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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

La memoria histórica hemipléjica, enésima estupidez de un bobo ilustre

La memoria histórica hemipléjica, enésima estupidez de un bobo ilustre

InfokrisisLa historia nunca perdonará a José Luís Rodríguez Zapatero y a sus aliados políticos el haber cubierto su incapacidad intrínseca para el ejercicio del poder creando señuelos y ejecutando maniobras de diversión como ésta. La Ley de Memoria Histórica no es sino un nuevo aborto legislativo que merece muy poca atención. Los argumentos en contra de esta ley son muchos y multiformes, los hemos resumido para los amigos de infokrisis.

Argumentos en contra de la ley de memoria histórica:

1)   Era innecesaria: desde 1979 los militares republicanos ya había obtenido compensaciones, tanto ellos como sus huérfanos. En tiempos de UCD ya se establecieron dotaciones presupuestarias para compensar en la medida de lo posible los perjuicios causados a los oficiales de carrera republicanos y a sus huérfanos.

2)   Es inoportuna: nuestro país tiene hoy problemas mucho más graves que afrontar en medio de la crisis económica y social que se avecina. Pensar que un país en el que está a punto de reventar la burbuja inmobiliaria, con 6.000.000 de parados, en pleno proceso de desertización industrial y con un problema de modelo de Estado bien presente, pueda dedicarse ahora a “revisar” la historia, constituye un puro sinsentido.

3)   Es hemipléjica: no considera una “memoria histórica” global, sino que solamente alude a los derechos de los represaliados por el franquismo, callando los excesos y desmanes del otro bando. No se entiende por qué, setenta años después de concluida la guerra, se intenta establecer por ley que un bando era asesino y el otro puro y virginal, cuando absolutamente toda la opinión pública sabe que en aquella guerra se cometieron excesos en ambos bandos y, desde luego, los defensores de la República lo van a tener crudo para evitar que la mirada se vuelva sobre los crímenes cometidos en ese bando.

4)   Es inaplicable: en la medida en que los procesos del franquismo están fallados y se atienen a la legalidad vigente en aquel momento. La revisión de todos los procesos de aquella época es algo tan inútil como innecesario y está carente de efectos jurídicos. De la guerra civil emergió una nueva legalidad en función de la cual se dictaron las sentencias. Las leyes van cambiando con el paso del tiempo y lo que en un momento dado es delictivo, deja de serlo en años siguientes. Resulta imposible declarar en bloque “injustas” las sentencias dictadas después de la guerra, especialmente porque nadie duda de que cierto número de condenados lo fueron por delitos de sangre particularmente odiosos. La revisión, juicio por juicio, es una monstruosidad que solamente contribuiría a paralizar aún más los servicios jurídicos de nuestro país.

5)   Es conflictiva: porque  ni siquiera hay líneas claras sobre los símbolos que deben desaparecer obligatoriamente y porque se corre el riesgo de eliminar símbolos históricos o esculturas de interés arquitectónico. Se tiende a pensar que todos los fusilados, encarcelados o represaliados por el bando franquista lo fueron injustamente, y se olvidan los excesos cometidos por el otro bando, lo que lleva a avivar en unos y en otros el recuerdo de la guerra civil y reactualizarla sólo para intentar compensar la debilidad política de ZP. A nadie se le escapa que el intento de ZP, en su esquematismo de manual, de asimilar franquismo – derecha – PP y de otro lado legalidad republicana – izquierda – PSOE. Ese, como todos los esquematismos es falso y mendaz.

Argumentos políticos:

1)    Esta ley obedece a la necesidad de ZP de compensar su debilidad parlamentaria especialmente en el momento del debate presupuestario y precisar el apoyo de IU que aparece como el partido del “carril bici”, cuando en realidad lo único que ha quedado en el PCE es el residuo de nostálgicos de la guerra civil. Algo así como una falange de la izquierda.

2)    El debate sobre esta ley permite a ZP, además, desviar la atención de otros temas de mucho mayor calado: estamos zambullidos en plena crisis económica, con un riesgo de estallido de la burbuja inmobiliaria para el segundo semestre de 2008 y con un PIB hinchado artificialmente gracias a la inyección de 6.000.000 de consumidores en la economía española que han dado la sensación ficticia de crecimiento. Los “logros” económicos son el único argumento de ZP para seguir gobernando… pero ahora ya es imposible ocultar la realidad de la crisis, así que hay que crear espantajos que centren el debate mediático y desvíen la atención. La ley de memoria es uno de estos espantajos.

Argumentos institucionales:

1)    La “memoria histórica” es algo resuelto desde los consensos constitucionales de 1978 que abrieron la presente etapa en la historia de España.

2)    En 1975, la izquierda no tenía fuerza social suficiente para desencadenar una ruptura democrática y en el franquismo ya existía desde 1972-73 una intención de evolucionar hacia formas, más o menos democráticas, especialmente por la necesidad del incipiente empresariado español a ingresar en el entonces llamado Mercado Común. Para eso era necesaria una democracia formal. Así pues, se alcanzaron los consensos que implicaban:

-        Una tabla rasa, sin vencedores ni vencidos: no se producirían juicios de responsabilidades por la gestión de las autoridades franquistas durante el ejercicio de su cargo y a cambio se ofrecía una amnistía general, incluso para delitos de sangre.

-        Un marco jurídico que en el que la izquierda democrática estuviera en condiciones de gestionar el poder en cuanto las urnas lo decidieran, sin limitaciones. A cambio la izquierda reconocía a la monarquía que instauró Franco y renunciaba a la bandera y a las reivindicaciones republicanas.

-        Se aislaba a la extrema-derecha y a la extrema-izquierda mediante maniobras mediáticas y provocaciones: desde el Caso Scala y Montejurra 76 hasta el 23-F y se impedía a ambos sectores extremos el participar en la nueva situación democrática

-        Se evitaba hurgar en el tema de la guerra civil, eludiéndose volver a debatir las responsabilidades: sobre si hubo más o menos fusilados en Málaga o en Paracuellos y si Carrillo era o no responsable de estos últimos (a cambio se le reconocía su papel fundamental en la reconducción del partido comunista por la vía democrática.

3)    Todo esto se respetó hasta que apareció ZP y la falta absoluta de logros en sus políticas (mucho más que sus estúpidos recuerdos sobre su abuelito y demás), hicieron necesario sacar el tema de la memoria histórica del desván y reactualizarlo.

4)    La historia de España ha dado una marcha atrás de 30 años. La irresponsabilidad de ZP puede generar un efecto dominó sobre nuestro ordenamiento constitucional: si una parte rompe el consenso ¿por qué la otra debería respetarlo? En este tema, mucho más que en las cuestiones puntuales del “proceso de paz”, la “alianza de civilización”, la “regularización masiva”, etc., ZP ha mostrado su absoluta incapacidad para gestionar el poder y su falta completa de visión de Estado y de perspectiva histórica.

Argumentos históricos:

1)    El franquismo y la guerra civil son historia. Ocurrieron hace más de 30 años y eso los sitúa dentro de la historia. Haría falta saber por qué no la “memoria histórica” no abarca los sucesos de Asturias y por qué no se empiezan a investigar los asesinatos políticos cometidos en tiempo de la República, o los hechos de octubre de 1934 en Catalunya y Asturias.

2)    La historia no puede estar permanentemente sometida a revisión por ley. La historia es una ciencia que tiene sus leyes y sus procesos. Stalin ya intentó regular la biología a través de leyes dictadas de espaldas a la lógica científica. La investigación científica y la investigación histórica deben estar siempre abiertas, pero no en absoluto reguladas por ley y mucho menos sometidas a dogmas establecidos por ley.

3)    Las guerras civiles son siempre terribles para un país y dejan heridas que es preciso cicatrizar lo antes posible. Un país no puede estar permanentemente enfrentado por cuestiones históricas. A las autoridades les corresponde que el debate histórico sobre los crímenes de los unos o de los otros discurran por canales científicos, no políticos.

4)    El peor escenario es cuando se resucita toda la cuestión de la guerra civil para establecer un nuevo dogma histórico, a saber: que el bando republicano llevó adelante una guerra limpia y humanitaria y que toda la responsabilidad y los crímenes corresponden a los franquistas. Eso es una memoria histórica “hemipléjica” de consecuencias imprevisibles.

5)    Incluso en las profundidades del franquismo se procuró olvidar y superar la guerra civil. No en vano en el Valle de los Caídos fueron enterrados un 55% de muertos del bando republicano y un 45% de muertos del bando franquista.

Argumentos sobre los símbolos:

1)    Ya durante la guerra civil, grupos anarquistas destrozaron todos los símbolos del yugo y de las flechas que encontraron considerándolos símbolos de la Falange cuando eran símbolos de los reyes católicos.

2)    Resulta absurdo que se exija la retirada de los símbolos de los fusilados católicos de las Iglesias con la  amenaza de retirar subvenciones. A eso se le llama chantaje para ocultar una realidad histórica: la de que hubo crímenes también en la zona republicana. Ahora no podemos entrar en la mezquindad de señalar que bando fue más asesino, y mucho menos de establecerlo por ley. Esto es todavía más grotesco cuando se subvencionan placas de homenaje a los muertos del otro bando.

3)    Sobre el Valle de los Caídos vale la pena resaltar su valor artístico y monumental. Más que por “trabajadores esclavos” fue construido por presos que recibían reducciones notables de sus condenas.  El resultado fue una obra monumental de indudable interés artístico o arquitectónico que está ahí y que no debe ser modificado. Es el testimonio de una época y el hecho de que allí descansen los restos del anterior jefe del Estado no implica que deban ser ni desplazados ni destruidos. Bajo la Cúpula de los Inválidos en París se encuentra el féretro del que probablemente fue el hombre más sanguinario de Europa, Napoleón Bonaparte que incendió en continente desde Cádiz hasta Moscú y desde Prusia hasta Egipto. Nadie ha cuestionado nunca la presencia del cadáver de Bonaparte en Los Inválidos, ni siquiera cuando su recuerdo estaba próximo. El franquismo, para bien o para mal, eso lo establecerán los historiadores, supuso 40 años en la historia de España. Y esos 40 años deben recordarse de alguna manera. Un país no puede tener un vacío histórico, además, hemipléjico. La ley de memoria histórica, condenando al franquismo como si se tratara de un fenómeno político actual, contribuye a establecer ese agujero negro en nuestra historia en el cual no se puede penetrar sino es con una predisposición condenatoria. La historia, como ciencia, exige objetividad.

Aspectos contingentes:

1)     No hay ningún partido –salvo los pequeños grupos falangistas o los herederos de fuerza nueva interesado en reivindicar la memoria del franquismo. Mucho menos España 2000 que mira hacia delante y procura dar solución a los problemas reales de la población.

2)      Ahora bien, es preciso reconocer que en 1936 la República era inviable, especialmente a partir de las sublevaciones de Asturias y Catalunya, protagonizados por los socialistas. Los tiroteos entre unas y otras facciones eran diarios. La inestabilidad política constante y el estancamiento económico del país, unido al atraso que se prolongaba desde el siglo XIX, hacían inviable que pudiera despegar el país en aquellas circunstancias.

3)     Debates de este tipo para ser fructíferos solamente pueden ser desarrollados en el ámbito académico y fuera de los condicionamientos políticos o de las conveniencias temporales.

Todo esto puede sintetizarse en cuatro ideas:

-        La consideración de los 40 años de franquismo y de la guerra civil como parte natural de la historia de España.

-        Juzgar a los gobiernos de hoy por los problemas que son capaces de resolver, no por los que son capaces de rescatar y reactualizar, o generar.

-        Superar de una vez y para siempre la simplificación partidista de un conflicto de las dimensiones de la República, la Guerra Civil y el Franquismo.

-        La condena a quienes pretenden mantener viva la Guerra Civil.

Por todo esto creemos poder decir: ¿Ley de Memoria Histórica? No gracias.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La crisis que se avecina no tendrá precedentes (I de III)

La crisis que se avecina no tendrá precedentes (I de III)

Infokrisis.- Solamente PRISA tiene a gala negar que hayamos entrado en la fase descendente del ciclo económico. Cada vez que ZP intenta sembrar la tranquilidad en los mercados, se produce una nueva caída de bolsa. La impresión general es que esta crisis será como las anteriores, una más de las muchas crisis periódicas que hemos sufrido desde 1973 cuando la cuarta guerra árabe-israelí desencadenó la crisis del petróleo. Pero no será así: esta crisis no tendrá absolutamente nada que ver con las anteriores. En esta primera entrega analizamos los motivos políticos por los que esta crisis será diferente.

I.                   Las condiciones políticas

En 1973 se puso de manifiesto en España que era urgente variar las condiciones políticas. Con Franco envejecido, el propio Carrero Blanco impulsó lo esencial de lo que luego sería la transición española. En este sentido, tantos las fuerzas de la oposición democrática como las del franquismo, coincidían en señalar que la alternativa a la crisis económica era un cambio político para el que existían dos alternativas: o la “ruptura democrática” o la “transición democrática”. La primera no fue posible en la medida en que los que proponían la primera carecieron de fuerza social suficiente como para poderla imponer (a diferencia de lo que ocurrió en Portugal en 23 de abril de 1973). Una vez constatado esto, era evidente que a la oposición democrática no le quedaba más remedio que abandonar la idea de la “ruptura” y pactar una transición con las fuerzas herederas del franquismo.

Lo esencial de aquel período es que la sociedad española afrontaba aquella primera gran crisis de la modernidad, con la esperanza de dos alternativas políticas. Esta situación volvió a repetirse en 1979, cuando la crisis económica volvió a ser preocupante y los niveles de inflación soportados desde 1976 se habían hecho absolutamente insufribles. Si UCD lo “hacía mal”, seguía estando presente una alternativa, el PSOE, la izquierda.

Nuevamente en 1992, al apagarse los fastos de aquel año, nos vimos imbricados en una crisis que se prolongaría en los tres años y medio siguientes. También en esta ocasión seguía existiendo una alternativa. Si el PSOE no había dado la talla y los casos de corrupción solamente ocultaban una falta de previsión absoluta para planificar el futuro, siempre quedaba la opción del PP, es decir, de la derecha-derecha, hasta entonces no ensayada.

Ahora ya no ocurre así: se han agotado las fórmulas políticas. La izquierda ha fallado, huérfana de ideas tan solo tiene ambición de poder en sus dirigentes. La derecha sigue con las ideas de 1996 para un mundo que ha cambiado mucho La única razón de votar a la derecha es odiar a la izquierda. Es una característica de la crisis de toda una clase política el que la gente no vote “a favor de”, sino “en contra de”, que no se vote a un político por sus méritos, sino para alejarse de los errores de otro.

No hay alternativas, porque no hay ideas. Cuando la clase política se ha dedicado tanto a estudiar como puede defender mejor sus propios intereses de casta, difícilmente queda espacio para las ideas, para la planificación del futuro o incluso para la gestión misma del poder. Ahora, cuando sabemos que el reparto de comisiones en Catalunya ¡para la adjudicación de la construcción de viviendas sociales! llegaba hasta el 20% se entiende perfectamente por qué CiU dejó empantanada Catalunya y porqué desde mediados de los 90 aquella tierra no logra levantar cabeza, siendo seguramente la autonomía del Estado en donde más se sentirán los efectos de la presente crisis.

La diferencia esencial entre los dos grandes partidos no es, como se tiene tendencia a pensar, ni el modelo de Estado, ni el tratamiento del tema terrorista, sin las políticas económicas basadas en los subsidios en el caso del PSOE y en la rebaja de impuestos en el caso del PP. Las explicaciones a favor de cada una de las opciones son extremadamente áridas, pero, en general, la posición del PSOE es puramente electoralista y puede mantenerse mientras haya crecimiento económico, mientras que la postura del PP es más ortodoxa desde el punto de vista económico.

Ninguna de las dos grandes fuerzas políticas proponen cambios estructurales en la sociedad, ni siquiera giros radicales en las políticas económicas. La falta de alternativa no solamente se traduce por que todas las alternativas ya han sido ensayadas y todas ellas han terminado decepcionando, sino porque los parches que los partidos mayoritarios proponen no bastarán con corregir los efectos de esta crisis.

Esta será, en definitiva, la primera crisis ante la cual la sociedad española estará huérfana de alternativas políticas.

II. El Sistema político español ha perdido fuerza y credibilidad

Los niveles de corrupción y el descrédito en el que ha caído la totalidad de la clase política, ha generado una ruptura entre la “España oficial” y la “España real”. Lo que se debate en el parlamento nacional y en los pequeños parlamentos autonómicos, así como las declaraciones de los portavoces gubernamentales, tiene muy poco que ver con los intereses de la población. El discurso político está lastrado por las necesidades electorales de los partidos. Las frases de los políticos i expresan “verdades” ni “mentiras”, sino solamente posiciones electorales en las que se trata fundamentalmente de denigrar al adversario político, mucho más que de “vender” las propias posiciones que, por lo demás, son inexistentes o inexplicables.

La otrora “joven democracia española” ha devenido un sistema anquilosado, con un sistema representativo esclerotizado, una clase política hemipléjica y que solo tiene atractivo para los amigos del poder que hacen los grandes negocios a su sombra.

La Ley d’Hont y la estructura del sistema electoral ha ido, desde el principio de la democracia, deformando la voluntad popular para beneficiar eternamente a las dos opciones mayoritarias, eternizándolas en el poder.

Plutocracia (poder del dinero) y partidocracia (poder de las cúpulas de los partidos) son las dos características que han sustituido a la representatividad y a la democracia misma. Si el sistema político español fue democrático en algún momento, ya no lo es. La democracia es algo más que acudir a las urnas una vez cada cuatro años: es aplicar políticas que beneficien a la mayoría y atenúen las desigualdades sociales. Y esta es la perspectiva de la que nos alejamos cada vez más.

Esto es percibido confusamente por la población que, sin embargo, reacciona de manera nítida, situándose de espaldas al sistema político. El aumento de la abstención, el voto nulo y el voto en blanco, indican muy a las claras que sectores cada vez más amplios de la población y en especial, sectores populares, económicamente modestos y la juventud, están de espaldas al sistema político.

Esto no había ocurrido en anteriores crisis en las que los niveles de participación electoral eran normales en las democracias occidentales. La confianza que la ciudadanía tuvo en la clase política, ya se ha evaporado.

Cuando se producen este tipo de pérdidas de confianza pueden ocurrir dos cosas: o la aparición de nuevas alternativas razonables o que sectores enteros de la población caigan en manos de demagogos. Las guerras balcánicas de los años 90 pertenecen a ese género de conflictos artificiales en los que las ambiciones desmesuradas de clases políticas regionales les convierten en peones dóciles de fuerzas políticas internacionales y la población civil termina siendo víctima de los demagogos aventureros y mercenarios a los que ella misma ha encumbrado en momentos de desesperación.

III. El consenso constitucional roto: la constitución desahuciada

En su permanente necesidad de contar con apoyos parlamentarios, el gobierno surgido de las bombas del 11-M y del vuelco electoral consiguiente, ZP debió de realizar concesiones a las fuerzas políticas susceptibles de apoyarle.

Izquierda Unida se conformó con apenas unas migajas que, por lo demás, convenían a ZP. Toda esa zarandaja de la “memoria histórica” fue utilizada por ZP no solamente para desviar la atención sobre los aspectos más negligentes de su política, sino para contentar a las menguadas bases electorales de IU, esos  últimos mohicanos del republicanismo rancia y apolillado, cerriles votantes de una izquierda que ya ni siquiera es seguida por la clase obrera, sino solamente por unos pocos miles de hemipléjicos mentales que capaces de ver en el bando de republicano todas las virtudes y en el franquista a su reflejo invertido.  Ese electorado bastan unas migajas para contentarlo.

