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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Perdida. Así está el cine

Perdida. Así está el cine

Info|krisis.- La filmografía de David Fincher tiene algunos éxitos clamorosos, películas siempre extrañas y que dejan cierto impacto en el espectador: ALIEN de 1992 fue una de ellas, EL CLUB DE LA LUCHAfilmado en 1999, otra, o EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON (2008), por citar sólo uno ejemplos. Cuando Fincher abordó la filmación de PERDIDA daba la sensación de que se trataría de otra película de este tipo: extraña, brillante, curiosa, de argumento inesperado, con giros bruscos y sorpresas conmovedoras. Hay algo de eso, pero sin pasarse y casi a título póstumo. Hay un problema en esta película a la hora de hacer una crítica y repasar lo que heos visto: clasificarla... Vamos a intentar hacerlo. Sin ello, todo lo demás, sobraría.

Decir de ella que es un “drama” indica algo; drama policíaco supondría decir bastante más de ella. Y si añadimos que la trama se centra en torno a la afamada figura cinematográfica del “psico-killer”, sin duda redondearemos el género en el que se puede clasificar esta cinta. Sin embargo, hoy, está todo inventado. Es difícil, rizar el rizo y hacer algo original en estos terrenos tantas veces trillados. Cada vez cuesta más encontrar algo que no haya estado presente antes en otra producción y que el espectador nunca haya visto. Fincher lo había logrado antes, pero a medida que pasa el tiempo, da la sensación como si los buenos y grandes guionistas abandonaran el cine y se orientaran más bien a las series televisivas (en donde hoy se están filmando verdaderas maravillas. Recomendamos Boarwalk Empire o True Detective, Broardchurh o Fargo, cada una de las cuales deparará al espectador entretenimiento y si les puede ver sin publicidad, mucho mejor).

Perdida (estrenada originalmente como Gone Girl) es una película entretenida pero excesivamente retorcida, especialmente en el último tercio de su metraje. Hubiera sido mucho más eficaz hacer que la protagonista muriera al cabo de la primera hora y por terminada la cinta, en lugar de las constantes piruetas y saltos mortales por el que Fincher lleva a un espectador cada vez más sorprendido, pero también progresivamente más escéptico sobre una trama tan imposible que los cabos sueltos se acumulan hasta un final que tiene bastante de decepcionante, algo más de increíble y, sin duda, demasiado de artificial.

Hay algo de Hitchcock en esta cinta (por su intento de estudiar la personalidad del delincuente, quizás del último Hitchcock, el de Frenesí), especialmente en el sondeo psicológico sobre la protagonista femenina, pero también de Fritz Lang en su insistencia en la figura del “falso culpable”, el hombre inocente que es acusado por todos de un crimen que no ha cometido. La elección de los papeles protagonistas para encarnar a ambos personajes no parece mala a tenor de lo que hay hoy en el mundo de Hollywood.

Rosamund Pike tiene todavía una carrera desierta de premios de interpretación, a pesar de varias nominaciones por sus papeles en las veinticinco películas que ha filmado desde 2002. Es una cara de esas que “suenan” al espectador pero que hasta ahora no le han llamado poderosamente la atención. Si Fincher la ha elegido para el papel es, seguramente, porque tiene un largo recorrido por delante, pero también por la sorprendente facilidad con la que consigue pasar de una cara angelical a la del diablo en persona en apenas fracciones de segundos. Algo que no ocurre, precisamente con su oponente, Ben Afleck, actor hoy más que consagrado, pero cuya expresividad facial es la propia de un monolito de Tiwanaco. Cuando vimos por primera vez a Afleck en Shakespeare in love (1998) pensábamos que el tiempo mejoraría sus carencias interpretativas. Hoy, debemos reconocer que aquella aparición como actor secundario, recitando algunas estrofas de Romeo y Julieta, ha sido lo mejor de su carrera. Y si tuviéramos que añadir algo más, seguramente recomendaríamos las tres entregas de Jay y Bob el silencioso en las que aparece que, al menos tienen a bien, hacer reír con un humor salvaje, extraño y extremo. En el resto de papeles no luce con luz propia y sería intercambiable por cualquier otro tronchamozas hollywoodyense. Argo, en cualquier caso, lo sitúa con más posibilidades como director que como actor.

Sin duda el papel más increíble es el desempeñado por Neil Patrick Harris, coprotagonista de Cómo conocí a vuestra madre, y no solo porque sea gay, sino porque su “pasión” al hacérselo con Rosamund Pike está a la altura de lo que puede sentir un pekinés deseando a una mastina siberiana. Una oportuna efusión de sangre, evita males mayores. Patrick Harris y su parejo han sido, por cierto, padres de una pareja de gemelos… según cuentan las crónicas de Hollywood, tierra pródiga en numerosos destilerías de bilis.

Hay que añadir que buena parte de los actores secundarios son fácilmente reconocibles por su aparición en series televisivas de mucha audiencia. Aparte de Neil Patrick y su insoportable serie, el espectador podrá reconocer a Sela Ward, macizorra madura de buen ver de CSI-Nueva York, Missy Pile la “señorita Pasternack” de Dos hombres y medio y algunos más.

Esta película, en el fondo, nos lleva hasta el drama del cine moderno. En los cien años de historia del cine y en los casi noventa de cine hablado, se han filmado historias y más historias. Decenas de miles en realidad. Es una pena no poder saber cuántas cintas exactamente han salido de las mesas de montaje. Poco a poco el margen para lo original se ha ido achicando. Hoy, el que una cinta logre sorprender se debe a las habilidades interpretativas de sus protagonistas (lo cual no es el caso de esta cinta en la que los actores, simplemente, cumplen), a lo adecuado del casting (aceptable en los papeles secundarios y mejorable en los principales), al guion (excesivamente retorcido y que hubiera valido más simplificar especialmente en su último tercio), al montaje (demasiado flash-back en los dos tercios iniciales de la película), a la banda sonora (modesta, tirando a irrelevante), o a la habilidad del director (buena en este caso). La película no aburre, harina de otro costal, es que convenza. No divierte, pero entretiene. No se nos hace insoportable, pero tampoco nos fascina. Nos mantiene atentos para ver cómo acaba la cosa; lo que no es poco. Y esto es lo malo: que no acaba de las diez o doce maneras que podemos intuir, sino con el final más increíble posible.

Los temas agotados, los actores de carácter más raros que un cuervo blanco (iba a escribir que un negro pecoso, pero lo he repensado), el espacio para construir guiones originales reducido, el séptimo arte superado en volumen de movimiento económico por las producciones de videojuegos, asaltado por la piratería, abandonado por los espectadores en las salas (repletas de maleducados con móvil, palomiteros con sobrepeso, niños hiperactivos, padres apáticos, maduras parlanchinas, en medio de un aroma hecho a partes iguales de olor corporal, ambientador de baratillo y perfumes misérrimos importados Gao-Ping, y algún que otro pedo), con videoclubs en bancarrota y con directores, guionistas y actores consagrados, migrando hacia las teleseries… tal es la situación de la “industria del cine”.

Por ello da la sensación de que el cine está viviendo un período crepuscular y que el espectador apenas puede hacer otra cosa que contentarse con no aburrirse demasiado y mantener la atención hasta el final. Si va acompañado, esta película, al menos le proporcionará motivos de conversación (la dureza de la vida en pareja es uno de ellos). Si va solo, le convencerá de lo bueno de seguir en ese estado de single no sea que al final uno se despierte con el estigma del “falso culpable”, sino con un hacha clavada en la cabeza. En definitiva, que se entretendrá lo justo y necesario. Nada más.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Interstellar: C.F. para ver

Interstellar: C.F. para ver

Info|krisis.- Hay que ver con calma los 169 minutos de esta película de Christopher Nolan y adoptar la reverencia y solemnidad requerida cuando se está ante una buena película en una época en la que alguien se ha creído obligado a filmar la segunda parte de Dos tontos muy tontos. La película es ineludible para los fanáticos de la ciencia-ficción y necesaria para todo buen aficionado al cine medianamente exigente.

A pesar de las dos horas y media de proyección, el espectador no sentirá en ningún momento el peso de su cuerpo sobre sus nalgas. No hay tiempo para preocuparse de otra cosa más que de no perder ni una frase de los diálogos, ni un gesto de los actores, ni una secuencia de la filmación. Se suele decir que el Quijote de Cervantes es la novela perfecta porque en ella no falta ni sobra nada. Otro tanto podría decirse del lenguaje cinematográfico utilizado por Nolan en esta cinta. Son 169 minutos bien aprovechados que valen lo que el espectador ha pagado por ellos.

Encontramos a un Matthew McConaughey, ya cuarentón, pero que como el vino viejo va ganando con el paso de los años. Lejanos están los tiempos en los que a efectos de promoción, McConaughey debía de mantener romances atropellados con Penélope Cruz. Confesamos que no nos lo hemos tomado en serio como actor hasta que no le vimos junto a Woody Harrelson en la serie televisiva True Detective que marca un antes y un después en su carrera. Filmada en 2013, inmediatamente después filmó Interestellar. La edad ha hecho ganar expresividad a su rostro y la experiencia ha transformado a un actor hasta hace poco del montón en ganador de premios cinematográficos. En efecto, todos los premios que ha recibido en el curso de su carrera, los ha obtenido entre 2013 y 2014. Desde el Oscar al mejor actor por Dallas Buller Club, hasta el Emmy por su papel en True Detective.  Y así hasta seis.

El resto del casting está igualmente acertado: un crepuscular Michael Caine es seguramente el mejor secundario. Como siempre, su presencia imprime carácter. Anne Hathaway y Jessica Chastain están a la altura. También son actrices en ascenso. La primera se recordará siempre por su papel en Los miserables (2013) y a la segunda le han llovido papeles después del estreno de Interestellar. Ambas son actrices de las que puede preverse un largo recorrido.

La técnica de filmación sorprende para una película de ciencia-ficción: las escenas de la tierra devastada por tormentas de polvo, epidemias y catástrofes ecológicas, es pintada sin exageraciones apocalípticas y escatológicas; bastan una cuantas pinceladas para entender porqué algunos piensan en abandonar el planeta y colonizar otras galaxias. Situada en un futuro imperfecto, quizás dentro de cincuenta años, esas primeras escenas parecen situarnos en la América profunda y rural de mediados del siglo XX. La civilización ha retrocedido. El progreso ya no es indefinido. La raza humana está a la desbandada. Se diría que no es cine de ciencia ficción, sino de catástrofes ecológicas. Lugo todo cambia.

Las otras escenas nos sitúan en el espacio exterior. Es de agradecer que Nolan no haya caído en el error de usar y abusar de los efectos especiales generados por ordenador. Hay en esta cinta los justos y necesarios, con cierta sobriedad. Nada innecesario o que aspire a fascinar por sí mismo apoyando a un guion mediocre como tantas veces hemos visto y sufrido. Era inevitable que apareciera aparece un robot. Desde el Robby de Planeta Prohibido, hasta HAL 9000 o R2D2 y C3PO, no hay película de ciencia-ficción que se precie sin robot. Ni es melancólico-borde como el HAL 9000 de 2001, ni un perfecto cretino como el C3PO de La Guerra de las Galaxias. No es, seguramente, lo más logrado de Interestellar, pero tiene a bien el que al menos apretando “delete” entra en letargo. Algo que hubiera agradecido el astronauta David Bowman al HAL9000 de Kuprik o el mismísimo Darth Vader.

En cuanto a la banda sonora, de Hans Zimmer y Thomas Bergernster, es el acompañamiento hipnótico imprescindible en algunas escenas, rematando, junto a un montaje lleno de flash-backs manejados con habilidad, una película que se aproxima a la perfección y que hace que el público salga de la sala silencioso y meditando sobre lo que acaba de ver. ¿No es este el objetivo de la ciencia ficción?

Cabría decir –se ha dicho– que Interestellar evoca en ciertos momentos a 2001 Odisea en el Espacio de Kubrick, a condición de hacer un matiz. En efecto, se trata de dos películas paralelas: cada una refleja el tiempo en el que fueron filmadas. En 2001 había lugar a la esperanza, era la época del movimiento hippy, de la contestación, se vivía aún el remanente de los “años gloriosos” de la postguerra mundial, época de crecimiento económico y pocos problemas, con el estómago lleno hay tiempo para filosofar. Arthur C. Clarke había compuesto un libro inspirado en la lectura de Teilhard du Chardin y en sus doctrinas sobre el Punto Omega de la evolución y el “Cristo Cósmico” como límite extremo del progreso de la humanidad, sin cuyas claves la película, vista hoy, puede ser incomprendida y transformada en un mero espectáculo visual. Interestellar es, así mismo, el reflejo de otra época, nuestro tiempo, en la que se ha agotado cualquier esperanza y los espíritus más críticos y las mentes más analíticas, perciben que no hay salida para el planeta y que, antes o después será preciso abandonar una tierra convertida, no en antesala del infierno, sino en el infierno mismo.

Se ha intentado comparar Interestellar a otras películas de ciencia ficción (Contact de Zemeckis, extraordinaria, sin duda, e Inteligencia Artificial de Spielberg, entretenida pero olvidable), cuando, realmente con la única con la que es posible establecer un paralelismo es con 2001. A fin de cuentas, ambas terminan bien: las paradojas de la mecánica cuántica, permiten ser optimistas. El mañana es hoy, el anteayer pasado mañana. Del mundo de tres dimensiones al de cinco. Lo maravilloso del futuro anida, recóndito, silencioso, olvidado, en otra dimensión de nuestro presente, tan cerca y tan lejos. Las paradojas científicas hacen que el mundo “parajódico” que el espectador volverá a encontrar a la salida del cine se afronte con un optimismo que ya no puede dar ni la religión periclitada, ni la filosofía especulativa.

Sí, porque la última esperanza de este pobre y polvoriento planeta es hoy, a fin de cuentas, la ciencia. Tal es lo que Nolan nos ha querido transmitir. Véanla, se entretendrán y pensarán. Si es que pensar es a lo que aspiran.

(c) Ernesto Milá - info|krisis - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Rajoy salva a Mas

Rajoy salva a Mas

Info|krisis.- Cada vez da más la sensación de haber asistido a una pequeña y mediocre escenificación teatral, pactada desde hace meses, en el cual las dos partes se han atenido a un guion en el que ambas salvaban la cara ante su electorado. Acabado el primer acto del sainete, ahora empieza el segundo. Los dos actores principales, Artur Mas y Mariano Rajoy, apenas han hecho otra cosa que mantener la adhesión de los admiradores incondicionales, si bien cierto número de espectadores que buscaban más credibilidad se han visto decepcionados. El problema es que el segundo acto va a ser el decisivo. Los dos actores lo único que han hecho es prolongar la vigencia del problema.

Gangs mafiosos y “marcas caídas”

La política es ejercicio del Poder. Cuando se renuncia a esa prerrogativa lo que se hace no es política sino teatro. Rajoy, ante la “cuestión catalana” no ha hecho en absoluto política, ni ejercicio de poder, tan solo “teatro”. En cuanto a Mas parecía como si hubiera olvidado que el trueque, la negociación, el cambalacheo, a ratos chantajeando y a ratos jugando la carta del pedigüeño, la de la virgen ofendida y la del vendedor de textil trabajador y honesto a carta cabal, han constituido las imágenes a las que ha recurrido el nacionalismo catalán desde sus orígenes decimonónicos. Durante unos meses la actitud política de Mas era absolutamente incomprensible para un “catalán de seny”, siempre partidario del “parlem-hi” (hablemos), que parecía haberse anclado en el maximalismo, el todo o nada, el hágase mi voluntad y demás lindezas con las que nos ha obsequiado diariamente en estos últimos seis meses.

