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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

HA APARECIDO EL NÚMERO 2 DE I D E N T I D A D

HA   APARECIDO   EL   NÚMERO   2    DE    I D E N T I D A D

Acaba de aparecer el número 2 de la revista IdentidaD. Pídelo en tu kiosco, suscríbete o pide información en el 666 873 024.

Número 2 correspondiente al 15 de noviembre - 15 de diciembre de 2007

40 páginas intensas con datos, análisis y entrevistas para entender la actualidad

formato tabloide (29x39 cms).

 

S U M A R I O

Editoriales:

- La enfermedad de Maragall: algunas implicaciones a tener en cuenta
- PSOE: el partido sin sombra
- Continuidad o no de la monarquía: el fondo de la cuestión
- La crisis que nos embarga

11-M CASO ABIERTO. Una sentencia ambigua para un atentado atípico.
por Ernest Milà

Despiece: El gran error del PP: Dos años de sostenella y no enmendalla cuestan caro
por Pere Nonell

Despiece: Los problemas de la teoría de la conspiración
por Pere Nonell

Despiece: El juez del Olmo no investigó el origen de las pistas falsas
por Pere Nonell

Mesa de Redacción:
Debate en torno a la Memoria Histórica

Despieces: Enrique Ravello - Andrés Romaguera - Ernesto Milá - tres redactores que han vivido la reconciliación en el seno de sus familias, debaten sobre el enfrentamiento entre las dos Españas

Visita Real a Ceuta y Melilla. El desencuentro ha vuelto
Despieces: Por qué deben seguir siendo españolas
Ceuta y Melilla ¿españolas?

por Ernest Milà

Comercio de niños africanos: una industria lucrativa
La estafa humanitaria

Despieces: ¿Ayuda? Una gota en el Océano
por Luis Anza

Noticias
Despieces:
- Acuerdo España-Marruecos para repatriar menores. Menudo acuerdo
- Industrias españolas deslocalizadas a Marruecos: ¡Que se nos las llevan!
- Melilla colapsada por la inmigración infantil
- Almunia, abogado del diablo: los tópicos del progresismo europeo

¡Socorro! Se aproxima otra campaña electoral.
Consejos para sobrevivir a las elecciones

Despieces:
De lo que deberían preocuparse los políticos
Lo que deberían evitar los partidos
Lo que supone la democracia"
por Pilar Dantés

Sarko: el amigo americano ha llegado
Admirado por la derecha española, no es el hombre de la derecha europeo, sino de los neo-con americanos
por Louis Figuier

Despieces: Nicolás, el favorito de Israel
por Alberto Torresano

Suiza dice no a la inmigración.
El Retorno de Guillermo Tell

Despieces: Christoph Blocher "La política monetaria suiza no la dictará el Banco Europeo"
por Enrique Ravello

Santiago el Mayor cumple 50 años
Arraigo e Identidad en Salvador Dalí

Despieces: Santiago, un culto identitario
por Albert Montcada

D O S S I E R

La inmigración y nuestra vida cotidiana (I)

I Parte:
Inmigración y delincuencia
El maquillaje estadístico no logra enmascarar la realidad


II Parte:
Inmigración y paro
El paro persigue sobre todo a la inmigración


III Parte:
Inmigración y vivienda
¿Estallará la burbuja inmobiliaria a causa de la inmigración?


IV Parte:
Inmigración y Fuerzas Armadas
9% del total, 30% en zonas de conflicto

Complementos

Libros: Pol Ubach, ¿Memoria de merluzo - memoria de elector?

Arte: Et in Arcadia, Ego. La abstracción del paisaje en la Fundación Juan March. Girón

Cine: Jodie Foster, de putilla a vengadora. Ernest Milà

Informática: La oleada no desciende, BLOGS, la nueva información

Entrevista: Guillaume Faye y sus sombrías perspectivas, seguido del artículo de Faye ¿Está desfasado el Estado Nacional?

Máxime Real del Sartre, los Camelots du Roi y el Valle de los Caídos

Infokrisis.- En febrero de 1981, el destino me llevó al Château de Reveillon. Allí tuve ocasión de tener noticia de un escultor francés amigo de la propietaria de la mansión, la marquesa Marie Therese Bouniol de Gineste, e incluso de ver algunas de sus obras. Se trataba de Maxime Real del Sartre. Brillante escultor, del Sartre también había sido jefe del servicio de orden de Action Française, los Camelots du Roi. A él le cupo un importante papel en el apoyo francés al esfuerzo bélico de Franco.

Un poco de memoria personal

El Château du Reveillon, hoy convertido en una especie de parador nacional, era en 1980 un destartalado caserón situado a 75 km de París propiedad de un notario parisino y de su hermana que residía en el lugar. Se trata de un palacete construido en el siglo XVII sobre las ruinas de una fortaleza anterior, probablemente de origen templario. Un torreón de esa fortaleza primigenia hacía sido convertida en palomar y todavía ostentaba en su parte inferior el habitual “árbol de la vida” en forma de columna central en la que se apoyaba la bóveda circular propia de algunas construcciones templarias.

En la bélle époque habían pasado por allí Marcel Proust que escribió algunas de las páginas más memorables de su “Jean Lantier” (recientemente publicado en edición de lujo en España). Proust citaba algunos lugares del Château que en 1981 todavía existían. Yo mismo me paseé entre los rosales búlgaros en los que Proust había caído en éxtasis. Recorrí la avenida de robles bicentenarios que describe Proust tal como la vi. Y bajé a los sótanos de la fortaleza junto a unos amigos libaneses, avanzando por los subterráneos cegados desde que los alemanes convirtieron la fortaleza en lugar de residencia para sus oficiales durante la II Guerra Mundial. Uno de estos pasadizos subterráneos, decía la tradición que conducían hasta la vecina fortaleza de Roussy y por ellos podía pasar un carro repleto de heno. En el punto equidistante entre ambas fortalezas existía una especie de plaza circular en donde el cochero de un carro debía esperar en el caso de que otro hubiera partido de la fortaleza contraria. Cada cochero tenía una canción particular que debía cantar en el interior del pasadizo para alertar al que pudiera partir del otro château. Lo cierto es que dimos con uno de los pozos de ventilación cegados por los alemanes y pudimos excavar varios metros y retirar los escombros colocados allí en 1940.

Además de Proust, visitó Reveillon la actriz Sarah Bernard que dejó como recuerdo unas extrañas plantas exóticas que florecían en primavera alcanzando singular altura. Eran, francamente, horribles hasta el punto de que mis amigos, falangistas libaneses, pensando que se trataba de malas hierbas, arrancaron varias de ellas hasta la raíz.

En el interior del castillo, en el gran salón de la entrada, a mano derecha se encontraba una antigua armadura que la tradición atribuía a Juana de Arco. El castillo tenía también su fantasma, un fantasma agradable y dulce, la hija de los marqueses que se arrojó al vacío desde el tercer piso del torreón de Occidente, cuando los revolucionarios intentaron capturarla en 1789. No sé si era cierta la historia, pero aquella habitación batida por los vientos que nadie había tocado desde aquella fecha, era el foco de extraños sucesos.

Lo interesante de Reveillon no era esto, sino que la marquesa y su familia habían tenido una relación estrecha con los medios monárquicos galos. De hecho, SAR Sixto Enrique de Borbón Parma, fue quien me presentó a la marquesa y quien me aconsejó que residiera allí durante unos meses. Eso me permitió departir durante varios meses en las tardes de invierno y primavera de 1981 con la propietaria del lugar. Pertenecía a una vieja familia cuyo solar originario no era el Marne sino Occitania. Su padre había dirigido un diario colaboracionista en Perpignan durante la II Guerra Mundial y, para colmo, en tanto que oficial del ejército, había coincidido con el futuro General De Gaulle en la Academia Militar, experimentando ambos entre sí una violenta enemistad. No es raro, que tras la guerra, el padre de Mademoiselle Bouniol de Gineste hubiera sufrido cárcel y condena a muerte posteriormente conmutada, según me explicó gracias a los “cátaros” de la región. Católica tradicionalista, a la Marquesa le costaba reconocer que aquellos a quienes ella llamaba “cátaros” y, por tanto, eran herejes, habían salvado la vida a su padre. Desterrados, compraron el viejo caserón de Reveillon y allí fue donde la conocí a ella.

La marquesa profesaba una viva admiración por dos grandes de la cultura francesa de las entreguerras a los que había conocido bien y a con los que su padre estuvo unido por una amistad intensa y franca: el aviador y escritor, Antoine de Saint-Exupery y el escultor Maxime Real del Sartre. En Reveillon quedaban recuerdos de ambos, cartas manuscritas de Saint-Exupery, álbumes de fotos de las obras de Real del Sartre e incluso algunos estudios para esculturas. Recuerdo una cabeza de Cristo cubierto de espinas y una mano de singular perfección en barro cocido. Y, por supuesto, la medalla de Juana de Arco, creada por el propio del Sartre y que figuraba en una vitrina de recuerdos, junto al comedor sala de estar en donde se desarrollaba plácidamente nuestra vida en Reveillon.

Sirva todo esto para explicar por qué dispongo de algunos testimonios personales e íntimos sobre Maxime Real del Sartre cuya personalidad me ha ido atrayendo progresivamente. Parte de esos testimonios son estrictamente personales y no seré yo quien traicione la confianza de la persona que me los comunicó, la Marquesa Marie Therese Bouniol de Gineste.

Maxime Real del Sartre, miembro de la Action Française

Había perdido un brazo en los combates de 1914, pero esto no le impidió ser el escultor monumental más famoso y solicitado de las entreguerras. Real del Sartre estaba emparentado con el compositor Georges Bizet y pertenecía a la aristocracia monárquica francesa educada en el pensamiento católico. A poco de fundar los Camelots du Roi, mientras estudiaba en la Escuela de Bellas Artes  y ostentar su jefatura a partir de 1936, Real del Sartre fue movilizado como la mayoría de sus camaradas para servir en el ejército francés durante la Gran Guerra. Él mismo solicitó un destino en el frente del Marne en donde dos años después perdería un brazo en combate, alcanzando el rango de capitán por méritos de guerra.

A pesar de lo que supuso para él esta merma, en el período comprendido entre 1920 y 19396 se convirtió en el escultor más famoso y solicitado de Francia. En tanto que monárquico orleanista fue el escultor oficial de la familia real francesa. Cuando se casaron los duques de Guisa elaboró todas las esculturas, bustos y obras ceremoniales que recordaron y presidieron el evento. En los “felices años veinte” elaboró una veintena de monumentos en homenaje a los caídos en los frentes de guerra, la mayoría todavía existentes.

Durante su juventud, antes de la guerra, del Sartre era famoso por sus bromas (canulars). Conocía hasta la saciedad las famosas alcantarillas de París, un mundo subterráneo y sombrío que era la réplica de la ciudad de la superficie; incluso las calles de las alcantarillas están rotuladas con una réplica de las placas que se encuentran unos metros por encima. Ese conocimiento permitía a del Sartre aparecer en los lugares más inverosímiles (irrumpió en un teatro mientras se estaba celebrando una representación apareciendo directamente en el escenario por un pasadizo que enlazaba con las alcantarillas. Ese conocimiento fue utilizado también por del Sartre y por los Camelots para irrumpir en reuniones de sus adversarios políticos o atacarlos por sorpresa. En el local de los Camelots en la rue Boccador se encontraban los “trofeos” que los Camelots habían ganado en todos estos combates: pancartas del partido comunista, retratos de Lenin, una colección de gafas que habían quedado en el suelo en el escenario de los combates, etc.

En 1928 fue encarcelado por haber interrumpido un juicio en la Corte Suprema acusando a los magistrados de traidores. Este encarcelamiento le proporcionó fama política que se unió a la fama como artista que ya había conocido desde mediados de esa década.

A partir de marzo de 1937 empezó su relación con Franco al que le realizó un busto para la Exposición de Arte Anticomunista que tuvo lugar en París en diciembre de ese año. Su fama le llevó a ser recordado incluso en el reciente film de Bertrand Tavernier, La vie et rien d’autre (1989) en la figura del escultor Mercador.

La novedad que introdujo Real del Sartre en el movimiento nacionalista francés fue el culto a Juana de Arco. En 1930, fundó la Compañía de Juana de Arco, organizada para propagar el culto y las peregrinaciones a los lugares que recorrió la Santa a la que definió como el “símbolo de la raza latina”. Del Sartre no había hecho otra cosa que recoger el nacionalismo francés pre-maurrasiano, tanto de izquierdas como de derechas, que ya tenía a la Doncella de Orleans como símbolo de Francia. Pero cuando se produjo la ruptura en la sociedad francesa al estallar el “caso Dreyfus”, el culto a la santa pasó a ser patrimonio de la derecha radical y empezó a aureolarse de tintes antisemitas. El 8 de mayo, fiesta de la santa, se convirtió en jornada de movilizaciones nacionalistas de fuerte tinte antisemita que tuvieron su inicio con el “caso Dreyfus” y su punto álgido con la subida al poder de León Blue (odiado por los Camelots en tanto que judío) líder del Frente Popular y de la SFIO. Durante todo ese ciclo, los Camelots multiplicaron dos consignas: “Larga vida a Juana de Arco” y “Muerte a los judíos” que dicen muy poco sobre las innegables cualidades intelectuales de la clase dirigente de Action Française compuesta por la crema de la intelectualidad francesa de la época.

Una de las esculturas de Real del Sartre representando a Juana de Arco fue entregada personalmente a Mussolini y depositado en el Museo del Imperio Italiano. Cuando en 1937 visitó Sevilla y se entrevistó con Queipo de Llano le regaló una medalla de Juana de Arco diseñada por él mismo al tiempo que manifestaba su intención de esculpir una estatua en cuanto las tropas de Franco entraran en Madrid. En ese mismo viaje entregó una estatua de la Santa realizada en marfil al embajador portugués para que se la entregara a Oliveira Salazar, dictador portugués. En ese mismo viaje en el que se entrevistaría por primera vez con Franco en el Cuartel General de Burgos, pasó durante unos días por la ciudad de Salamanca en donde conoció al General O’Duffy jefe del batallón de católicos irlandeses que combatían con Franco. Le emocionó saber que los irlandeses luchaban con los colores de Juana de Arco y convirtió a su jefe en miembro de la Orden de la Santa.

En marzo de 1937 Real del Sartre cenó con Franco y con los miembros del Estado Mayor. Todos ellos habían recibido y lucían su correspondiente medalla de la Santa e incluso en el curso de la cena, el propio Maxime pudo colocar personalmente la medalla en el vestido que lucía la esposa de Nicolás Franco sentada junto a él en la mesa.

