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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

¿Votar para perder? No gracias

¿Votar para perder? No gracias

Carta abierta a la extrema-derecha española.- Hubo un tiempo en el que los españoles iban a votar ilusionados pensando que con su voto podrían cambiar algo. En realidad, este país ha votado siempre, incluso durante el franquismo. En aquel tiempo podías participar en las elecciones parar consejeros del Movimiento, unido a las elecciones para el “tercio familiar” en las Cortes o incluso en los ayuntamientos existía un tercio de concejales electos. Y además hubo media docena de referéndums para aprobar “leyes fundamentales”. Es relativamente cierto que la oposición no podía hacer campaña. Y digo relativamente porque CCOO solía participar en las elecciones sindicales y porque en las municipales también se colaban candidatos de oposición. Pero sí, no nos engañemos, no era fácil para los opositores hacer campaña, ni participar en los procesos electorales. Entre otras cosas porque no lo aceptaban y querían destruir el régimen.

Tras la euforia electoral, el desencanto, tras el desencanto la desafección

Luego todo cambió. Llegó la democracia y seguimos votando con otro talante: nos dijeron que las cosas podrían cambiar gracias a nuestro voto. Pudimos incluso votar en las elecciones autonómicas.

Pero un año después de que los socialistas vencieran en las elecciones de octubre de 1983, apareció en la sociedad española lo que se llamó “el desencanto”. La sensación de que todo aquello servía para poco. Algunos opinábamos desde hacía tiempo que no servía nada y nos acordábamos de aquella frase de Solzhenitsin que decía: “En la URSS no se puede decir nada; en Occidente se puede decir todo, pero no sirve para nada”.


Así pues teníamos una libertad de voto que servía para poco (a fin de cuentas, los medios influían mucho más que los argumentos y los programas, en los resultados electorales y los medios tenían sus intereses particulares que, frecuentemente, no eran ni los tuyos ni los míos, sino los de los grupos económicos que los amparaban y de los que la clase política comía –y come- de la mano), teníamos libertad de expresión justo cuando nos dimos cuenta de que la mayoría de gente tenía poco o nada que decir, y teníamos libertad de manifestación que la mayoría no utilizaba jamás.

El “desencanto” consistía en reconocer que un puto voto era como un grano de arena perdido en una playa y que solamente tenía interés para alguien si era recogido por la pala de un buldócer. El régimen se había configurado para que existieran cuatro buldócer: la “banda de los cuatro” (el centro-izquierda, el centro-derecha y el centro nacionalista catalán y vasco). Y el tuyo era un simple grano de arena que, por sí mismo, certificaba que no eres nada, nadie para el parlamentarismo, un ente insignificante cuyos problemas, ilusiones y aspiraciones no interesaban a las cúpulas de la “banda de los cuatro”. Ellos se reservaban el derecho de mentirte en las elecciones, de suscitar los problemas que debían interesarte, de darte las soluciones que jamás aplicarían y de presentarte un logo, unos colores, una sonrisa y una foto a la que debías votar. Luego, a trincar. Y durante 35 años les has ido votando.

Porque, tras el “desencanto”, vino “la desafección” que ya era algo más que la sensación de que las cosas iban mal y no cambiarían ni para ti ni para mí. Era un paso al frente: ni podían cambiar ni a la “banda de los cuatro” les interesaba que cambiaran, por tanto, la política era su problema, no el nuestro.

Si tú no sacas ningún beneficio ¿por qué darles tu voto?

¿Ellos se lo comen y se lo guisan? Pues que sean ellos los que vayan al super a comprar, carguen las bolsas, acomoden los productos en su nevera y demás. “Lo suyo”, no era “lo nuestro”. Desafección. Si el desencanto se expresaba votando a opciones minoritarias o creyendo que estas podrían sustituir un día a la “banda de los cuatro”, la desafección era la inhibición completa de cualquier opción, seguida de la crítica a todas ellas y se expresa especialmente a través del VOTO EN BLANCO y del VOTO NULO.

Hoy desencanto, desafección y apatía cabalgan juntos. Yo no tengo la menor duda de que estaré en el bando de los ganadores el próximo 25-M: el bando que rechazará votar a cualquier candidatura y adoptará una postura ACTIVA (votando en blanco), de PROTESTA (votando nulo) o PASIVA (absteniéndose). El rasgo común a todas estas posturas es el rechazo a un sistema que no nos ha traído lo que prometió, sino a lo largo de cuya existencia, han ido empeorando las condiciones de vita, las condiciones de trabajo. Es cierto que ahora tenemos libertad de expresión, manifestación, organización y huelga, y además, mire usted por donde, también tenemos carné de paro, inseguridad para el futuro, pensiones de miseria, contratos basura y la posibilidad cada vez más cierta de ser exiliados interiores en nuestro propio país y exiliados económicos buscándonos la vida en horizontes más benignos.


En la noche del 25M los comentaristas de prensa, los tertulianos y los analistas profesionales nos dirán que el “bipartidismo imperfecto” ha sufrido un duro golpe. La “banda de los cuatro”, en su conjunto, perderá votos. Y me alegraré. Me alegraré también de que suban otras opciones hasta ahora minoritarias. Será una victoria pírrica: porque lo que se abrirá a partir de ahora será un período de inestabilidad política e italianización de la política española. Nada bueno para el país, os lo aseguro. Pero lo que hay ahora tampoco es el mejor de los mundos, así que… malo por malo, siempre he preferido las aventuras y los saltos al vacío.

¿Y la extrema-derecha?

El artículo podría haber terminado antes de este parágrafo, pero si me creo obligado a escribir lo que sigue es porque de alguna manera yo he sido durante mucho tiempo parte de este ambiente de “extrema-derecha”.

En los últimos días, distintos medios de prensa nacionales y extranjeros han solicitado mi colaboración para que les explicara el por qué la extrema-derecha, que en Europa va viento en popa en sus dos formas, “euroescépticos radicales” y “euroescépticos moderados”, en España no se come ni una rosca. Es una larga historia de impotencias, errores, confusiones, traiciones e incapacidades cuya génesis no vale la pena reproducir.

En primer lugar hay que resaltar que se presentan cinco candidaturas cinco de este ambiente, ninguna de las cuales tiene la más mínima posibilidad de ser seguida por una bolsa importante de votos. Las que menos, obtendrán unos 6.000 votos, las que más, puede que lleguen a 12-15.000. En total, 30-40.000 votos. Ni sumados darían la quinta parte de un diputado.


Pero lo triste no es que no obtengan diputados, sino el hecho mismo de su presencia: juegan para perder. Y lo saben. Alguno de ellos cree (y lo cree desde hace 20 años) que un golpe de suerte, una fama repentina, un cambio brusco en las preferencias del electorado, la aparición en un programa televisivo, o un éxito extranjero, podría catapultarle a la fama y hacer que gane la “carrera de caracoles”. Esto les permitiría alcanzar una posición dominante en el “merado ultra”. Otros creen que “mejoran” sus posiciones (7.000 votos hace 10 años, 9.000 hace 5, ahora, sin duda, 11.000… todo un progreso). Los hay que se creen obligados a presentarse porque si ellos no se presentan, el rival directo, otro partido de la misma cuerda, saldrá beneficiado y eso si que no se puede permitir… Los hay que se presentan por inercia. Otros por el mero placer de jugar y perder. Algunos porque creen que inyectando unos cuantos cientos de miles de euros, podrán hacer valer su programa y revalidarse en su condición de peor relación “inversión-resultados”. Hay incluso algunos casos en los que resulta incluso misterioso saber porque se presentan. Dicen que “por idealismo”. Pero a poco que se leen sus webs y se perciben sus “ideas” sobre Europa y sobre lo que se juega en estas elecciones, se percibe claramente que si carecen de algo es, precisamente, de ideas claras.

