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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

No al islam en Europa

No al islam en Europa

Info|krisis.- No hay que forjarse falsas esperanzas o refugiarse en mera palabrería: estamos asistiendo en Europa Occidental a los habituales choques entre vanguardias de dos ejercitos enemigos que se aproximan uno contra otro y que preceden a los enfrentamientos generalizados. A un lado las vanguardias islamistas; de otro, quienes perciben la realidad del problema, lo inaplazable del conflicto y están dispuestos a reaccionar. Estamos asistiendo al inicio de un conflicto que será una guerra civil y una lucha por la identidad. No se trata de que queramos o no combatir en tal conflicto: se trata de que los islamistas residentes en Europa nos lo han impuesto. Ahora nos toca reaccionar y dar una respuesta política acorde con el desafío. Otra cosa sería, simplemente, suicidarse.

I. El islam no es una religión como las demás.

Amparado en las leyes de libertad religiosa existentes en todos los países de Europa, el islam progresa a lo largo de todo el continente. Sus bases no están compuestas por europeos de origen sino por inmigrantes llegados de otros horizontes. Así, se da la paradoja de que una doctrina contraria al espíritu europeo, contrario a la legislación europea, contraria a los valores europeos, situada entre 400 y 800 años por detrás de la evolución del continente, puede extenderse, progresar y contar con todos los beneplácitos legales.

Y sin embargo, el islam no es una religión como las demás. Es la única religión por la que sus miembros están dispuestos a matar. Es la única religión que incluye entre sus presupuestos el extenderse mediante la guerra. Es la única religión, entre cuyos “pilares” se encuentra la guerra como forma de extender su influencia. Eso hace del islam una forma supersticiosa, conflictiva, primitiva y ofensiva, completamente diferente a cualquier otra religión existente en la actualidad.

De ahí que no pueda aplicarse al islam por más tiempo el estatuto de libertad religiosa vigente en el continente. Hacerlo es equivalente a un país que facilita a quienes quieren destruirlo todos los elementos necesarios para hacerlo, empezando por la piqueta de demolición

II. No hay diferencia entre “islam moderado” e “islam radical”.

El islam es una superstición que ha demostrado a lo largo de la historia una increíble facilidad para deslizarse desde su vertiente moderada hasta los límites más extremos del fundamentalismo en cuestión de pocos años. En su área natural de expansión –el mundo árabe– el islam, en apenas treinta años, ha liquidado a casi todos los regímenes laicos, ha elevado barreras fundamentalistas, ha dado gigantescos pasos atrás en las costumbres sociales en esos países, ha desestabilizado regímenes, zonas y países y, finalmente, ha terminado amenazando a Europa, en donde su presencia se debe solamente a la llegada masiva de inmigración procedente de países árabes.

Permitir la difusión y la expansión del islam en Europa, aceptar que pueda tratarse de una religión como cualquier otra en el Viejo Continente, supone allanar el camino hacia la yihad, facilitarla, hacerla posible y admitir la desestabilización en todo el territorio de la Unión Europea. Hacerlo en razón de que el “islam moderado” no parece “peligroso” e incluso, ocasionalmente, se muestra dialogante, se ha revelado como un error: existen muchas posibilidades de que ese mismo islam, moderado hoy, se convierta en intolerante e integrista mañana, que el imán que hoy predica “integración”, mañana truene en defensa de su “identidad religiosa” más extrema.

¿Es que no habéis visto en vuestras ciudades a hijas de familias islamistas que se comportan como cualquier otra chica de su edad y que, bruscamente, un buen día empiezan a utilizar el velo islámico y a distanciarse de las que hasta entonces habían sido sus amigas? ¿Es que no habéis conocido comunidades islámicas que han ido creciendo normalmente y que, de repente, son radicalizadas por un imán wahabita subsidiado?

III. El mecanismo de auto–exclusión social

El fatalismo coránico hace que la inmensa mayoría de fieles islamistas en Europa se sitúen entre los estratos con menos ingresos de la población. Apenas hay estudiantes islámicos en universidades europeas; los que hay, en su inmensa mayoría, proceden de élites sociales de los países árabes. Los hijos de los islamistas presentes en Europa, por el contrario, prefieren que sus hijos trabajen desde la adolescencia a que sigan estudiando o aumenten su preparación profesional. Ni aun facilitándoles el acceso a la universidad (algo que se ha hecho en toda Europa y recientemente también en España mediante medidas de “discriminación positiva”), las familias islamistas parecen interesadas en que sus hijos tengan acceso a la enseñanza superior.

La “falta de competitividad” de los jóvenes islamistas o descendientes de familias islamistas en suelo europeo la “compensan” psicológicamente desarrollando una agresividad inusitada y creciente contra las sociedades europeas de acogida que cristaliza en salvajismo puro y simple (las quemas de coches por parte de jóvenes islamistas se han convertido en el siniestro acompañamiento de las noches en media Europa) o bien con la adhesión a las formas más primitivas y fundamentalistas de su identidad originaria identificada con el islam.

Todo esto lleva directamente a que las bolsas de islamistas presentes en Europa experimenten siempre los mismos procesos de auto–exclusión social. No se puede reprochar a los empresarios europeos que se nieguen a contratar a individuos que no renuncian a estar vestidos como en sus países de origen, que muestran ostensiblemente prendas de significado religioso, especialmente cuando en todo el mundo violencia e islam se muestran cada vez más de la mano.

Así pues, la “ideología” que acompaña al islamismo y sus prácticas sociales generan, por sí mismas, falta de competitividad (especialmente de los grupos más jóvenes que comparten esta creencia o que proceden de grupos étnicos mayoritariamente islámicos), brutalización de muchos sectores con ese origen, rechazo social para franjas crecientes de europeos y terminan en una auto marginación social insuperable.

IV. No existe fórmula de “integración” posible con el islamismo.

Las bolsas islámicas en Europa figuran entre las comunidades halógenas más subvencionadas. En Holanda primero, en el Reino Unido, en Francia, en España, en Italia, en Bélgica, los programas para lograr la “integración” del islam en las sociedades de acogida han fracasado, uno tras otro, estrepitosamente y, poco importa de dónde hayan procedido esas bolsas de inmigración, si del Magreb, si del África subsahariana o del mundo árabe. No ha habido –y es bueno recordarlo– ni un solo proyecto nacional de integración de la inmigración islamista, ni de derechas, ni de izquierdas, ni generoso, ni cicatero en la donación de subsidios, que se haya coronado con un mínimo éxito. De hecho, cuantos más fondos se dispensan a la cuestión, menos resultados se obtienen.

Ahora cabe ya preguntarse, después de treinta años de proyectos frustrados, si el problema es que las sociedades europeas han fracasado o, simplemente, es que el islam es inintegrable en la cultura y en la legalidad europea y si la falsa sensación de que esos proyectos de “integración” avanzaban no ha venido dado por actitudes de simulación de las comunidades islámicas receptoras de los fondos de ayuda.

¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que Europa se convenza de que el islam es inintegrable? ¿Cuánto tiempo deberá pasar antes de que los europeos entiendan que ese mundo ideal que ha forjado su ideología “humanista” y “universalista”, en el que basta con facilitar las condiciones adecuadas para que un grupo social se integre, para que, efectivamente se produzca tal integración, es una falacia miserable y un error palmario? ¿Cuántos décadas más partidos de derechas y de izquierdas prolongarán esta política absurda de mano tendida hacia el islam recibiendo a cambio aumento de la delincuencia, chispazos cada vez más frecuentes de terrorismo, negativa pura y simple a integrarse o, simplemente, persistencia de la inestabilidad étnico–social?

Las tasas de delincuencia entre la comunidad islámica o de origen islámico superan a cualquier otra comunidad inmigrante. Y esto no puede atribuirse a la pobreza: hoy, cualquier joven islámico tiene un Smartphone, maneja las tecnologías de la información, y es muy posible que reciba una subvención, sino él si al menos su familia. No es la “pobreza” la que genera delincuencia y exclusión, sino la “ideología” (el islamismo) y sus hábitos antropológicos.

V. La ideología “humanista y universalista” es responsable.

Los islamistas no son los únicos culpables de lo que está ocurriendo. Si están aquí se debe a que una banda de políticos, oportunistas sin escrúpulos, irresponsables sin conciencia y traidores a su pueblo y a su cultura, los han traído. Casos tan absurdos como el de Jordi Pujol, quien prefirió desviar inmigración magrebí a Cataluña para evitar que llegaran inmigrantes que hablaban ya castellano y no se esforzarían en aprender catalán, no son una excepción en el Viejo Continente. No es raro que las máximas sospechas de corrupción recaigan sobre estos exponentes que durante su gestión se ampararon en la ideología “humanista” y en las “virtudes de la integración” para importar carne humana islamista.

Luego están aquellos endófobos estilo Zapatero o estilo ONGs (con SOS Racismo en vanguardia) para los que la “ideología integracionista” se convierte en dogma, a pesar de que el paso del tiempo y los reiterados fracasos hayan evidenciado su peligrosa vacuidad. La izquierda, mayoritariamente, es responsable de no percibir que la llegada masiva de inmigración a Europa no se ha debido a la libre decisión de las poblaciones de ubicarse en los lugares de su elección, sino que esas corrientes migratorias han sido generadas artificialmente para abaratar el precio de la mano de obra en Europa. Para cubrir esta realidad, la izquierda “humanista” ha recurrido a una batería de dogmas extravagantes (la “multiculturalidad”, el “mestizaje”, “España país de las tres culturas”, “Alianza de Civilizaciones”) que, en el fondo, han sido los principales causantes del hundimiento de su prestigio entre las clases populares que se ven obligadas a convivir con el islamismo en los arrabales.

Por su parte, la Iglesia tiene también su parte de responsabilidades. Eludiendo vergonzosa y bochornosamente el hecho de que las comunidades católicas son masacradas allí en donde gobierna el islam, que carecen de libertad de culto e incluso de garantías para la supervivencia física de sus fieles, los últimos papas han multiplicado incomprensiblemente sus actitudes de mano tendida hacia el islam... Resulta absolutamente grotesco, sino criminal, que el día antes de la masacre de Charlie–Hebdo, las luces de la catedral de Colonia fueran apagadas por la autoridad obispal en… protesta contra la “xenofobia”. O que el papa Bergoglio aludiera poco antes al islam como “religión de paz”. Tales actitudes no son menos criminales que el “humanismo universalista” procedente de la izquierda, están fuera de lugar y, confirman, sobre todo que la “infalibilidad” ya no está entre las virtudes del jefe de la iglesia. El Vaticano ignora que estamos ante una “guerra santa” que él no ha elegido, pero que el islam sí tiene presente y está dispuesto a librar en territorio europeo.

VI. El problema no es la “xenofobia y el racismo”, el problema es el islam

A nadie se le puede escapar el símbolo de la estupidez realizada por la autoridad de la catedral de Colonia: la tradición quiere que allí estén las tumbas de los Reyes Magos y, por tanto, el hecho de  que sus luces se apagaran el día de la Epifanía es doblemente elocuente, por la fecha y porque precedió en apenas unas horas a la masacre de París.

La masacre de París se muestra, como hemos dicho, como la acción –una más de las que se vienen multiplicando cada vez con mayor frecuencia– de las vanguardias islamistas en Europa. Demuestra que estamos implicados en una guerra que ni hemos querido, ni hemos desatado, pero que estamos sufriendo por voluntad de otros.

Las reacciones de las masas populares suelen ser primitivas. Sin embargo, en todo el territorio de la Unión Europea no se ha producido ni una sola acción “xenófoba y racista” que causara doce víctimas. Europa ha ido aceptando a toda la inmigración islamista que ha forzado su presencia en el continente por la vía del hecho consumado. Europa ha subvencionado a las bolsas islamistas, les ha cedido terrenos para edificar sus mezquitas, ha aceptado que los muecines atronaran las mañanas de los viernes en Europa con sus llamadas a la oración, han asumido incluso el que en una tierra de laicidad se enseñe el Corán en las escuelas. Los medios de comunicación, los partidos mayoritarios, la Iglesia, las ONGs, han condenado sistemáticamente la “xenofobia y el racismo”… a pesar de que no ha existido más xenofobia y racismo que el que ha gestado la intolerancia islamista y su incapacidad demostrada reiteradamente para la integración.

