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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

En la muerte de Dominique Venner

En la muerte de Dominique Venner

Dominique Venner: me alegro de haber traducido alguno de tus libros, me alegro de haberlos leído casi todos, me alegro de compartir contigo los mismos ideales y me alegro de que medio siglo después de que crearas EUROPE-ACTION, tus ideales siguen siendo aquellos por los que en otro tiempo luchaste, me alegro de que murieras pensando como viviste y me alegro finalmente de que tus enemigos hayan sido los míos y de que tu muerte haya sido como tu vida, un ejemplo para todos nosotros y un estímulo para no renunciar nunca a nuestros comunes ideales. A partir de ahora podemos decir que no solo Mishima se suicidó para llamar la atención por la decadencia de su Nación, sino que en la Vieja Europa también un hombre dio testimonio de esa decadencia y su fuerte fue un grito para el combate de nuestra generación y de las que vendrán.

Dominique Venner ha muerto porque no quería que su pueblo y su gente, entre ellos el creador de Notre Dame de París, fuera sustituido por pueblos alógenos llegados al continente para mayor gloria de la globalización y el neocapitalismo y a despecho de que en apenas unas generaciones su identidad sustituya a la nuestra. Su muerte es una vida entregada en defensa de la identidad de todos nosotros, de la de su familia, de tu identidad y de la mía.

He leído varias veces la carta de despedida de Venner. No es la de un depresivo que en el pozo de su enfermedad lo ve todo negro. Es la carta de alguien que quiere evitar con su testimonio la ruina de una identidad ancestral y plurimilenaria.

Oí hablar de Venner hace muchos años a antiguos miembros de Europe Action, de la OAS y de Jeune Nation que habían estado a los órdenes y con los que también había compartido tareas de dirección. Venner no era una vida fracasa, profesionalmente había alcanzado las más altas cotas de consideración en su profesión de historiador y sus libros están traducidos a muchos idiomas. Dirigía una conocida revista de historia en estos momentos y yo mismo le había traducido para la Revista de Historia del Fascismo, su obra Baltikum, una historia de los cuerpos francos alemanes y su folleto Por una crítica positiva que fue, en cierta medida, el documento en el que el neofascismo europeo apoyó su renovación en los años 60. Fue un militante durante su juventud, un líder comprometido que conoció la cárcel y la exaltación de los mítines, las reuniones y las manifestaciones en unos momentos terriblemente difíciles para su patria, cuando la República amputó el territorio argelino y arrojó a la ruina y a la muerte a millones de europeos que vivían en Argelia.

Al salir de la cárcel publicó Europe-Action, seguramente la revista más interesante e innovadora del neofascismo francés en la postguerra sin la cual sería incomprensible tanto el movimiento de la Nouvelle Droite, como la propia revista de historia que publicó Venner hasta su muerte. Participó, así mismo, en las tareas de dirección de Jeune Nation cuando apenas había cumplido los veinte años y se significó siempre, hasta su retirada como militante, como dirigente e inspirador teórico y estratégico de las organizaciones a las que perteneció, incluida la Federation des Etudiants Nationalistes.  

Reproduzco a continuación la carta en la que indica los motivos de su suicidio:

Estoy sano de cuerpo y mente, y me lleno de amor por mi esposa e hijos. Amo la vida, y no espero nada más allá, si no la perpetuación de mi raza y mi gente. Sin embargo, en la noche de esta vida, frente a enormes peligros para mi país francés y europeo, siento el deber de actuar sin tener fuerzas. Creo que tengo que sacrificarme para romper el letargo que nos aqueja. Ofrezco el resto de mi vida con la intención de la protesta y la fundación. Escogí un lugar altamente simbólico, Notre Dame de París, que yo respeto y admiro, que fue construida por uno de los genios de mis antepasados, lugar de culto ancestral, recordando nuestros orígenes inmemoriales.

Mientras muchos hombres son esclavos de sus vidas, mi gesto encarna una voluntad ética. Yo doy la muerte para despertar la conciencia dormida. Me rebelo contra el destino. Protesto contra lo que envenena el alma y al individuo, contra los deseos invasores que destruyen nuestra identidad, incluido la familia, base de nuestra civilización milenaria. Mientras yo defiendo la identidad de todos los pueblos, también me rebelo contra el delito de reemplazar nuestro pueblo.

El discurso dominante puede dejar sus ambigüedades tóxicas, pero son los europeos los que van a asumir las consecuencias. El no tener una identidad que nos amarra a la religión, que compartimos desde Homero en su propia memoria, depositario de todos los valores en los que nuestro futuro renacimiento reconstruido con la metafísica de la fuente dañina ilimitada de toda deriva moderna.

Pido disculpas de antemano a cualquier persona que mi muerte va a sufrir, ante todo,a mi esposa, mis hijos y nietos, así como a mis amigos y camaradas. Pero una vez terminada la conmoción atenuada del dolor, no me cabe duda de que cada uno verá el significado de mi gesto y mi orgullo. Espero que los que trabajan en conjunto viendo el pasado. Van a encontrar en mis escritos algo presagiado y explicara mi acción.

Dominique Venner

Vale la pena leer desde el primer libro de Venner hasta el último y conocer también su historia como militante. Su muerte es una llamada a centuplicar los esfuerzos en defensa de nuestra identidad y un grito de combate y de movilización. Ahora le tocará a los esbirros de la prensa corrupta y miserable, lanzar cuántas difamaciones se les ocurran en sus laboratorios de operaciones psicológicas, no nos cabe la menor duda de que se tergiversarán los motivos que le llevaron a morir ante el altar de Notre Dame de París, en la isla de la Cité, allí mismo en donde hace miles de años, antes de la catedral ya existía un templo pagano. La única forma de defender su memoria es combatir por los mismos ideales que le llevaron a él a una vida de compromiso militante en defensa de la identidad europea. Porque si Dominique Venner fue algo, fue, sin duda, un combatiente, doctrinario y militante, que tuvo claro los motivos de su combate (contra la partitocracia, contra la plutocracia, contra el liberalismo, contra el nuevo orden mundial, contra el marxismo y su progresía, en defensa de un patriotismo social y nacional y de una Europa que, por supuesto, no es esta Europa miserable e inviable construida por los delirios de poder franco-alemanes, sino la Europa de los pueblos orgullosos de una identidad que se forjó desde Salamina hasta Lepanto y hasta el cerco de Viena y que, golpe a golpe.

Venner no creía –como nosotros no creemos tampoco- en un más allá venturoso. Lo que cuenta es el momento presente y no las evasiones idealistas de otros mundos tan desconocidos como irreales. Venner creía en la Tradición y en la Sangre. La tradición que nos lega arquetipos y modelos de comportamiento a los que debemos de ser fieles porque son los más acordes con la voz de la sangre. La tradición y la sangre es con lo único que llegamos a la tierra y lo único que legaremos. A eso le llamaba “identidad”.

Por eso murió y por eso otros estamos obligados a recoger su mensaje.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto-mila.rodri@gmail.com

Romper el bipartidismo

Romper el bipartidismo

Hace poco me vi envuelto en una polémica bastante absurda sobre los méritos del UKIP (estrella ascendente de la política británica) y los del BNP (eterna promesa que aspira a jugar en las “ligas mayores”). Dado lo pedestre de estas polémicas en la red, también aquí se produjo la habitual confusión: para unos de lo que se trataba era de demostrar quienes eran “los camaradas” (y en esto, cualquier opinión vale: porque para unos el “camarada” es el que responde a los emails, o el que dispone de más skins entre su militancia, o acaso el que saca de paseo más banderas de la Union Jack en sus manifestaciones)… para mí, el problema era diferente: se trataba comentar la noticia sobre que Nigel Farage era el político mejor valorado y el único que aprobaba ante la opinión pública por delante de conservadores, laboristas y liberales. Y lo que planteaba era que esta era una “buena noticia”. Lo sigo manteniendo.

La crisis pasa factura a los partidos tradicionales

Vale la pena recordar que en julio de 2013 se cumplirá el sexto aniversario del inicio de la crisis y que, por el momento, seguimos dentro del túnel en el que nos ha colocado la globalización y la sucesión de catástrofes económicas que derivaron de la primera crisis inmobiliaria norteamericanas (el episodio de las subprimes) que se contagió a todo el mundo y arrastró al estallido de la burbuja inmobiliaria española con las consecuencias que todos conocemos.

Cuando se va ya por el sexto año de la crisis todo induce a pensar que las soluciones tradicionales de derechas y de izquierdas, o mejor de centro–derecha y de centro–izquierda, han fracasado en toda Europa. La crisis ha pasado factura a quien se encontraba en el poder en el momento en que se desencadenó, pero seis años son suficientes como para que quienes estaban entonces en la oposición hayan sufrido la erosión: es el precio a no tener redaños para criticar la estructura globalizada de la economía mundial, ni condenar taxativamente la economía especulativa, ni haber hecho nada para desmontar los paraísos fiscales, ni prohibir simplemente los “productos bursátiles” más absurdos y arriesgados.

El poder del dinero es tal –la plutocracia– que las alternativas clásicas de centro–derecha y centro–izquierda se encuentran desprestigiadas por completo a ojos de la opinión pública. Esta crisis, en su actual configuración, promete durar más que la de 1929 que solamente terminó cuando Inglaterra y Francia convirtieron un conflicto regional germano–polaco en una guerra mundial presionados por la plutocracia anglosajona que precisaba entonces urgentemente de una guerra para poner en marcha nuevamente los mecanismos de producción y consumo.

A diferencia de la crisis del 29, en esta ha aparecido un fenómeno nuevo: no solamente los partidos tradicionales pierden fuelle, sino también los medios de comunicación que hasta no hace mucho habían sido mayoritarios, creídos y leídos por las masas. La irrupción de nuevas formas de comunicación y muy especialmente de Internet ha hecho que solamente mediante las subvenciones y los subsidios los medios de comunicación tradicionales puedan sobrevivir. Pero, con la contrapartida, de una mayor servidumbre y de la práctica de una fidelidad perruna hacia el partido de gobierno: y esto ha acelerado su pérdida de credibilidad entre las masas. Y, no lo olvidemos, pierde influencia también cualquier tipo de estructura social que hayamos conocido hasta ahora: los sindicatos, la Iglesia, la familia…

En toda Europa, los partidos hasta ahora tradicionales, están en crisis: es el UKIP en el Reino Unido, es Cinque Stelle en Italia, es el Amanecer Dorado y su contrapartida de izquierdas en Grecia, es en Francia el Front National, en Alemania la opción de izquierdas de Lafontaine y en los países del Este un renovado auge de la extrema–derecha y de la extrema–izquierda. Es, en España también el crecimiento en intención de voto de C’s, de UPyD y, por supuesto, de Izquierda Unida.

No podía ser de otra forma: cuando los partidos tradicionales no logran sacar a un país el bache, antes o después se produce una defección del electorado. Por eso decíamos hace seis años que la crisis económica se traduciría en un aumento del paro y, en breve espacio de tiempo mutaría hacia la crisis social y que, de persistir, se convertiría en una crisis política. Lo que no intuíamos hace seis años es que esta crisis iba a ser generalizada en toda Europa.

El bipartidismo como eje central de los sistemas políticos occidentales

Desde la Segunda Guerra Mundial la mayoría de constituciones europeas están calcadas entre sí y constituidas a efectos de obtener que dos partidos mayoritarios, siempre, uno de centro–izquierda y el otro de centro–derecha, se vayan turnando en el poder en solitario o bien acompañados por un tercer partido menor en gobierno de coalición dentro de Estados que tienen una arquitectura constitucional de lo que se ha llamado “bipartidismo imperfecto”. El paso del tiempo ha hecho incluso que países en los que, inicialmente se tenía un sistema multipartidista, poco a poco, las sucesivas reformas en la ley electoral, realizadas para cortar el acceso a nuevos actores políticos, se hayan transformado en escenarios bipartidistas como en el caso de Francia.

Por otra parte, los valores aupados y trasladados por los medios de  comunicación han tendido a loar, glosar y ensalzar las opciones “moderadas”, esto es, centristas y a considerar cualquier otro como “extremista” y, por tanto, como rechazable. Pero, en un período de crisis, todo esto ya no vale y lo que cuenta es, precisamente, la capacidad de los gobiernos para superar la crisis. La muerte de las ideologías en la segunda mitad del siglo XX, ha generado la migración del electorado hacia las opciones más “eficientes”, si esta eficiencia está ausente, antes o después, se produce el abandono por parte del electorado. El hecho de que también los medios de comunicación sufran una crisis de credibilidad les inhabilita para jugar un papel de “retorno al redil” sobre la opinión pública.

Los sistemas electorales diseñados y puestos en práctica favorecen especialmente la alternancia en el poder de los partidos mayoritarios y están hechos para beneficiar a estas opciones, así como los sistemas de subvención por voto, como también lo está la legislación de publicidad gratuita. Se ha tratado desde 1945 que solamente pueden destacar los partidos “centristas” de derechas e izquierdas. El resto, aun cuando tengan seguimiento electoral, incluso superior al 20%, ni siquiera tienen representación en el parlamento.

Todo esto ha funcionado hasta la crisis, pero su hundimiento es inevitable. Por todas partes, los grandes partidos se han visto afectados por escándalos de corrupción y especialmente por falta de capacidad para reaccionar drásticamente para superar la situación de quiebra nacional de muchos países.

Así pues, lo que está fallando no es solamente el partido tal de centro–derecha o el partido cual de centro–izquierda, sino el propio sistema en su arquitectura. Durante unos años, todo parecía controlado, no había elementos nuevos: no era algo extraordinario el que el “país real” fuera por un lado y el “país oficial” por otro, los partidos pequeños seguían siendo pequeños y los grandes, a pesar de su ineficiencia, seguían siendo grandes. Pero la persistencia y la prolongación de la crisis también ha arrojado un elemento nuevo: por primera vez desde 1945 los “grandes” se arriesgan a perder su situación privilegiada, mientras que los “pequeños” van a estar en apenas dos o tres años, en condiciones de codearse e incluso de superar a los que hasta ahora eran los únicos gerentes de sus países.

Del bipartidismo a la inestabilidad

Y este dato es extraordinariamente importante para el futuro: arquitecturas constitucionales diseñadas para una alternancia bipartidista (perfecta o  imperfecta), bruscamente, van a ver como ascienden nuevas fuerzas políticas mientras que las hasta ahora han sido tradicionales y han gestionado estos sistemas, se contraen. La era del bipartidismo imperfecto está a punto de terminar en toda Europa… pero los sistemas políticos están diseñados solamente para ser gerenciados por la alternancia de dos partidos.

Esto introduce un elemento de INESTABILIDAD en el seno del sistema político de casi todos los países europeos. Y, si bien para los conservadores, esta inestabilidad es sinónimo casi de un elemento satánico filtrado, para los que creemos que los sistemas políticos creados desde 1945 en Europa deben ser  rápidamente sustituidos por formas más eficientes y racionales, la desaparición del bipartidismo es la condición sine qua non para poder operar reformas más profundas.

La crisis, tal como preveíamos en 2007, está terminando por ser una crisis política y una crisis de este tipo no se resuelve con inversiones, subsidios, ni policías, se resuelve solamente mediante la construcción de un nuevo diseño constitucional. Nada de todo ello podría hacerse si el bipartidismo prolongara su influencia por toda la eternidad. Así pues, la salida a la superficie de nuevas fuerzas políticas, sean del tipo que sean, no debe ser tomado como una contingencia sin interés, sino como un factor de esperanza: cualquier voto que va a parar a una de estas nuevas opciones es un voto de rechazo al bipartidismo, un voto decepcionado por el bipartidismo, un voto de rechazo.

¿Amigos, enemigos, “camaradas”?

Las décadas del bipartidismo han traído tres lacras: corrupción, partidocracia, irresponsabilidad. La corrupción consiste en convertir la tarea de servicio a la comunidad, la política, en una actividad lucrativa y en la habilidad para desviar dinero público a bolsillos particulares. Toda la clase política sin excepción practica este “arte”. La partidocracia es una degeneración de la democracia en la que el poder y el interés de los partidos se sitúan por encima del interés común. La irresponsabilidad consiste en el desprestigio de la política y en el hecho de que no son precisamente élites intelectuales o morales las que se dedican a esta actividad sino ambiciosos sin escrúpulos, psicópatas o simplemente inútiles que han advertido que estar a la sombra del poder es la única forma para realizar grandes negocios especulativos sin necesidad de trabajar.

Si bien es cierto que en Europa existe un rechazo generalizado a la corrupción de la clase política, es mucho menor el rechazo a la partidocracia y todavía no se percibe con claridad los efectos de la irresponsabilidad a la que hemos aludido. De ahí que es presumible que las opciones políticas emergentes alberguen todavía muchas lacras habituales en los viejos partidos mayoritarios. No se pasa de un “mundo de mierda” a un “mundo de oro” sin etapas intermedias y nunca cuando en momentos como en la actualidad la situación política está excesivamente “podrida” y la inmoralidad arraiga incluso en partidos que alardean de ser “honestos” (¿cuántos líderes incapaces de estos pequeños partidos viven de la política sin tener condiciones, inteligencia ni preparación, apropiándose de las cuotas pagadas por sus afiliados y sin tener intención jamás de acceder, ni facilitar los libros de cuentas, ni la relación de los afiliados, ni de realizar prácticas “abiertas”, “transparentes” y “no corruptas”… desde Rosa Díez, hasta el último mono (y últimos monos hay muchos), en la inmensa mayoría de partidos “alternativos” se realizan tales prácticas que desdicen la “honestidad” proclamada. En política, hoy, ni hay “mirlos blancos”, ni “vírgenes puras”, ni “prácticas diáfanas” y no interesadas. Vale la pena reconocerlo para evitar lamentos futuros y desengaños previsibles.

En estas circunstancias, en las que la población y las masas están completamente desinteresadas por la acción política, no solamente por las doctrinas sino también por las concepciones del mundo, e incluso por las fórmulas para salir de la crisis y lo único que aspiran es a que se “resuelva lo suyo”, es evidente que no tiene mucho sentido hablar de “marxistas” (IU no tiene ya nada del antiguo marxismo–leninismo, como máximo mantiene en su imaginario los tópicos de la izquierda comunista, pero del marxismo como doctrina ya no queda nada, y por lo mismo, tampoco en las opciones de extrema–derecha puede hablarse de “grandes ideologías” que solamente interesan y conocen de manera muy limitada unos pocos de sus militantes, ideologías mal definidas y peor practicadas), de “socialistas”, de “conservadores”, de “fascistas”, de “patriotas”, de “alternativos”, de “identitarios”, de “nueva izquierda”… cualquier debate político–ideológico se realiza sobre una tierra yerma, y da resultados pobrísimos y siempre de compromiso. Esto ocurre por la caída en picado de los niveles culturales de las masas, uno de los factores requeridos y aplicados por el bipartidismo para poder prolongar su dominio.

