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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

INMIGRACION

Aullidos (I) Como si aquí no pasara nada. Aquí ha pasado mucho y pasará mucho más

Infokrisis.- En los últimos meses hemos evitado introducir comentarios sobre el tema de la inmigración ilegal y masiva a la vista de que lo que teníamos que decir lo decimos a través de la revista Identidad. Sin embargo, en estos últimos días, el espacio que una revista convencional puede publicar cada mes es insuficiente para incluir todos los elementos de crítica a la actual política del gobierno socialista en materia de inmigración. De ahí que reemprendamos, siquiera por una vez, los artículos de seguimiento del fenómeno de la inmigración y del drama político español.

El gobierno no ha aprendido nada

Jesús Caldera fue uno de los peores ministros que haya tenido el globo, incluidos los peores ministros de los peores países del más olvidado rincón del Tercer Mundo. Su “regularización masiva” de 2005 fue suficiente como para calificarlo de irresponsable y, por sí misma, mucho más que la entrada de España en la guerra de Irak, sirvió por sí misma para que ZP recibiera todas las collejas posibles de sus colegas europeos.

Tras esta regularización masiva y el efecto llamada que siguió, Jesús Caldera no volvió a levantar cabeza. El hecho de que redactara el programa electoral del PSOE en las últimas elecciones, es significativo del nivel intelectual de este partido. Pero hay que decir algo a favor de Caldera: tuvo un sexto sentido para retirarse antes de que lo vapulearan en la siguiente legislatura. En efecto, Caldera pudo incluir en el programa (y en la línea táctica que lo acompañaba) que el gobierno ZP lo había hecho a la perfección en todos los terrenos y, especialmente, en materia económica. Era todo un puro falseamiento de la realidad. El gobierno ZP no había acertado en ni un solo terreno en el que había intentado hacer algo diferente a lo que hizo el PP. Pero quedaba lo peor: la crisis existía y de qué manera y, sobre todo, iba a ser una crisis social (lo que Caldera tenía muy claro), pero también una crisis étnica (lo que las neuronas de Caldera ni siquiera son capaces de intuir).

Así que prefirió retirarse con buena paga, poco trabajo y ninguna responsabilidad a la “fundación de fundaciones” que el PSOE quiere propiciar, declarando pomposamente que será el “laboratorio de ideas”. Y algo falla porque Caldera e “ideas” son conceptos incompatibles.

12.000.000 de votantes que se han hecho daño a sí mismos

Lo peor no es que un perfecto inepto aspire a dar ideas a una izquierda europea que ha demostrado carecer de ideas. Si la izquierda europea ha quedado completamente en la cuneta y en España no es, sin duda, porque aquí la derecha se mueve en unos niveles de pobreza intelectual similares a los del PSOE, sólo que el PSOE logró con la telegenia de ZP un marketing más eficaz, mientras que el labio de Acebes y el aspecto amacarronado y chulesco de Zaplana no contribuían precisamente a hacerle ganar electores. Lo peor, decimos, no es que el gobierno haya estado cuatro años en la inopia y haya ganado las elecciones del 9-M gracias a una mentira y un muerto (desde luego, mucho menos dramático que ganarlas con 192 muertos) sino que lo peor es que el gobierno no haya extraído apenas conclusiones de cuatro años de fracasos en todos los terrenos.

A decir verdad, pensarán los Zapatero y los Caldera: “si hay 12.000.000 de gilipollas que nos han votado haciéndolo todo mal, ¿para qué diablos vamos a modificar nuestra línea política?”. Gilipollas es, según el diccionario de la RAE, todo aquel cuyas acciones contribuyen a hacerle daño a sí mismo. Solamente algunos beneficiarios del gobierno socialista saldrán indemnes, pero lo cierto es que buena parte de esos 12.000.000 de electores se verán tan afectados por la crisis como los votantes del Partido por la Paz Cósmica o del Partido del Cannabis. El problema es que los votantes socialistas no estarán completamente flipados –como los de estos dos partidos emblemáticos de la España del cuelgue y el cebollaza- para ignorar las consecuencias de su voto.

Del antiterrorismo a la inmigración: contumacia

La detención de “Thierry” y de sus compañeros suponía una acción policial encaminada a eliminar de la dirección de ETA a los contrarios a la negociación y a aquellos elementos opuestos a “José Ternera”. Era una detención selectiva que aspira simplemente a crear dentro de ETA las condiciones necesarias para una nueva negociación (más discreta y que si ZP logra cerrar antes de 2012 posiblemente le sirva para desviar la atención del caos económico y alardear de un éxito en materia antiterrorista). Dicho con otras palabras: ZP sigue barajando la carta de la negociación con ETA como forma de acabar con el problema. De momento, su anterior veleidad en la materia ya dinamitó el Pacto Antiterrorista.

