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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Comeos los unos a los otros

Comeos los unos a los otros

La religión del canibalismo y de los sacrificios humanos.- En junio de 1980 fue detenido en París Isei Sagawa, estudiante. Había cortado las nalgas de su amiga holandesa, a la que acababa de matar, con un cuchillo eléctrico -made in Japan, por supuesto- y las había cocinado al curry. Unos años antes los supervivientes del avión de LAN Chile desaparecido en los Andes revivieron el drama de la balsa del "Medusa" inmortalizado por el cuadro de Louis David. En ambos casos supervivientes de una catástrofe debieron devorar los cadáveres de sus compañeros para poder no morir de hambre. Sin embargo, estos tres casos son atípicos en relación al canibalismo y a los sacrificios humanos.

 En Noviembre de 1995, el alpinista César Pérez de Tudela, junto al profesor Vicente Martínez, especialista en tribus indígenas, se toparon en Nueva Guinea con lo que parece ser la última tribu de caníbales identificada. Con el apoyo institucional del Príncipe de España y de la Comunidad Autónoma de Madrid, esta expedición supuso un verdadero hallazgo antropológico. Después de un mes de búsqueda y de indecibles penalidades, Pérez de Tudela y Vicente Martínez, encontraron poblados situados en las fuentes de los ríos de Irian Jaya en Nueva Guinea, cuyos habitantes, desnudos y viviendo en los árboles, jamás habían tenido contacto con la civilización. Las autoridades tenían ligeros indicios de que aun practicaban la antropofagia. La expedición española vio numerosas cabezas cortadas a las que habían devorado partes de sus cuerpos. Un misionero desaparecido en esa zona meses antes había sufrido idéntica suerte. Al ser nómadas, estas tribus son de difícil localización; las regiones que recorren, muy insalubres, están habitualmente azotadas por la malaria. Pérez de Tudela y sus acompañantes, habían encontrado a los últimos caníbales del planeta. Hubo un tiempo en que la costumbre de comerse los unos a los otros estuvo extraordinariamente extendida...

Una vieja leyenda guineana explica que un halcón sobrevoló la cabaña del jefe de una tribu centroafricana y dejó caer en el caldero el trozo de carne que llevaba entre las garras. El reyezuelo quedó encantado con el guiso y ordenó a su cocinero que lo reprodujera. Como éste no pudo, el rey le cortó la cabeza y la arrojó al caldero; solo entonces su paladar se vio satisfecho. Tanto le gustó el guiso que cada día sacrificó a un esclavo; cuando estos se agotaron, continuó enviando al caldero a sus vecinos, luego a los familiares y, finalmente, él mismo cortó trozos de su propia carne para cocinar con ellos el suculento menú...

La moraleja enseña que el canibalismo solamente es permisible si se somete a unas reglas capaces de contenerlo en los límites de lo sagrado. El canibalismo es tan viejo como el hombre; no se ha practicado en todas las culturas, pero aun hoy sigue vivo y activo en rincones olvidados del planeta. La incidencia del canibalismo es irregular; una tribu lo practica y la vecina lo ignora. No puede atribuirse a un déficit de proteínas, no es, desde luego, una peculiaridad gastronómica sino un acto religioso. El canibalismo es una forma de sacrificio humano y por tanto, también un acto sagrado. Sacrificar quiere decir exactamente "hacer sagrado". El canibalismo es una forma extrema de sacrificio humano en la que, no solo los dioses se benefician del alma, sino que los hombres aprovechan la vitalidad de la víctima. Ninguno de estos ritos están motivados por la crueldad, sino por la piedad: la víctima, al ser sacrificada, obtiene un destino mejor que el que le esperaba en vida, entra en contacto con el mundo de los dioses; la comunidad, por su parte, gracias al sacrificio, restablece el equilibrio cósmico y satisface a los dioses tutelares.

PARA QUE SACRIFICAR

Los motivos que llevan a un pueblo a realizar sacrificios humanos o a practicar canibalismo son diversos. Todos revisten la forma de actos litúrgicos si bien su intencionalidad es diversa. En general, el sacrificio humano intenta restablecer un equilibrio que se ha roto o asegurar la renovación de un ciclo que ha terminado. James Frazer ha visto en estos ritos un culto al Dios-año. Sacrificar supone, también, compensar. El sacrificio humano sacia la voracidad de los dioses y disminuye las tensiones de la sociedad. En ocasiones la misma víctima entendía que su sacrificio era necesario. Los europeos que asistieron a estos ritos en África se sorprendieron de la resignación y aceptación con que la víctima asumía su muerte. Los japoneses hasta no hace mucho se arrojaban con sus aviones sobre los barcos americanos del Pacífico, sin que nada perturbara su vida normal durante las semanas de espera; otro tanto ocurre actualmente con los comandos suicidas terroristas. En la antigüedad romana, un rito importado de Iberia, la "devotio", consistía en el sacrificio de un líder para obtener un triunfo, adorar al emperador o evitar una catástrofe. En el 362 a. de JC, por ejemplo, se abrió una grieta cerca del Foro, consultados los arúspices concluyeron que solo se cerraría si Roma arrojaba al mismo su tesoro más preciado. Curcio, armado y a caballo, tras rezar devotamente, saltó al foso. El sacrificio de uno -voluntario o forzado- beneficia a muchos. 

Fenicios y cartagineses sacrificaban al dios de la guerra para obtener victorias. Cartago llegó a ofrecer en holocausto 200 hijos de su nobleza para pedir a Baal la victoria sobre Roma. Otros pueblos creen que la sangre humana bastará para detener epidemias. En un tiempo muy arcaico, en Escandinavia, se sacrificaban niños para detener la peste y más recientemente los incas utilizaban víctimas de entre 6 y 8 años. La fertilidad es otro de los efectos buscados mediante el sacrificio. Sangre y fragmentos de las víctimas fueron desperdigados por los campos en la India hasta el siglo XIX, buscando la exuberancia de las cosechas. En culturas africanas, humores y órganos de la víctima -frecuentemente niños- son utilizados en la preparación de brebajes mágicos. En 1949 fueron juzgados varios brujos de Leshoto por sacrificar a niños y utilizar sus órganos, una vez calcinados, para elaborar pócimas que debían traer virilidad a los varones de la tribu. También el orgullo y la posición social exigían sacrificios. El poderoso no quería emprender solo el viaje al más allá, sino mostrar su poder en el otro mundo. Era una cuestión de "imagen". En China el año 506 a. de JC, Chu, un hombre notable, fue enterrado con cinco carros y cinco hombres vivos. La práctica de enterrar servidores reales sobrevivió hasta el siglo XIV durante el reinado de la dinastía Ming. A partir de entonces los nobles fueron enterrados con muñecos que, mediante un ritual mágico, eran dotados de alma. En Japón se enterró a Yamato-Hiko, hermano del emperador con su séquito, vivo por supuesto; las crónicas cuentan que "Tardaron varios días en morir y se les oía gemir y llorar".

En ocasiones resulta difícil distinguir entre una pena impuesta por un delito y un sacrificio humano. ¿Cómo hay que llamar a los autos de fe inquisitoriales? ¿O cómo debemos considerar el sacrificio de dos soldados por Julio César en el año 46 a. de JC, para castigar un motín y aplacar al dios de la guerra? Tras el terrorismo ciego e insensato ¿acaso no existe un poso fanático? La propia palabra fanático es significativa, procede de "fanum", templo. Lo irracional del terrorismo entronca con la concepción ancestral de los sacrificios humanos que persiguen obtener algún beneficio mediante el ofrecimiento de vidas humanas. 

BUENAS RAZONES PARA COMER AL VECINO 

El canibalismo estaba motivado por razones diversas. Buscaba obtener un efecto preciso. En general, se trataba de absorber la energía vital del difunto que unos pueblos situaban en el hígado, otros en el corazón, algunos en el cerebro y muchos en la sangre. El mito de los vampiros, en el fondo, no es sino una variante del canibalismo, donde lo que se absorbe es el fluido vital que se vehiculiza en la sangre. Algunos pueblos primitivos que practican cultos totémicos, tras matar al animal-tótem, comen alguna de sus partes, frecuentemente su sangre. Los virólogos tienen la certidumbre de que estos ritos totémicos en África Central provocaron la transmisión de enfermedades infecciosas al hombre; esta es al menos la hipótesis oficial sobre el origen del S.I.D.A., que luego los inmigrantes trasladaron al Caribe y de ahí, vía EEUU, se universalizó. 

En ocasiones se trata de poner al difunto al servicio del brujo o chamán. Algunos cultos afro-brasileños o afro-caribeños siguen realizando estos rituales bárbaros, tal como demuestra la película "Perdita Durango". Se trata de ofrecer a la víctima una muerte horrenda en la que interesa que sufra lo más posible y se mantenga consciente hasta el final de su martirio. Con ello se pretendía que el alma del muerto tuviera miedo del sacerdote sacrificador y aceptara ponerse a su servicio. Otras culturas consideraban que el alma de los difuntos se apegaba a los huesos y solo mediante el sufrimiento se desprendía de ellos para cumplir el encargo mágico que se le requería.

En todos estos casos el momento clave del sacrificio era aquel en el que la víctima expiraba: ahí coincidía un momento en que el mundo de los vivos entraba en contacto con el de los dioses, con la víctima como emisario y puente.

Los antropólogos creen que el sacrificio de animales precedió al de seres humanos y fue solo cuando se abandonó el totemismo -culto a los tótems, animales frecuentemente- para concebir un dios antropomórfico que los sacrificios de animales dieron paso a los sacrificios humanos: el dios pedía la sangre de lo que era semejante a él. En algunas formas de concebir estos sacrificios humanos, la víctima no solamente era intermediario entre Dios y la Humanidad, sino que pasaba a ser la encarnación misma del dios.

NUESTRAS PARTES MÁS SABROSAS 

Hoy nadie duda que el canibalismo no sea una excentricidad dietética, ni la búsqueda de un complemento proteínico, sino un rito sagrado. No todas las partes del cuerpo son igualmente apreciadas. En Nueva Guinea, quien mataba a alguien tenía el derecho de comer su hígado; allí residía el "espíritu" del difunto. En el Norte de Nigeria, la cabeza de la víctima estaba reputada de ofrecer masculinidad. Entre los yoruba solo el rey tenía derecho a comer el corazón. Los ritos caníbales de los indígenas de Nueva Guinea horrorizaron al Capitán Cook; pudo ver como el sacerdote oficiante comía los ojos de la víctima; en Java se los tragaba, mientras que en Hawai la cabeza y las extremidades eran seccionadas y distribuidas entre los jefes de los clanes y el resto del cuerpo, troceado, se repartía entre los inferiores. Sorber el cerebro del muerto es una tradición que aparece en distintos pueblos del paleolítico, incluso en Europa. 

El canibalismo nunca ha desaparecido del todo en África. Se sabe que Bokassa, el improvisado emperador centroafricano, o el dictador guineano, Macías, solían practicar la antropofagia para fortalecer su poder y dominio sobre la comunidad. Del "emperador" Bokassa se cuenta que llegó a ofrecer, el día de su coronación, un manjar exquisito preparado con carne humana al entonces presidente de la muy racionalista República Francesa, Valery Giscard d'Estaing. Lo más terrible es que se cuenta que Giscard no rechazó el guiso. En cuanto a Macías debió afrontar la acusación de canibalismo en el proceso que lo condenó a muerte. Hoy se tiene la certidumbre de que el canibalismo experimenta un nuevo y extraordinario revival en algunas zonas del interior del África Subsahariana. 

Cocida, cruda o a la brasa, la carne humana se ingiere según complicados rituales religiosos. En el Zaire, poco antes de la independencia, un oficial belga fue hecho prisionero, despedazado y comido crudo. Mas sofisticación gastronómica tenían los ritos caníbales practicados en las riberas del río Magambi; allí los mercados de esclavos ofrecían seres humanos depauperados cuyos compradores los engordaban para luego devorarlos en el curso de rituales bárbaros. En Nueva Guinea se cocía a la víctima, pero el rito solo podía realizarse en un manantial de agua hirviente; no valía utilizar el consabido caldero. Entre los ganawuris la carne de sus prisioneros solo podía ser devorada por los ancianos, los jóvenes solo tenían derecho a untarse con el caldo oleoso surgido de la cocción. Los guerreros zuperis daban las cabezas de las víctimas a sus padres y ellos se limitaban a lamer la sangre que rezumaba. 

LOS NIÑOS PRIMERO... 

En las ruinas de Cartago, cerca de Túnez, los arqueólogos descubrieron los restos de 6000 niños carbonizados; al parecer los cartagineses habían realizado allí sacrificios al dios Baal cuando presintieron la derrota contra Roma en el curso de la Tercera Guerra Púnica. Sus primos hermanos, del otro extremo del Mediterráneo, los judíos, practicaron abundantes sacrificios de niños. Al llegar a la tierra prometida, los judíos, siguiendo las costumbres egipcias, apenas practicaban sacrificios humanos. Sin embargo, antes y después de su paso por la tierra de los faraones destacaron como implacables sacrificadores. Se conoce la historia bíblica de Abraham a punto de sacrificar a su primogénito, Isaac; la orden divina sorprendió al patriarca, más por tratarse de su hijo, que por ser un sacrificio humano. Una vez en Palestina, el culto a Iahvé se confundió en algunos períodos con el culto a Baal, dios sediento de sacrificios humanos. Ezequiel se lamentaba de que Israel sacrificara su prole a ídolos paganos. En el siglo VIII a. de JC alcanzaron su punto culminante y solo cesaron con la destrucción del Templo. El lugar de sacrificios se llamaba "tofet", de "tofin", estrépito; en efecto, para acallar los gritos de los niños sacrificados, se hacían sonar estruendosos instrumentos. 

Hasta principios de este siglo, prosiguieron las sospechas de que el pueblo judío realizaba sacrificios humanos. Grupos antisemitas afirmaron que el propio hijo del famoso aviador Charles Limberg, había sido muerto por su secuestrador, Bruno Hauptman, en el curso de un sacrificio ritual. Julius Streicher, dirigente del partido nazi, escribió un libelo sobre los "Crímenes Rituales Judíos" que fue reeditado en Argentina en el período de la Junta Militar, en plena "guerra sucia". Se trataba de una acumulación de medias verdades, rumores e informes de escasa credibilidad. La sombra del sacrificio de niños ha perseguido siempre a los judíos; recuérdese el caso del "Santo Niño de la Guardia" o de Santo Dominguito de Val, arquetipos de la leyenda urbana medieval y renacentista en función de la cual se justificaron "pogroms". Siempre, el tema es el mismo: un niño cristiano, menor de siete años, secuestrado por judíos, al que le infringen las mismas torturas y muerte descrita en la pasión de Cristo. En Barcelona, se repite la misma leyenda en la figura de San Mauret, crucificado por los judíos en el barrio del Call. 

Los sacrificios de niños no son cosa del ayer. En 1909 las tropas coloniales inglesas detuvieron a varios individuos en Bombay acusados del horrendo crimen para obtener la fertilidad de sus mujeres. En 1924, también en la península indostánica, se ofrecían niños a Thlen, diosa-serpiente, como alimento para que la familia prosperase; si la diosa no tenía esa satisfacción, traía el hambre y la enfermedad. Lo más espeluznante, según se evidenció en el juicio que tuvo lugar en Assan, era que antes del sacrificio se les cortaba a los niños las yemas de los dedos con unas tijeras de plata. En otros lugares se sacrificaba al primogénito, recién nacido, para congraciarse con la diosa de la fertilidad y obtener abundante descendencia.  Más terrible si cabe era la costumbre dravídica de inmolar a hijos de familias humildes, para que pudieran concebir las madres de los pudientes. Se quemaba a los niños y  el humo debía ser olido por las mujeres que deseaban concebir. En Australia la madre mataba y devoraba al primer hijo para obtener más. En la India pre-védica, si una mujer tenía hijos y quería más, debía sacrificar al primero. Los thugs, feroces sacrificadores, también sacrificaban al primer hijo al dios de la destrucción, Mahadeo. 

El paraíso hawaiano no se vio libre de estas atrocidades. El infanticidio era frecuente y los recién nacidos las piezas más cotizadas. Se les consideraba los mejores intermediarios entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Pero fue en Méjico, donde una vez más, el frenesí de sacrificios humanos alcanzó su cénit, también entre los niños. En Tehuacán, a 200 km. de Méjico, se encontraron restos de niños quemados, con la cabeza separada del tronco. Los cráneos habían sido tostados tras sorberle los sesos. En Tlatelolco, un barrio del Distrito Federal, se encontraron dibujo de niños y adultos, con el pene perforado, desprendiendo sangre. Así se cultivaba la bondad del dios de la lluvia. En el momento del sacrificio, si los niños lloraban, sus lágrimas indicaban que llovería. 

El niño, por su corta edad, no es un ser "desgastado", su novedad es amada por los dioses. Así mismo, su nacimiento reciente indica que ha estado en contacto con los dioses en el período prenatal y es el mejor intermediario entre ellos y la humanidad. Ser niño en estas culturas no era ninguna ganga. 

PRIMERA PIEDRA Y PRIMER SACRIFICADO 

El enterramiento de niños y adultos, frecuentemente vivos, en los cimientos de los edificios fue la forma más antigua para consagrar y proteger edificios. Esta modalidad de sacrificio humano estuvo extremadamente difundida en todo el mundo. En todas partes se pretende que el alma del difunto proteja al edificio. En la ciudad birmana de Tavoy fueron encontrados cadáveres bajo los postes de entrada de la ciudad; se trataba de delincuentes enterrados vivos en agujeros para convertirlos en guardianes de la ciudad. La costumbre estaba extendida incluso por Europa Central. En 1906 se descubrieron bajo los cimientos del antiguo puente de Bremen en Alemania, el cadáver de un niño colocado allí para proteger la construcción. La costumbre de sacrificar un niño de padre desconocido y rociar con su sangre la tierra, aseguraba la protección del terreno sobre le que se edificaría un edificio. 

En China hay restos de cuerpos sacrificados en los cimientos de edificios, desde los primeros tiempos de la dinastía Chu (1028 a 256 a. JC). En Japón se enterraban hombres en los cimientos de los castillos, en puentes e islas artificiales. Se les llamaba "hitobashira", literalmente, postes humanos. Los judíos tenían idénticas costumbres. En la apocalíptica llanura de Megido se ha encontrado una muchacha de 15 años muerta y enterrada bajo un edificio; era mucho más frecuente el caso de enterrados vivos. Otro tanto ocurría en Tailandia, donde al construir una ciudad se apresaban entre 4 y 8 transeúntes que eran enterrados vivos bajo las puertas de la ciudad. Serían sus ángeles guardianes. 

Incluso en nuestro territorio se recuerdan tradiciones y leyendas que recuperan este tema universal. En el siglo XVIII se construyó el barrio barcelonés de la Barceloneta. Los escombros del Barrio de la Ribera, destruido tras la conquista de la ciudad por Felipe V, fueron arrojados al mar uniendo unos islotes surgidos por precipitación de las arenas traídas por los ríos Besós y Llobregat, con la costa. Dado que se había conquistado un territorio al mar, la diosa del lugar, "Dama Barceloneta", exigía sacrificios de niños. Cada cuatro años, un infante barcelonés era arrojado al mar en el interior de un pellejo de vaca. Así mismo, tras el primer incendio del Liceo, se decía que la tragedia ocurrió por no haber realizado el sacrificio expiatorio a los genios de la Tierra... 

Cuando esta costumbre universal fue desapareciendo, ese rito propiciatorio fue sustituido por la ceremonia de colocación de la primera piedra. Esa piedra cúbica sustituye -ventajosamente, por lo demás- a la vida humana; la piedra, contiene en su interior, una multiplicidad de formas, de la misma forma que en el cuerpo de la víctima existen todas las potencialidades del ser, truncadas por el sacrificio. 

DE LA ANTROPOFAGIA A LA TEOFAGIA 

El cristianismo y otras religiones mediterráneas sublimaron el sacrificio humano y el canibalismo. Respetando el principio de una víctima propiciatoria que se sacrifica por la comunidad, ésta le transfiere los pecados de la comunidad y su muerte restablece el equilibrio. Adonis muere víctima del jabalí, Pan es troceado, Osiris descuartizado, Atis muerto, Dionisos despedazado y resucitado, Cristo, finalmente, torturado, crucificado, muerto y resucitado. El tema del dios hecho hombre, sacrificado por la salvación del mundo es mucho más antiguo de lo que parece. El sacramento de la Comunión extraído del contexto que le es propio, aparece como una forma de teofagia, lo que se ingiere no es una parte de la víctima, ni siquiera la víctima hecha dios en el proceso de su sacrificio, sino más bien, la carne y la sangre del Dios hecho Hombre. Se trata de una variación sobre el mismo tema. 

El origen de la momificación es significativo. En un primer momento los egipcios practicaron el culto a la cabeza, más tarde, lo sustituyeron por la momificación cuyos ritos eran la copia exacta de los que Horus e Isis practicaron sobre el cuerpo de Osiris. Osiris, engañado por su hermano Seth, había sido despedazado; su esposa y su hijo, lograron recuperar trece de los catorce fragmentos del cuerpo de Osiris; les faltaba el sexo. Una vez recuperado el cuerpo de Osiris fue envuelto en vendas y resucitó en el reino de los muertos. No se tiene la seguridad de que los egipcios practicaran en algún momento el canibalismo. El hallazgo de huesos con restos de haber sido descarnados y huellas de dientes en el Egipto predinástico es poco significativo. En el año 3000 a. de JC el culto a los muertos alcanzó proporciones espectaculares en el Egipto de las primeras dinastías. El cráneo era la parte del cuerpo tratada con más cuidado; retirado el cerebro a través de los agujeros de la nariz, era cuidadosamente tratado al contener "materia anímica". 

Entre los mochicas, existía una siniestra ampliación del corte del cuero cabelludo practicado por los indios norteamericanos. Se despellejaba todo el cráneo de los prisioneros a excepción de una pequeña franja de piel y músculo que permitía mover las mandíbulas para alimentarse. Los presos, al no poder mezclar los alimentos con saliva y comer solo menús muy ligeros adelgazaban hasta lo indecible adquiriendo el aspecto de esqueletos y calaveras. Sin embargo eran tenidos como seres sagrados, pues se consideraba que encarnaban irrupciones del reino de los muertos entre los vivos. Su rango era similar al de la divinidad. 

Raros son los horizontes geográficos en donde en un momento u otro no se ha practicado la antropofagia o los sacrificios humanos. Europa no puede alardear de haber abandonado mucho antes que otros pueblos los sacrificios humanos: la costumbre ancestral expulsada por la puerta ha penetrado de nuevo por la ventana. Ayer se le llamó sacrificio humano, hoy se llama terrorismo. Una vez más se exige a víctimas inocentes el sacrificio por una noción abstracta -la "liberación nacional", cualquier fundamentalismo, una reivindicación de clase...- en la convicción de que sus muertes redimirán a la totalidad. La locura sigue siendo una irresistible prueba del conservadurismo humano que se resiste al cambio. 

QUIEN ESTE LIBRE DE CULPA QUE DÉ EL PRIMER MORDISCO 

Todos los pueblos de la tierra albergan un momento en el que sobre ellos planea la sospecha de haber practicado el canibalismo o realizado sacrificios humanos. En ocasiones estos se han abandonado para luego retornar con extrema ferocidad ante una situación nueva. En Roma desaparecieron en un tiempo muy temprano, casi en el período mítico, para reaparecer con posterioridad al irrumpir religiones orientales. En el ámbito nórdico-germánico hay pocas huellas más allá del sacrificio de Wotan en el Roble del Destino. Entre los pueblos mediterráneos fue muy frecuente y otro tanto entre las tribus dravídicas de la India. Los sacrificios humanos abundan más entre las culturas de carácter telúrico, totémico y ginecocrático, que entre las de carácter guerrero y viril. La Gran Madre exige muchos más sacrificios que el Dios Sol. Solamente en Mesoamérica se dieron sacrificios humanos al Sol. En Guatemala, el equipo perdedor en el juego de pelota, perdía también la cabeza que era ofrecida al Sol. Y otro tanto en Chizen-Itza. Pero incluso en América, la mayoría de sacrificios se realizaban a diosas-serpiente, la Madre Tierra o el dios-año (es decir al sol sometido a la ley de ascensos y descensos que cada día busca fuerza renovada ocultándose en el horizonte en el seno de la Madre Tierra). 

En la playa de Ipatanga, en San Salvador de Bahía, Brasil, José Mauricio Carvalho, líder de la secta "Asamblea Universal de Santos", ahogó a ocho niños de 7 años a finales de los años setenta. Arrojados desde lo alto de un acantilado en el curso de una ceremonia, Mauricio explicó que el sacrificio era para mayor gloria del dios de las aguas... Brasil es hoy una potencia atómica y un coloso económico, pero ni aun así ha logrado erradicar los ritos ancestrales. Los viejos dioses siguen exigiendo la misma sangre de otros tiempos. 

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

RHF nº 29 - Sumario

RHF nº 29 - Sumario

Acaba de aparecer el número XXIX de la Revista de Historia del Fascismo que incorpora los siguientes artículos a lo largo de 224 páginas ilustradas: Neo-fascismo: Homenaje a los que quisieron emular a Tolkien... Los Campos Hobbit, El nacional-socialismo y el Tíbet, 2.08.1980: Atentado en la estación de Bolonia. La campaña antifascista más dura, Nacional-sindicalismo portugués: brevedad e intensidad del fascismo lusitano

Dossier XXIX

Neo-fascismo: Homenaje a los que quisieron emular a Tolkien... Los Campos Hobbit

Págs. 6-93

Hacía tiempo que no dedicábamos ningún Dossier al neo-fas­cismo. La idea de elaborar estas páginas surgió del efecto que nos causó escuchar por primera vez a los cantautores y con­juntos de música italianos neo-fascistas que iniciaron sus actividades en los años 80: era la sensación de que “nosotros” también podíamos estar en la modernidad... El origen de todo esto fueron los Capos Hobbit.

Hemos abordado este Dossier explicando la situación italiana de la segunda mitad de los años 70, la situación del MSI en esa época y de los distintos grupos de oposición interior, para pasar luego a la influen­cia del “movimiento del 77” y de sus distintas corrientes, todo lo cual concluyó en la idea de los Campos Hobbit como forma de insertar a la nueva generación neo-fascista en el debate político italiano, no como fuerza marginal, sino como una fuerza juvenil más antisistema.