Rajoy y Mas han representado una farsa. El reproche principal que podemos hacerles hoy es que ambos han negociado (seguramente a través de terceros y discretamente), estableciendo los límites a los que podía llegar cada uno y blindando sus respectivas posiciones. Un pacto mafioso, a fin de cuentas, entre dos gangs asaeteados por la corrupción, desprestigiados progresivamente ante la opinión pública, dos partidos cada vez más parecidos a bandas mafiosas que se han repartido España desde hace décadas, como los gánsters de Chicago se distribuían los barrios de aquella ciudad durante la ley seca: el South Side para Al Capone, de Jefferson Park hacia arriba para la mafia irlandesa…

¿A qué otra cosa sino a un gang se podría comparar el PP del Caso Gürtel, de Jaume Matas entrando y saliendo de prisión con la velocidad que Superman se pone y se quita el traje de super-héroe, del Caso Granados y de todo lo que irá saliendo? ¿A qué se podría comparar una CiU asaeteada por el Caso Palau, la docena y media de sumarios en los que se traducirán los escándalos que rodean a la familia Pujol, los que alcanzarán al alcalde de Barcelona y al mismo Artur Mas, sino a una “organización para delinquir”?

Desde el punto de vista del marketing ambas marcas han sido arrastradas por los lodos, han perdido el lustre que tuvieron en otros momentos, la credibilidad que pudieron tener tiempo atrás. Hoy son lo que en términos de marketing se llama “marcas caídas”: las que un día tuvieron mucha audiencia pero irremediablemente la están perdiendo. Las próximas elecciones municipales de mayo de 2015 y las generales de 2016 lo demostrarán. En cuanto al PSOE, casi mejor no hablar, porque más que de marcas caídas habría que hablar a marca pulverizada.

Nos habíamos olvidado de Ockham y de su navaja

Había algo en el planteamiento de Artur Mas que parecía incomprensible: ¿Cómo era capaz de ir hacia adelante en la convocatoria del referéndum cuando la independencia de Cataluña, desde todos los puntos de vista es imposible, inviable, insostenible, irrealizable? Mas tiene todos los elementos a su alcance para comprobarlo. Es más, lo ha sabido siempre. Esto era lo inexplicable del conjunto. La navaja de Ockham cuenta que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta”. En otras palabras: la teoría más simple, es siempre la correcta. Y la explicación más sencilla era la que estaba ante nuestros ojos.

Era imposible que alguien que dispone de mínimas fuentes de información siguiera avanzando hacia el abismo de la independencia. Era imposible que el “seny” nacionalista se hubiera evaporado de un día para otro. Inviable el que buscara una independencia imposible. Durante meses nos hemos estado preguntando en dónde residía la seguridad casi teológica, propia de un iluminado con la que Artur Mas llevaba “a su pueblo”, báculo en mano, hacia la independencia… ¿Quién le apoyaba? ¿Algún sector del capital financiero internacional? ¿La mafia de los casinos? ¿Los ingleses siempre dispuestos a crear un “roto” en España? ¿Quién…? Y todas las pesquisas no llevaban a ninguna desembocadura creíble.

En realidad lo que ocurría era mucho más simple. Estaba allí delante, ante nuestros ojos y no lo veíamos: Artur Mas no quería la independencia, porque sabía mejor que nadie que con un bono de la Generalitat a la altura del “bono-basura”, la independencia era completamente imposible. Es más, resultaba imposible que Mas no dispusiera de sondeos sobre quién estaba a favor y quién en contra de la independencia. Esos sondeos, antes de pasar por la “cocina” de la Generalitat, debían de constatar algo que se percibe inmediatamente en Cataluña: que habiendo nacionalismo, existiendo soberanismo y gozando el independentismo de cierto incremento en los últimos tres años, dista mucho de tener fuerza social suficiente para impulsar el nacimiento de una nación.

Las cifras de la consulta del 9-N lo han demostrado: ahí estaba todo el soberanismo. Seguramente ni un independentista se ha quedado en casa. Es más, han votado tantas veces como han querido, han votado inmigrantes que aspiran a una subvención, niños llevados por papá y mamá independentistas. Ese es el techo del independentismo, nada más. De haber habido campaña en contra, de haberse autorizado el referéndum y de haberse abierto en los medios de comunicación catalanes debates sobre el independentismo, y spots publicitarios sobre lo que implicaba la independencia, el número de No-No (No a un Estado catalán y no a la independencia) y el de Si-No (si a un Estado catalán, no a un Estado catalán independiente), hubiera restado todavía más votos a esos magros y opacos resultados que por sí mismos cierran el camino a la independencia, como mínimo en una generación.

La explicación más simple era esta: “vamos a pedir la independencia aunque sabemos que es inviable técnicamente y que electoralmente incluso será rechazada por las urnas, pero vamos a pedirla, en primer lugar porque nos consta que el referéndum no será autorizado y, sobre todo, para jugar nuestro papel de nacionalistas, para garantizar la hegemonía del nacionalismo en Cataluña durante décadas, para que CiU siga siendo hegemónica en el sector soberanista”… Ockham eternamente.

Las estridencias que se han producido en algunos momentos del proceso, los maximalismos, las declaraciones que han hecho creer a algunos espíritus simples que la independencia era para el 10-N, era todo, absolutamente todo, iniciativas de cara a la “parroquia”, a los convencidos. La negociación Rajoy-Mas estaba blindada ante estos vaivenes.

La ficción independentista, cortina de humo ante la triste realidad

También aquí se trata de aplicar la lógica más simple y elemental: CiU es el partido que sociológicamente está más próximo al PP. CiU es en Cataluña lo que el PP es en el Estado: un partido de centro-derecha. ¿Cómo hemos podido pensar en algún momento que CiU iba a romper estridentemente con el gobierno de España cuando tan bien se ha entendido con él durante 38 años? ¿Es que no sabéis que la constitución española es un producto de la sinergia creada en 1978 por UCD (hoy PP), CiU y PSOE? ¿Es que hemos olvidado que el régimen que configuraron, ese “bipartidismo imperfecto”, suponía que estas tres fuerzas políticas se repartirían el poder durante décadas?

Cada vez que CiU ha prestado su apoyo a gobiernos del PP y del PSOE para sacar adelante las leyes de presupuestos anuales o cualquier otra iniciativa legislativa, le ha bastado simplemente negociar con quien mandara en Madrid en esos momentos, pedir unos milloncejos de más, garantizar que todo lo que se hacía y deshacía sobre territorio catalán sería para mayor gloria del nacionalismo y que las sentencias contrarias del Supremo que menoscabaran esa hegemonía no se aplicarían en Cataluña. Eso ha sido todo.

La crisis económica iniciada en 2007, brutal especialmente en Cataluña (que ha perdido en 15 años más del 30% de su capacidad industrial y tiene el lastre insoportable de 1.250.000 inmigrantes y de otros 500.000 que ya han adquirido la nacionalidad española, con un paro juvenil similar al andaluz y que cada vez vive más del turismo y menos de la actividad industrial) ha hecho lo demás: había que crear falsas expectativas, objetivos “nacionales”, que reavivaran el nacionalismo. Ya no bastaba con aquel “nou estatut” impulsado por el pobre Maragall aquejado por una triste enfermedad degenerativa. Ya no bastaba con cobrar comisiones del 3-5%. Era preciso recuperar el impulso nacionalista… que, a fin de cuentas beneficiaría a CiU. Había que evitar que ERC pudiera obtener ventajas con la crisis económica y, por tanto, había que ser más nacionalista que ERC, más independentista que el “ceballut mes ceballut del Països Catalans”. Eso para evitar que la población viera cuál era la situación real de Cataluña: agotada, sin perspectivas, viviendo del turismo, desindustrializada, étnicamente convertida en un mosaico, sin nacimientos autóctonos, con una deuda de 60.000 millones de euros, saqueada por una corrupción galopante que sería imposible mantener oculta mucho tiempo.

El nacionalismo, históricamente desde el Caso Banca Catalana ha aprendido que cualquier excusa emotiva y sentimental relativa a Cataluña y al patriotismo catalán basta para ocultar las vergüenzas ante un electorado tan poco exigente como el del resto del Estado. La envergadura de la crisis económica iniciada en 2007 era de tal magnitud, que la cortina de humo creada para ocultar la ineficacia de la Generalitat ha tenido que ser desproporcionada. Ha consistido, simplemente, el crear la ficción del “día 10-N seremos independientes”.

¿Y el gobierno del Estado?

Hoy podemos intuir que el pacto Rajoy-Mas consistía simplemente en que el segundo convocaba un referéndum a través de una “ley de consultas” aprobada ad hoc. Rajoy impugnaría el referéndum con lo cual queda bien ante su electorado. Mas seguiría adelante con el referéndum pasando a llamarlo “consulta”, manifestando una firmeza que encandilaría a su electorado. Ambos contentos, porque en definitiva, ni el referéndum hubiera dado mayoría al independentismo en caso de ser legal (hoy lo sabemos a raíz de los resultados del 9-N), ni la “consulta” como tal tiene el más mínimo valor jurídico ante nadie y en cuando a sus resultados cada cual la puede interpretar como le dé la gana.

Diferente hubiera sido si Rajoy hubiera lanzado a los GEOS y a los blindados, hubiera instado a los mozos a cerrar los colegios electorales e identificar a quienes estaban tras las mesas plegables y las urnas de cartón. Entonces sí que el 10-N, Artur Mas hubiera debido llamar a la insumisión generalizada y él mismo habría terminado en la cárcel… pero Rajoy se hubiera quedado sin interlocutor en Cataluña. Porque, hoy en Cataluña, el interlocutor de Rajoy solamente puede ser Artur Mas u Oriol Junqueras. Al menos el primero pertenece al gang con el que ya hubo acuerdo para distribuirse las zonas de influencia y tapar vergüenzas mutuas.

En el momento actual, todavía los portavoces del gobierno hablan de que actuará la Fiscalía contra los que realizaron la consulta, nos cuentan que están estudiando la denuncia a presentar. Mentiras. Son las mentiras que preceden al inicio del segundo acto del sainete catalán: la negociación. Lo más probable es que se prolongue hasta después de las elecciones municipales ya próximas: terminará antes de que comience el verano de 2015 posiblemente con una “hacienda catalana” o quizás con un compromiso de mayores dotaciones presupuestarias para Cataluña, un impulso al corredor mediterráneo o, simplemente, que el Estado se hará cargo de parte del déficit de la Generalitat y la Fiscalía General del Estado se olvide de los procesos por corrupción contra nacionalistas. Eso es todo.

A Mas le bastará con disminuir el flujo de euros a las solícitas dirigentes del Ómnium Cultural, de la ANC, de Dret a Décidir, con lo que el entramado soberanista se diluirá como un azucarillo. Los libros de historia que utilizarán los escolares en Cataluña dirán que fue una “gran victoria” del nacionalismo y a otra cosa… El “éxito” de la negociación debería generar un renovado entusiasmo hacia Artur Mas y hacia CiU que favorecerían su resurrección política y atenuarían el crecimiento de ERC. Todos contentos. Quizás a Junqueras volverían a caérsele lágrimas y mocos. Pero Rajoy y Mas respirarían tranquilos.

La “unidad de España” no ha estado verdaderamente en peligro. Lo que se ha hundido es la dignidad y la credibilidad de la clase política, de Artur Mas y de Mariano Rajoy. Ni uno ni otro saldrán indemnes de esta aventura. Y lo peor es que el país está gobernado por esa clase política indigna y miserable capaz de cambalachear y jugar hasta con conceptos y entidades como “Nación”, “Estado”, “Soberanía”.

Lo que se les escapa a las dos partes

Cuando escribimos esto, los primeros en haberse dado cuenta del juego Rajoy-Mas han sido los miembros de ERC que en la tarde del martes daban por roto el pacto de unidad y pedían elecciones autonómicas anticipadas. A día de hoy, las ganarían. El lunes 10-N ya se ponía de manifiesto el intento de Mas de reforzar a CiU con una candidatura que integrara a caras conocidas de la ANC y del Ómnium, tendiendo puentes hacia CUP en el intento de atrapar a ERC en una doble tenaza. De “borrokas” a palanganeros de Mas, tal es el destino de las CUP. En cualquier caso, las elecciones anticipadas planean sobre Cataluña: Mas las retrasará tanto como pueda y sólo las adelantará cuando esté convencido de que puede ganarlas. ERC presionará al máximo. El PSC no sabe/no contesta. El PP es demasiado débil para representar algo en aquella autonomía. La inestabilidad política se instala en Cataluña a partir de ahora.

El error de Mas y de Rajoy consiste en tomar la crisis catalana como algo aislado de la crisis política e institucional que está viviendo el Estado Español a raíz de la prolongación de la crisis económica. Ambos no reconocen que cada vez existen más sectores sociales disconformes con el rumbo del Estado, la ineficacia de las instituciones para resolver los problemas y los niveles de corrupción generalizada. La crisis del ébola, las imágenes de la valla de Melilla, los viajes de Monago, las disculpas de Rajoy y de la Aguirre con los casos de corrupción, las propuestas absurdas de Pedro Sánchez, el crecimiento de Podemos, los silencios de la monarquía, la economía que sigue sin funcionar pese a las increíbles “cifras macroeconómicas”, al “derecho a decidir” canario, la consideración de la clase política como conjunto de aprovechados sin escrúpulos, las imágenes de un parlamento que bosteza y no legisla, de un gobierno que no gobierna, de un poder judicial al que se le acumulan casos, pero parece incapaz de concluir sumarios y encarcelar a culpables, unido al sainete catalán.. Todo esto son distintos frentes de la crisis del Estado surgido de la Constitución de 1978.

Las siglas que hicieron esta constitución viven hoy de inercias adquiridas en tiempos pasados, pero las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales en los dos próximos años van a redimensionarlas. Hoy son “marcas caídas”. Desde el puntos de vista del marketing (¿y que es la política al uso sino el arte de vender un producto en forma de sigla?) levantar una marca caída es siempre imposible. Resulta mucho más barato crear una marca nueva. Por eso Podemos arrasará. Por eso las siglas del “viejo orden”, los PP, PSOE, CiU, PNV menguarán.

¿Habrá sitio en el “nuevo orden” del futuro para formaciones identitarias que propongan una estructura foral para España? ¿Será posible de una vez por todas que los mayores niveles de autonomía no estén vinculados a las mayores presiones chantajistas o a la acción amenazadora de movimientos terroristas, sino a los mayores niveles de lealtad?

¿Será posible, en definitiva, que la “política” se convierta en Gran Política capaz de suscitar energías, concebir proyectos históricos, en lugar de ser la gestión mediocre del día a día, la posibilidad de acumular algún que otro milloncejo a la sombra del poder o, simplemente, el cambalacheo entre dos bandas de gánster por el control de las zonas de influencia?

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen. 

 

9-N: fin de la farsa

9-N: fin de la farsa

Info|Krisis.- Benavente en Los intereses creados comenzada así: “He aquí el tinglado de la antigua farsa, la que alivió en posadas aldeanas el cansancio de los trajinantes, la que embobó en las plazas de humildes lugares a los simples villanos…”. La “antigua farsa” es la política. En la farsa representada por Artur Mas y Mariano Rajoy, en el primer acto se ha escenificado una disputa, procurando que ninguno de los dos protagonistas saliera malherido. Ahora toca escenificar la negociación sin que haya vencedores ni vencidos… es decir, sin que ni PP ni CiU pierdan cuota electoral. Difícil, sino imposible. Indeseable, en cualquier caso.

