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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Fin de ciclo

Fin de ciclo

Info|krisis.- El debate ya no está en el parlamento.- El pasado debate sobre el Estado de la Nación fue, sin duda, el último en el que el “líder de la oposición” es un socialista. Tan cierto como que éste ha sido el último debate de la legislatura. Una vez más, la discusión no interesó mucho al ciudadano de a pie. Los medios que quisieron convertirlo en un espectáculo bajaron en las audiencias y el resultado mismo de la encuesta sobre quién resultó vencedor no dejó lugar a dudas: para los medios próximos al PP ganó Rajoy, para los medios próximos al PSOE, ganó Sánchez. Ambos por la mínima… Pero en este debate se ha producido algo mucho más importante que todo eso: por primera vez el debate no estaba en el Parlamento, sino fuera.

Era la vigésimo quinta edición del debate sobre el Estado de la Nación. Como si se estuviera cerrando un ciclo, y a pesar de que el parlamento se vistió con sus mejores galas y los señores diputados intentaron mostrar la parte más constructiva de sí mismos, el debate interesó a muy pocos. Es significativo que de este debate lo que la mayoría de ciudadanos recuerdan pasado una semana, es que, mientras Rajoy desgranaba monótonamente sus propuestas (un anticipo del programa electoral del PP), Celia Villalobos era pillada in fraganti jugando al Candy Crush con ese tablet tan bonito que tiene todo diputado pagado con cargo al presupuesto nacional.

Porque de este debate sobre el estado de la Nación no quedará nada, salvo la zafiedad de la presidenta accidental del Congreso (Jesús Posada hubo de ausentarse unas horas). La Villalobos siempre ha alardeado de que, en su juventud, fue de izquierdas y que estuvo cerca del PCE. Nadie lo ha confirmado, así que es posible que sea pura invención destinada a preparar puentes cuando haya que cambiar nuevamente de chaqueta. La Villalobos lo ha hecho en varias ocasiones (fue funcionaria de la Organización Sindical franquista) y, por aquello de la coherencia, se presenta hoy como “representante del ala social-demócrata” del PP. De tanto en tanto logra llamar la atención, no por lo que dice, ni por lo que hace en función de su cargo, sino por alguna polémica (aparecer en El Club de Flo como monologuista, enzarzarse a insultos con la Rahola en 2011, llamar a los discapacitados “tontitos” ese mismo año y tratar a un diputado de “machista” por haber recordado la incompetencia inventariada de Ana Mato). Ella es así.

Obviamente, el asunto del Candy Crusch no es ni siquiera significativo de la haraganería que se ha instalado desde hace décadas en congreso de los diputados. Las “señorías” que asisten a las sesiones, o están durmiendo, o leen la prensa, o utilizan los móviles y tablets para llenar su tiempo de ocio en los asientos del congreso. Y para votar lo que el jefe de grupo parlamentario indica. Poco más. Lo sabemos todos y sería filisteo cebarnos sobre la Villalobos sólo por una fruslería de este tipo. Ahora bien, si la mencionamos es porque Celia Villalobos está casada con Pero Arriola Ríos, eminencia gris del PP y diseñador de la estrategia de este partido. Y este personaje es mucho más interesante que su cónyuge.

A Arriola no se le escapa que el ascenso vertiginoso de Podemos es fruto del desencanto acumulado en la izquierda española desde los tiempos de Felipe González y que solamente ahora ha cristalizado en algo tangible. Arriola es perfectamente consciente de la crisis de la socialdemocracia (de la “de verdad”, no de la que dice su mujer) y de que al PSOE le quedan pocos meses para evidenciar su hundimiento irreversible. Las ambigüedades del PSC catalán, los conflictos internos en la Federación Socialista Madrileña, el tufo a corrupción generalizada que emana el Partido Socialista en Andalucía desde los tiempos de Juan Guerra, pero sobre todo, el celo que puso Zapatero en salvar a la banca y a la patronal de la construcción, destruyeron las bases del ideario socialdemócrata que defendía la cohabitación entre el capitalismo y las medidas sociales avanzadas. A la hora de la verdad, ante la primera gran crisis, el socialismo, decidió apoyar a los “señores del dinero”. Y eso significó la liberación de un amplio espacio de izquierda que ahora están ocupando a marchas forzadas los “indignados” de 2010 con la sigla Podemos.

A Arriola no se le escapa la novedad del último debate sobre el estado de la nación: el parlamento representa ya muy poco. Es el altavoz del gobierno para anunciar medidas propias de años electorales. Pero nada más. No es que no sirva para nada, es que sirve sólo como cualquier polideportivo de arrabal, para iniciar campañas electorales y lanzar mensajes que pocos oirán en directo, pero que al día siguiente transmitirán los medios.

La novedad en esta edición no ha sido que los debates interesaran menos de otros años, sino que, incluso los medios, estuvieron más pendientes esos días de las declaraciones de Albert Rivera, líder de Ciudadanos y valor en alza en el nuevo centro político, y del acto de Podemos en el Círculo de Bellas Artes, que de lo que se decía en el Congreso. Ni Pablo Iglesias, ni Ribera, son diputados del Congreso. Y, sin embargo, son las opciones ascendentes en la política española.

Lo que ocurrió esos días en el debate es que se enfrentaron “pasado” (los señores diputados, con sus bostezos, su sopor, sus tablets, sus diarios, su Candy Crush) frente al “futuro” (un Ribera que todavía no se mueve bien fuera de la temática anti-independentista pero que parece el niño que toda mamá de derechas quisiera tener o un Pablo Iglesias que ejerce de último vástago arquetípico de una familia de izquierdas), el parlamento frente a la calle, lo que está muriendo frente a lo que está dando sus primeros pasos. La mayoría de edad política de Ciudadanos y Podemos la alcanzarán en las próximas elecciones.

Se está acabando un “mundo”. Es cierto que Rivera se aferra a “la constitución”, pero él será el primero en advertir que la constitución de 1978 estaba hecha a medida de los dos grandes partidos que han gobernado en los últimos 38 años y de los nacionalistas que les acompañaban. No a su medida. Antes o después, Rivera tendrá que asumir aquello que en la nueva izquierda de Podemos ya está claro: que el actual marco constitucional está más que agotado y que se trata de abordar una profunda reforma. Cómo se haga esa reforma, sobre qué bases y con qué mayoría social, es otra historia. Precisamente, el drama español en esta segunda década del milenio consiste en que nunca como hoy fue tan necesario un nuevo marco legal, nunca una constitución dio tantas muestras de estar muerta y enterrada, pero nunca como hoy existieron tan pocas fuerzas políticas, mediáticas y económicas, capaces de esponsorizar un nuevo proyecto comunitario.

Hay solamente dos opciones (la de que “las cosas seguirán como hasta ahora por siempre jamás” no es opción, sino fantasía producto de las inercias de los últimos 38 años; las elecciones andaluzas se encargarán de demostrarlo en breve) para los próximos meses:

1. Las distintas consultas electorales demostrarán la pérdida de vigor del PP y el hundimiento del PSOE. El PP seguirá siendo mayoritario pero precisará un socio. El PP entenderá que la “limpieza” que propone Ciudadanos es muy arriesgada para un partido que lleva décadas ejercitando “malas prácticas”. Además, una eventual alianza con Ciudadanos arruinaría la política del PP en relación a Cataluña: dejar que CiU se reconstruya en tanto que es más “tratable” que ERC  o que una coalición CiU-ERC. Por tanto, la mejor opción para el PP no es otra que la de pactar una “gran coalición” con lo que quede del PSOE, en la esperanza de que entre ambos tengan mayoría absoluta. Una coalición de este tipo sería bien acogida por la mayor parte de medios de comunicación y por la patronal, pero desorientaría a las bases de ambos partidos.