El Dossier termina con un juicio de conjunto sobre la iniciativa, lo que fue de sus promotores y una descripción de su directa consecuen­cia: la formación de la Nuova Destra, ya desgajada del MSI.

 El nacional-socialismo y el Tíbet 

páginas 94-118  

Las Ediciones Ars Mag­na publicaron hace unos años un cuader­no sobre el Tercer Reich y el Tíbet en el que se incluía un artículo que habíamos escrito hace más de 30 años. Repro­ducimos en dos entregas lo esencial de dicho cuaderno, advirtiendo de algunos errores que están contenidos en el texto. En esta primera entrega publicamos dos artícu­los. Pedimos a los lectores que lean atentamente las notas contenidas en el primero para evitar caer en los tópicos al uso sobre las relaciones entre esoterismo y Tercer Reich. A pesar de todo lo escrito y dicho, el esoterismo ocupo un lugar casi irrelevante en el Reich.

2.08.1980: Atentado en la estación de Bolonia. La campaña antifascista más dura

 

páginas 120-141  

Las memorias de Delle Chiaie llegan en este capítulo a un punto esencial: el criminal atentado a la estación de Bolonia. Delle Chiaie pasa revista a las dis­tintas intentonas que desde el momento mismo del crimen tendieron a atribuirlo a los neo-fascistas. Existen responsabilidades en estos “desvíos” de la investigación que generan responsabilidades en los altos cargos de la República, en los servicios de inteligencia, en la Logia P-2 y en algunos magistrados y policías. La minuciosidad del re­lato reclama atención y a la vez es incontestable: la masacre de Bolonia tiene todavía autores que permanecen en la impunidad. 

Franco y José Antonio (II de III): Ante el golpe cívico-militar del 18 de julio de 1936

 

páginas 142-167

Uno de los capítulos más controvertidos en la vida de José Antonio fue su responsabili­dad en la sublevación cívico-militar del 18 de julio de 1936. La documentación que hemos examinado indica, efectiva­mente, que José Antonio estaba al corriente de lo que se tramaba y que, con reticencias, aceptó que Falange Española participara en la conspiración. En este ensayo apuntamos una tesis inédita hasta ahora: las razones por las que en la reunión de Gredos, José Antonio consi­deró un punto en la frontera hispano-portuguesa para concentrar a la Primera Línea, recibir fusiles e iniciar la marcha sobre Madrid.

 

Nacional-sindicalismo portugués: brevedad e intensidad del fascismo lusitano

 

páginas 168-219 

La aventura del Nacio­nal-Sindicalismo por­tugués fue fugaz pero su llama brilló con intensidad. En España apenas existen ar­tículos ni ensayos dedicados a esta aventura política. Fue precisamente al escribir el en­sayo sobre las relaciones entre Franco y José Antonio cuando intuimos que los vínculos entre los nacional-sindicalistas de ambos lados de las fronteras debían haber sido más intensos de lo que generalmente se ha creído. Esto nos llevó a la sorpresa de ver en Portugal un movimiento que tuvo sorprendentes paralelismos con el español y que sufrió el mismo problema de incompatibilidad entre su fundador, Rolao Preto y Oliveira Salazar, el dictador y creador del Estado Novo.

 

Características técnicas:

224 páginas

Tamaño 15 x 21

Precio de venta: 18,00 euros (+ 3,00 de gastos de envío)

Pedidos, suscripciones y contacto: eminves@gmail.com

 

La religión del dinero

La religión del dinero

 

(Este artículo corresponde a la parte final del análisis del mundo globalizado al que le hemos dedicado varias entregas. La idea, recordamos brevemente, era un modelo de interpretación de la globalización en forma de cubo con caras, aristas y vértices, elementos que se interrelaciones y generan las distintas tendencias de la globalización. Sobre este cubo, sobre la cara que representa a los "beneficiarios de la globalización" se sitúa un tronco de pirámide en el que están organizados jerárquicamente. En la cúspide de ese tronco de pirámide se sitúan unos principios que rigen todo el conjunto. En este artículo los enunciamos)


Antes hemos dicho que la pirámide situada sobre la cara del cubo que representa a los beneficiarios de la globalización no es tal porque en la cúspide no se sitúan personas, sino una doctrina muy concreta. Esa doctrina es la inspira a todo el conjunto. En el Egipto antiguo, la cúspide de la pirámide estaba radicalmente diferenciada del resto de la misma hasta convertir lo que estaba bajo ella en un tronco de pirámide, tal como el que hemos enunciado. A la pirámide real situada en la cúspide se le llamaba “piramidión” o “piramidón” y era una pieza homogénea, tallada en un solo bloque que frecuentemente se recubría de oro o de algún otro metal noble o aleación de ellos. Se decía que éste era el lugar donde se posaba Amón-Ra en tanto que punto de encuentro entre el cielo y la tierra.


En nuestro modelo representativo de la globalización el “piramidión” se sitúa en la parte superior. Es completamente inmaterial: se sitúa no tanto en el mundo de las ideas platónico como en el mundo de la psicología. Representa un conjunto de ideas que se hipostatizan en las distintas élites beneficiarias de la globalización que hemos analizado ya en el capítulo anterior. Les imbuyen valores, objetivos y mecanismos mentales hasta el punto de que podemos afirmar que los beneficiarios de la globalización han sido esculpidos por tales valores, son estos los que les han dado forma y quienes están presentes en cada uno de sus actos, como si se tratara de valores religiosos. De hecho, constituyen una nueva religión, con sus dogmas, sus mandamientos, sus sumos sacerdotes, si jerarquía, sus letanías (o mantras) y todo aquello que se encuentra en cualquier construcción religiosa. Esta es otra. Sólo que invertida (luego, en la conclusión, volveremos a este orden de ideas).

Por eso, antes hemos dicho, que aquella casta a la que convencionalmente hemos dado en llamar “beneficiarios de la globalización” no es dueña de sus propios destinos. Como el buen islamista o el católico ferviente confían en el “Inch Alah” (Dios lo quiere) o en el“Deus vult” católico. Hacer otra cosa sería traicionar a su credo y ese credo es el que inspira a toda esta jerarquía de favorecidos por la globalización que creen, están obligados a creer y no pueden creer en otra cosa más que en este credo compuesto por veinte versículos en los que se encierra el misterio de iniquidad de la globalización.

Tales principios son:

1) El primero y más importante: NO EXISTEN LÍMITES PARA LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL. Así pues, la ley interna de todo beneficiario de la globalización y lo que le arrastra incluso a niveles incomprensibles para naturalezas humanas “normales” es la búsqueda de una acumulación de capital tal en sus propias manos que deje en minoría a cualquier otra que se haya dado en tiempos pasados o incluso en el presente.  No se trata de detenerse en determinado punto y gozar de la vida disfrutando de los beneficios obtenidos, sino de perseguir hasta un límite situado más allá de cualquier entendimiento profano con la búsqueda de beneficios y acumulaciones crecientes de capital. Hay algo en esto que remite a la serie “Los Inmortales”: en efecto, sólo uno puede sobrevivir y, a medida que se pasa, de estrato en estrato, hasta los situados en la cima del tronco de pirámide constituida por los beneficiarios de la globalización, se advierte que cuanto más alto se está menos son los individuos allí presentes y más grande es la acumulación de capital que se encuentra en sus manos hasta el punto de resultar imposible –incluso para ellos mismos- discernir la masa y los límites de su fortuna. Aun así, todo les lleva a levantarse cada día para poner en práctica la nueva operación especulativa, el nuevo negocio que les hará apropiarse de más y más títulos de propiedad y la última rapacidad que llevarán a cabo, incluso enfrentándose a cualquier otro de sus hermanos.

2) TODO CAPITAL QUIETO DEJA DE PRODUCIR. El dinero quieto, como el espermatozoide inmóvil no puede producir “vida”, esto es, más capital. Así pues, se trata de lograr que nunca esté quiero, que siempre esté presente en algún teatro especulativo mundial. Si el capital propiedad del agente X queda quieto unos días, corre el riesgo de que su competidor, el agente Z, salga beneficiado. Si esto es así, X se considerará un derrotado y Z un triunfador que para la partida siguiente estará un poco mejor situado que en la anterior, mientras que X se verá peor situado. De ahí que, quien se introduce en ese mecanismo, tenga una particular estructura mental que le lleva siempre a no desfallecer, a encontrar un impulso vital en este código de comportamiento que está inciso en el “piramidión”. ¿Quien querría que su cabaña lanar dejara de producir nuevos corderos? Quien lo hiciera estaría loco de remate: correría el riesgo de no poder comer mañana si sucediera un imprevisto y, además, podría favorecer el que los lobos, a la vista de su debilidad, acecharan el rebaño. Por eso, el capital parado es capital muerto aquejado por procesos de inflación y que renuncia a la cosecha de beneficios.

3) LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL Y SU RENDIMIENTO SON LAS MÁS ALTAS TAREAS QUE PUEDEN DESARROLLARSE EN EL SENO DE LA MODERNIDAD. Quienes se sitúan en la plataforma superior del tronco de pirámide, es decir, los más directamente influidos por la doctrina que estamos enunciando, se consideran “benefactores de la humanidad”, suelen ceder importante fondos para ONGs que actúan en zonas deprimidas o incluso para proyectos educativos, para grupos religiosos determinados, etc. Con esto creen que “los elegidos” dan testimonio de su agradecimiento a la “providencia”. En realidad, la arquitectura mito-religiosa del sistema mundial globalizado enlaza con las particulares convicciones calvinistas de la sociedad americana: “dios” marca a los elegidos con la impronta del triunfo económico. El triunfador es, al mismo tiempo, el “justo”, el cual demuestra su probidad entregando una parte deducible de impuestos a obras pías… Eso le permite seguir especulando con la miseria, arruinando a pueblos enteros, deteriorando irreversiblemente el medio ambiente, organizando guerras de las que él, inevitablemente, saldrá beneficiado. Si entrega dádivas es para mejorar imagen y beneficiarse de la fiscalidad, en realidad él está convencido de que, por encima de las artes, por encima de las ciencia, por encima de la humanidad misma, la gran actividad, la única que merece tenerse en cuenta, es la acumulación de capital: todo lo demás es fruslería propia de seres inferiores. De la misma forma que el brujo de la tribu primitiva realizaba pases mágicos para ejercer influencia sutil y desafiar las leyes de la materia, el nuevo mago, el brujo de las finanzas y de la especulación tiende cada día a realizar operaciones y pases mágicos, pronunciar invocaciones y manejar objetos cultuales (los índices de la bolsa, pulsar la tecla “enter” que mueve inmediatamente a miles de millones de cualquier divisa hacia el escenario más prometedor esa mañana) para alcanzar el fin de acumular el capital, única práctica para que el dios de la economía lance una mirada beatífica sobre su siervo más fiel.

4) LA ESPECULACIÓN ES LA MEJOR FORMA DE RENDIMIENTO DEL CAPITAL. Hubo un tiempo en el que la economía generaba bienes tangibles: las bolsas contribuían a aportar una financiación a las empresas que así se veían liberadas de la esclavitud de tener que acudir al interés bancario para ampliar su capital y sus actividades. Ese tiempo queda lejos. Fue en los años 80 cuando se demostró que las grandes acumulaciones de capital se lograban de manera inmediata eludiendo el complicado mecanismo de la producción y de la venta de bienes, bastaba simplemente con comprar empresas a bajo precio y venderlas a precios caros tras un saneamiento más o menos formal. Se especulaba con empresas y fue esa actividad la que ocupó a las empresas multinacionales desde finales de los años 60 hasta finales de los años 70. Primero, esas multinacionales, invirtieron en el área que conocían, la de la propia actividad, luego se fueron diversificando y hoy es normal que una empresa dedicada a la informática invierta en el sector agrícola o, lo que ha sido mucho más normal, que los beneficios que general para los accionistas no se reinviertan ya en el terreno industrial, sino en el especulativo. Tras la caída del Muro de Berlín, la ideología del fin de la historia hizo creer que el mundo entraba en una era de paz perpetua. La globalización actual no es más que un derivado de la abolición de las barreras para que el capital fuera invertido en cualquier lugar que le apeteciera. Las fronteras cayeron mucho antes para el capital que para los seres humanos. Hoy, desde cualquier punto del planeta, se puede invertir en la bolsa de no importa qué país, comprando acciones de empresas que ni se sabe a qué se dedican, ni siquiera si tienen existencia y patrimonio reales, solamente por el hecho de que esa mañana y durante unas horas las acciones de la misma subirán.  Esa empresa importa sólo en la medida en que sus acciones suban. Nada más. Cuando se considera que han llegado hasta su límite, la habilidad del especulador consiste en venderlas, importándole muy poco lo que ocurrirá después.

5) LA HUMANIDAD ENTERA ES UN MERCADO. Cuando un miembro de la élite mundial de la globalización mira al género humano, tiene una percepción distinta del mismo: no lo ve como un agregado de seres que pugnan por una vida más agradable y por realizarla en felicidad, sino como un mercado. En esa percepción del mercado la persona, reducida a su mera dimensión de objeto de económico, vale solamente en tanto que se puede extraer de ella un beneficio. Porque el objetivo del mercado mundial, contrariamente al que se tiene tendencia a pensar, no es proporcionar una mejor oferta a las poblaciones, sino generar un escenario global cuyas dimensiones solamente haga posible que compitan en él aquellas acumulaciones de capital que han superado determinados grados de concentración. La humanidad como tal no ocupa el papel de sujeto económico en el marco de la economía globalizada, sino como un factor más, seguramente el que menos se tiene en cuenta a la hora de planificar beneficios y que puede mermar sin que tal desaparición de sujetos, mediante guerras, epidemias o procesos de pauperización, suponga un factor que pueda ser tomado como negativo por los “señores del dinero”.

6) EL INDIVIDUO SÓLO VALE EN TANTO QUE ACUMULA CAPITAL. Frente al discurso oficial del “libertad, igualdad y fraternidad” que avala la corrección política desde 1789, el discurso real de los beneficiarios de la globalización es mucho más prosaico: tanto tienes, tanto vales y la pertenencia a alguna de las “dinastías” capitalistas que desde esa misma época han ido creando con sus genes un tipo humano especializado solamente en acumular capital, tiene solamente un valor añadido, como la demostración histórico que indica a esa dinastía como depositaria de una habilidad que se remonta a generaciones y que tiene el valor que se otorga a los precursores. Fuera de su dimensión estrictamente económica (es decir desprovista de cualquier valor que se pueda atribuir al género humano) la persona no interesa absolutamente nada a los beneficiarios de la globalización. Existe un error en la concepción liberal que emergió durante el siglo XVIII: persona no es aquel individuo que nace en el interior de la especie humana sino aquel otro que mediante la educación, la cultura y un esfuerzo de la voluntad se destaca de la masa y adquiere un rostro propio. Dicho de otra manera: el mero hecho de nacer, que hasta ese momento suponía solo una posibilidad de desarrollar una serie de potencialidades y el hacerlo o no implicaba el conquistar el estadio de “persona” (o bien el permanecer en la animalidad). En la actualidad, los “señores del dinero” y los grandes beneficiarios de la globalización han desarrollado una concepción similar: “sólo puede considerarse ser humano y ser tratado como tal, aquel que ha logrado desarrollar de entre todas sus potencialidades la de amasar ingentes volúmenes de capital. Sólo él es quien tiene derechos, solo él quien detenta la máxima dignidad. Aquellos otros que no han sabido, podido o querido, desarrollar las cualidades de depredador económico, permanecen todavía en un estado infrahumano del que jamás saldrán y que nunca podrá ser tenido en cuenta”.

7) ENTRE LOS SEÑORES DEL DINERO NO HAY SOLIDARIDAD SINO COMPETENCIA. El postulado anterior implica que los altos beneficiarios de la globalización están unidos como los miembros de una orden, por su adhesión a un principio de agregación que se desprende de su comportamiento y de sus reacciones ante los hechos económicos. Pero esto no debe de inducir a error. Como la serie “los Inmortales”, sólo uno puede sobrevivir, punto al que lleva fatalmente la tendencia a la acumulación de capital cada vez en menos manos. Así pues, los “señores del dinero” están enfrentados entre sí como lo está enfrentado cualquier otro que participa en un proceso de concurrencia. Es posible que ante determinadas coyunturas se dividan en distintos bandos e intenten por todos los medios actuar conjuntamente  agrupados en “pooles”, pero, desaparecida la situación ante la que se generaba el interés en una colaboración común, luego se vuelve a una competencia despiadada. Una vez devorada la manada de ovejas, los lobos hambrientos y guiados por un instinto depredador superior a cualquier otra tendencia de su alma, terminan devorándose unos a otros. Cada uno es consciente que, antes o después, terminará precisando devorar las entrañas de los otros, está preparado mentalmente para ello y sabe que, si da muestras de debilidad, él será devorado a su vez. Como el “rey de los bosques de Nemi” de la leyenda arcaica itálica, para sobrevivir hace falta estar permanentemente despierto, para defender su corona debe mantenerse siempre en vela. Si duerme es liquidado por otro competidor. No existe “solidaridad de clase” entre los altos beneficiarios de la globalización, sino competencia salvaje.

8) LOS DERECHOS HUMANOS ESTÁN POR DEBAJO DE LOS DERECHOS DEL CAPITAL. Es fácil deducir que la retórica sobre los “derechos humanos”, esa cantinela que viene repitiéndose con distintas músicas desde 1945 (tras la finalización de la guerra que abrió el camino hacia la globalización después de aquella larga fase intermedia que fue la Guerra Fría) no es mas que la parte del doble discurso defendido por los beneficiarios de la globalización ofrecido para el consumo de las masas pero de realización inviable, porque el primer derecho humano no enunciado en ninguna “declaración universal” es el derecho a la seguridad, personal, comunitaria, familiar, social, nacional, sin el cual ningún otro derecho puede ejercerse. Los derechos humanos y toda la retórica articulada en torno suyo son una cortina de humo que oculta el aspecto verdaderamente siniestro de la cuestión: que se trata de derechos individuales, pero que sobre ellos, se encuentran, sobre las nubes, invisibles desde el punto de vista del individuo de a pie, los derechos del capital (a generar interés y crecer, a adquirir e incorporar, sin trabas ni límites) que modelan como el cincel del escultor una realidad social.

9) LA POLITICA ESTÁ POR DEBAJO DE LA ECONOMIA. Durante siglos, la economía de los particulares estaba sometida al interés general de la Nación. La política estaba por encima de la economía en tanto que la política era el diseño para la supervivencia y expansión de un conjunto humano organizado en reino. Pero tras 1789, abolido el reino, en una primera etapa la política y la economía se situaron en el mismo plano. Era frecuente que altos dirigentes de la industria participaran con nombres y apellidos en las tareas políticas. Desde entonces, los grandes negocios se han realizado a la sombra del Estado. Pero esto no bastaba, porque quien dice “Estado”, dice mundo no globalizado. Así pues, era preciso que para que se produjera un dominio absoluto de los “señores del dinero”, el Estado quedara minusvalorado, empequeñecido e indefenso ante las grandes acumulaciones de capital. Los caminos para alcanzar ese fin se fueron concretando teóricamente en los años 50 y 60, pero no se pusieron en práctica hasta los años 70 de manera tímida (en Chile) y a partir de los años 80 con la llegada al poder del tándem Reagan-Tatcher: a partir de entonces ya no hubo muro de contención al proceso de globalización que se inició con la sentencia de la escuela de economía austríaca: el Estado debe de ser reducido al máximo para que la economía pueda generar todas sus benéficas potencialidades. Pero el Estado es la encarnación jurídica de la Nación y su forma actual es la democracia (mando del pueblo…); sin embargo, en el mundo del dinero la forma de organización es oligárquica, no existen rastros de democracia y es la acumulación de capital la que da el volumen de la fuerza y el poder, no el número de votos que obtenga tal o cual función. De ahí que situar la política por debajo de la economía suponga establecer, de hecho, un sistema oligárquico superpuesto a un sistema tan democrático como inútil. Sin olvidar, por supuesto, que en el plano “democrático” actúan y son hegemónicas fuerzas que son, en altísima medida, la voz de su amo, esto es, la voz de los detentadores del capital que actúan en este plano a través de partidos políticos y medios de comunicación de masas.

10) EL AUGE ECONÓMICO REQUIERE DESREGULACIÓN. El estribillo que abrió la vía definitiva a la globalización se urdió en 1989 al caer el Muro de Berlín y elaborarse la teoría del “fin de la historia” sobre un trasfondo de anticomunismo ferviente. Si el Estado Soviético había sido derrotado por “las democracias” se debía a su carácter omnipotente e invasivo de cualquier actividad social, especialmente de la economía. La Tatcher ironizaba con Gorbachov que su trabajo era mucho más fácil porque no se tenía que preocupar de la economía, mientras que en la URSS todas las actividades estaban acogidas a la tutela del Estado. Así, el jefe del Estado soviético debía preocuparse de “política” y de “economía”, mientras le jefe de una democracia tan solo debía de preocuparse de “política”. Cuando la Tatcher decía esto, en realidad, el proceso de “desregulación” de la economía era solo incipiente y abarcaba dos frentes: en el frente interno, el Estado inglés estaba poniendo en venta el sector público que estaba en su poder y en el frente exterior, el estaba proponiendo normas para que los Estados intervinieran cada vez menos en los intercambios económicos entre naciones, y especialmente que no molestaran la libre circulación de capitales. Los modelos puestos en marcha en el Reino Unido y en los EEUU, avalados por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial, rápidamente fueron imitados en todo el mundo generando oleadas alternativas de progreso y de pauperización y restando cualquier posibilidad de una economía mundial estable. Hoy este principio es aceptado universalmente por los economistas liberales con una salvedad: la independencia del sector económico se ansía en todas las situaciones salvo en una, cuando la economía entra en crisis. Los liberales y neoliberales que hasta el inicio de la crisis de 2007 clamaban para que el Estado se abstuviera de participación en la vida económica de los pueblos, a partir de entonces elevaron sus preces y sus exigencias histéricas para que los Estados salvaran a los grandes bancos en crisis y aportaran dinero público para el enderezamiento del panorama económico, una actitud que, en la práctica supone socializar las pérdidas y privatizar los beneficios.

11) LAS PRIVATIZACIONES SON GARANTÍA DE MAYORES BENEFICIOS PARA EL CAPITAL. Es un dogma establecido que en la modernidad no puede existir un “sector público” (aun cuando pueden existir legiones de asesores y de oficinas ministeriales y escalones administrativos completamente improductivos cuya gestión se concede a las clases políticas como compensación a su situación de subordinación ante el poder económico. Ese dogma parte de una constatación: los sectores en los que el Estado estaba presente eran sectores de gran vitalidad económica, e incluso de un peso creciente como es la sanidad. Estos sectores tienen siempre un gran peso económico, requieren de complicadas infraestructuras que ya han sido elaboradas por el Estado y se trata solamente de mantenerlas y convertirlas en un negocio de primera magnitud. Los ferrocarriles y las comunicaciones, las líneas aéreas y las autopistas en un primer momento, las infraestructuras de telecomunicaciones, para desembocar, finalmente, en la privatización de la sanidad, el verdadero gran negocio del siglo XXI. El argumento que se esgrime es que estos sectores están así “mejor gestionados”. La experiencia demuestra que no, que es todo lo contrario: el servicio ofrecido es de mucha menor calidad. La razón real es la dada en el enunciado de este punto: privatizar es tener la seguridad de que un servicio hasta ese momento en manos del Estado tiene una clientela de masas y, por tanto, representa un volumen seguro de negocio que multiplica los rendimientos del capital.

12) EL MERCADO SE CORRIJE A SÍ MISMO. Otro de los dogmas enunciados por los liberales de todos los tiempos y corregidos por los neoliberales actuales es este de que el mercado es el único instrumento capaz de corregirse a sí mismo. Se da el ejemplo del sector español de la construcción en el que el mercado tras un crecimiento hipertrófico, finalmente reventó y en la actualidad está en vías de recuperar precios relativamente normales para los productos en venta. En realidad, este enunciado debería de plantearse de otra manera: “el mercado es el único mecanismo que se corrige a sí mismo entre la generación de dos aberraciones extremas”. En efecto, está claro que los sectores sometidos a “burbujas” inflacionistas, antes o después terminan estallando, pero el problema es que tales estallidos tienen unas dimensiones cada vez más amplias y que sus efectos duran más tiempo. El problema es que una economía global es extremadamente sensible a cualquier pequeño problema regional y que los fuegos despertados en un momento pueden, ciertamente, apagarse ocho o diez o quince años después, pero los destrozos que generan durante ese tiempo, la deuda que se genera, tardan generaciones en extinguirse. Así pues, la capacidad de autocorrección del mercado es relativa e insignificante en relación a su capacidad innata para generar burbujas periódicos y en una fase de economía global, a diferencia de en fases anteriores de capitalismo industrial circunscrito a una nación, cualquier pequeño desajuste en un mercado se amplifica hasta alcanzar una dimensión incontrolable y mundial.

13) EL DOBLE LENGUAJE ES LA FORMA DE COMUNICACIÓN DE LA CÚSPIDE CON LA MASA. Habitualmente a una persona “normal” le resulta muy difícil que su cabeza piense una cosa y que su boca pronuncie palabras completamente opuestas: el pensamiento guía a la palabra, salvo en los casos de mentes con perturbaciones psicológicas profundas, como los psicópatas. Sin embargo, la característica con la que nos obsequia tanto las élites económicas como las clases políticas que comen de la mano de las primeras, es precisamente el doble lenguaje, un proceso mental en el que lo que se dice no tiene nada que ver con lo que se cree. El doble lenguaje se ha convertido no solamente en una exigencia política (adular al ciudadano al que se desprecia y del que solo interesa su voto), sino económica (cualquier golpe asestado contra las poblaciones se justifica paternalmente alegando que es “bueno para ellas y bueno para la democracia”). La distorsión del lenguaje y la utilización de eufemismos, o de la mentira pura y simple, se han convertido en el estribillo inseparable de cualquier cantinela política. Cuando los oligarcas proponen “democracia” lo que están proponiendo realmente es el sistema en el cual pueden depredar más y mejor, controlar más a la opinión pública, defraudar las promesas hechas a los electores, aumentar la presión fiscal sobre ellos, y explotarlos más y mejor. Cuando los “señores del dinero” (directamente o a través de los medios de comunicación amamantados en sus ubres) gritan a coro a favor de “restablecer las libertades” en tal o cual zona del planeta, que no quepa la menor duda que eso significa solamente que en esa zona del planeta se va a derribar a gobiernos –cuestionables o no, pero en cualquier caso, no más cuestionables ni corruptos que cualquier otro- que suponían un muro de contención contra el impulso globalizador y que, a partir de ahí, las hienas del dinero van a clavar sus garras. Lo hemos visto en Yugoslavia, descuartizada sin piedad para que Alemania pudiera ampliar sus mercados, y más tarde bombardeada a instigación de la administración norteamericana para favorecer el afianzamiento del “corredor turco” de los Balcanes. Para entender lo que se quiere decir desde las altas esferas del poder mundial globalizado es preciso tener un traductor simultáneo que reduzca las frases a su verdad esencial: no hay palabra que pronuncie un “señor del dinero” (o sus validos políticos) que no tienda a reforzar su poder, nublar la percepción de sus verdaderas intenciones o aumentar la concentración de capital en sus manos. Oírles, sin traducirles, es engañarse.