Todos ellos quieren revalidar los éxitos de Amanecer Dorado, del Front National, e incluso se jactan de tener relaciones con el BNP inglés o con el Jobbik húngaro, y así sucesivamente. Alardean de contactos internacionales como el niño hace con su colección de canicas. En realidad, en Europa se tiene a la extrema-derecha española como un atajo de inútiles, expresión textual utilizada por algunos líderes de ese ambiente en Europa a la vista de que ante unas elecciones europeas han sido capaces de presentarse cinco candidaturas todas ellas sin la más mínima posibilidad de obtener resultados.

Pequeña historia de una insensatez

La cosa empezó en 1983 cuando el abogado de Tejero le convenció para que presentara su candidatura a las elecciones generales. Aquello rompió la Unión Nacional (FN+FE-JONS+PNS) y donde en 1979 había una candidatura, cuatro años después hubo cuatro. Aquello se convirtió en tradición. A diferencia de que quienes indujeron a Tejero a presentarse eran perfectamente conscientes de porqué lo hacían (para demostrar que tras el golpismo solamente había unos pocos miles de votos y desactivarlo para siempre), en la actualidad esas cinco candidaturas ni siquiera son consciente de que presentándose cada una por su cuenta, lo que están dando es una sensación DE DEBILIDAD increíble, porque el día 25-M, cuando se recuenten los votos se verá… que sumados todos los de la extrema-derecha apenas dan para la quinta parte de un diputado.

Bruno Gollnisch, que fuera presidente del Grupo Parlamentario Europeo Identidad, Tradición, Soberanía, nos decía hace 15 años: “¿Tanto cuesta sentar a los grupos en torno a una mesa, elaborar cinco puntos y presentar una candidatura unitaria?”. Y algunos sonreíamos: “Es que tú no conoces a los grupos…”. No los conocía; algunos sí los conocemos y sabemos que resulta imposible perder el tiempo sentando en torno a una mesa a dirigentes con poco seguimiento detrás o simplemente sin seguimiento, con ideas propias, cada uno con sus propias obsesiones y su ansia patológica de independencia y de ser jefecillos rodeados de menguada grey, casi todos ellos sin capacidad de mando, dotes oratorias, ni siquiera sin la comprensión necesaria para entender lo que está pasando en España y en el mundo y redactar esos famosos cinco puntos unitarios.

Votar a todos estos pequeños grupos es darles alas para que persistan en su actitud providencialista, alimentar sus deseos de permanecer aun sin tener “principio de razón suficiente” para justificar su independencia y misma existencia. Votarles es echar leña al fuego de la impotencia y de la división, recrearles en la bondad de sus “propuestas” (mirad lo que proponen y compararlo con un verdadero Programa Político… advertiréis las diferencias hasta enrojecer de vergüenza, especialmente si comparáis los documentos con los que se presentan “nuestros camaradas” con los que han elaborado partidos “hermanos” en otros países. Votarles es darles palmaditas en la espalda que utilizarán para demostrar que ellos son más que los otros, que “van avanzando”… y así hasta el fin de los tiempos, pasito a pasito hasta más allá de la derrota total.


Y el sistema se ríe de estas opciones. Les dice como a Tejero en 1983: “Presentaros, para que así todos vean vuestra debilidad. Presentaros para que así comprueben que sois capaces de no experimentar la más mínima vergüenza y el más mínimo bochorno en participar por enésima vez en unas elecciones… para perder por goleada y competir, no con la “banda de los cuatro”, sino entre vosotros mismos, pobres caracoles.

Presentaros para seguir así eternamente y para que vuestro “jefes” se confirmen si sacan 12.000 votos en que ellos “son los elegidos”, y si obtienen 6.000 en que “nos han hecho trampa y por tanto hay que seguir”.

Presentaros sin programas políticos ni sombra de tales, con lemas malamente traducidos de grupos extranjeros como si el traductor Google diera la garantía de que lo que ha triunfado en un país triunfará también aquí.

Presentaros tantas veces como queráis, no os faltarán concejales que os avalen, porque saben que no tenéis la más mínima posibilidad de que sectores del electorado os tomen en serio.

Presentaros para seguir cultivando el gueto.

Presentaros para dilapidar los pocos fondos que tenéis.

Presentaros para ilusionar primero, agotar después y decepcionar finalmente a otra generación de militantes.

Presentaros para evidenciar a toda la sociedad que carecéis de líderes y que vuestros jefes son en algunos casos freakys de la peor especie y en otras, meros iluminados y en el mejor de los casos –y no hay muchos- gentes bienintencionadas a las que les falta comprender los mecanismos de la política.

Presentaros para seguir siendo lo que sois: una suma de “error técnico” (cualquier sigla por el hecho de presentarse y sin hacer campaña obtiene simplemente por errores en los recuentos entre 2.000 y 6.000 votos) y de individualidades aisladas.

Presentaros y seguiros presentando una y otra vez, eternamente, en las mismas condiciones y con las mismas esperanzas, presentaros para perder… porque la mentalidad que tenéis desde 1983 es de sempiternos perdedores”.

Todo esto, claro está, sin olvidar, que existen otras dos opciones que no se presentan a las elecciones y que, precisamente, porque disponen de concejales propios son las que menos dificultades deberían haber tenido para conseguir avales (o quizás sea que si no se presentan es por una dosis de realismo o igual es que tienen concejales precisamente por que han hecho más gala de realismo).

Tres opciones a considerar

Si el 25-M hace un buen día disfrutadlo con vuestra familia, vuestros amigos o simplemente disfrutadlo tomando unas tapas o leyendo un libro. Disfrutadlo haciendo el amor. Disfrutadlo pensando, viendo una película, haciendo ejercicio o disfrutarlo practicando habilidades sociales diversas. ¿Ir a votar en un día tan hermoso? ¿Vas a ganar algo? ¿Nada! Pues entonces, no pierdas el tiempo. ABSTENTE. La abstención no quiere decir, necesariamente, apatía e ignorancia: simplemente indica que TIENES ALGO MEJOR QUE HACER. Vivir la vida. ¡Qué vida más triste la del que en un domingo de primavera no encuentra nada mejor que perder una hora votando sin poder extraer ninguna satisfacción!

Si el 25-M quieres aprovechar la ocasión que te brindan las instituciones europeas para hacer oír tu voz, pero hace tiempo que te molesta todo el circo electoral y el que nada se solucione en ningún nivel (ni autonómico, ni municipal, ni estatal, ni europeo), DESAHÓGATE y que al menos los que están en la mesa electoral sepan (y te envidien) porque tú eres un tipo capaz de expresar lo que piensa VOTANDO NULO: para ello basta con una frase rotunda (la creatividad es cosa tuya y la elección del desplante también), un dibujo, algo dirigido a los que abrirán los sobres; o también introducir un documento significativo: una fotocopia del carné de paro, el extracto bancario con el importe de vuestra pensión, una hoja de papel de wáter… Estoy seguro que sabréis ser de lo más estilosos…

Si el 25-M quieres dar una sensación de responsabilidad como diciendo “las cosas no van bien y doy un toque de atención a los grandes partidos y a las pequeñas formaciones; hay que hacer mejor las cosas porque, entre grandes, pequeños, minúsculos y calderilla, vamos a la ruina”, en ese caso lo que tienes que hacer es VOTAR EN BLANCO.

Tienes tres opciones: la del disfrute personal, la de la protesta airada y la de la protesta mesurada. ¿Qué más quieres? Pon imaginación: sé dueño de tu voto. Seguro que lo que has hecho ese día es mucho más creativo, espontáneo, juvenil y revolucionario que votar a la “banda de los cuatro”, “a los que aspiran a hacerse un hueco a codazos dentro del régimen” o a la “calderilla multifraccionada e impotente” (a los que dicho sea de paso, también hay que dar una lección).

