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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

CONTRA-REVOLUCIÓN

CONTRA-REVOLUCIÓN

LA CONTRARREVOLUCIÓN

En esta obra de 225 páginas se engloban dos textos clásicos traducidos por Ernesto Milà y una introducción de éste: La Contrarrevolución de Thomas Molnar y Orientaciones de Julius Evola. De ambos textos existían unas traducciones en castellano realizadas en los años 70 y bastante deficientes que impedían, incluso, la lectura y la comprensión de dichos textos. El contenido de la obra está claro desde el título: los dos títulos suponen un conjunto de análisis y de propuestas surgidas del ambiente “contra-revolucionario”. ¿Y qué compone ese ambiente? Engloba a aquellos sectores que rechazan la filosofía “de las luces”, y que se reconocen en los regímenes previos a la Revolución Francesa. ¿Arcaísmos? No, en realidad, sino muestran de un pensamiento político que ha encontrado dificultades para analizar la realidad construida a partir de 1789; de hecho, el problema de los contra-revolucionarios es demostrar que “la revolución” conduce de fracaso en fracaso: revoluciones burguesas, revoluciones proletarias, nueva izquierda, revolución de la economía especulativa, globalización… A veces, cuando se van agotando fórmulas y la sima aparece como cada vez más profunda, se va imponiendo la sensación de que la humanidad está al final de una vía muerta. En ese momento lo más razonable sea revisar el camino recorrido desde 1789, situarse en la disyuntiva entre la “ideología de las luces” y las antiguas monarquías tradicionales. Fue en ese momento en el que se emprendió el  camino que ahora parece no ofrecer ningún futuro.

El texto de Thomas Molnar es un análisis sobre el proceso que siguen todas las revoluciones desde su gestación hasta su aparente victoria. Luego, el autor define cuál es la reacción de los revolucionarios e identifica las razones por las que estos actúan en inferioridad de condiciones (los revolucionarios apelan a las masas y buscan el apoyo del número, mientras que los contrarrevolucionarios se sienten seguros de sus razones y no experimentan la necesidad de refugiarse en las masas). En capítulos siguientes, el autor resumirá los puntos esenciales por los que discurre el pensamiento contra-revolucionario y, finalmente, mostrará la evolución de sus políticas hasta principios de los años 70. En la introducción, el traductor ha completado este análisis, añadiendo incluso un “catecismo contra-revolucionario” en 10 puntos.

El pequeño ensayo de Julius Evola, Orientaciones, es un texto publicado en 1950 en la revista italiana Imperium. Fue traducido al castellano a principios de los años 50 y en Internet puede encontrarse el mismo archivo en varias webs y formatos. Lamentablemente, aquella primera traducción fue bastante débil y consiguió que un texto divulgativo de Evola tuviera dificultades de comprensión. El ensayo es una toma de posición y un conjunto de propuestas contra-revolucionarias que unos años después, el mismo autor desarrollaría en su obra Los hombres y las ruinas, considerada como el manifiesto de la derecha tradicionalista en la postguerra.

Tanto la introducción de Ernesto Milá, como la presencia de Orientaciones, contribuyen a apuntalar las tesis de Molnar y a dar una visión inédita y desconocida de un sector político, la verdadera y única alternativa a los tres cánceres de nuestro tiempo: la globalización, la nueva izquierda y la vieja derecha liberal.

SUMARIO DE LA CONTRA-REVOLUCIÓN

- Introducción: lo que queda de la contra-revolución (por E. Milá)

- La contra-revolución (por Thomas Molnar)

- Orientaciones (por Julius Evola)

CARACTERÍSTICAS DE LA OBRA:

Tamaño 15x23 cm

Páginas: 226

Portada: cuatricomía, plastificada y con solapas

Precio de venta al público: 22,00 euros

Pedidos: eminves@gmail.com

LOS AUTORES

JULIUS EVOLA y THOMAS MOLNAR son dos “malditos”. Sus nombres no figuran entre los grandes “politólogos” de la modernidad. Pero en el siglo XX, junto a Charles Maurras, han constituido los mejores analistas del pensamiento contrarrevolucionario y, antes o después, su pensamiento y sus análisis terminarán siendo valorados como merecen.

 

Independentismo y tempos

Independentismo y tempos

Lo reconoce hoy Mas, el capitán araña de la peripecia: “Catalunya no está preparada para la independencia”. Lo habían medido todo: décadas de inmersión lingüística y de adoctrinamiento en las escuelas, subvenciones sin límite a los medios de comunicación adoctrinadores, canales de radio y televisión que solamente difundirían retórica y mitos independentistas, tres referéndums… y, coño, cuando parecía que habían ganado y que, los neutrales se reblandecían por unos porrazos de los picos, resulta que el independentismo, a poco que sobreviva a la semana horrible que tiene por delante, tardará años en recuperarse. E incluso, lo más probable es que entre en el camino de la marginalidad.

Uno ha visto ya tantos movimientos e ideologías que eran “cool” y guais un día y al día siguiente eran tenidos como arcaísmos, que no alberga la menor duda en que en 20 años el 11-S se celebrará en un teatrito próximo a cualquier gediátrico.

El mensaje del Rey llegó en el momento en el que los independentistas estaban más crecidos: ya solamente –pensaban- quedaba proclamar los resultados del referéndum y declarar la independencia. Total, a fin de cuentas al resto de España todo parecía importarles un higo, no tenían apenas respuesta en Cataluña y nada impedía cortar el débil hilo que mantenía unida Cataluña al resto del Estado.

Sin embargo, después del discurso del Rey todo se puso en marcha:

1) primero reaccionaron, tímidamente, vecinos que estaban hartos de caceroladas y trapos colgados desde hace siete años,

2) seguido por la declaración del constitucional de que el pleno del parlament del martes es ilegal,

3) un par de días más y los buques insignias de la alta burguesía catalana (el Sabadell, CaixaBank, Gas Natural, etc, etc) migraron al resto del Estado,

4) cada vez más movilización popular españolista, primero en el resto de España, luego en la propia Cataluña… hasta el domingo en donde la manifestación se acerca al estándar del 11-S

El domingo a las 14:00 horas se tiene la sensación de que no son “cuatro partidillos fachas” los que están contra la independencia, sino que existe todo un movimiento nacional y popular que despunta, incluso en los rincones de la “Catalunya mes profona”…

Si algún tontopollas cree que con un referéndum cuestionable desde todos los puntos de vista (¿hay que creer obligatoriamente los resultados de la “consulta popular” dadas por la gencat del “mandato del pueblo catalán” –como titulaba ayer La Vanguardia- a Puigdemont para que declare la independencia?) se puede declarar la independencia pasado mañana esperando que la reconozca algún país (además de Kosovo, claro), lo lleva pero que muy mal.

El techo de la “magna obra” de Puigdemont, Mas, Junqueras y las virgencitas de Sant Jaume, ha sido, simplemente, romper la sociedad catalana en dos y llegar al punto de no retorno. El margen para “negociar” (que era la única salida que tenían desde el principio) se les ha reducido extraordinariamente después de la manifestación de hoy. Los “líderes independentistas” harían bien en valorar la nueva situación creada a las 14:00: no podía haber más detenciones sin antes demostrar que buena parte de la sociedad catalana estaba a favor de acabar por la vía drástica con siete años de revuelta independentista. Hoy, su libertad pende de un hilo ¡por que ya se ha demostrado que una operación de busca y captura sería apoyada por una parte de la sociedad catalana!

Siempre hemos albergado la oscura sospecha de que el independentismo ha estado dirigido por individuos tan ambiciosos e interesados como torpes, cortitos y minusvalidos intelectuales y con una débil capacidad de razonamiento lógico. Todo lo que ha sucedido en Cataluña en las últimas semanas nos ha confirmado en esta sospecha.

Ahora, claro está, toca “negociar”. ¿El qué? ¿Más autonomía? Esperemos que el Estado haya aprendido la lección: confiar en un nacionalista es como acostarte con un nido de alacranes en los pies y con una boa constrictor al otro lado de la cama. Ni siquiera se puede negociar el que la “banda de los cuatro” (Puchi, Junqueras, Forcadell, Trapero) salga indemne de la aventurilla ¿o es que ahora resulta que la “democracia español” va a confirmar que no existe “división de poderes”? ¿Quedarnos como estábamos? ¿Con los medios de comunicación y las escuelas adoctrinando a otro par de generaciones de catalanes? Va a ser complicado. Aquí ya nos conocemos todos, en el período desde 1979 hasta hoy “nos hemos mojado el culo juntos muchas veces”: aquí ya todos han desvelado sus cartas. Hay muy poco margen para la negociación, aunque, siempre, claro está existe la posibilidad de una rendición incondicional. Negociar implica tener confianza. El Estado ya no la tiene en el independentismo y el independentismo ha demostrado sus intenciones: ¿negociación? ¿sobre qué bases? ¿para llegar a dónde?

A una semana del 1-O hasta los más ciegos empiezan a reconocer que aquí termina la aventura independentista. La única duda es si el Estado va a tratar de resolver el asunto por la vía moderada (procesos y multas sobre el patrimonio) o bien por la vía drástica (recuperación de competencias en materia de educación, disolución de la Comisión Catalana de Medios de Comunicación, intervención económica de la Generalitat, revisión del estatuto de los mozos de escuadra…). Sea como fuere, todo indica que la broma ha entrado en la fase terminal. Lo que hoy ha quedado claro es que un sector de la sociedad catalana y buena parte de la sociedad española piden medidas ejemplares para que estas situaciones de inseguridad y de división no se repitan nunca más. Puchi y lo que queda de su gobierno, deberían pensar en dimitir, convocar nuevas elecciones autonómicas, antes de entrar en el furgón-jaula camino de Meco.

Queda una última cosa por decir. El 30 de septiembre el patriotismo español estaba muerto. Una semana después, salido de no se sabe dónde, ha resucitado. Claro está que el patriotismo español, de las últimas décadas es cíclico y ligado a éxitos deportivos, mientras que el independentismo es obsesivo y victimista. Lo que sí parece evidente es que los partidos de izquierdas que se han intentado colocar como “tercera fuerza” con sus llamamientos a manifestarse “vestidos de blanco”, por la negociación, han demostrado que, ni en Cataluña ni en el resto del Estado interesan a muchos.

¿Qué le ha fallado al independentismo?

1) No entender que en el siglo XXI la formación de nuevos Estados es algo que pertenece al pasado, no al mundo globalizado,

2) Creerse más fuerte de lo que es y creer sus cifras de asistencia a sus 11-S, pensar que representaba a “toda Cataluña” y no a un 30-35% y hablar en nombre de “toda Cataluña”, creyendo que el 65-70% no tenía nada que decir o renunciaba a decir nada.

3) Creer que existía una realidad social independentista más allá de un tejido asociativo irreal hinchado artificialmente mediante subvenciones, olvidando que los sectores que le apoyaban eran un mosaico de funcionarios de la gencat, borrokillas del a CUP, periferia de la “Cataluña profunda” y tejido social subsidiado.

4) Haber manejado mal los “tempos”, ignorando que, al final, los últimos movimientos son los que deciden la partida.

5) Calcular mal los “apoyos internacionales” que estaban a su favor: ahí la responsabilidad ha sido de Romeva del que esperamos un buen día conocer sus gastos en viajes aquí y allí ¡todo para hacerse una foto con Jimmy Carter el cacahuetero, foto pagada off curse!

Por todo ello, el independentismo está hoy a las 14:00 horas en situación de jaque dado por el adversario. Decimos jaque, no jaque-mate. Pero en apenas una semana ha pasado de “ofensiva estratégica” a “defensiva estratética”, después de unos días de “equilibrio de fuerzas”. Los “tempos”, ah los tempos…

Para el independentismo todo terminaba el día en que se proclamaran los resultados del “mandato dado por el pueblo catalán a su presidente”… Después, “lógicamente” (según la lógica absurda del independentismo), tenía que declararse la independencia que, dado que según su imaginario, “Catalunya es rica i plena” debería ser aceptada por todos, empezando por el Estado Español que seguiría comerciando con Cataluña, comprando a Cataluña y avalándolo en su entrada triunfal y rápida en la UE. ¡Señor, señor!

Cualquier mentalidad lógica es capaz de identificar los “tempos” con los que se ha movido el Estado:

1) Identificándolo con la corrupción del 3%, con el clan mafioso de los Pujol desde que se inició el “procés” hasta que una semana antes del 1-O se pringó a Puchi en una estafa de la compañía de aguas en Gerona mientras era alcalde.

2) Utilizando los recursos jurídicos del Estado para advertir primero, presionar después e imputar finalmente a los insensatos que movían el sarao independentista.

3) Mostrando en los días previos al 1-O síntomas de que podía reaccionar y que, de hecho iba a reaccionar y hacer, sino imposible el referendo, sí al menos restándole, no sólo legalidad, sino incluso legitimidad.

4) Reaccionar el 1-O con fuerza limitada dejando que salieran de la madriguera los núcleos más duros del independentismo.

5) Sacando la figura del Rey y, a partir de ahí, dejando que fuera la sociedad la que reaccionara tanto en Cataluña como en el resto del Estado.

¿El resultado final? Que sólo quienes ven TV3 (un 13% de la población catalana, tampoco vayamos a exagerar), leen La Vanguardia (el Ara no sirve ni para envolver bocatacalamares) y oyen CatRadio y RAC1, creen que el independentismo está vivo. En realidad, es un zombi que se mueve porque la gencat todavía aporta fondos… el día que tengan dificultades por pagar la broma, el zombi dejará de tener carburante y ni siquiera hará falta volarle la cabeza.

 

Entender la crisis catalana

Entender la crisis catalana

Las reflexiones que se agolpan estos últimos días, superan con mucho, el tiempo que uno puede dedicar a teclearlas, especialmente cuando se había hecho firme promesa de escribir lo menos posible sobre política. Ahora bien, el contraste entre la proliferación de informaciones y lo mal que se interpretan, casi obligan a plasmar unas notas, especialmente para que dentro de unos años, podamos recordar lo que ocurrió en aquellas tensas jornadas catalanas.

1. ¿Se van sólo los bancos?

Ayer el Banco de Sabadell manifestó que mudaba su sede social a Alicante (provincia en crisis a la que no le vendrá mal lo que supone este traslado) y hoy Caixa Bank se pronunciará sobre si trasladarse a Mallorca. De Guindos ha declarado, igualmente, que facilitará estos cambios de sede social. El vice de la gencat, Oriol Junqueras, dijo en directo y en la Sexta que esto era “irrelevante” porque hoy la gente hace todas las gestiones bancarias “por internet”… No aludió a lo que suponía el que cientos, miles de millones de euros que hasta ahora se quedaban en Cataluña, pasen ahora a pagarse en otras zonas del Estado. Sin olvidar los puestos de trabajo perdidos, la pérdida de prestigio de la gencat que no había advertido a los ciudadanos de que su aventurerismo podía conducir a estas posiciones, y dejando aparte que lo peor está por llegar cuando cientos de empresas cuyas sedes sociales están en BCN, pasen, con una simple visita al notario y un cambio en sus estatutos, a domiciliarse fuera de Cataluña.