2. Podemos, una vez confirmado su papel hegemónico en la izquierda tendería una mano al resto de fuerzas de ese sector político (restos de IU, fragmentos del PSOE, grupos de izquierda en las autonomías) para formar una “mayoría social de izquierdas” que reformara profundamente el sistema. Esta segunda opción sería un “frente popular” que inmediatamente –como ha ocurrido en todos los frentes populares que ha visto la historia- evidenciaría contradicciones, tensiones y conflictos internos. La izquierda tiene fuerza social suficiente como para poner en jaque a la derecha, pero no la necesaria para realizar una reforma constitucional “de izquierdas”… de la misma forma que parece dudoso (y Arriola fue de los primeros en advertirlo) que ni siquiera una “gran coalición” daría mayoría parlamentaria para aplicar reformas constitucionales que fueran algo más que cosméticas.

El caso de Syriza ha demostrado que la “nueva izquierda populista” tiene un “arranque de caballo y una parada de burro”. Situados ante el abismo de la salida de la UE y de la zona Europa, Syriza ha rebajado sus exigencias a la troika de Bruselas, ha detenido su programa de reformas y… en menos de un mes se ha “socialdemocratizado”. En los próximos días veremos el coste que tiene en la calle esta actitud contradictoria con sus propuestas electorales. No es una buena noticia porque indica hasta qué punto “Europa” está gobernada por el Bundesbank.

Cuando la derecha se reafirma en sus ataques a Podemos presentando a esta formación como la quinta columna del bolivarismo en España, se equivocan en el enfoque. En este país, el que un partido reciba contribuciones desde el extranjero se considera casi mejor a que viva defraudando y desviando dinero de la Hacienda del Estado Español. El escaso interés que suscitó la reciente manifestación anti-Maduro y anti-Podemos evidencia que la derecha sigue equivocándose en su enfoque del caso Podemos. Es hacia Grecia hacia donde deberían fijar la vista. Allí, un partido similar a Podemos, alcanza el poder y en menos de un mes decepciona a buena parte de su electorado, zambulléndose en la realpolitik demostrando que las promesas electorales no valen absolutamente nada. En España, país mucho más complejo que Grecia, pasará exactamente lo mismo. El utopismo de Podemos suscita escepticismo en cuanto a sus posibilidades de aplicación. Claro está que fijar la mirada en Grecia tiene la contrapartida de que tenemos a tres horas de vuelo en Ryan Air un país que ha sido literalmente machacado por políticas neoliberales: primero se le conceden créditos, a sabiendas que los datos que da sobre sí mismo son falsos, luego se le exige el pago de la deuda obligándole a privatizar todo lo privatizable. Nada que no se hubiera visto en Iberoamérica desde los años 80. No es raro que la derecha prefiera fijar la vista en Venezuela, más lejano, más oscuro y con un gobierno “bolivariano” enquistado desde hace casi veinte años.

¿Qué nos espera? Inestabilidad. Lo hemos dicho varias veces. Ya sea mediante las dos únicas fórmulas posibles que tenemos ante la vista después de las próximas elecciones (o “gran coalición” PP+PSOE o “coalición de izquierdas” en torno a Podemos) se abre ante nosotros un largo período de inestabilidad política. Lo sabe el PP, lo sabe el PSOE, lo saben todos los actores de primera fila, lo sabe especialmente Arriola. Quizás, la que todavía cree que va a poder seguir años y años  con el Candy Crush es su esposa.

© Ernesto Milá – Info|krisis – ernestomila@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Necesidades y "valores"

Necesidades y "valores"

Info|krisis.- En la derecha aparecen ligeras fisuras, pero nada comparable con las grietas que emergen de la izquierda. Si la izquierda está más en crisis que la derecha ha sido porqué esta sigue teniendo presente para qué clase social trabaja (la alta burguesía y los gestores del neoliberalismo), mientras que la izquierda ha sufrido un proceso de confusión mental (creada en el XIX para satisfacer las aspiraciones políticas del proletariado, de esa intención inicial solamente queda hoy en España la “O” de “obrero” con que se adorna la sigla del partido socialista). Esto nos lleva a establecer un axioma: “para edificar una alternativa política hace falta tener claro desde el principio qué clase social apoyará el mensaje que se pretende transmitir”, axioma que puede enunciarse también de otra manera: “si se quiere progresar en política es preciso dotarse de un mensaje que encarne las necesidades y los problemas de un grupo social concreto”. Si el populismo triunfa en Europa, pero está ausente en España, es precisamente por la incapacidad que se ha demostrado en nuestro país para asumir tal axioma.

¿Populismo? ¿Es asumible la palabra populismo?

Debió ser en el junio de 2001 cuando el partido Democracia Nacional invitó a Martín Beaumont a su universidad de verano para dar una conferencia sobre “populismo”. Yo que asistí a la charlita me llevé la impresión de que eso del “populismo” era “dar la razón al pueblo” y dar por supuesto que “el pueblo” siempre tiene “sanas reacciones”. Lamentablemente las cosas son mucho más complejas en nuestra atribulada época: haría falta recurrir a Ortega y Gasset para advertir que hoy no existe “pueblo” como tal, sino una “masa invertebrada e inorgánica” que es el reflejo previo de la atomización de la sociedad, con el olvido de los aspectos comunitarios y la colocación en el primer plano del repliegue a lo individual.

No puede existir “populismo”, en rigor, porque el “pueblo”, simplemente, ha dejado de existir y en su lugar lo que hay son unos intereses difusos que ni siquiera cristalizan en una voluntad de cambio, sino que, como máximo, son algo parecido a cañas que se mueven según la dirección del viento, siendo el viendo, las modas que, de tanto en tanto, son asumidas por sectores sociales. Lo que se llama “populismo” son, en realidad, movimientos de protesta que aparecen en situaciones extremas y que se exteriorizan solamente en períodos electores, sin generar movimientos sociales de renovación capaces de alterar los fundamentos de un sistema político.

La palabra “populismo” se aplica en sentidos muy diferentes: en ella se suelen englobar tanto a los movimientos bolivarianos de Iberoamérica, como a la extrema-derecha de algunos países europeos o a la derecha alternativa de otros, o incluso al simple euroescepticismo. En España, no es que nadie sea “populista”, sino, por el contrario, que todos pretenden serlo: desde el PP hasta IU, pasando por todas las variedades de izquierda, centro y derecha, todos parecen estar de acuerdo en que… hay que dar la razón al pueblo, por lo menos en fechas pre-electorales.

En el fondo, hoy, aquí y ahora, un “populista” es alguien que quiere que “el pueblo” le instale en una poltrona. No hay, pues, populismo en España, en tanto que apenas existe debate de ideas, ni proyectos ilusionantes a la derecha, ni hacia el centro, ni hacia la izquierda. Incluso cuando Podemos, intenta llegar a las masas (ver el vídeo de esta formación en la anterior campaña electoral europea) lo hace con un mensaje deliberadamente ambiguo y… “populista”.

La palabra “populismo” no parece, pues, la más adecuada para definir a una opción política y es frecuente, incluso, que sean los adversarios más enconados los que utilicen esta palabra como arma arrojadiza contra quienes pretenden estigmatizar.

Elegir entre necesidades o predicar valores

Las condiciones objetivas que impone una sociedad a quien pretende actuar sobre ella son las que son y no pueden modificarse en la medida en que una opción política alternativa no dispone de fuerza suficiente como para operar tales condiciones. En una sociedad como la española en la que existe paro, corrupción, mala gestión de recursos, acumulación de renta en las capas más altas y disminución del poder adquisitivo en el resto de la pirámide social, inmigración masiva, redes bancarias y poder de unas corporaciones que neutralizan cualquier gesto de carácter social de los Estados… los valores están casi completamente ausentes de la sociedad y son patrimonio de exiguas minorías en tanto que sirven a sus intereses

Cuando se habla, por ejemplo, de la “libertad educativa” y de la libertad para elegir centro de estudios, es evidente que todo el mundo tiende a apoyarla, pero que muy pocos están dispuestos a luchar por ella. Y si otros temas, aborto por ejemplo, parecen generar más encono, luego, a la postre, todo queda a una manifestación cada cierto tiempo que finalmente, el PP absorbe sin dificultad a sabiendas de que el público de derechas es siempre poco exigente, conservador, conformista y contento con que el líder de la derecha, dé un revolcón de tanto en tanto al líder de la izquierda. El cliente de las derechas no pide nunca mucho más.

En una sociedad atomizada y que padece una crisis endémica de “valores”, una alternativa no puede partir de algo que la sociedad no experimenta como vital, sino de algo más profundo y esencial: las necesidades.

