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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Notas a un texto de A.Duguin

Notas a un texto de A.Duguin

Info|krisis.- Leo en la web The Fourth Political Theory un texto de Alexandr Duguin que resume una serie de percepciones, en mi opinión, erróneas y de ubicaciones conflictivas para el desarrollo de una lucha política eficaz. Intentaré contestar dicho artículo tocando diversos aspectos. El artículo de Duguin va dirigido “a los identitarios”, está escrito desde una perspectiva geopolítica y plantea la lucha contra el capitalismo como el primer objetivo. Se trata de un artículo breve, una especie de resumen, pero también un receptáculo de errores encadenados que vamos a tratar de exponer.

¿Desde qué perspectiva se realiza esta crítica? Desde ninguna. Desde la simple objetividad y la estricta racionalidad. En lo personal no me puedo considerar hoy “identitario” como ayer no me consideré “nacional–revolucionario”, espacios ambos sobre los que nunca ha existido una definición concreta y que se aplican a sectores muy diversos (Fidel Castro o las narcoguerrillas colombianas eran llamadas “nacional–revolucionarias”, nombre que ayer se aplicaban a sí mismos los militantes de CEDADE o sus descendientes; de la misma forma que hoy Jordi Pujol es un “identitario catalán” e identitarios se quieren también los miembros de grupos anti–inmigracionistas y anti independentistas). Así que, mejor no entrar en este tipo de definiciones y de la misma forma que “se hace camino al andar”, el rótulo que debe de acompañar a una crítica es mucho menos importante que la crítica en sí.

El artículo de Duguin está redactado casi en forma de manifiesto y, por tanto, su brevedad y la contundencia de algunos de sus juicios no vienen acompañados de argumentación. La argumentación existe en otros trabajos suyos. Por nuestra parte, nos podemos permitir no reducirnos solamente a lo expuesto en dicho artículo, sino extenderlo a una parte de las ideas expuestas por Duguin. Aislamos cinco actitudes que calificamos como erróneas.

Primer error: sobre el valor de la geopolítica

Duguin firma el artículo como “geopolítico” y vale la pena recordar lo que es la geopolítica. Recuerdo el Diccionario de Ciencia Política de Jacques de Mahieu: “Geopolítica: ciencia auxiliar de la política”. No es la única: la sociología, la economía, la historia, la psicología, etc, son otras tantas. El hecho de que alguien esté particularmente predispuesto hacia la geopolítica no implica que sea posible universalizar la importancia de esta CIENCIA AUXILIAR por encima de cualquier otra y reducir cualquier forma de “política” a una dimensión “geopolítica”.

La geopolítica no lo explica todo en la historia, aunque algunos aspectos de la historia pueden ser aclarados a través de la geopolítica. La geopolítica puede servir como una de las bases para realizar determinados análisis históricos; también permite aislar determinados elementos que se repiten en la historia (la contradicción potencias terrestres y potencias marítimas), permite tomar algunos conceptos (el de “límite geopolítico”) para explicar éxitos y fracasos históricos, son un elemento más para explicar comportamientos históricos (las fases de la Reconquista a través de la llegada a determinados ríos)… pero la geopolítica dista mucho de ser un determinismo histórico universal.

Un simple cambio climático determina más alteraciones que los comportamientos geopolíticos. La llegada de un valor nuevo, una nueva doctrina, genera impulsos vitales mucho mayores que una frontera natural o el estímulo que supone la existencia de un espacio oceánico. De hecho, los pueblos sin impulso vital no pueden aprovechar los beneficios de su situación geopolítica por privilegiada que sea. Brasil es un ejemplo de comportamiento geopolítico neutralizado por algo más importante que el poseer recursos naturales, espacio, tecnología, salida al Atlántico y posibilidad de alianzas con países que dan al Pacífico (Chile) o, finalmente, poseer “población”: todo el poder geopolítico que se podría atribuir a Brasil queda neutralizado precisamente por ese último factor, una población que dista mucho de ser homogénea y contiene en su interior elementos disolventes que por vía del mestizaje neutralizan la voluntad de poder geopolítico de pequeñas élites.

En realidad, puestos a establecer preeminencias, casi valdría más situar la psicología por encima de la geopolítica a la vista de que de aquella dependen los impulsos vitales y los proyectos de expansión y grandeza de los Estados. Es cierto que los accidentes geográficos están ahí y que seguirán estando cuando lo humano haya desaparecido, pero no es menos cierto que sin los pueblos, de poco sirven las riquezas naturales o los determinismos geográficos. Situar la geopolítica por encima de cualquier otra ciencia conduce directamente a errores de percepción y a la ineficacia de cualquier trabajo político que se emprenda sobre esas bases.

Segundo error: “Eurasia” como concepto aplicable a la política

Desde hace más de treinta años, Duguin defiende la idea de “Eurasia”, pero da la sensación de que ni en Rusia ni en lugar alguno en donde existen núcleos de “eurasistas” (Francia, Italia, especialmente) ha cristalizado ninguna organización capaz de adoptar esta posición como bandera y conseguir avances fehacientes. Quizás sea porque, como demostramos más adelante, no se puede partir de un concepto tan amplio y lejano como “Eurasia” para interesar a las masas. Así pues, si no se trata de hacer política de a pie (esto es ganar elecciones, tener cargos públicos electos que defiendan las propias posiciones en la tribuna de las instituciones, en una palabra de ganar a las masas) ¿de qué se trata, pues?

Es aquí donde encontramos la influencia de la nueva derecha francesa y sus reflexiones sobre la lucha cultural sobre la práctica “eurasista”. Alain de Benoist lleva desde junio de 1968 implicado en la “lucha cultural” y a pesar de que aún no se ha realizado un balance de la influencia de la “nueva derecha” en la vida cultural francesa, la sensación que da es que el trabajo abordado en este casi medio siglo, no tiene absolutamente nada que ver con el hecho de que el Front National sea en estos momentos el primer partido en intención de voto en Francia. Los miembros del GRECE que se sumaron en los años noventa al Front National lo abandonaron con la escisión de Bruno Maigret y hoy no queda nadie dentro de este partido que sea un “peso pesado” de la “nueva derecha”.

Sin olvidar algo que el “gramscismo de derechas” ha olvidado habitualmente: que Gramsci no fue un teórico, o al menos no fue solamente un teórico, sino que fue un militante, un dirigente político, secretario general del Partido Comunista de Italia, de la misma forma que Marx no fue sólo un doctrinario sino que se “mojó” en el terreno político, que perteneció a la Primera Internacional y que fue con Engels el redactor del Manifiesto Comunista. Cuando se separa la teoría de la práctica se producen desfases como el que se ha producido con claridad en Francia: Medio siglo de teorización cultural no han conseguido apenas influir en el Front National (no digamos en otros partidos…).

Así pues, cuando Duguin y otros “eurasistas” sugieren un “trabajo de élites” o avanzar en mayores niveles de “profundización doctrinal”, cabe pensar que están olvidando lo esencial de la lucha política que conduce al poder: ganar a las masas, encender voluntades, despertar instintos dormidos, arrebatar corazones. No se puede eternamente lanzar manifiestos en el desierto, interesar solamente a escasos intelectuales cada uno de los cuales pondrá un reparo o formulará un matiz. No se puede eternamente “escribir” y “teorizar”: es preciso actuar construyendo organizaciones sólidas capaces de transmitir un mensaje a las masas, levantarlas y generar nuevas simetrías políticas.

Ahora bien, si de lo que se trata es de “asesorar” a grandes dirigentes políticos, si uno se conforma simplemente con escribir o ha hecho de escribir una profesión (como es nuestro caso), si se aspira solamente a influir sobre élites culturales, actitudes todas ellas razonables, es preciso no olvidar que existen decenas de círculos y personas que intentan hacer exactamente lo mismo, mucho mejor relacionados y mucho mejor conectados con esferas influyentes y, por tanto, es más que posible que el trabajo teórico que se realice no puede ser aprovechado absolutamente por nadie, que la influencia realizada sobre las “altas esferas” sea, en la práctica, nula, y que, al final del camino, ni se tenga peso político, ni peso cultural, ni siquiera élite alguna reconozca el trabajo realizado por tales círculos. Mucho nos tememos que esto es lo que le ha ocurrido al movimiento “eurasista”.

Tercer error: reducir capitalismo a “imperialismo norteamericano”

Eurasia es un concepto geopolítico extremadamente grande, diverso, desigual, contradictorio y heterogéneo, como para que pueda aplicarse a la política real.

A fuerza de mirar a Eurasia corremos el riesgo de olvidamos de lo que ocurre en el ángulo en el que nos ha tocado vivir, Europa. Si tenemos en cuenta que la producción globalizada hace de China y del Sudeste Asiático las “factorías del mundo”, podemos decir que en parte vivimos ya una realidad “euroasiática”. La industria europea se deslocaliza a China y los chinos establecen sus redes de distribución en Europa.

En cuanto a Rusia hay que dejar claro algunos elementos: con algunas restricciones, China y Rusia son dos países capitalistas, competidores de los EEUU y, especialmente en lo que se refiere a China, con enormes intereses en los EEUU (solamente en Fanny Mae y Freddy Mac, los dos grandes bancos hipotecarios norteamericanos, China tenía en 2008 invertidos medio billón de dólares) hasta el punto de que puede decirse que la economía norteamericana resiste en buena parte por la llegada de dinero fresco chino a las bolsas norteamericanas. Rusia, por su parte es una gran potencia económica con intereses propios.

El gran valor de Putin en la política rusa consiste en haber restaurado la dignidad del Estado y en haber reconstruido el poder del Estado Ruso. Pero Rusia y su gobierno tienen intereses nacionales que se sitúan muy por encima de cualquier otra consideración. Ocurre como en Irán que alberga el proyecto de convertirse en potencia regional hegemónica en la zona, proyecto al servicio del cual el régimen sacrifica todo lo demás.

Desde el punto de vista de Europa Occidental, la amistad con Rusia debería cultivarse especialmente de cara a garantizar el suministro de un petróleo y un  gas que, desde luego, nunca llegarán de los EEUU. Y para cultivar esa amistad hace falta una política neutralista cuya primera muestra sea la disolución de la OTAN y el decoupling con los EEUU. Pero se trata de política, de aplicación de un sentido pragmático, mucho más que de una consideración geopolítica. A fin de cuentas, si esta es la política exterior que más convendría para Europa se debe a la proximidad geográfica con Rusia. Mientras que sean las necesidades comerciales de los EEUU las que siguen manteniendo en pie a la OTAN, Europa seguirá bajo el riesgo de convertirse en campo de batalla de un conflicto entre superpotencias. Así pues –desde mi punto de vista– no se trata tanto de cambiar de alianzas (ayer con EEUU, hoy con Rusia) como de forjar un “poder europeo”.

Obviamente este “poder europeo” sería una “pata” más de un mundo multipolar en el que dentro de Eurasia, China, Rusia, India y el mundo árabe serían otras tantas “patas”… O si se quiere plantear en los mismos términos que lo hicieron los economistas del Tercer Reich, estaríamos delante de “grandes espacios económicos” cada uno de los cuales sería independiente de los demás (con lo que la globalización quedaría rota), colaborando solamente en la exportación y el intercambio de excedentes de producción o de excedentes por recursos energéticos. Eso, además, contribuiría a reconocer la diversidad irreductible de las distintas cultural presentes en cada uno de esos “espacios”. Sin olvidar, por supuesto, que existe un continente americano y que hay dos américas perfectamente definidas: la hispana y la anglo–sajona.

El hecho de que buena parte de las multinacionales tengan su sede social en los EEUU y el hecho de que las Bolsas anglosajonas de Londres y Nueva York sigan siendo las que acaparan mayor volumen de transacciones, no debe de hacer olvidar que la estructura del capitalismo internacional ha ido variando sensiblemente en los últimos treinta años. Estamos hablando de un capitalismo globalizado. Estamos hablando, no solamente de un polo capitalista (EEUU), sino de varios: de hecho, cuando se está hablando de “potencias emergentes”, se entiende por tales a países que están progresando aceleradamente como “Estados capitalistas”, con intereses propios, con élites capitalistas propias, presentes en los mercados globalizados. Seguir reduciendo “capitalismo” a “imperialismo” e “imperialismo” a “EEUU” supone permanecer en el mundo situado el día antes de la caída del Muro de Berlín.

Estamos en un mundo radicalmente diferente en el que Rusia y China en primer lugar, luego India e Irán, finalmente Brasil, quieren hacerse un hueco en el mercado mundial globalizado. Y cada parte defiende sus propios intereses. No puede esperarse que ninguna de ellas ayude a cualquier otra… sino es para tomar ventaja sobre algún adversario. Quedaría por establecer dos elementos: 1) la viabilidad de los EEUU a corto plazo a la vista de su situación económica y de su insostenible déficit, de la irrupción de lo hispano como alternativa al mundo WASP, sin olvidar las tensiones étnicas y las enormes diferencias interiores y 2) la futura evolución de la Unión Europea abocada a su refundación a la vista de su ineficacia o bien a su disolución a la vista del aumento del euroescepticismo. Obviamente, estos extremos no entran dentro de la perspectiva de este artículo.

Cuarto error: el desconocimiento del “método de masas”

La evolución de Jean Thiriart (considerado como uno de los padres del “eurasismo”) es bien significativa. Mientras que Thiriart fue el conductor de un movimiento político, Joven Europa, le interesaron muy poco las doctrinas geopolíticas. Simplemente se limitaba a tomar partido a favor o en contra de determinados acontecimientos porque estaba obligado a hacerlo por necesidades cotidianas de la lucha política. En su obra Europa: un imperio de 400 millones de hombres, la geopolítica no aparece como tal. Se expresan ideas para la construcción de un movimiento político, algunas de las cuales tienen que ver con la geografía, pero no se subordina en absoluto la política a la geopolítica. Las necesidades de la lucha política cotidiana se expresan a través de tomas de posición sobre lo cotidiano, a partir de las cuales, Thiriart infiere actitudes, valores y comportamientos universales. Dice: “la sublevación húngara ha sido aplastada por los tanques soviéticos, luego hay que luchar contra el comunismo en defensa de la libertad de Europa”. Dice: “los marines pusieron los pies en Europa en 1944 y todavía siguen aquí, lo notamos por la dependencia de las políticas de los gobiernos europeos en relación a la política exterior norteamericana, luego hay que luchar contra los EEUU en defensa de la libertad de Europa”.

Fue solamente en un segundo tiempo, tras el fracaso de La Nation Européenne, cuando Thiriart se retiró de la política activa y del militantismo e inició un período de quince años de ejercicio de su profesión, para reaparecer luego como geopolítico y euroasista. Lo que nos interesa destacar de su evolución es que cuando existen necesidades políticas inmediatas de conducción de un movimiento político no hay cabida para las abstracciones teóricas y estas ocupan un lugar subordinado en el esquema doctrinal que se forja tal movimiento político. Sin embargo, cuando las necesidades inmediatas de la acción política destinada a captar a las masas, desaparecen, existe una tendencia irreprimible a construir castillos en el aire.

Cuanto más separado de la realidad política se está, tal castillo tiende a ser más desmesurado. Hay límites extremos. Uno de ellos, por ejemplo, tiende hacia el ocultismo: tal es el caso de la obra de Miguel Serrano que da una visión irreal y completamente distorsionada del nazismo para ver en Hitler un “avatara” para la “nueva era”. Aquí no hay ninguna consideración terrenal que pueda ser tomada en consideración. La fuga de la realidad es absoluta. Otro límite extremo tiende a visiones geopolíticas irrealizables. “Eurasia” es precisamente la muestra.

Una cosa es sostener que un sistema mundial se mantiene mejor si es multipolar que si es unipolar y otra muy diferente establecer una contradicción entre “Eurasia” y los EEUU. Y cuando un movimiento adopta como nombre Movimiento Euroasista ya está claro en donde sitúa el énfasis, no tanto en la defensa de la multipolaridad, como en la constitución de un bloque euroasiático tan lejano e improbable como las galaxias que debe observar el telescopio Hubble.

El error del “eurasismo” es no tener en cuenta que no es la geopolítica, sino la economía lo que rige los destinos de la globalización en este inicio del siglo XXI. El desconocimiento de la realidad económica de nuestro tiempo es lo que permite a Duguin establecer su doctrina geopolítica euroasiática.

La evolución del nacional–socialismo es significativa a este respecto. Llegado al poder con una teoría económica que apenas pasaba de dos enunciados básicos (la lucha contra la servidumbre del interés y el valor–trabajo), a partir de 1933 el Tercer Reich se vio obligado a establecer una estrategia político–económica que le permitiera sobrevivir. Fue entonces cuando se enuncia la teoría de los “grandes espacios económicos” cuyo primer principio es tomar en consideración espacios homogéneos, económica y antropológicamente, con los que pueda existir “complementareidad”. Era la única forma de “construir Europa” (una Europa en la que el Tercer Reich fuera potencia hegemónica, naturalmente…, lo que Thiriart llamaba la “Europa alemana”) y emanciparla de las tendencias especulativas del capitalismo anglo–sajón. Hoy Europa tiene una necesidad similar: precisa unidad e independencia, precisa convertirse en un “poder” internacional.

Estamos hablando de “poder” y de “voluntad de poder”. Ésta anida en una élite, pero al mismo tiempo esa élite debe saber transmitir su proyecto a las masas. Cada vez más, a partir de la Revolución Francesa, el poder pasa por las masas, por su conquista, por su neutralización o por su adhesión, pero siempre pasa por ellas. Ningún proyecto político que se pueda mantener en el tiempo puede hacerlo sin la adhesión de sectores de las masas. Mientras las masas no acepten, entiendan y compartan todo esto, las cosas seguirán exactamente como hasta hora: inestabilidad económica mundial generada por la globalización e inestabilidad política internacional generada por la voluntad de persistir del unilateralismo norteamericano.

Así pues es preciso incorporar a las masas a cualquier tarea política, transmitirles unas sugestiones y unos nexos causales que les induzcan a apoyar un proyecto político en lugar de otros. Los bolcheviques rusos (y Lenin en particular) idearon para este fin el llamado “método de masas” que tiene un carácter universal. Su primer principio es: unir lo particular a lo global (siendo los otros dos “unir la teoría a la práctica” y “unir la vanguardia a las masas”)

Las masas tienen la visión corta. Carecen de la capacidad para ver más allá de los problemas inmediatos, y lo máximo que puede hacer una propaganda política eficiente y un movimiento político es partir de problemas que las masas experimenten como propios, explicándoles que solamente tendrán solución dentro de una perspectiva más amplia. Lo que recomienda el “método de masas” no es decir: “hay que luchar contra el capitalismo para que la alimentación sea más barata”, sino “el encarecimiento de la cesta de la compra tiene lugar porque los intereses de los intermediarios y especuladores, por tanto, si queremos poder adquirirlos será preciso desmontar el capitalismo especulador”. Unir lo particular con lo global, en definitiva.

Nadie experimenta “Eurasia” como una necesidad, muy pocos la tienen como una posibilidad remota, por tanto, no se puede partir de este concepto para acompañar una lucha política de liberación. Es más bien de las necesidades reales e inmediatas de las que hay que partir para  poder alcanzar valores universales como la “lucha contra el capitalismo y la especulación”, “la lucha contra la globalización” y demás.

Quinto error: considerar “Eurasia” como un todo

Desde, como mínimo, 2001, vengo diciendo y escribiendo:

1) En la actualidad (no hace 20 ni 50 años, hoy, aquí y ahora), la única fuerza política verdaderamente existente en el mundo árabe es el Islam. Así pues, hay que entenderse con el Islam para determinar políticas exteriores europeas orientadas hacia Oriente Medio.

2) Europa no tiene nada que ganar ni que perder en el conflicto de Oriente Medio entre palestinos y árabes; la postura más adecuada sería inducir a las partes a la negociación a la vista de que hay un problema que dura ya setenta años. Cualquier posición “a favor de” y “en contra de” responde solamente a un intento de racionalización de filias y fobias.

3) El sionismo no es nada más que el intento de formar un Estado judío y, por tanto, en la práctica, supone el alejamiento de los judíos de Europa en dirección a Israel (idea que me parece menos conflictiva que mantener a los judíos en Europa), por tanto no me opondré al Estado de Israel… aunque creo que debería ser un Estado pluriétnico a la vista de que existían poblaciones anteriores a la llegada en masa de judíos después de 1945.

4) la presencia de inmigrantes procedentes de países islámicos del Magreb, África Subsahariana y Asia en Europa es innecesaria desde el punto de vista económico, contraproducente desde el punto de vista social y cancerígena desde el punto de vista de la identidad europea.

5) El límite del Islam es el Mediterráneo y los estrechos del Bósforo y Dardanelos, de allí hacia el sur y hacia el Este, eso es tierra islámica; más acá estamos en Europa y Europa no puede permitirse enclaves que generen conflictos sociales, religiosos y económicos.

Duguin en cambio nos dice que los identitarios no tienen razón “cuando atacan a los inmigrantes musulmanes”. Y sí la tienen: la perspectiva que utiliza Duguin para juzgar este hecho deriva 1) de la incomprensión hacia lo que representa el problema de la inmigración en Europa (fundamentalmente vinculada a la globalización) y los problemas de todo tipo que genera, y 2) del intento de presentar su teoría de manera coherente: no se puede apoyar la lucha del pueblo palestino y, como ha ocurrido, manifestarse en las calles de Europa en apoyo a la causa palestina… junto a inmigrantes de países islámicos, ¡cuya repatriación se pide en tanto que inmigrantes! Una vez más, el sueño de la coherencia produce paradojas insostenibles.

