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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Más sobre el 25-M

Más sobre el 25-M

Una cosa son los análisis de urgencia y otra el hacer un examen más reposado sobre los resultados electorales. Lo primero ya está hecho, vamos ahora a examinar algunos aspectos menos estridentes (pero, sin duda más importantes) de estos comicios. Hoy (martes) tenemos ya la ventaja de que todos los partidos han tenido ocasión de realizar una valoración de los resultados y conocemos su opinión. Lo dicho aquí no es más que un añadido a las primeras valoraciones realizadas en anteriores artículos publicados en la noche misma en la que se conocieron los resultados.

El PP que no ha entendido la advertencia del electorado

El problema es que el PP cree, sinceramente, que solamente ha perdido algunos votos pero que ha “ganado” las elecciones simplemente por el hecho de que ha obtenido más votos que su inmediato rival, el PP. Por tanto, ni Rajoy considera necesario remodelar el gobierno, ni siquiera rectificar algunas de las políticas que más han irritado al electorado. Simplemente, siguen considerándose vencedores y están mucho más tranquilos de lo que aconsejaría el sentido común.

A día de hoy, Rajoy ya no puede eludir algo que ha conseguido esquivar durante dos años: afrontar de una vez por todas el “problema catalán”, especialmente porque los resultados en aquella comunidad indican que el PP retrocede y se convierte en una fuerza insignificante al lado de una ERC sobredimensionada pero que, en cualquier caso, ha realizado el “surpaso” quedando por delante de CiU. Hubiera sido mucho más lógico que Rajoy afrontara el problema una vez se suscitó y lo hiciera radicalmente siendo claro ante las aspiraciones independentistas. En lugar de eso, no dio su “enterado” al desafío soberanista y este siguió creciendo confiando en que, a fin de cuentas, el referéndum estaba al alcance de la mano y, a partir de ahí, el problema no hizo más que crecer. El resultado del domingo demuestra que en Cataluña quienes han acudido a votar han sido los nacionalistas y los independentistas… no los españolistas ni las fuerzas de la derecha españolista que han optado por quedarse en casa a la vista del escaso crédito que conceden al PP y a las dimensiones de C’s, todavía minúsculas.

Aparte de esto, la dirección del PP no ha entendido el aviso del electorado: así no se puede seguir gobernando, de espaldas a la población poniéndonos la pistola en la nuca para vaciarnos la cartera y entregar el efectivo obtenido en la rapiña a los carroñeros del Banco Central Europeo y del Bundesbank. No se puede seguir gobernando ignorando que para toda la población la corrupción, la crisis económica, el paro y la inmigración masiva siguen siendo los principales problemas, junto a la merca del Estado del Bienestar y de los derechos sociales. El PP no se ha enterado de que el bipartidismo ha muerto (en realidad en otros países ha pasado algo similar: ni la derecha liberal francesa, ni el socialismo, han comprendido tampoco que ya no son hegemónicos, especialmente el PS que ha pasado a ser la tercera fuerza política, a distancia de la primera, el Front National) y que ellos ya no son la solución, ni nunca lo han sido, sino el problema (¡y qué problema!).

El PSOE empieza a tomar conciencia de las dimensiones de su crisis

Si Rubalcaba ha terminado dimitiendo tras conocer los resultados electorales, se ha debido, no tanto a los resultados del PSOE (malos) como a los del PSC (mucho peores). El PSC ha perdido más de la mitad de sus votos, pago inevitable a su eclecticismo en materia de vertebración del Estado. Y eso es muy importante para el PSOE porque las posibilidades de obtener mayoría absoluta pasan por obtener buenos resultados especialmente en Cataluña y Andalucía. Desintegrado el PSC, afronta por primera vez la imposibilidad de gobernar en solitario y la posibilidad de que IU y Podemos, le impongan condiciones y, desde luego, no estén dispuestos a tolerar los altos índices de corrupción de este partido.

El PSOE no ha entendido también que el bipartidismo ha muerto y que su crisis es aún mayor que la del PP. A fin de cuentas, a la derecha del PP sigue sin aparecer ninguna fuerza política, mientras que a la izquierda del PSOE proliferan como hongos. A la vista de la imposibilidad de edificar una “gran coalición” (como la propuesta por Felipe González en plena campaña electoral) con el PP, la única posibilidad que tiene el PSOE es volver al gobierno es mediante una alianza con la izquierda radical. Y esa posibilidad le enajena a buena parte de su propio electorado… Nadie llorará al PSOE cuando haya muerto.

La realidad es que el postzapaterismo era lo que cabía esperar y como habíamos anunciado desde 2007: desprovisto de cualquier dirigente con prestigio social, contando con media docena de mediocridades y pobres aprovechados que aspiran a sustituir a Rubalcaba, sin que queden en su nómina dirigentes ni militantes de prestigio (Rubalcaba era con mucho lo mejor que conservaba el PSOE), ahora se evidencia la vía muerta en la que encarriló José Luis Rodríguez Zapatero a su partido desde principios del milenio. Ciento cuarenta años de historia dilapidados por un indigente ideológico. Tras abjurar del marxismo, luego del socialismo democrático, anclado finalmente en una socialdemocracia hundida en todo el continente, compartiendo valores que ni siquiera eran socialdemócratas, sino humanistas–universalistas, el PSOE no ha sido capaz de recuperar, desde entonces, la iniciativa estratégica. Se conformó con enviar a Strasburgo a una Helena Valenciano, sin prestigio político, candidata de bajo perfil, útil solamente para muñir un consenso interior provisional. El fracaso estaba cantado desde el momento en que el PSOE se obstinó en hacer una campaña electoral reprochando a Arias Cañete el haber utilizado una consideración “machista”…

Tras Rubalcaba lo que viene es un tropel de pobres espabilados  (los Patxi López, las Chacón, los Madina, los Tomás López, las Susanas Díaz, etc y seguramente saldrán más aspirantes) ninguno de los cuales posee ideas, programa, ni magnetismo personal, todos ellos son mediocridades entre mediocres e individuos grises que confunden su habilidad para escalar en las bambalinas del PSOE con tener carisma y magnetismo personal. Después de Rubalcaba el diluvio…

Tampoco el PSOE, por lo demás, se ha hecho eco del final del bipartidismo sancionado por el electorado, que el afecta a él en primer lugar al a vista de que su “estructura federal” resiste mucho peor los golpes y tiende más a la fragmentación. La dimisión de Rubalcaba, en otras condiciones, hubiera sido benéfica para el partido (a pesar de ser el último nombre “brillante” que quedaba en su nómina) e incluso lógica a la vista de los resultados, pero en las circunstancias actuales puede contribuir a acelerar el desplome del partido.

Izquierda frente a derecha

El gran misterio de porqué la izquierda ha subido tanto y ha obtenido tan buenos resultados se debe sin duda… a que la derecha se ha quedado en casa. Nunca como hasta ahora ha sido tan claro que el abstencionismo ha embargado sobre todo a la derecha, mientras que la izquierda ha acudido puntual y disciplinadamente a votar. El resultado ha sido que sí, que ha subido la izquierda, pero plurifraccionada, y si Podemos se ha convertido en la estrella ascendente del firmamento político español, se ha debido especialmente a que ha sabido manejar mucho mejor que cualquier otro partido (por su misma estructura juvenil) las redes sociales y especialmente Tuíter.

Por el contrario, el resto de partidos se ha conformado con realizar una campaña clásica utilizando medios de comunicación que la población ya no consulta: especialmente páginas de publicidad pagada en diarios que nadie lee y cuñas en radios que pocos escuchan y que apagan cuando dan publicidad. Podemos, sin embargo, ha dado una gran lección de cómo se aprovechan las herramientas de Internet 2.0, especialmente las redes sociales. No es fácil condensar un eslogan electoral en 140 caracteres permitidos por Tuíter y, sin embargo, Podemos lo ha logrado ¡y con qué resultado! Era normal que los 900.000 jóvenes que iban por primera vez a votar en esta convocatorio apostaran mayoritariamente por Podemos que respondía de manera extraordinariamente bien a sus rasgos generacionales.

Frente a Podemos, las otras dos formaciones de la izquierda estatalista, IU y UPyD, han mejorado sus posiciones pero tras ímprobos esfuerzos y sin dejar nunca bien atados a sus nuevos electores que veremos si siguen apoyando a las mismas candidaturas en los próximos comicios. La izquierda presentada por IU (que elección tras elección sigue sumando pequeñas siglas al núcleo original del que ya nadie se acuerda, el viejo PCE, en un nombre que hoy es kilométrico e incluso símbolo de la impotencia de la coalición) y el centro–izquierda de Rosa Díaz, junto con Ciutadans (que, no lo olvidemos, afirma con seriedad ser una partido de “centro–izquierda”, a pesar de que sus apoyos dicen otra cosa muy diferente), han ido erosionando las bases socialistas, mucho más que recuperando un electorado nuevo.

Pero estas elecciones no dicen nada sobre cómo será el comportamiento en las próximas convocatorias electorales de la derecha que se ha abstenido. No parece que le vaya a ser muy fácil al PP recuperar al mas de un tercio de sus electores que ha decidido no movilizarse, acaso porque ya han perdido la fe en que Mariano Rajoy pueda resolver los graves problemas de la sociedad española, acaso por la desidia y esa inmensa capacidad del presidente para aplazar la resolución de los problemas e incluso el encararlos decididamente.

El fracaso de Vox

Reiteradamente hemos evitado incluir a Vox en el pelotón de la extrema–derecha porque, en realidad, es otra cosa: una simple fotocopia reducida del PP en la que la temática de derechas está un poco más presente, mientras que la centrista ha desaparecido. Vox ha cometido, desde su fundación, distintos errores políticos que, finalmente, le han pasado factura: en primer lugar circulaba por caminos ya trillados (como nos encargamos de denunciar en nuestro Dossier sobre la Extrema–Derecha ante las elecciones europeas). El programa, la experiencia, la intención de quienes ponían en marcha  Vox, ya había estado presente en los mismos términos hace 20 años en la experiencia del PADE que, ya entonces demostró que la derecha estaba muy contenta con las siglas PP. Ahora se ha reiterado el mismo intento con idéntico fracaso.

El programa de Vox contenía errores de bulto: el primero de todos pensar que sus temas eran “actuales” e interesaban a sectores amplios del electorado. La disolución de las autonomías constituía una propuesta tan “rotunda” que era, por sí misma, impracticable e imposible, una especie de boutade destinada a llamar la atención pero no a realizarse en la práctica. Y el electorado está ya harto de “imposibles metafísicos”. En cuanto a la problemática anti–ETA, con todas las heridas que ha dejado y la sensación amarga de injusticia y de victoria de los asesinos, simplemente ha dejado de interesar a nuestro pueblo en la medida en la que el acuerdo pactado para terminar con ETA, ha sido firmado y rubricado tanto por el PSOE (que lo propuso) como por el PP (que, sin duda, fue consultado cuando se encontraba en la oposición) y el resultado ha sido un cese de la violencia… a cambio de una salida gradual de presos. Moralmente censurable, políticamente innecesario, pero efectivo… En cuanto a su insistencia en el tema del aborto, cuando la sociedad española ha vivido una campaña proabortista contraria a la reforma de la ley operado por Gallardón, la sensación de la derecha es que si la izquierda ha protestado sobre este tema, es que la reforma debió ir en dirección de sus expectativas. Sobre la “lucha contra la corrupción” era algo que todos los partidos, incluidos PP y PSOE proponían.

Luego se han producido errores estratégicos notorios: el hecho de que Vidal–Quadras encabezara la candidatura no quiere decir que el origen catalán de éste fuera lo que aconsejara enfatizar la campaña en Cataluña, toda vez que el interesado lleva casi 20 años ausente.

Cuando se convoquen las elecciones municipales, veremos lo que queda en pie de Vox y veremos si ha sido capaz con estos resultados de atraer a sectores descontentos del PP o bolsas de votos significativas. También el PADE durante un par de elecciones consiguió mantener algunos concejales antes de desaparecer por completo.

De momento, Vox no va a ser la fórmula de derecha–derecha capaz de atraer a sectores significativos del PP y sacar de su posición abstencionista a sectores de la derecha sociológica.

El por qué de estos resultados

Los resultados generales son, en su mayor parte, coherentes con lo que está ocurriendo en España en los últimos siete años: una crisis económica que es capaz de prolongar extraordinariamente su duración, generar 6.000.000 de parados, colocar al 25% de la población próximo al umbral de la pobreza o por debajo de él, forzar a la emigración económica a decenas de miles de jóvenes, aumentar la presión fiscal sobre las rentas procedentes del trabajo para pagar una deuda contraída por otros, una crisis de este tipo, decimos, solamente puede desembocar en una profunda crisis social. Y ésta al prolongarse extraordinariamente en el tiempo solamente puede derivar en una formidable crisis política en la que están incluidas todas las estructuras del Estado: partidos tradicionales, monarquía, justicia, autonomías, municipios, etc. Los mismos casos de corrupción son muestra de la incidencia de la crisis política que es, a fin de cuentas, la crisis del régimen nacido en 1978.

Pero de todos los síntomas de la crisis política hay una que es particularmente importante: el final del bipartidismo. El misterio de la política española en los próximos años reside en saber cómo se va a portar un régimen concebido e ideado para el bipartidismo imperfecto, cuando las dos columnas en las que se sostenía (el centro–izquierda y el centro–derecha) aparecen como tocados y hundidos y la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) ya no es, ni de lejos, la única protagonista de la vida política.

A partir de ahora, como hemos dicho, se ha acabado la época de las mayorías absolutas, ha concluido el período de alternancia de ambos partidos en el poder. Ahora, si quieren gestionar una parte del poder tendrán que pactar con otros. Y el panorama político se complicará extraordinariamente generando una inestabilidad que, a partir de ahora, va a ser la imagen de marca del régimen hasta su disolución final.

Es cierto que las elecciones europeas son relativamente poco importantes y que, tradicionalmente, en esos comicios aumenta la abstención, pero también es cierto que indican una línea inevitable e irremediable de tendencia. El bipartidismo será sustituido, pura y simplemente, por la inestabilidad. Una vez más se ha cumplido lo previsto por Thomas Molnar en su libro La Contrarrevolución: hay un momento en el que un régimen puede aplicar (porque es todavía fuerte) una reforma para salvarse; pero, habitualmente, dado que se siente fuerte, no percibe la necesidad de introducir reformas ni de corregir las tendencias más desagradables que han aparecido en su interior; por tanto, ese régimen sigue degradándose. Llega un momento en el que la reforma se hace acuciante, pero el régimen está tan absolutamente desgatado que ya es incapaz de operar cualquier reforma y, simplemente, se produce el desplome interior. El sistema político nacido en España en 1978, está hoy reproduciendo este esquema de manera absolutamente maquinal. Sabemos, pues, lo que tiene ante la vista.

Addenda

¿Algo que añadir sobre la extrema–derecha?

En ese magma en el que se mueven cinco partidos, queda claro que uno de ellos es el representante indiscutible del sector histórico, FE–JONS, y que todos aquellos que se reclamen y se reconozcan en esa fisonomía terminarán convergiendo allí. Parece improbable que puedan perpetuarse dos grupos que utilicen el mismo emblema del yugo y de las flechas, por tanto, si la lógica tiene alguna repercusión en este ambiente, ambos grupos deberían de converger y La Falange estaría ahora en una buena situación para abordar la negociación que llevara a la unidad histórica de las falanges. Una iniciativa de este tipo parece casi obligada.

Falange Española de las JONS, no lo olvidemos, ha hecho una buena campaña con escasos medios. Ahora bien, es inútil pensar que el techo de una formación de este tipo puede ir más allá de sumar los votos cosechados por otros grupos similares. Por bien que actúe su dirección, lo evidente es que su imagen remite a otros tiempos y a otros valores, ya lejanos en el tiempo y que el “nacional–sindicalismo” dice muy poco a una sociedad que considera como el único sindicalismo existente el que protagonizado por las siglas UGT y CCOO, que han traicionado a la clase obrera.

Hemos dicho en muchas ocasiones si no sería mejor que los falangistas pensaran en otro modelo organizativo y no en la forma de “partido político”. La revista mensual Patria Sindicalista demuestra que, quizás, tender hacia la formación de una “escuela de pensamiento” sería mucho más productivo en términos de persistencia del falangismo en la sociedad futuro. Preparando cuadros y dirigentes políticos, como en otro tiempo hizo la Escuela de Propagandistas Católicos, se conseguiría influir mucho más en la sociedad y no restringirse a los altos muros de un partido político.

Hará falta ver si en los próximos meses ambos grupos falangistas logran reabrir conversaciones para su unidad definitiva y para la elección de una estrategia de futuro.

Los segundos en resultados en la extrema–derecha ha sido la coalición Iniciativa Social, un nombre equívoco en la medida en que a poco que el simpatizante se acercaba a su temática se percibía claramente que, tras este rótulo, proseguía ese monotema obsesivo del aborto, destacando con mucho sobre cualquier otra temática. Creemos que el intento está encarrilado hacia una vía muerta y sin salida no ahora, sino desde el momento mismo de su arranque. Si en esta ocasión IS (AES+CTC+FyV) ha perdido buena parte de los votos que AES en solitario obtuvo hace cinco años, se ha debido, especialmente, a la competencia de Vox. Lo que se abre a partir de ahora –nuevamente, si hemos de pensar en términos lógico, lo que es del todo evidente que hagan los protagonistas– es que ambas formaciones (IS–AES y Vox) se planteen un futuro común. No hay, simplemente, no hay espacio para ambas. Y, de momento, a pesar de sus resultados limitados, Vox arrincona a AES. Quizás sea la forma y el momento de dar por concluida la experiencia neo–piñarista, social–cristiana, o como prefieran llamarla.

No hay más posibilidades de convergencia, ni de fusiones o desapariciones de siglas. DN y MSR prosiguen como hasta ahora. El papel de DN pactando primero con LEM, luego ausentándose sin dejar señas para reaparecer en Soluciona, para finalmente presentarse solo, ha sido una peripecia sin precedentes, no por previsible, menos exótica. Tiene gracia que tanto DN como MSR consideren que “han vencido” (e incluso lo expresen así) y que, a partir de ahora, “la lucha continúa”, lo que implica tener, simplemente, más moral que el Alcoyano. Hay que reconocer que en estas elecciones, ambas formaciones se han preocupado por reinventarse a sí mismas: han ido agrupando a expulsados de otros grupos, bolsas de militantes recuperadas aquí y allí, nombres surgidos de los más variados ambientes, para componer sus listas. Ni aun así han conseguido escapar a los magros resultados de otras veces, que en ambos casos indican –por pura lógica– que no logran interesar salvo a muy pocos (error técnico en los recuentos incluido). Ahora piensan que “en las municipales será nuestra hora”… pero parten en situación de desventaja. Y, por lo demás, el tiempo no pasa en vano: MSR tiene 14 años y DN está por cumplir los 20.

De todos estos fragmentos –por mucho que parte de sus fondos sean utilizados en viajes lowcost a visitar a “partidos hermanos” del extranjero en la creencia de que presentarse como “socios” les reportará algún interés por parte de los medios de comunicación españoles– no podrá salir nunca nada parecido a los movimientos que han dado un prodigioso salto adelante en Europa. Pero esta es otra historia. 

 

Europeas 2014. Notas

Europeas 2014. Notas

Infokrisis.- Por mucho que los partidos hasta ahora mayoritarios lo quieran negar, lo que ha ocurrido en las elecciones del 25 de mayo de 2014 ha sido un vuelco electoral que tendrá importantes repercusiones en los próximos años y cuyo alcance no termina en unas meras elecciones que, históricamente, han ilusionado poco al electorado. A la vista de los resultados y de la distribución de escaños podemos extraer algunas conclusiones de urgencia y poner en orden nuestras ideas destacando los siguientes puntos:

La decadencia de los partidos mayoritarios

En toda Europa, los partidos que han dirigido la vida política continental en las últimas décadas parecen haber entrado en crisis. Otro tanto ha ocurrido también en España en donde el PP ha pasado de 24 diputados a 16 y el PSOE de 23 a 14 diputados, pero cuando se examinan y comparan las cifras en bruto se percibe hasta qué punto se puede afirmar que el bipartidismo ha muerto en España: en efecto, en 2014, la suma de los votos del PP y del PSOE ha sido de 7.650.000 votos, mientras que cinco años antes estas dos siglas agrupaban 12.800.000 votos. En número de diputados la merma entre los objetivos por PP-PSOE en 2009 (47 eurodiputados) y los obtenidos ahora (30 diputados) es de 17 diputados que se han repartido entre otras formaciones políticas.