Julius Evola, en Cabalgar el Tigre nos ofrecía una actitud ante el mundo de la política: LA APOLITIA. Apolitia no indica desinterés o ignorancia de las cosas de la política; no es ni apatía ni abulia, ni inconsciencia. Es simplemente ALEJAMIENTO Y DISTANCIA DE LA POLÍTICA QUE HACEN LOS POLÍTICOS. Yo, en este sentido, me declaro apolítico.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Razones del independentismo

Razones del independentismo

En Cataluña siempre ha existido nacionalismo, pero el independentismo era residual y desde 1977 había obtenido malos resultados electorales. Sin embargo a partir de 2011, el independentismo parece haberse reforzado y en la actualidad todo induce a pensar que ha adelantado en peso social al nacionalismo. ¿A qué se ha debido este “surpasso”? ¿Qué ha cambiado desde hace tres años para que el independentismo haya crecido tanto?

La trayectoria histórica del nacionalismo catalán

Históricamente, el movimiento catalanista ha estado siempre dividido en un sector moderado y un sector radical. El razonamiento del primero ha sido siempre que “Cataluña” es la “parte seria” del Estado y que, por tanto, le correspondía dirigirlo. Los segundos, por el contrario, han opinado desde 1898 que España “no tiene remedio” y que era mejor abandonarla y construir un Estado propio. Tales fueron las diferencias históricas entre la Lliga de Cambó y la ERC de Maciá y medio siglo después entre CiU y ERC.

Durante la guerra civil, los moderados optaron mayoritariamente por el bando franquista, mientras que los radicales independentistas, simplemente, se difuminaron. A lo largo del franquismo, el independentismo pasó completamente desapercibido si bien hacia finales de los 60, se revitalizaron algunos pequeños grupos: el Front Nacional de Catalunya y el grupo armado a imitación de ETA, Front d’Alliberament Catalá. Apareció también un maoísmo independentista representado por el PSAN (Partit Socialista d’Alliberament Nacional) que frecuentemente colaboró con ETA y el núcleo del que parten todas las intentonas independentistas en los años 80 y 90. Los intentos de crear una ETA “a la catalana” con Terra Lliure, fueron esperpénticos y borrados de un plumazo en 1992, un mes antes de que se inauguraran los fastos olímpicos.

A partir de 1977, los grupos independentistas no tuvieron ninguna restricción para organizarse y acudir a las elecciones, pero sus resultados fueron siempre limitados y, como máximo, ERC obtuvo “dientes de sierra” en las sucesivas elecciones que se celebraron alternando momentos de crecimiento (siempre a costa de CiU) y momentos de reflujo (cuando CiU pudo recuperar sus votos). Sin embargo, esta situación quedó trastocada a partir de 2011.

El origen del actual impulso independentista

Artur Mas, aspirante durante en dos elecciones a la presidencia de la Generalitat logró hacerse con el poder y siguió los consejos del que había sido su mentor político, Jordi Pujol: presionar permanentemente a Madrid para obtener más fondos para la Generalitat. Mas, a partir de ese momento, empezó a inyectar varios millones de euros a los, prácticamente indigentes, grupos independentistas, logrando una importante movilización de masas el 11-S de 2012 (muy lejos, sin embargo, del millón de manifestantes). Con ese as en la manga, Artur Mas viajó a Madrid para solicitar “dinero para Cataluña” y nuevas transferencias al gobierno del Estado. Rajoy, simplemente, le contestó que no había dinero.

Mas regresó a Cataluña con un problema: había suscitado un movimiento independentista para chantajear a “Madrid” y ahora volvía con los bolsillos vacíos y con un fantasma que caminaba solo, la ANC (Assamblea Nacional de Catalunya, vector principal del proceso independentista). A partir de ese momento, solamente podía hacer dos cosas: o tratar de desmovilizarlo, o ponerse al frente. En este segundo caso existían dos posibilidades: o llegar a las últimas consecuencias o bien, cuando mejorarán las posibilidades de financiación de la Generalitat, desactivarlo con cualquier excusa. Mas optó por esta opción. Pero había algo que no lo tenía previsto: la crisis económica.

La mutación histórica de nacionalismo catalán

La brutalidad de la crisis mundial iniciada en 2007 ha cambiado extraordinariamente a la sociedad catalana y al nacionalismo. Hasta ese momento y desde sus orígenes en el siglo XIX, el nacionalismo catalán estuvo siempre propulsado solamente por la alta burguesía regional que aspiraba a un marco más favorable para el desarrollo de sus negocios. Esta alta burguesía catalana (las “200 familias”) fue la que estuvo siempre dirigiendo el movimiento nacionalista… hasta la crisis. A partir de entonces, sus medios de vida ya no se orientaron hacia inversiones industriales en Cataluña, sino que irrumpieron en teatros especulativos mundiales. Simplemente la burguesía catalana dejó de invertir preferentemente en Cataluña.

La crisis golpeó a Cataluña con una brutalidad extrema que se sumaba a los efectos previos de la globalización que había dislocado parte de la producción industrial en esa región. Entre 1998 y 2008, Cataluña perdió el 30% de su capacidad industrial, se orientó preferentemente hacia el turismo, varió su estructura sociológica con la llegada de 1.500.000 de inmigrantes procedentes mayoritariamente de zonas islámicas, vio caer a mínimos su natalidad y solamente gracias al aporte de la inmigración, mientras que la Generalitat se convertía en un monstruo burocrática cada vez más preocupado solamente por su propia viabilidad, convertida en una reserva para los segundones de la alta burguesía catalana y para su clientelismo.

Todo esto explica el porqué el actual proceso independentista ya no está guiado por la alta burguesía catalana, sino por grupos marginales de la sociedad: borrokas de CUP, representantes de la Cataluña interior y fanáticos nacionalistas procedentes de las clases medias (ERC), ecosocialistas (ICV) y segundones de CiU, y tenga en la oposición a la patronal catalana, tradicionalmente aliada con el regionalismo moderado. El proceso independentista ya no está liderado por las fuerzas tradicionales que desde el siglo XI constituían el eje del nacionalismo, sino por grupos marginales de la sociedad catalana.

¿Por qué avanza el independentismo?

Pero esto no responde a la pregunta de ¿por qué avanzan? Es simple. Desde 2007 una crisis económica sacude a España. En su defensa, la Generalitat de Cataluña siempre ha señalado a “Madrid” como “culpable” de la crisis. En el imaginario colectivo catalán, “Madrid” está representado por los presidentes de gobierno del Estado: Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy… El independentismo los presenta como incapaces y a Cataluña como víctima de sus errores políticos. Así explican de un plumazo porqué la sociedad catalana está en crisis y exime a la Generalitat de cualquier responsabilidad en la misma.

Obviamente el argumento es falaz, torpe y mendaz, pero tiene la virtud de la claridad y de la simplicidad: sin “Madrid”, Cataluña seria “rica i plena”, como dice el himno regional. La realidad es que si Cataluña va mal, no es solamente por los errores cometidos por los sucesivos gobiernos del Estado, sino también por la rapacidad, el faraonismo, la obsesión lingüística y la corrupción que reina en Cataluña y que tiene que ver sólo con la Generalitat.

No hay ninguna duda de que Mas, sea cual sea el final de su aventura, saldrá mal parado. Las encuestas indican que ERC ya ha realizado el “surpasso” en intención de voto a CiU. Tanto si hay referéndum (improbable) como “elecciones plebiscitarias” (probable), la independencia es un “imposible metafísico” en una Unión Europea concebida como “unión de Estados Nacionales” y que en ningún caso admitiría un proceso de centrifugación de uno de los socios que pudiera afectar a otros.

Crisis independentista = crisis política del Estado

Queda un último punto. ¿Cómo encuadrar el fenómeno del independentismo catalán en la evolución de la situación política española?