Pero si hay otro terreno en el que ZP no se haya enmendado es en el de la inmigración masiva. Y esto es importante porque, con toda la que ha caído resulta absolutamente injustificable que ZP se haya negado a firmar lo que proponía Francia sobre prohibición de nuevas regularizaciones masivas en el ámbito de la UE. La razón que ha dado López Aguilar es que los mercados laborales pueden subir y bajar y mañana podemos necesitar más mano de obra extranjera, por tanto, ha dicho textualmente “no podemos atarnos las manos”…

Sería imposible condensar más estupidez humana en menos letras. No hoy, cuando ya hay 6.000.000 de inmigrantes y solamente cotizan a la seguridad social algo más 1.400.000, sino desde 2001, ¡sobran inmigrantes en España! Su presencia no ha servido para “cubrir puestos vacíos”, puesto que el paro nunca ha descendido de 1.500.000 y puesto que a lo único que ha contribuido la inmigración es a regular a la baja –incluso a la muy baja en el sector servicios- los salarios.

Pero lo más sorprendente es el “optimismo” -propio del gilipollas- de López Aguilar que –a lo mejor por ignorancia- cree que la crisis se resolverá mañana y que en un año se absorberán los 2.500.000 de parados a los que nos encaminamos y harán falta otros 2.500.000 millones de inmigrantes para “cubrir puestos de trabajo”…

¿Puestos de trabajo? ¿de qué? ¿de qué sectores? Dado que el gobierno ZP (como ayer el de Aznar) no se enteraron de que la crisis es estructural y no coyuntural y de que aquí lo que hace falta es un cambio de modelo económico y éste precisa un mínimo de 5 años para surtir efectos desde el momento en que se aprueba, hay que pensar que “el no atarse las manos” que decía López Aguilar es un nuevo y estúpido gesto de inmadurez, falta de preparación para gobernar e incluso ignorancia supina de lo que está pasando en la sociedad. ¿Ignorancia? Sí, de ZP hacia abajo, todos, ¡por que resulta absolutamente increíble que no haya en el PSOE ni una sola voz discordante del discurso único pro-inmigracionista. Ni un afiliado con personalidad, ni un afiliado que pertenezca a la cuota de “hombres que tienen redaños para decir la verdad”.

Estamos en el atrio de la crisis

El gobierno español sostiene que el único culpable de la crisis es la subida del petróleo… Si era eso, bastaba con bajar impuestos que gravan a los carburantes y todo hubiera seguido igual. Y si se trataba de la escasez de petróleo con estimular el cultivo de biodiesel en las cada vez mayores extensiones de tierras de cultivo abandonadas en nuestro país, era posible contrabandear la crisis.

El gobierno sabe que no es eso lo que está ocurriendo sino algo de mucha mayor envergadura:

1)     Lo que ha fracasado es la globalización y su autopista de doble circulación (de Norte a Sur, la deslocalización empresarial y de Sur a norte, la inmigración masiva).

2)     Lo que ha fracasado es la estructura económica de España y el modelo económico basado en la especulación y el ladrillo desde las profundidades del felipismo, además de en los contratos basura y los salarios de miseria.

3)     Los costes de mantenimiento de un Estado sobrecargado en burocracia y sin duda el más pesado y tensionado de toda Europa. En período de “vacas gordas” no había problemas, pero a la hora de las “vacas flacas” todos los niveles administrativos, endeudados, reclaman su parte.

4)     El deterioro de la clase política, la connivencia de los grupos mediáticos y económicos con facciones de la clase política que nos ha llevado de ser una “democracia formal” a ser una “plutocracia real” en donde el único poder que cuenta es el poder del dinero.

La gravedad de la crisis mundial remitirá –o no- pero, aunque remitiera, ninguno de estos elementos presentes en España de manera especial y en Europa en distintas medidas, seguirán incidiendo negativamente sobre la situación.

Todo esto rebasa la formación intelectual de Zapatero y de su equipo ministerial hecho a medida del Principio de Peter sobre los distintos niveles de incompetencia. Así que nada buena, ni siquiera nada mediocre, puede esperarse para salir de la crisis económica.