Si hubo en El Egido manifestaciones anti–islamistas hace 15 años fue porque, previamente, habían aumentado los robos cometidos por individuos procedentes de grupos islamistas que, de paso, habían asesinado en pocos días a tres personas… y esto ante la pasividad del aznarismo. Si en Francia se produjo la intifada de noviembre–diciembre de 2005 no fue por la actividad de las “bandas racistas y xenófobas” sino por el fracaso de las políticas integración y por la brutalización creciente de individuos procedentes de la segunda y tercera generación de inmigrantes. Si en Holanda se certificó hace una década el fracaso de las políticas de integración (las más antiguas de Europa) se debió a los asesinatos de Pym Fortune y de Theo van Gogh.

Siempre la aparición de “xenofobia y racismo” ha ido por detrás de las exacciones, crímenes, revueltas y atentados islamistas. Nunca se ha generado “radicalismo islámico” o “fundamentalismo religioso” porque, previamente, existiera ninguna forma de racismo. Aquí sí que podemos establecer que el “huevo” fue anterior a la “gallina”, que existe una relación de causa a efecto entre la incapacidad para la integración del islamismo y la respuesta social en forma de “xenofobia y racismo”. El origen del problema es la presencia del islamismo, moderado o radical, en Europa.

VII. Las palabras ya no sirven: los europeos pedimos hechos

Tras el asesinato de doce personas en el curso del atentado islamista a la revista satírica Charlie–Hebdo, ya no vale la palabrería tan repetida en las últimas décadas: no basta ni con llamar a la “convivencia”, ni con el recurso a la “calma” y a “evitar reaccionar en caliente”. No basta con que un Holande o un Rajoy, hablen ahora de “reforzar los poderes del Estado”, “estar vigilantes ante el terrorismo” o “permanecer firmes” con los que nos han obsequiado en las últimas horas. No basta con las declaraciones tristonas, ingenuas y cándidas de un Bergoglio o de sus delegados, llamando a la “bondad”, al “perdón” y a la “caridad”: ESTAMOS AFRONTANDO LOS PRIMEROS CHISPAZOS DEL CHOQUE CON LAS VANGUARDIAS DE LA YIHAD QUE SE DIRIGEN CONTRA EUROPEA AMPARADAS EN LAS TASAS DEMOGRÁFICAS DE LA COMUNIDAD ISLAMISTA Y EN LA LLEGADA MASIVA DE INMIGRANTES DE ORIGEN ISLAMISTA. Y ante esto no caben ni declaraciones atemperadas, ni tranquilizadoras, ni mucho menos cabe repetir los tópicos que nos han llevado hasta donde nos encontramos hoy (“tolerancia”, “multiculturalidad”, “integración”, “mestizaje”…). NOSOTROS NO HEMOS ELEGIDO ESTA SITUACIÓN: NOS LA HAN IMPUESTO y lo peor que podemos hacer es engañarnos con la palabrería tranquilizadora difundida por la vieja clase política, determinadas ONGs endófobas y los balbuceos de líderes religiosos con pocas opciones.

Ya hace tiempo que ha pasado la época en la que podíamos confiar en las virtudes de la “integración”. Si eso ha funcionado con otras comunidades, desde luego, con el islam nunca ha dado el más mínimo resultado. Cuando antes lo reconozcamos, menos sorpresas nos llevaremos y más preparados estaremos ante el futuro. QUEREMOS QUE EUROPA REACCIONE y “reaccionar” supone viajar a los orígenes del conflicto, identificar la naturaleza del problema, el fracaso de las opciones practicas hasta ahora y reconocer las exigencias para resolverlo.

En las actuales circunstancias no hay nada peor que engañarse: si lo hacemos, el futuro de nuestros hijos peligra y, no digamos, el de nuestra cultura. Lo hemos dicho desde el principio y lo repetimos ahora: EXISTE UNA INCOMPATIBILIDAD ABSOLUTA Y TOTAL ENTRE EL ISLAM Y EUROPA. No vale la pena emplear grandes volúmenes en demostrar algo que está ahí, que es cada vez más evidente y que puede ver todo aquel que percibe la realidad sin dogmatismos, ni apriorismos, sin prejuicios ni prismas deformantes.

QUEREMOS SOLUCIONES YA, hoy cuando todavía pueden establecerse soluciones y es posible, con mínimos esfuerzos, contener a las vanguardias del ejército islamista que están intentando librar sus primeras escaramuzas en Europa. Y SI LA VIEJA CLASE POLÍTICA, LA QUE YA HA FRACASADO, NO ESTÁ EN CONDICIONES DE APLICARLAS, NI TIENE EL VALOR SIQUIERA PARA ENUNCIARLAS, HABRÁ QUE VOLCARSE EN APOYO DE UNA NUEVA CLASE POLÍTICA QUE SIN MIEDO, REALISTA Y DECIDIDA, ENTIENDA EL PELIGRO DEL ACTUAL MOMENTO HISTÓRICO Y DECIDA AFRONTARLO COMO SE AFRONTAN LOS RIESGOS DE GUERRA: CON DECISIÓN, ENTEREZA, REALISMO Y FUERZA.

Creemos necesario una batería de medidas tendentes

1) a alejar el riesgo de conflicto civil y étnico–social en Europa,

2) a contener primero y aligerar después la presión del islamismo sobre Europa y

3) a restablecer la normalidad social en Europa y la normalidad del mercado laboral reduciendo las tasas de inmigración.

Por todo ello proponemos, y llamamos a personas, organizaciones y asociaciones, a APOYAR UN PROGRAMA DE ACCIÓN BASADO EN DIEZ PUNTOS:

1) Imponer el “principio de prudencia” ante el islamismo: él mismo se ha encargado de demostrar que no se trata de una religión como las demás; por tanto, no puede estar sometida al mismo estatuto que cualquier otra creencia religiosa. Crear Comisiones para la Vigilancia del islam en Europa encargadas de controlar que la difusión de las ideas coránicas esté de acuerdo con los principios de la legalidad y de la tradición europea.

2) Cesar cualquier forma de ayudas oficiales a las comunidades islamistas. Ante la imposibilidad de integrarlas en las sociedades europeas no queda más remedio que inducirlas a retornar a sus países de origen y la primera fase de esta “operación retorno” solamente puede ser el reducir las “ayudas” al islamismo a una sola: par el retorno a sus países de origen.

3) Cesar de conceder la nacionalidad europea a gentes que profesen la religión islámica entendida como contraria a la tradición y a los valores europeos. Para pertenecer a cualquiera de las naciones europeas debe ser preciso abjurar del islamismo en tanto que esta doctrina es la antítesis exacta de los valores de la tradición europea.

4) Cesar la construcción de mezquitas en Europa, auditar las existentes, impedir por ley que las comunidades islamistas que actúan en el continente reciban subsidios y subvenciones llegados del extranjero.

5) Incluir en el código penal el delito de “endofobia” (hostilidad hacia los miembros de la propia comunidad) en la que caerían aquellas personas, partidos y ONGs que asuman la defensa del yihadismo y de sus colaboradores.

6) Pérdida inmediata de la nacionalidad de cualquier nación europea a todos aquellos ciudadanos que desciendan de halógenos en tres generaciones anteriores y que se vean implicados en actividades delictivas relacionadas o no con el islamismo.

7) Prohibición de la construcción de minaretes en territorio europeo, derribo de los existentes y prohibición de realizar “llamadas a la oración”.

8) Exclusión de fieles islamistas de todos los cuerpos de seguridad e instituciones armadas en cualquier país europeo.

9) Cese de la inmigración en Europa procedente de países con mayoría islamista y repatriación progresiva de los contingentes actualmente residentes en el continente.

10) Depuración de responsabilidades entre la vieja clase política para determinar niveles de responsabilidad en el proceso de islamización del continente con aplicación del delito de traición a quienes hayan colaborado activamente en tal proceso.

Consideramos que estos diez puntos son suficientes para alejar a las vanguardias del yihadismo del territorio europeo. Podemos elegir entre un programa duro, pero que excluye medias tintas y deja atrás opciones fracasadas, y la reiteración de la palabrería “humanista y universalista” de que vienen haciendo gala líderes políticos y religiosos en las últimas décadas. Que cada cual elija su opción.

ES LA HORA DE LA VERDAD: el atentado contra la revista Charlie–Hebdo y los atentados que le han precedido en las últimas semanas son suficientemente elocuentes sobre la situación que afrontamos Y QUE NO HEMOS BUSCADO, QUERIDO, NI PROVOCADO. La inacción ante esta situación sería un crimen contra las generaciones que nos han precedido y las que seguirán. INACCIÓN SUPONE DEJAR QUE LAS VANGUARDIAS ISLAMICAS ABRAN PASO AL EJÉRCITO YIHADISTA EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS. Y ese es un crimen que la raza que venció en Salamina e Himera, que derrotó al islam en las Navas y en Lepanto, que cerró las puertas de Europa a los turcos en Viena y expulsó a los moriscos, alejando durante 400 años el riesgo de islamización del Viejo Continente, se incline ahora ante una superstición llegada del desierto.

Los hechos hablan por sí mismos y el asesinato de doce personas en París no es un atentado “contra Francia”, sino contra todos los pueblos de Europa. De la misma forma que en el vecino país la palabra “RECONQUISTA”, con todas sus letras y en perfecto castellano, resuena otra vez como llamada a la movilización general, entre nosotros la sangre vertida por el fanatismo islámico debe ser considerada como algo propio.

Europa afronta en estos momentos múltiples problemas generados en su mayoría por una clase política ineficiente y corrupta, la islamización del continente es solamente un efecto más de su lamentable gestión: pero esa islamización es también un anticipo de la guerra civil que se está iniciando. De ahí la necesidad de ser conscientes de la gravedad del problema y no tratarlo como una de las muchas excrecencias generadas por la vieja clase política que percibe ya su funeral, sin gloria, con bochorno y aroma a traición.

A los europeos nos corresponde ahora tomar de nuevo las riendas de nuestro destino y es preciso tener muy presente que LA LUCHA CONTRA LA ISLAMIZACIÓN DE EUROPA ES TAMBIÉN LA LUCHA POR LA RENOVACIÓN POLÍTICA DEL CONTINENTE.

¡POR UNA EUROPA LIBRE DEL PELIGRO ISLAMISTA!
¡POR UN FUTURO SIN LA SOMBRA YIHADISTA!
¡EL ISLAM ES AJENO A LA CULTURA Y A LA TRADICIÓN EUROPEA!
¡NO HAY LUGAR PARA EL ISLAM EN EUROPA!
¡ISLAM Y SUS CÓMPLICES FUERA DE EUROPA!

08/01/2015

Sumario RHF 35

Sumario RHF 35

Acaba de aparecer el número 35 de la Revista de Historia del Fascismo, correspondiente a noviembre-diciembre de 2014.

INTRODUCCIÓN

El ejemplar que el lector tiene entre las manos es el correspondiente a Noviembre-Diciembre de 2014. Acabamos en él dos ensayos que ha­bíamos iniciado en números anteriores, sobre José Antonio Primo de Rivera y la monarquía y sobre las relaciones entre el fascismo italiano y el esoterismo. Pero el tema de portada es otro: Neofascismo - Antise­mitismo - Antisionismo. Hay que explicar el motivo: el sionismo es una forma de nacionalismo judío que aspira a que la Diáspora termine y a la reunión de las doce tribus de Israel en Palestina. Hemos querido di­sipar un equívoco: el fascismo no creyó jamás en la existencia de una conspiración judeo-masónica-bolchevique. Quizás algunos católicos antisemitas por motivos de religión hayan asumido esa orientación que no tiene nada de “fascista”. El tema es espinoso, pero hacía fal­ta abordarlo: existió un neo-fascismo antisemita, pero también otro neo-fascismo que admiró las realizaciones del Estado de Israel.  

 

Nacional-sindicalismo

José Antonio y la monarquía (II de II). Una divisoria no tan nítida.