Más difícil, desde luego, ha sido con los nacionalistas. Las ambiciones de estos son mucho más “reales” y presentes. El nacionalismo siempre exige más y más hasta el total desenganche de la “autonomía” que, convertida primero en “nacionalidad” y luego en “nación”, requiere, como toda nación, un Estado propio. Un nacionalista siempre será capaz de amenazar con el “desenganche” si no se satisfacen sus exigencias y estas siempre constituyen una permanente elevación del techo de autogobierno a cambio de votar tal o cual ley en el parlamento.

Su política de alianzas era tan arriesgada que ZP ha tenido que ceder a un partido minúsculo, ERC, dirigido por un alucinado iracundo y una banda de desaprensivos y demagogos sin capacidad, preparación, ni inteligencia política. Haber pactado el Estatut con ERC primero, con CiU después, haber permitido que tras las elecciones de noviembre de 2006 en Catalunya, Montilla traicionara los pactos CiU-ZP y volviera a formar gobierno con ERC, sólo para ser presidente de la Generalitat y para evitar el “abrazo del oso” de CiU, ha llevado a una falta completa de credibilidad del PSOE en materia autonómica: y así es percibida tanto por los nacionalistas como por los estatalistas.

Para colmo, el pacto con el BNG que, periódicamente, desliza propuestas chuscas sino grotescas y el intento del proceso de paz con ETA que, en el fondo, suponía una rectificación de las alianzas en Euskal Herria, optando el PSC por un pacto “de izquierdas” con HB, para revalidar el enfrentamiento con la derecha representada por el PNV y el PP y la revisión al alza de otros estatutos, sin antes haber definido un nuevo marco constitucional, han supuesto un verdadero menoscabo y una erosión continua para el PSOE.

Ahora bien: en teoría, la unidad del Estado está garantizado por la Corona de la misma manera que el mito de la izquierda es la República. El gobierno no puede reaccionar con exceso de celo ante la ofensiva de los pequeños grupos nacionalistas, independentistas y republicanos… simplemente porque su política de alianzas es recogida solamente por estos grupos.

Y este es el problema: la monarquía garantiza la unidad del Estado y es el único elemento que remite a los consensos de la transición: la derecha acepta desmantelar el franquismo pero exige que no se producta una ruptura democrática y se acepte a la monarquía que quiso Franco. La izquierda, en cambio, renunciaba a su republicanismo, aceptaba la bandera nacional, a cambio de un ordenamiento constitucional que le garantizara al menos un 50% de posibilidades del ejercicio del poder. Ambas partes garantizaban aislar a los extremistas de derechas (y así se hizo entre los sucesos de Montejurra-76 y el 23-F de 1981) y de izquierdas (a partir del Caso Scala y con las acciones terroristas del GRAPO), no facilitar el acoplamiento de fuerzas políticas de nuevo cuño y hacer tabla rasa del pasado: ni habría juicios de responsabilidad para los funcionarios del franquismo, ni se extinguirían las penas para los terroristas con delitos de sangre cometidos entre 1969 y 1976, lo que llevaba a una amnistía general.

Pues bien, ese consenso se rompió a causa de las necesidades de ZP de obtener apoyos electorales. Muchos de los partidos que aceptaron esos pactos se han transformado: el PCE ya no existe, se ha transformado en el carril bici de IU, ERC es un partido de gobierno en Catalunya, cuando nunca logró levantar la cabeza desde 1977 e incluso cuando hoy sus dimensiones son reducidísimas. Por su parte, el PSOE ha visto como la generación de Felipe González, suficientemente cebada por 13 años de ejercicio del poder central, ha cedido su plaza a una nueva generación que llega con hambre atrasada y sin conocimientos de lo que fue la transición. De hecho, la mayoría de dirigentes del PSOE actual llevan en el partido menos de treinta años y desconocen las circunstancias en las que se firmaron los pactos de la transición.

El gran riesgo de la situación actual es precisamente este: las necesidades parlamentarias del PSOE –que se prolongarán en la medida en que carece completamente de posibilidades de mejorar su situación en las próximas elecciones y lo que se dirime no es si obtendrá o no mayoría absoluta, sino si será o no el partido más votado- implican relativizar el valor de la Constitución, relativizar la importancia de los ataques a la monarquía, tratar como un “resfriado” cualquier proceso centrifugar del Estado y, a la postre, romper los consensos constitucionales que a ZP le importan mucho menos que lograr mantenerse otros cuatro años en el poder.

En estas circunstancias la constitución está desahuciada y no sobrevivirá una nueva mayoría relativa del PSOE.

*        *         *

Sobre este trasfondo de crisis político, se desarrollará la próxima crisis económica. La crisis política fragilizará al Estado, mientras la crisis económica fragilizará la sociedad. Esto situará a nuestro país, ante el riesgo de una desintegración irremediable ante la cual la unidad del Estado y de la Nación será tan importante de presentar como la coherencia de la misma sociedad española.

© Ernesto Milà – infokrisis@yahoo.es

12 de Octubre: día de la Hispanidad. Balance global.

12 de Octubre: día de la Hispanidad. Balance global.

Infokrisis.- Durante los días previos al 12-O el debate político español estuvo centrado en el vídeo seudo-institucional colgado por Rajoy en Youtube, asumiendo el patriotismo como el eje central del discurso político del PP. Todos los sucesos que ocurrieron el día 12 merecen ser examinados en clave política. Esto es lo que vamos a hacer en las líneas que siguen que han intentado ser todo lo sintéticas que requiere la ocasión.

 1.     Rajoy: gol a ZP

ZP está preso en primer lugar de sus tópicos progresistas y globalizadotes para los que la “nación” es algo relativo, y luego su minoría parlamentaria (que en el mejor de los casos proseguirá en la próxima legislatura) no sólo en la gobernabilidad del Estado sino en la de buena parte de regiones en las que gobierna, que le obliga a entregarse a los apetitos nacionalistas.

El lastre inolvidable que supuso la negociación del Estatuto Catalán, el malhadado “proceso de paz” y el relativismo del que suele hacer gala ZP le van a suponer su principal dificultad para movilizar al electorado centrista-españolista en las próximas elecciones. De ahí que en los últimos meses se haya abierto la campaña publicitaria “Gobierno de España”, poco, realmente poco, para olvidar todo lo que ha caído hasta ahora y para contrapesar una evidente falta de patriotismo e incluso de “convicción nacional”.

En este contexto, a partir de marzo, Rajoy entendió que uno de los elementos sociológicos que tenía que cuidar era al elemento patriótico. Desde Fraga, la política del PP ha sido siempre evitar tener “enemigos a la derecha”. Aznar y Rajoy han sido diestros en presentarse como acaparadores del “patriotismo español”, identificando una carencia en la actitud ambigua de ZP. Pero también es cierto que con Aznar el patriotismo fue pisoteado poniéndolo en el furgón de cola de la Cumbre de las Azores y de la política errática de Bush. El vídeo de Rajoy corresponde más al de un presidente de gobierno en ejercicio que el de un candidato de la oposición; es evidente que esa declaración le correspondía hacerla a ZP y ante la deserción de éste del campo del patriotismo, Rajoy intentó ocupar el vacío. ¡Bingo! Durante cinco días el vídeo ha estado en el candelero y ha ocupado el centro de la atención informativa.

El PSOE, absolutamente descolocado, intentó responsabilizar a Rajoy de los incidentes que todos sabíamos que iban a producirse al día siguiente en Donostia, Barcelona y, quizás en Valencia, en donde distintos grupos políticos habitualmente identificados con la extrema-derecha habían convocado manifestaciones.  Era una débil reacción porque resulta increíble pretenden identificar al PP con la falange o con un subgrupúsculo absurdo como Democracia Nacional.

El resultado final es que a cinco meses de las elecciones generales, la bandera del patriotismo ha quedado indisolublemente ligada el PP y no existe la más mínima posibilidad de que el PSOE recupere crédito en este terreno. A partir de ahora, pasados los eventos del 12-O, con el flanco del patriotismo seguro, el PP insistirá en temas centristas. Rajoy está a un paso de la victoria electoral, pero sólo utilizando el patriotismo como elemento movilizador no está claro que obtenga la victoria: hace falta el voto centrista para vencer y si este es masivo puede asegurar la mayoría absoluta. Así pues, que a nadie le extrañe que, a partir de ahora, el discurso del PP se vuelva meramente economicista y tienda a criticar las cifras económicas ofrecidas por el gobierno. Esperanza Aguirre cederá protagonismo a Gallardón y Rajoy deseará que éste, a su vez, lo ceda a Rato. Es la eterna marcha hacia el centrismo que todos los partidos inician en períodos pre-electorales.

2.     Pitos a ZP en la Castellana

Los militares son los parias de la democracia. Suárez les engañó y luego les conminó a optar por la vía golpista perdiendo la carrera, o plegarse a la legalidad vigente y medrar. La mayoría optaron por lo segundo. Felipe González les dio el caramelo de la OTAN y les compró armamento nuevo y sofisticado. Aznar transformó en una de sus decisiones más irresponsables, al ejército de leva en ejército profesional. Para ZP el ejército es una especie de ONG hecha para repartir bocadillos e integrar a la mujer y a los excedentes de inmigración. Si hoy hay algo que el ejército está incapacitado técnicamente para hacer es asegurar la defensa nacional. Ni tiene medios, ni tiene personal suficiente, ni tiene claros cuáles son los enemigos, ni siquiera existe una política de defensa en la que se pueda confiar.

Así que el ejército, políticamente, pesa menos que una oblea; es como una especie de caña que se mece al viento. Y es triste, porque la defensa nacional debería de estar por encima de la sucesión de partidos que se turnan para ejercer el poder. Al menos si pretende ser eficaz. La defensa nacional debe ser independiente de las políticas cotidianas, porque la defensa nacional es permanente. Y hoy no lo es. Nuestros muchachos están presentes jugándose la vida en guerras en las que no tenemos nada que ganar: ¿qué hacemos en el Líbano? ¿qué se nos ha perdido en Afganistán? ¿Cómo es que ningún militar da el do de pecho y dice lo que todo el estamento piensa en silencio? Que mientras estamos presentes a 20.000 km de distancia en la absurda guerra de Afganistán, en Catalunya y en el País Vasco no hay unidades operativas, que la defensa de Ceuta y Melilla es imposible y que Marruecos no es el amigo del sur” que pretende ZP sino el “enemigo del sur” que reivindica zonas de territorio español.

Las cúpulas militares no se eligen por su prestigio y preparación sino por su sumisión al poder político. Se busca funcionarios, no conductores de tropas, burócratas, no estrategas, gentes que subordinen la defensa nacional a las exigencias de su carrera. Y, para colmo, casi el 10% de nuestras tropas están formadas por inmigrantes a los que se les ha prometido la nacionalidad española al término de su contrato. Nuestros jóvenes no están motivados por sueldos bajos, disciplina, ni tienen incentivos profesionales para cuando termine su contrato: simplemente estarán en la calle con treinta y tantos años y el seguro de paro a cuestas.

El ejército no pesa nada… y la institución monárquica, cada vez más cuestionada y cuyos apoyos son en su inmensa mayoría protocolarios, disminuye progresivamente su peso en la medida en que el principal grupo social que lo ha apoyado hasta ahora –las FFAA- tienen un peso político próximo al cero absoluto.

Un desfile y un par de recepciones al año son los premios de consolación que el poder político concede a las FFAA. La Pascua Militar y el 12-O son esas fechas en las que la sociedad española se acuerda que tiene ejército.

En esta ocasión como en las dos anteriores, ZP ha resultado abucheado por los asistentes al desfile militar de la Castellana. Ni siquiera tuvo el valor para ascender a la tribuna por la escalinata, sino que debió hacerlo por la parte trasera. Cada vez que ZP se movía un inmenso abucheo afloraba en el público arrinconado a 200 metros de la tribuna presidencial. Los aplausos al rey fueron sofocados por los abucheos al presidente del gobierno.

Para colmo, ni Montilla ni Ibarretxe se atrevieron a acudir al desfile para no contrariar a sus aliados en el caso del primero y a sus electores en el segundo. Justo en el momento en que Ibarretxe cuestiona la unidad nacional mediante un referéndum y Montilla –ese enano político- reza cada día para que Carod no se levante con el pie izquierdo, cuando la guerra de las banderas se encuentra en su peor momento y se queman como nunca retratos del Jefe del Estado y banderas nacionales, ZP quita hierro y afirma que todo esto no es más que un resfriado. Con razón recordaba El Mundo que hay gente que muere de un resfriado mal curado.

3.     Incidentes en Barcelona y Donostia

Convocados por los neopiñaristas de Adelante España y Nacho Mulleras en nombre del inexistente partido que atiende al nombre de DN (un mero listado cambiante para el cobro de cuotas vía banco), se convocó a los “patriotas españoles en Catalunya” en el habitual acto de Montjuich que como es habitual cada año registra una merma sostenida de entre el 3 y el 5% en relación al año anterior.

Los más optimistas hablan de 125 personas. Los más pesimistas de “un centenar”. En realidad, esta guerra de las cifras importa muy poco. Lo trágico es que los “patriotas españoles en Catalunya” sean una cifra ridícula, unidos en torno a banderas nostálgicas y a líderes que raramente ven concentrados ante sí a más de 20 fieles. Si alguien quería descalificar al patriotismo español en Catalunya que vaya a Montjuich y vea lo que se reúne allí cada 12-O. Apenas nada.

La buena noticia es que esos 100-125 asistentes no son representativos de nada. En Catalunya existe un patriotismo español que no está negado con el saber apreciar los valores de la catalanidad. Este patriotismo carece de expresión política: el PP no puede evitar ser el “partido de la derecha” y ese patriotismo no es necesariamente de derechas. Vidal Quadras estuvo cerca de capitalizarlo para el PP, pero los pactos de Azanar con Pujol, lo enviaron en patada para arriba hacia el Parlamento Europeo. Con Piqué, el PP vivió la ambigüedad previa a la liquidación en la que se encuentra actualmente y que pesará como una losa en sus resultados electorales de marzo.

Sobre los incidentes de San Sebastián provocados por la presencia de un grupo falangista y por la intolerancia abertzale, ya hemos hablado en otro lugar, así que no insistiremos.

4.     España 2000 en Valencia

De todas las manifestaciones realizadas fuera del ámbito del PP en recuerdo del día de la Hispanidad merece destacarse la convocatoria realizada por España 2000 en Valencia que consiguió atraer a 5.000 personas según los organizadores y a 2.000 según la Guardia Urbana. Las fotos evidencian que estaríamos más cerca de la primera cifra que de la segunda. Sin olvidar que una parte sustancial de gentes (entre los que nosotros mismos nos encontramos) que tenían previsto acudir no pudieron dadas las adversas condiciones climáticas en zonas de la provincia de Valencia y de Alicante. No solamente E2000 consiguió atraer a más manifestantes que el año anterior sino que ni siquiera se produjo un pequeño incidente. Fotos cantan.

Para colmo, la convocatoria se había realizado con una consigna que desbordaba el patriotismo del PP: “En España, los españoles primero”, en alusión al derecho de preeminencia de los españoles ante los inmigrantes en puestos de trabajo, ayudas y becas institucionales, etc.

A diferencia de otras organizaciones, E2000 no aspira a competir con el PP en el patriotismo, sino a movilizar a amplias franjas de la población en nombre de la protesta contra la inmigración masiva. Esto le permite articular un discurso “social” en primer plano que sitúa la defensa de los derechos de los trabajadores españoles. El “patriotismo” se da por supuesto, como el valor al soldado, pero es inútil alardear de él y hacerlo el eje de un discurso político, cuando el PP lo copa como elemento movilizador.

El tiempo dirá si E2000 está en condiciones de convertirse en el partido contrario a la inmigración masiva que existe en todos los países de Europa Occidental. Para ello deberá acentuar su sentido social y someter a revisión su patriotismo justo en el momento en el que esta revisión es más necesaria que nunca y constituye una tarea pendiente de revisión ideológica que ni siquiera el PP se ha sentido en condiciones de realizar. Si una nación es una “unidad de destino” hace falta plantearse las características de esta unidad y cuál es su destino en este momento. Y, desde luego, la respuesta no puede ser la misma que la que se dio entre 1898 y 1929.

El patriotismo es algo que debe revisarse y aggiornarse, o de lo contrario, se convierte en algo perfectamente inútil. En la España de 2007, después de 30 años de constitución, 40 de franquismo, 30 de preeminencia intelectual de los valores del 89, con un “estúpido siglo XIX” a cuestas que supuso la irrupción de los nacionalismos periféricos y la pérdida del paso en la industrialización y el progreso, habría que dejar a un lado la concepción borbónica de la nación y retrotraernos a la concepción de los Austrias, trasladada a la Europa del siglo XXI a la que ineludiblemente está ligada nuestra historia.

Mientras esto no se haga, el riesgo de toda forma de patriotismo es su inactualidad y el poder ser confundido con el concepto franquista de patriotismo, más próximo del jacobinismo francés que del patriotismo de los Austrias.

5.     La Manifestación de la Hispanidad en Madrid

Lo anterior enlaza con lo que vamos a decir: la manifestación más masiva que se produjo en España el 12-O, no la protagonizaron españoles, ni en la Castellana aplaudiendo a lo que queda del ejército español, ni en la digna y esperanzadora manifestación de E2000 en Valencia, ni desde luego no en las demostraciones grupusculares y ridículas de Montjuich y Donostia. La mayor demostración pública en la tarde del 12-O tuvo lugar en Madrid protagonizada por cientos de miles de inmigrantes latinoamericanos en España.

Hay que meditar bien sobre este detalle porque nos da la clave de la situación que estamos viviendo: el 12-14% de la población española es de origen inmigrante. La mitad, aproximadamente, de origen hispanoamericano. A efectos prácticos no existe gran diferencia entre un inmigrante andino y otro magrebí, tan sólo su dominio del idioma. Pero el efecto sobre los trabajadores españoles es el mismo: sea andino, sea magrebí, la cuestión es que esa fuerza de trabajo entra en contradicción con los intereses de los trabajadores españoles. Y este es el gran problema que en este momento tenemos planteado y del que no está tan claro como vamos a salir.

Existen unos excedentes de inmigración que el mercado laboral español no está en condiciones de absorber y que solamente ha podido incorporar durante unos pocos años, mientras ha durado la fantasía del crecimiento económico. Este espejismo ha saltado en pedazos y ahora la única forma de que parte de la inmigración sobreviva en nuestro país es que esté subsidiada. Pero España no es un país rico, ni en condiciones de subsidiar a amplios sectores de la población. Las reservas s agotarán en pocos años. La construcción ha sufrido un brusco parón, el sector inmobiliario sufre los estertores previos al estallido de la burbuja inmobiliaria, el PIB crece solo en la medida en que va creciendo la población mediante la inyección de inmigración. No hay salida: si la inmigración cesa de crecer, el PIB empezará a ser negativo; si, por el contrario, sigue aumentando, los desequilibrios sociales y étnicos serán de tal magnitud que en menos de 10 años tendremos una situación similar a la francesa caracterizada por guetos y por conflictos étnicos.

Lo dramático de la situación actual es que no tiene salida si no se recurre a soluciones radicales y a golpes de timón realizados con decisión. Y esto no están en condiciones de hacerlo ni el PP (que abrió las puertas a la inmigración), ni el PSOE (que ha consagrado la inmigración como el único recurso para garantizar el crecimiento económico).

