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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

La inmigración en el mundo feliz de ZP (III de X). Dossier Inmigración Ecuador

La inmigración en el mundo feliz de ZP (III de X). Dossier Inmigración Ecuador

Infokrisis.- A pesar de la lejanía, la comunidad ecuatoriana en España ha pasado a ser numéricamente, la segunda en importancia detrás de la marroquí. Muy pocos ecuatorianos tienen la intención de volver a su país y todos ellos quieren traer aquí a sus familiares y amigos. Hoy, Ecuador precisa de las remesas enviadas por los emigrantes para mantener a flote el aparato del Estado. No es raro que la clase política estimule la inmigración masiva hacia España.  

 

Desde 1997, Ecuador ha generado cuatro millones de inmigrantes con destino a EEUU, Italia y, especialmente, España. Si el Estado ecuatoriano no se ha declarado en quiebra se debe a las remesas enviadas por los ecuatorianos en el extranjero a sus familias. No se trata de grandes cantidades tomadas de una en una –apenas entre 200 y 400 euros por mes, en torno al 33% de sus salarios- pero, sumadas, están próximas a los 2.000 millones de dólares. Estas cifras suponen, en volumen, la segunda fuente de ingreso de divisas. La primera es el petróleo. Una vez más, no se entiende por qué un país con reservas naturales, en lugar de generar riqueza, emite pobreza en forma de emigración.

Ecuador se habituó a vivir de las remesas enviadas por la emigración en el año 2000, cuando la emigración empezó a ser masiva. De todas formas de 1998 la inmigración ecuatoriana ya era habitual en España. En esa época los conocí y advertí cual era el problema de los ecuatorianos en España: carecían completamente de formación profesional… Tuve contratar a un grupo de albañiles y me entrevisté con doce ecuatorianos que me presentó el sacerdote de una ONG barcelonesa. Todos ellos, absolutamente todos, me mintieron respecto a sus capacidades profesionales. Todos se me presentaron como “oficiales”, cuando su preparación era la de peones; luego supe que algunos de ellos jamás habían trabajado en la construcción. Los contraté como aprendices y tardaron tiempo en estar en condiciones de realizar algo más que cargar y evacuar escombros. No era exactamente lo que buscaba, pero algo era algo. Eran, por lo general, voluntariosos y esforzados, pero su falta de preparación los inhabilitaba para trabajar en una obra. Alguno, incluso, sufría depresiones cíclicas, no se había adaptado a la inmigración y tenía el cerebro junto a su familia en su Quito natal. Otros tenían un problema en su vida personal: bebían demasiado a partir del viernes al medio día y volvían el lunes por la mañana, literalmente, hechos polvo. Me contaron muchas cosas sobre ellos, sobre su país y sobre sus familias. Desde entonces tengo claro que la emigración, sea en las condiciones que sea, es una tragedia, y nadie debería ser privado del derecho de vivir y trabajar en la tierra que les vio nacer.

Hay ecuatorianos, prácticamente, en toda España, si bien tienen tendencia a concentrarse en Madrid y en algunas provincias del Sur con puestos de trabajo en el sector agrícola. Todos con los que pude intercambiar puntos de vista abominaban de su clase política a la que responsabilizaban de la miseria del país. Me decían que su país era rico pero ellos eran pobres y no lo entendían, acaso, porque no había nada que entender, solamente constatar el fracaso de un país con casi doscientos años de independencia. Ecuador exporta petróleo, bananas, pesca y cacao… pero donde es realmente competitivo es en exportación de mano de obra barata.

A pesar de lo que se tiene tendencia a repetir, no estoy convencido de que la presencia masiva de ecuatorianos en España sea buena para nosotros. España se ha convertido en un centro de formación profesional de países como Ecuador que exportan un tipo de emigración que carece completamente de preparación laboral. Trabajos que hasta hace poco podían realizar nuestros jóvenes en período vacacional (la mayor parte de campañas de recogida agrícola o trabajos de reponedores en grandes superficies) ahora los hacen, entre otros, ecuatorianos. Son trabajos que impiden disponer de medios económicos suficientes como para poder vivir de forma independiente, así pues, solamente pueden ser desarrollados por jóvenes que vivan por sus padres, o por emigrantes que hayan decidido vivir con lo mínimo.

El problema es que, concluidas las campañas agrícolas, nuestros jóvenes volvían a la escuela o a la universidad, en cambio la inmigración ecuatoriana reingresa en las listas del paro. España no es un país rico y resultará muy difícil que, en los próximos años, nuestra hacienda pueda soportar el pago de subsidios de paro y los elevados costos sanitarios de aquellos que, inicialmente, nos contaron que habían llegado para “pagar las pensiones de nuestros abuelos”, ¡ja!

La inmigración ecuatoriana es quizás una de las más dramáticas demuestra el cinismo de un sistema económico levantado sobre la explotación y el desarraigo de los débiles que muta las condiciones de vida, tanto en el país que pierde a sus ciudadanos como en el que los acoge. Los “gurús” vendedores de multiculturalidad insisten en que se trata de un fenómeno “saludable y creativo”, pero yo he visto a ecuatorianos llorando en el tajo cuando recordaban a sus familias, los he visto con la mirada perdida en unos y el mal beber en otros, los fines de semana alcohólicos. He visto también como nuestros jóvenes han terminado por preferir ser mantenidos por sus padres, a espabilar y trabajar en los meses de verano. Nuestros chicos se “ablandan” porque no se les pide esfuerzos, ni siquiera se les da la posibilidad de que se esfuercen… porque para hacer los trabajos duros, no están nuestros jóvenes, sino los inmigrantes… Hubo un tiempo en el que la vendimia agrupaba en el sur de Francia a estudiantes de toda la Península Ibérica. Y los francos que ganábamos en tres semanas o un mes, nos servían para comprar el “vespino”, llegar hasta fin de año con seguridad de poder comprar regalos de navidad a nuestra familia o a la novia o, simplemente, evitar ordeñar a los padres. Todo eso queda lejos, a pesar de que tenía indudables valores “educativos”. Hoy rigen otros “modelos”: nuestros hijos permanecen ante el ordenador todo el verano, chateando interminablemente y ni les interesa trabajar, ni nadie se lo exige, a sabiendas de que papá y mamá financiarán sus caprichos, aunque solo sea para mantenerlos calados.

El fracaso político de una nación

¿Qué ha ocurrido en Ecuador para que un$a parte sustancial del país lo abandones? Mucho, desde luego, desde que en el 1533, los hombres de Pizarro incorporaron el país a la Corona de España. La nueva extensión fue incorporada al virreinato del Perú y, más adelante, al de Nueva Granada, junto con las actuales Colombia y Venezuela. Esto explica por qué Ecuador estuvo inicialmente incorporado a Colombia al recibir la independencia en 1809 y que incluía también a Panamá y Venezuela. Fue en 1830 cuando Ecuador se independizó. En el siglo XIX, toda la América Hispana tuvo una irreprimible tendencia a fraccionarse hasta configurar el mosaico actual de países, frecuentemente rivales.

Con la independencia empezaron los problemas. A lo largo del XIX el asesinato flageló a la clase política. Dos presidentes fueron asesinados, aunque eso sí, uno conservador y el otro liberal. El siglo XX tampoco sentó bien a Ecuador. Las depresiones económicas terminaron convirtiéndose en el pan de cada día y los conflictos sociales alternaron con los conflictos fronterizos. En 1941 estalló la guerra con Perú que volvió a reavivarse en 1979

En 1984, Febres-Cordero, presidente conservador aplicó una política represiva sobre los movimientos sociales sobre los que su sucesor, Rodrigo Borja se apoyaría para llegar a la presidencia liderando a la izquierda. Borja aplicó una mini reforma agraria, más demagógica que otra cosa, distribuyendo tierras entre los indígenas, pero aquello no terminó con el descontento social, así que en las elecciones de 1992, Sixto Durán, ensayó una nueva fórmula: había llegado el neoliberalismo a Ecuador. Privatizó todo lo privatizable y. siguiendo consignas de la industria petrolera norteamericana, abandonó la OPEP, procediendo a un aumento de la producción de hidrocarburos. En 1995 se produjo el enésimo conflicto con Perú que concluyó con el ventajoso tratado de Brasilia. Lo peor estaba por llegar.

Socialmente, se estaban produciendo dos fenómenos notables. De un lado, las migraciones interiores y de otro el estancamiento de las coberturas sociales. Desde finales de los años 70, las migraciones interiores iban despoblando progresivamente el campo ecuatoriano y orientando los flujos de población hacia las empresas agrícolas de la Costa; pocos iban al extranjero. En cuanto a las coberturas sociales estaban reducidas a la mínima expresión, lo que daba lugar al atraso del país en política social. La red de asistencia pública era muy limitada, el 30% de la población estaba absolutamente sin ninguna cobertura. Pues bien, treinta años después, la situación no ha mejorado. Los porcentajes siguen siendo los mismos y la red médica sigue cobrando unos sueldos cicateros y es especialmente débil en zonas rurales.

En agosto de 1996, a la vista de los fracasos alternados conservadores y liberales, ganó las elecciones un demagogo populista. La historia de las democracias iberoamericanas es siempre el mismo: primero fracasan las fórmulas tradicionales y cuando el electorado ya está sumido en una absoluta desorientación, siempre aparece un demagogo que levanta falsas esperanzas y sitúa a un paso del precipicio, o bien anima a lanzarse. Este proceso se dio también el Ecuador, cuando el exótico Abdalá Bucaram, fue elegido presidente en 1996 que un año después lograba ser desposeído de su cargo por evidente “incapacidad mental” apreciada por el parlamento. Lo que ocurre a partir de ese momento es la crónica de un túnel cuya salida no termina de verse.

Hagamos un alto en el camino. ¿Se dan cuenta de que ninguno de los nombres de los presidentes ecuatorianos les suenan lo más mínimo? Muy pocos entre los especialistas en política iberoamericana saben algo de Ecuador. Políticamente, el país parece no haber existido ni siquiera para la antigua metrópoli colonial. Y es raro porque, al menos nos suenan los nombres de los presidentes de Colombia, Venezuela, por no decir de Argentina o Chile, e incluso de Panamá o Bolivia. Pero se diría que Ecuador era un país cuya actualidad política nos estaba vedada. Conozco casi toda Iberoamérica, pero, por algún motivo, nunca he encontrado la excusa para viajar a Ecuador.

Sigamos con las desgracias ecuatorianas. Cuando Bucaram fue destituido, le sucedió el presidente del Congreso Nacional, Fabián Alarcón y unas nuevas elecciones dieron el poder a Jamil Mahuad que ostentaría sus funciones hasta el año 2000. Pero, en ese momento, la crisis económica ya se había generalizado y nadie parecía tener la fórmula para revitalizar a la moribunda economía local. El país se había convertido en una fábrica de parados y la crisis político-social dejaba presagiar los más negros horizontes.

Desde los tiempos de Bucaram una parte de la población mestiza e indígena empezaba a tener claro que dentro del país no existía futuro para ellos. Se veían en un agujero tan profundo que habían perdido toda esperanza. Fue entonces cuando empezaron a emigrar. Pero en el año 2000 todavía no eran suficientes como para compensar la baja del precio del petróleo. Ese año, la economía ecuatoriana vivió su peor momento. La huelga general y las constantes manifestaciones de los menesterosos, condujeron a nuevos momentos de inestabilidad y golpismo. La economía fue dolarizada y los esfuerzos del nuevo gobierno se basaron solamente en dos posibilidades de recuperación: el petróleo y la emigración. Para estimular lo primero se construyó el oleoducto Amazonía-Pacífico, imprescindible para duplicar la producción de crudo. Pero, como esto no bastaba, se adoptaron medidas de austeridad económica. Estás suscitaron la oposición de los activistas indígenas cuando casi tres millones de ecuatorianos habían optado por el exilio económico.

La izquierda volvió al poder en el 2002 (frente formado por la izquierda tradicional, las organizaciones indigenistas y los militares populistas), pero su presidente, Lucio Gutiérrez fue depuesto por el congreso en abril del 2005, en medio de convulsiones político-sociales sin precedentes. En el momento de escribir estas líneas, el presidente es Alfredo Palacio, sin que podamos asegurarle que cuando lean estas líneas la situación haya dado un nuevo vuelco que remita al punto de partida.

El resumen de toda esta historia puede sintetizarse así: Ecuador es un país frustrado. No ha logrado una estabilidad política, se ha dotado de una clase dirigente extremadamente incapaz de planificar el bienestar de la mayor parte de la población.

Los desposeídos de Ecuador son, mayoritariamente, mestizos y, sobre todo indígenas. No es raro, por ejemplo, que la principal asociación de emigrados ecuatorianos en España lleve el nombre del caudillo Rumiñahui, derrotado por Bartolomé Ruiz el 21 de septiembre de 1526. Da la sensación de que, como ocurre con otras inmigraciones andinas, los inmigrantes ecuatorianos en España tengan tendencia a pensar que “su fracaso” se debe a “nuestra colonización”. Y no es así. Eso le sirve a Evo Morales y a todos los que son como él, para justificar unas cuantas frases demagógicas, pero la historia no admite que un país que ha sido independiente 200 años y colonizado solamente durante 300, haya fracasado en su intento de configurarse como un Estado moderno. El fracaso del Estado ecuatoriano es patrimonio de los ecuatorianos, de la misma forma que la tragedia africana tiene como responsables a los propios africanos. Es duro, pero es así. Por el mismo precio, nosotros españoles, podríamos atribuir a la invasión cartaginesa el haber llegado unas décadas tarde a la modernidad. Las “excusas históricas” convencen a los convencidos, pero no por ellos son reales.

La mayoría de los países en crisis tienen un culpable principal para sus crisis (su propia clase política dirigente) y un culpable secundario (el grueso de la población que por omisión o de conformidad, los encumbró en el poder). La España frustrada del siglo XIX encaja perfectamente en este esquema: la gigantesca pirámide de fracasos que fue el siglo más desgraciado de nuestra historia no puede ser atribuido a poderes exteriores, sino a nuestra propia capacidad para entender la modernidad. Con los países andinos pasa otro tanto: mientras no cesen de culpabilizar a terceros en lugar de asumir sus propias culpas, jamás lograrán entrar en la modernidad. Modernidad implica realismo y objetividad; la creación de falsas coartas en lo más retrógrado que pueda imaginarse.

Cuando se habla con los emigrantes ecuatorianos más cultos, se percibe pronto ese poso de resentimiento secular del indígena hacia la antigua potencia colonizadora. “Si Pizarro no hubiera enviado a sus hombres, hoy seríamos un imperio poderoso”. Claro, y si mi mamá tuviera cuernos, cuatro patas y el mismo número de pezones, no sería mi madre, sino que sería una vaca. Y todo así.

El fracaso económico de una nación

Ecuador tiene casi trece millones de habitantes y el aumento más brutal de la pobreza que ninguna otra nación del planeta. Ciertamente, Sierra Leona o Liberia son países más pobres y violentos, pero, puede decirse que, dramáticamente, no son excepciones en el África Subsahariana. Ecuador tampoco es una excepción en Iberoamérica, pero no existe otro país que haya pasado en apenas una década de tener un 12% de pobres a un 71% o, en términos absolutos, de tres a nueve millones de personas. El 31% de la población ecuatoriana vive en la pobreza más extrema. Y no hay perspectivas de que la cosa vaya a cambiar. El salario mínimo está establecido en 140 dólares, pero el coste de la vida se sitúa en torno a los 350. Y, además, el paro es el gran azote del país.

Desde principios de 2006 y en el momento de escribir estas líneas, Ecuador negocia un Tratado de Libro Comercio con EEUU y ha firmado distintos tratados con otros países y organizaciones internacionales de crédito, pero nada de todo esto hizo que disminuyera la pobreza de manera sensible. Un acuerdo de este tipo parece imprescindible para revitalizar la maltrecha economía local, pero no estamos seguros de si logrará superar el gran problema que padece el país: las desigualdades abismales de renta.  En 1998, el 10 % de la población ecuatoriana de rentas más altas detentaba el 42,5 % de la riqueza, mientras que el 90% restante se distribuía el resto. Ese año se congelaron las cuentas y parte de la población, bruscamente, se sumió en la pobreza; la deuda externa había hipotecado al Estado. La población respondió con el éxodo.

Ese mismo año, el 7,6 % del gasto sanitario fue a parar al 20 % de la población pobre, mientras que el 20 % de la población rica recibió el 38,1 % de este mismo gasto. El 40% de la población es rural y el 60% de los campesinos es pobre.

Para entender un poco mejor el fenómeno de la emigración en Ecuador, vale la pena saber que el país está estratificado étnicamente. El 65% de la población es mestiza, el 25% amerindios, el 7% criollos (descendientes de colonos españoles) y el 3% restante se reparte entre distintos grupos étnicos, el más importante de los cuales está compuesto por mulatos afro-ecuatorianos (especialmente en Guayaquil). También existe otra minoría procedente de Oriente Medio, compuesta en su mayoría por libaneses. Esta estratificación étnica es, al mismo tiempo, económica. Solamente los criollos gozan de una situación económica aceptable y, por tanto, están fuera de los circuitos de la inmigración; en cuanto a los amerindios son, en su mayor parte, campesinos pobres y, por tanto, tampoco aportan una fuerza apreciable entre los inmigrantes. Así pues, en su mayor parte, son los mestizos los que han emprendido el camino de la emigración.

Al igual que otros países de Iberoamérica, Ecuador ha sufrido un proceso de despoblamiento del campo y trasvase de población a las ciudades. Hoy, la población rural supone un 45% y la urbana un 55%. Es a este sector de la población al que pertenecen la mayor parte de los inmigrantes. Es un país joven cuya edad media apenas supera los 22’5 años, mientras que la tasa de fertilidad es alta en relación a la media europea, 3 hijos por pareja.

No es raro que cuatro millones de ecuatorianos hayan decidido dejar atrás sus historias de miseria y plantearse una nueva vida en EEUU y España. Jóvenes de los Andres y de Huaquillas, Sullana, Talara y Tumbes, Paján, Quito, Cuenca, Machala, Guayaquil, Loja, etc., emprenden el camino del exilio económico. Todos ellos tienen una idea en la mente: “por mal que me vayan las cosas, nunca me irán tan mal como en mi propio país”. Las autoridades del país –y es bueno recordarlo por la parte que nos toca- no tienen la más mínima intención de recortar el flujo migratorio, sino todo lo contrario. Ya hemos dicho que gracias a esos contingentes la economía del país no se ha declarado en quiebra. Las autoridades ecuatorianas son las primeras interesadas en que esos flujos prosigan, a pesar de que supone restar al país sus brazos más jóvenes y decididos. Lo único que han hecho en los últimos cuatro años las autoridades locales ha sido “reorientar” el flujo. Si hasta 2001, EEUU era el destino más interesante para los ecuatorianos, a partir de ese momento, empezó a promoverse la imagen de España como destino idílico. Dos años después, en 2003, Ecuador ingresaba 1600 millones de dólares en remesas del exterior, pero el 58% procedía de residentes en la UE y solo el 38% de radicados en EEUU, a pesar de que en ese momento, la inmigración en éste país suponía algo más dos terceras partes de la totalidad del exilio económico ecuatoriano. En Europa se vive a un ritmo menos frenético, los servicios de inmigración están más relajados, los salarios son más altos y, finalmente, está ZP y su talante. Como era de prever, cuando a partir del 11-S de 2001 se endurecieron las condiciones de entrada en EEUU, la riada se canalizó hacia España.

Hasta ese momento, al menos en cifras globales, la economía ecuatoriana daba la sensación de que no iba mal del todo. Entre 1989 y 1999 había experimentado un crecimiento medio del 2’8%. Pero ese año se produjo la catástrofe: descendió a -7% y, a partir de entonces, toda la economía empezó a sustentarse solo en la exportación de petróleo y luego en las remesas de la inmigración. La producción ecuatoriana de petróleo, actualmente está en torno a los 22 millones de toneladas año, o casi 100 millones de barriles anuales, pero las reservas son limitadas y lo más probable es que no alcancen más allá del 2010-2012. A partir de ese momento, lo que ahora es un túnel oscuro se convertirá en más largo y más oscuro todavía. En ese momento, Ecuador dependerá aun más del petróleo. En menos de una década, el país se arriesga a ver como sus ventas se reducen a cero –el drama del petróleo es que “hay” o “no hay” y cuando se agota, se agota- en lo que se hoy supone un 40% del total de exportaciones. Lo dramático va a ser que, en ese momento, la clase política ecuatoriana seguirá estimulando la salida de sus ciudadanos al extranjero con tal de seguir percibiendo sus sueldos y “mordidas”.

Mientras se avanza inexorablemente hacia esa dramática perspectiva, el gobierno ecuatoriano sigue enmascarando la realidad. En 2001 llegó incluso a afirmar que el paro ¡había descendido en el país!, ¡claro que había descendido! La marcha de tres millones de ciudadanos al extranjero y la desestimación demográfica del país había hecho descender la tasa del paro del 14 al 9%... todo un éxito de gestión.  En realidad, cifras mucho más creíbles indican que entre desempleados y subempleados están en torno a las tres cuartas partes del mercado laboral. Y si alguien tiene alguna duda que pase frente al Ministerio de Relaciones Exteriores de Quito y sabrá lo que son colas para solicitar pasaporte. O, incluso, al aeropuerto de la capital en donde cada día miles de personas acuden a despedir con lágrimas en los ojos a los cientos de familiares y amigos que se van. Así que 9% de paro…

Al igual que en otros países andinos, la inmigración ecuatoriana es mayoritariamente femenina. El 67% de la inmigración ecuatoriana está formada por el contingente femenino. Ya hemos dicho que la mujer andina demuestra mucho más empuje que el hombre andino y su presencia en la inmigración es buena muestra de ello. Esta tendencia se explica también por el desempleo y el empleo precario que afecta a las mujeres ecuatorianas. En España, el grueso de las mujeres ecuatorianas trabajan en el servicio doméstico, en compañía de ancianos, en hostelería o en limpieza. No es que sean grandes trabajos, pero el clima es incomparablemente más agradable, el trato más gentil y las condiciones ambientales mucho más favorables. Sin olvidar la asistencia sanitaria y el propio salario y una legislación proteccionista en relación a la mujer que castiga duramente los malos tratos. A partir de estos datos, lo raro es que todavía permanezcan mujeres en Ecuador.

En el 2002, la prensa ecuatoriana está repleta de notas que indicaban a la emigración como la segunda fuente de ingresos del país y el verdadero puntal de la economía. Algunos medios no podían evitar cierta amargura y recordaban que la emigración era “carne de cañón” laboral. La web en castellano de la BBC dio la posibilidad a los ecuatorianos de la inmigración para que expresaran como se veían. Las respuestas tenían un trasfondo trágico, demoledor. La clase política era estigmatizada y considerada culpable. Un ecuatoriano residente en Tel-Aviv dejó este post: “El Ecuador esta así por la maldad de los hombres.¿Qué esperan "los padres de la patria del Ecuador? ¿Una guerra civil? Si mi país se hubiera formado bajo un marco de honestidad, patriotismo, unidad, organización, honradez, yo no estuviera aquí trabajando como un "doméstico", sino que estaría en mi país, desarrollando mi profesión que obtuve durante 18 años de estudio. Todo esto es el producto del fraude de los malos gobiernos”, y otro, desde EEUU insistía: “Muchos ecuatorianos nos hemos visto forzados a salir para buscar mejores oportunidades en otros países, ya que en el nuestro no podemos vivir. Nuestros gobiernos no paran la corrupción a todo nivel. ¿Qué más nos queda sino irnos? Si nos quedamos, nos morimos de hambre. Los que estamos fuera somos gente de valor, que estamos luchando duro”. Otro, residente también en EEUU iba por la misma senda: “En un país tan rico -pues somos mendigos sentados en sacos de oro - si sigue la corrupción, ni la ayuda nuestra va a servir. Hace 15 días pensé en volver a mi país, pero mi hermana regresó de vacaciones al Ecuador, muy triste por la extrema pobreza en que encontró a nuestra familia. Y eso que son profesionales, con estudios universitarios”. Los emigrantes en Europa no veían las cosas de manera diferente. Uno escribía desde Alemania: “Mis experiencias y las de mis compatriotas aquí son muy duras. Ojalá que nuestros malditos ladrones políticos tuvieran que venir a experimentar todo lo que pasamos aquí, para ver si les quedan ganas de seguir perjudicando a nuestro pobre país”, y otro desde España confirmaba el diagnóstico: “La emigración de Ecuador se debe a la galopante corrupción existente, ya que los políticos arrasan con todo. Son como un vendaval. Lo quieren todo para ellos, sin importarles el pueblo que los eligió”. Finalmente, pudimos leer dos tipos de mensajes que iban más allá del diagnóstico de la crisis de un país. Uno de ellos estaba escrito desde la tristeza, el otro desde el odio. Vean el primero: “Soy un ecuatoriano más de los que a diario luchan por salir adelante con la ilusión de regresar algún día a nuestro país. Nos sentimos solos y desamparados. Ojalá que las cosas cambien pronto en Ecuador”. En cuanto al segundo, indica un estado de frustración que se sublima en odios poco meditados pero muy arraigados: “Desde hace 20 años se conoce la decadencia de los europeos. La nueva sangre que están recibiendo es la devolución india a los conquistadores, con la diferencia de que los indios están llevando un nuevo renacer, con su mano de obra barata, el conocimiento y manejo de los cultivos, el aporte de muchos profesionales y, más que nada, el intercambio indio/europeo, dando hijos para que los parques una vez más sean centros de diversión no sólo de ancianos, sino que compartan el esparcimiento con estos nuevos retoños: la nueva generación de europeos mestizos”…

Este último post es particularmente interesante. Es evidente que la ofuscación no ha comprender a su autor la verdadera naturaleza del problema: no solo fracasan los gobiernos, sino también los pueblos que han exigido la independencia pero no han sabido dotarse de instituciones más sólidas, como cañas al viento, pueblos como el ecuatoriano han bailado al son de los demagogos de turno, que los han seducido prometiéndoles las mieles del consumo. Y esta situación se ha repetido una y otra vez, eternamente en la historia de Iberoamérica. No es sólo el fracaso de una clase político, sino de naciones y de sus encarnaciones jurídicas (los Estados) y de sus soportes humanos (sus pueblos).

Ahora bien, el dinero de los inmigrantes no va al Estado, sino a particulares, ¿cómo es que realmente se beneficia el Estado? Es fácil entenderlo. De un lado, disminuyen las presiones sociales inmediatamente; los que reciben el dinero de sus familiares emigrados, lamentan su ausencia, pero, al menos tienen algo que llevarse a la boca. Habitualmente, estos familiares están en paro y esas ayudas les mantienen la esperanza en que “hay una salida”. De no existir, esos mismos ciudadanos multiplicarían sus protestas, huelgas y motines. Al menos, esas remesas contienen su ira y engañan su realidad. Además, el Estado reduce sus ayudas sociales en la medida en que tres millones de emigrados suponen en torno a millón y medio de ayudas menos; eso supone un gran ahorro en gasto público. El dinero que debía destinarse a la partida social, habitualmente se encarrila hacia el pago a los acreedores. Así pues, la deuda exterior tiende a disminuir. Esa inyección produce un aumento de la demanda en tanto que mejora capacidad de consumo de los receptores. El consumo mejora, así mismo, las recaudaciones tributarias (IVA) y generan mayor actividad en el sistema financiero (los bancos que reciben los depósitos cobran una tasa). La mayor parte de las remesas se utiliza en solventar gastos básicos, como alimentos, ropa, medicinas y educación. También se suelen utilizar en la construcción de vivienda propia.

Según los últimos datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 2004, Ecuador recibió 1.740 millones de dólares (o 1.432 millones de euros), un 5% más en comparación con 2003, en concepto de remesas de la inmigración.

Pero las remesas pueden tener una consecuencia perversa sobre la economía ecuatoriana. Quienes las reciben aumentan su poder adquisitivo y se implican en una dinámica consumista. Pero esto no hace que aumente la inversión productiva dentro del país, sino que se consumen exportaciones, lo que implica desequilibrar la balanza comercial. Esto puede provocar un encarecimiento de los artículos y productos y el consiguiente inicio del proceso inflacionista. La única forma de evitarlo es destinar las remesas a la inversión productiva… pero eso es difícil: se trata de cantidades pequeñas que no permiten la constitución de nuevas empresas y, por lo demás, Ecuador no tiene tradición cooperativista, lo único que podría paliar este problema. Es casi inevitable que esas remesas se desvíen hacia el consumo familiar y el bienestar a corto plazo.

El dinero que llega es mayor que la suma anual de toda la asistencia económica extranjera, incluidos los créditos del Fondo Monetario Internacional (FMI). En los últimos 20 años se estima que las remesas enviadas por los emigrantes está en torno a los 25.000 millones de dólares, ¡tres veces el presupuesto del Estado! A pesar de que existen más emigrantes ecuatorianos en EEUU que en Europa, las remesas enviadas desde Europa son mayores (58% frente al 42% en 2002). Y la inmigración radicada en España es la que aporta más con 385 millones de dólares en 2002 y en la actualidad con algo más de 500.

Además en el caso de Ecuador se da otro fenómeno. La economía está dolarizada. La moneda local, el sucre, se abandonó hace cinco años ante su inestabilidad. En estos años, el euro ha tendido a revalorizarse ante el dólar con lo cual los dólares se han pagado más bajos y esto ha contribuido a que se produjera un beneficio añadido y hacer viable la dolarización de la economía amparado en los cambios de moneda y en el aumento de la producción petrolera. Es un plan de estabilización económico poco ambicioso y que lucha contra el tiempo: el petróleo terminará agotándose y la inmigración no podrá ir mucho más lejos de donde ha llegado hasta ahora. Además, las instituciones bancarias no se han recuperado completamente de la crisis y, como en otros países tercermundistas, los contratos firmados con las petroleras no dejan excesivos beneficios en el interior del país.

En esas circunstancias tampoco parece que vaya a aumentar espectacularmente la inversión exterior ni la entrada de capitales. La dolarización de la economía, por lo demás, implica que Ecuador estará a merced de las fluctuaciones económicas internacionales y, en estos momentos, la subida de las tasas de interés hará que, inevitablemente, disminuya la actividad económica y las exportaciones pierdan competitividad. Para los economistas ecuatorianos resulta altamente angustioso consultar los informes de competitividad que en 2002 situaban a Ecuador en el puesto 68 sobre 75. Ecuador exporta poco y lo poco que exporta no lo hace un precio que “excite” una mayor demanda. Mientras que, en situaciones similares, Colombia o Argentina tendían a devaluar la moneda, la dolarización ecuatoriana impide utilizar esta estrategia. Y esto lleva a la única forma de defender lo poco que queda de la competitividad ecuatoriana: reducir salarios, reducir plantillas, facilitar despidos, es decir, golpear en el “eslabón más débil”. Y esto tiene como única consecuencia un mayor paro y, consiguientemente, más emigración… La emigración es, hoy más que nunca, una válvula de escape social para una economía enferma. En el momento actual, si la situación es algo menos dramática que hace cuatro años, se debe a la subida de los precios del petróleo, pero el planteamiento de fondo no ha variado en absoluto: la falta de competitividad impide aumentar las exportaciones, así pues resulta muy difícil generar crecimiento económico. Los ingresos del Estado se enfocan hacia el pago de la deuda, pensando que las remesas de la inmigración tranquilizarán a la población y le darán un bienestar mínimo. Todo esto es pan para hoy y hambre para mañana.

En la actualidad, el esquema es el siguiente: la deuda es una de las causas de la crisis; la deuda genera paro; el paro, inmigración; la inmigración remite remesas; esas remesas no generan actividad económica pero alivian el consumo interior; la pacificación social permite destinar parte de los ingresos del Estado al pago de la deuda exterior; pero la competitividad sigue sin estimularse, no se crean nuevos puestos de trabajo y la inmigración subsiguiente sigue restando demografía al país...

Este último punto es importante. Una encuesta realizada en Génova demostró que sólo un 2,8% de los inmigrantes ecuatorianos carecían de estudios, pero el 57,7% de los encuestados tenía estudios secundarios y un 13% estudios superiores. De todo ellos, el 77%... tenía trabajo en Ecuador y solamente un 2’4% estaba desocupado cuando decidieron emigrar. Para colmo, el 43,1% procede del comercio, el turismo y la restauración, un 28,2% trabajaba en  servicios públicos y el 9,4% de la industria. Esto es lo sorprendente: no emigran los parados ecuatorianos ¡sino los que disponen de puestos de trabajo! No emigran los que carecen de instrucción, sino los que la tienen (cuando al principio dijimos que no habíamos encontrado trabajadores ecuatorianos que conocieran los oficios de la construcción, no quiere decir que no fueran trabajadores brillantes en otros sectores laborales que no tienen demanda en España; había entre ellos enfermeros, contables, estudiantes de medicina y un abogado…). El resultado es una selección al revés: se quedan los menos competitivos (los demasiado mayores o los demasiado jóvenes), salen los que más lo son. A nadie se le escapa el resultado demoledor que puede tener en los próximos años esta situación para un país con demografía empobrecida y con parte de sus élites en el exilio económico.

España, el destino predilecto

No llegan en pateras ni en cayukos, sino en jets de última generación. No pertenecen –por lo general- a los estratos más pobres del país, sino a los que tienen algunos estudios y les quedan algunos recursos económicos, o como mínimo, alguna pequeña propiedad que poder ofrecer como aval para el crédito. Lo que pierde Ecuador con esta emigración es a sectores empobrecidos de la clase media (especialmente en Guayaquil), algo que se hará sentir dramáticamente en las próximas décadas.

Además, la ruta hacia EEUU no era segura. Se atravesaban países demasiado salvajes e inhóspitos para los pobres. En la segunda mitad de 2000, murieron en América Central 450 ecuatorianos. Y, al llegar a EEUU, casi 3000 fueron capturados y repatriados. Además, para ingresar en España solamente hace falta endeudarse con alguna entidad de crédito o con algún “chulquero” o prestamista (dado que el ahorro a la vista de lo exiguo de los salarios locales es imposible), pero, en cambio, para ingresar al Norte del Río Grande, es preciso contar con la intervención de los “coyotes”, los mafiosos mejicanos o norteamericanos que trafican con seres humanos y cobran cantidades espectaculares por conducirlos en la última etapa de su viaje. En efecto, según “el mercado”, estos coyotes pueden llegar a cobrar hasta 10.000 dólares por persona… y no se garantiza el éxito de la empresa. Solamente en los tres primeros meses de 2001 fueron repatriados de México casi 2000 personas. En EEUU la puerta de la inmigración no está ni completamente abierta, ni completamente cerrada, simplemente está entreabierta; allí solamente acceden los más decididos, los más fuertes, aquellos a los que les sonría la “providencia”, el resto fracasa y es repatriado. Por extraño que parezca la mentalidad norteamericana exalta todos estos valores, pero es extremadamente duro con los débiles o los que son descubiertos y fracasan en su empresa: la providencia no les ha ayudado. Dios bendiga a América.

Entrar en Europa, en cambio, es mucho más sencillo. Además no hay racismo. Pero tambien muchos mueren en su aventura europea. En 2001 un grupo de 12 inmigrantes ecuatorianos, todos ellos ilegales, fueron arrollados en un paso a nivel dentro de la furgoneta en la que trabajaban y fallecieron. No es que en ese momento no se supiera que la inmigración ecuatoriana estaba entrando en España a chorros, es que, a partir de accidente de Lorca, su presencia –hasta ese momento silenciosa- saltó a los medios de comunicación. Acto seguido, el “empleador” fue castigado y cundió la alarma en el sector agrícola de la zona (en donde trabajaban la mayor parte de ecuatorianos residentes en Murcia), así que, durante una temporada dejaron de contratarlos y miles de ecuatorianos se mudaron a Madrid a probar suerte en la construcción y en hostelería, o bien se dispersaron por Andalucia sustituyendo a los marroquíes que hasta ese momento realizaban los trabajos agrícolas. Poco después, fue detenido otro propietario agrícola de Huelva en cuya finca trabajaban un centenar de “sin papeles” en condiciones lamentables.

A raíz de estos dos incidentes, el Ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja firmó con Ecuador un convenio para regular la permanencia de ecuatorianos en España. Se establecía que España legalizaría la situación de unos 40.000 ecuatorianos en 2001 y otros 200.000 en los próximos cinco años… pero la realidad desbordó cualquier previsión. El “efecto llamada” había transformado el goteo que se dio entre 1997 y 2001 en un flujo continuo e incontenible. Fue en aquel período en donde el Ministerio de Trabajo dirigido por Pimentel, propuso la “genialidad” de que los ecuatorianos ilegales en España, solicitaran su “retorno voluntario” para, una vez llegados a su país, tramitar inmediatamente el regreso a España. Todo, por supuesto, a cargo del gobierno español. Las ONGs y las asociaciones de inmigrantes protestaron por la medida por entender que no quedaba garantizado el regreso a España de todos los inmigrantes que se acogiesen a este “retorno voluntario”. Se hicieron algunos vuelos, pero al cabo de una semana el programa ya había demostrado su absurdo. Ciertamente, la Ley de Extranjería preveía que los permisos de trabajo y residencia se tramitasen en el consulado español más próximo al lugar de residencia, en lugar de la política de hechos consumados de “aquí he llegado y aquí me quedo”. Lo que el gobierno español de la época pretendía era, simplemente, que se cumpliera la ley… pero, claro, pagarles el viaje de reformo, para realizar la gestión y luego el de regreso a España con la gestión hecha, era, como mínimo surrealista. Entonces (2001) se calculaba que existían entre 150.000 y 200.000 ecuatorianos en España. En los cinco años siguientes, estas cifras se multiplicarían por tres. De ellos, se inscribieron en el programa de “retorno voluntario”, 24.544, de los que 2175 regresaron a Ecuador. El gobierno –alarmado porque la inmigración empezaba, en esas fechas, a ser percibida como problema- dio como fecha tope el 14 de mayo de 2001 para aceptar los retornos… pero el 85% carecían de oferta de empleo con visos de verosimilitud. Así que solamente pudieron regularizar su estancia en España (y retornar), 648 ecuatorianos. Se corrió un tupido velo y se vio que los hechos iban muy por delante de las soluciones provisionales, halladas sobre la marcha. La “solución Pimentel” era solo un poco menos mala que la “regularización masiva” de ZP. Poco después, Pimentel dimitía y salía del PP, fundando una especie de red humanista-bienintencionada antes de desaparecer políticamente.

 

Ecuatorianos en España: dónde, cómo, cuántos

La inmigración ecuatoriana en España empieza a estar presente en el quinquenio 1985 y 1990, coincidiendo con un período en el cual aumenta también la presencia de otras comunidades inmigrantes. Los 700 ecuatorianos que residían en 1985, la mayoría estudiantes y profesionales, pasaron a ser 1.000 en 1990; luego se produce un estancamiento que se prolongará hasta 1993. No es que la inmigración ecuatoriana haya cesado, es que está empezando a orientarse masivamente hacia los EEUU. En 1996, de todas formas, arranca la fase que culminará en la entrada masiva de ecuatorianos a través de Barajas en los 10 años siguientes. A partir de ese momento ya no es posible contabilizar solamente la inmigración legal, en realidad, la ilegal empieza a ser mayoritaria. Esta inmigración ya no es pausada y reposada como la que se había iniciado en 1985: empieza a ser masiva y descontrolada, cuyo trasfondo es la desesperación. Así pues, no hay que prestar la atención a las cifras “oficiales”, aunque estas sean, de por sí, suficientemente elocuentes: entre 1996 y 1997 se produce un aumento del 40%, al año siguiente del 70%, al siguiente, 1999, al 84% y el 2000, el 123%.

Los 1.100 residentes de 1992 pasan a ser 30.878 en el 2000… al menos los “oficiales”, por que es posible que ya en ese año, estuviéramos en torno a los 75.000-100.000 ecuatorianos en España, algo más de la mitad, ilegales. En realidad, ese año, se produjo la primera “regularización masiva” que pasó bastante inadvertida para la opinión pública. El PSOE y el resto de partidos parlamentarios habían impulsado en 1999 una reforma de la Ley de Extranjería, con la oposición del PP que entonces aún no tenía mayoría absoluta. Entre los 30.878 que estaban regularizados y los 22.954 que se regularizaron ese año amparándose en esa reforma se alcanzó los 53.832. Pero no todos pudieron acogerse a esa regularización y, por lo demás, como ocurre en estos casos, una regularización tiene como efecto inmediato un efecto llamada. Así pues, la cifra de 75-100.000 ecuatorianos parece creíble y en absoluto exagerada.

Según la policía, los ecuatorianos en la provincia de Barcelona el 31 de diciembre del año 2000 eran 4.898, pero el 1 enero de 2001 solamente el Ayuntamiento de Barcelona tenía empadronados 8.200 ecuatorianos. Y ¡treinta días después! Ya eran 1.100 más. Y eso que Barcelona no era, en esa época, una ciudad de destino de los ecuatorianos –denostados por la Generalitat a causa de su dominio de la lengua española y su falta de interés en aprender catalán-; por que era en Madrid en donde estaba el gran bolsón de ecuatorianos. El 31 de diciembre de 2000 ya eran 58.000 y un año después 72.000, bastante más de lo que las cifras oficiales daban para todo el país.