La coherencia alternativa que proponemos es de otro tipo:

1) Reconocer que el conflicto de Palestina solamente puede resolverse por la vía de la negociación y que las “filias” y las “fobias” no ayudan a resolver el problema sino simplemente a generar un terreno particularmente crédulo para la propaganda negra generada por ambos bandos,

2) Reconocer que la inmigración islámica (y no islámica) presente en Europa constituye un problema derivado de las exigencias de una economía mundial globalizada y que la repatriación de estos excedentes de inmigración es la única forma de restablecer la normalidad del mercado laboral, la paz social y los conflictos étnicos y religiosos traídos por la incapacidad para asimilarse de los contingentes llegados con la inmigración,

3) Reconocer que Europa no es territorio del Islam y que, por tanto, el Islam no tiene nada que hacer entre nosotros ni puede aspirar a un reconocimiento como cualquier otra religión dadas, además, sus particulares características y su increíble tendencia hacia el fundamentalismo y la expansión mediante uno de sus “pilares”, la guerra santa,

4) Reconocer que el mundo islámico es una realidad y que es otro de los “grandes espacios” y, en tanto que tal, otra “pata” de un mundo multipolar y que Europa debe reconocer su independencia, su naturaleza religiosa y su peso económico, pero teniendo como contrapartida el establecimiento de una línea clara de división (el Mediterráneo y el Bósforo) más allá del cual es “territorio del Islam” y más acá “territorio europeo”.

Y es que, el fondo de la cuestión es que “Eurasia” no es un todo homogéneo, sino un gigantesco conjunto extremadamente heterogéneo que en el siglo XXI solamente puede ser gobernado, o bien por la globalización o bien mediante el establecimiento de “grandes espacios económicos” homogéneos cada uno de los cuales no tenga derecho de injerencia en los asuntos del resto (y, por supuesto, se trata de arrojar a la basura el “derecho de Núremberg” y sus secuelas).

Sexto error: tratar de abolir la Nación aquí y ahora

Duguin tiene formación tradicionalista… lo cual no es decir mucho, porque yo también la tengo. Dejando aparte los distintos matices de cada visión “tradicionalista”, el problema del tradicionalismo se complica cuando se intenta aplicar a la política cotidiana. He visto justificar con una cita de Evola el terrorismo islámico. Y he visto como los evolianos y guenonianos de “estricta observancia” terminan excluyéndose unos a otros por un quítame allá esas pajas. Propio de sectas. Es por lo demás, completamente subjetivo elegir el lugar en el que se aplica un “análisis tradicionalista” y aquel otro en el que se ignora el tradicionalismo. Encontraría normal, por ejemplo, que se aplicara un análisis tradicionalista a la “nación” y que dicho análisis se aplicara tradicionalista también a la raza o a Europa, o a la forma de gobierno en la que desemboca un sistema tradicionalista (inevitablemente, la monarquía). Lo que es discutible es aplicar el análisis tradicionalista solamente allí en donde interesa, simplemente porque refuerza el propio criterio, para eludir aplicarlo en lugares en los que se muestra contrario a las propias “filias”.

Dice Duguin haciendo gala de ortodoxia evoliana: “No puedo defender la nación, porque la nación es un concepto burgués imaginado por la modernidad para destruir las sociedades tradicionales (Imperio) y las religiones para su sustitución por pseudo–comunidades artificiales basados en la identidad individual”, frase que suscribimos de principio a fin. Incluso podemos suscribir también la disyuntiva que cita unas líneas más adelante “Tradición o modernidad”. Ahora bien…

El propio Evola reconoce que la historia contemporánea es dinámica. Cita, por ejemplo, que el concepto de “liberalismo” nació a la izquierda del mapa político, pero en doscientos años se ha ido desplazando progresivamente hacia la derecha y hoy es considerado como una doctrina de derechas. Así mismo, si el tradicionalismo cristaliza en el plano político en posiciones aristocráticas y monárquicas, habría que recordar que este último concepto se ha pervertido por completo, tal como pudo verse en la reciente mascarada parlamentaria de “entronización” de Felipe VI, una ceremonia descafeinada en la que la monarquía se traicionó a sí misma renunciando incluso a su propia tradición, representada en el escudo por los símbolos de los Reyes Católicos, el yugo y las flechas.

Estamos en tiempos de caos y crisis; la confusión está presente en todos los territorios que exploremos y no podemos emitir un juicio sin tratar de definir antes los elementos de la ecuación.

Quizás el problema estribe en tratar de aplicar las categorías políticas tradicionalistas a un mundo que hace más de dos siglos ha dejado de ser tradicionalista. Evola en Los hombres y las ruinas fue el último en tratar de elaborar una línea política para la derecha tradicionalista de postguerra; su proyecto tuvo cierta influencia entre los cuadros del Movimiento Social Italiano y entre la nueva derecha francesa. Pero ya en aquel momento se demostró la dificultad para adaptar la teoría tradicionalista a la práctica política y este intento desembocó en posiciones pro–atlantistas: Evola mismo opinaba que el bolchevismo anulaba completamente cualquier margen de actuación, mientras que la democracia tutelada por los EEUU permitía trabajar políticamente. Sin olvidar que el MSI, en su tendencia mayoritaria fue siempre pro–atlantista y que existen artículos de Evola en la misma dirección.

La alta estima que siento por Evola no se ve empañada por estos errores de percepción que, simplemente, me llevan a reconocer la imposibilidad de formular un análisis político tradicionalista. En lo personal, hace tiempo que hemos renunciado a aplicar las categorías y los análisis tradicionalistas a la política, para aplicarlos solamente a la búsqueda de una práctica individual que conduzca a la liberación interior y al desplazamiento del eje de la personalidad a capas más profundas y auténticas. A fin de cuentas, uno de los aspectos que planteaba Evola en Cabalgar el tigre.  Para lo cual existen distintas vías que pueden experimentarse sin necesidad de la rigidez propuesta por Guénon y de su sobrevaloración del fenómeno iniciático. Pero no es este el tema que estamos tratando ahora.

¿Es la nación un instrumento de la burguesía o un “concepto burgués” imaginado para “destruir las sociedades tradicionales”? Lo fue durante la revolución americana y la revolución francesa, lo fue durante las revoluciones burguesas impulsadas fundamentalmente por la masonería… No lo es hoy. La historia ha desplazado la importancia y el interés de la nación.

Hay que tratar de situar de nuevo el papel de las naciones. La nación es un “menos” en relación a un “más” que es el Imperio. Pero las naciones son un “más” en relación a una situación inferior e indeseable que es el “internacionalismo” de matriz marxista (hoy reconvertido en “altermundialismo”) y que es también la globalización de carácter económico y la mundialización de carácter cultural.

Desde un punto de vista espacial y tradicionalista, todo lo que conduce hacia “arriba” (hacia el Imperio”) es positivo, y todo lo que lleva hacia “abajo” (la globalización) es negativo. Si se acepta esto y si se considera el análisis de la globalización que hemos desarrollado en nuestra obra Teoría del mundo cúbico, se aceptará que las naciones, hoy, aquí y ahora, son muros contra la globalización en la medida en que disponen de realidad jurídica, instrumentos coercitivos, leyes e instituciones propias que impiden que el rodillo globalizador las uniformice. De ahí la necesidad actual de defender el concepto de Nación y la posibilidad de ganar espacio político dentro de los parlamentos y de las instituciones nacionales que supongan reforzamiento del papel antiglobalizador de las naciones.

Lo que es una irresponsabilidad y algo completamente irreal es olvidarse de la existencia de las naciones actuales y proclamarse “euroasista”, proponiendo además, la destrucción de los Estados–Nación actuales por ser “creaciones de la burguesía”. Verdadero salto mortal al vacío sin red. Sería mucho más lógico aceptar que la marcha de la historia obliga a la colaboración entre naciones, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y, mucho más aún, que se precisa una colaboración entre naciones europeas (y no la destrucción de las mismas o su sacrificio en aras de la entelequia “euroasista”). Es cierto que el tiempo de la “dimensión nacional” ha pasado y que ésta ya no responde a la realidad de un mundo hecho por las grandes potencias: de ahí el énfasis puesto en la colaboración entre naciones. De la misma forma que los distintos países europeos desde hace 40 años ya no están en condiciones de realizar cada uno de ellos, independientemente de los otros, grandes proyectos de investigación científica, se ha afirmado la tendencia a impulsar grandes proyectos como el Airbus o el avión europeo de combate, que han requerido la colaboración de distintos Estados–Nación.

Realizar una crítica a la Nación afirmando que fue creada por la burguesía, no dice nada sobre el papel actual de la Nación (papel que el propio Evola aceptaba y reconocía en los años cincuenta, por cierto). Y, desde luego, lo que no puede olvidarse es que aboliendo la Nación o no defendiéndola con suficiente vigor o defendiendo su centrifugación en nombre de las identidades regionales, lo que se abre es el paso a la globalización. Así pues, la alternativa de hoy es “nación o globalización” y la óptima sería “grandes espacios económicos o globalización”. Pero nunca, “¡abajo la nación!” ni la igualdad “nación - poder burgués”.

De hecho, aquí aparece otra vez una incomprensión de los mecanismos económicos que han llevado a la modernidad: ya no hay “poder burgués”, el capitalismo hace décadas que dejó de tener relación con los ideales burgueses (eso correspondía al capitalismo artesanal y al primer capitalismo industrial, en absoluto al capitalismo multinacional, ni mucho menos al capitalismo globalizado) y, en absoluto, es protagonizado e impulsado hoy “por la burguesía”, sino por élites financieras que invierten mucho más allá de los límites de sus Estados–Nación y que en los que ya no resta nada o muy poco de los ideales burgueses. Algo que implícitamente reconoce Duguin cuando dice: “Las naciones han cumplido su papel de destructor de identidades orgánicas y espirituales, y ahora los capitalistas destruyen sus propios instrumentos para hacer posible la globalización”, a pesar de que no extrae las conclusiones necesarias de esta realidad.

Lo que estaba unido en el inicio de las naciones históricas (el poder económico burgués y la necesidad de la burguesía de un marco jurídico nacional favorable con el que amparar su pretensión a la hegemonía) ya no está unido en el siglo XXI y, por tanto, no puede ser juzgado de la misma manera. Las naciones se levantaron sobre las ruinas de los Reinos y las cabezas cortadas de los Reyes… hace 225 años. Hoy son defensas frente a la globalización.

Séptimo error: proponer la aparición de “identitarios de izquierda”

Dice Duguin: Sería algo bueno ver aparecer “Identitarios de izquierda” que por un lado defendiesen la justicia social, atacando el capitalismo, y por otro defendiesen las tradiciones espirituales atacando la modernidad”. Dejando aparte qué habría que hablar de cuáles son esas “tradiciones espirituales” y si alguna todavía goza de buena salud y dejando aparte que se trata de una discusión apta solamente para élites culturales que dominen la temática, en España es frecuente decir “antes muerto que sencillo”.

En esta pobre y peripatética España han florecido capullos “nacional–bolcheviques”, “falangistas de izquierda”, “castro–cristianos”, “anarco–fascistas”, y no importa quién ha tocado la gaita que le ha venido en gana por puro afán de originalidad. Así que ahora faltan solamente “identitarios de izquierdas”, como hubo pretendidos “nacional–revolucionarios de izquierdas”, strasserianos o postulantes de la línea de Farinaci frente a la derecha fascista. Hasta incluso hemos leído que Ramiro Ledesma era “nacional–bolchevique” simplemente porque “unía lo nacional y lo social”. Franco, por esto mismo, lo sería también; a fin de cuentas, los derechos sociales que se nos van restando ahora para “ganar competitividad” tienen su origen en el período franquista en su intento de ganarse a las masas. Así pues, tenemos a Francisco Franco convertido en “identitario de izquierdas”, pues no en vano, reconoció que el catolicismo era el primer rasgo de nuestra identidad y lo que le daba forma desde la conversión de Recaredo. Seamos serios y no simplifiquemos tanto…

A estas alturas ya resulta enfermizo seguir esquematismos de este tipo: la “derecha” defiende lo nacional, la “izquierda” defiende lo social… Estas categorías sumarias ya no tienen nada que ver con la realidad. Cada día estamos viendo partidos “socialistas” realizando políticas de apuntalamiento del capitalismo y hemos visto como el Front National ha recuperado prácticamente a todo el electorado obrero francés ¿para una política de derechas? Más bien para políticas sociales... Y en España, derecha e izquierda, estatalistas o nacionalistas, todas riman con corrupción, así que ¿para qué seguir con adjetivaciones que solamente evocan partidocracia, cleptocracia y simple bandidismo propio de salteadores de caminos?

Escribe Duguin: “Si los Identitarios realmente aman su identidad, se han de convertir en eurasistas y unirse a los tradicionalistas, los enemigos del capitalismo de todos los campos políticos, razas, religiones o culturas. Ser hoy anti–comunista, anti–musulmán, anti–oriental, pro–yankee, atlantista, significa pertenecer al otro campo, estar en el lado del Nuevo Orden Mundial y de la oligarquía financiera”… frase que, en su conjunto, ya ha sido respondida en las líneas precedentes.

Nosotros, en cambio, decimos:

Si los identitarios aman su identidad, deben defender a sus naciones y lo que representan. Estamos todos obligados, claro, a no limitarnos a la “dimensión nacional” y a buscar fórmulas de cooperación que generen un “gran espacio económico europeo” y supongan una alternativa al actual Tratado de la Unión Europea.

Estamos obligados a establecer estrategias realistas que no pueden ser sino gradualistas y elegir en cada momento entre enemigos principales y enemigos secundarios. No basta ya con decir “contra el capitalismo allí donde esté”: hay que poner nombres y apellidos, señalar enemigos concretos y no formular meras abstracciones generalizadoras.

No basta con decir sólo “contra los EEUU”, cuando existen otros centros del capitalismo y de la globalización y aunque los EEUU desaparecieran –y hay motivos suficientes como para pensar que un proceso de desplome interior pudiera producirse en aquel país– la globalización y el capitalismo seguirían existiendo.

No se puede tomar partido ni manifestar solidaridad incondicional por proyectos políticos que no son los propios (el proyecto nuclear iraní, el proyecto de reconstrucción del poder ruso, el proyecto de unificación del mundo árabe), esos proyectos solamente hay que valorarlos en relación a sus repercusiones entre nosotros.

Y sí se puede proponer una ruptura de la globalización y el establecimiento de “grandes espacios económicos” autosuficientes en área con cierto grado de homogeneidad. Nunca atacar a los Estados–Nación actuales, barreras ante la globalización. Nunca dejar que utopías futuras distraigan de realidades presentes. Nunca mezquitas en mi tierra, ni población halógena innecesaria. Nunca más una OTAN para defendernos de enemigos inexistentes. Nunca más mitos multiculturalistas. Nunca más valores humanistas y universalistas de la mano de la ONU y de la UNESCO. Nunca más intentar gobernar el mundo del siglo XXI con ideas del siglo XVIII.

Nunca más izquierdas ni derechas. Nunca más conservadores con poco que conservar, ni progresistas haciendo permanentes acrobacias de ingeniería social. Nunca más élites narcisistas separadas de la población: elaborar una línea política y una práctica política que pueda ser entendida por las masas. La tarea del revolucionario hoy es, fundamentalmente, educadora y su práctica debe consistir en encontrar en los elementos de la cotidianeidad que experimenta la población como negativos, aquellos argumentos y caminos que hacen entender a los ciudadanos cuáles son las vías a través de las que opera la globalización y porqué hay que combatirla.

Dicho sea todo ello, sin ánimo de polemizar, naturalmente…

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Artículo:

Sobre los Identitarios, la Tradición y la Revolución global

Alexandr Duguin

Considero que los Identitarios son aliados cuando rechazan la modernidad, la oligarquía global y el capitalismo liberal mortífero para las culturas étnicas y las tradiciones. El orden político moderno es esencialmente global y se basa puramente en la identidad individual. Es el peor orden posible y debe ser totalmente destruido.

Cuando los Identitarios militan por una reafirmación de la Tradición y de las antiguas culturas de los pueblos europeos, tienen razón. Pero cuando ellos atacan a los inmigrantes, musulmanes o a los nacionalistas de otros países (en base a conflictos históricos), cuando defienden a los Estados Unidos, el atlantismo, el liberalismo o la Modernidad, cuando consideran a la raza blanca (la que ha producido la modernidad) como la raza superior y afirman que las otras razas son inferiores, estoy en total desacuerdo con ellos.

Más que eso, no puedo defender a los blancos contra los no-blancos por la única razón de que yo mismo sea un blanco y un indoeuropeo. Reconozco la diferencia de otros grupos étnicos como una cosa natural y rechazo cualquier jerarquía entre los pueblos, ya que no existe, y no puede existir, una medida universal para la comparación de las sociedades étnicas y los sistemas de valores.

Estoy orgulloso de ser ruso, exactamente como los estadounidenses, los africanos, los árabes y los chinos están orgullosos de ser como son. Es nuestro derecho y nuestra dignidad afirmar nuestra identidad. No la de unos contra otros, sino los unos al lado de los otros, sin resentimiento hacia los demás ni remordimientos hacia uno mismo.

No puedo defender la nación, porque la nación es un concepto burgués imaginado por la modernidad para destruir las sociedades tradicionales (Imperio) y las religiones para su sustitución por pseudo-comunidades artificiales basados en la identidad individual. Actualmente, la nación está siendo destruida por las mismas fuerzas que la crearon en el primer período de la modernidad. Las naciones han cumplido su papel de destructor de identidades orgánicas y espirituales, y ahora los capitalistas destruyen sus propios instrumentos para hacer posible la globalización.

Debemos atacar el capitalismo como un enemigo absoluto, responsable tanto de la creación de la nación como simulacro de la sociedad tradicional como de su destrucción actual. La razón de la catástrofe actual tiene sus raíces en los fundamentos ideológicos y filosóficos del mundo moderno. Y la modernidad que era blanca y nacional en su origen se ha vuelto global al final. Es por eso que los Identitarios deben elegir su campo real: la Tradición (lo que incluye su propia tradición indoeuropea) o la modernidad. El atlantismo, el liberalismo, el individualismo son las formas del mal absoluto para la identidad indoeuropea, que son incompatibles con ella.

Si los Identitarios realmente aman su identidad, se han de convertir en eurasistas y unirse a los tradicionalistas, los enemigos del capitalismo de todos los campos políticos, razas, religiones o culturas. Ser hoy anti-comunista, anti-musulmán, anti-oriental, pro-yankee, atlantista, significa pertenecer al otro campo, estar en el lado del Nuevo Orden Mundial y de la oligarquía financiera. Pero es una actitud ilógica porque las consecuencias de la globalización destruyen todas las identidades excepto las individuales y hacer una alianza con aquellos que la apoyan significa traicionar la esencia misma de la identidad cultural.

El problema con la izquierda es diferente. Es positiva en su oposición al orden capitalista, pero carece de la dimensión espiritual. La izquierda se presenta habitualmente como una vía alternativa a la globalización, que es la razón de su oposición a los valores orgánicos, a las tradiciones y a la religión.

Sería algo bueno ver aparecer “Identitarios de izquierda” que por un lado defendiesen la justicia social, atacando el capitalismo, y por otro defendiesen las tradiciones espirituales atacando la modernidad.

El enemigo es único, es el orden global liberal del capitalismo de la hegemonía norteamericana (que también va dirigida contra la verdadera identidad americana).

Nosotros ganaremos si unificamos nuestros esfuerzos.

http://www.4pt.su/fr/content/sur-les-identitaires-la-tradition-et-la-revolution-globale

 

 

 

Elección de alcaldes y PP

Elección de alcaldes y PP

Info|krisis.- Elección directa de alcaldes, última esperanza del PP. Las reformas se imponen en el sistema político español que desde hace años parece no dar más de sí. Sin embargo, el PP ha empezado por reformas que demuestran lo que ya dijo Platón en el siglo VI antes de JC, que los políticos nunca adoptan medidas que les puedan perjudicar. Cuando el PP insiste como única idea en que los alcaldes deben ser elegidos directamente, lo que está intentando desesperadamente es no perder alcaldías (especialmente en las grandes ciudades) en las próximas elecciones de mayo de 2015. Esperanza vana porque nada salvará al PP de las nuevas simetrías políticas que aparecerán en ese momento.

El PP ve, horrorizado, que puede perder la mayoría absoluta en algunos ayuntamientos importantes (entre ellos Valencia y Madrid) en las elecciones de mayo de 2015. Su gestión municipal no ha sido precisamente un modelo de eficacia. Cuando el sector inmobiliario ya no es el motor de los recursos municipales, los ayuntamientos gobernados por la derecha, dan una sensación de abandono y de falta de proyectos. No es que a los ayuntamientos gobernados por la izquierda les vaya mejor, ocurre simplemente, que mientras los votos de derecha pueden ir circulando por distintas opciones (PSOE, IU, Podemos, Compromís) a partir de las cuales es posible articular nuevas mayorías, la derecha se ha encontrado con que no tiene con quien pactar.

“Sin enemigos a la derecha…” (Manuel Fraga)

Esta situación dramática es la contrapartida a la exigencia de Fraga Iribarne en 1978 cuando impuso su criterio de que en el sistema político español que en esos momentos nacía, todo lo que se situara a la derecha de la entonces llamada “Alianza Popular”, fuera arrojado al foso de los leones, considerado como franquismo y situado extramuros del sistema. La frase que Fraga utilizó en aquellos momentos fue “sin enemigos a mi derecha”, afirmando con ello que el sistema político español terminaba con él en ese ángulo. Lo que se situaba más allá era, pues, extremismo, actitudes ultramontanas y radicalismo franquista.

Desde entonces, con la nueva constitución hoy agónica, el sistema político  español se orientó hacia el centro: en los treinta y seis años siguientes gobernarían opciones de centro (UCD), centro–izquierda (PSOE) y centro–derecha (PP), por mayoría absoluta o, cuando no disponían de ella, apoyados por partidos centristas autonómicos (CiU y PNV). Estas simetrías han dado lugar un sistema políticamente estable, pero cuyos resultados en lo que se refiere a la gobernabilidad del Estado y a la eficacia en la gestión, han sido discretos y en ocasiones catastróficos.

