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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Dossier Podemos

Dossier Podemos

Info|krisis.- La estrella ascendente de las pasadas elecciones no fue ni UPyD, ni Ciudadanos, ni siquiera las formaciones de la izquierda que llevaban años trabajando y que se creía que podían tener un despegue final. En efecto, IUA ha crecido pero levemente y Equo no ha logrado cuajar. El éxito se lo ha llevado Podemos. Vale la pena, pues, preguntarse qué es Podemos, a qué se debe su éxito, cuál puede ser su evolución futura y qué actitud se puede adoptar ante esta formación. Tal es la intención de este dossier.

Introducción: más allá de las descalificaciones

Decir que Podemos está compuesto por “perroflautas”, que son “los rojos de siempre”, que están “pagados por Maduro”, que Iglesias es un “impresentable”, que es un “trotskista”, un “tapado de ETA”, etc, etc, etc, calificativos todos ellos que se prodigan en redes sociales, no es realizar una interpretación objetiva sobre esta formación y, lo que es peor, supone no entender ni lo que representa, ni a qué se debe su éxito, ni lo que implica su irrupción.

Hace falta ir más allá de las descalificaciones –muchas de ellas gratuitas, otras interesadas, otras completamente erróneas, algunas viscerales en filias o en fobias– y tratar de sistematizar en la medida de lo posible una aproximación a su verdadero rostro e intenciones. No hay que olvidar que con sus 1.245.948 votos, 7’97% de los votantes y 10% de los escaños (5 sobre 54), se han convertido en un verdadero fenómeno que debe conocerse más allá de los adjetivos rápidos que se le puedan prodigar.

En la elaboración de este dossier han participado varios amigos con los que hemos tenido ocasión de cambiar impresiones en la semana siguiente a las elecciones europeas. No es, por tanto, una opinión personal, sino el resultado de un debate en el interior de grupos situados en las antípodas de Podemos. Es, pues, en cierto sentido, un dossier “coral”.

El vídeo electoral de Podemos

Hay que ver completo el vídeo electoral de Podemos para entender porqué su campaña ha sido un éxito. Son 53 segundos, miradlo, porque si se elude ver el vídeo, no se va a entender nada de lo que sigue (VIDEO ELECTORAL DE PODEMOS: http://podemos.info/elecciones–europeas/).

Después de haber visto el vídeo es posible que muchos lectores de este dossier, haciendo abstracción de cualquier otro dato sobre este partido, lamenten no haber votado a Podemos… Contra lo que algunos podrían suponer, en el vídeo no se recurre a los tópicos tontorrones de la “izquierda alternativa”: no veréis en él ni peticiones para la legalización del porro, ni exhortaciones a favor del mundo gay o del feminismo radical, ni de los ocupas, ni llamamientos al “papeles para todos”, ni los sentimentaloides llamamientos propios de ONG a la “paz mundial”, la “memoria histórica” y  la defensa de los derechos humanos en las Galápagos o en Botswana… El vídeo está completamente desprovisto de todos estos aditamentos que hacen las delicias de la izquierda, incluido el PSOE.

Tampoco busquéis en el vídeo banderas republicanas tricolores, hoces y martillos, llamamientos a la “revolución proletaria” y a la constitución de “consejos obreros y campesinos”, no hay llamamientos a la “construcción del socialismo”, ni rostros históricos propios de la izquierda más rancia, ni consignas de otros tiempos. Ni siquiera el “internacionalismo proletario”, reformulado como “altermundialismo” por cierta izquierda, está presente.

En cambio, os sorprenderá ver a un campeón de España de lanzamiento de jabalina, con la camiseta olímpica de España, abrir el vídeo (que es como abrirlo con una imagen que sugiere salud, energía, deporte, fuerza, vigor… incluso Patria, pues, no en vano, la elección de la camiseta de España no está desprovista de mensaje). Luego siguen rostros de gente como los que nos cruzamos cada día: todos ellos denuncian sus problemas –que son suyos, los tuyos y los míos– y animan a superarlos mediante la participación electoral (“¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?”, respuesta íntima de la mayoría de ciudadanos: “Ni me acuerdo”). Aparece el atleta enérgico, la trabajadora en precario, la estudiante, el científico minusválido, el profesional jubilado, verdadera muestra de la sociedad española. Y todo ello sin estridencias, tratando de suscitar la esperanza entre las sombras del paro, el exilio económico, la deuda impagable, la corrupción generalizada y la falta de perspectivas laborales y sociales.

El vídeo ha sido definido por un amigo como un “ejercicio de autonomía histórica” realizado desde la izquierda. En efecto, la doctrina de la “autonomía histórica” consiste en considerar que un movimiento del siglo XXI no tiene necesariamente porqué basarse en modelos históricos de otro tiempo, sino que él mismo marca su línea, define sus objetivos y se reserva el derecho de establecer sus principios independientemente de cualquier otro movimiento que le haya precedido en la historia. Eso es lo que ha hecho Podemos.

Hemos visto otros vídeos electorales y ni uno solo logra superar los 53 segundos de este vídeo sencillo, bien montado, en el que todos los “damnificados por la globalización” se reconocen. Si lo comparamos con el vídeo de Equo (con errores garrafales desde el principio: una voz masculina que se superpone a rostros de hombres, mujeres, jóvenes y viejos y en el que la sencillez cae directamente en la cutrez, véase http://www.youtube.com/watch?v=WVIcu8olZdM) y el de IU (http://www.youtube.com/watch?v=oEnq6AqP9qA que repite, de manera increíble, los mismos errores que Equo en cuestión de voces y rostros) que, más que atraer voto de no convencidos, simplemente lo repelen, el vídeo de Podemos es paradigmático y apela directamente a los problemas reales de la sociedad española que ésta percibe como tales.

Insistimos, sin ver el vídeo electoral de Podemos no puede entenderse su éxito, ni su línea política, ni entender el porqué ha tenido 5 diputados y un 10% del electorado.

Por qué el tirón de Podemos

Consideramos que el éxito de podemos se debe a cuatro factores que han interactuado y sin la presencia de alguno de ellos, el resultado no habría sido tan brillante. Estos cuatro factores son:

1) Existencia previa del movimiento del 15–M que ha aportado “base social”.

El movimiento del 15–M nacido hace tres años, especialmente en sus primeros días, supuso una radical innovación en el panorama político español. Aquello que se llamó inicialmente “el movimiento de los indignados” supuso una salida a la calle de los “damnificados por la globalización”, sin distinción de ideologías y colores políticos. Está claro que, luego, en una segunda fase, el movimiento fue remitiendo a medida que se comprobaba que eran los restos de la extrema–izquierda quienes imponían la línea (se llegó a votar si podía haber “indignados de derecha” y, por algún motivo, se concluyó por votación que no…). A medida que el movimiento de “los indignados” dejó de ser un movimiento amplio y transversal para convertirse en un corralito de los tópicos de la izquierda alternativa, aquello se deshinchó y terminó agrupando a grupos marginados y no competitivos. Pero algunos personajes que aparecieron en este entorno percibieron que ahí había un “nicho electoral” que nadie estaba en condiciones de ocupar. Y fueron ellos quienes lo hicieron. De esas bases sociales nació Podemos.

Sin una mínima base social no existe ningún movimiento político de importancia: el de Podemos surgió de todos estos sectores damnificados por la globalización: de los jóvenes que deben elegir entre la precariedad o el exilio económico, de las clases medias que ven sus salarios menguados y sufren una presión fiscal creciente para pagar una deuda que ellos no han generado, de profesionales que perciben horrorizados el destino de nuestro país como “nación de servicios” y “periferia de la UE”, de los clases medias, en definitiva, que afrontan procesos de empobrecimiento. Han sido de estos sectores, muy reales, por lo demás, de los que ha nacido el electorado de podemos, mucho más que del eco despertado por participación en operaciones anti–desahucio o por el activismo de los “perroflautas”. El fenómeno es mucho más interesante y no permite simplificaciones tan abusivas y toscas.

En nuestra obra Indignarse con los indignados, ya preveíamos que la decepción del electorado de izquierdas en relación especialmente al PSOE y el desmoronamiento progresivo de este partido, abriría un espacio transversal a la izquierda que incluía desde “damnificados por la globalización”, hasta ese electorado que empezaba a estar harto de que las promesas del PSOE tuvieran poco que ver con su acción de gobierno. Podemos se ha visto engordado, en buena medida, con votos procedentes del PSOE, no lo olvidemos.     

2) Utilización de “códigos de comunicación” y redes utilizadas por esa misma base social.

Mientras el PP y el PSOE, incluso IU, han realizado una campaña electoral clásica, comprando espacios de publicidad en periódicos cada vez con menos lectores y en paneles en los que nadie se fija, Podemos, compuesto y dirigido por gentes más jóvenes y menos condicionadas por campañas previas, han sido conscientes de que si querían “llegar a su electorado” (compuesto especialmente por jóvenes), necesitaban utilizar otros recursos completamente diferentes que fueran los que manejan habitualmente esos jóvenes: redes sociales.

Esta campaña electoral ha registrado un cambio similar al que se produjo hace 15 años en los medios de comunicación. Entonces lo normal era que los periódicos convencionales tuvieran una web, más que nada, porque empezaba a “estar de moda”, pero nadie creía que, poco después, estas webs terminaran teniendo más seguimiento que el propio diario de papel. En el plano político, análogamente, los partidos tradicionales han estado presentes en redes sociales pero priorizando todavía la campaña convencional (entre otras cosas por que devenga muchas más comisiones para sus gestores) sobre los nuevos modelos de comunicación que, poco a poco, van perdiendo audiencia, especialmente entre los jóvenes.

Podemos ha tenido la habilidad para expresar sus consignas en los 140 caracteres de Tuíter de manera lo suficientemente clara como para que no se precisaran explicaciones muy complejas, sino que se entendieran por sí mismos. En realidad, hace tiempo que los jóvenes no se fijan en los anuncios electorales de los diarios, hace mucho más tiempo que nadie tiene la más mínima esperanza en que los debates entre candidatos de los partidos más votados tengan audiencias significativas. Hace mucho que los “damnificados por la globalización” han perdido el interés por todo lo que va firmado por las siglas de los partidos tradicionales y ya solamente siguen lo escrito en redes sociales. Podemos ha comprendido todo esto y ha actuado en consecuencia: su campaña ha sido la mejor relación inversión–resultados de estas elecciones y, a pesar de que se haya dicho que ha recibido cheques de Venezuela y de quién sabe que otro “poder maldito”, lo cierto es que han realizado una campaña de bajo perfil, pero de muy afinada respecto a los medios seleccionados para llegar a los grupos sociales que constituyen su “target”.

En la época de las redes sociales, si quieres llegar a los jóvenes –porque estos son tus votantes– estás obligado a utilizar las redes sociales. Tal es el acierto extremadamente simple de Podemos en cuanto a la elección de medios.

3) Utilización de un “discurso propio” que rompía el esquema plano de los partidos tradicionales.

El fondo de la cuestión para Podemos es la situación creada por la globalización. Y en esto dan en la diana, porque la actual crisis económica es la primera crisis de la globalización y nada puede entenderse de los desajustes de nuestro tiempo sin reconocer que derivan directamente de los desajustes generados por la globalización. El programa de Podemos puede leerse en el siguiente link: http://podemos.info/wordpress/wp–content/uploads/2014/05/Programa–Podemos.pdf Si se lee atentamente la orientación del programa se percibe que, con errores de percepción y talones de Aquiles a los que luego aludiremos, puede decirse que Podemos ha realizado un aterrizaje perfecto… pero se ha equivocado de aeropuerto (como veremos). Sin embargo, lo importante es que, por primera vez, se difunde en España un programa antiglobalizador que responde a un hecho real –el reconocimiento de que la globalización es el gran problema de nuestro tiempo y que ante él, cualquier otro palidece–.

Este reconocimiento contrasta con el discurso plano de los dos partidos mayoritarios resignados a aceptar como hecho consumado la globalización, peleándose ambos sólo por convertirse en los gestores de la misma en España. Así mismo, en otras formaciones de izquierda, la globalización aparece también, pero sumergida en una marejada de tópicos propios de la izquierda humanista–universalista y en el discurso propio de la izquierda alternativa que busca integrar las aspiraciones de los distintos “movimientos sociales” que en muchos casos no tienen nada que ver con la globalización (aspiraciones de feministas, gays, movimientos antipatriarcales).

Tomar partido nítidamente contra la globalización es el hecho esencial. Ahora bien, luego veremos que Podemos hace una lectura muy limitada de lo que es la globalización y entra en contradicciones. No ha analizado, por tanto, correctamente los procesos de globalización, y a pesar de su esfuerzo por superar los límites dogmáticos de la izquierda (de la que han salido muchos de sus dirigentes), permanece dentro de los límites del progresismo en general.

4) Condiciones objetivas extremadamente favorables.

Se entiende por “condiciones objetivas” aquellas que dependen de una coyuntura dada y sobre las que un movimiento político no puede operar: son o no son, pero las que “son”, son inamovibles en cada época. Pueden beneficiar el crecimiento de un movimiento político o perjudicarle y bloquearlo para siempre. Las “condiciones objetivas” de la sociedad española actual son:

– Extendido deseo de cambio.

– Descrédito de los portavoces del régimen.

– Extendida insolidaridad de las masas con la clase política.

– Existencia de una crisis económica y social profunda e insuperable.

– Incapacidad de los partidos tradicionales para superar la crisis.

– Imposibilidad superar la crisis moral de la sociedad.

Aquel partido que logra entender estas condiciones objetivas, asimilarlas, asumirlas y centrarse en elaborar una alternativa, tiene a su alcance la clave del éxito. De ahí el interés de Podemos en no aludir ni a la “memoria histórica” (que solamente interesa a pequeños grupos revanchistas que IU considera como su caladero natural de votos), ni a las minorías activistas de carácter social, ecologista o sexual que, a fin de cuentas son exiguas en relación al total de la población, hecho que explica el fracaso de Equo.

Podemos ha centrado solamente el mensaje en la respuesta a la angustia y al estado de ánimo de los grupos que constituían su base social. Ha afinado extraordinariamente el mensaje y lo ha vehiculizado, especialmente, a través de las redes sociales. El resultado ha sido no perder el tiempo con consignas poco rentables o que iban dirigidas a grupos minoritarios (feministas, gays, ocupas, etc).

El mosaico de la izquierda radical

Podemos ha obtenido en todo el territorio nacional una media del 8% de los votos, un resultado excepcionalmente brillante. Los resultados han sido muy buenos en Asturias (donde ha superado el 13%), en Madrid (con algo más del 11%) y algo más pobres en Extremadura y Cataluña (con poco más del 4%) y en Ceuta y Melilla con menos aún. Es significativo que en Valencia haya obtenido más votos que Compromís y que en Galicia haya superado al BNG, lo que indica que estas candidaturas, más o menos nacionalistas, hasta ahora integraban un voto de protesta que se ha decantado, finalmente, hacia Podemos.

En general, puede decirse que votos hasta ese momento históricamente decantados por la abstención, fueron movilizados por Podemos y reconvertidos en votos de protesta. No olvidemos que en estas elecciones el abstencionismo ha sido de derechas, mientras que, tanto nacionalistas como votantes de izquierdas han acudido masivamente a las urnas. En gran medida, además, se produjo un desplazamiento del voto del PSOE a esta candidatura y, por otra parte, el voto joven que por primera vez acudía a las urnas, la apoyó también mayoritariamente. En las zonas donde más desempleo hay se apreció una mayor tendencia a decantarse por Podemos. Tal es el comportamiento electoral de la candidatura.

Por el momento, su estructura interior da la impresión de ser débil. Está organizado en “círculos” de trabajo, tanto sectoriales como locales, que funcionan de manera asamblearia. Fundado oficialmente en marzo de 2014 y elaborado el manifiesto fundacional en enero, su crecimiento no fue augurado por la mayoría de las encuestas y solamente la del CIS le otorgó entre 1 y 2 diputados, en lo que constituye un nuevo patinazo de las empresas de sondeos públicas y privadas.

Se acepta generalmente que su orientación es “de izquierdas” para unos y de “extrema–izquierda” para otros. Sería mucho más correcto definirlo como “de izquierda alternativa”. No puede compararse con el histrionismo de Beppe Grillo y su Movimento 5 Stelle, ni tampoco con su populismo demagógico y arrebatado. Más se parece por su fisonomía a la del Syriza griego, sin ser exactamente lo mismo.

Ahora bien, Podemos es solamente una de las tres fuerzas situadas a la izquierda del PSOE y que se preparan para dar dentelladas sobre el cuerpo agónico del hasta ahora mayoritario partido del centro–izquierda español. La Izquierda Plural, enésimo avatar del primigenio Partido Comunista de España, sigla ya olvidada completamente por el electorado, y los ecosocialistas de Equo, son las otras dos opciones presentes a la izquierda del PSOE.