Cuando Aznar se entrevistó con el presidente ecuatoriano, los funcionarios públicos llevaban varios meses sin cobrar y la deuda exterior se llevaba el 42% de los ingresos. Aznar se tomó mucho interés en la situación de Ecuador e incluso llamó desde Quito al presidente del Fondo Monetario Internacional en Washington para pedir comprensión y respaldo financiero para el Ejecutivo que preside Jamil Mahuad. Horas antes, el Congreso ecuatoriano había rechazado una ley de privatizaciones, primer paso de la reforma fiscal. Pero el país estaba en su peor momento. En 1999 España solamente concedía un cuyo anual de 30.000 permisos de trabajo al año… para todo el mundo. En 1988 se habían concedido 2.000 permisos a ecuatorianos… el resto ya habían tomado la costumbre de entrar en España como turistas “accidentales”. Y allí, en Quito, durante su visita oficial, Aznar tuvo palabras de comprensión, elogio y cariño hacia la emigración ecuatoriana.

A partir de ese momento, la marejada ya sería absolutamente incontrolable. El efecto llamada aumentaba de día en día. Cada ciudadano ecuatoriano que lograba entrar en España se convertía en un poderoso atractivo para otros muchos como él que aun no se habían atrevido a dar el paso. En la actualidad, las cifras siguen siendo poco convincentes y el flujo, lejos de haber cesado, tiene la misma intensidad que en sus mejores momentos. En realidad, todo induce a pensar que, lejos de disminuir el flujo, sigue aumentando. Las cifras oficiales hablan de 400.000 ecuatorianos en España… regularizados. Si tenemos en cuenta que la regularización masiva del 2005 no supuso una salida a la superficie de todos los ecuatorianos que se encontraban en ese momento sobre nuestro suelo y que, el efecto llamada generado desde entonces ha sido el más poderoso desde que se inició la epidemia migratoria hacia nuestro país, lo cierto es que podemos estar en torno a los 700-800.000 ecuatorianos en España. Ni siquiera la petición de visado obligatorio a partir de 2003 para ingresar en la Unión Europa –España retrasó su aplicación seis meses- ralentizó esta tendencia. Hoy, nadie duda, que la inmigración ecuatoriana es la segunda en volumen tras la marroquí… mucho para un país que está a 15.000 kilómetros de la terminal internacional de Barajas.

Ecuatorianos en España: de las adhesiones inquebrantables al rechazo

Los ecuatorianos viven indudablemente mejor entre nosotros que en su país natal. Si no fuera así, no estarían en España. Sin embargo, esta convivencia no está exenta de problemas en ambas direcciones. Algunos ecuatorianos se han adaptado a la vida en nuestro país y a nuestro particular sistema legal. Es una minoría, desde luego, pero muy activista. El odio se transmite siempre más rápidamente que cualquier otra pulsión humana. Vean, sin ir más lejos.

Una radio ecuatoriana que emite desde  España solicita a los inmigrantes de su país que llamen y expongan sus quejas. Frecuentemente, esta emisora –y no es la única- se convierte en el vehículo a través del cual los ecuatorianos exteriorizan su psicología profunda. Vienen de un país en el que apenas tenían derechos y libertades a lo que unían una situación de miseria y falta de perspectiva. Así que, en principio, deberían de estar agradecidos por vivir entre nosotros. Pero han entrado con mal pie, esto es, han entrado como ilegales; han incumplido la ley de extranjería; nadie se lo ha recordado, sino que, además, la regularización masiva de 2005 y las repescas anteriores, les han inducido a pensar que, en el fondo, incumplir una ley en España tampoco es tan grave. Así que, puestos a incumplir, cualquier legislación puede ser vulnerada. Aquí no vale aquello de que el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento. El inmigrante, además, tiene tendencia a creer que el nivel de coberturas sociales de nuestro país, es total. Dado que, incluso en situación de ilegalidad, le han dado tarjeta médica y el sistema sanitario español, incluso, los ha mimado, es difícil explicarle que debe, necesariamente, cotizar a la seguridad social para seguir percibiendo prestaciones. Si está contratado por un tercero, parece no enterarse de alguien paga una cuota, no precisamente pequeña, por él… pero si es autónomo le cuesta extraordinariamente pagar la cotización (ya de por sí elevada). Pero es la ley… A ver como lo entienden, cuando, como decíamos, han empezado con mal pie.

En una de las emisoras ecuatorianas a las que aludíamos se produjo el siguiente diálogo entre una oyente y la locutora. La primera se quejaba de las “molestias” que le había causado la policía. Maravíllense:

JACQUELINE [una oyente que llama a la emisora]: Yo estaba el domingo en el parque de El Retiro, aquí en Madrid, y vino un policía. El policía me dijo que no es permitido vender comida. Pero yo le dije que si. El policía me cogió por detrás y me empujó. Yo le dije que “no sea estúpido”. Agarró las botellas de Coca Cola y me las tiró en los pies, luego las pisoteó y explotaron. Me pidió los documentos pero yo le dije que no los cargaba pero que tenía la residencia en España. Me llevó más allá e insistió en pedirme los documentos pero yo no tenía, así, contra un árbol. Lo hizo por cuatro ocasiones y tengo todas las marcas. Mi padre quiso defenderme y el policía le quiso dar con la porra en la cara. Mi padre no puede tener iras, él tuvo un accidente de tránsito, por lo que yo le dije que no le tope a mi padre. El policía me dijo “que te calles” y me volvió a repetir lo mismo por varias ocasiones. Las personas agrupadas decían que era un abuso, que cómo trataban así a una mujer y el policía empujó a un señor y a mi hermana le dio un puñetazo. Después me llevaron detenida, esposada en el coche patrulla y estuve casi un día en la comisaría. No puede ser que recibamos ese trato. Si a nosotros nos pasó les puede pasar a otros en El Retiro. Yo llevo 6 años aquí y desde el primer día que llegué empecé a vender en el parque refrescos y comida de mi país. En seis años nunca me había pasado nada pero hace dos o tres meses le pasó algo parecido a mis primas. Así que esto no puede quedar así. Fui detenida por desobediencia y resistencia a la autoridad. Pero iniciamos un juicio contra el policía (…) El día martes estuvimos en juicio pero se suspendió porque no tengo abogado. El lunes tengo que ir con abogado a la Plaza Castilla a las 12h45. Tengo todas las pruebas, por suerte tengo fotos de lo que hizo el policía que un señor sacó”…

Es evidente que esta historia no es una excepción. En sí misma, esta historia es un despropósito absoluto: la legislación española impide la venta ambulante sin licencia… el problema es que desde hace seis años los ecuatorianos que convierten todos los domingos el Parque del Retiro en una sucursal de Quito o Guayaquil, han podido vender sin que nadie les obstaculizara, refrescos y bocadillos… ahora, vete tú a explicarles que hay una ley que regula esta actividad. Además, explícales que deben llevar encima los documentos, y no solo ellos, sino todos los ciudadanos españoles… y, explícale, finalmente que la mejor forma de evitar una detención no es llamar “estúpido” al policía que te pide los documentos y el cese de la actividad ilícita que realizas… Es curioso, pero todos los inmigrantes regularizados tienen tendencia a pensar que pueden hacer cualquier cosa en nuestro país, dado que éste es un “paraíso de libertades”. Una amiga de la asistencia social de Barcelona me comentaba que cuando ingresaban en el Hospital Clínico a una marroquí agredida y magullada por su marido, éste al aparecer y responder a la policía, no ocultaba la agresión: “Claro que le he pegado, es que es MIA”… ¿Cómo explicarle que las cosas no funcionan así a este lado de la galaxia, aunque probablemente en el agujero negro del que ha salido, ninguna autoridad preste atención a un caso de violencia doméstica? Volvamos al caso que nos ocupa: ¿cómo explicarle a la protagonista lo que supone el delito de “resistencia a la autoridad”? Incidentes de este tipo o similares son habituales y explican a las claras el cansancio de los distintos estamentos policiales y su sensación de verse desbordados y, frecuentemente, no apoyados por la legislación. Todo esto, incluso, podría entenderse haciendo un “esfuerzo de integración y pedagogía”, pero hay algo que ya resulta mucho menos admisible… la respuesta de la locutora; ni ponemos ni quitamos una cola:

Es importante que este tipo de casos se denuncien para que estemos más alertas de estas violaciones de derechos humanos. Apoyamos y alentamos a Jacqueline para que defienda sus derechos y dignidad como persona. Pero además queremos dar los números telefónicos para recibir su apoyo y solidaridad con Jacqueline. Además, les alentamos a que todos y todas quienes quieren apoyar con su presencia en el juicio, acudan a la Plaza Castilla a las 12h45”... ¿”violación de derechos humanos”? ¿”defensa de derechos y dignidad de la persona”? ¿”movilización popular” en solidaridad con Jacqueline? ¿qué diablos es todo esto? Entrar en España al margen de cualquier legislación, imponiendo una situación de facto, no implica que cualquier actividad se realice al margen de la ley? ¿No existe una responsabilidad profesional por parte de la “locutora” si lo que está haciendo es sostener que en nuestro país no se respetan los derechos humanos y la dignidad de las personas?

Lo decimos y lo repetimos: individuos de determinadas comunidades inmigrantes están sembrando el odio contra el país que les acoge y sus autoridades. Y, por supuesto, aquí no pasa nada. De hecho, no pasa nada. En Francia, cuando hace 25 años los delincuentes magrebíes acusaban a los franceses de racistas y xenófobos, por que los detenían y encarcelaban cuando traficaban con drogas, los progresistas locales daban por sentado que la policía cometía excesos… en noviembre de 2005 se les cortó la respiración cuando el odio y el resentimiento acumulado durante 20 años, estalló en una revuelta sin precedentes en la posguerra europea. Los aguijonazos que destilan odio e incomprensión, como el caso de Jacqueline, son acumulativos; alcanzado cierta masa crítica, estalla. En España este potencial se va acumulando. No les quepa la menor duda que estallará.

El lema nacional de Ecuador es “Dios, Patria y Libertad”. Todo el problema consiste en saber qué valor se atribuye al tercer término de la terna, y, al parecer el sentido que le dan los inmigrantes ecuatorianos no es el mismo que le damos aquí.

De todas formas, hay nombres emblemáticos de la inmigración ecuatoriana en España: Totana y Lorca. Ambas son poblaciones levantinas que salieron a la superficie a principios de los 2000 relacionados con la emigración ecuatoriana. Vale la pena recordar lo que ocurrió. Lo de Totana fue, literalmente, impresionante, como si se tratara de un viaje de ida y vuelta. Lo de Lorca fue un lamentable accidente que costó la vida a una docena de ilegales ecuatorianos. Habitualmente, se tiene tendencia a recordar el accidente de Lorca y a olvidar los sucesos de Totana, pero ambos son las tres caras de un mismo problema. ¿Tres? ¿acaso Lorca y Totana no son dos localidades levantinas? Si, pero, como hemos dicho, lo de Totana fue un viaje de ida y vuelta.

El alcalde este pueblo ordenó la expulsión de 17 ecuatorianos que carecían de permisos de trabajo. Aquello fue el acabose. ONGs, fuerzas vivas locales, partidos de izquierdas, sindicatos, boy-scouts, se manifestaron para impedir que la pedida pudiera aplicarse. Totana fue presentada por la prensa progresista como un ejemplo de “tolerancia y humanidad”. En esa época, los ecuatorianos habían sustituido a los magrebíes que llegaron a principios de los 80 para trabajar en el campo. Eran apreciados porque hablaban la misma lengua y se les veía en las Semanas Santas en las procesiones.

La manifestación de apoyo a los inmigrantes ecuatorianos de Totana tuvo eco en el mundo entero. En el tercer tercio de los 90, cuando tuvo lugar la manifestación, el grueso de la inmigración ecuatoriana se orientaba todavía hacia EEUU. Los “gringos” no tenían buena fama: pagaban poco y exigían mucho, además su sistema jurídico se basaba en penas de prisión por cualquier desliz, y la amenaza de expulsión siempre pesaba sobre las espaldas de los ecuatorianos. Toda la prensa ecuatoriana habló de Totana y contribuyó a crear la imagen de España como destino “amable” de la emigración. España era más “humana” que EEUU y, además, la población los apreciaba. Fue el pistoletazo de salida del “Todos hacia España”. Lo sorprendente es lo que ocurrió dos años después.

En 1999 ya se había producido el primer desembarco masivo de ecuatorianos en España. Muchos habían acudido a Totana, la tierra que les acogía tan bien. Pero entonces algunas voces locales empezaron a alertar sobre el “problema”: la prensa local hacía referencia cada vez más a “los problemas de las diferencias culturales”. En la revista “Línea Local” se destacaban noticias como ésta: "Detienen a un joven ecuatoriano de 17 años como presunto autor de un delito de agresión sexual", o esta otra: "Detenido un ecuatoriano acusado de violar dos veces a una compatriota", "¿Y usted qué opina? El otro medio local, La Gaceta, no iba a la zaga:: "Detenido un ecuatoriano por presunta agresión sexual", "Se cerrarán 4 locutorios para ecuatorianos”. A finales de 1999 el rechazo de una parte de la sociedad local a los inmigrantes ecuatorianos ya no podía ocultarse. Las relaciones quedan definitivamente envenenadas cuando en mayo de 2000 un joven, al parecer, ecuatoriano ataca a una joven comerciante. Así que la población vuelve a movilizarse, pero ya no es por el mismo motivo que unos años antes. Ahora el lema de la marcha ante el ayuntamiento es “seguridad ciudadana” y "Totana, te queremos como eras". La revista local La Gaceta titulaba la noticia: "La Manifestación terminó en una batalla campal. Algunos manifestantes apedrearon el Ayuntamiento". Este es el drama: no vienen solo los inmigrantes que la sociedad local necesita para cubrir los puestos de trabajo vacantes, sino muchísimos más en número muy superior al que puede absorber la sociedad local. Así aparece el paro; bruscamente, los parados son más “visibles” que los inmigrantes que están contratados en los puestos de trabajo. Además, algunos parados no se conforman con los subsidios, el trabajo negro o la precariedad: también ellos quieren tener acceso a los escaparates del consumo. Como sea. La delincuencia, el tráfico ilícito, es una tentación demasiado fuerte para algunos. Y, por qué negarlo, cuando hay inmigración masiva, la falta de selección hace que entre los recién llegados se haya filtrado la escoria más acrisolada de su país. La masificación, inevitablemente, genera delincuencia. Y, a partir de ese momento, se produce el rechazo de la población que tiende a confundir justos por pecadores… 

El 4 de enero de 2001 se produjo el accidente de Lorca. Los titulares de la prensa eran suficientemente dramáticos como para que valga la pena añadir nada más: "Mueren 12 sin papeles", "El tren arrolla a doce jornaleros de Ecuador en el campo de Lorca: los inmigrantes sin papeles iban hacinados en una furgoneta", "Doce ecuatorianos mueren al ser arrollados por un tren en Murcia". Totana y Lorca, junto con los incidentes de El Ejido contribuyeron a que la población española entendiera que estaban ante un problema nuevo. Los ecuatorianos suelen decir que con el incidente de Lorca salieron de la “invisibilidad”, pero, en realidad, son tímidos. El impacto, de Lorca, multiplicado por los incidentes de El Ejido, hizo que el tema de la inmigración apareciera por primera vez en la primera página de los diarios, y no solo de la inmigración ecuatoriana, sino de la inmigración en general.

En agosto de 1998 las autoridades detectaron e iniciaron el proceso de expulsión de un grupo de ciudadanos y ciudadanas de Ecuador que trabajaban sin permiso de residencia en España y que vivían en el pequeño pueblo Totana (Murcia).

Era el “efecto Totana", en pocos meses la presencia ecuatoriana había crecido extraordinariamente en el Valle del Guadalentín (especialmente en Lorca y Totana, de la Comunidad Murciana), dedicados, inicialmente, a la agricultura intensiva. Posteriormente, en esas zonas, pero también en Madrid especialmente, y en menor medida en Catalunya y Valencia, los ecuatorianos fueron irrumpiendo en casi todos los sectores que requieren trabajadores con poca cualificación. En zonas urbanas, su actividad preferencial es el “servicio doméstico”, mientras que en zonas rurales viven de las labores del campo habiendo desplazado progresivamente a los marroquíes, para luego, ser desplazados en algunas zonas por polacos y demás nacionalidades del Este. Si decíamos que los ecuatorianos se han beneficiado del idioma y de la religión (sobre los marroquíes con escaso dominio de la lengua y otra religión que constituye una barrera antropológica y cultural), a su vez los ecuatorianos, en las zonas rurales, han sufrido la competencia, especialmente de los polacos, que, además de la religión unen otro modelo “racial”, considerado como más próximo a los estándares españoles. Es significativo, por ejemplo, que las mujeres solteras polacas hayan causado literalmente estragos entre los varones de las poblaciones autóctonas, mientras que las mujeres ecuatorianas casi al 100% se emparejan con varones de su propio grupo étnico.

Como podemos apreciar, la inmigración es un fenómeno dinámico. No existen ni sectores, ni actividades que sean, verdaderamente, patrimonio de ningún grupo étnico o nacional de inmigrantes. Todo es fluido, dependiendo del precio de la venta de la fuerza de trabajo (muy similar en todos los grupos), y las afinidades, lingüísticas, étnicas, religiosas y culturales. Y, por supuesto, derivado de todo esto, a las “pequeñas molestias” que percibe la población autóctona y a la mayor o menor conflictividad.

Los ecuatorianos presentan algunas desventajas respecto a otros grupos nacionales de inmigrantes. En poco tiempo se han ganado fama de alcohólicos. Se dice de ellos que son “malos bebedores”, que conducen de manera suicida, frecuentemente sin permiso o con el permiso retirado, y, en cualquier caso, respetando pocas normas; se dice, así mismo, que han tomado como costumbre, nada más desembarcan en Barajas, empadronarse, sacar la tarjeta sanitaria y “hacerse un chequeito”… He oído conversaciones de este tipo en toda España, realizados por gentes que, indudablemente no se conocen unas a otras: si han sido capaces de formar un “arquetipo” tan similar, en Levante y en Catalunya, en Madrid y en Almería, de los inmigrantes ecuatorianos es porque “cuando el río suena, agua lleva”. Pero seríamos injustos si no reconociésemos en este arquetipo algo excesivo. Es rigurosamente cierto –yo mismo lo he comprobado con una muestra de doce ecuatorianos con los que trabajé y conviví en 1997- que una de las peculiaridades locales de los andinos es su tendencia a la bebida y, por si fuera poco, a encajarla mal. He visto en Madrid ecuatorianos borrachos caerse en el portal de su casa antes de que su compañera tuviera tiempo de abrirles. He hablado con taxistas de Madrid que me han comentado que los viernes y los sábados por la noche se niegan a prestar servicio a ecuatorianos a la vista de su estado y ya quemados por que en muchas ocasiones anteriores, el pasajero, absolutamente borracho, se ha negado a pagarles el viaje o, simplemente, no tenía dinero para hacerlo. Además, por si esto fuera poco, he bebido con ellos. Pero este “problema” afecta preferentemente a los varones ecuatorianos. Sus mujeres son mucho más comedidas (aunque también he visto algunos que ingerían más alcohol que el que podían soportar en discotecas de salsa y merengue y luego estallaban en crisis de celos y ataques de nervios, poniendo a sus maridos en el disparadero). No se puede negar (y en el tema del alcohol es lo menos recomendable) que el mal beber de los andinos y de los ecuatorianos en particular, no ha favorecido su imagen ante sus anfitriones. En 2002, cuatro andinos residentes en Hospitalet fallecieron al ingerir anticongelante de automóvil que confundieron con vino dulce, a pesar de su color azulado. También se dice –y no lo he podido comprobar, pero doy constancia por lo que de reiterativa tiene la acusación- que les gusta el juego y que son capaces de perder la soldada en una mano de poker nada más la tienen entre las manos.

La práctica totalidad de la inmigración ecuatoriana reside en la Comunidad de Madrid, Barcelona, Málaga y región de Murcia. Los ecuatorianos van allí a donde tienen familiares o amigos. El 70% están aquí por que alguno de ellos les ha invitado a venir. No es, propiamente “reagrupación familiar”, de hecho no siempre se trata de hermanos, padres o madres, sino de amigos, cuñados, primos, vecinos, amigos de un amigo, etc. Hoy, el 90% de los ecuatorianos tienen familiares directos que han emigrado. Pues bien, estos emigrados constituyen los “agentes” más activos de la emigración. Una vez en España, estas redes de apoyo mutuo no se disuelven, sino que se refuerzan y se convierten en cada vez más tupidas. Pero, aún así, en España no viven con sus familias más allá del 20%. Los procesos de “reagrupación familiar” actualmente en curso están haciendo que este porcentaje esté creciendo aceleradamente desde la regularización masiva del 2005. Los primeros en llegar son los hermanos y hermanas, antes que los cónyuges y los hijos. Es muy frecuente el caso de ecuatorianas que traen a sus amigas, cuñadas y hermanas, antes que a sus maridos e hijos. Todas ellas ya saben en qué van a trabajar en nuestro país: la inmensa mayoría en el servicio doméstico que es considerado como una forma superior de trabajo en relación a los trabajos rurales. La proporción de las que trabajan en el sector limpieza es mucho menor. En el año 2000, el 3% del servicio doméstico en España estaba compuesto por ecuatorianas y en los cinco años posteriores se ha elevado hasta el 15%.

Un 35% de los ecuatorianos no viven ni solos ni con sus familiares, sino en los llamados “pisos patera” para atenuar los costes de la vivienda, al igual que buena parte del resto de grupos nacionales de inmigrantes. Otro tercio, dado que trabajan en el servicio doméstico, viven en la misma casa que su empleador. Solamente un 1% vive solo.

En el 2003, una encuesta evidenció que dos terceras partes de los ecuatorianos residentes en España trabajaban una media de 50 horas por semana, parte de su salario venia en forma de “horas extra”, pero, sin embargo, solamente el 40% de ellos estaban dados de alta en la Seguridad Social. Esto hacía que los ecuatorianos percibieran salarios mayores que los españoles que trabajaban en esos mismos sectores… pero que, en términos reales, cobraran la mitad por hora.

El 85% de los trabajadores no esta contento con el trabajo que desarrolla en España y afirma que desea trabajar en otra sector. Un 64% desarrolla sus actividades se desarrolla en la industria y los servicios, el 20% en régimen especial de empleados y empleadas de hogar, el 15% en el régimen agrario.

¿Hay un futuro para Ecuador?

Según el censo de 2005, Ecuador cuenta con 13.363.593 habitantes, pero solamente diez millones viven en el interior del país. Una cuarta parte de ecuatorianos ha renunciado a vivir en su propia patria. Algo más de tres millones, en efecto, han emprendido el camino del exilio económico. En el momento de escribir estas líneas no hay motivo para pensar que esa sangría se ha detenido o va camino de aminorar.

En octubre de 2006, los emigrantes ecuatorianos votarán por primera vez en las elecciones presidenciales de su país. Por primera vez, tres millones de ciudadanos residentes en el exterior ejercerán su derecho a voto. Hasta ahora, este derecho había sido negado por las autoridades de su país, argumentando lo costoso que supone permitir el voto emigrante. En realidad, lo que ocurría era algo diferente: los distintos gobiernos ecuatorianos eran perfectamente conscientes de que los emigrantes no son la clase social más predispuesta a apoyarlos. De hecho, han tenido que abandonar el país por la mala gestión de los distintos gobiernos de la República. Así que el partido en el poder no puede esperar muchos votos de los primeros damnificados por su gestión, los inmigrantes.

Así que, se trataba de minimizar al máximo este potencial de votos. Por de pronto, Ecuador no cuenta con muchos consulados en el mundo, apenas 64, así pues, en España solamente podrán empadronarse para ejercer su derecho al voto en Madrid, Valencia, Murcia y Barcelona. ¿Y los de Canarias? ¿y los de Málaga? Además, son oficinas pequeñas que no pueden dar servicio a una comunidad de inmigrantes que es, en número, la segunda de España, después de la marroquí. Entre los que no están dispuestos a desplazarse 200 ó 300 kilómetros para empadronarse y luego volver otra vez para depositar el voto, los menores edad de otro lado y, finalmente, los analfabetos –que alguno hay- se calcula que en las elecciones de octubre solamente un 10% de los tres millones y medio de inmigrantes en el mundo, ejercerán su derecho al voto.

A nadie se le escapa que estas elecciones no cambiarán absolutamente nada. Como máximo, la sustitución de una clase dirigente por otra; pero el mal de Ecuador no es “coyuntural”, sino “estructural”. Y, ya sabemos que ningún gobierno ecuatoriano desde los años 70 ha durado más de cuatro años, tiempo excesivamente breve como para poder acometer reformas estratégicas. La dolarización de la economía ha sido la única medida, adoptada in extremis, con algún efecto saludable sobre la economía. Cuando el presidente Jamil Mahuad remplazó la moneda nacional ecuatoriana, el sucre, por el dólar estadounidense, en el año 2000, originó elevados flujos de emigración a España y a EEUU. Antes de ser aprobada la medida, la inflación se situaba en torno al 43,4%. No era raro que se llegara a esa situación. Entre 1996 y 2000 se habían sucedido siete presidentes mas un triunvirato indígena-militar, aumentando cada uno el divorcio entre la clase política y la población y ahuyentando el dinero inversor siempre en busca de áreas tranquilas. Ecuador, ni lo era ni lo sigue siendo.

Como la esperanza es lo último que se pierde, hará falta esperar a las elecciones de octubre para saber si el nuevo gobierno está en condiciones de mejorar algo la situación. No lo creemos, francamente. Y no importa si vence el candidato oficialista, el opositor o los émulos de Chávez y Morales, en cualquier caso, la clase política ecuatoriana lleva demasiados años acostumbrada a utilizar la emigración como válvula de escape social y factor de pago de la deuda exterior. Desde luego, es la solución más fácil, aunque, sin duda la más dolorosa para su población.

Ecuador es el ejemplo de muchas cosas. Demuestra el interés que tienen los países emisores de inmigrantes en que se vayan cuantos más, mejor. Evidencia, en segundo lugar, el alejamiento entre la población y la clase política. Nos muestra que la inmigración termina orientándose en función de la relación “trabajo aportado – beneficio recibido”; y esta es mejor en España que en EEUU. Finalmente, evidencia que a partir de determinado porcentaje, la presencia global de inmigrantes en el país anfitrión, deja de ser percibida como algo positivo, para pasar a ser considerada una “maldición” casi Bíblica. Pero, además de todo eso, el fondo de la cuestión es todavía más significativo.

Los ecuatorianos no entran ni en cayuko, ni en patera, ni escondidos en los ejes de los camiones, ni siquiera a salto de mata por las fronteras terrestres… los ecuatorianos vienen en aviones de línea, se sabe por donde entran y que la inmensa mayoría de los que entran como turistas con visado, no tienen intención de volver a su país. Han engañado a las autoridades consulares y aduaneras españolas. Han entrado de espaldas a la legislación aprobada por el parlamento… Es un tipo de emigración que se podría atajar con una facilidad pasmosa. Si hubiera “voluntad política”, claro está. No la hay. O lo que es peor: no hay política de inmigración.

Dado que en el momento de escribir estas, la llegada de cayukos desvía la atención hacia Malí, Mauritania, Gambia y Senegal, nadie se preocupa de este goteo continuo del que es testigo el aeropuerto internacional de Barajas. Antes fue la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla, antes las noticias sobre las llegadas masivas de autobuses rumanos desde el Pirineo y así sucesivamente. Siempre hay un motivo que utiliza el gobierno ZP para mirar a cualquier otro lugar antes que al mostrador de extracomunitarios de Barajas.

Y así están las cosas. Hay más posibilidades de que dentro de 15 años existan más ecuatorianos en el exilio económico que en su propio país. En Ecuador seguirán habiendo elecciones que no resolverán nada. Se sucederán presidentes que llegaron con los bolsillos medio vacíos y saldrán con sus cuentas a rebosar. Pero, para esas fechas, el petróleo ecuatoriano ya se habrá terminado. El país seguirá sufriendo desertización industrial y no habrá podido soportar la competencia del agro asiático. En el nivel de explotación que están sufriendo actualmente, los camarones –otra riqueza ecuatoriana- se extinguirán pronto. Lo único que podrá exportar serán… emigrantes. España tiene todos los números de recibir hasta el último ecuatoriano, el encargado de apagar las luces del país en el momento de su partida.

Decididamente, en estos temas de inmigración, uno nunca está seguro de cuál es la parte a la que le espera un futuro más negro: si el anfitrión que admite mucha más inmigración de la que puede absorber gracias a la ceguera de ZP y de todos los que como ZP son incapaces de ver más allá de las intenciones de voto, o bien el país emisor de emigración, que por eso mismo evidencia muy a las claras que es un “Estado frustrado” del que no sólo huyen ciudadanos, sino también capitales.

No, Ecuador jamás podrá levantar cabeza. Y está por ver si con las cargas que suponen los inmigrantes, nosotros seguiremos mucho tiempo en pie.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La inmigración en el mundo feliz de ZP (II de X). Dossier Inmigración Pakistaní

La inmigración en el mundo feliz de ZP (II de X). Dossier Inmigración Pakistaní

Infokrisis.- La inmigración pakistaní se concentra en Barcelona. Desde finales de los años 80, han ido llegando a la Ciudad Condal pequeños contingentes en tránsito hacia Londres. Pero con la llegada del milenio, Barcelona se convirtió en el objetivo final de la inmigración pakistaní. A través del estudio sobre la inmigración pakistaní podemos comprender los paralelismos existentes entre la Ciudad Condal y Marsella. Algo extremadamente preocupante.

 

Conozco y tengo amistad con una docena de pakistaníes, la mayor parte de los cuales llegaron a España a principios del milenio. Hoy, ellos mismos, están asustados del crecimiento de su comunidad. Son completamente conscientes de que ese crecimiento perjudica su integración y no va a tardar en crearles –especialmente a ellos- problemas de todo tipo.

Los primeros inmigrantes pakistaníes llegaron a España a principios de los años 90, iban camino de Londres, pero a algunos les gustó nuestro país y empezaron a abrir los primeros comercios y restaurantes. Créanme: vale la pena probar la comida pakistaní, si no lo conocen será la primera vez que experimentarán esos sabores. Y les gustará. En cuanto a los comercios pakistaníes, realizan su tarea sin crear problemas a nadie. Vayan a cualquier hora del día o de la noche (si bien los ayuntamientos, como el de Barcelona les han limitado los horarios y multado) y allí encontrarán a unos simpáticos pakistaníes que les venderán cualquier provisión a buen precio. Son buena gente, por tanto, me molestaría que un día no muy lejano pagaran justos por pecadores.

Existe brecha cultural con los ciudadanos pakistaníes residentes en España. El Islam se adivina siempre como un obstáculo insalvable. Los pakistaníes son muy religiosos y el porcentaje entre ellos de fundamentalistas islámicos no es pequeño. En realidad, el Islam explica las diferencias entre India y Pakistán, tanto el atraso de éste como la predisposición de los hindúes a la informática, con el consiguiente despegue económico del primero.

Debo reconocer que experimenté una sensación de cólera mal disimulada, cuando en 2004 un grupo de inmigrantes, la mayoría pakistaníes, ocupó la Catedral de Barcelona. Soy un amante del arte y más del arte gótico. Me molesta, repito, me molesta mucho que se ocupe un edificio que empezó a construirse en el siglo XIV, donde están enterrados algunos prohombres de los gremios medievales y renacentistas, y se orine sobre sus tumbas. Abomino de ver las pilas de agua bendita de la Catedral convertidas en basureros. Había pasado dos años antes en la Iglesia del Pino (otra joya de la Barcelona gótica) y volvería a ocurrir después, en locales de hospitales y otras localidades del cinturón industrial. El Islam prescribe la muerte para quien profana una mezquita, aquí, en cambio, en el mundo feliz de ZP, no pasa nada.

Pakistaníes: los nuevos barceloneses

En los años 90, las mentes pensantes de la Generalitat de Catalunya establecieron –porque ya desde entonces venían observando el fenómeno de la inmigración- que era preferible que llegara una inmigración no hispano parlante a Catalunya. Así sería posible que los nuevos inmigrantes aprendieran catalán. Si, por el contrario, se entendían en castellano (el catalán también es una lengua española), la teoría sostenida por algún lumbreras de la burocracia catalana, era que no se esforzarían y se convertirían en nuevos focos castellano parlantes, lo cual, al parecer, era un menoscabo para la “nacionalitat catalana”.

A partir de ese momento, todo consistía en estimular la inmigración marroquí. La Generalitat estableció un proto-consulado en Rabat y allí envió a Angel Colom i Colom, no se sabe bien porqué motivo, ni ostentando qué meritos. Colom debió cumplir a la perfección la misión encomendada porque la inmigración marroquí se disparó en Catalunya y hoy alcanza el 70% de la inmigración de ese país residente en España. Lo que no estaba previsto es que no hubo nada capaz de contener a los ecuatorianos que llegaron después, ni nadie tampoco se fijó en que a lo largo de 2004 y 2005, la comunidad pakistaní que había ido creciendo sin que ni las instituciones ni nadie se hubiera percatado, era de todas la que crecía a mayor velocidad que ninguna otra. No existe el plan perfecto, especialmente cuando las políticas de inmigración son diseñadas por “estrategas” tan aficionados como indocumentados.

La inmigración pakistaní es radicalmente diferente a cualquier otra. Y esto por varios motivos: en primer lugar, la comunidad pakistaní tiene cierto “misterio”… en efecto, se conocen a “los” pakistaníes, en Barcelona todos los hemos visto, pero nadie puede afirmar que haya visto a “las” pakistaníes. De hecho, yo no he visto a ninguna. Y existen; parecen ser como el tesoro más preciado de aquella comunidad y están fuera del mercado de trabajo y dedicadas al mantenimiento del hogar y de la familia. Lo cual, por otra parte, indica su apego a los valores tradicionales.

El segundo misterio es que todas las protestas que han tenido como protagonistas a inmigrantes en la Ciudad Condal, han sido organizadas y protagonizadas por pakistaníes, solo por pakistaníes y nada más que por pakistaníes. A pesar de que hayan hablado en nombre de “todos” los inmigrantes y de que se hayan sumado individuos de otros comunidades nacionales, lo rigurosamente cierto es que todas estas protestas han sido desencadenadas por pakistaníes. Lo que indica que se trata de una comunidad inteligente y con iniciativa. Lo sabíamos desde que en los años 90 en el Raval de Barcelona empezaron a abrirse los primeros restaurantes y los primeros comercios regentados por miembros de esta comunidad, pero el hecho de que lideraran las protestas indicaba que habían aprendido a moverse bien en las procelosas aguas de las relaciones con las instituciones catalanas. Además leían los periódicos y fueron los primeros en reaccionar cuando ZP llegó al poder. Un después ya habían advertido que tenía la mandíbula blanda en el tema de la inmigración y que era posible presionar y vencer. Presionaron y vencieron. Dos meses después de la ominosa ocupación de la Catedral de Barcelona, Consuelo Rumi anunciaba el futuro proceso de “regularización masiva”. Era justo lo que querían los líderes de la ocupación de la Catedral: legalizar a los que estaban para traer más. Si, porque aquella protesta estaba organizada por las mafias pakistaníes de la inmigración. Y esas mafias se lucran introduciendo gente. Son los primeros beneficiarios del “efecto llamada”. Los pakistaníes son grandes y buenos comerciantes. Allí en donde se meten logran mover dinero, tanto si es en el negocio de la restauración como en el negocio de la inmigración.

Cuando tuvo lugar la ocupación de la Catedral, estuvimos convencidos de que detrás había una “organización” con las ideas muy claras sobre los objetivos y las estrategias (objetivo: aumentar el flujo de pakistaníes a Barcelona; estrategia: regularizar a los pakistaníes que se encontraban en la ciudad; táctica: la ocupación). No eran unos cuantos comerciantes y trabajadores pakistaníes deseosos de traer a sus amigos… era un movimiento perfectamente organizado. Luego se produjo el desalojo manu militari de la Catedral.

Yo fui uno de los primeros en entrar en el edificio después de que la policía hubiera logrado evacuar a los ocupantes; el claustro olía a orines, los bancos estaban todos revueltos y tirados; la basura se enseñoreaba del recinto; “mi” Catedral, la Catedral de nuestra Ciudad, había sido, literalmente, profanada, tanto en su sentido religioso como artístico. En la tarde tuvo lugar la manifestación en pro de la regularización de los inmigrantes. Ni que decir tiene que la columna vertebral estaba compuesta por pakistaníes. Era evidente que seguían consignas con una disciplina de hierro. No estamos hablando de una comunidad absolutamente desorganizada y atomizada como la marroquí, estamos hablando de una comunidad disciplinada que actúa al unísono, con jefes naturales, con jerarquías, sin discusiones interiores, con sentido de la lealtad recíproca entre sus miembros, donde no hay traiciones, ni delaciones, que lava los trapos sucios dentro de casa.

Para ZP y Maragall, les resultaba absolutamente increíble que una comunidad inmigrante se hubiera organizado como una falange de combate. No todos los pakistaníes participaron en las protestas, naturalmente; no hacía falta. Se trataba solamente de actuar en función del objetivo buscado. El resto, hasta llegar a mil, estaba formado por espontáneos de otras comunidades que se sumaron a la protesta sin que tuvieran más intención que la de regularizar su situación individual. Movilizar a más pakistaníes hubiera alertado excesivamente a las autoridades, así que decidieron que solamente con medio millar ya había suficiente. Lo realmente increíble es que desde 1992, a la policía barcelonesa le consta la existencia de una red de falsificadores de permisos de trabajo y residencia, de documentos, formada por pakistaníes –lo que nosotros conocemos como la “mafia pakistaní”- pero hasta ahora no ha estado en condiciones de desarticularla. Es más, los éxitos de esta mafia han ido aumentando progresivamente hasta llegar a su cenit tras la ocupación de la Catedral. En los meses siguientes –luego daremos cifras- la comunidad pakistaní creció más que ninguna otra. A un trabajo correcto corresponden unos resultados apreciables. Y la mafia pakistaní había operado lúcida y brillantemente.

Maragall nunca ha entendido nada de la inmigración. Y ZP, probablemente, menos aún. Quienes si han entendido la situación son los mafiosos pakistaníes: saben que basta con insinuar una actitud de fuerza para que las autoridades se arruguen y cedan. No lo harán, desde luego, hasta los máximos exigidos (“papeles para todos”, “ningún ser humano es ilegal”, etc, etc), pero hasta lo mínimos que verdaderamente interesan a las mafias pakistaníes de la inmigración. Era evidente que Maragall no sabía lo que decía cuando, tras la resolución de la crisis de la Catedral expresaba: "es lógico que en algunos momentos pasen cosas como ésta porque la inmigración es un tema muy difícil y un drama para mucha gente"… que era como no decir nada. El delegado del Gobierno en Catalunya, Joan Rangel, que tenía información de la policía y sabía un poco mejor de que iba la protesta, denunció la "utilización" de los centenares de inmigrantes y constó "la casualidad" de que este hecho haya coincidido con la campaña electoral” [se refiere a las elecciones europeas de 2004]. La cosa no iba por ahí, en realidad, era mucho más sencillo: comprobar si ZP era un “tipo duro” o un “blandengue” influenciable. Lo era. Y la mafia pakistaní fue, no solo la primera en intuirlo, sino la primera en comprobarlo empíricamente. Las “fuerzas sociales” relacionadas con la inmigración, no tenían muy claro lo que estaba ocurriendo pero intuían que había algo, como mínimo dudoso en aquella protesta. Los sindicatos CCOO y UGT, seis asociaciones de inmigrantes de Argentina, Chile, Pakistán, Nigeria, la Coordinadora de Entidades de Inmigrantes de Catalunya, así como el arzobispado no dieron apoyo al encierro y pidieron que finalizara.

Algo menos de un año después, se reprodujeron las movilizaciones. En efecto, el 3 de abril de 2005, unos 450 inmigrantes se encerraron en cinco parroquias y locales sindicales de Barcelona y Santa Coloma de Gramenet en demanda de “papeles para todos”. Estábamos en plena regularización masiva promovida por el gobierno ZP. No importaba: si iban a legalizar a 800.000… se trataba de presionar para que esta cifra subiera. De hecho, cuando se produjo esa ocupación la regularización masiva era todo, menos masiva. Sería hacia finales de abril cuando se relajaron las exigencias. ZP llegó a proponer algo tan exótico como el “arraigo por omisión” que era como el “papeles para todos” enmascarado con una risible fórmula jurídica. Resulta increíble que una regularización masiva se inicie sin que los funcionarios de ventanilla tengan las ideas claras de los documentos que deben exigir, sino que la relación de documentos a presentar vaya corrigiéndose a medida que avanzaba la regularización. Pero, ya se sabe que en el mundo feliz de ZP todo es posible incluidos los absurdos más desternillantes. Preferentemente ellos.

En el curso de estas movilizaciones, siempre aparecía una “Asamblea por la Regularización sin Condiciones”, que ponía rostros españoles a la protesta. El hecho de que el paquistaní Chaudhr Shahnawaz, fuera uno de los portavoces de la Asamblea por la Regularización sin Condiciones era solo ligeramente significativo. Bastaba aproximarse un poco al movimiento de protesta para percibir muy a las claras que los escasos miembros de esta “asamblea” (salidos de ONGs y del llamado “movimiento alternativo” o, si se quiere los marginales del movimiento antiglobalización) ni tenían la iniciativa, ni disponían del más mínimo apoyo social. En toda protesta de inmigrantes, siempre debe haber ciudadanos del país anfitrión, para dar la sensación de que una “mayoría social” está por el “papeles para todos”, algo sumamente improbable. Los pakistaníes pusieron por delante a los chicos obtusos de esta “asamblea”, simplemente para evitar que los medios y los servicios de seguridad del Estado se fijaran en ellos.

Antes que esta protesta de abril 2005 y de la ocupación de la Catedral en 2004, había tenido lugar la larga ocupación de la Iglesia del Pi dos años antes. El rector de la Iglesia del Pi, por algún motivo mantenía muy buenas relaciones con la comunidad inmigrante, así que los pakistaníes vieron en él al interlocutor válido para su primera protesta. El objetivo era forzar al gobierno Aznar al “papeles para todos”. Solo que el anterior presidente tenía la mandíbula más dura que ZP. La ocupación duró varias semanas y no llegó a alcanzar ninguno de los objetivos. En esa ocasión, las mafias pakistaníes fracasaron.