De 6 a 10 partidos representados

Es cierto que los dos grandes partidos siguen siendo grandes y que el PP y el PSOE conservan una importante cuota de poder, de votos y de diputados. Pero ni el PSOE ha soportado la erosión del período de gobierno de Zapatero, ni los errores y ambigüedades constantes de su rama catalana, ni la falta de liderazgo, ni la obsesión feminista de la candidatura encabezada por Helena Valenciano que sustituyó la campaña y la difusión de un programa por el comentario machista de Arias Cañeta. La Valenciano irá a Strasburgo y desde allí, como hizo aquí durante el zapaterismo, para defender los derechos de los inmigrantes a llegar en oleadas a Europa y regularizarse por imposición de su mera presencia. Arias Cañete se preocupará de defender lo que, sobre todo, interesa a su patrón, la compañía Monsanto: lograr que las semillas obtenidas mediante ingeniería genética se impongan sin restricciones en la UE. Pero lo cierto es que unos y otros han sufrido el mayor varapalo de la democracia, un castigo sin precedentes y del que muy difícil lograrán recuperarse. El número de partidos representados pasará de 6 a 10 y, salvo UPyD y C’s (considerados y autotitulados como “de centro-izquierda”), el resto de partidos que enviarán representantes a Strasburgo son “de izquierdas”. La bancada española queda pues, multifraccionada.

“Surpasso” en Cataluña

En Cataluña se ha votado más que en 2009 (1.984.000 en 2009, frente a los 2.532.000 que lo han hecho ahora. Esto es 550.000 votos más. Vale la pena ver hacia dónde han ido estos votos. En primer lugar, el PSC ha perdido ¡más de la mitad de sus votos! Obteniendo 358.000 en donde antes tenía 708.000, siendo la candidatura más votada. Este fracaso es excepcionalmente importante porque el PSOE jamás obtendrá mayoría absoluta en el Estado, si no cuenta con una organización fuerte y hegemónica en Cataluña y en Andalucía. Y por lo que se refiere a la organización del PSC catalán, puede decirse que está disgregándose por momentos debido a su torpe y ecléctica política en el tema de la vertebración del Estado. Pero el otro síntoma de que en Cataluña el bipartidismo está ya hoy muerto es que CiU, aun habiendo aumentado algo sus votos, ha sido superado, rebasado y humillado por ERC que ha pasado de 181.000 a 594.000 votos… ahí tenemos a dónde han ido la mayoría de votantes nuevos que se habían abstenido en Cataluña en las anteriores elecciones. ERC ha sabido movilizar el voto abstencionista en la medida en que se presenta como una alternativa a la “banda de los cuatro” en Cataluña: si el bipartidismo catalán estaba constituido por CiU de un lado y el PSC de otro, ahora éste último ha desaparecido prácticamente, sustituido por ERC. En cuanto al PP catalán también ha retrocedido convirtiéndose en insignificante. Parte de los votos perdidos por el PSC han ido a parar a C’s (sexta fuerza política en aquella comunidad) y a UPyD que ha duplicado sus votos en esa comunidad. Lo que indica estos resultados en Cataluña es que CiU no se ha beneficiado en absoluto del soberanismo que ha generado, sino que eso ha servido para allanar el camino a ERC.

Resultados deslegitimados por una alta abstención

No solamente en España, sino en toda Europa, el abstencionismo ha sido superior al 50% de los votos. Es cierto que a efectos legales el hecho de que más de la mitad del electorado europeo haya vuelto la espalda a las urnas, no tiene ninguna importancia, pero también es cierto que legítimamente estos altos índices de abstención restan legitimación a los diputados que se sientan que apenas representan a sectores minoritarios del electorado.

El Ministerio del Interior temía que se produjera una abstención todavía mayor y ha hecho todo lo posible por presentar el leve aumento de la participación electoral (debido solamente a la mayor participación en las zonas en las que la presión independentista ha sido mayor) como un gran avance. En realidad, la participación electoral ha bajado en parte de las comunidades autónomas llegándose a cifras récord en Europa: en Canarias entre votos nulos, en blanco y abstención, apenas ha votado el 33,5%, en Baleares lo ha hecho el 32,5%, en Ceuta el 21,40% y en Melilla el 23%... En estas comunidades han aumentado los votos en blanco, nulos y los índices de abstención en relación a las mismas elecciones de 2009.

Encuesta del CIS encuesta-fraude

Habitualmente, al producirse el recuento de votos se suele olvidar lo que las encuestas previas han previsto en sus sondeos. En particular, por los medios a su alcance y por el carácter institucional, la encuesta del CIS merece ser tenida en cuenta y recordada. Así mismo, se trata de la encuesta que se realiza con una mayor muestra de población y, por tanto, se supone que debería ser la más rigurosa. Pero el “paso por la cocina” de los resultados, hace que siempre existan desfases. En esta ocasión han sido notables: la encuesta del CIS atribuía al PP 20-21 diputados (cuando ha obtenido 16…) y al PSOE 18-19 diputados (cuando se ha quedado con 14). El diputado que atribuían a Podemos se ha convertido en 5 y así sucesivamente… Era evidente que, tras pasar por la “cocina” del CIS, la encuesta fue enmascarada y maquillada para tratar de dar la sensación de que los resultados de los dos grandes partidos serían muy similares a los obtenidos en 2009, con ligeras pérdidas, naturales por el ejercicio del poder en el caso del PP y algo más acusadas en el caso del PSOE a la vista del bajo perfil de su candidatura. Ahora vale la pena preguntarse por qué la que debería ser la encuesta más rigurosa, la realizada con más medios y la que cuesta más dinero a los españoles, es una simple y completa chapuza.

El avance de la “izquierda alternativa”

Las distintas formaciones de izquierda “altereuropeísta” (esto es, partidarias de la construcción de Europa, pero no de una Europa neoliberal como la que es hoy la UE) han realizado un avance que puede ser calificado como el resultado del hundimiento del PSOE y de la llegada de casi un millón de nuevos votantes jóvenes. La Izquierda Plural ha avanzado, pero muy poco si tenemos en cuenta que tras esa sigla que ocultan fragmentos muy diversos procedentes del antiguo PCE, de grupos ecologistas de izquierda y de “colectivos sociales” vinculados a IU (han pasado de 588.000 votos a 1.500.000, ganando algo menos de 1.000.000 de votos, lo que no es poco). Sin embargo, quien ha resultado el auténtico vencedor de este sector es Podemos que ha obtenido solamente un diputado menos que la Izquierda Plural, agrupando de la noche a la mañana, 1.245.000 votos. Si tenemos en cuenta que las diferencias entre estas dos formaciones no son excesivas, podemos pensar lo que hubiera supuesto el que juntas se situaran al mismo nivel que el PSOE (3.600.000 frente a los 2.800.000 obtenidos por Podemos). Cuando hace dos años preveíamos la posibilidad de que el PSOE se derrumbara y surgiera del movimiento del 15-M un movimiento que lo sustituyera, no andábamos muy lejos de lo que ha ocurrido y que se hubiera confirmado si las formaciones de la “izquierda alternativa” hubieran ido juntas.

El contraste entre España y Europa

En Francia ha vencido, simplemente, el Front National. Allí el PS se ha convertido en una fuerza residual. En el Reino Unido, conservadores y laboristas han quedado sepultados bajo el rodillo del UKIP. Por citar solamente unos ejemplos… En España, en cambio, los grupos políticos que podrían ser considerados como paralelos o “hermanos” de estos grupos, o no se han presentado o han obtenido unos resultados insignificantes, o simplemente, han realizado un discreto tránsito (como Vox). España, en esto, es completamente diferente al resto de Europa. Todo sigue igual “a la derecha” y todavía la consigna de Manuel Fraga, “sin enemigos a mi derecha”, sigue siendo un dogma del sistema. Incluso en los medios de comunicación de la derecha podrá aparecer un Pablo Iglesias, pero nunca un candidato euroescéptico con posibilidades de ir más allá del discurso antiabortista… Si en ese ambiente quedan mimbres suficientes como para ser conscientes del inmenso espacio político que existe a la derecha de la derecha liberal (como se ha demostrado en toda Europa) en el próximo año deberán de darse las iniciativas tendentes a que esta sea la última vez que España es la excepción europea.

La situación global en Europa

Ha ganado la derecha liberal en toda Europa, pero perdiendo votos. Varias formaciones de extrema-derecha han logrado introducirse y, en esta ocasión, no deberá haber grandes problemas en constituir un Grupo Parlamentario propio (a pesar de que lo más posible es que se reconstruya el antiguo grupo Identidad, Tradición, Soberanía, mientras que Europa de la Libertad y la Democracia se vea notablemente reforzada). Por primera vez el NPD ha obtenido un escaño y si tenemos en cuenta las dificultades y los impedimentos legales y psicológicos que siempre se han cernido sobre esta formación, se verá que este resultado tiene aún más mérito. Hará falta ahora ver como todas estas fuerzas aprovechan su avance en las elecciones europeas para mejorar su posición en los parlamentos nacionales y en las administraciones locales. Lo que sí parece certificado es que tanto en España como en Europa, puede afirmarse que las fuerzas que defienden el statu-quo actual y el reparto de poder en centro-derecha y centro-izquierda que se viene registrando desde hace décadas, se han visto debilitadas casi sin excepción, mientras que los partidos que suponen el ascenso de fuerzas nuevas, más o menos euroescépticos, han mejorado sus posiciones. Unos retroceden, los otros avanzan… Avanza la anti-UE, retrocede el stablishment pro-UE.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Elecciones 2014: fracaso ultra

Elecciones 2014: fracaso ultra

Una meditación sobre los resultados de la extrema-derecha en España.- Lo primero de todo: llama la atención que hayan tenido el valor de presentarse cinco candidaturas de extrema-derecha a las elecciones europeas, ninguna de las cuales tenía la más mínima posibilidad de obtener resultados apreciables. Lo segundo, que poco más o menos, los resultados obtenidos por este pelotón en 2009, son los mismos que recogen hoy aunque en aquel momento fueran siete las siglas presentadas y ahora sólo cinco (pero en realidad englobaran 11 siglas en dos coaliciones, IS y LEM)...

Grupo por grupo, FE-JONS ha pasado de 10.000 a 21.301, duplicando el número de votos en lo que parece un buen resultado que confirma que su dirección es más dinámica que la que dirigía el partido en otro tiempo y que, a pesar de tener un “techo” evidente, esta opción representa lo esencial del voto falangista. Ahora bien, hay que tener en cuenta que en 2009, Falange Auténtica obtuvo 5.000 votos, con lo que al estar actualmente vinculado este grupo a FE-JONS, hay que pensar que puede haber arrastrado ese puñado de votos. El resultado ha sido el mejor de toda la extrema-derecha en la medida en que los medios empleado han sido escasos pero que, al menos, se han empleado de la mejor manera posible.

Respecto a Impulso Social con 17.530 votos, cabe decir ha empeorado en relación a los resultados obtenidos por AES en 2009 (19.583), pero que la merma ha sido todavía mayor si tenemos en cuenta que esta sigla se presentaba ahora en coalición del Familia y Vida que en aquel momento este grupo obtuvo 10.000 votos y con la CTC que también debía aportar algunos miles de votos. Este pobre resultado se  explica por varios motivos: 1) la sigla IS era completamente desconocida para los votantes, 2) a pesar de tener un programa, a poco que se oía su discurso se percibía que solamente interesaba un tema: el aborto cero, 3) la competencia de Vox con un programa similar ha sido insuperable y 4) el empeñarse durante ya 10 años invirtiendo medios ingentes una vez más se ha demostrado inútil si el programa no tiene garra y se persigue un electorado inexistente (la derecha católica vota al PP). No creemos que haya ninguna rectificación por parte de AES y que en los años venideros insistirán en la misma vía obteniendo los mismos resultados, aunque la lógica indicaría que este grupo debería disolverse e ingresar en el más parecido a él: Vox.

Respecto a LEM cabe decir que ha constituido la sorpresa de la jornada. Sorpresa porque la campaña electoral ha demostrado la escasa capacidad de movilización y también han sido escasos los medios con que contaba. Obtener 16.675 votos es casi una “gesta” a la vista de que, además, se utilizaba como distintivo el yugo y las flechas y FE-JONS tenía más ventajas en atraer a un público identificado con ese símbolo. Si tenemos en cuenta que el reclamo esencial de LEM es el yugo y las flechas, la lógica indicaría que el grupo La Falange, verdaderamente el único de los miembros de esta coalición que tiene una estructura organizativa propia, aprovechara este éxito para negociar el reingreso en FE-JONS en condiciones ventajosas.

El paso de DN de 9.950 votos a 12.744 es insignificante sobre todo si tenemos en cuenta que esa cifra ya la habían obtenido antes en las elecciones de 2000 (si no recordamos mal). Pasito adelante, pasito atrás, pasito adelante. El problema que tiene DN es que su espacio político (el propio de los grupos anti-inmigración) ya está copado por PxC, PyL y E2000, que coinciden en no querer saber nada de este partido mientras siga dirigido por Manuel Canduela.

Del MSR cabe decir poco. A pesar de las brillantes perspectivas que se forjaba, ha obtenido un resultado extremadamente pobre pasando de 6.009 votos a 8.768. No vamos a ser nosotros los que indiquemos a este grupo la necesidad de meditar sobre su futuro. No se puede crecer de manera errática, unas veces hacia el falangismo, otras hacia el nacionalismo-revolucionario, otras hacia los defensores de la familia, y no se puede “evolucionar” desde el nacional-bolchevismo de su origen hacia lo que se preste en cada momento y que convenga para integrar a tal o cual persona o grupo local.

En su conjunto, estas formaciones obtuvieron en 2009, cerca de 80.000 votos y ahora se han quedado con algo menos. Está claro que este sector está estancado y que con una docena de siglas cada una por su parte, estos resultados persistirán hasta el fin de los tiempos.

Sin olvidar, por supuesto, que resultados de este tipo incorporan entre un 15 y un 20% de “error técnicos”, compuesto fundamentalmente por votos que les achacan por error o deliberadamente en las mesas electorales y que pertenecen a los grupos mayoritarios.

Vale la pena acabar recordando que las dos formaciones que no se han presentado a estas elecciones, PxC y E2000, por el momento y mientras no se demuestre lo contrario, tienen un numero de votos similar al que han alcanzado estas cinco formaciones que si se han presentado. Quienes no se han presentado, por este mismo hecho, demuestran más habilidad y conocimiento de los mecanismos de la política y por tanto explican porqué tienen concejales: siempre es un error presentarse para perder; estos dos grupos saben que lo esencial es reservar fuerzas para aquellas batallas en las que puedas obtener resultados, busca ganar peso político y evita hacer de Internet el eje de tu actividad. Quienes se han presentado sabían que iban a perder y que, muy probablemente, perderían por goleada, como así ha sido. Resulta incomprensible esta actitud masoquista. De todas formas, si hasta ahora no se han producido intentos serios para superar esta situación de impotencia, estamos persuadidos de que nunca se producirán.

Diferente ha sido en Europa. En todo el continente, los datos que van llegan indican el ascenso del euroescepticismo y se da casi por segura la posibilidad de crear un grupo parlamentario propio en el Parlamento Europeo que agrupe a las formaciones euroescépticas de la derecha nacional. El contraste entre los avances en Europa y el fracaso en España indica que en nuestro país no se sabe hacer política, que la clase dirigente de los cinco grupos que se han presentado adolece de graves déficits de comprensión de los mecanismos de la política y que difícilmente esta situación es superable.

Ni la existencia de unas condiciones objetivas favorables, ni de unos grupos sociales en crisis, ni la erosión de los dos grandes partidos, ni la distorsión que presenta la inmigración en el mercado laboral o en las ayudas sociales, ni una situación de precariedad el 50% de la juventud, ni un paro estructural del 25%, ni el dinero que se invierta, nada, absolutamente nada de todo esto es suficiente para avanzar si no existe una clase política dirigente consciente de cómo funcionan los mecanismos de la política y sean capaces de dirigir a pequeños equipos de militantes preparados, con cara y ojos, capaces de ser seguidos por franjas del electorado.

A estas  alturas, resulta evidente que no vale la pena preocuparse mucho por los resultados casi infinitesimales que han obtenido todos estos cinco grupos. La política real no pasa por ellos.  Está en otro sitio. Muy distante. Y ahora quizás se entienda mucho mejor el porqué Marina Le Pen dijo textualmente que no quería saber nada con los “partidos hermanos” españoles. Simplemente, no existen.

 

¿Votar para perder? No gracias

¿Votar para perder? No gracias

Carta abierta a la extrema-derecha española.- Hubo un tiempo en el que los españoles iban a votar ilusionados pensando que con su voto podrían cambiar algo. En realidad, este país ha votado siempre, incluso durante el franquismo. En aquel tiempo podías participar en las elecciones parar consejeros del Movimiento, unido a las elecciones para el “tercio familiar” en las Cortes o incluso en los ayuntamientos existía un tercio de concejales electos. Y además hubo media docena de referéndums para aprobar “leyes fundamentales”. Es relativamente cierto que la oposición no podía hacer campaña. Y digo relativamente porque CCOO solía participar en las elecciones sindicales y porque en las municipales también se colaban candidatos de oposición. Pero sí, no nos engañemos, no era fácil para los opositores hacer campaña, ni participar en los procesos electorales. Entre otras cosas porque no lo aceptaban y querían destruir el régimen.

Tras la euforia electoral, el desencanto, tras el desencanto la desafección

Luego todo cambió. Llegó la democracia y seguimos votando con otro talante: nos dijeron que las cosas podrían cambiar gracias a nuestro voto. Pudimos incluso votar en las elecciones autonómicas.

Pero un año después de que los socialistas vencieran en las elecciones de octubre de 1983, apareció en la sociedad española lo que se llamó “el desencanto”. La sensación de que todo aquello servía para poco. Algunos opinábamos desde hacía tiempo que no servía nada y nos acordábamos de aquella frase de Solzhenitsin que decía: “En la URSS no se puede decir nada; en Occidente se puede decir todo, pero no sirve para nada”.


Así pues teníamos una libertad de voto que servía para poco (a fin de cuentas, los medios influían mucho más que los argumentos y los programas, en los resultados electorales y los medios tenían sus intereses particulares que, frecuentemente, no eran ni los tuyos ni los míos, sino los de los grupos económicos que los amparaban y de los que la clase política comía –y come- de la mano), teníamos libertad de expresión justo cuando nos dimos cuenta de que la mayoría de gente tenía poco o nada que decir, y teníamos libertad de manifestación que la mayoría no utilizaba jamás.

El “desencanto” consistía en reconocer que un puto voto era como un grano de arena perdido en una playa y que solamente tenía interés para alguien si era recogido por la pala de un buldócer. El régimen se había configurado para que existieran cuatro buldócer: la “banda de los cuatro” (el centro-izquierda, el centro-derecha y el centro nacionalista catalán y vasco). Y el tuyo era un simple grano de arena que, por sí mismo, certificaba que no eres nada, nadie para el parlamentarismo, un ente insignificante cuyos problemas, ilusiones y aspiraciones no interesaban a las cúpulas de la “banda de los cuatro”. Ellos se reservaban el derecho de mentirte en las elecciones, de suscitar los problemas que debían interesarte, de darte las soluciones que jamás aplicarían y de presentarte un logo, unos colores, una sonrisa y una foto a la que debías votar. Luego, a trincar. Y durante 35 años les has ido votando.