Es preciso insertar el fenómeno independentista dentro precisamente de la crisis económica que vive España desde 2007 (y que solamente se reconoció tardíamente en 2008). En efecto, la recesión económica internacional repercutió en España con el estallido de la burbuja inmobiliaria y esta se transformó en una crisis bancaria y luego en una crisis de deuda pública, todo ello con altos niveles de destrucción de empleo. Con lo que, la crisis económica dio paso a una crisis social caracteriza por un 25% de paro, un tercio de la sociedad próxima al umbral de la pobreza y un 20% de la juventud ni-ni, junto a un 20% de inmigración. La persistencia de la crisis económica ha ido prolongando la crisis social y ampliándola, generando, al mismo tiempo, una desconfianza creciente en las instituciones y en la clase política y erosionando el sistema político español. Al proceso iniciado con la crisis económica se superpuso una crisis social que, al persistir ambas, ha generado una larga etapa de crisis social.

Lo que tenemos hoy en España es una gigantesca crisis política que marca la fase final del régimen nacido en 1978 hoy completamente erosionado, con una clase política desprestigiada y bajo sospecha de corrupción, con una estructura autonómica pesada y paquidérmica, ineficiente y costosa, con unas instituciones, que desde la monarquía hasta el aparato de justicia, son presas de la más profunda desconfianza y con las que el ciudadano no se siente identificado, con una “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) que tras haber protagonizado 34 años de bipartidismo imperfecto han entrado en crisis y, por supuesto, con un independentismo en Cataluña y en Euzkadi que ven en la debilidad del Estado la posibilidad de alcanzar sus objetivos históricos.

El independentismo catalán, pues, no es más que una parte de la inmensa crisis política que se abate sobre España, el enésimo fruto de la agonía del régimen político español nacido en 1978. No hay solución al problema independentista, sin enterrar aquel régimen, verdadero lastre para la España del siglo XXI.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar procedencia.

 

Bye-bye Barcelona...

Bye-bye Barcelona...

Info-krisis.- Desde hace unas semanas está corriendo por la web un documental titulado Bye, bye Barcelona (https://www.youtube.com/watch?v=mSAPqGijeiY&feature=youtu.be) que alerta sobre el peligro de una ciudad que cada vez se parece menos a lo que conocimos hasta no hace mucho. Nacido en Barcelona y alejado voluntariamente de ella, habiendo escrito varios libros sobre la Ciudad Condal, sus tradiciones y cultura, no puedo por menos que lamentar este proceso cuyos responsables tienen nombres y apellidos.

Varias novelas de Ruiz Zafón encuentran su leit-motiv en la rememoración de una Barcelona fue “fue y ya no es”. Una Barcelona que ha ido cambiando aceleradamente hasta convertirse en irreconocible. Ruiz Zafón tiene diez años menos que quien esto escribe, así que, en su modestia, el autor de estas líneas puede argumentar que ya no queda absolutamente nada de aquella Barcelona que conoció de niño. Y no se trata solamente del lógico cambio al paso con los tiempos, sino de una mutación que alcanza al alma misma de la ciudad. Esta mutación tiene distintos responsables. Vale la pena pasar revista al proceso que ha llevado a esta situación y su alcance para los barceloneses.

 

Una historia apresurada de la evolución barcelonesa

En la Edad Media existía un dicho: “Barcelona val diners i si és a la Rambla ancara val més” (literalmente, Barcelona cuesta dinero y en la Rambla aún más) que indica que en aquella remota época ya existía especulación inmobiliaria sobre los territorios del centro de la ciudad. Con el tiempo, no mejoró la situación. Extramuros de la ciudad fueron arrojados los menesterosos y los delincuentes (en lo que hoy es la Iglesia de San Pablo Extramuros, o Sant Pau del Camp). La prostitución se estableció en los aledaños (Barrio Chino), compartiendo en los años 50-80, espacios con al inmigración procedente de otras zonas del Estado. Hoy, esos barrios, el Raval y la Ribera están ocupados por inmigrantes.

Cuando se produjo la Guerra de Sucesión, tras la caída de Barcelona en 1914, el barrio de la Ribera fue completamente desmantelado y sus ruinas arrojadas al mar. Sobre ellas se edificó la Barcelona y dice la leyenda que la diosa del mar un buen día se apoderará de los territorios que le fueron robados. Zona de contrabandistas ayer, centro de emisión de las últimas epidemias de cólera morbo en la segunda mitad del XIX, de copas mas tarde y de turismo masificado en la actualidad, algo de esta maldición parece cierto.

Las “bullangas” de mediados del XIX organizadas por liberales, logias masónicas y asociaciones carbonarias, cambiaron la fisonomía del centro de la ciudad. Se incendiaron los conventos de las Ramblas. Sobre las cenizas del de los Trinitarios se levantó el Liceo (y dice la maldición que el teatro se incendiará tres veces en venganza por los gorgoritos de las sopranos y las vicetiples de otro tiempo que turbaron el descanso eterno de los monjes allí enterrados) y sobre el huerto de plantas medicinales de los jesuitas se levantó la actual Plaza Real. En esa época, Barcelona perdió más del 50% de su patrimonio gótico: la Casa Gralla fue derribada, el convento de Santa Caterina ardió por las teas liberales y el Palau Menor, fuerte de los templarios, cayó bajo las bombas de Espartero.

Por otra parte, al derribarse la muralla de la ciudad hacia mediados del XIX, las parcelas del Ensanche en pocos meses duplicaban el precio. Antes de la gran crisis de la ciudad que estalló justo en el momento en el que se inauguraba la Exposición Universal de 1889, aquellas parcelas se llegaron a revender dos y tres veces en un año. Era la especulación realizada al calor de los capitales repatriados de Maracaibo y Cuba. Aquella burbuja terminó mal y los bancos barceloneses terminaron arruinados antes de que se inauguraran aquellos fastos.

En esos años, la industrialización generó un cinturón de fábricas y barrios insalubres para los nuevos barceloneses llegados de la periferia agrícola, organizados en un fuerte movimiento obrero diferente al que se vio en otros lugares del Estado. Dentro del anarcosindicalismo floreció una cultura alternativa muy parecida a la actual new age con grupos teosóficos, librepensadores, esperantistas, espiritistas, vegetarianos, nudistas, etc.

La burguesía catalana nacida de la industrialización y del retorno de lo“indianos” o “americanus”, generó tanto el nacionalismo catalán (que no fue nada más que la doctrina de la alta burguesía para justificar su hegemonía social) como el modernismo y, como reacción a sus excesos, el novencentismo del que Eugenio D’Ors y su Ben Plantada, fueron los máximos exponentes. El nacionalismo hizo de Gaudí su icono y de la Sagrada Familia el intento de transferir el centro de Barcelona a ese nuevo entorno bendecido por el conde de Güell y la primera generación nacionalista.

El marasmo de la República y de la Guerra Civil demostraron que la sociedad catalana se encontraba extremadamente fragmentada: nacionalistas radicales, regionalistas moderados, anarcosindicalistas, ultraizquierdistas, comunistas, socialistas y, por supuesto, españolistas. La industrialización se detuvo y hubo que esperar al desarrollismo franquista para que las fábricas volvieran a producir gracias al aporte de 2.000.000 de inmigrantes llegados de otras zonas del Estado. Por esas fechas, siempre en torno al Ayuntamiento, volvieron a reproducirse los furores especulativos sobre el suelo. La vivienda empezó a encarecerse para los barceloneses; pero había trabajo y los sueldos permitían pagar alquileres o hipotecas razonables. La transición alteró de nuevo todo esto.

Barcelona en democracia

En los años de la transición y de la democracia ulterior se rompieron todas las barreras. Los socialistas que gobernaron ininterrumpidamente Barcelona desde la transición hasta bien entrado el siglo XXI, tenían ideas propias sobre cómo debía ser la ciudad. Pascual Maragall, que había conocido Nueva York en su período de estudiante, quería transformarla en una “ciudad fashion”, una especie de ciudad de los rascacielos del Viejo Mundo. Su proyecto consistía en impulsar el “desarrollo” de Barcelona a golpe de eventos internacionales.