Para acabar de arreglarlo, la persistencia del gobierno en no reconocer jamás sus errores y en persistir en ellos llevarán inevitablemente a consecuencias indeseables. En 2010, los 6.000.000 de inmigrantes se habrán transformado en 7.500.000 como mínimo. Y será una suerte porque algunos preveíamos que entre 2010 y 2012 se llegaría a los 10.000.000 de inmigrantes. Pero todavía estas cifras pueden modificarse.

En efecto, la situación en el Magreb sigue siendo tan explosiva como hace un año y medio y no ha remitido ninguno de los elementos coadyuvantes a un estallido social que se adivinan en el ambiente del norte de África desde principios del milenio. Estos países, por lo demás, no pueden evitar la presión demográfica del África Subsahariana… creer que se puede alejar el riesgo de llegada de riadas de inmigrantes a Europa sin necesidad de asumir medidas de dureza inaudita, es cada vez más ilusorio.

Ni la Directiva Europea del Retorno (a aplicar dentro de 2 años y que apenas contribuirá a resolver la cuestión de los ilegales), ni mucho menos las torpes medidas propuestas por Corbacho (limitar la reagrupación familiar y subvencionar el retorno de los parados) paliarán los efectos más demoledores de la crisis. La paz social ha terminado. La paz étnica puede terminar en cualquier momento y no solamente en España sino en toda Europa.

Pero para ZP todo el problema consiste en retomar la negociación con ETA, contentar a sus cada vez menos aliados, generar “pensamiento positivo” en torno a la crisis económica y enarbolar la mejor de sus sonrisas al a hora de echar la culpa de todo al “precio del petróleo” (que para él es como el precio del cafelito…, que si se entera del verdadero le da un disgusto).

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Catalunya: Señalar el problema. El riesgo no es el terrorismo, sino el islamismo

Infokrisis.- A finales de enero de 2008 resultaron detenidas 14 personas en el barrio del Raval de Barcelona acusados de preparar un atentado suicida en el metro… Desde muchos medios se ha dudado la realidad de este atentado, de la misma forma que ya dudamos antes de otras redadas similares (la detención de Abú Dadah y de otros doce islamistas acusados de planear el atentado contra el WTC el 11-S, o el llamado “comando Dixán”, por citar las dos operaciones más conocidas) que se han traducido en absoluciones o condenas por delitos menores.

El problema de Barcelona no es el terrorismo islámico… sino el Islam a secas. El crecimiento del islamismo es tan acelerado en Barcelona que la zona de Ciutat Vella (los barrios del Raval y de la Rivera) ya parecen ciudades árabes en la orilla equivocada del Mediterráneo. Barcelona es cada vez menos catalana y más islamista.

Este es el verdadero problema de la Ciudad Condal y no un terrorismo que no ha conseguido en ocho años de desarticulaciones de células islamistas, no ha sido capaz de lanzar ni un pobre cóctel molotov contra una sinagoga.

En un número anterior de IdentidaD ya lo expresamos de forma muy directa. La clase política catalana se está equivocando y planteando más el problema: el drama que va a tener que afrontar la sociedad catalana en los próximos años no es “más autonomía” (problema artificial generado por la clase política catalana), sino “menos inmigración”. Hoy, la inmigración en Catalunya alcanza el 14-15%... y en algunos barrios de Ciutat Vella rebasa el 75%.

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“Cuando éramos musulmanes”. Por si no hubiera poca falsificación histórica

Infokrisis.- Dolors Bramon es profesora de Estudios Árabes e Islámicos. El Institut d’Estudis Catalans le acaba de publicar el libro De quan érem o no musulmans en el que intenta demostrar los “orígenes musulmanes de Catalunya”. Algo, realmente complicado y, si se nos apura, grotesco. Pero, en estos tiempos de falsificación de la historia, a fin de cuentas ¿qué más da una enormidad más si contribuye a la Catalunya mestiza, multicultural y multiétnica?

”Nuestros antepasados, con un gran tanto por ciento de probabilidades, eran andalusíes, o dicho de manera vulgar eran 'moros'; una palabra que no tenía connotación despectiva. Eran tan æmoros' como los del Ebro para abajo. Y en Cataluña se tiene tendencia a olvidarlo." Y, ya puestos en vareda, añade: "Tan andalusí fue Barcelona como Tortosa; Tortosa como Córdoba, y Lleida como Granada. Simplemente -matiza Bramon- unas lo fueron más años y otras, menos."