Necesidad de trabajo, necesidad de seguridad (el primero de todos los derechos humanos sin el cual todos los demás son mera ficción), necesidad de estabilidad, necesidad de prosperidad, necesidad de bienestar… y esas necesidades solamente pueden satisfacerse mediante programas radicales que, si bien, no tienen posibilidades de aplicarse a corto plazo, a partir de ellos es posible, encarnar las aspiraciones de algunos grupos sociales, movilizarlos y convertirlos en arietes para una reforma permanente del sistema, especialmente en tres aspectos: modelo económico, Estado del Bienestar y soberanía nacional:

Modelo económico: ruptura con la globalización, superación del neo-liberalismo, basar la recuperación al sector público dependiente de un Estado reconstituido y capaz de disciplinar a los mercados y desembarazarse de los “señores del dinero”. Renegociar el Tratado de Adhesión con la UE, el pago de la deuda y el futuro del Euro.

Estado del Bienestar: contra el Estado de las Autonomías que se come al Estado del Bienestar, por un Estado que sitúe en primer plano las conquistas sociales que se realizaron entre los años 30 y 50 y garantizar los servicios sociales, asistenciales y educativos básicos y de calidad.

Soberanía Nacional: revalorización de la nacionalidad española, política propia de contención de la inmigración masiva, nuevo modelo de relaciones internacionales, ruptura con el eje atlántico de la OTAN.

En la medida en la que los problemas de soberanía nacional repercuten en el modelo económico y que solamente con una economía saneada puede reconstruirse el Estado del Bienestar, estos tres temas están íntimamente imbricados y forman un conjunto coherente de causas y efectos, análisis de problemas y soluciones, necesidades y respuestas.

¿A quién dirigirse?

Un programa que contenga estos tres elementos no responde a los intereses “globales” de la sociedad, sino al de determinados grupos concretos:

1) clase obrera autóctona pobre,

2) la pequeña burguesía con riesgo de empobrecimiento y

3) la juventud precarizada que debe elegir entre mileurismo y exilio económico.

Estamos hablando de “patriotismo social”, esto es, de la consideración de que todos los ciudadanos nacidos en una misma nación –derecho de sangre- tienen derecho, por pertenecer a esa nacionalidad, a vivir dignamente, con seguridad, con perspectivas de progreso y con las necesidades vitales cubiertas.

Llevamos casi 40 años viviendo de “valores”: la constitución española es una declaración de valores y principios democráticas que siempre, inevitablemente, se quedan ahí, en meras declaraciones, todavía más hirientes en la medida en la que contrastan con una realidad social cada vez más alejada precisamente de esas grandes declaraciones de principios. Lo que una sociedad descompuesta, indefensa, atomizada, invertebrada, económicamente empobrecida, requiere hoy identificar sus grandes necesidades y una fuerza política capaz de presionar para que se aplique una sucesión de reformas que aumente su seguridad en el futuro, su prosperidad y su tranquilidad.

El “patriotismo social” ha demostrado en toda Europa responder mejor a las necesidades de las clases trabajadoras, de los intereses de las clases medias con riesgo de empobrecimiento y de las necesidades, incluso, de reforma de la Unión Europea. Y lo han sido en virtud de programas radicales (es decir, que afrontan la crisis desde la raíz y proponen reformas profundas en las estructuras políticas y en los modelos económicos del sistema).

Cuando la simple promesa de recuperación económica ya no basta para tranquilizar a los tres grupos sociales que hemos mencionado, los que están sufriendo con mayor intensidad la desaparición del Estado del Bienestar, cuando no hay absolutamente ningún elemento que permita asegurar a estos grupos sociales que su situación mejorará en los próximos años, las necesidades de estos grupos sociales son el arma más poderosa para conseguir poner palos en los engranajes más despiadados del sistema económico-político, la santa alianza entre los señores del dinero, las corporaciones y los partidos que han gobernado en los últimos 40 años. Repitamos: clase obrera autóctona pobre, clase media con riesgo de pauperización y jóvenes, son los sectores sociales a los que debe ir dirigido el mensaje del patriotismo social.

La alternativa del patriotismo social debe hacer de las necesidades de estos grupos sociales una bandera. Debe y puede hacerlo en la medida en la que la mayoría de militantes que hoy componen este ambiente, pertenecen precisamente a estos grupos sociales. No están luchando por otra cosa, más que por sus intereses y de los que son como ellos.

(c) E. Milá - infokrisis - ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

¿La economía va bien?

¿La economía va bien?

Info|Krisis.- La única carta que el PP va a poder esgrimir en este año plurielectoral es la “buena marcha de la economía”. El hecho mismo de que lo hayamos colocado entre comillas ya indica que podemos en duda tal estado de beatitud de nuestro rumbo económico. En realidad, lo que está ocurriendo es que la bajada de los precios del combustible ha enmascarado temporalmente la situación real. Por lo demás, el “crecimiento económico español” sirve solamente para cubrir –y a duras penas– los intereses de la deuda. En absoluto para disminuirla. Y mucho menos para generar “riqueza” a disposición de la sociedad. Esta es la situación real. Y, no nos engañemos, dista mucho de ser halagüeña.

Cuando el crecimiento económico no hace posible el pago de la deuda y la disminución de la misma es que la economía “no va bien”. Y las cifras son particularmente duras y decepcionantes para el gobierno: el Estado adeuda ligeramente algo más de un billón de Euros. Lo que no está mal y supone una de las deudas más elevadas del planeta. Pero nos equivocaríamos si pensáramos que este es el único problema que tenemos: la deuda de las empresas es incluso mayor y asciende en estos momentos y después de siete años de restricción del crédito, a 1,3 billones de Euros. Aunque la banca abriera de par en par las espitas del crédito parece difícil que esta cifra se lograra cubrir en las próximas décadas.

Y luego, finalmente, está la deuda de las familias que se va aliviando en la medida en la que las “familias” han ido restringiendo el consumo (entre otras cosas porque los bancos les han cerrado las puertas del crédito): hoy adeudan 650.000 millones a pagar. En total, nuestro país y todos nosotros debemos la estremecedora –e impagable– cifra de TRES BILLONES de Euros.

Incluso considerando las cifras y las previsiones más favorables dadas por el gobierno, a lo largo de 2015 no permitirán pagar ni siquiera los intereses de la deuda. Las cifras no las doy yo sino Niño Becerra: España este año crecerá unos 25.000 millones de euros… y tendrá que pagar 36.000 millones de euros de intereses.

No se trata de que situaciones similares se den en otros países desarrollados (solamente la deuda pública en EEUU supera los 12 billones de Euros), sino de que toda esta deuda es impagable incluso a larguísimo plazo.

Por lo demás, es sabido que la economía solamente va bien para los “grupos de caza” y los “tiburones” de los fondos de inversión, los bancos y, en general, el gran capital especulativo. No para la sociedad. Y es importante retener esta idea: nuestros gobiernos, ya no trabajan para nosotros los ciudadanos, trabajan, fundamentalmente, para mantenerse en el poder (a la vista de que los grandes negocios solamente se hacen a la sombra del poder) y son los grandes grupos económicos los que les permiten mantenerse en el poder.

La sensación que dan los gobiernos en la actualidad es el deber su posición a los resultados electorales pero no gobernar para sus electores sino para mayor gloria de los intereses de los señores del dinero. Soros lo ha dicho y lo ha repetido: “los mercados gobiernan cada día; los ciudadanos una vez cada cuatro años” no es rigurosamente cierta: los mercados gobiernan cada día, no solo porque condicionan las decisiones de los gobiernos, sino porque utilizando a los consorcios mediáticos, conforman la opinión pública de los votantes.

El problema económico no se ha iniciado ahora. Las tendencias actuales tienen su origen a finales de los años 70, cuando se iniciaron en el Reino Unido con Margaret Thatcher la oleada de privatizaciones que consagró al neoliberalismo como única doctrina asumible para las élites económicas. Desde entonces el poder adquisitivo de los salarios no ha hecho nada más que disminuir y los gobiernos, con la excusa de “incentivar la economía” han ido aumentan la presión fiscal sobre las rentas procedentes del trabajo y disminuyéndola a las rentas procedentes del capital.