Demos unas pinceladas sobre la Izquierda Plural. Tal como su nombre indica, se trata de un mosaico de siglas encabezado por Willy Meyer y que agrupa a Izquierda Unida, Iniciativa per Catalunya Verdes, Esquerra Unida y Alternativa (también catalana), varios grupos nacionalistas y ecologistas gallegos (Anova–Irmandade Nacionalista, Espazo Ecosocialista Galego), Batzarre, y una constelación de grupos ecologistas (Confederación de los Verdes, Opció Verda, etc, etc). Este entramado inestable y complejo en el que la mayoría de las partes ni siquiera tienen conciencia de pertenecer a una candidatura europea, supone, de hecho, el reconocimiento del fracaso, no solamente del proyecto de IU–PCE, sino la imposibilidad de construir un “partido ecologista” en España.  De hecho, da la sensación de que la única fuerza coherente que actúa en su interior es precisamente IU y es posible incluso que haya sido esta falta de cohesión interior –y lo gris y obsesivo de la mayoría de sus componentes: unos atrapados por el culto a la “memoria histórica”, otros con el ecologismo como principio y como fin– lo que haya determinado el escaso crecimiento de la coalición en relación a las europeas de hace cinco años.

Otra de las candidaturas de izquierda es Primavera Europea, compuesta por otro mosaico heteróclito de siglas que incluyen a grupos de izquierda alternativista y a nacionalistas de izquierda: Coalició Compromís, Equo, Chunta Aragonesista, Democracia Participativa, Por Un Mundo Más Justo, Partido Castellano, Socialistas Independientes de Extremadura, Coalición Caballas, Socialistas por Tenerife, Partido Castellano, Los Verdes de Villena, Electores de Alhaurín, Junts per Agres, Agrupación Barruelana Independiente, etc, etc, etc, cuya cabeza visible es Jordi Sebastià de Compromís y Florent Marcellesi de Equo.

Hasta la formación de Podemos, Equo era, sin duda, la opción de la izquierda alternativa. Al formarse este grupo y demostrarse como más mediático gracias a la presencia constante de su cabeza visible en muchos medios de comunicación, Equo, dirigido por antiguos izquierdistas de los años setenta y ochenta, con una fuerte carga dogmática y menos adaptados a las herramientas interactivas proporcionadas por la Web 2.0. Como puede intuirse, el programa de Primavera Europea es una mezcla de ecologismo, nacionalismo regionalista y socialismo de distintas tonalidades. Los 300.000 votos obtenidos le han dado un diputado y un 1,9% de porcentaje.

El mensaje de Primavera Europea se ha intentado vehiculizar también a través de redes sociales, pero la extrema fragmentación de los grupos algunos de ellos con una implantación casi ridícula) que lo componen ha hecho imposible trasladar a todas las partes el mismo entusiasmo. Respecto al mensaje, presentado en forma de hashtags de Tuíter, no deja de ser particularmente ingenuo y simplificado no muy diferente al de Podemos, con más interés por los problemas de las “regiones”. Si los resultados de esta coalición han sido cuatro veces inferiores a los de Podemos, se ha debido, sin duda, a su menor impacto mediático, al mayor dogmatismo de Equo, a su carácter de coalición–mosaico y, finalmente, al regionalismo de varias de sus partes que les desinteresaba completamente de la idea europea.

Frente a estas opciones, no es raro, que Podemos (1.250.000 votos) haya destacado con rostro propio y por encima de Primavera Europea (300.000 votos) y a escasa distancia de Izquierda Plural (1.562.000 votos). Pasado el recuento, el fenómeno podemos ha eclipsado completamente a las otras dos formaciones. En total, el tríptico situado a la izquierda del PSOE ha superado los 3.000.000 de votos, un buen resultado.

Un cambio de percepción en la sociedad

¿A qué responde el éxito de Podemos? ¿Por qué tres fuerzas situadas a la izquierda del SOE han obtenido más de 3.000.000 de votos?

El éxito de Podemos responde al actual cambio de percepción que está experimentando la sociedad española. Hasta ahora solamente era “admisible” y “correcto” votar a cualquiera de los partidos de la “banda de los cuatro”. Tal era la exigencia del bipartidismo imperfecto edificado a partir de 1978. Pero eso ya ha quedado lejos. En las últimas elecciones europeas (y en las anteriores elecciones autonómicas catalanas) empezó a quedar claro que el electorado está experimentando un cambio de perspectiva inducido por cuatro fenómenos:

El agotamiento del modelo político nacido en 1978 y basado en la sinergia entre la “banda de los cuatro” y especialmente en las dos grandes columnas sobre las que se ha mantenido el sistema (la de centro–izquierda y la de centro–derecha). Como se ha repetido muchas veces estas dos últimas semanas: “El bipartidismo ha entrado en crisis”. Es hora del multipartidismo y de las coaliciones de gobierno, porque está claro que muy difícilmente el PP volverá a obtener una mayoría absoluta y el PSOE, con el hundimiento de su “pata catalana”, jamás volverá a disponer de nada parecido. Vamos hacia un modelo multipartidista difícilmente encajable con un diseño del sistema electoral que prima el bipartidismo.

La crisis económica parece haber levantado a los españoles de su sueño. El modelo económico de Aznar que generó un crecimiento asentado sobre bases falsas (salarios bajos, inmigración masiva, construcción y acceso fácil al crédito) generó unas burbujas que estallaron dejando atrás un paro estructural absolutamente insalvable y una deuda de la que, desde hace tres años, solamente estamos pagando los intereses pero que no se reduce en términos absolutos. Con 6.000.000 de parados y un 25% de la población próxima al umbral de la pobreza, la palabra de la clase política ha dejado de ser intocable, los portavoces del régimen han perdido toda credibilidad y buena parte de la población ha visto a la “casta” como a los únicos beneficiarios del régimen nacido en 1978.

Los elevados niveles de corrupción que se están danto a todos los niveles del Estado, desde el Caso Urdangarín en la cúspide, hasta cualquier ayuntamiento de tercera fila. Probablemente, la población sería más condescendiente con estas corruptelas de no ser por que cada vez se encuentra en situación más precaria y por que la “esperanza” (que suscitó primero Zapatero y luego Rajoy) en que superaríamos la crisis y se abriría un nuevo período de progreso y bienestar económico, se ha diluido casi completamente. Pero la crisis persiste: y mientras la población se siente presionada fiscalmente para pagar una deuda que no ha generado, el Estado y sus escalones burocrático–administrativos siguen haciendo gala de un gigantismo y de una dilapidación de recursos que ofende a quienes están, desde hace años, experimentando graves problemas. Es la corrupción generalizada (y negada por los medios y los tertulianos, de la misma forma que durante el período de la Restauración se negaba que el caciquismo fuera el rasgo más acusado de aquella coyuntura) la que ha generado una brecha insalvable entre la “España oficial” y la “España real”. 

De no haber sido por estos tres elementos (y por las “condiciones objetivas” que antes hemos aludido), Podemos jamás habría logrado hacerse con un espacio, ni siquiera mínimo en el panorama político español. Hay que recordar que tanto las “condiciones objetivas”, como el cambio de perspectiva del electorado, no solamente eran favorables para Podemos sino para cualquier otra fuerza política emergente estuviera atenta.

Una demostración palpable de que la crisis económica ha mutado en crisis política, tras la persistencia de la crisis social, ha sido la abdicación de Juan Carlos I. Quienes la han precipitado eran conscientes de que el período del bipartidismo imperfecto se acababa y que en un futuro parlamento en el que PP y PSOE estuvieran capidisminuidos sería difícil aprobar una Ley Orgánica que aceptara la abdicación de Juan Carlos y la aceptación de Felipe como sucesor a título de rey. Desde los “poderes fácticos” se reconoce con esta abdicación que se ha cerrado un ciclo y que otro está a punto de comenzar.

Hace unos meses podía pensarse que Ciudadanos o UPyD eran fuerzas ascendentes que despegarían y conseguirían hacer temblar los fundamentos mismos del bipartidismo… luego, ha resultado que el verdadero vencedor y el partido que mejor se ha situado en la recta de salida contra el bipartidismo es, precisamente, Podemos. Ellos han interpretado mejor que nadie la necesidad de “condenas radicales” y “propuestas rotundas”. Si los otros dos partidos se han quedado estancados y apenas han progresado, ha sido precisamente porque, en tanto que auto–considerándose “partidos de centro–izquierda” su mensaje iba dirigido a un electorado moderado: quizás en las elecciones de 2008 tal mensaje hubiera sido mejor acogido, pero después de seis años de crisis es evidente que hacía falta un mensaje de mayor rotundidad, vehiculizado sobre bases sociales más amplias.

Porque, del cambio de percepción, se beneficiarán solamente aquellos partidos que den muestras de contundencia en las propuestas y suavidad en las formas. Ciudadanos y UPyD han fracasado por su moderación en las propuestas y lo insípido de sus formas, ligadas a personajes light (Rosa Díez y Alberto Rivera). En tiempos de crisis las propuestas radicales capaces de suscitar esperanza rinden beneficios electorales.

El punto débil de podemos

El programa de Podemos está compuesto por 36 folios titulados: “Documento final del programa colaborativo”. Está dividido en seis apartados dedicados a la economía, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la soberanía, y la tierra. En estos apartados se resumen los análisis y las propuestas de la formación. Vale la pena leerlo en http://podemos.info/wordpress/wp–content/uploads/2014/05/Programa–Podemos.pdf

Lo primero que viene a la cabeza es que difícilmente podría gestionarse en mundo del siglo XXI con un lema como “libertad, igualdad y fraternidad” que remite a finales del siglo XVIII. El trilema está precedido por un capítulo dedicado a la “economía” (lo que más interesa) y seguido de un último dedicado a la “tierra” (añadido dedicado a la ecología).

La primera parte (dedicada a “economía”) está orientada a presentar un programa para atenuar el impacto del capitalismo en nuestra sociedad. Y, en general, lo puede suscribir cualquier decidido adversario del neo–liberalismo. Las 7 primeras páginas van destinadas a proponer una serie de medidas correctivas del capitalismo.

La segunda parte es más discutible. Titulada “Conquistar la libertad, construir la democracia” es una mezcla de ideas asumibles y de tópicos propios de la izquierda que incluye la letanía habitual a los derechos de los gays, las lesbianas, los bisexuales y los intersexuales. Cinco páginas más en las que lo mejor (medidas destinadas a limitar el poder y el peso de los partidos) se confunde con lo más banal.

Lo mismo puede decirse de las nueve páginas que componen tercera parte “Conquistar la igualdad, construir la democracia”. La insistencia en la “igualdad” es uno de esos remanentes de otros tiempos que acompaña a cualquier programa de izquierdas. Tiende a confundir la necesaria “igualdad” ante la ley extendiéndola a cualquier otra actividad humana, cuando en la naturaleza lo que gobierna es precisamente la ley de al desigualdad. El mundo de la igualdad lleva a la consideración de la “cantidad” como factor esencial: formado por piezas exactamente iguales en derechos, capacidades y deberes, la mayoría y la minoría quedarán definidas por los simples recuentos de opiniones particulares. Mayoría gobierna sobre minoría. Lamentablemente la crítica a la democracia del número fue realizada desde finales del XIX por Ibsen en su obra de teatro El enemigo del Pueblo y todavía no ha sido superada por ninguna forma de “democracia”. Porque en las relaciones humanas hay otro factor mucho más importante que la “cantidad”: la cualificación de cada persona. Ante una elección sobre política internacional, no vale lo mismo la opinión de un especialista con años de conocimiento e interés sobre la materia que la de un lego completamente desinteresado del tema; no es lo mismo la opinión de un toxicómano que la de alguien interesado por el mundo de la cultura; es una indignidad que el voto de un psicópata violador y asesino, valga lo mismo que el de una persona honesta. Así pues, la “democracia” cuantitativa hay que limitarla, introduciendo en la ecuación, de alguna manera, el factor cualitativo. En el programa de Podemos esta consideración no se tiene en cuenta, limitándose a repetir los puntos comunes con cualquier otra formulación de la izquierda histórica, unas asumibles (vivienda digna, inviolabilidad de las comunicaciones, investigación científica independiente, derecho a la salud, calidad en los servicios públicos, etc), otras no (eutanasia, las reformas en materia educativa son increíblemente limitadas y, casi diría que están en el espíritu de las reformas introducidas en estos últimos 30 años por el PSOE que han hundido literalmente la educación en España, “despatologización” del transexualismo).

Pero es en la cuarta parte –“Recuperar la fraternidad, construir la democracia”– en la que se percibe a las claras que alguien en Podemos no realizado un análisis correcto de la globalización y que la presión psicológica de los viejos esquemas de la izquierda marxista y de la socialdemocracia humanista–universalista se han impuesto sobre la racionalidad y la objetividad. En efecto, uno de los parágrafos más largos del documento se titula: “4.3 – Derecho a tener derechos. Reconocimiento del derecho de los y las emigrantes”, su lectura implica un desconocimiento total de uno de los INSTRUMENTOS MÁS PODEROSOS DE LA GLOBALIZACIÓN: EL TRANSVASE DE POBLACIONES DE UN LUGAR A OTRO DEL PLANETA. Esto es, la inmigración masiva.

Podemos se niega a reconocer, en la tradición marxista, que el ciudadano nazca con una identidad y que esa identidad sea determinante para su vida futura. Y, sin embargo, todos nacemos sobre una tierra. Nacer en una tierra implica adquirir una cultura, unos valores, unas constantes culturales propias, esto es, tener una identidad bien definida. Nacer en otra significar tener otra identidad. Desaparecidas las identidades nacionales, locales, personales, lo que emerge es un totum revolutum indiferenciado y sin barreras ni diques de contención ante la globalización. Pero hay más. Si algunos opinamos que es preciso restablecer la dignidad y la potencia de los Estados es, precisamente porque estas estructuras implican barreras a la globalización.

El sistema mundial globalizado es una autopista de doble dirección cuyas direcciones tienden a optimizar los beneficios del capital. Una de estas direcciones tiende a deslocalizar las empresas desde el Primer Mundo a determinadas zonas del Tercer Mundo: China, Vietnam, especialmente. Allí la producción es más barata al carecerse prácticamente de coberturas sociales y el salario mínimo ser, entre un tercio y una secta parte que en Europa. Hay deslocalización, pues, para rentabilizar el capital y ganar “competitividad”. Y en sentido inverso, la otra dirección de la  globalización es promover las migraciones masivas de población de Este a Oeste y de Sur a Norte para conseguir que la inyección artificial de mano de obra excedentaria, obligue a reducciones salariales según la ley de la oferta y la demanda. Siendo la “fuerza de trabajo” un valor de mercado, estará sometido a las leyes de la oferta y la demanda: cuando más trabajadores aspiren a un mismo puesto de trabajo, más bajo será el salario que acepten como remuneración. Solamente un ciego puede negar esto. Podemos lo hace porque se niega a aceptar el derecho a la identidad de los pueblos (acaso el primer derecho colectivo que exista), se niega a aceptar el derecho de prioridad de los nacidos en una misma tierra sobre el derecho de los nacidos en otras latitudes, se niega aceptar que el primer derecho de todo ser humano es poder vivir en la tierra en la que ha nacido, se niega a aceptar, en definitiva, la lógica del mercado y algo tan evidente como que la inmigración tenga algo que ver con los estancamientos salariales, la precariedad laboral y la pérdida continua de derechos sociales que corresponden inevitablemente –siempre según la “economía de mercado”– a un país con 6.000.000 de parados y un 25% bajo el umbral de la pobreza.

Podemos no ha entendido, pues, lo que es la globalización. Sus comentarios sobre la inmigración caen dentro de los tópicos de cualquier otro partido de izquierda y de centro–izquierda. Su análisis del fenómeno globalizador es pues incompleto, peligroso y engañador. No estamos discutiendo la dignidad de los inmigrantes, sino la obligatoriedad de aceptar a todos los que se quieran establecer en Europa. Si así fuera, 400 millones de africanos, probablemente más de 800 millones de asiáticos e incluso algún que otro pigmeo, ya se habrían instalado entre nosotros.

Podemos no ha entendido que precisamente los jóvenes, las clases trabajadoras y las clases medias son los más afectados por una inmigración en grandísima medida subsidiada: es el Estado el que paga la factura de una inmigración que solamente beneficia a las patronales en tanto que tira hacia debajo de los salarios. Se beneficia el sector privado, pagamos todos los contribuyentes.

La izquierda acepta tan fácilmente la inmigración masiva porque se ha creído sus propias fantasías sobre “igualdad universal”, “una sola tierra, una sola raza, una sola humanidad” y demás ensoñaciones. Ve en la inmigración a un “nuevo proletariado” que responda a las necesidades e su esquematismo arqueomarxista. Los mismos votantes de Podemos no advierten ni por asomo que la inmigración es responsable en buena medida de su miseria y de sus bajas expectativas para conseguir un puesto de trabajo digno. Porque los votantes de Podemos, en gran medida, coinciden con los “damnificados por la globalización” que deberían de estar más atentos a los procesos que les han convertido en “nazarenos” (aguantando su cruz sin esperanzas) de la globalización.

