Blogia

INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Benoist y el yihadismo

Benoist y el yihadismo

Info|krisis.- Traducimos unas declaraciones de Alain de Benoist sobre el yihadismo que ponen el dedo en la llaga. Una cosa es el yihadismo en Oriente Medio y otro el realmente existente en territorio europeo con un origen muy distinto. Para poder combatir al yihadismo es preciso reconocer dónde está el origen del problema. De ahí que los actuales Estados Europeos sean incapaces de identificar a un adversario que ellos mismos han generado al actual negligentemente admitiendo inmigración masiva y descontrolada y creyen que subvencionando a unos cuantos programas de "integración" por medio de asociaciones inexistentes, el problema podrá capearse...

 

¿Terrorismo? El régimen que ha generado inmigración masiva
no reconoce al enemigo

Entrevista a Alain de Benoist.

Para que esta unidad nacional que se repite en nuestros odios desde hace días tenga un sentido, esto, precisa de la amenaza de un enemigo común. Pero ¿quién es, sabiendo que nadie lo ha identificado por el momento? Mencionar sólo al "terrorismo", sigue siendo un poco vago ...

Actualmente estamos presenciando gesticulaciones incesantes que hacen todo lo posible para no llamar al enemigo con su nombre. El concepto de que el enemigo se vuelve problemático desde el momento en que no queremos tener, porque nos hemos olvidado que la historia es trágica y queríamos para proscribir la guerra. Pero hay al menos otras dos razones para esta negativa de llamar al enemigo por su nombre. La primera es que esta designación parece políticamente incorrecta, pues es susceptible de "amalgamar" (palabra de origen árabe: Amal-jammâa). La segunda y más fundamental, es que la clase política no es ajena a su apariencia.

Francia ha cometido dos errores muy graves: la guerra en Libia que sumió al país en una guerra civil y la convirtió en un arsenal al aire libre y el caso de Siria, en la que apoyamos a los opositores de Bashar al Assad, que son los mismos islamistas que nuestras tropas que luchan en Irak y Malí. A esto se suma que "el Estado Islámico fue establecido por los Estados Unidos", como se recuerda sin rodeos el general Vicent Desportes, ex director de la Escuela Superior de Guerra, en el Senado el 17 de diciembre, y que el terrorismo no ha dejado de ser financiado por Qatar y Arabia Saudita, que consideramos a la vez como clientes y aliados.

En el caso de terrorismo doméstico, el problema es el mismo. Ya no estamos, en efecto, frente a un "terrorismo global", como experiencia en el mundo en el momento de apogeo de Al Qaeda sino como Xavier Raufer sigue repitiendo, nos enfrentamos a un terrorismo autóctono, realizado por la escoria de las banlieus que realizaron su aprendizage en el mundo e la deluncuencia antes de convertirse en bombas humanas bajo el efecto de adoctrinamiento o de una ilusión compartida. De Mohammed Merah a los hermanos Kouachi, este terrorismo es inseparable de la delincuencia (no es con petrodólares, sino con el producto de los robos de proximiad que los terroristas obtienen su Kalashnikov). La lucha contra "gangsterrorisme" implica apoyarse en la actividad policial contra la delincuencia. Sin embargo, si existen informaciones sobre este sector, no son explotados, precisamente por la negativa a admitir la realidad, es decir, que el terrorismo es una de las consecuencias de la inmigración. En Francia, en otras palabras, se ha segregado un nuevo tipo de terrorismo al dejar que se formara un ambiente criminal que escapa en gran medida al control de la policía. Por eso, estos terroristas, aún cuando eran vigilados, no se previó que pudieran pasar a la acción. Las directrices emitidas por la policía no eran buenas. Hemos preferido controlar Internet y especular sobre el regreso de los jihadistas de Siria u Oriente Medio en lugar de buscar informaciones sobre el terreno, en el corazón de las ciudades y las banlieus. Pero el problema no radica en el Yemen o Siria, sino aquí, en los suburbios.

¿Estamos en guerra?

 El terrorismo es la guerra en tiempos de paz. Y también, en palabras de Paul Virilio, la "guerra sin fin, en ambos sentidos de la palabra." En el extranjero, estamos en guerra contra el yihadismo, rama salafista terrorista del Islam. En Francia, estamos en una guerra contra el terrorismo interior, puro producto de la inmigración descontrolada que hemos dejado de desarrollarse como un caldero de las brujas de la que emergen escorias más o menos estúpidas, pasadas del gansterismo al Islam radical, luego del Islam radical a la yihad instintiva.

 ¿Quién puede creer que vamos a resolver el problema con "cursos cívicos" en la escuela, con cantos a la laicidad, consideraciones piadosas extraídas de la historia sagrada del "vivir juntos" o nuevas leyes en forma de exorcismos vudú "contra-todas-las-discriminaciones"? Sin embargo, es aquí exactamente donde estamos. La clase dominante se ha vuelto completamente prisionera de su incapacidad para ver los problemas de frente, causa principal de su indecisión (y de su consternación porque ya no sabe qué hacer). Pretende combatir contra un enemigo que no es capaz de reconocer porque sabe que es el Golem que él mismo ha engendrado. El doctor Frankenstein no puede luchar contra su criatura porque es... su criatura. Terroristas como Mohammed Merah (su prototipo) son los frutos de treinta años de angelismo y de ceguera involuntaria sobre la inmigración, de una "política urbana" cuyos costes ascienden a 100 millones de euros convertidos en humo tras haber sido distribuidos a asociaciones ficticias y de una "cultura de la excusa" que se ha convertido en cultura de la impunidad. 

© Entrevista realizada por Nicolas Gauthier - Traducida por Ernesto Milá para info|krisis - http://info-krisis.blogspot.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Noche sobre España

Noche sobre España

Info|krisis.- Las cosas ni van, ni pueden ir bien en España a partir de las elecciones del 20-D. Los últimos resultados electorales han generado una dinámica infernal que ha hecho saltar por los aires el sistema de equilibrios de fuerzas nacido de la constitución de 1978. Ni gobernará el centro-derecha, ni el centro-izquierda. Parece incluso difícil que pueda establecerse un gobierno de coalición (sea cual sea) y, mucho más difícil aún, que un gobierno así concebido pueda “durar”. Tal como están las simetrías parlamentarias estamos abocados a un gobierno de “gran coalición” o a un gobierno de “coalición de izquierdas”, descartando, por supuesto, que el PP pueda gobernar en minoría y que logre hacerlo apoyado por Cs. La situación es, pues, no difícil, sino endiablada.

Unas nuevas elecciones, seguramente, tenderán a aumentar el caudal de votos del PP, disminuirán los del PSOE, reducirán sensiblemente los de Cs y estabilizarán los de la galaxia Podemos… con lo que, de nuevo, se corre el riesgo de que se vuelva a repetir la misma situación. Y todo esto, sobre el trasfondo de una crisis económica insuperable que corre el riesgo de volver a alcanzar sus más altas cotas durante los años 2017-2019.

Cada vez va cobrando forma más concreta, aquella impresión difusa que empezó a formarse tras las últimas elecciones europeas cuando se percibió el ascenso de nuevas fuerzas políticas y el cansancio del electorado por las fórmulas tradicionales: el sistema político español parece agotado y da muestras de no poder regenerarse a sí mismo.

¿Qué ha ocurrido para llegar a este punto sin retorno en donde solamente se abre ante el país un verdadero abismo? Hay muchas explicaciones, pero una sobre todas contribuye a arrojar la luz necesaria para entender cómo ha sido el camino que nos ha llevado hasta donde estamos: la clase política española ha caído demasiado de nivel, ya no hay ni técnicos, ni especialistas, ni políticos que merezcan el calificativo de “estadistas”. La política se ha convertido en el refugio de todo tipo de arribistas,  oportunistas sin escrúpulos, mangantes sin ideas, catetos a la búsqueda de un sueldo oficial y corruptos vocacionales. Una clase política así no es nueva: ya en los primeros instantes de la transición emergió en los cambios bruscos de chaqueta de franquistas que se reinventaron a sí mismos como “centristas” y ultraizquierdistas comecuras que ingresaron en masa en el PSOE. Así que el fenómeno viene de lejos.

Se mire como se mire, no hay tejido ni mimbres suficientes ni de calidad mínima para abordar una regeneración del sistema político español. Quizás para gobernar y gestionar, mal que bien, el día a día, se podría formar alguna coalición, no desde luego para regenerar el sistema.

La sensación es que España está atravesando una noche negra y sin esperanza y que esta situación se prolongará durante mucho tiempo.

Hay noches más o menos oscuras. En unas, la luna llena permite ver el paisaje y orientarse casi como si de un atardecer se tratara. En otras, la ausencia de luna es compensada por las estrellas. Pero en algunas noches, a la ausencia de luna, se unen espesas nubes negras que impiden ver también las estrellas. No hemos llegado todavía a ese punto, pero podemos llegar en los próximos años. La experiencia dice que cuando un organismo empieza a pudrirse (y la democracia española está podrida por corrupción, partidocracia, descoyuntamiento del Estado, ruina del sistema educativo y crisis económica), el proceso no se detiene hasta que se llega al final. Todavía queda un largo período de oscuridad para nuestra patria y si hay alguien que vea el futuro con optimismo que nos diga en función de qué.

En la noche, el viajero puede guiarse por las estrellas. Estas indican el camino a seguir. Especialmente la Polar que marca el Norte. Incluso si las nubes cubren los cielos de la patria, los planos estelares nos indican en dónde se encuentra cada estrella y en cada hora. Las estrellas, son los valores. Hay que tener los pies en la tierra, pero la mirada hacia el cielo. Los valores, o están encarnados en personas o no son nada. Se buscan españoles capaces de recordar, concebir, localizar y asumir valores como los que han constituido lo esencial de nuestra historia y de la historia de Europa. Otros no sirven. Los valores, como las estrellas, son eternos o no son: una estrella no es lo mismo que un satélite artificial… Lo que cambia es la fisonomía del suelo que pisamos, no las estrellas sobre nuestras cabezas.

La pregunta es ¿cuánto tardará en aparecer una nueva generación de intelectuales capaces de concebir un proyecto de regeneración de España y de hombres de acción capaces de ejecutarlo? Ideólogos y estrategas inflexibles y resueltos, tales son las características de los tipos humanos que precisa la patria en este momento para salir de este viaje en la noche. Sobran especialistas en el regate en corto. Sobra la actual clase política.

© Ernesto Milá – info|krisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción e este texto sin indicar origen.

 

 

 

Puigdemunt “el breve”

Puigdemunt “el breve”

ADDENDA ET CORRIGENDA al Dossier sobre el "proceso soberanista" publicado el 06.01.2016: En un intento IN EXTREMIS de salvar el “proceso soberanista”, las CUP accedieron a apoyar a JUNTS PEL SI a cambio de que Artur Mas se esfumara. La creciente desesperación de las fuerzas políticas nacionalistas, especialmente después de que se percibiera un visible cambio en las posiciones del electorado catalán a partir de los resultados de las elecciones del 20-D, han sido determinantes en este acuerdo. Así pues, no habrá nuevas elecciones autonómicas en marzo de 2016, sino una prolongación de la ya larga agonía del “proceso soberanista”. Resulta evidente que en el momento en que el Estado (y los “poderes fácticos”, no lo olvidemos, judicatura, fuerzas armadas y patronal) den el cerrojazo definitivo y sin paliativos al proceso, el frágil acuerdo se romperá en mil pedazos y Carles Puigdemunt, junto a Carme Forcadell serán quienes más puntos tendrán para victimizarse e inmolarse en el altar de los sueños locos del soberanismo.

Sería difícil encontrar un solo piropo dirigido a Carles Puigdemunt. En el momento en que el nombre de este ilustre segundón del nacionalismo sonó para sustituir a Artur Mas, las redes sociales pasaron a rebosar en improperios y descalificaciones, difusión de fragmentos de decenas de declaraciones suyas que daban la justa medida del personaje. Éste tiene dos rasgos que lo hacen compatible solamente con un reducido sector de la opinión pública catalana: en primer lugar, se trata de un individuo con un alto grado de radicalización nacionalista sin precedentes en la historia de la Generalitat (a excepción de la “cabeza hueca” de Francesc Macià –el calificativo no es nuestro sino de Gaetano Salvemini, coetáneo suyo y prestigioso historiador italiano). En segundo lugar, su falta de rodaje político y su consideración de que la única política que debe seguirse en Cataluña es el independentismo, a despecho de cualquier consideración de oportunidad, correlación de fuerzas políticas, realidad social y lingüística de Cataluña, son paralelos a la mediocridad de su historial político y a, lo que podríamos llamar, “rastros de oportunismo y corruptelas”. Así pues, no cabe esperar mucho de este Puigdemunt que promete merecer el título de “el breve”.

Es lo mejor a lo que ha podido recurrir el independentismo. Un segunda fila, de pocos vuelos, un chico de provincias, de pocas luces. Era inevitable que apareciera un tipo así en la política catalana. Cuando se produjeron las “bullangas” de mediados del siglo XIX en Barcelona, proliferaron individuos de esa calaña.

Las “bullangas” fueron disturbios cívicos de mucha intensidad y corta duración que se generaron en España a mediados del siglo XIX, especialmente en las grandes ciudades. El diccionario de la Real Academia no lo reconoce como disturbio popular (o populachero) sino que apenas dice que es un “bullicio y jaleo producido por la gente”. Sinónimos de “bullanga” son jaleo, follón, tumulto, vocerío, bulla, tropel, desorden, gresca, bullicio, pendencia, confusión, escandalera, trifulca y jarana… Sirva todo esto para decir que la bullanga es, sobre todo, un estallido de cólera que nada tiene que ver con la diversión y mucho, en cambio, con la violencia. La España de mediados del XIX fue el paraíso de las “bullangas”, no hay ningún otro país del mundo en el que se hayan producido disturbios similares.

