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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Deconstrucción de la lógica

Deconstrucción de la lógica

Info|Krisis.- En un país “normal” la detención de un pederasta, la de un esquizofrénico que acuchilla a mansalva en plena calle, la dimisión de un ministro y un proceso soberanista no tendrían nada que ver, ni siquiera cuando se dieran el mismo día. Las primeras noticias aparecerían en un programa sobre delitos y seguridad ciudadana, mientras que las otras dos formarían parte de la crónica política. En España no: unas noticias tapan a hora con descaro, hasta el punto de que hay que sospechar que este solapamiento no es casual sino voluntario. En 1956, los tanques soviéticos esperaban a las puertas de Hungría para invadir el país. La luz verde vino cuando los paracaidistas ingleses y franceses saltaron sobre Suez. Suez tapó para las conciencias occidentales la masacre de Budapest. Desde entonces, todos los Arriola de la vida, han hecho de esta enseñanza una norma...

Habría que congratularse de que, finalmente, la policía hubiera detenido a un pederasta y violador. La tardanza en detener al fulano, sin embargo, ha empañado la tarea policial. Hay que preguntarse si un violador y pederasta, reconocido por varias de sus víctimas, puede tardar medio año en ser detenido, cuando ya tenía antecedentes por los mismos delitos y hubiera bastado desde el primer momento enseñar las fotos a las víctimas… Y es que hay cosas que hacen pensar.

Una historia odiosa de terrorismo

Les voy a contar una historia de terrorismo. El 29 de mayo de 1991 un coche bomba con 200 kg de amonal estalló en el cuartel de la Guardia Civil en Vic, causando 10 muertos y 44 heridos. Entre las víctimas figuraban cinco niños de 8, 10, 11, 14 y 17 años. El atentado es considerado como uno de los más criminales de la banda, suficiente por sí mismo, para “contextualizar” el terrorismo vasco en el lugar que le corresponde en la historia de las carnicerías sin sentido y de los matarifes psicópatas. Al día siguiente, los terroristas Jon Félix Erezuma y Joan Carles Monteagudo (ex miembro de Terra Lliure) fueron milagrosamente localizados y ejecutados. Porque se trató de una verdadera ejecución.

Hay que recordar que en aquella época, el director del cuerpo era Luis Roldán y un electricista de pocas chispas gobernaba los fondos reservados de Interior. Extrañamente, el comando asesino había logrado esquivar a la Guardia Civil en dos ocasiones anteriores. Corrió el rumor de que meses antes del atentado de Vic, las fuerzas de orden público habían localizado el chalet en el que se escondían en la esperanza de que algún dirigente de la banda acudiera al lugar y pudieran detenerlo. En ese tiempo fue cuando se produjo el atentado de Vic y Roldan –al decir de los rumores de la época- permitió la “ejecución” en represalia por el asesinato de mujeres y niños en Vic... pero también para eludir afrontar la cuestión de si realmente se había producido un fallo en la vigilancia de los terroristas que hubiera permitido la comisión del atentado.

En otras palabras: la “ejecución” de los asesinos, supuso el corrimiento de un tupido velo al fondo de la cuestión. La decisión con la que Roldán defendió el episodio supuso para él un balón de oxígeno cuando ya dentro de la Guardia Civil los rumores sobre sus cobros de comisiones estaban ampliamente extendidos y empezaban a llegar a los medios. Fin de la historia.

De Gallardón al pederasta, pasando como el Pisuerga, por la xenofobia

El mismo día en que Gallardón se autoinmola en el altar de la coherencia política y de la dignidad perdida, resulta detenido el pederasta violador y, de paso, en Lérida resulta también detenido un esquizofrénico que el día anterior había apuñalado aleatoriamente a cinco personas. Vayamos primeros a por estos dos últimos casos.

Tarde, muy tarde, es lo que cabría decir al ministro del interior en relación a la detención. El pederasta no era la primera vez que actuaba: era, pues, conocido y estaba en el registro de pederastas del ministerio. No hay, pues, excusa para la tardanza en detenerlo. Da escalofríos el saber que este tipo de psicópatas y depredadores sexuales pueden estar seis meses operando, a pesar de estar registrados sus huellas, sus fotos y su historial, antes de ser detenidos. Llama la atención igualmente que el ministro del interior aludiera a que, uno de los rasgos que daban credibilidad a las acusaciones era ¡que acudía a gimnasios y practicaba artes marciales!... como si estas fueran motivos como para sospechar de él.

Pero, donde el “relato” del ministro con minúsculas se vuelve ya absolutamente tendencioso es cuando alude a sus “antecedentes xenófobos” (¡!) que, por lo demás, vuelven a aparecer el mismo día como rasgo del esquizofrénico de Lérida… también con “antecedentes xenófobos”. Hay que recordar que hace una semana el desalojo de un local ocupado por patriotas y desalojado en Madrid en el mismo barrio en el que otros cinco centros de izquierdas permanecen ocupados desde hace años EN EL MADRID GOBERNADO POR EL PP, generó una amplia opinión pública a favor de la iniciativa. Los medios “progresistas” se encargaron de ensuciar el buen nombre de la iniciativa con alusiones a la “xenofobia y al racismo” que una semana después el ministrillo recupera en la detención de dos odiosos delincuentes. El guiño está claro: los chicos del Ramiro Ledesma eran “xenófobos”, el pederasta y el apuñalador eran también “xenófobos”, luego todos van a parar al mismo odioso saco.

La enloquecida marcha al centrismo que nos espera (de nuevo)

Pero no era este, desde luego, el objetivo mayor de la operación, sino tan solo el objetivo secundario (por aquello de aprovechar las circunstancias). El objetivo central era que la dimisión del ministro Gallardón pasara a segundo plano en los informativos.

Desde hace años, ante el aburrimiento que genera en los telediarios la información nacional (siempre con los mismos rostros, siempre con los mismos problemas, siempre con las mismas declaraciones de las mistas gentes, siempre con los mismos debates) y que inducen al cambio de canal y al bostezo, las distintas cadenas han optado por dar carnaza más suculenta a un público ávido de noticias “fuertes”: el miserable violador-pederasta, desde hacía meses iba incubando en los informativos, generando alarma social a pesar de la insignificancia de la noticia para la sociedad española y que solamente constituía un drama en un barrio  concreto de Madrid en donde si existiera un fuerte movimiento vecinal de protesta se hubieran creado patrullas cívicas, se hubiera exigido a los responsables policiales que se actuara con mayor diligencia y celeridad y se hubiera presionado para resolver un problema que, por lo que se había visto, hubiera podido ser resuelto desde el primer secuestro y violación.

Si comparamos la dimisión de un ministro que afecta a todo un país, con la detención de un pederasta que afecta a un barrio madrileño y que pertenece al capítulo de sucesos, nos daremos cuenta del desenfoque impuesto por los medios: se da un alcance nacional a una noticia que apenas debería ocupar un relieve local y se presenta como éxito lo que, a la postre, ha sido un verdadero fracaso en la investigación policial, sobre la que, además, existen las más serias sospechas de negligencia. ¿Por qué el pederasta no fue reconocido antes por las víctimas? ¿Se les enseñó a estas las fotos de alguien “con una verruga” que tuviera antecedentes por el mismo delito? ¿Por qué llevara tiempo en casa de sus tíos vigilado pero no detenido? ¿Por qué se decide su detención ahora y no hace quince días?

Todo lleva a anunciar a bombo y platillo la detención para ocultar y minimizar los daños que acarrea la dimisión de Gallardón.

¿Por qué para la estrategia marcada por Arriola es imprescindible ocultar esa dimisión? En primer lugar porque las elecciones están cerca y los dos partidos mayoritarios están intentando desde hace unas semanas correrse hacia el centro, donde Arriola y los “analistas” como él siguen pensando que está la bolsa de votos esencial. Hemos visto como los asesores de esa ilustre mediocridad que dirige el PSOE, Pedro Sánchez, le han impuesto una “línea centrista” contraria al pacto con Podemos y hemos visto también como esa misma línea es la que ha obligado a Rajoy a negarse a modificar la ley del aborto que ha desencadenado la crisis-Gallardón. Algo que queda confirmado por el “centrismo” de su sucesor, cuyas primeras declaraciones sobre la “especificidad catalana” no han podido ser más desafortunadas. En las próximas  esta “carrera hacia el centro” se va a acelerar.

Dentro de esta perspectiva, la dimisión de Gallardón, considerado como centrista dentro del PP, suponía un menoscabo y abría la caja de los truenos en el PP: a la derecha se recordaba el incumplimiento de la promesa electoral de modificar la ley del aborto, mientras que el centro del partido se sentía decepcionada por la dimisión de su ministro-fetiche. Así pues, era preciso encontrar una noticia que tapara este destrozo mediático. La noticia ha sido la detención del violador-pederasta.

La deconstrucción de la lógica aristotélica

En realidad, estamos asistiendo a un proceso de recalificación de la información: cualquier noticia que genera alarma social, a pesar de su irrelevancia para el conjunto de la comunidad, pasa a primer plano en detrimento de cualquier noticia verdaderamente importante para el futuro del país, pero que no interesa publicitar.

La noticia sobre el ingreso en prisión de la Pantoja TAPA la noticia sobre la permanencia en libertad del gánster de Castellón, Carlos Fabra, a pesar de que una irrelevante tonadillera de pocos escrúpulos y menos cerebro, sea una anécdota comparada con un gánster que durante treinta años ha mantenido atada y bien atada a toda una provincia para mayor gloria de la derecha liberal. La calificación sistemática de “xenófobo” para cualquier delincuente TAPA la comprensión de la que ha hecho gala la opinión pública sobre la actividad del Centro Ramiro Ledesma y sobre las circunstancias selectivas que llevaron a desalojarlo por “vía de urgencia”. Los paracaidistas de Suez tapan a los tanques soviéticos. La foto de un niño africano aparentemente hambriento y la de las víctimas del ébola, TAPAN los asaltos a la valla de Melilla y la inmigración masiva subsahariana. El proceso soberanista TAPA la corrupción de la cúpula de la Generalitat… y así sucesivamente.

Es la destrucción de la lógica aristotélica: la “premisa menor” TAPA a la “premisa mayor” y se absolutiza. Esto solamente es posible por un trabajo previo (que en España dura ya cuarenta años y que apareció en los últimos años del franquismo con la Ley General de Educación del año 73-74) de amputación del sentido crítico a las nuevas generaciones. Y no tiene remedio: la posibilidad de acceder a fuentes diversas de información para formarse una opinión, a través de internet, queda anulada por esa ausencia de espíritu y capacidad crítica insertadas en la sociedad española hasta en su ADN.

Ya lo he dicho otras veces: en los aeropuertos españoles y en las fronteras habría que colocar el mismo cartel que Dante colocó en las puertas de su infierno: “Abandonad toda esperanza los que aquí entréis”.

© Ernesto Milà - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este articulo sin indicar origen.

 

Cataluña: próximos pasos

Cataluña: próximos pasos

Info|krisis.- El resultado del referéndum escocés ha conmovido al nacionalismo catalán que ha visto como su posición se ha precarizado. El partido querido por la Generalitat de Cataluña contra el Estado Español registra en estos momentos un 1 a 2 como resultado provisional. La Ley de Consultas aprobada por el Parlament de Cataluña supondría un nuevo tanto para la Generalitat, pero el Tribunal Constitucional se encargará de anularlo. Por lo tanto, el marcador registra un “gol” a favor de la Generalitat (la manifestación del 11–S) y dos a favor del Estado (la salida a la superficie del Caso Pujol y la derrota de los independentistas escoceses). ¿Cuál es la situación del conflicto a 22 de septiembre?

Era evidente que si el referéndum escocés daba un sí a la independencia, en torno a 150 regiones europeas intentarían seguir el camino y encontrar jurisprudencia que avalara esa misma petición. Cataluña era la primera en la lista de espera, pero tras Cataluña vendrían Bretaña, Auvernia, Padania, Normandía, Gales, Baviera, y así sucesivamente. Si ya hoy la Unión Europea tiene dificultades en coordinar a 28 Estados, mucho más absurdo supone el que alguien esté interesado en fragmentar aún más al viejo continente en nombre de “identidades” que ignoran cuál es su lugar (el más bajo y limitado de todos los niveles de identidad) y pretenden absolutizar sus componentes antropológicas situándolas por encima de la conciencia nacional y de la conciencia europea.

Lo que sirve en Sudán del Sur, ¿sirve en Cataluña?

Muchos en Europa han respirado al conocer los resultados inapelables del referéndum escocés. No es la primera vez que, situados ante el abismo, incluso países como Canadá compuestos por identidades muy diferentes y que hasta hace 150 años se encontraban en estado de guerra, rechazan la independencia al tener la posibilidad de expresarse en las urnas. Es más, insistir desde hace casi 40 años en este tipo de consultas es lo que ha hundido literalmente al Partido Nacionalista de Quebec en las últimas elecciones.

En Escocia los resultados han sido relativamente apretados: el SI ha cosechado 1.617.989 votos y el NO un total de 2.001.925, es decir, un 44,7% frente a un 55,3%. Lo primero que subyace es que las fuerzas están bastante igualadas y, desde luego, con el apoyo de la mitad del electorado es imposible pensar en la creación de una nación nueva. Es precisamente en este resultado en donde se percibe el absurdo del referéndum para resolver una cuestión de este tipo: dista mucho de haber unanimidad y el nacionalismo solamente ha debido su ascenso a la crisis económica. Así, por tanto, el resultado del referéndum ha estado lastrado por la crisis, de no existir, los votos cosechados por el SI hubieran sido mucho menores. Lo que demuestra que el electorado está más pendiente de su bolsillo que de la creación de un nuevo Estado. Si apoya a los independentistas no es por “conciencia histórica”, sino por identificar al “gobierno central” con los errores a la hora de afrontar la crisis.

No es, desde luego, ningún desdoro para los independentismos europeos pensar que Sudán del Sur y Eritrea han sido las últimas naciones en acceder a la independencia a través de un referéndum, pero sí dice mucho sobre lo tercermundista del sistema. Un referéndum no resuelve gran cosa, especialmente cuando, como ocurre en Cataluña, detrás del “derecho a decidir” lo que se esconden es intenciones muy diferentes: independentismo de un lado, miedo a las medidas judiciales que el Estado pueda adoptar a partir del imparable proceso al gang Pujol y engañar pura y simplemente al electorado mediante una pregunta ambigua como la propuesta por Artur Mas.

Referéndums en tiempo de crisis

Solamente algunos ingenuos habitualmente miembros del PSC, entienden el referéndum propuesto por la Generalitat como un “derecho a decidir”. Se trata, en realidad, de un maquillaje adoptado por los independentistas para hacer más digerible su “proceso”. Tal maquillaje es más grotesco si atendemos a las preguntas propuestas por Mas: “¿Quiere que Cataluña se convierta en Estado?” SI o NO, seguida de “En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?”… hubiera bastado con una sola: “¿Quiere que Cataluña se independice del Estado Español?” sin necesidad de introducir ese elemento de confusión que implica el recurrir a una tautología, porque todo “Estado”, por el hecho de serlo (o debería serlo), es soberano y, en tanto que tal, independiente. Lo que ocurre es que, inicialmente esa segunda pregunta había revestido otra forma: “¿Quiere una Cataluña independiente miembro de la Unión Europea?” que, tras las declaraciones de la propia UE, dejó pronto de tener sentido y que, desde el primer momento tuvo su punto grotesco.

En Cataluña, como en Escocia, la crisis económica es lo que ha precipitado a los nacionalistas por la vía del referéndum: “ahora o nunca”, pensaron. Si se tratara solamente de ejercer el “derecho a decidir” parece claro que en Cataluña la derrota independentista sería todavía más abultada que en Escocia. A fin de cuentas el Partido Nacionalista Escocés no se ha visto salpicado de escándalos como CiU y, por lo demás, la “mayoría silenciosa” en Cataluña es mucho más silenciosa que en Escocia.

Hace solamente tres años, el independentismo apenas alcanzada a un 19% del electorado. Si ha progresado ha sido por aportar una explicación simple a un problema complejo (“Madrid” tiene la culpa de los problemas de “Cataluña” y “solos saldríamos antes de la crisis”…), y sobre todo ha progresado porque apenas ha habido propaganda ni argumentos en contra. Los medios de comunicación catalanes, obviamente subvencionados por la Generalitat llevan haciendo campaña en favor del referéndum soberanista desde hace tres años, e incluso los dependientes directamente de la Generalitat de Cataluña constituyen un “ball de la patacada mediática” que no tiene nada que envidiar a la propaganda estalinista. Así pues, hay que pensar que sin campaña publicitaria contraria al referéndum, si las encuestas están igualadas, en caso de llevarse a cabo el referéndum los resultados del NO serían bastante más abultados.

