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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

RHF nº XXXVI - Enero 2015

RHF nº XXXVI - Enero 2015

Info|krisis.- Con este primer número de la Revista de Historia del Fascismo del año 2015 nos reafirmamos en la trayectoria inicia hace cuatro años: difundir la historia del pre-fascismo, del fascismo y del neo-fascismo en un sentido genérico, no solamente haciendo referencia al partido político que triunfó inicialmente en Italia, sino a todo el ambiente político de carácter nacionalista y social que se impuso en buena parte de Europa de los años 30. Lo hemos dicho y repetido en muchas ocasiones: el fascismo es hoy Historia, sólo Historia y nada más (y nada menos) que Historia. Por tanto, no pretendemos hacer “política”, ni promover una ideología que ha quedado atrás en el devenir histórico y que hoy encontraría un marco muy diferente del que fue el suyo para afirmarse. La historia requiere de sus estudiosos, objetividad y serenidad, algo que la política no puede nunca aportar.

DOSSIER:

JOSE ANTONIO Y LA VIOLENCIA POLÍTICA (I de III)

Pocas veces en la historia de España un personaje ha sido presentado desde dos puntos de vista tan distantes y contradictorios. Mientras que la figura de José Antonio para muchos aparece como el arquetipo de capitán de una banda de pistoleros sin escrúpulos, diestros en el tiro en la nuca, para sus partidarios es un hombre que rechazaba la violencia y que, finalmente, fue víctima de la violencia desencadenada por otros. El objeto de este ensayo será, pues, intentar recordar lo que nos dice la historia sobre las relaciones de José Antonio y de otros doctrinarios del nacional–sindicalismo con la violencia política. Intentaremos realizar una visión integral del conflicto y percibir todos sus matices, algo que está reñido con los esquematismos que impiden percibir la figura del fundador de la Falange como un personaje histórico al que se le debe un tratamiento histórico.

Págs. 8-95 

FASCISMO FRANCÉS

BUCARD Y EL FRANCISMO BAJO LA OCUPACIÓN ALEMANA

En junio de 1936 el Partido Francista fue prohibido por el Frente Popular francés. Su semanario, Le Franciste, seguiría publicándose en los años siguientes y través suyo, Bucard pudo manifestar su opinión sobre los trepidantes acontecimientos que se fue-ron sucediendo entre el estallido de la guerra civil española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial. No sería sino hasta la ocupación de Francia por las tropas alemanas cuando Bucard, arrastrado por algunos seguidores entusiastas, refundaría el partido que siguió operando en los cuatro años siguientes. Este estudio es la segunda parte del publicado en el número XXVII de la Revista de Historia del Fascismo (diciembre de 2013, págs. 114–143) dedicado a la figura de Marcel Bucard y al francismo.

Págs. 96-154

 

ALEMANIA

LA REVOLUCIÓN CONSERVADORA. III REICH CONTRA II REICH

La obra de Armin Mohler Die Konservative Revolution tiene dos partes esenciales: la primera es una descripción de los rasgos esenciales del movimiento, la segunda constituye un verdadero catálogo sistematizado de obras y de autores pertenecientes a este movimiento. Dado que en su inmensa mayoría (salvo las obras de Jünger y von Salomon) estos autores son desconocidos en España y no han sido traducidos, consideramos que vale la pena traducir solamente la primera parte de la obra. En este número de la Revista de Historia del Fascismo presentamos la primera parte de la traducción del capítulo segundo.

Págs. 155-196

LITERATURA FASCISTA

NAZISMO Y ANTISEMITISMO EN LA LITERATURA AZUL

Reproducimos el trabajo universitario publicado sin más indicación, en la web http:// ejournals.library.vanderbilt.edu/ojs/index.php/lu-sohispanic/article/view/3253/1468. Se trata de un estudio que tiene, como otros del mismo estilo, la virtud de presentar una panorámica completa sobre los textos de los intelectuales y poetas falangistas (en realidad muchos de ellos eran “camisas nuevas” o próximos al franquismo más que al falangismo) que mostraron cierta simpatía y afinidad por el nacional-socialismo y el antisemitismo. Como hemos tenido ocasión de analizar en otros ensayos, el antisemitismo no era una componente significativa del fascismo español y solamente abarcaba a sectores minoritarios y muy específicos. Sin embargo, resulta significativo el vigor y la rotundidad con que estos autores expresan su germanofilia que constituyó un verdadero signo de los tiempos.

Págs. 197-232.

FICHA TÉCNICA

Ficha técnica: 250 páginas
Formato 15x21 cm
Portada cuatricomía con solapas
Ilustrado
PVP: 18,00 euros (50% de descuento para librerías y grupos) + 4,00 de gastos de envío.
Pedidos: eminves@gmail.com

 

Grecia ¿Mañana España?

Grecia ¿Mañana España?

Info|krisis.- Grecia ha pasado página. A partir de ahora, ya nada será igual en un país que ha dado el 36,12% de los votos a Syriza, dando la espalda a los partidos tradicionales de centro-derecha y de centro-izquierda. A partir de ahora, la negociación con la “troika” no podrá darse en los mismos términos que durante el gobierno de Yorgos Papandreu (PASOK) o de Antonis Samas (Nueva Democracia). El resultado electoral del domingo ha sido el lógico remate a lo sucedido en aquel país desde 2004, cuando el gobierno conservador de Karamanlis empezó a falsear sistemáticamente los datos facilitados a la Unión Europea. Ahora, los griegos han votado masivamente a quien les promete el fin de la austeridad. Decir que ha empezado un nuevo ciclo político en aquel país no significa decir que a Grecia le espera un futuro radiante…

¿Quién ha fracaso en Grecia? ¿Quién fracasa en Europa?

Las elecciones del 25 de enero en Grecia han supuesto el toque de trompetas del Apocalipsis para las dos grandes formaciones tradicionales de centro-derecha y de centro-izquierda. Las cancillerías europeas iban registrando en los días previos a las elecciones griegas una desmoralización creciente. Quienes han perdido en Grecia han sido los aliados de Angela Merkel y de Mariano Rajoy; quién ha perdido es el euro (que irá bajando y perdiendo credibilidad hasta la paridad con el dólar USA), quienes han desaparecido son los “compañeros y compañeras” de Hollande y del infortunado Pedro Sánchez. Ha habido un terremoto político en Grecia y los perdedores son los partidos que han gobernado en Europa desde hace 70 años.

Resulta significativo que incluso el Banco Central Europeo, en los días previos a las elecciones griegas, haya tenido que salir en defensa del euro con su “plan de inversión pública” y sus 50.000 millones de euros ficticios mensuales destinados a comprar deuda pública de los países europeos. Es significativo que esta práctica no se hubiera iniciado cuando empezó la crisis de la deuda, allá por el ya lejano 2009. Durante esos cinco años la política del BCE ha hecho que se cerraran los créditos bancarios para los ciudadanos y las empresas, ha convertido la compra de deuda (con dinero tomado prestado del BCE) en prácticamente la única actividad bancaria, nos ha situado en plena deflación, ha mantenido contenidos con tendencia a la baja a los salarios en el marco de la UE en lugar de recurrir a la devaluación… ha supuesto una verdadera tragedia para Europa, al lado de una garantía de que la banca seguiría ganando lo mismo, haciendo una tarea menos arriesgada. Pero ha sido solamente cuando en un pequeño país, existía el riesgo de que alguien dijera “el rey está desnudo”, cuando el BCE ha reaccionado.

El “pequeño problema” y el “gran problema”: el Front National

El problema de Grecia es un “pequeño problema”. Pero es un ejemplo. Es un pequeño problema porque la economía griega es una quinta parte de la española (a pesar de que su deuda sea la tercera parte de la nuestra). El verdadero problema es que si la situación económica en Europa sigue como hasta ahora, si el voto de protesta se sigue concentrando en sectores políticos nuevos, no se podrá evitar que, no en un pequeño país (Grecia), ni en una economía de segunda división (España), sino en un gran país con una economía de primera división (Francia), termine gobernando a la vuelta de tres años el Front National. Y eso sí que supondría el final, no sólo de la UE europea en su actual configuración, sino también de la OTAN como fuerza de choque de los EEUU.

Si tenemos en cuenta que el dólar mantiene su poder como moneda de cambio gracias a que los marines son capaces de intervenir en cualquier zona del planeta, y que los misiles del Pentágono constituyen el verdadero respaldo para la moneda americana y la OTAN la garantía de que su sistema de alianzas sigue siendo sólido, podemos suponer lo que supondría, no sólo a nivel económico, sino geopolítico, no ya la convulsión griega, sino la que puede tener lugar en Francia.

Lo que preocupe entre los “señores del dinero”, en el Pentágono, y en las internacionales liberal-conservadora y socialista, es la posibilidad de que los “votos de protesta” se generalicen en toda Europa, que los ciudadanos dejen de “votar útil”, se les pase el miedo a nuevas experiencias y se produzcan corrimientos sísmicos de votos que acaben con los equilibrios de fuerzas y los compromisos que se vienen arrastrando desde 1945. Lo ocurrido en Grecia merece ser examinado desde este punto de vista.

El pasado reciente de Grecia: los responsables

Como era de prever, el PASOK ha quedado completamente desintegrado. En efecto, ni siquiera el jefe de los socialistas griegos y presidente de la Internacional Socialista, Papandreu, ha conseguido escaño y su formación ha quedado sumida en la séptima posición. Para colmo, la primera reacción en el interior esta vetusta formación política ha sido el cruce de acusaciones entre Papandreu y Evangelos Venizelos, sobre quién de los dos era el responsable de que Amanecer Dorado se convirtiera en tercera fuerza política…

En cuando a Nueva Democracia, ha conseguido apenas “salvar los muebles” con un honroso 28% y 76 escaños que le permitirán mantener un papel en la oposición. Para su líder Antonis Samarás, la apelación al “voto útil”, a “evitar aventuras”, “cumplir los compromisos para evitar el caos”, le ha proporcionado unos años de respiro. El electorado conservador y refractario a los saltos al vacío, se ha concentrado tras la bandera del partido que trajo el problema a Gracia. Hay que recordar que Konstantinos Karamanlis fundó Nueva Democracia en 1974 para sustituir al “régimen de los coroneles”. En aquel tiempo, en España, algunos ansiaban hasta tal punto la creación de un partido similar que vieron en Fraga al émulo de Karamanlis. La revista de humor e la época, Hermano Lobo, aludía al embajador español en Londres como “Fragamanlis”, el predestinado a traer la democracia…

Fue su sobrino Konstantinos “Kostas” Karamanlis quien inició lo que el electorado griego conservador ha querido olvidar: el falseo sistemático de cuentas rendidas a la UE. Los socialistas del PASOK prosiguieron con esta tradición. El resultado fue que Grecia figurada con un déficit del 2,5%, cuando en realidad era del 20%. Fue así como entró en la “zona Euro” un país que no reunía las condiciones requeridas para formar parte de la moneda única y cuyas cifras suponían un esfuerzo adicional a la UE en ayudas a fondo perdido.

Por otra parte, ni centro-derecha, ni centro-izquierda hicieron absolutamente nada para “disciplinar” a la anárquica economía griega. La existencia de cientos de islas en el Egeo facilitaba una economía en la que el contrabando ocupa un lugar preferente. La recaudación fiscal estaba reducida a la mínima expresión. El fraude en la declaración de impuestos ha sido la práctica habitual desde la restauración de la democracia en 1974, unido a la prepotencia de los dos partidos tradicionales que creían haber constituido un régimen en el que se irían turnando para ejercer el poder hasta el infinito, con unos niveles de corrupción superiores incluso a los de la Generalitat de Cataluña o a la Autonomía Andaluza.

La Grecia que fue a votar

Se ha definido a la Grecia de 2015 como una suma de ira, un deseo de esperanza y una deuda impagable (aunque se produjera otra quita quedaría sin resolver el problema de cómo se pagaría el resto o, incluso, aunque por un milagro de la negociación, la “troika” aceptara una quita total, subsistiría el problema de qué va a vivir la economía griega a partir de ese momento). Los resultados electorales responden a este esquema y han abonado el irresistible ascenso de Syriza (cuyo programa contiene tanta esperanza como ira), el mantenimiento de las posiciones de Amanecer Dorado (sólo ira), el hundimiento del Pasok (ni ira, ni esperanza), y la segunda posición de Nueva Democracia (esperanza sin ira).

La deuda impagable, resultado de la mala gestión de Nueva Democracia y del Pasok, ha generado más de 300.000 millones de déficit, la pérdida del 25% del PIB, un empobrecimiento generalizado de la sociedad griega y el aumento del peso político de la extrema-derecha, Amanecer Dorado, y de la extrema-izquierda, Siryza. Es en esas dramáticas circunstancias cuando la “troika” interviene la economía griega y, bruscamente, se instauran las políticas de férrea austeridad.

El hecho de que, tanto el Pasok como Nueva Democracia, hayan pasado estos últimos años echándose en cara unos  otros, la responsabilidad de lo ocurrido, ha operado un efecto balsámico en el electorado. El voto de centro-izquierda ha abandonado una formación que era tan tradicional como corrupta y se ha reubicado en la “nueva izquierda”.

Los votos a Amanecer Dorado, por el contrario, han surgido especialmente de los sectores que hasta ahora ni siquiera iban a votar o de aquellos otros alarmados, no sólo por la llegada constante de inmigrantes a un país que no puede ni mantener a sus clases más necesitadas, sino por el aumento de la delincuencia y las ayudas sociales que reciben y que se detraen de la población griega de origen.