El viaje en cuestión había sido organizado por José María Quiñones de León, un monárquico español, antiguo embajador de Alfonso XIII en París que se había puesto al servicio de Franco. El viaje se inició en Biarritz bajo los auspicios del Conde de los Andes, otro aristócrata monárquico al servicio de Franco que había estructurado lo esencial del servicio de inteligencia nacional en la Zona Norte. Del Sartre estuvo acompañado por otro prominente Camelot du Roi y era jefe de Action Française en el sureste de Francia, Georges Massot, que hablaba perfectamente castellano y que realizó las funciones de traductor. Massot era otro de los franceses que más énfasis ponía en la colaboración con Franco. Ambos, Real del Sartre y él, pudieron lucir por primera vez desde 1936 los colores de Juana de Arco y la insignia de los Camelots inmediatamente cruzaron el puente internacional de Hendaya. En efecto, esos colores habían sido prohibidos en la Francia del Frente Popular. Les acompañaban otras dos personas, uno de ellos era un catalán (probablemente Bertrán i Musitu) que hablaba perfectamente francés, bien emplazado en los servicios secretos franquistas. En cuanto al cuarto acompañante, inicialmente no se publicó su nombre. Se trataba de Henri Bonneville de Marsagny héroe de la primera guerra mundial, que pasaría a dirigir la Bandera de Juana de Arco, compuesta por voluntarios franceses (en buena medida procedentes de Action Française y de los Camelots du Roi) que combatió al servicio de Franco como unidad de la Legión Extranjera.

El periplo de Del Sartre y de sus acompañantes en la España Nacional fue largo. Conocieron al General Mola que moriría poco después en Talavera de la Reina. En Irún fueron recibidos por el mando militar y ante ellos desfilaron las milicias de Falange.

A partir del día mismo en el que entraron en España, Real del Sartre empezó a enviar crónicas para el semanario Action Française. Esos artículos sirvieron en gran medida para configurar la visión que los católicos franceses tuvieron de la causa nacional. En esos artículos se alababa la reacción española contra el comunismo que contrastaba, según del Sartre con la actitud francesa de abatimiento y decadencia. Pudo explicar a sus lectores que Franco se había emocionado hasta la lágrima cuando del Sartre le explicó que su hermana y sus seis hijos se arrodillaban cada día y rezaban el rosario para pedir a Dios la victoria de las armas nacionales. Del Sartre entregó a Franco una historia de los Camelots du Roi encuadernada en piel y adornada con los colores de la bandera de Juana de Arco y de España dedicada por Maurras (que en ese momento se encontraba preso en Francia). En el momento cumbre de todos estos artículos laudatorios hacia la figura de Franco, éste permitió a Del Sartre que le prendiera en su capote militar la famosa insignea de Juana de Arco. Franco se expresaba con él en un francés que del Sartre calificó de “suave”.

No sería la única vez que Del Sartre viajaría a España. A principios de 1938 volvió acompañado por Massot, por el jefe del grupo parlamentario de Action Française, Pierre Héricourt y, finalmente, por Charles Maurras, recientemente liberado de sus dos años de prisión. Poco antes del Sartre había viajado solo con un busto de Cristo a caballo elaborado en bronce, regalo personal a Franco.

En el curso de este segundo viaje, del Sartre pudo estrechar la mano del General Moscardó, el héroe del Alcázar de Toledo. En Francia, la gesta del Alcázar se había convertido en mítica gracias a los escritos de Action Française y a la primera crónica de la guerra escrita en 1938 por Maurice Bardeche y su cuñado Robert Brasillach, entonces director de la revista Je Suis Partout.

Sin embargo, en 1940, cuando volvió al Madrid liberado para asistir a la entrega de la Legión de Honor a Franco en la sede de la Embajada Francesa, a del Sartre le sorprendió –y desagradó- ver como Madrid estaba recorrida por automóviles oficiales con la bandera de la cruz gamada, muestras de la influencia que en ese momento tenía la embajada alemana en la capital. Del Sartre, como todos los miembros de Action Française, pertenecían al nacionalismo tradicional francés que veía en Alemania al enemigo secular. Eso hizo que durante la ocupación alemana, los Camelots y los miembros de Action Française evitaran la colaboración con los alemanes.

Eso no le evitó ni a del Sartre ni a Maurras el ser víctimas de la depuración en la posguerra que, en realidad, fue una venganza de la izquierda a quienes les habían hecho la vida imposible en la pre-guerra. Del Sartre conoció una vez más las rejas de la prisión y Maurras permanecería encarcelado durante siete años y liberado sólo poco antes de morir.

El precedente: los muscadins monárquicos

El 9 de Termidor de 1794, Robespierre subió a la guillotina empujado por los que hasta ese momento habían sido sus cómplices. El “terror” había acabado oficialmente, pero no realmente. Los jacobinos aún eran fuertes en numerosos barrios parisinos y en provincias. Sus modales zafios, sus ropas desaliñadas constituían un verdadero insulto para los realistas. No es raro que cuando estos quisieron mostrar un estilo propio lo situaran lo más alejado de los jacobinos.

Los jóvenes realistas impusieron una moda en el París convulso: elegantes y refinados utilizaban un perfume elaborado con musgo, musc en francés. De ahí que se les conociera como los muscadins (más o menos, los musgueados o los musgodinos). Hablaban en buen francés que para muchos era incomprensible a causa de que había eliminado la letra “R” por odio a los revolucionarios y a la revolución.

Cuando toda la nobleza francesa había sufrido el filo de la guillotina hacía falta mucho valor para declararse monárquico y adoptar una moda que implicara ser reconocido como tal. Vestían casaca verde, color del Conde de Artois, pretendiente al trono, con el cuello negro en recuerdo del Rey asesinado por la revolución. Sus ropas lucían 17 botones de nácar en honor del Delfín de Francia, un niño de apenas siete años, preso en la torre del Temple y que sería asesinado antes de poder ser reconocido como Luís XVII. Incluso su peinado mostraba un carácter militante: trenzaban su pelo de forma que caía a los dos lados de sus mejillas para atenuar los golpes que podían recibir en sus frecuentes choques contra los sansculots jacobinos. Ciertamente, lucían una enorme escarapela tricolor en sus sombreros… que se transformaba en blanca con solo tirar de un hilo.

La mayoría eran jóvenes estudiantes y empleados, que frecuentaban los aledaños del Palais Royal y se reunían en el Café de Chartres donde, en otro tiempo se reunían los caballeros de Saint Louis de France. Cualquier sans-culotte que se adentraba en esa zona no salía sin una severa paliza. Poco a poco, los muscadins controlaron la mayoría de París salvo los barrios marginales. En 1795, 25.000 realistas se alzaron en París siendo masacrados por Napoleón Bonaparte. La masacre fue espantosa y no envidió nada a los peores tiempos del terror jacobino.

Siempre, los Camelots du Roi tuvieron a los muscadins como su ejemplo y su antecedente histórico. Aún hoy, los jóvenes que siguen la escuela de pensamiento de Action Française y difunden las publicaciones maurrasianas ostentando el nombre de Camelots du Roi, siguen consideran a los muscadins como su modelo a seguir.

Los Camelots du Roi, fuerza de choque del realismo francés

A partir de 1905, los Estudiantes de Action Française, ocasionalmente distribuían el semanario de la organización en la calle. Puede considerarse que las experiencias obtenidas en esos años sirvieron posteriormente para dar mayor entidad a estas acciones de propaganda.

En efecto, el 16 de noviembre de 1908, Maurice Pujo, desde aquel momento uno de los hombres más próximos a Charles Maurras, fundador y alma del semanario y del movimiento Action Française, creaba el primer grupo de vendedores callejeros de su semanario. Pujo contó con la ayuda de Henri Vaugeois, entonces un joven estudiante del Barrio Latino. Inicialmente carecían de nombre, se les conocía como “estudiantes de Action Française” y dominaban sin discusión el Barrio Latino. No dudaban en enfrentarse con estudiantes de cualquier otro grupo político –incluida la extrema-derecha– para mantener y ampliar su dominio sobre la Rive Gauche. Maurras había bromeado: “¿Reconquistar Alsacia y Lorena? Si, está bien, pero mejor empezar por la Sorbonnne”. Los jóvenes lectores de su revista habían cumplido la consigna. Ente ellos destacaba ya Maxime Real del Sartre, Marius Plateau y los hermanos Lefevre. De ellos partió la idea de vender cada domingo el semanario Action Française a la salida de las Iglesias. Empezaron en el distrito XVII de París y se fueron extendiendo por toda la capital y más adelante por todas las provincias del hexágono francés.

Todavía no tenían nombre y sería un periodista desaprensivo les llamó irónicamente “Camelots du Roi”. En francés, el “camelot” es una especie de vendedor ambulante. Ellos recogieron el nombre como un desafío y lo asumieron: en el fondo aceptaban como una tarea de apostolado el vender la revista en las calles. Y, además, eran monárquicos. Maurras era un doctrinario curioso que solamente podía salir de una Francia racionalista y cartesiana: ni era monárquico, ni siquiera católico, pero había llegado a la conclusión racional de que la monarquía y el catolicismo estaban presentes en toda la historia de Francia y una eventual regeneración de la nación francesa solamente podía darse sustituyendo la odiada república por una monarquía tradicional y el laicismo ecléctico por los valores del catolicismo que, en el fondo, eran los de la Francia profunda. Esta doctrina atrajo al grueso de la juventud francesa desde principios de siglo. Los Camelots no tuvieron dificultades en encontrar difusores para su revista.

Difundir una revista en la calle suponía la posibilidad de enfrentarse con adversarios políticos. Los Camelots du Roi solían utilizar como armas disuasivas el bastón de caña con punta metálica, la verga de toro y el puño de hierro. Nunca –ni ayer ni hoy– negaron que asumían practicar una “violencia al servicio de la razón”. Maurras era un escritor agresivo en sus escritos, pero mesurado y moderado en su práctica política. De hecho, en las distintas historias escritas sobre los Camelots du Roi, se admite que si bien a lo largo de su historia fueron víctimas de agresiones y provocaciones, frecuentemente mortales, nunca mataron a nadie, ni recibieron la orden de hacerlo.

Esto era muy acorde con la personalidad de Maxime Real del Sartre. La Marquesa Bouniol de Gineste me lo definió como un gran bromista, además de cómo patriota y monárquico legitimista. Conocía a la perfección los subterráneos de París –las calles de París tienen una curiosa réplica en los subterráneos que reproducen bajo tierra el trazado urbano de la ciudad, y que ostentan las mismas placas identificativas de las vías de la superficie– y eso le había permitido irrumpir, a él y a sus camelots, en los lugares más inverosímiles, irrumpir en teatros a través de portones desconocidos siempre comunicados con las alcantarillas, etc. Del Sartre había dado a los Camelots una consigna: “En la mano un bastón y en el bolsillo un libro”, en otras palabras: teoría y acción. La violencia para ellos era justa, necesaria y conveniente sólo cuando se la subordina a la racionalidad y deja de ser una explosión de cólera momentánea y visceral. Maurras siempre preconizo como estilo un perfecto dominio de uno mismo. De hecho condenó los incidentes del 6 de febrero de 1934, cuando Jacques Bainville le dijo: “Maître, París se ha alzado”; Maurras le contestó con displicencia: “No me gusta la gente que pierde el control”. Él enseñaba a los Camelots a dominar sus instintos y a dominarse a sí mismos: la violencia, les decía, solamente es aceptable cuando se pone al servicio de una causa justa. Los Camelots aprendieron la lección.

Se conservan pocas fotos de los Camelots y no son siempre significativas. Los rostros que vemos pertenecen a todas las clases sociales: se ven en ellas a estudiantes, obreros, aristócratas, burgueses, artesanos, bachilleres, etc. Contrariamente a lo que la mitología dogmática de la izquierda ha intentado establecer, en los Camelots estaban presentes todas las clases sociales francesas. La Gran Guerra supuso un duro golpe para la organización.

En los primeros meses de combates, buena parte de los Camelots murieron en los frentes de batalla. “La Gran Guerra –se lee en una de las crónicas sobre la organización- decapitó durante un tiempo a este movimiento que contó entonces con más héroes muertos que jefes vivos”. Antes de la Primera Guerra Mundial, Action Française era el movimiento mayoritario de la juventud francesa.

En mayo de 1908, los primeros Camelots organizaron manifestaciones contra Charles Andler, profesor de la Sorbonne que se destacaba por sus ideas pacifistas. En el curso de los incidentes, Pierre Pimodan, fue el primer herido de Action Française. Pimodan llegaría ser el jefe de los estudiantes de AF y moriría heroicamente en la I Guerra Mundial. Fue en 1908 cuando se incorporó un joven desconocido de porte aristocrático, modales refinados y convincente oratoria; se trataba de Maxime Real del Sartre.

Del Sartre resultó detenido por primera vez ese año cuando interrumpió un proceso en la Corte de Casación contra miembros de AF. En el silencio de la sala se pudo oír su voz potente exclamar con serenidad: “Magistrados indignos y falsarios, los franceses os escupirán en el rostro por vuestra infamia”. Aún no era miembro de AF, pero al ser puesto en libertad se dirigió a las oficinas de la revista en la rue Chaussée d’Antin, encontraron a Henry des Lyons y a los hermanos Lefèvre, con los que distribuyeron el domingo siguiente el semanario en la iglesia de Saint-François de Sales. El éxito aconsejó multiplicar esa práctica al resto de distritos e iglesias de París. Del Sartre asumió la presidencia y Henry des Lyons la secretaría de la nueva organización. El 21 de noviembre de ese año tuvieron su primer acto de protesta en el teatro Odeón cuando interrumpieron un acto consagrado a Zola, a causa de su papel en el “asunto Dreyfuss”.

Juana de Arco, inspiradora de los Camelots

Antes de la guerra existió un profesor, André Thalamas de historia en la Sorbona cuya única enseñanza consistía en negar lo que llamaba la “Juanolatria”. Thalamás aumentaba irracionalmente sus ataques contra la figura de Juana de Arco a sabiendas de que la mayoría de sus alumnos eran simpatizantes de AF. Finalmente, el semanario convocó una campaña de movilizaciones para evitar las infamias de Thalamas. Miles de jóvenes se manifestaron en varias ocasiones en el Barrio Latino. Resultaron detenidos varios jóvenes en un puesto de policía del Latino, pero los manifestantes consiguieron liberarlos asaltando la comisaría. Posteriormente, la misma manifestación se dirigió hacia la estatua de Juana de Arco en la rue du Rivolí, depositando una corona de flores.