Cuando en el programa de podemos se propone: “Libre circulación y elección de país residencia y regularización y garantía de plenos derechos para todas las personas residentes en suelo europeo, sin distinción de nacionalidad, etnia o religión, con o “sin papeles”. Adecuación de la sanción por falta de documentación y visado en regla a su categoría de falta administrativa. Eliminación de las cartas de expulsión emitidas a las personas sin visado en regla o pasaporte tramitadas de manera automática en las comisarías. Garantizar a las personas indocumentadas los permisos temporales de residencia necesarios, hasta resolver administrativamente su estatus jurídico”… no es raro que los primeros en aplaudir incluso con las orejas tales declaraciones de intención ¡sean las patronales y los señores del dinero!, a la vista de que cuanto más inmigrantes haya en Europa mas “competitividad” ganará el viejo continente, esto es, más se rebajarán los salarios… sin contar, por supuesto, con las consecuencias deletéreas que están teniendo estas migraciones masivas en las identidad de los pueblos. Digámoslo ya: cada vez que se difumina una seña de identidad de un pueblo, la globalización avanza.

Las cuatro páginas siguientes del parágrafo titulado “Conquistar la soberanía, construir la democracia”, retornan a la alternancia de medidas saludables e innecesarias, urgentes y tópicas, para rectificar el rumbo emprendido por la UE. En general, lo que están diciendo –y es perfectamente asumible– es que hay que reformar las instituciones europeas y modificar especialmente tratados internacionales, algo que podemos compartir.

La parte final, dedicada a la “tierra”, es de otras cinco páginas y se pueden compartir casi sin reservas o con reservas derivadas de los grupos animalistas presentes en Podemos siempre dispuestos a introducir sus obsesiones en cualquier programa. Es significativo, en este caso, que la concesión a estos grupos animalistas sea el último párrafo de cierre del documento., indicando su lugar absolutamente secundario, colocado como “pegote”, sin duda, por el activismo obsesivo de estos grupos.

Es significativo, en cambio, que no se perciban apenas referencias a los temas sobre el decrecimiento, quizás porque situarían la polémica en un terreno mucho más radical: no se trata de combatir las formas de distribución de la riqueza dentro del capitalismo, sino de reconocer que el capitalismo es inviable e incompatible para la continuidad de la especie. En el único párrafo en que se habla de decrecimiento se alude exclusivamente a “energías fósiles”, como si la doctrina del decrecimiento no fuera aplicable a algo tan esencial como los alimentos.

En general, se trata de un programa cargado de buenas intenciones, situado a la izquierda de la izquierda, pero en absoluto estridente, ni radical. El hecho de que se haya elaborado por parte de comisiones, con aportaciones por parte de “miles de personas” (tal como se dice en la introducción) indica distintas tendencias, la existencia de varios modelos interpretativos, y un intento de contemporizar con todas las posiciones de la vieja y de la nueva izquierda, con ecologistas, animalistas, feministas y demás colectivos “sociales”) pero que carece de una columna vertebral unánimemente aceptada y reconocida como pauta: esta solamente puede ser la lucha contra la globalización, en tanto que la globalización es el hecho más importante de nuestro tiempo y cualquier otro palidece ante él. Podemos habla de la globalización, pero no entiende lo que significa en última instancia un mundo globalizado: un mundo privado de identidad, “homogeneizado”, “igualado”, “normalizado”, muerto, en definitiva, sin diferencias, sin matices, sin variedad. No han entendido, o bien solamente se ha entendido parcialmente, lo que es la globalización.

De todas las contradicciones inherentes en el programa, las dos que más saltan a la vista es, por una parte, la incomprensión de los procesos de la globalización y la negativa a asumir que la inmigración masiva no es un hecho espontáneo que deriva de la voluntad de las personas, sino una iniciativa generada por los patronos de la globalización que, para colmo, tiene efectos deletéreos sobre las comunidades (tanto la emisora de inmigrantes que pierde fuerza de trabajo, como a la receptora que ve como su masa laboral autóctona sale perjudicada), sobre las identidades de los pueblos (cada régimen de identidad es una barricada contra la globalización) y sobre el desarrollo de su cotidianeidad que se percibe especialmente como “molesta” para las clases más modestas (aumento de la delincuencia, fricciones entre comunidades con distintos niveles de educación, socialización, valores, tradiciones, etc, aparición de tribus urbanas, racismo de doble dirección, aumento de la violencia sobre la mujer, fanatismo religioso, etc, etc).

Y por otra parte, la incomprensión de los procesos de la globalización se percibe cuando en su discurso queda implícita la desvalorización del Estado. A Podemos les decimos: es cierto que los Estados modernos están siendo neutralizados por la globalización, pero también es cierto que solamente a través del reforzamiento de los aparatos del Estado se conseguirá levantar barreras y barricadas a la globalización. Combatir a la globalización no pasa por disolver los Estados–Nación, sino por reforzarlos, regenerarlo y devolverles una dignidad de la que hoy carecen al haber sido usurpados por una “casta” que come de la mano de los “señores del dinero”.

¿Es “enemigo” Podemos?

Podemos es, sobre todo, enemigo de los partidos mayoritarios y concurrente con otras formaciones de izquierda alternativa a las que superará netamente y, por supuesto, con el PSOE. Podemos, si hay que creer en las declaraciones de sus dirigentes y en la letra de sus documentos es un partido que aspira a una regeneración del panorama político español y a desplazar a la “banda de los cuatro” que ha gestionado el régimen de 1978.

En política existen dos tipos de “enemigos”: el “enemigo principal” y el “enemigo secundario”. “Enemigo principal” es aquel contra el que hay que combatir en primer lugar. En el panorama político español, desde nuestro punto de vista, está compuesto por los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) y por los dos auxiliares nacionalistas (CiU y PNV). Estas siglas son las únicas responsables de que hayamos llegado al lugar en el que nos encontramos en estos momentos. Las aguas de la transición trajeron estos lodos y ninguna posibilidad de regeneración nacional puede realizarse mientras estas siglas mantengan su hegemonía. Para conseguir la más mínima rectificación de la vida pública es preciso que estas siglas pierdan su situación de preponderancia. Por eso son el “enemigo principal”.

Pero luego existe un “enemigo secundario” con el que existen coincidencias parciales (la percepción de que la globalización es el enemigo, la percepción de que es preciso abatir a los partidos y a la casta que han gestionado el régimen en los últimos 32 años, la percepción de que la corrupción es una lacra generada por el sistema, la percepción de que es preciso detener la desintegración del Estado del Bienestar y descargar a las clases medias de la inmensa presión fiscal que soportan, la percepción de que el neoliberalismo no es la solución sino el problema, etc, etc) y unos mismos enemigos principales (la “banda de los cuatro”). Es evidente que existen altas dosis de desacuerdo (en lo relativo a los valores, en los relativo a la concepción del poder, en el análisis de la globalización y en la salida al proceso globalizador, en relación al fenómeno nacionalista y en la valoración del terrorismo, y así sucesivamente) y que, por tanto, una vez derribado el “enemigo principal”, se tendería a una nueva reconsideración de quién es el “enemigo” y quien el “adversario”. Pero lo esencial, hoy, es en buena medida derribar a la “banda de los cuatro” y concentrar fuego contra quienes han sido dueños absolutos del poder y han protagonizado las mayores infamias que ha sufrido nuestro pueblo. En la medida en que Podemos apunta también contra ese enemigo, hoy por hoy dista mucho de ser nuestro “enemigo principal”.

A la globalización se le puede atacar desde muchos ángulos. El error de unos y de otros consiste en pensar que solamente existe un análisis antiglobalizador. Nosotros creemos que la lucha antiglobalizadora debe emprenderse desde el principio de la identidad nacional y que es preciso afirmar tal principio para levantar barreras a la globalización y defender a la comunidad. Podemos (o más bien, algunos sectores de Podemos) cree, más bien, que “otra globalización es posible” y a eso le llaman “altermundialismo”. Ambos análisis son antagónicos pero apuntan contra el corazón del concepto de globalización neo–liberal. Ese es el verdadero “enemigo principal”.

Podemos es una opción heteróclita en cuyo interior se encuentran gentes de distintos orígenes, motivadas por distintos argumentos y resortes emotivos. Muchos de ellos proceden de la antigua izquierda marxista incapaz ya de cristalizar en una formación que asuma oficialmente ese dogma, hay antiglobalizadores en estado puro, otros son libertarios, los hay, simplemente resentidos con otras formaciones de izquierda (especialmente con IU) habitualmente por haber quedado fuera de los repartos de poder en ese partido, los hay que tienen una nebulosa mental y se mueven solamente por sugestiones muy generales y la sensación de que la vía emprendida por Podemos tiene futuro, existen antiguos trotskistas aún vinculados a los restos del Secretariado Internacional de la IV Internacional que están ahí, en Podemos, practicando el “entrismo”, como en otro tiempo estuvieron en IU. El riesgo de todo esto es que, algunos de estos sectores confundan entre cuál es su “enemigo principal” y cuál su “enemigo secundario”, que retorne la intolerancia obtusa de la antigua ortodoxia marxista y decidan realizar “antifascismo” (identificando el “fascismo” en cualquier forma de expresión que asuma la identidad nacional como base de la lucha antiglobalización), generando, como ha ocurrido en otros momentos de la historia reciente de Europa a partir de 1968, la apariencia de una “lucha entre extremismos opuestos” que sólo beneficia al sistema.

Podemos no es nuestro enemigo principal, ni en los ayuntamientos, ni en las calles, y sería absurdo caer una vez más en el error de combatirlos con saña en la medida en que, a fin de cuentas, ellos también son conscientes de que este sistema está agotado, asumen que la globalización es el enemigo y buscan algún tipo de regeneración de las estructuras de poder. “Lo nuestro” es de naturaleza diferente a “lo suyo” y, por tanto, estamos en campos adversarios. Pero el enemigo principal de unos y otros es el mismo. Es absurdo, pues, desgastarse en polémicas y descalificaciones mutuas que solamente beneficiarían a los partidos mayoritarios. 

¿Tiene futuro Podemos?

En Podemos participan gentes de muy diverso origen, provistos de muy distintos grados de sinceridad y compromiso. Algunos son reliquias que no han encontrado acomodo en el PSOE ni en IU, ni han obtenido lo que creían merecer y apoyan a este grupo que les ofrece en estos momentos más satisfacción a sus perspectivas personales. Algunos, como Jiménez Villarejo, son cultivadores empedernidos de la “memoria histórica”, tanto como pueden serlo los últimos maquis que quedan en el PCE. Otros, como Jaime Pastor, son trotskistas en funciones de entrismo como antes hicieron lo mismo en IU. El tema bolivariano les va más o menos a todos, pero esto no les distingue de otras opciones de izquierda (e incluso de algunas derechas radicales antiamericanas). En cuando a Pablo Iglesias, con mucho el personaje más interesante del conjunto, se ha aludido mucho a su pasado político, de indudable trayectoria de izquierdas, e incluso a que su compañera es diputada autonómica de IU, pero parece ir bastante más lejos que estas formaciones que constituyen, más o menos, sus antecedentes políticos.

Otro puñado de miembros procede de Espacio Alternativo (antiguos trotskos de la LCR que no consiguieron entenderse con antiguos maoístas del Movimiento Comunista dentro de la Izquierda Alternativa y terminaron en IU como “ecosocialistas”). Tampoco hay que hacerse excesivas ilusiones sobre su “autonomía histórica”: en muchas reuniones han demostrado que tal concepto solamente ha estado presente en el vídeo electoral, pero que, al rascar un poco, se percibe su republicanismo, la reivindicación de la “memoria histórica hemipléjica” y tics más propios de la antigua Izquierda Unida que del 11–M.

En buena parte de España surge la duda de si los antiguos miembros de IU que han llegado a Podemos comparten los ideales antiglobalizadores del núcleo inicial, o bien están ahí al haber quedado al margen de los repartos de poder en la coalición ecosocialista. Y mucho nos tememos que  queden muchos más rasgos de la “vieja izquierda” en esta formación de “nueva izquierda”. El “caso Verstrynge” es significativo: como se sabe, Jorge Verstrynge, antiguo secretario general de Alianza Popular, participó en el acto de fundación del nuevo partido, ante la oposición de sectores de Podemos que achacaban a Verstrynge su denuncia al popel de la inmigración en el proceso globalizador. Verstrynge no volvió a participar en la campaña de Podemos. Hay gente que teme todo aquello que no procede de su propio espacio político y que responde a otras tradiciones políticas. El “caso Verstrynge” indica, por su mismo, que Podemos –o al menos una parte sustancial de la formación– todavía está presa de viejos esquematismos dogmáticos y que existe una cerrazón mental propia de la izquierda más rancia y hemipléjica.

Balance y perspectivas

Si alguien cree que Podemos supone la eclosión de una “nueva izquierda alternativa” hay que decir que su talón de Aquiles son precisamente los valores que defiende que no son muy distintos a los de “libertad, igualdad, fraternidad”, valores que se vienen repitiendo desde finales del siglo XVIII y que han sido patrimonio ya de la revolución francesa, de las revoluciones burguesas del XIX, de la revolución rusa de 1917, de la nueva izquierda de mayo de 1968, y de cualquier otra formulación progresista y de izquierdas. No hay que olvidar que este lema está presente en los distintos capítulos del programa electoral de Podemos. No parece muy lógico que se intente ordenar el mundo del siglo XXI con valores llegados del XVIII.

Así pues, en su conjunto doctrinal no hay grandes innovaciones en esta formación política. Su análisis mismo de la globalización y de la marcha del capitalismo en las últimas décadas es incompleto, parcial y amputado de objetividad. Si fuera un análisis objetivo situaría los derechos de los pueblos a permanecer en su tierra natal y no emprender el exilio económico, por encima del “papeles para todos”, ese tópico de la izquierda humanista que constituye el acompañamiento ritual de cualquiera de sus formas.

Ya hemos expresado que si no se entiende el papel de la importación de inmigración masiva dentro de la globalización, no se entiende tampoco uno de los resortes para abolir las identidades de los pueblos, ganar “competitividad” y, por tanto, no se entiende siquiera lo que es la globalización. El análisis que todos los sectores de la izquierda han realizado del fenómeno es altamente incompleto.

Nunca la izquierda ha realizado una verdadera crítica a la globalización porque, en el fondo, sentían el fenómeno como un eco remoto de su internacionalismo proletario, ya impresentable y rancio. Por eso hablan eufemísticamente de “altermundialismo” u “otra forma de globalización”. Pero no hay una “tercera vía”. La disyuntiva hoy no es entre globalización y “altermundialización”, sino entre GLOBALIZACIÓN Y MUNDIALISMO de un lado, E IDENTIDAD de otro. En un mundo globalizado no hay identidades posibles, todo queda apisonado y homogeneizado: pueblos, etnias, culturas, naciones.

Dentro de su análisis, Podemos no considera que las naciones actuales sean barricadas contra la globalización. Al mostrarse libertaria, tiende a desvalorizar el papel de los Estados hoy existentes que, con sus deficiencias y sus conflictos son hoy estructuras dotadas de aparatos legislativos, de barreras, soberanía, fronteras, fuerzas de seguridad, que pueden constituir, según quien gestione el poder, barricadas contra la globalización. Abolir el Estado, desvalorizar la idea de soberanía nacional, suponen hacer el trabajo de la globalización y destruir todo lo que impide una homogeneización rápida de la humanidad en detrimento de las identidades nacionales.

Podemos, cabe decir, que prosperará en los años venideros si se dan varias circunstancias: si el PSOE queda reducido a la mínima expresión –como parece que ocurrirá– y termina desintegrándose, dejando vacío un espacio sociológico de centro–izquierda que puede ser ocupado por un partido como Podemos en la medida en que insista en su “autonomía histórica”. En el momento en el que este partido caiga en el error de IU de hacer explícitos sus contenidos de “izquierda rancia”, formación de postguerra anclada en la “memoria histórica”, se haga solidaria con las expresiones tópicas de la izquierda progresista, está perdida. Volverá a ser, entonces, un dejà vû, una reedición de las distintas formas de la izquierda del siglo XX, una izquierda que se va extinguiendo poco a poco.

