizó un guión para Nova Films que sería protagonizado por Maurice Remy y dirigido por Paul Riche; su título era significativo: Fuerzas Ocultas.

Las primeras escenas de la película fueron rodadas dentro de la Asamblea Francesa: los diputados graznan y aúllan, como animales de un zoológico. Uno de los diputados parece decir algo razonable: pide la unión de los franceses por encima de los partidos, más allá de la derecha y de la izquierda, exige un esfuerzo por alcanzar un régimen de justicia social. Su actitud llama la atención de otros diputados masones que le invitan a ingresar en la logia. Duda, pero finalmente, ignorando exactamente qué era la masonería, termina integrándose. Lo esencial de la película –y lo que la justifica– es precisamente, que, por primera vez se reprodujo una ceremonia de iniciación masónica, con todo detalle, algo inédito hasta entonces. Marqués-Riviére podía reproducirla porque él mismo había sido iniciado en las logias a finales de los años 20.

Algo teatral en su ejecución, la película muestra lo que ocurre en el interior de las logias cuando se cierran las puertas. La liturgia masónica, fielmente reproducida, suscitó en la época adhesiones incondicionales y odios profundos. La moraleja de la película es que no hay que entrar en lo que no se conoce. El diputado iniciado, poco después de jurar lealtad a la logia, es requerido para apoyar un tráfico de influencias, algo a lo que no está dispuesto en absoluto.

El hombre que pudo reinar: el mejor Kipling

En los siguientes 30 años, la masonería apenas apareció en el cine. A pesar de todo, esa época, de 1945 a 1975, es el período dorado en el que más actores miembros de la masonería aparecen en superproducciones. Pero no será hasta ese año, 1975, cuando se unen tres elementos: una interpretación excepcional, un guión original de envergadura y una ejecución esmerada. Con estos tres elementos, no es raro que El hombre que pudo reinar constituyera un éxito cinematográfico y aún hoy no haya perdido nada de su frescura.

La película está basada en la obra de mismo nombre escrita por Rudyard Kipling, él mismo francmasón. Interpretada por el dúo Michael Caine – Sean Connery, ambos en el cenit de su fama, y con Christopher Plummer en el papel de Kipling, consiguen uno de las mejores interpretaciones de la historia del cine. La película es relativamente fiel a la novela de Kypling y se desarrolla en el actual Afganistán, demostrándonos que aquel país no ha cambiado nada en 125 años.

Caine y Connery, sargentos mayores del ejército británico destacado en la India, son masones y, de paso, aventureros, vividores y estafadores. Pero tienen un extraño sentido masónico de la lealtad y traban amistad con el también masón Kipling ante el cual firman su proyecto de convertirse en reyes del Kafiristán. El llevar colgada del cuello la escuadra y el compás, les facilitará la tarea pues, no en vano, es el símbolo que dejó Alejandro Magno en la fabulosa ciudad de Iskandar fundada por él.

En la película aparecen por primera vez en el cine algunos símbolos y frases de reconocimiento utilizados por la masonería. John Huston, dueño del lenguaje cinematográfico, fue el artífice de esta gran película.

Sherlock Holmes versus el Jack el Destripador

El éxito de la película de Huston todavía no se había disipado cuando Bob Clark, director sobrio y buen artesano, lanzó un imaginativo producto que aunaba el interés por la personalidad de Sherlock Holmes –que siempre ha ocupado por derecho propio un lugar particular en la historia del cine- y el morbo por los asesinatos de Sherlock Holmes. Hacía poco que Billy Wilder había lanzado su extraordinaria Vida privada de Sherlock Holmes y faltaban todavía unos años para que el tema de Jack el Destripador se convirtiera en remake habitual en los años 80 y 90 con media docena de títulos, todos ellos de singular interés (desde Jack el destripador con Michael Caine, Armand Asante y Jane Seymour, hasta Desde el infierno con Jhonny Deep). Pero nadie había intentado una síntesis entre el personaje literario creado por Conan Doyle (francmasón, dicho sea de paso) y el mito del crimen, Jack el Destripador. Bob Clark se atrevió.

Imaginemos qué ocurriría si la investigación sobre los crímenes de Whitechapel en el misérrimo East End londinense de finales del XIX, hubiera sido encargada a Sherlock Holmes. Indudablemente, el pintoresco detective habría llegado hasta el final y desenmarañado la trama urdida en torno a los truculentos crímenes.

A poco de irrumpir en la investigación, Holmes –interpretado por Christopher Plummer- percibe que una sociedad secreta está implicada en los crímenes. Para él, las crueles incisiones realizadas por el asesino reproducen las que Hiram Abi, el arquitecto del Templo de Salomón, recibió de los “tres hermanos”: Jubelas, Jubelos y Jubelum, los “tres jewes” que, en la época, se confundió con “tres judíos”.