En apenas 20 años se sucedieron, los mundiales de fútbol de 1983 (celebrados en gran medida en el Nou Camp) a partir de los cuales se inician las riadas turísticas procedentes de Italia; luego en 1992 los Juegos Olímpicos y doce años después el Fórum de las Culturas. Barcelona parecía completada: se habían urbanizado Montjuich, la Zona Olímpica, Diagonal Mar… La mala noticia es que el precio del suelo se disparó mucho más que en cualquier otra zona del Estado.

Y había algo peor, el modelo de ciudad, lejos de parecerse a Nueva york, tendía irreprimiblemente a ser similar a Marsella: esa ciudad árabe situada en el lado equivocado del Mediterráneo. Los barrios del Raval y de la Ribera se convirtieron pronto en zonas islamizadas que se fueron extendiendo hacia Pueblo Seco y Sans, rebasando la línea de las Rondas y salpicando zonas del Ensanche próximas al Mercado de San Antonio. En San Martín de Provençals o en Nou Barris, la acumulación de inmigración determinó un cambio radical en la fisonomía urbana.

La degradación de Las Ramblas

La columna vertebral de la ciudad antigua, las Ramblas, se convirtió en lo más parecido al Mekong de Apocalypse Now: descender por ellas era sumergirse en un mundo progresivamente hostil y peligroso. Sin embargo, todavía quedó hasta finales del milenio el tipismo propio de aquel lugar cosmopolita y variopinto. Bajar por las Ramblas a plena luz suponía pasar primero por la Rambla de Canaletas, luego la Rambla de los Estudios (ambas zonas de paseo, con tenderetes de animales y mascotas), más abajo la Rambla de las Flores (con puestos de floristas a un lado y otro), finalmente, la del Centro y la de los Capuchinos (sobre todo con kioscos de periódicos y verdaderas librerías abiertas al sol),  todas en menos de un kilómetro. En la Rambla del Centro uno podía sentarse y sonreír ante los cientos de tipos estrafalarios que deambulaban por la zona; o simplemente descansar, meditar y leer.

De todo eso ya no queda absolutamente nada: desde principio a fin, las Ramblas se han convertido en un parque temático. Los kioscos de periódicos y libros siguen allí para vender souvenirs turísticos. Una iniciativa de Pilar Rahola, en su tiempo de concejala, prohibió vender mascotas; entre los puestos de las floristas se instalaron más puestos de souvenirs de ínfima calidad. Sangría de pésima calidad a precios abusivos y masificación hicieron lo demás.

Al declinar el día, la zona se vuelve peligrosa. Cientos –en alguna ocasión miles- de carteristas y ladronzuelos procedentes de todo el mundo, atraídos por el “efecto llamada”, recorren las Ramblas buscando incautos o turistas desprevenidos. Saben que nunca les pasa nada. Todo termina en una noche en comisaría y al día siguiente vuelta a empezar. El subsuelo barcelonés, el metropolitano, es otra zona peligrosa, como los barrios de más presencia inmigrante. En el Barrio Gótico no estar atento implica ser objeto de robo seguro. Diga lo que diga la Consellería de Interior y el Ayuntamiento, la delincuencia en el centro de la ciudad está completamente fuera de control.

Los escenarios gaudinianos

En la zona de la Sagrada Familia las cosas están igual o peor. Allí miles y miles de turistas apresurados visitan aquel monumento extraño y desmesurado. A medida que las obra siguen, la Sagrada Familia se perfila cada vez más como aspirante al primer puesto del ranking de monumentos kistchs mundiales. El amasijo de estilos diferentes (neogótico en el ábside, surrealista en las culminaciones de las torres, modernista en la fachada del Nacimiento, gaudiniano en el desarrollo de las torres y simplemente horroroso en la fachada principal aún por construir) la convierten en un fenómeno freaky de la arquitectura, mucho más que en una verdadera catedral.

Hace menos de dos meses, las estadísticas demostraron que el turismo se había estancado en Madrid, pero seguía creciendo en Barcelona. El establecimiento de nuevas líneas de cruceros hará que todo esto aumente en los próximos años. Esos cruceros, verdaderas colmenas flotantes aseguran unos 100.000 turistas anuales más a la ciudad. Ciertamente se trata de turismo poco exigente, de camiseta, chancletas, tinto de verano o sangría aguada, pero irán y vendrán por las Ramblas, por el Parque de Güell (otro monumento kitsch gaudiniano), por la Sagrada Familia y por el Gótico.

Un cambio cualitativo en la ciudad

En apenas 20 años, Barcelona ha mutado: ya no vive de la industria, sino solamente del turismo. El sector de la construcción se ha hundido, así que es frecuente el recurso al mobing inmobiliario para liberar antiguos edificios y construir en ellos nuevos hoteles. El Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat han hecho de la Ciudad Condal el eje central de su política económica basada en el turismo, sólo en el turismo y nada más que en el turismo. 

Barcelona, digámoslo ya, no es hoy una ciudad pensada para facilitar la vida a sus habitantes, sino que está diseñada como parque temático para turistas. A un barcelonés de apenas 40 años, que recuerde la Barcelona de su infancia, le dará simplemente asco y repugnancia pasearse por las actuales Ramblas. A otros barceloneses situados en el Barrio de la Salud o en la Sagrada Familia la vida se les hace irrespirable entre ruidos y riadas de turistas embobados, cámara en ristre, chancletas despendoladas y olor a protector solar. Por lo demás, en el Raval y en la Ribera, en Pueblo Seco, apenas quedan barceloneses.

La ciudad ha mutado. Se ha hecho irrespirable. Y ya no puede crecer. Rodeada por el cinturón industrial, Barcelona ha rebasado con mucho su límite de la sostenibilidad. El Ayuntamiento y la Generalitat han, simplemente, robado la ciudad a sus habitantes (esos que con fidelidad perruna les van regalando votos elección tras elección) y se la han entregado a la industria turística.

Dudas sobre la sostenibilidad de la Ciudad Condal

La pregunta inquietante que causa pánico en Barcelona es: ¿qué ocurrirá el día en que el turismo falle? Un simple atentado terrorista ligado de alguna manera al proceso secesionista que afectara a algún turista, acarrearía un descenso drástico en las visitas y el hundimiento del sector… que hoy agrupa a un porcentaje creciente de actividad económica. O simplemente, la violencia misma que acompaña al proceso independentista puede operar el mismo fenómeno. O, el cambio de gustos: porque el turismo depende de modas y estas son siempre pasajeras…

Lo realmente triste es constatar que ya no queda nada de la Barcelona que conocimos en nuestra infancia: quizás era una ciudad gris, en blanco y negro, pero era más humana, más habitable, más cómoda para sus ciudadanos, más hecha a su medida. Hoy, Barcelona sufre un proceso de despoblación: convertida en un emporio de oficinas de la Generalitat, cada vez más barceloneses deciden empadronarse en municipios más cómodos y accesibles de la periferia, o simplemente en irse a otras zonas del Estado.

Nosotros mismos, que abandonamos la Ciudad Condal hace algo más de diez años, pero hemos seguido frecuentándola desde entonces, hemos podido percibir ese cambio con mucha más facilidad que quienes están inmersos en el día a día urbano. En nuestro blog hemos aludido con cierta frecuencia a estos temas. Hoy, gracias al documental Bye, bye Barcelona, sabemos que esa percepción no es solo nuestra: muchos barceloneses son conscientes del deterioro de la vida urbana. El problema es que, hoy por hoy, ese proceso es irreversible. No hay marcha atrás y la nostalgia no es una solución. En ningún lugar de Europa se ha producido un proceso similar. Ayuntamiento y Generalitat son los únicos responsables del desaguisado.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

El fin del juancarlismo

El fin del juancarlismo

 

Info-krisis.- Durante la transición, los franquistas, a cambio de aceptar la democracia de los partidos, recibieron el que España siguiera siendo monárquica. Todos contentos: la oposición democrática tenía legalizados a sus partidos y los franquistas creían que con el Rey seguía proyectándose la voluntad del aquel que reinstauró la monarquía en España, Franco. Sin embargo, hasta el 23-F, la monarquía no fue aceptada ni tomada en serio. Desde entonces ha llovido mucho. Hoy, la crisis política del régimen y la corrupción en el entorno de la Familia Real nos han situado en puertas de la sucesión.