Cuando se manifiestan cientos de miles de inmigrantes “hispanos” en Madrid, justo en el momento en el que en algunas zonas de España, está completamente ausente la idea de Nación, el hecho esencial es que no es la cuna de la hispanidad la que transmite fuerza, vigor y cultura al “conjunto”, sino el “conjunto” el que ha asaltado la cuna en un momento de crisis. No es lo mismo: es justamente lo contrario. Hay mucha diferencia entre exportar música de Falla, de Turina o de Albéniz a recibir salsa, merengue y cualquier otra variedad musical andina o caribeña. Hay mucha diferencia entre ofrecer una identidad cultural a los países andinos a albergar a sus ciudadanos dentro de nuestras fronteras. Existen grandes diferentes entre exportar a nuestra dramaturgia clásica a importar culebrones. Hay mucha diferencia entre el proceso de hispanización de los EEUU y el proceso de latinoamericanización de España. Y no son lo mismo. Digámoslo claro: los productos culturales que nos llegan del mundo andino y caribeño, en lugar de enriquecer la cultura española, la bastardizan y la empobrecen.

Todo esto es lo que nos sugiere este 12-O. Y, en gran medida, no es tranquilizador.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es                   

¿Provocadores o simplemente tontorrones?

¿Provocadores o simplemente tontorrones?

Infokrisis.- El 12 de Octubre uno de los más de media docena de grupos falangistas convocaron a sus menguadas huestes en Donostia en un intento de destacar sobre el resto de grupos azules que languidecen en el limbo político. La izquierda abertzale vio confirmadas sus tesis: Euskal Herria sufre una “invasión españolista”. Se manifestaron e impidieron la manifestación falangista. Los azules, escoltados por la Ertzaina sobrevivieron… Pasados los incidentes no está claro si el grupo cuya presencia en Euskal Herria desencadenó los incidentes fue “provocador consciente” o simplemente “tontorrón alucinado”. No hay una tercera posibilidad.

No hay nada nuevo bajo el sol

La acción del grupo falangista en cuestión no tiene justificación. No es la primera vez que ocurren incidentes de este tipo, que siempre responden al mismo patrón: un grupo de extrema-derecha alucinado y salvapatrias acude a defender la españolidad del País Vasco convocando una manifestación en el corazón del mundo abertzale.  

En la segunda mitad de los años 90, la tropa de Ynestrillas protagonizó el mismo esquema, suscitando idéntico resultado: la Ertzaina logró salvar a los “expedicionarios” madrileños, mientras la izquierda abertzale amenazaba con un linchamiento colectivo y, a falta de poder acercarse a los “pichones”, se contentaba con utilizarlos como excusa para ejercer la kale-borroka. Ynestrillas, al menos, tenía la excusa de estar, literalmente, como las maracas de Machín, carácter y actos que le llevaron a la cárcel por motivos muy poco dignos: Un tiroteo en una discoteca a causa de una “postura de perica” y dos atracos a locales nocturnos para proveerse del cuarto y mitad que necesitaba.

Años después, cuando se estaba constituyendo el Frente Nacional y uno de sus mentores vascos que atendía al nombre-alias de “Santiago Olabarría”, aspiraba a tener un protagonismo, se preocupó de que todo el eje de la acción de este frente pasara por Euskal Herria. Eludamos la malhadada entrega de datos selectivos a una revista pro-etarra y recordemos sólo la concentración en Bilbao que terminó justo como terminaron las idas y venidas de Ynestrillas a la misma zona.

Como no hay nada nuevo bajo el sol, a este nuevo grupo falangista no se le ocurrió mejor idea que convocar a sus menguadas huestes, nuevamente –imaginación al poder- en San Sebastián. Las anteriores experiencias no habían servido de nada, ni nadie en el medio azul las tomó en consideración, ni fue capaz de reflexionar sobre ellas. No hay científicos en aquel ambiente político, ni siquiera gente que utilice el sentido común: cuando se dan las mismas circunstancias y un proceso físico se produce en las mismas condiciones de presión y temperatura, se produce el efecto esperado. Las leyes físicas también sirven en política. Ocurrió lo que tenía que ocurrir, que era, justamente, lo que había ocurrido en las anteriores ocasiones.

Tienes menos futuro que la Falange en Euskal Herria

El problema no es que un grupo de falangistas quieran ejercer su legítimo derecho a la libertad de expresión manifestándose en el lugar que lo estimen oportuno. De hecho, en una situación normal, la manifestación falangista debería haberse podido celebrar normalmente, y unos 100 individuos vestidos de las maneras más sorprendentes y demodés hubieran hecho literalmente el ridículo en San Sebastián sin suscitar el más mínimo encono, dejando su demostración como una muestra de mero exotismo político. El problema es otro y es doble.

De un lado, constatar la evidencia de que no existe libertad de expresión en Euzkadi. Cualquier cosa que haga fruncir el ceño a los abertzales e, incluso, a los nacionalistas, el ondear una bandera española, por ejemplo, constituye la excusa para desatar la guerrilla urbana. El nacionalismo –todo nacionalismo- es una forma de irracionalismo y el irracionalismo no se expresa mediante la razón, sino mediante los sentimientos, la fuerza y la intolerancia. Siempre. Eso es lo que está ocurriendo en Euskal Herria, cuya historia está tan íntimamente ligada a la del resto de España que solamente el impulso nacionalista puede retorcer la Historia y falsearla hasta el punto de presentar como contradictoria y antagónica la relación entre el resto de España y Euskal Herria. Y llegamos al segundo problema.

Los “viriles muchachotes azules” que vanamente intentaron manifestarse en San Sebastián, no eran capaces de comprender nada de nada, ni siquiera qué diantres hacían allí, ni de entender que sus actos maltrataban y arrastraban por el barro el ideal que decían defender.

Es muy difícil explicar a estos últimos mohicanos del falangismo lo que es el jacobinismo, o el error de confundir jacobinismo con unidad nacional, o el daño que supuso para la unidad nacional el Decreto de Nueva Planta, y el hecho de que el franquismo desconsiderara y relegara al terreno de los Coros y Danzas las peculiaridades y las identidades regionales.

En ocasiones, una causa se defiende tal mal que solamente hace daño al ideal que se pretende defender. Que se lo pregunten a Bin Laden. Es absurdo e inútil pedir a los falangistas que se manifestaron y a sus jefes irresponsables que los convocaron, simplemente, que piensen. Que piensen en el modelo de Estado que quieren. Que piensen que estamos en el siglo XXI y que el patriotismo que defienden –o al menos, en sus sugestiones básicas- derivan de los efectos del desastre de 1898, lejano, muy lejano como para pretender actualidad. Que sean capaces de revisar el patriotismo y adaptarlo al tiempo nuevo.

Si son tan tontos como para dar una excusa a los abertzales para sus fechorías ¿cómo diablos podrían plantearse otro problema que no fuera el de dónde comprar hoy una camisa azul con el yugo y las flechas bordadas? Tema, por lo demás, complicado… El fondo de la cuestión no es que unos descerebrados absolutos hayan querido manifestar su concepto de patriotismo yéndose a Donostia, sino que el patriotismo español precisa ser REVISADO, ACTUALIZADO Y REDEFINIDO.

Y ellos ni tan siquiera son capaces de percibir estas necesidades: de ondear una bandera española en Donostia “por cohone”, seguro que se ocupa una “portada” (Ynestrillas, entre colocón y colocón, hace poco iba diciendo que él es el único que da “portadas” a la extrema-derecha…). Aquí no hay pedagogía posible, simplemente, porque no hay capacidad de razonamiento lógico que valga en estos patéticos sujetos; hay que reconocer que estos grupos falangistas son mera anécdota y que quien a estas alturas no se ha enterado de la época en la que vive, no se va a enterar nunca jamás.

La opinión de Luis del Pino

Hace poco, el blog de Luis del Pino, habitualmente dedicado a investigar los aspectos que no encajan en la “versión oficial” del 11-M, ha puesto el dedo en la llaga atribuyendo a algunos servicios una capacidad de maniobrar y manipular a la extrema-derecha. Mencionaba explícitamente a “los falangistas”. Pero no hace falta ir tan lejos. Es rigurosamente cierto que algunos grupos de extrema-derecha son extremadamente manipulables y se prestan –como los anarquistas- a ser utilizados por unos o por otros. ¿Es éste el caso de los tontorrones que fueron a Donostia?

Es rigurosamente cierto que cada escisión falangista es más extraña que la anterior y que es completamente vano e infructuoso intentar entender por qué se producen estos desgajamientos, frecuentemente violentos. La escisión del grupúsculo capitaneado por un tal Andrino permanece inexplicable. No es algo nuevo. Desde que Ramiro Ledesma y José Antonio Primo se separaron por causas poco razonables, ninguna escisión falangista ha tenido motivos transparentes y comprensibles.

En la actualidad, a nadie mismamente razonable se le escapa que la Falange es un cadáver como la vieja extrema-derecha superviviente del franquismo. Quien permanece en esos ambientes solamente puede responder a estas características: o bien es un idealista alucinado de pocas luces, o bien es un aprovechado que medra obteniendo fondos de las cuotas de aportaciones de “millonetis históricos”, un infiltrado, o bien solemnes tontos de baba.

No hay más opciones. En ese sector, ya no queda nadie razonable. Si fueran razonables no estarían allí. Esta tipología es lo que se le escapaba a Luis del Pino en su artículo. En ocasiones, los factores subjetivos explican muchas más cosas que las conspiraciones.  

¿Es posible una manipulación de la extrema-derecha hoy?

¿Qué sentido podría tener manipular a un grupúsculo azul hoy?¿Quién podría estar interesado en hacerlo? En el momento en el que se debate sobre la Ley de Memoria Histórica y Zapatero ha abierto la caja de los truenos, es conveniente tener a mano a un grupo de energúmenos que demuestre que también en el otro bando hay gente que no está dispuesta al paso de página y a la superación de la guerra civil. Unos pobres diablos enfundados en los mismos uniformes que en los años 30, es innegable que facilitan las cosas. Por otra parte, la frase de Pepiño Blanco el día anterior, atribuyendo al mensaje institucional de Rajoy y a su petición de que el patriotismo se demostrara de alguna manera, la responsabilidad de los incidentes que se perpetraran el 12-O, da otra clave del asunto.

Esto sin olvidar que mientras la reacción de la extrema-izquierda abertzale fue extremadamente tibia cuando se produjo la detención de los 23 miembros de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, estuvo en condiciones de movilizar a varios cientos de activistas y a resucitar unos niveles de kale-borroka que desde hacía tiempo no era capaz de ejercer, gracias a la convocatoria falangista que daba, insistimos, la razón a sus tesis: “Los españolistas nos invaden”… pues no en vano la totalidad de los falangistas venían de fuera de Euskal Herria.

No creemos que existan posibilidades ni interesados en manipular a los que, por sí mismos, ya están dispuestos a hacerlo todo de la peor manera posible. La falta de educación política de estos grupos es tal, que cualquier acción que hagan, de por sí, ya será provocadora. Hay gente que supone un desdoro y un desprestigio para los ideales que dicen defender, cualesquiera que sean.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

La revisión idealista del marxismo: el socialismo ético de Henri De Man

La revisión idealista del marxismo: el socialismo ético de Henri De Man

Infokrisis.- Recientemente, hemos leído la edición francesa de Au Delà du Marxisme, la obra cumbre de Henri De Man, en su versión francesa y nos ha sorprendido que ya en los años 30, un intelectual procedente de la izquierda estaba en condiciones de realizar a Marx que no fue superada en los años de la Guerra Fría. Por una feliz casualidad, esta lectura se ha superpuesto a otra: la del libro Ne Droit ne Gauche de Zeev Sternhell, sobre los no conformistas de los años 30. La tesis de Sternhell es que el "verdadero fascismo" solamente puede estudiarse siguiendo la evolución de las corrientes del pensamiento francés no conformista, desde Sorel hasta De Man. Presentamos a continuación la traducción al castellano del capítulo de esta obra dedicada a Henri De Man. Vale la pena añadir que se trata de una primera traducción a la que todavía no se le han añadido las referencias, ni una corrección de estilo.