En el número anterior presentábamos la primera parte de este dossier dedicado a la posición de José Antonio Primo de Rivera (y, por extensión, de Falan­ge Española) en relación a la institución monárqui­ca. Nuestra primera intención fue evidenciar que, sorprendentemente, ni en las Obras Completas ni en texto o intervención alguna del fundador de la Falan­ge se percibe ninguna animosidad ni ningún juicio que indicara una oposición doctrinal a la institución monárquica. Como máximo se acepta el hecho de que la monarquía fue una institución «gloriosamen­te fenecida» a despecho del poco heroísmo y la nula gloria con la que se desarrolló su caída en 1931. Al margen de esta declaración –que dista mucho de ser un ataque– comentamos todos los fragmentos de las Obras Completas en las que aparecía alguna referencia a la monarquía para confirmar la absoluta falta de una crítica doctrinal a la institución. Expli­camos también que la monarquía estaba ligada a la aristocracia caracterizada por un «estilo» que José Antonio rescata, condenando su degeneración en el fenómeno del «señoritismo». Concluimos aquella pri­mera parte tratando de explicar cómo el falangismo a partir de 1937 fue acentuando su carga antimo­nárquica, las razones y los rasgos que tuvo esa opo­sición. Ahora, en esta segunda parte, para agotar el tema, nos toca abordar la cuestión de la formación monárquica de José Antonio y el papel que ocupó en su patrimonio intelectual y las relaciones de José y de Falange antes y después de la fundación del par­tido. Solamente entonces estaremos en condiciones redactar unas conclusiones lo suficientemente sóli­das como para ser consideradas irrebatibles.

(págs. 7-112)

 

Neofascismo

Neofascismo, antisemitismo, antisionismo: distintos planteamientos

Los fascismos históricos nunca tuvieron el mismo comportamiento ante la cuestión judía. Ni siquiera en el interior del NSDAP todas las corrientes veían el problema con la misma óptica. Lo mismo ocurrió con el fascismo italiano que contó entre los funda­dores de los primeros Fascios di Combattimento con algunos judíos. En España no existía apenas antise­mitismo en Falange Española fuera del que se había heredado del catolicismo de algunos de sus miem­bros. En Rumanía, en cambio, se trataba de un anti­semitismo que tenía mucho de respuesta social y de componente religiosa. El peronismo, por su parte, en general, no fue antisemita… pero tampoco prosemi­ta. A partir de 1945, con el marasmo de la derrota, los movimientos neofascistas que lograron recons­truirse contribuyeron a aumentar aún más el abani­co de posiciones: desde los que admiraron el naci­miento del Estado de Israel, hasta los que siguieron profesando un antisemitismo clásico, pasando por los que cambiaron antisemitismo por antisionismo. Estas distintas posiciones son el objeto del presen­te estudio.

(págs. 114-168)

 

Fascismo italiano

Fascismo y esoterismo (III de III). El Grupo de Ur y su intento de influir en la política del fascismo.

En esta última parte de estas notas dedicaremos la parte central al estudio del Grupo de Ur, añadiendo las influencias esotéricas en las SS italianas y con el estudio del misticismo de la Escuela de Ética Fascis­ta. Mussolini era simplemente agnóstico como otros muchos jerarcas del régimen. No hubo entre la cúpula del fascismo ni grandes esoteristas, ni se percibió la influencia de ningún grupo ocultista organizado. Sin embargo, a finales de los años 20 emergió un círcu­lo compuesto por personalidades excepcionalmente brillantes dispuesta a «influir» con técnicas operativas extraídas de las tradiciones ancestrales, en el curso del Régimen. Se trató del Grupo de Ur. Con ello habrá concluido el estudio de una materia excepcionalmen­te sorprendente y desconocida.

(págs. 170-227)

 

Libros

La derecha y la falange. Revolución contra reacción.

 

La aparición de un nuevo libro sobre la historia de Falange Española nos da pie para realizar algunos comentarios sobre lo que supone esta obra, el nivel de los estudios sobre el partido falangista y sobre el papel del partido falangista en la actualidad. Son te­mas sobre los que resulta difícil encontrar acomodo en una revista de historia porque implican alternar temas históricos con política actual, en un equilibrio inestable.

Título: La Falange y la derecha. Revolución contra reacción.

Autor: Jorge Olmedo Cantalapiedra

Prólogo: José Luis Jerez Riesgo

Editorial: Ediciones Barbarroja

Pedidos: info@libreriabarbarroja.com

Tamaño: 15 x 23 cm

Páginas: 120

Portada: cuatricomía plastificada con solapas.

(págs. 229-240).

 

FICHA TÉCNICA

Ficha técnica: 250 páginas

Formato 15x21 cm

Portada cuatricomía con solapas

Ilustrado

PVP: 18,00 euros (50% de descuento para librerías y grupos) + 3,00 de gastos de envío.

Pedidos: eminves@gmail.com

 

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21-30 cm, 14 láminas a todo color en cartulina de 350 grs, estucada, con alambre y lengüeta para colgar. 15,00 euros unidad

 

¿Mili obligatoria?

¿Mili obligatoria?

Info-krisis.- Las declaraciones del Teniente General Rafael Comas, jefe del cuartel general terrestre de “alta disponibilidad” de la OTAN, ha causado cierto revuelvo al proponer recuperar el servicio militar obligatorio bajo “otro formato”. Vale la pena meditar un poco sobre esta propuesta, lo que implicaría y lo que implicó el servicio militar obligatorio en su época. Lo que parece innegable es que el fracaso de la transformación del servicio militar obligatorio en ejército voluntario realizada, aprisa y corriendo y sin medir consecuencias, abre el camino directamente a este debate.

La historia militar en unos brochazos

El servicio militar obligatorio fue una institución relativamente reciente (a finales del siglo XVIII y principios del XIX) en la que el “derecho a llevar armas”, un privilegio que estaba solamente al alcance de la nobleza y de algunas pocas capas de la sociedad, fue sustituido por el “deber de defender a la nación” extendido horizontalmente a todos los ciudadanos. Antes no encontramos ejemplos históricos de ejercicio obligatorio de la milicia extendida a todos los ciudadanos.

La educación espartana (“agogé”) convirtió aquel Estado en una comunidad guerrera, pero ni periecos ni ilotas, capas inferiores, tenían derecho a las armas, solamente los espartanos podían acceder al entrenamiento militar y a un puesto en la falange hoplítica. Por su parte, en Roma no existió nada parecido al servicio militar “horizontal”: todos los romanos de pleno derecho debían pasar un largo período en el ejército si querían acceder a algún puesto de mando en el Estado; por otra parte, los romanos eran encuadrados en determinadas unidades militares según su nivel económico: se exigía a los más poderosos que lo hicieran en los cuerpos de élite, los que más arriesgaban en los combates, y a los que tenían menos hacienda se les encuadraba en un lugar tras la primera línea combatiente. Quienes más tenían más debían ofrecer y arriesgar. La caballería ligera romana, por ejemplo, siempre estuvo compuesta por patricios, mientras que los honderos se limitaban a lanzar piedras tras la primera línea, permaneciendo en puestos de poco riesgo en tanto que formados por clases más modestas. Quien tenía más, debía arriesgar más. Quien tenía menos debía mantenerse en posiciones más seguras. Tal era el concepto de “justicia social–militar” de la época.

En la Edad Media el derecho a llevar armas se redujo a la nobleza. El combate a caballo y con espuelas, con lanza horizontal y mandoble era privativo de la aristocracia guerrera que desde los siete años iniciaba su entrenamiento militar y lo culminaba a los veintiún. Uno de los episodios centrales en la vida de un caballero era su iniciación: el velar las armas la noche anterior, el espaldarazo (una bofetada, un golpe con la espada en los hombros, según la época y el lugar), la fórmula de ordenación (“en el nombre de San Miguel y san Jorge”) y la colocación de las espuelas, eran los ritos guerreros que daban al caballero el derecho de llevar armas y de usarlas. La humanidad medieval, organizada en estamentos, hizo de la caballería y de las Órdenes militares las estructuras organizativas de la nobleza guerrera, como las órdenes religiosas lo fueron de la función espiritual y los gremios y hermandades artesanales lo fueron de la función productiva.

Con el Renacimiento el “guerrero” se convirtió en “soldado” (aquel que combatía por la soldada, el sueldo) generalizándose la figura de los condotieros y de los soldados de fortuna. Pero, aún el ejército distaba mucho de ser de leva. No fue sino hasta la Revolución Francesa cuando surgió la idea de sustituir la idea del “derecho a portar armas” por la del “deber de defender a la nación” extendida a toda la población. Fue en ese momento cuando el ejército se “democratizó”, es decir, acabó integrando, no solamente a los miembros de la casta guerrera, sino a todos los ciudadanos, incluso a aquellos por cuyas venas no había ni una gota de sangre caliente, ni siquiera en sus cerebros existía la combatividad, el aplomo y la agresividad necesarios para pisar con decisión un campo de batalla.

La guerra se transformó el “total” (Clausewitz) en el sentido de que afectaba a toda la población y debí movilizar a todas las energías de la nación. Las necesidades bélicas de la República y la idea de “igualdad” llevaron directamente al servicio militar obligatorio, considerado como un deber. Ese fue el que conocimos todos los que hoy tenemos más de 35 años.

El pacifismo, la objeción de conciencia y sus razones

Tras las Segunda Guerra Mundial, especialmente a partir de la segunda mitad de los años 60, apareció un movimiento pacifista que alcanzó su más alta cota veinte años después. De ahí emanó la idea de “objeción de conciencia” (negarse a aprender el uso de armas concebidas para matar). Ese movimiento “pacifista” tuvo diversos orígenes: por una parte, era una “ideología” que trataba de emular a Gandi o a Martin Luther King, iconos de ese tiempo; pero por otra, en buena medida, estos movimientos recibían financiación por parte de agentes del Este interesados en debilitar a las sociedades occidentales especialmente en los momentos en los que el presidente Reagan inició lanzó la idea de “Guerra de las Galaxias” situando el listón armamentístico a un nivel que la URSS ya no pudo seguir, optando –especialmente durante la polémica sobre el despliegue de misiles tácticos Pershing II en Alemania– por realizar operaciones psicológicas en Occidente estimulando el movimiento pacifista.

Era evidente, por lo demás, que una parte creciente de la juventud de aquella época ya no estaba dispuesta a hacer nada por alguien que no fuera por ellos mismos. En España, durante el período de Felipe González la sociedad civil prácticamente desapareció, el joven empezó a replegarse en sí mismo, dejó de pertenecer a organizaciones políticas, sindicales o culturales; los nuevos modos de vida y los nuevos avances técnicos exacerbaron el individualismo y las ideas igualitarias y pacifistas, junto con el haschisch (la propuesta de “despenalizar las drogas” lanzada por los socialistas en 1983 tuvo como resultado 3.000.000 de votos incluso de gente que nunca había votado y que nunca volvería a hacerlo; a partir de entonces, el Estado “aflojó” la presión sobre el narcotráfico y liberó el consumo individual). El haschisch sume en un estado de placidez apática y narcosis en el que desaparece cualquier instinto agresivo (hasta que la concentración de THC –mediante el abuso de cannabis o mediante el consumo de variedades con una gran concentración del principio activo– es superior a lo que el cuerpo puede absorber y aparecen las psicosis cannabicas…). Las drogas, a fin de cuentas, no son más que armas al servicio de “operaciones psicológicas” o de “guerras de baja intensidad”.

Entre la juventud se impuso la idea de “igualdad”y “antiautoritarismo”: nadie tiene el derecho de ordenar nada a nadie, nadie tiene el derecho de imponer a alguien lo que no quiere hacer, nadie tiene el derecho de pedir un compromiso con la sociedad, ni la prestación del servicio militar, ni de la “prestación social sustitutoria” que solamente realizaba una parte muy reducida de quienes alegaban objeción de conciencia... Se demostró a las claras que el problema no era el “pacifismo” en sentido estricto, sino que había aparecido una moral insolidaria, libertaria y ultra-individualista que se negaba a realizar cualquier “servicio” (civil o militar) a la comunidad.

Los valores que habían acompañado a la constitución de 1978 eran “horizontales” (libertad, igualdad, fraternidad), mientras que los principios de la milicia eran “verticales” (orden, autoridad, jerarquía). Difícilmente podían convivir poder militar y poder civil sin que, antes o después uno de ellos quedara erosionado. Los sucesos del 23–F habían contribuido al desprestigio de las FFAA, especialmente del Ejército de Tierra y a la desmoralización de buena parte de la oficialidad. El felipismo redujo el ejército a un grupo funcionarial burocratizado y subordinado completamente al poder civil. Narcís Serra (hoy procesado por su gestión al frente de Caixa Catalunya en donde fue “colocado” como premio a su gestión como Ministro de Defensa) operó esa desastrosa transmutación a la sombra de la crisis del Ejército de Tierra a partir del seudo–golpe del 23–F.

