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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Sánchez "el enterrador"

Sánchez "el enterrador"

Infokrisis.- Ya sabemos quién es el nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Le va a tocar una ímproba misión: oficiar como enterrador de las históricas siglas del partido. Poco más va a poder hacer. El sistema político español está sostenido sobre dos columnas, la de centro-izquierda y la de centro-derecha. Las últimas elecciones europeas y el conflicto generado por el nacionalismo en Cataluña han demostrado la erosión de la primera columna, el PSOE, mientras que el estallido de la crisis en el centro-derecha deberá esperar a la celebración de las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015. Aquí y ahora, el PSOE es quien se está desmoronando. Valdrá la pena explicar porqué atribuimos a Pedro Sánchez el calificativo de “El Enterrador”, propio de un western que está viviendo el PSOE.

Un partido deshilachado y en disolución

Los medios de comunicación se obstinaron hasta última hora en mantener abiertas las esperanzas de Eduardo Madina y de dar cancha al tercer candidato Pérez Tapia que estaba fuera de juego desde el principio. Finalmente ha sido Pedro Sánchez el que se ha hecho con el control de la Secretaría General por casi la mitad de los votos emitidos (dando por supuesto que las votaciones hayan sido “limpias”, lo cual en el PSOE es mucho suponer). ¿Qué tiene el nuevo secretario general ante la vista? Tiene un partido en crisis, deshilachado y que se irá disolviendo entre las manos.

El ciclo de Pedro Sánchez no ha podido empezar peor para él y para su partido. Cuando todavía sigue vivo el malestar por haber ocultado primero y minimizado luego su participación como directivo de Caja Madrid, firmante de las peores operaciones de la entidad (lo cual es todavía más grave si tenemos en cuenta que en biografía autorizada aparece como profesión “profesor de economía” –bien es cierto que en una universidad privada de poco prestigio–…, por tanto no tenía la excusa que siempre han alegado sindicalistas e “invitados” a los consejos de administración de las entidades bancarias para justificar que hubieran dado luz verde a operaciones ruinosas y aceptado balances trucados). Lo que no ocultó en cambio fue que era “aficionado” al Atlético de Madrid.

Pedro Sánchez ¿del PSOE o del PSOE andaluz?

Cuando se ha conocido las zonas que le han apoyado mayoritariamente se ha podido constatar que lo esencial procedía de la rama andaluza del PSOE. Y esto no es nada bueno por dos motivos. Es difícil saber si las cifras de afiliados que da el PSOE-A son ciertas o están hinchadas, de lo que no cabe la menor duda es de que Susana Díaz nunca le habría apoyado, de no ser un incondicional suyo. De lo que no cabe la menor duda es que los escándalos de aquella autonomía le corresponden, prácticamente en solitario, al tándem PSOE-UGT. Y no son  pocos, hasta el punto de que puede decir que el PSOE-A no tiene solamente el mayor volumen de afiliados al partido, sino también, y con mucho, ocupa el primer puesto en el ranking de la corrupción en nuestro país.

Es triste llegar a la secretaría general sabiendo que los apoyos mayoritarios proceden de la rama socialista más corrupta y clientelar de todo el Estado. Cabría preguntarse incluso si en aquella autonomía los otros dos candidatos, Madina y Tapias, han podido contar con interventores en todas las mesas electorales y si el resultado final no habrá sido “hinchado” a favor de Sánchez por los procedimientos fraudulentos habituales del socialismo andaluz desde los tiempos en los que los hermanos de Alfonso Guerra alcanzaron triste fama.

Pero el segundo elemento no es menos preocupante: se tenía a Madina como “candidato del aparato”, pero la realidad de los hechos ha demostrado lo que algunos considerábamos como hecho demostrado, a saber: que no existe “un aparato”, sino varios y que una cosa es el “aparato federal” del PSOE y otra muy distinta el “aparato andaluz”, el “aparato catalán” (que tiene incluso entidad jurídica diferenciada) y que, los distintos “aparatos” han dejado de actuar por coordinadamente y por consenso, lo que indica por sí mismo cierto nivel de desintegración. Sánchez ha resultado ser, pues, el candidato del “aparato andaluz”.

A partir de ahora quien gobernará en el PSOE no será alguien del “aparato central”  (como ha sido hasta hace poco Rubalcaba), sino un “delegado” del “aparato andaluz”. Dicho de otra manera, gobernará Susana Díaz a través de Pedro Sánchez, lo cual dará armas a la derecha para escarbar en el armario de los cadáveres inmemoriales del socialismo andaluz y apuntar a la línea de flotación de Susana Díaz para erosionar el grumete Sánchez.

Es significativo que ni Susana Díaz ni ningún otro de los miembros de la ejecutiva del PSOE, ni sus rostros más conocidos, ni sus barones más poderosos, hayan entrado en juego en la carrera por la secretaría general. A algunos, simplemente, no les interesa. Otros esperan su oportunidad y prefieren desligarse de la política partidario soñando con vencer en las primarias del partido cuando haya que decidir quién es el candidato a figurar en el cartel electoral de las elecciones generales. Y ahí la pelea puede ser a dentelladas.

La biografía de un ilustre “Capitán Fracaso”

¿Quién es Pedro Sánchez? Podría aludirse a la extraordinaria “levedad” del candidato. Economista, discreto candidato socialista al ayuntamiento de Madrid en 2003 en el puesto 23, vio como salían elegidos los 21 nombres que le precedían, pero al renunciar dos de ellos, tuvo su poltrona municipal y formó parte del equipo de Trinidad Jiménez.

También fracasó en 2008 en su aspiración a ser diputado por Madrid, pero también aquí la renuncia de otro candidato le dio el escaño. Trabajó con Pepinho Blanco y con Miguel Sebastián. Apoyó a la candidatura de Trinidad Jiménez contra Tomás Gómez para las primarias de la dirección de la Federación Socialista Madrileña de cara a presentar candidato autonómico en 2011. Fracasó de nuevo; ganó Gómez.

Y volvió a fracasar en las elecciones generales cuando se presentó por Madrid en el puesto número 11 y salieron los diez anteriores. Es esta ocasión fue la marcha de Cristina Narbona lo que le abrió el puesto. Nunca ha pertenecido ni a la ejecutiva ni al comité federal del PSOE. Poco más puede decirse de él. Típico diputado “mudito”, era un ilustre desconocido, habituado al fracaso electoral seguido de repesca. Nada más. Pues bien, este es el hombre que obtuvo 40.000 “avales” y que ha obtenido un 49% de los votos…

¿Por qué ha sido elegido? Porque es, en primer lugar, una persona obediente, en este caso a Susana Díaz; firma donde hay que firmar, sin plantear dificultades (que se le pregunten a los afectados por las preferentes en Caja Madrid), refrenda todas las decisiones de sus padrinos políticos (lo que le ha valido ser una persona sin iniciativa propia, situado siempre en lugares mediocres de las listas electorales) y puede ser la contrapartida a Pablo Iglesias: como él es profesor universitario, como él tiene en torno a 40 años, aspecto juvenil, agradable, tronchamozas y se cree que puede ser el mejor candidato frente a la amenaza que representa Podemos para el PSOE (que distintas encuestas han situado entre 5 y 9 puntos por delante de Podemos). Eso es todo.

¿Doctrinalmente? Hombre de pocas ideas. Su programa ha sido definido como un intento de llevar al PSOE “a la izquierda”, pero llega tarde, algo más de tres décadas de corrupción y el reciente recuerdo del destrozo zapaterista hacen que el votante de izquierda hace tiempo que haya dejado de creer en el PSOE. De hecho, esta orientación, incluso, puede ser problemática, si tenemos en cuenta que el voto socialista es hoy un voto de “centro-izquierda”. Desde la irrupción del PSOE en la transición, tras 40 años de ausencia, primero fue Felipe González quien, a petición del socialismo alemán (que era quien pagaba la reconstrucción del PSOE), abandonó el marxismo y realizó una política socialdemócrata. Luego vino el zapaterismo que rebajó un poco más el listón: hombre más atraído por las ideas de “reforma social” de la UNESCO y por su humanismo-universalista, los clásicos de la socialdemocracia y las actas del congreso de Bad-Godesberg, eran demasiado para él. Para colmo, la crisis iniciada en 2007 y reconocida por ZP dos años después, sepultó a la socialdemocracia y su aspiración a un “capitalismo de rostro humano”, limitándose a arrojar paletadas de dinero público sobre los agujeros generados por la mala gestión bancaria y a convertir la crisis del sector inmobiliario en crisis de deuda pública. Poco quedaba ya del socialismo en el PSOE que perdió las elecciones de 2011.  

Cuando la mirada del PSOE ya no está en el propio PSOE sino en Podemos

Para colmo, el movimiento de los indignados movilizó a la izquierda y fue el desencadenante del fenómeno Podemos que está teniendo un papel relevante en la recomposición de la izquierda bloqueando el crecimiento de Izquierda Unida, mermando a Equo y royendo al ala izquierda del PSOE. Este proceso es hasta tal punto visible que ha obligado a elegir un secretario general del PSOE pensando no tanto en conquistar el poder en la próxima ronda electoral, sino en frenar a Podemos. El PSOE ya no piensa en términos socialdemócratas, ni siquiera en términos humanistas-universalistas, sino simplemente en términos de supervivencia y así lo han entendido sus barones. Prefieren mantener puestos de poder regionales antes que comprometerse en una carrera que saben perdida. De ahí que hayan dejado al eterno segundón de Sánchez sus quince minutos (o quince meses) de fama mediática hasta el fracaso final.

Con ello se confirma una vez más nuestro análisis de que la crisis del PSOE no es coyuntural, sino estructural y que una “marca caída” jamás vuelve a resucitar por mucho dinero que se invierta. Podemos es la nueva marca de izquierda que progresivamente irá sustituyendo a la marca PSOE caída entre aromas de corrupción, de incapacidad para gobernar, de amiguismos, mala gestión, etc.

¿Cómo cristalizará la crisis terminal del PSOE? Es fácilmente previsible. En las elecciones de 2015, perderán varios cientos de concejalías, es posible, que por esas fechas, Podemos, si no comete errores garrafales, ya se sitúe por delante en las encuestas de intención de voto. Así pues, al PSOE le tocará gobernar en coalición con otras fuerzas de izquierda tanto en ayuntamientos como en comunidades autónomas. No siempre la reacción y los reflejos de sus federaciones serán los mismos, poco a poco el PSOE tenderá a disgregarse en políticas locales y autonómicas contradictorias hasta que, finalmente, sea imposible reconstruir una “alternativa socialista”. Cada “barón” optará por reservar su área de influencia en su autonomía y renunciar a aventuras destinadas al fracaso a nivel nacional. Para colmo, las coaliciones de izquierdas en las que participe el PSOE tenderán a ser inestables, tensionadas siempre por los inevitables intereses de las partes y el miedo a que tal o cual decisión conlleve la pérdida de peso electoral de alguna de las partes con la consiguiente inestabilidad del conjunto.

En algunas autonomías las federaciones del PSOE sufrirán procesos de gropuscularización. En Cataluña, por ejemplo, en donde la incapacidad para decidir el modelo de Estado, ha situado ya al PSOE como una fuerza política de segunda fila y con espacio electoral irrecuperable mientras se mantengan las actuales circunstancias.

Por todo ello, cuando atribuimos a Pedro Sánchez el calificativo de “el enterrador”, no estamos exagerando. Falta saber si es consciente de cuál es su papel en esta fiesta…

 

 

Podemos: sindicatos y ONGs

Podemos: sindicatos y ONGs

Infokrisis.- En sus intervenciones públicas, los dirigentes de Podemos suelen atacar a la “casta” como generadora de corrupción, algo en lo que no Podemos por menos que estar de acuerdo. Por supuesto, Podemos incluye también a la Corona entre esta “casta”, algo que tampoco vamos a discutir. Pero lo sorprendente es que Podemos eluda hablar de dos sectores en los que la corrupción está cómodamente anidada y que, como mínimo, comparten territorios comunes con la “casta”: Sindicatos y ONGs. Vale la pena analizar este frente.

Sorprende que en el programa de Podemos la palabra “sindicato” no aparezca ni en una sola ocasión. Otro tanto ocurre con la palabra ONG. Y es raro, porque se supone que Podemos es una formación de izquierdas y que entre las componentes de este sector, los sindicatos y las ONGs tienen un papel importante. La omisión no es “inocente”, sino deliberada: tantos los sindicatos como la mayoría de ONGs figurante entre los sectores más corruptos del país. Mencionar la corrupción implica necesariamente mencionar a las ONGs y a los sindicatos, y todavía más si tenemos en cuenta que unos practican la “estafa humanitaria” y otros la “estafa social”.

La “estafa humanitaria”. Concepto y definición.

Se entiende por “estafa” aquel engaño en el que el sujeto activo del delito (el estafador) se hace entregar vienen patrimoniales por medio del engaño, haciendo creer en la existencia de algo que en realidad no existe. Por ejemplo: se entregan 20 euros para “apadrinar a un niño del Tercer Mundo”, niño que, en realidad, no existe. Como máximo las varias ONGs que practican esta estafa, construyen una escuela, muy de tanto en tanto, malamente equipada para justificar el que “hacen algo”, mientras que los estafados creen que sus 20 euros van a parar a la manutención de un niño…

Se entiende por “estafa humanitaria” jugar con los sentimientos solidarios y humanitarios de la población, para obtener ingentes cantidades de fondos de los que solamente una mínima parte (casi nunca mas del 25%) se utilizan para el fin social declarado, yendo a parar el resto a gastos de promoción de la ONG, pago de salarios, compra de materiales fungibles, muebles e inmuebles, comisiones, dietas, etc. Se apela a la solidaridad simplemente para estafar.

La “estafa humanitaria” ha alcanzado niveles estratosféricos desde el momento en el que la izquierda humanista y universalista se empeñó, a finales de los años 90, en alcanzar el 0’7% del presupuesto del Estado para ayuda humanitaria… Durante el período zapaterista se rozó esta cantidad, una parte importante de la cual fue a parar a las más inverosímiles ONGs, empezando por el Movimiento Contra la Intolerancia y terminando por ONGs de ayudas a minusválidos, a parados, etc. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar y a lo que está legislado, las ONGs no son sometidas a ninguna fiscalización sobre el destino del dinero que se les entrega. Nunca. Si esto es así es porque, en el mero hecho de entregar un subsidio a una ONG, responsables de la entidad que lo transmite ya han pactado su comisión. El que no se pueda demostrar (o mejor, que no se quiera demostrar) no implica que no sea un secreto a voces. A partir de ahí, se entiende perfectamente la opacidad que sigue. El Estado puede alardear de que hace una “gran labor humanitaria” y las ONGs receptoras de los fondos públicos pueden sobrevivir durante un año más y sus propietarios enriquecerse mediante la consabida “estafa humanitaria”.

La “estafa social”, o porqué los sindicatos se convierten en mansos corderitos

La “estafa social” es igualmente cínica y dramática. Se hace creer que los sindicatos representan a alguien en lugar de a burocracias sindicales que los dirigen, unas burocracias con pocas ganas de trabajar, mucho interés en huir de los tajos y de los horarios laborales. Luego, pomposamente, se eleva a estos sindicatos vacíos de trabajadores al rango de “agentes sociales” y se les atribuye la representatividad de TODOS LOS TRABAJADORES, cuando en realidad solamente representan los intereses de su burocracia y de los que la mantienen.

Probablemente en España el cobro de cuotas sindicales esté por debajo del 5%. Los sindicatos viven solamente de subsidios directos (a las propias organizaciones sindicales en concepto de la presunta función social que realizan) e indirectos (como la realización de cursillos de formación profesional). No es raro que, finalmente, esas burocracias sindicales acomodaticias y domesticadas, sean la voz de su amo y si el amo dice que hay que ampliar los plazos de cotización a la SS, imponer nuevas condiciones de contratación, restar derechos sociales, etc, bastará con una propina a los sindicatos para que sus líderes terminen “negociando” y firmando todo lo que se les ponga bajo las narices. La “apariencia democrática” del proceso y los “derechos de los trabajadores” quedan así asegurados.

De hecho, los sindicatos figuran en España como las entidades más desprestigiadas y corruptas y lo sucedido en la UGT andaluza no es sino la punta del iceberg, el caso más flagrante de “estafa social” habido hasta la fecha.

¿Sólo la “casta” es corrupta?

Sin embargo, Podemos elude hablar de ambos tipos de estafa y, en general, da la sensación de que, en esos frentes ni hay corrupción ni se la espera. ¿Qué ocurre? ¿Por qué ese afán en denunciar a la “casta” y salvar a los sindicatos y a las ONGs? Es simple, porque así como la frontera entre la “casta” y Podemos es nítida, existe una frontera nebulosa y ambigua entre Podemos y los sindicatos o las ONGs. De hecho, muchos miembros de Podemos están afiliados a Comisiones Obreras y a UGT y otros trabajan en y con ONGs.

Así pues, su campaña contra la “corrupción” y contra la “casta”, evita el tocar a los sectores en los que, en cierta medida, participan “los amigos”. El hecho de que en el programa de este partido no se mencionen ni a unos ni a otros es significativo de la ambigüedad en la que se mueven.

En el momento actual llama la atención como es posible que ningún partido, ni siquiera Podemos, haya pedido la DISOLUCIÓN DE LA UGT-Andalucía y la SUSPENSIÓN DE LA AUTONOMÍA ANDALUZA a la vista de la corrupción generalizada y de la imposibilidad de realizar un cambio por vía electoral en aquella comunidad dadas las redes extremas de clientelismo que hacen que el “régimen andaluz” tenga ya casi 40 años a lo largo de los cuales la corrupción inicial (el Caso Guerra se inició allí, precisamente) se haya ido extendiendo capilarmente hasta imposibilitar cualquier cambio político.

La “casta” no puede reducirse solamente a la “clase política”; hacerlo significa no percibir lo que ha ocurrido en España en los años de la “democracia”. La corrupción, anidada en la totalidad de niveles y estructuras del régimen, desde la corona hasta los ayuntamientos, desde las ONGs hasta los sindicatos, desde las comunidades autónomas hasta el parlamento y desde el Senado hasta las comunidades de vecinos… se ha convertido en el rasgo más distintivo de este período histórico. Cuando se habla de “lucha contra la corrupción” se está hablando de lucha contra un sistema global de intereses que ha penetrado en todos los sectores e instituciones de la vida pública y de la sociedad. La “casta” es solamente una de las estructuras corruptas… pero, desde luego, no la única. Hayan robado lo que hayan robado todos los Urdangarín que se mueven en las esferas de poder, probablemente sea muy similar a los botines obtenidos por otros mediante las “estafas humanitarias” y las “estafas sociales” a las que hemos aludido.

Podemos, y este es el fondo de la cuestión, no quiere darse zarpazos a sí misma. No quiere amputarse simpatías de unos sindicatos que saben que el ciclo de lo que hasta ahora ha sido la izquierda tradicional (PSOE, PCE, IU) se está acabando y que pronto tendrán que tratar con otra “casta”. Podemos prefiere  contar con la neutralidad de los sindicatos y, por tanto, mejor olvidar sus cadáveres escondidos en la sala de fotocopias o el olor a podrido que emana desde sus despachos. Y lo mismo cabe decir en relación a las ONGs.

Tener el valor de enfrentarse a la corrupción como totalidad

¡PERO ESTO NO ES COMBATIR A LA CORRUPCIÓN! La corrupción no puede dividirse en especialidades, algunas de las cuales, mejor eludir (las de las ONGs y las de los sindicatos) por aquello de que son “fuerzas de izquierda progresista”) y otras a las que hay que atacar de manera inmisericorde (la protagonizada por la “casta” y la “monarquía”). De persistir en esta actitud Podemos, cabría pensar que su ataque a la “casta” está solamente motivado porque es el obstáculo que le impide el acceso al poder. Dispuesto a abrirse paso a codazos, Podemos debe de combatir la corrupción de los partidos que le taponan… pero pasa completamente de largo, a las ONGs y a los sindicatos. Y, por eso, es lícito dudar de la firmeza de su voluntad real de combatir a la corrupción, A LA TOTALIDAD DE LA CORRUPCIÓN.

Esto es, ya de por sí, preocupante… la nueva alternativa que ha esperanzado a un sector del electorado y que se presenta como signo de renovación, mantiene en su programa una peligrosa zona de silencio en torno a la “estafa humanitaria” y a la “estafa social”.

Es evidente que este aspecto no puede ser resaltado por la derecha en su ofensiva contra Podemos. La derecha solamente desearía que nadie hablara de corrupción y, en este caso, la derecha que está gestionando el poder debería explicar cómo es que sigue donando fondos cuantiosísimos a las ONGs y a los sindicatos y estos fondos están COMPLETAMENTE FUERA DE CONTROL Y DE FISCALIZACION POR PARTE DEL ESTADO.

La corrupción no es un fenómeno que afecte solamente a una parte del Estado: afecta a la totalidad del Estado y, lo que es peor, a la sociedad. Tiene gracia que un fiscal anticorrupción forme parte de Podemos. Habría que preguntarle: ¿Qué hizo usted contra la “estafa humanitaria” y contra la “estafa social”?  Esas dos modalidades de estafa existen y forman parte del proceso de corrupción generalizada que difícilmente puede combatirse por los medios convencionales ofrecidos por la justicia democrática hasta ahora. Tampoco Podemos propone medios especiales para combatir a la corrupción. Ni medidas ejemplarizantes.

Sin embargo, está claro que el delito de corrupción es más grave que un simple delito cometido por un particular contra otro particular: es un delito contra la sociedad y, por tanto, en su luchan deben de emplearse medios de singular dureza tanto en las penas de prisión, como en la confiscación de bienes, subordinándose cualquier beneficio penitenciario a la restitución de la totalidad del capital robado con los intereses correspondientes.

Los delitos de “estafa humanitaria” y de “estafa social” deben ser incluidos en el código penal como agravantes de los casos de corrupción, al utilizarse excusas que afectan a situaciones dramáticas, emotivas o sentimentales para poder realizar el delito. Y, por supuesto, la disolución de las organizaciones implicadas en estos casos con la consiguiente confiscación de bienes se impone en estos tipos de estafa.

Nos gustaría que Podemos hablara algo de todo esto, pero está presa, no solamente por los lazos de algunos de sus dirigentes con sindicatos y ONGs, sino especialmente por esa mentalidad “progre”, de carácter humanista y universalista que se niega a ver en el propio bando la progresión de la corrupción. Eso es lo que impide a Podemos ir mas allá de las posiciones de la izquierda clásica, una izquierda que en su versión socialista, comunista o ecosocialista, ya está suficientemente desgastada.

En Podemos hay otra forma organizativa, otros rostros, pero sigue existiendo esa misma mentalidad “progre”, cargada de tópicos situados por encima de la objetividad y del rigor del análisis. Ya hemos aludido a la posición de Podemos en relación a la inmigración (no de los factores esenciales de la globalización a la hora de reconfigurar el mercado laboral en Europa), ahora podemos añadir también su silencio ante la “estafa humanitaria” y la “estafa social”, silencios elocuentes que configuran a Podemos como un nuevo look para envolver las ideas “progres” de siempre. Pero nada que vaya mucho más allá.

(C) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

 

 

 

 

 

 

 

El país más ruidoso...

El país más ruidoso...

