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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Análisis de coyuntura

Análisis de coyuntura

Info|krisis.- Reproducimos la primera parte de un documento elaborado estos días. Se trata de un análisis de la coyuntura internacional, europea y española, una especie de fotografía a mediados de febrero de 2014. Dicho documento puede tener interés para quienes quieran insertar su actividad dentro de este contexto político. Se trata de un análisis rápido que anticipa algunas claves que se producirán a lo largo de este año.

Primera Parte: análisis político

1. Análisis político internacional: una situación de crisis, la crisis de la globalización

El destino ha querido que nuestra acción esté encuadrada en un tiempo en crisis. Para analizar cómo se ha llegado a esta crisis vale la pena leer los escritos publicados en info-krisis desde 2007 y los que se publicaron en la revista Identidad en esas mismas fechas porqué es entonces cuando se inicia el ciclo actual caracterizado por estallidos de burbujas primero, crisis bancarias después, crisis de la deuda, descenso de la actividad económicas y constantes promesas de recuperación y de “luces al final del túnel” que en realidad son más bien la claridad que se ve desde el fondo del pozo. En el momento actual, cuando ni se han resuelto los problemas de déficit presupuestario en EEUU y en España, cuando las deudas acumuladas respectivamente son de 12 billones de euros y de 1 billón de euros, esto es, impagables, y la economía de estos países se sostiene en las exportaciones, ahora estamos a punto de entrar en una nueva fase de la crisis que tendrá repercusiones directas y graves en nuestro país.

1.1. Se está acumulando el potencial explosivo para que el estallido de una nueva burbuja sacuda, a partir de primavera-verano de 2014 a Brasil y, por extensión, a la mayor parte de Iberoamérica. El proceso será muy parecido al español: primero estallido de la burbuja especulativa en la construcción, luego parón de la economía, rescates bancarios, crisis de deuda… El problema es que esto ocurrirá en un país mucho más turbulento que España, con más peso político, más volumen de población, una economía varias veces mayor y con unas estructuras democráticas muy débiles.

1.2. Las economías iberoamericanas están vinculadas estrechamente a las de EEUU y a España, con lo que la crisis repercutirá en un descenso de las exportaciones a esos países, una merma en los beneficios de las multinacionales que están implantadas allí y volatilización de capitales europeos y norteamericanos invertidos en esas zonas. Lo que lleva a pensar que el estallido de esa crisis repercutirá en UE y especialmente en España, con lo que cualquier posibilidad de recuperación se extinguirá desmintiendo las optimistas previsiones del gobierno. La disputa por la órbita en la que se sitúa Venezuela, principal proveedor de petróleo de los EEUU y, al mismo tiempo, en una órbita disidente, termina por enturbiar las cosas en Iberoamérica: zona, recordamos, con la que nuestro país está vinculado por abundantes lazos económicos. Todo lo que ocurra allí que sea negativo, dejará sentir sus efectos en España.

1.3. Por otra parte, aunque algo más lejos en el tiempo, tampoco la situación en China es favorable al progreso económico indefinido. En realidad, ocurre todo lo contrario. Los 30 años de política del “hijo único” empiezan ahora a dejar ver sus desastrosos resultados: la pirámide de población está a punto de invertirse y la edad media del país va aumentando dramáticamente. El control del Partido Comunista sobre la sociedad no podrá prolongarse indefinidamente y allí también existe una burbuja especulativa imposible de prolongarse en el tiempo por mucho tiempo. China tiene pendiente su “revolución burguesa” y, antes o después, estallarán contradicciones insuperables entre la creciente burguesía adinerada y el férreo control que sigue imponiendo el Partido Comunista. Sin olvidar que la bajada de PIB chino, aunque sea de medio punto, influye inmediatamente en el aumento de decenas de millones de parados desarraigados que no hace mucho abandonaron el campo. La burbuja inmobiliaria china, finalmente, es tan espectacular como puso serlo no hace mucho en España. Los testimonios directos del interior de China que hemos podido recabar con extremadamente pesimistas.

1.4. Así pues, la globalización se ha convertido a partir de 2007 en una sucesión en cadena de crisis económicas que afectan a regiones enteras, las cuales entran en depresión, para luego, cuando se están recuperando, el estallido se produce en otras regiones, arrastrando a quienes estaban superando la crisis de nuevo hacia las profundidades. La perspectiva económica mundial, a partir de 2007, está compuesta por una sucesión de crisis espaciadas que generarán chispazos en diversas zonas del planeta y por una imposibilidad de estabilizar la economía mundial.

1.5. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, la característica nueva de la globalización es ya no está controlada por nadie, no existe un “centro dirigentes” formado por “judíos”, “iluminati”, “oligarcas”, etc, que controlen los procesos económicos, sino que en su cúspide inmaterial tienen solamente unos valores que engrasan, estimulan y alimentan el mecanismo de la globalización: afán de lucro, usura, especulación, acumulación de capital, explotación enloquecida de recursos, subordinación de la política a la economía y del beneficio inmediatista a la planificación, etc. La globalización es una máquina desbocada que ya no responde a ningún control y que camina hacia su autodestrucción.

1.6. El fantasma de una guerra localizada en Oriente Medio, lejos de haberse disipado aparece de nuevo como el escenario más favorable para salir de la crisis económica internacional. La venta de armamentos convencionales, el desplazamiento de contingentes, el suministro de repuestos bélicos y alimentos, la reconstrucción de las zonas destruidas en el conflicto, los créditos a las partes en conflicto, todo ello se configura como en ocasiones anteriores, como la única forma para poner de nuevo en marcha las cadenas de producción y generar un movimiento económico capaz de superar la actual crisis y la que se avecina. La única zona del planeta en la que existen diferencias insalvables entre Estados vecinos es en Oriente Medio en donde la supervivencia del Estado de Israel y la intención del régimen iraní en convertirse en potencia regional para lo cual, precisa confirmarse como potencia nuclear, se une a las bolsas de petróleo codiciadas por todos los actores internacionales.

1.7. Así pues, la perspectiva internacional en los próximos años estará dominada por una crisis económica sistémica en la economía mundial, con chispazos aleatorios que impedirán una recuperación estable y en segundo lugar por la cada vez mayor convicción de que solamente una guerra localizada en una zona geográfica podrá superar la crisis.

2. La situación en Europa: fracaso, impotencia y estancamiento de la UE

2.1.  Circunscribiéndonos a nuestro espacio político, la Unión Europea, cabe decir que desde hace 10 años, se ha constatado el estancamiento en la “construcción de Europa” y la imposibilidad de ir más allá de la unificación monetaria. Hace ocho años ya se renunció a la existencia de una “constitución europea”. Ahora, incluso, se percibe que el camino recorrido por el euro no fue el mejor posible.

2.2. Hay que valorar la UE en su justa medida: inicialmente surgió como producto del acuerdo franco-alemán de postguerra destinado a garantizar la estabilidad de precios de los productos agrícolas (la “Europa verde”) en el espacio europeo y para evitar futuros conflictos franco-alemanes (tres en tres generaciones desde 1870). El “núcleo duro” del Mercado Común, así pues, fue –y sigue siendo- el eje franco-alemán. Se trataba de hacer de este eje el “centro” de Europa y del resto del continente una “periferia”. El centro producía materiales estratégicos y de alta tecnología y los exportaba a la periferia. Cuando mayor fuera el tráfico entre centro y periferia en las dos direcciones, mayor sería el progreso del espacio europeo.

2.3. El tratado de adhesión de España a la UE es buena muestra de lo que decimos: el centro exige que para ser admitida España renuncie a sectores enteros de su economía (siderurgia, industria pesada, astilleros, minería) a cambio de recibir fondos estructurales y puertas abiertas para las exportaciones de manufacturas. El cálculo franco-alemán era que se podía ayudar al desarrollo de la periferia europea porque así aumentaría la capacidad de absorción de esos mercados. Y el plan se demostró acertado (a costa de la pérdida de tejido industrial de España)… hasta que estalló la crisis de 2007.

2.4. En ese momento el centro franco-alemán exigió a los gobiernos europeos que se comprometieran a

1) salvar a las instituciones bancarias en crisis, especialmente a aquellas que habían contraído deudas milmillonarias con entidades de crédito (especialmente alemanas y en menor medida francesas),

2) realizar ajustes económicos y laborales que hicieran “competitivos” a los países de la periferia europea (con el objetivo de reducir salarios para poder competir con los ofrecidos en China y en Vietnam más los gastos de transporte de mercaderías),

3) endeudar a los Estados obligándoles a emitir deuda pública y

4) imponer políticas de austeridad presupuestaria sobre las sociedades de la Europa periférica, evitando la devaluación del euro y cualquier medida que influyera negativamente en el superávit y los ahorros del Estado alemán.

2.5. Esto explica el porqué la crisis económica se ha notado menos en las economías del eje franco-alemán que en la periferia. Pero, en realidad, lo único que han logrado es:

1) verse perjudicados por la crisis en ultimo lugar, pero finalmente, acabar también afectados por ella: primero Francia y luego Alemania que todavía puede permitirse subsidiar a legiones de inmigrantes (por ejemplo a un 25% de la población berlinesa) a costa, eso sí de rebajar los salarios y ver como disminuye la capacidad adquisitiva de la población, con lo que el consumo se estanca y la única salida viable es el recurso a la exportación;

2) Los estancamientos y/o descensos salariales se han realizado mediante la inyección de millones de inmigrantes tanto en el centro como en la periferia de Europa;

3) Seguir renunciando a la seguridad europea y confiándola a los EEUU para evitar destinar a la partida de defensa los fondos que serían necesarios para asegurar una neutralidad armada;

4) Detener la construcción de Europa ante el surgimiento de sospechas de que el eje franco-alemán no ha realizado fair-play y se ha valido de los instrumentos económicos comunitarios para garantizar que la crisis les afectaría en último lugar a ellos, países motores de la UE; y

5) insertar la UE dentro del mapa mundial de la globalización como una pieza económica más cuya fortaleza no está acompañada de un poder político real (a diferencia del resto de actores mundiales: EEUU, Rusia, China, y en menor medida India, Irán, Brasil).

2.6. Para colmo, la tendencia de todos los Estados europeos es aumentar la presión sobre las rentas precedentes del trabajo e ir disminuyendo progresivamente la presión sobre las rentas procedentes del capital, beneficiado además por los entramados de “ingeniería financiera” que permiten eludir aún más cargas fiscales a los “señores del dinero”, pero disciplinan a las clases medias, los dependientes de una nómina, las pequeñas y medianas empresas y los funcionarios. De ahí que la tendencia a la que se camina es a la destrucción de las clases medias y a una proletarización creciente de las sociedades. En este nuevo marco social las orientaciones culturales que prevalecen son las difundidas por la UNESCO a la que se muestran extremadamente receptivos todos los gobiernos europeos: humanismo universalista, defensa del mestizaje (como forma de atomización social), multiculturalismo, medidas de ingeniería social, destrucción de los restos de estructuras tradicionales, etc. Para colmo, en materia de defensa, la UE sigue externalizando sus responsabilidades en esta materia a los EEUU a través de la OTAN que, hasta ahora, no ha sido más que una alianza militar testimonial y simbólica que reconoce el liderazgo de EEUU en materia de defensa con la misma relación que un rey feudal con sus vasallos (los imperios no tienen aliados, solo vasallos). Todo esto (debilidad de la estructural social europea, orientaciones culturales anti-europeas y renuncia al ejercicio de la defensa) contribuye a acentuar la debilidad de la UE y a resaltar su insignificancia política.

2.7. En toda la UE, esta crisis aparece cuando el continente sigue gobernado por las mismas fuerzas políticas que llegaron en 1945 en los furgones de los vencedores. Todo el continente se ha organizado políticamente en torno a un centro-derecha y a un centro-izquierda (en Europa Occidental) o a las que surgieron después de la caída del muro de Berlín (en Europa Oriental) que, básicamente responden a la misma simetría con diferentes actores. Cuando se inicia la crisis a partir de 2007, estas fuerzas políticas están ya muy desgastadas y, para colmo, han cometido dos errores:

1) han ido transfiriendo competencias que hasta entonces residían en los gobiernos nacionales, al Parlamento Europeo pensando que allí su control era total y mayoritario;

2) han pensado que conseguirían eternizarse en el poder por mucho que fueran focos de corrupción, mala gestión y dilapidación de recursos.

Bruscamente, en estos días, los partidos tradicionales de centro-derecha y centro-izquierda se dan cuenta de que en las próximas elecciones europeas la perspectiva de voto de los partidos euroescépticos, anti-inmigracionistas y populistas-nacionalistas va a aumentar drásticamente hasta poder bloquear o hacer muy difíciles la toma de decisiones en la UE. Todo esto se produce antes de que el reavivamiento de la crisis a causa del estallido de burbujas especulativas en Iberoamérica haga imposible una recuperación de la economía europea y prolongue aun más la crisis, por tiempo indefinido.

3. La situación en España: una sociedad que está llegando a su límite

3.1. Rajoy aprendió algo del zapaterismo: tratar por todos los medios de suscitar la esperanza para olvidar la triste realidad. Es lo que ha hecho desde que llegó al poder: “hoy va mal, pero si aguantamos un poco, mañana las cosas mejorarán”. Esto, dicho de todas las maneras posibles, puede retrasar el enfrentamiento con los graves problemas que tiene la sociedad española ante sí, pero éste se producirá antes o después.  Y la perspectiva que tiene España en el próximo lustro va a ser dramática.

3.2. El país va a tener que afrontar las crisis independentistas en Cataluña y la Comunidad Vasca. No creemos posible que se llegue a una situación de ruptura del Estado, pero si estamos convencidos de que la resolución a la crisis generará tensiones y odios que se prolongarán durante generaciones. Sin embargo, en el momento actual, el independentismo catalán está persuadido de que puede alcanzar su objetivo histórico en 2015: referéndum, ejercicio del derecho a la autodeterminación, secesión, nuevo Estado, futuro esplendoroso. Es evidente que tal perspectiva solamente puede ser definida por unos optimistas inconscientes y que la realidad es mucho más limitada: negativa a celebrar un referéndum, ruptura del frente independentista, recriminaciones mutuas, reflujo del movimiento, radicalización de los sectores minoritarios y más beligerantes. Y, finalmente, resquemores y heridas permanentes en la sociedad catalana y vasca que tardarán en restañarse.

3.3. En el País Vasco y Navarra, la ofensiva independentista se entrecruza con el problema de los presos de ETA y de la negociación con la banda. Hay que ser realistas: ese es un episodio que ya pertenece al pasado. ETA ha vencido: entre 3 y 5 años las cárceles se vaciarán con distintas excusas y los cargos electos de Amaiur y de Bildu estarán presentes en todas las instituciones como fuerza decisiva, prácticamente exigiéndole que no haga más atentados, algo que policialmente ya no está en condiciones de realizar desde 2005.

3.4. La diferencia entre Cataluña y el País Vasco es que en la primera comunidad la existencia de 1.250.000 de inmigrantes (+500.000 naturalizados españoles), con mayoría musulmana, genera una bolsa inintegrable y una situación muy parecida a las banlieus francesas. Sin la vinculación al Estado Español, Cataluña, a medio plazo, no puede contener a toda esta marea que el independentismo está cortejando a la vista de su peso creciente. Es precisamente la presencia de esos contingentes lo que hace imposible la independencia catalana. En lo que se refiere a su clase política: en Cataluña se ha producido una fragmentación creciente del mapa político y la aparición 8 ó 9 formaciones políticas, mientras que en el País Vasco todavía se mantienen las formaciones tradicionales sin alterar prácticamente el discurso.

3.5. Es evidente que Rajoy ha optado por realizar el ajuste duro en sus primeros meses de gobierno, pensando que luego la situación mejoraría y que el próximo ciclo electoral coincidiría con una época de bonanza económica. Estaba equivocado, como ZP lo estuvo antes. La crisis se va a prolongar mucho más de lo que esperaban. Y eso mermará necesariamente sus posibilidades electorales. La suerte de Rajoy estriba en que su principal oponente, el PSOE, está todavía muy descompuesto por la “pasada por el zapaterismo” y aún no ha enunciado un programa que ilusione a la población, imprima carácter a su propia sigla, ni forjado un liderazgo con carisma y capacidad de arrastre. El empobrecimiento de la clase política socialista desde finales de los 80 ha sido acelerado y dramático: el PSOE ahora ya no tiene reemplazos de calidad, solamente tristes mediocridades sin formación, sin capacidad, sin orientaciones claras. Tal como preveíamos, el ocaso del zapaterismo marca también la imposibilidad de reconstruir una formación socialdemócrata digna de tal nombre.

3.6. Las cifras de la inmigración son vertiginosas: 8.000.000 de inmigrantes llegados desde 1997, de los que 2.000.000 ya tienen la nacionalidad y otros cuatro la obtendrán entre 2014 y 2020, sin olvidar que su tasa demográfica es cuatro veces la española, lo que implica que hacia 2020 constituirán un 25% de la población total del país, tratándose en casi todos los casos de personas con muy baja cualificación profesional, en buena medida inintegrables y que solamente pueden desempeñar trabajos de escaso o nulo valor añadido. De estas cifras, en los mejores momentos del año, solamente cotizan a la Seguridad Social y por las franjas salariales más bajas, 1.500.000 personas. Insuficiente para compensar los gastos sociales que generan (sobre el volumen del cual existe más misterio que sobre las balanzas fiscales).

3.7. El desprestigio de la partidocracia y la caracterización del régimen nacido en 1977 como el “reino de la corrupción”, es irreversible: ni la monarquía, ni el parlamento, ni los partidos, ni los gobiernos autonómicos, ni las administraciones municipales, ni el poder judicial, ni los sindicatos, serán vistas por la población nunca más como instituciones ejemplares, sino como cuevas de ladrones, trincheras para defender intereses personales y refugio de inútiles, ambiciosos y espabilados. Se aquí da una de las “condiciones objetivas” para el hundimiento de un régimen: el desprestigio de los portavoces del mismo y de todos sus niveles institucionales.