Hoy 10–N toca sonreír. Han votado 2,5 millones a la búlgara, sobre 7,5 millones. Han votado, todos los soberanistas. Así que ese es el techo del soberanismo. A la vista de que no ha habido propaganda en contra (pero si, todos los medios de comunicación subvencionados por la Generalitat, han hecho propaganda masiva a favor del SioSí), es incluso probable que esa cifra sea, incluso, menor. De hecho es menor, si tenemos en cuenta que han votado menores, inmigrantes recién llegados y que, conociendo el percal, seguro que algunos listos habrán votado varias veces. Queda poco “seny” y mucha “rauxa” en esta Cataluña construida a golpes de 3–5% de comisión. Poco importa, realmente: 2,5 sobre 7,5 supone exactamente el 33%. Era lo que algunos esperábamos. En realidad, hace cuatro años votó el 19%. Ese 11% es lo que ha ganado el soberanismo. Le queda mucho para llegar al 51%.

¿Rajoy ha hecho todo lo que podía y debía hacer?

Y ahora es posible plantear algunas cuestiones que hasta ahora han sido eludidas por distintos motivos y para no hacer el juego a los organizadores del referéndum:

La actitud de Rajoy de atrincherarse detrás de la legalidad vigente ha sido seguramente el mayor error de su mandato. Especialmente porque la legalidad vigente representada por la constitución empieza a oler a muerto. Y la prueba es que los partidos y fuerzas sociales que la crearon están en crisis y los que proponen una profunda reforma suben como la espuma. Rajoy ha demostrado que lo único que el “patriotismo constitucional” puede aportar son recursos ante el Tribunal Constitucional. Poco para lo que está en juego. Nada en realidad.

– De hecho, toda la actividad “unitarista” ha consistido desde hace seis meses, en anunciar que la Generalitat legal había realizado una convocatoria ilegal, demostrando que la ilegalidad sale gratis en España sólo si la realiza un político. Esto y recordar que Pujol y su familia actuaban como gang mafioso junto a su partido utilizando la estructura de la Generalitat como medio para realizar sus exacciones. Y esto último sin llegar al fondo de la cuestión y con la familia Pujol pensando libremente cómo mover sus dineros a los paraísos fiscales más opacos. Poco, realmente poco. Nada para los recursos que todavía tiene el Estado Español.

Sabemos desde Lao–Tsé que “la justicia es como el timón, que hacia donde se le da, gira”. Sabemos que en España, la independencia del poder judicial es una mera entelequia formal, sin realidad operativa alguna. Sabemos, finalmente, desde Roma que lo peor que puede ocurrirle a un país es la judicialización de la vida pública y el que sus ciudadanos pasen más tiempo visitando juzgados y poniendo denuncias que respetando las leyes justas. Leyes justas que difícilmente puede ser elaboradas por parlamentarios que se pagan con cargo al erario público visitas a sus queridas en Canarias. Sabemos que en Cataluña el declarar ilegal el referéndum del 9–N pero dejar que se convocase una consulta ha sido el ardid mediante el cual Rajoy y Mas han contentado a sus respectivas parroquias electorales.

El grado de pudrimiento del sistema político español es tal que poco un aval jurídico para impedir una consulta representa lo mismo que mirar a otra parte mientras se convoca otra. Rajoy y todos sabíamos perfectamente que una Generalitat que no ha respetado ni una sentencia sobre bilingüismo no iba a inclinarse ante una nueva sentencia expedida por la churrera del Constitucional. Tiene gracia que la imagen que han querido proyectar Rajoy y Mas, en ambos casos, haya sido la de “firmeza” y compromiso con sus electores y con su “patria”… Los combates de boxeo con tongo suelen plantearse así y este del 9–N no ha sido una excepción.

¿No hubiera sido mejor autorizar el referéndum?

Después del resultado del referéndum escocés, puede pensarse que sí y que, incluso en Cataluña, como ya dijimos, el resultado en contra de la secesión hubiera sido mucho más amplio que en Escocia. Ahora es lícito preguntarse si Rajoy, en realidad, ha hecho un favor de Artur Mas. De haberse aceptado la legalidad del referéndum, hoy Mas parecería como un derrotado amenazado por múltiples procesos por corrupción. Hoy se presenta como el hombre “que ha llegado hasta el final”, aquel que “ha cumplido su palabra”. Da la sensación, incluso, de que Rajoy le ha ahorrado a Artur Mas y a CiU el demostrar que una cosa es mover masas con lemas emotivos y sentimentales propios del nacionalismo y otra muy diferente que esas masas tengan más peso que la mayoría silencios que en Cataluña ha demostrado no apoyar masivamente al soberanismo.

El favor que Rajoy ha hecho a Artur Mas es no disputarle Cataluña. Rajoy y Mas han tendido por la vía de representar un papel que satisficiera a sus respectivas parroquias, para luego –esto es, a partir de ahora– intentar un acuerdo Cataluña–España que en realidad es un acuerdo PP–CiU…

Si hubiera querido disputar Cataluña a CiU, el Estado hubiera realizado una propaganda masiva sobre lo que suponía el soberanismo y no solamente en canales estatales, sino en medios de comunicación catalanes. Ha votado un 33% del censo a favor de la independencia porque no ha habido propaganda en contra de la independencia y los únicos argumentos que se han oído en los medios de comunicación convencionales en Cataluña, han sido argumentos soberanistas. Nadie ha explicado en Cataluña que la gestión económica de la Generalitat ha sido nefasta, o que la gestión de la sanidad o de la educación figura entre las peores del Estado. Nadie ha explicado que la deuda  de la Generalitat actualmente es de 60 mil millones de euros. O que el superávit del comercio catalán con el resto de España es de 24 mil millones de euros. Nadie ha explicado en Cataluña –salvo fundaciones y asociaciones privadas que ni siquiera han contado con apoyos del Estado, ni han recibido subsidios y subvenciones– las falsificaciones groseras, en ocasiones incluso infantiles, realizadas por la Generalitat.

El Estado no ha hecho todo lo posible, no solo para que el referéndum no se celebrara, sino para defender la permanencia de Cataluña en el Estado. Ese es el “patriotismo constitucional”: limitarse a presentar una denuncia ante el tribunal constitucional… y esperar que pasara la fecha tótem del 9–N para negociar con Artur Mas y salvarle la papeleta.

Ahora podemos intuir que ha habido negociación en la sombra. Traición, en definitiva, porque hay que llamar a las cosas por su nombre. Traición de dos políticos (Mas y Rajoy) a sus electores. Traición a todos los ciudadanos al margen de cuál sea su creencia política. A partir de ahora se comprobarán las dimensiones de esta traición y su realidad.

Rajoy negociará con Artur Mas, como ha estado negociando durante estos últimos meses. No olvidemos que la ruina económica de Cataluña la está pagando en estos momentos el Estado a la vista de que la Generalitat ya no puede emitir más deuda, rebajada por los analistas al nivel de “bono–basura”. La estrategia de Rajoy ha consistido en no hundir suficientemente a Artur Mas, para evitar que Oriol Junqueras tomara el relevo… De ahí el énfasis puesto en que lo que hubo el 9–N en Cataluña no haya sido un “referéndum ilegal” (que hubiera terminado con Mas en la cárcel), sino “otra cosa”. Eso evitaba que las medidas judiciales llegaran más allá de la sentencia del Constitucional. Ya se sabe: “a enemigo que huye, puente de plata…”, sólo que en este caso ninguna de las dos partes ha querido cruzar el Rubicón a una orilla del cual estaba el soberanismo y al otro la unidad del Estado. Todo ha sido una mera escenificación pactada de antemano para evitar que cayera el gobierno de Artur Mas, el único que a la vista de los precedentes históricos puede negociar con Rajoy.

Los olvidos y las constataciones

Ni Rajoy ni el PP parecen entender lo que está ocurriendo: el problema no es que Junqueras sustituya a Mas, sino que PP y PSOE van para abajo mientras Podemos sube, que el PNV baja mientras Amaiur sube. El problema es que un régimen está muriendo y todo lo que viajaba con él, se hunde. Es lógico que Rajoy haya intentado evitar el “choque de trenes” para salvar a Artur Mas, porque, de lo contrario, se las tendría que ver con Junqueras. Tiempo perdido porque parece difícil que CiU remonte electoralmente.

En efecto, visto desde Cataluña, superado el primer gesto triunfal de Artur Mas como “hombre que cumple”, la erosión de CiU es inevitable y muchas van a tener que ser las concesiones económicas y políticas que arranque Mas en la negociación que se avecina, para que pueda presentarla como logros ante su electorado. Esos logros deberían, además, tener la suficiente entidad como para olvidar los próximos procesos judiciales que se ciernes sobre la familia Pujol y que afectarán, inevitablemente, a varias decenas de cuadros políticos de CiU y de funcionarios de la Generalitat. Es posible, incluso, que buena parte de la negociación Rajoy–Mas se centre en el futuro de estos procesos.

Los resultados del referéndum catalán demuestran, finalmente, otra cosa: el soberanismo carece de fuerza social suficiente como para asumir el desenganche de Cataluña del resto del Estado. Si ayer hubiera participado un 66% del electorado, estaríamos hablando de otros términos y si se hubiera alcanzado esa cifra con propaganda y argumentos a favor de la unidad del Estado, podríamos decir que la secesión catalana era inevitable. Hoy, en cambio, lo único que puede hacerse en constatar que, lo inevitable es que Cataluña siga dentro del Estado Español, durante muchos años.

Pero quizás el problema sea que los que nos sentimos todavía patriotas y creemos, al mismo tiempo que la organización foralista del Estado es la más adecuada a un país y a una historia como la nuestra (máxima autonomía a cambio de máxima lealtad), no nos sirva todo lo anterior. El patriotismo, la unidad de una nación, la integridad de un Estado, no pueden basarse en algo tan frágil y temporal como una constitución que, para colmo, huele a muerto.

Era evidente que el techo del soberanismo es mucho más bajo de lo que ellos mismos han creído siempre. A fuerza de hablar “en nom del poble català” han olvidado que solamente un 35% de población residente en Cataluña habla normalmente en catalán y lo utiliza como lengua vehicular… lo que corresponde exactamente con el número de votantes del 9–N. Los que utilizan ambas lenguas, catalán y castellano y los que utilizan solamente castellano, no entraban en los cálculos de un soberanismo que desde su fundación no ha dejado de mirarse el ombligo. Y, mira por donde, resulta que son mayoría si las matemáticas no engañas y 35 es menos que 65…

De la “excepcionalidad catalana” al “todas las charangas desafinan por igual”

Les contaré una anécdota personal que me ha recordado la foto de Artur Mas acudiendo  votar en el Colegio de los Escolapios de la calle Balmes. Yo estudié de los 5 a los 17 años en ese colegio. Cuando tenía 6 años, un escolapio, aquejado del prurito nacionalista catalán, nos contó una historia mientras nos enseñaba el “Virolai”, la canción compuesta en 1880 para el milenario de Montserrat con partitura de Verdaguer, el entrañable “mossén Cinto”. El escolapio nos explicaba en 1958 que la Virgen de Monserrat era la “única virgen negra que había en el mundo”. Eso nos daba la sensación, a nosotros párvulos, que Montserrat y por extensión Cataluña, eran algo especial, inusual, único. Luego resultó que hay como 400 vírgenes negras, distribuidas por toda Europa… y algunos nos sentimos estafados.

Hay más vírgenes negras que turbantes en Arabia. La catalana es una más entre cientos. No hay “hecho diferencial” en esto de las vírgenes negras. A veces, los sueños sobre la excepcionalidad de lo propio se hunden cuando uno advierte que la charanga que toca en el pueblo no es la mejor del mundo, ni la única que sabe interpretar Paquito Chocolatero con ese brío, sino que desafina como cualquier otra.

Diez años después de que me contaran aquella historieta sobre la Virgen de Monserrat, la decena de curas que había en aquel colegio, militaba en el PSUC (la rama catalana del PCE) o simpatizaba con él. Quince años después, la mayoría habían abandonado la sotana. Treinta años después, uno de ellos, el “pare Botey”, se había convertido en mandamás de Ezquerra Unida de Cataluña, construida a partir del PSUC–Viu, los estalinistas. Creo que hoy solamente queda un escolapio en aquel colegio; el director, obviamente. Fue allí donde Artur Mas votó ayer. En el mismo sitio en donde un escolapio me intentó estafar sobre la excepcionalidad catalana en materia de vírgenes…

Y es que detrás de todo nacionalismo hay una estafa. Estafa, paralela en todo a la del “patriotismo constitucional” (ese del que hace gala el PP, pero que también comparte UPyD y Ciutadans, no lo olvidemos) que presenta a algo que es temporal y circunstancial como si fuera permanente, eterno a intangible. Como si la unidad del Estado y de la Nación pudieran justificarse con el rigor mortis de la Constitución de 1978.

© Ernesto Milá – info|krisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.

 

Reflexión ante el 9-N

Reflexión ante el 9-N

Info|krisis.- Ante la proximidad del 9-N, creo que vale la pena recordar algunos elementos que concurren en el “problema catalán” y que son los argumentos por los que el autor de estas líneas rechaza la posibilidad de acudir a votar. No es un trabajo orgánico, ni siquiera exhaustivo, es simplemente un recordatorio personal de aspectos relevantes ninguno de los cuales, absolutamente ninguno, ha sido recordado ni sugerido por los medios de comunicación dependientes directamente o alimentados por la Generalitat. Estos puntos aspiran solo a estimular la capacidad crítica de los ciudadanos llamados a las urnas. Puestos a votar, hace falta saber qué es lo que se vota y quién convoca a las urnas. En estas líneas, esperamos que los lectores tengan claro estos aspectos.

PRIMERA PARTE:
EN EL FIN DE UN CICLO POLÍTICO

I. La Generalitat no tiene ni legalidad ni legitimidad para convocar referéndums

La retahíla de corruptelas de las que todo aquel que quería enterarse, podía conocer desde mediados de los años ochenta y que ha acompañado desde entonces a la Generalitat de Cataluña, afectando a sus máximos dignatarios y las sospechas que hoy planean sobre el actual gobierno de la Generalitat, la deslegitimizan por completo para cualquier otra cosa que no sea para declarar ante los juzgados de guardia. Es posible que a la presidencia de la Generalitat todavía le correspondan hacer uso de sus atribuciones legales (entre las que, por cierto, no se encuentra la convocatoria de un referéndum soberanista), pero ha perdido desde hace tiempo la legitimidad moral para ejercer cualquier tarea de gobierno. La extensión de la corrupción y su carácter sistémico y anidado en su interior, hubiera recomendado desde hace décadas la suspensión temporal de la autonomía catalana y la realización de una auditoría capaz de presentar los distintos niveles de responsabilidad moral y criminal de los dirigentes del gobierno autónomo catalán. Pero, dado que en esto de la corrupción, Cataluña demuestra formar parte del Estado Español y éste está a su vez, en todos los niveles administrativos, se encuentra afectado por esta lacra, la Generalitat nacionalista ha podido seguir manteniendo su impunidad. Obviamente, en las actuales circunstancias, la solución a este problema no consiste en un referéndum soberanista, sino en una nueva constitución que entierre el “Estado de las Autonomías”, el “Estado de la corrupción” y el “Estado de la partidocracia”, las tres lacras producto de la constitución de 1978.