En realidad, la opinión de lo que queda de la “alta burguesía catalana” se ha expresado con esta decisión de los dos principales bancos catalanes. Era de esperar: el dinero es cobarde, no tiene nacionalidad y la debacle independentista se augura cada vez más dramática. Era, por lo demás, previsible que todo este entramado de empresas que tienen sus mayores clientes en “España”, se desvinculen de la aventura indepe. Esto ha servido también para demostrar el nivel de  argumentación de uno de los máximos responsables de la crisis: Oriol Junqueras, vicepresidente, repito, VICEPRESIDENTE de la gencat y antiguo conseller de economía que demostró ante todo el mundo IGNORARLO TODO sobre economía.

Durante toda esta crisis independentista se ha evitado recordar que el “bono de la gencat” está calificado como “BONO BASURA” y que los inversores desconfían –y no poco, precisamente- de la capacidad de la gencat por establecer, dirigir y llevar a buen puerto una “república catalana”. No son, desde luego, ni santos, ni visionarios: pero no se puede despachar, como hizo Junqueras, reiterando una y otra vez que la independencia es económicamente viable. Lo es, claro está, si el contador de la deuda se pone a CERO (la gencat no tendría arte ni parte en la deuda del Estado Español), si las pensiones de los catalanes las seguiría pagando el Estado, si siguieran existiendo los mismos vínculos comerciales con lo que quede de España, si Cataluña seguiría estando en la UE (“¿Cómo no iba a ser europea Cataluña?” se preguntaba Junqueras una vez más…), si no se mudaran las sedes sociales de las empresas a otras partes del Estado, si todos estos condicionales se dieran, en efecto, la república catalana podría sobrevivir… hasta que se la comieran, claro está, los islamistas. El problema es que, en la realidad, no se va a dar NI UNA SOLA de estas posibilidades. Lo que se mantuviera en pie fiscalmente después de la independencia se debería dedicar, FORZOSAMENTE, a seguir pagando la PAZ ÉTNICA-RELIGIOSA-SOCIAL, subvencionando de manera, no sólo preferencial sino única, a los casi dos millones de inmigrantes que residen en Cataluña.

Pero el problema es todavía más profundo: no solamente se están yendo –y no de ahora, sino desde principios del milenio cuando empezó la coña del “nou estatut”– empresas y más empresas, sino que lo que nadie habla todavía es de cuántos ciudadanos residentes en Cataluña se NEGARÁN A SER CIUDADANOS DE LA REPÚBLICA CATALANA. Servidor, incluido. Es lo que tienen las aventuras de crear nuevas naciones sin consensos suficientes: varios miles, pienso incluso en cientos de miles de catalanes, abandonarían Cataluña y se establecerían en otras zonas del Estado o bien no aceptarían la nacionalidad catalana y siguiendo considerándose y siendo CIUDADANOS ESPAÑOLES. ¿O es que la gencat pensaba que incluso los que nos trae al fresco el “proceso soberanista”, un buen día, mansos, vamos a ir por el mundo con un pasaporte de la “república catalana” y que lo vamos a aceptar cambiar de nacionalidad como quién cambia de calzoncillos? “No, colegas: no me metan en problemas que yo no he creado, no me hagan partícipe de sus delirios y de sus paranoias conspirativas: su problema no me interesa, no lo he desencadenado yo, así que déjenme como estoy”.

Por lo demás, y a la vista de cómo se están desarrollando los hechos, convendrán el que en caso de “declaración de independencia unilateral”, la entidad que resultase no puede exigir respeto, ni obediencia a la vista de que ha nacido de un proceso, que, más que ilegal, ha sido, como mínimo “poco serio” y en donde, desde el momento en que se convocó el primer referéndum ya se daba por hecho que la independencia era algo que estaba implícito, que la consulta era un mero trámite y que, por eso, las instituciones catalanas no ofrecían espacios públicos en sus medios de comunicación para hacer, ni siquiera, campaña por el NO… A una broma se responde con otra: ¿pasaporte de la “república catalana”? ¡por favor…! No me pidan que me tome en serio aquello que no ha sido serio desde su nacimiento.

Así que lo esencial, no es cuántas empresas se irían de Cataluña, sino cuántos ciudadanos catalanes se negarán a serlo de una “república catalana”. Apostaría que muchos.

2. Mentiras, mentirijillas y pensamiento panfletario

Toda aventura irresponsable, antes o después, sufre un choque con la realidad. Leo en el folleto titulado “Democràcia” distribuido por la “Crida per la Democracia” (otra de esas entidades que sólo existen como canales para el desvío de fondos públicos hacia aventuras privadas) a finales de septiembre “noticies” tituladas: “La patronal Cecot defensa el dret dels ciutadans a ser consultats”, “RyanAir continuarà apostant per Catalunya si hi ha independencia”, “El EUA diuen públicament que treballaran amb l’entitat o govern que surti del reféndum català” y “Jean Claude Juncker, presidente de la Comissió Europea: ‘Si Catalunya esdevingués independent, respectariem la decisió”… Hay que decir que el folleto presentaba solo estos titulares y una foto, pero no había texto que los acompañara. Si lo hemos traído aquí es para retratar la forma de hacer las cosas del independentismo.

En primer lugar la CECOT, no es la “patronal catalana”, es una pequeña y marginal asociacioncilla de pequeña empresa y autónomos, enfrentada al Fomento del Trabajo, que agrupa al grueso de la patronal, precisamente a causa del “procés”. Sobre RYANAIR no vale la pena añadir nada: empresa de vuelos low-cost, seguramente la más criticada de todo el sector. En cuanto a la posición de los EEUU (EUA en el folleto) no es, ni de lejos esa, de la misma forma que, descontextualizando las declaraciones de Juncker, podría entenderse que ambas “apoyan” al independentismo… cuando es todo lo contrario.

No es la primera vez que los independentistas tratan de alterar la realidad, retorcerla y volverla a su favor. La triste realidad es que Romeva, cuando estuvo hace tres meses en EEUU (o EUA) no fue recibido por nadie ¡salvo por Jimmy Carter!, el anciano presidente que cobró la foto y saludo. Eso fue todo.

Sobre la UE, no vale la pena seguir argumentando cuál es su posición: “Si Cataluña se convirtiera en independiente respetaríamos la decisión”… ¿Es eso un apoyo? En realidad, como los propios independentistas saben, pero no dicen, que la segregación de la “república catalana” de España implicaría algo tan lógico y natural como el inicio de una negociación del nuevo Estado con la UE… a la que, por cierto, después de una declaración unilateral de independencia, lo más probable es que el Estado Español la vetase desde el principio

En el mismo folleto se dice “el referéndum cumple con la legalidad internacional”… ¿Dónde queda la legalidad del Estado Español que es, a fin de cuentas, en el que se ampara la legalidad de la gencat? No vamos a salir en defensa de algo en lo que no creemos y que damos por amortizado (la constitución española), pero sí percibimos en toda las argumentaciones nacionalistas (y no solamente sobre el referéndum del que ya nadie se acuerda, sino como característica consuetudinaria del sector) una carga de mentirijillas ingenuas, algunas inocentes (como meter a RyanAir por medio), otras deliberadas (presentar a una “patronal” pequeñita y redondita como expresión de los “patronos catalanes”) y en su conjunto peripatéticas para defender lo que no es más que una visión conspiranoica del actual momento político y proponer una salida simple (y simplista), la independencia, a unos problemas mucho más complejos: la crisis política, económica y social de España y de Europa, la inviable globalización, la inmigración masiva, la deslocalización de empresas, la transformación de España (y, especialmente, de Cataluña) en reserva turística, etc, etc.

3. “Catalanoia”: pensamiento independentista = pensamiento conspiranoico

Cualquier nacionalismo es una forma de irracionalidad. El fundador de Falange ya había distinguido entre lo que es “expontáneo” (el sentimiento de arraigo a la tierra natal) y lo que es “difícil” (dotar al patriotismo de una misión y de un destino). El nacionalismo es el individualismo llevado a un territorio. Y el independentismo, el destino final de todo nacionalismo regionalista. El problema es que la ideología actual en la que se sustenta el independentismo catalán ha atravesado por distintas fases y hoy ya no tiene absolutamente nada que ver con lo que era en un principio. Hubo un tiempo en el que el nacionalismo y el independentismo utilizaban argumentos lógicos para defender sus posiciones. Ese tiempo ha quedado atrás.

Hoy, lo que se percibe al leer sus panfletos es una simplificación abusiva de la temática “Espanya ens roba”, a partir del cual se estructura todo el discurso “expontáneo” de la gencat que ha llevado a la crisis actual. Esa creencia delirante (delirante en tanto que indemostrable) se ha transformado en central. El ex conseller Mas-Colell explica seriamente (en el folleto antes citado) que el Estado “intenta domesticar a Cataluña para incluirla en el modelo unitario” y que se está asistiendo a una “recentralización y liquidación de facto del Estado de las Autonomías”, o que se está “laminando la autonomía vasca”, o que el “PP quiere recuperar la España unitaria de siempre”… Para el lector habitual de la prensa, parece claro que ninguno de estos elementos tiene base real. Lo que Mas-Colell describe es la visión propia de un paranoico que asume y sostiene ideas delirantes. Pero lo peor no es sólo eso sino que lo atribuye todo a un “plan prestablecido”, una conspiración deliberada para reconstruir el “Estado franquista”… Tal es, por lo demás, la visión que da TV3.

¿Qué base tiene este delirio paranoico? Es simple: durante 40 años, nadie ha recordado a la gencat que es una entidad “auxiliar del Estado” para la gobernabilidad de Cataluña y, por tanto, subordinada a él. La gencat nacionalista siempre se ha tenido como el embrión del “Estado catalán” y que, por tanto, entre ella y el “Estado español” existía “paridad”. Carod Rovira, por ejemplo, creí que la co-oficialidad a la que alude el Estatuto de Autonomía no se refería a Cataluña ¡sino a la obligación del Estado a poder disponer de documentación en catalán en cualquier parte del territorio español! La gencat en estos 40 años ha querido ser una especie de Estado en miniatura. Dado que nadie en el Estado Español le recordaba la realidad, han seguido alimentando esa fantasía hasta ver una conspiración en cualquier iniciativa o declaración que, directa o indirectamente, la negara. El nacionalismo se convirtió, primero en independentismo y luego, a fuerza de irse reforzando en sus convicciones y realizando una interpretación cada vez más delirante de la realidad, se volvió “conspiranoico”.

Hoy, en el fondo, no es más que una “enfermedad psicológica” de sectores que sostienen su creencia delirante con un énfasis desmesurado. El hecho de que en las últimas semanas se hayan disuelto muchos grupos de amigos, roto grupos de whatsapps, generado discusiones en el ámbito familiar, implica que, efectivamente, el pensamiento independentista (como suele ocurrir con cualquier corriente conspiranoica) termina afectando a la vida de los sujetos.

Los independentistas atribuyen a los que no lo son actitudes conspirativas contra Cataluña: basta no estar de acuerdo con ellos para ser acusado de “hacer el juego al PP”, de “estar pagado por Rajoy”, su agresividad va en aumento, se acentúa cada vez más su hipersensibilidad y el desgaste nervioso. Cuando se les lleva la contraria (“Cataluña no es una nación”, “el 11 de septiembre de 1714 Barcelona luchaba para colocar a un rey Habsburgo en la Corona de España, no por su independencia”, “la historia nacionalista es una piadosa recopilación de medias verdades y mentirijillas”, “el proceso independentista es irresponsable”, etc) reaccionan hostilmente. Al igual que los conspiranoicos empeñados en ver una conspiración judeo-masónica-bolchevique en donde no hay más que datos aislados e inconexos, los conspiranoicos independentistas dejan de preocuparse por cualquier otro matiz de la realidad: sólo les interesa la independencia y el denunciar lo que para ellos es la única verdad que lo explica teleológicamente todo: “Espanya ens roba”. Su propia forma de ver las cosas les empobrece y, lo que es todavía peor: empobrece a Cataluña con un sistema educativo basado en una historia de ficción.

La conspiranoia independentista es, a la vez IMPOSITIVA en el sentido de que quienes la sufren se creen obligados a comunicar a otros sus posturas por encima de cualquier otro tema y, a la vez DEFEFNSIVA, porque, verdaderamente han terminado creyendo que están agredidos y amenazados por el Estado Español. ¿Lo están? Sí, para los medios de comunicación de la Gencat. No, para un observador imparcial que la primera constatación que puede hacer es que el régimen autonómico catalán es el más avanzado, junto con el vasco, de toda Europa.

Como todos los conspiranoicos, los independentistas son COMPULSIVOS: cualquier dato lo reducirán a su particular interpretación y lo harán automáticamente, sin que medie reflexión previa, sin contextualizar los datos. Son, al mismo tiempo, AUTODIDACTAS, incapaces de distinguir entre rumores falsos, macutazos, realidades posible, realidades probables y realidades objetivas. Su formación intelectual es limitada: tienen dificultades de comprensión de los procesos de la modernidad y de la complejidad de un mundo que gira a velocidad excesiva y que se ven incapaces de seguir e interpretar, entender y asimilar. Resumen su incapacidad para procesar los datos en el inclusivo “Espanya ens roba”…

Cualquier conspiranoia resulta atractiva para  algunos porque tiende a dar una explicación sencilla a un problema complejo, contribuye a dar un sentido a lo que otros análisis no revelan, lo hace de manera lineal y proporciona a quien comparte el pensamiento independentista la satisfacción de disponer de un conocimiento secreto o ignorado en otras partes del Estado.

Como hemos visto antes, los conspiranoicos independentistas suelen atribuir a otros lo que ellos no han dicho. Más-Colell, por ejemplo, atribuye al gobierno del Estado unas intenciones que nunca ha explicitado, ni sobre las que existe el más mínimo dato sobre su realidad. Lo que está haciendo es “decodificar mensajes”, tarea propia del conspiranoico (tal como realiza el protagonista de las novelas de Dan Brown: ve en los “símbolos” algo que a otros se les oculta, el mensaje secreto, la intencionalidad escondida…). Para todos los Mas-Colell de hoy, cuando un “no independentista” dice algo, en realidad, lo que está expresando es otra cosa: si un madrileño se manifiesta contrario a la independencia de Cataluña, en realidad, lo que está expresando es un afán por someter a Cataluña, de la misma forma que a los opositores a la “inmersión lingüística” se les trató de “genocidas de la lengua catalana”…

Tampoco se puede discutir con un conspiranoico independentista porque siempre, sean cuales sean los términos de la discusión, termina reforzándose en sus posiciones: cualquier argumento aportado les servirá para reforzarse en sus opiniones delirantres. “¿Me está diciendo que la independencia es inviable? ¡Esto lo dice para que Cataluña siga oprimida!”, argumento típico… “Si usted se considera defensor del Estado Español, usted se delata a sí mismo como enemigo de Cataluña”… “Si niega que existe una conspiración contra Cataluña es que usted es cómplica de ella”

El conspiranoico justifica cualquier exceso, incluso la divulgación de noticias falsas, para desvelar la conspiración y “liberar al pueblo”. La perversidad de la “conspiración españolista” que percibe de manera enfermiza, justifica el empleo de cualquier arma para detenerla y “liberar al pueblo”.