Hará falta ver si el “entrismo” realizado por antiguos trotskistas les da algún fruto (históricamente jamás ha hecho otra cosa que convertir a ultraizquierdistas en mansos ultraliberales como ocurrió con los trotskistas norteamericanos reconvertidos en neo–cons), hará falta ver si las distintas tendencias no tienden que bullen en el interior de Podemos, empiezan a hacer, especialmente tras las elecciones municipales, la guerra por su cuenta y adoptan posiciones contradictorias y si cuando sus representantes –además de Pablo Iglesias– tengan que tomar la palabra y sean conocidos, logran articular un discurso diferente y original o apenas pueden reeditar de nuevo el discurso de los ecosocialistas, reconocible tanto en Equo como en IU e incluso en la Izquierda Socialista, corriente interior del PSOE.

No está muy claro el futuro de Podemos. Lo que sí parece claro es que ésta es una de las fuerzas que están contribuyendo, aquí y ahora, a que el sistema de bipartidismo imperfecto, se derrumbe. Podemos será otro de los partidos con los que habrá que contar en el futuro para hacer coaliciones de gobierno en ayuntamientos y comunidades autónomas. No será el único, sino uno más. Y esto es lo que nos parece más interesante: que a partir de ahora, un sistema político ideado para el bipartidismo imperfecto, va a tener que convivir con un multipartidismo en el que entre 10 y 12 siglas van a convivir y en el que solamente podrá gobernarse por coalición y de manera inestable.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

Balance del juancarlismo

Balance del juancarlismo

Info|krisis.- La predicción no era muy aventurada y la habíamos formulado el 28 de abril en un artículo publicado en Info-krisis). Que la monarquía juancarlista se estaba acabando era más que evidente para cualquier analista político. Entre bambalinas se estaban dando los pasos para llegar a ese desenlace. Juan Carlos intentó hasta el último momento mantener sus posiciones pero la “operación lustre” no dio frutos y las encuestas demostraban que se estaba próximo a cerrar un ciclo. Ahora queda analizar algunos elementos de esta “crisis” (porque, a fin de cuentas, se trata de una crisis).

Juan Carlos y la transición

Era frecuente, hace unos 20 años e incluso hasta 2010, que muchos nombres de relumbrón de la izquierda y de la derecha dijeran aquello de “no soy monárquico, soy juancarlista”. Con eso indicaban su falta de convicciones monárquicas, unido a la gratitud hacia el “monarca que hizo el cambio”. En realidad, el papel de Juan Carlos I en la transición fue, como el de Adolfo Suárez, en ser meros “rostros” de una transición que otros habían diseñado. El papel del segundo no consistió más que en aportar aplomo, rostro (en el peor sentido de la palabra) e imagen a la transición. En cuanto al papel de Juan Carlos consistió en tranquilizar a la derecha sociológica española, franquista por lo demás, generando la sugestión de que lo que sucedería a partir del 20-N de 1975 no sería nada más que una prolongación de lo de antes pero levemente modificado, en ningún caso, una “ruptura”. Incluso la Ley para la Reforma Política fue considerada como la “culminación” y la “última” Ley Fundamental de la arquitectura constitucional franquista.

En realidad, la transición del franquismo al régimen de 1978 fue impulsada por tres sectores: 1) el incipiente capitalismo español que precisaba nuevos mercados para colocar sus productos, 2) el capital internacional –especialmente el capital financiero- que veía en España un mercado prometedor y 3) el Pentágono que precisaba –en los años de la Guerra Fría- dar “profundidad” a la OTAN.

El capitalismo español generado a lo largo de los años 60 bajo el padrinazgo del Opus Dei y de sus Planes de Desarrollo se había desarrollado lo suficiente como para poder exportar parte de su producción; pero desde las Comunidades Europeas, fuertes barreras arancelarias impedían la llegada de los productos españoles a esos mercados. El “mercado común europeo” ya había advertido en varias ocasiones, ante las peticiones de ingreso de España, que la estructura del régimen franquista no daba los mínimos democráticos exigidos para ingresar en el club. Así pues, era preciso democratizar el régimen.

El capitalismo internacional, especialmente el capitalismo financiero, veía en España buenas oportunidades de inversión. A fin de cuentas a finales de los años 70, algunos sectores económicos todavía no estaban suficientemente desarrollados y precisaban fuertes inversiones y modernización. La Ley de Inversiones Extranjeras de 1959 que había dado lugar al prodigioso desarrollismo de los años 60, era, a partir de ahora, un impedimento para ir más allá. Es imposible deslindar lo ocurrido en España de la trayectoria del capitalismo internacional que estaba ya en su fase multinacional: además, el sector público español era un bocado apetecible para ese capitalismo extranjero. Si se trataba de democratizar el país, era evidente que ese sector público (el INI) debería privatizarse en un plazo más o menos breve y era ahí en donde el capital internacional podía dar la gran dentellada.

En cuanto al Pentágono, patrón indiscutible de la OTAN, la cuestión era mucho más simple y se resumía en el hecho de que apenas 900 km separaban la frontera entre las dos alemanias de los Pirineos. Así pues, en caso de ofensiva soviética, no existía “retaguardia” desde la que articular una defensa. España, vinculada en materia de defensa a los EEUU no era un aliado seguro. Carrero Blanco, en su búsqueda de nuevos mercados para los productos españoles y en su intento de elaborar un Plan B que nos hiciera menos “eurodependientes”, ya en 1971-72 estaba abriendo mercados en el Este ante la cerrazón del Mercado Común. Era posible, pues, que, de seguir así, España hubiera relajado su vinculación a los EEUU (los acuerdos bilaterales se negociaban por tramos de 10 y 5 años). Dado que España no podía ingresar en el club de la OTAN a causa de la particular estructura del Estado franquista, no quedaba más remedio –si se trataba de dar “profundidad” a la OTAN- que presionar para que el régimen se democratizada.

Estas fueron las fuerzas reales que propiciaron la transición. Ante estas fuerzas, el papel del Rey y el de Adolfo Suárez fueron completamente irrelevantes: meros actores de un guión que no habían escrito. En cuanto al papel de la “oposición democrática”, apenas formada por el PCE y una serie de excrecencia casi irrelevantes de izquierda y de extrema-izquierda, tampoco fue esencial, a pesar de que la mitología de la transición la magnificase.

Así pues la “transición” se planteó como un cambio pacífico en el que la sabiduría del pueblo español y ha responsabilidad de sus dirigentes generaron un nuevo modelo de régimen. De ahí que se aludiera con frecuencia a una “transición modélica”. Juan Carlos no fue más que la referencia para los franquistas de que “nada había cambiado”: militares, fuerzas de orden público, magistratura, estructuras funcionariales del régimen, lo aceptaron, simplemente, porque era el “rey puesto por Franco” y mientras él estuviera, nada en efecto, parecería haber cambiado. Por lo demás, el Rey era capaz de prometer las Leyes Fundamentales del Reino… y todo lo contrario, la Constitución Española.

El final del juancarlismo, por qué…

A Juan Carlos el destino del país no le importó mucho más allá de los mensajes de navidad. En realidad, la cosa veía de familia; su padre, durante los 40 años del franquismo apenas emitió menos de cinco mensajes y documentos, todos ellos elaborados por su “Consejo Privado”, como signo de que le importaba el destino de España. De la misma forma que a Carlos IV solamente le interesaban las cacerías, a Isabel II los palafreneros de palacio y a Alfonso XII sus amores melancólicos, a Juan Carlos le interesó cualquier cosa menos la lectura diaria de las leyes que firmaba.

Es conocida la historia hacia finales de los años 80 de que estuvo unas semanas con una periodista suiza fuera de España, mientras un plotter firmaba por él no importa qué ley. Una corte de advenedizos formada en su entorno (los Ruiz-Mateos, los De la Rosa, los Prado y Colón de Carvajal, el príncipe de Chokutúa, etc) tuvieron continuos problemas judiciales. Todos ellos pensaban que el rey les sacaría del entuerto, pero a partir del instante mismo en el que se desvelaron sus corruptelas, por mucho que hubiera sido el apoyo y las entregas dinerarias que habían realizado a la monarquía, se vieron solos. Zarzuela dejó de descolgarles el teléfono. Esto recuerda a Fernando VII, “el deseado”, que a lo largo de su carrera no dejó a nadie sin traicionar.

Pero no eran los continuos líos de faldas cuyos ecos atenuados llegaban a la opinión pública, no eran ni siquiera la frecuencia con la que los amigos del monarca visitaban los juzgados, ni siquiera era el hecho del evidente desinterés en el destino de España y en la tarea de gobierno, no era tampoco el evidente debilitado estado de salud del rey, tributo a excesos de juventud, sino que era algo mucho más profundo lo que estaba ocurriendo en España y que entrañaba el descrédito y el ocaso de la monarquía juancarlista.

De la misma forma que la transición fue impulsada por las fuerzas que antes hemos definido, y no deben absolutamente nada a la personalidad del rey, el final de juancarlismo está ligado a la modificación de las correlaciones de fuerzas de la transición.

En efecto, los grandes grupos mediáticos que actuaron en los años 1976-1983 para impulsar la democratización del país (empleando todo su arsenal de artimañas para velar la realidad) hoy, o han desaparecido (Cadena 16) o se encuentran en gravísimos problemas económicos (Cadena Zeta y PRISA). El mismo modelo de comunicación que hizo posible la transición ya es cosa del pasado. Hoy es más complicado que en 1976 controlar los criterios de la opinión pública, imponerlos y modificarlos a voluntad. Existen redes sociales que generan siempre islotes de disidencia y focos de oposición a las “verdades oficiales”.

La transición se realizó diseñando un sistema electoral que llevaba a la alternancia entre dos fuerzas, una de centro-izquierda (PSOE) y otra de centró-derecha (inicialmente UCD, luego PP), apoyadas, en caso de no tener mayoría absoluta por otros dos pequeños partidos nacionalistas (CiU y PNV). Ninguna otra fuerza política ha podido tener peso real en España desde 1983 hasta ahora. Pero ese sistema ha entrado en crisis. Las elecciones del 25-M señalan la ruina del “bipartidismo imperfecto”. A partir de ahora, otras fuerzas políticas crecerán mientras los dos grandes partidos se irán disolviendo como un azucarillo. La época de las mayorías absolutas ha concluido para siempre y ya no bastará un simple acuerdo con un nacionalista para gobernar por mayoría.

¿Por qué ha ocurrido esto? Por la crisis económica desatada a partir de 2007 que se ha transformado en crisis social (6.000.000 de parados) y que finalmente, al prolongarse, ha terminado generando una crisis política en todas las esferas del régimen nacido en 1978: porque, ni una sola de las estructuras de poder creadas en 1978 goza hoy de buena salud: ni la estructura autonómica, ni los partidos, ni la magistratura, ni el parlamento, pueden alardear de satisfacer los deseos de honestidad y buen hacer exigibles. Y, por supuesto, es en este contexto en el que hay que situar la crisis de la institución monárquica.

No  que la monarquía se haya visto erosionada solamente por el caso Urdangarín, ni que la atrabiliaria historia de la caza del elefante (con sus patética e indignas excusas), ni que la salud real menguara… no, se trata de que TODA LA ESTRUCTURA DE PODER CREADA EN 1978 ESTÁ HOY EN CRISIS. Y la monarquía es una pieza más del entramado que no ha podido resistir las distintas fases  de la crisis económica iniciada en 2007…

Tras Juan Carlos ¡viva la República! (¿Viva la República?)

En 1931, después de unas elecciones municipales de las que aun hoy se ignora cuáles fueron los resultados reales, pareció que en las grandes ciudades el número de concejales monárquicos era inferior al de republicanos y el rey aprovechó para “emprender las de Villadiego” en lo que puede ser calificado como cualquier cosa menos como un “fenecer glorioso”. En Cataluña, Luís Companys proclamó la República Catalana desde el ayuntamiento y el fervor republicano se manifestó en las calles. El resto lo conocemos: nunca, en sus cinco años de vida, la República logró asentarse. Hoy, los riesgos son parecidos, sino peores.

Los que hoy proclaman la necesidad de una república deberían de tener en cuenta lo que implica la llegada de un nuevo régimen auspiciado especialmente por la izquierda revanchista. Porque no se trata ni de salir a la calle ni de encontrar el balcón más próximo para dar un salto al vacío. En realidad, fuera de los fervores de unos y de otros, de las filias y de las fobias subjetivas, la realidad es que en este país muy pocos son monárquicos o republicanos. Porque el verdadero problema no es “monarquía” o “república”, sino un país que funcione o un país que no funcione. Hay monarquías modélicas y hay repúblicas infames, y viceversa…

En un período en el que un 25% de la población está próximo al umbral de la pobreza, con una situación económica mundial endiablada e irresoluble a causa de la globalización, no parece muy claro que ni una monarquía ni una república vayan a resolver gran cosa, así pues, la discusión sobre monarquía o república es, en las actuales circunstancias, completamente irrelevante y está completamente fuera de lugar.

Por lo demás, hay que pensar que en las actuales circunstancias una “república” no sería nada más que un modelo de organización fuertemente lastrado por los valores humanistas-universalistas procedentes de la izquierda progresista, y que quienes aspiran a una “república no tricolor” no tendrían absolutamente nada que decir. Mirad los resultados de las elecciones del 25-M y veréis quiénes harían la nueva constitución republicana y cuál sería su espíritu.

El problema no es sustituir a la monarquía por otro régimen, sino que ese “otro régimen” garantice la buena marcha del país. Y no da la sensación de que de la izquierda actual tenga un portentoso proyecto de regeneración nacional que vaya más allá de la instauración de una república (que, insistimos, cuyos valores, estructura y principios, solamente podría, hoy por hoy, salir de los laboratorios ideológico-dogmáticos de la izquierda)… Lo peor del caso, es que la derecha tampoco parece tener otro proyecto que no sea el de prolongar en Felipe VI el régimen nacido en 1978.

Si el juancarlismo ha concluido, si la instauración de una república constituiría un peligroso salto al vacío (que, por lo demás, no aportaría nada más que el cambio de membretes y rotulaciones en los papeles oficiales y poco más), ¿qué vía queda para este país? Hay una tercera vía: la del CIRUJANO DE HIERRO, LA DEL “HOMBRE FUERTE” al frente de una REGENCIA que afronte decididamente los grandes retos y problemas del país. Luego, ya se verá y siempre será tiempo de elegir entre “monarquía” o “república”. Hacerlo en las actuales circunstancias supondría un cheque en blanco para el humanismo-universalista propio de la ideología de la izquierda postzapaterista. España precisa una nueva constitución, pero para llegar a eso, precisa también un período de:

1) Fin del derroche generado por los partidos políticos, renegociación de la deuda.

2) Certificación del fracaso bochornoso y total del “Estado de las Autonomías”. Resolver el problema de la centrifugación nacional.

3) Persecución con castigos ejemplares de todos los casos de corrupción habidos (los delitos contra la  sociedad, y la corrupción política es una de ellos, no deben prescribir jamás).

4) Generación de nuevas formas de representación política no basadas en los partidos políticos.

5) Poner coto a los desmanes de los “señores del dinero” y a sus beneficios.

6) Volver a una economía productiva, renegociando el acuerdo de adhesión a la UE (es mucho más importante un referéndum sobre nuestra permanencia en la UE que sobre “monarquía o república”), reinstaurando barreras arancelarias, evitando que las rentas procedentes del trabajo sean machacadas fiscalmente, mientras las rentas del capital se van de rositas.

7) Lucha contra todos aquellos elementos que han desequilibrado en los últimos treinta años a a la sociedad española y que han hundido nuestra sistema de valores, el nivel cultural del país y han hecho quebrar el sistema educativo.

SIN UNA ETAPA PREVIA DE “RECTIFICACIÓN Y REORDENACIÓN” DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA NO HAY POSIBILIDADES DE ELABORAR NI UNA NUEVA CONSTITUCIÓN, NI DE PLANTEAR LA DICOTOMÍA “MONARQUÍA-REPÚBLICA”. Y ESA ETAPA SOLAMENTE PUEDE ESTAR PROTAGONIZADA POR EL “CIRUJANO DE HIERRO”, EL “HOMBRE FUERTE” QUE RESTAURE LA AUTORIDAD DEL ESTADO, QUE DEFIENDA A LAS CLASES MÁS MODESTAS Y PONGA EN CINTURA A LOS “SEÑORES DEL DINERO”.

Es evidente que ni nos manifestamos en este momento por la prolongación del juancarlismo en su descendiente, ni por el salto al vacío que supondría una república que hoy estaría lastrada (como lo estuvo la Segunda República) por la prepotencia de la izquierda. Creemos que solamente el CIRUJANO DE HIERRO con plenos poderes para restaurar la dignidad del Estado, para aligerar la carga fiscal que suponen la deuda, el Estado de las Autonomías, el sistema de partidos y la corrupción, pueden hacernos dejar atrás este período triste y desintegrador en la historia de nuestro país que se inició con la MENTIRA DE LA TRANSICIÓN. Nunca mejor dicho puede recordarse el viejo refrán de que “aquellas aguas, trajeron estos lodos”.