Desde hace semanas se vienen produciendo algunos “movimientos” en torno a la imagen del rey que parecen indicar que nos encontramos al final de un ciclo y al principio de otro. La erosión física del monarca parece irreversible a pesar de sus 76 años, pero hay algo todavía más deteriorado: la imagen de la institución monárquica.

Corrupción en la cúspide del Estado

Hasta ahora, Juan Carlos había salido indemne de los muchos casos de corrupción que se habían producido en su entorno de amistades. Los nombres de Javier de la Rosa, Prado y Colón de Carvajal, Ruiz Mateos o Mario Conde, que en su momento mantuvieron una estrecha relación de amistad con el monarca, pasaron ante los juzgados, protagonizando sonados episodios de corrupción y/o mala gestión. Todos ellos confiaban en que la amistad con el monarca les crearía un entorno de invulnerabilidad, pero, a la hora de la verdad, se encontraron solos ante la justicia. La Casa Real tuvo la habilidad de minimizar la envergadura de estas amistades y el prestigio del Rey no se vio erosionado. Pero en el caso Urdangarín ha resultado mucho más difícil establecer un círculo defensivo.

La falta de prudencia, las ambiciones desmesuradas y la rapacidad en obtener rentabilidad a su situación matrimonial, así como una sensación de invulnerabilidad, hizo que Urdangarín se comprometiera en operaciones difícilmente justificables que entran de lleno, no solamente en la defraudación fiscal sino también en la corrupción pura y dura y el tráfico de influencias. Pero en este viaje no estuvo solo: la firma de la infanta aparece en demasiadas ocasiones como para que todo pueda atribuirse al “amor” conyugal, tal como ha alegado su defensa. Por primera vez desde el inicio de la democracia, el entorno próximo –demasiado próximo– al Rey quedaba salpicado por un caso de corrupción.

Anteriormente, distintos deslices en materia sexual cometidos desde su juventud, habían ocasionado problemas a los asesores de imagen de la Casa Real, pero en esta ocasión no se trataba de las cartas enviadas por el entonces príncipe a un amor de juventud, por los papeles guardados por una estrella del destape, o por la tocata y fuga del rey con una periodista suiza mientras las leyes que debía revisar eran firmadas por unplotter, ni siquiera de una malhadada cacería ni de una princesa aventurera en el mundo de los negocios, era mucho peor: un verdadero caso de corrupción en el que alguien que no tenía necesidad de realizar estas prácticas –pues su futuro estaba aseguro por la fortuna familiar y por la parte de la herencia que le correspondería de su suegro– llegaba incluso a utilizar a asociaciones de niños minusválidos para desviar fondos públicos, defraudar a Hacienda, justo en el momento en el que la crisis económica alcanzaba su nivel máximo y el paro superaba los cinco millones.

Solamente un rápido divorcio, la devolución de las cantidades sustraídas, un pago a Hacienda de las multas y las cantidades adeudadas y un reconocimiento público de las culpas, seguida de la aceptación de la sentencia y de la subsiguiente petición de indulto, hubieran resuelto la situación. Pero la Casa Real no se sintió con valor de realizar todo este recorrido, ni la infanta estuvo en ningún momento de acuerdo con el planteamiento.

Para colmo, Urdangarín adoptó la peor defensa posible: culpar a su socio, el cual vio procesada a su esposa, respondiendo violentamente: si caía su esposa, también caería la infanta. A partir de aquí se inició la filtración de emails privados que hacían inevitable la imputación de Doña Cristina de Borbón. La cacería real en África y la irrupción de la princesa Corina, junto con las noticias sobre la salud real y las sucesivas operaciones, terminaron por disolver todas las esperanzas de que Juan Carlos pudiera concluir airoso su reinado. La bochornosa disculpa pública (el “lo siendo, no se volverá a repetir”) contribuyó a hacer más patética aún la imagen de la monarquía.

Fue en este contexto en el que se inició la “operación abdicación” apoyada especialmente por Leticia Ortiz y por la reina Sofía, voluntariamente alejada en Londres. La parte más amable de la operación era preparar a Don Felipe para asumir la corona. Eso implicaba pasearlo por todo tipo de eventos por el territorio nacional, convertirlo en una figura conocida, habitual en los telediarios y familiarizarlo –al menos en teoría– con los problemas de los españoles. En el momento de escribir estas líneas, la pareja Felipe-Leticia prosiguen esa actividad a ritmo acelerado que incluyen desde reuniones con empresarios, visitas a Cataluña, hasta un cuidado extremo en cuestiones de imagen (operaciones de mandíbula de Leticia).

Pero todo esto no ha bastado: la operación fallaba precisamente por el eslabón más débil: Juan Carlos I, fiel a la tradición de su padre, no parece dispuesto a abdicar. En ese contexto, la publicación del libro de Pilar Urbano, El precio del trono, lanzado pocas horas después del fallecimiento de Adolfo Suárez, puede ser considerado como otra fase de la operación. Cabe recordar que la Urbano, miembro del Opus Dei, es también autora de varios libros de pura intoxicación (Mohamed Atta, sobre los atentados del 11-S, Con la venia, yo indagué el 23-F, Yo entré en el CESID…) diestros en el arte de sembrar pistas falsas, desviar las sospechas hacia callejones sin salida, crear confusión y sembrar pistas falsas.

Desde siempre habían corrido rumores sobre la implicación de Juan Carlos I en los episodios del 23-F. Si existió tal implicación, debió reducirse al comentario que realizó la reina Sofía al general Armada (“Alfonso, sólo tú puede salvarnos…”) y poco más. De la misma forma que la transición, contrariamente a lo que se suele difundir, no fue diseñada ni por Adolfo Suárez, ni mucho menos por el monarca, sino por las fuerzas económicas nacionales e internacionales que precisaban la integración de España en Europa y en el marco de la OTAN, el 23-F, en tanto que culminación de la transición, debió tener como autores intelectuales a los mismos promotores de la transición.

Hizo falta que muriera Adolfo Suárez para que el libro se pudiera publicar. Los funerales de Estado del antiguo presidente de UCD revitalizaron el recuerdo de la transición y de sus misterios y “alguien” aprovechó para lanzar una nueva andanada sobre Juan Carlos y sobre su trayectoria pasada. La andanada, no partía de sectores antimonárquicos, sino más bien, se ambientes conservadores en absoluto hostiles a la monarquía: el Opus Dei, el editor Lara, el entorno de la Reina…

La Casa Real recomendó al rey asumir la figura de Don Tancredo, un “no te muevas que es peor”, renunciando a realizar cualquier comentario sobre el libro y actuando como si no pasara nada. Y entonces vino un nuevo “aviso”: el jet real, inexplicablemente se averió por quinta vez en seis meses al tener que trasladar a Juan Carlos de su periplo por el Golfo Pérsico a la final de la Copa del Rey de fútbol. ¿Avería o advertencia? Cada cual es dueño de pensar lo que quiera a la vista de la delicada situación de la monarquía juancarlista.

Situando la crisis de la monarquía

Los pactos de la transición establecieron que el sistema político español sería una monarquía constitucional. Hasta ahora, dichos pactos se han respetado, pero en la actualidad la crisis económica ha terminado generando una crisis política una de cuyos frentes abiertos es precisamente el futuro de la institución monárquica. Por primera vez, incluso algunos monárquicos son conscientes de que la persistencia de Juan Carlos en seguir en el trono puede aumentar el desprestigio de la institución monárquica e incluso generar el fin de la monarquía. Tales sectores –incluso una parte de la Casa Real– opinan que solamente la sucesión y los fastos que generará pueden suscitar un nuevo impulso de popularidad y un baño de masas para la institución que deje atrás la erosión que está sufriendo en estos últimos cuatro años.