Info-krisis.- España es un país ruidoso. Es más, es el país más ruidoso del mundo. No solamente la modernidad genera ruidos mecánicos más allá del umbral de lo tolerable, sino que la sociedad española es la más ruidosa de todo el globo. El ruido es tan abominable como el silencio es el caldo de cultivo de todo aquello de lo que la humanidad puede estar orgullosa. Las civilizaciones tradicionales han sido civilizaciones del silencio y de la serenidad. Se cultivaba el silencio porque se intentaba que cada cual fuera él mismo. Si hoy, en nuestra España bulle la más ruidosa de todas las sociedades es porque ocupamos un lugar avanzado en la degradación de las costumbres y en los procesos de desintegración social. No es, precisamente, como para estar orgullosos, pero así están las cosas… Vale la pena reflexionar sobre ello.

 

¿Somos el país más ruidoso del mundo? El 24 de abril de 2013 el diario ABC publicada una pequeña noticia acompañada de vídeo en el que respondía a esta cuestión: No, no somos el país más ruidoso del mundo (http://www.abc.es/videos-espana/20130424/espana-segundo-pais-ruidoso-2324696589001.html), el título corresponde al Japón, nosotros nos debemos contentar con una discreta segunda plaza. La noticia venía a cuento de que los inspectores de GAES (empresa dedicada a la venta de prótesis auditivas) habían recorrido las calles de Madrid, Barcelona, Bilbao y Sevilla para concienciar a la población sobre los altos niveles de ruido y cómo pueden afectar a la salud. Era el Día Mundial contra el Ruido. Durante la jornada se detectaron en España sonidos muy por encima de los niveles recomendados por la OMS. El óptimo son 65 decibelios; lo registrado en España estaba siempre muy por encima. Estos estudios de la OMS situaban a España en segundo lugar como país ruidoso, tras el Japón. Pues bien, no. Creo que podemos reivindicar el primer puesto.

España: la sociedad más ruidosa del mundo

La OMS mide los ruidos registrados en las calles a causa de elementos mecánicos, habitualmente vehículos, obras y sonidos derivados de la vida ciudadano. Pero eso no son todos los ruidos. La misma sociedad los genera: y la sociedad somos cada uno de nosotros. Los japoneses, educados en las tradiciones del Zen y del Shinto, “sufren” el ruido y lo superan precisamente por ese tipo de educación que interioriza la vida y la vuelve ajena al exterior. Ellos mismos, ni se expresan a gritos, ni viven dando gritos, sino todo lo contrario. Incluso cuando sufren los mayores dolores y desgracias personales y colectivas, están obligados a mostrar un rostro inexpresivo y a eliminar sus lamentos. La modernidad ha hecho del Japón un país ruidoso, pero los japoneses, en cambio, no lo son. De ahí que España vaya muy delante y puede reivindicar el dudoso honor de “país más ruidoso del mundo”.

En efecto, aquí no solamente la sociedad genera los ruidos propios de la modernidad, sino que el español tiene a gala ser gritón desde el momento mismo de nacer. He viajado en los últimos tres años por docena y media de países. Estoy muy sensibilizado por el ruido y puedo asegurar que la sociedad española es, con mucho la más ruidosa de entre todos esos lugares. Da la sensación de que se ha producido un “efecto llamada” para gentes ruidosas de todo el mundo que han convergido en España, “paraíso del ruido” y de la inhibición del Estado, de las Comunidades Autónomas y de los Ayuntamientos.

En el extranjero es diferente…

En Praga tuve una epifanía: estaba sentado en una céntrica cafetería y, justo al lado, tenía una mesa con cuatro niños de, más o menos, 13 años. Hablaban. Eso era lo sorprendente para un observador español: ni jugaban con videojuegos, ni aporreaban sus móviles, ni siquiera gritaban. Hablaban. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que en España desde hacía mucho tiempo no había visto a cuatro niños de esa edad, sentados en torno a una mesa, serenos y cambiando impresiones en torno a una merienda.

A partir de ahí me he ido fijando en la reacción de los niños de todo el mundo y en su comportamiento habitual: solamente en España parecen rabiosos, gritan constantemente y da incluso la sensación de que si sus padres no les oyen gritar tienden a creer que están enfermos. Porque, lo normal es que los padres hayan dejado de preocuparse de que sus hijos jueguen y convivan dando alaridos. Cada vez más, el lenguaje de los niños españoles está dejando de ser un lenguaje hablado para ser un conjunto de gritos, onomatopeyas y sonidos que oscilan entre el alarido y el gruñido. Nada parecido a los niños canadienses, a los niños portugueses, a los niños serbios, a los niños malteses, a los niños neozelandeses, a los niños sardos y así sucesivamente. Hemos logrado que la próxima generación no solamente no sepa escribir y que colocar todas las letras en una palabras sea algo inútil y cansino, sino que tampoco sepa hablar y que los gritos y las onomatopeyas sustituyan, como en los mensajes SMS, a las palabras.

Y esto es preocupante, porque indica el grado de decadencia de nuestra sociedad. Observad a las gentes en los transportes públicos: estaba ayer en un tren abarrotado cuando veo a una niña de color de no más de 16 meses en su carrito, molestando a todos los viajeros a los que lograba  alcanzar con sus cortos brazos. Además, la niña berreaba. La madre, a todo esto, al lado, jugando con el tablet, completamente despreocupada, como ausente. A la vista de que la madre era blanca y de edad media, era fácil suponer que había comprado la niña a una de esas empresas de adopción especializadas en adquirir niños a bajo precio en los mercados africanos y venderlos en Europa como si se trataran de mascotas. Y la “madre” debía de tener, más o menos, el mismo concepto porque actuaba con el desinterés propio de la propietaria de un pekinés que ya la ha dejado de fascinar y para la que sacar al perro a dar una vuelta, se convierte en un engorro tedioso.

Justo cuando empezó a bajar gente del tren me di cuenta de que, además, varios jóvenes, de aspectos magrebíes unos, andinos otros y españoles, por supuesto, competían con el acordeonista rumano en convertir aquel vagón en una olla a presión de decibelios. Además de estos, están los que al contestar el teléfono, lejos de hacerlo discretamente, nos obligan a todos los viajeros a que conozcamos sus miserias. ¿Cómo decirles a unos y a otros que ni su música, ni sus conversaciones nos interesan lo más mínimo? Y lo que es peor: ¿podrían comprenderlo? La respuesta que nos daría el magrebí o el andino es que somos racistas. El adolescente español con mirada perdida, el rostro inexpresivo y un rap en el móvil, es probable que ni siquiera entendiera de qué diablos le estábamos hablando.

Avances tecnológicos en manos de paletos

Me ha llamado la atención otro peligro puesto de manifiesto por los otorrinos. Los auriculares de mala calidad (regalados en los trenes de larga distancia, pero también los vendidos con determinados móviles) pueden generar problemas auditivos graves si se utilizan sistemáticamente al máximo de decibelios. El tímpano, simplemente, se endurece. Los consultorios de la seguridad social vienen registrando un aluvión de jóvenes con los oídos supurando, inflamados, o con los primeros síntomas de sordera a los 25 años… Algunos estudios médicos convienen que un porcentaje alto de jóvenes tiene ya tímpanos que corresponden a la tercera edad.

No me importaría en absoluto que esos cretinos se convirtieran en sordos prematuros si no fuera porque la prótesis la tiene que pagar la SS (es decir, usted y yo) y porque están en torno a los 3.000 euros o más. Por lo demás, la mala calidad de los auriculares hace que en algunos casos, no solamente el pobre diablo que los lleva encajados entre el cerebro, tenga que aguantar su ruido, sino que éste alcance a la gente situada en las inmediaciones. Podemos estamos establecer una ley precisa: cuando más cretino es uno de esos sujetos, peor música escucha. Comprobadlo y me daréis la razón.

Cuando se pone en manos de un paleto un teléfono de última generación el destrozo está garantizado: en primer lugar porque, cuando lo utilice, gritará como un poseso y nos obligará a saber a ciencia cierta que es solamente un pobre paleto, sin educación, sin cultura y haciéndonos dudar incluso de si es “portador de valores eternos” o simplemente no porta más que su propia estupidez. Si tiene que oír música, será sin duda la peor música del mundo, diseñada especialmente para homínidos como él. Si tiene que jugar a un videojuego, pondrá el sonido de tal manera que podamos seguir las vicisitudes de la partida a menos de diez metros a la redonda de donde se encuentre. Pon un avance tecnológico en manos de alguien que difícilmente hubiera manejado el pedernal y la azagaya y tendrás un foco emisor de decibelios más.

Quizás el problema sea que desde los años 80 las discotecas españolas han ido elevando los niveles de ruido hasta prácticamente el umbral del dolor. No es raro que se consuman drogas de diseño en algunas discotecas como quien consume azucarillos: de otra manera, difícilmente se podría soportar horas y horas el ruido que apunta directamente contra el corazón.  Hace unos años, un DJ que además era miembro de la banda rock Defcomdos, me comentaba que la gente “se ponía muy loca” con la música que él generosamente les ofrecía. Debía ser verdad y él debía saberlo. Por aquel tiempo, en una fiesta de San Juan estaba previsto que a la medianoche parara la música y un presentador enviara un mensaje del sponsor. Cuando se le dijo al DJ que interrumpiera el festival de decibelios, se negó: simplemente, no quería que lo lincharan allí mismo. Y yo que estaba allí en nombre de un medio de comunicación, percibí que, efectivamente, si la música se detenía bruscamente aquella masa enloquecida hubiera podido reaccionar de la manera más destructiva posible.

Entre eso y que se ha convertido en habitual el botellón (que no es tanto, la reivindicación de un espacio de diversión barato, sino la expresión de la necesidad de emborracharse cuando antes y a la manera más rápida posible) y las drogas “blandas” (que no son sino inhibidores y anestésicos ante la realidad social), parece bastante claro que algo está fallando y que, solamente así se entiende el que seamos el país más ruidoso del mundo. Incluso, el país, con mucho, más ruidoso.

Sociedad tradicional y ruido

Hay que distinguir fiestas como las mascletás valencianas durante el ciclo de fallas, en la que el ruido provocado por kilos y kilos de pólvora se convierte en el desencadenante de una catarsis colectiva, o la fiesta de los tambores de Calanda en donde durante 24 horas el sonido extático de la percusión nos sitúa en otro estado de conciencia. Al igual que el carnaval es la fiesta en la que lo anormal pasa a ser durante unas horas lo normal, para recordar lo que es el orden y lo que es el caos, las fiestas tradicionales del ruido, nos recuerdan lo que es el silencio y la serenidad: aquello que debía ser lo normal a lo largo del año.

Silencio y serenidad van juntos. Incitan al estudio, a la introspección, a la reflexión, o simplemente al vacío mental y a la relajación. No solamente son necesarios para acometer una vida equilibrada y plena, sino que también son imprescindibles para nuestra cordura. Sólo en la ausencia de ruidos podemos recordar quienes somos, podemos ser nosotros mismos y encontrarnos a nosotros mismos. Es evidente que muchos prefieren huir de sí mismos, de sus pobres existencias, de su miserable cotidianeidad, sumergiéndose en una orgía de ruidos.

En cierta ocasión pregunté a un adolescente aficionado a los ritmos más estridentes “¿Por qué te gustan esas músicas?”. La respuesta fue probablemente de las más precisas que he oído nunca: “Porque así no pienso”. Y es que pensar puede generar angustia; es más cómodo huir de los problemas, jugar al avestruz, no encarar jamás la realidad. Pues bien, a eso se le llama “alienación”: alguien alienado es alguien que no es él mismo, sino otra cosa y que es incapaz de llegar a entender lo que supone ser él mismo.

Se entenderá que nos sintamos comprometidos en una campaña personal contra el ruido: no solamente porque anhelamos el silencio como anhelamos el calor de una mujer o como anhelamos cerveza helada en los calores del verano, sino porque consideramos que el ruido es otra patología social y un signo más de degradación y brutalización de una sociedad que está en trance de perder cualquier rastro de orden y ante lo cual lo único que puede hacerle olvidar sus miserias es el aturdimiento de los sentidos.

El gran Buda Sakyamuni, procedente de la casta guerrera, pero predicador incansable de la introspección como camino que conduce a la verdadera serenidad y estabilidad interior, era, por lo demás, pacifista y, sin embargo, tiene una frase que seguramente nos debe hacer pensar: “Si alguien perturba tu meditación, mátalo”. Traigo la frase no como “norma” de comportamiento, obviamente, sino como muestra de que una sociedad tradicional asume que su principal enemigo es el ruido y todo aquello que nos separa de nosotros mismos… justo lo contrario de la sociedad española moderna que, por ser líder de algo innoble, paleto y sin gloria, es líder mundial en ruido… 

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibica la reproducción de este artículo sin indicar origen.

La derecha ante Podemos

La derecha ante Podemos

Infokrisis.- Desde que se conocieron los resultados de las elecciones europeas de mayo, la derecha se enteró de que tenía un nuevo enemigo que hasta entonces había desconsiderado, Podemos. La política del PP en relación a Podemos, hasta ese momento, había ignorado a este partido. Al conocerse los resultados del 25–M, la cúspide del PP entendió que esta nueva sigla no solamente amenazaba a las bases electorales del PP sino la estabilidad misma del bipartidismo en España. Y entonces empezó a multiplicar sus ataques utilizando para ello a los restos de la “Brunete mediática”. Desde entonces los ataques han sido diarios, siempre sobre los mismos ejes y… completamente equivocados en sus planteamientos. Más que erosionar a Podemos, tiende a reforzar sus argumentos.

La derecha ataca a Podemos con argumentos que nada tienen que ver con los razonamientos que han llevado a 1.500.000 de ciudadanos a votar a esta formación. Se diría que la derecha y los votantes de Podemos pertenecen a dos universos diferentes. Resulta difícil que el PP y sus satélites mediáticos rectifiquen. El efecto logrado es justamente el opuesto al buscado: cada vez que en una tertulia pública algún periodista próximo al PP lanza los mismos ataques a cualquiera de los dirigentes de Podemos y ellos están en condiciones de responder, siempre, inevitablemente, éstos propinan revolcones históricos a sus oponentes. Quizás el problema sea que los argumentos que existen contra Podemos (porque la teorización de este grupo es extremadamente débil) no pueden ser utilizados por el PP. Vamos a ver qué es lo que falla en la argumentación de la derecha.

“Podemos se solidariza con el terrorismo etarra…”

Argumento falso y mendaz. No encontraréis en ningún escrito de dirigentes significativos de Podemos una defensa de ETA, ni de sus crímenes, ni del terrorismo como arma política. Además, el argumento es inútil porque en este momento ya no existe terrorismo. Pablo Iglesias ha dicho que detrás del terrorismo de ETA existía un conflicto político, algo que es rigurosamente cierto. No es que los etarras asesinaran solamente porque tenían “malos instintos” o porque fueran unos psicópatas (que, sin duda, lo eran), sino porque existía un trasfondo político.

El problema es que la derecha todavía no ha identificado al verdadero enemigo que no es tanto el “terrorismo” como el “nacionalismo”. El “terrorista”, no deja de ser un psicópata sediento de sangre al que se le puede derrotar a través de una acción metódica de las fuerzas de seguridad del Estado, pero el “nacionalismo” es un virus que se filtra en las mentes y que, a fin de cuentas, constituye la “excusa” y la “justificación” para los actos terroristas. Ignorar esto y dar una carta de naturaleza al “nacionalismo”, simplemente porque, como ideología “no mata”, está en el origen de la actual situación en la que el antiguo “frente político” de la organización terrorista, puede perfectamente convertirse en el partido mayoritario en el País Vasco, superando al PNV, y dotado de un programa fundamentalmente “nacionalista” y “social”. Si el “terrorismo” asesinaba a personas, el “nacionalismo” asesina al Estado.

Desde el momento en el que la derecha ha negado siempre el carácter “político” del problema del terrorismo en el País Vasco, cuando ha aparecido una fuerza situada a la izquierda del PSOE y en un lugar impreciso en los contornos de Izquierda Unida, ha tendido a considerar que ese era el espacio propio de la extrema–izquierda y, por tanto debía ser necesariamente “pro–etarra”.

Pero, si analizamos las cosas con una mayor amplitud de miras se percibe que los medios de comunicación de derechas nunca han podido reproducir ningún documento en el que Pablo Iglesias defienda el terrorismo y a ETA. Obstinarse en presentarlo como “cómplice de ETA” implica darle la oportunidad, una y otra vez, de repetir un discurso convincente sobre la materia, a saber: que hay un trasfondo político en el “problema vasco”  y que el programa “social” de Amaiur coincide casi completamente con el de Podemos.

¿Dónde radica el error de Podemos en su análisis? En considerar al “nacionalismo” como un “movimiento de liberación” y, por tanto, que responde a las justas aspiraciones de una comunidad… cuando en realidad no es más que la expresión de los intereses de una burguesía que, al haber alcanzado cierto desarrollo económico, se cree en condiciones de ser hegemónica y no admite otra autoridad por encima de la suya. Desde este punto de vista, todo nacionalismo es condenable en tanto que va ligado a la forma económica en la que mejor se expresan los intereses de la burguesía: el capitalismo, el liberalismo económico y el libremercado.

Tal es el primer error de análisis de Podemos. Porque, no solamente la derecha se equivoca y la izquierda socialista es un residuo oportunista de otros tiempos, sino que los análisis sobre el capitalismo de Podemos tienen este “pequeño” agujero que se une a otros que hemos reseñado en anteriores escritos (el más espectacular es, precisamente, su defensa de la inmigración masiva).

Podemos recibe subvenciones de Venezuela…

Es posible que así sea y que Pablo Iglesias haya recibido tantos o cuantos miles de Euros del país “bolivariano”; o no, importa poco. Pero Venezuela está a 10.000 km de distancia y, salvo en la mentalidad de FAES y de José María Aznar, lo que ocurra allí interesa poco o muy poco al elector medio español. Decir que Podemos recibe subsidios de Venezuela podría ser contestado diciendo que el PSOE recibió desde 1973 hasta 1983, durante 10 años, miles y miles de marcos de la Fundación Ebert, vinculada al Partido Socialdemócrata Alemán y que luego éste partido se cobró con creces cuando negoció con Felipe González el tratado de adhesión de España la Comunidad Europea… Sin olvidar que la Fundación Cánovas del Castillo tramitaba las subvenciones llegadas de la Fundación Adenauer dependientes de la CDU, el partido democristiano alemán… Así que en esto de las subvenciones el que sea inocente que tire la primera piedra.

Venezuela sigue su camino. Lo que ocurra allí compete a los venezolanos solamente. Hay algo en el bolivarismo extremadamente atractivo: su deseo de independencia nacional, de parar los pies a los EEUU que desde la conquista de Texas han considerado a todo el continente como patrimonio propio. “América para los americanos… del Norte”, tal era la doctrina Monroe que sigue vigente. No se puede reprochar a Venezuela, el que haya querido seguir una vía propia. No siempre se acierta y todo lo que ha ocurrido allí no es precisamente edificante. Pero tampoco hay que olvidar que los EEUU, el mismo Aznar en su momento, intentaron desestabilizar aquel país y que las cosas volvieran a estar como siempre: con una Venezuela gobernada por una clase política que miraba más a Washington que a las colinas que rodean Caracas…

Quizás el error de Podemos sea asumir todo lo que ocurre en Venezuela como “positivo”. Es el pago a los presuntos o reales dineros recibidos de aquel país. Ahora bien, Venezuela está lejos y la experiencia bolivariana tiene un punto atractivo incuestionable: la búsqueda de la independencia y el interés en romper la tiranía del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, del poder del dinero y de la tutela norteamericana y aliarse con otros gobiernos de la zona que albergan los mismos objetivos.

El fondo de la cuestión es elegir al “enemigo principal”. Chávez y Maduro lo han hecho: su enemigo es la oligarquía local al servicio de los EEUU. Algo conocerán de los problemas de su país. Sin olvidar, naturalmente, que el estilo populista del que hacen gala es habitual en Iberoamérica y no produce los mismos efectos que en Europa. Los errores que han cometido los regímenes bolivarianos y el mismo castrismo no les restan completamente un fondo de razón: los EEUU son el “enemigo principal” de los pueblos iberoamericanos. En cuando a “respetar la democracia” habría mucho que hablar sobre quién puede dar lecciones de democracia en España. Y lo dice el que esto escribe, alguien que fue torturado por la policía 100 días después de que Felipe González llegara al poder y que abominó de que Aznar hiciera caso omiso de la voluntad de un pueblo que no quería inmiscuirse en la criminal aventura norteamericana en Irak. Porque la “democracia de los 10.000 aforados”, la “democracia de los corruptos”, la “democracia de la calle es mía”, la “democracia de gobernar por decreto–ley” y la “democracia que impone cargas a las clases medias”, esa se parece a la democracia tanto como un huevo a una castaña.

Venezuela está lejos y cada vez que se recuerda este país a Pablo Iglesias se le está dando una ocasión para recordar todo aquello que acabamos de recordar ahora mismo. La derecha española lo está haciendo tan mal (la “reforma fiscal” ha sido el último intento de modificar algo para seguir aumentando la presión sobre las clases medias) que los errores del gobierno venezolano son pecata minuta para un pueblo con 6.000.000 de parados, 25% de la población cerca del umbral de la pobreza, un 57% de paro juvenil y convertido en un país periférico en la UE y de servicios, sin esperanza y sin fe en que un día podrá levantar la cabeza.

El PP, una vez más se ha equivocado en su línea de ataque. Toda derecha que no es “nacional”, esto es que busca a un “hermano mayor”, un “primo de Zumosol”, en el extranjero, termina siendo antipatriótica y antinacional, además de antisocial (muy bueno la retención en el IRPF a las indemnizaciones por despido propuesto en la última reforma fiscal…). Y es “antisocial” en la medida en que no puede existir justicia social, ni justicia distributiva, allí en donde se asume el neoliberalismo y sus valores. Es posible que en Venezuela se cometan injusticia, pero no nos cabe la menor duda de que son el resultado de décadas de liberalismo y de políticas antisociales.

Podemos no tiene programa de gobierno…

La derecha alerta sobre que en caso de gobernar Podemos, estaríamos en manos de unos aventureros y desalmados, unos verdaderos okupas del poder. Dicen que el programa de Podemos es inaplicable y nos situaría en el aislamiento internacional y en la ruina económica. No está del todo claro.

En primer lugar, algunas de las medidas que propone Podemos son lógicas y elementales: la deuda española es impagable. Llevamos cuatro años con una presión fiscal creciente y en todo ese tiempo no hemos reducido ni un euro el mayor de la deuda, todo ha ido destinado a pagar intereses. Cuando Podemos propone dejar de pagar la deuda y proponer una quita no está diciendo nada que no sea necesario y que no se haya ensayado antes en otros países… que, por cierto, han sobrevivido y gozan de mejor salud en la actualidad que nosotros. En Iberoamérica, por ejemplo.

Con este argumento, la derecha solamente demuestra su sumisión hacia los “señores del dinero” y los compromisos adquiridos con la alta finanza internacional. No es un buen argumento, porque sectores cada vez mayores de este pueblo empiezan a opinar que la sumisión no es la mejor actitud, que ya han sufrido suficiente presión para pagar una deuda generada por la banca alemana (Jordi Ébole resumió perfectamente la situación: “Durante unos años España fue yonki del crédito, pero Alemania fue su camello”). Además, cada vez que se recuerda ese argumento, la población tiende a recordar que fueron los errores en el modelo económico instituido por José María Aznar que no fueron corregidos en la primera legislatura de Zapatero y los errores de éste en su segunda legislatura a la hora de adoptar medidas, lo que nos ha situado donde estamos. Así pues, PP y PSOE son solidarios en responsabilidades por la actual crisis.

