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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Podemos: sindicatos y ONGs

Podemos: sindicatos y ONGs

Infokrisis.- En sus intervenciones públicas, los dirigentes de Podemos suelen atacar a la “casta” como generadora de corrupción, algo en lo que no Podemos por menos que estar de acuerdo. Por supuesto, Podemos incluye también a la Corona entre esta “casta”, algo que tampoco vamos a discutir. Pero lo sorprendente es que Podemos eluda hablar de dos sectores en los que la corrupción está cómodamente anidada y que, como mínimo, comparten territorios comunes con la “casta”: Sindicatos y ONGs. Vale la pena analizar este frente.

Sorprende que en el programa de Podemos la palabra “sindicato” no aparezca ni en una sola ocasión. Otro tanto ocurre con la palabra ONG. Y es raro, porque se supone que Podemos es una formación de izquierdas y que entre las componentes de este sector, los sindicatos y las ONGs tienen un papel importante. La omisión no es “inocente”, sino deliberada: tantos los sindicatos como la mayoría de ONGs figurante entre los sectores más corruptos del país. Mencionar la corrupción implica necesariamente mencionar a las ONGs y a los sindicatos, y todavía más si tenemos en cuenta que unos practican la “estafa humanitaria” y otros la “estafa social”.

La “estafa humanitaria”. Concepto y definición.

Se entiende por “estafa” aquel engaño en el que el sujeto activo del delito (el estafador) se hace entregar vienen patrimoniales por medio del engaño, haciendo creer en la existencia de algo que en realidad no existe. Por ejemplo: se entregan 20 euros para “apadrinar a un niño del Tercer Mundo”, niño que, en realidad, no existe. Como máximo las varias ONGs que practican esta estafa, construyen una escuela, muy de tanto en tanto, malamente equipada para justificar el que “hacen algo”, mientras que los estafados creen que sus 20 euros van a parar a la manutención de un niño…

Se entiende por “estafa humanitaria” jugar con los sentimientos solidarios y humanitarios de la población, para obtener ingentes cantidades de fondos de los que solamente una mínima parte (casi nunca mas del 25%) se utilizan para el fin social declarado, yendo a parar el resto a gastos de promoción de la ONG, pago de salarios, compra de materiales fungibles, muebles e inmuebles, comisiones, dietas, etc. Se apela a la solidaridad simplemente para estafar.

La “estafa humanitaria” ha alcanzado niveles estratosféricos desde el momento en el que la izquierda humanista y universalista se empeñó, a finales de los años 90, en alcanzar el 0’7% del presupuesto del Estado para ayuda humanitaria… Durante el período zapaterista se rozó esta cantidad, una parte importante de la cual fue a parar a las más inverosímiles ONGs, empezando por el Movimiento Contra la Intolerancia y terminando por ONGs de ayudas a minusválidos, a parados, etc. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar y a lo que está legislado, las ONGs no son sometidas a ninguna fiscalización sobre el destino del dinero que se les entrega. Nunca. Si esto es así es porque, en el mero hecho de entregar un subsidio a una ONG, responsables de la entidad que lo transmite ya han pactado su comisión. El que no se pueda demostrar (o mejor, que no se quiera demostrar) no implica que no sea un secreto a voces. A partir de ahí, se entiende perfectamente la opacidad que sigue. El Estado puede alardear de que hace una “gran labor humanitaria” y las ONGs receptoras de los fondos públicos pueden sobrevivir durante un año más y sus propietarios enriquecerse mediante la consabida “estafa humanitaria”.

La “estafa social”, o porqué los sindicatos se convierten en mansos corderitos

La “estafa social” es igualmente cínica y dramática. Se hace creer que los sindicatos representan a alguien en lugar de a burocracias sindicales que los dirigen, unas burocracias con pocas ganas de trabajar, mucho interés en huir de los tajos y de los horarios laborales. Luego, pomposamente, se eleva a estos sindicatos vacíos de trabajadores al rango de “agentes sociales” y se les atribuye la representatividad de TODOS LOS TRABAJADORES, cuando en realidad solamente representan los intereses de su burocracia y de los que la mantienen.

Probablemente en España el cobro de cuotas sindicales esté por debajo del 5%. Los sindicatos viven solamente de subsidios directos (a las propias organizaciones sindicales en concepto de la presunta función social que realizan) e indirectos (como la realización de cursillos de formación profesional). No es raro que, finalmente, esas burocracias sindicales acomodaticias y domesticadas, sean la voz de su amo y si el amo dice que hay que ampliar los plazos de cotización a la SS, imponer nuevas condiciones de contratación, restar derechos sociales, etc, bastará con una propina a los sindicatos para que sus líderes terminen “negociando” y firmando todo lo que se les ponga bajo las narices. La “apariencia democrática” del proceso y los “derechos de los trabajadores” quedan así asegurados.

De hecho, los sindicatos figuran en España como las entidades más desprestigiadas y corruptas y lo sucedido en la UGT andaluza no es sino la punta del iceberg, el caso más flagrante de “estafa social” habido hasta la fecha.

¿Sólo la “casta” es corrupta?

Sin embargo, Podemos elude hablar de ambos tipos de estafa y, en general, da la sensación de que, en esos frentes ni hay corrupción ni se la espera. ¿Qué ocurre? ¿Por qué ese afán en denunciar a la “casta” y salvar a los sindicatos y a las ONGs? Es simple, porque así como la frontera entre la “casta” y Podemos es nítida, existe una frontera nebulosa y ambigua entre Podemos y los sindicatos o las ONGs. De hecho, muchos miembros de Podemos están afiliados a Comisiones Obreras y a UGT y otros trabajan en y con ONGs.

Así pues, su campaña contra la “corrupción” y contra la “casta”, evita el tocar a los sectores en los que, en cierta medida, participan “los amigos”. El hecho de que en el programa de este partido no se mencionen ni a unos ni a otros es significativo de la ambigüedad en la que se mueven.

En el momento actual llama la atención como es posible que ningún partido, ni siquiera Podemos, haya pedido la DISOLUCIÓN DE LA UGT-Andalucía y la SUSPENSIÓN DE LA AUTONOMÍA ANDALUZA a la vista de la corrupción generalizada y de la imposibilidad de realizar un cambio por vía electoral en aquella comunidad dadas las redes extremas de clientelismo que hacen que el “régimen andaluz” tenga ya casi 40 años a lo largo de los cuales la corrupción inicial (el Caso Guerra se inició allí, precisamente) se haya ido extendiendo capilarmente hasta imposibilitar cualquier cambio político.

La “casta” no puede reducirse solamente a la “clase política”; hacerlo significa no percibir lo que ha ocurrido en España en los años de la “democracia”. La corrupción, anidada en la totalidad de niveles y estructuras del régimen, desde la corona hasta los ayuntamientos, desde las ONGs hasta los sindicatos, desde las comunidades autónomas hasta el parlamento y desde el Senado hasta las comunidades de vecinos… se ha convertido en el rasgo más distintivo de este período histórico. Cuando se habla de “lucha contra la corrupción” se está hablando de lucha contra un sistema global de intereses que ha penetrado en todos los sectores e instituciones de la vida pública y de la sociedad. La “casta” es solamente una de las estructuras corruptas… pero, desde luego, no la única. Hayan robado lo que hayan robado todos los Urdangarín que se mueven en las esferas de poder, probablemente sea muy similar a los botines obtenidos por otros mediante las “estafas humanitarias” y las “estafas sociales” a las que hemos aludido.

Podemos, y este es el fondo de la cuestión, no quiere darse zarpazos a sí misma. No quiere amputarse simpatías de unos sindicatos que saben que el ciclo de lo que hasta ahora ha sido la izquierda tradicional (PSOE, PCE, IU) se está acabando y que pronto tendrán que tratar con otra “casta”. Podemos prefiere  contar con la neutralidad de los sindicatos y, por tanto, mejor olvidar sus cadáveres escondidos en la sala de fotocopias o el olor a podrido que emana desde sus despachos. Y lo mismo cabe decir en relación a las ONGs.

Tener el valor de enfrentarse a la corrupción como totalidad

¡PERO ESTO NO ES COMBATIR A LA CORRUPCIÓN! La corrupción no puede dividirse en especialidades, algunas de las cuales, mejor eludir (las de las ONGs y las de los sindicatos) por aquello de que son “fuerzas de izquierda progresista”) y otras a las que hay que atacar de manera inmisericorde (la protagonizada por la “casta” y la “monarquía”). De persistir en esta actitud Podemos, cabría pensar que su ataque a la “casta” está solamente motivado porque es el obstáculo que le impide el acceso al poder. Dispuesto a abrirse paso a codazos, Podemos debe de combatir la corrupción de los partidos que le taponan… pero pasa completamente de largo, a las ONGs y a los sindicatos. Y, por eso, es lícito dudar de la firmeza de su voluntad real de combatir a la corrupción, A LA TOTALIDAD DE LA CORRUPCIÓN.

Esto es, ya de por sí, preocupante… la nueva alternativa que ha esperanzado a un sector del electorado y que se presenta como signo de renovación, mantiene en su programa una peligrosa zona de silencio en torno a la “estafa humanitaria” y a la “estafa social”.

Es evidente que este aspecto no puede ser resaltado por la derecha en su ofensiva contra Podemos. La derecha solamente desearía que nadie hablara de corrupción y, en este caso, la derecha que está gestionando el poder debería explicar cómo es que sigue donando fondos cuantiosísimos a las ONGs y a los sindicatos y estos fondos están COMPLETAMENTE FUERA DE CONTROL Y DE FISCALIZACION POR PARTE DEL ESTADO.

La corrupción no es un fenómeno que afecte solamente a una parte del Estado: afecta a la totalidad del Estado y, lo que es peor, a la sociedad. Tiene gracia que un fiscal anticorrupción forme parte de Podemos. Habría que preguntarle: ¿Qué hizo usted contra la “estafa humanitaria” y contra la “estafa social”?  Esas dos modalidades de estafa existen y forman parte del proceso de corrupción generalizada que difícilmente puede combatirse por los medios convencionales ofrecidos por la justicia democrática hasta ahora. Tampoco Podemos propone medios especiales para combatir a la corrupción. Ni medidas ejemplarizantes.

Sin embargo, está claro que el delito de corrupción es más grave que un simple delito cometido por un particular contra otro particular: es un delito contra la sociedad y, por tanto, en su luchan deben de emplearse medios de singular dureza tanto en las penas de prisión, como en la confiscación de bienes, subordinándose cualquier beneficio penitenciario a la restitución de la totalidad del capital robado con los intereses correspondientes.

Los delitos de “estafa humanitaria” y de “estafa social” deben ser incluidos en el código penal como agravantes de los casos de corrupción, al utilizarse excusas que afectan a situaciones dramáticas, emotivas o sentimentales para poder realizar el delito. Y, por supuesto, la disolución de las organizaciones implicadas en estos casos con la consiguiente confiscación de bienes se impone en estos tipos de estafa.

Nos gustaría que Podemos hablara algo de todo esto, pero está presa, no solamente por los lazos de algunos de sus dirigentes con sindicatos y ONGs, sino especialmente por esa mentalidad “progre”, de carácter humanista y universalista que se niega a ver en el propio bando la progresión de la corrupción. Eso es lo que impide a Podemos ir mas allá de las posiciones de la izquierda clásica, una izquierda que en su versión socialista, comunista o ecosocialista, ya está suficientemente desgastada.

En Podemos hay otra forma organizativa, otros rostros, pero sigue existiendo esa misma mentalidad “progre”, cargada de tópicos situados por encima de la objetividad y del rigor del análisis. Ya hemos aludido a la posición de Podemos en relación a la inmigración (no de los factores esenciales de la globalización a la hora de reconfigurar el mercado laboral en Europa), ahora podemos añadir también su silencio ante la “estafa humanitaria” y la “estafa social”, silencios elocuentes que configuran a Podemos como un nuevo look para envolver las ideas “progres” de siempre. Pero nada que vaya mucho más allá.

(C) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

 

 

 

 

 

 

 

El país más ruidoso...

El país más ruidoso...

Info-krisis.- España es un país ruidoso. Es más, es el país más ruidoso del mundo. No solamente la modernidad genera ruidos mecánicos más allá del umbral de lo tolerable, sino que la sociedad española es la más ruidosa de todo el globo. El ruido es tan abominable como el silencio es el caldo de cultivo de todo aquello de lo que la humanidad puede estar orgullosa. Las civilizaciones tradicionales han sido civilizaciones del silencio y de la serenidad. Se cultivaba el silencio porque se intentaba que cada cual fuera él mismo. Si hoy, en nuestra España bulle la más ruidosa de todas las sociedades es porque ocupamos un lugar avanzado en la degradación de las costumbres y en los procesos de desintegración social. No es, precisamente, como para estar orgullosos, pero así están las cosas… Vale la pena reflexionar sobre ello.

 

¿Somos el país más ruidoso del mundo? El 24 de abril de 2013 el diario ABC publicada una pequeña noticia acompañada de vídeo en el que respondía a esta cuestión: No, no somos el país más ruidoso del mundo (http://www.abc.es/videos-espana/20130424/espana-segundo-pais-ruidoso-2324696589001.html), el título corresponde al Japón, nosotros nos debemos contentar con una discreta segunda plaza. La noticia venía a cuento de que los inspectores de GAES (empresa dedicada a la venta de prótesis auditivas) habían recorrido las calles de Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla para concienciar a la población sobre los altos niveles de ruido y cómo pueden afectar a la salud. Era el Día Mundial contra el Ruido. Durante la jornada se detectaron en España sonidos muy por encima de los niveles recomendados por la OMS. El óptimo son 65 decibelios; lo registrado en España estaba siempre muy por encima. Estos estudios de la OMS situaban a España en segundo lugar como país ruidoso, tras el Japón. Pues bien, no. Creo que podemos reivindicar el primer puesto.

España: la sociedad más ruidosa del mundo

La OMS mide los ruidos registrados en las calles a causa de elementos mecánicos, habitualmente vehículos, obras y sonidos derivados de la vida ciudadano. Pero eso no son todos los ruidos. La misma sociedad los genera: y la sociedad somos cada uno de nosotros. Los japoneses, educados en las tradiciones del Zen y del Shinto, “sufren” el ruido y lo superan precisamente por ese tipo de educación que interioriza la vida y la vuelve ajena al exterior. Ellos mismos, ni se expresan a gritos, ni viven dando gritos, sino todo lo contrario. Incluso cuando sufren los mayores dolores y desgracias personales y colectivas, están obligados a mostrar un rostro inexpresivo y a eliminar sus lamentos. La modernidad ha hecho del Japón un país ruidoso, pero los japoneses, en cambio, no lo son. De ahí que España vaya muy delante y puede reivindicar el dudoso honor de “país más ruidoso del mundo”.

En efecto, aquí no solamente la sociedad genera los ruidos propios de la modernidad, sino que el español tiene a gala ser gritón desde el momento mismo de nacer. He viajado en los últimos tres años por docena y media de países. Estoy muy sensibilizado por el ruido y puedo asegurar que la sociedad española es, con mucho la más ruidosa de entre todos esos lugares. Da la sensación de que se ha producido un “efecto llamada” para gentes ruidosas de todo el mundo que han convergido en España, “paraíso del ruido” y de la inhibición del Estado, de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos.

En el extranjero es diferente…

En Praga tuve una epifanía: estaba sentado en una céntrica cafetería y, justo al lado, tenía una mesa con cuatro niños de, más o menos, 13 años. Hablaban. Eso era lo sorprendente para un observador español: ni jugaban con videojuegos, ni aporreaban sus móviles, ni siquiera gritaban. Hablaban. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que en España desde hacía mucho tiempo no había visto a cuatro niños de esa edad, sentados en torno a una mesa, serenos y cambiando impresiones en torno a una merienda.

A partir de ahí me he ido fijando en la reacción de los niños de todo el mundo y en su comportamiento habitual: solamente en España parecen rabiosos, gritan constantemente y da incluso la sensación de que si sus padres no les oyen gritar tienden a creer que están enfermos. Porque, lo normal es que los padres hayan dejado de preocuparse de que sus hijos jueguen y convivan dando alaridos. Cada vez más, el lenguaje de los niños españoles está dejando de ser un lenguaje hablado para ser un conjunto de gritos, onomatopeyas y sonidos que oscilan entre el alarido y el gruñido. Nada parecido a los niños canadienses, a los niños portugueses, a los niños serbios, a los niños malteses, a los niños neozelandeses, a los niños sardos y así sucesivamente. Hemos logrado que la próxima generación no solamente no sepa escribir y que colocar todas las letras en una palabras sea algo inútil y cansino, sino que tampoco sepa hablar y que los gritos y las onomatopeyas sustituyan, como en los mensajes SMS, a las palabras.