3.8. Otro factor de inestabilidad es que el régimen político español, diseñado como un régimen de bipartidismo imperfecto, camina hacia la atomización política, con la entrada en el parlamento cada vez de más fuerzas políticas entre las que abundan las rivalidades, los personalismos, la falta de entendimiento, las ambiciones y la incapacidad para alcanzar niveles de coherencia (ver lo que está ocurriendo en estos momentos en Navarra o el acuerdo imposible entre C’s y UPyD o los problemas interiores permanentes de IU, o los reproducciones clónicas por la derecha, Vox, con su programa de derecha-derecha de los años 80). Todo induce a pensar que ha concluido el tiempo de los “gobiernos en mayoría” y que cada vez más, para gobernar, será preciso llegar a acuerdos trenzados con más actores, cada uno de los cuales reclamará su parte del pastel.

3.9. A esto se añade otro problema esencial: la pérdida de vigor de las fuerzas que habían apoyado en 1975-78 el advenimiento del régimen constitucional, especialmente de los grupos mediáticos: la crisis del papel y la transformación de la información hacia soportes digitales ha hecho que los medios de comunicación tradicionales perdieran peso en beneficio de los medios digitales. Las grandes cadenas mediáticas que estuvieron presentes en la transición, formaron el estado de opinión favorable al advenimiento de la democracia, están hoy agonizando: Zeta en desintegración, Prisa descuartizada y vendida por partes, Cadena 16 muerta en combate, su sucesora Unión Editorial en las últimas, Grupo Godó sobreviviendo a costa de venderse a la Generalitat, Vocento con dificultades crecientes… Frente a ellas aparece el poder mediático digital: no es que estemos ante una situación de “igualdad”, sino que, hoy ya es más difícil controlar a la opinión pública, porque las fuentes de información son múltiples y mucho más accesibles y baratas que antes.

3.10. Es previsible que en las próximas elecciones europeas y en las siguientes convocatorias electorales la “banda de los cuatro” (PP, PSOE, CiU y PNV) obtengan resultados inferiores a los actuales y suban las opciones hasta ahora minoritarias (IU, UPyD, C’s, ERC, Amaiur-Bildu, pequeños grupos regionalistas). Lo que induce a pensar que ningún partido tendrá mayoría absoluta sino que se verá obligado a gobernar en coalición. Situaciones así generarán momentos de inestabilidad que se sumarán a la persistencia de la crisis económica. Mas allá de 2016 será imposible seguir gobernando suscitando la esperanza y es a partir de entonces, cuando se cumplirán nueve años del inicio de la crisis que se habrá llegado al límite de la espiral iniciada en 2007.

3.11. Vale la pena recordar las repercusiones de “las crisis”: primero de la crisis económica; su persistencia terminó generando crisis social sin precedentes que todavía no ha llegado a su límite, caracterizada por aumento del paro, especialmente entre la juventud, inicio de un fenómeno emigratorio de nuestros ciudadanos jóvenes, compresión de las clases medias, alteraciones en la estructura de las familias, imposibilidad para formar nuevas familias, signos crecientes de ampliación de la franja de familias desestructuradas, banalización del haschisch, alcoholismo creciente, aumenta de las enfermedades psicológicas, sensación de inseguridad y miedo al futuro, falta de perspectivas, insatisfacción creciente, descenso del consumo, etc, etc. La imposibilidad de superar estas dos crisis (la económica y la social) y sus interrelaciones, desembocará –está desembocando- en una crisis política generalizada que debería obligar a correcciones en profundidad de la arquitectura constitucional y a reformular el papel de España en Europa (e incluso de la misma UE): pero para entonces PP y PSOE ya no tendrán los dos tercios necesario para realizar esas modificaciones, así que se abrirá un período de inestabilidad política, peligroso para la existencia misma del régimen surgido en 1978. A ello se unirán problemas como la desembocadura de la crisis secesionista en Cataluña y el País Vasco, la sucesión de Juan Carlos I, la estabilización del paro en torno a 5.500.000 de desempleados, una situación internacional explosiva, la llegada de más inmigrantes, la concesión de nacionalidad a otro 1.500.000, sus altas tasas demográficas y su baja cualificación laboral que generarán inevitablemente disturbios sociales, crean un marco cada día más inestable y explosivo.

3.12. Sin haber desaparecido la crisis económica, sin haber llegado al límite la crisis social, en los próximos cinco años se avecina una crisis política, constituyendo un marco global sin precedentes en la historia de España y de gravedad desconocida hasta ahora. No son dos concepciones de “España” lo que se van a enfrentar (lo que indicaría cierta “vitalidad”), sino que lo que tenemos ante la vista es la erosión primero y el desplome después del Estado y de su organización. El diagnóstico que podemos establecer es de gravedad extrema: este proceso es irreversible y ya nada puede atenuarlo a menos que se iniciara –algo a excluir- una espiral brutal de progreso económico con tasas de PIB superiores al 4%. En 2020 habrá toda una generación de jóvenes que nunca habrán trabajado y que nunca podrán competir en experiencia laboral demostrada, el descontento entre la juventud ante la falta de perspectivas, el exilio económico y los salarios de hambre causarán estragos. El miedo a la quiebra del sistema de pensiones y a perder lo poco que se dispone contribuirán a mantener la calma. Pero los procesos independentistas, los niveles de corrupción, los estallidos de violencia por parte de la inmigración, los problemas de sucesión y la inviabilidad de un sistema de bipartidismo imperfecto para un parlamento cada vez más fracturado, todo ello, acumulado no puede dar lugar al optimismo: lo que tenemos por delante es una larga crisis ante la que hay tres opciones personales: abandonar el país lo antes posible, callarse y apechugar con lo venga, o tratar de hacer algo.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - prohibida la reproducción sin indicar origen

Carta a un independentista

Carta a un independentista

Vaya por delante que considera el independentismo catalán desde muy joven acaso como la expresión más extrema de la estupidez. Pero vaya también por delante que, más que orgulloso, estoy abochornado de ser español. Pocos países del mundo han estado tan mal gobernados en los últimos años, reflejo de un mal que se viene arrastrando desde hace siglos. Venga al caso decir que ese desgobierno no ha sido solo cosa de “Madrid” (como afirma el independentismo) sino el desastre generado por gentes procedentes de todo el Estado, incluida Cataluña.

La diferencia que hay entre el actual momento histórico y cualquier otro anterior es que, en otro tiempo había espacio para la esperanza de que un movimiento de regeneración nacional pusiera en pie a este país. Hoy esa esperanza ya se ha disipado. No veo “fuerzas sanas” en todo el Estado Español capaces de abordar una tarea de reconstrucción. Y en lo que se refiere a Cataluña, tampoco veo una clase política dirigente, digna de tal nombre, con inteligencia, decisión, lucidez, envergadura y capacidad para liderar un proceso independentista.

Entre un Artur Mas que no pasa de ser una especie de reverendo Jim Jones capaz de envenenar con sus ambigüedades, su aventurerismo y su irresponsabilidad a toda una comunidad, hasta esas malas copias de Herri Batasuna (CUP), pasando por los sandías integrales (“rositas por dentro, verdes por fuera”) de ICV y, por supuesto, por una ERC digna heredera de Luís Companys en su primitivismo y en su rústica simplicidad, el independentismo catalán da miedo, no da miedo por lo que es (una mala broma de la historia, un chiste, la caricatura de un movimiento nacional de liberación), ni siquiera por lo que puede llegar a ser (una nulidad histórica cuyos representantes son de una lacerante mediocridad, exponente de la mediocridad general que hoy domina entre la clase política española).

Lo que da miedo no es el independentismo catalán sino el gobierno central. Todos sabemos cómo acabará esta crisis: con una negociación entre Mas y Rajoy, unos euracos regalados y la seguridad de que ningún dirigente de CiU entrará en la cárcel por delito de corrupción. A la incapacidad del independentismo catalán corresponde la nulidad y la bajeza del gobierno central. Dicho de otra manera: el gobierno del Estado es poco menos que nada, el independentismo catalán es el cero absoluto.

No importa quien se siente en La Moncloa, un socialista o un conservador, todos ellos, en los últimos 35 años han demostrado no servir para más que para constituir una casta política miserable y depravada, amparada y  justificada de la por el texto constitucional, del que la clase política catalana ha sido otro de sus máximos beneficiarios.

El electorado español ha tragado carros y carretas votando ininterrumpidamente a esta clique provista de una rapacidad propia de reyezuelos tribales africanos. Y el electorado catalán ha hecho justamente lo mismo. Desde el Caso Banca Catalana el nacionalismo catalán ha estado deslegitimado para hablar de honestidad y de cualquier otro valor que no sea los de la piratería o los propios del salteador de caminos. Tras las manifestaciones contra la LOAPA lo que se escondía era una dribling a la justicia, el primero en el que Pujol presentaba lo que era una investigación sobre su gestión al frente de la entidad como un “ataque a Cataluña”.

Porque el nacionalismo catalán no es más que eso: el blindaje del que se han provisto las 200 familias que desde hace dos siglos consideran el territorio catalán como propiedad exclusiva con privilegio para hacer y deshacer a su antojo. ¿O es que ignoras que el nacionalismo es un invento de la alta burguesía para justificar su dominio económico con razones emotivas y sentimentales aptas sólo para tontorrones? Por que, en efecto, es de tontos de los que hay que hablar: esto se creen los argumentos; los listos se llevan los beneficios. Tú, independentista, tú figuras entre los muy tontos.

Cuando a Oriol Junqueras se le ha preguntado qué le parecía andar de la mano de un partido como CiU, carcomido por la corrupción, todo lo que has sido capaz de argumentar es “primero independencia, luego ya nos ocuparemos de eso”. Nada diferente a lo que argumentaba Carod-Rovira hace diez años a los empresarios catalanes alarmados por la discusión sobre el “Nou Estatut” que ocupó la friolera de los siete años de gobierno “tripartito” en Cataluña: “¿Qué ocurrirá después de la independencia?” le preguntaron: “A nosotros solamente nos importa la independencia”, contestó. Que era como decir, una vez conseguida la meta, poco importa que esté instalada en el precipicio.

Tú, independentista, no ignoras, pero prefieres no recordar, que la actual ofensiva soberanista se ha producido solamente por la inyección de fondos públicos que Artur Mas realizó en los medios independentistas inmediatamente llegó a la Plaza de San Jaime. Antes, apenas había independentismo, porque nadie con dos dedos de frente podía apostar por unos insolventes políticos como son vuestros movimientos.

Fue Artur Mas quien revitalizó a ese ambiente agónico con la esperanza de poder utilizarlo como moneda de cambio en su primera negociación por Rajoy: más techo autonómico a cambio de desactivar el independentismo. Algo así como entrar diciendo: “Si no me concedes lo que pido, tendrás que negociar con estos que son primitivos, tontorrones y no se avienen a razones”, para terminar en un “dame euros y no me preguntes en qué los gasto y sobre todo no se te ocurra procesar a ningún vástago de las 200 familias”. La novedad después del 11-S de 2011 fue que “Madrid” ya no tenía dinero; España no era ni siquiera dueña de su soberanía económica; en lo peor de la crisis de la deuda pública, el gobierno estaba sometido a fiscalización por parte de la Unión Europea y no había forma de acceder a las exigencias de Mas.

Y Artur Mas se encontró, desde entonces, con la imposibilidad de desmontar el independentismo que él mismo había creado. Poco a poco, dada su baja estatura política y la necesidad que tenía del apoyo de ERC para seguir gobernando, dejó de controlar el independentismo para ser cada vez más controlado por él. Este fenómeno supone una mutación histórica: y tú, independentista, la has logrado; puedes estar satisfecho porque va a ser tu único y pírrico logro.

Por primera vez, el nacionalismo catalán ya no está bajo el control de la alta burguesía barcelonesa de la que Mas es apenas un “valido”. Eres tú quien controla la maquinaria, pero no por tu capacidad, sino porque Artur Mas es un auténtico pigmeo político. Tanto tú, independentista, como Mas, pensáis que, al final, os llevaréis el gato al agua y que conseguiréis ser hegemónicos, tú en una Cataluña independiente formalmente y Mas… en cualquier escenario en el que salga beneficiado.

Dicho de otra manera, lo único que impide que os matéis a navajazos, como, por otra parte, siempre habéis hecho (entre distintas facciones nacionalistas, entre nacionalistas e independentistas, entre independentistas moderados honestos, moderados desaprensivos, radicales, ultra-radicales, radicales éste o aquel pueblo, etc.), es que cada uno de vosotros cree que, finalmente, saldrá beneficiado y que cada cual tiene algún as en la manga que podrá utilizar contra el otro. En realidad, todos vais de farol y, antes o después, chocaréis con la realidad.

¿Y cuál es la realidad? Te la voy a resumir:

La realidad es que habéis inventado una bandera sin tradición y sin raíces, a la que es imposible tener respeto. Habéis colgado esos trapos de mala calidad fabricados en China, descoloridos a los pocos días, deshilachados sin heroísmo ni grandeza a las pocas semanas, rotos por el tiempo en pocos meses. ¿Cuántos habéis tenidos que sustituir ya tres e incluso cinco veces desde el 11-S de 2012 esos trapos? De momento, los únicos que se han beneficiado con vuestra estupidez son los chinos.

Además, esa pobre exhibición de banderas indica perfectamente cuántos sois. Y sois pocos, muchos menos de los que os creéis y muchos menos de los que dicen los medios de comunicación catalanes amamantados por la Generalitat.

Una bandera de mala calidad, fabricada con productos de mala calidad, para un proyecto de malísima calidad, improvisado y fabricado sobre una Cataluña que nunca ha existido: porque Cataluña nunca en su historia ha sido independiente, ni nunca en su historia ha sido “nación”.

La entidad que vosotros conocéis como “Cataluña”, como máximo estuvo compuesta por una serie de condados feudatarios del Imperio Carolingio o de la Corona de Aragón, nunca constituyeron una entidad unitaria.

El término nación es relativamente reciente, procede de finales del siglo XVIII cuando los reinos se transformaron en naciones. Y esa “federación catalano-aragonesa” de la que tanto os gusta hablar jamás existió más que en vuestras mentes.

Por lo demás, las naciones son el resultado de procesos históricos, no de la “voluntad popular” de una generación concreta en un momento dado de la historia expresada mediante referendo. Ninguna nación se ha creado así.

En 1978, vuestros dirigentes proclamaron que Cataluña era una “nacionalidad”, algo que se podía asumir a condición de ponerse de acuerdo en los contenidos de ese término. Con la excusa de la “descentralización” (en aquel momento necesaria), se introdujo el término “nacionalidad” en el texto constitucional y pretextando el respeto a las “nacionalidades históricas” (confundiendo la Historia con mayúsculas, de la pobre, triste y esperpéntica historia de la Segunda República Española), se restablecieron las tres autonomías de Cataluña, País Vasco y Galicia.

Luego vino el “café para todos” de Suárez y surgió ese engendro inviable, apto sólo para consumo de las castas políticas regionales, que devora en tiempos de crisis al Estado del Bienestar y que se dio pomposamente en llamar “Estado de las autonomías”.

Ya por entonces, era evidente que el nacionalismo que había participado en la elaboración del texto constitucional había deslizado esos pequeños detalles que luego se convertirían en esenciales: confundir “nacionalidad” con “nación”. Así pues, donde el texto constitucional y los estatutos de autonomía decían “nacionalidad”, los nacionalistas entendían “nación”. Y el destino de toda Nación es la independencia de cualquier otro poder. Así pues, era evidente que la siguiente vuelta de tuerca sería la independencia. Estamos ahora en ese punto.

No olvidéis que Cataluña ha estado dirigida en los últimos 35 años por el nacionalismo y no por el hecho de que el nacionalismo haya sido mayoritario en Cataluña, ni porque el sentimiento catalanista esté generalizado, sino por circunstancias muy concretas:

1) La posición histórica del PSC, partido dirigido por una camarilla nacida de la alta burguesía catalana nacionalista y cuyas bases mayoritariamente procedían de la inmigración de otras partes del Estado Español. Mirad el mapa lingüístico de Cataluña y lo comprobaréis.

2) Cuando Cataluña estaba harta de nacionalismo, corruptelas, políticas mediocres y presión lingüística, en 2003, y el PSC obtuvo la mayoría (si no la había obtenido antes fue precisamente porque el nacional-catalanismo que proclamaba, casaba mal con su electorado de origen español y castellanoparlante) tuvo que apoyarse en ERC e ICV en una coalición inexplicable, con un Maragall con salud y claridad mental ya muy deterioradas que no fue más que un títere en manos de Carod-Rovira.

3) No hubiera ocurrido nada, de no ser por el marasmo que supuso el 11-M y el vuelco electoral que llevó a un personaje nefasto, absurdo y hueco como José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno de la Nación. Zapatero no creía en las fronteras y por lo tanto no le importaba que se crearan fronteras interiores, así que accedió a todas las propuestas de un siempre errático Maragall que no eran otras que las sugerencias de Carod.

4) En ese tiempo fue cuando la idea de que Cataluña era una “nación” pasó a ser indiscutible y cuando se aprobó, sin que existiera la más mínima demanda social, el “Nou Estatut” que, no solamente paralizó durante 7 importantes años la política catalana, sino que, además, como era previsible, embarrancó en el Tribunal Constitucional.

5) Luego vino la crisis, se evidenciaron las consecuencias más nefastas de la globalización y ahora Cataluña no es más que una de las zonas más deprimidas del Estado, rivalizando con Andalucía –esa Andalucía de la que el nacionalismo siempre se ha presentado como antagónica– en los puestos de cabeza en corrupción, paro juvenil, inmigración, desertización industrial y en la cola de la educación.

Tal ha sido la génesis indiscutible de la situación a la que hemos llegado. Ahora el problema es que no hay dinero suficiente para satisfacer las ambiciones de todas las castas políticas situadas en los distintos escalones administrativos del Estado y que están ahí, no para servir a la democracia, ni al pueblo, sino para medrar.

No es que “España” robe a Cataluña. Es que la clase política catalana, la clase política española, ROBAN al ciudadano. Vuestra mezquindad a la hora de confundir “España” con “clase política” es tan repugnante que no os extrañe que algunos os percibamos como la peor sífilis de esta Nación ex aequo con la partidocracia en que entran vuestros dirigentes con tanto derecho como los de Andalucía, Madrid o Ceuta.

Vuestras banderas indican donde estáis. No es una amenaza –¿quién quisiera amenazar a algo que es de por sí esperpéntico, risible y cuya caída se producirá por el mero paso de las semanas y los días? –, es simplemente la constatación de que sois pocos y de que ni siquiera sois los mejores y, en muchas ocasiones, indica simplemente que algunos de vosotros, no os habéis dado cuenta, pero estáis sitiados. Sí, sitiados.