Cada cual es libre de elegir “sus” tradiciones y la Bramon ha elegido la tradición islámica. Es admisible, aunque mucho menos es falsear la historia y retorcer los argumentos ignorando cualquiera que choque con la tesis que se aspira a imponer. Por aquello del “rigor”, la Bramon reconoce que no puede demostrar, que durante una época la mayoría de la población catalana era musulmana, pero que lo cree a pie juntillas.

Por supuesto, para la Bramon "la tolerancia era mayor en territorio andalusí que en territorio cristiano"… olvidando las persecuciones de Hixen II o la “noche del foso” de Toledo.

Cada cual demuestra lo que quiere demostrar realizando una selección interesada de pruebas a las que da un valor abusivo. Así que no vale la pena comentar el libro que puede ser arrojado en el montón de engendros pretenciosos. Es significativo que la obra haya sido publicada por el Institut d’Estudis Catalans, inseparable de quien gobierne en el Palau de Sant Jaume.

Ni una palabra, por supuesto, sobre la presencia de tribus íberas durante siglos, ni mucho menos sobre la presencia griega, ni sobre la latinización de la Tarraconense, ni mucho menos nada sobre los tres siglos de presencia visigoda que hicieron de Barcelona capital del reino durante algunos años. También olvida que fue precisamente en la Septimania donde tuvo lugar la rebelión del conde Paulus y que fue allí también en la Catalunya visigoda en donde reinó durante tres años Akhila, el último rey godo, sucesor de Roderic, muerto afrontando las huestes de Tarik y Muza.

Todo esto se produjo en algo más de 1.500 años… que no dejaron huellas para la Bramon. Y esto es lo más gracioso…

Si, porque Barcelona estuvo en poder de los musulmanes apenas de 70 años que para la Bramon bastaron para “islamizar” a toda la población. Hay que decir que, efectivamente, al parecer muchos barceloneses se convirtieron al Islam para evitar pagar impuestos… de la misma forma que, las tradiciones barcelonesas, cuentan que cuando las tropas de Luís el Piadoso se encontraban ante los muros de la ciudad, los propios barceloneses asaltaron el palacio del rey Gamir –tenido como el último rey moro- y lo ejecutaron, evidenciando la profundidad de su fe islámica… Y ¿qué decir del asedio y saqueo de Barcelona por Almanzor (Al-Mansur) y la posterior expedición catalana contra Córdoba en respuesta?

Para la Generalitat la historia es como un timón: como él, hacia donde se le da, gira. Los cerebros que planifican la política catalana han percibido que soplan vientos de islamización, ¡qué importa si desde los minaretes se predica en catalán! El asunto es coger el tren en marcha  intentar convertir a los islamistas en buenos votantes de ERC o del PSC. El problema es que, desde los minaretes se predicará… en árabe, como la Bramon sabe y debería de haber recordado a quienes le han pagado el libro, la lengua sagrada del Islam no es el catalán sino el árabe.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@hotmail.com – http://infokrisis.blogia.com

En el 2017 en 25% de la población será inmigrante ¿verdadero o falso?

En el 2017 en 25% de la población será inmigrante ¿verdadero o falso?

Infokrisis.- Recientemente varios medios de comunicación han señalado que, de seguir así la llegada de inmigrantes, dentro de 10 años, el 25% del país estará poblado por extranjeros. La cifra puede parecer exagerada, sino desmesurada. La cuestión es que es falsa. Va a ser mucho antes cuando se produzca esta situación. Estas cifras hay que corregirlas al alza. 

¿Cuántos inmigrantes hay en estos momentos?

Las cifras oficiales indican que “apenas” hay 5.000.000 de inmigrantes. La cifra es falsa porque contabiliza únicamente:

-         los que están regularizados

-         los que están empadronados

-         los que se contabilizaron hace seis meses

Pero están sin contabilizar:

-         los que no se encuentran empadronados

-         los que no han renovado su empadronamiento (hace falta hacerlo cada año)

-         los que no han podido renovar su regularización (por estar en paro)

Es, pues, muy difícil a tenor de cómo se están llevando las estadísticas, establecer la cifra de inmigrantes que se encuentran en estos momentos. Pero, resulta obvio que es, en cualquier caso, bastante más de 5.000.000 de inmigrantes. Probablemente lo razonable sería establecer una corrección de un 20%.

¿Por qué esta cifra? Por que, en los años 2002, 2003 y 2004, cuando el gobierno daba unas cifras y, un año después, la Unión Europea publicaba las suyas, habitualmente era un 20% más. Así pues, en la actualidad habría 6.000.000 de inmigrantes, cifra que parece extremadamente razonables y que aceptan como ciertas las autoridades de aduanas y los cuerpos policiales.