En el fondo, el independentista lo que termina haciendo es realizar una selección maniquea de datos (unos reales, otros inventados, medias verdades, mentirijillas, engaños descarados) para avalar su argumentación apriorística y, a partir de ahí, interpretarlos mal, ordenarlos peor y llegar a conclusiones delirantes como las que estamos viendo estos días.

4. El Rey, Rajoy, las instituciones ¿lo están haciendo bien?

La “crisis gencat” ha evidenciado algo que era evidente: la crisis política del Estado Español, lo que implica reconocer que el actual ordenamiento constitucional se ha convertido en inestable. Hay muchas explicaciones para justificar cómo ha ocurrido esto: mala calidad democrática, corrupción generalizada, Estado de las Autonomías que devora al Estado del Bienestar, crisis económica transformada en crisis social y ésta, finalmente, en crisis política, cambio en el mapa político español que ha llevado del “bipartidismo imperfecto” a la atomización política, etc, etc, etc. Se puede discutir mucho sobre todo esto, pero no sobre la consecuencia final: la crisis política del Estado Español que nos parece incuestionable.

Las dos figuras del Estado son su presidente del gobierno, Mariano Rajoy, y la figura del Rey, Felipe VI. Los silencios del Rey son los normales en un marco en el que apenas tiene atribuciones políticas. Y lo que dijo hace tres días pereció bastante razonable, por mucho que no fuera lo que querían oír los indepes y los republicanos: último aviso, calificación de la “obra de la getcat” como “deslealtad” y “fautores de la división de la sociedad catalana”… Así que aparquemos ahí la crítica a la monarquía. Harina de otro costal es lo que puede reprocharse al presidente del gobierno.

Rajoy ha cometido varios errores:

1) no percibir que el proyecto independentista, en su locura absoluta, iba “en serio”: querían llegar hasta el final, no era la habitual jugada de ajedrez tantas veces realizada durante el pujolato que se cerraba con unos miles de euracos más para la Gencat,

2) tardar en reaccionar, esperando que la misma locura del proyecto lo desactivara y que dentro de Cataluña surgirían fuerzas más razonables que lo bloquearían,

3) pensar que bastarían las acusaciones de corrupción contra altos cargos de la Gencat para desprestigiar el proceso (como si el PP no tuviera en este terreno vergüenzas propias) y

4) reaccionar finalmente de manera entre tímida y desmesurada tratando de evitar “manu militari” un seudo-referendum que, en sí mismo, no iba a tener absolutamente ninguna consecuencia jurídica, que carecía, incluso en el mejor de los casos, de garantías democráticas, que era una grotesca aventura infantil e ingenua, más que perversa y malévola (pensar que con un 50’1% de votos a favor del SI, con unas votaciones que nunca hubieran superado el 35% del electorado, podría bastar para alcanzar la independencia ¡cuando lo que se demostraba es que se estaba muy lejos de tener CONSESO SOCIAL para ello!).

El problema no era impedir el referéndum el 1-O, sino desactivarlo, no en 2017, sino hace dos años. Y permaneció mudo. De nada iba a servir que, a última hora, controlara el gasto de la gencat, cuando desde hace siete años se viene desviando más y más y muchos más fondos para las entidades independentistas y los medios de comunicación públicos de la gencat dan una cancha obsesiva a sus temas.

Estaba claro que Rajoy quería concentrar la intensidad del problema en un período corto de tiempo (el otoño de 2017) para evitar que la crisis pesara sobre la calificación de la deuda, sobre las inversiones y sobre el turismo. Pero estaba también claro que este planteamiento implicaba pensar que el adversario, antes o después, se daría cuenta de que la independencia era “posible” pero “inviable” y terminaría rectificando. Ignoraba –quizás porque disponía de malos informes de inteligencia y valoraciones erróneas de su propio partido- que no era el “gobierno catalán” el que guiaba y encarrilaba al independentismo ¡sino que éste era arrastrado por él! Ignoraba, incluso, que el independentismo ya no tenía nada que ver con el nacionalismo del pujolato con el que cualquier negociación se saldaba con alguna transferencia más, el archivo de alguna corruptela y el giro de unos euracos de nada a las cuentas de la gencat

No, Rajoy no se ha ganado el sueldo en esta crisis. En su descargo cabría añadir: “¿podría haber hecho otra cosa?” ¿Se solucionaba el problema enviando los tanques a la Diagonal o la Legión a la plaza de Sant Jaume? No, evidentemente: pero sí que DEBÍA de haber aumentado la iniciativa política del Estado en Cataluña, en lugar de pensar que difuminándose más y más, la gencat se “aplacaría”. Las entidades sociales anti-independentistas, hay que decir que NO HAN RECIBIDO NI UN EURO del Estado, ni directa, ni indirectamente, mientras que la gencat untaba con sus fondos a TODOS los medios de comunicación catalanes, desviaba cantidades monstruosas de fondos hacia las entidades independentistas.

¡Claro que Rajoy podía haber hecho otra cosa y no necesariamente era enviar a los tanques o enrocarse, como ha hecho, en argumentos leguleyos para impedir el referéndum!

5. La salida de la gencat ¿negociación?

En las últimas horas van aumentando –incluso en las filas de la Generalitat- los partidarios de “negociar” con el gobierno. La idea general es que Estado y gencat están enrocados en posiciones extremas, y hace falta negociar para evitar el temido “choque de trenes” (que todavía no se ha producido por mucho que los trenes se hayan rozado). Además, el impacto que ofrecieron las imágenes de gente apaleada por la policía parecen haber revuelto la sensibilidad y el corazón de muchos (que no vivieron la transición o que no viajan a Francia en períodos de crisis e ignoran las “golpisas” de otro tiempo en España y las que se siguen produciendo en países de innegable tradición democrática, cuando la policía o la magistratura ordenan algo y una masa se niega a obedecer…) reforzando la idea de la “negociación”.

Bien… a negociar se ha dicho. ¿Negociar, el qué? Si tenemos en cuenta que todos los observadores, más o menos objetivos, reconocen que el régimen autonómico en Cataluña figura, junto con el vasco, entre los más descentralizados de Europa y que el nexo que une esta región al resto del Estado es más débil que el de cualquier otra región europeo en relación a su respectivo Estado, se verá que hay poco que negociar. ¿Transferir aeropuertos? ¿dar más autonomía fiscal a Cataluña? ¿qué queda le queda al Estado por transferir? ¿la broma de convertir las cuatro provincias en siete “veguerías”? A estas alturas, esto supondría muy poco para el Estado… pero ¿y la gencat? ¿Qué daría a cambio? Respuesta: ¿renunciar al independentismo? Imposible: está en el ADN de ERC desde su fundación y de los borrokillas de la CUP. Y a eso no van a estar dispuestos a renunciar. Si el Estado da más transferencias ¿qué da la Generalitat aparte de frenar un proceso independentista mal encauzado y que cada vez es más evidente que fracasará por sí mismo? ¿Puede el Estado negociar no perseguir judicialmente los delitos cometidos durante estos últimos meses por los altos cargos de la Generalitat lanzando por la borda el principio, por lo demás, muy tocado, de la “división de poderes”? ¿Qué es, en definitiva, lo que se puede negociar?

Y, la pregunta del millón, el problema es que no estamos en 1979, cuando se empezó a negociar el Estatuto de Autonomía, ni siquiera en los años 80 cuando tuvieron lugar los grandes traspasos de competencias, tampoco estamos cuando Aznar “hablaba catalán en familia”, ni siquiera cuando se negoció con un bobalicón ZP sentado de chiripa en La Moncloa, el “nou estatut”… estamos en un momento en el que la gencat ya ha evidenciado –no lo digo yo que lo dice Felipe V1– “deslealtad”. Dado que el refranero español asume que “quien hace un cesto hace ciento” ¿quién garantiza que una negociación hoy no será, simplemente, un nuevo corte de rodaja del salchichón realizado por la Generalitat para convertir el vínculo con el Estado en aún más débil y tenue de lo que es hoy?

De esta situación, las dos partes podían salir airosas hace cinco o seis años. No ahora: los aventureros que se sientan en las poltronas de la gencat y los irresponsables que les jalean, tomarán cualquier otra cosa que no sea el establecimiento de una “República Catalana” como una derrota inasumible: simplemente, han ido muy lejos. Les faltaban tablas para negociar desde el momento en el que Mas empezó apoyando económicamente al independentismo al sustituir a Montilla y luego se vio arrastrado por el monstruito que él mismo había creado. A partir de ese momento, no le quedó más remedio que dejarse llevar hasta el punto en el que nos encontramos hoy.

El error de ERC ha sido el elevar excesivamente las expectativas y presentar la independencia como “posible”: posible sí, probable no. ERC quedó intoxicada desde los tiempos en los que Carod-Rovida (a) “El Maño”, empezó a repetir la idea-fuerza de “independencia en el 2014” y, al final, segó la hierba bajo sus propios pies: ERC no puede seguir existiendo sin proclamar esta meta… irrealizable. Su margen de maniobra es, prácticamente, igual a cero. ¡Diles ahora a dos generaciones de independentistas fanatizadas que no, que ni jurídicamente, ni económicamente, no socialmente, ni políticamente, la independencia es posible! ¡Díselo y sobrevive si puedes!

El margen de maniobra de Rajoy no es mucho mayor: desde hace un lustro viene diciendo que el referéndum es “ilegal”, que la soberanía corresponde al “pueblo español” y que se guiará por el “imperio de la ley”, recomendando a Puchi que “regrese a la vía de la legalidad”. Si negocia ofreciendo contrapartidas económicas corre el riesgo de alimentar a los grupos que están a la derecha del PP e incluso de desestabilizar su liderazgo dentro del partido. Si negocia ofreciendo olvidarse de las medidas judiciales va a tener que bregar con el poder judicial. Rajoy necesita también una victoria que revalide le permita gobernar después de las próximas generales o garantice que en un gobierno con Cs (lo más probable) el PP seguirá siendo hegemónico.

El drama del “problema catalán” es que la gencat ha colocado las cosas de tal manera que ya no hay marcha atrás. Claro está que la sabiduría estratégica dicta a Rajoy aquello de “a enemigo que huye puente de plata”, lo que traducido a los términos en los que está planteado el problema implica: “siéntate a negociar, dales cuatro chuches y desactiva el problema unos años”

6. Venga, hombre, acabar con este embrollo y a otra cosa…

La gencat no tiene la más mínima posibilidad de llevar a cabo su proyecto. Bastante tendrán algunos de sus prohombres de no terminar ante los tribunales de justicia. No han medido bien los tiempos (una aventura de este tipo se negocia con un gobierno de izquierdas en Madrid, debían haber esperado a tener a un Pablo Iglesias al frente del ministerio del interior y a un Peter Sanchez como ZP redivivo… para intentarlo), ni siquiera el tiempo en el que desarrollaban la aventura: la época de la descolonización fueron los años 60 y 70 y, por lo demás, Cataluña no es una colonia, sino una región del Estado con un régimen autonómico propio. El “otoño de las nacionalidades” tuvo lugar en 1990 cuando Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia se independizaron de la URSS en referéndums en los que el listón para la independencia no era el 50’01% de los votos emitidos, sino los 2/3 del electorado, lo que indicaba un amplio consenso y no una sociedad partida en dos.

La globalización es nuestro sino de nuestro tiempo. Si se acepta que la globalización es el gran riesgo y que los problemas económicos que hemos atravesado desde 2007 tienen que ver con ella, habrá que aceptar, necesariamente, que los Estados Nacionales hoy existentes, con su armadura jurídica, sus medios de defensa, sus arsenales legislativos, son las únicas barricadas que pueden detener, el proceso globalizador y que no se trata de debilitarlos aun más creando mosaicos de pequeñas nacionalidades que podrían ser compradas por los Soros de la vida o por cualquier príncipe del golfo Pérsico con solo tirar de chequera… La historia se desarrolla por fases: lo que hubiera sido posible en el siglo XIX e incluso hasta los años 80, ya no lo es. Nunca habrá una “república catalana”, como no habrá una “república riojana” o una “república bretona”: ese tiempo ya ha quedado irremisiblemente atrás. Hoy una “nación” no se forma en torno a sus “burguesías nacionales” entre otras cosas, porque estas van desapareciendo y sus intereses ya no están ligadas a la prosperidad económica de “su” territorio.

El problema es cómo la gencat desactiva lo que ella misma ha propulsado en los últimos siete años y cómo se lo cuenta a los fanáticos que ha generado. Y para el Estado, lo difícil va a ser restablecer la confianza en Cataluña y seguir actuando como si aquí no hubiera pasado nada.

Personalmente, no albergo ninguna esperanza en el futuro. Lo he escrito ya: “el patriotismo constitucional es poco – el independentismo no es nada”. A esto añado: “no voy a cambiar de pasaporte, ni aceptar una nacionalidad en la que nunca ha creído”. Manifiesto, finalmente, un estado de hartazgo y cabreo: estoy harto de grupos de amigos que se rompen por discutir sobre esta coña que dura ya demasiado, vecinos que no se saludan según la bandera que uno y otro han colgado, parientes peleados por defender distintas actitudes, y mensajes estúpidos en redes sociales de unos o de otros.

No me declaro “equidistante”: creo que la ensoñación nacionalista, su conspiranoia galopante, ha generado esta crisis, y está claro quién ha “disparado” antes. Me hace gracia la propaganda de la gencat uniendo la “libertad” al “voto” que es como mezclar la velocidad con el tocino. Hasta la constitución del a URSS de 1937 (o era 1938?) se votó. La libertad es un estado interior del alma. No existe “libertad”, en sentido contingente, que sea absoluta. La libertad para matar al vecino pelmazo no existe, lo que implica que todo ordenamiento jurídico debe reconocer ciertas limitaciones a la “libertad”. No me he sentido particularmente oprimido por un Estado Español que en Cataluña prácticamente no existe (debo decir también que si me he sentido ofendido cuando la Generalitat se negó a educar a mis hijos en la lengua habitualmente utilizada por sus padres o cuando concedió más y más derechos sociales a inmigrantes  recién llegados en detrimento de los ciudadanos autóctonos).

Lo único que exijo es que acabe de una vez esta tragicomedia lamentable, me importa un hijo los rostros de los políticos que resultarán churruscados por la aventura y no tengo dudas en que la vía de la negociación es inviable como antes he dicho. ¿La solución? Eso que se lo pregunten a un cocinero: yo no doy recetas.

 

Origen de Dan Brown

Origen de Dan Brown

Acabo de echarle un rápido vistazo al último libro de Dan Brown, publicado ayer en inglés y hoy en castellano… Así como El símbolo perdido se desarrollaba en el Washington masónico, El Código Da Vinci en la Roma de los Papas, Angeles y Demonios circula entre París y las afueras de Edimburgo, en esta nueva obra parece especularse sobre la existencia de una conspiración para ocultar el origen de la humanidad y todo, mira por dónde, ocurre en España. Un libro de Dan Brown sin una conspiración de por medio es como un jardín sin flores o como un independentista sin independencia (ya que estamos en eso). El primer vistazo es altamente decepcionante. Realmente no tenía mucho interés en leerlo, pero un amigo se ha empeñado en enviármelo en tanto que “especialista en Gaudí” y “en la Barcelona mágica”. Y en tanto que tal, a primera vista, insisto, el libro me parece muy en la línea del autor: un peñazo insufrible.