La revisión idealista del marxismo: El socialismo ético de Henri De Man

l. La negación del marxismo El revisionismo constituye, ya desde el principio del siglo XX, una dimensión capital, y generalmente desconocida y menospreciada, de la ascensión del fascismo. En la práctica, no es absolutamente posible elaborar una explicación satisfactoria del fenómeno fascista sin recurrir a los muchas etapas de la crisis del socialismo. Desde el final del affaire Dreyfus hasta el pacto de Munich, el arranque de la ideología fascista es la manifestación más evidente de las enormes dificultades que el socialismo encuentra en responder al desafío del capitalismo. Ciertas formas de revisionismo como la de Bernstein o la de Jaurès conducen al socialismo reformista; otra, como las de Sorel, Déat o Henri De Man desembocan en el fascismo. Ambas tienen en común la voluntad de superar el marxismo, y las dos están de acuerdo en ver en el marxismo un incomparable instrumento de análisis histórico, el cuadro conceptual ideal para poner orden en la historia, pero no -a menos que no sufra una profunda modificación- una verdadera palanca para conseguir cambios políticos. En el período entre las dos guerras, la revisión del marxismo se identifica dentro del entorno cultural francés con el nombre de Henri De Man. Tal como se expresa en la obra del autor belga, este ataque al marxismo es un aspecto fundamental de la revuelta idealista de las primeras décadas de nuestro siglo. En este sentido, el pensamiento de Henri De Man continúa y desarrolla el de Georges Sorel; encuentra un profundo eco, y también un principio de ejecución, en Francia, en la acción política de Marcel Déat. En el extremo opuesto del abanico político, la nueva revuelta idealista de un Thierry Maulnier continuará, por su parte, la línea de Barrès. Las dos corrientes de este neo socialismo convergen hacia una síntesis que, al final de esta segunda preguerra, asumirá los rasgos del fascismo. Al principio de los años treinta, el autor de Au delà du marxisme aparece como uno de los primeros teóricos del socialismo europeo. Cosmopolita en el ánimo, hablando con soltura flamenco, francés, alemán e inglés, este prólifico autor elige, según las circunstancias, la lengua que le conviene. Es uno de los raros hombres políticos en Europa, quizás lo único, que ha vivido largo tiempo en el extranjero, incluido en los Estados Unidos, y capaz de pasar de un entorno cultural a otro sintiéndose perfectamente cómodo en todos. Nacido en el 1885 en Amberes, este hijo de una gran familia burguesa flamenca se adhiere a la Jeune Garde Socialiste el primero mayo de 1902. Está entonces ideológicamente más cerca de Liebknecht que de Jaurès y reniega de Millerand. El joven De Man se arroja en cuerpo y alma en la acción socialista: sus estudios se resienten de su actividad militante y, en el 1905, su familia lo ve partir con placer a la universidad de Lipsia. Los años que siguen son decisivos para su formación intelectual. Incluso concluyendo brillantemente sus estudios en una gran universidad alemana, participa en el trastorno ideológico producido dentro de la socialdemocracia de ese país por la larga lucha contra el revisionismo. Después de una estancia en Inglaterra, que le reporta cierto respeto por la democracia burguesa, asume, a invitación de Émile Vandervelde, la estrella ascendente del socialismo belga, la dirección de la nueva Central de Educación Obrera. En agosto de 1914, participa, como intérprete, pero también como militante convencido, en la misión de Hermann Müller y de Camille Huysmans, quienes acudieron a París, en nombre de la Internacional, en un esfuerzo del última hora para evitar la guerra. Sin embargo, tres años después, el teniente de artillería de las trincheras De Man intenta, con Vandervelde y Brouckère, convencer el gobierno Kerenski de continuar la guerra. Inmediatamente después de su misión en Rusia, De Man es enviado por el Gobierno belga a los Estados Unidos: estas dos experiencias tendrán un papel importante en su evolución ideológica. Durante los años que preceden a la guerra, De Man contribuye a la cristalización del ala a izquierda marxista en Bélgica y es su líder valón. Aprende a reconocer la ortodoxia marxista de más estricta observancia, como la representada entonces por Kautsky. Sin embargo -y ésto tendrá importancia para su evolución ulterior- antes de convertirse en un "socialista científico", De Man atraviesa un período de socialismo ético [1] . Tras su estancia en Inglaterra, pública en el célebre órgano socialista alemán, el Leipziger Volkszeitung, una serie de artículos que Karl Radek define ya como el principio de una herejía [2] . Las primeras grietas en la ortodoxia marxista de Henri De Man aparecen incontestablemente antes de la guerra. Las rectificaciones y las modificaciones que se notan ya hacia 1910 echan las bases de un cambio continuo que se prolongará hasta el 1926 en que publica Au delà du marxisme. Ya en este período, De Man se plantea la naturaleza esquemática de la explicación marxista de las realidades sociales y culturales [3] . Durante la guerra y después del fin de las hostilidades, se interesa de nuevo por la psicología y se inicia en las nuevas tendencias de las escuelas psicoanalíticas. Pero, según su testimonio, no espera a 1918 para sacar como conclusión global que las causas inherentes a la naturaleza humana, basadas sobre el instinto pero ligeramente modificables por la costumbre y la educación, revisten un campo más extenso de lo que sostiene la filosofía marxista [4] . Así, cuando pública en 1926 su crítica global del marxismo, parte de la doctrina de las causas, es decir del problema de las motivaciones. Si la guerra ha podido afectar tan profundamente a Henri De Man, es porque se ha sumado -como escribe en aquel libro que considera como un fragmento de una autobiografía "espiritual"- "a una crisis intelectual que se extiende casi durante una veintena de años". Ya antes de la guerra, añade, “los ángulos más agudos de mi ortodoxia habían empezado a a tenuarse” [5] . La actitud está próxima de Sorel. Al igual que el autor de los Réflexions sur el violence, De Man pretende encaminarse por la vía del revisionismo bajo la experiencia de sus contactos con la práctica del movimiento obrero, sobre todo del movimiento sindical [6] ; “la evolución de los últimos diez años no ha hecho otra cosa que llevar al paroxismo una crisis que ya se había anunciado mucho antes” [7] . No se trata de minimizar el peso de la guerra, pero es necesario precisar que, de un lado, el marxismo posterior a 1918 presenta síntomas de crisis que no pueden ser únicamente explicados a través de las dificultades de adaptación a nuevas circunstancias, y que, por otro lado, si la guerra aceleró el proceso de revisión del marxismo, su influencia no es determinante si no en el caso de los no conformistas como Lagardelle, Hervé, De Man. Son los "izquierdistas" de lo anteguerra, los hombres que han quedado en los márgenes del movimiento y de los partidos socialistas organizados durante toda su carrera, o de los opositores natos como De Man, quienes resultan más duramente golpeados. Serán los contestatarios del socialismo, del comunismo y de los demás sectores de la izquierda quienes padecerán más duramente la crisis intelectual del socialismo. Por el contrario, los elementos más ortodoxos, los inmovilistas a ultranza, si lo preferimos, los que resisten mejor, porque rechazan la aventura. Sin embargo, en el caso de Henri De Man, el marxismo es cuestionado no sólo por la guerra, sino también por la experiencia alemana de los años 1920; para De Man, lejos del detener la decadencia del movimiento social demócrata, el marxismo lo ha favorecido con su materialismo [8] . Durante los primeros treinta años del siglo, el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) alemán desarrolla un papel determinante en la historia del socialismo europeo. La quiebra del socialismo de más allá de Rhin, el desbarajuste de lo internacional, colocan al marxismo en una nueva situación. Esta experiencia sobrecogedora amplía las franjas no conformistas que, ya desde antes del 1914, aparecieron sobre la superficie lisa de la ortodoxia. Efectivamente, la obra teórica de Henri De Man se instala sobre una revisión de los fundamentos filosóficos del marxismo que va más allá de la experiencia de la guerra. Es la esencia misma del sistema la que se cuestionan, y no solamente ciertos aspectos de su realidad. Inmediatamete después de la guerra, De Man se cuida de apuntar en directo las mismas reacciones, y el documento que produce entonces es de gran interés, a condición de tener en cuenta la situación emotiva del autor en el momento en que escribe. El resultado es un libro en inglés, The Remaking of a Mind, publicado en francés en forma más concisa, con el título La Leçon de la Guerre [9] De aquel "trágico examen" que fue "la prueba del fuego" bélica, De Man extrae una lección capital: el proletariado no es una fuerza revolucionaria, el socialismo no es una idea capaz de transformar el mundo porque no forma parte de aquellas verdades por las que uno se hace matar. Por el contrario, millones de seres humanos no habían dudado en arriesgar su vida y sacrificarla, no sólo en nombre de la nación, sino también por ideas de menor importancia. Para Henri De Man, es un hecho esencial, que las masas obreras inglesas, americanas y franceses habían hecho sacrificios mucho más considerables por ideas como la autonomía y la inviolabilidad de las naciones, la justicia en las relaciones entre Estados y el autogobierno de los pueblos, de los que hicieron antes, cuando sus intereses materiales de clase estuvieron en juego. Esto lleva a De Man a dos conclusiones capitales: los hechos económicos, por sí mismos, no pueden explicarnos la trama de toda la evolución histórica, y el socialismo no puede esperar realizarse independientemente del desarrollo de la democracia política. Escribirá: "No creo que, para llegar al socialismo, baste recurrir a los intereses de clase del proletariado industrial, despreciando el apoyo que puedan darnos algunos intereses e ideales comúnes a toda la nación y a toda la humanidad. No creo tampoco que la lucha de clase proletaria, que sigue siendo el principal medio de realización socialista, pueda tener éxito sin admitir algunas formas de colaboración de clase y partido" [10] . En el mismo orden de ideas, De Man declara estar convencido de que el socialismo no puede consistir en un simple secuestro de los grandes medios de producción por parte del Estado, sin en una transformación profunda de los procesos de gestión, sin el estímulo que constituyen para cada economía la competencia de las empresas autónomas y la remuneración integral del trabajo. Y concluye: Creo en un socialismo más póximo y más seguro, pero también más realista, más pragmático, más sintético, en una palabra más humano. [11] Perfectamente consciente del sentido profundo de sus críticas, el futuro presidente del Partido Obrero Belga acaba diciendo: "Para que no exista ningua duda sobre mi apostasía, yo la titularé: la revisión del marxismo" [12] . Esta revisión del marxismo comporta de un lado una adhesión absoluta a la democracia liberal, considerada como una condición sine qua non para la emancipación de la clase obrera y del repudio al marxismo, en el más puro estilo del socialismo nacional de finales del siglo XIX. El marxismo, explica, había recibido demasiado intensamente "la marca del socialismo alemán y ruso" [13] , dos países en los que la falta de instituciones democráticas influyó fuertemente en la mentalidad obrera. Además, la decadencia de la democracia burguesa, que renunció gradualmente a las tradiciones de los orígenes revolucionarios en la medida en que aumentó su miedo de la revolución obrera, no pudo hacer confundir su decadencia con la de los principios de los que se reclamaba [14] . El socialismo, según De Man, es inseparable de la democracia liberal. Efectivamente, se trata de un nuevo socialismo, íntimamente ligado no sólo al liberalismo en cuanto ideología -De Man habla con emoción de los "inmortales principios del 1789» [15] -, sino también al orden político y social presente. Al socialismo de revuelta le sucede un socialismo de aceptación: la legitimidad del orden burgués ya no se cuestiona realmente. La impresión general del lector de esta serie de artículos es que el nuevo socialismo se prepara, muy sencillamente, a tomar a su cargo el orden burgués, mejorándolo, modernizándolo, conformándolo con las necesidades de la época, pero sin una verdadera voluntad revolucionaria. El repliegue ocurre en dos tiempos. En un primer momento se realiza, en nombre de la libertad, la retirada del socialismo revolucionario sobre las posiciones más moderadas de la socialdemocracia, y en un segundo momento, cuando el marxismo esté bien enterrado, se entregarán los viejos principios liberales a favor de una economía directa en el cuadro de un Estado fuerte. Los principios de la propiedad privada y el beneficio como motor de la actividad económica serán conservados, pero cubiertos por un poder autoritario. Éste será el sentido de las tesis de Pontigny que completarán en 1934 el Plan del trabajo. Éste también será el sentido del neo-socialismo. El revisionismo del período de las entreguerras significa el final de la utopía socialista o bien, para utilizar la famosa terminología soreliana, el fin del mito revolucionario, ya que es justo éste lo que separará intensamente, a lo largo de los años Treinta, el socialismo del neo-socialismo, la ortodoxia del revisionismo: en nombre de las realidades -y el hecho nacional es la primera de todas- los hombres nuevos, retomando el camino de los socialistas nacionales de 1890, abandonan para siempre el sueño de una revolución proletaria. ¿Qué queda entonces del marxismo? Lo que, en el espíritu de Henri De Man, todavía da valor al marxismo, es la calidad de su método de búsqueda científica. Su valor, como el de cada instrumento, depende del modo en que se utiliza. El método en sí mismo, "está lejos de ser inservible": sin embargo, De Man piensa que para que continúe siendo útil, es necesario que sea revisado continuamente a la luz de los nuevos hecho [16] . Entonces, queriendo adecuar el sistema de las fórmulas marxistas a las nuevas condiciones, se percata que es necesario aportar cambios tan profundos como los que las ciencias naturales, por ejemplo, han tenido que aportar a las teorías de Darwin. Pero, de Marx queda lo que queda de Darwin: ante todo el gran mérito de haber introducido la idea de una evolución que obedezca a leyes científicas, tras lo cual suyace el mérito aún mayor de utilizar los hechos económicos para explicar las grandes fuerzas que generan el progreso histórico [17] . Sea como fuere, al final de la guerra, la concepción del marxismo, dice De Man, se ha desarrollado en un sentido más liberal y realista [18] . A partir de ahora estará íntimamente ligada a la democracia, concebida como una condición del socialismo. Cómo Déat, también De Man recurre a la herencia de aquellos socialistas como Jaurès, que no separaron nunca la causa de la libertad política de la emancipación económica y reclamaron para el proletariado la herencia de las grandes revoluciones “burguesas” [19] . Éstas son las reflexiones que le sugiere a Henri De Man el armisticio. Al regreso de su segunda estancia en los Estados Unidos, en otoño 1920, asume la dirección de la Escuela Obrera Superior. Permanece en el cargo menos de dos años. Los ejecutivos del partido aceptan sin añoranza ver alejar a este hombre conocido por su no conformismo doctrinario y por su valor personal, que pudo ser para ellos un competidor peligroso. Un conflicto permanente lo opone a la dirección de su partido; rechaza la alineación del socialismo belga con el revanchismo de Poincaré. En 1922, una vez más, De Man deja Bélgica y se establece en Alemania, dónde residirá diez años. De 1922 a 1926, enseña en la Acadernia del Trabajo de Francfort del Main. Escribe aquí su obra más importante y que tendrá un enorme eco: Zur Psychologie des Sozialismus. La obra será traducida a trece idiomas y hará de Henri De Man el teórico más controvertido de los años veinte [20] . Este libro tiene un objetivo fundamental: preconiza sencillamente "la liquidación del marxismo” [21] . Para enfatizar más su "oposición a los principios fundamentales de la doctrina marxista", De Man prefiere para su libro "la fórmula más allá del marxismo a todas las expresiones incisivas como la revisión, adaptación, reinterpretación, etcétera, qué aspiran a salvar el oro y el moro” [22] . Por otra parte, para desactivar las críticas de los que creen poder debilitar el alcance de sus tesis reconduciendo la discusión sobre el terreno de la crítica de los textos, subraya que la interpretación del pensamiento original de Marx le interesa bien poco y poco le importa lo que tal o cual palabra de Marx haya podido significar en un momento dado. Hoy lo que importa es no juzgar al "Marx difunto" sino "al socialismo viviente": De Man no trata de evitar las dificultades y pone los puntos sobre las íes. La crítica que hace es una crítica global no a la doctrina de Karl Marx [23] , sino a todo el conjunto de juicios de valor, de símbolos afectivos, de deseos colectivos, de principios, de programas y de métodos de acción que forman el marxismo y que siguen viviendo en el movimiento obrero [24] . Marx, dice De Man, ha formulado una doctrina sólo para poder actuar a través suyo; es preciso reconocer entonces que todo lo que no se encuentra dentro de su pensamiento en el marxismo, no ha tenido efecto [25] . Pero, continúa, "para poder decir después de Marx, tengo que decir antes contra Marx [26] , y, para vencer el error en el que se ha vuelto el marxismo, no se tiene que volver sobre él, sino superarlo” [27] . A fin de cuentas, De Man comprende muy bien que todo eso, un día, tendrá que conducir “una nueva síntesis” [28] . Au delà du marxisme fue, según una expresión del propio Henri De Man "un ajuste de cuentas" con su pasado marxista [29] . Un primer complemento a esta crítica del marxismo es una colección de textos -Le Socialisme Constructif [30] - introducidos en la relación presentada por el autor en la conferencia de Heppenheirn en 1928. Esta conferencia, en la que participaron muchos intelectuales relevantes de la época como Paul Tillich, Eduard Heimann, Adolf Lówe, Martin Buber y muchos otros que eran verdaderas referencias, intentó unirse a un socialismo caracterizado “por una preocupación más profunda de los valores espirituales” [31] . Henri De Man resume sus conclusiones en forma de tesis, las llamadas “tesis de Heppenheim”. Pero la obra a la que tiene más consideración, y cuya importancia en la historia de las ideas es próxima a la de Au delà du marxisme, es su última obra, Le Idée socialiste, una exposición positiva de su revisión del marxismo. Bajo muchos puntos de vista, es su obra más importante; en ella intenta solucionar los problemas planteados en Au delà du marxisme. Se trató, dirá, "de situar el socialismo en la evolución, no sólo de la economía o de las instituciones, sino de las ideas que hacen y deshacen la civilización” [32] . Esta obra fue una gran ambición basada en la voluntad de penetrar hasta la esencia de la idea socialista y situarla en un vasto abanico a la vez filosófico, psicológico e histórico. Au delà du marxisme es una crítica global del marxismo en la que De Man plantea el problema: establece que más allá de los intereses de clase, los movimientos y las instituciones, hay algo que está más intensamente arraigado en la personalidad humana, y que forma parte de la vida instintiva y emotiva incluso antes de pasar al estado de la conciencia. Por el contrario, Le Idée Socialiste ya es una respuesta a la pregunta planteada en el último capítulo de Au delà du marxisme: si el socialismo es diferente a un simple materialismo, si el socialismo significa una convicción que se basa en algunos juicios de valor, entonces ¿de dónde vienen, que son y hacia dónde conducen estos juicios de valor? [33] Si el sentido y el objetivo de Le Idée socialiste no difieren en absoluto del espíritu que presidió la elaboración de Au delà du marxisme, el estilo y el contexto son muy diferentes. Efectivamente, el último libro de Henri De Man ha sido escrito a la sombra del ascenso del nazismo, y el prefacio de la versión original está fechado en enero de 1933 [Hitler subió al poder el 30 de enero]. El libro se publica en Diederichs, Jena, en el momento de la derrota final de la izquierda alemana. Habiendo hecho el movimiento hitleriano del antimarxismo la consigna de su proselitismo, Henri De Man contesta con un desafío: “quien me obligase a elegir entre la etiqueta de marxista y la de no marxista, dando a la palabra marxismo el sentido que le dan los adversarios del movimiento obrero socialista, tendría de mí una respuesta que excluye la posibilidad de equivocación: sin ninguna duda, me cuento entre los marxistas más convencidos” [34] . El 10 de mayo de 1933, la obra será quemada en la Plaza del Ayuntamiento de Francfort. En el verano del 1940, después de siete años suplementarios de deslizamiento "más allá del marxismo", tal impulso de revuelta será impensable. El presidente del Partido Obrero Belga acogerá entonces con entusiasmo la conquista de Europa de parte de la Alemania nazi. 2. La filosofía del revisionismo La negación del marxismo de Henri De Man no pone en tela de juicio el lugar de Marx en el desarrollo de las ciencias sociales: si se quisiera borrar el nombre de Marx de su historia, estas tendrían un retraso de medio siglo, dice De Man [35] . No se trata siquiera de negar su contribución al análisis del capitalismo, pero si se quiere avanzar, hace falta aceptar la idea de Marx sobre la "relatividad" de las ideologías. Hace falta pues "superar el marxismo" [36] y, para liberarse, hace falta emanciparse no sólo de las conclusiones marxistas sino también del modo de pensar marxista [37] . Es por ello que el futuro presidente del POB ataca a las raíces mismas del sistema: "el determinismo económico y el racionalismo cientifista [38] . De cualquier forma, para él, cada verdad depende de su época. El marxismo, como cualquiera otro sistema de ideas, esuvo condicionado por las circunstancias de la época en la que nació. Habiendo cambiado completamente las circunstancias, la convicción según la cual el marxismo ha dejado de ser verdadero se ha convertido en un elemento de la verdad de nuestra época [39] . El punto de patida de esta crítica del marxismo es lo que Henri De Man llama "la teoría de los 'móviles' de Marx, la que hace derivar la acción social de las masas del conocimiento de sus intereses” [40] . Cada tesis económica y cada idea política o táctica de Marx, para De Man, descansa sobre la hipótesis de que los móviles de la voluntad humana son dictados en primer lugar del interés económico. Es propio de este “conocimiento de los intereses económicos como fundamento de la actividad social” [41] constituir la base de lo que De Man considera como la realización más importante y más original del marxismo: "Fundar una doctrina que atara en un único concepto la idea del socialismo y la de lucha de clase” [42] . Marx permite atacar los fundamentos jurídicos y morales del estado social actual partiendo de los "motivos de interés y potencia condicionados, para los obreros industriales, del entorno capitalista” [43] . He aquí porque el fundador del socialismo científico pudiera apelar a una nueva justificación del socialismo, echada el ancla, contrariamente al utopismo, a la observación causal de lo que es [44] . Al final, prsigue De Man, el hedonismo económico que está en la base de la noción marxista de clase, del interés de clase y de la lucha de clases, el determinismo que permite no interesarse en el proceso psicológico por el que las necesidades económicas se transforman en objetivos humanos [45] otorgan al marxismo su carácter “anético” [46] . Es en ésto donde reside, según el teórico belga, la debilidad del sistema. Para Marx, la idea misma del socialismo es "suscitada" por la lucha de clase, es decir por una consecuencia necesaria del capitalismo; ella no sería, pues, el postulado de un juicio de valor. El socialismo no se afirmará porque es justo, sino porque es necesario, porque será el resultado de la victoria necesaria del proletariado en su lucha de clase [47] . No se necesita así más que razones para justificar el socialismo; basta con el conocimiento de las causas. Y la gran pregunta, según De Man, es saber si el socialismo puede basarse en la teoría causal de Marx lo que quiere y lo que tiene que ser. Por su parte, la respuesta está clara: el socialismo no puede ser más que el resultado de decisiones morales que se apoyan sobre un fundamento anterior a cada experiencia histórica [48] . Incluso renegando del marxismo a causa de su carácter "mecánico", a causa de su automatismo, De Man reconoce “que el juicio ético existió en Marx, y que él, por así decirlo, solamente lo ha escondido” [49] . Según el autor belga, Marx se ha equivocado con este sistema de disimulo, ya que si hubiera formulado claramente los fundamentos éticos de su sistema, hubiera desbancado los fundamentos científicos, así las huellas del fundamento ético de su convicción sólo se encuentran en los escritos que tratan de los acontecimientos y de los problemas de la actualidad política. Éste era, por otra parte, una concesión de Marx a lo que consideró como la inmadurez de cuántos fundaron con él la Internacional, y a la presunta inmadurez presunta de muchas formas no marxistas del socialismo continental. Pero, De Man dice, que en las obras científicas en las que Marx desarrolló su doctrina sin fijarse en el efecto político inmediato, "hace falta casi investigar sus juicios de valor por medio del psicoanálisis" [50] . Si esto es lógico en Marx, si es posible, esto es debido al echo de que el autor de El Capital “ha recavado de su maestro Hegel la ceencia en la “astucia de la idea” [51] . A través de la búsqueda de la satisfacción e las necesidades creadas or el ambiente capitalista, traés de la lucha por lo interesesde clase, a través de la lucha por la plusvalía on los compradores de la fuerza de trabajo del obrero industrial, el proletariado se convierte en el instrumento de una fatalida, nacida dl capitalismo y causada por el desarrollo de las fuerzas productivas. La únca libertad eistente consiste en reconocer la necesidad de eta evolucón, sino, y aquí es De Man quien interviene, “la astucia de la idea” y es esta misma necesidad que, siguendo leyes férreas, dirige el progreso histórico hacia una desembocadura digna de ser perseguida en sí misma: la abolición de las clases, el fin de la explotación y de la opresión. Es pues así que actúa “la astucia de la idea”; a través de los intereses materiales, la lucha de interess y de poder, se realiza como necesidad natural [52] .