Así pues, la crisis de la monarquía es una parte de la crisis política que vive España. La monarquía juancarlista se encuentra en estos momentos más que amortizada y parecería razonable que antes que se desencadene la “tormenta catalana” (que alcanzará su máxima virulencia en el último trimestre de 2014), se produjera la sucesión monárquica sin más tensiones. Pero la lógica y el sentido común no siempre dirigen la actividad del monarca y en este  caso, al igual que su padre, Don Juan de Borbón, Juan Carlos se niega a abdicar en beneficio de su hijo.

Hay que recordar que estos dos distintos entornos monárquicos están rodeados de una red de asesores, especialistas en imagen, analistas políticos, que sugerirán a cada parte, las mejores técnicas e iniciativas para imponerse a la otra. Los enfrentamientos entre Borbones no son una novedad en la historia de España desde que Fernando VII traicionara a su padre. Pero lo que se dirime aquí es no solamente el momento en el que tendrá lugar la sucesión, sino la existencia misma de la monarquía.

Parece difícil que el tiempo consiga mejorar la caída en picado de la imagen de Juan Carlos I que se ha producido en los últimos años. El escenario más peligroso es el instante de crisis centrifugadora combinado con la reivindicación de la República, con un rey incapaz de tomar la iniciativa y mermado físicamente. Escenario que tenemos a la vuelta de la esquina. Si se retrasa excesivamente la sucesión, lo que peligra es la misma institución monárquica.

Termine como termine el sainete catalán, parece evidente que en un plazo no mayor a cinco años va a ser necesaria una reforma constitucional. Tal reforma puede hacerse “a mínimos” (apenas unos retoques para reforzar el sistema basado en los dos partidos hasta ahora mayoritarios) o una reforma “a máximos” que puede acabar con la institución monárquica para siempre. Todo va a depender del tiempo que Juan Carlos siga manteniéndose en el trono. 

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

nº XXX, RHF. Sumario

nº XXX, RHF. Sumario

Acaba de aparecer el número XXX de la Revista de Historia del Fascismo que incorpora los siguientes artículos a lo largo de 224 páginas ilustradas
Este número correspondiente a marzo se ha retrasado a causa del exceso de trabajo que ha experimentado nuestra editorial a causa de la reedición de varios libros y del lanzamiento de otros nuevos. Así mismo,en este número no hemos podido incluir todos los artículos que estabanprevistos. Sin embargo, acabamos dos series importantes: la dedicada al Movimiento Nacional Sindicalista Portugués y la consagrada al Tercer Reich y el Tíbet. Esperamos que el lector entienda estos problemas y al mismo tiempo los disculpe a la vista del interés dela totalidad de artículos incluidos en este número XXX.


Dossier XXX
El Movimiento Nacional Sindicalista portugués y sus relaciones con España
(II de II)

En el numero XXIX describimos la andadura del Movimiento Nacional Sindicalista portugués, sus orígenes, su crecimiento espectacular, sus relaciones con el Estado Novo salazarista y el enfrentamiento fatal entre Rolao Petro y Oliveira Salazar. En esta segunda y última parte, estudiamos las relaciones entre el nacional-sindicalismo español y el portugués. A pesar de que haya sido ignorado por todos los historiadores de Falange Española, algunas de las claves de su historia pasan por el nacional-sindicalismo portugués. La amistad entre Preto y Primo de Rivera, su común interés por el "personalismo" y las propuestas de éste en la reunión de la Junta Política en el parador de Gredos, indican que tales relaciones fueron mucho más intensas de lo que generalmente se ha creído.

Tercer Reich
El nacional–socialismo y el Tíbet (II de II)
Deshaciendo mitos, disipando equívocos, combatiendo exajeraciones 

Presentamos la segunda parte del cuaderno publicado por la editorial francesa Ars Magna Editions titulado El nacional–socialismo y el Tíbet. En el número XXIX pubicamos las dos primeas partes, ahora nos congratulamos en orecer los artículos Las SS y el Tíbet de Claudio Mutti y La expedición nazi al Tíbet (1938–1939) de Eric Wijnants. Con estos artículos esperamos haber contribuido a restablecer la verdad histórica y disipar la mitología ocultista difundida a partir de la publica de El retorno de los brujos, de Louis Pauwels y Jacques Bergier, matriz de toda laliteratura sensacionalistas sobre las relaciones entre nacionalsocialismo y ocultismo.

Neofascismo
Memorias de Stefano delle Chiaie
Plan de eliminación

Las memorias de Della Chiaie se convierten de nuevo en este capítulo en una dura denuncia contra el “terrorismo de Estado”. La “prueba del nueve” que confirma precisamente la existencia de una conspiración por parte de los servicios de inteligencia para responsabilizar a los neo-fascistas el atentado contra la Estación de Bolonia es precismente el interés de estos servicios en eliminar físicamente a quienes lamagistratura había decidido, sin pruebas, que debían ser encausados por la masacre. Detrás de todo esto se encontraba el extraño incidente del avión derribado por un misil en Ustica. Todo era, a fin de cuentas, un intento de desviar la atención y evitar que dicho.

Nacional Socialismo
La fundación del NSDAP
Cuando Hitler decidió «hacer política»

La prehistoria del nacional–socialismo está envuelta en el misterio. Se suelen perder de vista algunos datos esenciales (como las relaciones del Partido Obrero Alemán (DAP) con la Sociedad Thule o cuándo exactamente Hitler asumió las riendas del partido, o porqué se eligió la esvástica como símbolo). De ahí que valga la pena realizar un repaso a aquellos, insistiendo en las cuestiones que hasta ahora no han quedado suficientemente claras. La horquilla de tiempo que vamos a repasar se sitúa entre 1919 y 1921 y, al acabar nuestro estudio, veremos que lo menos que puede decirse es que ya desde ese momento, Hitler tenía muy claro cuál era su pensamiento político, sus objetivos y su doctrina.

Características técnicas:

224 páginasTamaño 15 x 21Precio de venta: 18,00 euros (+ 3,00 de gastos de envío)Pedidos, suscripciones y contacto: eminves@gmail.com

Crónica política (I)

Crónica política (I)

Lo que nos van a enseñar las elecciones europeas.- Desde ahora hasta la semana antes de las elecciones europeas, las encuestas que se irán publicando intentarán anticiparse a los resultados electorales del 25 de mayo. Pocas veces como esta ha resultado tan fácil realizar una aproximándose a los resultados, avalados únicamente por el sentido común y sin necesidad de recurrir a un sondeo. Algunos resultados son particularmente previsibles y permiten avanzar una interpretación de los mismos.

Victoria de la desafección

La suma de abstención, voto nulo y voto en blanco, seguramente se aproximará al 50% del electorado. Tradicionalmente, las elecciones europeas han registrado los más altos porcentajes de abstención, pero en esta ocasión en donde el electorado está cansado de una crisis que se prolonga ya por espacio de siete años, espacio de tiempo en el que los dos grandes partidos han gestionado ex aequo el poder, es normal que ambos salgan malparados.

Poco importa quién quedará el primer lugar, la candidata socialista o Arias Cañete. Ambos son políticos de bajo perfil. Para Elena Valenciano es una “patada para arriba”, lo máximo a lo que puede aspirar la antigua telefonista de la sede de Ferraz. Rajoy, en cambio, ha decidido enviar a Arias Cañete quien, con su experiencia ministerial, aspira a un cargo de comisario en Bruselas. Eso, o hacer pasillos como opositor. En cualquiera de los dos casos, lo que parece seguro es que ambos partidos reduzcan diferencias y pierdan diputados en relación a los que tienen actualmente.