En su fase terminal, el régimen de 1978 se muestra excepcionalmente cruel con el centro–derecha: si bien la izquierda está fragmentada en distintas opciones con capacidad para dialogar y negociar, la derecha se agota en sí misma. Tal como Fraga exigía no hay un plus ultra más allá de su sigla, de tal manera que el PP es incapaz de encontrar aliados y solamente puede gobernar –en ayuntamientos y en comunidades autónomas– a través de una propia mayoría absoluta, o bien resignarse a perder el poder.

De los distintos intentos de crear una derecha–derecha…

El proceso de formación de la derecha durante la transición fue duro y difícil. Cuando los “siete magníficos” procedentes de distintas familias franquistas (Reforma Democrática de Fraga, Unión del Pueblo Español de Martínez Esteruelas, Acción Democrática Española de Silva Muñoz, Democracia Social de Licinio de la Fuente, Acción Regional de López Rodó, Unión Nacional Española de Fernández de la Mora y Unión Social Popular de Thomas de Carranza) unieron sus siglas el 9 de octubre de 1976, la coalición distó mucho de ser homogénea y operativa. ADE y UNE actuaron por su cuenta y se desvincularon del proyecto pasando a fundar Derecha Democrática Española, primer intento de organizar una formación a la derecha del partido capitaneado por Fraga.

La UNE, fundada en 1975 cuando el asociacionismo político promovido por el tardofranquismo parecía inevitable, agrupó a antiguos tradicionalistas que reconocieron a la monarquía instaurada por Franco en la persona de Juan Carlos I. Entre sus promotores figuraron personajes del mundo de los negocios, antiguos ministros franquistas y un buen número de “procuradores en Cortes”: Antonio María de Oriol y Urquijo, Juan María Araluce Villar, José Luis Zamanillo, José María Valiente, Manuel Fagoaga, Ricardo Larrainzar Yoldi, Carlos Arauz, José María Velo de Antelo y Fernández de la Mora. Durante un tiempo, intentando rivalizar con las juventudes de Fuerza Nueva llevaron como uniforme camisas grises.

El partido se aproximó a Alianza Popular pero en los momentos previos al referéndum constitucional y a la vista de que el proyecto presentado a consulta suponía una verdadera “ruptura” con el orden franquista con el que los miembros de la UNE y de ADE se sentían comprometidos, en lugar de una evolución del mismo, se situaron fuera de la disciplina de Fraga. Ocupó la presidencia del partido Fernández de la Mora que intentó paliar su debilidad numérica aproximándose al grupo de Federico Silva, Acción Democrática. Sin embargo, a diferencia de la UNE, AD carecía completamente de base militante, siendo apenas un grupo de personalidades en torno al ex ministro de obras públicas de Franco. A pesar de que en diciembre de 1979 ambas formaciones, UNE y ADE formaron Derecha Democrática Española, en aquel momento Fuerza Nueva era demasiado potente como para que pudieran hacerse un hueco a la derecha de Fraga.

Cuentan las crónicas que Loyola de Palacio o el mismo Mariano Rajoy ingresaron en política desde la filas de la UNE. Otros eran antiguos falangistas vinculados a El Alcázar, como Ismael Medina, secretario regional andaluz de esta formación. El intento de acomodo en la Unión Nacional, junto a Fuerza Nueva y Falange Española, no prosperó y en 1983, cuando se convocaron las elecciones que dieron la victoria a los socialistas, ni la UNE, ni ADE, ni DDE existían ya. Protagonismos aparte, la mayor discrepancia se dio a nivel de política de alianzas: DDE proponía un frente desde UCD hasta la Unión Nacional (Fuerza Nueva + FE–JONS), algo que ni era viable, ni suscitaba muchos entusiasmos en esta última formación. Creyéndose respaldados por su mayor prestigio político, de la Mora y Silva, no entendieron que Blas Piñar tenía mayor capacidad de movilización y un proyecto político nacional–católico muy diferente de la concepción evolucionista del franquista que representaban ellos.

En noviembre de 1983, Fuerza Nueva se auto–disolvió y la DDE, simplemente, desapareció. Si le cuadraba alguna calificación política sería sin duda la de “derecha nacional”. No sería el último intento de crear una formación que ocupara ese espacio político.

En 1997, después de trece años de dura lucha por apartar al PSOE del gobierno, Alianza Popular, reconvertida ya en Partido Popular, llevaba casi un año gobernando. Un sector del partido, su ala derecha, se vio fuera de los repartos de poder y reaccionó por la vía de la escisión. Su dirigente indiscutible fue el diputado murciano Juan Ramón Calero Rodríguez. Sin embargo, sería aventurado calificar al Partido Demócrata Español –más conocido por su sigla PADE– como de “derecha nacional” a la vista de la definición que él mismo dio: “humanista–cristiano, liberal–reformista y moderado”… es decir, los mismos rasgos con los que la antigua AP venía defendiendo desde su fundación. En este sentido, el PADE podría ser llamado una “AP–auténtica” en el sentido de que el PP para Calero habría supuesto una modificación de los ideales originarios.

Si el PADE fue considerado como partido “de extrema–derecha” se debió, no tanto a su orientación como a la presencia de cierto número de antiguos miembros de Fuerza Nueva que ingresaron en AP al dejarlos huérfanos Blas Piñar tras disolver el partido en 1983. Tales elementos eran precisamente los que habían quedado completamente marginados del reparto de poder.

La historia del PADE fue, sobre todo, la historia de una larga agonía. En las elecciones generales de 2000 apenas obtuvo 10.000 votos que se transformaron en la mitad cuatro años después. Al convocarse las elecciones municipales de 2003 apenas obtuvieron 32 concejales en toda España, descendiendo a 20 en 2007. Resultados a la vista de los cuales el PADE decidió no presentarse a las elecciones generales de 2008, desapareciendo por completo sin dejar señas. Así concluyó el segundo intento de crear una “derecha de la derecha”. Sin pena ni gloria. Justo como DDE quince años antes.

El tercer intento ha sido protagonizado por Vox y en estos momentos es pronto para decir hacia dónde evolucionará y si las elecciones municipales de mayo de 2015 le darán alguna presencia o bien esta será similar a la que logren los distintos partidos de carácter identitario (PxC, PxL o E2000). A pesar de que la Fundación para la Defensa de la Nación Española, creada en 2006, es el origen de esta formación, Vox se fundó oficialmente en noviembre de 2013 cuando Santiago Abascal, presidente de DENAES, abandonó el Partido Popular en desacuerdo con la oleada de corrupción que se venía arrastrando desde la irrupción del Caso Gürtel y por la política antiterrorista. Si Ramón Calero había acusado a Aznar quince años antes de traicionar los ideales de AP, ahora Abascal acusaba a Rajoy de “traicionar las ideas del PP”. Se trataba, pues, de reconstruir un “PP-auténtico”.

Los ejes de la propaganda de Vox eran, pues, los propios de la derecha: defensa de la unidad de España, regeneración política del país, política de victoria sobre el terrorismo, antiabortismo. Los resultados obtenidos por Vox en las elecciones europeas estuvieron por encima de lo esperado, pero por debajo de sus expectativas. Con un cuarto de millón de votos y el 1’57%, Vidal Quadras no pudo entrar en el Parlamento Europeo, desvinculándose del partido posteriormente. Las críticas realizadas por Cristina Seguí a la dirección parecen ser un nuevo obstáculo cuyas repercusiones todavía no pueden valorarse.

Al igual que el PADE, Vox es un partido conservador pero no de “derecha nacional”, sino más bien de “derecha liberal” en la medida en que se acepta una economía no regulada, a pesar de que el resto de posiciones conservadoras (y especialmente, la actitud antiabortista) chocan con los pocos liberales que todavía siguen aceptando esta definición y detentan la patente.

… El PP víctima de su aislamiento

La esperanza del PP a partir de 2004 era que aparecieran grupos de carácter centrista que, fundamentalmente, recogieran los votos de electores que hasta ese momento habían apoyado al PSOE o al PP atraídos por su “centrismo”, pero que, decepcionados por unos u otros motivos, no se resignaran a abandonar esa área. De ahí el interés del PP (y de los medios de comunicación vinculados a la derecha) en promover la opción de Rosa Díez y, posteriormente, la de Albert Rivera.

A pesar de que Rosa Díez había sido consejera durante varios años en gobiernos de coalición con el PNV y a pesar de que solamente abandonó el PSOE cuando jugó y perdió contra Zapatero y no vio acomodo dentro de este partido, la irrupción de una nueva formación política que parecía restar votos centristas al PSOE podía paliar el aislamiento del PP. Tal aislamiento se había puesto dramáticamente de relieve a partir de la segunda legislatura de Aznar y especialmente durante los primeros años del zapaterismo impuesta por el tripartito catalán. Sin embargo, las estadísticas demostraron que, inicialmente, Rosa Díez, atraía más votos procedentes del PP que del PSOE. En las siguientes elecciones se demostró que UPyD era solamente el “partido de Rosa Díez”, dirigido de una manera autocrática y personalizada que causó ya problemas con otros fundadores del partido que se retiraron tempranamente. En la actualidad dicho espíritu autocrático ha ocasionado una primera crisis grave con las declaraciones (muy razonables, por otra parte) del diputado europeo Sosa Wagner, proponiendo una fusión con la formación de Albert Rivera, Ciudadanos. En cuanto a esta última formación, su ámbito de aplicación parece reducido a Cataluña y solamente por su crítica a la política lingüística de la Generalitat. Ambos partidos, UPyD y Ciudadanos, se definen como “de centro–izquierda”, pero Rosa Díez ya ha declarado en múltiples ocasiones que “son diferentes” y que cada cual tiene su propio camino.

Hasta las elecciones europeas de 2014, el PP tenía la esperanza de que ambas formaciones, Ciudadanos y UPyD, aumentasen sus bolsas de votos y se convertirían en una especie de sustitutos de los partidos nacionalistas, CiU y PNV, con los que cada vez resultaba más difícil (y costoso) pactar. Sin embargo, los resultados de las europeas demostraron que ambos partidos se habían estancado en su crecimiento y que, bruscamente, Podemos, les había quitado el espacio de la protesta. Y eso alteraba gravemente la situación para el PP.

Si bien, hasta ahora, los votos desencantados con el PSOE y con el PP iban a parar a UPyD o a Ciudadanos, partidos con los que el PP se entiende bien (a pesar de su más que ilusoria ubicación en el “centro–izquierda”…), con Podemos cualquier entendimiento es imposible. Y así se llega de nuevo a la dramática situación de aislamiento por parte del PP: su política de “sin enemigos a la derecha” ha hecho el que no existan formaciones de alcance nacional que ocupen ese espacio político y los votos que el PP pierde por la derecha vayan “a donde más duele”, a la abstención, o incluso a Podemos a la vista de que la sensación generalizada, que va incluso ganando peso en la derecha es de que el régimen se encuentra completamente corrupto y dominado por una “casta” de la que el propio PP forma parte.

Alcaldes elegidos directamente…

Todo este aislamiento es lo que ha inducido a Rajoy a plantear el proyecto de elección directa de los alcaldes. Fuera del PP este proyecto ha generado un rechazo unánime y parece difícil que Rajoy se atreva a imponerlo. De hecho, no se entiende cómo podría gobernar un alcalde elegido por la lista más votada –el PP, por ejemplo– en un consistorio en el que los concejales de la oposición sumaran mayoría. ¿Qué margen de maniobra podría tener un alcalde en esas condiciones? ¿Qué proyectos y gastos estaría en condiciones de ser aprobados por el pleno municipal? Todo empezaría y terminaría otorgando a los alcaldes del PP solamente unos años de margen en los que la inestabilidad municipal y la parálisis en las decisiones estratégicas serían la dominante. Por otra parte no se entiende el por qué los alcaldes deberían ser elegidos por la población, pero no así los presidentes autonómicos o el mismo presidente del gobierno.

Así pues se trata de una medida partidista que tiene como objeto preservar el mayor número de ayuntamientos del PP del riesgo que puede suponer el que gobierne una coalición de izquierdas. Se trata de un reforma que no palía las consecuencias más nefastas del régimen creado en 1978 (la partidocracia que conduce directamente a la generalización de la corrupción), sino que abunda en la misma dirección, como una forma de descender un poco más por la sima. No es una “reforma”, sino más bien una “persistencia” en los factores negativos ya experimentados traídos por la constitución del 78.

Ya hemos dicho que en caso de aplicarse, tal reforma acarreará inestabilidad (entre otras cosas porque en las comunidades catalana y vasca, muchos ayuntamientos quedarían en virtud de esa reforma en manos de radicales de ERC o de Amaiur) de los municipios en donde el alcalde electo tenga que trabajar con un consistorio en el que no dispone de la mayoría. Pero es que esa inestabilidad se va a convertir en la característica más acusada de esta fase de desintegración del sistema político español. Concebido inicialmente como “bipartidismo imperfecto”, una de cuyas “patas”, el PSOE, se encuentra en una crisis estructural profunda (tal como demuestra el hecho de que mes y medio después de la elección de un nuevo secretario general, éste no haya destacado ni un solo momento, ni haya generado polémicas, ni siquiera creado expectativas…). En los próximos años se verá cómo un sistema con tal arquitectura es incompatible con la proliferación de siglas, la erosión de la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) y los partidos nuevos que están apareciendo en todos los niveles del Estado.

El problema para el PP es cómo quedará en las elecciones de mayo de 2015: qué gobiernos autonómicos perderá, en qué grandes ciudades dejará de tener mayoría absoluta y cómo podrá afrontar a una izquierda que se recompondrá mediante coaliciones entre sus distintas piezas. Y todo esto en el supuesto de que las “cifras macroeconómicas” que pueda presentar le sean favorables hasta ese momento (algo muy discutible, por lo demás). En caso contrario, en caso de que la ralentización de la economía europea y la crisis de las economías argentino–brasileñas haya supuesto una disminución de las exportaciones y un repunte del paro, el PP podría entrar también en una crisis, inicialmente coyuntural, pero cuyo alcance estaría en razón directa a los resultados obtenidos y a la pérdida de fuerza social del gobierno Rajoy.

Tal es el resultado del “sin enemigos a la derecha”… sin enemigos, pero también sin “amigos”, sin interlocutores, sin posibles aliados, sin esperanzas. A la prepotencia de Fraga le llega ahora el tiempo de la expiación.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Errores de Podemos (III)

Errores de Podemos (III)

Info|krisis.- Los errores de Podemos (III): El democratismo, una enfermedad infantil. Podemos debería leer aquella obra de Lenin, El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. Allí hay alguna de las claves de porqué el proyecto lanzado por Pablo Iglesias y sus amigos, tendrá éxito… pero será estéril. Ganar votos no es difícil, basta con prometer el oro y el moro, disponer de altavoces mediáticos y enlazar con el estilo de una época. En esto ha consistido el éxito presente y futuro de Podemos. En esto radicará también su esterilidad. A fin de cuentas, toda política realista pasa por reconocer los problemas de la población: y uno de ellos, acaso el primero de todos, es que el grueso de la población española carece de capacidad crítica, voluntad, interés e incluso conciencia de cuáles son sus problemas más allá de los estrictamente inmediatos... En esas circunstancias las organizaciones de tipo asambleario o el recurso constante a apelar a consultas a la población, carece de sentido. Solamente está en condiciones de opinar de manera precisa y objetiva quien conoce la naturaleza de los problemas… no quien, simplemente ha oído hablar de ellos

En la izquierda se da por descontado que la democracia es el mejor sistema posible… aunque es frecuente que no exista coincidencia sobre qué se entiende por “democracia”. No es lo mismo la democracia tal como la consideran los “indignados”, el movimiento del 15–M y Podemos, que la “democracia” tal como la concebía Lenin o como la querían los socialdemócratas de su tiempo, o sus equivalentes en nuestros días. “Democracia” es, sin duda, el término más desnaturalizado del vocabulario político desde Aristóteles y Platón hasta nuestros días, hasta el punto de que cabe preguntarse, si es viable hablar de “mando del pueblo” en el actual momento histórico y si es posible hablar de “democracia” sin definirla antes.

¿”Mando del pueblo”? ¿Existe el “pueblo”?

En su acepción más extendida, “democracia” es una forma de elegir a los representantes de un pueblo mediante el recuento numérico de votos. A través de un acto casi mágico, la parcela de “soberanía individual” que reside en cada ciudadano, tras el recuento de votos, se suma a otras parcelas individuales, expresando la decisión de la mayoría. Se trata de un proceso meramente cuantitativo. De ahí que no pueda extrañar la “calidad” de los políticos y la eficiencia de las opciones que han recibido al favor mayoritario de los votos. La calidad siempre, absolutamente siempre, está reñida con la cantidad. Y en “democracia”, lo cualitativo desaparece siempre en beneficio de lo cuantitativo. Ahí está la trampa. No es raro, por tanto, que en las democracias de “baja calidad” como la española, todas las opciones mayoritarias estén de acuerdo en reducir al máximo la capacidad crítica de la ciudadanía, no vaya a ser que el ejercicio del arma de la crítica hiciera en algún momento pasar a la clase política por las armas de la justicia.

De todas formas, el objetivo de este artículo no es realizar una crítica a la democracia cuantitativa, crítica que desde Enrique Ibsen y su obra de teatro –verdadero ensayo político– El enemigo del pueblo, ya está realizada y nunca ha sido ni contestada, ni superada, ni refutada. De hecho, siempre que un “demócrata” asume la defensa de la democracia, a la vista de la enormidad de datos en contra se limita a una tímida argumentación basada en las boutâdes: “la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos” o aquello otro de que “la democracia es el peor sistema político a excepción de todos los demás”…

La base sobre la que se establecía el poder ha pasado de ser de “origen divino” a tener una “base popular”. En los antiguos regímenes el rey detentaba el poder por “voluntad de Dios”. En la actualidad la soberanía reside en el “pueblo”. Pero las cosas no son tan simples. La primera cuestión es saber si existe el “pueblo”.

Si consideramos como “pueblo” a los habitantes de un conjunto territorial es evidente que la respuesta debe ser afirmativa. Pero lo que ya no está tan claro es si estamos aludiendo a “pueblo” o a “masa de población”. El pueblo deja de ser una “masa” cuando está organizado, y vertebrado por principios, estructuras orgánicas y cultura digna de tal nombre. Nada, por tanto, de lo que existe hoy. Luego, la soberanía, en la práctica no puede residir en la “masa” cuya característica esencial es que carece de capacidad de decidir: para decidir hay que comprender las situaciones, conocer los problemas, tener capacidad discursiva para plantear iniciativas. Difícilmente una masa que apenas tiene capacidad para pensar en la satisfacción de sus necesidades primarias, que carece de ideales y conciencia comunitarios y que se rige fundamentalmente por la ley del mínimo esfuerzo y la máxima satisfacción, podría decidir sobre algo más que cuestiones muy básicas. Y, aun así, los mecanismos de control mental que se vienen utilizando en los últimos cien años, contribuirían a condicionar las respuestas según los intereses de quienes controlaran los medios de comunicación.

Para colmo, en un marco en el que los canales educativos han tendido sistemáticamente en las últimas décadas a amputar desde la escuela la capacidad crítica a los alumnos, lo que tenemos es una masa invertebrada incapaz de responder con criterio objetivo a cualquier cuestión que se le plantee. No es que el “pueblo” no tenga razón; es que la “masa” nunca puede tener respuestas a problemas que excedan más allá de los meros instintos primarios o del sentimentalismo y la emotividad.

Algunos ejemplos del “derecho a decidir”

Es inútil preguntar a la masa si quiere o no quiere estar en la OTAN. Sea cual sea la respuesta (OTAN si, OTAN no) nunca será capaz de advertir las implicaciones finales de la opción. Todo lo más que podrá hacer será fiarse de una serie de consideraciones subjetivas que toman cuerpo en función de sugestiones generadas por intereses ajenos a las masas y suscitadas desde los medios de comunicación o desde los distintos centros de poder; nunca desde la racionalidad, la frialdad y la objetividad.

Es inútil exigir el “derecho a decidir” si quienes tienen que “decidir” ignoran lo esencial del problema que se les plantea y si entrar en la materia, conocerlo e informarse, les supone un esfuerzo excesivamente superior para su capacidad y su disponibilidad, esfuerzo que no están dispuestos a realizar en modo alguno e incluso para el que no tienen capacidad intelectual de discernimiento. La quiebra de un sistema educativo no se mide por el número de suspensos que cosechan sus alumnos, sino por el grado de preparación que demuestran para vivir en sociedad y afrontar los problemas y retos de una sociedad moderna. En este sentido, la quiebra del sistema educativo español, puede decirse que es absoluto.

En un problema como el referéndum soberanista catalán, por ejemplo, la carga emotiva se sitúa en que todos tenemos derecho a decidir sobre “nuestro” futuro y, por tanto, todos quieren tener la oportunidad de decidir si a Cataluña le iría mejor separada de España… pensando que la mayoría de los electores tienen a su disposición los instrumentos suficientes como para poder responder a esta pregunta, sin olvidar que lo esencial de la cuestión no es esa.

Porque el “derecho a decidir” solamente puede aplicarse cuando existe un conocimiento de la situación y del problema en los términos en los que se plantea en un momento dado.

Y en lo que se refiere a la formación de una nación o a la secesión de una parte del Estado, no estamos hablando de decidir en función de los datos disponibles en “un momento dado” y que están al alcance de una generación en una determinada coyuntura… sino que afecta a todas las generaciones que vendrán y modificará la obra realizada por las generaciones que nos han precedido. Algo que no se puede expresar en votos. De ahí que nunca, ninguna nación se haya formado por acuerdo de una mayoría, sino que haya expresado una voluntad histórica manifestada a lo largo de generaciones.