 

Tal fue, según De Man, el gran diseño de Marx. El padre del socialismo científico contemplaba un objetivo moral y su doctrina fue un intento genial para utilizar para este fin los esfuerzos dirigidos por el capitalismo hacia valores materiales. En la época heroica del socialismo, dice De Man, fue una idea fecunda y fácilmente concebible, en razón de que "los motivos de los combatientes fueron morales. Sólo los partisanos entusiastas de un ideal escatológico de justicia tuvieron entonces el espíritu de sacrificio necesario por la más pequeña lucha en favor de los objetivos materiales más inmediatos” [53] . He aquí porque se pudo encarnar entonces el objetivo ideal en los medios materiales: para el socialista que se batió en las barricadas, que conspiró o que hizo sacrificios y se arriesgó al martirio participando sencillamente en la lucha por el poder político, el objetivo y su medio fueron idénticos. Era entonces al mismo tiempo posible y lógico hacer tomar al socialismo la simple forma de una lucha por los intereses de clase sabiendo que no se trata de hecho qué de un expediente histórico. Sólo que el marxismo, que “había contado con la astucia de la idea, fue, por su parte, víctima de la astucia del interés” [54] : convertido en un movimiento de masa conducido por una clase de profesionales, fraccionado en partidos nacionales cada uno de los cuales defendía los intereses de su propia clientela, el movimiento socialista entró en una fase en que los medios se volvieron cada vez más los objetivos en sí. Fue el triunfo del oportunismo, que amenazó, en el espíritu de Henri De Man, con transformar la conquista de las instituciones de la sociedad burguesa en una conquista de parte de estas instituciones. Es un estado de cosas que Marx no pudo prever, tal como no pudo adelantar el proceso de aburguesamiento del proletariado. No pudo prever, con precisión, que, llegado a la edad madura, el marxismo habría desembocado en el "reformismo oportunista y el aburguesamiento de la cultura” [55] . De la misma forma que no pudo saber que su determinismo habría servido el "conservadurismo burocrático", que habría justificado ante todo la resistencia de los profesionales de la política contra todas las tendencias innovadoras dentro del movimento [56] . En la misma medida, De Man continúa, la teoría de la plusvalía demuestra lo vano que es querer compender la realidad social sirviéndose de incluso categorías económicas [57] . La conclusión está implícita: el mundo moderno no necesita de un socialismo zurcido y reformado, sino de un socialismo totalmente nuevo, un socialismo que pueda "liberarnos de esta dependencia del hombre hacia sus medios técnicos y económicos de vita” [58] , un socialismo que "renuncie a la posición marxista fundamental de la determinación de todas las ideologías por parte de la clase a la que se pertenece" [59] , un socialismo qu deje de ablar de las causas para iterroarse sobre los jucios de valor" [60] . Este nuevo socialismo puede asumir la forma de una "conciliación entre marxismo y socialismo ético” [61] ; hace falta conservar "lo que queda vivo del anticapitalismo marxista” [62] , sin olvidar que el socialismo es mucho más que el anticapitalismo ya que en cada socialismo hay "un impulso –el esfuerzo hacia un orden social justo y equitativo– que es eterno" [63] que es partícipe tanto de la mentalidad socialista como de los recursos espirituales de la burguesía en sus orígenes. No se puede designar este impulso, dice De Man, con una expresión mejor de “humanismo” [64] . Por esto el socialismo es definido por De Man coo una "manifestación, variable según las épocas, de una aspiración eterna hacia un orden social conforme con nuestro sentido moral” [65] . De Man recupera a menudo esta definición, completándola a su vez. El socialismo, dice en otro lugar, siempre está justificado [...] por normas morales para las que se reclama una validez universal. [...] Cada socialismo es una moral superpuesta a las cosas sociales, en el que los principios morales están, más o menos, expresamente marcados al estado de las creencias en la civilización de la época" [66] . O también, el socialismo es "la subordinación de los impulsos egoístas a los altruistas" [67] . Y, finalmente: "En el origen de cada concepción socialista existe un juicio moral nacido de la fe" [68] . Ésto hace que se trata de un “modo de pensar y de sentir tan antiguo y tan difuso como el pensamiento político mismo” [69] . Es así como se expresa entre las dos guerras la revuelta idealista dentro del socialismo europeo, y es entonces cuando nace un socialismo totalmente liberado del marxismo. Considerado como totalmente independiente de su momento histórico, de las fuerzas económicas y de las estructuras sociales, concebido por consiguiente como independiente del capitalismo, el socialismo aparece como "una corriente profunda, potente y eterna" [70] cuya historia "empieza por lo menos con Platón, los Esenios y las primeras comunidades cristianas" [71] . Esta historia continúa con los movimientos populares comunistas de la Edad Media y de la Reforma, pasa por las utopías del Renacimiento, de los siglos XVIII y XIX, para llegar a los movimientos de masa del siglo XX [72] . Es importante subrayar aquí que la noción de socialismo ético, de socialismo "eterno", es muy difusa entre el 1920 y el 1935. De Man no pudo ignorar a Spengler: el historiador alemán que, al día siguiente de acabar la Gran Guerra, anunciaba: "Todos somos socialistas, lo sepamos o no, lo queramos o no. Incluso la resistencia al socialismo tiene el molde socialista" [73] . El socialismo de que habla Spengler es "el socialismo ético", es decir "lo máximo, accesible en general, de un sentimiento de la vida vista bajo el aspecto del finalidad” [74] . Precisando su pensamiento, escribe poco más adelante: "EI socialismo ético no es -a pesar de las ilusiones que puedan aparecer inicialmente- un sistema de compasión, humanidad, paz y de rapidez, sino de la voluntad de potenza” [75] . Este socialismo que, preparado por Fichte, Hegel, Humboldt, tuvo "su tiempo de grandeza apasionada hacia mediados del siglo XIX”, ha llegado a su término en el siglo XX: es entonces cuando a "una filosofía ética" se ha superpuesto "una práctica diaria de las cuestiones” [76] . De Man se implica en esta misma calle y, como conclusión, reprocha al marxismo de esta situación. Su lucha por un socialismo ético, en nombre del socialismo de siempre, no es finalmente sólo una lucha contra el marxismo, sino también un esfuerzo por reemplazar el marxismo con otro socialismo. En nombre de un socialismo ético el futuro presidente del Partido Obrero Belga inicia el proceso de deslizamiento hacia derecha que lo conducirá, algunos años más tarde, a saludar los éxitos nazis: fue indudablemente la más bonita victoria nunca indicada sobre el materialismo. Otro ejemplo conmovedor es el caso de Arturo Labriola. Es en La Avanguardia Socialista donde se forja, en los primeros años del siglo, la violenta oposición al reformismo de Turati, que precede en una generación la lucha de Henri De Man contra Vandervelde o el asalto de Déat contra el viejo SFIO de Léon Blum. Veinte años más tarde, después de haberse adherido durante la guerra, como De Man y Déat, al nacionalismo militante, y en la vigilia del retorno a Italia mussoliniana en señal de solidaridad con su país partido a la conquista de Abisinia, Labriola, entonces desterrado en París, reconocerá el carácter muy particular del sindicalismo revolucionario italiano. "Nosotros consideramos el socialismo como un instrumento de la transformación del país, más que como un objetivo válido por sí mismo” [77] escribe, precisando que: "Nuestro punto de vista fue estrechamente italiano; quizás también un poco nazionalista [78] . En el 1932, Labriola publica en la Librería Valois otro libro de título sugestivo: Au delà du capitalisme et du socialisme. Plantes la doctrina del socialismo eterno: "Todas las sociedades que la historia ha conocido o han sido el teatro de manifestaciones del socialismo» [79] . Del mundo antiguo a Moro y Timbre, hasta el socialismo moderno, se constata "en el desarrollo del pensamiento socialista [una] continuidad que no tenemos derecho a rechazar" [80] . Así pues "el socialismo es viejo": es "viejo como doctrina, es viejo, terriblemente viejo como estado de ánimo; es viejo como aspiracións" [81] pero además parece "que una relación entre capitalismo y socialismo no haya existido nunca" [82] . Por ello "el socialismo, en sus ideales, en su movimiento y en su política, no es un producto del fenómeno capitalista, todo el problema del significado del socialismo es puesto de nuevo sobre el tapete" [83] . Existe toda una corriente en el socialismo de los años treinta, que admite la posibilidad de existencia de un socialismo sin Marx, un socialismo sin capitalismo, un socialismo independiente de cualquier consideración de clase, un socialismo que no quiera ser más que la aspiración "hacia una sociedad justa, una sociedad fraterna" [84] . Resulta, entonces, que también en otras clases sociales puede hacerse sentir la necesidad de adoptar el socialismo o que, al revés, el proletariado pueda, en una situación dada, abandonar el socialismo. Para De Man -el representante más importante de esta escuela- el valor del marxismo reside mucho más en su contribución a nuestro conocimiento del capitalismo que en lo que haya podido aportar realmente al socialismo [85] ; por el socialismo no es, "si queremos hablar apropiadamente, un producto del capitalismo", sino mucho más una "disposición humana", caracterizada por "una cierta idea fija del sentido de los valores jurídicos y morales", que se puede comprender sólo remontando a la experiencia social del régimen feudal y al artesanado, a la moral del cristianismo y a los principios de la democracia [86] . No se trata, pues, de un problema de sueldos o distribución de la plusvalía, sino de un amplio conjunto de razones que producen "un complejo de inferioridad social" y qué ponen un problema de cultura [87] . El móvil esencial del movimiento obrero, dice De Man, es el instinto de “autorestima”, es “una cuestión de dignidad al menos tanto como es una cuestión de interesse” [88] . En el espíritu de Henri De Man, lo que determinante no es el hecho de vender la misma fuerza de trabajo sino las condiciones sociales especificaciones en que esta venta se realiza: la falta de propiedad y proyección social, la inestabilidad del modo de vida, la inseguridad del empleo, el trabajo sin alegría, el estado de dependencia respecto a los patronos [89] . En otras palabras, en el momento mismo en que se llegan a establecer condiciones de vida, un régimen económico y de las relaciones sociales que aseguran al proletariado y a todos los trabajadores la propiedad, la estabilidad, la seguridad del empleo y la dignidad, el socialismo, tal como es entendido por los militantes de los partidos asociados a lo internacional, ya no tiene razón de ser. La cosa es tan evidente que el autor de Au delà du marxisme define el socialismo "como el producto de una voluntad personal, inspirada por el sentimiento del bien y el diritto” [90] : el socialismo "existió antes del movimiento a obrero e incluso antes de la clase obrera” [91] , y no nace “de una lucha de clases victoriosa” [92] . El pensamiento socialista como cada sistema de pensamiento, toman su origen, según De Man, en una cantidad casi infinita de reacciones emotivas diferentes de origen intelectual, ética y estética: "Las ideas", dice, "son la obra de la personalidad y no el resultado de un paralelograma de fuerzas sociales...” [93] . Desde el momento en que su reflexión alcanza la madurez, ella toma la vía que se convirtió en clásica desde el final del siglo XIX, la que concibe el socialismo como algo que no implica ningún tipo de cambio estructural en las relaciones económicas y sociales, y cuyo objetivo no es la revolución sino una "sociedad fraterna", un orden social basado en los "instintos altruistas" del “hombre real” [94] . La idea según la cual "el concepto de explotación es ético y no economico” [95] desarrolla un papel capital en el avance de la filosofía fascista después de la Primera Guerra Mundial. Esta idea está en la base de la negación de las "concepciones mecánicas y materialísticas que han obstaculizado", en el proletariado, "el desarrollo ético del sentimiento de solidaridad” [96] . De Man considera histórica y psicológicamente insostenible, y también prácticamente nociva, una doctrina que trata de basar la solidaridad obrera en el interés de classe [97] : el interés de clase no "crea móviles éticos” [98] y el socialismo no puede combatir el egoísmo burgués mediante el materialismo y el hedonismo obreros [99] . Ya que, en último análisis, el socialismo por De Man "es una creencia, una pasión” [100] y no una ciencia "el socialismo científico es tan absurdo como el amor científico” [101] y la ciencia social no puede conocer el futuro ya que no "necesita conocerlo más allá del alcance del acto presente” [102] . Por eso dice -y parece tener bajo los ojos un texto de Sorel- "bata con que el socialismo crea en su futuro” [103] . Hallamos la misma actitud que tuvo en el momento en que elaboró Réflexions sur la violence: el socialismo no puede ser una acumulación de nociones abstractas, o una simple deducción lógica de la actual evolución de la economía. Esta deducción “no le otorgaría alguna imagen” [104] , cuando es precisamente esta facultad de formar una imagen lo que permite edificar la visión del futuro socialista [105] . De Man es perfectamente consciente de que se trata, a fuerza de ser sinceros, de un mito soreliano [106] . De la misma forma que la idea de la huelga general no es sino un mito que simboliza la catástrofe del capitalismo, las nociones fundamentales del socialismo llamado "científico", la revolución social, la dictadura del proletariado, no son más que simples mitos, símbolos de una creencia [107] que responden precisamente a lo que constituye el elemento fundamental de la política: "la necesidad de crear masas" [108] . La revisión del marxismo desarrollada por el teórico del sindicalismo revolucionario contiene en germen la que emprende, una generación después, el líder socialista belga. Leído detenidamente el capítulo 4, central de Réflexions sur el violence, anuncia ya en muchos puntos lo esencial de las ideas expresadas en la obra de Henri De Man. Sorel es, en efecto, el primero que emprende una verdadera revisión del marxismo que interesa a las bases mismas del sistema y que asume llamarse así. El procedimiento de Henri De Man está mucho cerca del del autor francés de su escuela, tanto a nivel de teoría como de la acción política. En los hechos, los sindicalistas revolucionarios de Francia e Italia trazaron muy exactamente la ruta sobre que De Man se encaminó. Los fenómenos considerados por la crítica de Henri De Man -el determinismo, el oportunismo, el reformismo, la burocratización, el aburguesamiento, el verbalismo utópico, la ignorancia de valores humanistas [109] - son precisamente los mismos contra los que los rebeldes del principio del siglo se lanzan. También su crítica ha sido una crítica funcional formulada a partir de su empeño socialista, y también ellos han llegado a la conclusión que es precisamente la doctrina quien tiene la responsabilidad de estos errores. Sorel, Michels, Lagardelle, Arturo Labriola, antes de De Man, ataron la decadencia de los movimientos políticos de izquierda a su doctrina. Sorel y De Man, cada uno en su tiempo y en su lugar, se revuelven contra la forma caricaturesca del guesdismo y el kautskysmo, que debieron bajo muchos puntos de vista modelar el marxismo en sus concepciones mecánicas y estrechamente economicistas, y al mismo tiempo cubrir una práctica política oportunista. Ambos se oponen al desarrollo del socialismo hacia una social democracia burocraticizada, sin alma y sin altura; no tienen peor enemigo que el político degenerado, la política de los aparatos, de los funcionarios de partido, de las luchas electorales y de los certámenes parlamentarios. Pero si Sorel logra alejarse todo lo que pudiera tener que ver con la política, De Man aceptará finalmente ser ministro a la edad de cincuenta años, pero sin haber sido nunca parlamentario. Su lucha contra un marxismo pasmado, almidonado por viejas fórmulas, no es sino un aspecto del renacimiento del socialismo, que sigue siendo el gran objetivo de toda la acción de De Man. Pero el verdadero rasgo de conjunción entre el pensamiento de Georges Sorel y el de Henri De Man es esa forma de revisionismo que consiste en vaciar el marxismo de su contenido materialísta, determinista y reemplazarlo con muchas formas de volontarismo y vitalismo. Sorel fue el primero en querer corregir el marxismo insertando dentro de un sistema concebido fundamentalmente como mecánico y racionalista, una visión del mundo volontarista y una explicación nueva de la naturaleza humana. Las fuerzas profundas son, según Sorel, las del inconsciente, y la humanidad procede a fuerza de mitos e imágenes" [110] . Tal como hizo Sorel hizo pasar la psicología de Gustav Le Bon en sus Réflexions sur la violence, De Man le recurre a Freud: "La raíz de nuestros actos reside en nuestros instintos", De Man escribe [111] , recuperando una fórmula que, una generación anterior, había ilustrado Barrès. Se hace simplementeeco de los hombres a caballo entre dos siglos: "En el origen de la formación de la idea se encuentra una corriente emocional y afectiva... » [112] . Según experimentó Vacher De Lapouge, el darwinista social que también fue socialista: La conciencia moral [...] es un impulso del subconsciente. Reside en el sentimiento de solidaridad con la especie, que está mucho más intensamente arraigado en nuestra organización física que el instinto gregario o el instinto materno lo están en los animales [113] . Sin embargo, De Man añade a su análisis una ulterior dimensión, que la generación del 1890 ignoró: las mismas ciencias experimentales, qué dan prueba de la dependencia de nuestra vida espiritual y de los procesos de la conciencia de los instintos, ponen en evidencia el hecho de que las fuerzas más potentes del hombre son los instintos morales. Es por ello que en el subconsciente del hombre vive una necesidad invencible de consideración y consideración de si mismo [114] : Según el autor belga, la psicología permite llegar a un socialismo fundamentado sobre realmente bases científicas. Así la psicología corrige, completamente en ocasiones, vaciándolo de su contenido materialista, tomando el lugar del marxismo. En la psicología, De Man ha encontrado por fin un método que pudiera oponer con éxito al materialismo histórico. Efectivamente, según De Man, la psicología facilita otra concepción del hombre, engendra una verdadera revolución cultural e ideológica. Freud desarrolla un papel cuya importancia puede ser sólo comparada a la desarrollada por Marx y los puntos de contacto entre la nueva psicología y el socialismo se manifiestan en el hecho de "que esta psicología, con la individualización del hombre, ha superado al mismo tiempo la materialización” [115] . De Freud recupera el mecanismo del complejo, de Adler hereda dos ideas: la importancia de la comunidad humana mediante la edificación de los valores que el hombre necesita, pero sobre todo la influencia del sentimiento de inferioridad [116] . En efecto, De Man escribe, el descontento crónico de la clase obrera [...] no es más que un aspecto particular de un vasto de causas que engendran un complejo de inferioridad social. [...] Situar el problema en estos términos, quiere decir darse cuenta de como el móvil esencial del movimiento obrero es el instinto de autoestima; o, para decirlo en términos prosaicos, es una cuestión de dignidad no mens que una cuestión de intereses [117] . Una decena de años después, haciendo balance de su acción, es consciente de haber descubierto en la psicología un método "que hace descender el ideal consciente del móvil subconsciente, la doctrina de la voluntad, el objetivo del movimiento y la idea del sufrimiento" [118] . Aunque se acepta la idea según la cual el empleo de la psicología social por parte de De Man es de inspiración ética [119] , aunque sea su inspiración moral la que le lleva a este tipo de análisis y conclusiones, no existen dudas que se trata en él de un proceso que contribuye fuertemente a la cristalización de la ideología fascista: hacer emanar "la doctrina de la voluntad" y "el objetivo del movimiento" representa exactamente el sentido de la revolución intelectual simbolizado por el fascismo. Escribiendo Au delà du marxisme, De Man es perfectamente consciente que el método "que busca tras los móviles del interés económico, las causas psicológicas más profundas que los inspiran [...] no sólo la interpretación marxista del movimiento obrero, sino también la interpretación marxista de la economía politica» [120] . Tocamos aquí el problema cardenal: al marxismo, a este "hijo del siglo" XIX, portador del principio de la "causalidad mecánica" [121] , De Man opone el "volontarismo sindical" [122] ; frente a un sistema caracterizado "por las expresiones: determinismo, mecanicismo, historicismo, nacionalismo y hedonismo económico" [123] presenta como solución sustitutiva una "ciencia socialista" qué define como "pragmática, volontarista, pluralista e institucionalista" [124] . Ésto implica, y De Man no olvida de subrayarlo, una concepción que le remonta a Proudhon el cual, según él, fue en realidad mucho más proletario en su concepción de la revolución de lo que fuera el marxismo. Para este último, dice el autor belga, la lucha de clase del proletariano no es, a fin de cuentas más que la realización de una idea reconocida por intelectuales a priori. "Para el proudhonismo, el movimiento es el la fuente de una creación constante de ideas a posteriori", y su concepción de la revolución se basa sobre el «acción directa" de los obreros en el campo de la actividad económica y social [125] . De Man se refiere a menudo a Proudhon para subrayar todo lo que el socialismo debe a la bestia negra de Marx [126] . Cómo Sorel, como todos los maurrassianos sociales, como todos los socialistas que se deslizaron hacia el fascismo, aprecia su "socialismo con el sabor de la terra” [127] . No se trata de que el procedimiento de Henri De Man esté una vez más próximo al ilustrado por Sorel. El principio de la revisión del marxismo mediante la introducción de elementos volontaristas, vitalistas, antimaterialístas, conducen a los mismos resultados. A fin de cuentas, se consigue una ideología que se considera incluso socialista, pero cuyo sentido cambia muy intensamente. "Lo que hay de esencial en el socialismo, es la lucha por él" [128] , escribe el autor de Au delà du marxisme [129] . Lo que cuenta realmente en el socialismo es el movimiento, y si se quiere andar adelante verdaderamente, hace falta "decir sencillamente: en el principio fue la acción" [130] . Es necesario también, por última vez, no olvidar con "la teoría de la superestructura", o suposición de que las ideas 'reflejan' sencillamente intereses" [131] , hace falta decir en voz alta que "el placer egoísta separa a los hombres y el sacrificio los une" [132] y que, finalmente, "el objetivo de nuestra existencia no es paradisíaco pero heroico" [133] . Ningún ideólogo fascista ha dicho mejor. El problema de la "alegría" del trabajo ocupa en la obra de Henri De Man un puesto importante. Según De Man, el hecho de que en este momento las funciones más importantes de la producción sean confiadas a seres que no eperimentan con ello ninguna satisfacción, hace presagiar un peligro extremadamente grave para la civilización [134] . Es, en su espíritu, "un motivo de descontento tan importante como el empobrecimiento problemático de sus recursos" [135] . En la práctica cree infinitamente más importantes los problemas de satisfacción personal, de "dignidad humana", de "capacidad profesional" [136] que los relacionados con la propiedad de los medios de producción o la distribución de la riqueza. Los problemas psicológicos, afectivos y emocionales, toman siempre la ventaja sobre los económicos: la estética ocupa en la vida de los hombres un lugar al menos tan importante como la economía. Se puede así, satisfacer las necesidades psicológicas de los trabajadores, para eludir abordar los problemas estructurales: tal es la idea esencial implícita en este análisis. De la misma forma, la aspiración primaria del hombre, dice De Man, lo empuja a expresar en su trabajo los valores del alma más personal. Así que, para el líder socialista belga, tudos los problemas sociales de la historia "no son más que los diversos aspectos del problema social eterno, que los supera y los resume todo en último análisis: ¿cómo puede encontrar el ser humano la felicidad, no solamente por el trabajo sino también en el trabajo?" [137] . La revisión del marxismo asume en tal modo todo su sentido: converge, sin grandes dificultades, con la visión del mundo propia del fascismo. Otros elementos se suman para percibir como más natural aún la inclinación del revisionismo de Henri De Man hacia el fascismo. "Las motivaciones de las masas son esencialmente de orden emotivo", dice recuperando la vieja fórmula de Gustave Le Bon [138] . He aquí porque, como “las ovejas de Panurgo”, las masas siempre "sentirán la necesidad de seguir las huellas de un jefe, que representa a sus ojos todo lo que hubieran querido ser" [139] . El proceso de identificación del propio yo con un yo ideal está en la naturaleza de las cosas, tal como la diferencia social entre los jefes y las masas. Es pues pura ficción ver en los jefes de un partido socialista a simples representantes de la voluntad de sus miembros [140] . De ello se desprende que cada sociedad, independientemente de sus estructuras y de su organización, necesita jefes. Una sociedad socialista no será diferente, tendrá su jerarquía, sus hombres fuertes y sus desigualdades naturales. En cierto sentido, De Man recupera el papel que tuvieron a principios de siglo Pareto, Mosca o Michels: fundadores de las ciencias sociales que huvieron erosionado profundamente las bases de la democracia parlamentaria, el autor belga cuestiona la posibilidad de existencia de una sociedad socialista en que las relaciones entre los hombres sean diferentes de los que prevalecen en la sociedad capitalista. La importancia esencial que De Man concede a los factores psicológicos, a las motivaciones individuales, a todo lo que hay de inmutable en la naturaleza humana, disminuye considerablemente las diferencias entre una sociedad socialista y una sociedad no socialista. Lo mismo ocurre con el concepto de igualdad: "el deseo de igualdad y la necesidad de desigualdad, lejos del excluirse, se condicionan mutualmente" [141] . De la misma forma que hay un "deseo de igualdad", hay también "la necesidad de desigualdad" [142] , y lo que empuja a las masas con más fuerza hacia el socialismo, es la "necesidad instintiva e inmediata de las clases inferiores de disminuir la desigualdad social". Esta "reivindicación socialista de igualdad" es "Ia representación compensatoria de un complejo de inferioridad" inherente a la condición obrera [143] como el producto del “instinto de autoestima” del hombre occidental [144] . Sin embargo, sus instintos sociales exigen al mismo tiempo, según De Man, que cada sociedad "tenga" una clase superior qué pueda dar el ejemplo de un estado deseable: es por esta razón psicológica que ninguna sociedad es posible sin "aristocracia" [145] . Esta aristocracia puede asumir formas muy diferentes: el gentilhombre europeo o el viejo mandarinato de la antigua China, o incluso el dirigente comunista soviético, no son más que espectos diferentes del mismo fenómeno" [146] . En último análisis, "la inferioridad social de las clases trabajadoras" no se basa ni sobre una falta de igualdad política, ni sobre las estructuras económicas existentes, sino sobre un estado "psicológico" qué proviene de un sentimiento crónico de inseguridad y, sobre todo, de su creencia en esta inferioridad [147] . Por otra parte, se pone cada vez más de manifiesto que incluso conduciendo una lucha de intereses contra la burguesía, los obreros consideran la existencia burguesa como envidiable y deseable, y cada vez, se parecen más parecidos a sus avversarios [148] . He aquí porque no existe una cultura proletaria. Esta no es más que una reivindicación, producto de la hostilidad contra la cultura burguesa que caracteriza el socialismo de los intelectuales, pero que no interesa a los obreros. El modo de vida de la burguesía ejerce gran influencia sobre el proletariado: el deseo de ser decorosos también determina la aceptación de parte del mundo obrero de las normas morales de las clases privilegiadas [149] . La especificidad proletaria no es más que una ilusión, una invención de los teóricos: ¿no es el marxismo mismo quizás la creación de un "ratón de biblioteca, extraño a las cosas de la vida práctica y sobre todo de la vida obrera?" [150] . El marxismo para De Man no es otra cosa que la democracia fue por Maurras: apenas una nube. Un élitismo muy pronunciado constituye así uno de los aspectos esenciales de esta revisión del marxismo: De Man tiene horror de la burguesía –llega hasta afirmar que la atmósfera de la sociedad burguesa se "ha vuelto irrespirable" para él [151] - pero sabe que, en algunos campos, la formación del gusto por ejemplo, no son cosa de costumbres individuales, "sino de un ascenso para las generaciones en el curso de la cual se hereda una cultura tal como una propiedad" [152] . Alexis de Tocqueville no lo hubiera dicho de otra manera, pero el autor de La Democracia en América no tuvo el pretensión de ser socialista. Es cierto que Michels, por su parte, también profesó las mismas ideas que Mosca y Pareto. Cuando tal forma de élitismo viene a sumarse a una negación más radical del parlamentarismo como de los valores burgueses y al desprecio de las costumbres en régimen de sufragio universal, nadie puede dudar del resultado de todo ello. Esta conclusión es tanto más clara si se considera que, en el espíritu del autor de Le Idée socialiste, el proletariado moderno ya no vive más, desde hace mucho tiempo, en la realidad que conocieron los hombres del 1848. Hoy, organizados en sindicados, gozando de sufragio universal, de la instrucción obligatoria, de una vasta legislación social, los obreros, tienen poco que er con la la ilusión marxista según la cual "tendrían que perder muchas cosas que representan para ellos una pequeña parte de patria" [153] . Ante todo, los obreros han adquirido influencia sobre el Estado y, lo que es aún más importante, "su influencia se confunde cada vez más con la consideración del Estado mismo" [154] . Efectivamente, a la clase a obrera le corresponde, frente a los grandes monopolios industriales y financieros, frente a la Bolsa y a los Institutos de crédito, ser el verdadero sostén del Estado. Aquí el líder socialista belga llega una vez más a otra conclusión de gran importancia: "Contra más se vuelve el socialismo el vehículo de la idea de Estado, tanto más se vuelve también el vehículo de la idea de nación que se encarna en el Estado" [155] . Así se encuentra abierta el vía hacia una nueva forma de socialismo. Esta nueva concepción de socialismo puede desembocar en la socialdemocracia, o incluso en el laborismo, pero también puede conducir a una fórmula, el socialismo nacional. La cosa es tanto más fácil en cuanto De Man insiste en que, en el mundo moderno, "no todos los intereses de los obreros se oponen a los de los propietarios” [156] : existe una solidaridad de intereses entre el obrero y el empresario, y la suerte de ambos depende de la política llevada adelante por sus jefes políticos y militares, de la coyuntura internacional o de la competencia extranjera [157] . Por otra parte, a medida que a la clase obrera "crece en potencia y asume más responsabilidades" [158] , se encuentra cada vez más arrastrada por los conflictos entre Estados. De este modo, De Man dice, "los obreros de países diferentes se convierten en concurrentes sobre el mismo espacio de los intereses económicos inmediatos, en lugar de verse cada vez más unidos como consecuencia de la continua expansión de la economía capitalista mundial" [159] . El capitalismo, pues, no desarrolla el papel que le fue asignado por Marx, y el mundo no reviste aquella forma simple que el padre del socialismo científico previó. El internacionalismo apenas se queda en una vana palabra, ni la depauperación ni la polarización social se producen, y la clase media no ha sido rechazada hacie el proletariado por la concentración capitalista. La estructura social del campesinado ha seguido siendo sencialmente la que fue siempre, la ascensión de la nueva clase media ha compensado la decadencia de la vieja clase media de la época precapitalista. Cuantitativamente, los artesanos y los comerciantes autónomos han sido reemplazados por los empleados, los funcionarios y los profesionales librerales. De Man enseña que la decadencia social de estos medios se realiza de modo colectivo y no individual. La pérdida de independencia social golpea todas las clases: los campesinos con la deuda, la nueva clase mediana ciudadana con la creciente incertidumbre causada por la disminución de las posibilidades de trabajo, la vieja clase mediana con la reducción de los capitales y las grandes rentas [160] . En esto consiste el problema nuevo al que De Man se dedica. Es extremadamente consciente de la diversidad de las clases y de los grupos en la sociedad moderna, del pluralismo de los intereses que no se dejan reducir a la dicotomía marxista tradicional. Para él, el gran problema de los años Treinta es el peligro de proletarización que amenaza a las clases medianas, ya sea a las ciudadanas o a las campesinas y a su revuelta contra una eventual proletarización. Esta revuelta se expresa "de un lado por sentimientos anticapitalistas, del otro por sentimientos antiproletarios” [161] . Aquí se encuentra, según él, la llave psicológica de la respuesta a la proletarización creciente, que está construida ya sea de odio al capital, como de odio del socialismo proletario [162] . Puesto que el socialismo reformista, tal como fue presentado entonces, no tiene casi nada esencial proponer y el comunismo es para ellas un espantajo, las clases medianas se orientan hacie el fascismo [163] He aquí, pues, tal como él la concibe, la nueva situación que hace falta afrontar: De Man propondrá, pues, una tercera vía entre el socialismo ortodoxo, que excluye las clases medianas y el fascismo hacia las que se deslizan. Esta tercera vía aspira como principio a proveer, gracias a un plan de acción, una respuesta al desafío que la crisis europea plantea: crisis del sistema económico, crisis del régimen político, crisis de sociedad. Esta respuesta será el planismo, el famoso "Plano De Man" seguido por ejemplos parecidos en Francia. Pero el planismo irá mucho más allá de presentar una solución ad hoc en relación a un problema definido, ya que, en la prática, esto constituiría una dimensión del revisionismo. Ahora, el revisionismo de Henri De Man, seguido por el de Marcel Déat, constituye, para el pensamiento socialista de la época, el intento inconformista más profundo en el período entre las dos guerras. Se trata de una experiencia original, de gran importancia sobre el plano de la teoría política. Efectivamente, con respecto al socialismo democrático, parlamentario, respetuoso con las reglas del juego y el sufragio universal de un lado, y con respecto al liberalismo del otro, esta experiencia propondrá una tercera solución -un socialismo por todas las clases reunidas- fundada al mismo tiempo en el antimarxismo, en la negación del capitalismo y en la integración del proletariado en la comunidad nacional. Ciertamente, el planismo en sí puede alimentar cualquiera ideología política que no se refiera específicamente al liberalismo más extremo e, intrínsecamente, no hay ninguna razón por que tenga que conducir al fascismo. Será así, en particular, después de la segunda guerra mundial; pero en los años Treinta, cuando se presenta como una alternativa al socialismo democrático y al liberalismo, integrando al mismo tiempo al corporativismo y al autoritarismo político, el planismo contribuye fuertemente a alimentar la mentalidad fascista.