Recuerdo como en barrios magrebíes de la costa catalana, verdaderas bolsas de inmigración inintegrable, como en algún balcón aparece una bandera “estelada” que recuerda más al Fort Apache sitiado por los indios que a una proclama independentista. Casi indica un SOS “Estoy aquí, hacer algo por favor. Salvadme que se me van a comer”. Porque os voy a explicar cuál es vuestro verdadero problema. Y no es España…

Vuestro problema es que tenéis sobre vuestro suelo a millón y medio de inmigrantes. Diréis que no, que son menos, que no son tantos y que todos hablan catalán. Es falso. ¿Creéis que en el Raval un inmigrante tiene que hablar catalán para hacerse entender? Es más bien un catalán el que tendría que hablar árabe para hacerse entender. El nacionalismo catalán está sobre todo presente en dos zonas: Barcelona y algunas áreas rurales. Minoritario en cinturón industrial, ignora lo que se cuece socialmente en esas zonas. Algunos de vosotros creéis que el independentismo y el nacionalismo es algo tan excelso que podrá realizar lo que no se ha hecho en lugar alguno de Europa: integrar a la inmigración islámica en un proyecto nacional europeo. Imposible. Y se os comerán.

Carod Rovira solía hablar en términos muy elogios del “Islam catalán”, satisfaciéndose de su existencia, demostrando con ello su absoluta ignorancia de lo que es el Islam. ¿Creéis que un solo islamista, por mucha inmersión lingüística con la que le presionéis va a cambiar el árabe, lengua sagrada en la que está escrito el Corán, por el catalán? ¿Creéis que al Islam le interesa vuestra nacióncilla pequeñita y redondita ante la Umma que tiene carácter universal, expansivo y mesiánico?  El islam es el sector mayoritario entre la inmigración en Cataluña. Son vuestros jefes quienes así lo quisieron en los años 90. Fueron ellos los que trajeron a magrebíes, pakistaníes y africanos islamistas para evitar que los inmigrantes latinos desequilibraran el mapa lingüístico catalán todavía más en beneficio del castellano.

Estáis obsesionados con la lengua –quizás porque es el único elemento auténtico del nacionalismo catalán y todo lo demás es una acumulación de falsificaciones, temas elaborados hace cien años y presentados como “tradicionales”– y os basta que un magrebí diga “Bona tarda” para que veáis en él a un “catalán de soca i arrels”. Se os comerán como la clase obrera española estuvo a punto de comerse a la burguesía catalana en 1909, salvada in extremis por la intervención del ejército español en la Semana Trágica. Ahora ya no hay textil en Cataluña, y la clase obrera es una especie en vías de extinción. Los nuevos “proletarios” son los inmigrantes, pero así como los emigrantes del resto del Estado eran muy parecidos a los nacidos en Cataluña y existía entre unos y otros una evidente contigüidad, con los nuevos inmigrantes llegados, en cambio, lo que existe es una brecha antropológica, cultural y religiosa que todavía no has advertido a pesar de que la tienes brutalmente ante tí.

Ellos son más fuerte que tú: proceden de pueblos jóvenes con unas tasas de natalidad a las que tu gente ni se aproxima. Incluso aunque nada cambiara en Cataluña y esta siguiera formando parte del Estado Español, Cataluña tendría un problema: las tasas de natalidad de los inmigrantes no pueden competir con las del grupo étnico catalán que figura entre las más bajas del mundo, sino es la más baja. En 20 ó 30 años estaréis en minoría y ni vosotros, ni el Estado Central ha previsto las tensiones que a partir de entonces se pueden desarrollar. Tensiones que van a ser muy difíciles de soportar por el Estado Español, pero que serían imposibles para una Cataluña independiente.

Tiene gracia que en algunas de las zonas con más arraigo independentista –Arenys de Munt, por ejemplo o Vic– coincidan con zonas de más presencia inmigrante. Vuestros jefes han alardeado de querer integrar a la inmigración en su proyecto independentista: créeme, os arrasarán, y no creo ni por un momento que los Mossos d’Esquadra estén en condiciones y con coraje de afrontar las revueltas étnicas que se aproximan. ¿Me entiendes ahora cuando te decía que en algunas zonas vuestras banderas independentistas aisladas colgadas en los balcones en barrios de fuerte presencia islámica suenan más a SOS que a proclama soberanista?

Hagamos un análisis de clase, de esos a los que eran tan aficionados los marxistas. El nacionalismo nunca ha sido una emanación de la “conciencia nacional de Cataluña”, ni de país alguno, sino la expresión de la voluntad de su alta burguesía para que la independencia mejore sus negocios y estabilice ad infinitum su hegemonía de clase. Esa alta burguesía, para justificar lo que no es más que mero interés económico, encarga la creación de una superestructura emotiva y sentimental con la que realzar y acompañar sus aspiraciones nacionalistas. Todo eso fue hecho en el último tercio del siglo XIX.

Pero en los últimos años se ha generado un problema.

La alta burguesía ya no tiene al territorio catalán como escenario preferencial para sus inversiones. Cataluña no ofrece los buenos y fáciles beneficios de otro tiempo. La globalización ha matado a las naciones y mucho más a quienes se creían naciones cuando apenas sólo eran nacionalidades. Esa burguesía a la que se le llena la boca hablando de “Nació”, de “Catalans, Catalunya” y demás, ha desplazado sus inversiones y negocios a Iberoamérica, al norte de África, a cualquier otro escenario… salvo a “su Catalunya”. Por supuesto, algunas sedes sociales de sus empresas están en paraísos fiscales, empezando por el más próximo, Andorra. ¿Creéis que la existencia de una “hacienda catalana” hará que retornen todos esos capitales? En absoluto: lo que servirá es para crujirte a ti, pobre incauto, nuevamente con la excusa emotiva de que “hay que pagar la independencia”… y la pagarás tú.

Por supuesto la capacidad económica de la Generalitat sigue siendo atrayente y sirve para crear una estructura clientelar y para que los hijos de esa alta burguesía hagan negocios a la sombra de la institución, también para alimentar a una corte de segundones que precisan de ingresos aceptables que solamente pueden obtenerse en las inmediaciones del poder.

Pero hay otra novedad. El actual proceso independentista demuestra que esa alta burguesía de la que Artur Mas es delegado y detenta su representación, no constituye la fuerza hegemónica ni la que mantiene la iniciativa dentro del nacionalismo. A partir del 11-S de 2012 y de la inyección de fondos que Mas orientó hacia el independentismo, otros sectores del nacionalismo están empujando, de tal manera que Mas ya no está hoy donde quisiera estar, sino donde ERC, ICV y CUP se están arrastrando. Independentistas radicales, ecologistas-rosados y émulos de Herri Batasuna. Ellos arrastran. Mas avanza, no por sí mismo, sino porque le empujan. Es el resultado de ser un enano político.

La alta burguesía catalana está hoy confundida. Por primera vez, otras fuerzas nacionalistas pueden cuestionar su hegemonía y alterar el equilibrio de fuerzas de manera brusca y extemporánea. Ahora viene el tiempo del crujir de dientes, de las traiciones, de los “políticos prestigiosos” que defraudan a sus electores, de las peleas entre fracciones, de los arreglos bajo cuerda por unos euracos de mas o de menos, de los golpes bajos entre fracciones nacionalistas, de la decepción…

Hoy todo el problema es quien traicionará a quién antes y quién se quedará con la parte más grande del pastel. Estamos en la antesala de cambios históricos en Cataluña y de que el independentismo muestre lo que es. Porque el nacionalismo y el independentismo solamente prosperan en territorios amables, nunca en la clandestinidad, en la lucha o ante cualquier pequeña dificultad. La negociación, el cambalache y la componenda es el territorio en el que mejor se mueve el nacionalismo moderado. Y Mas negociará y os traicionará. Que luego se hunda o no es harina de otro costal. Ya hoy parece un personaje político acabado y de pocos vuelos. Él cree que siempre, estando en medio, podrá decidir acostarse con quien le ofrezca más garantías. Se equivoca, naturalmente: quien le ofrecerá más garantías, indudablemente será el Estado Español (y habrá que ver hasta que punto Rajoy acepta negociar ofreciendo una salida airosa al embrollo en el que se ha metido Mas).

Por lo demás, la historia del independentismo catalán es la historia de fracciones, peleas de corral, divisiones indecibles, personajillos con ideas propias, escisiones y traiciones. No creáis que ese tiempo ha concluido. Estáis en él y os falta conocer lo más duro: el acuerdo final entre Mas y Rajoy. Alguna competencia cambiará de manos, unos cientos de millones harán el tránsito digital de Madrid a Barcelona y acabarán en bolsillos del entorno del poder… y poco más. Esta historia va a ser tan triste como la del Plan Ibarreche: cinco años paralizando la tarea de gobierno para ser liquidado en una tarde parlamentaria.

Cuando quede claro que el Estado considera el referendo como ilegal y prohíba la convocatoria, Mas se plegará escenificando su descontento, el CUP llamará a la insurrección y ERC declarará algo parecido a la revuelta cívica… excusas que Mas utilizará para “romper el consenso independentista”. Que luego CiU perderá votos, que ERC, muy en su tradición, los ganará para volver a perderlos en las siguientes elecciones, que el CUP vivirá de los detritus que se irán desprendiendo de ERC sin pasar de la etapa de incipiente émulo de HB, es la evolución más posible que vivirá Cataluña en los próximos años. 

Pero todo esto dejará secuelas. Y serán duraderas. El independentismo tendrá la amargura de saberse incapaz y de haber sido traicionado desde dentro. En realidad, mientras la fetidez ideológica del nacionalismo no desaparezca completamente seguirá retroalimentándose del odio que él mismo suscita contra “España”.

Cataluña será “grand i plena” el día que el nacionalismo, en lugar de atribuir el origen de todos sus males a fuera de Cataluña, reconozca que su alta burguesía no está exenta de responsabilidades, que la Generalitat ha constituido un fracaso histórico y no ha servido para mejorar en absoluto la vida de los catalanes y que cualquier otra gestión que se hubiera realizado utilizando los mismos fondos hubiera obtenido, como mínimo, los mismos resultados.

El independentismo no habrá servido absolutamente para nada más que para generar una nueva tormenta en un vaso de agua. Solamente una cosa sería deseable: que la crisis que ha generado sirviera para reconocer que el texto constitucional está caducado. En realidad, nunca ha servido para gran cosa, pero hoy ya no sirve para nada. Que todo un pueblo, toda España, entienda que es preciso un nuevo enfoque y que ese no puede ser una prolongación de los actuales errores y mitos: la partidocracia, la corrupción, el Estado de las Autonomías, la globalización, etc.

¿Y cuál va a ser tu futuro? La amargura de haber creído en un proyecto imposible, de tener una nación de “todo a 100” como tus banderas esteladas, la sensación de estar dirigido por cretinos, oportunistas y sin escrúpulos. No te creas, es una sensación similar a la que tengo yo. Ya te he dicho que más que “orgulloso de ser español”, estoy abochornado de serlo. No encuentro en ninguno de los rasgos de mi país, nada, absolutamente nada que me haga sentir orgulloso de pertenecer a una nación digna.

Esta Nación, España, dotada de una clase política miserable, con una constitución ineficiente, con unas estructuras educativas quebradas, en manos de privatizadores profesionales de centro-derecha o centro-izquierda, comisionistas de la política, travestidos ideológicos, inútiles amparados en la cerrilidad del electorado, con una población que ha perdido la noción de pueblo y que solamente se siente “patriota” cuando gana la selección de fútbol, pero que permanece apática, abúlica, volcada a lo individual, ajeno a cualquier cosa que sea una tarea nacional, esta Nación no es el escenario más adecuado para sentirse orgulloso de nada. Quizás ahora entiendas a lo que se refería José Antonio cuando hablaba del “patriotismo crítico”.

Cada uno tiene su drama. Yo también tengo el mío. No tengo patria, porque lo que actualmente es España apenas es una mezcla de impotencias, corruptelas, caos, desorganización, en manos de comisionistas, banqueros psicópatas y arribistas de todos los pelajes. Ni tú, ni yo tenemos “patria”. La única diferencia es que tu nación nunca ha existido y España es el resultado de un proceso histórico.

El año 2014 va a ser triste para ti, pobre independentista, se van a desvanecer muchos de tus sueños y todas tus fantasías de independencia. Quizás así aprendas a mirar de frente la realidad y a despojarte de toda la carga de emotividad y sentimentalismo que te han insuflado para que olvides la triste realidad de la Cataluña moderna, que no es más que el reflejo de la triste realidad de España e incluso, la realidad de una Europa que no es competitiva ante la globalización y que solamente lo sería si se declarara “territorio libre” de la globalización y del neocapitalismo.

Es curioso: tú, independentista, vas en dirección contraria a las necesidades históricas actuales. Tiendes a fraccionar, cuando de lo que se trataría es de constituir un bloque sólido para afrontar la globalización. ¿Y todavía te extraña que en el primer párrafo de esta carta abierta te declarara mi desprecio y te considerara como lo más tonto que ha parido madre?

Cómete feliz el turrón que en 2014 te vas a comer muchas cosas más que te gustarán menos.

Ernesto Milá

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

Los cambios en Cataluña

Los cambios en Cataluña

Artur Más, finalmente, se ha decidido a convocar el referéndum para el 9 de noviembre de 2014. Es una locura, por supuesto. Pero es la desembocadura lógica de un proceso de despropósitos que se remonta a la misma aprobación de la Constitución de 1978.

Hasta hace poco, la burguesía catalana era hegemónica en el nacionalismo. De hecho, todo el nacionalismo había surgido de la alta burguesía catalana que tras imponer el proteccionismo a España (para conseguir que los productos de la industria textil catalana fueran los únicos que se vendieran en España) quiso creer que era lo suficientemente fuerte como para aspirar a la independencia y convertirse en único dueño del corral. Eran las 200 familias que controlaban Cataluña las que dictaban las reglas del juego.

Tras la guerra civil, esas 200 familias colaboraron con el franquismo (¡y de qué manera!) hasta que se sintieron de nuevo lo suficientemente fuertes en 1975 para lanzar de nuevo el proceso de “construcción nacional de Cataluña”, ausente 40 años. Los “padres de la Constitución” en su innegable estupidez y mediocridad, intentaron una arquitectura constitucional en la que hubiera lugar para todos… incluidos los nacionalistas. Desde entonces las cosas han ido cada vez peor: primero un Estatuto ambiguo en el que se aludía a Cataluña, no como el “territorio de los antiguos condados de la Marca Hispánica”, no como lo que era en realidad: el “territorio geográfico correspondiente a las actuales cuatro provincias catalanas que estaba integrado en la Corona de Aragón”, “la región que agrupa a cuatro provincias, Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona”, sino como una “nacionalidad”, aludiendo al Reino de Aragón como “Confederación catalano-aragonesa” y, ya se sabe, que por una GENERALIZACIÓN ABUSIVA: “NACIONALIDAD” PARA ELLOS IMPLICABA “NACIÓN”...

Se ignoraba desde el principio que en Cataluña coexistían DOS IDENTIDADES, la española y la catalana y que no necesariamente eran opuestas, ni contradictorias. SOLAMENTE EL NACIONALISMO LAS HA CONVERTIDO EN OPUESTAS y los estatutos de autonomía lo han bendecido falseando la realidad social catalana.

Amparado en su andamiaje burocrático-administrativo y en las necesidades que gobiernos cada vez más débiles que ocupaban la sede del gobierno central, la Generalitat fue prosperando, acumulando atribuciones y competencias y creando otras que no estaban inicialmente previstas. En los años 80 y 90, Cataluña se convirtió en uno de los territorios más corruptos de todo el Estado en la medida en la que el poder era ejercido inevitablemente por las 200 familias que hacían y deshacían a su antojo controlando el aparato legal, los medios de comunicación, la industria del ocio, etc. Les quedaba controlar solamente las llaves de la caja, la recaudación de impuestos, y a ello se aprestaron con todas sus fuerzas desde mediados de los años 90.

Desacreditado por la corrupción, por una gestión exclusivamente nacionalista, en 2002, el PSC estuvo en condiciones de formar gobierno apoyado por IU y ERC. Después de 25 años de no entender que el voto socialista era mayoritariamente castellanoparlante y de querer contemporizar con el nacionalismo, la gestión de un Maragall –ya muy erosionado por sus adicciones y problemas de salud cuando llegó al poder, apoyado por los independentistas, llevó desde el principio, paradójicamente, a MAS NACIONALISMO.

No hubiera ocurrido nada de no ser porque las bombas del 11-M llevaron a la presidencia a un individuo que no creía en los nacionalismos ni en las fronteras y que, por tanto, le daba igual que existieran o no: José Luís Rodríguez Zapatero fue la pieza clave para que el nacionalismo, entonces representado por un exponente y delegado de las 200 familias, Maragall, avanzara sus posiciones. Durante tres años no se habló en Cataluña de nada más que de un nuevo Estatuto para el que ni existía demanda social, ni marco legal. Mientras que para Maragall se trataba de llegar al “techo histórico” del nacionalismo, para Carod-Rovira se trataba de dar un nuevo paso a la independencia. Entonces surgió la fecha mítica de 2014: el 300 aniversario de la ocupación de Cataluña por el ejército de Felipe V en la Guerra de Sucesión.

El estado permanente de confusión mental de Maragall, apreciado por todo su entorno, por toda la prensa, por todas las fuerzas políticas catalanas, llevó a su sustitución por Montilla, un individuo mediocre que había dejado un pésimo recuerdo en política municipal y cuyo período de gobierno constituyó un impase de mala gestión, indecisión y rapacidad que decepcionó a todos y abrió las puertas a la victoria de Mas. Esta se produjo cuando HABIAN CAMBIADO MUCHAS COSAS en Cataluña.

Las 200 familias seguían siendo dueñas de Cataluña y dictando sus reglas, pero sus ingresos dependían ya de las inversiones en bolsas y en escenarios lejanos, pocas veces en Cataluña que, sin embargo se veía poblada por capitales extranjeros y por 1.500.000 de inmigrantes mayoritariamente islámicos.

La camiseta del Barça es el paradigma de esta “fusión”: las cuatro barras catalanas, sobre las siglas Qatar Corporation, un reflejo de lo que es Cataluña en el siglo XXI.