© Ernesto Milá – info|krisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Más sobre el 25-M

Más sobre el 25-M

Una cosa son los análisis de urgencia y otra el hacer un examen más reposado sobre los resultados electorales. Lo primero ya está hecho, vamos ahora a examinar algunos aspectos menos estridentes (pero, sin duda más importantes) de estos comicios. Hoy (martes) tenemos ya la ventaja de que todos los partidos han tenido ocasión de realizar una valoración de los resultados y conocemos su opinión. Lo dicho aquí no es más que un añadido a las primeras valoraciones realizadas en anteriores artículos publicados en la noche misma en la que se conocieron los resultados.

El PP que no ha entendido la advertencia del electorado

El problema es que el PP cree, sinceramente, que solamente ha perdido algunos votos pero que ha “ganado” las elecciones simplemente por el hecho de que ha obtenido más votos que su inmediato rival, el PP. Por tanto, ni Rajoy considera necesario remodelar el gobierno, ni siquiera rectificar algunas de las políticas que más han irritado al electorado. Simplemente, siguen considerándose vencedores y están mucho más tranquilos de lo que aconsejaría el sentido común.

A día de hoy, Rajoy ya no puede eludir algo que ha conseguido esquivar durante dos años: afrontar de una vez por todas el “problema catalán”, especialmente porque los resultados en aquella comunidad indican que el PP retrocede y se convierte en una fuerza insignificante al lado de una ERC sobredimensionada pero que, en cualquier caso, ha realizado el “surpaso” quedando por delante de CiU. Hubiera sido mucho más lógico que Rajoy afrontara el problema una vez se suscitó y lo hiciera radicalmente siendo claro ante las aspiraciones independentistas. En lugar de eso, no dio su “enterado” al desafío soberanista y este siguió creciendo confiando en que, a fin de cuentas, el referéndum estaba al alcance de la mano y, a partir de ahí, el problema no hizo más que crecer. El resultado del domingo demuestra que en Cataluña quienes han acudido a votar han sido los nacionalistas y los independentistas… no los españolistas ni las fuerzas de la derecha españolista que han optado por quedarse en casa a la vista del escaso crédito que conceden al PP y a las dimensiones de C’s, todavía minúsculas.

Aparte de esto, la dirección del PP no ha entendido el aviso del electorado: así no se puede seguir gobernando, de espaldas a la población poniéndonos la pistola en la nuca para vaciarnos la cartera y entregar el efectivo obtenido en la rapiña a los carroñeros del Banco Central Europeo y del Bundesbank. No se puede seguir gobernando ignorando que para toda la población la corrupción, la crisis económica, el paro y la inmigración masiva siguen siendo los principales problemas, junto a la merca del Estado del Bienestar y de los derechos sociales. El PP no se ha enterado de que el bipartidismo ha muerto (en realidad en otros países ha pasado algo similar: ni la derecha liberal francesa, ni el socialismo, han comprendido tampoco que ya no son hegemónicos, especialmente el PS que ha pasado a ser la tercera fuerza política, a distancia de la primera, el Front National) y que ellos ya no son la solución, ni nunca lo han sido, sino el problema (¡y qué problema!).

El PSOE empieza a tomar conciencia de las dimensiones de su crisis

Si Rubalcaba ha terminado dimitiendo tras conocer los resultados electorales, se ha debido, no tanto a los resultados del PSOE (malos) como a los del PSC (mucho peores). El PSC ha perdido más de la mitad de sus votos, pago inevitable a su eclecticismo en materia de vertebración del Estado. Y eso es muy importante para el PSOE porque las posibilidades de obtener mayoría absoluta pasan por obtener buenos resultados especialmente en Cataluña y Andalucía. Desintegrado el PSC, afronta por primera vez la imposibilidad de gobernar en solitario y la posibilidad de que IU y Podemos, le impongan condiciones y, desde luego, no estén dispuestos a tolerar los altos índices de corrupción de este partido.

El PSOE no ha entendido también que el bipartidismo ha muerto y que su crisis es aún mayor que la del PP. A fin de cuentas, a la derecha del PP sigue sin aparecer ninguna fuerza política, mientras que a la izquierda del PSOE proliferan como hongos. A la vista de la imposibilidad de edificar una “gran coalición” (como la propuesta por Felipe González en plena campaña electoral) con el PP, la única posibilidad que tiene el PSOE es volver al gobierno es mediante una alianza con la izquierda radical. Y esa posibilidad le enajena a buena parte de su propio electorado… Nadie llorará al PSOE cuando haya muerto.

La realidad es que el postzapaterismo era lo que cabía esperar y como habíamos anunciado desde 2007: desprovisto de cualquier dirigente con prestigio social, contando con media docena de mediocridades y pobres aprovechados que aspiran a sustituir a Rubalcaba, sin que queden en su nómina dirigentes ni militantes de prestigio (Rubalcaba era con mucho lo mejor que conservaba el PSOE), ahora se evidencia la vía muerta en la que encarriló José Luis Rodríguez Zapatero a su partido desde principios del milenio. Ciento cuarenta años de historia dilapidados por un indigente ideológico. Tras abjurar del marxismo, luego del socialismo democrático, anclado finalmente en una socialdemocracia hundida en todo el continente, compartiendo valores que ni siquiera eran socialdemócratas, sino humanistas–universalistas, el PSOE no ha sido capaz de recuperar, desde entonces, la iniciativa estratégica. Se conformó con enviar a Strasburgo a una Helena Valenciano, sin prestigio político, candidata de bajo perfil, útil solamente para muñir un consenso interior provisional. El fracaso estaba cantado desde el momento en que el PSOE se obstinó en hacer una campaña electoral reprochando a Arias Cañete el haber utilizado una consideración “machista”…

Tras Rubalcaba lo que viene es un tropel de pobres espabilados  (los Patxi López, las Chacón, los Madina, los Tomás López, las Susanas Díaz, etc y seguramente saldrán más aspirantes) ninguno de los cuales posee ideas, programa, ni magnetismo personal, todos ellos son mediocridades entre mediocres e individuos grises que confunden su habilidad para escalar en las bambalinas del PSOE con tener carisma y magnetismo personal. Después de Rubalcaba el diluvio…

Tampoco el PSOE, por lo demás, se ha hecho eco del final del bipartidismo sancionado por el electorado, que el afecta a él en primer lugar al a vista de que su “estructura federal” resiste mucho peor los golpes y tiende más a la fragmentación. La dimisión de Rubalcaba, en otras condiciones, hubiera sido benéfica para el partido (a pesar de ser el último nombre “brillante” que quedaba en su nómina) e incluso lógica a la vista de los resultados, pero en las circunstancias actuales puede contribuir a acelerar el desplome del partido.

Izquierda frente a derecha

El gran misterio de porqué la izquierda ha subido tanto y ha obtenido tan buenos resultados se debe sin duda… a que la derecha se ha quedado en casa. Nunca como hasta ahora ha sido tan claro que el abstencionismo ha embargado sobre todo a la derecha, mientras que la izquierda ha acudido puntual y disciplinadamente a votar. El resultado ha sido que sí, que ha subido la izquierda, pero plurifraccionada, y si Podemos se ha convertido en la estrella ascendente del firmamento político español, se ha debido especialmente a que ha sabido manejar mucho mejor que cualquier otro partido (por su misma estructura juvenil) las redes sociales y especialmente Tuíter.

Por el contrario, el resto de partidos se ha conformado con realizar una campaña clásica utilizando medios de comunicación que la población ya no consulta: especialmente páginas de publicidad pagada en diarios que nadie lee y cuñas en radios que pocos escuchan y que apagan cuando dan publicidad. Podemos, sin embargo, ha dado una gran lección de cómo se aprovechan las herramientas de Internet 2.0, especialmente las redes sociales. No es fácil condensar un eslogan electoral en 140 caracteres permitidos por Tuíter y, sin embargo, Podemos lo ha logrado ¡y con qué resultado! Era normal que los 900.000 jóvenes que iban por primera vez a votar en esta convocatorio apostaran mayoritariamente por Podemos que respondía de manera extraordinariamente bien a sus rasgos generacionales.

Frente a Podemos, las otras dos formaciones de la izquierda estatalista, IU y UPyD, han mejorado sus posiciones pero tras ímprobos esfuerzos y sin dejar nunca bien atados a sus nuevos electores que veremos si siguen apoyando a las mismas candidaturas en los próximos comicios. La izquierda presentada por IU (que elección tras elección sigue sumando pequeñas siglas al núcleo original del que ya nadie se acuerda, el viejo PCE, en un nombre que hoy es kilométrico e incluso símbolo de la impotencia de la coalición) y el centro–izquierda de Rosa Díaz, junto con Ciutadans (que, no lo olvidemos, afirma con seriedad ser una partido de “centro–izquierda”, a pesar de que sus apoyos dicen otra cosa muy diferente), han ido erosionando las bases socialistas, mucho más que recuperando un electorado nuevo.

Pero estas elecciones no dicen nada sobre cómo será el comportamiento en las próximas convocatorias electorales de la derecha que se ha abstenido. No parece que le vaya a ser muy fácil al PP recuperar al mas de un tercio de sus electores que ha decidido no movilizarse, acaso porque ya han perdido la fe en que Mariano Rajoy pueda resolver los graves problemas de la sociedad española, acaso por la desidia y esa inmensa capacidad del presidente para aplazar la resolución de los problemas e incluso el encararlos decididamente.

El fracaso de Vox

Reiteradamente hemos evitado incluir a Vox en el pelotón de la extrema–derecha porque, en realidad, es otra cosa: una simple fotocopia reducida del PP en la que la temática de derechas está un poco más presente, mientras que la centrista ha desaparecido. Vox ha cometido, desde su fundación, distintos errores políticos que, finalmente, le han pasado factura: en primer lugar circulaba por caminos ya trillados (como nos encargamos de denunciar en nuestro Dossier sobre la Extrema–Derecha ante las elecciones europeas). El programa, la experiencia, la intención de quienes ponían en marcha  Vox, ya había estado presente en los mismos términos hace 20 años en la experiencia del PADE que, ya entonces demostró que la derecha estaba muy contenta con las siglas PP. Ahora se ha reiterado el mismo intento con idéntico fracaso.

El programa de Vox contenía errores de bulto: el primero de todos pensar que sus temas eran “actuales” e interesaban a sectores amplios del electorado. La disolución de las autonomías constituía una propuesta tan “rotunda” que era, por sí misma, impracticable e imposible, una especie de boutade destinada a llamar la atención pero no a realizarse en la práctica. Y el electorado está ya harto de “imposibles metafísicos”. En cuanto a la problemática anti–ETA, con todas las heridas que ha dejado y la sensación amarga de injusticia y de victoria de los asesinos, simplemente ha dejado de interesar a nuestro pueblo en la medida en la que el acuerdo pactado para terminar con ETA, ha sido firmado y rubricado tanto por el PSOE (que lo propuso) como por el PP (que, sin duda, fue consultado cuando se encontraba en la oposición) y el resultado ha sido un cese de la violencia… a cambio de una salida gradual de presos. Moralmente censurable, políticamente innecesario, pero efectivo… En cuanto a su insistencia en el tema del aborto, cuando la sociedad española ha vivido una campaña proabortista contraria a la reforma de la ley operado por Gallardón, la sensación de la derecha es que si la izquierda ha protestado sobre este tema, es que la reforma debió ir en dirección de sus expectativas. Sobre la “lucha contra la corrupción” era algo que todos los partidos, incluidos PP y PSOE proponían.

Luego se han producido errores estratégicos notorios: el hecho de que Vidal–Quadras encabezara la candidatura no quiere decir que el origen catalán de éste fuera lo que aconsejara enfatizar la campaña en Cataluña, toda vez que el interesado lleva casi 20 años ausente.

Cuando se convoquen las elecciones municipales, veremos lo que queda en pie de Vox y veremos si ha sido capaz con estos resultados de atraer a sectores descontentos del PP o bolsas de votos significativas. También el PADE durante un par de elecciones consiguió mantener algunos concejales antes de desaparecer por completo.

De momento, Vox no va a ser la fórmula de derecha–derecha capaz de atraer a sectores significativos del PP y sacar de su posición abstencionista a sectores de la derecha sociológica.

El por qué de estos resultados

Los resultados generales son, en su mayor parte, coherentes con lo que está ocurriendo en España en los últimos siete años: una crisis económica que es capaz de prolongar extraordinariamente su duración, generar 6.000.000 de parados, colocar al 25% de la población próximo al umbral de la pobreza o por debajo de él, forzar a la emigración económica a decenas de miles de jóvenes, aumentar la presión fiscal sobre las rentas procedentes del trabajo para pagar una deuda contraída por otros, una crisis de este tipo, decimos, solamente puede desembocar en una profunda crisis social. Y ésta al prolongarse extraordinariamente en el tiempo solamente puede derivar en una formidable crisis política en la que están incluidas todas las estructuras del Estado: partidos tradicionales, monarquía, justicia, autonomías, municipios, etc. Los mismos casos de corrupción son muestra de la incidencia de la crisis política que es, a fin de cuentas, la crisis del régimen nacido en 1978.

Pero de todos los síntomas de la crisis política hay una que es particularmente importante: el final del bipartidismo. El misterio de la política española en los próximos años reside en saber cómo se va a portar un régimen concebido e ideado para el bipartidismo imperfecto, cuando las dos columnas en las que se sostenía (el centro–izquierda y el centro–derecha) aparecen como tocados y hundidos y la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) ya no es, ni de lejos, la única protagonista de la vida política.

A partir de ahora, como hemos dicho, se ha acabado la época de las mayorías absolutas, ha concluido el período de alternancia de ambos partidos en el poder. Ahora, si quieren gestionar una parte del poder tendrán que pactar con otros. Y el panorama político se complicará extraordinariamente generando una inestabilidad que, a partir de ahora, va a ser la imagen de marca del régimen hasta su disolución final.

Es cierto que las elecciones europeas son relativamente poco importantes y que, tradicionalmente, en esos comicios aumenta la abstención, pero también es cierto que indican una línea inevitable e irremediable de tendencia. El bipartidismo será sustituido, pura y simplemente, por la inestabilidad. Una vez más se ha cumplido lo previsto por Thomas Molnar en su libro La Contrarrevolución: hay un momento en el que un régimen puede aplicar (porque es todavía fuerte) una reforma para salvarse; pero, habitualmente, dado que se siente fuerte, no percibe la necesidad de introducir reformas ni de corregir las tendencias más desagradables que han aparecido en su interior; por tanto, ese régimen sigue degradándose. Llega un momento en el que la reforma se hace acuciante, pero el régimen está tan absolutamente desgatado que ya es incapaz de operar cualquier reforma y, simplemente, se produce el desplome interior. El sistema político nacido en España en 1978, está hoy reproduciendo este esquema de manera absolutamente maquinal. Sabemos, pues, lo que tiene ante la vista.

Addenda

¿Algo que añadir sobre la extrema–derecha?

En ese magma en el que se mueven cinco partidos, queda claro que uno de ellos es el representante indiscutible del sector histórico, FE–JONS, y que todos aquellos que se reclamen y se reconozcan en esa fisonomía terminarán convergiendo allí. Parece improbable que puedan perpetuarse dos grupos que utilicen el mismo emblema del yugo y de las flechas, por tanto, si la lógica tiene alguna repercusión en este ambiente, ambos grupos deberían de converger y La Falange estaría ahora en una buena situación para abordar la negociación que llevara a la unidad histórica de las falanges. Una iniciativa de este tipo parece casi obligada.

Falange Española de las JONS, no lo olvidemos, ha hecho una buena campaña con escasos medios. Ahora bien, es inútil pensar que el techo de una formación de este tipo puede ir más allá de sumar los votos cosechados por otros grupos similares. Por bien que actúe su dirección, lo evidente es que su imagen remite a otros tiempos y a otros valores, ya lejanos en el tiempo y que el “nacional–sindicalismo” dice muy poco a una sociedad que considera como el único sindicalismo existente el que protagonizado por las siglas UGT y CCOO, que han traicionado a la clase obrera.

Hemos dicho en muchas ocasiones si no sería mejor que los falangistas pensaran en otro modelo organizativo y no en la forma de “partido político”. La revista mensual Patria Sindicalista demuestra que, quizás, tender hacia la formación de una “escuela de pensamiento” sería mucho más productivo en términos de persistencia del falangismo en la sociedad futuro. Preparando cuadros y dirigentes políticos, como en otro tiempo hizo la Escuela de Propagandistas Católicos, se conseguiría influir mucho más en la sociedad y no restringirse a los altos muros de un partido político.

Hará falta ver si en los próximos meses ambos grupos falangistas logran reabrir conversaciones para su unidad definitiva y para la elección de una estrategia de futuro.