Holmes realiza ante las cámaras los gestos rituales, los saludos y signos de reconocimiento con los responsables de la investigación. De hecho, es rigurosamente cierto que Scotland Yard, la policía británica, históricamente siempre ha tenido un número inusualmente alto de francmasones y si un funcionario quiere prosperar dentro de la institución siempre se le recomendará ingresar en logia.

Finalmente, la propia masonería resuelve el problema de uno de sus miembros, enloquecido –que resultará ser Jack el Destripador- realizándole una precisa lobotomía.

La Búsqueda: el apogeo de lo secreto

En 2004 una película sabrá interpretar el nuevo clima de la época generado tras los atentados del 11-S: algo no encaja, una verdad oculta parece escapar de las crónicas de los diarios, como si algo bullera entre bambalinas y no entendiéramos lo que ocurre porque no estamos al corriente de la acción de las “fuerzas ocultas”. Éstas han existido siempre, así pues vale la pena mirar atrás para intentar percibir su influencia y su radio de acción. En ese contacto generado entre 2001 y 2004, aparece la primera entrega de La Búsqueda, a la que seguirá una secuela tres años después, del mismo carácter.

La masonería ha tenido una gran influencia en los EEUU desde su fundación. La mayor parte de los firmantes de la Declaración de Independencia eran masones y el propio George Washington aparece en la iconografía de aquel país, con el mandil masónico. La película nos cuenta que el tesoro de los templarios, por indecibles caminos, llegó a los EEUU y allí fue custodiada por los “padres de la independencia” que, finalmente, lo escondieron… pero dejaron algunas pistas que el protagonista, Nicolas Cage –que realiza también una de sus habituales actuaciones inexpresivas- sigue hasta, por supuesto, encontrarlo.

La película, en el fondo, se hace eco de la tradición defendida por cierta masonería de tener un origen templario. Los símbolos masónicos aparecerán a lo largo de toda la película y las referencias a personajes históricos de la orden.

La segunda parte, La Búsqueda: el diario secreto, irá en la misma dirección e incluso será algo más dinámica girando en torno a otro misterio de la historia norteamericana: el asesinato de Lincoln. Las referencias a la masonería están más atenuadas pero se alude a la carta de la Reina Victoria de Inglaterra al General Albert Pike que será uno de los grandes maestres de la masonería norteamericana al que el mistificador “Leo Taxil” considerará en sus libelos antimasónicos como el primer servidor de Satanás en la masonería. La película cita también la figura de Frederic Bartholdi, el escultor masónico que diseño la Estatua de la Libertad y que, según el filme, debió dejar una pista de dónde está oculto en nuevo tesoro buscado por el inexpresivo Cage.

La Liga de los Hombres Extraordinarios

Allan Moore y Kevin O’Neill realizaron un cómic en el que reunieron a todos los iconos de las novelas de terror de finales del siglo XIX y principios del XX. Ahí estaban todos: era la Liga de los Hombres Extraordinarios. Ahí están el profesor Alan Quatermain, típico explorador británico, Mina Harker, protagonista femenino del Drácula de Stocker, convertida ya en vampira, el Capitán Nemo, personaje de Julio Verne, presentado como hindú, el dúo Jekyll/Hyde,  el hombre invisible,  el mismísimo Dorian Gray… La combinación, podría haber sido mediocre, desequilibrada y desequilibrante, sin embargo, llevada al cine, el director desarrolla hábilmente la trama hasta convertir el filme en un vademécum de la literatura fantástica de finales del XIX. Sólo por eso, esta película merecería ser vista. Pero también ella hay unas leves alusiones a la masonería que justifican su presencia en este artículo.

En efecto, el personaje del Capitán Nemo luce algunos símbolos masónicos que aparecen también en la decoración de las estancias bajo su control y en el puño de uno de los bastones coronado por una calavera que aparece en la cinta.

Nemo es un nacionalista hindú resentido con el Imperio Británico y que se ha convertido en una especie de tecnopirata habiendo diseñado una nave prácticamente invulnerable que pone al servicio de sus ideales pacifistas llevados hasta el extremo de hacer la guerra a quien no los comporte.

Conclusiones: mucha ficción, poco realismo

Dejando aparte la calidad de estas películas –que oscila de lo brillante a lo convencional- casi todas ellas tienen en común dedicar mucho más tiempo a pintar una francmasonería fantástica que tiene muy poco que ver con la realidad de la institución. Hay que reconocer que la cinta que presenta más elementos realistas sobre la masonería es, precisamente, la primera que se filmó durante la ocupación alemana.