Y esto es preocupante, porque indica el grado de decadencia de nuestra sociedad. Observad a las gentes en los transportes públicos: estaba ayer en un tren abarrotado cuando veo a una niña de color de no más de 16 meses en su carrito, molestando a todos los viajeros a los que lograba  alcanzar con sus cortos brazos. Además, la niña berreaba. La madre, a todo esto, al lado, jugando con el tablet, completamente despreocupada, como ausente. A la vista de que la madre era blanca y de edad media, era fácil suponer que había comprado la niña a una de esas empresas de adopción especializadas en adquirir niños a bajo precio en los mercados africanos y venderlos en Europa como si se trataran de mascotas. Y la “madre” debía de tener, más o menos, el mismo concepto porque actuaba con el desinterés propio de la propietaria de un pekinés que ya la ha dejado de fascinar y para la que sacar al perro a dar una vuelta, se convierte en un engorro tedioso.

Justo cuando empezó a bajar gente del tren me di cuenta de que, además, varios jóvenes, de aspectos magrebíes unos, andinos otros y españoles, por supuesto, competían con el acordeonista rumano en convertir aquel vagón en una olla a presión de decibelios. Además de estos, están los que al contestar el teléfono, lejos de hacerlo discretamente, nos obligan a todos los viajeros a que conozcamos sus miserias. ¿Cómo decirles a unos y a otros que ni su música, ni sus conversaciones nos interesan lo más mínimo? Y lo que es peor: ¿podrían comprenderlo? La respuesta que nos daría el magrebí o el andino es que somos racistas. El adolescente español con mirada perdida, el rostro inexpresivo y un rap en el móvil, es probable que ni siquiera entendiera de qué diablos le estábamos hablando.

Avances tecnológicos en manos de paletos

Me ha llamado la atención otro peligro puesto de manifiesto por los otorrinos. Los auriculares de mala calidad (regalados en los trenes de larga distancia, pero también los vendidos con determinados móviles) pueden generar problemas auditivos graves si se utilizan sistemáticamente al máximo de decibelios. El tímpano, simplemente, se endurece. Los consultorios de la seguridad social vienen registrando un aluvión de jóvenes con los oídos supurando, inflamados, o con los primeros síntomas de sordera a los 25 años… Algunos estudios médicos convienen que un porcentaje alto de jóvenes tiene ya tímpanos que corresponden a la tercera edad.

No me importaría en absoluto que esos cretinos se convirtieran en sordos prematuros si no fuera porque la prótesis la tiene que pagar la SS (es decir, usted y yo) y porque están en torno a los 3.000 euros o más. Por lo demás, la mala calidad de los auriculares hace que en algunos casos, no solamente el pobre diablo que los lleva encajados entre el cerebro, tenga que aguantar su ruido, sino que éste alcance a la gente situada en las inmediaciones. Podemos estamos establecer una ley precisa: cuando más cretino es uno de esos sujetos, peor música escucha. Comprobadlo y me daréis la razón.

Cuando se pone en manos de un paleto un teléfono de última generación el destrozo está garantizado: en primer lugar porque, cuando lo utilice, gritará como un poseso y nos obligará a saber a ciencia cierta que es solamente un pobre paleto, sin educación, sin cultura y haciéndonos dudar incluso de si es “portador de valores eternos” o simplemente no porta más que su propia estupidez. Si tiene que oír música, será sin duda la peor música del mundo, diseñada especialmente para homínidos como él. Si tiene que jugar a un videojuego, pondrá el sonido de tal manera que podamos seguir las vicisitudes de la partida a menos de diez metros a la redonda de donde se encuentre. Pon un avance tecnológico en manos de alguien que difícilmente hubiera manejado el pedernal y la azagaya y tendrás un foco emisor de decibelios más.

Quizás el problema sea que desde los años 80 las discotecas españolas han ido elevando los niveles de ruido hasta prácticamente el umbral del dolor. No es raro que se consuman drogas de diseño en algunas discotecas como quien consume azucarillos: de otra manera, difícilmente se podría soportar horas y horas el ruido que apunta directamente contra el corazón.  Hace unos años, un DJ que además era miembro de la banda rock Defcomdos, me comentaba que la gente “se ponía muy loca” con la música que él generosamente les ofrecía. Debía ser verdad y él debía saberlo. Por aquel tiempo, en una fiesta de San Juan estaba previsto que a la medianoche parara la música y un presentador enviara un mensaje del sponsor. Cuando se le dijo al DJ que interrumpiera el festival de decibelios, se negó: simplemente, no quería que lo lincharan allí mismo. Y yo que estaba allí en nombre de un medio de comunicación, percibí que, efectivamente, si la música se detenía bruscamente aquella masa enloquecida hubiera podido reaccionar de la manera más destructiva posible.

Entre eso y que se ha convertido en habitual el botellón (que no es tanto, la reivindicación de un espacio de diversión barato, sino la expresión de la necesidad de emborracharse cuando antes y a la manera más rápida posible) y las drogas “blandas” (que no son sino inhibidores y anestésicos ante la realidad social), parece bastante claro que algo está fallando y que, solamente así se entiende el que seamos el país más ruidoso del mundo. Incluso, el país, con mucho, más ruidoso.

Sociedad tradicional y ruido

Hay que distinguir fiestas como las mascletás valencianas durante el ciclo de fallas, en la que el ruido provocado por kilos y kilos de pólvora se convierte en el desencadenante de una catarsis colectiva, o la fiesta de los tambores de Calanda en donde durante 24 horas el sonido extático de la percusión nos sitúa en otro estado de conciencia. Al igual que el carnaval es la fiesta en la que lo anormal pasa a ser durante unas horas lo normal, para recordar lo que es el orden y lo que es el caos, las fiestas tradicionales del ruido, nos recuerdan lo que es el silencio y la serenidad: aquello que debía ser lo normal a lo largo del año.

Silencio y serenidad van juntos. Incitan al estudio, a la introspección, a la reflexión, o simplemente al vacío mental y a la relajación. No solamente son necesarios para acometer una vida equilibrada y plena, sino que también son imprescindibles para nuestra cordura. Sólo en la ausencia de ruidos podemos recordar quienes somos, podemos ser nosotros mismos y encontrarnos a nosotros mismos. Es evidente que muchos prefieren huir de sí mismos, de sus pobres existencias, de su miserable cotidianeidad, sumergiéndose en una orgía de ruidos.

En cierta ocasión pregunté a un adolescente aficionado a los ritmos más estridentes “¿Por qué te gustan esas músicas?”. La respuesta fue probablemente de las más precisas que he oído nunca: “Porque así no pienso”. Y es que pensar puede generar angustia; es más cómodo huir de los problemas, jugar al avestruz, no encarar jamás la realidad. Pues bien, a eso se le llama “alienación”: alguien alienado es alguien que no es él mismo, sino otra cosa y que es incapaz de llegar a entender lo que supone ser él mismo.

Se entenderá que nos sintamos comprometidos en una campaña personal contra el ruido: no solamente porque anhelamos el silencio como anhelamos el calor de una mujer o como anhelamos cerveza helada en los calores del verano, sino porque consideramos que el ruido es otra patología social y un signo más de degradación y brutalización de una sociedad que está en trance de perder cualquier rastro de orden y ante lo cual lo único que puede hacerle olvidar sus miserias es el aturdimiento de los sentidos.

El gran Buda Sakyamuni, procedente de la casta guerrera, pero predicador incansable de la introspección como camino que conduce a la verdadera serenidad y estabilidad interior, era, por lo demás, pacifista y, sin embargo, tiene una frase que seguramente nos debe hacer pensar: “Si alguien perturba tu meditación, mátalo”. Traigo la frase no como “norma” de comportamiento, obviamente, sino como muestra de que una sociedad tradicional asume que su principal enemigo es el ruido y todo aquello que nos separa de nosotros mismos… justo lo contrario de la sociedad española moderna que, por ser líder de algo innoble, paleto y sin gloria, es líder mundial en ruido… 

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibica la reproducción de este artículo sin indicar origen.

La derecha ante Podemos

La derecha ante Podemos

Infokrisis.- Desde que se conocieron los resultados de las elecciones europeas de mayo, la derecha se enteró de que tenía un nuevo enemigo que hasta entonces había desconsiderado, Podemos. La política del PP en relación a Podemos, hasta ese momento, había ignorado a este partido. Al conocerse los resultados del 25–M, la cúspide del PP entendió que esta nueva sigla no solamente amenazaba a las bases electorales del PP sino la estabilidad misma del bipartidismo en España. Y entonces empezó a multiplicar sus ataques utilizando para ello a los restos de la “Brunete mediática”. Desde entonces los ataques han sido diarios, siempre sobre los mismos ejes y… completamente equivocados en sus planteamientos. Más que erosionar a Podemos, tiende a reforzar sus argumentos.

La derecha ataca a Podemos con argumentos que nada tienen que ver con los razonamientos que han llevado a 1.500.000 de ciudadanos a votar a esta formación. Se diría que la derecha y los votantes de Podemos pertenecen a dos universos diferentes. Resulta difícil que el PP y sus satélites mediáticos rectifiquen. El efecto logrado es justamente el opuesto al buscado: cada vez que en una tertulia pública algún periodista próximo al PP lanza los mismos ataques a cualquiera de los dirigentes de Podemos y ellos están en condiciones de responder, siempre, inevitablemente, éstos propinan revolcones históricos a sus oponentes. Quizás el problema sea que los argumentos que existen contra Podemos (porque la teorización de este grupo es extremadamente débil) no pueden ser utilizados por el PP. Vamos a ver qué es lo que falla en la argumentación de la derecha.

“Podemos se solidariza con el terrorismo etarra…”

Argumento falso y mendaz. No encontraréis en ningún escrito de dirigentes significativos de Podemos una defensa de ETA, ni de sus crímenes, ni del terrorismo como arma política. Además, el argumento es inútil porque en este momento ya no existe terrorismo. Pablo Iglesias ha dicho que detrás del terrorismo de ETA existía un conflicto político, algo que es rigurosamente cierto. No es que los etarras asesinaran solamente porque tenían “malos instintos” o porque fueran unos psicópatas (que, sin duda, lo eran), sino porque existía un trasfondo político.

El problema es que la derecha todavía no ha identificado al verdadero enemigo que no es tanto el “terrorismo” como el “nacionalismo”. El “terrorista”, no deja de ser un psicópata sediento de sangre al que se le puede derrotar a través de una acción metódica de las fuerzas de seguridad del Estado, pero el “nacionalismo” es un virus que se filtra en las mentes y que, a fin de cuentas, constituye la “excusa” y la “justificación” para los actos terroristas. Ignorar esto y dar una carta de naturaleza al “nacionalismo”, simplemente porque, como ideología “no mata”, está en el origen de la actual situación en la que el antiguo “frente político” de la organización terrorista, puede perfectamente convertirse en el partido mayoritario en el País Vasco, superando al PNV, y dotado de un programa fundamentalmente “nacionalista” y “social”. Si el “terrorismo” asesinaba a personas, el “nacionalismo” asesina al Estado.

Desde el momento en el que la derecha ha negado siempre el carácter “político” del problema del terrorismo en el País Vasco, cuando ha aparecido una fuerza situada a la izquierda del PSOE y en un lugar impreciso en los contornos de Izquierda Unida, ha tendido a considerar que ese era el espacio propio de la extrema–izquierda y, por tanto debía ser necesariamente “pro–etarra”.

Pero, si analizamos las cosas con una mayor amplitud de miras se percibe que los medios de comunicación de derechas nunca han podido reproducir ningún documento en el que Pablo Iglesias defienda el terrorismo y a ETA. Obstinarse en presentarlo como “cómplice de ETA” implica darle la oportunidad, una y otra vez, de repetir un discurso convincente sobre la materia, a saber: que hay un trasfondo político en el “problema vasco”  y que el programa “social” de Amaiur coincide casi completamente con el de Podemos.

¿Dónde radica el error de Podemos en su análisis? En considerar al “nacionalismo” como un “movimiento de liberación” y, por tanto, que responde a las justas aspiraciones de una comunidad… cuando en realidad no es más que la expresión de los intereses de una burguesía que, al haber alcanzado cierto desarrollo económico, se cree en condiciones de ser hegemónica y no admite otra autoridad por encima de la suya. Desde este punto de vista, todo nacionalismo es condenable en tanto que va ligado a la forma económica en la que mejor se expresan los intereses de la burguesía: el capitalismo, el liberalismo económico y el libremercado.

Tal es el primer error de análisis de Podemos. Porque, no solamente la derecha se equivoca y la izquierda socialista es un residuo oportunista de otros tiempos, sino que los análisis sobre el capitalismo de Podemos tienen este “pequeño” agujero que se une a otros que hemos reseñado en anteriores escritos (el más espectacular es, precisamente, su defensa de la inmigración masiva).

Podemos recibe subvenciones de Venezuela…

Es posible que así sea y que Pablo Iglesias haya recibido tantos o cuantos miles de Euros del país “bolivariano”; o no, importa poco. Pero Venezuela está a 10.000 km de distancia y, salvo en la mentalidad de FAES y de José María Aznar, lo que ocurra allí interesa poco o muy poco al elector medio español. Decir que Podemos recibe subsidios de Venezuela podría ser contestado diciendo que el PSOE recibió desde 1973 hasta 1983, durante 10 años, miles y miles de marcos de la Fundación Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata Alemán y que luego éste partido se cobró con creces cuando negoció con Felipe González el tratado de adhesión de España la Comunidad Europea… Sin olvidar que la Fundación Cánovas del Castillo tramitaba las subvenciones llegadas de la Fundación Adenauer dependientes de la CDU, el partido democristiano alemán… Así que en esto de las subvenciones el que sea inocente que tire la primera piedra.

Venezuela sigue su camino. Lo que ocurra allí compete a los venezolanos solamente. Hay algo en el bolivarismo extremadamente atractivo: su deseo de independencia nacional, de parar los pies a los EEUU que desde la conquista de Texas han considerado a todo el continente como patrimonio propio. “América para los americanos… del Norte”, tal era la doctrina Monroe que sigue vigente. No se puede reprochar a Venezuela, el que haya querido seguir una vía propia. No siempre se acierta y todo lo que ha ocurrido allí no es precisamente edificante. Pero tampoco hay que olvidar que los EEUU, el mismo Aznar en su momento, intentaron desestabilizar aquel país y que las cosas volvieran a estar como siempre: con una Venezuela gobernada por una clase política que miraba más a Washington que a las colinas que rodean Caracas…

Quizás el error de Podemos sea asumir todo lo que ocurre en Venezuela como “positivo”. Es el pago a los presuntos o reales dineros recibidos de aquel país. Ahora bien, Venezuela está lejos y la experiencia bolivariana tiene un punto atractivo incuestionable: la búsqueda de la independencia y el interés en romper la tiranía del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del poder del dinero y de la tutela norteamericana y aliarse con otros gobiernos de la zona que albergan los mismos objetivos.

El fondo de la cuestión es elegir al “enemigo principal”. Chávez y Maduro lo han hecho: su enemigo es la oligarquía local al servicio de los EEUU. Algo conocerán de los problemas de su país. Sin olvidar, naturalmente, que el estilo populista del que hacen gala es habitual en Iberoamérica y no produce los mismos efectos que en Europa. Los errores que han cometido los regímenes bolivarianos y el mismo castrismo no les restan completamente un fondo de razón: los EEUU son el “enemigo principal” de los pueblos iberoamericanos. En cuando a “respetar la democracia” habría mucho que hablar sobre quién puede dar lecciones de democracia en España. Y lo dice el que esto escribe, alguien que fue torturado por la policía 100 días después de que Felipe González llegara al poder y que abominó de que Aznar hiciera caso omiso de la voluntad de un pueblo que no quería inmiscuirse en la criminal aventura norteamericana en Irak. Porque la “democracia de los 10.000 aforados”, la “democracia de los corruptos”, la “democracia de la calle es mía”, la “democracia de gobernar por decreto–ley” y la “democracia que impone cargas a las clases medias”, esa se parece a la democracia tanto como un huevo a una castaña.

Venezuela está lejos y cada vez que se recuerda este país a Pablo Iglesias se le está dando una ocasión para recordar todo aquello que acabamos de recordar ahora mismo. La derecha española lo está haciendo tan mal (la “reforma fiscal” ha sido el último intento de modificar algo para seguir aumentando la presión sobre las clases medias) que los errores del gobierno venezolano son pecata minuta para un pueblo con 6.000.000 de parados, 25% de la población cerca del umbral de la pobreza, un 57% de paro juvenil y convertido en un país periférico en la UE y de servicios, sin esperanza y sin fe en que un día podrá levantar la cabeza.