Los segundos en resultados en la extrema–derecha ha sido la coalición Iniciativa Social, un nombre equívoco en la medida en que a poco que el simpatizante se acercaba a su temática se percibía claramente que, tras este rótulo, proseguía ese monotema obsesivo del aborto, destacando con mucho sobre cualquier otra temática. Creemos que el intento está encarrilado hacia una vía muerta y sin salida no ahora, sino desde el momento mismo de su arranque. Si en esta ocasión IS (AES+CTC+FyV) ha perdido buena parte de los votos que AES en solitario obtuvo hace cinco años, se ha debido, especialmente, a la competencia de Vox. Lo que se abre a partir de ahora –nuevamente, si hemos de pensar en términos lógico, lo que es del todo evidente que hagan los protagonistas– es que ambas formaciones (IS–AES y Vox) se planteen un futuro común. No hay, simplemente, no hay espacio para ambas. Y, de momento, a pesar de sus resultados limitados, Vox arrincona a AES. Quizás sea la forma y el momento de dar por concluida la experiencia neo–piñarista, social–cristiana, o como prefieran llamarla.

No hay más posibilidades de convergencia, ni de fusiones o desapariciones de siglas. DN y MSR prosiguen como hasta ahora. El papel de DN pactando primero con LEM, luego ausentándose sin dejar señas para reaparecer en Soluciona, para finalmente presentarse solo, ha sido una peripecia sin precedentes, no por previsible, menos exótica. Tiene gracia que tanto DN como MSR consideren que “han vencido” (e incluso lo expresen así) y que, a partir de ahora, “la lucha continúa”, lo que implica tener, simplemente, más moral que el Alcoyano. Hay que reconocer que en estas elecciones, ambas formaciones se han preocupado por reinventarse a sí mismas: han ido agrupando a expulsados de otros grupos, bolsas de militantes recuperadas aquí y allí, nombres surgidos de los más variados ambientes, para componer sus listas. Ni aun así han conseguido escapar a los magros resultados de otras veces, que en ambos casos indican –por pura lógica– que no logran interesar salvo a muy pocos (error técnico en los recuentos incluido). Ahora piensan que “en las municipales será nuestra hora”… pero parten en situación de desventaja. Y, por lo demás, el tiempo no pasa en vano: MSR tiene 14 años y DN está por cumplir los 20.

De todos estos fragmentos –por mucho que parte de sus fondos sean utilizados en viajes lowcost a visitar a “partidos hermanos” del extranjero en la creencia de que presentarse como “socios” les reportará algún interés por parte de los medios de comunicación españoles– no podrá salir nunca nada parecido a los movimientos que han dado un prodigioso salto adelante en Europa. Pero esta es otra historia. 

 

Teoría del Mundo Cúbico

Teoría del Mundo Cúbico

Diálogo sobre la Teoría del Mundo Cúbico.- EMInves ha publicado una recopilación de artículos, corregidos y aumentados, acompañados de una conclusión, titulada Teoría del Mundo Cúbico. El libro ha aparecido precisamente la misma semana en la que menos de la mitad del electorado acudía a las urnas para elegir sus representantes en Europa y quizás sea este hecho por el que convenga empezar el diálogo con su autor, Ernesto Milá:

– Nuestro pueblo no parece ha estado muy interesado por las elecciones europeas… ¿Cómo sitúan en su libro a la Unión Europea?

– Es simple: la UE podía haberlo sido todo y, sin embargo, ha optado por no ser nada. La UE podía haberse constituido como una de las “patas” de un mundo multipolar, una de las zonas con mejor nivel de vida y bienestar de las poblaciones. Y, sin embargo, ha preferido ser una pieza más de un mundo globalizado y, como tal, una víctima más de esa odiosa concepción económico–política que aspira a homogeneizar el mundo en función de los intereses de la economía financiera y especulativa.

– Así pues, no hay futuro para Europa dentro de la globalización…

– Exacto, desde hace 25 años, Europa viene siendo víctima de un doble fenómeno: de un lado la deslocalización industrial en virtud de la cual, las plantas productoras de manufacturas tienden a abandonar territorio europeo y a trasladarse a zonas del planeta con menos coberturas sociales y, especialmente, salarios más bajos; de otro lado, la inmigración masiva traslada masas ingentes del “tercer mundo” hacia Europa con la finalidad de aumentar la fuerza de trabajo a disposición, logrando así tirar a la baja de los salarios. Ambos procesos –deslocalización industrial e inmigración masiva– tienden a rentabilizar el rendimiento del capital: se produce más barato fuera de Europa y lo que no hay más remedio que se fabrique en Europa, cuesta menos gracias a la inmigración masiva. Eufemísticamente, a este proceso, se le llama “ganar competitividad” y registra en su nómina a una ínfima minoría de beneficiarios y a una gran masa de damnificados. Por eso es rechazable.

– Hablando de “modelos”, en la introducción dices que tu Teoría del Mundo Cúbico es un modelo de interpretación de la modernidad, ¿puedes ampliarnos esta idea?

– Lo esencial de toda teoría política es interpretar el mundo en función de un esquema propio que ayude a explicar la génesis de la coyuntura histórica que se vive y cuál será su evolución futura. Esto es hasta tal punto necesario que, sin esto, puede decirse que ninguna doctrina política, ninguna concepción del mundo, logrará definir los mecanismos estratégicos para modificar aquellos aspectos de la realidad que le resulten rechazables o discordantes. Para que un modelo de interpretación de la realidad sea eficiente, es preciso que integre los aspectos esenciales del fenómeno que analiza. Los modelos geométricos son particularmente interesantes por lo que tienen de “visual”. De entre ellos, el cubo es, sin duda, el que mejor se adapta a la globalización y, por tanto, es el que hemos utilizado para nuestro análisis.

– Así pues, si no se comprende bien lo que es la globalización, ¿más vale no intentar aventuras políticas?

– Exactamente. Cuando emprendes un viaje, una aventura, debes llevar contigo un mapa. El mapa es, en definitiva, el modelo de interpretación que te llevará del lugar en el que te encuentras a aquel otro al que quieres llegar. Nadie sensato se atrevería a iniciar un viaje sin disponer de un plano susceptible de indicarle en cada momento dónde se encuentra y si va por la buena o por la mala dirección. Hoy, el factor dominante de nuestra época es el mundialismo y la globalización; el primero sería de naturaleza ideológica y en el segundo destaca su vertiente económica, especialmente. ¿Qué podríamos proponer a la sociedad si ignorásemos lo que es la globalización? Incluso Cristóbal Colón tenía una idea clara de a dónde quería ir; para él, su modelo de interpretación era la esfera; sabía pues que si partía de una orilla del mar, necesariamente, en algún lugar, llegaría a otra orilla. Desconocer lo que es la globalización y sus procesos supone no asentar la acción política sobre bases falsas y, por supuesto, una imposibilidad para elegir una estrategia de rectificación.

– ¿Qué pretendes transmitir a través de estas páginas?

– En primer lugar la sensación de que la globalización es el factor esencial de nuestro tiempo. Luego, negar cualquier virtud al sistema mundial globalizado, acaso, el peor de todos los sistemas posibles y, desde luego, la última consecuencia del capitalismo que inició su ascenso en Europa a partir del siglo XVII. Tras el capitalismo industrial, tras el capitalismo multinacional, no podía existir una fase posterior que no fuera especulativa y financiera a escala planetaria. Cuando George Soros o cualquier otro de los “señores del dinero” vierten alabanzas sobre la globalización, lo hacen porque forman parte de una ínfima minoría de beneficiarios que precisan de un solo mercado mundial para enriquecerse segundo a segundo, al margen de que la inmensa mayoría del planeta, también segundo a segundo, se vaya empobreciendo simétricamente. En la globalización hay “beneficiarios” y “damnificados”, sus intereses con incompatibles. Finalmente, quería llamar la atención sobre la rapidez de los procesos históricos que han ocurrido desde la Caída del Muro de Berlín. Lejos de haber llegado el tiempo el “fin de la historia”, lo que nos encontramos es con una “aceleración de la historia” en la que e están quemando etapas a velocidad de vértigo. La globalización que emerge a partir de 1989, en apenas un cuarto de siglo, ha entrado en crisis. En 2007, la crisis de las suprime inauguró la serie de crisis en cadena que recorren el planeta desde entonces, crisis inmobiliarias, crisis financieras, crisis bancarias, crisis de deuda, crisis de paro, etc, etc. En cada una de estas crisis, da la sensación de que el sistema mundial se va resquebrajando, pero que se niega a rectificar las posiciones extremas hacia las que camina cada vez de manera más vertiginosa. Con apenas 25 años, la globalización está hoy en crisis permanente. Así pues, lo que pretendo transmitir es por qué no hay salida dentro de la globalización.

– ¿Y por qué no hay salida…?

– La explicación se encuentra precisamente en el modelo interpretativo que propongo: está formado por un cubo de seis caras, opuestas dos a dos; así por ejemplo, tenemos a los beneficiarios de la globalización en la cara superior y a los damnificados por la globalización en la cara inferior; a los actores geopolíticos tradicionales a un lado y a los actores geopolíticos emergentes de otro; al progreso científico que encuentra su oposición en la neodelincuencia que ha aparecido por todas partes. Así pues tenemos un cubo con seis caras, doce aristas en las que confluyen caras contiguas y ocho vértices a donde van a parar tres caras en cada uno. Así pues, del análisis de cada una de estas caras y de sus contradicciones entre sí, de las aristas, que nos indicarán las posibilidades de convivencia o repulsión entre aspectos contiguos y de los vértices que nos dirá si allí se generan fuerzas de atracción o repulsión que mantengan la cohesión del conjunto o tiendan a disgregarlo respectivamente, aparece como conclusión el que las fuerzas centrípetas que indican posibilidades de estallido de la globalización se manifiestan en todos los vértices del cubo, así como las fricciones en las aristas, y hacen, teóricamente imposible, el que pueda sobrevivir durante mucho tiempo la actual estructura del poder mundial globalizado.

– ¿Quiénes son los “amos del mundo”? ¿Los “señores del dinero”…?

– En primer lugar es preciso desembarazarse de teorías conspiranoicas. Si el mundo estuviera dirigido por una “logia secreta” o por unos “sabios de Sión”, al menos sabríamos hacia donde nos pretenden llevar y existiría una “inteligencia secreta”, un “plan preestablecido”. Lo más terrible es que ni siquiera existe eso. El capitalismo financiero y especulador ha dado vida a un sistema que ya es controlado por ninguna persona, ni por ningún colectivo, ni institución. Simplemente, la evolución del capitalismo en su actual fase de desarrollo está completamente fuera de control de cualquier inteligencia humana. De ahí que en nuestro modelo interpretativo, la cara superior del cubo –la que representa a los beneficiarios de la globalización– no sea plana sino que tenga la forma de un tronco de pirámide. En el nivel superior de esta estructura piramidal truncada se encuentran las grandes acumulaciones de capital, lo que solemos llamar “los señores del dinero”… pero no constituyen ni un “sanedrín secreto”, ni siquiera pueden orientar completamente los procesos de la economía mundial. Simplemente, insisto, la economía se ha convertido en un caballo desbocado, que escapa a cualquier control…

– Entonces… ¿quién dirige el mundo?

– … efectivamente, esta es la pregunta que faltaba. En mi modelo, esta pirámide truncada, está coronada por una pieza homogénea que está por encima de todo el conjunto. En los obeliscos antiguos esta pieza era dorada o, simplemente, hecha de oro, y se conocía como “pyramidion”. En la globalización ese “pyramidion” son los valores de los que se nutre el neocapitalismo: afán de lucro, búsqueda insensata del mayor beneficio especulativo, etc, en total veinte principios doctrinales que enuncio en el último capítulo de la obra y que constituyen lo que podemos considerar como “la religión de los señores del dinero”. Esos “principios” son los que verdaderamente “dirigen la globalización”. Los “señores del dinero” no son más que sus “fieles devotos”, pero no tienen ningún control sobre los dogmas de su religión.

– ¿Hay alternativa a la globalización?

– Sí, claro, ante: la llamada “economía de los grandes espacios”. Reconocer que el mundo es demasiado diverso y que un sistema mundial globalizado es completamente imposible. Reconocer que solamente espacios económicos más o menos homogéneos, con similares PIB, con similar cultura, sin abismos ni brechas antropológicas, pueden constituir “unidades económicas” y que, cada uno de estos espacios, debe estar protegido ante otros en donde existan condiciones diferentes de producción, por barreras arancelarias. Y, por supuesto, que el capital financiero debe estar en primer lugar ligado a una nación y en segundo lugar tributar como actividad parasitaria y no productiva. La migración constante del capital financiero en busca siempre de mayores beneficios es lo que genera, a causa de su movilidad, inestabilidad internacional. Hace falta poner barreras para sus migraciones y disminuir su impacto, no sólo en la economía mundial, sino también en la economía de las naciones. Los Estados deben desincentivar las migraciones del capital especulativo y favorecer la inversión productiva, industrial y científica.

– ¿Es posible vencer a la globalización?

–  La globalización tiene dos grandes enemigos: en primer lugar, los Estados–Nación que disponen todavía de un arsenal legislativo, institucional y orgánico para defender la independencia y la soberanía nacionales de cualquier asalto, incluido el de los poderes económicos oligárquicos y apátridas; se entiende, que una de las consignas sagradas del neoliberalismo sea “más mercado, menos Estado”, que garantiza que los intereses económicos de los propietarios del capital se impongan con facilidad sobre los derechos de las poblaciones que deberían estar defendidos y protegidos por el Estado, en tanto que encarnación jurídica de la sociedad. El otro, gran enemigo de la globalización es cualquier sistema de “identidades” que desdicen el universalismo que se propone desde los laboratorios ideológicos de la globalización (la UNESCO, ante todo) y son antagónicos con los procesos de homogeneización cultural y antropológica que acompañan a la globalización económica. Así pues está claro: para vencer a la globalización es preciso reivindicar la dignidad superior del Estado (y para ello hace falta crear una nueva clase política digna de gestionarlo) e incluso recuperar la idea de Estado como expresión jurídica de la sociedad, es decir, de todos (con todo lo que ello implica) y, por otra parte, es preciso reafirmar las identidades nacionales, étnicas, regionales. Allí donde haya Estado e Identidad, allí no hay lugar para la globalización.

Datos técnicos:

Tamaño: 15 x 23 cm

Páginas: 258

Pvp: 20,00 euros

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Europeas 2014. Notas

Europeas 2014. Notas

Infokrisis.- Por mucho que los partidos hasta ahora mayoritarios lo quieran negar, lo que ha ocurrido en las elecciones del 25 de mayo de 2014 ha sido un vuelco electoral que tendrá importantes repercusiones en los próximos años y cuyo alcance no termina en unas meras elecciones que, históricamente, han ilusionado poco al electorado. A la vista de los resultados y de la distribución de escaños podemos extraer algunas conclusiones de urgencia y poner en orden nuestras ideas destacando los siguientes puntos:

La decadencia de los partidos mayoritarios

En toda Europa, los partidos que han dirigido la vida política continental en las últimas décadas parecen haber entrado en crisis. Otro tanto ha ocurrido también en España en donde el PP ha pasado de 24 diputados a 16 y el PSOE de 23 a 14 diputados, pero cuando se examinan y comparan las cifras en bruto se percibe hasta qué punto se puede afirmar que el bipartidismo ha muerto en España: en efecto, en 2014, la suma de los votos del PP y del PSOE ha sido de 7.650.000 votos, mientras que cinco años antes estas dos siglas agrupaban 12.800.000 votos. En número de diputados la merma entre los objetivos por PP-PSOE en 2009 (47 eurodiputados) y los obtenidos ahora (30 diputados) es de 17 diputados que se han repartido entre otras formaciones políticas.

De 6 a 10 partidos representados

Es cierto que los dos grandes partidos siguen siendo grandes y que el PP y el PSOE conservan una importante cuota de poder, de votos y de diputados. Pero ni el PSOE ha soportado la erosión del período de gobierno de Zapatero, ni los errores y ambigüedades constantes de su rama catalana, ni la falta de liderazgo, ni la obsesión feminista de la candidatura encabezada por Helena Valenciano que sustituyó la campaña y la difusión de un programa por el comentario machista de Arias Cañeta. La Valenciano irá a Strasburgo y desde allí, como hizo aquí durante el zapaterismo, para defender los derechos de los inmigrantes a llegar en oleadas a Europa y regularizarse por imposición de su mera presencia. Arias Cañete se preocupará de defender lo que, sobre todo, interesa a su patrón, la compañía Monsanto: lograr que las semillas obtenidas mediante ingeniería genética se impongan sin restricciones en la UE. Pero lo cierto es que unos y otros han sufrido el mayor varapalo de la democracia, un castigo sin precedentes y del que muy difícil lograrán recuperarse. El número de partidos representados pasará de 6 a 10 y, salvo UPyD y C’s (considerados y autotitulados como “de centro-izquierda”), el resto de partidos que enviarán representantes a Strasburgo son “de izquierdas”. La bancada española queda pues, multifraccionada.