En cierto sentido, esta campaña electoral ha sido una campaña contra Amanecer Dorado que se inició desde el mismo momento en el que se cerraron las urnas en 2012. En esa ocasión el partido obtuvo 440.992 votos, un 7%, y obtuvo 21 escaños. Los resultados del domingo indican la fidelidad de un electorado particularmente joven (el 23% de los jóvenes griegos, entre ellos el 12% de los estudiantes) y lo bien que el partido ha resistido una represión que mantiene en estos momentos a toda su cúpula encarcelada. En estas condiciones ya ha sido milagroso el que el partido estuviera en condiciones de presentarse a las elecciones y de realizar una campaña electoral.

Amanecer Dorado es hoy una formación a la espera: el electorado griego ha probado soluciones moderadas de derechas y de izquierdas, ahora queda ver que aporta una solución de extrema-izquierda cuyo ejercicio de gobierno no va a ser precisamente un camino de rosas. Según los resultados y según la imagen que sea capaz de proyectar sobre la sociedad griega (el partido ha obtenido un 6% de los votos ejerciendo la carta del radicalismo, tiene un “suelo” suficiente como para, ahora, tender hacia un electorado más moderado y, sobre todo, debe de estar pendiente de la evolución de Siryza en la medida en que el “voto de protesta” puede cambiar radicalmente de orientación en pocos meses.

El enigma de Syriza

La presencia de Pablo Iglesias en la campaña electoral griega y las evidentes similitudes entre Podemos y Syriza, no pueden hacer olvidar que el partido griego está constituido por un entramado de organizaciones políticas de extrema-izquierda procedentes de faunas ya desaparecidas completamente en España: aquí ya no quedan grupos “maoístas” (extinguidos en los 80), en cuando a los trotskistas, después de un período de fragmentación (años 80), pasaron a reconsiderar sus posiciones y entrar en IU (años 90), antes de desaparecer completamente con el inicio del milenio. Lo que queda hoy de “extrema-izquierda clásica” no es más que unas pocas decenas de miembros del PCE(m-l) y un puñado de trotskistas divididos en media docena de subgrupúsculos. Nada, en cualquier caso, ni con capacidad ni maniobra, ni con capacidad para hacer valer sus tesis. Lo esencial en Podemos son “movimientos sociales” organizados a través de “círculos”. Nada parecido al origen de Syriza.

Este partido (cuyo nombre es el acrónimo griego de “Coalición de Izquierda Radical”, pero que en lengua de Homero significa también “Por la raíz”) es una amalgama de pequeños partidos de extrema-izquierda, movimientos sociales controlados por estas formaciones, que ha pasado de un 3% de votos en las elecciones de 2004 a 36,12% en las de 2015. Entre las formaciones que lo componen se encuentran escisiones del Pasok (el Movimiento Democrático Social), escisiones del Partido Comunista de Grecia (el Movimiento por la Unidad de Acción de la Izquierda y el Synaspismós), maoístas (Organización Comunista de Grecia), trotskistas (Izquierda de los Trabajadores Internacionalistas y la Organización Socialista Internacionalistas), ecologistas de izquierdas (los Ecosocialistas y la Izquierda Innovadora Comunista-Ecologista) y el partido de izquierdas Kokino.

Syriza, está dirigido por una dirección colegiada de la que Alexis Tsipras es el portavoz y debe rendir cuentas de sus iniciativas. El menor problema de Syriza, en este momento, es alcanzar ese par de escaños que le faltan para alcanzar la mayoría absoluta (los encontrará entre los “independientes” (que han obtenido 13 escaños), o bien entre el To Potami (liberal-oportunistas).  

A partir de ahora, Tsipras va a estar sometido a dos presiones que difícilmente resistirá su falta de experiencia en gestión directa del poder. Por encima se va a ver presionado por la “troika” de Bruselas encargada de que Grecia no se convierta en un ejemplo para el resto de países en dificultades y que por sus dimensiones económicas (España e Italia) podrían suponer el fin del euro y de la misma UE. La “troika” se mostrará ligeramente flexible, pero no condescendiente. Y Tsipras lo que necesita es un milagro que venga de parte de la UE. En las actuales circunstancias, incluso una condonación de 2/3 de la deuda no resolvería gran cosa (quedarían 100.000 millones por pagar para un país que hace dos años que no emite deuda (a la vista de que el BCE cubre sus pagos exteriores y que el nono griego está muy por debajo del “bono basura”.

Pero, por otro lado, Tsipras va a tener que bregar con el popurrí de partidos de izquierdas que forman su coalición, cada uno de los cuales está preso de la lógica dogmática heredada del viejo leninismo de hace cien años. Dentro de la coalición ya se perfilan posiciones entre los “ultrancistas” y los “realistas”, entre los partidarios de llegar a acuerdos y aquellos para los que el salto al vacío (salida de Grecia de la zona euro) es la mejor opción.

Así pues, los márgenes que Tsipras tiene para resolver el problema (en el caso de que el problema griego tenga solución) son excepcionalmente estrechos. Como en todos los partidos de “protesta”, la parte más fuerte de su discurso político son las injusticias a las que se ha visto sometido el electorado por parte de los “señores del dinero”, pero su parte más débil es, siempre, como resolver la papeleta económica. Tanto Podemos, como Die Linke o Syriza, pero también el Front National, Amanecer Dorado, la Lega Nord, el FPÖ, el UKIP, tienen justamente este mismo problema: es fácil criticar una situación y aislar los elementos que la han desencadenado, pero mucho más difícil definir políticas que atenúen el poder casi omnipotente de los “señores del dinero”.

Los escenarios que pueden preverse

Todo puede pasar en Grecia. Sin olvidar que lo que ocurra en Grecia puede reproducirse, como hemos dicho en otros países en dificultades. Consideramos que hay tres escenarios a considerar:

1) Syriza logra atenuar el impacto de la presión de la “troika” y ampliar sus márgenes para reordenar la economía. En ese caso: se facilita el que partidos similares en otros países adopten las mismas posiciones, queda debilitada la política del BCE.

2) Syriza no consigue mejorar las condiciones para el pago de la deuda. En ese caso: abandono de Grecia de la “zona euro” y más que probable “rescate” de Rusia que recuperaría así el peso perdido en los Balcanes tras la desmembración de Yugoslavia, condicionando a partir de ese momento la política turca. Eso implicaría “pago de deuda” a cambio de “salida de Grecia de la OTAN”. Convulsión geopolítica de altura.

3) Syriza no consigue mejorar sólo levemente las condiciones para el pago de la deuda. En ese caso: estallido interior en el partido-coalición (por las diferentes valoraciones de lo obtenido y sobre el comportamiento a partir de ese instante), pérdida de bases electorales, convocatoria de nuevas elecciones a la vista de dos años.

No hay muchas más posibilidades. Hemos entrado en un momento histórico en el que, en Europa, todo empieza a ser posible. Poco importa que Syriza sea una coalición de partidos marxistas como ya no existen en lugar alguno del planeta (salvo en China y Corea), poco importa que Syriza tenga pocas posibilidades de salir airosa del poder que el domingo 25 de enero acaba de conquistar.

Poco importa que Grecia sea un pequeño país situado en el otro extremo del Mediterráneo. Lo que realmente importa es que se ha producido una convulsión en Europa, que el régimen que ha gobernado aquel país durante 40 años, ha quedado, finalmente pulverizado y que allí se abren, a partir de ahora, espacio vacíos que pueden ser ocupados por nuevas fuerzas políticas.

No todas son oportunistas de pocos escrúpulos como To Potami, el partido improvisado a última hora para restar votos moderados de protesta a Syriza. Hay un Amanecer Dorado con un 6% de votos que está ahí. Su dirección deberá asumir que ahora precisa cambiar el lenguaje, adaptarlo a la nueva realidad.

¿Mañana España?

La presencia de Pablo Iglesias en la campaña electoral griega no debe de inducirnos a equívocos. Ni Podemos es Syriza, ni Grecia es España, ni siquiera Tsipras es Pablo Iglesias. Pero hay ciertas similitudes entre ambas situaciones: también España está a punto de cumplir el 40º aniversario de su régimen político. También aquí gobiernan los amigos de la Merkel y todavía hoy, los colegas de Hollande se tienen por “primer partido de la oposición”. Con un gestación y un origen muy diferente, Podemos se verá reforzado por la victoria de Syriza… aunque también, lo que ocurra después puede llegar a ser un lastre para la formación española. De lo que no cabe la menor duda es que en Grecia existe el mismo hartazgo por parte de los partidos tradicionales que el existente en España. Y, presumiblemente, la reacción del electorado vaya a ser la misma.

Con un PSOE sumido en una profunda crisis interna y que, horrorizado percibe que ya ni siquiera basta con el rostro de un Pedro Sánchez para mejorar expectativas de voto, consciente de que la crisis del PSC le resta para siempre la posibilidad de revalidar una nueva mayoría absoluta, con una Susana Díaz como única alternativa de recambio, surgida del fango hediondo y corrupto del socialismo andaluz, a nadie se le escapa que la sigla PSOE está más que amortizada. Podemos es ya hoy la formación de referencia en la izquierda.

¿Hay que alarmarse por ello? Para unos, después del PP y del PSOE, en las actuales circunstancias, vendrá el diluvio en forma de un fuerte tirón de Podemos que impulse a los restos del PP-PSOE a una “Gross Koalition” de cara a salvar lo salvable. Para otros, el ascenso de Podemos y la paralela caída del PSOE y del PP, son apenas una “oportunidad” de romper el statu quo que ha gobernado la política español en los últimos 40 años. ¿El riesgo? Que en España no hay una fuerza que no sea de izquierdas que asuma el voto de protesta.

Y puede hacerse… sólo falta que las direcciones de los partidos identitarios entiendan que estamos entrando en una nueva fase histórica y que se precisa un gran partido nacional que solamente puede surgir del acercamiento de las pequeñas formaciones ya existentes.

Todos tenemos, pues, algo que aprender y algo sobre lo que meditar tras las elecciones griegas.

© Ernesto Milá – Info|krisis – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.

 

 

 

 

Castaluña, Sansón y los filisteos

Castaluña, Sansón y los filisteos

Info|krisis.- Cuando la pugna táctica para ver quien se llevaba el grueso del voto independentista llevaba dos meses prolongándose en medio de una indiferencia cada vez más generalizada, ante la alarma y el desconcierto de los votantes soberanistas y con una evidente pérdida de vigor del grueso del independentismo, finalmente Artur Mar y Oriol Junqueras llegaron a un acuerdo cuyo resultado fue la convocatoria de elecciones “anticipadas” para el 27 de septiembre de 2015. Lo de menos es que, otra vez –y va la cuarta– Mas volvía a tomar el pelo a Junqueras. Lo importante es que, en los días que han seguido, la presidencia de la Generalitat ha dado muestras de irrealismo político que disipan cualquier duda: el soberanismo va en serio... Hay algo nuevo en los últimos movimientos de Mas que permiten asimilarlo al mito de la caverna y a la imagen bíblica de Sansón.

El error de los analistas políticos y su origen

Puede parecer ingenuo el que hasta ahora algunos analistas hayamos pensado que Artur Mas jugaba de farol y que su órdago independentista no era tal, sino solamente un deseo de presionar al gobierno de Madrid para obtener más dinero para Cataluña (esto es, para quienes gobiernan, la “castaluña”, como si consideraran aquella autonomía como patrimonio personal). La cosa –pensábamos– se arreglaría con unos euracos de más trasferidos a la Generalitat. El paquete se completaría con el archivo de las causas abiertas contra dirigentes de CiU y, especialmente, contra la cúpula del pujolismo. Así pues, todo era una escenificación que no traería más consecuencias.

Esta interpretación se basaba sobre todo en la manifiesta imposibilidad de que se produjera la independencia de Cataluña: no existía “consenso” (lo habían demostrado ampliamente los referendos informales por la independencia organizados a partir del de Arenys de Munt en 2009, en los que apenas votó el 19% de la población, confirmados por los resultados del 9–N y que demostraban a las claras que el soberanismo distaba mucho de tener “fuerza social” suficiente para algo tan trascendental como formar un nuevo Estado desgajando otro. Tampoco existían condiciones internacionales favorables: la Unión Europea ha sido desde el principio una “unión de Estados nacionales” y, por tanto, se excluía la fragmentación de uno de ellos (so pena de que este proceso pudiera reproducirse en cualquier otro, especialmente en Francia y Alemania). En lo que se refiere a las condiciones económicas, no solamente eran desfavorables a la independencia catalana, sino ampliamente contrarias a la misma: los productos fabricados en Cataluña se venden, sobre todo en España, y en segundo lugar en Europa (especialmente en Francia). A nadie se le escapa que un “decoupling” entre Cataluña y España, no sería el mejor argumento para promocionar los productos catalanes más allá del Ebro. Por su parte, Francia se siente diariamente ofendida y en situación de “prevengan” cuando los informativos de TV3 presentan el mapa de “Cataluña” incluyendo el Rosellón y la Cerdaña. Las cifras de inversión extranjera eran, igualmente, catastróficas para el independentismo, sin olvidar que solamente en 2013, 3.000 empresas, inicialmente con sede social en Barcelona, se reubicaron en Madrid. Algo que se ha repetido con más fuerza en 2014 a pesar de que todavía no se conozcan las cifras.

En tales condiciones ¿se puede reprochar a los analistas políticas que apostáramos por que el “proceso soberanista” no fuera más que una simple excusa para presionar al gobierno central en aras de obtener mayor dotación presupuestaria para Cataluña?

La lógica llevaba a pensar que un gobierno de la Generalitat que tenía experiencia en materia internacional, que conocía las cifras macroeconómicas, la legislación internacional y la realidad social y económica de Cataluña, no podía estar hablando en serio de independencia. Todo quedaría en un combate de boxeo con tongo, mediante una negociación reservada entre Mas y Rajoy y el comunicado final que, al final, cada parte emitiría, el primero presentando los dineros obtenidos como un avance en el “proceso de construcción nacional de Cataluña” y el segundo alardeando que se había alejado el “peligro separatista” y, eventualmente, que CiU apoyaría en Madrid los presupuestos generales… Pues bien, los equivocamos, o más bien no entrevimos como se iban a desarrollar los acontecimientos.