Así pues, ni PP, ni PSOE tienen derecho a echar en cara ni a Podemos ni a nadie, que “no tienen programa” o que “su programa es suicida”, porque hasta ahora han sido precisamente los gobiernos de estos dos partidos los que nos han situado en situación de ruina. Tampoco aquí, ni el PP ni el PSOE son inocentes, ni los más adecuados para reprochar a otros programas inasumibles.

En el PP tienden a ver a los dirigentes de Podemos como okupas, perroflautas piojosos o lelos emporrados… Olvidan que entre su clase dirigente figuran títulos universitarios de todas las especialidades y que muchos de ellos son brillantes profesionales y profesores de cierto renombre a pesar de su juventud. Seguramente hay más títulos universitarios en Podemos que en un PP que adolece de exceso de titulados en derecho, la mayoría de pocos pleitos. Tratar de degradar la realidad de un partido que puede exhibir sus títulos universitarios de sus miembros no parece la mejor forma de pararles los pies. La derecha, sin embargo, ha tirado por esa vía pensando que, repitiendo una y mil veces la imagen de perroflautas en electorado los abandonará por insolventes. Error.

Cada vez que se utiliza este argumento contra Podemos, estos responden como era de esperar: recordando a dónde nos han llevado las políticas neoliberales, la reforma del mercado de trabajo, las sucesivas reformas fiscales, coronadas todas ellas por una corrupción generalizada que abarca a todas las instancias del Estado. Cada vez que se cuestiona la viabilidad del programa de Podemos, contraatacan simplemente exponiendo la actual situación del país y recordando que ya va siendo hora de liquidar al régimen de los corruptos.

Y estos argumentos tienen una fuerza extraordinaria que todavía sería superior, si Pablo Iglesias fuera capaz de desembarazarse de todos los tics progresistas, de todos los tópicos humanistas–universalistas, de ese antifascismo de oficio que aureola a toda la izquierda, si tuviera coherencia doctrinal y fuera capaz de establecer razonamientos y realizar hasta el final una crítica a la globalización sin partir de apriorismos y de la utilización de tópicos (“xenofobia y racismo” para quienes denunciamos que la inmigración masiva es un arma de la globalización, entre otros), probablemente Podemos sería un movimiento en el que muchos nos reconoceríamos y no tendríamos inconveniente en apoyar si fuera él el llamado a empuñar la piqueta de demolición de este régimen terminal.

Algunas conclusiones

Lo que la derecha está demostrando con estos ataques viscerales es que, efectivamente, tiene miedo. Miedo porque Podemos se ha reforzado extraordinariamente desde el 25 de mayo y ya no es un movimiento balbuciente o una estrella fugaz a lo Ruiz Mateos. Miedo porque a medida que se vayan acercando las elecciones generales se verá que –tal como preveíamos en nuestro libro Indignarse con los indignados– la distancia entre Podemos y el PSOE se va acortando y, veremos, a la vista de cómo quede el Congreso del PSOE, quien, finalmente, termina siendo el partido mayoritario de la izquierda. Miedo porque Podemos, a diferencia del PSOE, tiene las manos limpias y con él ya no puede utilizar la política de la omertá mafiosa que ha empleado con los socialistas. Miedo porque el PP sabe que no hay acuerdo posible con Podemos y que en su maximalismo reside su principal atractivo para un electorado cada vez más harto de los partidos tradicionales. Miedo porque el PP percibe que en las elecciones municipales de mayo de 2015, muchos de sus concejales (y todos los que les acompañas como asesores y cargos municipales y autonómicos retribuidos) van a ir al paro y que se formarán cientos de gobiernos municipales con presencia de miembros de Podemos que, lo primero que harán, será pedir responsabilidades por corruptelas pasadas… Tras el paro, el banquillo.

La actitud del centro–izquierda ante Podemos ha sido muy diferente a la del centro–derecha. El PSOE intenta rivalizar con Podemos poniendo a su frente a algún personajillo que remotamente evocase parecidos valores a los que hace gala Pablo Iglesias: debe de ser joven, preferentemente delgaducho, sin un discurso alambicado, sin pasado político, de físico agradable en tanto que inofensivo… y ahí está el pobre Madina y Pedro Sánchez para intentar dar al PSOE un look que pueda competir con el estándar que ha creado Podemos. No lo conseguirán porque Podemos es todavía una “sigla virgen” y los rastros de virginidad en el PSOE hace década que se perdieron.

El PSOE, con todo, está intentando una línea de emulación, mientras que la derecha ha optado por el ataque frontal. Los argumentos del PP son débiles, acaso porque el PP ya no tiene argumentos que utilizar y está tan quemado como el PSOE: nadie cree ya a los portavoces del régimen, demasiadas mentiras, demasiadas corruptelas, demasiada prepotencia, demasiado oportunismo y todo ello durante demasiado tiempo. Los dos grandes partidos ya no pueden manejar argumentos racionales y lógicos para salir de su crisis. Tales argumentos han dejado hace tiempo de existir. Podemos, lo único que está es aprovechando su tirón mediático (ayer la alocución mitinesca de Pablo Iglesias en el Parlamento Europeo, por ejemplo) para recordar que “el rey está desnudo”.

El régimen de 1978 se está deshaciendo ante nuestros ojos. Podemos es una marea que todo lo arrasa a su paso. Cuando se produce una marea negra (y Podemos es esa marea negra), la vida se acaba debajo del océano. Mueren los corales, muere la flora marina, mueren los peces (mueren, en definitiva, los partidos tradicionales, la “banda de los cuatro”). Pero luego hace falta regenerar esa zona marina aplicando detergentes. Solamente así desaparece la marea negra y la vida vuelve. Algunos aspiramos a participar en la creación de ese detergente final…

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen

 

Carta abierta a los identitarios

Carta abierta a los identitarios

Cuando ha pasado un mes desde los resultados de las elecciones europeas la mayor parte del Movimiento Identitario todavía no ha percibido que estamos ante el inicio de una nueva época política. Las líneas que siguen están destinadas a resumir los rasgos de esa nueva época y lo que representan para nuestro ambiente político. Suponen también un recordatorio sobre lo que la lógica política más elemental sugiere como estrategia de trabajo. Se aspira también a recordar la responsabilidad histórica de las direcciones de este ambiente político y la necesidad de que sus ideas estén presentes en un futuro proceso de regeneración política de nuestro país.

[El autor de estas líneas no tiene más interés que el participar en un proceso de este tipo como escritor y analista político, excluye cualquier tipo de protagonismo o participación, no sólo porque sus circunstancias personales lo sitúan con un pie fuera de España, sino que, por vocación, está más predispuesto al análisis y al estudio que al protagonismo y el liderazgo].

Primera Parte

La nueva situación histórica

No debemos perder la perspectiva de lo que ha sucedido en estas tres últimas semanas:

1) Los resultados de las elecciones europeas indican muy a las claras que el bipartidismo ha muerto en España.

2) La abdicación de Juan Carlos I es un intento de salvar el esquema constitucional vigente desde 1978 a la vista del desprestigio de la institución, derivado del caso Urdangarín.

3) El proceso centrífugo catalán, lejos de remitir, se encamina con paso firme hacia el período crítico que se iniciará el 11–S de 2014 y alcanzará su límite el 9–N.

4) La versión oficial sobre la salida a la crisis contrasta con la situación real de la calle que experimenta la crisis cada vez con mayor dramatismo.

5) La aparición de nuevos casos de corrupción se produce a diario revelando sin sombras de dudas que la corrupción en el rasgo característico del régimen nacido en 1978.

6) Las reformas fiscales fraudulentas que solamente aumentan la presión sobre las clases medias, y la disminución del valor de los salarios, se han confirmado nuevamente.

7) Reiterados asaltos a la valla de Melilla indican que la presión migratoria prosigue y si disminuye el número de inmigrantes es por los 3.000.000 de inmigrantes que tienen nacionalidad española, no porque retornen a sus países de origen.

Todo esto ocurre cuando nuestro país ha entrado en el “sexto año triunfal de la crisis” y la persistencia de la crisis económica hace tiempo que abrió un nuevo frente de crisis social (con 6.000.000 de parados y un 25% de la población próxima al umbral de la pobreza) que, al prolongarse, ha enajenado simpatías al sistema y a sus gestores, abriéndose una profunda crisis política que indica a las claras que el sistema político está llegando a su fase final: la fase agónica en la que solamente queda esperar su muerte natural por desplome o su regeneración mediante una reforma radical.

Absolutamente nadie, ni siquiera los observadores y tertulianos más “constitucionalistas” y devotos del régimen se atreverán hoy a afirmar que éste goza de buena salud y que los problemas que está evidenciando sean meramente coyunturales que desaparecerán cuando pase la crisis:

–    Esta crisis nunca pasará, la crisis es el estado natural del sistema mundial globalizado porque el capital financiero en su búsqueda de beneficios es incapaz de fijarse durante mucho tiempo en un espacio geográfico concreto y migra constantemente a medida que varían las posibilidades de obtener mayores rendimientos a las inversiones financieras, dejando atrás estallidos de burbujas, e inestabilidad económica mundial.

–    El impacto de la crisis iniciada en 2007 ha sido excesivamente profundo como para pensar que, de superarse, no dejará heridas profundas en España, la primera de todas, el descrédito de los portavoces del régimen, la brecha entre casta política y población, el aumento de las diferencias de ingresos entre las rentas más altas (que siguen aumentando) y entre las rentas más bajas (que siguen disminuyendo), la insostenible cifra de parados y el hecho de que una cuarta parte de la población esté próxima al umbral de la pobreza, los ocho millones de inmigrantes llegados desde 1996 e imposibles de acomodar en el maltrecho mercado laboral, las dificultades de los jóvenes para formar familias, la caída en picado de la natalidad, los salarios de miseria forzados para “ganar competitividad”, etc, etc.

Los siete rasgos de la crisis política que se han evidenciado en estas semanas y que hemos resaltado, lejos de ser coyunturales son estructurales e indican que el régimen ha entrado en una fase terminal caracterizada por la fragilidad de sus estructuras y la sensación de que podrá prolongar solamente durante un tiempo limitado su supervivencia en las actuales circunstancias, pero que ese tiempo es breve antes de que se produzca un colapso total de las instituciones.

Lo que implica esta nueva situación

Es en este contexto en el que hay que insertar la acción del movimiento identitario.

Entendemos por Movimiento Identitario al conjunto de organizaciones, círculos, asociaciones y movimientos que asumen los valores del patriotismo social y la defensa de los derechos de nuestro pueblo frente a cualquiera que pretenda situarlos por detrás de los derechos del capital financiero y por detrás de los derechos de los recién llegados en el aluvión de la inmigración masiva. Entendemos que las pasadas elecciones europeas han demostrado la existencia de un pujante movimiento identitario en toda Europa, con mayor o menor implantación según los países, que oscila entre el mero euroescepticismo o la protesta activa contra la clase política cuya ineptitud ha alterado el sustrato antropológico y cultural de nuestro continente y, comiendo de la mano de los “señores del dinero” nos ha entregado a los depredadores de la globalización.

El hecho de que el Movimiento identitario todavía no haya cristalizado en nuestro país se debe a circunstancias objetivas que han hecho imposible que en el interior del régimen nacido en 1978 pudiera existir una corriente de este tipo. En efecto, durante los pactos de la transición suscritos entre los “franquistas evolucionistas” (y particularmente impulsados por Manuel Fraga) y la “oposición democrática”, se establecía el aislamiento y liquidación de la “extrema–derecha”. En aquel momento se consideraba extrema–derecha a cualquier forma del franquismo que no aceptase la evolución y que reconociese un vínculo de lealtad con el anterior Jefe del Estado. Ese pacto fue suscrito no solo por estas dos partes políticas sino también por el conjunto de fuerzas mediáticas representadas por Cadena Z, Cadena 16 y PRISA y dispuso, así mismo, del apoyo de servicios de inteligencia nacionales y extranjeros.

A partir del 23–F de 1981, cuando la transición pudo darse por concluida y, mucho más claramente, a partir de la victoria del PSOE en las elecciones de septiembre de 1983, la extrema–derecha franquista resultó completamente barrida del escenario político español, desapareciendo como tal y reduciéndose a pequeños círculos de nostálgicos. A lo largo de los años 80 y 90, se sucedieron distintas siglas, ninguna de las cuales consiguió alcanzar los estándares de presencia en las instituciones que ostentaban otros partidos en los distintos países europeos. Y esto ha seguido así hasta ahora.

El paso del tiempo hizo que el carácter “franquista” de los partidos de extrema–derecha se fuera atenuando y desapareciendo prácticamente, pero el “pacto de acero” suscrito en la transición abarcaba no solamente a la extrema–derecha franquista sino a cualquier formación que se manifestara contra la partidocracia y la socialdemocracia o, como Manuel Fraga había establecido gráficamente en 1978, incluía todo lo que estaba a la derecha de Alianza Popular (hoy PP): “nada a mi derecha”.

De ahí que cuando el franquismo se extinguió como fenómeno político, cualquier forma política que hubiera surgido al margen del sistema político y con ambiciones de regenerarlo, pasara a ocupar ese espacio ya vacío y se hiciera acreedor del mismo cerco de silencio y hostilidad. Y eso ha valido también para los “despuntes” del Movimiento Identitario que han ido apareciendo en Cataluña con PxC, en la Comunidad Valenciana con E2000 y en otras zonas de España con PxL y distintos círculos y asociaciones.

Así pues, estaba claro que mientras el sistema nacido en 1978 gozase de buena salud, no existía absolutamente ninguna fisura en la “gran muralla” formada por las instituciones y la “banda de los cuatro” (PP+PSOE+CiU+PNV), a través de la cual pudiera insertarse en la vida política del país. Eso explica el porqué entre 1983 y 2008 prácticamente no existieran ni siquiera concejales electos en las listas del Movimiento Identitario, ni mucho menos diputados autonómicos o nacionales. Simplemente, el sistema gozaba de “buena salud” y generaba anticuerpos que impedían avanzar a las distintas componentes del Movimiento Identitario.

PERO ESTO SE HA ACABADO. En pocos años, el régimen político español ha pasado del triunfalismo que caracterizó al período de José María Aznar y que tuvo su prolongación en la primera legislatura de Zapatero, a una sensación de que todo está corrompido, a un desprestigio absoluto de la clase política, a la impresión de impotencia y al camino de la desintegración. El régimen está, pues, en una situación de DEBILIDAD ESTRATÉGICA, es vulnerable por todas partes como demuestra el hecho de que un movimiento como Podemos cuyos objetivos utópicos y un análisis superficial, erróneo e ignorante de lo que es la globalización, haya obtenido un clamoroso éxito electoral que no se debe tanto a su actividad y a sus propuestas, como a la debilidad y a los errores de la “banda de los 4”. Esa debilidad es lo que ha generado a prisa y corriendo la abdicación de Juan Carlos I, lo que ha hecho, igualmente, que al “perro viejo” (el Estado) todo se le antojen pulgas independentistas y que aparezcan fenómenos propios de todo proceso de desintegración política.

Pues bien, lo que antes era imposible (el insertar al Movimiento Identitario en unas instituciones blindadas por quienes habían diseñado la arquitectura constitucional), AHORA YA  ES POSIBLE. Los adversarios del Movimiento Identitario y quienes le cerraban las puertas, los que se preocupaban constantemente de que no pudiera avanzar, ni siquiera de que pudiera levantar la cabeza, AHORA SON ELLOS LOS QUE ESTÁN EN CRISIS TERMINAL.

¿Qué ha sido de la “banda de los 4”? El PSOE está en fase de dispersión (extremadamente avanzada en Cataluña) y los rostros que aspiran a suceder a Rubalcaba en su secretaría general son el reflejo de la falta de liderazgo, del desplome de los ideales de la socialdemocracia (que no han soportado la primera crisis del “capitalismo con rostro humano” que querían construir) y de una clase política reducida a mero look con un acompañamiento de consignas panfletarias difundidas por insolventes. El hecho de que la crisis del PSC catalán revista caracteres ya inequívocamente estructurales hace imposible que el PSOE vuelva a obtener una nueva mayoría absoluta en el Estado. En cuanto al PP, las próximas elecciones autonómicas y municipales supondrán un marasmo para su prepotencia: no solamente perderá comunidades autónomas en las que hasta ahora ha ido gobernando cómodamente, sino que miles de sus concejales quedarán en el paro. Por su parte, tanto PNV como CiU, tras haber inaugurado peligrosas iniciativas centrífugas, antes de consumarlas, se están viendo rebasados y superados por los que hasta ahora eran sus “retoños extremistas” (Amaiur, ERC, etc.).

En lo que se refiere a los grupos mediáticos, no solamente han aparecido otras formas de comunicación y otras herramientas para el tránsito y conocimiento de la información, sino que los grupos empresariales que se hicieron portavoces del “nuevo régimen” desde los años de la transición, y los principales mantenedores de los nuevos intereses oligárquicos, todos están en proceso de desintegración: PRISA es una sombra de lo que fue hace sólo veinte años y, al igual que Cadena Z, ha sufrido distintas dentelladas de sus acreedores, perdiendo medios y en situación de dependencia absoluta de la Banca y del capital financiero internacional y, sobre todo, una pérdida de fuerza y unos niveles de endeudamiento imposibles de soportar que los están asfixiando. En cuanto a la Cadena 16 es sólo un recuerdo e indica la vía que están recorriendo las otras dos cadenas mediáticas.

En lo que se refiere a los que fueron los auténticos “motores del cambio” en 1976–78 (los intereses del capitalismo español, los intereses del capitalismo internacional y los intereses geopolíticos de los EEUU) la situación es también completamente diferente: el capitalismo entró a partir de 1989 en su fase globalizadora y el capital se ha ido transformando progresivamente de productivo en especulativo. La misma estructura del capitalismo español ha cambiado extraordinariamente desde 1983: la entrada en la Unión Europea y en la Zona Euro nos ha configurado como una nación “periférica” y de servicios que tiene vedado el acceso a la gran industria, con un sector primario regresivo y un sector industrial sometido a deslocalización, absolutamente dependiente del turismo y de las exportaciones (esto es de las modas y de la vitalidad económica del extranjero). En 1975, el capitalismo internacional tenía interés en España y el capitalismo español se forjaba ilusiones de poder crecer y obtener nuevos mercados en el momento en que se “normalizara” el sistema político. Hoy ya no ocurre nada de todo eso: al margen de los buenos negocios realizados a la sombra del poder, el capital español se invierte especialmente en Iberoamérica y en cualquier otro escenario, una parte importante ha pasado del área productiva al área especulativa y financiera.

En lo que se refiere a los intereses geopolíticos de los EEUU también han variado. En 1975 era necesario que España ingresase lo antes posible en la OTAN para dar “profundidad” a la Alianza Atlántica y mejorar la coordinación con las fuerzas armadas de otros países europeos de cara a la disuasión ante el bloque soviético, ahora ya no existe casi nada de todo esto. La URSS y el bloque soviético han desaparecido. Putin no amenaza a Europa. Las aventuras norteamericanas en Irak y Afganistán se han saldado con sendos sonoros fracasos, otro tanto ha ocurrido con las “revoluciones árabes” y la intentona de hacer bascular a Ucrania al “bloque occidental” todavía no ha terminado, pero en Crimea, el Estado Ruso se ha cobrado su primera victoria. Si la deuda del Estado Español es de un billón de dólares, la deuda de los EEUU es de doce billones… absolutamente insoportable para cualquier Estado que no tuviera el apoyo de los marines, de los drones, del ala de bombardeo estratégico y de la Navy dispersa por todos los mares… Pero los fracasos militares y políticos de los EEUU han redimensionado mucho de todo esto, sin olvidar que en estos momentos la economía norteamericana se está ralentizando de nuevo y que el país está roto por la presencia de la comunidad hispana que ha aportado otra lengua, otros valores y otras estructuras, diferentes a las que hasta ahora habían sido tradicionales en la sociedad anglosajona, blanca y protestante. En EEUU se está produciendo en estos momentos una ruptura antropológica, lingüística, política, religiosa y cultural que tendrán que pone en entredicho el futuro de ese país y, desde luego, sus posibilidades de intervención en el exterior, en España, por ejemplo.

Tal es el análisis que hacemos de las fuerzas que estaban vivas en 1978 y que impulsaron el sistema constitucional español: EN UN PAR DE AÑOS YA NO QUEDARÁ APENAS NADA DEL SISTEMA DE FUERZAS NACIDO EN 1978. Muy poco, en realidad. Y que no se piense que lo que ha sido hasta ahora estable durante 37 años, seguirá siéndolo por tiempo indefinido. Se está acabando un ciclo histórico y empieza otro.

Ahora falta ver si las fuerzas que están llamando a la puerta (y poco importa cuál es su orientación, sino que lo que cuenta es su extrañeidad a la “banda de los 4”) logran fuerza social suficiente como para abordar esta nueva fase ante la cual, AL HABER CEDIDO LOS RESORTES QUE HASTA AHORA MANTENÍAN LA COHESIÓN DEL SISTEMA, ESTE HA ENTRADO EN UNA FASE DE INESTABILIDAD QUE PERMITE A OTRAS FUERZAS –ENTRE ELLAS AL MOVIMIENTO IDENTITARIO– EL INSERTARSE EN LAS INSTITUCIONES Y TRABAJAR DESDE EL INTERIOR DE LAS MISMAS PARA CONSEGUIR UNA REGENERACIÓN DEL ESTADO Y UN NUEVO ORDEN LEGISLATIVO Y CONSTITUCIONAL.

Si ahora el Movimiento Identitario va a encontrar menos resistencias (y estas serán infinitamente más débiles de lo que han sido hasta ahora en los años que median de 1976 hasta ahora) es precisamente porque la crisis del sistema genera zonas “débiles” en el interior del régimen político. Mientras que la izquierda radical se encuentra en una situación de OFENSIVA ESTRATÉGICA, las fuerzas que apoyan al régimen y el mismo régimen está en una situación de DEFENSIVA ESTRATÉGICA. El Movimiento Identitario se encuentra, por su parte, en una fase de reorganización y de ACUMULACIÓN DE FUERZAS.

El instante clave: las elecciones municipales

Hemos aludido a que el Movimiento Identitario se encuentra en una fase de acumulación de fuerzas. Es importante entender lo que supone, los ritmos y las posibilidades que se abren. Empecemos por los ritmos.

Ante las dificultades para avanzar y la modestia de los resultados (cuando se han producido), algunos sectores del Movimiento Identitario han preferido hablar de la “carrera de caracoles” en la que estaban inmersos estos grupos y que indicaba el “ritmo” de los avances… Pues bien, ante la crisis del sistema YA NO HAY CARRERA DE CARACOLES, SINO MAS BIEN UN RÁPIDO PROCESO DE REAJUSTES DE LAS FUERZAS POLÍTICAS. Dependerá ahora exclusivamente de la habilidad de las direcciones que forman el Movimiento Identitario (y no de factores externos) que se avance a mayor o menor velocidad. Porque existe la posibilidad objetiva y cierta de pisar el acelerador

Las posibilidades del Movimiento Identitario dependen solamente de un factor: su capacidad para adaptarse a las realidades de la sociedad española en cada momento. Es evidente que no estamos hablando ya de adoptar determinadas formas históricas que pudieron tener los movimientos patrióticos hace 40, 70 o 130 años, esta discusión ya está más que superada: la historia es historia; la política es otra cosa.