Pero en esa ocasión se produjo un fenómeno que nos llamó la atención. Varios de los pakistaníes encerrados fueron hospitalizados de urgencia aquejados de crisis tuberculosas. Esa era la primera ocasión en la que se evidenciaba uno de los problemas que cabalgan con la inmigración masiva: la falta de controles sanitarios. Más vale que no hagamos demagogia porque de ello depende nuestra salud. Es, literalmente, lacerante que como mínimo 1 de cada 4 subsaharianos que llegan en cayuko esté infectado con el virus VIH. ¿Cómo podríamos expresar que nos sentiríamos enormemente reconfortados si tuviéramos la seguridad de que TODOS los africanos afectados por el VIH reciben un tratamiento sanitario adecuado que mejore su calidad de vida? Pero nos parece extraordinariamente injusto que este tratamiento solamente se depare a los que logran pisar territorio español. Los 40 millones de africanos infectados de VIH deben tener igualdad de oportunidades para tratar su dolencia en la tierra que los ha visto nacer y con cargo al presupuesto de ONGs e instituciones internacionales. Los 12.000 euros anuales que cuesta un tratamiento contra el VIH no pueden ser financiados por los contribuyentes españoles… Para colmo, en Europa algunas enfermedades que se creía erradicadas completamente sobre nuestro territorio, se han reproducido: la tuberculosis una de ellas. No nos engañemos: han llegado con la inmigración ilegal y masiva. No es que consideremos inmoral el solicitar un certificado de salud a los inmigrantes que aspiran a vivir entre nosotros… es que nuestra salud depende de ello. Cuando la inmigración es masiva se trata de establecer filtros, o de lo contrario, la marejada nos anegará, o lo que es peor, se llevará nuestra salud. Podemos entender que la Unión Europea planifique campañas de vacunación masiva, asegure tratamientos contra el VIH o contra la tuberculosis o el dengue en los países de origen… lo que no podemos entender es que personas con estas enfermedades infecciosas puedan entrar en nuestro relativo paraíso sanitario y ponerlo en peligro.

Aquella primera ocupación de la Iglesia del Pi ya demostró el poco respeto que las mafias pakistaníes tenían hacia los edificios religiosos católicos. Si, en respuesta a estas ocupaciones, activistas ultracatólicos hubieran ocupado mezquitas, alguna fatwa los hubiera condenado inmediatamente a muerte. No es que pidamos reciprocidad, es que pedimos el mismo respeto que exigen una por vía sumaria, a los edificios religiosos propios de nuestra tradición cultural. Para los entusiastas del “papeles para todos”, esos chicos descerebrados de la Asamblea por la Regularización sin Condiciones (nombre sintomático) un católico defendiendo un templo es un fanático inspirado por la Inquisición, mientras que un fundamentalista pakistaní capaz de cortar el gañote el que orine en la puerta de una mezquita tras una melopea, es un ser humano arraigado en sus tradiciones seculares. Tampoco se les puede pedir mucho más.

Barcikistán, casi un arrabal de Rawalpindi

Barcelona es una ciudad que se está transformando de manera acelerada. Los pakistaníes están colaborando en esta mutación. Y hay en todo ello una situación paradójica. Los barrios más pobres y degradados de Barcelona estaban viendo como se cerraban los pequeños comercios. Este proceso duró a lo largo de los años 80 y en buena parte de los 90. Pero hacia mediados de esa década, los comercios regentados por barceloneses que se cerraban en el barrio del Raval y en el de la Rivera, tenían su contrapartida en la apertura de un nuevo tejido comercial protagonizado por pakistaníes. Y esto es lo paradójico: mientras que los comerciantes españoles cerraban porque afirmaban que no podían competir con las grandes superficies, en cambio, los pakistaníes se las ingeniaban para hacerlo; e, incluso, parecía que lograban hacerse con una clientela que les garantizaba un razonable nivel de beneficios.

Algo está ocurriendo que no hemos sido capaces de percibir a tiempo. En realidad, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, los comercios pakistaníes solamente no solamente forman pequeñas cadenas de distribución sino que en otros casos están asociados a cadenas preexistentes. No disponen de suministros diferentes al de cualquier otro comercio. Como máximo, se benefician de productos específicamente pakistaníes que no están presentes en otros comercios y que, por lo demás, tampoco figuran entre los más vendidos. Así pues, ¿a qué se debe este proceso de sustitución del comercio tradicional por una inflación de locales preferentemente pakistaníes?

Hay varios motivos. El primero de todos es el habitual: los bajos salarios que perciben los dependientes que trabajan allí. En general, no están asegurados a jornada completa… lo que no impide que trabajen jornada completa. Estos dependientes viven en pisos pequeños junto a, entre cuatro y seis compañeros de la misma nacionalidad. Un alquiler de 600 euros suficiente para desanimar a una pareja joven española, se reduce a entre 100 y 150 euros, con lo que la partida de “vivienda” queda redimensionado a la mínima expresión entre los pakistaníes (y entre otras comunidades inmigrantes). De ahí que esta comunidad pueda sobrevivir en España con sueldos muy bajos… aunque no tan bajos como los que perciben en Islamabad o Rawalpindi.

En 1998 cerraron en España 8.400 pequeños establecimientos, la mayoría de alimentación y droguería. Los hábitos de consumo de la población estaban cambiando desde 1990. Las grandes superficies habían irrumpido desde mediados de la década anterior y eran los principales beneficiarios de la nueva situación. El diario El País, indicaba el 27 de junio de 1999 que las 1.400 “grandes superficies” que existían en ese momento en toda España suponían el 47% de las ventas de alimentación, a pesar de que, apenas eran el 2% del total de establecimientos de ese ramo… El pequeño comercio parecía sentenciado.

En 1997, se contabilizaban 165 establecimientos comerciales regentados por inmigrantes. En 2006 se habían quintuplicado. Es lo que se llama “comercio étnico”. La mayoría de estos comercios estaban situados en barrios que atravesaban crisis agudas. En Barcelona, especialmente, el Raval y Ciutat Vella, -pero también en Gracia y Sans- los pakistaníes revitalizaron el pequeño comercio y, por tanto, la actividad económica de estos barrios degradados.

En algunas calles del Raval o de la Rivera han llegado a desaparecer entre 60 y 80 comercios regentados por españoles, debido a muchas causas (jubilaciones, escasa competitividad frente a las grandes superficies, pérdida del mercado habitual, cansancio, etc.). Sin embargo, en esas mismas calles, los pakistaníes especialmente, han tomado el relevo. Los sociólogos no han estado en condiciones de interpretar el por qué uno de los indicativos de la crisis del pequeño comercio… es la apertura de pequeños comercios. Es mucho más fácil si se toma en consideración el origen nacional de unos y otros: la crisis del pequeño comercio “autóctono” se refleja en su  sustitución por el pequeño comercio “inmigrante”. Desde el punto de vista económico, las características del pequeño comercio autóctono e inmigrante, son idénticas en lo que a servicios y facturación se refiere… pero no todo es economía. En barrios que viven del turismo, el “tipismo” y lo “tradicional”, son importantes. Un inglés de Londres no verá un paisaje esencialmente diferente entre nuestras Ramblas y su East-End: en efecto, en ambos el pequeño comercio es pakistaní, lo que dice mucho a favor de Pakistán e indica que las grandes ciudades están sufriendo una mutación cosmopolita, niveladora y despersonalizadora que hace que solamente se distingan por las “piedras”, por lo material, no por sus gentes. Toda nivelación implica empobrecimiento cultural. En el fondo, el “multiculturalismo” no es más que la una forma de globalización, paradójicamente vista de forma condescendiente por los antiglobalización…

En el ya lejano 1996, el diario barcelonés La Vanguardia publicaba un reportaje del que extraemos unas líneas: "Los paquistaníes que de un tiempo a esta parte van abriendo sus negocios en Barcelona han introducido una nueva manera de entender la actividad comercial. Una manera que choca con las reglas y los hábitos de aquí, pero que contiene valores que no pueden soslayarse (…) Los empleados trabajan de 14 a 15 horas diarias, domingos incluidos. Uno de sus éxitos ha sido, precisamente, que los comercios paquistaníes aplican horarios flexibles. Los ciudadanos agradecen esta disponibilidad y el resultado evidente es que la actividad comercial de los paquistaníes ha sido bien acogida en los barrios donde se han establecido (….) Compiten en costes laborales y en horarios, dos factores esenciales para el progreso de esta actividad de servicio que es el comercio. No se trata de que todos los comerciantes deban seguir la fórmula paquistaní, pero lo cierto es que son un ejemplo de que la libertad comercial es positiva para los que se dedican a este negocio y, sobre todo, para los consumidores" (edición del 14 de octubre de 1996)

¿A qué se debe este proceso? A que en esos barrios es donde se ha concentrado el mayor número de inmigrantes y esto les otorga un dinamismo que se había perdido. La nueva demanda, encuentra una nueva oferta.  Los inmigrantes pakistaníes, por ejemplo, solamente compran en comercios regentados por gentes de su propia comunidad. Eso ya les asegura un “suelo mínimo” de ventas, especialmente en el Raval y en la Ribera. Pero también compran –compramos- muchos barceloneses en estos comercios. El “nicho” de mercado que han encontrado, se había escapado a los comerciantes barceloneses de siempre. El horario de apertura del pequeño comercio no puede ser el mismo que el del resto de profesiones y empleos… para poder ser efectivos, deben ampliar sus horarios más allá de las 20 horas en estos tiempos en los que muchas jornadas laborales se prolongan hasta las 19 o 20 horas. He conocido comercios pakistaníes en el Barrio de Gracia que empezaron cerrando a las 24:00 siete días a la semana, y solamente tras ser multados por el Ayuntamiento pasaron a cerrar las 22:00 horas y a partir de las 14:00 horas del domingo… Es en estos horarios extremos cuando los comercios pakistaníes obtienen sus mejores ventas. Sus disciplinados dependientes (en muchas ocasiones los dependiente son los mismos propietarios) no se amparan en el sindicato para reivindicar sus 40 horas semanales, ni discuten los términos del contrario. Están aquí para ganar dinero y enviarlo a sus familias. Las horas de trabajo parecen interesarles poco, de hecho, le interesan más al Ayuntamiento. La inmensa mayoría no están sindicados y tampoco muestran mucho interés por sus derechos laborales. Al parecer, una comunidad tan bien dispuesta para movilizarse por el “papeles para todos”, no tiene la misma conciencia activista cuando se trata de reivindicar derechos laborales, especialmente si el empresario es de su propia nacionalidad. Es innegable que los pakistaníes son muy buenos comerciantes.

He conocido pakistaníes encantadores y excelentes personas. Como en toda comunidad inmigrante, hay un poso –seguramente por motivos culturales y antropológicos- inaccesible para el que no pertenece a su etnia. Sin embargo, su competencia no ha sido muy apreciada por los comerciantes autóctonos de Barcelona. Se quejan, sobre todo de los horarios con los cuales no pueden competir. En segundo lugar, los pequeños comerciantes barceloneses se sienten alarmados por la formación de guetos. Habitualmente, estos comerciantes han mantenido abiertos sus negocios durante décadas, sino durante generaciones; la mayoría, no sólo trabajan en el barrio, sino que, además, viven en él. Se trata de un grupo social, no solo conservador, sino que ha sufrido mucho a partir de mediados de los años 80. El Raval y la Rivera barcelonesas sufrieron, inicialmente, el abandono por parte de los primeros ayuntamientos democráticos. Hacia 1986 y hasta 1995, estos barrios se llenaron de “camellos”, mientras sus clientes se encontraban tirados en sus calles. Cuando parecía que la situación iba a “mejorar” (si es que, dramáticamente, puede llamarse “mejora” a la muerte de la mayoría a causa del VIH y del desgaste físico propio de los heroinómanos…), los comerciantes que habían sobrevivido a esa primera ola, se encontraron con que, bruscamente, en ese momento, el paisaje de sus barrios empezó a cambiar. Ya no eran solamente unos pocos comercios abiertos por extranjeros, ante los que los barceloneses permanecían vacilantes y sin atreverse a consumir los productos de sus anaqueles. Ahora era todo el barrio el que cambiaba de fisonomía. Se estaban formando guetos y los guetos siempre tienen una connotación negativa. Los recién llegados tenían costumbres diferentes y, eso no era lo peor. Lo peor es que hacia principios del milenio ya habían aparecido fricciones entre las nuevas y distintas comunidades que poblaban el Raval. Los ecuatorianos se llevaban mal con los marroquíes, los pakistaníes marcaban su terreno para evitar que los chinos les usurparan el terreno, los argelinos se llevaban mal con todos y especialmente con los pakistaníes que no soportaban verlos entrar en sus comercios e intentar salir sin pagar los productos que se llevaban en los bolsillos… Desde el principio de la inmigración masiva (1999) hubo racismo en el Raval, pero no fue entre barceloneses e inmigrantes, sino entre las distintas comunidades inmigrantes. Mal asunto. A los comerciantes del Raval y de la Rivera lo que menos le gustaba es que sus barrios se fueran depreciando ante la formación de guetos de inmigrantes. La inmigración era percibida como degradación. En 1999 se produjo un caso lamentable en Barcelona. Un psicópata agredía a mujeres en las calles del barrio de la Rivera. Las atacaba con un objeto punzante y les inflingía heridas superficiales, pero no por ello menos dolorosas y traumáticas. Cuando el misterioso agresor llevaba varios meses de actividad, resultó detenido. Era un pakistaní con problemas psiquiátricos. Una excepción en esta comunidad que suele ser pacífica, amigable y poco aficionada a la delincuencia. Pero, el caso dio a pie a que la inmigración pakistaní fuera percibida –abusivamente- como peligro. La marginalidad de muchos magrebíes y la identidad religiosa común con los pakistaníes, contribuyó a aureolarlos a estos con los mismos estigmas que a argelinos y marroquíes. Debió pasar tiempo hasta que los comercios pakistaníes empezaron a llenarse de barceloneses e incluso –como es mi caso- surgieran vínculos de amistad, o al menos de confianza, entre unos y otros. Hoy, los comercios pakistaníes forman parte del paisaje urbano barcelonés, guste o no guste.

Hay que decir que los viejos comerciantes barceloneses tenían algo de razón. Planificado o no, lo cierto es que hay zonas de la ciudad de Barcelona –y otras ciudades españolas- que están sufriendo una “limpieza étnica”. El centro histórico de Alicante, por ejemplo. El proceso es el siguiente: en una primera fase, aparecen algunos comercios en las zonas con alquileres más baratos de esa ciudad; esos mismos alquileres económicos, hacen que sea en esas zonas donde se instalan los inmigrantes; fin de la primera fase y ahora empieza la segunda. La inmigración va creciendo: los veteranos recomiendan a los recién llegados –frecuentemente, habitantes en el mismo pueblo de origen o familiares suyos- instalarse allí donde están ellos. Inicialmente, no ocurre nada, pero cuando el total de la inmigración empieza a superar el 5% en una misma zona se produce un fenómeno poco estudiado pero inexorable: los autóctonos van abandonando progresivamente esa zona. Eran barrios con edad media elevada y degradados desde antes de que llegara la inmigración. Los jóvenes autóctonos no quieren vivir en esos barrios que, además de tener mala fama, son percibidos como hostiles por ellos. Y se van yendo progresivamente. Los inmuebles vacíos son vendidos o alquilados a inmigrantes. Incluso se revalorizan porque los inmigrantes prefieren vivir entre ellos que en zonas con mucha densidad de población autóctona. En otro lugar analizaremos el fenómeno de la delincuencia que, en términos absolutos es cinco veces mayor entre inmigrantes que entre “nacionales”. La delincuencia genera la sensación de que uno puede ser agredido, robado y expoliado en cualquier momento; así que es mejor poner tierra de por medio y cambiar el lugar de residencia a zonas más seguras. Otro motivo para abandonar un barrio es empezar a considerarlo inhabitable. Cuando desde las ventanas de un barrio la “salsa” empieza a sonar a todas horas, o la música árabe –machacona, en absoluto pegadiza- o las peleas en idiomas incomprensibles, se hace el pan de cada día, muchos vecinos juzgan que ya tienen suficiente y añoran el tiempo en que solamente se oían seriales radiofónicos, el parte de Radio Nacional y algún jovenzuelo desvergonzado ponía música de los Rolling o de los Beatles a todo volumen. Y se van del barrio. No es limpieza étnica a punta de bayoneta, es, simplemente limpieza étnica por la fuerza de las cosas.

Las zonas donde hay más tiendas de inmigrantes coinciden también con las de mayor residencia de inmigrantes. Las tiendas surgen para responder a las necesidades específicas y culturalmente determinantes de los inmigrantes. Ha ocurrido en toda Europa. He visto como la vieja Massalia empezaba a degradarse tenuemente a finales de los setenta; aquel gran puerto mediterráneo que un día fue Marsella, con su Cannabiere y sus interminables muelles, fue perdieno a razón de 30.000 habitantes por año desde 1980. Hoy es una ciudad magrebí en el norte del Mediterráneo. Ubicada en Francia, su fisonomía ya no es francesa. Barcelona corre el riesgo de convertirse en la segunda Marsella. No será por culpa de los pakistaníes, sino de la acumulación de distintas comunidades inmigrantes con crecimiento desordenado pero continuo, ante la desidia de las autoridades municipales, autonómicas y estatales, que Barcelona supere a Marsella en apenas unos años.

A lo largo de 2005 y 2006, el barrio en el que creció más el precio de la vivienda en Barcelona, fue el Raval. Increíble pero cierto. El único elemento que permite interpretar este fenómeno es la llegada masiva de distintas comunidades inmigrantes. El Raval y la Rivera son barrios “agradables” para inmigrantes, no por la salubridad y la belleza de sus calles, sino porque allí los inmigrantes se sienten como en casa, esto es, en su propio entorno comunitario. Estamos hablando de “enclaves étnicos” en la Barcelona del siglo XXI. Estos enclaves étnicos existen en las ciudades del Mediterráneo español y en Madrid. Ya no hay medidas posibles para dar marcha atrás: los guetos se han formado y nada en el mundo va a conseguir disolverlos. La inmigración ha ido tan rápida que no las autoridades no han reaccionado a tiempo. Ahora, ya es inevitable el proceso de guetización del Raval y de la Rivera, el vaciado de población autóctona que ha ido subiendo del 2% en 1992 al 5% en 1994, luego al 15% en 1997, tres años después al 25%, en el 2000 llegó al 30% y en 2006 estaba en torno al 70%... la población autóctona es hoy residual.

En el momento de escribir estás líneas, la inmigración es mayoritaria en el Raval y la Rivera de Barcelona, está ascendiendo vertiginosamente en los barrios de Gracia y Sans, así como en el cinturón industrial de Barcelona. La falta de políticas de inmigración de los distintos niveles de administración han convertido este problema en irresoluble. Irresoluble. Y esto es lo que puede hacer peligrar la situación de mis amigos pakistaníes, arrastrados por la marejada incontenible de seis años de “efecto llamada” sostenido. 

Los pakistaníes son poco dados a orientar su comercio solamente hacia sus propios ciudadanos. Han logrado que las carnicerías halal que regentan sean frecuentadas también por barceloneses y en cuanto a los bazares que regentan en las Ramblas tienen como principal contingente migratorio a los turistas; hay locutorios propiedad de inmigrantes marroquíes, hindúes, ecuatorianos, colombianos y pakistaníes, principalmente, peluquerías propiedad de caribeños, etc. Es el “comercio étnico”. Solamente una mínima parte del comercio pakistaní está dedicado a satisfacer la demanda de inmigrante, obviamente los situados en los “enclaves étnicos”. Esto no gusta a los comerciantes locales; su razonamiento es, en apariencia, contradictorio y difícil de entender, intentemos seguirlo: el pequeño comercio está en crisis por la competencia de las grandes superficies, no puede competir con alas grandes cadenas de alimentación en precios, aunque sí en proximidad. Para que esa competencia sea efectiva, los barrios deben gozar de buena salud, pero desde el momento en que la inmigración se instala en esos barrios, estos tienden inevitablemente a degradarse en tanto que los ciudadanos autóctonos tienden a abandonarlos y los recién llegados tienen una tendencia a comprar solamente en los establecimientos de su propia nacionalidad. Además, la proliferación de “otra forma de comerciar” resta “tipismo” e “identidad” a zonas de la ciudad que, como el Raval y la Rivera, junto con las Ramblas que los separan, viven del turismo y, por tanto, deberían ser la quintaesencia de la “barcelonidad”. A uno y otro lado de las Ramblas y en las arterias que confluyen allí, se han aposentado comerciantes pakistaníes, chinos e hindúes, vendiendo objetos y souvenirs que poco tienen que ver con Barcelona, Catalunya o España. Desde 1995 los locales comerciales de estas zonas han sido adquiridos por extranjeros y la población autóctona del barrio experimenta una sensación de incomodidad evidente. ¿Racismo, xenofobia? No, simplemente, inmigración masiva y sin control.

Los pakistaníes huyen de los circuitos de la delincuencia como de la peste. Lo suyo es el comercio. Y lo hacen bien. Pero no pueden evitar ser “diferentes” a los barceloneses. La experiencia del Raval y la Rivera demuestran que mientras la inmigración se mantiene dentro de unos límites aceptables –en torno a un 5%- la convivencia entre las comunidades étnicas es aceptable, sino, incluso, cordial. No hay que olvidar que estos barrios pertenecen a la zona de la ciudad más próxima al mar y, por tanto, en donde tradicionalmente siempre ha residido un mayor número de extranjeros. Ahora bien, a partir de que la inmigración se convierte en masiva y descontrolada –a partir de mediados de los 90- se produce un fenómeno perverso: la delincuencia aparece vinculada a los nuevos inmigrantes. De hecho, lo está. Si bien la inmensa mayoría de los inmigrantes han venido para trabajar, así mismo, la inmensa mayoría de delincuentes… han salido de la inmigración.

A esto se une otro fenómeno: si un barcelonés no tiene el ojo bien entrenado, será fácil que confunda a un filipino con un chino y a un coreano con un vietnamita… y, por supuesto, a un argelino con un tunecino, a un senegalés con un marfileño, a un peruano con un ecuatoriano o… a un marroquí con un pakistaní. Solamente cuando se está suficientemente familiarizado con los distintos grupos étnicos es posible –con relativa facilidad- identificar a un oriundo de Quito de uno de Guayaquil, a un paceño de un cruceño… y, por supuesto, a un marroquí de un pakistaní. Pero cuesta.

Por otra parte, no todas las comunidades inmigrantes tienen los mismos índices de delincuencia, ni numéricamente, ni por “intensidad”. Los venezolanos apenas tienen delincuencia, mientras que sus vecinos colombianos si. Por su parte, en términos absolutos, la delincuencia colombiana es menor que la ecuatoriana… pero mucho más intensa. En efecto, los colombianos tienen una increíble tendencia a solucionar sus “ajustes de cuentas” de manera expeditiva. En Colombia, la vida vale poco y en España no tienen ningún valor añadido. Por su parte, los marroquíes tienen unos niveles de delincuencia muy superiores a los tunecinos y todos ellos, muy inferiores a la comunidad de origen argelino… En cuanto a su “peligrosidad”, la policía sabe perfectamente que los delincuentes de determinados grupos étnicos no ofrecen ninguna resistencia al ser detenidos, e incluso que sus delitos no implican violencia (la “banda de las autopistas”, compuesta por peruanos, actúa siempre “al descuido” en las autopistas) saben que sus delitos son menores y por tanto, descubiertos, se dejan detener sin oponer más que las excusas y los descartes propios de este tipo de delitos. Pero, en cambio, cuando se trata de detener a delincuentes de otros grupos étnicos, los miembros de las fuerzas de seguridad del Estado prefieren tomar seguridades, ir más de uno y realizar la detención con las armas desenfundadas… algo que ocurre frecuentemente con magrebíes y, especialmente, con argelinos.

A los pakistaníes, comerciantes natos, todo esto les perjudica extraordinariamente. El rechazo a los inmigrantes no aparece porque sí, sino solamente cuando resulta demasiado evidente que la delincuencia ha aumentado con su presencia, cuando la convivencia se vuelve difícil por las peculiaridades antropológicas de algunos grupos y, poco importa que unos sean más refractarios que otros a la integración: el aspecto “diferente” les perjudica a todos, incluso a los menos implicados en actividades delictivas como los pakistaníes. Nadie puede siquiera achacarles mala calidad de los productos que ponen a la venta en sus comercios. Todo lo contrario. Y sin embargo, esta comunidad es una de las más perjudicadas por el carácter masivo de la inmigración y por la relación innegable “aumento de la delincuencia = inmigración descontrolada”.

Los comerciantes de las zonas colonizadas por la inmigración se quejan de la progresiva (y evidente) reducción y pauperización de la población del distrito, la caída en picado de la imagen de los barrios “de inmigrantes” que jamás volverán a ver población autóctona, lo que hace que dejen de ser recorridos por la clase media en busca de los paisajes de siempre de su siempre; el Ayuntamiento es el principal blanco de las críticas: los pequeños comerciantes autóctonos se ven sangrados, literalmente, por los impuestos municipales… si a esto unimos las cargas impuestas por la hacienda del Estado (hoy de la Generalitat), podrá entenderse que esa sensación de asfixia económica no sea una exageración. Paralelamente, los comercios regentados por inmigrantes son mucho más frívolos a la hora de cumplir la normativa municipal y viceversa, porque, en realidad, tampoco el ayuntamiento se muestra muy proclive a sancionarlos. La presidenta de la Asociación de Comerciantes del Mercado de la Boqueria (en las Ramblas) declaraba: "No tengo nada en contra de los inmigrantes, pero actualmente la gente que viene de fuera destroza nuestro comercio. No se adaptan a nuestras costumbres (…) con las tiendas de souvenirs y bazares de las Ramblas parece que estoy en la India, en lugar de Barcelona. Y lo más grave es que algunas funcionan sin permiso y con horario libre. Esto es una discriminación para el resto del comercio" (en Eco, 28-VI-1997). Un año antes, el diario El Mundo, había hecho sonar las alarmas: "Inmigrantes paquistaníes se hacen con el pequeño comercio tradicional de Ciutat Vella" (El Mundo 18-IX-1996). El ayuntamiento no puede alegar desconocimiento de la situación cuando ya hace ¡diez años!, la degradación del pequeño comercio barcelonés y las constantes infracciones de los comerciantes recién llegados, eran el pan de cada día. Lo normal era que los establecimientos regentados por inmigrantes (locutorios, bazares, colmados) abrieran sin permiso de apertura, que no respetaran los horarios, pusieran a la venta productos y objetos (incluso peligrosos) sin tener licencia para ello, y, para colmo, nadie se preocupara de su completa “objeción fiscal” y, puestos a infringir normativas, mantuvieran a sus hijos menores de edad trabajando en sus establecimientos cuando, por imperativo legal, deberían estar en clase y no trabajar hasta los 16 años…

Todo esto recuerda extraordinariamente el proceso degenerativo seguido por Marsella (no tan distante de Barcelona, incluso en este terreno). Los comerciantes argelinos que se hicieron inicialmente con las zonas portuarias de la antigua Massalia se instalaron en barrios de mayoría inmigrante. La administración francesa empezó a despreocuparse por esos barrios considerados “pobres”. Los servicios del Estado Republicano fueron desapareciendo de estas zonas, incluida la policía. No es raro que se convirtieran en focos de delincuencia. Pero lo que se estaba produciendo era algo mucho más grave: el Estado iba desapareciendo de esas zonas. La totalidad del Estado. Cuando en 1994, a algún jerarca de la inspección fiscal marsellesa se le ocurrió enviar a sus muchachos a estos barrios a la vista de que en zonas amplias de la ciudad el pequeño comercio ni siquiera se tomaba la molestia de realizar resúmenes de IVA, impuesto de beneficios, ni nada similar, simplemente fueron expulsados de mala manera del barrio. Cuando se recurrió a la policía para que acompañara a miembros de hacienda o de los servicios social o de protección de la infancia, la policía –que conocía perfectamente la situación- llamó al realismo: “si vamos, puede haber una insurrección”. Así que “París”, de conformidad con el prefecto, decidieron hacer la vista gorda, antes que arriesgarse al estallido de unos disturbios que siempre terminan siendo nefastos en términos electorales. Pues bien, estos disturbios estallaron en noviembre de 2005. Hoy, en toda Francia, existen en torno a 1200-1500 de estas zonas conocidas en la jerga francesa como zonas de “non droit”, es decir, en las que ya no rigen los principios de la República ni las instituciones del Estado francés. Aquellas aguas, trajeron estos lodos. Barcelona –y otras ciudades españolas- están siguiendo inexorablemente los pasos del “modelo marsellés”.

Los comerciantes autóctonos –los barceloneses hoy, como los marselleses ayer- tienen la sensación de que, cuando el Ayuntamiento necesita exteriorizar su voracidad impositiva, aumenta las inspecciones contra ellos, mientras hace la vista gorda ante el incumplimiento de los requisitos legales por parte de los comercios abiertos por inmigrantes. Esto no es del todo cierto. La ciudad de Barcelona todavía no es completamente plana: hay zonas en las que, efectivamente, el Ayuntamiento ha renunciado a cualquier control (Raval y Rivera), mientras que en otras en las que todavía se mantiene un tejido comercial local con relativa buena salud (Gracia y Sans) si existe algún tipo de control.

Aunque no debería ser así, lo lamentable es que los distintos niveles administrativos actúan siempre bajo presión, no porque las circunstancia indiquen que deberían hacerlo. En 1995, cuando los comerciantes del Raval empezaron a tomar conciencia de lo que se les venía encima, multiplicaron sus movilizaciones y obligaron al Ayuntamiento a adoptar medidas que garantizasen, como mínimo, un trato idéntico a “autóctonos” y “foráneos”. Se decretó una suspensión en la concesión de licencias de obras y apertura para bazares y establecimientos para turistas en la Rambla y en la zona del Raval y la Rivera. En 1996 se aprobó una nueva ordenanza restringiendo la apertura en toda Ciutat Vella de comercios ligados a la "actividad turística", para "proteger la diversidad comercial del centro histórico", según declaró un responsable municipal a El País. La distancia mínima entre bazares pasaba a 80 metros… pero bajaba a 40 metros para los “fast-food” y las casas de cambio de moneda. Todo eso fue flor de un día. Cuando la población inmigrante del Raval se disparó hacia principios del milenio, todas estas ordenanzas municipales quedaron, en buena medida, relegadas al olvido. Lo dicho, Barcelona está sufriendo un proceso de “marsellización”, nada bueno para los barceloneses. E, igualmente, malo para los pakistaníes.

Pakistán o la corrupción en versión islámica

En Pakistán, como en cualquier otro país del antiguo “tercer mundo”, la corrupción es una verdadera plaga. Es fácil obtener un pasaporte por caminos no regulares, pues tal es la corrupción de las autoridades, pero, por si alguien no estuviera dispuesto a pagar esas “mordidas”, tampoco hay problema: se compra un pasaporte falso y… ¡hacia España!

Los pasaportes utilizados en Pakistán se falsificaban hasta hace pocos años en el Líbano. En la ciudad cristiana de Zalhé, cuando te ven la cara de extranjero, te preguntan solamente que les aclares lo que vas a buscar allí, en pleno valle de la Bekaa: “¿dólares falsos o droga?” y, cuando les explicar que eres periodista, te siguen preguntando con un guiño, como indicando que te explicas perfectamente “Ah, oui, ¿dólares falsos o droga?”. Los dólares que se hacían en Zalhé eran de una calidad tan proverbial como el “rojo libanés”, quizás la mejor calidad de haschís. Durante años, existieron vasos comunicantes entre Zalhé e Islamabad. Y no unos sino varios. De un lado, la guerra contra los soviéticos en Afganistán movilizó a los activistas musulmanes de todo el mundo que se concentraron en la zona fronteriza con Pakistán. Iban a morir por Alá en la “gran guerra santa”, así que se tomaban precauciones para ocultar su verdadera identidad. La mayoría iban provistos de “faux papiers” fabricados en Zalhé. Allí, el Mosad había puesto mucho énfasis en infiltrar –e incluso en impulsar, no olvidar que estamos en 1982-89- a los nacientes grupos fundamentalistas islámicos. Era fácil pues, para los servicios secretos norteamericanos, conocer la verdadera identidad de aquellos primeros yihadistas. Pero, luego, cuando la URSS tiró la toalla y retiró sus tropas del territorio afgano, esta veta se secó. La dinámica misma de los acontecimientos en el Líbano y las necesidades de la reconstrucción hicieron que se limitara la exportación de haschís a través de los puertos francos situados al Norte de Beirut y la famosa imprenta de Zalhé consagrada a las mejores falsificaciones de papel moneda y de documentos de identidad, se dedicara a tareas menos comprometidas.

Ocasionalmente, la policía británica, pudo seguir la pista de algunos pasaportes falsos llevados por pakistaníes que intentaban entrar en Inglaterra con personalidades y visados falsos. Establecieron que procedían del Líbano. Era de prever. Ahora bien, a partir de 1990 las mafias pakistaníes de la inmigración establecieron nuevas fuentes de suministro de documentos falsos, en zonas más próximas y, por tanto, más accesibes. En 1999, imprentas dotadas de las tecnologías digitales más avanzadas en la época, abordaban desde Tailandia, la arriesgada, pero lucrativa tarea de facilitar pasaportes, sellos secos y demás documentación falsa a las mafias pakistaníes de la inmigración.

Inicialmente, estos documentos eran utilizados, preerentemente, para acceder al “espacio Schengen”, progresivamente más blindado, pero también hay datos que indican que llegaron hasta zonas, inicialmente, tan poco proclives para la inmigración como Argentina o Chile.

Tailandia tiene una ventaja: es un paraíso turístico en alza. Los aviones que llegan de Tailandia a los distintos aeropuertos europeos parecen libres de toda sospecha. En ellos llegaron muchos miles de pakistaníes provistos de pasaportes falsos comprados allí. En diciembre de 2001, ya se habían detectado 151 pasaportes y documentación falsa en Tailandia y, oh maravilla de maravillas, 4 pasaportes en blanco sustraídos de la Embajada española en Luxemburgo y 72 pasaportes españoles en blanco, íntegramente falsos, con la característica de que todas las libretas tienen en su número de serie “K 875...”. Si, porque las imprentas y los profesionales dedicados a la falsificación en Tailandia tienen preferencia por los pasaportes españoles. La primera falsificación “K 875 fue detectada por primera vez en el año 99 con la detención de Safarsai Bat, al que se le intervinieron cinco pasaportes de esta serie. ¿Imaginan de qué nacionalidad era? Efectivamente, pakistaní. En Noviembre de 2000 fue arrestado, de nuevo en Tailandia, otro súbdito extranjero al que se le ocuparon 20 pasaportes españoles de esta serie, 347 portadas y contraportadas y 1500 hojas dobles de esta falsificación; 103 permisos de trabajo y residencia españoles tipo B. Con estos pasaportes también han ingresado en el “espacio Shengen” inmigrantes chinos y laosianos.

A la vista de todo lo anterior, INTERPOL entró en acción. La oficina de correos del aeropuerto de Bangkok fue sometida a vigilancia y pronto se obtuvieron resultados.
Los primeros en caer fueron dos paquetes dirigidos al Reino Unido con 20 pasaportes, perteneciente a la serie K 875..., en blanco y unos días después cuatro paquetes dirigidos a España con seis pasaportes británicos, un paquete dirigido a Singapur con documentos españoles, tres paquetes con destino Tailandia, procedentes de España con pasaportes del Reino Unido, Italia y España, un paquete procedente de Turquía con pasaportes españoles, tres paquetes enviados desde España con pasaportes del Reino Unido, Corea, Japón y Grecia. Siguiendo todo este material, INTERPOL tuvo pronto una aproximación a la estructura de la red de falsificación.

El 12 de Septiembre de 2004 resultó detenido en el aeropuerto de Paris-Roissy un súbdito británico de origen pakistaní, procedente de Bangkok, al que se le incautaron 249 pasaportes falsos en blanco con 50 pasaportes italianos, 119 franceses y 80 españoles de la serie “K875”. Antes, en Mayo de 2003, cayó una parte de la red, dirigida por el paquistaní, Asan Bacheri Saeid. En esa ocasión se intervinieron dieciocho pasaportes españoles en blanco de la inefable serie “K875”..., pero lo más grave es que, llegados a ese punto, algunos pasaportes de la serie habían llegado a manos de terroristas islámicos. En efecto, en Agosto del 2002 fue detenido Riduan Isamuddin, alias “Hambali”, miembro de la Jihad Islámica, implicado en varias acciones terroristas en los últimos años en Malasia, Filipinas y Singapur, que utilizaba pasaportes españoles falsos.

Habría que esperar hasta el 8 de octubre de 2005 para que esta red fuera completamente desarticulada. En esa fecha fue arrestado el súbdito pakistaní Sheik Mamad Saeed Naz, como cerebro de la trama. Había establecido su cuartel de operaciones en un restaurante y almacén, propiedad de su propiedad en Bangkok, Tailandia. Resultaron intervenidos medios suficientes para la producción de la página biográfica y pasaportes completos de España, Australia, Dinamarca, Francia, Irlanda, Israel, Italia, Noruega, Irán, Pakistán y Holanda, los medios suficientes para la producción de cartas de identidad de Canadá, Francia, Italia, Holanda y Vietnam, medios suficientes para la producción de Permisos de Residencia y Trabajo de España;
cartas de identidad o permisos de residencia de Canadá, Francia, Italia, Holanda, Vietnam y… España.

Desde el año 2000 hasta la fecha se han intervenido miles de documentos falsos producidos en Tailandia, se han detenido a cientos de personas por todo el mundo provistos de tales documentos y los beneficios económicos obtenidos por la red pakistaní eran, sencillamente incalculables, dado que cada documentos se vendía entre  3.000 y 6.000 euros… y se produjeron miles.

La red era pakistaní, pero, por aquello de la globalización, sus beneficiarios estaban extremadamente diversificados. Ciertamente los pakistaníes no entran Europa con bombas de mano y el sable de abordaje entre los dientes, ni una vez aquí tienen por hábito atracar o traficar… sino trabajar y comerciar, pero no puede olvidarse que una parte indeterminada pero sustancial de ciudadanos asiáticos que han entrado en nuestro país, lo han hecho utilizando documentaciones y permisos de residencia y trabajo falsos e, incluso, que entre ellos, algunos eran terroristas en ejercicio…

Inmigración pakistaní: ¿porqué emigran?

Pakistán es una gran país poblado por unos 150 millones de habitantes. Se declara “república islámica”, lo que no es muy tranquilizador; su lema nacional puede incluso suscitar escalofríos entre la progresía europea: “Fe, Unidad, Disciplina”. Es independiente desde 1947. El nombre de Pakistán significa “tierra de los puros”, pero también procede del acrónico formado por los nombres de las cinco provincias musulmanas del nortea de la India: el Punjab, Cachemira, Sind, Beluchistan y la “provincia del noroeste” o Afgana. Pakistán no es un país con “amplia tradición”, de hecho, históricamente estaba distribuido entre la India y Afganistán y formaba parte de la “joya de la Corona” durante la dominación inglesa. Pero había una diferencia: la religión. Mientras los hindúes pertenecían a las distintas corrientes surgidas del hinduismo, en algunas zonas del norte la religión dominante era el Islam.

En el siglo VII, llegaron los misioneros islámicos a Pakistán, procedentes de Persia (y no de Arabia o de cualquier otro país árabe), lo que incorporó algunas peculiaridades étnicas. Así mismo, el sustrato budista e hinduista originario también introdujo diferencias respecto a la corriente mayoritaria del Islam. Hoy, el islam es mayoritario (97%) en Pakistán a pesar. Existen hindúes, budistas y cristianos en Cachemira. De hecho, a la alta burguesía le gusta enviar a sus hijos a colegios de monjas irlandesas, los mejor considerados.

La presión islamista obligó a los ingleses a dar una independencia separada a las provincias musulmanas. En 1971 el llamado “Pakistán Oriental”, separado del “Pakistán Occidental” por las provincias del Norte de la India, se declaró independiente con el nombre de Bangladesh y la ayuda del ejército hindú. A partir de ese momento la situación entre Pakistán y la India está sometida a tensiones frecuentes con la India (por Cachemira) y con Afganistán (por reivindicaciones fronterizas). Las crisis con la India se sucedieron en el año de la independencia, luego en 1965, más tarde en la guerra de Bangadlesh y, a partir de 2001. Ambas partes, en este momento, disponen de armas nucleares con todo lo que ello implica. Sin embargo, la guerra no ha estallado, luego explicaremos el porqué se mantiene una paz precaria.

No estamos ante una democracia. Desde la independencia las dictaduras militares se han alternado con los gobiernos corruptos. La política pakistaní supone ir de Guatemala a Guatapeor o del hambre a las ganas de comer. El islamismo parece incompatible con la democracia y, por lo demás, decir democracia en Pakistán es decir corrupción.

A partir de 1980, la zona sufrió distintas mutaciones que llevaron a su configuración actual. Pakistán era un país olvidado por Occidente hasta que los soviéticos invadieron Afganistán, evidenciando la persistencia de la tendencia de los zares a abrir camino hacia los “mares cálidos” del sur. En pocos meses, se produjo la mayor migración de la historia moderna de Afganistán hacia Peshawar en Pakistán. Esa zona fronteriza se convirtió en el “santuario” de la resistencia contra los soviéticos. Se comparaban armas vendiendo adormideras cultivadas en el interior de Afganistán. Luego, llegaron los voluntarios yihadistas canalizados por Bin Laden.