En esta situación y en los próximos años no habrá “camaradas”, entendiendo por tales los miembros de una sola comunidad de ideas lo suficientemente extendida como para que no sea una secta y lo suficiente abierta como para entender e integrar todos los aspectos de la modernidad. Hay “coincidencias”, hay “amigos”, hay “compañeros de viaje”, pero difícilmente “camaradas”, si nos atenemos a grupos mayores de 25–50 personas. Precisamente, otro de los rasgos del actual panorama político es la atomización de las opciones doctrinales, la falta de liderazgo de los dirigentes y el que dentro de cada opción, cada militante tenga posiciones personales, sometiéndose a la dirección, simplemente por interés y para no quedar mal situado en caso de que su opción logre gestionar en algún momento el poder. Por lo demás, en la totalidad de los partidos políticos existentes el nivel de preparación de la militancia es sencillamente ínfimo.

A la espera de la “gran síntesis”

Estamos hablando de un tiempo de transición, nuestro tiempo, en el que todavía es pronto para formar nuevas síntesis doctrinales de carácter global. Hoy lo que existen son apenas respuestas parciales (las tiene el 15–M, las tienen algunos conservadores, y creen que las tienen otras opciones marginales) pero, de la misma forma que no existen líderes dignos de tal nombre, tampoco existen, fórmulas doctrinales realistas y de síntesis que, aplicadas puedan resolver los grandes problemas del siglo XXI. En estos tiempos de transición no hay nada definitivo, todo es inestable, temporal, convulso. Estamos asistiendo a las convulsiones del parto de un mundo nuevo que será radicalmente diferente al que hemos conocido, pero que todavía ignoramos cómo será y qué rasgos tendrá.

En esta situación, hay que abordar cualquiera de las nuevas opciones políticas que van apareciendo CON RESERVAS MENTALES, nunca como algo definitivo. Hay, pues, que practicar cierto situacionismo: cada momento político tiene su opción más adecuada y cada problema su solución en una u otra zona del arco político. Pero, a fuerza de ser objetivos, deberemos reconocer que ningún espacio político tiene todas las respuestas para el futuro: además, los problemas, no son solamente políticos, o doctrinales, no son tampoco solamente sociales o económicos, son de todo tipo, estratégicos, tácticos… y las respuestas que pueda haber nunca están concentradas solamente en una sigla o en una revista o en un programa, están dispersos y queda todavía por hacer el esfuerzo de síntesis.

Así pues, la única actitud consecuente en este momento es la de permanecer vigilantes y con la mentalidad abierta. Lo peor, en cambio, es recluirse en sectas o en el pensamiento propiamente sectario que es, a la vez, dogmático y maniqueo. Lo importante es no forjarse falsas esperanzas, no conceder a nadie, a ninguna sigla ni a ningún líder, el apoyo total sin ningún tipo de reserva mental, y el ser conscientes de que todavía, en las nuevas opciones que emergen del hundimiento bipartidista, todavía quedan muchos residuos de egoísmo, individualismo, y patologías políticas propias de las actuales clases políticas dirigentes.

Pero el tiempo nuevo, con la caída del bipartidismo, está instalando el principio del caos en los sistemas políticos occidentales, la inestabilidad permanente y la migración del electorado de unas opciones a otras hasta que se resuelva la crisis (lo que es difícil que ocurra en Europa mientras se prolongue la actual estructura de la UE y el papel del viejo continente en la globalización).

Hoy no se trata tanto de trabajar para el presente como para el porvenir. En países como España lo que puede hacerse en un clima de desertización industrial, con un tercio de la población laboral en el paro, con más de la población joven en el paro y víctimas del peor sistema educativo europeo,  sin que las pensiones estén aseguradas, sin que las opciones que emergen sean mucho mejores que las que se están hundiendo, con una clase política en el poder y en la oposición de una mediocridad lacerante, no puede hacerse gran cosa salvo esperar a que la inestabilidad vaya en aumento de día en día y estar atento a las opciones que vayan apareciendo en el horizonte, preparándonos para descartar unas completamente, aceptar parcialmente otras y adherirnos –con todas las reservas lógicas– a aquellas que nos parezcan más próximas a nuestro pensamiento. Y hablamos en plural: unos días serán unos partidos los que propondrán medidas razonables, otros serán otros, hasta que el tiempo y la llegada de una nueva clase política sean capaces de realizar la “gran síntesis” y enunciar un nuevo paradigma político (paradigma que deberá ser será sobre todo antiliberal, antipartitocrática, antiglobalizador, y neo–corporativo).

Mientras, es preciso advertir que la crisis del bipartidismo (en España, la crisis del PP, del PSOE y de CiU) es la condición sine qua non para una renovación. Cualquier otra sigla es mejor, y seguramente “menos mala” que lo que hoy tenemos ante la vista.

Nos esperan tiempos duros en los que la crisis y las crisis que vendrán se irán superponiendo, los problemas se estratificarán unos sobre otros y faltarán líderes de la talla de los grandes conductores de la historia para encarnar el destino de los pueblos. No es tiempo para pelearse por una sigla, sino que lo que se requiere es alumbrar una “gran síntesis” político–doctrinal–económico–social. Lo que hoy se requiere no es el apoyo a tal o cual sigla, sino la voluntad de construir un mundo nuevo… la marcha a ese mundo que hasta ahora estaba obstruida por los dos partidos mayoritarios y centristas.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com

 

 

 

Ante el 1º de mayo

Ante el 1º de mayo

Los problemas de los trabajadores no son nuevos, lo nuevo es que las defensas de ayer ya no sirven.

Este 1º de mayo llega en un momento de ofensiva neoliberal en todos los frentes y cuando las organizaciones que hasta ahora habían servido tradicionalmente de muro de contención de y de defensa de los trabajadores ya se han convertido en un ridículo e inútil espantajo.

En efecto, al holocausto laboral que se encamina implacable hasta los 6.000.000 de trabajadores en paro, se unen los salarios de miseria, el submileurismo que permite tener un trabajo pero no vivir de él, ni siquiera disfrutar del ocio, inmerso en la precariedad laboral, en la inseguridad y en el riesgo de perderlo a poco que se levante la voz o se proteste por las condiciones de trabajo o por lo bajo de la remuneración. Parece que estemos en camino de retroceder al siglo XIX y a las condiciones laborales de la primera revolución industrial cuando el capitalismo nos obsequiaba con la libertad de elegir un trabajo miserable o morirse de hambre.

A esto se une la incapacidad gubernamental (del partido único, PPSOE) para resolver el problema de la deuda con la presión de las instituciones financieras internacionales que garantiza que en breve plazo de producirá una nueva reforma del sistema de pensiones y un nuevo retraso en la edad de jubilación con la idea de aproximarla cada vez más a la edad de fallecimiento y de reducir el gasto drásticamente en esa materia.

Para colmo, la situación internacional no deja lugar a la esperanza: de un lado, dentro del partido único PPSOE no aparece ninguna voz discordante que reconozca en la globalización la fuente de todos los problemas y la imposibilidad de ganar “competitividad” reduciendo sueldos y prestaciones sociales, pues jamás estaremos en condiciones de alcanzar los sueldos de se dan en China o Vietnam. Esto genera una deslocalización creciente y un aumento de las importaciones, así como la transformación de España en un país “periférico”, no solo en la economía mundial, sino incluso en la europea. En estas condiciones es difícil que, ni hoy ni nunca, se puedan crear puestos de trabajo ni industria rentable suficiente como para absorber los futuros 6.000.000 de parados.

En estas condiciones, la salida normal sería la de dar por concluidos los permisos de residencia de 4.000.000 de inmigrantes que nadie sabe cómo sobreviven (caridad pública, trabajo negro, delincuencia) y que no tienen perspectiva de obtener un empleo en los próximos 10 años. Pero el sentido común y la lógica no parecen aplicables a la tarea de gobierno, ni son patrimonio del partido único PPSOE.

En estas circunstancias los trabajadores ya no tienen la defensa de los sindicatos como organizaciones de contención de la rapacidad del capital. Los sindicatos, no solamente han dejado de ser reivindicativos (tal como lo fueron hasta principios de los años 80), ni tampoco han logrado transformarse en sindicatos “de gestión” (como intentaron durante el felipismo, vía que el escándalo de la PSV se encargó de desintegrar). Los sindicatos, hoy, se han convertido en meros acompañamientos del gobierno y de la patronal, aceptando cualquier imposición a cambio de un plato de lentejas en forma de subsidios, de cursos inútiles de reciclado laboral o de ingresos por gestión de EREs.

A los sindicatos, hoy, se les puede formular la pregunta clave: ¿Quién os ha elegido como interlocutores sociales? ¿Quién os ha entregado un mandato para que habléis en nombre de todos los trabajadores?

En los años 70 los sindicatos eran reivindicativos y gozaban del apoyo de buena parte de los trabajadores, aun a pesar de que CCOO seguía con fidelidad perruna la línea trazada por Santiago Carrillo, desde el PCE, pero justo es decir, que cumplían con su tarea de defensa de los intereses de los trabajadores. Luego, en los años 80, cuando se modificó el marco jurídico de su actuación, los sindicatos dejaron de representar a la totalidad de los trabajadores y pasaron a representar muy específicamente a los trabajadores con contrato fijo y, especialmente a aquellos que tenían asegurado su puesto de trabajo, capataces, cuadros intermedios, grupos con cualificaciones especiales.

Por eso, cuando Felipe González realizó sus primeras ofensivas neoliberales para aprobar la ley de contratación juvenil e irrumpieron los contratos basura, los sindicatos callaron: este nuevo marco laboral nada les afectada a los dirigentes de unos sindicatos que ya cobraban jugosas subvenciones.

De ahí, a la fase siguiente de degradación del sindicalismo oficial no había más que un paso que los sindicatos dieron a mediados de los 90, cuando el PP ya estaba instalado en el poder: convertirse nominalmente en ONGs más preocupadas por el “papeles para todos”, por la regularización de inmigrantes y por su defensa, que por los intereses de los trabajadores. A cambio, las subvenciones crecieron y se realizó una entrega masiva de cursos de reciclado laboral, a pesar de que la inutilidad de la mayoría de ellos es notoria.

Cuando llegó el zapaterismo se limitó a aumentar esta tendencia y aprobar el que los sindicatos cobraran una sustancial comisión en la tramitación de los EREs, con lo cual, se convertían no en un organismo de defensa de los trabajadores, sino en una amenaza más para la estabilidad laboral de los mismos. Era la fase final de integración de los sindicatos dentro del dispositivo del capitalismo español (la llamada “patronal”) e internacional, para dejar indefensos a los trabajadores y retornar a las condiciones laborales del período dorado de la primera revolución industrial.

Al menos la esclavitud pura y simple tenía la contrapartida de la “estabilidad” en su condición: el esclavo tenía la seguridad de que recibiría alimento y techo para poder seguir rindiendo. Hoy, nuestro panorama laboral ni siquiera ofrece esa inseguridad y el futuro que tenemos ante la vista es el miedo a perder unos puestos de trabajo que no permiten a más de 7.000.000 de españoles que trabajan, ni emanciparse, ni formar una familia, ni disfrutar de ocio, sino que están acompañados del miedo y de la seguridad a perder el empleo, la convicción de que las prestaciones sociales y la percepción por jubilación serán recortadas próximamente y una falta absoluta de perspectivas personales y profesionales a la vista de la creciente desertización industrial del país y de que la demanda de empleo será durante décadas muy superior a la oferta de trabajo lo que hará que los salarios se mantengan en los mismos bajos niveles que los actuales.

Hoy todo esto ha llegado demasiado lejos y ante esto es necesario reaccionar. En primer lugar es preciso gritar muy alto:

No a la globalización. La globalización es inviable y fundamentalmente dañina para los países de Europa. La globalización no es más que un intento del capital de aumentar sus beneficios 1) trasladando las factorías fuera de Europa donde el precio de la mano de obra es más barato y 2) trasladando millones de inmigrantes a Europa para que el precio de la fuerza de trabajo descienda.

No a la ofensiva neoliberal. Ni las privatizaciones, ni la financiarización de la economía, ni los recortes sociales, ni la liquidación del sector público, ni el liberalismo salvaje garantizan que se vaya a salir de la crisis, sino todo lo contrario. Es preciso: 1) un sector publico fuerte en los sectores estratégicos de la economía, 2) es preciso un modelo económico, 3) es preciso una banca pública que financie hipotecas y a las PYMES, 4) son precisos los aranceles y las medidas proteccionistas, 5) es preciso que desaparezcan los paraísos fiscales, 6) es preciso liberal la presión fiscal sobre las rentas procedentes del trabajo y aumentarla sobre las rentas procedentes del capital, 7) es preciso retornar a una economía productiva y penalizar hasta desactivarla a la economía especulativa.

No al pago prioritario de la deuda. Lo más odioso de los últimos gobiernos ha sido la despreocupación con la que se disparó la deuda pública (a partir del zapaterismo con sus medidas absurdas e inútiles para afrontar la crisis: planes de ayuda a la banca, planes de reactivación de la construcción, plan VIVE, regularización masiva del 2005, etc.) y el interés que estos tienen en que sea el pueblo español quien pague sus errores. Pero las cosas no son así: 1) Lo esencial en este momento no es el pago de la deuda, sino la reactivación de la economía, 2) El pago de la deuda podrá hacerse sin presiones fiscales cuando la economía se reactive, 3) La emisión continua de deuda es lo que hace que los bancos orienten su volumen de negocio hacia la compra de deuda con un beneficio del 4-4,75%, con dinero del Banco Central Europeo al 1%, en lugar de abrir el crédito a particulares y empresas.

No a los sindicatos traidores. Para los trabajadores, las actuales siglas sindicales CCOO y UGT no tienen ya absolutamente nada que ver con sus intereses, forman parte del problema no son, en absoluto, su solución ni pueden aportar nada para ello. Ya no pueden ser considerados como portavoces de los trabajadores en negociación alguna y su cariz de pobres aprovechados en el festín neoliberal, como meros acompañantes, hay que denunciarlo constantemente y en especial este 1º de mayo que se aproxima.

Tales son las tareas que os proponemos y tales son los objetivos y planteamientos con los cuales será posible salir de esta sima. Cualquier actitud que suponga persistir en la globalización, en el neoliberalismo, en la economía financiera, en la desertización industrial, en la negativa a una repatriación masiva de inmigrantes, en anteponer el pago de la deuda y taponar los agujeros de la banca, todo esto será persistir en la actual situación y, sobre todo, tendrá como resultado el retorno a las condiciones laborales del siglo XIX y persistir en una crisis que dura ya cinco años.

Y esa es una perspectiva que nos negamos a aceptar. Por eso decimos: Los problemas de los trabajadores no son nuevos, lo nuevo es que las defensas de ayer ya no sirven.

 

Desahucios y crisis del sistema

Desahucios y crisis del sistema

Infokrisis.- Contrariamente a las cifras que manejan bancos, gobierno y plataformas de afectados, no existen datos fiables sobre el número de desahucios que se han realizado en España desde que se inició la crisis económica en junio 2008. Nadie ofrece datos contrastados y las cifras que aporta la Plataforma de Afectados por Hipoteca, el gobierno, los bancos y el propio Instituto Nacional de Estadística parecen altamente improbables. En cuanto al ministerio de justicia, simplemente, no da cifras de sentencias por ejecución de hipotecas. Solamente se sabe seguro que en el primer trimestre de 2012 se produjeron 46.559 desahucios, esto es 517 al día, una cifra que había ido aumentando desde el inicio de la crisis. Es probable que, desde entonces, se hayan producido algo más de 500.000 de ejecuciones hipotecarias. Desde entonces se vive con la sensación de que las ejecuciones van en aumento. Algunas fuentes elevan las cifras de desahucios hasta el 1.250.000. Por otra parte, esta cifra puede ser muy superior si se añaden los desahucios generados, no por las ejecuciones hipotecarias, sino por los impagos de alquileres. En este caso, es posible que estemos superando el 1.000.000.

La Plataforma de Afectados por Hipoteca ha conseguido que el tema haya llegado a los medios de comunicación y la “dación en pago”, término que hace solamente tres años era completamente desconocido, haya terminado popularizándose. El interés de las cadenas informativas por las noticias que tocan la fibra sensible de los espectadores ha hecho que diariamente nos lleguen informaciones de tal desahucio que ha podido evitarse y de tal otro que ha generado una viva reacción popular. Pero tras la frivolidad habitual de los medios de comunicación y tras el drama mucho más real de los desahucios, se esconden causas muy profundas que unos y otros prefieren ignorar.

Para entender el problema de los desahucios y tomar una postura ante él es preciso responder a las siguientes cuestiones:

–     ¿Por qué esta oleada de desahucios?

–     ¿Quiénes son los responsables de lo que está pasando?

–     ¿Qué ramificaciones tienes el problema?

–     ¿Es la dación en pago una solución?

–     ¿Soluciona algo la Sentencia del Tribunal de Justicia de la UE?

–     ¿Qué puede hacerse ante la oleada de desahucios? 

¿Por qué esta oleada de desahucios?

La crisis económica empezó como crisis inmobiliaria en julio de 2007 en los EEUU con el asunto de las “hipotecas subprime”. Básicamente consistió en que durante años, los bancos norteamericanos dieron créditos hipotecarios a gente manifiestamente insolvente. Los mismos bancos e instituciones financieras que habían dado estos créditos inviables, unieron las pólizas a las de otros “productos financieros” (acciones, bonos de todo tipo, acciones de fondos de inversión, etc.) y los colocaron en el mercado a través de la bolsa, presentándolos –con la complicidad de las agencias de calificación creadas por los propios bancos– como productos “seguros” y extremadamente rentables. Fue así como se difundieron por todo el mundo y como, pronto, la crisis inmobiliaria se transformó en una crisis bancaria: detrás de estos “productos” comprados en todo el mundo por inversores privados, bancos internacionales, instituciones financieras, fondos, etc, LO QUE HABÍA ERA DEUDAS Y PRODUCTOS INCOBRABLES.