Hubo una “bullanga” que tiene paralelismos notables con la actual situación catalana: la de 1842. Se originó en el lugar conocido como Els tres tombs (hoy Mercado de Sant Antoni, esquina calle Hospital) en donde estaba situada una de las puertas de acceso a la ciudad. Un grupo de excursionistas había marchado a Sans en donde el vino resultaba mucho más barato que en el interior de la ciudad amurallada. Al tratar de cruzar la puerta, los excursionistas fueron detenidos por los militares que a la vista de la cantidad de vino que llevaban les exigieron pagar el “derecho de puertas” a lo que estos se negaron. Intervino la “Milicia Nacional” a favor de los excursionistas y estalló el motín. Antes había corrido el rumor de que el gobierno Espartero se disponía a firmar un decreto librecambista que rebajaría los aranceles a manufacturas textiles británicas (que, por cierto, hubiera ido muy mal para la patronal del textil catalán, pero muy bien para el consumidor español). Inicialmente se creó un gobierno de notables en la ciudad, pero al no poder controlar la situación, éste fue sucedido por otros gobiernos, cada uno de ellos de perfil más y más bajo, hasta que finalmente, mientras los notables intentaban abandonar la ciudad a la vista del inminente bombardeo que se venía encima, el último comité “ciudadano” les disparó al cruzar las puertas de la ciudad. Siguió el bombardeo de Espartero y Van Hallen desde la fortaleza de Montjuich (casi 1000 balas de cañón sobre el recinto amurallado de la ciudad). Gente huyendo por el puerto, el cónsul francés Fernando de Lesseps intentando sacar partido de la situación y… un nuevo argumento para el victimismo catalán. Los acuerdos de Espartero con los británicos no fueron producto de la rumorología. Así fue la “bullanga” de 1842 que se cerró con el bombardeo de la ciudad el 3 de diciembre. Varios cientos de detenidos y 100 fusilados.

Hasta aquí la historia. Si sustituimos el “España nos roba” por el rumor sobre los acuerdos Espartero-Inglaterra, si sustituimos a “los notables” por CDC y la lenta caída del perfil de los comités ciudadanos posteriores al inicio de los incidentes en 1842, en donde, finalmente, la escoria de la ciudad, buhoneros, vendedores y charlatanes ambulantes, clochards, terminaron copando el comité de gobierno, si sustituimos la fuga de notables por la huida de empresas que se ha ido registrando desde el inicio del “proceso soberanista”, nos encontraremos con que lo que ya fue un episodio situado a medio camino entre el drama (las 1014 bombas caídas sobre la ciudad que destruyeron 424 inmuebles) y la comedia (un gobierno cívico que cada vez es ocupado por gentes más y más zafias, ignorante y con proyectos más utópicos y fuera de la realidad), es sustituido en el siglo XXI por un “proceso soberanista” que se inicia con la menos que loable intención de que las cúpulas históricas de CiU pasen por el banquillo de los acusados y por lujosas celdas y, pasa de capitanes piradas de notable experiencia y mano izquierda, como el clan Pujol, a “pilotos” que apenas saben navegar (Artur Mas, las “tietas”, Oriol Junqueras), para caer finalmente en manos de un grumete que, presumiblemente, ni siquiera sabe nadar (Puigdemunt). A veces la historia, desprovista de su dimensión dramática, ya es un sainete, pero, en su segunda edición, termina convirtiéndose en pura irrisión.

Los independentistas catalanes deberían meditar sobre lo que ocurrió en Barcelona en 1842 y sacar algunas consecuencias.

La elección de Puigdemunt terminará decepcionando a todos: a los nacionalistas de CDC porque no evitará lo inevitable (que sus cúpulas históricas terminen con sus huesos en la cárcel), a ERC porque de nuevo Junqueras, tras intentar tardíamente postularse como sustituto de Mas, ha sido subsumido en el basurero de la historiaa por un ilustre don nadie miembro de un partido en vías de extinción, a las CUP porque, a fin de cuentas, han hecho causa común con la carne de presidio nacionalista, han caído en momentos de increíble humorismo (como aquel empate votos, inenarrable y digerible solamente por aquellos habituados a comulgar con ruegas de molino) y han abierto el camino a que sigan gobernando “los de siempre” pero con un perfil aún más bajo.

Es indudable incluso que lo que está ocurriendo en Cataluña tendrá repercusiones en el resto del Estado, justo en el momento en que el PSOE se debate en su Némesis histórica: o ceder a una “gran coalición” (el grumete Sánchez aspira solamente a llegar al congreso de marzo) o bien componer un “gobierno Mister Potato” con Podemos (y sus franquicias) y Ciudadanos. Si hasta ahora, los barones han tenido cuidado porque no salieran a la superficie lo escindido de las dos posturas, a partir de ahora va a ser muy difícil seguir ocultando lo fracturado que está el partido ante las dos posiciones. Susana Díaz está por la “gran coalición” y la garantía de apoyar la unidad del Estado. Pedro Sánchez se muestra a favor de un gobierno de izquierdas con derechos de autodeterminación para 17 autonomías y la garantía del caos en tiempo récord. Es evidente que la irrupción en el ruedo del muletilla Puigdemunt jugará a favor de Susana Díaz (o ella o el caos). Veremos lo que resiste Sánchez antes de dar su brazo a torcer.

Seamos claros: con una “gran coalición” en el gobierno del Estado, Puigdemunt tiene todos los números para acabar en la cárcel Modelo a poco que se mueva en dirección secesionista. Si, por el contrario, el PSOE consigue formar el “gobierno Mister Potato”, la agonía soberanista se prolongará unos años más ante las presiones de la Unión Europea, de los centros plutocráticos y de un sector creciente del electorado catalán.

El hecho de que haya sido un segundón de pocos vuelos el que presida la Generalitat confirma la impresión que teníamos: el “proceso soberanista” está acabado. Terminará siendo una lucha de “últimos mohicanos” parapetados en la trinchera del victimismo. El presidente al que nadie eligió, está ahí para sacar adelante un “proceso soberanista” que nunca ha tenido mayoría absoluta, ni mucho menos consenso social y que siempre ha olvidado que las naciones y los Estados no se forman porque en un momento dado, un día determinado, el 51% de los electores hayan votado si a la independencia sobre un 49%, sino que es un proceso histórico mucho más complejo que hacer una simple fotografía del electorado en un momento dado.

A Cataluña le queda mucho por pasar y mucho más al pueblo catalán. No sirve de mucho recordar que es el pueblo catalán el que ha votado, porque su voto no es más que el resultado de cuatro años de difusión de la obsesión soberanista por parte de los medios de comunicación de la Generalitat. No es que menos de la mitad de los catalanes se hayan decantado por el soberanismo, es que la Generalitat ha utilizado cientos de millones para realizar el formidable lavado de cerebro colectivo que ha supuesto el “proceso soberanista” ¡¡¡y ni aún así han logrado convencer al 51% de los catalanes!!!  

Puigdemunt y mucho más el pueblo catalán deberían de estar preocupados porque la paz étnico-social en Cataluña es muy frágil. Puede romperse en cualquier momento. Cataluña, repetimos el leit.motiv del artículo que precede, no es más que EL ESLABÓN MÁS DÉBIL DEL ESTADO ESPAÑOL, pero no con riesgo de desgajarse y dar lugar a un microestado independiente, sino por ser la zona del Estado más próxima al caos. El proceso soberanista ya era un paso adelante al caos. La elección de Puigdemunt es un nuevo paso al frente, cuando el suelo ya falta bajo los pies de la sociedad catalana.

© Ernesto Milà – http://info-krisis.blogspot.com – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

Colonia: NUNCA JAMÁS

Colonia: NUNCA JAMÁS

Con profunda repugnancia me he visto obligado a elaborar este gif. En primer lugar: da náuseas que episodios como el de Colonia puedan producirse en territorio de Europa a la sombra de una de las catedrales góticas más antiguas y hermosas. En segunda lugar, no hace falta hablar de los protagonistas (aunque los medios de comunicación alemanes los han definido con claridad: "africanos". No hacía falta, con mirar las fotos se recoce perfectamente de donde proceden). En tercer lugar: sorprende que el Estado alemán primero haya ocultado lo que sucedió en Colonia en la noche de fin de año (1000 "africanos" realizando tropelías, asaltos, agresiones sexuales y actos de vandalismo) y luego haya reconocido que "hubo errores" (¡díselo a las mujeres 150 mujeres que presentaron denuncias por agresión sexual y a las seguramente muchas más que prefirieron no hacerlo! ¡díselo a sus familiares y amigos! ¡díselo a sus padres!) 

Pregunto: ¿POR QUÉ LOS ESTADOS EUROPEOS ADMITEN CON TANTA FACILIDAD A INMIGRANTES Y NO LOS EXPULSAN CUANDO INCUMPLEN LAS NORMAS DE CONVIVENCIA? 

Mi temor: en Francia la violaciones de mujeres se han convertido en una plaga, en los países nórdicos otro tanto... mi temor es que esto se extienda a España, país que cuenta con 8.000.000 de inmigrantes entre legales, ilegales y nacionalizados. 

Mi centidumbre: BARBARIE Y SOCIEDAD EUROPEA SON INCOMPATIBLES Y DEBEN SEGUIR SIÉNDOLO (que corra).

Dossier Cat. 2011-2015

Dossier Cat. 2011-2015

Apuntes para un dossier: Todo lo que vale la pena saber sobre el “proceso soberanista” y nadie le explicará.

Info-krisis.- ¿Qué locura colectiva se extendió por Cataluña entre 2011 y 2015 como para que alguien fuera capaz de creer que en las condiciones en las que encuentra aquella autonomía, podría llegar a ser independiente a la voz de “ya”? Este es el fondo de la cuestión de este dossier dedicado a esta psicopatología política que apareció de la crisis y, a pesar iniciar lo que promete ser un rápido repliegue, algunos siguen tomando en serio, como si en los últimos años en Cataluña no hubiera pasado nada. Han pasado muchas cosas.

Como se sabe, el pescado empieza a pudrirse por la cabeza. Y la cabeza de España, desde el siglo XIX, era Cataluña, tal era el sueño de Cambó. Fue allí en donde la revolución industrial cuajó con más fuerza y entronizó el poder de las “300 familias” que vienen gobernando esa región desde entonces, al margen de quién y de cómo se gobierne en Madrid. Dado que donde ha habido mucho siempre queda algo, lo que ocurre en Cataluña debe seguirse con extrema atención en tanto que significativo e indica los caminos por los que va a discurrir la política española. En estos apuntes hemos intentado resumir algunas claves del problema.

I PARTE

Crisis encadenadas vs. Inestabilidad generalizada

Quien haya seguido nuestros análisis en los últimos ocho años habrá advertido que, desde que empezó la gran crisis de 2007, sostenemos, en primer lugar, que aquella no era una crisis generada por la hipertrofia del sector inmobiliario y la frivolización en la concesión de créditos, sino que se trataba de la primera crisis de la globalización, después de la cual esperaba una rápida caída de la economía mundial seguida de una lenta recuperación que sería interrumpida, luego, por otra crisis de similares características que, desde un marco geográfico diferente (a la vista de las interconexiones de las economías mundiales), repercutiera en todo el mundo. Tras la crisis de las subprimes en EEUU, la crisis se trasladó a Europa y seis años después empezó en Brasil. Tal crisis era el resultado de un mundo demasiado diferente para ser “global”. El resultado de esta serie de crisis encadenadas sería el aumento de la inestabilidad mundial y, finalmente, la entrada en crisis del unilateralismo norteamericano (EEUU es la capital económica del nuevo orden mundial, pero cada vez menos su capital política). Es en este contexto internacional dentro del que hay que examinar el “caso catalán”.

Cuando la crisis llegó a Europa, España fue la primera en sentirla a causa del insensato y criminal modelo económico implementado por José María Aznar (hipertrofia de la construcción + inmigración masiva + salarios bajos + acceso fácil al crédito). El hecho de que los efectos de la crisis llegaran durante el período de gobierno de un presidente que jamás entendió por qué crecía nuestra economía y por qué empezó a decrecer (Zapatero), hizo que no se percibiera inicialmente la crisis (e incluso que se negara su existencia) pensando que se trataba solo de “crisis coyuntural de la construcción” y alardeando hasta 2009 “de la inmejorable salud de nuestro sistema bancario”… que luego resultó completamente anémico y corrupto.

En realidad, la crisis mundial de 2007 repercutía en toda Europa, pero si en unos países se experimentó mucho más tarde (en la “locomotora” franco-alemana) fue precisamente porque los impulsores de la Unión Europea habían constituido una estructura dotada de un “centro” (Francia y Alemania) y de una “periferia” (en donde está situada España). La periferia, como los primeros bastiones defensivos de cualquier fortaleza medieval, caía pronto pero garantizaba que el “fortín central” podía defenderse por más tiempo. En 2015, el inicio de la crisis en Brasil, tendió a ralentizar de nuevo la economía mundial y particularmente las exportaciones. China debió devaluar cuatro veces en una semana su moneda. El lanzamiento de cientos de millones de barriles de petróleo realizado por Arabia Saudí, contribuyo a hundir la nueva industria del fracking en EEUU pero también a que los precios del carburante consiguieran mantenerse bajos y no agravar la crisis (sin embargo, el aumento de la tensión entre Arabia Saudí e Irán corre el riesgo de disparar de nuevo el precio del barril).

En estas circunstancias, fue cuando Alemania admitió 900.000 refugiados sirios: simplemente para conseguir que las cifras macroeconómicas le fueran favorables, maquillándolas (900.000 consumidores adultos hacen que, aun por miserables que sean, el PIB tienda a subir) y su mismo peso muerto hace que el valor de los salarios (especialmente de los más bajos) tienda a disminuir y, por tanto, a “ganar competitividad”.  El Euro, por su parte, no ha dejado de ir rebajando su cotización en relación al dólar, es decir, devaluándose discretamente… una medida que podía haber beneficiado extraordinariamente  la economía española en el período 2009-2013, pero que solamente se adopta ahora cuando es la economía del “centro” (esto es, la alemana) la que lo requiere.