Las próximas bazas hasta el 9-N

De hecho es probable que el escenario previsto por Mas fuera éste: contentar al electorado nacionalista con un referéndum, para quedar con un 40% de votos a favor del SI y un 60% a favor del NO y, a partir de ahí, arrancar algunas ventajas especialmente económicas (el concierto económico). Lo que está claro es que Mas (y por extensión el nacionalismo y el independentismo) no pueden prolongar mucho la situación: empieza a haber hastío en la calle por este soberanismo omnipresente y que, a fin de cuentas, tampoco gestiona bien la res publica, y para colmo aparece enfangado en casos de corrupción… esta situación de tensión no podrá prolongarse eternamente. Alguien, incluso entre las filas nacionalistas, pedirá eficacia en la gestión y depuración de corruptos.

Pero, como decían los latinos, tempus fugit… y sea lo que fuere lo que tenía en mente Artur Mas hace tres años, es evidente que hoy ha variado completamente. La partida va, como hemos dicho, 2 a 1 a favor del Estado. En esta semana y en la siguiente, el tanto que finge creer haber marcado la Generalitat (la Ley de Consultas) será anulado por el recurso ante el Tribunal Constitucional. Y en las próximas semanas vamos a asistir a un desfile de altos cargos de la Generalitat pasar a declarar por la Audiencia Nacional, de la misma forma que hay cola de empresarios extorsionados para ajustar cuentas con la institución que les obligó a pagar por trabajar en Cataluña.

Es muy posible que, especialmente en las últimas semanas, Artur Mas (“yo soy póker”…) no abandone su cara de monolito impasible, simplemente para evitar la prisión para él y para muchos de los suyos. De momento, los dos hermanos de Felip Puig, sin duda el conseller más prepotente, soberanista y desagradable, ya tiene a dos hermanos imputados, paso previo a imputarle a él mismo. Los propios consuegros de Pujol también han aparecido como implicados en otro pelotazo urbanístico. Y, como se sabe, la justicia –especialmente la española– es lenta, pero llega siempre al final del camino.

El camino hacia la mazmorra fría…

La trayectoria de la Generalitat de Cataluña en estos treinta y pico últimos años es un camino que conduce directamente a la prisión para los que desde la Plaza de Sant Jaume han saqueado el país y extorsionado a los empresarios. En estos momentos, especialmente Jordi Pujol tiene perfecta conciencia de lo que se le viene encima y de que solamente en una “Catalunya independent” puede evitar el celebrar su sesenta aniversario de matrimonio con su cómplice, fuera de prisión.

Si en otro tiempo estas situaciones se han evitado era porque CiU, era evidente, se mantendría durante mucho en el poder dispuesto a apuntalar al PP o al PSOE. Hoy CiU puede romperse en cualquier momento, ERC ya va por delante de la coalición nacionalista, y el PSC está en fase gropuscularización. La nueva correlación de fuerzas que nacerá en Cataluña después de las próximas elecciones autonómicas no tendrá nada que ver con la anterior y no será, desde luego, la más favorable para evitar que los Pujol y sus cómplices se sienten en el banquillo de los acusados.

A lo largo del mes de octubre vamos a ver como el soberanismo de CiU se modera extraordinariamente, como incluso ERC da marcha atrás e intenta jugar la carta del “seny” (la sensatez), junto a la de la firmeza (la “rauxa”) que, finalmente, quedará reducida a la ANC y a la pobre “senyoreta Forcadell” que quedará como la mala de la película (y mejor que nadie le realice una auditoría, so pena de preguntarse a dónde han ido a parar todos los fondos entregados por Mas y por los 50.000 ingenuos cotizantes que parecen haber olvidado aquella conocida frase del jurista Johnson según la cual el “patriotismo es la última trinchera de los bribones”).

9-N inviable, elecciones anticipadas, única solución

Sea cual sea el escenario, todo induce a pensar que Mas tirará la toalla y cambiará su rostro de póker por el rictus de la decepción, el miedo y el fracaso. Porque éste ha sido casi en exclusiva un fracaso de Mas y de CiU: no se pueden emprender aventuras cuando uno no tiene la intención de llegar hasta el final. De momento, Mas calcula que su simulacro de firmeza evitará el hundimiento electoral de CiU (se equivoca; cualquier cosa que no sea la independencia será considerada como un fracaso por ese mismo electorado). Y que, en cualquier caso, in extremis, puede negociar, no ya concierto económico a cambio de cesar la presión soberanista (como antes del verano), sino simplemente no llegar al final de las investigaciones por corrupción a cambio de desactivar la bomba independentista.

Es natural que Mas haya esperado a ver lo que ocurría en Escocia. El resultado, le deja muy pocas opciones. Las elecciones anticipadas seguramente son la salida menos gravosa desde el punto de vista personal… a condición de asegurarse que la Audiencia Nacional no irá más allá de unas cuántas declaraciones ante el juzgado y cesará en su pretensión de que desfilen por los Juzgados de Plaza de Castilla, la cohorte de consellers, además de toda la familia Pujol, consuegros incluidos.

La explicación que Pujol dará ante el Parlament de Cataluña será la escenificación del drama de un bucanero que apelará al patriotismo, a su inocencia, a su buen nombre y al de su familia, a la dignidad de su cargo de “President”, para negar todas las acusaciones. El hecho de que Artur Mas ya negase públicamente que el big–boss del gang no es un corrupto, indica a las claras por donde va a apuntar la defensa de Pujol. Parece difícil que a estas alturas, Pujol puede reeditar el “me atacan para atacar a Cataluña” y ser creídas por las masas e incluso que haya periodistas que se atrevan a reproducir sin sonrojarse este mensaje propio de una época que ya ha concluido.

En cuanto a Rajoy, el ejercicio de Don Tancredo le ha ido bien no por méritos propios, sino por el azar de las circunstancias internacionales. De haberse producido la victoria del SI en Escocia, el 2 a 1 a favor de la Generalitat pudiera ser un resultado definitivo, previa a la secesión o al envío de los tanques. Si esta es toda la resistencia que puede oponer el Estado a un proceso separatista es que el Estado Español es muy débil y apenas tiene capacidad de reacción. Y de toda esta crisis, esta es, sin duda, la enseñanza más preocupante.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción total o parcial de este texto sin indicar origen.

 

RFH XXXIII - Sumario

RFH XXXIII - Sumario

Acaba de aparecer el número 33 de la Revista de Historia del Fascismo correspondiente al mes de septiembre de 2014 con el siguiente sumario:

Neo-nazismo

DESPUES DE ROCKWELL

La crisis del nacionalsocialismo americano 1967–1996

En el número XXV de la REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO dedicamos un amplio Dossier a la figura de Georges Lincoln Rockwell fundador del neo–nazismo en los EEUU. Cerramos aquel dossier con el asesinato de Rockwell poco después de la transformación del American Nazi Party en National Socialists White People Party y de la introducción de amplias modificaciones en su línea política e ideológica. Abordamos ahora la continuación del relato de las peripecias de este sector político norteamericano, prácticamente hasta nuestros días. Así como hasta el asesinato de Rockwell solamente podía hablarse de una organización y de un líder, a partir de 1967 se inicia un proceso de dispersión de este sector político que incluso ha llegado a desdibujar sus contornos y en el que los dirigentes más o menos conocidos y la inflación de siglas y de enfoques se han ido sucediendo de manera trepidante.El National Socialist Liberation Front, el National Socialist Mouvement, el National Socialist American Party, la National Socialist League (sólo para gays) y los movimientos "supremacistas blancos" como la National Alliance y los Diarios de Turner escritos por su fundador o la figura de David Duke, son ampliamente expuestos en el dossier central de la revista (que forma la segunda parte de un amplio estudio sobre el neo-nazismo en los EEUU).

Post-fascismo

¿Cuándo y cómo el Front National empezó a preocuparse por la inmigración?

En el momento en el que escribimos estas líneas el Front National es, según los sondeos de opinión, el primer partido de Francia. Está claro que en el programa del partido dirigido por Marine Le Pen existe un tema que destaca por encima de todos: la oposición a la inmigración masiva y la necesidad de revertir dicho fenómeno. Cualquier votante del FN sabe que entregar su voto a este partido implica estar a favor del control estricto de la inmigración. Sabemos el papel que ocupa la lucha contra la inmigración masiva en el Front, pero ¿cómo se tomó conciencia de dicho problema? Es una larga historia que quizás valga la pena contar, aunque solamente sea a efectos de anécdota.

Nacional-Socialismo

El camino hacia el golpe de Munich. El duro aprendizaje político

En julio de 1921 Hitler había asumido la dirección del NSDAP1. Era un triunfo personal, pero el partido no dejaba de ser una fuerza local que había dado que hablar solamente en Munich, pero muy poco o nada fuera de Baviera. El propio Hitler, en aquel tiempo, ni siquiera tenía vocación de estadista, ni aspiraba a ser algo más que el «tambor», un agitador que propagase incansablemente la idea del necesario «despertar alemán». Sin embargo, con el paso de los meses, su papel y el de su partido irían creciendo. Pronto comprendió que le sería imposible prolongar durante mucho tiempo aquella espiral de agitación cada vez más incansable, y se encontró ante el único camino en el que podía desembocar: el golpe cívico-militar.

De otras fuentes

La prensa falangista y carlista durante la II República y hasta el Decreto de Unificación

Aunque la prensa de un movimiento político no expresa completamente los contenidos del mismo, es un punto de referencia a tener en cuenta. De hecho, tanto Mussolini con Il Popolo d’Italia, como Hitler y Rosemberg con el Völkischer Beobachter, como Joseph Goebbels con Der Angrif!, como el mismo Lenin con La Chispa, convirtieron las redacciones de todas estas revistas en el núcleo de cuadros políticos de los que irradiaron sus respectivas organizaciones. En España ocurrió algo parecido con la prensa falangista y carlista durante los años de la Segunda República y hasta el Decreto de Unificación de 1937. Tal es el recorrido de este artículo.

FICHA TÉCNICA

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Ilustrado

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De momento empate

De momento empate

Info|krisis.- Si Rajoy pensaba que el independentismo catalán podía conjurarse recordando que la cúpula del nacionalismo histórico era una pandilla de salteadores de caminos (que lo es), es evidente que se ha equivocado. Hubo masas independentistas en la “diada” y, en contrapartida, la manifestación de Societat Civil Catalana en Tarragona fue mínima. Ahora veremos porqué hubo masas en la “V”. Pero lo importante es que Estado e independentismo catalán, en estos momentos, están empatados. Y lo peor es que ahora todo depende de lo que ocurra en ocho días en Escocia. Vamos a intentar resumir el estado de la cuestión a 12 de septiembre.

1. Hubieron masas en la calle

De momento, la estrategia de Rajoy para conjurar al independentismo catalán se ha demostrado un fiasco. Ayer estuvieron presentes masas en la confluencia entre la Gran Vía y la Diagonal (entro tiempo, Avenida de José Antonio y Avenida del Generalísimo Franco, respectivamente…). Es evidente que 1.800.000 personas, la cifra manejada por la Generalitat es visiblemente exagerada (no hay en una Cataluña con 7.000.000 de personas, posibilidad material de reunir un 33% de la misma en Barcelona), pero incluso dando por buenas las cifras aportadas por el Gobierno Civil, se trata de la manifestación más masiva que ha tenido lugar en la historia de Cataluña.

2. Eran masas independentistas

A pesar de que los organizadores de la consulta reivindicaron el “derecho al voto” como tema de la manifestación, lo cierto es que en este momento “partidarios del referéndum” e “independentistas” suponen dos conjuntos que se superponen. En efecto, si bien no todos los que proponen la consulta son independentistas, la inmensa mayoría sí lo son. De hecho, si la Generalitat ha dado la cifra de 1.800.000 asistentes es porque, a fin de cuentas, esa es la cifra de votos que recibiría como mínimo el “Si a la independencia” en caso de celebrarse el referéndum del 9-N.

3. El “efecto Pujol” no basta

El escándalo del gang Pujol, lanzado “providencialmente” por el gobierno 50 días antes de la manifestación, ha hecho caer la infamia sobre CiU… pero no ha tenido el más mínimo impacto sobre el objetivo último del gobierno: desmovilizar el independentismo. Es más, ha sido contraproducente en la medida en la que el nacionalismo sociológico se ha ido radicalizando y abandonando los campamentos de CiU (partido político virtualmente deshecho) para desplazarse al sector independentista. De hecho, esta manifestación fue más masiva que en los dos años anteriores.

4. Empate político y concesiones

En la actualidad, estamos ante un empate en la competición insensata entre el independentismo catalán y el Estado Español. Éste ha conseguido hacer caer la vergüenza (nacional e internacional) sobre los gestores de la Generalitat en los últimos 34 años, pero, en contrapartida, la Generalitat ha demostrado que hay importantes masas populares apoyando el proceso independentista. Estamos ante un 1 a 1, peligroso resultado cuando se aproxima la fecha del 9-N y que deja pensar en que en un intento de salvar a CiU (en realidad, a lo que podría quedar de “nacionalismo moderado”), Rajoy negociará importantes concesiones y traspasos a la Generalitat (en la misma línea que el gobierno del Reino Unido ha propuesto para conjurar al independentismo escocés).

5. Debilidad del “unionismo”

En Tarragona no estuvieron presentes más de 8.000 personas (según las cifras de la Delegación del Gobierno), ni menos de 3.000 (según las cifras de la Generalitat). Unas cifras en cualquier caso, pobres, sino pobrísimas, menos que las que acudieron a la concentración “unionista” de la Plaza de Cataluña. Societat Civil Catalana no puede alardear de disponer detrás de un “músculo” parecido remotamente a lo que ha logrado movilizar el independentismo. Esto indica que los sectores sociales dispuestos a movilizarse contra el independentismo, tienen todavía mucho que andar. Han empezado tarde y les va a costar recuperar el terreno perdido, por mucho de que, históricamente, sus posiciones sean las justas y las del independentismo meras falacias.

6. El drama del PSC escenificado

El PSC dio libertad para acudir a estas dos concentraciones (la “V” de Barcelona y la unionista de Tarragona). A pesar de que la noticia es que Carmen Chacón estuviera presente en Cataluña y que en la “V” apenas asistieron dirigentes conocidos del PSC, lo cierto es que este partido se ha eclipsado en la calle antes de desplomarse en las próximas elecciones municipales de mayo. En ningún caso, la “tercera vía” socialista, ha demostrado disponer del más mínimo apoyo en la calle y se ha producido lo que denunciábamos desde hacía meses: que el desplome del socialismo español se ha iniciado en Cataluña.

7. El balcón del gang Pujol como símbolo de CiU

El 11-S las persianas del domicilio del gang Pujol en la Avenida del General Mitre han permanecido bajadas durante todo el día… con una bandera catalana horizontal situada a lo largo, símbolo de la insostenible posición de CiU. Como si el Estado Mayor del ejército que ha conducido la estrategia nacionalista en las últimas décadas pusiera las armas a la funerala y estuviera de luto. Lo más significativo de la nueva situación en Cataluña es que las dos fuerzas “constitucionales” hasta ahora mayoritarias (PSC y CiU) están en caída libre en este momento, mientras que ERC y Podemos se encuentran en fase de ascenso.

8. Ahora todo depende del Reino Unido

A la vista del empate entre “unionismo” e “independentismo”, la que, a plazo inmediato, podría suponer el que una de las partes tomara la delantera, serán los resultados del referéndum que tendrá lugar el día 18 en Escocia. Allí, obviamente, se han planteado las cosas de forma diferentes, a través de un consenso entre el gobierno de Londres y el nacionalismo escocés. Es evidente que si allí vence el SI, la posición del independentismo catalán se verá reforzada y, a pesar de que aún queda tiempo para el final del encuentro, habrá que contar en su haber con un nuevo tanto, un 2 a 1 desequilibrador. Se demostrará que una nueva nación está en curso de nacer en las islas británicas… en el territorio de la UE. Y si allí puede ser ¿por qué no aquí? A la inversa: si vence el unionismo, la posición del independentismo catalán se resentirá negativamente.

9. Fracaso de la estrategia de Rajoy

Si, hasta ahora, la estrategia de mostrar las vergüenzas y la corrupción del nacionalismo no ha logrado aminorar la carga del independentismo, y si la segunda táctica empleada (favorecer la aparición de organizaciones unionistas en la sociedad civil) está únicamente en su fase inicial y dista mucho para que logren arrastrar masas dignas de tal nombre, Rajoy tiene solamente dos posibilidades para mantener la unidad del Estado: una es poco, la otra decepcionante y pesará como una losa sobre el PP. Nos referimos al recordatorio de la apelación a la “legalidad vigente” (que tiene el mismo impacto que cuando los franquistas recordaban en 1978 que la marcha hacia la democracia era ilegal según las Leyes Fundamentales, remedo de constitución del régimen franquista) y a las concesiones político-económicas para desmovilizar temporalmente al nacionalismo. Rajoy no dispone de otra vía.

