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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

La conferencia socialista: eso es el PSOE. Eso es ZP

La conferencia socialista: eso es el PSOE. Eso es ZP

Infokrisis.- La clausura de la "Conferencia Socialista" celebrada el fin de semana en Madrid ha evidenciado aquello en lo que se ha convertido este partido: una amalgama de mediocridad, oportunismo, superficialidad y teatralidad. ¡Y pensar que esta conferencia debía "aportar nuevas ideas". La única "nueva idea" ha sido acusar al PP de ser "de extrema-derecha" y negar legitimidad al "revisionismo" histórico (o sea el derecho a aportar versiones "no oficiales, tanto en el tema de la guerra civil como del 11-M)...

La “imagen” del PSOE y la realidad

El PSOE es la quintaesencia de la modernidad y la modernidad es un canto a la vacuidad. El PSOE no “es” un partido: es la “imagen” de un partido. La “imagen” es una forma de contracción de la realidad, no la realidad en sí misma. Es un reflejo de la realidad lo que se quiere representar, más que la realidad objetiva. El PSOE quiere ser un partido “moderno”, un partido “responsable”, un partido “tolerante”, “abierto” y “honesto”, un partido “que piensa en el futuro”. Pero el PSOE no es eso: es, justamente, lo contrario a eso.

Es un partido que esgrime, como único título de legitimidad, a Pablo Iglesias, no a los “chirivís”, las milicias criminales y asesinas de las Juventudes Sociales en la pre-guerra, el golpe de Estado de Asturias en el 34 y sus “vacaciones” durante los 40 años de franquismo. Esa es su “modernidad”, además de esa “O” de “obrero” que cada día es una verdadera ofensa y un insulto a los trabajadores.

El PSOE no es un partido “tolerante”. Basta que alguien cuestione algunos de los tópicos en los que se mueve para que reaccione histéricamente. De hecho, el PSOE ha asumido los rasgos tópicos de homosexuales: las reacciones histéricas y enloquecidas cuando se les lleva la contraria o no se les deja realizar su voluntad. La “tolerancia” del PSOE, y de ZP en concreto, es solamente un eslogan electoral y está muy lejos de ser una práctica viva y vivida. El PSOE ha reaccionado “histéricamente” cuando alguien ha cuestionado la “versión oficial” sobre los atentados del 11-M, lo ha vuelto a hacer cuando ha enaltecido a criminales de la tercera edad, asesinos con 70 años de crímenes a sus espaldas, o cuando media Galicia ha ardido y la falta de respuestas ha resucitado el “nunca mais”. Y son sólo unos ejemplos: el PSOE tiene hoy la mentalidad de un niño inmaduro y egoísta, que no tolera que nadie le niegue estar pendiente de él y mucho menos ser críticos con su “brillante” gestión.

El PSOE es cada vez menos un partido democrático. El PSOE es una de las columnas sobre las que se mantiene el sistema de partidos en España. Ese sistema, hoy, suscita cada vez menos el esfuerzo del elector para acercarse a la mesa electoral. El abstencionismo es siempre creciente y, lo que es peor, también lo es el número de votos nulos y en blanco. Las dos últimas consultas electorales (el referéndum sobre el Estatuto de Catalunya y el referéndum sobre la Constitución Europea)  dejaron en casa a algo más del 50% de los electores. Por lo demás, en el programa del PSOE no hemos visto ninguna alusión a las listas abiertas en las elecciones. Las “primarias” fueron un eslogan más del que nadie se acuerda ya. El PSOE, en tanto que primer beneficiario de la mala calidad de la democracia española, no está dispuesto a reformar algo que, directamente, le favorece ¡y de qué manera! Ni referendos por iniciativa popular, ni listas abiertas, ni reforma del sistema electoral, ni ley de partidos clara en relación a la financiación, ni código ético en las campañas electorales… El PSOE es el primer interesado en que nuestro sistema democrático sea cualitativamente pura basura.

El PSOE no es un partido “responsable”. Día a día, la gestión de gobierno demuestra hasta qué punto la situación creada va a pesar como una losa sobre las generaciones venideras:  los previsibles resultados del “diálogo de paz”, la inmigración masiva y el efecto llamada, la reforma de la ley de educación, la abolición del Plan Hidrológico y la absurda opción de la desaladoras, la ausencia de una política energética e hídrica, el Estatuto de Catalunya que ha arrastrado reformas increíbles de otros Estatutos, el “guerracivilismo” desatado por ZP… todo esto es algo más que titulares polémicos en el día a día: crea una situación que proyectará su sombra nefasta durante décadas. En realidad no podemos hablar de un “partido responsable”, sino de una “banda de irresponsables” que tiene el poder desde el 14-M.

Y, por supuesto, si algo no es el PSOE es un “partido honesto”. Hoy parece como si la “Operación Malaya” hubiera “limpiado” la cara a los partidos políticos y la corrupción municipal hubiera desaparecido. No es así: toda España es Marbella; si se ha elegido Marbella como blanco para una operación policial es, solamente, porque allí ninguno de los partidos mayoritarios está comprometido con la corrupción –si olvidamos, naturalmente, que los inicios de la corrupción en la Marbella anterior a Gil fue gestionada por el PSOE, o si olvidamos también que algunos de los procesados hoy fueron en su momento “militantes” del PSOE- y el peso de los desmanes ha recaído desde hace 15 años en excrecencias independientes de las grandes fuerzas políticas. Si sigue habiendo navajazos para figurar en las listas municipales, en todos los partidos, es precisamente porque existe absoluta impunidad para recalificar, aprobar planes urbanísticos y favorecer a “los amigos”. Y no hay ningún partido entre los mayoritarios que esté libre de sospecha.

Todo esto es el PSOE y no hemos visto nada de todo esto en la “conferencia socialista” del fin de semana.

Más forma que fondo

De hecho, esta conferencia socialista ha sido un canto a la vacuidad. El PSOE ha querido que el centro de atención sea su “nueva televisión” (apenas un recurso de Internet). Hemos visto a los socialistas jugar como niños con un videojuego, ante las pantallas de televisión de la conferencia, intentando simular interés ante los programas de TeleZP…

Por otra parte, la ambientación de la conferencia ha cuidado todos los detalles: los colores del fondo (claros), la distribución de la mesa (ya que no había posibilidades de colocar a jóvenes agitando banderas del partido), el color de la americana de ZP (sin corbata y color crudo)… La empresa de marketing ha salido airosa de la prueba y ha conseguido realizar un spot electoral de dos días cuya única intención es vender bien el producto PSOE en las próximas elecciones autonómicas y municipales.

Pero esto ha sido todo. La presencia de la candidata socialista francesa a las presidenciales, Segolene Royal, quería impulsar la presencia de las mujeres en la política del PSOE. Lamentablemente, la Royal ha demostrado que la falta de ideas es la constante del socialismo europeo, y que esta corriente política no ha sabido tener una opción propia en el tiempo de la mundialización, reduciendo su programa electoral a una serie de tópicos “humanitaristas” sobre la inmigración, el tercer mundo, los desheredados, la ayuda al desarrollo y poco más. Una intervención pobre y sosa que no ha podido ocultar esa sensación de falta de preparación de las ministras socialistas y los desastres en la gestión de algunas áreas (medio ambiente, cultura, educación, vivienda) dirigidas por “mujeres”. Entre esto y el “decorativismo” ejercido por los gays en el PSOE, es perceptible el drama sexual que se vive en el interior del partido con unos varones capitidisminuidos y dudando sobre su virilidad y sobre la posibilidad de ejercerla so pena de mostrar su “machismo” y unas mujeres que difícilmente pueden valorar positivamente la gestión de sus representantes “femeninas” en el gobierno, o unos gays sobredimensionados en la sociedad española y mucho más en el interior del PSOE.

No nos desviemos. En el fondo, esta conferencia socialista ha demostrado una buena carrocería, tuneada hasta el más mínimo detalle, pero con una mecánica deficiente. Mucha imagen, sin fondo. Marketing sin ideas.

Pero, en realidad, esa es la victoria de ZP: el “líder” socialista ha sabido trasladar a su partido lo esencial de su personalidad: un conjunto de palabras y conceptos huecos –“tolerancia”, “talante”, “honestidad”, “modernidad”-. Hoy, finalmente, el PSOE es, como su “líder máximo” y “gran timonel”, un producto de marketing, tan absolutamente inútil como el “abdominazer”, el “pam-pam-sli”, el juego de cuchillos Tam-dom o la mesa regulable, vendidas en las publicidades nocturnas de la Tele5. Nunca tanta vacuidad se vendió tan bien gracias a una imagen tan refinada.

Sobre la extrema-derecha

Las palabras que más impacto mediático han logrado son las alusiones a la “nueva extrema derecha”. El discurso de ZP ha sido largo y pesado. Para los que hemos intentado seguirlo a través de TeleZP –y no lo hemos conseguido más que en algunos tramos- las dos horas y media de discurso han supuesto un “dejà vû”. Prácticamente, el presidente no ha dicho nada nuevo… salvo su alusión a la extrema-derecha; no es raro que haya llamado la atención a los observadores. Difícilmente los comentaristas podrían repetir que “la inmigración actual es un resultado de la miseria africana”… oído hasta la saciedad en los últimos dos años. Así que el tema del día ha sido la alusión a la extrema-derecha que viene justo el día en que el NPD ha entrado en la dieta de Meklenburgo con el 7’5% de los votos.

¿Qué ha dicho, en el fondo, ZP de la extrema-derecha? Dos cosas: en primer lugar que la extrema-derecha es “revisionista” y en segundo lugar que sigue sin aceptar la historia. En otras palabras: la COPE, Libertad Digital, son la “nueva extrema derecha”. Cualquier libro que se escriba o cualquier programa que “revise” la “verdad oficial” socialista sobre la guerra civil (es decir que hubo un golpe de Estado contra la República y por tanto el régimen surgido de ahí es condenable) o sobre el 11-M (que hubo una conspiración islamista a causa de la foto de las Azores) es perverso y califica de extrema-derecha a quien lo realiza.

Siempre hemos dicho que las investigaciones que no conducen ni confirman la versión oficial de los atentados sobre el 11-M van por buen camino. La prueba del nueve es la histeria con que reaccionan los dirigentes socialistas y el gobierno ZP ante las nuevas revelaciones que semana tras semana se van realizando. Hoy la versión oficial sobre el 11-M es como creer en la Santísima Trinidad: un acto de fe. La lógica, la razón, el sentido común y la objetividad, juegan en su contra. Aunque no nos demos cuenta –porque la mayoría de medios de comunicación están en la órbita del PSOE o permanecen callados por puro miedo a enfrentarse al poder- lo cierto es que el gobierno tiene buenas razones para permanecer temeroso sobre lo que se está publicando. De la versión original queda muy poco. Todas las piezas del sumario que incriminaban “inequívocamente” a los islamistas radicales han ido cayendo, una tras otra. Hubo conspiración. El PSOE solamente puede aspirar a presentar la cuestión como una muestra de cerrilidad del PP y así intentar que los electores socialistas sigan aferrándose a la versión oficial por cerrilidad bovina y por su rechazo visceral al PP. Pero esta trinchera defensiva es cada vez compartida por menos electores. Hubo “algo” en el 11-M que los socialistas no pueden aceptar. Hubo una conspiración. Y esa conspiración –fuera quien fuera quien la ideó y ejecutó (y los nombres de algunos policías aparecen de forma inevitable)- les dio el poder a ZP y a los suyos.

Sobre el “revisionismo” del que se queja ZP vale la pena recordar algo. Él fue quien resucitó el guerracivilismo en su homenaje a Carrillo y en la subsiguiente retirada de la estatua de Franco en la Castellana. Es él quien ha decretado la forma y el fondo de la “memoria histórica”. Es él quien ha sentado las bases de la “doctrina oficial e inamovible” sobre la guerra civil. Es él quien ha recordado al abuelito extrapolando su honestidad a toda la zona republicana… pero ZP ha olvidado que su abuelito podía ser un militar muy honesto, pero la zona republicana fue un desastre en el que se produjeron todas las crueldades, abusos y saqueos posibles. No se trata de comparar las atrocidades cometidas en uno y otro bando, pero si se hiciera, no albergamos la más mínima duda de que la zona republicana no saldría en absoluto beneficiada. ZP ha despertado algo que estaba dormido. Y ahora se lamenta de las consecuencias.

Paracuellos existió, y las matanzas de la zona republicana existieron. Existieron las checas comunistas, anarquistas ¡y sobre todo socialistas! que secuestraron, saquearon y asesinaron. ¿No era mejor para la izquierda olvidar todo esto? Y, de repente, ZP resucita el guerracivilismo. La reacción no se hizo esperar: puesto que la guerra civil vuelve a estar de moda, escribamos sobre ella. ZP no ha podido evitar que en los dos últimos años, en las listas de libros mas vendidos, figurara siempre alguna crónica de la guerra civil ¡contraria a su “versión oficial”!

Así que ahora se trata de hacer caer la infamia y el desprestigio contra los “revisionistas”. Los identifica con la “extrema-derecha”. Difícilmente César Vidal (protestante) puede ser acusado de extrema-derecha. Y mucho menos Pío Moa, antiguo miembro de los GRAPO. Pero no importa: todos ellos están en la única conspiración que ZP es capaz de divisar, la de la “extrema-derecha”.

Está claro que ZP pretende desprestigiar al PP acusándose de estar dirigido por un grupo de extrema-derecha. Esa es la “doctrina oficial” sobre el PP que ha impuesto ZP. El PP ha dejado de ser un partido moderado (no olvidemos que Aznar fue el inspirador de la “marcha hacia el centro” del Partido Popular que le dio el triunfo en 1996 y la mayoría absoluta en el 2000) para tener una dirección de extrema-derecha. Todo esto entra dentro de las tácticas para mejorar la intención de voto y no hay que darle excesiva importancia.

Hoy, las encuestas vuelven a ser desfavorables a ZP: el PP recorta distancias y confirma mayoría absoluta en Madrid en el Ayuntamiento y en la Comunidad. Mala noticia llegada en la mañana del domingo en plena sesión de la Conferencia Socialista. Tampoco las noticias que llegan de Catalunya son muy buenas. El PSC va a pagar dos años y medio de “maragalladas” (llámese “maragallada” a la situación de cagada ininterrumpida operada por el president Maragall). Por otra parte, el proceso de paz se ve afectado negativamente por los rebrotes del kale-borroka y, especialmente, por los juicios en la Audiencia Nacional a etarras que no desaprovechan la ocasión para mostrarse como psicopatones histéricos dignos de camisa de fuerza. ¿Y con esos va a negociar el Estado? Y, en cuanto a la inmigración masiva… al mayor problema que España tiene desde 2000, corresponden los mayores errores en la gestión del gobierno ZP. Con lo que el “gran problema” de la inmigración ha terminado convirtiéndose en el “grandísimo problema”.

Ante todo esto, es normal que ZP se preocupe, no de obtener éxitos en la gestión del gobierno, sino de intentar bloquear el nuevo ascenso en intención de voto del PP. Por lo demás, la extrema-derecha, actualmente, sigue sin existir; y el PP oscila entre posiciones de un partido de centro (Gallardón) a un partido de derecha clásica (Espe Aguirre).

En el fondo, la extrema-derecha digna de tal prolonga la agonía que inició a principios de los años 80. Hoy, disminuida, en retroceso, multifraccionada y sin estrategia, se limita a estar presente en Internet y ausente casi completamente en la sociedad española. Veremos si en las próximas elecciones municipales consigue despegar en Catalunya, Madrid y Valencia. Factores objetivos para ese despertar existen y muchos. Mientras eso no ocurra, la alusión de ZP a la “extrema-derecha” es, como el resto de su discurso, mero marketing político.

Y es que ZP no es nada más que eso. Sólo eso. Un producto de marketing. Su conferencia socialista es el paradigma de su gobierno y de él mismo: mucha imagen y ningún fondo. Es fundamentalmente negativo, no solamente para el presente, sino especialmente para los próximos años. Y además, aburre.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

Lunes, 18 de Septiembre de 2006 11:17 #.

 

No a Turquía en la UE (XIV) Geopolítica del terrorismo islámico

No a Turquía en la UE (XIV) Geopolítica del terrorismo islámico

Infokrisis.- Todavía no está claro lo que es el "terrorismo internacional", aparte de una banda de desalmados sin fronteras, ni cuál es el papel de Turquía en el nuevo contexto creado tras los atentados del 11-M. las posiciones de los analistas varían desde considerar a Turquía como un lugar privilegiado para las andanzas de Al Qaeda, hasta verlo como un objetivo preferencial de los terroristas. Hay, en efecto, elementos suficientes como para sostener ambas posiciones

Turquía se ha visto afectada por atentados cargados en la cuenta del terrorismo internacional y, así mismo, ha producido terroristas de tronío, como el mismísimo Alí Agca, ya jubilado, por no acordarnos del terrorismo kurdo, aún activo. Desde Agca, por cierto, no se sabe exactamente a quien sirve el terrorismo internacional. A todo esto, Bin Laden tomó a Turquía como “objetivo”.

Ahora bien, si el terrorismo internacional es un riesgo real, Turquía es un partener importante a la hora de combatirlo y se entiende que EEUU e Israel cuenten con él. Pero esto, que se suele repetir con excesiva frecuencia, no está del todo claro. El terrorismo existe; sería ocioso negar que de, tanto en tanto, se producen atentados en los lugares más distantes del planeta. Pero, de eso a afirmar que cualquier atentado, e incluso una parte significativa de ellos, son coordinados por una misma organización, va un trecho. Y desafiamos a que se demuestra que los atentados de Londres, de Madrid o de EEUU son hijos de la misma madre. Digámoslo una vez más antes de avanzar en el tema: no hay ni una sola prueba objetiva e incontestable, aceptable por algún tribunal de justicia, de que una organización terrorista real esté detrás de los atentados calificados como “terrorismo internacional”. Y si se acepta esto, el papel de Turquía en la lucha contra algo inexistente, disminuye rápidamente. Turquía tiene una amenaza terrorista en su propio territorio, la kurda, de la misma forma que Israel bastante tiene con sofocar los rescoldos del terrorismo palestino. Lo último que se sabe de Bin Laden es que de tanto en tanto envía cintas casette a algún medio de comunicación lanzando amenazas aquí y allí. En estos casettes, Bin Laden demuestra un odio visceral hacia Kemal Ataturk (“el apóstata y francmasón, enemigo del Islam, lacayo servil de Occidente”). A Bin Laden, el hecho de que Ataturk transformara el “último califato turco-otomano islámico” en una Estado laico pro-occidental, tras haber combatirdo al sultanato, no termina gustarle.

Las relaciones –reales o supuestos, no lo perdamos de vista- de Bin Laden con Turquía empeoraron desde que en 1990, Ankara dio luz verde para que los bombarderos y tropas norteamericanas pasaran sobre su territorio de camino a Irak. Y se volvieron mucho más ásperas tras los acuerdos militares con Israel en 1996 y muchísimo más cuando en mayo de 2005, Erdogan, los renovó, especialmente por tratarse de un líder islamista moderado. Esto sin olvidar que tampoco las bases norteamericanas instaladas en Turquía son digeribles para el misterioso y exótico Bin Laden cuya idea recurrente al referirse a la Turquía surgida de Ataturk es que la “Umma islámica ha sido humillada desde hace 80 años”.

La versión oficial indica que Al Qaeda está presente en Turquía y, añadimos más, no solamente en este país, sino en todo el mundo turcófono. Creemos que en todo esto hay mucha confusión: deberíamos hablar más bien de “terrorismo islámico” y de “terroristas islámicos”, antes que de Al Qaeda. No sabemos lo que es Al Qaeda, pero si tenemos la certidumbre en cambio de que hay terroristas en la zona. Algunos analistas, particularmente puntillosos y alarmistas, han fijado en medio centenar el número de organizaciones terroristas dispersas por la Península Anatolia, todas ellas de carácter salafista, que operan en cooperación con jihadistas del Kurdistán irakí, pero también se han localizado terroristas turcos en Arabia Saudí, Afganistán y Pakistán.

En la óptica historicista de Bin Laden Turquía es un “gran país musulmán”. Durante cinco siglos mantuvo la bandera del Califato, incorporó al Islam a media Europa Oriental y ha sido la última tierra “robada” al Islam cuando en 1924 Ataturk proclamó la abolición del califato. En teoría, la incorporación de Turquía a la UE alejaría la posibilidad de restablecer un Estado islamista y los “judeo-cruzados” se saldrían con la suya.

En el organigrama de Al Qaeda aparecen algunos turcos: Habib Akdash, por ejemplo, uno de los hombres clave de la organización, del que se dice que estuvo directamente vinculado a Moussab Zarqawi (responsable de Al Qaeda en Irak) y al saudí Saud al-Autaybi (responsable de Al Qaeda para el Golfo Pérsico), todos ellos dirigidos por el también saudí Salah al Awadi (responsable de Al Qaeda para Oriente Medio). El hecho de que las fronteras entre Irak y Turquía sean extremadamente porosas en el Kurdistán, aumenta el interés de Al Qaeda en la zona. Es muy posible que la insurgencia iraquí reciba, a través de esta zona, armas y municiones, como también lo es que los propios terroristas kurdos hagan otro tanto. Y si bien es cierto que todos los datos sobre Al Qaeda son extremadamente nebulosos, lo cierto es que en la zona muere gente a causa de atentados terroristas. Aunque haya en torno a Bin Laden y a su grupo un alto grado de indefinición, ambigüedad y sea en gran medida una construcción mediática para justificar cualquier intervención “antiterrorista”, todo esto ha podido hacerse por la existencia de un terrorismo mucho menos mediático, pero infinitamente más real.

En 2003 se produjo en Turquía una oleada de atentados antijudíos y antimasónicos que produjeron 61 muertos y 300 heridos. Se responsabilizó un cierto Frente del Gran Oriente Islámico que se estrenó con estas acciones. El consulado de Gran Bretaña y una institución bancaria también recibieron su cuota de metralla. El 29 de abril de 2004, 16 personas resultaron detenidas en Burna cuando preparaban un atentado contra la cumbre de la OTAN. Eso no fue óbice para que una nueva bomba estallara contra otra oficina internacional de Banca y el 20 de mayo contra un establecimiento McDonald’s de Estambul. Mas bombas durante la visita de Georges Bush y otras más durante la cumbre de la OTAN, a pesar de las detenciones. Veinte heridos, luego, en Cesme, el 10 de julio de 2005 y cinco turistas muetos y trece heridos en el balneario de Kusadasi una semana después, éste último cometido por un adolescente miembro del llamado “Halcones de la Liberación del Kurdistán".

Si en España hemos tenido nuestro atentado del 11-M (no menos nebulosos respecto a su procedencia), en Turquía estamos hablando de una cantidad desmesurada de crímenes similares. Pero hay una diferencia: el 11-M fue una excepción y España está fuera de los circuitos terroristas habituales, mientras que Turquía está situada en la región que constituye el escenario por antonomasia del terrorismo. Turquía no solamente tiene frontera con los escenarios terroristas del Cáucaso o Irak, sino que además, exporta terroristas y es objejo de repetidos atentados terroristas. Podemos imaginar lo que supondría para la Unión Europea, si un terrorista pudiera desplazarse desde el Kurdistán turco hasta la bahía de Cádiz o hasta Santiago de Compostela, sin cruzar una sola frontera, cuando Turquía fuera socio de pleno derecho de la UE. Entonces si estaríamos ante un riesgo real al alcance de cualquier extremista que deseara escalar en el ranking de los más asesinos. Bastaría que un terrorista islámico irakí o iraní se le pusiera entre ceja y ceja que las fiestas de moros y cristianos de Levante, son ignominiosas para el Islam, para que un comando terrorista pudiera atravesar las porosas fronteras del Kurdistán turco y plantarse en Madrid con armas y bagajes. Mientras persistan las actuales circunstancias en Oriente Medio y el “terrorismo internacional” sea un modelo a imitar por radicales y psicópatas, Europa debe de preocuparse de poner tierra de por medio entre una zona conflictiva y su remanso de paz.