Cómo el soberanismo se introdujo él mismo en la caverna de Platón

Entonces ¿qué ha ocurrido? ¿Cómo cayó Artur Mas en la deriva soberanista? Hace falta recapitular brevemente y llegar al origen de la actual  fase del “proceso soberanista”: Mas, recién llegado al poder, en plena crisis de la deuda soberana, precisaba fondos para reactivar a una Cataluña que en pocos años había perdido el 30% de su capacidad industrial, azotada por el paro, especialmente juvenil, la inmigración más parasitaria, y añorando los tiempos en los que era “faro y guía” de la industria española. Era evidente que, en sus primeros meses de gobierno, Artur Mas había revitalizado al independentismo, inyectando en sus circuitos, tres millones y medio de euros, gracias a los cuales, fue posible empezar a mover las grandes campañas soberanistas en la sociedad catalana. Parecía claro –y a nadie se le escapaba– que Mas pretendía chantajear al Estado (de manera más tosca que lo había hecho Pujol durante 20 años, pero no por ello menos eficiente) diciéndole: “Estas son mis exigencias, si no las cumplís, os las tendréis que ver con los soberanistas y con ellos no tendréis posibilidad de entenderos” versión catalana del “golpear el árbol para que caigan los frutos”…

Mas, después del “rutilante” 11–S de 2012 viajó a Madrid, se entrevistó con Rajoy y retornó con las manos vacías: el Estado, simplemente, no tenía más dinero para Cataluña. A partir de ese momento, la táctica consistió en ir aumentando la presión soberanista. Las cifras de asistentes a los actos del 11–S fueron elevándose hasta lo imposible: 1.200.000 personas (2012), 1.500.000 personas (2013), 1.800.000–2.000.000 (2014)… A lo largo de este tiempo, pesó mucho el hecho de que cada vez más la clase política de CiU se encerraba en sí misma, accediendo solamente a hablar con ERC, mientras el PSC se difuminaba cada vez más y el diálogo se hacía imposible con cualquier otra fuerza política o social que no fuera soberanista. Mas y los suyos cometieron entonces un error de apreciación: tomaron la parte (el bloque de opinión soberanista–nacionalista–catalanista) por el todo (la sociedad catalana) y pasaron a identificar los valores de esa parte como si fueran compartidos, queridos y anhelados por toda la sociedad catalana. Los analistas políticos nos engañamos en la percepción real de la situación porque ignorábamos que la clase política nacionalista era víctima de un espejismo autoinducido. Los nacionalistas se habían recluido en la “caverna platónica”…

Platón, en La República, cuenta que un grupo de hombres encerrados desde su nacimiento en el interior de una caverna oscura apenas pueden ver destellos de realidad gracias a la iluminación de una hoguera que apenas proyecta sombras. Los allí encerrados, consideran aquellas sombras como “verdades”, toman la sombra por la única realidad existente. No pueden conocer nada que exista más allá de caverna. La percepción objetiva de la realidad, necesariamente, se les escapa. Presos por su ideología pequeño–burguesa, mezquina, imposible de encajar históricamente en el siglo XXI, vistos con desconfianza por sus actos pasados, por sus exacciones y sus abusos, sus imposiciones y su soberbia, incomprendidos en el resto de España y en buena parte de la propia Cataluña, los miembros de CiU y ERC, se han encerrado en sí mismos, han creado ellos mismos su propia caverna, más allá de la cual les parece imposible que exista otra realidad, de la que solamente perciben sombras difusas.

El efecto ha sido el que cabía esperar y el que Platón previó: aun cuando alguno de estos “cavernarios” lograra zafarse de sus cadenas y ver el mundo exterior (Durán i Lleida, por ejemplo), y tuviera intención de redimir a sus compañeros aún en las sombras, éstos se reirían de él. Le dirían que sus ojos se han estropeado con la luz del Sol y que, en el fondo, es más tranquilizadora, la oscuridad de la caverna. A fuerza de hablar solamente entre ellos, de ignorar cualquier consideración que no estuviera envuelta en las sombras cavernosas (y cavernícolas) del soberanismo, ellos mismos se han ido autoconvenciendo de que la independencia es posible. Y en eso están.

Poco a poco se van filtrando noticias que indican que Mas no está escenificando una parodia con el simple objetivo de presionar a Madrid, ni que lo esté haciendo sólo por tacticismo electoral intentando acaparar el grueso del voto soberanista. En los últimos días, el hecho de que apareciera extemporáneamente en la manifestación bo–bo de París pretendiendo, de manera tan insensata como ridícula, filtrarse en el bloque de los “jefes de Estado”, el hecho de que en estos momentos se estén elaborando (y sufragando) tres proyectos de “constitución catalana” o que Mas haya desviado más fondos para la ANC, el Ómnium y demás clique independentista, o que haya “ordenado” a los Consellers que en seis meses preparen las “estructuras de un Estado” independiente, son síntomas de que, efectivamente, cree verdaderamente que la independencia será posible después de las elecciones “anticipadas” convocadas para el 27 de septiembre… La caverna le impide ver la realidad objetiva.

 

En 2012 ya se anticiparon las elecciones autonómicas. A pesar de convocarse después del 11–S, CiU perdió 12 escaños… De ahí que ahora Artur Mas quiera ser más “prudente”: las elecciones se celebrarán inmediatamente después del 11–S, sin esperar dos meses, con una opinión pública bajo el efecto de una manifestación que deberá de agrupar, siguiendo la escalada de asistencia proclamada por los medios de comunicación de la Generalitat, en torno a 2.250.000 personas… Mas cree que todavía puede recoger lo esencial del voto nacionalista y soberanista y que conseguirá incluso que el catalanismo más moderado le siga. Al tener mayoría absoluta, en la primera sesión, el Parlament decidirá constituirse en “nación independiente” y el “proceso soberanista” habrá llegado a su última etapa. La última frase, como en cualquier cuento, la puso la campaña SioSi el pasado 9–N en la que se prometía a cada cual un futuro esplendoroso en una Cataluña independiente, equivalente al tópico final de los cuentos infantiles: “Y todos [los soberanistas] fueron felices y comieron perdices”…

Era evidente que tras el 9–N, ERC estaba demasiado crecida como para que Mas convocara unas elecciones que perdería irremisiblemente. Estas solamente podían ser, tal como quería Mas, “plebiscitarias” (lista única soberanista, que enmascararía la caída en picado de intención de voto de CiU, a causa del Caso Pujol esencialmente). Al no conseguir arrastrar a ERC a esas posiciones, Mas ha optado por retrasar la convocatoria electoral hasta después del 11–S.

Además, hay un fenómeno nuevo: la irrupción de Podemos en Cataluña que arrastrará el voto de protesta que hasta ahora iba capitalizando ERC. Cuanto más crezca Podemos allí, más disminuirá el peso de ERC. Y, a medida que pasa el tiempo, Podemos va situándose en las encuestas como segundo partido en intención de voto en España y avanzando en Cataluña. Por otra parte, Mas cuenta con que Rajoy será lo suficientemente inteligente como para no atacarlo frontalmente (acelerando los juicios contra las cúpulas de CiU, especialmente, pero también impulsando a la “sociedad civil” contra el soberanismo). Mejor, para Rajoy, una CiU fuerte que disminuida ante una ERC devenida “primer partido”. Los meses que median entre hoy y el 27–S van a ser los meses que necesita CiU para recuperar el espacio perdido en beneficio de ERC.

Hace falta ver la programación en catalán de TV2 para advertir que esta televisión controlada desde el gobierno central se ha convertido en atalaya de CiU, un verdadero regalo de Rajoy. Hace falta preguntarse por qué los procesos contra el clan Pujol están desacelerados y por qué los grupos antisoberanistas de la “sociedad civil catalana” no solamente no reciben ni un euro de ningún “fondo de reptiles” del Estado, sino que tampoco son apoyados por el PP. Digámoslo claro: Rajoy prefiere una CiU fuerte a una CiU capi disminuida ante ERC… Y es que Rajoy cree, como creíamos la mayor parte de los analistas políticos hasta no hace mucho, que Artur Mas jugaba de farol.

Pero la realidad, más allá de la caverna, es pertinaz: en el siglo XXI no hay lugar para pequeñas naciones improvisadas. Apenas entre un tercio y una cuarta parte del electorado catalán apoyan la secesión. Antes del 27–N se celebrarán las elecciones municipales y en ellas va a ser inevitable que CiU pierda concejales, que se introduzcan nuevas fuerzas políticas en los ayuntamientos y se redimensionen otras (hasta en la conserjería de San Judas, patrón de las causas imposibles, se oyen las plegarias del PSC para salvar lo salvable). Y, para colmo, lo que no ha calculado Mas es que en las elecciones del 27–N, los partidos contrarios a la secesión harán campaña (cosa que no hicieron el 9–N) y una parte del electorado nacionalista y catalanista –la que quiera entender y entiendan– tendrá ocasión de escuchar los argumentos contrarios a la independencia. Podemos estará presente y sea lo que sea que diga, el voto que acaparará será el de protesta. Y en Cataluña, “protestar” equivale a oponerse a la “castaluña” formada por el nacionalismo soberanista.

En los últimos días varios canales de televisión han repuesto Sansón y Dalila, una película intrascendente, tirando a mala y con aspectos infumables, casi un arcaísmo freaky, empezando por el casting (el que un gay como Victor Mature encarne a Sansón aspirando a casarse con Angela Landsbury, entonces acaramelada adolescente y hoy, sin duda, el personaje más odiado de Hollywood, pero sea Hedit Lamarr la que ejerza de Dalila, no es lo peor de esta cinta del inefable y bíblico Cecil B. DeMille). Al ver en la última escena de la película, a un improbable Sansón derribando las dos columnas del templo al grito de “Muera Sansón con todos los filisteos”, no hemos podido sino recordar a Artur Mas.

Mas como Sansón, está preso de los nuevos filisteos, los soberanistas. El edificio del templo del nacionalismo se sostiene y se ha sostenido siempre sobre dos columnas que siempre han representado al “seny” (el catalanismo conservador) y la “rauxa” (el independentismo exaltado), hoy encarnados por CiU y ERC, respectivamente. El destino ha querido que un tipo, que aspira más a ser el Clark Kent que al Sansón bíblico, esté en la base de lo que es, sin duda un “proceso hacia ninguna parte”. El fracaso de ese proceso entrañará el fin político (o cuanto menos, una grave crisis) tanto de CiU como de ERC y la muerte del nacionalismo catalán, que seguirá en esto en su agonía a las del nacionalismo flamenco o del nacionalismo quebecquois. No hay sitio para los pequeños nacionalismos en el siglo XXI. El soberanismo catalán no llegará más allá de donde llegó el 9–N. De hecho, hoy  parece evidente que la presión soberanista he decrecido desde el 9–N por simple hartazgo y que los distintos grupos independentistas empiezan a dar muestras de cansancio. La escasísima asistencia a las últimas convocatorias de la ANC es elocuente.

Ayer estuve en Arenys de Mar… Era domingo. La rambla que empieza en el Mar y en otro tiempo llegaba hasta el gigantesco edificio construido por el indiano Josep Xifré, se prolonga casi hasta el término municipal de Arenys de Munt, en donde empezó la fiebre de los referendos en 2009. Arenys de Mar, Cataluña, tienen un problema: el islam allí ha crecido demasiado y lo ha hecho con el beneplácito de CiU y ERC y su absurda creencia de que podía integrarse tanto y tan bien como un andaluz o un gallego. La cantidad de magrebíes que podían verse ayer por Arenys de Mar llamaba la atención porque ni vestían como catalanes, ni hablaban catalán, ni tenían 0’9 hijos por pareja como corresponde a la sociedad catalana, sine 3,8... Ayer en Arenys casi se oía hablar más árabe con acento magrebí que catalán. Y si se nos apura, se oía, desde luego, hablar más castellano que catalán…

Haría bien Artur Más y su “castaluña” en levantar la cabeza, mirar más allá de la caverna y ver si la Cataluña que ellos han construido y de la que son únicos responsables, puede ser independiente en algún momento o corre el riesgo de afrontar revueltas etno–religiosas tanto o más graves que las que se han producido en Francia. De hecho la llegada masiva de islamistas a Cataluña no fue más que el primer esfuerzo del Sansón de la época (Pujol) para agitar las columnas del tempo-caverna nacionalista.

 

 

 

¿Y la valla de Melilla?

¿Y la valla de Melilla?

Info|krisis.- África es una de las zonas en las que el islamismo registra una más rápida expansión. Todo el Magreb y la franja del Shäel son islámicas, incluso en las antiguas colonias portuguesas el islam ha irrumpido como ocurre igualmente en el norte de la República Centroafricana. El islam se está expandiendo de Norte a Sur y de Este a Oeste. Incluso ha llegado a Sudáfrica. Y esto a pesar del desprecio racista con el que la cultura árabe trata a los negros y las afrentas que los negros podrían presentar ante los islamistas que históricamente fueron los responsables de las caravanas de esclavos que fueron enviados a América. De ahí que cuando la noticia de que en la madrugada del lunes 19 de febrero un millar de subsaharianos intentaron entrar en Melilla asaltando la valla, la noticia puede leerse de otra manera: un millar de islamistas subsaharianos asaltaron la valla. Vale la pena meditar sobre esto.