¿Hay que sumar algún colectivo más?

Pero esto no es todo. Hay un colectivo que habitualmente pasa desapercibido en las estadísticas y es la de 700.000 extranjeros que han recibido la nacionalidad española en los últimos 10 años. Esta cifra es desmesuradamente alta pero tiene como consecuencia el restar cifra al número de extranjeros y sumarla a la población “nacional”.

Esta cifra irá aumentando de año en año y resulta equívoca. En estos casos no se trata de ciudadanos de la Unión Europea, jubilados que hayan decidido vivir en España (especialmente en Levante, Baleares y Canarias), sino de ciudadanos llegados del Tercer Mundo (especialmente del Magreb y de la zona andina) que llevan tiempo suficiente como para solicitar la nacionalidad española. Y lo están haciendo en cuanto tienen posibilidades.

El gobierno solamente exige que la petición esté conforme a los plazos exigidos por la ley. Se requiere solamente jurar la constitución y hablar mínimamente la lengua española. Al parecer, esto garantiza la “integración”.Así pues, a los 6.000.000 de inmigrantes hay que sumar estos 700.000 más.

¿Cuáles son las tendencias actuales de la inmigración?

Son sorprendentemente contrarias a los intereses de nuestro país. Véase:

-         El número de ingleses, alemanes y holandeses que están llegando a nuestro territorio se está ralentizando. El número de ingleses (que no están en la zona euro) empezó a declinar a partir de 2003 cuando la subida del euro empezó a encarecer la vivienda en España. Así mismo, el número de alemanes tendió a estabilizarse, especialmente en Canarias, en cuanto se percibió que las Islas Afortunadas estaban registrando una verdadera invasión de magrebíes y subsaharianos y que el gobierno español no hacía absolutamente nada para contener esta oleada. Así pues, lo que es la inmigración comunitaria tiende a estabilizarse.

-         El número de extranjeros comunitarios que han ingresado en la UE en los últimos años (europeos del Este) es también declinante. Especialmente de polacos que están regresando a su país. En los dos últimos años apenas han llegado polacos a España, sino que la riada ha sido en sentido inverso: están retornando a sus respectivos países. Es de prever que este mismo fenómeno se reproduzca con búlgaros y rumanos en cuanto empiecen a notar la reactivación de sus economías gracias a los fondos estructurales y demás ayudas de la UE.

-         Solamente está aumentando el número de gitanos rumanos, la etnia romaní, por tres tendencias: los que comprueban que en España el hurto se puede realizar durante décadas sin entrar en la cárcel y que supone un efecto llamada para rateros, mecheras, mendigos con niño (en España es delictivo mendigar con un recién nacido a cuestas y se han promulgado sentencias en esa dirección), los que están siendo expulsados literalmente de Italia en estas semanas a causa de la política de mano dura adoptada por el gobierno y, finalmente, los que el propio gobierno rumana induce a abandonar el país. Rumania es un país europeo como cualquier otro, solamente que soporta desde hace siglos una minoría gitana que crea todo tipo de problemas por su particular visión del mundo y de las relaciones con los “payos”. La UE ha supuesto una posibilidad para Rumania de liberarse de este grupo étnico tan conflictivo y está “exportando” gitanos romanís.

-         El número de andinos tiende a estabilizarse. Efectivamente, las raza andina parece tener muy acusada el sentimiento de nostalgia y añoranza de su tierra. Los que llevan aquí entre 7 y 10 años están esperando retornar. Algunos lo han hecho ya. La crisis económica dificultará estos retornos: muchos ecuatorianos han comprado pisos que calculaban vender en el momento del retorno obteniendo amplios beneficios. No va a ser así. Lo previsible es que en los próximos meses empiecen a ejecutarse cientos de hipotecas firmados alegremente por ciudadanos andinos. Muchos volverán sin patrimonio a su país cuando la crisis económica española se agrave. Por lo demás, es cierto que ha disminuido la llegada de ilegales del área andina: pero está aumentando la cifra de legales acogidos a la reagrupación familiar y al arraigo social. Así pues, es de prever que el número de andinos permanezca estable con cierta tendencia a crecer por el número de nacimientos.

-         El número de pakistaníes y chinos aumenta lenta pero inexorablemente. La lejanía hace que ese aumento sea con cuentagotas, pero imparable.