La guerra de Afganistán revitalizó indirectamente la economía afgana, pero los niveles de corrupción de la clase política volvieron a ponerla en entredicho. Los diez años que van desde 1988 hasta 1998, vieron sucederse a dos presidentes elegidos democráticamente… y retirados de su cargo por corrupción. El poco énfasis puesto en la creación de políticas serias de desarrollo económico hizo que hacia finales del milenio, la economía pakistaní se paralizara. Además, el esfuerzo económico puesto en la industria de armamento y en la investigación nuclear, terminaron por desequilibrar a la economía local.

Los pakistaníes fueron sancionados por la comunidad internacional a causa de las pruebas nucleares, pero tenían una buena excusa: los indios habían empezado antes. De poco importaba ya quien hubiera empezado antes, la carrera nuclear se había iniciado en Asia. En el 2000 empezó a fraguar lo que parecía que iba a ser una guerra a gran escala entre ambos países. Para colmo, dos fenómenos terminaron por arruinar al país: la crisis financiera finisecular de Asia y la corrupción incontenible en la que cayó la administración de Nawaz Sharif. Cuando el general Prevés Musharraf destituyó a Sharif en 1999, se oía en todo el país un clamor popular que pedía a gritos la intervención militar.

Resumamos: crisis política sostenida desde la guerra de Bangladesh, pérdidas territoriales en aquella ocasión, enfrentamiento con la India, llegada masiva de exiliados afganos, economía fronteriza basada en la guerra y en el tráfico de drogas, corrupción insoportable alternada con gobiernos militares, proliferación de armas tácticas de destrucción masiva, riesgo constante de conflicto y, para colmo, crisis económica generalizada, son los factores, en definitiva, que hicieron que en torno a 3.000.000 millones de pakistaníes decidieran abandonar el país. Muy pocos de ellos, ni los que están en Londres, muchos de ellos nacionalizados británicos, ni los que derivan hacia España, tienen intenciones de volver a la inestabilidad que dejaron atrás. Lo comprendemos. El problema del “tercer mundo” es que la inmensa mayoría de sus habitantes en la inmensa mayoría de países se encuentran en la misma situación: todos miran a Europa. Y, de todos los países europeos, el increíble país menguante regentado por ZP, es el eslabón más débil, la puerta de entrada más accesible, el país dirigido por la mandíbula más blanda del “primer mundo”…

Cifras de la inmigración pakistaní

Antes de que Pakistán fuera independiente en 1947, ya había facilitado un flujo de inmigración hacia Inglaterra no desdeñable. Tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, el ejército británico englobó a miles de soldados pakistaníes. Muchos de ellos, al acabar el último conflicto mundial decidieron permanecer en Inglaterra y, más adelante, trajeron a sus familias. En la actualidad, se calcula que en más de un millón y medio el número de residentes pakistaníes o de origen pakistaní, nacionalizados ingleses que se encuentran en las islas. Aún hoy, Inglaterra sigue admitiendo a un mínimo de 11 a 15.000 pakistaníes al año. Otros contingentes mucho menores se orientan hacia Alemania e Italia y, en la actualidad, de forma preferente, a España. De la misma forma que en España, los inmigrantes de origen marroquí y ecuatoriano son los que tienen tendencia a ocupar los puestos de trabajo peor remunerados, en Inglaterra ese  dudoso honor corresponden a los pakistaníes. De todas formas, Europa no es, necesariamente, el objetivo privilegiado de los pakistaníes. Entre 1975 y 2005, los mayores contingentes de este país se han orientado hacia Bahrein, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, los seis países productores de petróleo miembros de la Gulf Cooperation Council. En 1990 parte de la inmigración pakistaní se orientó hacia los nacientes “dragones asiáticos”, en especial Malasia y Corea.

Hacia 1990, calculando todos los contingentes de la diáspora pakistanó, la cifra de inmigrantes ascendía a dos millones y medio. En la actualidad, la cifra ha ascendido a tres millones y medio que giran anualmente remesas que llegan hasta el 15% del PIB del país (el 48,9% de los pakistaníes residentes en Barcelona envía euros a sus familias, especialmente los que tienen hijos allí). De todas formas, estamos hablando de “trabajadores”, desgraciadamente, las estadísticas inglesas no aluden a familiares no productivos. Es probable que, en total, estemos hablando de entre cuatro y cinco millones de personas. Destinos como Malasia y Corea han surgido como nuevos países receptores.

La economía pakistaní depende en buena medida de estas remesas de divisas que llegan del exterior. La economía, la balanza comercial de Pakistán es deficitaria. Las exportaciones de productos agrarios, ropa manufacturada, cuero, alfombras, tapices, pesca y lana hacia Japón, Estados Unidos, Arabia Saudí y Reino Unido, no rinden excesivos beneficios; no importa, el cuantioso déficit se compensa con los envíos de los inmigrantes. De no ser por sus inmigrantes, la economía del país ya habría entrado en una dramática quiebra técnica.

Hasta el año 2000 la mitad de los pakistaníes que se dirigían a Europa terminaron radicando en Inglaterra. España fue afianzándose a lo largo de los años 90, también como destino de esa inmigración. Pero, a partir de 2001, la inmigración que se fijaba en España se convirtió en mayoritaria. A nivel mundial, Arabia Saudí es el principal destino de la inmigración pakistaní desde que, a finales de los años ochenta, los palestinos que trabajaban en los campos petroleros debieron abandonar el país, siendo sustituidos por pakistaníes. Se estima que, entre medio millón y setecientos cincuenta mil pakistaníes se encuentran actualmente en Arabia Saudí.

En 2002, la población global de inmigrantes en Europa representaba oficialmente el 7,7% y realmente, superaba el 10%. Las “locomotoras” económicas de la Unión Europa (Reino Unido, Alemania y Francia), contaban en esa época con un 10% de población inmigrante, en un período en el que en España, las cifras oficiales eran del 3’2%, las reales alcanzaban el 5%. Sin contar con las redes de trabajo negro y de economía informal, la población activa inmigrante alcanzaba el 6’2% del total de población activa. Pero, si el año 2000 fue el “gran año de la inmigración” en nuestro país, será a partir de 2001, cuando se produzca una tendencia generalizada al aumento de todos los grupos de inmigrantes.

Inglaterra cuenta con 675.000 personas "étnicamente pakistaníes", se inició a principios de los años 60, cuando fue preciso recurrir a mano de obra extranjera para la industria textil del norte del país. Birminhan se convirtió en la “nueva Cachemira”. Cuando el sextor se hundió, el paro se abatió sobre la comunidad pakistaní; hoy, más de dos tercios de las familias pakistaníes residentes en Gran Bretaña se encuentran justo bajo el umbral de la pobreza, mientras que entre la población inglesa esa proporción se reduce a la cuarta parte. ¿Entienden por qué Londres ha dejado de ser el destino preferido de los pakistaníes?

Se atribuye a esta pobreza el que los niños pakistaníes tengan tendencia a fracasar en los estudios. A medida que van creciendo, solamente una cuarta parte termina teniendo algún título; con las mujeres la proporción se reduce a la quinta parte. El resultado es dramático : sin ninguna titulación, no hay forma de reciclar a los pakistaníes en el mercado laboral, la única posibilidad es el pequeño comercio, pero los inmigrantes de esa nacionalidad en Inglaterra no tienen los recursos que tienen los que se han orientado hacia España.

Ya sea a causa de la pobreza endémica o de la brecha antropológica (religiosa, étnica y cultural), el caso es que en 2002 se produjeron disturbios raciales en Yorshire Oeste y en Bradford (donde ya habían estallado incidentes graves el año anterior), protagonizados por jóvenes de origen pakistaní. Una vez más, como ocurrió en Francia en noviembre del 2005, los padres llegaron a Europa para trabajar, pero los hijos viven una situación muy diferente: ni son competitivos, ni están excesivamente interesados en ritmos agotadores de trabajo que los mantengan fuera de sus amigos y de su comunidad, ni tampoco tienen una preparación técnica suficiente para poder encomendarles tareas más allá de las que ellos mismos deploran, básicamente mal pagadas.  Cuando se comparan con los jóvenes de origen británico experimentan una frustración insuperable que los recluye en la marginación, el paro y… el fundamentalismo religioso.

En el momento en que escribimos estas líneas es todavía pronto para saber si realmente, un grupo de jóvenes anglo-pakistaníes, pensaron seriamente en atentar contra aviones británicos o bien se trató de un malentendido, una provocación o unas simples conversaciones entre gente joven frustrada. Lo cierto es que el Islam se convierte con demasiada frecuencia en el refugio identitario de jóvenes frustrados de origen pakistaní.

En España, como siempre, las cosas han empezado tarde, pero avanzan a marchas forzadas. Si bien, la comunidad pakistaní no vive en la situación de precariedad que el grueso de la comunidad inmigrante en Inglaterra, lo cierto es que también en nuestro país se han producido interrelaciones con el terrorismo islámico. Hasta 2004 habían sido detenidos en nuestro país 12 ciudadanos pakistaníes vinculados a distintas redes de terrorismos islámico… reales o supuestas. Estas cifras estaban lejos de los 86 argelinos y 76 marroquís, vinculados a las mismas redes, o incluso a los 26 sirios detenidos… pero los pakistaníes, en términos absolutos, aportaban el cuarto contingente por orden de importancia numérica al terrorismo islámico presuntamente desarrollado en nuestro país.

En 2003, vivían en España, oficialmente 17.645 pakistaníes, todos ellos con permiso de residencia en regla, pero una cantidad dos veces superior se encontraba en ese momento “sin papeles” (entre 35.000 y 40.000). Y debía de llegar, todavía el año 2004 en el cual la inmigración pakistaní casi se dobló tras la llegada de ZP a la Moncloa.

En los primeros días de 2004, oficialmente, Catalunya albergaba a 389.946 inmigrantes pertenecientes a 164 países. Pero era, naturalmente, una cifra falsa por que no recogía a los residentes ilegales, empadronados, pero no regularizados. En una charla dada a principios de 2003 en la sede de una asociación de inmigrantes del Este en Bellvitge, el director de migraciones de la Generalitat nos confesó que a esa cifra había que añadir otros 350.000 empadronados, no regularizados. Y nosotros le decíamos que, probablemente, hubiera que añadir otros 50.000 ilegales no regularizados que utilizaban la tarjeta de empadronamiento de otros para recibir atención médica. Estábamos hablando, entonces de 700-800.000 inmigrantes solo en Catalunya, la cuarta parte de los que residían en España. Aludimos específicamente a Catalunya porque es ahí en donde se concentra el 90% de la inmigración pakistaní en España.

Hasta el año 1999, los pakiestaníes en España eran pocos e imperceptibles. Pero el efecto llamada generado por la reforma de la ley de inmigración promovida por los socialistas con el apoyo de todos los partidos parlamentarios, salvo del PP, llegaría hasta Peshawar, Islamabad y Rawalpindi. Esta inmigración hubiera pasado desapercibida para casi todos salvo para los aventureros de nuevas sensaciones gastronómicas, de no haber sido por el largo encierro de un centenar de pakistanías en la Iglesia del Pi que se prolongó del 20 de enero al 8 de marzo de 2001. Nos acostamos considerando a Pakistán un destino turístico exótico y nos despertamos con los pakistaníes entre nosotros. Pero, todavía eran pocos en relación a marroquíes y ecuatorianos, incluso las gitanas rumanas que pedían limosna en bandadas por las principales arterias urbanas, eran mucho más visibles que las hormiguitas laboriosas pakistaníes. Al terminar 2004, la comunidad pakistaní barcelonesa había duplicado en apenas un año sus efectivos. Además la inmensa mayoría de pakistaníes se concentraron en Barcelona. Ninguna de las múltiples ONGs, generosamente subvencionados, alertó sobre este crecimiento desmesurado. Y, ¿cómo fue que la Delegación del Gobierno de Barcelona no hiciera caso de las pesquisas que la policía nacional de la ciudad seguía sobre las andanzas de bandas mafiosas pakistaníes desde 1992, especialistas en falsificar cualquier documentos falsificable? En el fondo, cualquier ciudadano del Raval estaba mucho más al corriente de la realidad de la inmigración en esa época –y seguramente, ahora- que la Delegación del Gobierno en el 2004 o que el gobierno ZP.

Cuando los Caldera, Rumi, Pajín, se dieron cuenta de lo que estaba pasando, era tarde y ya nada ni nadie lo podía detener. Cifras en mano –cifras realistas, se entiende, no cifras tranquilizadoras, las que habitualmente el gobierno ZP ofrece al consumo- el crecimiento de la comunidad pakistaní en Barcelona, había sido espectacular entre 2004 y 2006.  A pesar de que ZP parece “receptivo” a las autonomías, lo cierto es que él vive atrincherado en el complejo de la Moncloa y desconoce completamente la realidad social que no registra El País ni se percibe en los altos muros de la Presidencia del Gobierno. En Madrid, no hay pakistaníes. Y en León, menos. Así que, es probable, que a la vista de la simplicidad y/o rusticidad de los conceptos políticos con los que se mueve ZP, es posible que en 2004, cuando las bombas providenciales cambiaron el destino de este país, ni siquiera supiera que existían inmigrantes pakistaníes en España. Ignoraba, así mismo, que de los 14.322 pakistaníes regularizados en 2002, la casi totalidad vivían en Catalunya y la inmensa mayoría de estos en Barcelona capital. Y, así mismo, ignoraba que estas cifras oficiales ni siquiera eran reales. ¿Para qué conocer las reales, si las oficiales ya son suficientemente preocupantes?

Las peculiaridades sociológicas de la inmigración pakistaní

¿Recuerdan que les decía que tengo muchos amigos pakistaníes, pero siempre me han mantenido lejos de sus mujeres? Lo atribuía a prejuicios religiosos y la creencia popular es que las tienen encerradas en sus domicilios, sin apenas salir a la calle. Hay algo de eso, pero la realidad es muy diferente. El 94% de los inmigrantes pakistaníes son de sexo masculino. De todas formas, en el 2003, 617 mujeres de esa nacionalidad tenían “papeles” y residían en Barcelona. Y yo seguía sin conocer a ninguna. Y en eso estoy. Parece ser que la inmensa mayoría de esas 617 mujeres (aun cuando no hay cifras, a la vista del incremento de la comunidad pakistaní en los últimos años, todo induce a pensar que en la actualidad estaremos en torno a las 2000 entre legales e ilegales) llegaron a España casadas, acogiéndose a la reagrupación familiar pedida por sus maridos. De hecho, el 71’5% de los pakistaníes que llegan a España están casados y, en torno a la mitad, desean traer a sus esposas o ya las tienen aquí. El resto o está soltero o creen que, a la vista de las costumbres de las mujeres españolas, podría producirse un contagio que consideran perverso e insano, así que no tienen intención de traerlas. La media de hijos de cada matrimonio pakistaní residente en España es de 3’5 hijos.

Ellas son las visitantes más asiduas a los médicos, acaso por cuestiones de maternidad. Los pakistaníes no son una comunidad étnica que tienda a “abusar” de los servicios sociales. Los que utilizan son pocos y siempre los mismos: educación gratuita para sus hijos, becas comedor –que tienen todos los niños pakistaníes- y poco más. Ahora bien, sólo el 20% ha recurrido en alguna ocasión a la asistencia social y casi siempre en las primeras semanas de su estancia en España. Es evidente que los pakistaníes llegan para unirse a sus familiares y amigos, se refugian en su propia comunidad y de ella obtienen lo esencial para asentarse y sobrevivir. Además, la mayoría de las consultas a los servicios sociales son realizadas por los pakistaníes que tienen hijos en edad escolar. El 48,2% han utilizado una o varias veces los servicios hospitalarios y 62,9% han acudido a la asistencia primaria y el 35% jamás han acudido al médico. Ellas, seguramente por causas de maternidad, van más al médico que ellos: 77% frente al 23% de los varones. Precisamente en los servicios de rehabilitación traumatológica del FREMAP conocí a un simpático pakistaní que llevaba diez años en España (cuatro “con papeles”) y tenía ¡ocho hijos! Durante la hora y media que duraba nuestro tratamiento no teníamos otra cosa que hacer más que hablar. Aproveché para conocer muy bien a la comunidad pakistaní. Formaba parte del 70% de pakistaníes residentes en España que tienen hijos. Era un pakistaní típico de la inmigración en España: pulcro, educado, comedido en sus comentarios, solamente reaccionaba con hostilidad cuando se le mencionaba a los magrebíes. Se preocupaba extraordinariamente por cumplir la legislación española en materia de extranjería. Curiosamente, tenía miedo de que si quedaba en paro lo repatriaran y no había forma de convencerle de que ni siquiera los delincuentes multirreincidentes eran puestos en la frontera. Vivía en el Raval como la mayoría de sus compatiotas (en 2003, el 62% residían en el Raval que, en el futuro podrá llamarse “el pequeño Punjab” a la vista del crecimiento espectacular del tejido pakistaní en la zona; el resto vive en los barrios próximos al Raval, Pueblo Seco, Sans-Montjuich y Sant Marti), el piso era una tercera planta (cuarta en realidad) sin ascensor; pequeño y pulcro, por todas partes había recuerdos de su Punjab natal y me dio la impresión de que salían niños hasta de debajo de las baldosas. Sus estudios correspondían a una formación profesional en electricidad y aspiraba a que algunos de sus hijos fueran ingenieros. Tenía claro que el que no sirviera o no quisiera estudiar, trabajaría con él como electricista. Era, como el 100% de los pakistaníes residentes en España, musulmán y pertenecía al 82% que practican su religión tal como ordena el Corán.

El problema con los pakistaníes es que sus estudios no tienen paralelismo en España. Es difícil saber cuando te dicen que tienen estudios primarios, si realmente los tienen o si se están refiriendo a “estudios coránicos”. El 36% tiene el equivalente a estudios secundarios y el 13,2% estudios superiores. Cuando se les conoce, llama la atención que la mayor parte de inmigrantes pakistaníes residentes en España no huyeron de su país por que no fueran capaces de sobrevivir allí (como ocurre con la inmigración africana, magrebí y subsahariana), sino que (tal como ocurre con algunas contingentes iberoamericanos) allí casi fueran “privilegiados”. La mayoría de pakistaníes tenían trabajo en su país y pertenecían a lo que aquí conocemos como “clase media”. Disponían de, más o menos fondos, que les permitieron abrir comercios en Barcelona. A diferencia de los ecuatorianos y magrebíes, la comunidad pakistaní apenas conoce el paro. El 45% trabajan en el pequeño comercio y el 22% en hostelería; casi todos están empleados por miembros de su propia comunidad o bien son los propietarios de los negocios. Se trata de un contingente de inmigrantes muy particular y, en cierto sentido, anómalo en relación a otros.

A pesar de vivir la inmensa mayoría en Catalunya y, más en concreto, en Barcelona, lo cierto es que la lengua catalana les importa muy poco. No ven práctico aprender el catalán. La Generalitat no puede evitar su perplejidad y hostilidad a esta tendencia. Los pakistaníes le llaman pragmatismo: uno me decía que el español les puede permitir residir y trabajar en Miami, California o Nueva York. Con el catalán, en cambio, lo tendrían bien para trabajar en Andorra, lo cual no entra en sus proyectos. En 2003, el 95% hablaba español y de ese porcentaje, el 66% lo hacía con dificultades. Ahora bien, es posible que estas cifras hayan descendido a la vista del incremento de la inmigración pakistaní en los últimos tres años. Su dominio del inglés les permite tratar con extranjeros (más del 54% lo habla correctamente). He conocido un joven paquistaní empleado en un comercio de Gracia que hablaba la mayor parte de idiomas europeos; los había aprendido como inmigrante –frecuentemente, ilegal- en Alemania, Italia, Francia y España. Era su forma de realizar turismo. Nos habituamos a que mientras él me calculaba con la registradora el precio de los productos que había elegido, yo lo calculaba mentalmente. A pesar de la religión, sus peculiaridades antropológicas y demás, reconozco que los pakistaníes son abiertos y, aun a pesar de que sobre todo confían en su comunidad, no se cierran a mantener amistad con autóctonos. En tanto que musulmanes, la abstención de alcohol, evita los graves problemas de alcoholismo (y desmadre) que tienen las comunidades procedentes de iberoamérica o los territorios de la antigua URSS. Además, cuando se habla con ellos, uno no tiene la sensación de que intenten aprovecharse o que preparen el terreno para un sablazo o cualquier favor. Y no se tiene la sensación porque no entra dentro de sus planes. Son orgullosos y los he conocido con un estilo, incluso aristocrático (lo mismo puede decirse de los sijs). Si precisan algo, lo solicitan a su comunidad. La comunidad étnico-religiosa es su identidad suprema, su sostén y su refugio.

El 65% no tienen intención de regresar a su tierra. Son conscientes de que la inmigración masiva puede crearles problemas, pero tampoco quieren renunciar a traer a sus amigos y familiares. El 90% proceden del Punjab. El principal atractivo de nuestro país es el alto nivel de coberturas sociales que les garantizan a ellos y a sus familias atención médica en caso de necesidad. Eso es un lujo en el “tercer mundo”.

Se tiene tendencia a pesar que la mayoría de establecimientos regentados por pakistaníes son tiendas de souvenirs y comercios dedicados a la alimentación, pero, en realidad, abarcan otros muchos campos: después de los comercios de alimentación y los locutorios, resulta curioso comprobar que el tercer puesto lo ocupan… las barberías. Hay unas ocho en el Raval. En realidad, la barbería es un lugar de encuentros para la comunidad pakistaní, equivalente a los bares de tapas en España o a los pubs en Inglaterra. Islam obliga. Realmente, cuando en un bar no se pueden tomar ni cerveza ni embutidos, quizás la mejor solución sea reunirse en la barbería.

Esta comunidad empieza a evidenciar algunos problemas derivados de su creciente masificación. En el 2003 la guardia urbana descubrió un piso de 50 metros cuadrados en la calle Carretes en la que vivían 25 personas… 1 por cada 2 metros cuadrados. Piénsenlo y horrorícense. Algunos emprendedores pakistaníes han comprado pisos a precios extremadamente baratos en Casa Antúnez, no para vivir en ellos sino para alquilarlos a miembros de otras comunidades. Allí van a parar gitanos rumanos. El carácter comunitario de la inmigración pakistaní es garantía suficiente de que los “romanís” residentes en esos pisos pagarán el alquiler o deberán vérselas con toda la comunidad. En el Raval, los arrendadores españoles a través de agencias inmobiliarias particularmente toscas, han terminado cobrando alquiler, no por la superficie del piso, sino por cada residente en el mismo.

En el Raval se ha producido un fenómeno sociológica a partir de 1990 que recibe el nombre de “gentrificación”. Es un fenómeno paradójico y no suficientemente explicado. Básicamente consiste en la confluencia de dos grupos sociales en barrios en crisis. De un lado aparecen pequeños contingentes inmigrantes por lo barato de los alquileres. Se trata de barrios en los que la población es de edad elevada y va falleciendo paulatinamente dejando sus domicilios (casi siempre de alquiler) libres. Se trata de zonas con vivendas antiguas, abundancia de locales comerciales e industriales, todos ellos necesitados de reformas profundas. Estas solamente pueden ser abordadas por los propios inquilinos… o bien por gentes que dispongan de fondos suficientes para encargarlas a empresas de restauración. Si, porque la segunda componente de los procesos de gentrificación son elementos de las clases acomodadas que trasladas sus talleres y residencias a esas mismas zonas, en las que parece no existir problemas de espacio. Desde 1990 se instalaron en el Raval –paralelamente a comunidades de inmigrantes- los talleres de muchos artistas, profesionales y diseñadores que transformaron antiguos locales industriales en “lofts” y estudios de trabajo. Lo que atrae a estos clientes “selectos” es la amplitud, el tipismo y la proximidad al centro histórico. Este proceso, finalmente, no ha podido consumarse. Con la masificación de la inmigración en el Raval, los intelectuales, artistas y profesionales que habían ocupado los antiguos locales industriales, reconvertidos en lofts, han ido espaciando sus visitas. Y en cuando a los pisos nuevos construidos en los aledaños a la Rambla del Raval, y en torno a las Ramblas (la misma Plaza Reial), registran en estos momentos incesantes cambios de propiedad. La gentrificación se ha transformado en guetización, a caballo de una “limpieza étnica” de facto, operada espontánea, pero inexorablemente.

La inmigración masiva ha “rejuvenecido” a la población barcelonesa. Hasta 1996 la edad media de la ciudad iba “envejeciendo” (la media de 35’8 años de edad en 1996, descendió a 32’2 años en 2001, gracias a la inmigración). Así mismo, la tendencia que se inició a principios de los años ochenta, suponía una constante pérdida de población a un ritmo de casi 20.000 habitantes/año entre 1981 y 1996… pero, a partir de 1996, la ciudad de Barcelona ha ganado 30.000 nuevos habitantes. No es que haya aumentado la población autóctona, de hecho este colectivo de población (entre los que me encuentro) ha abandona la ciudad a un ritmo mayor… es que la población inmigrante ha aumentado hasta ser un 15% del total.

Todo esto recuerda extraordinariamente el “proceso marsellés”, iniciado también a principios de los años 80. Cada año, desde entonces, 30.000 franceses han ido abandonando Marsella cada año; los huecos han sido cubiertos por inmigrantes, preferentemente magrebíes y subsaharianos. Hoy, Marsella –hay que reconocerlo- es una sombra de lo que fue hace veinticinco años. Mi padre conocía muy bien Marsella y me decía que era una de las ciudades más parecidas a Barcelona. Pues bien, Barcelona ha optado por un modelo de inmigración que, voluntaria o involuntariamente, le crea un destino que yo jamás hubiera querido para mi ciudad. La Barcelona del mañana, es la Marsella de hoy. Y no tengo muy claro, ni siquiera, que la comunidad pakistaní desee ese destino para la ciudad que los ha acogido.

Por cierto, el “Nuevo Estatut” prevé “competencias exclusivas” para la Generalitat en materia de inmigración. A partir de ahora ya no habrá excusas, la política de inmigración será trazada desde la Plaza de Sant Jaume… Allí se encuentras las dos instituciones –frecuentemente rivales- frente a frente: la Generalitat y el Ayuntamiento. Y tiene gracia que la Plaza de Sant Jaume esté situada entre los barrios del Raval y de la Rivera, apenas a 200 metros de las Ramblas. La inmigración alcanza en esos barrios más del 65%... y sigue subiendo. No sé por qué pero las dos instituciones de la Plaza de Sant Jaume me recuerdan a un “Fort Apache” rodeado por tribus hostiles.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La inmigración en el mundo feliz de ZP (I de X): Dossier inmigración boliviana

La inmigración en el mundo feliz de ZP (I de X): Dossier inmigración boliviana

 

Infokrisis.- En los tres años y medio de publicación de infokrisis nos hemos visto obligados a tratar en varias ocasiones el tema de la inmigración. A pesar de lo alerta que hemos permanecido, no hemos podido evitar que la inmigración haya evolucionado mucho más rápido que nuestra atención. Vamos a intentar paliar este problema dedicando una serie de Dossiers a los distintos contingentes nacionales de inmigrantes que residente en este momento en España.

Bolivia: ¿Frente secundario de la inmigración masiva?

Habitualmente se considera que Ecuador es el principal exportador de inmigrantes andinos, seguido por Perú y Colombia. Bolivia rara vez aparece en primera fila y, por tanto, lo hemos elegido como arquetipo de países con baja demografía (si bien casi ha duplicado la población en el último cuarto de siglo) cuyas tasas de inmigración van creciendo exponencialmente y, si no en número, al menos superan en porcentaje al de otros países. Bolivia siempre ha sido una caja de sorpresas y mucho más ahora que un nuevo gobierno “indigenista” se sienta en el Palacio Quemado de La Paz.

Queremos recalcar que la inmensa mayoría de los datos que hemos utilizado a continuación han sido extraídos de las ediciones digitales bolivianas, accesibles a través de Internet. Lo que hemos encontrado nos ha sorprendido y podemos atestiguar –porque trabajamos directamente con periodistas bolivianos durante nuestra estancia en aquel país- que la prensa es una de las pocas instituciones “serias” de Bolivia. Así pues, la fiabilidad de los datos que siguen no puede ser puesta en duda.

La frecuencia de los datos aparecidos en la prensa boliviana sobre la inmigración no deja de sorprender. Si antes del ascenso a la presidencia de Evo Morales eran dispersos y sin grandes precisiones, evidenciando que la inmigración hasta ese momento era un puro goteo, a partir de la subida de Evo Morales y del MAS, la inmigración se ha convertido en uno de los temas estrella de la prensa boliviana. Raro es el día en que, por uno u otro motivo, el consabido tema de la inmigración no aparece en algún medio boliviano. Es fácil interpretar el fenómeno: lo que hasta Evo Morales era un goteo, a partir de su presidencia se ha convertido en un flujo continuado.

1. La demografía boliviana en expansión

Las migraciones son un problema en Bolivia, no solamente migraciones hacia Europa (España), sino especialmente hacia los países limítrofes (Argentina y Brasil), pero también constituye un problema interior. En efecto, la población de La Paz está desplazándose hacia Santa Cruz. Y cuesta encontrar encuestas que reflejen este problema. Habitualmente, se suele decir que la población boliviana se concentra en los departamentos de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Estos tres departamentos agruparían al 70% de la población boliviana. Pero decir esto es decir poco y, especialmente, no reflejar la tendencia de las migraciones interiores: Santa Cruz es (o era…) casi una ciudad colonial en medio de la selva, mientras que La Paz es una ciudad típicamente andina y escasamente europea. Esta migración interior, desde La Paz hasta Santa Cruz, altera la composición étnica de ésta última y es uno de los motivos por los que el Oriente boliviano ha amenazado en múltiples ocasiones con independizarse. Estamos persuadidos de que durante el gobierno de Evo Morales –dure lo que dure y no somos muy optimistas al respecto- esta tendencia segregacionista se acentuará.

En 2005, 5.165.882 habitantes vivían en zonas urbanas y 3.108.443 en áreas rurales. Aparentemente, el país está relativamente equilibrado entre “campo” y “ciudad”, pero no es así. A pasos agigantados, el campo boliviano se va abandonando. Los campesinos inician su periplo migratorio, habitualmente en La Paz y Santa Cruz; luego, los que han radicado en La Paz perciben, no solamente que allí no hay trabajo, sino que los paceños se han ido desplazando hacia Santa Cruz y hacia el exterior y se suman a este movimiento de población. Si tenemos en cuenta que la media de hijos por matrimonio boliviano es de cuatro, resulta significativo que solamente se haya producido un aumento de 382.497 personas en áreas rurales desde 1992, mientras que en áreas urbanas ha ascendido a 1.471.036.

Hoy, el 60% de la población boliviana es menor de 25 años y solamente los adolescentes de entre 10 y 20 años representan el 23%. Además, las mujeres en edad fértil (de los 15 a los 49 años) son el 50% de las mujeres del país. En los dos últimos censos, la pirámide de población se ha estrechado ligeramente en la base, pero la natalidad sigue siendo alta o altísima, especialmente en los departamentos del Beni, el Pando o Potosí. La Paz y Oruro es donde más desciende la población… pero no por un descenso en el número de hijos por pareja, sino por las migraciones interiores y exteriores. Así se entiende que en Santa Cruz esta disminución sea casi imperceptible.

A pesar de la despoblación acelerada del medio rural boliviano, el hecho verdaderamente dramático es que la capital, La Paz, en lugar de ganar población, la pierde anualmente. Doce de cada mil habitantes abandonan la “olla de La Paz” cada año, en cifras reales, algo más de 10.000 habitantes perdidos por año. Este proceso, sostenido desde el año 2000, hace que, a pesar de que la edad media de los habitantes de La Paz sea de 29 años de edad, sea cinco años superior al resto del país (24 años). La gente joven está abandonando la ciudad y emprendiendo el camino de la emigración. Se van especialmente cuadros técnicos, profesionales y mano de obra cualificada, así como estudiantes de la Universidad de San Andrés. En pocos años, esta “fuga” se hará sentir dramáticamente en la capital boliviana.

Cuando más del 20% de la población de un Estado emigra es que ese Estado ha dejado de existir y se ha vuelto inviable. Esto ya ha ocurrido con algunas naciones centroamericanas y caribeñas que han perdido todo su capital humano camino del exilio económico. Se pierden cerebros, se pierde mano de otra, se pierde espíritu de iniciativa. En estos países se produce una especie de “selección al revés”, en la que los mejor preparados e inquietos huyen hacia el exterior, mientras que los más acomodaticios, conformistas y lánguidos, permanecen en el país, rebajando la productividad y acentuando la degradación de los servicios y el marasmo del Estado.

Además, la inmigración masiva produce efectos económicos perversos. Sí, la economía nacional –como es el caso de la boliviana- recibe importantes remesas económicas de la inmigración que, al alcanzar ciertos niveles, se vuelven imprescindibles para el equilibrio macroeconómico. El primer efecto es inhibir las exportaciones, en tanto que sobrevalúan la moneda nacional. Eso tiende a generar efectos inflacionarios, generar dependencia y desigualdad social. Ya ha ocurrido en el Magreb y ahora está ocurriendo en las economías andinas. Para colmo, esas remesas son pan para hoy y hambre para mañana. Los niveles de pobreza se reducen en el país receptor de las divisas, y se tiende a pensar que no hacen falta estrategias para mitigar los graves problemas sociales derivados de la pobreza. Simplemente, ésta disminuye porque se palia con los fondos llegados de fuera. Error. En África, los poblados que más inmigración han generado son los que en estos momentos tienen más abandonadas las tierras de cultivo y las economías locales. Simplemente, los familiares emigrados envían pequeñas cantidades mensuales que allí son tesoros, y si uno tiene un tesoro, ¿para qué precisa trabajar?

Desde los años 90, las medidas impuestas por el FMI y las instituciones de crédito internacionales en América Latina, no están teniendo como resultado la creación de empleo y el crecimiento económico, sino una ampliación de las bolsas de paro, una falta global de perspectivas y una desesperación creciente de las clases medias hacia abajo que, por si misma, genera los flujos migratorios.

A la vista de los datos demográficos, la situación de Bolivia es muy similar a la de los países del Magreb, con una población extremadamente joven, con unas migraciones interiores sostenidas y, finalmente, con una falta absoluta de perspectivas para los sectores juveniles que optan por la inmigración. En realidad los países andinos son nuestro segundo Magreb. No llegan con cayuko ni patera, sino con algo mucho más sofisticado: los Boeing que diariamente aterrizan en Barajas. Quien diga que esa inmigración es incontrolable, es sencillamente un imbécil o pretende engañar con mala fe. Esta inmigración no tiene mafias detrás, sino instituciones bancarias respetables –algunas de ellas españolas- que les conceden los créditos necesarios para venir a nuestro país.

2. ¿Cuántos inmigrantes ha generado Bolivia?

Goteo ayer y chorro hoy, la cuestión es que existe cierta opacidad de datos sobre los inmigrantes bolivianos que se encuentran en el extranjero. Antes decíamos que la prensa es una de las instituciones bolivianas serias, y con la misma rotundidad podemos afirmar que las estadísticas y los censos son poco fiables. El nivel de corrupción en unos casos y de apatía en otros es tal, que impide que podamos confiar en los datos que nos aportan.

Ahora bien, en la prensa boliviana se publicó el 24 de julio de 2006 que “entre Enero y Diciembre de 2005, alrededor de 47.000 ciudadanos bolivianos emigrantes regularizan su situación migratoria en España”. El titular no está desde luego redactado según los patrones de la prensa española, pero se entiende a la perfección. Tenemos a casi 50.000 bolivianos regularizados, de los cuales, buena parte –pero no todos- debieron serlo en el período de la malhadada “regularización masiva” entre febrero y mayo de 2005. Mientras que en 2001 tan solo residían en España 3344 bolivianos, cuatro años después la cifra había ascendido a 50.738; es decir, se había producido un aumento del ¡1417,287%! Pero la situación es mucho más grave, y apenas dos meses después, se publicaron nuevas cifras de emigración hacia España.

Las últimas cifras sobre inmigrantes bolivianos en España nos llegan de Bolivia, así que son creíbles. Como se sabe, las cifras dadas por el gobierno ZP tienden siempre a minimizar el impacto de la inmigración. Escribo estas líneas justo cuando se han dado las cifras de muertes en cayuko, unas 3000 desde principios de año; pues bien, hace solo tres meses ZP, con una seriedad pasmosa, decía en el Parlamento que el tema de las pateras estaba resuelto… Así que si las cifras proceden de Bolivia, a nuestros efectos, son más creíbles que las que facilita el gobierno español. A principios de agosto de 2006, las cifras de residentes bolivianos en España, legales e ilegales, ascendía a 100.000, mientras que otras la elevaban a 150.000, e incluso la Cancillería boliviana se atrevía a cifrar la frecuencia semanal de emigrados a España en un millar, lo que coincide con nuestras apreciaciones y con las conversaciones que hemos mantenido con funcionarios policiales destacados en Barajas. El Cónsul de España José Fernández, entrevistado por los medios de comunicación bolivianos a principios de junio de 2006 reconocía cifras parecidas. A la pregunta de “¿Cuál es el flujo migratorio a España?”, respondía: “Cada semana hay dos vuelos directos de 400 personas a España, ya son 800. Estimo que otras 200 se van vía Chile, Argentina y Brasil. Mil personas se van a España todas las semanas. Semanalmente otorgamos alrededor de 50 visas de trabajo”. Si tenemos en cuenta que la presión migratoria boliviana hacia España se inició en el 2001, es decir en torno a hace 60 meses, esto es 240 semanas, las cifras de residentes bolivianos en España deben oscilar entre 125 y 150.000.

Las dos comunidades mayores eran las de Madrid, con 35.000 residentes (posiblemente 50.000 según otras fuentes), la mayoría procedentes de Santa Cruz, y la de Barcelona con 25.000 (posiblemente 32.000), en su mayoría procedentes de Cochabamba. En el proceso de regularización de 2005, el 65% de los acogidos eran mujeres dedicadas a servicio doméstico. El propio gobierno boliviano reconocía que esta mayoría inusitada de mujeres que integran los contingentes migratorios se debía, no sólo a la precariedad laboral, sino especialmente a la discriminación sexual que sufren en su propio país. En cuanto a los hombres, suelen trabajar en hostelería y construcción. Por edades, el 84% tienen más de 16 años y el 16% son menores de esa edad. A finales de 2005, los bolivianos residentes en España remitían 500 millones de dólares al año a sus familiares.

¿Creen ustedes que el petróleo explotado por Petrobras y Repsol YPF constituye el principal ingreso de Bolivia? Se equivocan. Aquel país en el que, con un pico y una pala, prácticamente puede encontrarse en cualquier lugar un mineral estratégico, ha logrado que las remesas enviadas por los emigrantes a sus familias en el interior del país sean superiores a cualquier otro ingreso. Cifras oficiales bolivianas revelan que las remesas del exterior registradas en el Banco Central de Bolivia llegaron a 277 millones de dólares en 2005, incrementándose un 64% respecto a los niveles de 2004; pero fuentes del Banco Internacional de Desarrollo elevan estas cifras hasta 422 millones de dólares en 2004 y 860 millones de dólares en 2005, lo que representa el 8,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Sólo la venta de gas natural va algo por delante de estos ingresos. La economía boliviana, como la de Marruecos y del resto del Magreb, depende completamente de las remesas remitidas por la emigración. La fragilidad de economías así concebidas no se escapa a ningún analista. Una economía así es inviable a medio plazo, especialmente cuando los emigrantes no contemplan la posibilidad de volver a su país, sino la de acogerse a la reagrupación familiar en el país de acogida.

¿Qué puede pensarse de un país poblado por nueve millones de habitantes de los que ¡una tercera parte!, ha emprendido el camino de la inmigración? Se trata de un país frustrado, cuyos gobiernos, en los últimos 25 años, han ido fracasando sucesivamente a la hora de gestionar la “res publica”. El dato de los tres millones de inmigrantes bolivianos fue facilitado el 15 de abril de 2006 por la Organización Internacional de Migraciones y la Dirección Nacional de Migración de Bolivia. Los principales destinos eran, por este orden, los países limítrofes (lo que parece normal) y España, situada a 14.000 Km. de distancia (lo que ya no es tan normal). Pero hay algo peor: no se van todos los que quieren, sino solo los que pueden. En la edición de ese día (15.04.06) del diario boliviano La Razón se añadía el preocupante dato de que cinco de cada diez bolivianos estarían dispuestos a irse del país (cifra ligeramente menor a la de marroquíes que desean abandonar su país). Ese porcentaje había aumentado en los últimos meses, ante la seguridad de que la situación económica del país iba a degradarse. Evo Morales no parece inspirar confianza al 50% de la población, entre los que se encuentran muchos de los que le votaron. La Razón (boliviana) escribía: “En marzo último, la empresa Apoyo, Opinión y Mercado realizó para este diario una encuesta sobre el tema de la migración en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. El sondeo se hizo entre 1.025 personas, de 18 a 70 años de edad, que correspondían a cinco niveles socioeconómicos. El resultado es que el 53 por ciento de la gente consultada dijo que optaría por ir a vivir al extranjero si tuviera la posibilidad de hacerlo”. La nacionalización de todo lo nacionalizable no anima a los bolivianos a quedarse. Los motivos que la encuesta atribuía a esta migración no eran el atraso del país y la pobreza, sino los bajos niveles salariales, la precariedad en el empleo y la falta de trabajo.