África era el paraíso de las religiones animistas hasta que primero llegaron los misioneros cristianos y, cuando se abolió la esclavitud, los mercaderes árabes de esclavos fueron sustituidos por los predicadores islamistas y los imanes wahabitas. Después de unas décadas en las que el catolicismo africano se encontraba en expansión, en la actualidad los misioneros católicos se dedican más a tareas humanitarias que a la predicación del Evangelio. La experiencia ha demostrado que el catolicismo africano es inestable, poco sólido, menos “comprometido” con los dogmas y muy superficial. Casos como el del atrabiliario Monseñor Milingo, ex obispo de Lusaka, hoy excomulgado, evidencian que la “negritud” no es el terreno mejor adaptado para el mensaje evangélico y los llamamientos al celibato y la castidad. Además, la competencia de las sectas evangélicas y su mayor oferta de “espectáculo” en las ceremonias dominicales, constituye una “competencia desleal” para la Iglesia.

Boko Haram como ejemplo

En algunas zonas de África el islam se encuentra en plena expansión actuando de manera particularmente brutal y agresiva. Nigeria se encuentra en plena guerra civil y la marejada islámica cada vez se extiende más hacia el sur. Algo preocupante a la vista de la situación geopolítica del país en el Golfo de Guinea y de su importante producción petrolera. El secuestro masivo de niñas por parte de Boko Haram no debe hacer olvidar que el grupo se ha extendido al Chad, Níger y Camerún. A pesar de que es cuestionable que sea –como sostienen los EEUU– una “filial de Al–Qaeda”, lo cierto es que se trata de un grupo islamista que entre 2009 y 2014 ha asesinado a 50.000 personas.

El hecho de que su acción más importante haya sido el secuestro de 276 colegialas en Chibok en abril de 2014, no debe hacer olvidar que sus acciones terroristas ha provocado la migración de millón y medio de personas. El ejército nigeriano se ha demostrado completamente incapaz de afrontar la ofensiva de los 10.000 miembros armados de Boko Haram que controla 20.000 kilómetros cuadrados del país. Hay que recordar que el nombre real del grupo que utiliza en su propaganda en el interior de Nigeria es Jama'atu Ahli es–Sunnah tapa–Da'wati wal–Jihad, que significa "gente comprometida con las enseñanzas del Profeta para la propagación y la Yihad". El nombre de Boko Haram se debe a que se trata de la consigna que difunde con más reiteración y que se puede traducir tanto “la educación occidental está prohibida” como “la influencia occidental es un sacrilegio”.

Hoy, Nigeria es, gracias al petróleo, la mayor economía de África. A partir de 2000, la sharia se impuso progresivamente en las regiones del norte del país. Occidente calló. La “versión oficial” es que Boko Haram nació de la corrupción de las autoridades locales, pero, en realidad llegó  a través de personalidades que no tenían nada que ver con la administración. En efecto, misioneros islamistas llegados de otros países, fundaron la organización: Mohammed Marwa (a) Maitatsine (“el que maldice a otros”), con pretensiones de “profeta”, nacido en Camerún y que ha condenado la lectura de cualquier libro que no sea el Corán. Entre sus creencias más estrafalarias figura la negativa a considerar la Tierra como esfera o sostener que la lluvia no es el resultado de una evaporación de agua causada por el sol. Su símbolo es una bandera negra con dos AK–47 cruzados y un ejemplar del Corán abierto. La existencia y expansión de este grupo indican la facilidad con la que el islam más radical se extiende por el África negra.

Inmigración subsahariana en España

La inmigración africana se inició en 1996 cuando empezó a llegar a Melilla un mayor número de inmigrantes procedentes de los países subsaharianos. En 1998, las cifras oficiales aludían a 36.000 subsaharianos presentes en España, pero es posible que alcanzaran ya la cifra de 100.000, dado que se contaba solamente a los que estaban en situación de legalidad. Habitualmente trabajaban en agricultura, construcción y comercio ambulante, sectores, todos ellos, con bajos salarios y contratos temporales en el mejor de los casos.

Cuando llega Zapatero al gobierno (abril de 2004), hay unos 300.000 subsaharianos de los que 100.000 residían en Cataluña, 60.000 en Madrid, 40.000 en Andalucía, 30.000 en Valencia y el resto disperso por otras autonomías. Durante los años del zapaterismo las llegadas de subsaharianos se mantuvieron constantes y varios miles de ellos empezaron a obtener la nacionalidad española.

En la actualidad, entre inmigrantes subsaharianos legales, ilegales, nacionalizados e hijos de todos ellos, considerados legalmente como españoles, nos aproximamos al millón, con una concentración masiva en Cataluña que agrupa a más de un tercio de los subsaharianos presentes en toda España. Desde 1996 cuando se produjeron las primeras aglomeraciones de inmigrantes en Melilla llamó la atención ver como algunos de ellos, entrevistados por los medios de comunicación españoles, llegaban a España reclamando “casa y trabajo”… cuando en España existían en ese momento dos millones de parados y una subida acelerada en los precios de la vivienda. Desde entonces, el desenfoque habitual con que los africanos percibían lo que iba a ser su vida en España y el contraste entre las condiciones de vida en sus países de origen y las que han encontrado aquí, no ha hecho nada más que acentuar el fenómeno.

Las ONGs, Cáritas y Cruz Roja, definen a la inmigración subsahariana como “especialmente vulnerable”. Pero tampoco puede olvidarse que en algunas regiones (Barcelona, por ejemplo) los nigerianos controlan el tráfico de heroína y que otras bandas de ese país vienen protagonizando desde hace dos décadas el timo de las “cartas nigerianas”. Así mismo, entre los presos de ochenta nacionalidades diferentes residentes en cárceles españolas, se encuentran inmigrantes procedentes de Guinea–Conakri, Guinea–Bissau, Guinea Ecuatorial, Mali, Mauritania, Senegal, Nigeria, Cabo Verde… La generosidad de las autoridades estatales, autonómicas y municipales hacia esta inmigración es lo que ha facilitado el que especialmente senegaleses, gambianos y nigerianos pueden ejercer sin ningún inconveniente actividades comerciales ilegales y sistemáticas como “manteros”, especialmente en la costa Mediterránea. Sin olvidar que una secta religiosa islamista subsahariana se encuentra detrás de la red de manteros que opera en nuestro territorio.

Para hacernos una idea de lo que representa la inmigración africana, podemos decir que el salario medio en África no pasa de 50 euros al mes. El envío de 200–300 euros mensuales por parte de los inmigrantes, a sus países de origen, ha tenido un efecto deletéreo en las zonas de emisoras de inmigración: al poder vivir holgadamente con los euros enviados por los familiares residentes en Europa, zonas enteras de esos países han visto cómo eran abandonados los campos de cultivo y cualquier otra actividad que implicara trabajo y esfuerzo.

La inmigración africana no ha cesado: efectos actuales y futuros

El hecho de que hoy lunes 19 de enero ¡un millar! de subsaharianos haya intentado cruzar la valla de Melilla es sintomático: las oleadas migratorias procedentes de África negra distan mucho de haber cesado. Los que ya están aquí escriben a sus familiares y amigos de sus aldeas natales, explicándoles lo bien que los han acogido y que los tratan y, lo esencial, que aquí, no hace falta trabajar para vivir, que desde que desembarcan de la patera o saltan la valla, las autoridades les dan todo lo necesario para vivir.

La indefensión con la que llegan, los casos de hipotermia, las lacerantes lesiones por las concertinas, e incluso la simpatía y la comunicabilidad de la mayoría de sus miembros, parecen aureolar a la inmigración subsahariana de cierta condescendencia por parte de la población española e incluso de las autoridades y no digamos de las ONGs. En Francia ocurrió lo mismo al principio. En la actualidad, en muchas “zonas de non droit” (zonas en las que el Estado Republicado ya ha dejado de existir y están controladas por las bandas étnicas, lo que eufemísticamente, el gobierno define como “zonas particularmente sensibles”…) gobiernan las bandas subsaharianas. No todas ellas son islamistas. De hecho la característica habitual en la segunda y tercera generación de inmigrantes es que muchos de sus miembros, ante la falta de competitividad laboral a causa de su escasa preparación profesional, se refugian, o bien en su identidad originaria (el islam), o bien, si el sentimiento religioso no les ha poseído, adopten actitudes ultraviolentas, engrosando los circuitos de la delincuencia, con tics racistas anti–blancos reiterados. Esto, que es habitual en Francia, puede trasladarse en pocos años a España.

Las dificultades de integración de los grupos subsaharianos son extraordinarias (pensamos lo que supone para un niño subsahariano acudir a clase en Europa y percibir muy pronto que ninguno de los personajes históricos, de los literatos, de los científicos, a los que se aluden pertenecen a su raza). Si a las diferencias antropológicas y culturales, unimos las diferencias religiosas y el hecho de que la inmensa mayoría de subsaharianos que llegan a España proceden de zonas controladas por el islam y son islamistas, se oscurece todavía más el futuro y las posibilidades de integración de estos grupos.

En las actuales circunstancias, cuando es público y notorio en todo el mundo que en España existen casi 6.000.000 de parados, y que el país dista mucho de haber salido de la crisis económica iniciada en 2007, no hay que hacerse ilusiones: los inmigrantes que llegan en estas circunstancias ya no tienen ese interés y esa necesidad de trabajar con los que llegaban los primeros inmigrantes en los años 90. Los que llegan hoy vienen, simplemente, para aprovechar nuestro sistema de seguridad y asistencia social y las dádivas que el Estado, directamente o a través del “negocio humanitario” de las ONGs, distribuye entre la inmigración.

Pero la cuestión de fondo es ¿hacen falta en España? Sí, especialmente para los intereses de determinadas patronales y para que la economía española “gane competitividad”… Un africano, a fin de cuentas está dispuesto a trabajar por menos dinero que un marroquí, un rumano o un andino. Así pues, a pesar de que numéricamente estén por detrás de todos estos grupos, su mera presencia, su peso muerto en el mercado laboral, tira, por sí mismo, hacia abajo en los salarios.

A esto, que es ya de por sí una amenaza, se une a otra mucho más directa y perceptible: quienes han entrado ilegalmente en España y han sido recompensados por ello recibiendo dos años después “los papeles” y, mientras tanto, un salario de supervivencia, quienes se han habituado a ejercer de “manteros” sin ningún respeto a las legislaciones municipales, y han recibido ayudas sociales de los ayuntamientos, sanidad y educación gratuitas, quienes han estado completamente al margen de la legalidad vigente, difícilmente se integrarán en alguna regla que les imponga la convivencia, y considerarán como “xenófoba y racista” cualquier norma y legislación que les obligue a algo que no están dispuestos, habituados, ni educados para aceptar.

El problema de la inmigración subsahariana dista mucho en España de haber alcanzado su clímax, pero si se trata de prever su futuro no hay nada más que observar lo ocurrido en Francia. Este tipo de inmigración co-protagonizó la revuelta generalizada de noviembre de 2005 ex aequo con las bandas étnicas magrebíes. Aquello, que no quepa la menor duda, se repetirá en España. Y no es, desde luego, ni halagüeño, ni tranquilizador. 

 

La "manifestación bobo"

La "manifestación bobo"

Info|krisis.El lunes 12 de enero nos hemos levantado con una sola noticia unánime en todos los medios de comunicación: la manifestación de París, presidida por una primera fila de jefes de gobierno entre los que figuraban varios criminales de guerra. No se ha tratado, en realidad, de una manifestación de protesta por los asesinatos islamistas en Francia, sino de una manifestación contra el Front National. Los convocantes (el pelotón de los jefes de gobierno) no han pretendido hacer una manifestación contra el islamismo sino contra el ascenso de Marine Le Pen. No una protesta contra el terrorismo islamista y contra quienes lo han hecho posible, sino de un apoyo a la casta política del “viejo orden” (miradlos, están todos en primera fila de la manifestación, aunque falte Barak Hussein, el más representativo de todos ellos) y un acto de afirmación contra todos aquellos que quieren una renovación política y social en Europa. No es raro que algunos la hayan llamado la “manifestation bobo”, la manifestación de los ilusos. Porque todo lo que iba detrás del primer pelotón de jefes de Estado y de gobierno, no eran más que buenas gentes salidas para apoyar a quienes han traído la inmigración islamista en Europa. Eran, en definitiva, los que ponen las víctimas en los actos de terrorismo. Los ilusos. Los que no se creen que el islamismo ha traído la guerra civil a Europa y piensan que quienes han tolerado y alentado esta llegada, ahora les salvarán de la sharia y de las cimitarras islamistas.

 

En España hay una palabra muy dura y rotunda –como todo en la lengua española, una lengua que para cada actitud mental y situación tiene un término preciso– equivalente al “bobo” francés (pronunciado en aquella lengua con acento agudo: “bobó”). Ese término es “gilipollas”, literalmente, “el que se hace daño a sí mismo”. No podemos –por mucho que nos gustara– encontrar una palabra que defina mejor a los manifestantes del domingo parisino salidos a la calle con el peregrino eslogan de “juntos judíos, musulmanes y cristianos contra el terrorismo”. La escalada de cifras de asistentes (dos millones en París, cuatro millones en toda Francia, según la televisión pública española) no puede eludir el hecho de que apenas había musulmanes y que incluso no había delegación oficial marroquí, o que los manifestantes estaban huérfanos de consignas: gritar “Charlie, Charlie, Charlie” es lo único que les quedaba, mientras en toda Europa, los gobiernos aprovechaban para poner límites al derecho a la intimidad, inspirados en el Acta Patriótica de los EEUU. Hoy, los comentaristas de toda Europa hacían equidistancias ya imposibles entre el terrorismo islámico… y el Front National, demasiado tópicos e increíbles como para ser creíbles.

Recordar la historia: en España hubo una manifestación parecida después del extraño intento de golpe de Estado del 23-F, hasta el punto de que puede decirse que más importante que la entrada de unos guardias civiles en el Congreso de los Diputados, fue esta manifestación masiva en cuya primera fila se dio la mano toda la clase política de la época desde Santiago Carrillo hasta Manuel Fraga, destinada a apuntalar a un nuevo régimen que no terminaba de asentarse. Aquella primera fila de la manifestación fue la matriz de la actual “casta”. Todavía se ignoran puntos esenciales del 23-F, pero lo que sí se sabe es que aquella manifestación salvó a la democracia en España.