Sea como fuere, lo cierto es que, en 1996, cuando Aznar llega al poder e instaura el “ejército profesional”, solo unos pocos jóvenes hacían la mili. Los comandantes de las unidades militares enviaban a los padres de los reclutas cartas cuando los hijos salían de maniobras para tranquilizarlos sobre lo que iban a hacer… Ni los padres–al menos una notable mayoría– querían que sus hijos se incorporaran a filas y hacían todo lo posible por evitarlo, ni los hijos tenían el menor interés en jurar fidelidad a la bandera. La agonía del servicio militar obligatorio tuvo mucho de grotesco.

La transformación del “ejército de leva” en “ejército profesional”

La transformación fue completamente desafortunada. En realidad, se trató de un primer paso hacia la “privatización” de las Fuerzas Armadas. Pocos años después, la Academia General Militar de Zaragoza contrataba los servicios de una compañía de seguridad para realizar la vigilancia de sus instalaciones… El proceso de burocratización de las fuerzas armadas siguió adelante. El “ejército profesional” tenía horarios de oficina y jornadas intensivas, libraba los fines de semana y los “empleados” (mucho más que militares) se repartían los puentes y las vacaciones. Buena parte de las unidades militares dejaron de ser operativas. Quienes ingresaban en filas lo hacían, bien para aprender un oficio, bien para huir del paro, pero muy pocos porque sintieran que alguien tenía que defender la soberanía nacional.

Cuando estalló en 1989 la segunda guerra del Golfo (la de Kuwait) y el gobierno de Felipe González decidió enviar unidades navales, se produjeron deserciones por parte de jóvenes horrorizados por pensar que debían aproximarse simplemente a un teatro de operaciones. El ejército era todavía de leva. Sin embargo, cuando tuvo lugar la guerra de Irak y el gobierno Aznar decidió enviar unidades militares al terminar las operaciones, algunos jóvenes declararon estar encantados por participar activamente en un conflicto e incluso en operaciones de combate en las que han participado, han demostrado un alto nivel de eficiencia. Parecía como si la transformación del ejército de leva en voluntario hubiera sido, en algún aspecto, correcta… Quienes se alistaban y pedían como destino unidades de élite era porque llevaban la milicia en sus genes. Daba la sensación de que nunca más, tomarían las armas jóvenes sin carácter suficiente para afrontar los combates ni que los instructores perderían el tiempo enseñando la disciplina y creando un imposible esprit de corps en jóvenes que eran negados para la milicia. Y es que la milicia no es para todos (de hecho solamente lo ha sido en un corto período de la historia), sino para determinados caracteres.

Para dar una utilidad al “ejército profesional”, el gobierno de turno usó y abusó de este tipo de operaciones en el exterior. Nunca quedaba claro del todo el sentido de estas misiones: para Felipe González se trataba de separar a los combatientes serbo–croatas, para Aznar de defenderse contra el “terrorismo internacional”, para Zapatero de repartir bocadillos y combatir la pobreza… Y, sobre todo, lo que no quedaba claro era porqué se asumía protagonismo en conflictos que no tenían absolutamente nada que ver, en ninguno de los casos, con la seguridad nacional y, sin embargo, esta estaba cada vez más al descubierto, nuestras fronteras desprotegidas y el concepto mismo de “integridad y soberanía nacional” desprestigiado por la pasividad ante las riadas masivas de inmigrantes que a partir de 1997 impusieron su presencia de facto en nuestro país, siendo en la práctica inexpulsables.

Hoy el 20% de los efectivos de nuestro ejército está compuesto por inmigrante atraídos por la paga y por la nacionalidad. No parecen los mejores estímulos para lograr la eficiencia. Eficiencia que todavía está más mermada si tenemos en cuenta que buena parte de las unidades militares no son operativas, otras tienen el armamento anticuado y apenas existen trazas de una política de defensa clara y eficiente.

Pero, sin duda, el principal fracaso del ejército voluntario es que una vez el joven agota su tiempo de permanencia en filas no recibe ningún beneficio en la sociedad civil. Ésta parece no agradecerle su tiempo de dedicación a la defensa nacional. Sería, por ejemplo, lógico que para ocupar plazas en empresas de seguridad, policías locales y demás cuerpos policiales, se exigiera el paso por la milicia. El joven aporta los mejores años de su vida a la milicia, pero luego el Estado no aporta una contrapartida que compense el momento en el que la edad lo desplaza fuera de las FFAA.

Reavivar la polémica sobre el servicio militar obligatorio

Falta presupuesto, falta industria de armamento, falta inversión, pero sobre todo falta conciencia de lo que es la seguridad nacional, la misión de las fuerzas armadas, y la conciencia de que nuestra sociedad está atravesando una crisis de valores sin precedentes. Estamos viviendo una crisis de Estado: todo lo que nació en 1978, incluso la concepción sobre el papel de las Fuerzas Armadas, está en crisis.

Es evidente que en estas circunstancias las declaraciones del teniente general Rafael Comas son especialmente pertinentes y deberían servir para un debate en profundidad sobre el tema. Tal debate, por supuesto, ya no puede ser asumido por unos partidos políticos desprestigiados, en crisis y sin margen de maniobra más allá de su mera supervivencia. El tema les resulta incómodo: ni el servicio militar obligatorio, ni el voluntario, ni el papel asignado para las fuerzas armadas en la constitución, han traídos efectos benéficos ni sobre la sociedad (que está mucho peor hoy que en 1978), ni sobre las FFAA (que atraviesan una triple crisis sin precedentes: en su dotación, en sus valores, en su papel en la sociedad). No se puede esperar, por tanto, que sea en el parlamento en donde se debate este tema, sino, como máximo en la sociedad, especialmente, en los medios militares y en los medios civiles conscientes de que no se puede seguir recorriendo caminos sin salida como si aquí no pasara nada.

Hay que recordar que el Ejército Español sirvió para varias generaciones de jóvenes como escuela de formación: quien llegaba a las FFAA sin saber leer ni escribir, salía de ellas manejando estas habilidades y en muchas ocasiones con una profesión. Es cierto que esto pertenece a la España del subdesarrollo y que hoy el marco social y cultural es muy diferente, pero también es cierto que en las FFAA era frecuente que muchos jóvenes adquirieran una experiencia útil para su vida en sociedad. Durante un amplio ciclo, las FFAA educaron y formaron a generaciones de jóvenes españoles. Es innegable que parte de la crisis de valores de la sociedad española, y especialmente su “horizontalidad” extrema, la ausencia de espíritu de sacrificio, de entrega, de disciplina, la ignorancia de lo que supone el principio de autoridad, de “código de conducta” (al menos de un código que realmente valga la pena vivir), el desconocimiento de la existencia de otras tierras de España, la falta de convivencia entre los nacidos en un lugar u otro del país y la consiguiente pérdida de cohesión nacional, tienen mucho que ver con la desaparición del servicio militar obligatorio.

Pero, desengañémonos, éste no volverá. El propio teniente general Comas es perfectamente consciente de ello cuando alude al “servicio militar con otro formato”. Solamente pequeños países como Austria, Chipre, Estonia, Finlandia, Grecia o Dinamarca, mantienen el servicio militar obligatorio. En España, los partidarios de no restablecer el servicio militar obligatorio alegan que ya existe un cuerpo de reservistas previsto por ley para utilizar cuando sea necesario. Eluden decir que este cuerpo está reducido a la mínima expresión, sin medios y habitualmente mal visto por el ministerio que percibe en sus filas ideas “poco democráticas” y conceptos demasiado claros y realistas sobre defensa, seguridad nacional, enemigo, aliado o la disciplina y el modelo social.

Los contrarios al restablecimiento del servicio militar tienen razón al afirmar que la sociedad ha cambiado mucho y que aportaría poco a la eficacia de la defensa y menos aún a la sociedad. Ni siquiera el teniente general Comas fue capaz de definir qué entendía por mili de “otro formato”.

Cuando se alega que es necesario insuflar valores a la sociedad y que esto podría hacerse a través del servicio militar obligatorio, los contrarios a la propuesta explican que no es esa la misión de las fuerzas armadas… y quizás tengan razón, pero, cuándo ni la familia, ni la escuela, ni los medios de comunicación transmiten valores ¿a quién le corresponde hacerlo?

En términos generales las posiciones del debate tienen que ver con la eficacia de las fuerzas armadas (o bien es más eficiente desde el punto de vista de la defensa, el ejército profesional o lo es el ejército de leva), con la situación de la sociedad (en una sociedad avanzada el joven puede conocer el mundo y relacionarse con otros sin tener que recurrir necesariamente al servicio militar, o bien el servicio militar ofrece la posibilidad de convivencia de gente de muy diverso origen social o geográfico), o, finalmente con los valores (o las FFAA transmiten valores a los jóvenes a la vista de la ausencia de otras estructuras sociales que lo hagan, o bien esa no es su misión): un debate que los partidos no abordarán, que no interesa a los medios y sobre los que ningún partido mayoritario tiene una posición concreta… Y, sin embargo, un debate necesario que forma parte del debate sobre la defensa nacional. Un debate difícil porque ambas posiciones tienen sus ventajas y sus problemas.

Quizás de lo que se trata es de idear un nuevo modelo de milicia y definir su papel en tiempos de crisis. La antigüedad tuvo su modelo (cuyo paradigma fue el “derecho de utilizar armas” por parte de la nobleza), las sociedades burguesas nacidas a partir de la Revolución Francesa tuvieron su modelo (el ejército de leva, democrático, extendido a todos y subordinado al poder político). Seguramente, en estos momentos de transformación y cambio, ni uno ni otro son los modelos viables y convenientes: las nuevas tecnologías, las nuevas necesidades sociales propias de momentos de crisis extrema, marcan necesariamente la necesidad de un nuevo modelo de fuerzas armadas. Pero, vale la pena no olvidarlo también, que nunca una sociedad ha precisado tanto de los valores que todavía se enseñan en las Academias Militares y que es preciso reinsertar en la sociedad tales valores porque solamente de ellos puede surgir una reconstrucción de nuestras sociedades.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Soberanismo y elecciones

Soberanismo y elecciones

Info|krisis.- Van pasando los días y parece como si el soberanismo catalán hubiera perdido fuelle. La tensión acumulada en los días previos al 9–N, ha descendido visiblemente. Salvo en Cataluña, se habla poco del soberanismo en el resto del Estado. Quizás sea esta la hora de recapitular. Esta es la función de este artículo: repasar porqué el soberanismo ha encallado y afronta una vía muerta, para después pasar a repasar los últimos movimientos de los partidos soberanistas y tratar de describir las modificaciones que se van produciendo en el panorama político catalán y explicarlas.

4I: INDEPENDENCIA IMPOSIBLE, IMPROBABLE, INDESEABLE

Lo más sorprendente del soberanismo catalán es que elude por todos los medios responder al problema de si la independencia de Cataluña, además de ser la aspiración romántica de algunos, es o no es viable desde el punto de vista económico. La respuesta es tan evidente que no es raro que los soberanistas la intenten eludir por todos los medios: el doble salto mortal que implicaría el corte con España y el subsiguiente corte con la UE, los dos principales clientes de Cataluña haría imposible, de un día para otro, no solamente sobrevivir, sino incluso pagar la parte alícuota de la deuda española que quedaría adherida al “nuevo Estado”. Es evidente que, si Cataluña pudiera sobrevivir en esas circunstancias sería… hipotecando su soberanía a actores financieros internacionales que impondrían condiciones muchísimo más draconianas de las que ha conocido hasta hoy la población catalana o, simplemente, convertirían a Cataluña en un “Estado títere” de cualquier multinacional de tercera fila o de una pequeña sociedad inversora de capital–riesgo.