14) LA VIDA DEL PLANETA, LA SALUD DEL PLANETA, SE SUBORDINAN A LAS EXIGENCIAS DEL CAPITAL. Si los derechos del capital se sitúan por encima de los derechos de las personas, resultará evidente que se sitúen también por debajo todo lo relativo a la salud y al medio ambiente. No existen grandes proyectos en los horizontes de la globalización, sino tan solo una batalla acometida día a día en busca de mayores beneficios y de la forma más inmediata. Lo que cuenta para el capital es el beneficio aquí y ahora. En plazos tan cortos de tiempo es imposible medir las consecuencias que implican determinadas actividades. En el momento de escribir estas líneas resulta evidente que los países en vías de desarrollo que aspiran a estar presentes en el pelotón de cabeza del desarrollo son los que más contaminación generan. Para evitar detener ese proceso acelerado, desde las esferas más altas de la globalización y de sus estados mayores, se elaboró la consigna del “desarrollo sostenible”, última trinchera en la que se refugiaban los defensores a ultranza del “progreso indefinido”. En el estado actual de la ciencia y de las tecnologías, lo cierto es que no hay lugar para un “desarrollo sostenible” ad infinitum, a la vista de que las posibilidades del planeta son limitadas. La consigna ha logrado mantener ocupados y tranquilos a los bienpensantes, esperanzados por lo que parecía una “toma de conciencia de los gobiernos ante los problemas del medio ambiente”. En realidad, poco importa lo que digan los gobiernos, sus leyes y los acuerdos internacionales que firman encierran ellos mismos trampas y cláusulas leoninas que resuelven pocos problemas y que contribuyen solamente a aplazar unos años más la percepción real de la situación. Y no habrá rectificación, simplemente, porque los gobierno terminarían enfrentándose a los “señores del dinero” y estos han establecido que, finalmente, precisan que las amplias extensiones de tierras de cultivo que han adquirido rindan más allá de lo razonable en pocos años sometidas a superexplotación hasta quedar yermas para siempre; que los negocios energéticos que han adquirido deben de continuar contaminando y agotando los recursos energéticos a velocidad creciente mientras vayan rindiendo beneficios; que no importa que algunas grandes ciudades del planeta se hayan convertido en completamente inhabitables y algunas zonas se convierten en vertederos tóxicos, importa poco si en esas zonas los beneficios del capital siguen siendo aceptables. La depredación del planeta proseguirá, si es preciso, hasta que el último “señor del dinero” estrangule con el tubo de su botella de oxígeno a su último competidor, poco antes de apagarse las luces de la humanidad.   

15) LA VERDAD NO EXISTE Y LA LIBERTAD ES RELATIVA, LA PRIMERA SE DICTA, LA SEGUNDA SE DA. Fuera de lo tangible del dinero (aunque en realidad, la mayor parte del dinero es hoy virtual generado por la absurda doctrina de la “reserva fraccional” y no pase de ser mera notición contable electrónica), todo lo demás es relativo, banal, sin apenas interés para los “señores del dinero” que han comprobado que la relatividad es aplicable a todas las actividades humanas en un momento en el que los valores absolutos han quebrado o simplemente se han olvidado o, lo que es peor, existiendo todavía, nadie sabe exactamente como vivirlos. Los dueños de la globalización saben que los individuos son celosos de su libertad, que están incluso en determinadas circunstancias, dispuestos a defenderla… aun cuando no saben exactamente qué es ser libres y en qué consiste la verdadera libertad. Ellos, los “señores del dinero” saben que las “libertades políticas” son importantes aunque la inmensa mayoría no tenga nada por lo que manifestarse, expresarse o reunirse, saben por eso, que pueden acceder a que los gobiernos concedan tales libertades porque a ellos solamente les interesa una: la económica, estando todas las demás subordinadas a ella. Pero aquella libertad que consiste en la capacidad de dominio del ser humano sobre sí mismo, que le impide ser controlado y dominado por sus miedos y sus pasiones, por su psicología interior, sus filias y sus fobias, incluso por sus instintos, de esa libertad ni se habla ni se la puede tomar en serio, simplemente porque ejercerla no reportaría ningún beneficio económico. De ahí que el mejor régimen político que se adapta como un guante a la globalización sea el régimen parlamentario: controlando a medios de comunicación, controlando el dinero, se controla a la clase política, pieza intermedia entre los “señores del dinero” y la masa. Pero es preciso, siempre que la masa no crea en nada más que en aquello que se le presenta como “valioso”, es bueno no enseñarle a pensar por sí mismo, ni que desarrolle un espíritu crítico; la mejor forma de vida para la masa es la narcosis, ese estado de sonámbulo despreocupado por lo esencial y atraído por formas de fantasía y por una sensación beatífica bienestar que procede del olvido de uno mismo.

16) EL MESTIZAJE ES EL MEJOR ESTADIO PARA LA HUMANIDAD PUES NO EN VANO SE ATOMIZA A LAS POBLACIONES EN CONJUNTOS INDIVIDUALES Y SE LES RESTA CUALQUIER RASGO DE IDENTIDAD. El gran problema que ha encontrado el proceso globalizador es cualquier sistema identidades en las que se puedan reconocer los seres humanos y las sociedades. Así pues, si de lo que se trata es de implantarlo en todo el mundo se trata, en primer lugar, de homogeneizarlo. Los sistemas de identidad son el adversario más peligroso porque indican a alguien lo que es, cuál su origen, qué afinidades y diferencias tiene con otros pueblos. Un pueblo se reconoce en los rasgos distintivos de su comunidad, si carece de ellos, ya no se reconoce en nadie, salvo en su entorno familiar o vecinal. Así pues, los instigadores de la globalización abominan de cualquier identidad y para lograr su desaparición proponen la idea recurrente de la “fusión cultural” y el “mestizaje” operado a todos los niveles. Los efectos de este proceso actualmente en marcha son desoladores y apuntan en la dirección que hemos definido: las comunidades dejan de tener fuerza y cohesión, se convierten en agregados de individuos que se reconocen únicamente por los rasgos más banales: el color de un equipo de fútbol y poco más. Obviamente no surgirán entre ellos conflictos “nacionales” y, ni siquiera tendrán “conciencia de clase”. Simplemente serán entes autónomos, igualados, homogeneizados y sometidos al denominador común del mestizaje. Allí donde ha existido “mestizaje” allí se han generado sociedad inestables y, en cuanto a los productos culturales que hoy, aquí y ahora, se nos proponen como muestras del mestizaje, no pueden evitar tener una dudosa calidad. El “mestizaje” solamente puede ser viable entre entidades contiguas entre las que no existen abismos culturales, antropológicos o cualitativos.

17) CUALQUIER ESTRUCTURA SOCIAL O NACIONAL QUE SUPONGA ARRAIGO E IDENTIDAD DEBE SER ABOLIDA. Los Estados Nacionales son en la actualidad uno de los pocos valladares que encuentra la globalización. Los Estados Nacionales suponen un conjunto de instituciones, leyes y organismos que defienden a esa comunidad ante los eventuales ataques de otras e incluso ante procesos de inestabilidad interiores. Desaparecidos los Estados Nacionales, la vía queda libre para la globalización. Soluciones como la Union Europea serían válidas si supusieran un “espacio libre” de globalización, pero en la medida en que se insertan dentro de ese contexto económico, renunciar a la soberanía nacional en beneficio de la UE es problemático que, tal como ha mostrado la crisis de las vallas de Melilla que estalló a finales de febrero y principios de marzo de 2014, paraliza la reacción del Estado supeditándola a la lentitud administrativa y las orientaciones incomprensibles de la UE. Por otra parte, es importante recordar que no es por casualidad que la tendencia actual de presionar fiscalmente y de manera inusitada sobre las clases medias prosigue de manera salvaje. Abolir a la clase media no es tan importante como diluir sus concepciones y su preparación. De las clases medias han partido siempre los movimientos de renovación política y social. En ellas se encuentra la mayor acumulación de cultura e intelectualidad y, al mismo tiempo, su situación económica, le permite dedicar tiempo a la elaboración intelectual y al análisis de la realidad: son, por tanto, peligrosos, especialmente desde el momento en el que cristaliza en ellos una conciencia de grupo. Así pues, romper los Estados Nacionales en fragmentos más pequeños y, por tanto, más manejables, romper las clases sociales, especialmente aquellas que pueden ser potencialmente peligrosas son obsesiones para la globalización cuyo punto de partida, es bueno no olvidarlo, tuvo lugar en 1945 con la creación de las Naciones Unidas, primer paso para un “gobierno mundial”. Desde entonces, todas las consignas de carácter humanista y universalista han sido propagadas desde ese foro y desde la UNESCO y tienden inviablemente a abolir los sistemas de identidades nacionales sustituyéndolos por folklorismos altisonantes y “patrimonios de la humanidad” aislados y dispersos, sin posibilidad de adscribirse a denominadores culturales comunes.

18) ES INTOLERABLE QUE ALGUIEN SE ALCE CONTRA ESTOS PRINCIPIOS QUE, COMO CUALQUIER DOGMA, ES INTOCABLE E INDISCUTIBLE. La globalización es, por principio, incuestionable. Quien la cuestione sea arrojado al inframundo. Quien se atreva a dudar de su eficiencia o a advertir de sus presuntos riesgos, ese debe ser quemado en la hoguera. Ejercer incluso el papel de Casandra y recordar lo problemático de todos los procesos que acompañan a la globalización, supone un desafío que muy pocos están en condición de asumir. En ello les va el futuro, su buen nombre y su prestigio: nadie puede poner en duda que la globalización es la etapa superior de la humanidad, porque esa misma letanía se repite con el mismo estribillo pero con ritmos diversos: los habrá que declarándose “antiglobalizadores” pedirán, al mismo tiempo, “otra globalización”. Los habrá, los newagers, que condenando los procesos del capitalismo globalizado, aluden a “una sola raza, la humanidad; a un solo gobierno; a una sola religión; una sola cultura”… esto es, a un mundo completamente homogeneizado, sin matices ni contrastes, sin identidades, anónimo y “único”. Las críticas radicales al principio mismo de la globalización no pueden ser admitidas, quien las realiza debe ser tachado de ignorante o de visionario, en cualquier caso, de persona de credibilidad dudosa. Solamente puede tener voz autorizada en la globalización aquel que participa de ella. Sólo puede ser incorporado al pelotón de los bienpensantes y de los intelectuales con marchamo quien está dispuesta a aceptar estos mandamientos y el primero de todos es “no hay más dios que el dinero y la economía globalizada es la única liturgia para llegar a él”. Fuera, la Inquisición aguarda al disidente.

19) CUALQUIER ACTIVIDAD HUMANA ES SUSCENTIBLE DE ADAPTARSE AL PARADIGMA GLOBALIZADOR. La globalización es nuestro destino y es muy difícil escapar a sus procesos viviendo en comunidad. El gran logro de la globalización ha consistido en adaptar cualquier actividad social a su configuración hasta el punto de que fuera de la globalización solamente puede existir una especie de exilio interior en el mejor de los casos y una marginalización en el más habitual. Cuando Guy Debord teorizó sobre la “sociedad del espectáculo” en los años 60, olvidó decir que en el límite extremo de tal sociedad se encuentra la “sociedad global”. En este modelo social las características propias y los signos de identidad de los individuos, los pueblos y las naciones, tienden a difuminarse y a desaparecer subsumidos por una marejada de “mestizaje” que, en realidad, no es sino la ausencia de toda identidad y la atomización extrema de la sociedad en fragmentos individuales que, como los grados de arena de una playa, tienen todos la misma composición, idéntica función, intercambiables unos con otros, variando apenas su forma. Lo esencial del momento actual es la reducción a lo económico de cualquier tipo de actividad social: desde la literatura y las artes hasta cualquier estilo de vida, todas, absolutamente tienen como denominador común el ser reducidas a la dimensión de mercancías comprables y vendibles. Incluso el ocio tiene esa dimensión única. Y en tanto que reducidas a actividad económica sufren de las mismas tensiones que cualquier otro producto que se mueve en “el mercado”: oscilaciones en los precios, tendencia a la concentración de capital, inseguridad, dependencia del capital financiero, deuda, etc. Finalmente, el mismo ser humano termina siendo consciente de que, él mismo, su vida, su salud, su alimentación, su educación, todo, absolutamente todo, son objetos económicos y él mismo ha pasado a ser uno más. Al final del camino lo que se encuentra es una despersonalización absoluta y un empobrecimiento radical de la naturaleza humana reducida a su dimensión económica.

20) Todos estos mandamientos se resumen en uno sólo: SÓLO HAY UN DIOS AL QUE RENDIR CULTO, EL DINERO. Cualquier otro valor, cualquier principio, cualquier idea, palidece ante este último dogma que tiene al dinero como único dios. En períodos anteriores de la historia ya ha habido minorías que han erigido al dinero como dios, la diferencia con el período actual es que tales minorías nunca han dispuesto de tal acumulación de riqueza y de capital como en la actualidad y nunca ese dios ha sido tan poderoso e independiente de las voluntades de quienes lo invocan.

Porque llegamos ahora a la conclusión final de esta parte de nuestro estudio. El actual momento de la economía mundial no está dirigido, ni gobernado por nadie, quienes “mueven los hilos” y actúan de manera decisiva en los procesos que se desarrollan bajo el nombre genérico de “globalización”, no lo hacen siguiendo principios de prudencia, intuición, racionalidad o inteligencia, sino que, como el fiel que asiste piadosamente a la iglesia, es porque tiene un fe inconmovible por su único dios y señor: el dinero. Quiere poseerlo como el católico ferviente quiere experimentar la santidad y la beatitud. Ansía impregnarse en sus esencias y en su olor como el hombre religioso quiere ser uno con su Señor inmaterial y omnipotente. No hay forma de controlar al dios de la economía, ni encarrilar sus pasos como no hay forma de dirigir las acciones de Dios; el fiel de a pie que rinde culto al dinero tiene la misma posibilidad de modificar las acciones de su dios que el católico que reza una oración en el templo de la fe. El dios es soberano y absoluto, dueño de las acciones de los hombres, no al revés. Y ese dios, el dios de la economía, no tiene otra finalidad que llegar a las últimas consecuencias de su lógica interna.

Al igual que el Dios del Antiguo Testamento, hay en él mucho de hostilidad hacia su pueblo. O cumple su voluntad o lo castiga, justo como el dios de la economía. Para éste nunca es suficiente: siempre es preciso obtener más rendimiento del capital, multiplicarlo, engrandecerlo, tenerlo siempre presente y sin descanso. Eso, o el castigo.  El castigo viene en forma de crisis económicas y de estallido de burbujas. Pero, tras el castigo, siempre llega la reconciliación del dios con su “pueblo” y la reanudación de la “alianza” con él para proseguir la acumulación de capital hasta su destino tal fatal como improbable: la concentración extrema del capital que como un agujero negro cósmico atraiga y absorba cualquier otro capital que pueda existir sobre la faz de la tierra. Se trata, por supuesto, de un límite teórico y extremo, improbable por lo demás, al que seguiría un período de serenidad que duraría el tiempo en el que ese diosecillo del dinero se diera cuenta de que ya no crece más y estallara como el agujero negro iniciándose un nuevo ciclo que, partiendo de la economía de supervivencia, pasaría luego a la  del trueque y más adelante a la artesanal, y así sucesivamente.

Si algún “señor del dinero” se cree que controla a la economía, se equivoca: es la economía la que lo controla a él. Y el dios de la economía es un dios enloquecido provisto de una dinámica y de una lógica interior que le lleva, inevitablemente, a la autodestrucción. Hoy, la maquinaria económica ha alcanzado tal envergadura que nadie es capaz de controlarla, ni siquiera los que están en la parte superior del tronco de la pirámide y más próximos a este “piramidión” metafísico. Por eso la economía no puede ser controlada por nadie. Por eso, las crisis cíclicas, los estallidos de las burbujas, los trastornos periódicos en otro tiempo y hoy constantes, no pueden ser ni previstos, y aunque lo sean, resulta imposible evitarlos. La lógica interna del sistema económico lleva a la búsqueda ineluctable del beneficio como única tendencia dominante, cualquier otra que apareciera estaría fuera de lugar y sería completamente anulada: el dinero que no produce es dinero que se pierde, el dinero que pierde uno lo recupera otro, por tanto hay que seguir haciendo que el dinero se reproduzca a sí mismo, a pesar de que, como aquellas palabras que se repiten una y otra vez, termine perdiendo sentido y significado. Se trata de una apisonadora que lo arrasa todo: por supuesto, los últimos en salir afectados son los “señores del dinero”, los propietarios de las grandes acumulaciones de capital, pero ni siquiera estos –como los “inmortales” de la serie- sobrevivirán. Solo el último de estos “magnates”, podrá encontrarse cara a cara con el dios de la economía, allá arriba, en el ara de sacrificios que se sitúa en toda superficie superior de las pirámides mayas y aztecas, y en donde se ha sacrificado la felicidad, la tranquilidad, la estabilidad de la especie humana y a la misma especie e incluso al mismo planeta. En esa privilegiada posición, verá cara a cara al dios de la economía convertido hoy en una serie de notaciones electrónicas contables, meros impulsos almacenados en discos duros que jamás resolverán los problemas fundamentales de la especie. Una vez alcanzado ese punto, lo hemos visto, solamente queda la autodestrucción del conjunto, el reseteado del sistema y un nuevo comienzo.

 

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducci´no de este texto sin indicar origen.

 

El mundo cúbico (V)

El mundo cúbico (V)

9ª Arista

Neodelincuencia con actores geopolíticos emergentes

El cáncer de la corrupción ha llegado hasta tal punto en los actores geopolíticos emergentes, que incluso su misma marcha hacia el pelotón de cabeza de los países “que cuentan” está comprometido. La corrupción está presente en todos los escalones de la administración hindú, incluso en los niveles más pedestres; otro tanto puede decirse de China que, periódicamente, se ve obligada a realizar campañas anticorrupción a la vista de la proliferación vermicular del fenómeno. En China, la existencia de un fuerte partido comunista, al ir perdiendo conciencia de sí mismo y de la propia doctrina a defender, ha generado en su mismo interior fenómenos de corrupción y centrifugación del Estado (los Estados débiles son más sensibles a la corrupción que los Estados fuertes). En “democracias” como Brasil o México, las clases políticas se han habituado a vivir de las suculentas “mordidas”, pero es que una parte sustancial de la población, a su nivel, también vive de los circuitos de la delincuencia o, simplemente, está integrada en los mismos. No se termina de ver la legitimidad que políticos corruptos pueden reclamar a la hora de perseguir a la delincuencia de a pie. Incluso en países islámicos como Irán, la corrupción no se mira particularmente mal, en la medida en que el individuo no la realiza para sí mismo, sino para su familia, su tribu, su clan. Uno se corrompe, muchos se benefician: luego no existe una condena social a la corrupción, sino una sed de integrarse en sus circuitos, sea como sea.

Por otra parte, países como China tienen una gran tradición mafiosa. Las famosas tríadas entran en este juego todavía hoy. De hecho, el maoísmo no solamente no liquidó estos residuos de otros tiempos sino que, incluso, Mao–Tse–Tung contó con las “sociedades bandidos” para organizar su partido comunista en algunas zonas. Aquellas aguas trajeron estos lodos, y hoy China es un caldo de cultivo extremadamente favorable para la corrupción interrelacionada con el aparato del Estado.

Sabemos que en el Primer Mundo las bandas mafiosas jamás podrán acceder al poder, pero sí que se limitarán a amamantar, convivir y pactar con los gestores del mismo. No estamos, en cambio, seguros de lo que ocurrirá en los países en desarrollo acelerado. En Colombia ya existieron casos de narcotraficantes que quisieron –hartos de pagar la mordida a la clase política– constituirse ellos mismos como clase política de reemplazo. El gran cambio político que se produjo en Italia en la segunda mitad de los años 90 no fue motivado por la asfixia del país, sino porque los clanes de la neodelincuencia estaban hartos de pagar “tangentes” a la clase política que, muy frecuentemente, superaban el precio mismo de los servicios. Así que decidieron borrar de un plumazo a la vieja clase política degenerada, desgastada y avejentada del centro–izquierda y gestionar ellos mismos el poder. Era la forma de ahorrarse el pago de las “tangentes”.

Existe el riesgo de que, en los próximos años, las mafias del narcotráfico generen en estos países una acumulación de capital tal, que controlen amplios sectores de la economía. La juventud de estos países en desarrollo acelerado, y la inexistencia de “dinastías económicas”, ha favorecido que las élites corruptas hayan surgido al calor del poder y conozcan bien sus mecanismos. Por otra parte, en estos países no existe un marco democrático formal digno de tal nombre. No se sabe el tiempo que el PC seguirá manteniendo la hegemonía en China, ni lo que ocurrirá cuando se imponga la democratización política, inevitable e inseparable de la democratización económica. En ese momento, es indudable que se producirá una “crisis” y serán precisos reajustes de asentamiento; lo que hoy no puede predecirse es la dimensión de esa crisis y las consecuencias políticas que tendrá. Lo que sí parece muy probable es que, en ese momento, distintos grupos económicos –y no importa si su acumulación de capital se ha logrado por medios lícitos e ilícitos– “pujarán” y lucharán para controlar el Estado o, al menos, algunos de sus sectores clave.

Existe otro escalón de menor importancia, pero fundamental para entender la naturaleza de esta “arista”. En África ya nadie discute que todos los gobiernos africanos albergan grados extremos de corrupción y que África es un gigantesco semillero de todas las corruptelas, no realizadas solamente por mafias, sino por los mismos funcionarios del Estado que actúan a la manera mafiosa. Estas mafias, a menudo tribales, hoy son el Estado. Las petroleras han tenido que entenderse con ellas para realizar sus prospecciones. De la misma forma que la inmigración masiva y salvaje ha hecho que barrios enteros de los países del Primer Mundo hayan sido colonizados primero por gentes venidas del Tercer Mundo, luego han practicado la limpieza étnica contra autóctonos y, finalmente, se niegan a reconocer cualquier norma (son las zonas de “non droit”); eso mismo ocurre en toda África: toda África es una gigantesca zona de “non droit” donde solamente rige la corruptela, el racket y el crimen mafioso, sobre unas poblaciones agonizantes y en estado de depauperación creciente. En extensas zonas de Asia, en Asia Central, en Iberoamérica, existen similares procesos. Cada vez más países caen en manos de grupos mafiosos (se llamen como se llamen) y el drama producido es éste: lejos de ver cómo se amplían los “islotes democráticos”, estamos asistiendo a la extensión de la corrupción en el Tercer Mundo como si se tratase de una mancha de aceite.

No hay que perder de vista, finalmente, que la retórica que alimentó a los “países no alineados” en los años 60–80 sigue vigente, en parte, todavía hoy. La diferencia es que hoy, muchos de esos países ya han caído en poder de las mafias de la neodelincuencia.

Por regla general entre los actores geopolíticos emergentes hay que aceptar el axioma “Estados débiles – mafias fuertes”, hasta el extremo de que muy frecuentemente la “mafia” se confunde con el Estado, lo integra e incluso lo estructura. El caso de Kosovo, situado en el corazón de los Balcanes es significativo. A pesar de encontrarse en el interior de un actor geopolítico tradicional, Kosovo es un Estado frustrado organizado por los intereses de la política norteamericana en Europa y cuya administración fue entregada a una organización mafiosa, la UÇK. Ahora bien, en África, no existen mafias en el sentido europeo, el carácter africano tiene como referencia a la “tribu” y, por tanto, no existen mafias tentaculares extendidas en el interior de las fronteras de un país concreto, sino comportamientos corruptos y mafiosos de una familia, un clan, o incuso una tribu. De hecho, hoy, casi toda África puede ser considerada como un conjunto de “Estados fallidos” en los que una parte sustancial de la actividad económica tiene que ver con las actividades de grupos mafiosos y con la corrupción en la tarea de gobierno.

La existencia de estos grupos mafiosos, fuertemente armados, suelen ser utilizados por compañías de pocos escrúpulos que pretenden explotar las riquezas naturales de esas zonas. En el caso de que la mafia en el gobierno (excluimos por completo que las elecciones en toda África negra, sean legales y exista en ellas fair play y honestidad en los recuentos de votos y en a misma realización de las campañas) no acceda a las condiciones que plantea una multinacional para la explotación de los riquezas naturales, ésta recurre siempre, invariablemente a suscitar una revuelta tribal en estado puro o religioso-tribal (en países como Nigeria en donde cristianismo, islam y animismo chocan con frecuencia) que permite tomar el control por las armas de esa región y garantizar la explotación del objeto económico en cuestión.

En otras zonas de Iberoamérica, la acumulación rápida de capital que genera el comercio de cocaína facilita el que los grupos mafiosos compren a políticos locales a bajo precio, puedan realizar sus inversiones y reciclado de dinero negro con tranquilidad e incluso tiendan a ser un poder paralelo que puede hablar de tú a tú con el poder estatal excepcionalmente débil y carcomido por corruptos.

En zonas de inestabilidad permanente como Afganistán, la ausencia completa de actividad económica hace que la inmensa mayoría de la población agrícola se oriente hacia el cultivo de las adormideras en un intento de Indochina, verdadero laboratorio mundial de la heroína. No se trata de que estos grupos “gobiernen” al Estado, sino que el Estado es débil o prácticamente inexistente lo que facilita el campo de acción del narcotráfico.