-         El número de subsaharianos está creciendo lenta pero espectacularmente. Es el drama de los cayukos. Están llegando a un promedio de 250 al día. No es excesivo, si tenemos en cuenta que el año pasado por estas fechas llegaba al día el triple de bolivianos, pero es una cifra preocupante porque no parece haber nada capaz de disuadirlos de la aventura.

-         Lo que sigue creciendo de manera sostenida es la inmigración magrebí y esto porque las condiciones de vida en el Magreb, lejos de remediarse, se va agravando de día en día. No se trata sólo de marroquíes sino también de argelinos. En los próximos años, la situación política en el Magreb se irá torciendo progresivamente hasta el inevitable estallido socio-religioso. En el momento en que esto se produzca, la inmigración a España y las peticiones de asilo político se van a disparar.

-         En general está disminuyendo el número de inmigrantes que llegan a España en situación irregular, sin papeles, pero está aumentando el número de inmigrantes recién llegados con los papeles regularizados. Y estos son fundamentalmente andinos y magrebíes.

Las conclusiones: el 2012 llegaremos al 25%

Estas cifras crean un clima particularmente sombrío que se agrava a causa de la elevada tasa demográfica de la inmigración y la escuálida tasa de nacimientos del grupo étnicos autóctono. Los inmigrantes tienen 4 veces más natalidad que los españoles y no es más alta a causa del uso abusivo del aborto entre los grupos de inmigrantes.Todo esto permite formular una hipótesis que, a falta de datos oficiales completos, debería de servir para prever cómo van a aumentar las comunidades de inmigrantes en nuestro país:

-         En la actualidad tenemos un 15% de población no nacida en España que llega hasta el 75% en algunos barrios de las grandes ciudades.

-         Este aumento se ha experimentado en los 10 últimos años y siempre de manera acelerada y constante, a razón de casi 600.000 inmigrantes por año.

-         Parece razonable admitir que este aumento desmesurado va a seguir aumentando aunque tenga otra composición (menos entradas de ilegales, más entradas de legales, muchas más reagrupación familiar, mucho más aumento de la inmigración por vía de la natalidad)

-         Irán tendiendo a disminuir entradas de grupos étnicos muy alejados (andinos, pakistaníes, chinos), pero irá aumentando la entrada de inmigrantes “próximos” geográficamente (magrebíes) a pesar de estar separados por un abismo cultural y antropológico. Esta tendencia se agravará a causa de la proximidad y del estallido previsible en el Magreb.

-         Si repasamos las previsiones estadísticas sobre la inmigración se percibe un desfase increíble: en 2000 se decía que llegaríamos a 6 millones de inmigrantes en el 2025… hemos llegado en el 2007. En períodos anteriores, el desfase era todavía mayor, llegándose incluso a afirmar en 1999 que en alcanzaríamos los 4 millones en el 2015.

Todo esto nos permite formular una proyección que, lejos de ser aventurada, parece razonable admitir como hipótesis de trabajo a demostrar: no va a ser en el 2025 cuando una cuarta parte de nuestro país haya nacido en el extranjero, sino mucho antes, con muchas posibilidades entre el 2012 y el 2014, es decir, diez años antes, casi a la vuelta de la esquina.

Estas proyecciones dan credibilidad a quienes opinamos que la inmigración no supone la llegada de inmigrantes a España para cubrir puesto de trabajo que los españoles ni podemos ni queremos cubrir… sino que se trata de una gigantesca operación de sustitución de población en la que los españoles –y, por extensión, los europeos, porque el problema dista mucho de ser nacional- vamos a ser casi poco menos que una especie en vías de extinción.

La gravedad de esto a nadie se le escapa, ni siquiera a los que han propulsado esta mutación demográfica. ¿Quiénes son? Son los mismos que han impulsado la globalización… De hecho, la inmigración masiva, los desarraigos de población, son hijo de la globalización.

© Ernesto Milà – infokrisis - infokrisis@yahoo.es

El impacto económico de la inmigración

El impacto económico de la inmigración

Infokrisis.- Desde junio de 2007, y a raíz de distintos estudios económicos que intentaban explicar porqué la economía española crece a más velocidad que la europea, lo que hasta entonces era un rumor o una suposición se convirtió en una realidad objetiva razonada y argumentada por amplios estudios técnicos. En efecto, distintos organismos, todos ellos privados –la “cosa pública” prefirió eludir el espinoso problema de qué generaba crecimiento económico y evitar así que un éxito se convirtiera en una fuente adicional de tensiones- reconocieron que si la economía española crecía se debía a la inyección de casi seis millones de consumidores, es decir, de casi seis millones de inmigrantes .