Porque, tras el “desencanto”, vino “la desafección” que ya era algo más que la sensación de que las cosas iban mal y no cambiarían ni para ti ni para mí. Era un paso al frente: ni podían cambiar ni a la “banda de los cuatro” les interesaba que cambiaran, por tanto, la política era su problema, no el nuestro.

Si tú no sacas ningún beneficio ¿por qué darles tu voto?

¿Ellos se lo comen y se lo guisan? Pues que sean ellos los que vayan al super a comprar, carguen las bolsas, acomoden los productos en su nevera y demás. “Lo suyo”, no era “lo nuestro”. Desafección. Si el desencanto se expresaba votando a opciones minoritarias o creyendo que estas podrían sustituir un día a la “banda de los cuatro”, la desafección era la inhibición completa de cualquier opción, seguida de la crítica a todas ellas y se expresa especialmente a través del VOTO EN BLANCO y del VOTO NULO.

Hoy desencanto, desafección y apatía cabalgan juntos. Yo no tengo la menor duda de que estaré en el bando de los ganadores el próximo 25-M: el bando que rechazará votar a cualquier candidatura y adoptará una postura ACTIVA (votando en blanco), de PROTESTA (votando nulo) o PASIVA (absteniéndose). El rasgo común a todas estas posturas es el rechazo a un sistema que no nos ha traído lo que prometió, sino a lo largo de cuya existencia, han ido empeorando las condiciones de vita, las condiciones de trabajo. Es cierto que ahora tenemos libertad de expresión, manifestación, organización y huelga, y además, mire usted por donde, también tenemos carné de paro, inseguridad para el futuro, pensiones de miseria, contratos basura y la posibilidad cada vez más cierta de ser exiliados interiores en nuestro propio país y exiliados económicos buscándonos la vida en horizontes más benignos.


En la noche del 25M los comentaristas de prensa, los tertulianos y los analistas profesionales nos dirán que el “bipartidismo imperfecto” ha sufrido un duro golpe. La “banda de los cuatro”, en su conjunto, perderá votos. Y me alegraré. Me alegraré también de que suban otras opciones hasta ahora minoritarias. Será una victoria pírrica: porque lo que se abrirá a partir de ahora será un período de inestabilidad política e italianización de la política española. Nada bueno para el país, os lo aseguro. Pero lo que hay ahora tampoco es el mejor de los mundos, así que… malo por malo, siempre he preferido las aventuras y los saltos al vacío.

¿Y la extrema-derecha?

El artículo podría haber terminado antes de este parágrafo, pero si me creo obligado a escribir lo que sigue es porque de alguna manera yo he sido durante mucho tiempo parte de este ambiente de “extrema-derecha”.

En los últimos días, distintos medios de prensa nacionales y extranjeros han solicitado mi colaboración para que les explicara el por qué la extrema-derecha, que en Europa va viento en popa en sus dos formas, “euroescépticos radicales” y “euroescépticos moderados”, en España no se come ni una rosca. Es una larga historia de impotencias, errores, confusiones, traiciones e incapacidades cuya génesis no vale la pena reproducir.

En primer lugar hay que resaltar que se presentan cinco candidaturas cinco de este ambiente, ninguna de las cuales tiene la más mínima posibilidad de ser seguida por una bolsa importante de votos. Las que menos, obtendrán unos 6.000 votos, las que más, puede que lleguen a 12-15.000. En total, 30-40.000 votos. Ni sumados darían la quinta parte de un diputado.


Pero lo triste no es que no obtengan diputados, sino el hecho mismo de su presencia: juegan para perder. Y lo saben. Alguno de ellos cree (y lo cree desde hace 20 años) que un golpe de suerte, una fama repentina, un cambio brusco en las preferencias del electorado, la aparición en un programa televisivo, o un éxito extranjero, podría catapultarle a la fama y hacer que gane la “carrera de caracoles”. Esto les permitiría alcanzar una posición dominante en el “merado ultra”. Otros creen que “mejoran” sus posiciones (7.000 votos hace 10 años, 9.000 hace 5, ahora, sin duda, 11.000… todo un progreso). Los hay que se creen obligados a presentarse porque si ellos no se presentan, el rival directo, otro partido de la misma cuerda, saldrá beneficiado y eso si que no se puede permitir… Los hay que se presentan por inercia. Otros por el mero placer de jugar y perder. Algunos porque creen que inyectando unos cuantos cientos de miles de euros, podrán hacer valer su programa y revalidarse en su condición de peor relación “inversión-resultados”. Hay incluso algunos casos en los que resulta incluso misterioso saber porque se presentan. Dicen que “por idealismo”. Pero a poco que se leen sus webs y se perciben sus “ideas” sobre Europa y sobre lo que se juega en estas elecciones, se percibe claramente que si carecen de algo es, precisamente, de ideas claras.

Todos ellos quieren revalidar los éxitos de Amanecer Dorado, del Front National, e incluso se jactan de tener relaciones con el BNP inglés o con el Jobbik húngaro, y así sucesivamente. Alardean de contactos internacionales como el niño hace con su colección de canicas. En realidad, en Europa se tiene a la extrema-derecha española como un atajo de inútiles, expresión textual utilizada por algunos líderes de ese ambiente en Europa a la vista de que ante unas elecciones europeas han sido capaces de presentarse cinco candidaturas todas ellas sin la más mínima posibilidad de obtener resultados.

Pequeña historia de una insensatez

La cosa empezó en 1983 cuando el abogado de Tejero le convenció para que presentara su candidatura a las elecciones generales. Aquello rompió la Unión Nacional (FN+FE-JONS+PNS) y donde en 1979 había una candidatura, cuatro años después hubo cuatro. Aquello se convirtió en tradición. A diferencia de que quienes indujeron a Tejero a presentarse eran perfectamente conscientes de porqué lo hacían (para demostrar que tras el golpismo solamente había unos pocos miles de votos y desactivarlo para siempre), en la actualidad esas cinco candidaturas ni siquiera son consciente de que presentándose cada una por su cuenta, lo que están dando es una sensación DE DEBILIDAD increíble, porque el día 25-M, cuando se recuenten los votos se verá… que sumados todos los de la extrema-derecha apenas dan para la quinta parte de un diputado.

Bruno Gollnisch, que fuera presidente del Grupo Parlamentario Europeo Identidad, Tradición, Soberanía, nos decía hace 15 años: “¿Tanto cuesta sentar a los grupos en torno a una mesa, elaborar cinco puntos y presentar una candidatura unitaria?”. Y algunos sonreíamos: “Es que tú no conoces a los grupos…”. No los conocía; algunos sí los conocemos y sabemos que resulta imposible perder el tiempo sentando en torno a una mesa a dirigentes con poco seguimiento detrás o simplemente sin seguimiento, con ideas propias, cada uno con sus propias obsesiones y su ansia patológica de independencia y de ser jefecillos rodeados de menguada grey, casi todos ellos sin capacidad de mando, dotes oratorias, ni siquiera sin la comprensión necesaria para entender lo que está pasando en España y en el mundo y redactar esos famosos cinco puntos unitarios.

Votar a todos estos pequeños grupos es darles alas para que persistan en su actitud providencialista, alimentar sus deseos de permanecer aun sin tener “principio de razón suficiente” para justificar su independencia y misma existencia. Votarles es echar leña al fuego de la impotencia y de la división, recrearles en la bondad de sus “propuestas” (mirad lo que proponen y compararlo con un verdadero Programa Político… advertiréis las diferencias hasta enrojecer de vergüenza, especialmente si comparáis los documentos con los que se presentan “nuestros camaradas” con los que han elaborado partidos “hermanos” en otros países. Votarles es darles palmaditas en la espalda que utilizarán para demostrar que ellos son más que los otros, que “van avanzando”… y así hasta el fin de los tiempos, pasito a pasito hasta más allá de la derrota total.


Y el sistema se ríe de estas opciones. Les dice como a Tejero en 1983: “Presentaros, para que así todos vean vuestra debilidad. Presentaros para que así comprueben que sois capaces de no experimentar la más mínima vergüenza y el más mínimo bochorno en participar por enésima vez en unas elecciones… para perder por goleada y competir, no con la “banda de los cuatro”, sino entre vosotros mismos, pobres caracoles.

Presentaros para seguir así eternamente y para que vuestro “jefes” se confirmen si sacan 12.000 votos en que ellos “son los elegidos”, y si obtienen 6.000 en que “nos han hecho trampa y por tanto hay que seguir”.

Presentaros sin programas políticos ni sombra de tales, con lemas malamente traducidos de grupos extranjeros como si el traductor Google diera la garantía de que lo que ha triunfado en un país triunfará también aquí.

Presentaros tantas veces como queráis, no os faltarán concejales que os avalen, porque saben que no tenéis la más mínima posibilidad de que sectores del electorado os tomen en serio.

Presentaros para seguir cultivando el gueto.

Presentaros para dilapidar los pocos fondos que tenéis.

Presentaros para ilusionar primero, agotar después y decepcionar finalmente a otra generación de militantes.

Presentaros para evidenciar a toda la sociedad que carecéis de líderes y que vuestros jefes son en algunos casos freakys de la peor especie y en otras, meros iluminados y en el mejor de los casos –y no hay muchos- gentes bienintencionadas a las que les falta comprender los mecanismos de la política.

Presentaros para seguir siendo lo que sois: una suma de “error técnico” (cualquier sigla por el hecho de presentarse y sin hacer campaña obtiene simplemente por errores en los recuentos entre 2.000 y 6.000 votos) y de individualidades aisladas.

Presentaros y seguiros presentando una y otra vez, eternamente, en las mismas condiciones y con las mismas esperanzas, presentaros para perder… porque la mentalidad que tenéis desde 1983 es de sempiternos perdedores”.

Todo esto, claro está, sin olvidar, que existen otras dos opciones que no se presentan a las elecciones y que, precisamente, porque disponen de concejales propios son las que menos dificultades deberían haber tenido para conseguir avales (o quizás sea que si no se presentan es por una dosis de realismo o igual es que tienen concejales precisamente por que han hecho más gala de realismo).

Tres opciones a considerar

Si el 25-M hace un buen día disfrutadlo con vuestra familia, vuestros amigos o simplemente disfrutadlo tomando unas tapas o leyendo un libro. Disfrutadlo haciendo el amor. Disfrutadlo pensando, viendo una película, haciendo ejercicio o disfrutarlo practicando habilidades sociales diversas. ¿Ir a votar en un día tan hermoso? ¿Vas a ganar algo? ¿Nada! Pues entonces, no pierdas el tiempo. ABSTENTE. La abstención no quiere decir, necesariamente, apatía e ignorancia: simplemente indica que TIENES ALGO MEJOR QUE HACER. Vivir la vida. ¡Qué vida más triste la del que en un domingo de primavera no encuentra nada mejor que perder una hora votando sin poder extraer ninguna satisfacción!

Si el 25-M quieres aprovechar la ocasión que te brindan las instituciones europeas para hacer oír tu voz, pero hace tiempo que te molesta todo el circo electoral y el que nada se solucione en ningún nivel (ni autonómico, ni municipal, ni estatal, ni europeo), DESAHÓGATE y que al menos los que están en la mesa electoral sepan (y te envidien) porque tú eres un tipo capaz de expresar lo que piensa VOTANDO NULO: para ello basta con una frase rotunda (la creatividad es cosa tuya y la elección del desplante también), un dibujo, algo dirigido a los que abrirán los sobres; o también introducir un documento significativo: una fotocopia del carné de paro, el extracto bancario con el importe de vuestra pensión, una hoja de papel de wáter… Estoy seguro que sabréis ser de lo más estilosos…

Si el 25-M quieres dar una sensación de responsabilidad como diciendo “las cosas no van bien y doy un toque de atención a los grandes partidos y a las pequeñas formaciones; hay que hacer mejor las cosas porque, entre grandes, pequeños, minúsculos y calderilla, vamos a la ruina”, en ese caso lo que tienes que hacer es VOTAR EN BLANCO.

Tienes tres opciones: la del disfrute personal, la de la protesta airada y la de la protesta mesurada. ¿Qué más quieres? Pon imaginación: sé dueño de tu voto. Seguro que lo que has hecho ese día es mucho más creativo, espontáneo, juvenil y revolucionario que votar a la “banda de los cuatro”, “a los que aspiran a hacerse un hueco a codazos dentro del régimen” o a la “calderilla multifraccionada e impotente” (a los que dicho sea de paso, también hay que dar una lección).

Julius Evola, en Cabalgar el Tigre nos ofrecía una actitud ante el mundo de la política: LA APOLITIA. Apolitia no indica desinterés o ignorancia de las cosas de la política; no es ni apatía ni abulia, ni inconsciencia. Es simplemente ALEJAMIENTO Y DISTANCIA DE LA POLÍTICA QUE HACEN LOS POLÍTICOS. Yo, en este sentido, me declaro apolítico.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Bye-bye Barcelona...

Bye-bye Barcelona...

Info-krisis.- Desde hace unas semanas está corriendo por la web un documental titulado Bye, bye Barcelona (https://www.youtube.com/watch?v=mSAPqGijeiY&feature=youtu.be) que alerta sobre el peligro de una ciudad que cada vez se parece menos a lo que conocimos hasta no hace mucho. Nacido en Barcelona y alejado voluntariamente de ella, habiendo escrito varios libros sobre la Ciudad Condal, sus tradiciones y cultura, no puedo por menos que lamentar este proceso cuyos responsables tienen nombres y apellidos.

Varias novelas de Ruiz Zafón encuentran su leit-motiv en la rememoración de una Barcelona fue “fue y ya no es”. Una Barcelona que ha ido cambiando aceleradamente hasta convertirse en irreconocible. Ruiz Zafón tiene diez años menos que quien esto escribe, así que, en su modestia, el autor de estas líneas puede argumentar que ya no queda absolutamente nada de aquella Barcelona que conoció de niño. Y no se trata solamente del lógico cambio al paso con los tiempos, sino de una mutación que alcanza al alma misma de la ciudad. Esta mutación tiene distintos responsables. Vale la pena pasar revista al proceso que ha llevado a esta situación y su alcance para los barceloneses.

 

Una historia apresurada de la evolución barcelonesa

En la Edad Media existía un dicho: “Barcelona val diners i si és a la Rambla ancara val més” (literalmente, Barcelona cuesta dinero y en la Rambla aún más) que indica que en aquella remota época ya existía especulación inmobiliaria sobre los territorios del centro de la ciudad. Con el tiempo, no mejoró la situación. Extramuros de la ciudad fueron arrojados los menesterosos y los delincuentes (en lo que hoy es la Iglesia de San Pablo Extramuros, o Sant Pau del Camp). La prostitución se estableció en los aledaños (Barrio Chino), compartiendo en los años 50-80, espacios con al inmigración procedente de otras zonas del Estado. Hoy, esos barrios, el Raval y la Ribera están ocupados por inmigrantes.

Cuando se produjo la Guerra de Sucesión, tras la caída de Barcelona en 1914, el barrio de la Ribera fue completamente desmantelado y sus ruinas arrojadas al mar. Sobre ellas se edificó la Barcelona y dice la leyenda que la diosa del mar un buen día se apoderará de los territorios que le fueron robados. Zona de contrabandistas ayer, centro de emisión de las últimas epidemias de cólera morbo en la segunda mitad del XIX, de copas mas tarde y de turismo masificado en la actualidad, algo de esta maldición parece cierto.

Las “bullangas” de mediados del XIX organizadas por liberales, logias masónicas y asociaciones carbonarias, cambiaron la fisonomía del centro de la ciudad. Se incendiaron los conventos de las Ramblas. Sobre las cenizas del de los Trinitarios se levantó el Liceo (y dice la maldición que el teatro se incendiará tres veces en venganza por los gorgoritos de las sopranos y las vicetiples de otro tiempo que turbaron el descanso eterno de los monjes allí enterrados) y sobre el huerto de plantas medicinales de los jesuitas se levantó la actual Plaza Real. En esa época, Barcelona perdió más del 50% de su patrimonio gótico: la Casa Gralla fue derribada, el convento de Santa Caterina ardió por las teas liberales y el Palau Menor, fuerte de los templarios, cayó bajo las bombas de Espartero.

Por otra parte, al derribarse la muralla de la ciudad hacia mediados del XIX, las parcelas del Ensanche en pocos meses duplicaban el precio. Antes de la gran crisis de la ciudad que estalló justo en el momento en el que se inauguraba la Exposición Universal de 1889, aquellas parcelas se llegaron a revender dos y tres veces en un año. Era la especulación realizada al calor de los capitales repatriados de Maracaibo y Cuba. Aquella burbuja terminó mal y los bancos barceloneses terminaron arruinados antes de que se inauguraran aquellos fastos.

En esos años, la industrialización generó un cinturón de fábricas y barrios insalubres para los nuevos barceloneses llegados de la periferia agrícola, organizados en un fuerte movimiento obrero diferente al que se vio en otros lugares del Estado. Dentro del anarcosindicalismo floreció una cultura alternativa muy parecida a la actual new age con grupos teosóficos, librepensadores, esperantistas, espiritistas, vegetarianos, nudistas, etc.

La burguesía catalana nacida de la industrialización y del retorno de lo“indianos” o “americanus”, generó tanto el nacionalismo catalán (que no fue nada más que la doctrina de la alta burguesía para justificar su hegemonía social) como el modernismo y, como reacción a sus excesos, el novencentismo del que Eugenio D’Ors y su Ben Plantada, fueron los máximos exponentes. El nacionalismo hizo de Gaudí su icono y de la Sagrada Familia el intento de transferir el centro de Barcelona a ese nuevo entorno bendecido por el conde de Güell y la primera generación nacionalista.

El marasmo de la República y de la Guerra Civil demostraron que la sociedad catalana se encontraba extremadamente fragmentada: nacionalistas radicales, regionalistas moderados, anarcosindicalistas, ultraizquierdistas, comunistas, socialistas y, por supuesto, españolistas. La industrialización se detuvo y hubo que esperar al desarrollismo franquista para que las fábricas volvieran a producir gracias al aporte de 2.000.000 de inmigrantes llegados de otras zonas del Estado. Por esas fechas, siempre en torno al Ayuntamiento, volvieron a reproducirse los furores especulativos sobre el suelo. La vivienda empezó a encarecerse para los barceloneses; pero había trabajo y los sueldos permitían pagar alquileres o hipotecas razonables. La transición alteró de nuevo todo esto.

Barcelona en democracia

En los años de la transición y de la democracia ulterior se rompieron todas las barreras. Los socialistas que gobernaron ininterrumpidamente Barcelona desde la transición hasta bien entrado el siglo XXI, tenían ideas propias sobre cómo debía ser la ciudad. Pascual Maragall, que había conocido Nueva York en su período de estudiante, quería transformarla en una “ciudad fashion”, una especie de ciudad de los rascacielos del Viejo Mundo. Su proyecto consistía en impulsar el “desarrollo” de Barcelona a golpe de eventos internacionales.

En apenas 20 años se sucedieron, los mundiales de fútbol de 1983 (celebrados en gran medida en el Nou Camp) a partir de los cuales se inician las riadas turísticas procedentes de Italia; luego en 1992 los Juegos Olímpicos y doce años después el Fórum de las Culturas. Barcelona parecía completada: se habían urbanizado Montjuich, la Zona Olímpica, Diagonal Mar… La mala noticia es que el precio del suelo se disparó mucho más que en cualquier otra zona del Estado.

Y había algo peor, el modelo de ciudad, lejos de parecerse a Nueva york, tendía irreprimiblemente a ser similar a Marsella: esa ciudad árabe situada en el lado equivocado del Mediterráneo. Los barrios del Raval y de la Ribera se convirtieron pronto en zonas islamizadas que se fueron extendiendo hacia Pueblo Seco y Sans, rebasando la línea de las Rondas y salpicando zonas del Ensanche próximas al Mercado de San Antonio. En San Martín de Provençals o en Nou Barris, la acumulación de inmigración determinó un cambio radical en la fisonomía urbana.