Por lo que veo hay amplias referencias a Gaudí… todas extraídas de guías turísticas vulgares y de lo más anodinas. Brown con el arquitecto tenía material para sus devaneos conspiranoico-esotéricos-ingenuo-felizotes. No ha aprovechado ni uno.

Como suele ocurrir, incluso los nombres de los personajes son poco elaborados: uno de los personajes es “Bishop Valdespino”, como el Jerez; el otro se llama “Garza”, por no recordar al inolvidable camarlengo papal al que Brown apellidó “Ventresca”. Apellidos todos ellos de lo más usuales… Otro de los personajes tiene por nombre “Ambra” (que es como el femenino de “hambre”, pero mal escrito; fijarse que todo gira en torno a lo gourmet). El bautizar a sus personajes se le da tan mal a Brown como su vocación conspiranoica.

Si Brown ha realizado un tour por España (dice que estudió en la “universidad de Sevilla un año”, pero en ningún registro del centro ha aparecido su nombre) los paisajes que describe están pésimamente descritos. Se menciona “the Valley of the Fallen” (o lo que es lo mismo, el Valle de los Caídos) del que dice que fue algo así como “un campo de concentración nazi” (pág. 310). Es algo ecléctico, se ve que no quiere muchos problemas políticos y sostiene la misma versión que la que se explica en los folletos del Valle de los Caídos (que si se concibió en 1940, que si fue un “intento de reconciliar vencedores y vencidos”, que si “suscitó controversia”, que si fue un “colosal santuario construido por Franco para honrarse a sí mismo”, etc).

El Escorial (que no anda muy lejos del Valle de los Caídos) aparece también descrito como se describe en los folletos turísticos gratuitos que te sirven al entrar en el monumento: “Sagrado lugar de sepultura de la realeza española” (pág. 375). Allí es donde uno de los protagonistas, “el príncipe Julián”, “frente a su inminente ascenso al trono de España, fue asaltado por un pensamiento asombroso”… El pensamiento en cuestión, tiene que ver con la misión de la monarquía. Sí, porque el padre del “príncipe Julián” acaba de morir y él era el heredero de la Corona. Así que por las cámaras de televisión “Con emoción sincera y equilibrio regio, el príncipe había hablado del legado del rey y de sus propias aspiraciones para el destino del país. Julián llamó a la tolerancia en un mundo dividido. Prometió aprender de la historia y abrir su corazón y cambiar. Aclamó la cultura y la belleza de España, y proclamó su profundo amor eterno por el pueblo”. La gracia es que, justo ayer, el Rey Felipe V-1, se dirigió al país, dejando aparte las referencias a las deslealtades, en términos muy parecidos, propios de los últimos Borbones. De todas formas no es precisamente el donde la profecía lo que adorna a Dan Brown.

De hecho, sus lectores habituales deben tener una empanadilla mental generada por este autor que oye campanas, ignora de donde llegan y se obstina en escribir una y otra vez argumentos sin pies ni cabeza, tras los cuales ya resulta imposible saber quiénes diablos eran los “Iluminati”, si el Priorato de Sión es un pastelazo o una entidad conspirativa real, si los masones son buenos, malos o mediopensionistas, si los nombres de los personajes, llevan a “pistas” para elegir un menú turístico o son indicaciones de sociedades secretas que nunca termina de entenderse porqué siendo tan secretas, permiten a su protagonista, Robert Langdon, seguirlas y desvelar lo que hay al final del camino. Hay que decir que algunas de estas pistas son extraordinariamente retorcidas. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que Valladolid está en Castilla, la presencia de una remolacha en el escudo de un club de fútbol, le permite inferir la existencia de otra conspiración oculta gracias a su portentoso dominio de la “simbología”… Junto a estas deducciones tan alambicadas, se encuentran otras de baratillo: Langdon habría llegado a una de las “bases” de los Iluminati, siguiendo ¡el dedo que le indica una estatua de Bernini! En esta obra, Origen, por lo que vemos, las deducciones no mejoran y Langdon sigue siendo un canelo, vestido de Tweed, y que demuestra no tener ni repalojera idea del “simbolismo” que enseña en la Universidad. Por desconocer, da la sensación de que ni siquiera tiene claro lo que es un símbolo.

En esta obra la capacidad de Langdon para inferir el significado de los símbolos no mejora. Cuando Brown se aleja de los datos contenidos en los folletos turísticos, simplemente, patina. En esta novela, por ejemplo, dice que “Gaudí es el arquitecto de la naturaleza”, pero resulta incapaz de explicar ni uno de los símbolos utilizados habitualmente por el arquitecto. Su nombre es citado, aproximadamente las mismas veces que la palabra “misterio” (entre 60 y 70), pero siempre dedica interminables párrafos a símbolos que no lo son tanto o que carecen de contenido esotérico y/o conspiranoico. En la pág 284, por ejemplo, divaga sobre el signo “&” y de la extendida Font Trebuchet extrae conclusiones de “alto calado simbólico”, vinculándolo a un poema de William Blake (por lo mismo que, como hemos visto antes, el Pisuerga pasa por Valladolid). Sostiene que Gaudí era “muy admirador” de Blake (pág. 268), un dato que no habíamos encontrado jamás en biografía alguna del arquitecto y de cuya veracidad dudamos.

No es que un novelista no pueda colocar en sus obras datos imaginarios, es que lo que se puede reprochar a Dan Bron, como antes se le ha reprochado a autores menores como Juanjo Benítez y su interminable “Caballo de Troya”, es esa manía de presentar lo que es una simple y sencilla novelita, que gustará más o menos, como el resultado de un “amplio trabajo de investigación históricacuyas conclusiones son extremadamente sólidas”… cuando lo que se percibe es una ignorancia completa de la historia, de la ciencia de los símbolos, del esoterismo e incluso del universo de las conspiraciones. El resultado es un insulto a los lectores y la elaboración de bestsellers que solamente pueden ser aceptados por un público que desconoce lo que es el “pensamiento crítico” y en medio de un ambiente de aculturización creciente.

Otro de los lugares por los que discurre la novela de Brown es la “Cripta Güell” a la que califica de “juguetona” (pág. 271) . El lugar fue una excentricidad más de Gaudí a la que el propio “pagano” (Eusebio Güell) debió de darle el alto y lo que debía ser una iglesia de su Colonia Industrial se quedó en una cripta de poco simbolismo y mucho retorcimiento naturalista. Otro lugar citado es la Casa Milá en donde lo más esotérico que puede extraerse es que su “alma” (esto es, su infraestructura) es de vigas metálicas, siendo la primera vez que se utilizaba esta técnica en Barcelona. Al final, Gaudí terminó peleándose con el bueno de Perico Milá, llevándolo a los tribunales y ganándole el pleito. Gaudí recibió un millón de pesetas de aquella época que invirtió en las obras de la Sagrada Familia, pero aquello tuvo una contrapartida: “el abuelo Milá” era un tipo influyente, nadie le tosía en el Liceo cuando iba acompañado de su curvilínea amante, así que Gaudí al enfrentarse a Milá, se puso en contra a la alta burguesía catalana. Por lo demás, su protector, el conde de Güell ya había muerto y Eugenio D’Ors con La Ben Plantada, enterró los excesos modernistas y llamó al orden a los arquitectos y a los paganinis de turno: si no querían convertir a Barcelona en una ciudad de pesadilla (porque las formas de Gaudí, más que “arquitectura de la naturaleza” son fenómenos kitsch de pesadilla), había que recuperar la forma pura y clásica, en lo que fue el novecentismo. Gaudí, sin pedidos, cada vez más considerado como un alucinado, intratable y con un carácter endiablado, optó por encerrarse en las obras de la Sagrada Familia, practicando sus extraños ritos higiénicos hasta ser atropellado por un tranvía en 1926. Y, por cierto, fue un Guardia Civil que pasaba por allí el que lo llevó al Hospital de la Santa Creu. Gaudí, a todo esto, hay que decirlo, había evolucionado hacia el nacionalismo catalanista.

Otra de las sorpresas que nos depara Brown es que por las páginas de su libro aparece también la secta del Palmar de Troya. Meterse con el Opus Dei en El código Da Vinci, tuvo un alto coste para él, así que ahora ha optado por apuntar contra los palmarianos que, por otra parte, son bastante conocidos en EEUU y casi inofensivos. De todas formas, del Palmar cuenta lo mismo sobre la secta que lo que se lee en cualquier web. Bilbao y Sevilla también aparecen irreconocibles y decepcionantes.

Después de no contestar a ninguna de las grandes preguntas del pensamiento occidental en sus novelas y de dejar a sus lectores con dos palmos de narices sin enterarse de quiénes son, ni a dónde van, ahora en esta, aquellos que creían que el nombre de la novela tenía algo que ver con la pregunta clave de “¿cuál es nuestro origen?” quedarán también decepcionados. La trama, sin prejuicio de que una lectura completa del texto nos aporte más datos, parece una mezcla de Expediente X (que si ADN extraterrestre) y de conspiranoia galopante. El conflicto entre ciencia y fe que ya ha tratado en otros textos, vuelve aquí a aparecer.

Primera valoración: es de esas obras que muchos leerán por puro morbo. Servidor incluido. Es evidente que coleccionaremos lo que promete ser una larga lista de gazapos (el primero de los cuales es considerar a la Sagrada Familia, “basílica” en lugar de “templo expiatorio”) por el puro placer freaky de decir: “Brown nuevamente ha metido la pata”. Si es usted lector habitual de Brown no termine sus libros creyendo que sabe algo más de lo que sabía al principio sobre un tema. Siempre ocurre justamente lo contrario: el lector termina teniendo nociones todavía más estrafalarias sobre temas históricos sencillos y que podrían resolverse la mayoría de las veces aplicando el principio de la “navaja de Ockham” o simplemente si el novelista fuera más riguroso con los datos históricos y trabajara más sus argumentos y la ubicación de los mismos.

 

 

Esta crisis va para largo

Esta crisis va para largo

¿Qué queréis que os diga? Valorar el discurso de Felipe V-1 es fácil: es la última advertencia antes de que caiga el "big stick" contra el núcleo duro del independentismo. Poco importará si se aplica el cacareado Artículo 155 o si detienen a Junqueras, a la presidente del parlament y al "major" de los mossos por negarse a declarar. El Rey ha marcado el tono: la acusación de "deslealtad" y de "dividir a los catalanes" ha sido clara, así que ahora solamente falta que actúe el poder judicial (es decir que, éste envíe a los Mossos a detener al “núcleo duro”, luego a los picos, si fallan, a los GEOS y si la cosa se pone dura a los tanques estacionados en Zaragoza. Por este orden. ¿O es que alguien pensaba que no había “plan de contingencias” para esta eventualdiad?

 ¿Y ya está? ¿resuelta la crisis? En absoluto: esto va para largo.

No llegará la sangre al río, porque en Cataluña, salvo un núcleo minúsculo de alucinados, la mayoría productos de la LOGSE, nadie quiere tiros en las calles (si algunos porrazos el domingo generaron estupor y crujir de dientes, podéis imaginar lo que supondría un fiambre). Esta no es tierra para tiros, ni siquiera para redentores armados. Desde Muret la energía bélica pareció agotarse en Cataluña. Incluso los Almogávares, un siglo después, estuvieron dirigidos por un alemán e, incluían en sus filas a aragoneses, occitanos, gascones. Eso sí, el cronista era catalán. Tiene gracia que las energías belicosas que quedaban en Cataluña afloraran en la “guerra del francés” y en la defensa de Cuba y Maracaibo. No en vano, el siglo XIX fue el siglo “más español” de Cataluña. Y de los curas trabubaires y del viejo carlismo catalán, dueño de las bendita "montanya" de esta tierra en el XIX, tampoco queda nada. En la guerra civil, el nacionalismo solamente estuvo presente en las oficinas de una Generalitat que no controlaba nada, salvo la recogida de cadáveres. Terrorismo, en Cataluña, nunca ha habido: lo de Terra Lliure fue un mal chiste y lo del FAC en los primeros 70, más de lo mismo.

Este no es un pueblo belicoso. Pero el nacionalismo siempre ha prosperado asumiendo el papel de víctima (Carod Rovira se quejaba de que no hubiera co-oficialidad en Madrid y de que nadie le ofreciera la ficha del hotel en La Castellana redactada en catalán...). El nacionalismo ha construido una Cataluña después de Muret (en el 1213, que va para más de 700 años...) especializada en ir de victimismo en victimismo y tira por que le toca. Sería bueno que un psiquiatra diagnosticara esta obvia dolencia nacionalista que, en la práctica, junto con la figura del cagané, evidencian lo que los psiquiatras llaman un "complejo sádico-anal" no resuelto.

El discurso de Felipe V-1 ayer, fue el anuncio de que, de la misma forma que la historia de los últimos 200 años en España es una "gigantesca pirámide de fracasos", la historia nacionalista de Cataluña va a poder añadir un nuevo hito en su historia hecha de lamentos y victimismo.

Pero esto no acaba aquí. ¿Existe un "problema catalán"? En realidad sí: en el siglo XIX el "proteccionismo" impuesto por la alta burguesía al resto del Estado, no fue la mejor opción, pero sí la que permitió que una burguesía pujante empezara a considerar a Cataluña como su "jardín privado". La Generalitat de 1979 fue su culminación. Pero luego, todo cambió: el mundo se globalizó a partir de 1989-90 y esa burguesía catalana dejó de invertir en Cataluña. Se dejó las riendas de la Generalitat a "segundones" (Puigdemont y Mas lo son, casados además con rumana y alemana respectivamente), a "charnegos" (Montilla), llevaron sus dineros a paraísos fiscales e invirtieron sus exacciones en bolsas internacionales. Hoy ya no es, ni de coña, la alta burguesía catalana la que "mueve los hilos" del nacionalismo. Salvo en el sector hostelero, ya no están presentes en la economía catalana como lo estaban desde los tiempos del proteccionismo. El dinero nunca termina de creerse del todo los ideales nacionalistas, por mucho que quienes lo detenten lo sean.

El hecho de que la alta burguesía catalana haya perdido el control del nacionalismo y que éste se haya escorado, final y definitivamente, hacia el independentismo, es el elemento nuevo de la situación y el motivo por el que cualquier entendimiento con él es imposible.

Así pues, lo que va a caracterizar los próximos años es:

1) Victimismo independentista elevado a la enésima potencia, persistente y sempiterno, aburrido, reiterativo, machacón, difundido en los medios de comunicación oficialistas (todos los que existen en Cataluña, subvencionados por la Gencat) y enseñado en la escuela de manera obligatoria.

2) Persistencia del independentismo mientras se prolongue la crisis económica, en tanto que hijo bastardo de la crisis y, paralela desaparición del “nacionalismo moderado” considerado como el “interlocutor” con el Estado.