El Banco de España, por ejemplo, achacó el éxito económico a la inmigración y a los cambios en las condiciones financieras. En efecto, el precio del dinero había bajado y, por tanto, los créditos eran más accesibles. Al menos esto era lo que sostenía el informe anual del Banco de España para el ejercicio 2006. La institución gobernada por Miguel ÁngelFernández Ordóñez, señaló en ese documento ese como el principal factor del crecimiento económico. Se le olvidaba precisar quiénes eran los primeros destinatarios de esos créditos: la inmigración. De hecho, el informe contemplaba ambas realidades como independientes. Evitaba reconocer que una parte sustancial de los créditos, especialmente hipotecarios y relacionados con el consumo, tenía como receptores a los contingentes migratorios.

Así se explicaba que la deuda familiar hubiera ascendido globalmente a España casi un 20% en 2006. El ahorro, literalmente, ha quedado pulverizado en nuestro país. No existe nada fuera del consumo desaforado y por encima de las posibilidades reales. En 2006, en pleno período de crecimiento económico, un nivel de endeudamiento familiar como ese podía ser asumido, especialmente con un crecimiento económico como el que existe en España en los último cuatro años. Pero –y esta es la pregunta clave- qué ocurrirá cuando ese crecimiento remita o cuando se produzca un parón en el mecanismo. Eso ocurrirá en cuando cesen de fluir masivamente inmigrantes a un ritmo medio de 600.000 por año.

Así pues, estamos en puertas de asistir a un episodio histórico sin precedentes en la historia de la humanidad: ¿qué ocurrirá cuando la recesión económica remita el crecimiento a sus niveles normales? ¿qué ocurrirá cuando se inicie el ciclo económico de vacas flacas y éste sea radicalmente diferente a todos los que han sucedido con anterioridad: con más de tres millones de trabajadores españoles en paro y millón y medio de inmigrantes igualmente en paro? ¿qué ocurrirá con las instituciones de crédito que tan alegremente han concedido hipotecas a los inmigrantes cuando aún no estaba claro ni su permanencia en el mercado laboral español ni siquiera si la presión social y la estabilidad del Estado obligarán a las repatriaciones forzosas de inmigrantes en “paro prolongado”? ¿qué ocurrirá si eso se produce y si un parque de viviendas muy superior a lo que el mercado español puede absorber, provoca el reventón final de la burbuja inmobiliaria y el precio real de la vivienda tiende a coincidir con el previo de venta viable, es decir, un 30% menos del valor habitual?

Entre 1990 y 1999, las tasas de interés descendieron 13 puntos, el abaratamiento del precio del dinero a causa de la coyuntura internacional, facilitó el que los bancos pudieran relajar las condiciones financieras y ampliar los plazos de amortización de las hipotecas que entre 1990 y 2007 pasaron de 14 a 27 años. Pero en el año 2005, primero tímidamente y luego, a partir del 2007 de manera más decidida, se tendió a una “normalización” en el precio del dinero, que fue subiendo progresivamente. No es, desde luego, un buen síntoma, especialmente para los créditos hipotecarios a interés variable. En 2005 el número de personas que dependían de un crédito alcanzaba al 42% de los mayores de 20 años, es decir, cuatro veces más que en 1990. Por otra parte, la evolución de los préstamos concedidos a los hogares ha llevado su endeudamiento hasta niveles equivalentes al 125% de su renta bruta disponible.

El sector de la construcción y la expansión económica

Es evidente que el principal factor que ha generado actividad económica es la construcción. Se ha definido a la construcción como el motor de la economía española. En realidad, es mucho más que eso, es el único puntal sobre el que se ha mantenido el crecimiento económico ficticio. Pues bien, la eclosión de este modelo económico, solamente ha sido posible a causa de la inmigración: el inmigrante se ha convertido en productor alienado (en tanto que principal contingente de la mano de obra del sector de la construcción) y consumidor integrado (en tanto que principal comprador de viviendas). No es por casualidad que la eclosión del sector de la construcción en este ciclo económico, se gestó a partir de 1998, cuando se empezó el fenómeno migratorio.