II. Depuración de responsabilidades

Estamos viviendo momentos de fin de ciclo: todo lo que ha aparecido como habitual y normal ante nuestros ojos durante 36 años, se está desplomando entre el aroma de la corrupción, la realidad de la ineficacia en la gestión, el faraonismo insostenible y la partidocracia. Este desplome se está produciendo tanto a nivel catalán como a nivel del Estado. Sea como sea el futuro, será necesario asumir que distintas concepciones del Estado basadas en doctrinas e ideales pueden ser contradictorias y opuestas, pero no por ello una parte puede exigir depurar responsabilidades ideológicas. Ahora bien: la honestidad en la gestión si es algo que debe exigirse al margen de las opciones y de los colores políticos. Los delitos de corrupción no pueden prescribir nunca y deben ser objeto de una legislación especial entendiendo que se trata de delitos de gravedad extrema en tanto que no son cometidos contra una sola persona, sino contra la comunidad entera. Todos los organismos del Estado, empezando por el mismo Estado, descendiendo a las Comunidades Autónomas y más tarde a los Ayuntamientos, deben ser objeto de auditorías que establezcan niveles de responsabilidad que corresponderá depurar a tribunales especiales. De otra forma será imposible “resetear” el sistema.

III. Encuadrar el soberanismo catalán en el contexto de crisis del Estado

La eclosión del soberanismo no es más que el resultado de siete años de crisis económica en todo el Estado, en el curso de los cuales la inicial crisis inmobiliaria ha ido mutando, convirtiéndose en crisis bancaria, crisis de deuda, crisis social y, finalmente, a causa de su persistencia, en crisis política. La crisis soberanista es un fenómeno más de la crisis política, junto a la crisis de la monarquía juancarlista, la crisis del Estado de las Autonomías, la crisis de los partidos políticos tradicionales, la corrupción generalizada, los seis millones de parados o el desprestigio de todas las instituciones del Estado.

IV. Cataluña: frente avanzado de la crisis del Estado

La habilidad del nacionalismo catalán ha consistido en atribuirse todos los éxitos y responsabilizar a otros de sus fracasos. Desde hace veinte años, Cataluña vive inmersa en la presión soberanista. Las reivindicaciones permanentes de un mayor techo autonómico parecen eximir al nacionalismo de practicar políticas eficientes especialmente en materia de sanidad y educación. El gobierno de la Generalitat siempre ha tenido una excusa para presentarse como ajena a los problemas de Cataluña. El nacionalismo siempre ha dado una respuesta simple a un problema completa: “¿Por qué las cosas no van bien en Cataluña?”, “Por culpa de Madrid”, como si la gestión de gobierno no fuera con ella. En realidad, el nivel de competencias de la autonomía catalana y el papel privilegiado como interlocutor del gobierno central tanto en períodos de gobierno del PSOE como del PP, hacen al nacionalismo catalán como responsable de los errores cometidos, no solamente en Cataluña sino en todo el Estado.

V. No hay lugar para microestados en la UE.

La independencia de Cataluña, desde todos los puntos de vista, es completamente inviable, no solamente en su aspecto económico, sino en su vertiente política. La inclusión de España en la Unión Europea, la ha hecho partícipe de un “club de Estados-Nación”, la mayoría de los cuales son de factura más reciente que España y ninguno de los cuales –especialmente en su núcleo duro franco-alemán- están dispuestos a permitir que un Estado de tamaño medio se desintegre en partes en un proceso que luego podría afectar también a sus propios países. Hoy, quedar fuera de la UE supone perder el mercado al que van a parar la mayor parte de productos manufacturados en Cataluña. No es que la independencia catalana redujera drásticamente el comercio con España… es que hundiría también sus relaciones con la UE.

SEGUNDA PARTE:
LA CRISIS SOBERANISTA EN SUS RASGOS GENERALES

VI. Las naciones no se crean ni se destruyen mediante referéndums.

Ninguna nación digna de tal nombre se ha creado en base a un referéndum y mucho menos cuando, como en el caso de Cataluña, el resultado sería, en cualquier caso, extremadamente ajustado y ni siquiera está claro cuál sería el resultado y en favor de qué opción. Las naciones no se crean ni se mantienen en función de referéndums sino que son el resultado de procesos históricos, voluntades de poder, proyectos comunes. Por otra parte, el destino de una nación no puede depender del estado de ánimo del electorado en un momento dado de la historia, sino que es el resultado de una voluntad colectiva y de un proyecto histórico que no está presente en el nacionalismo catalán, el cual es un fenómeno histórico reciente que se ha afirmado precisamente en un momento de quiebra y reflujo de todos los nacionalismos.

VII. No estamos ante España contra Cataluña, sino ante CiU-PPSOE contra la ciudadanía

Los medios de comunicación de la Generalitat han tenido la habilidad de presentar el conflicto soberanista desencadenado por el nacionalismo como un conflicto entre Cataluña y España, cuando en realidad no es más que un episodio de la lucha entre CiU y el PP-PSOE por el control de inmensos recursos económicos generados en Cataluña. La crisis ha hecho disminuir los beneficios de la casta política catalana que precisa un control total sobre sus recursos, sin compartirlos, ni atender a fondos de solidaridad interterritorial. No es un choque entre “Cataluña” y “España”, sino entre los partidos políticos que controlan los resortes de poder en Cataluña y en España contra la ciudadanía que solamente aspira a estabilidad, prosperidad, trabajo y bienestar.

VIII. La solución ya no está en la constitución del 78

El único argumento utilizado por el gobierno Rajoy para prohibir el referéndum soberanista y defender la unidad del Estado y la integridad de la Nación, ha sido la legalidad constitucional. Este argumento, siendo limitado –una nación es permanente, mientras que sus constituciones son productos temporales; la nación está por encima de la constitución en tanto que pre-existe a ella- solamente podía ser asumible en el caso de que la constitución de 1978 y el régimen que se edificó sobre ella, tuviera algún prestigio. En realidad, estamos ante una crisis “de régimen” y la constitución de 1978 ya no es la solución, sino que obstinarse en considerarla como un tótem intocable es uno de los problemas más graves del país.

IX. Cataluña rota por la Generalitat, abandonada por el Estado, destrozada por la globalización

Las  más de tres décadas de gobierno nacionalista (el nacionalismo ha estado presente en los años de CiU, pero también en los del tripartito a través de ERC y de un PSC que siempre estuvo gobernado por hijos de la alta burguesía catalana para encuadrar a las clases trabajadoras mayoritariamente castellanoparlantes) han roto a Cataluña que ha visto como descendía su capacidad industrial, llegaban legiones de inmigrantes islamistas inintegrables, se practicaban políticas tendentes a asfixiar el uso de la lengua castellana, se abordaban proyectos faraónicos, planes irrealizables y todo ello para mayor gloria de una clase política regional corrupta. Es cierto que las inversiones en Cataluña han disminuido y que en los dos últimos años la inversión extranjera se ha reducido a la mitad, como fruto de las tensiones soberanistas. Pero los grandes problemas de Cataluña, deslocalización e inmigración masiva, no proceden del Estado Español, sino que son productos directos de la globalización.

TERCERA PARTE:
EL VERDADERO ROSTRO DEL SOBERANISMO

X. Del nacionalismo al soberanismo: relevo de clase

Si el nacionalismo catalán es un producto relativamente reciente de la alta burguesía catalana, el movimiento soberanista es otra cosa. En la transición y hasta los últimos años del gobierno de Jordi Pujol, esa misma burguesía que había crecido al calor del franquismo (con el que lejos de oponerse, colaboró y del que se benefició ampliamente) y de la Generalitat restaurada (no solamente haciendo buenos negocios a la sombra del poder, sino extorsionando entre el 3 y el 5% de cualquier negocio o contrato que se firmara con la institución), a partir de los años 90 empezó a desinteresarse por realizar sus inversiones en Cataluña y empezó a invertir preferentemente en otros escenarios económicos, sumándose a la tendencia internacional a reforzar el capitalismo especulador. De ahí que hoy, el soberanismo ya no esté controlado por la alta burguesía industrial sino por grupos periféricos: beneficiarios de la Generalitat (CiU, Ómnium, ANC), pequeña burguesía del interior (ERC), borrokas (CUP), ecosocialistas (ICV), que han arrastrado a Artur Mas a las posiciones rupturistas.

XI. Lo “inédito” del independentismo catalán

Cataluña nunca ha sido históricamente una “nación independiente”, siempre estuvo ligada al resto de territorios que constituyen esta unidad geopolítica que es la Península Ibérica y que la historia ha hecho cristalizar en dos Estados (Portugal y España). Hispania Citerior, Tarraconense, Reino Visigodo, Condados Pirenaicos, Marca Hispánica, Reino de Aragón, unidad con el Reino de Castilla, Españas de los Austrias, España de los Borbones, España Nación, son las formas políticas en las que ha participado Cataluña. La brecha se abre en el último tercio del siglo XIX con la aparición del nacionalismo y la pretensión inédita de lo que ha sido una “nacionalidad” (conjunto de tierras con algunos rasgos antropológicos característicos) pase a ser “nación” y, por tanto, aspire a formar un “Estado” independiente.

XII. El nacimiento del nacionalismo catalán

Así pues, el nacionalismo catalán (como el vasco) es un fenómeno reciente nacido al calor de la burguesía regional con la intención de preservar sus negocios. Esa misma alta burguesía industrial catalana, se había beneficiado del proteccionismo que había impuesto al gobierno español para preservar ese mercado de penetraciones de productos exteriores a España. Basado únicamente en el hecho diferencial de la lengua, se preocupó en lo que se llamó “construcción nacional de Cataluña”, de improvisar –frecuentemente a golpe de talonario- una cultura, unas tradiciones y una historia propias, forzando diferencias, aumentando distancias y creando oposiciones antes inexistentes.

XIV. La falsificación de la historia de Cataluña

La Generalitat ha instaurado una “historia nacional de Cataluña” que choca con cualquier criterio historiográfico mínimamente honesto y científico. Episodios que nada tienen que ver con una “historia nacional de Cataluña” (desde la existencia de la Tarraconense, hasta la revuelta del conde Paulus en el reino visigodo, hasta la Guerra de Sucesión, todo, absolutamente todo, ha sido desnaturalizado y transformado en episodios de una historia nacional difícilmente sostenible). A ello se ha sumado la falsificación o destrucción de documentos que inició en el siglo XIX Próspero de Bofarull o la subvención a las más peregrinas teorías sobre la catalanidad de Colón, de Santa Teresa de Ávila o las montañas de Montserrat como fondo a la Gioconda, que son tomadas en serio por muchos nacionalistas y que tienen su origen en la lingüística freaky que inauguró el conde de Güell en los juegos florales de 1901 (que pagaba de su bolsillo) según la cual el catalán era más antiguo que el latín y descendía del dialecto hablado en los Alpes Réticos, el retho-romanche. Tales enormidades solamente han podido imponerse gracias al control ejercido en los últimos 36 años por el nacionalismo sobre el sistema educativo catalán y sobre los medios de comunicación. El resultado ha sido la transformación de la Historia de Cataluña en un amasijo de contenidos freakys, interpretaciones grotescas, falsificaciones puras y simples y deformaciones constantes tendentes a demostrar que desde la más remota antigüedad existió una “historia nacional de Cataluña” que “los españoles” han querido ocultar.

XV. El peligro es el nacionalismo

En Cataluña como en el País Vasco se ha dicho a menudo que el peligro lo constituían los “grupos violentos”. Estos eran prácticamente inexistentes en Cataluña en donde jamás ha cuajado la existencia de una organización terrorista como ETA más allá de copias grotescas y risibles como Terra Lliure, organización terrorista que consiguió el récord de militantes muertos por las propias bombas que intentaban colocar, hasta el punto de que puede decirse que deberían estar agradecidos a que la policía los desarticulara completamente en 1992, o de lo contrario todos hubieran terminado haciéndose pupa. El peligro, ni en Cataluña ni en el País Vasco, ha sido el terrorismo. El terrorismo, como máximo, ha sido un riesgo para el orden público y la seguridad de la población, pero nunca ha constituido un verdadero riesgo. El auténtico riesgo ha sido siempre el nacionalismo “moderado y democrático” en cuyo programa se incluían objetivos que solamente podían alcanzarse mediante el envenenamiento de las conciencias realizada a través del control sobre los mecanismos educativos. Los espasmos soberanistas que estamos viviendo hoy no son más que el resultado de más de tres décadas de intoxicación nacionalista y falsificación de la historia, operados desde el control de las estructuras autonómicas. Si para algo ha servido el “Estado de las Autonomias”, aparte de para ir devorando al Estado del Bienestar y de enriquecer a las clases políticas regionales, no ha sido desde luego para descentralizar la Nación, sino para crear el clima cultural favorable para la centrifugación nacional.

XVI. Cuarenta años de franquismo, cuarenta de democracia

Tienen razón los soberanistas en decir que durante 40 años el catalán fue marginado de la vida pública. Algo todavía más incomprensible toda vez que entre las filas de los vencedores figuraba el carlismo que se expresaba perfectamente en catalán y que tenía un arraigo profundo en tierras de Cataluña. Sin embargo, Franco optó por el jacobinismo, mucho más alejado de su concepción ideológica, pero como rechazo por los excesos separatistas protagonizados en 1931 y 1934. Realmente no existió persecución contra el catalán, sino marginación de la vida institucional. En 1967 ya se editaban revistas en catalán de alta tirada y existían varias colecciones de libros en esa lengua. Lo que no estaba era subvencionada y, sin embargo, la lengua catalana resistió y en algunas zonas existían en los años 60 niveles de utilización del catalán muy similares a los actuales. El problema es que en los 36 años siguientes, la Generalitat se creyó obligada a devolver ojo por ojo, entrando en una dinámica de multas lingüísticas, prohibiciones, exigencias y falta de sensibilidad hacia la lengua castellana, cayendo frecuentemente en imposiciones, rivalidades ridículas y sobreprotegiendo el catalán cuya supervivencia hoy depende en gran medida de este régimen de subsidios e imposiciones. Y las lenguas son como los cauces de los ríos, resulta muy difícil alterar su curso. Recordar los excesos de la Generalitat nacionalista no quiere decir exculpar al franquismo de sus responsabilidades. De hecho, ambos son muestras del mismo error.

XVII. La extensión del conflicto a Valencia, Baleares, Aragón y Francia

Desde los tiempos de Prat de la Riba y de su obra La Nacionalitat Catalana, se tiene conciencia de que el territorio catalán no da de sí lo suficiente como para forjar a partir suyo un Estado con capacidad para sobrevivir y ocupar un lugar en el concierto de las naciones. De ahí que ya en esa obra, se adjuntara un significativo capítulo titulado Imperialismo catalán. El autor y sus herederos consideran que el “núcleo histórico catalán” identificado con las cuatro provincias gobernadas hoy por la Generalitat de Catalunya, debe expandirse “desde Fraga a Mahón y de Salses a Guardamar, integrando territorios pertenecientes a las comunidades autónomas de Aragón, Baleares, Valencia y a territorios franceses del Rosellón y la Cerdaña. El mero hecho de que exista ese proyecto y que algunos lo compartan, indica que el soberanismo catalán no se agota en el mero hecho soberanista catalán sino que esta es solamente un primera fase de un proyecto mayor.