El aparato burocrático de la Generalitat siguió siendo utilizado por esa alta burguesía para ofrecer a sus hijos buenos negocios realizados a la sombra del poder y para mantener a una clase funcionarial y clientelar que suponía un verdadero “voto cautivo”. La alta burguesía catalana HABIA GANADO PESO ECONÓMICO, PERO EL EJE DE SUS NEGOCIOS YA NO ERA CATALUÑA SINO LAS BOLSAS INTERNACIONALES Y LAS INVERSIONES HOSTELERAS EN IBEROAMÉRICA. Ya no quedaba nada de la industria textil catalana, ni de la industria cementera que hizo la fortuna de los Güell, ni de ningún sector productivo en el que orientaran históricamente sus inversiones: sus fuentes de ingresos eran las propias de la globalización y los réditos que les proporcionaba el control de la Generalitat y los negocios que podían realizarse a su sombra (véase el papel de Oriol Pujol, el “primo de Zumosol” en la cuestión la ITV de chimeneas, o el Caso Palau). Bastaba con tener el control sobre los medios de comunicación mediante subvenciones para que el nacionalismo siguiera siendo considerado “cosa de todos” y sobre el electorado existiera una presión emotiva y sentimental favorable al nacionalismo (el Conde de Godó se queja de tener un diario –La Vanguardia- una radio –RAC- y un canal de TV -TV8- que no dicen lo que él piensa... pero que expanden el mensaje nacionalista a cambio de subsidios de la Generalitat).

Pero la foto con que nos obsequiaron los servicios de prensa de la Generalitat al anunciar Mas la fecha de convocatoria del referéndum indica la realidad social de la política catalán: LA ALTA BURGUESIA HA GANADO PESO ECONÓMICO… PERO HA PERDIDO PESO SOCIAL. ¿La muestra? La foto de Artur Mas –delegado de la alta burguesía catalana- delante anunciando el referéndum, EMPUJADO DETRÁS por un Oriol Junqueras, representante del independentismo radical presente especialmente en la periferia catalana (Gerona, norte de Lérida, la “montaña” catalana y ausente casi por completo de las zonas urbanas e industriales), un representante del radicalismo desmadrado de extrema-izquierda (CUP) y un representante de la “sandía catalana”, ICV, verdes por fuera, rosados por dentro, residuos del antiguo PSUC…

EL CUADRO SUGIERE A UNOS GRUPOS POLITICOS RADICALIZADOS EMPUJANDO A ARTUR MAS Y A LA ALTA BURGUESIA CATALANA A ADOPTAR UN CAMINO QUE VA A CONDUCIR AL ABISMO ESPECIALMENTE A LAS CLASES MEDIAS Y QUE YA HA ARRUINADO A LA CLASE OBRERA CATALANA.

- ¿Por qué el nacionalismo es contrario a los intereses de los trabajadores catalanes?

1. Porque es un producto de una alta burguesía que ya ha renunciado a invertir en Cataluña (pero no a extraer beneficios del sistema fiscal a través de muñir a la Generalitat, estructura que muñe al pueblo catalán).

2. Porque esa burguesía catalana durante el período Pujol fue la que orientó –a través de Ángel Colom- la llegada mayoritaria de inmigrantes islámicos a Cataluña que compiten con los trabajadores catalanes y tiran a la baja de los salarios.

- ¿Por qué el nacionalismo es contrario a los intereses de las clases medias catalanas?

1. Porque las inversiones de la alta burguesía ya no se orientan hacia el territorio catalán, no crean riqueza en Cataluña, sino que confían en las inversiones extranjeras la creación de puestos de trabajo de mala calidad en la que no encuentran acomodo los hijos de las clases medias.

2. Porque la enseñanza obsesiva de la lengua catalana en la enseñanza ha creado automáticamente una barrera con el resto del Estado e incluso con un mercado laboral de 400 millones de personas que hablan castellano en América del Sur y del Norte.

3. Porque las clases medias en Cataluña son las que están pagando la estructura burocrática de la Generalitat cuya utilidad es amamantar al “electorado cautivo” propio del nacionalismo.

- ¿Por qué Cataluña así constituida se dirige hacia el abismo?

1. Porque, termine como termine este desafío nacionalista, generará secuelas y odios en las dos partes que tardarán décadas en extinguirse.

2. Porque una Cataluña independiente es incapaz de afrontar sola la apisonadora demográfica que suponen 1.500.000 de inmigrantes de mayoría islámica.

3. Porque la demografía del grupo específicamente catalán es la más baja del mundo y en apenas 50 años, se habrá consumado un escenario en el que los grupos étnicos de origen no catalán ni español, serán minoritarios y exigirán un derecho diferenciado. En este sentido la Generalitat se equivoca con la capacidad de integración de los grupos étnicos alógenos que se han instalado en una Cataluña con un mercado laboral en quiebra y muy difícil de revitalizar.

4. Porque la Generalitat ha perdido su campaña internacional, carece de apoyos para su proyecto y quedar al margen de la UE le supondría una merma en inversiones, una salida de capitales que había todavía más inviable la existencia de un Estado independiente.

5. Porque aquí y ahora, la mayoría de catalanes no son independentistas. El nacionalismo y el independentismo arrastran en un marco de apatía, crisis económica y repliegue a lo personal, pero CARECEN DE FUERZA SOCIAL SUFICIENTE COMO PARA CONSEGUIR LA INDEPENDENCIA. En este sentido, el referéndum lo demostraría a las claras. El que la mayor parte de la población catalana calle ante la ofensiva nacionalista, no quiere decir que sea independentista. Por no ser independentista, ni siquiera lo es la alta burguesía. Es el juego de las circunstancias –crisis económica, chantajes nacionalistas al Estado, baja calidad de la actual clase política de CiU, control sobre los medios de comunicación, etc- lo que ha generado la efusión independentista actual, QUE NO ES MÁS QUE UN FUEGO DE PAJA. Esa negativa de la Generalitat independentista y del nacionalismo a reconocer la contradicción en la existencia de dos identidad, catalana y española (y de no haber conseguido liquidar a la española a pesar de 30 años de presión institucional) es quizás el elemento más problemático de esta situación.

- ¿Cómo va a terminar el conflicto? Muy simple:

1. La actitud del PSC y del PSOE era básica para valorar la situación: el hecho de que, finalmente, se hayan decantado por el jacobinismo propio de la izquierda, implica el que el proyecto independentista ha perdido la posibilidad de una convocatoria legal del referéndum. No habrá pues referéndum y una sentencia a favor del Tribunal de Derechos Humanos supondría el que 150 regiones más de Europa tendría la posibilidad de solicitar inmediatamente referéndums análogos descoyuntando para siempre la UE. El nacionalismo nunca podrá contar con una mayoría en el parlamento español para modificar la constitución en su beneficio. Luego NO HABRÁ REFERENDUM LEGAL.

2. ¿Puede haber un referendo ilegal? Por supuesto, de hecho ya ha habido hace tres-cinco años, referéndums de este tipo con urnas de cartón, sillas plegables, en plena calle, en los que el independentismo alcanzó un 19% de participación de promedio. Convocar un referéndum de este tipo supondría generar todavía más ironías y burlas hacia el nacionalismo. NO HABRÁ, PUES, UN REFERENDUM ILEGAL, salvo que se rompa el frente independentista que apareció ayer y CUPs decida echarse al monte por su cuenta.

3. LA UNICA SALIDA A LA ACTUAL SITUACIÓN –y la que intentará CiU- SERÁ LA CONVOCATORIA DE ELECCIONES ANTICIPADAS PLEBISCITARIAS en las que espera que las fuerzas independentistas alcancen una mayoría y declaren en el nuevo parlamento una voluntad de ruptura…. Pero, incluso en este caso, la centrifugación es improbable constitucionalmente: la soberanía según la Constitución reside en “el pueblo español”, no en “el pueblo catalán”, mero jerga pero en la que se atrinchera el “unitarismo constitucional” del PP-PSOE-UPyD-Cs.

En conclusión:

EL PROYECTO INDEPENDENTISTA DE ARTUR MAS ES UN FUEGO DE PAJA. Lo realmente nuevo es que, por primera vez (esto nunca ocurrió con Cambó, ni siquiera con Pujol) LOS INDEPENDENTISTAS RADICALES, LA IZQUIERDA SANDIA Y LA EXTREMA-IZQUIERDA, HAN LOGRADO EMPUJAR A LA ALTA BURGUESIA CATALANA HACIA EL PRECIPICIO INDEPENDENTISTA. Uno de los resultados inevitables de esto va a ser la DESTRUCCIÓN DE CiU COMO “PAL DE PALLER” (palo de pajar) DE CATALUÑA. Cataluña no se independizará, pero las secuelas de las actuales fricciones y de los odios que se están suscitando, tardarán décadas en extinguirse. En 20-30 años, el nacionalismo será minoritario porque la población alógena, étnica, cultural, psicológica y religiosamente, habrán alcanzado ya el 30% de la población e, insistimos, el nacionalismo se equivoca si cree que va a integrar a este contingente en una Cataluña desertizada industrialmente, colonizada por fondos de inversión extranjeros y petrodólares y vaciada de jóvenes que han migrado al extranjero o incluso a otras zonas del Estado más tranquilas.

En resumen: EL DRAMA CATALÁN NO HA HECHO NADA MÁS QUE EMPEZAR Y VA A SER LA CONTINUACIÓN DE LOS ERRORES EN CADENA QUE SE HAN IDO COMETIENDO A PARTIR DE 1978.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – prohibida la reproducción sin indicar origen.

 

¡Nada que celebrar!

¡Nada que celebrar!

Día de la constitución: nada que celebrar.- Toda norma jurídica nace con la ambición de prolongar su vigencia eternamente. Le pasó a la Ley Orgánica del Estado, la última “ley fundamental” emitida por el franquismo en 1967 y que apenas estuvo en vigor diez años y le vuelve a ocurrir a la Constitución Española que desde 1978 rige los destinos de nuestro país y acaba de cumplir los 35 años. El problema es que, desde poco después de su promulgación, ya a mediados de los años 80, la Constitución Española, como decía la canción de Dylan, “está vieja y enferma cuando apenas acaba de nacer”. Desde entonces el deterioro de la norma constitución ha proseguido de forma acelerada y sin pausa. Lo que hoy queda de la Constitución de 1978 es un despojo fétido, un esperpento responsable del marasmo político, económico y social que vive nuestro país.

Vale la pena recordar lo que nos ha traído la constitución:

1. Debilidad del Estado.- El gran drama de España –algo que se percibe perfectamente desde el extranjero- es que nuestro país tiene una identidad extremadamente fuerte (y que cabalga con la lengua española en todo el mundo, lo que hace completamente inútiles los esfuerzos de ciertas autonomías por convertir sus “casas regionales” en embajadas en el exterior), pero un Estado extremadamente débil. El sistema diseñado en 1978 por los malhadados “padres de la constitución” se basaba en un bipartidismo imperfecto que en situaciones en los que uno de los dos grandes partidos (de centro-derecha y de centro-izquierda) que se repartirían el poder permanentemente beneficiados por un sistema electoral a todas luces injusto, en caso de no tener mayoría absoluta, podrían recurrir a la alianza con un tercer y un cuarto partidos de carácter regionalista: la famosa “banda de los cuatro” (PP + PSOE + CiU + PNV), verdadero “partido único” que desde hace 35 años se reparte el poder. Esto implicaba el que la arquitectura constitucional, desde un principio, otorgaría un excepcional peso a las autonomías llamadas “históricas” (especialmente a Cataluña y al País Vasco y en menor medida a Galicia), lo que no estaba previsto es que luego, el hecho de que UCD no tuviera mayoría en ninguna de estas comunidades hizo que generara otras en el famoso café para todos que terminó por desintegrar la unidad del Estado en 17 taifas autonómicas.

2.- Fin del Estado del Bienestar.- El bipartidismo imperfecto hizo todo lo demás: en situaciones de mayoría minoritaria, los partidos de centro-derecha y centro-izquierda debieron literalmente entregar su alma a los nacionalistas catalanes y vascos para poder gobernar y ambos fueron adquiriendo ventajas, acentuando la desigualdad inter-territorial y preparando el camino para la centrifugación final del Estado. Pocos Estados europeos son en estos momentos tan débiles y quebradizos como el español. El Estado es hoy un perro enfermo al que, como es habitual, todo se le antojan pulgas. En tiempos de bonanza económica, más o menos ilusoria, el mantenimiento del Estado de las Autonomías era simplemente un problema de tira y afloja, de negociación entre el Estado central y cada autonomía; sin embargo, desde el momento en el que la crisis ha proyectado su sombra sobre el país, ese Estado de las Autonomías está literalmente devorando los restos del Estado del Bienestar: porque ambos son completamente incompatibles. El Estado de las Autonomías  alimenta a las clases políticas regionales de tal manera que para ser viable debe realizar recortes de derechos sociales adquiridos por la población.

3. Primacía de la economía sobre la política.- Tal como está estructurada la constitución española permite la existencia de un Estado débil, esto es de un “poder soft”. El Estado Español muestra diariamente esta debilidad al ser incapaz de imponer condiciones a los fondos de inversión para impedir que en estos momentos compren parcelas completas del país. Tanto el PSOE como el PP, como los dos partidos nacionalistas, asumen los principios de la economía liberal con mínimos matices: todos ellos aceptan que el Estado (encarnación jurídica de la sociedad y de la Nación) debe inmiscuirse lo menos posible en asuntos económicos, principio que implica el que la población está inerme ante las grandes concentraciones de capitales, son ellas las que dictan las reglas del juego económico y las que imponen sus condiciones a la sociedad. Por eso no puede extrañar que desde que está en vigor la constitución los salarios hayan perdido poder adquisitivo, el capital haya optimizado sus beneficios, se hay asistido a una serie ininterrumpida de recortes sociales y los rendimientos del trabajo tributen cada vez más en relación a los rendimientos del capital. Todo eso se ha producido porque el Estado es débil para afrontar al poder económico, el cual cada vez dicta condiciones más radicales que la “banda de los cuatro” aplica, acepta y asume con fidelidad perruna.

4.- Pérdida de soberanía.- En 1978 se alardeaba de que después de 40 años sin elecciones democráticas se aproximaba un período en el que constantemente el Estado recurriría a la opinión de la población para seguir sus designios mayoritarios. Se trataba de otra mentira que acompañaba a la colección de ambigüedades, mentiras y falsos mitos presentes en el articulado de la Constitución. Pronto se vio que la Ley d’Hont y el sistema electoral generaban un déficit representativo insuperable, se vio que el gobierno no estaba en absoluto dispuesto a convocar referéndums y que los programas a los que votaba el electorado ningún partido tenía intención de cumplirlos. El poder democrático se vio comprimido desde mediados de los años 80 por una tenaza formada por dos fuerzas: la adhesión a la Unión Europea y la influencia de los centros de decisión económicos. Lo primero fue el resultado de una negociación mal llevada y lo segundo de la concepción misma del Estado implícita en la constitución. El resultado de esta tenaza ha sido la pérdida de soberanía del Estado y la pérdida de representatividad democrática. Desde mediados de los años 80, los gobiernos españoles han dejado de ser autónomos y de trabajar para mejorar las condiciones de vida de los electores: son más bien siervos del poder económico y tienen limitada su soberanía por una superestructura que nadie ha elegido en votación democrática alguna: la Comisión Europea, que cada vez absorbe más competencias del gobierno de la nación que, al menos, sí ha sido elegido democráticamente.

5. Partidocracia.- Si algunos rasgos impuestos por la Constitución han desembocado en un gobierno plutocrático efectivo (es decir, en un gobierno del dinero y de sus gestores), por otra parte, se ha consolidado una forma de partidocracia (lo que se ha dado también en llamar “la casta”) compuesta por los estados mayores de los distintos partidos políticos que, enfeudados en los distintos niveles administrativos del Estado, dedican la parte del león de los recursos de esa administración en su propio beneficio. El interés nacional hace tiempo que ha dejado de ser el objetivo a alcanzar por la “banda de los cuatro” que no se ha forjado otro objetivo más que el de aumentar los beneficios de la casta. Esto hace que el poder político, el cual acepta las imposiciones del poder económico (la “casta” no es más que el delegado a través del cual el poder económico logra el mayor rendimiento para el capital), a su vez, tienda a explotar sistemáticamente a la población para beneficiarse a su vez de los recursos del Estado.

6. Corrupción incontrolable.- Desde el arranque mismo de la Constitución la corrupción anidó en el interior mismo del sistema y hoy constituye un cáncer presente en todos los niveles administrativos y en todas las jerarquía del Estado: desde la Casa Real hasta las concejalías, desde los ministerios hasta la última consejería, desde la gran empresa hasta el trabajo negro realizado por grupos desfavorecidos. La corrupción hoy, como el caciquismo durante la restauración monárquica del siglo XIX, es el elemento más característico del período constitucional actual. Ni uno solo de los escalones del Estado, ni uno solo de los poderes del Estado se ve libre de este cáncer que solamente es conocido por la opinión pública en una cantidad infinitesimal y que en la actualidad resulta imposible erradicar sin aplicar leyes de excepción que un poder “blando” no está por supuesto en condiciones de establecer, sin olvidar que nunca en la historia un político ha aprobado una ley que le perjudique a sí mismo…

7. Vacío de poder y debilidad de todos los poderes.- La corrupción, la prelación del poder económico sobre el poder político, y la existencia de múltiples centros de decisión cada uno de ellos descarga su responsabilidad sobre los demás en momentos de crisis, hace que, finalmente, lo que haya traído la constitución sea precisamente la negación del principio de Montesquieu de la división de poderes: los tres poderes han dejado de funcionar y lo que es peor, los tres poderes nunca, ni siquiera en los años de “juventud” de la constitución, han sido jamás independientes, todos ellos han estado controlados por la cúpula del partido en el gobierno en cada momento: el poder legislativo no ha sido más que una caja de resonancia, una especie de “yes man” del gobierno, los diputados anónimos, sin voz y sin rostro, pero con emolumentos, prebendas e inmunidad, beneficiados por derechos sociales y económicos que desdicen la igualdad del sistema, ni han fiscalizado la acción del gobierno, ni han redactado leyes como hubieran debido, ni han representado a nadie más que a ellos mismos; el poder ejecutivo hace mucho tiempo que ha dejado de estar en manos de técnicos y expertos, para residir en manos de amigos de los líderes del partido en el poder, al margen de sus cualidades presuntas o reales y así se han producido los gigantescos errores políticos y económicos de las últimas décadas; en cuanto al poder judicial, salvo honrosas excepciones, siempre ha tenido a los partidos políticos como extremadamente cuidadosos a la hora de elegir a los magistrados del Tribunal Constitucional para que siempre se produjera una correlación de fuerzas en su interior que no generase contradicciones con el poder ejecutivo. El resultado ha sido que ninguno de estos tres poderes cumple su función. Esto, unido a la falta de centros claros de imputación, a las taifas autonómicas y a la falta de autoridad de la clase política, genera el penúltimo problema derivado de la constitución de 1978: el vacío de poder.