“Surpasso” en Cataluña

En Cataluña se ha votado más que en 2009 (1.984.000 en 2009, frente a los 2.532.000 que lo han hecho ahora. Esto es 550.000 votos más. Vale la pena ver hacia dónde han ido estos votos. En primer lugar, el PSC ha perdido ¡más de la mitad de sus votos! Obteniendo 358.000 en donde antes tenía 708.000, siendo la candidatura más votada. Este fracaso es excepcionalmente importante porque el PSOE jamás obtendrá mayoría absoluta en el Estado, si no cuenta con una organización fuerte y hegemónica en Cataluña y en Andalucía. Y por lo que se refiere a la organización del PSC catalán, puede decirse que está disgregándose por momentos debido a su torpe y ecléctica política en el tema de la vertebración del Estado. Pero el otro síntoma de que en Cataluña el bipartidismo está ya hoy muerto es que CiU, aun habiendo aumentado algo sus votos, ha sido superado, rebasado y humillado por ERC que ha pasado de 181.000 a 594.000 votos… ahí tenemos a dónde han ido la mayoría de votantes nuevos que se habían abstenido en Cataluña en las anteriores elecciones. ERC ha sabido movilizar el voto abstencionista en la medida en que se presenta como una alternativa a la “banda de los cuatro” en Cataluña: si el bipartidismo catalán estaba constituido por CiU de un lado y el PSC de otro, ahora éste último ha desaparecido prácticamente, sustituido por ERC. En cuanto al PP catalán también ha retrocedido convirtiéndose en insignificante. Parte de los votos perdidos por el PSC han ido a parar a C’s (sexta fuerza política en aquella comunidad) y a UPyD que ha duplicado sus votos en esa comunidad. Lo que indica estos resultados en Cataluña es que CiU no se ha beneficiado en absoluto del soberanismo que ha generado, sino que eso ha servido para allanar el camino a ERC.

Resultados deslegitimados por una alta abstención

No solamente en España, sino en toda Europa, el abstencionismo ha sido superior al 50% de los votos. Es cierto que a efectos legales el hecho de que más de la mitad del electorado europeo haya vuelto la espalda a las urnas, no tiene ninguna importancia, pero también es cierto que legítimamente estos altos índices de abstención restan legitimación a los diputados que se sientan que apenas representan a sectores minoritarios del electorado.

El Ministerio del Interior temía que se produjera una abstención todavía mayor y ha hecho todo lo posible por presentar el leve aumento de la participación electoral (debido solamente a la mayor participación en las zonas en las que la presión independentista ha sido mayor) como un gran avance. En realidad, la participación electoral ha bajado en parte de las comunidades autónomas llegándose a cifras récord en Europa: en Canarias entre votos nulos, en blanco y abstención, apenas ha votado el 33,5%, en Baleares lo ha hecho el 32,5%, en Ceuta el 21,40% y en Melilla el 23%... En estas comunidades han aumentado los votos en blanco, nulos y los índices de abstención en relación a las mismas elecciones de 2009.

Encuesta del CIS encuesta-fraude

Habitualmente, al producirse el recuento de votos se suele olvidar lo que las encuestas previas han previsto en sus sondeos. En particular, por los medios a su alcance y por el carácter institucional, la encuesta del CIS merece ser tenida en cuenta y recordada. Así mismo, se trata de la encuesta que se realiza con una mayor muestra de población y, por tanto, se supone que debería ser la más rigurosa. Pero el “paso por la cocina” de los resultados, hace que siempre existan desfases. En esta ocasión han sido notables: la encuesta del CIS atribuía al PP 20-21 diputados (cuando ha obtenido 16…) y al PSOE 18-19 diputados (cuando se ha quedado con 14). El diputado que atribuían a Podemos se ha convertido en 5 y así sucesivamente… Era evidente que, tras pasar por la “cocina” del CIS, la encuesta fue enmascarada y maquillada para tratar de dar la sensación de que los resultados de los dos grandes partidos serían muy similares a los obtenidos en 2009, con ligeras pérdidas, naturales por el ejercicio del poder en el caso del PP y algo más acusadas en el caso del PSOE a la vista del bajo perfil de su candidatura. Ahora vale la pena preguntarse por qué la que debería ser la encuesta más rigurosa, la realizada con más medios y la que cuesta más dinero a los españoles, es una simple y completa chapuza.

El avance de la “izquierda alternativa”

Las distintas formaciones de izquierda “altereuropeísta” (esto es, partidarias de la construcción de Europa, pero no de una Europa neoliberal como la que es hoy la UE) han realizado un avance que puede ser calificado como el resultado del hundimiento del PSOE y de la llegada de casi un millón de nuevos votantes jóvenes. La Izquierda Plural ha avanzado, pero muy poco si tenemos en cuenta que tras esa sigla que ocultan fragmentos muy diversos procedentes del antiguo PCE, de grupos ecologistas de izquierda y de “colectivos sociales” vinculados a IU (han pasado de 588.000 votos a 1.500.000, ganando algo menos de 1.000.000 de votos, lo que no es poco). Sin embargo, quien ha resultado el auténtico vencedor de este sector es Podemos que ha obtenido solamente un diputado menos que la Izquierda Plural, agrupando de la noche a la mañana, 1.245.000 votos. Si tenemos en cuenta que las diferencias entre estas dos formaciones no son excesivas, podemos pensar lo que hubiera supuesto el que juntas se situaran al mismo nivel que el PSOE (3.600.000 frente a los 2.800.000 obtenidos por Podemos). Cuando hace dos años preveíamos la posibilidad de que el PSOE se derrumbara y surgiera del movimiento del 15-M un movimiento que lo sustituyera, no andábamos muy lejos de lo que ha ocurrido y que se hubiera confirmado si las formaciones de la “izquierda alternativa” hubieran ido juntas.

El contraste entre España y Europa

En Francia ha vencido, simplemente, el Front National. Allí el PS se ha convertido en una fuerza residual. En el Reino Unido, conservadores y laboristas han quedado sepultados bajo el rodillo del UKIP. Por citar solamente unos ejemplos… En España, en cambio, los grupos políticos que podrían ser considerados como paralelos o “hermanos” de estos grupos, o no se han presentado o han obtenido unos resultados insignificantes, o simplemente, han realizado un discreto tránsito (como Vox). España, en esto, es completamente diferente al resto de Europa. Todo sigue igual “a la derecha” y todavía la consigna de Manuel Fraga, “sin enemigos a mi derecha”, sigue siendo un dogma del sistema. Incluso en los medios de comunicación de la derecha podrá aparecer un Pablo Iglesias, pero nunca un candidato euroescéptico con posibilidades de ir más allá del discurso antiabortista… Si en ese ambiente quedan mimbres suficientes como para ser conscientes del inmenso espacio político que existe a la derecha de la derecha liberal (como se ha demostrado en toda Europa) en el próximo año deberán de darse las iniciativas tendentes a que esta sea la última vez que España es la excepción europea.

La situación global en Europa

Ha ganado la derecha liberal en toda Europa, pero perdiendo votos. Varias formaciones de extrema-derecha han logrado introducirse y, en esta ocasión, no deberá haber grandes problemas en constituir un Grupo Parlamentario propio (a pesar de que lo más posible es que se reconstruya el antiguo grupo Identidad, Tradición, Soberanía, mientras que Europa de la Libertad y la Democracia se vea notablemente reforzada). Por primera vez el NPD ha obtenido un escaño y si tenemos en cuenta las dificultades y los impedimentos legales y psicológicos que siempre se han cernido sobre esta formación, se verá que este resultado tiene aún más mérito. Hará falta ahora ver como todas estas fuerzas aprovechan su avance en las elecciones europeas para mejorar su posición en los parlamentos nacionales y en las administraciones locales. Lo que sí parece certificado es que tanto en España como en Europa, puede afirmarse que las fuerzas que defienden el statu-quo actual y el reparto de poder en centro-derecha y centro-izquierda que se viene registrando desde hace décadas, se han visto debilitadas casi sin excepción, mientras que los partidos que suponen el ascenso de fuerzas nuevas, más o menos euroescépticos, han mejorado sus posiciones. Unos retroceden, los otros avanzan… Avanza la anti-UE, retrocede el stablishment pro-UE.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Elecciones 2014: fracaso ultra

Elecciones 2014: fracaso ultra

Una meditación sobre los resultados de la extrema-derecha en España.- Lo primero de todo: llama la atención que hayan tenido el valor de presentarse cinco candidaturas de extrema-derecha a las elecciones europeas, ninguna de las cuales tenía la más mínima posibilidad de obtener resultados apreciables. Lo segundo, que poco más o menos, los resultados obtenidos por este pelotón en 2009, son los mismos que recogen hoy aunque en aquel momento fueran siete las siglas presentadas y ahora sólo cinco (pero en realidad englobaran 11 siglas en dos coaliciones, IS y LEM)...

Grupo por grupo, FE-JONS ha pasado de 10.000 a 21.301, duplicando el número de votos en lo que parece un buen resultado que confirma que su dirección es más dinámica que la que dirigía el partido en otro tiempo y que, a pesar de tener un “techo” evidente, esta opción representa lo esencial del voto falangista. Ahora bien, hay que tener en cuenta que en 2009, Falange Auténtica obtuvo 5.000 votos, con lo que al estar actualmente vinculado este grupo a FE-JONS, hay que pensar que puede haber arrastrado ese puñado de votos. El resultado ha sido el mejor de toda la extrema-derecha en la medida en que los medios empleado han sido escasos pero que, al menos, se han empleado de la mejor manera posible.

Respecto a Impulso Social con 17.530 votos, cabe decir ha empeorado en relación a los resultados obtenidos por AES en 2009 (19.583), pero que la merma ha sido todavía mayor si tenemos en cuenta que esta sigla se presentaba ahora en coalición del Familia y Vida que en aquel momento este grupo obtuvo 10.000 votos y con la CTC que también debía aportar algunos miles de votos. Este pobre resultado se  explica por varios motivos: 1) la sigla IS era completamente desconocida para los votantes, 2) a pesar de tener un programa, a poco que se oía su discurso se percibía que solamente interesaba un tema: el aborto cero, 3) la competencia de Vox con un programa similar ha sido insuperable y 4) el empeñarse durante ya 10 años invirtiendo medios ingentes una vez más se ha demostrado inútil si el programa no tiene garra y se persigue un electorado inexistente (la derecha católica vota al PP). No creemos que haya ninguna rectificación por parte de AES y que en los años venideros insistirán en la misma vía obteniendo los mismos resultados, aunque la lógica indicaría que este grupo debería disolverse e ingresar en el más parecido a él: Vox.

Respecto a LEM cabe decir que ha constituido la sorpresa de la jornada. Sorpresa porque la campaña electoral ha demostrado la escasa capacidad de movilización y también han sido escasos los medios con que contaba. Obtener 16.675 votos es casi una “gesta” a la vista de que, además, se utilizaba como distintivo el yugo y las flechas y FE-JONS tenía más ventajas en atraer a un público identificado con ese símbolo. Si tenemos en cuenta que el reclamo esencial de LEM es el yugo y las flechas, la lógica indicaría que el grupo La Falange, verdaderamente el único de los miembros de esta coalición que tiene una estructura organizativa propia, aprovechara este éxito para negociar el reingreso en FE-JONS en condiciones ventajosas.

El paso de DN de 9.950 votos a 12.744 es insignificante sobre todo si tenemos en cuenta que esa cifra ya la habían obtenido antes en las elecciones de 2000 (si no recordamos mal). Pasito adelante, pasito atrás, pasito adelante. El problema que tiene DN es que su espacio político (el propio de los grupos anti-inmigración) ya está copado por PxC, PyL y E2000, que coinciden en no querer saber nada de este partido mientras siga dirigido por Manuel Canduela.

Del MSR cabe decir poco. A pesar de las brillantes perspectivas que se forjaba, ha obtenido un resultado extremadamente pobre pasando de 6.009 votos a 8.768. No vamos a ser nosotros los que indiquemos a este grupo la necesidad de meditar sobre su futuro. No se puede crecer de manera errática, unas veces hacia el falangismo, otras hacia el nacionalismo-revolucionario, otras hacia los defensores de la familia, y no se puede “evolucionar” desde el nacional-bolchevismo de su origen hacia lo que se preste en cada momento y que convenga para integrar a tal o cual persona o grupo local.

En su conjunto, estas formaciones obtuvieron en 2009, cerca de 80.000 votos y ahora se han quedado con algo menos. Está claro que este sector está estancado y que con una docena de siglas cada una por su parte, estos resultados persistirán hasta el fin de los tiempos.

Sin olvidar, por supuesto, que resultados de este tipo incorporan entre un 15 y un 20% de “error técnicos”, compuesto fundamentalmente por votos que les achacan por error o deliberadamente en las mesas electorales y que pertenecen a los grupos mayoritarios.

Vale la pena acabar recordando que las dos formaciones que no se han presentado a estas elecciones, PxC y E2000, por el momento y mientras no se demuestre lo contrario, tienen un numero de votos similar al que han alcanzado estas cinco formaciones que si se han presentado. Quienes no se han presentado, por este mismo hecho, demuestran más habilidad y conocimiento de los mecanismos de la política y por tanto explican porqué tienen concejales: siempre es un error presentarse para perder; estos dos grupos saben que lo esencial es reservar fuerzas para aquellas batallas en las que puedas obtener resultados, busca ganar peso político y evita hacer de Internet el eje de tu actividad. Quienes se han presentado sabían que iban a perder y que, muy probablemente, perderían por goleada, como así ha sido. Resulta incomprensible esta actitud masoquista. De todas formas, si hasta ahora no se han producido intentos serios para superar esta situación de impotencia, estamos persuadidos de que nunca se producirán.

Diferente ha sido en Europa. En todo el continente, los datos que van llegan indican el ascenso del euroescepticismo y se da casi por segura la posibilidad de crear un grupo parlamentario propio en el Parlamento Europeo que agrupe a las formaciones euroescépticas de la derecha nacional. El contraste entre los avances en Europa y el fracaso en España indica que en nuestro país no se sabe hacer política, que la clase dirigente de los cinco grupos que se han presentado adolece de graves déficits de comprensión de los mecanismos de la política y que difícilmente esta situación es superable.

Ni la existencia de unas condiciones objetivas favorables, ni de unos grupos sociales en crisis, ni la erosión de los dos grandes partidos, ni la distorsión que presenta la inmigración en el mercado laboral o en las ayudas sociales, ni una situación de precariedad el 50% de la juventud, ni un paro estructural del 25%, ni el dinero que se invierta, nada, absolutamente nada de todo esto es suficiente para avanzar si no existe una clase política dirigente consciente de cómo funcionan los mecanismos de la política y sean capaces de dirigir a pequeños equipos de militantes preparados, con cara y ojos, capaces de ser seguidos por franjas del electorado.

A estas  alturas, resulta evidente que no vale la pena preocuparse mucho por los resultados casi infinitesimales que han obtenido todos estos cinco grupos. La política real no pasa por ellos.  Está en otro sitio. Muy distante. Y ahora quizás se entienda mucho mejor el porqué Marina Le Pen dijo textualmente que no quería saber nada con los “partidos hermanos” españoles. Simplemente, no existen.

 

Tren de Noche a Lisboa

Tren de Noche a Lisboa

Espectativas altas, decepción toda.- No es cuestión de pagar por aburrirse, así que hemos tenido que bajar esta película a través de P2P porque intuíamos que algo en ella nos decepcionaría a pesar de basarse su argumento en el Bestseller de Pascal Mercier (seudónimo de un filósofo suizo). Así ha sido. En pocas películas como esta se han concentrado tantas ambiciones intelectuales, culturales y políticas y el espectador ha salido tan decepcionado. Vale la pena comentar sin embargo, las líneas maestras de este proyecto frustrado.

No existen personajes como los descritos por Mercier. La figura del aburrido y melancólico profesor suizo encarnado por Jeremy Irons es demasiado falsa. Toda su vida gris y mediocre dedicado a la enseñanza de bachilleres y, de repente, experimenta la necesidad de abandonarlo todo en busca de una chica a la que ha salvado del suicidio. La experiencia demuestra que los tipos aburridos persisten en su aburrimiento y que solamente quien han experimentado desde jóvenes la aventura, incluso en edad provecta sienten que nuevos proyectos y aventuras arden en su cerebro.

Luego está la figura de la suicida que aparece solamente al principio y al final de la película. Alguien se puede suicidar por un fracaso personal, no por ser hija de su padre, por mucho que el padre haya sido el presunto “verdugo de Lisboa” un miembro de la PIDE (la policía política salazarista equivalente a nuestra Brigada Político Social).