Si dejamos de lado a los fanáticos del independentismo que no van más allá de la independencia de Cataluña y que con obtenerla aunque fuera durante 24 horas ya se sentirían “libres y plenos”, no es raro que empresarios y técnicos, pero también la gran mayoría de personas con capacidad crítica y racionalidad, entiendan que la independencia de Cataluña es, desde todos los puntos de vista, imposible. De hecho, sería mucho más adecuado reconocer que el Reino de España tampoco es completamente independiente, en la medida en la que su soberanía está limitada por un lado y coartada por otro por estructuras internacionales como la Unión Europea, la OTAN, las Naciones Unidas, sin olvidar a los muy tangibles “señores del dinero” que condicionan en altísima medida las decisiones del gobierno de un Estado Nacional.

Siempre hemos sostenido que los Estados Nación actuales tienen una dimensión inadecuada para responder a los retos de un marco político–económico–científico que no es aquel en el que nacieron. Efectivamente, si los Estados Nación surgieron como tales desde finales del siglo XVIII, cuando las aristocracias y las monarquías absolutas declinaban, la burguesía se configuraba como clase hegemónica y los avances científicos examinados desde hoy parecían casi un juego de niños, en el actual mundo globalizado, con las economías interrelacionadas, una demografía completamente diferente y unos progresos científicos exorbitantes, el Estado Nación no es la estructura que mejor puede adaptarse a estos tiempos. Hace falta, pues, caminar hacia la cooperación interestatal en el marco de “grandes espacios económicos” (esa Europa desde Finisterre a los Urales, el mundo hispano–americano…), mucho más que fragmentar los Estados–Nación en unidades todavía más pequeñas, más difícilmente coordinables en función de sus “particularismos” y de sus “factores diferenciales” y, obviamente, con menos posibilidades de mantener su independencia.

Si hoy vale la pena defender los Estados Nación es, precisamente, porque disponen de estructuras legislativas, institucionales y capacidad de coerción que suponen, por sí mismas, barricadas ante la globalización. Fragmentando estas unidades en piezas más pequeñas, lo único que se logra es levantar estas barricadas y allanar el camino a la dominación por parte de multinacionales, de inversores agresivos y de los omnipotentes diosecillos llamados “señores del dinero”.

Por supuesto, hay “naciones” y naciones. No es lo mismo una Bélgica, país sin tradición histórica y compuesto por dos comunidades perfectamente diferenciadas, con dos lenguas de raíces sin elementos comunes, o un Canadá compuesto por otras dos comunidades lingüísticas que hasta hace 150 años estaban en guerra civil, que un país como España que desde la época visigoda estaba unificada a nivel político, que a lo largo de la Reconquista reiteró esa intención de reunificarse y que desde 1492 lo estuvo según los criterios de la época.

¿QUIÉN ES SOBERANISTA AQUÍ Y AHORA? LOS TRES GRUPOS SOBERANISTAS

Todo esto viene a cuento de los últimos movimientos de piezas del soberanismo. Tal como era de prever, el 9–N no dejó grandes huellas. Salvo en la propaganda soberanista. A ningún observador objetivo se le escapa el hecho de que la participación y los resultados demostraron muy a las claras y sin apelación que el soberanismo carece de “fuerza social” suficiente como para lograr la independencia de Cataluña y que los núcleos con mayor porcentaje de independentismo está situados en zonas de la Cataluña “interior”, permaneciendo ausente de zonas costeras, zonas del sur de la provincia de Tarragona, de la “frontera” y del sur de la provincia de Lérida y de la mayor parte de zonas costeras del Mediterráneo. En tales circunstancias y, a la vista de la debilidad de las barreras lingüísticas (el catalán es una lengua hispano–romance), no existe ni remotamente un RH catalán, ni una raza catalana, las razones históricos son igualmente débiles y, en gran medida, productos de las interpretaciones, como mínimo “bizarras” del nacionalismo romántico y, para colmo, las posibilidades de supervivencia de un “Estado catalán” independiente, desde el punto de vista económico, se reducen a cero.

¿Quién es, pues, soberanista en las actuales circunstancias? En primer lugar una parte (minoritaria como demuestra el 9–N) de la población catalana que no entiende a qué se debe su empobrecimiento y porqué la crisis económica iniciada en 2007 prosigue todavía, una población que percibe que las riendas del Estado están en manos de desaprensivos, oportunistas y saqueadores sin escrúpulos, y que ha creído la cantinela de Artur Mas: “Si fuéramos independientes las cosas nos irían mejor”… eludiendo el hecho de que los problemas que existen en el Estado Español son exactamente los mismos que existen en la Cataluña gobernada desde hace 38 años por el nacionalismo: corrupción, malas políticas económicas, catástrofe demográfica, inmigración descontrolada más que en parte alguna del Estado, gigantismo de la administración autonómica, narcisismo soberanista… No es que Cataluña sea diferente de España, es que cada vez por sus constantes económicos–sociales cada vez se parece más a España y, en concreto, a Andalucía.

Sin olvidar, por supuesto, que CiU ha tenido su parte de responsabilidad en la gobernabilidad del Estado y que siempre ha intentado extraer beneficios para su clase dirigente apoyando, ora al PP, hora al PSOE. Una parte del soberanismo, el que podemos llamar “soberanismo popular”, o soberanismo de base, está compuesto, pues, por pobres gentes, que han asumido la “concepción del mundo” de la Generalitat –“respuestas simples a problemas complejos”– y que lo han interiorizado.

En segundo lugar, son soberanistas los que extraen algún beneficio directo del soberanismo. De hecho, no es que “sean soberanistas”, es que “deben de serlo” para seguir obteniendo algún tipo de pequeño beneficio personal. Funcionarios de la Generalitat, por ejemplo, con poco trabajo y paga aceptable. Miles de personas que viven del sueldo que reciben de grupos culturales, sociales, asistenciales, siempre vinculados de una forma u otra al nacionalismo y que, deben cumplir horarios flexibles, poco exigentes, habitualmente de media jornada, gracias a la política de subvenciones que el nacionalismo concede a “los amigos”.

Finalmente, hay que considerar la opinión de las cúpulas de los partidos soberanistas (exigua minoría de la que nunca está claro si actúa por impulsos emotivos, románticos y sentimentales o por fríos cálculos políticos). Es indudable que no todos los soberanistas creen que el soberanismo es posible, ni viable, ni necesario. Probablemente, el propio Artur Mas tiene su dudas. Conoce perfectamente la situación acuciante de la Generalitat desde el punto de vista económico y sabe –o debería saber– que con ese pasivo, poco “Estado” va a poder construir y que un doble salto al vacío con España y con la UE, sin red, siempre es, inevitablemente, mortal.

Las personalidades escindidas de estos soberanistas les facilitan el realizar un desaprensivo discurso populista por una parte y un ejercicio de pragmatismo por otra. A los soberanistas de base (el primer grupo) les facilitan los argumentos facilones, primitivo, viscerales, los únicos que pueden oír, entender y asumir. A los funcionarios y panxas–contentas, les siguen pagando sus emolumentos, dejando bien claro que cualquiera cosa que implique una crítica o la exteriorización de otra posición que no sea la de la cúpula de la Generalitat, les hará perder su estatus. Finalmente, en sus relaciones con el Estado es cuando aparece ese pragmatismo que siempre ha acompañado al nacionalismo catalán.

Durante casi 40 años, el nacionalismo ha practicado hasta la saciedad este doble discurso: pragmático mirando a Madrid y populista para uso electoral.

Era imposible que esta duplicidad pudiera prolongarse mucho más.

9–N: SIN FUERZA SOCIAL SUFICIENTE PARA LA INDEPENDENCIA

Estamos en el momento final de los micro–nacionalismos. No es por casualidad que el nacionalismo flamenco remita y que los partidos mayoritarios de Flandes ya hayan colocado su reivindicación secesionista en barbecho (salvo los últimos mohicanos del Vlaams Belang) y que en el Québec canadiense la última derrota y el hundimiento electoral del nacionalismo aleja la posibilidad de un cuarto referéndum independentista.

Y esto entraña el inicio del declive de los partidos nacionalistas. El nacionalismo, a fin de cuentas, no es otra cosa que la doctrina que propone el nacimiento de una nueva nación. Por definición, pues, todo nacionalismo es independentista en último término, o carece de sentido. Pero las condiciones económicas e internacionales actuales impiden la aparición de micro–estados (a la par que limitan la soberanía de los Estados–Nación actuales). Esta contradicción entre lo que se propone y la imposibilidad de obtenerse, es insuperable y tenderá cada vez más a impedir que los partidos soberanistas vayan más allá de donde han llegado. Ahora, digámoslo ya, sólo les queda remitir.

En Cataluña es evidente que el soberanismo lleva 10 años, desde el período del Nou Estatut maragalliano, movilizándose. En 2004 no existía la más mínima demanda social para tal estatuto. Al PSC le cabe la vergüenza de haber entregado las riendas de la Generalitat a un hombre como Maragall que entonces ya no estaba en condiciones físicas ni mentales de asumir aquel reto. La tragedia fue “perfecta” desde el momento en el que el poder en Madrid fue a parar a ZP gracias a las bombas del 11–M. Pero no sería sino hasta 2010 cuando, por efecto de la crisis económica, y del retorno de CiU al poder, cuando la crisis económica llevaba ya tres años activada y Cataluña había perdido el 30% de su capacidad industrial, el “gobierno de Madrid” se había caracterizado por los reiterados errores de ZP en la conducción de la crisis (tardanza en reconocer la existencia de una crisis, tardanza en entender sus dimensiones, tardanza en entender que no solamente afectada a la construcción, planes E,  plan de ayuda a la banca, etc), fue sólo entonces cuando el soberanismo llegó a la calle con las masivas manifestaciones del 11–S a partir del 2011.

SOBERANISMO CATALAN 2010-2014 = EXTREMA–DERECHA 1977–1983

El soberanismo cayó en el mismo error que la extrema–derecha durante la transición, especialmente a partir de 1977 cuando cada año, hasta 1983, más y más masas acudían a las manifestaciones del 20–N… Era difícil entender como tanta “fuerza social” no se traducía en réditos electorales. Todo se debía, obviamente, a los desajustes de la transición. Cuando esta se hubo asentado sólidamente (en septiembre de 1983 con la victoria socialista), en pocos meses Fuerza Nueva se disolvió y las masas dejaron de acompañar a los actos del 20-N…

Así mismo, el soberanismo, a fuerza de hinchar las cifras de asistencia a sus manifestaciones, a fuerza de leer solamente sus diarios, ver únicamente los informativos de TV3 y hablar solamente entre ellos, falló en la apreciación real de sus verdaderos efectivos y de su potencia. Creyeron –y siguen creyendo, especialmente a nivel de masa soberanista– que son “mayoría”. Poco importa que la participación en el 9–N haya sido muy minoritaria (incluyendo a inmigrantes, adolescentes de entre 16 y 18 años y cierta picaresca…) y que se haya demostrado suficientemente que con menos de una cuarta parte de los votos resulta imposible “construir una nación”, algo que, por lo demás, ya estaba claro desde finales de los años ochenta, cuando los niveles de utilización del catalán como lengua vehicular preferencial se estancaron.

Es evidente que las cúpulas soberanistas no pueden reconocer su fracaso y prefieren –como la extrema–derecha en la transición– ir “de victoria en victoria hasta la derrota final”. Lo sorprendente y lo que está pasando desapercibido al público español y a buena parte del catalán es que, las cúpulas soberanistas siguen hablando de independencia pero ya sólo en términos de programas electorales. Y aquí se trata de quien “vende” el producto (el soberanismo) de la manera más atractiva para el electorado.

MAS: INDEPENDENCIA EN SEIS MESES. JUNQUERAS: INDEPENDENCIA YA

Artur Mas, intenta recuperar al electorado perdido en dirección a ERC, haciendo gala de “buen seny” y prometiendo una “independencia negociada” en seis meses a partir de unas elecciones plebiscitarias en las que él, naturalmente, aparecería en primer lugar como “gran timonel”, “líder máximo” y “ayatola” del soberanismo. Se trata de una pirueta para evitar demostrar la debilidad presente de CiU ante ERC, debilidad que una lista única soberanista podría enmascarar. Pero, en realidad, Mas ha sido, desde el principio, perfectamente consciente de que esa posibilidad es remota (demasiado obvia la intención para que ERC pudiera caer en la trampa), pero de lo que se trata para él es de ganar tiempo y evitar convocar elecciones anticipadas, permaneciendo en el poder el máximo de tiempo posible y tratando de atraer a las urracas del independentismo, las tristes “damas de la plaza de Sant Jaume” que dirigen las asociaciones cívicas soberanistas amamantadas por Mas.