Existen otras decisiones en las que tampoco la mejor opción nacerá de la suma de los votos a favor y de los votos en contra obtenidos en referéndums. ¿Es posible plantear a la “masa” preguntas técnicas sobre cómo resolver sus problemas? ¿Puede una masa conocer cuál será la línea económica que le aportará más seguridad a él y a la comunidad en la que vive? ¿Tiene conocimientos técnicos para poder discernir sobre la materia y valorar las implicaciones de su opinión cuando la tome? Si a una masa se le preguntara qué es más importante impulsar un programa de investigación aeroespacial o repartir todos esos fondos para uso y disfrute de las masas ¿qué elegiría? Si se organizara un referéndum en el interior de una prisión ¿podría reconocerse la victoria “electoral” de 51 violadores sobre 49 funcionarios de prisiones…? Eso precisamente es la democracia: la ley del número, al margen de cualquier otra consideración.

No es raro que  en las elecciones sea frecuente que no ganen “los mejores”, sino aquellos que mienten con más desparpajo, que adulan a las masas cultivando así su voto, que prometen sin intención de cumplir pero con la expectativa de un apoyo electoral masivo por parte de los engañados y de los seducidos. No hay nada más que ver los debates electorales, los argumentarios de las campañas, para percibir la calidad de los candidatos y el fuste de los vencedores. Luego ocurre que, en el ejercicio de su cargo, un Chaves, un Griñán, un Pujol –por citar solamente a los que hoy están en el candelero de la actualidad– saquean el erario público, extorsionan, roban o simplemente hacen de su gestión una verdadera práctica propia de salteadores de caminos. Han salido del voto de una masa cerril que ha visto en ellos al no va más de la honestidad y la eficacia.

Hemos elegido a presidentes que han ordenado masacres con cargo a los presupuestos generales del Estado (Felipe y los GAL). Hemos elegido a presidentes que han provocado verdaderas hecatombes económicas (con Aznar y su modelo económico). Hemos elegido a verdaderos inútiles que han generado, por su propia ignorancia e incapacidad para ocupar el cargo, convulsiones sociales y endeudamiento masivo por generaciones mientras predicaban ingeniería social y alianzas de civilizaciones. Y, como colofón, las urnas han dado las riendas del poder a alguien para quien los problemas tienen solución o no la tienen. Si la tienen, el tiempo la da, y si no la tienen, ¿para qué preocuparse? Ese es Rajoy y esto es lo que han dado de sí 36 años de “democracia constitucional”. Hemos votado en no menos de treinta ocasiones para llegar a donde estamos… a un lugar que no es el mejor de los mundos posibles.

No era esta, desde luego, la democracia que defendía Platón, ni tiene nada que ver con el concepto clásico de “mando del pueblo” o del “Senatus Populusque Romanorum”. Es más bien un ejercicio práctico de uno de los corolarios del “principio de Murphy”, aquel que dice que “si alguien puede equivocarse, se equivoca”…

Podemos y el democratismo

Podemos tiene, por el momento, una estructura organizativa de carácter asambleario. Herri Batasuna, en sus primeros tiempos mantenía asambleas abiertas a todos los ciudadanos (allá por los años 80). El “movimiento de los indignados” fue en todo momento asambleario y abierto. De hecho, el programa de Podemos ha surgido de las aportaciones introducidas por cientos de asambleas.

Existe una idea que planea sobre el programa de Podemos desde sus primeras páginas: la idea de “democracia”. Hay en el programa, tres puntos que definen la tendencia que ya desde Lenin se llamó “democratismo”: el suponer que cualquier alternativa que se plantee a una comunidad puede ser respondida a través de una votación popular. En tres puntos concretos del programa de Podemos se insiste en esta idea y en cómo llevarla a la práctica:

-          El punto 4.1. Impulso a la participación.

-          El punto 5.5. Garantizar la celebración de referendos

-          El punto 5.7. Ejercer el derecho a decidir.

Los títulos de estos parágrafos son suficientemente elocuentes como para que valga la pena reproducir su contenido. Lo que se está proponiendo a la población es que tenga el derecho a expresar sus opiniones… lo que parece algo sumamente razonable, especialmente si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de decisiones tomadas por los gobiernos suelen ir en contra de los intereses populares (harina de otro costal es que esos gobiernos estén en el poder por votación irreprochablemente democrática…). Pero si tenemos en cuenta todo lo dicho en los parágrafos anteriores, empezaremos a albergar las más serias dudas sobre la posibilidad de que, no el “pueblo”, sino la “masa” pueda opinar con conocimiento de causa, y por tanto, con precisión.

Lo más elocuente no son los tres puntos en donde se explicita el “democratismo” de Podemos, sino en el espíritu que planea sobre la totalidad de su programa. Estamos ante una especie de absolutismo al revés: “todo para el pueblo… pero decidido sólo por el pueblo”. Podemos parece no haber contemplado la situación de la sociedad española: con su sistema educativo quebrado, con una población apática, que ha votado durante décadas a sus verdugos, con una izquierda que se mueve en el terreno de los tópicos humanistas–universalistas, con una masa que ha perdido la noción de “comunidad del pueblo”, que, como máximo tiene minorías obsesionadas con algunos temas (el animalismo, la ecología, el feminismo y los derechos de las minorías sexuales, el papeles para todos, etc)… eso es la sociedad española, lo más alejado de un mundo feliz.

Quizás en esto radique la mayor ingenuidad de Podemos y su mayor riesgo: Podemos se niega a reconocer el rosto auténtico de nuestra sociedad (una sociedad que no tiene “derecho a decidir” porque ha manifestado una “incapacidad para decidir”; una sociedad que carece de capacidad crítica y discursiva para poder decidir con conocimiento de causa; una sociedad a la que se le ha amputado su capacidad crítica especialmente por sucesivas reformas educativas planteadas siempre por socialistas…) y casi parece un límite extremo y vertiginoso al “optimismo antropológico” del que hacía gala el peor Zapatero.

Podemos ha realizado algo que ni el político más corrupto se había atrevido a hacer: no solamente ha cortejado a franjas del electorado adulándolo y satisfaciéndolo en su narcisismo, sino que ha trasladado esta adulación a toda la masa: “tú, masa, tienes derecho a decidir sobre tu futuro y sobre cualquier tema que te afecte. Tú puedes opinar de economía, de política internacional, sobre educación y defensa, sobre sanidad y ciencia. Y, poco importa si en las últimas décadas, tú mismo, masa, te has puesto la cuerda en el cuello y has tirado de ella, poco importa si has elegido a los políticos más corruptos e inútiles que te han puesto la bota sobre el cuello y, poco importa, si ni siquiera tienes interés en opinar, lo que importa es que puedes hacerlo y, por tanto, tienes derecho a hacerlo”. Dejando aparte las buenas intenciones de los votantes de Podemos e incluso aplicando el principio de honestidad a su dirección, vale la pena recordar que de principios falsos y de bases movedizas no pueden surgir líneas políticas que aporten rectificaciones radicales a los rumbos problemáticos que ha tomado la modernidad.  

Vale la pena recordar la Política de Aristóteles: Una quinta especie [de democracia] es aquella que traspasa la soberanía a la multitud, que reemplaza a la ley; porque entonces la decisión popular, no la ley, lo resuelve todo. Esto es debido a la influencia de los demagogos” (Lib. VI, Cap. IV, Especies de democracia). Esta fue la primera definición del democratismo que ha asumido Podemos.

No olvidemos el origen de esta organización: el 15–M del 2011, el “pueblo” tomó la calle. El 25–M del 2012, ese mismo “pueblo” rodeó el parlamento. Era evidente que la fase siguiente del movimiento iba a ser introducirse en el parlamento. La doctrina organizativa en todos estos “tempos” ha sido la misma: organización asamblearia, impulso a las iniciativas legislativas populares, utilización de las nuevas tecnologías para ejercer el voto en las asambleas, etc. La estrategia es que, los representantes de Podemos en el Congreso, en los futuros ayuntamientos y comunidades autónomas,  sabrán atender a las necesidades de la población por que las decisiones han surgido del “pueblo mismo, sin mediación alguna”, de tal forma que cuando Podemos tenga mayoría en el parlamento, será el pueblo quien esté representado y tomando las decisiones. Así se resetea el sistema como en un ordenador, para cuando se active de nuevo el sistema operativo se instale la “democracia real”.

Cuando un “comunista consejista” como Anton Panneköek criticaba la nueva constitución soviética aprobada por Stalin decía de ella que era la “más democrática del mundo” pues afirmaba que el Partido Comunista en el poder era el representante de “toda la población”. Sin establecer paralelismos sobre Stalin y Podemos, si percibimos el mismo espíritu “democratista”, ese “fundamentalismo democrático” que ya había criticado Lenin con su peculiar visión mecanicista de la acción de la vanguardia organizada en el partido comunista en su folleto El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo.

Podemos cae dentro de los errores de la izquierda progresista que ya se habían expresado desde la Revolución Francesa. El propio Roberspierre en su Discurso sobre los principios de la moral política pronunciado el 18 pluvioso del año II (…o más claramente, el 5 de febrero de 1794) se había dado perfecta cuenta del problema: “La democracia no es un estado en el que el pueblo –constantemente reunido– regula por sí mismo los asuntos públicos; y todavía menos es un estado en el que cien mil facciones del pueblo, con medidas aisladas, precipitadas y contradictorias, deciden la suerte de la sociedad entera. Tal gobierno no ha existido nunca, ni podría existir sino fuera para conducir al pueblo hacia el despotismo”. Lenin, posteriormente atacó con los mismos argumentos a las corrientes izquierdistas, recordando que cuánto más democrático era un país capitalista, más se encontraba su parlamento sometido a los intereses de la bolsa y de los banqueros.  Recordará que las ideas “democratistas” son residuos pequeño–burgueses procedentes del anarquismo, tanto en su teoría como en su práctica y que, habitualmente, tienden a converger finalmente con la socialdemocracia y los movimientos más tibiamente reformistas.

Podemos es, en el sentido leninista, una organización “democratista”, de modelo organizativo inspirado en el anarquismo asambleario que terminará por converger con otros restos de la izquierda en descomposición. Después de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015, Podemos estará en condiciones de formar gobiernos en algunas autonomías y en decenas de ayuntamientos, no en solitario sino en coalición con lo que haya sobrevivido del PSOE, de IU, Equo, Compromís, etc.

Eso no será lo peor: lo peor es que ni Podemos, ni el conjunto de la izquierda postmoderna lograrán entender nunca que una “masa” no es un “pueblo” y que para lograr un cambio efectivo en la sociedad hace falta una vanguardia organizada que, con frecuencia, se vea obligada a actuar contra la “masa” y en contra del peso muerto de las “masas”.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 

Turismo: lasciate omnia spes

Turismo: lasciate omnia spes

Estamos en crisis, la economía mundial se ha ralentizado de nuevo… pero España, este año alcanzará un récord en pernoctaciones turísticas. Sesenta millones de extranjeros visitarán nuestro país. La oleada empezó con los años 60, pero ahora se ha convertido en una verdadera pandemia. No somos un “país turístico”: nos hemos convertido en una reserva turística frecuentada por turismo basura y que genera trabajo basura. Esa ha sido el “modelo económico” que prevale en España de manera indiscutible desde nuestra adhesión a las Comunidades Europeas (hoy Unión Europea). Un verdadero suicidio económico.

Los vecinos de Magaluf (Mallorca) se quejan del salvajismo reiterado de los visitantes. En Lloret de Mar las batallas con turistas borrachos y drogados durante días, son frecuentes a todas horas pero especialmente a partir de altas horas de la madrugada. Las playas de Benidorm, la segunda ciudad española que recibe más turismo, parecen un verdadero universo concentracionario. En Salou, los turistas adolescentes llegados de todo el mundo se tiran desde los balcones de los hoteles a las piscinas con más frecuencia que los banqueros de Nueva York lo hicieron durante la crisis del 29. No es posible pasear por ninguna calle de Barcelona sin chocar con miles de turistas que cámara en ristre fotografían los lugares más absurdos e intrascendentes; y si el barcelonés baja a las Ramblas, encontrará, sin duda, alguno de los 200 clubs del cannabis abiertos para atraer el turismo “fumeta”, especialmente alemán. España se ha convertido en un “parque temático” para turistas a los que puede aplicársele el calificativo que les dio Pérez Reverte en 2010: son, efectivamente, “turismo basura”.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

A principios del siglo XX, el pintor, poeta y bohemio, Santiago Rusiñol popularizó Sitges como destino turístico de la burguesía catalana. Era un lugar inigualable. Fue allí, tras la iglesia y sobre el acantilado que va dar al mar, donde construyó su casa, el Cau Ferrat que aún hoy puede visitarse convertida en museo. Los sitetanos (gentilicio de Sitges; por cierto, pronúnciese “Siches”, para no complicarse la vida, o ˈsidʒəs, si prefiere seguir los preciosismos de Wikipedia…) estaban orgullosos de que su pueblo de pescadores, fuera visitado por intelectuales, artistas, industriales y visitantes selectos. Hoy, Sitges es meca del turismo gay de ciertos vuelos, de ahí que haya conservado todavía un buen volumen de ingresos por visitante. No ocurre así en la mayoría de zonas turísticas de España.

Era normal que el turismo penetrara por Cataluña y por el País Vasco. A fin de cuentas, en ambas zonas eran fronterizas y la propia pujanza de las burguesías locales generaba los elementos desencadenantes del fenómeno en un tiempo en el que era difícil desplazarse más allá de 100 km del lugar de residencia. En una segunda fase, determinados exponentes de esa burguesía –especialmente, procedentes de su franja media– optaron, no solamente por visitar algunas zonas de España, sino por hacer de su afición un medio de vida. Optaron por destinar sus capitales a la promoción de tales zonas y así comenzaron los imperios turísticos que ya existieron durante el reinado de Alfonso XIII y en los años de la República. El Grupo Barceló, por ejemplo se fundó a principios de los años 30, aunque solo a partir de 1962 se convirtió en un imperio hotelero. El diplomático austríaco que creó la denominación “Costa del Sol”, Rudolf Lussnigg y el eslogan “Almería, la ciudad donde el sol pasa en invierno”, se dedicaba ya a la hostelería y a la promoción turística en España desde 1907 y a partir de 1934 fue factótum de Hoteles Unidos HUSA, hoy con participación mayoritaria de miembros de la alta burguesía catalana.

A partir de los años 50, cuando algunos exponentes del bando derrotado en la Segunda Guerra Mundial recalaron en España, se convirtieron pronto en promotores turísticos e inmobiliarios en el Levante Español, Baleares y Canarias. Algo que enlazó con las necesidades de las clases medias europeas una vez Europa empezó su reconstrucción. No es raro que uno de los países que se habían situado al margen del conflicto, Suecia, se convirtiera en uno de los principales exportadores de turismo en los años 50. Con media Europa destruida, y el envidiable clima español, el turismo sueco buscaba en el tipismo aún subdesarrollado de España, lo que ellos habían dejado atrás desde hacía mucho, o simplemente lo que no tuvieron nunca hasta que el clima empezó a cambiar en los años 70 (si hoy apenas vienen turistas suecos a España es porque el clima en el sur de Suecia se ha vuelto más benigno y se han abierto centros turísticos a orillas del Báltico…).

En 1959, el turismo era una de las posibilidades económicas que se abrían al franquismo, posibilidad doblemente interesante: de un lado, permitía demostrar a los países europeos que en España no existía una dictadura inmisericorde, ni el pueblo estaba oprimido o era infeliz; de otro, porque los turistas dejaban divisas y eso permitía, en la época de la autarquía, adquirir al contado bienes de equipo en el extranjero. Era frecuente en los años 60 que el Ministro de Información… y Turismo obsequiara a pie de escalerilla del avión con algún regalo al turista 1.000.000 o 2.000.000. Debió ser hacia 1964 cuando la canción del verano que hizo furor decía: “El turista 1.999.999 | cuando llegó | se lamentó | por bajar tan deprisa del avión | con su minipantalón | se ha perdido la ocasión | e tener las atenciones | que por suerte le brindaron | al turista 2.000.000”… macarrónicas rimas que acompañaban a la imagen de Manuel Fraga en el NO|DO entregando un ramo de flores a la turista que llegaba, al decir de la propaganda oficialista, a ese número récord de la época.

Desde entonces, ha llovido mucho. Andamos por el turista 60.000.000 (que ya no es una sueca despampanante y fotogénica, sino un adolescente rubicundo con cara abotargada, sobrepeso,  lata de cerveza de marca blanca y parado, llegado de los arrabales de Londres junto a otras decenas exactamente iguales). La diferencia estriba en que mientras que para el franquismo, el turismo era una posibilidad entre otras de explotar las condiciones climáticas del país en aras de obtener divisas, en la actualidad es la última esperanza para la economía española.

A lo largo de los años 60 el turismo fue creciendo y transformándose cada vez más en una industria que convivía con los altos hornos, el sector metalúrgico, la minería, los astilleros, la producción industrial, etc. Lo mismo ocurrió durante la transición especialmente en las zonas costeras del Mediterráneo. Sin embargo a partir de 1983 cuando los socialistas asumieron la dirección del gobierno y empezaron la recta final para negociar la entrada de nuestro país en las Comunidades Europeas, algo se torció. La negociación fue mal llevada desde el principio: “había que entrar en Europa y no importaba como”. Además, la socialdemocracia alemana –que, en realidad era quien había instalado a Felipe González en La Moncloa subsidiándole generosamente desde 1973 y creando de la nada el “PSOE” – exigía rapidez y que se le pagara lo adeudado. El resultado fue la reconversión industrial criminal y suicida y un tratado de adhesión que confirmaba a España como “país de servicios” y periferia de Europa. A partir de entonces, nos quedaría el turismo como premio de consolación. Felipe González firmó el acuerdo sin pestañear.

Los riesgos del turismo

Cualquier industria registra un alto grado de inseguridad sobre el futuro, pero el turismo, sin duda es una de las que más están expuestas a los cambiantes gustos de la clientela. Habitualmente, los primeros visitantes de un país son… los vecinos. Pero en el caso español, especialmente a partir de los años 80 ya no bastaba con que los franceses fueron los visitantes mayoritarios. Había que traer turismo de donde fuera: ingleses y alemanes, especialmente. Cuanto mayor fue la apertura en número, más se fue produciendo una caída en la calidad de los visitantes. Los italianos, por su parte, descubrieron España (concretamente Cataluña) a partir de los mundiales de 1983. Aún habría que esperar treinta años para que se iniciara la riada rusa y china hasta nuestro país. Pero había sombras.

En especial, a partir de la caída del Muro de Berlín (1989) Centroeuropa y el Adriático se convirtieron en zonas abiertas para el turismo. Todavía no disponían de infraestructuras en condiciones de atender riadas turísticas y, por lo demás, hasta principios del milenio, los países de la antigua Yugoslavia, se encontraban enzarzados en guerras destructivas. Por tanto, aún tardaría en convertirse en destinos para masas de visitantes. En cuanto a los países árabes y Turquía, habían desarrollado unas infraestructuras turísticas mínimamente aceptables lo que, junto al precio de los servicios, los hacía extremadamente competitivos… de no ser porque sus peculiaridades antropológicas y culturales (islam, prohibición de alcohol, misoginia, idioma) atraían solamente a determinadas capas turísticas que desaparecieron en cuanto aumentó la inestabilidad política y el terrorismo islámico. España siguió en la cresta de la ola del turismo en los últimos años, pero ya no como durante el franquismo –en donde el turismo era una pieza más de la economía– sino como forma de monocultivo económico.

El riesgo estriba en que los gustos del turismo pueden cambiar en cualquier momento. Hasta ahora, ningún episodio de terrorismo ha afectado a la clientela extranjera que visita nuestro país, a pesar de que ETA lo intentara en varias ocasiones como forma de presión económica sobre el régimen (maletas–bomba en consignas de aeropuertos, “campañas de verano” de ETA en zonas turísticas, etc). Ahora mismo, bastaría una bomba en una zona turística de Barcelona o de Cataluña, generada por el proceso soberanista y que afectara a un visitante, para que esta región perdiera lo que constituye hoy su único pulmón económico.

En cuanto a los gustos del turismo son completamente inestables. Si cualquier pequeño país balcánico modificara su modelo económico y lo adaptara al turismo de clase trabajadora, España vería mermados sus ingresos y se produciría una caída en picado de las visitas. Países como Malta o Chipre, zonas como Cerdeña, Sicilia, Creta, pueden asestar en el futuro dentelladas para nuestra industria turística. No hay que descartar tampoco que en diez años, el precio del transporte aéreo haya experimentado una variación al alza a raíz del encarecimiento del precio del carburante.

Las previsiones de la Organización Mundial del Turismo

A despecho de una realidad siempre cambiante y que impide predecir cómo será el futuro, la Organización Mundial del Turismo, desde antes de la crisis económica de 2008, preveía para España un aumento del 5% anual en el número de visitas turísticas que se mantendría constante hasta… el 2050. Después de la crisis, este organismo internacional ha modificado sus previsiones: el turismo, nos dice, seguirá creciendo un 5%... hasta 2020 cuando llegarán a España 75 millones de turista extranjeros, veinte más de los que se recibía en 2012 y casi el doble de los que llegaban aquí en el no tan lejano 1986.

La primera pregunta que subyace a estas triunfalistas cifras es: ¿cuándo estará completo el aforo de nuestro país? ¿Cuándo se pondrá el cartel de ya no hay plazas libres? Porque hay fenómenos que distan mucho de ser “sostenibles” y el turismo es uno de ellos. De la misma forma que hay un momento en el que una economía no puede basarse en el ladrillo (simplemente porque si lo hace habrá un momento en el que ya no habrá ni dónde construir ni quien compre lo construido), igualmente llega un momento en el que la capacidad turística de un país llega al límite y ya no pueden entrar más visitantes.