10. Inestable y grisáceo “unionismo”

El “frente unionista” formado por PP, una parte del PSC, Ciutadans y UPD, tiene poco arraigo en Cataluña y, para colmo, mantiene los prejuicios propios de las fuerzas que dieron vida a la constitución de 1978: marginar, por ejemplo, a PxC cuando manifiesta su voluntad de asistir a la convocatoria de Tarragona, como prolongación del “sin enemigos a mi derecha” que impusiera Manuel Fraga en 1978. Pero el PP y el PSC en Cataluña se han convertido en residuos de otros tiempo, exponentes del “ancien régime” fracasado. Y en lo que se refiere a Ciutadans y a UPD, su ascenso como “partido protesta” se ha visto bloqueado por la irrupción de Podemos. Además, el carácter de “centro izquierda” de ambas formaciones, el retraso en llegar a un pacto por culpa del personalismo de Rosa Díez y el estancamiento al que hemos aludido, no los configuran, ni siquiera en Cataluña (tierra originaria de Ciutadans), como alternativas sólidas.

11. Fracaso del Estado, éxito del gramscismo cultural

Detrás de la movilización independentista lo que subyace es el fracaso del Estado y de su concepción de “Estado de las Autonomías”, el fracaso del nacionalismo moderado que no es sino una etapa intermedia y previa del independentismo y, finalmente, el éxito del gramscismo cultural de la Generalitat. Lo realmente sorprendente es que las bases históricas del independentismo catalán son todas, sin excepción, una mera falacia (empezando por el significado histórico de la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 que no suponía otra cosa sino el hundimiento de las pretensiones austriacistas a la Corona de España, y terminando por el “Colón catalán” y la “Gioconda pintada al pie de Montserrat”...), pero esa falacia ha terminado siendo asumida por un amplio sector de la opinión pública catalana. Lo cual no la legitimiza, ni la convierte en realidad… Eso solamente ha sido posible por 35 años de paciente y tenaz mentalización de la opinión pública realizada desde los medios de comunicación catalanes subvencionados y por un sistema educativo que el Estado entregó al nacionalismo.

12. Mas entre la espada y la pared

La disyuntiva que se plantea a Artur Mas es insoportable: o respeta la legalidad del Estado y se opone a las masas que ayer estuvieron en la calle, o bien se deja arrastrar por esas mismas masas y termina ante los tribunales y/o desencadenando una situación de enfrentamiento abierto. En cualquiera de los dos casos, la posición de Artur Mas tiene mala salida (a ello se unirán nuevas noticias sobre la corrupción de la Generalitat que, sin duda, le salpicarán directamente) y hoy puede considerarse como un político amortizado, que irá a parar al basurero de la historia junto a otros ilustres mediocridades (empezando por Zapatero y terminando por Maragall, desde Aznar hasta Felipe González).

13. La vida sigue igual, la globalización también.

El éxito de la manifestación independentista no implica el que se haya implantado ya una frontera en el Ebro, sino simplemente, un empate político momentáneo. Los gobiernos del Estado lo han hecho muy mal en los últimos años y no es raro que haya oposición a “Madrid” en Cataluña (pues no en vano el gobierno español se encuentra en Madrid). En buena medida, las masas que estaban en la calle en Cataluña pidiendo la independencia son masas que protestan contra la crisis y que, educadas durante 30 años en el nacionalismo, creen que solos les puede ir mejor que acompañados por el resto de regiones de España. Esas mismas masas volverían a ser “unionistas” en una Cataluña independiente que no satisficiera las expectativas de progreso económico que les motiva hoy. Es inevitable que encuadremos estos acontecimientos dentro de la perspectiva mundial de la globalización: ésta precisa barrer a los Estados Nacionales que disponen de recursos jurídicos, institucionales, legislativos y coercitivos que supongan barreras a la globalización. Estados pequeños, inviables, débiles y cuyas clases políticas hayan demostrado altos niveles de corrupción, son mucho más manejables para los mentores de la globalización, que los actuales Estados-Nación. Y esto –la globalización y el mundialismo- no cambiarán, ni con Cataluña unida al Estado, ni con una Cataluña independiente.

14. Perspectivas sombrías de uno y otro lado

La única salida de que dispone Mas que le evite el riesgo de aventuras independentistas fuera de la ley y de ser arrasado por el independentismo al que él dio alas en los primeros meses de su gobierno, consiste en convocar elecciones anticipadas después de que el gobierno recurra la ley de consultas catalanas en los próximos días. Sabe que las va a perder (nadie puede ganar unas elecciones con la cúpula histórica de CDC a punto de sentarse ante los tribunales) y que va a arrastrar a CiU a la catástrofe y se resistirá a no agotar la legislatura: pero la envergadura de la manifestación de ayer y, especialmente, si en los próximos días, Rajoy se mantiene firme, no le dejan otra salida para evitar una estallido nacionalista en el más puro estilo Companys… Y una respuesta, al más puro estilo 11 de abril de 1934: a cañonazos ante la puerta del Palau de la Generalitat. Si Rajoy se siente acomplejado por la manifestación del 11-S y tiene la tentación de hacer más concesiones para evitar el enfrentamiento, tampoco parece que vaya a resolver gran cosa e incluso demostraría su lado más débil a la derecha de su propio partido. En los próximos meses, además, la posición de Rajoy se va a ir debilitando a medida que demuestre la falsedad sobre los “brotes verdes” económicos. La posición de Rajoy no es mucho más cómoda que la de Mas. La partida sigue abierta.

© Ernesto Milà - info|krisis - ernesto.mila.rori@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Dos episodios significativos

Dos episodios significativos

Info|krisis.- En la última semana, la prohibición para repartir alimentos “sólo para españoles” en la localidad valenciana de Xirivella y el acoso al que se ha visto sometido el Hogar Social Patriota Ramiro Ledesma en Madrid, indican la intolerancia del Partido Popular por un lado y de la extrema-izquierda por otro y su decidida intención de hostigar todo aquello que pueda suponer concienciar a la población de uno de los grandes problemas del momento: la extensión de la pobreza en nuestro país y la necesidad de iniciativas para defender a la población de origen español, abandonada por la “discriminación positiva” del PP y por la “xenofilia” de la extrema-izquierda.

¿Hasta qué punto un Ayuntamiento puede impedir una distribución de alimentos gratuitos? Es simple: basta con que el alcalde sea del PP para que se sienta obligado a emular a Manuel Fraga Iribarne cuando dijo aquello de “la calle es mía” (y no tolero que nadie me haga competencia en el dominio de la calle) y aquello otro de “sin enemigos a mi derecha” (es decir, que todo lo que aparece “a la derecha del PP” no debe tener el derecho de expresarse, ni de figurar políticamente). Esto es lo que ha hecho el alcalde del PP, como antes lo hizo en la capital valenciana la propia Rita Barberá y como suelen hacer otros alcaldes peperos en la Comunidad Valenciana.

Mientras el alcalde sea el “dueño de la calle” y sólo aplique este sentido de propiedad a asfixiar a los que realizan tareas humanitarias que no implican ninguna carga para el Ayuntamiento, y mientras no se dedique con todas sus energías a utilizar sus recursos para combatir a una delincuencia atraída por el “efecto llamada para delincuentes” que se ha dado en nuestro país (y en todos los municipios) desde tiempos de Aznar, ni la sociedad irá bien, ni la vida ciudadana restablecerá su normalidad. Porque lo que están haciendo los grupos que reparten “alimentos para españoles”, no es solamente realizar una necesaria tarea humanitaria que nadie está realizando, sino porque están contribuyendo a denunciar una situación de la que la clase política –“la casta”- es culpable.

Es significativa la complicidad del resto de fuerzas políticas en la prohibición para repartir alimentos gratuitos para españoles en la Comunidad Valenciana. Ni el Partido Socialista “Obrero”, ni la “izquierda plural”, ni “Compromís”, ni UPyD, ni fuerza política alguna, levantaron su voz para recordar que hay un 25% de los ciudadanos nacidos en España que están próximos al umbral de la pobreza. Y si callan es porque todos ellos son responsables de lo que está ocurriendo y tienen conciencia de que si esta verdad se conoce en la calle, en poco tiempo pueden perder buena parte de su intención de voto, lo único que, a fin de cuentas, les interesa.

Ahora bien, en Madrid ha ocurrido otro episodio igualmente significativo. No era la primera vez que en España, en la estela de la Casa Pound italiana, se ha ocupado un edificio por jóvenes vinculados a grupos patrióticos, la novedad estriba en que no se ha tratado de una ocupación efímera, rápidamente resuelta por la policía, sino que los ocupantes lo han hecho con voluntad de permanencia. La reacción ha correspondido esta vez, no al ayuntamiento, ni al gobierno autonómico, sino a la extrema-izquierda que, rabiosa, se ha lanzado contra el “racismo en el barrio” (como si aludir a “españoles” en lugar de a “multiculturalidad” fuera una expresión de “racismo y xenofobia”). También aquí el PP ha puesto su granito de arena en forma de absentismo policial. Una vez convocada la manifestación de la extrema-izquierda contra el Hogar Social Patriota Ramiro Ledesma, la policía –bajo control político del PP, no se olvide nunca- se ha inhibido, dejando las manos libres para la agresividad de la extrema-izquierda.

No es la primera vez que esto ocurre. Ya en Barcelona en 2003 se percibió que la policía autonómica hacía oídos sordos a la denuncia de un partido de carácter patriótico que había abierto una sede en el barrio de Pueblo Seco (que entonces empezaba a tener una abrumadora presencia de inmigrantes) ante la proximidad de una manifestación izquierdista. Cuando se produjeron los reiterados intentos de asalto en el mes de julio de 2003, los “mozos de escuadra” se limitaron a filmar los incidentes desde la esquina. Poco después, frente al restaurante La Font del Bosc, en el curso de una cena organizada por este mismo partido, quien esto escribe localizó un vehículo en el interior del cual un individuo estaba filmando a los que entraban. Al día siguiente, pude enterarme de que la matrícula correspondía a un vehículo propiedad de una compañía que habitualmente los alquilaba a los Mossos d’Esquadra… Entonces también gobernaba el PP en el Estado y también gobernaba CiU en Cataluña.

Y es que la derecha, la derecha españolista o la derecha catalana, se toma a la policía como una especie de instrumento propio al servicio de sus intereses políticos y que puede ser apuntada a voluntad contra sectores disidentes. Este absentismo policial formaba entonces y sigue formando ahora, una pinza con la extrema-izquierda, mano de obra barata para bloquear el ascenso de grupos patrióticos, alternativos y disidentes. Así que no estamos ante un fenómeno nuevo, sino ante algo que se ha producido antes y que seguramente veremos reproducirse con frecuencia a partir de ahora.

La diferencia estriba en que antes el sistema gozaba de buena salud. Hoy, en cambio, es un montón de ruinas decrépitas que puede derrumbarse ante cualquier pequeño impulso. Por tanto, es previsible que este tipo de presión aumente en los años venideros. Lo que obliga, necesariamente, a tomar medidas y a actuar según el “principio de precaución” por parte de los patriotas decididos a emprender el camino de la “ayuda social patriota” o de constituir “organizaciones de apoyo a la población española”.

En primer lugar, es preciso organizar la autodefensa ante la agresividad de la extrema-izquierda, de las bandas latinas y de las bandas llegadas con el “efecto llamada para delincuentes”. La idea de “defensas cívicas” debe completar a la de “organizaciones de apoyo a la población española”.

Ahora bien, “la basura la retiran los basureros”, lo que traducido quiere decir que cualquier situación de alteración del orden público tiene que ser resuelta por los organismos constituidos por la sociedad para ello. Dicho de otra manera: a la extrema-izquierda agresiva e intolerante, en tanto que vulnera la ley y se convierte en un obstáculo para el ejercicio de la libertad de expresión, debe combatirla la policía y si la policía no lo hace –y es previsible que no lo haga en las actuales circunstancias- ¡hay que obligarle a ello!  Se trata pues de filmar los incidentes que se produzcan, evidenciando el absentismo policial y presentar denuncias ante el Juzgado de Guardia contra los mandos policiales que ordenan no intervenir ante este tipo de incidentes, contra el delegado del gobierno y contra el Ministerio del Interior. Antes o después se producirá alguna sentencia favorable que establecerá responsabilidades.

Lo importante es tener clara una cosa: la extrema-izquierda no es el “enemigo principal” de los hogares social-patriotas, ni se pueda caer en una especie de guerra de bandas que absorba todos los esfuerzos y haga imposible cualquier otra actividad que no sea la de responder a sus provocaciones y el estar en guardia ante su agresividad compulsiva y propia de psiquiatras. La tarea de los hogares social-patriotas y para lo que han sido creados, es la ayuda social a la población de origen español. Las calles las limpian los basureros. No es nuestra tarea. Lo que se trata es de obligar a la policía a que haga su trabajo.

La actitud de los alcaldes del PP es más inteligente porque implica menos desgaste en el orden público. Entre las atribuciones del alcalde, efectivamente, está el prohibir los actos que puedan generar desórdenes públicos o vulnerar la ley. Así pues, siempre que se les notifique que se va a producir uno de estos repartos, se producirá la prohibición automática. Ahora bien, esta actitud también tiene un alto coste político para quien la protagoniza: porque si se difunde entre la población que el ayuntamiento está PROHIBIENDO el que se repartan alimentos gratuitos entre ciudadanos solamente porque están destinados a NACIDOS EN ESPAÑA, la reacción puede ser de incomprensión primero, hostilidad después y desprecio finalmente. Sobre todo cuando los ayuntamientos gastan cantidades desproporcionadas de dinero en las más atrabiliarias subvenciones a los más increíbles proyectos que no tienen nada que ver con el bienestar al ciudadano, mientras presionan mediante multas y aumentos en los impuestos municipales a la población. Recordarlo: el actual sistema de partidos español pende de un hilo, se están produciendo corrimientos de fuerzas y cualquier pequeña campaña puede generar el que un partido hasta ese momento mayoritario en un municipio, quede en las siguientes elecciones convertido en partido marginal.

Así pues, cuando un ayuntamiento prohíbe la distribución gratuita de alimentos, hay que responderle de dos maneras:

1) manteniendo el reparto de alimentos pero dentro de las sedes de las “organizaciones de apoyo a la población española” (OAPEs) y

2) denunciando mediante panfletos, carteles, charlas y notas a los medios, la actitud irracional de los ayuntamientos y su odio instintivo hacia quieres solamente proponen distribuir ayuda humanitaria entre españoles.

A la vista de que los repartos de alimentos tendrán lugar dentro de los locales, no hay excusa jurídica suficiente para prohibirlos. Como cualquier local, el derecho de admisión está garantizado.

¡Hay que conseguir que cualquier prohibición de este tipo se convierta en un descrédito para quien la dicta! ¡Cada prohibición debe convertirse en un arma arrojadiza contra quienes la provocan! Y esto solamente se puede conseguir difundiendo masivamente, por todos los medios a nuestro alcance, el hecho entre la población.

Los ayuntamientos peperos se tienen que habituar a ver que hay organizaciones patrióticas que hacen en la calle lo que ellos no están dispuestos a hacer desde sus poltronas. El caso de los ayuntamientos de Valencia, Xirivella u Onda, de Silla o de Alcalá en los que hemos podido asistir a prohibiciones de este tipo contra iniciativas de las OAPEs vinculadas a España 2000 demuestra que la población ya no acepta fácilmente estas cacicadas municipales realizadas con la excusa de “xenofobia y racismo” y que ayuntamientos gobernados despóticamente que dilapidan mensualmente miles y miles de euros carecen de DERECHO MORAL para realizar este tipo de actuaciones.

Se trata de intercambiar experiencias entre OAPEs, extraer de ellas lecciones para afinar estrategias y tácticas, pero sobre todo es preciso entender algo que nuestros adversarios peperos o izquierdistas nos han recordado: que, a fin de cuentas, la ayuda social no es más que una parte de la lucha política y que para que la ayuda social termine generando frutos, es preciso que exista un fuerte movimiento político identitario, presente en las instituciones. Se quiera o no se quiera, la “acción social” de las OAPEs no puede ser a la larga más que una parte de una lucha mucho más amplio de respuesta política contra la corrupción y contra la crisis, contra la casta y contra la inmigración masiva, contra las instituciones degeneradas y burocratizadas y contra la falta de perspectivas y de futuro para nuestro pueblo y especialmente para nuestra juventud.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto-mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

La lucha por la identidad

La lucha por la identidad

Info|krisis.- Después de casi un año de no haberlo perdido encuentro en una carpeta el texto de la charla que debía haber leído en Sintra en el acto de presentación de la traducción portuguesa de mi libro Identidad, patriotismo y arraigo en el siglo XXI. Se trató de un acto muy emotivo para mí porque me permitió entrar en contacto con Portugal y con los amigos portugueses. El archivo que contenía la charla había estado perdido durante meses y finalmente tuve que improvisar la disertación. Ahora que lo encuentro, lo reproduzco tal como lo escribí hace casi un año.