Hay “democracia” para elegir los gobiernos, pero no para aplicar políticas que redunden en beneficio de los electores. Se gobierno para los “señores del dinero” con los votos de una sociedad cada vez más contraída en sí misma, que siente sobre sus cabezas el miedo a la espada de Damocles del empobrecimiento y con mayores riesgo de pauperización.

Una economía sólo puede “ir bien” cuando la sociedad –es decir, cada una de las personas que la componen– va bien. Cualquier otra cosa es “vanidad de vanidades y mecerse en el viento”. La economía española no va bien, precisamente porque los nuevos empleos que se crean (y que se destruyen casi a la misma velocidad) no garantizan lo esencial para el mantenimiento de una sociedad y para su prolongación en el tiempo: salarios dignos para formar nuevas unidades familiares, para llevar una digna con posibilidades de progreso, para no vivir con miedo a la finalización del contrato o a los años de paro que siguen al corto período como becario y al largo período de estudios, con unos servicios sociales básicos y de calidad (no simplemente para cubrir el expediente a mínimos).

Por todo esto, no vale la pena discutir: la economía no va bien, tal como queda demostrado, por la sencilla razón de que la sociedad no lo percibe. Lo que va bien es algo muy diferente: lo que va bien es la economía especulativa y el destino de los “señores del dinero”, un concepto que tiene poco que ver con la economía real, la productiva, la que absorbe y paga mano de obra y la que se traduce en unos niveles salariales aceptables y la producción de bienes tangibles. Una economía no “va bien” cuando los informes más optimistas asumen que en la mejor de las hipótesis el paro en España se enquistará ad infinitum en un 18%.

Si esta es la previsión de instituciones económicas dignas de toda confianza, los gobiernos deberían empezar a pensar en aprobar un salario social o de lo contrario se van a encontrar con una quinta parte de la ciudadanía completamente desasistida especialmente en un tiempo en el que las perspectivas para una economía como la española que depende en buena medida de la marcha de la economía en Iberoamérica (que no es en estos momentos buena y que cada día está evolucionando de manera más negativa especialmente en Argentina y en Brasil).

El dinero para este salario social está ahí, solo que mal distribuido: es el que se emplea en mantener el costoso e inviable “Estado de las Autonomías” (que se va comiendo cada día que pasa, más y más, al Estado del Bienestar) y del mantenimiento de una bolsa de inmigración subvencionada que desde que llegó ha servido solamente para desestabilizar el mercado de trabajo, mantener los salarios a la baja y descoyuntar un poco más a nuestra sociedad mediante el ingreso de ocho millones de recién llegados, n su mayoría sin formación laboral que, lejos de proporcionar un valor añadido a nuestra economía se han configurado siempre como un lastre.

La concesión de un salario social no es una medida que pueda adoptarse aisladamente, sino que solamente podría implantarse dentro de un marco de reforma del Estado y de la Sociedad. Se sabe los excesos a los que se ha llegó en Andalucía con el PER y, por otra parte, una legión de toxicómanos no puede beneficiarse permanentemente de un subsidio simplemente porque su adicción no les permite trabajar; sin olvidar la legión de vagos o defraudadores que, desde Rinconete y Cortadillo siempre han estado presentes en la historia de España: nadie da algo a cambio de nada. Trabajos sociales, formación efectiva, deberían de ser las contrapartidas para la percepción de un salario social.

En cualquier caso, teniendo en cuenta que en estos momentos los algo más de 5.000.000 de parados podrían reducirse en algo menos de la mitad mediante la repatriación de los casi tres millones de inmigrantes en paro de larga duración, la implantación de un salario social sí sería viable. A condición, naturalmente, de una reforma global de la sociedad.

Es evidente que dentro de esta reforma, uno de los aspectos fundamentales es el “modelo económico”. España, que podría ser el “granero de Europa”, gracias a un mal acuerdo suscrito con la Unión Europea en tiempos de Felipe González, va viendo cómo se extingue su capacidad agrícola. El desarrollo del sector primario de la economía, sobre bases nuevas, parece una buena opción. Si lo fiamos todo a la capacidad industrial advertiremos que en la actualidad, en el mundo, existe una sobreproducción que hace inútil cualquier intento de competencia en este terreno.

No podemos olvidar, finalmente, que el destino de España está íntimamente ligado –nos guste o no– a los de los países de nuestro entorno político (UE) y de nuestro ámbito cultural (Iberoamérica). La interrelación entre las economías es tal que obliga a “pensar juntos” con otros países. Ese “pensar justos” se debe basar en tres hechos reales (el agotamiento creciente de materias primas, lo impagable de la deuda mundial y una elevadísima capacidad industrial que lleva directamente a la sobreproducción en cualquier rama de la economía) que deben ser relacionados con los problemas específicos de nuestra economía y de nuestro Estado (inviabilidad del Estado de las Autonomías, exceso de inmigración, paro estructural de 1/5 parte de la población laboral). Solamente interrelacionando todos estos factores puede encontrarse la fórmula final correcta que aplicar a una sociedad sedienta de progreso, distribución de la riqueza, trabajo y seguridad.

Y para ninguno de estos elementos, el PP tiene respuesta, salvo el mantra de que “la economía va bien”.

© Ernesto Milá – Info|krisis – ernestomila@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Asimetría del caos

Asimetría del caos

Info|krisis.- Las últimas encuestas de opinión muestran que la erosión del PSOE es irreversible, mientras que Podemos se ha estancado e IU no se recupera. El PSOE solamente resiste, mal que bien, en Andalucía, acosado por procedimientos judiciales pero con una estructura clientelar que le da cierta tranquilidad. Mientras, ERC, compitiendo por ser el partido mayoritario en Cataluña, ve, horrorizada, como el voto de protesta abandona el soberanismo y se orienta hacia Podemos. ¿Y a la derecha? ¿Cómo está la derecha ante la crisis de las formaciones hasta ahora mayoritarias que se inició en las pasadas elecciones europeas? Esta es la cuestión: la derecha, está, a pesar de los pesares, resistiendo mejor.

Vaya por delante que, en las actuales circunstancias, cuando cualquier empresa de sondeos acepta firmar no importa qué resultados, con tal de que el beneficiario de los datos los pague bien, fiarse de las encuestas resulta algo imprudente. La última encuesta publicada por El País, dando como vencedor en Madrid al PSOE es algo más que increíble: es la muestra de que la opinión pública puede ser manipulada como se manipula un bloque de arcilla. Todo depende, pues, de quien publique las encuestas, de en qué momento se publiquen y si encajan o no con la percepción que tenemos de lo que está ocurriendo en la calle.

El que una encuesta pagada por La Razón  y realizada por NC Report (una las empresas que, por cierto, más fallan en las encuestas a pesar de alegar que trabajan con una muestra más amplia) indicara el pasado 15 de febrero que el PP conserva un 29,3% de votos o que Ciudadanos experimenta un crecimiento importante, o que Podemos se ha estancado, no sería demasiado, sino fuera porque la percepción directa de la realidad abona es posibilidad.

Podemos estancado. Ciudadano en ascenso

En efecto, las campañas contra Podemos, intentando erosionar la credibilidad de su equipo dirigente vinculándolo a defraudaciones al fisco, subvenciones inconfesables, pagos por trabajos no realizados, e incluso enriquecimientos súbitos, ha terminado cortando el irresistible ascenso de esta formación. No es que sus miembros se hayan resentido con estos datos (en la medida en que se alimentan de circuitos propios de información), sino que su publicación ha contribuido a cortar su crecimiento, especialmente en aquellos que no estaban integrados en las tupidas redes sociales que rodean a esta formación.