¿Cuál será la evolución en los próximos años de esta arista? Va a ser muy difícil que en todos estos Estados de África, Asia e Iberoamérica sea posible desembarazarse de la corrupción en el interior del Estado, sino que es mucho más lógico pensar, no que va a producirse una colusión entre los intereses de la neodelincuencia y los de las clases dirigentes de los Estados, como en los actores geopolíticos tradicionales, sino que los grupos de neodelincuentes van a dominar, controlar e incluso gobernar en mayor o menos medida en estos Estados: la neodelincuencia dominará más allí donde haya “menos Estado”, controlará menos allí donde el Estado sea más fuerte. La lista de “Estados fallidos” irá en aumento. Países como China, India, Pakistán, Irán o Brasil, verán como el poder se va fracturando y, poco a poco, sectores del mismo son ganados para la neodelincuencia. Las prácticas mafiosas se irán ampliando, la corrupción se enseñoreará a partir de crisis de crecimiento por las que les será necesario pasar al cambiar su estructura social. China puede dar sorpresas en esta dirección y sufrir problemas interiores extremos, pero también India e Irán y, por supuesto Brasil, país que sufrirá una crisis económica sin precedentes en esa zona cuando reviente la burbuja inmobiliaria que ya ha alcanzado una masa crítica explosiva.

En general, es de prever que los intereses contrapuestos que actúan en esas zonas generen más guerras civiles en África, provoquen situaciones de tensión civil en Asia y estallidos de violencia en Brasil, situaciones que, en su conjunto, serán favorables para la acción de las mafias, el tráfico de armas, la exportación de oleadas de inmigración masiva y el debilitamiento de los Estados, incluso en el caso Chino.

 

10ª Arista

Neodelincuencia con actores geopolíticos tradicionales

Uno de los elementos más sorprendentes del actual proceso de “solidificación” del mundo, o de tránsito del mundo esférico al cúbico, es la irrupción de la corrupción generalizada entre las clases políticas del Primer Mundo. Siempre ha existido corrupción en las democracias, pero ésta se hallaba limitada a la aparición de algunos “bribones” (el affaire del “estraperlo” durante la II República, por ejemplo) y a la persistencia del caciquismo (fenómeno de otra índole); así mismo, siempre había existido el regalo interesado a la autoridad de turno, pero nunca como hasta ahora se había operado el proceso de generalización de la corrupción hasta no quedar absolutamente ningún flanco del espectro político fuera de este proceso degenerativo.

El hecho nuevo es que los grandes negocios solamente se hacen a la sombra del poder y la paradoja de que nunca un “estado liberal” (y por tanto abstencionista en cuestiones económicas) ha generado una situación en la que SOLAMENTE sea posible realizar grandes negocios contando con el apoyo de los distintos niveles del poder. Quien no está integrado en esos mecanismos, como máximo puede montar una charcutería o una mercería, pero jamás un negocio rentable con un peso decisivo. Se vende al Estado, se comercia con el Estado o construye quien goza de los parabienes del Estado o de alguno de sus escalones administrativos. Obtener ese apoyo implica: tener una buena red de contactos más allá de los partidos políticos y de los mecanismos representativos y realizar contraprestaciones a los que abren la puerta a ese tipo de negocios. Es el do ut des llevado a su límite más desagradable.

Ningún mecanismo del Estado está en condiciones de realizar una tarea de “limpieza”. A menudo la política de “manos limpias” no es más que un slogan para intentar desbancar a unos políticos corruptos por otros que llegan con hambre atrasada. Casos como la “Operación Malaya” parecen ser apenas una cobertura destinada a ocultar el hecho decisivo e importante: que toda España es una gran y gigantesca Marbella, o dicho de otra manera, que el motor de la economía nacional es, o bien la especulación inmobiliaria, o bien el sector de la construcción surgido al calor de recalificaciones masivas y drásticas. Tras esto se oculta el hecho fundamental: el campo se muere, la agricultura, lejos de ser un negocio, es un sector sometido a presiones contradictorias (la del Estado, las de las Comunidades Autónomas, la de la UE, la de la globalización) que lo hacen altamente inviable; Europa sufre un proceso de regresión industrial que la  está convirtiendo a marchas forzadas en una zona de servicios; la economía especulativa no crea riqueza sino que aumenta las desigualdades de renta y, finalmente, la espiral “recalificación–construcción–especulación” no puede prolongarse indefinidamente.

Además de esta confluencia de intereses, se trata de otra arista que alcanzará su máxima tensión en los próximos años. En ella van a confluir los intereses de las bandas de neodelincuentes que actúan en los actores geopolíticos tradicionales. Estos países, bien por haber alcanzado un alto grado de democracia (Europa), bien por haber encontrado dificultades a su evolución política (Rusia) o bien simplemente por estar aquejado de distintas patologías sociales (EEUU), son terreno abonado para la neodelincuencia. Las consecuencia de la acción de los grupos de neodelincuentes en estas tres zonas difiere en intensidad (y dentro de cada zona hay áreas mucho más afectadas que otras) pero no en sus características.

En efecto, en esta parte encontramos, en primer lugar, a los grandes capos de la droga y a las bandas de neodelincuentes que trabajan el tráfico de sustancias ilícitas y su fabricación. Estas zonas cuentan con un aceptable nivel de vida y espacio para el ocio, de ahí que una parte de las ganancias personales se suelan orientar hacia el consumo de sustancias prohibidas. Aunque es cierto que cada vez se va aboliendo más la diferencia entre “drogas para élites” y “drogas para los pobres”, lo cierto es que la cocaína y las drogas de diseño van ligadas a un status económico que goza de una situación más cómoda en relación a subproductos de la cocaína, el haschisch o incluso el alcohol que, en determinadas zonas (Rusia) adquiere el carácter de plaga. Así mismo, la geopolítica de las drogas hace que no todas lleguen con la misma facilidad a las distintas zonas geográficas: el continente americano es tierra de cocaína y España una zona de tránsito para su entrada en Europa. Así mismo, la heroína fabricada en Oriente genera legiones de toxicómanos entre las capas más bajas de los países por los que circula hasta llegar al “Corredor Turco” de los Balcanes desde donde se distribuye a Europa.

En cuanto al haschisch, Marruecos sigue siendo el principal exportador mundial, si bien en Europa y en EEUU cada vez es más frecuente el cultivo de tiestos de esta planta en pequeña escala. Es significativo que en todos estos países la presión sobre este tipo de consumo vaya disminuyendo a incluso en algún país (Uruguay), tras despenalizarse ya se hayan realizado las primeras pruebas para su legalización en un proceso que en breve se extenderá a todo el mundo. Por otra parte, cada zona geopolítica tiene algún producto “estimulante” que, antropológicamente, está ligado a cultos iniciáticos y religiosos.

En estos países en los que la población goza, inicialmente, de un aceptable nivel cultural y de vida, y en donde hasta no hace mucho las clases medias eran mayoritarias, era en donde se avivaron movimientos contestatarios en los años 60-70 que luego fueron sistemáticamente absorbidos por los consumos de drogas. En Italia, como síntoma, el “movimiento del 77” fue literalmente destruido por el consumo de heroína  (especialmente la fracción compuesta por los “indios metropolitanos”). En otras zonas (como el País Vasco), las fuerzas de seguridad del Estado no se emplearon a fondo en la represión del narcotráfico y, simplemente, dejaron que sectores de la juventud vasca en los años 80 y 90 fueran pasto de las drogas evitando así que se incorporaran a los movimientos reivindicativos o, directamente, a ETA. En la actualidad, es evidente que los consumos ilegales, especialmente de drogas blandas, cada vez gozarán de más permisividad a la hora de sumir en situaciones letárgicas y apáticas a amplios sectores sociales arrojados a la crisis. Todo esto, indudablemente, hará que el papel de la neodelincuencia crezca y que se inter penetre con sectores de la administración y del mismo gobierno.

El dinero que mueve el narcotráfico y las distintas formas de neodelincuencia que veremos, hace que la represión policial sea hasta cierto punto ineficaz contra él. Un policía, una comisaría entera puede ser neutralizada simplemente con unos sobornos que absorberán no más del 10% del total de beneficios producidos por esos comercios ilícitos. Estos genera el que se formen dentro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado grupos mafiosos que realizan actividades ilícitas, detienen selectivamente a delincuentes y procuran que lo esencial de sus beneficios derive de sus actividades delictivas. La corrupción es un proceso invasivo al que no se puede combatir con la legislación habitual. De hecho, las legislaciones y las prácticas “políticamente correctas” utilizadas en los actores geopolíticos tradicionales para combatir a la neodelincuencia, no pueden ofrecen éxitos: el Estado (y, por consiguiente, la sociedad de la que el Estado es su encarnación jurídica) siempre juega con desventaja especialmente en aquellos países con legislaciones garantistas. El resultado final es que la represión sobre la neodelincuencia queda siempre neutralizada por las niveles de corrupción creciente en los cuerpos de seguridad del Estado y en la misma magistratura. Este cuadro queda agravado por le permisividad deliberada de los Estados ante determinadas drogas a fin de estar en condiciones mantener el control social y la tranquilidad.

Esta es una batalla desigual que se decanta de manera creciente a favor de la neodelincuencia y de su colusión con determinados niveles administrativos en un proceso de corrupción incipiente que, en el momento de escribir estas líneas no se ve como podría concluir con las armas facilitadas por las legislaciones de estos países. Y no debería ser necesariamente así: las leyes se pueden modificar inmediata y bruscamente mediante decretos. El problema es que no existe voluntad política para acabar con los comercios ilícitos y, para colmo, existe una predisposición por parte de los Estado a sumir a las masas en la pasividad y la narcosis más absoluta a la sociedad a fin de evitar protestas y movimientos sediciosos.

Los instrumentos de los que disponen las fuerzas de seguridad del Estado para afrontar a la delincuencia son inmensos y garantizan el éxito y la destrucción del narcotráfico en poco tiempo: legiones de funcionarios remunerados, tiempo ilimitado para analizar y buscar pruebas, avances tecnológicos prácticamente ilimitados en los sistemas de vigilancia e investigación, redes informáticas entrelazadas que pueden identificar anomalías y acumulaciones bruscas de capital en determinadas manos… bien, todo eso existe, pero nunca, absolutamente nunca, se utiliza de manera aplastante contra el narcotráfico y no tanto por una pulcritud casi extrema en el respeto a los derechos humanos (sería justo afirmar que los capos del narcotráfico tienen otro derecho que el de un juicio justo y que los derechos al alcance de un ciudadano normal no pueden ser los mismos que los de un mega-delincuente) como por un interés de parte: si los consumos de drogas desaparecieran de un día para otro, la gente en lugar de narcosis y apatía, es posible que experimentase más nítidamente la sensación de vida, que utilizara sus capacidades intelectuales y discursivas y que en pocos años cuestionaran cualquier aspecto del sistema socio-político de sus respectivos países. Eso hace que la delincuencia, que inicialmente debería tener perdida la batalla ante el Estado, dados los intereses de supervivencia del mismo, sobreviva siempre a cualquier represión teórica o real y que exista una colusión entre sectores de servidores del Estado y de la clase política con las grandes mafias de la delincuencia.

Algunas experiencias sucedidas desde principios del milenio han indicado a las claras cómo iba a evolucionar la situación en este terreno. La “intifada” que sacudió Francia en noviembre de 2005 y que, desde entonces, ha tenido sucesivos chispazos en el Reino Unido, Suecia, Alemania, Bélgica, nuevamente en Francia e incluso en España a partir de los episodios de El Egido, se une a lo que ya sabíamos de la vida en los guetos negros norteamericanos. En efecto, se trata de barrios a los que han ido a parar poblaciones homogéneas caracterizadas por estar próxima al umbral de la miseria y que habitualmente pertenecen a razas distintas a la que hasta ese momento ha constituido lo esencial de ese país. Son negros en EEUU, magrebíes y africanos en Europa, caucásicos en Rusia. Las desconfianzas y los odios étnicos hacen que las zonas en las que irrumpen estos grupos étnicos, con rapidez registren un vaciado de la población inicial y un rápido proceso en el que impongan su presencia y se conviertan en el único grupo étnico presente en el barrio. La falta de opciones laborales, y la baja formación profesional de estos grupos hace que estén fuera del mercado laboral y les sea imposible insertarse en él. Dentro de este marco, algunos descubren que la delincuencia en una forma de ganarse la vida que ayuda en muy poco tiempo a salir de la miseria e incluso a poder llevar un nivel de vida con ciertos lujos. En esas zonas, tienden a acumularse delincuentes y a establecerse mafias. Cualquier forma de “trabajo” o es ilícita o es no declarada. Así se forma un gueto. La característica central del gueto es que allí donde existe, el Estado ha dejado de estar presente. No puede haber administración fiscal, ni aplicarse legislación laboral alguna, las comisarías de policía son verdaderos “fuertes” en tierra hostil, una simple detención de algún maleante se convierte en una “operación militar” en la que los policías están pertrechados como un ejército en una tarea de ocupación.

En Francia, es decir, muy cerca de nosotros, hay 2.000 zonas de “non droit” y, un poco por toda Europa, en los arrabales de las grandes ciudades industriales, la inmigración de aluvión llegada desde los años 80 ha ido extendiéndose y sustrayendo cada vez más territorios a la administración real del Estado. Hay zonas en Francia que “están” en Francia, pero ya no “son” Francia. Son otra cosa muy diferente, tanto étnica, como social, cultural y económicamente. Estos guetos suelen estar tranquilos mientras llegan convenientemente subsidios y subvenciones, pero cualquier incidente imprevisto puede hacer saltar la chispa. Y en estas zonas gobiernan mafias locales sin discusión. En los años que vendrán veremos como los Estados negociarán y subsidiarán a estas mafias para que mantengan tranquilos los guetos.

Por este otro camino, las mafias de los guetos se convertirán en interlocutores válidos de las administraciones. En el año 2004, el Ayuntamiento de Barcelona ya negoció con los Latin Kings para evitar que su acción se fuera ampliando, en un proceso que sirvió solamente para fraccionar a esta formación, subvencionar a una de las cúpulas y hace que allí donde solamente había una mafia, apareciera media docena de subproductos. Hubiera sido mucho más simple la política de “mano dura”, encarcelamientos preventivos y repatriaciones forzadas antes que sentarse a negociar con una mafia.

El hecho de que dentro de los Estados existan áreas en las que el Estado ha desaparecido implica que se ha creado otra “administración” paralela compuesta por miembros de las mafias, que administran esa zona, reparten beneficios, autorizan la acción de tales o cuales grupos de delincuentes, y, por supuesto cobran rackets de protección, actividades todas ellas delictivas, pero equivalente a una “tarea de gobierno” invertida. Y los Estados, especialmente en Europa, transigen para evitar revueltas que evidenciarían su debilidad y su fracaso ante la neodelincuencia. “Si no los puedes combatir, únete a ellos, o déjales el campo libre, en cualquier caso, evita conflictos”, tal parece la consigna de las administraciones europeas.

Esta arista genera debilidad y conflicto en los actores geopolíticos tradicionales, establece un principio de convergencia entre sectores corruptos de los gobiernos y bandas mafiosas, y favorece el aumento y la persistencia de los tráficos ilícitos.

 

11ª Arista

Recursos energéticos y progreso científico con actores geopolíticos emergentes

La arista que recoje la confluencia entre la cara del cubo que representa a los actores geopolíticos emergentes con aquella otra en la que se encuadran los recursos energéticos y el progreso científico es extremadamente conflictiva. En efecto, la civilización moderna es la civilización de la energía y del progreso científico. Sin emergía, las fábricas detendrían su producción, la vida ciudadana, los transportes, se detendrían e inmediatamente la propia civilización declinaría. Ni uno sólo de los recursos de la modernidad, desde el transporte en automóvil hasta la energía eléctrica, pasando por la telefonía móvil o la microinformática, dependen directamente de la energía. Sin ella no es concebible la modernidad, salvo en las distopías estilo Mad Max. El progreso científico suele acompañar, especialmente, a la eficiencia de los recursos energéticos, especialmente en un mundo en el que la necesidad de energía supera a las posibilidades de producirla a precio aceptable.

Para colmo las fuentes de materias primas se encuentran en buena medida en los actores geopolíticos emergentes que, por el momento, siguen registrando las principales reservas de hidrocarburos y extensiones inexplotadas todavía de recursos minerales y biológicos. Así mismo, disponen de recursos demográficos extraordinarios y de élites culturales que no tienen inconveniente en formarse en universidades situadas en los actores geopolíticos tradicionales, donde se encuentran los principales centros de formación e investigación científica. Sin embargo, al acabar los estudios, es relativamente frecuente que dichos estudiantes no regresen a sus países de origen, sino que permanezcan allí donde han estudiado. Esto genera el que, por el momento, la vanguardia del progreso científico se centre todavía en los actores geopolíticos tradicionales.

Resulta una incógnita saber cómo evolucionará la situación en las próximas décadas. Todo induce a pensar que se tenderá a una lenta igualación e incluso a una especialización en zonas del saber. Ahora bien, si hasta la llegada de la gran crisis de la globalización iniciada en 2007, la investigación científica era realizada por el Estado, las Universidades y las Empresas, el nuevo ciclo iniciado entonces ha hecho que los actores geopolíticos tradicionales, especialmente Europa y EEUU, se vieran más afectados que los actores emergentes, lo que ha hecho que disminuyeran las asignaciones estatales para investigación científica y las empresas redujeran (o incluso liquidaran) sus asignaciones para investigación científica. Sin embargo, hasta la primavera de 2014, esta crisis ha sido menor entre los actores geopolíticos emergentes (sin olvidar que, a partir de esa fecha es presumible que, antes o después, estallen “burbujas” en distintas zonas de esa área que generen dificultades insuperables a la economía mundial) que han podido recuperar algo del retraso que tenían en la materia. Países como China o India, dotados de un superávit extraordinario gracias a su alto nivel de exportaciones, han acortado terreno con las potencias tradicionales. Sin embargo, es cierto que, tanto en unos como en otros actores, se tiende a concentrar la investigación en áreas muy concretas –las que pueden reportar mayores beneficios-: nanotecnología, ingeniería genética, criogenia, vinculadas especialmente a las ciencias de la salud, el gran negocio del siglo XXI. Otros sectores avanzan mucho más lentamente: la ingeniería aeronáutica, por ejemplo,  ha avanzado muy poco desde los años 80, ha existido solamente progreso “técnico”, en absoluto progreso “científico”. China, de momento, es capaz de hacer en astronáutica lo que EEUU o la URSS hicieron hace casi medio siglo. La robótica avanza todavía lentamente. La tecnología de los drones supone solamente una mejora de lo ya existente desde hace décadas. En terrenos como la agricultura los avances que se producen son cuestionables. La clonación está detenida desde los problemas que generó la “oveja Dolly” que siguen siendo insuperables casi quince años después del experimento. Se avanza aceleradamente en unos sectores de investigación, no en todos. Y la crisis económica ha favorecido hasta ahora el que los actores emergentes acorten terreno con los tradicionales.

Sobre la cuestión de la energía hace falta decir algo más. A partir de finales de los años 90 se produce un fenómeno importante: el cambio político en Venezuela con el consiguiente ascenso del presidente Chávez al poder. Si tenemos en cuenta que Venezuela es el principal exportador de petróleo a EEUU (por la proximidad y el volumen de su producción), el papel “díscolo” de Chávez impulsó a los EEUU, entre otras iniciativas, a promover nuevas prospecciones petroleras especialmente en la plataforma costera de África Occidental. Pero el cambio venezolano no iba a venir solo. Venezuela no era el único productor de petróleo que había sufrido un cambio político. Casi veinte años antes se había producido el derrumbe de la monarquía iraní y su sustitución por un régimen fundamentalista religioso. Irán es un productor petrolero de segunda división, pero a partir de 2002, la creciente escasez de petróleo, ha tendido a realzar su papel. El hecho de que se hayan descubierto nuevas tecnologías de extracción de petróleo (especialmente el fracking) retrasa solamente unos años el problema final: por el momento, no existe fuente energética de sustitución y cada día que pasa se consumen millones de barriles de petróleo que la naturaleza a incubado durante millones de años que no pueden ser sustituidos sino pobre y modestamente por pizarras asfálticas, hidrocarburos elaborados a partir del reciclado de aceites o bien de recursos biológicos.  

En 2003, se produjo un acercamiento histórico entre los gobiernos venezolano e iraní, al que pronto se sumó el cubano y, más tarde, el boliviano. A partir de ese momento, Cuba recibió suministro gratuito de petróleo venezolano. El ascenso al poder de Evo Morales y la intervención de la industria petrolera, supuso un nuevo refuerzo para este “eje”. Por otra parte, desde principios de los años 80, la OPEP –los productores tradicionales de petróleo– se iba debilitando, por la defecciones interiores y, especialmente, por el ascenso de la producción de países que no estaban integrados en dicha organización. Hoy, la OPEP representa un canal de producción minoritario en relación al total de las extracciones petroleras mundiales, realizadas al margen de sus directrices.

Por esto, la arista formada por los actores geopolíticos emergentes y los actores energéticos es hoy más importante que nunca. Todo induce a pensar que en los próximos años el eje propulsado por Venezuela-Irán va a ir aumentando su producción y peso específicos. A partir de esto puede entenderse el por qué los EEUU están interesados en desestabilizar ambos regímenes: no es para impedir que un gobierno pro-castrista se siente en Caracas o que el régimen de los ayatolahs amenace al Estado de Israel: si los EEUU quieren derribar a esos regímenes es precisamente por su importante volumen en la producción de crudos.

La línea de tendencia en este momento consiste en que algunos productores de petróleo no integrados en la OPEP se sienten solidarios con los actores emergentes o bien ellos mismos lo son. Se diría que, salvo en el caso de India y China, los actores geopolíticos emergentes son autosuficientes en materia energética y una parte importante del comercio mundial de petróleo pasa a través suyo, algo que los hace especialmente codiciados ante la perspectiva de escasez de crudo.

Por otra parte, los actores geopolíticos emergentes precisan, cada vez más, mayores recursos energéticos. La falta de experiencia de algunos en política internacional y, especialmente, la particular problemática interna de la mayoría (con fuerte presencia de movimientos religiosos fundamentalistas, o bien con problemas sociales agudos e irresolubles o de difícil solución) hace imposible prever cuáles van a ser los desarrollos de este conflicto. ¿Cómo puede reaccionar China si se ve acosada por intentos de desestabilización norteamericanos (a partir del Tíbet, del Turkestán chino, del Falung Gong o de la disidencia interior) y ve su crecimiento económico estancado? ¿cómo puede reaccionar India si su adversario geopolítico tradicional, Pakistán, puede ser espoleado a crearle problemas en la región de Cachemira? ¿Cómo puede reaccionar Irán si el gobierno norteamericano aumenta su presión por la cuestión de su proyecto nuclear? O lo que es mucho más inquietante: ¿cómo puede reaccionar el nuevo “eje del mal” formado en torno a Venezuela si logra superar los reiterados intentos desestabilizadoes y a través del ideal “bolivariano” logra ganar a otros gobiernos de Iberoamérica compitiendo con Brasil como potencia hegemónica en la zona?

Si la energía es el puntal del desarrollo, los países en vías de desarrollo son los que, desde luego, no pueden renunciar al suministro energético y detener su crecimiento económico, so pena de que se produzcan situaciones de inestabilidad interior absolutamente insuperables. Las guerras por el control de la energía, los golpes de Estado favorables a tal o cual actor geopolítico en pequeños países en los que se han descubierto bolsas de petróleo, serán algo cotidiano –lo están siendo- en los próximos años.

Hay en esta arista otro problema: el aumento de la población entre los actores geopolíticos emergentes es brutal. Solamente China ha tenido el valor de aplicar desde hace 30 años la política del “hijo único” para disminuir su presión demográfica, pero ahora, cuando la sociedad empieza a percibir los efectos y la pirámide de población se ha invertido, no está clara la sostenibilidad de aquella sociedad. África, en apenas 20 años, amenaza con doblar su volumen demográfico. A ello han contribuido las mejoras en la asistencia a la infancia y la disminución de la mortandad infantil. Sin embargo, estas mejoras sanitarias no se vieron acompañadas de un esfuerzo de instrucción y responsabilización de las poblaciones en el uso de anticonceptivos. En toda África la población ha crecido mucho más rápidamente que la industrialización, con lo que la inmensa mayoría de la población africana vive abocada a la miseria y al subempleo permaneciendo todavía muy lejos de los estándares europeos. Esto genera una presión demográfica que tiene su espita de salida hacia Europa por una parte y hacia conflictos internos generadores de hambrunas, mortandades generadas por guerras civiles y delincuencia, por otra. Pero existe otra consecuencia igualmente indeseable: el agotamiento de los recursos alimentarios del planeta. El “creced y multiplicaros” que comparten las tres religiones “del Libro”, es hoy completamente inviable. La mejora de los sistemas de cultivo y estabulación, de tratamiento de los alimentos y de presentación, tiene como contrapartida un ascenso vertiginoso de la inseguridad alimentaria que no es tomado en consideración por los gobiernos sino muy tardíamente. Ciertamente, las tierras pueden abonarse masivamente e incluso es posible que den varias cosechas al año… hasta que dejan de producir, completamente agotadas e incapaces de regenerarse a causa de la acumulación de abonos, pesticidas, herbicidas, fungicidas, vermicidas, que se ha vertido sobre ellas. A partir de ese momento son tierras muertas. En cuanto a los cultivos hidropónicos no pueden aplicarse en todo el mundo, especialmente desde el momento en el que el agua también se está convirtiendo en un bien escaso y comercializable. En el futuro, las guerras por el agua igualarán en violencia e intensidad a las guerras por el petróleo y el comercio del agua generará tanto movimiento económico que corre el riesgo de ser objeto de revueltas sociales que afectarán especialmente a los países emergentes.

El mundo multipolar solamente puede ser estable dentro de una perspectiva de suficiencia de recursos energéticos y alimentarios y de sostenibilidad ecológica. Y este es el problema: no existen recursos “sostenibles” en un planeta de posibilidades limitadas. Antes o después, algunas zonas del planeta (o algunos grupos sociales) quedarán al margen del progreso y de la modernidad. La demografía explosiva generada por la mejora de las condiciones sanitarias ha convertido en imposible la sostenibilidad del planeta. Ese es el problema de fondo, que se dará especialmente entre los actores geopolíticos emergentes y ante este problema el progreso científico no tiene ninguna respuesta, sino tan sólo una permanente fuga hacia delante.