8. Inseguridad generalizada.-  La novedad de las dos últimas décadas reside en que por primera vez en la historia de España desde la Segunda República, la inmensa mayoría de la sociedad española vive en una situación de inseguridad: inseguridad en su futuro y en el de sus hijos, inseguridad sobre la supervivencia de las conquistas del Estado del Bienestar, inseguridad sobre la moralidad de la clase política, inseguridad ciudadana generada por la delincuencia llegada de todos los extremos del planeta ante la permisividad de la clase política, inseguridad ante las próximas decisiones de éste y de los gobiernos que seguirán siempre propensos a beneficiar a los poderosos a costa de las clases modestas, inseguridad en el trabajo y seguridad de que una vez perdido costará mucho obtener otro, inseguridad de las familias, inseguridad ante la persistencia de una crisis que desde hace siete años se nos dice que será corta y que no lleva camino de resolverse porque la globalización y la pérdida de soberanía que implica ha hecho que incluso un gobierno razonable y volcado a mejorar las condiciones de vida de su pueblo, encontraría dificultades de todo tipo para imponerse, inseguridad en nuestra defensa territorial encomendada a unas fuerzas armadas cada vez más carentes de medios y puestas solamente al servicio de aventuras coloniales en los países más remotos del planeta… la inseguridad ha terminado siendo la ley de hierro de la Constitución de 1978: quien vive en una situación de inseguridad, vive inmerso en el miedo constante a perder una situación estable y a contemplar la posibilidad de ver degradarse su situación personal. Quien tiene miedo a perder su trabajo, quien teme que la cicatería del Estado en su jubilación, quien ve cernirse el fantasma amenazador de las privatizaciones o la impunidad ante amnistías encubiertas a asesinos en serie y la falta de respuesta del Estado a la delincuencia, no puede ser libre jamás, ni puede ejercer ningún derecho de manera afectiva. Quien tiene miedo no es libre. Por eso, contrariamente a la tópica declaración de principios insertada en la constitución, nosotros afirmamos que el primer derecho humano es la seguridad y que sólo de la existencia de seguridad deriva la posibilidad de ejercer cualquier otro derecho.

Pero hay una buena noticia… que no es tan buena

Desde hace más de 30 años se no ha repetido por activa y por pasiva que la constitución era inamovible, que era una norma para toda la eternidad. Sin embargo, en 2011 vimos como para responder a las exigencias de la Unión Europea, la constitución “inamovible” era modificada en una tarde por votación conjunto de PP y PSOE… Así pues, la buena noticia es que esta constitución no es más inamovible que cualquier otra anterior. Solamente los intereses de la clase política y del poder económico, sus principales beneficiarios, hace que el cadáver putrefacto de la constitución aparezca como maquillado y gozando de buena salud.

Cuando un vestido tiene una mancha se pone en la lavadora y la mancha desaparece, pero cuando el vestido se ha transformado en un harapo fétido, deshilachado y harapiento, resulta inútil someterlo a un programa de lavado: lo que hay que hacer es tirarlo al basurero más próximo. Tal es el problema de nuestra constitución: es irreformable en profundidad porque los partidos que deberían reformarla, perderían con esa reforma su privilegiada situación… así pues siempre encontrarán las razones para defender el tejido constitucional harapiento y desgastado. De hecho, ni PP ni PSOE abogan por una “reforma constitucional”, para ellos, el actual marco jurídico es “inmejorable”, lo que traducido quiere decir que ningún otro les ofrecería tantas garantías para medrar como éste.

En cuanto a los partidos que piden “reformar la constitución” o “cumplirla”, se equivocan: esta constitución ya ha dado de sí todo lo que podía dar. Tratar de “cumplirla” o “reformarla” equivaldría a meter el harapo en la lavadora, del cual saldría todavía más deshilachado. Rosa Díez y Albert Ribera se equivocan: esta constitución no tiene remedio, es insalvable, es un mal recuerdo de un período ominoso en nuestra historia que nos ha situado en el atrio de catástrofes por llegar aun mayores.

El drama estriba en que mientras se prolonguen los actuales equilibrios de fuerzas, y mientras subsista el miedo, la pasividad y la apatía en la sociedad española, no existirá fuerza social suficiente como para desencadenar un proceso constituyente capaz de dotarnos de una nueva arquitectura constitucional.

A partir de principios de los años 80, la sociedad civil española fue diluyéndose progresivamente. Con el asociacionismo reducido a la mínima expresión, las ONGs dependientes de los dineros del poder, los sindicatos comprados al peso, los medios de comunicación expresión en manos de los consorcios detentadores del capital y convertido en voz de su amo, los focos de resistencia que podrían proponer un proceso constituyente son minúsculos y carecen de peso político. Así pues, tenemos constitución para rato… lo que implica que nuestro país está y estará dirigido durante mucho tiempo por un “fuego fatuo”, resultado del cadáver constitucional en descomposición.

Hasta en esto la constitución de 1978 ha sido una tragedia: como el perro del hortelano, ni come ni deja comer, esto es, ni muerta termina de dejar que se la entierre. Porque no lo neguemos, la legitimidad de un régimen nunca viene impuesta por los principios que dice defender de manera teórica, sino por la defensa efectiva que hace de esos principios, por su eficacia demostrada diariamente en la práctica, por la seguridad que genera en la ciudadanía, esto es, por todo aquello que hoy está ausente del panorama político español.

Así pues, el próximo día de la Constitución, ¡no hay nada que celebrar!

(c) Ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com - Prohibida la publicación sin indicar origen


 

 

El sistema se defiende

El sistema se defiende

Infokrisis.- Nuestra época es hija directa del nuevo equilibrio mundial de fuerzas generado en 1945 y en 1989 al concluir la Guerra Fría. Sin embargo, las fuerzas que en esos momentos eran hegemónicas e indiscutibles han perdido cohesión y hoy se encuentran en crisis. A partir de 1973, cuando concluyeron “los 30 años gloriosos”, las crisis cíclicas del capitalismo, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios, los procesos inflacionarios, la primera crisis del petróleo, supusieron una primera etapa en la crisis. Era el período marcado por el capitalismo multinacional. Cuando cayó el Muro de Berlín y el capitalismo entró en su fase globalizadora se inició un viaje sin retorno a nivel mundial. Todo esto repercutió en la “calidad” de las democracias: la dominante de todo este largo proceso fue la preeminencia de la economía sobre la política, es decir, de los intereses de las oligarquías económicas sobre la soberanía y el poder político. Los partidos que en 1945 eran solamente la expresión de intereses de las distintas fuerzas económicas que actuaban en cada país, se orientaron en dos direcciones: partidos de centro-derecha, herederos de los antiguos partidos conservadores, y partidos de centro-izquierda, derivado de partidos socialdemócratas y socialistas. A medida que el capitalismo mundial se fue transformando, estos partidos fueron corrigiendo sus posiciones y acentuando cada vez más su carácter de dos caras de la misma moneda. Sin embargo, a partir de los años 80, el sistema de partidos políticos empezó a sufrir una rápida erosión y el agotamiento de las fórmulas que se venían utilizando desde 1945 impuso correcciones al sistema de fuerzas económico-político: el Sistema, en definitiva, se defiende. Y cuanto más agónica es su situación, esta defensa se convierte en más agresiva.

La erosión del sistema tiene varias vertientes. Algunas son inocuas en relación a la supervivencia del sistema y no implican riesgo: las bajas cotas de afiliación política y sindical, el desinterés de las masas por la política (generada por el propio sistema a partir de mediados de los años 70 mediante el aumento auspiciado por Brzezinsky del “entertaintment”), el aumento del abstencionismo electoral. Pero otras pueden ser consideradas como peligrosas: el voto de protesta, especialmente el voto a partidos y a gentes que presentan un modelo político-económico diferente e irreductible a los programas de los partidos “homologados” por el capital internacional.

Para conjurar a estas fuerzas consideras “peligrosas”, el Sistema ha habilitado una serie de tácticas que han mostrado su eficacia mientras que las crisis han sido breves y alternadas por períodos de progreso más o menos ilusorio (“ilusorio” en la medida en que la concentración de capital mundial y su transformación en capital especulativo ha ido aumentando en las últimas décadas, paralelamente a la pérdida de poder adquisitivo de la población).

La novedad es que la actual crisis es sostenida (“sostenida” en la medida en que dura ya seis años y que hoy, cuando aún no se ha resuelto la crisis iniciada en EEUU y en Europa en 2007 y 2008, se preparan nuevos focos de crisis en Brasil primero y posteriormente en China) y no se percibe de qué forma el sistema económico mundial logrará superarla sin que ocurra una convulsión sin precedentes.

Vale la pena, pues, realizar una breve excursión a las tácticas utilizadas por el Sistema para liquidar los focos de oposición y resistencia, intuyendo al mismo tiempo, que a medida que la crisis del sistema político se vaya acentuando, esas tácticas ganarán en brutalidad.

1. Modificaciones legislativas

Desde los Procesos de Nuremberg quedó de manifiesto que el nuevo equilibrio de fuerzas creado excluía a determinadas opciones políticas y que solamente alcanzarían carta de legitimidad aquellas fuerzas que aceptaran: el capitalismo como sistema económico, la partidocracia como sistema político y el consumismo como hábito social. Cualquier otra forma de considerar las relaciones político-económico-sociales, sería considerada como herética y arrojada extramuros del sistema. Esto se tradujo inmediatamente en la introducción de cláusulas excluyentes, bien en los textos constitucionales o bien en leyes orgánicas en toda Europa.

Estas modificaciones legislativas tenían dos vertientes: en algún caso se trataba de modificaciones de gran calado como los cambios en las legislaciones electorales. Así, por ejemplo, el 16 de marzo de 1986, el Front National francés entra en la Asamblea Nacional con 35 escaños… Inmediatamente después, como respuesta, el gobierno Mitterand aprobó una modificación legislativa que implantaba la elección a “doble vuelta” que, a la vista de sus buenos resultados, se implantó también en todos los niveles electorales. Tal sistema implicaba que si una tercera fuerza, ajena a los partidos “oficialistas” de centro-derecha y de centro-izquierda, era el partido más votado sin alcanzar la mayoría absoluta en la primera vuelta, el “oficialismo” se coaligaría contra él en la segunda vuelta, imponiéndose casi de manera inevitable. Desde entonces, el “oficialismo” galo ha respetado esta regla bloqueando el ascenso de terceras fuerzas.

En España, este sistema ya ha sido propuesto por algunos dirigentes del PP, mientras que el PSOE, mientras estuvo en el poder, impuso la recogida de un porcentaje de firmas en cada circunscripción electoral para aquellas fuerzas que no tenían representación, reduciendo drásticamente el número de candidaturas a presentar. Por otra parte, el mantenimiento de la Ley D’Hont (en lugar de la representación proporcional pura), significa, de partida, una desnaturalización de la democracia y una alteración de la voluntad popular en beneficio de los partidos “oficialistas”: ayer UCD y hoy PP por el centro-derecha y el PSOE por el centro-izquierda.

En otros casos se trataba de simples modificaciones que tienden a limitar la libertad de expresión, no solamente de los grupos a los que van dirigidos, sino de cualquier fuerza disidente. En efecto, después 1945, el gobierno alemán se tomó particular interés en demostrar su “lealtad democrática” y la eficacia de los “procesos de desnazificación”, aprobando una legislación antifascista particularmente dura. Esta legislación se puso en vigor en los años 50 en varias ocasiones deteniendo el crecimiento de varias formaciones nacidas a la derecha de los partidos “oficialistas” y en varias ocasiones ha puesto al NPD en peligro de prohibición. El papel determinante y locomotor de Alemania en la Unión Europea ha hecho que una de las exigencias de Angela Merkel (democristiana) para que Alemania colabore en la resolución de la crisis en terceros países, ha sido la aplicación del “modelo alemán” (prohibición de cualquier cosa que recuerde incluso remotamente al nazismo) se extienda a toda la Unión Europea. Fruto de esta exigencia ha sido la reciente ley Gallardón para perseguir este tipo de opiniones.

El hecho de que en Grecia –país particularmente sacudido por la crisis económica y, por tanto, en riesgo de saqueo por parte del capital internacional- haya despuntado un partido considerado como neo-nazi (en realidad, se trata de un partido de derecha-nacional anti-inmigración y anti-crisis) que recoja a una parte sustancial del electorado, y que este partido no oculte en su programa su intención de ofrecer resistencia al saqueo, ha sido el detonante para que Alemania, “sugiriera” la extensión de su legislación “anti-nazi” especialmente a los países más afectados por la crisis.

2. Programas de “contra-inteligencia interior”.

COINTELPRO eran las siglas de Counter Intelligence Programa (Programa de Contrainteligencia) creado por el FBI norteamericano, destinado, no solamente a investigar, sino a sabotear la acción de las organizaciones políticas disidentes en el interior de los Estados Unidos. Hoy se conoce suficientemente todos los aspectos de ese programa y se sospecha de otros que todavía no han sido revelados. El programa, aparentemente, se dirigía “contra las organizaciones extremistas”, pero, como siempre, esta calificación es excesivamente elástica. El programa implicaba una infiltración masiva y una manipulación para “desbaratar, descarriar, desacreditar o neutralizar” a estos movimientos y a sus líderes.

Se sabe que el proyecto comenzó en 1956 y se prolongó hasta 1970. Los objetivos fueron el Partido Comunista de los EEUU, el Socialist Worker's Party de carácter trotskista, las distintas fracciones del Ku Klux Klan, los grupos radicales negros (incluido Nation of Islam), y los grupos de la Nueva Izquierda y, por supuesto, el ANP y la Iglesia de la Identidad Cristiana. Con posterioridad al desarrollo de este plan, el Congreso de los EEUU y el Tribunal Supremo declaró que el proyecto violaba las garantías y libertades constitucionales…. Pero ya era tarde. El programa fue secreto hasta que en 1971, un grupo de radicales de izquierda (seguramente informados por algún otro servicio de inteligencia rival), se llevó varios documentos de una oficina del FBI; una comisión de investigación del Senado investigo exhaustivamente el COINTELPRO en 1976.

Aparte de los métodos policiales habituales para investigar y mantener bajo control a los grupos radicales, lo que aportaba el COINTELPRO eran elementos de lo que se ha dado en llamar “War at home” (guerra en casa), cuyas tácticas eran: infiltración sistemática (pero a diferencia de la infiltración clásica, no se trataba de obtener informaciones que permitieran un control de los grupos radicales, sino que esos infiltrados debían sabotear, crear confusión, avivar polémicas interiores, generar conflictos y desbarajustes), guerra psicológica desde el exterior (que implicaba en hacer llegar a los medios de comunicación cientos de informaciones falsas, falsear documentos interiores, enviar sistemáticamente cartas anónimas, generar movimientos inexistentes para crear confusión, lograr que los grupos ya constituidos fueran dirigidos por agentes infiltrados), hostigamiento legal (que no se refería a los habituales recursos de la fiscalía para acosar a quienes infringieran la ley, sino que tanto los policías encargados de la investigación, como los agentes infiltrados, debían y podían mentir bajo juramento, presentar pruebas falsas elaboradas ad hoc, intimidar a los dirigentes de la manera que fuera, directamente o a través de sus familias y silenciar a los simpatizantes) y, finalmente, fuerza extralegal y violencia (los propios agentes del FBI, infiltrados o no, realizaban actos de vandalismo que firmaban con las siglas de los grupos a los que querían desprestigiar, incluyendo asalto, palizas, hasta el punto de que, una vez conocidos, fueron calificados como “terrorismo oficial”). Todo esto se realizaba por iniciativa del FBI, sin autorización judicial, y en completa clandestinidad.

Pues bien, este programa COINTELPRO, en unos países de manera limitada (España) y en otros de manera calcada (Italia) se fue extendiendo por todos los servicios de seguridad del mundo y hoy, sus enseñanzas siguen siendo aplicadas. Muchos de los episodios que ocurrieron en el tardo-franquismo y con mucha más frecuencia durante la transición, son altamente tributarios de las enseñanzas del COINTELPRO.

3. Creación de “partidos trampa”

En el año 2000, el FPÖ austríaco era el partido que recogía mayor intención de voto. Sin embargo, al producirse las elecciones tres años después, éste partido recogió el 20,55% de los votos, obteniendo el partido vencedor, los socialdemócratas, el 26,86% y los democristianos el 24%. Este resultado se hubiera visto completamente desequilibrado si a última hora, deprisa y corriendo, los medios de comunicación apoyaron masivamente la candidatura del llamado Team Stronach, fundado por el millonario Frank Stronach, quien invirtió 25 millones de euros en una campaña de carácter ultra populista, sin más contenido que el euroescepticismo y el nacionalismo, que le reportó casi un 10% de votos… que de otra manera hubieran ido a parar a un FPÖ irreductible. No ha sido el único caso.

En Francia, la escisión que tuvo lugar en el interior del Front National en 1998 y que puso en peligro su continuidad, contó –como otras iniciativas fraccionalistas anteriores de que fue objeto este partido- con el apoyo de los medios vinculados al Sistema político “oficialista”. Hay que señalar que esta escisión se produjo cuando el partido se encontraba en su apogeo. Los disidentes pasaron a formar el Movimiento Nacional Republicano.

En Italia, en 1977, después del XI Congreso del Movimiento Social Italiano, un grupo de diputados y senadores, todos ellos pertenecientes al “ala más centrista” del partido, es decir aquella que aspiraba a pactar con la Democracia Cristiana, se escindieron constituyendo Democracia Nacional (que contactó en España con Alianza Popular en 1979 para responder a la “eurodestra” que estaba intentando crear entonces Giorgio Almirante, secretario general del MSI… También en esta ocasión, la escisión se produjo cuando el partido había roído una parte sustancial de la DC y después de que se intentaran contra él provocaciones, más o menos frustradas, que lo implicaban en actos de terrorismo (detención de Pino Rauti, diputado del MSI en 1973… poco antes de las elecciones generales).