(C) Por la traducción: Ernesto Milà - infokrisis@yahoo.es

 

 

El drama de la vivienda es más drama con Zapatero

El drama de la vivienda es más drama con Zapatero

Infokrisis.- Las últimas medidas anunciadas por el gobierno, son algo más que propuestas demagógicas y electoralistas planteadas hoy para ganar las elecciones pasado mañana. Son un fraude a la esperanza, un juego con el drama más intenso que padece la sociedad española: la vivienda... Una vergüenza más de la partidocracia real o de la pretendida democracia.

Las inatendibles propuestas de Chávez

Fue a principios de septiembre y constituyó una de las primeras andanadas electorales de la Ejecutiva del PSOE: el gobierno andaluz –socialista gracias al PER, mucho más que gracias a la eficacia de su gestión- aseguraba piso a todos los que tuvieran ingresos mensuales menores a 3.000 euros, que no costaran más de 1/3 del salario.

La frase, soltada por Chávez en el curso de una rueda de prensa, no tuvo ni un antes ni un después, no había ni plan, ni siquiera proyecta, ni mucho menos, un esbozo de tal; lo único que había era una frase perdida entre otras frases no menos electoralistas en las que Chávez intentaba demostrar la eficacia social de su gestión.

Al día siguiente, todos pensábamos que se ampliaría algo la propuesta: ¿los pisos serían en propiedad? ¿en alquiler? ¿se trataba de 3.000 euros por cónyuge?, ¿3.000 por persona?

Después del “papeles para todos” ahora nos quedaba ver el “pisos para todos”. Si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría de salarios se sitúa por debajo de los 3.000 euros, la propuesta era importante porque alcanzaba a un mayoría. Que fuera aplicable era harina de otro costal.

Los medios de comunicación acogieron la propuesta irónicamente, incluso los más vinculados al PSOE. Nadie se la tomó en serio, ni nadie tenía porqué tomársela. La única que se atrevió a decir algo a su favor fue la Chacón, recién estrenada en su cargo y que, a falta de mejores ideas, dijo que el plan era viable, pero tampoco aclaró ninguno de los grandes enigmas del asunto.

En el momento de escribir estas líneas, la propuesta de Chávez queda solamente como la primera andanada de la serie de eslóganes electoralistas que nos queda por sufrir de hoy a las elecciones de marzo.

Chávez es especialista en estas majaderías: ahí está el “operaciones de cambio de sexo para todos” o “subvenciones para la renovación tecnológica en las empresas”. Esta última es particularmente significativa de la forma “chapista” de hacer las cosas: cuando algún empresario fue a ser incluido en el programa, a poco de lanzarse, le contestaron que el presupuesto ya se había agotado… pequeño detalle que Chávez no explicó al lanzar su propuesta. Pero la vivienda no es un chiste lepero, sino un drama vivo y activo en la sociedad española.

Segunda andanada: la Chacón a la carga

La única que surgió en defensa de la propuesta de Chávez, fue Carmen Chacón, flamante ministra de la vivienda (evitamos las mayúsculas a la vista de que es un ministerio virtual, inexistente en la práctica y apto sólo para poner al frente a una “mujer de cuota”) que, diez días después, anunció solemnemente en las escaleras de la Moncloa, junto a Zapatero, de su “plan” para resolver la cuestión de la vivienda.

Acabada la exposición de ZP, todos los periodistas allí presentes se quedaron con la impresión de un dejà vû. Efectivamente, la predecesora de la Chacón había sacado a colación hacía dos años y medio un plan similar, del que salió la “Agencia Estatal de Alquileres” que en sus dos años de vida ha tenido el mismo volumen de negocio que una inmobiliaria de barrio. También se aludía a las subvenciones al alquiler.

La Chacón propuso dar a los jóvenes un subsidio de 210 euros para pagar su alquiler. Bueno… en realidad, no era así. La Chacón lo que proponía era dar esos 210 euros a los propietarios de los inmuebles en donde se alojas en jóvenes… Esa era toda la ayuda.

Si la Chacón hubiera tenido una mínima formación en economía y conocimientos en psicología, habría intuido que eso suponía, simple y sencillamente subir 210 euros el precio de los alquileres. Los propietarios, simplemente, pensarán que si el inquilino puede pagar un alquiler de X euros, podrá pagar el mismo alquiler pero el recibo será de 210 euros más… pagaderos por el Estado.

Una brillante propuesta que encarecerá el precio de los alquileres, sin más. Existen gobiernos que, como el de Zapatero, lo importante es que no se muevan: cuando practican su increíble tendencia a “lanzar propuestas”, siempre, inevitablemente, es peor el remedio que la enfermedad.

Por qué están “atacando” en esa dirección

Carmen Chacón pertenece al círculo íntimo de Montilla y es una de las esperanzas para que en las próximas elecciones, el PSC pueda superar su declive electoral –irremediable desde que juega en el tripartito-; la Chacón tiene las tres cosas que podría valorar una parte del electorado: es xarnega (con apellidos no catalanes), es mujer y es joven. Así pues, al margen de su recauchutado labial, tiene todos los elementos que deberían de evitar que el PSC se sumergiese en una sangría electoral.

Hay que recordar a este respecto que el que Zapatero puede sobrevivir a las próximas elecciones depende de cuatro factores: los resultados electorales en Catalunya, los resultados en Andalucía (las dos autonomías en las que hasta ahora ha tenido más tirón en donde no puede perder muchos votos) y los resultados electorales en Madrid y en Valencia (en donde su situación es más precaria y donde las últimas elecciones autonómicas han evidenciado que el público urbano rechaza el caos zapaterista).

Dicho esto, se entiende mejor que hayan sido Chávez y la Chacón (conocida como la Chochón en medios parlamentarios y periodísticos) quienes hayan lanzado las primeras andanadas pre-electorales. Si en Catalunya y Andalucía el PSOE baja (lo que parece probable) y en Madrid y Valencia no se recupera del batacazo (lo que parece seguro), habrá perdido las elecciones de marzo.

Fraude a la esperanza

Proponer operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social es una frivolidad que afecta solamente a frívolos. Proponer “viviendas para todos” es un fraude a la esperanza. Una mentira pura y simple que nadie tiene intención de aplicar, por ser de suyo inaplicable, pero que servirá para atraer unos cuantos votos ingenuos.

No se trata de que la vivienda sea el problema más serio –junto a la inmigración- que tiene planteado la sociedad española, sino que la clase política se ha habituado a lanzar promesas imposibles de cumplir para mejorar su situación electoral. Se juega con las necesidades, se juega con los problemas y se juega con las esperanzas de todos los españoles. Eso bastaría para descalificar de una vez y para siempre a la clase política y para generar una protesta popular de envergadura nunca antes conocida. Sin embargo, en España tiene una desembocadura light: aumentar los niveles de abstencionismo y desinterés. El divorcio entre la “España Real” y la España oficial” sigue aumentando.

Esperamos que en el mes de marzo, los electores que hayan decidido ir a votar, sepan castigar a quienes nos mienten y demuestran la falta más absoluta de escrúpulos en su búsqueda miserable de votos.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Cuando los intelectuales disentían: los no conformistas de los años 30 (I de II)

Cuando los intelectuales disentían: los no conformistas de los años 30 (I de II)

Infokrisis.- En el lejano 1973, leyendo la Historia de las Ideas Políticas de Jean Touchard supe de la existencia (pág. 603 y sigs.) de una corriente política realmente sorprendente que apareció en Francia en lso años 30 y que Loubet del Bayle había llamado “los no conformistas de los años 30”. Debía llegar todavia el año 1983 para que apareciera la edición italiana de Né Destra ne Sinista de Zeev Sertnhell para comprender la totalidad del fenómeno. Si en el siglo XX hibo un movimiento revolucionario y alternativo en estado puro ese fue el formado por gente tan diversa como Henri de Man, Thierry Maulnier, Andaud Dandieu y tantos otros.