Más interesante es la situación de los partidos minoritarios: Izquierda Unida arañará algún diputado procedente del desgaste del PSOE, y el partido de Albert Rivera ganará otros procedentes del PP. UPyD parece estancada en su crecimiento. Y los dos partidos nacionalistas, CiU y PNV disminuirán acosados por los independentistas que mejorarán resultados. Es posible que ERC doble su representación y que los abertzales retornen a Bruselas. Es pronto para saber si Vox estará presente o no: aparece en unas encuestas y en otras no.

Pocas sorpresas pueden haber. El dato al que hay que atender es a esa suma de votos en blanco, nulos y de abstencionismo que puede llegar a ser histórica, así como los niveles de caída de los dos grandes partidos. Es, a partir de estos detalles sobre los que podemos establecer dos conclusiones, una en clave europea y la otra deducible de la situación nacional.

“Europa no emociona”

En los años de la transición, uno de los impulsos transversales que recorrieron el país fue la integración en Europa. De hecho, era una necesidad de supervivencia para el escuálido capitalismo español, gestado durante el “desarrollismo” franquista, el abrirse a los mercados europeos. Fue éste y no otro el verdadero impulso de la transición. Para tal integración era preciso un sistema democrático formal que permitiera tanto la aceptación por parte de las entonces llamada “Comunidades Europeas”, como de la OTAN.

Una vez dentro, la reconversión industrial supuso la primera gran decepción, paliada con la llegada de fondos estructurales. Poco después de que se agotara este filón llegó la crisis de 2008. Antes, la llegada del euro encareció la cesta de la compra y empezó a percibirse el problema de manejar una moneda cuyo control escapaba al Estado español. Hoy, en 2014, pocos creen ya en las bondades de la Unión Europea e incluso en su viabilidad.

Sin olvidar la potente burocracia asentada en Bruselas que hace de la existencia del Parlamento Europeo lo más parecido a un simulacro democrático. La diferencia de regímenes fiscales, la competencia entre los distintos aparatos productivos nacionales y la merma de derechos sociales, tienen como trasfondo la huida neoliberal hacia adelante. No es raro que las masas europeas se desinteresen de algo que, no solamente perciben como lejano, sino también como inútil o, incluso, perjudicial. El fantasma del “euroescepticismo” recorre toda Europa y se concreta en voto a partidos disidentes y altos niveles de abstención.

“El bipartidismo ha muerto en España”.

La caída de votos de PP y PSOE es una novedad: hasta ahora ambos partidos se disputaban el espacio de centro y era allí en donde se decidían las elecciones. Los votos que obtenían parecían unidos por vasos comunicantes. Nunca antes habían descendido los dos en relación a una elección del mismo nivel. El PSOE todavía no se ha repuesto del zapaterismo ni de la crisis de la socialdemocracia europea. En cuanto al PP, cuesta encontrar un solo argumento en su defensa.

En toda Europa centro-derecha y centro-izquierda han entrado en crisis en los últimos años. Durante un tiempo, el electorado ha vagado –en virtud de los vasos comunicantes– decepcionado por conservadores y luego decepcionado por socialdemócratas. Este ciclo se ha repetido varias veces en Europa Occidental desde 1945, pero en la actualidad parece haber llegado a su fin. El electorado busca otras opciones y allí donde están claras, les entrega su voto (caso de Francia con el Front National, del Reino Unido con el UKIP, de Austria con el FPÖ y así sucesivamente).

En España el desgaste del centro-derecha y del centro-izquierda se ha consumado en apenas 30 años, cuarenta menos que en el resto de Europa occidental. Ahora ya es irreversible y si se ha logrado mantener durante tres décadas ha sido gracias a la arquitectura electoral que acompañaba al a Constitución de 1978.

El “alma” del sistema democrático español es el bipartidismo imperfecto que garantiza la facilidad para obtener mayorías absolutas, merced a la Ley d’Hont, y al mismo tiempo, la posibilidad de contar con el apoyo de partidos regionales en caso de no alcanzarlas. El sistema, en teoría razonable, se ha mostrado perverso en su aplicación práctica: ha generado, directamente, los más alarmantes niveles de corrupción existentes en estos momentos en Europa que, por sí mismos, bastan para caracterizar este período de nuestra historia como el “período de la corrupción” (como la Restauración fue el período del caciquismo).

A pesar de todo, la Constitución y el bipartidismo hubieran resistido la erosión de no ser por la crisis iniciada en 2007. Pero la crisis, que primero fue económica, al prolongarse, pasó a ser social. Su persistencia hizo que mutara, finalmente, y se transformara en crisis política.

Si el sistema nacido en 1978 se mantiene sobre la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) parece evidente que las tendencias actuales indican que todo se está tambaleando: PP y PSOE descienden en las encuestas, aumenta la desafección, CiU está inmersa en su aventura separatista y el PNV observa el proceso para lanzarse a su vez. Para colmo, el abstencionismo, deslegitimiza los resultados electorales cuando se aproxima al 50%. Y hay todavía otro elemento.

Aparecen nuevas opciones políticas. Los partidos nacionalistas han visto el ascenso de partidos independentistas que corren el riesgo, tanto en Cataluña como en la Comunidad Vasca, de superarlos, lo que, unido a las nuevas siglas generadas por la crisis del PP y del PSOE, hacen que el panorama político se vaya atomizando poco a poco y hayamos entrado en una fase de “italianización”. Las próximas elecciones municipales acentuarán esta tendencia y en las generales muchas más siglas estarán presentes en el Grupo Mixto. Sin contar con que en el parlamento autonómico catalán están presentes en estos momentos siete siglas.

Solamente una recuperación económica brusca y la también improbable absorción de dos millones de parados por parte de un mercado laboral maltrecho, podría revitalizar la intención de voto de los dos grandes partidos… Una perspectiva lejana que tiene su contrapartida en el término de la época de las mayorías absolutas y en la entrada en los gobiernos de coalición, siempre inestables y en peligro de ruptura a causa de cualquier encuesta de intención de voto desfavorable.

El final del bipartidismo en España, es algo más que el final de una época, es el hundimiento del sistema de equilibrios y de fuerzas nacido de la Constitución de 1978. Difícilmente un sistema diseñado como bipartidista, podría sobrevivir al hundimiento de los dos grandes partidos y a la perspectiva de atomización del parlamento.

Por todo ello, resulta fácil prever que inestabilidad y ausencia de alternativa, tales son los dos elementos que se evidenciarán en la política española  partir del 25 de mayo.

 

 

Retirada napoleónica de España

Retirada napoleónica de España

HOY MISMO, TAL QUE ASÍ HACE 200 AÑOS, LAS TROPAS NAPOLEÓNICAS DE OCUPACIÓN ABANDONARON ESPAÑA SEGUIDOS POR 25.000 AFRANCESADOS. Así concluyó una guerra que fue DE LA INDEPENDENCIA (contra el invasor), CIVIL (porque hubo españoles en la guerrilla y en la administración francesa) e INTERNACIONAL (porque las tropas inglesas recorrieron parte de España luchando contra los franceses). A PARTIR DE AHÍ CON EL RETORNO (Y EL FRACASO) DE FERNANDO VII SE INICIA LA FASE ACTUAL DE DECADENCIA DE ESPAÑA. Y en ella seguimos... 

Hoy, Día de la Rosa de 2014

Hoy, Día de la Rosa de 2014

Que la Rosa florezca en tu corazón
Que sus espinas corten como tu espada
Que sus pétalos te recuerden la sangre de los tuyos
Que su tallo tenga raíces profundas como tu identidad
Que tu vida tienda hacia el sol como la rosa se abre ante su poder

(no puedo por menos que recordar hoy DIA DE LA ROSA, a Raymond Berenguer IV, Conde de Provenza, hijo de Alfonso II de Aragón y Doña Sancha de Castilla, representado en la iconografía medieval armado con espada, cota de malla y rosa)