La degradación de Las Ramblas

La columna vertebral de la ciudad antigua, las Ramblas, se convirtió en lo más parecido al Mekong de Apocalypse Now: descender por ellas era sumergirse en un mundo progresivamente hostil y peligroso. Sin embargo, todavía quedó hasta finales del milenio el tipismo propio de aquel lugar cosmopolita y variopinto. Bajar por las Ramblas a plena luz suponía pasar primero por la Rambla de Canaletas, luego la Rambla de los Estudios (ambas zonas de paseo, con tenderetes de animales y mascotas), más abajo la Rambla de las Flores (con puestos de floristas a un lado y otro), finalmente, la del Centro y la de los Capuchinos (sobre todo con kioscos de periódicos y verdaderas librerías abiertas al sol),  todas en menos de un kilómetro. En la Rambla del Centro uno podía sentarse y sonreír ante los cientos de tipos estrafalarios que deambulaban por la zona; o simplemente descansar, meditar y leer.

De todo eso ya no queda absolutamente nada: desde principio a fin, las Ramblas se han convertido en un parque temático. Los kioscos de periódicos y libros siguen allí para vender souvenirs turísticos. Una iniciativa de Pilar Rahola, en su tiempo de concejala, prohibió vender mascotas; entre los puestos de las floristas se instalaron más puestos de souvenirs de ínfima calidad. Sangría de pésima calidad a precios abusivos y masificación hicieron lo demás.

Al declinar el día, la zona se vuelve peligrosa. Cientos –en alguna ocasión miles- de carteristas y ladronzuelos procedentes de todo el mundo, atraídos por el “efecto llamada”, recorren las Ramblas buscando incautos o turistas desprevenidos. Saben que nunca les pasa nada. Todo termina en una noche en comisaría y al día siguiente vuelta a empezar. El subsuelo barcelonés, el metropolitano, es otra zona peligrosa, como los barrios de más presencia inmigrante. En el Barrio Gótico no estar atento implica ser objeto de robo seguro. Diga lo que diga la Consellería de Interior y el Ayuntamiento, la delincuencia en el centro de la ciudad está completamente fuera de control.

Los escenarios gaudinianos

En la zona de la Sagrada Familia las cosas están igual o peor. Allí miles y miles de turistas apresurados visitan aquel monumento extraño y desmesurado. A medida que las obra siguen, la Sagrada Familia se perfila cada vez más como aspirante al primer puesto del ranking de monumentos kistchs mundiales. El amasijo de estilos diferentes (neogótico en el ábside, surrealista en las culminaciones de las torres, modernista en la fachada del Nacimiento, gaudiniano en el desarrollo de las torres y simplemente horroroso en la fachada principal aún por construir) la convierten en un fenómeno freaky de la arquitectura, mucho más que en una verdadera catedral.

Hace menos de dos meses, las estadísticas demostraron que el turismo se había estancado en Madrid, pero seguía creciendo en Barcelona. El establecimiento de nuevas líneas de cruceros hará que todo esto aumente en los próximos años. Esos cruceros, verdaderas colmenas flotantes aseguran unos 100.000 turistas anuales más a la ciudad. Ciertamente se trata de turismo poco exigente, de camiseta, chancletas, tinto de verano o sangría aguada, pero irán y vendrán por las Ramblas, por el Parque de Güell (otro monumento kitsch gaudiniano), por la Sagrada Familia y por el Gótico.

Un cambio cualitativo en la ciudad

En apenas 20 años, Barcelona ha mutado: ya no vive de la industria, sino solamente del turismo. El sector de la construcción se ha hundido, así que es frecuente el recurso al mobing inmobiliario para liberar antiguos edificios y construir en ellos nuevos hoteles. El Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat han hecho de la Ciudad Condal el eje central de su política económica basada en el turismo, sólo en el turismo y nada más que en el turismo. 

Barcelona, digámoslo ya, no es hoy una ciudad pensada para facilitar la vida a sus habitantes, sino que está diseñada como parque temático para turistas. A un barcelonés de apenas 40 años, que recuerde la Barcelona de su infancia, le dará simplemente asco y repugnancia pasearse por las actuales Ramblas. A otros barceloneses situados en el Barrio de la Salud o en la Sagrada Familia la vida se les hace irrespirable entre ruidos y riadas de turistas embobados, cámara en ristre, chancletas despendoladas y olor a protector solar. Por lo demás, en el Raval y en la Ribera, en Pueblo Seco, apenas quedan barceloneses.

La ciudad ha mutado. Se ha hecho irrespirable. Y ya no puede crecer. Rodeada por el cinturón industrial, Barcelona ha rebasado con mucho su límite de la sostenibilidad. El Ayuntamiento y la Generalitat han, simplemente, robado la ciudad a sus habitantes (esos que con fidelidad perruna les van regalando votos elección tras elección) y se la han entregado a la industria turística.

Dudas sobre la sostenibilidad de la Ciudad Condal

La pregunta inquietante que causa pánico en Barcelona es: ¿qué ocurrirá el día en que el turismo falle? Un simple atentado terrorista ligado de alguna manera al proceso secesionista que afectara a algún turista, acarrearía un descenso drástico en las visitas y el hundimiento del sector… que hoy agrupa a un porcentaje creciente de actividad económica. O simplemente, la violencia misma que acompaña al proceso independentista puede operar el mismo fenómeno. O, el cambio de gustos: porque el turismo depende de modas y estas son siempre pasajeras…

Lo realmente triste es constatar que ya no queda nada de la Barcelona que conocimos en nuestra infancia: quizás era una ciudad gris, en blanco y negro, pero era más humana, más habitable, más cómoda para sus ciudadanos, más hecha a su medida. Hoy, Barcelona sufre un proceso de despoblación: convertida en un emporio de oficinas de la Generalitat, cada vez más barceloneses deciden empadronarse en municipios más cómodos y accesibles de la periferia, o simplemente en irse a otras zonas del Estado.

Nosotros mismos, que abandonamos la Ciudad Condal hace algo más de diez años, pero hemos seguido frecuentándola desde entonces, hemos podido percibir ese cambio con mucha más facilidad que quienes están inmersos en el día a día urbano. En nuestro blog hemos aludido con cierta frecuencia a estos temas. Hoy, gracias al documental Bye, bye Barcelona, sabemos que esa percepción no es solo nuestra: muchos barceloneses son conscientes del deterioro de la vida urbana. El problema es que, hoy por hoy, ese proceso es irreversible. No hay marcha atrás y la nostalgia no es una solución. En ningún lugar de Europa se ha producido un proceso similar. Ayuntamiento y Generalitat son los únicos responsables del desaguisado.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

Crónica política (I)

Crónica política (I)

Lo que nos van a enseñar las elecciones europeas.- Desde ahora hasta la semana antes de las elecciones europeas, las encuestas que se irán publicando intentarán anticiparse a los resultados electorales del 25 de mayo. Pocas veces como esta ha resultado tan fácil realizar una aproximándose a los resultados, avalados únicamente por el sentido común y sin necesidad de recurrir a un sondeo. Algunos resultados son particularmente previsibles y permiten avanzar una interpretación de los mismos.

Victoria de la desafección

La suma de abstención, voto nulo y voto en blanco, seguramente se aproximará al 50% del electorado. Tradicionalmente, las elecciones europeas han registrado los más altos porcentajes de abstención, pero en esta ocasión en donde el electorado está cansado de una crisis que se prolonga ya por espacio de siete años, espacio de tiempo en el que los dos grandes partidos han gestionado ex aequo el poder, es normal que ambos salgan malparados.

Poco importa quién quedará el primer lugar, la candidata socialista o Arias Cañete. Ambos son políticos de bajo perfil. Para Elena Valenciano es una “patada para arriba”, lo máximo a lo que puede aspirar la antigua telefonista de la sede de Ferraz. Rajoy, en cambio, ha decidido enviar a Arias Cañete quien, con su experiencia ministerial, aspira a un cargo de comisario en Bruselas. Eso, o hacer pasillos como opositor. En cualquiera de los dos casos, lo que parece seguro es que ambos partidos reduzcan diferencias y pierdan diputados en relación a los que tienen actualmente.

Más interesante es la situación de los partidos minoritarios: Izquierda Unida arañará algún diputado procedente del desgaste del PSOE, y el partido de Albert Rivera ganará otros procedentes del PP. UPyD parece estancada en su crecimiento. Y los dos partidos nacionalistas, CiU y PNV disminuirán acosados por los independentistas que mejorarán resultados. Es posible que ERC doble su representación y que los abertzales retornen a Bruselas. Es pronto para saber si Vox estará presente o no: aparece en unas encuestas y en otras no.

Pocas sorpresas pueden haber. El dato al que hay que atender es a esa suma de votos en blanco, nulos y de abstencionismo que puede llegar a ser histórica, así como los niveles de caída de los dos grandes partidos. Es, a partir de estos detalles sobre los que podemos establecer dos conclusiones, una en clave europea y la otra deducible de la situación nacional.

“Europa no emociona”

En los años de la transición, uno de los impulsos transversales que recorrieron el país fue la integración en Europa. De hecho, era una necesidad de supervivencia para el escuálido capitalismo español, gestado durante el “desarrollismo” franquista, el abrirse a los mercados europeos. Fue éste y no otro el verdadero impulso de la transición. Para tal integración era preciso un sistema democrático formal que permitiera tanto la aceptación por parte de las entonces llamada “Comunidades Europeas”, como de la OTAN.

Una vez dentro, la reconversión industrial supuso la primera gran decepción, paliada con la llegada de fondos estructurales. Poco después de que se agotara este filón llegó la crisis de 2008. Antes, la llegada del euro encareció la cesta de la compra y empezó a percibirse el problema de manejar una moneda cuyo control escapaba al Estado español. Hoy, en 2014, pocos creen ya en las bondades de la Unión Europea e incluso en su viabilidad.

Sin olvidar la potente burocracia asentada en Bruselas que hace de la existencia del Parlamento Europeo lo más parecido a un simulacro democrático. La diferencia de regímenes fiscales, la competencia entre los distintos aparatos productivos nacionales y la merma de derechos sociales, tienen como trasfondo la huida neoliberal hacia adelante. No es raro que las masas europeas se desinteresen de algo que, no solamente perciben como lejano, sino también como inútil o, incluso, perjudicial. El fantasma del “euroescepticismo” recorre toda Europa y se concreta en voto a partidos disidentes y altos niveles de abstención.

“El bipartidismo ha muerto en España”.

La caída de votos de PP y PSOE es una novedad: hasta ahora ambos partidos se disputaban el espacio de centro y era allí en donde se decidían las elecciones. Los votos que obtenían parecían unidos por vasos comunicantes. Nunca antes habían descendido los dos en relación a una elección del mismo nivel. El PSOE todavía no se ha repuesto del zapaterismo ni de la crisis de la socialdemocracia europea. En cuanto al PP, cuesta encontrar un solo argumento en su defensa.

En toda Europa centro-derecha y centro-izquierda han entrado en crisis en los últimos años. Durante un tiempo, el electorado ha vagado –en virtud de los vasos comunicantes– decepcionado por conservadores y luego decepcionado por socialdemócratas. Este ciclo se ha repetido varias veces en Europa Occidental desde 1945, pero en la actualidad parece haber llegado a su fin. El electorado busca otras opciones y allí donde están claras, les entrega su voto (caso de Francia con el Front National, del Reino Unido con el UKIP, de Austria con el FPÖ y así sucesivamente).

En España el desgaste del centro-derecha y del centro-izquierda se ha consumado en apenas 30 años, cuarenta menos que en el resto de Europa occidental. Ahora ya es irreversible y si se ha logrado mantener durante tres décadas ha sido gracias a la arquitectura electoral que acompañaba al a Constitución de 1978.

El “alma” del sistema democrático español es el bipartidismo imperfecto que garantiza la facilidad para obtener mayorías absolutas, merced a la Ley d’Hont, y al mismo tiempo, la posibilidad de contar con el apoyo de partidos regionales en caso de no alcanzarlas. El sistema, en teoría razonable, se ha mostrado perverso en su aplicación práctica: ha generado, directamente, los más alarmantes niveles de corrupción existentes en estos momentos en Europa que, por sí mismos, bastan para caracterizar este período de nuestra historia como el “período de la corrupción” (como la Restauración fue el período del caciquismo).

A pesar de todo, la Constitución y el bipartidismo hubieran resistido la erosión de no ser por la crisis iniciada en 2007. Pero la crisis, que primero fue económica, al prolongarse, pasó a ser social. Su persistencia hizo que mutara, finalmente, y se transformara en crisis política.

Si el sistema nacido en 1978 se mantiene sobre la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV) parece evidente que las tendencias actuales indican que todo se está tambaleando: PP y PSOE descienden en las encuestas, aumenta la desafección, CiU está inmersa en su aventura separatista y el PNV observa el proceso para lanzarse a su vez. Para colmo, el abstencionismo, deslegitimiza los resultados electorales cuando se aproxima al 50%. Y hay todavía otro elemento.

Aparecen nuevas opciones políticas. Los partidos nacionalistas han visto el ascenso de partidos independentistas que corren el riesgo, tanto en Cataluña como en la Comunidad Vasca, de superarlos, lo que, unido a las nuevas siglas generadas por la crisis del PP y del PSOE, hacen que el panorama político se vaya atomizando poco a poco y hayamos entrado en una fase de “italianización”. Las próximas elecciones municipales acentuarán esta tendencia y en las generales muchas más siglas estarán presentes en el Grupo Mixto. Sin contar con que en el parlamento autonómico catalán están presentes en estos momentos siete siglas.

Solamente una recuperación económica brusca y la también improbable absorción de dos millones de parados por parte de un mercado laboral maltrecho, podría revitalizar la intención de voto de los dos grandes partidos… Una perspectiva lejana que tiene su contrapartida en el término de la época de las mayorías absolutas y en la entrada en los gobiernos de coalición, siempre inestables y en peligro de ruptura a causa de cualquier encuesta de intención de voto desfavorable.

El final del bipartidismo en España, es algo más que el final de una época, es el hundimiento del sistema de equilibrios y de fuerzas nacido de la Constitución de 1978. Difícilmente un sistema diseñado como bipartidista, podría sobrevivir al hundimiento de los dos grandes partidos y a la perspectiva de atomización del parlamento.

Por todo ello, resulta fácil prever que inestabilidad y ausencia de alternativa, tales son los dos elementos que se evidenciarán en la política española  partir del 25 de mayo.

 

 

La religión del dinero

La religión del dinero

 

(Este artículo corresponde a la parte final del análisis del mundo globalizado al que le hemos dedicado varias entregas. La idea, recordamos brevemente, era un modelo de interpretación de la globalización en forma de cubo con caras, aristas y vértices, elementos que se interrelaciones y generan las distintas tendencias de la globalización. Sobre este cubo, sobre la cara que representa a los "beneficiarios de la globalización" se sitúa un tronco de pirámide en el que están organizados jerárquicamente. En la cúspide de ese tronco de pirámide se sitúan unos principios que rigen todo el conjunto. En este artículo los enunciamos)


Antes hemos dicho que la pirámide situada sobre la cara del cubo que representa a los beneficiarios de la globalización no es tal porque en la cúspide no se sitúan personas, sino una doctrina muy concreta. Esa doctrina es la inspira a todo el conjunto. En el Egipto antiguo, la cúspide de la pirámide estaba radicalmente diferenciada del resto de la misma hasta convertir lo que estaba bajo ella en un tronco de pirámide, tal como el que hemos enunciado. A la pirámide real situada en la cúspide se le llamaba “piramidión” o “piramidón” y era una pieza homogénea, tallada en un solo bloque que frecuentemente se recubría de oro o de algún otro metal noble o aleación de ellos. Se decía que éste era el lugar donde se posaba Amón-Ra en tanto que punto de encuentro entre el cielo y la tierra.


En nuestro modelo representativo de la globalización el “piramidión” se sitúa en la parte superior. Es completamente inmaterial: se sitúa no tanto en el mundo de las ideas platónico como en el mundo de la psicología. Representa un conjunto de ideas que se hipostatizan en las distintas élites beneficiarias de la globalización que hemos analizado ya en el capítulo anterior. Les imbuyen valores, objetivos y mecanismos mentales hasta el punto de que podemos afirmar que los beneficiarios de la globalización han sido esculpidos por tales valores, son estos los que les han dado forma y quienes están presentes en cada uno de sus actos, como si se tratara de valores religiosos. De hecho, constituyen una nueva religión, con sus dogmas, sus mandamientos, sus sumos sacerdotes, si jerarquía, sus letanías (o mantras) y todo aquello que se encuentra en cualquier construcción religiosa. Esta es otra. Sólo que invertida (luego, en la conclusión, volveremos a este orden de ideas).

Por eso, antes hemos dicho, que aquella casta a la que convencionalmente hemos dado en llamar “beneficiarios de la globalización” no es dueña de sus propios destinos. Como el buen islamista o el católico ferviente confían en el “Inch Alah” (Dios lo quiere) o en el“Deus vult” católico. Hacer otra cosa sería traicionar a su credo y ese credo es el que inspira a toda esta jerarquía de favorecidos por la globalización que creen, están obligados a creer y no pueden creer en otra cosa más que en este credo compuesto por veinte versículos en los que se encierra el misterio de iniquidad de la globalización.

Tales principios son:

1) El primero y más importante: NO EXISTEN LÍMITES PARA LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL. Así pues, la ley interna de todo beneficiario de la globalización y lo que le arrastra incluso a niveles incomprensibles para naturalezas humanas “normales” es la búsqueda de una acumulación de capital tal en sus propias manos que deje en minoría a cualquier otra que se haya dado en tiempos pasados o incluso en el presente.  No se trata de detenerse en determinado punto y gozar de la vida disfrutando de los beneficios obtenidos, sino de perseguir hasta un límite situado más allá de cualquier entendimiento profano con la búsqueda de beneficios y acumulaciones crecientes de capital. Hay algo en esto que remite a la serie “Los Inmortales”: en efecto, sólo uno puede sobrevivir y, a medida que se pasa, de estrato en estrato, hasta los situados en la cima del tronco de pirámide constituida por los beneficiarios de la globalización, se advierte que cuanto más alto se está menos son los individuos allí presentes y más grande es la acumulación de capital que se encuentra en sus manos hasta el punto de resultar imposible –incluso para ellos mismos- discernir la masa y los límites de su fortuna. Aun así, todo les lleva a levantarse cada día para poner en práctica la nueva operación especulativa, el nuevo negocio que les hará apropiarse de más y más títulos de propiedad y la última rapacidad que llevarán a cabo, incluso enfrentándose a cualquier otro de sus hermanos.

2) TODO CAPITAL QUIETO DEJA DE PRODUCIR. El dinero quieto, como el espermatozoide inmóvil no puede producir “vida”, esto es, más capital. Así pues, se trata de lograr que nunca esté quiero, que siempre esté presente en algún teatro especulativo mundial. Si el capital propiedad del agente X queda quieto unos días, corre el riesgo de que su competidor, el agente Z, salga beneficiado. Si esto es así, X se considerará un derrotado y Z un triunfador que para la partida siguiente estará un poco mejor situado que en la anterior, mientras que X se verá peor situado. De ahí que, quien se introduce en ese mecanismo, tenga una particular estructura mental que le lleva siempre a no desfallecer, a encontrar un impulso vital en este código de comportamiento que está inciso en el “piramidión”. ¿Quien querría que su cabaña lanar dejara de producir nuevos corderos? Quien lo hiciera estaría loco de remate: correría el riesgo de no poder comer mañana si sucediera un imprevisto y, además, podría favorecer el que los lobos, a la vista de su debilidad, acecharan el rebaño. Por eso, el capital parado es capital muerto aquejado por procesos de inflación y que renuncia a la cosecha de beneficios.

3) LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL Y SU RENDIMIENTO SON LAS MÁS ALTAS TAREAS QUE PUEDEN DESARROLLARSE EN EL SENO DE LA MODERNIDAD. Quienes se sitúan en la plataforma superior del tronco de pirámide, es decir, los más directamente influidos por la doctrina que estamos enunciando, se consideran “benefactores de la humanidad”, suelen ceder importante fondos para ONGs que actúan en zonas deprimidas o incluso para proyectos educativos, para grupos religiosos determinados, etc. Con esto creen que “los elegidos” dan testimonio de su agradecimiento a la “providencia”. En realidad, la arquitectura mito-religiosa del sistema mundial globalizado enlaza con las particulares convicciones calvinistas de la sociedad americana: “dios” marca a los elegidos con la impronta del triunfo económico. El triunfador es, al mismo tiempo, el “justo”, el cual demuestra su probidad entregando una parte deducible de impuestos a obras pías… Eso le permite seguir especulando con la miseria, arruinando a pueblos enteros, deteriorando irreversiblemente el medio ambiente, organizando guerras de las que él, inevitablemente, saldrá beneficiado. Si entrega dádivas es para mejorar imagen y beneficiarse de la fiscalidad, en realidad él está convencido de que, por encima de las artes, por encima de las ciencia, por encima de la humanidad misma, la gran actividad, la única que merece tenerse en cuenta, es la acumulación de capital: todo lo demás es fruslería propia de seres inferiores. De la misma forma que el brujo de la tribu primitiva realizaba pases mágicos para ejercer influencia sutil y desafiar las leyes de la materia, el nuevo mago, el brujo de las finanzas y de la especulación tiende cada día a realizar operaciones y pases mágicos, pronunciar invocaciones y manejar objetos cultuales (los índices de la bolsa, pulsar la tecla “enter” que mueve inmediatamente a miles de millones de cualquier divisa hacia el escenario más prometedor esa mañana) para alcanzar el fin de acumular el capital, única práctica para que el dios de la economía lance una mirada beatífica sobre su siervo más fiel.

4) LA ESPECULACIÓN ES LA MEJOR FORMA DE RENDIMIENTO DEL CAPITAL. Hubo un tiempo en el que la economía generaba bienes tangibles: las bolsas contribuían a aportar una financiación a las empresas que así se veían liberadas de la esclavitud de tener que acudir al interés bancario para ampliar su capital y sus actividades. Ese tiempo queda lejos. Fue en los años 80 cuando se demostró que las grandes acumulaciones de capital se lograban de manera inmediata eludiendo el complicado mecanismo de la producción y de la venta de bienes, bastaba simplemente con comprar empresas a bajo precio y venderlas a precios caros tras un saneamiento más o menos formal. Se especulaba con empresas y fue esa actividad la que ocupó a las empresas multinacionales desde finales de los años 60 hasta finales de los años 70. Primero, esas multinacionales, invirtieron en el área que conocían, la de la propia actividad, luego se fueron diversificando y hoy es normal que una empresa dedicada a la informática invierta en el sector agrícola o, lo que ha sido mucho más normal, que los beneficios que general para los accionistas no se reinviertan ya en el terreno industrial, sino en el especulativo. Tras la caída del Muro de Berlín, la ideología del fin de la historia hizo creer que el mundo entraba en una era de paz perpetua. La globalización actual no es más que un derivado de la abolición de las barreras para que el capital fuera invertido en cualquier lugar que le apeteciera. Las fronteras cayeron mucho antes para el capital que para los seres humanos. Hoy, desde cualquier punto del planeta, se puede invertir en la bolsa de no importa qué país, comprando acciones de empresas que ni se sabe a qué se dedican, ni siquiera si tienen existencia y patrimonio reales, solamente por el hecho de que esa mañana y durante unas horas las acciones de la misma subirán.  Esa empresa importa sólo en la medida en que sus acciones suban. Nada más. Cuando se considera que han llegado hasta su límite, la habilidad del especulador consiste en venderlas, importándole muy poco lo que ocurrirá después.

5) LA HUMANIDAD ENTERA ES UN MERCADO. Cuando un miembro de la élite mundial de la globalización mira al género humano, tiene una percepción distinta del mismo: no lo ve como un agregado de seres que pugnan por una vida más agradable y por realizarla en felicidad, sino como un mercado. En esa percepción del mercado la persona, reducida a su mera dimensión de objeto de económico, vale solamente en tanto que se puede extraer de ella un beneficio. Porque el objetivo del mercado mundial, contrariamente al que se tiene tendencia a pensar, no es proporcionar una mejor oferta a las poblaciones, sino generar un escenario global cuyas dimensiones solamente haga posible que compitan en él aquellas acumulaciones de capital que han superado determinados grados de concentración. La humanidad como tal no ocupa el papel de sujeto económico en el marco de la economía globalizada, sino como un factor más, seguramente el que menos se tiene en cuenta a la hora de planificar beneficios y que puede mermar sin que tal desaparición de sujetos, mediante guerras, epidemias o procesos de pauperización, suponga un factor que pueda ser tomado como negativo por los “señores del dinero”.

6) EL INDIVIDUO SÓLO VALE EN TANTO QUE ACUMULA CAPITAL. Frente al discurso oficial del “libertad, igualdad y fraternidad” que avala la corrección política desde 1789, el discurso real de los beneficiarios de la globalización es mucho más prosaico: tanto tienes, tanto vales y la pertenencia a alguna de las “dinastías” capitalistas que desde esa misma época han ido creando con sus genes un tipo humano especializado solamente en acumular capital, tiene solamente un valor añadido, como la demostración histórico que indica a esa dinastía como depositaria de una habilidad que se remonta a generaciones y que tiene el valor que se otorga a los precursores. Fuera de su dimensión estrictamente económica (es decir desprovista de cualquier valor que se pueda atribuir al género humano) la persona no interesa absolutamente nada a los beneficiarios de la globalización. Existe un error en la concepción liberal que emergió durante el siglo XVIII: persona no es aquel individuo que nace en el interior de la especie humana sino aquel otro que mediante la educación, la cultura y un esfuerzo de la voluntad se destaca de la masa y adquiere un rostro propio. Dicho de otra manera: el mero hecho de nacer, que hasta ese momento suponía solo una posibilidad de desarrollar una serie de potencialidades y el hacerlo o no implicaba el conquistar el estadio de “persona” (o bien el permanecer en la animalidad). En la actualidad, los “señores del dinero” y los grandes beneficiarios de la globalización han desarrollado una concepción similar: “sólo puede considerarse ser humano y ser tratado como tal, aquel que ha logrado desarrollar de entre todas sus potencialidades la de amasar ingentes volúmenes de capital. Sólo él es quien tiene derechos, solo él quien detenta la máxima dignidad. Aquellos otros que no han sabido, podido o querido, desarrollar las cualidades de depredador económico, permanecen todavía en un estado infrahumano del que jamás saldrán y que nunca podrá ser tenido en cuenta”.

7) ENTRE LOS SEÑORES DEL DINERO NO HAY SOLIDARIDAD SINO COMPETENCIA. El postulado anterior implica que los altos beneficiarios de la globalización están unidos como los miembros de una orden, por su adhesión a un principio de agregación que se desprende de su comportamiento y de sus reacciones ante los hechos económicos. Pero esto no debe de inducir a error. Como la serie “los Inmortales”, sólo uno puede sobrevivir, punto al que lleva fatalmente la tendencia a la acumulación de capital cada vez en menos manos. Así pues, los “señores del dinero” están enfrentados entre sí como lo está enfrentado cualquier otro que participa en un proceso de concurrencia. Es posible que ante determinadas coyunturas se dividan en distintos bandos e intenten por todos los medios actuar conjuntamente  agrupados en “pooles”, pero, desaparecida la situación ante la que se generaba el interés en una colaboración común, luego se vuelve a una competencia despiadada. Una vez devorada la manada de ovejas, los lobos hambrientos y guiados por un instinto depredador superior a cualquier otra tendencia de su alma, terminan devorándose unos a otros. Cada uno es consciente que, antes o después, terminará precisando devorar las entrañas de los otros, está preparado mentalmente para ello y sabe que, si da muestras de debilidad, él será devorado a su vez. Como el “rey de los bosques de Nemi” de la leyenda arcaica itálica, para sobrevivir hace falta estar permanentemente despierto, para defender su corona debe mantenerse siempre en vela. Si duerme es liquidado por otro competidor. No existe “solidaridad de clase” entre los altos beneficiarios de la globalización, sino competencia salvaje.

8) LOS DERECHOS HUMANOS ESTÁN POR DEBAJO DE LOS DERECHOS DEL CAPITAL. Es fácil deducir que la retórica sobre los “derechos humanos”, esa cantinela que viene repitiéndose con distintas músicas desde 1945 (tras la finalización de la guerra que abrió el camino hacia la globalización después de aquella larga fase intermedia que fue la Guerra Fría) no es mas que la parte del doble discurso defendido por los beneficiarios de la globalización ofrecido para el consumo de las masas pero de realización inviable, porque el primer derecho humano no enunciado en ninguna “declaración universal” es el derecho a la seguridad, personal, comunitaria, familiar, social, nacional, sin el cual ningún otro derecho puede ejercerse. Los derechos humanos y toda la retórica articulada en torno suyo son una cortina de humo que oculta el aspecto verdaderamente siniestro de la cuestión: que se trata de derechos individuales, pero que sobre ellos, se encuentran, sobre las nubes, invisibles desde el punto de vista del individuo de a pie, los derechos del capital (a generar interés y crecer, a adquirir e incorporar, sin trabas ni límites) que modelan como el cincel del escultor una realidad social.

9) LA POLITICA ESTÁ POR DEBAJO DE LA ECONOMIA. Durante siglos, la economía de los particulares estaba sometida al interés general de la Nación. La política estaba por encima de la economía en tanto que la política era el diseño para la supervivencia y expansión de un conjunto humano organizado en reino. Pero tras 1789, abolido el reino, en una primera etapa la política y la economía se situaron en el mismo plano. Era frecuente que altos dirigentes de la industria participaran con nombres y apellidos en las tareas políticas. Desde entonces, los grandes negocios se han realizado a la sombra del Estado. Pero esto no bastaba, porque quien dice “Estado”, dice mundo no globalizado. Así pues, era preciso que para que se produjera un dominio absoluto de los “señores del dinero”, el Estado quedara minusvalorado, empequeñecido e indefenso ante las grandes acumulaciones de capital. Los caminos para alcanzar ese fin se fueron concretando teóricamente en los años 50 y 60, pero no se pusieron en práctica hasta los años 70 de manera tímida (en Chile) y a partir de los años 80 con la llegada al poder del tándem Reagan-Tatcher: a partir de entonces ya no hubo muro de contención al proceso de globalización que se inició con la sentencia de la escuela de economía austríaca: el Estado debe de ser reducido al máximo para que la economía pueda generar todas sus benéficas potencialidades. Pero el Estado es la encarnación jurídica de la Nación y su forma actual es la democracia (mando del pueblo…); sin embargo, en el mundo del dinero la forma de organización es oligárquica, no existen rastros de democracia y es la acumulación de capital la que da el volumen de la fuerza y el poder, no el número de votos que obtenga tal o cual función. De ahí que situar la política por debajo de la economía suponga establecer, de hecho, un sistema oligárquico superpuesto a un sistema tan democrático como inútil. Sin olvidar, por supuesto, que en el plano “democrático” actúan y son hegemónicas fuerzas que son, en altísima medida, la voz de su amo, esto es, la voz de los detentadores del capital que actúan en este plano a través de partidos políticos y medios de comunicación de masas.

10) EL AUGE ECONÓMICO REQUIERE DESREGULACIÓN. El estribillo que abrió la vía definitiva a la globalización se urdió en 1989 al caer el Muro de Berlín y elaborarse la teoría del “fin de la historia” sobre un trasfondo de anticomunismo ferviente. Si el Estado Soviético había sido derrotado por “las democracias” se debía a su carácter omnipotente e invasivo de cualquier actividad social, especialmente de la economía. La Tatcher ironizaba con Gorbachov que su trabajo era mucho más fácil porque no se tenía que preocupar de la economía, mientras que en la URSS todas las actividades estaban acogidas a la tutela del Estado. Así, el jefe del Estado soviético debía preocuparse de “política” y de “economía”, mientras le jefe de una democracia tan solo debía de preocuparse de “política”. Cuando la Tatcher decía esto, en realidad, el proceso de “desregulación” de la economía era solo incipiente y abarcaba dos frentes: en el frente interno, el Estado inglés estaba poniendo en venta el sector público que estaba en su poder y en el frente exterior, el estaba proponiendo normas para que los Estados intervinieran cada vez menos en los intercambios económicos entre naciones, y especialmente que no molestaran la libre circulación de capitales. Los modelos puestos en marcha en el Reino Unido y en los EEUU, avalados por el Fondo Monetario Internacional y por el Banco Mundial, rápidamente fueron imitados en todo el mundo generando oleadas alternativas de progreso y de pauperización y restando cualquier posibilidad de una economía mundial estable. Hoy este principio es aceptado universalmente por los economistas liberales con una salvedad: la independencia del sector económico se ansía en todas las situaciones salvo en una, cuando la economía entra en crisis. Los liberales y neoliberales que hasta el inicio de la crisis de 2007 clamaban para que el Estado se abstuviera de participación en la vida económica de los pueblos, a partir de entonces elevaron sus preces y sus exigencias histéricas para que los Estados salvaran a los grandes bancos en crisis y aportaran dinero público para el enderezamiento del panorama económico, una actitud que, en la práctica supone socializar las pérdidas y privatizar los beneficios.

11) LAS PRIVATIZACIONES SON GARANTÍA DE MAYORES BENEFICIOS PARA EL CAPITAL. Es un dogma establecido que en la modernidad no puede existir un “sector público” (aun cuando pueden existir legiones de asesores y de oficinas ministeriales y escalones administrativos completamente improductivos cuya gestión se concede a las clases políticas como compensación a su situación de subordinación ante el poder económico. Ese dogma parte de una constatación: los sectores en los que el Estado estaba presente eran sectores de gran vitalidad económica, e incluso de un peso creciente como es la sanidad. Estos sectores tienen siempre un gran peso económico, requieren de complicadas infraestructuras que ya han sido elaboradas por el Estado y se trata solamente de mantenerlas y convertirlas en un negocio de primera magnitud. Los ferrocarriles y las comunicaciones, las líneas aéreas y las autopistas en un primer momento, las infraestructuras de telecomunicaciones, para desembocar, finalmente, en la privatización de la sanidad, el verdadero gran negocio del siglo XXI. El argumento que se esgrime es que estos sectores están así “mejor gestionados”. La experiencia demuestra que no, que es todo lo contrario: el servicio ofrecido es de mucha menor calidad. La razón real es la dada en el enunciado de este punto: privatizar es tener la seguridad de que un servicio hasta ese momento en manos del Estado tiene una clientela de masas y, por tanto, representa un volumen seguro de negocio que multiplica los rendimientos del capital.

12) EL MERCADO SE CORRIJE A SÍ MISMO. Otro de los dogmas enunciados por los liberales de todos los tiempos y corregidos por los neoliberales actuales es este de que el mercado es el único instrumento capaz de corregirse a sí mismo. Se da el ejemplo del sector español de la construcción en el que el mercado tras un crecimiento hipertrófico, finalmente reventó y en la actualidad está en vías de recuperar precios relativamente normales para los productos en venta. En realidad, este enunciado debería de plantearse de otra manera: “el mercado es el único mecanismo que se corrige a sí mismo entre la generación de dos aberraciones extremas”. En efecto, está claro que los sectores sometidos a “burbujas” inflacionistas, antes o después terminan estallando, pero el problema es que tales estallidos tienen unas dimensiones cada vez más amplias y que sus efectos duran más tiempo. El problema es que una economía global es extremadamente sensible a cualquier pequeño problema regional y que los fuegos despertados en un momento pueden, ciertamente, apagarse ocho o diez o quince años después, pero los destrozos que generan durante ese tiempo, la deuda que se genera, tardan generaciones en extinguirse. Así pues, la capacidad de autocorrección del mercado es relativa e insignificante en relación a su capacidad innata para generar burbujas periódicos y en una fase de economía global, a diferencia de en fases anteriores de capitalismo industrial circunscrito a una nación, cualquier pequeño desajuste en un mercado se amplifica hasta alcanzar una dimensión incontrolable y mundial.

13) EL DOBLE LENGUAJE ES LA FORMA DE COMUNICACIÓN DE LA CÚSPIDE CON LA MASA. Habitualmente a una persona “normal” le resulta muy difícil que su cabeza piense una cosa y que su boca pronuncie palabras completamente opuestas: el pensamiento guía a la palabra, salvo en los casos de mentes con perturbaciones psicológicas profundas, como los psicópatas. Sin embargo, la característica con la que nos obsequia tanto las élites económicas como las clases políticas que comen de la mano de las primeras, es precisamente el doble lenguaje, un proceso mental en el que lo que se dice no tiene nada que ver con lo que se cree. El doble lenguaje se ha convertido no solamente en una exigencia política (adular al ciudadano al que se desprecia y del que solo interesa su voto), sino económica (cualquier golpe asestado contra las poblaciones se justifica paternalmente alegando que es “bueno para ellas y bueno para la democracia”). La distorsión del lenguaje y la utilización de eufemismos, o de la mentira pura y simple, se han convertido en el estribillo inseparable de cualquier cantinela política. Cuando los oligarcas proponen “democracia” lo que están proponiendo realmente es el sistema en el cual pueden depredar más y mejor, controlar más a la opinión pública, defraudar las promesas hechas a los electores, aumentar la presión fiscal sobre ellos, y explotarlos más y mejor. Cuando los “señores del dinero” (directamente o a través de los medios de comunicación amamantados en sus ubres) gritan a coro a favor de “restablecer las libertades” en tal o cual zona del planeta, que no quepa la menor duda que eso significa solamente que en esa zona del planeta se va a derribar a gobiernos –cuestionables o no, pero en cualquier caso, no más cuestionables ni corruptos que cualquier otro- que suponían un muro de contención contra el impulso globalizador y que, a partir de ahí, las hienas del dinero van a clavar sus garras. Lo hemos visto en Yugoslavia, descuartizada sin piedad para que Alemania pudiera ampliar sus mercados, y más tarde bombardeada a instigación de la administración norteamericana para favorecer el afianzamiento del “corredor turco” de los Balcanes. Para entender lo que se quiere decir desde las altas esferas del poder mundial globalizado es preciso tener un traductor simultáneo que reduzca las frases a su verdad esencial: no hay palabra que pronuncie un “señor del dinero” (o sus validos políticos) que no tienda a reforzar su poder, nublar la percepción de sus verdaderas intenciones o aumentar la concentración de capital en sus manos. Oírles, sin traducirles, es engañarse.

14) LA VIDA DEL PLANETA, LA SALUD DEL PLANETA, SE SUBORDINAN A LAS EXIGENCIAS DEL CAPITAL. Si los derechos del capital se sitúan por encima de los derechos de las personas, resultará evidente que se sitúen también por debajo todo lo relativo a la salud y al medio ambiente. No existen grandes proyectos en los horizontes de la globalización, sino tan solo una batalla acometida día a día en busca de mayores beneficios y de la forma más inmediata. Lo que cuenta para el capital es el beneficio aquí y ahora. En plazos tan cortos de tiempo es imposible medir las consecuencias que implican determinadas actividades. En el momento de escribir estas líneas resulta evidente que los países en vías de desarrollo que aspiran a estar presentes en el pelotón de cabeza del desarrollo son los que más contaminación generan. Para evitar detener ese proceso acelerado, desde las esferas más altas de la globalización y de sus estados mayores, se elaboró la consigna del “desarrollo sostenible”, última trinchera en la que se refugiaban los defensores a ultranza del “progreso indefinido”. En el estado actual de la ciencia y de las tecnologías, lo cierto es que no hay lugar para un “desarrollo sostenible” ad infinitum, a la vista de que las posibilidades del planeta son limitadas. La consigna ha logrado mantener ocupados y tranquilos a los bienpensantes, esperanzados por lo que parecía una “toma de conciencia de los gobiernos ante los problemas del medio ambiente”. En realidad, poco importa lo que digan los gobiernos, sus leyes y los acuerdos internacionales que firman encierran ellos mismos trampas y cláusulas leoninas que resuelven pocos problemas y que contribuyen solamente a aplazar unos años más la percepción real de la situación. Y no habrá rectificación, simplemente, porque los gobierno terminarían enfrentándose a los “señores del dinero” y estos han establecido que, finalmente, precisan que las amplias extensiones de tierras de cultivo que han adquirido rindan más allá de lo razonable en pocos años sometidas a superexplotación hasta quedar yermas para siempre; que los negocios energéticos que han adquirido deben de continuar contaminando y agotando los recursos energéticos a velocidad creciente mientras vayan rindiendo beneficios; que no importa que algunas grandes ciudades del planeta se hayan convertido en completamente inhabitables y algunas zonas se convierten en vertederos tóxicos, importa poco si en esas zonas los beneficios del capital siguen siendo aceptables. La depredación del planeta proseguirá, si es preciso, hasta que el último “señor del dinero” estrangule con el tubo de su botella de oxígeno a su último competidor, poco antes de apagarse las luces de la humanidad.   

15) LA VERDAD NO EXISTE Y LA LIBERTAD ES RELATIVA, LA PRIMERA SE DICTA, LA SEGUNDA SE DA. Fuera de lo tangible del dinero (aunque en realidad, la mayor parte del dinero es hoy virtual generado por la absurda doctrina de la “reserva fraccional” y no pase de ser mera notición contable electrónica), todo lo demás es relativo, banal, sin apenas interés para los “señores del dinero” que han comprobado que la relatividad es aplicable a todas las actividades humanas en un momento en el que los valores absolutos han quebrado o simplemente se han olvidado o, lo que es peor, existiendo todavía, nadie sabe exactamente como vivirlos. Los dueños de la globalización saben que los individuos son celosos de su libertad, que están incluso en determinadas circunstancias, dispuestos a defenderla… aun cuando no saben exactamente qué es ser libres y en qué consiste la verdadera libertad. Ellos, los “señores del dinero” saben que las “libertades políticas” son importantes aunque la inmensa mayoría no tenga nada por lo que manifestarse, expresarse o reunirse, saben por eso, que pueden acceder a que los gobiernos concedan tales libertades porque a ellos solamente les interesa una: la económica, estando todas las demás subordinadas a ella. Pero aquella libertad que consiste en la capacidad de dominio del ser humano sobre sí mismo, que le impide ser controlado y dominado por sus miedos y sus pasiones, por su psicología interior, sus filias y sus fobias, incluso por sus instintos, de esa libertad ni se habla ni se la puede tomar en serio, simplemente porque ejercerla no reportaría ningún beneficio económico. De ahí que el mejor régimen político que se adapta como un guante a la globalización sea el régimen parlamentario: controlando a medios de comunicación, controlando el dinero, se controla a la clase política, pieza intermedia entre los “señores del dinero” y la masa. Pero es preciso, siempre que la masa no crea en nada más que en aquello que se le presenta como “valioso”, es bueno no enseñarle a pensar por sí mismo, ni que desarrolle un espíritu crítico; la mejor forma de vida para la masa es la narcosis, ese estado de sonámbulo despreocupado por lo esencial y atraído por formas de fantasía y por una sensación beatífica bienestar que procede del olvido de uno mismo.

16) EL MESTIZAJE ES EL MEJOR ESTADIO PARA LA HUMANIDAD PUES NO EN VANO SE ATOMIZA A LAS POBLACIONES EN CONJUNTOS INDIVIDUALES Y SE LES RESTA CUALQUIER RASGO DE IDENTIDAD. El gran problema que ha encontrado el proceso globalizador es cualquier sistema identidades en las que se puedan reconocer los seres humanos y las sociedades. Así pues, si de lo que se trata es de implantarlo en todo el mundo se trata, en primer lugar, de homogeneizarlo. Los sistemas de identidad son el adversario más peligroso porque indican a alguien lo que es, cuál su origen, qué afinidades y diferencias tiene con otros pueblos. Un pueblo se reconoce en los rasgos distintivos de su comunidad, si carece de ellos, ya no se reconoce en nadie, salvo en su entorno familiar o vecinal. Así pues, los instigadores de la globalización abominan de cualquier identidad y para lograr su desaparición proponen la idea recurrente de la “fusión cultural” y el “mestizaje” operado a todos los niveles. Los efectos de este proceso actualmente en marcha son desoladores y apuntan en la dirección que hemos definido: las comunidades dejan de tener fuerza y cohesión, se convierten en agregados de individuos que se reconocen únicamente por los rasgos más banales: el color de un equipo de fútbol y poco más. Obviamente no surgirán entre ellos conflictos “nacionales” y, ni siquiera tendrán “conciencia de clase”. Simplemente serán entes autónomos, igualados, homogeneizados y sometidos al denominador común del mestizaje. Allí donde ha existido “mestizaje” allí se han generado sociedad inestables y, en cuanto a los productos culturales que hoy, aquí y ahora, se nos proponen como muestras del mestizaje, no pueden evitar tener una dudosa calidad. El “mestizaje” solamente puede ser viable entre entidades contiguas entre las que no existen abismos culturales, antropológicos o cualitativos.

17) CUALQUIER ESTRUCTURA SOCIAL O NACIONAL QUE SUPONGA ARRAIGO E IDENTIDAD DEBE SER ABOLIDA. Los Estados Nacionales son en la actualidad uno de los pocos valladares que encuentra la globalización. Los Estados Nacionales suponen un conjunto de instituciones, leyes y organismos que defienden a esa comunidad ante los eventuales ataques de otras e incluso ante procesos de inestabilidad interiores. Desaparecidos los Estados Nacionales, la vía queda libre para la globalización. Soluciones como la Union Europea serían válidas si supusieran un “espacio libre” de globalización, pero en la medida en que se insertan dentro de ese contexto económico, renunciar a la soberanía nacional en beneficio de la UE es problemático que, tal como ha mostrado la crisis de las vallas de Melilla que estalló a finales de febrero y principios de marzo de 2014, paraliza la reacción del Estado supeditándola a la lentitud administrativa y las orientaciones incomprensibles de la UE. Por otra parte, es importante recordar que no es por casualidad que la tendencia actual de presionar fiscalmente y de manera inusitada sobre las clases medias prosigue de manera salvaje. Abolir a la clase media no es tan importante como diluir sus concepciones y su preparación. De las clases medias han partido siempre los movimientos de renovación política y social. En ellas se encuentra la mayor acumulación de cultura e intelectualidad y, al mismo tiempo, su situación económica, le permite dedicar tiempo a la elaboración intelectual y al análisis de la realidad: son, por tanto, peligrosos, especialmente desde el momento en el que cristaliza en ellos una conciencia de grupo. Así pues, romper los Estados Nacionales en fragmentos más pequeños y, por tanto, más manejables, romper las clases sociales, especialmente aquellas que pueden ser potencialmente peligrosas son obsesiones para la globalización cuyo punto de partida, es bueno no olvidarlo, tuvo lugar en 1945 con la creación de las Naciones Unidas, primer paso para un “gobierno mundial”. Desde entonces, todas las consignas de carácter humanista y universalista han sido propagadas desde ese foro y desde la UNESCO y tienden inviablemente a abolir los sistemas de identidades nacionales sustituyéndolos por folklorismos altisonantes y “patrimonios de la humanidad” aislados y dispersos, sin posibilidad de adscribirse a denominadores culturales comunes.

18) ES INTOLERABLE QUE ALGUIEN SE ALCE CONTRA ESTOS PRINCIPIOS QUE, COMO CUALQUIER DOGMA, ES INTOCABLE E INDISCUTIBLE. La globalización es, por principio, incuestionable. Quien la cuestione sea arrojado al inframundo. Quien se atreva a dudar de su eficiencia o a advertir de sus presuntos riesgos, ese debe ser quemado en la hoguera. Ejercer incluso el papel de Casandra y recordar lo problemático de todos los procesos que acompañan a la globalización, supone un desafío que muy pocos están en condición de asumir. En ello les va el futuro, su buen nombre y su prestigio: nadie puede poner en duda que la globalización es la etapa superior de la humanidad, porque esa misma letanía se repite con el mismo estribillo pero con ritmos diversos: los habrá que declarándose “antiglobalizadores” pedirán, al mismo tiempo, “otra globalización”. Los habrá, los newagers, que condenando los procesos del capitalismo globalizado, aluden a “una sola raza, la humanidad; a un solo gobierno; a una sola religión; una sola cultura”… esto es, a un mundo completamente homogeneizado, sin matices ni contrastes, sin identidades, anónimo y “único”. Las críticas radicales al principio mismo de la globalización no pueden ser admitidas, quien las realiza debe ser tachado de ignorante o de visionario, en cualquier caso, de persona de credibilidad dudosa. Solamente puede tener voz autorizada en la globalización aquel que participa de ella. Sólo puede ser incorporado al pelotón de los bienpensantes y de los intelectuales con marchamo quien está dispuesta a aceptar estos mandamientos y el primero de todos es “no hay más dios que el dinero y la economía globalizada es la única liturgia para llegar a él”. Fuera, la Inquisición aguarda al disidente.

19) CUALQUIER ACTIVIDAD HUMANA ES SUSCENTIBLE DE ADAPTARSE AL PARADIGMA GLOBALIZADOR. La globalización es nuestro destino y es muy difícil escapar a sus procesos viviendo en comunidad. El gran logro de la globalización ha consistido en adaptar cualquier actividad social a su configuración hasta el punto de que fuera de la globalización solamente puede existir una especie de exilio interior en el mejor de los casos y una marginalización en el más habitual. Cuando Guy Debord teorizó sobre la “sociedad del espectáculo” en los años 60, olvidó decir que en el límite extremo de tal sociedad se encuentra la “sociedad global”. En este modelo social las características propias y los signos de identidad de los individuos, los pueblos y las naciones, tienden a difuminarse y a desaparecer subsumidos por una marejada de “mestizaje” que, en realidad, no es sino la ausencia de toda identidad y la atomización extrema de la sociedad en fragmentos individuales que, como los grados de arena de una playa, tienen todos la misma composición, idéntica función, intercambiables unos con otros, variando apenas su forma. Lo esencial del momento actual es la reducción a lo económico de cualquier tipo de actividad social: desde la literatura y las artes hasta cualquier estilo de vida, todas, absolutamente tienen como denominador común el ser reducidas a la dimensión de mercancías comprables y vendibles. Incluso el ocio tiene esa dimensión única. Y en tanto que reducidas a actividad económica sufren de las mismas tensiones que cualquier otro producto que se mueve en “el mercado”: oscilaciones en los precios, tendencia a la concentración de capital, inseguridad, dependencia del capital financiero, deuda, etc. Finalmente, el mismo ser humano termina siendo consciente de que, él mismo, su vida, su salud, su alimentación, su educación, todo, absolutamente todo, son objetos económicos y él mismo ha pasado a ser uno más. Al final del camino lo que se encuentra es una despersonalización absoluta y un empobrecimiento radical de la naturaleza humana reducida a su dimensión económica.

20) Todos estos mandamientos se resumen en uno sólo: SÓLO HAY UN DIOS AL QUE RENDIR CULTO, EL DINERO. Cualquier otro valor, cualquier principio, cualquier idea, palidece ante este último dogma que tiene al dinero como único dios. En períodos anteriores de la historia ya ha habido minorías que han erigido al dinero como dios, la diferencia con el período actual es que tales minorías nunca han dispuesto de tal acumulación de riqueza y de capital como en la actualidad y nunca ese dios ha sido tan poderoso e independiente de las voluntades de quienes lo invocan.

Porque llegamos ahora a la conclusión final de esta parte de nuestro estudio. El actual momento de la economía mundial no está dirigido, ni gobernado por nadie, quienes “mueven los hilos” y actúan de manera decisiva en los procesos que se desarrollan bajo el nombre genérico de “globalización”, no lo hacen siguiendo principios de prudencia, intuición, racionalidad o inteligencia, sino que, como el fiel que asiste piadosamente a la iglesia, es porque tiene un fe inconmovible por su único dios y señor: el dinero. Quiere poseerlo como el católico ferviente quiere experimentar la santidad y la beatitud. Ansía impregnarse en sus esencias y en su olor como el hombre religioso quiere ser uno con su Señor inmaterial y omnipotente. No hay forma de controlar al dios de la economía, ni encarrilar sus pasos como no hay forma de dirigir las acciones de Dios; el fiel de a pie que rinde culto al dinero tiene la misma posibilidad de modificar las acciones de su dios que el católico que reza una oración en el templo de la fe. El dios es soberano y absoluto, dueño de las acciones de los hombres, no al revés. Y ese dios, el dios de la economía, no tiene otra finalidad que llegar a las últimas consecuencias de su lógica interna.

Al igual que el Dios del Antiguo Testamento, hay en él mucho de hostilidad hacia su pueblo. O cumple su voluntad o lo castiga, justo como el dios de la economía. Para éste nunca es suficiente: siempre es preciso obtener más rendimiento del capital, multiplicarlo, engrandecerlo, tenerlo siempre presente y sin descanso. Eso, o el castigo.  El castigo viene en forma de crisis económicas y de estallido de burbujas. Pero, tras el castigo, siempre llega la reconciliación del dios con su “pueblo” y la reanudación de la “alianza” con él para proseguir la acumulación de capital hasta su destino tal fatal como improbable: la concentración extrema del capital que como un agujero negro cósmico atraiga y absorba cualquier otro capital que pueda existir sobre la faz de la tierra. Se trata, por supuesto, de un límite teórico y extremo, improbable por lo demás, al que seguiría un período de serenidad que duraría el tiempo en el que ese diosecillo del dinero se diera cuenta de que ya no crece más y estallara como el agujero negro iniciándose un nuevo ciclo que, partiendo de la economía de supervivencia, pasaría luego a la  del trueque y más adelante a la artesanal, y así sucesivamente.

Si algún “señor del dinero” se cree que controla a la economía, se equivoca: es la economía la que lo controla a él. Y el dios de la economía es un dios enloquecido provisto de una dinámica y de una lógica interior que le lleva, inevitablemente, a la autodestrucción. Hoy, la maquinaria económica ha alcanzado tal envergadura que nadie es capaz de controlarla, ni siquiera los que están en la parte superior del tronco de la pirámide y más próximos a este “piramidión” metafísico. Por eso la economía no puede ser controlada por nadie. Por eso, las crisis cíclicas, los estallidos de las burbujas, los trastornos periódicos en otro tiempo y hoy constantes, no pueden ser ni previstos, y aunque lo sean, resulta imposible evitarlos. La lógica interna del sistema económico lleva a la búsqueda ineluctable del beneficio como única tendencia dominante, cualquier otra que apareciera estaría fuera de lugar y sería completamente anulada: el dinero que no produce es dinero que se pierde, el dinero que pierde uno lo recupera otro, por tanto hay que seguir haciendo que el dinero se reproduzca a sí mismo, a pesar de que, como aquellas palabras que se repiten una y otra vez, termine perdiendo sentido y significado. Se trata de una apisonadora que lo arrasa todo: por supuesto, los últimos en salir afectados son los “señores del dinero”, los propietarios de las grandes acumulaciones de capital, pero ni siquiera estos –como los “inmortales” de la serie- sobrevivirán. Solo el último de estos “magnates”, podrá encontrarse cara a cara con el dios de la economía, allá arriba, en el ara de sacrificios que se sitúa en toda superficie superior de las pirámides mayas y aztecas, y en donde se ha sacrificado la felicidad, la tranquilidad, la estabilidad de la especie humana y a la misma especie e incluso al mismo planeta. En esa privilegiada posición, verá cara a cara al dios de la economía convertido hoy en una serie de notaciones electrónicas contables, meros impulsos almacenados en discos duros que jamás resolverán los problemas fundamentales de la especie. Una vez alcanzado ese punto, lo hemos visto, solamente queda la autodestrucción del conjunto, el reseteado del sistema y un nuevo comienzo.

 

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducci´no de este texto sin indicar origen.

 

El mundo cúbico (V)

El mundo cúbico (V)

9ª Arista

Neodelincuencia con actores geopolíticos emergentes

El cáncer de la corrupción ha llegado hasta tal punto en los actores geopolíticos emergentes, que incluso su misma marcha hacia el pelotón de cabeza de los países “que cuentan” está comprometido. La corrupción está presente en todos los escalones de la administración hindú, incluso en los niveles más pedestres; otro tanto puede decirse de China que, periódicamente, se ve obligada a realizar campañas anticorrupción a la vista de la proliferación vermicular del fenómeno. En China, la existencia de un fuerte partido comunista, al ir perdiendo conciencia de sí mismo y de la propia doctrina a defender, ha generado en su mismo interior fenómenos de corrupción y centrifugación del Estado (los Estados débiles son más sensibles a la corrupción que los Estados fuertes). En “democracias” como Brasil o México, las clases políticas se han habituado a vivir de las suculentas “mordidas”, pero es que una parte sustancial de la población, a su nivel, también vive de los circuitos de la delincuencia o, simplemente, está integrada en los mismos. No se termina de ver la legitimidad que políticos corruptos pueden reclamar a la hora de perseguir a la delincuencia de a pie. Incluso en países islámicos como Irán, la corrupción no se mira particularmente mal, en la medida en que el individuo no la realiza para sí mismo, sino para su familia, su tribu, su clan. Uno se corrompe, muchos se benefician: luego no existe una condena social a la corrupción, sino una sed de integrarse en sus circuitos, sea como sea.

Por otra parte, países como China tienen una gran tradición mafiosa. Las famosas tríadas entran en este juego todavía hoy. De hecho, el maoísmo no solamente no liquidó estos residuos de otros tiempos sino que, incluso, Mao–Tse–Tung contó con las “sociedades bandidos” para organizar su partido comunista en algunas zonas. Aquellas aguas trajeron estos lodos, y hoy China es un caldo de cultivo extremadamente favorable para la corrupción interrelacionada con el aparato del Estado.

Sabemos que en el Primer Mundo las bandas mafiosas jamás podrán acceder al poder, pero sí que se limitarán a amamantar, convivir y pactar con los gestores del mismo. No estamos, en cambio, seguros de lo que ocurrirá en los países en desarrollo acelerado. En Colombia ya existieron casos de narcotraficantes que quisieron –hartos de pagar la mordida a la clase política– constituirse ellos mismos como clase política de reemplazo. El gran cambio político que se produjo en Italia en la segunda mitad de los años 90 no fue motivado por la asfixia del país, sino porque los clanes de la neodelincuencia estaban hartos de pagar “tangentes” a la clase política que, muy frecuentemente, superaban el precio mismo de los servicios. Así que decidieron borrar de un plumazo a la vieja clase política degenerada, desgastada y avejentada del centro–izquierda y gestionar ellos mismos el poder. Era la forma de ahorrarse el pago de las “tangentes”.

Existe el riesgo de que, en los próximos años, las mafias del narcotráfico generen en estos países una acumulación de capital tal, que controlen amplios sectores de la economía. La juventud de estos países en desarrollo acelerado, y la inexistencia de “dinastías económicas”, ha favorecido que las élites corruptas hayan surgido al calor del poder y conozcan bien sus mecanismos. Por otra parte, en estos países no existe un marco democrático formal digno de tal nombre. No se sabe el tiempo que el PC seguirá manteniendo la hegemonía en China, ni lo que ocurrirá cuando se imponga la democratización política, inevitable e inseparable de la democratización económica. En ese momento, es indudable que se producirá una “crisis” y serán precisos reajustes de asentamiento; lo que hoy no puede predecirse es la dimensión de esa crisis y las consecuencias políticas que tendrá. Lo que sí parece muy probable es que, en ese momento, distintos grupos económicos –y no importa si su acumulación de capital se ha logrado por medios lícitos e ilícitos– “pujarán” y lucharán para controlar el Estado o, al menos, algunos de sus sectores clave.

Existe otro escalón de menor importancia, pero fundamental para entender la naturaleza de esta “arista”. En África ya nadie discute que todos los gobiernos africanos albergan grados extremos de corrupción y que África es un gigantesco semillero de todas las corruptelas, no realizadas solamente por mafias, sino por los mismos funcionarios del Estado que actúan a la manera mafiosa. Estas mafias, a menudo tribales, hoy son el Estado. Las petroleras han tenido que entenderse con ellas para realizar sus prospecciones. De la misma forma que la inmigración masiva y salvaje ha hecho que barrios enteros de los países del Primer Mundo hayan sido colonizados primero por gentes venidas del Tercer Mundo, luego han practicado la limpieza étnica contra autóctonos y, finalmente, se niegan a reconocer cualquier norma (son las zonas de “non droit”); eso mismo ocurre en toda África: toda África es una gigantesca zona de “non droit” donde solamente rige la corruptela, el racket y el crimen mafioso, sobre unas poblaciones agonizantes y en estado de depauperación creciente. En extensas zonas de Asia, en Asia Central, en Iberoamérica, existen similares procesos. Cada vez más países caen en manos de grupos mafiosos (se llamen como se llamen) y el drama producido es éste: lejos de ver cómo se amplían los “islotes democráticos”, estamos asistiendo a la extensión de la corrupción en el Tercer Mundo como si se tratase de una mancha de aceite.

No hay que perder de vista, finalmente, que la retórica que alimentó a los “países no alineados” en los años 60–80 sigue vigente, en parte, todavía hoy. La diferencia es que hoy, muchos de esos países ya han caído en poder de las mafias de la neodelincuencia.

Por regla general entre los actores geopolíticos emergentes hay que aceptar el axioma “Estados débiles – mafias fuertes”, hasta el extremo de que muy frecuentemente la “mafia” se confunde con el Estado, lo integra e incluso lo estructura. El caso de Kosovo, situado en el corazón de los Balcanes es significativo. A pesar de encontrarse en el interior de un actor geopolítico tradicional, Kosovo es un Estado frustrado organizado por los intereses de la política norteamericana en Europa y cuya administración fue entregada a una organización mafiosa, la UÇK. Ahora bien, en África, no existen mafias en el sentido europeo, el carácter africano tiene como referencia a la “tribu” y, por tanto, no existen mafias tentaculares extendidas en el interior de las fronteras de un país concreto, sino comportamientos corruptos y mafiosos de una familia, un clan, o incuso una tribu. De hecho, hoy, casi toda África puede ser considerada como un conjunto de “Estados fallidos” en los que una parte sustancial de la actividad económica tiene que ver con las actividades de grupos mafiosos y con la corrupción en la tarea de gobierno.

La existencia de estos grupos mafiosos, fuertemente armados, suelen ser utilizados por compañías de pocos escrúpulos que pretenden explotar las riquezas naturales de esas zonas. En el caso de que la mafia en el gobierno (excluimos por completo que las elecciones en toda África negra, sean legales y exista en ellas fair play y honestidad en los recuentos de votos y en a misma realización de las campañas) no acceda a las condiciones que plantea una multinacional para la explotación de los riquezas naturales, ésta recurre siempre, invariablemente a suscitar una revuelta tribal en estado puro o religioso-tribal (en países como Nigeria en donde cristianismo, islam y animismo chocan con frecuencia) que permite tomar el control por las armas de esa región y garantizar la explotación del objeto económico en cuestión.

En otras zonas de Iberoamérica, la acumulación rápida de capital que genera el comercio de cocaína facilita el que los grupos mafiosos compren a políticos locales a bajo precio, puedan realizar sus inversiones y reciclado de dinero negro con tranquilidad e incluso tiendan a ser un poder paralelo que puede hablar de tú a tú con el poder estatal excepcionalmente débil y carcomido por corruptos.

En zonas de inestabilidad permanente como Afganistán, la ausencia completa de actividad económica hace que la inmensa mayoría de la población agrícola se oriente hacia el cultivo de las adormideras en un intento de Indochina, verdadero laboratorio mundial de la heroína. No se trata de que estos grupos “gobiernen” al Estado, sino que el Estado es débil o prácticamente inexistente lo que facilita el campo de acción del narcotráfico.

¿Cuál será la evolución en los próximos años de esta arista? Va a ser muy difícil que en todos estos Estados de África, Asia e Iberoamérica sea posible desembarazarse de la corrupción en el interior del Estado, sino que es mucho más lógico pensar, no que va a producirse una colusión entre los intereses de la neodelincuencia y los de las clases dirigentes de los Estados, como en los actores geopolíticos tradicionales, sino que los grupos de neodelincuentes van a dominar, controlar e incluso gobernar en mayor o menos medida en estos Estados: la neodelincuencia dominará más allí donde haya “menos Estado”, controlará menos allí donde el Estado sea más fuerte. La lista de “Estados fallidos” irá en aumento. Países como China, India, Pakistán, Irán o Brasil, verán como el poder se va fracturando y, poco a poco, sectores del mismo son ganados para la neodelincuencia. Las prácticas mafiosas se irán ampliando, la corrupción se enseñoreará a partir de crisis de crecimiento por las que les será necesario pasar al cambiar su estructura social. China puede dar sorpresas en esta dirección y sufrir problemas interiores extremos, pero también India e Irán y, por supuesto Brasil, país que sufrirá una crisis económica sin precedentes en esa zona cuando reviente la burbuja inmobiliaria que ya ha alcanzado una masa crítica explosiva.

En general, es de prever que los intereses contrapuestos que actúan en esas zonas generen más guerras civiles en África, provoquen situaciones de tensión civil en Asia y estallidos de violencia en Brasil, situaciones que, en su conjunto, serán favorables para la acción de las mafias, el tráfico de armas, la exportación de oleadas de inmigración masiva y el debilitamiento de los Estados, incluso en el caso Chino.

 

10ª Arista

Neodelincuencia con actores geopolíticos tradicionales

Uno de los elementos más sorprendentes del actual proceso de “solidificación” del mundo, o de tránsito del mundo esférico al cúbico, es la irrupción de la corrupción generalizada entre las clases políticas del Primer Mundo. Siempre ha existido corrupción en las democracias, pero ésta se hallaba limitada a la aparición de algunos “bribones” (el affaire del “estraperlo” durante la II República, por ejemplo) y a la persistencia del caciquismo (fenómeno de otra índole); así mismo, siempre había existido el regalo interesado a la autoridad de turno, pero nunca como hasta ahora se había operado el proceso de generalización de la corrupción hasta no quedar absolutamente ningún flanco del espectro político fuera de este proceso degenerativo.

El hecho nuevo es que los grandes negocios solamente se hacen a la sombra del poder y la paradoja de que nunca un “estado liberal” (y por tanto abstencionista en cuestiones económicas) ha generado una situación en la que SOLAMENTE sea posible realizar grandes negocios contando con el apoyo de los distintos niveles del poder. Quien no está integrado en esos mecanismos, como máximo puede montar una charcutería o una mercería, pero jamás un negocio rentable con un peso decisivo. Se vende al Estado, se comercia con el Estado o construye quien goza de los parabienes del Estado o de alguno de sus escalones administrativos. Obtener ese apoyo implica: tener una buena red de contactos más allá de los partidos políticos y de los mecanismos representativos y realizar contraprestaciones a los que abren la puerta a ese tipo de negocios. Es el do ut des llevado a su límite más desagradable.

Ningún mecanismo del Estado está en condiciones de realizar una tarea de “limpieza”. A menudo la política de “manos limpias” no es más que un slogan para intentar desbancar a unos políticos corruptos por otros que llegan con hambre atrasada. Casos como la “Operación Malaya” parecen ser apenas una cobertura destinada a ocultar el hecho decisivo e importante: que toda España es una gran y gigantesca Marbella, o dicho de otra manera, que el motor de la economía nacional es, o bien la especulación inmobiliaria, o bien el sector de la construcción surgido al calor de recalificaciones masivas y drásticas. Tras esto se oculta el hecho fundamental: el campo se muere, la agricultura, lejos de ser un negocio, es un sector sometido a presiones contradictorias (la del Estado, las de las Comunidades Autónomas, la de la UE, la de la globalización) que lo hacen altamente inviable; Europa sufre un proceso de regresión industrial que la  está convirtiendo a marchas forzadas en una zona de servicios; la economía especulativa no crea riqueza sino que aumenta las desigualdades de renta y, finalmente, la espiral “recalificación–construcción–especulación” no puede prolongarse indefinidamente.

Además de esta confluencia de intereses, se trata de otra arista que alcanzará su máxima tensión en los próximos años. En ella van a confluir los intereses de las bandas de neodelincuentes que actúan en los actores geopolíticos tradicionales. Estos países, bien por haber alcanzado un alto grado de democracia (Europa), bien por haber encontrado dificultades a su evolución política (Rusia) o bien simplemente por estar aquejado de distintas patologías sociales (EEUU), son terreno abonado para la neodelincuencia. Las consecuencia de la acción de los grupos de neodelincuentes en estas tres zonas difiere en intensidad (y dentro de cada zona hay áreas mucho más afectadas que otras) pero no en sus características.

En efecto, en esta parte encontramos, en primer lugar, a los grandes capos de la droga y a las bandas de neodelincuentes que trabajan el tráfico de sustancias ilícitas y su fabricación. Estas zonas cuentan con un aceptable nivel de vida y espacio para el ocio, de ahí que una parte de las ganancias personales se suelan orientar hacia el consumo de sustancias prohibidas. Aunque es cierto que cada vez se va aboliendo más la diferencia entre “drogas para élites” y “drogas para los pobres”, lo cierto es que la cocaína y las drogas de diseño van ligadas a un status económico que goza de una situación más cómoda en relación a subproductos de la cocaína, el haschisch o incluso el alcohol que, en determinadas zonas (Rusia) adquiere el carácter de plaga. Así mismo, la geopolítica de las drogas hace que no todas lleguen con la misma facilidad a las distintas zonas geográficas: el continente americano es tierra de cocaína y España una zona de tránsito para su entrada en Europa. Así mismo, la heroína fabricada en Oriente genera legiones de toxicómanos entre las capas más bajas de los países por los que circula hasta llegar al “Corredor Turco” de los Balcanes desde donde se distribuye a Europa.

En cuanto al haschisch, Marruecos sigue siendo el principal exportador mundial, si bien en Europa y en EEUU cada vez es más frecuente el cultivo de tiestos de esta planta en pequeña escala. Es significativo que en todos estos países la presión sobre este tipo de consumo vaya disminuyendo a incluso en algún país (Uruguay), tras despenalizarse ya se hayan realizado las primeras pruebas para su legalización en un proceso que en breve se extenderá a todo el mundo. Por otra parte, cada zona geopolítica tiene algún producto “estimulante” que, antropológicamente, está ligado a cultos iniciáticos y religiosos.

En estos países en los que la población goza, inicialmente, de un aceptable nivel cultural y de vida, y en donde hasta no hace mucho las clases medias eran mayoritarias, era en donde se avivaron movimientos contestatarios en los años 60-70 que luego fueron sistemáticamente absorbidos por los consumos de drogas. En Italia, como síntoma, el “movimiento del 77” fue literalmente destruido por el consumo de heroína  (especialmente la fracción compuesta por los “indios metropolitanos”). En otras zonas (como el País Vasco), las fuerzas de seguridad del Estado no se emplearon a fondo en la represión del narcotráfico y, simplemente, dejaron que sectores de la juventud vasca en los años 80 y 90 fueran pasto de las drogas evitando así que se incorporaran a los movimientos reivindicativos o, directamente, a ETA. En la actualidad, es evidente que los consumos ilegales, especialmente de drogas blandas, cada vez gozarán de más permisividad a la hora de sumir en situaciones letárgicas y apáticas a amplios sectores sociales arrojados a la crisis. Todo esto, indudablemente, hará que el papel de la neodelincuencia crezca y que se inter penetre con sectores de la administración y del mismo gobierno.

El dinero que mueve el narcotráfico y las distintas formas de neodelincuencia que veremos, hace que la represión policial sea hasta cierto punto ineficaz contra él. Un policía, una comisaría entera puede ser neutralizada simplemente con unos sobornos que absorberán no más del 10% del total de beneficios producidos por esos comercios ilícitos. Estos genera el que se formen dentro de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado grupos mafiosos que realizan actividades ilícitas, detienen selectivamente a delincuentes y procuran que lo esencial de sus beneficios derive de sus actividades delictivas. La corrupción es un proceso invasivo al que no se puede combatir con la legislación habitual. De hecho, las legislaciones y las prácticas “políticamente correctas” utilizadas en los actores geopolíticos tradicionales para combatir a la neodelincuencia, no pueden ofrecen éxitos: el Estado (y, por consiguiente, la sociedad de la que el Estado es su encarnación jurídica) siempre juega con desventaja especialmente en aquellos países con legislaciones garantistas. El resultado final es que la represión sobre la neodelincuencia queda siempre neutralizada por las niveles de corrupción creciente en los cuerpos de seguridad del Estado y en la misma magistratura. Este cuadro queda agravado por le permisividad deliberada de los Estados ante determinadas drogas a fin de estar en condiciones mantener el control social y la tranquilidad.

Esta es una batalla desigual que se decanta de manera creciente a favor de la neodelincuencia y de su colusión con determinados niveles administrativos en un proceso de corrupción incipiente que, en el momento de escribir estas líneas no se ve como podría concluir con las armas facilitadas por las legislaciones de estos países. Y no debería ser necesariamente así: las leyes se pueden modificar inmediata y bruscamente mediante decretos. El problema es que no existe voluntad política para acabar con los comercios ilícitos y, para colmo, existe una predisposición por parte de los Estado a sumir a las masas en la pasividad y la narcosis más absoluta a la sociedad a fin de evitar protestas y movimientos sediciosos.

Los instrumentos de los que disponen las fuerzas de seguridad del Estado para afrontar a la delincuencia son inmensos y garantizan el éxito y la destrucción del narcotráfico en poco tiempo: legiones de funcionarios remunerados, tiempo ilimitado para analizar y buscar pruebas, avances tecnológicos prácticamente ilimitados en los sistemas de vigilancia e investigación, redes informáticas entrelazadas que pueden identificar anomalías y acumulaciones bruscas de capital en determinadas manos… bien, todo eso existe, pero nunca, absolutamente nunca, se utiliza de manera aplastante contra el narcotráfico y no tanto por una pulcritud casi extrema en el respeto a los derechos humanos (sería justo afirmar que los capos del narcotráfico tienen otro derecho que el de un juicio justo y que los derechos al alcance de un ciudadano normal no pueden ser los mismos que los de un mega-delincuente) como por un interés de parte: si los consumos de drogas desaparecieran de un día para otro, la gente en lugar de narcosis y apatía, es posible que experimentase más nítidamente la sensación de vida, que utilizara sus capacidades intelectuales y discursivas y que en pocos años cuestionaran cualquier aspecto del sistema socio-político de sus respectivos países. Eso hace que la delincuencia, que inicialmente debería tener perdida la batalla ante el Estado, dados los intereses de supervivencia del mismo, sobreviva siempre a cualquier represión teórica o real y que exista una colusión entre sectores de servidores del Estado y de la clase política con las grandes mafias de la delincuencia.

Algunas experiencias sucedidas desde principios del milenio han indicado a las claras cómo iba a evolucionar la situación en este terreno. La “intifada” que sacudió Francia en noviembre de 2005 y que, desde entonces, ha tenido sucesivos chispazos en el Reino Unido, Suecia, Alemania, Bélgica, nuevamente en Francia e incluso en España a partir de los episodios de El Egido, se une a lo que ya sabíamos de la vida en los guetos negros norteamericanos. En efecto, se trata de barrios a los que han ido a parar poblaciones homogéneas caracterizadas por estar próxima al umbral de la miseria y que habitualmente pertenecen a razas distintas a la que hasta ese momento ha constituido lo esencial de ese país. Son negros en EEUU, magrebíes y africanos en Europa, caucásicos en Rusia. Las desconfianzas y los odios étnicos hacen que las zonas en las que irrumpen estos grupos étnicos, con rapidez registren un vaciado de la población inicial y un rápido proceso en el que impongan su presencia y se conviertan en el único grupo étnico presente en el barrio. La falta de opciones laborales, y la baja formación profesional de estos grupos hace que estén fuera del mercado laboral y les sea imposible insertarse en él. Dentro de este marco, algunos descubren que la delincuencia en una forma de ganarse la vida que ayuda en muy poco tiempo a salir de la miseria e incluso a poder llevar un nivel de vida con ciertos lujos. En esas zonas, tienden a acumularse delincuentes y a establecerse mafias. Cualquier forma de “trabajo” o es ilícita o es no declarada. Así se forma un gueto. La característica central del gueto es que allí donde existe, el Estado ha dejado de estar presente. No puede haber administración fiscal, ni aplicarse legislación laboral alguna, las comisarías de policía son verdaderos “fuertes” en tierra hostil, una simple detención de algún maleante se convierte en una “operación militar” en la que los policías están pertrechados como un ejército en una tarea de ocupación.

En Francia, es decir, muy cerca de nosotros, hay 2.000 zonas de “non droit” y, un poco por toda Europa, en los arrabales de las grandes ciudades industriales, la inmigración de aluvión llegada desde los años 80 ha ido extendiéndose y sustrayendo cada vez más territorios a la administración real del Estado. Hay zonas en Francia que “están” en Francia, pero ya no “son” Francia. Son otra cosa muy diferente, tanto étnica, como social, cultural y económicamente. Estos guetos suelen estar tranquilos mientras llegan convenientemente subsidios y subvenciones, pero cualquier incidente imprevisto puede hacer saltar la chispa. Y en estas zonas gobiernan mafias locales sin discusión. En los años que vendrán veremos como los Estados negociarán y subsidiarán a estas mafias para que mantengan tranquilos los guetos.

Por este otro camino, las mafias de los guetos se convertirán en interlocutores válidos de las administraciones. En el año 2004, el Ayuntamiento de Barcelona ya negoció con los Latin Kings para evitar que su acción se fuera ampliando, en un proceso que sirvió solamente para fraccionar a esta formación, subvencionar a una de las cúpulas y hace que allí donde solamente había una mafia, apareciera media docena de subproductos. Hubiera sido mucho más simple la política de “mano dura”, encarcelamientos preventivos y repatriaciones forzadas antes que sentarse a negociar con una mafia.

El hecho de que dentro de los Estados existan áreas en las que el Estado ha desaparecido implica que se ha creado otra “administración” paralela compuesta por miembros de las mafias, que administran esa zona, reparten beneficios, autorizan la acción de tales o cuales grupos de delincuentes, y, por supuesto cobran rackets de protección, actividades todas ellas delictivas, pero equivalente a una “tarea de gobierno” invertida. Y los Estados, especialmente en Europa, transigen para evitar revueltas que evidenciarían su debilidad y su fracaso ante la neodelincuencia. “Si no los puedes combatir, únete a ellos, o déjales el campo libre, en cualquier caso, evita conflictos”, tal parece la consigna de las administraciones europeas.

Esta arista genera debilidad y conflicto en los actores geopolíticos tradicionales, establece un principio de convergencia entre sectores corruptos de los gobiernos y bandas mafiosas, y favorece el aumento y la persistencia de los tráficos ilícitos.

 

11ª Arista

Recursos energéticos y progreso científico con actores geopolíticos emergentes

La arista que recoje la confluencia entre la cara del cubo que representa a los actores geopolíticos emergentes con aquella otra en la que se encuadran los recursos energéticos y el progreso científico es extremadamente conflictiva. En efecto, la civilización moderna es la civilización de la energía y del progreso científico. Sin emergía, las fábricas detendrían su producción, la vida ciudadana, los transportes, se detendrían e inmediatamente la propia civilización declinaría. Ni uno sólo de los recursos de la modernidad, desde el transporte en automóvil hasta la energía eléctrica, pasando por la telefonía móvil o la microinformática, dependen directamente de la energía. Sin ella no es concebible la modernidad, salvo en las distopías estilo Mad Max. El progreso científico suele acompañar, especialmente, a la eficiencia de los recursos energéticos, especialmente en un mundo en el que la necesidad de energía supera a las posibilidades de producirla a precio aceptable.

Para colmo las fuentes de materias primas se encuentran en buena medida en los actores geopolíticos emergentes que, por el momento, siguen registrando las principales reservas de hidrocarburos y extensiones inexplotadas todavía de recursos minerales y biológicos. Así mismo, disponen de recursos demográficos extraordinarios y de élites culturales que no tienen inconveniente en formarse en universidades situadas en los actores geopolíticos tradicionales, donde se encuentran los principales centros de formación e investigación científica. Sin embargo, al acabar los estudios, es relativamente frecuente que dichos estudiantes no regresen a sus países de origen, sino que permanezcan allí donde han estudiado. Esto genera el que, por el momento, la vanguardia del progreso científico se centre todavía en los actores geopolíticos tradicionales.

Resulta una incógnita saber cómo evolucionará la situación en las próximas décadas. Todo induce a pensar que se tenderá a una lenta igualación e incluso a una especialización en zonas del saber. Ahora bien, si hasta la llegada de la gran crisis de la globalización iniciada en 2007, la investigación científica era realizada por el Estado, las Universidades y las Empresas, el nuevo ciclo iniciado entonces ha hecho que los actores geopolíticos tradicionales, especialmente Europa y EEUU, se vieran más afectados que los actores emergentes, lo que ha hecho que disminuyeran las asignaciones estatales para investigación científica y las empresas redujeran (o incluso liquidaran) sus asignaciones para investigación científica. Sin embargo, hasta la primavera de 2014, esta crisis ha sido menor entre los actores geopolíticos emergentes (sin olvidar que, a partir de esa fecha es presumible que, antes o después, estallen “burbujas” en distintas zonas de esa área que generen dificultades insuperables a la economía mundial) que han podido recuperar algo del retraso que tenían en la materia. Países como China o India, dotados de un superávit extraordinario gracias a su alto nivel de exportaciones, han acortado terreno con las potencias tradicionales. Sin embargo, es cierto que, tanto en unos como en otros actores, se tiende a concentrar la investigación en áreas muy concretas –las que pueden reportar mayores beneficios-: nanotecnología, ingeniería genética, criogenia, vinculadas especialmente a las ciencias de la salud, el gran negocio del siglo XXI. Otros sectores avanzan mucho más lentamente: la ingeniería aeronáutica, por ejemplo,  ha avanzado muy poco desde los años 80, ha existido solamente progreso “técnico”, en absoluto progreso “científico”. China, de momento, es capaz de hacer en astronáutica lo que EEUU o la URSS hicieron hace casi medio siglo. La robótica avanza todavía lentamente. La tecnología de los drones supone solamente una mejora de lo ya existente desde hace décadas. En terrenos como la agricultura los avances que se producen son cuestionables. La clonación está detenida desde los problemas que generó la “oveja Dolly” que siguen siendo insuperables casi quince años después del experimento. Se avanza aceleradamente en unos sectores de investigación, no en todos. Y la crisis económica ha favorecido hasta ahora el que los actores emergentes acorten terreno con los tradicionales.

Sobre la cuestión de la energía hace falta decir algo más. A partir de finales de los años 90 se produce un fenómeno importante: el cambio político en Venezuela con el consiguiente ascenso del presidente Chávez al poder. Si tenemos en cuenta que Venezuela es el principal exportador de petróleo a EEUU (por la proximidad y el volumen de su producción), el papel “díscolo” de Chávez impulsó a los EEUU, entre otras iniciativas, a promover nuevas prospecciones petroleras especialmente en la plataforma costera de África Occidental. Pero el cambio venezolano no iba a venir solo. Venezuela no era el único productor de petróleo que había sufrido un cambio político. Casi veinte años antes se había producido el derrumbe de la monarquía iraní y su sustitución por un régimen fundamentalista religioso. Irán es un productor petrolero de segunda división, pero a partir de 2002, la creciente escasez de petróleo, ha tendido a realzar su papel. El hecho de que se hayan descubierto nuevas tecnologías de extracción de petróleo (especialmente el fracking) retrasa solamente unos años el problema final: por el momento, no existe fuente energética de sustitución y cada día que pasa se consumen millones de barriles de petróleo que la naturaleza a incubado durante millones de años que no pueden ser sustituidos sino pobre y modestamente por pizarras asfálticas, hidrocarburos elaborados a partir del reciclado de aceites o bien de recursos biológicos.  

En 2003, se produjo un acercamiento histórico entre los gobiernos venezolano e iraní, al que pronto se sumó el cubano y, más tarde, el boliviano. A partir de ese momento, Cuba recibió suministro gratuito de petróleo venezolano. El ascenso al poder de Evo Morales y la intervención de la industria petrolera, supuso un nuevo refuerzo para este “eje”. Por otra parte, desde principios de los años 80, la OPEP –los productores tradicionales de petróleo– se iba debilitando, por la defecciones interiores y, especialmente, por el ascenso de la producción de países que no estaban integrados en dicha organización. Hoy, la OPEP representa un canal de producción minoritario en relación al total de las extracciones petroleras mundiales, realizadas al margen de sus directrices.

Por esto, la arista formada por los actores geopolíticos emergentes y los actores energéticos es hoy más importante que nunca. Todo induce a pensar que en los próximos años el eje propulsado por Venezuela-Irán va a ir aumentando su producción y peso específicos. A partir de esto puede entenderse el por qué los EEUU están interesados en desestabilizar ambos regímenes: no es para impedir que un gobierno pro-castrista se siente en Caracas o que el régimen de los ayatolahs amenace al Estado de Israel: si los EEUU quieren derribar a esos regímenes es precisamente por su importante volumen en la producción de crudos.

La línea de tendencia en este momento consiste en que algunos productores de petróleo no integrados en la OPEP se sienten solidarios con los actores emergentes o bien ellos mismos lo son. Se diría que, salvo en el caso de India y China, los actores geopolíticos emergentes son autosuficientes en materia energética y una parte importante del comercio mundial de petróleo pasa a través suyo, algo que los hace especialmente codiciados ante la perspectiva de escasez de crudo.

Por otra parte, los actores geopolíticos emergentes precisan, cada vez más, mayores recursos energéticos. La falta de experiencia de algunos en política internacional y, especialmente, la particular problemática interna de la mayoría (con fuerte presencia de movimientos religiosos fundamentalistas, o bien con problemas sociales agudos e irresolubles o de difícil solución) hace imposible prever cuáles van a ser los desarrollos de este conflicto. ¿Cómo puede reaccionar China si se ve acosada por intentos de desestabilización norteamericanos (a partir del Tíbet, del Turkestán chino, del Falung Gong o de la disidencia interior) y ve su crecimiento económico estancado? ¿cómo puede reaccionar India si su adversario geopolítico tradicional, Pakistán, puede ser espoleado a crearle problemas en la región de Cachemira? ¿Cómo puede reaccionar Irán si el gobierno norteamericano aumenta su presión por la cuestión de su proyecto nuclear? O lo que es mucho más inquietante: ¿cómo puede reaccionar el nuevo “eje del mal” formado en torno a Venezuela si logra superar los reiterados intentos desestabilizadoes y a través del ideal “bolivariano” logra ganar a otros gobiernos de Iberoamérica compitiendo con Brasil como potencia hegemónica en la zona?

Si la energía es el puntal del desarrollo, los países en vías de desarrollo son los que, desde luego, no pueden renunciar al suministro energético y detener su crecimiento económico, so pena de que se produzcan situaciones de inestabilidad interior absolutamente insuperables. Las guerras por el control de la energía, los golpes de Estado favorables a tal o cual actor geopolítico en pequeños países en los que se han descubierto bolsas de petróleo, serán algo cotidiano –lo están siendo- en los próximos años.

Hay en esta arista otro problema: el aumento de la población entre los actores geopolíticos emergentes es brutal. Solamente China ha tenido el valor de aplicar desde hace 30 años la política del “hijo único” para disminuir su presión demográfica, pero ahora, cuando la sociedad empieza a percibir los efectos y la pirámide de población se ha invertido, no está clara la sostenibilidad de aquella sociedad. África, en apenas 20 años, amenaza con doblar su volumen demográfico. A ello han contribuido las mejoras en la asistencia a la infancia y la disminución de la mortandad infantil. Sin embargo, estas mejoras sanitarias no se vieron acompañadas de un esfuerzo de instrucción y responsabilización de las poblaciones en el uso de anticonceptivos. En toda África la población ha crecido mucho más rápidamente que la industrialización, con lo que la inmensa mayoría de la población africana vive abocada a la miseria y al subempleo permaneciendo todavía muy lejos de los estándares europeos. Esto genera una presión demográfica que tiene su espita de salida hacia Europa por una parte y hacia conflictos internos generadores de hambrunas, mortandades generadas por guerras civiles y delincuencia, por otra. Pero existe otra consecuencia igualmente indeseable: el agotamiento de los recursos alimentarios del planeta. El “creced y multiplicaros” que comparten las tres religiones “del Libro”, es hoy completamente inviable. La mejora de los sistemas de cultivo y estabulación, de tratamiento de los alimentos y de presentación, tiene como contrapartida un ascenso vertiginoso de la inseguridad alimentaria que no es tomado en consideración por los gobiernos sino muy tardíamente. Ciertamente, las tierras pueden abonarse masivamente e incluso es posible que den varias cosechas al año… hasta que dejan de producir, completamente agotadas e incapaces de regenerarse a causa de la acumulación de abonos, pesticidas, herbicidas, fungicidas, vermicidas, que se ha vertido sobre ellas. A partir de ese momento son tierras muertas. En cuanto a los cultivos hidropónicos no pueden aplicarse en todo el mundo, especialmente desde el momento en el que el agua también se está convirtiendo en un bien escaso y comercializable. En el futuro, las guerras por el agua igualarán en violencia e intensidad a las guerras por el petróleo y el comercio del agua generará tanto movimiento económico que corre el riesgo de ser objeto de revueltas sociales que afectarán especialmente a los países emergentes.

El mundo multipolar solamente puede ser estable dentro de una perspectiva de suficiencia de recursos energéticos y alimentarios y de sostenibilidad ecológica. Y este es el problema: no existen recursos “sostenibles” en un planeta de posibilidades limitadas. Antes o después, algunas zonas del planeta (o algunos grupos sociales) quedarán al margen del progreso y de la modernidad. La demografía explosiva generada por la mejora de las condiciones sanitarias ha convertido en imposible la sostenibilidad del planeta. Ese es el problema de fondo, que se dará especialmente entre los actores geopolíticos emergentes y ante este problema el progreso científico no tiene ninguna respuesta, sino tan sólo una permanente fuga hacia delante.

Por tanto, es previsible que un mundo multipolar, en lugar de ser un mundo que se “sostiene” sobre varias “patas” (y por tanto es más estable que un mundo unipolar o bipolar) y por tanto tiene mayor estabilidad, sea un mundo en el cual tal estabilidad solamente se mantenga mediante la “paz armada” y la desconfianza y vigilancia recíproca, a costa de zonas marginales del planeta que, por su falta de capacidad para organizar Estados fuertes o potencias regionales, se vean desgarrados por el intervencionismo de las distintas potencias regionales. Nunca como en las décadas que se avecinan, el progreso científico y los recursos energéticos serán tan necesarios, pero nunca como hasta entonces se percibirán con tal nitidez los límites de dicho progreso y lo limitado de las fuentes de energía. La apelación a la ciencia para que restablezca el equilibrio entre necesidades y recursos, es la última línea optimista en el que se pueden refugiar las poblaciones, la última trinchera del progresismo. Así pues, esta arista es de un dramatismo extremo, especialmente porque las poblaciones de los actores geopolíticos emergentes crecen todavía a una velocidad endiablada y la necesidad de recursos es más fuerte que en otros lugares del planeta.  

 

12ª Arista

Recursos energéticos y progreso científico con actores geopolíticos tradicionales

 No parecería ser ésta en principio una arista conflictiva: a fin de cuentas, la meca del progreso ha sido siempre Europa y los EEUU que corresponden, más o menos, a los actores geopolíticos tradicionales junto a Rusia. Ahora bien, el talón de Aquiles de Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial es el suministro energético y poder garantizarlo permanentemente. Así como los EEUU disponen de yacimientos en su territorio (antes en el Sur y ahora en Alaska y en diversas zonas en las que se extrae mediante el procedimiento del fracking) y otro tanto ocurre con Rusia, Europa, por el contrario, es altamente tributaria del exterior en materia energética. Esta carencia se ha compensado hasta ahora con altos niveles de investigación científica, tanto en Europa como en los otros dos actores geopolíticos tradicionales, que han garantizado una mayor eficiencia en los rendimientos, fuentes de energía diversificadas, pero no suficiente como para eliminar el problema central: el consumo de energía aumenta a mayor velocidad que la creación de nuevas fuentes, lo que deja suponer que en un período más o menos largo, pero en cualquier caso limitado en el tiempo, se producirá el colapso. ¿A menos que la ciencia realice sustanciales avances en este terreno? Es posible, pero no seguro. De hecho, el resultado de las protestas antinucleares ha contribuido precisamente a agravar la situación.

En efecto, la energía nuclear garantizaba el suministro de energía allí donde la energía hidráulica o la energía térmica no llegaban. Con grandes inversiones era posible conseguir producir energía a un precio relativamente barato, eso sí, con riesgos, pero minúsculos en comparación a los que debería afrontar un mundo con déficit energético crónico. Las protestas ecologistas obligaron a los gobiernos a dar marcha atrás e ir cerrando centrales nucleares. El razonamiento era simple: si hay riesgo, impera el principio de seguridad, por otra parte, la utilización de energías alternativas hará innecesario asumir ese riesgo. El error procedía en tanto que la energía eólica, como la solar, todavía no habían alcanzado un nivel de eficiencia que las hiciese rentables y comercializable en gran escala. Los costos siguen siendo grandes, el rendimiento inferior a otras formas de energía y en cuanto al impacto sobre el medio ambiente sigue existiendo, infinitamente menor que el nuclear pero la fabricación de los componentes generaba abundantes residuos. Durante unos años países como España vivieron del espejismo de considerar a las energías alternativas, su instalación y rendimiento, como un “negocio”: era negocio en tanto que estaba subvencionado; no lo era si, prescindiendo de la ayuda estatal, se atendía al valor del kilowatio y a la capacidad de producción, acaso la peor relación inversión-riesgo. Y pasarán años, décadas quizás, antes de que los científicos logren aumentar exponencialmente la eficiencia de estas energías para que puedan ser consideradas como alternativas reales a las formas tradicionales de energía.

La esperanza en que el progreso científico solvente esta perspectiva es algo ingenua. Se está trabajando en esa dirección especialmente entre los actores geopolíticos tradicionales, pero se ignora si la producción de energía de fusión es técnicamente viable y, en caso de serlo, cuándo se podrá utilizar. Por otra parte, la energía es un arma y en un mundo multipolar como el que tenemos ante la vista resulta impensable admitir que en caso de aparecer nuevos recursos, éstos serán puestos al alcance de cualquiera actor.

La actitud de los distintos actores emergentes ante los problemas que plantea la escasez creciente de recursos energéticos varía según su tradición cultural: desde el humanismo europeo hasta la agresividad norteamericana, pasando por la tosquedad rusa. Los norteamericanos se han mostrado dispuestos a generar guerras para controlar los recursos energéticos y su conducción estratégica. Europa, al renunciar a la operatividad de sus fuerzas armadas, ha puesto en manos de los EEUU su defensa y, por tanto, está obligada a negociar con los países productores. En cuanto a Rusia, suele utilizar el chantaje energético cuando le conviene y no tiene inconveniente en exportar energía para obtener dependencia política de algunos países. Así mismo, entre los países emergentes las actitudes también varían desde la rapacidad desesperada china, hasta la capacidad de negociación india, la idea de autosuficiencia brasileña o iraní.  El camino hasta aquí ha sido largo y complicado.

El mundo de los hidrocarburos y su importancia para los actores geopolíticos tradicionales cobró forma a principios del siglo XX cuando el motor de explosión empezó a generalizarse y a partir de la Segunda Guerra Mundial, la victoria o la derrota de los ejércitos, se demostró que tenían mucho que ver con el control de los pozos petroleros. La victoria sonrió a las potencias aliadas en función de dos factores principales: el papel de los EEUU, resguardados de cualquier ataque por parte de las potencias del Eje y la seguridad con que rcibían el suministro petrolero (procedente de Bakú, Texas y Golfo de México). Alejamia y Japón, en cambio, se vieron castigados dramáticamente por la limitación de recursos petroleros (apenas procedente de Ploestri en Rumania y de las pizarras bituminosas de Prusia Oriental).

Los EEUU extrajeron consecuencias del conflicto y pactaron el mantenimiento de la dinastía de los Saud en Arabia Saudí, a cambio de la garantía de suministro de petróleo. Diez años después de concluir la Segunda Guerra Mundial, el suministro de petróleo ya se había reorganizado. Las “siete hermanas” (las grandes compañías petroleras hasta los años 90) acometieron la explotación sistemática de las reservas, utilizando capital occidental. Por su parte, la mayoría de los países productores de petróleo se organizaron en la OPEP que jugó un papel capital en la regulación de los precios y de los volúmenes de extracción, alcanzado su momento álgido con motivo de la primera crisis del petróleo en 1973, tras la Tercera Guerra Árabe–Israelí.

En esa época, la OPEP estableció cuotas de producción, dirigió flujos petroleros, reguló los precios y, así, contribuyó a la estabilidad del sistema mundial y, especialmente, garantizó la regularidad en el suministro de energía a precio estable y barato hacia el Primer Mundo. La URSS, por su parte, era autosuficiente en materia energética y la industria formaba parte del gigantesco conjunto estatizado propio de una economía comunista.

El hundimiento del superpetrolero Torrey Canyon, en 1969, provocó la primera marea negra a partir de la cual prosperó la conciencia econólica, justo en el momento en que empezaba a generalizarse la aplicación pacífica de la energía nuclear. A esto se unió el impacto de la crisis del petróleo de 1973. Estos dos hechos hicieron que algunos empezaran a advertir los riesgos de depender exclusivamente del petróleo y el carbón, primeros productores de polución atmosférica y con riesgo de agotamiento. Entre 1969 y 1989, la energía nuclear se consideró la alternativa más ventajosa a los combustibles fósiles. Sin embargo, a partir del desastre de Chernobil, la abolición de la energía nuclear se convirtió (sólo en el Primer Mundo) en un slogan electoral, asumido primero por los ecologistas, luego por la izquierda progresista y más tarde por la derecha conservadora. Esto no fue óbice para que en el Forum 2004 de Barcelona, el ex presidente soviético Gorbachov, reivindicara –sin éxito- la necesidad de la energía nuclear para asegurar el crecimiento económico, cuando ya se advertía el punto de inflexión entre un consumo petrolero en crecimiento continuo y el descenso en el hallazgo de nuevos pozos petroleros, la energía nuclear estuvo prácticamente proscrita en el Primer Mundo, incluso hoy se siguen cerrando centrales, mientras que en el Tercer Mundo –especialmente en China– prosigue la construcción de nuevas.

La contradicción estriba en que mientras la energía nuclear se muestra a medio plazo como la única posibilidad de obtener energía a precio asequible, en tanto los proyectos de energía de fusión no puedan concretarse y comercializarse (lo cual no ocurrirá antes del 2035 ó 2040), la “conciencia ecológica” (más o menos superficial) de las poblaciones acomodadas del Primer Mundo, impide que cualquier gobierno resuelva abordar la construcción de nuevas centrales nucleares, salvo que esté dispuesto a asumir los costes electorales de la decisión. En estas condiciones, el futuro energético del Primer Mundo, especialmente de Europa, se presenta como problemático.

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