En geopolítica existe el concepto de “estado tapón”. Más que considerar a Turquía como un socio de pleno derecho en la UE, se trataría, eso sí, de apoyarle en su desarrollo, en su lucha contra el terrorismo y en su orientación hacia el sud-este, a cambio, naturalmente, de que se constituyera como valladar ante las penetraciones terroristas (o simplemente delincuenciales relacionadas con la heroína) hacia Europa. Nadie podrá negar que el hecho de que terroristas curtidos pudieran pasearse a sus anchas por el “espacio Schengen” es preocupante. No se trata de hacer de Turquía un “puente” del terrorismo medio-oriental hacia Europa, sino de que ese país sea un “tapón” de ese mismo terrorismo.

No hay que olvidar otro elemento. Existe en Asia Central un amplísimo espacio, llamado el Valle de Ferghana, situado entre dos países turcófonos: Uzbekistán y Kazajastán. El primer país puede ser considerado como refugio de los movimientos terroristas islámicos. Allí tiene su sede el Movimiento Islámico de Uzbekistán y el movimiento Islámico del Turkestán, cuyo objetivo es restablecer el Califato de Estambul. Pues bien, estos grupos, desde el valle de Fergana conspiran contra el gobierno uzbeko. El 11 de noviembre de 2004, resultó desarticulado un núcleo terrorista en el vecino Kazajastán. Los 19 detenidos, al parecer, habían participado en un intento de atentado contra el presidente de Ubekistán. En cuanto al MIU, cuenta con un apoyo creciente de la juventud islámica.

A partir de mediados de los años noventa, resultó evidente que el Estado Turco estaba implicado en el apoyo a tres frentes de actividad terrorista:

- las redes islamistas de los Balcanes, que se cuentan entre los primeros responsables de la guerra de Bosnia-Herzegovina y en el responsable indiscutible de los sucesos de Kosovo, a través de la UCK. Este apoyo, en buena medida, no era solamente oficial. La UCK no era otra cosa que un grupo de delincuentes que intentaban establecer una ruta de la droga a través del “corredor islámico” de los Balcanes, por cuenta de las mafias de la droga turcas.

- las redes de apoyo a los terroristas anti-armenios de Azerbaiyán, cuyo presidente es el aliado principal de Ankara en la zona. Entre 1993 y 1994, un millar de mujahidines de este país fueron enviados para luchar contra los armenios y desaloalrlos del Alto Karabaj.

- las redes islamistas chechenas refugiadas en el valle de Pankissi en Georgia.

En otras palabras: Turquía es víctima del terrorismo islámico, pero también utiliza ese mismo terrorismo para apoyar algunos de sus objetivos en la política regional, ya sea por iniciativa del Estado o de las poderosas mafias de la heroína que actúan en ese país. Es importante no perder de vista un dato: lo que hemos dado en llamar “países turcófonos” (Turkmenistán, Uzbekistán, Kirghikistán y, el Xinjiang chino), albergan una extrema inestabilidad interior. Un hervidero de 200 millones de personas en permanente tensión y efervescencia político-religiosa que puede ser utilizado por unos o por otros, como placa giratoria para arrojar terrorismo y radicalismo islámico a cualquier lugar de Eurasia.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es 

El 11-M y los riesgos de oponerse a la “versión oficial”

El 11-M y los riesgos de oponerse a la “versión oficial”

 

Infokrisis.- La entrevista concedida por uno de los principales imputados en la trama del 11-M, González Trashorras, al diario El Mundo parecía dejar claro que ETA y el núcleo de marroquíes imputados tenían relaciones previas con ETA que algunos policías se opusieron a investigar. No no sentimos en condiciones de valorar si estas afirmaciones pueden ser ciertas o simplemente improvisaciones de alguien que no tiene nada que perder. Lo que sí queremos exponer son algunos elementos imprescindibles en toda "buena" conspiración.

 

Nota: como complemento a la lectura de este artículo se recomienda el libro

11-M Los Perros del infierno de Ernesto Milà. Editorial PYRE 

 

Premisas previas a tener siempre presente

Que ZP es, sin duda, el peor presidente de la democracia, y su gobierno el más inepto surgido de una elección democrática, tampoco se le escapa al observador imparcial.

Que esa elección democrática se realizó bajo presión de unos atentados y de una campaña mediática que empañó el “sacrosanto” día de reflexión, eso es simplemente constatar un hecho innegable.

Que las repercusiones de la ineptitud de ZP y su gobierno van a caer como una losa sobre este país durante generaciones, es un presentimiento que angustia y empaña nuestro futuro.

Que tras el 11-M hubo una verdadera conspiración, solamente lo puede negar un ciego desinformado o un socialista perfectamente alimentado.

Que el 11-M fue un verdadero golpe de Estado cuya única intención era provocar un vuelco político en España, tampoco lo puede dudar alguien que utilice la lógica y el sentido común en su vida cotidiana.

Que el principio de toda investigación criminal es “a quién beneficia el crimen” valdría la pena que lo recordaran policías, jueces y magistrados que tienen que investigar sobre la muerte de 191 personas.

Cómo se arma una buena conspiración

Aunque solamente un 10% de toda la investigación paralela contraria a la versión oficial sea cierto, ese 10% supone el elemento decisivo en la trama del 11-M y evidencia que detrás de los atentados hubo una mano conspirativa.

Para que una conspiración tenga éxito, es preciso:

1) Elaborar una “versión oficial” inamovible y simple

Esta versión oficial habrá que mantenerla contra viento y marea, no podrá ser alterada por ningún elemento, sino que todos los elementos que vayan introduciéndose en la “investigación” tenderán a integrarse en ella. La versión oficial sostenida desde el principio se reduce a lo siguiente:

- Unos terroristas islámicos, airados por la presencia de Aznar en la foto de las Azores deciden cometer un atentado en trenes

- Para ello se dotan de explosivos facilitados por una banda de delincuentes asturianos.

- Una de las bolsas con los explosivos queda indemne, y a partir de ahí se logra realizar una secuencia de detenciones; finalmente, los autores materiales mueren en Leganés.

- Se intuye que están en contacto con redes terroristas islámicas internacionales, pero no ha podido demostrarse “todavía” la intervención de Al Qaeda.

Asunto resuelto. Todos los elementos de la conspiración están presentes en esta versión oficial. Porque para que esta conspiración sea verosímil debe existir:

1) Un terrorismo islámico internacional… existe, difuso, confuso y abstruso… pero existe. Ciertamente, tanto los detenidos en agosto en Londres y Pakistán como la mayor parte de la investigación sobre el 11-S, o los atentados de Casablanca o Londres en 2005… todos ellos tienen en común con los del 11-M que siempre la “versión oficial” es incompleta, insatisfactoria, si no manifiestamente falsa y mendaz. Es el elemento MAGICO-MITICO que, en sí mismo, planea sobre la “versión oficial”, aunque nadie lo cite y tenga un extraordinario PESO PSICOLOGICO en la trama.

2) Unos miembros de los cuerpos de seguridad del Estado que crean que van a salir ganando con la conspiración. El policía de a pie está mal retribuido, tiene un trabajo frecuentemente desagradable rozándose siempre con lo peor de la sociedad. Sus treinta años de vida laboral implican un lento ascenso que solamente se ve acelerado o ralentizado según el poder político esté en unas u otras manos. El “jefe”, por el contrario, está alejado de todo eso. Trabaja en un despacho acomodado, se reúne con gente importante, tiene acceso a fondos reservados y, unos pocos, pasan a ser cargos políticos. Estos saben que, una vez jubilados, irán a parar a consejos de administración o se encargarán de la seguridad de grandes empresas. Un policía de 50 años puede estar destinado a un lugar inhóspito o bien conocer la moqueta de los despachos selectos de la administración. Y dependerá que el poder político esté en manos de unos o de otros que sea o no así.

3) Unos confidentes de baja estofa. La inmensa mayoría de los imputados en el 11-M han reconocido ser confidentes policiales. No es raro que así sea. La policía precisa de estos chivatillos para poder conocer los entresijos de la delincuencia. Para un policía, el “confite”, el confidente, es como el lazarillo para un ciego. En ocasiones las relaciones entre uno y otro llegan a ser estrechas e intensas: yo te doy información, tú me proteges; yo te indico a quién detener, tú me das algo a cambio (dinero, droga, seguridad, putas). El confidente –individuo siempre simple y con el cerebro, habitualmente, desbaratado por drogas- no ve el fondo de la cuestión: que el policía no siempre cubrirá sus desmanes, ni siquiera es su amigo, sino que, frecuentemente, para él es simplemente un instrumento que, en ocasiones, hay que sacrificar.

4) Unos “pringaos”. Una parte –y no pequeña- de la inmigración marroquí en España, vive a salto de mata; hoy trafican con haschís, mañana con otras drogas, pasado son peristas, al otro secuestradores y, si se tercia, atracan a una castañera. O venden teléfonos robados o, además de todo lo anterior, ejercen también el noble arte del confite. Están en un país que no es el suyo y frecuentemente no entienden lo que pasa a su alrededor. Además, tienen nombres islámicos… o sea que se supone que por eso mismo ya deben ser peligrosos integristas que tienen a Bin Laden como santo patrón. Algunos, realmente, son caricaturas de integristas islámicos. Hablan de cometer atentados aun cuando no saben siquiera cómo encender una traca de feria. Además, el islamista bocazas tiene otra ventaja: dice, con una seriedad espantosa, que está dispuesto a morir por el “paraíso de Alá”. Salvo los anarquistas nihilistas del siglo XIX, resultaría difícil encontrar en la historia de la humanidad a unos “pringaos” tan bien matizados y tan perfectos como los integristas islámicos que, inevitablemente, terminan creyendo que han cometido un atentado sólo porque han llevado el vídeo de reivindicación…

5) Unos “altavoces”. Siempre hay medios de comunicación interesados en cambios de gobierno. Es decir: siempre hay medios de comunicación que obtienen más beneficios con un gobierno que con otro. Estamos hablando de dinero y poder. PRISA, por ejemplo, tiene más experiencia “de gobierno” y más sabiduría política que ZP que, en el fondo, no es más que un político de provincias de pocas luces y menos aptitudes. El papel de un grupo mediático en una conspiración es algo fundamental: es el altavoz de la misma. A él le cabe el dudoso honor de realizar la campaña de “agitación psicológica”, una vez cometido el crimen y de señalar con el dedo acusador a unos o a otros.

6) Una población anestesiada y carente de capacidad crítica. En el fondo Aznar fue víctima de algo en lo que, tanto él como otros muchos antes que él, eran culpables de haber creado: la castración de la capacidad crítica de la población española. Desde los peores momentos del Imperio Romano se sabe que el pueblo es sencillo y simple, si no simplón. Vota sin meditar muy bien a quién vota, y lo hace cuatro veces cada cuatro años, en esto consiste la “democracia”. Claro está que más vale votar que no votar (por poco que sea) y, por supuesto, más vale hacerlo ejerciendo la crítica y el sentido común, antes que influenciado por apriorismos, subjetividades, o influenciado por campañas mediáticas y programas que todo el mundo sabe que no se van a cumplir. Pero el gobernante lo que precisa es una masa inerte y amorfa a la que obsequiar y neutralizar con “pan y circo”. No se le dice que los grandes negocios se hacen a la sombra del poder, ni mucho menos que el pelotazo desde el poder se convierte en hipotecas a 50 años con interés variable en la “base”. Desde el siglo XIX se sabe que un atentado a tiempo justifica cualquier medida gubernamental. Salvo un terrorismo residual realizado por psicópatas o idealistas trastornados, la historia del terrorismo desde mediados del siglo XIX ha servido para aplicar medidas que de otra manera no se habrían podido aplicar. Y esto ha podido hacerse porque desde el siglo XIX, tras un atentado, la población ululante ha llamado a la ejecución de los “pringaos” presentados como terroristas, antes que a la reflexión crítica hasta sus últimas consecuencias sobre lo que había sucedido. Así pues, “parajódicamente”, la población está destinada, no solamente a aportar el grueso de las víctimas (sobre todo los estratos más humildes… los que tienen menos capacidad de presión e investigación), sino que, además, aceptando la “versión oficial” del atentado anterior, anima a la ejecución del atentado siguiente según los mismos cánones y patrones. Es decir, a seguir siendo víctima. ¿Población? Si, pero en la óptima de los ideadores de estos crímenes se trata solamente de “borregos cuyo destino es el matadero” y suerte tienen los que no caen.

7) El “titiritero” o “prestidigitador”. Todo lo anterior es necesario, pero sería imposible combinarlo en las proporciones adecuadas y hacer que la reacción se produjera en el momento justo, de no ser por la presencia del “titiritero”. Su función es la de idear el crimen. Y, además, idearlo con la precisión suficiente como para que genere el efecto esperado. Si el 11-M se hubiera realizado cuatro días antes o tres días después, sus efectos hubieran sido muy distintos. Aquí no se trataba de generar “dolor”, sino de que ese “dolor” fuera capaz de provocar un cambio político. ¿Quién fue el “titiritero”? Imposible ponerle nombre y apellidos. Pero las “tramas superpuestas”, de las que habló Aznar en su intervención ante la Comisión 11-M, precisan para poder articularse de la existencia de un “autor intelectual”.

2) Prever los problemas y anticiparse a las críticas

En el manual del perfecto conspirador hay una serie de normas a tener en cuenta si se quiere evitar que todo termine como terminó la trama del GAL o bien como terminaron las “strage di Statu” italianas de los años 70 y 80: con la mayoría de sus protagonistas entre rejas o bien desahuciados políticamente. Fundamentalmente, las normas a tener en cuenta son:

- Que los árboles no dejen ver el bosque.

Una vez cometido el atentado se trata, simplemente, de resaltar aquellos detalles que confirmen la autoría de los culpables elegidos para protagonizar la versión oficial. Si repasamos las informaciones publicadas por la prensa en el mes posterior a los atentados se percibe que están repletas de datos falsos que posteriormente ni han sido confirmados ni se han incluido en el sumario. El conjunto de esos pequeños detalles es lo que da credibilidad a la trama, en detrimento de las pruebas decisivas. La mayoría son tan pequeños que, semanas después, nadie los recuerda, pero en el momento en el que se publicitaron en los medios causaron un impacto decisivo en la culpabilización de los detenidos. Entre las primeras detenciones, Jamal Zougan fue sin duda el elemento sobre el que apuntaron todos los dedos acusadores. Entonces se publicó que el registro de su locutorio había permitido encontrar un trozo de plástico de la carcasa de un móvil, que coincidía con el que faltaba en el teléfono encontrado en el interior de la mochila que no explotó… Era una información falsa, por supuesto, que no aparece en lugar alguno en las diligencias, sin embargo hubo alguien con credibilidad suficiente como para comunicarla a la prensa. Pues bien, informaciones como ésta, pura intoxicación, proliferaron a decenas en las semanas posteriores al atentado: no eran inocentes, ni espontáneas, ni errores, ni invenciones periodísticas. Eran simplemente pura “intoxicación”. Pero esta intoxicación tendía a impedir que la opinión pública percibiera lo endeble de las pruebas reunidas contra Zougan y los marroquíes detenidos.

- Que la investigación se cierre definitivamente y no se incorporen datos nuevos.

Para el “titiritero” y los autores intelectuales del crimen lo esencial es que, a las pocas semanas, se cierre lo esencial de la investigación o, de lo contrario, si prosigue, empezarán a incorporarse elementos que no encajan en la trama. De ahí la rapidez que tuvo el PSOE en abrir y cerrar la comisión de investigación y la defensa cerrada de su “doctrina oficial”: que todo fue por culpa de Aznar. Tanto es así que, aún hoy, cada vez que se publica algún dato más sobre el 11-M, la reacción de los portavoces del gobierno es, simplemente, histérica. La idea es que un juez pusilánime no va a tener arrestos para abrir una investigación en direcciones no contempladas en la versión oficial, tras casi tres años del crimen, aun cuando sea evidente –especialmente para él- que le han intentado engañar desde instancias policiales próximas al gobierno. El gobierno ZP sigue enrocado en la misma versión que sostenía a las 7:45 la SER: fueron islamistas airados por la presencia de Irak en las Azores. Cualquier cosa que no entre dentro de esa interpretación es rechazado y estigmatizado como “conspiranoico” y “delirante”. En el momento en que el gobierno admita un solo elemento hallado por la investigación paralela, su esquema no podrá soportar la aparición de una contradicción interna y correrá el riesgo de desplomarse en más o menos breve plazo. La arena es arena porque a una roca se le filtró una gota de agua que la hizo estallar por la noche. Así pues, nada de admitir nada que no se haya dicho en las horas posteriores a los atentados.

- Crear líneas de defensa.

Cuando el gobierno González decidió dar el carpetazo al GAL reclutó al “comando Barcelona”, compuesto por jovenzuelos de extrema-derecha sin experiencia; los enviaron a Francia a que mataran a un “etarra” y luego, los mismos que los habían reclutado, los detuvieron: “lo ven, el ministerio del interior lucha contra el GAL; de hecho, los hemos desarticulado: son de extrema-derecha”… tal fue la versión oficial que se hubiera mantenido de no ser por el aventurerismo de Amedo. La extrema-derecha era la trinchera defensiva del gobierno González. En el caso de la trama del 11-M, la línea de defensa es doble: la primera es ETA, la segunda, nuevamente, la extrema-derecha. El PP cayó en la primera, intentando defender lo indefendible: su versión inicial del crimen, a saber, que había sido ETA. En efecto, tal como sosteníamos en nuestra obra “11-M: los perros del infierno”, en las primeras horas se trató de que la “trama policial” convenciese al ministro del interior (hombre de poca experiencia en el cargo y mucha menos en conspiraciones) de que todas las pruebas apuntaban a que había sido ETA. Mientras el ministro se veía invadido por informes de “expertos” que le aseguraban que el modus operando, el titadine, los “convoyes de la muerte”, etc., apuntaban a ETA, y el ministro comparecía constantemente ante los medios repitiendo esta versión… el grupo PRISA y el aparato de agit-prop desencadenado por el PSOE “demostraba” que eran los islamistas y que el gobierno quería engañar… Luego, era fácil prever que el PP, ya en la oposición, iba a tardar en reconocer su error y que ETA estaba ausente de la trama. Bastaba mantener la esperanza del PP filtrando –a través de confidentes detenidos, especialmente- periódicamente datos que “comprometieran” a ETA. Pero esos datos no llevaban a ninguna parte: es más, ETA desde el 2002 estaba infiltraba en la cúpula y una acción así no hubiera pasado desapercibida para los mismos confidentes que habían delatado tres “caravanas de la muerte” y casi 200 activistas de la organización. No, ETA está al margen de la trama (aun no completamente como ya hemos tratado en otras ocasiones). Si esta trinchera salta por los aires siempre queda la habitual: la extrema-derecha tuvo algo que ver en la trama. Poco antes de los atentados, un grupo considerado de extrema-derecha en Alcalá de Henares había sido contactado por musulmanes que, inexplicablemente, se ofrecían a financiar sus actividades; a mayor abundamiento, un personaje que YA HA SALIDO en la trama les sugirió pegar carteles –de forma inexplicable- en Morata de Tajuña donde se encontraba una de las increíbles “bases” de los terroristas. La idea es: si la versión oficial se desploma, siempre queda refugiarse en la primera trinchera defensiva (no son los moros, pero ha sido ETA) y si esta segunda trinchera flaquea, siempre queda la siguiente (la extrema-derecha, malvada y coriácea, es culpable por definición con sólo estar presente en la trama).

- Crear el descrédito en torno a las versiones alternativas.

Enlodar y cubrir con el descrédito a una investigación paralela es relativamente sencillo. Para empezar, en su inicio una investigación es apenas una “teoría”. Basta con desprestigiarla porque sus defensores  carecen de “nivel”, porque son “simples aficionados”, porque sus informantes son confidentes o prefieren permanecer en el anonimato. No importa, cualquier argumento es bueno para negarse a entrar al trapo y relegarla al olvido: “El Estado no puede rebajarse a discutir nimiedades”. Pero, frecuentemente, el clamor es demasiado grande, así que se trata de hacer caer el descrédito sobre la investigación alternativa. Eso se consigue lanzando, simplemente, pistas falsas, declaraciones increíbles y sembrando la confusión. El hecho de que aparezcan este tipo de episodios en el curso de una investigación paralela es señal de que va por buen camino. En estos momentos, el diario El Mundo ha sido acusado por El País y ABC de “pagar” a Suárez Trashorras, el cual habría dicho que “por dinero cuenta hasta la guerra civil”… Tanto El País como ABC saben perfectamente que la grabación que ha sido utilizada como base para esa acusación está descontextualizada y, lo que es peor, se refiere a otro confidente. Es evidente que, hasta ahora, las declaraciones de Trashorras han supuesto un nuevo golpe –el enésimo- a la versión oficial. Así pues, lo que los defensores ultrancistas de la versión oficial están intentando es sembrar las dudas sobre la investigación paralela. Lo que quiere decir que ésta va por buen camino. Ahora bien, ésta no va a ser la única ocasión en la que se intente colar material espureo con el que “contaminar” la investigación alternativa.

- Elegir los “cortafuegos” adecuados. Puede ocurrir que se dé la peor de las hipótesis para la versión oficial. El juez, pusilánime y desbordado, tendrá un arrebato de profesionalidad y orgullo personal y, a la vista de las acusaciones, condenara a los implicados por delitos menores y los absolverá de cualquier relación con la masacre. Una cosa es ser condenado por traficar con explosivos y otra que esos explosivos se utilizaran para la masacre del 11-M, una cosa es traficar con teléfonos robados y clonar tarjetas y otra facilitar los móviles a los terroristas por ser uno de ellos. Lo van a tener muy difícil los partidarios de la versión oficial para que ésta triunfe ante un tribunal. Su única esperanza es que los abogados de la defensa se limiten a pedir clemencia para los acusados, o simplemente que sean confidentes policiales y ayuden a hundir a sus clientes. No sería el primer caso que hemos visto en España desde la transición. Las dudas sobre la capacidad de las defensas se sabrán en el momento del juicio y ahora resulta vano especular. Ahora bien, en esa situación, la versión oficial quedará desairada y la investigación deberá partir de cero. De hecho, antes o después, el PP volverá al poder y sea cual sea la sentencia del 11-M no olvidará que perdió el poder gracias a un atentado criminal, así que lo más verosímil es que, cuando el PP recupere el poder, impulse la investigación partiendo de cero o poco menos. Ese detalle no ha podido escaparse al “autor intelectual” de los atentados: el “titiritero”. Así que, ante esa hipótesis, habrá creado los cortafuegos necesarios. Algunos de los que saben demasiado morirán. Se dirá que les falló el corazón, o que se suicidaron o que les atropelló una apisonadora. Otros delatarán a sus superiores pero, finalmente, será su palabra contra la de ellos, y siempre los habrá que negarán lo evidente por miedo, por dinero, por conveniencia o por instinto de supervivencia. La cuestión es que existan cortafuegos que impidan que la investigación vaya más allá de:

1) Determinados niveles en las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

2) Pase de esos niveles de la seguridad a niveles políticos.

3) Pase de determinados colaboradores y directores de medios a los accionistas mayoritarios de sus empresas de comunicaciones y

4) No supere nuestras fronteras, impidiendo llegar a servicios de inteligencia de otros países europeos y no europeos.