Por tanto, es previsible que un mundo multipolar, en lugar de ser un mundo que se “sostiene” sobre varias “patas” (y por tanto es más estable que un mundo unipolar o bipolar) y por tanto tiene mayor estabilidad, sea un mundo en el cual tal estabilidad solamente se mantenga mediante la “paz armada” y la desconfianza y vigilancia recíproca, a costa de zonas marginales del planeta que, por su falta de capacidad para organizar Estados fuertes o potencias regionales, se vean desgarrados por el intervencionismo de las distintas potencias regionales. Nunca como en las décadas que se avecinan, el progreso científico y los recursos energéticos serán tan necesarios, pero nunca como hasta entonces se percibirán con tal nitidez los límites de dicho progreso y lo limitado de las fuentes de energía. La apelación a la ciencia para que restablezca el equilibrio entre necesidades y recursos, es la última línea optimista en el que se pueden refugiar las poblaciones, la última trinchera del progresismo. Así pues, esta arista es de un dramatismo extremo, especialmente porque las poblaciones de los actores geopolíticos emergentes crecen todavía a una velocidad endiablada y la necesidad de recursos es más fuerte que en otros lugares del planeta.  

 

12ª Arista

Recursos energéticos y progreso científico con actores geopolíticos tradicionales

 No parecería ser ésta en principio una arista conflictiva: a fin de cuentas, la meca del progreso ha sido siempre Europa y los EEUU que corresponden, más o menos, a los actores geopolíticos tradicionales junto a Rusia. Ahora bien, el talón de Aquiles de Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial es el suministro energético y poder garantizarlo permanentemente. Así como los EEUU disponen de yacimientos en su territorio (antes en el Sur y ahora en Alaska y en diversas zonas en las que se extrae mediante el procedimiento del fracking) y otro tanto ocurre con Rusia, Europa, por el contrario, es altamente tributaria del exterior en materia energética. Esta carencia se ha compensado hasta ahora con altos niveles de investigación científica, tanto en Europa como en los otros dos actores geopolíticos tradicionales, que han garantizado una mayor eficiencia en los rendimientos, fuentes de energía diversificadas, pero no suficiente como para eliminar el problema central: el consumo de energía aumenta a mayor velocidad que la creación de nuevas fuentes, lo que deja suponer que en un período más o menos largo, pero en cualquier caso limitado en el tiempo, se producirá el colapso. ¿A menos que la ciencia realice sustanciales avances en este terreno? Es posible, pero no seguro. De hecho, el resultado de las protestas antinucleares ha contribuido precisamente a agravar la situación.

En efecto, la energía nuclear garantizaba el suministro de energía allí donde la energía hidráulica o la energía térmica no llegaban. Con grandes inversiones era posible conseguir producir energía a un precio relativamente barato, eso sí, con riesgos, pero minúsculos en comparación a los que debería afrontar un mundo con déficit energético crónico. Las protestas ecologistas obligaron a los gobiernos a dar marcha atrás e ir cerrando centrales nucleares. El razonamiento era simple: si hay riesgo, impera el principio de seguridad, por otra parte, la utilización de energías alternativas hará innecesario asumir ese riesgo. El error procedía en tanto que la energía eólica, como la solar, todavía no habían alcanzado un nivel de eficiencia que las hiciese rentables y comercializable en gran escala. Los costos siguen siendo grandes, el rendimiento inferior a otras formas de energía y en cuanto al impacto sobre el medio ambiente sigue existiendo, infinitamente menor que el nuclear pero la fabricación de los componentes generaba abundantes residuos. Durante unos años países como España vivieron del espejismo de considerar a las energías alternativas, su instalación y rendimiento, como un “negocio”: era negocio en tanto que estaba subvencionado; no lo era si, prescindiendo de la ayuda estatal, se atendía al valor del kilowatio y a la capacidad de producción, acaso la peor relación inversión-riesgo. Y pasarán años, décadas quizás, antes de que los científicos logren aumentar exponencialmente la eficiencia de estas energías para que puedan ser consideradas como alternativas reales a las formas tradicionales de energía.

La esperanza en que el progreso científico solvente esta perspectiva es algo ingenua. Se está trabajando en esa dirección especialmente entre los actores geopolíticos tradicionales, pero se ignora si la producción de energía de fusión es técnicamente viable y, en caso de serlo, cuándo se podrá utilizar. Por otra parte, la energía es un arma y en un mundo multipolar como el que tenemos ante la vista resulta impensable admitir que en caso de aparecer nuevos recursos, éstos serán puestos al alcance de cualquiera actor.

La actitud de los distintos actores emergentes ante los problemas que plantea la escasez creciente de recursos energéticos varía según su tradición cultural: desde el humanismo europeo hasta la agresividad norteamericana, pasando por la tosquedad rusa. Los norteamericanos se han mostrado dispuestos a generar guerras para controlar los recursos energéticos y su conducción estratégica. Europa, al renunciar a la operatividad de sus fuerzas armadas, ha puesto en manos de los EEUU su defensa y, por tanto, está obligada a negociar con los países productores. En cuanto a Rusia, suele utilizar el chantaje energético cuando le conviene y no tiene inconveniente en exportar energía para obtener dependencia política de algunos países. Así mismo, entre los países emergentes las actitudes también varían desde la rapacidad desesperada china, hasta la capacidad de negociación india, la idea de autosuficiencia brasileña o iraní.  El camino hasta aquí ha sido largo y complicado.

El mundo de los hidrocarburos y su importancia para los actores geopolíticos tradicionales cobró forma a principios del siglo XX cuando el motor de explosión empezó a generalizarse y a partir de la Segunda Guerra Mundial, la victoria o la derrota de los ejércitos, se demostró que tenían mucho que ver con el control de los pozos petroleros. La victoria sonrió a las potencias aliadas en función de dos factores principales: el papel de los EEUU, resguardados de cualquier ataque por parte de las potencias del Eje y la seguridad con que rcibían el suministro petrolero (procedente de Bakú, Texas y Golfo de México). Alejamia y Japón, en cambio, se vieron castigados dramáticamente por la limitación de recursos petroleros (apenas procedente de Ploestri en Rumania y de las pizarras bituminosas de Prusia Oriental).

Los EEUU extrajeron consecuencias del conflicto y pactaron el mantenimiento de la dinastía de los Saud en Arabia Saudí, a cambio de la garantía de suministro de petróleo. Diez años después de concluir la Segunda Guerra Mundial, el suministro de petróleo ya se había reorganizado. Las “siete hermanas” (las grandes compañías petroleras hasta los años 90) acometieron la explotación sistemática de las reservas, utilizando capital occidental. Por su parte, la mayoría de los países productores de petróleo se organizaron en la OPEP que jugó un papel capital en la regulación de los precios y de los volúmenes de extracción, alcanzado su momento álgido con motivo de la primera crisis del petróleo en 1973, tras la Tercera Guerra Árabe–Israelí.

En esa época, la OPEP estableció cuotas de producción, dirigió flujos petroleros, reguló los precios y, así, contribuyó a la estabilidad del sistema mundial y, especialmente, garantizó la regularidad en el suministro de energía a precio estable y barato hacia el Primer Mundo. La URSS, por su parte, era autosuficiente en materia energética y la industria formaba parte del gigantesco conjunto estatizado propio de una economía comunista.

El hundimiento del superpetrolero Torrey Canyon, en 1969, provocó la primera marea negra a partir de la cual prosperó la conciencia econólica, justo en el momento en que empezaba a generalizarse la aplicación pacífica de la energía nuclear. A esto se unió el impacto de la crisis del petróleo de 1973. Estos dos hechos hicieron que algunos empezaran a advertir los riesgos de depender exclusivamente del petróleo y el carbón, primeros productores de polución atmosférica y con riesgo de agotamiento. Entre 1969 y 1989, la energía nuclear se consideró la alternativa más ventajosa a los combustibles fósiles. Sin embargo, a partir del desastre de Chernobil, la abolición de la energía nuclear se convirtió (sólo en el Primer Mundo) en un slogan electoral, asumido primero por los ecologistas, luego por la izquierda progresista y más tarde por la derecha conservadora. Esto no fue óbice para que en el Forum 2004 de Barcelona, el ex presidente soviético Gorbachov, reivindicara –sin éxito- la necesidad de la energía nuclear para asegurar el crecimiento económico, cuando ya se advertía el punto de inflexión entre un consumo petrolero en crecimiento continuo y el descenso en el hallazgo de nuevos pozos petroleros, la energía nuclear estuvo prácticamente proscrita en el Primer Mundo, incluso hoy se siguen cerrando centrales, mientras que en el Tercer Mundo –especialmente en China– prosigue la construcción de nuevas.

La contradicción estriba en que mientras la energía nuclear se muestra a medio plazo como la única posibilidad de obtener energía a precio asequible, en tanto los proyectos de energía de fusión no puedan concretarse y comercializarse (lo cual no ocurrirá antes del 2035 ó 2040), la “conciencia ecológica” (más o menos superficial) de las poblaciones acomodadas del Primer Mundo, impide que cualquier gobierno resuelva abordar la construcción de nuevas centrales nucleares, salvo que esté dispuesto a asumir los costes electorales de la decisión. En estas condiciones, el futuro energético del Primer Mundo, especialmente de Europa, se presenta como problemático.

(c) Ernesto Milá - info-krisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Análisis de coyuntura

Análisis de coyuntura

Info|krisis.- Reproducimos la primera parte de un documento elaborado estos días. Se trata de un análisis de la coyuntura internacional, europea y española, una especie de fotografía a mediados de febrero de 2014. Dicho documento puede tener interés para quienes quieran insertar su actividad dentro de este contexto político. Se trata de un análisis rápido que anticipa algunas claves que se producirán a lo largo de este año.

Primera Parte: análisis político

1. Análisis político internacional: una situación de crisis, la crisis de la globalización

El destino ha querido que nuestra acción esté encuadrada en un tiempo en crisis. Para analizar cómo se ha llegado a esta crisis vale la pena leer los escritos publicados en info-krisis desde 2007 y los que se publicaron en la revista Identidad en esas mismas fechas porqué es entonces cuando se inicia el ciclo actual caracterizado por estallidos de burbujas primero, crisis bancarias después, crisis de la deuda, descenso de la actividad económicas y constantes promesas de recuperación y de “luces al final del túnel” que en realidad son más bien la claridad que se ve desde el fondo del pozo. En el momento actual, cuando ni se han resuelto los problemas de déficit presupuestario en EEUU y en España, cuando las deudas acumuladas respectivamente son de 12 billones de euros y de 1 billón de euros, esto es, impagables, y la economía de estos países se sostiene en las exportaciones, ahora estamos a punto de entrar en una nueva fase de la crisis que tendrá repercusiones directas y graves en nuestro país.

1.1. Se está acumulando el potencial explosivo para que el estallido de una nueva burbuja sacuda, a partir de primavera-verano de 2014 a Brasil y, por extensión, a la mayor parte de Iberoamérica. El proceso será muy parecido al español: primero estallido de la burbuja especulativa en la construcción, luego parón de la economía, rescates bancarios, crisis de deuda… El problema es que esto ocurrirá en un país mucho más turbulento que España, con más peso político, más volumen de población, una economía varias veces mayor y con unas estructuras democráticas muy débiles.

1.2. Las economías iberoamericanas están vinculadas estrechamente a las de EEUU y a España, con lo que la crisis repercutirá en un descenso de las exportaciones a esos países, una merma en los beneficios de las multinacionales que están implantadas allí y volatilización de capitales europeos y norteamericanos invertidos en esas zonas. Lo que lleva a pensar que el estallido de esa crisis repercutirá en UE y especialmente en España, con lo que cualquier posibilidad de recuperación se extinguirá desmintiendo las optimistas previsiones del gobierno. La disputa por la órbita en la que se sitúa Venezuela, principal proveedor de petróleo de los EEUU y, al mismo tiempo, en una órbita disidente, termina por enturbiar las cosas en Iberoamérica: zona, recordamos, con la que nuestro país está vinculado por abundantes lazos económicos. Todo lo que ocurra allí que sea negativo, dejará sentir sus efectos en España.

1.3. Por otra parte, aunque algo más lejos en el tiempo, tampoco la situación en China es favorable al progreso económico indefinido. En realidad, ocurre todo lo contrario. Los 30 años de política del “hijo único” empiezan ahora a dejar ver sus desastrosos resultados: la pirámide de población está a punto de invertirse y la edad media del país va aumentando dramáticamente. El control del Partido Comunista sobre la sociedad no podrá prolongarse indefinidamente y allí también existe una burbuja especulativa imposible de prolongarse en el tiempo por mucho tiempo. China tiene pendiente su “revolución burguesa” y, antes o después, estallarán contradicciones insuperables entre la creciente burguesía adinerada y el férreo control que sigue imponiendo el Partido Comunista. Sin olvidar que la bajada de PIB chino, aunque sea de medio punto, influye inmediatamente en el aumento de decenas de millones de parados desarraigados que no hace mucho abandonaron el campo. La burbuja inmobiliaria china, finalmente, es tan espectacular como puso serlo no hace mucho en España. Los testimonios directos del interior de China que hemos podido recabar con extremadamente pesimistas.

1.4. Así pues, la globalización se ha convertido a partir de 2007 en una sucesión en cadena de crisis económicas que afectan a regiones enteras, las cuales entran en depresión, para luego, cuando se están recuperando, el estallido se produce en otras regiones, arrastrando a quienes estaban superando la crisis de nuevo hacia las profundidades. La perspectiva económica mundial, a partir de 2007, está compuesta por una sucesión de crisis espaciadas que generarán chispazos en diversas zonas del planeta y por una imposibilidad de estabilizar la economía mundial.

1.5. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, la característica nueva de la globalización es ya no está controlada por nadie, no existe un “centro dirigentes” formado por “judíos”, “iluminati”, “oligarcas”, etc, que controlen los procesos económicos, sino que en su cúspide inmaterial tienen solamente unos valores que engrasan, estimulan y alimentan el mecanismo de la globalización: afán de lucro, usura, especulación, acumulación de capital, explotación enloquecida de recursos, subordinación de la política a la economía y del beneficio inmediatista a la planificación, etc. La globalización es una máquina desbocada que ya no responde a ningún control y que camina hacia su autodestrucción.

1.6. El fantasma de una guerra localizada en Oriente Medio, lejos de haberse disipado aparece de nuevo como el escenario más favorable para salir de la crisis económica internacional. La venta de armamentos convencionales, el desplazamiento de contingentes, el suministro de repuestos bélicos y alimentos, la reconstrucción de las zonas destruidas en el conflicto, los créditos a las partes en conflicto, todo ello se configura como en ocasiones anteriores, como la única forma para poner de nuevo en marcha las cadenas de producción y generar un movimiento económico capaz de superar la actual crisis y la que se avecina. La única zona del planeta en la que existen diferencias insalvables entre Estados vecinos es en Oriente Medio en donde la supervivencia del Estado de Israel y la intención del régimen iraní en convertirse en potencia regional para lo cual, precisa confirmarse como potencia nuclear, se une a las bolsas de petróleo codiciadas por todos los actores internacionales.

1.7. Así pues, la perspectiva internacional en los próximos años estará dominada por una crisis económica sistémica en la economía mundial, con chispazos aleatorios que impedirán una recuperación estable y en segundo lugar por la cada vez mayor convicción de que solamente una guerra localizada en una zona geográfica podrá superar la crisis.

2. La situación en Europa: fracaso, impotencia y estancamiento de la UE

2.1.  Circunscribiéndonos a nuestro espacio político, la Unión Europea, cabe decir que desde hace 10 años, se ha constatado el estancamiento en la “construcción de Europa” y la imposibilidad de ir más allá de la unificación monetaria. Hace ocho años ya se renunció a la existencia de una “constitución europea”. Ahora, incluso, se percibe que el camino recorrido por el euro no fue el mejor posible.

2.2. Hay que valorar la UE en su justa medida: inicialmente surgió como producto del acuerdo franco-alemán de postguerra destinado a garantizar la estabilidad de precios de los productos agrícolas (la “Europa verde”) en el espacio europeo y para evitar futuros conflictos franco-alemanes (tres en tres generaciones desde 1870). El “núcleo duro” del Mercado Común, así pues, fue –y sigue siendo- el eje franco-alemán. Se trataba de hacer de este eje el “centro” de Europa y del resto del continente una “periferia”. El centro producía materiales estratégicos y de alta tecnología y los exportaba a la periferia. Cuando mayor fuera el tráfico entre centro y periferia en las dos direcciones, mayor sería el progreso del espacio europeo.

2.3. El tratado de adhesión de España a la UE es buena muestra de lo que decimos: el centro exige que para ser admitida España renuncie a sectores enteros de su economía (siderurgia, industria pesada, astilleros, minería) a cambio de recibir fondos estructurales y puertas abiertas para las exportaciones de manufacturas. El cálculo franco-alemán era que se podía ayudar al desarrollo de la periferia europea porque así aumentaría la capacidad de absorción de esos mercados. Y el plan se demostró acertado (a costa de la pérdida de tejido industrial de España)… hasta que estalló la crisis de 2007.

2.4. En ese momento el centro franco-alemán exigió a los gobiernos europeos que se comprometieran a

1) salvar a las instituciones bancarias en crisis, especialmente a aquellas que habían contraído deudas milmillonarias con entidades de crédito (especialmente alemanas y en menor medida francesas),

2) realizar ajustes económicos y laborales que hicieran “competitivos” a los países de la periferia europea (con el objetivo de reducir salarios para poder competir con los ofrecidos en China y en Vietnam más los gastos de transporte de mercaderías),

3) endeudar a los Estados obligándoles a emitir deuda pública y

4) imponer políticas de austeridad presupuestaria sobre las sociedades de la Europa periférica, evitando la devaluación del euro y cualquier medida que influyera negativamente en el superávit y los ahorros del Estado alemán.

2.5. Esto explica el porqué la crisis económica se ha notado menos en las economías del eje franco-alemán que en la periferia. Pero, en realidad, lo único que han logrado es:

1) verse perjudicados por la crisis en ultimo lugar, pero finalmente, acabar también afectados por ella: primero Francia y luego Alemania que todavía puede permitirse subsidiar a legiones de inmigrantes (por ejemplo a un 25% de la población berlinesa) a costa, eso sí de rebajar los salarios y ver como disminuye la capacidad adquisitiva de la población, con lo que el consumo se estanca y la única salida viable es el recurso a la exportación;

2) Los estancamientos y/o descensos salariales se han realizado mediante la inyección de millones de inmigrantes tanto en el centro como en la periferia de Europa;

3) Seguir renunciando a la seguridad europea y confiándola a los EEUU para evitar destinar a la partida de defensa los fondos que serían necesarios para asegurar una neutralidad armada;

4) Detener la construcción de Europa ante el surgimiento de sospechas de que el eje franco-alemán no ha realizado fair-play y se ha valido de los instrumentos económicos comunitarios para garantizar que la crisis les afectaría en último lugar a ellos, países motores de la UE; y

5) insertar la UE dentro del mapa mundial de la globalización como una pieza económica más cuya fortaleza no está acompañada de un poder político real (a diferencia del resto de actores mundiales: EEUU, Rusia, China, y en menor medida India, Irán, Brasil).

2.6. Para colmo, la tendencia de todos los Estados europeos es aumentar la presión sobre las rentas precedentes del trabajo e ir disminuyendo progresivamente la presión sobre las rentas procedentes del capital, beneficiado además por los entramados de “ingeniería financiera” que permiten eludir aún más cargas fiscales a los “señores del dinero”, pero disciplinan a las clases medias, los dependientes de una nómina, las pequeñas y medianas empresas y los funcionarios. De ahí que la tendencia a la que se camina es a la destrucción de las clases medias y a una proletarización creciente de las sociedades. En este nuevo marco social las orientaciones culturales que prevalecen son las difundidas por la UNESCO a la que se muestran extremadamente receptivos todos los gobiernos europeos: humanismo universalista, defensa del mestizaje (como forma de atomización social), multiculturalismo, medidas de ingeniería social, destrucción de los restos de estructuras tradicionales, etc. Para colmo, en materia de defensa, la UE sigue externalizando sus responsabilidades en esta materia a los EEUU a través de la OTAN que, hasta ahora, no ha sido más que una alianza militar testimonial y simbólica que reconoce el liderazgo de EEUU en materia de defensa con la misma relación que un rey feudal con sus vasallos (los imperios no tienen aliados, solo vasallos). Todo esto (debilidad de la estructural social europea, orientaciones culturales anti-europeas y renuncia al ejercicio de la defensa) contribuye a acentuar la debilidad de la UE y a resaltar su insignificancia política.

2.7. En toda la UE, esta crisis aparece cuando el continente sigue gobernado por las mismas fuerzas políticas que llegaron en 1945 en los furgones de los vencedores. Todo el continente se ha organizado políticamente en torno a un centro-derecha y a un centro-izquierda (en Europa Occidental) o a las que surgieron después de la caída del muro de Berlín (en Europa Oriental) que, básicamente responden a la misma simetría con diferentes actores. Cuando se inicia la crisis a partir de 2007, estas fuerzas políticas están ya muy desgastadas y, para colmo, han cometido dos errores:

1) han ido transfiriendo competencias que hasta entonces residían en los gobiernos nacionales, al Parlamento Europeo pensando que allí su control era total y mayoritario;

2) han pensado que conseguirían eternizarse en el poder por mucho que fueran focos de corrupción, mala gestión y dilapidación de recursos.

Bruscamente, en estos días, los partidos tradicionales de centro-derecha y centro-izquierda se dan cuenta de que en las próximas elecciones europeas la perspectiva de voto de los partidos euroescépticos, anti-inmigracionistas y populistas-nacionalistas va a aumentar drásticamente hasta poder bloquear o hacer muy difíciles la toma de decisiones en la UE. Todo esto se produce antes de que el reavivamiento de la crisis a causa del estallido de burbujas especulativas en Iberoamérica haga imposible una recuperación de la economía europea y prolongue aun más la crisis, por tiempo indefinido.

3. La situación en España: una sociedad que está llegando a su límite

3.1. Rajoy aprendió algo del zapaterismo: tratar por todos los medios de suscitar la esperanza para olvidar la triste realidad. Es lo que ha hecho desde que llegó al poder: “hoy va mal, pero si aguantamos un poco, mañana las cosas mejorarán”. Esto, dicho de todas las maneras posibles, puede retrasar el enfrentamiento con los graves problemas que tiene la sociedad española ante sí, pero éste se producirá antes o después.  Y la perspectiva que tiene España en el próximo lustro va a ser dramática.

3.2. El país va a tener que afrontar las crisis independentistas en Cataluña y la Comunidad Vasca. No creemos posible que se llegue a una situación de ruptura del Estado, pero si estamos convencidos de que la resolución a la crisis generará tensiones y odios que se prolongarán durante generaciones. Sin embargo, en el momento actual, el independentismo catalán está persuadido de que puede alcanzar su objetivo histórico en 2015: referéndum, ejercicio del derecho a la autodeterminación, secesión, nuevo Estado, futuro esplendoroso. Es evidente que tal perspectiva solamente puede ser definida por unos optimistas inconscientes y que la realidad es mucho más limitada: negativa a celebrar un referéndum, ruptura del frente independentista, recriminaciones mutuas, reflujo del movimiento, radicalización de los sectores minoritarios y más beligerantes. Y, finalmente, resquemores y heridas permanentes en la sociedad catalana y vasca que tardarán en restañarse.

3.3. En el País Vasco y Navarra, la ofensiva independentista se entrecruza con el problema de los presos de ETA y de la negociación con la banda. Hay que ser realistas: ese es un episodio que ya pertenece al pasado. ETA ha vencido: entre 3 y 5 años las cárceles se vaciarán con distintas excusas y los cargos electos de Amaiur y de Bildu estarán presentes en todas las instituciones como fuerza decisiva, prácticamente exigiéndole que no haga más atentados, algo que policialmente ya no está en condiciones de realizar desde 2005.

3.4. La diferencia entre Cataluña y el País Vasco es que en la primera comunidad la existencia de 1.250.000 de inmigrantes (+500.000 naturalizados españoles), con mayoría musulmana, genera una bolsa inintegrable y una situación muy parecida a las banlieus francesas. Sin la vinculación al Estado Español, Cataluña, a medio plazo, no puede contener a toda esta marea que el independentismo está cortejando a la vista de su peso creciente. Es precisamente la presencia de esos contingentes lo que hace imposible la independencia catalana. En lo que se refiere a su clase política: en Cataluña se ha producido una fragmentación creciente del mapa político y la aparición 8 ó 9 formaciones políticas, mientras que en el País Vasco todavía se mantienen las formaciones tradicionales sin alterar prácticamente el discurso.

3.5. Es evidente que Rajoy ha optado por realizar el ajuste duro en sus primeros meses de gobierno, pensando que luego la situación mejoraría y que el próximo ciclo electoral coincidiría con una época de bonanza económica. Estaba equivocado, como ZP lo estuvo antes. La crisis se va a prolongar mucho más de lo que esperaban. Y eso mermará necesariamente sus posibilidades electorales. La suerte de Rajoy estriba en que su principal oponente, el PSOE, está todavía muy descompuesto por la “pasada por el zapaterismo” y aún no ha enunciado un programa que ilusione a la población, imprima carácter a su propia sigla, ni forjado un liderazgo con carisma y capacidad de arrastre. El empobrecimiento de la clase política socialista desde finales de los 80 ha sido acelerado y dramático: el PSOE ahora ya no tiene reemplazos de calidad, solamente tristes mediocridades sin formación, sin capacidad, sin orientaciones claras. Tal como preveíamos, el ocaso del zapaterismo marca también la imposibilidad de reconstruir una formación socialdemócrata digna de tal nombre.