En España, a pesar de que en el primer momento, los medios intentaron tranquilizar a la opinión pública, difundiendo noticias interesadas emitidas por la banca indicando que en nuestro país la posibilidad de “contagio” era bajísima y que los “productos financieros basura” no habían llegado a España, la verdad era justo la contraria: en 2007, cuando se produjo el desastre de la banca Lehman Brother y los dos principales bancos hipotecarios norteamericanos (Freddy Mac y Fanny Mae) entraron en quiebra, la banca española (y las cajas de ahorros) llevaban ¡10 años alimentando la burbuja inmobiliaria!

En 1997, Aznar estableció su modelo económico basado en el desarrollo hipertrófico del “ladrillo”. Ese modelo fue posible gracias a la importación masiva de mano de obra extranjera y gracias al “dinero fácil” ofrecido por los bancos para contrarrestar los salarios bajos del modelo aznariano. Durante más de 10 años, los españoles estuvieron engañados sobre sus posibilidades reales de consumo: creían tener ingresos para realizar vacaciones anuales, comprar grandes vehículos y segundos viviendas… solamente porque los bancos les daban crédito sin exigirles avales de ningún tipo. Cualquier nómina bastaba, por pequeña que fuera…

La realidad era que durante todo ese tiempo la renta per cápita (la media de lo que ganan los españoles) IBA DISMINUYENDO a pesar de que el PIB (la cantidad total de dinero movido en intercambios) IBA SUBIENDO. Paralelamente, el gobierno de Aznar –como antes el de Felipe González y antes aún en el de Calvo Sotelo–, iba SUBIENDO LOS IMPUESTOS PROCEDENTES DEL TRABAJO, mientras que paralelamente DISMINUÍA LAS RENTAS PROCEDENTES DEL CAPITAL. Esto favoreció que en nuestro país –como en todo el mundo occidental– LA ECONOMÍA ESPECULATIVA SE FUERA IMPONIENDO SOBRE LA ECONOMÍA PRODUCTIVA.

Era mejor, pues, especular que producir bienes. Pero la especulación no genera puestos de trabajo. Un día fatal, cuando se produjo la señal de alarma de que en los EEUU el boom inmobiliario generado por las “hipotecas basura” había estallado, bruscamente en España se endurecieron las condiciones para obtener un crédito, aumentaron los intereses y todo el mecanismo de “crecimiento económico” ficticio basado en la construcción se paralizó. Eso ocurrió en el otoño de 2007… pero el gobierno solamente reconoció la existencia de la crisis en junio de 2008 y, además de reaccionar tarde, Zapatero reaccionó de la peor manera posible.

Lo que hasta ese momento había sido una crisis del sector de la construcción, en pocos meses pasó a ser una crisis de deuda pública: los gigantescos errores de Zapatero al poner en marcha el Plan de Ayuda a la Banca (100.000 millones), el Plan E (50.000 millones), el Plan E2010 (75.000) millones, Plan VIVE (800 millones), Plan Renove Turístico, etc, no sólo no crearon NI UN SOLO PUESTO DE TRABAJO ESTABLE, sino que, además, hicieron que los números rojos aparecieran de nuevo en las cuentas del Estado. Dado que el sector de la construcción era el que mayor volumen de empleo tenía en España, al estallar la burbuja inmobiliaria, en poco tiempo, dos millones de trabajadores se encontraron en paro (en buena medida inmigrantes) y el movimiento económico empezó a ralentizarse en toda la sociedad. En la medida en que el modelo de Aznar lo confiaba todo a la construcción, bruscamente, tras estancarse este sector y descender la actividad económica, se empezó a generar paro en todos los sectores económicos, sin que hubiera ninguno capaz de absorberlo.

Además, a partir de 1990 se había producido otro fenómeno: la globalización estaba facilitando la deslocalización industrial. España entre 1998 y 2012 perdió ¡EL 30% DE SU CAPACIDAD INDUSTRIAL! Resultaba mucho más barato trasladar las empresas a China y traer desde allí los productos, que fabricarlos aquí. Dado que España firmó el Acuerdo General de Aranceles, esto suponía SACRIFICAR PROGRESIVAMENTE TODA NUESTRA INDUSTRIA como ya había ocurrido en los años 80 con nuestra minería, nuestro sector siderúrgico y nuestras construcciones navales, tras el desastroso acuerdo de adhesión a la UE. Todo esto ocurría cuando, en el colmo de la irresponsabilidad, José María Aznar, para lograr que los salarios permanecieran estables o simplemente bajaran, abrió las puertas a la inmigración masiva y en 2004, cuando abandonó el poder, residieran en España 3.000.000 de inmigrantes entrados de manera ilegal la inmensa mayoría. Zapatero, con sus estupideces “humanistas universalistas”, su creencia en la bondad del “mestizaje” y de la “fusión cultural” permitió a otros 4.000.000 que entraran entre 2004 y 2012. Así pues, en 2012 teníamos 7.000.000 de inmigrantes de los que, en el mejor momento, hacia 2005, apenas trabajaban 2.000.000 y siempre por las franjas salariales más bajas aportando cotizaciones ridículas a la Seguridad Social, a todas luces insuficientes para evitar que en 20 años el sistema de pensiones se desplome e incluso para pagar sus propios gastos.

Así pues, a principios de 2012 ocurrió lo que cinco años antes parecía absolutamente increíble: que el número de parados superase las 6.000.000 y que el déficit del Estado alcanzara el BILLÓN DE EUROS.

La situación ahora es extremadamente grave: la crisis recorre Europa, carecemos de modelo económico de sustitución desde hace cinco años, no sabemos en qué sectores se va a crear empleo, la industria sigue yéndose a horizontes lejanos, la banca ha entendido que hoy su negocio no es conceder créditos ni hipotecas a particulares, sino comprar deuda pública del Estado con dinero emitido para ellos por el Banco Central Europeo. El sector inmobiliario dispone de 3.000.000 de pisos y locales sin vender y de una cantidad cada vez más alta de pisos en alquiler. Así pues, no hay esperanzas de que la construcción se reactive en los próximos 15 años.

En el mejor momento (hacia los años 2003–4) se firmaron anualmente 250.000 hipotecas. La mayoría a 30 años. A partir de 2003, las cajas de ahorro fueron concediendo hipotecas a inmigrantes (especialmente andinos): para atraerlos se dejó de exigir el 20% de pago al contado del precio de la vivienda y se llegó a ofrecer el 120% del valor de tasación, para que lo pudieran amueblar, adquirir vehículo y tomarse unas vacaciones… de muchas de esas hipotecas no se pago ni el primer semestre. Era fácil prever lo que ocurriría después, incluso aun cuando la crisis económica hubiera sido mucho más benigna.

Esto y el hecho de que las Cajas de Ahorro, con representantes de los partidos políticos, las autonomías, los sindicatos, etc, en sus consejos de administración, dieran créditos incobrables a “amigos”, financiaran proyectos tan faraónicos como inútiles promovidos por las Comunidades Autónomas (y que generaban jugosas comisiones para directivos bancarios y políticos) y las líneas de crédito concedidas a empresas inmobiliarias (con una duración de 4 años) que, a partir de 2007 serían en altísima medida incobrables, todo ello hizo que hacia 2009 algunas cajas ya amenazaran con desplomarse.

El Banco de España, durante ese tiempo, se preocupó más por predicar medidas neoliberales (abaratamiento del despido, contención salarial, aumento de la fiscalidad) que de ejecutar su tarea “reguladora” y vigilante. Durante una década nos repitió que teníamos el sistema bancario más estable de Europa y un buen día nos enteramos de que la mayoría de las Cajas de Ahorro estaban quebradas y que todos íbamos a tener que contribuir a su salvación, a pesar de no ser responsables de su hundimiento…

Fue así como lo que inicialmente fue un crisis inmobiliaria lejana, pasó a muestro país, hundió el sector de la construcción, pasó luego a generar un inmenso déficit del que derivaría la crisis de la deuda, se convirtió luego en un problema social generando 6.000.000 de parados, mientras paralelamente la banca española se tambaleaba. LA CRISIS HABIA PASADO DE SER ECONÓMICA A SER UNA CRISIS SOCIAL, cuyos elementos más dramáticos eran:

–   La presencia de 7.000.000 de inmigrantes, de los que cuatro están mantenidos por el dinero público o por instituciones de caridad y que nunca serán absorbidos por el mercado laboral.

–   La existencia de 6.000.000 de parados, sin esperanza para encontrar empleo en la próxima década, lo que se une a millones de trabajadores a tiempo parcial, con contratos basura y con salarios inferiores a los 1.000 euros.

–   La oleada de desahucios generada por las hipotecas firmadas entre 2002 y 2008, no tanto con “condiciones abusivas” como por precios abusivos, imposibles de pagar en cuando subieran los intereses o aumentara el número de parados.

# ¿Quiénes son los responsables de lo que está pasando?

En torno a 1997, el gobierno, los grupos mediáticos y bancarios, todos ellos mancomunados se preocuparon por establecer dos falsos axiomas, que resultaron intocables en todo ese período, a saber:

1)  Que la vivienda “nunca bajaba de precio” y, por tanto, era un valor seguro, mucho más que el oro y rentaba mucho más que la bolsa (mientras esta daba un 5% de beneficios, la vivienda se revalorizaba en ese mismo momento a un 15% anual) y

2)  Que la vivienda “era la forma de ahorro en España”: a pesar de tratarse de algo material e inanimado, el “valor” de la vivienda aumentaría constantemente y superaría ampliamente los beneficios de las imposiciones a plazo fijo.

Ambos axiomas, elevados a la categoría de dogmas, eran, simplemente falsos: la vivienda es un valor de mercado y está sujeto a las oscilaciones del mismo. Era evidente que si se construía un exceso de viviendas, terminarían bajando su precio, aun cuando no lo hicieran durante todo un ciclo económico (de 1997 a 2007) precisamente por la acción mancomunada de gobierno, grupos mediáticos y bancarios. La vivienda es un bien básico, un derecho fundamental, no una mercancía especulativa más.

Entre 1997 y 2007, la sociedad española en su totalidad pareció enloquecer, dedicándose al “monocultivo” del ladrillo: una generación abandonó sus estudios para dedicarse a trabajar en la construcción que les rendía un sueldo inmediato a pesar de que su preparación profesional fuera cero o estuviera próxima a cero. Llegaron 7.000.000 de inmigrantes que en su mayoría ni siquiera sabían acarrear carros de escombros, para los que España se convirtió en un centro de formación profesional remunerado. Pero, antes o después, debía de producirse el fatal choque con la realidad y tras la locura llego la depresión en la que seguimos instalados.

Todavía es pronto para advertir las consecuencias de lo que ha ocurrido hasta ahora: la inmigración trajo formación de guetos, aumentó el trabajo negro (30% del total) y la economía sumergida, desencadenó una sangría de recursos del Estado mucho más allá de lo que nos podíamos permitir incluso en momentos de bonanza económica; nuestra natalidad cayó mientras que los recién llegados triplicaban a incluso cuadruplicaban la tasa de natalidad española; los jóvenes se habituaron a abandonar sus estudios sin obtener ninguna titulación; el precio de la vivienda fue aumentando artificialmente y las hipotecas llegaron a firmarse por plazos de 40 años, toda una vida. La tasa de endeudamiento de las familias se disparó, la capacidad de ahorro quedó pulverizada. El hecho de que muchos jóvenes tuvieran ingresos superiores a sus necesidades y que ignoraran lo que era el ahorro, hizo que pudieran consumir drogas de diseño y cocaína en cantidades desconocidas hasta entonces. El dinero perdió su valor real: un chalet cuyos materiales de construcción podían costar 18.000 euros, el terreno 50.000 y la mano de obra 50.000, se vendía a 250.000 o 325.000 euros. A la población le parecía normal pagar 50 millones de las antiguas pesetas por un piso de 50 metros cuadrados en un suburbio que se iba convirtiendo aceleradamente en un gueto de inmigración.

Las autoridades económicas miraban a otro lado. Los gobiernos de turno (primero Aznar y luego Zapatero) alardeaban de cifras macroeconómicas triunfales, cuando cualquier economista sabía que lo que se estaba formando era una fenomenal burbuja que antes o después estallaría. Pero, salvo excepciones muy limitadas, TODOS, ABSOLUTAMENTE TODOS LOS SECTORES IMPLICADOS EN LA BURBUJA CALLARON:

–   Calló el GOBIERNO Aznar y luego el gobierno Zapatero, que en sus miras limitadas creían que con solamente aumentar el PIB todo estaba resuelto y alardeaban de unos triunfos económicos inexistentes en la medida en que querían utilizarlas electoralmente.

– Calló el BANCO DE ESPAÑA cuyas autoridades demostraron ser solamente ejecutores de la voluntad del gobierno y de la banca, permitiendo a los bancos y a las cajas de ahorros que aumentaran su exposición al “ladrillo”.

– Calló el SISTEMA BANCARIO que era imposible que no previera lo que iba a ocurrir cuando el ritmo de construcción de nuevas viviendas excedía con mucho la capacidad de absorción del mercado y tenían la seguridad de que si estallaba la burbuja el Estado acudiría en su ayuda.

– Calló el SECTOR INMOBILIARIO que empezó obteniendo increíbles beneficios y que se fue aficionando a trabajar, no con su dinero, sino con las líneas de crédito hipotecario habilitadas por los bancos que le permitían comprar solares sobrevalorados.

– Callaron los AYUNTAMIENTOS que vendían suelo público a los constructores a precios elevadísimos para paliar el déficit generado por una gestión faraónica, aumentando así los niveles de corrupción.

– Callaron los TASADORES que prácticamente actuaban según las orientaciones de los bancos para los que trabajaban y tendían siempre a valorar alto o altísimo los inmuebles que iban a ser hipotecados, a despecho de su valor real y de la situación del mercado.

– Callaron los NOTARIOS Y REGISTRADORES que vieron como ganaban varios millones de pesetas en una sola tarde estampando su firma aun a pesar de que deberían haber sido los primeros en denunciar las cláusulas abusivas.

– Callaron los MEDIOS DE COMUNICACIÓN que, ante la bajada brutal de lectores que se produjo desde la irrupción del milenio, compensaban esa merma de ingresos con publicidad de las inmobiliarias y los constructores y recibiendo dinero del Estado a cambio de seguir estimulando la inversión en vivienda.

– Callaron los SINDICATOS que, ya desde el caso de la PSV a finales de los 80 y principios de los 90, habían querido introducirse en el sector inmobiliario y olvidaron en todo momento denunciar la bajada de salarios a que estaba dando lugar la llegada masiva de inmigrantes y el encarecimiento del precio de la vivienda.

– Callaron los PARTIDOS MAYORITARIOS, cuyas élites dirigentes se beneficiaban extraordinariamente del sistema de corrupción generado al calor de la vivienda. Ni PP, ni PSOE, ni CiU, ni PNV alertaron en ningún momento de la formación de la burbuja ¡porque sus cuadros municipales eran los grandes beneficiarios!

– Callaron las ASOCIACIONES DE INMIGRANTES, que se limitaron a aceptar las hipotecas que firmaban los integrantes de este colectivo por el 120% del valor de tasación y que, era evidente que nunca podrían pagar.

– Calló la IZQUIERDA ALTERNATIVA que permaneció indiferente ante la formación de la burbuja contribuyendo con su “papeles para todos” a que aumentara a mayor velocidad y configurándose como la opción más desaprensiva de la política española.

– Callaron, finalmente, los BANCOS Y LAS INSTITUCIONES DE CRÉDITO EXTRANJERAS, incluido el BCE y el FMI ante la evidencia de que era imposible que se construyera más en España que en toda la UE junta y fueron dando créditos a las instituciones bancarias españolas para que estas siguieran alimentando la burbuja del crédito: bancos franceses, alemanes y fondos de inversión norteamericanos… Se ha dicho, con razón, que España era “yonki” del crédito inmobiliario, pero Alemania era el “camello”.

– Callaron EMBAJADAS Y CONSULADOS a pesar de ser perfectamente conscientes de que se estaban concediendo un número inusualmente alto de hipotecas a sus ciudadanos que difícilmente podrían pagar por sus bajos ingresos, lo limitado de sus contratos y lo prolongado de los plazos de devolución.

¡NO HAY INOCENTES EN TODOS ESTOS SECTORES! ¡NO HUBO NI UNA PIZCA DE HONESTIDAD EN NINGUNO DE LOS SECTORES IMPLICADOS PORQUE TODOS ELLOS ERAN BENEFICIARIOS DE UNA SALVAJADA ECONÓMICA QUE NADIE IGNORABA QUE ANTES O DESPUÉS REVENTARÍA!

 Ahora, cuando la “burbuja” ya ha reventado, cuando los precios de la vivienda llevan desplomándose por espacio de 5 años y cuando estamos ante precios parecidos a los que había en 2003 y seguramente bajarán a los anteriores a 1997 cuando se inició la burbuja, muchos de estos sectores han rectificado: el PSOE se preocupa por los desahucios, el PP dice que está atado por la ley y que una “comisión” estudia cómo elaborar otra ley de desahucios; incluso la princesa Leticia en un desesperado afán por mejorar la imagen de la Casa Real, ha avalado a una desahuciada, evitando el desalojo del inmueble. La “izquierda alternativa”, tras sus “indignados”, tras su “15–M”, tras su “primavera valenciana”, tras su “marea blanca y marea verde”, ha montado una Plataforma de Afectados por las Hipotecas como última moda y secuela de todo lo anterior. Hay notarías que han entrado en concurso de acreedores. La mayor parte de cajas de ahorro (y todas las que buscaron clientela entre la inmigración) están quebradas, intervenidas o fusionadas.

El bochorno y el descrédito han recaído sobre el “regulador bancario”, el Banco de España. El sector de la construcción ha perdido 1.250.000 de empleos, las inmobiliarias caen una tras otra, el número de autónomos en la construcción se reduce sin cesar. El silencio de los consulados dejó paso a la protesta de gobiernos como el ecuatoriano por la oleada de desahucios contra sus ciudadanos. Los ayuntamientos, bruscamente, se han encontrado sin ingresos para pagar sus faraónicos proyectos y para seguir alimentando al mismo ritmo a las redes clientelares y de corrupción formados a su calor. El precio del suelo ha caído un 70% y el de la vivienda un 43% y nada impide pensar que la cosa acabe aquí. Los partidos mayoritarios han entrado en crisis y sus siglas solamente generan hostilidad general para la mayoría de población, burlas y la asimilación del político con el corrupto. Los medios de comunicación han perdido credibilidad y son considerados cada vez por mayor parte como “la voz de su amo”, difusores de informaciones interesadas que convienes a los consorcios empresariales o financieros que se encuentran detrás….