Pero ¿qué diablos está pasando con el proceso de paz?

Lo hemos escrito en este blog en alguna otra ocasión: hay demasiadas pistas que llevan a ETA. Las resumimos: las caravanas de la muerte, especialmente la última que es paralela al supuesto transporte de explosivos desde Asturias a Madrid empleados el 11-M, el hecho de que ETA robara un vehículo en el mismo callejón en el que reside Suárez Trashorras para utilizarlo como coche-bomba, el hecho de que haya sido la única organización terrorista que utilizara teléfonos para activar explosivos, el hecho de que el “Chino” tuviera en el País Vasco parte de sus lucrativos negocios de tráfico de droga sin ser molestado por servicio policial alguno, autonómico o no, el interés de algunos mandos policiales en que no apareciera en parte alguno el nombre de ETA, ni siquiera referencias al País Vasco… Todo esto no tendría mucho interés y podría tratarse de “casualidades”, de no ser por dos detalles: el que hoy se sabe que desde 2002 el PSOE mantenía contactos con ETA traicionando el Pacto Antiterrorista y que, una vez en el poder, ZP inició el “proceso de paz”.

El año 2002 es importante en la historia de ETA: uno de sus cabecillas históricos, “Josu Ternera”, abandona su escaño en el parlamento vasco y pasa a la clandestinidad y, a partir de ese momento, empiezan a caer comandos etarras uno tras otro. Resulta sintomático que, en la actualidad, Josu Ternera sea el principal interlocutor del gobierno en el “proceso de paz” y que, desde 2002, ETA no haya podido estabilizar una dirección más allá de seis meses. En todas las redadas “Josu Ternera”, inexplicablemente, ha resultado indemne.

La cuestión es que la “segunda línea de defensa” en caso de caída de la versión oficial es… ETA. Si no son los moros… es ETA o bien ETA más los moros… Un planteamiento así es absolutamente inviable si no existe en el interior de ETA un “cooperador necesario” que ordenase en su momento realizar activadores de explosivos con teléfonos móviles, que la caravana de la muerte se pusiera en marcha ese día concreto en el que también se trasladaban los explosivos de Asturias a Madrid, y, finalmente, que diera la orden de robar un coche, no en cualquier sitio de Asturias, sino en el callejón donde residía Suárez Trashorras. En el interior de ETA, no solamente hay un topo en la cúspide, sino que ese topo es el colaborador necesario para poder articular una “segunda línea de defensa” en caso de desmantelamiento de la versión oficial.

Desde 2002 se ha ido realizando una labor de detenciones selectivas de la cúpula etarra que la han reducido a unos cuantos imberbes, botarates, sin cerebro ni experiencia, a unos pocos veteranos cansados de clandestinidad y de jugársela en una aventura fracasada (en todo salvo en el “impuesto revolucionario”, verdadero núcleo de la cuestión: el tesoro de ETA), mientras que los cuadros veteranos, con experiencia, partidarios de proseguir las acciones terroristas y la dinámica habitual de la banda, han caído uno tras otro. Estas detenciones selectivas han hecho llegar a la situación actual y sería bueno que los abertzales empezaran a plantearse cuestiones sobre quién les ha traicionado y les está traicionando y sobre cómo se ha llegado al proceso de paz. Seguramente se sorprenderán de lo que encuentren.

ETA no ha tenido nada que ver con el 11-M… es mejor que el PP deje de aferrarse a esa esperanza. Incluso en el caso de que en las investigaciones paralelas en curso vuelvan a salir más veces nombres de etarras y de la propia organización, será mejor que el PP abandone toda esperanza: los tiros no van por ahí. Harina de otro costal es que en la actual cúpula de ETA exista un topo –el “topo” por excelencia- que haya sido cooperador necesario para crear pistas que mantuvieran la llama de ETA siempre viva en la investigación paralela del 11-M. Pero ese “topo” (puesto que es sólo uno) no ha actuado en nombre de ETA, sino de sí mismo, y no ha sido autor intelectual de más crímenes que los firmados por su organización, sino una pieza más –otra “trama superpuesta”- manejada por el “titiritero”, seguramente, a través de policías que han permanecido en las últimas fases de investigación sobre la banda y han facilitado las detenciones selectivas a las que aludíamos.

* * *

Lo verdaderamente trágico de toda esta historia es que hay 191 personas que han muerto, un país traumatizado, el peor gobierno en la historia de la democracia sobreviviendo a base de desmanes que pagarán las generaciones venideras y una trama de ocultación defendida por grupos mediáticos de primera división, tanto de izquierdas (PRISA), como de derechas (VOCENTO).

No debemos ver la trama del 11-M como excesivamente compleja: de hecho, es probable que participaran en ella unos cuantos funcionarios policiales, unos pocos políticos y comunicadores y dos docenas de “pringaos” que se sentarán en el banquillo de los acusados o han pasado a mejor vida en Leganés. No estamos hablando de un “bosque”, sino de un jardincillo, primorosamente cultivado por un titiritero sin escrúpulos. Una investigación sobre un terreno de estas dimensiones es viable para la policía española. Lo que ha ocurrido ha sido que la investigación se vició desde el primer momento y que no se han autorizado seguir pistas alternativas. De hecho sabemos que algunos cuerpos y departamentos policiales están en estos momentos en guerra civil: funcionarios que no se hablan, que sospechan unos de otros, que saben perfectamente qué aspectos de la investigación están cerrados y los mandos –empezando por el propio ministerio del interior en manos de Rubalcaba- no permiten reabrirlos, que se sienten observados, y que sospechan unos de otros. El día en que sea posible restablecer la armonía interior en los cuerpos de seguridad y procesar a los que han participado en la trama del 11-M, por acción, omisión u ocultación, a partir de ese momento será posible realizar ese viaje al final de la noche oscura del terrorismo que propició el 11-M.

Y aquí, realmente, de lo que se trata es que crímenes como éste no puedan volver a darse nunca jamás, ni en la Historia de España, ni en ningún otro país. Defender la verdad, hoy, aquí y ahora, realizar un constante análisis crítico de la versión oficial, abordar su deconstrucción y el paralelo trabajo de investigación y formulación de una hipótesis con más visos de verosimilitud, es el trabajo que nos corresponde a todos los que aspiramos a erradicar el terrorismo de la política cotidiana. El terrorismo no puede ser la excusa para provocar cualquier terremoto político. Ya lo hemos visto y vivido demasiadas veces, así que ¡NUNCA JAMÁS!

Nota: como complemente a la lectura de este artículo se recomienda el libro

11-M Los Perros del infierno de Ernesto Milà. Editorial PYRE  

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

No a Turquía en la UE (XIII) Geotoxicomanía. La ruta de la heroina afgana

No a Turquía en la UE (XIII) Geotoxicomanía. La ruta de la heroina afgana

Infokrisis.- El apoyo norteamericano a Turquía no es una casualidad. Turquía es la quinta columna en Europa de muchas cosas, especialmente de un proceso de debilitamiento de Europa, uno de cuyos frentes más importantes es la droga. En efecto, las adormideras cultivadas en Afganistán y procesadas en Pakistán, llegan a Turquía a través de la "ruta de la seda" y luego del "corredor turco" de los Balcanes.

Según el Observatorio Español sobre Drogas (OED), en 1999 en nuestro país existían 10.000 heroinómanos y 150.000 cocainómanos. Según el OED, que registra en cinco grandes ciudades españolas, el análisis toxicológico reveló en 1999 la presencia de heroína en el 81% de los casos y de cocaína en el 60%, mientras que en 1996 las cifras eran del 88% para la heroína y del 26% para la cocaína. Existía cierta euforia en la percepción del problema. Las muertes atribuibles a la heroína iban descendiendo y otro tanto ocurría con el contagio del SIDA a través de las jeringuillas compartidas. Y, así mismo, el descenso del consumo de heroína generaba la disminución de la delincuencia directamente asociada a ella.

La tasa española de consumo de heroína es una de las más altas de Europa occidental.

El lugar de origen de la mayor parte de la heroína consumida en España es Afganistán, país que llegó a acaparar el 70% de la producción mundial de materia prima para la extracción de heroína (el opio salido de la adormidera) justo en el momento en que los soviéticos se retiraban del país y hasta 1997 cuando el gobierno talibán ya se había asentado en Kabul. En ese período, caracterizado por el vacío de poder, el cultivo de opio se redobló en todo el país, pero solamente descendió cuando los talibanes llegaron al poder. Entre sus principios figuraba la lucha contra el opio. A partir de 1997 la producción disminuyó en Afganistán, mientras que, paralelamente, tendió a aumentar en Colombia.

Durante los últimos años del gobierno talibán, e inmediatamente después de la invasión norteamericana, los precios de la heroína en España se triplicaron, tal y como Gonzalo Robles, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, informó el 27 de febrero de 2002. Había buenos motivos para que la sanidad española estuviera pendiente de los signos de alarma: aumentaron las muertes a causa de la venta de heroína cada vez más adulterada y se elevó el número de afectados por el síndrome de abstinencia, así mismo en los meses siguientes, aumento la delincuencia protagonizada por toxicómanos.

Una misión de Naciones Unidas estimó sobre el terreno que la superficie cultivada en Afganistán cubría entre 45.000 y 65.000 hectáreas, muy por encima de la cifra de 2001 y similar a las de mediados de los años noventa

Cuando se produjeron los atentados del 11-S y la consiguiente destrucción del régimen talibán, llamó la atención que uno de los temas en los que más insistió la propaganda de guerra norteamericana, fue la “complicidad” del régimen talibán con los narcotraficantes e incluso se llegó a decir que Bin Laden traficaba con heroína afgana.

Las cifras difundidas en aquella época eran ridículas y contrastaban con otras fuentes que indicaban que en ese período se habían producido dos fenómenos inequívocos: el desplazamiento de los cultivos hacia zonas de Iberoamérica (signo inequívoco de la presión en Afganistán) y un descenso del consumo de heroína por la muerte de los toxicómanos que se habían iniciado en los cinco años anteriores. La observación directa de las calles indicaba que, en ese período, la población toxicómana se estaba desplazando hacia la cocaína y que existía una perfecta conciencia del riesgo que implicaba el consumo de heroína y, por tanto, se encontraba en franca disminución. Pero llegó el atentado a las Torres Gemelas y a partir de ahí todo cambio.

En un primer momento, a lo largo de 2001 y hasta el inicio de 2003, no se observaron alteraciones sustanciales en las tendencias del consumo de heroína, que iba disminuyendo, lo que era presentado como síntoma “inequívoco” de que el perverso régimen había exportado heroína… pero sus honestos sucesores, horrorizados, habían perseguido esta industria. En realidad, lo que ocurría era que en las encuestas inmediatamente posteriores al 11-S y a lo que siguió, todavía no se habían manifestado las nuevas tendencias. Estas empezaron a hacerse bien visibles dos años después, de la misma forma que la disminución del consumo no se hizo patente el año en el que los talibanes llegan al poder… sino dos años después. Las cifras son elocuentes.

El consumo de heroína desciende en España, efectivamente, desciende entre 1998 y 2002 (de 0’6% a 0’3%), pero bruscamente repunta en 2004 y a pasa al 0’7%... constituyéndose como la más alta del período entre 1994 y 2004. Las cifras son del informe sobre “Drogas en Población Escolar” incluida en la Web del Ministerio de Sanidad. En este nuevo repunte, la situación no ha sido quizás tan perceptible para la población como lo fue entre 1983 y 1996, cuando, coincidiendo con los años de gobierno del PSOE, se produjo una verdadera avalancha de heroinómanos. A partir de la reaparición de la heroína afgana hacia 2003 (perceptible en 2004) con la masificación de la producción se operó un descenso en el precio. El heroinómano ya no estaba tan necesitado de delinquir para pagar su adicción… le bastaba con recurrir a los subsidios sociales que recibía para adquirirla. Además, las drogas de moda eran la cocaína y las metanfetanimas y la heroína estaba considerada como de alto riesgo por los propios toxicómanos. Pero la cuestión de fondo es que las redes turcas, a partir de la caída del régimen talibán y de la nueva situación creada en Afganistán, redoblaron su tarea de introducir heroína en Europa a través, siempre, del “corredor musulmán” de los Balcanes. Incluso puede añadirse que, si en la anterior etapa, los laboratorios de refinado y transformación estaban ubicados en Pakistán o Turquía, en la nueva situación se permitían el lujo de residir en Afganistán… con lo que el coste del producto se abarataba.

La “ruta turca” es una de las dos utilizadas por las mafias de la droga. Pasa a través de Irán, Turquía y los Balcanes y termina en la Europa del Sur y Mediterránea. La otra sigue algo más al norte por las ex republicas soviéticas de Asia Central y a través de Rusia y Ucrania llega a Europa del Este y del Norte. Es inevitable ver también en esto un “ajuste de cuentas” de Rusia con algunas de sus exrepúblicas, pues no en vano, los países bálticos, inexplicablemente, han pasado a absorber una parte importante de este tráfico. De toda la primera ruta, solamente el gobierno iraní ha realizado un esfuerzo visible y evidente por detener todo este comercio ilícito. En la actualidad, casi el 50% de las incautaciones mundiales de heroína se realizan en territorio iraní. Esto hizo que la ruta del norte ganara importancia, pero luego, una vez superado el escollo iraní, un contingente importante de droga descendiera nuevamente hacia Turquía.

(()  Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

 

Domingo, 10 de Septiembre de 2006 11:56 #.

 

Perspectivas del próximo curso político: año decisivo

Perspectivas del próximo curso político: año decisivo

Infokrisis.- Como cada año, a principios de septiembre, aprovechamos el comienzo del curso político para analizar las línea generales de la tarea de gobierno y los problemas con los que se va a enfrentar nuestro país. Desde esta óptica podemos afirmar que el curso político 2006-2007 va a ser decisivo como ningun otro. Tiempo de crisis, tiempo de caos, tiempo de ZP... nuestro tiempo.

 

1. La inmigración llegará a 6.000.000…

En el momento de escribir estas líneas el problema de la inmigración ilegal y masiva se ha enquistado y empieza a cundir el desánimo entre la población y la desorientación en el gobierno que ya no sabe que excusas urdir para salir airoso ante el descontento de nuestra población.

Si el año pasado estallaba la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla, resueltas solamente con la inyección de 40 millones de euros a Marruecos, este nuevo curso político se inicia con la crisis de los kayucos. El año pasado el gobierno salió airoso afirmando que la culpa no era del “efecto llamada”, sino de la pobreza… Caldera ha intentado dar el mismo argumento un año más tarde, sosteniendo exactamente los mismos argumentos. En estos 12 meses, Caldera ha pasado completamente desapercibido para la opinión pública que le responsabiliza –con razón- de la regularización masiva de 2005, que reavivó el efecto llamada sostenido que se vivía desde la reforma de la Ley de Extranjería de 1999 realizada por el PSOE. La inmigración ha quemado al ministro Caldera y, en buena lógica, debería ser uno de los futuros cesados. Pero la lógica no rige para el gobierno ZP.

Lo realmente grave es que, sumando una media de 1.500 nuevos inmigrantes al día que entran por Barajas, en patera, en kayuco, en autobús por los Pirineos, más la reagrupación familiar… 2007 terminará con 6.000.000 de inmigrantes. Algo insoportable para la sociedad y el erario público español.

Este país no es rico, nuestros recursos económicos son limitados y no permiten un régimen de subsidios masivos, abordados desde hace 20 años en Europa, sin desequilibrar gravemente nuestra economía.

Aproximadamente el 50% de los inmigrantes constituyen una “fuerza no productiva”, esto es, subsidiada: unos porque están en paro, otros porque están de baja laboral, otros porque son menores, otros porque son delincuentes, otros porque son mujeres y ancianos que han llegado aquí por reagrupación familiar pero que pertenecen a grupos nacionales en los que la mujer no trabaja, otros, simplemente, porque trabajando como autónomos no pagan su cuota mensual, otros porque son ilegales… el caso es que estamos por encima del 50% (en cifras absolutas en este momento, en torno a 2.500.000 de inmigrantes) situado fuera del mercado laboral, es decir: subsidiado.

Todo lo que hemos conocido hasta ahora en materia de crisis de inmigración no va a ser nada comparado con lo que se nos viene encima en todas las áreas sensibles en las que la inmigración tiene un peso decisivo: paro y delincuencia, violencia doméstica y aumento del precio de la vivienda, formación de ghetos y tensiones étnicas, religiosas y sociales…

La crisis de la inmigración va a ser el gran riesgo que tendrá que afrontar el gobierno ZP para su reelección en 2008.

2. El “proceso de paz”, la gran apuesta y la gran mentira

A lo largo de este curso político el “proceso de paz” deberá ofrecer algunos resultados. En nuestra opinión todo está ya hablado, decidido y pactado. La detención selectiva de dirigentes etarras ha facilitado que “Josu Ternera” quede como dirigente único e indiscutido de la banda… partidario de liquidar el tema del terrorismo, eliminar los riesgos de resultar detenido y pasar el resto de su vida en prisión y ávido de quedarse con el tesoro de ETA acumulado tras cuarenta años de racket y extorsión.

Es evidente que ZP intenta utilizar el “proceso de paz” para mejorar su imagen ante la opinión publica. De eso y no de otra cosa se trata: por ello, lo más probable es que los primeros pasos se harán visibles antes de las elecciones municipales, a fin de que tanto ZP como ETA puedan resultar beneficiados a costa del electorado centrista del PP de un lado y del voto nacionalista del PNV y EA de otro. Porque de lo que se trata es de crear las condiciones para un gobierno de izquierdas en el País Vasco en las elecciones autonómicas. Este mismo pacto puede dar lugar a ayuntamientos “de izquierdas” (HB-PSE) tras las municipales.

Ahora bien, el “proceso de paz” peligra por varios frentes: de un lado, la opinión pública –no solo las víctimas- está a favor del castigo a los delincuentes y del cumplimiento de las penas de prisión. Cada vez que en la Audiencia Nacional aparece un matarife etarra, el “proceso de paz” parece más absurdo y ridículo. El juicio contra Txapote y su compañera, el juicio contra Iñaki Bilbao… demuestran solamente una cosa: que ETA no es un fenómeno político, sino una banda de psicópatas anormales, verdaderos tarados con el cerebro desorganizado… como la mayoría de asesinos en serie. ¿Y es a esos psicopatones a los que el gobierno ZP va a poner en libertad?

Cada vez que un Txapote la emprende a golpes con la jaula de vidrio de la Audiencia Nacional, o cada vez que un Iñaki Bilbao evidencia el mal estado de sus neuronas amenazando a cualquier cosa que se mueva, el “proceso de paz” pierde puntos ante la opinión pública. A ZP le va a resultar difícil “vender” este proyecto a esa opinión pública.

Pero hay otro elemento: no sería la primera vez que ETA respondiera con una escisión ante una oferta de paz o ante la posibilidad de reconocer lo estúpido de su terrorismo. Por mucho que ZP intente tensar la cuerda, la opinión pública no va a aceptar que los asesinos de Miguel Ángel Blanco y tantos otros salgan en libertad así como así. Algunos de los matarifes de más “prestigio” deberán seguir en la cárcel. Y esto ocasionará tensiones en el interior de la izquierda abertzale, en la que algunos de los más observadores ya empiezan a no tener dudas sobre el papel de “Josu Ternera” en toda esta representación teatral dramatizada y están decidiendo boicotearlo.

El hecho de que en las últimas semanas se hayan reproducido algunos episodios de kale borroka es significativo de lo ajenos que permanecen ante el “proceso de paz”. Y hay algo peor: el proceso de paz solamente resuelve aquello que ETA ya no está en condiciones de realizar (los asesinatos), pero, por lo demás, el odio de los abertzales hacia todo lo que no es su propio mundo, la presión contra los ciudadanos vascos considerados “españolistas”, todo eso no entra dentro de la negociación.

ZP ha logrado, para mayor gloria de las encuestas del CIS, que el Estado se siente a negociar con una banda de psicópatas, que, por lo demás, ya estaba moribunda. Solamente había que apuntillarla, encerrar a sus últimos mohicanos y tirar la llave de sus celdas al retrete. ZP ha optado por lo que cree que le va dar más “prestigio”: negociar mostrando que con “buen talante” se resuelve todo.

3. Las elecciones autonómicas catalanas

Fuimos de los primeros en pronosticar que el gobierno Maragall duraría apenas dos años. Nos equivocamos solamente por 8 meses. Dijimos hace tres años que Maragall no estaba en condiciones de presidir, no sólo el gobierno de la Generalitat, sino ni siquiera una asociación de vecinos. Todo desde el principio del gobierno Maragall pasó a ser surrealista y absurdo: Carod-Rovira y su viajecito a Perpignan, la sustitución de Carod por un ilustre desconocido que tres años después sigue siendo tan gris y mediocre como desconocido, el hundimiento del barrio de El Carmelo, las multas y las denuncias por incumplimiento de la legislación lingüística, la absoluta parálisis de la tarea de gestión del día a día, los enfrentamientos con la Generalitat de Valencia, las frases intempestivas repetidas una y otra vez, siempre más surrealistas, siempre más escandalosas, siempre más estúpidas…

Pero nada de todo esto igualaría lo que vendría del peor gobierno autonómico y  la peor gestión que haya podido darse en España desde las Cortes de Cádiz: el “nou Estatut”. Cuando decíamos que no había demanda social de un nuevo Estatuto, no mentíamos. Lo hemos comprobado en la pobre participación ciudadana en el referéndum de junio.

Durante ¡tres años, tres! el gobierno catalán ha estado paralizado, concentrando absolutamente todos sus esfuerzos en la elaboración de un nuevo estatuto… que, tras ser aprobado por el Parlament, fue modificado de arriba abajo tras la conversación telefónica Mas-ZP, aun cuando no está claro si la “pasada por el parlamento” mejoró o empeoró el texto. El caso es que hoy el Estatuto ya está aprobado.

Sea como fuere, ZP solamente dio la patada a Carod y se arrojó en manos de Mas, cuando las encuestan le indicaron que Carod resultaba inaceptable para la opinión pública española. A partir de ahí, es fácil suponer que uno de los pactos Mas-ZP es la formación de un gobierno de coalición PSC-CiU, si ninguna de las dos fuerzas tiene mayoría absoluta (lo que es casi seguro), ocupando la presidencia el partido que obtenga más votos. Todo induce a pensar que será Mas. Tres años de Maragall son mucho más de lo que el electorado del PSC puede soportar.

De hecho, lo realmente importante de estas elecciones es el resultado que van a obtener las opciones anti-Estatuto: Ciudadanos de Catalunya (disidentes del PSC) y el PP. Y, por supuesto, la suma de votos nulos y en blanco. Prevemos que el resultado no va satisfacer a los popes de uno y otro lado de la Plaza de San Jaime.

4. Elecciones municipales

En marzo-mayo de 2007 se convocarán elecciones municipales. Aún es pronto para intuir quien resultará más beneficiado. Será en las grandes ciudades donde quizás se perciba alguna tendencia que permitirá intuir lo que ocurrirá un año después en las generales. Ahora bien, en Madrid y en Barcelona, el PSOE y el PSC deberán presentar nuevos candidatos y no está claro de quien se va a tratar.

Lo realmente sorprendente es que el PSOE va a tener que presentar un programa que resulte creíble para la población: parece difícil, por ejemplo, que en el Levante español logre superar el descrédito en el que ha caído su sigla con la renuncia a apoyar el Plan Hidrológico Nacional aprobado en la legislación anterior por el PP y del que es justo reconocer su idoneidad, especialmente para la agricultura.