Esto mismo es lo que se ha intentado ayer con la manifestación masiva en París. Movilizar a las buenas gentes cuyo destino es aportar víctimas a los terroristas, para apuntalar un “viejo orden” que se está desplomando en todo el continente víctima de su incapacidad, de sus impotencias, de sus errores y de su sometimiento a los “señores del dinero”. Digámoslo claro: la manifestación del día 11 parisino no intentaba nada más que cerrar el paso a la verdadera manifestación de protesta contra el terrorismo islámico constituido por los sondeos de opinión que dan al Front National como el partido mayoritario en el vecino país.

Por lo demás, no hay que olvidar que no es que el Front National no haya acudido a la manifestación del 11 de enero ¡sino que se le ha excluido! Los Hollande y demás representantes del “viejo orden” han llamado a excluirlo de la “unidad republicana”. La casta del “viejo orden” se reconoce a sí misma: los corruptos que se han ido alternando en el poder en Francia durante cincuenta años saben quiénes son los “suyos” y quienes amenazan a su statu quo. Excluyen aquello que no reconocen como propio. Excluyen al Front National porque perciben los aires de renovación que trae consigo.

La estrategia de ocultar un crimen –el hecho objetivo es que unos comandos islamistas han cometido la semana pasada irracionales atentados en Francia– mediante el recurso a unas masas engañadas sobre los verdaderos motivos de la manifestación no siempre tiene éxito. Si en la España de 1981 se alcanzó el objetivo de agrupar a la población tras el embrión de la “castuza” fue porque la democracia todavía tenía poco recorrido y aún no había agotado sus posibilidades (faltaba saber cómo gobernaría el centro-izquierda y como lo haría el centro-derecha, desechadas las esperadas en la eficacia del centro-centro de la UCD). Pero en la Francia de la Vª República, desde hace cincuenta años se vienen sucediendo, una tras otra, derechas, centros e izquierdas en el poder y la percepción del ciudadano de a pie le indica a las claras que cada vez existe más inseguridad, más delincuencia, más ineficacia en los servicios, menor poder adquisitivo de los salarios, más escándalos de corrupción y la palabra “integración” es la crónica de un fracaso confirmado por veinte años de experiencia.

Algo está a punto de cambiar en Europa y particularmente en Francia donde es muy posible que la manifestación del pasado domingo sea la comitiva fúnebre de la Vª República francesa. Lo de ayer no fue nada más que la última movilización convocada en defensa del “viejo orden”. ¿Estamos ante la posibilidad de que la protesta real de la sociedad francesa, no solamente por el terrorismo islamista, sino por la incapacidad del islam para integrarse en la sociedad europea, se concrete en un movimiento de renovación de la sociedad, de la política y de los equilibrios de poder en toda Europa?

Desearíamos que así fuera y que la casta del “viejo orden” se precipitase lo antes posible en el basurero de la historia arrojado por la población europea en lucha en defensa de su identidad, de sus valores, de su herencia y, por tanto, movilizados contra la presencia del islamismo en el continente y contra quienes los trajeron y cuyo riesgo ocultaron.

Adenda I:

Inevitable recordar la presencia de Artur Mas en la manifestación. Dos apuntes: el primero, que su jefe, Jordi Pujol, fue quien trajo el islam a Cataluña para abaratar costes salariales y para evitar que llegaran andinos castellano-parlantes, demostrando que se puede ser más corrupto, pero no se puede ser más tonto. Nunca nadie, absolutamente nadie, ha contribuido tanto a desfigurar la identidad de Cataluña como el nacionalismo con esta miserable e irresponsable acción. Gracias a esa presencia, Cataluña es la región de todo el Estado en la que el islamismo está más arraigado.

El segundo apunte alude a que Artur Mas aspiró a ir en el pelotón de cabeza como “presidente de un gobierno”, siendo relegado a caminar entre una masa que ni sabía quién era, ni lo conocía e incluso se sorprendía que estuviera permanentemente rodeado de micrófonos de los medios de la Generalitat. ¿Se ha convencido Mas de que una Cataluña independiente entraría antes en la Liga Árabe que en la UE?

© Ernesto Milá – Info|krisis – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Islam y Duguin

Islam y Duguin

Info|Krisis. – Leo en la web titulada “4ª Teoría política” un artículo de Alexadr Duguin sobre el Islam que me sugiere algunos comentarios. Lamentablemente, no disponemos de todo el tiempo del mundo, especialmente en este momento en el que nos encontramos lejos de la Patria y de nuestros apuntes sobre la materia, pero sí creemos que vale la pena realizar unos cuantos apuntes a la vista de la rapidez con la que se suceden los acontecimientos en Europa y la necesidad de análisis precisos sobre el problema. Así pues, esto no es una contestación, sino más bien una enumeración de sugerencias que lanzamos como observaciones críticas al planteamiento de Duguin.

1. Islam, aquí y ahora. Personalmente me considero “tradicionalista” en el sentido dado a esta palabra por Julius Evola y René Guénon en el siglo XX. Pero esto no quiere decir que sus planteamientos, especialmente el de Guénon, sean intocables e incluso no susciten ciertas perplejidades (la menor de todas ellas el hecho de que muriera como musulmán en Egipto). Ambos autores coinciden en encontrar en el Islam “valores tradicionales” y, por tanto, incorporarlo en sus planteamientos. Pero no son infalibles y, al menos en el caso de Evola, ni lo pretende. Evola se equivoca, por ejemplo, al considerar que en el Islam el concepto de “gran guerra santa” es una guerra en sentido interior, metafísico, mientas que la definida por El Corán como “pequeña guerra santa” sería la guerra convencional. Ese concepto no es propio del islam sino una interpretación realizada por teólogos islamistas del siglo XIX para intentar “suavizar” las relaciones con los colonialistas ingleses que ocupaban buena parte del mundo árabe. Pero hay otras posiciones sobre las que podemos lanzar algunas dudas.

Un error muy frecuente entre los “tradicionalistas” consiste en considerar a cualquier fiel islámico como una especie de “doctor en teología”, y así era hasta los años 80, cuando en España los únicos islamistas que existían eran autóctonos que había llegado, en su “búsqueda espiritual”, al convencimiento de que el Islam era la “verdad revelada” que más se adaptaba a su carácter y procuraban profundizar en su relación con el islam. Hubo en toda Europa unas pocas decenas de militantes de extrema–derecha en los 80 que se convirtieron al islam. Alguno de ellos, incluso, encarcelado, utilizaba una brújula para buscar la dirección de La Meca a la hora de realizar sus plegarias. Ese islam “europeizado” e intelectualizado no fue el islam que llegó con la inmigración, reducido a unas cuantas prohibiciones, unas pocas prácticas, mucho fanatismo y que apenas puede ser considerado como algo más que un conjunto de supersticiones propias de otras tierras. En absoluto europeas.

Un anticipo de todo esto lo vimos cuando el Sha de Persia y la dinastía de los Palhevi estaban a punto de caer. Era 1979, nosotros mismos nos deslumbramos con el carácter anticomunista de la revuelta desencadenada en Irán que, al mismo tiempo, era anticapitalista. Creímos, por un momento, que “aquello” era “lo nuestro”. Incluso en Europa trabajamos con “estudiantes islámicos” cuando la embajada norteamericana en Teherán fue ocupada, distribuimos libros sobre Jhomeini que nos habían enviado esos medios y creímos en que la “revolución iraní” representaba una conmoción para los EEUU. Pronto, en plena revolución iraní, nos empezó a preocupar lo que veíamos por la TV: masas fanatizadas, histéricas y enloquecidas enarbolando ejemplares del Corán y libros con los pensamientos de Jomeini. Eran la muestra más clara de masificación, despersonalización en sentido más negativo y fanatización que pudiera concebirse en la época. Así que leímos los escritos políticos de Jomeini publicados por una gran editorial española. Nos sorprendieron algunos argumentos y las prohibiciones prescritas (como aquella que impedía orinar en la tapia de los cementerios…). Cuando en París conocimos a exiliados iraníes y a las primeras chicas con chador, nos dimos cuenta de que no hablábamos el mismo lenguaje de la “tradición”, y fuera de la apreciación de lo malos que eran “rusos y americanos”, no estábamos hablando de lo mismo. Cuando, de retorno del exilio, conocimos a combatientes de la guerra Irán–Irak que habían sido tratados en España de sus heridas, nos volvió a sorprender el reduccionismo que hacían de una “religión tradicional” al mero nivel de superstición.

La inmigración masiva nos confirmó en todas estas primeras impresiones. Imanes analfabetos que realizaban una interpretación literal del Corán, fieles que reducían la religión, no solo a mero “exoterismo”, sino a simple práctica supersticiosa, desconocimiento absoluta de la más mínima forma de “esoterismo”, es lo que podemos constatar hoy a poco que nos acerquemos –como “tradicionalistas”– a una mezquita instalada en suelo europeo. Nada que no hayamos visto antes en la historia medieval de España donde asistimos, desde masacres (como la “noche de las fosas de Toledo”) hasta formalismos cómicos (los poetas sufíes andaluces se inspiraban bebiendo vino de dátil a la vista de que el Corán prohibía el vino de uva). A los lloriqueos humanistas del catolicismo progresista se unían ahora los lloriqueos mendicantes de los musulmanes llegados con la inmigración.

No se trata de que el islam sea una “tradición” sino de que, salvo en raros núcleos y en círculos cerrados, no se vive como tal y en Europa, desde luego, masivamente el islam se sigue como superstición mucho más que como tradición y, por mucho que Tarik Ramadán y algún otro papanatas expliquen que el Islam “es Europa”… nunca como hoy se perciben en el islam acentos tan absolutamente ajenos a nuestro continente.

2. Islam y tradición. No es que el Islam sea “tradicional”… es que a ojos de un europeo “tradicionalista” el islam PARECE “tradicional” en la medida en que las sociedades de las que procede están atrasadas entre 200 y 400 años en relación a la marcha del continente europeo y remiten a una época pre-moderna. Ese desfase es lo que genera el engaño de los sentidos. Si uno visita una tariqah sufí en Marruecos o Turquía, seguramente se hará una idea muy diferente del islam de la que se hace si va a una mezquita–garaje en cualquier punto de Europa. No se trata solamente de una diferencia entre “esoterismo” y “exoterismo”, sino de dos horizontes antropológicos completamente distintos. Una “tradición” está arraigada sobre un pueblo y sobre una tierra. Cuando se trasplantan a otro pueblo y a otra tierra, los inevitables desfases hacen que una “tradición” sea percibida por otro pueblo como un arcaísmo… salvo que la práctica de esa religión se reduzca al “esoterismo” ante el cual sí que podría aceptarse la fórmula de Schuon de que “todo lo que sube, converge”. Pero ese ni es el caso del islam instalado en territorio europeo, ni siquiera la corriente principal del islam mundial. Vale la pena, pues, decir algo sobre el islam y la Tradición, por mucho que suponga una vulneración de la estricta observancia guénoniana.

El Islam es, históricamente, la “última religión revelada”. Aparece en un momento en el que en todo el mundo ya han irrumpido “las masas” en la historia. Algo que ya podía intuirse con la transformación del cristianismo primitivo en religión paulista abierta a todos. En ambos casos se trataba de crear un sistema religioso adaptado a las masas, esto es, con el listón de admisión bajo para permitir que entraran con facilidad en su comunidad. En el caso del islam esto es todavía más visible: Mahoma lo que crea es un sistema de prescripciones y prohibiciones para disciplinar a un pueblo primitivo. Lo que hay de “tradicionalismo” en el Islam viene dado por la época en la que fue creado mucho más que por sus contenidos. Tomando elementos preexistentes en distintas creencias de la zona, atribuyendo todo esto a una revelación divina, Mahoma logró ejercer el papel de “legislador” en el mundo árabe, en una zona geográfica que había contado ya con Hammurabi, Abraham (o el mítico Melquisedec), hacia los siglos XVI y XVII antes de Cristo. Los ciclos religiosos oscilan entre 2.100 y 2.500 años. Puede intuirse que el paso de la historia había borrado casi completamente las huellas de estos primeros legisladores y que en el siglo VI, la desintegración de la obra de aquellos primeros “legisladores tradicionales” estuviera ya completamente difuminada. Es entonces cuando Mahoma se erige como “nuevo legislador” y crea su sistema. Pero este se resiente de que la humanidad ya ha entrado en el período de las masas y hay que hacerlo suficientemente abierto y con el listón rebajado para poder ser aceptado por esas mismas masas.

Evola achaca al cristianismo el que sea una “tradición incompleta” en la medida en que le ha sido amputada toda su parte “esotérica”. En realidad, tienen razón quienes ven en la doctrina de los sacramentos un residuo de aquel “esoterismo” cuyos rastros se adivinan vagamente en algunas frases del paulismo. Pero en el “exoterismo” islámico tales huellas están completamente ausentes. Si aceptamos que las visiones de Mahoma en el desierto son el origen de su religión revelada, deberemos aceptar igualmente que las visiones de Joseph Smith, fundador de los mormones, y todo lo que deriva de la “segunda oleada religiosa” de los EEUU, son igualmente “tradicionalistas”. El “tiempo” marca la diferencia. Al entrar cada vez más profundamente en el período de las masas, los productos religiosos están cada vez más adaptados a la época y, por tanto, tienen menor calado metafísico. La sustitución de la metafísica por la teología ya implica una primera caída de nivel.

Así pues, ver en el islamismo una “religión tradicional” es ver el vaso medio lleno. Y en realidad, el vaso está casi vacío. Seco, a tenor del islam que ha llegado a Europa con la inmigración masiva: ya no estamos ante una religión sino ante una mera superstición.