Barcelona es un ejemplo. Los intereses hosteleros de la alta burguesía catalana (el único sector en el que el capital catalán todavía se invierte en Cataluña, si bien una parte de ese capital –incluido el del gang Pujol, va a parar al Caribe) han transformado la ciudad en un parque temático para turistas desde que CiU ocupó la alcaldía de Barcelona. Hoy, la ciudad está completamente desfigurada por la avalancha turística y resulta extremadamente hostil para los ciudadanos barceloneses cuyo número va descendiendo año tras año. Por lo demás, el hecho de que el poder ejecutivo autonómico y municipal sean extremadamente débiles hace que ni siquiera sean capaces de ordenar los flujos turísticos, regularlos o eliminar los problemas que puedan aparecer. El ferrocarril metropolitano, las Ramblas, la zona de Sagrada Familia, las playas de Barcelona son el teatro de operaciones de miles de delincuentes llegados de todas partes del mundo ante la permisividad, la falta de autoridad y la relación policial de la ciudad. Los mismos delincuentes operan en las mismas zonas desde hace una década sin que hayan entrado en la cárcel ni una sola vez, detenidos una y otra vez, pero nunca expulsados, encarcelados o sancionados de alguna forma. Es evidente que, a la larga, estos robos y molestias continuas repercutirán negativamente en el turismo hacia Barcelona… lejos de pensar en solucionarlo por la vía radical, el Ayuntamiento busca sectores turísticos alternativos, el último de los cuales es el “turismo cannábico” en un intento de rivalizar con Amsterdam…

Así pues, las previsiones de la Organización Mundial del Turismo pueden cumplirse… o no. Si se cumple, la superación del “aforo” razonable hará de nuestro país algo inhabitable. Dejando aparte de que para lograr un aumento anual del 5% habrá que bajar cada año un poco más el listón y admitir cada vez más a “turismo basura”. Pero, en caso de que el turismo varíe sus gustos y aficiones y abandone a nuestro país por otros destinos más agradables y baratos, el monocultivo turístico arrojará al paro hará que ingresen en el paro un 30% más de ciudadanos: de los contratos firmados desde enero, de los que alardea el gobierno Rajoy como muestras de su increíble habilidad para crear empleo, el 80% tienen relación con el sector turístico y la inmensa mayoría forman parte de lo que se conoce como “trabajo basura”: estacional, mal pagado, sin valor añadido, sin cualificación. Cada vez somos más un “país de camareros” que ni siquiera han pasado por escuelas de hostelería…

Turismo basura: diez millones más

El Confidencial cuenta que en la actualidad están llegando a España diez millones de “turistas basura”, localizados especialmente en Cataluña y Baleares. Parecen pocos a tenor de lo que se ve en las calles, pero en cualquier caso tal es el tipo de turismo que se está atrayendo en la actualidad. Hoy ya es imposible pensar que, dadas las circunstancias, España pueda atraer a un “turismo de calidad”. Los servicios son mediocres, en ocasiones incluso infames. España es un paraíso para la delincuencia internacional. Atrae más turismo la posibilidad de comprar cervezas a 20 céntimos de euros en los supermercados DIA que la catedral de Cuenca o la iglesia de Sant Pere de Rodas. Además, este país no podría atraer a más de 5.000.000 de turistas de calidad, en el mejor de los casos.

En Francia, hasta en el más pequeño pueblo pirenaico, la iglesia románica más pequeña está abierta en horarios de visita y allí en la entrada encontraréis una mesa con los prospectos turísticos necesarios para conocer lo esencial de su historia y de sus méritos arquitectónicos. El “Sindicat d’Iniciative” (equivalente a nuestras oficinas de turismo) está presente por todas partes. Es evidente que en zonas como París existe masificación turística, pero aun así se mantiene un cierto nivel de turismo de calidad. Nada de eso es posible ya en España. Nuestra economía está presa de una trampa mortal: no podemos admitir a más turismo, pero tampoco podemos prescindir del turismo. No podemos atraer a turismo de calidad, así que solamente podemos ir rebajando el listón abriendo más y más las puertas al turismo de chancletas y botellón, de balconing y porro, de bakalao y trifulca etílica.

Hubo un tiempo en el que tener un bonito paisaje y un clima benévolo era una bendición. Hoy, esos lugares parecen cada vez más malditos. No es que, como se temía en los años 50, el turismo haya alterado “los valores y el estilo” de los españoles, es que los intereses de la industria hotelera española, los errores y debilidades en la negociación con la UE, han convertido a España en la meca del turismo de baratillo. Probablemente no son solamente 10.000.000 de turistas–basura los que llegan a nuestro país, sino más del 50% que generan más problemas de los que ayudan a resolver. Y no, el problema no tiene remedio. Aquí cabe decir aquello que Dante puso en la puerta de su Infierno particular: “abandonad toda esperanza”   o si lo preferís en la lengua del gibelino: lasciate ogni speranza, voi ch’entrate”.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

¿Otra transición?

¿Otra transición?

Info|krisis.- ¿Estamos en la segunda transición o ante otra cosa? El que esto escribe conoció en su juventud un cambio de régimen. Tal cambio estaba en el ambiente desde 1971 con Franco vivo y con Carrero Blanco como vicepresidente del gobierno. Los medios de comunicación insistían en que todo estaba “atado y bien atado”, aunque evitaban decir hacia dónde. En los últimos años del franquismo, el régimen había iniciado una descomposición interior que se negaba pertinazmente desde los medios. Bastó que faltara una persona, el anciano moribundo de El Pardo, para que el régimen se desmoronara en pocos meses. Los que vivimos aquellos últimos años del franquismo y la transición reconocemos hoy muchos elementos que nos sitúan ante un nuevo fin de ciclo. Al parecer es difícil que en España un régimen dure más de cuarenta años.

Fuera de la mitología creada por franquistas que sugiere que en 1975 todo en España iba bien y que el régimen podía haberse mantenido sin alteraciones por tiempo indefinido de no haber sido “por la puñalada por la espalda” que le asestaron los “evolucionistas”, y fuera de la mitología creada por la “oposición democrática” de la época, según la cual, la presión popular hizo tambalear al régimen y forzar la transición, la realidad fue muy diferente y sería cuestión de que un congreso de historiadores restableciera la verdad de lo que ocurrió.

El franquismo entre 1970 y 1975 seguía teniendo cierto consenso social (España es un país de inercias y de población mayoritariamente apática) y los “poderes fácticos” (magistratura, fuerzas armadas, fuerzas de seguridad del Estado, alto funcionariado) no estaban dispuestos a mover nada del entramado de las Leyes Fundamentales que constituía nuestro ordenamiento constitucional en la época. En ese tiempo existía una “oposición democrática” con peso en las zonas industriales, entre los intelectuales y especialmente en la universidad… pero distaba mucho de disponer de “fuerza social” suficiente como para forzar una transición.

La otra versión de la transición

Hoy, a medida que van apareciendo trabajos históricos rigurosos, se percibe que la versión oficial de una transición modélica pilotada mediante consenso entre los “sectores evolucionistas del régimen” y la “oposición democrática”, ante la mirada beatífica del rey y la decisión de Suárez, no es más que una piadosa versión que tiene muy poco que ver con lo que ocurrió verdaderamente. Más parece que la transición que nos llevó a una democracia formal fue una decisión que tomaron otros actores: el incipiente capitalismo español que había surgido al calor del desarrollismo económico de los años sesenta (la década en la que verdaderamente España abandonó el subdesarrollo y recuperó los 150 años de terreno perdido), multinacionales extranjeras deseosas de ampliar su penetración en una España que todavía planteaba límites a las inversiones extranjeras, los inversores internacionales que veían en España un prometedor terreno a la vista de que algunos aspectos de su estructura económica estaban todavía atrasados, nuevos grupos mediáticos, algunos de ellos vinculados a los intereses del capitalismo internacional, el Pentágono deseoso de ampliar la “profundidad” de la OTAN, la Internacional Socialista (que en aquello años tenía una fuerza componente “socialista Fabiana” y desde el Congreso del SPD en Bad Godesberg reconocía la posibilidad de coexistir con un “capitalismo con rostro humano”) y, por supuesto, individualidades políticas españolas, procedentes del mundo del dinero, conscientes de que solamente podrían grandes negocios a la sombra del poder si cambiaban los gestores del régimen. Este “pool” de intereses fue quien “diseñó” la transición, correspondiendo su aplicación práctica a los rostros que han quedado plasmados para la “historieta” como sus mentores: los Suárez, los Juan Carlos, los Carrillo, los Felipe González, los Fraga, meros ejecutores tácticos de un plan estratégico cuya paternidad no les correspondía.

Sabemos lo que siguió: partidocracia, Estado de las Autonomías, corrupción generalizada, formación de la “casta”, ingreso en la UE, pérdida de peso económico de España, papel periférico en la UE, globalización, hundimiento de la educación, de la moral pública, terrorismo, GAL, proceso de paz, nacionalismos periféricos, centrifugación nacional, crisis económicas cada vez más duras, pérdidas de derechos sociales, problemas de la monarquía… un panorama, en definitiva, de crisis del régimen nacido en 1978.

El sistema político franquista, concebido inicialmente como un régimen de partido único (FET y JONS, lo que se llamó “Movimiento–organización”) y luego, a partir de 1967 con la Ley Orgánica del Estado transformado en “comunión de todos los españoles con los ideales del 18 de julio” (lo que se llamó “Movimiento–comunión”), estaba sostenido sobre unos pilares políticos básicos: el corporativismo monárquico procedente de Renovación Española, el carlismo tradicionalista, Falange Española que aportaba la parte social y los llamados “propagandistas católicos”, cada uno de los cuales tuvo presencia en determinadas esferas del régimen. Lejos de ser un régimen lineal, unitario y estable, fue variando con el paso del tiempo: “falangista imperial” entre 1939 y 1942, “nacional–católico” entre 1943 y 1956, “tecnocrático–desarrollista” entre 1957 y 1970. Franco jugó, según la coyuntura política nacional e internacional con las distintas piezas que apoyaban al régimen y constituyó en base a ellas gobiernos en los que estaba más o menos representada cada parte. A partir de 1971 se inició la transición…

Esta afirmación puede sorprender a los que mantiene la “versión oficial” de que no fue sino hasta el 20–N de 1975 cuando la desaparición de un anciano entubado desde había dos meses, hubiera abierto todas las compuertas que impedían la irrupción de la democracia formal. De hecho, Carrero Blanco era perfectamente consciente de que el régimen tenía que evolucionar y lo que aspiraba era a una evolución controlada (democracia a la alemana, con partidos hasta el socialista, pero sin el PCE) algo que el jefe de sus servicios de inteligencia, el Coronel San Martín, dejó claro en sus memorias escritas en los años 80. Carrero tenía un “Plan B”: si la Comunidad Europea (hoy UE) no aceptaba tal transición, se trataba simplemente de buscar nuevos mercados… en el Este de Europa. De ahí que bajo su mandato, Carrero estimulara el comercio hacia el Este Europeo y la URSS recogiendo la hostilidad de Blas Piñar manifestada en un curioso discurso en las Cortes Españolas (hoy Congreso de los Diputados…). El conflicto del Sáhara demostró que la alianza con los EEUU no era tan sólida como se creía e incluso habían llegado sospechas de que desde ese país se intentaba desestabilizar al régimen español, justo en el momento en el que se estaban renegociando los acuerdos de cooperación militar.

El hecho de que los miembros del PSOE y de la UGT (muy escasos por lo demás) no fueran obstaculizados por la policía política, indica que, efectivamente, Carrero estaba trabajando para un híbrido entre democracia orgánica y parlamentarismo convencional que debía “abrirse” hasta los socialistas y socialdemócratas, pero no hasta los comunistas y la extrema–izquierda. Así mismo, el hecho de que diera luz verde para la reorganización política de la derecha y del centro, mediante el “asociacionismo” y que, incluso promoviera con cargo a los patrimonios generales del Estado, ayudas económicas para quienes querían organizarse como embriones de partidos políticos (Reforma Social Española de Cantarero sería el “ala socialdemócrata”, pero también existían engendros locales como el “Partido Proverista” especie de populismo exótico y, por supuesto, núcleos democristianos, liberales, amén de monárquicos, falangistas, carlistas). La idea que Carrero vendía era una “transición controlada” y por etapas. Pero el “pool” al que hemos aludido quería cambios más drásticos y veloces.

No hay que olvidar tampoco que la crisis económica mundial de 1973, después de la tercera guerra árabe–israelí a la que siguió el embargo mundial de petróleo decretada por los países de la OPEP, supuso para la economía española un primer descarrilamiento de la felicidad desarrollista de los sesenta. Una vez muerto Franco, el régimen tardó apenas tres años en adoptar su nuevo rostro en medio de oleadas de huelgas, doscientos asesinatos políticos, convulsiones sin fin y momentos dramáticos en los que la inflación se disparó (parece hoy imposible) hasta el 30%. Y es que la transición fue todo, menos modélica.  

Un régimen envejecido prematuramente

Pasaron treinta y cuatro años y el régimen, ya desde mediados de los años 80 parecía prematuramente envejecido: el Estado de las Autonomías auguraba excesos económicos faraónicos, descontrol, creación de castas regionales inamovibles; año y medio después de la llegada de los socialistas al poder se evidenciaba que la corrupción iba a ser su leit–motiv; el terrorismo golpeaba más duramente que nunca a pesar de que el eslogan oficialista de la transición indicaba que “contra terrorismo, democracia”; la ocupación y el saqueo por parte de los partidos políticos de todos los centros de poder, incluidas las cajas de ahorro, etc. Al régimen se le podía aplicar la letra de aquella canción de Bob Dylan dedicada a Pete Seeger sobre “un viejo y raro mundo que agoniza | y que apenas sí acaba de nacer”.

La “pasada por la izquierda” estaba resultando catastrófica: se había negociado mal el Tratado de Adhesión a la UE, estábamos en la OTAN como resultado de un fraude escandaloso, se sabía que en Cataluña y en Andalucía gobernaban bandas de salteadores de caminos… pero “ayudaban al a gobernabilidad del Estado”. Pronto el socialismo felipista se convirtió en un lastre del que, a lo largo de 13 largos años, parecía imposible liberarnos; no terminaba de morir y su agonía fue extremadamente larga. Pero quedaba la esperanza de que el centro–derecha, antes o después, lo solucionara todo.

En 1996, mientras el “pueblo del PP” coreaba el “Pujol enano, habla castellano” desde la calle Génova, en el balcón, un exultante Aznar había empezado ya a negociar el apoyo de CiU a su primer gobierno aun en minoría. No lo sabíamos entonces, pero Aznar a la vista de la situación del país y de la necesidad de un tirón económico tras la “reconversión industrial” socialista forzada y financiada por la UE, había ideado un modelo económico suicida cuyos éxitos futuros serían garantía de hambre para pasado mañana.

En efecto, lo peor del aznarismo ya no era su contemporización con quien todos sabíamos era un simple delincuente económico, Pujol, ni siquiera el haber recibido una riada de votos no tanto por identidad y conformidad con su programa, sino por simple rechazo a la agonía socialista, lo peor era, precisamente, su modelo económico. El electorado de derechas no suele mirar a la economía, cuyos mecanismos no termina de comprender, prefiere ver qué soluciones se aportan a problemas como el orden público, la lucha antiterrorista, el aborto, la lucha contra la delincuencia… y poco más. En este sentido, la gestión de Aznar fue mediocre, incluso en su cénit, durante su segunda legislatura, cuando ya disponía de mayoría absoluta; el desenlace del Caso Perejil –contrariamente a lo que se dijo a la opinión pública– fue una vergonzosa retirada del peñón. En efecto, la negociación llevada a través de Ana Palacio y de Collin Powell reafirmaba la soberanía española sobre Perejil… soberanía que no se podía demostrar mediante el establecimiento de una guarnición o de una simple bandera…

Lo esencial del gobierno Aznar fue el modelo económico y el bajar la cerviz ante la globalización, sin pronunciar ni una sola palabra en contra, ni una mera objeción, ni siquiera una súplica: porque España no tenía lugar bajo el sol de la globalización. Aznar quiso especializar al país en construcción inmobiliaria (sin pensar en lo insostenible del modelo durante mucho tiempo) y para que saliera rentable era preciso importar mano de obra. A partir de 1976–77 fue llegando inmigración masiva y progresivamente descontrolada con todo lo que ello implicaba, además de una bajada salarial global. Es cierto que la llegada de 600.000 inmigrantes anuales entre 1996 y 2006 contribuía también a que el PIB subiera unos puntos, pero era evidente que se habían convertido en una aspiradora de recursos sociales.

Por otra parte, el pueblo español no comprendió que sus salarios eran bajos o incluso bajísimos: Aznar desdibujó esta sensación poniendo al alcance de todos un crédito abierto de par en par. Bastaba con llamar a un teléfono para recibir inmediatamente un crédito de 6.000 euros pagaderos en cuotas de 100 euros al mes y sin avales ni garantías de ningún tipo. Trabajadores con salarios bajos podían ir de vacaciones al Caribe y pagar cómodos plazos durante el resto del año. No importa quién podía obtener una hipoteca por el 120% del valor de viviendas sobretasadas que no valían ni la cuarta parte de esa cantidad, pagadero, además en 30 años. El país enloqueció y siguió enloquecido más allá de que las extrañas bombas del 11–M desplazaran a Aznar al basurero de la historia. La inercia siguió con Zapatero en su primera legislatura, quien, además, concentró su esfuerzo en sus delirantes planes de “ingeniería social”, extraídos de los pánfilos boletines de la UNESCO.

El resultado fue que la nueva pasada por la izquierda dejó al país al borde del abismo: la crisis económica mundial, que en España empezó revistiendo las formas de estallido de la burbuja inmobiliaria, pasó a ser crisis de deuda. Pronto se vio que ZP no estaba en condiciones de resolver el problema sin hundirnos un poco más en problemas generados por su debilidad (entre otros, su “apertura” a un “nuevo estatuto” en Cataluña que conduce directamente a la crisis actual). Y volvió el centro–derecha…

De la “reforma necesaria” a la “reforma imposible”

Cuando escribimos estas líneas, el régimen ha cumplido su treinta y seis aniversario, intenta remozar su aspecto, pero solamente ha sido capaz de cambiar el rostro de un monarca al que todavía no hemos visto con corona y que no deja de ser una simbiosis de presidente de la república con cualquier personaje del colorín. Nada más. Ahora ya es tarde para acometer reformas que rectifiquen los aspectos más problemáticos del régimen nacido en 1978.

Thomas Molnar en La contrarrevolución (Unión Editorial, Madrid, 1976) nos cuenta que existen dos tipos de “reformas”: lo que llama la “reforma necesaria” es la que un régimen puede hacer cuando aún cuenta con apoyos sólidos y ha comprueba que es preciso rectificar algunos de sus aspectos que no terminan de funcionar. Pone como ejemplo a la monarquía de Luis XIV. Pero en esos momentos, el gobierno es fuerte, el régimen está sólidamente asentado, la red clientelar firmemente establecida, así que… ¿para qué reformar nada? Las cosas quedan igual. Pero luego viene el tiempo en que los desfases van ganando en intensidad y alcanzan su límite extremo, justo en el momento en el que el régimen está debilitado. El tiempo de Luis XVI. Pero entonces la “reforma necesaria” ya no puede hacerse, se ha convertido en “reforma imposible”: rectificar cualquier aspecto del sistema implica demostrar su debilidad y exponerse a generar desequilibrios todavía mayores. A ese tiempo sucede, inevitablemente, el de las guillotinas.

No es necesario ponerse dramático, pero si darse un baño de realismo. El franquismo murió por inadaptación del régimen a las exigencias de grupos de presión internos y externos. La transición fue, en realidad, la transmisión de las riendas del poder a una clase política más adaptada y dócil ante estos grupos de presión. Así, un régimen fue sustituido por otro. Hoy, en cambio, la situación es mucho más dramática.

Desde hace décadas la “reforma necesaria” no se ha llevado a cabo (debería de haberse llevado justo cuando se percibió que la corrupción tentacular se extendía por todos los estratos del régimen y el Estado de las Autonomía era una proliferación vermicular y cancerígena contra el Estado del Bienestar que desviaba hacia la casta política recursos ilimitados). Ahora ya es tarde. Nada puede reformarse sin que todo el castillo de naipes construido a lo largo de 36 años se desplome. Cualquier pequeña amenaza (las manifestaciones del 15–M, la irrupción de Podemos, la insignificancia de Urdangarín, el caso Pujol, el separatismo catalán) pueden dar al traste con todo el régimen. Ni siquiera lo que ha constituido su “núcleo duro” en estas últimas décadas, la “banda de los cuatro”, está en condiciones de pactar una reforma, consciente de que cualquier cosa que toque puede implicar el derrumbe de todo el conjunto.

Por lo mismo, el régimen ya no puede alardear de nada: ¿sigue siendo esto una monarquía o es más bien una “república hereditaria”? ¿España es una “nación”, una “nación de naciones”, una “federación”? ¿Existe en algún lugar justicia social? ¿La nacionalidad española supone algo más que la obligación de pagar impuestos en España? ¿Tenemos futuro más allá de “brotes verdad” que como la zanahoria puesta ante el hocico del burro éste nunca llega a alcanzar? Preguntas retóricas unas y preguntas sin respuesta otras.

La reforma del actual sistema es imposible porque vio la luz cuando la evolución del capitalismo internacional era muy diferente y cuando existía una correlación de fuerzas políticas radicalmente distinta a la actual. Los grupos mediáticos que apoyaron el advenimiento del régimen de 1978 están hoy deshechos o simplemente han desaparecidos; el capitalismo internacional tienen una configuración completamente diferente a la de hace 40 años. Los intereses de los EEUU son los mismos, pero su debilidad es muy superior a la que tenía en la última fase de la guerra fría. La globalización se muestra cada día como un sistema más insostenible y la distribución de fuerzas políticas en España no tiene ni punto de comparación con la que existía en 1970-75, con fuerte polarización en los extremos. Los consensos del período 1976-78 son inviables e imposibles de revalidad, porque las fuerzas políticas que han sobrevivido de aquella época, aun cuando ocupan lugares de poder, arecen de peso y de prestigio social.