Le va a resultar muy difícil al PSOE hablar de vivienda, de posturas ante la corrupción municipal, del negocio del ladrillo, por no hablar de la necesidad de una “segunda descentralización” en la que ni cree, ni considera necesario en la medida en que atenúa el “Estado de las Autonomías” y no es recogida por los “nuevos Estatutos”…

Y, finalmente, le va a resultar muy difícil, no solo al PSOE, sino también al PP, negar que “toda España es Marbella” y que la corrupción municipal es el primer y más amplio frente de la corrupción y la razón principal del alejamiento entre la población y la clase política.

5. La investigación sobre el 11-M

A lo largo del anterior curso político, la negación de la versión oficial sobre los atentados del 11-M pasó de ser patrimonio de un pequeño grupo de “conspiranoicos” a ser asumido por buena parte de la sociedad española. Datos nuevos no faltan, desde luego.

Hoy puede hablarse, sin temor a equivocarnos, que una parte de la trama ya ha sido revelada: la policial. En efecto, determinados policías conspiraron, permitieron, alentaron, cubrieron y participaron directamente en el atentado. Y, luego, una vez cometido, engañaron a la opinión pública, crearon pistas falsas, biografías fantasiosas y, finalmente, asesinaron a los que tres semanas habían presentado como autores directos en la masacre de Leganés.

Hoy podemos afirmar que, lo quiera o no reconocer el gobierno, la versión oficial –SU VERSION- ha sido completamente desacreditada y no resiste un juicio justo. Hubo conspiración. Esa conspiración asesinó a 192 personas. Y tuvo consecuencias importantísimas para la política española. ZP, el mediocre, el indocumentado, el peor presidente de la democracia española, con el peor gobierno, es un producto del 11-M.

A lo largo de este año, el juicio será inaplazable: eso, o los “presuntos culpables” irán saliendo de prisión. El año pasado se disipó la “versión oficial” sobre la “célula española de al Qaeda”. Todos los procesados resultaron absueltos de complicidad con los atentados del 11-S y condenados solamente por delitos menores. Pero el 11-S no es el 11-M. La opinión pública pudo soportar la sentencia de la “célula española de al Qaeda”, pero cuando se produzca la sentencia absolutoria de la mayoría de implicados en el 11-M y quede claro que todos los imputados de relación directa, TODOS, eran confidentes de determinados servicios de seguridad del Estado, veremos lo que exige la opinión pública y como percibe lo que ocurrió entre el 11 y el 14-M.

Por lo demás, las manifestaciones antiterroristas del curso pasado demostraron que ya es un clamor popular iniciar de nuevo y bajo otra perspectiva la investigación sobre el 11-M. Distintos medios de prensa han presentado tal número de testimonios sobre la conspiración, que solamente los portavoces del gobierno siguen mirando a otro lado, evitando responder a las cuestiones básicas. Pero cuando tenga lugar el juicio, deberán afrontar la verdad: el 11-M hubo “golpe de Estado”. Y ZP es el hijo bastardo de esa conspiración.

El escándalo está servido a medio plazo: la conspiración podrá silenciarse en cierta medida mientras el PSOE y ZP bloqueen desde el poder toda investigación oficial. Pero cuando vuelva el PP al gobierno, colocará toda la carne en el asador para descubrir qué ocurrió en aquellos atentados. El 11-M elevó a ZP a presidente, la verdad sobre el 11-M pulverizará su imagen.

A lo largo de éste curso político aumentará el descrédito de la versión oficial.

6. La aplicación del “nuevo Estatuto”

Ni ZP, ni los diputados socialistas dan la sensación de haber leído el texto del Estatuto que han aprobado. Ese texto es literalmente anticonstitucional en muchos puntos, pero sobre todo, es una insensatez. En la práctica –tal como demostramos en una serie de 10 artículos- el Estatuto sella la desaparición del Estado en Catalunya. Es un receptáculo de ambigüedades y medias tintas cuya aplicación se prevé difícil.

El texto del Estatuto catalán arrastrará la reforma de otros estatutos que lo tomarán como referencia. Es evidente que un Estado así, desaparecido en la mayor parte del territorio, es absolutamente inviable. Comunidades que “blindan” sus ríos, otras que se anclan en su derecho “consuetudinario” del que nadie se acordaba hasta hacía poco; Comunidades que reivindican “derechos históricos” en función de interpretaciones unilaterales y subjetivas… esto es lo que tenemos ante la vista.

A partir de las elecciones catalanas del 1-N, el gobierno que resulte estará “secuestrado” por el texto del Estatuto y por su inviabilidad. Quienes permanezcan fuera del gobierno catalán (ERC, fundamentalmente), tendrán argumentos suficientes para exigir la aplicación del articulado estatutario. Y el problema es que la ambigüedad del texto convertirá el traspaso de competencias en un verdadero suplicio en el que cada parte, Estado y Generalitat, intentarán extraer el máximo de beneficios… la “negociación” se convertirá en algo angustioso y en permanente tensión incluso por competencias mínimas, como ya ha ocurrido con las subvenciones a las ONG's, una de las últimas polémicas desatadas por Maragall antes de la disolución del parlamento catalán.

A partir de ahora, cualquier gobierno vivirá bajo presión por el preámbulo del Estatuto que define a Catalunya como “nación sin Estado”. Otras regiones reivindican también su categoría de “nación” (Andalucía ayer, Galicia mañana, el País Vasco, por supuesto).

Lo más probable es que el Tribunal Constitucional haga caer algunos de los artículos más polémicos del Estatuto, pero el espíritu y la ambigüedad están implícitos incluso en el pie de imprenta.

Durante el próximo curso político, el “caso catalán” se va ver ampliado a otras autonomías, a la misma velocidad con la que la aplicación del Estatuto de Catalunya se va a convertir en un tira y afloja permanente.

7. Dolor por nuestros soldados llevados a los más disparatados frentes

El próximo curso político España va a tener más soldados en el extranjero que ha tenido jamás desde los Tercios de Flandes. Y todo gracias a la banda de incompetentes que rigen los destinos de la Defensa y Exteriores. El curso político pasado ya se produjeron 17 muertos en el helicóptero derribado en Afganistán. Cada vez más, nuestros muchachos son conscientes de que están participando en una guerra como ejército ocupante, en absoluto en una “misión de paz”. Nuestros muchachos son percibidos por la población afgana como “ocupantes” y considerados como tal son hostigados. Pues bien, ese mismo proceso de indefinición de la misión y de engaño a la opinión pública se ha repetido en la misión encomendada a algo más de un millar de nuestros soldados en el Líbano.

También aquí esta misión no puede ser considerada ni remotamente como “misión de paz”: colocarse en medio de dos contendientes no es contribuir a la “paz”, sino arriesgarse a recibir palos de ambas partes. El gobierno no ha sido capaz de definir siquiera la naturaleza del problema del Líbano, Moratinos tiene una increíble tendencia a “comprender” a los palestinos y a condenar a Israel… en un conflicto en el que nadie tiene la razón y en el que nadie quiere ceder.

Minas y bombas de racimo abandonadas, recrudecimiento eventual de las hostilidades, terrorismo palestino, contraterrorismo judío… son sólo algunos de los peligros que van a tener que afrontar nuestros muchachos.

Todas estas aventuras exteriores van a costar no solamente fondos al erario público, sino además un tributo de vidas humanas: algunos no queremos que nuestros muchachos mueran por nada. ZP se sigue refugiando eternamente en que su “talante” es pacífico y remite a la retirada de Irak… pero en la aventura afgana ya han muerto demasiados soldados españoles: los del Yakolev, los del helicóptero derribado… Nuestros soldados no deben morir porque nuestra clase política tenga ensoñaciones de “gran potencia pacificadora”.

8. Remodelación gubernamental

A lo largo del mes de septiembre se producirá una remodelación inevitable del gobierno ZP, no solamente por cuestiones electorales en Catalunya y Canarias, sino por puro desgaste. La mayoría de ministros están quemados y han demostrado completamente su ineficacia e incluso su desconocimiento absoluto de las materias encomendadas.

Ahora bien, algunos de los ministros fueron elegidos por ZP en función del “principio de Peter” sobre los distintos niveles de incompetencia: un dirigente incompetente tiene tendencia a elegir para cubrir los cuadros inferiores a gente todavía más incompetente. El resultado es la parálisis de la administración: un ministro de defensa que no tiene la más remota noción de lo que es la defensa nacional, una ministra de medio ambiente capaz de defender una política hidrológica sin pies ni cabeza, un Rafael Caldera, una ministra de cultura, un ministro de exteriores, por citar solo unos cuantos ejemplos entre los más lacerantes, no sólo de la ineficacia, sino del desconocimiento de algunos ministros de sus áreas específicas de trabajo, y que están llegando al final del recorrido.

Todo el problema de la remodelación de septiembre-octubre es si ZP se va a limitar a cambiar a los ministros “tocados” (con lo cual, salvo el ministro de economía y la ministra de sanidad, prácticamente todos deberían ser defenestrados), o bien va a mantener a sus entrañables amigos (Caldera, Rubalcaba, De la Vega, etc.) y va a minimizar la crisis a unas pocas carteras que necesariamente debe suplir por cuestiones electorales.

En las actuales circunstancias, el gobierno ZP está completamente erosionado. Solamente mantiene los mismos niveles de intención de voto de hace dos años, gracias a la polarización de fuerzas políticas y, especialmente, a la defensa mediática que está realizando el grupo PRISA sobre la figura del presidente. Pero parece difícil que, en el estado actual de la gestión gubernamental, sea posible enmascarar durante mucho tiempo la mala gestión del gobierno.

9. La economía cojea, España se constipa

El gran riesgo de ZP es que la coyuntura económica internacional empeore y arrastre en su caída a la economía española. Y en este terreno las perspectivas no son en absoluto buenas. Quizás en materia económica el gobierno ZP es donde ha cometido los menos errores, limitándose a ser continuista respecto a la aplicada antes por el PP. Solbes es un técnico, perfectamente consciente de que la economía es un terreno demasiado serio como para dejarlo en manos de un analfabeto en economía como ZP. Solbes se limita a aplicar las fórmulas de la “única política posible” en economía. Sin embargo, su gestión se resiente de la catástrofe política del gobierno ZP.

En primer lugar, el dinero es cobarde. Huye de allí donde huele problemas. En el último año las inversiones han descendido respecto al año anterior y en el País Vasco y Cataluña todavía más. Los bajos tipos de interés que han estado en vigor hasta mediados de 2005 han hecho que parte del dinero inversor se haya orientado hacia el sector de la construcción. El sector industrial se ha visto huérfano de inversiones y el campo ha languidecido. Pero no es por culpa de ZP. En realidad, la culpa de ZP se reduce a seguir creyendo todavía hoy que la globalización es algo inevitable y beneficioso. No solamente no lo es, sino que la desertificación industrial de nuestro país, el abandono de miles de hectáreas de cultivo y nuestra transformación en un país de servicios, son los rasgos característicos de esta época.

Pero a partir de mediados de 2005, los tipos de interés han ido subiendo en EEUU y han arrastrado a todo el mundo.

En el próximo curso político veremos como la economía familiar queda absolutamente debilitada por la subida de las hipotecas, el estancamiento de los salarios y el ascenso de la inflación (riesgo paralelo a la subida de los tipos de interés). De todos los problemas con los que nos vamos a encontrar, el paro, y los efectos colaterales que genera, va a ser, sin duda, el más grave. El descenso de la actividad del sector de la construcción (el único que ha demostrado vitalidad en los últimos años, pero cuyo declive se ha dejado presentir el pasado curso político) se convertirá en un foco de parados y en ralentizador de la economía.

Por otra parte, el descenso y la eliminación práctica de los fondos estructurales va a generar un descenso de la obra pública con el consiguiente efecto de que las empresas españolas de este sector van a orientar sus esfuerzos hacia participación en proyectos en el extranjero, particularmente en Iberoamérica y en algunos países del este europeo.

Así pues, el curso político 2006-2007 va a ser particularmente duro en lo que a economía se refiere.

Pero el gran problema va a ser la crisis energética y el constante aumento del precio del petróleo. El gobierno ZP ya ha anunciado para diciembre un aumento del impuesto sobre la gasolina. La falta de previsión en este terreno la vamos a pagar muy cara. Estamos en manos energéticas de Marruecos y Argelia en lo que se refiere a gas natural, y dependemos casi al 100% del suministro de petróleo de Medio Oriente. La presión de los ecologistas ha hecho que nos dediquemos sobre todo a energías alternativas caras y de dudosa eficacia para grandes consumos, y, sin embargo, se evitan otras energías condenadas por los ecologistas, pero necesarias para mantener el crecimiento industrial (la nuclear y la obtención de combustibles a partir de aceites vegetales).

Esta imprevisión solamente tiene paralelo con la de la que ha hecho gala el gobierno ZP en materia hídrica. El desmantelamiento del Plan Hidrológico, una de los grandes logros del gobierno Aznar, apoyado incluso en su momento por sectores del PSOE, el “blindaje” de ríos como el Ebro, la explotación sistemática de sus acuíferos que terminarán agotándose y que en algunas zonas descienden una media de 9 metros al año, la inviable sustitución de las aguas fluviales de riego por aguas surgidas de desalinizadoras, etc., nos van a sumergir en una crisis energético-ecológica sin precedentes; y aquí sí que el gobierno ZP es culpable por haber cedido a las presiones de los nacionalistas catalanes y haber actuado de manera frívola y ligera.

* * *

10. Conclusión

El curso político que se inicia no va a ser fácil, ni para el gobierno, ni para la sociedad española. La diferencia es que el gobierno es el responsable casi exclusivo de la situación, y la sociedad española sufre la falta de capacidad de ZP para gobernar. Pero, a fin de cuentas, la sociedad española es responsable de lo que ocurre, pues ha sido a ZP a quien ha otorgado sus votos. Cada pueblo tiene lo que merece y, probablemente ZP, el peor presidente de la democracia, esté en sintonía con la situación de crisis interior de la sociedad española.

Comida basura, televisión basura, política basura, se han convertido en los elementos dominantes de nuestra cotidianeidad. La sociedad española está viviendo la crisis más profunda de su Historia. Así se entiende que la sociedad española permanezca impasible ante la inmigración o ante cualquier otro problema y que mayoritariamente absorba todas las formas de basura que se le ponen a su alcance.

Y esto nos lleva a una conclusión: cualquier forma de regeneración política implicará una previa regeneración moral de la sociedad española.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

El Zen en el Arte del Tiro con Arco (I de III). Eugen Herrigel

El Zen en el Arte del Tiro con Arco (I de III). Eugen Herrigel

Infokrisis.- En los años 30, un profesor alemán residente en el Japón quiso iniciarse en el Arte del Tiro con Arco, considerado el "Magno Arte" del Zen. Al concluir su experiencia, cinco años después, escribió esta obra que fue publicada en Argentina por Editorial Kier en los años 60. Hemos reproducido esta edición, incorporando solamente algunas correcciones en cuanto a la traducción. Recomendamos la lectura detenida de esta obra para todos los interesados por la vía de la Tradición Guerrera

 

 

El Zen en el Arte del Tiro con Arco

 

Eugen Herrigel (Bungaku Hakushi)

 

 

Biblioteca Virtual del Guerrero | 1

 

Editado por infokrisis

http://www.blogia.com/infokrisis

 

INTRODUCCION

Por DAISEU T. SUZUKI

 

Uno de los factores esenciales en la prác­tica del tiro de arco y de las otras artes que se cultivan en el Japón (y probable­mente también en otros países del lejano Oriente), es el hecho de que no entrañan ninguna utilidad. Tampoco están destina­das a brindar goce estético, sino que sig­nifican ejercitación de la conciencia que ha de relacionarse con la realidad última. Así pues, el tiro de arco no se realiza tan sólo para acertar el blanco; la espada no se blande para derrotar al adversario; el danzarín no baila únicamente con el fin de ejecutar movimientos rítmicos. Ante todo, se trata de armonizar lo consciente con lo inconsciente.

Para ser un verdadero maestro del tiro de arco, no basta dominio técnico. Se ne­cesita rebasar este aspecto, de suerte que el dominio se convierta en "arte sin arti­ficio” emanado de lo inconsciente.

Respecto del tiro de arco, significa que arquero y blanco dejan de ser dos objetos opuestos, y se transmutan en realidad úni­ca. El arquero ya no está consciente de su yo, como un individuo cuya misión es acer­tar el blanco. Mas ese estado de no‑con­ciencia lo alcanza sólo si está enteramente libre y desprendido de su yo, si se aúna a la perfección de su destreza técnica. Esto se distingue fundamentalmente de todo progreso que pudiera alcanzarse en el ma­nejo del arco.

Ese algo tan distinto, que pertenece a otra categoría, se llama satori. Es intuición, pero difiere por completo de lo que, por regla general, suele denomi­narse así. De ahí que le dé el nombre de intuición, prajña. Prajña podría concebir­se como "sabiduría trascendental”, mas es­ta expresión tampoco refleja los múltiples matices de la voz prajña, por cuanto se tra­ta de intuición que capta simultánea­mente la totalidad y la individualidad de to­das las cosas. Es intuición que reconoce, sin meditación alguna, que cero es infinito (‑) y que infinito es cero (‑); y esto no ha de tomarse en sentido simbólico ni mate­mático, sino como experiencia directamen­te aprehensible.

Por eso, satori es (hablando en térmi­nos psicológicos), hallarse allende los lími­tes del yo. Desde un punto de vista lógico es percepción de la síntesis de afirmación y negación; en cuanto a su aspecto meta­físico, es aprehensión intuitiva de que ser es devenir y devenir es ser.

La diferencia característica entre el Zen y todas las demás doctrinas de índole re­ligiosa, filosófica o mística reside en que jamás desaparece de nuestra vida cotidia­na pero, a pesar de toda su aplicabilidad práctica y de toda su “concreción", entraña algo que lo separa de la contaminación y del ajetreo mundanos.

He aquí el punto de contacto entre el Zen y el tiro de arco o las demás artes, como esgrima, arreglos florales, ceremonia del té, danza y bellas artes.

El Zen es "la conciencia cotidiana, se­gún la expresión de Baso Matsu (fallecido en 788). Esa "conciencia cotidiana" no es otra cosa que "dormir cuando se tiene sueño; comer cuando se tiene hambre". Apenas reflexionamos, razonamos y for­mulamos conceptos, lo inconsciente prima­rio se pierde, y surge un pensamiento. Ya no comemos cuando comemos; ya no dor­mimos cuando dormimos. Se disparó la flecha, pero no vuela en línea recta hacia el blanco, y éste no está donde debería hallarse.

El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa. Debemos reconquistar el “candor infantil" a través de largos años de ejercitación en el arte de olvidarnos de nosotros mismos. Logrado esto, el hom­bre piensa sin pensar. Piensa como la llu­via que cae del cielo; piensa como las olas que se desplazan en el mar; piensa como las estrellas que iluminan el cielo noctur­no, como la verde fronda que brota bajo el tibio viento primaveral. De hecho, él mismo es la lluvia, el mar, las estrella, la fronda.

Una vez que el hombre haya alcanzado ese estado de evolución "espiritual", será maestro Zen de la vida. No necesita, co­mo el pintor, de lienzo, pinceles ni colores. No necesita, como el arquero, de arco, fle­cha ni blanco, ni de otros recursos. Se sir­ve de sus miembros, de su cuerpo, cabeza y órganos. Su vida en el Zen se expresa por medio de todos esos "instrumentos" importantes como manifestaciones suyas. Sus manos y pies son los pinceles. Y todo el universo es el lienzo sobre el cual pin­tará su vida durante setenta, ochenta y hasta noventa años. El cuadro así pinta­do se llama "historia".

Hoyen de Gosozan (muerto en 1104) dice: "He aquí un hombre que convierte el vacío del espacio en hoja de papel; las olas del mar, en tintero y el Monte Sumeru en pincel, para escribir estas cinco síla­bas: so ‑ shi ‑ sai ‑ rai ‑ i[1].

A él le doy mi zagu[2] y me inclino ante él profundamente." Podría preguntarse qué significa esta manera fantástica de escribir. ¿Por qué es digno de la más alta veneración un hombre capaz de ello? Un maestro del Zen tal vez respondería: "Como cuando tengo hambre; duermo cuando estoy cansado." Mas el lector aún estará esperando la respuesta a su pre­gunta por el arquero.

En este maravilloso libro, el profesor Herrigel, filósofo alemán que residió en el Japón, donde se dedicó a la práctica del tiro de arco para acercarse a la com­prensión del Zen, nos ofrece una ilumi­nada descripción de su propia experien­cia. Su manera de expresarse permitirá al lector occidental familiarizarse con ese modo de vivencia oriental tan peculiar y aparentemente inaccesible.

Ipswich, Massachusetts, mayo de 1953.

 

 

I

 

A primera vista, establecer una rela­ción entre el Zen ‑sea cual fuere el con­cepto que de éste se tenga‑ y el tiro de arco ha de parecernos una intolerable degradación. Aunque, con generosa com­placencia, aceptáramos para el tiro de ar­co la denominación de "arte", difícilmen­te alguien buscará en ese arte otra cosa que una destreza puramente deportiva. En consecuencia, esperará un relato sobre hazañas asombrosas de arqueros japone­ses que tienen la ventaja de poder ins­pirarse en una secular tradición nunca interrumpida del todo acerca del manejo del arco y la flecha. En el lejano Oriente hace tan sólo pocas generaciones que las armas modernas suplieron a los antiguos medios de combate, por lo menos los uti­lizados en la guerra.

Pero tal circunstancia no ha impedido, de manera alguna, que la gente continua­ra ejercitándose en el uso de éstos. Por el contrario, son cada vez más amplios los círculos de adeptos dedicados a esas prác­ticas.

¿No podrá esperarse, entonces, una descripción del modo peculiar en que el tiro de arco se lleva a cabo hoy en día en el Japón como deporte nacional? Na­da más lejos de la verdad que precisa­mente este supuesto. Al tiro de arco, en el sentido tradicional, respetado como ar­te y honrado como herencia, los japoneses no lo consideran como deporte sino, aun­que parezca extraño en un primer mo­mento, como acto ritual. Por ende, el “arte" del tiro de arco no significa para ellos habilidad deportiva con predominio primordialmente físico, sino maestría cu­yo origen ha de buscarse en ejercicios espirituales y que tiene por finalidad acertar en lo espiritual. En el fondo, el tirador apunta a sí mismo y tal vez logre acertar en sí mismo.

Sin duda, esto parecerá enigmático. ¿Cómo ‑se dirá‑ el tiro de arco, prac­ticado en el pasado para la lucha a muer­te, ni siquiera se habría conservado como un verdadero deporte, sino que estaría transformado en un ejercicio espiritual? ¿Para qué se necesitan entonces el arco y la flecha y el blanco? ¿No se reniega con esto del antiguo arte viril y del sen­tido honesto e inequívoco del tiro de arco, y se lo sustituye por algo nebuloso, si no lisa y llanamente fantástico?

Cabe señalar, sin embargo, que el peculiar espíritu de ese arte, desde que no debe ponerse a prueba en luchas sangrien­tas, se ha manifestado aún más nítida y convincentemente por espíritu cuyo vínculo con el arco y la flecha no es de fecha reciente, puesto que ha sido inheren­te a ellos desde un principio. No se trata de que la tradicional técnica del tiro de arco ‑después de haber perdido su im­portancia para el combate‑ se haya con­vertido en un placentero pasatiempo ca­rente de seriedad.