3. Islam y americanismo. Dice Duguin que “en el mundo actual, el Islam es la religión mundial que resiste más activamente a las fuerzas de la globalización”. Sigue explicando que los EEUU tratan de desacreditar al Islam atribuyéndoles el ser “enemigo número uno”, lo que lleva a considerar al islam como “campo de batalla prioritario contra el imperialismo norteamericano”. Hay que poner en caución todo este sistema de argumentaciones. En primer lugar, hay que negar que los EEUU y el islam se opongan realmente. Creemos difícil desmontar el siguiente argumento: ningún otro país ha hecho tanto para facilitar los avances del Islam como los EEUU. Si tenemos en cuenta que las “revoluciones verdes” han sido todas, sin excepción, generadas por los EEUU (con la ayuda de la Francia de Sarkozy) y que todas ellas, también sin excepción, han dado vida a regímenes fundamentalistas, si tenemos en cuenta que los EEUU, desde los tiempos de la presencia soviética en Afganistán se preocuparon de estimular al islam como foco de resistencia, si recordamos que desde el primer tercio del siglo XX estaba claro para los estrategas del imperialismo norteamericano que era preciso estrechar vínculos con la dinastía de los Saud en Araba Saudita (principal exportador mundial de islamismo fundamentalista) para garantizar el suministro petrolero, si recordamos el interés puesto por los EEUU en desmembrar a Yugoslavia y crear un “corredor turco” en los Balcanes, llegando a bombardear Serbia para crear Kosovo con mayoría islamista, si tenemos en cuenta que EEUU (y sus satélites europeos empezando por Aznar) fueron los primeros y más insistentes valedores para la entrada de Turquía en la Unión Europea (no la Turquía de Ataturk sino la de Erdogan), si tenemos en cuenta que la acción de los EEUU en Irak, Afganistán, Siria, ha tenido como consecuencia –como no podía ser de otra manera y como era imposible que los analistas del Pentágono y la CIA ignoraran– el establecimiento de fuertes núcleos islamistas, si recordamos todo esto, no hará falta retrotraernos treinta años para recordar el Caso Irán–Contras en el que la inteligencia norteamericana vendía armas a Irán para financiar la lucha antisandinista en Nicaragua… ¿Dónde está la oposición de los EEUU al islamismo más allá de los titulares de una prensa superficial e ignorante?

A decir verdad, los terroristas islámicos de hoy, tienen el mismo papel que los anarquistas de finales del siglo XIX: con sus acciones estúpidas, con sus crímenes propios de bestias sedientas de sangre –véase lo sucedido en París– no tienen otro papel histórico más que de servir para estimular reacciones en contra. Si el complejo militar–petrolero–industrial norteamericano ha podido ser apoyado por la población de los EEUU ha sido gracias a los ataques del 11–S y a Al–Qaeda.

Duguin se equivoca. El imperialismo norteamericano sobrevive después de la caída del Muro de Berlín, gracias a que a partir de mediados de los 90 fue capaz de designar a un enemigo: el “eje del mal”. Pero los hechos demuestran que la acción de los EEUU, lejos de ser contraria al islamismo, en los últimos 35 años no ha hecho otra cosa que estimular el islamismo especialmente en “Eurasia”, manteniéndolo alejado de los EEUU. Duguin, en tanto que ruso, debería recordar que el islamismo ha sido utilizado por los EEUU, sistemáticamente, CONTRA RUSIA Y SUS ALIADOS. Y esto nos lleva a otra cuestión.

4. La diversidad e insuficiencia de “Eurasia”. En varios parágrafos de su artículo, Duguin nos propone un análisis de las distintas corrientes islámicas, concluyendo que el Islam es algo diverso y multiforme en el que lo peor y lo mejor se encuentran. ¿Es necesario pormenorizar el análisis? llegar hasta sus últimas consecuencias ¿no implicará percibir solo esas hojas que nos impiden ver el bosque? Mucho nos lo tememos. Quizás planteamientos de este tipo puedan servir para viajar a los países árabes y mantener contactos con dirigentes políticos o religiosos de los mismos, o para participar en discusiones eruditas realizadas en el interior de los recintos tradicionalistas europeos, pero son completamente superfluos para entender los acontecimientos mundiales que se están desarrollando ante nuestros ojos y que nos han llevado a establecer una primera conclusión, a saber: que el Islam es un ariete que los EEUU utilizan contra “Eurasia” y ante el cual, ellos mismos, son los primeros en prevenirse. El resto es secundario, en relación a este hecho. Algo de esto parece intuir Duguin cuando, en el punto 8 de su trabajo, estudia el papel mundial del salafismo. Lo vamos a decir con toda la tosquedad de que somos capaces para que se nos entienda sin necesidad de extendernos: en la modernidad no existen “islas de oro” en medio de “océanos de mierda”. Querer ver en pequeños exponentes de determinadas corrientes del islam a “gurús tradicionales” es demostrar un optimismo contrario a la objetividad propia de todo conocedor de los planteamientos de Julius Evola. Nadie va a dudar que tales corrientes existan, lo que se duda es que tengan preeminencia en este momento político en relación a las corrientes y sentimientos dominantes en el islam.

Si Duguin se interesa tanto por identificar la existencia de corrientes “tradicionalistas” en el interior del Islam es simplemente para salvar su concepción “eurasiática”. Una parte importante de Eurasia es precisamente la “dorsal islámica” que se abre del Atlas marroquí hasta Filipinas. La idea “eurasiática” sería imposible de concebir sin el concurso del mundo islámico. Y tal es el problema: que Eurasia es demasiado diversas como para poder aludir a ella como un “todo”, como si tuviera un solo destino histórico propio o como si bastara la “oposición al imperialismo norteamericano” para dar un objetivo a todos los bloques diferenciados que componen el espacio eurasiático.

Sin olvidar que para un nacido en Rusia la proximidad del mundo islámico es determinante y puede entenderse que Duguin escriba: “Tenemos que trabajar para oponerle una alianza escatológica de los musulmanes y de los cristianos ortodoxos (en toda Rusia) contra los Estados Unidos, el liberalismo occidental y la modernización”. A lo que habría que decirle: es la visión de un euroasiático… ruso; la versión de un euroasiático… español, sería completamente diversa. Aquí tenemos un recuerdo de la presencia islámica que duró ocho siglos. A esto se le llamó en los romances medievales “la pérdida de España”, de manera extremadamente gráfica, plástica y definitoria. Aquí (y en Portugal) se ven las cosas de otra manera por mucho que se traduzcan los trabajos de Duguin y aparezcan “euroasiáticos” esporádicamente: los pueblos de la península ibérica colonizaron desde el Sur de los EEUU hasta el Cabo de Hornos.

Escribo esto desde Centroamérica. Desde los años 70 he viajado por estas tierras. Sé del nacionalismo de estos pueblos, de la hostilidad creciente de sus poblaciones hacia el imperialismo norteamericano que ellos han sufrido directamente desde la segunda mitad del siglo XIX. Escribo desde un país que ha sido una colonia de la “United Fruit Company”. Hablo con ellos y veo que hablamos lenguajes comunes sin necesidad de sofisticaciones eruditas, ni sutiles diferencias sobre matices teológicos. No veo el fanatismo religioso, el providencialismo escatológico presente en las corrientes mayoritarias del islam. Veo, además, que su presencia en el interior de los EEUU prospera y que la gran amenaza que tiene hoy este país no es el islam sino la entrada de unos valores diferentes de los WASP: la concepción de la familia que traen los hispanos que llegan a los EEUU contraria a la anglosajona, la lengua castellana que está arraigada en sus genes y que conservan y expanden incluso los inmigrantes hispanos de segunda y tercera generación, su concepción de la religión –también con elementos supersticiosos, ciertamente, pero tolerantes– pero que, en cualquier caso opone un “cristianismo social” a la concepción calvinista anglosajona, como mínimo tan irreconciliables entre sí como las distintas ramas del islam chiíta o sunnita.

¿Hemos de creer que el imperialismo norteamericano caerá porque los pueblos “eurasiáticos” se unan en su lucha? Eurasia es demasiado diversa, contradictoria y amplia como para que pueda pensarse en que algún día podrá actuar y opinar como una unidad. Hace falta venir a Centroamérica para ver el nivel de la penetración de la República Popular China en esta zona: construcción de un canal interoceánico en Nicaragua, construcción de una carretera en Costa Rica, factorías chinas en toda la franja… Hemos hablado del mundo árabe ¿para cuándo hablar de China como “país eurasiático”? Imposible hacerlo. Nadie en China cree en una ficción geopolítica de esta magnitud y hoy solamente quieren fronteras tranquilas para inundar con sus manufacturas de mala calidad todo el mundo.  

¿Hasta cuándo vamos a olvidar que China está jugando su papel en la política internacional y que los dirigentes chinos no tienen el más mínimo interés en otra cosa que no sea seguir creciendo a un ritmo del 5–7% para evitar convulsiones interiores y lograr una posición preponderante en los mercados mundiales? ¿Hasta cuándo vamos a olvidar que Irán no tiene más interés que convertirse en una potencia regional? ¿Hasta cuándo olvidaremos que Putin tiene exactamente el mismo interés de garantizar la supervivencia de su país? Nada une a estos regímenes políticos… salvo el que tienen en los EEUU al adversario principal. Pero este elemento no es suficientemente fuerte como para dar la coherencia necesaria para poder hablar de “Eurasia” como espacio –político o geo–político– unitario. Existen otras zonas en el planeta que tienen los mismos anhelos… y sin que el fanatismo islamista constituya un problema. Es más previsible que los EEUU sufran un proceso de desplome económico-étnico-social interior que no que se quiebren a causa de la presión de los pueblos eurasiáticos.

En las conclusiones de su artículo Duguin aporta elementos interesantes: “La islamofobia es un mal, pero un mal puede ser también la actividad en favor de la “islamización” [y] que se presenta bajo la bandera del “Islam puro”. Cada uno debería seguir su tradición. Si no lo logramos, entonces la culpa debe ser puesta sobre nosotros, no sobre la Tradición. A un nivel puramente individual la elección es posible, pero ver a los rusos convertirse en masa al Islam me repugna, porque buscan el poder fuera de sí mismos y de su tradición y son por lo tanto enfermos, débiles y cobardes”. Vale la pena meditar sobre esta frase que constituye el último párrafo de su escrito.

Si a Duguin le repugna la conversión de rusos al islam, puede imaginar lo que nos repugna a los españoles el que se entregue la nacionalidad española a islamistas con apenas unos años de presencia en nuestro suelo. Ni el islam pertenece a nuestra tradición, ni los nacidos en el Magreb se convierten por una mera decisión administrativa en “españoles”. Ni mucho menos en “camaradas” porque odien a los “imperialistas” y desprecien al régimen político español. Hay posiciones que solamente pueden sostenerse y argumentarse desde el punto de vista teórico, pero que son imposibles de llevar al plano político. Solidarizarse en España, por la mañana, con el pueblo palestino y acudir a manifestaciones en defensa de sus derechos junto a miles de magrebíes inmigrados es una opción política. Pero esa opción es incompatible con protestar luego, por la tarde, contra la inmigración masiva. Ambas posiciones son aceptables… pero incompatibles. Hay que elegir. En el fondo es lo que ya dijo Carl Schmidt: hay que elegir entre “amigo” y “enemigo”. Los eclecticismos son malos compañeros. Los planteamientos exclusivamente intelectuales difícilmente pueden mantenerse sobre el plano político. Hay que elegir. Y lo primero, precisamente, a elegir es entre realidades objetivas y ficciones geopolíticas, entre abstracciones doctrinales y realidades políticos, entre amigos ideales e idealizados y enemigos tangibles. Hay que elegir entre hacer política o hacer disquisiciones teóricas con pocos contactos con la realidad política del día a día. Eso es lo que le reprochamos al “eurasismo” y a los “eurasiáticos”.

Y en tanto que tradicionalistas queremos añadir un último párrafo: el análisis tradicional de la historia sirve sobre todo para poder aplicarse a grandes ciclos históricos, pero es contradictorio y puede llevar a equívocos si lo aplicamos a la modernidad. ¿Quiere decir eso que el pensamiento tradicional es inútil en la modernidad? No, queremos decir que el pensamiento tradicional sirve para dar un sentido a la vida de quienes lo comparten mucho más que para interpretar fenómenos puntuales de la modernidad.

© Ernesto Milá – http://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Evolución del soberanismo

Evolución del soberanismo

Info|Krisis.- Han pasado dos meses desde la convocatoria del referéndum soberanista del 9 de noviembre y el independentismo sigue dando muestras de haber llegado a su límite máximo. No solamente está remitiendo su influencia en la calle, sino que los distintos partidos soberanistas están dando un poble ejemplo de cómo sus declaraciones altisonantes se han terminado convirtiendo en mero tacticismo electoralista. Para colmo, la irrupción de Podemos ha terminado por desequilibrar las cuentas iniciales de los soberanistas. En un ambiente de crisis, Artur Mas se prepara para afrontar los que serán sus últimos meses al frente de la Generalitat. En esta situación extremadamente lábil y movediza, lo más sorprendente es que los medios de comunicación de la Generalitat siguen ejerciendo su particular tancredismo y, por aquello del, “corregilla y no enmendalla”, se obstinan en seguir ignorando que su proyecto independentista apenas fue votado por una cuarta parte del electorado catalán y, en este momento, está descarrilado. Si no lo han advertido aún, la realidad se lo está mostrando descarnadamente.