Francia, laboratorio de ideas

La tesis del profesor Sternhell es que en Francia el fascismo no ejerció nunca el poder, por tanto, es ahí en donde no se vió adulterado por los compromisos contraídos para poder ejercer la tarea de gobierno y donde existió un mayor poso teórico que permite analizar el fenómeno mejor que en cualquier otro luigar. Porque la tesis de Sternhell, en el fondo, es que los llamados “no conformistas de los años 30” fueron fascistas.

El libro de Sternhell es extremadamente lúcido y provisto de una abundante documentación que no hace sencilla la tarea de quien aspire a refutarlo. Sterhnhell realiza algunas precisiones: cuando se refiere a “los años 30” alude sobre todo al período 1930-1934. A partir de los incidentes de la Plaza de la Concordia el 6 de febrero de ese año y de la nueva situación internacional que se va precipitando sucesivamente, se producen correcciones en todo ese movimiento que determinan su pérdida de vigor en los años siguientes. Estos sucesos son, fundamentalmente, tres: la subida de Hitler al poder y las primeras reivindicaciones territoriales que no cesarán hasta el 1º de septiembre de 1939 y el estallido de la guerra civil español.

Ambos fenómenos muestran aspectos poco agradables –especialmente para un francés- del fascismo alemán y del fascismo español. De un lado, el rearme inmediato de Alemania y el inicio de sus reivindicaciones territoriales –hacia 1935- alarman a los franceses –incluidos a la mayoría de intelectuales- que tienen fresco el recuerdo de la Primer Guerra Mundial e incluso, los más mayores, de la Guerra Franco-Prusiana. Como veremos, no son nacionalistas, pero temen que el expansionismo alemán pueda afectar a su nación.

En cuanto a la Guerra Civil Españala, les demuestra que no hay “guerras limpias” y que en un conflicto bélico todas las partes cometen excesos. Los “no conformistas de los años 30” habían nacido en la Francia racionalista y admitían mal los excesos, aun cuando los cometieran los miembros de su “propio bando”.

¿Por qué el período áureo fue entre 1930 y 1934?

Desde 1880, Francia había sido un hervidero de nuevas ideas. La Revolución Francesa que en toda Europa se percibía como la “victoria de las libertades” había dejado un recuerdo de sangre, excesos siniestros, radicalismo absurdo y revueltas criminales, asociadas al sonido de la guillotina. Sectores, incluso liberales, consideraban que la Revolución Francesa había sido simplemente una orgía innecesaria de sangre que precipitó la irrupción de la República, pero que hubiera podido ser posible sin las desgracias que acarreó.

La irrupción de un grupo de intelectuales de derechas en la escena política, de la mano de Charles Maurras, la aparición del “nacionalismo integral”, las obras de Drumont, Daudet, Bainville y, naturalmente, Maurras, habían contribuido a generar un ambiente cultivado en el que fermentaron ideas nacionalistas, atenuadas en el radicalismo propio a cualquier nacionalismo, por el carácter culto y erudito de sus mentores.

En el primer tercio del siglo XX, el semanario L’Action Française y la asociación del mismo nombre, alcanzaron una influencia entre capas intelectuales y entre sectores de la pequeña burguesía que lo configuraron como un fuerte movimiento de masas. En aquella época, los universitarios o eran miembros de las Juventudes de Acción Francesa o eran simpatizantes, o carecían de fuerza y de argumentos para competir con ellos.

Solamente cuando acabó la Primera Guerra Mundial e irrumpió el fascismo italiano, algunos miembros de Acción Française percibieron que determinadas ideas de Maurras deberían ser rectificadas y que otras ya no tendrían la importancia en el escenario futuro que se adivinaba para Europa, como la que habían tenido hasta entonces. Estaba naciendo un mundo nuevo: Maurras no lo percibía porque formaba parte del “viejo mundo” a pesar de que sus Camelots du Roi dominaran el Barrio Latino y sus 70.000 afiliados compitieran con cifras parecidas del PCF

En los años 20 y en los primeros años 30 nacen distintas formaciones de extrema-derecha que intentan imitar al fascismo y, luego, al nacionalsocialismo alemán. Se trata de copias, la mayor parte constituidas por antiguos miembros de Action Française que habían descubierto la necesidad de un “pensamiento social” que acompañara al “pensamiento nacional” del que Maurras había sido tan diestro difusor. Bucard, Valois, Lamour, etc., se parecían demasiado al modelo italiano el cual, por lo demás, estaba sufriendo una mutación en tanto que su presencia en el poder pasó de temporal a permanente. Mientras Mussolini moderó sus posiciones extremistas en lo social, Bucard y Valois mantuvieron su radicalismo social que trasmitieron a las sucesivas formaciones fascistas francesas y, en especial, al Parti Populaire Française de Jacques Doriot que nació más tarde.

Los primeros fascistas franceses estaban persuadidos de que podían imitar a Mussolini y hacerse con el poder mediante un golpe de fuerza. Se organizaron en milicias y fueron, mucho más, una “primera línea” combativa que un partido convencional. Rozaron la insurrección en la noche del 6 de febrero de 1934, pero la falta de valor de los líderes más moderados –el coronel La Rocque jefe de los Croix du Feu y el propio Maurras- limitaron los incidentes a unos disturbios localizados en una fecha concreta. El impacto que estos sucesos tuvieron en la extrema-derecha francesa fue extraordinario. Unos terminaron por configurarse más tarde, como partido político convencional –el PPF- mientras que otros se organizaron clandestinamente –La Cagoule-. En 1935 el panorama había cambiado extraordinariamente.

El anticomunismo como elementos distorsionador

La fermentación previa que se había generado tras la Guerra Franco-Prusiana, la proliferación de disidentes de Action Française, los primeros pasos del fascismo francés, habían hecho que buena parte de la juventud francesa pensase en términos de “fascismo francés”. Pero, al mismo tiempo, el hecho de que los grupos que se declaraban de esa tendencia no ocuparan el poder, hizo que pudieran ofrecer un aspecto “auténtico” que contrastaba con la burocratización creciente del fascismo mussoliniano, su coexistencia pacífica con la monarquía de los Savoia.

Por otra parte, el comunismo francés fue siempre fuerte. Esto generó que algunos industriales seducidos por el fascismo italiano apoyaran a grupos fascistas franceses -e incluso los crearon ellos mismos- dotándolos de una única característica que se fue haciendo patente a medida que avanzó la década de los 30: el anticomunismo. Los propietarios de Renault y, especialmente, de L’Oreal, creían que, de un momento a otro, la izquierda marxista podía operar un proceso como el leninista y hacerse con el poder. Sus sustanciales ayudas contribuían a que, en caso de una hipótesis de este tipo, existiera una fuerza militante de dureza extrema que impidiera la aventura. En este sentido, si es rigurosamente cierto, que una parte sustancial del “fascismo francés” fue el “brazo armado de la burguesía contra el comunismo”…

Reducir todo el fascismo francés a éste parámetro es abusivo y erróneo. Es cierto, igualmente que en España, la Falange de Primo de Rivera y las distintas experiencias y revistas de Ramiro recibieron fondos de industriales vascos y de la nobleza terrateniente, pero reducir el “fascismo español” a esto es, evidentemente, un error, porque contenía también elementos intelectuales de cierta envergadura. En Francia se dio una situación parecida a la de España, pero multiplicada por cien en la medida en que los intelectuales comprometidos con la extrema-derecha eran muchos más, surgidos al calor, especialmente de Maurras.

Realmente, los fascismos solo son aleatoriamente anticomunistas y en la medida en que en el curso de su lucha por el poder disputan con los partidos comunistas efectivos de la clase obrera. Así como los partidos burgueses apenas tenían obreros entre sus filas, desde su origen, los fascismos se configuran como partidos interclasistas, incluso en los que la clase obrera está sobrerrepresentada y tiene formaciones específicas (las SA hitlerianas, por ejemplo estaban formadas esencialmente por excombatientes surgidos de la clase obrera). Esto mismo ocurre en el Reino Unido con la Union Mouvement de Mosley, otra forma de fascismo interclasista con una fuerte componente obrera. En el fondo, el fascismo español adoleció de esta falta y fue, a la postre, un partido de derechas radicales, esencialmente juveniles, cuyos miembros pertenecían mayoritariamente a la burguesía media.

En tanto los partidos comunistas obedecían consignas emanadas de un solo centro internacional, el Komintern, se beneficiaban de las experiencias obtenidas en otros países. La experiencia italiana y la alemana fueron traumáticas para el movimiento comunista internacional y, a partir de entonces, allí donde alguién enarbolara ideas similares a los fascismos, el Komintern declaró su voluntad de combatirlos, o en su jerga: “Aplastar al fascismo en el huevo”.

La subida de Hitler al poder exaspera esta tendencia del Komintern y hace que a partir de 1934, allí donde nace un pequeño grupo fascista, todos los esfuerzos del partido comunista más próximo, se dediquen a combatirlo. Mucho más en el caso francés en donde, el fascismo tenía cierta importancia numérica y la sombra protectora de L’Oreal, Renault y varias firmas más, era palpable.

La gestación de los no-conformistas de los años 30

Los “felices veinte”, los “años locos”, no pudieron evitar que algunos jóvenes intelectuales, habitualmente próximos a Action Française, realizaran una reflexión intelectual. Dado que eran tiempos de militantismo, todos ellos se “comprometieron” con ideas situadas voluntariamente al margen del orden establecido. No puede hablarse de una tendencia homogénea. Loubet del Bayle y Zeev Sternhell han distinguido tres corrientes similares y hasta cierto punto convergentes, pero todas ellas con rasgos propios:

- El Grupo Ordre Nouveau, formado por Alexandre Marc con la cooperación intelectual de Robert Aron y Armand Dandieu.

- La Joven Derecha, con Jean Pierre Maxence y especialmente, Thierry Maulnier, expresada a través de revistas como Cahiers, Réaction pour l’ordre, La Revue Française y La Revue du Siècle.

- El Grupo Esprit, formado en torno a la revista del mismo nombre y Emmanuel Mounier.

A estos grupos podría sumarse otro que influyó extraordinariamente en la Joven Derecha: el formado en torno a Henri de Man y que agrupaba a disidentes de la izquierda marxista y del que hablaremos más adelante.

La proliferación de estos grupos se produjo entre 1930 y 1934, y partían de ideas comunes:

1.- Rechazo al individualismo característico de las sociedades liberales y, por tanto, rechazo de la ideología liberal y especialmente a sus instituciones que consideraban “frágiles e inhumanas”. Por eso, cuando se vean obligados a forjar una doctrina que aspire a rivalizar con el individualismo, la llamarán “personalismo”.

2.- En tanto que antiliberales eran antiparlamentaristas y, por tanto, no tuvieron inconveniente en fijar su atención hacia los dos movimientos del mismo cariz: fascismo y comunismo. En tanto que intelectuales realizaron una mirada crítica hacia estos fenómenos.

3. – Rechazaban el materialismo marxista y el nihilismo del que hacían gala algunas corrientes del fascismo. No podían evitar ser franceses, esto es, racionalistas hasta cierto punto; pero también asumían toda la tradición europea de considerar a la realidad como algo situado más allá de lo tangible. Los había católicos y agnósticos, pero todos ellos consideraban que existía un poso en la naturaleza humana que no podía reducirse a la materia.

4.- Creen que es preciso restablecer la autoridad del Estado, pero no un “estado autoritario”. Rechazan el indivualismo liberal y el colectivismo marxista, aluden a una organización “federalista”, “personalista” y “comunitaria”, que no era propiamente fascismo, pero que si acercaba a algo, era precisamente al fascismo. Maurras había impregnado a su nacionalismo integral de antijacobinismo y, por tanto, su doctrina encajaba bien con las ideas regionalistas. No se consideraban “totalitarios”, pero defendían a un Estado fuerte, encarnacion jurídica de la Nación, pero también a una sociedad fuerte que el Estado debía estar en condiciones de organizar y satisfacer en sus necesidades.

Todos estos grupos fueron debatiendo estas ideas, ampliándolas y rectificándolas a medida que fue pasando el tiempo. Como hemos dicho, entre 1934 y 1936 se evidencian las consecuencias de tres hechos traumáticos (subida de Hitler al poder, sucesos del 6 de febrero de 1934 y estallido de la Guerra Civil Española) que contribuyen a romper la identidad doctrinal común de estos tres grupos y los dispersan.

Cuando Alemania invada Francia, se cree la Zona Libre de Vichy, algunos no-conformistas observarán y participarán en las experiencias corporativas impulsadas por el Mariscal Petain, otros figurarán en la Resistencia, otros preferirán abandonar toda actividad y otros, simplemente, pasarán a la izquierda. La evolución de los “no conformistas” fue problemática y marcada por un alto grado de dispersión. En 196 el fenómeno había concluido y sólo quedaba como ejemplo de una reflexión intelectual frustrada que no pudo tener traducción política.

La inmensa mayoría de intelectuales de aquella época, posteriormente asumieron sus escritos y, como máximo intentaron justiicarlos, pero no renunciaron a ellos. Solamente, la revista Esprit tomó posiciones contrarias a lo que había sido el pensamiento difundido por ella en los años 30. Los herederos de Mourier serán los primeros en llamarse “nueva izquierda” y tendrán siempre influencia en los entornos del partido socialista y en los grupos de “cristianos comprometidos”. A partir de 1968, Rougemont y Jacques Ellul (ambos con varias obras traducidas al castellano en los años 70) se alinearán los el ecologismo. Muchos de ellos, especialmente los católicos, se alinearán con la democracia cristiana.

Ordre Nouveau : Dandieu y Maulnier.

El grupo Ordre Nouveau encontró en el joven Alexandre Marc a su impulsor, al que se sumaron en 1930, Robert Aron y Arnaud Dandieu. Marc había creado previamente un club muy impregnado de catolicismo ecuménico, cuyas principales discusiones eran en torno a cuestiones políticas. Dandieu lanzó tres obras fundamentales para comprender esta corriente: Décadence de la Nation Française, Le Cancer américain y La Révolution nécessaire, sin embargo, su muerte prematura en 1934, supuso una pérdida irreparable, aun a pesar de que, el año antes, en 1933, cuando empezó a publicarse la revista que dio nombre albrupo, se habían sumado Daniel-Rops y Denis de Rougemont.

Marc, Dandieu y Aron tenían como idea central la sensación de que se estaba produciendo una “crisis de civilización” que debía superarse mediante una “revolución espiritual” cuyas orientaciones fundamentales las resumen en esta consigna: “Contra el desorden capitalista y la opresión comunicas, contra el nacionalismo homicida y el internacionalismo impotente, contra el parlamentarismo y el fascismo, el Orden Nuevo pone las instituciones al servicio de la personalidad y subordina el Estado al hombre”. Había nacido el “personalismo” como ideología política. Sin embargo, esta ideología pasaría a estar vinculada, como veremos, a la personalidad de Emmanuel Mounier.

Dandieu se declaró antiparlamentarista. Había escrito: “No somos ni de derechas, ni de izquierdas, pero si es rigurosamente necesario situarnos en términos parlamentarios, repetimos que nos encontramos a medio camino entre la extrema-derecha y la extrema-izquierda, por detrás del presidente y dando la espalda a la asamblea” (La révolution necessaie, 1934, pag. 28). Creían en la “vía revolucionaria”: “Cuando el orden no está en el orden, está en la revolución y la única revolución en la que pensamos, es la revolución del orden” (pág. 34).

Junto a Maulnier, Dandieu y el grupo aspiraban a conciliar nacionalismo y socialismo, o más precisamente “cierta forma” de nacionalismo y “cierta forma” de socialismo. No es raro que, Maulnier escribiera su mejor obra titulándola de manera simétrica la que Henri de Man había hecho con la suya. Como veremos de Man, procedente del marxismo, escribió Más allá del socialismo, mientras que Maulnier tituló a su mejor obra: Más allá del nacionalismo.

Precisamente, una de las pocas obras que hay publicadas ne lengua castellana de los no conformistas de los años 30, es Más allá del nacionalismo”, editado por Editorial Nuevo Orden de Buenos Aires en 1963. En el epílogo de la obra, Maulnier resume la idea que ha querido transmitir en las 200 páginas anteriores: “La conciencia nacional y la conciencia revoluciomnaria, separadas, erigidas frente a frente, no constituyen una con mejor título que la otra, las fuerzas dialécticas de la creación del futuro, son tan solo estériles productor de una sociedad que muere. La conciencia nacional se hace conservadora, es decir asocia estúpidamente al esfuerzo para perpetuar la realidad nacional el esfuerzo para conservar en ella el poder de las fuerzas que la destruyen; la conciencia revolucionaria se hace antihistórica y antinacional, es decir trabaja para aniquila lo que quiere liberar. Las mismas palabras “nacional” y “revolucionario” han sido a tal punto deshonradas por la demagogia, la mediocridad y el verbalismo, que son ya recibidas en Francia con una diferencia bastante parecida al disgusto. El problema consiste hoy en superar esos mitos políticos fundados sobre los antagonismos económicos de una sociedad dividida; en liberar al nacionalismo de su carácter “burgués” y a la revolución de su carácter “proletario”; en interesar de una manera orgáncia y total a la nación en la revolución, ya que sólo la nación es capaz de llevarla a cabo; en interesar igualmente a la revolución en la nación que sólo la revolución puede salvarla”.

Así termina la obra de Maulnier y, en buena medida, así termina también la historia de este grupo, preocupado especialmente por mantener posiciones de equivalencia y simetría. La primera dispersión de sus animadores se produjo en 1934, no sólo por la muerte prematura de Dandieu, sino por los sucesos de febrero. Con todo, el grupo prosiguió editando sus publicaciones hasta 1938. Luego vino la guerra mundial en donde Francia no estaba para estudiar simetrías. Solamente cabían dos campos: o con la colaboración o con la resistencia. Era ilusorio pensar en la posibilidad de levantar terceras vías. Cuando terminó el conflicto, algunos exponentes de Ordre Nouveau, el propio Maulnier y, por supuesto, Raymond Aron, adecuaron sus ideas al federalismo europeo tan en boga en los años 48-58 y que, en el fondo, constituyó el núcleo originario de la idea europea tal como hoy se la concibe.

Maulnier: del no conformismo al federalismo de derechas

Maulnier, no se llamaba Maulnier, sino Jacques Talagrand. Tenía 21 años cundo se integró en Ordre Nouveau. Tuvo como compañeros de clase en la Escuela Normal a Robert Brasillach y a aurice Bardèche. Muy joven había ingresado en Action Française colaborando en la redaccion de la revista; la agilidad de su pluma hizo que Henri Massis –el autor de La Defénse de l’Occident- y próximo a los “no conformistas” lo integrara en la redacción de su Revue Universelle. De hecho, colaboró con todas las revistas no conformistas de la época.

Massis se publicó su primer ligro de título significativo: La crise est dans l’homme (La crisis está en el hombre). En 1934, junto a Pierre Maxence escribió Demain la France, contribuyendo dos años después a la fundación del semanario L’Insurgé de corta vida, en el que defendió posiciones nacionalistas fuertemente teñidas por políticas sociales anticapitalistas. Los escritos publicados en esa revista pasaron a constituir el núcleo central de su libro Au-delà del nationalisme (Más allá del nacionalismo) aparecido en 1938. A pesar del título de esta obra, Maulnier no cortó los puentes que le unían a Maurras y siempre hasta el desembarco norteamericano en África del Norte, siguió colaborando con L’Action Française. A partir de 1945 y hasta su muerto, seguiría haciéndolo desde la columnas del diario conservador Le Figaro.