La "Doctrina Magna" del tiro de arco nos dice otra cosa. Según ella, ahora co­mo antes es una cuestión de vida o muer­te, por cuanto concierne a un enfrenta­miento del tirador consigo mismo; y ese modo de oposición no es un pobre sustituto, sino el fundamento sustentador de todo enfrentamiento dirigido hacia el exterior, tal vez, contra un adversario físico. De modo, pues, que sólo en ese enfrentamien­to del arquero consigo mismo se revela la esencia oculta de ese arte, y por ello su enseñanza no detenta nada esencial si prescinde de la aplicación práctica que en su tiempo exigían las lides caballerescas.

Quien se consagra hoy al arte del arco obtiene de la evolución histórica el innegable beneficio de no sucumbir a la ten­tación de empañar, o simplemente impe­dir, con la proposición de fines utilitarios, la comprensión de la "Magna Doctrina" por más que se oculte a sí mismo esos fines. Porque, y en esto están de acuer­do los maestros arqueros de todos los tiempos, el acceso está abierto sólo a aque­llos que se acercan con el corazón "puro” es decir, libre de segundas intenciones.

Si se pregunta ahora, desde este punto de vista, cómo ven y describen los maes­tros arqueros japoneses ese enfrenta­miento del tirador consigo mismo, su res­puesta parecerá más que misteriosa. Por­que para ellos el enfrentamiento consiste en que el arquero apunta a sí mismo ‑y sin embargo no a sí mismo‑ y que en­tonces tal vez haga blanco en sí mismo ‑y sin embargo no en sí mismo‑ de modo que será a un tiempo el que asesta y el que es asestado, el que acierta y el que es acertado. 0 bien, para expresarlo con algunos términos muy caros a los maestros arqueros: es preciso que el ti­rador, pese a todo su hacer, se convierta en centro inmóvil. Entonces surge lo úl­timo y lo más excelso: el arte deja de ser arte, el tiro deja de ser tiro, será un tiro ­sin arco ni flecha; el maestro vuelve a ser discípulo; el diestro, principiante; el fin, comienzo; y el comienzo, consumación.

Para el hombre del lejano Oriente, estas oscuras fórmulas son transparentes y fa­miliares. A nosotros, en cambio, sin duda nos dejan perplejos. No nos queda, pues, otro remedio que ir más lejos aún.

Desde hace bastante tiempo ha dejado de ser un secreto, hasta para nosotros los europeos, que las artes japonesas, dada su forma intrínseca, se originan en la raíz común del budismo. Esto vale para el arte de los arqueros en el mismo senti­do y la misma medida que para la pintura a la tinta china, para el arte dramático no menos que para la ceremonia del té, para el arreglo floral igual que para el arte de la espada.

Esto significa, en primer lugar, que to­das esas artes presuponen ‑y según su índole cultivan conscientemente‑ una ac­titud espiritual que en su forma más ele­vada es característica del budismo y de­termina el ser del hombre sacerdotal. Por cierto, no nos referimos al budismo sin más: no se trata del budismo puramente especulativo que, por haberse divulgado en escritos de supuesta accesibilidad, es el único conocido en Europa y hasta se pretende comprendido. Nos referimos al budismo "dhyana” llamado "Zen" en el Japón que, en primer lugar, no quiere ser especulación sino vivencia directa de aquello que, como causa sin causa de lo existente, no puede concebirlo el intelecto ni, aun después de las experiencias más inequívocas e irresistibles, puede ser apre­hendido e interpretado: uno lo conoce sin conocerlo.

Con el fin de lograr esas decisivas ex­periencias, el budismo Zen sigue caminos que, a través de un recogimiento practi­cado metódicamente, han de conducir al hombre a percibir en lo más profundo de su alma lo inefable que carece de cau­sa y modos, y lo que es más: a unirse con ello.

Con respecto al tiro de arco, esto sig­nifica ‑expresado de manera muy apro­ximada y, tal vez precisamente por eso causa de interpretación errónea‑, que los ejercicios espirituales a los cuales se debe exclusivamente que la técnica del ti­ro de arco se convierta en arte y, si se die­ra, finalmente en arte sin artificio, sean ejercicios místicos. Por eso, el tiro de arco de ninguna manera puede significar un intento de lograr algo exteriormente, con arco y flecha, sino interiormente, con el propio yo. Arco y flecha son, por decirlo así, nada más que pretexto de algo que podría darse también sin ellos; el cami­no hacia una meta, no la meta misma; ayudas para dar el salto final y decisivo.

Frente a esta circunstancia, nada me­jor que poder recurrir a exposiciones de adeptos del Zen, con el fin de profundizar nuestra comprensión del tema. Estas no faltan, por cierto. Así, por ejemplo, D. T. Suzuki en sus Essays on Zen‑Buddhism ha podido demostrar que la cultura ja­ponesa y el Zen están íntimamente in­terrelacionados, de suerte que las artes japonesas, la actitud espiritual del samu­rai, el estilo de vida del japonés, su forma de vida moral, estética y hasta cierto punto incluso la intelectual, deben su pe­culiaridad a ese fundamento zen. Por eso son poco menos que incomprensibles para quien no esté familiarizado con él.

Las publicaciones de Suzuki, sumamen­te significativas, así como las indagacio­nes de otros investigadores japoneses, han despertado un justificado interés. Se ad­mite plenamente que el budismo dyhana ‑nacido en la India, desarrollado des­pués de profundas transformaciones, has­ta alcanzar toda su madurez en la Chi­na‑, adoptado finalmente y cultivado como tradición viviente aún en nuestros días por el Japón, que ese Zen, pues, es capaz de desencadenar formas insospe­chadas de la existencia humana cuya com­prensión no puede estimarse demasiado.

Mas, pese a todos los esfuerzos de los especialistas del Zen, es innegable que sigue siendo sumamente escaso lo que los europeos hemos podido aprehender hasta ahora de su esencia. Como si se opusiera a toda penetración, nuestras tentativas de explorarlo mediante la intuición y la empatía, a los pocos pasos encuentran obstáculos insalvables. Envuelto en im­penetrables tinieblas, el Zen se nos pre­senta como el enigma más extraño que la vida espiritual asiática nos propone: in­soluble y, no obstante, irresistiblemente atractivo.

La causa de esa penosa impresión de inaccesibilidad ha de buscarse, en cierta manera, en el estilo de cuanto hasta ahora se ha dicho sobre el Zen. Ningún hombre razonable exigirá que el zenista trate ni siquiera de bosquejar las experiencias que lo han liberado y transmutado, la impen­sable e inexpresable "Verdad" que, en adelante, alimenta su vida. En este sen­tido, el Zen está emparentado con el puro misticismo contemplativo. Quien no haya tenido experiencias místicas queda exclui­do, haga lo que hiciere. Esta ley, que rige todo misticismo genuino, no admite ex­cepciones. No se opone a ello el hecho de que existe toda una profusión de textos Zen considerados como sagrados. Mas tienen la peculiaridad de revelar su vivi­ficante sentido únicamente a quien ya haya realizado todas las experiencias de­cisivas, de suerte que sea capaz de extraer de aquellos textos la confirmación de lo que es independientemente de ellos, ya posee y es. Para el neófito, en cambio, no sólo permanecen mudos ‑pues ¿cómo haría para leer entre líneas?‑ sino que inevitablemente le causarán la más funesta confusión, aunque se les acerque con la mayor delicadeza y se entregue a ellos olvidándose de sí mismo. Por eso, el Zen, como toda mística, será comprendi­do únicamente por un místico, quien por serlo, no sucumbirá a la tentación de ob­tener en forma subrepticia lo que la ex­periencia mística le niega.

Por otra parte, el transformado por el Zen y acrisolado por el "Fuego de la Ver­dad" vive una vida demasiado convin­cente como para que se pueda hacer caso omiso de ella. Por lo tanto, no pide mu­cho quien a impulsos de una afinidad espiritual profundamente sentida, y en búsqueda del acceso a ese poder innom­brable que produce tan magna obra –el meramente curioso no tiene derecho a exigir nada‑ espera que el zenista, por lo menos, describa el camino que conduce hacia la meta. Ningún místico, y en consecuencia ningún zenista, es, después de dar el primer paso, quien será cuando ha­ya consumado su autoperfección. ¡Cuán­tas cosas no tiene que vencer y dejar atrás hasta que, por fin, tropiece con la ver­dad! ¡Cuántas veces le atormenta en el camino la desconsoladora sensación de as­pirar a lo imposible! Y no obstante, lle­gará el día en que lo imposible se habrá hecho posible, más aún, natural. Entonces ¿no podrá concebirse la esperanza de que la esmerada descripción de tan larga y fatigosa senda, por lo menos, nos permita preguntarnos si en verdad nos atrevere­mos a seguirla?

Mas tales descripciones del camino y de sus estaciones faltan casi por completo en la literatura zenista. Esto se debe, por una parte, a que el adepto del Zen se niega rotundamente a ofrecer una espe­cie de manual de instrucciones para al­canzar la bienaventuranza, pues sabe por propia experiencia que nadie puede iniciarse en ese camino sin la concienzuda dirección de un experimentado preceptor, ni recorrerlo hasta el final sin la ayuda de un maestro. Pero no menos decisivo es, por la otra, que sus vivencias, victo­rias y transmutaciones, mientras sigan siendo "suyas”, han de ser vencidas y transmutadas una y otra vez, hasta tanto todo lo suyo esté aniquilado. Sólo así se echa la base para las experiencias que, como “Verdad universal”, lo despiertan a una vida que ya no es su vida cotidiana y personal. Vive sin que siga siendo él quien vive.

  Desde este punto de vista se comprenderá por qué el zenista evita hablar de si mismo y, por ende, de su evolución. No porque lo considere como una garru­leria inmodesta, sino lisa y llanamente como una traición al Zen. La sola deci­sión de decir algo acerca del Zen le exige un serio examen de conciencia. Cual gra­ve advertencia tiene ante sí el recuerdo de uno de los más grandes maestros que, interrogado por la naturaleza del Zen, guardó silencio, inmutable como si no hu­biera escuchado la pregunta. Y entonces, ¿es concebible que el zenista habría de sucumbir a la tentación de rendir cuen­tas acerca de sí mismo, de lo que ha arro­jado de sí y que no echa ya de menos?

Frente a esta situación sería irrespon­sable de mi parte conformarme con seguir ofreciendo fórmulas paradójicas y tratar de salir bien librado con rimbombantes palabras: mi propósito es hacer relucir la esencia del Zen a través de la manera en que obra en una de las artes acuñadas por él. Es cierto que ese relucir aún no es ilu­minación, en la acepción del término tan fundamental para el Zen, pero por lo me­nos insinúa la presencia de algo que, co­mo detrás de impenetrables bancos de niebla, se oculta a la vista y cual fogonazos en lontananza da cuenta del relámpa­go lejano. Aprehendido de este modo, el arte del tiro de arco representa, por así decirlo, un curso preparatorio para el Zen. De este modo, un acontecer que de por sí resultaría incomprensible, se torna transparente gracias a hechos por de pronto bien concretos. Desde un punto de vista fáctico, a partir de cada una de las artes mencionadas podría iniciarse un camino hacia el Zen.

Con todo, creo alcanzar mi meta en la forma más eficiente si describo la tra­yectoria que debe recorrer el discípulo del arte de los arqueros. Dicho más explíci­tamente, trataré de exponer las vicisitu­des de una enseñanza proporcionada, du­rante casi seis años, por uno de los más grandes maestros de ese arte. Son, pues, mis propias experiencias las que me au­torizan a ello. Mas para ser comprendido, aunque de manera aproximada ‑porque ya esa instrucción preliminar ofrece bas­tantes enigmas‑ no puedo hacer otra co­sa sino relatar con detalles todos los obs­táculos que tuve que vencer y todas las inhibiciones de las cuales tuve que des­prenderme antes que consiguiera pene­trar en el espíritu de la Magna Doctrina.

Hablo de mi mismo, porque no veo otra posibilidad de alcanzar mi meta. Por la misma razón me limitaré a describir lo esencial, para que se destaque con mayor nitidez. Y deliberadamente me abstendré de pintar el ambiente donde se realizó la enseñanza, de evocar escenas arraigadas en mi memoria y, sobre todo, de esbozar la imagen del maestro, por seductor que todo ello sea para mí. Me limitaré a des­cribir el arte del tiro de arco, tarea más dificultosa, por momentos, que su propio aprendizaje; y llevaré mi exposición hasta el punto desde el que se vislumbran los remotos horizontes detrás de los cuales respira el Zen.

 

 

II

 

  Cabe explicar por qué me dediqué al estudio del Zen y por qué me propuse aprender para tal fin el arte de los ar­queros. Ya en mis años universitarios, como animado por un recóndito impulso, me había ocupado detenidamente en el estudio de la mística, no obstante estar inmerso en un espíritu de época que de­mostraba poco interés por tales inquietu­des. Mas pese a todos mis esfuerzos tenía conciencia de que podía abordar los es­critos místicos sólo desde afuera y que, si bien sabia circundar lo que puede lla­marse el fenómeno místico primario, no me era posible trasponer el cerco que co­mo un alto muro rodea el misterio. En la abundante literatura sobre el misticis­mo tampoco hallé lo que buscaba, y así, desilusionado y desalentado, llegué poco a poco a la comprensión de que sólo el verdaderamente recogido es capaz de aprehender lo que significa el "recogi­miento” y que sólo el contemplativo, que esté completamente libre y desprendido de sí, se halla preparado para la “unión" con el "Dios” supradivino.

Había comprendido, pues, que no hay, ni puede haber otro camino hacia la mís­tica que el de la propia vivencia y el del propio sufrimiento. Si faltan estas pre­misas, todo cuanto se diga es mera palabrería.

Pero ¿cómo se llega a ser místico? ¿Cómo se alcanza el estado del recogi­miento verdadero, no del aparente? ¿Exis­te todavía un sendero también para el que se encuentra separado de los grandes maestros por el abismo de los siglos? ¿Pa­ra el hombre moderno, formado en cir­cunstancias enteramente diversas? No recibí respuestas, ni siquiera aproxima­damente satisfactorias, a mis preguntas, aunque supiera de etapas y estaciones de un camino que prometía conducir hacia la meta. Mas para marchar por él faltaban exactas instrucciones metodológicas que hubieran podido sustituir al maestro, por lo menos durante algún tiempo. Pero, aun suponiendo que tales instrucciones exis­tieran ¿serían suficientes? ¿No ocurriría más bien que ellas, aun en el mejor de los casos, sólo podrían crear en nosotros la predisposición de recibir aquello que ni la mejor metodología puede conferir, de modo que ninguna preparación dada por el hombre es capaz de imponer a la fuer­za la vivencia mística?

 Hiciera lo que hiciese, siempre me en­contraba ante puertas cerradas, y sin embargo no podía abstenerme de tratar de forzarlas. Pero conservaba el anhelo y, cuando éste se iba desvaneciendo, el anhe­lo por el anhelo.

 De modo que, cuando cierto día ‑mien­tras tanto había sido designado profesor adjunto‑ se me ofreció una cátedra de historia de la filosofía en la Universidad Imperial de Tohoku, vi la posibilidad de conocer al Japón y a los japoneses con particular alegría, por el solo hecho de que ello me abriría la perspectiva de entrar en relación con el budismo, sus prác­ticas contemplativas y su mística. Ya estaba enterado de que existían en ese país una tradición cuidadosamente conservada y una práctica viva del Zen, una didáctica consagrada por los siglos y, lo más importante, maestros del Zen poseedores de asombrosa experiencia en el arte (la dirección espiritual).

 Apenas provisionalmente instalado en el nuevo ambiente, me ocupé en concretar mis deseos. Primero, trataron de disuadirme, no sin mostrar cierta turbación. Hasta entonces, ningún europeo se había dedicado seriamente al Zen ‑así me dijeron‑ y como éste rechaza aun el menor vestigio de lo que podría denominarse “enseñanza” no era de esperar que me satisficiera "teóricamente".

Perdí muchas horas antes de que com­prendieran por qué quería dedicarme al Zen no‑especulativo. Entonces me infor­maron de que, para un europeo, sería po­co menos que inútil tratar de penetrar en ese ámbito de la vida espiritual asiáti­ca, quizás el más extraño de todos a me­nos que empezara por estudiar una de las artes japonesas vinculadas con el Zen.

La idea de tener que cursar una especie de escuela primaria no me asustaba. Estaba dispuesto a hacer cualquier con­cesión con tal de poder acercarme paula­tinamente al Zen y hasta un escabroso rodeo me parecía mucho mejor que nada. ¿Cuál de las artes que me indicaron ele­giría? Mi esposa se decidió, sin mucho cavilar, por los arreglos florales y la pin­tura con tinta china, mientras que a mi me atraía más el tiro de arco, pues suponía –equivocadamente tal como iba a comprobarlo más tarde‑ que mis expe­riencias hechas con el fusil y la pistola me serían útiles.

Pedí a unos de mis colegas, Zozo Ko­machiya, profesor de derecho que desde hacía veinte años estaba tomando clases de tiro de arco y con razón era considerado como el mejor conocedor de ese arte en la Universidad, que me recomendara como discípulo a su preceptor, el célebre maestro Kenzo Awa.

En un principio, el maestro rehusó mi requerimiento alegando que ya se habla dejado persuadir una vez para enseñar a un extranjero, y que esto le había aca­rreado desagradables experiencias. Por ello no estaba dispuesto a reincidir, obligándose a sí mismo a hacer concesiones, pues no deseaba molestar al alumno con el peculiar espíritu de ese arte. Sólo cuando yo le aseguré que un maestro que tomaba tan en serio su misión podía tra­tarme como al más joven de su discípulos, porque yo no buscaba aprender el arte a divertirme sino para entrar en la “Magna Doctrina” me aceptó como alum­no y al mismo tiempo a mi esposa, pues siempre ha sido costumbre en el Japón iniciar también a las mujeres en ese arte, motivo por el cual también la esposa del maestro y sus dos hijas se ejercitaban en él asiduamente.

  Así comenzó la intensiva y ardua ense­ñanza en la cual para nuestra satisfac­ción participaba también como intérpre­te el señor Koniachiya quien con tanta persistencia había intercedido en favor de nosotros, ofreciéndose casi como ga­rante.

 

  Por añadidura, la oportunidad de asis­tir en calidad de oyente a las clases de arreglos florales y pintura que frecuen­taba mi esposa, me brindaba la posibili­dad de obtener mediante comparaciones de otras artes complementarias, una base aún más amplia para la comprensión.

 

 

 

III

 

     Ya en la primera clase habríamos de percatarnos de que el camino del arte sin artificio no es fácil. Primero nos mostró arcos japoneses y nos explicó que su extraordinaria elasticidad era el resultado de su peculiar construcción y de las ca­racterísticas del material con que estaban hechos, el bambú. Pero mucho más importante aún era para él que advirtiéra­mos la forma extremadamente noble que adopta el arco, de casi dos metros de lon­gitud, una vez armado con la cuerda, y que se manifiesta de manera tanto más sorprendente cuanto más se lo estira. Cuando la cuerda está estirada hasta don­de lo permita el arco, éste encierra el “universo” agregó el maestro, y por eso es tan especial que se aprenda a exten­derlo correctamente. Luego tomó el mejor y más fuerte de sus arcos y, en una actitud marcadamente solemne, hizo re­botar repetidas veces la cuerda levemente retirada. Esto produce un tono, mezcla de cortante restallido y grave zumbido que, tras escucharlo algunas veces, nunca más se olvida: tan peculiar resulta y tan irresistiblemente invade el corazón. Des­de tiempos remotos se le atribuye el mis­terioso poder de conjurar a los malos es­píritus, y puedo comprender muy bien que tal creencia se haya arraigado en to­do el pueblo japonés.

Después de esta significativa introduc­ción purificadora y consagratoria, el maestro nos invitó a observarle atenta­mente. Colocó una flecha, estiró el arco a tal extremo que llegué a temer que no resistiera el esfuerzo de encerrar el uni­verso, y por fin disparó. Todo esto no sólo se veía muy bello, sino que parecía fácil.

Entonces nos ordenó: hagan lo mismo, pero observen que el tiro de arco no está destinado a fortalecer los músculos. No deben estirar la cuerda aplicando todas sus fuerzas sino procurando que trabajen las manos únicamente, mientras que los músculos de brazos y hombros permane­cen relajados como si contemplaran la ac­ción sin intervenir en ella. Sólo cuando hayan aprendido esto cumplirán una de las condiciones en que el tiro "se espiri­tualiza". Luego de pronunciar estas pa­labras, tomó mis manos y las guió lenta­mente por las fases del movimiento que en adelante tendrían que ejecutar, como para acostumbrarme a la sensación.

Ya en el primer intento realizado con un arco de estudio de mediana resisten­cia, me percaté de que necesitaba emplear mucha fuerza para estirarlo. A ello se agregaba la dificultad de que el arco ja­ponés no se sostiene a la altura de los hombros como el europeo que permite apretar el cuerpo contra él, por así de­cirlo. En cambio, una vez colocada la fle­cha, se lo levanta con los brazos casi ex­tendidos, en forma tal que las manos del arquero se encuentran por encima de su cabeza. Por consiguiente no puede hacer­se otra cosa que ir separándolas unifor­memente a derecha e izquierda, y cuanto más se distancian una de otra, tanto más descienden, describiendo curvas, hasta que la izquierda que sostiene el arco se halla con el brazo extendido a la altura del ojo, y la derecha, que tira de la cuer­da, con el brazo doblado, encima de la articulación del hombro; la punta de la flecha, de casi un metro de largo, sobre­sale muy poco del borde exterior del arco, tan grande es la envergadura de éste.

  El arquero debe permanecer en esta posición un rato antes de disparar la fle­cha. La fuerza necesaria para estirar y sostener el arco de una manera tan in­sólita hizo que a los pocos instantes las manos me empezaran a temblar y la res­piración se volviera cada vez más difícil. Y esto continuó así durante semanas en­teras. El estirar el arco seguía exigién­dome un gran esfuerzo, y por más que me ejercitara no llegó a "espiritualizar­se". Para consolarme me refugié en la idea de que debía de tratarse de un ardid que, por alguna razón, el maestro no que­ría revelar, lo cual despertó toda mi am­bición para descubrirlo.

Obstinadamente aferrado a mi propó­sito seguí practicando. El maestro obser­vaba atentamente mis esfuerzos, corregía impasible la rigidez de mi postura, elo­giaba mi celo, me censuraba por mi des­gaste de fuerza pero, por lo demás, me dejaba hacer. Sólo que, exclamando una y otra vez "relajado" ‑palabra que mien­tras tanto había aprendido‑ seguía po­niéndome el dedo en la llaga, mas sin per­der la paciencia ni la afabilidad. Pero llegó el día en que fui yo quien perdió la paciencia y confesé que simplemente me era imposible estirar el arco de la ma­nera indicada.

‑No lo consigue ‑aclaró el maestro- ­porque no respira bien. Después de ins­pirar, haga bajar el aliento suavemente, hasta que la pared abdominal esté mo­deradamente tensa, y reténgalo allí un rato. Luego, espire de la manera más lenta y uniforme que le sea posible y, des­pués de un breve intervalo, vuelva a as­pirar rápidamente y continúe así inspi­rando y espirando con un ritmo que poco a poco se instalará por si solo. Si ejecuta esto de manera correcta, sentirá que el tiro se vuelve cada día más fácil, pues esta respiración no sólo le permitirá des­cubrir el origen de toda fuerza espiritual, sino que hará brotar ese manantial cada vez más abundantemente y lo encauzará a través de sus miembros con tanta o más facilidad cuanto más relajado esté." Co­mo para demostrármelo, armó su fuerte arco y me invitó a colocarme detrás de él y a palparle los músculos de los brazos. En efecto, estaban tan libres de tensión como si no estuviera haciendo esfuerzo alguno.