Para los que no somos ni dogmáticos ni devotos de la globalización, cuando se inició la crisis de 2007 estaban claros los ciclos por los que íbamos a pasar (y así lo fuimos reflejando en Info-krisis): 1º crisis económica irresoluble (en la medida en que la globalización es un modelo que se adapta perfectamente para el tránsito de capitales… pero no para el tránsito de bienes de consumo), 2º al persistir la crisis económica y demostrarse que no era un simple problema coyuntural, sino un grave problema estructurar (mucho más en España en donde nadie fue capaz de plantearse un nuevo modelo económico que sustituyera al paradigma creado por Aznar) que desembocaría en un aumento del paro y de la población situada en las proximidades de la pobreza, generándose una crisis social sin precedentes en la postguerra. 3º En el momento en que esa crisis social se hiciera cada vez más evidente estallarían movimientos de protesta contra la partidocracia que indicarían el inicio de una crisis política que correría el riesgo de arrasar el sistema  de equilibrios políticos nacido en 2008. Esa última fase se inició tímidamente en 2009, se agudizó en 2011 y alcanzó su nivel crítico en las elecciones europeas de 2014 que prefiguraron los resultados que se repetirían en las generales de 2015.

Pero a este panorama de tres crisis sucesivas, unas producto de las otras pero todas superpuestas, había que añadir una última crisis que aparece en España con el mismo régimen de 1978: la crisis cultural y que supone el denominador común de todo este largo período de 40 años desde la muerte de Franco (y ya iniciada a principios de los 70). A partir de 1978, incluso durante los períodos de gobiernos del centro y de la derecha, la izquierda socialista impuso planes de enseñanza y proyectos de ingeniería social “avanzados” que repercutieron negativamente en los niveles culturales de la sociedad española: la despenalización de las drogas llevó a España a ser primer consumidor de drogas de Europa, las cuatro reformas sucesivas de la enseñanza nos llevaron a la cola de la educación en Europa, la liberalización del medio televisivo convirtió a la pequeña pantalla en un ventilador de telebasura, los “nuevos modelos familiares” y la permisividad en todos los terrenos no llevaron a modelos de convivencia estables y viables, sino que la crisis de la familia burguesa, no llevó a redescubrir la familia tradicional sino que fue sustituida por el vacío más absoluto y una inorganicidad total; el garantismo judicial lo único que garantizó fue la impunidad de delincuentes y corruptos, el Estado de las Autonomías, caro y centrifugador, entrañó la muerte progresiva del Estado del Bienestar; la sociedad civil se fue desintegrando y la cultura retrayéndose, el nivel de instrucción de nuestro pueblo fue descendiendo hasta el punto de perderse completamente el sentido crítico y la capacidad mínima de análisis; y, para colmo, el triunfo de la ideología de la UNESCO dentro del PSOE (con la sustitución del programa socialdemócrata de Bad Godesberg por la doctrina del “humanismo universalista” de ZP), nos condujo directamente a la ausencia de cualquier valor que no fuera estrictamente finalista (paz universal, antimilitarismo pacifista, igualdad a ultranza, derechos humanos sui generis, justicia universal…).

No es que la crisis cultural en España sea mayor a la que se da en otros países europeos (que lo es), es que el sistema educativo no puede resolverla, porque hace décadas que está desintegrado y sin posibilidades de recomponerse. De ahí que la sociedad española haya sido la que ha demostrado menos capacidad de resistencia a la crisis económica, a la crisis social y a la crisis política, y donde menos esfuerzos se hayan hecho para superar estas crisis. Es más, cuando en España han aparecido protestas y resistencias, no ha sido para SUPERAR las consecuencias de la crisis, sino para apoyar opciones que proponen “profundizar” más en las ideas y postulados que nos han llevado a la crisis cultural; ejemplo: Podemos que no es más que el utopismo habitual en la izquierda acompañado por el aroma a porro y dotado de una crítica infantil a la globalización.

II PARTE

Cataluña, vanguardia de España en el proceso de desintegración

Hemos examinado la crisis de la globalización y cómo afecta a España. Vale la pena ahora aludir a Cataluña. Sin todo lo anterior sería imposible entender qué está pasando en Cataluña. Y es muy simple. Europa pierde peso específico en un mundo globalizado. España pierde peso específico en una Europa mal definida pero sometida a la tiranía de los intereses alemanes. Y, finalmente, Cataluña pierde peso en España a causa de la deslealtad de sus gobiernos autonómicos, a causa de la pérdida de tejido industrial y a causa de que la propia burguesía catalana va optando por otros escenarios menos complicados para invertir el producto de los beneficios acumulados por el trabajo industrial de seis generaciones anteriores y que ahora sale del terreno productivo para zambullirse en el especulativo.

Entre la “obra del nacionalismo” perpetrada entre 1989 y 2015, lo que más llama la atención es que, durante el franquismo, era frecuente oír hablar catalán (y un catalán mucho más puro) en buena parte del territorio. Hoy, en algunas zonas de Cataluña, a pesar de 25 años de “inmersión lingüística”, cuesta trabajo oír hablar catalán. Esto tiene muchas explicaciones, pero quizás la más importante es que el grupo originariamente catalán, con dos apellidos catalanes, sea uno de los que tienen una natalidad más baja ¡en todo el mundo! (y, probablemente, sea la más baja). El drama de la natalidad catalana se ocultó, en un primer momento, con aportaciones de españoles procedentes de otras regiones del Estado (durante el franquismo) y en la actualidad (cuando ese flujo hace ya tiempo que se ha interrumpido), con aportaciones de la inmigración. Desde el año 2000, invariablemente, cada vez que llega el 2 de enero, nos enteramos de que los “primeros catalanes” nacidos en las cuatro provincias el día anterior son… hijo de inmigrantes.

Hay que recordar la responsabilidad del gobierno de la Generalitat desde finales de los años 80 en la desfiguración del perfil etno-cultural de Cataluña. Y es muy importante: no es lo mismo integrar en la misma generación a un inmigrante gallego, andaluz, aragonés o castellano, que hacerlo con un inmigrante senegalés, marroquí o pakistaní. Las identidades regionales procedentes de otras zonas del Estado son “contiguas” en relación a la catalana: mismos grupos étnicos, mismos o muy parecidos valores, mismos principios religiosos o éticos, mismas capacidades intelectuales. No ocurre lo mismo con las aportaciones procedentes de grupos étnicos con los que existen barreras antropológicas: no son “contiguos”, sino que entre ellos y el grupo catalán hay “brechas” antropológicas y culturales.

En su infinita ignorancia de lo que es el mundo y de lo que son otras culturas, los nacionalistas catalanes creen que simplemente enseñándoles el idioma catalán –como se ha hecho con grupos procedentes del Estado- ya se ha realizado el “proceso de integración”. Resultaba bochornoso ver como Carod-Rovira, haciendo gala de esa ignorancia pueblerina que acompaña a todos los nacionalismos, hablaba sobre el “Islam catalán” ante una asamblea de asociaciones islámicas residentes en Cataluña que, obviamente, no aspiraban a nada más que a mejorar sus posiciones y a obtener mayores subsidios y facilidades para… proseguir su culto. Carod-Rovira, hombre formado a la luz de las teorías lingüísticas de los Prats de la Riba y de los Pompeu Fabra, ignoraba que para un musulmán hablar catalán es un hecho meramente práctico, pero que jamás de los jamases, situará a la lengua catalana al mismo nivel que la árabe que, a fin de cuentas, para él, es la “lengua sagrada” utilizada por Mahoma para escribir el Corán. Sin olvidar, por otra parte, que el Islam ha demostrado históricamente una facilidad sorprendente para deslizarse hacia las interpretaciones más extremas de los contenidos del Corán, lo que lleva a Cataluña a situarse como una de las regiones europeas con más riesgos de contagio yihadista.

Pues bien, hace falta repetir y bien alto, que si en Cataluña la paz étnica se ha comprado en los últimos 15 años a base de subsidios y subvenciones a los grupos islamistas que no han conseguido detener la islamización creciente de la sociedad catalana y el hecho de que mientras el grupo étnico catalán apenas llega a un hijo por pareja, el grupo étnico islamista (compuesto por magrebíes, subsaharianos y pakistaníes) tiene una media de ¡cuatro nacimientos por pareja!  La teoría defendida por algunos demógrafos progresistas, sobre que una sociedad cuando alcanza determinado nivel de bienestar y cultura disminuye su natalidad, no es más que un aspecto del florido panorama multicultural, verdadero arsenal tranquilizador: pero, lamentablemente, tal teoría es falsa cuando se aplica a Europa.

En efecto, hay que recordar que estos grupos étnicos (magrebíes y subsaharianos) son los que en toda Europa (Cataluña no es una excepción) se insertan muy mal en el sistema educativo y, a pesar de que existen becas que les permitirían estudiar sin necesidad de invertir un solo euro, en la práctica, son muy escasos (tanto en la segunda como en la tercera generación) los que siguen la vía de estudios superiores e incluso de estudios profesionales. Por otra parte, eso hace que sus niveles salariales sean bajos y que los que están en paro o se resignen a vivir de las ayudas sociales, del trabajo negro o se integren en los circuitos de la delincuencia. En cualquier caso, siguen en los umbrales de la pobreza: ni mejoran su nivel cultural y su preparación, ni mejoran su capacidad adquisitiva… por lo tanto, mantienen sus niveles demográficos. Y esto permite plantearse: ¿cuánto tiempo tardarán los grupos étnicos africanos en ser mayoritarios en una Cataluña que ha dejado de tener hijos? ¡Y cuyos “hijos” no renuncian a su identidad de origen!

Lo podemos plantear de otra manera: ¿qué ofrece Cataluña a un joven islamista? ¿Una lengua? La suya es mejor, es simplemente “sagrada”. ¿Una cultura? Sardanas, castellers, grallers… ellos tienen algo mejor ¡una religión que les da respuestas a todo e incluso una concepción política: la umma, la comunidad de los creyentes! Y valores mucho más simples: limosna, abluciones, no comer cerdo, no beber alcohol, ir una vez a la Meca y creer que Ala es el único dios y Mahoma su profeta. Eso es todo. Y si las cosas vienen mal dada y uno se harta de la miseria siempre tiene el camino de la yihad que, después de un momento de pánico garantiza la vida eterna en siete palacios de jade, con siete arenes, cada uno con setenta y siete huríes y en estado de erección permanente con la vida detenida a los 33 años de edad…

Hay que maldecir una y mil veces a Jordi Pujol y su banda de piratas el que a principio de los años 80 en un “lúcido” análisis estratégico, optaran por derivar inmigración hacia Cataluña del Magreb y de África (Marta Ferrusola ya empleaba masivamente a finales de los 8 a africanos en sus plantaciones de flores en el Maresme, incluso a ilegales), antes que aceptar a iberoamericanos (de la misma forma que hay que maldecir a Aznar y a Zapatero por no SELECCIONAR el tipo de inmigración que hacía falta en España y permanecer mirando a otra parte cuando proliferaban “bandas latinas” y delincuencia organizada llegada de Iberoamérica (una vez más sigue siendo cierto que la mayor parte inmigrantes no son delincuentes, pero que la mayor parte de delincuentes proceden de la inmigración). La “teoría” era que los inmigrantes iberoamericanos, al hablar castellano se cerrarían a aprender catalán, las estadísticas de utilización descenderían (más aún de lo que están descendiendo) y se desvelaría que el “proceso de catalanización” no era más que la tapadera del saqueo de Cataluña.

Pujol envió a un individuo catastrófico desde todos los puntos de vista, Ángel Colom, habituado a vivir de ONGs y de cargos públicos, ex secretario de ERC que dejó al partido en el límite de la bancarrota, como “embajador en Marruecos”. Como se sabe, es muy habitual en los medios gays sentir una admiración rayana en la devoción hacia la cultura árabe y, sin duda, Colom era la persona más adecuada para iniciar el tránsito masivo desde los arrabales de Casablanca y de Tánger, desde el Rif hasta el Atlas de un millón de marroquíes a Cataluña. De la obra de estos dos “grandes nacionalistas” habrán quedado tres caños colaterales no precisamente menores: 1) la desfiguración creciente de la identidad catalana subsumida por la identidad islámica cada vez más presente y que en 20 ó 30 años entrañará su asfixia, 2) la traslación de un volumen de población que, en Cataluña, en España y en toda Europa, subsiste mediante subvenciones públicas y supone una aspiradora de recursos asistenciales y 3) la aparición de un riesgo yihadista como en ninguna otra región de España.

Tal ha sido la tarea por la que se recordará al nacionalismo catalán en las próximas décadas, cuando veamos hasta dónde puede mantenerse la “paz étnica”. Cataluña es vanguardia de España en este problema. Pero también en otros.

La corrupción anidada en el gobierno de la Generalitat es, quizás, lo más llamativo. En especial, porque tal corrupción es prolongada, descarada y hasta hace poco rodeada de impunidad. No es algo que proclamen los partidos estatalistas: es algo reconocido por el estudio publicado en el arranque del “proceso soberanista” (2012) por la Comisión Europea sobre corrupción política e institucional en los 27 países que componen la UE, lo que se ha llamado el “índice de calidad regional”. Cataluña ocupa en Europa el puesto 130 (sobre 172 regiones, que corresponde a los territorios más opacos y corruptos del continente, a la altura de regiones de Bulgaria, Rumania y Polonia. Y, entre todas las regiones (o “comunidades autónomas”) de España, se sitúa en vanguardia del índice de corrupción y opacidad. Los casos Pallerols, Palau, Pujol y un largo, larguísimo etcétera, no han sido meros accidentes en la historia de la Generalitat restaurada en 1979, sino que recorren paralelamente su historia desde el origen.