 

Señoras y señores, queridos amigos:

Gracias en primer lugar por asistir y gracias especialmente a los amigos que han tenido a bien tomarse la molestia de traducir y publicar mi libro e invitarme a estar entre ustedes. El tema del libro gira sobre la Identidad y lo identitario. Voy a intentar explicarles la idea que me hago personalmente de este concepto, su alcance y su importancia.

Se trata, ante todo, de un problema semántico. En estas últimas décadas y desde que tengo uso de razón político, el problema de dar una adjetivación a nuestra lucha política ha constituido un punto central de nuestras preocupaciones: en las largas conversaciones que he mantenido con camaradas españoles y extranjeros, incluso en los lugares más alejados del planeta, siempre este tema ha sido esencial: ¿cómo debemos llamar a la doctrina que sustenta nuestra lucha política? A esta pregunta intenta responder esta pequeña obra.

Los rasgos del fascismo histórico

Era evidente que en 1945 se había iniciado en todo el mundo un nuevo ciclo histórico en el que todavía hoy estamos inmersos. Las definiciones que se habían tenido hasta ese momento ya no servían y las que habían sobrevivido –caso español con el nacionalsindicalismo- a medida que avanzaba la flecha del tiempo, cada vez mostraban más una inadecuación creciente al tiempo nuevo.

Este tiempo nos había traído muchas cosas inexistentes antes: el mundo se había empequeñecido, el boom de las comunicaciones y de los transportes, las nuevas tecnologías que entonces empezaban cambiarían en los siguientes 40 años nuestro mundo. Era evidente que las doctrinas que habían aparecido antes de la guerra carecían de respuestas concretas para los problemas nuevos que iban apareciendo. Estas doctrinas a las que podemos llamar genéricamente, “los fascismos”, a pesar de sus diferencias y del hecho de que se trató siempre de “movimientos nacionales”, tenían como constantes presentes en todos ellos:

- El cesarismo

- Un sistema jerarquizado de concebir el Estado como integrador de toda la sociedad

- La crítica a la democracia y al parlamentarismo

- El culto a la juventud y los mitos románticos propios de cada formación

- La militarización de las masas

- El nacionalismo

- Las políticas sociales de superación del capitalismo

- El Antimarxismo

En 1945 lo que quedó fue una Europa derrotada y dividida con dos ideología dominantes que, a fin de cuentas, no eran más que las dos caras de una misma moneda: el materialismo que resultaba opresivo para la persona aplastada por el poder de las corporaciones multinacionales en el Oeste y por el poder de una ideología que trataba de interpretarlo todo científicamente pero ignoraba la realidad de lo humano. Ambos eran profundamente reduccionistas y apenas consideraban al ser humano como productor y consumidor.

El fascismo, en el fondo, históricamente no fue nada más que un intento de encontrar una solución al fracaso del parlamentarismo (a lo que opuso el cesarismo y el totalitarismo), a la masificación (a lo que opuso la militarización de las masas y el sistema jerarquizado), a las injusticias sociales (para lo que aplicó correcciones más o menos grandes al capitalismo, limitando sus efectos devastadores sobre las masas) y al cosmopolitismo del capital o del internacionalismo proletario (al que opuso el nacionalismo), oponiendo al mito del consumo y al mito del proletariado, otros mitos de carácter nacional y especialmente el culto a la juventud.

Lo que supuso 1945

Eso y no otra cosa fue el fascismo. En 1945, la época del cesarismo ya había pasado. Se había creado un nuevo derecho: el derecho de Nuremberg y organismos internacionales derivados del mismo, la ONU, especialmente, que limitaban la soberanía nacional y la relegaban a un segundo plano. Para colmo se había entrado en la época del gigantismo y de la política de “bloques”. Cada vez les era más difícil a las naciones mantener su soberanía y sobrevivir. A pesar de no haber resuelto la crítica al parlamentarismo, ni haber introducido correcciones, los regímenes que se impusieron a partir de 1945 fueron en Europa Occidental democracias parlamentarias articuladas en función de un centro-derecha y de un centro-izquierda que se alternaban en el poder ayudados por una tercera fuerza menor. Eran los regímenes de bipartidismo imperfecto que, poco a poco, se han ido estableciendo en toda Europa.

Fue a partir de entonces cuando, quienes aspiraban a reaccionar contra el capitalismo y el comunismo experimentaron la sensación de que habían perdido terreno y aun repitiendo un discurso doctrinal justo, se encontraban con que tal discurso era inaplicable en la práctica. Y luego quedaba el espinoso problema del nombre para definir su doctrina: ¿nacionalismo en una época en la que los Estados Nacionales eran insuficientes para resolver los problemas de las comunidades y en la que carecían de soberanía plena? ¿cesarismo cuando ya no había líderes capaces de arrastrar a masas? ¿militarización en tiempos de pacifismo a ultranza? ¿mitos románticos en un tiempo en el que el único mito aceptable era el consumo? ¿jerarquía en unos momentos en los que la igualdad y la homogeneización se imponían por todas partes? Estaba claro que un movimiento de respuesta a la modernidad debía nadar contra la corriente, pero, poco a poco, se percibía que la corriente era demasiado fuerte para sobrevivir.

La necesidad de una nueva definición

¿Se podía seguir utilizando los viejos calificativos y las nuevas ideas en un mundo que había cambiado radicalmente? Era evidente que había que introducir correcciones y lo que era mucho más interesante: crear un nuevo marco doctrinal que integrara tradición (lo irrenunciable) y modernidad (aportar enfoques y respuestas nuevos). Hubo distintos intentos: algunos utilizaron términos nuevos para tratar de definir lo que querían construir: hubo quien asumió el nombre de nacional-revolucionario, otros en el ámbito francés optaron por “solidarismo”, los hubo que se dedicaron a la lucha cultural, “nueva derecha”, algunos creyeron en vías armadas y/o terroristas (en Iberoamérica, en Italia), los más moderados optaron por mimetizarse como partido político moderado y de ellos surgió la “derecha nacional” que sería un intento de diferenciación de la “derecha liberal” y de la “derecha conservadora”; también hubo quienes optaron por la “derecha radical” frente al “centro-derecha” e incluso quienes vieron en la “Europa de las etnias” y en el etnicismo una salida sustituyendo el marco nacional por el de las nacionalidades y regiones. Sería largo y arduo realizar una crítica y una exposición sobre la evolución de todas estas corrientes que tenían como denominador común el desconocer la realidad del tiempo nuevo y el colocar como primer punto de referencia el nacionalismo, lo que les impedía el considerar la posibilidad de colaboraciones extranacionales. Los que optaron por la vía europea (Thiriart concretamente, los nacional-europeistas) nunca alcanzaron fuerza suficiente para pasar del estado de grupúsculo.

Las limitaciones del planteamiento “nacional”

La gran contradicción que apareció en los años 50-60 fue que el nacionalismo era el principal atractivo de todos estos grupos contestatarios, pero, así mismo, su principal limitación: en efecto, el nacionalismo impedía elaborar estrategias más amplias para las que había que tener en cuenta lo que estaba ocurriendo en naciones vecinas. Todos los intentos de postguerra (Movimiento Social Europeo, Partido Nacional Europeo) que intentaron crear una sinergia europea, fracasaron, entre otras cosas, porque ni siquiera sus mismas direcciones creían en ellos. Cuando se creó el parlamento europeo se percibió aún más este problema: al no existir una estrategia común para todos estos grupos, era frecuente que se produjeran contradicciones y conflictos entre lo que hacía y decía un partido en un país y las repercusiones negativas que esto podía tener en otro. Nunca fue posible ni siquiera crear un grupo unificado en el parlamento europeo que defendiera en aquel foro (cada vez dotado de más poder) los valores de quienes rechazaban la herencia de 1945 y querían otro modelo de sociedad, de política, y de economía.

No había unicidad por que cada nacionalismo afrontaba sus problemas nacionales desde una perspectiva propia que hacía muy difícil las cooperaciones e incluso las aproximaciones: la “mala imagen” de Le Pen fuera de Francia parecía contaminar a otros partidos de Europa Central, pero, igualmente, el etnicismo de formaciones flamencas constituía un menoscabo para los partidos que defendían la existencia de los Estados Nación. En el Este Europeo se producían desajustes en sus sistemas políticos muy diferentes a los que tenían lugar en Europa Occidental. Era imposible crear estrategias comunes con estas perspectivas que introducían elementos muy distintos en la ecuación: necesidades de imagen, intereses nacionales, afinidades ideológicas, multiplicidad de fuerzas en una misma nación, incluso intervención de servicios de seguridad y de intereses foráneos (como el caso de la corriente “Eurabia” que hace de la admiración por el Estado de Israel el elemento central de su planteamiento).

En los años 90 empezó a percibirse en la mayoría de los países europeos, de manera desigual, el impacto que estaba generando la inmigración masiva y los riesgos que implicaba de desfiguración del perfil cultural, antropológico y cultural del continente. A partir de ese momento, la mayoría de formaciones insistieron en la idea de que era necesario contener esta riada de inmigrantes, idea negativa y que, por tanto, podía ser utilizada como propuesta, pero que no tenía nada que ver con aspectos doctrinales. Ya a partir de 1977 el Front National francés había insistido en que “un millón de inmigrantes es un millón de parados de más”. Reflexionando sobre el tema de la inmigración, pronto se vio que tendría importancia desde el punto de vista antropológico y cultural y que contribuiría a desfigurar el perfil de los estados europeos: y a eso se le llamó “identidad”. Así pues, no fue por una reflexión doctrinal, sino por una mera necesidad política como cobró forma una idea afortunada, la de “identidad nacional”.

Las fuentes doctrinales, a partir de ese momento fueron, las que había aportado en los primeros años 70 la Nouvel Droite francesa desarrollando el concepto de “arraigo”, adaptando la idea que ya había utilizado el “primer Maurras” y añadiéndole la idea de que el “instinto territorial” de los mamíferos superiores, obligaba al ser humano a sentir una relación de dependencia y atracción hacia su tierra natal. En aquel momento, Benoist y su equipo intentaban realizar una crítica a las pretensiones “científicas” del marxismo y eso les llevaba a preocuparse por la biología, la genética y la etología. Más tarde, uno de los disidentes de la Nouvel Droite, Guillaume Faye, fue un poco más lejos, aporto los elementos antropológicos y la crítica política. Eso hizo que, especialmente en Francia, grupos que hasta ese momento habían utilizado el nombre de “nacional-revolucionarios” (una doctrina que jamás pudo disponer de un corpus homogéneo y que cada cual entendía a su manera) pasaran a llamarse “identitarios”. Pronto adoptaron, como tributo al pasado ancestral de Europa, la lambda que históricamente estaba insertada en los escudos espartanos, como signo distintivo de una fidelidad histórica a los orígenes mismos de la cultura europea. Estos grupos hicieron algo más: inauguraron una nueva forma de trabajar políticamente. No aspiraron a configurarse como grupúsculos extremistas que, a modo de vanguardia revolucionaria, hacían la guerra al partido moderado, al Front National, sino que se configuraron como redes que convocaban actos propios para luego, en momentos electorales, apoyar las candidaturas del Front National.

El nuevo paradigma identitario

“Identitarios” constituía, pues, un nuevo paradigma. Palabra griega que significa “patrón”, un paradigma es un modelo que contiene las bases a desarrollar de un sistema y es utilizado como marco teórico para un conjunto de ideas y teorías que se desarrollarán a partir suyo e inspirarán el desarrollo científico o cultural de manera uniforme durante toda la época en la que esté vigente. El término después de siglos de olvido volvió a ser utilizado en ciencia por Thomas Kuhn en su libro La estructura de las revoluciones científicas (1962) y fue recuperado por Fritjof Capra en El Teo de la física. Hoy se aplica también a los modelos culturales y políticos. Así pues, toda “identidad” o todo sistema “identitario” deriva a la postre de un paradigma.

¿Cuál es ese “paradigma”? Mientras las ideologías que han dado vida a la modernidad y que fueron hegemónicas a partir de 1945, derivaban todas del viejo paradigma mecanicista e inorgánico para el cual la idea de totalidad y de unidad era inexistente y se trataba de dividir cualquier objeto de estudio en sus partes constitutivas, tratando de encontrar las leyes propias a cada una de ellas, el paradigma identitario, si se quiere afirmar, debe ser holístico, es decir integrador y totalista, ofrecer una visión completa de los problemas de la sociedad considerando a los problemas como derivados de una misma fuente y que por tanto no pueden tener soluciones parciales unos separados de los otros, sino que a la coherencia del paradigma mecanicista que tiende a la dispersión se trata de aplicar otra coherencia, la del paradigma holístico que tiende a la integración de las partes.

Lo que se pretende en el texto que hoy presentamos es precisamente dar algunos pasos en la elaboración del paradigma identitario.

Lo primero a definir es cómo viajar al fondo de nuestra identidad. Y lo que nosotros respondemos es: en primer lugar hay que tener en cuenta la naturaleza biológica del ser humano, por tanto hay en nosotros algo que responde a los comportamientos que son habituales en especies próximas. Lo que en la etología es el instinto territorial, en la persona humana se modula como “arraigo” en la tierra natal. Eso explica el por qué el apego a la “patria chica”, “al terruño”, “a la patria carnal”, es tan fuerte y está tan a flor de piel. Es un producto de nuestra naturaleza biológica.

Pero la persona humana es algo más. Dispone de un cerebro que le confiere unos rasgos completamente distintos al resto de las especies biológicas. Piensa, razona, tiene conciencia de sí mismo, tiene una vida intelectual, que le hace concebir dimensiones de organización social y política más amplias que la “tierra natal” en donde no se manifiesta el arraigo pero sí están presentes otras facultades. La herencia y la evolución histórica ha hecho que nuestros pueblos se organicen y deriven a partir del siglo XVIII en Estados-Nación con una estructura jurídico-administrativa particular, un principio de soberanía que es una realidad incuestionable en nuestros días: existe Portugal, porque existe detrás una historia de Portugal, porque existe un pueblo portugués y porque existe un Estado Portugués. El devenir histórico nos ha llevado justo a donde nos encontramos hoy. Así pues, a la identidad derivada de la tierra natal, de la patria carnal, se añade esta otra, derivada de la historia, de la política y de la antropología, de la que surge la identidad nacional, el perfil de nuestros Estados-Nación y de los pueblos que el Estado engloba a modo de encarnación jurídica de la Nación.

La nación puede englobar a un conjunto de etnias bien ser homogénea en lengua y en RH. Lo que interesa es que la nación es el resultado de una historia común, un legado, una herencia, una tradición, un proyecto de vida en común.

Creo que es importante, llegado a este punto, rechazar el nacionalismo surgido de la Revolución Francesa y del sonido de la guillotina. Cristalizado en forma de jacobinismo, la revolución francesa abolió las identidades regionales en las que se manifestaban las “patrias carnales”, en su igualitarismo homogeneizó el territorio nacional hasta extremos insensatos y finalmente, a pesar de que la guillotina evidenció la ruptura con el antiguo régimen, el jacobinismo no fue nada más que una extensión del absolutismo a la nación: en ambos, en efecto, están presentes las tendencias igualitarias, uniformizadoras y niveladoras incompatibles con las personalidades regionales y con los méritos de las personas.

Pero si nos quedáramos ahí, lo que estaríamos sería defendiendo meros nacionalismos de hecho, históricamente, el nacionalismo como culto a la nación aparece con la revolución francesa y está ligado a la hegemonía de la burguesía mercantil. La Nación es un intermedio entre las “patrias carnales”, las regiones, y un concepto que habitualmente se tiende a eludir en política: los orígenes culturales. No podemos eludir el hecho de que somos hijos de una misma cultura, la cultura europea y que esta ha tenido distintas manifestaciones: somos hijos de la cultura clásica, somos hijos de las distintas convulsiones que tuvieron lugar en los siglos VI-VII, con las invasiones germánicas. La combinación entre cultura clásica y germanismo es lo que rectificó los aspectos problemáticos del cristianismo primitivo y los convirtió en catolicidad. Somos hijos también de la catolicidad.