Practiqué la nueva respiración sin arco y flecha, hasta que llegó a convertirse en cosa natural. Incluso el leve vahído que experimenté en un principio, desapareció pronto. A la espiración lenta y uniforme, que debía desvanecerse paulatinamente, el maestro le atribuía tanta importancia que para ejercitarse y controlarla mejor, nos la hacía combinar con un zumbido. Sólo cuando, con el último vestigio del há­lito, se perdía también el zumbido, nos permitía volver a inspirar. La inspira­ción, dijo una vez el maestro, liga y une, reteniendo el aliento se realiza todo lo que es justo, y la espiración libera y consu­ma, venciendo toda restricción. Pero en aquel entonces no lo comprendíamos.

Inmediatamente el maestro pasó a re­lacionar la respiración con el tiro de arco por cuanto aquélla no se practica como un fin en sí misma. La acción continua de estirar el arco y disparar la flecha se dividió en las siguientes fases: asir el ar­co ‑ colocar la flecha ‑ levantar el arco ‑ estirarlo y mantenerlo en el máximo estado de tensión ‑ disparar. Cada fase se iniciaba con una inspiración, se apo­yaba en el aliento retenido en el abdomen y terminaba con la espiración. Todo esto conducía por sí solo a que la respiración se adaptara y se hiciera natural, no sólo acentuando significativamente las distin­tas posturas y movimientos, sino también entrelazándolos y articulándolos rítmica­mente en cada uno de nosotros según el estado de la técnica respiratoria. Por eso, no obstante estar fragmentado todo el procedimiento, causaba la impresión de un acontecer que vive íntegramente de sí mismo y en sí mismo y ni remotamente puede comparárselo con un ejercicio gim­nástico al cual pueden agregarse o del cual pueden quitarse tiempos sin que se destruyan ni su significado ni su carác­ter.

Me es imposible evocar aquellos días sin recordar una y otra vez cuán difícil me resultó al principio dejar que la res­piración surtiera su efecto. Respiraba en forma técnicamente correcta, pero cuan­do, al estirar el arco, me concentraba en que los músculos de brazos y hombros per­manecieran relajados, la musculatura de mis piernas se contraían a su vez a pesar de mí mismo. Era como si me hicieran falta una base firme de sustentación y una postura sólida y, a semejanza de An­teo, tuviese que extraer mis fuerzas de la tierra.

Muchas veces, el maestro no tenía más remedio que asir súbitamente uno u otro músculo de mis piernas y apretarlo en un punto particularmente sensible. Cuando, en una de esas ocasiones, dije a manera de disculpa que en verdad me esforzaba por permanecer relajado, replicó: "Éste es precisamente su error: usted se esfuer­za, usted piensa en ello. ¡Concéntrese só­lo en la respiración, como si no tuviese que hacer otra cosa!"

Con todo, pasó todavía bastante tiempo antes que consiguiera cumplir con las exi­gencias del maestro. Pero lo conseguí. Aprendí a perderme en la respiración tan despreocupadamente que a veces tuve la sensación, no de respirar, sino de ser res­pirado, por extraño que parezca. Y aunque en momentos de reflexiva meditación rechazaba tan extravagante idea, no po­día ya dudar de que la respiración cum­plía lo que el maestro había prometido. De cuando en cuando, y cada vez con mayor frecuencia mientras transcurría el tiem­po, pude estirar el arco y mantenerlo ten­so hasta el final, con todo el cuerpo rela­jado, sin que supiera decir de qué mane­ra. La diferencia cualitativa entre esos pocos intentos satisfactorios y los aún abundantes casos era tan convincente, empero, que de buena gana admitía haber comprendido por fin lo que, quizá, signi­ficaba el estiramiento "espiritual" del arco.

Era esto, pues, el quid de la cuestión: no se trataba de ningún ardid técnico, que en vano había querido descubrir, sino de una respiración liberadora que abría nue­vas perspectivas. Y no lo digo con lige­reza. Sé muy bien cuán grande es, en ta­les casos, la tentación de sucumbir a una fuerte influencia y, enredado en un auto­engaño, sobreestimar el alcance de una experiencia por el solo hecho de ser in­sólita. Mas, pese a todas mis evasivas cavilaciones y sobria reserva, el éxito ob­tenido con la nueva respiración (pues con el tiempo me era posible estirar relajada­mente hasta el fuerte arco del maestro) era demasiado obvio como para ser ne­gado.

En oportunidad de una prolongada charla pregunté al señor Koniachiya por qué el maestro había observado impasi­ble durante tanto tiempo, mis infructuo­sos esfuerzos por estirar el arco "espiri­tualmente"; por qué no había insistido desde un principio en la respiración co­rrecta: "Un gran maestro ‑respondió­- tiene que ser a la vez un gran pedagogo; para nosotros las dos cosas son insepa­rables. Si hubiera iniciado la enseñanza con los ejercicios respiratorios, jamás le habría convencido de su decisiva influen­cia. Primero tenía que naufragar usted con sus propios intentos para que estu­viera dispuesto a asirse del salvavidas que le arrojó. Créame, yo sé por expe­riencia propia que el maestro conoce a usted y a cada uno de sus alumnos mu­cho mejor de lo que nos conocemos nos­otros mismos. Lee en las almas de sus discípulos más de lo que ellos están dis­puestos a admitir."

 


[1] Estos cinco caracteres chinos significan lite­ralmente: "El motivo del primer Patriarca pa­ra venir de occidente". Este tema a menudo es contenido de un mondo. Es como si se pregun­tara por la esencia del Zen. Comprendido esto, el Zen es este mismo cuerpo.

 

[2] El zagu es uno de los objetos que el monje Zen lleva consigo. Lo extiende delante de él cuando se inclina ante el Buda o el maestro.

 

 

Viernes, 08 de Septiembre de 2006 21:03 #.

 

No a Turquía en la UE (XII) Tracia y la importancia del Bósforo y los Dardanelos

No a Turquía en la UE (XII) Tracia y la importancia del Bósforo y los Dardanelos

Infokrisis.- Uno de los escenarios posibles de Turquía en el futuro implica su desmembramiento. La zona europea de Turquía -Tracia- podría optar por "desengancharse" del resto del país en caso de que la UE rechace su candidatura. El pepale geopolítico de Turquía depende en gran medida de que Tracia está separada de Anatolia por los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. ¿Siguen siendo geopolíticamente importantes?

 

 

El actual conflicto de Irak tiene una incidencia directa en Turquía. Dependerá del grado de independencia y autonomía que alcancen los kurdos que la minoría turca termine reivindicando los mismos derechos que la irakí. La creación de una entidad kurda independiente en Kirkuk terminaría generando una desestabilización irredentista sin precedentes en Turquía. Y, a partir de ahí, podría estallar una “crisis nacional”, especialmente si la UE no se compromete a admitir en el plazo más breve posible lo que quede de Turquía. En ese escenario, difícilmente la zona de Tracia aceptaría seguir pagando el subdesarrollo y el foco de islamismo radical que representa Anatolia. En ese escenario, el desmembramiento de Turquía estaría servido.

Tracia es radicalmente diferente al resto de Turquía: es, territorialmente, la parte europea del país, y su historia y peculiaridades son completamente diferentes al resto del país. Históricamente se extendía desde Macedonia hasta el Mar Negro y el Mar de Mármara, y desde el Egeo hasta el Danubio. Está situada en el sudeste de los Balcanes e incluye el Nordeste de Grecia, el sur de Bulgaria y la Turquía europea. El río Maritsa separa la Tracia turca de la griega.

Históricamente, los tracios, considerados bárbaros por los griegos, fueron dominados por éstos en el año 600 a.JC. Pero estos territorios se perdieron cuando se produjo la dominación persa en el 512 a.JC. Los romanos la conquistaron en el año 46, con el Emperador Claudio. La zona se volvió inestable con las invasiones bárbaras del siglo III, pasando en el VII a manos búlgaras y al Imperio Bizantino. Tras la caída de Constantinopla, toda Tracia quedó en manos turcas. Sería en el siglo XIX, con el desmembramiento del imperio turco, cuando una parte de la región quedó en manos búlgaras y el resto constituyó el territorio que hoy constituye el único de la Turquía europea.

Tracia está situada sobre los importantes puntos geopolíticos del Bósforo y los Dardanelos.

El estrecho de los Dardanelos era conocido en la antigua Grecia como el Helesponto que comunicaba el Egeo con el Mar de Mármara. Su nombre deriva de la antigua ciudad de Dardanus. En su parte más estrecha tiene 1600 metros entre una y otra orilla y llega a los 6.500 en la parte más ancha. Su profundidad está en torno a los 50 metros y se prolonga a lo largo de 71 kilómetros. Los Dardanelos separan a la península de Gallipoli de Asia y sus costas son poco accidentadas.

La historia antigua nos muestra la importancia estratégica que siempre han tenido los Dardanelos. Cerca de allí estuvo situada la mítica ciudad de Troya, y la costa asiática del estrecho fue el escenario de los combates histórico-homéricos por la ciudad. Jerjes y Alejandro Magno la cruzaron en direcciones opuestas y su pérdida supuso, en la práctica, el final de Imperio Bizantino y la caída de Constantinopla. Siglos después, también en esa zona se dirimió uno de los episodios más duros de la Primera Guerra Mundial, en la batalla de Gallipoli.

El Bósforo divide en dos partes a Estambul y está densamente poblado. Conecta el Mar de Mármara con el Mar Negro. En algunos puntos apenas tiene 750 metros (donde se encuentran fortificaciones otomanas) y en la parte más ancha 3.700. Su profundidad oscila entre los 36 y los 124 metros. En 1973 se construyó un puente que comunica las dos orillas del estrecho, y en 1988 un segundo, ambos de más de un kilómetro. En la actualidad está en construcción un túnel de comunicaciones a una profundidad de 55 metros. Todos estos elementos son de gran importancia estratégica que ya fue advertida por los primeros griegos que conocieron la zona y que la utilizaban para transportar ganado sobre odres de cuero. De hecho “Bosforo”, etimológicamente, quiere decir “transporte” (foros)  de bueyes (bos). La importancia estratégica del Bósforo radica en que supone el paso más fácil para cruzar el camino hacia Europa y del Mar Negro al Mediterráneo. Quien controlara el Bósforo controlaba el comercio con el mediterráneo oriental. Los atenienses ya advirtieron esa importancia estratégica, allí fundaron Megara y mantuvieron alianzas con las ciudades que controlaban el estrecho para asegurarse el suministro de alimentos procedentes de Escitia.

Los romanos intuyeron también la importancia del Bósforo, pero solamente Constantino el Grande se decidió a establecer allí la capital que llevaría su nombre.

En el siglo XIX, el aumento del tráfico naval elevó aún más la importancia estratégica de la zona. La guerra ruso-turca (1877-78) o el ataque a Gallipoli (1915) tuvieron como objetivo la conquista de estos puntos.

La obstinación con que los turcos defendieron Gallipoli costó al ejército combinado anglofrancés una derrota histórica y 250.000 muertos en ambos bandos. Con esta operación, impulsada por Winston Churchill, se pretendía restringir el acceso al Mediterráneo a los “Imperio Centrales” (Alemania, Austria-Hungría y Turquía) y facilitar un balón de oxígeno a la maltrecha Rusia. En esta batalla se ganó el prestigio, que luego utilizaría para presidir el país, Mustafá Kemal Ataturk.

Las cuestiones claves del papel geopolítico de Turquía derivan del Bósforo y los Dardanelos, y los interrogantes que se plantean son diversos: si bien es cierto que a lo largo de la historia ambos estrechos han sido enclaves geopolíticos de primera magnitud para asegurar rutas comerciales y obturar la salida de Rusia al Mediterráneo, ¿siguen manteniendo en la actualidad esta importancia geopolítica, al menos, para el destino de la UE? Esa es la cuestión.

Es evidente que el factor geográfico hace que Turquía haya tenido, desde la irrupción del Imperio Otomano, un papel fundamental en el dominio del Mediterráneo, especialmente oriental. Solamente cuando Turquía pudo contar con la ayuda de piratas berberiscos, o con la complicidad de los berberiscos de las Alpujarras, estuvo en condiciones de llevar su dominio naval hasta las puertas de Gibraltar. Pero, desde Lepanto, esa situación no ha vuelto a darse y, en la actualidad, nada induce a pensar que Turquía vuelva a ser algún día primera potencia naval. En cuanto a la importancia del Bósforo y de los Dardanelos, también es relativa en la actualidad.

Para la UE no tiene absolutamente ningún sentido impedir a Rusia el acceso al Mediterráneo. Una política exterior europea consciente debería actuar en sentido diametralmente opuesto, es decir, facilitar el acceso de Rusia al Mare Nostrum. En otras palabras y como ha dicho el politólogo Alexandre del Valle: “Antes Rusia que Turquía”. Realizar una aproximación entre la UE y Rusia implica, en la práctica, un alejamiento de Turquía de Europa. Con mucho más derecho los descendientes de los varegos pueden reclamar su condición de europeos, antes que los saqueadores de Constantinopla y los vencidos de Lepanto.

Poco importa quién es dueño actualmente del Bósforo y los Dardanelos. Existen puertos europeos en el Adriático y en el Egeo que pulverizarían la ventaja geopolítica turca en el Mar de Mármara. La utilización de estos puertos implicaría una alianza estratégica entre la UE y Rusia que daría un nuevo giro a la política mundial. El eje París-Berlín-Moscú, ampliado al eje horizontal Lisboa-Berlín-Moscú y al eje vertical Helsinki-Moscú-Atenas, en la práctica neutralizaría definitivamente las aspiraciones hegemónicas de EEUU sobre Europa. Un nuevo polo geopolítico habría nacido, el que durante dos siglos ha causado verdadero espanto a los estrategas anglosajones.

Por otra parte no hay que perder de vista el escenario que se produciría ante un eventual desplome del Estado turco, acribillado por el islamismo radical ante una posible agudización de la crisis kurda. En esa perspectiva, la rotura de Turquía sería una posibilidad a contemplar. Ante la posibilidad de quedar excluida de la UE, la región más occidental de Turquía, Tracia, advertiría que Anatolia, amputado el Kurdistán y, por tanto, alejada de los pozos de petróleo de Kirkuk, se convertiría en un lastre y podría optar por una independencia más prometedora. Insistimos en que las diferencias entre Tracia y Anatolia son, no solo a nivel económico, notables.

En el fondo de la cuestión, aún sin contemplar esta perspectiva, lo esencial para la UE es dar una oportunidad a Turquía (unida o desmembrada); y a este respecto solamente hay dos posibilidades: o bien Turquía se integra en la UE con todo lo que ello implica (el fin de la UE, sin ir más lejos, y el triunfo del proyecto del califato otomano del siglo XV con la ocupación pacífica de Europa Occidental) o bien la UE contribuye a ayudar a Turquía para que reoriente su política exterior. Y esta segunda posibilidad ya resulta mucho más interesante.

No es la primera vez que Europa se preocupa del destino de Turquía. A finales del siglo XIX, el Kaiser Guillermo II fue aclamado en su visita a Ankara en la inauguración de la vía férrea Berlín-Ankara. Sin embargo, no se trataba de orientar a Turquía en dirección a Europa, sino de orientar a este país en dirección al mundo árabe (con el que sus relaciones culturales, religiosas y antropológicas son mucho más fluidas y homogéneas). Esta orientación hubiera triunfado definitivamente si la Primera Guerra Mundial no hubiera entrañado la derrota de los Imperios Centrales y, con ellos, también de Turquía. Esa orientación hubiera hecho mucho más difícil la penetración de EEUU en el mundo árabe y, sin duda, el panorama de Oriente Medio sería hoy mucho más pacífico y estable.

Ese modelo de política en relación a Turquía está todavía vigente. Turquía no puede estar dentro de la UE, simplemente, porque no es Europa. Dentro de la UE, como máximo, solamente cabe un 5% de Turquía, la región de Tracia. De producirse la hipotética desmembración del país, esa zona sí tendría lugar en la UE, pero de soportar Turquía las tensiones que se le vienen encima en cuanto concluya el conflicto en Irak, la política más responsable desde el punto de vista europeo consistiría en orientar la política turca en dirección sur y sur-este. Mantener una de las orientaciones actuales de la política turca, la idea pan-otomana, tendría, como hemos visto, la consecuencia nefasta de agudizar los conflictos en el núcleo central de Eurasia, una idea a desestimar: la paz interior en el espacio euroasiático es garantía de la paz mundial. Cualquier elemento desestabilizador de Eurasia debería ser conjurado de la manera más enérgica.

Por otra parte, el eje euro-ruso precisa alejar al máximo los conflictos en sus fronteras. Además de las fricciones que puedan surgir entre Rusia y sus repúblicas ex soviéticas, la única posibilidad de que puedan aparecer nuevos frentes de fricción está en las zonas fronterizas con Turquía. Pero, en las actuales circunstancias, atañen solamente a las fronteras y a la seguridad turca; los problemas están alejados del territorio de la UE y sería absurdo que se intentara integrar a Turquía, consiguiendo así que un foco de tensión en las fuentes del Éufrates terminara afectando directamente a Lisboa o a Dublín…

Algunas conclusiones

Desde el punto de vista geopolítico, la adhesión de Turquía a la UE crea más problemas de los que resuelve. Desde el punto de vista de los intereses de la UE –los únicos que cuentan a nuestros efectos- el objetivo principal es asegurar la estabilidad del espacio euroasiático dentro de un mundo multipolar en el que tres de los cuatro actores principales estarían en este espacio (la UE, Rusia y China). Esa estabilidad pasa a través de forzar a Turquía a adoptar una política de expansión hacia el Sur, no hacia el Norte (Rusia), hacia el Este (china) o hacia el Oeste (Europa). Esa necesidad pasa por desactivar la pretensión de Turquía de generar un espacio turcófono en el territorio de las antiguas repúblicas soviéticas. La desmembración de Turquía y la integración de Tracia en la UE daría a esta federación el control de una orilla del Bósforo y de los Dardanelos, esto es, supondría una mano tendida hacia Rusia, una cooperación en su reconstrucción y una apertura al Mediterráneo.

Desde el punto de vista geopolítico, la penetración de la UE en Turquía tiene como ejemplo histórico y como precedente la expansión de la Grecia de Alejandro Magno hasta mucho más allá de su espacio geográfico propio: se expandió y fracasó. El ejemplo contrario es el Imperio Romano: Roma se configuró como una potencia Mediterránea… y triunfó. Ninguna potencia puede estirar excesivamente sus líneas, integrando territorios inmensos en su imperio, sin exceder su espacio geopolítico y, por tanto, sin diluir su influencia. Eso mismo aprendieron los norteamericanos cuando renunciaron a conquistar Nicaragua, México y Centroamérica a lo largo del siglo XIX. En efecto, los territorios conquistados y las poblaciones residentes en ellos, supondrían una excesiva extensión del territorio de los EEUU y, al mismo tiempo, hubieran roto su unidad lingüística. De ahí que, tras el fracaso de los “filibusteros” en Nicaragua, EEUU renunciara a extenderse más allá de lo que ya se había extendido. A partir de entonces tendría sólo protectorados, nunca más nuevos Estados. La lección histórica no debe jamás perderse de vista. Una Unión Europa que llegue desde Finisterre a las provincias islámicas del Oeste de China es impensable. La integración de Turquía (y del espacio panturco) en la UE supondría el aumento asindótico de los riesgos para nuestra seguridad. Turquía tiene frontera con las zonas más cálidas del planeta en estos momentos: Palestina-Siria-Israel e Irak. Nos introduciría en zonas de conflicto calientes y nos enfrentaría a nuestros dos parteners euroasiáticos.

Por todo ello, Turquía debe ser mantenida fuera de la UE

Europa no puede aceptar en su club a un país dirigido por islamistas. El islamismo es incompatible con los principios que hasta ahora han regido la construcción de Europa. Islamistas moderados e islamistas radicales coinciden en unir la esfera política a la religiosa. Tal y como hemos demostrado en el capítulo anterior, ambas esferas caminan juntas y forman un todo inseparable para cualquier islamista consecuente. Cada cual elige su confesión; no es nuestra intención juzgar a ninguna confesión, simplemente mostrar que, por digno que pueda considerarse política y religión como las dos caras de una misma moneda, ésta no es la idea que los europeos tenemos de nuestra Unión.

Turquía está en vías de “reislamización” y ha dejado atrás la herencia kemalista. Lo ocurrido durante los días previos a la invasión de Irak es suficientemente significativo. Ciertamente, amplias masas populares se opusieron a esta guerra, pero lo que nos interesa destacar no es el hecho en sí de la oposición, sino los motivos en los que se apoyaba la argumentación en contra del conflicto. No era lo mismo estar contra la guerra por pacifismo que por ser miembro de Al-Qaeda… El gobierno de Ankara no apoyó la invasión porque el objetivo era un país árabe. Diferente fue cuando se trató de invadir el Norte de Chipre.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

“Americanismo y bolchevismo”. Por Julius Evola (1929)

“Americanismo y bolchevismo”. Por Julius Evola (1929)

 

Infokrisis.- El bolchevisto hace casi dos décadas entró en el basurero de la historia, sin embargo, este texto de Evola, escrito en 1929 nos remite otra vez a los primeros tiempos de la ideología soviética y sus concordancias con los valores del americanismo. Se diría que es un texto profético: difícilmente, en 1929 podía advertirse de dónde surgiría la ideología globalizadora y qué características revestiría el "pensamiento único". Por eso hemos rescatado del olvido este ensayo publicado por primera vez en la revista "Nuova Antologia" y publicado en 1970 y 1982 por las Edizioni di Ar.

 

En 1988 escribimos unas cuantas páginas para la revista DisidenciaS en las que utilizábamos un material precioso que había recopilado por JJ.Colomar en su pasado trotskysta. Colomar y sus compañeros disidentes de la LCR habían recuperado un material escrito por Lenin y otros líderes del a revolución bolchevique, en la que estos expresaban a las claras su intención de que la URSS siguiera el modelo americano. No solamente quedaba demostrado que el “último Lenin”, después del fracaso de la colectivización de las granjas y de la hambruna que siguió, tendió hacia el “realismo”, sino que desde mucho antes ya había tomado como modelo ideal a seguir el americanismo. En 1988 no conocíamos este ensayo de Evola. Aun a pesar de que, por su parte, Evola tampoco conocía los textos de Lenin en los que evidencia su propensión hacia el americanismo, el diagnóstico que traza es impecable.

La diferencia entre el tiempo en el que Evola escribía estas líneas y el nuestro, no consiste solo en los casi setenta años de distancia, ni siquiera en todo lo que ha cambiado en Europa en estos años. Del ascenso de los fascismos a su caída, de la guerra fría a la perestroika, de ahí a la globalización… en realidad, la gran diferencia entre el tiempo en el que fueron escritas estas líneas y el nuestro, reside en el estado psicológico de dos momentos históricos. En 1929, a 10 años de la revolución bolchevique, a ocho del advenimiento del fascismo, todavía se podían albergar esperanzas y encontrar movimientos políticos, valores vivos, y residuos anteriores como para que una respuesta al americanismo y al bolchevismo, pudiera apoyarse con mínimas posibilidades de obtener resultados. Hoy, todo esto queda demasiado lejos y no podemos por menos que ser pesimistas: el americanismo ha quedado como único dueño del tablero de juego, Europa ha asumido casi completamente la “ideología americana”. Y no solo Europa, las naciones que en 1929 todavía seguían apegadas a los valores tradicionales, Japón, China, India, son hoy vanguardias de la tecnología y la modernidad, frecuentemente llegando incluso a superar a Europa y a los mismos EEUU en la encarnación de los valores del americanismo. El cine de Bollyood en la India, la ciudad de la tecnología de Bangalore en donde a partir del años 2000 empezaron a subcontratarse servicios informáticos sistemáticamente, el “Humor amarillo” japonés que nos muestra un país, no solo alejado de sus tradiciones seculares, sino incluso en vanguardia de la estupidez universal, los videojuegos allí diseñados, los rascacielos de Hong-Kong, Singapur y Pekín… todo esto demuestra que aquellos países han viajado a una velocidad vertiginosa por la senda trillada por el americanismo. El mundo, no solo se ha hecho más pequeño, sino que, además, como decía Guénon en “El reino de la cantidad y los signos de los tiempos”, se ha “solidificado”. A causa de esta “solidificación” resulta cada vez más difícil abordar una reacción en sentido tradicional, con garantías de éxito.