Las repercusiones del “asunto Thalamas” fueron enormes y popularizan en nombre de los Camelots du Roi en toda Francia. Serge Real del Sartre, hermano de Maxime resultó profesado por estos incidentes cuando apenas tenía 16 años. Cuando tenía lugar el proceso, un grupo de 500 camelots dirigidos por Maxime asaltó el Senado llegando hasta el patio del palacio al grito de “Abajo la República”. La campaña contra Thalamas había durado tres meses en el curso de los cuales en un momento u otro todos los dirigentes de los Camelots sufrieron prisión, incluido un joven escritor que despuntaba: George Bernanos. Thalamas no pudo concluir su curso en la Sorbonne: en la onceava clase, Maurice Pujo con un grupo de Camelots consiguió introducirse en el anfiteatro de la facultad y expulsar a Thalamas. El asunto tuvo una excepcional repercusión en Francia y supuso un formidable impulso para el desarrollo de los Camelots. Al terminar la campaña de tres meses, fue evidente que el curso de Thalamas no había podido concluirse y que la policía republicana se había visto desbordada por los Camelots. Existe una foto de esa época en la que Maxime Real del Sartre y Marius Plateau aparecen tras las rejas de la prisión. Dicha foto se convirtió en un icono para la juventud francesa.

A partir de salir en prisión, del Sartre percibió que el problema de los Camelots no era conseguir nuevos militantes –había cola para entrar en la organización- sino conseguir militantes de calidad. Se redactaron unos estatutos que delimitaban la forma de entrar en la organización: era preciso tener 18 años, superar una investigación preliminar que se extendía sobre el aspirante y sobre su familia, sus relaciones y sus medios de vida y, finalmente, se preveía un período de prueba antes de ser admitido.

El periódico de izquierdas Gil Blas, tuvo que reconocer la realidad: “Dos tercios de los estudiantes de derecho son monárquicos así como buena parte de los alumnos de Bellas Artes y de Artes Decorativas; también en Medicina existe un grupo importante de Action Française y de los Camelots du Roi”. Para un sector importante de la juventud francesa, constituía un orgullo haber sido encarcelado por colaborar en algunas de las campañas de los Camelots. Cuando se cumplió el tercer aniversario de la organización, sus militantes habían pasado 10.000 días en cárcel. Estos jóvenes para los que la prisión había llegado a ser algo familiar, tenían la mítica esperanza en que un Rey vendría para salvar a Francia de la desintegración, esta simple idea les daba la fuerza para crecer y suscitar entusiasmo como ninguna otra fuerza política de la época.

La guerra destrozó a lo mejor de la juventud francesa. El 80% de los Camelots du Roi murieron en combate… De los 15 secretarios generales de los Estudiantes de AF, 13 murieron en los campos de batalla. En noviembre de 1918 cuando se firmó la paz, era necesario reconstruir una organización que había sufrido miles de muertos. Esta reorganización se inició en la tradicional manifestación por Juana de Arco el 19 de mayo de 1919. Una manifestación de tres kilómetros de largo supuso el reconocimiento de la sociedad francesa al tributo de sangre de AF y de los Camelots. En esta ocasión, los Camelots, como tales estuvieron prácticamente ausentes. Sus bajas los habían desmantelado. Hubo que esperar a la misma manifestación dos años después para asistir al relanzamiento de la organización. El 8 de mayo de 1921 se conmemoró el 500 aniversario de la Salvación de Francia por Juana de Arco.

En 1923, Marius Plateau, uno de los dirigentes de los Camelots, resultó asesinado por un anarquista. Plateau había tenido un comportamiento heroico durante la guerra obteniendo las más altas condecoraciones francesas. Su cadáver fue seguido por 100.000 parisinos. En represalia, los Camelots asaltaron las oficinas de las revistas izquierdistas L’Oeuvre y L’Ère Nouvelle. 1923 fue un año terrible para los Camelots que vieron como era asesinado también Philipe Daudet, hijo de Leon Daudet, uno de los mejores intelectuales de Francia y fundador de Action Française. Cuando en 1925, Maurras dirige una carta al ministro del interior, Abraham Shrameck (de etnia judía), exigiendo que cesaran los asesinatos de patriotas, es condenado a dos años de prisión.

Cuando llega 1926, Action Française se ha convertido en un movimiento de masas que logra movilizar 10.000 personas en Estrasburgo, 35.000 en Nimes, 60.000 en el Mont des Alouettes… La manifestación tradicional en honor de Juana de Arco en París, frente a la estatua de la Santa en la Rue Rivolí se salda con varias horas de incidentes después de que el ministro Shramech haya desautorizado el acto. La manifestación dirigida por Real del Sartre desborda a las fuerzas policiales que sufren 118 heridos. Por su parte, 221 miembros de Action Française son, así mismo, detenidos

Cuando en 1929, los Camelots cumplen 20 años de vida y siguen dirigidos por los jefes naturales supervivientes de la Gran Guerra y de los asesinatos políticos, el tributo de sangre ha sido espantoso, pero siguen dominando el Barrio Latino y el movimiento se ha convertido en una importante organización de masas

Cuando se inician los años 30, la tensión política que vive Francia se convierte en insoportable. Los casos de corrupción salpican la República y, finalmente, a finales de 1933 estalla el “Affaire Stavisky”. Desde junio de ese año, la revista Action Française había iniciado una campaña contra los escándalos con la consigna “¡Abajo los ladrones!”. Cuando se inicia el año siguiente, el asunto Stavisky crece de dimensiones al aparecer “suicidado” su instigador.

El  de febrero de 1934 tiene lugar la gran manifestación ante la Cámara de los Diputados. Están presentes, además de los excombatientes miembros de los Croix de Feu que la han convocado, el resto de “ligas” de extrema-derecha, especialmente Action Française que se sitúa al otro lado del Sena, frente al puente de la Concordia, en la plaza del mismo nombre. Los incidentes, precisamente, se iniciaron cuando el grupo de Camelots del Distrito XVII de París, dirigidos por el que luego sería uno de los jefes de la organización clandestina y terrorista de extrema-derecha conocida como La Cagoule, Jean Fillol, inició una carga contra la policía para superar la barrera que habían establecido en el puente de la Concordia. Los incidentes duraron hasta la 1:00 de la madrugada y costaron 17 muertos entre los manifestantes, 1 entre la policía, 258 heridos grados entre los manifestantes (entre ellos Maxime Real del Sartre) y 92 entre la policía. Seis de los muertos eran miembros de Action Française y de los Camelots.

En los días siguientes, el Partido Comunista aumentó su presión sobre los Camelots en un vano intento de expulsarlos de sus reductos del Barrio Latino. Varios dirigentes de Action Française fueron asesinados a los largo de 1935 y durante 1936 por militantes comunistas, ente ellos varios jefes de grupo.

El 9 de Febrero de 1935, uno de los fundadores de la revista y, sin duda, una de sus plumas más afiladas, Jacques Bainville moría de muerte natural. Durante su funeral, mientras Leon Daudet pronunciaba el elogio fúnebre, un automóvil con Leon Blue, jefe del partido socialista integrado en el Frente Popular, pasaba en pleno Barrio Latino, por el boulevard de Saint Germain donde varios miles de miembros de Action Française esperaban el paso del cortejo fúnebre. Blue fue reconocido, su automóvil volcado y él estuvo a punto de morir linchado por la multitud. Los Camelots siempre han sostenido que fueron ellos quienes libraron al odiado Blue de la muerte y que la agresión se produjo por parte de elementos incontrolados exaltados. Sin embargo, el incidente ha pasado a la historia como protagonizado por Action Française que, precisamente a causa de él, fue prohibida, incluyendo sus organizaciones satélites, incluidos los Camelots. Las casas de todos los dirigentes de estas organizaciones fueron registradas y los dirigentes encarcelados. Maurras fue acusado de “provocación para el asesinato” y condenado a dos años de cárcel

Este episodio supuso el inicio del declive del movimiento. De un lado, los incidentes del 6 de febrero habían evidenciado el nacimiento de grupos de corte fascista que resultaban suficientemente atractivos para muchos militantes de Action Française. De otro, la brutal respuesta del gobierno a la manifestación del 6 de febrero, hizo que otras franjas se orientaran hacia la lucha clandestina y el terrorismo puro y simple. Finalmente, la propia represión y la prohibición de desarrollar actividades, supuso la desmovilización de parte de los efectivos. Con todo, en la clandestinidad, los Camelots siguieron realizando demostraciones y actos de protesta.

Cundo estalló la guerra de España, en torno a 500 franceses engrosaron las filas del ejército franquista encuadrados en la Bandera Juana de Arco, que tuvo en Maxime Real del Sartre a uno de sus más activos propagandistas. Los Camelots se declararon sin restricciones a favor de Franco.

Del Sartre en España: del 18 de Julio al Valle de los Caídos

Como hemos dicho, Maxime Real del Sartre realizó campaña activa a favor de Franco mientras duró la guerra civil española. Action Française nunca se recuperaría de la quiebra que supuso la disolución y, posteriomente, de la fractura interior que produjo la ocupación alemana. Maurras vio con buenos ojos el gobierno del Mariscal Petain en la Zona Libre de Vichy y aportó ideas y efectivos humanos al régimen del viejo general.

Tradicionalmente, Maurras siempre había sostenido posturas antialemanas que vacunaron a su movimiento contra una participación activa en la colaboración con el enemigo. A diferencia de otros partidos de extrema-derecha (como el PPF o los franciscas), los maurrasianos no colaboraron con los alemanes en la zona ocupada, pero esto no impidió que los odios acumulados anteriormente a la guerra por parte de la izquierda francesa hacia Action Française, tuviera su revancha después de 1944, cuando el territorio francés fue liberado por los anglonorteamericanos.

En ese momento se iniciaron los procesos de la “depuración” que alcanzaron incluso a aquellos que como Petain y Maurras no habían colaborado con los alemanes. Maurras y Maurice Pujo serían encarcelados y solamente se amnistiaría al primero pocas semanas antes de que muriera en 1952. Maxime Real del Sartre también pasó su calvario judicial.

A finales de los años 40, cuando estos problemas quedaron atrás, Real del Sartre volvió a la España a cuyo régimen tanto había ayudado durante la guerra civil. En tanto que escultor, presentó un proyecto para el Valle de los Caídos. Tuve ocasión de ver en el Château de Reveillon este proyecto junto a algunos bocetos del escultor.

Básicamente consistía en una gigantesca cruz en posición horizontal visible desde el aire. A diferencia del proyecto de Juan de Ávalos que finalmente venció y que contemplaba la gigantesca cruz vertical, con el grupo de estatuas que la circundan, el de Maxime Real del Sartre, tenía como centro, esa misma cruz, pero horizontal situada sobre la cripta. Creo que ganó el mejor proyecto. Pero eso no implica que, mientras Juan de Ávalos fue, sobre todo escultor, Maxime Real del Sartre, fue más Camelot du Roi que cualquier otra cosa.  

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Muerto en Madrid: se veía venir. Revista de responsables

Muerto en Madrid: se veía venir. Revista de responsables

Infokrisis.- El que un chaval de 16 años vaya a una manifestación antifa y resulte con un puñal clavado en el corazón, no es normal. Sin embargo, muchos sabíamos que esto podía ocurrir en cualquier momento y, cuando finalmente, ha sucedido, no nos ha sorprendido. Ahora toca explicar el hecho, y sacar algunas conclusiones: los culpables de esta muerte son muchos, vamos a darles a cada uno lo suyo.

Un culpable: el Estado y sus organismos

La responsabilidad del Estado es salvaguardar el derecho a la libertad de expresión y autorizar manifestaciones que hayan sido solicitadas en forma. El grupúsculo “Democracia Nacional Joven” (o algo así), había solicitado la manifestación con el retorcido eslogan de “Contra el racismo anti-español” y se lo habían concedido. Era una mañana prolija en manifestaciones ultrillas: 300 de La Falange y 50 de DNJ; todo un peligro para la democracia.

El Estado consideró que su obligación empezaba y terminaba ahí. Yo autorizo una manifestación y me desentiendo de lo que pueda ocurrir en el curso de la misma. Luego, cuando ultras de izquierdas y de derechas, o skins de derechas y punkys de izquierdas, o cuando skins de izquierdas y derechas, o cuando antiglobalizadores y antiinmigracionistas, se lían a estacazos, el Estado considera que se trata de “extremismos” y que, por tanto, lo lógico es que se maten unos a otros. El espectáculo está servido.

Es fácil identificar un primer culpable, no sólo por omisión, sino también por interés: el Estado. Los espacios de los telediarios que estén dedicados a la muerte del chaval y a las protestas de los antifas, son espacios hurtados a un problema de mucho más calado social: que la economía de este país se va al garete, que la cesta de la compra se ha elevado más de un 10% en pocos meses y que los “logros económicos del gobierno” son algo tan sustancioso como una patata hervida. Así que hace falta que el elector –ese merluzo desmemoriado- mire a otro sitio: y en este lunes de noviembre solamente se habla del “Que calles Karmele” del Rey dirigiéndose a Chávez y del nano asesinado. Pero hay muchas cosas más de la que hablar, cosas que realmente nos afectan a todos y sobre las que deberían girar las próximas elecciones.

Segundo culpable: los irresponsables que convocan sin capacidad

Para el que no sepa qué es el partido convocante de la mani se lo resumiré: el fuertecito de un sujeto que a falta de vivir de su trabajo, vive de las pocas cuotas que pagan sus últimos mohicanos. Es un grupúsculo instalado permanentemente en la dimensión grupuscular y sin esperanzas de salir de ella. Cada líder tiene el partido a la medida de sus merecimientos y el tipo que dirige DN, tiene un subgrupúsculo que es, como lo define, “el partido que siempre hemos querido tener”… Ozú.

El problema no son las dimensiones subgrupusculares de esa formación, sino dos elementos que están presentes en la misma:

1)     La concepción que tiene su fundador, digamos su nombre para evitar equívocos, Manuel Canduela, según la cual hay que salir en los medios, sea como sea, hacer que se hable de uno, aunque sea mal, para romper las dimensiones grupusculares. No es una concepción suya, sino que fue enunciada por ese hacedor de primeras páginas que es Ricardo Sáez de Ynestrillas. Un lince en eso de llamar la atención y pasar luego cuatro años en la trena. Canduela no va tan lejos. Cree que si saliera más a menudo en TV, su partido despegaría. No es así. En esa partido ni hay cuadros, ni hay teóricos, ni estrategas, ni siquiera militantes capaces de encuadrar a los simpatizantes en una manifestación. Con lo poco que hay, el tal Canduela cree que puede llamar la atención de la opinión pública, y salir en primera página, convocando manifestaciones callejeras que, aun a sabiendas de que se provocarán incidentes.