El PP, una vez más se ha equivocado en su línea de ataque. Toda derecha que no es “nacional”, esto es que busca a un “hermano mayor”, un “primo de Zumosol”, en el extranjero, termina siendo antipatriótica y antinacional, además de antisocial (muy bueno la retención en el IRPF a las indemnizaciones por despido propuesto en la última reforma fiscal…). Y es “antisocial” en la medida en que no puede existir justicia social, ni justicia distributiva, allí en donde se asume el neoliberalismo y sus valores. Es posible que en Venezuela se cometan injusticia, pero no nos cabe la menor duda de que son el resultado de décadas de liberalismo y de políticas antisociales.

Podemos no tiene programa de gobierno…

La derecha alerta sobre que en caso de gobernar Podemos, estaríamos en manos de unos aventureros y desalmados, unos verdaderos okupas del poder. Dicen que el programa de Podemos es inaplicable y nos situaría en el aislamiento internacional y en la ruina económica. No está del todo claro.

En primer lugar, algunas de las medidas que propone Podemos son lógicas y elementales: la deuda española es impagable. Llevamos cuatro años con una presión fiscal creciente y en todo ese tiempo no hemos reducido ni un euro el mayor de la deuda, todo ha ido destinado a pagar intereses. Cuando Podemos propone dejar de pagar la deuda y proponer una quita no está diciendo nada que no sea necesario y que no se haya ensayado antes en otros países… que, por cierto, han sobrevivido y gozan de mejor salud en la actualidad que nosotros. En Iberoamérica, por ejemplo.

Con este argumento, la derecha solamente demuestra su sumisión hacia los “señores del dinero” y los compromisos adquiridos con la alta finanza internacional. No es un buen argumento, porque sectores cada vez mayores de este pueblo empiezan a opinar que la sumisión no es la mejor actitud, que ya han sufrido suficiente presión para pagar una deuda generada por la banca alemana (Jordi Ébole resumió perfectamente la situación: “Durante unos años España fue yonki del crédito, pero Alemania fue su camello”). Además, cada vez que se recuerda ese argumento, la población tiende a recordar que fueron los errores en el modelo económico instituido por José María Aznar que no fueron corregidos en la primera legislatura de Zapatero y los errores de éste en su segunda legislatura a la hora de adoptar medidas, lo que nos ha situado donde estamos. Así pues, PP y PSOE son solidarios en responsabilidades por la actual crisis.

Así pues, ni PP, ni PSOE tienen derecho a echar en cara ni a Podemos ni a nadie, que “no tienen programa” o que “su programa es suicida”, porque hasta ahora han sido precisamente los gobiernos de estos dos partidos los que nos han situado en situación de ruina. Tampoco aquí, ni el PP ni el PSOE son inocentes, ni los más adecuados para reprochar a otros programas inasumibles.

En el PP tienden a ver a los dirigentes de Podemos como okupas, perroflautas piojosos o lelos emporrados… Olvidan que entre su clase dirigente figuran títulos universitarios de todas las especialidades y que muchos de ellos son brillantes profesionales y profesores de cierto renombre a pesar de su juventud. Seguramente hay más títulos universitarios en Podemos que en un PP que adolece de exceso de titulados en derecho, la mayoría de pocos pleitos. Tratar de degradar la realidad de un partido que puede exhibir sus títulos universitarios de sus miembros no parece la mejor forma de pararles los pies. La derecha, sin embargo, ha tirado por esa vía pensando que, repitiendo una y mil veces la imagen de perroflautas en electorado los abandonará por insolventes. Error.

Cada vez que se utiliza este argumento contra Podemos, estos responden como era de esperar: recordando a dónde nos han llevado las políticas neoliberales, la reforma del mercado de trabajo, las sucesivas reformas fiscales, coronadas todas ellas por una corrupción generalizada que abarca a todas las instancias del Estado. Cada vez que se cuestiona la viabilidad del programa de Podemos, contraatacan simplemente exponiendo la actual situación del país y recordando que ya va siendo hora de liquidar al régimen de los corruptos.

Y estos argumentos tienen una fuerza extraordinaria que todavía sería superior, si Pablo Iglesias fuera capaz de desembarazarse de todos los tics progresistas, de todos los tópicos humanistas–universalistas, de ese antifascismo de oficio que aureola a toda la izquierda, si tuviera coherencia doctrinal y fuera capaz de establecer razonamientos y realizar hasta el final una crítica a la globalización sin partir de apriorismos y de la utilización de tópicos (“xenofobia y racismo” para quienes denunciamos que la inmigración masiva es un arma de la globalización, entre otros), probablemente Podemos sería un movimiento en el que muchos nos reconoceríamos y no tendríamos inconveniente en apoyar si fuera él el llamado a empuñar la piqueta de demolición de este régimen terminal.

Algunas conclusiones

Lo que la derecha está demostrando con estos ataques viscerales es que, efectivamente, tiene miedo. Miedo porque Podemos se ha reforzado extraordinariamente desde el 25 de mayo y ya no es un movimiento balbuciente o una estrella fugaz a lo Ruiz Mateos. Miedo porque a medida que se vayan acercando las elecciones generales se verá que –tal como preveíamos en nuestro libro Indignarse con los indignados– la distancia entre Podemos y el PSOE se va acortando y, veremos, a la vista de cómo quede el Congreso del PSOE, quien, finalmente, termina siendo el partido mayoritario de la izquierda. Miedo porque Podemos, a diferencia del PSOE, tiene las manos limpias y con él ya no puede utilizar la política de la omertá mafiosa que ha empleado con los socialistas. Miedo porque el PP sabe que no hay acuerdo posible con Podemos y que en su maximalismo reside su principal atractivo para un electorado cada vez más harto de los partidos tradicionales. Miedo porque el PP percibe que en las elecciones municipales de mayo de 2015, muchos de sus concejales (y todos los que les acompañas como asesores y cargos municipales y autonómicos retribuidos) van a ir al paro y que se formarán cientos de gobiernos municipales con presencia de miembros de Podemos que, lo primero que harán, será pedir responsabilidades por corruptelas pasadas… Tras el paro, el banquillo.

La actitud del centro–izquierda ante Podemos ha sido muy diferente a la del centro–derecha. El PSOE intenta rivalizar con Podemos poniendo a su frente a algún personajillo que remotamente evocase parecidos valores a los que hace gala Pablo Iglesias: debe de ser joven, preferentemente delgaducho, sin un discurso alambicado, sin pasado político, de físico agradable en tanto que inofensivo… y ahí está el pobre Madina y Pedro Sánchez para intentar dar al PSOE un look que pueda competir con el estándar que ha creado Podemos. No lo conseguirán porque Podemos es todavía una “sigla virgen” y los rastros de virginidad en el PSOE hace década que se perdieron.

El PSOE, con todo, está intentando una línea de emulación, mientras que la derecha ha optado por el ataque frontal. Los argumentos del PP son débiles, acaso porque el PP ya no tiene argumentos que utilizar y está tan quemado como el PSOE: nadie cree ya a los portavoces del régimen, demasiadas mentiras, demasiadas corruptelas, demasiada prepotencia, demasiado oportunismo y todo ello durante demasiado tiempo. Los dos grandes partidos ya no pueden manejar argumentos racionales y lógicos para salir de su crisis. Tales argumentos han dejado hace tiempo de existir. Podemos, lo único que está es aprovechando su tirón mediático (ayer la alocución mitinesca de Pablo Iglesias en el Parlamento Europeo, por ejemplo) para recordar que “el rey está desnudo”.

El régimen de 1978 se está deshaciendo ante nuestros ojos. Podemos es una marea que todo lo arrasa a su paso. Cuando se produce una marea negra (y Podemos es esa marea negra), la vida se acaba debajo del océano. Mueren los corales, muere la flora marina, mueren los peces (mueren, en definitiva, los partidos tradicionales, la “banda de los cuatro”). Pero luego hace falta regenerar esa zona marina aplicando detergentes. Solamente así desaparece la marea negra y la vida vuelve. Algunos aspiramos a participar en la creación de ese detergente final…

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

 

Carta abierta a los identitarios

Carta abierta a los identitarios

Cuando ha pasado un mes desde los resultados de las elecciones europeas la mayor parte del Movimiento Identitario todavía no ha percibido que estamos ante el inicio de una nueva época política. Las líneas que siguen están destinadas a resumir los rasgos de esa nueva época y lo que representan para nuestro ambiente político. Suponen también un recordatorio sobre lo que la lógica política más elemental sugiere como estrategia de trabajo. Se aspira también a recordar la responsabilidad histórica de las direcciones de este ambiente político y la necesidad de que sus ideas estén presentes en un futuro proceso de regeneración política de nuestro país.

[El autor de estas líneas no tiene más interés que el participar en un proceso de este tipo como escritor y analista político, excluye cualquier tipo de protagonismo o participación, no sólo porque sus circunstancias personales lo sitúan con un pie fuera de España, sino que, por vocación, está más predispuesto al análisis y al estudio que al protagonismo y el liderazgo].

Primera Parte

La nueva situación histórica

No debemos perder la perspectiva de lo que ha sucedido en estas tres últimas semanas:

1) Los resultados de las elecciones europeas indican muy a las claras que el bipartidismo ha muerto en España.

2) La abdicación de Juan Carlos I es un intento de salvar el esquema constitucional vigente desde 1978 a la vista del desprestigio de la institución, derivado del caso Urdangarín.

3) El proceso centrífugo catalán, lejos de remitir, se encamina con paso firme hacia el período crítico que se iniciará el 11–S de 2014 y alcanzará su límite el 9–N.

4) La versión oficial sobre la salida a la crisis contrasta con la situación real de la calle que experimenta la crisis cada vez con mayor dramatismo.

5) La aparición de nuevos casos de corrupción se produce a diario revelando sin sombras de dudas que la corrupción en el rasgo característico del régimen nacido en 1978.

6) Las reformas fiscales fraudulentas que solamente aumentan la presión sobre las clases medias, y la disminución del valor de los salarios, se han confirmado nuevamente.

7) Reiterados asaltos a la valla de Melilla indican que la presión migratoria prosigue y si disminuye el número de inmigrantes es por los 3.000.000 de inmigrantes que tienen nacionalidad española, no porque retornen a sus países de origen.

Todo esto ocurre cuando nuestro país ha entrado en el “sexto año triunfal de la crisis” y la persistencia de la crisis económica hace tiempo que abrió un nuevo frente de crisis social (con 6.000.000 de parados y un 25% de la población próxima al umbral de la pobreza) que, al prolongarse, ha enajenado simpatías al sistema y a sus gestores, abriéndose una profunda crisis política que indica a las claras que el sistema político está llegando a su fase final: la fase agónica en la que solamente queda esperar su muerte natural por desplome o su regeneración mediante una reforma radical.

Absolutamente nadie, ni siquiera los observadores y tertulianos más “constitucionalistas” y devotos del régimen se atreverán hoy a afirmar que éste goza de buena salud y que los problemas que está evidenciando sean meramente coyunturales que desaparecerán cuando pase la crisis:

–    Esta crisis nunca pasará, la crisis es el estado natural del sistema mundial globalizado porque el capital financiero en su búsqueda de beneficios es incapaz de fijarse durante mucho tiempo en un espacio geográfico concreto y migra constantemente a medida que varían las posibilidades de obtener mayores rendimientos a las inversiones financieras, dejando atrás estallidos de burbujas, e inestabilidad económica mundial.

–    El impacto de la crisis iniciada en 2007 ha sido excesivamente profundo como para pensar que, de superarse, no dejará heridas profundas en España, la primera de todas, el descrédito de los portavoces del régimen, la brecha entre casta política y población, el aumento de las diferencias de ingresos entre las rentas más altas (que siguen aumentando) y entre las rentas más bajas (que siguen disminuyendo), la insostenible cifra de parados y el hecho de que una cuarta parte de la población esté próxima al umbral de la pobreza, los ocho millones de inmigrantes llegados desde 1996 e imposibles de acomodar en el maltrecho mercado laboral, las dificultades de los jóvenes para formar familias, la caída en picado de la natalidad, los salarios de miseria forzados para “ganar competitividad”, etc, etc.

Los siete rasgos de la crisis política que se han evidenciado en estas semanas y que hemos resaltado, lejos de ser coyunturales son estructurales e indican que el régimen ha entrado en una fase terminal caracterizada por la fragilidad de sus estructuras y la sensación de que podrá prolongar solamente durante un tiempo limitado su supervivencia en las actuales circunstancias, pero que ese tiempo es breve antes de que se produzca un colapso total de las instituciones.

Lo que implica esta nueva situación

Es en este contexto en el que hay que insertar la acción del movimiento identitario.

Entendemos por Movimiento Identitario al conjunto de organizaciones, círculos, asociaciones y movimientos que asumen los valores del patriotismo social y la defensa de los derechos de nuestro pueblo frente a cualquiera que pretenda situarlos por detrás de los derechos del capital financiero y por detrás de los derechos de los recién llegados en el aluvión de la inmigración masiva. Entendemos que las pasadas elecciones europeas han demostrado la existencia de un pujante movimiento identitario en toda Europa, con mayor o menor implantación según los países, que oscila entre el mero euroescepticismo o la protesta activa contra la clase política cuya ineptitud ha alterado el sustrato antropológico y cultural de nuestro continente y, comiendo de la mano de los “señores del dinero” nos ha entregado a los depredadores de la globalización.

El hecho de que el Movimiento identitario todavía no haya cristalizado en nuestro país se debe a circunstancias objetivas que han hecho imposible que en el interior del régimen nacido en 1978 pudiera existir una corriente de este tipo. En efecto, durante los pactos de la transición suscritos entre los “franquistas evolucionistas” (y particularmente impulsados por Manuel Fraga) y la “oposición democrática”, se establecía el aislamiento y liquidación de la “extrema–derecha”. En aquel momento se consideraba extrema–derecha a cualquier forma del franquismo que no aceptase la evolución y que reconociese un vínculo de lealtad con el anterior Jefe del Estado. Ese pacto fue suscrito no solo por estas dos partes políticas sino también por el conjunto de fuerzas mediáticas representadas por Cadena Z, Cadena 16 y PRISA y dispuso, así mismo, del apoyo de servicios de inteligencia nacionales y extranjeros.

A partir del 23–F de 1981, cuando la transición pudo darse por concluida y, mucho más claramente, a partir de la victoria del PSOE en las elecciones de septiembre de 1983, la extrema–derecha franquista resultó completamente barrida del escenario político español, desapareciendo como tal y reduciéndose a pequeños círculos de nostálgicos. A lo largo de los años 80 y 90, se sucedieron distintas siglas, ninguna de las cuales consiguió alcanzar los estándares de presencia en las instituciones que ostentaban otros partidos en los distintos países europeos. Y esto ha seguido así hasta ahora.

El paso del tiempo hizo que el carácter “franquista” de los partidos de extrema–derecha se fuera atenuando y desapareciendo prácticamente, pero el “pacto de acero” suscrito en la transición abarcaba no solamente a la extrema–derecha franquista sino a cualquier formación que se manifestara contra la partidocracia y la socialdemocracia o, como Manuel Fraga había establecido gráficamente en 1978, incluía todo lo que estaba a la derecha de Alianza Popular (hoy PP): “nada a mi derecha”.

De ahí que cuando el franquismo se extinguió como fenómeno político, cualquier forma política que hubiera surgido al margen del sistema político y con ambiciones de regenerarlo, pasara a ocupar ese espacio ya vacío y se hiciera acreedor del mismo cerco de silencio y hostilidad. Y eso ha valido también para los “despuntes” del Movimiento Identitario que han ido apareciendo en Cataluña con PxC, en la Comunidad Valenciana con E2000 y en otras zonas de España con PxL y distintos círculos y asociaciones.

Así pues, estaba claro que mientras el sistema nacido en 1978 gozase de buena salud, no existía absolutamente ninguna fisura en la “gran muralla” formada por las instituciones y la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV), a través de la cual pudiera insertarse en la vida política del país. Eso explica el porqué entre 1983 y 2008 prácticamente no existieran ni siquiera concejales electos en las listas del Movimiento Identitario, ni mucho menos diputados autonómicos o nacionales. Simplemente, el sistema gozaba de “buena salud” y generaba anticuerpos que impedían avanzar a las distintas componentes del Movimiento Identitario.