Tampoco los miembros de “la resistencia” tienen el más mínimo elemento creíble. En primer lugar porque ese movimiento jamás existió. Si el 25 de abril de 1973 cayó el gobierno portugués encabezado por Marcelo Caetano fue, simplemente, por una conspiración de militares conscientes de que no se podía ganar la guerra colonial y otros por mera cobardía, en la que, finalmente, los capitanes más izquierdistas consiguieron durante tres años llevarse el gato al agua. Nunca hubo una “trama civil” como la descrita en la novela con heroicos resistentes represaliados por una inmisericorde policía política. Y, por supuesto, nunca en ese movimiento inexistente hubo una “tía buena” con memoria elefantíaca para recordar los nombres de todos los conjurados y sus teléfonos.

La más creíble, sin duda, es la propietaria de una tienda de óptica, papel que le cae como anillo al dedo a Martina Gedeck. Con verla solamente uno experimenta la necesidad de comprarle un par de lentillas. Su interpretación sobria y su encanto de madurez aumentan todavía más la sensación de que el “viejo profesor” encarnado por Irons, es simplemente idiota. La última escena final en la que se despide en el tren de la optometrista separados por 75 cm de distancia, es, acaso, lo más increíble de toda la película. Como si el director o Mercier creyeran que un relato así quedaría deslucido con un final feliz.

En realidad, la película quiere ser deliberadamente depresiva. El mismo aspecto de Irons es de un tipo destartalado, la pensión en la que vive en las afueras de Lisboa, un lugar sórdido, y todas las escenas inciden en evocar tristeza, melancolía y desasosiego. A veces, involuntariamente, bostezo.

Políticamente, la película no resiste un análisis. Lo narrado no tiene absolutamente nada que ver con lo que fue el movimiento de oposición al gobierno de Marcelo Caetano y a los últimos años del Estado Novo. Psicológicamente, todos los personajes son frágiles, mal descritos y peor pintados. Las situaciones de una inconcebible banalidad y la trama argumental mal cerrada. Los cuatro protagonistas de la resistencia (el intelectual lánguido, la chati del memorión, el tipo duro –interpretado por Bruno Ganz- y el pianista) parecen sacados de un álbum de seres improbables y absurdos. Lo más increíble es que la “resistencia”, perfectamente organizada y que es capaz de poner en riesgo al gobierno, se rompe cuando el tipo duro descubre que el intelectual lánguido se ha quedado con la chica… y durante cuarenta años no vuelvan a saber uno del otro, ni a preocuparse por reconstruir la “resistencia” en la clandestinidad.

El eje de la película es la lectura del libro escrito por el intelectual lánguido (muerto de un enfisema cerebral, para colmo… como si el sobrecalentamiento de las neuronas al tener que escribir el libro le hubiera generado una rotura de vasos sanguíneos). El “viejo profesor”, una y otra vez relee las páginas y las frases de dicho libro en posesión de la joven suicida. Y la voz en off repite una y otra vez las frases intentando transmitir la idea de que se trata de una obra de alta calidad filosófica y moral. En realidad, tales frases son flojas, en absoluto capaces de impresionar a nadie, ideas que se repiten en la literatura europea más mediocre y con escasa calidad y nula novedad. No se entiende el efecto que su lectura causa en el “viejo profesor”, ni en los que han conocido al intelectual lánguido. Los fragmentos seleccionados del libro están a medio camino entre los contenidos de los libros de autoayuda y una mala comprensión del budismo zen. Con todo, no es lo peor de la cinta, sin embargo, por sí mismo basta para decepcionar porque aquello que tendría que ser el desencadenante de la trama –la novela escrita por el intelectual lánguido- resulta ser algo intrascendente, un dejá vû de muchos textos de ambicioso espiritualismo repletos de tópicos.

El casting es bueno. No en vano, aparecen tanto Bruno Ganz como Christopher Lee o el mismo Bruno Ganz (eso sí, en papeles secundarios o muy secundarios). Pero la selección de exteriores es pésima. Esa Lisboa no es la Lisboa que he podido apreciar no hace mucho. Es una Lisboa de segunda división, amputada de sus mejores edificios, de sus vistas más agraciadas y de todo aquello que hace de esa ciudad una gran ciudad. Incluso la cena entre el profesor y la optometrista que tiene lugar en el privilegiado escenario del restaurante situado junto al ascensor que lleva al Chiado, queda deslucida limitándose la cámara a una descripción intimista. El recorrido por el Bairro Alto y el resto de escenarios están realizados, seleccionados y diseñados con desgana. La Lisboa que muestra la película no es la Lisboa que todos los que la hemos visitado hemos aprendido a amar en pocas horas.

Lo último que puede decirse de la película y de su guión es que sea algo “actual”. El único rasgo de modernidad del “viejo profesor” es un teléfono de los tiempos ya líticos del GSM allá por los años 90. En su vida no aparece ningún portátil, ni siquiera skype. Y, por supuesto, a pesar de que el camino más corto entre Berna y Lisboa sea el avión low cost, el protagonista hace el recorrido en tren (acaso por que al autor de la novela creía que un tren es más romántico y depresivo que un avión). ¿Quién coge hoy un tren para recorrer media Europa? No aparecen ni ordenadores, ni portátiles, todo parece de otro tiempo. Antiguo. Como si el autor no fuera capaz de concebir a un protagonista que busca en la modernidad lo que ocurrió hace cuarenta años.

Constatamos, por ejemplo que la estación central de Lisboa es, desde todos los puntos de vista, una maravilla. La última escena de la película tiene lugar allí. El lugar privilegiado pasa a ser tan vulgar como cualquier estación de cercanías. Y no es la única decepción que genera, como hemos visto, la película y su recorrido por la capital portuguesa.

La misma película está realizada con un lenguaje cinematográfico y narrativo propio de los años 80. Más que antiguo, demodé… No hay ninguna toma que pueda decirse que es magistral, ni un movimiento de cámara que sugiera tensión emocional, ningún plano intenso. Todo es vulgar, mediocre, plano, como la vida del “viejo profesor”.

Si alguien creía que en esta película iba a recorrer lo mejor de Lisboa, se sentirá decepcionado.

Si alguien creía que esta película le iba a descubrir una nueva filosofía de la vida, que lo olvide.

Si alguien creía que esta película le iba a enseñar cómo se llegó al golpe del 25 de abril, le enseñará justo lo contrario, otro “cuéntame como no pasó”.

Si alguien creía que vería a grandes actores que solamente aceptan guiones geniales, que se olvide, para todos ellos ha sido una película alimentaria.

Si alguien creía que iba ver un thriler casi policíaco, un “viaje filosófico” o una búsqueda interior, se sentirá decepcionado. No es nada de todo eso, ni siquiera lo contrario. Es nada. Nada no puede valer algo. De ahí que me alegre haberla visto gracias al P2P.

 Ah, y para colmo, el tren es diurno.

(c) Ernesto Milá - info|krisis - ernesto.mila.rodri@ gmail.com - prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

 

 

 

Ramiro Ledesma a contraluz

Ramiro Ledesma a contraluz

Otra forma de ver la vida y la obra de Ramiro Ledesma. Entrevista con Ernesto Milá, autor de Ramiro Ledesma a contraluz, publicado por EMInves.

¿De dónde salió la idea de publicar esta obra?

Este libro es una refundición de cinco artículos que publiqué en la Revista de Historia del Fascismo entre 2011 y 2013 sobre la figura de Ramiro Ledesma, su vida y su obra, a la que le hemos añadido una conclusión que da coherencia a estos ensayos. La idea surgió a la vista de los errores de interpretación sobre este líder político y doctrinario que aparecieron a partir de 1979 y que lo presentaban de manera exótica, poco realista y sin muchos contactos con el Ramiro Ledesma real. En este caso, como en muchos otros, los “devotos” son mucho más peligrosos que los enemigos. En efecto, los “devotos” no se detienen a la hora de deformar en beneficio propio la obra de su icono. En cualquier caso, el estudio sobre Ledesma era una parte de un estudio más amplio que nos habíamos propuesto realizar desde el número 1 de la Revista de Historia del Fascismo destinado a revisar la trayectoria de este sector político en España. 

¿Así pues hay que hablar de un “proceso de revisión” en la historia del “fascismo español”?

En efecto, se suele pensar que solamente existió una rama “fascista” en España. No fue así. Empecemos por decir que el fascismo puede entenderse de manera estricta como un movimiento que apareció en Italia después de la Primera Guerra Mundial dotado de determinadas características o bien, de forma genérica como el conjunto de movimiento aparecidos en el período de las “entre guerras”, un poco por todo el mundo y que tenían siete rasgos propios: 1) nacionalismo, 2) antiparlamentarismo, 3) antimarxismo, 4) corporativismo, 5) estilo militar, 6) cesarismo y 7) características propias vinculadas a la nación sobre la que irrumpió. En este sentido, todas estas características pueden aplicarse en España, tanto a las JONS, como a Falange Española, como a Renovación Española y a varios pequeños grupos formados en torno a personalidades notables como Giménez Caballero. Creo que, en sentido genérico es hora de revisar la historia del fascismo español, resituarlo en su tiempo y explicar porqué fue una oportunidad frustrada durante la II República, después de la guerra civil y en la transición.

¿Cuáles han sido las principales deformaciones sobre la obra de Ramiro?

En primer lugar se ha visto en Ledesma a un revolucionario “furibundo”, una especie de fanático incendiario que agitaba las teas desde las barricadas anticapitalistas. Nada más ajeno a la realidad. Ledesma es un revolucionario solamente porque plantea los valores, las ideas y las vías para invertir la decadencia histórica de España. Otros han querido ver en él a un “nacional-bolchevique” o a un “europeísta”, cosas que nunca fue ni por asomo. Se ha dado importancia a un antisemitismo del que nunca hizo gala. Se ha dicho de él que era un “fascista”, cuando él consideraba a este término como específicamente aplicable a Italia y él se definió siempre como “nacional-sindicalista”. Se le ha presentado como un hombre de izquierdas, algo que despreciaba profundamente. Y se ha dicho, finalmente, que era ateo o, simplemente, que “murió donde quiso”… en realidad, murió tras haber comulgado clandestinamente en la cárcel y siendo fusilado en una de las sacas habituales de la época junto a otros miembros de partidos de extrema-derecha. También se ha falseado sus opiniones sobre la derecha…

¿Así pues no estaba contra la derecha?

Si lo estaba. La crítica que realiza a Gil Robles, por ejemplo, es implacable. Pero hay que recordar que Gil Robles era una especie de democracia-cristiana de derechas de la época y que existieron otras formas de derecha en la II República: los carlistas (a los que jamás criticó), los alfonsinos (con los que mantuvo amistad desde los primeros tiempos de La Conquista del Estado y que le ayudaron en varias ocasiones), la revista Acción Española (con la que colaboró y con cuyo fundador, Ramiro de Maeztu mantuvo una amistad y un debate que llegó a momentos antes de su asesinato), con Calvo Sotelo, etc. Ledesma solamente ataca despiadadamente, es cierto, a la CEDA y a Gil Robles, no al resto de componentes de la “derecha de la derecha”. El desprecio que nutre hacia el doctor Albiñana es relativo y se basa en que su espíritu matemático y filosófico chocaba con la simplicidad de postulados del Partido Nacionalista Español, con uno de cuyos miembros, Delgado Barreto, colaboró en la iniciativa de El Fascio.

Aludes a la estrategia política ideada por Ramiro Ledesma ¿a qué te refieres con ello?

Ledesma fue un doctrinario, pero también un hombre de acción. Era consciente de que meditar sobre las ideas solo es admisible si se tiene el valor de llevarlas a la práctica. Eso implica elegir una estrategia, unas tácticas, unos objetivos políticos, un criterio organizativo y formar una clase política dirigente. Se ha aludido bastante al Ramiro Ledesma doctrinario, pero nada en absoluto al estratega político. Y a partir de 1933 tenía una estrategia muy clara: la formación de un “gran partido fascista español” que agrupara a distintas ramas dispersas hasta entonces y a distintos líderes, necesarios todos ellos para alcanzar la masa crítica suficiente para derrocar a la frustrada república y construir un Estado Nacional Sindicalista. En ese sentido, el camino seguido por Ledesma es la estrategia de construcción del partido sumando distintas fuerzas ya existentes y dispersas hasta ese momento, algunas de las cuales incluso en el mundo anarco-sindicalista. Si Ledesma participó en la experiencia de El Fascio fue precisamente por eso, para favorecer una iniciativa unitaria, y si a última hora lanzó Nuestra Revolución fue para crear un medio “aceptable” para que sectores del anarco-sindicalismo asumieran los mismos ideales por los que estaba trabajando Falange Española.

¿Ramiro y José Antonio compartían idénticos puntos de vista?

La evolución en el pensamiento de José Antonio fue rápida y sorprendente y de ella dimos cuenta en nuestro estudio titulado José Antonio y los no-conformistas. La evolución en Ledesma fue menos drástica. Simplemente, fiel a su proyecto de construcción de un gran partido fascista en España, tras colaborar en El Fascio, ingresó en Falange Española. Se dieron errores de conducción política en aquellos primeros pasos de FE y, para colmo, aparecieron rivalidades entre los dos líderes, fomentadas por personajes de poco valor más preocupados por sembrar cizaña que por sacar adelante el movimiento. Ledesma se escindió del partido y estuvo separado de José Antonio durante algo más de un año. Especialmente las primeras semanas posteriores a la escisión fueron de una dureza inusitada que se expresó a través de La Patria Libre por parte de Ledesma y de los primeros números de Arriba por parte de José Antonio. Dos meses después los ataques mutuos se atenuaron y luego desaparecieron, gracias al esfuerzo de los varios amigos comunes entre ambos. Ledesma aprovechó para escribir sus dos obras, ¿Fascismo en España? y el Discurso a las Juventudes de España y fue consciente de que había quedado descabalgado de la estrategia que él mismo había contribuido a crear. A partir de entonces, ambos, Ledesma y Primo de Rivera, iniciaron una reaproximación que llevaría al primero a visitar en la cárcel al segundo y a establecer algún tipo de colaboración tardía, en las semanas previas al estallido de la guerra civil, de la que Nuestra Revolución fue el eco.

¿Terminaron reconciliándose?

En mi opinión sí. Hay datos suficientes para pensar en la posibilidad de esa reconciliación. Ambos eran impulsivos, pero al mismo tiempo inteligentes. Se necesitaban el uno al otro. Y lo sabían. Después de la crisis de la escisión en el verano del 35 se inicia la reaproximación que culminará en mayo con la visita de Ramiro a la cárcel y con el posterior lanzamiento de Nuestra Revolución.

En tu libro nos ha llamado la atención el que dediques un capítulo a la novela de juventud de Ledesma, El sello de la muerte ¿a qué se debe?

En primer lugar, hay que decir que se trata de una novela de juventud, poco trabajada, argumentalmente floja especialmente en su segunda parte, pero que aporta datos sobre la psicología de Ledesma en su juventud. De hecho, es el único testimonio sobre las convicciones de Ledesma en su adolescencia y sobre su psicología. Hay que recordar que tras ese período juvenil, Ledesma se dedicó al estudio de la filosofía, conoció a Giménez Caballero quien lo introdujo tanto en las nuevas corrientes que circulaban por Europa en la época y luego se dedicó a la política. Para tener una visión completa de la aventura intelectual y existencial de Ramiro Ledesma era inevitable que aludiéramos con detenimiento a El Sello de la Muerte.

¿Cuál es tu opinión personal sobre Ledesma?

En el libro hay más de 500 citas bibliográficas sobre Ledesma, así que he procurado elaborarlo como tesis mucho más que como opinión personal. No todo el pensamiento político de Ledesma es rescatable en nuestros días (su concepción del sindicalismo, por ejemplo, era el de los años 30 que respondía a las exigencias de lucha contra el capitalismo de aquel momento histórico y que no se parece en nada al actual), era inevitable que en el análisis del capitalismo o del marxismo, Ledesma se refiriera a una época que ya queda muy distante en el tiempo. Pero de Ledesma queda sobre todo su método de análisis de la historia reciente de España en los dos últimos siglos (esa “gran pirámide de fracasos”) que creo mantiene todavía actualidad y vigor, su patriotismo de carácter social y, finalmente, su estilo de hombre de teoría pero también de acción, una síntesis que hoy está casi completamente ausente. Ledesma no fue como algunos nos han dicho que era, pero es una personalidad que vale la pena conocer, forma parte de nuestras raíces históricas y culturales, enseña que sin estrategia las ideas políticas son construcciones en el aire, inaplicables en la realidad. Nos dice mucho sobre el estilo, la austeridad y el temple necesarios en nuestros días.

Ficha de la obra:

Título: Ramiro Ledesma a contraluz.

Subtítulo: Por un comprensión integral de su vida y de su obra

Autor: Ernesto Milá

Editorial: EMInves

Formato: 15 x 23 cm, tripas en papel ahuesado

Portada: cuatricomía, plastificada en mate, con solapas

Número de páginas: 414

Precio: 22,00 euros + 4,00 de gastos de envío

Pedidos: eminves@gmail.com