Junqueras, por su parte, percibe perfectamente la propuesta–trampa y “da más”: el único punto de su programa será un parlamento que inmediatamente después de conocerse los resultados proclame la independencia: un “parlament constituyente”… Con eso pretende atraer al independentismo más inquieto, harto ya de esperar para disponer de una “nación independiente”. Los lagrimones de Junqueras no le permiten ver la realidad: es posible que, en las actuales circunstancias, su partido sea el más votado… pero distará mucho de obtener una mayoría absoluta e incluso los votos soberanistas, sumados, a día de hoy, no permiten pensar en una mayoría soberanista.

Es evidente que, tanto Mas como Junqueras lanzan sus propuestas en clave electoral. No está claro hasta cuándo Artur Mas podrá soportar las presiones y se verá obligado a convocar elecciones anticipadas. Lo que a él más le convendría sería llegar a algún pacto con el gobierno, obtener fondos imprescindibles para poder garantizar el funcionamiento de la Generalitat hasta el 2016 a cambio de rebajar a partir de entonces la tensión independentista. Convocar las elecciones autonómicas poco después del 11–S. En un pacto con el gobierno del Estado, los procesos contra las cúpulas de CiU quedarían retrasados o entrarían en barbecho.

HACIA UN NUEVO MAPA POLÍTICA CATALÁN

Las últimas encuestas indican que el panorama político catalán, en cualquier caso, quedaría ampliamente alterado: el PP se eclipsaría cada vez más, dejando de ser actor secundario para pasar a un papel casi irrelevante, destino al que iría acompañado por el PSC, cuya desintegración prosigue si cabe a mayor velocidad. Ciutadans se consagraría como “tercera fuerza” con votos procedentes de estos dos partidos. Podemos, o su equivalente, mermarían las posibilidades del CUP y atraparían votos procedentes también del PSC y de ICV cada vez más desdibujada. Por otra parte, la situación de la inmigración en Cataluña, cada vez más masiva, más arraigada en sus raíces islámicas, hace que el discurso anti–inmigracionista, acompañado por una toma de posición catalanista y española, que defiende PxC tenga, en este río revuelto, posibilidades de avanzar.

No hace falta, pues, tomar las declaraciones de Junqueras y de Mas, como tampoco las de Iceta o la Camacho, al pie de la letra. Hoy, toda la clase política catalana habla en términos electorales y solamente porque tanto ERC como CiU creen que el tema soberanista les beneficia electoralmente.

Por su parte, los electores de base del soberanismo todavía no son conscientes de que no verán la independencia como no se pueden ver sus orejas, sentimiento que en las cúpulas soberanistas cada vez, especialmente desde la lectura de los resultados del 9–N, resulta más claro. Y son realistas: “ya que la independencia es imposible, al menos que lo invertido sirva para mejorar las posiciones de los partidos soberanistas…”.

El suflé soberanista (como todos los suflés nacionalistas) descenderá, sino estallará. No es malo que así sea.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Los niños del cura

Los niños del cura

Info|Krisis.- No son frecuentes las películas que llegan de Croacia y, desde luego, las pocas que llegan, necesariamente, deben tener algunas calidades notables. Esta las tiene; sin ser una película excepcional es, al menos, agradable de ver, entretenida y correctamente realizada. La película no es solamente el relato de una pequeña historia ocurrida en una isla de la Costa Dálmata, sino un fresco de la Croacia independiente desde hace veinte años. Merece algunos comentarios y una invitación para que nuestros lectores la vean.

Los niños del cura, título de la película, hace referencia… a los hijos nacidos gracias a la acción del cura, además de la sorpresa final que afecta también al otro sacerdote protagonista de la trama. El catolicismo es el puntal central de la identidad croata, como el cristianismo ortodoxo lo es de la identidad serbia y el islam lo es de la albanesa. Parece increíble que estos países en los que, en otro tiempo, el comunismo intentó abolir las religiones se haya producido justamente el fenómeno inverso: un renacer de la fe.

De hecho, la independencia croata tuvo dos fautores: de un lado el interés alemán por disponer de un país aliado con salida al Mediterráneo y de otro del Vaticano que con Juan Pablo II quería convertir a este país y a Polonia como puntales de un renacimiento del catolicismo en Europa. Sin embargo, estas esperanzas se han visto decepcionadas en ambos casos. Polonia sigue su curso y el catolicismo allí tiene un papel cada vez menos relevante y en cuanto a Croacia esta misma película es muestra de que el catolicismo allí ha dejado de ser indiscutible y se está viviendo una situación parecida a la de España en los años 70.

No es una película anticatólica, sino más bien una cinta que muestra el alcance de la influencia católica en la sociedad croata. Por católicos que sean, los croatas –y seguramente, los católicos de todo el mundo, salvo en África y en las zonas andinas- contravienen la moral sexual de la Iglesia utilizando preservativos, esto es negando el libre curso al bíblico “crecer y multiplicaros”. Esto hace que la natalidad en Croacia sea una de las más bajas del mundo, sin tener la contrapartida, como en España, de que grupos étnicos magrebíes, andinos y africanos, la eleven artificialmente. La tasa de natalidad en Croacia (número de nacimientos por cada mil habitantes en un año) fue en 2013 del 9,40‰ y el índice de Fecundidad (número medio de hijos por mujer) de 1,51. El hecho de que Croacia tenga un índice de fecundidad inferior a 2,1 por mujer (fecundidad de reemplazo), supone que no se garantiza una pirámide de población estable.

La trama parte de este hecho sociológico y poco atractivo para la cinematografía. Precisamente, la habilidad del guionista estriba en convertir este dato sociológico en el centro de la trama. La católica Croacia no respeta la moral sexual propuesta por el Vaticano y utiliza masivamente (como, por lo demás, en todo el Este europeo) el preservativo. Así que el cura en santa alianza con el muy católico vendedor del kiosco del pueblo y con el no menos católico, a la par que enloquecido, boticario, deciden pinchar los preservativos el primero y repartir vitaminas como píldoras anticonceptivas el segundo. El resultado es una oleada de nacimientos con los efectos secundarios imprevistos y que hacen que lo que, inicialmente, parecía ser una comedia, pase a ser más bien una tragedia sin paliativos. Vale la pena advertir que, fuera de las carcajadas y sonrisas iniciales, la película deja un trasfondo amargo y agridulce.

Además de entretenernos, ciertamente, la película sirve para pintar a brochazos la realidad croata. El boticario, sin ir más lejos, personaje axial en cada pueblo junto al jefe de policía, al maestro y al alcalde, nos remite a las consecuencias de la guerra contra Yugoslavia y de las violencias a raíz de Bosnia-Herzegovina. La abundancia de armas almacenadas en algunos hogares recuerda aquel conflicto. No todos los hombres hoy maduros que en aquellos períodos turbulentos fueron jóvenes estuvieron dispuestos a luchar y morir por su patria. Algunos se hicieron pasar por locos. Otros enloquecieron durante el conflicto. Después entraron minorías albanesas en Croacia, constituyendo hoy la única bolsa de inmigración perceptible. Se luchó por la Croacia católica y bajo la bandera ajedrezada que aparece constantemente en la película. Al final uno acepta el que si en las películas norteamericanas aparece constantemente la bandera de las barras y estrellas, ¿por qué Vinko Bresan, director de la película, no iba a poder aparecer la bandera rojo-blanco-azul con su escudo nacional en las principales escenas?

Y, a todo esto, ¿qué ha hecho Vinko Bresan en la industria del cine? Se trata del director más famoso de su país, similar a Almodóvar en España, que llamó la atención a partir de 1994 cuando obtuvo sus primeros premios en el cine de su país. Llamó la atención por su primer largometraje (¿Cómo comenzó la guerra en mi isla?) de línea humorística sobre la parodia de guerra en las islas del Adriático. Recibió el premio a la mejor película y al mejor director en el equivalente croata a los Goya carpetovetónicos. La película se exportó y fue proyectada en 32 festivales de cine de todo el mundo.

Crítico con el antiguo régimen yugoslavo, Bresan alcanzó su confirmación internacional con una comedia negra sobre el mariscal Tito y la reacción temerosa de los nuevos capitalistas ante la reaparición del espectro fantasmal del viejo dirigente yugoslavo. También aquí la trama se desarrolla en una pequeña isla de la Costa Dálmata (y van tres).  Da la sensación de que la isla es el entorno claustrofóbico en el que Bresan se siente más cómodo, el microcosmos en el que mejor puede reflejar y aislar las características de los distintos tipos de la sociedad croata post-titoísta. Por el momento ha filmado cinco películas, todas del mismo género tragicómico, que recuerda extraordinariamente la producción del Berlanga de los años 50 y 60.

La película sorprende especialmente por la actitud ante la moral sexual católica. Hubiera sido impensable en los momentos de la independencia y al obispo de Zagreb no le hubiera costado mucho, simplemente, negarle el nihil obstat y arrojar a su artífice al limbo de los directores malditos. No es una película anticatólica, es, simplemente, una película que no puede gustar a los católicos y especialmente a la jerarquía católica. Cuestiona la moral sexual predicada por el Vaticano.

Hay que reconocer que durante el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica intentó por todos los medios “aggionarse” (ponerse al día) e intento hacerlo, con mejor o peor fortuna, en muchos terrenos… salvo en uno, el de la moral sexual. No hace mucho asistí a una boca católica en la que un sacerdote, no particularmente malintencionado, recomendó en la homilía a los cónyuges a practicar la “castidad marital” y, que yo sepa, todavía la Iglesia considera que el coito sin intención de procrear supone pecado de lujuria. El matrimonio que se casó en aquella ocasión no mantuvo durante mucho tiempo ni la “castidad marital”, ni siquiera el juramento de permanecer unidos hasta que la muerte los separase. Los separó la reforma de la Ley del Divorcio realizada por Zapatero en 2005. En cuanto a la Iglesia, todos los “aggiornamentos” realizados fueron inútiles porque el que era más necesario, en el de la sexualidad, se quedó exactamente igual que en Trento. En efecto, mientras que los prelados conciliares deliberaban en la primera mitad de los sesenta, en la sociedad irrumpía la minifalda, la píldora anticonceptiva, las ideas de “liberación sexual”, etc.

Hay, pues, en la película una crítica a esta moral sexual, imposible de mantener y, además, pésimamente transmitida (hubiera bastado con que la Iglesia afirmara que el mayor pecado es no controlarse a sí mismo, no ser dueño de sí mismo, verse arrastrado por no importa qué impulso, a ejercer de tronchamozas o de zampabollos sin límite ni medida, pero nunca negar que la búsqueda del placer es una dimensión que acompaña a la sexualidad y que esta excede con mucho en la naturaleza humana el sentido de supervivencia de la especie mediante la reproducción).

Pero también puede percibirse en la temática de la cinta uno de los dramas actuales de Europa: la caída en picado de la natalidad. Europa, de Narvik a Cabo Ajo, de Garrucha a Sebastopol, muere por falta de nacimientos. Se debe a tres fenómenos: en primer lugar a que los ritmos de vida y de consumo reducen la capacidad reproductiva de los europeos, hombres con espermatozoides “vagos” o difuntos y mujeres estériles, acompañan a cierto hedonismo que impide entregarse a los hijos en tanto que supone una renuncia a su propia autonomía e independencia. Sin olvidar que la pérdida de valor adquisitiva de los salarios, la inestabilidad en el empleo y la falta de interés de los empresarios por contratar a madres fértiles, la ausencia de incentivos fiscales y de ayuda a la formación de nuevas familias y a la paternidad, hacen el resto. Europa –y la católica Croacia con ella- muere por falta de nacimientos y el injertar sangre ajena a Europa no resolverá el problema, sino, antes bien, lo agravará.

Este tema es uno de los que invita a reflexionar esta cinta interpretada brillantemente por una serie de actores completamente desconocidos, pero extremadamente expresivos de los que sería absurdo repetir sus nombres impronunciables en lengua castellana. No hay fallos en el casting, ni en la fotografía. Las vistas de la isla evocan inmediatamente esa serenidad propia del Adriático y la belleza de las islas de la Costa Dálmata que a algunos espectadores les recordará extrañamente el escenario de la película Calabuig, filmada por el mejor Berlanga.