3.6. Las cifras de la inmigración son vertiginosas: 8.000.000 de inmigrantes llegados desde 1997, de los que 2.000.000 ya tienen la nacionalidad y otros cuatro la obtendrán entre 2014 y 2020, sin olvidar que su tasa demográfica es cuatro veces la española, lo que implica que hacia 2020 constituirán un 25% de la población total del país, tratándose en casi todos los casos de personas con muy baja cualificación profesional, en buena medida inintegrables y que solamente pueden desempeñar trabajos de escaso o nulo valor añadido. De estas cifras, en los mejores momentos del año, solamente cotizan a la Seguridad Social y por las franjas salariales más bajas, 1.500.000 personas. Insuficiente para compensar los gastos sociales que generan (sobre el volumen del cual existe más misterio que sobre las balanzas fiscales).

3.7. El desprestigio de la partidocracia y la caracterización del régimen nacido en 1977 como el “reino de la corrupción”, es irreversible: ni la monarquía, ni el parlamento, ni los partidos, ni los gobiernos autonómicos, ni las administraciones municipales, ni el poder judicial, ni los sindicatos, serán vistas por la población nunca más como instituciones ejemplares, sino como cuevas de ladrones, trincheras para defender intereses personales y refugio de inútiles, ambiciosos y espabilados. Se aquí da una de las “condiciones objetivas” para el hundimiento de un régimen: el desprestigio de los portavoces del mismo y de todos sus niveles institucionales.

3.8. Otro factor de inestabilidad es que el régimen político español, diseñado como un régimen de bipartidismo imperfecto, camina hacia la atomización política, con la entrada en el parlamento cada vez de más fuerzas políticas entre las que abundan las rivalidades, los personalismos, la falta de entendimiento, las ambiciones y la incapacidad para alcanzar niveles de coherencia (ver lo que está ocurriendo en estos momentos en Navarra o el acuerdo imposible entre C’s y UPyD o los problemas interiores permanentes de IU, o los reproducciones clónicas por la derecha, Vox, con su programa de derecha-derecha de los años 80). Todo induce a pensar que ha concluido el tiempo de los “gobiernos en mayoría” y que cada vez más, para gobernar, será preciso llegar a acuerdos trenzados con más actores, cada uno de los cuales reclamará su parte del pastel.

3.9. A esto se añade otro problema esencial: la pérdida de vigor de las fuerzas que habían apoyado en 1975-78 el advenimiento del régimen constitucional, especialmente de los grupos mediáticos: la crisis del papel y la transformación de la información hacia soportes digitales ha hecho que los medios de comunicación tradicionales perdieran peso en beneficio de los medios digitales. Las grandes cadenas mediáticas que estuvieron presentes en la transición, formaron el estado de opinión favorable al advenimiento de la democracia, están hoy agonizando: Zeta en desintegración, Prisa descuartizada y vendida por partes, Cadena 16 muerta en combate, su sucesora Unión Editorial en las últimas, Grupo Godó sobreviviendo a costa de venderse a la Generalitat, Vocento con dificultades crecientes… Frente a ellas aparece el poder mediático digital: no es que estemos ante una situación de “igualdad”, sino que, hoy ya es más difícil controlar a la opinión pública, porque las fuentes de información son múltiples y mucho más accesibles y baratas que antes.

3.10. Es previsible que en las próximas elecciones europeas y en las siguientes convocatorias electorales la “banda de los cuatro” (PP, PSOE, CiU y PNV) obtengan resultados inferiores a los actuales y suban las opciones hasta ahora minoritarias (IU, UPyD, C’s, ERC, Amaiur-Bildu, pequeños grupos regionalistas). Lo que induce a pensar que ningún partido tendrá mayoría absoluta sino que se verá obligado a gobernar en coalición. Situaciones así generarán momentos de inestabilidad que se sumarán a la persistencia de la crisis económica. Mas allá de 2016 será imposible seguir gobernando suscitando la esperanza y es a partir de entonces, cuando se cumplirán nueve años del inicio de la crisis que se habrá llegado al límite de la espiral iniciada en 2007.

3.11. Vale la pena recordar las repercusiones de “las crisis”: primero de la crisis económica; su persistencia terminó generando crisis social sin precedentes que todavía no ha llegado a su límite, caracterizada por aumento del paro, especialmente entre la juventud, inicio de un fenómeno emigratorio de nuestros ciudadanos jóvenes, compresión de las clases medias, alteraciones en la estructura de las familias, imposibilidad para formar nuevas familias, signos crecientes de ampliación de la franja de familias desestructuradas, banalización del haschisch, alcoholismo creciente, aumenta de las enfermedades psicológicas, sensación de inseguridad y miedo al futuro, falta de perspectivas, insatisfacción creciente, descenso del consumo, etc, etc. La imposibilidad de superar estas dos crisis (la económica y la social) y sus interrelaciones, desembocará –está desembocando- en una crisis política generalizada que debería obligar a correcciones en profundidad de la arquitectura constitucional y a reformular el papel de España en Europa (e incluso de la misma UE): pero para entonces PP y PSOE ya no tendrán los dos tercios necesario para realizar esas modificaciones, así que se abrirá un período de inestabilidad política, peligroso para la existencia misma del régimen surgido en 1978. A ello se unirán problemas como la desembocadura de la crisis secesionista en Cataluña y el País Vasco, la sucesión de Juan Carlos I, la estabilización del paro en torno a 5.500.000 de desempleados, una situación internacional explosiva, la llegada de más inmigrantes, la concesión de nacionalidad a otro 1.500.000, sus altas tasas demográficas y su baja cualificación laboral que generarán inevitablemente disturbios sociales, crean un marco cada día más inestable y explosivo.

3.12. Sin haber desaparecido la crisis económica, sin haber llegado al límite la crisis social, en los próximos cinco años se avecina una crisis política, constituyendo un marco global sin precedentes en la historia de España y de gravedad desconocida hasta ahora. No son dos concepciones de “España” lo que se van a enfrentar (lo que indicaría cierta “vitalidad”), sino que lo que tenemos ante la vista es la erosión primero y el desplome después del Estado y de su organización. El diagnóstico que podemos establecer es de gravedad extrema: este proceso es irreversible y ya nada puede atenuarlo a menos que se iniciara –algo a excluir- una espiral brutal de progreso económico con tasas de PIB superiores al 4%. En 2020 habrá toda una generación de jóvenes que nunca habrán trabajado y que nunca podrán competir en experiencia laboral demostrada, el descontento entre la juventud ante la falta de perspectivas, el exilio económico y los salarios de hambre causarán estragos. El miedo a la quiebra del sistema de pensiones y a perder lo poco que se dispone contribuirán a mantener la calma. Pero los procesos independentistas, los niveles de corrupción, los estallidos de violencia por parte de la inmigración, los problemas de sucesión y la inviabilidad de un sistema de bipartidismo imperfecto para un parlamento cada vez más fracturado, todo ello, acumulado no puede dar lugar al optimismo: lo que tenemos por delante es una larga crisis ante la que hay tres opciones personales: abandonar el país lo antes posible, callarse y apechugar con lo venga, o tratar de hacer algo.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - prohibida la reproducción sin indicar origen

Estudios sobre la masonería

Estudios sobre la masonería

EMInves acaba de publicar el libro de Ernesto Milà Estudios sobre la masonería. Dicha obra fue inicialmente publicada por PNL Books. Habiéndose agotado y ante las peticiones de amigos y lectores, la hemos reeditado. La lectura de dicha obra es imprescindible para tener una perspectiva extremadamente realista de lo que es y ha sido la masonería, su origen, su presencia en España actualmente, los aspectos de su organización y simbolismo y lo relativo a las organizaciones "paramasónicas". Ofrecemos la introducción de la obra, el sumario y las características del libro que puede ser solicitado a eminves@gmail.com

Introducción a la obra

La masonería es una sociedad todo lo discreta que se quiera, pero suficientemente conocida. Así pues, ¿para qué dedicar un nuevo libro a la masonería? Es simple: no todos los aspectos de la orden han sido expuestos al público español. Frecuentemente los estudios sobre la masonería están escritos desde el punto de vista de los admiradores incondicionales o de los detractores radicales. En estas condiciones es difícil conocer cuál es, exactamente, el rostro de la masonería, de ahí que hayamos reunido una veintena de artículos publicados en los últimos 15 años sobre la masonería. Les hemos dado un denominador común subtitulándolo: El verdadero rostro de una sociedad secreta.

Hemos puesto especial énfasis en varios aspectos mal conocidos o, simplemente, desconocidos. El primero de todos ellos es el rostro de la masonería originaria, la llamada «operativa» sobre la que apenas existen referencias en España. Este fenómeno, que sobrevive todavía en Francia en el llamado «compagnonage», estuvo en otro tiempo extendido a toda Europa. Sin embargo fue en el vecino país en donde ha conservado hasta un tiempo más reciente sus tradiciones, uno de ellos particularmente interesante, el «tour de Francia», del que, hasta ahora no se ha publicado nada en nuestro país. El hecho de que los masones operativos pusieran particular énfasis en el «viaje» como elemento iniciático, nos ha permitido añadir un pequeño artículo sobre los «nobles viajeros» de la antigüedad en los que se inspiró la institución del «tour».

En el segundo capítulo hemos abordado un tema de particular interés puesto que la masonería reivindica una legitimidad iniciática. Hemos intentado responder a la pregunta de si la iniciación masónica es o no «regular» según los parámetros establecidos por René Guénon. El tema es fundamental: si de lo que se trata es de establecer si el tránsito de la fundación de la Gran Logia de Londres —la primera logia «especulativa» que renunció al trabajo «operativo» sobre la piedra— se realizó conforme a las exigencias de la regularidad iniciática. De la «regularidad» de esa primera logia madre deriva la de toda la construcción ulterior, en todos sus ritos y en todas sus grandes logias. Podemos anticipar la respuesta: existen datos más que suficientes para poder afirmar que la «regularidad» se rompió en el mismo momento en que unas logias, hasta 1714, constituidas regularmente, dieron lugar a una nueva logia especulativa.

El siguiente capítulo, hemos abordado algunas cuestiones que han vertido mucha tinta en los últimos doscientos años. La masonería, frecuentemente, ha tenido unos contornos mal definidos y ha generado un clima favorable para la aparición de lo que se ha dado en llamar «paramasonerías» por una parte, por otra, donde se ha producido una ósmosis con los distintos movimientos ocultistas. La Orden de los Iluminados de Baviera, la sinarquía y los distintos movimientos sinárquicos, el papel de los franc-masones en la revolución francesa, la masonería femenina, los grandes nombres del ocultismo setecentista, todos los cuales fueron miembros de la masonería, el antimasonismo de Leo Taxil, su origen, ocuparían, en principio, un espacio marginal en la historia de la masonería, sin embargo, merecen ser estudiados en relación a la masonería misma en la medida en que son también organizaciones que aspiran al marchamo iniciático. En el caso de Taxil, su importancia deriva, inicialmente, de que se trató de un franc-masón ganado para el antimasonismo por simple ambición y afán de notoriedad

Habitualmente, todos los textos publicados en España sobre la masonería examinan la historia de la masonería internacional, solamente en unos cuantos títulos minoritarios y eruditos, se aborda la historia de la masonería en nuestro país; pero, incluso en estos textos, es imposible encontrar una puesta al día de la historia masónica hasta nuestros días. Lo hemos intentado tras realizar varias excursiones por la historia masónica de España. Le hemos dedicado un parágrafo al fundador de la primera logia en España, el Duque de Warthon, hemos añadido un capítulo sobre el tránsito por España de aquel formidable personaje situado entre el truhanismo y la iniciación que fue Giuseppe Balsamo, más conocido como el Conde de Cagliostro.

Hemos abordado, así mismo, un capítulo particularmente desagradable en la historia de la masonería que, frecuentemente, es despachado en pocas líneas por los historiadores masónicos: la responsabilidad de la masonería en la pérdida del Imperio, esto es, en los acontecimientos que llevaron a la crisis finisecular del siglo XIX. Nos ha parecido también interesante, incluir un ensayo sobre la Sociedad de los Caballeros Comuneros, una sociedad secreta mucho más que discreta, liberal y conspirativa, construida a imagen, semejanza de la Sociedad Carbonaria; ésta, a su vez, inspirada en la masonería forestal de los bosques del Jura. Los comuneros, como los carbonarios, serían «paramasonerías», el estudio de los primeros nos ha dado la excusa para mostrar las relaciones, frecuentemente hostiles, entre las tres sociedades ocultas que recorren subterráneamente la primera mitad del siglo XIX español.

Como en todo estudio sobre la masonería no podía faltar un capítulo sobre el simbolismo masónico. Lo hemos abordado partiendo de un hecho que parece haber pasado desapercibido para los historiadores y estudiosos de la franc-masonería: la importancia de las dualidades en la simbólica masónica que parte de la constatación de la importancia que la orden da a los «dos juanes»: San Juan Bautista y San Juan Evangelista, desdoblamientos ambos del antiguo dios romano Jano, el Janus bifronte cuyo culto se practicaba en los Collegiae Fabrorum de la romanidad. A partir de ahí, abordamos el estudio de los símbolos masónicos agrupándolos de dos en dos.

Finalmente, como anexo, hemos juzgado interesante incluir un estudio detallado sobre el origen de una mitología de la modernidad en la que la masonería aparece en distintas ocasiones. Nos referimos al «afaire» del cura de Rennes-le-Château

que alcanzó fama mundial, transplantado al mundo de los bestsellers, primero con el libro El Enigma Sagrado y, veinte años después, se mantuvo durante meses en la lista de los libros más vendidos de la historia con El Código da Vinci. Estamos, pues, en el terreno vidrioso de lo que debemos llamar con propiedad «paramasonerías». Como se sabe, «lo mágico», «lo oculto», suscitan un extraordinario interés en la modernidad, acaso porque lo gris e impersonal domina la vida de las mayorías. Frecuentemente, aprovechando esta búsqueda de lo extraordinario, se mezcla mercancía averiada. Eso ocurrió precisamente con el tema de Rennes-le-Château, El Enigma Sagrado o El Código da Vinci. Hemos creído una obligación incluir un estudio sobre el origen de toda esta mitología, un resumen de sus contenidos, una denuncia de su inconsistencia. El lector sabrá apreciar el por qué este tema aparece en una obra sobre la masonería: vale la pena reivindicar lo verdaderamente iniciático, incluso con sus dudas, sus aspectos oscuros, sus deslizamientos hacia el ocultismo, sus errores, todo lo cual es, en definitiva, la masonería, frente a las versiones contrahechas, intrascendentes o simplemente deleznables, por mucho que hayan gozado de un éxito editorial puntual.

Tal es el recorrido que proponemos realizar en las próximas páginas: una excursión en torno a un eje central, la masonería, que permitirá conocer aspectos poco conocidos o, simplemente, desconocidos, de todo lo que gira en torno a las logias.

Esperamos que este texto haya conseguido los dos objetivos propuestos por el autor: informar y entretener.

Ernest Milà

Cahors, 1 de junio de 2010

 

Sumario de la obra

INTRODUCCIÓN  

 

CAPÍTULO I. ESOTERISMO E INICIACIÓN EN EL MUNDO DEL TRABAJO  

 

¿Que es el «compañerismo»?

Dónde encuadrar el compañerismo

La leyenda de los orígenes

¿Qué son los «deberes»?

El lenguaje del bastón

De las hermandades operativas a la masonería especulativa 

El «compañerismo» hoy

EL PRIMER TOUR DE FRANCIA  

Desde el siglo XI al tercer milenio

La vida de un joven artesano

Los atributos del peregrino artesano 

El «Tour» como escuela de vida

«La Madre» de los compañeros artesanos 

Ritos de admisión y despedida

El «topage» en los caminos 

El mundo romántico al siglo XXI 

UNA RAZA EXTINGUIDA: LOS «NOBLES VIAJEROS»  

De la peregrinación como pedagogía

De la caballería entendida como peregrinación

Operaciones alquímicas y viaje iniciático 

Nobles viajeros de todos los tiempos

La raza extinguida 

 

CAPÍTULO II. LA MUERTE DE HIRÁN Y LA REGULARIDAD MASÓNICA  

 

CAPÍTULO III. MASONERÍA, PARAMASONERÍA, OCULTISMO  

 

LA CONSPIRACIÓN DE LOS ILUMINADOS  

Adam Weishaupt y su programa mesiánico

El fin de los Iluminados

Iluminismo y revolución francesa

Su prolongación en el tiempo

«Iluminismo»: Saint Martin y Martínez de Pasqually

«Iluminados» y «alumbrados»

LA MASONERÍA EN LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Franc–masonería católica 

Influencias extranjeras en la revolución

El clima cultural pre–revolucionario

La aportación de las logias a la revolución

NOTAS SOBRE EL OCULTISMO EUROPEO Y LA MASONERÍA DEL XVIII

El «Conde de Saint-Germain» y la magia del siglo XVIII

Cagliostro: la ambigüedad llevada al límite

Eliphas Levi o el último representante de la tradición mágica

MASONERÍA FEMENINA: HISTORIA DE UNA HETERODOXIA  

La mujer en las corporaciones

Primeras incorporaciones: masonería de adopción

La mujer en la «masonería egipcia»

El rito de Menphis-Misraim

El Derecho Humano: Marie Deraismes

Masonería femenina en España

Madrileñas con mandil

La «iniciación varonil» de la Condesa de Apratxin

Sociedades paralelas

SINARQUÍA: LA CONSPIRACIÓN DEL DINERO Y LA POLÍTICA

El detonante: Fabre d’Olivet

La misión de Saint Yves d’Alveydre

Sinarquía: poder y espiritualidad

La evolución de la sinarquía

La «Cagoule»: con Franco, contra la República

De la caballería sinárquica a la Unión Europea

¿Sinarquía en España?

ANTIMASONERÍA: EL CASO TAXIL

 

CAPÍTULO IV. LA CUESTION MASÓNICA EN EL SIGLO XXI

 

Introducción 

La cuestión iniciática, cuestión a resolver 

El misterio de la masonería moderna

Zapatero y la masonería

¿Hay un futuro para la masonería?

 

CAPÍTULO V. NOTAS SOBRE LA MASONERÍA EN ESPAÑA  

 

El Duque de Warthon, fundador de la masonería española

Cagliostro, vecino de Villa y Corte

La reimplantación del templarismo en España en el XIX

Los templarios del cura de Brihuega 

De Brihuega a Madrid 

«Bases para el restablecimiento del Temple en España»

Las polémicas reconstrucciones del Temple 

¿Existió alguna vez el «Maestre Roncelin»? 

Larmenius ¿sucesor de Jacques de Mola?

Fabre Palaprat y los templarios españoles

La Sociedad Comunera: una masonería conspirativa 

Los carbonarios: masonería forestal 

El nacimiento de las «Torres Comuneras»

El secreto comunero 

Comuneros, carbonarios y masones, difícil entente

1824 : La quema de conventos Comunería al ataque 

La respuesta: sociedades secretas católicas 

La responsabilidad masónica en la pérdida del Imperio

Rosendo Arús y la masonería disidente

La Barcelona decimonónica y los librepensaores

La andadura de la Gran Logia Simbólica 

Una nueva masonería 

El legado: la Biblioteca Arús

Masonería hoy en España: una crisis permanente

1975, pistoletazo de salida 

Luis Salat Gusils y la Gran Logia de España 

Las difcultades de la Gran Logia Simbólica 

La crisis de los años

La era Sarobe

El retorno del conficto: la Logia Federal

Masonería y política aquí y ahora

Mario Conde, banquero y franc-masón 

 

CAPÍTULO VI. EL SIMBOLISMO MASÓNICO Y SUS DUALIDADES  

 

La Plomada y el Nivel

El Mallete y el Cincel 

La Escuadra y el Compás

Piedra sin desbastar y la Piedra puntiaguda

El Cubo y la Esfera

Juan Bautista y Juan Evangelista 

´

ANEXO. NACIMIENTO Y DECADENCIA DE UNA MITOLOGÍA CONTEMPORÁNEA  

 

Introducción

El recorrido a realizar

La militancia política de Gérard de Séde: trotskysta y titoista

Los templarios entre nosotros

Plantard dicta, De Séde escribe

El Oro de Rennes como fase de lanzamiento

La Raza Fabulosa como nueva pieza del puzzle

De La Raza Fabulosa a El enigma sagrado

El mito novelado: JJ Benítez, Berling, Eco, Dan Brown

 

Características técnicas:

Dimensiones: 15 x 23 cm

Portada cuatricomía plastificada, con solapas

Impreso en papel ahuesado de 85 gr

286 páginas

Precio de Venta al Público: 19,00 € + 3,00 € (gastos de envío)

 

Sumario de la RHF nº XXVIII

Sumario de la RHF nº XXVIII

Acaba de aparecer el nº XXVIII de la Revista de Historia del Fascismo correspondiente al mes de enero de 2014. Debido a un retraso por problemas técnicos de la empresa que realiza la impresión, este número se ha retrasado quince días, por tanto el número XXIX (febrero) está previsto que aparezca dentro de este mismo mes. El sumario del número XXVIII contempla los siguientes temas: 

DOSSIER

NSDAP 1924—1928 LOS AÑOS DE LA RECONSTRUCCIÓN

Tras el golpe de Estado de Munich y el proceso para depurar responsabilidades, Hitler y otros dirigentes del NSDAP ingresaron en la prisión de Landsberg. El partido entró en crisis y atravesó una fase de des­orientación política que se agravó cuando Hitler decidió “abandonar la política” y consagrarse a la redacción de su obra, Mi Lucha, en la que debería de ordenar y resumir sus ideas. Al salir de la prisión se dedicó a la titánica tarea de reconstruir el movi­miento y prepararlo para el vertiginoso ascenso que experimentó entre 1929 y 1933. Resulta imposible de comprender el fulgurante éxito que se produjo sin tener en cuenta lo que ocurrió entre 1924 y 1928. A pesar de las críticas que recibió Hitler por parte de algunos de sus correligionarios, los hechos demos­traron que tenía razón al imprimir una nueva dinámi­ca al movimiento. Esta es la crónica de los “años de la reconstrucción” del NSDAP.

Falangismo|Franquismo

Franco y José Antonio (I de II)
El Valle de los Caídos unió lo que los protagonistas habían separado

Las tumbas de Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera se encuentran separadas por apenas unos metros en el Valle de los Caídos. Incluso se da la cir­cunstancia de que ambos murieron el mismo día del año. Sin embargo, lo que se unión en la muerte no está claro que estuviera tan unido en la vida de am­bos personajes. En la actualidad, todavía cuesta des­brozar el terreno de la propaganda y de la mitología oficial que durante cuarenta años, con la mejor inten­ción, se vino realizando desde los medios de comuni­cación oficial. En realidad, ambos personajes que se conocieron, no terminaron de “caerse bien”, sus dife­rencias políticas y doctrinales fueron evidentes y todo induce a pensar que Franco no hizo lo suficiente para intentar salvar la vida del fundador de la Falange.

Neofascismo

Memorias de Stefano Delle Chiaie 
En la Revolución Boliviana  

Durante casi cuatro años Steano Delle Chiaie y otros neo-fascistas europeos exiliados, permanecieron en Bolivia y allí realizaron tambiem su opción política en favor de la “revolución nacional”. Aquel era un pais con una larga trayectoria de golpes de Estado que siempre había cautivado las mentes de los eu­ropeos. Ya en los años 20, el propio Ernst Röhem, jefe de las SA, tras dimitir, había marchado a Boli­via para organiza la Academia Militar del Ejército en la que todavía hoy son perceptibles rasgos del “germanismo”originario. La aventura de aquel pe­queño grupo de neo-fascistas europeos dejó huella nosolamente en aque país sino también en sus pro­tagonistas que consideraron Bolivia como su patria de adopción. Esta es la historia de aquellos años in­tensos.

Cultura Fascista

Curzio Suckert, llamado Malaparte y el fascismo revolucionario

Curzio Malaparte, de verdadero nombre Curzio Suc­kert fue, sin duda, uno de los intelectuales fascistas de primera hora más prestigioso con que contaron los ascios de Combatimento en sus primeros años. Partidario de un fascismo escuadrista e intransigen­te, con el paso del tiempo las discrepancias entre Malaparte y Mussolini fueron en aumento hasta que se produjo la ruptura y el destierro del escritor a la isla de Lípari. Su amistad con Giménez Caballero hizo que el fascismo que entró en España a través de éste estuviera teñido por el radicalismo propio de Malaparte e influyera especialmente en las con­cepciones de Ramiro Ledesma Ramos. Publicamos la primera parte de un amplio estudio sobre la obra política de Malaparte.

De otra fuente

La política continental del III Reich (II de II)

Publicamos la segunda parte del muy interesante y documentado ensayo publicado por la Revista de Es­tudios Políticos sobre las orientaciones de política exterior del III Reich. Se observarán algunas simili­tudes entre esta política tal como fue enunciada en los años 30 y principios de los 40 y la que está lle­vando la actual canciller alemana Ángela Merkel. La diferencia esencial estriba en que la política actual de control económico sobre Europa se sitúa sobre el trasfondo de un mundo globalizado que se acepta y se considera como benéfico para el continentes, mientras que la política nacionalsocialista implica­ba el reconocimiento de la autarquía como la mejor forma económica (vivir de lo que se produce y expor­tar solamente excedentes, reduciendo las importa­ciones a lo imprescindible).

Características técnica:

240 páginas

Tamaño 15 x 21

Precio de venta: 18,00 euros (+ 3,00 de gastos de envío)

Pedidos y contacto: eminves@gmail.com

El mundo cúbico (IV)

El mundo cúbico (IV)

5ª Arista

Damnificados de la globalización con recursos energéticos y progreso científico

Los azares del destino y de la distribución de los hidrocarburos han hecho que sea precisamente en países subdesarrollados en donde han aparecido las grandes bolsas de petróleo en los últimos veinte años. La previsión de escasez de petróleo para las próximas décadas ha convertido a estos países en objetivos de los actores geopolíticos tradicionales, especialmente de los EEUU cuyos yacimientos sobre territorio norteamericano pertenecen ya al cine de los años 50-60 y que, en la actualidad, es el gran importador mundial de petróleo. Los EEUU se han preocupado especialmente de redirigir hacia sus mercados los hidrocarburos procedentes del Golfo de Guinea y del Caribe y mediante las intervenciones frustradas en Irak y Afganistán han pretendido asegurarse el suministro petrolero del Golfo Pérsico (demasiado próximo geográficamente a la zona de influencia rusa como para que no tratar de estar presente militarmente).

Los EEUU y los consorcios petroleros que tienen allí sus sedes sociales han conseguido convertir lo que en principio era una riqueza para un país (el hallazgo de recursos energéticos), en una verdadera maldición. Eso se evidencia en uno de los aspectos de esta arista que une a los damnificados de la globalización con los recursos energéticos.