Una mentira mil veces repetida se convierte en una verdad, frase atribuida falsamente a Göbbels y cuya verdadera paternidad puede reivindicar Lenin (como demostró el historiador Joachim Fest), parece ser el lema del equipo de comunicación al servicio de Artur Mas. Como si aquí no hubiera pasado nada, como si el soberanismo fuera mayoritario en Cataluña, como si existiera en las cuatro provincias un clamor unánime en favor de la independencia, los medios de comunicación de la Generalitat, pagados por todos, pero desde hace casi cuarenta años al servicio exclusivo del nacionalismo, siguen repitiendo las mismas monsergas.

En Costa Rica existe un “Casal Catalán”, sin embargo pocos catalanes residentes aquí se sienten independentistas. Sobre los pocos que están en ese estado, me cuentan, que se trata de individuos bastante ácidos, poco empáticos y, frecuentemente, considerados como anómalos en relación a su misma comunidad de origen. Hace poco vi una bandera independentista descolorida bajo el sol abrasador del Caribe, colgada en una casita flotante de Isla Contadora, seguramente la más azotada por la “chitra”, un minúsculo y ponzoñoso insecto que produce urticación masiva en los miembros que asaetea. No pude por menos que sentir cierta conmiseración por aquel pobre diablo cuyo máximo orgullo es mostrar, entre picadura y picadura, una bandera descolorida, sin duda fabricada en China, a gentes que no tienen ni siquiera noción de dónde está Cataluña. La verdad es que la distancia es la mejor ayuda para redimensionar las grandes cuestiones políticas de nuestro tiempo. Y desde el Caribe, el soberanismo catalán no deja de ser una anécdota, a ratos triste, a ratos risible.

Se diría que el soberanismo existe porque existe TV3. El día que Artur Mas se vea privado de este medio de comunicación difícilmente podrá transmitir sus originalidades. En Cataluña, hoy, no existen más de 20.000 personas que lean prensa en catalán. Los medios de comunicación escritos en catalán siguen existiendo por expreso deseo del Palau de la Generalitat y por las subvenciones generosamente distribuidas, pero nunca, absolutamente nunca, ni en sus mejores momentos, han sido rentables. Pero en la lejanía no llega prensa catalana y los ecos de TV3 no pueden competir con los de ninguna cadena de tv por cable. A 10.000 km de distancia se sabe del independentismo catalán solamente a través de Internet. La deducción a la que llega uno cuando reflexiona desde la lejanía es que la Generalitat -que cada vez gasta más en “embajadas” y menos en sanidad- está perdiendo la partida.

Las razones de esta pérdida son, fundamentalmente, cuatro. Las enumeramos por orden de importancia:

1) Incluso el público soberanista empieza a estar cansado de una Generalitat instalada únicamente en la ficción soberanista y para la que “gobernar” es solamente “vender futuro independentista”. Una cosa es movilizarse uno, dos o tres días al año, sacar al balcón una bandera -que muestra solo que allí vive un independentista y en la mayoría de viviendas colindantes vecinos a los que el tema les importa muy poco- y otra muy diferente, es estar en condiciones y con ganas de movilizarse continuamente en favor de un ideal sobre cuyo destino planean cada vez más dudas. La Generalitat no lo está haciendo bien. Es innegable que, incluso para los nacionalistas, existen demasiadas sombras de corrupción sobre la gestión del gobierno catalán. El ambiente que se percibe en las calles de Cataluña (al menos hasta finales de noviembre) era mucho más deteriorado que en cualquier otro lugar de España. Nadie, salvo los funcionarios de CiU y la legión de “cuñados” y afiliados menesterosos, ve la necesidad de las “embajadas” o de pagar por estudios de quiméricas “constituciones catalanas” o proyectos inviables de “defensa”, mientras cada vez se comprueba que la sanidad está más desasistida. Hoy, en Cataluña, ser independentista y creérselo es cada vez más duro. A medida que pasa el tiempo, al soberanismo le cuesta más mantener en activo a sus huestes. La tensión a la que han sido sometidas en los últimos tres años parece excesiva para los magros resultados obtenidos. En estos momentos, Mas no puede alardear ni siquiera de que ha arrancado unos milloncejos negociando con el Estado. La sensación que da la Generalitat para el común de los ciudadanos catalanes es de negligencia en la tarea de gobierno y la sensación de que el soberanismo difícilmente irá más allá de donde llegó el 9-N: a partir de ahora solamente le queda remitir.

2) La pugna entre Artur Mas y Oriol Junqueras es una pugna entre dos grupos de intereses. Cada uno de ellos trata de ensalzar más y de manera más dramática y grandilocuente el “patriotismo catalán” y ambos intentan crear las expectativas más rutilantes para una Cataluña independiente, pero cada vez se percibe de manera más nítida que se trata solamente de declaraciones maximalistas de políticos que compiten por un mismo electorado y que buscan solamente reforzar su poder dentro de la administración catalana: el patriotismo es solamente el elemento emotivo y sentimental, la coreografía inevitable que acompaña un mero tacticismo ansioso por eternizarse en el poder (CiU) o por disponer de él en solitario (ERC) para mejor fortuna  de sus cuadros dirigentes. La polémica en la que llevan enzarzados desde hace mes y medio Mas y Junqueras sobre “elecciones plebiscitarias” o “elecciones ya”, se ha convertido en la coletilla habitual de los informativos de TV3. Cada vez resulta más evidente para quienes creen sinceramente que Cataluña debería ser independiente que tanto para ERC como para CiU la discusión ya no reside en ese punto sino en quién acaparará el poder en los próximos años. CiU se resiste a aceptar el hecho de que su sigla está “quemada” por casos y más casos de corrupción. ERC no está dispuesta a reconocer que el soberanismo era, es y seguirá siendo minoritario entre la población.

3) La sociedad civil catalana está reaccionando. La poca entidad de la mayor parte de los intelectuales y artistas soberanistas y el silencio de la inmensa mayoría de catedráticos, profesores universitarios y personalidades relevantes del mundo del arte y de la cultura, presionados por el agit-prop de la Generalitat, están dejando paso a una reacción de sectores cada vez mayores de la intelectualidad catalana hostiles al soberanismo y hartos de soportar en silencio la ausencia de sentido común del independentismo. En la patronal, la hostilidad es absoluta. En lo que queda de los sindicatos, no es menor. Algunos sectores se están organizando y, con retraso en relación a lo que ocurrió en el Pais Vasco (seguramente porque en Cataluña el “terrorismo” fue apenas un mal chiste de corta duración), también allí son perceptibles movilizaciones de sectores culturales y sociales. La reacción al soberanismo todavía no ha alcanzado a las masas, pero es cuestión de tiempo: cada vez en las conversaciones particulares los “contras” del soberanismo salen a relucir ante el desierto de “pros”. El soberanismo es cosa de funcionarios de la Generalitat, “cuñados” de dirigentes de CiU y de ERC, pequeños grupos ultrancistas y, además, recluidos especialmente en la “Cataluña interior”. El error del soberanismo fue anunciar que la independencia resolvería todos los problemas de Cataluña, cayendo en exageraciones extremas en la campaña SíoSí que hicieron salir de las entrañas de muchos catalanes el viejo “seny” perdido con la propuesta soberanista de doble salto mortal: situados ante la perspectiva de un corte de relaciones con España y con la UE, es decir, con los dos principales clientes, el independentismo ha remitido en las últimas semanas especialmente en sectores de las clases medias y de la juventud.

4) La irrupción de Podemos resulta un elemento imponderable con el que no contaba el independentismo hace un año. En las últimas elecciones autonómicas que dieron la victoria a Artur Mas, ERC se había configurado como el partido que acaparaba el “voto de protesta”. Muchos de sus votantes, especialmente jóvenes, ni siquiera eran independentistas: votaban, simplemente, a ERC porque era el partido que parecía responder más sinceramente al rechazo a partidos grises (PSC, PP, ICV), a partidos demasiado corruptos (CiU) o a partidos desdibujados (Ciutadans y UPyD). ERC era el partido que mejor podía aceptar un joven educado en la “inmersión lingüística” y al que la política le interesara sólo muy superficialmente. Pero esto ha cambiado en los últimos meses: a pesar de sus ambigüedades, a pesar de cierto rechazo a presentarse como “españolista”, la realidad es que Podemos en Cataluña no manifiesta el más mínimo entusiasmo por el soberanismo y entre las preocupaciones de sus dirigentes no existe el más mínimo interés por apoyar la independencia catalana. Pues bien, en las últimas semanas, se ha producido el abandono de una parte de la intención de voto de protesta hasta ahora capitalizado por ERC, que se ha desplazado hacia Podemos: no es que sean votos “por la unidad de España”… es que son votos que se restan al soberanismo.

A este cuadro particularmente sombrío para el soberanismo se une un elemento internacional no desdeñable: esta corriente, no solamente ha sido derrotada en Escocia, sino que remite en el Québec Canadiense y en el Flandes belga, considerados habitualmente como referencias para los independentistas catalanes. Si tenemos en cuenta que en estas dos zonas existen razones de mucho mayor peso que en Cataluña para defender ideas soberanistas (tanto en el Québec como en Flandes se hablan lenguas de origen completamente diferente al hablado por la otra comunidad, inglés y francés, respectivamente) y, dejando aparte que en Canadá hace 150 años ambas comunidades resolvían sus problemas por medio de las armas o que Bélgica no es un “Estado histórico”, sino un simple “Estado tapón” creado entre Alemania y Francia, el hecho de que el soberanismo remita en estas zonas es indicativo de que el siglo XXI no será el siglo de los “micronacionalismos”, sino más bien el de los “grandes espacios económicos”. Resulta inevitable que la inexistencia de “éxitos” en Occidente por parte de los partidos soberanistas repercuta, así mismo, desfavorablemente, en el soberanismo catalán.

Por todo ello, no habrá independencia de Cataluña. Los soberanistas no verán la creación de un Estado independiente como no se verán jamás las orejas. Si el soberanismo ha podido llegar hasta aquí ha sido por manejar diestramente la técnica del cambalacheo político –el “do ut est”, “yo te doy, tú me das”- durante el período Pujol y por la crisis económica derivada tanto de la globalización como del estallido de la burbuja inmobiliaria y de los errores del zapaterismo, que el soberanismo tuvo la habilidad de presentar como “responsabilidad del Estado Español”. Será difícil que se vuelva a dar una circunstancia de este tipo. En realidad, la crisis soberanista que se inició en 2011, tenía paralelismo en la actitud ofensiva del catalanismo político 100 años antes. Aquellos eran hombres de otro fuste y, sin embargo, recularon ante la Semana Trágica de 1909 y ante la virulencia del proletariado. Un siglo después, la única amenaza que se cierne sobre el futuro de Cataluña es ser la zona más islamizada de todo el Estado.

CiU es, sin lugar a dudas, el responsable de esta situación: fue CiU quien trajo a la inmigración islámica a Cataluña y ERC quien creó la ficción de que existía un “Islam catalán”… El millón de islamistas residentes en Cataluña (magrebíes, subsaharianos y paquistaníes) constituyen sin duda, en estos momentos, y junto a la desindustrialización, el problema más grave que tiene planteada Cataluña: si algunos colectivos islamistas han apoyado (tenuemente la independencia, todo hay que decirlo) se ha debido a los subsidios realizadas por Mas. Concesiones a cambio de paz étnica. Hoy, la Generalitat -Cataluña por culpa de su autogobierno- se arriesga a no tener independencia, pero tampoco a tener paz étnica. Peor imposible.

A martillazos con el islam

A martillazos con el islam

Info|krisis.- Los acontecimientos que se han sucedido de manera trepidante en Francia del 7 al 10 de enero de 2015 nos confirman en la necesidad de clarificar urgentemente posiciones y aislar el origen de los problemas. En definitivo, es preciso, aquí y ahora, hacer todo lo contrario a lo que está haciendo la casta política del “viejo orden” en todo el continente: enmascarar los hechos y diluir sus propias responsabilidades. Quizás los siguientes “martillazos” puedan ser útiles para alguien.

1. ¿Inmigración? Sólo hay un motivo por el que hay inmigración masiva en Europa: la economía.

Abandonemos toda tesis conspiranoica y despreciemos las consideraciones dogmáticas de aquellos que piensan que las oleadas masivas de inmigración están generadas por “sionistas”, “iluminatis” o de aquellos otros convencidos de que palabras como “mestizaje”, “multiculturalidad”, “universalismo” tienen algún sentido. El único motivo por el que la Europa ha admitido inmigración sin límites y sin barreras, procedente de no importa dónde y a despecho de cuáles fueran sus orientaciones antropológicas, religiosas y culturales, el único, ha sido lograr competitividad en un mundo globalizado. Admitiendo inmigración se modificaba artificialmente el mercado laboral y se obligaba a bajar los salarios, abaratando el precio de los productos y alcanzando –al menos por unos años- “competitividad”. No existe ningún otro elemento, absolutamente ninguno, que esté en el origen de las oleadas sucesivas de inmigración masiva al Viejo Continente.

2. Los responsables de las oleadas migratorias: empresarios, gobiernos…

El error de estas políticas de inmigración ha sido mayúsculo. Demuestra, en primer lugar, que las políticas de gobierno no son elegidas en elecciones libres por los ciudadanos, sino que están al albur de los grupos de presión económicos que las imponen a los vencedores de las contiendas electorales. El resultado es que se aplican fríamente políticas económicas que benefician a determinadas patronales y perjudican al conjunto de la nación que debe pagar la factura. Esto solamente demuestra que Europa está huérfana de “estadistas” y evidencia la miseria de las clases políticas europeas ninguna de las cuales pasa de ser gestores temporales y oportunistas de la cosa pública, huérfanos de proyectos políticos, sin horizontes históricos que vayan más allá de los cuatro años que median entre una y otra elección y atraídos únicamente, los “mejores” por la posibilidad de un rápido enriquecimiento mientras ejercen el poder, y los “peores”, evidenciando simplemente su carácter de psicópatas criminales.