¿La podemos recomendar? Sí, sin reservas. Estrenada a finales de julio en los grandes cines, ya puede ser comprada en DVD o bien bajada a través de cualquier peer-to-peer. Es una película simpática, pero no se agota solamente en esto: os dirá mucho sobre la Croacia moderna e incluso sobre la crisis de la Iglesia Católica. Por cierto, una parte importante de la trama tiene que ver con la pedofilia. Y resulta difícil tratar un tema tan desagradable con la sutileza de la que hace gala Bresan. Algo de agradecer.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Fracaso anticorrupción

Fracaso anticorrupción

Info|krisis.- La largamente esperada dimisión de Ana Mato ha precedido en apenas unas horas al anuncio en el parlamento de nuevas medidas anticorrupción. Ana Mato era una ministra políticamente muerta, no desde que estalló la crisis del Ébola, ni cuando cedió a la presión de la industria farmacéutica para eliminar determinados medicamentos de la lista de subvencionados por la SS para sustituirlos por otros más caros, sino desde el momento mismo en el que fue nombrado a la vista de su relación directa con la trama Gürtel. Lo que debería dar credibilidad a las medidas anticorrupción era precisamente forzar la dimisión de la Mato. Sin embargo, una vez oído el discurso de Rajoy en el Parlamento quedan algunas sensaciones indelebles que confirmar.

Vamos  extraer algunas conclusiones breves sobre la situación de la corrupción en España y lo que implica:

1. Ya existe legislación anticorrupción porque existe un código penal. Bastaría con voluntad política para erradicar la corrupción, pero eso implicaría restar a “la política” del atractivo que tiene para la clase política: la posibilidad de lucrarse rápida, abundantemente y con poco esfuerzo.

2. No se trata de combatir “ahora” a la corrupción sino de haberla combatido desde hace 36 años. Hoy es inevitable reconocer que apenas se ha hecho nada contra la corrupción –al menos nada esencial, nada radical, nada necesario– en ningún nivel de la administración.

3. No se trata ya de legislar sino de enviar corruptos a la cárcel. Se investiga a pocos políticos. Se imputa a menos. Se juzga a menos aún. Pocos resultan ser culpables y siempre cuando median entre 10 y 15 años de los hechos juzgados. Muchos se salvan por la prescripción de los delitos. Nunca, absolutamente nunca, devuelven lo sustraído. Y nunca cumplen íntegramente la pena de prisión.

4. No se trata ya de reforzar el arsenal legal, sino el policial y el judicial para investigar y juzgar casos de corrupción. Una legislación extremadamente dura y completa sin posibilidades de aplicarse ágil y rápidamente, equivale a no tener legislación. Investigaciones policiales boicoteadas por el Ministerio del Interior y juzgados sin medios ni personal suficientes para conseguir que los casos de corrupción terminen en sentencias en firme, son el pan de cada día y la realidad cotidiana del régimen.

5. No es que la corrupción afecte a “unos pocos políticos” sino que las cúpulas de los partidos están todas carcomidas por la corrupción. El Caso Pujol, los Casos Gürtel y Púnico, el Caso ERE–UGT–PSOE andaluz, por citar sólo a los más conocidos, no proceden de las “bases” sino de las cúpulas de los partidos implicados. La lógica aristotélica implica que si la cúpula está podrida por la corrupción, toda la estructura del partido lo está.

6. No es que haya unos partidos más corruptos y otros menos, es que el sistema político en su actual configuración favorece la corrupción. Vale la pena no olvidar que una de las instituciones afectadas por la corrupción es, precisamente, la Casa Real, considerada por la Constitución como la cúspide del Estado y del entramado constitucional.

7. La corrupción es la característica axial del sistema político español nacido en 1978, como el caciquismo lo fue de la Restauración, el caos de la II República o la ausencia de partidos y de libertades políticas estuvo ligada al franquismo. Cada época, cada régimen, tienen sus rasgos característicos y la corrupción generalizada lo es de este tiempo.

8. Hoy, cualquier intento por parte del PSOE, del PP, de CiU o del PNV, de luchar contra la corrupción son iniciativas increíbles llegan tarde, demasiado tarde, para ser creíble. Cualquier medida que no incluya la no prescripción de los delitos de corrupción, la confiscación de los bienes de los corruptos y de su entorno familiar, penas de idéntica dureza contra los testaferros, imposibilidad de acogerse a beneficios penitenciarios en caso de no devolver las cantidades sustraídas, etc, es inútil. Y nada de todo esto es contemplado por las nuevas medidas anticorrupción.

9. La clase política no se ha dado cuenta todavía de la brecha que separa el “país real” del “país oficial” porque todavía hay gente que les vota. Pero ese apoyo disminuye de día en día. Es precisamente el ascenso de nuevas fuerzas políticas lo que ha forzado a Rajoy a establecer las “nuevas medidas” anticorrupción en un intento desesperado (y lamentable) de evitar la sangría de votos de los grandes partidos.

10. En este contexto, las acusaciones que los medios del régimen han lanzado contra Podemos por corrupción apenas son otra cosa que chistes malos (el cobrar sueldos no declarados de 1.500 euros, el ganar 50.000 la compañera de Iglesias en una “operación especulativa”, el que el padre de la compañera de Iglesias tiene casa de protección oficial con piscina, o el recibir ayudas de Venezuela, son malos chistes.

Estas conclusiones se resumen en una sola:

La corrupción es una muestra más de la iniquidad ética y moral que se ha instalado en España al paso con la Constitución de 1978. No puede superarse esta etapa triste y lamentable –mucho más en tiempos de crisis– sin dejar atrás, como un enésimo fracaso de nuestra historia, el orden instaurado desde 1978.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

 

 

Frontex: fracaso de la UE

Frontex: fracaso de la UE

Info|krisis.- El próximo 25 de noviembre el Consejo de Administración de Frontex (Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores) dependiente de la UE, tendrán lugar las elecciones para nombrar nuevo responsable en sustitución del español Gil Arias. La comisaria de interior de la UE, Cecilia Malström, solamente ha presentado tres candidatos, un francés, un portugués y un austríaco, para sustituir Arias. Esto ha supuesto una bofetada para el Ministerio del Interior español que, al menos, calculaba poder colocar a un candidato propio. Este fracaso es todavía más significativo dado que la Malström es miembro del Partido Popular Europeo que comparte bancadas con los diputados españoles del PP. Esta bofetada europea al gobierno Rajoy indica la nefasta política de fronteras que está llevando a cabo nuestro gobierno, evidenciada en la incapacidad para contener las avalanchas en la valla de Melilla. Pero también indica la nefasta política “garantista” de la UE en relación a la inmigración.

Hace algo más de una semana, El Mundo publicaba una noticia en la que se aludía a las tensiones en el Ministerio del Interior para nombrar al “mejor candidato” para hacerse cargo de la dirección del Frontex. Ya, por entonces, estaba difundido el rumor de que la comisaria de interior de la UE, intentaba boicotear el nombramiento de un español a causa de la muerte de 15 subsaharianos el pasado mes de febrero en las costas de Melilla. En aquel momento, la UE acusó a la Guardia Civil de “vulnerar los derechos fundamentales de los inmigrantes en las plazas de Ceuta y Melilla.

Para la Guardia Civil, el candidato español más adecuado para la plaza era Gil Arias, hasta ahora Director Ejecutivo Adjunto del Frontex. La Unión de Oficiales de la Guardia Civil envió un comunicado en el que apoyaban esta candidatura: “Europa somos todos, pero frente a la inmigración ilegal y las mafias que la controlan, Europa debe optar por un español como primera medida de choque”.

El drama de la inmigración masiva de africanos hacia Europa no es exclusivamente español. A medida que aumenta la presión migratoria sobre el Magreb, éste tiende a abrir la mano y permitir que cada vez crucen más había Europa. El descontrol que se ha apoderado de Libia y la falta de control en amplias zonas de las costas de todo el Magreb, desde el Atlas hasta la desembocadura del Nilo, hace que la frontera sur de Europa sea la más permeable de todas. Por otra parte, los inmigrantes que llegan a cualquier país del sur de Europa, poco después pueden desplazarse hacia cualquier otro del Norte, justo allí donde tienen familiares y amigos que les indican en qué zona existen más coberturas sociales y más subsidios y subvenciones. En esto el Reino Unido es, seguramente, la meca de buena parte de la inmigración. Al menos mientras no se convoquen nuevas elecciones que darían a Nigel Farage y a su UKIP un papel relevante en la lucha contra la inmigración masiva.

Los desequilibrios creados desde 2010 por las “revoluciones árabes” han invertido la aparente tendencia de la inmigración a disminuir desde el estallido de la crisis económica en 2007. El Norte de África se ha convertido en un coladero y el Frontex, al menos en teoría, debería coordinar los esfuerzos de los distintos países de la UE para controlar las fronteras.

Sin embargo, lo menos que puede decirse del Frontex es que ha sido un órgano de la UE creado tarde y mal. Tarde porque llegó medio siglo después de los Acuerdos de Schengen que crearon un espacio abierto en el interior de la UE. Hubiera sido razonable que una iniciativa de control de fronteras hubiera aparecido ANTES de la creación de un espacio común. Desde hace un cuarto de siglo, la heroína que entra en Europa a través del “corredor turco de los Balcanes”, una vez cruza las fronteras permeables de la antigua Yugoslavia (Croacia y Eslovenia) encuentra un espacio libre y sin ningún control fronterizo en el territorio de la UE. Pues bien, solamente en 2005, la UE juzgó necesaria la creación del Frontex. No es por casualidad que su creación fuera contemporánea a la regularización masiva que se produjo en España entre febrero y mayo de 2005 que evidenció la incapacidad del gobierno español de Rodríguez Zapatero para controlar la frontera sur…

Dotado de muy escaso presupuesto, el Frontex es más teórico que real y, desde luego, no está apoyado por una legislación europea en materia de inmigración (también aquí el gobierno Zapatero boicoteó las iniciativas de una política más dura en este terreno, cuando se planteó en 2009). Hasta la fecha el Frontex se ha revelado como un organismo poco efectivo y de tercer plano, lo que contrasta con la gravedad del fenómeno de la inmigración y con la saturación que hace décadas se viene experimentando en Europa.

Solamente en 2011, 104.000 personas fueron detectadas oficialmente por el Frontex como “inmigrantes ilegales”. En aquellos momentos, Grecia vivía el momento álgido de su crisis y la deuda española se situaba por encima de los 500 puntos de diferencial con la alemana. Italia se tambaleaba por la crisis política. Pues bien, los tres países más afectados en aquel momento y receptores de esta inmigración masiva eran precisamente España, Grecia e Italia. La situación era todavía más grave, si tenemos en cuenta que una cosa eran los “inmigrantes ilegales detectados por el Frontex” y otra muy distinta los inmigrantes ilegales reales que podían llegar a los 250.000 en toda Europa y en momentos de crisis económica extrema.

Una de las atribuciones del Frontex ha sido precisamente la de negociar acuerdos con los países norteafricanos para tratar de contener los flujos migratorios. Pero, al producirse las “revoluciones islámicas” en aquella zona, tales acuerdos quedaron sin efecto, o bien desapareció la autoridad que podía aplicarlos. En otros países como Marruecos, el problema es la tradicional falta de respeto y de escrúpulos a la hora de poner en práctica lo firmado. Y siempre, a cambio de una firma, todos estos países han obtenido ayudas materiales, en equipamientos y en efectivo.

Para colmo, durante estos últimos años, una Comisión Europea, muy influida por las tesis humanistas-universalistas sobre multiculturalidad, derechos humanos y poco realista sobre las intenciones de la inmigración que va llegando y sobre su capacidad de inserción en el mercado laboral, ha ido haciendo oídos sordos al clamor cada vez más unánime que se despierta en toda la UE contra las llegadas masivas. Precisamente, Gil Arias –el “recomendado” por los oficiales de la Guardia Civil y actual “jefe” del Frontex– explicaba en una entrevista reciente que “el hecho de que haya un auge del extremismo no influye para nada en nuestras operaciones”... y cuando se refería a “extremismo”, se refería, simplemente, a quienes abogan por una contención de la inmigración masiva.