Aceptar esto supone aceptar que por encima del Estado-Nación existe otra forma de identidad, la identidad espiritual que, de una forma u otra, nos une o al menos hace que sea posible plantearnos un destino común. A fin de cuentas lo espiritual es superior a lo humano (la historia) y lo humano es superior a lo biológico (la patria carnal). Y es así como llegamos a una concepción holística y totalista de la identidad.

Y la primera conclusión a establecer: un programa identitario, debe incluir la defensa de la patria carnal, esto es, de las regiones, la defensa del Estado Nación y asumir una dimensión europea.

Tengo especial interés, en tanto que español y catalán, en desmontar un mito que recorre transversalmente el ambiente en el que me he movido: es el mito de la “Europa de las Etnias”. Esta idea fue formulada inicialmente en 1943 en el marco de las SS a efectos de reclutamiento de jóvenes de distintas regiones europeas para la lucha contra el bolchevismo. Se conoce el mapa que las SS elaboraron y publicaron en la revista Signal diseñando esa Europa.  No creemos en ese planteamiento porque hemos visto los extremos a los que puede conducir y la España actual o el proceso de descomposición de Yugoslavia son sus reflejos más problemáticos. Cuando se dice que “todo lo identitario es nuestro”, remedando a Maurras, frecuentemente lo que se está diciendo es que un nacionalismo regionalista constituido en torno a una burguesía mercantil que quiere ser hegemónica e independizarse del Estado al que ha pertenecido hasta entonces tiene el derecho a construir una identidad prefabricada artificialmente, exaltarla y hacerla indiscutible apelando los factores emotivos y sentimentales. Sin olvidar que la potencia nacional, único factor que garantiza la fortaleza de las naciones, deriva de su unidad y de su extensión y una Europa confederal formada por 150 regiones autónomas sería apenas la traslación a nivel continental del caos de una España compuesta por 17 autonomías.

No creemos que valga mucho la pena seguir aludiendo a la “Europa de las etnias” que intenta prescindir y negar la historia y el camino que ha llevado a la formación de los Estados Nación. Habitualmente, los partidarios de la “Europa de las etnias” se ven forzados a colaborar con regionalistas, nacionalistas e independentistas, simplemente porque existe ese factor común, olvidando que la inmensa mayoría de estas corrientes no son sino reproducciones a escala reducida de las instituciones y las taras de los Estados-Nacional actuales.

La lucha contra la globalización y el mundialismo

Y es importante destacar esto porque debe de quedar claro que la lucha de los identitarios es fundamentalmente una lucha por la renovación de las estructuras sociales, económicas y políticas actualmente existentes. Eso implica anti-liberalismo y anti-parlamentarismo. Ni la economía puede ser el escenario en el que las grandes acumulaciones de capital dictan los destinos de las naciones y de los pueblos, ni el parlamento puede ser el foro de expresión de la partidocracia, el sumidero de todas las impotencias y el caldo de cultivo de todas las corruptelas. Una economía sometida a la política y un parlamento integrado por representantes de los grupos sociales de la nación.

Desde el punto de vista económico social, es evidente que hay que poner coto a las grandes acumulaciones de capital y a las extraordinarias desigualdades sociales. Es evidente que se trata de defender las conquistas del Estado del Bienestar y que para ello hace falta una reforma radical de la economía y para ello es preciso realizar un diagnóstico preciso de los males de la modernidad. Es aquí donde nos acercamos al punto cero de la problemática: porque el caos económico actual tiene un responsable. Y ese responsable es la globalización y su matriz doctrinal, el mundialismo.

Un programa identitario debe ser fundamentalmente antiglobalizador y antimundialista. La globalización es el gran enemigo histórico:

- La globalización es el límite del extremo de la acumulación de capital y el último estadio de la evolución capitalista. Su objetivo no es otro que la optimización de los beneficios del capital, el mismo que el de cualquier otro estadio de desarrollo del capitalismo, sin embargo los instrumentos para lograrlo son nuevos: de un lado la deslocalización industrial, de otro la inmigración masiva. Se trata de dos movimientos realizados en direcciones opuestas: de este a oeste el primero y de sur a norte el segundo. Bajo fórmulas como “ganar competitividad”, “abolir fronteras arancelarias”, “lograr un mercado global”, “libre comercio internacional”, etc, lo que se tiende es a que la producción industrial se aleje de Europa y se asiente en los países con menos coberturas sociales y niveles salariales más bajos. Así mismo, la inmigración masiva tiene como objetivo, el aumentar la fuerza de trabajo en Europa, disminuyendo, por tanto, los salarios. La globalización se desencadenó después de la Guerra Fría como un proceso de libre tránsito de capitales, pero inmediatamente se convirtió en libre tránsito de personas y mercancías.

- El mundialismo es la matriz ideológica de la globalización y es el plan general diseñado para homogeneizar el planeta a nivel cultural – étnico – político – económico – religioso. La idea es un “humanitarismo” extremo en el que a una “humanidad” corresponda una sola cultura, una sola raza, una sola religión, un solo gobierno. El principal laboratorio ideológico de la globalización nació después de 1945, es la UNESCO. El embrión de gobierno mundial es la ONU. En la actualidad, el motor económico de la globalización es el Acuerdo General de Aranceles y el Banco Mundial. En torno a estos organismos nacieron otros muchos que insistían en algo tan banal y lógico como la “cooperación internacional”, pero que en realidad no eran más que organismos especializados en difundir las tesis mundialistas en distintos frentes (FAO, OIT) o en convertirse en thinks-tanks doctrinales (Club de Roma), operativos (Club de Bildelberg) o militantes (movimiento de la New Age)

Ambos elementos, globalización y mundialismo tienen un mismo y único objetivo a alcanzar mediante la aplicación de distintas tácticas: el gobierno mundial que cristalizará en un programa humanista-universalista, homogeneizador, nivelados y despersonalizador para llegar al cual será preciso abolir todo régimen de identidad. Mientras exista algún nivel de identidad, la globalización seguirá batallando para eliminarlo: porque frente a la Globalización y al mundialismo no hay más consigna que Identidad. El día que se pierda la última seña de identidad de todos nosotros, estaremos antes distopías al estilo de 1984 de Orwell o al mundo feliz de Huxley. Cuando la persona fue sustituida por el individuo en el proceso histórico que se prolongó desde el siglo XVIII a finales del XIX, cuando se proclamó que la “igualdad” era el valor más deseado, se estaba abriendo las puertas para la destrucción de todas las identidades y la primera de todas, la de cada uno de nosotros: la persona era el ser humano con un rostro concreto, con una tarea a realizar, insertado dentro de un sistema orgánico y articulado de señas de identidad familiares, regionales, nacionales. El individuo que lo sustituyó fue el grano de arena anónimo, exactamente igual a otros granos de arena, carente de rasgos diferenciales,  y en el peor de los casos, ese individuo ególatra con ego sobrevalorado que utiliza el “look” para diferenciarse. Pero el “look” no es la personalidad: sino un reflejo de la misma impuesto por una moda, es decir, la antítesis de la personalidad.

La aplicación del paradigma holístico

De ahí la importancia de la lucha identitaria que es, como decía al principio, HOLÍSTICA y debe manifestarse en todos los terrenos de la actividad humana porque es en todos estos terrenos en los que se percibe claramente la ofensiva globalizadora y mundializadora.

- Se trata de recuperar para el individuo un rostro propio: y esto pasa por darle una educación y por reformar de arriba a bajo tanto los sistemas de enseñanza como los principios por los que se mueven los medios de comunicación social. Es preciso realizar un esfuerzo por elevar el nivel cultural de las poblaciones, por darles a conocer una cultura orgánica dotada de valores instrumentales que sustituya a los valores finalistas que se imparten hoy. Se trata de estimular especialmente el espíritu crítico que ha desaparecido completamente de las nuevas generaciones.

- Se trata de recuperar espacios de soberanía perdidos por los pueblos y las naciones: y esto pasa por denunciar el unilateralismo norteamericano, los principios del “derecho de Nuremberg” y las instituciones mundialistas creadas a partir de 1945. Es evidente que la flecha de la historia implica una nueva forma de articular la vida de los Estados y de las Naciones y que la complejidad de la modernidad implica una cooperación de las Naciones entre sí, pero, de la misma forma que no existe “la humanidad”, tampoco existe la posibilidad de una “cooperación internacional” ilimitada y feliz: no todos los pueblos ni los estados tienen “contigüidad antropológica y cultural”, solamente es posible establecer cooperaciones entre bloques lo más homogéneos posibles. Europa es uno de ellos. Iberoamérica es otro. El mundo islámico otro. Y las relaciones entre todos ellos no deben ser necesariamente de hostilidad a pesar de que exista una “brecha antropológica” entre, por ejemplo, Europa y el Islam. La misma existencia de un “mundo multipolar”, implica necesariamente que cada uno de estos polos tiene acentuados sus rasgos diferenciales.

- Se trata de rechazar el humanismo-universalista promovido en los laboratorios de la  globalización y que cristaliza en opciones “progresistas” y de centro-izquierda e izquierda, que todavía es víctima del viejo esquema marxista elaborado en el siglo XIX del “progreso indefinido” y está persuadido de que cualquier cosa que rompa la Tradición de nuestros pueblos es, por ello mismo, aceptable. Es innegable que la Tradición y la Identidad son dos conceptos muy parecidos y casi superponibles: de ahí que defender una Identidad implica casi necesariamente defender la Tradición. Ahora bien, es importante no confundir Tradición con “ochocentismo” o con “burguesismo”. De hecho, lo que está muriendo en nuestra época son estos conceptos que no implicaban nada más que la universalización de los valores de la burguesía triunfante en 1789, en el período de la Revolución Francesa. Es eso lo que está en crisis, lo que se muestra inviable y lo que nos ha llevado, a través de mutaciones sucesivas, hasta la globalización y el mundialismo.

- Se trata de difundir un mensaje político extremadamente claro: no basta solamente con cambiar un gobierno, es preciso cambiar todo un sistema de arriba a bajo. Es preciso constatar sin miedo el fracaso del parlamentarismo y de la partidocracia, mucho más evidente aún en estos tiempos de desaparición de las ideologías. Con los principios del siglo XVIII no se podrá gestionar el mundo del siglo XXI y en el fondo esto es lo que nos propone la globalización: un sistema mundial regido por un parlamento mundial en el que la economía dirija a la política. Es evidente que en todas las democracias han desaparecido la figura de los grandes estadistas y apenas existen los gestores oportunistas de la cosa pública. Es evidente que las grandes ideologías han desaparecido y que donde estaban la corrupción, el nepotismo, el oportunismo y la ausencia de principios se han instalado. A eso se ha llegado desde que la política ha aceptado su subordinación absoluta a la economía en un proceso que ha durado más de dos siglos. Ahora se trata de restaurar la primacía de la política sobre la economía en tanto que la política es lucha, creación, destino y de ella depende la vida y la trayectoria de los pueblos. Mientras que la economía no es más que el terreno de la optimización de los beneficios financieros. Pero para poder hablar de restaurar la primacía de la política… hacen falta políticos y estos están hoy completamente ausentes del panorama.

El techo para la acción identitaria

Reconocer esto implica reconocer que existe un “techo” para la acción de los movimientos identitarios. Hace falta darse cuenta de lo que está ocurriendo con las fuerzas que en la actualidad, en Europa, contestan al actual sistema globalizador y mundialista: allí donde tienen algo de fuerza (caso de Francia) se les permite alcanzar un cierto nivel de crecimiento, pero bruscamente, éste es obstaculizado por reformas legislativas o por la creación de fuerzas políticas artificiales destinadas a bloquearlos (Austria) y allí en donde han crecido peligrosamente y afrontan una próxima competición electoral (Gracia) simplemente son objeto de una obvia provocación. En España, por ejemplo, no existe un movimiento alternativo fuerte, sino una casi una docena de grupos de los que apenas 2 disponen de concejales en ayuntamientos importantes, gracias a que en la transición los partidos y los medios de comunicación pactaron que no “habría nada” a la derecha del centro-derecha.

¿Qué conclusión puede sacarse de todo esto? Que en la actualidad los enemigos son demasiado fuertes como para pensar en victorias totales inmediatas. Haría falta que en un país europeo, con un fuerte peso político (Francia, sin duda), los partidos que han alterado el equilibrio de fuerzas nacido en 1945, llegaran al poder y difundieran un mensaje antiglobalizador que se tradujera en una rectificación de las orientaciones de la Unión Europea y en una ruptura con la OTAN. Que, desde uno de los motores de la UE empezara a hablarse de que Europa no tiene lugar dentro de la globalización y que la globalización es a medio plazo inviable tal como ha demostrado la actual crisis económica que puede ser definida como la primera y gran convulsión de la globalización que ha instalado la crisis y la inestabilidad en todo el mundo, siendo los instantes de estabilidad, paréntesis entre dos crisis. A partir de ahí podría pensarse en que en todo el continente sería imparable una marea que redujera a cenizas y en pocos años a los partidos y a las fórmulas que llegaron en 1945. La pregunta es:

¿Existirá la posibilidad de que gestionen el poder las fuerzas alternativas en alguna de las “locomotoras” de la UE? Una vez en el poder, estas fuerzas ¿Estarán en condiciones de aplicar programas radicales de rectificación de las líneas maestras del nuevo orden mundial? No hay duda que, de hacerlo así, disminuirá la presión sobre otras fuerzas similares en el resto de Europa y aumentará, igualmente, su peso político. Mientras los movimientos más o menos identitarios en toda Europa no actúen en función de una estrategia común y sigan haciéndolo con estrategias autónomas, va a ser muy difícil que consigan estabilizarse y afrontar la desproporción de fuerzas que deben afrontar dentro de cada nación. El caso griego está ahí para demostrarlo. Una victoria identitaria sería una victoria a nivel europea y procedería de un “país faro” que lograra suscitar una corriente de simpatía y desarmara a los adversarios en otros países europeos.

No podemos responder a estas preguntas porque no dirigimos ningún movimiento político, sino que nos limitamos a ser observadores ajenos al mundo de la política activa. Repetimos, en cualquier caso, que la primera impresión que tenemos es que los enemigos son demasiado fuertes como para poder pensar en victorias totales y definitivas y lo más que puede aspirarse es a retrasar lo más posible los últimos efectos de la globalización, generando una masa crítica suficientemente fuerte como para que pueda asumir el control de la situación en cuanto se produzca el desplome interior del sistema globalizado: desplome que inevitablemente se producirá siendo las actuales convulsiones económicas, las que preceden a la agonía final y al colapso del sistema globalizado.

Dos vías:

Quizás sea el momento de recordar la propuesta que realizaba Julius Evola hace medio siglo:

- Para restaurar los valores tradicionales que, aun no siendo exactamente lo mismo, coinciden globalmente con los valores identitarios, existe la vía de la acción: que es fundamentalmente, la vía de la participación y el militantismo político. Para ello se precisa una doctrina, unos objetivos, una estrategia, una táctica, una organización y un programa. Siempre que se sea consciente de que es preciso articular la propia estrategia nacional a un estrategia europea (o, como mínimo, estar pendiente de su evolución), la vía de la acción es adecuada para determinados caracteres y vocaciones personales.

- O bien para asumir la lucha por la identidad en estos tiempos extremadamente difícil la vía del “cabalgar el tigre” es la más adecuada para otros caracteres. Tal vía consiste simplemente en prepararse para el hundimiento de la modernidad globalizada y estar preparado para poder influir en lo que la sustituirá. Se trata de tratar de establecer, fuera del marco de la política, o no especialmente en el terreno político, aquellos frentes en los que mejor se puede operar, en donde se puede formular una crítica más demoledora a la modernidad, se trata de identificar los puntos críticos por donde el sistema quebrará, se trata de evitar el encuentro frontal con las fuerzas del sistema en el terreno político, preparando otros frentes de acción: la educación, el trabajo, la familia, la ciencia, el ocio, frentes en los que no existe tanta presión como en el frente político y en donde es fácil ampliar la influencia y difundir ideas contra-corriente. La lucha cultural es quizás uno de estos frentes adecuados hoy para “cabalgar el tigre”, siempre y cuando hablemos de “lucha” y no de mero intelectualismo.

Para terminar, insisto en que hay que esperar un desplome interior de la globalización. Ésta ha dejado de ser un programa de optimización de beneficios del capital, para convertirse en un monstruo con vida propia, que se mueve inexorablemente hacia sus objetivos finales, sin ningún tipo de control, como una locomotora que se dirige por una pendiente hacia un muro de hormigón. No hay salida para la globalización, ni para los que la promueven, ni para sus más humildes servidores. El problema es que, después del hundimiento de la globalización no se produzca un caos absoluto que haga retroceder la civilización varios siglos, sino que en ese momento exista una masa crítica con entidad suficiente como para instalar el paradigma identitario e inaugurar un nuevo ciclo histórico.