El hecho de que un organismo imparcial de “mala nota” a Cataluña no implica solamente un desprestigio absoluto del “proceso soberanista” (que pretendía ser reconocido y admitido en la UE) sino que, además, afecta a la población catalana. En efecto, tal índice mide la “calidad del gobierno” de las regiones en función de la seguridad jurídica, la transparencia, los niveles de corrupción, la transparencia y la eficacia en la gestión. Resulta evidente que en dicho ranking, cuanto más alto está situado un gobierno regional, más eficiente es su gestión, mejor es el nivel de vida de la población, más elevado su bienestar económico y la eficiencia de sus sistemas sanitarios y educativos. La población, en definitiva, vive mejor, cuanto más alto está situado un gobierno regional y peor si se sitúa en las partes más bajas. Cataluña está en la cuarta parte más catastrófica de la tabla, lo que no dice mucho ni del gobierno autonómico, ni de la población que lo ha votado reiteradamente, ni de la legitimidad del “proceso soberanista”.

Y lo que es aún peor: el Estado Español ocupa el lugar número 12 en la misma tabla. Es decir, ocupa un lugar intermedio, por detrás de Malta, Bélgica o Francia, pero por delante de Portugal, Chipre y Estonia, alejado de la “cola” (Rumanía, Bulgaria, Italia). Así pues, la Comisión Europea reconoce que Cataluña es la “peor” zona de España. Si ésta ocupa un lugar intermedio (el 13 sobre 27 en el ranking nacional), Cataluña (en el ranking regional) se sitúa muy por debajo: 130 sobre 172…

Al año siguiente, el mismo estudio hizo descender a España del puesto 13 al 14… pero Cataluña descendió del puesto 130 al 134...

Peor se situaba el rating de deuda pública de la Generalitat. También aquí, Cataluña resultó desde 2012 (cuando Artur Mas inicio el “proceso soberanista”) la región peor parada de todo el Estado (ex aequo junto a la Comunidad Valenciana, gobernada por el PP). La deuda pública de ambas autonomías estaba clasificada ¡por debajo del bono basura! Dada la imposibilidad de afrontar los pagos mediante más y más emisiones de deuda pública regional, la Generalitat optó por pedir préstamos al Estado para evitar la quiebra (20.156 millones solamente entre 2012 y 2013). Estos préstamos, procedentes del Fondo de Liquidez Autonómica y del Instituto de Crédito Oficial, han proseguido en los dos últimos años llegando a un total, al final de la legislatura de Artur Mas, de ¡40.000 millones!, hasta el punto de que en enero de 2015, Standard&Poors afirmaba que “La caja de la Generalitat está prácticamente vacía y la cubre el apoyo estatal”.

También en este terreno del endeudamiento la Generalitat va en cabeza: lo recibido por Cataluña supone el 34% del total de la financiación concedida a las comunidades autónomas, seguida a distancia por la Comunidad Valenciana (que se ha llevado el 22%) y por la Junta de Andalucía (con un 17,5% del total ). En otras palabras, estas tres comunidades han absorbido tres cuartas partes del dinero prestado. En las tres, la corrupción, la mala gestión, el saqueo de las arcas  públicas y el descenso en la calidad de los servicios públicos, es superior a la del resto del Estado.

A la vista de estas cifras, lo que más sorprende del “proceso soberanista” es que, en algún momento, algún catalán pudiera pensar racionalmente que la Unión Europea admitiría a un micro-Estado en quiebra, con niveles de corrupción más próximos a Kosovo (modelo para algunos independentistas catalanes, verdadero Estado-pirata, vergüenza de Europa, de mayoría islámica, por cierto), cuya deuda pública era invendible. Esto se entiende mejor si tenemos en cuenta otro factor de la ecuación: los medios de comunicación catalanes son, sin excepción, medios que viven de los subsidios públicos y que hacen y dicen aquello que los “comisarios políticos” de la Generalitat dictan.

A pesar de casi treinta años de “inmersión lingüística”, los diarios específicamente catalanes nunca han sido rentables y solamente han podido mantenerse gracias a los subsidios de la Generalitat y a las suscripciones masivas realizadas por las cajas catalanas y los organismos de la Generalitat. Huérfanos de lectores han tenido que ir contrayendo tiradas y cabeceras. Incluso las traducciones al catalán de El Periódico y La Vanguardia solamente pudieron hacerse mediante el mismo régimen de subvenciones (y hoy es frecuente que cada día, miles de excedentes de La Vanguardia se abandones en los trenes de cercanías catalanes, pagados por Rodalíes de Catalunya…). Otro tanto cabe decir de la edición de libros en catalán cuyas tiradas rara vez superan los 1.000 ejemplares una parte importante de las cuales es absorbida por las bibliotecas quedando allí abandonados.

En lo que se refiere a TV3, salvo en Corea del Norte, sería difícil encontrar un medio más ideologizado y puesto al servicio del “proceso soberanista”, hasta el punto de que quienes no lo comparten, simplemente han decidido marginar este canal en sus repertorios de zapping: en efecto, sea cual sea el programa o la temática, los guionistas barren para el “proceso soberanista”. Un estudio publicado por portal.mèdia.cat demostró en septiembre y octubre de 2014 que el 63% de los tertulianos estaban a favor de la independencia, el 30% en contra y el 7% se mostraban neutros… cifras que no corresponden ni remotamente a la realidad política catalana y que evidencia el nivel de manipulación. Otro tanto ocurre en la radio en donde hace veinte años se (im)popularizaron los “correctores lingüísticos” que revisaban los guiones e imponían cambios hasta convertirse en los personajes más odiados de las emisoras.

En lo que se refiere al cine, la cosa es todavía peor: los niveles de audiencia de las películas dobladas al catalán han estado siempre a mínimos. El 2014, la cuota de espectadores al cine doblado en catalán se situaba en el minúsculo 2,38% (2,22 en 2014, 2,60% en 2013, 3,88% en 2012, 2,16% en 2011, 2,86% en 2010)... lo que no era obstáculo para que aumentaran las subvenciones para el doblaje de películas al catalán en un 70%, justo en los momentos en los que la Generalitat reconocía no poder pagar a las farmacias. No se trata de una conspiración: simplemente, por los motivos que sean, el público prefiere asistir a sesiones en castellano y, en segundo lugar, en el VOS. Ferrán Mascarell, ex PSC, conseller de cultura, había prometido una cuota del 35% para el cine en catalán en 2017…

¿Qué ocurre con el cine en catalán y con la prensa escrita? Los cambios en los gustos del público y en los medios, el rodillo de Internet, explican en cierta medida esta falta de audiencia, pero no toda. Lo que demuestran demasiado a las claras son los límites en la catalanización del país: parece bastante claro que los niveles de utilización del catalán permanecen con cierta tendencia a la baja, desde hace 17 años, que el hecho de que prácticamente la totalidad de la población catalana entienda la lengua catalana (el gran fetiche del nacionalismo desde sus comienzos y su único punto de apoyo como “factor diferencial”) no quiere decir que lo utilice. Existen distintos estudios lingüísticos sobre los niveles de utilización del catalán y del castellano en todos los ámbitos. En ninguno se sitúa a la lengua catalana como de uso mayoritario… salvo en las relaciones con las instituciones (Generalitat y Ayuntamientos…). En el ámbito interpersonal en 2013 el uso del catalán estaba en torno al 27,8%, mientras que el castellano alcanzaba el 55,7% y el uso indistinto de ambas el 7,3%. Es significativo que el uso del catalán, además de en las instituciones, solamente sea mayoritario en el ámbito de la enseñanza (42,9 utilizan en catalán en las aulas, el 30,8% el castellano y el 17,4% ambos). Es decir: se utiliza el catalán allí donde, por ley, debe utilizarse (administración y enseñanza). Donde más igualado está la utilización del catalán y del castellano es el lugar de trabajo (45% catalán, frente al 42,4% castellano y 8,2% ambas)… pero también aquí existen imposiciones legales que afectan incluso a la rotulación.

En el consumo y en los servicios, el catalán acaparaba el 33,6% de los usuarios, mientras que el 48,7% resolvían sus compras en castellano y el 15,3% utilizaban indistintamente ambas lenguas. En el ámbito del hogar, en la familia, es demoledor para la Generalitat constatar que en 52,4 de la población catalana utiliza en castellano para expresarse habitualmente, mientras que el uso del catalán alcanza el 29,4%. Peor aún resulta constatar la evolución de la utilización del uso global del catalán. En 2003 lo utilizaba solamente como lengua vehicular el 34% de la población, pero en 2008 había descendido al 31,6% y en 2013, ya en pleno “proceso soberanista”, al 26,7%. Si esto supone una caída notable de 8 puntos, en algunos ámbitos es todavía más espectacular: en 2003 el 38,1% utilizaba el catalán en las visitas al médico. En 2013 había descendido al 27,8, algo más de 10 puntos. En las conversaciones con los vecinos el catalán había pasado del 27,3 en 2003 al 17,3% en 2013. Y así sucesivamente. Obviamente, el número de catalanes que utilizaban solamente la lengua castellana para expresarse habitualmente había aumentado: en 2003 eran 36,5%, pasando en 2008 el 42,6%...

Ante estas cifras (publicadas por La Vanguardia, diario próximo al “proceso soberanista”) y dada la correlación entre la utilización de la lengua y el nacionalismo, parece muy claro que los esfuerzos de la Generalitat por catalanizar la región hace tiempo que alcanzaron sus límites y desde principios del milenio no dejan de retroceder en todos los órdenes, salvo en los que implican una relación de autoridad (instituciones y escuela). La pregunta es: ¿y en estas condiciones lingüísticas, Artur Mas creía que era posible llevar adelante el proceso soberanista? Incluso con la presión mediática de TV3, resultaba demasiado evidente que se enmascarase el proceso como “derecho a decidir”, sus promotores tenían todas las de perder a poco que se planteara la cuestión de “decidir independencia SI o independencia NO”.

A estas circunstancias culturales se unen las específicamente políticas. La atomización política que vive Cataluña (no hay cuatro sino ocho partidos en el mapa político catalán y no nos cabe la menor duda de que otros más lograrán insertarse en las elecciones de marzo) es la que se ha iniciado después en el parlamento español. En zonas en las que no existe la cultura de la coalición, cualquier fórmula que se estrene, a partir de aquí, promete ser inestable y, lo que es peor, corta. Es el famoso proceso de “italianización” de la política catalana que se ha logrado extender a la política española.

Así mismo, desde el punto de vista institucional, el “nuevo Estatuto” ha llevado a un callejón sin salida, inaplicable, con zonas de oscuridad, y sin posibilidades de reforma… de la misma manera que, en la actualidad, la constitución de 1978 no es más que letra muerta o, si se prefiere el fuego fatuo de un cadáver. Como el “perro del hortelano, que ni come ni deja comer”, el Estatuto primero y la Constitución son las “leyes fundamentales” de Cataluña y de España… pero ya son ¡inaplicables e inmodificables! ¡Ni responden a la realidad, ni existen consensos suficientes para modificarlas! Y, rezad para que no se modifiquen, porque de hacerlo siempre será hacia posiciones más problemáticas.

Desde el punto de vista económico, en Cataluña la crisis se nota más en la medida en que era la zona más industrializada del Estado. Por tanto, la globalización con sus nuevas reglas de juego ha supuesto para Cataluña un vendaval ígneo que ha arrasado con su industria, ha liquidado completamente lo que fue hasta el último cuarto del siglo XX y desde principios del XIX, las hilaturas y telares que constituían lo esencial del panorama catalán. Era evidente que esa industria debía ser sustituida por otras más de vanguardia… pero eso no ocurrió y lo que ha sustituido a esa industria son simplemente empresas de servicios, especialmente de turismo y hostelería. Cataluña que aspiró a ser la Manchester española, finalmente ha terminado pareciéndose a la zona del Estado que más odió el nacionalismo catalán: Andalucía, con la pequeña diferencia de que en Andalucía todavía existen cultivos agrícolas rentables y zonas en donde se practica la agricultura masivamente… mientras que en Cataluña, las tareas agrarias están en riesgo de desaparición.

Socialmente, pocas clases medias han tenido que soportar lo que han aguantado en Cataluña: sometidas a la presión fiscal de la Generalitat y del Estado, con riesgo de proletarización y empobrecimiento brusco, obligadas a enviar a sus hijos “suficientemente preparados” mediante esfuerzos económicos ímprobos, a países extranjeros para evitar caer en el mileurismo y en la precariedad. Desesperadas al ver que ni la Generalitat ni el Estado hacen absolutamente nada para evitar el consumo de drogas, el alcoholismo entre los jóvenes, viendo como tanto la enseñanza pública como la privada muestran cada día su incapacidad para formar jóvenes generaciones, con unos niveles de delincuencia y de corrupción difícilmente asumibles en un Estado moderno y que solo denotan procesos avanzados de desintegración social, con unos grupos étnico-sociales subvencionados ad-infinitum y que nadie entiende exactamente ni qué hacen allí, ni de qué viven…

Eso es Cataluña. Por eso Cataluña es “muy española”: porque esos mismos problemas, sin ninguna excepción, se repiten en toda España con mayor o menor intensidad. Ahora quizás se entienda mejor que hayamos empezado este texto con la frase: “el pescado empieza a oler por la cabeza”. Lo que está pasando en Cataluña, agravado extraordinariamente dado que esta región iba en cabeza del desarrollo español, no es muy diferente de que se avecina para toda España, y que hoy ya se viene registrando con mayor o menor intensidad: crisis económica, corrupción generalizada, inmigración masiva, compresión de las clases medias.

En este contexto de crisis, el nacionalismo, lo único que ha hecho, ha sido ha sido dar una respuesta simple a un problema complejo: “Cataluña está en crisis ¿Quién tiene la culpa? La culpa es de España. Nos independizamos y entramos en el mejor de los mundos”. Cuando en realidad el planteamiento correcto era: “Cataluña es la vanguardia de la desintegración de la sociedad y del Estado Español ¿quién tiene la culpa? Los procesos de globalización, las ideas y las autoridades que lo han provocado deben desaparecer. A partir de ese momento, los procesos de decadencia y desintegración económica, social y política, pueden revertirse. No antes”.

PARTE III

El “proceso soberanista”, última trinchera de los bribones

¿Cómo empezó el “proceso soberanista”? No hay que engañarse. Aunque la malhadada idea de Artur Mas (un nombre que el nacionalismo aprenderá a maldecir en años sucesivos) arranca oficialmente en 2012 y debería haberse concretado en 2014 (la fecha mítica: los 300 años de la caída de la Barcelona leal a la dinastía de los Habsburgo en manos de las tropas borbónicas), es un proceso que, realmente se inicia en 2003 cuando llega al poder el llamado “primer tripartito” compuesto por PSC, ERC y ICV. Los socialistas fueron votados para acabar de una vez por todas con el pujolismo y su obsesión nacionalista. Sin embargo, el elector medio olvidaba quién era Pascual Maragall e ignoraba el estado de deterioro físico en el que se encontraba (y que no era un secreto ni para la clase periodística, ni para sus compañeros del PSC cuyo problema era que no habían formado todavía un sustituto… aun cuando sí es cierto que era –y es- un tabú recordarlo). Cuando Maragall pactó el primer tripartito, literalmente, su enfermedad empezaba a despuntar después de años en los que, por unos motivos o por otros, ya había dado muestras de incapacidad y desorden. En aquel tripartito, quien gobernó realmente no fue ni Maragall ni el PSC sino ERC. Fue en ese momento cuando Carod-Rovira impuso la fecha mítica de 2014 para una Cataluña independiente.

En un momento en el que ni existía demanda social, ni necesidad, de un “nuevo Estatuto”, los cuatro años en los que logró mantenerse Maragall en el poder y los tres en los que su sustituto Montilla dio muestras de ser una nulidad política, fueron perdidos por la clase política catalana recreándose en declaraciones maximalistas sobre el “nuevo Estatuto”. Hay que recordar que, inicialmente, nadie en Cataluña en 2002 creía en esta fórmula, ni siquiera el PSC o ERC (a la vista de que el PP iba a conservar el poder en las elecciones y ningún sondeo electoral lo daba como perdedor: la polémica simplemente residía en si ganaría con mayoría absoluta o con mayoría relativa). En los tres primeros meses de 2003, el tripartito catalán proponía algo que sabía perfectamente que Aznar no admitiría: para Carod era una forma de acentuar el victimismo (y la reacción de la sociedad catalana, es decir, de hacer nacionalismo), para el PSC la posibilidad de vencer a CiU en su terreno –el patriotismo catalán- y erosionar a Aznar). El “Pacto del Tinell” (todos contra el PP) se podía aplicar en Cataluña, pero no en España. Luego todo cambió. Las bombas del 11-M y la campaña psicológica que siguió hicieron que entre tres y cuatro millones de españoles cambiaran su voto entre el 12 y el 14 de marzo de 2003. Con ZP en La Moncloa, sí era posible llevar adelante el “nuevo Estatuto”. Además, ZP ya fue explícito: “aprobaré lo que apruebe el parlamento catalán”, sin duda uno de sus patinazos y de sus tan habituales muestras de ignorancia más garrafales.

El tripartito catalán contemplaba el “nuevo estatuto” de manera muy diferente: para ERC era un paso intermedio entre el Estatuto de 1979 y la independencia, la siguiente rodaja del salchichón; para el PSC suponía una “profundización” en la autonomía; para ICV una forma de hacer valer el “derecho de autodeterminación”. Lo que salió fue un churro inaplicable a medio camino entre la federación y la independencia que el Tribunal Constitucional tiró en sus aspectos más extremos. Oficialmente, fue esa negativa del constitucional a dar la luz verde al “nuevo estatuto”, lo que desencadenó el proceso soberanista. No es cierto. Tal es la mayor mentira que se ha ido difundiendo como “excusa” para desencadenar el “proceso soberanista”.

Desde 2009 se habían celebrado seudo-referéndums en distintas localidades de Cataluña. Se trataba de iniciativas de los partidos soberanistas que a veces contaban con el apoyo del PSC local y otras no. Los resultados no eran significativos: como siempre ocurre en estos seudo-referéndums votan solamente los concienciados por el tema de la independencia. Se vio perfectamente que se trataba de entre un 19% y un 25%, como máximo, de la población catalana que, más o menos, correspondía a los votos de un sector de CiU y de ERC. Poco más. Pero en 2010 CiU se había presentado a las elecciones con la propuesta estrella del “derecho a de decidir”. Obsérvese la ambigüedad: “derecho a decidir”… sobre el futuro de Cataluña; no “derecho a la independencia”. Se pedía “decidir”, pero no se explicitaba que esa decisión pudiera llevar a la independencia (entre otras cosas porque estaba claro que, en caso de referendo, con pregunta clara, la respuesta del electorado distaría mucho de ser favorable a la independencia).

En Madrid gobernaba todavía un Zapatero arrinconado por la crisis, empequeñecido, sitiado por sus propios barones, abandonado y abochornado de sí mismo; un espantajo político al que como al rey del cuento ya nadie vacilaba a la hora de denunciar su desnudez, esto es su estulticia pasada y presente. Estaba claro que al año siguiente ya no estaría sentado en La Moncloa. Parte de su deterioro había venido por su actuación durante la tramitación del “nuevo Estatuto” y sus ambigüedades en materia de vertebración del Estado de las que hizo gala en su primera legislatura. Cuando en 2011, llegó Mariano Rajoy al poder, Artur Mas, intentó la misma política que había tenido éxito durante el “pujolismo”: vender apoyo en Madrid a cambio de mayores techos autonómicos. Durante el período 2010-2012, CiU desvió entre cuatro y ocho millones de euros a los grupos independentistas con el fin de aumentar la presión de ese sector. Lo siguiente era algo que Pujol ya había hecho mucha ocasiones: “lo veis: o accedéis a mis peticiones u os las tendréis que ver con estos; yo soy el único muro contra los independentistas”…

El problema fue que en su primer viaje a Madrid, ya con Rajoy en el poder, las cosas habían cambiado, simplemente: ya no había dinero en las arcas del Estado para acallar el chantaje nacionalista; si Zapatero no le pudo dar nada al estar su gobierno aquejado de debilidad extrema, Rajoy tampoco pudo ceder en nada… porque en el período 2011-2013 se vivieron los peores años de la crisis de la deuda, España estaba al borde de la quiebra, con la prima de riesgo disparada y la economía, intervenida, en la práctica. Artur Mas volvió a Cataluña con las manos vacías encontrándose con que el monstruo que había creado, a efectos de presionar al Estado, tenía vida propia (a pesar de que las cifras de asistentes a las concentraciones del 11-S habían sido sistemáticamente hinchadas y los asistentes multiplicados por tres o por cuatro). Pero, hubiera bastado simplemente con cortar el grifo de subsidios a los sectores independentistas, limitar su influencia en TV3 y en los demás medios de comunicación catalanes, para que el fenómeno hubiera remitido permaneciendo en la cota del 19-25%, normal en la sociedad catalana…

Lo que, realmente, determinó el arranque del “proceso soberanista”, no fue nada de eso, ni siquiera el que la crisis económica se viviera en Cataluña con una intensidad particular (entre otras cosas porque la alta burguesía catalana que, hasta entonces lideraba el nacionalismo, se había preocupado de atraer inmigración marroquí o hubiera renunciado a invertir en Cataluña –salvo en el sector inmobiliario y especialmente en el hostelero- y porque allí en donde había más industria era donde el fenómeno de la deslocalización se experimentaría más brutalmente: Cataluña ha perdido casi la mitad de su potencial industrial entre 2000 y 2015). Lo que determinó el “procés” fue, ni más ni menos, que en 2012 empezaron a sistematizarse las investigaciones de la UDEF sobre las redes de corrupción en Cataluña.

Fue, a partir de ese momento, cuando la cúpula de CiU reaccionó con una fuga hacia adelante, a la vista de que no podía dar marcha atrás (el monstruo independentista que había subvencionado tenía vida propia), negociar con el gobierno de Madrid impunidad a cambio de apoyo hubiera supuesto reconocer que el “pujolato” fue el período más corrupto en la historia de Cataluña, una especie de “bandolerismo institucionalizado” (lo que hubiera entrañado el fin de CiU) y solamente quedaba la independencia: a partir de ahí, cualquier ofensiva jurídica contra Pujol, contra Mas, contra cualquier conseller de la Generalitat, podía decirse que era una “ofensiva contra Cataluña”.

De ahí la irracionalidad del “proceso soberanista” y el que durante cuatro años hayamos visto a un gobierno de la Generalitat dispuesto a seguir por el camino emprendido a pesar de que al final del camino estaba la imposibilidad práctica del independentismo por alcanzar sus fines. Puede entenderse el porqué en la CUP, cuando se inició el debate sobre si apoyar o no a Mas, para algunos de sus miembros, particularmente ingenuos, pero no excesivamente malintencionados, se les planteara el dilema moral: apoyar a Mas supone apoyar el “bandolerismo institucionalizado”… no apoyarlo supone el fin del “proceso soberanista”. Así pueden entenderse los tuits que colocó Xavier Monge antes de hacer mutis por el foro de las CUP: “Iría siendo hora de poner sobre la mesa la pura rea­lidad: el proceso es el mayor fraude de la política catalana”, “Un mandato inexistente, una hoja de ruta en blanco, una legislatura muerta, y aún hablamos de investir al mayor cadáver político del momento. Bravo”. Hubiera sido imposible resumir mejor las razones por las que el “proceso soberanista” ha muerto: irracionalidad, aventurerismo, negativa a reconocer la realidad social catalana (una sociedad, dos identidades), negativa a insertar la realidad catalana en la Unión Europea, etc, etc, etc.

El “proceso soberanista” impulsado de manera irracional por el terror a que las investigaciones policiales y los juzgados sentaran en el banquillo de los acusados a la flor y nada del nacionalismo, fue lo que hizo que Artur Mas, en un primer término, iniciara el proceso y en un segundo término, a pesar de ser evidente, que estaba siendo arrollado por los independentistas que él mismo había amamantado, estos tomaran el control de la situación.

PARTE IV

Crónica de la “Comedia de Falset”

Cuando Artur Mas compareció ante las cámaras en el Palau de la Generalitat en 2013 acompañado por un batasuno (CUP), por Junqueras secretario general de un partido cuyos caladeros de votos están en zonas rurales del interior (ERC) y una sandía (roja por centro, verde por fuera, ICV), ese día la alta burguesía catalana que, hasta entonces había CREADO y MANTENIDO el nacionalismo, entendió que el “proceso soberanista” se le había escapado de las manos. Pero no le importaba excesivamente: esos mismos burgueses que habían amasado inmensas fortunas en el siglo XIX, que siguieron amasándolas en el primer tercio del siglo XX (con el sobresalto de la Semana Trágica de 1909), que siguieron dirigiendo en la práctica Cataluña durante los 40 años de franquismo y que, finalmente, hicieron y deshicieron a su antojo durante el “pujolato” y los “tripartitos”, en los últimos 20 años habían ido desplazando sus inversiones hacia el capital especulativo, los paraísos fiscales y la industria hostelera del Caribe, cediendo el control de la Generalitat a sus “segundones”, a los funcionarios de CiU que les servían con fidelidad perruna o a sus hijos menos dotados… pero sus intereses económicos ya no estaban en Cataluña. Aquella foto de Mas con Junqueras (ERC), Herrera (ICV) y Fernández (CUP), aunque Mas no lo sabía, marcó el fin de una época: ahí, en ese momento, es cuando comenzó el entierro de CiU (el partido generado por la alta burguesía catalana durante la transición) y arrancó el “procés soberanista”.

CiU no pudo superar sus tensiones internas y el abandono por parte de la alta burguesía catalana (identificarse, a partir de ese momento con el “procés” implicaba ser considerado como “poco serio” por parte de sus interlocutores: hombres de negocios, gente de mundo, inversores de altos vuelos, etc). La” U” de CiU tardó poco en desprenderse para tratar de resucitar una especie de Lliga Regionalista que UDC había rechazado tantas veces constituir con la rama catalana del PP o de UCD en su tiempo y que ahora ya le cogía a contrapié y cuando no supone nada serio ser miembro de la “internacional democristiana”. En cuanto a CDC, anegada por procesos, con las sedes intervenidas judicialmente, con sus distintas cúpulas históricas preparando sus defensas y cuando la investigación no está ni siquiera en el 10% de lo que puede dar de sí, tardó poco en desaparecer e improvisar un nuevo partido llamado a la derrota.

Desde el mismo momento de su arranque, el “proceso soberanista” estaba en vía muerta. Ni Artur Mas, ni ERC, ni las “tietas” de la ANC y del Ómnium, ni por supuesto, las CUP tienen la más mínima idea de cómo pueden avanzar a favor de la independencia, porque todos ellos han olvidado –han querido olvidar durante años- lo esencial: que la Unión Europea es una “unión de Estados Nacionales” y que, precisamente por eso, están cortadas las vías que llevan, no a la incorporación de nuevos estados, sino a que esas incorporaciones se produzcan a partir de fragmentos de Estados ya miembros. Durante cuatro años, los promotores del “proceso soberanista” se han negado a reconocer esto y el propio Mas ha caído en interpretaciones absurdas como aquella en la que proponía que fuera el gobierno español el que avalara la candidatura del “nuevo Estado” a la UE, o aquella otra de negar que la ruptura supusiera “salir de la UE, porque Cataluña estaba en España y España en la UE”… argumentos que pueden convencer a un negado predispuesto a tener por cierto que Colón, Santa Teresa o Cervantes eran catalanes… pero nunca a alguien que tenga un mínimo de sentido común.

Cataluña entró con Maragall en algo parecido a la Comedia de Falset. Un popular refrán catalán dice (diu):  “Aixo es com la comèdia de Falset, que havia de començar a les vuit i va acabar a les set” (esto es como la comedia de Falset, que tenía que empezar a las ocho y acabo a las siete). El “proceso soberanista” estaba muerto antes de empezar. La frase deriva del hecho histórico de una obra de teatro de Pau Bunyegas, estrenada en el tradicional Teatro Romea barcelonés en 1869. La comedia era un absurdo. Terminaba pidiendo al espectador que pusiera su propio fin, el que más le gustara o le conviniera. Antes de este soliloquio final, el pueblo en el que se ubicaba la comedia, Falset del Priorato, todos acababan a palos… La frase catalana pasó a ser el equivalente a que algo acabe “como el rosario de la aurora”. De hecho, en la Montaña catalana y entre los círculos de comentaristas, se ha popularizado la frase sobre la “comedia de Falset” para caracterizar al “proceso soberanista”… pero, en realidad, vale la pena aplicarla desde el inicio del “maragallismo”.

Desde 2003 era evidente que un “nuevo Estatuto” nacido sin demanda social del cerebro averiado del pobre Maragall, especialmente deteriorado en donde anidó su “seny” y que dejó intacto solamente su particular “rauxa” (la compasión que puede suscitar –y de hecho suscita- su enfermedad no es óbice para recordar sus responsabilidades y especialmente la de sus compañeros del PSC que, sabiendo cuál era su estado, lo presentaron a las elecciones como cabeza de lista), desembocaría, siempre que hubiera alguien dispuesto a ir más lejos (aprovechándose de los inmensos recursos económicos puestos al servicio de la Generalitat), en la Comedia de Falset: con una Cataluña dividida, partida por gala en dos, con todas las fuerzas políticas dándose de palos entre sí, con familias divididas, grupos de amigos enfrentados entre sí por… un proyecto imposible de partida (que debía “empezar a las ocho (2014) y acabó a las siete (2003)”. No es raro que para salir del entuerto, ni exista hoja de ruta, ni proyecto más allá de la “ruptura unilateral”, ni interés en lo que ocurrirá “al día siguiente” de la independencia y que, como la frase final de la Comedia de Falset: “Ara perquè acabe bé, fassen vostès lo final” (ahora, para que acabe bien hagan ustedes el final) que es, como decir lo que ha dicho Artur Mas al conocer que las CUP no respaldarían su candidatura: nuevas elecciones. Las cuartas en cinco años…

PARTE V

Futuro: Agonía del nacionalismo catalán, éxtasis del soberanismo

Parece claro lo que ocurrirá en las próximas elecciones: de un lado exCDC entrará en la UVI política. Ahora yo no puede establecer una alianza con nadie salvo con grupúsculos, como hizo en las anteriores generales. Los procesos contra sus dirigentes harán el resto. Ahí muere una opción política y con ella el “nacionalismo moderado”. La otra parte, que se niega a morir, UDC ya es uno de los fantasmas de la política catalana, que deambulan pero no existen.

Solamente a un presidente como Artur Mas (cuya ambición y capacidad están muy por encima de sus cualidades reales, cuya astucia no es muy superior a la un de sirlero de las Ramblas y su capacidad estratégica propia de un cabo furriel) se le ocurre desencadenar un “proceso soberanista” que tenía todas las características de descarrilar desde el primer momento… y llegar hasta sus últimas consecuencias. El motivo puede intuirse y no hace falta ser Sherlock Holmes para deducirlo: Artur Mas sabe que también él terminará tiene muertos en el armario y sentado en el banquillo de los acusados con todo lo que implica (pena de telediario, vecinos insultándolo como a Pujol, los hijos abochornados y parte de sus finanzas intervenidas…).

Pero Artur Mas –y eso es lo terrible- no es el más tonto de toda esta Comedia de Falset rediviva. ¿Cómo hay que calificar a Oriol Junqueras? ¿Un pobre ingenuo o simplemente un idealista al que Mas logró colocarle el timo de la estampita? Vayamos a los matices: CiU se calificó siempre como “soberanista” (partidaria del derecho de autodeterminación), ERC, en cambio, como “independentista” (partidaria de la independencia). Ya desde los tiempos de Macià –el verdadero promotor del independentismo catalán- estaba claro que el día después de la independencia estaba sumido entre las negruras. Simplemente, ningún independentista habla fácilmente del “día después de la ruptura con España”, simplemente, porque no hay luces y todo lo que lo envuelve son sombras y amenazas. Los más listos entre los independentistas no dudan en decir que, los “ingleses nos apoyarán” o confían en venderse a bajo precio a la OTAN en 2016 como en 1934 confiaban en venderse al fascismo italiano… Para ellos lo importante es “romper con España”, considerada como fuente de todos los males de Cataluña.

Las declaraciones de Oriol Junqueras en la radio, llorando a lágrima viva, cuando otros refutaban sus tesis sobre la independencia de Cataluña me recordar a un abuelo muy simpático, Antonio Ribera, fundador de la “ufología catalana” quien en un programa de TV después de demostrarle imposibilidad de que llegaran a la tierra seres de otro mundo, acosado y derrotado, con lágrimas en los ojos se refugió en su último argumento: “¿Pero porqué no pueden existir extraterrestres?”… como Junqueras diciendo “¿Pero porque Cataluña no puede ser independiente?”. Triste, por una parte (las lágrimas siempre son una muestra de sentimentalismo, esto es, de debilidad) y grotesco por otra (los hombres sufren y aguantan, no lloran, tal como sabemos desde Esparta, aunque a veces nos cueste recordarlo).

Pero Junqueras ha hecho algo peor que llorar en público: se negó a liderar claramente el “proceso independentista” cuando aceptó unas elecciones “plebiscitarias” en la que su sigla se difuminaba en el conglomerado viscoso y caótico de Junts pel SI, cuando su partido, ERC, podía haber sido, en solitario, el partido mayoritario de Cataluña, cuando se podía haber consumado el “surpasso” histórico en el mundo nacionalista y una CDC en crisis hubiera cedido el primer puesto a una ERC en etapa ascendente. Ahora, tarde, muy tarde, Junqueras, tras conocer la decisión de CUP de no apoyar a Mas, se postula como candidato a la presidencia para “salvar el proceso soberanista”. Tarde y mal. Eso lo tenía que haber hecho antes de las elecciones: tenía que haber aprovechado la oportunidad histórica de que CDC se despeñaba por la pendiente y asumir el papel que Pujol había tenido en Madrid durante más de 20 años, incluso hubiera tenido la oportunidad de pasar a la historia manteniendo ese papel CON HONESTIDAD y sin necesidad de tener en el guardarropa la pata de palo, el sable de abordaje, el parche en el ojo y el loro (Artur Mas) en el hombro como tiene el clan Pujol.

En cuanto a las CUP importan poco. Frecuentemente se olvida que ese partido es como un Podemos pero en pequeñito y en independentista. Sus posiciones distan mucho de estar unificadas y no es que existan solamente un par de tendencias (contra Mas y con Mas) sino que existen una multiplicad de tendencias y de matices locales que hacen que sus siglas no pasen de ser un lugar de “refugio” provisional para votos de protesta.

En las próximas elecciones catalanas (¿febrero o marzo?) puede pasar cualquier cosa: pero lo que está claro es que la hora del independentismo ya ha pasado. Este ha sido su último tren histórico. La globalización es una apisonadora: lo aplasta todo, lo iguala todo y arrasa con todo. Los Estados-Nación ni siquiera pueden hacerle frente, mucho menos los micro-Estados surgidos de la fragmentación de los primeros. Por otra parte, los Estados-Nación, tienen todavía instrumentos jurídicos y coercitivos que pueden ser utilizados (si hay un partido con dignidad y patriotismo) como barricadas frente a la globalización… se trata, por tanto, de conservar estas estructuras nacionales antes de partirlas en mil pedazos. Hoy, la tendencia general es a la transformación de los “partidos nacionalistas” en “partidos soberanistas”, colocando el independentismo en barbecho y sustituyéndolo por un “derecho a decidir” que es más formal que otra cosa: todos saben que la independencia de los micro-Estados en inviable. No es raro que, salvo en la excepción española, en el resto de la Europa continental estos partidos hayan desaparecido… salvo en Flandes con el Vlaams Belang, claro está.

La hora de los micro-nacionalismos ha pasado. No eran, a fin de cuentas, nada más que expresiones de los intereses de las  altas burguesías industriales locales, cuando estos intereses han sido superados por la financiarización de la economía y por la globalización, a estos micronacionalismos –por mucho que se hayan recubierto de perfiles “identitarios”-  sólo les quedaba morir. Y en eso están.

Ahora bien: muerto el nacionalismo independentista queda el mito soberanista. Este, tiene cierto atractivo y supone un “ejercicio democrático”: todos los pueblos, según esta teoría, tienen derecho en cualquier momento a “decidir” ¿el qué? Lo que sea. Una doctrina así solamente puede nacer en un erial cultural como el español en el que se olvida lo que es la historia, donde la capacidad crítica de las jóvenes generaciones está atrofiada por un sistema educativo quebrado, y donde ni siquiera se es capaz de dar a la palabra “democracia” algo que vaya más allá de “hacer lo que el pueblo diga”. Es la posición de Podemos y de su (más o menos) rama catalana dirigida por Ada Colau…

Ya en la pasada campaña electoral Podemos proclamó que aceptaba, no solamente para Cataluña, el derecho de autodeterminación, sino para las 17 autonomías…  luego, arreglaba el estropicio añadiendo que “os queremos con nosotros”. Tal es la posición de Ada Colau. Vale la pena recalcar lo que esto supone: si en Podemos existe algún “cerebro” medianamente amueblado, en su filial catalana estamos ante un verdadero erial intelectual. Progres de medio pelo, indigentes intelectuales y laborales en busca de un lugar bajo el sol institucional y el sueldo oficial, gente que llega con hambre atrasada y con escasas capacidades intelectuales, mínima preparación cultural e incluso profesional y bajo rodaje en el mundo laboral y, no digamos, en la dirección de otra cosa que no sea dinero públicos y ONGs subvencionadas por usted y por mí. No busquen porque no hay más: ¿”Derecho de autodeterminación”? Debe ser bueno como cualquier otra cosa a la que se anteponga la palabra “derecho de”: derecho a tirarse por un precipicio, si le gusta ¿Por qué no? Derecho al botellón, al porro o a la práctica del islamismo radical, por supuesto, no vamos a empezar prohibiendo. Ya saben: “prohibido prohibir”. ¿Independencia? ¿Autonomía? Bueno, si la gente lo vota… Lo peor es que esta posición ecléctica, enclenque, insostenible políticamente, ha sido defendida durante 25 años por ICV, sin llamar en absoluto la atención ni tomársela en serio nadie salvo sus propios militantes.

Lo peor no es que el nacionalismo moderado haya sido sustituido por el nacionalismo independentista, sino que, traspasado ese límite se entraba en vía muerta. No era malo, suponía que el péndulo regresaba a su punto de equilibrio… Pero, la mala noticia, es que después del fracaso independentista, lo que lo sustituye es la ambigüedad más absoluta, la ignorancia extrema (la falsificación de la historia catalana es sustituido por el “me la suda la historia ¿para qué nos vamos a pelear por la historia?”, propia de la mentalidad del porrero) y, finalmente, se penetra en un terreno, no ya de pobreza intelectual, sino de miseria e inanición cultural que no deja presagiar nada bueno.

En marzo, lo más probable es que se consoliden dos grandes fuerzas políticas: ERC y Podemos.cat. No es una buena noticia. Ambas, juntas, llegarán a la mayoría absoluta sin necesidad de más. Lo que les une es el “derecho de autodeterminación”, es decir, que volveremos a la Comedia de Falset, fatum inevitable de la política catalana. Todo ello, naturalmente, dentro de una Cataluña que, por entonces llevará medio año sin gobierno y doce años, perdida en la ensoñación independentista.

¿Y Ciudadanos? Paradójicamente, el abandono de su caladero catalán para intentar una “operación Roca” y la reconstrucción del centrismo, se ha saldado con un fracaso relativo (lo que se ha logrado es “reconstruir” el CDS de Suárez, no la UCD de la transición) y con un retroceso palpable en Cataluña. Albert Rivera cometió el inmenso error de dar el salto cuando le faltaban mimbres suficientes para ello e incluso cuando carecía de preparación, especialmente en economía. Tras haber realizado una de las peores campañas de la historia política de la democracia española, Ciudadanos bastante tendrá si logra salvar los muebles en Cataluña. Medios no le faltan. Ideas, en cambio, sí.

PARTE VI

El sainete catalán y la gran tragedia española

El drama de Ciudadanos, como el del PP, es seguir proponiendo “patriotismo constitucional” y “respeto a la inamovilidad de la constitución española”, eludiendo el hecho de que la constitución de 1978 está muerta y enterrada. Aquella constitución diseño un sistema de bipartidismo que, a diferencia del canovismo, era “imperfecto” en la medida en que dictaminaba que, cuando una de las dos fuerzas políticas no tenía mayoría absoluta, recurría a los nacionalismo periféricos para obtener mayoría. Pues bien, ese sistema está muerto y enterrado y pocos lo llorarán cuando lo adviertan.

En primer lugar, el nacionalismo ha dejado de ser “actor principal” en la historia de España. En las últimas elecciones generales, tanto nacionalistas vascos como catalanes como gallegos perdieron cientos de miles de votos.

En segundo lugar, aunque hubieran conseguido mantener su posición en el parlamento, de nada importaría porque la irrupción de Podemos y Ciudadanos los convierte casi en fuerzas residuales.

En tercer lugar, la derecha especialmente, pero también el grueso del PSOE y Ciudadanos, se configuran como “fuerzas antinacionalistas”. La experiencia del “proceso soberanista” ha servido para DESENGAÑAR al resto de fuerzas políticas sobre las intenciones del nacionalismo catalán: ahora está demasiado clara para toda la opinión pública, el carácter bandidesco y criminal de sus élites, su falta de lealtad a los pactos establecidos en la transición, sus oscilaciones que generan inquietud en Europa e inestabilidad en los mercados… ¿Quién, a partir de ahora, puede pactar con un nacionalista? ¿Quién incluso aceptar su apoyo? En adelante, el nacionalismo periférico es el “gran apestado” de la política española, si logra sobrevivir lo hará volviendo a pantallas anteriores de su particular videojuego y a costa de situar en primer lugar el “soberanismo” (derecho a decidir) antes que el “independentismo” (la centrifugación nacional). Sin olvidar el sentido que puede tener el “nacionalismo” cuando no existen posibilidades de constituir un micro-Estado

El que, durante 40 años, el nacionalismo –y quienes lo apoyan- no haya dejado entrever que va contra la historia y que el transido de los condados medievales a los Estados-Nación es irreversible y puede dar un paso adelante (federaciones europeas o federaciones iberoamericanas), pero no hacia atrás (una Europa articulada en 144 pequeñas nacioncillas todas pequeñitas y redonditas, pero todas orgullosos de su independencia…), no quiere decir que a partir de ahora todo esto no haya quedado demasiado claro.

Ahora bien: el problema no es dejar atrás el nacionalismo independentista, sino las reencarnaciones en las alternativas de izquierda surgidas de la franquicia Podemos. Por ejemplo, en Valencia con Compromís o el tránsito de votos del BNG a las Mareas. O la ambigüedad de una parte del socialismo periférico (en Baleares, por ejemplo) o su debilidad en todo el Estado, que lo predispone a pactar con el diablo e incluso con los más “colgados” de la política. Su “proyecto federal” intenta operar un efecto embriagador en relación a la galaxia Podemos. Pero la historia nunca ha contemplado la experiencia de un Estado-Nación que se deshaga en distintas “naciones” para luego recomponerse en forma de “federación”…

En cuanto al neo-centrismo de Ciudadanos y a la derecha liberal de siempre, el PP, la pobreza de sus aspiraciones, su falta de imaginación para plantear alternativas y nuevas fórmulas y su empeño en seguir fórmulas ya fracasadas y que se niegan a aceptar como tales (desde la constitución, hasta las políticas económicas neo-liberales, desde la Unión Europea hasta la globalización), les sitúan en una posición meramente defensiva: obtendrán votos, claro, pero serán siempre votos del miedo, votos del rechazo a la otra alternativa, no votos surgidos de la convicción y de la confianza. Ese es el problema de la derecha y del centrismo: haber adoptado la moral del buey castrado y uncido con la yunta de la esclavitud.

El problema no es que el sainete catalán prosiga en aquella tierra como la Comedia de Falset, sino que el pescado siempre empieza a oler por la cabeza. Y Cataluña es esa cabeza, metafórica mucho más que real (la falta de lealtad evidente de la Generalitat ha hecho que Cataluña fuera perdiendo en estas décadas importancia estratégica en España, de un lado con el eje de comunicaciones Lisboa – Madrid – Valencia y de otro priorizando la conexión a Francia por los Pirineos centrales en lugar de por el “eje mediterráneo”, pasando por Barcelona. Todo se paga en este mundo, tanto el bien como el mal, incluso como la ceguera: la facilidad con la que el nacionalismo ha manejado los sentimientos catalanes y la impunidad como lo ha hecho, no la va a pagar solamente sus cúpulas en los banquillos (dado que cada vez tienen menos ases –ninguno, en realidad, en este momento- para negociar y para evitar la sentencia final), sino que lo está pagando el pueblo catalán: con 1.500.000 de inmigrantes inintegrables y absolutamente imposibles de acomodar en el mercado laboral, con uno de los paros juveniles más altos de España, con una sociedad completamente dividida y viviendo de la hostelería y del turismo, rezando para que en ningún momento se produzcan disturbios que puedan empañar el atractivo turístico de la Ciudad Condal…

El verdadero problema es que, no solamente la política catalana está en un callejón sin salida, sino que la política española también ha entrado en vía muerta. Y esto por tres motivos: en primer lugar porque un sistema diseñado para el bipartidismo difícilmente puede sobrevivir en medio de un parlamento progresivamente más fragmentado; en segundo lugar porque no hay vías de supervivencia para una nación periférica en la economía europea como España dentro del papel que se le ha asignado en la globalización y en la UE (nación periférica de servicios) y en tercer lugar porque al no poderse resolver la cuestión económica, la crisis social persistirá y el hecho de que cada vez más familias se encuentren próximas o bajo el umbral de la pobreza y que las clases medias se vayan viendo comprimidas o abocadas a la precariedad y al miedo a perder su situación, impedirán superar la crisis social.

En estas condiciones, con un régimen constitucional que no puede modificarse y que si se modifica no es hacia formas superiores, sino a formas de mayor inestabilidad, donde no existen consensos suficientes para elaborar proyectos constitucionales que resulten duraderos, justo es reconocer que no hay salida para nuestro país y que toda España va a recorrer el mismo camino que está recorriendo Cataluña para acabar “como el rosario de la aurora”…

Eso o reinventarse a sí mismo. Y esa es la cuestión: que España debe reinventarse a sí misma, o de lo contrario, el único camino que queda no es ya el de la Comedia de Falset, sino la del Drama de Talavera: “donde todo oscila entre un sainete y una calavera”…

© Ernesto Milà – http://info-krisis.blogspot.com – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

RHF nº XLIII . Sumario

RHF nº XLIII . Sumario

Revista de Historia del Fascismo.- El fascismo es, en gran medida, un fenómeno desconocido y  no es raro que  en nuestros días se tienda a ignorar sus dimensiones internacionales. Allí en donde se investiga un poco, en el lugar más recóndito del planeta, en los años 20 y 40, siempre aparece algún movimiento que pueda ser considerado como “fascista”. En ocasiones, en la misma nación aparecen varios movimientos de la misma orientación y, cosa iguamente significativa, crece el fenomeno de los “fascistizados”. El hecho de que en este número dediquemos un articulo al “fascismo chino” tiene mucho que ver con lo que decimos: hasta en el seno del Kuomintang se desarrolló una tendencia claramente fascistizante. Así pues, el fascismo fue un fenómeno universal adaptable a cualquier espacio geográfico o étnico y en absoluto reducible a la ecuación fascismo = dictadura. Tratar de penetrar en la “esencia del fascismo” es una forma de conocer el “espíritu del siglo XX”.  

¡Feliz  Navidad y próspero 2016 a todos los amantes de la historia!

FASCISMOS

> Camisas azules… en China. El fascismo chino y su sorprendente relación con Europa

Curioso e inédito estudio sobre el «fascismo chino» escrito por un licenciado en historia por la Universidad Autónoma de Barcelona, de origen chino. El articulo ha constituido una sorpresa para esta revista que ignoraba completamente la existencia de una traducción china del fascismo europeo, pero, en cualquier cso, demuestra la universalidad del fenómeno y su arraigo mundial. Sorprende, así mismo, que el fascismo chino surgiera en el interior del Kuomintang como asociación secreta. Y sorprende, finalmente, tanto las similitudes del fascismo chino con el europeo, como su originalidad y adaptación a la tradición local.

ALEMANIA

> Cine en el III Reich (I de III). Antecedentes de la cinematografía del Reich

El anecdotario cuenta que en 1895, dos meses antes de que los hermanos Lumière realizaran su primera proyección pública en París de la película Salida de los obreros de la fábrica Lumière, Max Skaladanovsky presentaban en Berlín su Bioskop. La invención utilizaba dos películas de cuarenta y ocho imágenes cada una y el ciclo de proyección apenas duraba 10 segundos. A pesar de tratarse casi de una curiosidad, su autor lo presentó como la primera ocasión que se presentaban imágenes en movimiento, y así se le considera todavía en el ámbito germánico. El invento no tuvo continuidad y se cita a título de curiosidad. A las ferias alemanas llegaron las cintas de los Lumiére y no fue sino hasta 1910 cuando empieza a existir una tímida industria del cine en Alemania de la mano de Oskar Messter y con mucha más fuerza gracias a Paul Davidson. Éste último contacto con Max Reinhardt, productor teatral berlinés quien facilitó actores consagrados en la escena para las nuevas producciones cinematográficas. Inmediatamente antes de la guerra, Reinhardt filmó La muchacha extranjera sobre un guión de Hugo von Hofmannsthal, una de las primeras películas de cine fantástico.

ESPAÑA

> La extraña muerte  de Aníbal Calero. Primer legionario alistado en la península

Desde tiempo inmemorial  viene siendo muy común el hecho de que ciertos homicidios o crímenes queden envueltos en la nebulosa del misterio. Sin ir más lejos, el año pasado se conmemoró el segundo centenario del nacimiento del general D. Juan Prim, del que todavía se ignoran quienes fueron, ciertamente, los culpables de su alevosa muerte.

Sin tener, ni por asomo,  la importancia y trascendencia del caso Prim, sin embargo, ante la dramática muerte de Aníbal Calero surgen una serie de elementos que llaman la atención y despiertan, no solo la curiosidad, sino, también,  el interés por la investigación, pues, al fin y al cabo, aunque de forma modesta, él también pasó a la historia militar de España por haber sido el primer legionario alistado en la Península, concretamente en el Banderín de enganche de Albacete el 25 de septiembre de 1920.

NACIONAL-SINDICALISMO 

> El factor católico en la historia de Falange Española. católicos sin apoyo de la jerarquía (I de II)

Falange Española se definió a sí misma como partido católico, aunque no confesional. Desde el primer momento existió una contradicción entre la postura de la jerarquía católica y la orientación del partido. La primera apoyaba oficialmente a la Confederación Española de Derechas Autónomas. Falange se vio atacada como «maurrasiana» o «no suficientemente católica». Lo que, inicialmente debía ser una profesión de fe favorable a la religión mayoritaria en España, terminó convirtiéndose en una fuente de problemas. Estos problemas seguirían en la postguerra cuando los falangistas que actuaban intramuros del régimen franquista se enfrentaron sucesivamente contra nacional–católicos, luego contra democristianos y, finalmente, contra opusdeístas. En este dossier hemos tratado de incluir todos los aspectos de la cuestión.

CULTURA

> Patriotismo. Un cuento completo de Yukio Mishima.

Ofrecemos este cuento de Yukio Mishima cuando se cumplen los 45 años de su muerte sacrificial y como regalo de Navidad a nuestros lectores.

 

Características:

Formado 15x21 cm

Portada cuatricomía plastificada con solapas.

250 páginas

Ilustrado abundantemente

Precio 18,00 euros + 4,00 euros de gastos de envio.

Pedidos e información: eminves@gmail.com

 

Feliz Solsticio 2015

Feliz Solsticio 2015

A veces la realidad se convierte en símbolo y el símbolo encarna la realidad. Del 21 al 23, en el hemisferio norte tiene lugar el Solsticio de Invierno. Es el instante en que el Sol se encuentra a la mayor distancia del ecuador.

Desde hace milenios se celebra esta fiesta en nuestró ámbito cultural. Así que BUEN SOLSTICIO Y ESPERAD EL RENACIMIENTO DEL SOL, que afortunadamente no precisa de nosotros para su ETERNO RETORNO.

http://info-krisis.blogspot.com - http://eminves.blogspot.com

Las elecciones del caos

Las elecciones del caos

Info|krisis.- Después de una primera valoración realizada apenas dos horas después de cerrarse los colegios electorales, un estudio más reposado de las cifras nos confirma en las primeras conclusiones, si bien creemos interesante ampliarlas. Cabe decir que no hemos tenido acceso a estas horas de la noche (6:20 de la mañana en España y 23.20 en Costa Rica) ni a los comentarios de los “tertulianos”, ni a las declaraciones de los distintos partidos. Así pues, para las notas que siguen nos hemos fiado solamente de los resultados electorales emitidos por el Ministerio del Interior.

1. ¿En dónde se ha notado la irrupción de nuevos partidos?

Las siglas nuevas, la galaxia Podemos y los neo-centristas de Cs, han suscitado la esperanza en una parte del nuevo electorado. Esto explica el por qué ha descendido el número de abstenciones, de votos nulos y de votos en blanco: una parte del electorado ha creído que estaba ante nuevas alternativas en las que valía la pena confiar.

Las cifras son:

- Se han sumado al censo 683.383 nuevos electores cuyos votos han ido a parar mayoritariamente a las nuevas formaciones políticas.

- Por otra parte los votos nulos han descendido de 317.555 a 226.994, es decir, ha habido 90.561 votantes que en otras elecciones votaron nulo como error o forma de protesta y ahora votan a una opción.

- Los votos en blanco han pasado de 333.461 a 187.766, es decir, ha disminuido en 145.695 votos y esta es siempre un voto de protesta.

- En cuanto a las abstenciones se han reducido también: de 11.112.050 en 20122 a 9.280.429 en 2015, es decir: 1.932.625 ciudadanos que se habían abstenido han votado ahora.

En total se ha registrado un descenso global de estos votos que asciende  2.168.881.

Si consideramos los nuevos electores, el descenso es menor, pero igualmente significativo: 1.485.498 votos más.

Puede deducirse que si en anteriores comicios se habían abstenido y el 20-D votaron es porque tenían esperanzas en las nuevas formaciones políticas que en 2011 no estaban presentes y ahora sí lo están.

En cuanto a los nuevos votantes, las encuestas a pie de urna indican que mayoritariamente han dado su voto a Podemos y Cs,

2. El batacazo del centro-derecha en cifras

Las optimistas cifras macroeconómicas, no confirmadas por la realidad cotidiana de los ciudadanos, el tancredismo de Rajoy ante problemas como el desafío soberanista y los casos de corrupción en la cúpula del PP, han hecho que este partido perdiera 1/3 de sus votos y de sus diputados. Aún siendo el partido mayoritario, el varapalo que se ha llevado el PP ha sido notable perdiendo votos especialmente hacia Cs, pero también hacia la galaxia Podemos.

En cifras:

- El PP ha pasado de 10.866.566 votos en 2011 a 7.215.530 en 2015. Es decir, una merma de 3.651.036 votos, con la consiguiente pérdida de 63 diputados, pasando de 186 a 123.

- La mayoría de esos votos han pasado a Cs: cuando el PP pierde 3.651.036 votos, Cs obtiene 3.500.446 votos… es evidente que existen vasos comunicantes. Lo hace que Rivera no tenga las manos libres para pactar con el PSOE dado que el voto de centrista que procede de la derecha es mayoritario en sus filas.

3. En batacazo del centro-izquierda en cifras

El PSOE puede darse con un canto en los dientes: ha perdido y ha perdido mucho, especialmente en lugares clave como Madrid y Cataluña, pero ha salvado, al menos, los muebles y Pedro Sánchez ha visto como su rival, Madina, ha quedado descabalgado para siempre y Susana Díaz no ha cargado contra él. Ahora bien su derrota es clara e inapelable:

- Ha perdido en total 1/5 de sus votos, pasando de 7.003.511 en 2011 a 5.530.693 en 2015. Es decir, una pérdida total de 1.472.818 votos.

- El mismo porcentaje se da prácticamente en pérdida de diputados: tenía 110 y se queda con 90, una pérdida de 20.

Las razones de esta derrota son claras: la herencia del zaparatismo no ha sido remontada y la debacle que supuso la pérdida de de identidad socialista en aquel período, con el fracaso de una socialdemocracia que a la hora de la verdad apoyó a la banda y inició el endeudamiento meteórico del país, dista mucho de haberse superado. La crisis del PSOE es la crisis de la socialdemocracia y, además, de la izquierda. Mientras que la derecha ha perdido mucho pero le queda bastante y ese “bastante” está concentrado en una sola sigla, el PSOE, y por extensión toda la izquierda, se ha convertido en una olla de grillos en la que cada formación no es más que una suma de grupos y grupúsculos regionales y locales, o de federaciones ingobernables y en las que cada una toma las decisiones que más le convienen.

Sin olvidar que el PSOE está identificado como una de las dos columnas sobre las que se mantiene el sistema constitucional de 1978 (la otra es el centro-derecha que resiste, mientras que las dos columnas secundarias: el PNV cada vez está más replegado en sí mismo y CiU, simplemente, ha desaparecido). La erosión creciente del sistema político español y el descrédito de la constitución, así como los casos de corrupción y la mediocridad absoluta de TODA su clase política dirigente, han generado estos resultados adversos.

3. Izquierda Unida: adiós PCE, adiós

IU, simplemente se ha contraído tanto que ha quedado al borde de la extinción. Muy mermada en 2011, obtuvo todavía 1.686.140 votos y 11 diputados  que han quedado convertidos en apenas 923.105 votos y 2 diputados. La mema en votos es de 762.935 y la pérdida de 9 diputados. Insuperable para una formación cuyo espacio político ha quedado completamente ocupado por Podemos.

Las causas que han generado esta debacle son muchas: la obsesión por la “memoria histórica”, por los “movimientos sociales”, por el “antifascismo”, y el hecho de que la coalición desde el momento mismo de su fundación sufriera un proceso de burocratización creciente que ha terminado enfrentando a los “aparatchiks” de siempre con la generaciones cada vez más impacientes de reemplazo, hartas de “chupar banquillo” (y que, finalmente dieron vida a Podemos), han llevado a esta coalición (y con ella al PCE) al límite de la extinción.

Indudablemente o 765.935 votos perdidos han ido a parar a la galaxia Podemos.

4. Podemos o Mister Potato

Si el PSOE ha cedido 1.472.818 a Podemos e IU otros 762.935 votos, es decir, un total de 2.235.753 votos ¿De dónde han salido el resto de votos hasta completar los 5.189.333 que tiene lo que hemos denominado “galaxia Podemos” y que incluye:

- En Comú – Podemos con sus 927.940 votos

- Compromís con sus 671.071 votos

- En Marea con 408.370 votos

- Y la franquicia Podemos con 3.181.952 votos

Parece claro que a los votos perdidos por PSOE e IU, hay que sumarlo los también perdidos por UPyD que en 2011 obtuvo 1.143.224 votos y ahora apenas 153.498, perdiendo sus cinco diputados, lo que supone un engrose de 989.726 votos para los distintos grupos de la “galaxia Podemos”, lo que asciende a un total de 3.225.479 votos presuntamente arrebatados a otros. Quedarían todavía casi dos millones por justificar. Parece claro, como veremos, que una parte procede de los grupos independentistas de capa caída en “Galeusca” (en torno a 288.000) y el resto procede de los nuevos votantes (683.383) y de votos nulos que esta vez han votado (90.561), en blanco que han votado a alguna elección (145.695) y votantes que se abstuvieron en 2011 y ahora votan (1.932.625). A partir de ahí obtenemos una cifra que ya permite explicar de dónde han surgido los votos que han ido a parar a la “galaxia Podemos”.

La cuestión es ¿qué han visto en esta opción para confiarle el voto? 1) Es la opción más alejada del PP, 2) Todavía no ha demostrado su ineficacia en la gestión municipales, 3) Sigue aprovechándose del tirón inicial y la virginidad del recién llegado, 4) El electorado todavía no ha advertido sus limitaciones cualitativas, ni lo estrafalario de su programa que se parece mucho más al zapaterismo con coleta y algún maximalismo altisonante difícil de llevar a la práctica.

5. El declive de los soberanistas

La constitución de 1978 hacía de los nacionalistas catalanes y vascos las piedras angulares de la política española en los casos en los que no existían mayorías absolutas. Eso les hizo mantenerse en el candelero mucho más que en cualquier otro lugar de Europa. El “bipartidismo imperfecto” era el caldo de cultivo ideal para los virus nacionalistas. Sin embargo en la última legislatura han ocurrido dos fenómenos que han jugado en su contra: la rendición de ETA y la locura del soberanismo catalán desatado a una carrera hacia la improbable independencia solamente para evitar que la clase política dirigente histórica de CDC terminara en la cárcel. El resultado de lo primero ha sido el olvido literal del País Vasco en la política española (ya nadie “golpea el árbol” y no hay “nueces” que recoger…) y el fracaso de las elecciones del 27-S en donde el soberanismo alcanzó su techo histórico a partir del cual solamente le quedaba remitir.

Los resultados en Cataluña han sido catastróficos para la exCiU y no excesivamente buenos para ERC. Si en 2011 CiU (CDC+UDC) obtuvo 1.015.691 votos y 16 diputados, en esta convocatoria sus herederos han perdido el 50% de ese capital: Democracia i Llibertad (ex CDC) ha pasado a 565.510 votos y 8 diputados), mientras que UDC se ha quedado con 64.726. Es decir, la merma global de ambas formaciones se eleva a 385.464 votos.

Pero no todos esos votos han ido a parar a ERC como podía pensarse: esta formación obtuvo en 2011 256.985 votos y ahora ha obtenido 599.501, es decir, un ascenso de 342.516. Hay que pensar que CUP no se presentaba a las elecciones estatales, pero también que buena parte del voto de CiU y de CUP ha pasado a la franquicia de Podemos en Cataluña. Hay unos 43.000 votos menos en las dos candidaturas nacionalistas catalanas.

En el País Vasco las cosas no van mejor: el PNV ha ganado un diputado, pero ha perdido 23.000 votos, pasando en 324.317 en 2011 a 301.585 el 20-D. En cuanto a Amaiur (334.498 votos y 7 diputados) ha pasado con Bildu a 218.467 votos y 2 diputados… esto es, una pérdida de 116.031 votos. Parece claro que también aquí se ha producido un desplazamiento del voto independentista a la galaxia Podemos.

Y otro tanto cabe decir de Galicia en donde el desplome del BNG ha sido absoluto pasando de 184.037 votos a 70.464 a pesar de ir en coalición con otros grupos y perdiendo los 2 diputados que tuvo.

En total, el soberanismo desciende en “Galeusca” casi 300.000 votos, marcando lo que parece el punto de inflexión fatal que, poco a poco, irá conduciendo al soberanismo hacia la cloaca de la historia: en la era de la globalización y de los grandes espacios geopolíticos, en la Unión Europea, ya ha quedado claro que ni hay ni interesan micronacionalismos de ningún tipo.

6. Ciudadanos, flor de un día

No es que con sus 3.500.000 de votos y sus 40 diputados, Cs sea una opción irrelevante: es que es innecesaria en una coalición a lo Frankenstein entre distintos grupos de izquierda y no tiene votos suficientes para que Rajoy siga gobernando. Ciudadanos realizo un tránsito apresurado de Cataluña (en donde su ÚNICO punto fuerte era el antisoberanismo) a la totalidad del Estado (cuando aún no tenía ni cuadros, ni programa, ni siquiera idea de cómo presentarse). Rivera redescubrió el “centrismo”… pero, a la hora de la verdad, en lugar de ser la nueva UCD, propietaria en exclusiva de un amplio espacio, se tiene que limitar a ser el nuevo CDS, aquella formación creada por Suárez para perpetuarse como político activo y que apenas tuvo buenos resultados en unas elecciones, siendo barrido en las siguientes.

Los problemas que ha afrontado Ciudadanos son varios: en primer lugar su líder en los debates en los que ha participado ha demostrado ser un “chico simpático” especialmente por sus invectivas contra el soberanismo: por lo demás, las propuestas económicas de Cs y las mismas respuestas de Rivera a infinidad de problemas, han demostrado que, para ser el anti-Podemos, no basta con ser un “chico simpático” y “positivo”: hace falta tener un programa que enlace, no con los intereses del capitalismo español, sino con grupo sociales interpretando sus problemas y dándoles una solución. Fuera de Cataluña Cs se extinguirá en apenas una legislatura y, a partir de ahora, le queda solamente ir sufriendo escisiones, fugas de diputados, contradicciones en sus declaraciones e intervenciones pobres y tristes de Rivera en el Parlamento del Estado.

Y ahora queda, la actitud que tome ante la formación de un nuevo gobierno, a la vista de que ni a Rajoy ni a Sánchez le resuelve nada.

Rivera además debe ser consciente de dónde le han llegado los 3.50.446 votos que ha obtenido y a los que no puede traicionar… al menos completamente. Se trata de votos, mayoritariamente peperos y en cierta medida procedentes de la debacle de Rosa Díaz y UPyD. Si no los quiere perder inmediatamente, su margen de negociación solamente puede ser con Rajoy. Pero éste ya ha declarado durante la campaña su interés en negociar preferentemente con el PSOE.

7. Un país partido por el eje

Lo más sorprendente de estas elecciones, y al mismo tiempo lo más diabólico y el fatum de España, ha consistido en revalidar, confirmar y eternizar la existencia de “dos Españas”. En efecto, si la galaxia podemos suma 5.189.333 votos, cifra extraordinariamente próxima a los votantes del PSOE (5.530.693), lo que hace un total de 10.720.031 votos… las cifras del centro-derecha no son muy diferentes: 7.215.530 para el PP y 3.500.446 para Cs, es decir… 10.715.976… (¿y los soberanistas? Los soberanistas son un incordio para todos. Como máximo la galaxia Podemos asumirá la retórica del “derecho a la autodeterminación”… pero siendo contrarios a la independencia).

Así pues lo que separa al bloque del centro-izquierda del de centro-derecha son apenas ¡4.060 votos!

8. O “gran coalición” o “mister potato con una rosa”

Las dos alternativas por orden de probabilidades son: o bien un gobierno del PP en coalición con el PSOE, o bien un gobierno de izquierdas en el que formarían cinco o seis partidos (la galaxia Podemos más el PSOE) y que contaría con el apoyo exterior de los nacionalistas contra la promesa de convocar referendos por la autodeterminación en todas las comunidades que lo solicitaran… con los resultados que se podrían esperar (absurdos en muchos casos).

O “gran coalición” o “mister potato con una rosa”, tales son las alternativas. Indudablemente, la alternativa más sólida –y la que se amarían en Europa- es la primera. Si tenemos en cuenta que los partidos que componen la galaxia Podemos y el propio PSOE son agregados de piezas locales y regionales, muchas veces en conflicto y siempre polemizando unas con otras, podemos hacernos cargo de lo inestable que sería esta segunda opción. Pero la primera tiene también su alto nivel de inestabilidad: PP y PSOE ¿podrían llegar a gobernar juntos cuando durante 40 años se han negado a hacerlo y no han faltado ocasiones en las que esta fórmula hubiera sido precisa. Ciertamente el PSOE lleva ya 4 años alejado del poder y corre el riesgo de llevar otros 8: demasiado tiempo, especialmente cuando ha perdido poder municipal. Los riesgos para esta formación son: recibir el “abrazo del oso” que inevitablemente sacude a la formación más débil en un gobierno de coalición, aumentar las fugas hacia la izquierda, hacer saltar a muchos gobiernos municipales. Pero pactar con “mister Potato” puede ser todavía peor: rupturas interiores, problemas en Andalucía y en otras federaciones, desaparición de la base electoral del PSC, y sobre todo, mala calificación por parte de los socios alemanes del SPD que, a fin de cuentas, fueron los que montaron el PSOE en 1973-1978 y que siempre han mandado dentro en el interior de esa formación.

Ambas fórmulas tienen, en primer lugar, cierto grado de improbabilidad y, en segundo lugar de inestabilidad. El gran drama de España es que el país está PARTIDO AL 50% EN DOS entre centro-derecha y centro-izquierda. El segundo drama es que ni el bloque de los partidos tradicionales tiene fuerza para mantenerse por mucho tiempo en su privilegiada situación, ni las siglas “nuevas” tienen fuerza suficiente para promover una alternativa. El tercero, que la crisis política permanente en la que entramos a partir de hoy lunes, va a tener que coexistir con la segunda oleada de la crisis económica cuyos efectos se notarán especialmente a partir de 2017 y que serán enormes en una España incapaz de generar un nuevo modelo económico.

© Ernesto Milà – info|krisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.