En efecto, las fuentes de energía, fatalmente distribuidos, ya fueron objeto de cuatro guerras entre Alemania y Francia en los siglos XIX y XX: un país poseía carbón, pero no hierro y el otro hierro, pero no carbón, así que la lucha por la posesión de Alsacia y Lorena centró 150 años de conflictos. Hoy, lo esencial de las reservas petrolíferas se encuentra en países con débiles democracias o simplemente en dictaduras tercermundistas. Los grandes beneficios que se esconden en su subsuelo han generado una ficción estadística del que Guinea Ecuatorial –“nuestra” Guinea- sea el paradigma: en apenas 10 años, Guinea pasó de las profundidades del PIB del continente africano, a uno de los primeros puestos. Sin embargo, la población sigue en la miseria. Ellos son los damnificados de la globalización. No así la élite dirigente que se agrupa en torno al clan de los Obiang y que absorbe los beneficios de la industria petrolera. En Nigeria ocurre algo similar: élites dirigentes enriquecidas, población dejada de la mano de Dios. Allí donde ha aparecido petróleo, se ha recortado, o simplemente ha desaparecido, cualquier sombra de libertades políticas y sin esperanzas de que algún día se puedan recuperar. La situación de los países del Golfo de Guinea es cada día más caótica, mientras que sus élites políticas dedican todo su tiempo a pensar dónde está más seguro el producto de su rapacidad, cómo gastárselo de la manera más escandalosa y como saquear más y más a sus pueblos.

En todos estos países se producen los mismos fenómenos: aumenta el PIB, pero no la riqueza de la población y la renta per cápita apenas experimenta leves subidas; se producen procesos de degradación y empobrecimiento de la sociedad; los regímenes políticos se anquilosan y restringen las libertades y los derechos sociales haciendo de su propia supervivencia el eje de sus políticas dictatoriales. En esto, por supuesto, cuentan con el apoyo de quienes detentan la propiedad efectiva de los recursos energéticos: las corporaciones petroleras y su punta de lanza, los marines de los EEUU y las oficinas del Departamento de Estado en el exterior, verdaderas centrales de control político que pasan por asépticas embajadas.

Pero las cosas no van mejor en el antiguo Primer Mundo en donde cada vez sectores más amplios de la población se incorporan al pelotón de damnificados de la globalización. En efecto, uno de los ejes por los que discurre la investigación científica son las llamadas “ciencias de la salud”. En África ha mejorado sensiblemente la situación sanitaria descendiendo las tasas de mortalidad infantil, las enfermedades endémicas y las epidemias siguen avanzando sin que ni los gobiernos, ni las empresas farmacéuticas, hagan gran cosa por paliar una situación que apenas sirve de otra cosa para que las ONGs las utilicen como excusas para seguir existiendo. Al margen de esto, en África los avances de las “ciencias de la salud” apenas han surtido efectos perceptibles para el grueso de la población y lo que ha ocurrido allí se reproducirá también en los próximos años en el antiguo Primer Mundo.

En efecto, el negocio que los grandes consorcios de financieros se desarrolla en un doble frente: de un lado comprar propiedades y tierras en el Tercer Mundo esencialmente y de otro la inversión en la investigación en el terreno de las “ciencias de la salud”. La nanotecnología, la criogenia y las terapias genéticas (NCT) son, como ya hemos dicho, los ejes de la investigación científica en esta primera mitad del siglo XX y de ahí el interés en la privatización de la sanidad que impone el neo-capitalismo desde las cúpulas de la alta finanza y los fondos de inversión. Porque, en el futuro, la sanidad “social” cubrirá tan solo prestaciones básicas, nada en comparación de lo que podrá obtenerse mediante la combinación de las terapias NTC y que solamente estará al alcance de quien pueda pagarlas.

La mayor parte de la población se acogerá a una sanidad  pública cada vez más limitada en sus prestaciones e incluso más problemática en sus logros mediante medicamentos de los que no se puede estar seguro de si curan unas enfermedades para suscitar otras y que suponen una prolongación de la medicina del siglo XX en el XXI. Los damnificados de la globalización en el antiguo Primer Mundo verán como cada vez tienen menos acceso a los tratamientos realmente eficaces y de vanguardia.

El corolario del encuentro entre estas dos caras del mundo cúbico en esta arista implica que si hasta ahora lo que han ido aumentando han sido las desigualdades sociales, a partir de ahora lo que irá en aumento serán las desigualdades en esperanza de vida, que se ocultarán mediante el recurso a las consabidas mentiras estadísticas, pero que ocultarán el hecho esencial: a saber, que la esperanza de vida entre los beneficiarios de la globalización y los damnificados de la globalización, gracias al progreso científica al que se pondrá precio, generará una mayor esperanza de vida en los primeros y una disminución de la misma entre los segundos. Y a ello contribuirá otro fenómeno que tiene mucho que ver con todo esto: la alimentación.

En la alimentación y en sus avances se percibirá perfectamente la diferencia entre damnificados y beneficiarios de la globalización. A los primeros se les ofrecerán alimentos procedentes de semillas genéticamente modificadas, con cualidades nutricionales disminuidas, riesgos alimentarios poco contrastados y repletos de conservantes en circulación pero con sospechas de no ser completamente inocuos. A los segundos, en cambio, tendrán alimentos de calidad cultivados especialmente para mercados de calidad a cuyos clientes no les importará pagar precios elevados a cambio de la seguridad de que tales alimentos poseen cualidades nutricionales. Parte de los alimentos procederá de zonas “conflictivas” del planeta en donde la falta de condiciones higiénicas, la climatología y la falta de escrúpulos de los cultivadores y criadores y de los intermediarios, correrá el riesgo de generar chispazos epidémicos con frecuencia cada vez menor y gravedad creciente. El riesgo de esta situación es que el flujo de tales alimentos de masas, generados en países del antiguo Tercer Mundo y consumidos entre las masas de damnificados de la globalización de medio mundo, puede verse interrumpido bruscamente por la aparición de epidemias que interrumpan la circulación de mercancías, generando hambrunas y situaciones de crisis alimentarias mundiales.

El poder y el peso de las industrias químicas harán imposible la denuncia de los perjuicios, directos e indirectos que puedan ocasionar, sea reconocido públicamente a fin de evitar perjuicios en la cotización de las acciones de tales consorcios. De hecho, esta situación ya se conoce en la actualidad y es presumiblemente responsable del aumento de determinados tipos de enfermedades. Y nada se hace, precisamente por no causar problemas a gigantescas corporaciones que pueden hundir a gobiernos o despojar de publicidad a medios de comunicación que viven de ellos. Lo que se avecina no será nada más que la prolongación extrema de lo ya conocido.

Pero siempre es posible que aparezcan en esta arista puntos, no solamente de confluencia, sino de tensión. Es por eso por lo que, para atenuar las posibles situaciones de crisis que pueden aparecer y que cristalizarían en la toma de conciencia de los damnificados de la globalización sobre su situación de “prescindibilidad”, que la cúspide del poder mundial, desde mediados de los años 70, ha habilitado amortiguadores. El gran amortiguador es el “entertaintment”. Y surte efectos.

Cuanto más damnificados por la globalización se concentran en determinadas zonas del planeta, más accesibles son los medios de distracción y entretenimiento. Los arrabales de Lagos, capital de Nigeria, una de las mayores acumulaciones chabolistas de la modernidad poblados por millones de menesterosos, así como las favelas brasileñas, los poblados andinos, los cinturones de miseria que rodean a las ciudades magrebíes, en todas ellas, la característica común es albergar dentro de las miserables viviendas una especie de altar sacrosanto sobre el que se sitúa un moderno monitor de TV de plasma. Una antena o una parabólica, inestable y agarrada pobremente a las paredes de la chabola, trae a ese miserable hogar las películas, las series y los programas de moda de todo el mundo. En la mayoría de los casos, en esas viviendas apenas existe un jergón y poco más. El tiempo transcurre rápidamente entre series de televisión, películas de largometraje, documentales sobre los escaparates de consumo del Primer Mundo (es así como se generan las riadas migratorias de Sur a Norte), eventos deportivos… y es así, en definitiva, como se engaña al hambre y a la miseria, sustituyéndolas por la alienación del televidente pasivo y la excitación de la fantasía. Las diversas técnicas del entertaintment de masas son, hoy por hoy, la gran droga para los damnificados por la globalización. En los antiguos países del Primer Mundo, esos mismos damnificados, además, reciben los subsidios justos como para que el tiempo que no están delante del monitor de plasma, lo utilicen adquiriendo drogas sedantes a buen precio.

El círculo, así, queda completamente cerrado: los damnificados por la globalización se convierten por obra y gracia de estas técnicas en un sostén pasivo del Nuevo Orden Mundial, cuando, en realidad, la lógica de su situación y su posición en el conjunto del mecanismo, debería ser de revuelta activa.

6ª Arista

Damnificados de la globalización con neodelincuencia

La respuesta de los grupos sociales damnificados por la globalización no tiene la misma respuesta ante la neodelincuencia. En algunos casos se limitan a sufrirla en silencio y mendigar las ayudas del Estado o de las ONGs, en otros casos siguen la vía de la protesta activa, pero también en un número cada vez más creciente, tienden a converger con esta otra cara del cubo propia de la neodelincuencia. Esta cara, por su parte, tiene un comportamiento particular: mientras se está más próxima a la otra arista, la que la une a los intereses de las élites dominantes y de los beneficiarios de la globalización, estamos ante la gran delincuencia una parte de la cual realiza sus actividades con “guante blanco”, tratándose en general de una delincuencia que influye internacionalmente por la dimensión de sus actividades y lo innovado de sus métodos que incluyen ingeniería financiera, diseño e investigación sobre nuevos productos; sin embargo, a medida que dentro de esta cara nos aproximamos a la otra arista, la que la une con los damnificados de la globalización, se tiende a una delincuencia más clásica, de menor nivel cualitativo, pero de mucha más envergadura cuantitativa. Porque, en determinados casos, no estamos solamente hablando de actividad mafiosa que controla determinados negocios ilegales en zonas geográficas muy concretas, sino que llegan a pactar con los beneficiarios de la globalización el control incluso de determinados Estados. El caso de Kosovo es paradigmático e indica una línea de tendencia.

Como se sabe, el núcleo central de la UÇK, el Ejército de Liberación de Kosovo, no era otro que bandas de delincuentes de poco calado, que fueron federadas y entrenadas por la CIA para transformarse en punta de lanza de la política norteamericana en la antiguo Yugoslavia, en su desmembramiento y en la creación de una “zona islámica” en los Balcanes que uniera la Tracia tuca con la Albania adriática en lo que se ha llamado “el corredor turco de los Balcanes”. En esta zona termina la antigua “ruta de la seda” convertida hoy en el canal a través del cual la heroína surgida de la transformación de las adormideras afganas llega hasta Europa. Es evidente que la política de los EEUU en relación a Europa no ha variado desde la Segunda Guerra Mundial y consiste simplemente en seguir contando con Europa como aliada, pero con una Europa debilitada. La droga debilita y destruye a las nuevas generaciones. Por esto mismo, Marruecos, primer productor y exportador mundial de haschisch (y el único país del mundo en el que el cultivo de esta droga en el valle del Rif se acoge a un estatuto legal, un fuero concedido por Mohamed V a sus habitantes), no figura sin embargo en la lista de países exportadores de drogas elaborada por el Departamento de Estado norteamericano. En efecto, también en este caso, en los EEUU se sabe perfectamente que los consumidores del 85% de esa producción rifeña, va a parar a Europa.

En el caso de Kosovo, una vez concluida la etapa crítica que coincidió con los bombardeos de la OTAN sobre Serbia ordenados por el Presidente Clinton, simplemente, una vez declarada la independencia, se entregó a los antiguos miembros de la UÇK la administración del territorio. Estamos hablando de un “Estado fallido” creado en el corazón de los Balcanes con dinero norteamericano y entregado para su gestión a una banda mafiosa de delincuentes clásicos. En el espacio que medió entre los bombardeos de Kosovo y la creación de la UÇK y la declaración unilateral de independencia, en toda Europa, y particularmente en España, actuaron bandas de delincuentes procedentes de la UÇK, organizados militarmente y especializados en robos a polígonos industriales, en un modelo de delincuencia inédito en Europa y que afectó particularmente a España. Pero el caso de Kosovo no es único.

Lo que se confluye en esta arista es una delincuencia de bajo nivel que sigue practican las actividades clásicas: tráfico de drogas a escala pequeña y media, prostitución, racket de protección y distintas formas de extorsión y formas de delincuencia de baja cota que solamente merecen mencionarse en un estudio como éste porque su aparente banalidad se agrava visiblemente al tratarse de fenómenos de masas. En efecto, cada vez son sectores más amplios de las poblaciones damnificadas por la globalización, especialmente en el antiguo Tercer Mundo, las que se suman a estas actividades.

En algunos casos la actividad de estas mafias logra cristalizar en importantes bandas que ponen en jaque a gobiernos enteros y terminan controlando zonas de países concretos: ocurrió en Colombia (en donde todavía determinadas zonas del país siguen controladas por los “narcos” y la droga transportada es custodiada por las guerrillas izquierdistas que han reducido prácticamente sus actividades armadas al transporte de cargamentos de droga de un lado a otro del país; ocurrió antes en el curso de los años 80  y principios de los 90 en Perú cuando, a partir del foco inicial de Ayacucho, la guerrilla marxista-leninista de Sendero Luminoso, obtuvo el control de zonas del país en las que impuso su ley que incluía el cobro de peaje a los narcos y adelantar dinero a los agricultores para financiar los cultivos de cocaína, cobrando un porcentaje a los narcotraficantes por el procesado de la misma. La gravedad de la situación en determinados Estados de Méjico hace que este mismo proceso de reproduzca ahora allí. Así mismo, en Brasil, la vida en algunas favelas solamente es posible gracias a grupos mafiosos.

En países como Marruecos existe una vinculación directa entre sectores del Majzén (el equivalente a la “corte”) y productores de haschisch. Ni el cultivo sería posible sin el respeto de Mohamed VI al fuero otorgado por su abuelo, ni podría exportarse de no ser por que sectores vinculados, directa e íntimamente a la cúspide del poder, lo permiten. Aquí y en otros países africanos resulta muy difícil saber dónde termina la pequeña delincuencia y donde empiezan los grandes intereses económicos y políticos. De ahí que la cara del cubo en la que está presente la neodelincuencia no sea, como hemos dicho, homogénea.

En toda África y en zonas de Asia es, así mismo, muy difícil establecer si funcionarios de la administración actúan en tanto que tales o como elementos que practican extorsiones mafiosas. A la vista de que las cúpulas de estos países realizan ante los ojos de todos actividades delictivas y practican métodos ilegales de enriquecimiento, las poblaciones perciben que cualquier procedimiento para sobrevivir es moralmente admisible (idea que, por lo demás, también está ganando espacio entre sectores europeos en situación de pobreza extrema y sin perspectivas laborales de ningún tipo a largo plazo). Los gobiernos cada vez tienen menos legitimidad moral para combatir la delincuencia en la medida en que ellos mismos albergan altos niveles de corrupción.

Para colmo se une otro problema: la inmigración masiva que recorre el camino hasta el antiguo Primer Mundo. Sobre esta cabe establecer un axioma de fácil comprobación que vulnera lo políticamente correcto: si bien es cierto que la inmensa mayoría de inmigrantes que llegan a Europa lo hacen con la intención de trabajar, no es menos cierto que la inmensa mayoría de episodios de delincuencia protagonizados en Europa lo son por gentes procedentes del Tercer mundo. Este tipo de actividades retroalimenta el racismo y la xenofobia. Aquel que es atracado por un marroquí, la mujer violada por un africano, la familia saqueada en su hogar por un colombiano, etc, tienden, ellos, sus familiares, sus amigos, sus vecinos, a culpabilizar no al delincuente concreto sino a la comunidad y a la raza a la que pertenece.

En países como España en donde, sin necesidad, bruscamente, en menos de 15 años llegaron 8.000.000 de inmigrantes, vulnerando todos los principios de prudencia y mesura, este problema es particularmente grave a la vista de que ya 2.500.000 de estos antiguos inmigrantes son hoy ya ciudadanos a los que se les ah concedido nacionalidad española… La gran paradoja estriba en que llegaron millones de inmigrantes para alimentar la burbuja inmobiliaria y el espejismo de crecimiento del PIB bajo los mandatos de Zapatero y Aznar (que, lejos de hacer algo para impedir el fenómeno, lo estimularon, lo ensalzaron y cerraron los ojos ante los evidentes problemas que acarrearía a la vista de su baja o nula cualificación profesional) y, al mismo tiempo, especialmente a partir de la crisis de la deuda (2010) empezaron a “huir” literalmente de España, miles y miles de jóvenes salidos de las universidades, perfectamente preparados pero en absoluto dispuestos a ejercer como becarios durante años para luego poder elegir entre la cola del paro o el mileurismo.

En una situación de crisis prolongada y sin perspectivas de salida ni a medio ni a largo plazo, es evidente que legiones de inmigrantes se enfrentan a una disyuntiva: han llegado a Europa huyendo de la miseria de sus países de origen y lo han hecho engañados por los escaparates de consumo y por lo que han visto a través de los televisores y las antenas parabólicas, únicos bienes que poseían en sus países de origen. Pero en Europa hay poco trabajo y el que hay está mal pagado. Por otra parte, el coste de la vida es alto. Muchos de ellos ni siquiera pueden enviar 100 ó 200 euros a sus países de origen, verdaderas fortunas que permiten vivir desahogadamente unas semanas. Los subsidios públicos también son escasos y las únicas posibilidades que se les ofrecen son el trabajo negro o la delincuencia. Es imposible establecer los porcentajes de quienes optan por lo uno y por lo otro a la vista de que las estadísticas elaboradas por los ministerios del interior tienen solamente como objetivos tranquilizar a las poblaciones, negar la realidad y no generar alarma social.

El hecho incontrovertible en cualquier caso es que un sector de la inmigración –entendiendo que la inmigración del Tercer Mundo hacia el Primero está formada íntegramente por damnificados de la globalización- practica actividades delictivas en los países de acogida. A esto hay que añadir la situación de aquellos otros antiguos inmigrantes ya nacionalizados que se ven discriminados por pertenecer a grupos sociales algunos de cuyos miembros están caracterizados por practicar determinados tráficos ilícitos o formas de delincuencia (drogas, extorsión, prostitución, violación) que han terminado caracterizando tópicamente a todo el colectivo inmigrante. La situación de estos grupos es particularmente difícil especialmente en lo que se refiere a la segunda y tercera generación: los padres llegaron a Europa con ánimo de trabajar, habitualmente consiguieron beneficiarse de los años de “vacas gordas”, pero no lograron amasar fortunas (en el neocapitalismo y en la globalización, trabajar es el camino más directo para sobrevivir, pero en absoluto para enriquecerse). Su situación era similar a la del antiguo proletariado europeo, pero con una diferencia: si éste tenía “conciencia de clase”, el proletariado inmigrante tenía raíces, tradiciones, cultura, religión, conciencia de sus orígenes… algo de lo que carecen sus hijos y nietos a los que solamente les ha tocado vivir el período de las vacas flacas y que no se sienten ni europeos ni africanos, sino simplemente seres desarraigados.

La reacción de estos grupos sociales en Francia (motines de noviembre de 2005), Inglaterra (incidentes en los suburbios industriales de 2009), disturbios en Suecia (2013), han sido protagonizados por esos hijos y nietos de aquellos primeros inmigrantes que hoy ya no tienen ni identidad ni perspectivas económicas y sociales. De aquí ha surgido otro modelo de delincuencia que ha aparecido brutalmente desde mediados de los años 80 en Francia instalada en lo que, eufemísticamente, se ha llamado “zonas de non droit” y aún más parabólicamente “zonas particularmente sensibles”: en estas zonas el Estado republicano ha desaparecido, la administración no ejerce, ni la enseñanza, ni la recaudación fiscal, ni los derechos de las mujeres o de los menores, ni siquiera la policía se atreve a entrar si no es dispuestos para una incursión militar.

Lo que tenemos en esta arista es un factor de podredumbre social absolutamente insuperable que se va extendiendo como una mancha de aceite y que, poco a poco, va ganando espacios para su control. Los mecanismos de lucha contra la delincuencia establecidos por las torpes legislaciones de los países del Primer Mundo no están en condiciones de combatir a esta delincuencia. Para hacerlo hace falta descender a su mismo territorio y practicar su virulencia. Eso o la derrota es lo que aguarda al final del camino.

7ª Arista

Damnificados de la globalización con actores geopolíticos tradicionales

Si hubiera que definir lo que se encuentra en esta arista que marca la confluencia de las dos caras del cubo que representan a los actores geopolíticos tradicionales con los damnificados de la globalización, diríamos que ahí están las clases medias del Primer mundo, literalmente machacadas y en vías de desaparición por la acción doble de la globalización y de la rapacidad impositiva y la cobardía de sus gobiernos. Hablamos de cobardía porque la característica común a todos los gobiernos del antiguo Primer Mundo consiste en ceder a las presiones del gran capital, de otra manera no se entiende esa tendencia que les caracteriza de gravar de manera creciente las rentas procedentes del trabajo y disminuir la presión sobre las rentas procedentes del capital, habitual en todos los gobiernos desde principios de los años 80. Esto ha generado una merma creciente en la capacidad adquisitiva de las clases medias, precipitando un nuevo modelo social que se está imponiendo en todo el antiguo Primer Mundo y en buena medida en Rusia.

En el Primer Mundo, la llamada “sociedad de los tres tercios” puede darse por irreversible. Se empezó a hablar de este modelo social hacia finales de los años 80 y principios de los 90. Esta sociedad está compuesta por un primer tercio, compuesto por aquel sector de la población que tiene medios económicos, trabajo, cotiza a la seguridad social y no tiene grandes problemas para llegar a fin de mes, son pequeños empresarios, autónomos, profesionales, trabajadores con contrato fijo. Por debajo de este grupo socio-económico se encuentra otro tercio que vive instalado en la provisionalidad. Dispone este segundo tercio de trabajo esporádico, estacional o simplemente vive con el riesgo permanente de no encontrar otro trabajo en cuando termine el contrato que acaba de firmar. Con frecuencia tienen que recurrir a las ventanillas del INEM y vivir de subsidios. Carecen por completo de capacidad de ahorro y tienen dificultades para llegar a fin de mes. Finalmente, un tercer tercio vive en plena precariedad, carecen de trabajo y  de la posibilidad de obtenerlo en un futuro a la vista de su baja cualificación profesional. Están completamente subsidiados por el Estado y ayudados por las ONGs. Fuera de esto, apenas disponen de medios de subsistencia, ocasionalmente alimentan algún circuito de trabajo negro, pero de escasa rentabilidad. Su vida va desarrollándose sin esperanzas de salir de la miseria y habituándose a la caridad pública. Este mismo modelo social se ha ido implantando en el antiguo Segundo Mundo y, concretamente, en Rusia, con alguna pequeña variante cuantitativa en relación a lo que se ha producido en Europa y en EEUU.

Sin embargo, esta sociedad de los tres tercios es más teórico que real a la vista de las diferencias de capacidad adquisitiva que se da especialmente en el interior del “primer tercio”: la situación no es la misma para el heredero de una dinastía económica que para un profesional autónomo. En efecto, el primero tiene solamente necesidad de trabajar para aumentar su fortuna; si no lo hiciera dejaría de ingresar, pero por elevado que fuera su tren de vida, jamás agotaría sus recursos, simplemente éstos dejarían de aumentar. Sin embargo, un autónomo que se dedique a cualquier actividad profesional, seguramente se quedaría sin recursos si en un momento dado y por las circunstancia que fuera abandonara su trabajo. Por otra parte, las diferencias entre el “segundo tercio” son también notables: un joven recién licenciado que no quiera eternizarse en la precariedad y el mileurismo, siempre puede instalarse en el extranjero y buscar trabajo en escenarios económicos más favorables. No así un empleado que haya superado los 40 años y cuyas posibilidades de emigrar son más limitadas. Para este sector social, cada día que pasa supone una mayor posibilidad de no poder recuperar un empleo en caso de perderlo o a la finalización de su contrato temporal.

Así pues, la sociedad de los tres tercios dista mucho de ser real. Es, simplemente, un modelo que surgió justo en los momentos en los que se derribaba el Muro de Berlín, y la teoría del “fin de la historia” parecía augurar un futuro tranquilo para todos: incluso los miembros del “tercer tercio” dispondrían de sanidad y educación gratuitas y se esperaba que en breve, el mero hecho de ser ciudadano en una nación concreta, ya garantizaría la percepción de un “salario social” que, como mínimo, aseguraría permanentemente la supervivencia. Hoy, tales esperanzas y posibilidades han disminuido: los damnificados de la globalización, incluso en Europa y en los EEUU, van viendo como su capacidad adquisitiva remite continuamente, los precios se alzan muy por encima de unas ayudas sociales que siempre crecen por debajo de la inflación y del coste de la vida, los servicio gratuitos tienden alarmantemente a bajar de calidad y la sanidad pública se empequeñece cada vez más, las ayudas de las ONGs son limitadas y cada vez distan más de resolver los problemas de supervivencia. En los colegios, los profesores empiezan a percibir la presencia de niños con problemas de nutrición. Sin olvidar que, en general, la relajación del sistema de enseñanza (y su quiebra absoluta en países como España) genera el que los grupos sociales más desfavorecidos no puedan recibir siquiera una educación básica, no sólo técnico-humanística, sino ni siquiera rudimentos de eso que en otro tiempo se llamó “urbanidad”.

En realidad, el concepto de “sociedad de los tres tercios” es un concepto anticuado que ya no se adapta a este momento de la modernidad. Ese modelo interpretativo de la sociedad implica trabajar en dos dimensiones, muy poco para insertar las distintas variables que aparecen en nuestro tiempo. En realidad, la situación es mucho más dramática del esquema, hasta cierto punto optimista que nos presenta la teoría de los “tres tercios”. Hay que aludir, por ejemplo, a las diferencias cuantitativas y cuantitativas que se producen especialmente en el primer tercio: su número va disminuyendo con el paso del tiempo y tiende a reducirse a miembros de las dinastías económicas (sea cual se su procedencia, si bien cada vez tiende a ser más dominante la presencia de individuos vinculados a negocios especulativos, en detrimento de los dedicados a la actividad industrial) cuya capacidad adquisitiva y acumulación de capital hace imposible que puedan ser comparados con las propias de profesionales liberales de éxito. Sin olvidar que técnicos, científicos, gestores, pequeños y medianos, aun manteniendo buenos niveles salariales, están muy distanciados del otro sector.