Esperando el desplome interior del régimen

Vivimos tiempos de cambio de régimen, como los que se vivían en 1970. Pocos lo reconocen todavía, pero lo más probable es que en apenas cinco años quede poco de las siglas que han construido la triste cotidianeidad de los últimos treinta años, como quedó muy poco del antiguo régimen después de la Ley de Reforma Política de enero de 1977: hasta el día anterior, los “procuradores en cortes” eran “alguien”, cualquier cosa que decían era reproducido por los medios, estaban en el ojo del huracán; el día después de votar la disolución de las cortes franquistas, bruscamente, sus teléfonos dejaron de sonar, los periodistas cesaron su asistencia a las ruedas de prensa que convocaban y, simplemente, desaparecieron (o bien intentaron reacomodarse en UCD o en AP, lográndolo sólo una mínima parte).

Prepararos para que los Pedro Sánchez, las Sorayas Sáenz de Santamaría, los Artur Mas y las Susanas Díaz, desaparezcan de la noche a la mañana. Tan solo se requieren unas nuevas elecciones y la disipación de las noticias, más o menos, artificialmente generadas sobre la bondad del actual momento económico.

La última encuesta del CIS indica que el PSOE se encuentra en su peor momento histórico y que la distancia entre Podemos y los socialistas va disminuyendo. El PP perdía también dos puntos de apoyo en relación a la encuesta anterior. Y en Cataluña CiU ya ha sido reemplazado oficialmente por ERC como partido mayoritario. La esperanza del PSOE es que en los próximos meses el nuevo secretario general brille con luz radiante… algo improbable a tenor de lo hecho y dicho en su primer mes de gestión. CiU, casi, ya ni existía antes del escándalo Pujol, ahora y antes de que estalle el “escándalo Mas” y antes de la parada y marcha atrás del referéndum del 9–N, difícilmente sobrevivirá como coalición. En el País Vasco, la izquierda abertzale si no ha aventajado ya en intención de voto al PNV, poco le falta. En estas circunstancias, la encuesta publicada ayer por El País según la cual el PSOE estaba “a sólo seis décimas” del PP no deja de ser un mal chiste o un ejercicio de voluntarismo que poco o nada va a contribuir a realzar la figura de un Pedro Sánchez del que ahora solamente, incluso sus propios partidarios, empiezan a percibir su banalidad política.

Con CiU fuera de juego, el PSOE en crisis estructural, el PNV a punto del “surpaso” y el PP haciéndose a la idea de que perderá algunas comunidades autónomas y ayuntamientos en las elecciones de mayo de 2015, con Podemos como estrella emergente, ERC y la izquierda abertzale amenazando, lo menos que puede decirse es que la salud del régimen político español sea buena. ¿Alguién cree que todas estas fuerzas pueden consensuar algo? ¿Alguién cree que la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+PN+CiU) están en condiciones de impulsar alguna reforma que no acabe con ellos? ¿se entiende ahora mejor nuestro pesimismo en relación al futuro del régimen y porqué nos aproximamos, no a una “segunda transición” sino a un proceso de inestabilidad permanente? Porque lo grave no es que un régimen esté agonizando, lo realmente grave es que no existe, por el momento, ningún proyecto alternativo sólido para constituir el reemplazo.

© Ernesto Milá – info|crisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

.Cat 9.14-5.15 tiempos duros

.Cat 9.14-5.15 tiempos duros

Info|krisis.- Generalmente se olvida que desde hace más de 10 años, el año 2014 es mítico para el independentismo catalán y no solamente porque se cumple el tricentenario de la entrada de las tropas borbónicas en Barcelona, sino porque Carod-Rovira, en su momento, secretario general de ERC, decretó que ese sería el año de la independencia. Para ese 11 de septiembre faltan solamente 30 días. Y para el 9 de noviembre, otra fecha mitificada por el independentismo, en la que celebraría el referéndum independentista, apenas faltan 90 días. Así pues estamos entrando en la “Zona Cero” del “conflicto independentista”.

Tal como están las cosas puede elaborarse una previsión de cómo se irán sucediendo los acontecimientos en Cataluña desde ahora hasta el mes de mayo de 2015 fecha en la que tendrán lugar las elecciones municipales y autonómicas en algunas comunidades:

1) Crisis del proceso soberanista:

Hasta prácticamente hace quince días el Estado había permanecido casi completamente mudo y sin iniciativa ante el proceso independentista, sin duda, pensando que, finalmente imperaría el buen sentido y que Artur Mas sería consciente de lo mucho que podía perder y que, se estaba acabando el tiempo del “farol” del mal jugador de póker. Efectivamente, a alguien medianamente razonable, la aventura emprendida por Mas le resulta absolutamente incomprensible a menos que el "president" oculte un as en la manga desconocido por todos.

Sin base social suficiente, con las puertas de Europa completamente cerradas, con la patronal catalana literalmente de uñas, y sin un proyecto de viabilidad para “el día después”, a Rajoy le parecía increíble que el “president” pudiera optar por caminar por semejante berenjenal con el apoyo de ERC, ICV, CUP, con dudas en su propia coalición con la oposición de C’s, PP, el PSC debatiéndose en un mar de dudas desgarradoras y un altísimo porcentaje de indiferencia. ¡Cómo si con todo esto pudiera construirse una independencia!

Pero a mediados de julio, tras el varapalo en las Elecciones Europeas y lo problemático del proceso independentista, Artur Mas se ha convertido, simplemente, un cadáver político. Es en ese momento cuando el Estado ha acometido la tarea de atacar frontalmente el proceso independentista desprestigiándolo ante la sociedad catalana.

Hasta ahora, dos han sido los “hitos” de la contraofensiva. El primero fue el aprovechamiento de los sucesos de Can Víes en Barcelona, un local ocupado desde tiempo inmemorial para demostrar la debilidad del Ayuntamiento de Barcelona, gestionado por CiU, y la incapacidad de los mozos de escuadra para acabar con un problema menor que casi cuesta el incendio de todo un barrio y en el que la santa alianza de “okupas” e inmigrantes marroquíes, bastó para atemorizar al alcalde y al departamento de interior de la Generalitat. Aquel fue el primer aviso y ya se dijo entonces que “agitadores llegados de fuera” mantuvieron los más duros episodios de guerrilla urbana que se han visto en Barcelona desde tiempos de la República.

A la vista de que Mas siguió en actitud autista, era obvio por donde iba a desencadenarse la segunda ofensiva y por donde circularán las que vendrán. La Generalitat de Cataluña y el nacionalismo no tienen la conciencia tranquila desde hace más de treinta año. La opinión pública catalanoparlamente no ha tenido en ese período la conciencia clara de que aquella región era, sin duda, en dura competencia con Andalucía, la más corrupta de todo el Estado. Simplemente, Pujol precisaba de un régimen de subsidios, subvenciones, concesiones de licencias de emisión y sobornos puros y simples, para mantener callados a los medios de comunicación catalanes (por lo demás ampliamente deficitarios; baste recordar que en la historia del papel escrito no se ha registrado nunca el hecho de que un diario, deficitario desde su fundación como Avui, haya ido apareciendo regularmente durante casi 35 años gracias a las ayudas procedentes de la trastienda de la Generalitat). Cuando estalló el Caso Banca Catalana, verdadera estafa a los impositores y escándalo de gestión aventurera y en absoluto profesional, el lector de medios catalanoparlantes llegó a creer que se intentaba atacar a Cataluña, atacando al “molt honorable president” de la Generalitat.

Pujol salió impune, pero a partir de ahí entendió que su fortuna personal dependería de jugar “a la puta i la Ramoneta” con el gobierno que se sentara en Madrid. Y lo que a él le interesaba sobre todo era lo que podía obtenerse mediante el ejercicio del racket, el nepotismo y las corruptelas. Así pues, no solamente la cúpula dirigente de CiU (que ya había tenido varios encontronazos con la justicia) sino ayer los Pujol y hoy los Mas, tenían mucho que ocultar, ¡tanto que parece increíble que no previeran que la ofensiva del gobierno central contra ellos iba a empezar por ahí! (¿es que acaso pensaban que como el gobierno del Estado o como la monarquía tenían mucho que ocultar, nadie se atrevería a tirar de la manta?).

Parece difícil que el “proceso soberanista” vaya a salir indemne de lo que solamente ha hecho que empezar: cada día, de aquí hasta las elecciones de mayo, se irán recordando, machaconamente, las miserias de treinta y tantos años de gobiernos nacionalistas. Y ahora ya es imposible que los medios de comunicación catalanes silencien algo que está en la calle en toda la autonomía catalana: la estafa a todo un pueblo. Por mucho que ERC diga que esto no afecta a la “credibilidad” del proceso, sí afecta (y el hecho de que un dirigente de ERC –otro más, no es el primero- haya sido detenido, por delito de pedofilia, contribuye a empeorar más las cosas) ¡y de qué manera! El que una banda de ladrones proponga la independencia evidentemente tiene sólo un objetivo: poder realizar más cómodamente sus exacciones y sin miedo a que venga un policía de otra parte del Estado e investigue…

Es cierto que el problema lo tiene ahora CiU (literalmente, al borde de la implosión): ¿cómo desandar lo andado? ¿Cómo dar marcha atrás y pactar con el Estado parar el proceso independentista a cambio de que el Estado pare la fuga de información sobre las corruptelas del nacionalismo? Este es el principal problema con que se encuentra hoy la “vía independentista” y que, sin duda, acarreará el fin político de Artur Mas y muy probablemente de la coalición CiU.

2) Fracaso de la “vía legal” a la independencia

Resulta sorprendente la cándida ingenuidad con la que Artur Mas intenta presentar como “legal” el referéndum. El “nuevo estatuto” le permite establecer una ley de consultar catalana (fue uno de los artículos que no fueron “tumbados” por el tribunal constitucional a pesar de estar recurridos). En el mes de septiembre, Mas piensa, presentar un proyecto de ley para regular este tipo de consultas, proyecto que será aprobado con las votos de CiU, ICV y ERC (a los que probablemente se sumará algún voto del más que maltrecho PSC).

Inmediatamente se apruebe esta ley y acogiéndose a ella, Artur Mas convocará el referéndum por la autodeterminación… ¡asunto resuelto! ¡la consulta ya es legal!

Obviamente, Artur Mas ha creído hasta el último momento en la posibilidad de que el gobierno Rajoy se “achantara” y finalmente accediera a negociar… porque sin ese requisito, parece obvio que el gobierno interpondrá inmediatamente recurso de inconstitucionalidad y bloqueará la aplicación de la ley de referéndum… con lo que éste ni siquiera se podrá convocar. El ingenuo artificio utilizado para salvar la legalidad vigente, casi suscita una sonrisa de conmiseración por su estúpida simpleza.

Aquí muere la “vía legal”, mientras persistan las actuales circunstancias. Harina de otro costal es que en futuro no muy lejano, una coalición de izquierdas (ya que el PSOE, en las actuales circunstancias, con una rama catalana, prácticamente desintegrada, nunca más va a poder aportar los votos necesarios del socialismo catalán para una improbable futura mayoría absoluta y, por tanto, si retorna algún día al poder solamente podrá hacerlo en coalición) autorizara una ley para convocar consultas de este tipo. Pero ahora, esa posibilidad no es la que puede darse en 2014-2015.

3) Disolución del parlamento de Cataluña y convocatoria de nuevas elecciones

La crisis del proceso independentista y el fracaso de la “vía legal”, cierran los márgenes de maniobra del nacionalismo. Artur Mas, en el momento en que se presente el recurso de inconstitucionalidad de la ley catalana de referéndum solamente tiene una salida razonable: disolver el parlamento de Cataluña y convocar elecciones anticipadas. ¿Cuándo puede ocurrir esto? Aún es pronto para decirlo, pero sin duda después de la interposición del recurso de inconstitucionalidad, esto es, en un arco de tiempo que va de octubre de 2014 y enero de 2015, teniendo en cuanta que las elecciones municipales y autonómicas (en algunas autonomías) tendrán lugar en mayo.

CiU (o lo que quede de ella en ese momento) aspirará a que las elecciones sean “plebiscitarias”, aun a pesar de que ni en la legislación española ni en la catalana exista ninguna definición ni ningún espacio legal para esa consideración. Por otra parte, a medida que en Cataluña se va percibiendo la imposibilidad de asumir la defensa del gang Pujol desde ningún punto de vista, la actitud de ERC ha ido cambiando: de oponerse inicialmente a la formación de una comisión de investigación en el Parlamento de Cataluña, a aceptarla unos días después, cuando ya era perceptible que el descrédito de los dirigentes del nacionalismo eran irreversibles.

A medida que vaya pasando el tiempo y justo en el momento en que se disuelva el parlamento catalán, va a resultar muy difícil que CiU se recupere. Si antes del estallido del escándalo del gang Pujol, las elecciones europeas ya marcaron el punto de inflexión en el que CiU perdía la hegemonía política siendo superado por ERC, hay que pensar que en las próximas elecciones autonómicas el descrédito va a ser irreversible y CiU cada vez tendrá un menor valor político, siendo lícito preguntarse si ERC consideraría que “viajar con el nacionalismo” podría afectar negativamente a  sus expectativas (especialmente porque el ascenso de Podemos en Cataluña amenaza muy seriamente su consideración de “partido de la protesta”).

4) Profunda alteración del mapa político catalán

Se convoquen cuando se convoquen, en las actuales circunstancias de la política catalana, va a sobrevivir muy poco de los actuales equilibrios de fuerzas.

El PSC, lejos de superar sus contradicciones internas, tiene cada vez más polarizadas sus opiniones registrando abandonos hacia el independentismo, hacia el área de la protesta y hacia el españolismo de nuevo cuño (Ciutadans). De todo el Estado Español es, sin duda, en Cataluña en donde el socialismo ha alcanzado en estos momento, el mayor nivel de implosión: no solamente se desentiende por el destino del socialismo español (la “tercera vía” del socialismo catalán para muchos socialistas supone una falta de decisión del PSC a la hora defender la “unidad del Estado”), sino que sus integrantes están llegando al “sálvese quien pueda”.   

Podemos, será sin duda, la formación más beneficiada por la pérdida de vigor del PSC y a su lista irán a parar bolsas de votos hasta ahora propiedad del socialismo que ven con malos ojos su temporización y su complejo de inferioridad ante el nacionalismo. De hecho, un sector del PSC considera desde hace tiempo que el partido ha estado dirigido durante mucho tiempo por nombres procedentes de la alta burguesía catalana en su afán de controlar el nacionalismo de centro-derecha y el socialismo de centro-izquierda. Esta situación insostenible merma, elección tras elección las posibilidades de una recuperación electoral socialista, opción, por lo demás, muy mermada por las locuras cometidas durante el gobierno Maragall y la mediocridad decepcionante del gobierno Montilla.

Tampoco parece que el PP puede encontrar un hueco en el futuro político de Cataluña. No es, sin duda por casualidad, que el rostro asaeteado por el bótox de Alicia Sánchez-Camacho, sea uno de los más desagradables de la política catalana: durante más de un año, la dirigente del PP, retuvo las confidencias realizadas por la ex novia de Pujol Ferrusola, cuando su obligación hubiera sido depositarlas en la fiscalía. Si no lo hizo fue por la costumbre del PP de terminar negociando con CiU y llegando a un acuerdo (impunidad y euros a cambio de apoyo político). Esa posibilidad, usada durante veinte años, ha terminado siendo odiosa para todos y perjudicando electoralmente a las dos partes.

El PP lograría evitar un descalabro absoluto a costa de reconstruir una especie de Lliga Regionalista junto con los escindidos de CiU, UDC. Pero, resulta un misterio lo que supone electoralmente UDC, especialmente porque cuando se produzca la ruptura de CiU, las dos partes van a cruzarse puñaladas traperas y los democristianos han sido durante demasiado tiempo socios de CDC como para que no se conozcan las vergüenzas mutuas: UDC ha sido tan responsable de la corrupción en Cataluña, como la cúpula de CDC y tampoco va a salir indemne.

En cuanto a ICV, en la actualidad, su intención de voto es bastante menor a la de Podemos en Cataluña y el excesivo nacionalismo de la coalición, poco compatible con su vocación de izquierdas, y que ya le ha restado prácticamente toda su base obrera en el Bajo Llobregat y en las zonas industriales. No es posible augurar a esta coalición nada más que un entierro poco honorable, sin pena ni gloria, triste y desvaído, como corresponde a la mediocridad que quedó tras el deshinchamiento del viejo PSUC.

Solamente ERC obtendría un resultado notable y se convertiría en fuerza mayoritaria en Cataluña. Pero este partido, fuera de la tensión nacionalista e independentista que tradicionalmente ha generado, tiene poco que decir en cualquier otro terreno (y de ese “poco” la mayoría no es ni siquiera razonable). Quizás sea en ERC en donde se produce la contradicción más fragrante de la política española entre lo que la cúpula del partido aspira (la independencia de Cataluña, solamente la independencia y nada más que la independencia), y aquello a lo que aspira su electorado (un voto de protesta primero y de protesta catalana, después). El que gane las próximas elecciones no implica que pueda conservar por mucho tiempo sus votos. A fin de cuentas ERC ha sido desde el principio de la transición un “partido diente de sierra” con altibajos cíclicos, crisis interiores sin fin y una incapacidad congénita para estabilizar a sus votantes. No parece que la cosa vaya a cambiar en un futuro próximo. 

Las otras dos fuerzas que tienden a experimentar un crecimiento son, en estos momentos, especialmente Podemos (partido que recoge el voto de protesta no particularmente sensibilizado por el catalanismo) y Ciutadans cuyo único interés hasta ahora ha residido en plantear objeciones a la locura nacionalista con más decisión y menos compromisos que el PP. En cierto sentido Ciutadans es el “partido refugio” para la oposición a la catalanización forzada de la autonomía, pero se agota en la cuestión lingüística… ¡como si éste fuera el único problema existente en Cataluña! En todo lo demás, Ciutadans es un portento de eclecticismo y blandenguería de pocos vuelos.

5) Lo que puede dar de sí un gobierno dirigido por ERC

Puestas así las cosas y a la espera de ver las nuevas simetrías políticas que se generarían en Cataluña, no parece muy aventurado afirmar que le correspondería a ERC formar nuevo gobierno recabando apoyos de los grupos nacionalistas que hubieran podido sobrevivir al escándalo protagonizado por el gang Pujol y a la CUP, si esta logra mantenerse como partido parlamentario. Lo que ocurra a partir de entonces no va a ser sino la crónica de una inestabilidad permanente instalada en el corazón de las instituciones catalanas y de una agitación independentista absolutamente insoportable para los partidarios de que Cataluña siga unida al Estado y para la vida económica catalana dentro de un marco de creciente peso demográfico de minorías étnicas de origen islámico decididas a imponer su peso muerto.

En síntesis, puede decirse que si ERC llega a formar gobierno todo su programa empezará y terminará con la obsesión independentista. Todos sus esfuerzos irán orientados en esa dirección de manera absolutamente paranoica, lo que unido al aventurerismo y la irresponsabilidad de un sector de la dirección, puede dar lugar a situaciones desagradables o incluso esperpénticas como las que fueron habituales en la Cataluña de los años 30, regularmente protagonizadas por Companys.

La instalación de ERC en el poder contribuirá a perpetuar la inestabilidad política de aquella autonomía, la fuga de empresas hacia el otro lado del Ebro, la insistencia en el frágil y progresivamente más incómodo monocultivo turístico, el ensimismamiento nacionalista y las locuras independentistas que siempre han acompañado a la historia de esta sigla.

Pero todo ello se agravaría aún más con una situación económica internacional que dista mucho de haberse solucionado y que, en realidad, se va erosionando progresivamente al margen de lo que digan los telediarios interesados en reproducir el optimismo gubernamental sobre el auge de la economía español y el final del paro como problema capital.

Cuando la crisis de las subprimes (y equivalentes) queda ya lejos en el tiempo pero sus efectos sobre la deuda pública no se han resuelto todavía, la irrupción de una nueva crisis iniciada en Argentina (en quiebra declarada) que pronto se trasladará a Brasil (cuya economía tiene problemas propios parecidos a la España de 2007, empezando por la burbuja inmobiliaria y el alto nivel de riesgo de la banca), ralentizará la economía mundial de nuevo y disipará las esperanzas en aumentos espectaculares del PIB. Sin olvidar que las sanciones económicas practicadas por Rusia contra las importaciones procedentes de la UE, como respuesta al seguidismo de la UE hacia la política belicista y agresiva de los EEUU en el caso de Ucrania, agravará todavía más la integridad de nuestra economía, y especialmente la de las zonas agrícolas catalanas de Lérida y Tarragona.

6) Convocatoria de elecciones municipales en Mayo

Cuando se convoquen las elecciones municipales, todo esto ya habrá quedado claro y seguramente reproducirá el esquema que hemos descrito hasta ahora. Será en mayo cuando la recomposición de las fuerzas políticas catalanas adquirirá el aspecto que le va a acompañar en el ciclo de inestabilidad que se abrirá en el otoño de 2014. Seguramente no nos equivocaremos si describimos ese ciclo nuevo como radicalmente diferente al vivido hasta ahora.

Fuerzas políticas de nuevo cuño que hasta ahora no habían podido expresarse por la presión de los actores políticos tradicionales, estarán presentes en las instituciones y partidos que hasta hace poco “eran algo” quedarán minimizados o simplemente convertidos en grupúsculos. La época de los partidos que hasta ahora tenían el “voto cautivo” y clientelar, recibiendo un voto cerril elección tras elección al margen de sus méritos reales, está a punto de acabar.