La homogeneidad de esta táctica, permite pensar que es universal y que cuando un partido disidente ha alcanzado un cierto número de escaños, votos o peso político real, inmediatamente, los partidos “oficialistas” o las fuerzas de seguridad encargadas de la defensa del “sistema”, generan una escisión que se traduce inmediatamente en un estancamiento de la fuerza disidente, en una merma en su capacidad política o, simplemente, en una escisión destructora de su imagen y, por tanto, de su futuro político.

4. Presión mediático-política

El papel de los medios de comunicación en los regímenes partidocráticos no es otro que el de servir de cajas de resonancia a determinadas opciones “oficialistas” y sabotear a otras para mantener así el equilibrio de fuerzas que conviene a los grupos económicos que detentan la propiedad de tales medios. Conviene no olvidar que la naturaleza del capitalismo multinacional y globalizado tiende a la existencia de grandes consorcios económicos dedicados a múltiples actividades o bien grandes fondos de inversión interesados por áreas muy distintas pero siempre complementarias. Así mismo, tampoco hay que olvidar que tanto la Comisión Trilateral, como el Club Bildelberg, son estados mayores del poder económico, político y mediático.

En las últimas décadas se ha visto como en cualquier operación política de envergadura el poder mediático juega un papel capital decantando en determinada dirección a la opinión pública (excepcionalmente receptiva y mutable). En España, por ejemplo, la transición no hubiera sido posible sin el concurso de tres grupos mediáticos: Cadena 16 (ya desaparecida), PRISA (en graves dificultades) y Cadena Z (absolutamente en crisis). Así mismo, no hay que olvidar que las “cadenas nacionales” son altamente tributarias de las “agencias de prensa internacionales” que, históricamente, siempre han sido un reflejo interesado de la opinión de sus respectivos gobiernos nacionales.

En la actualidad, los medios de comunicación son el principal elemento de estabilización del sistema partidocrático en toda Europa en la medida en que la prensa libre ha dejado de existir, las crisis económicas y la crisis derivada de la transmisión digital de la información, cada vez hacen más dependientes a los medios del sistema de subvenciones y subsidios habilitados por los regímenes políticos.

Es a través de los medios de comunicación como cualquier operación de “guerra en casa” se hace creíble, como se atribuye la paternidad de cualquier atentado a quien interesa y cómo unas opciones quedan marcadas con el descrédito y otras se prestigian. Mediante los titulares de prensa se legitiman o se justifican asesinatos (recientemente el asesinato de dos miembros de Amanecer Dorado y hace 35 años, los asesinatos reiterados de miembros del MSI o de otros grupos italianos, eran presentados como respuestas a la “violencia de la extrema-derecha”), grupos poco menos que inexistentes aparecen en primera página confundiendo a la opinión pública sobre su peligrosidad (véanse los titulares generados por la irrupción de un grupo en la librería Blanquerna), se siembra la confusión entre actos promovidos por insolventes políticos y manifestaciones de calado político (los resto de Cadena Z, intentaron confundir el pasado 12-O la minúscula manifestación de extrema-derecha en Barcelona convocada por varios grupos, con la gran manifestación ciudadana anti independentista que se celebraba el mismo día en la plaza de Cataluña).

Durante la transición esta táctica se puso de manifiesto con un añadido particularmente desagradable: una pequeña pelea de bar provocada por miembros de la extrema-derecha era denunciada a grandes titulares, el mismo día en que cualquier grupo terrorista de extrema-izquierda asesinaba a una o a varias personas. En Italia ocurrió el mismo fenómeno y en la misma época.

La táctica consiste, en definitiva, en tomar la parte por el todo, responsabilizando a todo un sector político de las acciones irresponsables cometidas por unos pocos.

*    *    *

Estas tácticas no aparecen nunca aisladas. Generalmente suelen interactuar y aplicarse a modo de “alfombra apisonadora” en un mismo en un mismo período y en un mismo país. La novedad estriba en que, a medida que avanza la crisis, cada vez hace falta aplicar medidas más severas para impedir que los grupos de oposición al “oficialismo” avancen. Es difícil saber hasta donde aguantará el sistema político-económico-social sin desplomarse víctima, bien de la oposición interior, bien de un desplome en el interior del mismo. Lo que es previsible es que, a medida que vaya aumentando la fragilidad del sistema y su debilidad, irá aplicando estas tácticas de manera cada vez más brutal.

Vale la pena pues seguir los casos francés (en donde antes de las próximas elecciones presidenciales el Sistema deberá hacer algo… y rápidamente, si quiere evitar que el FN se consolide como el gran partido de oposición), el caso griego (en donde se corre el riesgo de llegar a una espiral de violencia y en donde las enseñanzas que obtenga el Sistema serán actualizadas y aplicables a otros países), el caso austríaco (en donde parece poco probable que el “partido trampa” pueda prolongar su existencia).

Las tácticas utilizadas por el Sistema para compensar su debilidad creciente, tienen un problema: no garantizan su subsistencia en el tiempo eternamente, ni tampoco bloquean completamente los “sarpullidos” anti-sistema que inevitablemente surgen en tiempos de crisis. El Sistema se revela, como el perro del hortelano, como una entidad que “ni come ni deja comer”.

El Sistema puede neutralizar mediante estas tácticas, la aparición de focos de oposición, pero nunca podrá superar la ley interna del capitalismo: la búsqueda del máximo beneficio para el capital en el menor tiempo posible, y esto es, precisamente, lo que provocará antes o después su desplome interior: hoy no hay en el mundo dinero suficiente para cubrir toda la deuda mundial y el hecho de que las imprentas sigan imprimiendo papel-moneda y que la economía financiera siga anotando asientos electrónicos y ganancias virtuales en la nube informática, no impiden apreciar que los desajustes interiores del Sistema son de tal calibre que lo convierten en una estructura diamantina: excepcionalmente dura y resistente, pero, al mismo tiempo, extremadamente sensible al estallido en cuanto se encuentra el punto de fractura. Encontrar ese punto de fractura  en el cual, aplicando una pequeña fuerza, el Sistema estalla, es el quid de la cuestión de todo movimiento de oposición al sistema.

© Ernesto Milà – ernesto.mila.rodri@gmail.com – http://infokrisis.blogia.com – http://info-krisis.blogspot.com

 

 

Cosas que se ven por ahí...

Cosas que se ven por ahí...

Infokrisis.- No hay nada como vivir una temporada en otro país para establecer comparaciones con la vida en la propia ciudad. Comparaciones, naturalmente, para bien o para mal. No todo lo que se ve por ahí fuera es superior a la vida en España. En Nuakchot, por ejemplo, no hay avenidas asfaltadas, ni grandes almacenes, ni siquiera restaurantes en condiciones de servir una buena ensalada sin correr el riesgo de una disentería. En Conakry hasta los más ricos viven miserablemente (que es distinto que vivir de manera austera). Y, para colmo, en algunas grandes ciudades la depauperación convive con el lujo. Lo que más me sorprendió al llegar a Lima en 1983 es que a todos los taxis del aeropuerto les faltaba alguna puerta, el capó o algún vidrio. Cuando elegimos uno que aparentemente estaba completo, lo que le falta eran los frenos. Con él recorrimos los muchos kilómetros que separaban el aeropuerto del centro del Hotel Sheraton en el centro de la ciudad. Fueron kilómetros de miseria como nunca había visto. Niños escuálidos y vestidos con harapos se apostaban en los lados del camino esperando que el coche ralentizara la marcha para abrir el portamaletas y robar algo. Luego, después de kilómetros y kilómetros de miseria, bruscamente, al cruzar una avenida, en la otra acera pasamos a un lujo como no había visto ni siquiera en las grandes capitales europeas. Lo mismo me ocurrió en la etapa siguiente, en Bogotá, donde por las mañanas las calles céntricas tenían un aspecto acogedor y comercial que luego, al irse el sol, se convertía en amenazados y peligroso. En otro viaje a Cartagena de Indias pude admirar el recinto fortificado y todo lo que en él se muestra perfectamente restaurado, una ciudad colonial que remite a los mejores tiempos de la colonización. Cuando el taxi que debía llevarme al hotel se desvió fuera del recinto amurallado, volvieron las peores escenas de chabolismo y depauperación. Gentes viviendo junto a letrinas, ríos de deshechos hediondos circulando entre chabolas descuajeringadas, era lo que podía verse en algunos barrios de Cartagena. Por eso digo, que no todo el monte es orégano y que hay lugares que, indudablemente, están mucho peor que nuestra propia tierra.

Se suele decir que los españoles tenemos dos actitudes ante al viajar al extranjero: el considerar que lo que se ve es incomparablemente superior a lo que se tiene en la patria o, la inversa, de sobrevalorar lo nuestro y desmerecer lo ajeno. De todo tiene que haber, que decía el torero. Pero es rigurosamente cierto que cuando uno va algunos países percibe que las cosas se hacen con mucho más sentido común.

Tuve esa sensación en Praga: salvo uno que llama la atención por su rareza (el llamado Ginger and Fred), la inmensa mayoría de los edificios de la ciudad tienen unicidad arquitectónica. A eso se le llama “estilo”. Lo que vi en Praga es una ciudad en la que la belleza de muchos lugares y monumentos, queda realzada por la unidad del estilo que contiene y rodea a los grandes lugares. Ese estilo se ha perdido en París, por ejemplo. Hace décadas que se perdió. Visitar los arrabales de París (la Banlieu) supone toparse con algunos de los lugares más desagradables que se puede encontrar en Europa. Ocurre como en Toulouse en donde la belleza de la Plaza des Capitouls o de la Iglesia de los Jacobinos o de la misma catedral de Saint Sernin, se alterna con barrios enteros “sans droit”, es decir, en los que ya no rige el Estado de Derecho y que han sido completamente abandonados por la administración que tiene perfecta conciencia de que imponer allí el orden republicano supondría arriesgarse a una sublevación étnica y racial. Marsella, así mismo, era una ciudad hermosa que yo ya no conocí en ese estado. Cuando fui por primera vez a Marsella no vi la ciudad que me había descrito mi padre de manera encendida y elogiosa. Allí, efectivamente, estaba La Cannabiére, que terminaba en el puerto tras un largo descenso repleto de caserones señoriales a uno y otro lado, pero la ciudad mostraba lamentablemente un estado de abandono y dejadez del que no solamente son culpables las autoridades, sino una población que ya dista mucho de ser europea y de comportarse como europeos.

Porque lo importante de un viaje turístico no son solo los lugares que vas a visitar, sino la gente con la que te vas a cruzar. Estaba en un bar en la Mala Straná de Praga, aprovechando el WiFi que ofrecían junto a unas salchichas. De repente me di cuenta de que estaba rodeado de mesas en las que se sentaban niños. Y era raro porque en España, cuando en una mesa tienes la desgracia de que se te sienten al lado adolescentes de 14 a 18 años, lo más normal es que griten, se muestren excitados y convulsos y organicen un revuelo que te rompa la concentración. Lo que más me extraño de aquellos niños checos es que… ¡hablaban! Y lo hacían pausadamente, sin aspavientos, sin estridencias. Me sorprendió, así mismo, que el móvil no se utilice en ningún lugar con la obstinación que en España. Aquí es raro ver a gente de todas las edad que cualquier transporte público no esté hablando por el móvil (frecuentemente a gritos, obligándote a oír lo que no te interesa y lo que por pudor debería de mantenerse entre los dos interesados) o enviando interminables mensajes de texto. ¿Tiene la gente tanto que decirse? Luego, si oyes –porque estás obligado a la vista del tono y del timbre que utilizan- resulta que siempre se trata de banalidades. La tarifa plana ha destrozado este país. En naciones con mucho mejor nivel tecnológico (y, probablemente, también con mucho más nivel educativo), resulta raro verse obligado a oír la conversación telefónica de otros. Los aparatos de telefonía se utilizan mucho más mesurada y prudentemente. Se diría que las personas reservan a veces espacios de tiempo para pensar sobre sí mismos, meditar o simplemente abstraerse. No precisan constantemente llamar la atención, ni recordar a unos y otros, incluso a los que no nos interesan, que existen. Hoy he pensado en toda esta gente cuando he leído un texto de Louis Ferdinand Céline, traído a colación por Paul Serant en “Romantisme Fasciste”, un ensayo sobre los novelistas franceses que optaron por la “colaboración”: “Si de todo esto queda una mierda en apenas diez años, ya será mucho”.

Los niños que vi en Praga me sorprendieron tanto como los que vi en la ciudad de Quebec. Uno de los días que estuve allí, los colegios tenían fiesta o bien favorecían las visitas extraescolares. Así que estaba en un bar del centro, en el primer piso, cuando una vibración en la escalera de madera pareció indicar que estaba llegando público en masa. Una vez más, me estremecí ante la llegada de no menos de un centenar de niños. También aquí, me sorprendió que los profesores fueran capaces de ordenarlos en mesas y que no hubiera más ruidos ni molestias que los que podía causar cualquier otro cliente. Y era sorprendente, porque también aquí, hablaban entre ellos de manera reposada. Ni jugaban con las maquinitas de videojuegos, ni con el teléfono móvil, ni ponían música estridente… hablaban. Cuando uno se sorprende de que los niños hablen y no griten o berreen es que las cosas están muy mal en su patria.

También he visto por esos mundos de dios, ciudades en las que se ha realizado un gran esfuerzo de racionalización. En Canadá, en los supermercados, a la entrada, hay unas máquinas que “tragan” botellas y latas vacías. Es su forma de “devolver el casco”, algo que en España ya no se hace. En estas máquinas, cualquiera puede introducir sus botellas vacías o sus latas, para recibir un vale de descuento por las compras hechas en el super. Esos cascos vacíos se distribuyen entre los fabricantes de bebidas, mientras que las latas se comprimen y se venden a empresas que procesan el latón. En España se habla mucho de reciclado, pero todo resulta tan absurdo que quien se lo crea merece el título de “santo varón”. En efecto, aquí la filosofía consiste en que los ayuntamientos instalan en las calles contenedores de botellas, las retiran cuando están llenos, las entregan a empresas que las trituran… para fabricar nuevas botellas. Cuando era pequeño se decía aquello de que “para ir y volver vale más no ir”. ¿No sería más razonable salvar las botellas, devolverlas a las empresas, premiar económicamente el reciclado y evitarse fundir más y más botellas sobre el polvo de vidrio de las anteriormente útiles pero vacías?

En Montreal llamaron a la puerta. Eran los bomberos. Me ofrecieron instalar una alarma contra incendios. Aun hoy me avergüenzo de que dudé en aceptarla e incluso me resistí: lo normal era que en España, si venía alguien diciendo que era bombero y que te regalaba una alarma, lo normal era que el paso siguiente fuera pegarte un sablazo económico. Aquí era un regalo… regalo interesado porque una alarma instalada puede evitar un incendio y el consiguiente gasto provocado por la movilización de los bomberos y un pago del seguro del hogar.

Más aún: pocos días después apareció un funcionario municipal regalándome un contenedor para basuras orgánicas. Una vez a la semana pasa el camión para recogerlas, así pues el contenedor era de tamaño grande. Antes, otro contenedor para basura no orgánica también había sido entregado por el ayuntamiento. Se recogía dos veces a la semana… En nuestro esquilmado país nos piden que reciclemos y que nos busquemos la vida: que seamos nosotros quienes compremos los contenedores, que seamos nosotros quienes separemos todo lo separable, que lo llevemos a los contenedores, en ocasiones situados lejos de casa y que, además, todo esto, lo hagamos gratis. Porque el Ayuntamiento no solamente nos cobra por recoger diariamente la basura, sino que tiene un ingreso por la venta de los materiales reciclados. Los traperos de antes han desaparecido. Para los que no los han conocido, diremos que era gente del barrio que venía a tu casa, se llevaba los desperdicios (papel, muebles, botellas, etc) ¡y te pagaba por ello! Hoy, el régimen, nos ha enseñado la necesidad de ser cornudos (pagar por llevarse la basura) y apaleados (reciclar nosotros mismos y llevar hasta los contenedores, para que otros obtengan comisiones y beneficios). Díganme si todo esto no les parece absurdo.

Los españoles solemos decir que en ningún país se come como en España. Es falso. Estando en Canadá, pude ver una edición de Salvados sobre seguridad alimentaria. Resulta que la seguridad alimentaria que existe en España es como una mierda, pero sin el como.  Y, mire usted por donde, Canadá, precisamente el país con más seguridad alimentaria del mundo. ¿Es así? Lo pude comprobar sobre el terreno: la leche sabe a leche, los fresones a fresones, la carne no empieza a soltar agua en cuanto se la coloca en la sartén. El único producto español que vi en Canadá eran las Galletas María, vendidas en una cadena cuyo equivalente en España sería el “todo a un euro”. Lo de la leche es sangrante porque lo que aquí se vende como “crema de leche para cocinar” en Canadá es lo que se vende como “leche entera”. Inútil decir que la leche desnatada canadiense no tiene nada que ver con el aguachirri blancuzco que recibe en España el mismo título. Otro tanto cabría decir de los derivados lácteos, incluidos los helados: son extremadamente superiores en Canadá. En cuanto a la carne o el pescado, no tiene punto de comparación… Gana Canadá por goleada. Cabe decir que recorrimos supermercados elitistas (la cadena Tradition) y de batalla (la cadena Intermarché), supermercados norteamericanos (Walmart) y cadenas locales (IGA). En todos ellos, la calidad de los productos era superior a los alimentos que se vende en España en El Corte Inglés o en Mercadona. Sin duda y sin excepción. Algo no funciona en nuestro país en materia alimentaria. Y eso que podríamos ser el granero y la despensa de Europa. La legislación de la UE no ha sentado nada bien para nuestro estómago.

Vale la pena hablar del pan y de la panadería. Estoy harto de comprar una baguette que parece hecha con papel de fumar y que en el camino de la panadería a casa se quede rígida como una picha recién alimentada con viagra chino. He recorrido zonas (Villena, sin ir más lejos) en donde resulta absolutamente imposible comer un pan mínimamente aceptable. ¿Qué harinas se utilizan para que la vida media de una barra de pan antes de entrar en rigor mortis sea de apenas un par de horas? En Canadá conocí a una panadería italiana que facilitaba productos a establecimientos hoteleros. Compré bolsas de 30 panecillos a 4 dólares canadienses, esto es a 3 euros… Era la provisión para toda la semana: y aguantaban en perfecto estado de revista hasta el último. ¿Harinas que resisten seis días sin fraguar? En España eso ya no se conoce ni en pueblos perdidos.