PERO ESTO SE HA ACABADO. En pocos años, el régimen político español ha pasado del triunfalismo que caracterizó al período de José María Aznar y que tuvo su prolongación en la primera legislatura de Zapatero, a una sensación de que todo está corrompido, a un desprestigio absoluto de la clase política, a la impresión de impotencia y al camino de la desintegración. El régimen está, pues, en una situación de DEBILIDAD ESTRATÉGICA, es vulnerable por todas partes como demuestra el hecho de que un movimiento como Podemos cuyos objetivos utópicos y un análisis superficial, erróneo e ignorante de lo que es la globalización, haya obtenido un clamoroso éxito electoral que no se debe tanto a su actividad y a sus propuestas, como a la debilidad y a los errores de la “banda de los 4”. Esa debilidad es lo que ha generado a prisa y corriendo la abdicación de Juan Carlos I, lo que ha hecho, igualmente, que al “perro viejo” (el Estado) todo se le antojen pulgas independentistas y que aparezcan fenómenos propios de todo proceso de desintegración política.

Pues bien, lo que antes era imposible (el insertar al Movimiento Identitario en unas instituciones blindadas por quienes habían diseñado la arquitectura constitucional), AHORA YA  ES POSIBLE. Los adversarios del Movimiento Identitario y quienes le cerraban las puertas, los que se preocupaban constantemente de que no pudiera avanzar, ni siquiera de que pudiera levantar la cabeza, AHORA SON ELLOS LOS QUE ESTÁN EN CRISIS TERMINAL.

¿Qué ha sido de la “banda de los 4”? El PSOE está en fase de dispersión (extremadamente avanzada en Cataluña) y los rostros que aspiran a suceder a Rubalcaba en su secretaría general son el reflejo de la falta de liderazgo, del desplome de los ideales de la socialdemocracia (que no han soportado la primera crisis del “capitalismo con rostro humano” que querían construir) y de una clase política reducida a mero look con un acompañamiento de consignas panfletarias difundidas por insolventes. El hecho de que la crisis del PSC catalán revista caracteres ya inequívocamente estructurales hace imposible que el PSOE vuelva a obtener una nueva mayoría absoluta en el Estado. En cuanto al PP, las próximas elecciones autonómicas y municipales supondrán un marasmo para su prepotencia: no solamente perderá comunidades autónomas en las que hasta ahora ha ido gobernando cómodamente, sino que miles de sus concejales quedarán en el paro. Por su parte, tanto PNV como CiU, tras haber inaugurado peligrosas iniciativas centrífugas, antes de consumarlas, se están viendo rebasados y superados por los que hasta ahora eran sus “retoños extremistas” (Amaiur, ERC, etc.).

En lo que se refiere a los grupos mediáticos, no solamente han aparecido otras formas de comunicación y otras herramientas para el tránsito y conocimiento de la información, sino que los grupos empresariales que se hicieron portavoces del “nuevo régimen” desde los años de la transición, y los principales mantenedores de los nuevos intereses oligárquicos, todos están en proceso de desintegración: PRISA es una sombra de lo que fue hace sólo veinte años y, al igual que Cadena Z, ha sufrido distintas dentelladas de sus acreedores, perdiendo medios y en situación de dependencia absoluta de la Banca y del capital financiero internacional y, sobre todo, una pérdida de fuerza y unos niveles de endeudamiento imposibles de soportar que los están asfixiando. En cuanto a la Cadena 16 es sólo un recuerdo e indica la vía que están recorriendo las otras dos cadenas mediáticas.

En lo que se refiere a los que fueron los auténticos “motores del cambio” en 1976–78 (los intereses del capitalismo español, los intereses del capitalismo internacional y los intereses geopolíticos de los EEUU) la situación es también completamente diferente: el capitalismo entró a partir de 1989 en su fase globalizadora y el capital se ha ido transformando progresivamente de productivo en especulativo. La misma estructura del capitalismo español ha cambiado extraordinariamente desde 1983: la entrada en la Unión Europea y en la Zona Euro nos ha configurado como una nación “periférica” y de servicios que tiene vedado el acceso a la gran industria, con un sector primario regresivo y un sector industrial sometido a deslocalización, absolutamente dependiente del turismo y de las exportaciones (esto es de las modas y de la vitalidad económica del extranjero). En 1975, el capitalismo internacional tenía interés en España y el capitalismo español se forjaba ilusiones de poder crecer y obtener nuevos mercados en el momento en que se “normalizara” el sistema político. Hoy ya no ocurre nada de todo eso: al margen de los buenos negocios realizados a la sombra del poder, el capital español se invierte especialmente en Iberoamérica y en cualquier otro escenario, una parte importante ha pasado del área productiva al área especulativa y financiera.

En lo que se refiere a los intereses geopolíticos de los EEUU también han variado. En 1975 era necesario que España ingresase lo antes posible en la OTAN para dar “profundidad” a la Alianza Atlántica y mejorar la coordinación con las fuerzas armadas de otros países europeos de cara a la disuasión ante el bloque soviético, ahora ya no existe casi nada de todo esto. La URSS y el bloque soviético han desaparecido. Putin no amenaza a Europa. Las aventuras norteamericanas en Irak y Afganistán se han saldado con sendos sonoros fracasos, otro tanto ha ocurrido con las “revoluciones árabes” y la intentona de hacer bascular a Ucrania al “bloque occidental” todavía no ha terminado, pero en Crimea, el Estado Ruso se ha cobrado su primera victoria. Si la deuda del Estado Español es de un billón de dólares, la deuda de los EEUU es de doce billones… absolutamente insoportable para cualquier Estado que no tuviera el apoyo de los marines, de los drones, del ala de bombardeo estratégico y de la Navy dispersa por todos los mares… Pero los fracasos militares y políticos de los EEUU han redimensionado mucho de todo esto, sin olvidar que en estos momentos la economía norteamericana se está ralentizando de nuevo y que el país está roto por la presencia de la comunidad hispana que ha aportado otra lengua, otros valores y otras estructuras, diferentes a las que hasta ahora habían sido tradicionales en la sociedad anglosajona, blanca y protestante. En EEUU se está produciendo en estos momentos una ruptura antropológica, lingüística, política, religiosa y cultural que tendrán que pone en entredicho el futuro de ese país y, desde luego, sus posibilidades de intervención en el exterior, en España, por ejemplo.

Tal es el análisis que hacemos de las fuerzas que estaban vivas en 1978 y que impulsaron el sistema constitucional español: EN UN PAR DE AÑOS YA NO QUEDARÁ APENAS NADA DEL SISTEMA DE FUERZAS NACIDO EN 1978. Muy poco, en realidad. Y que no se piense que lo que ha sido hasta ahora estable durante 37 años, seguirá siéndolo por tiempo indefinido. Se está acabando un ciclo histórico y empieza otro.

Ahora falta ver si las fuerzas que están llamando a la puerta (y poco importa cuál es su orientación, sino que lo que cuenta es su extrañeidad a la “banda de los 4”) logran fuerza social suficiente como para abordar esta nueva fase ante la cual, AL HABER CEDIDO LOS RESORTES QUE HASTA AHORA MANTENÍAN LA COHESIÓN DEL SISTEMA, ESTE HA ENTRADO EN UNA FASE DE INESTABILIDAD QUE PERMITE A OTRAS FUERZAS –ENTRE ELLAS AL MOVIMIENTO IDENTITARIO– EL INSERTARSE EN LAS INSTITUCIONES Y TRABAJAR DESDE EL INTERIOR DE LAS MISMAS PARA CONSEGUIR UNA REGENERACIÓN DEL ESTADO Y UN NUEVO ORDEN LEGISLATIVO Y CONSTITUCIONAL.

Si ahora el Movimiento Identitario va a encontrar menos resistencias (y estas serán infinitamente más débiles de lo que han sido hasta ahora en los años que median de 1976 hasta ahora) es precisamente porque la crisis del sistema genera zonas “débiles” en el interior del régimen político. Mientras que la izquierda radical se encuentra en una situación de OFENSIVA ESTRATÉGICA, las fuerzas que apoyan al régimen y el mismo régimen está en una situación de DEFENSIVA ESTRATÉGICA. El Movimiento Identitario se encuentra, por su parte, en una fase de reorganización y de ACUMULACIÓN DE FUERZAS.

El instante clave: las elecciones municipales

Hemos aludido a que el Movimiento Identitario se encuentra en una fase de acumulación de fuerzas. Es importante entender lo que supone, los ritmos y las posibilidades que se abren. Empecemos por los ritmos.

Ante las dificultades para avanzar y la modestia de los resultados (cuando se han producido), algunos sectores del Movimiento Identitario han preferido hablar de la “carrera de caracoles” en la que estaban inmersos estos grupos y que indicaba el “ritmo” de los avances… Pues bien, ante la crisis del sistema YA NO HAY CARRERA DE CARACOLES, SINO MAS BIEN UN RÁPIDO PROCESO DE REAJUSTES DE LAS FUERZAS POLÍTICAS. Dependerá ahora exclusivamente de la habilidad de las direcciones que forman el Movimiento Identitario (y no de factores externos) que se avance a mayor o menor velocidad. Porque existe la posibilidad objetiva y cierta de pisar el acelerador

Las posibilidades del Movimiento Identitario dependen solamente de un factor: su capacidad para adaptarse a las realidades de la sociedad española en cada momento. Es evidente que no estamos hablando ya de adoptar determinadas formas históricas que pudieron tener los movimientos patrióticos hace 40, 70 o 130 años, esta discusión ya está más que superada: la historia es historia; la política es otra cosa.

El Movimiento Identitario, ni siquiera puede anclar sus posiciones en la “autonomía histórica” (esto es, en el reconocimiento de que su acción política hoy no puede estar “secuestrada” por modelos del pasado): eso ya se da por supuesto y discusiones de ese tipo que supusieron una catarsis en medio de la indigencia que estos grupos tenían hace veinte años, hoy tampoco puede tomarse en consideración. Quien no lo ha entendido, no lo entenderá jamás y, por tanto, se anclará en el testimonialismo, y nunca logrará insertarse en la política real. El Movimiento Identitario debe huir del testimonialismo como huye de la peste.

El testimonialismo es hoy el mas peligroso “retardador” para su ascenso en tanto que mira irreprimiblemente hacia atrás en lugar de contemplar los nuevos y amplios horizontes que abre la crisis del sistema. Es más, podemos establecer un axioma que se cumple tanto en la derecha como en la izquierda: cuanto más lastres históricos tiene un movimiento político, cuanto más se obstina en mirar hacia atrás, menos avanza. Eso explica el porqué Podemos ha despegado, mientras que Izquierda Unida ha avanzado solo ligeramente. El vídeo electoral de Podemos era una ejercicio de autonomía histórica; mientras, el partido de Cayo Lara seguía hablando de “memoria histórica”, realizando homenajes a los ex combatientes de las Brigadas Internacionales, pontificaba sobre el destino del Valle de los Caídos y se empeñaba en localizar fosas comunes de hace casi ochenta años…

Así mismo, hay que excluir a la sempiterna mentalidad grupuscular que nutre a algunos minúsculos grupos después de 14 o de 20 años de actividad, de constantes bandazos en sus líneas políticas (pero dirigidos siempre por los mismos rostros, lo cual indicaría, en palabras de Ezra Pound, que o “ellos no valen nada o sus ideas no valen nada”) y que se obstinan en mantenerse en su “espléndido aislamiento” para obtener unos pocos y ridículos miles de votos, a cambio de desgastar a otra generación de militantes ingenuos. Existen siglas que han demostrado con el paso de los años una incapacidad absoluta, no solamente para integrarse en grupos mayores, en intentos de coordinación sino, simplemente, para sentarse juntos a comer una paella de marisco… También aquí puede establecerse un axioma: cuanto más pequeño es un grupúsculo, cuanto más insiste en su “pureza revolucionaria” o cree percibir que otros conspiran contra él, más sectarismo y odio destila y, por tanto, más alejados hay que mantenerse de ellos.

En el Movimiento Identitario tiene sólo lugar aquel que aporta algo tangible: medios, voluntades, votos, en absoluto quien aporta unos pocos perfiles de Facebook, odios eternos y pequeños resentimientos nacidos no se sabe de qué. Esto es lo que se demostrará después de las próximas elecciones municipales de 2015: PESARÁN SOLAMENTE AQUELLAS SIGLAS QUE OBTENGAN CONCEJALES AVALADOS POR VOTOS REALES, nada más. En las actuales circunstancias de debilidad del sistema, lo que cuentan son los resultados, no las proclamas dramáticas, ni los post triunfalistas, ni el bluff mantenido hasta el momento del recuento de votos…

Cuando se cierren las urnas el próximo mes de mayo de 2015 veremos cuáles han sido los resultados del Movimiento Identitario y cuál es la correlación de fuerzas que se produce. Está claro que las distintas siglas que participan de este sector van a tener que colaborar y que el primer paso para esta colaboración es personalizar en un rostro al Movimiento. Hace falta, no solamente un líder, sino una generación de líderes. Es evidente que existirán distintas áreas de influencia, es también evidente que existirán distintas sensibilidades y tendencias (como existen en todos los partidos identitarios de Europa, por lo demás) y, que el primer esfuerzo consistirá en elaborar un manifiesto y un programa de cara a las elecciones generales del año siguiente.

Pero para llegar a esta parte va a ser preciso obtener resultados tangibles en las elecciones municipales. En el mes de septiembre quedarán nueve meses para preparar las candidaturas, dotarlas de medios, formar a los candidatos e iniciar la pre–campaña.

El Movimiento Identitario debe fijarse un objetivo: obtener un mínimo de 80–100 concejales entre sus distintas siglas en todo el territorio nacional. Solamente así conseguirá situarse en la recta de salida para las elecciones generales de 2015. Y entonces se trata de introducir a diputados en el Parlamento porque es muy posible que ese sea ya la última legislatura del actual régimen.

Durante décadas, este ambiente político ha acometido los procesos electorales con moral de derrota. Conscientes de que no podían ganar (aunque ignorando las razones por las que les estaba vedada su presencia en las instituciones), habían adoptado de partida la moral testimonialista, la moral de la derrota. Es más, si alguien obtenía algún pequeño éxito, indudablemente, los otros lo consideraban como “traidor”. La derrota era el acompañante inseparable de todas estas fuerzas, el único resultado en el que se reconocían. Pero esto ha cambiado: la “gran muralla” que protegía al régimen se está resquebrajando y permite colocar la piqueta de demolición en muchos flancos… (entendemos por “piqueta de demolición” el comprometer a sectores cada vez más amplios de la sociedad española en la tarea de regeneración nacional del país, devolver al Estado su dignidad perdida, barrer la corrupción, proceder a la repatriación de bolsas de inmigrantes cuya presencia ya no está justificada por cuestiones económicas, restar poder a los partidos y devolverlo a la sociedad y a sus cuerpos intermedios, poner coto a la globalización, situar el bienestar de los españoles por delante de los rendimientos del capital, movilizar a la juventud, generar una riada de entusiasmo y un nuevo curso político, etc, etc.).

Es importante que los concejales electos en las próximas elecciones municipales tengan muy claro que su horizonte no puede limitarse al término geográfico de su municipio, sino que estarán en vanguardia de la construcción de un MOVIMIENTO IDENTITARIO DE CARÁCTER ESTATAL SIMILAR A LOS EXISTENTES EN OTROS PAÍSES y con los que, finamente, tendrá que converger.

Es fundamental comprender que en este momento histórico estamos en un punto en el que nuestro sistema político va a entrar en una FASE DE INESTABILIDAD (un sistema diseñado para el “bipartidismo imperfecto” es incompatible con una realidad multipartidista instalada en el parlamento; la imposibilidad a partir de ahora de alcanzar mayorías absolutas abre el paso a coaliciones inestables, no solamente en el gobierno de la nación, sino en varias comunidades autónomas) DE LA QUE DERIVARÁ EL COLAPSO FINAL DEL RÉGIMEN O BIEN SU REFORMA.

Pero tanto la reforma como el colapso pueden generar estadios todavía más negros y nefastos para nuestro país, SI NO ESTÁN PRESENTES CARGOS ELECTOS DEL MOVIMIENTO IDENTITARIO EN LAS INSTITUCIONES. Nunca como hoy es preciso que se conozca nuestra voz y que nuestros dirigentes se puedan expresar ante la opinión pública. De lo contrario, si no se logra esta presencia institucional en el plazo más breve posible, los acontecimientos políticos se desarrollarán, no solamente SIN NOSOTROS, sino especialmente CONTRA NOSOTROS, como ocurrió en la lejana transición con la extrema–derecha.

De ahí la necesidad de tener lo antes posible una personalidad política propia, un programa común, un cartel electoral y una base que aporte fuerza social e impida que se pueda ignorar por más tiempo al Movimiento Identitario. De ahí la responsabilidad de las actuales direcciones políticas que componen cada una de las partes de este movimiento: por primera vez ESTÁN OBLIGADOS A PENSAR EN TÉRMINOS POLÍTICOS (CASI DIRÍAMOS DE “GRAN POLÍTICA”) en lugar de estar sometidos a las estrecheces y a las impotencias propias de los grupúsculos como hasta ahora. Porque de lo que se trata no es solamente de obtener más o menos concejales SINO DE ALUMBRAR UN PROYECTO HISTÓRICO.