En lo que se refiere al crecimiento de Ciudadanos es un efecto directo de la crisis interior de UPyD que difícilmente levantará cabeza como no sea aceptando ir a remolque de Albert Rivera. Sin olvidar que la irrupción de este último en distintas tertulias de varios canales de televisión ha contribuido a facilitarle el salto a la fama desde Cataluña a todo el Estado. La cuestión a discutir y lo que no parece tan evidente es de dónde proceden los nuevos simpatizantes de Ciudadanos. Una parte está compuesta por gente joven (en Cataluña esto es muy perceptible: la gente joven no nacionalista, en principio apolítica, vota a Ciudadanos). Otro contingente procede del centro político “puro”, espacio del que Ciudadanos está decidido a apropiarse y que, desde la desintegración del CDS y, especialmente, de UCD, ha estado huérfano y disputado por el centro–derecha y el centro–izquierda. Es en este “centro” en donde se están erosionando tanto el PP como, especialmente, el PSOE. De ahí le vienen los votos a Ciudadanos.

¿Por qué el PP “aguanta el tirón”?

Finalmente, la presencia de Rajoy en los medios alardeando de buenas cifras económicas, es recibida por los electores de la derecha con alegría y les reafirma en que su opción es la única que puede sacar a España de la crisis económica. El hundimiento del PSOE ha hecho lo demás. En realidad, la situación económica no está tan bien como el gobierno pretende: la propia banca privada española sabe que sus beneficios en Iberoamérica se están recortando, el sector inmobiliario tiene como compradores a fondos de inversión o a grandes empresas en vistas a descender su cuenta de beneficios ahorrando pago de impuestos.

Con el mercado laboral estabilizado, la creación de nuevas empresas a cero, las exportaciones estancadas, el único dato real es que la prima de riesgo se sitúa por debajo de los 100 puntos… demostrando solamente que el Estado Español paga sus deudas (sin olvidar que lo que se está pagando hasta ahora, después de siete años de austeridad, son ¡los intereses de la deuda!, no el mayor de la deuda que sigue por encima del billón de euros).

Sin embargo, el gobierno sabe –todos los gobiernos lo saben– que repitiendo una mentira mil veces, logra evitarse afrontar la realidad. Tal es la estrategia del PP para evitar la sangría de unos votos que podrían ir hacia la derecha de la derecha o el nuevo centro que se divisa en el horizonte. El PP, por tanto, “aguanta el tirón” porque dispone de los recursos del poder para transmitir una mentira: el de que la crisis ha quedado atrás.

La reciente crisis del PSOE madrileño ha evidenciado más y más disputas internas en un partido que está atomizado “horizontalmente” (cada vez las antiguas “federaciones”, convertidas en partidos autónomos, elaboran estrategias propias de supervivencia) y sufre enfrentamientos “verticales” (entre distintos dirigentes por la elaboración de las candidaturas, entre “barones regionales” y dirigentes nacionales, entre distintas actitudes estratégicas: pactar en el futuro con el PP, o con Podemos).

El cuadro–resumen de estas tendencias centrífugas lleva inevitablemente al estallido del PSOE o bien a su desplome electoral que precederá a la desintegración orgánica. Ésta tiene hitos: ver cuál es el resultado de las elecciones andaluzas (Susana Díaz ganará, claro, pero ¿por qué margen? ¿con quién pactará?), esperar a las elecciones municipales (en las que el partido perderá cientos de concejalías y alberga solamente la quimera de “conquistar Madrid” como buque insignia que oculte momentáneamente la verdadera dimensión de la crisis del partido) y rezar para que el 27–S quede algo del Partido Socialista de Cataluña.

Asimetría en la desintegración del régimen ¿por qué?

Parece evidente, a estas alturas, que existe una asimetría en la velocidad con que las fuerzas que dieron lugar al régimen de 1978 se están descomponiendo. Resumimos: la derecha soporta mejor el golpe que la izquierda. La recomposición de fuerzas parece afectar especialmente a todo lo situado desde la frontera entre el centro–derecha y el centro hasta la izquierda. Mientras este amplio sector del mapa político está en plena efervescencia, el PP no se está viendo afectado por sus propios escándalos (que no son pocos y ante los cuales, las especulaciones de los dirigentes de Podemos parecen un juego de niños), ni por una gestión de la crisis que, en realidad, no pasa de ser un enmascaramiento de la misma, ni por la ausencia de grandes reformas. ¿A qué se debe esta actitud?

La respuesta está en casi cuarenta años de bipartidismo. Frecuentemente, los electores no han votado al PSOE o al PP, sino “contra el PSOE” y “contra el PP”. El electorado de izquierdas teme las medidas antisociales de la derecha, mientras que el electorado de derechas está muy alerta sobre alzas impositivas y medidas de “ingeniería social”. Unos achacan a los otros las más altas cotas de corrupción, la mayor ineptitud en la gestión de problemas como el terrorismo, la cuestión autonómica y las libertades… y viceversa. Una muestra de la “hemiplejia” mental de la que hablaba Ortega y Gasset hace 90 años.

En la medida en la que la crisis del PSOE se ha exteriorizado antes, el electorado de derechas celebra este hundimiento, transforma su odio hacia el PSOE en desprecio, y traslada su agresividad contra Podemos: en las próximas elecciones veremos como el PP se presenta como el “voto útil” contra Podemos, sabiendo que, en caso de no obtener mayoría absoluta (lo cual parece probable), deberán optar por un gobierno de coalición con lo que quede del PSOE. El primer paso ya está dado: es la firma del Pacto Antiterrorista. Cuando la derecha haya desplazado toda su animadversión hacia Podemos, el PSOE será presentado como garante de la constitución de 1978.

El otro factor que ha garantizado el desgaste de la izquierda, pero ha contribuido al mantenimiento de la derecha ha sido la ausencia de un debate de ideas en este último sector. Mientras que el movimiento del 15–M sacudió a la sociedad española y abrió el interés de los informativos por lo que se estaba cociendo en la calle, convirtiendo a un oscuro profesor de Políticas con coleta en tertuliano habitual, la derecha consiguió reabsorber toda muestra de disidencia que podía surgir en sus márgenes. Al final, cualquier “disidente” se conformaba con publicar algún artículo en ABC, aparecer de tanto en tanto en Intereconomía o bien, como en los 80, recibir algún sueldecillo de cualquier Fundación próxima al PP. La derecha todavía permanece en el debate doctrinal de los años 70 y 80: para ella no existe ni la globalización, ni los problemas derivados de la ecología, ni de los nuevos modelos sociales, ni ha entendido la nueva situación internacional.

Los temas habituales de la derecha: terrorismo, aborto, anticomunismo, occidentalismo, unidad nacional, franquismo, expresados en los mismos términos que a finales de los años 70, no tienen respuesta –al menos, respuesta audible– ni en la derecha, ni más allá de la derecha. La ausencia de preocupación intelectual en el interior del PP es, precisamente, lo que garantiza su unidad e incluso el reemplazo generacional. A los jóvenes de la derecha no les interesan las ideas, sino encontrar un lugar bajo el sol del poder. El “pequeño Nicolás” es un ejemplo, lamentable, triste y caricaturesco de esta actitud.

Los debates de ideas fraccionan siempre inevitablemente. Por eso Fraga les tenía horror y por eso irradió a Verstrynge, seguramente el único que en aquel momento –en los ochenta– podía renovar intelectualmente a la derecha. La ausencia de debate mantiene unidos en torno a los valores de siempre… a pesar de que la sociedad vaya cambiando. Hoy en la derecha no hay ningún fenómeno remotamente parecido o equivalente a Podemos. Si el PP tiene fugas de votos, es, por el momento, hacia el centro, no hacia su derecha.

Salvo que ocurra un desastre electoral en Andalucía o que la pérdida de concejales que registre el PP en mayo sea mayor a la prevista, el PP, al menos durante unos meses seguirá manteniendo sus posiciones. Pero el tiempo pasa: eternamente no se puede anunciar que la crisis ha quedado atrás, mientras las cifras del paro siguen siendo preocupantes, los desahucios  por impago de hipotecas constantes, los salarios no repunten y el mayor de la deuda no se contraiga; mientras no se genere un nuevo modelo económico que vaya más allá del monocultivo turístico y se resuelva definitivamente el sumidero autonómico, mientras no se ponga coto a la globalización y se renegocie el Tratado de Adhesión con la UE  (y no se ve cómo nada de todo esto podría ocurrir), la crisis no quedará atrás y el centro–derecha (solo o en compañía de otros, esto es, en “gran coalición” tras las próximas generales) seguirá teniendo la espada de Damocles sobre su cabeza.