Es cierto que el filme Fueras ocultas se resiente del clima de la época y que la película se realizó bajo la ocupación alemana, pero no hay que olvidar que el guión fue realizado por un antiguo franc-masón que se limitó a aportar dos elementos inestimables: la reproducción exacta y rigurosa de una iniciación masónica como no había hecho hasta entonces –y como no se volvería hacer nunca más– ninguna película, y la presentación de la masonería como una organización que ejerce el tráfico de influencias.

Los miembros de la orden rechazan esta última atribución e insisten en presentarse como una organización que busca solamente el perfeccionamiento del ser humano y en cuyo interior está prohibido hablar de política, negocios o religión. Pero la historia de la orden masónica desdice en buena medida estos nobles ideales: la masonería fue el motor intelectual de las revoluciones liberales desde el siglo XVIII a mediados del siglo XX, y con demasiada frecuencia ha confundido la fraternidad masónica con la complicidad entre masones. Fraternidad no es amiguismo.

 
[recuadro I]

El misterio de Luis Buñuel y su Ángel Exterminador

Buñuel sin duda es uno de los padres del cine español, aunque buena parte de su obra se realizó desde México o desde Francia. En 1962 dirigió El Ángel Exterminador, producción mexicana protagonizada por Silvia Pinal que siguió a Viridiana, el éxito internacional que propulsó de nuevo la carrera de Buñuel. Es una película extraña: unos altos burgueses acuden a una cena, pero no pueden salir de la habitación en la que tiene lugar el ágape. La comida empieza a escasear, las relaciones personales se van deteriorando y el salvajismo va sustituyendo a las maneras burguesas del inicio. Tal es la trama de esta película, cuyo título estuvo inspirado por una idea de Bergamín.

La película es considerada como una de las grandes obras del cine mexicano y figura entre las mejores 1.000 películas de la historia del cine según The New York Times. Buñuel hubiera preferido haber rodado la película en París o Londres, sin embargo, el presupuesto era limitado y muy modesto. No es ningún secreto que en aquel momento gobernaba en México el Partido Revolucionario Institucional, buena parte de cuyos cuadros estaban vinculados a la masonería. Quizás fuera por eso que Buñuel lanzó varios guiños a la masonería.

Uno de los protagonistas resulta ser miembro de la Logia Amanecer nº 21 del Oriente de México. En una de las escenas dos personajes se dan la mano y se transmiten la palabra de paso del Grado de Compañero. También se oye a uno de los personajes lanzar el grito masónico de ayuda.

Buñuel no era masón, pero todo induce a pensar que  conocía la temática masónica muy a la perfección. De hecho, él mismo era autor del guión.

[recuadro II]

La B’nai B’rith en Hollywood

La llamada “Orden Independiente de los B’nai B’rith” o “Hijos de la Alianza” es una curiosa organización que solamente admite a judíos sionistas y se estructura a modo de una organización masónica. Fue fundada en Nueva York en 1843 por Henry Jones y otros 11 compañeros. Se suele decir que es la “masonería judía” y ha sido la matriz de otras organizaciones de defensa de los derechos humanos como la Liga Antidifamación de los EEUU. Tiene el estatuto de Organización No Gubernamental.

Está presente en 58 países y cuenta con 50.000 miembros en todo el mundo, 7.000 de los cuales están distribuidos en 28 países europeos. Está presente en el Parlamento Europeo y en el Consejo de Europa, así como en las delegaciones de la ONU en Ginebra y en la UNESCO en París. Su objetivo es la “lucha contra el antisemitismo, el racismo, la xenofobia y la defensa del Estado de Israel”, así como defender la identidad, la cultura y el patrimonio judíos.

En el ejercicio de estas funciones, los b’nai b’trih norteamericanos, al percibir la extraordinaria fuerza del séptimo arte a mediados de los años 20, instalaron varias logias en Hollywood cuyos miembros participaron  en la creación de la industria del cine. El 1927, el presidente de los B’nai B’rith, firmó un acuerdo con el organismo regulador de la industria del cine para evitar los temas antisemitas. Más tarde, cuando Cecil B. de Mille rodó Rey de Reyes, la orden consiguió que cambiara algunas escenas para evitar que la responsabilidad de la muerte de Cristo recayera sobre los judíos.

En los años 40, lo logia de los B’nai B’rith en Hollywood llegó a contar con ¡1.600 afiliados! Logias de la orden se interesaron en los años 70 por la industria de la televisión. Fruto de esa actividad fue la extraordinaria proliferación de series cinematográficas que en los años 70 trataron el tema del Holocausto.

Los B’nai B’rith son una estructura diferente a la franc-masonería, pero su estructura interior es idéntica: estructuración en grados, ritos de iniciación, existencia de una jerarquía rectora. Habitualmente, la relación entre ambas organizaciones es buena. Resulta imposible desvincular algunas tendencias de Hollywood del peso que los B’nai B’rith tienen en la industria de Hollywood.

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