3) Debilidad e inestabilidad del Estado Español por incapacidad para seguir existiendo en Cataluña (el Estatuto se basaba en la “lealtad” de la Generalitat hacia el Estado), y como producto final del inviable "Estado de las Autonomías",

4) Imposibilidad de construir un nuevo Estado independiente, una "República Catalana", con los mimbres sociales y con los apoyos internacionales de que disponen los independentistas,

Todo ello implica, finalmente, AGOTAMIENTO DEL MODELO POLÍTICO GENERADO DURANTE LA TRANSICIÓN. Lo que implica, en la práctica, el fracaso de otro modelo que, nuevamente, no ha podido superar los 40 años de vida útil... Pero, a diferencia de lo que ocurrió en 1977, ahora ya no es posible establecer nuevos consensos: ¿o es que creéis que Echenique o Iglesias es el Carrillo del siglo XXI? ¿que Rajoy es Suárez o que existen las mismas fuerzas económicas, mediáticas de la transición o la misma situación geopolítica que entonces? Y, a diferencia de lo que ocurrió en 1936, tampoco existe la posibilidad de que media España aplaste a la otra media. Ni siquiera de crear una sistema de alternancia amparado en el caciquismo y con la bendición de la Corona como se hizo durante la restauración…

Cuando se está en una crisis política que deriva de una crisis social, surgida como resultado de la inseguridad y el miedo provocada, en última instancia, por una crisis económica, la única salida es superar ésta última y esperar a que la realidad social, por sí misma, aleje de soluciones freakys, alocadas o "desleales". Y este es justamente el problema: que en un mundo globalizado, nada ni nadie está a salvo de la crisis económicas y estas son, en última instancia, insuperables. Por eso siempre hemos dicho que la globalización es la "madre de todas las crisis".

Por eso decía antes que esto iba para largo.

 

Céline opina sobre el 1-O

Céline opina sobre el 1-O

Oración de Louis Ferdinand Céline para este 2 de octubre:DEJADNOS EN PAZ DE UNA PUTA Y JODIDA VEZEstamos asistiendo a una comedieta infame en la que van a pagar el pato un puñado de idiotas, chivos expiatorios, tontos útiles y pobres despistados, pero ninguno de los capitanes araña y mucho menos de los armadores que aparecen como INTOCABLES en esta farsa.

Aquí, ahora, el problema a 2 de octubre -EL ÚNICO PROBLEMA- es cómo van a salvar la cara los cabezas visibles de cada parte auto-situados en un callejón sin salida, esos macarrillas dedicados al parasitismo político. Y la fiesta, por supuesto, va a seguir meses y meses. Los gusanos que encarnan la tontería concentrada de la galaxia, en Madrid y en Sant Jaume, recolocarán la meta, como se recolocó para el 9-N y se volvió a recolocar para el 1-O y, antes, como se había recolocado en el estatuto del 79 o en la maragallada con que se estrenó este milenio de vino y porros, de sombra y cenizas...

Al final, antes o después -y no es una profecía, es pura lógica- vencerá un gobierno de izquierdas en las elecciones generales, se podrá convocar el referéndum en Cataluña con todos los plácemes del Tribunal Constitucional de turno (¿ah, pero no sabíais que la justicia es como el timón y que hacia donde se le, gira?), y creedme como creéis en el dios galileo del madero y de la barba ¡saldrá un PUTO NO a la independencia! (¿De verdad creéis que en la era de la globalización el horno está para el estreno de nuevas naciones? ¿de verdad creéis que en igualdad de condiciones, con campaña por el No, ganaría el SI con un 30-35% de ciudadanos de Cataluña que se expresan habitualmente en catalán y la mitad de la población anestesiada y apática, pasando del tema, liando porros o preocupada por sobrevivir? ¿creéis que con más atentados islamistas en BCN será posible pasar de todo y seguir obsesionados con la indepe, mostrando a otro supuesto papá abrazando a otro supuesto electroimán y seguir actuando como si aquí no pasara nada o que la gente seguirá con eso de "¡No tenim por!" (cuando hasta la mora que iba al lado del jodido Felipe V-1 iba giñada en la mani)?).Y después de ese futuro e inevitable NO, ¿creéis que acabará la fiesta? ¡QUE NO! Que en cinco años, los mismos u otros listos pedirán un nuevo referéndum y llegará el día del juicio final (cuando la bandera del "Estado Islámico" se coloque en los dos balcones de Plza. Sant Jaume) y los indepes seguirán a su puta bola...

Joder, joder y joder, que aburrimiento de mierda con tanto personajillo irrelevante y betunero. No estamos ante una conspiración judeo-masónica-bolchevique, es la simple y puta conspiración de los cretinos aliados para hacerte la vida imposible a tí y a mí, la Internacional de los merluzos, para que nos olvidemos de sus miserias, de sus corruptelas, de sus mentiras a cascoporro, de su mediocridad, de su ignorancia y de su falta de testículos colganderos. Porque unos y otros no tienen los cojones delante sino más bien pegados a ese ojete con el que miran el mundo y desde el que excretan sus ideas.

¡DEJADNOS EN PAZ¡ !ESTAIS BUSCANDO EL MUERTO PARA ARROJARLO CONTRA LA CUENTA CORRIENTE DEL OTRO¡ ¡Y AL FINAL LO VAIS A LOGRAR! ¿Quién será la víctima propiciatoria? Sin duda un pobre diablo que pasaba por allí. ¿Quién se lo comerá? ¿Un gosso, un picoleto? DESDE LUEGO NINGUNO DE LOS ARMADORES que, al final se darán la mano después de este jodido combate de boxeo con tongo.Cada pueblo tiene la mierda que se merece y la mierda que han trabajado generaciones y generaciones. Tarde o temprano, al final siempre llega un momento en el que la mierda empieza a salir a borbotones y todos corremos el riesgo de tragar una dosis. Ese momento ha llegado.Lo voy a repetir a ver si algún jodido cabrón se entera de qué va este pedo:

- EL PATRIOTISMO CONSTITUCIONAL ES POCO, 

- EL INDEPENDENTISMO ES NADA. 

- Tots junts, ben plegats, són unes merdes seques i ben aplanades.

- Esta no es mi guerra, ni la tuya camarada...

fdo. Doctor Ferdinand Destouches (a) "Louis Ferdinand Céline".

.cat-.es: NO HAY SALIDA

.cat-.es: NO HAY SALIDA

¿Llevamos tres días de infarto en Cataluña? Claro está que son de infarto si se miran los informativos. Pero, a pesar de algunas fracturas preocupantes en grupos de amigos y de vecinos, para la inmensa mayoría de la población catalana todo sigue como el 18 de septiembre: aquí no pasa nada y lo que es más interesante: la mayoría no quiere que pase nada. Pero sí es rigurosamente cierto que los medios de comunicación y determinadas noticias se obstinan en sembrar una inquietud que la mayoría de catalanes siguen sin tener. Porque este contencioso solamente afecta a los “españolistas–constitucionalistas” de un lado y a los “nacionalistas–independentistas” de otro: a los demás, nos coge por medio, siendo perfectamente conscientes de que no ganamos ni perdemos nada en la partida, ni nada esencial se juega en ella: la España constitucional era, desde el origen, una “España rota”, la “República Catalana” es, simplemente, un aborto imaginario. Los que mantenemos “otras posiciones”, no contamos y ninguna de estas dos pueden ser asumidas sin grandes reservas mentales. Luego está una amplia gama de la izquierda (“referéndum sí” y “referéndum sí, pero no así”) y lo que es el grupo mayoritario, el de los “no sabe–no contesta”. Finalmente algunos, como es mi caso, que lo único que queremos es que termine toda esta comedia (que cada vez corre más el riesgo de pasar a ser tragicomedia).

Ni me pienso manifestar por la “España constitucional”, ni la “República Catalana” contará jamás con mi adhesión. Vaya esto por delante. Ahora trataré de explicar el porqué sigo en mi estado de “exilio interior” (tremendamente satisfecho, hay que decirlo, con mi condición de “apolítico”: no ignorante de la política, sino distanciado de ella).

PRIMERA CONSTATACIÓN: UN “REFERÉNDUM” NO ES “DEMOCRACIA”

Los hay que tienen tendencia a utilizar la palabra “democracia” como un puñetazo al estómago de su rival: “yo soy demócrata porque convoco un referéndum. Tu eres fascista porque me lo impides”. Tal es el razonamiento de “Puchi” y de los suyos. Ejem… si convocar un referéndum imprimiera el marchamo democrático, habría que reconocer que el franquismo fue, incluso más democrático que la Generalitat (con dos referéndums con Franco vivo, en 1947 y 1966 y otro para hacerse el hara–kiri en 1976).

Se dirá que, entonces, la oposición no podía manifestarse y que no habían “garantías democráticas”… ¡Pues ya me dirán ahora en donde incluso para dar una apariencia de que había “oposición” alguien ha ido colgando carteles con el “NO” firmados fraudulentamente por el PP, el PSC y Cs…! Y que no me digan que los medios de comunicación cuyos puestos de trabajo dependen de la benevolencia de las subvenciones de la Generalitat, han dado paso a los partidarios del NO, tanto del NO a la independencia de Cataluña como a los del NO a la consulta. De hecho, llevamos desde 2003 con todo aquello del invento maragallano del “nou Estatut”, casi quince años de machaque nacionalista–independentista que siguieron a casi 30 años del chunda–chunda nacionalista… sin que se conceda a los que opinan diferente espacios públicos para expresarse.

La democracia es algo más que convocar un referéndum (o elecciones cada cuatro años) para tener una ilusión de que “el pueblo participa”… ¿Participa en qué? Hoy la democracia cuantitativa es inviable y condenable por la simple razón de que la zafiedad, el mal gusto, la estupidez, la ignorancia, la apatía, la prepotencia y la bellaquería son mayoría en la sociedad por encima de la cultura, el estilo, la sabiduría, el conocimiento y la honestidad.

Cúlpese de ello a los creadores del sistema educativo español, especialmente al PSOE que en este terreno se ha creído con el derecho a imponer sus criterios “progresistas”… y a la vista está a donde nos han llevado. Un día le dije en directo a Luis del Olmo, cuando se iniciaba la andadura de “Protagonistas” que “la democracia es aquel sistema por el que el 51% de violadores tienen la razón sobre el 49% de premios Nobel”. Le costó entenderme y, en realidad, se lo tuvieron que explicar Hilario y Mariñas que eran, a fin de cuentas, los que me habían metido en el berenjenal. Cuarenta años después sigo pensando lo mismo: la diferencia es que en 1977, este país quería tener una “experiencia partitocrática” (y siempre estaba la posibilidad de que saliera bien) y hoy, cuarenta años después, quien tiene oídos y oye, tiene ojos y ve, es perfectamente consciente de que:

existe una brecha insuperable entre la España oficial (la que se sienta y se beneficia de las instituciones) y la España real (la que paga y sufre las instituciones).

el nivel de la clase política no se ha elevado desde 1978, sino que se ha ido rebajando más y más hasta entrar hoy en caída libre: ¿Queréis ver impresentables? Mirad en las bancadas de los parlamentos y en los ayuntamientos… hay sobredosis.

la constitución fue elaborada en unas condiciones, nacionales e internacionales, y hoy se dan otras muy diferentes: ni los grupos económicos, mediáticos y políticos que existían entonces, siguen existiendo, ni se dan los consensos de entonces, ni siquiera se mantienen los compromisos dados en 1978 al redactar la constitución.

el Estado de las Autonomías ha constituido un fracaso absoluto porque no ha resuelto el problema de la “vertebración nacional”, sino que lo ha agravado, y, para colmo de males, el proceso de burocratización y las corruptelas están devorando el Estado del Bienestar que en 1978 era el objetivo a alcanzar. ¿Cuánto se va a tardar en reconocer que el mejor referéndum sería ese en el que nos preguntaran qué queremos hacer con ese cúmulo de iniquidades, faraonismos y miserias que son las autonomías?

Así pues, a esto nos ha llevado la “democracia” y las continuas elecciones (autonómicas, generales, municipales, europeas, y alguno quiere, además, elecciones a “presidente nacional”…), así que no me pidan que tenga fe en un referéndum lastrado desde el principio. Me gustaría conocer los argumentos lógicos para refutar estos puntos que puedo sustentar perfectamente:

– que la gran masa del país, lo que se llama, “el electorado” es manipulable.

– que no tiene opinión propia, sino la opinión que le “sugieren subliminalmente” unos u otros, la “opinión pública” carece de forma, son los medios los que se la dan.

– que la gran masa del país no es consciente de lo que implica votar una cosa u otra, sino como máximo, vagas intuiciones irracionales.

– que el sistema educativo genera cada vez más analfabetos estructurales y

– que los problemas de nuestra sociedad, lejos de resolverse se van acumulando, más y más, hasta hacer hoy prácticamente imposible su solución (economía globalizada, aculturización generalizada, debilitamiento de TODAS las estructuras sociales). El referéndum catalán es un “falso objetivo” impuesto por los nacionalistas que desvía la atención de los grandes problemas acuciantes y considera a Cataluña como un islote al que solo le afecta el tenue puente existente hoy con el Estado Español…

¿Qué es la democracia? Lo dice la palabra: “mando del pueblo”. Difícilmente puede haber democracia cuando no hay “pueblo”: hay que releer a Ortega. Lo que hoy existe hoy en el lugar del “pueblo” es una “masa invertebrada” (o débilmente vertebrada por un club de fútbol, la reivindicación del porro, por un ritmo musical, por un mito y al que le interesan los trendig topics y los realitys mucho más que el futuro o su propio destino). ¿Qué “democracia” va a existir con esta tropa? ¿Pedir la opinión sobre el futuro demográfico de Europa a un colgao? ¡Si ni siquiera los demógrafos progresistas son capaces de establecer teorías científicas realistas! ¿Pedir que una masa opine sobre su futuro como “nación” cuando ni siquiera es capaz de alzar la voz para que se eliminen determinados aditivos alimentarios que cada día consume y que modifican cadenas de ADN generando cáncer, por poner un ejemplo? ¿Cómo alguien que no es capaz de pensar en su interés inmediato y el de sus próximos va a poder opinar sobre el futuro o el destino de una nación?

Si democracia es votar, hasta en las profundidades del stalinismo se votaba. Si democracia es “votar en libertad y conscientemente”, para ello hace falta una sociedad orgánica y estructurada, con cultura, nivel y educación, no volatilizada como tal y convertida en masa amorfa que se mece según los vientos que soplan.

LOS VENDEDORES DE “LIBERTAD” Y DEMOCRACIA

Lo lamento, pero la generalitat no es la institución más adecuada para vender “democracia”. Mira que la generalitat ha podido convocar referendos en estos últimos 35 años. Por ejemplo, y ya que estamos, lo pudo convocar en su momento sobre la “inmersión lingüística”. Solamente alguien que antepone el nacionalismo a la familia es capaz de imponer –“democráticamente”, claro está–  la enseñanza obligatoria en catalán a familias que considerábamos más importante para nuestros hijos el que aprendieran bien el castellano porque nuestro horizonte de vida no se quería reducir a las cuatro provincias catalanas y a Andorra. Los motivos de esa decisión atañen a las familias y la generalitat, que no era nada más que una “entidad colaboradora del Estado”, no tenía el derecho a imponer la enseñanza del catalán: porque el ciudadano es libre de expresarse como le dé la gana, no como quiere el gobierno autonómico… especialmente en una región en la que el crecimiento de cualquier grupo llegado de no importa dónde es muy superior al del grupo originariamente autóctono (cuya “vitalidad” está disminuida desde hace un siglo y requiere la llegada de inmigración, ayer del Estado, hoy del Magreb y mañana ¿de una galaxia lejana?).