En Bolivia el desempleo en el área urbana llega al 10% de la población activa (4,6 millones). No es una tasa alta, pero nos equivocaríamos si la valorásemos de manera optimista. En ese porcentaje no se recogía el número de gente que vive de la economía “informal” para sobrevivir. Se estima que entre el 40 y el 60% de los bolivianos están en esa tesitura, es decir, laboralmente en la inseguridad más absoluta. Para colmo, cada año se incorporan 140.000 jóvenes al mercado de trabajo que no tienen la más mínima posibilidad de encontrar un empleo que les garantice la supervivencia.

Esa misma encuesta estableció que dos de cada tres bolivianos tienen parientes emigrados. Sus familiares que todavía no han emprendido el camino del exilio económico ni solicitado la reagrupación familiar, consideran que los inmigrantes “viven algo mejor” que cuando se marcharon del país. Es inevitable que el ejemplo cunda y que el principal problema de Bolivia, en el momento actual, no sea nacionalizar el petróleo, sino encontrar fórmulas para detener su sangría demográfica o, de lo contrario, en solo unas décadas el país estará prácticamente despoblado.

La emigración boliviana se orienta según su capacidad económica: los campesinos pobres se van a trabajar a Argentina o a Brasil, mientras que los que pueden disponer de algunos ahorros o presentar un aval para un crédito (habitualmente pequeños comerciantes, vendedores ambulantes o propietarios de pequeñas haciendas) emigran hacia España y en mucha menor medida a EEUU.

Se calcula que en Argentina residen 1.500.000 bolivianos, de los cuales 850.000 residirían en la capital y otro tanto en las provincias argentinas. Si tenemos en cuenta que la situación económica de la República Argentina no es precisamente boyante, puede comprenderse el infierno económico que los bolivianos dejaron atrás. De todas formas, buena parte de la inmigración boliviana en Argentina es anterior al hundimiento de la economía de éste país en 2001. Es más, a la vista del descalabro del “corralito” argentino, muchos bolivianos que habían logrado hacerse con unos mínimos ahorros, en lugar de emprender el camino de regreso a su país, lo hicieron hacia España. Si a eso añadimos que la emigración hacia los EEUU se detiene bruscamente al aumentar los controles tras el 11-S del 2001, se entiende que a partir de los dos primeros años del milenio, la inmigración boliviana se replantee su destino.

De hecho, a partir del año 2000, la emigración boliviana elige como destino preferencial España. Hoy residen en nuestro país un número de bolivianos no inferior a los 150.000, concentrados en Madrid y Catalunya que, por término medio, envían unos 300 euros a sus familias… Las cifras son de una asociación boliviana de inmigrantes, pero es posible que no sean fiables. Además, datan de junio de 2006: tres meses después, probablemente, ya habrá sufrido un incremento. Sí, porque, a partir de mayo de 2006, la inmigración boliviana en España aumenta extraordinariamente.

No podemos saber exactamente el ritmo (algunos funcionarios de Barajas nos han asegurado que en torno a 250-300 bolivianos entran diariamente como turistas…), pero sí podemos intuir la intensidad del fenómeno a tenor de algunas informaciones publicadas entre mayo y junio de 2006 en la prensa boliviana. Si no olvidamos que el “destino preferencial”, aquí y ahora, de los bolivianos es España… es evidente que esos bolivianos precisarán pasaporte para entrar como turistas por Barajas. Por eso hemos recogido algunas noticias sobre el funcionamiento de estas oficinas de migración. Resumamos lo que el lector va a encontrar en las páginas siguientes: tales oficinas están desbordadas desde el ascenso al poder de Evo Morales.

Noticia publicada en la prensa boliviana el 10 de abril de 2006: en las semanas anteriores –los datos son de periódicos de distintas tendencias- la inmigración boliviana decidió entrar por los aeropuertos parisinos, a la vista de la saturación en Barajas. Pero a principios de abril, las autoridades aduaneras galas rechazaron aviones enteros de inmigrantes bolivianos, con lo cual disminuyó momentáneamente la entrada de ciudadanos bolivianos en España. Desde principios de año y hasta ese momento, muchos miles de bolivianos decidían entrar por París y luego ganar la frontera española. Pues bien, una vez corrió el rumor de estos “retornos”, la petición de pasaportes en Bolivia disminuyó sensiblemente, especialmente en Santa Cruz. No hay que olvidar que todos aquellos que eran devueltos perdían todo lo que habían invertido y no podían hacer frente a los créditos avalados con su escaso patrimonio… La directora de Inmigración en Santa Cruz, Olga Lidia Espinoza, recordó que la actitud de las autoridades galas era particularmente perjudicial para la emigración boliviana dado que “…el 80 por ciento de los pasaportes tiene como destino España” (por su había alguna duda). Eso provocó que de los 400 pasaportes expedidos diariamente por la oficina de migración cruceña se pasara a algo más de 300. Recapitulemos: el 80% de bolivianos que reciben pasaporte sólo en Santa Cruz, va a España. Hasta la crisis de entradas en París, se daban 400 pasaportes, es decir 320 con destino estadístico a España. Estas cifras se mantenían desde principios de año. Así pues, en 20 días de trabajo al mes, la oficina de Santa Cruz habría expedido 48.000 pasaportes, de los que el 80% tendrían la intención de venir a España (36.400). Pero si tenemos en cuenta que la oficina de Santa Cruz supone el 30% de los pasaportes expedidos en Bolivia, habrá que multiplicar esa cifra por tres. En otras palabras: sólo en la primera mitad de 2006, 72.800 bolivianos han pensado seriamente en establecerse en España, importándoles un rábano el incumplir la legislación de inmigración de nuestro país y hacerlo por la vía de los hechos consumados. La historia termina cuando la diligente Olga Lidia Espinoza comenta airada que Francia “está devolviendo a bolivianos que usan el pasaporte que nosotros les damos”. Luego veremos que existe una red de corrupción en la oficina de migración boliviana y que las irregularidades y fraudes abundan. Pero ésta es otra historia en la que nos detendremos más adelante.

Este personaje con nombre de culebrón, Olga Lidia, consultó a la embajada española si había algún problema con “sus” pasaportes. Y el embajador, seguramente un probo funcionario de Moratinos que aún no se ha enterado de que la inmigración boliviana a España empieza a ser un problema, se sorprendió por la pregunta y ratificó “que todo está bajo la legalidad, que los pasaportes que emite esta repartición tienen todas las normas legales”. El embajador, en el ejercicio de su cargo, podría haber aprovechado para recordar que en España existe una ley de inmigración y que, según ella, todas las peticiones de obtener permiso de trabajo y de residencia en nuestro país deben tramitarse en el consulado más próximo a la residencia del aspirante. Claro está que le hubiera costado mucho más explicar los motivos de la regularización masiva de 2005. Y no digamos ya de presentar una protesta diplomática por el hecho de que la inmensa mayoría de “turistas” bolivianos mienten al ingresar en España ocultando que han venido para quedarse.

A partir de mayo, las peticiones de pasaporte habían aumentado en Bolivia un 30%. El país estaba recorrido por una especie de “complejo de fuga”, y parecía un barco a punto de hundirse en el que se trata de no ser el último en abandonarlo. ¿Qué estaba ocurriendo? Simplemente que el gobierno español estaba dando una vez más muestras de amateurismo e ingenuidad declarando que a partir de febrero de 2007 se exigirá visado para los ciudadanos bolivianos que pretendan entrar en España, que es una forma de acelerar el “efecto llamada” e impulsar a que los inmigrantes se planteen el “ahora o nunca”. Y la mayoría parece ser que eligió el “ahora”.

El 12 de julio de 2006, las autoridades de inmigración aseguraban que en Santa Cruz se entregaban 44 pasaportes por hora, esto es 350 al día y la gente se quejaba de las largas colas que debía soportar hasta recibir el documento. Algunos días de ese mes se llegaron a entregar 600 pasaportes en un solo día. Así que había que ordenar el flujo de “clientes”. Se empezaron a entregar tickets numerados y se colocaron televisores con los números. Diariamente en torno a 1200 personas visitaban la oficina de migraciones de Santa Cruz. Inmediatamente que se colocaron estos adelantos burocráticos, la picaresca boliviana, no precisamente escasa, inventó una nueva industria local: la venta de tickets. El ticket costaba más que el pasaporte. La venta de puestos en la cola oscilaba, según la ley de la oferta y la demanda y la proximidad a la ventanilla, entre 30 y 100 bolivianos… Pues bien, aun a pesar de eso, las colas nocturnas de gente esperando que se abrieran las ventanillas ha llegado a 2000 personas en la oficina de migración de La Paz. Si hay un pueblo que tiene prisa por abandonar el país, ese es el boliviano. Luego entenderemos el por qué.

3. El gobierno ZP sin enterarse de nada (of course)

La prensa boliviana ofrecía el 8 de agosto de 2006 una entrevista con María Teresa Fernández a su paso por Bolivia. Lo que le llevaba allí a la vicepresidenta del gobierno español era pedir seguridad jurídica para las empresas españolas. Allí declaró que Bolivia había sido definida como objetivo prioritario para la cooperación española. Claro que Moratinos, el mes anterior, también había definido a África subsahariana como “objetivo prioritario” y publicaba un artículo en la revista “Política Exterior” para que quedara constancia de semejante genialidad… Pero la pregunta clave, a nuestros efectos, tenía que ver con la inmigración boliviana en España:

- “¿Se mantendrá el uso de pasaporte para el ingreso de bolivianos a territorio español?”, preguntó un periodista de El Mundo (boliviano); reproducimos la respuesta textual de la vicepresidenta:

- “Como usted sabe, la Unión Europea ha llevado en los últimos años una política de establecimiento de visados para todos los países, incluidos los latinoamericanos. España siempre se opuso a que se establecieran estos visados dentro de la Unión Europea, pero no lo hemos podido impedir. Lo hemos parado durante un buen tiempo, (pero) últimamente no lo hemos podido parar y probablemente sea algo que se vaya a establecer. Pero no es una decisión española, es una decisión de la Unión Europea”.

Esta respuesta es increíble y, por sí misma, supondría la excusa perfecta para cesar a la eximia funcionaria, simplemente por falta de talla política: la vicepresidenta en lugar de pedir, como sería lógico para un funcionario del gobierno español, que los bolivianos entren en España de conformidad con las leyes del Estado Español… pide disculpas. Disculpas. Es más: ni siquiera percibe a la inmigración masiva como problema, a pesar de que el CIS le recuerda cada mes que la inmigración es el principal problema que perciben los españoles. Simplemente está en Babia intentando quedar bien con los interlocutores. Por otra parte, las decisiones de la Unión Europea son colectivas, y una de las formas más desleales de abordar la cuestión es decir “Los culpables de pedir el visado son nuestros socios de la UE… si por nosotros fuera jamás impediríamos que un boliviano emigrara a España”. Decididamente, Maria Teresa Fernández de la Vega solamente podría ser ministra en el gabinete ZP, en cualquier otro la hubieran cesado recomendándole un reforzante cerebral. No sabríamos si calificar las declaraciones de la vicepresidenta de frívolas, desleales con nuestros socios de la UE, o simplemente estúpidas, o probablemente una mezcla de todo ello.

La vicepresidenta ha logrado que su viaje a Bolivia pasara desapercibido para la opinión pública, aun a pesar de que era, como mínimo, tan grotesco como el realizado a Maputo unos meses antes. Allí la vice acudió para pedir “la integración de la mujer africana en el mercado del trabajo”… De la Vega no se había enterado que la mujer africana trabaja más que el hombre africano y que, por lo demás, las reivindicaciones feministas en África interesan tanto como un disfraz de esquimal. Y pensar que esa gente nos “gobierna”.

Resulta escalofriante pensar que en el mes de mayo del 2006, los vuelos desde Bolivia a Madrid estaban cubiertos hasta el 12 de octubre. Los medios de comunicación bolivianos reconocían que este aumento se había producido a raíz del anuncio de la vicepresidente De la Vega, según el cual a partir de abril de 2007 será necesario visado para viajar a España. No es la primera vez que el gobierno español comete una ligereza de este tipo anunciando con meses de anticipación medidas limitadores de la inmigración. En los primeros días de agosto de 2004, Consuelo Rumi y Rafael Caldera anunciaron que iba a procederse a una regularización de la que, inicialmente, ni siquiera dijeron la fecha del inicio. En los primeros días de septiembre de ese año se anunció que la regularización se iniciaría en febrero de 2005. En otras palabras, se daban casi seis meses a las mafias de la inmigración para que prepararan sus estrategias y vendieran su “producto” como “la gran oportunidad para obtener permiso de residencia y trabajo en España”. A partir de ese momento, empezaron a producirse peticiones masivas de empadronamiento, inmigrantes residentes en Francia y Portugal afluyeron para empadronarse en pisos-patera en toda la geografía nacional y ese fue el principio del “efecto llamada” que todavía hoy se mantiene vigoroso. Así pues, tras las imprudentes declaraciones de De la Vega, la petición de pasaportes que había bajado sensiblemente en julio experimentó un repunte de 500 al día sólo en Santa Cruz. Fue un gran negocio para las agencias de viajes, los proveedores de pasaportes falsos, los prestamistas, usureros y las instituciones de crédito. El pasaje más barato de ida y vuelta no bajó, sino que, por aquello del aumento de la demanda, ascendió a 1.506 dólares.

Lo realmente gracioso es que mientras en España el gobierno está completamente desbordado y dubitativo en el tema de la inmigración, en Bolivia las cosas están muy claras. La vicepresidenta española apenas balbuceó una justificación a la demanda de visado, pero en Bolivia todo el mundo sabía por qué la UE exigía visado. La comisaria de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, Benita Ferrero, envió una nota a la dirección de Migración en la que explica las tres razones por las cuales tomaron la determinación los 13 países que conforman el espacio Schengen.

“Uno, dijo, es la presión migratoria de bolivianos. Dos, el aumento de detenciones y condenas a bolivianos por hechos ligados a la criminalidad y la inmigración clandestina. Y tres, ciudadanos latinoamericanos sometidos a la obligación del visado utilizan pasaportes de bolivianos falsos para ingresar al espacio europeo”. Más claro, agua.

Al conocerse que la exigencia de visado se retrasaría, el 6 de agosto, Edwin Pérez Uberhuaga, periodista boliviano destacado en España, enviaba una crónica a su país en la que decía que “parece ser la mejor noticia para mas de doscientos mil compatriotas que viven en Europa y que, en muchos casos, aceleran sin planificación los tramites para que sus parientes lleguen al Viejo Continente”. La crónica añadía que “Según datos extraoficiales, en España viven hoy mas de 150 mil bolivianos, en su mayoría documentados, que a su vez tratan de hacer que sus parientes o amigos lleguen a Europa, a pesar de que lo harían sin posibilidades de tener permiso de residencia”.

El 13 de agosto de 2006, el canciller David Choquehuanca informó que la Unión Europea "no tomará ninguna decisión unilateral" respecto a la exigencia de exigir visado de ingreso a los ciudadanos bolivianos. Mentía descaradamente o bien la vicepresidenta de la Vega se lo había explicado mal. La decisión ya estaba tomada y no había posibilidades de apelación. Sorprendentemente, Choquehuanca explicó que “los controles migratorios españoles detectan cada día el ingreso de 200 ciudadanos bolivianos, de los que ¡sólo 40! efectivamente proceden de nuestro país”. El resto, según la nota que recibió el Canciller, "son ecuatorianos, peruanos o de otras nacionalidades"… provistos de pasaporte boliviano. De esta práctica corrupta hablaremos más adelante.

Bolivia era el único país al que no se le exigía visado para ingresar a España. Choquehuanca volvía a mentir explicando que en su visita a Bolivia, De la Vega dijo que la intención de su país era mantener hasta donde se pueda el compromiso de no exigir visado de ingreso de ciudadanos bolivianos, aunque esta decisión continúa sujeta a las opciones que maneja la UE. En absoluto, las palabras de la vicepresidenta española, en su letra y en su espíritu eran otras: la UE “obligaba” a España a recibir a los bolivianos provistos de visado y la decisión era inapelable. Lo sorprendente es que el Ministro Consejero de la Embajada de Bolivia en Madrid, Alvaro del Pozo, en su discurso en la fiesta del 6 de agosto informó que las autoridades españolas le habían expresado que no se analizó la posibilidad de limitar el ingreso de los bolivianos a través de visado. Y, por supuesto, le han mentido, porque las agencias españolas informaban el 29 de agosto de 2006 que la vicepresidenta del gobierno –ella y no otro funcionario- había ido a Helsinki para pedir ayuda a la UE, dado que el gobierno español se sentía desbordado por la oleada migratoria.

Así pues, estamos ante dos problemas sobre los que vale la pena recabar algunos datos: en primer lugar el problema del negocio de la falsificación de pasaportes en Bolivia y, en segundo lugar, el de las mafias de la emigración que allí operan.

4. La corrupción boliviana en torno a los pasaportes

He permanecido durante bastante tiempo en Bolivia, así que conozco el país lo suficiente como para saber cómo funcionan las cosas allí. La palabra clave es “corrupción”. En cierta ocasión –en tanto que asesores- estábamos elaborando las propuestas de acción inmediata del gobierno en el piso 12 del edificio Isabel la Católica de La Paz, entonces uno de los pocos rascacielos de la capital boliviana. En un cierto momento no pude evitar que me traicionara mi mentalidad de europeo: “El primer punto debería ser la lucha contra la corrupción”. En efecto, en Bolivia todo entraba y salía de contrabando, y la recaudación pública estaba en mínimos. Una de las formas de reactivar la economía consistía en eliminar los fondos de corrupción y contrabando. El director del más conocido diario paceño me interrumpió: “Ernesto ¿qué dices? Si aquí, en este edificio, todos viven de la corrupción”, lo que equivalía a decir: “La lucha contra la corrupción es la lucha contra la misma esencia que constituye el cemento de la sociedad boliviana”. Ya en los años 30, el general Toro, que intentó nacionalizar la industria del estaño en manos de los hombres más ricos del mundo (los Aramayo, Patiño, Hostchild, conocidos como “la Rosca”) terminó suicidándose ante la esterilidad de sus esfuerzos. Hoy mismo, cuando escribo estas líneas, el presidente Evo Morales ha cesado a toda la cúpula petrolera del país que él mismo eligió hace sólo seis meses, por haber detectado que, en tan poco espacio de tiempo, ya habían caído en prácticas corruptas… a pesar de que la corrupción era el punto número 1 del programa del MAS. En Bolivia todo se compra y se vende.

Sin ir más lejos, yo compré un pasaporte. Hacerlo en aquella época era solamente un poco más simple que en la actualidad. Hacía falta un cura rural. Bolivia está repleta de misioneros y sacerdotes que ya han perdido la fe y a los que solamente les interesa sobrevivir lo mejor posible. Además, encontré a un sacerdote español que me extendió el certificado de nacimiento gratis. Yo era, a partir de ese momento, “Francisco José Aguilar Sánchez”, nacido en Tarija y “sin arraigo”, es decir, sin domicilio fijo y, por tanto, jamás había tenido documento de identidad ni acreditación alguna. Con ese papel pedí el pasaporte en la Oficina de Migraciones de Santa Cruz de la Sierra. Dado que mi aspecto no era andino, el director de la oficina me lo expidió él mismo a los pocos minutos. Así se obtiene un pasaporte en Bolivia. Personalmente, prefería Santa Cruz a La Paz; es más europea, y, por lo demás, me llamaba la atención que en los primeros años 80 fuera posible ver muchos coches por las calles de la ciudad… sin matrícula. La mayoría eran Volkswagen fabricados en Brasil y se pasaban, cómo no, de contrabando. Lo sorprendente era que una parte sustancial de conductores ni tenía permiso de conducción, ni seguro. De hecho, solamente entre el gremio de taxistas había un grado aceptable de regularización. Bolivia era así. Bolivia no ha cambiado extraordinariamente desde principios de los años 80. La corrupción sigue siendo la “fiesta nacional” por excelencia. Allí todo se compra y se vende. Pasaportes, por ejemplo. O permisos de conducir.

Cuando el 18 julio de 2006 la prensa boliviana publicó que la UE estudiaba reclamar visado para los bolivianos que aspirasen a ingresar al “espacio Schengen”, no hubo excesiva sorpresa. El fatalismo andino ya sugería desde hacía años que, tarde o temprano, la UE adoptaría una medida similar. La migración boliviana había abusado excesivamente de la paciencia (y papanatismo) del gobierno español, así que no hubo excesiva sorpresa. Todo el país sabía que la compra-venta de pasaportes se había convertido en un negocio. El 18 de julio las autoridades europeas constataban que “ciudadanos de países latinoamericanos sometidos a visados, buscan eludir las obligaciones establecidas adquiriendo en forma fraudulenta pasaportes bolivianos”, según el informe emitido por Bruselas, que concluía subrayando “una presión migratoria intensa y persistente de Bolivia”. La petición de visado no sería sólo para Bolivia (si bien era el país que había hecho más méritos para ello), sino que afectaba también a Colombia, Ecuador, Perú, Surinam y Guyana. El ex diplomático de la Embajada de Bolivia en España, Julio Aliaga, manifestó a la prensa de su país que Bolivia es “el único país andino que no requiere visado para entrar al espacio Schengen, gracias a la postura española que en su momento influyó para que los otros países que firmaron este acuerdo aceptaran las condiciones específicas entre España y Bolivia”.

Se añadía en el informe que “la dimensión de política pública tampoco puede ser desechada, ya que las detenciones y condenas de bolivianos están aumentando”. La propuesta podría ser adoptada por los miembros de la Unión Europea y sería válida para los 25 países miembros (excepto el Reino Unido e Irlanda). Hasta ese momento, lo único que tenían que hacer los bolivianos para entrar en Europa era: obtener un pasaporte, pagar el vuelo, llevar dinero suficiente cuando lo comprobaran en la aduana de Barajas o bien mostrar una carta de invitación de un ciudadano español que garantizara que correría con todos sus gastos… Recordemos que éstas eran las mismas normas de ingreso vigentes a finales de los años 80. Entonces España sufrió lo que se consideraba una “invasión” de prostitutas dominicanas (apenas una veintena al día…), pero no había problema: las chicas en el avión se ponían sus mejores galas, se pintaban y repintaban y un español –que jamás las había visto y que en buena medida jamás las volvería a ver- las esperaba en la aduana de Barajas. Cuando les tocaba el turno de mostrar los documentos, el español asumía su “responsabilidad”: “Julia Patricia Verónica es amiga mía y la he invitado a mi casa en la calle tal de tal…”. Y pasaban. Hay cosas que no cambian con el tiempo. A nadie se le escapa que desde 1988 habrán entrado cientos de miles de iberoamericanos con tal estratagema legal. A ningún Ministro del Interior se le ocurrió proponer una variación de una norma que conducía directamente y sin mucho esfuerzo al fraude. Dado que éste parecía un “tema menor”, ninguna cúpula de interior le atribuyó la más mínima importancia. Del goteo se pasó al chorrito y del chorrito al flujo continuado y de éste a la oleada. Y en eso estamos, enviando a Europa a pedir ayuda a la misma vicepresidenta que sólo unos meses antes se disculpaba en Bolivia por la petición de visado para el “espacio Schengen”, como si la cosa no fuera con ella. ¡Qué santa paciencia deben tener las autoridades europeas en materia migratoria con el gobierno ZP!

Dado nuestro patriotismo, vamos a intentar colaborar con el Ministerio del Interior desvelándole aquello que cualquier funcionario consular español destacado en Bolivia, o cualquier policía agregado a la Embajada en La Paz, hubiera podido decirle por teléfono. Le vamos a explicar cómo se trafica y se falsean los pasaportes bolivianos, lo que equivale a decir que es urgente adelantar la petición de visado, so pena de que, en los meses anteriores a la puesta en práctica de la medida, se dispare el “efecto última oportunidad”. Verá, señor ministro…

En primer lugar, es bueno que los funcionarios policiales destacados en Barajas y a cargo de examinar los pasaportes de los ciudadanos bolivianos les miren bien la cara. Desconfíen, por ejemplo, de un individuo que afirma llamarse “Wilson Fernández” y tiene cara de chino… Elemental. Es rigurosamente cierto que en Bolivia existe desde los años veinte una notable comunidad étnica de origen japonés que ha ido creciendo con el paso de las décadas. Japonesa, no china. Además todos saben hablar español correctamente y sin más acento que el andino. Segundo punto: si en la aduana de Barajas los funcionarios tienen alguna duda, la prueba del nueve es preguntarles cualquier cosa. Si ponen cara de no entender nada, es que, en tanto que chinos, desconocen el idioma español. O sea que son chinos por mucho que en su pasaporte expedido legalmente se diga que han nacido en el Beni, en el Pando o en Oruro. El idioma es, también, algo elemental.

En un mundo globalizado, inmigrantes chinos recién salidos de la masa continental china pueden entrar por aquel país en el que las mafias de la inmigración determinen que es más fácil penetrar (España, sin ninguna duda, cuyo régimen de inmigración es el más laxo, apático y perezoso de cualquier país de la Galaxia) y desde qué punto resulta más aconsejable partir (Bolivia, en tanto que se dan dos circunstancias: facilidad para obtener un pasaporte legal pero con datos falseados y ausencia –hasta ahora- de restricciones a la entrada de bolivianos en España). El día que sea más fácil entrar por Surinam porque allí existe un acuerdo con el gobierno inglés que obvia la necesidad del visado y exista una mafieta local que se las ingenie para sacar pasaportes a buen precio, Bolivia pasará a la historia de la inmigración ilegal y el eje se trasladará a Surinam. Esto es la globalización, compañeros…

Y las mafias y mafietas siempre tienen las de ganar: mientras su capacidad de análisis y reacción sea mayor que la de los gobiernos receptores de inmigrantes, la batalla siempre la tendrán perdida los Estados del “primer mundo”. La UE se ha percatado, por ejemplo, de que existe un problema con Bolivia a partir de una serie de signos externos y datos estadísticos que ha tardado años en detectar. La primera patera de la que se tiene noticia (la noticia es curiosa porque entonces se les llama “balseros”, por asimilación con los que intentaban abandonar Cuba), llegó a las costas de Tarifa en el ya lejano 1988. Solamente en 2000, después de los incidentes de El Ejido, empezó a tomarse conciencia de que existía un problema, pero ni aún hoy se ha encontrado la fórmula para resolverlo (y no es tan difícil, basta que exista voluntad política). Así pues, las mafias van por delante de los gobiernos; las primeras se adaptan a las circunstancias cambiantes; a los segundos, en cambio, les cuesta siquiera entender lo que está ocurriendo.

En los últimos tres años, buena parte de los “ciudadanos bolivianos” que entran con pasaporte legal en España no son bolivianos, son chinos. Surrealista, sí, pero no por ello menos cierto. Así entran los chinos en España vía Bolivia. Ajústense los cinturones y de paso pidan explicaciones a la Embajada española en aquel país.

El diario boliviano La Razón contaba a principios de junio de 2005 la historia de Mingshou Xiao, nacido chino, y que se casó con una boliviana para obtener la nacionalidad. A causa de que un funcionario de migración sospechara que uno de los documentos presentados por Mingshou Xiao estaba falsificado, no pudo recabar pasaporte en La Paz, así que utilizó la “fórmula boliviana” para superar el contratiempo. Si al funcionario de la ventanilla de migración le caes mal, te pilla en una falsificación o te pide una mordida demasiado elevada, la solución boliviana es simple: vete a otra ventanilla. Y allí se fue Migshou Xiao. A Oruro con los papeles falsos bajo el brazo. El caso llegó a la prensa y su estallido provocó varias dimisiones y procesamientos, entre ellos el de un senador del MAS, partido gubernamental.

Ahora bien, ¿cómo los ciudadanos chinos consiguen entrar en Bolivia? Respuesta: gracias a los visados concedidos por la oficina consular boliviana en China. Así la entrada es irreprochable: 90 días como turistas y luego prolongaciones de visado hasta que consiguen el pasaporte boliviano y marchan para España. Cuando hay corrupción –y en Bolivia la hay- ninguna institución se salva, ni siquiera una oficina consular.

El 10 de junio de 2006 la prensa boliviana se hizo eco de una noticia preocupante: el canciller David Choquehuanca confirmó al diario boliviano La Razón que el cónsul de Bolivia en Beijing autorizó, de manera irregular, un mínimo de 60 visados a ciudadanos de ese país. La cosa no era nueva, sólo que Choquehuanca venía con ánimos de erradicar la corrupción; declaró: “He recibido varias solicitudes de los parlamentarios, pero les hemos dicho que nosotros no vamos a otorgar visas para los ciudadanos chinos, precisamente para evitar el tráfico de las mismas, como ocurrió en otros gobiernos”. La cosa no era nueva: las oficinas consulares bolivianas en China venían vendiendo pasaportes desde hacía años. Un caso similar se había producido en abril en la ciudad argentina de La Quiaca, donde el pequeño consulado boliviano entregó 90 visados expedidos de forma irregular.

Así pues, ya tenemos dos sistemas de entrada irregular en España: casarse con una boliviana y, por este mero hecho, obtener la nacionalidad y comprar el visado en la oficina consular cuyo titular o cualquiera de sus funcionarios tenga ganas de jubilarse con unos ahorritos. Resulta imposible saber cuántos de los 150.000 “bolivianos” residentes en España son verdaderamente bolivianos. El canciller Choquehuanca, tal como hemos visto, opina que una minoría (40 de cada 100). Las cifras son relativamente inrrelevantes, porque a estas alturas y con todo el respeto que merece la República de Bolivia, parece claro que un pasaporte boliviano no garantiza absolutamente nada, ni siquiera la verdadera identidad del que lo lleva.

Los puestos de aduanero en el Reino de Marruecos se compran y se venden como si de un artículo de lujo se tratase. La inversión realizada se revaloriza pronto. Mientras que en España se invierte en el ladrillo, en el reino alauita la mejor colocación para mi amado hijo sería la de aduanero. En Bolivia, por su parte, debería ser funcionario de migración. Cuando el MAS ganó las últimas elecciones, algunos de sus seguidores ocuparon las oficinas de migración. Es una rara tradición que se da en aquel país: cuando se está seguro de que va a producirse un cambio de gobierno, algunos partidarios del nuevo gobierno asaltan, literalmente, las instituciones a cuyo mandato aspiran: es una forma, algo tosca desde luego, de “tomar posesión”. Se suelen justificar estas “ocupaciones” alegando que se evita que los funcionarios del gobierno anterior saqueen las oficinas, cuando en realidad es una forma de decir en voz bien alta a los nuevos gestores de la res publica: “Quiero que yo y los míos nos hagamos cargo de esa oficina, así podremos disponer de un sobresueldo”. Y claro que lo hacen. A esa práctica se le llama “la pega”. Lo hacían los paramilitares en 1980 y lo hacen los masistas de Evo Morales en 2006. Es una práctica denostada por el MAS, pero algunos de sus afiliados se obstinan en proseguirla. Vidal Quenta, dirigente del MAS, aspiraba a emigrar a España. La forma más directa era ocupar la “pega” de migración en Santa Cruz. Hizo campaña para ocupar las “pegas”, pero esto no gustó a la dirección de su partido. Así que lo expulsaron del mismo. Un diario boliviano comentando la azarosa aventura de Quenta escribe estas líneas reveladoras: “Ha quedado demostrado que conseguir un puesto en la administración pública parece ser la única opción laboral ahora. La otra salida es España, ya sea para el que no consiguió la pega (como Quenta) o para el que fue desplazado”. Ah, por cierto: Quenta no fue expulsado del MAS por realizar las ocupaciones, sino por anunciarlas a bombo y platillo previamente, lo cual chocaba con el programa del MAS… La práctica sigue realizándose en la Bolivia de Evo Morales, todo consiste en no anunciarla previamente y procurar que sea lo más discreta posible.

Si hay una institución corrupta en Bolivia son las agencias de viajes. Sí, lo han oído bien: las “agencias de viajes”. Cuando en un país hasta las agencias de viajes han caído en la corrupción, es cuestión de preocuparse. Aquí ya no se trata de bandas mafiosas, grupos de delincuentes internacionales organizados para favorecer la inmigración ilegal y masiva, no, aquí se trata simplemente de oficinas expendedoras de billetes de avión y reservas hoteleras. El 30 de abril de 2006 leí en “El Mundo” de Bolivia un artículo que me ayudó a comprender la problemática de la inmigración andina. Las agencias de viajes bolivianas trascienden su función para convertirse en las escuelas especializadas en impartir cursos de inmigración ilegal y masiva. En ello van sus beneficios. Se sabe, por ejemplo, que las mafias marroquíes de la inmigración cobran, no sólo por trasladar de uno a otro lado del Estrecho a los ilegales, sino por los servicios anexos que facilitan. El “teléfono de apoyo” es fundamental. Ustedes ven llegar a las costas españoles a legiones de menesterosos, sin ningún patrimonio, con lo puesto. ¿Sin patrimonio?, en realidad tienen un pequeño bien que conservan como su objeto más preciado: un teléfono móvil. Gracias a este aparato están constantemente en contacto con la “agencia mafiosa”: “Estoy en Granada ¿dónde puedo acudir para comer?”. Y la “central” le informa de la institución caritativa más próxima. “Me acaban de detener, enviadme un abogado”, y la “central” se lo envía... habitualmente, por algún canal indefinido, la “central” contacta con alguna ONG “humanitaria” especializada en la ayuda contra los inmigrantes o la educación contra el racismo y la xenofobia. Es la ONG la que suele enviar abogados a los detenidos. Desde España, cuando se nos dice: “los inmigrantes debieron pagar 3000 euros para cruzar el Estrecho”, tenemos tendencia a pensar “3000 euros, ¡qué disparate! Si el viaje no debería de costar más de 100…”. Pero, frecuentemente, olvidamos que lo que las mafias de la inmigración están vendiendo es no sólo el viaje, sino una red de apoyo.

En Bolivia ocurre algo parecido, pero allí no hay, en principio, nada sórdido, reprochable jurídicamente o mafioso: la comisión cobrada por la agencia de viajes no se limita solamente al billete (de hecho un vuelo Bolivia-España no debería de costar más de 600 euros ida y vuelta, cuando en realidad cuesta tres veces más) sino al “cursillo previo” impartido por el propio vendedor de la agencia y que prepara al inmigrante para garantizarle el triunfo en su aventura. Una funcionaria de la agencia boliviana Casa Blanca explica para el diario cruceño “El Mundo”: “por lo menos me tomo 45 minutos para explicarle a los clientes qué y cómo tienen que hacer a la hora de viajar”. Explica que la mayoría de los clientes que se van a España son de escasos recursos, por lo tanto, muchos ni siquiera han subido a un avión. “Les decimos que se vayan vestidos semiformales, sin nada de brillo. Hasta les aconsejamos que se quiten el oro de los dientes porque pueden llamar la atención”, explica la funcionaria. Luego les recomienda contestar a las preguntas que se les haga en la aduana de manera breve y precisa. El cursillo incluye datos sobre la hora en la que deben llegar a los aeropuertos y se les hace saber que el seguro de viajero que compran les puede ayudar en caso de imprevistos.

Una parte importante del cursillo son las instrucciones sobre los requisitos para entrar en España. Como hace quince años con las prostitutas dominicanas, una cuestión fundamental es si se posee o no carta de invitación. ¿Qué se posee? Entonces el cursillo enseña que hay que comprar el pasaje –en la Agencia Casa Blanca, naturalmente, que para eso alecciona-, reservar cinco días en un hotel español (preferentemente de tres estrellas), comprar un seguro médico por 30.000 euros y llevar dinero suficiente para mostrar en la aduana y el consabido pasaporte. Pero si tienen carta de invitación, pueden obviar la reserva del hotel.

Hasta hace poco, la encantadora y didáctica empleada de Casa Blanca explicaba que entrar en París era más seguro porque las autoridades francesas eran conscientes de que los bolivianos no se quedarían allí e ingresarían en España, pero que en los últimos tiempos las cosas se han endurecido en París (Sarkozy llegará a la presidencia de la República o se encaminará a las alcantarillas según sus promesas sobre el control de la inmigración sean o no creíbles) y conviene optar por la vía de Barajas. En el cursillo se indican también los documentos necesarios para obtener el pasaporte y cualquier trámite que sea menester en el Consulado de España. Se indica incluso que la oficina diplomática española está abierta de lunes a viernes en la capital, con un horario de 9:30 a 13:30. Cursillo terminado, venta realizada. ¿Mafias o mafietas, dónde? Todo perfectamente legal, aunque poco ético. Lo que este cursillo no les dice es que si no son admitidos en Barajas o en Orly deben regresar a su país y pierden el dinero invertido en el pasaje.

Al canciller boliviano David Choquehuanca le han caído dos “marrones” que tardará tiempo el lidiar: el primero es el acceso al mar de Bolivia a través de un corredor en el norte de Chile. Allí deberá esmerarse porque es el mismo problema que la diplomacia boliviana arrastra desde hace algo más de un siglo. Es el problema “tradicional”; el problema “moderno”, su segundo problema, son los movimientos migratorios. Choquehuanca reconocía a finales de agosto de 2006 que el 20% de los ciudadanos que viajaban a España con pasaporte boliviano eran peruanos, ecuatorianos, colombianos, dominicanos o, incluso, como hemos visto, chinos. Su segundo de a bordo en la materia, el director del Servicio Nacional de Migración, Weimar Pereira, confirmó al diario El Nuevo Día que “Bolivia está siendo utilizada como puente para viajar al Viejo Continente”, y añadía algún dato: “Hemos advertido la presencia de bolivianos y extranjeros que trabajan en este negocio, incluso estamos investigando a un boliviano que tenía una agencia de viajes en el Ecuador, un negocio que se venía realizando desde hace años. Debemos acabar con este tipo de redes”. Los trucos son muchos y no siempre ilegales: un ecuatoriano entra como turista en Bolivia, al cabo de un año tramita su residencia; para entonces ya se ha casado con una boliviana y ha solicitado esa nacionalidad. A esto le llaman “conversión de estatus migratorio”. La boda, por supuesto, es ficticia.

El 28 de junio de 2006 la prensa boliviana anunciaba la desarticulación de una red de falsificación de documentos descubierta dos semanas antes. La fiscal Vue, que lleva el caso, señaló que este grupo mafioso recibió la ayuda de personal vinculado con la policía, Cortes electorales, Migración, Colegio de Abogados, Caja de Salud, notarios, funcionarios de justicia, etc. A la vista de tantos implicados, el Servicio Nacional de Migración (Senamig) está permanentemente bajo sospecha. De hecho, tres directores generales del Senamig fueron cesados entre mayo y agosto y el gobierno prefirió recuperar el control de las fronteras con el apoyo de las Fuerzas Armadas.

La red desarticulada tenía su centro en una imprenta que realizaba tarjetas, folletos publicitarios y carteles. Pero tras de este negocio, aparentemente inofensivo, operaba una red de falsificadores que, por su alcance, sorprendió incluso a la policía. La policía encontró títulos de bachillerato falsificados, carnés de identidad (incluso con holograma de seguridad), pasaportes, certificados de nacimiento, licencias de conducir, sellos secos de instituciones públicas, juzgados, secretarías de juzgados, Migración; certificados de antecedentes de la Policía, de la Defensoría de la Niñez, tarjetas de propiedad y folios de propiedad de Derechos Reales, formularios de pago de impuestos de la Alcaldía, carátulas notariales, timbres del Colegio de Abogados, pasaportes, visas de EEUU, certificados de notas de la Universidad de San Andrés, timbres del Poder Judicial, títulos de bachiller, libretas de colegio evacuados por el Ministerio de Educación…, “entre otras cosas”, añade la nota de prensa. Lo que traducido quiere decir: “todo en Bolivia, absolutamente todo, es falsificable” y, una vez establecida esta ley, su corolario es: “una parte sustancial de inmigrantes bolivianos llegados a España lo ha hecho con documentos falsos”. Particularmente grave es la falsificación de permisos de conducir a gentes que no han superado las pruebas preceptivas y aspiran a que su documento boliviano se homologue en España…

5. La inmigración boliviana, una inmigración tranquila

No existe un único modelo de carácter en Bolivia. El carácter forjado por el altiplano andino es diferente al del cruceño. Para colmo, el carácter del hombre boliviano suele ser muy diferente que el de la mujer. Hay que decir que, por regla general, el país es muy “telúrico”. La mujer boliviana es una trabajadora infatigable que no sólo trae dinero a casa, sino que administra el de su marido y, además, trabaja en el hogar. La mujer boliviana es la gran emprendedora del país, lo que explica el porqué de que la inmigración boliviana sea única entre todas los contingentes migratorios que llegan a España. En efecto, es el único en el que el porcentaje de mujeres es superior al de hombres. Por lo general, la mujer boliviana se casa pronto, tiene hijos, y hacia los 20 años ya se ha divorciado, como mínimo, una vez.

Recuerdo que un día, paseando por el Paseo del Prado, la avenida más céntrica de La Paz, junto con un amigo argentino, vimos una escena sorprendente. Era al atardecer cuando los ojos parecían no haberse acostumbrado todavía a la ausencia del sol. Estábamos detenidos en un cruce hablando y mi vista se fijó en una pareja que venía hacia nosotros, apenas a 20 metros. Seguí hablando con el argentino, sin dar importancia a la pareja. Pero, bruscamente, me di cuenta de que en sus gestos había algo anómalo; en efecto, él la estaba pegando mientras caminaban, a base de bien. El argentino y yo nos fuimos a directos a ellos para evitar que prosiguiera la agresión (los golpes en el estómago sonaban secos y ella apenas gemía). Cuando el hombre vio que íbamos hacia ellos detuvo el puño y se limitó a decirle a ella: “¿Qué van a decir estos gringos de que tenga a una mujer tan zorra como tu?”… pero entendió perfectamente el mensaje que le transmitimos: “no pegues a tu mujer”. Comentando el incidente con un periodista de El Diario de La Paz me comentó que la violencia de género era endémica en Bolivia, especialmente entre mestizos: “No mueren más mujeres porque Dios es bueno y en su infinita misericordia hace que los bolivianos alcoholizados se pasen desde el viernes al medio día hasta el lunes por la mañana durmiendo y sólo se ponen en pie para beber un poco más”.