Con la intención de sumarse a esta aventura que es a la vez doctrinal, política y vivencial, se ha escrito este libro que no tiene más ambición que estimular debates, clarificar posiciones, definir objetivos y lanzar ideas sobre el tapete.

Muchas gracias.

© Ernesto Mila – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 

 

 

 

Cuatrimestre de ruinas

Cuatrimestre de ruinas

Info|krisis.- Concluido el mes de agosto y retornados sin excusa a los puestos de trabajo, falta saber qué nos depara el último cuatrimestre del año. Los dos tercios de 2014 que hemos consumido han sido particularmente interesantes desde el punto de vista informativo, pero los próximos meses van a ser, simplemente, de infarto. Vale la pena, hoy primero de septiembre, dar un repaso a lo que tenemos ante la vista.

Repasando los dos tercios cubiertos de 2014

Hasta ahora, 2014 va en camino de ser un “año histórico”. Si ahora terminara el año y juzgáramos lo que ha representado 2014 para la historia de España, sin duda diríamos que el suceso más importante ha sido el relevo en la monarquía y lo que ha supuesto la ceremonia de entronización de Felipe VI. Pero, a la vista de cómo se han hecho las cosas (muerte de Adolfo Suárez, aparición del libro de Pilar Urbano, mal estado de salud de Juan Carlos I, campaña de promoción de Felipe-Leticia, abdicación, ceremonia laico-parlamentaria descafeinada de “entronización”, consabido viaje de la nueva pareja real a Marruecos) el episodio indica una banalización creciente de la monarquía y parece tener mucho más impacto en los lectores de la prensa del colorín que en la política real.

Desde el punto de vista económico, desde hace seis meses venimos oyendo al gobierno afirmando por activa y por pasiva que, finalmente, se ha revertido la situación económica y el país está generando empleo. Realmente los datos económicos positivos  empiezan todos los años en el mes de marzo o, como máximo, en abril (un poco antes de que se inicie el empleo estacional). El fin del invierno y el inicio de la campaña turística de Semana Santa son los únicos elementos que favorecen ese repunte anual del empleo. Eso ha generado en los últimos seis meses un aumento del consumo interior que puede explicarse precisamente porque este año han aumentado las visitas turísticas a nuestro país.

Las exportaciones, en cambio, no han ido bien a la vista del parón de las economías centroeuropeas y de que se empiezan a notar los problemas generados por la quiebra argentina y la recesión brasileña, preludio de lo que vendrá. Así como la primera oleada de la crisis económica tuvo como ejes a los EEUU y a los países PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, España), siendo primero crisis inmobiliaria, luego crisis bancaria, luego crisis de deuda soberana y en España y Grecia convirtiéndose en crisis social y desembocando en una crisis política), la segunda oleada de la crisis de la globalización está teniendo su eje en Iberoamérica, cuando ya se empieza a hablar de la futura crisis de la deuda china y del estallido de la burbuja inmobiliaria en el gigante asiático.

Al gobierno Rajoy no parece importarle mucho que el empleo que se genera sea “empleo-basura” con ciclos de tres-cuatro meses de permanencia, fin de contrato y vuelta al paro, y que esté íntimamente ligado al sector de la hostelería, esto es al aumento del “turismo-basura” que indica muy a las claras en el callejón sin salida en el que nos ha llevado el presente modelo económico de nuestro país. Éste nos conduce aceleradamente a convertirnos en un país de camareros, reponedores de supermercados y empleados en la limpieza de hoteles, capaz de convertirse en la meca del peor turismo que pueda concebirse y sin esperanzas de que la tendencia se vaya a invertir en beneficio de un turismo de calidad, menos masificado, con más pernoctaciones y más consumo per cápita.

El turismo declinará a finales de septiembre. Esto hará que las  cifras del empleo vuelvan a ser negativas en octubre y se prolongue esta tenencia hasta el mes de marzo abril, cuando, de no haber ocurrido aquí una catástrofe, el turismo de chancletas y botellón, balconing y porro, repuntará de nuevo y con él el empleo, en un ciclo infernal desde el punto de vista económico y deprimente desde una óptica patriótica.

Las elecciones europeas de mayo demostraron la crisis de la “banda de los cuatro” (PP, PSOE, CiU y PNV) abocados a perder votos. Se evidenció que la crisis del PSOE era estructural (lo que ha confirmado, además, el hecho de que la elección de Pedro Sánchez como secretario general no haya impedido que el partido siga perdiendo intención de voto), que en Cataluña y el País Vasco, los independentistas radicales habían superado o estaban en trance de hacerlo a los nacionalistas moderados y que el PP perdía votos. Sin embargo, la gran convulsión se produjo con los resultados de Podemos que desde entonces no ha hecho más que mejorar en las encuestas y situarse a la cabeza de la izquierda.

Raro ha sido el día en que la corrupción no ha aparecido en los medios de comunicación ligada especialmente a las comunidades autónomas de Cataluña y Andalucía, hermanadas en esto y con graves sospechas hacia quienes las dirigieron (y las dirigen). En el caso catalán, evidentemente, se ha tratado de sacar a la superficie algo que los jueces de allá y la fraudulenta Oficina Antifraude de la Generalitat no han estado en condiciones de hacer. Y si esta salida a la superficie de algo que todos los analistas conocían desde hace décadas (el increíble nivel de corrupción enfeudado en la Generalitat) se ha producido por la proximidad del desenlace del “proceso soberanista”, lo cierto es que también se ha revelado que los sucesivos gobiernos que se han sentado en La Moncloa habían mirado a otra parte inducidos por la colaboración que recibían de la Generalitat, lo que no dice mucho hacia la honestidad y moralidad de nuestros gobernantes.

La inmigración ha repuntado en forma de asaltos masivos  dramáticos a las vallas de Ceuta y, especialmente, de Melilla y a la llegada de oleadas de pateras. Una vez más se ha percibido la actitud equívoca de Marruecos que ha permitido estos asaltos (incluso inmediatamente después de la entrevista entre Felipe VI y Mohamed VI) y la perplejidad de un gobierno que desde hace décadas se niega a ejercer la autoridad y actuar contundentemente para desarticular un fenómeno a cuya peligrosidad social y al lastre económico, también se une el riesgo sanitario que implica llegadas descontroladas de inmigrantes procedentes de zonas en las que se extienden enfermedades infecciosas y virus tropicales del que el Ébola es, sin duda, el último ejemplo, pero no el único.

El décimo aniversario del 11-M se celebró cuando empezaran a salir de las cárceles algunos de los marroquíes condenados. El gobierno prefirió no dar mucho relieve al aniversario y hacer oídos sordos a las voces que desde hace años recuerdan que ni la investigación ni la sentencia llegaron a demostrar nada esencial del crimen, limitándose a aceptar la versión oficial y dejando un gigantesco agujero negro que recuerda que el asesinato de 192 sigue impune.

En lo que se refiere al “proceso de paz”, las protestas de las asociaciones de víctimas del terrorismo no lograron detener la excarcelación gradual de presos, sin duda, pactas por el PP antes de ocupar el gobierno, cuando ETA exigió a Zapatero la aquiescencia de Rajoy para reiniciar las conversaciones.

La eliminación de la selección española de fútbol del mundial de Brasil supuso un trauma nacional para algunos superior a lo que pudiera suponer el fallecimiento de un ser querido. Solamente los hinchas del Atlético de Madrid tuvieron la satisfacción de ver a su equipo como campeó de la liga. Estas son, desde luego, las noticias más relevantes desde el punto de vista “cultural” y a la vista de que la cultura, como tal, se ha ausentado del país sin dejar señas.

Desde el punto de vista internacional cabe recordar la entrada del conflicto ucraniano en su última fase con el golpe de Estado de Kiev que situó a una camarilla pro-OTAN en el poder y el inicio de la secesión de las zonas mineras del Este del país. El aumento de la tensión en Palestina a raíz del asesinato de tres jóvenes judíos y de las represalias que siguieron, indica la imposibilidad de resolver el conflicto por vía de la negociación. En Irak se ha ido desvelando lo que ya era previsible desde la invasión norteamericana de 2003: que la caída del régimen laico de Saddan Hussein no supondría el establecimiento de una democracia digna de tal nombre, sino la liberación del potencial explosivo del fundamentalismo islámico en la zona. La guerra civil siria, por su parte, ha confirmado lo mismo: el yihadismo acude al olor a pólvora y se sitúa a la ofensiva al margen de que el conflicto haya sido iniciado por grupos más moderados… Hay que decir que ante estos conflictos internacionales, España ha demostrado tener muy poco que decir. Rajoy se ha limitado a ponerse a remolque de la OTAN, de la UE y de los EEUU sin aportar ningún matiz, ni ninguna propuesta propia.

A la vista de este resumen podría sentenciarse que los dos primeros tercios de 2014 no han sido particularmente positivos en ningún terreno (salvo la mirada de Rajoy hacia el “vaso medio lleno”), pero cabría añadir que lo peor está por llegar.

Lo que queda de 2014…

Cronológicamente, el primer problema que se va a plantear en el último tercio de 2014 es la “cuestión catalana”. El 11 de septiembre se cumplirá el tricentenario de la caída de Barcelona en manos de las fuerzas borbónicas. La Generalitat intenta transformar la fecha en una apoteosis independentista sin el más mínimo respeto por la verdad histórica, ni por las necesidades actuales de una Cataluña desertizada industrialmente, con una capital saqueada por el turismo, que por voluntad de Jordi Pujol agrupa al mayor contingente de inmigrantes islámicos de todo el Estado y, para colmo, con unos niveles de corrupción tan solo semejantes a los andaluces.

Todo induce a pensar que la salida a la superficie de la corrupción impulsada por el gang Pujol ha “hecho pupa” en el independentismo. A esto se une la firmeza con la que Rajoy afirma que se “cumplirá la ley”, firmeza simétrica a la que hacen gala Mas y Oriol Junqueras quienes insisten en que “habrá referéndum el día 9 de noviembre, sí o sí”… Todo induce a pensar que las dos partes se han tomado la cuestión como una partida de póker en la que se trata de jugar de farol hasta el límite del infarto. La correlación de fuerzas juega a favor del Estado: aparte de que las masas nacionalistas se han ido radicalizando en los últimos dos años, distan mucho de tener el consenso necesario para alcanzar la secesión incluso en el caso en que el Estado Español se despreocupara por la suerte de Cataluña. Incluso puede pensarse que si se celebrara el famoso referéndum, la hipotética respuesta de las urnas sería ampliamente contraria a la secesión.

En toda esta historia, el personaje más dramático es Artur Mas, que inicia este proceso a poco de llegar al poder y tras siete años de verse apeado por los dos tripartitos de izquierda. Simplemente, para poder negociar con Madrid teniendo ases en la manga, Mas inyectó fondos en los circuitos independentistas que pronto cobraron vida propia y superaron los límites que les había marcado Pujol tiempo atrás. Poco a poco, Más se ha ido viendo superado primero y arrastrado después por la marea que él mismo creó, disponiendo cada vez de menos margen de maniobra. Tres años después su situación es extremadamente difícil y, sea como fuere lo que ocurra luego, ha llegado al final de su carrera política. Las alternativas para él son pocas.

O bien Mas celebra, contra viento y marea el referéndum amparado en la ley catalana de consultas que se aprobará en los próximos días y que será recurrida (y su aplicación paralizada, por tanto) en el Tribunal Constitucional, o bien la retrasa. Si la celebra de manera ilegal, la consulta constituirá un fracaso de participación (no más del 35%) y se arriesga a que las presiones sobre Rajoy sean extremas y se vea obligado a suspender la autonomía catalana y a procesar a Mas por sedición, dando con sus huesos en la cárcel. Hipótesis remota, por lo demás. Si no celebra la consulta, ERC le resta su apoyo parlamentario, con lo que Mas se verá abocado a convocar unas elecciones anticipadas en las que ni siquiera se presentará y que CiU perderá por goleada, obteniendo ERC el rango de partido más votado. De ahí la firmeza de Oriol Junqueras que intuye perfectamente que la consulta jamás verá la luz y que aparentar dureza y aplomo le reportará más votos desencantados con la ambigüedad de Mas y con las corruptelas de CiU. Junqueras sabe que la alternativa al referéndum son las elecciones anticipadas… y que las ganará indiscutiblemente. El año terminará en Cataluña, previsiblemente, con la convocatoria de elecciones autonómicas para Enero.

A partir de Octubre la sonrisa de Rajoy se disipará: las cifras macroeconómicas dejarán de ser “favorables” y se demostrará la triste realidad de que dependemos completamente del turismo, es decir… de un negocio estacional. Las cifras del paro repuntarán de nuevo. Por otra parte, se percibirá sin sombra de dudas que el empleo que se ha creado a lo largo del año ha sido simplemente estacional con un altísimo nivel de rotación y que el 80% de los contratos apenas han supuesto trabajo durante cuatro meses antes de reingresar en las listas del paro. La estructura económica de nuestro país está configurada de tal manera que el paro es endémico y el empleo desde hace décadas se concentra mayoritariamente en sectores con poco valor añadido (hostelería, construcción y agricultura). La hostelería está sometida a los gustos del turismo, a la situación internacional (caída del turismo magrebí y turco favorecen la llegada a España de turistas de Europa Occidental) y a la posición modesta de otros competidores (Croacia, Eslovenia, Chequia) que no durará siempre. Sin olvidar que un pequeño incidente generado por independentistas o yihadistas podría simplemente cortar en seco la llegada de turistas y un desplome del PIB en apenas unos meses.

El repunte del paro provocado por el fin del trabajo estacional se unirá a la desaceleración de la economía europea (a la que va a parar una parte sustancial de nuestras exportaciones) y a la recesión de las economías argentino-brasileña que contribuirán a revitalizar la crisis de la globalización iniciada en 2007. Cuando se convoquen las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015, la campaña se iniciará con el mal sabor de boca de esta crisis y su repercusión en el empleo y la sensación de que la palabra de Rajoy vale tanto como la de Zapatero o de cualquier otro que le haya precedido, lo que permite entrever que los resultados para el PP serán limitados y que perderá algunas grandes ciudades y el control de algunas comunidades autónomas en las que hoy gobierna.

La acumulación de casos de corrupción producida en los últimos años no parece que vaya a desembocar en el último tercio de 2014 en juicios públicos. Tanto la trama Gürtel, como el caso de los EREs, si bien han superado la fase de instrucción, no se ha concretado todavía una fecha para su celebración y en cuanto al destino procesal del gang Pujol (y de otros casos que puedan aparecer hasta que se sustancie el conflicto soberanista en Cataluña) ni siquiera se han abierto las instrucciones. En cuanto al Caso Urdangarín, a medida que se dilate su instrucción, y vaya quedando atrás la abdicación de Juan Carlos I, la corrupción en el entorno de la Casa Real tenderá a identificarse con la imagen del nuevo monarca en lugar de estar ligada al precedente. De ahí que, de entre todos, éste posiblemente sea el caso que aparezca antes en los tribunales, pero difícilmente en el cuatrimestre que se inicia ahora.

Parece inevitable que se produzca una recomposición de la izquierda en torno a Podemos, a la vista de la tendencia iniciada a partir de las elecciones europeas y de la incapacidad del PSOE para superar su crisis estructural. La falta de talla política de Pedro Sánchez, evidenciada en sus dos meses de gestión, siembra las más serias dudas sobre el futuro de este partido. Con una Izquierda Unida en descomposición y un tránsito por goteo hacia Podemos, el silencio atemorizado de Equo ante el ascenso de su inmediato competidor, es inevitable que el partido de Pablo Iglesias, si consigue superar su dinámica asamblearia y pone orden en sus estructuras organizativas, se convertirá antes de las elecciones municipales en vector principal de la izquierda.

Todo esto induce a pensar que una vez resuelta la fecha mítica del 9-N en la que probablemente lo único que pase sea que Artur Mas se vea obligado a convocar elecciones anticipadas, el problema catalán quedará conjurado, como mínimo hasta que no se siente un gobierno de izquierdas en La Moncloa, gobierno que no podrá sino surgir de una coalición entre un PSOE declinante, un Podemos aun capaz de suscitar el entusiasmo propio de las utopías y una IU enfrentada al dilema “desaparición o tocar poder como socio secundario”. Solamente en esas circunstancias un gobierno español podría autorizar la convocatoria de un referéndum en Cataluña de efectos imprevistos.