El análisis de Evola sobre el americanismo y el bolchevismo nos sitúa en realidad, por lo demás, no ha perdido ni un ápice de su actualidad. Solamente el contexto ha empeorado.

E. Milà.

 

 

Americanismo y Bolchevismo

Julius Evola

 

Ensayo publicado en Nuova Antologia, nº 10, mayo de 1929

  

Una antigua leyenda que circulaba entre los campesinos rusos mucho antes de la revolución, anunció la llegada de un tiempo, en el cual reinaría una "Bestia sin Nombre"... sin nombre, porque estaría compuesta por una multitud innumerable.

Aquel tiempo, parece que se acerca. Existe una gran sombra que desde las fronteras de oriente y occidente se cierne sobre nuestras razas y sobre nuestras tradiciones y está acompañada del presentimiento confuso de que algo está a punto de acabar; esto se traduce también en distintas imágenes extrañas que aparecen incluso en las mentes equilibradas, y entre las cuales destaca el tema del "Ocaso" de Occidente. 

En efecto, algo nuevo está afirmándose en el seno de nuestra cultura y el símbolo que mejor lo define es el de la "Bestia sin Nombre". Dos realidades, precisas e inequívocas, la anuncian en el mundo moderno. 

En Oriente, es Rusia. 

En Occidente, es América. 

Dos formas, dos polos de un peligro que, como las dos pinzas de una única tenaza, empiezan a cerrarse lentamente alrededor del núcleo de nuestra Europa. 

Este punto de vista le parecerá extraño a algunos. Lo es, efectivamente, para quien se limita a ver en la Rusia de hoy un fenómeno puramente político, cuando en realidad, se trata bien de algo completamente diferente, con un significado universal que la Rusia soviética trata de realizar en todas las formas, no creando solamente una nueva sociedad, sino además una nueva cultura y una nueva ética. 

En cada una de sus manifestaciones, el bolchevismo remite a una transformación efectiva ocurrida en todos los ámbitos, en todos los valores, en todos los sentidos de la existencia, siguiendo un principio central. Este principio, por una especie de reducción al límite, indica la conclusión lógica de procesos en marcha en formas múltiples del mundo contemporáneo, y sobre todo americano. 

Rusia, indudablemente, no es América: hay diferencias de raza, de mentalidad, de condiciones de vida, frecuentemente irreductibles. Una lleva la herencia inequívoca de una raza asiática, lo otra una realidad nacida hace poco y que ha producido con un movimiento espontáneo su “standard of living” [nivel de vida, NdT]. Pero si estas diferencias son patentes e incontestables sobre el plano de la realidad política, étnica y sencillamente social, cuando nos remontemos a los principios implícitos en las afirmaciones a las que tienden Rusia o América, el símbolo de una nueva visión de la vida (pues ambos tienen la pretensión de ser presentadoras como nuevos estadios de la cultura mundial); cuando, pues, se parte de este punto de vista, las diferencias se reducen, muestran aquí y allí un mismo motivo que se sitúa sobre los factores étnicos y empíricos, que jamás podrán ocupar el primer plano si atendemos a consideraciones de orden superior. 

Por otra parte, ante un "peligro", el mejor punto de vista para la acción consiste en describir lo mejor posible la fisonomía del adversario. 

El bolchevismo, considerado como doctrina, presenta una concepción total y radical, y una superación de los ideales precedentes y "burgueses", lo que supone la apertura de una nueva fase de la humanidad. Ante tal concepción, no se trata de simpatías o antipatías políticas o nacionalistas: se trata de decir sí o no íntegramente a nuestra tradición europea y, en particular, a nuestra tradición mediterránea, tomada en bloque, en su sentido más amplio, cultural y universal. 

Veremos en que aspectos especiales y en que términos, la visión americana de la vida termina confluyendo con el bolchevismo, hasta el punto de parecer un símbolo, ante el cual todo lo que es preciso realizar y atreverse, va mucho más allá de una simple “defensa de Occidente” que, en sí misma, no puede sino hacernos sonreír. 

  

I

La verdad central del bolchevismo es esta: busca la desintegración del individuo. El nuevo evangelio que proclama es el “hombre colectivo", el “hombre masa", el elemento impersonal de un ente múltiple, titánico, que no "tiene nombre", de la misma forma que carece de jefe. 

La potencia y el derecho absoluto corresponden a ese ente: de él será el imperio del futuro. Declarado de "categoría superior", ante él, el individuo asumirá la misma sensación de inutilidad, que puede tener ante las fuerzas fatales de la naturaleza. Y, además, lo deseará todo esto. 

Destruir, pues, partiendo de un núcleo negativo, todo lo que en el hombre puede tener algún valor de autonomía e individualidad, todo lo que puede constituir un interés distanciado por esta potencia subpersonal, es la tarea que el bolchevismo asume como misión y que forma parte de un método preciso, radical y lógico, cuya fórmula es: mecanización, desintelectualización y "racionalización" de cada actividad, sobre todos los planos. 

Conservando lo que es la conciencia social propia de los primitivos, el pensamiento ruso, a lo largo de toda su historia, siempre fue incapaz de percibir de otro modo la idea de un desarrollo más que en forma de colectividad mística: "pueblo" y "Dios", en el ruso como en el mazziniano, fueron dos términos que se acompañaron mutuamente sobre un fondo mesiánico recurrente. El bolchevismo ha liberado al elemento místico de esta concepción y sólo ha dejado el término "pueblo", restringiendo simultáneamente todo horizonte al de la vida práctica inmediata. A partir de ese momento, la máquina ha tomado el lugar del Dios. En los dibujos "constructivistas" de propaganda soviética de Klinskij, se pueden ver las grúas gigantescas que ocupan el lugar del ostensorio en lo alto de los templos bizantinos cuyos altares se han convertido en engranajes o en los cuales masas de obreros y campesinos han asistido a inmensos mítines. 

La idea de que el progreso pueda consistir en una "cultura" en sentido clásico, es decir en la tarea de dignificación, de superación interior, de desarrollo de los seres individuales, es objeto de burlas y rechazada como el más peligroso de los venenos de la era burguesa. Lo que único que puede conducir a un estadio superior, se cree que puede ser, por el contrario, una combinación social externa, mecánica, puramente acumulativo de los seres a través de la organización y del perfeccionamiento técnico de las condiciones de la existencia material. 

Cuando se aparta cada valor de la personalidad y de la interioridad, los elementos se transforman en partes, y su unidad tiene que ser propia de un mecanismo. Así mismo, la mecanización es el método a través del cual cada forma de vida puede ser despersonalizada y colectivizada: liberada del "mal" del yo, de la “inútil obstrucción de la espiritualidad", expresiones propias de la ideología bolchevique; cada forma de vida se reducirá a un simple elemento en fatal dependencia con todos los demás según relaciones exteriores colectivas. 

El bolchevismo espía lo que está antes de la vida del nuevo ente en aquellas manifestaciones que, en momentos en los que gracias a la uniformidad y simultaneidad, millares de seres se convierten en un único solista, un ser colectivo, elemental y asustadizo: se les llama "estados de masas" con el grito simultáneo de "hurrah!", o entonando el himno, o incluso mostrando su ímpetu en un único movimiento desencadenado por el pánico, el entusiasmo o la exaltación de las masas. En estas formas los ideólogos soviéticos ven solamente la manifestación "primordial" de la vida del “hombre colectivo"; superada en ella todo lo que es caóticamente vital" y "místicamente orgánico", sólo puede dar lugar a una forma gélida de estructura económico-social mecanizada y "racionalizada", de la que se excluirá cualquier forma de espontaneidad y personalidad, de la misma forma que se hará con "cada motivación sobrenatural, extraña a los intereses de clase", según la expresión de Lenin. 

Para experimentar todo el dominio de tal concepción de la experiencia bolchevique, hace falta correr el reciente libro de Füllop-Miller. El autor ha pasado un largo período en la Rusia de los Soviets, y ha conocido a los propios bolcheviques; políticos, artistas y estudiantes le han ayudado a recoger todos los elementos necesarios para definir la naturaleza del cambio en la visión del mundo y de la vida, operada por la revolución. El tema de este libro no surge de abstractos esquemas doctrinales, sino de mil formas de la vida concreta y de la cultura de la nueva Rusia: del nuevo teatro a la nueva pintura, del estilo del arte monumental al de las grandes manifestaciones populares, de los métodos de educación y de la formación de una nueva organización del trabajo. De todo esto subyace realmente la sensación de algo nuevo e incomprensible para nosotros, algo que muestra la terrible evidencia de una realidad desconocida antes de la revolución: la llegada del hombre colectivo mecanicizado e indiferenciado, en lugar del individuo humano y de aquella libertad, que fue definida por Lenin como "un prejuicio burgués". 

"La completa subordinación de todos los individuos a una colectividad automática en la Rusia soviética pasa  textualmente por el bien supremo –escribe textualmente Füllop Miller-. El ideal superpersonal del bolchevismo es concebido como una combinación puramente cuantitativa de individuo-partido-masa en el más amplio y homogéneo conglomerado posible. Mientras la creencia anterior era que la vía hacia una más alta humanidad universal residía en la perfección de la personalidad humana, el bolchevismo enseña que la verdadera vía de la salvación conduce al aniquilamiento del individuo, y a su desembocadura en un "hombre-masa" organizado de manera exterior a él. Por sintonía con esta visión nueva y desconocida, todos los que creen en el bolchevismo han ido, uno a uno, como corderos al matadero, se han ofrecido y han destruido su alma para siempre. Por tanto, no basta con considerar la mera abolición de la propiedad privada si queremos entender a que terrible haraquiri se ha sometido al antiguo ser humano en Rusia. Hace falta conocer la nueva filosofía y la nueva moral de los bolcheviques, escuchar a los poetas soviéticos que son ensalzados por el régimen hoy en día; hace falta tener presentas las ejecuciones de la música orquestal bolchevique y haber visto su teatro geometrizado y sus nuevas pinturas, haber tomado parte en esa alegría desprovista  alegría del bolchevismo, antes de poder medir que espantoso e insano gran sacrificio ha hecho Rusia a esa árida idea. En Rusia está surgiendo un mundo sin alegría personal de la vida, con pinturas sin colores, con música sin armonía, con una mirada a una vida vivida sin el soporte interior del espíritu, un mundo mecanizado que no contendrá en el futuro más que a máquinas desanimadas en el futuro”. 

Qué la tierra bolchevique no conozca los cielos; qué incluso cada concepción religiosa y cualquier forma de idealismo, y más en general, que cada punto de vista filosófico diferente del materialismo sea considerado por el bolchevismo como un “peligro” y un "veneno burgués" y hecho no tanto objeto de negaciones polémicas, cuánto y más eficazmente de una radical expurgación de cada escuela y universidad eso es bastante conocido, ya, a Europa. La filosofía oficial del bolchevismo es una forma de hegelianismo en que la “Idea” se transforma en “materia” y el juego dialéctico de las oposiciones sirve como inicio de una explicación puramente mecánica del proceso, con respecto al cual cualquier forma de "idealismo" es considerado como mera "superestructura." 

Menos notorio es, en cambio, la eficiencia de la concepción central del bolchevismo en las ramas de la cultura y en la vida rusa, que Füllop-Miller sigue estudiando en su esmerado análisis.

En arte, el estilo mecánico futurista está a la orden del día. Por su posibilidad de presentarse directamente a la colectividad y por su carácter público, el arte monumental es tomado en especial consideración. El arquitecto Tatlin declara incompatible con el nuevo espíritu proletario cada motivo heroico, estético o simbólico: él proclama la “imagen mecánica” y el "monumento" a la máquina en arquitectura, como las expresiones mas adecuadas para los tiempos modernos. Tatlin proyectó monumentos con partes móviles, compuestos por materiales variados como los que propuso para la conmemoración de la "Tercera Internacional" y por el Edificio del Trabajo en Moscú. Por una extraño coincidencia, a la mecánico se unió algo primordial e informe, con la intención de que "los accidentes anárquicos del arte individual" fueran desarraigados. Un coloso de hierro que se apoya en una estructura metálica se proyecta como monumento a la revolución comunista. Un montón de plástico cubofuturista recuerda a Bakunin. La imagen de Lenin es grabada de manera sumaria y gigantesca en una roca viva, como los monumentos de las épocas arcaicas. Una especie de monolito sobre bloques escuadrados recuerda a Danton. 

El tema de la “imitación de la máquina" dice el Füllop-Miller se está volviendo en Rusia casi en un equivalente de lo que en otras épocas fue la “imitación de Jesús”. Lanzado por una serie de manifiestos "costructivistas" de Grinskij, sin más es asumido en las profundas transformaciones antidecorativas del arte escénico y del teatro soviético de propaganda. Al entusiasmo despertado por los "danza-máquinas" lanzados por Foregger, se une la exigencia, de que el principio de organización penetre en la producción de la nueva poesía proletaria. La "tradición burguesa" de un Puskin, de un Gogol, de un Dostojewskij, es declarada "liquidada", y tres de los poetas promocionados en la nueva Rusia (Bednyi, Maiakowskij y Marienhof) exigen precisamente que a la humanidad colectivizada le corresponda también una poesía colectiva, llegando a la idea de que la poesía y la literatura bolchevique deben ser completamente impersonales, no servidoras del "gusto" y del “capricho estético” del intelectual, sino hacerse instrumentos y "martillos" que inciten el proletario a la acción. 

Así mientras la lírica toma un curso demagogico-meánico, empiezan a aparecer obras que en lugar del nombre de un autor individual, llevan el nombre de un grupo: "Grupo de los 23”, "Grupo de los 14” o el "Círculo comunista de Riasin", etcétera. Nada más característico, por ejemplo, que estos versos llevados por la introducción de la obra “Ciento cincuenta millones” de Maiakowskij uno de los poetas soviéticos más cotizados: 

Ciento cincuenta millones 

Tal es el nombre de quien ha compuesto este poema: 

El estrépito de los disparos y los tajos, 

Tal es su ritmo... 

Yo soy la máquina que habla. 

En la música, el mismo principio de liquidar todo lo que es individualidad y calidad, cristaliza con el principio del “humorismo” futurista en una lógica precisa: puesto que el ruido constituye el elemento general e impersonal de la vida, así la nueva música proletaria preferirá el ruido al sonido y a la voz, y abrazará "todos los ruidos de la edad mecánica, el ritmo de las máquinas, el silbido de los establecimientos, el ruido de las grandes ciudades y las granjas". Además, en un intento de superar a la orquesta burguesa, dedicada al placer privado de unos pocos, se han intentado ejecuciones sinfónicas abiertas, audibles a distancia y tocadas a distancia con sirenas, campanas, motores, ametralladoras y baterías, dirigidas megafónicamente. Por otra parte el profesor Zeitlin reafirmó el principio bolchevique de la cooperación en su intento de constituir una orquesta sin director, fundada en Moscú y todavía existente. 

Pero el tema de la mecanización y la despersonalización no se detiene aquí: pasa a aspectos más profundos. El rostro se vuelve máscara: sobre la base de la tendencia instintiva de todos los rusos a "dramatizar" sus experiencias personales, Nikolai Evreinoff enuncia la "teatralización" de la vida, que conduce al espíritu de grandes manifestaciones colectivas, estudiadas así para despertar al mismo tiempo el "estado de masas" en que se reaviva la representación del ente-masa exaltando el recuerdo de los fastos de la revolución y los ideales de la futura edad mecánica. 

La liquidación de cada vínculo de carácter tradicional e interior en la vida cotidiana, es suficientemente conocido en la Rusia soviética, para que insistamos ahora: se nivelan las clases sociales, los sexos y la mujer pasa a ser algo neutro con su completa equiparación al hombre en cada esfera de la vida pública, tal como se ha llegado actualmente en Rusia. La familia es virtualmente disuelta. Cada relación privada toma un color gris e indiferente con respecto del tema central de la omnipresencia de la conciencia colectiva. 

La misma espontaneidad vital del gesto humano se intenta suprimir a través de una oportuna "racionalización". Gasteff funda un "Instituto para la organización científica del trabajo y para la mecanización (sic) del hombre", que no tiene inconveniente en aplicar el taylorismo a la determinación científica de los movimientos a los que debería limitarse el ser humano en el ejercicio de cada oficio. Y como si eso no bastara, hay quien ha denunciado restos de "ideología burguesía" en los métodos de Gasteff, llegando incluso a considerar el gesto individual como un arte separado, sin percatarse de que el verdadero objetivo es disolver al individuo en la "gran máquina moderna, donde el individuo masa tiene que ser parte de un potente conjunto de turbinas". El mundo subterráneo de Cosmopolis o el de La Máquina del Tiempo de Wells, bastante similares, no podrían ser mejores símbolos de lo que la nueva época proletaria soviética siente como más próxima a su propio espíritu. 

Quién desee examinar otros cientos de aspectos de la nueva Rusia, se encontraría en todos el mismo espíritu y la misma intención: desintelectualización y mecanización, con el objetivo de destruir desde las raíces el sentido del hombre individual y el valor de lo humano. Está en un mundo sin matices, automático, sin color, donde nunca puede decirse "mío" o "tu" -el pensamiento menos que la tierra, el gesto menos que el ímpetu- y se despierta lentamente la forma titánica y oscura de la "Bestia sin Nombre." 

La representa un cartel de Kúpka, provisto de una morbosa potencia sugestiva, con el título de “La masa en marcha”. Se ve una extensión inmensa e igual de hombres que marchan con un idéntico movimiento como algo único y fatal. En los cielos desiertos y grises el mismo hombre se proyecta, agigantado y sobresaliendo, con el mismo gesto. Él indica: ¡Adelante! Su cabeza no tiene rostro. 

Trágica marcha, que no conduce a ningún sitio. Ya Tolstoi, precursor bajo varios aspectos del bolchevismo, en “Guerra y Paz” presentó con Napoleón la creencia en los "dominadores" de la historia. Para él, es la multitud anodina y amorfa la que, en cambio, hace la historia; y los "dominadores" que creen crearla, se parecen a quiénes, transportados en una carrera desenfrenada sobre una carroza, se agarran de los tirantes para mantenerse sobre ella, creyendo que son ellos quienes la dirigen. La filosofía bolchevique de la historia no es diferente. El historiador soviético Pokrowskij escribe: "Nosotros no vemos la personalidad como hacedora de la historia, porque para nosotros la personalidad es solamente el instrumento con que la historia misma trabaja". Dejado así, sin jefe y sin espíritu, al gran cuerpo mecánico del “hombre-masa", el cual, en su marcha irresistible, participa pues de la misma ley irracional y fatal de las fuerzas brutas de la materia. 

Tal es la pesadilla que la Rusia de hoy incuba asumiendo un carácter profético-místico de "nuevo era", de "nueva humanidad", de "categoría superior". El surco profundo dejado en el pueblo ruso por la servidumbre secular a señores despótico, próximo al aspecto fatalista asiático que siempre ha manifestado, bastan para iluminar la posibilidad psicológica de esta desintegración radical y consciente del individuo en la "Bestia sin Nombre"; loas como la que Preobrashenskij, fundador de una "Ética bolchevique", dedicó al jefe del Cheka, cuando le escribió: "La felicidad humana puede ser alcanzada solamente con la ausencia de la libertad, con la obediencia de esclavos". Por tanto, está en el espíritu de su misión que el bolchevismo usa todos los medios para "hacer felices a los hombres" a pesar de sí mismos, con la idea de liberarlos rigurosa y científicamente del “engorro del yo” y del “libre albedrío", y, si se nos apura, con una extraña concordancia con lo que fue la técnica de la Compañía de Jesús e incluso con idéntica intención. Equivalente a la inquisición a la que los jesuitas no recurrieron que para "salvar las almas", el Katorga el sistema de terror ya al servicio de los Zares pasa implacable al servicio del despotismo colectivo de los Soviets, en lucha por la causa del “hombre nuevo”. 

Sobre esta "novedad", sobre este intento de centrarse en el futuro, los bolcheviques se ilusionan ingenuamente. Sabemos, sin embargo, que el estado, en el cual el individuo como tal no existe, sino que vive en él una conciencia colectiva impersonal, "espíritu" del "clan" o de la tribu a la que se pertenece, es la forma propia a las sociedades primitivas de tipo "totémico", las cuales todavía hoy sobreviven en algunos pueblos primitivos. Fue una lenta y pesada ascensión la que despertó a los hombres de ese estado y, según una ley de diferenciación, determinó castas, ordenó jerarquías, distinguió calidades individuales, hasta llegar al cénit solar de los grandes imperios de nuestras tradiciones. 

Aquella antigua conciencia solamente difiere en un punto de la conciencia a la que el bolchevismo tiende a reconducir al individuo: que la máquina en lugar de lo que los pueblos primitivos llamaban “maná” es el elemento para constituir el gran cuerpo acéfalo del ente colectivo. Pero no por ello son distintos: es una dirección, no hacia el futuro, sino hacia el pasado, no hacia la “evolución”, sino hacia el retroceso y la degeneración… es un fenómeno de putrefacción. 

Qué este tipo de situaciones pueda concebirse en momentos en los que la historia experimenta períodos de postración y abandono puede concebirse sin dificultad. Pero que sea pensado como un “ideas superior”, que sea elevado a principio y a evangelio y hecho objeto de una cultura en el sentido más amplio, tal es la originalidad teratológica que para nosotros representa el bolchevismo. 

II

El llamamiento a América como a la “tierra prometida” del “hombre colectivo" en la Rusia soviética –como se prevé fácilmente por lo que precede- es declarado y explícito. 

Chicago, "metrópoli electromecánica", es glosada por un himno de Maiakowskij. Gasteff proclama el "superamericanismo", “la tempestad revolucionaria de la Rusia soviética tiene que unirse al ritmo de la vida americano". "Intensificar la mecanización practicada en América, y ampliarla a todos los campos –repiten otros- es la tarea de la nueva Rusia proletaria". El bolchevismo trata así de arrancar paradójicamente a Rusia del tronco asiático de su vida, y resolverla en el mundo americano del hombre-máquina. Sus ideales que por condiciones locales, industriales y étnicas, casi tendrían en la URSS un sentido de mitos utópicos, se perciben como realizados por América. De ahí el misticismo malsano que, a pesar de todo, siempre quedará en el espíritu ruso, partiendo de los antiguos Dioses, al asumir los nuevos ideales, desemboca en algo así como una "América como religión." 

Estando así las cosas, podemos plantear el problema de ver hasta que punto se trata de un acercamiento extrínseco y casual o hasta dónde es algo más. 

Como hemos dicho inicialmente, no se puede y no se debe descuidar el abismo que existe entre Rusia y América desde el punto de vista tanto de la raza como de la sensibilidad. Esto es tan evidente como la diferencia entre las formas políticas de ambos, uno es un Estado despótico comunista, el otro demócrata, federal y capitalista; el uno impuesto por una minoría de individuos que, con un golpe de mano, han tomado la dirección de las masas, el otro es un  producto espontáneamente generado por la organización y del impulso productivo de los individuos. 