Que el país funciona mejor que España es algo que se puede intuir desde que uno llega al aeropuerto y debe pasar por la policía de fronteras. He visto pocos tratos tan agradables por parte de la policía como en el aeropuerto de Montreal, pero al mismo tiempo, un comportamiento tan sistemático: motivo del viaje, dónde vas a residir, durante cuánto tiempo, en qué fecha abandonarás el país, si es la primera vez que viajas, necesidad de mostrar billete de salida y carta del quien te va a albergar o reserva del hotel… si todo esto es conforme, coherente y lógico, pasas. Si no, primer avión de retorno al lugar de origen.

En Canadá hay inmigración, pero controlada y, sobre todo, integrada, o al menos, esa es la sensación que se tiene cuando se visita el barrio hispano, el barrio moro, el barrio portugués, el barrio italiano, el barrio chino, el barrio pakistaní, etc. El sistema judicial es duro, los juicios rápidos y la policía eficiente. Quien entra para delinquir sabe que la cárcel es su horizonte. Hubo una manifestación a finales de mayo pidiendo “papeles para todos” (¿os suena, verdad?), apenas acudieron unas 100 personas, la mayoría andinas. A decir verdad, vi casualmente otra manifestación por la rue Saint-Hubert pidiendo la legalización de la marihuana seguida por menos de 100 personas. Todos los colgaos de la ciudad, vaya. Claro que en Montreal hay delincuencia, claro que hay drogas, claro que hay inmigración masiva, y claro que hay corrupción administrativa, pero en una medida y con una intensidad tan baja en relación a lo que conocemos en nuestra pobre España, que llama la atención precisamente porque resulta imperceptible. En Québec por las noches dejaba una tumbona excepcionalmente cómoda en el porche de la casa y a nadie se le ocurrió robarla, algo que en España hubiera resultado incomprensible. De la misma forma que recibí varios libros comprados a través de ebay y de priceminister, el cartero los depositó en el buzón a nivel de calle, accesible para cualquier amigo de lo ajeno y allí seguían cuando volvía a casa por las noches.

Trabajo. En España hay empresas en las que cobras por estar y contra más estés, aunque no hagas nada, mejor te consideran. Se sale de ellas a las 21 horas, a pesar de que desde las 18:00 lo único que se haga sea dejarse ver. Cada aumento de sueldo hay que pelearlo y la participación en los beneficios de la empresa es una entelequia. En Canadá un 3% de aumento anual automático se une a la posibilidad de aumentos de sueldo por resultados. Las empresas de tamaño medio y grande tienen guarderías, gimnasios, cafés, etc. He conocido empresas que regalan a sus empleados semanalmente tiestos de flores, fruta y refrescos… los estadounidenses se ríen mucho de todas estas prácticas que contribuyen a crear un buen ambiente de trabajo y a demostrar que el empleado interesa a la empresa, él y su bienestar. En España, en cambio, estamos hablando de “ganar competitividad” y eso solamente pasa, según la patronal y el gobierno con los sindicatos como convidado de piedra, por facilitar el despido, rebajar los salarios, restar derechos sociales y establecer contratos en precario, becarías y todo aquello que remite a la primera revolución industrial decimonónica.

Hay solamente una práctica carpetovetónica que no encontraréis en lugar alguno del planeta: la siesta. Pero lo que se dice comer, se come bien en Belgrado, en Cagliari, en Praga, en Carlovi Bari, en Montreal o en Québec… incluso existen restaurantes españoles que te hacen recordar los aromas y las calidades que tuvo la patria en otro tiempo. Eso es todo. Es evidente que si uno visita el Reino Unido, es posible que la comida de allí le repugne… ya hemos dicho que en todas partes cuecen habas y que hay zonas de Europa en donde el saber vivir es una práctica poco habitual.

Podría seguir y llegar a la página 100, per creemos que lo que intentamos expresar ha quedado claro: nuestro país sufre un proceso de degradación en todos los terrenos (no solamente n el económico-social o en el político) que repercute en la vida de los ciudadanos, de los que se interesan por la política y de los completamente apolíticos. La vida de todos nosotros va perdiendo calidad. Y hay un responsable de todo ello: el régimen nacido en 1978, para el que los beneficios y las comisiones de la clase política, sus prebendas y sus intereses, sus caprichos y sus necedades se sitúan por encima del interés general. La situación en nuestro país es, en este momento dramática: jóvenes que siguen sus estudios con la única esperanza de abandonar España en cuanto terminen conscientes de que aquí ni hay, ni habrá durante décadas, puestos de trabajo de calidad para absorberlos; personas maduras cuyo drama es haber conocido una España en la que valía la pena vivir y no este deshecho de país en el que cada día los informativos recuerdan que las mismas siglas son desde hace 35 años causantes de nuestra decadencia; empresarios desengañados de la economía productiva que tan solo buscan cómo cerrar sus empresas y realizar el consabido pelotazo que les resuelva la papeleta para los próximos 20 años; comisionistas en todos los niveles administrativos incapaces de racionalizar su gestión; políticos en el poder, en la oposición y en los partidos ascendentes, que apenas buscan otra cosa que vivir del dinero público y situarse a la sombra del poder. Un país desmoralizado, inactivo, absolutamente petrificado por la visión dantesca de un futuro sin esperanza, gobernado por unos partidos que no tienen otro proyecto que sentarse en la poltrona, ni más ambición que medrar en las instituciones… unas instituciones de las que ya hemos olvidado que debían servir para representarnos, defendernos y gestionar el progreso de la sociedad.

Viajar por el extranjero supone entender que España no es el paraíso en ningún terreno y que mas valdría que nuestros políticos viajaran un poco más y se inspiraran en los países que verdaderamente funcionan o de lo contrario este país, que vive en la actualidad de la hostelería y del turismo, en breve verá como huyen los unos y los otros hacia destinos más agradables, baratos y cómodos.

Este artículo, evidentemente, ha sido un desahogo, legítimo y comprensible, de quien está harto de ver como este país se hunde, sin que no haya ni autoridades, ni aspirantes a serlo, que tengan capacidad de convicción, energía, ni proyecto para enderezarlo. Nunca como hoy ha sido difícil ser patriota en España, porque nunca como hoy la patria ha estado tan desmoralizada, destrozada y dirigida por ineptos y corruptos. Ya lo he dicho: “Estoy dispuesto a morir por mi patria, pero no ha vivir en ella”. Y me reafirmo.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com - infokrisis   

 

 

Todo sobre el nacionalismo...

Todo sobre el nacionalismo...

Infokrisis.- Todo nacionalismo es producto de una burguesía que no solamente quiere tener hegemonía social y económica, sino también política. El nacionalismo (a no confundir siempre con Patriotismo, tema al que ya hemos dedicado otros artículos e incluso nuestra obra Identidad, patriotismo y arraigo en el siglo XXI) es un fenómeno relativamente reciente que nace con la revolución americana y con la francesa. Ambos episodios suponen la ruptura de la clase social que ha ido ascendiendo desde el Renacimiento, la burguesía, gracias al aumento del comercio y al tráfico de especies), con el “orden aristocrático” en el que primero la nobleza (feudalismo) y luego el rey absoluto y la corte, eran las fuerzas hegemónicas de la sociedad. Poco a poco, la burguesía ha ido creciendo y llega un momento en el que exige una situación hegemónica: quiere el poder político, porque gracias a él puede utilizar a su favor el poder económico.

Del reino a la nación y de la nación al nacionalismo

En ese proceso, los que hasta entonces eran “Reinos”, quedan convertidos en “Naciones”. Una “nación” es, históricamente, un territorio en el cual se han impuesto los valores de la burguesía expresados en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. El problema es que la burguesía no es una clase homogénea, sino fraccionada en intereses regionales, locales, incluso corporativos. De ahí que cuando en algunas zonas se constituyeron unas burguesías locales que, por algún motivo, tenían algún elemento de agregación común, allí apareciera un movimiento regionalista y/o secesionista.

La independencia de las colonias americanas sigue siempre a la formación de una burguesía criolla, de la misma forma que los nacionalismos catalán y vasco, van parejos a la industrialización de estas dos regiones que tiene lugar en la segunda mitad del siglo XIX (y especialmente en el último cuarto del siglo) al retornar muchos capitales invertidos hasta ese momento en las colonias americanas.

Si el nacionalismo andaluz o gallego tuvieron mucho menor calado que el catalán o el vasco, se debe sin duda, a los distintos niveles de desarrollo de todas estas regiones y, por tanto, a la mayor o menor importancia de sus burguesías locales. Por otra parte, los rasgos diferenciales de carácter antropológico, cultural y lingüístico, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, en absoluto son determinantes, sino que, como máximo, constituyen los recursos emotivos y sentimentales sobre los que se edifica y “embellece” la construcción ideológica de la burguesía, cuyo interés es exclusivamente económico y mercantil. Esto explica el por qué en zonas como Mallorca o Menorca en las que existen rasgos “diferenciales”, o en el Valle de Arán, no haya existido nunca un nacionalismo: se debe, simplemente, a que el peso de la burguesía ha sido mucho menor que en Cataluña. De la misma forma que el caso del nacionalismo andaluz, Blas Infante realizó una fantasiosa construcción basada en la historia y en algunas peculiaridades lingüísticas, pero no pudo convertir su movimiento cultural en político precisamente por debilidad de la burguesía local.

La formación de todo movimiento nacionalista está precedida por una fase en la que la burguesía local va aumentando su poder pero todavía es débil en relación al conjunto de fuerzas políticas y sociales. En esa fase, el énfasis de su acción es “cultural”: se trata de “recuperar” y crear “factores diferenciales” que, juntos, configuren una “identidad” diferenciada del resto de identidades. El nacionalismo es, sobre todo, una sensibilidad emotiva basada en mitos y en construcciones reales o ficticias para las que sus teóricos utilizan distintos elementos: geografía, historia, lingüística, antropología, etc.

El nacionalismo catalán hijo de la alta burguesía regional

Así nació el nacionalismo catalán: la burguesía catalana en la segunda mitad del siglo XIX exigía “proteccionismo” para su industria textil. El bombardeo de Barcelona por Espartero fue el elemento emotivo sobre el que se apoyó la primera oleada pre-nacionalista, lo que se ha dado en llamar “la Renaixença”. Luego, esa misma burguesía, al sentirse más reforzada por el aumento de sus inversiones (tras el retorno del capital procedente de Cuba y antes de Maracaibo), no solamente financió la creación de un “nacionalismo cultural” (Verdaguer, Maragall, y toda una cohorte de escritores y artistas financiados por los Güell que, al mismo tiempo, pagaban a su costa los Juegos Florales, crearon con restos de leyendas tradicionales y arcaicas, toda una mitología catalana) sino que quiso disponer de instrumentos políticos para defender sus intereses económicos.

En los primeros años del siglo XX, el nacionalismo regionalista creció extraordinariamente en la misma medida en que la crisis del 98 ponía en crisis la idea de España y el nacionalismo español. Seguramente, antes del principio de los años 20 hubieran optado por la vía independentista de no ser porque la huelga general de 1909 demostraron que la clase obrera catalana tenía unos intereses antagónicos a los de la burguesía y estaba dispuesto a defenderlos por la vía insurreccional y a través de un fuerte movimiento sindicalista. La burguesía, tras la Semana Trágica, entendió que nada, salvo el ejército español, podía mantener sus intereses, renunció durante unas décadas a su independentista y se atrincheró en posiciones regionalistas que dieron como resultado la Mancomunitat primero y el Estatuto de Catalunya después. Mientras, los intereses mineros de los Romanones, de los Comillas y de los Güell, hicieron que se mantuviera la guerra con Marruecos a costa del sacrificio de miles de vidas de soldados de quintas salidos de las clases más humildes.

75 años de vida catalana

Durante la guerra civil el nacionalismo se difuminó completamente demostrando que su fuerte no era la defensa armada de sus intereses y que sus intereses estaban divididos entre una República dominada por la izquierda y, por tanto, anticapitalista, y un franquismo tolerante con el capitalismo pero furibundamente antiseparatista. Y si durante la guerra hubo catalanes en ambos bandos (Cambó y la Lliga apoyaron al franquismo, mientras ERC y Estat Catalá, más que apoyar a la República, apoyaban a la autonomía catalana legalizada por esta), en la postguerra, prácticamente toda la burguesía catalana, casi sin excepciones, decidió colaborar con el franquismo. Mientras duró, el nacionalismo nunca más volvió a ser un movimiento de masas, simplemente quedó reducido a unos cuantos apellidos famosos entre las “200 familias” que reivindicaban un “regionalismo” de fuerte contenido clerical. Fue la izquierda la que, fiel a la herencia republicana, situó la reivindicación de las instituciones creadas por esta junto a un programa político reivindicativo basado en tres puntos: “Libertad – Amnistía – Estatuto de Autonomía” que, luego, finalmente, con el desplome del franquismo en 1976-77, pudo hacerse efectivo.

Fue en esa situación en la que el nacionalismo catalán reapareció. En 1980 obtuvo, finalmente, el gobierno de Cataluña y un nuevo Estatuto de Autonomía con techo mucho más alto que el republicano. En los veinte años que siguieron se evidenció que la arquitectura del sistema constitucional español había diseñado un sistema de bipartidismo imperfecto en el cual las situaciones en las que un gobierno no gozaba de mayoría absoluta debían recurrir a un partido nacionalista periférico para poder ejercer la tarea de gobierno. Jordi Pujol aprovechó diestramente esta circunstancia convirtiéndose en la pieza irremplazable del centro-derecha y del centro-izquierda para esos momentos en que estaban abocados a gobernar en minoría.

A cambio, Pujol lo que exigió siempre fue “manos libres” en Cataluña y eso se tradujo de dos maneras: 1) con un aumento asindótico de la corrupción que hizo de esa autonomía la más corrupta de todo el Estado, gozando prácticamente de impunidad y 2) con un aumento de la concentración de capital en manos de las “200 familias”.

Cataluña en la globalización

Mientras se producían estos fenómenos en Cataluña, la situación del capitalismo internacional iba cambiando así como las circunstancias políticas internacionales. España entraba en la Unión Europea, “unión de Estados Nacionales”. Caía el Muro de Berlín y los EEUU vencían en la guerra de Kuwait (segunda guerra del Golfo) dando el pistoletazo de salida al “nuevo orden mundial” cuyas dos características esenciales eran 1) la globalización económica y 2) el tránsito del mundo “bipolar”, al mundo “unipolar”, cuyo leader eran los EEUU.

A pesar de su nacionalismo sentimental, las “200 familias” entendieron perfectamente al nueva situación y se adaptaron a ella: Cataluña abandonó pronto su tradicional estructura productiva, el textil dejó de ser la actividad preferencial de la región y se deslocalizó progresivamente, el tejido industrial se aligeró y los beneficios dejaron de llevar por el sector industrial, empezaron a obtenerse a través del sector servicios y, luego, a través de las inversiones especulativas. La novedad era que tales inversiones ya no eran realizadas en Cataluña: el nacionalismo dejaba de invertir en la propia tierra para hacerlo en cualquier otra en la que se pudieran obtener beneficios. En este sentido, la familia Pujol es el paradigma de las nuevas orientaciones de la alta burguesía catalana: mientras sus inversiones sobre territorio catalán van siendo abandonadas, aumentan sus inversiones en cualquier otro territorio del mundo, especialmente en Iberoamérica y en operaciones bursátiles especulativas.

Puede parecer una contradicción el que la alta burguesía catalana haya cambiado sus prioridades y estas hayan pasado a ser idénticas a las de cualquier capitalismo. La lógica obliga a pensar que su interés por el nacionalismo catalán habría disminuido y, sin embargo, no es así. Vale la pena preguntarse sobre los motivos del mantenimiento de este interés: es fácil entenderlo, la respuesta está en el techo autonómico obtenido por Cataluña que le permite, en la práctica, operar casi como un Estado independiente pero con todas las ventajas de estar asociado a una nación y no debiendo emplear parte de su presupuesto en costosas estructuras propios de un Estado moderno (defensa, especialmente, pero también diplomacia, etc.). Y lo que es más importante, gracias a la Generalitat de Cataluña se dispone de una fuente continua de ingresos que, una vez obtenidos en esta tierra, pueden invertirse en inversiones especulativas en cualquier lugar del planeta.

Cataluña en la actual crisis económica

Eso seguirá mientras el nacionalismo siga controlando los resortes de la Generalitat. Pero, el nacionalismo catalán siempre ha tenido un problema histórico: la división entre los que opinan que es preciso seguir “asociado” a España por tenue que sea el vínculo y aquellos otros que opinan que debe convertirse en una nación independiente.

En una situación como la actual, los segundos tienen la iniciativa. En efecto, la crisis económica iniciada en 2007 en EEUU y en España unos meses después, ha evidenciado el fracaso del modelo político-económico nacido en 1978. Desde esa época, la propaganda nacionalista ha tendido a culpabilizar de todas las desgracias a Cataluña a la actitud del “Estado Español”, de tal manera que cuando la crisis económica se ha convertido en asfixiante, una parte sustancial de la población catalana ha creído que, efectivamente, se debía a “Madrid”, esto es al Estado central donde residen los presidentes del gobierno incapaces o simplemente estúpidos. En estas circunstancias (y a medida que se prolonga la crisis y la falta de expectativas económicas se va haciendo cada vez más evidente) resulta fácil difundir el “Espanya ens roba” y generar al esperanza de que a Cataluña le iría mejor si “volara sola”.

Al igual que Pujol, Artur Mas ha seguido utilizando el arma del chantaje para que el gobierno de Madrid cuente con su apoyo, pero con una diferencia: Mas carece de la habilidad política y del prestigio que tuvo Pujol y, especialmente, cometió el error de financiar las actividades de los minúsculos grupos independentistas (diciendo a “Madrid”: “mirad, si no me dais lo que pido, os tendréis que entender con estos”) olvidando que estamos en plena crisis y que, de la misma forma que en Cataluña se responsabiliza a “Madrid” del mal gobierno, también es cierto que crece la opinión –especialmente a partir del momento en el que el gobierno a dado rienda suelta a las investigaciones judiciales por corrupción en el entorno nacionalista- de que CiU no es completamente inocente en este caos y que, a fin de cuentas, ha gobernado durante casi 30 años en el Palau de la Generalitat.