Tal es el resultado de la LOCURA COLECTIVA QUE INVADIÓ A LA SOCIEDAD ESPAÑOLA ENTRE 1997 Y 2007 Y QUE, UNA VEZ DISIPADA, TODOS SUS IMPLICADOS TRABAJAN PARA OCULTAR SUS RESPONSABILIDADES. Pero, este problema tiene CULPABLES y estos tienen NOMBRES Y APELLIDOS y deberían responder, no ante las urnas, sino ante juicios sumarísimos.

# ¿Qué ramificaciones tiene el problema?

Estamos ante un problema que es mucho más que económico. De la misma forma que la crisis inmobiliaria de 2007 mutó y se transformó en otras crisis en cadena, así mismo el problema tiene vertientes de todo tipo y dista mucho de haber concluido.

La concesión masiva de hipotecas, rebajando las condiciones para obtenerlas, paralelamente a la subida de precios de la vivienda, ha tenido consecuencias deletéreas para la sociedad española.

Hay un punto en el que los activistas anti–desahucio no reparan. Fijando su atención en los hipotecados que no están en condiciones de abonar su hipoteca, olvidan a un colectivo completamente diferente: el de los ciudadanos que firmaron sus hipotecas entre 2002 y 2008, siguen pagando sus hipotecas y lo harán todavía durante veinte años más, a pesar de que el valor de sus inmuebles ha descendido a casi la mitad y descenderá todavía más. Es decir: hay miles y miles de ciudadanos, en su inmensa mayoría españoles, que están pagando por sus inmuebles un precio que estos ya no valen.

Compraron inmuebles sobrevalorados, creyeron que el precio de venta era alto, pero justo, porque los tasadores lo confirmaron y los bancos no pestañearon a la hora de hipotecarlos. Creyeron también que su gobierno, el regulador bancario y las instituciones internacionales, protegían sus intereses y se preocupaban para que no se produjeran situaciones caóticas y de crisis. Compraron viviendas, simple y sencillamente ENGAÑADOS. Los beneficios se los llevaron constructores espabilados, inmobiliarias sin escrúpulos, la mayoría de los cuáles están actualmente arruinados, pero también directivos bancarios, ayuntamientos, notarios, registradores, Estado, etc.

No debe perderse de vista que el negocio del sector inmobiliario pronto se transformó en una verdadera estafa en la que todas las instituciones y estamentos que hemos enumerado, se confabularon tácitamente para desplumar al ciudadano medio, tenido como incauto.

En la actualidad resulta claro que con 3.000.000 de pisos sin vender, 500.000 de los cuales pertenecen a instituciones bancarias y al “banco malo”, el precio de la vivienda difícilmente remontará en los próximos años, no desde luego antes de 2016 e incluso es probable que siga descendiendo entre un 20 y un 35% más de lo que lo ha hecho. Con lo cual tenemos que alguien que haya comprado un piso en 2005, diez años después, cuando todavía le queden veinte años más por pagar, ese piso puede valer en torno al 75% menos de lo que pagó.

El propietario que hoy está pagando su hipoteca no tiene tampoco esperanzas en que el precio de la vivienda remonte y adquiera de nuevo el ritmo de aumento que tuvo en los “años gloriosos” de la estafa inmobiliaria, esto es, en torno al 15% anual. Cuando el precio de la vivienda remonte nunca lo hará a un valor superior al 5% (dado que se ha construido en exceso) y de ese 5%, una parte importante quedará absorbida por la inflación y otra por la depreciación de la vivienda por antigüedad. Así pues, en la práctica no estaremos más allá de un 1% de revalorización, en el mejor de los casos. El precio de la vivienda se habrá estabilizado, a costa de la ruina y la amargura de millones de personas.

Pero los desahucios son algo más que el drama de los que intentaron la aventura de adquirir una vivienda. A diferencia de muchos países europeos, en donde la mayoría de población vive en pisos de alquiler y estos son propiedad de grandes empresas, consorcios financieros y bancarios y promotores inmobiliarios, en España el tener un piso en propiedad formó parte del “sueño español” desde mediados de los años 60. A pesar de eso, y a medida que los precios de la vivienda en venta se convirtieron en prohibitivos, un sector creciente de ciudadanos optaron por la vivienda en régimen de alquiler. Hoy esta modalidad es la que  está aumentando, a medida que se hace evidente que el precio de los pisos seguirá bajando, que los bancos han cerrado la espita del crédito y que los precios siguen altos, la inseguridad laboral baja y el mercado laboral exige cambios frecuentes de residencia que no son viables para alguien que posee piso en propiedad y que no puede venderlo con facilidad como ocurría antes.

Esto ha generado que una parte sustancial de los desahucios se produzcan por impago de alquileres. Un simple retraso de dos meses basta para ejecutar un desahucio por vía rápida. También aquí hay que distinguir entre ciudadanos que no pueden pagar un alquiler, porque están en paro y no reciben ningún tipo de subsidio, y aquellos otros morosos que se han habituado a serlo y que saben perfectamente que, aun por la vía rápida, es posible retrasarlo, utilizando distintas argucias, entre seis meses y un año.

Las distintas reformas a la Ley de Arrendamiento Urbano que se han sucedido desde la “Ley Boyer”, han ido modificando la situación sensiblemente a favor de los propietarios de inmuebles y contra los intereses de los inquilinos. Las medidas que se adoptaron desde el período de Zapatero resultaron catastróficas, contribuyendo a aumentar el precio del alquiler. Solamente ha sido el parón en seco del sector inmobiliario lo que ha facilitado el que muchos propietarios pusieran las segundas viviendas y los pisos que habían adquirido con intención de revenderlos, en régimen de alquiler.

Pronto se percibió que una parte de los inquilinos, frecuentemente inmigrantes, habían entrado en las viviendas sin intención de pagarlas, sino más bien de aguantar en ellas hasta que se produjera el desahucio por impago y pasar a otra para hacer justamente lo mismo. También los ha habido que han transformado el piso en un verdadero piso–patera, con el régimen de “camas calientes”, según el cuál cada uno de los inquilinos ocupa la cama durante ocho horas siendo luego sustituido por otros dos turnos de la misma duración. Se han dado casos de pisos en el cinturón industrial de Barcelona ocupados por varias decenas de inmigrantes. Aparte de lo inhumano del procedimiento, en estos casos siempre se ha producido un rápido deterioro de la vivienda, una degradación general de las condiciones de vida en los barrios en los que han aparecido fenómenos de este tipo y muchos propietarios se han vito desesperados por ver como sus inmuebles se deterioraban sin que nadie les abonara el alquiler.

La permisividad del gobierno Zapatero y, en especial, del gobierno de la Generalitat de Cataluña durante los años 2003–2011 (el llamado “tripartido”: PSC + ERC + ICV), hizo que el fenómeno de la “okupación” se extendiera de manera irregular por toda España, generándose especialmente entre 2005 y 2011, una legión de activistas de extrema–izquierda en combinación con sectores marginales, grupos de delincuentes, bandas formadas por inmigrantes que aprendieron pronto que en España resultaba fácil y barato vivir de la delincuencia, de tal calibre que en ese tiempo, España (y particularmente Cataluña) se convirtieron en tierra de promisión de la “okupación” de toda Europa.

Hay que distinguir entre estos “okupas” y familias desahuciadas que se veían obligadas, mientras aparecía la posibilidad de volver a tener ingresos, a ocupar una casa deshabitada para instalarse e instalar en ella a su familia. Estos últimos procuraban no dar que hablar, los primeros, en cambio, como grupos activistas de extrema–izquierda que eran, hicieron de la ocupación una forma de protesta que lastró enormemente el movimiento del 15–M y terminó convirtiéndolo en un coto cerrado para los grupúsculos ultra radicales.

La “okupación” y los profesionales del impago de alquileres, han envenenado el mercado del arrendamiento urbano ante la parálisis del gobierno, la impotencia policial y el autismo de la justicia. Hoy, muchos propietarios se niegan a poner en alquiler sus inmuebles para evitar que inquilinos desaprensivos los destrocen, y muchos de quienes los ponen evitan por todos los medios reformar los inmuebles para hacerlos habitables y están alquilando verdaderos chamizos.

Si tal es la situación, no hay que olvidar lo que representa un panorama en el que la inestabilidad se extiende a todas las formas de contratación de una vivienda y en donde quienes están pagando una hipoteca sienten la sensación de haber sido estafados. La vivienda CONSTITUYE PARA UNA SOCIEDAD SANA, LA POSIBILIDAD DE CONSTRUIR UN HOGAR. Si no hay vivienda no hay familia, ni posibilidades de constituirla. Y si no hay familia, no hay futuro de ningún tipo.

Por tanto, el sector inmobiliario y la vivienda no pueden ser un sector “libre” en el que promotores espabilados, bancos desaprensivos, ayuntamientos faraónicos y demás, actúen a su libre albedrío, sino que debe ser un sector FUERTEMENTE INTERVENIDO, CONTROLADO Y VIGILADO, EN DONDE EL ESTADO DEBERÍAN PONER TOPES A LOS PRECIOS Y DISPONER DE UN CUERPO DE TASADORES DEPENDIENTE DEL MINISTERIO DE ECONOMÍA. Solamente se debe construir aquello que la sociedad necesita y en el número suficiente como para que el precio permanezca estable. Y si la iniciativa privada falla y no ve en ello suficientes beneficios, es el Estado el que debe asumir la responsabilidad de ofrecer a sus ciudadanos, en venta o en alquiler, una vivienda digna y justa.

Si esto se hubiera hecho, ahora no habría desahucios masivos, nunca se hubieran concedido hipotecas del 120% a andinos que llevaban solo meses en España y apenas podían presentar como aval contratos de seis meses de duración, nunca habría hipotecados que estarían pagando por el valor de inmuebles que hoy valen sólo la mitad, nunca el mercado del alquiler habría estado abierto a desaprensivos que lo destrozan y nunca se hubiera permitido que se produjera una oleada de “okupaciones”.

Pero LA IRRESPONSABILIDAD EN MATERIA DE VIVIENDA NO ES NUEVO. A partir de principios de los años 80, el precio de la vivienda se fue encareciendo y subió muy por encima de lo que iban subiendo los salarios. En la segunda mitad de los años 90, este precio, simplemente, se disparó. La Ley Boyer hizo que muchos optaran por la compra de viviendas ante la inseguridad del arrendamiento. La gestión de Aznar resultó catastrófica para el mercado de la vivienda y el autismo humanista–universalista de Zapatero, sirvió solamente para pudrir aun más el tema y permitir a legiones de okupas de toda Europa que confluyeran en España. LOS GOBIERNOS DE LOS ÚLTIMOS 30 AÑOS HAN DEMOSTRADO UNA ESPECIAL INCAPACIDAD PARA REGULAR EL SECTOR INMOBILIARIO, EN ESPECIAL PORQUE ESE SECTOR ERA EL QUE LES DABA DE COMER Y EL PRINCIPAL FOCO CONTAMINADOR DE LA CORRUPCIÓN Y YA SE SABE QUE NINGÚN POLÍTICO MUERDE A LA MANO QUE LO ALIMENTA.

El resultado ha sido una verdadera crisis social: los jóvenes no pueden casarse porque no están dispuestos a residir varias familias en un pequeño cuchitril como han hecho millones de inmigrantes; las parejas jóvenes que logran casarse y comprar un piso, y están pagando la hipoteca, deben de afrontar unos plazos tan altos que no están en condiciones de tener hijos; no es raro que la natalidad haya descendido por debajo de la “tasa de reposición” y que España haya sido el país del mundo con una tasa de natalidad más baja hasta que la llegada masiva de inmigrantes con tasas de natalidad entre tres y cuatro veces superiores a la española, han llegado: hoy, entre una cuarta parte y un tercio de los nacimientos en España son hijos de inmigrantes. Así pues,

UN PROBLEMA LOCALIZADO INICIALMENTE EN EL SECTOR INMOBILIARIO HA TERMINADO POR PROPICIAR LA AGRAVACIÓN DE UN PROBLEMA ÉTNICO Y CULTURAL: ESTAMOS ASISTIENDO A LA SUSTITUCIÓN DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA POR POBLACIÓN INMIGRANTE. 

# ¿Es la dación en pago una solución?

Desde la Plataforma de Afectados por los Desahucios se ha presentado la “dación en pago” como el remedio para la actual crisis de las hipotecas. Lo que funciona en otras latitudes no es garantía de que pueda funcionar en España. Aparentemente se trata de algo justo: cuando se firma una hipoteca, dos partes asumen un “riesgo”, el banco se arriesga al impago y el firmante a no poder pagar. Si la hipoteca se consuma de manera satisfactoria, el banco gana unos beneficios. El Banco trabaja con un dinero que no es suyo, contrariamente a lo que hasta hace poco se tenía tendencia a pensar, no presta el dinero de sus impositores, sino el que obtiene solicitándolo al Banco Central Europeo (mediante el sistema de reserva fraccionada) que es quien “crea” el dinero como simple asiento contable electrónico. Así pues, cuando una operación hipotecaria “falla”, ambas partes, Banco y firmante, deben compartir responsabilidades: el banco por aceptar una operación que no era viable y el firmante por emprender una aventura económica que no ha valorado suficientemente. El segundo pierde su vivienda en caso de ejecución de hipoteca ¿y el primero? ¿Deja solamente de obtener un beneficio? Al quedarse con el inmueble, hasta ahora, recuperaba la inversión e incluso cuando las revalorizaciones anuales eran superiores al 15% obtenía todavía más beneficios. El hecho de que el precio de la vivienda haya caído y que, por tanto, esos beneficios sean hoy impensables, no es suficiente para olvidar la irresponsabilidad de los bancos al conceder hipotecas a precios sobrevalorados realizados por tasadores a su sueldo.

Así pues, la “dación en pago” parece justa: cada parte resulta perjudicada por un error propio. No es, desde luego, justo que el firmante de una hipoteca, arrastrado por un clima general artificialmente generado por bancos, medios de comunicación, gobierno, etc, sufra las consecuencias de un engaño que él no ha provocado, sino en el que ha caído: como si la víctima de una estafa pudiera ser procesada por las consecuencias emanadas por la misma estafa. Tampoco parece justo que la caída en el precio de los inmuebles permita que tras la hipoteca, el afectado esté obligado a pagar por algo que ya no vale lo que él pago. El banco se ha equivocado en su percepción de los beneficios que podía obtener de la operación y, por tanto, debe asumir los riesgos y no eternizar la penalización sobre el firmante de la hipoteca.

La “dación en pago”, por otra parte, es admitida en otros países, así que cabría preguntarse ¿por qué no en España? Se suele decir que aceptar la “dación en pago” supondría que los bancos elevarían las condiciones para obtener una hipoteca… ¿Es válido este argumento en un momento en el que los bancos han cerrado las puertas del crédito y cuando toda una generación está volviéndose hacia la vivienda en alquiler?

En resumen, podemos decir que EL HECHO DE QUE EN ESPAÑA NO SE ACEPTE LA “DACIÓN EN PAGO” SUPONE UN PROBLEMA AGREGADO PARA LOS HIPOTECADOS Y UNA PROLONGACIÓN DEL NEGOCIO PARA LOS BANCOS. Si en una operación comercial ambas partes corren un riesgo, en el caso de las hipotecas es manifiestamente injusto que los bancos jueguen con ases escondidos en la manga.

Si bien la “dación en pago”, alivia la situación de familias que tras perder su vivienda, ven como una parte de su sueldo es secuestrado para pagar unos intereses de demora, unos gastos judiciales y la pérdida de valor que han sufrido las viviendas hasta cubrir el precio de venta, NO RESUELVE EN ABSOLUTO EL RESTO DE LOS PROBLEMAS ORIGINADOS POR EL ESTALLIDO DE LA BURBUJA INMOBILIARIA. Así pues, se trata de una solución parcial y limitada a quienes han perdido su vivienda tras una ejecución de hipoteca y el inmueble ha sido subastado por un valor inferior a la deuda pendiente.

# ¿Soluciona algo la Sentencia del Tribunal de Justicia de la UE?

El 18 de marzo de 2013, una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea complicaba aun más la situación y hacía lo peor que podía hacerse: emitir una sentencia ambigua tras declarar que la Ley Hipotecaria española era ilegal al tener cláusulas abusivas especialmente en lo relativo a los intereses de demora y a la cláusula suelo.

Inmediatamente, las asociaciones anti–desahucio consideraron la sentencia como una victoria, mientras que la lectura del texto lleva justo a lo contrario. Se trataba, una vez más, de una sentencia de consenso, ambigua y que daba una de cal y otra de arena. Lejos de solucionar el problema contribuirá a paralizar aún más los tribunales, a hacer que cada juez vea el caso desde su particular y subjetivo punto de vista y a aumentar el caos sobre el tema.

En efecto, la sentencia del tribunal europeo:

1)  No elimina los desahucios, solamente dice que se podrán “paralizar” en caso de que existan “cláusulas abusivas”, pero no en todos los demás casos. Por supuesto, la sentencia no se cuida de definir exactamente cuáles son y en qué consisten esas “cláusulas abusivas”. Para saberlo, el afectado deberá acudir a un abogado y aún así, todo dependerá de la interpretación subjetiva del juez.

2)  La sentencia no es retroactiva y llega en un momento en el que, probablemente, se hayan producido más de 500.000 desahucios, y no lo será ni siquiera para aquellas hipotecas en las que, visiblemente, existan las famosas “cláusulas abusivas”. Así pues, la sentencia solamente será aplicable a aquellas causas abiertas para el proceso de ejecución de hipotecas.

3)  La sentencia no reconoce ni remotamente la “dación en pago”, ni siquiera la paralización del proceso evita el pago de la deuda o disminuye su cuantía, salvo que se declaren “abusivos” los intereses de demora. Es más, la dilación del proceso puede hacer que aumenten los costes procesales y el pago pendiente por parte del demandado.