XVIII. La realidad económica catalana

La industria catalana se vio inicialmente beneficiada por el proteccionismo español y por el retorno de capitales de Cuba y Maracaibo que generaron una fuerte acumulación de capital y el nacimiento de una burguesía industrial dotada de gran dinamismo y que se beneficiaba de un mercado que disponía en exclusiva: el mercado español. Desde entonces no ha cambiado gran cosa: hoy el superávit del comercio catalán con el resto de España es de 24.000 millones de euros. La economía catalana depende en primer lugar de que sus productos se vendan en el resto del Estado, pero eso obliga a la sociedad catalana a algo que parece lógico: contribuir a la solidaridad interterritorial… aunque solamente sea para que el dinero redistribuido por el Estado genere mayor crecimiento en otras zonas y una mayor posibilidad de adquisición de producto elaborados en Cataluña. La irresponsabilidad del soberanismo se demuestra en que quiere seguir teniendo acceso a ese mercado (y al francés, su segundo cliente), pero sin la contrapartida de contribuir a ningún tipo de solidaridad interterritorial. A nadie con unos conocimientos mínimos en economía se le escapa el que una Cataluña independiente, situada fuera de la UE, perdería a sus dos principales clientes y obligaría a miles de firmas a trasladar inmediatamente sus sedes sociales. Una Cataluña independiente es inviable mientras persistan las actuales condiciones económicas y los actuales niveles de intercambios comerciales.

CUARTA PARTE:
DEMOGRAFIA E INMIGRACIÓN EN CATALUÑA

XIX. El problema demográfico catalán

La natalidad en Cataluña (1,2) está muy por debajo de la tasa de reposición (2,2). Pero el problema va mucho más allá de esta relación: en realidad, en Cataluña sólo uno de cada cuatro nacimientos pertenecen al grupo étnico autóctono. El resto son hijos de inmigrantes. En 1996 Cataluña tenía ligeramente algo más de 6.000.000 de habitantes, hoy tiene 7.500.000 habitantes, lo que quiere decir que en torno a 1.750.000 son o inmigrantes o hijos de inmigrantes. Es decir por encima del 30%. Esto no está reflejado en las estadísticas que consideran que según el ius solis todo nacido sobre territorio español adquiere solo por eso la nacionalidad española. Pero basta con esperar a la puerta de colegios públicos, incluso en zonas que no registran una particular concentración de inmigrantes para comprobar que, efectivamente, el grado del problema. En escuelas del Raval o de Salt se ha llegado a un 80-90% de alumnos hijos de inmigrantes. El error de la Generalitat consiste en pensar que todo este volumen de inmigración está “integrado” en la sociedad catalana por el mero hecho de… hablar catalán. Con la mayor parte de estos grupos étnicos existe una brecha cultural y antropológica que no ha existido nunca con los contingentes de población desplazada a Cataluña procedente del resto del Estado.

XX. El riesgo de fractura social y étnica

Cataluña se precipita a marchas forzadas a una fractura interior que será a la vez étnica y social. El 1.500.000 de inmigrantes que han llegado a Cataluña en los últimos 20 años y sus hijos vinieron, como en el resto de España, atraídos por el falso “crecimiento económico español” de los años 1996-2007; incluso cuando se inició la crisis siguieron llegando y siguieron aumentando en número. Y todo esto en el momento en el que Cataluña sufría un proceso de desindustrialización y el turismo y la hostelería tomaban el relevo. Mayoritariamente, los inmigrantes trabajan en el sector de hostelería (y en segundo lugar en el agrario) sectores con bajo valor añadido y con salarios bajos en el límite del salario mínimo. Pero en Cataluña no cotizan más de 400.000 inmigrantes, es decir, menos de un 30% y casi siempre por las franjas salariales más bajas y, por tanto, con ingresos muy limitados y siempre próximos al umbral de la pobreza. Eso genera el caldo de cultivo adecuado para futuras revueltas que serán a la vez, raciales y sociales, configurándose como el principal problema de la Cataluña del futuro que, obviamente, sería inasumible por un “Estado catalán” independiente.

XXI. El Islam en Cataluña, nuevo e inintegrable actor

Desde los años noventa, la Generalitat de Catalunya se preocupó por canalizar un flujo de inmigración procedente del Magreb para evitar la llegada a Cataluña de inmigración hispanoparlante procedente de países andinos. Se presuponía que los magrebíes educados en escuelas catalanas, aprenderían a hablar catalán, mientras que los andinos no se esforzarían al poder comunicarse en castellano. Esta “genial” política de inmigración ha convertido a Cataluña en la verdadera meca de la inmigración islamista en España: a Cataluña han afluido inmigrantes no solamente magrebíes, sino paquistaníes y subsaharianos todos ellos de religión islámica. Dotados de unas tasas de reproducción algo más de tres veces superior a la de la población autóctona, el crecimiento de esta impresionante masa inintegrable, es el principal riesgo que afronta Cataluña en estos momentos. La Generalitat cree que tendiendo la mano, estos contingentes se integrarán: ignoran la brecha antropológica, religiosa y cultural que separa a la comunidad autóctona de esta bolsa de inmigración islámica. Ni hay, ni ha habido, n puede haber un “Islam catalán” como quieren los soberanistas: lo que existe es un islam presente en Cataluña que percibe claramente que ahí puede imponerse más que en cualquier otro lugar del Estado y que, precisamente, por eso está dispuesta a apoyar el proceso soberanista. No mentimos cuando vemos a una eventual “Cataluña independiente”, no un “nuevo Estado de la EU”, sino como un futuro “nuevo califato de la Liga Árabe”…

QUINTA PARTE:
APUNTES PARA UNA SOLUCIÓN

XXIII. España federal, España jacobina y España Foralista

España al salir del franquismo precisaba una descentralización urgente en 1976 que, al hacerse a prisa y corriendo sin medir suficientemente las consecuencias, degeneró pronto en el inviable “Estado de las Autonomías”. Quienes reconocen su fracaso, proponen ahora una “España Federal”, olvidando que no existe ningún caso en la historia de “estado unitario” que se haya desmembrado para reagruparse después en “federación”. Sin olvidar que el nacionalismo periférico solamente admitiría un “federalismo asimétrico” que reconociera a sus territorios una categoría diferenciada a la del resto de partes. Queda la solución Foralista: máxima descentralización a cambio de máxima lealtad. No es algo inédito en nuestra historia. El absurdo actual es que se concede más autonomía a cambio de mayor presión, cuando la autonomía debería ser un premio a la lealtad, no el producto de una presión egoísta.

XXIV. El problema de fondo: un país, dos identidades

La realidad sociológica catalana es que sobre el territorio de las cuatro provincias coexisten dos identidades lingüísticas, la identidad castellanoparlante y la identidad catalanoparlante. Al tratarse de dos lenguas hispano-romances, al existir contigüidad antropológica y cultural, la sociedad catalana es una sociedad integrada y sin más problemas que los que plantea el soberanismo y su intención de que sobre el territorio catalán solamente exista una identidad. Lo sorprendente es que sin los excesos soberanistas (y, obviamente, sin los “españolismos excluyentes”), nunca han existido problemas de convivencia, ni fricciones sociales entre ambas comunidades lingüísticas, lo que demuestra a las claras que la convivencia es posible en situaciones de normalidad.

XXV. Cataluña – España – Europa

Cataluña no es una realidad aparte de España, ni España es una realidad aparte de Europa. Geográficamente los caminos de España hacia Europa pasan a través de Cataluña. No está fuera de lugar recordar que los orígenes culturales de Cataluña y de España son idénticos derivan del mundo clásico y de la aportación del cristianismo y, en este sentido, son cultural y antropológicamente próximos sino superponibles a los de cualquier otra nación europea. La integración en una Europa hecha a través de Naciones-Estado (hacerlo a través de 150 regiones sólo en Europa Occidental es, simplemente, impracticable) obliga de manera natural a que Cataluña afirme su presencia a través del Estado Español. Las soluciones artificiosas propuestas por el soberanismo catalán para compensar la falta de “entidad nacional” y aludiendo a una “euro-región” que ocupe los inexistentes “Països Catalans” y una especie de Occitania ampliada a la Septimania y a la Aquitania francesa, crea más problemas que resuelve situaciones ya superadas y enmarca el hecho esencial: el odio soberanista hacia todo lo que sea una implicación con España.

XXVI. La cuestión lingüística

La lengua catalana se habla en Cataluña (con un nivel de utilización como lengua vehicular de entorno al 35%), de la misma forma que la lengua castellana se habla en todo el Estado. Cualquier intento de imposición de una sobre otra o de asfixia de una por otra, debe ser excluido y condenado. De cara a la enseñanza, tanto el Estado como la Generalitat tienen que facilitar al ciudadano la máxima libertad para que pueda poner en práctica su proyecto de vida personal, pueda elegir libremente la lengua en la que quiere hablar y en la que quiere que se eduquen sus hijos. Se entiende que el conocimiento de ambas lenguas es importante y la opción para hablar una u otra debe ser una decisión personal enteramente libre y realizada en función de expectativas y proyectos personales, no una imposición de ninguna estructura de poder.

XXVII. La solución al problema catalán en una nueva constitución

Como decíamos al principio, el “problema catalán” no es más que uno de los muchos problemas que han aparecido o se han recrudecido con la irrupción de la crisis económica a partir de 2007, la primera y gran crisis de la globalización. El soberanismo es un problema más generado en el ambiente de crisis económica que ha mutado en crisis social y cuya persistencia ha terminado afectando de manera demoledora al régimen nacido en 1978. No hay solución ni al soberanismo catalán, ni al resto de problemas, dentro del actual marco político y dentro del actual ciclo histórico que puede darse por concluido y fracasado. Estamos viviendo una situación similar a las que se vivió en España desde el 21 de noviembre de 1975 hasta el 12 de octubre de 1978: momentos de transición hacia un cambio de régimen. La diferencia estriba en que, mientras que en 1975 las fuerzas de recambio estaban mucho mejor definidas y sus apoyos en Europa mucho más claros, en la actualidad, la sensación es que no existe recambio, ni fuerza política con suficiente empuje social como para liderar un cambio de régimen. Fenómenos nuevos como Podemos, son el síntoma del pudrimiento del régimen nacido en 1978, pero carecen de fuerza social suficiente e incluso de proyecto viable como para asumir la transformación. El resultado de la contradicción entre un régimen que cae y otro que carece de fuerza para imponerse, solamente puede generar un escenario de inestabilidad permanente durante un largo período.

XXVIII. Liquidar el Estado de las Autonomías

El Estado de las Autonomías ha constituido un bochornoso fracaso en la historia de España. La guinda de un pastel de una larga serie de fracasos históricos que se remonta a tres siglos. Las tendencias centrífugas han terminado por prevalecer. El Estado de las Autonomías no era más que una etapa intermedia entre la España jacobina y la España descoyuntada. En el mejor de los casos, las Autonomías se han convertido en estructuras burocrático-administrativas pensadas para alimentar a las clases políticas regionales; en el peor, en estructuras paralelas al Estado previas a la secesión. Pero en cualquiera de los casos, en todas las autonomías, se ha procurado utilizar el factor emotivo y sentimental relativo a la “patria chica” como argumento y excusa para alimentar una pesada burocracia. Incluso en zonas en donde nunca ha existido nacionalismo ni soberanismo, han aparecido partidos que intentan aprovechar la tendencia natural al arraigo en la tierra natal, y transformarlo en un escudo para justificar el reparto de beneficios entre las clases políticas regionales. Para salir de esta situación solamente hay tres opciones: o volver al jacobinismo, o descoyuntar por completo al Estado, o asumir un modelo foralista. No hay una cuarta opción.

Podemos primera fuerza

Podemos primera fuerza

Info|krisis.- En 2012 aparecieron bruscamente 3.000 tiendas de cigarrillos electrónicos. Hoy, en todo el país no quedan más de 200, la mayoría de las cuales a título residual y sin muchas posibilidades de sobrevivir. Este es un país de modas. Mientras se está en la cresta de la ola, se existe; bruscamente la ola llega a la playa y entra el reflujo. Adiós. Nunca retornará. Lo que salió de ningún sitio, volverá a la nada. Hay olas que duran cuatro décadas y otras, como la de los cigarrillos, apenas veinte meses. Esto es España y nosotros los españoles. Es una fatalidad de nuestra historia. Falange Española estaba compuesta por unos pocos miles de jóvenes en marzo de 1936. Un año después había bofetadas, literalmente, para afiliarse al nacional–sindicalismo.

Durante los siguientes cuarenta años no hubo centrismo, pero un día, en 1977, se anunció como remedio universal y, de la noche a la mañana, aquellos que habían estado ausentes por tanto tiempo, se hicieron los amos del gallinero. Y luego, un PSOE que tras cuarenta años de vacaciones recuperó el pulso gracias a los dineros de la socialdemocracia alemana, se impuso sin dificultades. A partir de entonces todo quedó estabilizado… temporalmente. Ahora se anuncian tiempo nuevos. La nueva marca es Podemos.

2011: cuando el régimen pudo haberse reformado

Cuando se iniciaron las manifestaciones del 15–M era evidente que era el resultado de los primeros despuntes de una crisis política generada por la larga crisis económica que se venía experimentando desde el verano de 2007. Cuando se empezaron a notar los primeros efectos era frecuente decir: “tres millones de parados son un problema laboral, cuatro un problema social, cinco una revolución”. Vemos por los seis y, efectivamente, la “revolución” ha aparecido. No era como nos sugería la palabra “revolución”: no se produciría ni insurrección armada de masas, ni guerra civil prolongada, ni barricadas en las calles, ni olor a pólvora; como máximo unas cuantas tiendas de campaña destartaladas en plazas públicas.

De aquellas aguas salieron los lodos de Podemos. Era una “revolución” de otro tipo. Una vez más se volvió a repetir el esquema que precede a todo proceso revolucionario: quienes detentaban el poder en 2011 (Zapatero en La Moncloa y Rajoy en la oposición) estaban solamente preocupados en mejorar su imagen de cara a las elecciones que se adivinaban próximas. No se les pasó ni por un momento acometer ni consensuar las reformas que en ese momento eran necesarias. En aquel momento la erosión de la monarquía, la centrifugación nacionalista, la corrupción generalizada, la inmigración masiva, el descontento social, ya constituían el trasfondo inquietante sobre el que el sistema político español navegaba.

El 15–M fue el aviso, el toque de atención para los “propietarios” del régimen nacido en 1978 (la “banda de los cuatro”) de que era preciso reformar urgentemente el sistema. No se hizo. Se perdió el tiempo de la “reforma necesaria” que hubiera podido hacerse con apenas un consenso entre PP y PSOE. Pero unos creían que podrían mantenerse en el poder y otros que lo podían conquistar en breve plazo, así que para ellos se trataba de hacer lo que habían hecho siempre: jugar a la contra. No importaba que, en lo esencial, las posiciones del PP y del PSOE fueran, prácticamente idénticas en todos los temas relevantes y solamente diferían en cuestiones “ideológicas” muy secundarias. Lo que importaba es que la camarilla de “centro–derecha” y la de “centro–izquierda” lo querían todo para ellos y no estaban dispuestos a compartir ese todo, ni a renunciar a alguna parte. Estaban firmemente convencidos de que la salud del sistema era buena y la alternancia que empezó en 1978 se repetiría hasta el infinito.

De hecho, hoy todavía, da la sensación de que Rajoy y Pedro Sánchez piensan que no todo está perdido y que, a poco que se deshinche el fenómeno Podemos, sus siglas recuperarán el lustre de otros tiempos. Pero no será así: desde que en 1968 en una botella del Agua de Solares, la más vendida en España entre las aguas minerales, apareció una ameba, se sabe que una marca caída nunca más se recupera y que todo el dinero invertido en levantar una marca nunca sirve para mucho, siendo lo aconsejable utilizar esa inversión para crear una marca nueva que parta de cero, sin lastres ni erosiones. Los que hemos pasado por cualquier escuela de marketing conocemos este ejemplo y lo que implica. ¿Es Podemos esa marca nueva?