El que el PP esté resistiendo mejor que el PSOE, no quiere decir que esto vaya a durar siempre. Y, de hecho, aunque solamente la “pata de centro–izquierda” del régimen de 1978 quede desintegrada, lo único que implica es que a partir de las próximas competiciones electorales, la inestabilidad se instalará en la política española.

© Ernesto Milá – Info|krisis – ernestomila@yahoo.es – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 

RHF nº XXXVII - Febrero 2015

RHF nº XXXVII - Febrero 2015

Acaba de aparecer el nº XXXVII de la Revista de Historia del Fascismo – Febrero 2015 que incluye el siguiente SUMARIO: Este número casi coincide con el 71º aniversario del asesinato de Matías Montero, uno de los los más conocidos y populares militantes de la primera hornada de Falange Española. Hemos aprovechado este episodio para situar a los lectores ante aquel caos extraordinario que fue la Segunda República desde su origen. Si de lo que se trata es de hacer un ejercicio de “memoria histórica”, valdrá la pena recordar que desde el minuto cero de su historia, la república se convirtió en un auténtico desbarajuste y el preludio a la guerra civil que estallaría cinco años después. A veces, la historia sirve para reflexionar sobre el presente y sobre el futuro de un país. Lo que proponemos a nuestros lectores es que el relato de aquellos tiempos nos haga meditar.

FASCISMO FRANCÉS

DORIOT COMUNISTA. La “primera parte” de la vida del dirigente fascista francés

Págs. 6-59

El nombre de Jacques Doriot ha quedado unido indisolublemente al del fascismo en el vecino país y a su creación personal, el Partido Popular Francés, a la colaboración, a la Legión de los Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo y a ser el «hombre de Hitler» en los últimos meses del gobierno de Vichy. Sin embargo, la historia política de Doriot es previa a la fundación del PPF. Se suele olvidar que estuvo en la cúpula del Partido Comunista de Francia y que fue uno de los líderes de la Internacional Comunista en ese país. Alcalde de Saint–Dennis, terminó separándose del PCF e iniciando la aventura que le llevaría a luchar contra sus antiguos «camaradas». Esta es la historia de esa parte de su vida, la que habitualmente resulta desconocida para quienes lo tienen por un simple «líder fascista».

NACIONAL-SOCIALISMO

¿NAZISMO VERSUS ESOTERISMO? (I de III). Equívocos a disipar. Revisión y Punto de partida.

Págs. 60-115

En la REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO hemos tratado en algunas ocasiones distintos las relaciones entre nazismo y esoterismo. Hemos aludido a la Logia Thule, a la Orden de los Germanos y a las distintas corrientes ariosóficas3, a los viajes de la Anhenerbe al Tíbet4 y sobre la situación religiosa en el III Reich5. Sin embargo, todos estos planteamientos han sido tangenciales y nunca hemos entrado a fondo sobre las relaciones entre el NSDAP y el esoterismo. Es lo que aspiramos a hacer en este artículo y si lo hacemos es porque estamos persuadidos de que las falsificaciones históricas que se han realizado en este terreno (y no solamente por historiadores antifascistas, sino también por neo–nazis) ha llegado demasiado lejos. Creemos que vale la pena restablecer la verdad histórica y realizar un estudio de conjunto sobre esta materia.

NACIONAL-SINDICALISMO

JOSÉ ANTONIO Y LA VIOLENCIA POLÍTICA (II de III). La República de la sangre.

Págs. 116-220

En la primera parte de nuestro estudio intentamos incluir la violencia política dentro del esquema doctrinal de Falange Española. Vimos que solamente Ramiro Ledesma había elaborado una teoría sobre la violencia política muy por delante del resto de doctrinarios. Pudimos intuir la huella de Curzio Malaparte en su elaboración. Constatamos, igualmente, que tanto José Antonio, como Onésimo y Ruiz de Alda, desconsideraron los aspectos teóricos y estratégicos de la violencia política a pesar de que desde el principio de su andadura, el nacional–sindicalismo se vio envuelto en múltiples episodios de este tipo. Ahora toca descender del terreno de la teoría al de la política cotidiana para percibir hasta qué punto Falange Española fue responsable del clima de violencia que le rodeo y cómo afectó éste a la evolución del movimiento. Será inevitable, por tanto, que realicemos un recorrido por la historia de la Segunda República, uno de los regímenes más inestables que ha conocido España a lo largo de su historia.

ALEMANA DE WEIMAR

REVOLUCIÓN CONSERVADORA. La materia (II de III)

Págs. 222-238

Continuamos con el análisis realizado por el autor de La Revolución Conservadora sobre las distintas circunstancias en las que emergió el fenómeno. en la entrega anterior el autor aludía a las diferencias entre el concepto de Segundo Reich (burgués, reaccionario, guillermino) y la idea que las distintas tendencias de la Revolución Conservadora se hacían cómo debería ser el Tercer Reich. El autor alude a tres fenómenos que aparecieron en la época, la Reichwehr Negra, la Santa Vehme y el nacional-bolchevismo.

LIBROS

FELDPOST (Correo de Campaña) de LEÓN DEGRELLE

Págs. 239-245

En ocasiones se editan libros que, más allá de su valor testimonial o documental, constituyen pequeños placeres. Tal es el caso de Feldpost que no es ni un diario, ni un relato pormenorizado de los episodios del frente, sino una colección de impresiones y recuerdos que su autor, León Degrelle, cada día escribía en el reverso de tarjetas postales. Estas notas rápidas eran enviadas cada día por medio del Feldpost (correo de campaña) al hogar del autor «a decir mis pensamientos». Juntas componen el libro que comentamos.

FICHA TÉCNICA

Ficha técnica: 250 páginas

Formato 15x21 cm

Portada cuatricomía con solapas

Ilustrado

PVP: 18,00 euros (50% de descuento para librerías y grupos) + 4,00 de gastos de envío.

Pedidos: eminves@gmail.com

 

 

Gómez contra Sánchez

Gómez contra Sánchez

Info|Krisis.- La destitución de Tomás Gómez y de la ejecutiva de la Federación Socialista Madrileña es una nueva etapa en la desintegración del PSOE. Si nuestra generación vio como caía la URSS que hasta 1987 pareció inamovible, salvando distancias, ahora estamos pudiendo asistir el desplome interior del PSOE. A un partido que ya no era “obrero”, cuya estructura federal desdecía la “E” de español, que no era socialista sino socialdemócrata, solamente le quedaba la “P” y todo induce a pensar que logrará conservarla, al menos durante unos meses, solo que con minúscula: “partido” como sinónimo de fraccionado, fragmentado, desmembrado, despedazado, desmenuzado…

Gómez intentó utilizar la FSM como trampolín para configurarse como el “Rodríguez Zapatero bis”. Como él, intentó presentarse como un humanista y universalista pletórico de buenas intenciones, henchido de amor por las clases desfavorecidas, la inmigración y cualquier otro sufridor nato. El problema de Gómez es que tenía un pasado: había sido alcalde de Parla entre 1999 y 2008 y no había dejado allí una situación económicamente boyante.

La responsabilidad de la gestión municipal en Parla es íntegramente socialista. La lista socialista encabezada por Gómez en 2003 alcanzó un 75% de los votos, revalidados en las siguientes elecciones. Gómez fue el alcalde socialista más votado de toda España. Con ese aval intentó presentarse como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Al fracasar, se concentró en la FSM. El primer percance para Gómez vino cuando en 2011, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló los presupuestos de Parla por no haber liquidado previamente los presupuestos de 2007 y 2008. Luego se supo que la deuda municipal ascendía a 221 millones de euros… cuyo agujero negro era el famoso tranvía cuyo coste había sido de 36 millones de euros por cada kilómetro. La infraestructura que debía de haber costado 108 millones, alcanzó la espeluznante cifra de 256 millones, situando al ayuntamiento de Parla en situación de quiebra.

No era algo que se desconociera desde 2010. En aquel momento, la información sobre el estropicio del tranvía no era muy importante: el voto de izquierda seguía fiel al PSOE y los casos de corrupción de la derecha parecían equilibrar a los de la izquierda. Pero cinco años después, la irrupción del fenómeno Podemos y la intolerancia creciente del electorado español hacia los casos de corrupción, han generado un escenario completamente nuevo.