4)  Finalmente, esta sentencia no alude en ningún lugar a que el hipotecado no pierda su vivienda si no abona la deuda pendiente. Así pues y, en conclusión, esta sentencia no variará sustancialmente nada en la inmensa mayoría de procesos por desahucio que están actualmente en marcha

La pregunta es si un Tribunal dependiente de una institución como la Unión Europea hubiera podido emitir una sentencia de otro tipo sin que se conmoviera todo el sistema bancario continental. La Unión Europea ha demostrado ser una institución que reproduce las mismas relaciones de fuerza y poder que están presentes en cada uno de los Estados Nacionales miembros: unos privilegiados (especialmente banca e instituciones financieras) que imponen sus condiciones sobre los trabajadores y la clase media, apoyados por un engranaje burocrático administrativo que legaliza tales abusos (magistratura, gobierno, fiscalidad, policía). Y en este contexto, los partidos mayoritarios y los medios de comunicación actúan distrayendo a la opinión pública, evadiéndolo de sus problemas reales, estando al servicio de los privilegiados.

Pues bien, ante esta realidad de lo que se trata es de desmontar esta concepción del poder, de la política, de la economía y de las relaciones contractuales.

EL PROBLEMA DE LOS DESAHUCIOS NO TIENE SOLUCIÓN DE MANERA AISLADA DEL RESTO DE PROBLEMAS QUE AFECTAN A LA POLÍTICA, LA ECONOMÍA Y A LA SOCIEDAD, SINO QUE HAY QUE INSERTAR SOLUCIÓN DENTRO DE UN PROCESO TOTAL DE REFORMA DE LA SOCIEDAD, DE LA ECONOMÍA Y DEL MODELO CONSTITUCIONAL.

# ¿Qué puede hacerse ante los desahucios? Ahora, incluso los socialistas están a favor de lo que rechazaban cuando estaban en el poder (la “dación en pago”), todos se muestran contra las ejecuciones de hipotecas y todos parecen estar de acuerdo en la inmoralidad de los desahucios… Y, SIN EMBARGO, LOS DESAHUCIOS NO SON MÁS QUE UNA DE LAS CONSECUENCIAS DEL SISTEMA ECONÓMICO, POLÍTICO Y SOCIAL PROPIO DE LA ECONOMÍA NEOLIBERAL.

Contrariamente a lo que opina la Plataforma de Afectados de las Hipotecas, ES ABSOLUTAMENTE IMPOSIBLE REFORMAR UN SISTEMA DE CONCESIÓN DE HIPOTECAS Y UN SISTEMA DE EJECUCIÓN DE IMPAGADOS, SIN TOCAR NI LAS CONCEPCIONES POLÍTICAS Y ECONÓMICAS DE ESE MISMO SISTEMA.

En otras palabras: resulta imposible modificar SOLAMENTE el sistema hipotecario español, dejando todo el conjunto del sistema político (partidocracia y plutocracia), económico (globalización, economía especulativa, neo–liberalismo), y todo el sistema de valores (consideración de la usura como moralmente aceptable y al Estado como defensor de los usureros) intacto.

Las movilizaciones para impedir tal o cual desahucio resultan irrelevantes en relación al número total que se producen a lo largo del día (en torno a 400). La Plataforma que ha asumido esta tarea, por lo demás, se centra solamente en el desahucio y lo más que consigue es aplazar la agonía del desahuciado, pues, mientras una nueva ley hipotecaria no modifique el marco legal, antes o después se ejecutará. Esta Plataforma, como otros grupos nacidos del 15–M y de “la indignación” asume una lucha exclusivamente “social”, cuando LA LUCHA ES SOBRE TODO POLÍTICA, porque la situación de las hipotecas depende de una legislación aprobada por un poder legislativo.

Así pues, DE LO QUE SE TRATA ES DE DAR UNA RESPUESTA POLÍTICA A UN PROBLEMA FUNDAMENTALMENTE POLÍTICO. Esta respuesta debe basarse en los siguientes puntos:

1)  El sector de la vivienda, en tanto, que afecta a un derecho fundamental, debe ser controlado, regulado y vigilado por el Estado para evitar que episodios como la burbuja inmobiliaria puedan repetirse.

2)  La especulación sobre un derecho básico como es la vivienda debe ser prohibido por ley

 3) La creación de un “cuerpo de tasadores” que evite las tasaciones subjetivas o alteradas por los intereses bancarios es una exigencia para que el precio de la vivienda se mantenga estable.

4)  Debe prohibirse a los ayuntamientos el vender terrenos propios a precios exorbitantes para pagar sus déficits. El precio debe de ser acorde con la situación del mercado.

5)  Debe de formarse de nuevo un Banco Hipotecario que forme parte de un holding de Banca Pública dedicado a conceder hipotecas sociales.

6)  En tanto que derecho fundamental, el precio de las hipotecas no puede estar sometido a intereses usureros y, por tanto, la Banca Pública, en tanto que “servicio social” no puede hacer de la usura a costa de la sociedad su negocio.

7)  La “dación en pago” debe de ser aceptado como posibilidad legal de liquidación de una hipoteca y de sus consecuencias económicas y, para ello, hace falta contar con un mercado inmobiliario estable, sin variaciones bruscas ni revalorizaciones elevadas.

8)  Las pérdidas generadas por la “dación en pago” deben de ser asumidas por la banca como pérdidas por operaciones erróneas y como pago a la sociedad por los casi 250.000 millones de euros que ha recibido del Estado.

9)  El Estado tiene la obligación de fomentar la “vivienda social” y lo debe hacer directamente y no a través de los Ayuntamientos, organismo excesivamente contaminados por la corrupción larvada en torno al sector inmobiliario.

10)  El Estado tiene la obligación de fomentar la vivienda en régimen de alquiler y de obligar al “banco malo” a lanzar su cartera de pisos al mercado de alquiler.

11)  El Estado tiene la obligación de fomentar el alquiler con opción de compra, incentivarlo y penalizar a los propietarios que mantengan pisos vacíos.

12)  Los casos de desahucio por impago de alquileres o de cuotas hipotecarias deben verse en juzgados especializados.

13)  Renegociación de todas las hipotecas interiores a 250.000 euros para adecuarlas al valor real de la vivienda en el momento de la firma de la hipoteca, firmadas a partir de 1997, deduciendo el monto total de la deuda contraída por la banca con el Estado.

14)  El mercado hipotecario estará vedado a todo inmigrante procedente de fuera de la Unión Europea y del ámbito europeo no comunitario como forma de protección de sus intereses. La inmigración supone una voluntad de retorno, por tanto, incompatible con la posesión de una vivienda en propiedad.

15)  Los permisos de residencia conseguidos a cambio de haber comprado una vivienda serán anulados y el permiso de residencia subordinado a la existencia de un trabajo real para ciudadanos de fuera de la UE.

16)  Los responsables del desastre inmobiliario deben ser llevados a juicio y una eventual sentencia debería contemplar la indemnización a la sociedad con los bienes obtenidos durante sugestión.

17)  Los últimos presidentes del gobierno y autoridades bancarias que, por dejación de autoridad o por interés, permitieron la gestación de la burbuja inmobiliaria deben de ser juzgados dentro de un proceso para depurar responsabilidades.

Estas propuestas suponen ir mucho más allá de una mera protesta por uno u otro desahucio, suponen coger al toro por los cuernos y afrontar las raíces últimas del problema: el carácter usurero de la Banca, la irresponsabilidad de la clase política que come de la mano de los “señores del dinero” y unos medios de comunicación domesticados a través de subvenciones.

© Ernesto Milá  - infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

No es cine... es realidad

 

Infokrisis.- El próximo 27 de marzo estrenarán la que parece ser la película de la temporada, Los últimos días (The last days) protagonizada por Pepe Coronado y por Quim Gutiérrez. La trama cuenta que una extraña epidemia de agorafobia hace que los ciudadanos permanezcan encerrados en sus casas y no salgan a la superficie. La película muestras escenas de una Barcelona desértica, umbría, en la que se impone la soledad por un lado, nubes ocres por otro y el humo de los incendios. Los perros recorren las calles abandonadas y desérticas. En el subsuelo se desarrolla la lucha por la vida. La película se estrena la semana que viene pero esa fue la Barcelona que vi ayer cuando bajé a la gran ciudad.

Me tocó grabar un par de programas de radio, excusa suficiente para saludar a algunos amigos y recorrer las calles de una Barcelona que cada vez resulta más desconocida para mí a pesar de haber pasado la mayor parte de mi vida allí. Es la “Barcelona que fue y que ya no es” a la que tan reiteradamente aludía Ruiz Zafón en sus primeras novelas. No reconozco a esa ciudad que ni es la Barcelona tradicional, ni la postmoderna, sino la de la crisis.

La emisora de radio está situada en un edificio próximo a la antigua Plaza Calvo Sotelo, llamada hoy por las oscilaciones políticas de este país en el que una España se ha habituado a gobernar contra la otra media y viceversa, Plaza Francesc Maciá. El programa se graba a las 16:00 pero he llegado una hora antes, así que me doy una vuelta por aquel Ensanche que diseñara Ildefonso Cerdá y que, a poco de inaugurarse, la especulación transformó en una colmena lo que debería haber sido un barrio a medida de lo humano. Las tiendas de informáticas ya no están en donde las conocía, simplemente se ausentaron sin dejar huellas. Cerca de la Escuela de Ingeniería Técnica Industrial en la que estudié apenas hay tiendas en permanente rebajas o que anuncias precios de remate por cierra. Entro en una librería de lance y, a pesar de lo barato de los libros, no logro encontrar ninguno mínimamente interesante; los anaqueles están repletos de novelitas de poco interés, intrascendentes y de libros de autoayuda que, seguramente, habrán motivado algún suicidio. Las copisterías para los estudiantes de ese centro y de la Facultad de Medicina del Hospital Clínico, están tan vacías como los restaurantes e incluso, oh maravilla de maravillas, los bares. La ciudad está en crisis.

En la emisora de radio, situada en un piso 15, puede verse una panorámica de la ciudad. Desde allí es difícil percibir la crisis sin precedentes que está viviendo la otrora Ciudad Condal y hoy Ciudad de la Corrupta CiU, y de la que los habitantes que siguen la inercia del día a día perciben con dificultad. Hace falta ser barcelonés pero no residir continuamente allí, para comparar la ciudad que conocimos y la que existe hoy. A la derecha del Ensanche se puede ver la mole de la Sagrada Familia ese tempo gaudiniano que 6 generaciones de barceloneses han visto como se construía a lo largo de más de 100 años y que, a partir del cierre de la nave central, cada vez va siendo estéticamente más decepcionante. Y eso que todavía no se ha construido la fachada principal, seguramente la más estéticamente lamentable de todo el conjunto. Lo que eran las torres estilizadas del pórtico del Nacimiento o de la Pasión, ya han sido tragadas por la masa del cimborrio central. En cuanto al ábside neogótico ha desaparecido casi bajo el peso de la cúpula que están construyendo sobre él. Nada que ver entre las antiguas catedrales y la Sagrada Familia, verdadero monumento freaky, como dijera Unamuno “la obra de un loco”.

A lo lejos se ven las dos columnas de Hércules de la zona olímpica y más allá, los rascacielos de Diagonal Mar. Entre lo que se construyó en 1992 y lo que se inauguró doce años después, en 2004, Barcelona puede darse por concluida. Constreñida por la sierra de Collcerola, por las poblaciones del cinturón industrial, la ciudad ya no puede crecer más.

Desde las alturas del piso 15 es difícil percibir lo que ocurre en los barrios. Lo resumiré: Poble Sec –el barrio donde nació Serrat y en donde las aguas de la riera que circulaba por el Paralelo no llegaban- es una zona pakistaní que alcanza ampliamente las faldas de Montjuich. Hubo un tiempo en que era un barrio tranquilo, agradable, de calles estrechas, a modo de la Barcelona proletaria de finales del XIX y que fue muriendo con el anterior milenio. Más lejos se perciben las siluetas de Sans y de Hostafrancs que se pierden en dirección a Hospitalet. Resulta difícil saber cuántos habitantes barceloneses de origen o españoles allí asentados quedan. No creo que haya más de un 50%, el resto ha sido colonizado por la inmigración. Como en Casa Antúnez en donde nuestros gitanos se las tienen que ver con romanís, pakistaníes, moros y demás. Y eso también es lo que ven nuestro muertos desde el cementerio de Montjuich.

Ya a mediados de los años 90, la población inmigrante en el Raval y en el Barrio de la Ribera era elevada. El Raval que conocí era el barrio de la bohemia y del puterío, de las “clínicas de vías urinarias” a lo largo de Robadors y de los burdeles alternados con teatros y bares de mala nota. También aquel barrio formaba parte de la Barcelona proletaria y canalla. Luego llegaron los toxicómanos tras la “brillante” campaña del PSOE en las elecciones de 1983, la que le dio la mayoría absoluta, con un tema central: la despenalización del porro. Cuando el SIDA acabó con los yonkis, empezaron a llegar inmigrantes. En 1985, antes de que empezara la inmigración masiva, en el Ravel y en la Ribera ya había un 10% de población foránea. Desde entonces ha ido aumentando y ya no queda nada del que conocí. Lo pocos vecinos originarios que quedan se quieren ir de allí (y frecuentemente se van) lo antes posible. Los sociólogos lo llaman a esto “gentrificación” y saben como concluye: la población originaria termina siendo sustituida completamente por foráneos.

Pues bien, la inmigración en el Raval se ha ido extendiendo como una mancha de aceita y ha rebasado las Rondas. Cubre ya la zona del Mercado de San Antonio y en la parte más próxima al puerto, ya ha confluido con la zona de Pobre Sec y ésta a su vez, con Sans y Hostafrancs. La inmigración del barrio de la Ribera ha terminado por unirse a la presencia china en la zona de calle Trafalgar y aledaños y en otra dirección ha superado la zona del Parque de la Ciudadela y Arco del Triunfo para extenderse hacia Santa Coloma, San Adrián y en dirección a Badalona.

Si miro, desde el piso 15 del rascacielos, veo en la lejanía Valle de Hebrón, Ciudad Meridiana, etc. Hasta aquellas cumbres lejanas la inmigración está masivamente presente en una ciudad que está viviendo, casi sin darse cuenta, un proceso de sustitución de población y de mestizaje, sino en donde el mercado laboral se está contrayendo hasta lo indecible.

Mientras estamos grabando aparecen por la emisora unos chicos de BUP. Les están enseñando las instalaciones para convencerles de que estudien Ciencias de la Información, “periodismo”. Los que estamos allí haciendo el programa no podemos sino comentar “pobres chavales”. Y no puedo evitar entristecerme por la presencia de unos rostros engañados por el sistema sobre las posibilidades de obtener un título universitario en esa rama, rostros que ignoran que la crisis que estamos viviendo no terminará pasado mañana, sino que cuando tengan 30 años, todavía experimentarán sus secuelas.

Entre pasillos, me cuentan que el día anterior había estado grabando otro programa el economista Niño Berrera. Fuera de antena había comentado a los productores, a los locutores, a los técnicos de sonido, a los periodistas, que lo mejor, a la vista de lo de Chipre, era coger el dinero del banco y llevarlo a Andorra. Se puede hacer y es legal. Niño no ha sido muy optimista sobre las posibilidades de nuestro país para remontar la crisis. El otro día en otro programa de la misma cadena, proponía que se condicionara la presencia de inmigrantes en España al desarrollo de un trabajo: el permiso de residencia se supeditaría a si trabajan o no. Prédicas en el desierto. En España –y lo que veo desde el piso 15 es España- la racionalidad y el sentido común no tienen lugar, ni nadie les hace puto caso.

Todos en la emisora están inquietos: nadie sabe si el grupo podrá resistir la crisis económica, si sus empleos están asegurados para la próxima temporada. Todos son conscientes de que estamos gobernados por corruptos que, además de serlo, son incapaces para gobernar e inútiles para formular ideas nuevas. Todos se irían de España si pudieran irse, si alguien les ofreciera un puesto de trabajo en Pernambuco o en las Galápagos, en Botswana o en Macao. En el rostro de alguno veo cierta envidia cuando me despido de ellos por los dos meses que estaré en Canadá: “Si encuentras algo, avisa”, es la frase habitual.

Tomo un café con los amigos de la emisora. Tiene gracia. Estamos en un pequeño bar de la Diagonal. Al lado está tapiado el gigantesco local de La Oca, el bar-restaurant que permaneció abierto desde finales de los años 60 hasta no hace mucho, en una de las mejores zonas de la ciudad. Hoy está, simplemente, tapiado y así lleva varios años.

Tras despedirme de los amigos, desciendo por la Avenida José Tarradellas, en otro tiempo Avenida Infanta Carlota. Lo que veo es desolador: el 65-70% de los locales comerciales están en venta o alquiler o simplemente tapidos. ¡Y pensar que esta era una de las calles comerciales de la ciudad e incluso tenía cierto porte aristocrático! No hay ni rastro de los concesionarios de vehículos de todas las marcas. Quedan las amplias vidrieras, los bajos desiertos y los carteles de Se Vende (“en venda” en catalán, casi una perífrasis lingüístico-simbólica) o Se Alquilan. Y así hasta llegar a la Plaza de los “Països Catalans”… Tarradellas, Maciá y los “Països Catalans” o lo que es el recorrido de la desolación. Esta es la Barcelona que han construido ex aequo CiU u el PSC.

En cierta ocasión, hará diez años, tuve que descender de la Plaza de Lesseps (parte alta de la ciudad) a la Calle Nueva (Carrer Nou) de la Rambla (próxima al puerto). Lo que vi en aquella ocasión me sorprendió: en las aceras del céntrico Paseo de Gracia los top manta vendían los mismos bolsos hábilmente imitados que se vendían en los comercios de las aceras. Un top manda detrás de otro, sin que ni Mossos d’Esquadra ni policía municipal, ni gremio de comerciantes, les dijeran absolutamente nada. Eran los tiempos del “papeles para todos” o poco menos, así que, ilegales en la entrada, eran también ilegales en el desempeño de su comercio y, como las cosas parecía que iban bien, nadie se quejaba de nada. Luego, en aquella ocasión penetré en Las Ramblas cuando ya había anochecido y el paisaje era, simplemente, espectral poblado por un submundo de delincuentes, carteristas, topmantas, siempre con los cuerpos de seguridad del Estado ausentes. Un tirón por allá, un pakistaní a estacazos con unas romanís que habían intentado robarle, una carrera desesperada de un turista persiguiendo a quien le había robado la cámara de vídeo, un par de magdalenas británicas llorando a un policía inexpresivo. Entonces dije que aquel recorrido se me antojó como una especie de “descenso del Mekong” de la película Apocalipsys Now, o bien como el recorrido del río Congo que realiza el protagonista de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, que inspiró a Coppola su película ambientada en Vietnam. No era para menos.