El episodio tenía lugar en 1983. Desde entonces las cosas, no solamente no han mejorado, sino que tienden cada día a empeorar un poco más. Alcoholismo y violencia de género son el pan de cada día en la sociedad boliviana. Y es una tragedia, porque aquellas mujeres, les juro que son la principal riqueza del país. En la emigración estos problemas se agudizan. Un columnista de “El Eco de Santa Cruz” escribía no hace mucho: “Los bolivianos padecen una desadaptación cultural por el desconocimiento del mundo al que llegan, el contexto urbano en el que deben vivir y el estilo de vida que encuentran, lo que produce aturdimiento y encerramiento; algunas de las consecuencias son los excesos en los espacios de ocio, embarazos no deseados, disolución y algunas veces pérdida de las relaciones familiares. Hay un grado muy grande de violencia intrafamiliar por ser la mujer la cabeza de familia, situación que no es asumida por los esposos y compañeros”.

La comunidad boliviana es todavía pequeña, a pesar de su rápido crecimiento, en relación, por ejemplo, a la ecuatoriana y a la peruana; pero los tres colectivos de inmigrantes comparten el mismo problema: alcoholismo y violencia doméstica. No es por casualidad que los índices de violencia doméstica se hayan disparado en España desde el año 2000, justo cuando cristalizaba el primer “efecto llamada” generado a raíz de la Ley de Inmigración de 1999, aprobada por todos los partidos menos por el PP (cuando no tenía mayoría absoluta).

Cinthia Dueñas es un nombre que, seguramente, no dirá nada a nuestros lectores. Es el nombre de una muchacha boliviana estrangulada por su novio, también boliviano, Renato Correa, en Gran Canaria. No es el único caso, pero no hemos visto ningún artículo de la Ley sobre Violencia Doméstica que coja al toro por los cuernos y reconozca que uno de los motivos para ser expulsado de España al país de origen es la práctica de esta forma odiosa de agresividad. Parece como si el gobierno temiera excitar la xenofobia y vulnerar lo políticamente correcto, pero en realidad lo que está haciendo es algo mucho más grave: no reconocer la etiología del problema y, por lo tanto, ser incapaz de arbitrar algo más que chapuzas legislativas ad usum delfini, y sin más miras que las electorales.

Salvo en este terreno del alcoholismo y la violencia doméstica en la que la comunidad boliviana brilla con luz propia (una parte de ella, por supuesto, la otra arrostra el sambenito), existe un problema en ciernes que ya ha despuntado en otras comunidades: la educación de los jóvenes. En un informe publicado en junio de 2006 por las “Direcciones Distritales de Educación en Santa Cruz”, la indisciplina en los colegios aumenta considerablemente. Por ello, la Dirección Departamental de Educación preparó dos convenios con la Policía para orientar a los estudiantes de secundaria. En el Distrito Educativo Dos de Santa Cruz se han realizado distintos actos de salvajismo estudiantil que hicieron sonar las alarmas. Un grupo de estudiantes llegó a activar una granada de gas lacrimógeno en su centro de estudios. Para Germán Roca y Arminda Méndez, ambos directores de centros de estudios cruceños, la violencia en los alumnos es el reflejo de la violencia circundante. Y, precisamente, coincidieron en que uno de los factores más importantes para el cambio de actitud en los estudiantes es la migración de los padres que les provoca reacciones violentas y rebeldes.

Así pues, la inmigración genera un nuevo problema cuando el padre, o la madre, o ambos, se van camino de España. Sus hijos se integran en el “frente del rechazo” y subliman su desesperación y falta de cariño en violencia escolar. Eso, por una parte. Por otra, la situación es más grave todavía. Muy frecuentemente, los padres, una vez regularizada su situación en España, se acogen a la “reagrupación familiar” y traen a sus retoños. Pero la situación empieza a ser preocupante también en nuestro país; todos los hombres y mujeres deberían tener un derecho inalienable: nacer, vivir, trabajar y morir en la tierra que les ha visto nacer. La antigüedad clásica, que sabía mucho de la vida, consideraba el destierro como una sentencia, como mínimo igual a la pena de muerte (¿y qué es la inmigración sino una moderna forma de destierro económico?). No es raro, pues, que muchos de los jóvenes bolivianos no se sientan a gusto en España y crean que están “discriminados”. No lo están. Si hay alguna discriminación es la “positiva”. Pueden estudiar gratis, se les concede becas de libros gratis sistemáticamente (no así a los españoles), aunque no trabajen o lo hagan en los circuitos de trabajo negro, nadie les niega la asistencia sanitaria y, si tienen problemas económicos, Caritas y otras muchas instituciones asistenciales les dan mensualmente lotes de alimentos de calidad. Mucho más de lo que reciben en su país. Ahora bien, los más jóvenes no pueden evitar sentirse discriminados: ven a sus padres trabajar constantemente, pero ellos siguen sin tener acceso a los escaparates del consumo. Es la eterna tragedia de la inmigración. Es el “frente del rechazo” trasladado al país anfitrión.

Para colmo, cuando el presidente boliviano dice que tenemos una deuda histórica con su país y que “quinientos años de colonización” (en realidad fueron doscientos cincuenta…) deben “repararse” está excitando ese “frente del rechazo” que surge espontáneamente entre la inmigración boliviana. Cuando el joven boliviano que acaba de llegar a España traído por sus padres y desarraigado de sus amigos y su tierra oye estas palabras, su rechazo irracional surgido de lo más profundo de sus vísceras encuentra justificaciones: “ellos, los españoles, son culpables y deben pagar”. En esto la inmigración boliviana no se diferencia en nada de otros contingentes andinos y colombianos.

Arrojado a un medio que el joven boliviano percibe como hostil, sólo le queda refugiarse en su comunidad pare sentirse fuerte y seguro. Para los más, esa comunidad es una asociación de inmigrantes, los lugares de reunión propios de la inmigración de esa nacionalidad, o bien las bandas étnicas. Quien dice “bandas étnicas” dice delincuencia. El 67% de los 'latinos' detenidos en España es de Ecuador. Le siguen los dominicanos (10,6%), colombianos (9,8%), peruanos (5,3%), y en proporciones menores estadounidenses, venezolanos, salvadoreños y bolivianos… los bolivianos empiezan a estar presentes en las bandas étnicas: ñetas, latin kings, etc. El dato no es como para tomárselo a broma. Las fuerzas de seguridad del Estado no se llaman a engaño: la gravedad de las acciones protagonizadas por estos grupos irá creciendo.

La inmigración boliviana es una “inmigración tranquila”, no hay entre ellos ni bandas de atracadores, ni de tironeros, ni bandas que operan en las autopistas, ni traficantes de cocaína, ni ajustes de cuentas… pero, junto a la violencia doméstica y al alcoholismo endémico, las frustraciones de los hijos de los bolivianos que han venido para trabajar irá emergiendo poco a poco como un problema irresoluble más que ha llegado con la inmigración. No lo percibimos todavía, pero los datos sociológicos no dejan lugar para el optimismo.

6. La tragedia de la inmigración boliviana

Lo repetimos: la Declaración Universal de Derechos Humanos no reconoce un derecho que, sin embargo, se nos antoja fundamental: el derecho a poder ganarse la vida en la propia tierra que nos ha visto nacer. Entre que falta ese derecho y que se olvida otro no menos importante, el derecho a la “seguridad”, sin la cual todos los demás derechos no pueden ejercerse o son simplemente bonitas declaraciones de principios sin aplicación práctica, habría que revisar de nuevo toda la Declaración para la que los años no han pasado en balde.

Esta es la historia de doña Teresa, una mujer verdaderamente existente decidida a seguir peleando por un futuro mejor. La hemos leído en la prensa boliviana y la consideramos edificante y, al mismo tiempo, sintomática. “Quiero dejar de ser pobre y darles un futuro mejor a mis hijos”, dice Teresa. El 7 de junio de 2006 emprendería el viaje a España. Ya tiene trabajo en nuestro país como acompañante de dos ancianas. Se lo buscó una sobrina suya que lleva muchos años en nuestro país. Ella le prestó el dinero para los gastos: “El pasaporte me costó 520 bolivianos y el pasaje 1.525 dólares, además debo tener un monto de dinero para mostrar a los de Migración. Espero poder quedarme unos cuantos años”, señala esperanzada. Luego, prosigue el artículo: “Inmediatamente, se toma la cabeza con ambas manos y por su mejilla le rueda una lágrima. ¿Por qué llora?, le preguntamos. “Lo que más me duele es dejar a mis hijos. No me he separado de ellos nunca”, responde”. Lo repetimos: nadie debería emprender el camino de la emigración por razones económicas. La emigración es una tragedia, tanto para el país que ve como sus mejores hijos emprenden el camino del exilio económico, como para el país anfitrión… porque, a fin de cuentas, el trabajo que va a realizar Teresa lo podría realizar cualquier española situada por razones de edad, fuera del mercado laboral y lejos aún de la edad de la jubilación. Igual que los bolivianos y bolivianas que trabajan en la vendimia o en la recogida de la ciruela y la cereza… No hace mucho, eran los jóvenes estudiantes de vacaciones los que asumían esas tareas para ganar unas pesetejas que nunca vienen mal a lo largo del curso. Hoy nuestros jóvenes parecen fuera de ese mercado laboral… y se apoltronan. No es bueno para nuestra juventud.

Luego está el drama de los que fracasan en su particular “Operación España”. Wilson, un ciudadano boliviano fue rechazado en el aeropuerto del Prat delante de su mujer y de su hija. Había estado preparando el viaje para reunirse con ellas que llevaban ya cuatro años trabajando en nuestro país. Rechazado. Nadie debería exiliarse de su país por razones económicas. Wilson, de regreso a Bolivia, explica a la prensa de su país: “Nos llevan a unos cuartos para interrogarnos como si fuéramos delincuentes, cumplimos los requisitos pero no nos dejan pasar, nos impiden hablar con nuestros familiares, nos torturan porque podemos verlos detrás del vidrio y no podemos hablarles, nos quedamos a un paso de nuestro sueño”. Wilson había hipotecado su vehículo, su refrigerador y algunos otros muebles para comprar su pasaje a Barcelona, gastó 1.600 dólares. Cada día, como si se tratase de una lotería, las aduanas españoles rechazan a un porcentaje mínimo de bolivianos (en torno al 15%)… pero al que le toca, le toca.

La historia de Wilson demuestra que el cursillo dado en las Agencias de Viajes sirve para motivar la compra del pasaje, pero no sirve para mucho más. Los bolivianos llegan convencidos de que llegan a España cumpliendo la normativa. Ignoran –en el cursillo de la Agencia de Viajes no se lo han explicado- que están incumpliendo la ley de extranjería. O prefieren ignorarlo y victimizarse (una actitud típicamente boliviana de la que el presidente Evo Morales es un maestro): “no nos entienden, son racistas, nos rechazan porque somos pobres…”. No, compañero, lo que ocurre es que cuando tú dices que eres turista y no lo eres, cuando llegas como turista sin voluntad de regresar como turista, tú estás engañando a las autoridades españolas. Y si nuestras autoridades perciben el engaño, lo normal es que no te dejen pasar. No hay en ello ni abuso ni prepotencia: lo que hay es un gigantesco drama y un fracaso personal. Lamentable, pero el imperio de la ley debería de ser igual para todos: no solamente para un 15% de desafortunados rechazados y repatriados, sino para el 85% restante, cuya situación es exactamente la misma que la del 15%. Si se hubiera rechazado desde el principio al 100% de los falsos turistas, se habrían ahorrado el 15% diario de dramas y el “efecto llamada” haría años que estaría desactivado.

Los bolivianos, con su presidente al frente, difícilmente pueden achacar a los españoles el calificativo de “racistas”. Si hay alguien racista son precisamente los bolivianos. No lo decimos nosotros, lo dice un artículo publicado el 25 de junio de 2006 en la prensa boliviana. Hay tres dimensiones del racismo en Bolivia: la existente entre la minoría blanca y el resto de las comunidades étnicas; es rigurosamente cierto (y lo comprobamos sobre el terreno) que, por lo general, existe un desprecio del boliviano de raza blanca (una minoría) hacia los mestizos y hacia los indios. Luego existe un racismo entre “cambas” y “collas”, entre paceños y cruceños. Y, finalmente, existe un racismo entre todos ellos y el extranjero. Hay que decir que, en buena medida, estas formas de racismo son bidireccionales. El desprecio es mutuo entre las distintas comunidades indígenas y no digamos entre indios y minoría blanca. Para colmo, con Evo Morales ha irrumpido el indigenismo.

El indigenismo boliviano parte de la base de que los españoles del siglo XVII entraron a saco con las tradiciones bolivianas. Ocultan que en aquella época, los incas no estaban en su mejor momento… Pero es, en cualquier caso, fácil atribuir el fracaso nacional de Bolivia (independiente desde 1825, dentro de poco hará doscientos años…) al “imperialismo español”. El razonamiento del indigenismo boliviano es completamente racista: la élite política boliviana ha sido “blanca”, por tanto, “española”, por tanto, a los doscientos cincuenta años de colonización hay que añadir doscientos años más de neocolonialismo español. Error. La clase dirigente boliviana, blanca o mestiza, nunca tuvo un gran vínculo con España. En Bolivia precisamente no puede hablarse de neocolonialismo español. El hecho de que estén presentes en el país cierto número de empresas españolas no es relevante en un mundo globalizado. También hay empresas brasileñas, sin ir más lejos. Por lo demás, Repsol YPF, El BBVA, el Santander, PRISA, llegaron a Bolivia en los años 90, no antes… cuando Bolivia ya era una democracia sin lo que hasta principios de los años 80 fue el sempiterno “golpismo” local.

Además, los “indígenas” no son un grupo unitario. Lo sabíamos, pero el 15 de junio de 2006 volvimos a tener constancia de ello cuando el presidente Evo Morales, durante un acto indigenista en Quito, fue incapaz de entenderse en quechua con los indígenas ecuatorianos. Su hermano, Hugo Morales (el nepotismo no es un fenómeno que afecte solo al tripartito catalán con los “hermanísimos” situados en los puestos clave de la administración) quiso convencer a los periodistas de que la lengua materna del “hermano presidente” es el aymara, pero que al migrar al Chaparé aprendió quechua. “Pero habla muy bien los tres idiomas”. Falso. Fuentes periodísticas bolivianas indican que Morales tiene “dificultades con el aymara, pero que se expresa mejor en quechua”. El periódico boliviano del que hemos extraído la información se preocupó de investigar al respecto. Uno de los compañeros de Morales en las lides sindicales señaló que su conocimiento del quechua es bajo y que por eso nunca improvisa un discurso en ese idioma, y “sólo lo hace a través del papel”, como el 22 de enero, cuando se hizo cargo de la presidencia. En definitiva, un fraude. Morales no ha hecho otra cosa que apoyarse en las capas étnicas mayoritarias en el electorado boliviano (indígenas) para arrimarse a la presidencia. Ha prometido que los funcionarios públicos deberán conocer las lenguas indígenas… aun cuando sabe perfectamente que no hay maestros para enseñarlas y que estas lenguas no están adaptadas para aprender modernas tecnologías o seguir estudios superiores. Finalmente, ahora resulta que el gran defensor de las culturas indígenas habla con dificultades el aymara y es incapaz de mantener una conversación en quechua con indios ecuatorianos (algo que pudo verse delante de todas las cámaras que asistieron al acto). Su “indigenismo” era solamente una ficha de lectura que otros le habían escrito y él se limitó a leer en el acto de toma de posesión presidencial, sin entender apenas nada. Lo dicho: Evo Morales es un fraude y no es raro que, desde que ha tomado posesión de su cargo, la riada migratoria hacia España haya aumentado exponencialmente. En enero de 2006 se inició algo más que un nuevo período en la historia de Bolivia con la toma de posesión de un indígena, se abrió un nuevo período de despoblación acelerada del país.

En eso, básicamente, consiste la tragedia boliviana. Bolivia, uno de los países más desgraciados del mundo, con una extensión similar a Francia y la Península Ibérica juntas, apenas está poblado por 8 habitantes por kilómetro cuadrado. Desde que en 1983 se restableció la democracia, lejos de superarse las lacras endémicas del país, todas ellas se han agudizado. Desgobierno, incapacidad para afrontar medidas realistas, desidia de las autoridades, niveles de corrupción cada vez mayores, han generado la idea de que la emigración es la única salida para mejorar. Pero esto ha acentuado desequilibrios que ya estaban presentes en la sociedad boliviana. Las familias se rompen, los adolescentes no crecen en un marco adecuado y natural. Aumento de la violencia doméstica y la violencia en las escuelas. El número de niños que viven abandonados en las calles del país ha aumentado hasta el 370% en los últimos 10 años. Sólo en La Paz 10.000 niños de menos de 12 años trabajan en las calles. Para colmo, el SIDA va ganando terreno en toda la América Andina. Si en 2004 se calculaba que estaban infectados en el subcontinente en torno a dos millones, se calcula que en el 2007 lo estarán tres millones y medio. En todos los países iberoamericanos –salvo en Haití- el SIDA ha aumentado en niveles todavía alejados del África Subsahariana, pero muy por detrás de Europa Occidental. La noticia no es buena. Es la guinda que faltaba para coronar un pastel de desgracias nacionales.

La inmigración, en ocasiones, aporta héroes. Es el caso de Max Arriaza, el albañil boliviano que murió en Barcelona después de salvar a cinco personas en el curso de un incendio. Arriaza vivía en la Ciudad Condal sin papeles. Alguien le había engañado.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

Julius Evola: tres textos sobre ética tradicional

Julius Evola: tres textos sobre ética tradicional

 

Infokrisis.- En 1982, el Centro de Estudios Evolianos de Génova, publicó en el nº 3 de sus "Quaderni", tres artículos escritos por Julius Evola en 1942 y 1943. Diez años después, las Edizioni Settimo Sigillo reprodujeron estos textos en un pequeño cuderno titulado (abusivamente, creemos) "Ética Aria". Los tres artículos son: "Rostros del Heroismo", "El derecho a la vida" y "Fidelidad a la propia naturaleza". Las ideas contenidas en estos artículos fueron desarrolladas posteriormente en "Cabalgar el Tigre". Las hemos traducido por primera vez en castellano para los lectores de infokrisis.

 

 I

ROSTROS DEL HEROISMO

Un punto sobre el que a menudo hemos aludido y que en una investigación acerca de la "raza interior" tiene su importancia, se relaciona con el hecho de que, además del morir y del combatir, debe considerarse un "estilo" diferenciado, una diferente aptitud y un diferente sentido propio a la lucha y al sacrificio heroico. Más bien, generalmente, se puede hablar aquí de una escala que varia según los casos, para medir el valor de la vida humana. 

Precisamente los hechos de esta guerra [el texto fue escrito durante la II Guerra Mundial] revelan, a este respecto, contrastes que desearíamos ilustrar brevemente. Nos limitaremos esencialmente a los casos límite, representados, respectivamente, por Rusia y el Japón. 

Subpersonalidad bolchevique 

Que la conducta de guerra de la Rusia soviética no tenga ni lo más mínimo en cuenta la vida humana y la personalidad es algo que ya conocemos. Los bolcheviques reducen sus combatientes a un verdadero "material humano", en el sentido más brutal de esta siniestra expresión que se ha convertido en habitual en cierta literatura militar: un material por el que no se tiene que tener ningún respeto y que, por lo tanto, no hay que titubear a la hora de sacrificarlo de la forma más despiadada donde quiera que haga falta mínimamente. Por lo general, tal como ya se ha resaltado, el ruso siempre ha sabido ir con facilidad al encuentro de la muerte por una especie de innato y oscuro fatalismo; desde hace tiempo la vida humana siempre ha tenido un bajo precio en Rusia. Pero la utilización actual del soldado ruso como "carne de cañón" también es una consecuencia lógica de la concepción bolchevique, que nutre el desprecio más radical por el valor de la personalidad y afirma querer liberar al individuo de las supersticiones y "prejuicios burgueses", es decir, el “yo” y “lo mío”, intento reducirlo a miembro mecanizado de un conjunto colectivo, lo único que se considera vital e importante. 

Sobre esta base se perfila la posibilidad de una forma, que nosotros diríamos "telúrica" y subpersonal del sacrificio y del heroísmo: es el rasgo del hombre colectivo omnipotente y sin rostro. La muerte sobre el campo de batalla del hombre bolchevizado representa para esta vía la fase extrema del proceso de despersonalización y destrucción de cada valor cualitativo y personal, que se encuentra en la base del ideal bolchevique de "civilización". Así puede realizarse verdaderamente lo que, en un libro tristemente famoso, Erich Maria Remarque dio como significado total de la guerra: la trágica irrelevancia del individuo en el hecho bélico, en el cual los puros instintos, las fuerzas elementales desatadas, empujes subpersonales toman ventaja sobre cualquier valor e ideal. Más bien, este dramatismo tampoco se experimenta, porque el sentido de la personalidad ya se ha agotado y cada horizonte superior está previamente cerrado; la colectivización, también del espíritu, ya ha hundido sus raíces en una nueva generación de fanáticos, educada según el verbo de Lenin y Stalin. Se tiene así una forma precisa, casi incomprensible para nuestra mentalidad europea, de predisposición para morir y sacrificarse e, incluso, hasta una siniestra alegría por la destrucción propia y ajena.  

La mística japonesa del combate 

Algunos episodios recientes de la guerra japonesa han hecho conocer un "estilo" del morir que, sin embargo, tiene similitudes con el del hombre bolchevique, para testimoniar, en apariencia, el mismo desprecio por el valor del individuo y, generalmente, de la personalidad. Se sabe, en efecto, de aviadores japoneses que se han precipitado sobre el blanco, deliberadamente, con su carga de bombas, o de “hombres mina” predestinados a morir en su acción. E incluso parece que en Japón se haya organizado desde hace tiempo un cuerpo con estos "voluntarios" de la muerte [NdA: el autor alude a los “kamikazes”]. De nuevo, nos encontramos ante algo poco comprensible para la mentalidad occidental. Sin embargo, si intentamos penetrar en el sentido más íntimo de esta forma extrema de heroísmo, encontramos valores que representan la perfecta antítesis con el "heroísmo telúrico" y sin luz del hombre bolchevique. 

En el caso japonés, las premisas, en efecto, son de carácter rigurosamente religioso, e incluso diríamos mejor ascético y místico. Esto no hay que entenderlo en el sentido más conocido y exterior,  es decir, con la idea de que en Japón la idea religiosa y la idea imperial son una sola y misma idea, y  que el servicio al emperador se identifica con un servicio divino, y el sacrificarse por el Tenno y por el Estado tiene el mismo valor que el sacrificio de un misionero o un mártir, pero en sentido absolutamente activo y combativo. Todo esto es cierto y forma parte de los aspectos de la idea político religiosa japonesa: sin embargo la última y más exacta referencia debe de ser buscada  en un nivel superior, esto es en la visión del mundo y de la vida propia del buddhismo y sobre todo en la escuela Zen, que ha sido definida justamente como la "religión" del samurai, es decir de la casta específicamente guerrera japonesa. 

Tal visión del mundo y de la vida aspira esencialmente a desplazar el sentimiento de uno mismo sobre un plano trascendente, y relativiza el sentido y la realidad del individuo y de su vida terrenal. 

Primer punto: el sentimiento de “venir de lejos". La vida terrenal no es sino un episodio, no empieza ni acaba aquí, tiene causas remotas, es la tensión de una fuerza que se proyectará de otras formas, hasta la liberación suprema. Segundo punto: en relación a eso, se niega la realidad del yo, del yo simplemente humano. La "persona" vuelve a tener el sentido que este término tuvo originariamente en latín, donde equivalía a “máscara” de actores. Es decir, un determinado modo de aparecer, una forma de “manifestación”... Según el Zen, es decir según la religión del samurai, existe algo inaprensible e indomable en la vida, algo infinito, susceptible de asumir infinitas formas, y que simbólicamente se designa como çûnya, es decir "vacío", opuesto a todo aquello que es materialmente consistente y vinculado a una forma. 

Sobre tal base se perfila el sentido de un tipo de heroísmo que puede llamarse en rigor "suprapersonal", en oposición al bolchevique de naturaleza "subpersonal". Se puede tomar la propia vida y arrojarla, con una intensidad extrema, en la certeza de una existencia eterna y la indestructibilidad que, no habiendo tenido principio, tampoco puede tener un fin. Lo que puede parecer extremo para alguna mentalidad occidental, resulta aquí natural, claro y evidente. No se puede hablar tampoco de tragedia sino en un sentido opuesto al  del bolchevismo: no se puede hablar de tragedia a causa de la irrelevancia del individuo y por la posesión de un sentido y de una fuerza que, en la vida, va más allá de la vida. Es un heroísmo que casi podríamos llamar "olímpico." 

Y aquí, de paso, remarcamos la diletante banalidad de quienes han tratado de demostrar, con cuatro renglones, el carácter deletereo que similares puntos de vista -directamente opuestos a quienes suponemos que la existencia terrenal sea única e irrevocable- tendría para la idea de Estado y de servicio al Estado. El Japón representa el más flagrante desmentido para semejantes elucubraciones;  la vehemencia con que, junto a nosotros [NdA: en la época Japón era aliado de Italia en el Pacto Tripartito], Japón conduce una lucha heroica y victoriosa demuestra, sin embargo, el enorme potencial guerrero y espiritual que procede de un sentimiento experimentado de la trascendencia y la superpersonalidad como el que hemos aludido.

La "devotio" romana 

Aquí conviene subrayar que, si en el occidente moderno se reconocen los valores de la persona, ello conduce también a una acentuación, casi supersticiosa, de la importancia de la vida terrenal que luego, al “democratizarse”, dio lugar a los famosos "derechos" del hombre y a una serie de supersticiones sociales, democráticas y humanitarias. Como contrapartida de este aspecto, en absoluto positivo, se ha tendido a otorgar un similar énfasis a la concepción "trágica" -por no decir "prometeica"- algo que, asimismo, equivale a una caída de nivel. 

Debemos, contrariamente a esto, recordar los ideales "olímpicos" de nuestras más antiguas y auténticas tradiciones; así podremos comprender que nuestro heroísmo aristocrático, libre de pasión, se sitúa justo en seres en los que el centro de su vida se sitúa verdaderamente sobre un plano superior, desde el que se lanzan, más allá de cada tragedia, de cada vínculo, de cada angustia, como fuerzas irresistibles. 

Conviene realizar una breve reevocación histórica. Aunque las antiguas tradiciones romanas sean poco conocidas, presentan rasgos similares a aquellos que suponen el don heroico a fondo perdido de la misma persona en nombre del Estado y de los objetivos de la victoria, que hemos visto también aparecer en la mística japonesa del combate. Aludimos al llamado rito de la “devotio”. Las bases de este rito son, naturalmente, sagradas. En él está también presente el sentimiento general del hombre tradicional, de que fuerzas invisibles están actuando tras el mundo visible y de que el hombre, a su vez, puede influir sobre de ellas. 

Según el antiguo ritual romano de la “devotio”, un guerrero, y sobre todo un Jefe, puede facilitar la victoria a través de un misterioso desencadenamiento de fuerzas por el sacrificio deliberado de su persona, realizándose con la voluntad de no salir vivo de la experiencia. Se recuerda la ejecución de este ritual por parte del cónsul Decio en la guerra contra los latinos el 340 A.C., al igual que su repetición -exaltada por Cicerón (Fin. 11, 19, 61; Tusc. 1, 37, 39)- de parte de otros dos representantes de la misma familia. El ritual tuvo un preciso ceremonial suyo que atestigua la perfecta conciencia y lucidez de esta ofrenda heroica sacrificial. Según el orden jerárquico, fueron invocadas inicialmente las divinidades olímpicas del Estado romano, Jano, Júpiter, Quirino; luego el dios de la guerra, Pater Mars; luego los dioses indigetas, "dioses que tenéis potencia sobre los héroes y sobre los enemigos"; en nombre del sacrificio que se propone cumplir, se invocó "conceder fuerza y victoria al pueblo romano de los Quiriti y de arrollar con terror, susto y muerte a los enemigos de nuestro pueblo" (cfr. Livío, VIII, 9). Propuestas por el pontifex, las palabras de esta fórmula son pronunciadas por el guerrero, revestido por la praetesta, con un pie sobre una jabalina. Después de que  se lanzase al combate para morir. 

La transformación del sentido de la palabra devotio es, asimismo, significativa. Aplicada originariamente a este orden de ideas, es decir a una acción heroica, sacrificial y evocadora, en el Bajo Imperio significó la simple fidelidad del ciudadano y hasta el esmero en el pago de la hacienda (devotio rei annonariae). Según las palabras de Bouché Lequerq, al final, "al ser reemplazado el César por el Dios cristiano, “devotio” pasó a significar simple religiosidad, la fe dispuesta para todos los sacrificios y, más tarde, una posterior degeneración de la expresión, convirtió a la “devotio” en “devoción”, en el sentido actual de la palabra, es decir, una preocupación constante por la salvación, afirmada en una práctica minuciosa y recta del culto." 

En la antigua “devotio” romana tenemos, pues, signos bien precisos de una mística consciente del heroísmo y del sacrificio, próxima a una estrecha conexión entre el sentimiento de una realidad sobrenatural y suprahumana y la lucha y la dedicación en nombre del propio Jefe, del justo Estado y de la misma raza. No faltan testimonios acerca de un sentimiento "olímpico" del combate y de la victoria en nuestras antiguas tradiciones. De eso nos hemos ocupado extensamente en otro lugar [NdA: especialmente en “Rivolta contro il mondo moderno”]. Sólo recordamos ahora que en la ceremonia del triunfo el “duce” victorioso asumía en Roma las insignias del dios olímpico, expresando la verdadera fuerza que en él determinaba la victoria; recordaremos también que más allá del César mortal, la romanidad veneró al César como un "vencedor perenne", es decir como una especie de fuerza suprapersonal de los destinos del Imperio. 

Así, si en los tiempos posteriores han prevalecido otras experiencias, las tradiciones más antiguas nos demuestran que el ideal de un heroísmo "olímpico" también ha sido un ideal nuestro, que también nuestra gente ha conocido la ofrenda absoluta, la consumición de toda una existencia en una fuerza arrojada contra el enemigo hasta el límite de evocación de fuerzas abisales; una victoria, por fin, que transfigura y propicia participaciones en potencias suprapersonales. Así también sobre la base de nuestro legado ancestral se perfilan puntos de referencia en radical oposición al heroísmo subpersonal y colectivista que hemos indicado al principio, y también a cada visión trágica e irracional, que ignora aquello que es más fuerte que el fuego y el hierro, que la muerte y la vida. 

 

Publicado en la sección “Diorama mensile” de la revista “Il Regime Fascista”, 19 de abril de 1942.

(c) Fundazione Julius Evola.

(c) Edizioni Il Settimo Sigillo

(c) Por la traducción en lengua española: Ernesto Milà - infokrisis

 

 

II

EL DERECHO SOBRE LA VIDA

Queremos tratar aquí, brevemente, no sobre el derecho sobre la vida en general, sino sobre el derecho sobre la misma vida, según la transposición de la antigua fórmula ius vitaes necisque, que equivaldría a la potestad de aceptar la existencia humana o bien de ponerle fin. 

Vamos a considerar este problema desde el punto de vista puramente espiritual, por tanto nos situaremos más allá de las consideraciones de carácter social. Debe pues entenderse esta responsabilidad frente a uno mismo, en lugar de restringirla a los estrechos horizontes de la vida individual, considerando el sentido general de la propia existencia terrestre y superterrestre. Nuestras consideraciones se mantendrán igualmente alejadas de cualquier referencia de carácter devocional, de un plano condicionado y poco iluminado, al que habitualmente se alude. Aspiramos a mantenernos fieles a criterios propios de un realismo de carácter superior. 

La vista de Séneca 

Sobre tal plano, la forma más severa y viril en la que se ha afirmado el derecho absoluto a disponer de la propia vida, ha sido afirmado por el estoicismo, especialmente en las formulaciones de Séneca. En los puntos de vista de esa filosofía se percibe –a ojos de muchos- un espíritu típico, no sólo romano, sino también ario-romano, aun cuando se vea limitado por cierto entumecimiento y exasperación. 

Para entender el alcance del punto de vista de Séneca -y, en general, la esencia de las ideas que aquí queremos exponer- hace falta condenar cualquier justificación del derecho a quitarse la vida, en casos en los que intervenga un motivo pasional. El hombre que se suicida impulsado por un sentimiento pasional es digno de ser condenado y despreciado. Es un vencido, un derrotado. Su acto de suicidio solamente atestigua su pasividad, su incapacidad para afirmarse y responder a los impulsos de la vida sensitiva, por encima de la cual es preciso situarse para poder considerarse verdaderamente hombre. No vale la pena, pues, dedicar ninguna línea a estos casos. 

La justificación de Séneca del derecho a suicidarse, en cambio, es interesante porque se sitúa, decididamente, más allá de ese plano. La visión general de la vida de Séneca y el estoicismo romano se basa en la idea de que la vida es una lucha y una prueba. Según Séneca, el hombre verdadero está por encima de los mismos dioses porque éstos, por naturaleza, no están expuestos a la adversidad y la desgracia, mientras que el ser humano sí está expuesto a ellas y, por tanto, tiene el poder de triunfar. Infeliz no es quien ha conocido la desgracia y el dolor, nos dice Séneca, porque no ha tenido ocasión de experimentar y de conocer su propia fuerza. A los hombres les ha sido concedido algo más que estar exentos de males: se les ha dado la fuerza para triunfar sobre ellos. Y las personas más golpeadas por el destino deben ser consideradas como las más dignas, de la misma forma que durante las batallas se encomienda la defensa de las posiciones más expuestas y difíciles y las misiones más peligrosas a los elementos más fuertes y calificados, mientras que los menos osados, atrevidos y fuertes son destinados a la retaguardia. 

Ahora, cerca de la más precisa afirmación de una parecida visión viril y combativa de la vida, Séneca justifica el matarse. La justificación la pone en boca de la divinidad en De providentia, VI, 7-9, cuando escribe que no sólo se ha concedido al hombre verdadero, al sabio, una fuerza más fuerte que cualquier contingencia, sino que se le ha dado la posibilidad de abandonar el terreno de juego cuando lo desee: la vía de "salida" está siempre abierta, pater exitus. "Cuando no queráis combatir, siempre os es posible la retirada. Nada os ha sido dado más fácil que morir." 

Enseñanzas arias

La expresión “si pugnare no vultis, licet fugere”, aludía a la muerte voluntaria que el sabio tenía derecho a darse a mismo, en el espíritu del texto no debe ser entendida como una cobardía, en tanto que fuga. No se trata de apartarse de la vida porque uno no se siente lo bastante fuerte como para afrontarla como prueba. Implica, por el contrario, decir basta a un juego cuyo sentido ya no se comparte, tras haberse demostrado a sí mismo tener la capacidad para superar pruebas similares o parecidas. Se trata de una “separación de la vida” fría, casi podríamos decir “olímpica”, realizada por quien no se ha dejado dominar por los elementos que han ido apareciendo en su vida. 

En las antiguas tradiciones arias se encuentran justificaciones para "salir" voluntariamente de la vida terrenal, con evidentes afinidades a la vía del estoicismo romano. Allí donde se ha renunciado a la vida en nombre de la vida misma, es decir, cuando algo nos impide gozar o encontrar satisfacción (una carencia, una situación personal desesperada, un desengaño, un fracaso) el suicidio es condenado sin paliativos. En tales casos, este acto no significa una “liberación”, sino justo lo contrario: la forma más extrema, aunque bajo la apariencia de un rechazo, de apego a la vida, de dependencia de la vida y de los "deseos". Ningún "más allá" espera a quien utiliza tal violencia contra sí mismo; la ley de una existencia sin “luz”, de paz y de estabilidad, se reafirmará una vez en torno a quien haya optado por esta vía. 

Tendría, en cambio, derecho a poner fin a la vida terrenal quien permaneciera en una situación de distanciamiento y separación frente a la vida, hasta el punto de que le daría igual vivir o no-vivir. En esos casos, se podría plantear la pregunta de qué es lo que movería a una persona en tal coyuntura interior a asumir la iniciativa del suicidio. Tanto más por el hecho de que quien ha alcanzado tal estado de perfección interior no ha cogido también, en alguna medida, el sentido superpersonal de su existencia en la tierra, sintiendo, en igual tiempo, que el conjunto de esta misma existencia no es sino un breve tránsito, un episodio, el aparecer por una fecha, misión o prueba particular; un viaje durante las horas "por la noche", como dicen los Orientales. Advertir un aburrimiento absoluto, una impaciencia o una intolerancia ante el paso del tiempo y lo que todavía tenemos por delante ¿acaso no sería un resto humano, una debilidad, algo todavía no “resuelto" y todavía no aplacado por el sentido de la eternidad o, al menos, por las "grandes distancias" no-terrenales y no-temporales?

¿Es “mía” la vida?  

Dicho esto, hay otra consideración de principio que es posible realizar. Se puede tener realmente derecho sólo sobre aquello que nos pertenece. El derecho a dar fin a la propia vida está condicionado, por lo tanto, a que esta vida pueda ser verdaderamente “mía”. Y hablando de "vida", no podemos reducirla solamente al cuerpo, el organismo físico-psíquico sobre el que,  generalmente, se juzga que se tiene el derecho de poner término a su duración; ni se tiene que excluir la misma vida de los sentimientos y las sensaciones. 

Ahora, en términos absolutos, ¿puede decirse que, verdaderamente, todo eso es "mío" o se refiere a "yo mismo"?. Aquí cada cual se forja sus propias ilusiones que, sin embargo, un instante de reflexión basta para disipar. Un texto de la tradición aria sitúa el problema de modo muy tangible en forma de diálogo. El sabio pregunta: “¿Tiene un soberano poder para ejecutar, exiliar o amnistiar a quién quiera en su reino"? -"Ciertamente". "Que piensas entonces sobre esto: ¿el cuerpo soy yo mismo? O también, qué dices: ¿La sensación soy yo mismo, la percepción soy yo mismo, puede realizarse este deseo: Así debe ser mi sensación o percepción, así no debe ser?” La respuesta del interrogatorio debe ser por fuerza negativa. No se puede hablar de "mi cuerpo" o de "mi vida", porque entonces debería tratarse de cosas sobre las que no tengo poder, mientras que, de hecho, tal poder o es nulo, o bien mínimo. No es el principio y la causa de "nuestra" vida aquello que nosotros recibimos, sino que en las antiguas tradiciones arias todo esto es considerado como un "préstamo" que va parejo al deber restituir a otro tal vida, engendrando a un hijo. De aquí que el primogénito fuera llamado "el hijo del deber." 

Por lo demás, allá donde la vida fuera de nuestra propiedad, debería ser posible separarse de la existencia terrenal a través de un puro acto del espíritu o la voluntad, sin acciones violentas exteriores, algo imposible para la casi totalidad de los hombres, porque sólo algunas tradiciones antiguas consideraron la posibilidad de una "salida" de este tipo en figuras absolutamente excepcionales. Suicidándose y matando al cuerpo físico se ejerce, por tanto, violencia sobre algo que no puede decirse que sea nuestro, algo que no depende de nosotros mismos, algo sobre lo que no puede decirse que tengamos, en derecho, jus vitae necisque: menos incluso que sobre los propios hijos que, al menos, han sido engendrados por nosotros. 

Aquí sin embargo puede presentarse una objeción. Puede decirse que, precisamente porque no hemos querido ni creado nuestra vida, no estamos obligados a aceptar o conservar en todos los casos este “préstamo” o “regalo” y, por tanto, en un momento determinado tenemos el derecho a ponerle fin. Para aceptar este razonamiento, naturalmente, deberemos presuponer que se ha realizado la condición ya señalada, es decir, que se ha operado un distanciamiento con la vida misma, capaz de demostrarse asimismo con pruebas positivas y no con simples palabras o sugestiones. De otra forma, considerar la vida como algo extraño que se puede conservar o devolver a quien sin nuestro consentimiento nos la ha dado, sería una simple ficción mental. Así pues, seguimos en el terreno aplicable solo a casos excepcionales. 

Pruebas de reacción sobre el destino 

La solución de la dificultad está condicionada por los puntos de vista que derivan de la visión general del mundo. La  mayor parte de los occidentales modernos, a causa de la religión predominante, se han acostumbrado a considerar el nacimiento físico como el principio de su vida. Para ellos el problema, naturalmente, es bastante grave, porque allí dónde el nacimiento, y por tanto la vida terrenal, no son consideradas como efecto de una causa o de una confluencia de circunstancias externas, el nacimiento queda vinculado únicamente a la voluntad divina. 

Tanto en un caso como en el otro, la voluntad propia no juega ningún papel, por lo que, allí dónde no se sea lo suficientemente devoto para aceptar la vida por amor de Dios, con resignación y obediencia, puede aparecer siempre la actitud de quien reivindica la misma libertad frente a lo que él no ha deseado. 

Pero el examen de la mayor parte de las más antiguas tradiciones indoeuropeas no coinciden con este punto de vista. Afirmaban, inicialmente, una preexistencia con respecto a la vida terrenal y una relación de causa y efecto -a veces incluso de elección-, entre la fuerza preexistente al nacimiento físico y la misma vida. Ésta, en tal caso, no pudiendo ser atribuida a una voluntad exterior y humana del individuo, va a representar un orden penetrado por un determinado sentido, algo que tiene su significado para el Yo, como una serie de experiencias importantes no en sí mismos, sino respecto a nuestra realización. En una palabra, entonces aquí abajo la vida ya no es más una casualidad, sino que más bien puede considerarse como algo a aceptar o rechazar según mi libre albedrío, ni como una realidad que se impone, frente a la que solamente puede permanecerse pasivo, bien con una resignación obtusa o manifestando una constante resistencia. Surge en cambio la sensación de que la vida terrenal es algo sobre lo que nosotros, antes de ser seres terrenales, nos hemos, por así decirlo, "comprometido" y, en cierta medida, implicado, incluso como en una aventura o como en una misión o una elección, asumiendo los aspectos problemáticos y trágicos de la misma. 