El último cuatrimestre de 2014 demostrará en primer lugar el error de pensar que estamos ante un nuevo ciclo de “vacas gordas” y que el problema del paro dista mucho de estar resuelto incluso en una mínima parte. Demostrará, así mismo, la crisis de confianza del electorado ante las opciones tradicionales y aumentará la sensación de que se está acabando un ciclo político. La ausencia de juicios públicos contra la corrupción (y la posibilidad de que aparezcan más casos) aumentará el encono de la población contra la clase política, una población que quiere ver ya de una vez por todas sustanciados los innumerables procesos abiertos o en vías de incoarse y necesita, de una vez por todas, ver a políticos de primera fila, entrando en fila en la cárcel.

El nombramiento de algún español (¿De Guindos, Arias Cañete?) para ocupar puestos de relevancia en la administración de la UE sería para Rajoy un argumento más para “vender” su idea de “eficacia en la gestión, discreción en la actuación”. Pero, difícilmente esta idea podría llegar al grueso del electorado mucho más pendiente de lo que ocurre en el barrio que de las novedades llegadas de Bruselas por importantes que sean. Por otra parte, el nombramiento de un miembro del PP para un cargo de relevancia internacional, dará argumentos a la oposición para recordar el caso de Rodrigo Rato. Sin olvidar que los comisarios españoles de la UE, frecuentemente, han realizado una gestión completamente aséptica y alejada de cualquier forma de patriotismo.

La publicación del dato de que medio centenar de “españoles” figuran entre los yihadistas que combaten en Siria ha conseguido desplazar el eje del terrorismo al fundamentalismo islámico y exige medidas para frenar las generosas concesiones de nacionalidad en virtud del ius solis de las que la aparición repentina de yihadistas es solamente una de las muchas consecuencias del problema, siendo la primera en importancia, el desfiguramiento creciente de la identidad española. 

El problema de la inmigración, como la caída en picado de la calidad del turismo, deberían de obligar al gobierno a tomar medidas, especialmente por las repercusiones que tienen la llegada constante de oleadas de inmigrantes subsaharianos convertidos en verdaderos transmisores de enfermedades víricas. En cuanto al turismo, el gobierno debería plantearse con el verano aún caliente, si el turismo-basura es el modelo que deseamos y necesitamos. Ahora bien, si tenemos en cuenta la velocidad con la que el gobierno Rajoy suele procesar los datos cotidianos, la respuesta a todos estos problemas no se producirá desde luego en 2014 y suerte tendremos si el gobierno hace algo antes de las próximas elecciones generales.

Cuando oigamos el primer mensaje de Navidad de Felipe VI en el que nos hablará de estar unidos y tener un destino común, mantener una actitud optimista y constructiva a pesar de los nubarrones internacionales y las dudas sobre el futuro… la audiencia será indudablemente más baja que en años anteriores, indicativo que la desconfianza creciente que alberga la población ante la clase política. Y es que el sistema se va marchitando progresivamente como la naturaleza en otoño, su base social se ve cada vez más erosionada como los árboles que a partir de ahora empezarán perder hojas…

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin citar origen.

 

 

 

 

Geopolítica del Mare Nostrum

Geopolítica del Mare Nostrum

Info|krisis.- El Mediterráneo es el primer mar que aparece en la Historia y buena parte de la misma discurre entre sus orillas. En los últimos 4.000 años el Mediterráneo ha sido frontera natural para unos y escenario de intercambios comerciales para otros. Estas dos concepciones persisten todavía en la modernidad, apenas sin variaciones. La única novedad, de hecho, es que a partir de 1945, un poder no europeo recorre desafiante sus aguas: la VI Flota de los EEUU. Este artículo aspira a revisar el papel geopolítico del Mediterráneo en el siglo XXI.

Sorprende saber que el nombre “Mediterráneo” es relativamente reciente. Desde Estrabón se había aludido al “mare nostrum” (nuestro mar), pero no fue sino hasta el siglo XVI cuando Jacques Amyot utiliza la expresión “mar mediterráneo” que ocasionalmente algunos geógrafos medievales habían utilizado para definir el espacio marítimo situado “en medio de tierras” (y tal es la etimología del nombre). A partir del siglo XVII el nombre de Mediterráneo se convertirá en sustantivo y como tal aparecerá por primera vez en un mapa de 1737. El esquematismo turco hizo que llamaran al Mediterráneo “mar blanco” por contraposición al “mar Negro” cuyo acceso dominaban gracias al control sobre el Bósforo y los Dardanelos. Antes, los árabes le habían llamado Bahr al Abiad al Mutawasat, literalmente “mar Blanco de En medio” como oposición al Mar Rojo.

Entre el Estado y el Mercado

El hecho de que los romanos aludieran el Mediterráneo como “mare nostrum” indica cuál era la concepción geopolítica sobre la que se movía el Imperio Romano: formar una civilización en torno al estanque mediterráneo. Las zonas que se alejaban del Mediterráneo parecían tener poco interés para los grandes emperadores romanos. Si se vieron obligados a conquistar Britania, el noroeste de las Galias, Dacia o la parte más occidental de Hispaniae fue para completar espacios geográficos en los que no existían fronteras naturales, pero siempre, Roma se atuvo a una proyección geopolítica en ambas orillas del Mediterráneo.

Mientras lo que podemos considerar como una “falta de experiencia imperial” o una “carencia de sentido geopolítico” que siempre tuvieron las ciudades griegas y que se evidenció en la aventura imperial de Alejandro Magno abandonando el espacio geopolítico propio de Grecia y llegando a las puertas de la India, Roma tuvo siempre claro –y especialmente con Augusto y en el período de los grandes emperadores– que su espacio geopolítico era el Mediterráneo. Más allá del mismo se enfrentaba a pueblos demasiado diferentes como para poder imponer una pauta de civilización. Por otra parte, la seguridad de Roma dependía de que a través del Mediterráneo fuera posible establecer un tránsito de mercancías entre los puertos a los cuales iban a parar las Vías romanas.

Desde el principio de su andadura como Estado, Roma advirtió que entre su concepción antropológica y cultural y la de los pueblos “del sur” que se situaban en la otra orilla del Mediterráneo, existían unas diferencias fundamentales: Roma daba importancia al Estado y a la solidez de su construcción que era garantía de poder realizar una “misión histórica” centrada en la extensión de la civilización. Para poder “civilizar” era preciso disponer de un fuerte y sólido aparato estatal.

Inspirado en los cultos solares procedentes del mundo clásico y de los pueblos aqueos y dorios que dieron lugar a lo mejor del mundo griego, la concepción romana del Estado implicaba la existencia de un centro civilizador que poco a poco iba extendiendo sus dominios a otros pueblos similares.

Cuando se produjo el choque histórico con Cartago, fueron dos modelos de civilización el que se enfrentaron en el estanque mediterráneo: de un lado los pueblos de la diosa, seguidores del culto a Tanit y a Astarté, avatares de la “gran madre”, atrincherados en torno a Cartago, pueblos de comerciantes herederos de la vieja Fenicia; de otro, Roma que priorizaba la civilización y el Estado, frente al comercio, el Imperio frente al Mercado, los cultos solares a los cultos telúricos y ginecocráticos. A lo largo de tres guerras púnicas, Roma impuso su concepción y liquidó durante todo un ciclo histórico el poder marítimo y comercial de la otra orilla del Mare Nostrum.

Este enfrentamiento histórico confirmó lo que ya se podía percibir con claridad desde el choque entre Atenas (potencia comercial y marítima) y Esparta (potencia guerrera y terrestre), algo que ha constituido la primera ley geopolítica: el enfrentamiento entre potencias terrestres y marítimas que disputan el mismo espacio geopolítico. Ayer fueron Cartago y Roma, antes se habían enfrentado Atenas y Esparta, hoy, finalmente, el Mediterráneo entre 1948 y 1989 fue el teatro del enfrentamiento entre la VI Flota de los EEUU y el Ejército Soviético en la última edición del choque entre potencias marítimas y terrestres, entre el Estado y el Mercado. Ese choque en el siglo XXI no está todavía definitivamente resuelto.

Mediterráneo e Islam

Un esquematismo acaso excesivo, distingue entre la “orilla norte” del Mediterráneo y la “orilla sur”. También hubo una “orilla Este” (Fenicia) y una “orilla Oeste” (Tarsis), y en el siglo XVI el esquema volvió a repetirse en el enfrentamiento entre el Imperio Turco y el Imperio Español. Lepanto resolvió el conflicto durante dos siglos restando a los turcos el acceso al Oeste del Mediterráneo y debilitando extraordinariamente su poder naval.

Tras la caída del Imperio Romano, a la “orilla norte” le había costado restablecer un poderío naval que solamente existió digno de tal nombre gracias a la Corona de Aragón, cuando al fracaso de su expansión geopolítica hacia el norte provenzal (con la derrota de Muret), siguió una expansión hacia el Mediterráneo Oriental que llevó a los estandartes aragoneses hasta el Adriático e incluso más allá en la aventura de los almogávares. 

Durante esos siglos, Occidente había intentado recuperar el dominio del Mediterráneo especialmente con las cruzadas haciendo de Chipre un bastión para el control de la orilla oriental de este mar. El poder naval de las órdenes militares, especialmente del Temple y de los Hospitalarios, permitió que durante dos siglos, las naves del Islam estuvieran en situación de inferioridad estratégica y tan solo pudieran operar sus incursiones piráticas (de hecho lo hicieron hasta mediados del siglo XVIII) desde Argelia. Más tarde, Lepanto hizo que el imperio otomano debiera renunciar a su proyección naval y abandonara toda esperanza de reunir las fuerzas de su flota con la de los piratas berberiscos que actuaban en el Oeste del Mediterráneo. A partir de Lepanto, el Imperio Otomano sólo pudo disponer de un vector terrestre –nunca más marítimo– que apuntase hacia el corazón de Europa –Viena– y que, finalmente, al ser derrotado ante las puertas de esta ciudad, debió contentarse con una presencia inestable en los Balcanes cuyas consecuencias lamentables duran todavía hoy.

La experiencia histórica enseña que los marinos islámicos han sido inferiores en calidad a los europeos y las sucesivas derrotas les han inducido a presentar el Mediterráneo como un espacio para el “intercambio y las relaciones comerciales”. Y así aspiran a que siga siendo en la actualidad.

De hecho, el Mediterráneo, desde el punto de vista de la causa de la identidad europea es una frontera: la línea del frente más allá de la cual existen territorios hostiles y ante la que hay que prepararse para futuros enfrentamientos; sin embargo, para el islam –apoyado por la potencia comercial de los EEUU– el Mediterráneo es un espacio de “libre comercio” y, por tanto, una zona de intercambios culturales y de… mestizaje (como todo “mercado”).

Los matices del Mediterráneo

Más allá del esquematismo entre “norte” y “sur”, puede hablarse con propiedad de seis orillas en el Mediterráneo.

La primera sería la orilla bajo control turco. Ese control ha quedado históricamente garantizado por la presencia turca en la Tracia europea y por el control de los estrechos que cierran la salida del Mar Negro a la potencia Rusa. El “Este islámico” (Turquía) cierra el paso del Mediterráneo al “Este europeo” (Rusia). Es importante recordar que esta “orilla” es sólo turca tras la conquista de Constantinopla y la destrucción del Imperio Bizantino, pero que anteriormente era una de las zonas más genuinamente europeas en la medida en que allí había florecido la civilización clásica (en Asia Menor) y se había implantado la romanidad. La invasión de Chipre por el ejército turco en 1974 se realizó precisamente para reforzar la presencia de esta potencia en el Mediterráneo oriental. Sin embargo, esta odiosa iniciativa que supuso la marginación y la liquidación de miles y miles de greco–chipriotas, no debe oscurecer el hecho esencial: el Egeo no es un mar turco, es un mar europeo y es Europa quien debe seguir teniendo la primacía en el Mediterráneo oriental. Una Europa libre y que se haya sacudido la tutela que los EEUU siguen ejerciendo a través de la OTAN, reivindicaría (e impondría) su presencia naval masiva en el Egeo recordando a Turquía que su área de expansión no puede ser hacia Europa (de donde ya ha sido rechazada una vez) sino hacia el mundo árabe (tal como el káiser Guillermo II convenció a las autoridades turcas antes del desencadenamiento de la Primera guerra Mundial: buenas relaciones… a cambio de que el eje de expansión de Turquía se desplazada hacia el mundo árabe).

Próxima a esta zona e indudablemente en sinergia con ella se encuentra lo que podríamos llamar “orilla asiática del sur”, históricamente lugar propio de los pueblos fenicio y hebreo, teatro de enfrentamientos desde 1948 que han justificado la presencia masiva de la VI Flota de los EEUU en todo el Mediterráneo. Este conflicto está desplazado fuera del área geopolítica europea. Sus protagonistas no son pueblos europeos, ni sus aliados lo son tampoco (EEUU para Israel y el mundo árabe para los palestinos), por tanto, se trata de un conflicto que hay que alejar lo más posible de Europa. Un dominio europeo sobre el Egeo y una presión euro–rusa sobre Turquía obrarían a modo de un cortafuegos que recluiría el conflicto judío–palestino dentro de Oriente Medio y le restarían la proyección mediterráneo que los EEUU esgrimen como excusa para estar presentes en la zona.

Más acá existe lo que podíamos llamar una zona sudoccidental africana con personalidad propia y presencia histórica desde el tiempo de los faraones. Egipto es, con mucho, el Imperio más antiguo del mundo y constituye en la actualidad uno de los estados árabes más poblados, al tiempo que ejerce un papel geopolítico fundamental: es la bisagra entre el Magreb y el Mashreq (el “levante” o la parte del mundo árabe más al Este que Libia). Mientras duró la experiencia del nacionalismo árabe laico con la figura extraordinaria de Gamal Adbel Nasser, existió la posibilidad de que Egipto liderara la respuesta de los países árabes contra el intervencionismo norteamericano. Tras el fracaso de la experiencia nasserista (y la destrucción del baasismo irakí con la derrota de Saddam Hussein), Egipto pasó a ser un país árabe más, sin una proyección geopolítica bien definida, alineada con los EEUU y con una fuerte componente de desestabilización interior (los Hermanos Musulmanes, la primera organización fundamentalista tuvo allí su origen y su puntal más poderoso aún en la actualidad). Egipto ni siquiera ha estado en condiciones de explotar su papel estratégico otorgado por el Canal de Suez. La inestabilidad egipcia desde los años 70, que se prolonga en la actualidad, ha generado el que las flotas petroleras se dotaran de buques de gran calado capaces de contornear la “ruta del petróleo” desde el Golfo Pérsico hasta el Atlántico, eludiendo el problemático paso de Suez que hoy tiene su importancia estratégica muy disminuida.

En cuarto lugar estaría la orilla magrebí del Mediterráneo, la más próxima a Europa Occidental y, por tanto, la más sensible y conflictiva. Esta orilla en los últimos 20 años se ha visto convertida en la zona preferencial del tránsito de pateras: de Marruecos a España y de Libia y Túnez a Italia. Se trata de una zona de predominio bereber que ha sido arabizada e islamizada. El poder petrolero de Libia y Argelia (y el creciente poder de Marruecos debido a su amistad y alianza con los EEUU) hizo creer hace treinta años que el Magreb podía evolucionar rápidamente a niveles del Primer Mundo. Esta expectativa se ha visto frustrada y en la actualidad, el Magreb es más bien una olla en el interior de la cual va aumentando la presión del islamismo radical convertido en la válvula de escapa del resentimiento y del odio social. Europa, ante el Magreb debe de abandonar la política que ha adoptado en la última década (abrirse a los productos agrícolas y comerciales del sur, de ínfima calidad y que acarrean la ruina de la agricultura europea y más avances de la deslocalización especialmente en la industria textil) y adoptar una política de contención de riadas migratorias, de repatriación de las vanguardias inmigrantes que ya han llegado y un rearme arancelario que defienda al Norte contra la competencia desleal del Sur.

Ya en el Norte, la orilla europea tiene dos “áreas” perfectamente diferenciadas: el llamado “Arco Latino” y el “Área Balcánica” al Oeste y al Este respectivamente. Nada que decir, sobre la primera: es la nuestra. Es aquí en donde vivimos y esta es la zona que debemos proteger del “enemigo del sur”. La otra es, sin duda, la más conflictiva de Europa. Esa conflictividad es una herencia de los tiempos en los que el Imperio Otomano estuvo presente en la zona y dejó comunidades islámicas que hoy se han configurado como los principales factores de inestabilidad en Europa: Albania, Bosnia, y el llamado “corredor turco de los Balcanes” que comunica la Tracia europea con el Adriático y cuyo pilar es la ficción geopolítica que atiende al nombre de Gran Albania y que agruparía a todos los territorio islámicos de los Balcanes. El factor religioso es aquí esencial y explica por sí mismo, porque estas zonas situadas en una parte de Europa viven un atraso de 200–300 años en relación al resto del continente e incluso de las zonas distantes apenas unas decenas de kilómetros.