Las elecciones del mes de mayo de 2015 va a ser un PUNTO DE SALIDA, en absoluto el punto de llegada, ni la gran batalla política; pero es rigurosamente cierto que si el Movimiento Identitario no queda suficientemente bien situado en la política municipal, no va a poder optar a obtener resultados el año siguiente en las elecciones generales.

Vale la pena que las direcciones del Movimiento Identitario mediten sobre estos extremos. Es la hora de recordar la letra de Bob Dylan sobre los tiempos que van cambiando:

“La línea está trazada y el destino está marcado, 

los que ahora son lentos, serán rápidos mañana y 

lo que ahora es presente será pasado, mañana;

el orden se desvanece rápidamente

y el que ahora es primero, será el último en llegar

porque los tiempos están cambiando”.

Y recordando los compases de esta balada de hace medio siglo, será también preciso que se doten por primera vez de esa “moral de victoria” que hasta ahora ha estado ausente de su discurso político.

Porque, ahora, por primera vez en décadas, VENCER ES POSIBLE.

Ernesto Milá
27 de junio de 2014

 

Monarquía, República,

Monarquía, República,

Infokrisis.- La ceremonia de entronización de Juan Carlos I por Felipe VI se ha realizado en medio de una indiferencia casi total que contrasta con la presión mediática a favor de la República o de la Monarquía. Y es que a este pueblo no le interesa nada mas que superar la crisis (y poco le importa como se haga), en cuanto a la forma de gobierno, al diablo con ella, si no trae pan, trabajo y prosperidad. Lejos de ser criticable, esta posición es la propia de un pueblo decepcionado y harto de otros especulen con su frustración y su miseria. Vale la pena recordar lo que supone el dilema “república – monarquía”.

Lo que queda de monarquismo en el PSOE

Habitualmente la derecha suele ser monárquica, en tanto que conservadora, y la izquierda progresista tiene tendencia a considerarse republicana. Al menos en líneas generales. Luego resulta que esto que parece tan claro, en la práctica, no lo es tanto: los socialistas siguen aún comprometidos con el pacto constitucional suscrito durante la transición con las fuerzas franquistas–evolucionistas, según el cual recibirían “democracia” (y especialmente “poder”) a cambio de aceptar la monarquía.

En realidad, no es que abunden los fervores monárquicos en el PSOE, pero este partido ha entendido a la perfección que su destino (e incluso su misma existencia) depende de que en el futuro se mantengan las mismas circunstancias políticas que se dieron en la transición. En el momento en que tales circunstancias queden modificadas, el PSOE se arriesga a evidenciar que la crisis en la que cayó inmediatamente iniciado el post–zapaterismo, no es ya una crisis coyuntural, sino estructural y que, difícil lo tiene para sobrevivir en un régimen en el que ya no sea una de las dos columnas esenciales, debido a su mala gestión (el nombre de Felipe González se asocia al GAL, pero el de Zapatero lo hace con la crisis económica y la debilidad), sus excepcionalmente altos niveles de corrupción, sus discrepancias internas incluso en cuestiones vitales (como la vertebración del Estado) o el fracaso de la socialdemocracia en promover un “capitalismo con rostro humano”...

La vista de la “estatura” política de los candidatos presentados hasta hoy para sustituir a Rubalcaba en la Secretaría General, indican el nivel de indigencia en el que ha caído el PSOE y confirman en su declive histórico y en que ha iniciado la misma senda que llevó al Partido Socialista Italiano, de partener inevitable en gobiernos de centro–izquierda al basurero de la historia, pasando por el banquillo de los acusados. En España, el destino del PSOE no va a ser muy diferente. De ahí que no sea extraño que este partido haya sostenido a la monarquía, sin excesiva convicción y con algunas defecciones.

La monarquía en las “diversas derechas”

En lo que se refiere a la opinión de las derechas, llama la atención que en algunas provincias el PP (y en menor medida Vox) intentaran convocar concentraciones en defensa de la constitución justo cuando se supo la abdicación de Juan Carlos I y para contrapesar las primeras movilizaciones republicanas. El resultado de estas concentraciones demostró que una cosa es aceptar la monarquía y otra manifestarse en su favor. Como ya dijo el fundador de la Falange en los años 30 en relación a Alfonso XIII, también ahora la monarquía parece no tener “ni un piquete de alabarderos” para salir en su defensa. De todas formas, la unanimidad del PP a la hora de votar la entronización de Fernando VI fue ejemplar: demostró que en la derecha parlamentaria nunca hay voces discordantes.

Otras derechas no se mostraron tan complacientes. Los “liberales” de derechas aprovecharon para criticar a la monarquía y en lo que se refiere a la extrema–derecha, Falange Española de las JONS se mostró a favor de la “república sindical”, mientras otros grupos menores lo hicieron “por una República Nacional” (sea lo que fuere). Cabe decir que, contrariamente a lo que suele repetirse en ámbitos falangistas, el fundador no solamente nunca fue antimonárquico, sino que su crítica a la gestión de Alfonso XIII fue extremadamente benévola (dijo aquello de que “la monarquía cayó como una cáscara sin vida”, añadiendo aquello otro de que podía darse a la institución como “gloriosamente fenecida”, cuando en realidad feneció sí, pero no precisamente de manera gloriosa) e incluso que, vicesecretario general de la Unión Monárquica en 1930, diez días antes de su fusilamiento en 1936 se negó a contestar al secretario judicial que lo interrogaba sobre “el Borbón”, exigiéndole “respeto” para aquel que había sido rey de España.

Sabemos que fueron los monárquicos de Renovación Española y los opusdeístas que formaron en torno al Consejo Privado de Don Juan durante el franquismo, los que arrinconaron la influencia falangista dentro de los gobiernos franquistas a partir de 1942 y que esto, unido al Decreto de Unificación de 1937, fueron los elementos que condicionaron la hostilidad falangista hacia la monarquía y su petición de una “República Sindical” de la que no encontramos rastro en las Obras Completas de José Antonio.

¿Borrón y cuanta nueva para la monarquía?

En el otro lado, después de las primeras manifestaciones republicanas al conocerse la abdicación de Juan Carlos I, parece como si el movimiento republicano tricolor perdiera fuelle y no pudiera ofrecer más que la imagen de Jorge Verstrynge detenido el día de la coronación. Hay que felicitar a los responsables de operaciones psicológicas del CESID: la operación recambio les salió que ni pintada, sin apenas abolladuras ni desgastes de origen.

A partir de ahora, la próxima imputación de la infanta Cristina en el Caso Nos, la previsible condena de Urdangarín, no irán con Felipe VI, sino que serán considerados como secuelas del reinado de Juan Carlos I, del que la historia dirá, benévolamente, que tuvo una primera fase de reinado en la que se impuso a las corrientes golpistas, las desactivó, asentó sobre esta actuación democrática su prestigio, para luego, dormirse en los laureles a causa de la edad y, finalmente, abdicar generosamente en su primogénito. E incluso es posible que alguien crea esta versión oficial.

La realidad es muy distinta: la corrupción que irrumpió en el entorno de la Casa Real no es algo reciente exteriorizada por el Caso Urdangarín. Se remonta a varias décadas. Los grandes amigos de la Casa Real, empezando por Ruiz–Mateos, siguiendo por Mario Conde, o el mismo Javier de la Rosa, por no hablar de Luis Prado y Colón de Carvajal, desde hace mucho tiempo (treinta años en realidad) han ocupado las páginas más suculentas sobre la corrupción en España. Urdangarín, por el momento, sólo ha demostrado ser el más tonto de toda patulea.

¿Hubiera sido diferente con una República? Lo dudamos. En España lo que falló en 1978 fue el método con que se hizo la transición: cuando la clase política hablaba en aquel momento de “consenso” lo que había que entender era “arreglo”, es decir, tratar de que la distribución del poder se hiciera de tal manera que se prolongara al máximo (de ahí el recurso a la ley d’Hondt y los porcentajes marcados para modificar en profundidad el régimen). La “transición” lo único que demostró era que la iniciativa correspondía a los “franquistas evolucionistas”, mientras que la “oposición democrática” no tenía fuerza social suficiente para imponer una República. Debió contentarse con circular por el camino elegido por los “franquistas evolucionistas” (y especialmente por el poder económico que estaba detrás de él). De haber tenido fuerza social suficiente, de partida se hubiera impuesto la república ya en 1978. Pero no fue así.

Decidirse por la monarquía o la república

¿Y hoy? ¿Republicano o monárquico? ¿Qué es, en definitiva, este país? Básicamente un país de apáticos e individualistas en crisis. Nada más. Con 6.000.000 de parados y un 25% de la población en torno al umbral de la pobreza, no puede aspirarse a mucho más. Las neuronas trabajan con el estómago lleno (y no siempre, en realidad: para que lo hagan hace falta un sistema educativo que haya transmitido a las nuevas generaciones la capacidad para pensar, juzgar, discernir, criticar… nada que haya hecho desde los años 70 el sistema educativo español).

El pueblo español solamente entiende que lleva seis años y medio de crisis y que no hay perspectivas de que quede atrás: los sueldos siguen bajando, las diferencias entre las rentas más altas y la media, aumentan; los pocos empleos que aparecen tienen remuneraciones mezquinas y ya ni siquiera permiten vivir ni siquiera sobrevivir. No hay perspectivas de que todo esto vaya a cambiar. Ni con República ni con Monarquía.

Las buenas palabras que leyó Felipe VI en el parlamento, eran tan previsibles como un reloj suizo. Un eventual presidente de la República hubiera dicho algo similar. Nada fascinante, ni nada nuevo. Tampoco nada que vaya a cambiar el hecho esencial: España –la misma Unión Europea– pierden competitividad en la escena económica internacional, han arruinado su identidad y su homogeneidad admitiendo bolsas de inmigrantes inasumibles por el mercado laboral, traídos solamente para tirar a la baja de los salarios; no hay lugar para Europa dentro de un mundo globalizado. Y, muy en especial, no hay lugar para el grueso de la población española en ese diseño mundial, salvo servir cafés y hacer camas de hoteles. Y veremos durante cuanto tiempo…

Así pues ¿cómo puede reprocharse a nuestro pueblo esa indiferencia total ante el dilema “monarquía – república”? En realidad, ya no hay ni siquiera monárquicos: si se supone que la derecha monárquica es conservadora y acepta que la monarquía ha sido siempre una institución ligada al catolicismo español ¿cómo hay que entender esa laicidad absoluta en las ceremonias? Sencillo: como una monarquía que se niega a sí misma. No es raro que los cortesanos que antes decían aquello de “no soy monárquico, soy juancarlista”, ahora cambien el mensaje pasando definirse como “felipistas”.

En cuanto a los republicanos la cosa no es mucho mejor. En su imaginario enfermizo no pueden hacer otra cosa que ondear banderas tricolores propias de aquella república que constituyó probablemente el fracaso histórico más rápido y rotundo del siglo XX español: duró menos que la dictadura y cayó víctima de sus propios errores. Y ahora, unos resentidos históricos enarbolan las mismas banderas presentándonos lo que no fue más que el atrio de la guerra civil como el mejor de los mundos. Como para echar cohetes…

Lo dicho, no me extraña que no hubiera ni apoyos entusiastas a la monarquía, ni movilizaciones de masas a favor de la república. A veces las reacciones de los pueblos son sabias. El pueblo español se ha inhibido completamente del dilema “república – monarquía”. Esa es la única realidad. 

Cataluña sin el PSC

Cataluña sin el PSC

Infokrisis.- El PSOE se está descomponiendo cada día un poco más. Como siempre, las ratas terminarán huyendo en cuanto perciban que el barco no les garantizará la poltrona. De hecho, las ratas siempre están allí donde está la poltrona. El caso del PSC es paradigmático: después de pérdidas por goteo de dirigentes a favor de ERC e incluso de CiU, el partido se prepara para el estallido final. En el próximo congreso extraordinario la crisis se dramatizará ante una Cataluña convulsa que tiene cada vez más cerca su “otoño más caliente” (del 11-S al 9-N). Cataluña todavía no se ha hecho a la idea de cómo será su mapa político sin el PSC. Vale la pena remontarse a la génesis de esta crisis y preguntarse cómo será el mapa político catalán tras el próximo velatorio al PSC. 

El Partido Socialista de Cataluña se equivoca cuando cree que la explicación a la pérdida de más del 50% de votos que ha sufrido en las pasadas elecciones europeas se debe a la actitud anti-referéndum que Pere Navarro pactó con el PSOE. De hecho, lo que ocurre es justo lo contrario, fue el nacionalismo socialista presente en el PSC desde mediados de los años 90, lo que ha ido preparando el declive definitivo de esta sigla.

Las causas remotas de la crisis del PSC

El PSC, con Maragall y su equipo al frente es el gran culpable de la actual crisis soberanista. Durante años, Maragall predicó –acaso por su mezcla de gin-tonics con un cerebro dañado por el alzhéimer- el “federalismo asimétrico” como alternativa al Estado de las Autonomías. Tal federalismo era “asimétrico” en la medida en que Cataluña debía ser “más” autónoma que cualquier otra comunidad autónoma (salvo, Euzkadi). Con eso creía contrarrestar la influencia del nacionalismo entre el electorado. Se equivocaba, claro.

Fue esta posición y la progresiva “catalanización” del PSC lo que fue alejándole, poco a poco, de sus electores tradicionales (las clases trabajadoras castellano-parlantes mayoritarias en Cataluña) como antes le había ocurrido al PSUC y a su prolongación Iniciativa per Catalunya. Eso mismo explica también el que el PP, a pesar de su carácter de partido de centro-derecha liberal, pudiera acomodarse en el cinturón industrial de Barcelona: a un sector del electorado le daba más miedo el catalanismo del que hacía gala CiU-ERC que el liberalismo estatalista del PP. A partir de los años 90, bolsas de electores castellano-parlantes variaron 180º su voto en beneficio del PP.

Esa actitud fue la que impidió que el PSC no pudiera gobernar en Cataluña hasta el 2003, después de casi un cuarto de siglo de gobierno monocolor de CiU. Cuando más “nacionalismo” insertaba el PSC en su programa, más votos perdía. Finalmente, cuando Maragall cometió el error histórico de gobernar con ERC, el PSC apretó el botón de su autodestrucción. Porque ERC no era partidaria del “federalismo asimétrico”, sino de la independencia pura y simple. El estado de salud de Maragall y sus altos niveles de confusión mental propios de su enfermedad, hicieron el resto: Carod Rovira imprimió siempre el ritmo del tripartito, bloqueó durante siete años la política catalana con el debate sobre el Nou Estatut, su aprobación, el tira y afloja con Madrid y la sentencia adversa del Tribunal Constitucional… y abrió el camino a la actual situación.

Radiografía del PSC

El PSC es una especie de monstruo del doctor Frankenstein que, desde su origen tiene distintas familias: socialdemócratas nacionalistas (procedentes del antiguo PSC-Reagrupament), socialistas federalistas (integrantes originariamente del PSC-Congrés), socialistas marxistas y estatalistas (procedentes de la antigua Federación Catalana del PSOE), y oportunistas de todos los pelajes (habitualmente llegados del PSUC y de la extrema-izquierda trotskistas, maoísta y libertaria) que adoptan una u otra postura según conveniencias personales.

Es cierto que el sector “nacionalista” (acrecentado por un pequeño grupo de nombres salidos de las 200 familias que han gobernado Cataluña en los dos últimos siglos, con la familia Maragall en primer lugar) es minoritario y que apenas representa un 20% del partido y es cierto también que este “nacionalismo” es muy diferente al de CiU, pero en la práctica y en las actuales circunstancias de aquella autonomía, aceptar el “derecho a decidir” es, simplemente, apoyar objetivamente las tesis nacionalistas.

Si Pere Navarro ha dimitido ha sido porque el “sector crítico nacionalista” ha difundido la fácil explicación de que el fracaso del 25-M se debe a la negativa de la dirección a defender al “derecho a decidir” (esto es, el referéndum del 9-N). Miquel Iceta, el único candidato presentado hasta ahora para cubrir el cargo de Secretario General, muy conocido en el mundo  gay que sintonizó perfectamente con el zapaterismo y que ocupó altos cargos durante el tripartito. Insistirá en el “derecho a decidir” y, el electorado del PSC, lejos de responder positivamente, seguirá menguando: hoy, en realidad, el gran problema de este partido es que carece de un sustrato social amplio que le proporcione fuerza social suficiente como para tener peso político. Ese sustrato solamente podía estar compuesto por las clases trabajadoras… mayoritariamente castellano-parlantes. Adiós PSC, adiós.