La nueva situación creada en Europa en 1945 le induce prudentemente a alejarse de la política y de escritos doctrinales. Se centra en su carrera periodística y como dramaturgo y crítico de teatro. El éxito le acompaña. Como máximo escribe algunos ensayos de contenido ético moral: de los que La Face de méduse du communisme, aparecido en 1952 y L’Europe a fait le monde (1966), constituyen, sin duda, sus mejores obras. Ambas han sido traducidas al castellano. Se convierte en un “federalista europeo” y colabora en revistas como Le XX siègle fédéraliste, buena parte de cuyos colaboradores son antiguos “no conformistas” (Aron, Rougenmont, Rops, Febrègues). Desde 1964, se sentó en la Academia Franesa.

Jean Pierre Maxence y los que creyeon en la « Revolución Nacional”

Maulnier es el ejemplo del “no confrmista”, prudente durante la ocupación alemana y que, tras la “liberación” logra mantener e incluso aumentar su prestigio intelectual, sin que su paso por los “no conformistas” le hiciera daño. El caso contrario es el de Jean Pierre Maxence, con el que firmó vario ensayos y con quien recorrió parte del camino.

Jean Pierre Maxence, discípulo de Maritain, creó en 1928 la revista Les Cahiers (que aparecería hasta 1931) inspirada por el pensamiento de Péguy, en la que ya encontramos la idea de una “revolución espiritual”. Posteriormente, participará con Maulnier en la creación de La Revue Française. En 1932, es evidente que este pensamiento es excesivamente nebuloso y ambiguo, incluso vago, así que Maxence experimenta la necesidad de ser más concreto. Poco a poco, especialmente tras os incidentes del 6 de febrero e 1934, se v politizando y asume un pensamiento cada ve más antiparlamentario y anticapitlista, próximo al fascismo de los primeros tiempos de Musolini. En el libro, escrito junto a Maulnier, Demain la France, esta tendencia se hace muy evidente. No menos significativa es su alta en el partido Solidarité Française, unas de las muchas organizacines financiadas por François Coty, propietario de L’Oreal.

En 1941 se declara partidario de la Revolución Nacional propuesta por el Mariscal Petain. El hecho de participar en una red de protección a niños judíos durante la ocupación alemana, no le eximirá de ser perseguido posteriomrnete como “colaboracionista”. Huirá de Francia y se establecerá en Suiza en donde morirá en 1956. Maxence es el ejemplo de los “no conformistas” que creerán en el petainismo y en la colaboración.

La protesta contra el parlamentarismo en Francia: 6 de febrero de 1934

La protesta contra el parlamentarismo en Francia: 6 de febrero de 1934

Infokrisis.-El 6 de febrero de 1934, el régimen parlamentario francés estuvo a punto de caer. Miles de manifestantes de las ligas de extrema-derecha a los que se sumaron militantes de las juventudes comunistas, protestaron contra los escándalos y la corrupción que habían llegado al corazón de la República. 17 murtos y 2.309 heridos fueron el balance de aquella jornada.

Un judío ucraniano… de paso frac-masón.

Serge Alexandre Stvisky, había abandonado pronto su Ucrania natal. En 1910 se nacionalizó francés. Era judío de raza aunque nunca le había preocupado mucho la religión de sus padres. Esto no fue obstáculo para que ingresara en la fanc-masonería. Allí hizo gala de su don de gentes y su habilidad para la estafa. Hacia mediados de los “felices años veinte”, ya estaba considerado como un estafador por los servicios policiales franceses. Sobre él recaían varia sospechas de robo y de estafa.

Su primer delito consistió en robar a padre, dentista, ciertas cantidades de oro dental. Poco después, su abuelo lo recogió tras ser expulsado del domicilio paterno. Ambos se convirtieron en gerentes del teatro Folies-Marigny de París. Al cabo de pocas semanas, ambos huyeron con la caja. Entre 1906 y 1926 había sido acusado de 84 robos y estafas.

En 1926, el “bello Sacha”, como se le conocía en la distinguida sociedad parisina, cumplió una condena en la cárcel parisina de La Santé de 18 meses de prisión por uno de estos delitos.

A pesar de que los estatutos de la masonería prescriben que solamente pueden ser miembros de esta “hombres libres y de buenas costumbres”, Stavisky se las arregló para seguir manteniéndose vinculado a esta red de influencias. Gracias a sus amistades masónicas consiguió estafar más de 200 millones de francos al Banco de Crédito Municipal de Bayona. La estafa no hubiera sido posible sin la ayuda de diputado y alcalde de la ciudad Joseh Garat así mimo, francmasón.

La estafa se descubrió el 23 de diciembre de 1933, cuando el director del Banco de Crédito Comunal de Bayona, Gustave Tissier, fue detenido por fraude y por poner en circulación 235 millones de francos en billetes falsos. A la policía le costó poco establecer que Tissier era apenas un ejecutor y que el verdadero cerebro de la operación era el “bello Sacha”… el expresidiario que, como por arte de magia, había logrado fundar esa institución de crédito.

A finales de 1933, cuando la estafa salea la superficie, Stavisky huye, pero finalmente es localizado en Chamonix. Allí tenía una chalet al que llamaba el “Vieux logis” (la Vieja Logia o la Vieja Morada). Lo más sorprendente es que cuando la policía entró en el inmueble, es escuchó un disparo y Stavisky apareció muerto. La primea versión indicó que se había suicidado.

Muerto Stavisky, se iniciaba el llamado “affaire Stavisky”. Lo que hasta ahora había sido un oscuro asunto de tráfico de influencias, corrupción y delincuencia, iba a desvelar que detrás, existían complicidades de altos vuelos y que el pequeño judío ucraniano no hubiera podido urdir un plan que le superaba ampliamente sin contar con ayudas poderosas.

Tres precedentes que hicieron rebosar el vaso

El formidable impacto del “affaire Stavisky no puede entenderse si hacemos abstracción una multiplicidad de casos similares que habían ensombrecido a Francia en los 30 años anteriores, arruinando a miles y miles de pequeños accionistas.

En 1879, Fernando de Lesseps, constructor del canal de Suez y masón de Rito de Menphis-Misraïm, estableció el patronato internacional que debía impulsar el proyecto del Canal de Panamá cuyo coste ascendía 600 millones de francos. Lesseps creó una sociedad anónima co la participación de varios bancos franceses. Dos años después de iniciadas las obras, la insalubridad del clima hicieron que las instituciones bancarias retiraran su apoyo al proyecto. Lesseps buscó entonces dinero de inversores privados. El problema vino cuando una parte de este dinero fue utilizado para sobornar a periodistas que investigaba las dificultades que encontraba la obra. Cuando el proyecto se encontraba a mitad de camino había costado más del doble e lo presupuestado. En ese punto, y a la vista, de los problemas técnicos que estaban surgiendo, Lesseps recurrió al ingeniero Gustave Eiffel quien alteró completamente el proyecto introduciendo el sistema de exclusas. Lesseps prosiguió con sus corruptelas, no deteniéndose en periodista sino tocando a políticos que aprobaron la ley que permitía la emisión de deuda. Aún así el 4 de febrero de 1889 la compañía quebró arruinando a 85.000 accionistas.

Desde el diario La Libre Parole, Edouard Drumont acusó a financieros judíos de haber animado a los pequeños inversores a iniciar su fatal aventura, generando una oleada de antisemitismo que se reforzó con el estallido del “affaire Dreyfus” tres años después. Varios ministros resultaron condenados, así como el propio Lesseps e incluso Gustave Eiffel, si bien años después sería completamente rehabilitado. El hijo de Fernando de Lesseps, Carlos, obtuvo 5 años de prisión. Después de este asunto, los EEUU tomarían a su cargo la construcción del canal.

Vinte años después, Marthe Hannau, la llamada «banquera de los felices veinte» había protagonizado otro escándalo que se evocó en los días del “affaire Stakisky”. En 1925 había fundado un diario que tuvo bastante éxito, La Gazette du fran, cuyas únicas informaciones eran de carácter financiero. Los pequeños inversores escuchaban sus consejos y seguían sus indicaciones. El éxito del diario fue tal, que la Hannau convenció a muchos lectores para que le confiaran a ella sus ahorros y los invirtiera en Bolsa, prometiéndoles unos intereses excepcionalmente altos. Se trataba de una estafa piramidal: pagaba los intereses, no a cuenta del beneficio de las operaciones realizadas, sino con el producto de las nuevas aportaciones. La pirámide se desplomó a finales de 1928. La suma total de la estafa ascendió a 100 millones de francos. Marthe Hanneau fue detenida en diciembre de 1928. Tras una huelga de hambre siguió un intento de evasión. Puesta en libertad bajo fianza, fue juzgada y condenada ingresando en prisión en julio de 1934. Se suicidó en la prisión de Fresnes el 14 de julio de 1935 ingiriendo un tubo de barbitúricos. La revista Le Canard Enchaîné realizó una investigación a partir de noviembre de 1928, concluyendo que la estafa no habría sido posible sin la cooperación de poderes políticos y económicos.

Antes que ella, Albert Oustric había fundado en 1919 una sociedad de banca especializada en operaciones especulativas ofreciendo elevados intereses. Oustric disponía de una red de contactos políticos que le facilitaron el poder operar de manera aventurera e irresponsable, tal como estableció la comisión que estudió la bancarrota que inevitablemente se produjo en noviembre de 1929. De las muchas dimisiones de altos cargos políticos que se sucedieron, la más importante es sin duda la de Raoul Peret, presidente del instituto de la monera de André Tardieu, presidente del consejo de ministros. También aquí, Le Canard Enchaîné dio el máximo relieve al asunto, generando involuntariamente una tendencia antiparlamentaria en la sociedad francesa.

Con estos precedentes y con unas ligas fascistas extremadamente fuertes que habían generado un caldo de cultivo antiparlamentario, puede entenderse lo que sucedió después.

El “affaire Stavisky” convertido en asunto de Estado

La muerte de Stavisky fue recibida con mucho escepticismo por los medios periodísticos franceses. Le Canard Enchaîné puso en duda la versión oficial y sugirió que había sido asesinado. Pudo demostrarse que la bala que había “suicidado” a Stavisky fue disparada a tres metros de distancia. El periódico pudo afirmar con ironía: “Ciertamente, tenía el brazo demasiado largo”. El periódico del monárquico Charles Maurras, L’Action Française, amplió todas estas informaciones. Pronto resultaron implicados en el asunto las más altas autoridades de la República que, por acción o por omisión, habían permitido a un estafador de poca monta facilitar su acción. No era casual que todos, sin excepción, fueran franc-masones. A partir de las informaciones de estos dos medios, lo que ya se conocía como el “affaire Stavisky” pasó a ser el símbolo de una república minada por la corrupción y gobernada por truhanes.

Pierre Bonny, el policía encargado de la investigación se propuso llegar hasta el final del asunto. Poco después fue suspendido de sus funciones. Sin embargo, consiguió encontrar el talonario de cheques de Stavisky, comprometiendo a la clase política del Partido Radical y de los socialistas. La protesta popular obliga a la prefectura a restablecer a Bonny en sus funciones e incluso a calificarlo como “el primer policía de Francia”. Durante la Segunda Guerra Mundial volvería a ser denigrado tras colaborar con los alemanes en la represión contra los atentados de la resistencia y dirigir los interrogatorios de la rue Lauriston.

Poco a poco fueron cayendo todos los cómplices: el diputado radical Bonnaure, el senador Renoult, el ministro de colonias y antiguo ministro de justicia Albert Dalimier, los periodistas Dubarry y Aymard que había publicado informaciones falsas favorables a toda la banda, el procurador general de la República, Pressard, cuñado del presidente del consejo de ministros Camille Chautemps que se preocupó de retrasar los juicios contra Stavisky. No es extraño que el “bello Sacha” no hubiera podido aparecer vivo.

Bruscamente, Francia se enteró que su clase política estaba podrida. El parlamento fue considerado por buena parte de la población como un cueva de Alí Babá en donde los ladrones eran mucho más de cuarenta. Además, no era el único caso de corrupción que había estallado en la época. El “affaire Panamá” flotaba todavía en el ambiente. En aquella época, el periodista Edouard Drumont ya había recordado que la mayor parte de financieros que sostuvieron el proyecto y que estaban detrás de su fracaso (la sociedad del Canal de Panamá quebró y arrastró a pequeños inversionistas) eran judíos. El “affaire Stavisky” resucitó el antiguo “affaire Panamá” y el impulso sinérgico entre ambos se convirtió en una formidable ola de antisemitismo, antimasonista antiparlamentarismo.

Algunos elementos objetivos se habían sumado a la crisis. Francia tardó dos años e sentir la gran depresión que había estallado en 1929. No fue el proletariado, sino las clases medias las que sufrieron extraordinariamente esta crisis en un momento en el que los gobiernos parecían mucho más interesados en lucrarse que en buscar soluciones a la crisis.

Para colmo en 1932, la Conferencia de Lausanne decidió cancelar el pago de las reparaciones alemana a Francia a causa de la Primera Guerra Mundial. La ira popular aumentó cuando se supo que Francia debía seguir pagando indemnizaciones por la ayuda prestada por los EEUU. Los contribuyentes se negaron a pagar impuestos. En muchas ciudades y pueblos se expulsó a los recaudadores o se incendiaron las oficinas del fisco. Los estudiantes dirigidos por Action Française ocuparon las facultades y la de Derecho se declaró en rebeldía. En 1932, par agravar más las cosas, el gobierno concedió un crédito a Austia por valor de 350 millones de francos, sin tener en cuenta que en ese momento el hambre empezaba a causas estragos en las clases populares. Julián Green en su diario pudo escribir: “El viejo mundo capitalista se tambalea” y tras su entrevista co Maritain añadía: “Nos estamos ya deslizando hacia el abismo. Estamos en él. Todos los místicos coinciden en ello. Si no hay una guerra, habrá una revolución que nos destruirá”. Y concluía: “Todo se derrumba”.

Entre mayo de 1932 y enero de 1934 se sucedieron vertiginosamente cinco gobiernos, en medio de un clima de creciente desconfianza por parte de las clases medias. A partir del 9 de enero de 1934, las ligas de extrema-derecha habían multiplicado sus campañas contra la república sobre tres ejes: antisemitismo, antiparlamentarismo y antimasonismo. La agitación llegó su límite en la tarde del 6 de febrero de 1934. La izquierda estaba en el poder desde 1932 y las ligas demostraban un inaudito nivel de actividad.

Era el momento en que la extrema-derecha podía pensar en asaltar el poder.

En la tarde del 6 de febrero de 1934

Los distintos grupos patrióticos y las ligas de excombatientes, incluidos los comunistas, llamaron a concentrarse en la Plaza de la Concordia a las 18,00 del 6 de febrero de 1934 cuando Daladier debía comparecer en el Parlmento. Cerca de allí se encuentra el Sena y la plaza está separada de la Asamblea Nacional por un puente, el llamado Puente de la Concordia.

Los Cruces de Fuego del Coronel La Rocque, excombatientes fogueados en el frente durante la Primera Guerra Mundial, popularizaron su consigna: “Abajo los ladrones”, desfilando por la orilla izquierda del Sena. La columna de La Rocque rodeó el edificio de la Asamblea Nacional dispersándose a continuación. Sin embargo, desde la orilla derecha, en la Concordia, los grupos más sensibilizados por la corrupción y el desgobierno, se mostraban mucho más amenazadores. En el fondo La Rocque era un hombre de orden –como por lo demás Maurras- y no albergaba la más mínima intención de poner en peligro la supervivencia de la República –a diferencia de Maurras-, paradójicamente, la izquierda consideraba que el verdadero peligro lo constituía La Rocque.

En el interior de la Cámara, los diputados de izquierdas y derecha se enzarzaron en una pelea que prefiguraba lo que iba a ocurrir en el exterior. En aquel momento no se logró la dimisión de Daladier que, en las primeras horas de la noche y a la vista del cariz que estaban tomando los enfrentamientos en el puente de la Concordia y en la plaza del mismo nombre, contempló la proclamación del Estado de Sitio. Al día siguiente y a la vista de la actitud de la policía y la magistratura y de la dimisión de algunos de sus ministros, se vio obligado a dimitir.

Dadas las circunstancias y el sentir de la opinión pública, en aquel momento era absolutamente posible derribar a la república y así hubiera ocurrido si el coronel La Rocque hubiera autorizado el asalto a la Asamblea Nacional. Su negativa a vulnerar la legalidad, supuso el fin de las esperanzas de destruir el régimen mediante la protesta popular. En lugar de una “marcha sobre Roma”, la “marcha sobre la Asamblea Nacional” hubiera tenido un efecto similar.

Cuando los manifestantes situados al otro lado del Sena, en a Plaza de la Concordia, aspiraron a hacer lo que La Rocque no se había atrevido, avanzaron hacia el puente de la Concoria, iniciándose el tiroteo que se prolongaría hasta altas horas de la noche. Al ver avanzar la manifestación, la policía disparó a matar.

Estuvieron presentes en la manifestación, además de los Cruces de Fuego, la Association Républicaine des Anciens Combattants, formada por los comunistas y las distintas ligas fascistas, especialmene los Camelots du Roi (el servicio de orden de Acción Francesa que disribuyeron la revista en cuya primera págin podía leerse: “Abajo el régimen abyecto”), las Jeneusses Petriotiques et Sociales y la Solidarité Française. También estuvieron presentes pequeños grupos de las juventudes comunistas con sus propios eslóganes. En total participó una muchedumbre de entre 30 y 50.00 personas. Los enfrentamientos duraron hasta la 2:30 de la madrugada. Todavía hoy ha sido imposible establecer la realidad de las cifras que oscilan entre 15 muertos y 435 heridos que han dado los más favorables a la República y los 17 muertos y 2.309 heridos que han dado otros. De lo que no cabe la menor duda es de que a la liga de Maurras, le correspondió el mayor tributo de sangre. El jefe de los Camelots du Roi, el escultor Maxime Real del Sartre, resultó también herido [Años después, del Sartre presentó compitió con Juan de Ávalos en el proyecto del Valle de los Caídos]. El siguiente número de Action Fançaise e abría con este titular: “Además de ladrones, asesinos”. Cinco de sus militantes habían muerto en aquella jornada. Anatole France pudo escribir: “La República gobierna mal, pero se defiende bien”.

Las consecuencias del 6 de febrero

El orden se restableció cuando se formó un gobierno de derechas moderadas del que su elemento más radical fue el mariscal Petain como ministro de la guerra. Poco después, la izquierda marxista convocó una contra manifestación el 9 de febrero, en la que formaron juntos socialistas y comunistas y que prefiguró lo que dos años después sería el Frente Popular que llevaría a León Blum a la presidencia de la República. A fin de cuentas, el 6 de febrero fue el germen de la “unión antifascista”

Las consecuencias en la extrema-derecha, fueron igualmente profundas. La extrema-derecha no había sabido encontrar su unidad ni el líder carismático que precisaba la situación. Pierre Coty, el propietario de L’Oreal y otros industriales habían financiado a estos grupos, dándose más un carácter anticomunista que verdaderamente fascista (entendiendo que el fascismo fue bastante más que el anticomunismo) y a ellos les cabe buena parte de la responsabilidad en la inoperancia política (y en la eficacia militante) de todos estos grupos que siempre ganaron tácticamente a los comunistas pero que perdieron la batalla estratégica ante la República.

Las ligas de extrema-derecha, incluida Action Française y los Cruces de Fueo, fueron disueltas por el Frente Popular en 1936, cuando ya había estallado la guerra civil española y Hitler se encontraba en la cúspide de su poder.

Perdida la esperanza de abatir al régimen parlamentario mediante la movilización popular, algunos sectores empezaron a organizarse de manera secreta con la intención de crear redes terroristas. Así nació La Cagoule.

(c) Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es