Aquella ley, aprobada con el visto bueno de los socialistas y de los populares (que precisaban ambis del apoyo de CiU en el parlamento y hubieran, literalmente, puesto el culo para obtenerlo), fue una ley injusta, poco democrática y, lo que era peor, atentaba contra la coherencia de las familias, metía a la generalitat en la sala de estar de tu casa, rompía deliberadamente vínculos entre padres e hijos y era, desde todos los puntos de vista, insostenible e inmoral… salvo desde una perspectiva nacionalista. Para colmo, la generalitat, como ya he dicho, consiguió con esta política educativa que hoy se hable un catalán mucho peor que hace cincuenta años, que el castellano que se habla sea deleznable y, como guinda, que haya adolescentes de origen magrebí que mezclan ¡árabe, amazigh, castellano y catalán!

Lo normal hubiera sido que, respondiendo a la realidad de la sociedad catalana (bilingüismo), cada familia hubiera podido elegir la lengua en la que quería que sus hijos fueran educados. Además, y no hay que perderlo de vista ¡todo, además, para que solamente un 30–35% de la población se exprese habitualmente en catalán! Cuando hablé con el director de política lingüística de la Generalitat sobre la inmersión lingüística en el colegio de mi hija, me respondió que eso “lo había decidido el parlament”… La petición de que se abriera una línea de enseñanza en castellano para un grupo –numeroso, ya que estamos en ello– ni se tomó en consideración. No hubo “referéndum” para preguntarnos si preferíamos “inmersión lingüística” o dos líneas de educación. Y ni entonces ni ahora, hay argumentos científicamente válidos, para aquella ley… ¿Entonces no había lugar a referendo y ahora sí?

Toda Cataluña –toda, toda, toda– era perfectamente consciente de que, desde los años 80 había algo en la generalitat que no terminaba de funcionar. Personalmente lo vi cuando, durante un período de paro, recibo una carta diciéndome que el curso que había seguido costaba 250.000 pesetas de las de antes que se pagarían a un “centro colaborador”. Yo no había seguido nada digno de llamarse curso (ir un día al centro colaborador y ver que aquello era una pérdida completa de tiempo, no es “recibir un curso” de nada) así que, en tanto que persona honesta, fui a la consejería de trabajo a denunciar la equivocación. Debía ser algo inédito, porque pasé por todos los pisos del antiguo edificio de ATA, al final tuve que subir a ver al secretario del conseller que me vino a buscar a la puerta del ascensor: allí me dijo, literalmente, que no se me preguntaba mi opinión, sino simplemente se me notificaba el pago… Poco después, el conseller en cuestión (de UDC) resultó detenido, procesado, condenado y encarcelado por un gigantesco fraude que afectaba a toda la consejería.

Así pues, puedo constatar directamente que no es “honestidad” lo que respiran los convocantes del referéndum por la autodeterminación. No me fío de la “democracia” con que se les llena la boca a la hora de venderme el “referéndum”. Estoy dispuesto a considerar que ellos son tan corruptos –como mínimo– como los que gobiernan en Madrid. De hecho, sé que lo son. ¿Estamos ante un concurso para ver quién es más corrupto? Acepto que unos y otros son igualmente oportunistas, que están donde están para desviar dinero público a sus bolsillos y los de sus tristes partidillos, sin ideas, sin proyectos, que apenas son otras cosas que canales para las ambiciones de sus dirigentes (¡y qué dirigentes!).

No voy a salir en defensa del “patriotismo constitucional” del PP. Pueden estar seguros. Pero, me hacen reír todos esos que intentan presentar a la generalitat como pura como la doncella de Orleans, santa como Teresa de Ávila y libre de pecado como el Espíritu Santo… que no son más patéticos que quienes presentan a cualquier otro partido, de esta o de aquella orilla del Ebro como honesto y decente. Desengañaros: ya no queda honestidad entre la clase política que, en el fondo, está compuesta por oportunistas de bajos vuelos (ese Rufián, por citar un ejemplo peripatético de los ejemplares que da la “política catalana”), que no hubieran pasado de ser reponedores en supers en la empresa privada y que ni siquiera tenían cabeza para opositar, y tiene la misma tasa de ignorantes y colgados que cualquier otro grupo social. Sólo que ellos “son la ley”, “hacen las leyes” y “administran la caja”… No me pidan que los respete.

LA IZQUIERDA ANTE EL REFERENDUM

Seamos claros: la izquierda se ha visto desbordada por el nacionalismo, no de ahora, sino desde hace muchos años. El PSC –vale la pena no olvidarlo– fue una construcción ficticia que se impuso al PSOE (y a su federación catalana). Estaba compuesta por hijos de la alta burguesía, del mismo grupo social que creó CDC. Unos “guiaban” a la burguesía, los otros catalana (los Obiols, los  Maragall, los Bohigas, los Clos, los Reventós, los Serra, los Nadal…), los socialistas, al proletariado inmigrante. En su cúpula (hasta Montilla), el PSC siempre tuvo al frente a hijos de la alta burguesía que fueron aceptados por un proletariado castellano–parlante (el PSC no ganó ninguna elección autonómica hasta 2003 a causa de su neo–nacionalismo que procedía, en parte, del antiguo PSUC, que se diluyó en las zonas obreras a lo largo de los 80, su voto pasó a engrosar la nómina del PP catalán hasta que Aznar reavivó sus reflejos en 2002 con su malhadada posición pro–Bush en la Guerra del Golfo).

Luego sobrevino la crisis económica de 2008 y la izquierda española empezó su proceso de atomización. Por una parte, el PSOE, maltrecho por la infame gestión zapateriana, quedó convertido en una serie de federaciones y partidos regionales, sin denominador común programático, ni liderazgo digno de tal nombre. IU estalló, los segundas filas que estaban en el banquillo sin cargo alguno formaron Podemos, no como movimiento unitario, sino como federación de federaciones confederadas bajo una sigla inestable y dotada de una clase política dirigente en la que no es precisamente sensatez, experiencia, capacidad, ni preparación lo que abunda.

Los que se iban a bajar los sueldos, los que iban a renunciar a prebendas, los que iban a renovar la democracia, los que iban a defender a los menesterosos y a los deshauciados, hoy, como cabía prever, se han hecho su hueco en el pesebre. Lo sorprendente –e inquietante– no es eso: sino el estado de indigencia intelectual de muchos de sus líderes, sus razonamientos infantiles, ingenuos, sub–panfletarios, sus lídercillos locales del tres al cuarto, que a veces apenas llegan ni a las cuatro reglas, con unos Echeniques instalados en la ignorancia más el oportunismo (un año antes de entrar en Podemos, el pobre Echenique se había afiliado en Cs…). Existe la izquierda, mejor dicho, existen “las izquierdas”, pero, en todas sus variedades taxonómicas parece claro que ninguna tiene muy claro ni por dónde circulan, ni cuál es su proyecto, ni que vayan más allá de donde iban los presupuestos del zapaterismo: progresismo+humanismo+universalismo. Eso es todo.

La izquierda ha permanecido muda en el tema soberanista.

La izquierda de toda la vida en toda Europa era jacobina. En España ya aparecieron tendencias nacionalistas dentro del PSUC de los años 50. Era simplemente para ocultar y hacerse perdonar su stalinismo. Luego, cuando este partido tuvo una masiva entrada de curas progres y boy-scouts y alumnos formados por esos curas, mucho más que de obreros que, aun participando masivamente en el PSUC, siempre ocuparon un lugar secundario, la izquierda comunista catalana fue el motor real –el único motor real– del “llibertad–amnistía–estatut d’autonomia” de la transición. El PSUC se “catalanizó” para ocultar su estalinismo y luego debió travestirse de “eurocomunista”, lo que, a la larga generaría una ruptura en el interior del partido… no es por casualidad que hoy mismo 800 sindicalistas hayan suscrito una carta común oponiéndose al referéndum.

La izquierda no es que sea “demócrata”, es que es “ultrademócrata”, por eso si le ponen el señuelo de una votación, en principio, dirá que sí. Pero, a partir de ahí, tendrá dificultades para definirse: unos son “internacionalistas”, por lo tanto, crear una nación es lo más alejado a su ideal; otros, al desvalorizar las fronteras, les importa un higo si unos ilusos se preocupan por establecer otras nuevas. Así pues, la izquierda, evita declararse independentista y encuentra en el “soberanismo” una fórmula poco comprometida: “somos partidarios del derecho de autodeterminación y del referéndum y que cada cual vote lo que le parezca…”. Posición ambigua si la consideramos de la manera más benévola, y forma, en cualquier caso, de seguir nadando y guardando la ropa.

A Sánchez le han tenido que recordar que los pactos constitucionales del 78 comprometen al PSOE con la defensa del “Estado Español”. El chico no sabía que decir. En Cataluña, cuando el PSC ya es solamente una sombra de lo que fue, el osito de peluche que lo dirige, adopta cada día una posición diferente. El problema es que el partido está, claro, “partido” en dos, los partidarios de que se celebre el referendo y los que no. ¿Su alternativa? El “federalismo” que es como decir, “vamos a romper lo que ya existe y luego con sus partes, creamos una federación en la que cada parte es independiente pero en realidad no lo sea…”, ante lo que cabe responder, hijo, cada vez me gustas más por lo bien que te expresas. Ya sólo falta, por supuesto, que alguien recuerde que en el programa del PSC todavía está aquello del “federalismo asimétrico” maragallano.

En cuanto a la galaxia podemita catalana, hay de todo y su contrario y su actitud no es más que una prolongación de las dudas hamletianas del PSC. El grupo de la Colau no sabe ni que decir ante un tema que no va con ellos y bastante tienen con el atentado yihadista de agosto (y los que se prevén en el horizonte), con el descenso del turismo a causa del proceso soberanista y están en camino de recuperar su fe religiosa rezando para que a nadie se le escape un tiro, ni haya algún saqueo que pudiera salir en primera página de la prensa mundial. Sería lamentable que cuando apenas faltan cinco años para concluir ese monumento al kitsch y al mal gusto que es la Sagrada Familia, no hubiera visitantes para horrorizarse antes de que lo tire por los suelos un atentado perpetrado por yihadistas subsidiados. Los podemitas catalanes, como los socialistas de ayer, carecen de proyecto e irán improvisando sobre la marcha: viéndose arrastrados por unas circunstancias que no controlan, sin iniciativa y sin brújula. Eso es todo.

LA DERECHA CATALANISTA

Primero: no existe. Segundo: existía en 1978, tocó el cielo con el pujolato y se la pegó en su caída. Todos los intentos de la derecha española por sacrificar al PP catalán y constituir una especie de “Lliga Regionalista” rediviva, fracasason y esto por una buena razón: las condiciones que se daban en el primer tercio del siglo XX ya no se repetían a partir de 1976. La percepción histórica que se tenía desde Madrid era el de la existencia de un “catalanismo moderado” que no quería romper con España y que colaboraría en la gobernabilidad del Estado si éste le daba manos libres en Cataluña. Pujol (que por cierto no era Cambó) se benefició extraordinariamente de este mito madrileño que no tenía en cuenta lo que había pasado en los cuarenta años anteriores: en lugar de haberse aplicado la idea “tradicionalista” (Dios, Patria, FUEROS, Rey), o incluso la “joseantoniana” (expresada en el artículo sobre la Gaita y la Lira, con la muy razonable diferencia entre lo “espontáneo” y lo “difícil” que, a fin de cuentas, no eran contradictorios, sino que los presentaba como integrables), se aplicó en aquellos años un extraño jacobinismo que no pertenecía a la tradición política de la que se reclamaban los vencedores, ni siquiera al del grupo minoritario alfonsino de Renovación Española, sino, más bien, al rudo imaginario castrense. Se olvidaba también la influencia que había tenido en el pensamiento de Cambó o de Prat de la Riba, la figura de Maurras cuyos conceptos fueron decisivos tanto en los carlistas como en los alfonsinos y joseantonianos.

Se confundió el “catalanismo regionalista” con la nefasta gestión de Companys al frente de la Generalitat, el total vacío de poder que se produjo a partir del 18 de julio de 1936 que tuvo dos dramas capitales, en los fusilamientos posteriores al 18 de julio y en la guerra civil en la guerra civil en marzo de 1937… “incidentes” en todos los cuales estuvo ausente el independentismo que, simplemente desapareció desde 1936 hasta la última fase del franquismo. Pagó la cultura catalana que durante 40 años no estuvo prohibida, pero tampoco subvencionada.

Pujol, literalmente, engañó a sus interlocutores madrileños que, en los años de la transición, lo ignoraban todo de la historia política de Cataluña: se presentó como el portavoz del “nacionalismo moderado”… cuando su proyecto era –y hoy lo sospechamos– independentista desde el principio. De hecho, el entorno de Pujol ya había intentado en 1971-72 crear algo parecido a una ETA catalana, en lo que fue el Front d’Alliberament de Catalunya, desarticulado en 1973 y que no llegó muy lejos. Era la vieja estrategia de: “los radicales son estos, yo soy el moderado, así que negociad conmigo”.

A fin de cuentas, Pujol no engañó salvo a los que querían ser engañados y querían creer que el Estado de las Autonomías iba a ser el remedio a un problema mucho más complejo; si se hubieran fijado en el título que Pujol daba a su doctrina, “nacionalismo catalán”, hubieran debido sospechar hacia dónde tendía: nacionalismo indica que se defiende la existencia de una “nación” y que esa nación para serlo plenamente, precisa de un Estado. Las aguas y los problemas no resueltos de la transición de 1978 dieron como resultado los lodos actuales que algunos, como De Guindos, quieren prolongar como sea proponiendo, una mayor autonomía fiscal en Cataluña y un mejor concierto económico a cambio de olvidar la idea del referéndum. La misma ceguera de Suárez en 1978 es la de De Guindos en 2017. Nada nuevo bajo el sol.

La diferencia es que en 1978 las caretas estaban puestas: el nacionalismo se presentaba como “colaboracionista” y “moderado”, consciente de que era preciso recatalanizar el país, disponer de medios de comunicación propios y de una estructura de “pre–Estado” (la generalitat) que preparara las condiciones para la independencia. Hoy, las caretas están quitadas: ya no caben términos medios, sino valor para afrontar las realidades y estas son: que el Estado Español es inexistente en Cataluña más allá del texto constitucional.

Una parte de la población catalana, ganada por la publicidad machacona y por la catalanización forzada realizada desde 1978, quiere ser independiente; otra se sigue sintiendo más vinculada a “la España constitucional” (sea lo que sea que representa esa idea) y otro sector, acaso mayoritario, le tiene todo esto al fresco. Así pues, desengáñense quienes creen lo contrario: no existen soluciones para la actual situación, al menos soluciones definitivas, consensuadas y que no generen más problemas a la vuelta de unos años: una Cataluña independiente no podrá soportar en NINGUNA CIRCUNSTANCIA la presión del islam que es hoy una realidad en la Cataluña construida durante el pujolato y sus sucesores, con el visto bueno de Aznar y ZP. Tampoco las escuelas y los medios de comunicación catalanes darán nunca una visión de la propia historia y de “España” menos acorde con el ideario nacionalista. Estas situaciones –lamentablemente, insisto- solamente tienen una salida definitiva: cuando una parte, la que sea, aplasta completamente a la otra y le disuade de emprender nuevas aventuras. Indudablemente, las dos partes en litigio, carecen de fuerza, prestigio, decisión, autoridad y valor para afrontar la “solución final”. Por eso digo que esta situación se enquistará y carecerá de salida.