El futuro mapa político catalán

¿Y ahora qué? ¿Cómo será el mapa electoral catalán en el período post-PSC? Es muy simple: el PSC, seguramente terminará escindiéndose o, en cualquier caso, quedándose con una influencia residual. La existencia de un PSC catalanista y nacionalista, centrifugador a la postre, es otra amenaza que perjudica la estabilidad del PSOE en el resto del Estado. Si el PSOE no afrontara también en estos momentos una crisis de sucesión derivada también de los resultados del 25-M, ya habría forzado la escisión de los “estatalistas”. Nacionalista o socialdemócrata, el PSC a partir de ahora se va a convertir en cada vez más marginal. Una parte de sus votos, indudablemente, irán a parar a Ciutadans, otra menor a UPyD (cuya implantación en Cataluña es muy débil), pocos votos se integrarán en ICV que no es más que ecosocialismo nacionalista y menos aún para Podemos.

La posibilidad de que votantes del PSC se conviertan en adictos al PP es mínima. La crisis de este partido evidenciada con los resultados del 25-M impide tales tránsitos. De hecho, ya en 2003, el PP había perdido buena parte del terreno ganado en la década anterior entre las clases trabajadoras al producirse la innoble actitud de Aznar en la cuestión de la guerra de Iraq y de la superchería de las “armas de destrucción masiva”.  Hoy los problemas de las clases trabajadoras catalanas son muy diferentes y se reducen a pérdida de derechos sociales e inseguridad laboral impuestos por la globalización, de una lado, y de otro, el vivir en zonas fronterizas con la inmigración masiva de carácter islámico presente en Cataluña y competir por puestos de trabajo y ayudas sociales.

El papel de PxC en la futura política catalana

Es evidente quién puede ser el gran beneficiario del hundimiento electoral del PSC, PxC, a condición de asumir que una postura “españolista” que no quiso asumir la anterior dirección, y que junto con una nítida actitud antiglobalización y anti-inmigración debería de abrirle las puertas al parlamento autonómico (a condición de conseguir en el plazo más breve posible dar un nuevo rostro a su formación en sustitución de Anglada). PxC tiene un electorado natural en las clases trabajadoras catalanas y lo obtendrá abandonando la veleidad “catalanista” que ya le ha impedido entrar en el Parlament de Catalunya en dos ocasiones. Hay futuro para PxC en el próximo mapa político catalán.

El mapa político catalán ya no se configurará en función de derechas e izquierdas, sino de nacionalismo y antinacionalismo. A un lado estará una CiU descompuesta y disminuida con la pérdida de buena parte de UDC. ERC será durante un período el partido mayoritario en algunas zonas del Norte de Cataluña y casi ausente en el cinturón industrial de Barcelona y extremadamente débiles en el Sur de Cataluña a medida que se aproxima la frontera con la Comunidad Valenciana. Es difícil que las CUP logren mantener sus posiciones y todo induce a pensar que permanecerán como un grupo residual independentista, borrokas catalanes, balarrasas del independentismo. Lo que sobreviva del PSC dirigido por Iceta se situará en esta área acompañado del “voto cerril” que siempre ha votado a esta sigla y no está dispuesto a renunciar a ella pase lo que pase. En el otro lado, se encontrará el PP, UDC, UPyD y Ciutadans y aquel partido que recupere los votos perdidos por el PSC. Grupos como Podemos o ICV se manifestarán a favor del “derecho a decidir” pero en contra del independentismo; esa ambigüedad cristalizará en su incapacidad para crecer.

La actitud del PSC en estos últimos años consistente en adoptar una posición equidistante entre independentismo y españolismo se ha mostrado suicida. No hay término medio posible cuando el debate se da en los términos en los que se está dando en Cataluña: cara o cruz, independentismo o estatalismo, la moneda nunca cae de canto…

Todo esto generará una fractura vertical en la sociedad catalana: independentismo nacionalista frente a españolismo antiindependentista, sin olvidar a 1.250.000 inmigrantes subsidiados imposibles de acoplar en el mercado laboral catalán, cortejados por la izquierda independentista para que apoyen la secesión. Sería imposible encontrar un esquema mejor sobre el que relanzar a PxC con posibilidades de que se convirtiera a la vuelta de pocos años en una de las fuerzas imprescindibles de la política catalana, mucho más si tenemos en cuenta que tanto el PP como Ciutadans o UPyD se mueven en el reino de las ambigüedades y su moderación a nivel de propuestas, especialmente en materia de inmigración y globalización, deja un amplio espacio para el relanzamiento de PxC.

La crisis del PSC, como la de CiU, no son más que los episodios más de la crisis política generalizada que se está produciendo en todo el Estado (no en vano, Cataluña es España…). El principal rasgo de esta crisis es el fin del bipartidismo y la salida a la superficie de otras fuerzas políticas hasta ahora comprimidas, a nivel estatal por el PP y el PSOE y a escala catalana por CiU y el PSC. Pues bien, esa era ha concluido…

 

OAPEs frente a ONGs

OAPEs frente a ONGs

Infokrisis.- ¿Qué es una ONG? Sea cual sea la definición que Wikipedia da de ONG, hoy sabemos a ciencia cierta que una ONG es una organización que vive casi completamente de subvenciones públicas y en la que una parte importante (frecuentemente mayoritaria) del dinero recibido se destina al mantenimiento de la propia infraestructura (sueldos, hoteles, viajes, dietas, primas, etc, etc) y sólo una cantidad minoritaria va a parar al objeto social definido en los estatutos de la misma. Y, por supuesto, no existen controles estatales ni autonómicos para vigilar malas prácticas. Es frecuente que el responsable del organismo que firma la entrega de fondos a tal o cual ONG, reciba bajo mano un porcentaje de la cantidad entregada, exactamente como ocurre con los cursos de formación de parados. En los casos de ayudas a la “cooperación” la mayor parte de su importe se pierde en comisiones en el punto de entrega, en el país de llegada o en los organismos y personas implicados en la operación a uno y otro lado. A todo esto se le conoce como “la estafa humanitaria” y forma parte de los múltiples canales de corrupción creados al calor del régimen nacido en 1978. La crisis del régimen abre otras vías para la ayuda social.

I Parte:
la estafa humanitaria

No somos nosotros quienes lo decimos, sino algunos cooperantes hartos de que otros se coloquen coronas de laurel para mayor gloria de aquel 0’7% propuesto hace 10 años por Zapatero como objetivo presupuestario de la ayuda al desarrollo. La cosa llega hasta la pedofilia, la prostitución a bajo precio y, por supuesto, la estafa pura y simple, si hemos de creer al libro de Jordi Raich (http://www.jordi–raich.com/), El espejismo humanitario, subtitulado La especie solidaria al descubierto.  La obra nos sitúa de forma "políticamente incorrecta" ante un tema de "moda": las ONGs. No es habitual que un cooperante con 20 años de dedicación a la ayuda humanitaria se plantee en voz alta si ésta sirve para algo. La conclusión: señalar la casilla de ONG en las declaraciones de IRPF es tirar el dinero.

No es el primer libro de Jordi Raich. Este cooperante, habitualmente enrolado en Médicos Sin Fronteras, ha pasado los últimos veintitantos años recorriendo todos los escenarios de moda en materia humanitaria. Ha ido de decepción en decepción, hasta cuestionarse finalmente si la ayuda humanitaria tiene un mínimo de eficacia. Sus anteriores libros eran lo que se esperaba de un cooperante, es decir, destinado a promocionar su “producto”. Porque en esta sociedad del espectáculo y en pleno liberalismo extremo, la ayuda humanitaria es un “producto” más.

Raich se ha movido por la antigua Yugoslavia en los peores momentos del cerco de Sarajevo. Ha pasado por los distintos escenarios de crisis del África occidental francesa. Vivió de cerca la “catástrofe humanitaria” de Ruanda y estuvo en Afganistán antes y después de la intervención americana. En Uganda, Somalia y demás lugares olvidados de África, Raich estuvo allí organizando la ayuda humanitaria. Si hay algún español que conoce el tema es él. Raich tiene “credibilidad” y puede creerse a pie juntillas lo que nos cuenta.

¿Sirve para algo la ayuda humanitaria?

No es la primera vez que aparece este tema. La London Economic School lo planteó hace años en un seminario. Raich cuenta que estaba presente en aquel evento y se estremeció cuando una muchacha ruandesa tomó la palabra en el turno de ruegos y preguntas:

“Divagamos en un laberinto sin salida. Si lo pienso con la cabeza les digo que su ayuda es inútil y que dejen de enviárnosla. Sus limosnas sólo nos hacen más dependientes y no resuelven nuestros problemas. Si lo pienso con el corazón les pido que no nos abandonen, que sin ustedes moriremos”.

Raich añade que a la frase siguió un silencio embarazoso. La muchacha había resumido el fondo de la cuestión. A decir verdad, Raich no piensa que la ayuda humanitaria sirva para gran cosa. Sirve para que las grandes empresas reduzcan su cuenta de beneficios y por tanto paguen menos impuestos; sirven también para que promocionen su marca y la unan a algo que está de moda en la sociedad: las campañas humanitarias. Sirve también para que unos cooperantes se sientan importantes y superiores a los receptores de la ayuda. Sirven para que los gobiernos ganen posiciones en los lugares en donde se concentra la ayuda. Salvan alguna vida, pero pocas en relación a la dimensión del problema. Y, lo que es peor, frecuentemente, crean más problemas de los que resuelven. Esto sin contar con que se han dado casos de tráfico de diamantes realizado por algunas ONGs, otras han visto como sus funcionarios utilizaban habitualmente a menores para cubrir sus necesidades sexuales y, por supuesto, que mucha ayuda es completamente inútil.

Raich cuenta que una cofradía de pescadores del País Vasco le ofreció miles de latas de bonito del norte para la población ruandesa famélica. Una buen propuesta y, sin duda, sincera, el problema era que las latas eran individuales y del tipo abrefácil; de aceptar esta ayuda, los campos de refugiados se habrían llenado de miles y miles de latas metálicas, menos peligrosas sin duda que las minas, pero, en cualquier caso desaconsejables para una población que no disponía de calzado. Y, por lo demás, el bonito del norte no figura entre los productos de la dieta ruandesa. En otras ocasiones, el propio Raich recibió a aviones Hércules C130 de la Fuerza Aérea Española cargados con toneladas de galletas Cuétara inapropiadas para una dieta tropical. También vio esquís, donados por el público norteamericano, abandonados… en el Sahara. O biblias en Afganistán. La propietaria de un manantial en el Pirineo ofrecía toda su producción para paliar la sed en África. El problema es que el agua envasada en botellas de plástico saciaría la sed –en caso de que fuera económicamente viable enviarla a África– sino fuera por que los millones de envases de plástico desechables generarían una catástrofe ecológica de similares proporciones. El donante ignoraba que el hiposulfito cálcico utilizado para depurar el agua es la alternativa más realista y eficaz a las donaciones de agua mineral europea. Se ha llegado a enviar salami y morcón de Ávila a zonas musulmanas, helados Mico en aviones no frigoríficos a las zonas más calurosas del planeta y pescado a horizontes que jamás lo han consumido y cuyo metabolismo no lo admite.

Y, en cuanto a las “apadrinamientos” de niños, suponen uno de los peores fraudes: el eslogan hace creer que el donante “apadrina” a un niño concreto, cuando en realidad, su dinero, después de deducirse los gastos de la transferencia bancaria, los salarios de los funcionarios de la ONG y sus gastos en misión, lo poco que queda, se une a un fondo común con el que se construye alguna escuela o se financia alguna iniciativa en pro de la infancia (en el mejor de los casos). Alguno de los donantes, entusiasmado, pide mantener correspondencia con el niño apadrinado, y durante años recibe cartas… escritas por algún funcionario de la ONG. ¿Es posible un fraude mayor? Si, por supuesto… Las páginas de libro de Raich están recorridas por este tipo de estafas realizados sin el menor recato y que, por lo demás, son del dominio público de los cooperantes veteranos.

Como una gota en el océano

Las zonas en crisis son muchas y la ayuda es siempre menor a la necesaria. Y además no dura siempre: dura solamente el tiempo en que la crisis humanitaria está en el candelero, luego disminuye y, finalmente, el cooperante desaparece y el programa se suspende. Dado que ese lugar no vuelve a aparecer en los noticiarios, nadie se entera de que la ayuda ha servido para poco. La persona salvada hoy gracias a un paquete de cereales, muere al cabo de poco tiempo cuando la ayuda cesa.

Además ni toda la ayuda llega a su destino, ni siquiera se distribuye adecuadamente. Raich cuenta decenas de trampas utilizadas por los receptores de la ayuda, para recibir más… parece lógico, en el fondo están hambrientos y necesitados. Pero se entiende mucho menos que en lugar de consumirla, simplemente, la vendan. En las inmediaciones de las zonas “target” de la ayuda humanitaria, pueden verse los productos con las etiquetas de las distintas ONGs en venta aun a pesar de la inscripción “producto no vendible” y nosotros mismos hemos sido testigos en Marruecos, Iberoamérica y Oriente Medio de la venta de “envíos humanitarios” en tiendas particulares.

En toda África la existencia del Estado es una entelequia. Y otro tanto ocurre con las FFAA. La corrupción, el vacío de poder y las unidades militares que hace meses que no cobran su salario y solamente disponen del AK–47 para saquear y robar, son habituales de un extremo a otro de África. Soldados borrachos y drogados recorren las carreteras y se apostan en las fronteras siempre dispuestos a saquear al hombre blanco en primer lugar y luego a sus ciudadanos desarmados. Inicialmente, los cooperantes jóvenes no entienden como es posible que si ellos van a ayudar a lo que genéricamente conocen como “africanos”, sean precisamente los mismos “africanos” los que les imposibilitan a diario el desarrollo de su trabajo.

Muchos de ellos esperan como el mejor día de su vida, aquel en el que concluirá su compromiso con la ONG. Otros desisten el primer día y regresan a su país de origen en el mismo avión que les llevó a África. Los hay que enloquecen, caen en el alcoholismo y se convierten en puteros empedernidos que no creen en nada ni en nadie y mucho menos en la misión que les ha llevado a allí. Raich cuenta que parafraseando al clásico “el cooperante es un loco para el cooperante”. Las casas en donde viven, disponen de un lujo que suele contrastar con la miseria circundante; pero en su interior, aprenden pronto la moraleja de la obra de teatro de Sartre A puerta cerrada: “el infierno son los otros”. Las peleas en el interior de las casas donde viven los cooperantes son habituales, las incomprensiones continuas, los tipos raros, intratables, aquejados de mil paranoias o neurosis abundan en estos hogares provisionales. Raich realiza una tipología de los cooperantes verdaderamente mordaz. Los ha conocido demasiado bien como para equivocarse o como para que pueda dudarse de lo que dice.

En el mejor de los casos, el cooperante en lugar de ayudar, lo que busca es ayudarse a sí mismo, dar un sentido a su vida, participar en una misión humanitaria que, sin duda, será lo más importante que haya hecho en su existencia y que, a partir de ese momento, contará incluso a sus nietos. No, definitivamente, el cooperante no sale bien parado en el libro de Raich. Pero el beneficiario de la ayuda no sale mucho mejor.

No es Raich el único en pensar así. Personalmente he hablado con bomberos barceloneses que fueron a ayudar a ruandeses y volvieron traumatizados (en ocasiones, un europeo al salir de su oasis de relativa prosperidad, queda estupefacto de lo que ve) al ver que los padres robaban la comida a los hijos, una vez estos la recibían, sin importarles lo más mínimo que fueran a morir de hambre. Raich cuenta que en los campos de África es frecuente que las familias dejen de alimentar voluntariamente a uno o varios hijos para así entrar en programas para familias desnutridas. Simplemente los muestran para obtener las ayudas.

La ayuda humanitaria paraliza la iniciativa de quien la recibe. Éste tiende a pensar que durará siempre o al menos se aprovechará de ella mientras dure. El mañana no es algo que preocupe excesivamente en un África que vive al día. Frecuentemente y paradójicamente, las zonas subsaharianas que han aportado más inmigrantes a Europa son las más empobrecidas. En efecto, cuando los inmigrantes envían algunos dólares a su familia, lo que están haciendo es desmotivarlos para trabajar y cultivar la tierra: si tienen lo que necesitan, ¿para que esforzarse?