Y ahora llega un productor avispado y le da por filmar una película futurista ambientada en una ciudad en la que, a fuerza de que todo haya ido mal durante tiempo indefinido, ya no es tan postmoderna como pre apocalíptica. ¿Y qué ciudad elije como escenario? Barcelona, off curse. Lejos estamos de los tiempos en los que Woody Allen recibía un millón de euros del Ayuntamiento por ambientes una película ñoña, ramplona y aburrida en la Ciudad Condal y otro millón de euros de la Generalitat para que la protagonizara la pánfila de Scarlet Johanson. Aquella película llegaba en 2008, un período en el cual, estábamos inmersos en las crisis de la construcción, pero aún no nos habíamos enterado. La Barcelona en tonos pastel que nos pintaba la cinta y la ñoñería del argumento parecen hoy de otra época. Aquel clima ingenuo-felizote y la ciudad alegre y confiada han sido sustituidas por las nubes gris-oscuro, las calles abandonadas y cubiertas de escombros y basura, los perros persiguiendo a los perros y los humos de incendios a lo lejos de esta otra cinta que se estrenará en breve: Los últimos días.

No tengo ni idea de si será o no una buena película (la presencia de Coronado induce a la esperanza), pero de lo que no cabe la menor duda es que se trata de una película realista y que pinta en clave dramática una situación dramática en una ciudad que quiso ser postmoderna y, sin darse cuenta, por la inercia de las cosas, la impericia de sus dirigentes y la pasividad generalizada, pasó a ser pre-apocalíptica.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com – Prohibida la reproducción sin indicar origen.

La iglesia post-Malaquias

La iglesia post-Malaquias

Infokrisis.- Como se sabe Benedicto XVI era el último papa de la profecía de Malaquías, quizás no tan antigua como se creyó, pero que, en cualquier caso, desde el siglo XVII acierta en cuanto a las características de los papas que se van sucediendo en el trono de San Pedro. Albino Luciani, como se sabe estaba asociado al lema “luz blanca”, perfecta traducción de su nombre laico. Juan Pablo II, “labori dei soli”, correspondía tanto a su carácter trabajador como a la novedad de que fuera uno de los pocos papas rubicundos de la historia. Y así sucesivamente. Da la sensación de que Malaquías o quien fuera, percibió como en una perspectiva aérea y rápida las características del reinado de los papas y retuvo en su memoria el rasgo que más le llamó la atención, asociándola a un lema. A fin de cuentas, una profecía no es más que la dramatización sensible de un hecho intuido. Pues bien, la lista de papas aportada por Malaquías ya ha concluido.

Con Benedicto XVI ha tenido lugar una novedad sin precedentes. No era normal encontrarse con un papa dimisionario. La cuestión que se plantea es por qué ha dimitido. El decir que no se sentía con fuerzas no sirve: ¿Con fuerzas para qué? A fin de cuentas, el antiguo miembro de las Hitlerjugend y artillero de la FLAK, era un intelectual y si llegó al papado fue precisamente por su superioridad en ese terreno. El intelectual lo es hasta su muerte. Pero el intelectual no es, necesariamente un gestor enérgico. Y todos sabemos que resulta muy difícil dirigir incluso una empresa familiar con la bondad y la razón.

El problema de fondo es el que se planteó desde los años 60 cuando el Concilio Vaticano II se presentó como una necesidad (la de “aggiornar” la Iglesia, “ponerla al día”), pero que concluyó en un lamentable fracaso autodestructivo. La Iglesia se puso al día en casi todo… menos en los problemas que preocupaban a los jóvenes: especialmente en todo lo relativo a la sexualidad. Y en ello sigue. Se modificó la liturgia (para “acercarla al pueblo”) y se aumentó el rol de la Virgen (muy por encima de su presencia efectiva en los Evangelios)… los prelados creyeron en la sugestión de los años 60, cuando todos, incluido los hippis, pensaban que se entraba en “tiempos nuevos”, cuando incluso en las filas eclesiásticas se creía que estaba próximo el advenimiento de una “nueva era” bajo el signo del humanismo y el universalismo y que sonaban tiempos en los que la mujer aumentaría su papel en la sociedad. Todo eso no eran más que sugestiones con las que se justificó el desmantelamiento de la liturgia y la creación de un ceremonial a medio camino entre el protestantismo y la iglesia tridentina.

Lo que hasta entonces eran certidumbres y dogmas, se convirtieron en algo en lo que hasta los mismos sacerdotes dejaron de creer y que nunca estuvieron en condiciones de transmitir. Los argumentos para defender la virginidad o las restricciones puestas a la sexualidad, serían admisibles dentro de un contexto de autocontrol y en la educación de la voluntad, pero no podían solamente avalarse en función de dogmas o encíclicas. De la misma forma que la educación en España languidece porque una parte sustancial del profesorado ha dejado de creer (por las razones que sean) en su misión, la Iglesia ha periclitado porque sus pastores han dejado de dominar el arte de conducir a su rebaño.

Todo eso importa ya poco: el papel de la Iglesia ha pasado y la misma Iglesia pertenece, más que a otro mundo, a otro tiempo. La homosexualidad y la pederastia entre algunos cleros nacionales es solamente una desagradable anécdota más. Mucho más grave es que los seminarios estén vacíos, que la edad media del clero supere los 60 años y que Europa haya dejado de ser el centro de la Iglesia para pasar éste a Asia y especialmente África. Hoy, Europa es nuevamente “tierra de misiones”.

La unidad de la Iglesia ha sido sustituida por la multiplicidad de sectas, sectillas (o si se le quiere llamar “prelaturas personales” y “asociaciones confesionales”) construidas por personajes de los que lo más piadoso que puede decirse es que sean ejemplos de moralidad, santificados o no. Mientras el clero diocesano es hoy casi una entelequia, estas asociaciones tienen medios, movilizan militancia y despliegan una actividad que ya el sacerdote de barrio no está en condiciones, ni con ganas de realizar. Siempre ha habido órdenes religiosas en la Iglesia, sí, pero las nuevas “asociaciones” y sus fundadores carecen de al altura de benedictinos, franciscanos, dominicos, etc. Y eso es lo que queda de la Iglesia, eso y un patrimonio extraordinario cuyo control, por cierto, es lo que persiguen buena parte –no digamos todos, por pura prudencia- de esos grupos.

En cuanto a la Iglesia española no hay que olvidar que los conventos femeninos ya están casi completamente vacíos de monjas de menos de 60 años, la mayoría de las novicias son filipinas, sudamericanas y africanas. Sin olvidar que en El Raval de Barcelona existen 15 “puntos de oración” islamistas y una sola iglesia católica con oficios una vez a la semana (y otras dos cerradas). La llegada masiva de sudamericanos ha servido mucho más para revitalizar las dormidas sectas evangélicas y a los protestantes, que a la adormilada iglesia local. Y los seminarios siguen vacíos.

Hace diez años escribimos que a la Iglesia española sólo le quedaba irse extinguiendo como la luz de una vela en su último tramo. Hoy reiteramos esa impresión en la certidumbre de que así ha ido ocurriendo. No se espere que tal acumulación de patrimonio y tantos millones de fieles pueden desaparecer de un día para otro, pero si resulta inevitable que se vayan extinguiendo poco a poco, perdiendo influencia primero, luego perdiendo peso social, luego dándose dentelladas en su interior y, finalmente, dirigido por una jerarquía para la que lo predicado no tiene ya nada que ver con lo pensado o con el día a día vivido por ella misma. Porque el problema no es de falta de vocaciones, sino de plantearse ¿cuántos sacerdotes y jerarquías en activo siguen creyendo verdaderamente en el dogma y cuántos otros están donde están por simple inercia, por conveniencia social, ambición o apatía?

En España todo esto es mucho más trágico, especialmente para los patriotas que asocian su fe política a su fe religiosa. La escuela de historiografía que asoció la historia de nuestro país con la iglesia católica hizo que España empezara a existir SÓLO desde la conversión de Recaredo… Pero hubo una Hispaniae antes del episodio, de la misma forma que hay una España ahora cuando con propiedad puede decirse que “España ha dejado de creer en el catolicismo” (porque el catolicismo militante es sólo patrimonio de una minoría y la inmensa mayoría de la población está ausente de los oficios religiosos). Creemos, en estas circunstancias, que resulta muy difícil seguir manteniendo esta identidad entre Catolicismo y España. El declive inevitable del primero, no debe necesariamente entrañar el fin del segundo.

El problema religioso no me interesa más allá de mí mismo. Allá cada cual con su conciencia y su vida y allá cada cual con sus creencias. Pero hay que reconocer que no podemos hacer nada para rectificar la pendiente decadente de la Iglesia (doctores tiene la institución…) en este período post-Malaquías. Pero sí podemos hacer algo por nuestro país. Es hora de un patriotismo emancipado definitivamente de la idea religiosa que responda a las preguntas de cuál es la “misión” y el “destino” de España en el siglo XXI, sin recurrir a algo que ya sigue una dinámica autodestructiva propia ante la cual no podemos hacer nada.

Poco importa lo que decida el cónclave y cuál sea el nuevo “rostro” que presidirá el Vaticano, la crisis de la Iglesia es tal que con las meras fuerzas humanas resulta imposible rescatarla… y para los que esperan una intervención divina, lo sucedido en las últimas décadas en la Iglesia induce a dudar sobre si allí queda algo de divino o, simplemente, es un pozo de inmoralidades tal como parece haberlo percibido un intelectual metido a Papa que prefiere dimitir antes que seguir al frente de la cáscara hecha de oropel y dogma, vacía y hueca, en la que las dentelladas entre sectas sustituyen al amor fraterno, las inversiones del Banco Vaticano tienen más peso que el ejercicio de la caridad, la tercermundización interesa más que la difusión de una visión cultural clásica, el vicio se enseñorea de la jerarquía cuando la jerarquía debía ser ejemplo y cuando lo único que puede hacerse es, o gritar la verdad esperando una reacción o bien retirarse a meditar a la espera de los últimos días.

Benedicto XVI, el antiguo artillero de la FLAK y el antiguo Hitlerjugend ha optado por lo segundo. No voy a ser yo quien se lo reproche a quien, en rigor, puede ser llamado “el último papa”

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

¿Antipolítica o antipartido?

¿Antipolítica o antipartido?

Infokrisis.- Cuando uno intenta analizar fenómenos como el Movimento 5 Stelle y a su fundador, Beppe Grillo, debe de ir con cuidado. Las posibilidades de realizar un diagnóstico erróneo sobre algo que en principio no tiene una línea política, ni estrategia, ni estructuras políticas, es enorme. Por otra parte, el fenómeno, como todos los que aparecen en  este momento de declive de las democracias, es contradictorio y cada cual puede creer ver en él aquello que apoya o lo que rechaza.

Supe de Beppe Grillo este verano en Cerdeña cuando uno amigos me citaron como la gran esperanza de la política italiana. Antes de las elecciones generales italianas, a Grillo y a su formación apenas se les daba entre un 13 y un 18% de votos, lo que no era poco y se le atribuía el tercer lugar, por supuesto, tras el “respetable” Mario Monti, el “gestor eficaz”… La inquietud de los analistas se debía a que con esos porcentajes, Grillo podía condicionar la formación de cualquier gobierno de derechas o de izquierdas. Y no se sabía muy bien, qué condiciones pondría. Si tenemos en cuenta que “el dinero es cobarde”, de su resultado dependía el que Italia (y, de rebote España) vieran alterada al alza los puntos diferenciales de su deuda.

El lunes, al cerrarse las urnas, poco importó quien había obtenido más votos, el Movimento 5 Stelle (M5S) obtuvo 108 diputados y un 25,5% de los votos y 54 senadores y un 23,8% de los votos. Grillo, a partir de ahora, condicionará más la política italiana. El vencedor oficial, Pier Luigi Bersani, líder del centro-izquierda, difícilmente podrá gobernar en estas condiciones aunque lograra la neutralidad del M5S. A partir de este momento, la política italiana está abocada –tal como han reconocido todos los observadores- a una nueva fase de inestabilidad.

Afortunadamente en Italia (y a diferencia de España), el tejido industrial es mucho más sólido y la capacidad productiva mayor, como para que la política afecte decisivamente a la actividad económica. El caso italiano demuestra que el gobierno… gobierna poco y que, por mal que lo haga, sus resultados se notan poco en la sociedad (o el menos, se notan menos que en España). Hay que decir que desde 1945, Italia se ha acostumbrado a este tipo de gobiernos en los que la inestabilidad, la corrupción, el “carrierismo” (nepotismo) y la ineficacia están a la orden del día.

Sin embargo, no puede negarse que un sector amplísimo de la sociedad italiana 1) rechaza a la partidocracia, 2) abomina a la actual clase política surgida de la “operación manos limpias” que hizo saltar por los aires a los viejos partidos enfeudados en el poder desde 1945), 3) se desinteresa completamente de la acción política (la participación descendió un 7% y en algunas regiones un 11%, situándose en una media del 25%) y 4) rechaza las medidas aplicadas por el gobierno Monti e impuestas bajo presión del FMI y de la UE.

Ante todo esto, Beppe Grillo encarna el voto de protesta.

El origen del M5S parte de la idea lanzada por Grillo en 2007 aprovechando el éxito de la película V de Vendetta, el llamado V-Day o Vaffanculo Day (literamente, el “día de a tomar por culo) cuyo fin era recoger firmar para presentar una petición de referéndum que impidiera a los condenados en firme presentarse a las elecciones  se limitara  el mandato de los políticos a dos legislaturas. Como guiño a los orígenes de la República, Grillo hizo coincidir el V-Day con la jornada de proclamación de la República por el Mariscal Badoglio en 1943. Logró reunir en una sola jornada, 336.000 firmas para presentar la propuesta de referéndum (apenas se precisaban 50.000).

Al año siguiente se convocó otro V-Day y, ya por entonces, algunos partidarios de Grillo habían conseguido ser elegidos como concejales en las elecciones locales. De ahí a que aspirara a una mayor proyección no hay más que un paso. El M5S (escrito deliberadamente MoVimento 5 Stelle para salvar la “V” que fue el primer leit-motiv del grupo) fue, finalmente fundado en octubre de 2005 sobre la base de un Movimento di Liberazione Nazionale. Sus orientaciones son:

-          Partido populista de protesta de los perjudicados por la actual crisis y la globalización.

-          Ecologista moderado.

-          Anti-Euro y ligeramente euroescéptico.

El primer punto dio como resultado la línea general del M5S: una denuncia de la partidocracia, de la corrupción y de la ineficacia. Su populismo además, se concretó en la defensa de los transportes públicos, en el desarrollo (frente a la deslocalización) y en la “conectividad” a través de Internet (“todos los medios de comunicación mienten”, “internet es nuestra única defensa”). El ecologismo hizo nacer el interés por el medio ambiente y la lucha contra la privatización del agua. Y en cuanto a la lucha contra los recortes sociales y el déficit, les sitúa en posiciones antiglobalización. ¿Por qué cinco estrellas? Por este programa que resumen en cinco puntos “agua pública, transporte, desarrollo, conectividad y medio ambiente”.

En las elecciones locales del 2012, el partido consiguió obtener entre el 15 y el 20% en las encuestas de opinión, superando al partido de Berlusconi y aproximándose al PD, consolidándose en el segundo lugar. En las elecciones de Sicilia fue ya el partido más votado en la región obteniendo 15 de los 90 estaños…

Pero en estas últimas elecciones se manifestó la enfermedad que iba a aquejar a la política italiana a partir de entonces: la abstención superó el 52,6% y la composición de la asamblea regional siciliana estaba multifraccionado. Luego vino el éxito de febrero de 2013 en las elecciones generales… y con él la convulsión en el sur de Europa.

Parece difícil que un partido sin estructuras sólidas, siendo más bien una corriente de opinión, pueda influir durante mucho tiempo en la política nacional. Grillo, consciente de esto, se ha inhibido de las luchas de partidos: ha pedido a los gestores, eficacia, simplemente, y honestidad. De momento, ha manifestado que no apoyará a nadie en concreto.

Habrá gente que esté tentado de vincular este movimiento a otros que han aparecido en España en los dos últimos años (la “primavera valenciana” en 2012, el “15-M” y los “indignados” del 2011, “la marea verde” y la “marea blanca” de 2013…). En realidad, no tienen nada que ver. Mientras que en España, estos movimientos han estado próximos a los tópicos de la extrema-izquierda (aborto libre y gratuito, pro-inmigracionismo, reconocimiento de un carácter de izquierdas, laicismo, memoria histórica, antifranquismo), Grillo ha sabido salvaguardar a su movimiento de estas influencias, por lo que en su interior (y a diferencia de los movimientos “contestatarios” aparecidos en España) tienen cabida tanto decepcionados de la derecha como de la izquierda, como abstencionistas.

El movimiento de Grillo no es más que el resultado de la decepción de la sociedad italiana por la política, de su convicción de que la política no logrará solucionar sus problemas y de que todo, absolutamente todo, está podrido, está condicionado, y actúa contra el ciudadano honesto.

Grillo es un actor, consciente de las reacciones del público. No es el primer actor tentado por la política. En 1981, en el crepúsculo de Giscard apareció un tal Coluche, un cómico, con un discurso populista en el que tiraba contra todo y contra todos. No pudo presentarse a las elecciones presidenciales y poco después murió en accidente de tráfico. Treinta años después, otro actor, Dieudoné, recorrió la misma senda. En Italia también se han producido casos similares, hasta ahora situados a la izquierda de la izquierda, en lo que podríamos llamar una “izquierda primitiva” (casi ignorante). Algo que en España, afectada “seriedad” de “los de la ceja” y su oportunista advocación bajo el zapaterismo o tras los faldones de la mesa camilla de la izquierda comunista, nunca ha conseguido llevar más allá de los cauces trillados de la izquierda convencional.

De todas formas, en el pasado, cuando su peso era menor, Beppe Grillo intentó colaborar con el PD. Su no admisión en esta formación le llevó a fundar el Movimento 5 Stelle y a corregir algunas de sus orientaciones originarias.