Los partidos catalanes tradicionales perderán en enero concejales, peso político, medios económicos, recursos y protagonismo. Otras fuerzas hasta ahora secundarias o inexistentes se impondrán o despuntarán en el horizonte.

En realidad, a partir de las elecciones municipales de mayo de 2015, nada en Cataluña volverá a ser igual a lo que se ha dado en las más de tres décadas que nos preceden.

© Ernesto Milá – info|crisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Carta a un nacionalista .cat

Carta a un nacionalista .cat

Infokrisis.- Querido nacionalista: Te escribo cuando sin duda estás asistiendo a la peor crisis de la opción política que defendías desde tus tiempos de scout o desde que estudiabas en las Escuelas Virtelia o eras compañero mío en los Escolapios. El hecho de que hayamos pasado por algunos territorios comunes y que no te considere fundamentalmente una mala persona, sino como máximo, un pobre incauto, es lo que me anima a escribirte hoy.

Durante décadas, elección tras elección has votado a CiU, has hecho oídos sordos a las pocas noticias que se filtraban en Cataluña sobre la honestidad, moralidad y ética de quienes dirigían ese partido y has decidido que un catalán “de seny” solamente podía apoyar la opción que te parecía más razonable en tanto que defendía los intereses de Cataluña, su forma de ser y su tradición. Y, bruscamente te enteras de que la cúpula del partido al que entregabas tu confianza, te ha traicionado. Más aún, empiezas a entrever, que te han utilizado, que una banda de desaprensivos se ha envuelto en los colores de la bandera catalana y, nuevamente, ha utilizado “el patriotismo como trinchera de los bribones”.

Sí, han jugado con tus sentimientos y con tu instinto de arraigo en la tierra que te ha visto nacer. Pero han hecho algo peor, algo que todavía no entrevés: han falseado la tradición catalana, la han retorcido para mayor gloria de sus negocios y la han intentado separar del resto de la tradición española. Porque, aunque no te lo parezca todavía, el mayor delito del gang Pujol (¿por qué llamarlo “clan” cuando todos pertenecemos a algún clan familiar? Cuando todo el “clan” se pone de acuerdo para delinquir, lo que estamos es ante un gang mafioso, una banda de gánsters sin escrúpulos que ha saqueado a todo un pueblo; ¡empecemos a llamar a las cosas por su nombre¡) no es haberse lucrado; se roba a quienes se tiene cerca, a ti, a mí, a nuestros vecinos y nuestros conciudadanos en un período histórico; el gang Pujol es todavía más culpable por que ha traicionado a la Nación a la que pertenece Cataluña. Una “nación” es algo más que una generación que coincide en el tiempo, es el discurrir de generaciones, es pasado, presente y futuro, es el conjunto de esfuerzos de todos los que han contribuido a crear esa unidad histórica a lo largo de la línea del tiempo.

Ya sé que no puedes admitir eso. Se empezó definiendo a Cataluña como “nacionalidad”, lo cual es cierto a condición de ponemos antes de acuerdo en los contenidos de este concepto. Está claro que una tierra sobre la que se habla un determinado idioma, es una “nacionalidad”. Pero las cosas no son tan simples. El problema es doble: en primer lugar porque desde hace mucho en Cataluña se habla, catalán y castellano. Dicho de otra manera, existen dos identidades en Cataluña, generadas por la riada de migraciones que viene registrando esta región geográfica desde hace mucho tiempo, motivada por las necesidades y ambiciones económicas de la burguesía catalana que desde hace tiempo son muy superiores a su capacidad para procrear. Por eso han llegado millones de españoles procedentes de otras regiones a Cataluña, porque hace más de dos siglos empezó a demostrar una vitalidad industrial superior a otras zonas del Estado.

El hecho de que existan dos identidades coexistiendo en Cataluña no es algo negativo, ni bochornoso para nadie. Tampoco implica necesariamente la aparición de tensiones. Aparecen cuando aparecen los nacionalismos y especialmente, en la Cataluña actual, cuando una de las dos identidades intenta imponerse sobre la otra. Algo que no tiene porqué ocurrir necesariamente y que cuando ocurre es porqué una parte aspira a ser hegemónica y asfixiar a la otra.

BANCA CATALANA: LA MADRE DE TODAS LAS CORRUPTELAS

Si Franco, al llegar a Cataluña, hubiera aceptado una vertebración del Estado como la que proponía el carlismo (fuerte en Cataluña desde el siglo XIX) en base a los “fueros” y si la lengua catalana hubiera podido expresarse de manera natural en lugar de ser considerado como sospechoso de masonería, republicanismo y separatismo (¡cuántos catalanes que hablaban y pensaban en esa lengua –entre ellos mi padre– se vieron obligados a cruzar la frontera francesa clandestinamente, entrar en España de nuevo por Irún! ¡Cuántos catalanes murieron defendiendo la opción franquista!), es posible que nadie se hubiera acordado nunca más de revitalizar el nacionalismo catalán en la postguerra.

Pero hubo uno que vio en ese recurso emotivo y sentimental, una posibilidad para medrar a costa de tontos útiles como tú. Se llamaba Jordi Pujol y su propio padre le enseñó cuál era el camino: ya que no había redaños para emprender la vía de la clandestinidad, ya que construir células ilegales parecía muy arriesgado y era tarea de los que solamente tenían imaginación y valor para hacer eso en defensa de sus ideales, él intentaría eludir el camino de la política y limitarse a “hacer país”. Fue entonces cuando, para demostrarlo, constituyeron, padre e hijo, Banca Catalana.

Cuando acaba el período franquista, el nacionalismo en Cataluña no suponía socialmente nada. Desde 1964 había prensa catalana que se vendía en las calles. Es cierto que el semanario Tele|Estel, publicado por DOPESA, no estaba subvencionado y que se vendía bien, acaso por su amplitud de miras o porque el editor no estaba contaminado por la fiebre nacionalista. Otras publicaciones como Presencia, en cambio, que se querían portavoces públicos de las corrientes políticas de izquierdas y nacionalistas, encontraban más dificultades para salir adelante. En 1940 –repito, en 1940– la Caixa había editado el primer libro que se publicó en catalán en la postguerra, una recopilación de versos de Verdaguer, y a mí, en el curso 62–63 en el Colegio de los Escolapios de Balmes,  el “pare Pedemonte” nos daba una hora de catalán a la semana. Todo esto era poco pero te demuestra que la peor persecución que hizo el franquismo fue no subvencionar, ni promover la lengua catalana. Sin olvidar, por supuesto, que, un servidor que en su infancia se movía por el Penedés, oía hablar catalán en los años 50 y 60 en esas zonas mucho más que en la actualidad.

Acabado el franquismo, Banca Catalana ya tenía un respetable número de clientes y empresas que imponían allí sus depósitos y realizaban sus negocios utilizándola como operador. El problema era que, desde muy pronto, Banca Catalana desviaba cantidades descabelladas del dinero de sus impositores hacia determinadas asociaciones de carácter político–cultural que iban difundiendo un clima nacionalista en la sociedad. Pujol se estaba pagando la campaña electoral... Pujol no fue procesado por dos motivos: en primer lugar porque supo llegar a la primera de las sucesivas componendas que la arquitectura constitucional le permitía y que se reducía a esto: “manos libres en Cataluña a cambio de apoyar a quien gobernara en Madrid”. Así se hizo durante treinta años. En segundo lugar, porque gentes como tú, pobre y triste nacionalista, nunca llegasteis a creer que la descapitalización de Banca Catalana (la madre de todas las corruptelas del gang Pujol) fuera un delito, sino que os tragasteis con una ingenuidad pasmosa que las medidas judiciales contra Pujol eran un “ataque a Cataluña”. A partir de ahí, el gang Pujol perdió todo sentido de la medida y de la ponderación y llegó a exigir el 20% de los contratos de obra pública y de los contratos con la Generalitat.

No podías creer que aquel hombre cuyo único mérito había consistido en organizar una protesta en el Palau y haber pasado unos meses de cárcel, era un poca solta, un sinvergüenza educado para ser eso y nada más que eso y que además iba a educar a sus hijos para seguir la tradición... No podías creer que aquel hombre al que se le llenaba la boca hablando de Cataluña y predicando ética, buen sentido y patriotismo, fuera un simple vendedor de humo que vendía la “marca Cataluña” con la habilidad con la que un charlatán vende un crecepelo o con la insistencia utilizada en Teledienda para colocar el producto más absurdo.

He visto en algunos de vosotros discurrir lágrimas por vuestras mejillas cuando os han recordado que Companys se descalzó para pisar tierra catalán cuando fue fusilado. He visto la emoción en otros cuando os han repetido el “Catalans, Catalunya” o cuando han cantado la habanera llegaba al estribillo de “Visca Catalunya, vista el Catalá”… En el fondo, como todo nacionalista, eres emotivo y sentimental. Pujol te ha manipulado apelando a esta parte blanda y romántica de ti mismo. Tú crees que eres nacionalista, pero antes que nacionalista eres víctima de una serie de engaños encadena que han permitido al gang Pujol y a las cúpulas de CiU llegar a convertir a Cataluña en la zona más corrupta de todo el Estado.

UNA “NACIONALIDAD” NO ES UNA “NACIÓN”

La primera mentira fue semántica. Una “nacionalidad” (y Cataluña si es algo es una “nacionalidad”) no es lo mismo que una “nación”. Al término nacionalidad se le dan distintas acepciones. No es lo mismo “tener nacionalidad” que “pertenecer a una nacionalidad”. La “nacionalidad” que aparece en el pasaporte, no es lo mismo que el concepto histórico de nacionalidad. La “nacionalidad”, hablando con propiedad, es simplemente una parte de un conjunto mayor, habitualmente un Reino o un Imperio, en el que sus gentes son reconocibles por algún rasgo antropológico y cultural, básicamente el lenguaje común. Aun a pesar de que la observación de la realidad catalana actual indica que existen sobre ese territorio dos “identidades” y dos grupos lingüísticos, puede admitirse con alguna reserva mental, que Cataluña sea una “nacionalidad”. Lo que nunca ha sido, es una “nación” y ahí es donde te han engañado.

El concepto de “nación” aparece en la historia a finales del siglo XVIII y de la mano de la Revolución Francesa. Antes lo que existía era “el Reino”. La Nación nace con el chasquido de las guillotinas y con los disparos de los kentuckys de la Revolución Americana. ¿Vale la pena que te recuerde, pobre nacionalista, que el siglo XIX fue el siglo más español de Cataluña? Se inicia con la resistencia heroica de los menestrales de Barcelona a la ocupación napoleónica y el rechazo generalizado al emperador que había ofrecido a Cataluña un estatuto especial… en Francia. Rechazo reiterado en el Bruc, en los sitios de Gerona y en la sublevación de los menestrales. Sólo unos años antes, Cataluña se había movilizado masivamente contra los jacobinos. Después volvería a movilizarse para impedir la independencia cubana.

¿Fue Cataluña un reino? No, lo que te han hecho llamar “confederación catalano–aragonesa” nunca existió. Lo que existían eran lazos dinásticos y feudales de lealtad entre el Reino de Valencia, el Reino de Aragón, el Reino de Mallorca y los condados catalanes… Esos condados catalanes siempre (como todo condado) fueron feudatarios de alguien, nunca fueron independientes en el sentido que se atribuye hoy a la palabra independencia. Y, por supuesto, los distintos condados catalanes, nunca tuvieron ni la más remota idea de constituir una “nación”… concepto que aparece siglos después en la historia.

¿Y antes? Para algunos historiadores nacionalistas, el hecho de que en un momento dado, los romanos a efectos de administración del territorio constituyeran la división Tarraconense, o que en el período anterior a la “pérdida de España” con la invasión musulmana, se produjera en parte del actual territorio catalán y en la Septimania, la revuelta del “conde Paulus”, han sido utilizados como infantiles precedentes de la “nación catalana” y de su “deseo secular de independencia”. La Cataluña del abad Oliva es heredera del Reino Visigodo de Toledo y los primeros núcleos de la Reconquista en los Pirineos nacen con la misma intención que los núcleos astures: la recuperación de la unidad del Reino visigodo. En cuanto a la colonización romana, su sentido geopolítico les hizo llamar a todo el conjunto peninsular Hispaniae y las distintas divisiones territoriales en las que dividieron ese conjunto, nunca tuvieron nada que ver con algo parecido a unidades “nacionales”.

No vamos a entrar en la cuestión de fondo que supuso la entrada de los Borbones en la historia de España, pero sí recordarte que hubo catalanes que apoyaron a la dinastía francesa, como los hubo otros, mayoritarios, que apoyaron a los Habsburgo. Pero ni los primeros luchan “por España”, sino por la dinastía borbónica, ni los otros lo hacían por la “Catalunya Lliure”, sino por un imperio español con un Habsburgo al frente. Si te has creído esa historieta de que el pobre Rafael de Casanova era un nacionalista catalán, simplemente el que te lo ha contado te ha engañado.

Tú eres nacionalista. Exaltas a lo que consideras tu nación. Vale la pena que te preguntes cómo apareció esta doctrina en Cataluña. Te han dicho que fue con la Renaixença y que la Oda a Cataluña de Buenaventura Carlos Aribau supuso el pistoletazo de salida. Y, por supuesto, te han engañado. Aribau apenas escribió nada en catalán y el poema en cuestión fue un intrascendente encargo para el aniversario del financiero Gaspar de Remisá que, como él, vivía en Madrid… El nacionalismo catalán no fue un fenómeno de recuperación cultural sino de acumulación de capital por parte de un sector de la burguesía residente en una determinada zona del Estado.

Existió burguesía catalana pujante porque existió proteccionismo para los productos fabricados en Cataluña durante un largo período del XIX. Pero cuando la burguesía catalana se sintió lo suficientemente fuerte, simplemente creó el nacionalismo utilizando elementos dispersos en la antropología catalana, creando directamente otros, y todo ello para que el entramado emotivo y sentimental y el recurso a la “patria chica” les permitiera una mayor autonomía en la administración… de sus caudales y de su patrimonio.

DE LA MANIPULACIÓN HISTÓRICA A LA HISTORIA FREAKY DE CATALUÑA

Hacía falta buenas gentes como tú, con sentimientos a flor de piel, que experimentaran el arraigo en la “patria chica” como una fuerza de atracción que generara un patriotismo de tal manera que quien pronunciara la palabra “Cataluña” con el énfasis suficiente fuera inmediatamente reconocido como “salvador de la patria” y “redentor del pueblo”. Los dineros del Conde de Güell sirvieron para crear una cultura catalana a medida y para justificar la hegemonía político–económica de la burguesía catalana; en ocasiones esa “cultura” era incluso grotesca. Gentes como tú, querido y pobre nacionalista, estaban sentados en la platea mientras Eusebio Güell i Bacigalupi, explicaba con una seriedad pasmosa en el discurso inaugural de los Juegos Florales de 1905 que el catalán era más antiguo que el latín y derivaba del idioma que todavía se habla en los Alpes Rhéticos… Todos los presentes le aplaudieron a rabiar a pesar de la enormidad de la teoría. Todos (y entre ellos estaban los grandes nombres de la cultura catalana de la época cuyos nombres omitimos por pudor y para no avergonzarte un poco más) quisieron creer al conde que su entorno conocía como “patricio” y como “prócer renacentista”. Otros nacionalistas, más moderados ellos, sostenían que el catalán era una lengua galo–romance simplemente porque eso parecía dar más cuerpo a la teoría de una Cataluña que nunca había tenido nada que ver con España. Hoy, por cierto, no hay un solo lingüista que se atreva a defender este origen y se acepta unánimemente que el catalán es una lengua hispano–romance.

Sin olvidar a otro “prócer”, el archivero Próspero Bofarull, preocupado por falsear sistemáticamente el listado de colonizadores del Reino de Valencia y por destruir documentos históricos que contradecían las tesis nacionalistas. Bajo el rectorado de Bofarull al frente del Archivo de la Corona de Aragón desapareció, sin ir más lejos, el testamento del Buen Rey Jaume I, que mencionaba explícitamente a Barcelona como condado feudal, sin mencionar a Cataluña. Sin olvidar el Libro de Hechos de Armas de Cataluña datado en 1420, pero escrito en el siglo XVII en el que se han basado algunas de las falsificaciones históricas enseñadas hoy en las escuelas, falsificación que descubrió un historiador próximo al nacionalismo y no un españolista recalcitrante, Miquel Coll i Alentorn.

Desde entonces, los dirigentes del nacionalismo, han aprendido bien la lección y saben perfectamente que es posible crear una historia a medida con la que encandilar a un pueblo y lograr que te vote de corazón. Se empieza alterando la historia ligeramente para lograr un esquema que beneficie a las propias pretensiones y se termina en el reino de la anormalidad, lo chusco y la chabacanería, afirmado que Colón, Santa Teresa, Cervantes eran catalanes de soca i arrels y que Leonardo pinto la Mona Lisa al pie de Montserrat. Siempre hay algún freaky que está dispuesto a llegar hasta el final en el camino emprendido por otros, especialmente cuando la Generalitat subvenciona con cargo a tus bolsillos la búsqueda de las más inverosímiles y paletas afirmaciones históricas.

Eres una víctima de la gente en la que has creído hasta ahora. Sí, no solamente te han robado, sino que además te han tomado el pelo. Tus líderes, tus inspiradores, tus “molt honorables”, tus historiadores, buena parte de tus folkloristas simplemente te han contado historias que luego no se correspondían sino mínimamente con la realidad y a las que te aferrabas pensando que los españoles son como diablos, cuya única intención es robar, engañar y esquilmar a Cataluña. Y un buen día, pobre nacionalista de base, te levantas y te enteras de que, precisamente los que te han imbuido estas ideas, mira por donde, han estafado, robado, conspirado, engañado y extorsionado precisamente con dinero de los catalanes y han exigido más a España, no para repartirlo entre tú y yo y tantos otros catalanes de a pie, sino para mayor gloria de sus trapacerías.

LA PERCEPCIÓN SOBRE CATALUÑA HA CAMBIADO GRACIAS AL GANG PUJOL

Tú que has gritado contra el procesamiento de Pujol por el Caso Banca Catalana, tú que has mirado a otra parte cuando desde hace décadas se sabía que en Cataluña no existía el más mínimo recato en la práctica del nepotismo y de las corruptelas, tú que te has manifestado los últimos 11–S con el “Espanya ens roba” y que crees que si no votas el 9–N te están escatimando un derecho básico (como si las naciones se crearan y se destruyeran mediante una consulta en la que la pregunta es tan opaca como la intención de los convocantes), tú no eres más que un pobre diablo al que un grupo gansteril aureolado de “honorabilidad” y vendedor de “ética”, ha tomado el pelo persistentemente durante 30 años…

Todas las ideas merecen un respeto y todos los tontos el reconocimiento de su tontería. Por eso te escribo. Desde tiempo inmemorial tus jefes y los inspiradores originarios de tus jefes, los Güell, los Prat de la Riba, los Cambó, han sostenido que Cataluña era la “parte seria del España” y que, por tanto, reivindicaban el derecho a dirigir España. Y lo decían con cierto desprecio hacia el Sur de España. Pues bien, hoy, gracias a la gestión de esos dirigentes nacionalistas, la parte más parecida a Cataluña es precisamente Andalucía. Ambas, en efecto, son rivales en corrupción, la diferencia quizás estriba en que la presidente de la Junta de Andalucía no se aureola del título grotesco, pomposo y pretencioso de “molt honorable”. Ambas autonomías son rivales en persistencia de castas locales que han acaparado el poder durante décadas siendo, a la postre, inamovibles. Ambas tienen idénticas tasas de paro, especialmente de paro juvenil, su gran carta económica es el turismo, no la industria. Y ambas tienen a sus clases políticas entrando y saliendo de los juzgados… sin que esto afecte mucho a los resultados electorales. Nunca Cataluña ha sido tan parecida a Andalucía como durante los gobiernos del gang Pujol.

Lo triste –y de lo dice alguien con raíces catalanas– es que, a partir de ahora, un catalán no va a ser considerado como un ser especial, serio y trabajador: la caída del gang Pujol lo ha convertido en pura irrisión. Francesc Pujols, una de las personalidades las exuberantes del siglo XX catalán, decía aquello de que “llegará el día que los catalanes cuando viajen por el mundo lo tendrán todo pagado…”. Pues bien, hoy Cataluña es conocida en todo el mundo, como el jardín privado de un gang familiar, de una banda de salteadores de caminos, sin escrúpulos y con habilidades delincuenciales transmitidas de abuelos a nietos, que consiguieron tomar el pelo al electorado durante tres décadas y lograr, hacer que los catalanes, metafóricamente, además de hacer de putas, pagaran la cama. Te has convertido, querido amigo, en una broma siniestra. El hereu, els nebots, la tieta, las puvillas y els fadrins Pujols, el pare i la mare, tots plegats, era una colla de poca soltas. Tú que dominas el catalán sabes perfectamente lo que quiere decir todo esto, para tu bochorno y oprobio.

TRES ACTITUDES VITALES Y SÓLO UNA ACTITUD LÓGICA

A partir de ahora pueden ocurrir varias cosas. La primera que actúes como los nacionalistas vascos que decían en relación a ETA: “son unos hijoputas, pero son nuestros hijoputas”. El gang Pujol, en efecto, son todos unos chorizos… pero son “nuestro chorizos”. Puestos a que te roben, igual piensas, mejor que te robe uno de tu tierra. Así pues, el gang Pujol tiene una disculpa, porque todo lo que han hecho ha sido, sí, por sus bolsillos, pero han aportado un gran impulso al nacionalismo catalán que ha dominado la política catalana en los últimos treinta y tantos años y han abierto el camino hacia el independentismo. Sigue votando a CiU y olvídate del mundo vivo y cambiante de la realidad; no es para ti.