Los cooperantes están permanentemente enfrentados a un dilema: si “enseñan a pescar” a los receptores de la ayuda, corren el riesgo de que mueran de hambre; pero si les dan de comer para paliar su situación, tienden a desinteresarse de cualquier otra cosa que les puedan dar…

Además en África la noción de “comunidad” no existe. Los cooperantes están permanentemente rodeados de una corte de los milagros que permanentemente “se curran la página de la pena” contando todas las desgracias inimaginables para concluir la conversación pidiéndoles dinero. La mayoría de estas historias son fraudulentas y lo único que se persigue es el resultado final: el sablazo humanitario. Raich cuenta un caso paradigmático: un negro se le acerca y le cuanta desgracias absolutamente ficticias, luego le pide el consabido sablazo. Él no se lo da, por supuesto (tiene experiencia) y el africano se enfada: “¿Pero no estáis aquí para ayudar? ¡No hacéis nada!”. Raich le explica que él ha venido a ayudar a una comunidad y le cuenta lo que hace por ella (vacunas contra la disentería, provisión de alimento, montar un generador diesel, etc.). Pero el africano no se da por satisfecho: a él qué le importa todo eso, lo que desea es que le dé lo que él quiere. Y se va refunfuñando: “decís que venís para ayudar y no hacéis nada por mí”. En África parece que el individualismo haya suplantado absolutamente a cualquier rastro de sentimiento comunitario.

El espectáculo humanitario ha comenzado

En España hay en torno a 10.000 ONGs, la mayoría de las cuales no sirve absolutamente para nada y sus programas o bien son un fraude o bien se limitan a enviar una parte de los fondos recaudados a ONGs de la zona aquejada por algún conflicto. Sólo unas pocas realizan una verdadera ayuda. Son las menos y ni siquiera en estos casos puede afirmarse taxativamente que la ayuda sirva para algo. Todas estas ONGs actúan en función de los noticiarios. Estos son los encargados de generar la información y describir las “catástrofes humanitarias”. A partir de ahí, las ONGs empiezan sus campañas de recogida de fondos. Estos son entregados por un público extremadamente sensibilizado por las tragedias. Ven esas tragedias en la TV. Así pues, los mass–media están íntimamente relacionados con las campañas de las ONGs.

Al público le encantan las tragedias “fuertes”, “heavys”. Si la tragedia humanitaria no es extrema, el público no se moviliza. Y la ONG, consiguientemente, no recibe dinero… Los “parques temáticos” son extremadamente importantes para este fin: hace falta mostrar campos de refugiados, campos de antiguos niños soldados, campos de depauperados hambrientos, campos de afectados por malaria o SIDA, e incluso campos de minusválidos. Las ONGs forman estos campos y cada ONG tiene el problema de encontrar población que los llene. Si dispone de ellos, la CNN o cualquier otra cadena filma esos campos, con los adhesivos de las ONG, y ésta puede contar con recibir fondos. De lo contrario, estarán a dos velas. No puede extrañar que alguno de estos campos sea completamente ficticio y existan sólo en horas de oficina, luego los “refugiados” se van a sus casas, después de haber recibido el paquete de alimentos o cualquier otro premio. De entre todos, el campo temático más surrealista está en las inmediaciones de Freetown, los guerrilleros de la URM tenían la costumbre de cortar a la población civil algún miembro, un brazo, una pierna o más. Así pues, Ghana es un país repleto de mutilados. A nadie se le había ocurrido reunirlos en un campo de refugiados sólo para mutilados, pero alguna ONG se atrevió a ello con la perspectiva de que el impacto de las imágenes movilizase a los contribuyentes. Así ocurrió, en efecto.

Pero los medios de comunicación, frecuentemente, mienten, unas veces por desconocimiento y negligencia y otra por mala fe. El problema del “burka” en Afganistán es inexistente. Solamente lo utilizan las mujeres en las ciudades… y el 95% de la población afgana vive en el campo. Además, las propias mujeres afganas consideran que el burka es un signo de distinción y aspiran a tenerlo como en Europa las chicas aspiran al traje de novia. Sin embargo, una serie de medios de comunicación, ONGs y “líderes de opinión humanitarios” (Emma Bonino entre otros) empezaron a denunciar al régimen talibán y su ofensa a las mujeres afganas a las que obligaban a utilizar el burka so pena de graves castigos. Era falso. En Afganistán nadie obliga a utilizar el burka, ni antes de los talibanes, ni con los talibanes, ni con Hamid Karzai en el palacio presidencial de Kabul. Esas falsedades hicieron aceptable la versión de que Afganistán y el régimen talibán eran las criaturas predilectas del mullah Omar y de su régimen. Y esas falsedades hicieron más aceptable los bombardeos norteamericanos sobre Kabul… bombardeos en los que se alternaban misiles con ayuda humanitaria. ¿Estupidez? ¿Cinismo?

¿Marcar la casilla de las ONG en la declaración de IRPF?

No, desde luego. Marcar la casilla de las ONGs en la declaración de renta es alimentar un fenómeno bienintenciado en algunos sectores, perverso en otros, e inútil siempre. Al menos, marcar la casilla de la Iglesia es alimentar a algo que siempre ha estado en nuestro país. Por otra parte, hay que recordar que Caritas Diocesana es una de las ONGs con más experiencia, prestigio, eficacia y tradición.

Las ONGs surgieron en los años 70, eclosionaron en los años 80 y se hicieron omnipresentes en los 90. Están formadas por gentes solidarias que quieren hacer algo por sus semejantes, especialmente por aquellos que se sitúan en los lugares más alejados y exóticos. Dado que en España también hay pobres y menesterosos, parecería lógico que concentraran su ayuda entre nuestros compatriotas más desfavorecidos, pero para eso ya está Caritas Diocesana. Así pues, estas gentes humanitarias prefieren ir allí a donde los medios de comunicación han decidido que deben ir. Y van pensando que lo que esos mismos medios han proclamado, es siempre cierto. Lo cual no es en absoluto real. Además, casi por un reflejo involuntariamente racista, piensan que los receptores de la ayuda son una especie de seres inferiores y desvalidos.

Cuando concluyó la Guerra Fría se inició el período dorado de las ONGs. Podían llegar allí a donde los gobiernos no veían conveniente llegar. Además podían servir como informadores y espías. El Corps Peace está reputado de ser una antena “humanitaria” de la CIA y otras muchas sirven a sus respectivos gobiernos.

Es evidente que las dotaciones presupuestarias y las donaciones privadas que van a parar a las ONG, no resuelven ninguna de las graves crisis humanitarias desatadas periódicamente. Esta situación no se prolongará indefinidamente. Si bien los gobiernos “progresistas” y de izquierdas, sienten una particular debilidad por las ONGs, especialmente por las dirigidas por sus amigos, es aventurado pensar que tanto despilfarro presupuestario proseguirá hasta el infinito. A casi 30 años de sus comienzos, las ONGs no han mostrado ser el canal más adecuado para dirigir fondos a las zonas en crisis. Así pues, en los próximos años va a ser cuestión de ir definiendo otros modelos de cooperación y desarrollo. El libro de Raich, interesante, bien escrito, ameno y, desde luego, muy claro, contribuirá sin duda a que este nuevo modelo sea definido.

Tras cerrar el libro la primera idea que le viene al lector a la cabeza es que el actual modelo de ONG es absolutamente insostenible. Si la mayoría de ONGs que trata Raich en su libro son ONGs de cooperación y ayuda humanitaria internacional, la situación no es mejor en lo relativo a las ONGs que actúan en el territorio español.

II Parte

Otra forma de actuar, aquí y ahora

Hay áreas de la administración que dilapidan cientos de millones de euros al año. El gobierno está subvencionando a las más absurdas ONGs, cubriendo en algún caso hasta el 80% de su presupuesto (como el caso que denunciamos del Movimiento contra la Intolerancia) sin que su tarea sea en absoluto relevante, ni realicen ninguna aportación tangible a la sociedad salvo el enriquecimiento mesurable de sus administradores. El zapaterismo instauró la barrera–fetiche del 0’7%. Aunque nuestro país gozara de una desahogada situación económica, la lectura del libro de Raich, indica que habría que preguntarse si esa ayuda sirve para algo. Pero hay otra forma de enfocar la “ayuda humanitaria”. Esa otra forma está poniéndose en práctica por parte de organizaciones asistenciales de carácter patriótico, social e identitario, aquí y ahora…

Si el panorama diseñado en la primera parte de este artículo es completamente desolador, desde hace dos años, primero tímidamente y ahora a la vista de todos, se vienen desarrollando distintas experiencias acometidas por un nuevo modelo de “ONG”. Los medios han hablado abundantemente de ellos. Son organizaciones vinculadas a grupos patrióticos e identitarios.

Así se inició un nuevo tipo de ayuda social en Europa

Las asociaciones asistenciales vinculadas solamente a España 2000, por ejemplo, han repartido en los últimos meses unas cantidades crecientes de alimentos que en la actualidad están situadas en torno a las cinco toneladas y medias por mes. En algunas ocasiones, gracias a la acción de los medios de comunicación y a la protesta histérica de las formaciones de izquierdas, estos repartos han merecido amplios espacios informativos; en otras, esa ayuda se ha llevado muy discretamente y, poco a poco, ha ido alcanzando mayores niveles de eficiencia.

Inicialmente, la inspiración para realizar este tipo de “acciones humanitarias” vino de Francia, en donde, desde mediados de la primera década del milenio, se distribuían en las grandes aglomeraciones urbanas “sopas identitarias” sólo para ciudadanos franceses. Tales sopas incluían, de alguna manera, tocino para indicar simbólicamente que no estaban destinados a población musulmana. A fin de cuentas, cuando se entrega algo a alguien desinteresadamente quien lo da tiene derecho a cocinarlo con los productos que le de la gana, sin que eso pueda ser considerado “xenófobo y racista”…  especialmente cuando el consumo de carne de cerdo y derivados es habitual en el viejo continente.

La idea de estas “sopas identitarias” era, no solamente denunciar la presencia masiva de inmigración en Francia que estaba alterando el sustrato antropológico del vecino país, sino también responder a una necesidad cada vez más acuciante: los autóctonos no pueden competir con los inmigrantes para obtener esas ayudas sociales de los organismos institucionales correspondientes. Siempre existía por parte de las instituciones lo que podríamos llamar “el prejuicio nacional”, como si solamente existieran pobres y necesitados entre los inmigrantes, pero nunca entre los autóctonos. Y el problema es que la presencia de bolsas de inmigración en Europa ha hecho que reapareciera la pobreza en el viejo continente y que amplios sectores de las clases más desfavorecidas se vieran expuestos a procesos de pauperización. Las “sopas identitarias” contribuyeron a llamar la atención sobre este proceso que está en el origen del 25% obtenido por el Front National en las pasadas elecciones europeas y en su ascenso a primera fuerza política de Francia.

Luego fue en Grecia en donde parte del ascenso de Amanecer Dorado se debió a iniciativas similares. Así como en Francia se trató solamente de iniciativas realizadas especialmente por grupos “próximos” al Front National, en Grecia fue el propio partido Amanecer Dorado el que entrego directamente dichas ayudas. Incluso los trabajadores griegos inmigrados en el extranjero y vertebrados por Amanecer Dorado envían periódicamente toneladas de alimentos al territorio griego y nosotros mismos hemos sido testigos en Canadá de la importancia cuantitativa de estos envíos.  

Grecia es un país en el que existe desde siempre una extrema–izquierda particularmente agresiva que ha obligado a Amanecer Dorado a dotarse de un servicio de orden particularmente duro. Su ascenso en el firmamento político heleno solamente puede explicarse por el fracaso de todas las opciones políticas tradicionales, la mala gestión de los partidos democráticos, el desorden fiscal, la corrupción generalizada y la presencia masiva de inmigración imposible de acoplar en un mercado laboral en crisis, elementos que, finalmente, han cristalizado en fuertes movimientos de protesta a la derecha y a la izquierda del panorama político. Para Amanecer Dorado, la “ayuda a los nacionales” ha constituido una parte importante de su acción. Allí, los partidos del régimen, la extrema–izquierda y los medios de comunicación, han optado por evitar referirse a estas prácticas solidarias que no pueden sino generar simpatías por parte del electorado y contrapesar otros aspectos más problemáticos de la organización.

Experiencias en España

En España, las primeras muestras de este tipo de acciones aparecen hacia finales de la década anterior en el ámbito de España 2000. Debió ser en 2008 cuando tuvo lugar en Valencia la primera cena de navidad para parados. La crisis ha ido haciendo cada vez más necesaria esta actividad. En Plataforma per Catalunya y en determinados círculos culturales (el Casal Tramuntana, por ejemplo) también se han dado pasos en esa misma dirección. Estamos hablando de ayudas “reales”, no de una simple foto que indica una “intención” o un simple alarde propagandístico sin soporte real.

Tales ayudas se han materializado incluso en lugares tan distantes como Kosovo hasta donde han llegado furgonetas cargadas de material humanitario destinado a la población serbia de aquel enclave artificial creado por los EEUU y entregado para su gestión a la banda criminal y asesina de la UÇK. En este sentido, podemos constatar personalmente que la acción del grupo franco–español Ayuda a Kosovo, mereció incluso el interés del Ministro serbio para Asuntos de Kosovo quien nos comentó elogiosamente esa actividad en la propia sede del ministerio en mayo de 2012.

Todas estas experiencias indican que la “ayuda social” no es un capítulo vacío en España y en el ambiente político social–patriota e identitario, sino que se han hecho experiencias suficientes como para extraer consecuencias y centuplicar las acciones.

Iniciativa popular frente a subvención estatal

Los abusos cometidos por las ONGs entran dentro del proceso de desintegración del sistema político español nacido en 1978 y son solamente un aspecto parcial de la corrupción generalizada que carcome desde hace décadas su entramado interior. Las ONGs, para legitimizar su actividad y darle una credibilidad hoy perdida, deberían ser las primeras en exigir controles estrictos por parte del Estado y estar dispuestos a una fiscalización rigurosa de sus actividades. Pero es evidente que no tienen la conciencia tranquila. Cuando a la “conciencia humanitaria” se le pone precio, sueldo, comisiones, dietas y demás ¿en qué se queda? Respuesta: en “estafa humanitaria”. Si en España se alberga cierta reserva a señalar la casilla de ONGs en la declaración de Hacienda no es tanto por solidaridad con su oponente (la Iglesia Católica) como por la sensación de que la “estafa humanitaria” está llegando demasiado lejos.

El “apadrinamiento de niños” del tercer mundo, sin rostro real, es solamente una parte del problema. Algo más de 100.000 españoles entregan cada mes una cuota destinada a aliviar la situación de “un niño” en el Tercer Mundo… pero la mayor parte de ese dinero se destina al mantenimiento de la propia ONG, a sus salarios, a su promoción, a sueldos de su personal, etc. Nadie controla, por lo demás, el destino de cantidades exageradas de fondos entregados para los fines más absurdos en los países más inverosímiles, fines que importan muy poco incluso al contribuyente español más solidario…

No estamos muy seguros de cuál es el peor crimen de una parte de las ONGs: si apelar a la humanidad, los sentimientos y la emotividad para realizar un fraude de proporciones descabelladas, o bien realizar tal fraude con cargo a los presupuestos públicos, es decir, al dinero de todos y ¡sin que nadie, absolutamente nadie, por increíble que parezca, tenga que justificar fehacientemente en qué emplea esos fondos públicos!

Frente a este modelo de “cooperación” las experiencias realizadas por las organizaciones asistenciales de tipo patriótico y social, en toda Europa y muy particularmente en España, indican que “otro modelo” es posible. Veamos sus principales rasgos.

La primera característica de esta nueva práctica es su voluntariedad. Todos los que participan en su actividad son exclusivamente voluntarios, no existe profesionalización de ningún tipo: el 100% de los medios de los que disponen estos grupos se emplean para lo que han sido recogidos. Ni una botella de aceite, ni un paquete de arroz, se van para pagar en especies a la burocracia de la “ONG”. La ayuda o es desinteresada o no es ayuda a otros, sino ayuda a sí mismo.

La segunda característica es que estas “ONGs” cuentan con medios facilitados, desinteresada y conscientemente por la población, no utilizan dinero público. Son españoles sensibilizados y solidarios con el destino de sus co–nacionales a los que prestan su apoyo. Esto implica que existe “solidaridad nacional” y que quienes experimentan esa sensación confían, además, en quien se ofrece a realizar la función de simple canal de distribución entre los “dadores” de la ayuda y los “receptores” de la misma. Los repartos de alimentación han sido siempre públicos y, por tanto, las cantidades entregadas son mesurables. Los medios de comunicación invitados a estos actos han ejercido de “notarios” de tales repartos.