Pero hay que ser cautos: es mejor que el electorado se decante hacia opciones “caóticas” como ésta a que lo siga haciendo por opciones “tradicionales” (como Berlusconi o el PL), pero mientras electorado se decida por estas vías persistirá en el terreno de la “antipolítica”,  es decir, en la “gran negación “, pero no en la afirmación de una opción. Para ello haría falta que, más que “antipolítica” lo que se gestara fuera el ANTIPARTIDO, es decir, la estructura sólida y coherente que garantizara y liderara la sustitución de los actuales regímenes políticos por otro sistema político, social,  económico y cultural. Mientras eso no ocurra, toda las “contestaciones” serán parciales y de escaso trecho. Como la encabezada por Beppe Grillo…

Como escribió Dario Fo: “El grillo canta siempre en el ocaso”… en efecto, un fenómeno como Beppe Grillo solamente podía aparecer en el ocaso de un régimen. Porque aunque  en Italia los analistas todavía no lo hayan advertido, lo que han muerto no son los partidos políticos tradicionales (como en “manos limpias”), ni siquiera se ha producido una revuelta contra los gestores amaestrados por el FMI y el Banco Central Europeo… lo que ha quebrado es el propio sistema. Entre tanto, Grillo se pasea por las ruinas del sistema pilotando un Ferrari. Antes, el 7 de diciembre de 1981, Grillo, perdió el control de un todoterreno ocasionando la muerte de sus tres acompañantes… Es posible que ahora haya ocasionado la muerte del sistema político italiano. El problema es que ni el M5S es una alternativa, ni existe alternativa viable, ni en Italia, ni en país alguno (incluido España) en donde se está dando una crisis de la misma magnitud.

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Catástrofes internacionales (IV)

Catástrofes internacionales (IV)

En un mundo globalizado el destino de España no se decide en territorio nacional. Son los poderes financieros internacionales los que han propulsado ese nuevo modelo de economía a partir de la caída del Muro de Berlín y de la doctrina del “fin de la Historia”. De hecho, la crisis de la burbuja inmobiliaria (iniciada en 2007 en EEUU), la crisis financiera (iniciada al año siguiente con la quiebra de Lehman Brothers) y la crisis de la deuda (iniciada a partir de 2009 en España), constituyen el fracaso de la globalización. La globalización ha tenido a un pequeño número de beneficiarios (los gestores del capital financiero internacional) y a una inmensa mayoría de afectados (especialmente a las poblaciones del mundo desarrollado que en pocos años han visto como su industria se deslocalizaba y llegaban a sus países oleadas de inmigrantes para abaratar el coste de la mano de obra y ganar en competitividad. Intento absurdo porque los salarios medios en Europa no pueden rivalizar con los 150 euros/mes pagados en China, no con los 75 euros/mes pagados en Vietnam, ni con los 33 euros/mes pagados en África negra…

El problema más importante al que se enfrenta España en la segunda década del nuevo milenio es, precisamente, el fracaso de la globalización y la imposibilidad de enderezar nuestra economía de manera autónoma o al menos junto a los países europeos que tienen una estructura económica y unos costes de producción próximos a los nuestros. A esto se une un sistema de alianzas impuesto durante la transición como condición previa para el ingreso en las Comunidades Europeas y que ha supuesto una profundización en la línea seguida por Franco desde 1956 cuando suscribió los pactos de ayuda y amistad con los EEUU, ingresando en la OTAN, participando luego en las aventuras coloniales de los EEUU y comprometiéndose en el “escudo antimisiles”, todo lo cual indica que nuestra política exterior, desde hace casi 70 años está condicionada por las actitudes de los EEUU y sirve más a sus intereses que a los nuestros.

Todo ello crea un marco extremadamente catastrófico para nuestra política exterior y, especialmente, marca la imposibilidad –mientras se persista en estas actitudes: 1) aceptación acrítica de la globalización, 2) integración en la OTAN, 3) seguidismo hacia los EEUU- de modificar los lineamientos erróneos en política exterior que contribuyen a aumentar el peso de las catástrofes descritas anteriormente: el política porque los EEUU imponen un modelo político que no es el que más conviene a nuestro país, en economía porque precisamente el gran lastre de nuestra economía es nuestra inclusión en la globalización y en cultura porque seguimos un modelo nacido fuera de nuestras fronteras, el “modelo americano”.

Por tanto, los problemas que se suscitan en este terreno son:

a. Somos vasallos de un país en decadencia que corre el riesgo de arrastrarnos en su caída- Decimos “vasallos” y no aliados porque los “imperios” tienen vasallos, nunca aliados.

- EEUU tienen hoy una deuda acumulada de más de 12 billones de euros. Una deuda así es imposible de cubrir y evidencia la debilidad del imperialismo norteamericano que sigue viviendo en la actualidad gracias 

1) a que diariamente desde hace casi 20 años, se inyectan más de 1.000 millones de euros diarios en las bolsas norteamericanas, lo cual garantiza el consumo interior y permite que las empresas norteamericanas prosigan su depredación por todo el mundo. Esos 1.000 millones proceden de los petrodólares, de China y de Europa.

2) a que la inmensa mayoría de los grandes consorcios multinacionales, a pesar de que, por definición, son internacionales, tienen su sede social en los EEUU y actúan en la misma dirección que el llamado complejo militar-petrolero-industrial.

3) a que la alianza entre los EEUU y el capital en manos judías goza de buena salud y el poder militar de los EEUU es hoy por hoy la gran salvaguardia del Estado de Israel, si bien el judaísmo norteamericano tiene connotaciones culturales (es prácticamente laico en sus élites económicas), económicas (la élite del judaísmo norteamericano, en buena medida, cree que el mantenimiento del Estado de Israel es excesivamente costosa, es decir, no es un judaísmo sionista) y mito-políticas (especialmente desde el conservadurismo norteamericano se ha insistido en que Israel es el “pueblo elegido de la antigüedad” mientras que los EEUU son el “pueblo elegido de la modernidad” y que, por tanto, los destinos de ambos países están unidos) que complican extraordinariamente el problema en el momento actual.

4) a que la presencia de los marines en 250 bases militares extendidas por todo el mundo y el desarrollo de una industria armamentística basada en los conceptos de ataque masivo a distancia, y guerra asimétrica (con 0 bajas propias y destrucción total del adversario), contribuyen por el momento a mantener la fidelidad de los vasallos, a sabiendas de que quien cambie de posición se arriesga a represalias político-económico-militares.

- En el momento en el que falle algunos de estos cuatro elementos (flujo diario a las bolsas, potencia militar, dinero judío y quiebra de algunos consorcios), los EEUU corren el riesgo de desplome económico-militar. Si a ello se unen problemas sociales (el aumento de las tensiones internas entre latinos y anglosajones, dos comunidades absolutamente diferenciadas y con identidades completamente diferentes e incluso opuestas) y las tensiones entre el “centro” federal y la “periferia” de los Estados, si tenemos en cuenta que la privatización de servicios e infraestructuras ha generado obsolescencia en muchos sectores y falta de capacidad de reacción del poder central, factores todos ellos que nos indican que el futuro de los EEUU es particularmente problemática y que el país camina hacia una guerra civil que puede ser, a la vez, racial y social.

- Si es cierto que la hegemonía norteamericana toca a su fin y que los días de los EEUU como única potencia mundial están contados, habrá que reconocer que esto se aproxima justo en el momento en el que España está privada a causa de la crisis para ejercer una acción política exterior y cuando nuestra situación de dependencia en relación a las orientaciones de la defensa de los EEUU nos comprometen con el “caballo perdedor”. El futuro desmantelamiento de la política exterior de los EEUU puede acarrear el que, bruscamente, nos encontremos con la necesidad de establecer una política propia, pero sin instrumentos suficientes para improvisarla.

- Hay que recordar que las políticas exteriores y de defensa no son objeto de un gobierno concreto, ni de cortos períodos de tiempo, sino que su credibilidad deriva de la ausencia de variaciones en sus orientaciones: un país es tanto “más fiable” para otros países en la medida en que sus políticas de defensa y de exteriores son más constantes.

b. Ante la previsible caída del “unilateralismo norteamericano”, España no está en condiciones de proponer ni practicar una alternativa capaz de convertirnos en dueños de nuestro propio destino y en país influyente.

- Lo dicho en el parágrafo anterior nos sitúa ante otro problema incuestionable: el tiempo del unilateralismo se está acabando, han aparecido nuevos actores internacionales en la escena, que, primero han destacado en la esfera económica y tecnológica, para destacar luego como polos de influencia en el panorama internacional. La política exterior y de defensa española no ha tenido en cuenta la emergencia de estos nuevos centros de poder.

- Los gobiernos españoles de los últimos 60 años han dado como inevitable el que España pertenezca al área de influencia de los EEUU y han renunciado a crear una política exterior propia. Han aceptado el estar ausentes del panorama internacional con vocación y potencia y se han resignado a situarse a la sombra del paraguas protector de los EEUU. Esto ha tenido costes pesados y el primero de todos ha sido compartir el destino de los EEUU, renunciando a la creatividad y a la búsqueda de vías propias. Si se hubiera previsto desde hace décadas que el poder de los EEUU periclitaría, se hubiera experimentado la necesidad de asumir tareas necesarias para tener voz propia en un futuro mundo multipolar. No se hizo así y ahora, en plena crisis económica, España es un país “apestado”, gobernado por una clase política que no inspira respeto ni en el interior ni en el exterior del país y que, por tanto, no está en condiciones de diseñar un destino propio que pueda interesar a un grupo de pueblos en similares condiciones. No estamos preparados para el reemplazo que supondrá pasar del unilateralismo al multilateralismo.

- A la quiebra del unilateralismo que sucederá a la quiebra del americanismo se une un tercer factor que, a modo de receptáculo, encierra a estos dos fenómenos: el fracaso de la globalización.

c. Si entre 1989 y 2001 el mundo vivió bajo el ensueño de la globalización y del “fin de la historia”, a partir de 2007, se desvaneció la viabilidad de la globalización. Nadie en España, todavía, salvo el sector alternativista, cuestiona la existencia de un mundo globalizado.

- El mundo es demasiado diverso como para poder realizar una globalización económica, en cuento al multiculturalismo y al mestizaje cultural que acompañan a la idea mundialista, el mundo es demasiado rico en matices como pensar que alguna vez todos ellos se terminarán fusionando en un todo uniforme.

- La globalización, inicialmente, aludía solamente al libre tránsito de capitales de un lado a otro del planeta. Sin embargo, quienes lo impulsaron, pronto se percataron de que, podía conducir a un “gobierno mundial” (idea que ya estaba implícita en los delirios humanitaristas-universalistas de la UNESCO y de los altos funcionarios de Naciones Unidas) a condición de que se hiciera alusión a una globalización no sólo económica sino también política, cultural, religiosa y étnica. El éxito de la globalización dependía de su viabilidad en el plano económico, y quedaba reforzada por todos los demás frentes. Pero si la globalización acompañaba a una crisis económica, la globalización de las costumbres (el multiculturalismo), de la política (la Alianza de Civilizaciones en sus contenidos), de la religión (seudo-espiritualidad newage) y étnica (las migraciones masivas y el mestizaje), crearían las condiciones para un segundo intento globalizador cuando las circunstancias estuvieran más maduras. Nosotros estamos ahora en ese punto.

- La crisis económico-social iniciada en 2007 ha demostrado a las claras la imposibilidad de una globalización en la que el Primer mundo siempre será la zona más afectada, debiendo renunciar a su objetivo de extender el Estado del Bienestar, dando lugar a formas neoliberales en los que la privatización de los servicios sociales sea el elemento central. Si hoy todavía no existe una revuelta generalizada contra la globalización se debe fundamentalmente a la ausencia de un extendido movimiento político-social que realice una crítica sistematizada a ese modelo.

- La globalización ha generado que nuestro país renuncie a algo tan básico como la autonomía alimentaria y a renunciar a la industria pesada, mientras que está en marcha un proceso creciente de desertización industrial. Nuestro país depende completamente del exterior en materia energética y alimentaria y cada vez producimos menos bienes de consumo y manufacturas. Esto hace que el mercado laboral cada vez se contraiga más (lo que está en contradicción con la llegada masiva de inmigrantes teniendo como consecuencia una caída en picado del precio de la mano de obra escasamente cualificada).

- Por tanto nuestra país (uno de los eslabones más débiles del mundo capitalista occidental) tiene un doble peligro: si la globalización progresa y se afianza, nuestra sociedad sufrirá un trauma que situará a la mayor parte de la población a la precariedad; pero, por el contrario, si la globalización se muestra imposible, nuestro país saldrá de este período con un grave déficit de industria y con un mercado laboral completamente distorsionado, en unas condiciones de conjunto completamente inadecuadas para afrontar un período post-globalizador. En cualquiera de los dos casos, la conclusión al proceso globalizador, sea cual sea, no puede ser sino extremadamente negativa para nuestro país.

d. Desde su creación, en 50 años, el Mercado Común Europeo, luego llamado Comunidades Europeas y finalmente Unión Europea, ha estado sometida a distintas orientaciones. La “unión política” que se expresó como intención en el Tratado de Maastrich con el frustrado intento de redactar una “constitución europea” y la “unión monetaria” (creación del Euro y del Banco Central Europeo), han constituido un estrepitoso fracaso. Desde la transición política (1976-1983) España aposto por “Europa”, sin percibir que algunos de sus impulsores no aspiraban a otra cosa más que a la conquista de un área de influencia sin ejércitos pero con tecnócratas.

- España en la transición política creía que verdaderamente la solución a todos sus males económicos era la “integración en Europa”. Existía en el subconsciente colectivo la idea de que “no éramos Europa”, sino algo exótico situado entre África y Europa. La negociación con la UE fue llevada a cabo por Felipe González en un marco de apresuramiento y presión, máxime cuando el socialismo español debía a la socialdemocracia alemana su propia existencia y el hecho de que fuera el SPD alemán el que construyera a partir de la nada y a golpe de talonario al PSOE a partir de 1976. Pronto se vio que Alemania exigió de Felipe González un alto pago por haberlo situado en el poder. La negociación excesivamente rápida costó el desmantelamiento de sectores estratégicos de nuestra economía.

- Hubo que esperar a la primera reconversión industrial y a la llegada masiva de fondos estructurales durante veinte años para que se produjera espejismo de que la “integración en Europa” había sido un éxito. Pero el final de la llegada de fondos estructurales y el inicio del período en el que España debía de aportar grandes cantidades para el desarrollo de los nuevos socios de la UE, precedió en apenas un año (2006) al inicio de la gran crisis económica (2007), con lo que se juntaron tres efectos perniciosos: fin de la llegada masiva de ayuda europea, inicio del pago de España de sus cuotas para fondos estructurales e inicio de la gran crisis con contracción de los mercados, estallido de las burbujas y aumento consiguiente del paro y de la deuda soberana.

- Si durante el gobierno de Felipe González, España se limitó a aprobar todas las decisiones tomadas en Bonn primero y en Berlín después, con la llegada de Aznar España reforzó el obstruccionismo del Reino Unido en la UE en su condición de segundo gran aliado de EEUU en el seno de Europa. El hecho de que a partir de 2004 esta política saltara por los aires con el gobierno Zapatero, lejos de beneficiar a España, contribuyó a castigarla todavía más: para distanciarse del aznarismo, Zapatero apoyó incondicionalmente al eje franco-alemán y se negó a vetar las firmas de acuerdos preferenciales con países no europeos que lesionaban gravísimamente los intereses de los agricultores españoles. Con Rajoy esta política no ha variado y España es el “gran mudo” de la UE, acaso porque tiene por delante la petición de un “rescate” financiero.

- En el momento actual se ha demostrado que la moneda única es perjudicial para las economías más débiles de la UE que ya no tienen en sus manos una política monetaria para salir de la crisis y están sometidos a la rigidez impuesta por Alemania y por Francia en torno al euro y en torno al Banco Central Europeo. Si tenemos en cuenta que cinco países de la UE ya han pedido “rescate” se entenderá que ya nadie hable de la “construcción política de Europa” y de “profundizar” en la constitución de la UE o en la redacción de una “constitución europea”. La UE empezó siendo un “mercado común”, después de dos décadas de intentar una difícil unión política, hoy el aspecto económico vuelve a ser el esencial pero no acompañado por la euforia de que la desaparición de las fronteras beneficiará a la economía, sino por las dudas sobre si el Euro sobrevivirá a la crisis.

- En el último cuarto se siglo, España se ha configurado como una “nación de servicios” dentro de la UE, un país periférico, carente por completo de industria pesada, apenas un paraíso residencial para jubilados ingleses, holandeses y alemanes y para más de 50 millones de turistas. Pero hemos dejado de ser una potencia industrial, hemos renunciado incluso a la autonomía alimentaria y somos completamente dependientes de Europa… de una Unión Europea que ni siquiera está claro si sobrevivirá a la actual crisis económica.

- Para colmo, la Unión Europea no se ha configurado como un espacio libre de economía cerrado a la globalización y a sus peligros, sino que ha cometido el error de transformarse en la “pieza europea” del mundo globalizado. A las dudas sobre el futuro y sobre la viabilidad de la UE, se unen precisamente ahora las dudas sobre la viabilidad del sistema mundial globalizado.

- Todo esto llega en un momento en el que la economía español y especialmente la industria manufacturera, está extremadamente deslocalizada, esto es, debilitada. Las dudas sobre el futuro de la UE se unen a las dudas en torno a la globalización y a la hegemonía norteamericana, generando demasiados eslabones cuya resistencia es problemática y hacen que la actual situación no puede prolongarse durante mucho tiempo.

e. Históricamente, el único factor que ha facilitado el dejar atrás las crisis económicas (como la del 29) ha sido el estallido de guerras generalizadas. En esta ocasión no será diverso: de la crisis iniciada en 2007 en EEUU solamente se saldrá con un nuevo conflicto que constituirá la guerra para salvar al capitalismo.

- En 1929 estalló la gran crisis del capitalismo. Contrariamente a lo que han propagado periodistas poco exigentes, el “new deal” de Roosevelt (que, fundamentalmente, consistió en inyectar dinero público en la creación de infraestructuras y programas sociales, unidos a algo de proteccionismo). Sin embargo, en 1937, se volvió a producir una recesión. Hay que decir que la crisis del 29 afectó a todos los países desarrollados… salvo a la URSS que estaba regida por otro sistema económico. Y, por supuesto, Alemania que había llevado a cabo una política muy agresiva a partir de 1933 de lucha contra la economía liberal. Hjalmar Schacht, ministro de economía de Hitler, negoció con los acreedores de Alemania el cobrar inmediatamente las cantidades adeudadas a condición de invertir ese mismo dinero en la reconstrucción del Reich. Aceptaron. En pocos meses, el régimen empezó a absorber el paro. No así en EEUU en donde el “new deal” no pudo evitar la irrupción de un 25% de parados… Pronto, el capitalismo llegó a la conclusión de que sin una guerra que volviera a poner en marcha los mecanismos de producción y de consumo, no quedaría atrás la crisis. Alemania marcaba el camino: se estaba impulsando la industria armamentística y esta “tiraba” del resto de sectores económicos. Pero el problema en EEUU y en el Reino Unido es que –a diferencia de Alemania- el ejército ya existía. En Alemania, como se sabe, había sido prácticamente disuelto después del tratado de Versalles y reducido a su mínima expresión hasta el punto de que oficiales alemanes debían entrenarse en la URSS para eludir las condiciones impuestas.