Lo segundo es que pienses, “si el nacionalismo y sus líderes nos han traicionado, nos han engañado y nos dejado en ridículo… pero “Espanya ens roba” y, por tanto, quiero llegar hasta el final en el camino a la independencia. Ya no votaré más a CiU, sino que, a partir de ahora lo haré a ERC”… Si eres de estos, medita sobre lo que voy a decirte: la honestidad y la defensa de la verdad están por encima de cualquier otro valor humano. Todos, absolutamente todos los cuadros dirigentes de ERC sabían perfectamente de las corruptelas del gang Pujol (y falta saber si en sus siete años de tripartito no llegaron a actuaciones similares, lo cual es más que probable). Las han ocultado como el hermano del violador que oculta las vergüenzas de su familiar porque podría perjudicarle. ERC ha evitado siempre torpedear a muerte al gang Pujol en la creencia –no desencaminada por otra parte– de que una mancha infamante sobre el nacionalismo repercutiría negativamente en el proceso independentista.

Para ERC la independencia se sitúa por encima de la honestidad, de la legalidad. Si opinas lo mismo y eres uno de estos Maquiavelos con barretina, pon el adhesivo con el burro catalán en tu vehículo, proclama que Cervantes era catalán y que se descubrió América gracias a un catalán… y ya puestos, vota a ERC. Ahora bien, si crees que de la corrupción absoluta no puede nacer nada bueno y eres consciente de que ERC es muy parecida a CiU y que sus ideales son idénticos, entonces vete con cuidado porque el hecho de que hasta ahora no se haya publicado nada sobre la gestión de los tripartitos catalanes con presencia de ERC, no quiere decir que estos sean unas almas cándidas. Nacionalismo, independentismo, no son muy diferentes en Cataluña, tienen personajes intercambiables (Ángel Colom, puede ser tanto secretario general de ERC como paniaguado de La Crida subsidiada por CiU, como jefe del Partit per l’Independencia, como el funcionario “diplomático” de la Generalitat en Rabat destinado a atraer a contingentes de inmigrantes marroquíes a Cataluña; “Sis Ales” está allí en donde está la VISA Oro. Por no hablar de la Rahola, aquella de “no sabe usted con quien está hablando”, la defensora más cerrada y patética de la “honorabilidad” que les ha salido a los Pujol hasta ahora…

Finalmente, si eres una persona que todavía sitúa la honestidad y la bonhomía por delante de la emotividad y el sentimentalismo nacionalista, es posible que, a la vista de todo lo que ha salido estos días a la superficie, tiendas a razonar a la manera socrática “si el gang Pujol son unos bribones, si han jugado con mis ideales y mis ilusiones, si me han engañado, siendo el peor tipo de estafadores, los estafadores a todo un pueblo, son por tanto son carne de presidio”. A partir de ahí tienes la posibilidad de desandar lo andado, repensar todo lo que has creído en las últimas décadas y saber si eres capaz de realizar un esfuerzo de honestidad intelectual que te llevará –no lo dudes– a posiciones radicalmente diferentes a las que hasta ahora tenías como ciertas.

Creo que solamente unos pocos –me alegraría que fueras tú, francamente– optarán por esta tercera opción. No tengo la menor duda de que CiU es ese tipo de “partidos cadáver”, próximos a que su tiempo concluya y que difícilmente llegarán a las próximas elecciones municipales y a las elecciones autonómicas que, sin duda, se adelantarán. Te escribo pocas horas después de que Artur Mas augurara que en los próximos días hará falta demostrar más “fortaleza psicológica” ante el aluvión de nuevos datos sobre corruptelas y desgobierno de la Generalitat que vendrán. CiU va a contar muy poco a partir de ahora, ni en la política catalana, ni para la gobernabilidad del Estado. Lo que hasta hace poco era su fuerza y la salvaguardia para que sus exacciones no salieran a la luz pública, se ha disipado. Si CiU ya no es nada, ni va a volver a ser nada ¿para qué evitar hacer públicas sus vergüenzas? Si ya no va a poder garantizar la gobernabilidad del Estado apoyando hoy al PP y mañana al PSOE, mejor descargar contra él las iras de la opinión pública y, hasta de paso, se puede torpedear el proceso soberanismo por ellos emprendido.

En cuanto a ERC hasta hace poco era la única “opción de protesta” en Cataluña, junto a Ciutadans… pero allí también ha aparecido Podemos y si bien ERC, de manera inmediata se va a convertir en clave para la gobernabilidad de Cataluña, su tiempo pasará pronto por incapacidad para pilotar un improbable proceso independentista que sería suicida para Cataluña y para la sociedad catalana. Pero esta es otra historia.

Quiero terminar con una última acusación. Te han tomado el pelo, pero la culpa no es íntegramente de CiU ni de su clase política dirigente, ni de unos medios de comunicación locales ultra–subvencionados sin los cuales no hubiera sido posible mantener la impunidad del gang Pujol durante tanto tiempo, hay otras responsabilidades que ni tú ni yo podemos perdonar ni olvidar. Como español me resulta bochornoso que todas las miserias de la Generalitat (y las que saldrán de aquí al 9–N) han emergido simplemente como cortafuego al proceso independentista. Si Artur Mas hubiera mantenido la prudencia y se hubiera dejado de maximalismos independentistas, es lícito pensar que Cataluña hubiera seguido siendo esquilmada ad infinitum por el mismo gang y sus secuaces. La tontería se paga y Artur Mas tiene toda la vida para preguntarse por qué no pasó a la historia de la independencia de Cataluña pero si fue el detonante para que el gobierno central abriera las espitas de la verdad jurídica sobre la corrupción en esa autonomía.

MADRID TAMBIEN TIENE SU PARTE DE RESPONSABILIDAD

Lo que me resulta más estremecedor de toda esta historia es que todo esto haya salido a la luz pública porque un tipo sin carisma, ni capacidad de gobierno, un individuo gris, mediocre e irrelevante, sin posibilidades de ofrecer a los ciudadanos éxitos político–administrativos, un inepto que se ha visto arrastrado por una banda de irresponsables (ICV), borrokas a la catalana (CUPs) y aventureros políticos primitivos y viscerales (ERC) a la vía independentista, HAYA SIDO EL DETONANTE PARA QUE EL GOBIERNO CENTRAL SE DECIDIERA A DESVELAR TODO EL ENTRAMADO DE CORRUPTELAS Y SINVERGONZONERÍAS EJECUTADOS POR UN GANG MAFIOSO. Sinceramente, creo que la causa de la “unidad del Estado” merece mejores argumentos. Éste de la corrupción de los Pujol (y de las cúpulas de CiU, o casi mejor lo que podemos llamar en rigor “CASO GENERALITAT DE CATALUNYA”) es un tema para juzgados, educadores de prisión, funcionarios penitenciarios, criminólogos y psiquiatras. Por tanto, no me alegra que haya salido ahora, sino que considero bochornoso que el Estado SOLAMENTE ahora se haya visto obligado a ponerlo en el candelero de la actualidad.

Pero pienso también que Rajoy no es consciente de lo que ha hecho. No solamente ha contribuido a desmantelar el eslogan soberanista “Espanya ens roba” y a sustituirlo por el infamante “Pujol roba a Catalunya”, sino que además ha herido de muerte a CiU partido que nunca logrará recuperar ni el prestigio, ni la influencia, ni el peso perdido. Te lo repito, tu partido, es hoy un cadáver que como los protagonistas de esas películas de fantasmas, todavía no se ha enterado de que ha muerto. Rajoy ha hecho mucho más. En un momento en el que el PSOE demuestra que la elección de un nuevo secretario general es incapaz de sacar al partido de una crisis que ya se muestra como estructural y no meramente coyuntural, el hundimiento de CiU, implica el que dos partes de la “banda de los cuatro” (el grupo de poder formado por PP, PSOE, PNV y CiU) se han repartido los equilibrios de poder en las últimas décadas, están hundidas y que, por tanto, en el futuro no podrán volver a repetirse tales equilibrios. Falta ahora saber cómo queda el PP después de las municipales y autonómicas de mayo de 2015 (en las que el centro–derecha perderá ayuntamientos y comunidades) y lo que queda del PNV cuando las urnas certifiquen el surpaso por parte de la izquierda abertzale. Un mundo, el del régimen nacido en 1978, se está hundiendo ante tus ojos y ante los míos. Tú lo lamentas, yo en cambio me limito a dar testimonio y a jalear esta época de “fin de régimen”. La única sombra que veo ante la vista es que, me da la sensación de que el régimen de 1978 no será sustituido por un nuevo modelo constitucional superior al anterior, sino que la inestabilidad se convertirá en la palabra clave de nuestro futuro. Algo que si te queda algo de seny rechazarás para Cataluña, como yo rechazo para España.

Tuyo afectísimo

© Ernesto Milà – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción sin indicar origen

 

 

 

¿Se ha legalizado la droga?

¿Se ha legalizado la droga?

Infokrisis.- En 2008, cuando empezó la crisis, el conocido economista Niño Becerra, auguró que en unos pocos años las drogas, y concretamente la marihuana, se legalizaría para evitar que la gente fuera consciente de lo que se le veía encima y los 426 euros les dieran para vivir en casa de sus padres, en un local ocupado o en una casa de alquiler solidario consumiendo su dosis cotidiana de marihuana o similar. Eso o, antes o después, algunos jóvenes se rebelarían. Nadie se rebela y lucha con el cerebro ralentizado por los efectos de la marihuana. Todo inducía a pensar que iba a ser José Luis Rodríguez Zapatero quien se iba a encargar de esta tarea y, sin embargo, ha sido el líder de la derecha quien nos lo ha traído. ZP, a fin de cuentas, solamente entreabrió las puertas a la legalización de las drogas, Rajoy las ha abierto de par en par.

No es que Niño Becerra fuera un vidente al estilo de la “bruja Lola” o similares, es que se trata de alguien que une, a su tarea docente que le permita estar en contacto con sectores juveniles de la sociedad, el sentido común y la lectura de las tendencias promovidas desde la UNESCO y demás foros internacionales en los que se atrincheran los “reformadores sociales” de nuestro tiempo.

Con la UNESCO de fondo

Siempre hemos dicho que el programa con el que gobernó Zapatero parecía inédito en España; en realidad no lo era para quién leía mensualmente El Correo de la UNESCO y estaba pendiente de las resoluciones de este organismo internacional. De hecho, en los últimos años, las manifestaciones de apoyo a la legalización de la marihuana se hacen siempre utilizando la excusa de los “derechos culturales” que establece la UNESCO y, entre ellos, el “derecho a ser visibles, tener una cultura propia e independiente”. Sin olvidar que el médico uruguayo Luis Yarzábal, director del Instituto Internacional de la Unesco para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IesalC/Unesco) fue el encargado de realizar el estudio previo que llevó a la legalización de la marihuana en Uruguay.

Desde 1983, la legalización de la marihuana ha estado presente en los programas de izquierda. Fue precisamente en las elecciones de septiembre de ese año, cuando el PSOE incluyó en su programa la “despenalización de las drogas” (consumir droga no sería delito, el delito sería traficar con ella) que se calcula que aportó entre 1.500.000 y 3.000.000 de votos a Felipe González para obtener su primera mayoría absoluta. El resultado fue que dos años después, en las calles de todo España, apareció la primera gran epidemia de heroína, liquidada diez años después con la desaparición física de la mayoría de los toxicómanos.

¿Son peligrosas?

Pero en los años 80 y 90, salvo algunos intelectuales de poca solvencia y en ambientes “artísticos”, cuando se aludía a “legalización de la droga” se estaba aludiendo, especialmente, a la marihuana. La heroína quedaba fuera de todo esto al ser evidente y visible su peligrosidad. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, mientras aumentaba la presión sobre los fumadores de tabaco, disminuía, paralelamente, la censura social sobre los fumadores de haschisch o marihuana. Otro tanto le tocó a la cocaína que en los años ochenta adquirió fama de ser una droga “de élites” y que se benefició entonces de cierta permisividad social. En el momento de escribir estas líneas, los especialistas en lucha contra la droga son ya perfectamente conscientes de la capacidad adictiva de la cocaína y de su rapidez en el deterioro de las redes neuronales y en la generación de accidentes cerebro-vasculares. ¿Y la marihuana?

Las variedades que se cultivaban en los años sesenta, cuando la marihuana acompañó de manera inseparable al fenómeno hippy, tenían un principio activo en cantidades mucho menores (hasta quince veces) que las cultivadas en la actualidad. En los inicios del milenio todavía era raro que alguien ingresara en un centro médico intoxicado por el consumo de marihuana. Tan sólo se habían producido algunos problemas entre jóvenes que habían decidido realizar “pasteles de marihuana” y no habían medido las cantidades. Sin embargo en los últimos años han empezado a aparecer consumidores de marihuana aquejados de “psicosis cannábica”. Esto se debe a las técnicas de selección de semillas que tienen como objetivo el conseguir siempre variedades con un principio activo más potente. La marihuana que se fumaba hace treinta años era mucho más “tolerable” para el organismo que la que se fuma en la actualidad.

Cultivo in-door

Es cierto que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado siguen realizando una tarea de represión contra el tráfico de drogas que, de tanto en tanto, logra algunos éxitos. Pero no hay que olvidar que en Marruecos, el cultivo de cannabis se realiza legalmente en el Valle del Rif, en donde 100.000 hectáreas están dedicadas a esta actividad, gracias a un fuero concedido por Mohamed V a sus habitantes. Aquel fuero establecía que se podía cultivar esta droga en el Rif para consumo de sus habitantes… pero los rumores sobre la protección de la que gozan algunos narcotraficantes desde el Majzén (lo que aquí en Europa equivaldría a la “corte”) han sido insistentes especialmente en estos últimos veinte años. La sensación que da es que anualmente se realizan en España una serie de decomisos de droga perfectamente calculados (de la misma forma que se capturan 1/3 parte de los envíos de tabaco ilegal y se permite que 2/3 lleguen a los consumidores), pero que no se intenta, por todos los medios, cortar el cordón umbilical que une el narcotráfico marroquí con los consumidores europeos.

A esta negligencia hay que sumar el hecho de que los consumidores habituales, especialmente aquellos que figuran entre los que tienen menos capacidad adquisitiva, tienden a mantener ellos mismos sus propios cultivos de marihuana. En ocasiones ya no se trata de la maceta de “maría” colgada en el balcón, sino de cultivos perfectamente industrializados y que cuentan con todos los recursos y el asesoramiento técnicos. No en vano, en España, en estos momentos se realizan más de una veintena de “copas y ferias cannabicas” algunas de las cuales, como la que tiene lugar en Barcelona, no tienen nada que envidiar a los grandes eventos y ferias internacionales.

De todos estos eventos, sin duda, el Spannabis de Barcelona (subtitulado “feria del cáñamo y tecnologías alternativas”), que va ya por la onceava edición es el más popular. Celebrado este año entre el 14 y el 16 de marzo en la Feria de Cornellá, registró 30.000 visitas que pagaron religiosamente 15 € por día o bien un forfait de 25 €. Un buen negocio, en cualquier caso, al que asistieron más de un centenar de empresas dedicadas a todo lo relativo al cultivo “in door” (en casa) de la marihuana. La feria homóloga celebrada en Málaga (el Spannabis, Málaga 2014) celebrada del 9 al 11 de mayo, fue visitada por 10.000 consumidores. El Expogrow 2014 de Irún recibió a unos 15.000 visitantes, muchos de ellos franceses, mientras que el Expocannabis Madrid va por su décima edición con una asistencia de 20.000 consumidores. Cientos de tiendas en todas las ciudades y pueblos de España, venden productos para el consumidor y para el cultivo casero de la marihuana. No existe absolutamente ningún control sobre todo esto. Es frecuente que muchos chicos jóvenes, sin oficio ni beneficio, piensen en hacer de su “afición”, el consumo del cannabis, un medio de vida y abran pequeños establecimientos de este tipo, vendiendo bajo mano lo que ellos mismos cultivan.

200 clubs de cannabis en las Ramblas

Pero esto no es todo. Hasta hace poco, Holanda era la meca de todos los fumadores europeos de cannabis. Allí existían cientos de “clubs de cannabis” en los que se podían elegir entre distintas variedades. Luego, como se sabe, la marihuana se legalizó sin restricciones en Uruguay.

Pero, un buen día de julio de 2014, nos enteramos de que en Barcelona, solamente en las inmediaciones de las Ramblas, han florecido a partir del otoño pasado, doscientos “clubs del cannabis”, especialmente destinados a jóvenes turistas alemanes que llegan a Barcelona en busca de estos locales de la misma forma que los turistas ingleses aparecen buscando cerveza a bajo precio, drogas de diseño y balcones a buena altura para poder descalabrarse a gusto.

El hecho de que en los últimos años, los alquileres de locales en el centro de Barcelona hayan disminuido hasta un tercio de lo que valían hace ocho años, ha favorecido la implantación de esta industria, además, por supuesto, del visto bueno de las autoridades barcelonesas decididas a convertir la Ciudad Condal en rival de Amsterdam en turismo “sólo para colgados”.

Es cierto que existe toda una literatura (médica en muy pocos casos) que asegura y garantiza que el consumo de la marihuana es completamente inocuo y que resulta muy difícil que el consumidor tenga criterio y preparación suficiente como para distinguir sobre informes “solventes” y las meras defensas cerradas del consumo.

Y a todo esto ¿por qué hay que rechazar el cannabis?

La marihuana tiende a relajar el organismo, despreocuparlo de las condiciones reales, sumirlo en una especie de sopor aparentemente lúcido, más o menos prolongado, dependiendo de muchos factores personales. Los restos del THC, el principio activo del cannabis, se depositan especialmente en las partes grasas del organismo tardando años en ser eliminadas a pesar de que haya cesado el consumo de cannabis.

No es raro que quienes tengan a un miembro de la familia que haya comenzado a consumir cannabis, noten en él un cambio de carácter: en realidad, la mejor crítica que puede realizarse al cannabis es que modifica la personalidad, esto es, la aliena, hace que dejemos de ser nosotros mismos para ser “otra cosa”, en cuya ecuación la alteración de la química del cerebro tiene una parte esencial. Esto para los consumidores moderados; en lo que se refiere a los consumidores compulsivos, los desórdenes en su cerebro, el dejar de percibir la realidad, la irrupción de psicosis y neurosis extremas, las paranoias, están, inevitablemente, al final del camino. Al mismo tiempo que se altera la relación del consumidor con el entorno de no consumidores.

El hecho de que  el consumo de marihuana esté aceptado socialmente y banalizado, no quiere decir que no encierre ciertos riesgos, el menor de los cuales es la alienación y el mayor la psicosis cannábica. Sin olvidar, por supuesto, que si bien la inmensa mayoría de consumidores de esta droga o bien no la alternan con ninguna otra droga, o con alcohol (multiplicando así sus efectos), todo consumidor de heroína, antes ha sido consumidor de cannabis.

La droga como arma del “sistema”

El hecho de que un consumidor de cannabis tienda al sopor, a buscar en el porro un refugio ante situaciones de máxima relajación, y por tanto, en la pasividad en sus comportamientos cotidianos, hace que se convierta en “poco competitivo” en relación a jóvenes que no realizan estos consumos y que están siempre más “despiertos” y alerta. Es difícil disimular que se consume cannabis. Con pocas frases o, simplemente, observando el “estilo” del interlocutor, se puede percibir claramente si se está ante un consumidor compulsivo de cannabis.

No es raro que el “sistema” prefiera una juventud atiborrada de cannabis a una juventud despierta y que piense por sí misma, en guardia y crítica hacia la época en la que les ha tocado vivir. De ahí la permisividad de los drow-shops, la absoluta legalidad de las ferias cannábicas y la absoluta tranquilidad con la que se pueden abrir “clubs de cannabis” sin ninguna restricción.  

Pero esta no es la única droga que ya ha sido legalizada. Hasta hace poco, los servicios de una prostituta eran simplemente un desahogo para gentes que, por las razones que fuera, debían de recurrir a ellos. Sin embargo, en los últimos tiempos, es frecuente que las páginas en las que se anuncian estos servicios, en una proporción de un 10% aludan a “fiestas blancas”. Contrariamente a lo que algunos puede estar tentados de pensar, “fiesta blanca” no indica precisamente efusión de semen, sino que alude al consumo de cocaína. Existen incluso bases de datos de servicios de prostitución que incluyen “fiestas blancas”. Están al alcance de todo el mundo. Las autoridades lo saben, los consumidores tienen al alcance de la mano a proveedores… No se hace nada contra este nuevo frente de consumo de drogas. Es más, cuando se intenta “regular la prostitución” aparecen las “ideas geniales” de multar a los usuarios, pero sin tocar a quienes publican anuncios que sugieren tráfico de cocaína explícitamente.

Todo esto no es más que la exteriorización de la decadencia de la sociedad española. Nuestro país es débil porque nuestra sociedad es extremadamente débil. La “democracia” no ha aportado valores que sirvan como baluartes defensivos a la penetración de las drogas y de cualquier otra forma de alienación de la personalidad. La permisividad hacia el consumo de la marihuana y de la cocaína, son algunos síntomas de esa debilidad. El sistema educativo, el sistema judicial, el aparato policial, en buena medida ya han renunciado afrontar este problema. A fin de cuentas, desde el punto de vista de algunos políticos, es mejor que la juventud esté tirada sobre un jergón fumando un porro que votando a Podemos o afiliándose a cualquier partido de la extrema-derecha.

La droga es un arma del sistema para frenar disidencias especialmente en los sectores juveniles. Empezar a reconocer esto supone entender por qué ha aparecido esta tendencia a banalizar el problema y de dónde deriva la permisividad en el consumo y en el tráfico de ciertas drogas. Otro de los grandes logros del gobierno Rajoy...

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