Inicialmente, el Hogar Social Mª Luisa Navarro, en Valencia, recibía provisiones del Banco de Alimentos para entregarlos a determinadas familias necesitadas. Era frecuente que los servicios sociales “ordenaran” la entrega de alimentos a personas de nacionalidad extranjera que, simplemente, no los necesitaban y que parecían no tener ningún problema económico para lucir uñas de porcelana… Cuando el diario El País publicó las primeras noticias sobre la vinculación del Hogar Social a España 2000, el Banco de Alimentos canceló la relación. La ruptura de relaciones fue extremadamente positivo porque indicó que si se quería distribuir ayuda “a españoles” había que hacerlo fuera de los canales oficiales y, para ello, había que apelar a la propia militancia y, muy especialmente, a la ciudadanía.

La transparencia sobre el destino de la ayuda es otra característica axial de estos grupos. Nunca nada permanece entre tinieblas y bajo sospecha en este tipo de ayuda. Todo debe ser evidente, mesurable y reconocible. No debe de haber nada inconfesable ni sometido a dudas. Es hasta cierto punto gracioso que las mismas ONGs que se nutren de dinero público sin dar explicaciones son las que, abochornadas por el ejemplo de quienes ayudan en régimen de absoluto voluntariado gratuito y con recursos recogidos pacientemente, acusen de “xenófobos y racistas” a quienes han hecho de la ayuda a “nuestra gente” un eje de su actividad.

Organizaciones de Ayuda a la Población de origen Español (OAPE) frente a ONGs.

Todo esto hace que la acción de estos grupos sea muy diferente al de las ONGs tradicionales, hasta el punto de ser otra cosa. “ONG” es hoy, aquí y ahora, sinónimo de ayuda prestada con dinero público, de opacidad, de funcionarios a sueldo, de dietas y hoteles de alto standing, de corte de listos y espabilados, de grandes ideales humanistas y altruistas que encubren pobres miserias y regímenes de corruptelas… No, definitivamente, una ayuda real no puede basarse en quienes se ayudan solamente a sí mismos. Estamos ante otro fenómeno al que hay que calificar con otro nombre.

Las Organizaciones no Gubernamentales que viven del dinero público son una cosa, las Organización de Ayuda a la Población de origen Español (OAPE) son otra. Y este es el nombre que más les cuadra. Las OAPE simplemente “ayudan a la población”, a esa población que no recibe ayudas públicas por parte del Estado que debería protegerles, ese Estado que, para colmo, es el responsable principal de su situación y que se desinteresa de la ayuda real simplemente porque no genera comisiones de ningún tipo. 

Las OAPE ayudan “a españoles”… tal es el “crimen”. Pues bien, no, quien verdaderamente tiene un comportamiento censurable son los ayuntamientos, el propio Estado, las autonomías, quienes utilizando todo tipo de subterfugios legales prefieren ayudar a inmigrantes que a ciudadanos autóctonos, olvidando que esos inmigrantes, todos ellos, son ciudadanos de Estados que deberían preocuparse especialmente de ellos. Ellos tienen “su” Estado, pero les resulta más fácil vivir a costa del nuestro.

Cabe preguntarse porqué el Estado Español presta más ayuda a la inmigración que a sus propios ciudadanos. Los motivos son varios. En primer lugar: cuanta más inmigración haya en España, los salarios tirarán más a la baja y dado que no podemos modificar la cotización del euro y devaluarlo para ganar competitividad, la vía elegida consiste en rebajar salarios, anular derechos adquiridos, facilitar el despido y disminuir prestaciones sociales. Si los inmigrantes no reciben ayudas del Estado simplemente se van a otro país y el valor de la fuerza de trabajo sube de nuevo: a menos aspirantes a un puesto de trabajo, más debe crecer la remuneración salarial. Dicho de otra manera: con dinero público (de todos) se mantiene a la inmigración que solamente beneficia a determinadas patronales particularmente bien relacionadas con los aparatos de poder (ayer constructores, hoy sector servicios y especialmente turismo)…

Por eso las OAPE optan por ayudar fundamentalmente a españoles. Porque nadie más se preocupa por ayudar a nuestra gente. Y son “nuestra gente” porque son hijos de esta tierra. Porque ellos y sus antepasados han contribuido a levantar este país. Por eso las OAPE proponen una “discriminación positiva para españoles”.

III Parte

El futuro de las OAPE

Hace falta encuadrar la acción de las Organizaciones de Ayuda a la Población de Origen Español dentro de la actual situación de crisis económica y crisis del sistema político. Hace falta, finalmente, que las acciones hasta ahora limitadas de estas OAPE (existen en España en torno a una decena de este tipo de asociaciones) cristalicen en un fuerte movimiento solidario capaz de despertar conciencias y posibilitar la supervivencia en tiempos difíciles de familias españolas víctimas de la crisis. Hoy es preciso hacer algo por nuestra gente.

Hay un problema: es falso que descienda el número de inmigrantes. Esa es otra de esas mentiras estadísticas que se vienen repitiendo y que, finalmente, terminan siendo asumidas por el discurso oficial del stablishment. Las estadísticas demuestran que si la cifra de inmigrantes “disminuye” no es tanto por el hecho de que se estén yendo, como porque paulatinamente van desapareciendo nombres de la lista de inmigrantes, y recibiendo carnés de identidad españoles. Si la población total del país disminuye, no es tanto porque se esté produciendo un retorno masivo de inmigrantes a sus países de origen, como por el hecho de que cada vez más españoles, especialmente jóvenes y preparados, se van de España a la vista de la falta de perspectivas laborales y profesionales.

Hacer algo por “nuestra gente”

Las OAPE no están obligadas a ayudar a quienes han recibido hace poco la nacionalidad española por vía administrativa. Su obligación es ayudar a “nuestra gente”: a aquellos que han construido nuestro país y que son hijos de generaciones de españoles que han ido trabajando sin descanso para el progreso del país y de nuestra sociedad. El derecho de sangre es la base sobre la que las OAPE tienen que basar su ayuda… y ese derecho de sangre no cambia por una simple resolución administrativa.

Sólo así puede evitarse que un islamista radical con aspecto de talibán, modales de talibán y fe ciega de talibán, pueda ser considerado en el mismo plano que un católico navarro, un campesino viejo de Calatayud o una mari vasca, señora de su caserío. Sólo así puede evitarse que el miembro de una banda latina que odia todo lo que no pertenece a los altos muros de su secta y especialmente al país que sus padres andinos han elegido para vivir, esté en condiciones de recibir la misma ayuda que un esforzado estudiante catalán, un parado andaluz o un joven agricultor gallego.

Las OAPE no trabajan con dinero público, por tanto, tienen “reservado el derecho de dar ayudas” a quienes consideren como las partes más frágiles y necesitadas de la sociedad española. Esa es “nuestra gente” y es con ellos con los que las OAPE deben ser solidarias. La inmigración, los “nuevos españoles” con DNI recién adquirido son cosa del Estado y de sus ONGs: estos ya tienen quién les ayude, “nuestra gente”, el español que ha sido nuestro vecino de siempre, que ha tenido mala suerte, un revés laboral, no tienen, en cambio, quien le apoye. Si alguien podría ser acusado de “xenofobia y racismo” es precisamente ese Estado que niega a su propia gente lo que entrega tan graciosamente a foráneos.

Por otra parte, es rigurosamente cierto que estas OAPE han prestado ayuda a nacionalizados españoles en circunstancias especiales: cuando se trataba de gente visiblemente integrada en nuestra comunidad, cuando se trataba de personas en situación de evidente carestía y cuando se ha tratado de familias en las que uno de los miembros era español de origen. Hay prioridades tanto como hay ausencia de prejuicios: la prioridad es ayuda a españoles de origen; el prejuicio de xenofobia y racismo está por completo ausente de la actividad de las OAPE y debe seguir ausente.

Avanzar sobre dos apoyos: político y social

Es importante entender que hoy, la ayuda social es necesaria en un país como España con 6.000.000 de parados, una población en un 25% fronteriza con el umbral de la pobreza, sin perspectivas de encontrar empleo estable y en el que han llegado desde 1996, 8.000.000 de inmigrantes. Pero la “ayuda social” no se agota en sí misma, en la medida en que mientras persistan las actuales circunstancias políticas, nada cambiará y cada vez, más y más gente, precisará recurrir a la solidaridad para sobrevivir. El problema es “social”, pero también y sobre todo “político”. Sólo cambiando algunas características del sistema político se logrará mejorar las condiciones sociales de un amplio sector de la población.

Así pues, para superar este momento dramático en el que está sumida la sociedad española, no basta solamente con multiplicar por cien la “ayuda social” sino con irrumpir con fuerza en el terreno político y esto solamente puede realizarse mediante otro modelo organizativo: el modelo partido. Así pues, estamos hablando de “dos patas”, la “política” y la “social”: la “social” para ayudar a los sectores de una sociedad que sufre (y que sufre por culpa de la baja calidad de la clase política), el “político” para abrir el camino a una nueva correlación de fuerzas que regenere al Estado (porque solamente así se evitarán las grandes acumulaciones de riqueza junto a las amplias masas empobrecidas y la honestidad volverá a ser un valor imprescindible que reemplace a la corrupción generalizada).

Estamos hablando de dos “patas” especializadas, una para ayudar a la sociedad, la otra para regenerar al Estado. Pero, precisamente de la regeneración del Estado debe proceder la mejora de las condiciones sociales.

El camino a recorrer por las OAPE en los próximos años

Parece evidente que la “pata política” surgirá por aproximación de grupos que demuestren capacidad suficiente para atraer en determinadas zonas del país a sectores de la sociedad, lo que se demostrará por el número de concejales elegidos. Las elecciones municipales serán en ese sentido un test mesurable (como las elecciones europeas de 2014 han permitido redimensionar la importancia de determinadas siglas y fijar exactamente su repercusión y su influencia… o su escasa repercusión y su nula influencia) a partir del cual será posible crear una dinámica nueva en función de los resultados obtenidos. Esto por lo que respecta a la “pata política”: esperar a las elecciones municipales aspirando cada parte a lograr en las zonas en las que están presentes la máxima influencia.

Pero para hacer avanzar la “pata social” no hace falta esperar diez meses, especialmente porque hay sectores de nuestra sociedad que ya no tienen tiempo de esperar más: o se les presta ayuda hoy, ya, o su proceso de pauperización va a afectar incluso a su salud. El fantasma del hambre está reapareciendo en España. Mientras la clase política se frota las manos vendiendo una falsa recuperación (que contrasta con la crisis mundial, compañera inevitable de una globalización inviable y descompensada que solamente beneficia al capital financiero y especulativo), cada vez sectores más amplios de la población española precisan ayudas urgentes.

El tiempo de los tanteos y las experiencias previas ya ha pasado. En los dos últimos años, distintas OAPE han aquilatado experiencias y hoy ya es posible definir un “modelo de actuación” que difiere absolutamente de las ONGs clásicas.

Hace falta comunicar estas experiencias, transmitirlas, debatirlas, extraer conclusiones y ampliar el radio de acción. Se trataría, en definitiva de convocar una “Conferencia Nacional de Organizaciones de Ayuda a la Población de Origen Español” en el plazo más breve posible para relanzar en otoño nuevas campañas de ayuda, conseguir reconocimientos internacionales a la acción de estas organizaciones, denunciar la corrupción y la opacidad que rodea a ONGs convencionales y establecer un frente solidario que esté presente en el proceso de creación de un amplio movimiento regenerador del Estado y del sistema político español. Hace falta que una conferencia de este tipo encuentre eco en los medios de comunicación, que quienes acusan a estas asociaciones de realizar “xenofobia y racismo” se vean situados ante sus propias contradicciones y ante su propia opacidad e hipocresía.

Hace falta que dentro de un año podamos decir con nombres, apellidos, cantidades y situaciones: “Hemos ayudado a sobrevivir a tantos miles de familias españolas que no recibían ni un euro del Estado”.

Hará falta ver si las OAPE sustraen una parte de su tiempo a organizarse a nivel nacional y cristalizar en una iniciativa en todo el territorio que pueda, no solamente suponer una ayuda efectiva a la población, sino también un cambio en el concepto de “ayuda humanitario” y la superación definitiva de las “malas prácticas” a las que nos tienen habituadas buena parte de las ONGs y un Estado mudo y que alberga en su interior intolerables bolsas de corrupción.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

RHF-31 - Sumario

RHF-31 - Sumario

Acaba de aparecer el nº XXXI de la Revista de Historia del Fascismo con los siguientes contenidos:

Dossier

Chile: acerca del nacionalismo durante la Unidad Popular

No es la primera vez que en esta publicación aludimos a los fascis­mos iberoamericanos, pero sí la primera vez en la que publicamos un artículo de Erwin Robertson a quien conocimos precisamente en el período que narra en su ensayo. El trabajo alude especial­mente a la revista Tacna, pero es inevitable que lo haga también, no solamente a la situación del nacionalismo chileno entre finales de los años 60 y principios de los 70, sino también y muy especial­mente a a época de Unidad Popular. El artículo alude igualmente a movimientos similares en Iberoamérica que subyugaron al equipo de jóvenes redactores de Tacna. Habitualmente, la pobreza de datos y la ligereza de los análisis realizados por los ensayistas re­conocidos, alude sólo al Frente Nacionalista Patria y Libertad. En este ensayo reconoceremos un espacio mucho más rico doctrinal­mente e igualmente comprometido con su Patria y con su Pueblo.

págs. 6 a 76

 

Nacional-Socialismo

La fundación del NSDAP o cuando Hitler decidió “hacer política” (II de II)

En la primera parte de este estudio seguimos los pri­meros pasos del Partido Obrero Alemán, su fundación, la llegada de Hitler, el papel real de la Sociedad Thule y de su fundador el barón Sebotendorf y los momentos en los que Hitler se sintió atraído por la política y como por azar terminó afiliándose a aquel pequeño grupo. En esta segunda parte, veremos cómo y por qué consiguió hacerse con el control de la organización y hacia donde orientó sus primeros pasos. Por entonces era conocido como «el rey de Munich», él mismo se consideraba en esa época, solamente un agitador que «hablaba bien» y quería «hacer algo por su país». Son los primeros pasos de Hitler en política, cuando aún es discutido, cuando no goza de la confianza del partido, cuando algunos dudan de su maximalismo.

págs. 52 a 76


Nacional-sindicalismo

¿Hizo Franco todo lo necesario para salvar a José Antonio?

Franco y José Antonio (III de III)

En el anunciado de la tercera y última parte de este ensayo es posible entrever la respuesta: si Franco hubiera hecho todo lo humanamente posible por sal­var a José Antonio de ser fusilado en Alicante, éste hubiera sobrevivido al conflicto. Su muerte, demues­tra que alguien no hizo todo lo posible. Hoy nadie entre los historiadores duda que Franco realizó to­das las gestiones necesarias para que nunca nadie le hubiera podido acusar de negligencia y desinterés, pero no hizo todo lo posible como para que tales ges­tiones tuvieran el resultado esperado.

págs. 78 a 139

  

Testimonio

Memorias de Stefano delle Chiaie (capítulo final)

De Venezuela a Ciampino

Las memorias de Delle Chiaie llegan a la última etapa. En este capítulo se narran tres episodios sucesivos en el tiempo: la estancia de Delle Chiaie en Venezuela y su posterior detención, su envío a Italia y los pro­cesos que protagonizó y de los que salió absuelto, para terminar con sus últimas experiencias políticas y la percepción de que el clima en Italia había cam­biado completamente y las técnicas y el estilo de los años 50-80 ya no conseguían movilizar los mismos entusiasmos. Con esta última entrega concluimos, pues, este testimonio, único e imprescindible para conocer la historia del neo-fascismo italiano que, en buena medida, giró en torno a la figura de Stefano Delle Chiaie.

págs. 140 a 182 


Cultura

El Club de la lucha ¿una película fascista?

Tiene gracia que una película que inicialmente no causó un excesivo impacto –mesurable éste a través de la taquilla– haya terminado siendo una película de culto, quizás la que goza de mayor favor de un público devoto desde Blade Runner a principios de los 80. De tanto en tanto la industria del cine genera productos que superan con mucho la media miserable propia de nuestra época. Somos perfectamente conscientes de que El Club de la Lucha es una película susceptible de varios niveles de interpretación. Lo que intentaremos en las páginas que siguen es una desde nuestro particular punto de vista que no acabe en la misma película, sino que alcance a su matriz, la novela de Chuck Palahniuk sobre la que se construye el argumento original. Ambas, película y novela, son un canto a la Generación X. ¿Son aceptables las calificaciones que han descrito a esta película como «fascista»?

págs. 184-215

 

 

Ficha técnica:

Formato: 15 x 21 cm

222 páginas

Ilustrado

Portada en cuatricomía plastificada con solapas

P.V.P. 18,00 euros + 3,00 euros de gastos de envío

Suscripción: 6 números, 100 euros – 12 números, 200 euros

Correspondencia, información y suscripciones: eminves@gmail.com