3. Las distintas falacias ideológicas para justificar la inmigración masiva

Para justificar la llega masiva de inmigración entre las poblaciones de los países occidentales las se emplea (y recompensa generosamente) a todo tipo de “especialistas”: desde los “comunicadores” y “tertulianos” que afirman que “no pueden ponerse puertas al campo”, hasta los economistas que explican que “sólo con inmigración se podrán pagar las pensiones de los abuelos”, pasando por los gurús del dogmatismo universalista (“caminamos hacia una sociedad multiétnica y multicultural”), los angelicales miembros de determinadas ONGs (“ningún ser humano es ilegal”, “papeles para todos”) o los miembros de las izquierdas marxistas de otras eras geológicas (“la inmigración son los nuevos oprimidos”, “es el pago justo por la colonización”), todos los cuales han coincidido en un punto: “oponerse a la inmigración masiva es hacer gala de xenofobia y racismo”…

4. El clima que ha favorecido el problema: el liberalismo

Nada de todo esto hubiera ocurrido si la Política con mayúsculas (es decir el gobierno de los pueblos) se hubiera mantenido por encima de la economía. Pero, primero el liberalismo y hoy el neo-liberalismo, han alterado esta relación: la idea de que la política debe ser independiente de la economía ha sido impuesta por los “señores del dinero”, lo que equivale a decir que el político debe comer de su mano, hacer lo que le convenga a éste e intervenir lo menos posible en la economía recibiendo como premio y contrapartida la posibilidad de un rápido enriquecimiento. Entonces ¿para qué convocar elecciones? ¿para qué existen constituciones democráticas? ¿para qué hay siglas de partido si las políticas sociales y económicas se deciden en los pisos de dirección de las grandes corporaciones y entre los gestores de los fondos de inversión? ¿para qué alimentar a los zánganos del parlamento si su papel “legislativo” es tan risible como el papel “ejecutivo” de los gobiernos europeos, meros perros de presa sumisos al “dinero” y a sus exigencias? La responsabilidad reside en que, la doctrina liberal de que el Estado debe intervenir lo menos posible en economía, tiene como corolario el que los “señores del dinero”, al controlar la economía, controlan así mismo el Estado. Aparece así la contradicción entre el concepto de “democracia” como “mando del pueblo” y la realidad de unos sistemas políticos “democráticos” que terminan velando sobre todo por los intereses de tales “señores del dinero”.

5. Las consecuencias de la inmigración masiva

Era tan evidente que la llegada masiva de inmigración iba a alterar profundamente las estructuras del Viejo Continente que solamente la narcosis generada por medios de comunicación, los gurús del universalismo, las izquierdas huérfanas de doctrina tras la caída del marxismo, los pobres aprovechados de ONGs ultrasubvencionadas y las derechas liberales amamantados por los “señores del dinero”, podían ignorarla. Estaban llegando masivamente y sin control, ni selección de ningún tipo, gentes con otros horizontes culturales, otras religiones, con mentalidades y tasas demográficas muy diferentes a la nuestra. Es cierto que gracias a la inmigración, Europa ha podido mantener, mal que bien, una precaria competitividad en las dos últimas décadas… pero también es cierto que se ha alterado su paz social, que en todo el continente aparece claro que si bien la mayoría de inmigrantes han llegado para trabajar, al mismo tiempo, la mayoría de delincuentes son inmigrantes y que, finalmente, al estar relegados a las franjas salariales más bajas y a los trabajos más serviles, iban a terminar (ellos, pero especialmente sus hijos y nietos) albergando resentimientos atávicos y odios étnico-sociales, frecuentemente enmascarados bajo el manto de la religión. Era evidente para quien observaba la realidad europea sin apriorismos que se iba a producir una escalada: primero formación de guetos étnicos, luego constitución de bandas étnicas de delincuentes, armamento de estas bandas y control de determinadas actividades delictivas, odio étnico-social, sabotajes contra propiedades de los autóctonos, revueltas étnicas, pequeñas acciones armadas esporádicas y, finalmente, aparición de un terrorismo propiamente dicho. Tal es el proceso que se ha ido afirmando en los últimos 20 años con mayor intensidad en algunos países (Francia, Reino Unido), menor en otros (Bélgica, Alemania, Suecia) y a mayor velocidad en algunos (España). Los gobiernos europeos ni siquiera se han dignado prestar atención al problema y lo han despachado sistemáticamente aumentando visiblemente la partida destinada a “integración”. Pero se equivoca el que crea que las cosas han terminado aquí. Solamente la acción determinante contra las vanguardias del terrorismo y un realismo extremo en la apreciación sobre su origen permitirán cortar el camino a la guerra civil, religiosa y social que se anuncia en el horizonte.

6. La irrupción del terrorismo islámico en la historia

No vale la pena lanzar cábalas sobre quién y cómo generó o impulsó el terrorismo islámico, ni lo que hay detrás de Al Qaeda o lo que hubo tras Bin Laden, ni siquiera vale la pena hoy recordar los muchos puntos oscuros (verdaderos agujeros negros) de atentados como el 11-S o el 11-M y otros de la misma matriz. El terrorismo es, sin duda, un elemento de gran repercusión psicológica y no es extraño que sea utilizado en operaciones de “bandera falsa”. Pero hoy, este nuevo terrorismo es de otra matriz: así que hoy, lo que vale la pena considerar es la naturaleza del terrorismo islamista presente en Europa. Hay que recordar que el islam es una “religión aparte”: la única entre cuyos pilares dogmáticos fundamentales se encuentra la expansión mediante la “guerra santa”. Es cierto que existe un “islam moderado” y un “islam radical”, como también es cierto que toda forma de islam es exterior a Europa y contraria a los valores europeos. De la misma forma que es rigurosamente cierto que, por las características de las comunidades islámicas y por la experiencia histórica reciente, es incontestable que existe en el islam una increíble facilidad para que, bruscamente, sus sectores más “moderados”, se deslicen en pocos meses hacia el radicalismo más extremista. Desaparecido el terrorismo social (anarquista y de extrema-izquierda), desaparecido el terrorismo separatista (IRA, ETA), desaparecido el terrorismo de extrema-derecha… el único terrorismo que opera hoy en Europa es el de matriz islamista y éste tienen unas bases sociales fácilmente identificables en la inmigración procedente de países islámicos y entre los islamistas con pasaporte europeo cuyos antecedentes familiares proceden fundamentalmente del Magreb, de Paquistán o del África negra islamizada. Por tanto, es un terrorismo fácilmente identificable y simple de desarticular: pero, para ello, es preciso tener voluntad político de hacerlo y no cubrirse con el manto de fantasías ingenuas.

7. La reacción del “viejo orden” ante la irrupción del terrorismo islamista en Europa

En el que, sin duda, será uno de los últimos gestos históricos de la casta que gestiona el “viejo orden” europeo, figura adoptar la política de la avestruz o la negativa a reconocer que el problema actual generado por el terrorismo islamista es el producto de los errores pasados de esa misma casta degenerada e ineficiente. Para Holande, por ejemplo, ese terrorismo “no tiene matriz religiosa”. En toda Europa han aumentado los controles policiales… pero en ningún país, ningún miembro de la casta política se le ha ocurrido exigir y proponer medidas para restringir la inmigración masiva en Europa, ni suquiera la procedente de países islámicos, para controlar la predicación del islam en las mezquitas o para afrontar el problema globalmente, en lugar de abordarlo sólo desde una perspectiva policial que intente contener los efectos del terrorismo islámico. Cualquier especialista en terrorismo sabe, para combatirlo es preciso actuar en dos frentes: contra los grupos armados… y contra las causas que los generan. Y aquí la causa es una sola: la presencia de bolsas islamistas en Europa llegadas con la inmigración y cuya presencia solamente se justifica soto voce para seguir falseando el mercado de trabajo y seguir manteniendo los salarios bajos. No podemos esperar, pues, soluciones por parte de la casta política europea, ni siquiera un reconocimiento de la naturaleza del problema por parte de na parte importante de fuerzas sociales, medios de comunicación o intelectuales…

8. La casta europea y los defensores de la “equidistancia”

Entre las muchas barbaridades que se han oído estos días y que demuestran que en Europa todavía no se había alcanzado las más altas cotas de la estupidez humana, se ha repetido con cierta frecuencia por parte de la izquierda y de los habituales “tertulianos” a sueldo que el terrorismo islamista es una respuesta… al auge del Front National. Así pues, ¡el terrorismo islamista en Europa no sería más que una respuesta a la “xenofobia y al racismo” cada vez más presentes en el continente! Eso supone olvidar los hechos: el primero de todos es que el objetivo, Charlie Hebdo, era una revista que compartía precisamente este punto de vista y que hace veinte años ya pidió la prohibición del Front National (algo que encaja poco con la defensa de la libertad de expresión en la que se han escudado los “Yo soy Charli-Hebdo”), mientras se burlaba de cristianos y musulmanes en sus caricaturas… pero solamente los islamistas han respondido con el terrorismo. No así cristianos, ni el Front National. Así pues, no hay equidistancia posible: la única equidistancia posible y aceptable es la que ve a los terroristas islamistas a un lado y a la casta del “viejo orden” en otro. Estos han traído a los otros. Los terroristas serían inconcebibles en Europa sin la casta del “viejo orden” que ha traído a bolsas y más bolsas de inmigración islamista. Así pues, no nos engañemos: quien ve al “terrorismo islamista”, no como el producto del fanatismo religioso, el odio étnico y la frustración social, sino como una respuesta a presuntos comportamientos “xenófobos y racistas” o se equivoca en su torpe ingenuidad, o simplemente miente o pertenece al grupo de intereses de la casta europea del “viejo orden”.

9. El enemigo ofrece una oportunidad. El sueño de Luther King reconducido…

Parafraseando a Luther King y utilizando ciertas dosis de retórica mística podría decirse aquello de “he tenido un sueño… He soñado que se reembarcaba a los excedentes de inmigración islamista, matriz del terrorismo, hacia sus países de origen y que con ellos se reembarcaba también a la casta política y a los señores del dinero que los trajeron a Europa”… Vale la pena establecer esta cadena de axiomas:

a) La inmigración islámica es un problema en Europa.

b) No existe gran diferencia entre islam moderado e islam radical.

c) El islam, moderado o radical, es siempre ajeno a la cultura y a la tradición europea.

d) El islam ha llegado a Europa con la inmigración masiva.

e) No toda la inmigración residente en Europa es islamista, pero sí que la inmigración más conflictiva se gesta en el entorno islamista.

f) Los impulsores de tal inmigración han sido la casta del “viejo orden” y los “señores del dinero”

g) Si han actuado así es por necesidades de mantener competitividad en un mundo globalizado y por el servilismo de la clase política hacia la clase económica.

h) Por todo ello, el problema del terrorismo islámico en Europa no se resolverá hasta que no se resuelva la cuestión de la inmigración islámica en Europa y hasta que no se desplace a la actual casta política del “viejo orden”.

i) Si el enemigo inmediato a abatir son las hienas sedientas de sangre que quieren traer la yihad a Europa, el problema solamente se resolverá definitivamente afrontando con decisión la repatriación de los contingentes islamistas a sus países de origen y desplazando a la actual casta del “viejo orden”.

j) Así pues, la erradicación de la nueva amenaza terrorista que se cierne sobre Europa pasa solamente por el desplazamiento del grupo seudo-religioso del que nace y por la erradicación de la casta que lo trajo al Viejo Continente y del sistema mundial globalizado perjudicial para la mayoría de la población europea y beneficiosa sólo para una ínfima minoría.

10. En memoria de las primeras víctimas del terrorismo islámico en Europa

Todos estos puntos, repetimos, nos parecen “axiomáticos” en la medida en que “axioma” deriva del término griego αξιωμα, «lo que parece justo» o, que se le considera evidente, sin necesidad de demostración. Esa demostración existe y está al alcance de todos sólo mediante el ejercicio de la crítica. Para quien se niega a razonar, quien se ampara en la trinchera de los dogmatismos y los apriorismos utilizando los argumentos más retorcidos, para quien se siente parte del “viejo orden”, nada de todo esto es admisible y asumible y ningún argumento conseguirá hacerle entrar en razón. No hay fortaleza más impenetrable que un cerebro que se niega a argumentar por miedo a que todos los valores de los que se ha alimentado hasta ese momento se derrumben como un castillo de naipes arrasado por el viento nuevo. No hay nada más triste que morir como han muerto los redactores de Charlie-Hebdo: asesinados en un inmisericorde episodio de terrorismo e inconscientes hasta última hora del proceso mental y político que han seguido sus asesinos para disparar sobre sus cuerpos. Una de las víctimas, el director de la publicación, había parafraseado la famosa frase de “más vale morir libre que vivir de rodillas”; pues bien, nosotros, haciendo otro tanto, podríamos decir que “más vale conocer la realidad que morir engañado”. Cuando se produce un atentado terrorista, en primer lugar, hay que estar del lado de las víctimas, por supuesto, pero incluso entonces es admisible que a las condolencias y a los lamentos sigan los razonamientos y las resoluciones. Eso es lo que hemos intentado en estas líneas. En cuanto a las resoluciones tras lo que ha ocurrido, podemos establecer algunas a modo de conclusión:

 Estos crímenes me animan a luchar contra el islamismo en Europa.

 Estos crímenes me reafirman en que no habrá paz en Europa mientras haya islamismo en nuestro continente.

 Estos crímenes me convencen de que la lucha contra el terrorismo islámico y la lucha contra la inmigración masiva son dos frentes de un mismo problema.

 Estos crímenes me suscitan el más absoluto rechazo a la casta política europea del “viejo orden” que lo ha sacrificado todo a los intereses económicos empezando por la paz social y la identidad del continente.

 Estos crímenes me inducen a desechar todo eclecticismo y cualquier ambigüedad, retóricas tranquilizadoras y estupefacientes ideológicos humanistas y universalistas, en definitiva, a hablar claro y simple.