Las reiteradas encuestas que han seguido a las elecciones europeas indican que tanto el PP como el PSOE se encuentran en pérdida de vigor, pero la situación de quiebra está, indudablemente, mucho más avanzada entre los socialistas.

La subida a la Secretaría General del PSOE de Pedro Sánchez no vino acompañada de una revitalización del partido, sino de un aumento de las tensiones internas y de una pérdida de espacio electoral en beneficio de Podemos. En esas circunstancias, uno de los recursos que los asesores de Sánchez le han recomendado, era insistir en la “honestidad” de la sigla. Y eso es lo que ha hecho: sabedor de que, tanto Podemos como el PP iban a atacar la lista electoral por Madrid a causa de la implicación de Gómez en el “affaire del tranvía”, ha decidido liquidarlo.

Esta crisis llega en un momento en el que Eduardo Madina, el candidato derrotado en el último congreso socialista, vuelve a la carga realizando una crítica a los primeros meses de mandato de Sánchez. En esta misma semana dos encuestas, del CIS y de la Cuatro, han situado al PSOE, por primera vez desde la Segunda República, en tercera posición, amenazado a pocos puntos por Ciudadanos. Mientras, en Cataluña, es posible que el PSC se encuentre ya situado en quinta o incluso secta posición (tras CiU, ERC, Ciutadans, Podemos, PP…) redimensionado a una simple contracción grupuscular.

Para colmo, los barones socialistas, al percibir la visible incapacidad de Sánchez para asumir la dirección del partido y encabezar una opción electoral que no terminara en catástrofe, han optado por conspirar para imponer a Susana Díaz como candidata… como si el socialismo andaluz fuera “artículo de exportación” al resto del Estado a la vista de sus niveles de corrupción y de los avances de la pobreza y el paro en aquella comunidad y al margen, por supuesto, de que los dos últimos presidentes de la Junta de Andalucía, Griñán y Chávez y sus entornos hayan terminado procesados en relación a la trama de los EREs.

No soplan buenos tiempos para el socialismo español y, como dice el viejo refrán, “al perro viejo todo se le antojan pulgas”. Como venimos diciendo desde hace meses, la crisis del PSOE no es coyuntural, sino estructural. Augura, además, la crisis del socialismo europeo que se podía presentir desde el inicio de la crisis económica de 2007 cuando, tras décadas de auspiciar la coexistencia entre capitalismo y socialismo, asumió la defensa de la banca y dio la espalda a la sociedad. En España, esto ocurrió cuando se encontraba al frente esa ilustre mediocridad que fue Zapatero; pero en toda Europa, el socialismo se ha visto extraordinariamente erosionado desde 2007. Hoy mismo, François Hollande es un cadáver político, similar al del laborismo británico.

A partir del 15-M, a la vista del desgaste del PSOE operado en el período Zapatero, del abandono de la mayor parte de militantes con prestigio social y técnico, era evidente que, Rubalcaba no era más que un gestor de transición entre el zapaterismo y lo que vendría después. Cuando se anunció la formación de Podemos, era evidente que parte del voto socialista terminaría decantándose en esa dirección (tal como anticipamos en nuestra obra Indignarse con los indignados. 15-M un fraude a la esperanza). Muy bien lo tendría que hacer el PSOE para conseguir mantener su cuota electoral.

Con la disolución de la Federación Socialista Madrileña y la creación de una gestora, con la lucha de Sánchez contra Gómez, el PSOE no da un paso más hacia el abismo: se sitúa en plena caída por el abismo. Con un PSC desintegrado, un PSOE-A que teme la erosión que le pueda ocasionar Podemos y que sabe que no va a poder pactar de nuevo con Izquierda Unida, solamente le faltaba al PSOE el hundimiento en la poderosa FSM, para desintegrarse.

Es probable que Gómez y la FSM decidan escindirse del partido después de un tiempo en situación de revuelta, paro atribuirse una posición más cómoda de cara a observar cómo se recompone la izquierda española, y poder maniobrar sin el lastre de la sigla PSOE.

Todos estos problemas situados a 100 días de las próximas elecciones municipales y autonómicas, no permiten el optimismo en filas socialistas. En las próximas semanas veremos abandonos, goteos hacia Podemos o hacia Ciudadanos, aumento en las tensiones interiores y desintegración final de la sigla.

Tal como está el PSOE en las actuales circunstancias hay que preguntarse si llegará a las elecciones de mayo. Es posible que lleguen a mayo, pero mucho más difícil les va a resultar sobrevivir a las elecciones de mayo.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - ernestomila@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Ante el pacto PPSOE

Ante el pacto PPSOE

Declaración Política de la Junta Ejecutiva de España 2000 sobre el yihadismo y el fundamentalismo islámico, tras la firma del "pacto antiterrorista" el PPSOE. ANTE LA OFENSIVA DEL ISLAMISMO RADICAL: ES PRECISO GARANTIZAR LA DEFENSA DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA. Texto completo en PDF en: DOCUMENTO POLÍTICO E2000.

Antiyihadismo y gran coalición

Antiyihadismo y gran coalición

Info|krisis.- La firma apresurada de un “pacto antiterrorista” entre el PP y el PSOE, con ausencia de cualquier otro grupo parlamentario, tiene una importancia que excede con mucho el objetivo que dicen perseguir ambos partidos: combatir el yihadismo. De hecho, este pacto sirve para cualquier cosa menos para eso. Imaginemos a un par de cazadores furtivos que suscriben un acuerdo para denunciar el peligro de la caza para la desaparición de ciertas especies. Algo parecido es este acuerdo anti-yihadista suscrito por las dos formaciones que son, precisamente, las que han abierto las puertas al Islam en nuestro país.

La sobreactuación del PP y las responsabilidades reales

Como siempre, los representantes del PP han sobreactuado. Como Aznar cuando decía que enviaba tropas a Iraq para “combatir el terrorismo de ETA”, o como cuando Rajoy ve con lente de aumento cualquier leve mejora en las cifras macroeconómicas, percibiendo una recuperación que nunca acaba de llegar para el ciudadano de a pie. Ahora ha sido García-Margallo quien ha afirmado que el “yihadismo es el fenómeno más grave que la humanidad ha enfrentado desde 1945”. Sobreactuación. El islamismo radical es, efectivamente, uno de los fenómenos más graves que afronta Europa (no la “humanidad”), pero no desde 1945, sino desde que los EEUU contrataron a Bin Laden para que les hostigara a los soldados soviéticos en Afganistán o, incluso, desde que Aznar abrió las puertas a la inmigración islámica en España en 1996.

Y hoy no es el único problema que padecemos, ni siquiera el de más difícil solución: bastaría con limitar la inmigración islamista a Europa, endurecer las condiciones requeridas a los islamistas para obtener la nacionalidad española o reducir la presencia islamista en nuestro país, para atenuar el fenómeno. Políticas de “prudencia” por un lado y de “contención” por otro y el problema quedaría resuelto y con nota para cualquier ministro del interior que se preciara. No, desde luego, para Fernández-Díaz, quien inspirado por el Papa, afirma que el islamismo no tiene nada que ver con el yihadismo, ni con la religión.

García-Margallo debería recordar la alianza de los EEUU con el régimen wahabita saudí, el primer donante de fondos para la construcción de mezquitas en nuestro país y, sin duda, la corriente más conflictiva de todo el islamismo mundial, dada de hace más de 70 años. Debería recordar que si hay un “Estado Islámico” cuyas barbarie se extiende desde Siria a Iraq ha sido por la desestabilización que los EEUU han llevado a la zona desde 2003 y su irreprimible tendencia a destruir estados árabes laicos por “democracias de un día” que inmediatamente abren el camino al fundamentalismo islámico: lo ocurrido en Egipto y en Libia, es significativo, como también lo fue el hostigamiento del régimen de Saddam Hussein o actualmente del régimen sirio, último bastión panarabista y laico en la zona. El yihadismo no nace por generación espontánea. Hay políticas como la norteamericana (de la que la UE va a remolque) que desestabilizan las zonas en las que se aplican y generan el caldo de cultivo para la irrupción del radicalismo islámico.