Podemos: ni tanto ni tan calvo

El pasado sábado, una encuesta publicada por Metroscopia y encargada por El País situaba a Podemos, por primera vez, por delante del PP y del PSOE. Podemos, como las tiendas de cigarrillos electrónicos, se han convertido en una moda generalizada; habrá que ver si el partido de Pablo Iglesias no tiene el mismo final.

Por de pronto, llama la atención lo logrado por Podemos con solamente unas cuantas intervenciones de sus dirigentes más conocidos en tertulias. No ha hecho falta hacer más: ni repartos masivos de publicidad, ni movilizaciones constantes, ni millones de carteles en las calles, ni mítines ni concentraciones continuas, Podemos no ha hecho nada de todo esto. Simplemente unas cuantas asambleas, emails y sobre todo apariciones mediáticas. Nada más. El resto de elementos que han propiciado el ascenso irresistible de Podemos lo ha puesto la “banda de los cuatro”.

PP, PSOE, CiU y PNV, parecen todavía no haberse dado cuenta de que son “responsables solidarios” de los equilibrios de fuerzas que se han dado desde 1978. Si cae uno, caen todos. Si el régimen que construyeron se quiebra, ellos se quiebran con él. Los viejos partidos monárquicos y republicanos que aparecieron con la Restauración, desaparecieron durante la República. Los partidos que fueron hegemónicos durante la República desaparecieron en el ciclo franquista. Y los que emergieron en aquel momento, no tuvieron acomodo durante la transición. Ahora les toca a la “banda de los cuatro”, hacer mutis por el foro. No es que Podemos avance por méritos propios, es que la “banda de los cuatro”, cada día, a cada hora, con sus errores y sus tropelías, sus ineficacias y sus corruptelas, con sus intereses espurios y su mediocridad retribuida, empujan a Podemos a ser hoy la opción que recoge más intención de voto.

El discurso de Podemos es simple, limitado, en ocasiones contradictoria, utópico muy  menudo, a veces ingenuo, otras no pasa de ser un estereotipo de la izquierda progresista de toda la vida, posee errores de análisis, soluciones que no son tales, maximalismos desesperantes, grupos internos poco representativos pero muy ruidosos que lo desequilibran, sectas trotskistas operando en su interior, oportunistas de todos los pelajes que se apuntan a quien parece momentáneamente caballo ganador y que desertarán al primer síntoma de cansancio. Mezclan lo mejor con lo peor. Con ellos viaja desde el viejo bolchevique resentido, hasta el humanista–universalista decepcionado con el zapaterismo y con el billete recién comprado para embarcarse en una operación humanitaria de ayuda al país más remoto que sale en los mapas de pura chiripa. Desde el estudiante airado por la perspectiva de años de becario y la posibilidad de emprender el camino del exilio económico o de la precariedad, hasta el ama de casa harta, votante habitual del PP, de que a partir del día 15 de cada mes el efectivo a disposición disminuya y el día 25 tenga ya que resignarse a las lentejas con patatas, pasando por el jubilado que conoce después de cuarenta años de trabajo lo que es la precariedad, el profesional saqueado por Hacienda, y todos aquellos resentidos con un sistema en el que en un momento creyeron y que ahora se adivina imposible. Nunca en la historia de España una opción política ha tenido una clientela socialmente más plural.

El drama de Podemos: podemos llegar a un drama

Podemos, a pesar de sus carencias, de sus limitaciones, de sus contradicciones y de las dudas que proyecta sobre el futuro, es un elemento rupturista. Es difícil decir si la encuesta de Metroscopia ha pasado por la “cocina” (a efectos de generar “alarma” y provocar reacciones y reactivaciones en los partidos tradicionales) o es la traslación de las proporciones reales de un estado de ánimo. Es más difícil aún adivinar si Podemos será algo más que un elemento rupturista que sirva para resetear el sistema de partidos surgidos en 1978. Lo único que en estos momentos está claro es:

1) Que el régimen político nacido en 1978 está viviendo su etapa crepuscular y que las siglas de la “banda de los cuatro” han entrado en una irreprimible decadencia.

2) Que el tiempo se le agota al PP y al PSOE para poder reformar de manera consensuada el sistema nacido en 1978. Ahora tienen los dos tercios de los votos en el Congreso; tras las próximas elecciones no volverán a tenerlos jamás.

3) Que Podemos ya no oculta que quiere el poder, todo el poder y el poder, no en los ayuntamientos ni en las autonomías, sino en el Estado. Ahora bien, en las actuales circunstancias, una cosa es que Podemos pueda ser el partido más votado y otra que obtenga mayoría absoluta.

En el momento en el que Podemos se vea obligado a explicitar con quien pacta o incluso si pacta con alguien, se enfrentará a su destino: cuando no se tiene fuerza social para provocar, por sí mismo, un cambio de régimen –y Podemos dista mucho de tener tal fuerza– está obligado a pactar. Y ese es el problema: que si pacta con alguna fuera superviviente de la “banda de los cuatro”, en ese mismo momento, caerá electoralmente. Si lo hace con los partidos que han nacido en la periferia del régimen y que ahora se están instalando como sustitutos (ERC, Bildu–Amaiur) la existencia misma del Estado se hace inviable y será inevitable que aparezcan resistencias.

Europa: tiempos de transición

En toda Europa estamos en momentos de cambio. Las viejas opciones en Francia, Reino Unido, Italia, Grecia, están agotadas, las siglas que han acompañado la actualidad política de esos países están en vías de renovación, son otras: Front National, UKIP, Cinque Stelle, Siryza. Los partidos tradicionales están agotados y hundidos, pero estas nuevas formaciones todavía carecen de fuerza social y de madurez suficiente como para asumir el poder y, sobre todo, para llegar a acuerdos continentales dentro del “gran espacio económico europeo”, sin los cuales no puede haber una respuesta a la globalización, necesaria para superar la actual etapa de crisis. Podemos figura entre este tipo de opciones y también a ella puede aplicarse el mismo esquema: todas estas opciones juegan mejor en la oposición que en un poder que hasta ahora no han gestionado, se han nutrido de los errores de los partidos mayoritarios, mucho más que del atractivo de sus propuestas que, como máximo, pueden reducirse a unas pocas consignas: populismo, euroescepticismo…

En última instancia estas nuevas opciones políticas tienen que actuar en un clima social en el que la población ha dejado de tener ideales para tener sólo necesidades. Atiende a sus instintos. A poco más. Y lo peor es que se mueve por modas: hoy asumen esta sigla, mañana aquella otra, el voto ha dejado de ser algo estable y cerril (quien votó socialista en febrero de 1936, seguía votando socialista en 2010…). La falta de convicciones profundas, la pérdida de capacidad crítica, la moda, siempre pasajera, caprichosa y oscilante, dictada por medios convencionales o por tendencias digitales, hace que ningún partido pueda considerarse dueño permanente de bolsas de “votos cautivos”. La inestabilidad del electorado genera directamente la inestabilidad de las naciones.

Lo que se va a instalar en España, lo hemos dicho en muchas ocasiones, es una inestabilidad permanente que durará durante todo el tiempo en el que se prolongue una transición que se presenta como larga, difícil y peligrosa: lo que nace, todavía ni tiene fuerza suficiente, ni caracteres bien definidos, y lo que muere, en tanto que receptáculo de intereses que se han mantenido durante décadas en primera fila, se resiste a morir… a pesar de que no pueda evitar ese destino, el propio de todo organismo humano.

El panorama dista mucho de estar claro: parece evidente que Podemos apuntillará –está apuntillando– a la “banda de los cuatro”. Pero no sabemos lo que ocurrirá después, especialmente porque intuimos que las carencias de Podemos pueden hacer de él un fenómeno parecido a las tiendas de cigarrillos electrónicos: hace un año 3.000, hoy apenas 200. Claro que peor es la situación del PP y del PSOE que tienen hoy tanto futuro como los videoclubs de alquiler de VHS…

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este tema sin indicar origen.

 

 

 

Estudios sobre antisemitismo

Estudios sobre antisemitismo

Info|krisis.- ESCRITOS SOBRE EL ANTISEMITISMO, subtitulado REALIDAD Y FICCION SOBRE LA "CUESTIÓN JUDÍA", es un volumen de 418 páginas que recoge nueve ensayos publicados por la REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO sobre este tema. Estos nueve ensayos están precedidos por una introducción que resume el contenido, vamos a reproducirlo para realizar luego una pequeña entrevista sobre esta temática al autor qu nos explica la intencionalidad, la orientación y los contenidos de la obra, seguida por la reproducción del sumario de la obra. 

Introducción

Reunimos en este volumen siete textos que han ido apareciendo en la Revista de Historia del Fascismo entre 2011 y 2013 y que solamente han sido objeto de leves modificaciones que han afectado a la forma más que al fondo.

El título deja traslucir el contenido de la obra: en efecto, todos estos artículos tienen como eje central, episodios del antisemitismo. Esta es una obra que no aspira a dar una interpretación sobre el fenómeno antisemita, sino simplemente a aclarar una serie de episodios históricos vinculados a esa corriente.

El autor no es antisemita (como se deducirá por la lectura de los distintos capítulos) sino que simplemente aspira a interpretar, encontrar, razonar y aclarar episodios en los que ha estado implicado el pueblo judío. Así pues, lo que el lector tiene entre las manos es un libro de historia, un volumen que le ayudará a comprender (y en ocasiones a rectificar) sus opiniones sobre la materia tratada.

No creemos en la existencia de una “conspiración judía”, pero sí en que a lo largo de la historia ha existido un “problema judío” basado seguramente en su aspiración bíblica a considerarse como “pueblo elegido”, a su peculiar habilidad en el manejo del interés, y también a la noción de pecado aparecida en el mundo cristiano que frecuentemente impulsa a los sujetos a sublimar ese complejo de culpabilidad en alguien al que se le considera “más culpable”, el judío. De todas formas, en estos artículos no se pretende encontrar una explicación a un fenómeno tan complejo y poliédrico como el antisemitismo, sino aclarar algunos episodios históricos concretos.

En el primer capítulo realizaremos una excusión por una serie de falsos mesías que aparecieron en Europa del Este y cuyos discípulos asumieron actitudes deletéreas, caóticas y milenaristas cuya impronta llegó hasta la Revolución Francesa. Ayudará a comprender algunos problemas del mesianismo hebreo y el porqué de su carácter disolvente y subversivo.

Le tocará luego a Los Protocolos de los Sabios de Sion, el documento falso que se situó en el centro de las hipótesis conspiranoicas y antisemitas del siglo XX, el ser analizado en profundidad. El capítulo nos permitirá entrar en la falsificación, en su contexto, en cómo se hizo, en quienes la urdieron y por qué. Y vale la pena realizar esta excusión, porque todavía hoy existen antisemitas que dan como cierto el contenido de esa obra de pura mixtificación.

En el tercer y en el cuarto capítulo examinaremos respectivamente el antisemitismo francés de finales del siglo XIX y principios del XX y el antisemitismo español del siglo XX. Nos sorprenderá, seguramente, el saber que en Francia, en esa época el antisemitismo era una tendencia muy extendida en la sociedad, incluso en el movimiento obrero. Por su parte, en España, lo esencial del antisemitismo gira en torno a la idea de “filosefarditismo”. Personajes como Franco (e incluso su discípulo de facto Blas Piñar) fueron filosefarditas. Sorprenderá conocer los argumentos de esta corriente que, en buena medida, era también (y paradójicamente) antisemitas (o, más bien, anti-askenazíes).

El quinto capítulo está dedicado a estudiar la doctrina de Julius Evola sobre la raza y sobre el antisemitismo. Lo que hace Evola es destruir algunos mitos del antisemitismo histórico del siglo XIX y tratar de establecer las bases de una interpretación de la historia que, necesariamente, tenía que integrar el antisemitismo. También aquí vale la pena recordar que Evola no es un autor antisemita, sino alguien que conoce perfectamente las razones del antisemitismo convencional y aspiró a realizar una crítica al mismo, construyendo un intento de interpretación que insertar en su cosmovisión tradicionalista.

En una segunda parte de esta obra (capítulos quinto, sexto y séptimo) estudiaremos algunos de los episodios que se produjeron durante el Tercer Reich y que fueron protagonizados por judíos. Examinaremos el curioso episodio del intento de deportación de los judíos europeos a la isla de Madagascar, intentado por el gobierno del Reich pero que tenía precedentes en otros gobiernos europeos. Veremos que esta iniciativa se abandonó solamente en 1942, cuando la isla fue ocupada por los ingleses y quedó claro que técnicamente era imposible y que las negociaciones que el gobierno alemán había abordado con las autoridades francesas de Vichy no consiguieron progresar.

A continuación, estudiaremos detenidamente el episodio conocido como “la noche de los cristales rotos” desencadenada a raíz del asesinato en París del diplomático alemán Vom Rath por un joven judío polaco. Tanto en este capítulo como en el anterior, percibiremos que en Polonia existió un antisemitismo mucho más feroz que en cualquier otro lugar de Europa, hasta el punto de que muchos judíos polacos prefirieron cruzar la frontera y residir en el Tercer Reich. El episodio nos pondrá también en contacto con el aparato de propaganda que, desde los EEUU y desde Moscú, había declarado la guerra a Alemania.

Finalmente tendremos todos los datos necesarios para adentrarnos en otro episodio histórico extremadamente silenciado en la postguerra: las negociaciones entre las SS y las autoridades sionistas para la evacuación de judíos de Alemania. El episodio es interesante porque abarca hasta los últimos días de agosto de 1939 y demuestra que las SS facilitaron la llegada al Reich de funcionarios sionistas para que pudieran moverse libremente y acometieran la migración del grueso del judaísmo alemán a Palestina... una negociación en la que todas las partes ganaban: los judíos conseguían reforzar la presencia judía en la zona y las SS conseguían desembarazarse de manera pacífica de la presencia judía en Alemania.

Hemos decidido, finalmente, colocar un Anexo a estos artículos dedicado a las novelas y a las películas anti-nazis que aparecieron a partir de 1962 en Israel primero y en todo el mundo diez años después: las “novelas stalag” y el subgénero cinematográfico llamado “de Nazi-explotation”. Ambos temas estaban tratados en el mismo artículo y si lo hemos traído aquí a colación es precisamente porque la existencia de las “novelas stalag” demuestra la existencia de unos increíbles relatos pornográficos de naturaleza odiosamente antisemita, escritas por judíos y difundidos... en el propio Estado de Israel durante los meses del “proceso Eichmann”.

Al terminar la lectura de esta obra, el lector podrá juzgar con mejor conocimiento el fenómeno del antisemitismo y nos alegrará haber contribuido a aumentar sus conocimientos y su capacidad crítica sobre la materia.

Entrevista con el autor:

¿Tienes usted algo contra los judíos?

No tengo prejuicios de este tipo. Dejando aparte que el libro se titula Escritos sobre el Antisemitismo y el término “antisemita” excede con mucho a los judíos, no albergo prejuicios contra unos u otros.

Así pues ¿este no es un libro antisemita?

No, es un libro sobre la “cuestión judía” y sobre el antisemitismo. No contra los judíos. Se intenta poner los puntos sobre las íes sobre muchos temas. El antisemitismo moderno, a fuerza de repetir viejos tópicos e historias que no respondían a la realidad, ha terminado por no comprender ni siquiera sus propios límites, ni entender determinados fenómenos históricos.