Es difícil que esta superioridad o, también, sencillamente aquel distanciamiento frente a la vida, que permitiría arrojarla no se acompañe, como ya hemos señalado, de un sentido a la existencia; el cual, en muy pocos casos, induciría a comprender la decisión de “acabar” con ella. Todos sabemos que antes o después el fin vendrá, por lo tanto, la actitud más sabia frente a las contingencias sería descubrir el sentido oculto, la parte que tiene en el todo, que en el fondo -según el punto de vista señalado- se basa en nosotros y está contenido en nuestro deseo de trascendencia. Y allí dónde fuera sincera y decisiva nuestra impaciencia ante lo eterno, por conocer la existencia más allá de la terrenal, daría sentido a la frase de una mística española: “en tan alta vida espero, que muero porque no muero”; a partir de ese momento, se concibe la vida como prueba, en lugar de interrumpirla con una intervención directa y violenta. Mediante las intervenciones heroicas en un conflicto bélico, o en las ascensiones en alta montaña, o en exploraciones y misiones arriesgadas, hay miles de posibilidades para interrogar a la vida sobre el “destino” y obtener respuestas sobre las razones profundas para proseguir aquí una vida humana. 

 

Publicado en la sección “Diorama mensile” de la revista “Il Regime Fascista”, 17 de mayo de 1942.

(c) Fundazione Julius Evola.

(c) Edizioni Il Settimo Sigillo

(c) Por la traducción en lengua española: Ernesto Milà - infokrisis

 

 

III

FIDELIDAD A LA PROPIA NATURALEZA

 

Hoy más que nunca sería preciso comprender que incluso los problemas sociales, en su esencia, siempre remiten a problemas problemas éticos y de visión general de la vida. Quien aspira a solucionar los problemas sociales sobre un plano puramente técnico, sería como si un médico únicamente se dedicara a combatir los síntomas epidérmicos de un mal, en lugar de indagar y llegar hasta la raíz profunda del problema. La mayor parte de las crisis, de los desórdenes, de los desequilibrios que caracterizan a la sociedad occidental moderna si bien, en parte, dependen de factores materiales, al menos en la misma medida también dependen de la silenciosa sustitución de una visión general de la vida a otra, de una nueva aptitud con respecto a sí mismos y a la propia suerte, celebrada como una conquista, cuando en realidad supone una desviación y una degeneración. 

En el orden de cosas que aquí queremos tratar, tiene un relieve particular la oposición existente entre la ética “activista” e individualista moderna y la doctrina tradicional y su espacio dedicado a la “propia naturaleza".  

En todas las civilizaciones tradicionales -aquéllas que la vacua presunción "historicista" considera "superadas" y que la ideología masónica juzga "obscurantistas"- el principio de la igualdad de la naturaleza humana siempre fue ignorado y considerado como una visible aberración. Cada ser tiene, con el nacimiento, una "naturaleza propia", lo que equivale a decir un rostro, una cualidad, una personalidad, siempre más o menos diferenciada. Según las más antiguas enseñanzas arias y también clásicas, esto no fue “casual”, sino que se considera como efecto de una especie de elección o determinación anterior al mismo estado humano de existencia. La constatación de la "propia naturaleza" no fue nunca el producto de la suerte o del azar. Se nace incontestablemente con ciertas tendencias, con ciertas vocaciones e inclinaciones, en ocasiones sin que sean patentes ni precisas, pero que afloran y salen a la superficie en determinadas circunstancias o pruebas. Frente a este elemento innato y distinto en cada uno de nosotros, ligado al nacimiento, si no incluso -como sugieren las enseñanzas ya señaladas- a algo que viene de más lejos, e incluso que precede el mismo nacimiento, cada uno tiene un margen de libertad. 

Y he aquí que se presenta la oposición entre las “vías” y las “éticas”: las primeras son tradicionales, las segundas son "modernas". El punto esencial de la ética tradicional es “ser uno mismo y permanecer fiel a uno mismo”. Es preciso reconocer y querer lo que se es, en vez de intentar realizarse de manera diferente a lo que se es. Eso no significa para nada pasividad y quietismo. Ser uno mismo siempre es, en cierta medida, una tarea, una forma de "mantenerse firme". Implica una fuerza, una determinación, un desarrollo. Pero esta fuerza, esta determinación, este desarrollo, tiene una base, amplía las predisposiciones innatas, se relaciona con un tipo de carácter, se manifiesta con rasgos de armonía, de coherencia consigo mismo. De organicidad, en definitiva. El hombre se va construyendo, es decir, va pasando a ser “de una pieza”. Sus energías son dirigidas a potenciar y refinar su naturaleza y su carácter, a defenderlo contra cada tendencia extraña, contra cada influencia que pretenda alterarlo. 

Así la antigua sabiduría formuló principios como éste: "Si los hombres hacen una norma de acción no conforme a su naturaleza, no deberá ser considerada como norma de acción". Y también: "Mejor cumplir el propio deber aunque de forma imperfecta, que el deber de otro bien ejecutado. La muerte en cumplir el propio deber es preferible; el deber de otro tiene grandes peligros". Esta fidelidad al propio modo de ser ascendió hasta alcanzar un valor religioso: "El hombre alcanza la perfección –se dice en un antiguo texto ario- adorando a aquel del cual proceden todos los vivientes y que penetra todo el universo, a través del cumplimiento del propio modo de ser". Y, finalmente: “Siempre haz lo que tenga que ser hecho, de conformidad con tu propia naturaleza, sin experimentar apego, porque el hombre que actúa con desinterés activo alcanza al Supremo"

Todo esto se ha convertido en horrible e insoportable para la civilización moderna, especialmente cuando se hace alusión al régimen de castas. Pero se elude completamente hablar de castas y casi no se habla siquiera de "clases" y apenas se realizan alusión a "categorías sociales". Hoy se hacen saltar los "compartimentos estancos" y se "va hacia el pueblo"... Tales prejuicios son el fruto de la ignorancia y, a lo sumo, se explican por el hecho de que, en lugar de considerar los principios de un sistema, se pasa a formas extraviadas, vacías o degeneradas del mismo. Hay que recordar que la "casta", en sentido tradicional, no tiene absolutamente nada que ver con las "clases"; la clase es una distribución completamente artificial realizada sobre una base esencialmente materialista y economicista, mientras que las castas se relacionan con la teoría de la “propia naturaleza” y la ética de la fidelidad a la naturaleza propia.  

Por esta razón -en segundo lugar- frecuentemente aparece un régimen de castas de hecho, sin fundamentación doctrinal y, por lo tanto, sin que tampoco fuera usada la palabra "casta" o una palabra parecida: como en cierta medida ocurrió durante la Edad Media. 

Reconociendo la misma naturaleza, el hombre tradicional también reconoció su "lugar", su función y las justas relaciones de superioridad e inferioridad. Las castas o los equivalentes de las castas, antes de definir grupos sociales, definieron funciones, modos típicos de ser y de actuar. El hecho de que la casta  correspondiera a las tendencias innatas y aceptadas y a la naturaleza propia de los individuos a estas funciones, determinó su pertenencia a la casta correspondiente, de modo que, en los deberes propios a su casta, cada uno pudo reconocer el cumplimiento normal de su propia naturaleza. Por eso, en el mundo tradicional, el régimen de las castas tuvo una calma y una serenidad institucional, evidente a los ojos de todos, y no se asentó sobre ningún exclusivismo,  ni sobre abusos de autoridad o sobre la voluntad de unos pocos. En el fondo, el principio romano bien conocido “suum cuique tribuere” remite exactamente a la misma idea: a cada uno lo suyo. En tanto que los seres eran considerados fundamentalmente desiguales, resulta absurdo que todo fuera accesible a todos y a cada uno; se consideraba que cada casta tenía sus elementos y leyes adecuadas a su función específica. No tenerlas implicaba una desnaturalización y una deformación. 

Las dificultades que surgen en quienes viven en las condiciones actuales -muy diferentes del sistema que estamos describiendo- se relaciones con individuos que manifiestan vocaciones y dotes diferentes a las del grupo en el que se encuentran por nacimiento y tradición. En un mundo “normal”, esto es, tradicional, tales casos son una excepción y ello por una razón precisa: porque en aquellos tiempos los valores de sangre, de raza y de familia fueron reconocidos de forma natural y por ello se realizaba, en gran medida, una continuidad biológica hereditaria, vocacional, de cualificaciones y de tradiciones. Precisamente, ésta es la contrapartida de la ética de ser uno mismo: reducir a lo mínimo la posibilidad de que el nacimiento sea verdaderamente una casualidad y que el individuo se encuentre desarraigado, en disonancia con su entorno, con su familia, e incluso consigo mismo, con el propio cuerpo y la propia raza. Además, hay que señalar que el factor materialista y utilitario en estas civilizaciones y sociedades estuvo notablemente reducido y estaba subordinado a valores más altos, íntimamente experimentados. Nada parecía como más digno que seguir a la propia actividad natural, la vocación que realmente estuviera conforme al propio modo de ser, por humilde o modesta que fuera: hasta tal punto, que pudo concebirse que quien se mantenía conforme a su propia función y seguía la ley de la casta, cumplía con impersonalidad y pureza los deberes a ella inherentes, tenía la misma dignidad que el miembro de cualquier casta "superior": un artesano, igual a un miembro de la aristocracia guerrera o un príncipe.  

De aquí también procede aquel sentido de dignidad, de calidad y de diligencia que se ha descubierto en todas las organizaciones y profesiones tradicionales; de aquí aquel estilo que hacía que un herrero, un carpintero o un zapatero no se presentaran como hombres embrutecidos por su condición sino casi como los "Señores"; personas que libremente tuvieron elección y ejercieron su actividad con amor y entrega, siempre dándole una huella personal y cualitativa, manteniéndose desapegados de la pura preocupación por las ganancias y los beneficios.              

El mundo "moderno", sin embargo, ha optado por seguir el principio opuesto, la vía de un olvido sistemático de la naturaleza propia, la vía del individualismo, del "activismo" y del arribismo. El ideal ya no es más ser aquello que realmente se es, sino "construirse", aplicarse a cada actividad, al azar, o bien por consideraciones completamente utilitarias. No es actuar con fidelidad y pureza al propio ser, sino usar todas las energías para ser lo que no se es. El individualismo está en la base de tales puntos de vista, es decir, el hombre atomizado, sin nombre, sin raza y, sin tradición, ha pregonado, lógicamente, la pretensión de la igualdad, ha reivindicado el derecho a poder ser todo lo que cualquier otro también puede ser, y no ha querido reconocer diferencia más verdadera y justa que la construida por sí mismo, artificialmente, en el seno de una una civilización materializada y secularizada. Como sabemos, esta desviación ha llegado al límite en los países anglosajones y puritanos. Haciendo frente común a la Ilustración masónica, la democracia y el liberalismo, se ha alcanzado un punto en que para muchos, cada diferencia innata y natural aparece como un feo elemento "naturalista", cada vista tradicional es juzgada oscurantista y anacrónica y no se oye más que la absurda idea de que todo esté abierto a todos, que se tengan iguales derechos e iguales deberes, que valga una única moral, común para todos, que debería incluso imponerse, permaneciendo no ya indiferentes, sino hostiles por las naturalezas individuales y las diferentes dignidades. De aquí, también, procede todo antirracismo, la denegación de los valores de la sangre o de la familia concebida tradicionalmente. En rigor podríamos hablar, sin eufemismos, de una real "civilización" compuesta por "excluidos de las casta", de parias felices de su condición. 

Precisamente en el marco de tal pseudocivilización surgen las clases, grupos sociales que no tienen nada que ver con las castas, carentes de base orgánica y verdadero sentido tradicional. Las clases son agrupaciones sociales artificiales, determinadas por factores extrínsecos y casi siempre materialistas. La clase, casi siempre, tiene una base individualista; es el "lugar" que recoge a todos los que han alcanzado una misma posición social, con independencia de aquello que por naturaleza realmente son. Estas agrupaciones artificiales tienden luego a cristalizar, engendrando tensiones interclasistas. En la disgregación propia a este tipo de "civilización", también produce la degradación de las "artes" que se convierten en simple "trabajo", el antiguo artífice o artesano se convierte en el "obrero" proletarizado, cuya tarea únicamente sirve como medio para obtener un jornal, que sabe sólo pensar en términos de "sueldos" y "horas de trabajo" y, poco a poco, va a despertar en su interior necesidades artificiales, ambiciones y resentimientos, puesto que las "clases superiores", finalmente, no muestran ningún rasgo que justifique su superioridad sino, tan solo, una mayor posesión de bienes materiales. Por tanto, la lucha de clase es una de las consecuencias extremas de una sociedad que se ha desnaturalizado y ha considerado tal proceso, el desconocimiento de la propia naturaleza y la pérdida de la tradición, como una conquista y como un progreso. 

También aquí se puede considerar una perspectiva racial. La ética individualista corresponde indudablemente a un estado de mezcla de los linajes, en la misma medida en que la ética de ser uno mismo corresponde, en cambio, a un estado de pureza racial predominante. Allí dónde las sangres se cruzan, las vocaciones se confunden y cada vez resulta más difícil ver claramente la propia naturaleza, crece cada vez más la volubilidad interior, señal inequívoca de la falta de verdaderas raíces. Las mezclas étnicas propician el surgir y el potenciarse como conciencia del hombre como individuo, también favorecen todo lo que es actividad "libre", "creativa", en sentido anárquico, "habilidad" irónica, "inteligencia" en sentido racionalista o estérilmente crítico: todo eso, a expensas de las calidades de carácter, de una debilitación del sentimiento de la dignidad, del honor, de la verdad, de la rectitud, de la lealtad. Se determina así también a nivel espiritual una situación oblicua y caótica, que para muchos de nuestros contemporáneos resulta normal; por ello, los casos de individuos llenos de contradicciones, que ignoran lo que significa vivir, que no saben lo que quieren, más allá de los bienes materiales, en contraste con la tradición, el nacimiento y su destino natural, ya no aparecen como anomalías, sino como si se tratara del orden natural de las cosas, que refutaría y demostraría lo artificial, absurdo y opresivo de la tradición, la raza y el nacimiento. 

Los que aluden habitualmente a problemas sociales y predican “justicia social”, deberían preocuparse más intensamente de los problemas éticos y de la visión general de la vida, si desean tener éxito en la lucha contra los males que, de buena fe, combaten.

El punto de partida de un proceso de rectificación no puede partir de la absurda idea clasista, sino de su superación a través de una vuelta a la ética de la fidelidad a la naturaleza propia y por lo tanto a un sistema social bien distinto y articulado. A menudo hemos dicho que el marxismo no ha surgido porque existiera una real indigencia proletaria, sino al revés: es el marxismo quien ha creado una clase social, la clase obrera proletarizada por desnaturalización, llena de resentimiento y de ambiciones contra natura. Las formas más externas del mal de combatirse pueden curarse con la "justicia social", en el sentido de una distribución de los bienes materiales más equitativa que la actual; pero estas medidas nunca alcanzarán a la raíz interior, si no se actúa enérgicamente afirmando una visión general de la vida; si no se despierta el amor por la calidad, la personalidad y la naturaleza propia; si no se devuelve su prestigio al principio, desconocido solamente en los tiempos "modernos", de una justa diferencia conforme a la realidad y si de tal principio no se extraen, en todos los terrenos, las justas consecuencias respecto al tipo de civilización que prevalece en el mundo moderno. 

 

Publicado en “La Vita Italia” marzo de 1943.

(c) Fundazione Julius Evola.

(c) Edizioni Il Settimo Sigillo

(c) Por la traducción en lengua española: Ernesto Milà – infokrisis

 

Marathon-film (XIII de XIV): “Azul oscuro, casi negro”, reconciliándonos con el cine español

Marathon-film (XIII de XIV): “Azul oscuro, casi negro”, reconciliándonos con el cine español

 

Infokrisis.- Esta es la película que el cine español va a pasear en los próximos festivales internacionales. No es una mala película. De todas formas se da la paradójica circunstancia de que la cinta la salvan los actores secundarios. Y ni siquiera la historia central es la que más llama la atención. Una película aceptable cuyo director, de no dormirse, se irá curtiendo en próximas producciones.

De la “comedia madrileña” a la “tragicomedia española”

Sería difícil encuadrar esta película en un género concreto. Algunos la han considerado una tragedia, sin embargo es frecuente que durante la proyección se nos escape alguna sonrisa e incluso algo más que una sonrisa. No es, desde luego, una película cómica, así que podemos encuadrarla dentro del género de tragicomedia.

En algunos momentos esta película nos recordó los primeros films de la llamada “comedia madrileña” urdida en torno a la “movida” y cuyos productos más evolucionados (y, frecuentemente, impresentables) son los “últimos Almodóvar”. De todas formas, reconocemos que es difícil encuadrar esta película que entretiene. Esto es lo mínimo que se puede pedir a una película, y mucho más si está subvencionada con el 33% por el ICO. No podemos decir que se haya tirado el dinero en esta ocasión.

La película va de un joven cuyo padre, portero de inmueble, sufre un infarto cerebral y él tiene que sustituirlo, mientras conjuga este trabajo (que le  resulta insoportable) con el de estudiante de económicas. Al acabar la carrera, naturalmente, el título universitario no le sirve absolutamente para nada, a tenor de que sus limitaciones económicas y el cuidado de su padre le han impedido realizar los consabidos masters en el extranjero, los únicos que garantizan que un título español sirva para algo más que para tapar una mancha de humedad en la pared.

Para colmo, su hermano está en la cárcel. Allí, conoce a otra reclusa en el Taller de Teatro y ambos mantienen vis-a-vis hasta que él es puesto en libertad. Ella quiere tener un hijo (lo que le facilitaría su estancia en la cárcel), pero él, tiene una variz en un testículo que lo hace inhábil para la paternidad, así que, una vez en libertad, le comenta a su hermano –el economista-portero- que vaya a la cárcel a dejarla embarazada. El chico tiene una novia en el inmueble que sí se ha podido permitir hacer el consabido master en Londres y que, por las trazas, pertenece a la tribu de las “pijas” o poco le falta.

A partir de estos datos, la historia es previsible: el economista-portero y la presa terminarán enamorándose y aquel cortará con la “pija”. No hay gran cosa de original en esta historia. Pero, paralelamente a ella, se desarrolla otra, sin punto de contacto con ésta. El portero tiene un amigo habituado a espiar a los vecinos desde el terrado del inmueble. En una ocasión localiza un piso de masajes gays y divisa a su propio padre requiriendo un “servicio”. Luego lo vuelve a ver una y otra vez. Hasta que él mismo siente la tentación de acudir al masajista y “probar”. Hay aquí una sexualidad poco experimentada y propia de adolescentes en la que aparecen problemas de identificación sexual. Finalmente, padre e hijo mejoran la relación, e incluso la madre está al cabo de la calle de las aficiones del padre.

En realidad, lo que el director nos ha vendido son dos historias en una.

Cuando los actores secundarios salvan la película

Ninguno de los dos actores principales, ni Quin Gutierrez, ni Marta Etura, consideramos que sean los adecuados para desempeñar sus respectivos papeles. Se les ve excesivamente encorsetados y, a menudo, inexpresivos. Y esto es lo sorprendente: que todo el resto del casting está mucho mejor elegido. Desde el padre en silla de ruedas aquejado del infarto cerebral, hasta el otro padre saltarín y mariquita, pero, especialmente el hermano taleguero –Antonio de la Torre- y el amigo a la búsqueda de sus señas de identidad sexual –Raúl Arévalo-. De hecho, son estos secundarios los que salvan la película.

El hermano taleguero parece haber salido de un casting carcelario. Certificamos –y puede creerse en nuestra experiencia- que el tipo representado es habitual en todas las prisiones de la geografía carcelaria española. Y, en cuanto al amigo bisex o poco menos, el actor –que ya había aparecido en algunas series de televisión, la olvidable “Al Salir de Clase”, entre otras- consigue que, a la postre, el triángulo entre él, su padre y el masajista gay, gane en interés y polarice la atención del espectador. Si vais a ver la película, fijaos en estos papeles secundarios, cómicos, tiernos y, a la vez, buscavidas y mangantones.

¿Qué le pasa al cine español que cuando una película sale más o menos bien, los méritos no corresponden a los mejor pagados? Pasa que manos negras imponen a unos actores (amigos de los amigos), en detrimento de otros cuyas carreras parecen bloqueadas y encasilladas en papeles secundarios. Pasa que al cine español le queda mucho tramo por recorrer y, de no elevarse el listón de la profesionalidad, no le auguramos mucho futuro (a la espera de que “Alatriste” pueda salvar la temporada, y lo dudamos porque a Vigo Mortenssen nos da la sensación que le falta un hervor).

El director, Daniel Sánchez Arévalo, acaba de irrumpir en estos pagos y de él se espera mucho. La película está bien dirigida, no se hace pesada ni aburrida en momento alguno, ni mucho menos cargante. El director se mueve cómodo a través de un guión que él mismo ha escrito y abundan las pinceladas de ingenio y los toques de ironía. Creo que es su primera película y que antes se había curtido en la dirección de media de docena de cortos.

¿Vale la pena verla? Si, para tener la conciencia tranquila de que no todo el cine español es un bodrio impresentable a lo “Eisi Disi” o a lo “Torrente Tres” o a lo “Pocholo y Borjamari” o a los últimos Almodóvar en los que los topicazos, las neurosis de su autor (que terminan siendo pesadas, reiterativas y soplagaitas) malogran cualquier intento y aburren hasta a los incondicionales del manchego.

Esta película, no siendo perfecta, merece un notable y demuestra que en nuestro país las subvenciones no tienen porque ser dinero tirado para que unos directores desaprensivos se busquen la vida con el mínimo esfuerzo. Aquí donde dijimos hace una semana que “La educación de las hadas” era un bodrio infumable, sosote, aburrido; ahora, con “Azul oscuro, casi negro” y con “Un franco, catorce pesetas”, hemos recuperado la confianza en nuestro cine.

De todas formas, falta que este cine artesanal y bienintencionado se transforme de una vez por todas en industria-espectáculo. Eso, o Hollywood seguirá teniendo la bota apretando al cuello de nuestro cine, a la espera de que aparezcan por aquí, masivamente, películas facturadas desde Hollywood, o comedietas chinas. Sí, porque los chinos, antes o después, aprenderán a hacer un cine que resulte aceptable en Europa. La nueva China no va a ser sino una ampliación del Hong-Kong de hace veinte años. Así que ese va a ser nuestro [triste] destino.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

"La derecha radical y Europa". Respuesta a revista Sistemas (III de III)

"La derecha radical y Europa". Respuesta a revista Sistemas (III de III)

 

Infokrisis.- Llegamos al tercer y último jalón de nuestra respuesta; acaso la que debería detenerse en más precisiones a la vista de los errores contenidos en el artículo que comentamos. Seguramente se nos escapará alguna puntualización, pero estamos seguros de que, al menos en sus líneas generales, habremos ayudado a plantear la cuestión de fondo: la necesidad de un debate profundo y vinculante sobre Europa en el seno de la "derecha radical"...

 

Sobre la importancia de algunas siglas y autores…

Nos resulta extremadamente sorprendente el que Miguel A. Simón atribuya tanta importancia a autores tales como Oswald Mosley, “Ulik Varenge” (Francis Parker Yockey) o a grupos como el Movimiento Social Europeo, la Oficina de Enlace Europea o el Partido Nacional Europeo. Es evidente que las fuentes de las que ha bebido el autor exageran la importancia de estos grupos y personas. Decir, por ejemplo, que de la obra de Yockey “Imperium” se vendieron miles de copias en inglés, parece exagerado a tenor de que su influencia sobre el conjunto de los partidos de loa “derecha radical” inglesa (desde el National Front hasta el BNP actual o a la revista Scorpion) es completamente imperceptible. Que sepamos, el libro de Yockey no se ha traducido ni al italiano, ni al alemán ni al francés, y, por lo demás, la edición española publicada por CEDADE en los años 70 no debió de vender más de 800 ejemplares (como máximo). En cuanto al “Frente Europeo de Liberación”, que todos los “investigadores” dan como vinculado a Yockey, era sencillamente inexistente (como, por lo demás, el "Frente Europeo de Liberación" vinculado a Giorgio Fredda, cuyo folleto "La desintegración del sistema" tuvo más importancia en un sector del neofascismo de los 60 y principios de los 70) y nunca hemos conocido a nadie que perteneciera a él, ni siquiera que conociera a alguién que hubiera militado en él. Y este dato, aún siendo subjetivo, es significativo, porque podemos alardear de haber conocido personalmente a lo esencial de esta familia política y, además, en profundidad.

Y ya que hablamos de libros, personajes y tirajes, la importancia que el autor atribuye a Mosley en el movimiento europeista de postguerra es desmesurada. Mosley, encarcelado durante la mayor parte de la II Guerra Mundial, vio su movimiento se deshacía en ese período y jamás volvía a recobrar, ni remotamente, la importancia que tuvo en los años treinta. Su “Union Mouvement” subsistió hasta finales de los sesenta, pero extremadamente debilitado y sin jugar un papel importante en ninguna de las iniciativas intereuropeos (por cierto, para coleccionistas de curiosidades: el emblema del "Unión Mouvement" no desapareció del todo, extinguida la formación, su emblema pasó a ser patrimonio del movimiento "squater"... de los "okupas", vaya). En cuanto a sus libros, en la actualidad Ediciones Nueva República publicó hace un par de años, un libro de Mosley, cuyas ventas no creemos que hayan superado los 200-250 ejemplares, atestiguando la baja “demanda” de este autor. Y en cuanto a “Mi Vida”, publicada en castellano hacia 1977, con una tirada de 5000 ejemplares, constituyó una de las peores ventas de la editorial según nos confesó su editor Luis de Caralt, su editor. Algo, por lo demás, innegable, dado que durante los siguientes diez años, la obra se resistía a desaparecer de los anaqueles de las librerías de saldo.

Todos estos datos son elocuentes sobre la irrelevancia de estos autores y líderes políticos, muy a pesar de que “investigadores” del tres al cuarto –como las fuentes que utiliza Simón y excluimos a Casals- así lo indiquen. Ni Yockey, ni Mosley fueron tomados en consideración dentro de la “derecha radical”, como elementos de debate y ni un solo grupo relevante y con mínima influencia asumió sus ideas jamás. Si, claro, en España, estos autores aparecían en las revistas de CEDADES… pero, redimensionando todo esto con el paso del tiempo, se percibe que siempre CEDADE fue un grupo reducido cuya importancia estribó en que mucha de la gente que se “inició” allí, al cabo de pocos años abandonaba la organización y pasaba a otras iniciativas en las que la componente neo-nazi no fuera tan obvia, o incluso, terminaban rompiendo con su pasado y alimentando a otros sectores de la “derecha radical” [llegado a este punto, aprovecho la ocasión para desmentir el que yo haya sido en algún momento de mi vida miembro de CEDADE tal como ha publican regularmente “investigadores merluzo”, repitiéndose y copiándose unos a otros].

Simón y varios autores más se han dejado seducir por el fetichismo de las siglas. Siglas como “Nuevo Orden Europeo” nunca tuvieron apenas realidad organizativa, tan solo eran núcleos de militantes (en muchos casos ni siquiera destacados, sino con un grado de marginalidad, frecuentemente, extremo) que se reunían una vez cada dos años y aprobaban una serie de textos, frecuentemente reiterativos o incluso excesivamente rígidos (a recordar el llamado “Manifiesto Social Racista”, especie de catecismo del grupo). Pero, ni el NOE, ni el MSE, ni la OEE, ni el Partido Nacional Europeo, lograron realizar ni una sola movilización como tales mientras existieron, ni realizaron actividad política digna det al nombre..

Dado que no hay nada nuevo bajo el sol, en la actualidad, cuando un partido de la “derecha radical” española intenta “homologarse”, lo primero que recurre es a formar una “alianza” con los partidos de moda en ese momento en Europa. Simón menciona, por ejemplo, el “Frente Nacional Europeo” (risas y sonrisas)… del que, nos dice Simón que forma parte el grupo griego “Aurora Dorada” (nombre de una sociedad ocultista inglesa de finales del XIX…), La Falange (esto es, uno de los seis grupos falangistas existentes en la actualidad) y el NPD… Simón no explica, sin ir más lejos, que este grupo solamente existe en la mentalidad calenturienta de algunos dirigentes de ese grupo falangista y que la irrelevancia que el NPD da a este proyecto, contrasta con la utilización casi abusiva de su sigla. Luego está el caso de los residuos de Democracia Nacional que todavía siguen considerándose miembros de “Euronat”… lamentablemente para ellos, el problema es que el impulsor de “Euronat” (Le Pen) ya no lo considera relevante y lo ha dejado extinguirse. Ejemplos de este tipo podrían multiplicarse.

Uno de los pocos momentos organizativos en los que ha existido un intento de coordinación mínimo en la “derecha radical” fue cuando Giorgio Almirante puso en marcha su “Eurorecha”. Vale la pena recordar algunos de los extremos de aquella operación porque fue la primera ocasión en la que aparecía en el horizonte la necesidad de formar una red de cara a la constitución del Parlamento Europeo. Lo primero que recordamos de aquello es que los tres partidos que lo impulsaron eran tan diferentes entre sí que parece increíble que pudieran pensar en coordinarse. El grupo francés, Forces Nouvelles, era un pequeño partido surgido del núcleo dirigente del disuelto Ordre Nouveau, opuesto de manera furibunda a Le Pen y a su Front National con el que hasta hacía poco habían colaborado. Su peso electoral fue siempre exiguo y en 1982 ya estaba casi completamente desintegrado. En cuanto a Fuerza Nueva… ¿qué puede decirse de Fuerza Nueva? Blas Piñar, en aquellos momento, más que un partido político, tenía unas milicias juveniles paramilitarizadas, sin la más mínima educación política, ultracatólicos más papistas que el Papa y con una visión de la política española, cuanto menos, “bizarra”. Resulta un misterio saber como Blas Piñar y señora llegaron a sentarse junto a Giorgio Almirante (entonces recientemente divorciado) y señora. Recuerdo que en una de las visitas de la delegación italiana a España, un militante de Fuerza Nueva preguntó al secretario general del Fronte della Giuventú, el entonces joven Gian Franco Fini, -y citamos textualmente- “¿Si confiaban en el apoyo del Espíritu Santo?”. Fini se limitó a responder que confiaban más en la gestión del Secretario General del Partido. Eso le llevó a presidente del Senado; por su parte, el apoyo del Eespíritu Santo no fue suficiente para evitar la disolución de Fuerza Nueva. En realidad, lo que estaba ocurriendo es que Almirante rememoraba sus años mozos y se dejó seducir por las masas oceánicas de la Plaza de Oriente y las formaciones seudoparamilitares de Fuerza Joven. De toda la experiencia, lo mejor que sacó Almirante fue la espada damasquinada toledana regalada por Blas, mientras que su esposa se beneficiaba de una lujosa mantelería lagarterana obsequio de doña Carmen Gutierrez de Piñar. Pero, evidentemente, todo esto estaba muy lejos de la “realpolitik”. A pesar de que Simón menciona que la “eurodestra” terminó con la muerte de Almirante en 1988, le aseguramos que se había extinguido mucho antes: Fuerza Nueva se disolvió en 1983 y el Parti des Forces Nouvelles no existía desde dos años antes. Y podemos atestiguarlo porque estuvimos en contacto directo en París con el núcleo dirigente de Forces Nouvelles en esos años [el núcleo dirigente de Forces Nouvelles pasó a publicar la edición francesa de la revista de geopolítica Confidentiel, de la que Adriano Tilgher ex secretario general de Avanguardia Nazionale, fue el impulsor de la edición italiana, y yo, modestamente, de la edición española y de sus prolongaciones, argentina y chilena. Quedaría solo recordar, por aquello de la “memoria histórica” que “Confidentiel” (subtitulada "Política – Estrategia – Conflictos") tenía redactores portugueses, ingleses, y, por supuesto, de las nacionalidades en donde existía edición, estaba publicada por el Institute de Recherches et Etudes Europeenes, cuyo presidente era SAR Sixto Enrique de Borbón].

Así pues, en el “ámbito organizativo”, las iniciativas son mucho menores de lo que el autor cree. De hecho, solamente las que han tenido lugar por partidos con representación en el Parlamento Europeo son dignas de mención. En este sentido, tampoco basta con leer los periódicos, recurrir a bases de datos de noticias o a libro de “investigación” escritos por profesionales del antifascismo.

Las distintas tendencias de la “derecha radical”

Errores en los datos presentados se repiten a lo largo de todo el artículo. No creemos que vale la pena repasar lo que, de por sí, es completamente anecdótico. De hecho, en la parte final del artículo aparece un elemento sobre el que vale la pena decir algo: las distintas tendencias ideológicas en las que está dividida la “derecha radical” europea. También hay aquí alguna confusión.

Sostiene el autor que “a efectos heurísticos” es posible identificar las siguientes concepciones diferenciadas de Europa en el seno de la “derecha radical”: 1) Europa Nación, 2) Europa Imperial, 3) Europa como unión de naciones, 4) Europa de las etnias y 5) Europa “blanca”… No podemos sino disentir. La cosa es mucho más sencillas. Veamos.

La idea de una “Europa Nación” fue, solamente, seguida por Jean Thiriart en el período de Jeune Europe. Luego, a partir de finales de los 60, ya no volvió a insistir en este concepto que sustituyó por el de “Eurasia”. Thiriart, presidente de la Asociación Mundial de Optometristas, viajó a Rusia, Países Árabes y China en ese período y renunció al “Ni Washington ni Moscú, anulemos Yalta”, sustituyéndolo por el “Frente a Washington, Eurasia”. El cambio de perspectiva es notable. Desde entonces, ningún grupo con implantación real, clase política dirigente coherente y estrategia definida, ha utilizado la expresión “Europa Nación” (salvo quizás pequeños grupos de jóvenes radicales a nivel de consignas). Que sepamos, hoy, ningún grupo político europeo, sostiene ese concepto.

¿Europa Imperial? Confusión a la vista. Thiriart tituló su libro “Europa, un Imperio de 400 millones de hombres”. Así pues, la Europa de Thiriart, era “imperial”. De hecho, en la lectura de su obra, uno de sus capítulos (el VI) se titula “Misión universal de la europeidad”. Y, dentro de este capítulo, los cinco primeros parágrafos rezuman “voluntad imperial”, en cuanto al sexto se titula “Europa ¿tercera fuerza o fuera principal?”… Así que la “Europa Imperial” era también cosa de Thiriart. Lamentablemente, Yockey también aludía al “Imperium” (aún cuando su orden de ideas era muy distinto al de Thiriart) y, Evola, por su parte, hacía referencia a la Idea Imperial con otros contenidos completamente diferentes a los de Thiriart y Yockey. En el Capítulo XVI de “Los hombres y las ruinas”, Evola alude directamente a la idea europea. El capítulo se titula “Forma y condiciones previas de la Unidad Europea”. Dicho capítulo está ausente de las ediciones de esta obra publicadas antes de 1962, y es una incorporación en respuesta a las iniciativas de Thiriart: Evola dice a Thiriart, Europa debe ser “imperial”, pero un “imperio” no es una acumulación de poder centralizador, sino “un concepto espiritual”. Para un ateo impenitente como Thiriart, “lo espiritual” no dejaba de ser una zarandaja sin mucho valor. Pero hay que añadir algo más sobre este tema.

Evola es un teórico del “pensamiento tradicional”, en la línea de René Guénon. No es un político, a pesar de que su obra haya constituido la piedra angular de la “derecha tradicional” de la postguerra. En lo personal, podemos autodefinirnos como “evolianos”, aun a riesgo de reconocer la imposibilidad absoluta de traducir el corpus doctrinal evoliano a términos políticos. Y, aún en el caso de que lograra realizarse por una hábil labor de síntesis doctrinal, el resultado enajenaría el voto y haría incomprensible el mensaje. Las ideas presentadas por Evola dan fuerza al militante, le confieren un patrón de análisis para la historia, el mundo, la sexualidad, la vida misma y sus orientaciones existenciales, para entender la raíz primera de los fenómenos de la modernidad… pero no para realizar agitación y propaganda política. A pesar de que es rigurosamente cierto que Almirante dijo de Evola que “era nuestro Marcuse, pero mejor” (frase que cita Simón en su artículo), lo cierto es que el MSI de Almirante jamás incorporó ideas de Evola a su programa político. Estas permanecieron en el ámbito del Fronte della Giuventú y de los grupos extraparlamentarios Avanguardia Nazionale y MP Ordine Nuevo. Por lo que respecta a Almirante… tampoco coincidía con Thiriart en su visión de una Europa Nación. En realidad, Almirante y el MSI que modeló eran ¡profundamente proamericanos!, hasta el punto de que consideraban que solo los EEUU podían proteger a Europa del “comunismo”. Y lo mismo podía decirse de Le Pen en esa época.

¿”Europa como unión de naciones”?.. Si, esa es la única concepción de Europa actualmente en vigor, aunque bajo otro rótulo: “La Europa de las Patrias”. Tal es la idea incluida en el programa del Front National que incluso Fini comparte.

¿”Europa de las etnias”? El “etnicismo” tuvo cierta importancia a finales de los años 60 (existían varios gropúsculos en Francia subtitulados “etnicistas” e incluso la Nueva Derecha irrumpió como “movimiento etnicista”) y no ha desaparecido completamente del panorama de la “derecha radical”. Parte de la base de que sobre el territorio europeo existen distintas “etnias” sobre las que es posible articular una futura unidad política europea. Es evidente que el único partido que puede ser tildado de “etnicista” en el momento actual es el Vlaams Belang. Encontraríamos muchas dificultades para encontrar otro… El que el Front National sea antijacobino explica el por qué en sus manifestaciones aparecen las banderas de todas las regiones de Francia, pero salvo la corriente "Terre et Peuple", el resto del Frot no es -hablando con propiedad- etnicista.

¿”Europa Blanca”? Nadie, absolutamente nadie, ha formulado esa idea salvo círculos extremadamente reducidos y aislados, poco representativos y casi anecdóticos, a no ser que consideremos a neonazis y skinetes en estatuto de "serios" y "representativos" (lo cual es mucho conceder). Ahora bien, no vale la pena engañarse y eludir el problema central.

La cuestión de fondo es que gracias a la estúpida irresponsabilidad de babosos a los que les ha sido imposible alcanzar un grado mayor de estupidez dado que no se entrenan suficientemente, no por falta de cualidad ni de méritos, Europa se encuentra hoy asediada por la marejada de la inmigración.

Tiene gracia que sobre este tema, el artículo de Sistemas apenas realice referencia alguna, olvidando que la “derecha radical” cabalga sobre la lucha contra la inmigración, en defensa de las clases trabajadoras europeas y de la identidad europea. Esa lucha no estaba presente ni en la “eurodestra”, ni en el Nuevo Orden Europeo, ni en Joven Europa… Pero el tiempo crea nuevas necesidades y la marea de menesterosos que llegan a Europa ha revitalizado a las formaciones de la derecha radical. Está claro que andinos, musulmanes y subsaharianos, parecen tener muy poco que ver con Europa y su presencia genera muchos más problemas de los que resuelve. Miserables babosos como ZP, Caldera, la Chelo Rumi, la Leyre Pajín, o Zerolo, no solamente son incapaces de dar soluciones a los problemas “fáciles” del país, sino que ni siquiera entienden como se gestan problemas como el de la inmigración. Cada pueblo tiene lo que se merece y el gobierno surgido de las bombas del 11-M es, evidentemente, no es más que un combinado explosivo de oportunismos progres de la peor especie junto a sobredosis de estupidez y receptáculos de todo tipo de negligencias. Ahora bien, es el gobierno vencedor en las elecciones… así que esto es lo que hay: un gobierno de atontados e ineptos para un pueblo que votó conmocionado por unas bombas de las que, por cierto, no se sabe ni quien las colocó.

Con clases políticas como la que nos gobierna, el “efecto llamada” crece a velocidad asindótica. Las encuestas demuestran que la inmigración masiva es percibida cada vez más como una amenaza. Así pues, la “derecha radical” actual “venderá” antiinmigracionismo y es inevitable que articule sus campañas sobre este tema: así pues, ninguna de las clasificaciones realizadas por Simón es exacta: los votantes de Le Pen no se plantean una “Europa de las etnias”, ni mucho menos una “Europa blanca” (a Simón le costaría trabajo integrar estos dos datos: hemos visto en los congresos del FN a representantes de los dom-tom -departamentos de ultramar- de raza negra y los sondeos demuestras que buena parte del voto lepenista... corresponde a inmigrantes de primera generación, frecuentemente argelinos, asustados por lo que se les viene encima con la marea descontrolada de inmigración).