Artur Mas: salto al vacío

En estas circunstancia, el órdago de Mas el pasado 11 de septiembre fue un triple salto mortal que corre el riesgo de causarle la rotura del espinazo: no solamente, a partir de entonces, el gobierno de Madrid abrió decenas de procesos por corrupción contra altos funcionarios de CiU, el Supremo emitió sentencias pendientes durante años contra procesados de UDC y el mismo entorno familiar de los Pujol se vio asediado por las investigaciones. Y lo que es peor: en situaciones de crisis y de confusión política, solamente prosperan las opciones más nítidas, en el ámbito nacionalista, ERC que siempre ha sostenido un programa independentista y que, en el momento de escribir estas líneas está viviendo un histórico “surpasso” en intención de voto en relación a CiU, partido que, por lo demás, se ve desgarrado por sus tensiones internas, mientras que el gobierno catalán está paralizado y desorientado justo en el momento en el que la crisis se torna cada vez más aguda (la entrada en liquidación de la Seda de Barcelona ha supuesto el fin de la última gran empresa histórica dedicada al textil que todavía quedaba en  Cataluña, a modo de símbolo del final de una era).

La situación actual dista mucho de tener solución: una alta burguesía sigue demagógicamente difundiendo “nacionalismo” pero invirtiendo fuera de Cataluña y utilizando la Generalitat solamente como fuente de ingresos seguro (y agencia de colocaciones para sus segundones) para obtener unos ingresos que luego se insertan en los circuitos de la globalización. El nacionalismo que hasta ahora era patrimonio de la alta burguesía ha pasado a ser, en su forma más radical, el independentismo, consuelo de grupos sociales muy diversificados afectados por la crisis y cuyas actitudes políticas dependen, no ya de intereses de clase, sino de percepciones personales sobre como salir de la crisis (de ahí que sea posible percibir distintas tonalidades de nacionalismo e independentismo y que el frente independentista esté atomizado no solamente en siglas, sino que dentro de cada sigla exista una miríada de posiciones diferentes sobre problemas y estrategias).

La atomización de Cataluña

Esta situación, lejos de sorprendernos, entra perfectamente en la lógica de los hechos: cuando una “nación” deja de ser misión y destino y se convierte simplemente en una excusa emotiva y sentimental para justificar la hegemonía política de su alta burguesía, puede decirse que hemos entrado en un “materialismo nacionalista” y, como todo lo que es materia, mineral, puede fragmentarse hasta el infinito. Eso es lo que está ocurriendo en estos momentos.

La sociedad catalana está dividida verticalmente entre los “españolistas”, los “indiferentes” y los “catalanistas”. Los primeros, a su vez, están divididos entre los “unitaristas”, los “federalistas”, “moderados de derecha” y los “patriotas”. Los últimos, por su parte, están divididos entre “independentistas moderados”, “independentistas radicales”, “independentistas conservadores”, “independentistas de extrema-izquierda” y, por supuesto, “nacionalistas”. Mayoritariamente, la sociedad catalana sigue siendo indiferente y estando ajena a lo que ocurre. Sin embargo, en los últimos tiempos, los independentistas radicales (ERC) y de extrema-izquierda han ido experimentando un crecimiento a expensas del “nacionalismo” (CiU), mientras que los “unitaristas” del campo españolista (C’s) ganan protagonismo sobre los “moderados de derecha” (PP) y sobre los “federalistas” (PSC). Pero todos estos conjuntos “horizontales” están, a su vez, divididos en franjas horizontales, las clases y los grupos sociales. Hoy, ya ni siquiera la alta burguesía catalana opera como realidad social autónoma tal como demuestra el “españolismo” relativo de la patronal, ni lo que queda de clase obrera catalana está completamente divorciada del nacionalismo como lo estuvo hasta antes de desencadenarse la crisis.

El resultado de todo esto es un puzle inextricable, imprevisible y, sobre todo, completamente inestable: la peor de las situaciones que podrían darse en el peor momento de la historia de Cataluña. Porque la Cataluña de hoy no es una roca en el océano como quisieran los nacionalistas, sino un Titanic perdido en una tormenta y con los dos costados atravesados por la corrupción y la partidocracia, y una oficialidad al mando mucho más pendiente de sus inversiones en tierra que del gobierno del barco. Para colmo, con algunos pasajeros que no han pagado billete y que han entrado en número de 1.250.000, dotados de identidad propia e irreductibles al nacionalismo y a Cataluña. En efecto, la presencia de una inmigración masiva contribuye a agravar aún más el problema.

Y todos sabemos cuál es el fin de una nave en estas circunstancias. No hay tabla de salvación, ni botes suficientes. Cataluña tiene por delante un futuro mucho más negro que en cualquier otro momento de su historia.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com - infokrisis 

UE: reconocer el fracaso

UE: reconocer el fracaso

Infokrisis.- Sabemos que los licenciados universitarios españoles se están yendo de España, pero ignoramos que sus homólogos franceses también abandonan el vecino país. En Quebec existe una verdadera expectación por ver cuántos jóvenes profesionales universitarios, perfectamente preparados y con ganas de trabajar, llegarán en los próximos años. Nadie, aquí, duda que muchos. Y esta constatación realizada sobre el terreno sirve como arranque de una reflexión: cuando los elementos más cualificados, no de la periferia de la Unión Europea (UE) sino del centro de la misma, no encuentran trabajo en su país y deben de abandonar el territorio de la Unión, es que ésta, sencillamente, ha fracasado. ¿Por qué no reconocerlo y acabar lo antes posible con un proyecto a todas luces frustrado? Vale la pena realizar un repaso de lo que ha sido y en lo que se ha transformado la UE.

Oh, Europa, Europa, tierra de tecnócratas y planificadores

En efecto, cuando la estructura política española –el franquismo- nos separaba del entonces llamado “Mercado Común Europea”, los más lúcidos empresarios españoles sabían que en las décadas siguientes, sin la adhesión de España al tratado de Roma, sería imposible que nuestra economía sobreviviera. Ya en 1975, el MCE se había convertido en un “mercado” lo suficientemente amplio y pujante como para que nuestras exportaciones debieran necesariamente recurrir al mismo.

En aquellos años, el escuálido capitalismo autóctono español, nacido al calor del desarrollismo franquista, experimentaba la necesidad de converger con “Europa”. De hecho, fue él y lo que tras él se ocultaba (la alta finanza internacional), la que impulsó a que los “aperturistas” del antiguo régimen tomaran la iniciativa y transformaran la estructura política española. Este fue el origen de nuestros posteriores percances: una democracia débil, impulsada por unos partidos políticos, como mínimo tan débiles como ella, que comían de la mano de la plutocracia internacional.

Entre las distintas fechas simbólicas que se barajan como indicativas del “final de la transición” se manera, no sin razón, aquella en la que entramos en la OTAN y en el MCE transformado ya en “Comunidades Europeas”.

Durante la transición y en aquellos primeros años de democracia, teníamos la conciencia de que “Bruselas” estaba gobernada por una “tecnocracia” y muchos no podíamos sino experimentar hacia este concepto una sensación doble de admiración y respeto. Admiración porque, una federación tan amplia como las “Comunidades Europeas”, para crecer y afirmarse no podía sino estar asentada sobre una sólida planificación tecnocrática. Respeto porque era evidente que nuestro destino iba a estar durante muchas décadas ligada a esa Europa tecnocrática que, a fin de cuentas, era “mejor” que la Europa atrasada, sin libertades políticas y gris situada más allá del telón de acero. Luego resultó que las cosas no eran tan simples.

1989, algo se nos escapaba…

En 1989 cayó el Muro de Berlín y a partir de entonces se alzaron voces en la Alemania recién unificada que clamaban, junto a las que se oían desde la otra orilla del Rhin, en Francia, por dar más pasos adelante en el proceso de “unificación europea”. Hasta entonces, hay que recordarlo, se insistía especialmente en la idea de unificación “económica”, pero, a partir de entonces, cobró importancia la “unificación política” cuyos primeros pasos fueron los acuerdos de Maastricht y la creación del “espacio Shengen”.

Había en aquellos años algo que no entendíamos. Yo pertenecía entonces a un pequeño círculo de discusión (más que de acción) del que era alma y voz cantante el fallecido Joan Colomar. En aquella época (1989-1991) dábamos vueltas al tema de si realmente lo que decía el gobierno alemán a propósito de pisar el acelerador de la unificación europea era sincero u ocultaba algo que se nos escapaba. No entendíamos que Alemania, tras la caída del Muro de Berlín, recién unificada y pudiendo hacerse fácilmente con el control político-económico de los países del Este y de los Balcanes, e incluso con parte de las antiguas repúblicas soviéticas, precisara ayudar a los países del Sur de Europa (Portugal, Grecia y España) derrochando miles de millones de fondos estructurales. Ni entendíamos el proceso, ni creíamos que fuera sincero…

… Pero ahí estaban los “logros”: a partir de los años 90 empezó a llegar una riada de fondos estructurales a España sin los cuales hubiera sido imposible acometer las grandes obras públicas de la época. Así pues, Alemania y su socio galo, parecían haber entendido algo que en el ambiente político en el que me movía desde muy joven ya sabíamos: que la construcción de Europa era necesaria como “tercera fuerza” de un mundo multipolar que sería, en cualquier caso, mejor que el mundo “bipolar” que habíamos conocido en la postguerra y que el mundo “unipolar” que se estaba implantando en esos momentos. Solo más tarde, iniciada ya la crisis económica que todavía nos atormenta, tuvimos todas las claves y entendimos lo que había ocurrido.

Sobre la “sinceridad” franco-alemana

Era simple. La creación del MCE partió de Alemania y de Francia. Era lógico: durante tres generaciones, ambos países habían estado devastándose mutuamente en tres guerras, cada vez más terribles. La aparición de la energía atómica, hacía pensar que la siguiente sería la definitiva, así pues pactaron una primera tregua (la CECA, Comunidad Europea del Carbón y del Acero), una segunda (la “Europa Verde”, acuerdo sobre producción agrícola) y, finalmente, lanzaron el MCE con la ayuda de unos “satélites”: el Benelux de un lado e Italia de otro. En esa primera fase, el MCE se afirmó como estructura tecnocrática. A fin de cuentas, algunos de sus ideólogos, incluso antes de la guerra, habían ensalzado ya la planificación y la tecnocracia. Parecía, además, que los gobernantes de la época eran verdaderos “estadistas” (hombres de Estado) y no meros gestores temporales del poder, y que albergaban en sus mentes grandes proyectos históricos.

Pero esta generación fue sustituida por gobernantes menos escrupulosos y más condicionados por la plutocracia. Y entonces se llegó a la crisis del bloque comunista y al pistoletazo de salida de la globalización tras la guerra de Kuwait en 1989. Francia y Alemania se plantearon algo más que un proyecto “solario” intereuropeo: lanzaron por la borda la planificación tecnocrática y la prudencia que la había acompañado hasta ese momento y empezaron a ampliar vertiginosamente los límites de las “Comunidades Europeas”. El tratado de Maastricht quiso ser el punto de arranque de esa nueva fase: “Europa” sería toda Europa, no solamente Europa del Este. Y había que unificarla cuantos antes y por encima de las realidades económicas. Se abandonó la planificación tecnocrática y, cada vez más, se desreguló la economía al calor de los vientos que soplaban tras la victoria americana en la guerra de Kuwait.

Europa, de ideal a pesadilla

El bonito sueño de la “Europa Unida” dio paso a una pesadilla: Alemania aspiraba a dominar Europa y a convertirla en un área económica propia en la que su economía (y no el conjunto de la economía europea) sería hegemónica y la mejor forma de hacerlo era poner una zanahoria delante de los nublados ojos de los dirigentes de la periferia europea. Esa zanahoria eran los “fondos estructurales”. Así puede entenderse que el consorcio franco-alemán impusiera una normativa para el Banco Central Europeo que solamente beneficiaba a sus mentores y atara las manos al resto, o una moneda que llegaba antes de que existiera una unificación fiscal europea y, por tanto, iba a generar desequilibrios de todo tipo.

Luego entendimos que este proyecto no se había improvisado entonces sino que, simplemente, se había acelerado. Recordamos el interés con que la socialdemocracia alemana financió la creación del PSOE e hizo todo lo posible para que al final de la transición este partido se instalara cómodamente en el poder durante casi tres lustros. A no olvidar que el PSOE fue el partido cuyos dirigentes firmaron el acuerdo de adhesión con el Mercado Común Europeo, mal negociado, que liquidó sectores enteros de nuestra economía ¡justo los que suponían una competencia para las economías alemana y francesa! Nuestra siderurgia simplemente se liquidó, nuestra minería desapareció sin dejar señas y nuestros astilleros se evaporaron, para colmo, España que debería de haber sido el “granero de Europa” y, como mínimo proveedor de buena parte del vacuno, vio como nuestra agricultura quedaba completa y progresivamente laminada: primero con la imposición de cuotas, luego con decretos sobre el arranque de olivares y viñas, más tarde con la limitación de producción lechera, finalmente con los acuerdos preferenciales con Marruecos, Argelia e Israel. Sólo cinco años antes, en 1980, el que suscribe se enteró de que no podían exportarse manzanas españolas a Europa hasta el mes de septiembre para no dañar la producción francesa (más tardía). Pero cuando España entró en la UE no obtuvo ni una sola medida favorable para el desarrollo de su agricultura, salvo un régimen absurdo de subvenciones y ayudas que, por una parte, subsidiaban la plantación de vides y por otra… su arranque.

El resultado de todo esto fue que nos empobrecimos. La desaparición de la “tecnocracia de Bruselas” y el abandono de la planificación económica a escala continental fue sustituida por la “burocracia de Bruselas” y el libre mercado dentro de un mundo globalizado en el que la UE era una parte marginal.

Un sistema esclerotizado

Recibimos durante unos años fondos estructurales como compensación para no ser competitivos en relación a Alemania y a Francia. Cuando se acabaron estos fondos, tuvimos que empezar a ser nosotros quienes entregaran fondos para las nuevas incorporaciones a la UE, dándose la paradoja de que, cuando estalló la “gran crisis económica” nos convertimos en país que necesitaba fondos de la UE y del Banco Central Europea para sobrevivir… y al mismo tiempo prestábamos ayuda a países en crisis como Grecia o Chipre.

Pero el desastre no es sólo económico, sino también político, social, étnico y cultural. Hoy, Europa está completamente desfigurada en todos estos terrenos: recientemente, repasando los textos de los “no conformistas” franceses de los años 30, he podido percibir que la crítica al parlamentarismo que se realizaba ya entonces podría ser suscrita en los mismos términos, sin añadir una sola coma; la única diferencia es que en aquellos años el parlamentarismo podía ser sustituido por un régimen mucho más razonable, mientras que hoy nadie quiere reconocer su fracaso, ni el fracaso de los partidos políticos, ni siquiera la caída en picado de la clase política europea en su conjunto, y, por tanto, estos regímenes actuales, son tan sacrosantos para defender los intereses de la plutocracia y del gran capital, como inservibles para acometer reformas en profundidad. En ocasiones, cuando la esclerosis de un organismo llega a su paroxismo, éste queda agarrotado e inmovilizado para siempre. Esto es lo que le ha pasado a los regímenes políticos europeos, y a la propia Unión Europea: su drama consiste en que ya no sirven… pero tampoco pueden ser modificados.

Por eso los jóvenes se van, no sólo de España, sino también de Europa. Alemania resiste, pero el “oasis alemán” es un mito: los mini-jobs con salarios de 400 euros, el descenso de la producción industrial, la deslocalización y el paralelo auge de los servicios, de la economía especulativa, las bajas tasas de natalidad, el desplome social, la pérdida de valores y de identidad de las poblaciones, todo ello afecta a Alemania especialmente. Los conflictos étnicos se extienden desde Berlín hasta Malmoe y desde la banlieu Francesa hasta la aglomeración de Bruselas, a pocos pasos de las oficinas de la UE.

El proyecto franco-alemán de constituirse como eje hegemónico de Europa (gracias a su producción de hierro y carbón, esto es, de acero y a su masa de población) naufraga por una razón: está incluido dentro de un mundo globalizado y la globalización pesa contra el antiguo “primer mundo” y juega a favor de las economías asiáticas (mano de obra interminable, salarios de hambre, sin apenas coberturas sociales, proximidad a las materias primeras, etc.). El mundo globalizado es, por definición, un mundo desequilibrado en donde los capitales fluyen de un lugar a otro del planeta, canalizados por las bolsas, siempre en busca de los mejores rendimientos especulativos, y nunca fijos a ningún país concreto.

Mismos problemas, distintas intensidades

Pues bien, ese proyecto ha fracasado. Llevo dos meses en Canadá hablando y discutiendo con gente de todo el mundo y lo que puedo constatar es que un mundo globalizado es un mundo en el que por todas partes aparecen los mismos problemas (corrupción, paro, inmigración, inestabilidad, pérdida de derechos sociales), lo único que varía es la intensidad de los mismos: extrema en el caso de España, avanzada en el caso de Francia, incipiente en el caso de Alemania y apenas perceptible en Canadá.

Hace falta reconocer, pues, dos hechos incontrovertibles: 1) la globalización es inviable y 2) la Unión Europea ha fracasado. La solución a ambos problemas pasa por lo mismo: la toma de conciencia de los europeos de su destino común y su negativa a figurar entre los soportes de la globalización; solamente la creación de un espacio económico europeo, emancipado de la globalización y con fuerte conciencia identitaria podría sacarnos del impass actual.

Pero, para ello, haría falta que el poder lo detentaran verdaderos “estadistas” y no marionetas coriáceas y/o bobaliconas como en la actualidad. Y eso es pedir mucho. Los regímenes europeos implantados después de 1945 y en España a partir de 1978 están ideados solamente para “durar” al margen de cuáles sean sus logros y la efectividad de su gestión. Inamovibles, o bien hay que dejar que se desplomen solos (nada dura eternamente en especial ante embates como la actual crisis económica que también se eternizará mientras prosigan las actuales circunstancias) o bien hay que clavar en sus flancos la piqueta de demolición. O bien, claro está, hacer lo que en estos momentos están haciendo cientos de miles de jóvenes europeos: abandonar el continente en busca de zonas en las que el proceso autodestructivo al que hemos aludido esté menos acusado.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – prohibida la reproducción sin indicar origen.