El Movimiento Identitario, ni siquiera puede anclar sus posiciones en la “autonomía histórica” (esto es, en el reconocimiento de que su acción política hoy no puede estar “secuestrada” por modelos del pasado): eso ya se da por supuesto y discusiones de ese tipo que supusieron una catarsis en medio de la indigencia que estos grupos tenían hace veinte años, hoy tampoco puede tomarse en consideración. Quien no lo ha entendido, no lo entenderá jamás y, por tanto, se anclará en el testimonialismo, y nunca logrará insertarse en la política real. El Movimiento Identitario debe huir del testimonialismo como huye de la peste.

El testimonialismo es hoy el mas peligroso “retardador” para su ascenso en tanto que mira irreprimiblemente hacia atrás en lugar de contemplar los nuevos y amplios horizontes que abre la crisis del sistema. Es más, podemos establecer un axioma que se cumple tanto en la derecha como en la izquierda: cuanto más lastres históricos tiene un movimiento político, cuanto más se obstina en mirar hacia atrás, menos avanza. Eso explica el porqué Podemos ha despegado, mientras que Izquierda Unida ha avanzado solo ligeramente. El vídeo electoral de Podemos era una ejercicio de autonomía histórica; mientras, el partido de Cayo Lara seguía hablando de “memoria histórica”, realizando homenajes a los ex combatientes de las Brigadas Internacionales, pontificaba sobre el destino del Valle de los Caídos y se empeñaba en localizar fosas comunes de hace casi ochenta años…

Así mismo, hay que excluir a la sempiterna mentalidad grupuscular que nutre a algunos minúsculos grupos después de 14 o de 20 años de actividad, de constantes bandazos en sus líneas políticas (pero dirigidos siempre por los mismos rostros, lo cual indicaría, en palabras de Ezra Pound, que o “ellos no valen nada o sus ideas no valen nada”) y que se obstinan en mantenerse en su “espléndido aislamiento” para obtener unos pocos y ridículos miles de votos, a cambio de desgastar a otra generación de militantes ingenuos. Existen siglas que han demostrado con el paso de los años una incapacidad absoluta, no solamente para integrarse en grupos mayores, en intentos de coordinación sino, simplemente, para sentarse juntos a comer una paella de marisco… También aquí puede establecerse un axioma: cuanto más pequeño es un grupúsculo, cuanto más insiste en su “pureza revolucionaria” o cree percibir que otros conspiran contra él, más sectarismo y odio destila y, por tanto, más alejados hay que mantenerse de ellos.

En el Movimiento Identitario tiene sólo lugar aquel que aporta algo tangible: medios, voluntades, votos, en absoluto quien aporta unos pocos perfiles de Facebook, odios eternos y pequeños resentimientos nacidos no se sabe de qué. Esto es lo que se demostrará después de las próximas elecciones municipales de 2015: PESARÁN SOLAMENTE AQUELLAS SIGLAS QUE OBTENGAN CONCEJALES AVALADOS POR VOTOS REALES, nada más. En las actuales circunstancias de debilidad del sistema, lo que cuentan son los resultados, no las proclamas dramáticas, ni los post triunfalistas, ni el bluff mantenido hasta el momento del recuento de votos…

Cuando se cierren las urnas el próximo mes de mayo de 2015 veremos cuáles han sido los resultados del Movimiento Identitario y cuál es la correlación de fuerzas que se produce. Está claro que las distintas siglas que participan de este sector van a tener que colaborar y que el primer paso para esta colaboración es personalizar en un rostro al Movimiento. Hace falta, no solamente un líder, sino una generación de líderes. Es evidente que existirán distintas áreas de influencia, es también evidente que existirán distintas sensibilidades y tendencias (como existen en todos los partidos identitarios de Europa, por lo demás) y, que el primer esfuerzo consistirá en elaborar un manifiesto y un programa de cara a las elecciones generales del año siguiente.

Pero para llegar a esta parte va a ser preciso obtener resultados tangibles en las elecciones municipales. En el mes de septiembre quedarán nueve meses para preparar las candidaturas, dotarlas de medios, formar a los candidatos e iniciar la pre–campaña.

El Movimiento Identitario debe fijarse un objetivo: obtener un mínimo de 80–100 concejales entre sus distintas siglas en todo el territorio nacional. Solamente así conseguirá situarse en la recta de salida para las elecciones generales de 2015. Y entonces se trata de introducir a diputados en el Parlamento porque es muy posible que ese sea ya la última legislatura del actual régimen.

Durante décadas, este ambiente político ha acometido los procesos electorales con moral de derrota. Conscientes de que no podían ganar (aunque ignorando las razones por las que les estaba vedada su presencia en las instituciones), habían adoptado de partida la moral testimonialista, la moral de la derrota. Es más, si alguien obtenía algún pequeño éxito, indudablemente, los otros lo consideraban como “traidor”. La derrota era el acompañante inseparable de todas estas fuerzas, el único resultado en el que se reconocían. Pero esto ha cambiado: la “gran muralla” que protegía al régimen se está resquebrajando y permite colocar la piqueta de demolición en muchos flancos… (entendemos por “piqueta de demolición” el comprometer a sectores cada vez más amplios de la sociedad española en la tarea de regeneración nacional del país, devolver al Estado su dignidad perdida, barrer la corrupción, proceder a la repatriación de bolsas de inmigrantes cuya presencia ya no está justificada por cuestiones económicas, restar poder a los partidos y devolverlo a la sociedad y a sus cuerpos intermedios, poner coto a la globalización, situar el bienestar de los españoles por delante de los rendimientos del capital, movilizar a la juventud, generar una riada de entusiasmo y un nuevo curso político, etc, etc.).

Es importante que los concejales electos en las próximas elecciones municipales tengan muy claro que su horizonte no puede limitarse al término geográfico de su municipio, sino que estarán en vanguardia de la construcción de un MOVIMIENTO IDENTITARIO DE CARÁCTER ESTATAL SIMILAR A LOS EXISTENTES EN OTROS PAÍSES y con los que, finamente, tendrá que converger.

Es fundamental comprender que en este momento histórico estamos en un punto en el que nuestro sistema político va a entrar en una FASE DE INESTABILIDAD (un sistema diseñado para el “bipartidismo imperfecto” es incompatible con una realidad multipartidista instalada en el parlamento; la imposibilidad a partir de ahora de alcanzar mayorías absolutas abre el paso a coaliciones inestables, no solamente en el gobierno de la nación, sino en varias comunidades autónomas) DE LA QUE DERIVARÁ EL COLAPSO FINAL DEL RÉGIMEN O BIEN SU REFORMA.

Pero tanto la reforma como el colapso pueden generar estadios todavía más negros y nefastos para nuestro país, SI NO ESTÁN PRESENTES CARGOS ELECTOS DEL MOVIMIENTO IDENTITARIO EN LAS INSTITUCIONES. Nunca como hoy es preciso que se conozca nuestra voz y que nuestros dirigentes se puedan expresar ante la opinión pública. De lo contrario, si no se logra esta presencia institucional en el plazo más breve posible, los acontecimientos políticos se desarrollarán, no solamente SIN NOSOTROS, sino especialmente CONTRA NOSOTROS, como ocurrió en la lejana transición con la extrema–derecha.

De ahí la necesidad de tener lo antes posible una personalidad política propia, un programa común, un cartel electoral y una base que aporte fuerza social e impida que se pueda ignorar por más tiempo al Movimiento Identitario. De ahí la responsabilidad de las actuales direcciones políticas que componen cada una de las partes de este movimiento: por primera vez ESTÁN OBLIGADOS A PENSAR EN TÉRMINOS POLÍTICOS (CASI DIRÍAMOS DE “GRAN POLÍTICA”) en lugar de estar sometidos a las estrecheces y a las impotencias propias de los grupúsculos como hasta ahora. Porque de lo que se trata no es solamente de obtener más o menos concejales SINO DE ALUMBRAR UN PROYECTO HISTÓRICO.

Las elecciones del mes de mayo de 2015 va a ser un PUNTO DE SALIDA, en absoluto el punto de llegada, ni la gran batalla política; pero es rigurosamente cierto que si el Movimiento Identitario no queda suficientemente bien situado en la política municipal, no va a poder optar a obtener resultados el año siguiente en las elecciones generales.

Vale la pena que las direcciones del Movimiento Identitario mediten sobre estos extremos. Es la hora de recordar la letra de Bob Dylan sobre los tiempos que van cambiando:

“La línea está trazada y el destino está marcado, 

los que ahora son lentos, serán rápidos mañana y 

lo que ahora es presente será pasado, mañana;

el orden se desvanece rápidamente

y el que ahora es primero, será el último en llegar

porque los tiempos están cambiando”.

Y recordando los compases de esta balada de hace medio siglo, será también preciso que se doten por primera vez de esa “moral de victoria” que hasta ahora ha estado ausente de su discurso político.

Porque, ahora, por primera vez en décadas, VENCER ES POSIBLE.

Ernesto Milá
27 de junio de 2014

 

OAPEs frente a ONGs

OAPEs frente a ONGs

Infokrisis.- ¿Qué es una ONG? Sea cual sea la definición que Wikipedia da de ONG, hoy sabemos a ciencia cierta que una ONG es una organización que vive casi completamente de subvenciones públicas y en la que una parte importante (frecuentemente mayoritaria) del dinero recibido se destina al mantenimiento de la propia infraestructura (sueldos, hoteles, viajes, dietas, primas, etc, etc) y sólo una cantidad minoritaria va a parar al objeto social definido en los estatutos de la misma. Y, por supuesto, no existen controles estatales ni autonómicos para vigilar malas prácticas. Es frecuente que el responsable del organismo que firma la entrega de fondos a tal o cual ONG, reciba bajo mano un porcentaje de la cantidad entregada, exactamente como ocurre con los cursos de formación de parados. En los casos de ayudas a la “cooperación” la mayor parte de su importe se pierde en comisiones en el punto de entrega, en el país de llegada o en los organismos y personas implicados en la operación a uno y otro lado. A todo esto se le conoce como “la estafa humanitaria” y forma parte de los múltiples canales de corrupción creados al calor del régimen nacido en 1978. La crisis del régimen abre otras vías para la ayuda social.

I Parte:
la estafa humanitaria

No somos nosotros quienes lo decimos, sino algunos cooperantes hartos de que otros se coloquen coronas de laurel para mayor gloria de aquel 0’7% propuesto hace 10 años por Zapatero como objetivo presupuestario de la ayuda al desarrollo. La cosa llega hasta la pedofilia, la prostitución a bajo precio y, por supuesto, la estafa pura y simple, si hemos de creer al libro de Jordi Raich (http://www.jordi–raich.com/), El espejismo humanitario, subtitulado La especie solidaria al descubierto.  La obra nos sitúa de forma "políticamente incorrecta" ante un tema de "moda": las ONGs. No es habitual que un cooperante con 20 años de dedicación a la ayuda humanitaria se plantee en voz alta si ésta sirve para algo. La conclusión: señalar la casilla de ONG en las declaraciones de IRPF es tirar el dinero.

No es el primer libro de Jordi Raich. Este cooperante, habitualmente enrolado en Médicos Sin Fronteras, ha pasado los últimos veintitantos años recorriendo todos los escenarios de moda en materia humanitaria. Ha ido de decepción en decepción, hasta cuestionarse finalmente si la ayuda humanitaria tiene un mínimo de eficacia. Sus anteriores libros eran lo que se esperaba de un cooperante, es decir, destinado a promocionar su “producto”. Porque en esta sociedad del espectáculo y en pleno liberalismo extremo, la ayuda humanitaria es un “producto” más.

Raich se ha movido por la antigua Yugoslavia en los peores momentos del cerco de Sarajevo. Ha pasado por los distintos escenarios de crisis del África occidental francesa. Vivió de cerca la “catástrofe humanitaria” de Ruanda y estuvo en Afganistán antes y después de la intervención americana. En Uganda, Somalia y demás lugares olvidados de África, Raich estuvo allí organizando la ayuda humanitaria. Si hay algún español que conoce el tema es él. Raich tiene “credibilidad” y puede creerse a pie juntillas lo que nos cuenta.

¿Sirve para algo la ayuda humanitaria?

No es la primera vez que aparece este tema. La London Economic School lo planteó hace años en un seminario. Raich cuenta que estaba presente en aquel evento y se estremeció cuando una muchacha ruandesa tomó la palabra en el turno de ruegos y preguntas:

“Divagamos en un laberinto sin salida. Si lo pienso con la cabeza les digo que su ayuda es inútil y que dejen de enviárnosla. Sus limosnas sólo nos hacen más dependientes y no resuelven nuestros problemas. Si lo pienso con el corazón les pido que no nos abandonen, que sin ustedes moriremos”.

Raich añade que a la frase siguió un silencio embarazoso. La muchacha había resumido el fondo de la cuestión. A decir verdad, Raich no piensa que la ayuda humanitaria sirva para gran cosa. Sirve para que las grandes empresas reduzcan su cuenta de beneficios y por tanto paguen menos impuestos; sirven también para que promocionen su marca y la unan a algo que está de moda en la sociedad: las campañas humanitarias. Sirve también para que unos cooperantes se sientan importantes y superiores a los receptores de la ayuda. Sirven para que los gobiernos ganen posiciones en los lugares en donde se concentra la ayuda. Salvan alguna vida, pero pocas en relación a la dimensión del problema. Y, lo que es peor, frecuentemente, crean más problemas de los que resuelven. Esto sin contar con que se han dado casos de tráfico de diamantes realizado por algunas ONGs, otras han visto como sus funcionarios utilizaban habitualmente a menores para cubrir sus necesidades sexuales y, por supuesto, que mucha ayuda es completamente inútil.

Raich cuenta que una cofradía de pescadores del País Vasco le ofreció miles de latas de bonito del norte para la población ruandesa famélica. Una buen propuesta y, sin duda, sincera, el problema era que las latas eran individuales y del tipo abrefácil; de aceptar esta ayuda, los campos de refugiados se habrían llenado de miles y miles de latas metálicas, menos peligrosas sin duda que las minas, pero, en cualquier caso desaconsejables para una población que no disponía de calzado. Y, por lo demás, el bonito del norte no figura entre los productos de la dieta ruandesa. En otras ocasiones, el propio Raich recibió a aviones Hércules C130 de la Fuerza Aérea Española cargados con toneladas de galletas Cuétara inapropiadas para una dieta tropical. También vio esquís, donados por el público norteamericano, abandonados… en el Sahara. O biblias en Afganistán. La propietaria de un manantial en el Pirineo ofrecía toda su producción para paliar la sed en África. El problema es que el agua envasada en botellas de plástico saciaría la sed –en caso de que fuera económicamente viable enviarla a África– sino fuera por que los millones de envases de plástico desechables generarían una catástrofe ecológica de similares proporciones. El donante ignoraba que el hiposulfito cálcico utilizado para depurar el agua es la alternativa más realista y eficaz a las donaciones de agua mineral europea. Se ha llegado a enviar salami y morcón de Ávila a zonas musulmanas, helados Mico en aviones no frigoríficos a las zonas más calurosas del planeta y pescado a horizontes que jamás lo han consumido y cuyo metabolismo no lo admite.

Y, en cuanto a las “apadrinamientos” de niños, suponen uno de los peores fraudes: el eslogan hace creer que el donante “apadrina” a un niño concreto, cuando en realidad, su dinero, después de deducirse los gastos de la transferencia bancaria, los salarios de los funcionarios de la ONG y sus gastos en misión, lo poco que queda, se une a un fondo común con el que se construye alguna escuela o se financia alguna iniciativa en pro de la infancia (en el mejor de los casos). Alguno de los donantes, entusiasmado, pide mantener correspondencia con el niño apadrinado, y durante años recibe cartas… escritas por algún funcionario de la ONG. ¿Es posible un fraude mayor? Si, por supuesto… Las páginas de libro de Raich están recorridas por este tipo de estafas realizados sin el menor recato y que, por lo demás, son del dominio público de los cooperantes veteranos.

Como una gota en el océano

Las zonas en crisis son muchas y la ayuda es siempre menor a la necesaria. Y además no dura siempre: dura solamente el tiempo en que la crisis humanitaria está en el candelero, luego disminuye y, finalmente, el cooperante desaparece y el programa se suspende. Dado que ese lugar no vuelve a aparecer en los noticiarios, nadie se entera de que la ayuda ha servido para poco. La persona salvada hoy gracias a un paquete de cereales, muere al cabo de poco tiempo cuando la ayuda cesa.

Además ni toda la ayuda llega a su destino, ni siquiera se distribuye adecuadamente. Raich cuenta decenas de trampas utilizadas por los receptores de la ayuda, para recibir más… parece lógico, en el fondo están hambrientos y necesitados. Pero se entiende mucho menos que en lugar de consumirla, simplemente, la vendan. En las inmediaciones de las zonas “target” de la ayuda humanitaria, pueden verse los productos con las etiquetas de las distintas ONGs en venta aun a pesar de la inscripción “producto no vendible” y nosotros mismos hemos sido testigos en Marruecos, Iberoamérica y Oriente Medio de la venta de “envíos humanitarios” en tiendas particulares.

En toda África la existencia del Estado es una entelequia. Y otro tanto ocurre con las FFAA. La corrupción, el vacío de poder y las unidades militares que hace meses que no cobran su salario y solamente disponen del AK–47 para saquear y robar, son habituales de un extremo a otro de África. Soldados borrachos y drogados recorren las carreteras y se apostan en las fronteras siempre dispuestos a saquear al hombre blanco en primer lugar y luego a sus ciudadanos desarmados. Inicialmente, los cooperantes jóvenes no entienden como es posible que si ellos van a ayudar a lo que genéricamente conocen como “africanos”, sean precisamente los mismos “africanos” los que les imposibilitan a diario el desarrollo de su trabajo.

Muchos de ellos esperan como el mejor día de su vida, aquel en el que concluirá su compromiso con la ONG. Otros desisten el primer día y regresan a su país de origen en el mismo avión que les llevó a África. Los hay que enloquecen, caen en el alcoholismo y se convierten en puteros empedernidos que no creen en nada ni en nadie y mucho menos en la misión que les ha llevado a allí. Raich cuenta que parafraseando al clásico “el cooperante es un loco para el cooperante”. Las casas en donde viven, disponen de un lujo que suele contrastar con la miseria circundante; pero en su interior, aprenden pronto la moraleja de la obra de teatro de Sartre A puerta cerrada: “el infierno son los otros”. Las peleas en el interior de las casas donde viven los cooperantes son habituales, las incomprensiones continuas, los tipos raros, intratables, aquejados de mil paranoias o neurosis abundan en estos hogares provisionales. Raich realiza una tipología de los cooperantes verdaderamente mordaz. Los ha conocido demasiado bien como para equivocarse o como para que pueda dudarse de lo que dice.

En el mejor de los casos, el cooperante en lugar de ayudar, lo que busca es ayudarse a sí mismo, dar un sentido a su vida, participar en una misión humanitaria que, sin duda, será lo más importante que haya hecho en su existencia y que, a partir de ese momento, contará incluso a sus nietos. No, definitivamente, el cooperante no sale bien parado en el libro de Raich. Pero el beneficiario de la ayuda no sale mucho mejor.

No es Raich el único en pensar así. Personalmente he hablado con bomberos barceloneses que fueron a ayudar a ruandeses y volvieron traumatizados (en ocasiones, un europeo al salir de su oasis de relativa prosperidad, queda estupefacto de lo que ve) al ver que los padres robaban la comida a los hijos, una vez estos la recibían, sin importarles lo más mínimo que fueran a morir de hambre. Raich cuenta que en los campos de África es frecuente que las familias dejen de alimentar voluntariamente a uno o varios hijos para así entrar en programas para familias desnutridas. Simplemente los muestran para obtener las ayudas.

La ayuda humanitaria paraliza la iniciativa de quien la recibe. Éste tiende a pensar que durará siempre o al menos se aprovechará de ella mientras dure. El mañana no es algo que preocupe excesivamente en un África que vive al día. Frecuentemente y paradójicamente, las zonas subsaharianas que han aportado más inmigrantes a Europa son las más empobrecidas. En efecto, cuando los inmigrantes envían algunos dólares a su familia, lo que están haciendo es desmotivarlos para trabajar y cultivar la tierra: si tienen lo que necesitan, ¿para que esforzarse?

Los cooperantes están permanentemente enfrentados a un dilema: si “enseñan a pescar” a los receptores de la ayuda, corren el riesgo de que mueran de hambre; pero si les dan de comer para paliar su situación, tienden a desinteresarse de cualquier otra cosa que les puedan dar…

Además en África la noción de “comunidad” no existe. Los cooperantes están permanentemente rodeados de una corte de los milagros que permanentemente “se curran la página de la pena” contando todas las desgracias inimaginables para concluir la conversación pidiéndoles dinero. La mayoría de estas historias son fraudulentas y lo único que se persigue es el resultado final: el sablazo humanitario. Raich cuenta un caso paradigmático: un negro se le acerca y le cuanta desgracias absolutamente ficticias, luego le pide el consabido sablazo. Él no se lo da, por supuesto (tiene experiencia) y el africano se enfada: “¿Pero no estáis aquí para ayudar? ¡No hacéis nada!”. Raich le explica que él ha venido a ayudar a una comunidad y le cuenta lo que hace por ella (vacunas contra la disentería, provisión de alimento, montar un generador diesel, etc.). Pero el africano no se da por satisfecho: a él qué le importa todo eso, lo que desea es que le dé lo que él quiere. Y se va refunfuñando: “decís que venís para ayudar y no hacéis nada por mí”. En África parece que el individualismo haya suplantado absolutamente a cualquier rastro de sentimiento comunitario.

El espectáculo humanitario ha comenzado

En España hay en torno a 10.000 ONGs, la mayoría de las cuales no sirve absolutamente para nada y sus programas o bien son un fraude o bien se limitan a enviar una parte de los fondos recaudados a ONGs de la zona aquejada por algún conflicto. Sólo unas pocas realizan una verdadera ayuda. Son las menos y ni siquiera en estos casos puede afirmarse taxativamente que la ayuda sirva para algo. Todas estas ONGs actúan en función de los noticiarios. Estos son los encargados de generar la información y describir las “catástrofes humanitarias”. A partir de ahí, las ONGs empiezan sus campañas de recogida de fondos. Estos son entregados por un público extremadamente sensibilizado por las tragedias. Ven esas tragedias en la TV. Así pues, los mass–media están íntimamente relacionados con las campañas de las ONGs.

Al público le encantan las tragedias “fuertes”, “heavys”. Si la tragedia humanitaria no es extrema, el público no se moviliza. Y la ONG, consiguientemente, no recibe dinero… Los “parques temáticos” son extremadamente importantes para este fin: hace falta mostrar campos de refugiados, campos de antiguos niños soldados, campos de depauperados hambrientos, campos de afectados por malaria o SIDA, e incluso campos de minusválidos. Las ONGs forman estos campos y cada ONG tiene el problema de encontrar población que los llene. Si dispone de ellos, la CNN o cualquier otra cadena filma esos campos, con los adhesivos de las ONG, y ésta puede contar con recibir fondos. De lo contrario, estarán a dos velas. No puede extrañar que alguno de estos campos sea completamente ficticio y existan sólo en horas de oficina, luego los “refugiados” se van a sus casas, después de haber recibido el paquete de alimentos o cualquier otro premio. De entre todos, el campo temático más surrealista está en las inmediaciones de Freetown, los guerrilleros de la URM tenían la costumbre de cortar a la población civil algún miembro, un brazo, una pierna o más. Así pues, Ghana es un país repleto de mutilados. A nadie se le había ocurrido reunirlos en un campo de refugiados sólo para mutilados, pero alguna ONG se atrevió a ello con la perspectiva de que el impacto de las imágenes movilizase a los contribuyentes. Así ocurrió, en efecto.

Pero los medios de comunicación, frecuentemente, mienten, unas veces por desconocimiento y negligencia y otra por mala fe. El problema del “burka” en Afganistán es inexistente. Solamente lo utilizan las mujeres en las ciudades… y el 95% de la población afgana vive en el campo. Además, las propias mujeres afganas consideran que el burka es un signo de distinción y aspiran a tenerlo como en Europa las chicas aspiran al traje de novia. Sin embargo, una serie de medios de comunicación, ONGs y “líderes de opinión humanitarios” (Emma Bonino entre otros) empezaron a denunciar al régimen talibán y su ofensa a las mujeres afganas a las que obligaban a utilizar el burka so pena de graves castigos. Era falso. En Afganistán nadie obliga a utilizar el burka, ni antes de los talibanes, ni con los talibanes, ni con Hamid Karzai en el palacio presidencial de Kabul. Esas falsedades hicieron aceptable la versión de que Afganistán y el régimen talibán eran las criaturas predilectas del mullah Omar y de su régimen. Y esas falsedades hicieron más aceptable los bombardeos norteamericanos sobre Kabul… bombardeos en los que se alternaban misiles con ayuda humanitaria. ¿Estupidez? ¿Cinismo?

¿Marcar la casilla de las ONG en la declaración de IRPF?

No, desde luego. Marcar la casilla de las ONGs en la declaración de renta es alimentar un fenómeno bienintenciado en algunos sectores, perverso en otros, e inútil siempre. Al menos, marcar la casilla de la Iglesia es alimentar a algo que siempre ha estado en nuestro país. Por otra parte, hay que recordar que Caritas Diocesana es una de las ONGs con más experiencia, prestigio, eficacia y tradición.

Las ONGs surgieron en los años 70, eclosionaron en los años 80 y se hicieron omnipresentes en los 90. Están formadas por gentes solidarias que quieren hacer algo por sus semejantes, especialmente por aquellos que se sitúan en los lugares más alejados y exóticos. Dado que en España también hay pobres y menesterosos, parecería lógico que concentraran su ayuda entre nuestros compatriotas más desfavorecidos, pero para eso ya está Caritas Diocesana. Así pues, estas gentes humanitarias prefieren ir allí a donde los medios de comunicación han decidido que deben ir. Y van pensando que lo que esos mismos medios han proclamado, es siempre cierto. Lo cual no es en absoluto real. Además, casi por un reflejo involuntariamente racista, piensan que los receptores de la ayuda son una especie de seres inferiores y desvalidos.

Cuando concluyó la Guerra Fría se inició el período dorado de las ONGs. Podían llegar allí a donde los gobiernos no veían conveniente llegar. Además podían servir como informadores y espías. El Corps Peace está reputado de ser una antena “humanitaria” de la CIA y otras muchas sirven a sus respectivos gobiernos.

Es evidente que las dotaciones presupuestarias y las donaciones privadas que van a parar a las ONG, no resuelven ninguna de las graves crisis humanitarias desatadas periódicamente. Esta situación no se prolongará indefinidamente. Si bien los gobiernos “progresistas” y de izquierdas, sienten una particular debilidad por las ONGs, especialmente por las dirigidas por sus amigos, es aventurado pensar que tanto despilfarro presupuestario proseguirá hasta el infinito. A casi 30 años de sus comienzos, las ONGs no han mostrado ser el canal más adecuado para dirigir fondos a las zonas en crisis. Así pues, en los próximos años va a ser cuestión de ir definiendo otros modelos de cooperación y desarrollo. El libro de Raich, interesante, bien escrito, ameno y, desde luego, muy claro, contribuirá sin duda a que este nuevo modelo sea definido.

Tras cerrar el libro la primera idea que le viene al lector a la cabeza es que el actual modelo de ONG es absolutamente insostenible. Si la mayoría de ONGs que trata Raich en su libro son ONGs de cooperación y ayuda humanitaria internacional, la situación no es mejor en lo relativo a las ONGs que actúan en el territorio español.

II Parte

Otra forma de actuar, aquí y ahora

Hay áreas de la administración que dilapidan cientos de millones de euros al año. El gobierno está subvencionando a las más absurdas ONGs, cubriendo en algún caso hasta el 80% de su presupuesto (como el caso que denunciamos del Movimiento contra la Intolerancia) sin que su tarea sea en absoluto relevante, ni realicen ninguna aportación tangible a la sociedad salvo el enriquecimiento mesurable de sus administradores. El zapaterismo instauró la barrera–fetiche del 0’7%. Aunque nuestro país gozara de una desahogada situación económica, la lectura del libro de Raich, indica que habría que preguntarse si esa ayuda sirve para algo. Pero hay otra forma de enfocar la “ayuda humanitaria”. Esa otra forma está poniéndose en práctica por parte de organizaciones asistenciales de carácter patriótico, social e identitario, aquí y ahora…

Si el panorama diseñado en la primera parte de este artículo es completamente desolador, desde hace dos años, primero tímidamente y ahora a la vista de todos, se vienen desarrollando distintas experiencias acometidas por un nuevo modelo de “ONG”. Los medios han hablado abundantemente de ellos. Son organizaciones vinculadas a grupos patrióticos e identitarios.

Así se inició un nuevo tipo de ayuda social en Europa

Las asociaciones asistenciales vinculadas solamente a España 2000, por ejemplo, han repartido en los últimos meses unas cantidades crecientes de alimentos que en la actualidad están situadas en torno a las cinco toneladas y medias por mes. En algunas ocasiones, gracias a la acción de los medios de comunicación y a la protesta histérica de las formaciones de izquierdas, estos repartos han merecido amplios espacios informativos; en otras, esa ayuda se ha llevado muy discretamente y, poco a poco, ha ido alcanzando mayores niveles de eficiencia.

Inicialmente, la inspiración para realizar este tipo de “acciones humanitarias” vino de Francia, en donde, desde mediados de la primera década del milenio, se distribuían en las grandes aglomeraciones urbanas “sopas identitarias” sólo para ciudadanos franceses. Tales sopas incluían, de alguna manera, tocino para indicar simbólicamente que no estaban destinados a población musulmana. A fin de cuentas, cuando se entrega algo a alguien desinteresadamente quien lo da tiene derecho a cocinarlo con los productos que le de la gana, sin que eso pueda ser considerado “xenófobo y racista”…  especialmente cuando el consumo de carne de cerdo y derivados es habitual en el viejo continente.

La idea de estas “sopas identitarias” era, no solamente denunciar la presencia masiva de inmigración en Francia que estaba alterando el sustrato antropológico del vecino país, sino también responder a una necesidad cada vez más acuciante: los autóctonos no pueden competir con los inmigrantes para obtener esas ayudas sociales de los organismos institucionales correspondientes. Siempre existía por parte de las instituciones lo que podríamos llamar “el prejuicio nacional”, como si solamente existieran pobres y necesitados entre los inmigrantes, pero nunca entre los autóctonos. Y el problema es que la presencia de bolsas de inmigración en Europa ha hecho que reapareciera la pobreza en el viejo continente y que amplios sectores de las clases más desfavorecidas se vieran expuestos a procesos de pauperización. Las “sopas identitarias” contribuyeron a llamar la atención sobre este proceso que está en el origen del 25% obtenido por el Front National en las pasadas elecciones europeas y en su ascenso a primera fuerza política de Francia.

Luego fue en Grecia en donde parte del ascenso de Amanecer Dorado se debió a iniciativas similares. Así como en Francia se trató solamente de iniciativas realizadas especialmente por grupos “próximos” al Front National, en Grecia fue el propio partido Amanecer Dorado el que entrego directamente dichas ayudas. Incluso los trabajadores griegos inmigrados en el extranjero y vertebrados por Amanecer Dorado envían periódicamente toneladas de alimentos al territorio griego y nosotros mismos hemos sido testigos en Canadá de la importancia cuantitativa de estos envíos.  

Grecia es un país en el que existe desde siempre una extrema–izquierda particularmente agresiva que ha obligado a Amanecer Dorado a dotarse de un servicio de orden particularmente duro. Su ascenso en el firmamento político heleno solamente puede explicarse por el fracaso de todas las opciones políticas tradicionales, la mala gestión de los partidos democráticos, el desorden fiscal, la corrupción generalizada y la presencia masiva de inmigración imposible de acoplar en un mercado laboral en crisis, elementos que, finalmente, han cristalizado en fuertes movimientos de protesta a la derecha y a la izquierda del panorama político. Para Amanecer Dorado, la “ayuda a los nacionales” ha constituido una parte importante de su acción. Allí, los partidos del régimen, la extrema–izquierda y los medios de comunicación, han optado por evitar referirse a estas prácticas solidarias que no pueden sino generar simpatías por parte del electorado y contrapesar otros aspectos más problemáticos de la organización.

Experiencias en España

En España, las primeras muestras de este tipo de acciones aparecen hacia finales de la década anterior en el ámbito de España 2000. Debió ser en 2008 cuando tuvo lugar en Valencia la primera cena de navidad para parados. La crisis ha ido haciendo cada vez más necesaria esta actividad. En Plataforma per Catalunya y en determinados círculos culturales (el Casal Tramuntana, por ejemplo) también se han dado pasos en esa misma dirección. Estamos hablando de ayudas “reales”, no de una simple foto que indica una “intención” o un simple alarde propagandístico sin soporte real.

Tales ayudas se han materializado incluso en lugares tan distantes como Kosovo hasta donde han llegado furgonetas cargadas de material humanitario destinado a la población serbia de aquel enclave artificial creado por los EEUU y entregado para su gestión a la banda criminal y asesina de la UÇK. En este sentido, podemos constatar personalmente que la acción del grupo franco–español Ayuda a Kosovo, mereció incluso el interés del Ministro serbio para Asuntos de Kosovo quien nos comentó elogiosamente esa actividad en la propia sede del ministerio en mayo de 2012.

Todas estas experiencias indican que la “ayuda social” no es un capítulo vacío en España y en el ambiente político social–patriota e identitario, sino que se han hecho experiencias suficientes como para extraer consecuencias y centuplicar las acciones.

Iniciativa popular frente a subvención estatal

Los abusos cometidos por las ONGs entran dentro del proceso de desintegración del sistema político español nacido en 1978 y son solamente un aspecto parcial de la corrupción generalizada que carcome desde hace décadas su entramado interior. Las ONGs, para legitimizar su actividad y darle una credibilidad hoy perdida, deberían ser las primeras en exigir controles estrictos por parte del Estado y estar dispuestos a una fiscalización rigurosa de sus actividades. Pero es evidente que no tienen la conciencia tranquila. Cuando a la “conciencia humanitaria” se le pone precio, sueldo, comisiones, dietas y demás ¿en qué se queda? Respuesta: en “estafa humanitaria”. Si en España se alberga cierta reserva a señalar la casilla de ONGs en la declaración de Hacienda no es tanto por solidaridad con su oponente (la Iglesia Católica) como por la sensación de que la “estafa humanitaria” está llegando demasiado lejos.

El “apadrinamiento de niños” del tercer mundo, sin rostro real, es solamente una parte del problema. Algo más de 100.000 españoles entregan cada mes una cuota destinada a aliviar la situación de “un niño” en el Tercer Mundo… pero la mayor parte de ese dinero se destina al mantenimiento de la propia ONG, a sus salarios, a su promoción, a sueldos de su personal, etc. Nadie controla, por lo demás, el destino de cantidades exageradas de fondos entregados para los fines más absurdos en los países más inverosímiles, fines que importan muy poco incluso al contribuyente español más solidario…

No estamos muy seguros de cuál es el peor crimen de una parte de las ONGs: si apelar a la humanidad, los sentimientos y la emotividad para realizar un fraude de proporciones descabelladas, o bien realizar tal fraude con cargo a los presupuestos públicos, es decir, al dinero de todos y ¡sin que nadie, absolutamente nadie, por increíble que parezca, tenga que justificar fehacientemente en qué emplea esos fondos públicos!

Frente a este modelo de “cooperación” las experiencias realizadas por las organizaciones asistenciales de tipo patriótico y social, en toda Europa y muy particularmente en España, indican que “otro modelo” es posible. Veamos sus principales rasgos.

La primera característica de esta nueva práctica es su voluntariedad. Todos los que participan en su actividad son exclusivamente voluntarios, no existe profesionalización de ningún tipo: el 100% de los medios de los que disponen estos grupos se emplean para lo que han sido recogidos. Ni una botella de aceite, ni un paquete de arroz, se van para pagar en especies a la burocracia de la “ONG”. La ayuda o es desinteresada o no es ayuda a otros, sino ayuda a sí mismo.

La segunda característica es que estas “ONGs” cuentan con medios facilitados, desinteresada y conscientemente por la población, no utilizan dinero público. Son españoles sensibilizados y solidarios con el destino de sus co–nacionales a los que prestan su apoyo. Esto implica que existe “solidaridad nacional” y que quienes experimentan esa sensación confían, además, en quien se ofrece a realizar la función de simple canal de distribución entre los “dadores” de la ayuda y los “receptores” de la misma. Los repartos de alimentación han sido siempre públicos y, por tanto, las cantidades entregadas son mesurables. Los medios de comunicación invitados a estos actos han ejercido de “notarios” de tales repartos.

Inicialmente, el Hogar Social Mª Luisa Navarro, en Valencia, recibía provisiones del Banco de Alimentos para entregarlos a determinadas familias necesitadas. Era frecuente que los servicios sociales “ordenaran” la entrega de alimentos a personas de nacionalidad extranjera que, simplemente, no los necesitaban y que parecían no tener ningún problema económico para lucir uñas de porcelana… Cuando el diario El País publicó las primeras noticias sobre la vinculación del Hogar Social a España 2000, el Banco de Alimentos canceló la relación. La ruptura de relaciones fue extremadamente positivo porque indicó que si se quería distribuir ayuda “a españoles” había que hacerlo fuera de los canales oficiales y, para ello, había que apelar a la propia militancia y, muy especialmente, a la ciudadanía.

La transparencia sobre el destino de la ayuda es otra característica axial de estos grupos. Nunca nada permanece entre tinieblas y bajo sospecha en este tipo de ayuda. Todo debe ser evidente, mesurable y reconocible. No debe de haber nada inconfesable ni sometido a dudas. Es hasta cierto punto gracioso que las mismas ONGs que se nutren de dinero público sin dar explicaciones son las que, abochornadas por el ejemplo de quienes ayudan en régimen de absoluto voluntariado gratuito y con recursos recogidos pacientemente, acusen de “xenófobos y racistas” a quienes han hecho de la ayuda a “nuestra gente” un eje de su actividad.

Organizaciones de Ayuda a la Población de origen Español (OAPE) frente a ONGs.

Todo esto hace que la acción de estos grupos sea muy diferente al de las ONGs tradicionales, hasta el punto de ser otra cosa. “ONG” es hoy, aquí y ahora, sinónimo de ayuda prestada con dinero público, de opacidad, de funcionarios a sueldo, de dietas y hoteles de alto standing, de corte de listos y espabilados, de grandes ideales humanistas y altruistas que encubren pobres miserias y regímenes de corruptelas… No, definitivamente, una ayuda real no puede basarse en quienes se ayudan solamente a sí mismos. Estamos ante otro fenómeno al que hay que calificar con otro nombre.

Las Organizaciones no Gubernamentales que viven del dinero público son una cosa, las Organización de Ayuda a la Población de origen Español (OAPE) son otra. Y este es el nombre que más les cuadra. Las OAPE simplemente “ayudan a la población”, a esa población que no recibe ayudas públicas por parte del Estado que debería protegerles, ese Estado que, para colmo, es el responsable principal de su situación y que se desinteresa de la ayuda real simplemente porque no genera comisiones de ningún tipo. 

Las OAPE ayudan “a españoles”… tal es el “crimen”. Pues bien, no, quien verdaderamente tiene un comportamiento censurable son los ayuntamientos, el propio Estado, las autonomías, quienes utilizando todo tipo de subterfugios legales prefieren ayudar a inmigrantes que a ciudadanos autóctonos, olvidando que esos inmigrantes, todos ellos, son ciudadanos de Estados que deberían preocuparse especialmente de ellos. Ellos tienen “su” Estado, pero les resulta más fácil vivir a costa del nuestro.

Cabe preguntarse porqué el Estado Español presta más ayuda a la inmigración que a sus propios ciudadanos. Los motivos son varios. En primer lugar: cuanta más inmigración haya en España, los salarios tirarán más a la baja y dado que no podemos modificar la cotización del euro y devaluarlo para ganar competitividad, la vía elegida consiste en rebajar salarios, anular derechos adquiridos, facilitar el despido y disminuir prestaciones sociales. Si los inmigrantes no reciben ayudas del Estado simplemente se van a otro país y el valor de la fuerza de trabajo sube de nuevo: a menos aspirantes a un puesto de trabajo, más debe crecer la remuneración salarial. Dicho de otra manera: con dinero público (de todos) se mantiene a la inmigración que solamente beneficia a determinadas patronales particularmente bien relacionadas con los aparatos de poder (ayer constructores, hoy sector servicios y especialmente turismo)…

Por eso las OAPE optan por ayudar fundamentalmente a españoles. Porque nadie más se preocupa por ayudar a nuestra gente. Y son “nuestra gente” porque son hijos de esta tierra. Porque ellos y sus antepasados han contribuido a levantar este país. Por eso las OAPE proponen una “discriminación positiva para españoles”.

III Parte

El futuro de las OAPE

Hace falta encuadrar la acción de las Organizaciones de Ayuda a la Población de Origen Español dentro de la actual situación de crisis económica y crisis del sistema político. Hace falta, finalmente, que las acciones hasta ahora limitadas de estas OAPE (existen en España en torno a una decena de este tipo de asociaciones) cristalicen en un fuerte movimiento solidario capaz de despertar conciencias y posibilitar la supervivencia en tiempos difíciles de familias españolas víctimas de la crisis. Hoy es preciso hacer algo por nuestra gente.

Hay un problema: es falso que descienda el número de inmigrantes. Esa es otra de esas mentiras estadísticas que se vienen repitiendo y que, finalmente, terminan siendo asumidas por el discurso oficial del stablishment. Las estadísticas demuestran que si la cifra de inmigrantes “disminuye” no es tanto por el hecho de que se estén yendo, como porque paulatinamente van desapareciendo nombres de la lista de inmigrantes, y recibiendo carnés de identidad españoles. Si la población total del país disminuye, no es tanto porque se esté produciendo un retorno masivo de inmigrantes a sus países de origen, como por el hecho de que cada vez más españoles, especialmente jóvenes y preparados, se van de España a la vista de la falta de perspectivas laborales y profesionales.

Hacer algo por “nuestra gente”

Las OAPE no están obligadas a ayudar a quienes han recibido hace poco la nacionalidad española por vía administrativa. Su obligación es ayudar a “nuestra gente”: a aquellos que han construido nuestro país y que son hijos de generaciones de españoles que han ido trabajando sin descanso para el progreso del país y de nuestra sociedad. El derecho de sangre es la base sobre la que las OAPE tienen que basar su ayuda… y ese derecho de sangre no cambia por una simple resolución administrativa.

Sólo así puede evitarse que un islamista radical con aspecto de talibán, modales de talibán y fe ciega de talibán, pueda ser considerado en el mismo plano que un católico navarro, un campesino viejo de Calatayud o una mari vasca, señora de su caserío. Sólo así puede evitarse que el miembro de una banda latina que odia todo lo que no pertenece a los altos muros de su secta y especialmente al país que sus padres andinos han elegido para vivir, esté en condiciones de recibir la misma ayuda que un esforzado estudiante catalán, un parado andaluz o un joven agricultor gallego.

Las OAPE no trabajan con dinero público, por tanto, tienen “reservado el derecho de dar ayudas” a quienes consideren como las partes más frágiles y necesitadas de la sociedad española. Esa es “nuestra gente” y es con ellos con los que las OAPE deben ser solidarias. La inmigración, los “nuevos españoles” con DNI recién adquirido son cosa del Estado y de sus ONGs: estos ya tienen quién les ayude, “nuestra gente”, el español que ha sido nuestro vecino de siempre, que ha tenido mala suerte, un revés laboral, no tienen, en cambio, quien le apoye. Si alguien podría ser acusado de “xenofobia y racismo” es precisamente ese Estado que niega a su propia gente lo que entrega tan graciosamente a foráneos.

Por otra parte, es rigurosamente cierto que estas OAPE han prestado ayuda a nacionalizados españoles en circunstancias especiales: cuando se trataba de gente visiblemente integrada en nuestra comunidad, cuando se trataba de personas en situación de evidente carestía y cuando se ha tratado de familias en las que uno de los miembros era español de origen. Hay prioridades tanto como hay ausencia de prejuicios: la prioridad es ayuda a españoles de origen; el prejuicio de xenofobia y racismo está por completo ausente de la actividad de las OAPE y debe seguir ausente.

Avanzar sobre dos apoyos: político y social

Es importante entender que hoy, la ayuda social es necesaria en un país como España con 6.000.000 de parados, una población en un 25% fronteriza con el umbral de la pobreza, sin perspectivas de encontrar empleo estable y en el que han llegado desde 1996, 8.000.000 de inmigrantes. Pero la “ayuda social” no se agota en sí misma, en la medida en que mientras persistan las actuales circunstancias políticas, nada cambiará y cada vez, más y más gente, precisará recurrir a la solidaridad para sobrevivir. El problema es “social”, pero también y sobre todo “político”. Sólo cambiando algunas características del sistema político se logrará mejorar las condiciones sociales de un amplio sector de la población.

Así pues, para superar este momento dramático en el que está sumida la sociedad española, no basta solamente con multiplicar por cien la “ayuda social” sino con irrumpir con fuerza en el terreno político y esto solamente puede realizarse mediante otro modelo organizativo: el modelo partido. Así pues, estamos hablando de “dos patas”, la “política” y la “social”: la “social” para ayudar a los sectores de una sociedad que sufre (y que sufre por culpa de la baja calidad de la clase política), el “político” para abrir el camino a una nueva correlación de fuerzas que regenere al Estado (porque solamente así se evitarán las grandes acumulaciones de riqueza junto a las amplias masas empobrecidas y la honestidad volverá a ser un valor imprescindible que reemplace a la corrupción generalizada).

Estamos hablando de dos “patas” especializadas, una para ayudar a la sociedad, la otra para regenerar al Estado. Pero, precisamente de la regeneración del Estado debe proceder la mejora de las condiciones sociales.

El camino a recorrer por las OAPE en los próximos años

Parece evidente que la “pata política” surgirá por aproximación de grupos que demuestren capacidad suficiente para atraer en determinadas zonas del país a sectores de la sociedad, lo que se demostrará por el número de concejales elegidos. Las elecciones municipales serán en ese sentido un test mesurable (como las elecciones europeas de 2014 han permitido redimensionar la importancia de determinadas siglas y fijar exactamente su repercusión y su influencia… o su escasa repercusión y su nula influencia) a partir del cual será posible crear una dinámica nueva en función de los resultados obtenidos. Esto por lo que respecta a la “pata política”: esperar a las elecciones municipales aspirando cada parte a lograr en las zonas en las que están presentes la máxima influencia.

Pero para hacer avanzar la “pata social” no hace falta esperar diez meses, especialmente porque hay sectores de nuestra sociedad que ya no tienen tiempo de esperar más: o se les presta ayuda hoy, ya, o su proceso de pauperización va a afectar incluso a su salud. El fantasma del hambre está reapareciendo en España. Mientras la clase política se frota las manos vendiendo una falsa recuperación (que contrasta con la crisis mundial, compañera inevitable de una globalización inviable y descompensada que solamente beneficia al capital financiero y especulativo), cada vez sectores más amplios de la población española precisan ayudas urgentes.

El tiempo de los tanteos y las experiencias previas ya ha pasado. En los dos últimos años, distintas OAPE han aquilatado experiencias y hoy ya es posible definir un “modelo de actuación” que difiere absolutamente de las ONGs clásicas.

Hace falta comunicar estas experiencias, transmitirlas, debatirlas, extraer conclusiones y ampliar el radio de acción. Se trataría, en definitiva de convocar una “Conferencia Nacional de Organizaciones de Ayuda a la Población de Origen Español” en el plazo más breve posible para relanzar en otoño nuevas campañas de ayuda, conseguir reconocimientos internacionales a la acción de estas organizaciones, denunciar la corrupción y la opacidad que rodea a ONGs convencionales y establecer un frente solidario que esté presente en el proceso de creación de un amplio movimiento regenerador del Estado y del sistema político español. Hace falta que una conferencia de este tipo encuentre eco en los medios de comunicación, que quienes acusan a estas asociaciones de realizar “xenofobia y racismo” se vean situados ante sus propias contradicciones y ante su propia opacidad e hipocresía.

Hace falta que dentro de un año podamos decir con nombres, apellidos, cantidades y situaciones: “Hemos ayudado a sobrevivir a tantos miles de familias españolas que no recibían ni un euro del Estado”.

Hará falta ver si las OAPE sustraen una parte de su tiempo a organizarse a nivel nacional y cristalizar en una iniciativa en todo el territorio que pueda, no solamente suponer una ayuda efectiva a la población, sino también un cambio en el concepto de “ayuda humanitario” y la superación definitiva de las “malas prácticas” a las que nos tienen habituadas buena parte de las ONGs y un Estado mudo y que alberga en su interior intolerables bolsas de corrupción.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

 

Dossier Podemos

Dossier Podemos

Info|krisis.- La estrella ascendente de las pasadas elecciones no fue ni UPyD, ni Ciudadanos, ni siquiera las formaciones de la izquierda que llevaban años trabajando y que se creía que podían tener un despegue final. En efecto, IUA ha crecido pero levemente y Equo no ha logrado cuajar. El éxito se lo ha llevado Podemos. Vale la pena, pues, preguntarse qué es Podemos, a qué se debe su éxito, cuál puede ser su evolución futura y qué actitud se puede adoptar ante esta formación. Tal es la intención de este dossier.

Introducción: más allá de las descalificaciones

Decir que Podemos está compuesto por “perroflautas”, que son “los rojos de siempre”, que están “pagados por Maduro”, que Iglesias es un “impresentable”, que es un “trotskista”, un “tapado de ETA”, etc, etc, etc, calificativos todos ellos que se prodigan en redes sociales, no es realizar una interpretación objetiva sobre esta formación y, lo que es peor, supone no entender ni lo que representa, ni a qué se debe su éxito, ni lo que implica su irrupción.

Hace falta ir más allá de las descalificaciones –muchas de ellas gratuitas, otras interesadas, otras completamente erróneas, algunas viscerales en filias o en fobias– y tratar de sistematizar en la medida de lo posible una aproximación a su verdadero rostro e intenciones. No hay que olvidar que con sus 1.245.948 votos, 7’97% de los votantes y 10% de los escaños (5 sobre 54), se han convertido en un verdadero fenómeno que debe conocerse más allá de los adjetivos rápidos que se le puedan prodigar.

En la elaboración de este dossier han participado varios amigos con los que hemos tenido ocasión de cambiar impresiones en la semana siguiente a las elecciones europeas. No es, por tanto, una opinión personal, sino el resultado de un debate en el interior de grupos situados en las antípodas de Podemos. Es, pues, en cierto sentido, un dossier “coral”.

El vídeo electoral de Podemos

Hay que ver completo el vídeo electoral de Podemos para entender porqué su campaña ha sido un éxito. Son 53 segundos, miradlo, porque si se elude ver el vídeo, no se va a entender nada de lo que sigue (VIDEO ELECTORAL DE PODEMOS: http://podemos.info/elecciones–europeas/).

Después de haber visto el vídeo es posible que muchos lectores de este dossier, haciendo abstracción de cualquier otro dato sobre este partido, lamenten no haber votado a Podemos… Contra lo que algunos podrían suponer, en el vídeo no se recurre a los tópicos tontorrones de la “izquierda alternativa”: no veréis en él ni peticiones para la legalización del porro, ni exhortaciones a favor del mundo gay o del feminismo radical, ni de los ocupas, ni llamamientos al “papeles para todos”, ni los sentimentaloides llamamientos propios de ONG a la “paz mundial”, la “memoria histórica” y  la defensa de los derechos humanos en las Galápagos o en Botswana… El vídeo está completamente desprovisto de todos estos aditamentos que hacen las delicias de la izquierda, incluido el PSOE.

Tampoco busquéis en el vídeo banderas republicanas tricolores, hoces y martillos, llamamientos a la “revolución proletaria” y a la constitución de “consejos obreros y campesinos”, no hay llamamientos a la “construcción del socialismo”, ni rostros históricos propios de la izquierda más rancia, ni consignas de otros tiempos. Ni siquiera el “internacionalismo proletario”, reformulado como “altermundialismo” por cierta izquierda, está presente.

En cambio, os sorprenderá ver a un campeón de España de lanzamiento de jabalina, con la camiseta olímpica de España, abrir el vídeo (que es como abrirlo con una imagen que sugiere salud, energía, deporte, fuerza, vigor… incluso Patria, pues, no en vano, la elección de la camiseta de España no está desprovista de mensaje). Luego siguen rostros de gente como los que nos cruzamos cada día: todos ellos denuncian sus problemas –que son suyos, los tuyos y los míos– y animan a superarlos mediante la participación electoral (“¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?”, respuesta íntima de la mayoría de ciudadanos: “Ni me acuerdo”). Aparece el atleta enérgico, la trabajadora en precario, la estudiante, el científico minusválido, el profesional jubilado, verdadera muestra de la sociedad española. Y todo ello sin estridencias, tratando de suscitar la esperanza entre las sombras del paro, el exilio económico, la deuda impagable, la corrupción generalizada y la falta de perspectivas laborales y sociales.

El vídeo ha sido definido por un amigo como un “ejercicio de autonomía histórica” realizado desde la izquierda. En efecto, la doctrina de la “autonomía histórica” consiste en considerar que un movimiento del siglo XXI no tiene necesariamente porqué basarse en modelos históricos de otro tiempo, sino que él mismo marca su línea, define sus objetivos y se reserva el derecho de establecer sus principios independientemente de cualquier otro movimiento que le haya precedido en la historia. Eso es lo que ha hecho Podemos.

Hemos visto otros vídeos electorales y ni uno solo logra superar los 53 segundos de este vídeo sencillo, bien montado, en el que todos los “damnificados por la globalización” se reconocen. Si lo comparamos con el vídeo de Equo (con errores garrafales desde el principio: una voz masculina que se superpone a rostros de hombres, mujeres, jóvenes y viejos y en el que la sencillez cae directamente en la cutrez, véase http://www.youtube.com/watch?v=WVIcu8olZdM) y el de IU (http://www.youtube.com/watch?v=oEnq6AqP9qA que repite, de manera increíble, los mismos errores que Equo en cuestión de voces y rostros) que, más que atraer voto de no convencidos, simplemente lo repelen, el vídeo de Podemos es paradigmático y apela directamente a los problemas reales de la sociedad española que ésta percibe como tales.

Insistimos, sin ver el vídeo electoral de Podemos no puede entenderse su éxito, ni su línea política, ni entender el porqué ha tenido 5 diputados y un 10% del electorado.

Por qué el tirón de Podemos

Consideramos que el éxito de podemos se debe a cuatro factores que han interactuado y sin la presencia de alguno de ellos, el resultado no habría sido tan brillante. Estos cuatro factores son:

1) Existencia previa del movimiento del 15–M que ha aportado “base social”.

El movimiento del 15–M nacido hace tres años, especialmente en sus primeros días, supuso una radical innovación en el panorama político español. Aquello que se llamó inicialmente “el movimiento de los indignados” supuso una salida a la calle de los “damnificados por la globalización”, sin distinción de ideologías y colores políticos. Está claro que, luego, en una segunda fase, el movimiento fue remitiendo a medida que se comprobaba que eran los restos de la extrema–izquierda quienes imponían la línea (se llegó a votar si podía haber “indignados de derecha” y, por algún motivo, se concluyó por votación que no…). A medida que el movimiento de “los indignados” dejó de ser un movimiento amplio y transversal para convertirse en un corralito de los tópicos de la izquierda alternativa, aquello se deshinchó y terminó agrupando a grupos marginados y no competitivos. Pero algunos personajes que aparecieron en este entorno percibieron que ahí había un “nicho electoral” que nadie estaba en condiciones de ocupar. Y fueron ellos quienes lo hicieron. De esas bases sociales nació Podemos.

Sin una mínima base social no existe ningún movimiento político de importancia: el de Podemos surgió de todos estos sectores damnificados por la globalización: de los jóvenes que deben elegir entre la precariedad o el exilio económico, de las clases medias que ven sus salarios menguados y sufren una presión fiscal creciente para pagar una deuda que ellos no han generado, de profesionales que perciben horrorizados el destino de nuestro país como “nación de servicios” y “periferia de la UE”, de los clases medias, en definitiva, que afrontan procesos de empobrecimiento. Han sido de estos sectores, muy reales, por lo demás, de los que ha nacido el electorado de podemos, mucho más que del eco despertado por participación en operaciones anti–desahucio o por el activismo de los “perroflautas”. El fenómeno es mucho más interesante y no permite simplificaciones tan abusivas y toscas.

En nuestra obra Indignarse con los indignados, ya preveíamos que la decepción del electorado de izquierdas en relación especialmente al PSOE y el desmoronamiento progresivo de este partido, abriría un espacio transversal a la izquierda que incluía desde “damnificados por la globalización”, hasta ese electorado que empezaba a estar harto de que las promesas del PSOE tuvieran poco que ver con su acción de gobierno. Podemos se ha visto engordado, en buena medida, con votos procedentes del PSOE, no lo olvidemos.     

2) Utilización de “códigos de comunicación” y redes utilizadas por esa misma base social.

Mientras el PP y el PSOE, incluso IU, han realizado una campaña electoral clásica, comprando espacios de publicidad en periódicos cada vez con menos lectores y en paneles en los que nadie se fija, Podemos, compuesto y dirigido por gentes más jóvenes y menos condicionadas por campañas previas, han sido conscientes de que si querían “llegar a su electorado” (compuesto especialmente por jóvenes), necesitaban utilizar otros recursos completamente diferentes que fueran los que manejan habitualmente esos jóvenes: redes sociales.

Esta campaña electoral ha registrado un cambio similar al que se produjo hace 15 años en los medios de comunicación. Entonces lo normal era que los periódicos convencionales tuvieran una web, más que nada, porque empezaba a “estar de moda”, pero nadie creía que, poco después, estas webs terminaran teniendo más seguimiento que el propio diario de papel. En el plano político, análogamente, los partidos tradicionales han estado presentes en redes sociales pero priorizando todavía la campaña convencional (entre otras cosas por que devenga muchas más comisiones para sus gestores) sobre los nuevos modelos de comunicación que, poco a poco, van perdiendo audiencia, especialmente entre los jóvenes.

Podemos ha tenido la habilidad para expresar sus consignas en los 140 caracteres de Tuíter de manera lo suficientemente clara como para que no se precisaran explicaciones muy complejas, sino que se entendieran por sí mismos. En realidad, hace tiempo que los jóvenes no se fijan en los anuncios electorales de los diarios, hace mucho más tiempo que nadie tiene la más mínima esperanza en que los debates entre candidatos de los partidos más votados tengan audiencias significativas. Hace mucho que los “damnificados por la globalización” han perdido el interés por todo lo que va firmado por las siglas de los partidos tradicionales y ya solamente siguen lo escrito en redes sociales. Podemos ha comprendido todo esto y ha actuado en consecuencia: su campaña ha sido la mejor relación inversión–resultados de estas elecciones y, a pesar de que se haya dicho que ha recibido cheques de Venezuela y de quién sabe que otro “poder maldito”, lo cierto es que han realizado una campaña de bajo perfil, pero de muy afinada respecto a los medios seleccionados para llegar a los grupos sociales que constituyen su “target”.

En la época de las redes sociales, si quieres llegar a los jóvenes –porque estos son tus votantes– estás obligado a utilizar las redes sociales. Tal es el acierto extremadamente simple de Podemos en cuanto a la elección de medios.

3) Utilización de un “discurso propio” que rompía el esquema plano de los partidos tradicionales.

El fondo de la cuestión para Podemos es la situación creada por la globalización. Y en esto dan en la diana, porque la actual crisis económica es la primera crisis de la globalización y nada puede entenderse de los desajustes de nuestro tiempo sin reconocer que derivan directamente de los desajustes generados por la globalización. El programa de Podemos puede leerse en el siguiente link: http://podemos.info/wordpress/wp–content/uploads/2014/05/Programa–Podemos.pdf Si se lee atentamente la orientación del programa se percibe que, con errores de percepción y talones de Aquiles a los que luego aludiremos, puede decirse que Podemos ha realizado un aterrizaje perfecto… pero se ha equivocado de aeropuerto (como veremos). Sin embargo, lo importante es que, por primera vez, se difunde en España un programa antiglobalizador que responde a un hecho real –el reconocimiento de que la globalización es el gran problema de nuestro tiempo y que ante él, cualquier otro palidece–.

Este reconocimiento contrasta con el discurso plano de los dos partidos mayoritarios resignados a aceptar como hecho consumado la globalización, peleándose ambos sólo por convertirse en los gestores de la misma en España. Así mismo, en otras formaciones de izquierda, la globalización aparece también, pero sumergida en una marejada de tópicos propios de la izquierda humanista–universalista y en el discurso propio de la izquierda alternativa que busca integrar las aspiraciones de los distintos “movimientos sociales” que en muchos casos no tienen nada que ver con la globalización (aspiraciones de feministas, gays, movimientos antipatriarcales).

Tomar partido nítidamente contra la globalización es el hecho esencial. Ahora bien, luego veremos que Podemos hace una lectura muy limitada de lo que es la globalización y entra en contradicciones. No ha analizado, por tanto, correctamente los procesos de globalización, y a pesar de su esfuerzo por superar los límites dogmáticos de la izquierda (de la que han salido muchos de sus dirigentes), permanece dentro de los límites del progresismo en general.

4) Condiciones objetivas extremadamente favorables.

Se entiende por “condiciones objetivas” aquellas que dependen de una coyuntura dada y sobre las que un movimiento político no puede operar: son o no son, pero las que “son”, son inamovibles en cada época. Pueden beneficiar el crecimiento de un movimiento político o perjudicarle y bloquearlo para siempre. Las “condiciones objetivas” de la sociedad española actual son:

– Extendido deseo de cambio.

– Descrédito de los portavoces del régimen.

– Extendida insolidaridad de las masas con la clase política.

– Existencia de una crisis económica y social profunda e insuperable.

– Incapacidad de los partidos tradicionales para superar la crisis.

– Imposibilidad superar la crisis moral de la sociedad.

Aquel partido que logra entender estas condiciones objetivas, asimilarlas, asumirlas y centrarse en elaborar una alternativa, tiene a su alcance la clave del éxito. De ahí el interés de Podemos en no aludir ni a la “memoria histórica” (que solamente interesa a pequeños grupos revanchistas que IU considera como su caladero natural de votos), ni a las minorías activistas de carácter social, ecologista o sexual que, a fin de cuentas son exiguas en relación al total de la población, hecho que explica el fracaso de Equo.

Podemos ha centrado solamente el mensaje en la respuesta a la angustia y al estado de ánimo de los grupos que constituían su base social. Ha afinado extraordinariamente el mensaje y lo ha vehiculizado, especialmente, a través de las redes sociales. El resultado ha sido no perder el tiempo con consignas poco rentables o que iban dirigidas a grupos minoritarios (feministas, gays, ocupas, etc).

El mosaico de la izquierda radical

Podemos ha obtenido en todo el territorio nacional una media del 8% de los votos, un resultado excepcionalmente brillante. Los resultados han sido muy buenos en Asturias (donde ha superado el 13%), en Madrid (con algo más del 11%) y algo más pobres en Extremadura y Cataluña (con poco más del 4%) y en Ceuta y Melilla con menos aún. Es significativo que en Valencia haya obtenido más votos que Compromís y que en Galicia haya superado al BNG, lo que indica que estas candidaturas, más o menos nacionalistas, hasta ahora integraban un voto de protesta que se ha decantado, finalmente, hacia Podemos.

En general, puede decirse que votos hasta ese momento históricamente decantados por la abstención, fueron movilizados por Podemos y reconvertidos en votos de protesta. No olvidemos que en estas elecciones el abstencionismo ha sido de derechas, mientras que, tanto nacionalistas como votantes de izquierdas han acudido masivamente a las urnas. En gran medida, además, se produjo un desplazamiento del voto del PSOE a esta candidatura y, por otra parte, el voto joven que por primera vez acudía a las urnas, la apoyó también mayoritariamente. En las zonas donde más desempleo hay se apreció una mayor tendencia a decantarse por Podemos. Tal es el comportamiento electoral de la candidatura.

Por el momento, su estructura interior da la impresión de ser débil. Está organizado en “círculos” de trabajo, tanto sectoriales como locales, que funcionan de manera asamblearia. Fundado oficialmente en marzo de 2014 y elaborado el manifiesto fundacional en enero, su crecimiento no fue augurado por la mayoría de las encuestas y solamente la del CIS le otorgó entre 1 y 2 diputados, en lo que constituye un nuevo patinazo de las empresas de sondeos públicas y privadas.

Se acepta generalmente que su orientación es “de izquierdas” para unos y de “extrema–izquierda” para otros. Sería mucho más correcto definirlo como “de izquierda alternativa”. No puede compararse con el histrionismo de Beppe Grillo y su Movimento 5 Stelle, ni tampoco con su populismo demagógico y arrebatado. Más se parece por su fisonomía a la del Syriza griego, sin ser exactamente lo mismo.

Ahora bien, Podemos es solamente una de las tres fuerzas situadas a la izquierda del PSOE y que se preparan para dar dentelladas sobre el cuerpo agónico del hasta ahora mayoritario partido del centro–izquierda español. La Izquierda Plural, enésimo avatar del primigenio Partido Comunista de España, sigla ya olvidada completamente por el electorado, y los ecosocialistas de Equo, son las otras dos opciones presentes a la izquierda del PSOE.

Demos unas pinceladas sobre la Izquierda Plural. Tal como su nombre indica, se trata de un mosaico de siglas encabezado por Willy Meyer y que agrupa a Izquierda Unida, Iniciativa per Catalunya Verdes, Esquerra Unida y Alternativa (también catalana), varios grupos nacionalistas y ecologistas gallegos (Anova–Irmandade Nacionalista, Espazo Ecosocialista Galego), Batzarre, y una constelación de grupos ecologistas (Confederación de los Verdes, Opció Verda, etc, etc). Este entramado inestable y complejo en el que la mayoría de las partes ni siquiera tienen conciencia de pertenecer a una candidatura europea, supone, de hecho, el reconocimiento del fracaso, no solamente del proyecto de IU–PCE, sino la imposibilidad de construir un “partido ecologista” en España.  De hecho, da la sensación de que la única fuerza coherente que actúa en su interior es precisamente IU y es posible incluso que haya sido esta falta de cohesión interior –y lo gris y obsesivo de la mayoría de sus componentes: unos atrapados por el culto a la “memoria histórica”, otros con el ecologismo como principio y como fin– lo que haya determinado el escaso crecimiento de la coalición en relación a las europeas de hace cinco años.

Otra de las candidaturas de izquierda es Primavera Europea, compuesta por otro mosaico heteróclito de siglas que incluyen a grupos de izquierda alternativista y a nacionalistas de izquierda: Coalició Compromís, Equo, Chunta Aragonesista, Democracia Participativa, Por Un Mundo Más Justo, Partido Castellano, Socialistas Independientes de Extremadura, Coalición Caballas, Socialistas por Tenerife, Partido Castellano, Los Verdes de Villena, Electores de Alhaurín, Junts per Agres, Agrupación Barruelana Independiente, etc, etc, etc, cuya cabeza visible es Jordi Sebastià de Compromís y Florent Marcellesi de Equo.

Hasta la formación de Podemos, Equo era, sin duda, la opción de la izquierda alternativa. Al formarse este grupo y demostrarse como más mediático gracias a la presencia constante de su cabeza visible en muchos medios de comunicación, Equo, dirigido por antiguos izquierdistas de los años setenta y ochenta, con una fuerte carga dogmática y menos adaptados a las herramientas interactivas proporcionadas por la Web 2.0. Como puede intuirse, el programa de Primavera Europea es una mezcla de ecologismo, nacionalismo regionalista y socialismo de distintas tonalidades. Los 300.000 votos obtenidos le han dado un diputado y un 1,9% de porcentaje.

El mensaje de Primavera Europea se ha intentado vehiculizar también a través de redes sociales, pero la extrema fragmentación de los grupos algunos de ellos con una implantación casi ridícula) que lo componen ha hecho imposible trasladar a todas las partes el mismo entusiasmo. Respecto al mensaje, presentado en forma de hashtags de Tuíter, no deja de ser particularmente ingenuo y simplificado no muy diferente al de Podemos, con más interés por los problemas de las “regiones”. Si los resultados de esta coalición han sido cuatro veces inferiores a los de Podemos, se ha debido, sin duda, a su menor impacto mediático, al mayor dogmatismo de Equo, a su carácter de coalición–mosaico y, finalmente, al regionalismo de varias de sus partes que les desinteresaba completamente de la idea europea.

Frente a estas opciones, no es raro, que Podemos (1.250.000 votos) haya destacado con rostro propio y por encima de Primavera Europea (300.000 votos) y a escasa distancia de Izquierda Plural (1.562.000 votos). Pasado el recuento, el fenómeno podemos ha eclipsado completamente a las otras dos formaciones. En total, el tríptico situado a la izquierda del PSOE ha superado los 3.000.000 de votos, un buen resultado.

Un cambio de percepción en la sociedad

¿A qué responde el éxito de Podemos? ¿Por qué tres fuerzas situadas a la izquierda del SOE han obtenido más de 3.000.000 de votos?

El éxito de Podemos responde al actual cambio de percepción que está experimentando la sociedad española. Hasta ahora solamente era “admisible” y “correcto” votar a cualquiera de los partidos de la “banda de los cuatro”. Tal era la exigencia del bipartidismo imperfecto edificado a partir de 1978. Pero eso ya ha quedado lejos. En las últimas elecciones europeas (y en las anteriores elecciones autonómicas catalanas) empezó a quedar claro que el electorado está experimentando un cambio de perspectiva inducido por cuatro fenómenos:

El agotamiento del modelo político nacido en 1978 y basado en la sinergia entre la “banda de los cuatro” y especialmente en las dos grandes columnas sobre las que se ha mantenido el sistema (la de centro–izquierda y la de centro–derecha). Como se ha repetido muchas veces estas dos últimas semanas: “El bipartidismo ha entrado en crisis”. Es hora del multipartidismo y de las coaliciones de gobierno, porque está claro que muy difícilmente el PP volverá a obtener una mayoría absoluta y el PSOE, con el hundimiento de su “pata catalana”, jamás volverá a disponer de nada parecido. Vamos hacia un modelo multipartidista difícilmente encajable con un diseño del sistema electoral que prima el bipartidismo.

La crisis económica parece haber levantado a los españoles de su sueño. El modelo económico de Aznar que generó un crecimiento asentado sobre bases falsas (salarios bajos, inmigración masiva, construcción y acceso fácil al crédito) generó unas burbujas que estallaron dejando atrás un paro estructural absolutamente insalvable y una deuda de la que, desde hace tres años, solamente estamos pagando los intereses pero que no se reduce en términos absolutos. Con 6.000.000 de parados y un 25% de la población próxima al umbral de la pobreza, la palabra de la clase política ha dejado de ser intocable, los portavoces del régimen han perdido toda credibilidad y buena parte de la población ha visto a la “casta” como a los únicos beneficiarios del régimen nacido en 1978.

Los elevados niveles de corrupción que se están danto a todos los niveles del Estado, desde el Caso Urdangarín en la cúspide, hasta cualquier ayuntamiento de tercera fila. Probablemente, la población sería más condescendiente con estas corruptelas de no ser por que cada vez se encuentra en situación más precaria y por que la “esperanza” (que suscitó primero Zapatero y luego Rajoy) en que superaríamos la crisis y se abriría un nuevo período de progreso y bienestar económico, se ha diluido casi completamente. Pero la crisis persiste: y mientras la población se siente presionada fiscalmente para pagar una deuda que no ha generado, el Estado y sus escalones burocrático–administrativos siguen haciendo gala de un gigantismo y de una dilapidación de recursos que ofende a quienes están, desde hace años, experimentando graves problemas. Es la corrupción generalizada (y negada por los medios y los tertulianos, de la misma forma que durante el período de la Restauración se negaba que el caciquismo fuera el rasgo más acusado de aquella coyuntura) la que ha generado una brecha insalvable entre la “España oficial” y la “España real”. 

De no haber sido por estos tres elementos (y por las “condiciones objetivas” que antes hemos aludido), Podemos jamás habría logrado hacerse con un espacio, ni siquiera mínimo en el panorama político español. Hay que recordar que tanto las “condiciones objetivas”, como el cambio de perspectiva del electorado, no solamente eran favorables para Podemos sino para cualquier otra fuerza política emergente estuviera atenta.

Una demostración palpable de que la crisis económica ha mutado en crisis política, tras la persistencia de la crisis social, ha sido la abdicación de Juan Carlos I. Quienes la han precipitado eran conscientes de que el período del bipartidismo imperfecto se acababa y que en un futuro parlamento en el que PP y PSOE estuvieran capidisminuidos sería difícil aprobar una Ley Orgánica que aceptara la abdicación de Juan Carlos y la aceptación de Felipe como sucesor a título de rey. Desde los “poderes fácticos” se reconoce con esta abdicación que se ha cerrado un ciclo y que otro está a punto de comenzar.

Hace unos meses podía pensarse que Ciudadanos o UPyD eran fuerzas ascendentes que despegarían y conseguirían hacer temblar los fundamentos mismos del bipartidismo… luego, ha resultado que el verdadero vencedor y el partido que mejor se ha situado en la recta de salida contra el bipartidismo es, precisamente, Podemos. Ellos han interpretado mejor que nadie la necesidad de “condenas radicales” y “propuestas rotundas”. Si los otros dos partidos se han quedado estancados y apenas han progresado, ha sido precisamente porque, en tanto que auto–considerándose “partidos de centro–izquierda” su mensaje iba dirigido a un electorado moderado: quizás en las elecciones de 2008 tal mensaje hubiera sido mejor acogido, pero después de seis años de crisis es evidente que hacía falta un mensaje de mayor rotundidad, vehiculizado sobre bases sociales más amplias.

Porque, del cambio de percepción, se beneficiarán solamente aquellos partidos que den muestras de contundencia en las propuestas y suavidad en las formas. Ciudadanos y UPyD han fracasado por su moderación en las propuestas y lo insípido de sus formas, ligadas a personajes light (Rosa Díez y Alberto Rivera). En tiempos de crisis las propuestas radicales capaces de suscitar esperanza rinden beneficios electorales.

El punto débil de podemos

El programa de Podemos está compuesto por 36 folios titulados: “Documento final del programa colaborativo”. Está dividido en seis apartados dedicados a la economía, la libertad, la igualdad, la fraternidad, la soberanía, y la tierra. En estos apartados se resumen los análisis y las propuestas de la formación. Vale la pena leerlo en http://podemos.info/wordpress/wp–content/uploads/2014/05/Programa–Podemos.pdf

Lo primero que viene a la cabeza es que difícilmente podría gestionarse en mundo del siglo XXI con un lema como “libertad, igualdad y fraternidad” que remite a finales del siglo XVIII. El trilema está precedido por un capítulo dedicado a la “economía” (lo que más interesa) y seguido de un último dedicado a la “tierra” (añadido dedicado a la ecología).

La primera parte (dedicada a “economía”) está orientada a presentar un programa para atenuar el impacto del capitalismo en nuestra sociedad. Y, en general, lo puede suscribir cualquier decidido adversario del neo–liberalismo. Las 7 primeras páginas van destinadas a proponer una serie de medidas correctivas del capitalismo.

La segunda parte es más discutible. Titulada “Conquistar la libertad, construir la democracia” es una mezcla de ideas asumibles y de tópicos propios de la izquierda que incluye la letanía habitual a los derechos de los gays, las lesbianas, los bisexuales y los intersexuales. Cinco páginas más en las que lo mejor (medidas destinadas a limitar el poder y el peso de los partidos) se confunde con lo más banal.

Lo mismo puede decirse de las nueve páginas que componen tercera parte “Conquistar la igualdad, construir la democracia”. La insistencia en la “igualdad” es uno de esos remanentes de otros tiempos que acompaña a cualquier programa de izquierdas. Tiende a confundir la necesaria “igualdad” ante la ley extendiéndola a cualquier otra actividad humana, cuando en la naturaleza lo que gobierna es precisamente la ley de al desigualdad. El mundo de la igualdad lleva a la consideración de la “cantidad” como factor esencial: formado por piezas exactamente iguales en derechos, capacidades y deberes, la mayoría y la minoría quedarán definidas por los simples recuentos de opiniones particulares. Mayoría gobierna sobre minoría. Lamentablemente la crítica a la democracia del número fue realizada desde finales del XIX por Ibsen en su obra de teatro El enemigo del Pueblo y todavía no ha sido superada por ninguna forma de “democracia”. Porque en las relaciones humanas hay otro factor mucho más importante que la “cantidad”: la cualificación de cada persona. Ante una elección sobre política internacional, no vale lo mismo la opinión de un especialista con años de conocimiento e interés sobre la materia que la de un lego completamente desinteresado del tema; no es lo mismo la opinión de un toxicómano que la de alguien interesado por el mundo de la cultura; es una indignidad que el voto de un psicópata violador y asesino, valga lo mismo que el de una persona honesta. Así pues, la “democracia” cuantitativa hay que limitarla, introduciendo en la ecuación, de alguna manera, el factor cualitativo. En el programa de Podemos esta consideración no se tiene en cuenta, limitándose a repetir los puntos comunes con cualquier otra formulación de la izquierda histórica, unas asumibles (vivienda digna, inviolabilidad de las comunicaciones, investigación científica independiente, derecho a la salud, calidad en los servicios públicos, etc), otras no (eutanasia, las reformas en materia educativa son increíblemente limitadas y, casi diría que están en el espíritu de las reformas introducidas en estos últimos 30 años por el PSOE que han hundido literalmente la educación en España, “despatologización” del transexualismo).

Pero es en la cuarta parte –“Recuperar la fraternidad, construir la democracia”– en la que se percibe a las claras que alguien en Podemos no realizado un análisis correcto de la globalización y que la presión psicológica de los viejos esquemas de la izquierda marxista y de la socialdemocracia humanista–universalista se han impuesto sobre la racionalidad y la objetividad. En efecto, uno de los parágrafos más largos del documento se titula: “4.3 – Derecho a tener derechos. Reconocimiento del derecho de los y las emigrantes”, su lectura implica un desconocimiento total de uno de los INSTRUMENTOS MÁS PODEROSOS DE LA GLOBALIZACIÓN: EL TRANSVASE DE POBLACIONES DE UN LUGAR A OTRO DEL PLANETA. Esto es, la inmigración masiva.

Podemos se niega a reconocer, en la tradición marxista, que el ciudadano nazca con una identidad y que esa identidad sea determinante para su vida futura. Y, sin embargo, todos nacemos sobre una tierra. Nacer en una tierra implica adquirir una cultura, unos valores, unas constantes culturales propias, esto es, tener una identidad bien definida. Nacer en otra significar tener otra identidad. Desaparecidas las identidades nacionales, locales, personales, lo que emerge es un totum revolutum indiferenciado y sin barreras ni diques de contención ante la globalización. Pero hay más. Si algunos opinamos que es preciso restablecer la dignidad y la potencia de los Estados es, precisamente porque estas estructuras implican barreras a la globalización.

El sistema mundial globalizado es una autopista de doble dirección cuyas direcciones tienden a optimizar los beneficios del capital. Una de estas direcciones tiende a deslocalizar las empresas desde el Primer Mundo a determinadas zonas del Tercer Mundo: China, Vietnam, especialmente. Allí la producción es más barata al carecerse prácticamente de coberturas sociales y el salario mínimo ser, entre un tercio y una secta parte que en Europa. Hay deslocalización, pues, para rentabilizar el capital y ganar “competitividad”. Y en sentido inverso, la otra dirección de la  globalización es promover las migraciones masivas de población de Este a Oeste y de Sur a Norte para conseguir que la inyección artificial de mano de obra excedentaria, obligue a reducciones salariales según la ley de la oferta y la demanda. Siendo la “fuerza de trabajo” un valor de mercado, estará sometido a las leyes de la oferta y la demanda: cuando más trabajadores aspiren a un mismo puesto de trabajo, más bajo será el salario que acepten como remuneración. Solamente un ciego puede negar esto. Podemos lo hace porque se niega a aceptar el derecho a la identidad de los pueblos (acaso el primer derecho colectivo que exista), se niega a aceptar el derecho de prioridad de los nacidos en una misma tierra sobre el derecho de los nacidos en otras latitudes, se niega aceptar que el primer derecho de todo ser humano es poder vivir en la tierra en la que ha nacido, se niega a aceptar, en definitiva, la lógica del mercado y algo tan evidente como que la inmigración tenga algo que ver con los estancamientos salariales, la precariedad laboral y la pérdida continua de derechos sociales que corresponden inevitablemente –siempre según la “economía de mercado”– a un país con 6.000.000 de parados y un 25% bajo el umbral de la pobreza.

Podemos no ha entendido, pues, lo que es la globalización. Sus comentarios sobre la inmigración caen dentro de los tópicos de cualquier otro partido de izquierda y de centro–izquierda. Su análisis del fenómeno globalizador es pues incompleto, peligroso y engañador. No estamos discutiendo la dignidad de los inmigrantes, sino la obligatoriedad de aceptar a todos los que se quieran establecer en Europa. Si así fuera, 400 millones de africanos, probablemente más de 800 millones de asiáticos e incluso algún que otro pigmeo, ya se habrían instalado entre nosotros.

Podemos no ha entendido que precisamente los jóvenes, las clases trabajadoras y las clases medias son los más afectados por una inmigración en grandísima medida subsidiada: es el Estado el que paga la factura de una inmigración que solamente beneficia a las patronales en tanto que tira hacia debajo de los salarios. Se beneficia el sector privado, pagamos todos los contribuyentes.

La izquierda acepta tan fácilmente la inmigración masiva porque se ha creído sus propias fantasías sobre “igualdad universal”, “una sola tierra, una sola raza, una sola humanidad” y demás ensoñaciones. Ve en la inmigración a un “nuevo proletariado” que responda a las necesidades e su esquematismo arqueomarxista. Los mismos votantes de Podemos no advierten ni por asomo que la inmigración es responsable en buena medida de su miseria y de sus bajas expectativas para conseguir un puesto de trabajo digno. Porque los votantes de Podemos, en gran medida, coinciden con los “damnificados por la globalización” que deberían de estar más atentos a los procesos que les han convertido en “nazarenos” (aguantando su cruz sin esperanzas) de la globalización.

Cuando en el programa de podemos se propone: “Libre circulación y elección de país residencia y regularización y garantía de plenos derechos para todas las personas residentes en suelo europeo, sin distinción de nacionalidad, etnia o religión, con o “sin papeles”. Adecuación de la sanción por falta de documentación y visado en regla a su categoría de falta administrativa. Eliminación de las cartas de expulsión emitidas a las personas sin visado en regla o pasaporte tramitadas de manera automática en las comisarías. Garantizar a las personas indocumentadas los permisos temporales de residencia necesarios, hasta resolver administrativamente su estatus jurídico”… no es raro que los primeros en aplaudir incluso con las orejas tales declaraciones de intención ¡sean las patronales y los señores del dinero!, a la vista de que cuanto más inmigrantes haya en Europa mas “competitividad” ganará el viejo continente, esto es, más se rebajarán los salarios… sin contar, por supuesto, con las consecuencias deletéreas que están teniendo estas migraciones masivas en las identidad de los pueblos. Digámoslo ya: cada vez que se difumina una seña de identidad de un pueblo, la globalización avanza.

Las cuatro páginas siguientes del parágrafo titulado “Conquistar la soberanía, construir la democracia”, retornan a la alternancia de medidas saludables e innecesarias, urgentes y tópicas, para rectificar el rumbo emprendido por la UE. En general, lo que están diciendo –y es perfectamente asumible– es que hay que reformar las instituciones europeas y modificar especialmente tratados internacionales, algo que podemos compartir.

La parte final, dedicada a la “tierra”, es de otras cinco páginas y se pueden compartir casi sin reservas o con reservas derivadas de los grupos animalistas presentes en Podemos siempre dispuestos a introducir sus obsesiones en cualquier programa. Es significativo, en este caso, que la concesión a estos grupos animalistas sea el último párrafo de cierre del documento., indicando su lugar absolutamente secundario, colocado como “pegote”, sin duda, por el activismo obsesivo de estos grupos.

Es significativo, en cambio, que no se perciban apenas referencias a los temas sobre el decrecimiento, quizás porque situarían la polémica en un terreno mucho más radical: no se trata de combatir las formas de distribución de la riqueza dentro del capitalismo, sino de reconocer que el capitalismo es inviable e incompatible para la continuidad de la especie. En el único párrafo en que se habla de decrecimiento se alude exclusivamente a “energías fósiles”, como si la doctrina del decrecimiento no fuera aplicable a algo tan esencial como los alimentos.

En general, se trata de un programa cargado de buenas intenciones, situado a la izquierda de la izquierda, pero en absoluto estridente, ni radical. El hecho de que se haya elaborado por parte de comisiones, con aportaciones por parte de “miles de personas” (tal como se dice en la introducción) indica distintas tendencias, la existencia de varios modelos interpretativos, y un intento de contemporizar con todas las posiciones de la vieja y de la nueva izquierda, con ecologistas, animalistas, feministas y demás colectivos “sociales”) pero que carece de una columna vertebral unánimemente aceptada y reconocida como pauta: esta solamente puede ser la lucha contra la globalización, en tanto que la globalización es el hecho más importante de nuestro tiempo y cualquier otro palidece ante él. Podemos habla de la globalización, pero no entiende lo que significa en última instancia un mundo globalizado: un mundo privado de identidad, “homogeneizado”, “igualado”, “normalizado”, muerto, en definitiva, sin diferencias, sin matices, sin variedad. No han entendido, o bien solamente se ha entendido parcialmente, lo que es la globalización.

De todas las contradicciones inherentes en el programa, las dos que más saltan a la vista es, por una parte, la incomprensión de los procesos de la globalización y la negativa a asumir que la inmigración masiva no es un hecho espontáneo que deriva de la voluntad de las personas, sino una iniciativa generada por los patronos de la globalización que, para colmo, tiene efectos deletéreos sobre las comunidades (tanto la emisora de inmigrantes que pierde fuerza de trabajo, como a la receptora que ve como su masa laboral autóctona sale perjudicada), sobre las identidades de los pueblos (cada régimen de identidad es una barricada contra la globalización) y sobre el desarrollo de su cotidianeidad que se percibe especialmente como “molesta” para las clases más modestas (aumento de la delincuencia, fricciones entre comunidades con distintos niveles de educación, socialización, valores, tradiciones, etc, aparición de tribus urbanas, racismo de doble dirección, aumento de la violencia sobre la mujer, fanatismo religioso, etc, etc).

Y por otra parte, la incomprensión de los procesos de la globalización se percibe cuando en su discurso queda implícita la desvalorización del Estado. A Podemos les decimos: es cierto que los Estados modernos están siendo neutralizados por la globalización, pero también es cierto que solamente a través del reforzamiento de los aparatos del Estado se conseguirá levantar barreras y barricadas a la globalización. Combatir a la globalización no pasa por disolver los Estados–Nación, sino por reforzarlos, regenerarlo y devolverles una dignidad de la que hoy carecen al haber sido usurpados por una “casta” que come de la mano de los “señores del dinero”.

¿Es “enemigo” Podemos?

Podemos es, sobre todo, enemigo de los partidos mayoritarios y concurrente con otras formaciones de izquierda alternativa a las que superará netamente y, por supuesto, con el PSOE. Podemos, si hay que creer en las declaraciones de sus dirigentes y en la letra de sus documentos es un partido que aspira a una regeneración del panorama político español y a desplazar a la “banda de los cuatro” que ha gestionado el régimen de 1978.

En política existen dos tipos de “enemigos”: el “enemigo principal” y el “enemigo secundario”. “Enemigo principal” es aquel contra el que hay que combatir en primer lugar. En el panorama político español, desde nuestro punto de vista, está compuesto por los dos partidos mayoritarios (PP y PSOE) y por los dos auxiliares nacionalistas (CiU y PNV). Estas siglas son las únicas responsables de que hayamos llegado al lugar en el que nos encontramos en estos momentos. Las aguas de la transición trajeron estos lodos y ninguna posibilidad de regeneración nacional puede realizarse mientras estas siglas mantengan su hegemonía. Para conseguir la más mínima rectificación de la vida pública es preciso que estas siglas pierdan su situación de preponderancia. Por eso son el “enemigo principal”.

Pero luego existe un “enemigo secundario” con el que existen coincidencias parciales (la percepción de que la globalización es el enemigo, la percepción de que es preciso abatir a los partidos y a la casta que han gestionado el régimen en los últimos 32 años, la percepción de que la corrupción es una lacra generada por el sistema, la percepción de que es preciso detener la desintegración del Estado del Bienestar y descargar a las clases medias de la inmensa presión fiscal que soportan, la percepción de que el neoliberalismo no es la solución sino el problema, etc, etc) y unos mismos enemigos principales (la “banda de los cuatro”). Es evidente que existen altas dosis de desacuerdo (en lo relativo a los valores, en los relativo a la concepción del poder, en el análisis de la globalización y en la salida al proceso globalizador, en relación al fenómeno nacionalista y en la valoración del terrorismo, y así sucesivamente) y que, por tanto, una vez derribado el “enemigo principal”, se tendería a una nueva reconsideración de quién es el “enemigo” y quien el “adversario”. Pero lo esencial, hoy, es en buena medida derribar a la “banda de los cuatro” y concentrar fuego contra quienes han sido dueños absolutos del poder y han protagonizado las mayores infamias que ha sufrido nuestro pueblo. En la medida en que Podemos apunta también contra ese enemigo, hoy por hoy dista mucho de ser nuestro “enemigo principal”.

A la globalización se le puede atacar desde muchos ángulos. El error de unos y de otros consiste en pensar que solamente existe un análisis antiglobalizador. Nosotros creemos que la lucha antiglobalizadora debe emprenderse desde el principio de la identidad nacional y que es preciso afirmar tal principio para levantar barreras a la globalización y defender a la comunidad. Podemos (o más bien, algunos sectores de Podemos) cree, más bien, que “otra globalización es posible” y a eso le llaman “altermundialismo”. Ambos análisis son antagónicos pero apuntan contra el corazón del concepto de globalización neo–liberal. Ese es el verdadero “enemigo principal”.

Podemos es una opción heteróclita en cuyo interior se encuentran gentes de distintos orígenes, motivadas por distintos argumentos y resortes emotivos. Muchos de ellos proceden de la antigua izquierda marxista incapaz ya de cristalizar en una formación que asuma oficialmente ese dogma, hay antiglobalizadores en estado puro, otros son libertarios, los hay, simplemente resentidos con otras formaciones de izquierda (especialmente con IU) habitualmente por haber quedado fuera de los repartos de poder en ese partido, los hay que tienen una nebulosa mental y se mueven solamente por sugestiones muy generales y la sensación de que la vía emprendida por Podemos tiene futuro, existen antiguos trotskistas aún vinculados a los restos del Secretariado Internacional de la IV Internacional que están ahí, en Podemos, practicando el “entrismo”, como en otro tiempo estuvieron en IU. El riesgo de todo esto es que, algunos de estos sectores confundan entre cuál es su “enemigo principal” y cuál su “enemigo secundario”, que retorne la intolerancia obtusa de la antigua ortodoxia marxista y decidan realizar “antifascismo” (identificando el “fascismo” en cualquier forma de expresión que asuma la identidad nacional como base de la lucha antiglobalización), generando, como ha ocurrido en otros momentos de la historia reciente de Europa a partir de 1968, la apariencia de una “lucha entre extremismos opuestos” que sólo beneficia al sistema.

Podemos no es nuestro enemigo principal, ni en los ayuntamientos, ni en las calles, y sería absurdo caer una vez más en el error de combatirlos con saña en la medida en que, a fin de cuentas, ellos también son conscientes de que este sistema está agotado, asumen que la globalización es el enemigo y buscan algún tipo de regeneración de las estructuras de poder. “Lo nuestro” es de naturaleza diferente a “lo suyo” y, por tanto, estamos en campos adversarios. Pero el enemigo principal de unos y otros es el mismo. Es absurdo, pues, desgastarse en polémicas y descalificaciones mutuas que solamente beneficiarían a los partidos mayoritarios. 

¿Tiene futuro Podemos?

En Podemos participan gentes de muy diverso origen, provistos de muy distintos grados de sinceridad y compromiso. Algunos son reliquias que no han encontrado acomodo en el PSOE ni en IU, ni han obtenido lo que creían merecer y apoyan a este grupo que les ofrece en estos momentos más satisfacción a sus perspectivas personales. Algunos, como Jiménez Villarejo, son cultivadores empedernidos de la “memoria histórica”, tanto como pueden serlo los últimos maquis que quedan en el PCE. Otros, como Jaime Pastor, son trotskistas en funciones de entrismo como antes hicieron lo mismo en IU. El tema bolivariano les va más o menos a todos, pero esto no les distingue de otras opciones de izquierda (e incluso de algunas derechas radicales antiamericanas). En cuando a Pablo Iglesias, con mucho el personaje más interesante del conjunto, se ha aludido mucho a su pasado político, de indudable trayectoria de izquierdas, e incluso a que su compañera es diputada autonómica de IU, pero parece ir bastante más lejos que estas formaciones que constituyen, más o menos, sus antecedentes políticos.

Otro puñado de miembros procede de Espacio Alternativo (antiguos trotskos de la LCR que no consiguieron entenderse con antiguos maoístas del Movimiento Comunista dentro de la Izquierda Alternativa y terminaron en IU como “ecosocialistas”). Tampoco hay que hacerse excesivas ilusiones sobre su “autonomía histórica”: en muchas reuniones han demostrado que tal concepto solamente ha estado presente en el vídeo electoral, pero que, al rascar un poco, se percibe su republicanismo, la reivindicación de la “memoria histórica hemipléjica” y tics más propios de la antigua Izquierda Unida que del 11–M.

En buena parte de España surge la duda de si los antiguos miembros de IU que han llegado a Podemos comparten los ideales antiglobalizadores del núcleo inicial, o bien están ahí al haber quedado al margen de los repartos de poder en la coalición ecosocialista. Y mucho nos tememos que  queden muchos más rasgos de la “vieja izquierda” en esta formación de “nueva izquierda”. El “caso Verstrynge” es significativo: como se sabe, Jorge Verstrynge, antiguo secretario general de Alianza Popular, participó en el acto de fundación del nuevo partido, ante la oposición de sectores de Podemos que achacaban a Verstrynge su denuncia al popel de la inmigración en el proceso globalizador. Verstrynge no volvió a participar en la campaña de Podemos. Hay gente que teme todo aquello que no procede de su propio espacio político y que responde a otras tradiciones políticas. El “caso Verstrynge” indica, por su mismo, que Podemos –o al menos una parte sustancial de la formación– todavía está presa de viejos esquematismos dogmáticos y que existe una cerrazón mental propia de la izquierda más rancia y hemipléjica.

Balance y perspectivas

Si alguien cree que Podemos supone la eclosión de una “nueva izquierda alternativa” hay que decir que su talón de Aquiles son precisamente los valores que defiende que no son muy distintos a los de “libertad, igualdad, fraternidad”, valores que se vienen repitiendo desde finales del siglo XVIII y que han sido patrimonio ya de la revolución francesa, de las revoluciones burguesas del XIX, de la revolución rusa de 1917, de la nueva izquierda de mayo de 1968, y de cualquier otra formulación progresista y de izquierdas. No hay que olvidar que este lema está presente en los distintos capítulos del programa electoral de Podemos. No parece muy lógico que se intente ordenar el mundo del siglo XXI con valores llegados del XVIII.

Así pues, en su conjunto doctrinal no hay grandes innovaciones en esta formación política. Su análisis mismo de la globalización y de la marcha del capitalismo en las últimas décadas es incompleto, parcial y amputado de objetividad. Si fuera un análisis objetivo situaría los derechos de los pueblos a permanecer en su tierra natal y no emprender el exilio económico, por encima del “papeles para todos”, ese tópico de la izquierda humanista que constituye el acompañamiento ritual de cualquiera de sus formas.

Ya hemos expresado que si no se entiende el papel de la importación de inmigración masiva dentro de la globalización, no se entiende tampoco uno de los resortes para abolir las identidades de los pueblos, ganar “competitividad” y, por tanto, no se entiende siquiera lo que es la globalización. El análisis que todos los sectores de la izquierda han realizado del fenómeno es altamente incompleto.

Nunca la izquierda ha realizado una verdadera crítica a la globalización porque, en el fondo, sentían el fenómeno como un eco remoto de su internacionalismo proletario, ya impresentable y rancio. Por eso hablan eufemísticamente de “altermundialismo” u “otra forma de globalización”. Pero no hay una “tercera vía”. La disyuntiva hoy no es entre globalización y “altermundialización”, sino entre GLOBALIZACIÓN Y MUNDIALISMO de un lado, E IDENTIDAD de otro. En un mundo globalizado no hay identidades posibles, todo queda apisonado y homogeneizado: pueblos, etnias, culturas, naciones.

Dentro de su análisis, Podemos no considera que las naciones actuales sean barricadas contra la globalización. Al mostrarse libertaria, tiende a desvalorizar el papel de los Estados hoy existentes que, con sus deficiencias y sus conflictos son hoy estructuras dotadas de aparatos legislativos, de barreras, soberanía, fronteras, fuerzas de seguridad, que pueden constituir, según quien gestione el poder, barricadas contra la globalización. Abolir el Estado, desvalorizar la idea de soberanía nacional, suponen hacer el trabajo de la globalización y destruir todo lo que impide una homogeneización rápida de la humanidad en detrimento de las identidades nacionales.

Podemos, cabe decir, que prosperará en los años venideros si se dan varias circunstancias: si el PSOE queda reducido a la mínima expresión –como parece que ocurrirá– y termina desintegrándose, dejando vacío un espacio sociológico de centro–izquierda que puede ser ocupado por un partido como Podemos en la medida en que insista en su “autonomía histórica”. En el momento en el que este partido caiga en el error de IU de hacer explícitos sus contenidos de “izquierda rancia”, formación de postguerra anclada en la “memoria histórica”, se haga solidaria con las expresiones tópicas de la izquierda progresista, está perdida. Volverá a ser, entonces, un dejà vû, una reedición de las distintas formas de la izquierda del siglo XX, una izquierda que se va extinguiendo poco a poco.

Hará falta ver si el “entrismo” realizado por antiguos trotskistas les da algún fruto (históricamente jamás ha hecho otra cosa que convertir a ultraizquierdistas en mansos ultraliberales como ocurrió con los trotskistas norteamericanos reconvertidos en neo–cons), hará falta ver si las distintas tendencias no tienden que bullen en el interior de Podemos, empiezan a hacer, especialmente tras las elecciones municipales, la guerra por su cuenta y adoptan posiciones contradictorias y si cuando sus representantes –además de Pablo Iglesias– tengan que tomar la palabra y sean conocidos, logran articular un discurso diferente y original o apenas pueden reeditar de nuevo el discurso de los ecosocialistas, reconocible tanto en Equo como en IU e incluso en la Izquierda Socialista, corriente interior del PSOE.

No está muy claro el futuro de Podemos. Lo que sí parece claro es que ésta es una de las fuerzas que están contribuyendo, aquí y ahora, a que el sistema de bipartidismo imperfecto, se derrumbe. Podemos será otro de los partidos con los que habrá que contar en el futuro para hacer coaliciones de gobierno en ayuntamientos y comunidades autónomas. No será el único, sino uno más. Y esto es lo que nos parece más interesante: que a partir de ahora, un sistema político ideado para el bipartidismo imperfecto, va a tener que convivir con un multipartidismo en el que entre 10 y 12 siglas van a convivir y en el que solamente podrá gobernarse por coalición y de manera inestable.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

Balance del juancarlismo

Balance del juancarlismo

Info|krisis.- La predicción no era muy aventurada y la habíamos formulado el 28 de abril en un artículo publicado en Info-krisis). Que la monarquía juancarlista se estaba acabando era más que evidente para cualquier analista político. Entre bambalinas se estaban dando los pasos para llegar a ese desenlace. Juan Carlos intentó hasta el último momento mantener sus posiciones pero la “operación lustre” no dio frutos y las encuestas demostraban que se estaba próximo a cerrar un ciclo. Ahora queda analizar algunos elementos de esta “crisis” (porque, a fin de cuentas, se trata de una crisis).

Juan Carlos y la transición

Era frecuente, hace unos 20 años e incluso hasta 2010, que muchos nombres de relumbrón de la izquierda y de la derecha dijeran aquello de “no soy monárquico, soy juancarlista”. Con eso indicaban su falta de convicciones monárquicas, unido a la gratitud hacia el “monarca que hizo el cambio”. En realidad, el papel de Juan Carlos I en la transición fue, como el de Adolfo Suárez, en ser meros “rostros” de una transición que otros habían diseñado. El papel del segundo no consistió más que en aportar aplomo, rostro (en el peor sentido de la palabra) e imagen a la transición. En cuanto al papel de Juan Carlos consistió en tranquilizar a la derecha sociológica española, franquista por lo demás, generando la sugestión de que lo que sucedería a partir del 20-N de 1975 no sería nada más que una prolongación de lo de antes pero levemente modificado, en ningún caso, una “ruptura”. Incluso la Ley para la Reforma Política fue considerada como la “culminación” y la “última” Ley Fundamental de la arquitectura constitucional franquista.

En realidad, la transición del franquismo al régimen de 1978 fue impulsada por tres sectores: 1) el incipiente capitalismo español que precisaba nuevos mercados para colocar sus productos, 2) el capital internacional –especialmente el capital financiero- que veía en España un mercado prometedor y 3) el Pentágono que precisaba –en los años de la Guerra Fría- dar “profundidad” a la OTAN.

El capitalismo español generado a lo largo de los años 60 bajo el padrinazgo del Opus Dei y de sus Planes de Desarrollo se había desarrollado lo suficiente como para poder exportar parte de su producción; pero desde las Comunidades Europeas, fuertes barreras arancelarias impedían la llegada de los productos españoles a esos mercados. El “mercado común europeo” ya había advertido en varias ocasiones, ante las peticiones de ingreso de España, que la estructura del régimen franquista no daba los mínimos democráticos exigidos para ingresar en el club. Así pues, era preciso democratizar el régimen.

El capitalismo internacional, especialmente el capitalismo financiero, veía en España buenas oportunidades de inversión. A fin de cuentas a finales de los años 70, algunos sectores económicos todavía no estaban suficientemente desarrollados y precisaban fuertes inversiones y modernización. La Ley de Inversiones Extranjeras de 1959 que había dado lugar al prodigioso desarrollismo de los años 60, era, a partir de ahora, un impedimento para ir más allá. Es imposible deslindar lo ocurrido en España de la trayectoria del capitalismo internacional que estaba ya en su fase multinacional: además, el sector público español era un bocado apetecible para ese capitalismo extranjero. Si se trataba de democratizar el país, era evidente que ese sector público (el INI) debería privatizarse en un plazo más o menos breve y era ahí en donde el capital internacional podía dar la gran dentellada.

En cuanto al Pentágono, patrón indiscutible de la OTAN, la cuestión era mucho más simple y se resumía en el hecho de que apenas 900 km separaban la frontera entre las dos alemanias de los Pirineos. Así pues, en caso de ofensiva soviética, no existía “retaguardia” desde la que articular una defensa. España, vinculada en materia de defensa a los EEUU no era un aliado seguro. Carrero Blanco, en su búsqueda de nuevos mercados para los productos españoles y en su intento de elaborar un Plan B que nos hiciera menos “eurodependientes”, ya en 1971-72 estaba abriendo mercados en el Este ante la cerrazón del Mercado Común. Era posible, pues, que, de seguir así, España hubiera relajado su vinculación a los EEUU (los acuerdos bilaterales se negociaban por tramos de 10 y 5 años). Dado que España no podía ingresar en el club de la OTAN a causa de la particular estructura del Estado franquista, no quedaba más remedio –si se trataba de dar “profundidad” a la OTAN- que presionar para que el régimen se democratizada.

Estas fueron las fuerzas reales que propiciaron la transición. Ante estas fuerzas, el papel del Rey y el de Adolfo Suárez fueron completamente irrelevantes: meros actores de un guión que no habían escrito. En cuanto al papel de la “oposición democrática”, apenas formada por el PCE y una serie de excrecencia casi irrelevantes de izquierda y de extrema-izquierda, tampoco fue esencial, a pesar de que la mitología de la transición la magnificase.

Así pues la “transición” se planteó como un cambio pacífico en el que la sabiduría del pueblo español y ha responsabilidad de sus dirigentes generaron un nuevo modelo de régimen. De ahí que se aludiera con frecuencia a una “transición modélica”. Juan Carlos no fue más que la referencia para los franquistas de que “nada había cambiado”: militares, fuerzas de orden público, magistratura, estructuras funcionariales del régimen, lo aceptaron, simplemente, porque era el “rey puesto por Franco” y mientras él estuviera, nada en efecto, parecería haber cambiado. Por lo demás, el Rey era capaz de prometer las Leyes Fundamentales del Reino… y todo lo contrario, la Constitución Española.

El final del juancarlismo, por qué…

A Juan Carlos el destino del país no le importó mucho más allá de los mensajes de navidad. En realidad, la cosa veía de familia; su padre, durante los 40 años del franquismo apenas emitió menos de cinco mensajes y documentos, todos ellos elaborados por su “Consejo Privado”, como signo de que le importaba el destino de España. De la misma forma que a Carlos IV solamente le interesaban las cacerías, a Isabel II los palafreneros de palacio y a Alfonso XII sus amores melancólicos, a Juan Carlos le interesó cualquier cosa menos la lectura diaria de las leyes que firmaba.

Es conocida la historia hacia finales de los años 80 de que estuvo unas semanas con una periodista suiza fuera de España, mientras un plotter firmaba por él no importa qué ley. Una corte de advenedizos formada en su entorno (los Ruiz-Mateos, los De la Rosa, los Prado y Colón de Carvajal, el príncipe de Chokutúa, etc) tuvieron continuos problemas judiciales. Todos ellos pensaban que el rey les sacaría del entuerto, pero a partir del instante mismo en el que se desvelaron sus corruptelas, por mucho que hubiera sido el apoyo y las entregas dinerarias que habían realizado a la monarquía, se vieron solos. Zarzuela dejó de descolgarles el teléfono. Esto recuerda a Fernando VII, “el deseado”, que a lo largo de su carrera no dejó a nadie sin traicionar.

Pero no eran los continuos líos de faldas cuyos ecos atenuados llegaban a la opinión pública, no eran ni siquiera la frecuencia con la que los amigos del monarca visitaban los juzgados, ni siquiera era el hecho del evidente desinterés en el destino de España y en la tarea de gobierno, no era tampoco el evidente debilitado estado de salud del rey, tributo a excesos de juventud, sino que era algo mucho más profundo lo que estaba ocurriendo en España y que entrañaba el descrédito y el ocaso de la monarquía juancarlista.

De la misma forma que la transición fue impulsada por las fuerzas que antes hemos definido, y no deben absolutamente nada a la personalidad del rey, el final de juancarlismo está ligado a la modificación de las correlaciones de fuerzas de la transición.

En efecto, los grandes grupos mediáticos que actuaron en los años 1976-1983 para impulsar la democratización del país (empleando todo su arsenal de artimañas para velar la realidad) hoy, o han desaparecido (Cadena 16) o se encuentran en gravísimos problemas económicos (Cadena Zeta y PRISA). El mismo modelo de comunicación que hizo posible la transición ya es cosa del pasado. Hoy es más complicado que en 1976 controlar los criterios de la opinión pública, imponerlos y modificarlos a voluntad. Existen redes sociales que generan siempre islotes de disidencia y focos de oposición a las “verdades oficiales”.

La transición se realizó diseñando un sistema electoral que llevaba a la alternancia entre dos fuerzas, una de centro-izquierda (PSOE) y otra de centró-derecha (inicialmente UCD, luego PP), apoyadas, en caso de no tener mayoría absoluta por otros dos pequeños partidos nacionalistas (CiU y PNV). Ninguna otra fuerza política ha podido tener peso real en España desde 1983 hasta ahora. Pero ese sistema ha entrado en crisis. Las elecciones del 25-M señalan la ruina del “bipartidismo imperfecto”. A partir de ahora, otras fuerzas políticas crecerán mientras los dos grandes partidos se irán disolviendo como un azucarillo. La época de las mayorías absolutas ha concluido para siempre y ya no bastará un simple acuerdo con un nacionalista para gobernar por mayoría.

¿Por qué ha ocurrido esto? Por la crisis económica desatada a partir de 2007 que se ha transformado en crisis social (6.000.000 de parados) y que finalmente, al prolongarse, ha terminado generando una crisis política en todas las esferas del régimen nacido en 1978: porque, ni una sola de las estructuras de poder creadas en 1978 goza hoy de buena salud: ni la estructura autonómica, ni los partidos, ni la magistratura, ni el parlamento, pueden alardear de satisfacer los deseos de honestidad y buen hacer exigibles. Y, por supuesto, es en este contexto en el que hay que situar la crisis de la institución monárquica.

No  que la monarquía se haya visto erosionada solamente por el caso Urdangarín, ni que la atrabiliaria historia de la caza del elefante (con sus patética e indignas excusas), ni que la salud real menguara… no, se trata de que TODA LA ESTRUCTURA DE PODER CREADA EN 1978 ESTÁ HOY EN CRISIS. Y la monarquía es una pieza más del entramado que no ha podido resistir las distintas fases  de la crisis económica iniciada en 2007…

Tras Juan Carlos ¡viva la República! (¿Viva la República?)

En 1931, después de unas elecciones municipales de las que aun hoy se ignora cuáles fueron los resultados reales, pareció que en las grandes ciudades el número de concejales monárquicos era inferior al de republicanos y el rey aprovechó para “emprender las de Villadiego” en lo que puede ser calificado como cualquier cosa menos como un “fenecer glorioso”. En Cataluña, Luís Companys proclamó la República Catalana desde el ayuntamiento y el fervor republicano se manifestó en las calles. El resto lo conocemos: nunca, en sus cinco años de vida, la República logró asentarse. Hoy, los riesgos son parecidos, sino peores.

Los que hoy proclaman la necesidad de una república deberían de tener en cuenta lo que implica la llegada de un nuevo régimen auspiciado especialmente por la izquierda revanchista. Porque no se trata ni de salir a la calle ni de encontrar el balcón más próximo para dar un salto al vacío. En realidad, fuera de los fervores de unos y de otros, de las filias y de las fobias subjetivas, la realidad es que en este país muy pocos son monárquicos o republicanos. Porque el verdadero problema no es “monarquía” o “república”, sino un país que funcione o un país que no funcione. Hay monarquías modélicas y hay repúblicas infames, y viceversa…

En un período en el que un 25% de la población está próximo al umbral de la pobreza, con una situación económica mundial endiablada e irresoluble a causa de la globalización, no parece muy claro que ni una monarquía ni una república vayan a resolver gran cosa, así pues, la discusión sobre monarquía o república es, en las actuales circunstancias, completamente irrelevante y está completamente fuera de lugar.

Por lo demás, hay que pensar que en las actuales circunstancias una “república” no sería nada más que un modelo de organización fuertemente lastrado por los valores humanistas-universalistas procedentes de la izquierda progresista, y que quienes aspiran a una “república no tricolor” no tendrían absolutamente nada que decir. Mirad los resultados de las elecciones del 25-M y veréis quiénes harían la nueva constitución republicana y cuál sería su espíritu.

El problema no es sustituir a la monarquía por otro régimen, sino que ese “otro régimen” garantice la buena marcha del país. Y no da la sensación de que de la izquierda actual tenga un portentoso proyecto de regeneración nacional que vaya más allá de la instauración de una república (que, insistimos, cuyos valores, estructura y principios, solamente podría, hoy por hoy, salir de los laboratorios ideológico-dogmáticos de la izquierda)… Lo peor del caso, es que la derecha tampoco parece tener otro proyecto que no sea el de prolongar en Felipe VI el régimen nacido en 1978.

Si el juancarlismo ha concluido, si la instauración de una república constituiría un peligroso salto al vacío (que, por lo demás, no aportaría nada más que el cambio de membretes y rotulaciones en los papeles oficiales y poco más), ¿qué vía queda para este país? Hay una tercera vía: la del CIRUJANO DE HIERRO, LA DEL “HOMBRE FUERTE” al frente de una REGENCIA que afronte decididamente los grandes retos y problemas del país. Luego, ya se verá y siempre será tiempo de elegir entre “monarquía” o “república”. Hacerlo en las actuales circunstancias supondría un cheque en blanco para el humanismo-universalista propio de la ideología de la izquierda postzapaterista. España precisa una nueva constitución, pero para llegar a eso, precisa también un período de:

1) Fin del derroche generado por los partidos políticos, renegociación de la deuda.

2) Certificación del fracaso bochornoso y total del “Estado de las Autonomías”. Resolver el problema de la centrifugación nacional.

3) Persecución con castigos ejemplares de todos los casos de corrupción habidos (los delitos contra la  sociedad, y la corrupción política es una de ellos, no deben prescribir jamás).

4) Generación de nuevas formas de representación política no basadas en los partidos políticos.

5) Poner coto a los desmanes de los “señores del dinero” y a sus beneficios.

6) Volver a una economía productiva, renegociando el acuerdo de adhesión a la UE (es mucho más importante un referéndum sobre nuestra permanencia en la UE que sobre “monarquía o república”), reinstaurando barreras arancelarias, evitando que las rentas procedentes del trabajo sean machacadas fiscalmente, mientras las rentas del capital se van de rositas.

7) Lucha contra todos aquellos elementos que han desequilibrado en los últimos treinta años a a la sociedad española y que han hundido nuestra sistema de valores, el nivel cultural del país y han hecho quebrar el sistema educativo.

SIN UNA ETAPA PREVIA DE “RECTIFICACIÓN Y REORDENACIÓN” DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA NO HAY POSIBILIDADES DE ELABORAR NI UNA NUEVA CONSTITUCIÓN, NI DE PLANTEAR LA DICOTOMÍA “MONARQUÍA-REPÚBLICA”. Y ESA ETAPA SOLAMENTE PUEDE ESTAR PROTAGONIZADA POR EL “CIRUJANO DE HIERRO”, EL “HOMBRE FUERTE” QUE RESTAURE LA AUTORIDAD DEL ESTADO, QUE DEFIENDA A LAS CLASES MÁS MODESTAS Y PONGA EN CINTURA A LOS “SEÑORES DEL DINERO”.

Es evidente que ni nos manifestamos en este momento por la prolongación del juancarlismo en su descendiente, ni por el salto al vacío que supondría una república que hoy estaría lastrada (como lo estuvo la Segunda República) por la prepotencia de la izquierda. Creemos que solamente el CIRUJANO DE HIERRO con plenos poderes para restaurar la dignidad del Estado, para aligerar la carga fiscal que suponen la deuda, el Estado de las Autonomías, el sistema de partidos y la corrupción, pueden hacernos dejar atrás este período triste y desintegrador en la historia de nuestro país que se inició con la MENTIRA DE LA TRANSICIÓN. Nunca mejor dicho puede recordarse el viejo refrán de que “aquellas aguas, trajeron estos lodos”.

© Ernesto Milá – info|krisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.