Por otra parte, resulta difícil llegar más allá de donde han llegado los estatutos de autonomía. Y, finalmente, para colmo, las fuerzas sociales que buscan la independencia ya no son las mismas que alumbraron al nacionalismo catalán del primer tercio del siglo XX y que lo han controlado hasta finales de los 90. Hoy son solamente borrokas de la CUP, población rural y periférica votante de ERC y la casta funcionarial y clientelar creada por la Generalitat. Estos grupos tienen poco que ver en sus intereses, en su estado de ánimo, en sus objetivos e incluso en su influencia.

LOS LOGROS DEL TÁNDEM MAS–PUCHI

La sociedad catalana es una sociedad atomizada: no existen partidos homogéneos y monolíticos, cada fuerza política con presencia parlamentaria está a su vez dividida interiormente en capillas, fracciones, tendencias, “colectivos”, federados y/o confederados, a veces sólo apiñados, y con unos líderes que, muchas veces más que dirigir son empujados por unos o por otros, sin gran ascendiente sobre las masas y sin capacidad de controlarlas una vez puestas en la calle.

Cuando se produjo el llamado “otoño de las nacionalidades” en 1989 y la URSS permitió que se segregaran aquellas nacionalidades que lo desearan (Lituania, Letonia, Estonia y Moldavia) y contaran con el apoyo de 2/3 de la población, al menos se aceptaba cierto “consenso” necesario para justificar una ruptura y una independencia nacional… pero el tándem Mas–Puchi, no se ha enterado de que, como máximo tiene 1/3 de los apoyos, los estatalistas otro y la “opción mayoritaria” sigue siendo la de “no sabe – no contesta – a mí que me importa – y vete a paseo con el rollo”. Sin olvidar, claro está que, para colmo, a un 18-20% de la población catalana, de origen inmigrante, mira más hacia sus países de origen que hacia la Plaza de Sant Jaume y que solamente podría ser ganada para la causa nacionalistas (o españolista) si se comprara al peso su concurso. Porque, por mucho que la Generalitat crea, lo que ha comprado es la paz étnico–social–religiosa. Nada más.

Tal es el peripatetismo del mosaico catalán del que nadie parece hacerse eco, ni aparecer en ningún análisis de “politólogos”, “tertulianos”, “opinadores” o “enteraos”.

Y esto es lo peor porque, entre todos la mataron y ella sola se murió: ¿quién? El pueblo catalán, por supuesto. Lo que existe hoy en Cataluña, vamos a decirlo claramente, es una masa fracturada interiormente hasta lo indecible en divisiones verticales (derechas, izquierdas, no sabe–no contesta), horizontales (independentismo, españolismo, pasotismo), divisiones ideológicas (estatalismo-independentismo), transversales (partidos fraccionados interiormente, rivalidades y desigualdades locales a cascoporro, diferentes actitudes en la medida en que existen regiones con distintos grado de “catalanización” y, para colmo, como guinda traída por Pujol y Angel Colom, un millón y cuarto de islamistas que solamente quieren la fiesta del cordero, que se recojan sus derechos a celebrar el ramadán, a tener sus mezquitas y una existencia subvencionada que, a ver quién les dice, ahora, que si un mal día falta el dinero para ellos, que no se lo tomen a mal…).

Lo peor es que los líderes independentistas, las más de las veces arrastrados por sus partidarios más pedestres, han terminado creyendo que Cataluña podría ser independiente con un referéndum no reconocido ni por el Estado Español, ni por las instituciones europeas, y que bastaba para segregarse con un 0’1% de ventaja… Ahora, no se trata solo de decirles, “oye, es que las naciones se crean con consensos mucho mayores, no por los pelines” o aquello otro de “mira, no es por nada, pero con un 30–35% de gente que se expresa habitualmente en catalán, me temo que el techo del 50,01% os quedaría algo lejos”: el problema es que el dontancredismo de Rajoy les ha dado alas y ahora, no solamente creen que el referéndum del 1–O se celebrará –cuando cualquier persona razonable sabe que, por el momento, esa vía no va a prosperar– sino que, además, lo tienen ganado y que para el 2–O Cataluña ya va “desconectarse”…

Para colmo, las detenciones de dirigentes de la generalitat no han sido suficientemente explicadas por el Estado, se han hecho tarde, mal, y no es que jurídicamente no estuvieran justificadas, es que eran iniciativas demasiado tardías: si el referéndum es ilegal, quien lo promueve, claro está, entra en la ilegalidad: el pequeño matiz que se le escapa a los “doctrinarios del independentismo” es que si hoy Cataluña pertenece a una legalidad, para crear otra, hace falta un proceso según los cauces normales, en lugar de forzar la legalidad actual, instalarse en una legalidad paralela y, desde ella, armarse con otra lógica legal, mientras que lo que se escapa a los “patriotas constitucionales” es que si el referéndum era ilegal, no lo era ahora, sino hace siete años cuando empezó a plantearse…).

Yugular el referéndum independentista por la vía legal, hubiera tenido sus efectos hace unos años. Hoy ya no. Y lo único que ha logrado ha sido generar una mayor tensión en la calle que veremos hasta dónde llega.

Hoy no puede excluirse ninguna hipótesis de futuro salvo una: esto no acaba aquí. Esta crisis ya no tiene vuelta atrás: ni el Estado va a poder seguir vendiendo ese fraude faraónico del Estado de la Autonomías como un “gran logro democrático”, sino que el invento recupera su carácter inviable económicamente y centrífugo; ni tampoco el independentismo va a resolver nada incluso en la remota hipótesis de que lograra su objetivo, porque luego, queda la pregunta que los independentistas no quieres oir: ¿y mañana qué? ¿negociar con la UE, negociación que España vetaría y que encontraría en Francia y Alemania una oposición aún mayor? ¿poner el culo, literalmente, ante Qatar, las monarquías del golfo, configurarse como paraíso fiscal y sede de los negocios de individuos repugnantes a lo Soros, negociar con la Liga Árabe la formación del primer Estado occidental que reconociera al Islam como religión privilegiada por delante de cualquier otra? Sin olvidar los miles de personas, de negocios, de sedes sociales, que abandonarían Cataluña en el momento mismo de la independencia y las promesas que deberían afrontar los promotores de la independencia cuando se encontrarán con un “pequeño problema de tesorería”, demandas internacionales y una situación revuelta tanto en el interior de Cataluña como en el exterior: es lo que pasa cuando no se tiene un consenso y se cree en la ficción de que basta con un 0’1% de ventaja para crear una nación.

UN CONSEJO A UNOS Y OTROS

Los que nos declaramos ajenos al “patriotismo constitucional” y permanecemos alejados del independentismo, somos perfectamente conscientes de que esto no va con nosotros. Personalmente creo que Cataluña no tiene remedio y que es la vanguardia de la desintegración de España en el sentido de que Cataluña refleja la atomización política y social de España. Nada más.

Aquí hay tanta corrupción como en Madrid. Aquí hay una ceguera ante el problema de la inmigración como la que hay en Madrid o en Andalucía. Aquí hay una casta política desaprensiva, ambiciosa y sin escrúpulos, sin categoría, nivel, ni preparación, tanto como puede haberla en cualquier otro lugar de España. Aquí hay una partitocracia como la hay en Madrid y la habrá en una Cataluña independiente o vinculada al Estado o comiendo de la mano de Soros o de las monarquías del Golfo Pérsico. Aquí hay una brecha entre la Cataluña real y la Cataluña de las oficinas y delegaciones de la Generalitat, como hay una brecha entre la España real de la gente que cada día se levanta para vivir, trabajar, ser feliz y la España legal de los ministerios, los gurteles y las corruptelas. Aquí y en Madrid se oculta que la globalización es el gran problema del país. ¿Es que no habéis mirado cómo está la sociedad catalana, es que no la habéis comparado con la que hay en Madrid, Valencia, Espartiñas, Lugo o Sabiñanigo y no os habéis dado cuenta que es una sociedad que comparte los mismos problemas de hundimiento del sistema educativo, hundimiento próximo del sistema de pensiones, hundimiento de la sanidad, hundimiento de las estructuras tradicionales, hundimiento de las costumbres, culto a la corrección política, política del avestruz ante los problemas reales? ¡¡¡Para que ahora vengan los Puchi, los Junqueras y demás y me digan que todo esto se resolverá con un… pasaporte y un DNI catalán!!!

Diré incluso algo más: soy completamente indiferente al proceso soberanista, pero también afirmo públicamente que no existe gran diferencia en apoyar al “patriotismo constitucional” o en apoyar las promesas de los independentistas. Ambas son dos demostraciones válidas para gentes que creen en Papa Noel o que no se han enterado que los Reyes Magos son los papás y que, en definitiva, no tienen valor, capacidad, ni imaginación para mirar cara a cara a las realidades. Los que tenemos algo de espíritu crítico, sabemos que hay problemas mucho más acuciantes y graves que el referéndum del 1–O. El mito construido por los independentistas, no es mi mito.

No me pidáis que lo apoye, como no me pidáis que apoye a los que ni siquiera tienen el valor decir que una “patria” está por encima de las constituciones. Miro lo que me rodea, oigo la televisión, leo los informativos, cuando viajo por España miro y me digo: si esta es España, como patria no va. En una República Catalana no creo, simplemente. Pero esta España, lo lamento, pero no me va: está ya demasiado rota y descompuesta como para zurcirla y decir “aquí no ha pasado nada”. Ha pasado que estamos ante un fracaso histórico. Recuerdo a Ramiro Ledesma, sin duda, uno de los intelectuales más profundos y olvidados que dio el siglo anterior y que resumió así el último siglo y medio de la historia de España: Fracaso de la España tradicional, fracaso de la España subversiva (ambas en sus luchas del siglo XIX), fracaso de la Restauración (Monarquía constitucional), fracaso de la dictadura militar de Primo de Rivera, fracaso de la República…”, a lo que cabría añadir: Fracaso del franquismo, fracaso de la España constitucional, fracaso sobre fracaso y verdadera pirámide de fracasos sobre la que ya resulta imposible asentar nada sólido, ni en su conjunto, ni ninguna de sus partes.

Es triste reconocerlo, pero si abrís los ojos, fuera de vuestras filias y de vuestras fobias y miráis la España que os rodea (de la que Cataluña forma parte), veréis que el panorama es desolador y no existe ningún motivo para  el optimismo, por mucho que independentistas y constitucionalistas estén cegados por sus propias mentirijillas. Por eso, si tengo que dar un consejo a la clase política, les diría: no molestéis más, no importunéis más a las buenas gentes que solamente queremos una vida honesta, tranquila y agradable, confundiendo las defensas de vuestros intereses con los intereses de todos nosotros.

Lo digo porque, la división empieza a sentirse en la sociedad catalana: los grupos de amigos, ya se están rompiendo, los que hasta hace poco se llevaban bien, ya discuten viva y airadamente, envenenados por aventureros políticos y dontancredos de la vida, los vecinos ya empiezan a recelar del que toca la cacerola de 22:00 a 22:05 y de quién no la toca. La mayoría de la gente, a la que todo esto le importa una higa, empieza a preocuparse por el qué ocurrirá mañana. Es otra muestra de la atomización de la sociedad catalana.

Hace siete años, cuando empezó todo esto, creía sinceramente que se cerraría con una negociación por ambas partes (Estado y Generalitat), hoy sólo estoy seguro de algo: de que en cualquier momento puede saltar la chispa que de lo “irreversible” pase a lo “irremediable”. Basta para ello que a algún borroka se le escape algún coctel molotov, que a un Guardia Civil o a un Mosso le intenten robar un arma y dispare, que una masa puesta en la calle, sin dirigentes capaces por ningún lado, sin saber qué hacer, termine desbordando cualquier cauce o que un gobierno sin personalidad –en Madrid o en plaza de Sant Jaume– se lance a una aventura irreparable. Lo triste es constatar que, cada día un poco más, la convivencia en el interior de Cataluña se va degradando más y más y más.

Se me acusará de pesimista: realista, más bien. Porque realismo es reconocer que esta situación no tiene ni salida para delante, ni salida para atrás. Felicitaciones a todos los políticos irresponsables que habéis llevado a Cataluña y a España al punto en el que se encuentra hoy. No podíais haberlo hecho peor. Unos y otros. Todos. Compraros cinco euros de democracia y perderos.

 

DETENCIONES.cat

DETENCIONES.cat

El choque de trenes se ha producido, finalmente. El misterio de cómo iba a afrontar Rajoy el feo asunto del independentismo catalán, ha quedado resuelto. Lo que se ha llamado “el núcleo duro” del independentismo se prepara en estos momentos para prestar declaración ante el juzgado de guardia. Luego está el numerito de ayer en Gerona que apuntaba directamente contra Puigdemont (allí la corruptela del 3% seguía durante el tiempo en el que “Puchi” fue alcalde, a través de los precios abusivos cobrados por la compañía de aguas… presuntamente, claro está, más de lo mismo seguramente).

A día de ayer el referéndum podía considerarse desarticulado y se hubiera quedado en algo así como un 9–N reducido, sin urnas, en mesas plegables, con papeletas impresas en casa, en fin… Que esto se ha acabado y ahora falta saber, si el propio Puigdemont y Junqueras seguirán. Mal asunto porque, aunque la cosa no termine en penas de prisión, alguien tendrá que devolver el dinero empleado en la preparación del referéndum (y son muchos, muchos, muchos millones de euros). Después de estudiarlo mucho, Rajoy ha tirado finalmente por la vía de “tocarles los bolsillos”. Ya se vio con los cuatro o cinco millones que le cayeron a Artur Mas: “Si pago, me van a dejar sin nada”… y si no pagas te van a embargar todo lo que tienes a tu nombre… Y eso es lo que les va a pasar a todos estos detenidos hoy.

LOS TRES GRUPOS SOCIALES QUE APOYAN AL INDEPENDENTISMO

Queda por esperar la “respuesta popular”. Me temo que Rajoy se quedará solo respaldado solamente por Ribera, con Sánchez en fuera de juego sin querer mojarse y Podemos lanzando invectivas en contra. De todas formas, es significativo que la gente que protestaba esta mañana en las consellerías ¡eran funcionarios de esas mismas consellerías! Porque, esto, no lo olvidemos –y parece que se olvida– es “Cataluña”. Aquí, lo que les preocupa a los funcionarios es que el día 31 no reciban su nómina.

Esto me lleva a apuntar una diferencia histórica entre esto que se ha llamado “proceso soberanista” y el nacionalismo histórica catalán. Vamos a ver: el pueblo en el que vivo, el pasado 11–S estaba desierto. Un 25% se había ido a la manifestación. Las estaciones de acceso a los lugares de la manifestación estaban saturados de gente hasta altas horas de la noche y desde primeras horas del día. ¡Cuántas masas! Sí, muchas, pero la mayoría venidas de pueblos. Porque es ahí en donde reside lo esencial del electorado de ERC: población rural, población de zonas costeras, especialmente de Gerona.