En cuanto a la comisaria de Interior, Cecilia Malström, procedente del centro-derecha nórdico que apenas puede entender lo que supone la presión demográfica en la Europa del Sur y está sempiternamente preocupada por el “respeto a los derechos humanos”, une además su laicismo que contrasta todavía más con la acrisolada fe opusdeísta del ministro de interior español, Fernández Díaz. Götemburg, lugar de residencia de la Malström, a orillas del Báltico y con apenas medio millón de habitantes, con decenas de parques y jardines en su interior, no es seguramente el mejor lugar para darse cuenta de lo que está ocurriendo en Lampedusa, Melilla o las islas griegas del Egeo a donde van a parar los mayores contingentes de inmigración ilegal que entran en Europa. Para colmo, la sede del Frontex se encuentra en Varsovia… no cerca de las fronteras conflictivas.

Ante la iniciativa de Malström de nombrar una terna compuesta por un francés, un portugués y un austríaco, el ministerio del interior apenas hizo otra cosa que manifestar su descontento en los pasillos de Bruselas, para luego… apoyar al candidato francés. Hay que decir, que el presupuesto del Frontex, es de 110 millones de euros de los que apenas 8 van a parar a España para financiar los programas Hera, Indalo y Minerva, gestionados por la policía y la Guardia Civil. Poner en marcha tales programas (de resultados, por lo demás, limitados) solamente ha sido posible por la presencia de Gil Arias al frente del Frontex.

¿Cuáles son las atribuciones del Frontex? En general, todo lo relativo a las fronteras exteriores de la UE, desde formar a guardias fronterizos a coordinar a los Estados miembros en esta materia, organizar “operaciones retorno conjuntas”, seguimiento del control y vigilancia de fronteras, etc, todas ellas tareas necesarias y urgentes en la UE… pero que el Frontex apenas cumple, entre otras cosas, porque, con la actual legislación europea en materia de inmigración, el territorio de la UE es un coladero y el inmigrante que llega, prácticamente, es inexpulsable o poco menos.

De todas formas, la negativa de la Malström a incluir a un español en la terna para dirigir el organismo y la debilidad de la reacción española (tanto de interior como de la presidencia del gobierno) son extremadamente significativas: indican que nuestro gobierno está completamente desfondado en Europa, que la opinión de “España”, ni siquiera es tenida en cuenta por los socios del PP en el Parlamento Europeo y que el centro-derecha europeo está más preocupado por los “derechos humanos” que por los “derechos de los europeos”. Y nada de todo esto son buenas señales, sino que indican el grado de irrealidad con el que se mueven las instituciones europeas y el alejamiento creciente del gobierno español de los centros de decisión europeos.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

"El pequeño Nicolás"...

"El pequeño Nicolás"...

Info|krisis.- “Al perro viejo todo se le antojan pulgas” dice el viejo refrán español. Obviamente, el “perro viejo” es la constitución y el Estado surgido en 1978. Cada día, en efecto, se acumulan síntomas de su obsolescencia. Algunos dramáticos, otros grotescos. No es lo mismo el problema secesionista que la abdicación de Juan Carlos; ni la corrupción que el referéndum canario sobre las prospecciones petrolíferas. Parece que tenga poco que ver la crisis de todos los partidos que han sido algo en los últimos 38 años, con la desindustrialización del país, los ocho millones de inmigrantes con el hundimiento de la natalidad, la crisis de la enseñanza y de la sanidad con un cuarto de la población próximo al umbral de la pobreza, los indultos a políticos con los desahucios a infelices. Y sin embargo todo esto, no son más que síntomas cada vez más agudos y preocupantes de la crisis generalizada del Estado, del hundimiento de un régimen. Como la irrupción del último freaky que terminará haciéndose habitual en los reality shows y que será tomado en serio por periodistas y opinión pública: el “pequeño Nicolás”.

Hay que reconocer aplomo y precocidad al “pequeño Nicolás” que desde los quince años ya era paseado por su madre por los aledaños del poder y presentado como “genio”. En realidad, algo de eso debe tener para concebir un proyecto de promoción personal desde la más tierna infancia. Es pronto para valorar la figura del “pequeño Nicolás”, pero, así en principio, no parece nada más que una mezcla de mitómano, arribista, oportunista y egomaníaco acompañado por la sombra de la estafa.

En un país normal y en un tiempo normal, el “pequeño Nicolás” no hubiera encontrado acomodo entre los grandes políticos o empresarios. Simplemente, en el mejor de los casos, se le hubiera dado una palmadita y se le habría dicho una palabra cariñosa instándole a volver dentro de diez años con un currículo razonable en lugar de con humo, selfies forzadas con famosos y anécdotas con poderosos conocidos de refilón. Pero, en un momento de crisis de todas las estructuras del Estado y, consiguientemente, de crisis de la sociedad, el último freaky puede saludar al rey tras ser invitado por él, tener coche oficial, fotografiarse con los últimos presidentes de gobierno y pasar como agente del CNI “para casos especiales”. Y de paso cobrar 200.000 euros por una entrevista televisiva que pasará a los anales de la mediocridad y el esperpento.

Indudablemente, la criatura miente descaradamente en algunas declaraciones (“me siguen llamando políticos y empresarios”), en otras siempre quedará la sombra de duda sobre si dice la verdad o simplemente exagera (“Yo soy el enlace entre Casa Real y Manos Limpias”, “Al balcón de Génova me invita la vicepresidencia del Gobierno”) y, en ocasiones hasta da la sensación de que dice la verdad (“No he tenido mucho tiempo para frecuentar la universidad este año” o “A quien invita la Casa Real a la proclamación del Rey es a mí”).

En cierto sentido y en un plano mucho más pedestre, el crío me recuerda a Licio Gelli, el Gran Maestre de la Logia Propaganda 2. Gelli había desarrollado, con la veteranía y el paso de los años, una técnica muy depurada para ganar influencia e integrar a pro-hombres del Estado en su zona de influencia. Siempre, cuando se iba a nombrar director del servicio de inteligencia italiano (el viejo SID) sonaban tres o cuatro nombres, Gelli se entrevistaba con todos ellos y a todos les prometía el mismo apoyo para salir elegidos. Luego, solamente uno obtenía el puesto, pero éste le estaba eternamente agradecido y dispuesto a realizar cualquier favor como contrapartida. Los otros entraban en el olvido y puñetera la falta que le hacían al astuto Gelli.

Con muchas menos tablas en el viejo arte de la estafa, el “pequeño Nicolás” coleccionaba casi compulsivamente relaciones con la élite política, financiera, aristocrática y empresarial del país. Cada uno le contaba pequeños detalles, anécdota sin importancia, luego él las repetía dando la sensación de que “estaba en el núcleo del poder” y que realizaba misiones delicadas para él: "Yo era un colaborador del CNI, un charlie", "El CNI llama con número oculto", "Mis padres no se imaginaban lo que hacía porque quien colabora con el CNI no puede difundir en dónde trabaja. Ni a su familia", “El CNI me encargó temas alegales"… es decir, nada esencial, nada importante, nada que demuestre algo más que cuatro tonterías sin el más mínimo interés y acompañadas por detalles que conoce todo el mundo y que ni siquiera dejan presuponer una relación que vaya más allá de la consabida selfie.

Es difícil saber cuál es el problema del niño. Quizás es que una madre dominante, quiso promocionar a su hijo como superdotado (que como muchas otras madres aspiran a que sus hijos desde muy niños sean futbolistas o actores y otras te explican con una seriedad pasmosa que su hijo, ese ceporro de pocas luces, llegará muy lejos) o que, una vez más, se cumple el diagnóstico que Freud expuso en su obra La novela familiar de los neuróticos, tratando de explicar los delirios de grandeza, pero lo que parece muy cierto es que el “pequeño Nicolás” tiene algún problema psicológico muy acusado, mucho más que un coeficiente intelectual especial. Hay algo en sus facciones que remite a la indolencia, una inexpresividad facial propia de trastornos psicológicos de todo tipo. Si es o no un crío con malos instintos corresponde diagnosticarlo a un psicólogo; lo que es evidente a la vista de su entrevista televisiva es que se trata tan solo un pobre mitómano que, como muchos de ellos, es propenso a la estafa pura y simple.

Usted también puede ser un “pequeño Nicolás”. Todos podemos serlo. A fin de cuentas no es tan difícil frecuentar los salones de los poderosos. Hacerse una selfie con éste o aquel es lo más sencillo del mundo desde que los smarts-phones han perfeccionado sus ópticas. Hay gente que tiene miles de firmas autógrafas de deportistas, políticos, famosillos de medio pelo o con suficiente pedigree,  y toda su ilusión en la vida es aproximarse a alguien influyente y obtener un recuerdo. Es una forma de neurosis y de coleccionismo (todo coleccionismo indica una tendencia al control, al orden, a cierta rigidez mental y es, a la postre, una manifestación neurótica) que no hace daño a nadie. Lo del “pequeño Nicolás” es de otro fuste, de un calibre pero que muy distinto. Es un síntoma, pero más que de una malformación de la psique de un individuo, de la crisis de un sistema.

En un régimen político estable y fuerte, en una sociedad sana, gentes como el “pequeño Nicolás” solamente tendrían acomodo en la sala de espera de un psiquiatra. Aquí, en cambio, un pobre chaval que con esfuerzo habría llegado a ser abogadillo de pocos pleitos o el becario que trae los cafés hasta más allá de la treintena, se ha podido codear con la Casa Real, tener coche oficial, o ser invitado por gentes del poder y de la oposición. Solamente por esto, habría que ver en el “pequeño Nicolás” a un reflejo de la quiebra de cualquier idea de orden, eficiencia, realismo y  dignidad. El chico no el culpable de lo que ha pasado, sino los políticos y famosillos que creían que les podía aportar algo, que era un verdadero superdotado y que se movía en círculos influyentes, que podía servirles para mejorar sus posiciones, que tenía más contactos de los que en realidad disponía y que allí donde mantenía una relación superficial y ficticia más allá de la consabida selfie, era un joven que “sabía y podía”, un líder en ciernes, un valor de futuro…

El niño tenía relaciones con Aznar y con Felipe González, con Moratinos y con Esperanza Aguirre, demostrando que lo suyo no era el “ni derechas, ni izquierdas” sino el mucho más oportunista “con quien haga falta”. No parece que haya nada importante detrás suyo, ni que en las semanas que vendrán pueda “revelar” algo más que miserias de algunos personajes conocidos, miserias que no pasarán de ser cotilleos oídos aquí y allí, sin la más mínima trascendencia, pero que mostrarán el nivel de indigencia intelectual y moral de la “clase dirigente”. 

Cuando yo era pequeñito, con unos años menos que cuando la mamá de Nicolás lo llevó a FAES e hizo que conociera a Aznar, yo leía la revista francesa Pilote, para gente de mi edad. Había un personaje que precisamente se llamaba Le petit Nicolas, ideado por el mismo creador de Astérix. La gracia de aquellos relatos cortos consistía en que mostraba la mentalidad infantil, la forma de razonar de los niños y los problemas en los que puede meterse un infante travieso que quiere imitar a los mayores. Hoy todavía, los libros de Le petit Nicolas se siguen reeditando en el área francófona a pesar de tener algo más de medio siglo de antigüedad.

Aquellos eran relatos graciosos que siempre terminaban con el protagonista de apenas seis años envuelto en los más abracadabrantes escándalos y travesuras, como este otro “pequeño Nicolás”. A fin de cuentas, nuestro Nicolás, el freaky carpetovetónico, ha cumplido los 25. Ya no es un crío y sus andanzas son algo más que travesuras de escolar hiperactivo. Creo que su mamá debería haberle pagado un buen psiquiatra, mucho más que pasearlo por los centros de poder de la derecha y de la izquierda. Lo único que ha logrado demostrar en su aparición televisiva es la credulidad de la clase política y empresarial, la falta de talla de las más altas instancia del país para detectar a un crío con modales de mitómano y estafador y la capacidad de los medios de comunicación para presentar a el enésimo freaky convertido en estrella, dejarle proferir amenazas, afirmar temeridades indemostrables y revelar pequeñas miserias intrascendentes anidadas en las esferas de poder. La enésima evidencia, en definitiva, de que estamos ante una crisis del régimen, crisis sistémica, en absoluto crisis coyuntural.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen