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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Ejercito y Sociedad (II). Las novatadas como rito de iniciación.

Ejercito y Sociedad (II). Las novatadas como rito de iniciación.

Redacción.- Suena un disparo. El tiempo en que una bala de fusil de asalto tarda en llegar a su destino es de apenas una fracción de segundo. De la rapidez de reacción del objetivo de ese disparo, depende su supervivencia. Habitualmente, el francotirador disparará a la cabeza del blanco, o a alguna zona vital de su cuerpo. Si el blanco reacciona con la rapidez suficiente, arrojándose al suelo, podrá salvar la vida.


Otro caso. Una unidad militar se infiltra en territorio enemigo para dar un golpe de mano. Son cinco combatientes. Cada uno tiene un trabajo que ejecutar. En el curso de la acción, a pesar de los riesgos, todos cumplen su cometido. Uno de ellos, resulta herido fortuitamente cuando el comando está retirándose. Los otros cuatro, sin dudarlo, detienen su marcha hacia la zona segura, responden como un solo hombre, recogen al herido y lo retiran del escenario del combate, aun a riesgo de sus vidas.
Pues bien, estos dos episodios, que se repiten constantemente en los episodios militares, tienen como protagonistas a guerreros que han pasado antes por un proceso de adiestramiento intensivo. La novatada, forma parte de ese adiestramiento.
Cuando el Ego se queda en la puerta del cuartel

El verdadero enemigo es el Ego, el yo individual del soldado. En un rito de iniciación masónica del siglo XIX, el neófito permanecía con los ojos vendados, mientras el Gran Maestre oficiante le preguntaba si sería capaz de reconocer a algún enemigo que se encontrara en la sala. El neófito, contestaba que sí. Entonces se retiraba la venda y el oficiante le decía: “Tu enemigo está detrás de ti”. Cuando el neófito se volvía, veía su imagen reflejada en un espejo. No en vano, nuestro enemigo más pertinaz somos nosotros mismos.

También en la milicia, el enemigo es el Ego individual. Cuando el combatiente piensa en sí mismo, antes que en su misión, la causa que defiende, está perdida. Es un problema de jerarquía de valores: si primero estoy yo, cualquier riesgo que pueda correr, es anterior y superior a cualquier valor cuya defensa me esté encomendada. Si, por el contrario, mi “yo” no existe, no hay nada superior a la causa que defienda: mi patria, mi familia, mi hacienda, mi ideal.
El Ego es una mala bestia con múltiples rostros, siempre mutable, eternamente cambiante, que, paradójicamente, nos impide ser nosotros mismos. Hay tres conceptos que, ciertamente, se prestan a confusión: el Ego, el Yo, el individuo y la personalidad. Todas las palabras que derivan del término latino “ego” tienen significativamente una connotación negativa: egoísmo (inmoderado amor a sí mismo), ególatra (que profesa un desmesurado amor a sí mismo), egotismo (afán de hablar constantemente de uno mismo), egocentrismo (exaltación extrema de la propia personalidad). Y la propia palabra Ego, en sí misma, suele ir acompañada de connotaciones negativas. Por su parte, el individuo, es cada unidad de una especie concreta; es como una unidad atómica, pequeñita, redondita y fugaz. La exaltación del individuo, es el individualismo, la propensión de actuar según el propio albedrío. En algunas profesiones –el artista moderno, el comerciante- el individualismo ayuda a triunfar, pero no, desde luego, en la milicia o en tareas que impliquen un esfuerzo colectivo. Lo contrario del individuo es la comunidad. El mismo concepto de comunidad implica que quienes la componen han aceptado renunciar a las consecuencias extremas del individualismo. Decir individualismo, es decir conflicto entre las distintas unidades atómicas. Decir comunidad, implica aceptar la existencia de un “contrato social”.
En cuanto al concepto de personalidad, se trata de algo diferente. La personalidad es la “máscara”, pues tal es su origen etimológico. Se llamaba así a la máscara que utilizaban los actores de las tragedias griegas para ocultar su rostro, es decir, su verdadero aspecto. Nos la hemos forjado nosotros mismos, al paso con nuestra vida. No somos nosotros, sino nuestras circunstancias. Hoy sabemos, también, que nuestra personalidad tiene mucho que ver con determinadas hormonas y, a partir de Freud, se sabe que es altamente tributaria de las experiencias vividas en nuestros primeros años. La “personalidad” no somos –contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar a partir de frases como “este tipo tiene una gran personalidad” o “qué personalidad tan atractiva”- nosotros mismos, sino la máscara con la que ocultamos nuestra verdadera identidad. “Tener personalidad” no es negativo, sino que, simplemente, es algo secundario en la milicia. Hay otros valores anteriores a éste.
Como tampoco es prioritario, tener un yo o un Ego excesivamente “hinchados”. De hecho, lo esencial en la milicia es todo lo contrario: haber reducido el yo a la mínima expresión. Quien tiene a su yo como factor esencial de su vida, jamás estará dispuesto a sacrificarse por ideal alguno. Y la milicia, compañeros, la milicia implica sacrificio y renuncia. Si no se entiende esto, se termina reclutando un ejército “profesional” en base a anuncios que prometen la “nacionalidad”, aumentos de paga, de estabilidad laboral o el tener “amigos” (en la milicia, no se tienen amigos: se tienen camaradas; un camarada es un compañero de armas). Cuando un ejército –como el español de nuestros días- se recluta en función de estas ideas-fuerza, uno, legítimamente, tiene el derecho a dudar de su eficacia en combate. Por que uno se ha alistado allí, para obtener la nacionalidad, no para morir por una patria que ni siquiera es la suya. Se ha ido a “tener amigos” o a “repartir bocadillos en zonas de crisis del Tercer Mundo” (los “soldados sin fronteras” de los que hablara el eximio ministro de la [in]defensa, Pepe Bono), pero no se ha ido a morir por nada ni por nadie. Un ejército así organizado es un ejército con déficit de ideales y dudosa eficacia en los combates. Claro está que los responsables de adiestramiento de las FFAA, están convencidos de que, mediante un tiempo de adaptación y entrenamiento, los nuevos reclutas, atraídos por los ideales humanitaristas, buenistas y progres del ministerio, estarán en condiciones de abandonar toda esa morralla y convertirse en milites dignos de tal nombre. Lo desearíamos, francamente.
El Ego es como un globo que tiende a hincharse y que goza aumentando más y más su volumen. En el momento de la muerte, revienta con estruendo y de él no queda nada; ni siquiera el recuerdo. El Ego, posee, acapara, consume, reivindica, integra, absorbe, se hace cada vez más pesado: “todos queremos más, y más y mucho más”, decía el corrido mejicano famoso en otro tiempo: “los que tienen cinco quieren tener diez” y así sucesivamente.
Algunas manifestaciones del Ego son sorprendentes. Os pondré un ejemplo: los terroristas suicidas que operan en el mundo islámico, especialmente en la Palestina ocupada por Israel, no se matan solamente por odio al ocupante, ni siquiera por “patriotismo”, sino por la promesa de que en el más allá, Alá recompensará al muyahidín muerto en la “guerra santa”, con siete palacios de jade, cada uno de ellos con siete harenes y cada harén compuesto por setenta y siete huríes y él, guerrero inmolado en el altar del Ego y de la posesión, vivirá en la eternidad con la templada edad de 33 años y en estado de erección permanente… Un paraíso sensualista así comprendido, es natural que incite a la “inmolación” a quienes no tienen nada, ni perspectivas de tener un lugar bajo el sol. Éstos, no mueren por “renuncia” en beneficio de una causa, sino para “engordar” su Ego, aumentar sus posesiones y alcanzar un estado de felicidad sensual; sino aquí, donde les está vedado, en el más allá, donde siempre habrá un dios dispuesto a satisfacer cualquier mezquina ambición. No es algo, precisamente, edificante.
El Ego es propenso a los cálculos de beneficios y pérdidas. Por eso el Hagakure de los samurais dice: “Un hombre que no para de calcular es un cobarde. El individuo que calcula, está siempre preocupado por las nociones de ganancia o pérdida”. Esta no es la vía de la milicia.
Frente a esta concepción del Ego como ente en permanente engorde, se sitúa la concepción de todas las verdaderas castas guerreras: “Con tu escudo o sobre él, espartano”, dicen que decían las madres de aquella áspera ciudad griega a sus hijos cuando iban al combate. La única posesión de los hoplitas de Esparta era la lanza, la espada corta y el escudo. Éste, por lo demás, tenía en su centro, pintada, una abeja de tamaño real; decía la tradición militar espartana que había que combatir tan cerca del adversario, hasta que éste pudiera ver con detalle la abeja. Sus propias madres no querían volver a ver vencidos a sus hijos. Preferían reencontrarlos victoriosos al regreso de la batalla o bien muertos, traídos por sus camaradas, sobre su propio escudo. En la terrible batalla de las Termópilas –uno de los monumentos al espíritu heroico europeo- Aristodemos y Eritos, dos hoplitas espartanos, aquejados de dolencias graves, reciben el permiso de su jefe, Leónidas, para alejarse del combate. Eritos, al empezar la batalla, vuelve sobre sus pasos, se reviste de la coraza y muere heroicamente. Aristodemos, de regreso a Esparta, es despreciado por todos. Se niegan a hablarle y a darle leña. Al año siguiente morirá en la batalla de Platea contra las hordas asiáticas, pero, incluso entonces, los lacedemonios se niegan a rendirle los honores reservados a los más valientes. Dominique Venner que es quien recuerda este episodio, concluye: “En Lacedemonia, una muerte honorable no basta para lavar una falta de honor”. Demos un salto en el tiempo.
“Nada para nosotros Señor, sino para mayor gloria de tu Santo Nombre”, proclamaban los caballeros templarios antes de lanzarse a endiabladas cabalgadas sobre el enemigo en Tierra Santa; con este lema evidenciaban la línea de continuidad de la tradición guerrera universal: el milite no lucha para sí mismo, lucha por un ideal más elevado. Si luchara por su propio beneficio, no haría otra cosa que engordar su Ego y su botín, en absoluto defender a su Patria, a su bandera o a los suyos.
Y, a todo esto, ¿por qué es tan negativo “engordar el Ego”? ¿acaso “poseer” –esto es, disponer de un Ego abultado- no otorga cierto prestigio social? Hay un error conceptual en todo esto. Estamos hablando de valores. Hay tantos tipos de gentes –y que no se olvide que la milicia está necesariamente formada por un tipo de gente que antepone la defensa de la comunidad a cualquier otro valor- como tipos de valores. Un “progre”, por ejemplo, es un tipo que vive de valores “finalistas” (bellos ideales, en sí mismos, irrealizables, casi espejismos ingenuo-felizotes, la paz universal, la solidaridad con el Tercer Mundo, el respeto mundial a los derechos humanos), pero desconoce cualquier cosa que sean valores “instrumentales” (aquellos que son necesarios en el comportamiento diario y en la propia vida).
El milite tiene pocos ideales, pero éstos pueden resumirse en un código. El código de los marines, el de la Legión Extranjera francesa, y el del Tercio español, el código del samurai, son textos excepcionalmente breves, pero al mismo tiempo, tan intensos y concisos, dotados de una soberbia austeridad, que encierran una filosofía de vida extremadamente profunda. Por ejemplo, dice el Credo Legionario: El Espíritu de Combate: la Legión pedirá siempre combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años”. Y lo curioso es que no se trata de una exageración ampulosa, sino que la historia de la Legión evidencia que el Credo se toma al pie de la letra.
Por su parte, el Código del Samurai establece: “No tengo padres, hago del Cielo y la Tierra mis padres. No tengo poder divino, hago de la honestidad mi poder”. Para ingresar en la Orden de los Caballeros Teutónicos solamente era preciso ser alemán, pertenecer a la nobleza (casta guerrera), tener más de 14 años y respetar los votos de pobreza, castidad y obediencia, “dispuesto a subordinarlo todo a la grandeza de la orden y a batirse sin esperanza de reposo”. Todo un programa. La Guardia Imperial napoleónica, los “gruñones”, tras la retirada de Moscú, y verse obligados a beber la sangre de los caballos mezclada con nieve, perseguidos por las tropas de Kutusov, proclaman orgullosos que ni un solo de sus hombres, conforme a su código, ha desertado y su jefe, Curial, escribe: “Ningún hombre ha abandonado sus filas, sino enfermo o congelado, muerto u occiso; ni uno solo por desmoralización o por deserción”; y mientras que en el ejército de leva se han multiplicado las exacciones y los saqueos, Lefebvre, el jefe de la Guardia Imperial, ha proclamado: “!Un soldado de la Guardia que no sabe apreciar el honor de pertenecer a este cuerpo no es digno de él!”. El pillaje era incompatible con la permanencia entre los “gruñones”. No hubo pillajes allí por donde pasaron. El pillaje implicaba posesión y la posesión era una forma de aferrarse a la vida y dar la espalda al ideal. Nacemos sin nada. Morimos sin nada. Tal es la ley. O bien, “Nada de más”, tal como estaba cincelado sobre una de las columnas que daban acceso al Templo de Delfos, en la Grecia dórica y aquea.
El Ego es hábil en la creación de coartadas, tranquilizadoras; sus múltiples rostros –el Diablo ya dijo a Cristo en el desierto: “Mis yos son legión”- en mutación permanente, se suceden trepidantemente. Uno de ellos es el “ego heroico”, cuando el sujeto se cree llamado a realizar hazañas sin límite y fantasea sobre su valor en tiempos de paz; pero cuando está ante la situación comprometida, en la hora de la verdad, en ese mismo sujeto aparece otro yo que le dice: “Huye, no es el momento de ser héroe, quizás mañana. Hoy no. Vas a palmar, cabronazo”. Y el sujeto huye, haciendo caso de ese yo, cobarde hoy que le promete heroísmo mañana.
Para colmo, el Ego tiene tendencia a realizar un proceso de identificaciones que lo alejan de sí mismo, es decir, de su verdadera naturaleza: ve una película y se identifica con el protagonista; esto es, deja de ser él mismo, para identificarse con el protagonista. Está alienando su personalidad. Porque, a fin de cuentas, lo que importa en la vida es ser nosotros mismos, ser consciente de lo que somos y de quienes somos, de nuestras potencialidades y de lo que llevamos dentro de nuestra naturaleza.
El Ego, tiende a construir una superestructura artificiosa que nos aleja de nosotros mismos y nos impide conocernos en profundidad. Por todo ello, el Ego es negativo y superficial y, como tal, no tiene sentido dentro de la milicia.
¿Qué tiene todo esto que ver con las novatadas? Mucho. Cuando el recluta entra en el campamento, tiene un Ego excepcionalmente crecido. Es el Ego que deriva de su anterior vida burguesa o de sus aspiraciones que tienden a cristalizar en el modelo burgués. Y ese Ego burgués no tiene entrada en la milicia. Hay que despedazarlo, destruirlo y hacerlo desaparecer lo antes posible. ¡Qué crueldad!, dirán algunos. En absoluto: si se elige la vía del sacerdocio hay que aceptar las reglas de juego. La castidad, por ejemplo. Tu semen, sacerdote, no dará frutos, pero, a cambio, te acercarás a la experiencia de la trascendencia. Lo que vale para el honesto burgués medio, no vale para el sacerdote. Y no digamos al guerrero: si entras en la milicia, desengáñate, compañero, no es para repartir bocadillos a los niños del Tercer Mundo; es posible que lo tengas que hacer porque te lo han ordenado, pero tu vía y tu destino son otros: darlo todo por una causa. ¿Entiendes? Darlo todo, aunque no te lo haya dicho el ministro Bono. Y ese “todo”, no lo olvides, puede incluir también tu vida. Tendrás que dar algo más que bocadillos o peladillas.
Se entra en el ejército para servir, esto es, para renunciar: renunciar a la vida cómoda y templada, renunciar al poder hacer lo que me da la gana, renunciar al consumo desenfrenado y a los horarios grises de 9 a 14 y de 16 a 19 horas, con un mes de vacaciones y paga prorrateada. Eso es para otros, no para mí: yo soy un mílite, camarada. Se es militar en cualquier momento y situación. El Credo de la Legión, entre otros, dice frases tan rotundas y de una intensidad tan brutal como las que siguen, en base a las que se esculpió el “estilo legionario”:
“El Espíritu de Sufrimiento y Dureza: no se quejará de fatiga, ni de dolor, ni de hambre, ni de sed ni de sueño. Hará todos los trabajos: cavará, arrastrará cañones, carros, estará destacado, hará convoyes, trabajará en lo que le manden.
El Espíritu de Acudir al Fuego: la Legión, desde el hombre solo hasta la Legión entera, acudirá siempre donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello.
El Espíritu de Disciplina: cumplirá su deber, obedecerá hasta morir.
El Espíritu de Combate: la Legión pedirá siempre combatir, sin turno, sin contar los días, ni los meses, ni los años”.
Si alguien ha elegido la vía de la milicia para ilustrar su existencia en la tierra, será mejor que se haga a la idea de que esto es lo que le espera antes de firmar el boletín de enganche. Es evidente que por buena disposición que se tenga, nadie, en principio, está dispuesto a considerar la posibilidad de realizar tales sacrificios. Es su espíritu burgués, el “viejo hombre” que anida en él, a la hora de cruzar el umbral del cuartel lo que se lo impide. El burgués tiene otra norma de vida, como el sacerdote también tiene otra. No es grave. Pero, a partir de cruzar el umbral sobre el que una frase escueta apenas dice “Todo por la Patria”, empieza el proceso de transformación del burgués en milite. Y lo primero que debe hacer es superar las limitaciones de su Ego. Y es entonces cuando la novatada opera efectos miríficos.
El recluta, en principio, es rapado al cero o al dos; se convierte en un “quinto peloncho”. No es que el pelo moleste más o menos, ni que la higiene cuartelera quede salvaguardada, es que, con el pelo empieza a caer el “hombre viejo”. Cuando el barco nos condujo a Mallorca, durante mi servicio militar, el aspecto de la futura tropa, aún vestida de civil, era francamente lamentable: individuos con pantalones campana de color “azul SEPU”, pelo desgreñado, frecuentemente grasiento, la cutrez personificada en muchos, en otros, presente la falta de estilo, incluso al caminar. Al día siguiente, el aspecto de la tropa había cambiado: aquello empezaba a ser una unidad. Hasta los más garrulos parecían haber adquirido una nueva dignidad tras el pelado al dos y el uso del uniforme aún encarcarado. Algunos lamentaban aquel aspecto y añoraban sus melenas y los pantalones campana. Lamentablemente, no les habían explicado que se corta el pelo al cero como primera mortificación del Ego. El Ego no tiene entrada en el cuartel.
Y, por lo mismo, la novatada es preceptiva: aunque los veteranos lo hayan olvidado, no es que se burlen del soldado tal o del soldado cual, es que se están burlando, están escarneciendo al Ego de fulano o al Ego de mengano; que es muy diferente. Y este es el sentido principal de la novatada: contribuir a destrozar el Ego del nuevo recluta. El Ego es propio del “individuo”; en la milicia, un grupo de “individuos” debe dejar de ser tal, para convertirse en una “unidad”. La “unidad” no es la suma de individuos, sino un solo organismo. Uno sólo, la unidad es lo contrario de la suma de individualidades.
No se nacía espartano: uno debía forjar su carácter para “ser” espartano. A partir de los siete años, los niños fuertes y sanos, recibían el “agoge”, la educación que durará hasta los veinte años. Para salir airoso era preciso triunfar cada día en la tarea; de lo contrario, el que fracasaba, no tenía lugar entre los “iguales”, pasaba a ser un “perieco”, cuyos derechos estaban disminuidos. Haga frío o calor, lucirá siempre las mismas ropas. Caminará descalzo. Dormirá sobre un trenzado de cañas que, además, deberá realizar él mismo, sin instrumento alguno. Recibirá del Estado la llamada “sopa de bodrio”, un pobre plato hecho con tocino, sal y vinagre. Si tenía más hambre, podía robar… pero si se le descubría robando se aplicaba la más dura ley de Licurgo; así desarrollaba el espíritu de iniciativa, la prudencia, el gusto por el riesgo y la habilidad. Combatirá con el cuerpo completamente desnudo. Si sufre, no deberá demostrarlo jamás, ni por el gesto, ni por el grito o el suspiro. Toynbee dirá de este sistema educativo que “su idea se basa en la selección, la especialización y la emulación”. Pero estos rudos soldados, son también, hábiles conversadores: cada noche, tras la cena, el jefe de cada mesa entrena a sus jóvenes en la socialización. Les enseña a conversar de manera ingeniosa, contestar de manera concisa, con respuestas que no contengan la menor sombra de duda, a las cuestiones más intrincadas y maliciosas. En la vida militar, las órdenes tienen que ser siempre claras, escuetas, sin sombra de duda. Aprende también a cantar junto a sus camaradas (la voz única que parece salir del fondo de las unidades de combate evidencia que alimentan un espíritu único).
Como decía el Canto XIII de la Ilíada –otro monumento de la tradición guerrera europea- “La lanza se cruza con la lanza, el escudo se pega al escudo. Y el uno se apoya en el otro, el casco al casco, el hombre al hombre. Los penachos se tocan con cimeras chispeantes, al doblarse las cabezas, tan apretadas están las filas. Ondulan las lanzas, entre las manos audaces, sacudidas. Los pensamientos son rectos, el deseo es de batalla”. Cada 16 espartanos formaban una “sistia” o cofradía, vivían, comían, se entrenaban, se divertían y combatían juntos. Se entraba en esta “sistia” por unanimidad. Un solo voto en contra suponía el rechazo del candidato. La “sistia” no era la suma de 16 hoplitas individuales, sino una “unidad”, con una sola alma, con una sola reacción ante los mismos espíritus, con una cohesión vincular extrema entre sus miembros, sin fisuras, sin puntos débiles, en donde la igualdad es absoluta y las “personalidades geniales” o los egoísmos individualistas, están proscritas. No hay lugar para la desconfianza, la rivalidad o el resquemor entre los miembros de la “sistia”.
El hoplita espartano permanecerá durante cuarenta años junto a sus camaradas. Sólo la abandonará si se comporta cobardemente en la batalla o de forma indigna, o bien si muere. No hay lugar para el Ego en la “sistia” espartana.
A medida que el Ego decrezca, crecerá su naturaleza militar: es preciso que una mengüe para que la otra crezca. No hay espíritu militar, ni guerrero posible con un Ego, más hinchado que los mofletes de un trompetista.
Existe un concepto que trabajaremos más adelante, el de la “impersonalidad activa”, que anida allí en donde el Ego se ha reducido a la mínima expresión. Esta impersonalidad activa es el signo distintivo del guerrero.

Ejercito y Sociedad (I) Las novatadas como rito de iniciación

Ejercito y Sociedad (I)  Las novatadas como rito de iniciación

Redaccion.- Desde los años ochenta las novatadas son denostadas como una muestra de la crueldad intrínseca de la vida militar. Incluso en la Academia General Militar han sido prohibidas so pena de graves sanciones. En realidad, la condena a las novatadas, va más allá de la vida militar. Los guasones no viven buenos tiempos: en colegios, internados y universidades, en asociaciones juveniles, la novatada ha sido prácticamente desterrada.


A decir verdad, quienes han practicado novatadas parecían haber perdido la conciencia de su utilidad y de su razón de ser. Esto hizo descender a la novatada a través de una pendiente degenerativa y, de su utilidad originaria, pasó a ser, simplemente, una broma pesada, que, por lo demás, no tenía demasiada gracia, especialmente para el objeto de la misma. Existe algún ejemplo histórico que vale la pena considerar.
En el siglo XII, la Orden de los Caballeros del Templo de Jerusalén, los templarios, habían organizado un “capítulo secreto” que impartía una “enseñanza iniciático” de origen gnóstico. Para acceder a ese capítulo, se pedía al templario que escupiera sobre la cruz (gesto que suponía el rechazo a la religión entendida como mero culto exterior), se le administraba el “bautismo del fuego” (baphos-metheos) y, finalmente, el oficiante administraba el “aliento del espíritu”, soplando en la base de la columna vertebral del neófito. Todos estos elementos formaban parte de una ceremonia ritual de la que se conocen pocos detalles y solamente se tiene la seguridad de que existió.
En tanto que orden guerrera implicada en las Cruzadas y en la defensa de la presencia cristiana en los Santos Lugares, los templarios sufrieron, como ninguna otra orden de la época, un abultado número de bajas en combate. Esto hizo que, apenas a dos siglos de su nacimiento, cuando el Reino Latino de Jerusalén es destruido por el Islam, entre sus bajas se hayan contado a muchos miembros del “capítulo secreto”. La enseñanza que se transmitía en esta cerrada institución se perdió con los monjes-soldado muertos en combate. Pero quedó el recuerdo de unos actos rituales, desfigurados y sin sentido para las nuevas generaciones de templarios. El aliento en la base de la columna vertebral se convirtió en un beso obsceno en el culo; la transmisión del conocimiento mediante el rito del “bautismo de fuego” pasó a ser la obligación de arrodillarse ante un ídolillo cornudo y tetón, al que llamaban “baphomet”, contracción y deformación de la ceremonia del “baphos-metheos”; y, finalmente, el acto de escupir a la cruz, se convirtió en una forma de desorientar a los nuevos reclutas y ponerlos en un compromiso dramático. Los miembros de la orden, que habían realizado los votos de castidad, pobreza y obediencia, pasaron a tener fama de sodomitas, bebedores impenitentes, puteros y vividores. En la actual catedral de Barcelona, la primera ceremonia que se celebró a poco de concluirse el ábside, fue, precisamente, una asamblea de antiguos templarios de los condados catalanes –cuando la orden ya había sido disuelta por el papado- llamados al orden por el Conde de Barcelona a causa de su comportamiento escandaloso. ¡Quién diría que aquellos despojos humanos, tiempo atrás habían formado parte de una orden que unía a su valor en combate, unos contenidos intelectuales de indudable altura metafísica!
El caso de los templarios nos indica cuál es el proceso degenerativo que sigue toda institución humana: en primer lugar, unos rituales y principios se aplican con toda su pureza y pulcritud, tienen su razón de ser y su sentido específicos; luego, la muerte de unos –esa eterna compañera de lo humano- o la defección de otros –la naturaleza humana es siempre mutable- provoca su caída de nivel. Los ritos se ejecutan fielmente, pero ya no se comprende su sentido; se ha perdido la esencia del ritual, aunque su eficacia siga vigente. Finalmente, ocurre la tragedia: el sentido de los ritos se distorsiona; no solamente son incomprendidos, sino que se convierten en una caricatura de lo que un día fueron; su sentido se ha invertido completamente. En la Edad Media se decía que Satán era “Dios invertido” y se acompañaba a la figura de Satán de rasgos caricaturescos y grotescos, de la misma forma que en las Cortes de la época, estrictamente jerarquizadas, el bufón ocupaba el último nivel, el más distante del número uno, la figura del Rey, del cual, apenas era su inversión y caricatura.
Cuando se cierra el ciclo de la decadencia, olvidado el nivel originario de las ceremonias, más tarde, repetidas como contracción grotesca, entonces se produce el colapso de la institución en cuyo interior se ha operado el proceso.

Esto nos lleva a nuestra primera tesis: la novatada supone la última etapa degenerativa de una enseñanza que, en un tiempo remoto, estuvo muy clara y tenía una función precisa.

Hoy, la milicia está presente en el mundo moderno, pero es algo que pertenece a otra realidad, a un mundo que ya no existe. De ahí que pueda parecer, en ocasiones, un arcaísmo: honor, disciplina, lealtad, espíritu de combate, amor a las armas, asunción de la guerra como compañera inevitable, caminar permanentemente junto a la muerte, idea de jerarquía, etc., todo esto, parecen valores que no tienen nada que ver con la postmodernidad y que, por otra parte, son incompatibles con ella.
No vale la pena engañarse, ni buscar compromisos o aplicar paños calientes: quien dice “milicia”, quien conoce la naturaleza profunda del oficio de las armas, aunque hoy maneje ordenadores y tecnología de punta, aunque vuele en reactores que triplican la velocidad del sonido, está aludiendo a una escala de valores que no es la del mundo del siglo XXI. De ahí la incomprensión y el rechazo que provoca la milicia entre muchos contemporáneos.
Lo que nos proponemos en este primer artículo sobre el tema es, partiendo de la novatada, remontarnos por la cadena del tiempo e intentar entrever de dónde deriva, cuál es su origen y qué enseñanza nos puede aportar.
No es la novatada lo que queremos exaltar. De hecho, habitualmente, la novatada suele ser una broma cruel y humillante. Al menos hoy se la tiene como tal. Pero, incluso hoy, en algunos cuerpos de élite, la novatada tiene un carácter de centralidad que nos puede ayudar a introducirnos y comprender su sentido y su justificación.
* * *
Hace casi treinta años, formábamos parte de un grupo político juvenil en el que para ser considerado miembro de pleno derecho, era preciso hacer un corte de mangas al cruzarse con un policía nacional de la época, un “gris”… Eran tiempos duros, incluso excesivos; en plena transición, cada cual planteaba la opción más surrealista para diferenciarse de otros grupos concurrentes. Lo mejor que le podía pasar al osado aspirante a entrar en nuestra hermandad, era que el policía desenfundara la porra y le sacudiera o bien que se lo llevara detenido por ofensa a la autoridad. A mí me pasó. Era preciso que el neófito mostrara “valor” y “rapidez”. Valor para realizar la provocación y rapidez para salir corriendo. En nuestra fraternidad juvenil, ¿para qué diablos íbamos a necesitar el concurso de alguien que no tuviera “valor” para osar ofender a la autoridad, ni “rapidez” para correr más que el que más, acto seguido? Entre nosotros, quien no era ni osado ni veloz, era una carga que los demás no estábamos dispuestos a sobrellevar. Nadie nos había enseñado el por qué de las novatadas, pero había un sexto sentido que nos indicaba que esa cruel charada (cruel porque un policía que aspiraba solamente a servir a la sociedad y ganar un sueldo era ofendido en su dignidad y porque muchos de los que deseaban militar con nosotros iban a sufrir su primer bajón de autoestima) era útil para operar una selección natural.
No estoy particularmente orgulloso de aquella época, pero he meditado una y otra vez por qué lo hacíamos y por qué, en todas las épocas, en todos los cuerpos de élite y en todas las latitudes, la novatada ha sido una constante, eternamente repetida que ha acompañado inevitablemente a la vida militar.
¿Pasé yo por esa novatada? De hecho, sí. Y fue terrible. Iba yo por la calle de la Montera, paseando con tres comilitones de la organización en la que pretendía entrar, en el lejano 1978; buscábamos a un “gris” para que yo pudiera realizar mi “prueba iniciática”. Desembocando en la Puerta del Sol (hubo un tiempo en el que allí se encontraba la Dirección General de Seguridad), divisamos a un “gris” cruzando la plaza. Me adelanté y realicé el corte mangas preceptivo. Aquel funcionario policial me miró a los ojos con expresión de incredulidad y sorpresa. Luego, en una décima de segundo, los ojos se le inyectaron en sangre. Estaba bien entrenado, así que mientras salía corriendo detrás de mí –según me contaron los otros camaradas que presenciaban la escena- desenfundaba la porra. Sentí como la goma silbaba a pocos centímetros de mi espalda y pude esquivarla en dos ocasiones; a la tercera me alcanzó frente a la Librería San Martín, hoy desaparecida; precisamente, frente a donde tiempo atrás, un desconocido había asesinato a Prim. Aquello dolía menos de lo que me imaginaba, a decir verdad, escocía. Todavía me gané algún guantazo adicional antes de ser puesto en libertad al día siguiente. Sólo entonces pude considerarme miembro de aquella olvidable organización político-juvenil-radical.

Una investigación llevada a cabo por un grupo pacifista italiano, el llamado Archivio Dissarmo, llegó a la conclusión de que las novatadas forman parte de un “sistema de violencia para preparar a los soldados para la guerra”. Exacto. La pena es que luego estropearon el planteamiento indicando que el sistema de novatadas crea “una jerarquía paralela que inculca como valor disfrutar con la humillación del otro”. El “disfrute” de quienes guían las novatadas, ni es el elemento central del episodio, ni siquiera es relevante. En una institución como las FFAA en donde el soldado debe estar preparado para dar y recibir la muerte, ninguna preparación es superflua para forjar una intensidad del carácter que no es la habitual en la vida civil. Es evidente que en las FFAA tanto como en institutos y universidades, existen individuos sádicos que gozan con la angustia y el sufrimiento de otros; en las sociedades occidentales, existe entre un 3 y un 5% de psicópatas, luego en la milicia también se da este porcentaje con todo el contingente de sádicos y tarados que esto implica. Pero también en la sociedad civil, este porcentaje está presente y, por lo demás, de cada 100 personas que nos cruzamos cada día, entre 3 y 5 son psicopatones absolutamente averiados. En las calles de nuestras grandes ciudades deambula ese mismo porcentaje de jóvenes que llevan la violencia y el sadismo en su interior, lo practican sobre sus compañeros e incluso sobre sus familiares.
Vale la pena que abandonemos la idea extendida de que la novatada es violencia gratuita; contrariamente a lo que pueda parecer, la novatada formaba parte –y, desde luego, parte importante- de la construcción del “carácter” necesario en la milicia. Además, es un rito de integración e iniciación a la vida militar.

Cuando en el mes de noviembre de 2005 los medios de comunicación transmitieron la noticia de que los marines británicos destacados en Irak practicaban crueles novatadas, volví a meditar sobre esta práctica desterrada en España. Lo que sigue son las conclusiones a las que he llegado y que resultan difícilmente refutables. ¿El resumen de lo que sigue? La novatada es una práctica que tiene un sentido preciso y una lógica dentro de la vida militar. La novatada es una necesidad si de lo que se trata es de formar soldados capaces de sobrevivir en los combates y vencer en las batallas. Por eso partimos de las novatadas para iniciar nuestro estudio.
* * *
Suena un disparo. El tiempo en que una bala de fusil de asalto tarda en llegar a su destino es de apenas una fracción de segundo. De la rapidez de reacción del objetivo de ese disparo, depende su supervivencia. Habitualmente, el francotirador disparará a la cabeza del blanco, o a alguna zona vital de su cuerpo. Si el blanco reacciona con la rapidez suficiente, arrojándose al suelo, podrá salvar la vida.
Otro caso. Una unidad militar se infiltra en territorio enemigo para dar un golpe de mano. Son cinco combatientes. Cada uno tiene un trabajo que ejecutar. En el curso de la acción, a pesar de los riesgos, todos cumplen su cometido. Uno de ellos, resulta herido fortuitamente cuando el comando está retirándose. Los otros cuatro, sin dudarlo, detienen su marcha hacia la zona segura, responden como un solo hombre, recogen al herido y lo retiran del escenario del combate, aun a riesgo de sus vidas.

Pues bien, estos dos episodios, que se repiten constantemente en los episodios militares, tienen como protagonistas a guerreros que han pasado antes por un proceso de adiestramiento intensivo. La novatada, forma parte de ese adiestramiento.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

¿Se atreverá ZP a dar un golpe de timón?

¿Se atreverá ZP a dar un golpe de timón?

Redacción.- ERC es el cáncer de ZP. Ni el PP le ha hecho perder tantos votos como ERC. La caída en picado del PSOE en las encuestas ha obligado a sus dirigentes a intentar dar una “nueva imagen” de la gestión del gobierno. Quince días después de haberse iniciado esta campaña, la situación de ZP es todavía peor. Vale la pena repasar lo que ha ocurrido en estos últimos quince días.
 
La cuestión de la LOE
 
La ministra de educación está tocada y hundida después de que “probablemente” algo más de un millón de personas se manifestaran contra la reforma de la enseñanza. Izquierdista de manual, ZP y sus analfaministros albergan una indisimulada hostilidad hacia la Iglesia y, mucho más, hacia la enseñanza religiosa. Sin embargo, hay que recordar que los centros de enseñanza religiosos gozan de un prestigio muy superior a los centros públicos y que la experiencia acumulada de siglos por las órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza, está muy por encima de las ensoñaciones progresistas en materia de enseñanza.
 
Cualquier reforma de la enseñanza que no parta de la necesaria elevación de la calidad de los contenidos educativos, desde la preescolar hasta los ciclos superiores (menos “titellas” y más matemáticas, menos créditos estúpidos y más humanidades, menos “aprender jugando” y más “aprender mediante el esfuerzo” y así sucesivamente), persistirá en situarnos en el pelotón de los burros de la UE. Que es, justamente, donde estamos ahora mismo.
 
ZP en su ceguera mesiánica y tontorrona, aspira mucho más a cortar el césped bajo los pies de la enseñanza religiosa que a mejorar el nivel de la enseñanza pública. De ahí las limitaciones reales para que los padres puedan escoger el centro de estudios. Está claro que esta parte de la ley tiene mucho que ver con la saturación actual (y la que vendrá será mucho más que asfixiante) a que se ven sometidos algunos centros de enseñanza por la masiva presencia de hijos de inmigrantes. Por motivos que cuesta poco entender, los padres aspiran –aspiramos- a llevar a nuestros hijos a centros en donde haya un alto nivel de enseñanza, no a centros que se jacten de tener alumnos de más nacionalidades… La enseñanza es solamente viable cuando el alumnado es lo más uniforme posible: en inteligencia, en marco cultural y antropológico, etc.
 
ZP aspira a que buena parte de los hijos de la inmigración se orienten hacia la enseñanza religiosa, para descongestionar la enseñanza pública. Ante esta perspectiva, los padres, reivindicamos el derecho a elegir con quienes quieren estudiar nuestros hijos y dónde quieren estudiar. Y, desde luego, no es donde a ZP le plazca.
 
En cuanto a los contenidos de la enseñanza, la Conferencia Episcopal tiene razón. ¿Enseñar historia de las religiones? Eso es una especialización de humanidades. ¿Para qué estudiar lo que es el chamanismo finés o lo que es el animismo africano? Y, por lo demás, ¿el budismo es una religión? ¿y el zen? Finalmente, ¿cómo desvincular la “historia de las religiones” de la “historia” pura y simple? Como si existiera la clase de matemáticas y luego la de matemática booleana. ZP lo que no quiere es que el estudiante español sepa cuál es su Tradición y su Origen. Así ignorará también, cuál es su destino. ZP, el “globalizao”, capaz de votar en la UE contra las ayudas a los ganaderos de reses bravas, por puro odio a la asimilación entre “España” y “toros”, es, mucho más capaz de negar que procedemos de una tradición católica y que, en buena parte de su historia, España –como Francia, como Inglaterra, como Roma- han fundido su historia con el catolicismo. Enseñar el catolicismo supone enseñar el marco en el que ha nacido España y en el que se han criado generaciones y generaciones de españoles. Por lo demás, hay que recordar que en el viejo bachillerato franquista, existían las “tres marías” (Formación del Espíritu Nacional, Gimnasia y Religión) y que, habitualmente, se trataba de asignaturas que se aprobaban por el mero hecho de presentarse.
 
El más de un millón de manifestantes contra la LOE, obligó a ZP a la práctica del “talante”. Es decir, a dar marcha atrás e intentar dulcificar la ley. Pocas veces en la historia de España se ha visto una ley orgánica que haya suscitado tantas enmiendas. Lo razonable, dado que se trata de materia de Estado, sería haber “consensuado” la ley, especialmente con el  PP. Pero ZP prefiere practicar el diálogo con micropartidos, dado que ERC le ha impuesto “aislar al PP”. Rajoy tuvo razón en decir: “si, estamos aislados, con nueve millones de votos y con miembros del PSOE”.
 
La Conferencia de Barcelona
 
Hay fracasos diplomáticos y ridículos diplomáticos. Un fracaso diplomático sucede cuando una opción no logra salir adelante, por oposición del resto de las partes. Un ridículo diplomático es cuando una iniciativa pasa completamente desapercibida, es despreciada por las partes a las que va dirigida y, para colmo, hace perder el tiempo a los “aliados”. Esto último es lo que ha ocurrido con la Conferencia de Barcelona.
 
Era la puesta de largo del “Diálogo de Civilizaciones”, estúpida ocurrencia de ZP hace ahora catorce meses y que ha absorbido todas las energías de la diplomacia española. España tiene muy buenos diplomáticos y, desde luego, no es a ellos a los que cabe imputarles el fracaso. Cuando una idea es peregrina, ni el profesional más avezado podría llegar a buen puerto. Y el “Diálogo de Civilizaciones” es, probablemente, la idea más lamentable que haya salido del cerebro de un dirigente europeo desde los años de la postguerra. Las “civilizaciones” no dialogan. Las civilizaciones están encarnadas en entidades nacionales y son estas a las que le toca dialogar, algo para lo que, dicho sea de paso, ya se ha creado el marco de las NNUU. Pero el problema de algunos mindundis es que intentar pasar a la historia como sea: Carod en Perpsignan  entrevistándose con la cúpula de ETA para pasar a la historia como “el pacificador”, ZP preconizando el que las “civilizaciones” se entiendan  salgan juntas los sábados por la noche. ¿Cómo es que Moratinos no le ha explicado a ZP lo que es la diplomacia, las relaciones internacionales y la geopolítica mundial? Un silencioso diputado de provincias, puede llegar a presidente del gobierno gracias a unas providenciales bombas, pero “aunque la mona se vista de seda…”, diputadillo de provincias se queda.
 
Faltó Mubarak, faltó El Assad, faltó Buteflika, faltó Mohamed VI… ¿Conferencia “mediterránea”? ¿de qué? El rostro de Chirac, el de la primeriza Angela Merkel, eran suficientemente elocuentes: ¿para esto nos han llamado? ¿para esto hemos tenido que venir aquí? Y, para colmo, en la asignatura “fácil”, la condena al terrorismo internacional, los países árabes pusieron pegas: efectivamente, ahí está la resistencia palestina que todavía no ha consolidado un Estado independiente y ahí está la resistencia iraquí luchando contra el ocupante. ZP y Moratinos debían de haber previsto que los países árabes iban a exigir una definición taxativa de lo que se entiende por “terrorismo”. Una cosa son los atentados indiscriminados de Al-Zarqawi y otro el hostigamientos selectivos de tropas de ocupación y de colaboracionistas; una cosa son los “terroristas suicidas” palestinos que actúan indiscriminadamente entre la población judía y otra la intifada contra el ocupante sionista. Y, por cierto, también aquí cabría hablar del “terrorismo selectivo” del Estado judío.
 
La pobre declaración, salvada in extremos, a última hora, en la que más que un portento de buenas intenciones, lo que firmaron los asistentes fue un receptáculo de mediocridad e indefinición, es la muestra más fehaciente del límite al que puede llegar el “diálogo de civilizaciones”. A nadie le interesa, por imposible.
 
El detalle del micrófono que ZP se dejó abierto y en donde imploraba a Solana (el asesino de Yugoslavia) que “cerrara un texto, como fuera”, es solamente una peripatética anécdota más de este cúmulo de despropósitos con el que el “diálogo de civilizaciones” ha abierto su ruta. Aquí murió la iniciativa de ZP:“ríe caminante, aquí no yace nada”, pondrá seguramente su lápida.
 
El boicot a los productos catalanes
 
La temporada pasada fue el cava. Ahora el boicot se ha extendido a muchos sectores económicos. Si un cavista quiere vender fuera de Catalunya, como Freixenet, debe de hacer profesión de fe de españolismo. Y arriesgarse a que la Generalitat de Catalunya tome contra él represalias. Pero es que el cava catalán superará el boicot de este año, pero las posiciones perdidas en el mercado español seguramente ya no las recuperará jamás. El cava extremeño, el valenciano, compiten ventajosamente con el catalán y, además, son criados en zonas que no albergan la menor duda sobre su españolidad.
 
El problema de la Generalitar es que la campaña que hace diez años instigó: “Compreu productes catalans”, se ha vuelto contra ella. Y de qué manera. El empresariado está en el punto de mira de la Generalitatr y de las campañas contra la Generalitat. En los últimos meses, se han disparado las denuncias del KGB lingüístico contra pequeños comercios por incumplir la normativa sobre el catalán. La Generalitat, aquí también, ha demostrado una voracidad recaudadora, propia de salteadores de caminos. Luego fue el “etiquetado en catalán”, según el cual, todo producto fabricado en Catalunya debía tener su etiqueta en catalán. Muy pocos empresarios protestaron. Luego, el pequeño comercio se vio atenazado por la rotulación en catalán. Algunos protestaron, pero la Generalitat acalló pronto a la disidencia: subvencionaba la rotulación en catalán… se han multiplicado las denuncias contra establecimientos con alguna rotulación en castellano, pero, “parajódicamente” ni una sola carnicería hallal, ni una sola tienda islámica rotulada en caracteres árabes ha sido objeto de denuncia alguna. La Generalitat apunta contra “España”, no contra otros colectivos… Dentro de unos años se verá como pagan estos colectivos a la Generalitat que tanto les quiere y subvenciona.
 
 El problema es que el empresariado catalán ha detectado la madre del problema: la presencia de partidos-mindundis en el gobierno catalán y el hecho de que éste esté presidido por un individuo completamente inestable y con crisis de lucidez bien evidentes, Maragall. Los partidos-mindundis (ERC y ICV-EUiA) imponen una política aventurerista y pancartera, con el beneplácito de Maragall. Mientras la cuestión era por la polémica sobre la “nación” en el marco del “nou estatut”, o mientras se debatía la desgracia del barrio de El Carmelo se lanzaban glosas, loas y alabanzas por el “Estatut del 3%”, un estatuto que ni entonces ni ahora logran interesar a nadie (digan lo que digan las encuestas de la Generalitat), no había gran problema. El empresariado, veía todo esto, de lejos, sin que le interesara mucho. Pero, claro, primero la inversión extranjera decreció en Catalunya. El dinero –cobarde por naturaleza- tiene miedo de la inestabilidad política y el tripartido Maragall es la inestabilidad hecha gobierno con un inestable al frente: “del president abajo, todos”. Puestos a invertir, cruzando el Ebro se invierte con más seguridad. No es raro que el puerto de Valencia hace ya años que haya superado al puerto de Barcelona y que la feria de Madrid haya pulverizado, literalmente, a la feria de Barcelona. El dinero extranjero no va a Catalunya, algo que el tripartido ha logrado sólo y sin ayuda de nadie.
 
Pero el problema es que al empresariado catalán se le está cercenando la posibilidad de hacer negocio en donde antes vendía el 60% de su producción, en el resto de España. Cualquier marca de cerveza madrileña le resulta extremadamente simple lanzar a sus comerciales en pos del mercado español antes controlado por marcas catalanas, simplemente argumentando: “No quieren ser españoles, no compres a quien te insulta”. Ciertamente, las cosas son mucho más complejas: se victimiza a una región por la estupidez de su clase dirigente. Todos los catalanes no tienen por qué pagar los platos rotos por Carod, Puigcercós, Benach, “Maraguay”, Saura y demás petardos de la política catalana. Son ellos los que han abierto un proceso endiablado en el que Catalunya y su población van a llevar la peor parte.
 
ZP ya no sabe que hacer ante este problema. En tanto que presidente del Estado, no puede reconocer que un sector del país está boicoteando al otro, por que eso sería reconocer que bajo su mandato, la “crispación” se ha extendido como no hacía desde el 23-F. El tripartito catalán le ha exigido demasiadas cosas a ZP para pactar con él: le ha exigido aislar al PP y ZP ha cumplido religiosamente. Lo que le ha llevado a mantener su gobierno sobre partidillos del tres al cuarto con la carga de amateurismo, maximalismo, analfabetismo político y macarrismo que impera hoy en la política del Estado.
 
No es raro que el crédito político que los españoles, traumatizados y desorientados por la acción coordinada de los atentados del 11-M y el terrorismo mediático y los SMS de la “jornada de reflexión”, concedieron en su momento a ZP, haya caído en picado. La inquietud gubernamental se ha traducido en una serie de medidas para “popularizar” la gestión de gobierno y recuperar el terreno perdido: ya hemos visto que la tramitación de la LOE no se está desarrollando de la mejor manera para el gobierno, ni que el tripartito catalán le haya ayudado a algo más que cavar su fosa, pero queda una última opción.
 
Montilla – La Caixa, santa alianza
 
Maragall tenía un sustituto: Montilla. En 1999, la idea del PSC era que Maragall ganara las elecciones con Montilla de segundo de abordo y, al cabo de dos años, dimitiera para ser sustituido precisamente por Montilla. Pero las cosas han ido cambiando radicalmente. Maragall ha demostrado ser un buen candidato y un presidente peor que malo. Montilla se entendía mal con Maragall, así que prefirió ir de ministro a Madrid, para volver sólo cuando su partido lo requiriera.
 
En tanto que ministro de Comercio e Industria, a Montilla le correspondía cumplir uno de los acuerdos del “Pacto del Tinell” (donde se formalizó el Tripartito). “Catalunya” (es decir, la Catalunya del Tripartito) quería disponer de una gran concentración energética. Para ello, el punto de partida era Catalana de Gas (cuya joya de la corona es el gaseoducto Argelia-Marruecos-Sevilla), cuyo accionista mayoritario es La Caixa. En 2002, este consorcio lanzó una OPA contra Hiberdrola que fue rechazada. Actualmente, con la bendición de Montilla y la abstención de la UE (que podía haber negado la operación al salir resultante de ella, una microempresa que puede alterar la libre competencia), Gas Naturafl ha lanzado la OPA sobre Endesa.
 
Resulta discutible la ideoneidad de que una empresa “catalana” controle una parte mayoritaria del mercado de la energía en España. Máxime cuando esa empresa tienen un trasfondo inestable (el gaseoducto que, en cualquier momento, puede saltar por lo aires o ser el chivo expiatoria de cualquier crisis hispano-marroquí) y está ligada a un gobierno tripartito todavía más inestable. La “fidelidad de Catalunya” todavía no está clara; el dinero extranjero, lo hemos dicho, se niega a invertir en Catalunya: la Generalitat expande inseguridad. ¿Qué ocurriría si una gran concentración energética, cuyo mercado central es español, pero su sede social está en Barcelona, quedara “en el otro lado”, al producirse una eventual secesión catalana? ¿seguiría vendiendo energía a una España sin Catalunya?
 
Pero hay algo peor en todo esto: el aroma de corrupción. No es raro que la OPA se haya llevado adelante con Montilla sentado en Comercio e Industria. A fin de cuentas, Montilla es el secretario general del PSC y, La Caixa le ha condonado los intereses de deudas multimillonarias. Una entidad financiera, no condona deudas a cambio de nada. Esto es evidente. El problema es que el PSC-PSOE ha respondido a las críticas formuladas desde el PP (y no sólo desde el PP), como niño que se ve acorralado tras cometer una falta y dice “Y tú más, tú más”. Y en este caso tienen razón: todos los partidos mayoritarios han obtenido condonaciones de deudas, si, pero el caso es que a Montilla se le ha “cogido de marrón”. El hecho de que nadie proponga seriamente una ley de financiación de partidos, hace que, desde el punto de vista judicial, todo esto resulte extremadamente vidrioso. Pero, desde el punto de vista político, si existe una depuración de responsabilidad: Montilla, el “enmarronado”, es culpable. Hoy, a nadie se le escapa que es un político quemado y sin futuro. El hombre que iba a ser el sucesor de Maragall, cabe en un cenicero.
 
Cuando CiU llama a la puerta
 
CiU, no hay que olvidarlo, es el empresariado catalán. CiU, también vale la pena recordarlo, es el primer partido catalán. Maragall perdió las elecciones, y Mas resultó tener más diputados. Después de mucho dudarlo, Maragall terminó aliándose con Carod antes que con Mas, como hubiera sido lógico. Tenía miedo que CiU le deparase el “abrazo del oso”, así que prefirió pactar con los más débiles, ERC, creyendo que podría imponerse sobre ellos con facilidad. Pero Maragall no supo negociar, cedió hasta más allá de lo prudente, y así tenemos un presidente del Parlament de ERC, un “conseller cap” de ERC y un número de carteras superiores a las que le correspondía por su peso específico.
 
ERC pactó en la medida en que el esquematismo mental de Carod le había llevado a adoptar una estrategia consistente en “atraer” hacia el nacionalismo catalán al PSC. Para Carod, CiU, ya es nacionalista y con facilidad se inclinará hacia el independentismo; pero es al PSC al que hay que hacer decantar hacia el nacionalismo; si se logra, a partir de ese momento, habrá una mayoría nacionalista en Catalunya y, por tanto, la posibilidad de alcanzar la independencia por vía democrática. Por eso, Carod prefirió pactar con PSC y no con CiU. Y, además, Carod albergaba un pequeño secretillo: quiere ser presidente de la Generalitat. El primer baturro “president”.
 
Para ello, ERC tiene un objetivo prioritario: superar a CiU en el voto nacionalista. Es la política del “surpaso”. Realizándola, Carod se convertiría en el eje de la gobernabilidad de Catalunya (hoy tiene la “llave”, pero la cerradura no es suya, el PSC tiene cerraduras de recambio y Carod lo que quiere es tener la hegemonía política en Catalunya). El problema es que si ERC ha suscitado verdadero odio, encono y encabronamiento en el resto de España, en Catalunya el electorado le está volviendo la espalda. Las encuestan realizadas por la Generalitat no auguran nada buena para ninguno de los partidos que componen el tripartito, en las próximas elecciones, a dos años vista. CiU está por delante en los sondeos. Esto explica por qué Carod no rompe con ZP o con Maragall. Esto y la poltrona a la que se han aficionado algunos de sus muchachos. En el fondo, a Puigcercós, aquel jefecillo de la tribu urbana llamada JERC, le gusta ir de camisa y corbata por los pasillos del parlamento, celebrando ruedas de prensa en la capital del Estado en lugar de convocarlas en Santa Eulalia de Riusvermells o en Vilanova de Escornalbous.
 
ERC tiene un problema enorme: su falta de clase política dirigente. Y la falta de talla de la gente que dirige el partido. La mediocridad de sus dirigentes –de los que Carod es, con mucho, su “mejor hombre”- llama la atención. Llama la atención, por ejemplo, que el “conseller cap” sea un individuo que como máxima experiencia de gestión, fue concejal de su pueblo (Torredembarra) durante una legislatura y profesionalmente, sea un profesor de literatura sin conocimientos ni en economía, ni en ciencia política, ni siquiera en gestión. Sus dos grandes títulos, de los que alardeó –a falta de otros- cuando fue nombrado conseller, son “membre d’una colla de diables” y “membre d’un grup de castellers”… si, pero de capacidad de liderazgo, gestión y organización, cero.
 
Resulta difícil pensar cómo es posible que un individuo como Joan Tarda, literalmente un “tocacullons”, haya podido sentarse en el parlamento español. Cada vez que un miembro de ERC pide la palabra en el pleno o en las comisiones, el gobierno se teme lo peor. A ZP, por ejemplo, le va a resultas muy difícil explicar cómo está apoyado por gentes como Tardá que se ponen al frente de una manifestación para prohibir un medio de comunicación. Y es que, estos, aparte de stalinistas, son de natural idiotas. ERC se ha creído el centro del universo por prestar su apoyo a ZP, olvidando que la lamentable situación de ZP en las encuestas se debe en gran medida a sus aliados, ERC en primer lugar y Maragall a continuación.
 
No es raro, por tanto que cuando los asesores del gobierno, han indicado que ante las malas perspectivas electorales va a ser preciso realizar una campaña de recuperación de imagen, CiU haya aprovechado para precipitar las cosas lanzando una oferta de colaboración con el gobierno.
 
Lo que implica esta propuesta, de aceptarse, no se le escapa a nadie:
 
1)     El fin del tripartito catalán. En cuando ERC sea dejada de lado, Puigcercós experimentará la sensación de que su cornamenta crece e interrumpirá su apoyo a Maragall en Catalunya.
2)     Por su parte, el PSC experimentará el terror al vacío: Maragall quiere volver a repetir como candidato, pero su partido está desorientado: hasta anteayer, Montilla era el candidato in pectore, hoy es un político quemado.
3)     De confirmarse las encuestas, CiU volvería a ganar las elecciones catalanas e, incluso, con la posibilidad de gobernar en solitario, ERC pasaría a la oposición por muchos años e ICV-EUiA, simplemente desaparecerían.
 
De todas formas, es probable que ZP rechace la oferta de CiU. No hay problema. En la negociación por el nuevo estatut, ERC que, hasta ahora había jugado la carta de máximos, verá reducidas sus expectativas, especialmente en lo referente a “nación” y, mucho más a “financiación”. Ante esto puede adoptar dos posiciones: o bien acepta lo que el PSOE quiera darle (con lo que su electorado saldrá ampliamente decepcionado) o bien lo rechaza en nombre de la “Catalunya Lliure” (con lo que correrá el riesgo de quedar desenmascarado como un partido radical-folk).
 
ZP sería el gran beneficiado con este cambio de alianzas. ERC se presenta como una opción odiosa, dirigida por una banda de impresentables. No es raro que el electorado socialista e incluso destacados miembros del partido, aborrezcan de ERC. CiU, al menos, tiene un prestigio como “partido de seny” catalán (y, de hecho, comparado con ERC, sale favoredcido), así que, el PSOE podría beneficiarse de una alianza. Pero, a partir de aquí, esto implica sacrificar a Maragall y perder la autonomía catalana. A menos, claro está que algún semidios fuera capaz de convencer a Maragall de que arrojara por la borda a Carod y se aliara con CiU, algo a todas luces, lejano e improbable. Las opciones son dos: o bien ZP renuncia a tener un amigo del alma al frente de Catalunya, o bien, sigue fiel al pacto con Carod y Maragall, con lo cual se arriesga a perder la poltrona de La Moncloa. No hay más opciones.
 
Aunque el autismo del que ha hecho gala ZP en estos dieciocho últimos meses, sería su particular “tercera vía”. La vía del mediocre, la vía del individuo que, para entrar en la historia, se deja arrastrar por lo cotidiano, aun a riesgo de ir a parar –como sin duda irá- al estercolero de la historia, en lugar de entrar en la Historia con mayúscula.
 
ZP se encuentra en una delicada situación: lleva cosechando fracaso tras fracaso. Débil en lo político y en lo personal, con déficit de ideas y carencias culturales extremas, está demostrando ser el peor presidente desde la transición, dudoso honor, acaso el único con el que  sea recordado en la Historia.
 
© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es
 
 
 
 
 
 

 

Pobreza, islamismo y terrorismo: santa alianza

Pobreza, islamismo y terrorismo: santa alianza

Redacción.- Resulta difícil evaluar el terrorismo marroquí y mucho más difícil establecer su origen. Marruecos ha difundido demasiadas inexactitudes sobre el terrorismo islamista que opera sobre su territorio, como para que puedan aceptarse sin más sus versiones oficiales. Lo significativo es que el terrorismo marroquí ha actuado en Europa y, particularmente, en España, mucho más que en Marruecos. A esto se une el hecho de que, desde 1970, el majzén ha intentado mediatizar el movimiento islámico moderado. Hoy, ese movimiento es la principal fuerza político–social en Marruecos. Aún tratándose de un movimiento moderado en las formas, es extremadamente antieuropeo en su fondo.

 

Los informes de la inteligencia militar marroquí indicaban a principios de 2005, que las tropas destacadas en el Sáhara Occidental y los exmilitares radicados en ese territorio se iban decantando progresivamente por el fundamentalismo islámico. Decir militares y exmilitares quiere decir disponer de armas, municiones y hombres entrenados para la guerra. Los fundamentalistas no aspiran a otra cosa: la guerra santa, dicho en términos europeos, el terrorismo. Y no son pocos.

Una encuesta elaborada en junio de 2004 por el Pew Research Center (un grupo independiente de sondeos) establecía que el 11% de los turcos, el 45% de los marroquíes y el 65% de los pakistaníes tienen una opinión favorable de Bin Laden. La encuesta se había realizado sobre una muestra de 8.000 personas, de los que 1.000 eran marroquíes de entre 18 y 59 años. Entre otros datos, la encuesta demostraba la creciente intolerancia religiosa y un amplio apoyo a los ataques terroristas. El 45% de los marroquíes encuestados tenían una opinión favorable de Bin Laden. Para el 60% de los encuestados, los ataques suicidas con bombas contra objetivos americanos perpetrados en Irak son justificables. El 73% de los marroquíes es desfavorable para los cristianos y el 92% se declara antisemita. En Pakistán, los porcentajes desfavorables a los cristianos y los judíos son del 62% y del 80%, respectivamente, y en la Turquía que aspira a entrar en la UE, son del 52% y el 49%. La intolerancia religiosa en Marruecos es más alta que en cualquier otro lugar del mundo musulmán…


*     *     *

Hasta el 15 de mayo de 2003, Marruecos se había intentado presentar ante Occidente como un país inmune ante la marejada del terrorismo islámico. Frente a la vecina Argelia, Marruecos había permanecido ajeno a las actividades terroristas del salafismo–wahabita y si bien existía un incipiente movimiento Islamista, el observador exterior percibía que, al menos, era moderado en sus formas. Con los atentados de Casablanca, todo cambió. De hecho, en realidad, nada de lo anterior era cierto, y los atentados evidenciaron la existencia de un extendido movimiento islamista. En las elecciones de 2002, el Partido para la Justicia y el Desarrollo que integra a los islamistas moderados, experimentaba un crecimiento inaudito y empezaba a constituir una amenaza idéntica a la que el FIS había sido en Argelia a partir de 1990. Bruscamente, cuando parecía que los islamistas moderados marroquíes iban a experimentar un crecimiento electoral notable en las elecciones municipales del 2003, explotaron las bombas del 15 de mayo en Casablanca.
 

Contrariamente a lo que sostienen los pacifistas, las bombas no son absurdas; cada uno de ellos tiene una lógica propia que la hace posible y la rentabiliza políticamente en uno u otro sentido. Absurdas en sus objetivos, las bombas de Casablanca encerraban, en el propio absurdo, una lógica implacable.
 

Bombas en la noche de Casablanca

El 16 de mayo era un día agradable en Casablanca. Había finalizado la fiesta del Mulud, especie de navidad musulmana, que celebra el aniversario del nacimiento del Profeta. Ese día se conmemoraba también la creación de las fuerzas de seguridad de Marruecos y muchos agentes de policía se encontraban de vacaciones. Por su parte, la comunidad judía celebraba el «sabbath».
 

A las 22:00 horas, dos personas provistas de mochila aparecen en el vestíbulo de la Casa de España y degüellan al portero que intentaba impedirles el paso. Atraviesan el bar y en la terraza, hacen explotar las bombas que llevan en el interior de las mochilas. Los supervivientes experimentaron la sensación indeleble de un temblor de tierra; luego el horror de las llamas y fragmentos de cuerpos humanos dispersos por todas partes, incluso hasta el séptimo piso de un inmueble colindante. Treinta personas mueren en un momento, entre ellos los terroristas.

Pronto se oyen otras explosiones por la ciudad. Tres estallidos proceden del Club Israelita. Allí, los terroristas suicidas han asesinado a un policía de guardia y luego han hecho estallar una primera bomba en la puerta de entrada y las otras dos en las salas vacías.
 

No muy lejos, otros tres jóvenes aparecen en el restaurante Positano, propiedad de un judío marroquí. Van mal vestidos y no les dejan penetrar en el local. Hacen estallar sus bombas matando al portero y a un policía de guardia en el Centro Cultural Belga que se encuentra en el otro lado de la calle, de tal manera que las primeras informaciones destacarán que el objetivo era este último lugar y no el restaurante.

No será la última explosión esa fatídica noche. El hotel Farrah, propiedad de una empresa kuwaití, es asaltado por dos jóvenes, también provistos con mochilas, que, siguiendo el ejemplo de los asaltantes de la Casa de España, asesinan al portero y hacen estallar luego sus cargas en el hall. Morirá otra persona de vigilancia en el hotel.
Habrá un último atentado, acaso el más extraño de todos. Una bomba estalla en uno de los barrios más pobres de la ciudad, la Vieja Medina. Mata a dos jóvenes y a un niño. El cementerio judío se encuentra cerca y, habitualmente, la versión oficial atribuye este último atentado a un error propio de terroristas despistados que se han inmolado a cien pasos de su objetivo. Afortunadamente la mayor parte del barrio está en sus casas; es la hora en la que va a comenzar en la TV un culebrón egipcio de mucha audiencia.
En total, 41 víctimas, entre los que se contaron 13 «mártires»  de entre 20 y 30 años. Al día siguiente, los cadáveres de ocho de ellos serán identificados. Otro fue detenido, herido, en las inmediaciones del hotel Farrah. Casi todos vivían en Sidi Moumen, un barrio de chabolas. Allí, los salafistas tienen un caldo de cultivo particularmente favorable.
Al día siguiente a los atentados, nadie en Casablanca quería creer que un grupo de jóvenes se había suicidado matando a veintiocho personas más. Sin embargo, las pruebas que recaían sobre los islamistas eran abrumadoras. A decir verdad, los explosivos y la sofisticación de su mecanismo de detonación eran impropios de la falta de medios económicos y del «amateurismo»  de los suicidas. El primer informe de la policía marroquí tras los atentados indicaba que el grupo terrorista estaba preparándose para atentar contra el Twin Center, diseñado por Ricardo Bofill, principal centro económico de Marruecos. Hay algo en todo esto que no encaja, para entenderlo hay que remontarse a las raíces del islamismo local.
 

La aparición del islamismo político

El islamismo no es nuevo en Marruecos; está imbricado en su historia hasta el tuétano. Tanto es así que en las escuelas del vecino país no se estudia la historia local antes de la llegada del Islam. Irradiando desde La Meca, la religión de Mahoma llegó tardíamente al Magreb. Cuando en 1956, alcanzó la independencia, el Islam se convirtió en religión oficial y la figura del rey quedó sacralizada en las distintas constituciones que ha tenido el país, incluida en la última, aprobada en 1996.
 

Desde principios de los años ochenta, Marruecos ha sido presentado por sus autoridades como la excepción al contagio Islamista. Se decía que la inmensa mayoría de la población tenía una acrisolada fe monárquica y, por tanto, en razón de que la dinastía alauí era descendiente de la familia del profeta, la fidelidad política se unía a la religiosa. Por otra parte, el partido nacionalista Istiqlal se gestó en el exilio egipcio de su fundador Allal el Fassi donde estuvo en contacto con los Hermanos Musulmanes. El Istiqlal, siempre ha unido tres factores: nacionalismo, Islamismo moderado y, como derivado de éste, fe monárquica. La posición preponderante del Istiqlal desde el origen de la independencia marroquí y la institución monárquica, se daban como explicaciones para justificar la presunta impermeabilidad del país a la marejada Islamista.

El régimen marroquí encontró su base social en las zonas rurales y entre los imanes y ulemas conservadores. Estos clérigos realizan una interpretación moderada del Islam. En 1964 se creó un centro de estudios para la formación de ulemas y en 1979 la universidad fue autorizada para crear la licenciatura en estudios islámicos, dos canales a través de los cuales se intentaba controlar y mantener el apoyo de esta influyente categoría social. Pero, a partir de mediados de la década de los ochenta, buena parte de los licenciados en estos centros no pudo acomodarse dentro de las instituciones oficiales y quedaron en paro. Esto coincidió con la llegada masiva de fondos de los wahabitas saudíes con los que pudieron levantarse miles de nuevas mezquitas desde las que difundieron su doctrina y crearon cientos de nuevas mezquitas fuera de la disciplina del Islam oficial adicto a la monarquía alauí. En estas mezquitas encontraron trabajo los clérigos en paro, resabiados contra la administración, a la que consideraban corrupta y degenerada. Fueron los primeros predicadores de la disidencia político–religiosa.


Hassán II había permitido que los wahabitas saudíes financiaran la construcción de un 70% de las 35.000 mezquitas de Marruecos en Tánger, Casablanca, Fez, Salé, Marrakech y Tetuán. El 70% de las mezquitas de Casablanca, por ejemplo, han sido construidas con dinero saudí. En torno a cada mezquita se empezaron a formar redes de misioneros dirigidos por emires, incitando a unirse a la yihad en Afganistán, Bosnia o Chechenia. En 2004, sobre un total de 35.000 mezquitas, sólo 8.659 dependían ya de la Administración. Era el fracaso de la política religiosa de la casa real.

El islamismo político moderado: Justicia y Desarrollo
 

Desde los años 70, Hassán II había intentado integrar a las asociaciones islámicas dentro del sistema, impulsando un pequeño partido político, el Movimiento Popular Democrático Constitucional. Otros, constituyeron el partido «Unidad y Reforma», más radical, del que se decía que estaba teledirigido por Driss Basri, ministro del interior. Este partido, terminará integrándose en el MPDC en 1996 que, así reforzado, pudo obtener doce escaños en las elecciones generales de 1997, formando grupo parlamentario propio. Cuando muere Hassán II (1999), este partido se transformó en el Partido de la Justicia y el Desarrollo.

En marzo de 2000, los islamistas convocaron una primera gran manifestación contra la reforma del Estatuto de la Mujer fue el primer signo exterior de actividad Islamista de masas. Es significativo que la manifestación se convocara en Casablanca, donde las mezquitas disidentes agrupan al 70% de islamistas. El episodio siguiente que evidenció el ascenso del Islamismo fueron las elecciones del 27 de septiembre de 2002, cuando el PJD se convirtió en la tercera fuerza política del país, pasando bruscamente de 14 a 42 escaños. Pero hay que matizar este resultado.
 

La dirección «oficialista»  del PJD, llegó a un pacto (confesado públicamente) para presentar candidaturas solamente en la mitad de los distritos únicamente. Bajo presión del majzén, el PJD había decidido presentar candidatos solamente en 56 de las 91 circunscripciones a fin de no generar alarma por los buenos resultados que le auguraban las encuestas. El majzén pretendía evitar un efecto similar a la brusca victoria del FIS en Argelia. Tal como expresó uno de los dirigentes del PJD, Benkirán «[… una victoria] sería imposible de soportar políticamente tanto en el interior como en el exterior del país […] el escenario argelino produce fobia en Marruecos». Todos los analistas consideraban seguro el triunfo de los islamistas moderados, por mayoría absoluta, si se presentaban en todas las circunscripciones. Los resultados desbordaron todas las previsiones hasta el punto de que se produjo un «apagón»  durante el recuento electoral. La convicción de que hubo fraude electoral, no fue óbice para que el PJD se convirtiera en el tercer partido, a pesar de presentarse en la mitad de las circunscripciones.

No hay que perder de vista que el PJD surgió de la cooperación electoral entre el movimiento islamista Reforma y Unidad y el antiguo partido oficialista Movimiento Popular Democrático y Constitucional del Dr. Abdelkrim Jatib, médico de Hassán II. Los islamistas radicales conocen al PJD como «islamistas del Rey». En realidad, en el interior del PJD siempre ha existido cierta ambigüedad coexistiendo dos tendencias, una moderada, encabezada por Abdelillah Benkirán (procedente de Reforma y Unidad, grupo nacido en 1981 cuando se separó del ala moderada del movimiento clandestino Juventud Islámica) y un ala radical que tiene como jefes de fila a Abib Tajakani y Mustafá  Ramid. Así no pudo extrañar que en las elecciones de 2002, mientras Benkiran explicaba que el PJD solamente pretendía mantener de la sharia aquello que hoy está en vigor en la constitución marroquí, sus otros dos compañeros de partido, sostenían que su intención era la aplicación íntegra de la ley coránica. Mientras los moderados del PDJ aspiraban a un acercamiento estratégico al Istiqlal, los radicales habían hecho guiños constantes al jeque Yassin y a su organización Justicia y Caridad, el cual, por lo demás, se felicitó del éxito del PJD en las elecciones del 2002.
 

Pero todo esto no debe hacer olvidar que el PJD, a pesar de ser un partido que acepta la constitución marroquí y mantiene una práctica política moderada, alberga en su interior innegables contenidos islamistas y un ala más radical, hoy postergada, pero no por ello desaparecida. Sus diputados siempre han defendido la islamización de la sociedad y la identidad islámica del país con medidas tales como la prohibición del alcohol, el rechazo a la integración de la mujer, la ruptura de relaciones con Israel y un código de prensa basado en el Islamismo. Primer partido de Marruecos por su influencia social, aspiraba a confirmar sus inmejorables perspectivas de crecimiento cuando ocurrieron los atentados de Casablanca.

Hoy, el sector radical del PJD está representado por Mustafá Ramid, líder del grupo parlamentario, y Ahmed Raisuni, procedentes del antiguo movimiento Reforma y Unidad. A partir de 2004, éste sector se opone frontalmente al sector moderado encabezado por Abdelkrim Jatib. Los radicales han procurado forzar la presión política del PJD. Raisuni, tras los atentados de Casablanca, llegó a negar que Mohamed VI fuera el «príncipe de los creyentes»; ciertamente se retractó pocos días después y dimitió de sus cargos, pero no era el único en pensar así dentro del PJD, lo que ocurría es que el sector moderado, mayoritario en esos momentos, estaba tratando de permanecer al margen de la ofensiva contra el Islamismo radical desencadenada por el majzén. Pero los radicales prosiguieron con su presión: solicitaron el endurecimiento de la ley contra el consumo de alcohol, exigieron el cierre de los centros de enseñanza que mantienen países no islámicos en Marruecos, encabezaron las manifestaciones contra actores y directores de cine que, a decir de los islamistas, no respetaban la religión islámica. Una película de Nabyl Ayuch que mostraba un pequeño desnudo, por ejemplo, fue el blanco de las iras de Mustafá Ramid, dirigente del PJD quien explicó que «atentaba contra los valores del Islam y forma parte de la quinta columna francófona y sionista».
 

El PJD no se llamó a engaño. Era perfectamente consciente de que los atentados de Casablanca iban a tener consecuencias nefastas sobre su formación. Raisuni, dirigente del sector radical del PJD, condenó los atentados afirmando que «estos actos suponen un grave atentado contra el Islam y justifican la intervención extranjera en los asuntos de los países islámicos». En el parlamento se vieron obligados a aprobar la legislación antiterrorista o, de lo contrario, hubieran sido presentados como «cómplices de los terroristas». Pero esto no impidió que muchos miembros del PJD hayan sido detenidos e investigados en virtud de la ley antiterrorista.

La reforma del código de familia (mudawana) fue otra de las resultantes de los atentados de Casablanca. Tras el largo bloqueo de los sectores más conservadores –que estimaban que este código iba en contra de las tradiciones marroquíes– el nuevo texto presentado por Mohamed VI fue aprobado por unanimidad. La edad mínima legal de matrimonio para las mujeres se elevó de 15 a 18 años, se establece el derecho al divorcio por mutuo acuerdo, somete la poligamia y el repudio al control judicial, termina con el deber de la mujer de obedecer a su marido y elimina el requisito de que la mujer tenga un tutor para poder casarse. Se le ha definido como uno de los códigos de familia más «progresistas»  en el mundo árabe. Los islamistas del PJD renunciaron a bloquearlo después de que las bombas de Casablanca, los situaran en posición defensiva. El gobierno tuvo consiguió que si se oponían a esta ley fueran considerados por la opinión pública como cómplices de los atentados. Eran los efetos colaterales –¿colaterales?– del crimen.
En el congreso del PJD celebrado en abril de 2004, moderados y radicales llegaron a un acuerdo en virtud del cual el partido rebajaría su perfil opositor para evitar ser identificados con los radicales. Un moderado, Saad Eddine el–Othmani, ocupó la secretaría general del partido.
 

En noviembre de 2004 se anunció la reforma de la ley de partidos para prohibir las formaciones de matriz religiosa. Anticipándose, el PJD ha dicho que su partido «no es ni religioso ni islamista, sino un partido de referente islámico». Pero lo es, claro que lo es, y no es el único en Marruecos.
 

Justicia y Caridad: otra forma de política islamista

Lo que hasta ahora era uno de los factores de estabilidad de la monarquía alauí (su doble carácter político y religioso) se ha convertido en un factor de riesgo. En la figura del rey se unen los tres poderes constitucionales y, además, la sacralización de su figura, tal como establece la Constitución de 1996 (aprobada por la increíble cifra del 99’56% de votos). «Tocando»  a la figura del monarca, todo el sistema se desploma. Y tal es la función asumida por JyC y por sectores amplios del PJD. Por otra parte, la propia definición constitucional de «monarca sagrado»  hace que los partidos laicos, en una situación de libertades democráticas reales, también terminaran torpedeando a la figura del rey. En España, por ejemplo, la monarquía puede arrogarse el estar «por encima» de los partidos, pero no en Marruecos.

La Mudawana, o Estatuto Personal, vigente en la actualidad, está basado en la Sharia; su versión anterior a la reforma de 2003, era una especie de ley coránica descafeinada, pero extremadamente despectiva con respecto a las mujeres. La Mudawana regula la poligamia y el repudio, la tutela matrimonial de la mujer o su inferioridad en los derechos de herencia (la mujer percibe la mitad de la herencia que el hombre). El Gobierno Yusufi se estrenó con un ambicioso –e irrealista– Plan de Integración de la Mujer, ante el cual los islamistas se movilizaron en masa, logrando bloquear el proyecto.

Fueron las mujeres marroquíes, las que, manifestándose, tiraron atrás el innovador proyecto de Yusufi. JyC movilizó a las mujeres para protestar contra una reforma de la que ellas eran las principales beneficiarias. Finalmente, la reforma propuesta por Yusufi fue bloqueada por el ministerio de Asuntos Religiosos… uno los llamados «ministerios de soberanía»  (nombrados directamente por el rey). Hasta los atentados de Casablanca…

Tras las elecciones legislativas de 2002, los islamistas moderados del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), por primera vez, estuvieron en condiciones de formar grupo parlamentario propio en la Cámara de Representantes. Junto a este grupo coexistía el movimiento Islamista moderado más importante del país, Justicia y Caridad (JyC) liderado por Abdesalam Yassín, que no realizaba directamente actividad política, sino que se dedicaba a la asistencia social. Además, existían los grupos takfires. A pesar de que se ha dicho con mucha ligereza que los takfires están vinculados a Al–Qaeda, no es evidente que así sea. Tras las primeras detenciones de los presuntos terroristas que cometieron los atentados del 11-M, se publicó que pertenecían al movimiento de origen egipcio «Takfir wal Hijra» (literalmente, Anatema y Exilio), la secta salafista de los «takfires». Se trataba de una información falsa. El propio Abú Dahdah (tenido como responsable de la «célula española” de Al-Qaeda), tras los atentados y especialmente tras la profanación de la tumba del subinspector de los GEO muerto en la operación antiterrorista de Leganés, atribuyó a los takfires tanto este odioso episodio como los propios atentados del 11-M. La violación de la tumba del GEO sería una venganza planificada por los takfires, como respuesta a la inmolación de los siete islamistas, entre los que podría estar el responsable ideológico y líder religioso de la secta en España. La exhumación del cuerpo del GEO, su destrozo y mutilación con un pico y una pala y su calcinación correspondería a un ritual seguido por los miembros de esta secta, por el hecho de que los cuerpos de sus «mártires» no han sido sepultados aún, según marca la «suna» (tradición) coránica. No se trataría de la primera profanación. Previamente se habían producido otras, en el Cementerio Sur, en el madrileño barrio de Carabanchel y en Marruecos contra tumbas judías. Esto movimiento habría llegado a España de la mano de salafistas magrebíes y su principal base se encontraría en estos momentos en Londres, dirigido por un emir. La secta fue fundada en el Egipto de los años 40, bajo el nombre de Takfir Oual y se la considera una herejía («aljvarij») dentro del Islam. El grupo procede de una facción radical escindida de los Hermanos Musulmanes de Egipto fundado por Shukri Mustafa, juzgado y ejecutado por el asesinato del presidente Annuar el Sadat en 1981. Luego se propagaron a Argelia y Marruecos de la mano de los salafistas y una década más tarde se establecieron en Líbano y Sudán. Fue en este último país en donde, según la versión oficial, entraron en contacto con Bin Laden que se encontraba en esos momentos ahí después de la Segunda Guerra del Golfo (1989). Tampoco parece evidente. A España llegaron de la mano de magrebíes inmigrados en los años 90. En Marruecos, se dieron a conocer después de profanar tumbas judías. Se trata de una versión extrema del Islam que permite a sus adeptos, incluso asesinar a musulmanes, incluidos niños y mujeres, si no cumplan los preceptos más rígidos del Islam. Para ello es menos grave que mueran que el hecho de convertirse en infieles («kafires»). Son apenas unos cientos, parte de los cuales se encuentran en España, procedentes de Marruecos; poco que ver con los cientos de miles de partidarios del jeque Yassín.
 

«Justicia y Caridad»  (Al Adl ua al Ihsan) jamás ha ocultado su integrismo y en su interior, a diferencia del PJD, no tiene tendencias; es una organización monolítica fundada en 1983 y liderada por el jeque Abdesalam Yassín. En 1974 Yassín se hizo famoso al dirigir una carta abierta a Hassán II en la que denunciaba la occidentalización del país, la corrupción del majzén y definía a Hassán II como «pecador». En lugar de encarcelarlo, Hassán II recurrió, como los soviéticos, a encerrarlo en un frenopático. En 1989 no reconoció la sacralizad del monarca, así que fue puesto bajo arresto domiciliario, situación que duró hasta el 2000 cuando, tras la muerte de su padre, Mohamed VI levantó la sanción, a pesar de que le había recordado que las riquezas que heredó de su padre habían sido obtenidas ilegítimamente y, por tanto, su uso y disfrute eran, así mismo, ilegítimas. A partir de ese momento, con Yassín en libertad, el movimiento alcanzó un auge formidable.

JyC es un movimiento radical en sus postulados, pero pacífico en su actividad cotidiana. Sus principios no son diferentes de los contenidos en la carta que su fundador dirigió a Hassán II: la corrupción del majzén ilegitimaba el carácter sagrado de la monarquía y perjudicaba a todo el país que, progresivamente, se occidentalizaba en detrimento de las clases desfavorecidas que sufren injusticias sociales intolerables. Este discurso, ha calado extraordinariamente en las clases ilustradas de la sociedad marroquí, especialmente entre los maestros, universitarios y profesionales. Su actividad consiste en realizar obras de caridad en los barrios pobres, cada vez más numerosos que, de esta forma, se han convertido en un vivero de fundamentalismo.
 

Resulta difícil valorar numéricamente el peso de JyC. En 2003, habían sustraído la dirección de los sindicatos a la Unión de Fuerzas Socialistas, en una evidente muestra de vitalidad y arraigo en la sociedad. También ha convocado distintas manifestaciones de masas contra la reforma del estatuto de la mujer y sus miembros han realizado campañas contra el turismo (frecuentemente acosando a los visitantes de las playas) que demuestran inequívocamente que se trata de un movimiento de masas. Por otra parte, en las elecciones proponen la abstención (que llega al 65%).

Hassán II se equivocó cuando intentó debilitar a JyC estimulando la constitución del PJD que, inicialmente, debía ser una organización «controlada»  por el ministerio de Asuntos Religiosos. Además, dejó que Arabia Saudí creara y financiara la corriente wahabita que, históricamente, arraigaba en las mismas capas sociales que JyC. Hassán II creía que estas dos orientaciones bastarían para minimizar la importancia político–social de esta organización. Esta estrategia se basaba en que el contagio islamista se produciría, inevitablemente, en Marruecos, por tanto era preciso adelantarse e integrar a los grupos islamistas, lo cual debía hacerse a través del ministerio de Asuntos Religiosos y generosas subvenciones, favoreciendo, paralelamente, la fragmentación del islamismo radical y colocando a algunos hombres fieles al frente de las distintas fracciones. Pero las cosas discurrieron por otros derroteros imposibles de prever por Driss Basri, verdadero inspirador de esta estrategia y por M’Dagri Alaui, quien la aplicó al frente de su ministerio.
Los salafistas habían alcanzado cierta relevancia en la sociedad marroquí a partir de los años 80, dirigidos por Mohamed Magraui, a sueldo del wahabismo saudí (cuerpo doctrinal de los seguidores de Muhammad Ibn Abdel Wahab que vivió a mediados del siglo XVIII) y organizado como asociación cultural. Magraui fundará un centenar de centros coránicos disidentes del islamismo malekita oficial.
 

La ideología wahabita, en realidad, al no reconocer el carácter político y religioso de la figura real, apunta contra la línea de flotación de la monarquía; los wahabitas admiten que el «príncipe de los creyentes»  es un título que puede ser ostentado por cualquier clérigo (como el líder de los talibanes, el mulah Omar que tenía ese mismo título). Seguramente, Mohamed VI, conocía esta característica del wahabismo, pero pensaba que, en el caso de que esta corriente empezara a obtener una influencia real en la sociedad, los cercenaría como había hecho sin piedad con otros movimientos y políticos mucho más arraigados. El crecimiento de las formaciones wahabitas, finalmente, terminó desbordando a su hijo y convirtiéndose en un riesgo real para la existencia misma de la monarquía.

El PJD había desbordado pronto las intenciones iniciales de Hassán II y se desembarazó pronto de la tutela del ministerio de Asuntos Religiosos, mientras que JyC, paradójicamente, fue uno de los principales beneficiarios de esta política que le ha permitido celebrar reuniones públicas y mantener una estructura, «ilegal», pero «tolerada». Hassán II pretendía que el PJD contrapesara la creciente influencia de JyC. La diferencia esencial entre ambos partidos era que mientras el jeque Yassín no admitía la autoridad espiritual del monarca, el PJD si la reconoce, al menos hoy oficialmente. Una de las corrientes del PJD, «Vigilancia y Virtud»  acepta sin reservas la naturaleza sagrada del monarca, pero la otra, «Unidad y Reforma», en cambio, comparte en este terreno las posiciones de Yassín. A diferencia del PJD, la organización de Yassín ha elegido no participar en los procesos electorales. Y ha ido creciendo al margen de las instituciones.
 

Para contrarrestar a esta organización, la estrategia consistió en fragmentar el área fundamentalista favoreciendo la creación de pequeños grupos extremistas que, además de dividir, eran rechazados por la opinión pública, arrastrando en tal rechazo a todo el sector político del que formaba parte JyC. Ya hemos mencionado a estos grupos: «Separación y excomunión»  (Al Hijra Ua Takfir), de Yusef Fikri, que fue conocido en Europa, antes de que llegaran noticias de la organización de Yassín; a pesar de su endeblez numérica y de que, en la actualidad, se encuentra casi completamente desarticulado, los «takfires»  asesinaron a una persona que consumía alcohol. Por su parte, «Camino recto»  (Assirat Al Mustakim), de Zakaria Miludi, aparece como escisión del anterior y también ha cometido algún asesinato. Finalmente, los seguidores de Bin Laden están agrupados en la Salafiyia Yihadihia, de Mohamed Fizazi, relativamente conocido por haber acusado de debilidad a Yassín en una carta abierta. Todos estos grupos se consideran wahabitas y los dos últimos son conocidos como «los afganos»  por la aprobación pública que realizan de las ideas (y las acciones) de Al–Qaeda. La propaganda wahabita hacía sido autorizada en Marruecos  por Hassán II para dividir al Islamismo radical, de un lado, y para pagar el apoyo que Arabia Saudí (foco de financiación del wahabismo) prestó a Marruecos en la discusión sobre la independencia del Sáhara en la Liga Árabe.

El islamismo radical en Marruecos
 

En 1999, los islamistas marroquíes estaban divididos en dos sectores, los radicales que habían adoptado los temas favoritos de Bin Laden (guerra santa contra los países occidentales, especialmente contra EEUU, considerados herederos de los cruzados y focos de indescriptible corrupción y vicio), mientras que los grupos moderados se limitaban a reimplantar en la sociedad marroquí tradiciones religiosas del pasado. Estos últimos aspiraban a combatir la dejadez que percibían en la sociedad marroquí; se oponían a la elección de mises y a otros concursos que «degradaban a la mujer» , consiguieron imponer en los barrios marginales la utilización del velo islámico y rechazaban la coeducación aduciendo que favorecía la promiscuidad; mediante la fuerza, en ocasiones, o a través del adoctrinamiento, consiguieron que los hombres de las barriadas pobres acudieran a las mezquitas en las oraciones de los viernes; se manifestaron contra el consumo de alcohol y propusieron medidas para endurecer su venta. Numéricamente, los moderados eran infinitamente mayores a los grupos radicales y, por supuesto, tenían muchas más posibilidades de poner en práctica su política reformista desde las instituciones; eran, por tanto, más peligrosos. Por otra parte, los grupos radicales, desde siempre eran objeto de vigilancia por parte de la seguridad marroquí y, es natural que estuvieran infiltrados por sus agentes.

En 1969 nace en Marruecos la primera organización islámica radical, la Shabiba Islamiya (Juventudes Islámicas), creada por Abdelkrim Mutí y Abdelaziz Nuamani. Veintidós años después, Muti se escindió de este grupo y creó la Facción del Combate, mientras, Nuamani fundaba la Organización de los Combatientes Marroquíes. En 1984, ambas organizaciones, que jamás tuvieron excesiva importancia, desaparecían, pero uno de sus militantes, Abdelilah Ziyad, fundaba en 1993, el Movimiento Islamista Combatiente, un grupo del que se sabe muy poco sobre su alcance y ni siquiera existe unanimidad en lo relativo a su nombre: Grupo Islámico Combatiente, Grupo Marroquí Armado, Grupo Islámico Armado, Grupo Combatiente Marroquí...
 

Se suele atribuir la fundación de este grupo a excombatientes marroquíes en la guerra de Afganistán con los soviéticos (1979–89), pero, en realidad, apenas aparecen unos pocos el último año del conflicto y siempre se trata de personas vinculadas a ONGs que actúan en tareas humanitarias. Cuando, al vacío dejado por los soviéticos, sigue la guerra civil afgana (1989–96), la presencia y actitud de los marroquíes no se altera, aunque algunos, como Ali Allam, regresan a su país. En 1996, los talibanes ascienden al poder y, a partir de ese momento, afluyen algunas decenas de marroquíes, que generalmente vivían ya en el extranjero, y que, habitualmente, estaban casados con mujeres nacidas en Arabia Saudí o en los Emiratos Árabes. Ninguno de estos marroquíes tuvo el más mínimo protagonismo ni en Al Qaeda, ni en el gobierno talibán.

Sin embargo, se suele explicar que, a su regreso a Marruecos, a finales de la década de los noventa, formaron el Grupo Islámico Combatiente que se considera la «pata»  de Al–Qaeda en ese país… algo que, como mínimo resulta discutible y no está en absoluto demostrado.
 

De existir, el papel del GIC parece ser muy secundario en la estructura de Al–Qaeda. Algunos dossiers de la CIA indican que apenas hizo otra cosa que facilitar cobertura a los terroristas de Bin Laden de paso por Marruecos. En lugar de cometer atentados, robaban y falsificaban documentos para el «terrorismo internacional». No está nada claro y faltan pruebas para demostrarlo; se trata de la versión oficial y por eso la hemos traído a colación, si bien somos escépticos sobre su veracidad.

Otros informes de la CIA, daban el año 2002 y la ciudad de Londres como escenario para la creación del Grupo islámico Combatiente Marroquí por Mohamed Guerbouzi. Esos mismos informes apuntan a que, un año más tarde, Guerbouzi reunido con gente de Al–Qaeda en Estambul, habrían planeado atentados terroristas en Casablanca, Essauira, Fez, Tánger y Marrakech; pero sólo tuvieron lugar los de Casablanca.
 

Por su parte, la seguridad marroquí, manejando los informes de la CIA, sostuvo que, tras los atentados del 11–S, el GIC decidió realizar acciones en el interior de Marruecos. Pero nada ocurre. Apenas la detención de los ilusos que pretendían atentar contra la VI Flota y de distintos grupos salafistas, más o menos incoherentes. La versión oficial marroquí sostiene que al fracasar deciden cometer acciones suicidas que se inician en Casablanca el 16 de mayo de 2003. Tampoco parece muy verosímil. No hay que olvidar que los 13 terroristas de Casablanca, se inmolaron innecesariamente en la acción; pensemos lo que supone para una organización incipiente el que 13 de sus activistas mueran… para matar a 32 víctimas irrelevantes. ¿Con quién pensaban continuar la serie de atentados si sus filas se veían mermadas por los suicidios de sus militantes? La versión oficial sobre los atentados de Casablanca, no despeja en absoluto estas incógnitas y permite pensar que hay algo que se escapa a la versión oficial. Por ejemplo, la sofisticación de los explosivos que nada tenía que ver con la tosquedad de sus autores y su falta de preparación para armas bombas como las que estallaron.

La seguridad marroquí da como responsable de estos atentados es Mohamed El Guerbuzi (a) «Abu Aisa», considerado jefe de Al–Qaeda en Marruecos según unos y simple portavoz del grupo para otros; junto a Guerbuzi, figuraban en el esquema elaborado por la policía marroquí, las células de Yusef Fikri, Abdeluahhab Rebbai (a) «Errabba»  y Karim El Mejjati (a la que pertenecían los interrogados por los atentados de Casablanca). Resulta difícil saber cuál es la estructura de este grupo e incluso saber si se trata de un grupo organizado. Da la sensación de que es, más bien, un amasijo de células completamente independientes y, probablemente, sin relación entre sí, pero que utilizan el mismo nombre para firmar sus acciones terroristas. Las fuentes oficiales marroquíes explican que los cuadros dirigentes de estos grupos proceden del Movimiento Islamista Combatiente de Abdelilah Ziyad y del grupo formado por Abdelaziz Nuamani, Ali Buseghiri y Mohamed Nekkaui (detenido tras los atentados de Casablanca).
 

Hasta las bombas del 16 de mayo de 2003, solamente se había producido una acción terrorista de envergadura en Marruecos. En agosto de 1994, tres terroristas armados habían penetrado en hotel Atlas de Marrakech, disparando contra los clientes que se hallaban en el establecimiento. Murieron dos turistas españoles, Salvador Torrás y Antonia García. Hassán II acusó de este episodio a los servicios secretos de Argelia, aun a sabiendas de que se trataba de una falsedad y de que los terroristas habían salido del propio Marruecos. El incidente se saldó con el cierre de las fronteras terrestres entre los dos países y con la exigencia de visado a los ciudadanos argelinos para entrar en Marruecos. Pocos días después, la policía marroquí culpó a Abdelilah Ziyad de estos atentados. Tras el atentado, Hassán II intentó negociar la entrega a Argelia Abdelak Layada, uno de los terroristas argelinos más buscados, detenido en Marruecos, a cambio del cese del apoyo político al Frente POLISARIO.

En los años 1994 y 1995, Argelia trató de introducir el tema del terrorismo en la agenda de la conferencia de ministros del Interior de la Unión del Magreb Árabe, pero Marruecos se opuso. Era la forma de debilitar a Argelia que en esos momentos sufría la gran ofensiva del GIA y del Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. Para Hassán II, el terrorismo era sólo un instrumento para negociar, una excusa para adoptar decisiones drásticas y un sector a manipular. En el atentado de Marrakech todo esto se encuentra presente sin el más mínimo pudor.
 

Algunos de los imanes que ejercen en las mezquitas oficialistas llegaron a defender la legitimidad moral del 11–S y la figura de Bin Laden, con la consiguiente apología del terrorismo que ello significaba. Otros imanes, titulados por el ministerio de Asuntos Religiosos, no dudaron en criticar la ceremonia ecuménica de homenaje a las víctimas, realizada en la Catedral de Rabat cinco días después de los atentados y con que el rey aspiraba a congraciarse con los EEUU. El fundamentalismo islámico ha crecido, incluso entre el clero amamantado por las instancias oficiales. Hoy se calcula que algo más de la mitad del Islam marroquí aprueba la actividad de Bin Laden y de Al–Qaeda.

Rasgos sociológicos del islamismo radical marroquí
 

Uno de los principales factores de inestabilidad en el Magreb es la demografía y, más en concreto, lo que se conoce como la «hipertrofia juvenil» que aparece cuando los jóvenes de entre 15 y 29 años se convierten en el grupo social mayoritario. En ese caso, la probabilidad de que estallen guerras civiles y movimientos terroristas de amplia base es tres veces mayor que en las poblaciones en las que el grupo social mayoritario son los adultos. La esperanza de que disminuya la natalidad en el Magreb en los próximos 25 años no es ninguna esperanza… por que no es evidente que esa disminución vaya a producirse.

En Marruecos y Argelia este proceso es muy acusado y la inestabilidad aumenta cuando los jóvenes se encuentran en paro y sin otra esperanza que la inmigración para mejorar sus aspiraciones.
 

Marruecos no puede prescindir de la inmigración, aunque la inmigración sea uno de los caldos de cultivo del fundamentalismo islámico. Las remesas de los emigrantes suponen hoy el primer ingreso neto en divisas del país. Hasta marzo de 1998, estos flujos se incrementaron el 15% hasta alcanzar los 8.564 millones de dirhams. Entre 1999 y 2001 se doblaron, llegando a los 36.162 millones de dirhams (3.500 millones de euros).

Buena parte de los marroquíes que protagonizan los atentados atribuidos al islamismo radical son jóvenes que residen en Occidente. A diferencia de los viveros de radicalismo islámico que aparecen en los barrios pobres de las ciudades marroquíes, los terroristas marroquíes que se han trasladado a los países europeos, ni son pobres, ni se encuentran en situación irregular.
 

Un estudio sobre 212 presuntos terroristas magrebíes que han sido detenidos en Europa Occidental y Norteamérica entre 1993 y 2003, muestra que apenas el 16% eran inmigrantes ilegales, el 8% eran inmigrantes de segunda generación. Terroristas marroquíes han estado implicados en cinco extraños episodios de terrorismo internacional entre 1999 y 2001, todos ellos –también extrañamente– frustrados, además del atentado contra la sinagoga de Djerba en Túnez (abril de 2002), los atentados de Casablanca (mayo de 2003) y los atentados de Madrid (marzo de 2004).

Las bombas de Casablanca y su papel provocador
 

Hay que encuadrar los atentados de Casablanca en aquel dramático instante de la historia reciente: sólo unas horas antes de los atentados, George Bush había anunciado inminentes ataques de Al–Qaeda y una mayor periodicidad en las acciones terroristas; apenas cuatro días antes habían tenido lugar atentados similares en Riad, tierra natal de Bin Laden, en los que murieron 30 personas. Era inevitable vincular, inmediatamente, los atentados de Casablanca a Al–Qaeda.  Sólo unas semanas antes, ocho de los condenados en 2004 por el intento de atentado contra la embajada de EEUU en Roma, habían resultado a ser marroquíes. En agosto de 2002, la seguridad marroquí desarticuló también a un grupo autóctono, deteniendo a un centenar de sus integrantes, al que se acusó de estar detrás de cinco asesinatos y numerosas agresiones contra personas no islámicas. Meses atrás habían resultado detenidos cientos de jóvenes miembros de una corriente islamista que simpatizaban con Bin Laden. Este movimiento había surgido en el interior de mezquitas wahabitas. Luego se produjeron los atentados de Casablanca y la detención de los miembros del grupo islamista Assirat Al Mustaqim («el buen camino»).

En enero de 2002, la seguridad marroquí dice haber detectado el retorno de ciudadanos de ese país que habían permanecido en Afganistán hasta la invasión americana. En ese momento se crea la leyenda de los grupos terroristas marroquíes fundados por «los excombatientes afganos». El 11 de mayo de 2002 se desarticulaba la improbable célula durmiente de Al–Qaida que debía atentar contra la VI Flota de EEUU; en julio se producía un ataque contra los asistentes a una boda en Ulid Tunal cerca de Meknes; en agosto, resultaban detenidos treinta miembros de varios grupos radicales en Casablanca y Fez, etc. A finales de mayo de ese año se publicaba la noticia de que Al–Qaida, pretendía actuar en Marruecos y, tres meses después, un comunicado atribuido a Al–Qaeda llamaba a los islamistas marroquíes a responder firmemente a las detenciones de activistas salafistas. 
 

Los «afganos» –siempre según la seguridad marroquí– habían fundado tres grupos terroristas, de los que el más importante sería la Hichra wa Takfir, que sería la «sección marroquí»  de la Salafía al–Ŷihadía, al que pertenecerían también el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate de Argelia  y la Yihad Islámica en Egipto. El grupo resultó desarticulado tras los atentados de Casablanca, siendo detenidos sus fundadores (Yussef Fikri y Mohamed Damir) y otros 28 activistas. Otro grupo eran los Emires de Gang, al que la prensa marroquí atribuyó, bastante frívolamente, unos 500 miembros en Fez y entre 800 y 1000 en Casablanca. El tercer grupo, muy pequeño y también desarticulado tras las bombas de Casablanca, se dice que tiene vínculos entre la inmigración marroquí en España; de hecho, su líder, fue detenido cuando pretendía viajar con destino a nuestro país.

Todos estos grupos, en definitiva, no suponen nada, su actividad en los momentos de escribir estas líneas es nula e, incluso, en el 2002, sus fuerzas debían ser extremadamente débiles a tenor de la facilidad con la que fueron completamente desarticulados. En la prensa marroquí existía en aquel momento una evidente tensión. Se creía ver terroristas por todas partes, cualquier cosa para crear la sensación de que existía un «peligro islamista», lo que llevaba, necesariamente, a enajenar el voto para el PJD. En realidad, los comunicados atribuidos a Al Qaeda y todas las informaciones sobre la irrupción del salafismo terrorista se concentran ANTES de las elecciones de 2002. Pero, todas estas informaciones alarmistas no logran contener al islamismo moderado; entonces tienen lugar los atentados de Casablanca que también se producen ANTES de las elecciones municipales de 2003; deberían de haber servido para frenar el ascenso del PJD, pero, la maniobra orquestada por el majzén de amalgamar a islamistas radicales, islamistas moderados e islamistas terroristas, se salda con el fracaso.


Tras los atentados de Casablanca, diversos medios publicaron informaciones espectaculares en las que se decía que Bin Laden aspiraba a convertir Marruecos en un santuario de Al Qaeda. Eran, evidentemente, falsas. En realidad, desde febrero de 2002, no se han producido nuevas declaraciones de Bin Laden (e, incluso, se duda seriamente de la autenticidad del comunicado aparecido en esa época) y existe la duda sobre su paradero y, mucho más, sobre sus proyectos. Alguien pretendía que en Occidente se creyera que existía una amenaza de Al–Qaeda sobre Marruecos y que éste país estaba dispuesto a afrontar el desafío. Pero no era así: en Marruecos se han producido atentados terroristas y, como los del 11–M, no hay absolutamente ninguna pista que conduzca a Bin Laden o a Al–Qaeda. Ahora bien, es indudable que la seguridad marroquí, utilizaba el espantajo de Bin Laden y Al–Qaeda para alertar sobre un peligro terrorista que, al menos, en el interior de Marruecos era inexistente.

Los atentados de Casablanca sucedieron poco después de que las tropas norteamericanas escenificaran su entrada en Bagdad y el derribo de la estatua de Saddam Hussein. Poco antes, en las mezquitas situadas fuera de la influencia de la casa real, se protestaba contra el ataque norteamericano y se pedía, literalmente, «resucitar el espíritu de Yihad» y «boicotear los productos americanos, británicos y sionistas y los de todos los países que formaron parte de la coalición». El mismo PJD pidió cerrar «las embajadas de los países agresores» y añadía que «sólo la guerra santa y el martirio de la comunidad musulmana permitiría recuperar la dignidad». En aquellos días, todos los grupos islamistas, moderados y radicales, llamaron a la movilización contra «herejes y cruzados». No había matices: en esta definición se englobaban tanto a los países occidentales que se habían opuestos a la guerra, como a EEUU y sus aliados. Existía un clima de violencia verbal que pareció cristalizar con los atentados.


Unos días antes de las bombas de Casablanca, se habían producido atentados terroristas en Riad que causaron 25 muertes, entre ellas ocho norteamericanos. También en esa ocasión se utilizaron comandos suicidas, nueve de cuyos cuerpos pudieron encontrarse despanzurrados en el área de las explosiones. Con éste precedente, era inevitable pensar que la paternidad de los atentados de Casablanca correspondiera a Al–Qaeda. Desde el primer momento, el ministro marroquí de Interior, Mustafá Sahel, apuntó que ataques «fueron perpetrados por gente afiliada a grupos terroristas internacionales»… lamentablemente, no aportó prueba alguna.
Los ataques de Casablanca habían sido cuidadosamente premeditados para causar un impacto rotundo. Ya en aquella ocasión, el gobierno español defendió vehementemente que el atentado contra la Casa de España no estaba relacionado con la intervención de nuestro país en apoyo de la ocupación norteamericana de Irak. Era discutible: Marruecos también había apoyado dicha intervención y, por lo demás, el punto que resultó más dañado y con más saña fue la «Casa de España». Existía un aroma «antiespañol»  inequívoco. Incluso el Club Israelí había sido golpeado cuando se encontraba vacío y otro tanto ocurría con el atentado en el cementerio israelita, no así la «Casa de España».
Tras los atentados, la reacción de las autoridades consistió en encarcelar, no sólo a los presuntos responsables del crimen, sino a militantes de la totalidad de los grupos islamistas considerados como radicales. Por otra parte, se realizó una ofensiva política sobre el PJD. El régimen aprovechó los atentados, para criminalizar al islamismo moderado y meterlo en cintura. Se le exigió, que reconocieran el carácter sagrado de la monarquía y el rito malekita; negarse a hacerlo equivalía a hacer causa común con los terroristas; en esa democracia tan particular como la marroquí el majzén se reservaba el derecho de imponer candidatos a los partidos islamistas y, desdiciendo la necesaria libertad de información y la igualdad de oportunidades de todos los partidos, las autoridades impusieron restricciones a la información sobre los partidos islamistas, tanto en las elecciones legislativas del 2002 como en las municipales del 2003. Así mismo, una nueva ley electoral impide la autodefinición religiosa de los partidos. A pesar de todo, en las municipales del 2003, el PJD logró ser la fuerza mayoritaria en Mequinez, Kenitra y otras treinta ciudades. Solamente había sido autorizado a presentar candidatos en el 3’48% de los distritos electorales. Atentaban los presuntos islamistas radicales, pero el perjuicio mayor lo sufrían los islamistas moderados… esta es la única realidad y, ante ella, es lícito pensar en cualquier posibilidad sobre el origen de los atentados.

La manipulación del terror 

Cuando en 1999, subió al poder Mohamed VI, se abrió un nuevo período en la política marroquí presidido por los buenos deseos y las promesas de democratización del país. Pero, dos años después, todo esto se había diluido. Ni el islamismo en ascenso, ni las clases más conservadoras veían con buenos ojos estas reformas y presionaban, cada uno en sentido opuesto, para que se abandonaran. La reforma del Código de Familia (que legitimaba la poligamia y el repudio), una de las propuestas centrales del período 1999–2001, fue, postergada primero y olvidada después hasta los atentados de Casablanca, cuando, bajo la presión del traumatismo, los islamistas cedieron. Las promesas de instauración efectiva de los derechos humanos y las libertades públicas, era mirado con desconfianza por el Ministerio del Interior y por la inteligencia militar. Los atentados de Casablanca, fueron utilizados también para desprestigiar a la primera institución (que no habría tenido habilidad suficiente para impedir la comisión del crimen) e hicieron que Mohamed VI se arrojara en brazos de la inteligencia militar. Su padre había hecho otro tanto.

Hassán II utilizó al islamismo como contrapeso al movimiento democrático, pero no dudó en golpearlo con dureza en 1973 (proceso de Kenitra) y 1979 (proceso de Casablanca). El islamismo era tolerado mientras servía a los intereses de la casa real, pero si intentaba seguir un camino propio, pasaba a ser combatido sin piedad. A partir de 1975, el Islam marroquí se vio sometido, primero a la influencia de los Hermanos Musulmanes egipcios (movimiento fundado en los años 30 y reactivado en los 70), luego del wahabismo saudí (que arraigó pronto mediante subvenciones a instituciones culturales islamistas) y finalmente del chiísmo iraní (que rompía la unidad del rito malekita marroquí), las tres tendencias radicales del mundo islámico en el último tercio del siglo XX. Todos estos grupos, aprovechando la pobreza, el clima de corrupción, los abusos de poder y la falta de libertad, pudieron levantar cientos de mezquitas que surgían, especialmente, en los barrios deprimidos de las grandes ciudades. Uno de los puntales de la predicación de este islamismo era la condena a Occidente «degenerado e impío».

En los años 70, Hassán II, hombre educado en la cultura francesa, percibió el formidable poder del integrismo islámico que resultó evidente cuando Jhomeini dejó de ser un oscuro imán exiliado en París para convertirse en el inspirador del formidable movimiento que apeó al Sha del poder. Para evitar que se produjera un fenómeno similar en Marruecos, Hassán II aplicó una vieja táctica: crear, mediatizar y manipular al incipiente movimiento islamista marroquí, para evitar que surgiera un movimiento de este signo, autónomo e impermeable a las estrategias emanadas desde el palacio real. Hassán II autorizó en 1972 la actividad de la Shabiba Al–Islamiya (Juventud islámica), vinculado a los «Hermanos Musulmanes». El grupo se había fundado en 1969 pero, a partir del asesinado del dirigente izquierdista Omar Benjelún (1975) experimentó un rápido ascenso, esto es, se convirtió en un riesgo, que precedió a su prohibición.
Además del PJD y de la organización del jeque Yassin, existen otras dos grupos islamistas minoritarias, Alternativa Civilizadora y el Movimiento por la Comunidad, y una infinidad de grupúsculos de orientación salafista, una verdadera galaxia radical de reacciones imprevisibles. Algunos de estos grupos pueden estar manipulados por la seguridad marroquí, algo que no sería la primera vez que ocurre.
De entre todas las maniobras de intoxicación realizadas por los servicios de información marroquíes, destaca, sin duda, la presunta célula de Al–Qaeda que debería de haber atentado contra la VI Flota de EEUU. Quien planificó la operación de intoxicación cometió el error de cargar las tintas contra España. Se afirmó que los atentados se estaban planificando desde Ceuta y Melilla y que, por ambas ciudades debían de pasar los explosivos, hasta llegar a Gibraltar, lo que motivó e escepticismo de los servicios de información españoles y europeos en torno a la veracidad de estos datos. Es innegable que instancias de la seguridad marroquí, literalmente, han «inventado»  atentados, como ayer intentaron manipular movimientos islámicos o laicos.
En efecto, sectores inspirados en los servicios de inteligencia han impulsado la creación de grupos políticos de carácter nacionalista que hacen el «trabajo sucio»  y llegan a donde no llega la diplomacia o el ejército marroquí. Así por ejemplo, el minúsculo Partido Liberal Reformador, creó el Frente para la liberación de la Argelia Marroquí, de carácter terrorista. Treinta años antes, una formación fantasma similar, teledirigida desde el palacio real de Rabat, ya había atentado contra nuestras tropas destacadas en Ifni. Decididamente, no hay nada nuevo bajo el sol.
Al–Qaeda y Marruecos ¿realidad o ficción?
La «prueba» que se argumenta para justificar el que Marruecos aparezca como uno de los objetivos privilegiados de Al Qaeda, es el mensaje grabado por Bin Laden en febrero de 2002 (esto es, cuando el gobierno talibán había sido desintegrado y de cuyo contenido se albergan serias dudas) en el que citó a ese país entre los países musulmanes que había que «liberar de la apostasía». Fue su último mensaje. Poco después, como para indicar que la amenaza se cumplía, fue «desarticulada»  la famosa «célula durmiente de Al–Qaeda» de la que se dijo que estaba «dispuesta a atentar contra la VI Flota», acción desmesurada para un grupo que carecía completamente de con la sofisticación suficiente como para abordar actos de esa magnitud.

En 2002, el Ministerio del Interior y la Dirección de Seguridad Territorial, decidieron promulgar una ley antiterrorista que suponía un evidente recorte a las escasas libertades democráticas alcanzadas en los meses siguientes a la muerte de Hassán II.  Los islamistas del PJD se opusieron con firmeza. La situación parecía estancada hasta que se produjeron los atentados de Casablanca. También aquí, la ley fue aprobada una semana después de los atentados sin que el PJD opusiera resistencia; si lo hacía, aparecería ante la sociedad marroquí como cómplice de los terroristas.


La Ley Antiterrorista era sólo el primer hito de una ofensiva legislativa contra los sectores islamistas de oposición, especialmente, contra los que representaban algún riesgo real, los islamistas moderados.

Esta ley es deliberadamente ambigua a la hora de definir lo que es el «terrorismo» y, mucho más, la «apología del terrorismo». Tal ambigüedad permite encarcelar a sectores políticos disidentes, especialmente islamistas. Los sectores democráticos marroquíes condenaron la Ley 03/03 que limitaba los derechos fundamentales, afirmando que suponía sepultar las reformas emprendidas en el período 1999 (muerte de Hassán II) y 2001 (promulgación del Código de Prensa). La nueva Ley Antiterrorista fue aplicada por primera vez en el juicio a los presuntos responsables de los atentados de Casablanca. Diez fueron condenados a muerte. Gracias a este arsenal legislativo, pudieron ser detenidas en torno a 8.000 personas de las que apenas 838 fueron procesadas y sólo 390 fueron condenados.


Las asociaciones pro–derechos humanos marroquíes denunciaron que muchos de estos detenidos fueron torturados. Por otra parte, no es menos cierto que el Derecho Penal marroquí exonera a funcionarios que han realizado torturas siguiendo órdenes. El informe del 24 de junio de 2004, de Amnistía Internacional denunció la práctica de torturas físicas y psicológicas en el curso de las investigaciones de los atentados de Casablanca, en el centro de detención de la DST, cerca de Rabat.

Amnistía Internacional, Human Rights Watch y la Federación Internacional de Derechos Humanos, tras los atentados de Casablanca, han podido hablar de «un deterioro notable de los derechos civiles y políticos», especialmente, tras las bombas de Casablanca. Han aumentado las detenciones ilegales, las torturas, la manipulación de testimonios y los procedimientos arbitrarios en los que los acusados resultan condenados sin existir testigos ni pruebas inculpatorias. Ahí están los informes anuales de estas ONGs que pueden ser consultados fácilmente a través de Internet.


Tras los atentados, en el mensaje a la nación de 30 de julio de 2003 (Fiesta del Trono), Mohamed VI subrayó «la relación entre el Estado y la religión ya ha sido zanjada en nuestro país al establecer la Constitución que el Reino de Marruecos es un Estado islámico, y que el rey es el comendador de los creyentes»; en otras palabras, al rey le corresponde el monopolio de lo religioso. En ese mismo discurso, el rey lanzó una advertencia a los diputados del PJD que se habían opuesto a la ley 03/03: «consciente de los peligros de la amenaza terrorista, el Estado ha luchado por evitar este riesgo por medio de la fuerza de la ley y el envío de un proyecto al Parlamento hace algunos meses [ley antiterrorista]. Sin embargo, algunos círculos han obstaculizado sistemáticamente, coartando los planes del Gobierno».

En abril de 2004, se anunció la creación de dos nuevas direcciones generales, una dedicada a la enseñanza religiosa y otra al control de las mezquitas. Para colmo se creó el «Consejo Supremo de los Ulemas», presidido por el rey, que regularía la emisión de fatwas «para evitar la intrusión en la religión de individuos ajenos a la ley». Otras medidas promovieron el Islam tradicional sufí frente a la marejada wahabita y salafista. El ministro de Asuntos Religiosos, Abdelkader M’dagri (permisivo con los wahabitas), fue sustituido por Ahmed Taufiq (próximo a la corriente sufí tradicional). En octubre de 2004, se creó la Radio Coránica Mohamed VI, emisora vinculada al majzén, que deberá «velar por la unidad doctrinal de la fe y del rito marroquí»
Conclusiones provisionales 
Tal como hemos visto en este capítulo, hay que considerar cuatro factores diferenciados (la monarquía, el islamismo moderado, el Islamismo radical y el terrorismo) que, en realidad, tienen espacios comunes, gracias a un último factor a tener en cuenta: determinados servicios de seguridad del Estado.
Hoy se acepta que los primeros movimientos islamistas marroquíes surgieron al calor del palacio real y qué éste los utilizó para que combatieran a los movimientos laicos, democráticos y de izquierda. Cuando superaron cierto límite de seguridad, fueron duramente reprimidos. Desde principios de los años 70, Hassán II permitió que se formaran grupos subvencionados por el wahabismo saudí para así tener apoyos dentro de la Liga Árabe. De estas subvenciones surgió una tupida red de mezquitas en donde encontraron empleo los imanes y ulemas en paro surgidos de las titulaciones oficiales creadas por la administración de Hassán II. En 1990, se constituyó el núcleo inicial de lo que luego sería el PJD, estimulados desde el ministerio de Asuntos Religiosos. Cuando este partido alcanzó cierto nivel de desarrollo, Hassán II autorizó las actividades de la organización asistencial del jeque Yassín, JyC que debería servir de contrapeso al PJD. El problema fue que, el PJD vió como crecía extraordinariamente su ala radical, con la misma fuerza con la que creía el peso político del partido; y otro tanto ocurrió con JyC.
El proyecto de Hassán II de crear un sistema estable mediante un juego de pesos y contrapesos manipulados desde el majzén y los servicios de inteligencia, se evidenció, finalmente, como un fracaso absoluto: los wahabitas crecieron más allá de los límites previstos, otro tanto ocurrió con el islamismo moderado del PJD y con el radical anidado en su seno e inspirando a JyC. Para colmo, más de la mitad de la población marroquí terminó mirando con buenos ojos a la figura de Bin Laden y los atentados suicidas.
Si todo esto es indiscutible, la existencia de un terrorismo autónomo ya es más problemática. Resulta evidente que el gobierno marroquí ha exagerado el papel de los excombatientes que regresaron de Afganistán, el ministerio del Interior ha creado la ficción de que Marruecos era un objetivo preferencial de Al–Qaeda, sin duda, para congraciarse con los EEUU. Pero no está suficientemente documentado que las simpatías que arrastra Bin Laden en Marruecos, se hayan traducido en la cristalización de una organización terrorista estable capaz de elaborar una estrategia propia. De hecho, ni siquiera está demostrado que los atentados de Casablanca fueran instigados por Al–Qaeda. Y, en cuanto a la organización a la que se responsabilizó de los atentados de Casablanca, se sabe demasiado poco. Atendiendo a los datos precedentes sobre las manipulaciones del islamismo realizadas por los servicios especiales marroquíes, es lícito pensar que también los grupos terroristas han sido objeto de manipulación… especialmente cuando se valoran los efectos que estos atentados tuvieron sobre la política local y a la vista de cómo fueron tratados, política e informativamente, desde los órganos sumisos al majzén: los atentados los cometieron terroristas, pero se criminalizó tanto al PJD como a JyC.
Los grupos terroristas no suponen nunca un riesgo verdadero, los islamistas radicales y moderados si constituyen un peligro para la estabilidad interior de Marruecos en la medida en que, basados en la pureza del Islam, no dudan en recriminar al majzén prácticas corruptas.
Paradójicamente, la monarquía que estimuló el juego de pesos y contrapesos que se neutralizaban entre sí, en aras de la propia supervivencia de la institución, ha terminado siendo víctima de esta estrategia. Es lícito suponer que la siguiente trinchera defensiva de la monarquía consiste en crear una sensación de miedo que aísle los movimientos islamistas y el terror es, sin duda, la mejor estrategia para llegar a este objetivo.

No seria la primera vez que el terrorismo ha sido generado y manipulado por fuerzas de seguridad del Estado para provocar efectos de rechazo sobre la opinión pública. En Marruecos este proceder se ha repetido hasta la saciedad desde los tiempos de la independencia. Cada atentado indiscriminado sobre la población genera una sensación indeleble de terror que incita a la gran mayoría a buscar la protección del Estado. Como en Casablanca.

Ahora bien, cuando alguien crea un monstruo, se arriesga a que escape a su control. Es el mito de Frankenstein redivivo. Tras los atentados de Casablanca, los atentados del 11–M. Siempre con marroquíes como ejecutores. No hay dudas de que en la quiniela sobre los atentados del 11–M aparecen marroquíes en todas las casillas. La cuestión de fondo, también aquí, es si actuaron autónomamente, como grupo terrorista con estrategia propia, o si las bombas obedecían a otra estrategia que no tenía nada que ver con la voluntad de quienes las colocaron. A veces hay gente que cree que ha cometido un atentado por que llevó la nota reivindicativa…

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

Canarias: ocupación con cuentagotas

Canarias: ocupación con cuentagotas

Redacción.- Las Islas Canarias sufren un doble problema, de un lado el aumento alarmante de la población, especialmente inmigrante y de otro la proximidad a Marruecos y a las costas del Sáhara Occidental. Canarias es el camino por el que optan las pateras, en los períodos en los que aumenta el control sobre el Estrecho de Gibraltar. Además, Canarias, verosímilmente, está siendo colonizado por parte de contingentes de la inmigración marroquí. La alteración demográfica que está sufriendo Canarias en los últimos años corre el riesgo de pulverizar el turismo del que ha vivido el archipiélago en las últimas décadas.


La detención en Lanzarote, de radicales islamistas, entre ellos el presunto máximo responsable de Al Qaeda para Europa e implicado en los atentados del 11–M, generó alarma en las islas. Se temía que la comisión de un atentado islamista en el Archipiélago redundaría en una crisis del turismo, principal fuente de ingresos. La mayoría de los detenidos era inmigrantes marroquíes.

La inmigración fue llamada la «enfermedad del siglo XXI» por el presidente del Gobierno de Canarias, Adán Martín. En los cinco primeros días de septiembre de 2005, habían intentado alcanzar las costas del Archipiélago más de doscientos inmigrantes, la mayoría subsaharianos. Incluso el Frente POLISARIO denunció que el goteo constante de ilegales, era espoleado por Marruecos como «chantaje»  ante España y la Unión Europea. Por su parte, Paulino Rivero, presidente de Coalición Canaria destacó que la cooperación por parte de Marruecos no se corresponde justamente con la que le está brindando España, e instó al ministro a que se desarrollen los planes integrales de seguridad de fronteras a los que se comprometió el Gobierno ante este Parlamento «hace ya un año», máxime dada la «alarma social que se empieza a generarse».
Canarias, europea de cultura, geográficamente está próxima a las costas de África y no puede evitar que la crisis dramática que vive África desde la independencia, repercuta en su territorio. Los países africanos registran la tasa de natalidad más elevada del mundo.

África tenía 221 millones en 1950, 800 millones en 2002 y, según los cálculos, tendrá 1.300 millones en 2025. En toda África se produce una regresión económica y social, con retrocesos continuos del Producto Nacional Bruto y de la renta por habitante. El 46,3 % de la población africana vive con menos de un dólar al día. África forma parte de las regiones más amenazadas por el descenso de las cantidades de agua disponible por habitante. El continente africano sufre un verdadero problema de agua, tanto en términos de calidad como de accesibilidad, lo que provoca el éxodo rural hacia las ciudades donde el desempleo es muy alto… lo que obliga a la inmigración. Entre 1969 y 1990, el África subsahariana, ha sufrido 17 guerras que figuran entre los mayores dramas del siglo XX. Pandemias, hambrunas, desgobierno, guerras civiles, corrupción, completan el esquema del drama africano. No es raro que los africanos miren al Norte.

El paso del Estrecho de Gibraltar y las costas de Lanzarote y Fuerteventura son vasos comunicantes. Cuando el gobierno refuerza la vigilancia en el Estrecho (con posterioridad al 11–M, por ejemplo), la inmigración masiva se orienta hacia Canarias. Durante los tiempos del PP, la tesis oficial de éste partido era que «la inmigración legal es una oportunidad para crear empleo». Pero el problema es que en Canarias las tasas de desempleo para los autóctonos son exasperantes y la realidad desdice las buenas intenciones del gobierno: el aumento de la inmigración no disminuye el paro entre los canarios; lo aumenta; además, naturalmente, de que el valor de la fuerza del trabajo (el salario), disminuye al aumentar la oferta (a causa de la inmigración). El problema en Canarias aumenta a causa del retorno masivo de miles de inmigrantes de las islas que en décadas anteriores se desplazaron a Venezuela y que, a partir de 2003, han ido regresando paulatinamente, alejándose del chavismo. Se cree que están en esa situación entre 20 y 30.000 canarios que, una vez retornados a su tierra natal, contribuirán a agravar el problema demográfico. La limitación de la residencia en Canarias es vital: a pesar de la generosidad y de la hospitalidad propia del Archipiélago, las islas no son un lugar que pueda albergar nueva población sin límites de ningún tipo.

Quinientos mil canarios se encuentran situados ante el umbral de la pobreza y otros trescientos mil van trampeando el día a día, con dificultades. La tasa de paro cuesta a esta Comunidad 50 mil millones de pesetas en concepto cobertura para mantenimiento del desempleo a más de cien mil canarios. En Fuerteventura y Lanzarote los empleos los ocupan foráneos en proporciones superiores al 60 por ciento. No es como para sentirse orgulloso.

El número de trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social aumentó, en agosto del 2005, en 43.724 personas en toda la Península, con lo que el número total de inmigrantes registrados se situó al final de ese mes en 1.633.911 y de esta cifra, sólo 1.345.318 altas corresponden a trabajadores no pertenecientes a la UE. Pero, es significativo que esta cifra es apenas la tercera parte de los inmigrantes residentes en España en esos mismos momentos. Por autonomías, Cataluña se situó a la cabeza con un total de 370.336 afiliados (el 22,67 por ciento del total), seguida por Madrid, con 349.539 (el 21,39 por ciento), la Comunidad Valenciana, con 193.559 (el 11,85%) y Andalucía, con 175.652 (el 10,75%). Por debajo de los 100.000 afiliados, se situaron Canarias, con 86.756 (el 5,31 por ciento), seguida por Murcia, con 83.826 (5,13%); Baleares, 80.397 (4,92%); Castilla la Mancha, 57.494 (3,52%); Aragón, 52.181 (3,19%); Castilla–León, 43.863 (2,68%); País Vasco, 35.455 (2,17%); Galicia, 27.601 (1,69%); Navarra, 26.374 (1,61%); La Rioja, 15.176 (0,93%). Le siguen Asturias, con 11.318 (0,69%); Cantabria, con 10.286 (0,63%); Extremadura, 9.321 (0,57%); Melilla, 3.120 (0,19%) y Ceuta, 1.657 (0,1%).

Marruecos con 225.388 inmigrantes dados de alta en la Seguridad Social es el segundo grupo nacional representado, después de Ecuador. Se calcula que el número total de marroquíes residentes en España se sitúa en torno a los 800.000 inmigrados. 

En 2003, los trabajadores extranjeros acaparan el 8,88% del conjunto de la oferta de trabajo de Canarias, casi cuatro puntos superior a la media del Estado (el 5,36%). En Las Palmas el 24,4% de las altas corresponden a iberoamericanos; el 91%, africanos y el 7,1, asiáticos; y en Santa Cruz de Tenerife, los iberoamericanos suponen el 28,9%, los africanos el 19,4%. Alrededor del 32% de los extranjeros demandantes de trabajo en Canarias, más de 2.000 personas, aparecían como perceptores de prestaciones de desempleo.
En un informe de la Dirección General de la Policía del Ministerio del Interior, de diciembre de 2004, se indica que los diez países que más aportan a la población de las Islas son Alemania, Reino Unido, Italia, Marruecos, Colombia, Cuba, Venezuela, China, Argentina e India. En 2004, el aumento respecto al año anterior fue de 12.204 residentes extranjeros, un 10,77% más. Sin embargo, entre 1999 y 2004, la variación ha sido de 83,7%. Los residentes en Canarias que más han aumentado en este periodo son los procedentes de África (277,9%) y de América del Sur (227,3%). Los residentes procedentes de África experimentaron un gran incremento en 2002 con una tasa de variación de 104%, según recoge el Anuario de la Cámara de Comercio. En 2003 y 2004 también se reflejan aumentos de un 19% y 8% respectivamente de tasa de variación; 2002 fue el año de despegue de los residentes procedentes de América del Sur con un 61% aunque, en este caso, se incrementa la intensidad del flujo en el 2003 hasta el 71% para bajar en el año 2004 al 14%. Durante los años 2002 y 2003 estos incrementos se compensaron parcialmente por los descensos en los residentes procedentes de Asia y América del Norte y Central. El total de habitantes de Canarias se acerca a 1.900.000 habitantes.

Mientras, entre los años 1996 y 2004, el crecimiento de población más considerable se produjo en Fuerteventura con una variación en el citado periodo del 44,25%, aunque es la provincia occidental la que muestra un aumento de población ligeramente superior con un 15,07% frente a un 13,05% de Las Palmas.

La Encuesta de Población Activa de Canarias de septiembre de 2005, registraba un incremento del número de parados en 21.000 personas, mientras que el Instituto Nacional de Estadística informaba de que en 2004 el crecimiento de la población en Canarias durante el año 2004 fue de 46.653 personas. Aumenta el paro y, paradójicamente, se dobla el flujo de población. En 2003, el aumento de población fue de unas sesenta mil personas. Hoy Canarias sufre un 12,79 % de paro, 2,59 puntos por encima de la tasa de paro media española. Lo absolutamente desproporcionado es que en 1940, Canarias tenía 690.000 habitantes y en estos momentos tiene 1.962.193; es decir, que en apenas sesenta años ha multiplicado casi por tres su número de habitantes. En algunas zonas de Canarias, la densidad de población llega casi a los 500 habitantes por kilómetro cuadrado, cuando la media de densidad demográfica española no sobrepasa los 75 habitantes por kilómetro cuadrado. Entre 1978 y 2003, el crecimiento demográfico fue del 24%; el triple de la media española. La vida en Canarias va a ponerse muy difícil a corto plazo de seguir así las cifras de crecimiento demográfico. Canarias precisa una ley de residencia y un plan de inmigración o de lo contrario en pocos años, sus habitantes, autóctonos y foráneos, literalmente, no cabrán en las islas, con todos los riesgos que ello implica.

En la última regularización masiva –la Zapatero–Caldera–Rumi, sin duda, la regularización más masiva, caótica y con manga ancha, que se haya dado en Europa en la última década– regularizó a 22.000 inmigrantes nuevos en canarias. A pesar de los problemas que esta regularización masiva va a crear en los próximos años a la sociedad española, el ministro Caldera declaró «ha sido un éxito de todos los españoles» y que se trata del «mayor proceso de afloramiento de economía sumergida en Europa de los últimos 40 ó 50 años». Era una forma –errónea– de ver las cosas. Así mismo, el delegado del Gobierno en Canarias, José Segura, destacó que «estamos en una línea de modernidad, España ya no es un castillo feudal». Poco después, 30.000 africanos intentando asaltar las vallas de Ceuta y Melilla (septiembre de 2005) y la revuelta de magrebíes y subsaharianos en Francia (noviembre de 2005), `desmentían tan loables declaraciones de uno y otro personajes: España era una ciudadela sitiada y asaltada con técnicas medievales, mientras que magrebíes y subsaharianos evidenciaban su nula capacidad de integración en el «modelo francés» (el más generoso y abierto de toda Europa, tras el holandés que había quebrado en enero de 2005, con el asesinato de Theo van Gogh y las revueltas que siguieron).

En Canarias, la presencia de la inmigración se ha notado más que en cualquier otro lugar. No en vano, las islas están rodeadas de mar y el tránsito resulta más difícil que en la península. Esto ha provocado cambios en la población de Canarias. Los ciudadanos alemanes que se habían instalado en las islas desde los años 80, están abandonando aquel emplazamiento y desplazándose a zonas más «tranquilas». En abril de 2005, se supo que 1.300 alemanes establecidos en Canarias, se habían desplazado a otras comunidades autónomas, pasando de 12.726 a 11.416. Hay que decir, que la población alemana en Canarias, no es en absoluto conflictiva, sino que busca y da, «tranquilidad». Si se van de Canarias, es precisamente, por que la «tranquilidad» se va diluyendo, poco a poco. Por el contrario, en Tenerife, llegaron a lo largo de 2004, 4.479 personas procedentes de países iberoaméricanos (especialmente venezolanos, colombianos y argentinos), pasando de 24.664 en 2003 a 29.143 un año después, lo que supuso un incremento relativo del 18%.

Oficialmente, el 10% de la población residente en Canarias es de origen extranjero: 185.781 personas sobre un total de 1.915.540 isleños, en 2004. Santa Cruz de Tenerife con 928.412 habitantes, tiene a 94.701 extranjeros, el 10,20% de la población y Las Palmas con un total de 987.128 personas, de las que 91.080 son foráneas, el 9,23%, están en ambos casos, por encima de la media nacional: en toda España están empadronados 3.034.326 ciudadanos de otras nacionalidades, lo que equivale a un 7% de la población total (43.197.684). Solamente, Alicante, oficialmente, con un 16% y Gerona con un 12,44%, superan las cifras de Canarias. Al menos, oficialmente, aunque, en realidad, tras la regularización masiva de 2005, estas cifras se dispararon y el silencio del gobierno en torno a los porcentajes que se han dado con posterioridad, es elocuente. Por otra parte, se comete el error de considerar que el número de empadronados es la cifra más real de inmigración. En absoluto, se trata del «suelo» (no hay menos inmigrantes que los inscritos en el padrón), pero dista mucho de ser el «techo» (inmigrantes presentes en España que, por distintos motivos, no están dados de alta en el padrón).

Canarias –como cualquier otra isla– tiene un límite para su crecimiento demográfico; no todo aquel que desea vivir en Canarias tiene el derecho a hacerlo. Eso, o, si se supera el límite de sostenibilidad de las islas, aparecerán –están apareciendo– patologías sociales y alteraciones ecológicas de todo tipo. La producción de residuos sólidos al año es de 600 kilos por habitante y año; las necesidades de agua potable ascienden a 90 metros cúbicos por habitante y año. Canarias, volcada al turismo, ha descuidado los cultivos autónomos. El resultado ha sido una dependencia absoluta de los alimentos llegados del exterior de las islas. Los 2.000 kilómetros cuadrados de las islas, están recorridos por 600.000 vehículos. El aumento de la población hace que cada año aparezcan nuevas necesidades que es preciso cubrir (alimentos, agua, electricidad, hospitales, policía, magistratura, servicios sociales, etc.). O se promulga una ley de residencia y se contiene a la inmigración masiva, o las Islas Afortunadas van a convertirse en un lugar absolutamente inhabitable.

En el momento de escribir estas líneas, el gobierno solamente ha sido capaz de parchear situaciones límite, pero ni siquiera ha intentado reconocer la naturaleza real del problema: que la debilidad del PSOE en materia de inmigración, evidenciada en la reforma de la Ley de Extranjería en 1999 y responsable del primer efecto llamada, unido a la regularización masiva de 2005, que ha revitalizado ese efecto, han terminado por descontrolar completamente el problema de la inmigración. Hoy, globalmente, la inmigración se percibe, cada vez más, como una carga, progresivamente insoportable, que como un beneficio para los países europeos. 

Llama la atención que el gobierno ZP (y antes el de Aznar), diera como única solución al goteo constante de ilegales a las costas de Lanzarote y Fuerteventura, simplemente, trasladando el problema a la península. En efecto, en noviembre de 2004, la secretaria de Estado de Inmigración y Emigración, Consuelo Rumí, afirmó en el Congreso que mantendría la política de traslado de inmigrantes irregulares desde Canarias a otras comunidades. En esa comparecencia, aseguró que una de sus prioridades sería la de impulsar los convenios de repatriación de los inmigrantes subsaharianos tanto con Marruecos como con el resto de los países de origen de los sin-papeles. «El Gobierno se propone impulsar decididamente la cooperación con Marruecos y a mejorar los mecanismos de lucha contra la inmigración irregular, entre ellos el acuerdo de readmisión suscrito en 1992», resaltó Rumí. Ja. Quien decía esto, ignoraba la trayectoria que había tenido dicho acuerdo hispano–marroquí. En el próximo capítulo aludiremos a este tema.

Un año después, cuando se produjo la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla, nada se había hecho, más allá de las buenas palabras y las protocolarias declaraciones. Salvo los inmigrantes ibearoamericanos, el resto de inmigrantes magrebíes y subsaharianos, llegan a Canarias a través de Marruecos y de las mafias instaladas en el territorio del Sáhara Occidental. Gracias a varios factores, entre ellos, la actitud de Marruecos, la inmigración se ha transformado en un problema endémico para España y con una gravedad mucho mayor en Canarias. 

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

Relaciones ZP-Marruecos: camino de perdición

Relaciones ZP-Marruecos: camino de perdición

Redacción.- En los últimos días hemos publicado unas cuantas notas, producto de nuestro último viaje a Marruecos. Cuando sed percibe de cerca el clima político-social del "enemigo del sur" se tiene conciencia exacta de cuales son los riesgos que vamos a afrontar en los próximos años. Haría falta que ZP-Moratinos-Bono se salieran de los circuitos oficiales en sus viajes a Rabat y percibieran de cerca la miserable realidad de aquel país. Esto nos lleva a formular algunas conclusiones provisionales que serán desarrolladas en próximos artículos.


 En mayo de 2005, el gobierno Zapatero adoptó una de las medidas más desafortunadas de su corta carrera de decisiones tomadas a la ligera y frívolamente: vender, a precio de saldo, carros de combate a Marruecos. La cláusula de seguridad que acompañaba a dicha cesión, que impedía su despliegue ante Ceuta y Melilla, era casi una broma. Vende armas a tu enemigo para que pueda presionarte con ellas.
Entre 1977 y 1980, la política del gobierno demócrata norteamericano (período Carter) se basó en intentar demostrar a la URSS, por todos los medios, que EEUU carecía de intenciones agresivas, rebajando el listón armamentístico y facilitando el acceso de regímenes prosoviéticos unos (Nicaragua sandinista), antioccidentales otros (revolución islámica de Khomeini) y permitiendo invadir a la propia URSS países libres (Afganistán). Esa estúpida política fue abandonada desde el inicio de la era Reagan. La URSS se desmantelaba pocos años después. Es la fuerza y no la concesión generosa e irresponsable, la que opera efectos en política internacional. Pues bien, desde los años de Carter, no se había visto en la historia reciente de la humanidad una política tan torpe como la José Luis Rodríguez Zapatero en relación a un país del que, lo más piadoso que puede decirse, es que sus muestras de amistad dejan mucho que desear. Aunque esos carros de combate fueran pagados a precio de oro, eso no justificaría jamás el riesgo que supone para la defensa nacional.
En general, el socialismo español, después de la transición, ha practicado una política de mano tendida hacia Marruecos, iniciada ya con Felipe González y llevada hasta el extremo por Rodríguez Zapatero. Siempre que han tenido ocasión, han intentado apaciguar situaciones imposibles de apaciguar, mediante las buenas palabras y «tolerancia», sacrificando siempre los intereses de España. Cualquier cosa antes que demostrar fortaleza y vigor. Si la palabra «traidor» no es exactamente la que debería aplicarse a Zapatero (un traidor para serlo, debe ser consciente de su traición; un perfecto irresponsable propias como ZP no es un traidor, es simplemente, un tonto con ideas) aproxima, al menos, a quien ignora los intereses de su propio país en beneficio de otro. No es raro que en Marruecos se frotaran las manos cuando Zapatero viajó por primera vez a Rabat al poco de ser elegido Secretario General del PSOE y, mucho más, cuando estallaron las bombas del 11–M. Entonces, Zapatero, de manera imprevista, se sentó en La Moncloa: «Ahí tenemos al hombre que queríamos»  debieron comentar los exponentes del majzén.
La única norma política de Zapatero es hacer justo lo contrario de lo que hizo el anterior presidente. Ciertamente, algunas de las decisiones de Aznar fueron discutibles, pero la mediocridad anodina e ingenuofelizota de Zapatero, contrasta con su gestión; hay que reconocer que –equivocado o no– Aznar se movió por un claro patriotismo; en Perejil por ejemplo e incluso en la polémica decisión de asistir a la cumbre de las Azores, lo que primó fueron los intereses del Estado Español. Situándose al lado de Irak, Aznar aspiraba a eliminar las carencias energéticas que pudieran aparecer en España en los próximos años y, por otra parte, la decisión fue tomada para contrapesar el absentismo francés en la crisis de Perejil. Decir «España», es decir nuestros hijos, nuestros amigos, nuestros intereses nuestra estabilidad económico–social y nosotros mismos. Errónea o no –la función de este libro no es enjuiciar la gestión del anterior presidente– la política de Aznar intentó ser «patriótica». Existieron graves problemas de comunicación con la opinión pública, engaños procedentes de EEUU (como toda aquella absurda discusión sobre las «armas de destrucción masiva» que todo el mundo sabía que no existían y que apenas eran otra cosa que la improvisación de un «casus belli» para justificar la enésima aventura exterior norteamericana; o afirmar que Saldan Hussein tenía algo que ver con Al–Qaeda, producto de muchos informes «imaginativos» de la CIA, redactados tras el 11–S) y cierto desprecio hacia unas manifestaciones que, si bien es cierto que, en buena medida, denotaban un lamentable antiamericanismo primario, otras se basaban en algo tan básico como era el respeto de la legalidad internacional y las consideraciones éticas ante guerra injustas. Aznar no supo comunicar los motivos que le llevaron a la cumbre de las Azores. Se podría argüir que Aznar se puso en el furgón de cola del eje anglo–sajón y que un patriotismo subordinado a una superpotencia, difícilmente podría ser considerado patriotismo. Es una opinión, desde luego, pero tampoco es absurdo situarse al lado de una superpotencia, especialmente, cuando aparecieron recelos suficientemente fundados en relación a Francia y cuando lo que estaba en juego es el parón energético y la posibilidad de obtener recursos situándose a la sombra de un coloso. La política internacional es así.
Lo que resulta absolutamente incomprensible es la política de cesiones realizadas en menos de dos años, por el gobierno Zapatero al régimen marroquí. Marruecos, ni es una superpotencia, ni es un modelo democrático, ni es un país «amigo». Difícilmente podría ser considerado como «amigo»  un país que envía toneladas de droga diariamente, que apenas realiza esfuerzo alguno para controlar la inmigración masiva, sino que la utiliza como argumento de presión para obtener fondos de España y la UE, que reivindica territorios españoles desde el siglo XV o que oculta informes sobre la filiación islamista radical de inmigrantes que le consta viven en España…
Los problemas irresolubles del Marruecos de Mohamed VI 
A pesar de la tendencia del régimen marroquí a victimizarse y de la imagen de modernidad que pretende dar en el extranjero, la triste realidad es que afronta cuatro carencias que ni el rey ni el majzén, reconocen ni mucho menos toman en consideración. Estas carencias son:
Carácter autocrático del régimen, con ausencia de un plan de reformas capaz de inaugurar un período de libertades democráticas y un sistema verdaderamente representativo. Urge una reforma constitucional en profundidad y limitar los poderes del rey y la influencia del majzén. Esta reforma debe salvaguardar las libertades públicas y, en especial, la libertad de expresión y de prensa.
– Conflictos exteriores con absolutamente todos los países vecinos, no sólo con España, sino también con sus vecinos del Magreb. Esto hace que la UMA (Unión del Magreb Árabe) esté bloqueada ad infinitud por problemas internos, generados indefectiblemente por Marruecos. Estos conflictos, además, tienen como fondo el absoluto desprecio de Marruecos por cualquier acuerdo o tratado firmado con otro Estado, incluido con España.
– Carencias en el respeto a los derechos humanos, especialmente en los momentos en los que se han producido atentados o tensiones interiores. Tras los atentados de Casablanca, la oleada de detenciones excedió con mucho a los círculos de sospechosos. Por otra parte, es seguro que los servicios secretos han infiltrado y manipulado a distinto grupos radicales y los han utilizado en tareas provocadoras que generan represión contra el islamismo moderado.
– Absoluto desconocimiento del problema social que vive el país y ejercicio de la tarea de gobierno de espaldas a los intereses de la mayor parte de la población, sirviendo sólo a los intereses oligárquicos del majzén. La absoluta miseria que reina en la periferia de las grandes ciudades y el desmigajamiento de la escuálida clase media, es todavía más escandalosa cuando se incuba junto a los monumentos al lujo y al despilfarro. Pobreza y corrupción hacen que todos los esfuerzos para detener al islamismo político se salden con el fracaso.
La resultante de todos estos vectores es la inestabilidad permanente que genera Marruecos, tanto en sus relaciones con otros países, como en su situación interior. Y hoy no existe ni un solo elemento en el horizonte que permita pensar que ninguno de estas carencias pueda ser resuelta a corto plazo. Todo induce a pensar que la inestabilidad interior de Marruecos irá creciendo en los próximos años. Lo más probable es que Mohamed VI siga la misma técnica que su padre: cuando se adivina un problema interior de gravedad, se genera un problema exterior capaz de ser utilizado como galvanizador de la opinión pública y situarla en torno al régimen. Se hizo con la Marcha Verde, se ha vuelto a hacer avivando los resentimientos atávicos frente a Argelia, y se volverá a hacer cuando sea necesario. A nadie se le escapa la posibilidad de que Mohamed VI, acorralado por el deterioro creciente de la situación social de su país, movilice energías populares en torno al tema de Ceuta y Melilla. Cuando llegue ese momento –y que a nadie le quepa la menor duda de que va a llegar– de nada va a servir la teoría del «colchón de intereses», según la cual el trenzado de una red de intereses económicos y comerciales recíprocos, amortiguaría cualquier tensión con nuestro país. Empresas como Gas Natural entrarían en una situación dificilísima si por una decisión inesperada, tan habitual en el régimen marroquí, cortara el gaseoducto que conduce el gas argelino hasta España.
Nadie que pormenorice el análisis sobre la realidad del régimen marroquí puede dudar que constituye el principal factor de desestabilización en el Mediterráneo Occidental.
Zapatero, o la peor de todas las políticas posibles
Rodríguez Zapatero, en el curso de su viaje a Rabat el 17 de noviembre de 2005, realizó dos afirmaciones absolutamente lamentables: elogiar a la democracia marroquí y proponer la entrada de Marruecos en la UE… Resulta difícil encontrar en todo la historia reciente de España frases henchidas de una ligereza y una irresponsabilidad semejantes; porque Marruecos es cualquier cosa antes que una democracia y porque Marruecos, no solamente, no es Europa, sino que Europa debe protegerse y contener todo lo que llega de Marruecos.
La «aproximación» de posiciones en la cuestión del Sahara, operada por Zapatero, rompiendo la tradicional posición española de respeto a las decisiones de NNUU, supone la enésima muestra de irresponsabilidad: apoyando la posición marroquí, España perderá uno de los pocos instrumentos que posee a su alcance para evitar que las ambiciones marroquíes den un paso al frente. Y no hemos oído a Zapatero decir en voz bien alta que Ceuta y Melilla son españolas. Es fácil suponer lo que ocurrirá con las reivindicaciones marroquíes sobre estas dos ciudades españolas en cuanto el tema del Sahara se haya resuelto favorablemente a las tesis marroquíes, gracias a la complicidad de Zapatero. Justo, en ese mismo momento, en agradecimiento, Mohamed VI reivindicará Ceuta y Melilla. No antes.
El cambio de posición del gobierno español, aceptando las tesis marroquíes sobre el Sáhara, supone el abandono de la vía del derecho internacional y la aceptación de la política de hechos consumados que derivó de la ocupación de esta exprovincia española por parte de Marruecos. La política de silencio y el aplazamiento sine die del problema de la delimitación de las aguas territoriales, es otro síntoma de debilidad. Si por Zapatero fuera, Ceuta y Melilla ya se habrían entregado a Mohamed VI sin más contrapartida que la «comprensión» de Marruecos al «diálogo de civilizaciones».
Seamos claros: Marruecos está gobernado por una monarquía corrupta, autocrática y medieval en la que, como dijo Alí Lmrabet, el periodista marroquí permanentemente represaliado, el rey es el receptáculo de todos los poderes, una síntesis de Juan Carlos I, más el presidente de la Conferencia Episcopal, más el jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor y presidente del Tribunal Supremo y más media docena de cargos ministeriales. Alguno se empeña en unir a todas estas atribuciones otras menos respetables. Sea como fuere, y sin cargar las tintas, nadie puede negar que Marruecos, hoy, es el paraíso de la corrupción y que resulta complicado hacer negocios e invertir –incluso viajar como turista– en un país que vive de la corruptela generalizada. El rey y su entorno palaciego siguen ostentando un poder absoluto y sin cortapisas. Menudo régimen al que elogiar.
No es raro que, a la falta de libertades democráticas, al sistema de gobierno premedieval en el que el rey es también el jefe religioso de la tribu, se una la más espantosa inoperancia en la gestión del gobierno. El empobrecimiento de la sociedad marroquí, la creación asindótica de cinturones de miseria, el abandono del campo, el analfabetismo, la falta de perspectivas de la población, culminan, como hemos demostrado, en dos fenómenos que, en el momento de escribir estas líneas son el cáncer de la sociedad marroquí y de sus vecinos: el fundamentalismo islámico y la inmigración ilegal y masiva hacia España como única forma de progreso social.
¿Es posible ser optimista ante este panorama? En absoluto. Por eso, es extremadamente necesario que la UE modifique su política ante Marruecos. Ser, en principio, más exigente en lo que se refiere a reformas políticas y libertades públicas. Y, por supuesto, exigir como contrapartida para la recepción de cualquier ayuda, una lucha despiadada contra la corrupción, especialmente contra la que está enquistada en el majzén. Es evidente que esa ayuda, para ser eficaz, debe estar supervisada y gestionada por quien la otorga. Las buenas palabras, las promesas mil veces repetidas, ya no sirven. Dinero enviado a Marruecos para luchar contra el narcotráfico, la corrupción o la inmigración ilegal, es  dinero tirado. Ciertamente, sólo el desarrollo económico cercenará al islamismo radical y el impulso migratorio de los marroquíes, pero ese desarrollo solamente puede partir de una modificación de las condiciones político–sociales y de la lucha contra la corrupción generalizada; es decir, de una reforma de arriba abajo del régimen marroquí, empezando por el concepto teocrático del poder real. El régimen marroquí, para ser aceptable por las democracias occidentales, debería comprometerse a realizar profundas reformas económico–sociales –por no hablar de las políticas– en lugar de utilizar fórmulas de chantaje para obtener las ayudas que busca. Son ayudas a «Marruecos», esto es, a un país y a un pueblo; no ayudas al monarca y a su entorno.
En este sentido, todo lo que no sea reconocer que el islamismo es la primera fuerza político–social en Marruecos, supone un error y la fuente de futuros conflictos. El islamismo se ha impuesto en los fértiles terrenos abonados por la corrupción, la ineficacia en la gestión de gobierno y la miseria generados por la monarquía alauí. En los próximos años, por muchas que sean las provocaciones, las maniobras de intoxicación y criminalización del islamismo marroquí, todo induce a pensar que seguirá ganando fuerza. A fuerza de «dialogar» con Mohamed VI, nos olvidamos de que su trono está asentado sobre bases extremadamente movedizas y, en cualquier momento, puede desplomarse. Europa debe entender que si el islamismo es la opción que avanza imparable en el Magreb, va a ser con él con quien nos tengamos que entender a la vuelta de pocos años. Es más probable que en no más de tres lustros, el majzén haya trasladado masivamente su residencia a Marbella o a Nueva York, tras un vuelco previsible en la política marroquí; entonces, allí estarán los movimientos islamistas que aspiran a aplicar políticas de crecimiento económico, justicia social y reparto de la riqueza. Algo huele a podrido en Marruecos y, definitivamente, no estoy en condiciones de afirmar si es a causa de la corrupción o es la propia administración marroquí la que exhala ese tufo fétido propio del cadáver en descomposición. Aceptemos los hechos, nos gusten o no: el islamismo es la primera fuerza político–social del Magreb y su crecimiento se ha operado como reacción a la falta de democracia y a la corrupción gubernamental. Está claro que el Islam es lo contrario de Europa. Es más viable cooperar con quien, de partida, se sabe que encarna la idea y la tradición contraria a la propia, que con quien practica el doble lenguaje: Mohamed VI, como antes Hassán II, son maestros en este arte. Nunca será posible llegar a puntos de claridad con ellos. Franco lo logró en sus últimos días de lucidez, cuando ordenó a la Legión que colocara tres filas de minas para contener a la Marcha Verde o cuando envió a la flota ante el puerto de Tánger al poco de iniciarse la crisis de Ifni. Probablemente, la monarquía alauíta sea éste el único lenguaje que entiende. El otro, ingresar dinero a cambio de la promesa de resolver la cuestión de la droga o de los inmigrantes, ya se ha demostrado inútil. Para bien o para mal, cuando un islamista afirma que aspira a aplicar la sharia, todos sabemos lo que quiere decir: la ley coránica convertida en norma de Estado. Bien, no es la vía europea. Pero al menos es una vía hecha de claridad y ante la que nadie se llama a engaño. Esta claridad no está presente cuando Mohamed VI mendiga en Occidente favores, ayudas, subvenciones y ventajas, a cambio de nada, o cuando firma tratados que no tiene la más mínima intención en respetar.
Insisto: antes o después, nos vamos a tener que entender con los islamistas magrebíes, así que mejor vayámonos haciendo a la idea de que solamente hay que exigirles una condición: que abandonen toda pretensión de actuar o influir sobre la sagrada tierra de Europa. Podemos ser vecinos con intereses diferentes y llevar una vía de coexistencia pacífica. Lo que no podemos es seguir engañándonos: la monarquía alauíta y el régimen de corrupción y falta de libertades públicas al que ha dado lugar, es una cáscara podrida, carente apoyos populares y sostenido solamente por una red de intereses espúreos, sobre la miseria de la mayoría de población. Un estadista europeo no puede pactar con un gobierno así. Europa no puede ser cómplice en el mantenimiento de las injusticias en el Magreb. Insisto: mejor irnos haciendo a la idea de que, mientras los islamistas no tengan la vista puesta en este lado del Estrecho, al menos ellos representan el sentir mayoritario de la población magrebí.
El hecho de que los EEUU hayan trenzado una alianza estratégica con Marruecos es, hasta cierto punto, una buena noticia para Europa. Marca la diferencia: África empieza al sur de Gibraltar. Los EEUU, deberían de tener algo más de memoria histórica y reconocer que pactar y sostener a gobiernos corruptos, entenderse con sátrapas de la peor especie, no les ha llevado más que a complicaciones futuras. Con Marruecos no va a ser de otra manera. EEUU ha hecho del meterse en avisperos una especialidad de su política exterior. España y la UE deben mirar hacia otros lugares a la hora de buscar recursos energéticos. No hacia el Sur, sino hacia el Este. Incluida España. A Rusia, por ejemplo.
El gas ruso llega hasta el Pirineo. Viene de lejos, pero su suministro es hoy mucho más seguro que el gas argelino y marroquí, por mucho que le pese a Gas Natural, a Repsol y a La Caixa. Por otra parte, Rusia es Europa. Geopolíticamente deberíamos hablar de «Euro–Siberia»  como nuevo concepto a desarrollar en la política internacional de la UE y abandonar, de una vez por todas, las veleidades de «diálogos de civilizaciones».
Si EEUU quiere ser la potencia decisiva en Marruecos, que lo sea, a condición de que se coma los problemas en aluvión que vendrán en los años venideros y asuma la tarea de apuntalamiento del régimen que será necesaria a la vuelta de pocos años. España, y por extensión la UE, solamente tienen en el momento actual una tarea: contener y conjurar el riesgo que viene del Magreb. Esto es, impedir que las comunidades magrebíes instaladas en Europa se conviertan –como de hecho han demostrado ser en Francia– focos de desestabilización permanente, impedir que las redes terroristas del islamismo magrebí progresen en nuestra tierra, cortar de un hachazo al narcotráfico que viene del sur, contener el fenómeno de la inmigración magrebí y procurar que se invierta la tendencia y que aquellos magrebíes que, por lo que sea –por crisis en el mercado de trabajo o por la «falta de impulso laboral» de la que, como ha reconocido la UE, adolece la inmigración magrebí– no realizan una función productiva en Europa, regresen a su país y dejen de sobrecargar la sanidad, la educación, los fondos de ayuda social, etc. De hecho, lo más probable es que un cambio de régimen en Marruecos generase mejores condiciones de vida para los desfavorecidos y, por tanto, la inmigración dejara de ser la única aspiración de quienes no tienen nada. Pero, mientras sigan las cosas como están y buena parte de la riqueza marroquí sea acaparada por el majzén, la inmigración y el islamismo radicalizado seguirán encontrando un caldo de cultivo apropiado para su desarrollo.
Si hay tres palabras que debe empapar a la política europea –y a la española en particular, al situarnos la geografía en la línea del frente– en relación al Magreb es, realismo, contención y energía. Todo lo que suponga la adopción de políticas de paños calientes, lenguaje diplomático edulcorado, elogios gratuitos a virtudes inexistentes, y políticas de manga ancha, es un error.

El Marruecos de Mohamed VI constituye un riesgo para la seguridad española. Lo viene demostrando desde su independencia. Cuando se percibe un riesgo, se le conjura, se le contiene y se le anula. No se le venden armas ni se le elogia. Todo esto es un inmenso camino de perdición. Pero, hacer entender esto a algunos prohombres del gobierno español es, como decía Mao, intentar que la rana de la charca comprenda la grandeza del océano.


 

 

(c) Ernesto Milà - Tánger, 20 de noviembre de 2005.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DOSSIER: La inmigración magrebí fuera de control

DOSSIER: La inmigración magrebí fuera de control

Redacción.- Para los sociólogos, los «bidonvilles»  (barrios de chabolas) que rodean a las grandes ciudades marroquíes, han superado el llamado «umbral de sostenibilidad social», es decir, el límite de deterioro de las condiciones de vida que un grupo social está dispuesto a soportar sin rebelarse. Existen dos formas de rebelión: el islamismo y la inmigración. O ambas, tal como demuestran los reiterados casos de terroristas islámicos que actúan en Europa camuflados entre los contingentes de inmigrantes. Las políticas erráticas en materia de inmigración se han traducido en una llegada de casi cinco millones de inmigrantes en menos de una década. La inmigración y su integración –fracasada en toda Europa- se ha convertido, bruscamente, en el primer problema social de nuestro país

La inmigración está fuera de control en España. Entre la dejadez del PP mientras tuvo el poder y el aventurerismo torpe del PSOE, de la reforma de la Ley de Extranjería en 1999 hasta la regularización masiva de 2005, la inmigración se ha transformado en un problema que, cada vez más, genera alarma social. El episodio del asalto a las vallas de Ceuta y Melilla y la revuelta generalizada en Francia en noviembre de 2005, unido al goteo continuo de inmigrantes, especialmente procedentes del Magreb, han causado un profundo impacto en la opinión pública española.
 

Dos orillas del Mediterráneo, dos realidades

Las dos orillas del Mediterráneo viven realidades diferentes e, incluso, se podría decir, tiempos diferentes. El Norte industrial y el Sur subdesarrollado. El Norte democrático y el sur autocrático. El Norte económica y políticamente estable, el Sur, dominado por la inestabilidad. El Norte laico y de cultura cristiana y el Sur teniendo al islamismo como principal fuerza político–social. El Norte estancado demográficamente y el Sur viviendo un permanente baby–boom. Y todo esto separado por los apenas 12 kilómetros que median entre Tarifa y Gibraltar. Entre dos mundos tan diferentes como el Norte y el Sur del Mediterráneo, tan cerca geográficamente y tan lejos en todo lo demás, no pueden sino surgir contradicciones y conflictos.

España tiene seis veces mayor capacidad adquisitiva que Marruecos. La esperanza de vida a este lado del estrecho es diez años superior a la marroquí. No es raro que las mujeres marroquíes que viven próximas a Ceuta y Melilla prefieran cruzar la frontera para dar a luz en hospitales españoles; 25.000 recién nacidos mueren cada año en Marruecos y 1.500 mujeres perecen en el curso del parto. La tasa de mortalidad infantil, del 4 por mil en España, se dispara hasta el 40 por mil en Marruecos. El analfabetismo, residual en España, llega al 50% en Marruecos. La escolarización en nuestro país alcanza al 92% de los jóvenes, en Marruecos es apenas del 51%.

España está instalada en el Primer Mundo y en el siglo XXI, mientras Marruecos sigue en el Tercer Mundo, rigiéndose por principios medievales. La inmigración aparece como un fenómeno, lógico y masivo. Mucho más si es estimulado por las mafias próximas al majzén y consideradas como un instrumento de presión para obtener subvenciones de la UE o, simplemente, como arma política. El problema es que esta diferencia entre el Primer y el Tercer Mundo está presente también en el interior de la sociedad marroquí. Junto a los barrios más miserables de Casablanca, cruzando la calle, se entra en la opulencia y el lujo más insultante. Chabolismo frente a centros comerciales de acero, vidrio y cemento. Este contraste explica por qué Marruecos es un país con ingresos medios aceptables, pero la miseria se percibe fácilmente en las calles: en efecto, la renta está muy mal distribuida. Una pequeña minoría lo tiene todo, pero un 65% de la población vive en el umbral de la pobreza o sumergido en la miseria más absoluta y la clase media –el gran colchón atenuador de cualquier tensión–, en lugar de crecer, se proletariza.

Cuando se produce una sequía, los sociólogos, a la vista de las encuestas de población, calculan que un cuarto de millón de personas, emigran bruscamente del campo a la ciudad. El año 2005 ha sido el de la gran sequía, por tanto se augura que estas cifras se habrán superado en el momento de escribir estas líneas. Esto implica que, a partir del 2006, se acelerará el ciclo infernal que une emigración hacia las ciudades, aumento de los cinturones de miseria, y, finalmente, crecimiento de la frustración social que encuentra su desembocadura en la inmigración a Europa o en el islamismo.

El campo marroquí ha visto frenadas sus exportaciones desde que en 1986, la CEE se amplió dando entrada a productos agrícolas españoles. Desde entonces, la exportación de productos agrícolas españoles a Europa se ha multiplicado por cinco, mientras que los productos marroquíes venden lo mismo. El analfabetismo y la desestructuración propios de los ambientes de pobreza, generan otro fenómeno preocupante: la explosión demográfica. En Europa, la gran explosión demográfica de mediados del siglo XVIII, generó la industrialización y las revoluciones burguesas que fueron estallando por toda Europa a partir de 1789. Pero en Marruecos un fenómeno de este tipo no se ha producido todavía y, cuando lo haga, revestirá otras características, especialmente a la vista del crecimiento del islamismo político. El desprecio que las autoridades marroquíes experimentan por su propio pueblo (la lucha contra la pobreza solamente supone el 10% del presupuesto del Estado, cuando en los países limítrofes se duplica) hace que las islas de pobreza estén cada vez más extendidas (en realidad, cabría hablar de islotes de lujo rodeados de miseria) y que las políticas sociales de creación de infraestructuras, viviendas sociales, alfabetización, etc., no sean suficientes como para paliar el problema. La demografía supera las posibilidades que tiene el Estado de absorber el descontento, paliar la miseria y modernizar la sociedad.
 

Marruecos tiene también su modelo de descentralización, basado en los municipios. Algunas ciudades, en efecto, se han tomado un interés particular en mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Pero este modelo entraña también problemas. Agadir, por ejemplo, donde los planes de viviendas sociales y de construcción de infraestructuras, son superiores a otras ciudades, se ha visto sumergida por el «efecto llamada»  protagonizado por miles de marroquíes desarraigados que han abandonado el campo y otras ciudades para establecerse en una ciudad en la que parece que se vive mejor. Algunos ayuntamientos, prefieren renunciar a estas políticas sociales, ante el riesgo de generar un flujo de emigrantes interiores que empeorara todavía más la situación. El «modelo marroquí de descentralización»  no contribuye a reducir las desigualdades locales, sino a la aparición de diferentes iniciativas, en ocasiones contrapuestas, en los distintos municipios.
 

¿Inmigración? ¡Cómo no va a haber inmigración en Marruecos!

El 70% de los marroquíes es menor de 35 años, en torno a 20,5 millones de personas. El régimen de Mohamed VI no ha logrado integrar a la juventud marroquí que, en su inmensa mayoría, se siente ajena al régimen, desvinculada de cualquier tarea que tenga que ver con el Estado y que no ve perspectivas de futuro en su país. Los jóvenes que militan políticamente, lo hacen desde formaciones islamistas o, los menos (y los más ambiciosos) en el socialismo de la USFP. Estos últimos son los que aspiran a ser los futuros cuadros del régimen y, por supuesto, no contemplan la perspectiva de la inmigración. El resto de jóvenes, militen o no políticamente, miran al otro lado del Estrecho.
Marruecos no es lo que se dice un paraíso de la cultura. La tasa de analfabetismo total se sitúa en un 50% de la población, pero es particularmente dramática entre las mujeres de zonas rurales, elevándose a un 83%. Seis de cada diez campesinas optan por trasladarse a las ciudades. Las zonas rurales –salvo el Rif, gracias al cultivo de hachís– están empobrecidas y generan una emigración interior hacia las ciudades. Los cinturones de miseria que rodean a Rabat, Casablanca, Tánger, Fez, etc., están formados por antiguos campesinos desarraigados que viven en condiciones infrahumanas. 

El medio rural ofrece algunos puestos de trabajo, cuando no hay sequía. A pesar de que el campo marroquí vive una pobreza endémica, la estructura tradicional de la sociedad agraria marroquí ha resistido mejor la crisis socio–económica. Al menos, en las zonas rurales se ha mantenido la estructura familiar y cada persona tiene el apoyo de su comunidad. El apoyo mutuo que se deparan los miembros de las familias marroquíes, compensa, en cierta medida, la pobreza de esas zonas. Por el contrario, en los arrabales de las grandes ciudades, la desintegración de las estructuras tradicionales y el desarraigo, están abriendo el camino a la desesperación que cristaliza en dos formas: o bien aumentando el impacto del fundamentalismo islámico, o bien, impulsando a la inmigración. O a ambas cosas.
 

El 19% de la población se encuentra por debajo del umbral de la pobreza) y el paro afecta a un 22% de la población urbana. No es raro que la juventud vea el camino de la inmigración como la única posibilidad de mejorar su situación. En cuanto a los «bidonvilles», verdaderos cinturones de miseria, suponen el caldo de cultivo más favorable para la expansión del fundamentalismo islámico. Quienes no tienen nada, ni pueden aspirar a nada, están en su derecho de creer que Alá les reserva un paraíso si mueren en la guerra santa. En Palestina e Irak, el reclutamiento de terroristas suicidas se ha realizado sobre una base sociológica similar: seres desesperados y sin perspectivas de mejora.
Inmediatamente fue entronizado, Mohamed VI, el majzén quiso presentar al nuevo rey como «el monarca de los pobres», sugiriendo que su gestión iría en la dirección de mejorar las condiciones de vida de la población. Desde entonces, han pasado seis años y, efectivamente, ha demostrado honrar ese título, pero no en el sentido que pretendía dar el majzén; en efecto, nunca como ahora han existido tantos pobres en Marruecos y nunca el balance de la acción del gobierno ha sido tan cicatera en relación a las clases más desfavorecidas. Cuando muere Hassán II, la renta per capita en Marruecos era de 1.260 dólares, pero en 2002 ya había bajado a 1.218.

Decir chabolismo es decir miseria y desestabilización. Hubo un tiempo en el que los marroquíes se forjaban esperanzas. Entre 1984 y 1992, el país había conseguido disminuir (del 21% al 13%) la tasa de población que vivía con menos de dos dólares al día. Pero se trataba de una mejora puntual que se vino abajo en el 2000 cuando se volvió a elevar alcanzando el 19%. En ese período la población había crecido y, con ella el número de pobres: 3,4 millones en 1994, frente a 5,3 en el año 2000.
 

Hoy, una cuarta parte de la población rural y una octava parte de la población urbana es pobre. Estos últimos, además de la pobreza, deben soportar el vivir en chabolas inmundas y carecer completamente de infraestructuras y servicios públicos. El Estado ha renunciado a estar presente en esos barrios que registran altas tasas de inseguridad ciudadana y depauperación. La miseria no genera beneficios para el Estado, por tanto, se abandona a los miserables a su suerte.

Pero ni siquiera los jóvenes que disponen de alguna preparación cultural tienen perspectivas de mejora dentro de la sociedad marroquí, si no pertenecen a las esferas del poder o del funcionariado. Un titulado universitario es un aspirante a futuro parado. El 62% de los jóvenes en paro tiene título universitario o de grado medio y el 70% de los jóvenes estudiantes desea emigrar al extranjero. En su país carecen completamente de centros de ocio y deporte. Solamente tienen televisor (verdaderos bosques de parabólicas incluso en los barrios modestos) desde el que pueden ver el modo de vida occidental, constituyendo, cada teleserie, cada reportaje sobre las playas y los centros de turismo y ocio europeos, un reclamo para la inmigración.
 

En 2000, los medios de comunicación occidentales proclamaron la aparición de lo que llamaban «Generación MVI»  (Generación Mohamed VI). Se les presentaba como jóvenes «suficientemente preparados», de clase media–alta y con aspiraciones hacia una evolución democrática de la sociedad. Pero, un año después, las esperanzas en que esta generación ocupara los resortes del poder, quedaron decepcionados, especialmente tras la manifestación de mujeres islamistas en Casablanca, contra la reforma del «Estatuto Personal». Esa manifestación evidenció la realidad. Y la realidad es sólo una: el Islam avanza imparable entre los jóvenes. Este impulso disuadió al gobierno de aplazar la reducción de la mayoría de edad electoral de los 21 a los 18 años hasta después de las elecciones legislativas de 2002, al existir la convicción de que la inmensa mayoría del voto juvenil iría a parar al PJD. Incluso el sindicato estudiantil, habitualmente dominado por socialistas y comunistas desde la independencia, en estos momentos está en manos de los islamistas radicales de Justicia y Caridad.
 

Los jóvenes marroquíes cada vez se casan mas tarde a causa de las dificultades económicas. Esto no es una novedad, ocurre también en Europa, sólo que en Marruecos es un fenómeno reciente que choca con la tradición antropológica, inherente a la cultura local, de formar una familia, cuanto más grande mejor. Quien no tiene familia, quien no ha sido capaz de formar una familia, es un fracasado y, en algunos ambientes rurales, se duda si considerarlo suficientemente «hombre». Hoy la edad media para contraer matrimonio en Marruecos es de 27 años. A la pobreza, se une cierto menosprecio para el hombre que, a esa edad, no ha conseguido ser cabeza de una familia.

La liberación de la mujer constituye otro aliciente para una población que sólo considera honesta a la mujer cubierta con el velo y luciendo chilaba hasta los pies. ¿Cómo no sentirse atraídos por las mujeres europeas que no dudan en ir a las playas en top less o caminar por las calles con minifalda y tacones? Desde el punto de vista de la cultura marroquí, las mujeres que osan ir así no son honestas... pero son atractivas. Y, además, está la perspectiva de poder trabajar, lo cual no es poco.

Si no hay trabajo, siempre está la vía del trapicheo y los circuitos de la delincuencia. De hecho, algunos estratos juveniles marginales llegan a nuestro país atraídos por lo «barato»  que sale delinquir. En Marruecos, es frecuente que por un pequeño robo, la policía apalee en comisaría al ladronzuelo, le espere una larga condena de prisión en un entorno penitenciario miserable, cruel y proclive a las humillaciones y abusos; aparte, naturalmente, del descrédito que cae para la familia el tener un hijo delincuente y en la cárcel. Todo esto en España apenas ocurre: las leyes son extraordinariamente permisivas comparadas con las marroquíes, el régimen penitenciario es humano e, incluso, cómodo. Solamente entran en cárcel quienes han sido sorprendidos en la comisión de delitos de cierta gravedad: los pequeños hurtos, los robos sin violencia, los trapicheos de todo tipo, ni siquiera justifican entrar en prisión, ni mucho menos la expulsión. Incluso es frecuente que un narcotraficante detenido hoy, sea puesto en libertad al cabo de unos días y quede a la espera de un juicio al que lo más probable es que jamás acuda. De hecho, en el lejano 1986, un joven marroquí me decía: «Estoy mejor en la cárcel en España, que en la calle en mi país». Y lo debía de saber por que, efectivamente, decía esas palabras desde la Cárcel Modelo de Barcelona. No es raro que los sueños de la juventud marroquí pasen por Europa.

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A principios de enero de 2005, Madrid recibía una media diaria de 280 inmigrantes. El dato no parecía inquietar ni a la Delegación del Gobierno, ni al Ayuntamiento, ni a la Comunidad, y menos que a nadie, a las autoridades del PSOE.


Pedro Zerolo, además de «líder gay», es secretario de Movimientos Sociales del PSOE y, en tanto que tal, en octubre de 2005, realizó diferentes propuestas para mejorar la situación de la inmigración en los perímetros fronterizos de Ceuta y Melilla. En esta tarea le secundaron distintas ONGs especializadas en el apoyo a la inmigración (Amnistía Internacional, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, SOS Racismo, Andalucía Acoge y Melilla Acoge) y responsables de la Administración (la directora general de Integración de los Inmigrantes, Estrella Rodríguez). La gran preocupación de Zerolo eran los posibles estallidos de racismo e intolerancia… justo en los momentos en que toda España pudo experimentar angustia ante el asalto masivo de las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla por miles de inmigrantes y la sensación, cada vez más acusada –aún no se había producido el «noviembre francés»  con sus incendios y saqueos– de que España no tenía posibilidades de integrar a más inmigrantes.
 

Paga y calla, paisa…

El 4 de octubre de 2005, el problema de los asaltos de inmigrantes a la valla que separa Marruecos de Ceuta y Melilla había llegado a la UE. En las instancias europeas se albergaba la más absoluta desconfianza en relación a la política de inmigración del gobierno ZP, así que decidieron enviar una comisión a la zona. 

El comisario europeo de Justicia, Libertad y Seguridad, Franco Frattini, comunicó a Moratinos que los sucesos de Ceuta y Melilla «nos refuerzan en la necesidad de acelerar la puesta en práctica de las distintas medidas y políticas que tiene la UE con Marruecos en materia de inmigración». ¿Cuáles eran las medidas? En principio regalar a Marruecos 40 millones de euros para «proteger las fronteras y mejorar las condiciones en el terreno». El chantaje marroquí, una vez más, había tenido éxito: se crea el problema, y no se cierra hasta que se ha abierto la espita del dinero. Decididamente, resulta difícil saber cuál es la decisión más timorata, si enviar dinero a Marruecos para que siga sin hacer nada en materia de inmigración (salvo matar a siete inmigrantes durante la crisis de las vallas), o bien la decisión adoptada por el gobierno español de ampliar a seis metros la valla fronteriza.
Frattini reconoció que 30.000 inmigrantes estaban preparados en Argelia y Marruecos para dirigirse hacia las fronteras de Ceuta y Melilla. Las cifras procedían del informe preliminar que preparó la misión técnica de la UE que debía viajar a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, y en base a datos de los servicios de inteligencia españoles. En Argelia se encontrarían esperando 20.000 inmigrantes para entrar en Ceuta y Melilla, mientras que otros 10.000 ya estaban en territorio marroquí. Lo más terrible era el reconocimiento de que «no hay pruebas de que la actual alta presión migratoria hacia las fronteras externas vaya a disminuir a corto plazo» e incluso aumentará en los próximos años, según declaró Frattini.
 

Marruecos no permitió a la misión técnica de la UE, enviada para analizar la situación de los inmigrantes en la frontera con Ceuta y Melilla, acceder a su territorio en esta zona. Y Franco Frattini, a pesar de haber sido desairado por esta decisión, comentó benévolamente: «fue una lástima»… Sorprendentemente, a pesar del desaire de Marruecos, Frattini, contra toda lógica y sentido común, continuó proponiendo la entrega de fondos: «Ahora es el momento de ayudar a Marruecos, no el tiempo de reprochar. Habrá una investigación. Habrá, claro está, la oportunidad de volver sobre esto, pero cuando Marruecos nos pide que le ayudemos, la respuesta no puede ser sólo reprocharle».

Por otra parte, el comisario informó que había pedido convocar en Bruselas, a nivel técnico, una reunión con representantes de Argelia y Marruecos para ayudar a las patrullas a prevenir el tráfico de seres humanos. Asimismo, esta reunión abordaría la situación de las 30.000 personas que se encontraban en ambos países a la espera de acceder al territorio europeo. Ese mismo día, el ministro de Comunicación de Marruecos, Nabil Benabdallah, denunciaba que la ayuda económica de la UE, 40 millones de euros, era insuficiente… ¡Cómo no iban a querer más! Para Marruecos, Europa es la quintaesencia de la debilidad y de la falta de redaños. Y, en realidad, nuestra clase política les confirma en esta percepción, día a día.
 

La crisis de las vallas

En realidad, ante una situación así, la única posibilidad de contener a 30.000 personas, era demostrando fuerza y determinación. La orden de José Bono de enviar a la Legión, con las armas descargadas era suficientemente absurda como para empeorar las cosas. En realidad, la solución era demasiado simple como para que Zerolo, ZP, Bono, Caldera, Rumi y demás «enterados»  en materia de inmigración se decidieran a tomarla en consideración: bastaba con dejar la puerta abierta de la valla fronteriza para que cuantos inmigrantes quisieran entrar en España pudieran hacerlo sin necesidad de rasgarse la piel en la alambrada fronteriza; y, acto seguido, una vez censados, bastaría con que se les volviera a abrir la puerta de la valla para que regresaran por donde habían venido, en calidad de expulsados. Esto, en pocos días, bastaría para desactivar el efecto llamada y descorazonar a quienes intentaban forzar la legalidad española, cruzando la frontera de forma irregular. ¿Sencillo, verdad? Bueno, pues hasta muy avanzada la crisis de las vallas, cuando ya se habían producido siete muertos a tiros en la zona marroquí, el gobierno español no se decidió a expulsar a un centenar de subsaharianos. 

El 7 de octubre de 2005, el Consejo de Ministros, aprobó una subvención de 4.500.000 de euros a las ciudades de Ceuta y Melilla, destinada a programas de integración social de los inmigrantes. Esa decisión tiene un nombre: debilidad. Los gobiernos débiles intentan acallar cualquier foco de tensión, inyectando fondos. Y duran, lo que duran los fondos. No es que Ceuta y Melilla no merezcan la llegada de fondos, es que el problema de la inmigración no se soluciona subvencionando la llegada de ilegales, sino repatriándolos con la misma velocidad con la que van llegando. Este es el único realismo con el que puede tratarse el tema de la inmigración masiva. Para el año 2006, el presupuesto de Inmigración y Emigración ascenderá a 320.996.000 euros, un 14´38% de aumento en 2006 con respecto al año anterior. Desde que ZP llegó al poder, en apenas dos ejercicios presupuestarios, se han incrementado los recursos para inmigración en 182.984 millones de euros.

Para evitar avalanchas, la Delegación del Gobierno en Melilla anunció la instalación de una tercera valla en el perímetro fronterizo de la ciudad. En Ceuta se mejoraron los elementos de control con cámaras térmicas, la reposición de equipos de vídeo y la limpieza de los matorrales entre las dos verjas existentes.

El presidente de Melilla, Juan José Imbroda, y el de Ceuta, Juan Jesús Vivas, se reunieron con la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, tras haber acusado al gobierno de estar «incapacitado» para resolver el problema de las avalanchas de inmigrantes. Ambos presidentes tenían claro lo que estaba ocurriendo y lo resumieron: «está pasando porque están gobernando unos señores que no protegen suficientemente las fronteras españolas». ¿Es tan difícil entenderlo?
 

Las vallas no son cosa de hoy

El asunto de las vallas no era nuevo. El 6 de enero de 1998, tres policías habían resultado heridos y seis inmigrantes subsaharianos detenidos en un enfrentamiento en Melilla. Los centroafricanos protestaban por el criterio restrictivo de entrada a la Península. Fue el primer signo de lo que se avecinaba. Al día siguiente, el jefe militar manifestó que «el Ejército debe vigilar la frontera al no haber solución a la inmigración».

Ese día 117 inmigrantes de Melilla lograron pasar a centros de la Península. Quedaban otros 700 subsaharianos, más 600 en Ceuta. El gobierno del PP había resuelto el problema de la superpoblación de los centros para extranjeros en las plazas africanas, enviando a sus residentes a la península. Cinco días después –la debilidad se paga siempre– 150 argelinos se concentraron ante la sede del Gobierno en Melilla para pedir su traslado a la Península.

A final de ese mes, la situación era tan tensa en la frontera que el Gobierno Aznar anunció el «cierre inmediato»  de la frontera de Melilla y la construcción de los muros que se harían famosos siete años después. Una pequeña inversión de mil millones de pesetas. El 24 de enero de 1998, el gobierno dio la vía libre hacia la Península a 1.340 inmigrantes de Ceuta y Melilla. Las ONG se comprometieron a integrarlos y formarlos profesionalmente. Otros 500 inmigrantes argelinos se quedaron en esa ocasión en Ceuta y Melilla porque no pudieron entrar dentro de este programa. Ese mismo día, y a la vista de la situación, distintos colectivos vecinales pidieron que se aplicara un toque de queda a los inmigrantes para que no salieran de noche, dado que «la presencia de estos extranjeros crea inseguridad entre la ciudadanía».

IU, instalada en la inopia más absoluta, consideró que la prensa estaba magnificando el problema de las vallas y condenaba «las medidas intolerables que se están llevando a cabo, parezcan justificadas» y, en particular, «la necesidad urgente de suspender de forma inmediata el acuerdo de deportación». Como puede verse, no hay nada nuevo bajo el sol. Siete años después el problema estalló con toda su virulencia.

El 6 de octubre de 2005, la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, explicó que esa misma mañana se habían producido devoluciones en frontera a Marruecos de inmigrantes que intentaron atravesar la valla con Melilla, después de tres intentos de avalancha esa misma madrugada. Pero ni siquiera fue capaz de informar sobre cuantos inmigrantes fueron expulsados. ONGs subvencionadas con cargo al erario público, como Prodein, Pro Derechos Humanos y SOS Melilla, protestaron por estas expulsiones y, de paso, manifestaron su rechazo a la presencia del Ejército a lo largo del perímetro fronterizo. Lamentablemente, no explicaron cómo sugerían que podía resolverse el problema de la inmigración ilegal y masiva. Mientras lo piensan, sería bueno que esas ONGs hicieran público lo que cobran en materia de subvenciones y en qué lo utilizan.

En septiembre de 2005, Marruecos acusó al gobierno argelino de la crisis de las vallas. Es cierto que Argelia no era absolutamente inocente en esta cuestión y que manifestaba una irreprimible tendencia a crear problemas a Marruecos (y viceversa) y la inmigración era un arma arrojadiza a su disposición. El Frente POLISARIO había recogido a 92 inmigrantes subsaharianos abandonados por Marruecos en diversos puntos del muro defensivo construido por las fuerzas marroquíes en el Sahara Occidental. Por su parte, el primer ministro marroquí Driss Jetu afirmó que Argelia estaba reuniendo en la región de Tinduf a «candidatos a la inmigración clandestina con el fin de hacer de ello un instrumento propagandístico en el conflicto del Sahara».
 

ZP: especialista en sembrar desconfianza

En mayo de 2005, se evidenció que los gobiernos de Francia y Alemania estaban particularmente descontentos con la política de inmigración del gobierno español. Nicolás Sarkozy, ministro del Interior francés, acusó al Gobierno español de ser un «aprendiz de brujo» con su política de inmigración (fisura notable en el cacareado eje «hispano–franco–alemán que solamente existió en el calenturiento cerebro de Zapatero). Entretanto, el ministro alemán de Interior, Otto Schily, afirmó que «las regularizaciones masivas tienen el efecto secundario de que atraen a nuevos ilegales». La UE estaba comprobando, alarmada, que España, gracias a una irresponsable política de inmigración, se había convertido en lanzadera de subsaharianos clandestinos que cruzan los Pirineos hacia zonas de influencia francófona, como Bélgica, Holanda o la propia Francia.
En torno a  25.000 ilegales subsaharianos habían cruzado los Pirineos en los últimos meses y otros tantos permanecían en nuestro país después de haber quedado fuera del proceso de normalización de trabajadores extranjeros impulsado por el Gobierno Zapatero. Cuando esa regularización masiva se produjo, la inmigración masiva, hacía tiempo que estaba fuera de control.
 

El 1 de enero de 2005, según cifras del Instituto Nacional de Estadística, 705.944 ciudadanos de origen africano estaban empadronados en España, de ellos, al menos, 140.000 son subsaharianos. Pero hay que introducir una corrección a estas cifras, añadiendo la estimación de los no empadronados y los que habían cruzado la frontera a lo largo de todo el año 2005. Las cifras, entonces, pasan a ser de 1.250.000 africanos, de los que un millón serían magrebíes y el resto subsaharianos.

Marruecos incumple los acuerdos firmados

Las devoluciones de inmigrantes irregulares subsaharianos a Marruecos se han realizado con cuentagotas desde que España y el reino alauí firmaran en 1992 el convenio de readmisión de extranjeros. En trece años, el país vecino aceptó a menos de 200 extranjeros en virtud de la aplicación de ese convenio; cifra absolutamente ridícula.

Según el acuerdo, el Gobierno marroquí debía readmitir a los inmigrantes irregulares encontrados en España si se demostraba que habían llegado desde Marruecos, pero su aplicación estuvo rodeada de dificultades desde un principio a causa de las reticencias del reino alauí. Firmar un acuerdo con Marruecos es algo endiabladamente inútil. Todo aquello que no le beneficia directamente, ni lo aplica, ni tiene intención de aplicarlo, aunque suponga una vulneración del pacto firmado y rubricado por sus diplomáticos.
En 1995, una delegación del Departamento de Justicia e Interior, que entonces dirigía Juan Alberto Belloch, viajó a Marruecos para intentar resolver la interpretación del acuerdo. Las autoridades marroquíes exigían que la entrada del inmigrante irregular en España desde Marruecos pudiera ser acreditada documentalmente… ¿cómo?, era absolutamente imposible aportar prueba alguna, salvo la lógica: es evidente que el corredor de tránsito entre África y Europa pasa por Marruecos. Pero la lógica no es una virtud que adorne a las decisiones del gobierno marroquí. 


Cuando fue ministro de interior Jaime Mayor Oreja, intentó reactivar el acuerdo en 1996; desde 1992 a 1996 Marruecos sólo había aceptado ¡cinco! de las más de 600 solicitudes de readmisión que había presentado España. La presión de Mayor Oreja operó el milagro y consiguió que, solamente en 1996, Rabat aceptara el reingreso en su territorio de 65 inmigrantes subsaharianos. Cifra récord.

El 2001, tras ímprobos esfuerzos, Marruecos admitió a unos cuarenta subsaharianos que habían llegado a España en pateras procedentes de Marruecos. La cosa seguía yendo mal, por que, para esas fechas, ya era probablemente en torno a un millón de ilegales los que habían llegado a España procedentes de Marruecos y éste país apenas había admitido la devolución de 120.


España optó por negociar una nueva modificación en 2003: Marruecos aceptaría a los subsaharianos que hubieran viajado en una embarcación con patrón marroquí, lo que serviría como prueba de que salían de su territorio. Marruecos firmó la modificación, pero, como es habitual, no la respetó. El entonces delegado del Gobierno para la Inmigración, Ignacio González, admitió que Marruecos estaba dificultando y retrasando la aplicación del acuerdo. Ese año, todas las peticiones de readmisión –1.600 en total– habían sido rechazadas. Estábamos en pleno «desencuentro».
¿Quién tiene el valor de explicar a Marruecos que los acuerdos se firman para respetarlos? Cualquier acuerdo firmado con Marruecos que no implique envío inmediato de fondos, da la sensación que es completamente desconsiderado. Y en cuanto a los que implican ayuda económica, duran el tiempo que tarda en dispersarse el dinero.
 

La inmigración en cifras

Londres tiene un 40% de población inmigrante y París un 25%. Aparentemente, estas cifras distan mucho de igualarse con las que se darían en España. A fin de cuentas, España carece de tradición en esta materia y ha sido, más bien, un país que ha dado inmigrantes, mucho más que los ha admitido. Pero esta tendencia se iba, finalmente, a invertir.
En julio de 2004, Madrid tenía 3.228.914 habitantes censados, y ya el 16% eran de otro país. Dos puntos más que el año anterior. El barrio de San Cristóbal, en el distrito de Villaverde, es el que más inmigrantes empadronados tiene, un 40%; el distrito de Centro tiene un 30% de extranjeros; le siguen Tetuán, Carabanchel, Usera y Villaverde. Los ecuatorianos son la colonia más numerosa, luego aparecen los colombianos. En el 2004, los rumanos superaron a los marroquíes que en el 2000 eran la colonia mayoritaria en la capital. La inmigración es un fenómeno muy dinámico.

En cambio, en Catalunya los marroquíes siguen siendo ampliamente hegemónicos. En los años 90, el gobierno autónomo catalán, tuvo la genialidad de orientar la inmigración marroquí hacia su comunidad, pensando que, a diferencia de los iberoamericanos que hablaban castellano y no juzgarían necesario aprender catalán, los magrebíes, al desconocer el idioma, se catalanizarían más fácilmente. Razonamiento erróneo. Hoy, el 45% de los marroquíes residentes en España se ubican en Catalunya, mientras la comunidad ecuatoriana va creciendo aceleradamente. La Generalitat no quería caldo, pero ahora se encuentra obligado a beber dos tazas: los marroquíes siguen apegados a sus tradiciones de origen y se integran menos que el aceite en el agua; en cuanto a los ecuatorianos han llegado en cantidades similares a otras regiones de España.
También hay amplias comunidades marroquíes en Levante y Andalucía. Es evidente que a los magrebíes les atrae el Mediterráneo, tanto que en algunos barrios de Barcelona (el Raval y la Ribera) se alcanza la astronómica cifra de 65% de población extranjera.

En el año 2002, se habían incorporado al padrón municipal 694.651 nuevos extranjeros. Dos años después, se volvía a alcanzar una cifra similar. En efecto en el año 2004, se empadronaron en los municipios españoles 650.000 extranjeros; realmente poco si tenemos en cuenta lo que iba a ocurrir el año siguiente. En 2005, el «efecto llamada»  generado por la regularización masiva, seguramente hará que esa cifra sea ampliamente superada. El 1 de enero de 2005, oficialmente residían en España 3.600.000 de extranjeros que, seguramente, ascendían a 4.000.000 si contamos los que no habían juzgado necesario empadronarse. A finales de año, se contabilizarán 700.000 nuevos empadronados, como mínimo, con lo que nos aproximaremos a la cifra de 5.000.000, en torno a un 13% de la población, cifra muy superior a la de Francia (8%), a la de Alemania (9%) o de Austria (9,2%).
 

Hijos de la inmigración

Estas cifras son hoy excesivamente altas, pero en apenas seis años es posible que se haya duplicado. De un lado, la reagrupación familiar hará que afluyan a nuestro país un número no inferior a 2.000.000 en los próximos años. Luego están los hijos nacidos de inmigrantes. Muchos. Muchísimos.

Entre 2000 y 2005, el número de niños nacidos de madres extranjeras en España casi se triplicó, lo que supone un ritmo de crecimiento unas doce veces mayor que el de la media de nacimientos a nivel nacional. Los nacimientos de madre extranjera pasaron, de menos de un 5% del total en el año 1999, al 12% en 2003.

En 1999, nacieron en España 380.130 bebés de los que sólo 18.503 (el 4,87%) eran de familias inmigrantes. Sólo en 2003 nacieron en España 439.863 niños, de los que 53.306 (un 12,12%) eran hijos de inmigrantes. Mientras que el número total de nacimientos en España aumentó en ese periodo un 15,7%, el de hijos de inmigrantes creció un 188,1%. Tomen nota por que este vuelco demográfico no tiene precedentes en la historia y no va a realizarse sin que se produzcan tensiones extremas en los próximos años.
Melilla experimentó en 2003 un mayor porcentaje de niños nacidos de madre inmigrante (el ¡50%!), mientras que Ceuta tenía un porcentaje menor (con el 27,45%). Baleares, Madrid, Murcia, La Rioja y Catalunya, superan la barrera del 15% de nacimientos de extranjeros.

En marzo de 2005, se supo que la población de la capital de España crecía debido sólo a los inmigrantes. Mientras que el año 2004, 25.139 españoles abandonaron la capital, la merma fue compensada ampliamente con la llegada a la ciudad de 48.692 extranjeros.

Mientras que en enero de 2000, solamente un 3’5% de la población madrileña era de origen extranjero, cinco años después, ese porcentaje había pasado al 15%, esto es 481.162 personas. El distrito de Centro de la capital es el que más porcentaje de inmigrantes tiene: 29 de cada 100 vecinos han nacido fuera de España y de ellos 2.987 son marroquíes. En toda la comunidad había a principios de 2005, 765.884 extranjeros empadronados (un 12,7% de la población), pero es posible que, en el momento de escribir estas líneas, entre los recién llegados y los no empadronados se esté rondando el millón de extranjeros. Parla y Alcalá de Henares tenían, respectivamente, el 18% y el 16% de presencia inmigrante. Con cifras así, la integración es prácticamente imposible. ¿Para qué integrarse si la propia comunidad ofrece todos los servicios y cubre cualquier necesidad? El propio ministro Caldera dijo: «Creo que lo razonable es tener inmigrantes por un 8 a 10% de la población total (…) Esta cifra tiene en cuenta las posibilidades de integración y de funcionamiento de nuestro sistema». En realidad, estudios sociológicos de principios de los años 90 establecen que una población alógena de más de un 5% corre el peligro de generar focos de conflicto y aislarse en guetos. 

El 18 de mayo de 2004, nacía en el Hospital General de Alicante, un bebé hijo de padres marroquíes. Nada más nacer, su padre, Mohamed, le recitó la oración completa: «Que Dios es grande, único, que Mahoma es su profeta...», cumpliendo la tradición coránica que prescribe que esas son las primeras palabras que debe escuchar todo musulmán al nacer. A lo largo de 2004, el número de niños hijos de extranjeros inscritos en el Registro Civil de Alicante ha superado al de los hijos de españoles. Era la primera vez que ocurría en nuestro país desde los tiempos de la Reconquista. No se trataba de una sorpresa, los funcionarios del Registro Civil de Alicante advirtieron el fenómeno en agosto de 2003: «Las colas para apuntar a los niños parecían más las de la oficina de Extranjería que las del Registro Civil», explicó el secretario del registro.

En los hospitales de Alicante se han debido asumir las tradiciones de parto propias de las distintas latitudes. Las magrebíes paren con la cabeza cubierta con un velo o un pañuelo. Tal como explicó Mohamed, el afortunado padre, «una mujer sólo puede descubrirse delante de su familia».
 

Cuando las proyecciones demográficas son erróneas

La demografía no es una ciencia exacta. En 2002 se calculaba, con todo rigor y seriedad, que hasta el 2025 no se alcanzaría la cifra de 2.250.000 inmigrantes. De hecho, en aquella época, el gobierno de turno, falseaba las cifras, o al menos, las rebajaba para evitar la aparición de tensiones sociales. En aquella época, los inmigrantes ya superaban esa cifra. A lo largo de 2006, se habrá llegado a la cifra de 5.000.000, que los demógrafos veían imposible de superar…

Lo más sorprendente es que, incluso en 2003, cuando se daba la cifra de un 6% de inmigrantes (estimación falseada, por cierto) los cotizantes extranjeros a la Seguridad Social eran mucho menos y los nacidos en España suponían mucho más de ese porcentaje. Por entonces se decía que, gracias a los inmigrantes el Estado iba a poder pagar las pensiones de «nuestros abuelos». Pero hoy, con la experiencia acumulada en el último lustro, sabemos que la inmigración cuesta más al país receptor y solamente es un negocio para las patronales de algunos sectores. La inmigración absorbe más gastos (en educación, en seguridad social, en prisiones, en justicia, en recursos sociales, etc.), de los beneficios que depara. En abril de 2004 había 16.998.997 de afiliados a la seguridad social, y sólo 822.118 eran inmigrantes, apenas el 4,83%. En la Comunidad de Madrid el 60% de los detenidos por agresiones sexuales son extranjeros y el 40% de las victimas también son extranjeras. El noviembre de 2004, 59 mujeres habían sido asesinadas ese año. Sin embargo, los españoles podemos sentirnos orgullosos: España figuraba como uno de los países con menor violencia doméstica de toda la UE. Lamentablemente, el 30% de esa cifra, está protagonizado por inmigrantes. Es decir, tres veces superior a la que sería normal entre españoles.

Otra proyección demográfica que se demostrará no menos falsa en los próximos años, indica que en el 2015, el 27% de la población de España será extranjera. Dada la velocidad de crecimiento de la inmigración y las correcciones que se han debido introducir en las proyecciones estadísticas, lo más probable es que hacia el 2011, un tercio de la población española ya sea inmigrante. Dadas las dificultades de integración evidenciadas a lo largo de 2005 en países considerados modélicos en políticas de integración (Francia y Holanda), es inevitable que en España estemos ante la antesala de grandes tensiones sociales. Y a la clase política –que ha generado este problema– no a nosotros, corresponde explicar como piensa resolver el conflicto.


Matrimonios de conveniencia

Las uniones entre extranjeros y españoles han aumentado casi un 30 % en apenas un año. Qué bonito es el amor. Lamentablemente una parte importante de este porcentaje corresponde a matrimonios de conveniencia.

Con todo, las uniones mixtas, entre nacionales y extranjeros, es una realidad en auge en España. En 2001 fueron 14.094 y al año siguiente habían llegado a 17.841. Los marroquíes pagan entre 3.000 y 6.000 euros por los matrimonios de conveniencia. En Ceuta es una práctica frecuente ya que una parte de la población de origen musulmán tiene la nacionalidad española y realiza matrimonios de conveniencia con sus familiares y amigos marroquíes.

En 1997 la UE instó a los países miembros a que persiguieran la escalada de matrimonios de conveniencia. En España, las medidas adoptadas se redujeron al envío de una circular al personal de los registros civiles para que en los expedientes que tienen que formular los futuros cónyuges traten de ver alguna señal de ficción; en ese caso, deben informar para abrirse el proceso de anulación consiguiente. En 2003, un total de 226 casos fueron llevados a juicio, el 1,2% de las cerca de 20.000 bodas mixtas que se celebraron en nuestro país. Hoy se estima que la cifra de matrimonios de conveniencia debe estar en torno al 10% de los formalizados en España con un cónyuge extranjero. Pero había otras cifras que habían crecido desmesuradamente e indicaban la aparición de patologías sociales llegadas con la inmigración.
 

El paisaje de las cárceles ha cambiado

En noviembre de 2004, seis de cada diez reclusos de las cárceles españolas son ya extranjeros. Las cárceles españolas albergaban en ese momento a más de 59.000 presos, un 5,5% más que el año anterior. En cuatro años, los encarcelados extranjeros se incrementaron un 110%.

Pero hay que realizar una precisión en torno a estas cifras. Si en lugar de hacer referencia al número de presos encarcelados, aludimos al número de delitos cometidos, se verá que las cifras aumentan espectacularmente. Si existen estadísticas, están bien escondidas. Sin embargo, no hay nada más que visitar cualquier juzgado de guardia a la hora del traslado de presos. No todos los detenidos son enviados a la cárcel. En particular, los pequeños delitos, hurtos, robos sin violencia, peleas tumultuarias, son protagonizados por inmigrantes, pero no tienen como consecuencia el ingreso en prisión. Un funcionario del juzgado de guardia de Valencia nos indicó en diciembre de 2003, que algunos días el número de inmigrantes trasladados de las distintas comisarías, ante ese juzgado, podía llegar hasta el 85% del total, pero sólo una mínima parte, pasaban a la cárcel. Así pues, aunque, de por sí, las cifras de inmigrantes presos, son inusualmente altas (especialmente las de algunas comunidades, magrebíes, por ejemplo), distan mucho de reflejar el problema real, esto es, el aumento de la delincuencia y de la inseguridad ciudadana. Hace falta realizar una precisión: la inmensa mayoría de inmigrantes que residen en España han venido aquí para trabajar y mejorar su vida y son respetuosos con la ley; lo cual no es óbice para recordar también que la inmensa mayoría de delincuentes que llegan a los juzgados de guardia, son inmigrantes.

Los marroquíes, 4.625, representan el 30 % de la población penal extranjera. Los argelinos, por su parte, aportaban en 2004, 1.182 presos. La cifra de incremento de estos internos se ha disparado al 110% en cuatro años.

Desde 1999, la población reclusa extranjera en las prisiones españolas ha pasado de 7.900 internos a 16.626. En ese mismo tiempo, mientras los reclusos nacionales sólo se han incrementado un 17,91% (de 36.297 a 42.799), los de fuera de España se han disparado al 110,45%.

Los magrebíes suponen un 38% de los extranjeros que vienen a España y los subsaharianos el 25%. Uno de cada tres inmigrantes residentes en España son magrebíes o ecuatorianos, sin embargo, mientras estos últimos no tienen una tasa de delincuencia anómala, los magrebies eran la comunidad con más población carcelaria con un total de 5.399, el 10% de la población penitenciaria. 

El aumento de la inmigración ha modificado la opinión que tienen de ella de los españoles. Si en 1996, apenas un 18% consideraba excesivo el número de inmigrantes, en 2003 esta cifra había aumentado hasta el 54%; tal era una de las cifras más significativas contenidas en un estudio de la Fundación de las Cajas de Ahorro.

En dicho estudio se destacaba también que en el año 2003, un 85% consideraba que sólo se debería permitir la entrada a los inmigrantes con un contrato de trabajo. Otro dato del informe indicaba que el 74% de españoles se manifestaba dispuesto a que sus hijos compartieran aulas y compitieran por sus plazas con los inmigrantes.

El 58% de los encuestados consideraba la inmigración como un factor que influye en el aumento de la inseguridad ciudadana: en Madrid y Barcelona, un 43% de los encuestados manifestaron tener sensación de inseguridad. El 58% de la población no puede estar ciega a la realidad social. Los últimos gobiernos, en cambio, si han dado la espalda a la realidad. Como cuando en julio de 2002, Aznar negaba que hubiera aumentado la inseguridad ciudadana y en septiembre de ese año, se vio obligado a tomar medidas para reforzar la lucha contra la delincuencia. O cuando Zapatero aprobaba la ley contra la violencia doméstica, ignorando que uno de cada tres casos (el 33%) estaba protagonizado por inmigrantes. Si el gobierno hubiera querido reducir la violencia doméstica un 33%, habría bastado con incluir un pequeño artículo que estableciera la expulsión inmediata de nuestro país a cualquier inmigrante que golpeara a su pareja. Esto, unido a las denuncias falsas contra el cónyuge para mejorar la posición ante las sentencias de divorcio, hace que esta lacra tenga unos índices similares en España, en relación a otros países europeos. No, similares no, inferiores. La ley contra la violencia doméstica, ha igualado a los españoles a otras culturas cuya tradición antropológica no ahorra desprecio, violencia y agresividad contra la mujer. El índice de violencia doméstica entre españoles es inevitable y no descenderá por ley alguna: es el que corresponde a la tasa de psicópatas, sádicos, ancianos con enfermedades degenerativas, etc., inevitable en toda sociedad. Una ley demagógica, no es nunca una ley eficaz. Sobre todo si su articulado da la espalda a la realidad social y a los focos de origen de esa violencia.
 

Marruecos depende de la inmigración

Marruecos es un país absolutamente dependiente de los envíos económicos realizados por sus inmigrantes en el extranjero. Marruecos pasó de recibir en 1990, 16.573 millones de dirhams en distintas divisas procedentes de sus inmigrantes en la UE, a 36.858 millones de dirhams en 2001. En la actualidad está en torno a 40.000 millones. El Estado marroquí sería inviable sin estos envíos procedentes de sus tres millones de ciudadanos que han debido emprender el camino de la inmigración.

Los marroquíes residentes en España, enviaron a su país una cantidad no inferior a 300 millones de euros a lo largo del año 2003. Esta cantidad supone la primera fuente de divisas del reino alauíta y supera a las inversiones extranjeras y a los ingresos por turismo. De no existir estas remesas la tasa de pobreza en Marruecos aumentaría cuatro puntos.

En 1985 estas remesas suponían el 3,81% del PIB marroquí, pero cinco años después habían aumentado hasta el 4,24% y alcanzado la cifra de 1.336 millones de dólares; realmente poco, porque en 2001 alcanzaron el 9%. En esos seis años, el PIB marroquí se había multiplicado por tres. Aparentemente, eso debería de haber limitado las salidas de marroquíes hacia el extranjero. Sin embargo, lo que ocurría era todo lo contrario y los envíos de la inmigración marroquí en Europa se habían multiplicado por siete. A medida que crece la economía marroquí, crece también, a mucha más velocidad, la inmigración (y, consiguientemente, las remesas de euros remitidas a Marruecos). Para entender este fenómeno es preciso tener en cuenta las características de la sociedad marroquí en donde las desigualdades de renta son extremas. Cada vez existe una mayor acumulación de riqueza en menos manos (lo que explica el aumento del PIB; aumenta, peno no se distribuye) y quienes no tienen perspectivas de mejora en su tierra, se ven forzados a emprender el camino de la inmigración.

*     *     *

En 2002 se calculaba que existían cuatrocientos mil musulmanes en España. Si tenemos en cuenta que, además de magrebíes, las comunidades subsaharianas procedentes de países islámicos y los pakistaníes, han experimentado un gran crecimiento, en estos momentos, el Islam español contará en torno al millón de fieles. Después del catolicismo, es la segunda comunidad religiosa de nuestro país; la mayor parte de sus fieles son inmigrantes. «España no es un país cualquiera para el Islam, ocho siglos de presencia musulmana fueron muy importantes, no sólo para nuestra civilización sino para la historia de la humanidad. Filósofos como Averroes o científicos como los de la escuela de Toledo contribuyeron al avance de la humanidad. La convivencia de las tres religiones durante años es algo que se recuerda», explicó Mohamed Elafifi, portavoz de la mezquita madrileña. Cerca de allí se encontró el vídeo de reivindicación de los atentados del 11–M.

Los problemas irresolubles del Marruecos de Mohamed VI

Los problemas irresolubles del Marruecos de Mohamed VI

Redacción.- Marruecos es un país abocado a vivir un largo proceso de desestabilización interior y a desestabilizar a los países vecinos. La situación de Marruecos es tal que Mohamed VI, con toda seguridad, volverá a utilizar, como ya hizo su padre hace 30 años, la fuga hacia aventuras exteriores, para cubrir el desencanto y la miseria interior. En el fondo, a pesar de la imagen que Mohamed VI vende de sí mismo, la realidad es que el Estado marroquí y la sociedad que encuadra, está en crisis. Esta crisis será, más o menos larga, pero, finalmente el desplome interior es la única espectativa de la monarquía alauíta.

 

A pesar de la tendencia del régimen marroquí a victimizarse y de la imagen de modernidad que pretende dar en el extranjero, la triste realidad es que afronta cuatro carencias que ni el rey ni el majzén, reconocen ni mucho menos toman en consideración. Estas carencias son:

- Carácter autocrático del régimen, con ausencia de un plan de reformas capaz de inaugurar un período de libertades democráticas y un sistema verdaderamente representativo. Urge una reforma constitucional en profundidad y limitar los poderes del rey y la influencia del majzén. Esta reforma debe salvaguardar las libertades públicas y, en especial, la libertad de expresión y de prensa.

- Conflictos exteriores con absolutamente todos los países vecinos, no sólo con España, sino también con sus vecinos del Magreb. Esto hace que la UMA (Unión del Magreb Árabe) esté bloqueada ad infinitud por problemas internos, generados indefectiblemente por Marruecos. Estos conflictos, además, tienen como fondo el absoluto desprecio de Marruecos por cualquier acuerdo o tratado firmado con otro Estado, incluido con España.

. Esto hace que la UMA (Unión del Magreb Árabe) esté bloqueada ad infinitud por problemas internos, generados indefectiblemente por Marruecos. Estos conflictos, además, tienen como fondo el absoluto desprecio de Marruecos por cualquier acuerdo o tratado firmado con otro Estado, incluido con España.

- Carencias en el respeto a los derechos humanos, especialmente en los momentos en los que se han producido atentados o tensiones interiores. Tras los atentados de Casablanca, la oleada de detenciones excedió con mucho a los círculos de sospechosos. Por otra parte, es seguro que los servicios secretos han infiltrado y manipulado a distinto grupos radicales y los han utilizado en tareas provocadoras que generan represión contra el islamismo moderado.

. Tras los atentados de Casablanca, la oleada de detenciones excedió con mucho a los círculos de sospechosos. Por otra parte, es seguro que los servicios secretos han infiltrado y manipulado a distinto grupos radicales y los han utilizado en tareas provocadoras que generan represión contra el islamismo moderado.

- Absoluto desconocimiento del problema social que vive el país y ejercicio de la tarea de gobierno de espaldas a los intereses de la mayor parte de la población, sirviendo sólo a los intereses oligárquicos del majzén. La absoluta miseria que reina en la periferia de las grandes ciudades y el desmigajamiento de la escuálida clase media, es todavía más escandalosa cuando se incuba junto a los monumentos al lujo y al despilfarro. Pobreza y corrupción hacen que todos los esfuerzos para detener al islamismo político se salden con el fracaso.

. La absoluta miseria que reina en la periferia de las grandes ciudades y el desmigajamiento de la escuálida clase media, es todavía más escandalosa cuando se incuba junto a los monumentos al lujo y al despilfarro. Pobreza y corrupción hacen que todos los esfuerzos para detener al islamismo político se salden con el fracaso.

. La absoluta miseria que reina en la periferia de las grandes ciudades y el desmigajamiento de la escuálida clase media, es todavía más escandalosa cuando se incuba junto a los monumentos al lujo y al despilfarro. Pobreza y corrupción hacen que todos los esfuerzos para detener al islamismo político se salden con el fracaso.

La resultante de todos estos vectores es la inestabilidad permanente que genera Marruecos, tanto en sus relaciones con otros países, como en su situación interior. Y hoy no existe ni un solo elemento en el horizonte que permita pensar que ninguno de estas carencias pueda ser resuelta a corto plazo. Todo induce a pensar que la inestabilidad interior de Marruecos irá creciendo en los próximos años. Lo más probable es que Mohamed VI siga la misma técnica que su padre: cuando se adivina un problema interior de gravedad, se genera un problema exterior capaz de ser utilizado como galvanizador de la opinión pública y situarla en torno al régimen. Se hizo con la Marcha Verde, se ha vuelto a hacer avivando los resentimientos atávicos frente a Argelia, y se volverá a hacer cuando sea necesario. A nadie se le escapa la posibilidad de que Mohamed VI, acorralado por el deterioro creciente de la situación social de su país, movilice energías populares en torno al tema de Ceuta y Melilla. Cuando llegue ese momento –y que a nadie le quepa la menor duda de que va a llegar- de nada va a servir la teoría del "colchón de intereses", según la cual el trenzado de una red de intereses económicos y comerciales recíprocos, amortiguaría cualquier tensión con nuestro país. Empresas como Gas Natural entrarían en una situación dificilísima si por una decisión inesperada, tan habitual en el régimen marroquí, cortara el gaseoducto que conduce el gas argelino hasta España.

Nadie que pormenorice el análisis sobre la realidad del régimen marroquí puede dudar que supone el principal factor de desestabilización en el Mediterráneo Occidental.

Zapatero, o la peor de todas las políticas posibles

Rodríguez Zapatero, en el curso de su viaje a Rabat el 17 de noviembre de 2005, realizó dos afirmaciones absolutamente lamentables: elogiar a la democracia marroquí y proponer la entrada de Marruecos en la UE… Resulta difícil encontrar en todo la historia reciente de España frases henchidas de una ligereza y una irresponsabilidad semejantes; porque Marruecos es cualquier cosa antes que una democracia y porque Marruecos, no solamente, no es Europa, sino que Europa debe protegerse y contener todo lo que llega de Marruecos.

La "aproximación" de posiciones en la cuestión del Sahara, operada por Zapatero, rompiendo la tradicional posición española de respeto a las decisiones de NNUU, supone la enésima muestra de irresponsabilidad: apoyando la posición marroquí, España perderá uno de los pocos instrumentos que posee a su alcance para evitar que las ambiciones marroquíes den un paso al frente. Y no hemos oído a Zapatero decir en voz bien alta que Ceuta y Melilla son españolas. Es fácil suponer lo que ocurrirá con las reivindicaciones marroquíes sobre estas dos ciudades españolas en cuanto el tema del Sahara se haya resuelto favorablemente a las tesis marroquíes, gracias a la complicidad de Zapatero. Justo, en ese mismo momento, en agradecimiento, Mohamed VI reivindicará Ceuta y Melilla. No antes.

El cambio de posición del gobierno español, aceptando las tesis marroquíes sobre el Sáhara, supone el abandono de la vía del derecho internacional y la aceptación de la política de hechos consumados que derivó de la ocupación de esta exprovincia española por parte de Marruecos. La política de silencio y el aplazamiento sine die del problema de la delimitación de las aguas territoriales, es otro síntoma de debilidad. Si por Zapatero fuera, Ceuta y Melilla ya se habrían entregado a Mohamed VI sin más contrapartida que la "comprensión" de Marruecos al "diálogo de civilizaciones".

Seamos claros: Marruecos está gobernado por una monarquía corrupta, autocrática y medieval en la que, como dijo Alí Lmrabet, el periodista marroquí permanentemente represaliado, el rey es el receptáculo de todos los poderes, una síntesis de Juan Carlos I, más el presidente de la Conferencia Episcopal, más el jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor y presidente del Tribunal Supremo y más media docena de cargos ministeriales. Alguno se empeña en unir a todas estas atribuciones otras menos respetables. Sea como fuere, y sin cargar las tintas, nadie puede negar que Marruecos, hoy, es el paraíso de la corrupción y que resulta complicado hacer negocios e invertir –incluso viajar como turista- en un país que vive de la corruptela generalizada. El rey y su entorno palaciego siguen ostentando un poder absoluto y sin cortapisas. Menudo régimen al que elogiar.

No es raro que, a la falta de libertades democráticas, al sistema de gobierno premedieval en el que el rey es también el jefe religioso de la tribu, se una la más espantosa inoperancia en la gestión del gobierno. El empobrecimiento de la sociedad marroquí, la creación asindótica de cinturones de miseria, el abandono del campo, el analfabetismo, la falta de perspectivas de la población, culminan, como hemos demostrado, en dos fenómenos que, en el momento de escribir estas líneas son el cáncer de la sociedad marroquí y de sus vecinos: el fundamentalismo islámico y la inmigración ilegal y masiva hacia España como única forma de progreso social.

¿Es posible ser optimista ante este panorama? En absoluto. Por eso, es extremadamente necesario que la UE modifique su política ante Marruecos. Ser, en principio, más exigente en lo que se refiere a reformas políticas y libertades públicas. Y, por supuesto, exigir como contrapartida para la recepción de cualquier ayuda, una lucha despiadada contra la corrupción, especialmente contra la que está enquistada en el majzén. Es evidente que esa ayuda, para ser eficaz, debe estar supervisada y gestionada por quien la otorga. Las buenas palabras, las promesas mil veces repetidas, ya no sirven. Dinero enviado a Marruecos para luchar contra el narcotráfico, la corrupción o la inmigración ilegal, es dinero tirado. Ciertamente, sólo el desarrollo económico cercenará al islamismo radical y el impulso migratorio de los marroquíes, pero ese desarrollo solamente puede partir de una modificación de las condiciones político-sociales y de la lucha contra la corrupción generalizada; es decir, de una reforma de arriba abajo del régimen marroquí, empezando por el concepto teocrático del poder real. El régimen marroquí, para ser aceptable por las democracias occidentales, debería comprometerse a realizar profundas reformas económico-sociales -por no hablar de las políticas- en lugar de utilizar fórmulas de chantaje para obtener las ayudas que busca. Son ayudas a "Marruecos", esto es, a un país y a un pueblo; no ayudas al monarca y a su entorno.

En este sentido, todo lo que no sea reconocer que el islamismo es la primera fuerza político-social en Marruecos, supone un error y la fuente de futuros conflictos. El islamismo se ha impuesto en los fértiles terrenos abonados por la corrupción, la ineficacia en la gestión de gobierno y la miseria generados por la monarquía alauí. En los próximos años, por muchas que sean las provocaciones, las maniobras de intoxicación y criminalización del islamismo marroquí, todo induce a pensar que seguirá ganando fuerza. A fuerza de "dialogar" con Mohamed VI, nos olvidamos de que su trono está asentado sobre bases extremadamente movedizas y, en cualquier momento, puede desplomarse. Europa debe entender que si el islamismo es la opción que avanza imparable en el Magreb, va a ser con él con quien nos tengamos que entender a la vuelta de pocos años. Es más probable que en no más de tres lustros, el majzén haya trasladado masivamente su residencia a Marbella o a Nueva York, tras un vuelco previsible en la política marroquí; entonces, allí estarán los movimientos islamistas que aspiran a aplicar políticas de crecimiento económico, justicia social y reparto de la riqueza. Algo huele a podrido en Marruecos y, definitivamente, no estoy en condiciones de afirmar si es a causa de la corrupción o es la propia administración marroquí la que exhala ese tufo fétido propio del cadáver en descomposición. Aceptemos los hechos, nos gusten o no: el islamismo es la primera fuerza político-social del Magreb y su crecimiento se ha operado como reacción a la falta de democracia y a la corrupción gubernamental. Está claro que el Islam es lo contrario de Europa. Es más viable cooperar con quien, de partida, se sabe que encarna la idea y la tradición contraria a la propia, que con quien practica el doble lenguaje: Mohamed VI, como antes Hassán II, son maestros en este arte. Nunca será posible llegar a puntos de claridad con ellos. Franco lo logró en sus últimos días de lucidez, cuando ordenó a la Legión que colocara tres filas de minas para contener a la Marcha Verde o cuando envió a la flota ante el puerto de Tánger al poco de iniciarse la crisis de Ifni. Probablemente, la monarquía alauíta sea éste el único lenguaje que entiende. El otro, ingresar dinero a cambio de la promesa de resolver la cuestión de la droga o de los inmigrantes, ya se ha demostrado inútil. Para bien o para mal, cuando un islamista afirma que aspira a aplicar la sharia, todos sabemos lo que quiere decir: la ley coránica convertida en norma de Estado. Bien, no es la vía europea. Pero al menos es una vía hecha de claridad y ante la que nadie se llama a engaño. Esta claridad no está presente cuando Mohamed VI mendiga en Occidente favores, ayudas, subvenciones y ventajas, a cambio de nada, o cuando firma tratados que no tiene la más mínima intención en respetar.

Insisto: antes o después, nos vamos a tener que entender con los islamistas magrebíes, así que mejor vayámonos haciendo a la idea de que solamente hay que exigirles una condición: que abandonen toda pretensión de actuar o influir sobre la sagrada tierra de Europa. Podemos ser vecinos con intereses diferentes y llevar una vía de coexistencia pacífica. Lo que no podemos es seguir engañándonos: la monarquía alauíta y el régimen de corrupción y falta de libertades públicas al que ha dado lugar, es una cáscara podrida, carente apoyos populares y sostenido solamente por una red de intereses espúreos, sobre la miseria de la mayoría de población. Un estadista europeo no puede pactar con un gobierno así. Europa no puede ser cómplice en el mantenimiento de las injusticias en el Magreb. Insisto: mejor irnos haciendo a la idea de que, mientras los islamistas no tengan la vista puesta en este lado del Estrecho, al menos ellos representan el sentir mayoritario de la población magrebí.

El hecho de que los EEUU hayan trenzado una alianza estratégica con Marruecos es, hasta cierto punto, una buena noticia para Europa. Marca la diferencia: África empieza al sur de Gibraltar. Los EEUU, deberían de tener algo más de memoria histórica y reconocer que pactar y sostener a gobiernos corruptos, entenderse con sátrapas de la peor especie, no les ha llevado más que a complicaciones futuras. Con Marruecos no va a ser de otra manera. EEUU ha hecho del meterse en avisperos una especialidad de su política exterior. España y la UE deben mirar hacia otros lugares a la hora de buscar recursos energéticos. No hacia el Sur, sino hacia el Este. Incluida España. A Rusia, por ejemplo.

El gas ruso llega hasta el Pirineo. Viene de lejos, pero su suministro es hoy mucho más seguro que el gas argelino y marroquí, por mucho que le pese a Gas Natural, a Repsol y a La Caixa. Por otra parte, Rusia es Europa. Geopolíticamente deberíamos hablar de "Euro-Siberia" como nuevo concepto a desarrollar en la política internacional de la UE y abandonar, de una vez por todas, las veleidades de "diálogos de civilizaciones".

Si EEUU quiere ser la potencia decisiva en Marruecos, que lo sea, a condición de que se coma los problemas en aluvión que vendrán en los años venideros y asuma la tarea de apuntalamiento del régimen que será necesaria a la vuelta de pocos años. España, y por extensión la UE, solamente tienen en el momento actual una tarea: contener y conjurar el riesgo que viene del Magreb. Esto es, impedir que las comunidades magrebíes instaladas en Europa se conviertan –como de hecho han demostrado ser en Francia- focos de desestabilización permanente, impedir que las redes terroristas del islamismo magrebí progresen en nuestra tierra, cortar de un hachazo al narcotráfico que viene del sur, contener el fenómeno de la inmigración magrebí y procurar que se invierta la tendencia y que aquellos magrebíes que, por lo que sea –por crisis en el mercado de trabajo o por la "falta de impulso laboral" de la que, como ha reconocido la UE, adolece la inmigración magrebí- no realizan una función productiva en Europa, regresen a su país y dejen de sobrecargar la sanidad, la educación, los fondos de ayuda social, etc. De hecho, lo más probable es que un cambio de régimen en Marruecos generase mejores condiciones de vida para los desfavorecidos y, por tanto, la inmigración dejara de ser la única aspiración de quienes no tienen nada. Pero, mientras sigan las cosas como están y buena parte de la riqueza marroquí sea acaparada por el majzén, la inmigración y el islamismo radicalizado seguirán encontrando un caldo de cultivo apropiado para su desarrollo.

Si hay tres palabras que debe empapar a la política europea –y a la española en particular, al situarnos la geografía en la línea del frente- en relación al Magreb es, realismo, contención y energía. Todo lo que suponga la adopción de políticas de paños calientes, lenguaje diplomático edulcorado, elogios gratuitos a virtudes inexistentes, y políticas de manga ancha, es un error.

El Marruecos de Mohamed VI constituye un riesgo para la seguridad española. Lo viene demostrando desde su independencia. Cuando se percibe un riesgo, se le conjura, se le contiene y se le anula. No se le venden armas ni se le elogia. Todo esto es un inmenso camino de perdición. Pero, hacer entender esto a algunos prohombres del gobierno español es, como decía Mao, intentar que la rana de la charca comprenda la grandeza del océano.

Ernesto Milà. Tánger, 20 de octubre de 2005.

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