En la actualidad, solamente dos países del Norte, Albania y Bosnia, tienen ingresos inferiores a los países de la orilla Sur: no es por casualidad que se trata de países de mayoría islámica. Albania tuvo en 1998 un PIB de 750 dólares per cápita y Bosnia 820 dólares. Luego, gracias a las ayudas de la UE lograron aumentar en 2005 hasta los 1.200 dólares… mucho más cerca de Marruecos (1.000 dólares) que de Francia (23.000 dólares). El islam tiene estos efectos deletéreos sobre el progreso económico.

Estas zonas son “zonas de combate” en donde Europa, lastrada por la OTAN y por la intención norteamericana de debilitar al Viejo Continente, ha permitido a bandas de delincuentes islámicos establecer “zonas liberadas” en los Balcanes. Es imprescindible que mientras el Islam esté presente en estas zonas, Europa habilite muros de contención y “fronteras” antropológicas y culturales ante este núcleo, establezca como un casus belli el intento de potencias no europeas de aumentar su peso y condicione su incorporación a Europa a una laicización total de estas sociedades, a retornar al período anterior a las limpiezas étnicas operadas por los islamistas en los territorios de la antigua Yugoslavia y a una libertad religiosa que permita restituir en esas zonas el espíritu y la tradición europea, desterrando de una vez y para siempre lo que llegó con las invasiones turcas de los siglo XV y XVII.

Norte y sur: cielo e infierno

A medida que discurre la historia, la brecha que separa a la orilla Norte del Mediterráneo de la orilla Sur se va ampliando y nada impide pensar que ambas orillas dejaran de distanciarse cada vez más en algún momento.

En 1950, en torno al Mediterráneo vivían 212.000.000 de personas que, treinta y cinco años después habían ascendido a 360.000.000  y en la actualidad han pasado a ser 500 millones. En apenas 65 años la población se ha duplicado. La zona (especialmente la orilla norte) se ha convertido en el principal destino turístico del mundo que acoge al 40% del turismo mundial. En 1971 llegaban a las costas mediterráneas del Norte y del Sur 86.000.000 de viajeros… pero en 2004 eran ya 250.000.000, en la actualidad 350.000.000  y se prevé que en quince años hayan llegado a 600.000.000.

Tales flujos humanos y turísticos no pueden realizarse sin un alto coste para el medio ambiente y el hábitat natural de la zona que afectan especialmente a los países del Norte. El paisaje de las costas ha variado extraordinariamente. De vivir de la pesca, y el comercio, estos pueblos han pasado a tener una economía que depende casi exclusivamente del turismo. Masificación, contaminación medioambiental, escasez de agua, se van afirmando como los grandes problemas de la zona, mientras que en el Sur la aparición del fundamentalismo islámico ha hecho que el crecimiento económico–turístico de la región se haya visto limitado.

La constatación más espectacular, con todo, no es esta, sino el desequilibrio demográfico entre Norte y Sur. Si en 1950 dos tercios de la población se situaba en el Norte, en 1985 se distribuía por igual y en 2025, el Sur dispondrá de dos tercios de los habitantes. La conclusión que demográfica que se impone es obvia: el Norte envejece mientras que en el Sur bullen pueblos “jóvenes”. La constatación es todavía más escalofriante si se tiene en cuenta que en los países del Sur del Mediterráneo los menores de 30 años suponen ¡entre el 60 y el 75% de la población!

Engañados por los medios de comunicación, esta inmensa masa de jóvenes del Sur, sin cultura ni educación, ven en los escaparates de consumo europeos su gran objetivo a alcanzar. Si a esto unimos la imagen de la mujer europea, desenfadada y erótica, en contraste con la mujer islámica envuelta en velos y enmascarada, se entenderá que entre los jóvenes del Magreb se mire a Europa como tierra de promisión. Además no hay que olvidar el papel de los predicadores islámicos fanáticos que perciben la debilidad europea (injertada por el progresismo y el liberalismo) e incluso consideran que la presencia islámica hasta Poitiers hace que los territorios de la Península Ibérica y el Mediodía francés sean considerados como “tierra islámica usurpada por cruzados e infieles”.

Cortar en seco esta riada migratoria (sí se pueden poner puertas al campo…) y repatriar a los excedentes de inmigración que se hayan negado a integrarse en la sociedad europea o que no hayan respetado la legislación europeo, es prioritario para restablecer la normalidad en la orilla Norte del Mediterráneo.

Es cierto que el Mediterráneo es hoy, preferentemente, una zona de intercambios comerciales preferenciales. Más del 50% de los intercambios comerciales de los países del Sur se realizan con la orilla Norte e incluso Argelia, Marruecos y Túnez destinan el 75% de sus exportaciones a la Unión Europea. Sin embargo, el intercambio comercial de los países del sur con otros de su entorno cultural es bajo, muy bajo o bajísimo. Marruecos apenas tiene un volumen del 5% de intercambios con Siria a pesar de que la Liga Árabe desde hace décadas pone especial énfasis en el aumento del intercambio comercial entre países islámicos.

Si bien el Sur del Mediterráneo está políticamente colonizado por los EEUU (la instalación del Mando de África del Pentágono en Marruecos solamente ha sido la última confirmación de esta tendencia, a la que ha seguido, como por azar, el estallido de las revoluciones verdes en Egipto, Túnez y Libia) la UE es el primer inversor directo en la zona (con un 39% del total) y la primera fuente de asistencia y medios de financiación (todos los años concede 3.000.000.000 de euros en préstamos y ayudas no reembolsables. Esta política también es insostenible: se ayuda a la orilla Sur (aunque la corrupción y la mala gestión generan que buena parte de esa ayuda se pierda) mientras aumentan las deslocalizaciones del Norte y aumenta el flujo migratorio de Sur a Norte. Difícilmente en la historia se ha visto una iniciativa de este tipo que perjudique tanto a un pueblo y que siga de manera suicida. Para colmo, los inmigrantes magrebíes residentes en Europa han hecho que la primera fuente de ingresos del Magreb no sea ni el petróleo, ni el turismo, ni la industria… sino las remesas enviadas por los inmigrantes.

La brecha cultural

Pero donde las cifras son más espeluznantes en relación a las diferencias de desarrollo entre el Norte y el Sur es en lo relativo a los ámbitos culturales. En 2005, el 50% de las mujeres y el 30% de los hombres de la orilla sur eran analfabetos. Diez años después, estas diferencias se mantienen. Esta situación es inseparable del fatalismo insertado por la religiosidad islámica (“Alá es dueño de todo, Alá es todopoderoso, todo lo que vale la pena conocer está escrito en el Corán”…, una frase que todavía repiten de manera monocorde miles de imanes analfabetos en el norte de África).

No es raro que  las inversiones en materia de “investigación + desarrollo” sean casi completamente inexistentes en el Sur. ¿Para qué invertir algo si la UE ya aporta los fondos para cubrir esa partida presupuestaria? En efecto, en 2003, los países de la UE se fijaron como objetivo alcanzar una inversión del 3% del PIB en materia de I+D. Mientras, Egipto dedica apenas el 0’5% y Túnez el 0’4, siendo los países árabes más avanzados en esta materia. Hoy, estas cifras son aún peores a raíz de las últimas convulsiones en la zona.

¿Libros? En el Norte es una industria pujante y si bien los libros impresos disminuyen sus tiradas (aunque aumenta el número de títulos editados), ha irrumpido el e–book que garantiza la buena salud del libro en el Norte. En el sur, en cambio, es una industria cultural agónica: los libros publicados en todo el mundo árabe apenas representan el 1,1% de la producción mundial, lo que da una idea de cómo es el desierto árabe en materia de edición.

En el capítulo de las nuevas tecnologías las cifras son igualmente lamentables para la orilla sur: en todo el mundo hay un promedio de 80 ordenadores por cada mil personas, pero en los países árabes apenas hay 22 por cada mil y apenas el 1,6% de la población tiene acceso a Internet.

Políticamente la situación es aún más desastrosa para el Sur: las democracias del Norte (con todas las limitaciones y los procesos degenerativos que se quiera) tienen como contrapartida en el Sur a gobiernos autoritarios cuando no teocráticos (o una mezcla de ambos), regímenes de partido único sin ningún rastro de alternancia real.

El fracaso político del Sur

Europa vive una situación de estabilidad política desde 65 años una situación de estabilidad política creciente que cobró un nuevo aspecto en la primera mitad de los 70 cuando desaparecieron los regímenes autoritarios de los países mediterráneos y cuando cayó el Muro de Berlín en 1989. Sin embargo, en la orilla Sur del Mediterráneo hemos asistido a procesos políticos caracterizados siempre por un aumento de la inestabilidad. La presencia del Islam es inseparable de tal inestabilidad. El Islam siempre ha demostrado una increíble falta de adaptación y una imposibilidad para aplicar fórmulas modernas de pluralismo político. Presos de la “obsesión religiosa”, la orilla Sur del Mediterráneo ha vivido crisis cíclicas y en los últimos 60 años ha sido incapaz de prescindir de regímenes dictatoriales y autoritarios.

Lo mejor que ha dado la orilla Sur después de la Segunda Guerra Mundial ha sido, indudablemente, lo que podríamos definir como regímenes populistas laicos cuya primera manifestación fue el kemalismo turco implantado a partir de 1924 y que tuvo similitudes con el régimen tunecino de Habib Burguiba. En ambos casos de trataba de regímenes laicos que ponían el énfasis en el desarrollo económico y que obtuvieron buenos resultados. Experiencias relativamente parecidas tuvieron lugar en Egipto (con Nasser), Siria e Irak (con el Baas) y Libia (con Ghadaffi). Sin embargo, aquí los resultados han sido más modestos. El nacionalismo árabe que prendió en 1952 en Egipto se tradujo en un régimen autoritario que reprimió a islamistas, comunistas, comerciantes y terratenientes y cuyo modelo estuvo más cerca del fascismo italiano que de cualquier otro régimen (existe una famosa foto de Nasser inaugurando la sede del Movimiento Social Italiano, el partido neofascista, en El Cairo poco después de llegar al poder). Durante su primera época, Nasser obtuvo unas tasas de crecimiento económico excepcionalmente buenas, lo que hizo que su prestigio internacional aumentara y pasara a ser uno de los puntales del Movimiento de Países de Alineados. Sin embargo, la intervención anglo–francesa en Suez (1956) y la derrota de Egipto ante Israel en la Guerra de los Seis Días (1967) comprometieron definitivamente la viabilidad del régimen que, finalmente periclitó con la muerte de Nasser y el final de la guerra del Yonkipur (1973).

En Argelia se produjo una situación similar cuando accedió al poder Houari Boumediene tras el largo y sangriento proceso independentista que situó a Francia al borde de la guerra civil y generó una oleada de terrorismo independentista así como una respuesta por parte de la OAS (resistencia francesa en Argelia). En su afán anticolonialista, tanto Nasser como Boumediene terminaron acercándose a la Unión Soviética y desembocando como los gobiernos baasistas de Siria e Irak en regímenes policiales. Desde el punto de vista económica el resultado de todos estos regímenes no fue malo, pero el deslome de la URSS se produjo una nueva situación en la que se demostró que ninguno de estos regímenes había sido capaz de demoler la estructura social basada en clanes procedente de la edad media.

Lo mismo ocurrió con los regímenes semiparlamentarios y semiautoritarios que aparecieron en la orilla sur desde los años 50. Se trataba de monarquías que, como la marroquí o la jordana (e incluso como la libia hasta el golpe de Ghadaffi en 1971) se presentaban como regímenes “más europeos” y declaraban tener rasgos “liberales y reformistas”. En realidad, ninguno de estos regímenes ha tenido éxitos económicos notables, y han desembocado hasta su derrocamiento en sistemas difícilmente definibles a medio camino entre la democracia y el stalinismo, con una tendencia más acusada a este último que al primero.

La aparición del Islam en la escena se produjo cuando los regímenes de populistas laicos o nacional–populistas empezaron a ofrecer malos resultados económicos y fracasos político–militares ante el Estado de Israel. En la orilla Sur sigue incólume la llamada “economía de renta”  (de tipo tributario, basada en la posesión de bienes raíces y en una fiscalidad aberrante sobre las clases más desfavorecidas y que no tiene nada que ver con la producción de riqueza y mucho menos con su distribución). Ese modelo económico, además, requiere altos niveles de autoritarismo y corrupción, siendo inseparable de ambos fenómenos. Si a estos unimos la presencia del Islam con su innata incapacidad para estimular el desarrollo económico, así como la presión demográfica, veremos que la situación del sur del Mediterráneo es, en estos momentos, explosiva y es normal que los regímenes de la zona encomienden su futuro a los buenos oficios de los marines y del Departamento de Estado Norteamericano.

La orilla Sur ha fracaso económicamente, políticamente es un hervidero de resentimientos y de corruptelas y socialmente está anclada en la edad media y el modelo económico rentista hace imposible que cristalice una burguesía media con capacidad suficiente como para que pueda desempeñar algún papel democratizador o “ilustrado”.  Los problemas sociales no se traducen en un aumento de los movimientos sociales laicos de protesta, ni por un aumento en la filiación de los sindicatos, ni por un radicalismo de los partidos políticos o de los grupos obreros, sino… por un aumento del apoyo a los partidos islamistas que con sus promesas de “justicia social” y de “redistribución caritativa de la riqueza”, lanzan un mensaje que indudablemente cala cada vez más en las masas desheredadas que solo contemplan una salida en la inmigración a Europa.

Las estructuras autoritarias y represivas de los Estados de la orilla Sur han conseguido momentáneamente detener el ascenso del islamismo radical en algunos países (como Argelia), desviarlo hacia actividades extraparlamentarias (como en Marruecos con Caridad y Justicia que se inhibe de participar en procesos electorales) o simplemente reprimiéndolo (como en Egipto que todavía no ha cesado la presión sobre los Hermanos Musulmanes). No es raro que estos regímenes se hayan arrojado en manos de los EEUU en un intento de garantizar el trueque de garantizar la seguridad de sus estructuras dirigentes a cambio de colaborar con el Pentágono, es decir, un intento de extender a todo el mundo árabe el pacto que dura ya casi un siglo de los EEUU con la dinastía de los Saud en Arabia Saudí. Pero así como en Arabia es fácil garantizar el orden y controlar a la población, en el Magreb todo esto resulta mucho más difícil, casi imposible, a la vista de las extraordinarias aglomeraciones humanas que han aparecido en torno a las grandes ciudades y que hoy son un semillero de radicalismo.

En la actualidad, la opción de emprender el camino de la inmigración es una válvula de escape para los jóvenes magrebíes: pero no durará siempre. Es cuestión de tiempo que esos flujos (los que ya están instalados en Europa y los que no pueden acceder a Europa) generen un resentimiento antieuropeo que se traducirá en unos mayores índices de conflictividad tanto en política internacional en el área mediterránea como en el interior de los países de la orilla Norte y de la orilla Sur. Europa debe estar preparada para ese momento porque el resultado de unas masas desesperadas galvanizadas por imanes analfabetos y aventureros puede dar como resultado el que el desequilibrio entre la orilla Norte y la orilla Sur se traduzca en un enfrentamiento “caliente” en la zona. Y si bien Europa es hoy incapaz de mantener fuerzas militares ofensivas, deberá por lo menos asegurar su defensa interior y de su estilo de vida. Si no mediante las fuerzas armadas y de orden público, sí al menos mediante fuerzas paramilitares organizadas como fuerzas de autodefensa de la ciudadanía.

Este va a ser el precio a pagar por no reconocer durante 60 años las diferencias entre la orilla Norte y la orilla Sur. Cuando las diferencias existen y son de la magnitud que hemos expuesto, ni las buenas palabras ni el humanismo angelical sirven para detener el conflicto: el Sur está dispuesto a “tomar” lo que el Norte tiene ante la incapacidad de alcanzar su nivel de vida. Cuando la brecha es tal como la existente en la actualidad, el único principio que cabe aplicar en el Norte es el de “precaución” en relación al Sur. No se trata de poner un puente de plata, ni de ayudar al Sur, tanto como de establecer una divisoria: al Norte los territorios libres del Islam y al Sur los territorios islámicos, al Sur la barbarie y al Norte la civilización, ¿y los islamistas presentes en el Norte? Es simple: deben ser repatriados. Hace 400 años, la expulsión de los moriscos marca el modelo a adoptar: la quinta columna del imperio otomano fue expulsada tras intentar la insurrección, eso generó una situación muy diferente a la que existe hoy en los Balcanes. El “principio de precaución” ante el Sur sitúa este modelo histórico nuevamente en primer lugar…

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