Lo que los seguidores, militantes, cuadros y votantes de la “derecha radical” se plantean AQUI Y AHORA, NO INHILO TEMPORE  es COMO CONTENER A LA INVASIÓN QUE ESTÁ SUFRIENDO EUROPA y que, no solo, desvirtuará sus raíces, sino que, dada la diferencial demográfica a favor de los recién llegados, en apenas 30 años, hará que la religión más seguida en Europa sea el Islam (cuando parecía que, finalmente, nos acercábamos tras la caída del comunismo a un período de racionalidad política y en la que el pensamiento mágico quedaba desterrado) y este tipo de grupos étnicos, ante los que existe una brecha cultural y antropológica, estén igualados con los grupos étnicos europeos. Esa “Europa” es, cualquier cosa -incluso como una mierda, pero sin el “como”- pero no es la “Europa” que “hizo al mundo”…

Así pues, dejémonos de clasificaciones taxonómicas más o menos artificiosas y vayamos a lo esencial: el motor de la “derecha radical” es su lucha contra la inmigración masiva y este es el objetivo en el que coinciden las tendencias más representativas. Es una “oposición” (a la inmigración masiva), la que permite afirmar y revisar “qué es Europa”. A fin de cuentas, una de las pocas cosas sensatas que ha dicho ZP en sus dos años y pico de gobierno (por llamarlo de alguna manera) es que la inmigración es un “problema europeo”. Claro está que lo ha dicho para evitar tener que tomar decisiones; la coartada europea es una bendición para ZP: el “marrón” lo delega en la UE, en la misma UE a la que sigue enviando más y más inmigrantes que entran en Europa por la puerta de más fácil acceso, la España de ZP.

Contrariamente a lo que piensa Simón en su artículo, las diferencias entre los partidos verdaderamente representativos de la “derecha radical” europea, son pocas, casi inexistentes y están condenados a entenderse en el marco del Parlamento Europeo. Si Haider o Le Pen no colaboran más estrechamente, AN ha preferido dar la espalda a este sector, no es por razones programáticas o ideológicas, sino, pura y simplemente, electorales: Le Pen prefiere evitar ser acusado de “neonazismo” por su alianza con Haider y éste, evita ser presentado ante su electorado como el “amigo del racista francés”. Fini, por su parte, prefiere no tener nada que ver con los eventuales “resbalones” de Le Pen, Griffit, Dewinter o Haider… Y todo esto es comprensible. Por lo demás, que nadie se llame a engaño: desde que existe Internet aproximar y contactar grupos de este tipo es lo más fácil del mundo… Por lo demás, ¿quién asegura que no hay ningún contacto entre todos ellos?

El debate pendiente: Europa

La “derecha radical” tiene un debate pendiente sobre la “dimensión nacional” de su acción política. Por nuestra parte, nos declaramos “europeistas” y, si se nos apura, podemos definirnos incluso como “euroasiáticos” en la orientación política internacional (necesidad de asegurar la buena armonía en la masa geopolítica euroasiática cuyos actores principales son la UE, China y Rusia) y “eurosiberianos” en cuanto al eje de alianzas preferencial: Europa-Rusia continental, frente al mundo marítimo encabezado por la thalasocracia americana. Ahora bien…

El debate sobre Europa es un debate pendiente en la “derecha radical”. Hasta ahora, la realidad es que todos los partidos que han logrado insertarse con desigual importancia en sus respectivos países, han sido y son, especialmente, nacionalistas y, por ello mismo, antieuropeístas. Pero las nacionalidades actuales en toda Europa (y no digamos en España, el increíble país menguante) ya no están en condiciones de responder a los desafíos del tiempo nuevo. Estos partidos todavía no han logrado “pensar a nivel europeo y actuar a nivel nacional”. Para ellos, todo lo que sale de sus fronteras les sume en el más profundo desinterés. Hasta hace poco pensábamos que Europa era la “dimensión nacional” mínima para asegurar un mundo multipolar y estable. La crisis del petróleo ha sumado otro elemento a tener en cuenta: asegurarse fuentes energéticas. En la actualidad, estamos persuadidos de que el eje eurosiberiano es el eje político por excelencia y el único que puede garantizar el futuro de Europa. Este debate está hoy en curso en reducidos foros de cuadros políticos, con presencia de diputados y dirigentes de los partidos de la “derecha radical”… pero, a decir verdad, la idea europea todavía no ocupa un lugar prioritario en ninguno de los programas de estos partidos.

Y ya va siendo hora de que el debate se amplíe y tenga traducciones programáticas. De lo que, por nuestra parte, no cabe la menor duda es que las “naciones de papá” agonizan y ya no tienen lugar en el mundo del siglo XXI en tanto carecen de dimensión mínima para asegurar su supervivencia.

La lucha contra la inmigración masiva, es decir, contra el movimiento de la periferia europea para llegar al centro de la civilización, va a tener como consecuencia, la necesaria reaproximación de los partidos de la “derecha radical” en un programa común sobre este tema y en iniciativas unitarias. Eso o desaparecer. Y lo que es peor, los sucesos de mayo de 2005 en Perpignan y de noviembre del mismo año en toda Francia, evidencian que tenemos ante la vista una guerra civil racial, social hoy y religiosa, además, mañana. Y Europa luchará unida contra los émulos de Tarik y Muza del siglo VIII, o perecerá entre el barro como pereció el último rey visigodo.

A este respecto resulta sorprendente que Simón no haya comentado en su artículo una palabra pronunciada en español por todos los partidos de la “derecha radical” en este momento, una palabra cuya carga histórica evita el que sea traducida a otros idiomas, una palabra que resume cuáles son –mejor que ningún ensayo- los objetivos de la “derecha radical” en Europa. Esa palabra que hemos oído pronunciar con todos los acentos posibles de Europa es RECONQUISTA. Y en eso estamos…

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

“La derecha radical y Europa”, respuesta a Revista Sistemas (II de III)

“La derecha radical y Europa”, respuesta a Revista Sistemas (II de III)

 

Infokrisis.- No está claro, cuándo, ni a través de quien, penetra la idea europea en la "derecha radical". La lectura del artículo de M.A.Simón en Sistemas, es deliberadamente ambigua. El autor no resuelve estas cuestiones de ninguna manera, a pesar de que las seis primeras páginas del artículo estén dedicadas al tema. Vemos a intentar esclarecer la cuestión

El fascismo ¿europeista?

Todo depende del punto de vista que se quiera demostrar. Si tenemos en cuenta que el fascismo italiano pudo prolongarse como opción de gobierno durante un “ventenio” a lo que hay que añadir los escasos meses de la República Social, sería difícil no encontrar en uno u otro discurso alguna referencia a Europa. La cuestión de fondo es que el fascismo, como cualquier otra forma de “fascismo” fueron formas de “nacionalismo social” y, como todo nacionalismo, difícilmente pueden compatibilizar la idea europea con la exaltación de cada una de sus partes geográficas…

A pesar de lo que hayan querido demostrar sus partidarios y detractores, lo rigurosamente cierto es que los fascismos fueron “poco europeos” y la idea europea solamente apareció a través de algunos intelectuales de prestigio, pero marginales en relación a la tendencia principal de este movimiento. De hecho, el único escritor que tiene algo más que unas cuantas frases “europeístas” dispersas en su obra y que consagró a la idea europea varios volúmenes, fue Pierre Drieu la Rochelle. Thiriart, en su “Europa, un imperio de 400 millones de hombres”, utiliza en varias ocasiones frases de Drieu como introducción a los capítulos de su obra.

A pesar de lo que Miguel A. Simón pretende, ni Celine, ni mucho menos el movimiento de la Revolución Conservadora, ni Oswald Mosley, ni Doriot, pueden ser considerados como “precursores”, más allá de la consabida frase protocolaria o desmadrada en el caso de Celine, dedicada a Europa.

La idea europea en las SS

Hacia 1943, después de Stalingrado y de la batalla del “saliente” de Kurtz (que selló la derrota alemana en el Este y donde se quemaron reservas que luego ya no sería posible reponer), aparece una tendencia “europeista” en el seno de las SS. Pero, a poco que examinemos la cuestión con detalle, esta tendencia va de la mano del esfuerzo bélico y de las necesidades de la guerra: se trataba de reclutar cuantos más jóvenes mejor, para incorporarlos a las unidades de las SS que combatían a la URSS. Resulta muy difícil establecer si hubo en esta iniciativa algo situado más allá del pragmatismo bélico y de propaganda de guerra. En nuestra opinión, la idea europea solamente ganó terreno en sectores muy reducidos de las SS y, posteriormente, algunos miembros de este cuerpo de élite, tras la guerra, en los campos de concentración, meditaron sobre la nueva situación europea. Uno de ellos era el Coronel Skorzeny.

Con Skorzeny estamos ante la tendencia “laica” de las SS; con Skorzeny no hay interpretaciones “esotéricas” posibles al nazismo. Era simplemente indiferentista religioso. Había en él algo de soldado de fortuna, extremadamente brillante en las tácticas y, como demostró luego, analista político lúcido. Skorzeny entendió pronto que la ocupación de Europa por parte de rusos y americanos, hacía imposible un futuro despertar de los nacionalismos en el continente. Eso implicaba que en el futuro habría que trabajar a nivel europeo.

Otra corriente de “supervivientes” de las SS, asumía este análisis, pero llegaba a una conclusión diferente: no se podía pensar en una recuperación de los “fascismos europeos” a partir de Europa, sino que era necesario buscar áreas geográficas en donde pudiera trabajarse con menos presión de las dos superpotencias. Buena parte de esta tendencia de las SS, se decidió por operar en Iberoamérica (el capitán Klaus Altman, entre otros), y otros (incluidos SS italianos y fascistas de Saló) apoyaron a los movimientos panarabistas surgidos en los años 50 (existe una foto de Gamal Abdel Nasser, presidente de la República Árabe Unida, brazo en alto durante la inauguración de la sede del MSI en El Cairo…). Esta colaboración llevó a que algunos antiguos fascistas y nacionalsocialistas figuraran entre los primeros asesores militares de Al-Assifa, el primer movimiento de resistencia palestina contra el Estado de Israel. Skorzeny, por su parte, a pesar de ser partidario de seguir trabajando políticamente en Europa, participó hasta su muerte en actividades junto a movimientos árabes laicos.

Pierre Drieu la Rochelle y Europa

Drieu empezó como maurrasiano ortodoxo y, por tanto, la idea europea no tenida cabida en el joven escritor. Solamente, a partir de escribir Mesure de la France se mostró abierto a lo que Tarmo Kunnas califica como “patriotismo razonado abierto a ideas internacionales”, y concluye: “[en esta obra, Drieu muestra] el germen del pensamiento europeo” (La Tentazione fascista, pág 201). Sin embargo, en esa obra temprana, Drieu sigue pensando que las patrias, tal como están configuradas en aquel momento, seguirán siendo sujetos históricos durante muchas décadas. En ese momento, Drieu vive su primer sarpullido nietzscheano y considera que la “gran política” augurada por el filósofo se identifica con la “construcción de Europa”. La “voluntad de poder”, para él, cristaliza en la titánica tarea de formación de un nuevo espacio de dimensión continental (Mesure de la France, pág. 64).

Pero, Drieu, en obras posteriores, aportará un contenido mas político y menos filosófico a esta idea. Así por ejemplo, en Géneve o Moscou lanza la idea: “Europa deberá federarse en el seno de un mundo dominado por la fuerza” y “Europa se federará o se devorará o será devorada” (Géneve o Moscou, pag. 187). Análogas ideas volverá a expresar en L’Europe contre les Patries (pág. 137-139 y 150), o en Socialisme Fascista (pág. 238), por citar solo unas cuantas referencias.

La siguiente vuelta de tuerca que realiza, es advertir que de los pequeños nacionalismos no puede surgir nada bueno. Su crítica no la realiza en nombre de ningún internacionalismo, sino a partir de una perspectiva cultural. Drieu es consciente de que todos los pueblos europeos son hijos del mismo padre y que esa aproximación cultural, favorece una futura aproximación política. Escribe en otra obra de crítica literaria: “los genes nacionales ya no funcionan…” (Sur les Ecrivains, pág. 82). Y Tarmo Kunnas, comentando este texto, escribe: “En aquella época, el escritor, más que un antinacionalista es un nacionalista que comprende la insuficiencia de los antiguos mitos en un mundo que va cambiando” (La Tentazione fascista, pág. 201). Esta idea estará presente en sus dos grandes obras de contenido político, Géneve o Moscou y L’Europe contre les Patries. En otro de sus novelas, La Comedie de Charleroi, cargará de nuevo contra el nacionalismo: “El nacionalismo es el aspecto más innoble del espíritu moderno” (pág 45, idea revalidada en las pág. 65 y 91).

Pero estas líneas de análisis político van calando, poco a poco, en Drieu que termina por incorporarlas a sus relatos novelados. En el Jeune Europeene, por ejemplo: allí presenta a un joven de su tiempo, que une a su nietzscheanismo una feroz crítica a la civilización moderna. No es, contrariamente, a lo que algunos han querido ver, un “internacionalismo” impuestos por las intermitentes aproximaciones de Drieu a las formas más “viriles” de comunismo. En realidad se trata de evidenciar su oposición a la Sociedad de Naciones, en beneficio de una “voluntad de poder europeo”. Así mismo, en su novela Une femme à sa fenetre vuelve sobre el mismo tema: la protagonista, Margot, es francesa hija de austríaco e irlandesa; su marido es italiano; otro personaje central, Boutros, es de origen griego; también aparece un simpático diplomático alemán. Lo curioso del caso es que el único personaje desagradable es un burgués francés. Esto remite a Celine cuando escribe: “No se que es más asqueroso, si una mierda de judío bien aplanada o un burgués francés de pie”. En ambos casos, lo que subyace en sus inquietas y creativas mentalidades, es la decepción por la Francia de posguerra, la náusea experimentada hacia la República y su clase política, y su desprecio por la burguesía en la que advierten todos los síntomas de decadencia.

Pero los excesos y oscilaciones de Drieu eran proverbiales. De hecho, todavía se debate hoy si murió como comunista o como fascista, o como una mezcla de ambos. En otra de sus novelas (Drôle de voyage) escribe: “Europa será unificada por la fuerza y por el trabajo y la población será capaz de tomar las riendas de su destino” (pág. 225). Hay mucha ingenuidad en Drieu cuando cree que Hitler “suprimirá las fronteras de las patrias europeas” (Drôle de voyage, pág 137). De hecho, tal como expondrá Thiriart 25 años después, la Europa de Hitler era una “Europa Alemana”.

En una obra de teatro de la que tenemos noticia a través de Kunnas, Le Chef, la unificación europea ocupa un papel central (La Tentazione del fascismo, pág. 220). Es en esta obra, precisamente, en la que surgen todos los equívocos sobre la filiación política de Drieu. Menciona de manera elogiosa al régimen soviético, situándolo en la misma línea que el fascismo y el nacionalsocialismo. Este planteamiento es tan sorprendente y excéntrico que resulta legítimo plantearse si Ramiro Ledesma, en España, lector impenitente de la producción intelectual europea, no conocería el libreto de esa obra de teatro cuando escribía en La Conquista del Estado aquellas loas y alabanzas tan curiosas: “Viva la Alemania de Hitler, Viva la Italia de Mussolini, Viva la Rusia de Stalin”. Kunnas reproduce una frase de Le Chef: “Lo que retorna es el tiempo de las leyendas… en Moscú, en Roma, en Berlín… lanzo mi sangre como una semilla para que de ella nazcan hombres libres” (La Tentazione del fascismo, pág. 203).

Las posiciones de Drieu (y en menor medida las de Celine cuya obsesión antisemita condicionaba todos sus puntos de vista) están marcadas por el desprecio que experimentan hacia la burguesía francesa y, consiguientemente, por la decepción hacia la “nación francesa”, receptáculo privilegiado de esa burguesía. No ven otra posibilidad de salir del círculo de la decadencia más que apelando a la construcción de una nueva nación europea. Esa nación se construye armados con la “voluntad de poder” nietzscheana. En el proceso de su construcción, emergerá una nueva clase dirigente europea, surgida de los fascismos (y en algún momento, Drieu pensó también que del comunismo soviético) y que los terminaría trascendiendo, injertándoles la idea europea.

Tendrá que publicar Socialisme Fascista para concretar un poco más este orden de ideas: “la experiencia me hace creer en la necesidad de una federación europea, como única forma de evitar la ruina total de Europa por causa de la guerra” (pág. 161). En una curiosa novela de casi 600 páginas, no traducida al castellano y, prácticamente, inencontrable en Francia, Gilles, el protagonista realiza un viaje iniciático que le lleva a encontrarse con otros europeos en las milicias de Falange Española durante la guerra civil. Walter, el irlandés, resume la idea europea que les anima: “Contra la invasión de Europa por parte del ejército ruso, nacerá el espíritu de un patriotismo europeo. Este espíritu nacerá solo si Alemania da anticipadamente plena garantías morales a la integridad de las patrias, de todas las patrias de Europa” (Gilles, pág. 491)

Paramos aquí nuestro repaso a las obras de Drieu. La conclusión a la que es inevitable llegar es que la “derecha radical” europea solamente contó con el esfuerzo intelectual individual de Pierre Drieu la Rochelle, para sustentar, antes de la guerra, la idea europea. Todas las demás contribuciones, incluidas las que cita Simón en su artículo de Sistemas, fueron anecdóticas o, simplemente, despreciables. Solamente Drieu realiza un esfuerzo intelectual, más o menos orgánico, para ensamblar la idea europea dentro de una cosmovisión nietzscheana que, por otra parte, le lleva a desvincularse de la burguesía nacional francesa y, por ello mismo, de las concepciones ideológicas en las que se apoyaba para justificar su hegemonía, esto es, en los principios de la Revolución Francesa de los que nace la “Nación” gala.

No hay otros intelectuales que vayan en la misma dirección. La aportación de Ezra Pound, en este sentido es muy limitada; la de la Revolución Conservadora alemana, francamente inexistente y lo mismo cabe decir de otros autores que Simón resalta en su artículo y de los que se limita a transcribirr una sola frase… No, la idea europea está ausente de los fascismos de la preguerra.

De Drieu la Rochelle a Jean Thiriart y a la Nouvelle Droite

El pensamiento de Drieu se habría perdido de no haber sido por dos fenómenos providenciales, uno de carácter político y el otro de matriz cultural. En efecto, cuando Jean Thiriart formula su idea europea a principios de los años 60, se inspira directamente en Drieu. Es de Drieu del que parte la reflexión de Thiriart. De nadie más. Claro está, que una vez iniciada esa reflexión, Thiriart aporta sus propias ideas, perfecciona las de Drieu y finalmente realiza un corpus doctrinal coherente. Pero, a poco que nos fijemos en los contenidos de Jeune Europe y los comparemos con el patrimonio intelectual de Drieu, veremos que el espíritu es el mismo.

Nada de lo que existe antes de Jeune Europa –incluida la Oficina de Enlace Europeo o el Movimiento Social Europeo de Malmoe- han pretendido ser otra cosa que una “coordinadora” de diferentes movimientos nacionalistas de Europa Occidental. Por tanto, son “europeos” solamente como definición de un campo de aplicación, pero no por que tengan en la mente trascender sus micronacionalismos a una escala europea. Con Thiriart es diferente: en la correspondencia que mantuvimos con el fundador de Jeune Europe, éste reconoció explícitamente su tributo a Drieu. Así pues, podemos decir que las ideas políticas de Drieu la Rochelle son recogidas y puestas en práctica por el Jean Thiriart de principios de los años 60. Y, no solamente, en el terreno “europeista”, sino también en el terreno social.

Ahora bien, en Francia, la obra de Drieu ha conservado hasta nuestros días relativa actualidad. La Nouvelle Revue Française, y otras casas editoriales, han publicado sucesivamente las obras de Drieu, sin duda, uno de los grandes intelectuales franceses del siglo XX. Pero hubiera resultado difícil que el núcleo esencial de fundadores de la Nouvelle Droite hubiera incorporado y reformulado algunos de los puntos de vista de Drieu, de no haber asumido antes las ideas de Thiriart a través de la revista Europe Action y de la Federation des Etudiant Europeens. La revista y la FEN, no eran considerados como la “sección francesa” de Jeune Europe, pero estaban muy influidos por ella. De ahí extrajeron el sentido “europeista” de sus iniciativas. Cuando en junio de 1968 aparece ciclostilado el primer número de “Nouvelle Ecole” y se genera el movimiento de la “nueva derecha”, hay mucho de Drieu en esa iniciativa.

La FEN atravesó un momento regresivo, cuando giró sus puntos de vista innovadores y su práctica política de vanguardia, integrándose en la candidatura de “derecha radical” clásica de Tixier Vignancourt. A partir de entonces, surgió la gran diferenciación entre la “vieja derecha” y la “nueva derecha”. Aquella era chauvinista, católica e incluso integrista, antieuropea, especialmente antialemana… la nueva derecha surgirá de un rechazo a todas estas ideas que, en el fondo, eran las mismas que Drieu ya había reprochado a los nacionalistas de su tiempo. La “nueva derecha” será, por rechazo, europeista, proalemana, pagana, etc. En el fondo, el recorrido intelectual de Drieu y el del grupo de jóvenes de Europe-Action que dieron vida a la Nueva Derecha no fue muy diferente.

Conclusión provisional

La idea europea está completamente ausente del fascismo histórico. Ni la posición de las SS a finales de la II Guerra Mundial, promocionando una ideología europeista y los “Cuadernos de la Joven Europa”, ni la individualidad de Pierre Drieu la Rochelle, ni muchos menos frases aisladas buscadas con lupa en la producción de otros intelectuales, pueden ser considerados como representativos de la idea europea en el fascismo histórico.

Pero, al final de la II Guerra Mundial, algunos supervivientes de las SS exiliados (y también de la República Social Italiana) son conscientes de que en el nuevo momento histórico de la postguerra, las naciones europeas no podrán sobrevivir y, es preciso, por tanto, actuar a nivel continental o bien marchar hacia zonas situadas fuera de Europa en las que sea más sencillo trabajar políticamente y con menos presiones. Esas zonas de trabajo político fueron ubicadas en América Latina (hasta mediados de los años 80) y en el mundo árabe (en apoyo de Nasser y de los partidos baasistas) y Palestina (hasta el Septiembre Negro).

El otro puntal de la idea europea fue el pensamiento de Drieu, recuperado inicialmente por Jean Thiriart y, a partir suyo, transplantado, en su dimensión europea, al grupo Europe-Action FEN y, de ahí, a la Nueva Derecha en cuya primera teorización influyó ciertamente.

No hubo otras fisuras en la muralla de los fascismos históricos por las que se colara la idea europea.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 26.08.06

 

Maratón-film (XII de XIV): “Apuntarse a un bombardeo”, buenas intenciones aparte…

Maratón-film (XII de XIV): “Apuntarse a un bombardeo”, buenas intenciones aparte…

 
 
Infokrisis.- Como el valor al soldado, las buenas intenciones se le reconocen al director de este docudrama, el asturianos Javier Maqua. El trabajo trata sobre la presencia de seis "brigadistas" asturianos en Bagdad durante la invasión norteamericana. El problema no es el "savoir faire" de Maqua (que conoce bien su oficio), sino la endeblez estructural de los protagonistas, verdaderas caricaturas del "humanismo solidario y progresista". Una película sólo apta para antiyanquis primarios y humanitarios sentimantalistas en ejercicio...  
 
 

Resumamos el contexto: poco antes del estallido de la guerra de Irak, un grupo de “brigadistas” españoles fue llegando en vuelos de 100 en 100 a este país y sumándose a otros contingentes venidos de otros países. Con su presencia trataban de disuadir a los norteamericanos de lanzarse al ataque. Los brigadistas españoles estaban movilizados con la Asociación de Amistad y Solidaridad con la Causa Árabe. La mayoría de brigadistas se fueron de Irak cuando los EEUU lanzaron su ultimátum, pero un grupo de seis asturianos y dos vascos se negaron a abandonar el país y quisieron compartir la suerte del pueblo iraquí. Los seis protagonistas asturianos relatan su experiencia en este docudrama. Tal es lo que puede decirse del contenido de este documental. Pero, claro, siempre es posible añadir algún comentario más.

Cuando el cine español recordó su antiamericanismo de izquierdas…

El documental, según nos comentó su director, se realizó artesanalmente utilizando cámaras Betacam alquiladas, se realizó en tres días y, además de las entrevistas con los brigadistas, se utilizó solamente el material que ellos mismos habían filmado en Irak durante los días del conflicto. El millón y medio de pesetas que costaron los desplazamientos, hoteles y gastos de montaje y edición, fue cubierto por el actor Guillermo del Toro, “Willy”, al que sin duda recordarán por su presencia en la serie televisiva “Siete Vidas” y en varias películas españolas de los últimos tiempos.

Por algún motivo que resulta difícil de explicar, la inmensa mayoría de miembros de la Academia del Cine (y las excepciones pueden contarse con los dedos de una mano y es posible, incluso, que sobren) tienen opiniones de izquierda. Es la resaca de la transición, cuando Santiago Carrillo (el eximio verdugo de Paracuellos, ya que estamos con esto de la “memoria histórica” y el “guerracivilismo” resucitado por ZP) repetía por activa y por pasiva lo de la “unión de las fuerzas del trabajo y de la cultura” y se consideraba que alguien “inteligente y con cultura” solamente podía ser de izquierdas y, si se nos apura, de izquierda comunista. De todo aquello, hoy ya no queda nada o casi nada.

De hecho, la Academia del Cine es el último baluarte de las buenas gentes de izquierdas. Lo que no está tan claro es si la Academia del Cine pertenece al mundo de la cultura o de la agitación política demodé, con contenidos arqueológicos, verdaderos atavismos de los tiempos en los que Marx, Lenin y Mao eran tan intocables como Freud, Nikos Poulanzas o Sartre… ídolos, todos ellos, tan caídos como el Muro de Berlín. Por algún motivo, los miembros de la Academia del Cine experimentan una especie de satisfacción insana cada vez que tienen la posibilidad de hacer una profesión de su fe política… como si no percibieran el ridículo que están haciendo, manteniendo posiciones y posturas superadas por la historia, desacreditadas por su crueldad y dogmatismo, y olvidadas para las nuevas generaciones.

Aquella ceremonia de los Premios Goya de 2004 en la que absolutamente TODOS los que subían al escenario se creían obligados a llevar la pegata del “no a la guerra” y a balbucear torpemente una soflama antiamericana, dejó como “daño colateral” este docudrama del bueno de Maqua, del que, por lo demás, podemos incluso reconocerle su sinceridad y el servir, sin duda bastante mejor que otros miembros de la Academia del Cine, a lo que él considera “su causa”.

Movimiento por la paz y el no a la guerra ¿movimiento espontáneo?

Es posible que Maqua no se haya enterado muy bien de lo que ocurrió en Irak y de por qué aparecieron los “brigadistas”. Cuando los EEUU utilizaron la guerra como estrategia para aproximarse a los campos petrolíferos iraquíes, Saddam Hussein era perfectamente consciente de que el inicio de las hostilidades implicaba su derrota militar. Nadie puede vencer a la maquinaria militar norteamericana, salvo su propia pesadez e ineficacia bélica. Los estrategas de Saddam Hussein percibieron que el esfuerzo debían situarlo especialmente en Europa, estimulando un fuerte movimiento por la paz, creyendo que estaría en condiciones de frenar la embestida de los EEUU, restarle sus aliados europeos y, en definitiva, disuadir al coloso yanqui de la aventura militar. Tal era la estrategia de Saddam Hussein.

Luego existía una segunda opción estratégica: si la guerra era inevitable y los EEUU se lanzaban al asalto, resultaría absolutamente imposible contenerlos, así que lo mejor era que las unidades de élite del ejército iraquí no entraran en combate, sino que, situadas en torno a Bagdad, se disolvieran en el último momento, guardando grandes depósitos clandestinos de armas para, tras la ocupación, articular una resistencia (la llamada “insurgencia”) que en unos años conseguiría desanimar a los EEUU de seguir en Irak, aún a costa de sufrir muchas bajas.

De todo esto, naturalmente, los Brigadistas no sabían absolutamente nada. A lo largo de la película demuestran que su capacidad de análisis político es cero absoluto. Demuestran incluso no saber que el movimiento por la paz al que pertenecieron, no solamente no era una manifestación espontánea de un loable sentimiento humanista… sino apenas un elemento táctico lanzado por Saddam Hussein. Maqua y los brigadistas parecen no saber que el movimiento por la paz se lanzó con dinero iraquí, que este dinero llegó a España por diferentes caminos: uno de ellos la representación diplomática cubana, otro “socialistas árabes” como el argelino Ben Bella que llegaron a España con maletas cargadas con el dinero de Saddam. Es posible –aunque no tenemos la prueba- que también recibieran dinero de la República Popular China, si bien es cierto que, en esas fechas, los servicios secretos chinos trabajaban codo a codo con los cubanos y, de hecho, habían “subcontratado” parte de sus misiones a la inteligencia cubana enclaustrada en las embajadas, especialmente en la española.

No hubo nada espontáneo en aquel movimiento, como tampoco lo hubo en la anterior oleada pacifista, allá por los años 80, cuando una Unión Soviética cada vez más debilitada por la sangría de Afganistán, el esfuerzo militar armamentístico y la disidencia de “Solidarnosc”, veía horrorizada como los EEUU se disponían a distribuir en Europa mísiles nucleares de corto alcance que imposibilitaban de una vez para siempre una eventual ofensiva por la frontera del Telón de Acero. También en aquella ocasión se puso en marcha un formidable movimiento pacifista… teledirigido, por supuesto, por el principal beneficiario de ese pacifismo: la URSS. En 2003 ocurrió exactamente lo mismo, sólo que el impulsor del movimiento por la paz y su máximo beneficiario era Saddam Hussein.

Vale la pena hacer aquí una precisión: si hablamos de esto es, no sólo porque conocemos el tema, sino porque en su momento nos mostramos contrarios a la invasión norteamericana y, aún hoy, no tenemos el más mínimo inconveniente en reconocer que Aznar no solamente se equivocó, sino que ni siquiera supo explicar su opción con argumentos convincentes. Ya en su momento dijimos y escribimos que el “pacifismo” que expandía el movimiento “no a la guerra” no era nuestro “pacifismo”, que los motivos por los que se oponían ellos a la guerra eran completamente diferentes a los nuestros. Hoy lo seguimos manteniendo y el visionado de este docudrama nos ha confirmado en este orden de ideas.

¿Brigadistas? ¿Qué fueron las Brigadas de la Paz a hacer en Irak?

El fondo de la cuestión es que los personajes que Maqua nos muestra como “heroicos y virtuosos”, en realidad son unos pobres diablos que ni siquiera tenían claro lo que estaban haciendo allí; sus motivos eran muy diferentes unos de otros y, para colmo, algunos de ellos ni siquiera eran pacifistas sino, pura y simplemente, unos analfabetos políticos en los que el pasado comunista de la mayoría era evidente. Seres sumidos en las más profundas contradicciones. Vamos a enumerarlas.

En un momento dado, los seis brigadistas se han encontrado en casa de una de ellas, en un pueblecito asturiano (el mismo en el que nació Maqua). Están reunidos y hablando; uno de ellos, enfocado por la cámara, se adelanta y deja ver tras él… un busto de Lenin. Maqua nos contó que había querido realizar una cinta sin interés partidista; nos dijo que en la casa había banderas republicanas, vascas y parafernalia del estilo “izquierdista retro”. Al filmar las escenas y montar la película, “limpió” esos “signos externos”, pero se le escapó el busto de Lenin.

Tener el busto de un “santo laico” como Lenin es suficientemente significativo de por dónde van los tiros. No estamos ante pacifistas consecuentes, sino antes ex miembros del PCE, que AUN siguen convencidos de que la mejor opción por la paz era la URSS, el Vietcong, la guerrilla del Ché, los RPG-7 sandinistas o… el propio Lenin. Pero Lenin era cualquier cosa menos un pacifista. Que se lo pregunten a la familia del Zar, a los muertos en la guerra civil contra los blancos, a los marineros de Kronsdat, a los cientos de miles de zaristas fusilados y a los millones de muertos por hambruna en aplicación de los principios del “socialismo”. Lenin no fue un santo, ni siquiera laico. Tener su imagen dice mucho sobre las convicciones y, especialmente, sobre las contradicciones de la dueña de la casa: una pacifista de 65 años de la que sería muy interesante conocer su pasada militancia política.

Y ahora verán ustedes lo que eran las “Brigadas por la Paz”. ¿Brigadas? ¿Por qué Brigadas? Brigadas en honor de las Brigadas Internacionales que combatieron en España. No es que especulemos, es que el propio Maqua nos explicó que, precisamente en recuerdo de las brigadas estalinistas que lucharon en España, la Asociación de Solidaridad con la Causa Árabe adoptó este nombre. Item más: para mayor INRI la “Brigada” llevaba el nombre… de un brigadista iraquí muerto en la guerra de España.

Solamente unos merluzos redomados o unos cínicos impenitentes pueden ignorar la historia y desconsiderar el hecho de que las Brigadas Internacionales, no solamente no tuvieron nada que ver con la paz, sino que fueron la punta de lanza del estalinismo en España. Y, por lo demás, no solamente no eran pacifistas, sino que militaron siempre en la izquierda comunista y, los menos, en el trotskysmo… no solamente los primeros se comieron, en sangrienta purga, a los segundos, sino que luego siguieron comiendo de la mano de “papá Stalin”. Y, aparte del juicio político que pueda hacerse sobre los motivos del estalinismo para cometer sus atroces purgas, lo cierto es que de Stalin, como de Lenin, decir que fueron pacifistas es algo grotesco y que evidencia, solamente, la pobreza de ideas con la que se movían los “pacifistas” españoles que fueron a Irak.

¿Cuál era su tarea en Irak? “Dar testimonio de lo que allí pasaba”. En realidad, no era exactamente ésta. Saddam jugaba la carta de la propaganda. Su objetivo era desacreditar el papel de los EEUU mostrando los destrozos causados por el uranio empobrecido y el bloqueo económico de 1990 a 2003. Y en este sentido hay que decir que, aparte del hecho de que fuera pura propaganda lo que vieron los brigadistas en los hospitales iraquíes,… las atrocidades no eran menos ciertas. Como seguramente también eran ciertas las atrocidades cometidas con los kurdos en 1990 que a los brigadistas parecieron no importarles mucho. Es triste ser un instrumento de propaganda de un régimen, cumplir con fidelidad perruna este cometido y ni siquiera enterarse. Pues bien, eso fue lo que le ocurrió a nuestros brigadistas.

Las motivaciones para ir a Irak

Maqua nos comentó –y no tenemos por qué no creer en su palabra- que algunos de los brigadistas ni siquiera sabían quién era Julio Anguita. Esto introduce otro elemento en la ecuación: carecían de la más mínima capacidad de análisis político o, si lo queremos decir con más rudeza, eran unos humanistas ingenuos, políticamente analfabetos a pesar de que alguno perdió los mejores años de su vida en el PCE.

A partir de mayo de 2002 era evidente para los analistas políticos que los EEUU iban a invadir Irak. En los días posteriores al 11-S ya se valoró esa posibilidad, sólo que entonces Ronald Rumsfeld sentenció: “Saddam Hussein es un hijo de puta, pero no es el hijo de puta de esta historia”. El hijoputa, para entendernos, era Bin Laden y el régimen talibán. Dos años después, el propio Runsfeld sentenciaba de nuevo que Saddam había alcanzado el dudoso honor de ser considerado como hijoputa por parte del Departamento de Defensa…

Si a partir de mayo de 2002 nadie podía llamarse a engaño, a partir de febrero de 2003, cuando el ejército norteamericano estaba concentrando ingentes cantidades de material bélico en Kuwait y Arabia Saudí y multiplicando sus esfuerzos diplomáticos por ampliar la base de la “coalición” (aquí es donde entran los bigotes de Aznar), era evidente que la guerra era imparable, se hiciera lo que se hiciera. ¿Valía la pena protestar en la calle? Pfff, quizás sí, pero sólo como forma de manifestar la desvinculación de Europa de los proyectos agresivos y expansionistas del neoconservadurismo americano. Y la mayor parte de los que se manifestaron lo hicieron sin unas motivaciones claras, “por la paz, no a la guerra”, que equivalía a decir: “no me calienten la cabeza con argumentos, soy solamente pacifista, del resto no entiendo nada”. Y de hecho, los brigadistas no entendían nada.

Julius Evola expresaba en “Cabalgar el Tigre” que, cuando estamos subiendo una montaña y nos viene un alud encima, lo más razonable es apartarse. Lo más probable es que si intentamos parar el alud, termine arrastrándonos consigo. Eso fue lo que les pasó a los brigadistas. No fueron conscientes de que NADA NI NADIE iba a parar a la maquinaria de guerra norteamericana y decidieron que con la infantil e ingenuo-felizota iniciativa de irse a Irak, Bush dudaría sobre si bombardear aquel país e iniciar el conflicto… Santa candidez de gentes, no por cándidas menos cortitas.

Nos cuesta, sinceramente, creer que los brigadistas fueron a Irak porque amaban la paz. Este tipo de gestos, normalmente, suele tener raíces más profundas y personales. Durante el docudrama, nos dio la impresión de que aquellos brigadistas no habían hecho nada más bueno en su vida que irse a Irak. Nos recordaban aquellos amigos que apenas han vivido otra aventura grande y diferente en su vida que la de irse al servicio militar. De regreso se pasan años contando sus “aventuras”, inevitablemente intrascendentes y farragosas, frecuentemente deformadas y amplificadas con el prisma del tiempo.

Los brigadistas quisieron vivir –por encima de su deseo de manifestar su oposición a la guerra- “su aventura”. En un momento dado, una de las brigadistas manifiesta que hubiera querido quedarse en Irak y… apuntarse a la insurgencia. Cuando su compañero le explica que siempre ha habido causas similares (y lo peor es que las enumera: Vietnam, Nicaragua… pero no oímos nada sobre la ocupación soviética de Afganistán o sobre la destrucción de Budapest por el Ejército Rojo o la invasión de Checoslovaquia) ella dice “pero esta es MI guerra”.

Se quiere vivir una “aventura” cuando se ha experimentado un fracaso o una incapacidad: fracaso emotivo, fracaso en una relación, fracaso profesional, fracaso en los estudios, fracaso laboral. Estamos íntimamente convencidos de que todos los brigadistas que aparecen en la película experimentaron, antes de su marcha a Irak, cualquiera de estos fracasos. En realidad, lo llevan escrito en el rostro.

Sirva como ejemplo el personaje más entrañable de la historia. Teresa, que ha invitado a los brigadistas a su domicilio en Asturias. No se habían visto desde que regresaron de Irak, hasta que Maqua los animó a reunirse y los filmó. Teresa es un caso patético. Su hijo murió cuando ella se encontraba en Irak. El dolor que experimenta toda madre al perder a su hijo solamente puede ser mayor por la ausencia y, en este caso, por las circunstancias de la pérdida (el hijo se suicidó después de haber matado a su mujer en un caso de violencia doméstica). Probablemente, si Teresa hubiera educado a su hijo de otra manera, si hubiera estado encima suyo durante los años formativos y si, en lugar de practicar cultos idolátricos a la estatua de Lenin, hubiera estado cerca de su hijo, esta tragedia asturiana no se hubiera producido. En ocasiones, los progresistas se empeñan en participar en campañas por la paz y la humanidad en el quinto pino y se olvidan de que en su entorno precisan mucho más de ellos que el “pueblo iraquí”.

Hay que añadir que en el docudrama aparece el embajador cubano tratando con los brigadistas españoles (¿recuerdan lo que les decíamos sobre el espinoso papel de los servicios cubanos en el movimiento por la paz y el no a la guerra de Irak?) y que el propio gobierno iraquí, cuando la guerra fue inevitable, les instó a repatriarse. Era evidente que, en el momento en que hablaran las armas, la presencia de esos brigadistas iba a ser especialmente cargante para el régimen iraquí.

La última contradicción: el petróleo

El fondo de la cuestión de este conflicto era el petróleo y la alianza de EEUU e Israel. Sobre las causas de la guerra ninguno de los brigadistas está en condiciones de explicar nada. No entienden lo que han visto, ni son capaces de interpretarlo más allá de algunas ideas generales y básicas. Uno de los brigadistas alude al “petróleo”, pero tiene gracia que la película se inicie con la llegada de este brigadista a la casa de su compañera Teresa,… en coche.

La pregunta demagógica a realizar por nuestra parte es: estos brigadistas tan bienintencionados y cándidos, ¿hubieran sido capaces de renunciar a llegar todos ellos en coche privado al domicilio de Teresa? Si les hubieran dado a elegir entre asegurarles la paz o el suministro de petróleo ¿qué hubieran elegido? La cuestión era ésa: asegurar el suministro petrolífero y, por tanto, el crecimiento industrial, y eso implicaba una guerra por el petróleo, o bien –como la España de ZP ha elegido, en contraposición con la opción de Aznar- tener unas lóbregas perspectivas en el suministro petrolero y ver cada día cómo se encarece un poco más el carburante. Los brigadistas, con sus coches, parecían querer el “oro” y el “moro”, el oro de la encomiable obra humanitaria que aforraron yendo a Irak pagados por Saddam, y el petróleo para el utilitario que, eso sí, no se lo toquen.

Hay que decir unas palabras finales: solamente los que están predispuestos a elevar a los altares a estos brigadistas pueden considerar su acción como digna de encomio. Para los críticos como nosotros, esa gente fue a Irak en un dramático intento de huir de su realidad y de sus frustraciones. No hace falta conocerlos al dedillo para advertirlo. La película, como nos decía Maqua, es “dura y se dirige a los sentimientos”… pero los sentimientos son irracionales, y lo irracional es siempre subjetivo y engañoso. Los brigadistas fueron a Irak a tener la aventura de su vida. Si lo hubieran pensado racionalmente jamás se habrían apuntado a ese bombardeo.

Por lo demás, justo es reconocer que “Willy” Toledo fue el pagano de este documental. No hubo subvención pública. Millón y medio (de pesetas…). Se podía haber estirado más. Pero la "solidaridad" y el "no a la guerra" dan de sí lo que dan de sí. No hay más cera que la que arde. Y, fuera de pose y el gesto dramáticamente rebelde, hay poca cera, mucho cerumen y mucha más caspa progre

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 25.08.06