2)     La edad media de sus miembros, situados en plena adolescencia. No es la única formación ultra en la que los únicos afiliados son adolescentes, y, muy a menudo, eskinetes. En el interior de esa formación, ni se da educación política (¿quién podría darla?), ni se aspira a formar cuadros, ni existen cuadros políticos que formen a otros. Si las tribus urbanas son algo, son como DN: grupos de chavales que beben juntos, salen juntos y se pelean juntos contra otras tribus urbanas. Nada más.

Precisamente, el peligro de un grupo así es inherente a las ambiciones de su líder máximo y gran timonel y a su pirámide de edades. En efecto, para llamar la atención y salir en los medios se convocan actos públicos… sin tener capacidad para ello, sin tener servicio de orden, encuadramiento militante, disciplina, ni la más mínima organización. Porque todo eso en DN y en DNJ y en otros grupos similares es algo inexistente. Cuando se convoca un acto en la calle por parte de grupos de esa naturaleza, puede pasar cualquier cosa.

Y en esta ocasión ha pasado algo que podría haber pasado hace dos años, o que puede pasar de nuevo el próximo 20-N que está a una semana vista.

Tercer culpable: los que protestan por los actos de otros

Del muerto sus familiares dicen –lo acabo de oír por la Tele- que era una “preciosidad de criatura”. Pero está muerto. Murió cuando iba con sus compañeros de Instituto a una manifestación antifascista convocada como protesta por un acto de DNJ. El muerto se le excluye de responsabilidad por el simple hecho de estar muerto, pero aquí hay alguien que si tiene responsabilidad: es la gente que durante años ha animado a romper manifestaciones legales convocadas por otros.

Que los antifas no son unos angelitos lo da buena muestra el que el lunes por la tarde las inmediaciones de la puerta del Sol y ayer Malasaña, se convirtieron en zonas de ejercicio de la violencia urbana, un kale borroka en versión castiza y con proliferación de coctelería incendiaria. Que el muerto era un pobre chaval y que, como toda muerte, es condenable y absurda, no lo vamos a discutir, que esa práctica “antifa” de acudir allí en donde se cree que un “facha” va a manifestarse, es simplemente una actitud reprobable con o sin muerto a cuestas.

Si el tal Canduela convoca sin tener la capacidad de encuadrar ni de controlar a su gente, los popes del antifascismo no son menos responsables. He visto manifestaciones antifas en las que, verdaderamente, lo mejor podía hacerse era darles una limosna para que se compraran un bocadillo. Criajos de aspecto debilucho, con más porros en la cabeza que pelos en el sobaquillo, sin hacer habitualmente ni deporte ni ejercicio alguno, habituados a utilizar la piedra y el adoquín en las manifestaciones y el cóctel molotov sólo porque permiten lanzarlos a distancia y salir a escape, con litronas a escote, esos nanos dignos de conmiseración, cuando se encuentran a menos de un metro con alguien que los ve como enemigos a abatir, reciben inevitablemente la ración de violencia que ellos también han contribuido a provocar.

Lo sorprendente es que este sector antifa está formado por dos franjas completamente diferentes: por una parte, los que viven de esto, de propagar antifascismo; por otro lado, los que acuden a las movilizaciones. Difícilmente encontraréis a los capitanes araña en las movidas a pie de calle. Los tenéis, sin embargo, en la ventanilla de las subvenciones. Son gentes como Esteban Ibarra que difunden antifascismo con sus risibles “Informes Rayen” en los que se “descubren” agresiones antifascistas de las que nadie nunca ha tenido la más mínima noticia y son capaces de llenar varios cientos de folios con historias de riñas discotequeras o de peleas entre skins de bandas opuestas. Este tipo de gente, siempre una semilla que luego, atontolinados que todavía no saben de la existencia de la ventanilla de subvenciones, recogen. Como el pobre chaval asesinado el domingo en Madrid.

Hay algo que se nos escapa

Hemos señalado tres responsabilidades. Pero hay algo más truculento todavía que queda por decir. Nuestras sociedades se están volviendo extraordinariamente violentas y agresivas, especialmente en las grandes ciudades. Da la sensación de que se ha rebasado un límite y que para el ciudadano medio salir a la calle se convierte cada día más en un ejercicio peligroso: con policía que no está en donde tiene que estar, con unas leyes garantistas que protegen a delincuentes pero no a víctimas, con unas cárceles saturadas, con unos juzgados desbordados, con una policía desmotiva, con una delincuencia atraída por un verdadero efecto llamada internacional, con bandas latinas paseándose a sus anchas, con una sociedad que absorbe cada año mayores cantidades de haschish,  cocaína, anfetas y heroína (ya hemos logrado, también en esto, ser el primer país consumidor de drogas del mundo y alguno hasta estará orgulloso), con un índice de fracaso escolar que, para el caso, equivale a tasas de analfabetismo inéditas en una sociedad desarrollada, con una juventud y una sociedad cada vez menos exigente y que desconoce cualquier cosa que tenga que ver con el esfuerzo, el sacrificio, la constancia y cualquier otro valor que no se enseñará jamás en las clases de Formación del Espíritu Zapateril, la violencia está cada vez más presente en las calles y en la sociedad.

Lo sucedido el domingo en Madrid, no nos sorprende. Estaba escrito que antes o después debía ocurrir algo así. Pero esto no exime de responsabilidad a los que lo han hecho posible. Empezando por el Estado.

(c) Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Sobre la crisis de la izquierda mundial y el “Que te calles Karmele”

Sobre la crisis de la izquierda mundial y el “Que te calles Karmele”

Infokrisis.- Hace años, alguien que había militado en el trotzkysmo me dijo a mí que venía justo de lo opuesto cuando ambos ya estábamos muy distanciados de nuestros fervores juveniles: “No toquéis nada de vuestra ideología, nosotros tocamos un poco y todo el edificio se derrumbó”. Este ex trotzkysta estaba resumiendo el drama de la izquierda: mientras el marxismo fue el referente, había diferencias pero el edificio se mantenía en pie; perdida la referencia doctrinal lo que queda hoy no es “la izquierda”, sino “las izquierdas”. No es que el castillo de naipes haya caído, es que en ese cajón de sastre que son las izquierdas hay piezas de todos los juegos

Donde el Rey dijo aquello de “Que te calles Karmele”

La mesa presidencial de la cumbre hispanoamericana de Chile era un zoológico de las distintas izquierdas europeas y americanas. No era de extrañar que Juan Carlos I, un hombre que, en principio, tiene poco de izquierdas, se fuera calentando hasta estallar en el “Que te calles Karmele” dirigido a Hugo Chávez. Junto a Zapatero, con ara de circunstancias, el canciller cubano, más allá, el otrora “comandante Ortega” tan impresentable hoy como cuando lucía su uniforme verde oliva casposo en la Managua de los años 80, al fondo de la mesa el perfil indio de Evo Morales; fuera de campo, la Bachelet y Kirchner, el ecuatoriano Correa despendolado. Moratinos y su compinche la frustrada candidata a la alcaldía de Madrid y hoy directora de cooperación con Iberoamerica, con aspecto de monolitos de Tihuanaco para hacer juego.

Poca chicha ideológica para tanto potaje. Así pues, a Chávez no se le ocurrió otra cosa –suponemos que al alcohol ya habría hecho su primera pasada- que ejercer lo que en metafísica de llama “el principio de la razón suficiente” (el que da sentido a la existencia de algo en sí mismo, diferenciado de cualquier otro ente similar y que, por tanto, da razón a su existencia). A Chávez le dio por ejercer de “bolivariano” convicto y confeso, doctrina más simple que el mecanismo de un botijo que se basa en dos principios “la lucha contra el imperialismo yanqui” y la equiparación de cualquier empresa extranjera en Venezuela como parte de la trama del imperialismo yanqui.

Ese discurso, por increíble que pueda parecer responde a la realidad sociológica de Venezuela. En ese país, con una mayoría de la población en el umbral de la pobreza o poco menos, básicamente población mestiza e indígena, basta cacarear unas cuantas consignas facilonas que den explicaciones sencillas a problemas complejos, se hable en nombre de los desheredados y se exalte “lo indígena”, para ser seguido por una mayoría étnico-social, fundamentalmente indígena y mestiza.

Lo hizo Chávez y lo repitió Morales en Bolivia y Correa en Ecuador. En Perú se intentó hacer pero el cholito de turno salió tan desaprensivo como mediocre y ni siquiera las mayorías étnicas se atrevieron a darle una segunda oportunidad. El hecho de que lo sustituyera el otrora chorizo titulado Alan García (otra muestra de la izquierda iberoamericana, por cierto), ya da la medida de hasta qué punto que caótica su gestión.

De las distintas formas de la izquierda iberoamericana

El indigenismo es la tabla de salvación de la izquierda autóctona iberoamericana. Una de las izquierdas realmente existentes. Pero esto crea problemas.

Los comentarios del “comandante Ortega” (y seguramente el precedente próximo de Isabel Sansebastián en “59 segundos”), hicieron que Juan Carlos I, terminara abriéndose en forma de paraguas. Sin embargo, Ortega se disculpó al día siguiente, mientras que Chávez ajustó un poco más las clavijas, implicando al Rey en el golpe de Estado de 2002. La diferencia entre la actitud de Chávez y la de Ortega se explican por un solo motivo: mientras Venezuela siga bombeando petróleo (y vendiéndoselo a los EEUU, su principal cliente) el Chávez de turno se podrá permitir el lujo de beberse una botella de cualquier caldo chileno (muy buenos, por cierto) y soltar su retahíla de tópicos bolivarianos, a diferencia del “comandante Ortega” cuyo sueldo, en buena medida depende de los 2.000 millones de euros que el gobierno español ha destinado para “cooperación con Iberoamérica” en los Presupuestos Generales del Estado.

La disculpa del “comandante Ortega” implica que asume con sinceridad la rectificación. En absoluto: muestra el estado carencial de uno de los países “peor administrados” (Nicaragua no es pobre, está mal administrada que es muy diferente). En realidad, mientras que la izquierda bolivariana es la izquierda del nuevo rico, la izquierda “orteguiana” sigue siendo la izquierda resentida porque sus ideales de juventud, una vez puestos en práctica, lejos de traer la prosperidad, le convirtieron en el Pol-Pot centroamericano y, de ahí, y de todo lo que vino con el “sandinismo” deriva, en buena medida la miseria nicaragüense actual.

De todas formas, el sandinismo tiene poco que ver con el indigenismo, salvo en que se nutre de las mismas clases sociales desfavorecidas. En Bolivia y Ecuador es mucho más evidente que el remedo ideológico de la izquierda, es el aprovechamiento de la frustración del indígena al que se le halaga diciéndole aquello de “si no hubiera sido por Colón, habríamos llegado antes a la luna”, olvidando que, cuando llegó Colón la civilización de Tiwanako ya se había disuelto y que aquellas culturas vivían el “Apocalipto” que hace poco pintó Mel Gibson.

Esa es, en el fondo, la esencia de la izquierda indigenista en sus distintas fracciones (indigenismo absoluto de Morales, indigenismo relativo de Correa y bolivarismo de Chávez): encontrar una mayoría social que apoye con sus votos la estancia en el poder de una clase política que, en el fondo, no se distingue de las habituales en cualquier país sudamericano (con su retórica infumable, sus gestos dramáticos, su recurso a los descamisados, sus llamamientos antiimperialistas y demás) salvo por sus “fórmulas magistrales”: nacionalizaciones y expropiaciones que dan pan para hoy y que suponen históricamente el hambre para mañana, llegado al cual el péndulo llega al otro extremo, con las privatizaciones habituales.

Pero hay más.

Con la Bachelet estamos ante una izquierda que es lo más parecida a la izquierda europea, pasada la fiebre del allendismo. La izquierda argentina de Kirchner, por el contrario, es una forma atenuada de peronismo, desprovisto de cualquier otro aditamento social y reducido exclusivamente a su expresión demagógica y oportunista. Por aquello de las fotocopias reducidas, Kirchner ha querido que fuera su mujer la que lo sucediera en un guiño a la historia del peronismo. Pero eso no basta para formar un cuerpo de doctrina, ni mucho menos una práctica política, en la que los políticos “de izquierda” han adoptado los mismos usos y costumbres de los “de derecha”: sueldos altos, dedicación escasa, ojo avizor a los buenos negocios, demagogia mucha y efectividad poca.

Todo esto sin contar con la izquierda fosilizada del castrismo que merece un lugar en la historia más que en la actualidad política y al que no vale la pena dedicar más allá de dos líneas.

La izquierda europea no va mejor

Al menos, en Iberoamérica, existe cierta “esencialidad” que ha perdido completamente la izquierda europea. Esa esencialidad, justamente, es la que le confiere cierto aire de radicalismo, mientras que en Europa la izquierda se ha convertido en el paradigma del castizo “ni chicha ni limoná”.

Desde el Congreso de Bad Godesberg en el que la socialdemocracia alemana renunció al marxismo, incluso como método de análisis, hasta el XVIII Congreso del PSOE celebrado 20 años después en el que los hasta ese momento ultraizquierdistas Felipe González y Alfonso Guerra, entendieron que por ahí, ni iban a recibir los buenos fondos de la Fundación Ebert (es decir, los dineros del SPD) y que el camino hacia el poder pasaba por la larga marcha hacia el centro, llovió bastante, pero no tanto como volvió a llover desde el congreso socialista del 77 hasta la Caída del Muro de Berlín algo más de 10 años después.

El 9 de noviembre de 1989, la izquierda ya no tenía nada a lo que renunciar: la caída del muro y la reunificación de Alemania, indicaban muy a las claras que el marxismo ideológico y el comunismo institucional habían pasado al basurero de la historia y por ahí había poco que recuperar.

Hasta entonces, algunos oportunistas sin escrúpulos (los Marchais, los Berlinguer y los inefables autóctonos supervivientes de Paracuellos, del maquis y de veinte huelgas generales frustradas, como Carrillo) habían intentado esa entelequia del “eurocomunismo” que se gestó a partir de que los tanques soviéticos ahogaran la primavera de Praga y para no alarmar a la OTAN ante una eventual entrada de los comunistas en los gobiernos de Francia e Italia durante los años 70. El eurocomunismo era el stalinismo rebajado con gaseosa. Los intelectuales se lo tomaron en serio durante unos años, hasta que fue demasiado evidente su carácter oportunista. Ceaucescu siguió pagado a Carrillo un generoso subsidio hasta que afrontó sus culpas ante un pelotón de ejecución. El “eurocomunismo” fue tan creíble como un etarra con boina y pasamontañas ayudando a cruzar a una anciana la calle.

Muerto el “eurocomunismo” (en los primeros años 80 con la derrota del PCF en las elecciones generales francesas de 1981, inolvidable Georges Marchais cuando en la noche electoral dijo aquello de “Ha sido una gran victoria”… y había perdido la mitad de los votos y dos tercios de los diputados), el comunismo tuvo aún una vida de zombi en el lustro siguiente, hasta que el Muro de la Vergüenza cayó.

El PCE percibió que estaban ascendiendo lo que eufemísticamente llamó “nuevas fuerzas sociales” y que, con propiedad, eran los primeros subproductos de la crisis de la izquierda tradicional que ya no estaban en condiciones de integrar: el feminismo, los movimientos gays y lesbianos, los verdes, y más tarde los ocupas y durante un tiempo los “psiquiatrizados en lucha”…

Fue así como el PCE pasó de la lucha de clases y del “centralismo democrático” como forma de organización del partido, estructurado en células y con una férrea disciplina, a tener como máximo reclamo electoral, el “carril bici”. Pa’ mear y no echar gota, que se dice.

En el fondo, en el PCE-IU quedaban todos aquellos que no habían encontrado el momento para pasarse al PSOE. Ni eran los más avispados, ni los más listillos, ni los más ortodoxos, ni siquiera los más honestos, eran, simplemente, los más retrasadillos en la larga marcha de la izquierda hacia posiciones acomodaticias, que había seguido, por este orden, primero el PSOE, luego toda la extrema-izquierda (el PTE, la ORT, la mayor parte de la LCR y del MCE, Bandera Roja, etc.), y finalmente, lo esencial del propio PCE, Carrillo incluido. El batiburrillo que quedó asumió el ecologismo como ideología de sustitución… sin tener ni idea de conservación del medio, ni otro concepto que fuera más allá del “nucleares no gracias” y poco más.

La sustitución del marxismo por el ecologismo facilitó el que los viejos estalinistas vieran disputadas sus poltronas por jóvenes generaciones de ecolocos, con pocas ideas y muchas ambiciones. Y en eso están disputando la marginalidad con otras variantes de la izquierda radicalosa.

Peor les fue a aquellas gentes de izquierdas que, a partir de algunos textos de Stalin descubrieron la “cuestión nacional”. Allí se encontraron con independentistas radicales de ideas fijas y obsesivas y, la mayoría, fueron a parar al sumidero de los extremismos en donde pacen desempolvando las viejas consignas antifas de tanto en tanto.

Esto por lo que se refiere a los radicales. En cuanto a los moderados, los hay de todos los colores. Perdida la doctrina queda el talante. Y en esto del talante, Zapatero marcó tendencia hasta teñir a la desgraciada Ségolène Royal, una especie de Zapatero con faldas, con su mediocridad humanitarista y su remedo de ideología soft. El electorado francés se miró en el espejo español y votó cualquier cosa que no fuera a alguien que les condujera al mismo barrizal. Sarkozy fue el gran beneficiado y, en el fondo, la ruptura entre Royal y su marido, François Hollander, no fue sino la escenificación familiar del desencuentro entre las distintas familias de la izquierda francesa. La ideología de ONG ha sustituido malamente al marxismo.

Más hacia el sur, la izquierda italiana vive la misma situación de pérdida de identidad. Se sabe que Prodi es de izquierdas –o al menos se intuye- porque es “progre”. Lo progre, hoy más que nunca, es de izquierdas. Y el progresismo y su encarnación sociológica, la progresía, la izquierda divina, la izquierda caviar, es un racimo de tópicos que se resumen en esto: en lugar de los experimentos en casa y con gaseosa, los experimentos se hacen desde el Estado y manejando los recursos públicos. Ah, y cuanto más osados mejor.

Podríamos seguir nuestro análisis taxonómico de las distintas formas de izquierdas casi hasta el infinito. Lo que no está claro es que valga la pena. No puede decirse que la crisis de la derecha sea de la misma magnitud. A la izquierda se le han hundido todos y cada uno de los ideales. Por no disponer, ya ni siquiera dispone del ecologismo como patrimonio exclusivo desde que Sarkozy dijo que en Francia se había acabado construir autopistas. Le queda el progresismo que es el último resto de la resaca de mayo del 68, patrimonio solo de los jóvenes lobos de ayer, hoy tripudos, canosos y divorciados que siguen con lo de “imaginación al poder” y contando las historias del abuelo Cebolleta. Esa es la izquierda. Es decir, no hay izquierda. Si hay una palabra que podría resumir la grandiosidad del drama de la izquierda es “frustración”. “Mira, allí hay un tipo de izquierda”, que quiere decir: “Mira allí hay un frustrado”.

Tendremos que llegar a la conclusión de que el esquematismo “derechas” e “izquierdas” tiene hoy muy poco sentido. Se trata de buscar nuevas catalogaciones políticas. De hecho, no hay que olvidar que estamos gestionando la modernidad con las ideas surgidas a mediados del siglo XVIII. Y eso empieza a pasar factura. Especialmente a la izquierda que todavía cree encarnar mejor que nadie los valores de la Ilustración y de la Revolución francesa, a pesar del resbalón de Alfonso Guerra cuando dijo aquello de “Montesquieu está anticuado”. Montesquieu estará anticuado, pero Guerra y el felipismo son la enésima forma de izquierda postmarxista: la de “zus vais a enterar”, “mi hermano y su comisión”, “el GAL y yo somos así señor juez”, etcétera. No valen más que el resto de formas de la izquierda.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

Himno Nacional: va siendo hora de recuperar lo que ya tenemos.

Himno Nacional: va siendo hora de recuperar lo que ya tenemos.

Infokrisis.- Siempre habrá un nacionalista que diga que no se ha hablado de su terruño específicamente y que, por tanto, no es el himno de todos. Así pues prevemos que la versión elegida para la letra del himno oscilará entre la cursileria más acrisolada, la ambigüedad ingenuo-felizota y la jabonosidad hacia las partes (monarquía, autonomías). ¿Será eso la letra de un himno o más bien e habitual churro en el que terminan estos “grandes debates?

La letra de Pemán

El vecino de la esquina o el poeta romántico del pub al que voy todas las noches pueden escribir una letra que tendrá todas las limitaciones de quienes son, de por sí, limitados en sus capacidades literarias. No se puede esperar gran cosa de los siete mil espontáneos que han enviado su contribución a este malhadado concurso para dar una letra al himno nacional.

En cuanto a los escritores profesionales, han preferido abstenerse a la vista de lo improbable de poder articular una letra que satisfaga a todos. Ninguna de las grandes plumas de la Real Academia (la única que, como colectivo, en principio, debería tener entidad suficiente como para cumplir el encargo) se ha querido comprometer con esta tarea titánica llamada al fracaso más estrepitoso.

Pero lo que hoy no existe –intelectuales comprometidos con su país, en lugar de con su carrera literaria- si existió en el pasado. José María Pemán fue un intelectual de fuste que desde los años veinte hasta los sesenta estuvo en activo. Medio siglo de producción hoy injustamente olvidada gracias a la militancia franquista de Pemán durante unos años y luego a la militancia monárquica juanista en los años cincuenta.

Es famosa la anécdota de Pemán, en las primeras semanas de la guerra civil, en el aula magna de la universidad de Salamanca, con Unamuno, su rector, entonando el “Venceréis pero no convenceréis” a un Millán Astray particularmente energuménico esa tarde, gritando “Viva la muerte, abajo la inteligencia”, mientras Pemán se levantó e intentó poner orden en donde era imposible diciendo aquello otro de “No, abajo los malos intelectuales”. Ahí estaba doña Carmen Polo de Franco para dar el brazo al anciano Unamuno y concluir al acto antes de que el incidente pasara a mayores. Pues bien, las virtudes diplomáticas de doña Carmen Polo (denostada luego como “la collares”) están hoy tan olvidadas como las cualidades literarias de Pemán.

Y Pemán fue uno de los grandes de nuestra literatura. En los primeros pasos de la TVE, su serie semanal “el Séneca”, demostró que su fina ironía y su sentido del humor seguían siempre presentes. Si hubo una serie en la que se analizara “lo español” fue precisamente en esa que tenía como guionista y presentador a un Pemán ya envejecido, pero no por ello, menos brillante.

Pemán tiene hoy lo que no tienen los miles de espontáneos bienintencionados que han enviado sus letras al concurso de marras. Tiene prestigio. Y, sobre todo, tiene letra para el himno.

Esa letra se redactó a petición del General Primo de Rivera en 1927 y fue la oficial durante unos años. Pemán había estado afiliado al partido de corte social-cristiano de derechas fundado por el dictador, la Unión Patriótica. En el marasmo de la dictablanda de Berenguer y del advenimiento de la República, la letra se olvidó. El franquismo la recuperó en sus primeros años y, hasta finales de los años 40 era frecuente que se cantara incluso en algunos colegios. Luego también pasó al olvido por motivos que se nos escapan a todos. Desde el principio de TVE –ya que hemos aludido a este ente- en 1956, el himno nacional con el que se cerraban las emisiones, se retransmitía sin letra.

Es cierto que el franquismo impuso algunos pequeños cambios en la letra y allí donde decía: “Alzad la frente hijos del pueblo español”, puso aquello otro de “Alzad los brazos hijos del pueblos español”, pero, respeto todo el resto y la letra todavía conserva hoy su poesía, su patriotismo indeleble y, en definitiva, su fuerza, porque ya que estamos hablando de himno nacional, se trata de que tenga “fuerza” (y prevemos que las letras presentadas al concurso son un portento de ambigüedad, cursileria, sino mariconadas puras y simples).

Una propuesta: que no nos impongan un churro

Hay situaciones de “máximo riesgo” y esta es una de ellas. La letra que gane, a falta de cualquier otra, será la oficiosa, hasta que una próxima reforma constitucional le dé el reconocimiento institucional. Mal asunto si Zapatero, este gobierno o cualquier otro hecho de componendas y ajustes con los partidos nacionalistas periférico, tiene que dar el visto bueno. Legítimamente podemos esperar lo peor.

Por eso vale la pena adelantarse, difundir lo antes posible y popularizar la letra de Pemán que es, de todas las posibles, la que, al menos tiene garra, fuerza y poesía. Así que a partir de este momento, esta versión cantada queda incluida en nuestra “zona de descargas” y a continuación ofrecemos la letra. Creo que vale la pena difundirla al máximo, especialmente en los foros y chats más frecuentados

A falta de la versión originaria (que ignoramos si existe) hemos recuperado una de las versiones que se cantaron en los primeros años del franquismo. Las variaciones son mínimas.

Hace unos años propusimos que en la medida en que las competiciones deportivas serán las ocasiones en las que se cantará lo más frecuentemente el himno de manera colectiva, al llegar al “Alzad los brazos hijos del pueblo español”, se acompañara la letra con el gesto, mil veces repetido en los estadios, de alzar, efectivamente los dos brazos que, en el fondo, es lo que hoy se hace coreando el himno con el “la-la-la”.

¿Gestualización absurda? En absoluto, los himnos tienen un aspecto iconográfico indiscutible. Contra más sensación gestual se dé de unidad y más se exteriorice, mejor.

Ahí va la letra y se ruega difundirla por Internet lo más posible:

“Viva España

Alzad los brazos [alzad la frente]

Hijos del pueblo español

Que vuelve a resurgir.

Gloria a la Patria

Que supo seguir

Sobre el azul del mar

El caminar del Sol.

Triunfa España,

Los yunques y las ruedas

Marchan al compás

Del himno de la fe.

Juntos con ellos

Cantemos en pie

La nueva vida y era

Del trabajo y paz”

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Psicopatología del antifascismo. Análisis de una enfermedad del alma

Psicopatología del antifascismo. Análisis de una enfermedad del alma

Infokrisis.- Amadeo Bordiga, secretario general del Partido Comunista Italiano en los años 20 y disidente del stalinismo decía literalmente: “Lo peor del fascismo será el antifascismo”. Esta sentencia queda confirmada por el seguimiento de las páginas “antifas” de la web. Hasta la aparición del Internet, el antifascismo era un residuo impenetrable al que solamente sus últimos mohicanos prestaban atención. Internet lo ha convertido en la ventana abierta de una patología social, relativamente compleja en unos casos y más simple que el mecanismo de un botijo en otros. Hela aquí expuesta para los lectores de infokrisis.

Pero ¿qué es el fascismo?

Hablando con propiedad, el fascismo fue el movimiento político italiano creado por Benito Mussolini de procedencia socialista, por los futuristas y por los nacionalistas italianos después de la Primera Guerra Mundial y que gobernó Italia durante 20 años, cohabitando con la monarquía de los Saboia y teniendo una prolongación de apenas dos años en la República Social Italiana. Así pues, históricamente no hubo más fascismo que éste.

Desde el punto de vista de las tipologías políticas se conoce por generalización abusiva como “fascismo” a los movimientos que, en líneas generales, tienen un alto grado de similitudes con el fascismo italiano y en esto entran movimientos muy diversos, todos los cuales tienen como características comunes: nacionalismo, movimiento de masas, interclasismo, respuesta al comunismo y voluntad de llevar a la práctica una política social avanzada que pudiera rivalizar con la agitada por la izquierda. Las componentes de estos movimientos, que se dan en todas las formas de fascismo, proceden de sectores de la izquierda, de la burguesía y de los excombatientes de la Gran Guerra. Debemos al profesor Zeev Sternhell un formidable estudio sobre estos movimientos en su libro “Ni derechas, ni izquierdas”, no traducido en España y del que hace unas semanas publicamos en infokrisis un capítulo.

La tesis de Sternhell afirma que el roce con el poder y el ejercicio del poder, contaminaron al fascismo y lo desviaron de su esencia original. Por tanto, no es en Italia ni en Alemania donde puede estudiarse formas químicamente puras de fascismo, sino en Francia donde éste movimiento no llegó al poder (y por tanto, no rectificó su línea según las componendas necesarias en toda gestión del poder), pero sí tuvo una larga gestación ideológica muy anterior que se inicia con disidentes del socialismo (desde Proudhom a Henry de Man), con la aparición del nacionalismo integral de Maurras y con los llamados “no conformistas de los años 30” (el grupo Ordre Nouveau, Esprit, etc.). Para Sternhell no hay duda de que el fascismo fue un movimiento político de nuevo cuño, alternativa a la derecha y a la izquierda. Debemos recordar que el esfuerzo de objetividad en Sternhell es todavía más apreciable en la medida en que es de nacionalidad judía y profesor de la universidad de Tel Aviv.

Pero existe una tercera forma de fascismo, que más que una catalogación política o ideológica supondría un adjetivo de propaganda lanzado contra tal o cual adversario. Se sabe, por ejemplo, que contra más virado a la izquierda está un partido, más amplio considera el espectro “fascista”. Para HB “fascismo” es, desde el PSOE hasta la falange, pasando por el PP, el PNV y el turista que pasaba por ahí y que no había sido recibido con un aurresku. Antes de la II Guerra Mundial vimos a los estalinistas llamar “social-fascistas” a los partidos socialdemócratas y, por extensión, fascismo sería toda forma de anticomunismo o de actitud de prevención contra el comunismo.

Quienes consideran la primera definición de fascismo se centran en el análisis histórico rigorista; quienes asumen la segunda, preferencialmente, contemplan los aspectos ideológicos y doctrinales del fascismo. Ambas son posturas razonables que no presuponen una adhesión a los principios del fascismo ni a ninguna organización fascista. Es la tercera opción de la que ha salido el antifascismo entendido como psicopatología, esto es “enfermedad del alma” o “perversión de la mente”.

Si usted es “antifa”, usted tiene un problema

Seamos claros: hasta la caída del Muro de Berlín, ser anticomunista implicaba denunciar a un sistema que había recluido a su población en la miseria y creado el universo concentracionario más grande de la historia, que amputaba las libertades políticas y que ni siquiera era capaz de avanzar decididamente por la vía del desarrollo. Si el comunismo era la quintaesencia de la dictadura… el stalinismo era la forma más perversa y degradada de dictadura. El ciclo del comunismo duró desde 1917 hasta el 9 de noviembre de 1989 cuando las masas saltan sobre el Muro de Berlín y desaparece la República Democrática Alemana.

A partir de ese momento, ser “anticomunista” empezaba a ser algo obsoleto y periclitado. En la Francia de hoy donde el otrora poderosísimo PCF es un despojo o en España en donde los herederos del PCE se preocupan solo del carril bici y de la memoria histórica hemipléjica, ser anticomunista es una resaca de un movimiento político que se extinguió hacia 1989, hace sólo 18 años. Pero es que el fascismo histórico desapareció en 1945, hace la friolera de 62 años.

Por tanto, en la mentalidad de quien se define como “antifa” hay algo averiado y sombrío. Que el antifa no es el único sometido a la patología social que vamos a definir es claro y cristalino. Determinadas formas de antisemitismo entran también dentro de la misma patología. La diferencia estriba en que en Palestina sigue habiendo matanzas, que el poder del judaísmo norteamericano está en el origen de las peores maniobras expansionistas de aquella potencia y que, dos mil años de recelos del catolicismo hacia el judaísmo no se extinguen en unas décadas.

Antifascismo uno y múltiple

El antifascismo es un fenómeno único en la historia reciente de las ideas. De hecho, ya hemos dicho que no es una idea, sino una “patología del alma”. De la misma forma que se utiliza el concepto de “Síndrome de inmunodeficiencia Adquirida” para etiquetar a un paquete de distintas enfermedades que pueden o no manifestarse en el aquejado por determinado virus, el antifascismo aparece solamente en organismos en los que el virus de lo políticamente correcto ha calado hondo. Y, por eso mismo, se manifiesta de distintas formas, unas son razonables y otras son extremas y, por tanto, equivalentes a los peores estragos de una enfermedad terminal.

Lo importante, en cualquier caso, es señalar que el antifascismo sólo aparece en mentes aplanadas (y aplatanadas) por lo políticamente correcto y sólo en ellas. Una mente que trabaja con parámetros aceptables de racionalidad, lógica, sentido común y capacidad para encadenar silogismos, nunca aceptará ni el pensamiento único, ni lo políticamente correcto.

Así pues, en toda forma de antifascismo hay una renuncia: a esforzarse en ir más allá del límite marcado por lo políticamente correcto, como si esa frontera fuera un finís térrea, más allá del cual solamente existe un territorio incógnito que más vale no adentrarse ni conocer. Lo políticamente correcto son las lentes correctivas que, hechas con la montura del apriorismo, impiden ver la realidad tal cual es, esto es, con objetividad.

Existen tres tipos de antifascismo:

1)     El antifascismo inercial: es el propio del ciudadano medio que sigue pasivamente la política, no se preocupa ni por adoptar una posición activa –salvo en muy determinadas ocasiones, siempre en episodios de masas– ni por las causas últimas, le basta con que los “líderes de opinión” sean más o menos antifascistas como para adherirse a esa corriente general. A fuerza de oír hablar de “fascismo” y de identificarlo con el mal absoluto, su falta de energía mental le lleva a aceptar la consigna atribuida al Gran Hermano: “No pienses, el gran hermano piensa por ti”. Y el Gran Hermano dice que el fascismo es malvado, por tanto, hay que condenarlo. Es una forma de ser antifa, pero sin ejercerlo. Una parte sustancial de la sociedad está aquejada de esta enfermedad del alma que, en el fondo, no es sino una forma de pereza trasladada al plano de las ideas.

2)     El antifascismo político: es mucho más consciente que el anterior, habitualmente es utilizado por los agitprop de los partidos para lanzar la acusación de “fascista” sobre el adversario. También por determinadas ONGs que tildan de “fascismo” a todo aquel que discute sus razonamientos. En el extremo más bajo de este grupo se encuentran gentes como Esteban Ibarra, paniaguado del régimen cuyos Informes Rayen sobre el racismo y la xenofobia incitan al escepticismo. Para Ibarra y su ONG “Movimiento contra la Intolerancia”, la prensa oculta la realidad: el fascismo está vivo y activo y ataca desde la sombra. No importa que le prensa no lo registre, cualquier llamada telefónica a la miserrima sede de su grupo (el dinero de las subvenciones no es para pagar una sede, sino para pagar… ¿a quién aparte de a Ibarra?) de alguien que dice que ha tenido noticia de que un primo de un cuñado, de un hermano del portero de la casa en donde vive el chico que sale con mi hermana, ha oído que en la discoteca en la que se emporra cada sábado ha habido una trifulca y un “pelao le ha metido dos buchantes a un nano que lo dejado cucufati”… Ese dato queda registrado en los Informes Rayen para mayor gloria del método científico y del periodismo de investigación. Resulta un misterio el porqué Ibarra no recorta cada día la prensa y no considera las agresiones de los Latin Kings y la media docena de tribus urbanas más como “agresiones racistas”, cotejadas por lo demás por miles de testigos, atestados policiales y demás. Es lo que tiene subvencionar a las ONGs, que luego están obligadas a demostrar que sirven para algo. Y, de hecho, Ibarra utiliza todos estos datos sesgados, surgidos de nadie sabe donde (¿para qué explicarlo? El fascismo es intrínsecamente perverso, por tanto cualquier cosa que se ponga en su debe es rigurosamente cierto e incluso resulta legítimo inventar episodios inexistentes para concienciar sobre el mal absoluto). A todo esto, Ibarra identifica sobre todo a los pelaos con fachas, algo, como mínimo, aventurado, erróneo, poco científico y distorsionado (valdría más calificarlos de “tribu urbana” en lugar de “movimiento político”) simplemente para justificar las generosas subvenciones de las que vive y que pagamos usted y yo, por cierto.

3)     El antifascismo visceral: Ibarra es la sal gruesa del antifascismo político, pero luego está la sal petri (el guano, la mierdecilla excremencial, para ser más claro). Ibarra, en el fondo, tiene una razón profunda para su antifascismo: gracias a él puede extender la gorra y justificar la subvención, pero ¿y los que hacen del antifascismo el eje de su vida? Si le pedís a un ocupa que se defina políticamente, lo primero que os dirá es “Colega, yo soy antifa”. Luego habrá un largo silencio en el que percibiréis como único riesgo que la baba se le acumule y termine resbalando por el labio inferior de una boca en expresión perpleja y, como con la relajación de haberse fumado el último canuto. Eso es todo. La variedad superior es la que une independentismo a antifascismo. En este sentido vale la pena ver las webs de los independentistas catalanes y vascos en donde el primitivismo y el irracionalismo propio de todo nacionalismo (el nacionalismo es sólo víscera, sentimiento, emotividad y mitología ad hoc) se unen las consideraciones antifas. Para un independentista, facha es todo aquel que no se muestra del todo decidido a meter a un país en la centrifugadora. Alguien que hable castellano en Catalunya es un “facha” y, poco importa, si tiene argumentos suficientes como para negarse a aprender catalán o renunciar voluntariamente a hablarlo. Es facha y punto. Hace poco, yendo en el tren entablé conversación con el tipo de al lado, de aspecto suficientemente tosco y primitivo como para hacer de él un “objeto analizable de sociología práctica”. Era ocupa y hablábamos sobre lo caro de la vivienda. En un momento dado, afirma que “los fachas especulan con la vivienda”. Le pregunté que entendía por fachas, el espécimen sociológico se descompuso, me miró como a un extraterreste y balbuceó: “Los fachas, ostia, el PP”. A todas luces el PP tiene tanto de facha como la Vicepresidenta del Gobierno de Miss Mundo. El tipo funcionaba a base de porros y las cinco horas de tren eran suficientes como para que sintiera el síndrome de abstinencia al no poder fumar. Así que seguí adelante: “Y ¿hay muchos fachas en Barcelona?”. Me dijo que estaba lleno. Que cerca de su casa había un local. Vivía en Gracia así que no acertaba a intuir de qué local estaba hablando. Seguí preguntando hasta que, finalmente, me lo situó: “Si, cohone, el cuartel de los picos”. Vale. Los picos, la Guardia Civil también es facha. Lo más sorprendente es que la cosa no terminó ahí: también Artur Mas era fascista, e incluso Carod-Rovira y luego ya descendió a los abismos de la marginalidad: si, porque hay “ocupas” y “ocupas”; determinados ocupas también son “fascistas” pues no en vano se niegan a abrir sus casas a otros ocupas. La cuestión es que mi espécimen no era un caso aparte, hay muchos como él en la geografía ocupa de nuestro país. Ahí están en webs y en blogs. El hecho de que estén como las maracas de Machín y, en sí mismos, sean una muestra de los destrozos que ha causado el sistema educativo español, unido al consumo desmesurado de porros y a la falta de competitividad social, no implica que sean minorías exiguas.

Podríamos hablar de una cuarta variedad de antifascismo, minoritaria y, esta sí, exigua, que nos impide unirla a las tres anteriores. Es el antifascismo del que hacen gala algunos que conocen perfectamente el fondo ideológico del fascismo, pero temen mostrar su adhesión a él, o bien son conscientes de su incapacidad para ser fascistas. He visto periodistas que hubieran amado tener una vida aventurera como muchos de los “fascistas” a los que han conocido. Investigaban sus andanzas para sorprenderse de hasta qué punto algunos militantes que en los años setenta y ochenta seguían fieles al fascismo, eran capaces de asumir. Para estos el “vivir peligrosamente” era un estilo de vida, mucho más que una frase hecha o una consigna. Conozco más de media docena de periodistas que responden a esta característica, muestra excesivamente pequeña como para que de ella se pueda extrapolar una categoría universal.

Así mismo, he visto a otros militar en grupos fascistas en los años 60, hacerlo con obstinación y convicción ideológica, hasta el día en que llegaron a la universidad y percibieron que en aquella época o se era militante de izquierdas o resultaba imposible llegar a fin de curso sin ser agredido. Además, en aquella época, los grupos de izquierda, como reclamo principal, tenían chicas… había gente incapaz de ligar y de tener el aplomo suficiente para acercarse a una mujer, que solamente podía experimentar ese calor, en un grupo de izquierdas (claro está que a partir de 1977, el grueso de militancia política femenina se decantó hacia Fuerza Nueva especialmente en Madrid, coincidiendo esta decantación con la desmovilización de la izquierda militante). Muchos militaron en esos grupos de izquierda –y los pobres chicos de Bandera Roja, entre los que se encontraba Jiménez Lozanitos antes asumir el liberalismo como doctrina-, leyeron obras infumables de Nikos Poulantzas, de Debray, o las soporíferas resoluciones de la IV Internacional, simplemente para poder ir de intelectuales ante las ricashembras de la izquierda y llamar su atención recitando las mejores filípicas antifascistas. A todos estos –que no fueron pocos pero que ya no son– les podemos llamar “antifascistas por vía vaginal”. “Quico el progre” (el personaje ideado por el fallecido Perich) tenía mucho de esto y no era, desde luego, una caricatura, sino la quintaesencia de los pobres diablos que recorrían la hoy mitificada “oposición democrática al franquismo”

La psicopatología del antifascismo

El alma antifascista, hoy, en el siglo XXI, oscila entre el complejo de culpabilidad y la frustración. De hecho, el propio antifascismo –especialmente el de sal gruesa y el de sal petri– queda comprendido entre ambos.

Un complejo de culpabilidad consiste en albergar la íntima convicción en el subconsciente de que se es culpable (por cualquier motivo: por pensar como un proletario y vivir como un burgués, por no vivir de papá y de mamá, pero ser incapaz de demostrarles aprecio, estima y cariño, por solidarizarse con la última “lucha de liberación” que se da en el último rincón del globo, pero ser incapaz de ir más allá, de esforzarse algo más o de llevar la solidaridad hasta extremos concretos y apreciables, y así sucesivamente.

Hay un hecho sociológico que vale la pena señalar: la abundancia de cristianos comprometidos o de individuos que han recibido una educación cristiana, que pueden encontrarse en ambientes antifascistas. De hecho, todo el independentismo catalanista actual tiene una matriz boy-scout que deriva de órdenes religiosas que en los años 60-90 inspiraron a este movimiento y le imbuyeron valores “cristianos”.

Los cristianos “comprometidos” han sido educados en la noción de “pecado”. El pecado es una falta por acción, omisión, pensamiento, etc. Un ser humano, peca simplemente por el hecho de levantarse de la cama, cuando preferiría seguir descansando (pecado de pereza). La noción de pecado y la imposibilidad de escapar al pecado, induce a un complejo de culpabilidad permanente.

Habitualmente, los complejos de culpabilidad crean un descenso en la autoestima que puede llegar incluso a la depresión o al suicidio. Desde el punto de vista psicológico es fundamental que quien está aquejado de un complejo de culpabilidad sea capaz de reconocer, mucho más que de albergarlo en los corredores más sombríos de su psique. La vida psicológica sana y normal es incompatible con la existencia de profundos complejos de culpabilidad. El proceso mental con el que la mente se resguarda de los efectos deletéreos de estos complejos es mediante la sublimación de los mismos: “Si, yo soy culpable porque me mato a pajas… si, yo soy culpable porque no hago lo suficiente por los niños del Brasil, si, yo soy culpable por que el mundo sufre y yo estoy aquí tan contento viviendo de papá y mamá… pero –y aquí viene la sublimación– hay otros que son MAS CULPABLES QUE YO: los fascistas, por ejemplo”.

Este proceso de sublimación conduce a la primera forma de antifascismo psicológico. ¿Qué es un antifa? Muy sencillo: alguien que se sabe culpable de algo, que ha desterrado ese complejo a las profundidades de su subconsciente y que cubre esa culpabilidad forjando la imagen de alguien más “culpable” que él.

Peor luego está el complejo de frustración. Es normal que todos, en la vida alberguemos ciertas frustraciones. Tenía un amigo cuya mamá quería que fuera Papa. Lo juro. La criatura no llegó a monaguillo. La madre le había inducido durante sus primeros quince años de vida con tanto énfasis su “vocación de papable” que, el pobre hombre, todavía hoy, no puede evitar un evidente complejo de frustración que ha sublimado comiendo. Va por los 140 kilos y seguirá engordando hasta el estallido final. A otros antifas les pasa exactamente lo mismo.

Podemos establecer una diferencia por edades. Habitualmente, antifas de más de 50 años responden a las mismas características: divorciados –se casaron con aquella chica que estaba en la célula del partido que se pudieron, finalmente, llevar al catre explicándoles las teorías de Antonio Gramsci, cuando la chica, en realidad, necesitaba otra cosa mucho más directa y portentosa-, amargados, sus hijos no les hacen ni caso –les han educado esmeradamente según los principios de la progresía y ahí están dándole al canuto o pateándose la pasta de papá–, han visto como todos sus ideales, sin excepción, se han hundido: ni revolución proletaria, ni proletariado revolucionario, ni el socialismo ni el comunismo han demostrado nada particularmente esperanzador en España, ya no creen en reformas sociales, ni siquiera en horizontes esperanzadores a nivel personal, se les ha hundido completamente el marxismo, son conscientes de que han estado defendiendo un detritus ideológico por el que no valía la pena ni perder dos minutos, y ya no tienen grandes esperanzas.

Carecen de futuro, por tanto, miran solo al pasado. Su vida ha sido una frustración permanente. De aquel pasado ya no queda nada: algunos miembros del PSUC fueron ministros del PP, los que quedan en el PCE o en el PSUC es porque no han encontrado el mejor momento para pasarse al PSOE, donde estaba el “mogollón”, donde “se pillaba”. Y estos, todavía, siguen más amargados. Lo único que les queda de su pasado es el recuerdo de que el “antifascismo” daba un sentido a su vida hasta 1976. Hoy el franquismo no existe, pero en algún pueblo, en algún lugar recóndito de la geografía española, ellos están dispuestos a encontrar una placa de una calle con el nombre de un jefe de centuria de Falange caído en una ignota batalla. El antifascismo une en estas pobres y peripatéticas figuras, el eco remoto de su juventud con algo de lo que hoy todavía se habla: la memoria histórica, la culpabilidad del fascismo, etc.

Hay otros, los de sal gruesa, que ven las cosas desde otro punto de vista. Son los más jóvenes. Muchos de ellos no se sienten competitivos, son verdaderos fracasos, subproductos de las leyes de educación promulgadas desde 1973. Para ellos, el “facha” es el “triunfador” (sea quien sea: desde Artur Mas, Carod-Rovira hasta el nano del cocodrilo en la parodia del pijauta del PP). No es que conciban la lucha de clases entre explotados y explotadores, es que la han traslado al terreno del éxito o el fracaso. El éxito representa el “fascismo”. Por eso es odiado. La frustración lleva al odio incondicional, irracional, visceral, sin apelación. Esa falta de competitividad ideológico, personal, política, social, una característica demasiado evidente en todas las webs y blogs antifascistas.

Y luego están los antifas que, además, son independentistas. La pirueta de estos es notable: unen a la frustración personal, la frustración que atribuyen a una nación. La Catalunya que fue una parte del Reino de Aragón, no gana, batallas en solitario, desde el siglo XIII. Todas las conmemoraciones catalanistas lo son de derrotas, sublimando esas derrotas se oculta el complejo de frustración del independentismo. “El día que Catalunya sea libre, volverán los mejores tiempos” ¿cuáles? No importa, eso ocurrirá el día en que Catalunya sea libre. Entonces, la frustración desaparecerá porque no habrá con quien compararla. El independentismo reconstruirá la historia de Catalunya a partir de una única “victoria” a partir de la que se iniciará la “verdadera historia”: con la misma independencia. Es el viejo sueño mesiánico: la historia empieza conmigo, antes mío no hay nada. ¿Qué me impide ser yo mismo? La España fascista.

En realidad, el antifa independentista cubre el pasado mediante la reconstrucción de una historia ad usum delphini, y cubre el futuro (una Catalunya independiente es tan viable como un puesto de gominolas dentro de una clínica para diabéticos) situando el hecho triunfal de la independencia de Catalunya como un fin de la historia y una entrada en tiempos míticos en los que Catalunya “será rica i plena”.

Lo dicho ¿Es usted antifa? Muchacho, está usted como las maracas de Machín. Míreselo porque usted lo que tiene es un problema grande y no es precisamente el fascismo, sino su vida misma.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Sobre la agresión a una ecuatoriana en el metro de Barcelona

Sobre la agresión a una ecuatoriana en el metro de Barcelona

Infokrisis.- Vaya por delante que la agresión a la chica ecuatoriana en el metro nos parece incalificable. Ahora bien, dicho esto, vamos a situar el problema en sus justas dimensiones. No estamos ante una muestra de racismo y xenofobia, sino ante un colgado atiborrado de alcohol y, seguramente, de alguna droga más, que exterioriza su colocón. Casos como estos ocurren todos los días en el metro de Barcelona y a decenas los fines de semana. La novedad de este caso es que ha sido filmado por las cámaras de vídeo del tren y que esa filmación se ha filtrado a los medios.

Un vídeo providencial para ZP (con Z de Zeporro)Llevamos ya tres días en los que todos los informativos de radio y televisión reproducen machaconamente este vídeo. Hay que preguntarse por qué. Los motivos son fundamentalmente dos: 1)     No es por casualidad que este episodio de violencia urbana haya tenido lugar en Catalunya, justo en el momento en el que aquella comunidad, literalmente, “ha dejado de funcionar”: Desde el mes de julio la obsolescencia de las infraestructuras se ha venido agudizando y promete hundir en la más absoluta miseria electoral al PSC. Algo que tendrá repercusiones importantes a escala nacional, pues, no en vano, la reelección de Zapatero (con Z de Zenutrio) depende de los votos catalanes y andaluces. Cubrir el hundimiento de la vía del AVE y la caída del sistema informático en el aeropuerto del Prat, mediante la filtración de este vídeo (prueba de convicción en un proceso y que, por tanto, no debería haber sido entregado a los medios), es una forma de desviar la atención.2)     Uno de los frentes de mayor desgaste de ZP (con Z de Zascandil) es el tema de la inmigración. Han venido demasiados inmigrantes en poco tiempo y han creado muchos más problemas de los que inicialmente estaban previstos. Una forma de desviar la atención del electorado hacia un señuelo ficticio es intentar demostrar que existe una xenofobia y un racismo latente en la sociedad española y que, por tanto, hay que arropar a los inmigrantes y no demostrar en absoluto oposición a que sigan llegando en masa como hasta ahora.Si tenemos en cuenta que el metro de Barcelona ha facilitado el vídeo y que, a partir de ahí, se ha generado todo un clima de tensión emotiva sobre un tema que sigue un proceso penal y que carece completamente de implicaciones políticas, se verá que el interés de las autoridades municipales, autonómicas y estatales (el PSOE y sus aliados) están en que se hable de este tema y no de cualquiera de los demás que componen la triste realidad catalana de nuestros días.Un clavo saca a otroDiariamente se producen agresiones, palizas y asesinatos protagonizados por Latin Kings, Ñetas, Salvatruchas e incontrolados andinos. Repetimos, diariamente se producen este tipo de agresiones. Estadísticas cantan. La incidencia de la inmigración en la delincuencia es cuatro veces superior a la que corresponde entre ciudadanos españoles. Pero, por algún motivo, cuando un colombiano realiza una violación en algún parque de Madrid amenazando “dentro de poco Madrid será una ciudad colombiana”, no es racismo ni xenofobia antiespañola, mientras que cuando un colgado, alcoholizado y colocado con cualquier droga, le da una patada en la boca a una adolescente ecuatoriana, esa acción bastante para criminalizar a todo un país.Dos pesos, dos medidas. Si usted es español, usted es culpable de racismo. Si usted es andino o magrebí, tranquilo, ante cualquier delito, jamás recaerá sobre usted la acusación de racismo. El problema no es el racismo y la xenofobia, afortunadamente reducidos a la mínima expresión en España: el problema es la inmigración masiva y mil vídeos como el que hemos visto desde el lunes lo único que demostrarían es que hay mil colgados, todos ellos producto de las sucesivas leyes de educación y de la despenalización del consumo de drogas. Reacciones sorprendentesLlama la atención que el presidente de la Asociación Rumiñahui de residentes ecuatorianos en España aluda a que “nadie tiene el derecho de defender sus ideales con la violencia”… como si el agresor de la adolescente ecuatoriana tuviera ideal alguno aparte del consumo de alcohol y drogas. Llama, igualmente, la atención la reacción de las autoridades ecuatorianas que solamente parecen ejercer su autoridad en dos circunstancias: cuando se trata de animar a sus ciudadanos a que abandonen el país y cuando esquilman las arcas del tesoro ecuatoriano para pagarse sus caprichos. Pues bien, estas autoridades se creen con derecho a enseñarnos ética y moral: lo ha hecho el cónsul ecuatoriano y lo ha hecho la ministra de Asuntos Exteriores e incluso el presidente Correa ha telefoneado a la afectada. También aquí corremos el riesgo de perder la perspectiva. Ecuador es un país empobrecido por la mala gestión de sus autoridades, de las de ayer y de las de hoy. No es un “país pobre”, es un “país mal administrado”. Las remesas que envía el tercio de la población que se encuentra en el extranjero es la primera entrada de divisas, gracias a lo cual se pagan los sueldos de la clase política. Unos han arrojado al exilio económico a otros para que estos les sigan manteniendo… Maravilloso ejemplo del que tanto el cónsul ecuatoriano como la ministra o el presidente Correa deberían de tomar nota para callarse y ocultar sus muchas vergüenzas.Las remesas enviadas generan, de un lado, cobro de impuestos directos, de otro generan consumo interior y recaudación de impuestos indirectos que… van a parar a las arcas del Estado. Nos acordaremos de éstaEste episodio apenas hubiera sido, como decíamos al principio, un lamentable ejemplo de violencia urbana que demuestra el fracaso del sistema educativo, de no haber sido por el interés político del gobierno ZP (con Z de Zarrapastroso) en ocultar el desplome de las infraestructuras en Catalunya y del gobierno ecuatoriano en crear un clima victimista en su país para hacer perdonarse el esquilmar constantemente a la sociedad de su país. Es evidente que esto no acaba aquí. Y que la próxima vez que un ciudadano ecuatoriano protagonice algún episodio de violencia o algún asesinato, la sociedad española deberá protestar ante los consulados ecuatorianos. Desgraciadamente esto ocurrirá en breve y no será la última vez.Estará claro que el hecho de que haya 100 o 1000 delincuentes ecuatorianos que operan en España no basta para responsabilizar a toda la comunidad ecuatoriana que, en su inmensa mayoría, ha venido aquí a trabajar, pero sí es preciso manifestar la protesta ante el gobierno español que ha visto en la inmigración una forma de dinamizar la economía aumentando artificialmente el número de ciudadanos mediante la inmigración (la inmigración hoy no genera riqueza sino que genera consumo), y ante el gobierno ecuatoriano que ha arrojado al exilio económico a un tercio de su población.Toca acabar. Desearíamos que episodios como el protagonizado por ese clónico “del Neng” no se volvieran a repetir jamás. Y también desearíamos que los habituales crímenes de los Latin Kings, de los Ñetas y de los Salvatruchas se castigaran de la única manera que pueden castigarse: tal como ha propuesto la Unión Democrática de Centro, suiza, con la repatriación del criminal y de su familia. Nosotros tenemos que cargar con asociales como el clónico del Neng… no tenemos por qué cargar con criminales llegados de allende nuestras fronteras…

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Maragall enfermo, muy lamentable, pero ¿desde cuándo?

Maragall enfermo, muy lamentable, pero ¿desde cuándo?

Infokrisis.- Vaya por delante que lamentamos profundamente la enfermedad que aqueja a Pascual Maragall. Difícilmente encontraríamos enfermedades tan crueles como el Alzheimer que suponen una pérdida de nuestra única posesión real: la personalidad y nuestros recuerdos. Se es humano porque se posee la capacidad de recordar y de actualizar los recuerdos. Sin embargo, la enfermedad de Maragall nos permite algunas reflexiones sobre la clase política y la salud. 

El Alzheimer como enfermedad de nuestro tiempo

A la ciencia le corresponde establecer los motivos por los que algunas enfermedades tienen una incidencia creciente. Más aún, ya que hablamos de un político destacado en política autonómica ¿por qué determinadas dolencias tienen más incidencia en zonas concretas del Estado? Se sabe, por ejemplo, que la incidencia del cáncer es superior en algunas zonas de Andalucía a cualquier otra parte del Estado y lo es en un porcentaje más que significativo.Lo realmente sorprendente es que lo ignoramos casi todo sobre el Alzheimer, ignoramos qué circunstancias lo facilitan, por qué uno de cada cuatro personas adultas lo sufren y por qué esta incidencia es hoy superior a cualquier otro tiempo pasado. No se ha descubierto que exista una predisposición genética a sufrir esta enfermedad, por lo que hay que pensar que su origen está en la alimentación, en el ritmo de vida o quizás en algunos hábitos de la modernidad.

Pero la triste realidad es que se ignora casi todo sobre esta enfermedad y, por supuesto, su tratamiento. En efecto, se trata de una enfermedad sin remedio. No existen tratamientos paliativos, ni siquiera que retrasen la manifestación de los efectos más brutales de la enfermedad.

Ni hay vacunas, ni tratamientos preventivos, nada, absolutamente nada. Así como el cáncer hoy no es necesariamente una enfermedad mortal o como en pocos años el SIDA ha pasado de ser una enfermedad mortal a una enfermedad crónica, el Alzheimer la investigación sobre el Alzheimer se encuentra hoy en pañales y los fondos que se le dedican son todavía extremadamente limitados a tenor de la extensión de la enfermedad.Estamos hablando de problemas de salud, indisolubles de los intereses de una serie de multinacionales farmacéuticas, cuyos intereses están entrelazados con los de otros sectores industriales vinculados… a la industria alimenticia.

Hoy se sabe a la perfección qué productos generan la pérdida de vigor y la muerte de los espermatozoides, pero nadie hace absolutamente nada para detener lo que puede ser definido como “masacre de los que deberían nacer”, un crimen contra la sociedad, tanto como puede serlo el aborto. Se sabe, igualmente, que los vermicidas, fungicidas y herbicidas, corren el riesgo de generar enfermedades indeseables. Todavía no está suficientemente demostrado que las semillas transgénicas no causen efectos secundarios tanto en la naturaleza como en los consumidores de estos productos…

Pero ¿quién va a investigar todo esto? ¿Los Estados gestionados por políticos que comen de la mano de estas multinacionales? Para este tipo de investigaciones hacen falta ingentes recursos que no están al alcance de centros privados, y los Estados solamente están interesados en las cuestiones de salud cuando se convierten en un problema presupuestario insoportable. Es evidente que el hecho de que un político de primera fila como fue Maragall hasta 2006 haga público que sufre de Alzheimer va a contribuir a que aumente el interés de los medios de comunicación por esta enfermedad, de la misma forma que el reconocimiento pública de Rock Hudson de que estaba afectado por el SIDA supuso un impulso a la investigación sobre esta enfermedad.

Maragall: resumen político

Ahora bien, los rumores sobre la salud de Maragall no son nuevos. Al menos desde el años 1997 (e incluso mucho antes) circulaban rumores sobre los hábitos de Maragall. Lo sorprendente es que la prensa no los había aireado aun cuando todos los periodistas conocían estos rumores. Como se sabe, es de buen tono que la prensa catalana nunca airee nada que pueda suponer un menoscabo para la clase política catalana o para el conjunto de aquella autonomía.

Desde hace 25 años, los medios de comunicación catalanes han cerrado todas las posibilidades para investigar los casos de corrupción en Catalunya, aun cuando es público y notorio que esa autonomía es una de las zonas en las que la corrupción ha carcomido mas al tejido político. Hace tres años, el propio Maragall, en uno de sus habituales lapsas, aludió al 3% como “problema de CiU”. Ahora resulta que los juzgados han recibido renuncias por casos que implicaban el pago del 20% en concepto de comisiones.

Si tenemos en cuenta que Maragall pertenece a una de las “dinastías” catalanas más conocidas y que fue uno de los fundados del FOC primero y del PSC después, para ser finalmente alcalde de Barcelona, impulsor de la candidatura olímpica de la Ciudad Condal candidato en tres ocasiones a la Presidencia de la Generalitat, y, finalmente, presidente de la misma, se comprenderá que la prensa catalana haya tenido hasta última hora una discreción exquisita con los problemas personales de Maragall.Sin embargo, no se ha podido evitar que la rumorología popular se convirtiera en fuente de informaciones sobre Maragall. Nunca creí el rumor público de que su cerebro estuviera desordenado por la ginebra. Se decía que la ingería desde primera hora de la mañana cuando ocupaba su despacho en la Alcaldía de Barcelona.

Se dijo luego que atrapado por este consumo debió ir a Roma a intentar paliarlo. Hubo un tiempo –poco antes de las olimpiadas del 92- en que Maragall aparecía como el contrapunto al nacionalismo de Pujol. Eso le costó ser abucheado, junto a su mujer, por los renacuajos de las JNC y del JERC en la inauguración del Estadio Olímpico. Lo cierto es que cuando volvió de Roma y asumió nuevamente un papel político relevante en el seno del PSC y, especialmente, a partir de 1997, cuando dio alguna conferencia pública, o más tarde cuando participó como portavoz del PSC en los debates sobre el Estado de Catalunya en el Parlament, empezó a ser evidente que Maragall había perdido facultades. Yo mismo le oí divagar en el Colegio de Periodistas y en el Ateneo de Barcelona, pronunciando conferencias imposibles de seguir que no eran sino racimos de divagaciones incomprensibles y, por lo demás, bastante patéticas.

A partir de ese momento, el problema para el PSC era que Maragall era la única personalidad entre sus filas lo suficientemente conocida y capaz de romper la mayoría de Pujol… pero, al mismo tiempo, era evidente ¡ya en 1998! que Maragall no estaba en condiciones de gestionar el poder. Esa año y el siguiente, la cúpula del PSC sostenía la conveniencia de presentar una candidatura formada por el tandeo “Maragall-Montilla” en la que el primer fuera el “President” y el segundo tuviera unos años de proyección pública para convertirlo en su heredero político. Algunas voces del PSC, incluso, se atrevían a poner fecha: en las elecciones de 1999 victoria electoral del PSC, Maragall presidente… en 2001 dimitiría y cedería su puesto a Montilla.

El “brillante” proyecto chocaba con dos pequeños problemas: el primer es que el PSC perdió las elecciones de 1999 y el segundo que nadie había consultado con Maragall si dos años después de su victoria, cedería las riendas a su segundo.En la siguiente ocasión, en las elecciones de 2003, Maragall consiguió auparse en ERC y en IC y ser investido como president de la Generalitat. Los rumores sobre su salud, no solamente no habían desaparecido sino que se habían hecho mucho más insistentes.A partir de diciembre de 2003, cada aparición pública de Maragall se convertía en una fuente de problemas para su partido y para la propia Generalitat.

El marketing político del PSC extendió la versión de que Maragall era un “tipo genial” que aparecía cada mañana con diez proyectos en la cabeza de los cuales solamente uno o dos podían ponerse en marcha. Era un tipo “exuberante y vital”, hiperactivo, con un fondo de genialidad que compensaba cualquier sombra de dudas sobre su genialidad. No era así. Era, justamente, todo lo contrario. Los compañeros de su partido, el PSC, fueron los primeros –por razón de proximidad- en saber lo que estaba pasando. Nosotros en los primeros meses de Krisis.info (el portal en PHP que precedió a este blog y que fue hacheado hasta la saciedad) ya aludimos a todos estos problemas (y fuimos los únicos).

Lo normal hubiera sido que el propio PSC, al ver por dónde iban a derivar las cosas y que Maragall había perdido el Norte (y el Sur, y el Este y el Peste) hubiera pactado con el resto de partidos de la coalición de gobierno, el relevo de Maragall. Pero todos juzgaron que esto entrañaría mermas electorales y, para colmo, Carod-Rovira tenía otro proyecto.La “doctrina Carod” (de “José Luís”, porque aquí y en China y en la otra China, cada cual es libre de llamar a los personajes públicos según su deseo y no el capricho del interesado) establecía que la independencia de Catalunya solamente era posible si se era capaz de atraer hacia el área nacionalista a los socialistas. Esta doctrina, convertida en dogma, hizo que Carod consiguiera “vender” bien la sigla ERC a Maragall, el cual vio en este pequeño partido a un aliado más fiel que sus propios correligionarios del PSC. Lo realmente sorprendente fue la secuencia de los hechos:

1)     Maragall facilitó la elección de ZP (con Z de Zeporro) a la secretaría general del PSOE, gracias a haber decantado a su favor los votos de la importante delegación catalana del PSC.

2)     Cuando Maragall precisó la ayuda de ERC, Carod estuvo dispuesto a venderla cara: inspiró el Pacto del Tinell, que implicaba la ruptura de los consensos constitucionales y el aislamiento del PP.

3)     Los Pactos del Tinell que dieron lugar al “primer tripartito” fueron aceptados por el PSOE. ERC situó muy alto el programa de gobierno en materia autonómica, porque, en el fondo nadie creía en la victoria de ZP.

4)     Cuando las bombas del 11-M alteraron el resultado electoral, ZP mantuvo los compromisos firmados con el PSC y con ERC. Eso implicó que durante dos años y medio, un partido minúsculo, absolutamente inmaduro, con un buen número de alucinados irresponsables como ERC se configurara árbitro de la política española a través de Maragall.

5)     En estas circunstancias se inició el debate sobre el “nuevo Estatuto”, que Maragall tomó como la forma más directa de pasar a la historia de Catalunya emulando al poeta antepasado suyo.

Sin la figura de Maragall, ERC hubiera sido lo que había sido hasta ese momento en la política catalana, un cero a la izquierda; pero, gracias a Maragall –y a las incomprensiones y desencuentros que frecuentemente éste tenía con su partido- sobredimensionó su papel en la política catalana. Carod-Rovira, apenas un fanático independentista, sin otro proyecto más que el desenganche de Catalunya del resto del Estado, sin preocuparse del “día después”, sin tener atrás una clase política digna de tal nombre, pasó a condicionar la política del Estado Español.

¿Cuándo le empezó la enfermedad a Maragall?

Sabemos cuando Maragall ha declarado que sufría Alzheimer, lo que no sabemos es desde qué fecha se le manifestaron los primeros síntomas. Como se sabe, esta enfermedad no tiene un desarrollo lineal en sus primeras fases, ni siquiera una curva de intensificación de sus efectos similar en todos los enfermos. O dicho más claramente: desde finales de la década anterior, en sus apariciones públicas, Maragall evidenciaba no estar en condiciones de salud óptimas.

Se podía discutir qué enfermedad enturbiaba su cerebro, lo que no podía discutirse era que estaba efectivamente enfermo. Las divagaciones inconexas que toda Catalunya vio en los dos últimos debates sobre el Estado de Catalunya en el Parlament son suficientemente elocuentes. Maragall ocupó la presidencia de la Generalitat en unas condiciones de salud mental en un Estado que, públicamente, todos se preocupaban de negar, pero que no era un secreto para nadie que contara con una información mínima en Catalunya.

Fue presidente y sus tres años de gestión se saldaron una catástrofe sin precedentes cuyos efectos pesarán durante décadas, no sólo en Catalunya sino en todo el Estado.La cuestión que planteamos –y la planteamos porque el propio Maragall ha dado pie con el reconocimiento de su enfermedad– es la siguiente: ¿ESTABA ENFERMO DE ALZEHIMER O AQUEJADO DE ALGUNA DOLENCIA DEGENERATIVA EN EL CEREBRO CUANDO OCUPÓ LA PRESIDENCIA DE LA GENERALITAT E IMPULSÓ EL NOU ESTATUT?

Este es el centro de la cuestión. La declaración de Maragall es suficientemente ambigua en el extremo de cuándo empezó a afectarle la enfermedad. Hace solo un año que no es presidente de la Generalitat y sólo uno y medio desde que ZP empezó a crear distancias con él.

¿La dolencia de Maragall se ha iniciado justo en ese momento?El problema al que llegamos es que enfermedades sufridas por políticos de primera fila pueden tener como resultado la aparición de verdaderos terremotos políticos que de otra manera jamás se hubieran producido. Si un Carod y ERC no hubieran tenido a mano a un personaje frágil y mentalmente confuso como Maragall, no hubieran tenido forma de auparte y pesar como pesaron en la política nacional. Ni siquiera un sujeto como ZP (con Z de Zenutrio) hubiera podido llegar a la secretaría general de su partido.

La historia de España hubiera cambiado. Por el contrario, la historia de España resbala por la pendiente peligrosa justamente porque alguien que ya no estaba –con o sin Alzheimer- en condiciones mentales de ejercer el poder, en lugar de estar en un sanatorio, ejercía responsabilidades públicas.

Los políticos y la salud

La clase política no es una excepción, ni algo especial. Simplemente es gente que ha emergido en su partido gracias a su capacidad para maniobrar, mucho más que a su preparación y han sido votados por un electorado constreñido a votar listas cerradas y bloqueadas. La clase política considera que en lugar de obligaciones, a partir de ser elegido para un cargo público, lo que goza es de derechos, muchos más que el resto de ciudadanos.Para conducir un coche se exige pasar tests de alcoholemias, haber superado un examen y renovar el carné cada diez años. Sin embargo, cualquier enfermo puede conducir un país.

Contra más alta es la responsabilidad, mayor deberían de ser los controles sobre la salud y la estabilidad mental de quien aspira a las mayores responsabilidades. Un juez, por ejemplo, no puede ser un psicópata… pero nadie garantiza la estabilidad mental de un juez que tiene la prerrogativa de enviar gente a la cárcel e interpretar la ley. Otro tanto pasa con un político. Un alcohólico es un enfermo, como lo es un toxicómano, con fecha de caducidad que vendrá dada por la resistencia de su organismo y de sus neuronas a la cirrosis y al alcohol. Un alcohólico o un toxicómano ni pueden conducir un coche ni guiar a un país. Un fumador compulsivo de porros puede aspirar a dormir como un leño, pero no a ejercer ningún cargo de responsabilidad.

Sin embargo, en el parlamento no se ha realizado ningún test sorpresa sobre consumo de drogas entre los diputados. Y no digamos en los parlamentos autonómicos o en los ayuntamientos. Deberían hacerse tales controles si lo que queremos es ser guiados por individuos conscientes y responsables. Y, por supuesto, los tests de Alzheimer formarían parte del tipo de examen médico que debería realizarse para poder acceder alguna instancia de poder. Con demasiada frecuencia se cruzan psicópatas, amorales sin escrúpulos o simplemente mitómanos y mentirosos compulsivos en las taras de gobierno. Luego pasa lo que pasa: que terminamos votando a los enfermos que nos presentan en sus listas los partidos políticos y damos el poder a gente que, más que poder, necesita cuidados médicos.

Esto parece lógico –el que los políticos pasen por análisis clínicos que establezcan su idoneidad para ocupar un cargo público- pero no es desde luego aceptable para la clase política. En el parlamento italiano se hicieron test sobre el consumo de drogas y los resultados no se hicieron públicos por obvias razones. En realidad, ya desde los tiempos de Platón estaba suficientemente claro que los políticos legislan y gobiernos de acuerdo con sus propios intereses. Ni un solo político desde los tiempos de Pericles y de Siminandro, ha gobernado contra sus propios intereses, aprobando algo que pudiera perjudicarle.

Así pues, ¿de verdad creéis que nuestra clase política va a aceptar que se les hagan test clínicos y psicológicos de idoneidad? Una parte sustancial saben perfectamente que jamás los superarían.En el PSC de finales del milenio, se tenía la absoluta convicción de que la salud de Maragall no era la adecuada… y sin embargo, se le presentó como candidato a la presidencia de la Generalitat solamente porque era el único rostro que podía competir con Pujol.

Lo cual ya es suficientemente elocuente sobre la clase política catalana y su calidad…Siempre sospecharemos que Maragall más el Alzheimer es igual a Nou Estatut y ZP, con Z de Zozobra. Lo cual dice muy poco a favor del Estatut y mucho menos a favor de ZP. 

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es