Estos sectores están más próximos al segundo tercio e la sociedad que a la cúspide del primero. En general, el proceso que se produce en los países que hasta ahora han sido actores tradicionales de la globalización (EEUU, Europa y Rusia) es una tendencia muy acusada el que sean precisamente los sectores profesionales, los grupos sociales que dependen de un salario y que están regularizados con Hacienda y con la Seguridad Social, los que sufran más presión por parte de la Hacienda Pública de tal manera que son ellos quienes soportar a lo que es un sector creciente: el antiguo tercer tercio de la sociedad que no deja de crecer, pero que es mantenido, no tanto por los señores de la ingeniería financiera especializados en el dribling a la fiscalidad y menos presionados que las clases medias.

Porque el rasgo más acusado que se produce en esta arista formada por los damnificados de la globalización en los actores geopolíticos tradicionales es el fenómeno de empobrecimiento general de la sociedad y de compresión de las clases medias. Es sobre estos grupos sociales sobre los que recae el peso de mantener al grupo social más desfavorecido.

El rasgo psicológico que se extiende por estos sectores es el miedo a la proletarización o incluso al empobrecimiento que implicaría perder el puesto de trabajo y ver reducidos sus ingresos. El miedo al futuro se ha convertido en el denominador común de los damnificados por la globalización en los actores geopolíticos tradicionales. A diferencia de en el Tercer Mundo en donde difícilmente se puede experimentar en toda su magnitud una sensación de miedo por perder una situación que jamás se ha tenido y que se limita a mera sensación de privación, en Europa y EEUU, la pauperización o la proletarización son un fantasma muy real que está presente en cada esquina, especialmente en las clases medias. A ellas accedieron en los años 70-90, sectores del proletariado que habían logrado mediante el ahorro y el esfuerzo acceder al status de la burguesía media, abandonando su grupo de origen (el gran error de Marx fue concebir la “conciencia de clase” del proletariado como algo real y perdurable, cuando la única voluntad del proletariado era, justamente, dejar de serlo).

Ese miedo, paradójicamente, no viene acompañado de otro rasgo psicológico muy acusado: el odio contra quienes han generado esta situación. En realidad, no es odio, sino apatía lo que suscita el miedo como su contrapartida. Las clases medias, que en otro tiempo siempre han generado revoluciones (incluso la revolución rusa fue el producto de una reacción y de unas teorías que, aún hablando del proletariado, se habían gestado en realidad entre élites intelectuales procedentes de las clases medias) y que, a fin de cuentas, son las que, por su particular posición en el conjunto social, tienden a la reflexión, a la meditación y, por tanto, a la elaboración de ideas y a llevarlas a su práctica, en esta nueva fase histórica, han renunciado a su actitud histórica: el miedo es tal que cualquier forma de oposición a lo considerado como “políticamente correcto” por parte del sistema económico y de valores, podría ser considerado como una revuelta y hacerles perder todavía más rápidamente su posición. Es interesante estudiar cómo ha sido posible el amputar en las clases medias el afán de revuelta, nacido del odio emanado por la convicción de quiénes son y dónde están los responsables de la actual ordenación caótica del mundo.

El sistema ha tenido éxito en suscitar otro valor que habitualmente ha estado siempre presente en dosis variables en la persona humana. La esperanza. Si nos mantenemos en pié y nos recuperados de tal o cual golpe del destino es porque tenemos esperanza. El mito clásico cuenta que en la caja de Pandora, cuando ésta la abrió liberando todos los horrores del universo, en el fondo de la misma sólo quedó la esperanza. Así pues, la esperanza siempre ha sido una característica que ha acompañado a lo humano y le ha ayudado a reponerse en horas bajas. La diferencia consiste en que en la actualidad y mientras persista la ordenación irracional del mundo globalizado, no hay lugar para la esperanza y ésta pasa a ser patrimonio de la irracionalidad. La única esperanza sería la depositada en el afán de revuelta. Toda revuelta surge del odio. El odio como el amor, son las dos grandes fuerzas que mueven lo humano: el primero genera rechazo, el segundo afinidad. On instintos. La esperanza, en cambio, es una actitud mental propia de quien cree que, antes o después, su situación mejorará.

La civilización judeo-cristiana es, en definitiva, la civilización de la esperanza y seguramente no es por casualidad que las áreas de implantación de esa civilización coincidan mayoritariamente con los actores geopolíticos tradicionales. En este tipo de civilización se tiene esperanza  en que Dios perdone los pecados, esperanza en que haya otra vida después de la muerte, esperanza en la resurrección de los muertos, esperanza en la segunda venida de Cristo, esperanza que apela a un elemento emotivo y sentimental, la fe, algo situado fuera de la razón lógica, pero también fuera del instinto. Patrimonio de un sistema de creencias que hoy favorece y encarrila automáticamente la creencia en que, antes o después, las cosas mejorarán, en que no hay que perder las esperanzas y, por tanto, no hay que buscar soluciones extremas, simplemente se trata de… esperar.

Los gobiernos de todos los países occidentales en lo más negro de la crisis han desarrollado técnicas para suscitar la esperanza en el futuro. En España, sin duda, el maestro de esta técnica ha sido José Luis Rodríguez Zapatero, cuya gestión al frente de los primeros casi cuatro años de crisis económicas en que se encontró España, fue absolutamente mediocre y completamente nefasta. Pero, Zapatero evitó el estallido social, recurriendo a suscitar la esperanza. Su sucesor, Mariano Rajoy ha hecho otro tanto. Gracias a ellos hemos oído hablar de “brotes verdes”, “recuperación para el año próximo” y “sacrificios hoy para solucionar los problemas del mañana”… Pero a poco que se medite sobre estas propuestas se percibe con claridad que son falsas, ficticias, que no se apoyan en hechos reales ni en análisis correctos, simplemente son declaraciones de intenciones realizadas con el fin de aplazar al máximo los estallidos sociales. Si mañana progresaremos de nuevo, si tendremos trabajo, si todo marchará mucho mejor… ¿para qué comprometerse con actitudes conflictivas? ¿Para qué probar aventuras, aunque solamente sean intelectuales, si la modernidad funcionará bien mañana y la crisis de hoy es un simple desajuste que puede ser corregido sin grandes reformas y, por supuesto, sin el marasmo que implica una revolución? Así pues, mejor esperar con esperanza…

Para conjurar el potencial de revuelta de las clases medias en Europa y en los EEUU se recurre, como ya hemos visto a otras técnicas de entertaintment, una actividad que cada vez parece más accesible: los cruceros hoy ya no son, como los vuelos en avión, algo glamuroso, privativo de las clases más acomodadas, son formas de ocio de masas, a precio más asequibles. De hecho, en España, el gran hallazgo del modelo económico creado por José María Aznar consistía en conjugar el estancamiento salarial y las alzas en los precios de la vivienda y del ocio, con un acceso fácil al crédito. A cualquier ciudadano que dispusiera de una nómina se le concedía un crédito pagadero a un año para que pudiera viajar al Caribe. Era la forma de engañar a la realidad: “Puedo irme al Caribe de vacaciones, así pues no me empobrezco”. De hecho esos mismos millones de personas que utilizaron estos créditos rápidos y poco exigentes, comprendieron que, efectivamente, se habían empobrecido cuando los bancos variaron las condiciones de los préstamos, cuando estalló la burbuja inmobiliaria y se hundió el sector de la construcción, cuando los salarios se estancaron con tendencia a la baja… Entonces solamente quedaba suscitar la esperanza, para que esa esperanza nublara la realidad e impidiera percibir la tragedia y el caos que constituyen el elemento dominante para la inmensa mayoría de la población en este momento histórico.

Esta arista registra un crecimiento constante en los últimos años. El espejismo globalizador duró desde 1989 (caída del Muro de Berlín) hasta la entrada en el siglo XXI (los atentados del 11-S de 2001). Lo que ocurrió entre ese momento y el inicio de la crisis económica del verano de 2007, fueron casi seis años en los que la globalización empezó a dar muestras de agotamiento. Fueron los años de formación de las grandes burbujas, cayeron los mitos que habían nacido en 1989 (el fin de la historia, la democracia como nuestro destino…). En 1989, la humanidad que tenía conciencia de que estaba naciendo un nuevo período histórico, podía verse arrastrada por un inusitado optimismo; la inercia de ese período podía haber superado, como de hecho superó, por su inercia, el 11-S y lo que implicó, pero el sentido común y la marcha de lo que ha sucedido desde entonces, hubiera debido hacer que a partir del estallido de la crisis en 2007 y de su persistencia en el momento que escribimos estas líneas, la globalización fuera sometida a un minucioso análisis, especialmente por parte de élites intelectuales que habrían dado un diagnóstico absolutamente crítico. Esto no ha ocurrido. Los focos antiglobalizadores que han aparecido desde entonces (el movimiento del 15-M en España) distan mucho de haber realizado ese análisis y no pasan de ser meras reviviscencias de una extrema-izquierda que habiendo perdido el marxismo como patrón de análisis, no ha estado en condiciones de reconstruir otro modelo, entre otras cosas porque su reavivamiento se ha generado en capas juveniles marginales.

Pero la omnipresencia de la esperanza y la saturación de entertaintment, teniendo la ventaja de poder contener la capacidad de odio de una sociedad (el odio puede ser positivo en cuanto que es un factor de renovación), tienen el inconveniente de que no pueden eternizarse en el tiempo. Si bien cada día aparecen nuevas tecnologías y medios de entertaintment, no ocurre así con la esperanza: siempre, por optimista e irracional que se sea, la esperanza tiene fecha de caducidad.

8ª Arista

Damnificados de la globalización con actores geopolíticos emergentes

En los países emergentes la característica sociológica principal es que el desarrollo económico se ha iniciado sin que existiera una clase media potente. Esto ha impedido el que se consolidaran democracias formales, más o menos estables. Salvo la India –en donde, por lo demás, la corrupción, es omnipresente y supera a los estándares occidentales– en el resto de lo que hemos llamado “actores emergentes” no se perciben más que tenues rastros de democracia representativa. Y eso seguirá así, mientras no exista una clase media potente tanto desde el punto de vista cultural como desde el punto de vista político.

El argumento que sostiene que la evolución del capitalismo en Europa se produjo en idénticas circunstancias, es falso y mendaz. En principio, cuando el capitalismo irrumpió en Europa ya existía una burguesía pujante derivada del poder gremial del Renacimiento y del ejercicio del comercio durante generaciones. Además, tras este poder, existía un poder cultural –la Ilustración primero, la masonería después– que se convirtió en un verdadero laboratorio de ideas y proyectos. Cuando irrumpió el capitalismo en Europa, lo hicieron también movimientos utopistas, carbonarios, socialistas y comunistas utópicos, libertarios, que, frecuentemente, no estaban solamente compuestos por miembros de las clases trabajadoras, sino que, inicialmente, con mucha más frecuencia, correspondían a intelectuales, miembros de la alta burguesía y de la burguesía media, que, frecuentemente, terminaron siendo empresarios dotados de un sentido humanista. La imagen de las hilaturas inglesas con niños trabajando 18 horas al día, constituyó solamente un momento –por lo demás, muy puntual– del capitalismo inglés pre–victoriano, en absoluto una constante. En muchos de los capitalistas de la primera revolución industrial existía, o bien la influencia de la doctrina social de la Iglesia (que condenaba a partir de las encíclicas de León XIII, la explotación, el hacinamiento, el sobreesfuerzo, el trabajo de menores, la falta de coberturas sociales) y el hecho de que muchos de estos capitalistas, estaban influidos por ideas sociales de tipo progresista y defendieran ciertos parámetros de justicia social. La existencia de “colonias industriales” en el último tercio del siglo XIX y la primera mitad del XX, supuso que el empresario, no solamente daba trabajo, sino que también aportaba seguridades de vivienda, enseñanza para los hijos, economatos, etc. Por otra parte, hay que recordar que la oposición al reconocimiento del sindicalismo fue más fuerte en los países anglosajones que en la Europa continental.

Estos motivos hicieron que el “arranque” del capitalismo en Europa –aun cuando no hay que olvidar las situaciones de explotación, e incluso de sobreexplotación que se dieron en algunos casos o, lo que es peor, de pistolerismo patronal frente a los brotes de anarcosindicalismo y de pistolerismo obrero que también existieron– fuera mucho más “sostenible” que el desarrollado en la actualidad en los países del Tercer Mundo. En efecto, en estos países, por motivos históricos, no existe una burguesía nacional digna de tal nombre. La clase media está casi por completo ausente, o bien, como es el caso de Iberoamérica, las oscilaciones político–económicas, la han, literalmente, desmantelado y reducido a la mínima expresión, o bien han iniciado un proceso de proletarización del que ya no pueden salir.

Junto a la práctica inexistencia de clase media, en los actores geopolíticos emergentes encontramos otro factor sorprendente y destacable: la polarización extrema de las rentas, entre una minoría extremadamente rica a un lado y otra extremadamente pobre a otro. Nosotros mismos percibimos esta realidad a principios de los años 80 en Iberoamérica: bastaba situarse en el centro del Country Club de Caracas, situado en el lugar más lujoso y exclusivo de la capital, para mirar alrededor y percibir como la ciudad estaba rodeada por un cinturón de miseria que volvimos a encontrar en Lima, en donde desde el aeropuerto de la ciudad hasta la acera inmediatamente anterior del Hotel Sheraton era una sucesión interminable de barracas y chabolas, habitadas por depauperados, o bien en Bogotá donde desde lo alto del hotel Tequendama podían percibirse los barrios misérrimos situados a pocos metros, por no hablar de los barrios de Obrajes y Calacoto de la capital boliviana, que contrastaban por su opulencia con los altos que rodean la ciudad, donde residen indígenas y mestizos. Es frecuente en todos estos países que exista una estratificación social que reproduzca en cierta medida la estratificación étnica y racial: blancos en la cúspide, mestizos en el centro, indígenas en la base. Hemos visto idénticas paisajes en prácticamente toda África subsahariana y en la inmensa mayoría de países árabes. La constante de estas zonas es que sólo parece haber lugar para los muy ricos o para los muy pobres, estando las clases medias, reducidas al mínimo. Y, en el actual estado de cosas, el crecimiento de la clase media solamente se está produciendo de manera muy lenta y limitada, sin excluir que puedan ocurrir eventuales recesiones.

La inestabilidad climática que, más o menos, se vive en todo el planeta, genera migraciones constantes del campo a la ciudad: en Marruecos se sabe que cada año de sequía –y van varios– genera la migración de medio millón de campesinos a los arrabales de las grandes ciudades. Pero el fenómeno es universal: lo encontramos entre los campesinos ecuatorianos, peruanos y bolivianos, lo volvemos a encontrar entre los campesinos chinos e hindúes, en Turquía y Senegal… Los damnificados por la globalización en los países considerados como “emergentes”, tienden a la inmigración: no emigra la población más pobre, ni tampoco la más rica, sino solamente las capas medio-bajas que todavía pueden conseguir algunos medios para una aventura que tiene, como primer resultado, el vaciar a los países emisores de inmigración de parte de sus elementos más válidos.

 

En general, lo que hemos dado en llamar “actores emergentes” basan su desarrollo en el comercio, la exportación de manufacturas esencialmente y la venta de materias primas. Esto hace que puedan invertir los beneficios obtenidos en sectores estratégicos, empezando por el armamentístico. En realidad, los actores emergentes aspiran a ser potencias militares de alcance regional (China, India, Corea del Sur, Irán, Venezuela, Brasil…) que tienden a desarrollar una industria bélica propia. Es precisamente el rearme de estos países el que multiplica su importancia estratégica mucho más allá de su importancia productiva, o en última instancia puede decirse que su capacidad bélica es una resultante de su capacidad productiva y absorbe buena parte de los recursos generados por ésta. El paradigma de estos países es, desde luego, Irán y su campaña de rearme nuclear y convencional, o China y sus iniciativas para convertirse en superpotencia militar.

Este grupo de países sufre una deficiencia notable: carecen de experiencia en los terrenos del desarrollo. Al anteponer el desarrollo económico a cualquier otra necesidad, corren el riesgo de generar a corto plazo catástrofes medioambientales similares a las que sacudieron las dos últimas décadas de la URSS en la zona del mar de Aral. Por otra parte, el abandono sistemático de tierras de cultivo corre el riesgo de convertirse en un factor de modificación del clima, con tanto impacto como la tala sistemática de árboles en la Amazonia o la negativa a aplicar el protocolo de Kioto por parte de los EEUU.

Buena parte de estos países, además, son productores de inmigración. Una inmigración que se va para no volver. La mayoría de inmigrantes, al llegar a Europa, permanecen absolutamente fascinados por lo que aquí encuentran, especialmente porque, aun a pesar de existir focos incipientes de racismo, su nivel de vida y su dignificación como personas, son incomparables con las situaciones de opresión, miseria, desprecio, violencia y abandono, que vivieron en sus países de origen. Por eso muchos entran, pero pocos quieren volver. Países como Bolivia o Ecuador han perdido el 25% de su población en apenas diez años en flujos migratorios orientados hacia distintos horizontes. Otros, como los del Magreb, quedarían, literalmente, vacíos, si todos los que desearan irse (más de un 50% de la población) pudiera hacerlo y tuvieran a dónde hacerlo. De todos los países del mundo, sin duda Colombia, es el que registra una intención migratoria mayor de todo el mundo. Nuestra experiencia directa nos induce a pensar con poco margen de error, que entre el 75 y el 80% de la población colombiana desearía emigrar a cualquier lugar del Primer Mundo, aun sin saber exactamente lo que iban a encontrar allí.

Los países emergentes aportan impresionantes contingentes de población situada en la arista con los damnificados de la globalización. Esa arista representa la convergencia de la miseria entre los que no tienen nada y pertenecen a países en los que no son nada y aquellos otros excluidos de sus propios países y erradicados de la más mínima posibilidad de promoción.

El sector de los damnificados por la globalización en los países emergentes es, sin duda, el que crece cuantitativamente a mayor velocidad, y muestra a las claras, más que en ningún otro lugar, que la globalización es un intento de “nivelación” y igualación y homogeneización “por lo bajo”: por su propia estructura y sus actividades preferenciales, genera beneficios en una ínfima minoría y mantiene próximos al umbral de la pobreza o por debajo de él, a sectores cada vez más amplios. El proceso, lento en Europa, se da, sin embargo, de manera acelerada en los países emergentes. Para compensarlo el “sistema mundial” ha generado dos contramedidas: del lado práctico, las ONGs que dirigen y orientan la ayuda de los actores tradicionales hacia los países del antiguo Tercer Mundo y de otro, la ideología humanista-universalista generada desde la UNESCO. Vale la pena resumir en qué consisten estas dos contra-medidas.

Mediante una red de ONGs, financiadas preferentemente por los Estados y muy en segundo plano por contribuciones desinteresadas de la población del Primer Mundo, se realizan algunos planes asistenciales para las zonas más depauperadas del planeta. El hecho de que las ONGs estén pendientes de cautivar la atención de los medios de comunicación indica que las buenas intenciones iniciales, con demasiada frecuencia quedan pervertidas por prácticas abusivas y corruptas. Por otra parte, los receptores de las ayudas terminan por no valorar correctamente la importancia de esta cooperación ni el tiempo en el que podrá mantenerse, dejan de trabajar por sí mismos, pensando que esa ayuda seguirá llegando (de la misma forma que las zonas más abandonadas de África negra son aquellas que han generada más éxodo hacia Europa; en efecto, allí las poblaciones pueden vivir con 100 euros escasos enviados por sus familiares que han emigrado al viejo continente, así pues ¿para qué trabajar las tierras?), pasando a actitudes completamente pasivas. Desde hace 50 años, las ONGs han ido enviando ayudas a los lugares más alejados del planeta y en la actualidad el balance de esas actividades es ampliamente desfavorable. La mayoría de ONGs han discurrido por un sendero ya trillado por las misiones de la Iglesia Católica pero con resultados mucho más limitados en el tiempo. En lo que se refiere a los créditos al desarrollo concedidos por los países del primer mundo (el famoso 0’7% que causaba furor en Europa a partir de 1995), entre las comisiones recibidas por los intermediarios de cada lado y la opacidad en el destino de esos fondos, prácticamente puede considerarse, simplemente, dinero tirado para tranquilizar conciencias bienpensantes en Europa y EEUU, enriquecer a los intermediarios tanto en los países europeos como en los receptores y poco más. Por otra parte, era lo que cabía esperar de gobiernos corruptos en ambas partes que, además, en África se han convertido en mendigantes.

Mucho más importante, sin duda, es la tarea de la UNESCO. Si hay que localizar un “centro intelectual” en el que se elaboren planes destinados a servir de cobertura ideológica a la globalización es sin duda este organismo creado después de 1945, cuando la victoria de los aliados generó la primera oleada mundialista de la que nacieron toda una serie de organismos internacionales que debían de haber terminado con las tensiones mundiales y generado una especie de fraternidad y concordia universal. Inspirados en determinadas organizaciones y sectas que albergaban la idea de “unificar la humanidad” desde finales del siglo XIX (esencialmente distintas variantes de teosofismo ocultista que habían convergido con los restos del socialismo utópico), fue especialmente en la UNESCO en donde cristalizaron, transfiriendo sus valores y principios y convirtiendo a la institución internacional, que inicialmente debía de haber promovido exclusivamente el desarrollo cultural de la “humanidad”, en una atalaya de su peculiar doctrina humanista-universalista.

El principio central por el que se mueve la UNESCO no es la defensa del patrimonio de las distintas naciones y pueblos, sino la generación de un patrimonio cultural mundial que surja de la fusión de los distintos patrimonios nacionales. La UNESCO intenta poner en práctica el lema de la revolución francesa, “libertad, igualdad y fraternidad”, especialmente el segundo término “igualdad”; para ello, la ONU otorga credenciales democráticas que son las únicos que, en su lógica, defienden el principio de la “libertad” (el primer término). En cuanto al segundo, no se trata tanto de alcanzar la “igualdad” como el “igualitarismo”: es decir, la intención de homogeneizar, uniformizar y mezclar todos lo acervos culturales, étnicos y antropológicos, para de ellos extraer un destilado nuevo que caracterice a la “humanidad”. Porque, solamente cuando esto ocurra y queden abolidas las desigualdades de raza, sexo, cultura, religión, se llegará a la “fraternidad”. Lo que la casta funcionarial de la UNESCO pretendía desde finales de los años 40, ha sido proclamado a las claras por el movimiento de la New Age que tiene la misma inspiración doctrinal: alcanzar la unificación de la humanidad, para que exista un solo gobierno mundial, una sola raza humana, una sola religión y… por supuesto, una economía globalizada.

De ahí que el principal enemigo para la UNESCO sea precisamente el principio de identidad de los pueblos y de las personas: quien tiene identidad, sabe que no es igual a otros, sino simplemente diferente. Hasta en sus menores gestos, UNESCO intenta desarraigar el patrimonio cultural de un pueblo para convertirlo en “patrimonio de la humanidad”. Los valores tradicionales de cada pueblo son los adversarios que más enconadamente combate la casta funcionarial de la UNESCO (basta leer El Correo de la UNESCO para advertir cuáles son sus objetivos y sus tomas de posición en cada momento). Las estructuras tradicionales de cada sociedad, en tanto que contribuyen a mantener la solidez de esa misma sociedad y su resistencia frente a las influencias del exterior, son malditas y se combate contra ellas con encono: La excusa de la libertad y la dignidad servirá para imponer “nuevas formas familiares” allí en donde las sociedades tenían a la familia tradicional como célula base de la sociedad. La música de Beethoven será puesta al mismo nivel que el tan-tan, la cultura clásica se comparará con la de cualquier pueblo en vías de extinción, la religión tradicional será anatemizada en beneficio de cualquier forma religiosa humanista y universalista o de la última superstición (y en ese sentido, las divagaciones religiosas de la New Age son ilustrativas). Los movimientos migratorios se estimularán en todas las direcciones, a pesar de que el más masivo sea siempre de sur a norte y de este a oeste, es decir en dirección a Europa, acaso porque Europa ha demostrado en los últimos 2000 años ser la cabeza y el faro de la civilización.

El hecho de que el marxismo haya caído y que la izquierda progresista se haya quedado sin método de análisis de la realidad, ha favorecido el que los ideales humanistas-universalistas han sido transferidos preferentemente a la izquierda del panorama político. Un personaje como José Luis Rodríguez Zapatero puede ser considerado como exponente de esta corriente surgida de un vacío ideológico que la izquierda ha rellenado sustituyendo los textos de Marx y los principios del socialismo histórico por un programa de “ingeniería social”, “mestizaje” y “reforma de las costumbres” cuyos puntos y cuya retórica parecían reproducir al pie de la letra los editoriales de cada mes de El Correo de la UNESCO.

Mientras las ONGs actúan entre los damnificados por la globalización en las zonas del antiguo Tercer Mundo, en la enseñanza y en las seudo-élites culturales del primer mundo, ganan espacio las consideraciones humanistas-universalistas emanadas por la UNESCO. El resultado global es el esperado: la miseria, lejos de detenerse entre los damnificados de la globalización de esas zonas, ni siquiera queda paliada, pero las conciencias quedan a salvo porque en el primer mundo, precisamente en las escuelas públicas a las que asisten los damnificados de la globalización, se difunden unas concepción educativas finalistas en lugar de instrumentales: pacifismo, solidaridad, igualdad, etc, en lugar de autodisciplina, esfuerzo, sacrificio y todo aquello que hace a las sociedades duras y resistentes a las crisis.

El resultado final que evidencia esta arista es que la miseria social y cultural crece entre los damnificados por la globalización y la doctrinas tranquilizadoras humanistas-universalistas que causan furor entre la izquierda progresista europea, apenas tienen efecto y logran impregnar a las élites dirigentes de los actores geopolíticos secundarios que no se apartan de su proyecto: convertirse en potenciales regionales. Solamente Europa, al creer en tales valores se va debilitando poco a poco y perdiendo sus raíces.

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