Luego está el otro contingente independentistas: los “borrokas”, gente joven, productos de la LOGSE y de su aplicación en Cataluña, salidos de la inmersión lingüística y de tener que convivir con un 25–35% (a veces un 90%) de alumnos llegados con la inmigración. Estos, forman el otro grupo social de apoyo al independentismo: los incapaces de reconocer al “enemigo”, con poca capacidad analítica para establecer estrategias, ideas generales radicales independentistas, mucho corazón, poco cerebro y algo de testosterona aplacada por el porro.

Y luego está, finalmente, las clases funcionariales y clientelares creadas en torno a casi 40 años de gobierno nacionalista de la Generalitat: siempre hemos dicho que Andalucía era la comunidad que más se parecía a Cataluña, por muchos motivos, especialmente por el número de funcionarios autonómicos. En sí mismos, estos constituyen otro grupo de apoyo al independentismo: creen que su situación mejorará con la independencia porque sus jefes de negociado les han dicho que les subirán el sueldo, lo que para un funcionario es estímulo mayor que cualquier otro. Estos son los apoyos sociales del independentismo.

ESTE NO ES EL NACIONALISMO DE TODA LA VIDA

Es evidente que antes, el nacionalismo catalán era la expresión de los intereses de la alta burguesía industrial, incluso que el mismo nacionalismo surgió como respuesta al riesgo de que el gobierno de Madrid a mediados del XIX, aboliera las medidas proteccionistas que garantizaban la prosperidad de la alta burguesía industrial catalana. El nacionalismo ha tenido en ese grupo social a su principal impulsor. Y, de hecho, los Codorniu y alguna otra saga familiar, siguen en las mismas posiciones.

En realidad, de esto queda muy poco y su partido (CiU) ya hace tiempo que ha dejado de existir. Han quedado superados por el devenir histórico del capitalismo: ya no existe una “burguesía industrial” en Cataluña (fuera de unas pocas excepiones), lo que existe es una aristocracia económica que invierte en bolsas internacionales y lleva su dinero a “países refugio”. Su deserción ha dejado el campo libre a borrokas, “gent de poble” de ERC y funcionarios de la generalitat.

NO PERDER LA PERSPECTIVA. EL ORIGEN DE ACTUAL PROCESO

El proceso independentista se inició oficialmente porque la “vía del Estatut” estaba agotada y el Tribunal Constitucional tumbó lo esencial de “nou Estatut”. En realidad, esto es una falacia: la vía independentista nace cuando se dan dos circunstancias en la política española: la aparición de Ciudadanos y de Podemos como fuerzas parlamentarias que superan en número y anulan la capacidad que tuvo CiU durante 35 años de decidir a quién apoyaba en Madrid, cuando el PP o el PSOE no obtenían mayoría absoluta. Esto les daba amplio margen de tolerancia para ir larvando sus redes de corrupciones (el 3%).

El pacto con el PP y/o con el PSOE era “impunidad y manos libres en Cataluña a cambio de apoyo catalán en Madrid”. Era el resultado del “bipartidismo imperfecto”. La entrada de C’s y de Podemos en juego, destruyó el juego constitucional aprobado en 1978. Los “catalanes” se arriesgaban a ser una fuerza irrelevante en Madrid.

El otro factor que desencadenó el proceso soberanista, está unido a éste: CiU tenía demasiados “muertos” en el armario. Muertos económicos, se entiende. Si ya no era un factor decisivo para la gobernabilidad del Estado, esto quería decir que sus dirigentes históricos quedaban “expuestos” a la represión por sus corruptelas. Esto era todo y por esto se desencadenó el soberanismo.

LA GENERALITAT DE LOS MANTEROS

Ahora, como se suele decir, viene “el tío paco con la rebaja”. No sé por qué cuando pienso en los detenidos de hoy y en las protestas, recuerdo que en Madrid hace quince días la policía intentó detener a unos manteros negros en la Puerta del Sol. Vamos a ver ¿cómo carajo pueden entender unos manteros negros que llevan veinte años colocando sus mantas en no importa dónde, que esa actividad es ilegal? La han hecho durante tanto tiempo y sin que nadie se lo impidiera que en su subconsciente colectivo, realizar esta actividad ilegal era tan justo como recibir el subsidio habitual de 426 euros por “estar” y la ayuda de 250 euros por pago de alquiler…

Análogamente, durante 25 años, la Generalidad ha hecho, literalmente, lo que le ha dado la gana en todos los terrenos, ha empleado presupuestos para sus caprichos faraónicos: y hoy, 20 de septiembre, Rajoy les ha dado, inesperadamente, el alto judicial; la Generalitat ha utilizado el dinero público para crear medios de comunicación que comían de su mano, en los últimos siete años, los presupuestos públicos de la Generalitat han tenido partidas que iban en dirección a la promoción del independentismo, en decenas de pueblos catalanes se ha colocado a la entrada y a la salida una bandera que ni es de la Generalitat, ni de Cataluña, ni de nada más que del independentismo y se les ha permitido realizar dos simulacros de referéndum con fondos públicos y preparar un tercero aún más ambicioso, sin que nadie pidiera responsabilidades de nada; los independentistas mismos, a despecho de la realidad sociológica de Cataluña, ya daban por sentado que si había “referendo”, daría un resultado positivo a la independencia, algo que está muy lejos de ser cierto. Cualquier otro resultado no les hubiera satisfecho…

¿Cómo después de tanto tiempo de actuar con las manos libres y de dejación de funciones por parte del Estado, de creerse la Generalitat un “Estado” en sí mismo y actuaba como tal, iba a ahora a aceptar que no era nada más que una “entidad colaboradora” del Estado en la gobernabilidad de la Nación y poco más…? Y eso es lo que la Generalitat no puede soportar: ser tratada en igualdad de condiciones que cualquier otra autonomía. De ahí el “federalismo asimétrico” de Maragall: todos “federados”, pero Cataluña no tan “federada” como La Rioja o Asturias… La Generalitat se había habituado a su “excepcionalidad” en la política española y a que se le tolerasen leyes casi de excepción (lingüísticas sobre todo) y aspiraba a más… Como los manteros, a pesar de estar instalada en interpretaciones de la legalidad cuestionables, se había habituado. Y el problema era que quería más…  

UNA TORMENTA EN UNA PALANGANA

En el momento de escribir estas líneas hay una manifestación de apoyo a los detenidos. En las Ramblas. El problema es que lo esencial del independentismo no está en Barcelona (ahí solamente tienen capacidad de movilización el funcionariado, la gente de ERC está en la periferia y cuesta traerla a BCN y los borrokas organizados son grupos muy modestos en número). Todo parece que va a terminar siendo una tormenta en un vaso de agua.

Hoy, acompañando a un querido amigo que llegaba de Madrid, he tenido que ir por zonas turísticas (Parque de Güell, Sagrada Familia, Tibidabo…). Los efectos del atentado terrorista del pasado 17 de agosto, se perciben claramente: la temporada turística sigue pero se ha registrado un bajón visible de visitantes. Si en esta manifestación o en las que seguirán, se producen incidentes y  se llega a estallidos de violencia o la crisis se exterioriza en los medios de comunicación extranjeros, el turismo se detendrá en seco en BCN: y Barcelona vive hoy, solamente, del turismo. Uno de los escenarios de la próxima novela de Dan Brown es, precisamente, Barcelona y todo induce a pensar que “alguien” (en la Gencat o el Ayuntamiento) han pagado para que este controvertido autor situara la trama en la Ciudad Condal. Es la esperanza que tienen las autoridades catalanas de revitalizar el turismo que este año ha quedado algo tocado por las protestas vecinales y el atentado islamista.

Lo que he visto hoy en Barcelona era indiferencia entre la población: a fin de cuentas ¿a quién le interesa que 14 altos cargos de la Gencat hayan resultado detenidos? A ellos, a sus familiares, a sus estructuras clientelares y poco más… Habrá protestas porque el dontancredismo de Rajoy les ha dejado llegar muy lejos, pero, apostaría a que se tratará de tormentas en vasos de agua o, como máximo, en palanganas. No he visto ni entre los pasajeros de los medios de transporte, ni entre libreros, ni entre taxistas, ni entre en los edificios de la ciudad, ni efusiones de banderas nacionalistas, ni conversaciones sobre las detenciones. Creo que no me había equivocado al pronosticar que tanta insistencia en el asunto del referéndum y durante tanto tiempo, finalmente, terminaría en una indiferencia total de la población… salvo del sector independentista que no es superior al 30–35% del total que corresponde a los porcentajes de población que SÓLO se expresan en catalán.

¡DEJAR DE DAR LA BRASA, PELMAZOS!

En 1934, Companys se sublevó de común acuerdo con los socialistas. Asturias resistió unas semanas, se sabe lo que ocurrió en Cataluña. Esto de ahora es mucho menos dramático. En primer lugar porque el tiempo en el que se formaban naciones ya ha quedado muy atrás (en los años 80). Hoy en ningún país europeo, salvo pequeñas minorías regionales, nadie está por la independencia. Incluso los independentistas flamencos han variado sus planteamientos y otro tanto ha hecho la Lega Nord. Bastantes problemas tiene Europa intentando coordinar docena y media de naciones para que se inicie un proceso de fragmentación a escala continental a partir de Cataluña. Aquí esperamos que no haya tiros, ni más detenidos que los 14 altos cargos que sabían lo que se jugaban y debían de conocer que estaban instalados en la ilegalidad desde el punto de vista del Estado. Se habían creído que Cataluña ya era independiente y que ellos eran la única legalidad. Error de cálculo que pagarán de su bolsillo, porque está claro que Montoro no les  va a dejar pagar con fondos desviados de la Generalitat. Claro está que la justicia es como el timón (“hacia donde se le da, gira”), pero hoy por hoy, no existen condiciones para que borrokas, funcionarios y “gent de poble” funden una nación que nadie, absolutamente nadie en Europa, quiere ver independizada y llamando a las puertas…

La ficción independentista, alimentada incansablemente y desde 2003 en su imaginario colectivo, es que obteniendo el 50’01% en un referéndum (con un 50% de abstenciones más o menos), y frente a un 49’99%... eso ya permitía la creación de una nación independiente. Pobrets. Si para reformar la constitución hacen falta 2/3 de los diputados ¿para crear una nación bastará con un escuálido porcentaje en una consulta electoral que, en el fondo, no es más que la fotografía del electorado en un momento concreto? ¿No es más razonable pensar que una nación nace de un CONSENSO… que en el caso de Cataluña es imposible? La Nación es algo más que esa fotografía electoral y nunca, una nación se ha creado después de un referéndum sino que una nación es un proyecto, una secuencia histórica y un destino. Y el problema del nacionalismo catalán es que su horizonte se termina en la declaración de independencia. Desde Carod Rovira, da la sensación de que lo que venga luego les trae, literalmente al fresco: tanto si esa nueva nación la compra al peso Qatar, como si se convierte en el paraíso fiscal para los negocios de Soros o, lo más probable, pasa a ser en apenas 20 años, el primer país europeo de la Liga Árabe.

La Gencat en su campaña ha intentado demostrar que científicos, gente seria, profesionales reputados, políticos internacionales, grandes nombres de la ciencia y de la cultura, estaban con su proyecto soberanista. Se han llevado un buen chasco. Los apoyos han sido mucho menores de los esperados. Romeva ha podido saludar a una serie de secundones en la política internacional y el único ex de los EEUU con el que ha podido fotografiarse es un decrépito Jimmy Carter del que ya nadie se acuerda. En Europa les ha ido peor y en Cataluña, la recluta de notables ha sido floja. Los medios de comunicación de la Generalitat son seguidos por “gent de poble” y, es, por tanto, en los pueblos en donde hay más acumulación de banderas independentistas. No en Barcelona, desde luego.

VICTIMIZACIÓN SÍ… PERO SIN MERMAS PATRIMONIALES

El nacionalismo catalán siempre se ha movido bien en los terrenos de la victimización. Seguirá así. El problema es que va siendo hora de que el discurso nacionalista que dura ya 40 años, cansa y aburre a los que no somos nacionalistas, dé paso a un discurso mucho más realista y anclado en el siglo XXI. Lo plantearé claramente: el gran enemigo de los “pueblos” (el catalán, el español, el europeo) es la globalización y el mundialismo, y du doctrina de lo políticamente correcto y del “pensamiento único”. Ante estos problemas, los Estados Nacionales actuales ya constituidos son barricadas para cerrar el paso a este adversario y lo son porque poseen estructuras de poder, legislación, servicios de seguridad del Estado, etc. Lo que resulta absurdo es tratar de desmontar estos Estados Nacionales, creando microestados cada uno de los cuales es tan débil que no puede afrontar ni siquiera a sus propios enemigos internos (y al hablar de enemigo interior en Cataluña me estoy refiriendo claramente al radicalismo islámico).

Confundir “democracia” con “referéndum” es la gran trampa que ha planteado el independentismo. Y lo que es peor: ha dado por sentado que esa consulta daría un resultado positivo a la independencia… cuando, como en los referéndums de los años 40–60 en España, la oposición al independentismo no ha tenido acceso en igualdad de condiciones y durante décadas a los medios de comunicación oficiales y cuando durante cuarenta años la generalitat ha tratado de “catalanizar” la sociedad de esta región, la ha tratado de “desespañolizar” y aquí, lo triste es que su único logro ha sido que las nuevas generaciones hablen mal castellano y hablen un mal catalán. Incluso ha logrado lo que parecía imposible, que incluso los jóvenes magrebíes ¡hablen un mal árabe!

Y A TODO ESTO ¿QUÉ PASA CON “ESPAÑA”?

Y ahora vamos a hablar del Estado Español: desde el “café para todos” el Estado Español ha dejado prácticamente de existir. España es la única nación europea que carece de “historia nacional”. Simplemente no se enseña en las escuelas porque en cada autonomía se enseña una historia regional, habitualmente de pa sucat amb oli, como se dice en Cataluña. Y lo que es peor: el Estado Español y sus 17 autonomías están unidas por un único lazo, la corrupción. No lo busquéis, porque no hay otro. De la misma forma que en tiempos de la restauración, lo que unía a este país era el caciquismo, ahora en todas las autonomías –más o menos, que en todo hay grados– la corrupción está presente.

Otro elemento común: en los años 80, se produjo una caída en picado del prestigio y de la calidad de la clase política, desde entonces se han producido dos fenómenos: la brecha entre la España oficial y la España real ha ido ampliándose y el nivel cultural, técnico y moral de la clase política ha ido rebajándose hasta extremos próximos a la indigencia. Y esto ocurre en Cataluña y ocurre en Andalucía, y, por supuesto, ocurre en Madrid. Porque aquí, querido amigos, aquí no se salva ni dios. Este país (España – Cataluña) tiene lo que se merece: un pueblo pusilánime e indolente que ha elegido a una clase política de corruptos, amorales, psicópatas e ignorantes. En el Estado y en la Gencat.

¿Cúmplase la ley? Bien, pero es que se tenía que haber cumplido desde el destrozo de Banca Catalana y cuando se tuvo noticias allá por los 80 de las corruptelas del clan Pujol, incluida la madre superiora, que ya contrataba a inmigrantes ilegales en sus plantaciones de flores de Premiá… ¡cuando casi no había ni siquiera ilegales! De momento hay 14 “pringados” cuyo patrimonio peligra. Su independencia, sus exacciones, su problema... Que no nos compliquen más la vida, ni unos ni otros.