También la psicología individual es podría ser más opuesta: a los elementos de apatía asiáticos favorables a la frecuente exaltación histérica, a un fatalismo unido a una hipersensibilidad pobre en carácter, frecuentes en el alma rusa, se opone el espíritu práctico, simplificador, activo, independiente, sano y lleno de iniciativas, del americano. Tampoco es posible olvidar que de los ideólogos soviéticos trabajan sobre un medio ruso en estado semi-medieval, en gran parte perdido entre comarcas despobladas, con medios industriales más que primitivos, muy alejados de la civilización y de la organización racional que en América está extendido a cada clase y a cada Estado de la Unión. 

Constatadas estas diferencias, si examinamos las impresiones que se han llevado algunos de nuestros intelectuales tras su primer viaje a América –pueden verse, por ejemplo, la correspondencia de Egisto Roggero y Silvio D’Amico, pero, esencialmente, la obra notable del Siegfried sobre los Estados Unidos de hoy- no podemos por menos de asombrarnos cuando percibimos concordancias con la impresión que sufrió Füllop-Miller cuando pasó revista a los ideales que la Rusia soviética intenta realizar. Se trata en ambos casos de la misma sensación del dominio de una grandiosidad sin alma, de naturaleza puramente colectiva, falto de un fondo de trascendencia, de luz interior y espiritualidad verdadera. 

Al igual que Rusia, América en los temas centrales de su "civilización" y su modo de considerar las cosas y la vida, ha buscado algo nuevo; ese “algo nuevo” cristaliza en una precisa contradicción con nuestra cultura y nuestra tradición europeas, en seno de la cual, sin embargo, penetra y siempre sobre la que se impone cada vez más. El americanismo ha introducido en nuestra época la religión de la práctica, ha enfatizado el interés de la renta, de la producción, de la realización mecánica, inmediata, visible, cuantitativa, por encima de cualquier otro interés. Construye un ente titánico que tiene oro por sangre, máquinas por elementos, técnica por cerebro, ante del que Europa que incluso ha sido la promotora de las formas modernas de la gran producción industrial se detiene: se detiene, porque percibe las extremas consecuencias que, lógicamente, proceden de aquel primer impulso, pero se divisa, al mismo tiempo, una especie de reducción al absurdo, que solamente podrá aceptar como su destino al precio de comprometer irreparablemente una civilización anterior e incompatible, que constituyó el más auténtico núcleo de su personalidad. Concluyendo su libro, Siegfried enseña que no son dos continentes sino dos concepciones de la vida las que entran en contradicción: aquella en la que el hombre es considerado calidad, vida independiente, valor por sí mismo y aquel otro en donde el hombre se vuelve un mero instrumento de producción y rendimiento material por el progreso del ente colectivo. 

Mientras las raíces de las que ha surgido la nueva mentalidad bolchevique son oscuras y casi místicas (Füllop-Milier ve la adaptación de algunos mitos eslavos teosóficos-mesiánicos sobre el “hombre Dios"), el muelle que ha conducido a la correspondiente transformación de valores en América es visiblemente la conquista material: para alcanzarla, América no ha titubeado a la hora de sacrificar lo que para nosotros fue la conquista más preciada del esfuerzo civilizador: la personalidad humana. Escribe Siegfried a propósito: "En su carrera hacia la riqueza y la potencia, América ha desertado el eje de la libertad para seguir el del rendimiento y el beneficio.... Todas las energías, incluidas las del ideal y hasta de la religión, conducen al mismo objetivo productivo: se está en presencia de una sociedad del “rendimiento”, casi de una teocracia del rendimiento, que tiende más a producir cosas que hombres”, u hombres tanto más eficaces y racionales en tanto que productores de cosas. 

"Una especie de mística exalta, en los Estados Unidos, los derechos supremos de la comunidad -continua el mismo escritor-; el ser humano se ha convertido en medio más que en objetivo, transformado en un engranaje de una inmensa máquina, sin pensar un instante que pueda ser disminuido. La religión, enrolada en la empresa, exalta a el rendimiento como una mística de la vida y el progreso", de donde deriva "un colectivismo de facto, querido por las élites y alegremente aceptado por la masa, al mismo tiempo que mina la autonomía del hombre y canaliza tan estrechamente su acción que, sin sufrir por ello y hasta sin saberlo, confirman ellos mismos su propia abdicación". De aquí que "ninguna protesta, ninguna reacción entre la juventud americana contra la tiranía colectiva: ella es aceptada libremente, como algo implícito, casi como si fuera justo lo que le conviene.... El beneficio que lleva es tan grande, la seguridad que depara es tan perfecta, que conduce a algo más grande que uno mismo; en este abandono aparece el misticismo, todo lo demás huye de su pensamiento”. 

Es pues gracias al impulso productivo que toma cuerpo en América, casi diríamos por elección, el mismo “hombre colectivo” que, en cambio, en Rusia muestra el aspecto feroz de una imposición ejercida por una pesadilla místico-fatalista. Pero el tema, desde un punto de vista especulativo, no es sustancialmente diferente: se aquí o allí, el núcleo de la individualidad como calidad y como valor desaparecen; en ambos casos lo que se produce es la llegada de un modo de vida materializada y sin rostro. 

Si América no busca, como el bolchevismo, "liquidar" todo lo que es intelectualidad, nutre, en cambio, un oculto desinterés hacia ella, casi como si se tratara de un lujo casi que impide estar absorto en las “cosas serias”, como el gel rich quick [esperar rápidamente la riqueza], el service, tal o cual manía social, etcétera. Cuando también en América acuden gracias a sus dólares, algunos exponentes de la intelectualidad europea, pues es allí donde se manifiestan los mecenazgos más generosos, todo esto muy raramente tiene una verdadera y raíz interior, y frecuentemente es, en cambio, una forma de esnobismo propio de advenedizos. En América –explica Roggero- el descubridor de un nuevo mecanismo que multiplique el rendimiento recibe más consideraciones sociales que el "señor", el «asceta", o el constructor de una nueva doctrina. En un laboratorio científico -añade Siegfried- el conjunto de los instrumentos apasionará al americano más que la la investigación en sí misma. "Dondequiera que hay algo que hacer, él se encuentra a gusto; cuando no actúa, se siente desorientado.... no le basta nunca de “ser”, siempre le hace falta de realizar, realizar de forma que se vea”. 

Si América no ha prohibido, como el bolchevismo, la antigua filosofía ha hecho algo mejor; William James ha declarado que lo útil es el criterio de lo auténtico, y que el valor de cada concepto, incluso metafísico, debe ser medido por su eficacia práctica y, en último análisis, colectivo-social. 

El bolchevismo ha abolido la religión. América no llega a tanto, pero sin enterarse, incluso convencida más bien de lo contrario, ya no es capaz de distinguir la “religiosidad” de lo que es realmente religioso. Ya en el protestantismo, la religiosidad, carecía de todo interés metafísico, ritual, ascético y simbólico, reduciéndose a un mero moralismo, que en los países anglosajones y sobre todo en América, trasvasan a la colectividad organizada. "La única verdadera religión nacional americana -sigue Siegfried- es el calvinismo, una concepción que convierte al grupo y no al individuo en la verdadera célula del organismo social", y dónde la misma riqueza es considerada, a los ojos propios y ajenos como una señal de la aprobación divina. Dice Siegfried: "resulta difícil discernir entre aspiración religiosa y caza de la riqueza”. El análisis que realiza sobre el núcleo católico de los Estados Unidos y sobre su eficiencia, no impide llegar a la conclusión de que "la corriente central que amenaza con arrastrar todo en América, y del que cada cual, protestante, católico o judío, sufre su atracción, es la necesidad de la realización material tangible. El objetivo de la sociedad religiosa ya no sea hacer vivir místicamente a los espíritus y a las almas, sino reclutar y organizar las energías.... Se admite como moral deseable que el espíritu religioso sea un factor de progreso social y desarrollo económico". Las virtudes relativas a una realización superior e interior son consideradas como inútiles, e incluso casi como nocivas. Realmente ¿estamos tan lejos del principio de Lenin, de "excluir cada concepción sobrenatural, extraña a los intereses de clase"? ¿No estamos, acaso en la misma línea de rebajar todos los puntos de vista al puramente humano y terrestre, que, en el fondo es lo que consiste la verdadera negación del religiosidad?

América no habla del “hombre-masa”: no habla, porque, de hecho, lo lleva contenido en su alma: el oro, la fuerza monstruosa e impersonal de un consorcio sin patria que conduce a la red inexorable de los trusts que pueblan América, que anima a las metrópolis de cemento y acero hacia la conquista del mundo y que mide a los individuos, dando a cada uno su sitio y su valor: el oro es verdaderamente el cuerpo en el que vive de forma invisible la "Bestia sin Nombre". Y aquí vale la pena tocar un punto importante: la diversidad del sentido que el dinero va adquiriendo en América respecto a lo que ha tenido siempre en Europa, partiendo de la civilización clásica y del feudalismo medieval. Aquí, el dinero fue un medio: al señor, el dinero le servía para ejercitar formas exquisitas que testimoniaron la magnificencia, la calidad, la sensibilidad por cosas diferentes y privilegiadas. En el americano, en cambio, el dinero está volviéndose un fin en sí mismo: sobre la base de la extraña desviación de la ética calvinista antes señalada, y que Max Weber ha analizado perfectamente, la conquista del dinero, el lucro y el beneficio, se realizan como una vocación y una misión, algo que casi debe ser buscada en si mismo y para sí mismo: es la ascesis capitalista. Más que poseer su dinero y ser libre con respecto a él, utilizándolo para trasmutar el poder en un sentido de majestad, el multimillonario americano casi parece un mero administrador, interiormente idéntico a cualquier empleado suyo u obrero, se limita a ser, a menudo, un instrumento impersonal y ascético cuya actividad se dedica a recoger dinero, convertirlo en rentas y ampliar el volumen de negocio en redes cada vez más amplias, que atraen a millones de seres y deciden la suerte de las naciones, mediante la fuerza impersonal del oro. 

El anti-individualismo revestido con la promiscuidad comunista y los mecanismos seudo-místicos en la Rusia soviética, en América tiene, en cambio, el aspecto de la estandarización, del prohibicionismo, del conformismo, de la moralización obligatoria y organizada, como si se tratara de una fotocopia de la mentalidad jesuítica hallada por Fülop-Miller en la educación soviética. "Cada americano, se llama Wilson, Bryan o Rockfeller, es un evangelista que no puede dejar tranquila a la gente, y que constantemente tiene el deber de predicar", convencido de su obligación hacia los otros para convertirlos, purificarlos, elevarlos al nivel moral de los Estados Unidos que no dudan es el más alto. Lucha contra el alcohol o el tabaco; propaganda feminista, pacifista, antivivisección, americanización de los inmigrados, hasta el apostolado eugenésico y neomalthusiano, el espíritu siempre es el mismo, y siempre prevalece la misma la voluntad de estandarización, la intolerancia hacia quienes tienen un criterio individual y quieren disponer de su propia existencia. Y esta aptitud –tal como reconoce Siegfried con precisión- es un peligro que va más allá de lo que es simple rectitud personal. Acreedora hacia el mundo entero, todo es permitido a América: puede estrangular o socorrer a  gentes y gobiernos, convencida de poderlos juzgar desde lo alto de su superioridad moral y de tener no incluso derecho, sino más bien el deber, de imponer sus lecciones y sus principios. 

La comodidad (el confort) al alcance de todo, la superproducción, es el milagro de América: pero "ha pagado por ella un precio trágico, el de millones de hombres reducidos al automatismo en el trabajo. El taylorismo [Evola utiliza la palabra “fordizzazione” NdT], sin el cual no existiría la industria americana, conduce a la estandarización del individuo mismo". El crear con personalidad, el trabajo como arte, en donde cada objeto casi tiene un poco del alma de quien lo hizo, desaparece sustituido por la producción en serie, rápida, automática, desanimada, cuantitativa. Unificado el producto, se trata de unificar quien lo consume. "El teatro, el cine, el cartel, asimismo estandardizado, concurren a esta unificación sin piedad, en el que las diferencias locales y hasta las distinciones de clase tienden a reducirse y a desaparecer”. 

Roggero en su correspondencia de Nueva York escribe textualmente: "Americanismo significa supresión del individuo, vida del rebaño, maquinismo, estandarización de las costumbres, supresión de los particularismos y los colores locales, uniformidad, simetría". Lo que es experimentado como complicación e interioridad, lo que es espíritu de delicadeza, de calidad y de matiz en los americanos se hace raro hasta lo increíble. Hasta en su alma están unificados, tampoco aquí quieren preocupaciones, es tan simple y natural como puede serlo una hortaliza: exorcizado cada sentido trágico de la vida, su existencia se desarrolla sin roces sobre dos dimensiones en las que puede percibirse toda su mediocridad y la uniformidad optimista-moralista de su concepción de la vida y del sentir: nos referimos a la cinematografía americana, tan admirablemente perfecta en todo aquello que es dominio de muerta técnica. 

En un exhibicionismo soso, sus mujeres parecen hasta castas, sin capacidad para llegar a las “complicaciones” de la sexualidad, considerada como pecaminosa. También aquí existen paralelismo con algunos aspectos bien conocidos de las costumbres de la Rusia Soviética; el sentido de indiferenciación pre-sexual y de contaminación entre camaradas (por que cada amor soviético siempre tiene cierto matiz de incesto) tiene su paralelismo en América cuando encontramos al tipo neutral y masculinizado, de sus mujeres, en su estilo, sus costumbres y su mentalidad. La emancipación soviética de la mujer con la equiparación de todos sus derechos a los del hombre, concuerda exactamente con la realizada en América gracias al feminismo: en ambos casos se ha logrado la desintegración de la familia. El ritmo, si no es idéntico, es indudablemente análogo. 

No son solamente estos los puntos comunes que podrían ser indicados en la vida y en la cultura de estos dos pueblos. Aquello con lo que el americano vibra más sinceramente que a cualquier motivo de un Bach, de un Palestrina o de un Wagner, lo expresa e incorpora a la misma lógica de la música hecha de ritmo y ruido similar a la del bolchevismo: es el jazz. En las grandes metrópolis americanas donde centenares de parejas se agitan juntos como fantoches epilépticos y automáticos a los ritmos sincopados negros de los charlestons y los blackbottoms, se percibe realmente el "estado de masas", la psique primordial del ente colectivo mecanizado que despierta. Lo mismo puede ser percibido en el delirio insensato de las competiciones deportivas americanas, realizadas con análogos objetivos a las expresiones teatralizadas de la "vida" en Rusia. 

Los poetas bolcheviques que quieren colectivizar y socializar la poesía ¿no tienen quizás su precursor en el americano Walt Whitman, cantor de las muchedumbres proletarios y sin rostro? ¿No hallan quizás su tema en la última filosofía de más allá de océano el neorrealismo cuya desintegración de la individualidad de los fenómenos, de los procesos mentales y de la misma personalidad en un atomismo lógico es expuesta en volúmenes formados por el trabajo colectivo de un grupo de autores? ¿Y aquella exigencia, de desinteletualizar y pragmatizar lo bonito ha tenido quizás una más radical eficiencia que en la transformación, realizada por las razas anglosajonas, del lujo en comodidad, y en el insensible, pero preciso, absorción del criterio de elegancia y "estilo" en aquel de la "funcionalidad" en los vestidos, en las modas, en las viviendas, en todo? 

Repitámoslo: en la Rusia soviética se trata de algo que permanece todavía entre tinieblas, trágico ideal de una utopía en lucha contra las costumbres asiáticas, mientras que en América temas análogos salen a la luz y al aire libre, en formas prácticas que prescinden de la ideología y de los matices mesiánicos. Al americano le falta el sentido de la renuncia fatalista, de la inminencia sobre él de la gran sombra casi personificada del “hombre colectivo”, del hombre-masa. Como hemos visto se cree, en cambio, libre a si mismo, quiere ser lo que es, y llama a su tierra, la “tierra de la libertad”. Pero nosotros europeos, pensamos acerca de esto lo mismo que Dostoiewskij dice en “Los Locos”, cuando plantea la doctrina social de Cigaleff, una verdadera anticipación profética del bolchevismo: pensamos en aquel estadio de la humanidad en que, después del tiempo necesario para una educación metódica y razonada durante generaciones, vuelven a la extirpación del "mal" constituida por el “QI” y el "libre albedrío", los hombres, no se percatan de ser esclavos, volverán a la inocencia de un nuevo Edén, diferente del bíblico por el mero hecho de se trabajarár. "El buen improvisador no precisa atar", observó Laotzé: el más profundo grado de intoxicación no reside en el que logra sentirse humillado e inútil, sino en el que ni siquiera percibe su condición de esclavo y, actuando, cree ser autónomo y espontáneo, mientras que, en realidad, nada de lo que supone el Yo, el fuego indomable de libertad infinita que sitúa más allá de cada límite y de cada forma, arde más en su sustancia interior. 

Quién está fuera de este engranaje, ve. Detrás de las formas titánicas de la nueva civilización de más allá de océano, divisa asimismo el espectro de la "Bestia sin Nombre." 

*        *        *

Dijimos pues: dos pinzas de una tenaza, desde Oriente y Occidente están cerrándose alrededor de nuestra Europa. 

Si el bolchevismo ha despertado, y todavía seguirá despertando, reacciones precisas de quienes lo ven como algo mortal para toda la tradición de nuestra cultura, sin embargo, Europa, de mil manera diferentes, va padeciendo la influencia del americanismo; incluso en el ámbito de la depravación de los valores e ideales que están detrás del americanismo y que el bolchevismo conduce en la cumbre. 

No podemos ilusionarnos: las medias tintas no son posibles: se trata de un mundo completo, que debemos aceptar o de rechazar en bloque. Roggero delante de América, lo ha visto de manera diferente: no se puede conservar el propio patrimonio intelectual, la misma tradición, la misma concepción del mundo él escribe y, al mismo tiempo, americanizarse. La americanización de algunos aspectos de la vida europea representa quizás una especie de caballo de Troya con el que América -acaso sin pensarlo y sin quererlo, queriéndolo en cambio nuestra debilidad- disolverá la civilización del viejo continente, en el que ya se han aposentado las ideologías comunista, pacifista, internacionalista, bolcheviques y demócrata, siembran el fermento de descomposición. 

Entre las naciones europeas, se puede decir que Italia haya sido la primera que de modo más definida ha planteado una reacción y una alarma. Con el fascismo el peligro bolchevique ha sido bloqueado, y además figura entre las naciones relativamente más inmunes al mal americano. ¿Será capaz de llegar hasta el final? 

Además, por largo que pueda ser el camino, no hay que olvidar el hecho que Italia es heredera de aquella tradición occidental, que más que cada otra es el anti Soviética y el anti América. Queremos hablar de la tradición mediterránea, y especialmente clásico y romana. 

De la misma forma que la finalidad de la "Bestia sin Nombre" es la destrucción y la desintegración del individuo cuyo valor con respecto a la psique colectiva e impersonal es nulo, la verdad de la Tradición Romana es, en cambio, la afirmación del valor de lo individual y plantea en la individualidad la medida de la realidad. Alejada de la promiscuidad informe de las sociedades primitivas y totémicas, puede asumir por precisamente la visión aristotélica, de donde los "géneros", las "ideas" o los "universales" son considerados como potencialidades abstractas, que se manifiestan solamente en individuos que son capaces de realizarlos bajo una ley de diferenciación y originalidad irreductible. Son mera "materia" que pide al mundo de lo individual su "forma." 

El mundo clásico y mediterráneo ha exaltado el sentido de la dignidad individual, de la diferencia, de la aristocracia y de la jerarquía: ha puesto por encima de todo el ideal de la cultura, en el sentido de realización del individuo, de creación de "tipos", obras vivientes de arte expresadas en personas realizadas interiormente. Y en la "autarquía" personal, florecida  en el dominio soberbio de los que se poseen a sí mismos, evoca al tipo dórico y homérico cuya pureza es fuerza y cuya fuerza es pureza, ha reconocido el "virtus", verdadero germen de la relación que hace comunicar lo humano no con el humano. 

Nuestro tradición no ha conocido jamás piedras atadas en el cemento inaprensible del vínculo colectivo, de la ley mecánica, del despotismo social pero valles y cumbres, fuerzas a lado de fuerzas y a fuerzas contra fuerzas, organizadas él libremente en relaciones directos y orgánicos guerreros, heroicos y sacrificales, en actos de absoluto mando y absoluta dedicación: núcleos fuertemente localizados y solarios, culminantes allá dónde el imperium fue sentido como la presencia de una fuerza por lo alto. Por lo tanto organización en sentido verdadero y viviente, no amalgama, no compuesto. Aquí el individuo está no parte impersonal, pero miembro unido directamente al todo y constituyente una función y una modalidad de vida distinguida e irreductible, que no debe ser borrada o nivelada, pero llevada a ser cada vez más perfectamente e intensamente si mismo para la mayor riqueza y determinación del gran cuerpo completamente. 

Nuestra tradición ha vitoreado a los "héroes", ha celebrado a los dominadores, ha celebrado los hombres dioses. Y si, a diferencia de algunas concepciones semíticas y asiáticas, no han separado lo espiritual de este mundo terrenal, de modo inequívoco han afirmado, sin embargo, el derecho soberano de la cualidad, de la idea y de la sabiduría sobre lo que es “práctico” y condicionado, que deben dominar mediante el acto de personas realizadas en el mismo modo que el sentido domina a la palabra y el alma al cuerpo. Y en la pax profunda propiciada por la potencia romana, difunde por todo el Mare Nostrum la luminosa civilización del helenismo. 

En la sensación de la unidad inmanente, despertó otros ojos, otras orejas, otros elementos de potencia, y no los conocidos por los novísimos bárbaros. En lugar de materializar y mecanizar incluso lo humano, escuchó el eco de fuerzas vivientes e inmortales en acto tras lo que los modernos llaman “materia” y “leyes mecánicas”, y estableció contactos reales con ellas por medio del ritual y del símbolo; de donde despertó en aquellos en quienes "dios se hizo carne" (en sarkì peripolòn teso), en el sentido de ser "todo en todo, compuesto por todos los poderes" (Corp. Hermet.), libre como "un mundo en el mundo" (Plotino) incluso en su no ser más que sí mismo, en la jerarquía de los seres. Y el Imperio -no la promiscuidad bolchevique, ni el federalismo o el democratismo de las modernas sociedades- coronó lógicamente esta concepción, y su jerarquía armoniosa adquirió el sentido de reflejo y símbolo de la jerarquía del mundo intelectual y divino. 

Es una concepción del mundo, de las cosas, de la vida, completamente diferente, entendida, no como una abstracción filosófica, sino como algo viviente y presente en la misma sangre; trasponiéndose como significado en el seno de todas las actividades, articuladas de forma inestable, pero organizadas en torno a un eje único. La contingencia de los tiempos la ha sepultado gradualmente y la gran sombra del “Ente sin forma" supone, finalmente, su negación definitiva. 

¿Estará en condiciones Italia de revivir tal tradición? ¿Será capaz de hacerla revivir incluso bajo otras formas, en otros espíritus, en otras potencias? El bolchevismo ha visto (y lo ha declarado por boca de uno de sus principales ideólogos) que "El mayor obstáculo que está ante el hombre nuevo es el mundo romano-germanico." 

Si Italia, que ha recuperado en el Águila y en el Fascio los símbolos del mundo de la tradición, sabe asumir todo lo que como tradición mediterránea está detrás de este símbolo, se liberará de las contingencias de una nación particular, y ascenderá asumiendo la defensa del occidente delante del peligro americano-bolchevique.

   (c) Edizioni di Ar, “I saggi della Nuova Antologia”

   (c) Ernesto Milà, por la traducción en lengua española.