¿Cuénteme alguna de esas historias?

La más habitual es la consideración de que el judaísmo creó al comunismo, simplemente por el hecho de que Carlos Marx fuera judío de raza. Algunos autores incluso para adornar esta tesis añaden que Marx era hijo de una vieja familia de rabinos, cuando lo que caracterizaba a Marx era precisamente que pertenecía a una familia que había abandonado la sinagoga, sus padres eran laicos y él fue educado como laico.

Sin embargo, la primera generación bolchevique tenía un número anómalo de judíos…

Sí, todos los textos antisemitas incluyen una relación de 1918 de comisarios del pueblo que eran judíos; eran la mayoría, efectivamente, pero hay que tener en cuenta dos elementos: de un lado que la mayoría de judíos rusos eran pobres y asumían el programa del Partido Comunista como un medio de liberación de su condición social. El hecho de que los bolcheviques no fueran antisemitas les daba razonables expectativas para colaborar en la revolución de octubre. La prensa zarista atribuía las derrotas que se habían experimentado en la guerra a los judíos, estimulando pogromos. Era normal que reaccionaran alineándose con los bolcheviques. Se olvida también que los judíos acomodados que colaboraron con el zarismo fueron reprimidos y asesinados ya bajo Lenin. Luego, el mismo Stalin purgó el partido de judíos. En 1918, en Rusia un 1,8% de la población era de origen judío, pero el 52% de los comisarios del pueblo eran judíos; los antisemitas hacen una lectura unilateral de este dato: si el zarismo no hubiera mantenido posiciones antisemitas y los judíos rusos hubieran pertenecido a la clase media, sin duda no se hubiera dado este porcentaje.

Así pues, su tesis sobre la relación entre judíos y bolcheviques ¿cuál es?

Muy simple: el judío fiel a la sinagoga, el judío religioso está ausente por completo de los partidos bolcheviques. Más aún: el materialismo marxista es contrario a cualquier forma de religiosidad, incluido el judaísmo. Los judíos que militaron en el bolchevismo, como en la extrema-izquierda de los años 60, eran judíos que habían abandonado la sinagoga, completamente laicizados, ateos, sin tradición. Esa falta de tradición les impulsaba a ser hostiles a cualquier tradición. Y destructivos. Las circunstancias sociales de la Rusia zarista explican por sí mismas la abundancia de judíos en las filas bolcheviques, como explican la abundancia de judíos laicizados entre los cómico más ácidos (incluidos Krusty el payaso, los hermanos Marx, Mel Brooks, Woody Allen, Larry David y tantos otros), o de judíos entre la intelectualidad anarquista, la falta de tradición propia lleva a una tendencia a atacar a cualquier tradición.

Pero el judaísmo ha dejado su huella en el simbolismo masónico ¿me va a decir que no existe ninguna relación entre judaísmo y masonería?

Es cierto que las leyendas fundacionales de la masonería tienen resonancias judías, pero hay que hacer un matiz. Los primeros masones eran miembros de las corporaciones inglesas compuestas por católicos. En los primeros años, la masonería inglesa prohibía a los judíos y a los anglicanos ser aceptados como miembros. En cuanto a los símbolos judíos hay que decir que no fueron introducidos por los judíos… sino que estaban extraídos de leyendas bíblicas. Cuando a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX algunas obediencias masónicas sufrieron influencias ocultistas, algunos ritos incorporaron temas que derivaban del judaísmo cabalístico, pero también estaban presentes símbolos pitagóricos, católicos (especialmente en el Rito Escocés), egipcios, rosacrucianos, graélicos, etc.

Si no hay conspiración judeo-masónica-bolchevique ¿qué es lo que hay?

No, es imposible demostrar la existencia de una conspiración judeo-masónica-bolchevique porque cada uno de los términos no tiene nada que ver con los otros dos. El judaísmo es algo multiforme con distintos “modelos” (el judío sefardita, el judío askenazíes, el judío sionista, el judío no sionista, el judío religioso, el judío laico, el judío proletario, el burgués, la aristocracia económica, etc.), la masonería no es más que el motor ideológico y la punta de lanza de las revoluciones burguesas y el bolchevique equivale a lo mismo para las revoluciones proletarias del siglo XX. Sólo mediante una casuística abusiva y en ocasiones errónea, se ha conseguido unificar los tres elementos en una sola “conspiración”. Tres elementos que, insisto, tienen muy poco que ver: hay judíos en la masonería como hay españoles y desde el IV Congreso de la Internacional Comunista estuvo prohibida para los miembros del partido comunista la militancia en la masonería.

Según usted ¿existe una “conspiración judía”?

No, rotundamente no. Lo que existe es una acumulación de capital en manos de determinados judíos (una ínfima minoría dentro de su grupo étnico) que tienden a actuar en forma de trust. El por qué y el cómo se forma esta acumulación es algo sabido: al estar la usura prohibida tanto para los católicos como para los musulmanes, la actividad económica, especialmente ya en tiempos de la destrucción del templarismo (1314), quedó en manos judías. Esto generó el que determinadas capas del judaísmo desarrollaran una psicología y una habilidad especial en materia económica. Personalmente estoy contra las grandes acumulaciones de capital y los trusts económicos, pero reconozco que, aun existiendo entre ellos gran acumulación de apellidos judíos, y teniendo presente que también existen entre ellos “gentiles”, lo esencial no es su origen étnico, sino que es intolerable que la economía y el destino de la humanidad sea controlado por un número tan exiguo de dinastías económicas sean de la raza que sean.

¿Cuál es el papel del sionismo?

El sionismo aparece en un monumento de eclosión de los nacionalismos. Italia y Alemania se han unificado y existe en la época un fuerte impulso nacionalista que incluso hace que en España aparezca esta ideología en Cataluña y en el País Vasco. El “principio de las nacionalidades” sostiene que un grupo humano que posee una lengua propia constituye una “nación” y, por eso mismo, tiene derecho a disponer de un Estado independiente. El sionismo no es más que la expresión del nacionalismo judío, promovido como cualquier otro nacionalismo, por sectores adinerados del judaísmo mundial que buscan tener un Estado propio. ¿Dónde? En Palestina. El sionismo aspiraba a que los judíos abandonaran la Diáspora y se concentraran de nuevo en el lugar del que habían salido. Ni aspiraba al dominio mundial, ni quería realizar una “gran conspiración”, ni detrás existían “Sabios de Sion”, ni nada parecido.

Lograron sus objetivos con suma facilidad…

La historia de la independencia del Estado de Israel demuestra que aquello no fue fácil. Se vio beneficiado, sin duda, por el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, pero, incluso después existieron resistencias por parte del Reino Unido y de ahí que se produjera una oleada de terrorismo contra la presencia británica en la zona. Es quizás más importante recordar que el problema era que la Diáspora se había producido 2000 años antes y que en ese tiempo otros pueblos poblaban la zona de Palestina. Israel podía reivindicar “derechos históricos”, pero los habitantes de Palestina tenían también derechos propios para habitar en aquellas zonas. El sionismo, hasta los años 30, aceptaba otros emplazamientos para el Estado de Israel, no necesariamente Palestina. Pero cualquier otro emplazamiento generaba problemas. Incluso el Tercer Reich no vio mal que los judíos se fueran de Alemania y se concentraran en Palestina e hizo todo lo posible hasta 1939 para que así ocurriera. Fue solo tras el desencadenamiento de la guerra cuando el Reich tomó partido por el Gran Muftí de Jerusalén y los movimientos de liberación árabes precisamente para apoyar las luchas anticolonialistas contra los británicos.

La cuestión es que ahora el conflicto entre Israel y Palestina sigue vivo y activo…

Sí, y dura ya 80 años. A lo largo de ese tiempo las brechas, los resentimientos y los resquemores entre ambas partes no han cesado de aumentar. Han concurrido otros muchos elementos que sería largo enumerar: los EEUU, por ejemplo, consideran a Israel como el aliado preferencial en la zona. A ello contribuyen los fundamentalistas religiosos norteamericanos afirmando que los EEUU son “el pueblo elegido de la modernidad”, mientras que los judíos son “el pueblo elegido de la antigüedad”, sugiriendo que esto justifica una alianza entre ambos… A esto se une el peso del dinero judío en la economía de los EEUU, el concepto de “seguridad nacional” desplegado por el Pentágono y otros elementos de carácter geopolítico. En mi opinión: el error de judíos y palestinos consiste en no sentarse a negociar de una vez por todas y a dividir aquel territorio en enclaves estables, y hacerlo sin influencias exteriores ajenas a ellos. Ahora bien, si ellos mismos son incapaces de negociar su futuro, lo que ocurra allí les compete solamente a ellos y tomar partido por unos o por otros tiene poco sentido a la vista de que ya es imposible establecer quién disparó primero y cómo se originó el conflicto en los años 30…

Dedicas un amplio capítulo a los Protocolos de los Sabios de Sion ¿falsos o auténticos?

Hoy se sabe con bastante exactitud que los Protocolos son un documento completamente falso construido por la OKRANA en París a principios de siglo y difundidos en Rusia por un fanático religioso. Es un documento falso construido a efectos de estimular el antisemitismo en Rusia para conseguir desplazar a determinados ministros en la corte zarista. Nada más. No hay ni un solo testimonio histórico que confirme la realidad de esos documentos.

… y sin embargo Los Protocolos se cumplen…

En realidad no. Solamente se cumplen de manera muy general y con matices. Los Protocolos son un ejercicio intelectual de prospectiva que ni siquiera sorprende por su agudeza: no hay referencias apenas al futuro de la ciencia, a la globalización, a la ingeniería financiera, a los paraísos fiscales, a la posibilidad de caída del bolchevismo, ni al mundialismo. Su lectura en ocasiones demuestra la simplicidad de los redactores y sus intenciones de atribuir cualquier desajuste a los judíos. El mundo en su actual configuración se parece tanto al descrito en los Protocolos como un huevo a una castaña.

Así pues rechaza el bloque las tesis antisemitas…

El antisemitismo lleva a un callejón sin salida: según el antisemitismo, los comunistas que controlaban una parte del mundo son judíos, los capitalistas controlan la otra parte y también son judíos… sus enfrentamientos, contradicciones y luchas son una farsa, un combate de boxeo con tongo. Tal es la teoría antisemita que lleva a un callejón sin salida: los judíos mandan pero son lo suficientemente malvados como para ocultar incluso que mandan… Si las teorías antisemitas se cumplieran hace tiempo que los “Sabios de Sion” deberían haber nombrado al “Rey de Israel”, rey del mundo. Francamente, dudo incluso que todas estas teorías valgan la pena tratar de rebatirlas por excesivamente simples, mal definidas e incapaces de explicar e integrar los principales aspectos de la modernidad.

Entonces ¿para qué ha escrito estos ensayos sobre antisemitismo?

Me interesa la historia y la historia de los movimientos aparecidos en los años 20-30, en especial de los fascismos. Como se sabe, en estos movimientos el antisemitismo era una componente más destacada en algunos (nacional-socialismo alemán, Guardia de Hierro rumana) y menos en otros (fascismo italiano). En algunos de estos movimientos el antisemitismo estaba presente como remanente del antisemitismo religioso de otra época (en España). Me ha interesado, por ejemplo, el filosefarditismo español que aparece en los años 20 y que tiene como partidarios, entre otros, a Francisco Franco o a Blas Piñar siendo una especie de antisemitismo religioso reconducido que tuvo una importancia extraordinaria y que, en la actualidad, parece olvidado, pero del cual hay abundantes rastros documentales. Me ha interesado particularmente la formación del antisemitismo moderno y sus despuntes en Alemania y Francia, en donde llegó a ser un movimiento popular presente en los parlamentos de principios de siglo. Me ha interesado realizar alguna excursión en los falsos mesías que aparecieron en los siglos XVII y XVIII en el Este Europeo y que condicionaron la vida y la psicología de las comunidades judías predisponiéndolas hacia opciones de tipo revolucionario. Me interesa la psicología del pueblo judío, sin duda, la más compleja que pueda existir, cómo se ha formado y sus rasgos.

La obra tiene un apéndice sobre las “novelas stalag” y el cine porno antinazi

Si, a eso me refería. Parece increíble que en los años 60 aparecieran en el Estado de Israel unas novelas baratas de las que se vendieron cientos de miles de ejemplares ambientadas en campos de concentración: los prisioneros judíos eran torturados por exuberantes mujeres de las SS. Tuvieron un éxito increíble durante el Proceso Eichmann. A partir de ahí nació lo que se ha llamado cine de “nazi-explotation”. El tema me parece lo suficientemente curioso como para dedicarle unas páginas. A veces, la historia tiene que ver también con anécdotas como esta que evidencian formas psicológicas desviadas de erotómanos. Son aspectos reales, tangibles, fácilmente comprobables, irrefutables, sobre el judaísmo que dicen muy mucho sobre su psicología particularmente complicada y que están completamente ausentes en la literatura antisemita.

¿Cuál es el origen de esta psicología especial?

Sin duda, la religiosidad hebrea. Resulta imposible considerarse “pueblo elegido” y realizar una vida normal entre gentiles. Aquel pueblo que cree tener una relación particular con Dios, pero cuya historia tiene mucho de tragedia, y aun así sigue pensando en la llegada del Mesías, una y otra vez decepcionada, probablemente hubiera sido solamente un pueblo irrelevante de Oriente Medio, situado entre otros muchos con un patrimonio literario particular, que le proporcionaría cierto sentido de identidad, pero nada más. Fue en el momento en el que se produjo la diáspora cuando los rabinos convirtieron la religión en el único polo de agregación de un pueblo dividido en pequeñas comunidades esparcidas por todo el mundo. Era muy difícil convivir con “gentiles”, insistiendo una y otra vez en que el único Dios les había elegido a ellos como “su pueblo”. Máxime cuando al producirse el triunfo del cristianismo, al judaísmo le acompañó la maldición de “pueblo deicida”… El hecho de que los judíos se especializaran en la usura prohibida para cristianos y musulmanes hizo lo demás. Por ello, el judaísmo religioso fue odiado por todos aquellos pueblos que tenían otras concepciones teológicas y por eso mismo los judíos laicizados y que habían vuelto la espalda a la sinagoga se convirtieron en excepcionalmente críticos para cualquier tradición, empezando por la suya propia. Hace falta leer a Freud para ver como uno de estos judíos, él mismo, interpreta un cerebro torturado. Nadie mejor que un judío podría crear el psicoanálisis, porque nadie mejor que un judío portaba un alma interiormente sometida a presiones psicológicas, conflictos y contradicciones entre lo que le habían dicho que era (un elegido) y lo que era en realidad (un cúmulo de complejos) en medio de un ambiente general de hostilidad, acusaciones de deicidio, odio por su predisposición hacia las finanzas (lo que entrañaba la pobreza de muchos y constituía una fuente de resentimiento).

¿Has tenido relaciones personales con judíos?