El yihadismo no es un accidente en la historia, es una proyección del islam

El pacto anti-yihadista suscrito por el PP y por el PSOE no servirá para nada en la medida en que no diagnostica bien el fenómeno que pretende combatir. El yihadismo emana directamente del Corán: “serán muertos sin piedad, o crucificados, o amputados de manos y pies opuestos, o desterrados del país. Sufrirán ignominia en la vida de acá y terrible castigo en la otra. 34. Quedan exceptuados quienes se arrepientan antes de caer en vuestras manos” (Sura 5)… por poner un ejemplo (de los muchos existentes) de que ya en los versículos del Corán está prescrita la guerra santa como obligación para los islamistas (moderados o radicales). Decimos bien, la yihad se prescribe para “moderados y radicales”: “38. ¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué, cuando se os dice: «¡Id a la guerra por la causa de Dios!», permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida de acá a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida de acá comparado con la otra, sino bien poco...? 39. Si no vais a la guerra, os infligirá un doloroso castigo” (Sura 9).

Así pues, lo primero para diagnosticar un problema es situarlo: el yihadismo es hijo de la religión islámica. Obviamente, en la medida en que el Corán es tomado al pie de la letra por buena parte de sus fieles, permitir que en Europa circulen ediciones del Corán incluyendo la docena larga de versículos en los que se incita al asesinato de infieles, es un suicidio para el Estado que lo permite. Cuando estamos ante el islam, cuando leemos sus textos, cuando hablamos con sus fieles, inmediatamente se percibe que no es una religión como otra cualquiera, sino que en la actualidad es la única que incita a sus miembros a morir y a matar por ella. Así pues, no puede ser tratada en plano de igualdad con el resto de creencias religiosas.

Ni el Papa, ni los gobiernos europeos, ni los redactores del pacto anti-yihadista tienen arrestos suficientes como para reconocer la naturaleza y la envergadura del problema que está planteado. La firma de su acuerdo no es creíble, en especial, porque son ellos, PP con Aznar y PSOE con Rodríguez Zapatero, quienes abrieron de par en par las puertas al islamismo en nuestro país.

Un PSOE desnortado preparando el futuro

El PSOE está ante una encrucijada. Veremos cómo le sale la apuesta andaluza después de que Susana Díaz se encargara de demostrar a sus socios de IU que no es una aliada fiable. Parece increíble que el PSOE esté buscando una Opción B a Pedro Sánchez a menos de seis meses de haberlo puesto al frente del partido. Es evidente que ni Sánchez (ni el resto de candidatos que se enfrentaron a él) daba los “mínimos” que se requerían para ser el “líder de la oposición”. Y, sin embargo debieron elegir entre el desgarbado blandurrio de Eduardo Madina o el indigente político pero con aspecto de tronchamozas, Pedro Sánchez. Y optaron por el segundo que, a las pocas semanas ya había decepcionado incluso a quienes lo apadrinaron.

Fue entonces cuando los “barones” del PSOE activaron el Plan B: Susana Díaz. El plan consistía en celebrar elecciones anticipadas en aquella comunidad, rodearla de un halo triunfal y con la carta de unos excelentes resultados allí, catapultarla a la palestra nacional en las próximas elecciones generales. Para ello, había, literalmente, que arrojar al basurero a los miembros de IU que actuaba en coalición con el PSOE-A. Con ello y con la irrupción de Podemos, el partido de Cayo Lara quedaba literalmente desmadejado y sin posibilidades de ser algo más que un grupo residual, sino extraparlamentario. Por otra parte, queda ver si en los próximos tres meses, los juzgados no terminan implicando a buena parte de los candidatos de la lista socialista andaluza en el escándalo de los EREs o en el más reciente de los cursos de formación (que afectan ¡hasta el 95%! de los cursos de este tipo dados en Andalucía). Sin olvidar que las tasas de paro y de paro juvenil en Andalucía sólo tienen rival con las que se dan en Cataluña.

En cualquier caso, el problema del Plan B es que no está claro con quién fuera a gobernar Susana Díaz en caso de obtener mayoría relativa. No con Podemos, ni desde luego con IU que igual ni siquiera llegue a obtener diputados. En esas condiciones, va a resultad difícil extrapolar el “éxito” andaluz al resto de España. Y cabe preguntarse si en un país que ha oído hablar mucho del caso de los EREs o de los cursos de formación fraudulentos y que sabe que los dos predecesores de Susana Díaz al frente de la Junta de Andalucía están imputados por tales corruptelas, el PSOE andaluz es un ejemplo o un llamamiento a votar a cualquier otra opción.

Es evidente que la derecha está intentando ayudar a Pedro Sánchez y al PSOE en la ofensiva que este partido está soportando por parte de Podemos y que ya lo sitúa en todas las encuestas y desde hace un par de meses, por detrás de la nueva formación. Las campañas de prensa –muy ingenuas, por lo demás- contra los dirigentes de Podemos realizadas por los medios de la derecha, son el capote que precisa el PSOE ante la marejada que se le viene encima. Pero con esto no basta. Para el PP, el riesgo no es que el PSOE lo gobierne Susana Díaz, Pedro Sánchez, Luis Candelas o el diablo en persona. El peligro es que la sigla socialista se desplome por completo. Con la firma del pacto anti-yihadista, el PP apuntala al PSOE, le ofrece la posibilidad de “chupar cámara” cuando se desencadene algún atentado de este tipo, le evita quedar ya hoy como fuerza marginal de la que nadie se preocupa ante la evidencia de su desplome.

Pacto anti-yihadista ¿para qué?

El pacto anti-yihadista podía haberse evitado. En España existe una legislación antiterrorista y un código penal suficientes como para combatir la amenaza yihadista. Hubiera bastado con dos modificaciones legales: una en la ley de libertad religiosa, excluyendo al Islam de la ley a la vista de la brutalidad de las prescripciones coránicas y otra en la ley de inmigración, exigiendo a los inmigrantes procedentes de países islámicos y a los que deseen obtener nacionalidad española, el juramento de rechazar el yihadismo y denunciarlo a las autoridades.

Este pacto no va a servir absolutamente para nada. Ni se diagnostica bien el problema, ni se habilita otra cosa más que medios policiales para combatirlo, pero en absoluto medios políticos. No se reconoce que el yihadismo “español” es el resultado de 20 años de llegada descontrolada y masificada de inmigración. No se establece una relación de causa a efecto, entre el islamismo religioso y el yihadismo terrorista…

Pero la idea del pacto no es que sirva para combatir algo que nuestro arsenal legislativo podría afrontar con creces (con tal de que existiera voluntad política para ello). La idea del pacto es preparar el futuro para los dos grandes partidos. De hecho, este pacto es la primera medida tomada en dirección a la “Gran Coalición” que desde hace años vienen predicando desde Alemania los patrones del PP y del PSOE, las fundaciones Adenauer y Ebert que financiaron durante la transición a ambos partidos (siendo el pago, la aceptación del infamante acuerdo de adhesión de España a la Unión Europea que solamente beneficiaba a la industria alemana).

Si no se llega a las próximas elecciones generales con una visible mejora en la economía, en el empleo y en los salarios (y va a ser muy difícil que así sea), el PP seguirá siendo el partido mayoritario, pero distará mucho de la mayoría absoluta para gobernar. Necesitará un apoyo parlamentario que ya no encontrará en los nacionalismos periféricos (entre otras cosas, porque CiU corre también peligro de quedar empequeñecida). Solamente existe la posibilidad de que el PSOE (o lo que quede de él) preste ese apoyo. Una “Gran Coalición”, pero menos…

Es en este contexto en el que hay que situar el pacto anti-yihadista: su intención no es tanto combatir aquello que no se es capaz de diagnosticar, sino preparar el camino para un pacto que garantice que el régimen creado en 1978 va a seguir existiendo tal y como fue creado. Y, mientras, si hay algún atentado yihadista, tranquilos, Rajoy y el “líder de la oposición”, presidirán juntos los funerales.

© Ernesto Milá – infokrisis – Ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.