- Era preciso que estallara una guerra lo más lejos del territorio metropolitano de los EEUU. En Europa, por ejemplo. Para eso, EEUU contaba con un aliado preferencial, cerca del teatro de operaciones europeo: el Reino Unido. De hecho, ya en aquella época Londres era la primera plaza bursátil mundial y el nexo entre las finanzas anglosajonas de uno y otro lado del Atlántico estaba sellado desde principios del siglo XIX cuando ya se habían disipado los efectos de la guerra de independencia de las colonias. Fue a través de este aliado providencial que Francia se vio envuelta en una guerra que se saldaría con la peor humillación de su historia y que el Reich tuvo una guerra que Hitler no deseaba. La excusa fue banal: el corredor de Danzig.

- El territorio nacional alemán había quedado partido a raíz de las condiciones del Tratado de Versalles. Prusia oriental estaba completamente descolgada del resto del territorio a raíz de la formación del Estado Polaco. Una parte de Pomerania, que siempre había sido alemana, bruscamente se convertía en territorio polaco. El 24 de octubre de 1938, el gobierno alemán solicitó a Varsovia la devolución de la “ciudad libre” de Danzig, unida aduaneramente a Polonia y permiso para tender una línea férrea y una carrera a través del corredor, con estatuto de extraterritorialidad. Varsovia apoyada, por supuesto, por el Reino Unido, rechazó la propuesta que no atentaba ni contra su integridad territorial, ni contra su seguridad. En lugar de eso, firmó un tratado de ayuda mutua con Londres. El camino para la guerra estaba preparado. Se puede reprochar a Hitler que, desde la anexión de Austria, hubiera jugado a la ruleta rusa y que, resultase inevitable que antes o después, estallase la guerra. Pero la excusa de Danzig era excesivamente banal y, por lo demás, a nadie se le escapa que era de justicia que un territorio que había sido colonizado por la Orden de los Caballeros Teutónicos desde el siglo XII, y que siempre había sido germano, no era de recibo que por una decisión puntual internacional pasara a ser… polaca. No era raro que en París, el 3 de septiembre de 1939, cuando Londres declaró la guerra a Alemania seguida por Francia, muchos periodistas se preguntaran “¿Morir por Danzig?”… en efecto, nadie hasta ahora, ha logrado convencer a ningún analista serio, ni a ningún observador imparcial, de que Danzig valía los 51 millones de muertos (12 por el Eje y 49 por los “aliados”)… Es más, si se produjeron 51 millones de muertos fue solamente y nada más que para salvar al capitalismo y terminar con la crisis iniciada en 1929.

- Aquella guerra sirvió solamente para destruir Europa, generar un duopolio internacional USA-URSS que duró 45 años, en el curso del cual, no solamente Alemania, sino especialmente Francia e incluso el Reino Unido resultaron anuladas como grandes potencias. Y, eso sí, el capitalismo resultó salvado y respiró profundamente desde los rascacielos de Manhattan. Vale la pena no olvidar que aquella guerra no fue ni el blitzkrieg, ni el holocausto, ni la guerra en el Mediterráneo o en Asia: fue sólo y únicamente, pro encima de todo, la guerra para salvar al capitalismo. No lo olvidemos, porque ahora tenemos encima una nueva guerra de consecuencias imprevisibles de la que nuestro país y toda Europa debe de mantenerse por encima de todo al margen.

- Casi tres cuartos de siglos después del gran error de Danzig, las piezas del ajedrez vuelven a estar como entonces. El escenario ha cambiado. El Islam y no el Reich es el “enemigo”. El teatro no es Europa sino Oriente Medio. Pero el instigador es el mismo: la alta finanza internacional, los grandes consorcios financieros y mediáticos. Y el objetivo, por supuesto, es el mismo: salvar al capitalismo, preservar los beneficios, rentabilizar el rendimiento del capital y devolver la alegría del crecimiento a los poseedores del capital.

- Es relativamente fácil establecer dónde tomó cuerpo la decisión de desatar un conflicto de dimensiones internacionales: en la reunión del Club Bildelberg en Sitges en el año 2010 en el Hotel Dolce del 3 al 6 de junio. Allí se constató especialmente que el capital financiero norteamericano, mayoritariamente judío, se desentendía del destino del Estado de Israel. El mantenimiento de ese Estado es caro, especialmente cuando Alemania ya ha agotado las indemnizaciones de guerra y cuando la demografía interior del Estado judío ha ido variando (disminuyen los askenazíes y aumentan los judíos etíopes, rusos y sudamericanos). Por otra parte, es bueno recordar, que el judaísmo norteamericano no es, ni ha sido nunca, mayoritariamente sionista y, por tanto, la creación de un “hogar nacional judío” le trae, literalmente, al fresco. A partir de ese momento, otros escenarios que podían haber sido tomados como ubicaciones para un conflicto generalizado quedaron descartadas (especialmente Beluchistán)

- Llevamos más de dos años asistiendo al movimiento de las piezas. Las “revoluciones árabes” distan mucho de ser movimientos providenciales. Si lo hubieran sido, ni la OTAN, ni EEUU hubieran puesto tanto cuidado en derribar al régimen de Ghadaffi, ni en haber permanecido ajenos a las peticiones de apoyo que formularon los dictadores tunecino y egipcio que tantas veces habían apoyado las políticas norteamericanas en la zona. Era evidente y hasta un ciego podía intuirlo que cualquier movimiento en el mundo árabe generaría desequilibrios interiores que facilitarían el ascenso de fuerzas políticas islámicas radicalizadas. Pero era necesario que desaparecieran dictaduras laicas para abrir el paso a dictaduras religiosas fanatizadas y que estas hicieran causa común con el gobierno iraní para lograr que una vez iniciado el conflicto entre Irán e Israel, el teatro de operaciones se extendiera desde el Atlas hasta Filipinas. Sí, porque ese será el escenario y la excusa el ataque que en estos mismos momentos está preparando Israel contra las instalaciones nucleares iraníes. Los halcones de Tel Aviv piensan que el tiempo juega contra ellos y que contra antes ataquen antes se verán libres del peligro de que Teherán cuente con ingenios nucleares. El hecho de que Irán tenga armas atómicas es importante, simplemente, porque rompe los equilibrios que se han dado hasta ahora en la zona (Israel tiene ese tipo de armas, no firmó el Tratado de no Proliferación Nuclear y dispone de un número de megatones no cuantificado pero superior a los que posee cualquier otro país árabe… hasta ahora). En un escenario en el que los árabes tengan bombas nucleares, Israel deberá negociar la paz a la baja. Y los cultivos del desierto del Negev (pulmón alimentario de Israel) estarían siempre bajo amenaza de que los árabes condescendieran a que las aguas de los acuíferos de Gaza y de las fuentes del Jordán llegaran a los kibutz.

- En este escenario se entiende perfectamente lo que en estos mismos momentos está ocurriendo en Siria. Se está fomentando artificialmente un conflicto en ese país y se está engañando a la opinión pública europea mediante un bombardeo diario de reportajes, filmaciones, noticias y declaraciones construidas por los laboratorios de operaciones psicológicas de los EEUU hasta el punto de que ya resulta imposible saber qué informaciones tienen un poso de verdad y cuáles son completamente falsas en un esquema similar al que hizo que la opinión pública europea permaneciera callada ante la intervención de nuestros ejércitos en Libia.

- Si hoy Siria está en el ojo del huracán se debe especial y únicamente a que es el aliado preferencial de Irán en Oriente Medio y que es a través de este país como los tanques y los aviones iraníes pueden llegar hasta la vertical de Haifa y de Tel-Aviv e incluso colocar sus baterías convencionales y hacer llegar en pocos años ingenios nucleares lanzados desde los altos del Golán. Mientras, los agentes del Mosad están realizando operaciones secretas en Irán y en Siria. Científicos iraníes han sido asesinados (cinco en apenas dos años).

+- EEUU es el primer interesado en el estallido de este conflicto. No solamente porque ahí es donde está situado el nudo del capitalismo mundial sino porque quiere también sacarse el mal sabor de boca del fracaso de sus últimas intervenciones en la zona: Afganistán en donde no han podido vencer a unos miles de cabreros armados toscamente, en Irak en donde lo único que han logrado ha sido derribar un régimen laico y sustituirlo por un régimen chiíta próximo a Irán (con un país que previsiblemente se partirá en dos: parte chiita y parte sunnita, optando la primera por aliarse con Irán). Washington sabe que en esta guerra sus tropas estarán en casa (salvo que la amenaza de liquidación del Estado de Israel y la subida al poder de los neoconservadores en las elecciones de noviembre de este año animaran a la opinión pública de aquel país a intervenir en defensa del aliado hebreo… cosa harto improbable a la vista del tradicional aislacionismo de la población norteamericana que, sin embargo, a veces se ve basculado por extraños episodios, desde Pearl Harbour hasta el 11-S y desde el Maine hasta el hundimiento del Lusitania) pero que servirá armas y municiones a los contendientes, directa o indirectamente.

- El escenario, repetimos, será éste: ataque preventivo de Israel a las instalaciones nucleares iraníes y respuesta de este país que, por mínima que sea, desencadenará el conflicto. Aunque Irán no se creyera en condiciones militares de atacar, es evidente que tomaría algún tipo de represalia (hoy mismo, en el momento en que escribimos estas líneas, Irán ha suspendido el suministro de petróleo al Reino Unido y a Francia como represalia por haber instigado las sanciones económicas). Y esa represalia solamente puede ser el cierre del estrecho de Ormuz que constituye el verdadero cerrojo del Golfo Pérsico e impediría que ni una sola gota de petróleo saliera de la zona con destino a los mercados mundiales. Cada día 17 millones de barriles de petróleo, un tercio del crudo mundial, pasan por Ormuz así que podemos intuir lo que significaría el cierre del estrecho. Recientemente Ignacio Ramonet recordaba que el Estado Mayor Iraní afirma que “nada es más fácil de cerrar que ese Estrecho”. Y Washington ya ha recordado que el cierre de Ormuz sería considerado como “casus belli”. Ormuz es Danzig.

- Pero hay otro contendiente inevitable en el conflicto: Turquía. Este país está demasiado cerca del conflicto como para que pudiera salir indemne. Tiene fronteras con Irak, Irán y Siria y su territorio es imprescindible para hacer llegar suministros a las distintas partes en conflicto. Ankara será presionado por todos los contendientes para que se sume a sus filas: los EEUU le recordarán su condición de miembro de la OTAN y los países árabes de su carácter religioso mayoritario. Y, para colmo, Turquía, a causa de la cuestión del Kurdistán no se puede permitir adoptar una posición contraria a Siria, Irak e Irán. Tiene que contar con ellos o a ellos les costará poco crear un conflicto interior en el territorio turco. Sin olvidar que los islamistas moderados gobiernan en Ankara.

- Ramonet afirmó en febrero pasado con una ingenuidad que dice muy poco de la experiencia que ha aquilatado a lo largo de los años, que “la hora de la diplomacia todavía no ha pasado” ¿sirvió algo la diplomacia para resolver el contencioso de Danzig? ¿Sirvió algo la diplomacia para evitar el miserable ataque a Irak con las miserables excusas que se dieron? ¿Sirvió la diplomacia para que Sarkozy no se lanzara como un buitre sobre Libia? No, bueno pues aquí tampoco servirá de nada. Y no servirá por la sencilla razón de que los dados hace tiempo que están tirados y el futuro está marcado: en Sitges en 2010, por un grupo de oligarcas, financieros y políticos que comen de la mano de ellos, de todo el mundo. En Bildelberg. Después de entonces ya no hay lugar para la diplomacia porque la diplomacia es solamente un auxiliar de la política y esta hoy no es más que algo subordinado a la alta finanza y a los intereses del capitalismo mundial. Ahora bien, si la suerte de los contendientes (Israel y los países árabes) ya está decidida, lo único que a nosotros debe preocuparnos es preservar nuestra seguridad y nuestra extrañeidad al conflicto. No podemos, la Unión Europea, no puede tomar partido una vez más por los vencedores de 1945: el capitalismo anglosajón. Ni por los agresores de 2003 que nos juraron y perjuraron que había armas de destrucción masiva. Esta no es, ni será nuestra guerra. Esta no debe ser la “Tercera Guerra Mundial” sino la “Cuarta Guerra Árabe Israelí” y quedar así, no nos puede afectar. Debemos necesariamente permanecer al margen de una guerra que puede revestir caracteres de destrucción masiva como pocas antes.

-Por tanto, la única opción admisible en Europa y desde Europa es el neutralismo. No es que Europa sea un “enano político” (que lo es), es que en las actuales circunstancias la única garantía de supervivencia de la Unión Europea es permanecer de espaldas al conflicto, ofreciendo ayuda humanitaria como máximo, pero nunca armas, ni municiones, ni apoyo diplomático a ninguna de las dos partes. EN ESTA GUERRA QUE SE AVECINA, PARTICIPAR ES PERDER. Solamente el capitalismo cree que saldrá beneficiado… Hay que permanecer, pues, vigilantes ante las mentiras con las que nos van a obsequiar nuestros ministros de exteriores y nuestros políticos, incluso los que parece que saben algo de política internacional y apenas saben otra cosa que leer los dossiers de agitación belicista que les llegan de la CIA. Por no hablar de los halcones de la prensa que hace menos de 10 años pontificaban sobre las “armas de destrucción masiva” con un cinismo tan solo equiparable al belicismo más odioso que ha visto este país. Están a la derecha, claro, pero no solamente en la derecha. Y hoy están en el gobierno como lo estuvieron en 2003 cuando la agresión innoble a Irak o como lo estaban en 2001 cuando se produjo la invasión de Afganistán.

- La diferencia entre la crisis del 29 y la iniciada en 2007 es que en la primera el capitalismo tenía entonces áreas por las que expandirse. Hoy, sin embargo, el capitalismo ya está extendido a todo el mundo. Ha generado la madre de todas las desgracias: la globalización. Lo hemos dicho en otras ocasiones: la globalización que se inició como un libre tránsito de capitales (que era, en el fondo lo que interesaba únicamente al capitalismo financiero internacional) ha terminado siendo una globalización de la producción industrial y de las exportaciones e importaciones. Y el mundo es demasiado desigual como para que esto se impusiera impunemente. Es cierto que un trabajador chino cobra 133 euros/mes, pero es que uno vietnamita cobra 75 euros/mes y uno africano 33 euros/mes… así pues, ya sabemos a donde van a ir migrando las industrias. O bien aceptamos la desertización industrial de tres cuartas partes del mundo o bien rompemos con la globalización.

- Los ciclos económicos se agotan. Y el ciclo del capitalismo está agotado: el capitalismo muere por la rapacidad incontenible e irrefrenable de los propios capitalistas así como por la propia ley interior del capitalismo, mayor beneficio en menos tiempo. Un sistema así es insoportable a medio plazo. Y ese plazo ya se está agotando. Lo que ha producido riqueza en un período histórico, no tiene porqué seguir produciéndola a medida que va llegando a sus consecuencias últimas: cada vez más dinero está en menos manos y, por tanto, la “libertad de mercado” es sustituida automáticamente por el monopolio y el oligopolio. Así pues, a diferencia de la crisis de los tulipanes en la Holanda del XVIII o de la crisis del 29, ésta es una crisis sistemática que ha aparecido de la mano de la globalización y de la mano de la concentración del capital. Y no hay remedio. En las actuales circunstancias el capitalismo ya no toleraría nada parecido al “new deal” rooseveltiano o el que los economistas keynesianos tomaran la iniciativa. Todos estos aspectos del capitalismo han quedado atrás. Dicho de otra manera: tras la globalización no hay una fase siguiente de evolución del capitalismo, sólo queda su desintegración.

- La debilidad de España en materia internacional obligará al gobierno español en el momento en el que estalle el conflicto, a tomar partido y a seguir a los EEUU en esta nueva aventura, y lo hará a través de la OTAN. Es muy probable que el presidente de gobierno que se siente en La Moncloa en ese momento crea que la vía de la guerra puede ser, no sólo aceptable sino también deseable para nuestro país y que tanto la participación en el conflicto como la reconstrucción de las zonas afectadas supondrán un buen negocio que relanzará la economía española. A diferencia de otras crisis económica anteriores, lo esencial de este no es lograr poner en marcha las fábricas de armamento y que estas arrastren a la economía en general, ni tampoco el proceso de reconstrucción posterior de las zonas afectadas, sino que un conflicto de este tipo hay que insertarlo dentro de una economía globalizada, por lo que en última instancia el mal de fondo de la economía seguiría vivo y activo.

- Es fundamental entender, por lo demás, que en estos momentos nuestro país no está preparado para un conflicto bélico, ni siquiera para un conflicto asimétrico en el que algunos cientos o miles de nuestros soldados murieran en una guerra organizada por los EEUU e Israel para salvar al capitalismo. El estallido de un conflicto de esas características redundaría todavía más en un desprestigio de las instituciones y del gobierno, agravando aún más la crisis nacional. Pero, por el contrario, adoptar una posición neutralista y no participar en el conflicto supondría un enfriamiento de las alianzas tanto con los EEUU como con la UE, incomprensible desde el momento en el que España es un país miembro de la OTAN y está obligada a participar allí en donde el mando de la Alianza lo requiera.

- Estamos persuadidos de que un conflicto de este tipo, por la gravedad y la evidente inmoralidad que va a suponer, puede ocasionar un estallido político-social en nuestro país y precipitar todo el proceso de aumento de las contradicciones internas del sistema político-económico. La “guerra para salvar al capitalismo” puede convertirse, paradójicamente, en la “guerra que hundirá a la constitución de 1978”.

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Las tensiones que debe soportar España son muchas y de muy diversa naturaleza. Todas han coincidido en un espacio de los 10 años que median entre 2007 y 2017: son demasiados y de demasiada magnitud como para pensar que a partir de 2017 el sistema podrá superarlos. Es lógico pensar que el sistema no estará en condiciones de afrontar todos estos problemas en cadena y sucumbirá a lo que hemos dado en llamar “convergencia de catástrofes”.

(c) ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com