Sí, claro. Recuerdo que el primer judío que conocí era el secretario de prensa de la presidencia del gobierno boliviano en 1980. Tenía gracia porque él sabía cuál era nuestra familia política y evitaba polémicas. Pero no podíamos evitar bromear con él: siempre que aparecía un tema económico, por algún motivo, él tenía algo que decir; el hecho de que se ausentara a la hora de pagar no es privativo de judíos, pero lo utilizábamos como fuente de bromas con él. En Montreal he conocido muchos judíos y he frecuentado establecimientos judíos por pura curiosidad. Recuerdo que las peores galletas que he comido en Canadá las compré en un supermercado judío, estaban fabricadas en Israel y etiquetadas como kosher y, francamente, eran vomitivas. Me llamó mucho la atención que los judíos vendieran a judíos comida de muy mala calidad. Y eso me recordó que Bernard Madoff, estafador de etnia judía, no dudó en robar a asociaciones caritativas judías y a miembros de su propia comunidad, casi de manera preferente. Cuando las Legiones de Tito, asediaban Jerusalén, en el interior de las murallas, las distintas fracciones judías andaban a la greña unas con otras. Inevitable recordar el ambiente pintado por los Monty Pithon en la Vida de Brian… Recuerdo que cuando vivía exiliado en París, aprovechando el atentado de rue Copernic contra la sinagoga judía, un marido judío atentó contra su mujer presentándolo como una “acción antisemita”. He conocido en Canadá abuelos judíos presos en los campos de concentración de los años cuarenta avergonzados de haber sobrevivido. Para conocer la mentalidad judía norteamericana recomendaría ver la serie televisiva de Larry David (el creador de Seinfield) titulada Courb your enthusiasm de la HBO. Esta serie (que puede encontrarse subtitulada en castellano en Emule o en cualquier programa peer to peer) de humor tiene la particularidad de que está interpretada casi exclusivamente por judíos, la mayoría de situaciones y temas tienen que ver con el judaísmo norteamericano, y muestran situaciones absurdas, creencias ridículas, atavismos, tópicos y realidades, etc. Para terminar, he comentado con algún judío todo el tema de la “conspiración”, un estudiante centroamericano, después de exponer las razones utilizadas por los antisemitas me decía: “No sé qué pensar pero te aseguro que yo no tengo ni un dólar e la tal conspiración…”. Es cierto que los miembros de sectas jasiditas (cada vez más extendidas) procuran minimizar su convivencia con gentiles y mantienen incluso desconfianza hacia todo lo que no pertenece a su grupo religioso (incluidas otras facciones judías). Es ciertamente complicado convivir con ellos, incluso tener relaciones normales: no puedes evitar –a mí me ha pasado- que te miren con cierta sensación de… repulsión, tal es la palabra. Su concepto de pureza y su rigorismo es tal que el mero hecho de no nacer en su comunidad ya crea barreras infranqueables con miembros de estas sectas. Más que de antisemitismo deberíamos hablar aquí de anti-goims…

¿Y los conversos…?

También he conocido. Y si he de ser sincero, me han parecido todavía más extraños. Se trata de seres que son perfectamente conscientes de su origen, que tienen muy presente que los católicos les han considerado hasta hace poco “pueblo deicida”, así pues, tienen un complejo de culpabilidad latente que el bautismo no ha logrado disipar en absoluto. Por eso, históricamente, el converso tiende siempre a ser un fanático religioso para eliminar toda sospecha de hipocresía. He conocido, por cierto, a algún judío bautizado que se negaba a admitir su judaísmo. Al igual que existe un cierto tipo de gay que no ha salido del armario y que oculta sus preferencias sexuales enmascarándolas mediante frases machistas y gesticulaciones sexistas, existe también un judío que se niega a revelar su origen y su condición. En ambos casos, el sujeto que actúa así sufre otra forma de rotura interior entre lo que se es realmente y cómo uno se quiere presentar públicamente. A la psicología (y más que a la psicología, a la psiquiatría)  le correspondería analizar estos casos.

¿Es posible elaborar un retrato robot del antisemita?

Hasta cierto punto. Cuando alguien se opone con excesivo énfasis a un grupo, sea del tipo que sea (antifascismo, anticomunismo, antisemitismo, etc) y va más allá de lo razonable para convertirse en una obsesión reduccionista, hay que ver en ello la existencia de un complejo de culpabilidad latente que se sublima mediante la búsqueda de alguien más culpable. Por ejemplo, siguiendo una aplicación estricta de la moral católica es frecuente pecar, sino de obra, si al menos de palabra o de pensamiento. Determinadas construcciones mentales de católicos intentan olvidar ese complejo de culpabilidad, identificando en los judíos al “culpable absoluto”, en tanto que “pueblo deicida”. Es en ese punto en el que aparece el fanatismo. Pero un antifascista responde al mismo esquema. Es imposible que los viejos republicanos hayan olvidado las masacres que se cometieron desde las primeras quemas de conventos, poco después de la proclamación de la República, o Paracuellos, las chekas o las sacas en las prisiones… es mucho más fácil sublimar estos recuerdos queriendo ver en el “fascismo” al mal absoluto, la maldad extrema, metafísica, la encarnación misma del diablo… Así se tranquilizan las conciencias. Es un proceso muy estudiado por la psicología.

¿Para qué va a servir este libro?

Lo digo en la introducción: en primer lugar para informarse (es bueno tener distintas fuentes de información, ampliar horizontes y conocer los porqués y los cómo), en segundo lugar para entretener (reencontrar el placer de leer, de aprender datos poco o nada conocidos, planteamiento inéditos expuestos al margen de lo políticamente correcto y del pensamiento único) y, finalmente, formarse (para poder opinar sobre este tema con criterio). No hay más intención.

 

Ficha técnica:

Páginas: 418

Formato: 15 x 23 cm

Portada: cuatricomía, plastificada, con solapas

Impreso en: papel ahuesado de 80 gm.

PVP: 22,00 euros + 4,00 euros de gastos de envío

Pedidos superiores a 5 ejemplares: 50% descuento.

Contacto: eminves@gmail.com

 

Sumario de la obra:

 

Introducción

 

Capítulo I
Sobre el origen del antisemitismo
Sabettai Zevi y Jakob Frank                 7

La azarosa historia de Sabbetai Zevi...........................   7

Las pervivencias neosabbetianas.............................. 16

La apoteosis sabbetiana: Jacob Frank ....................... 19

Algunas conclusiones................................................ 24

 

Capítulo II
Un siglo de los “Protocolos de los Sabios de Sion”

Un clásico del antisemitismo.............................................. 29

Introducción: disipando equívocos............................ 29

Las fuentes de los Protocolos.................................... 34

Personajes (I) Maurice Joly....................................... 41

Personajes (II) Matvei V. Golovinsky ........................ 44

Personajes (III). Serge Nilus. .................................... 50

Notas a pie de página............................................... 68

 

Capítulo III
Cuando Francia era antisemita. 1880–1906
........................ 85

Antisemitismo y boulangismo................................... 85

Maurice Barrès, un “socialista nacional” antisemita…. 89

El Caso Dreyfus. Eclosión antisemita.......................... 91

Drumont y La Libre Parole......................................... 106

Las ligas antisemitas.................................................. 113

Los carniceros de La Villete y los agitadores de Argel.. 118

 

Capítulo IV
Antisemitismo españolen el siglo XX
................................. 127

Breve recorrido histórico por el
antisemitismo español.............................................. 129

De 1898 a la Dictadura: el filosefardismo.................... 139

Antisemitismo y Segunda República ......................... 145

Una mención específica al padre Tusquets................ 151

Franco: ¿antisemita o filosemita?.............................. 158

Antisemitismo durante el franquismo....................... 164

Otros despuntes antisemitas durante el franquismo. 174

Y llegó la transición................................................... 186

¿Antisemitismo en democracia?............................... 188

Conclusión............................................................... 193

 

Capítulo V
Julius Evola y el antisemitismo

Disipando equívocos, penetrando
entre claroscuros .............................................................. 199

La doctrina de la raza y el estudio del “alma hebrea”.. 200

Los Protocolos de los Sabios de Sión:
“conjura sin plan”..................................................... 214

 

Capítulo VI
Israel: capital Tananarive

El Plan Rademarcher y sus precedentes.............................. 225

Una vieja idea alemana............................................. 227

El antisemitismo polaco y la “solución Madagascar”... 230

La “opción Madagascar” en Rumania......................... 237

Madagascar en el antisemitismo inglés...................... 238

Cruzando el Canal en dirección al Reich..................... 240

Conclusiones: un plan no tan descabellado................ 249

Notas a pie de página:.............................................. 251

 

Capítulo VII
La noche de los cristales rotos

¿Qué ocurrió en realidad? ................................................. 261

¿Por qué se produjo la “Noche del Cristal”? .............. 264

La víctima: Ernst Eduard Vom Rath............................ 264

El asesino: Herschel Grynszpan................................. 266

Las circunstancias de la época................................... 269

El asesinato de Vom Rath.......................................... 272

¿Hubo conspiración en el crimen?............................. 274

Los incidentes y sus dimensiones reales.................... 281

La extensión real del progrom................................... 287

La noticia en la prensa española:
operaciones psicológicas........................................... 291

Margaret Thomsom, la pieza olvidada
en el caso Grynszpan................................................ 297

El asunto de la “defensa homosexual”...................... 302

¿Qué fue de Grynszpan?.......................................... 309

 

Capítulo VIII
Cuando las SS negociaban con el sionismo
…...................... 313

El esquema de los organismo de seguridad en el
III Reich.................................................................... 314

Distintas percepciones de la “cuestión judía”
 en el NSDAP............................................................ 316

Las oscilaciones de la política del III Reich
en relación a los judíos.............................................. 320

El “Plan Mildenstein”................................................ 324

Cuando el SD descubre a Haganá.............................. 330

Complicaciones imprevistas y tensiones insuperables.... 334

El último intento de estimular la emigración sionista.. 337

Algunas conclusiones................................................ 339

 

Anexo
Un subgénero cinematográfico

De los “stalags” judíos a lapornografía antinazi.................. 343

Tres directores “de prestigio” abriendo paso
al porno antinazi....................................................... 345

Nazi-exploitation, situación y rasgos de un subgénero     350

Los arquetipos del subgénero (I). Ilsa, la loba de las SS    357

Los arquetipos del género (II).
Salón Kitty de Tinto Bras........................................... 363

Los subproductos del Salón Kitty............................... 368

Los subproductos de Ilse, la loba de las SS................. 372

Cuando el doctor loco es oficial de las SS… y mujer.... 377

Muerto el cine de Naziexploitation, viene el cine
de Jewsploitation..................................................... 384

El origen de la literatura judía sobre el “holocausto”.. 385

Los relatos stalag o la pornografía judía de los 60....... 388

Hacia una interpretación psicológica.......................... 400

 

 

RHF XXXIV. Sumario

RHF XXXIV. Sumario

Info|krisis.- El número de Octubre de la REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO tiene como tema central la primera parte de un pormenorizado estudio sobre las relaciones entre José Antonio (y, por extensión, Falange Española) y la monarquía. Si hemos elegido este tema es precisamente porque, claro a primera vista, no lo es tanto cuando se realiza una investigación exhaustiva. Tal es una de las funciones que hemos acometido desde el primer número de esta revista: revisar criterios, juicios, mitos, prejuicios, apriorismos y posiciones unanimemente compartidas pero cuyos contenidos no se corresponden con la realidad. La investigación historica debe tener un único móvil: la reconstrucción del pasado tal cual fue. A eso se le llama objetividad. La objetividad, para ser tal, implica no realizar concesiones de ningún tipo. A nada. A nadie. La verdad, sólo.

Nacional-sindicalismo

José Antonio y la monarquía (I de II). Una cuestión compleja…

Los grupos falangistas no son en absoluto monárquicos; cuesta encontrar a algún partidario de la monarquía en sus filas. Todos, casi con unanimidad, se sienten «republicanos», si bien existen discrepancias sobre el modelo de República que persiguen, aunque una mayoría la defina como «república nacional sindicalista». La tesis que sosteníamos en nuestra obra José Antonio y los no–conformistas es precisamente que el fundador de la Falange experimentó una continua evolución política entre 1930 y 1936, que una cosa era lo que José Antonio decía en los discursos y escribía en los artículos, otra lo que hacía como jefe nacional de Falange Española y otra lo que hacían, pensaban y creían los miembros de su propio partido. En relación a la monarquía cabe decir que ese es otro de los temas en los que, a pesar de la aparente unanimidad de los falangistas, no está muy clara la posición personal de José Antonio. Este ensayo está dividido en dos partes: en esta primera presentamos la casuística joseantoniana, sus opiniones en torno a la monarquía y lo que representaban, la concepción aristocrática de José Antonio y las razones que llevaron a la Falange a declararse mayoritariamente como anti-monárquica. En la segunda parte analizaremos las cuestiones históricas y doctrinales de la cuestión.

Nacional-socialismo

El camino hacia el golpe de Munich (II de II).El duro aprendizaje político

En la primera parte de este estudio abordamos las circunstancias específicas de Baviera que contribuyeron a crear el caldo de cultivo más adecuado para que el NSDAP se transformara en una fuerza política emergente y extraordinariamente activa. En esta segunda parte insistiremos en el aspecto activista del partido y en la dinámica impresa por Hitler desde que asumió la jefatura del mismo, así como las circunstancias que llevaron al intento frustrado de golpe de Estado del 9 de noviembre de 1923, poniendo especial énfasis en las relaciones de Hitler con el entorno nacional-conservador que gobernaba Baviera en aquel momento. En su conjunto, este episodio constituirá una preciosa enseñanza para Hitler y para el NSDAP que comprobó que ante una situación socio-económica favorable solamente el activismo desenfrenado aporta frutos y que las fuerzas de la derecha conservadora tendían a ver en cualquier forma de activismo antimarxista un sujeto político a manipular.

Fascismo Italiano

Fascismo y esoterismo (II de III). Los grupos ocultistas bajo el fascismo

En el número anterior iniciamos el estudio sobre las relaciones entre fascismo y esoterismo. En aquella primera entrega describimos la influencia de la Tradición Romana y el intento de algunos sectores del fascismo por revivir el vínculo con el mundo mágico del Imperio. Aludimos a los símbolos imperiales que asumió el fascismo como propios y a cómo se consagró el primer fascio littorio, describimos el rito de la consagración de la Grande Orma y cómo se realizó de nuevo la ceremonia de fundación de Roma en el Palatino en la tragedia Rumon. En esta segunda parte describimos la vida de los grupos ocultistas bajo el fascismo: teósofos, antropósofos, rosacrucianos, presencia de Crowley en Italia. Excluimos a la masonería a la que ya le dedicamos un estudio especial.

Alemania

Los cinco grupos de la Revolución Conservadora ¿amalgama de lo irreconciliable?

Traducimos por primera vez al castellano el capítulo IV de la Die Konservatite Revolution dedicado a describir cada uno de los cinco grupos que componen el movimiento. Esto nos permitirá insertar en el contexto que le es propio, a una serie de organizaciones y tendencias que suelen aparecer dispersas en la historia del primer tercio del siglo XX en Alemania, como dice Mohler «a hombre que parecen no tener nada en común». Völkischen, jóvenes–conservadores, nacional–revolucionarios, movimiento de juventud y movimiento campesino, son las cinco corrientes que conforman la «Revolución Conservadora». Sin esta clasificación es imposible entender lo que fue la «revolución conservadora» y, así mismo, resulta imposible entender la interrelación entre todos estos grupos en relación al ascenso del nacional–socialismo. Esta clasificación demuestra muchas cosas: la variedad y el arraigo que tuvieron estas corrientes en la sociedad alemana, su riqueza intelectual, el haber impregnado a distintos grupos sociales y, finalmente, el haber creado un clima cultural favorable al ascenso del nacional–socialismo

Ficha técnica:

250 páginas

Formato 15x21 cm

Portada cuatricomía con solapas

Ilustrado

PVP: 18,00 euros (50% de descuento para librerías y grupos) + 3,00 de gastos de envío.

Pedidos: eminves@gmail.com