El proceso ha sido el siguiente: en el momento en el que se inició la reactivación del sector de la construcción (1997), empezaron a afluir inmigrantes que engrosaron los contingentes de ese sector económico, abaratando costes y aumentando el volumen de la mano de obra a disposición. Esto generó cierta acumulación de dinero (en buena medida, negro) que provocó nuevas construcciones de lujo en zonas y barrios nuevos, habitualmente situadas en la periferia de las grandes ciudades. Dado que iban afluyendo cada vez más inmigrantes, a partir de 1998, se empezó a producir un fenómeno nuevo: los inmigrantes se iban recluyendo en los barrios más baratos, generándose un “efecto vaciado”: la población hasta entonces autóctona abandonaba esos barrios, ponía a la venta sus viviendas y, o bien pasaban a vivir con sus hijos (dado que, en buena medida, se trataba de personas en la frontera con la jubilación o ya jubilados), y lo huecos dejados por ellos tendían a ser ocupados, no por autóctonos, sino por nuevos inmigrantes.

En un momento dado, los bancos advierten este fenómeno y a partir de 2003 ya empiezan a aprovechar el fenómeno: se trata de convertirlos en propietarios de sus viviendas (con permiso de la hipoteca, claro está). Este paso es mucho más importante de lo que parece. Si los bancos empiezan a buscar a los inmigrantes como clientes es por dos motivos: porque ya están presentes en número suficiente (con más de tres millones) como para que el volumen del negocio justifique la inversión publicitaria y el riesgo asumido y porque tienen legítimamente la sospecha de que una amplia mayoría de inmigrantes no albergan absolutamente el menor interés en regresar a su país. No estamos ante una inmigración transitoria sino permanente. Y los bancos no han hecho otra cosa mas que convencer al inmigrantes de que, puestos a quedarse e España, es más barato a la larga, acceder a la vivienda de propiedad que de alquiler. Además, les han convencido –y no sólo a ellos sino a buena parte de la población autóctona- de que la forma española de ahorrar es invertir en vivienda: ¿acaso no se ha revalorizado el precio de la vivienda hasta doblarse en los últimos diez años? Si esto es así, eso indica que siempre será así…

Este proceso ha generado un movimiento económico ficticio centrado, no solamente en torno a la construcción, sino en torno al sector inmobiliario. Y es precisamente el movimiento del sector inmobiliario lo ha generado la sensación ficticia de “crecimiento económico”, cuando en realidad, es evidente que si inyectamos en un barrio de 1000 habitantes, una población halógena de 140 nuevos vecinos, serán precisas más viviendas para albergarlos, más comercios para satisfacer sus necesidades y más consumo de bienes y servicios… A partir de ahora ya sabemos cuál es el truco para que el gobierno de turno pueda alardear de cifras “triunfales” de crecimiento económico: basta con inyectar población adulta que abarate la mano de obra y genere, por el mero hecho de su presencia, consumo. Para ese viaje no se precisaban alforjas. Nada parecido con un crecimiento económico digno de tal nombre en el que lo que se crea es, simplemente, riqueza. En el modelo español lo que se ha generado es una fiebre consumista sobre una población recién llegada que precisaba igualarse al “sueño español”, a despecho de que su situación laboral fuera extremadamente precaria.

Pues bien, todo este engranaje dejará de funcionar el día en el que cualquier gobierno español decida detener el flujo económico o éste, simplemente, se convierta en insostenible. Por otra parte, llama la atención la insistencia de las autoridades políticas y monetarias explicando que la vivienda, como máximo, se “desacelerará”, pero su precio no disminuirá. La lógica dice justamente todo lo contrario. Veamos.

El estallido de la burbuja inmobiliaria y la inmigración

Nuestra previsión es bastante sombría. En el momento en que empiecen a hacerse palpables los síntomas de crisis económica y recesión, el paro aumentará tanto entre autóctonos como entre inmigrantes, la morosidad se disparará y el Estado se verá sobrecargado por una factura asistencial insoportable. Aumentará la conflictividad social y las tensiones en los barrios “sensibles”. No es inverosímil pensar que corremos el riesgo de asistir a una nueva “lucha de clases” que, en este caso será una “lucha étnica” entre clases autóctonas asfixiadas por la crisis y contingentes inmigrantes, siempre dispuestos a vender barata su fuerza trabajo pero que también tienen un límite de resistencia a las privaciones. Es previsible que ocurra un fenómeno parecido al que se ha producido en Portugal cuando la recesión económica ha generado la fuga de amplios contingentes de inmigrantes en paro hacia el país vecino, esto es, España. Si esto ocurre –y es muy posible que ocurra- el parque de viviendas deshabitadas y en venta hará, inevitablemente, que el precio de la vivienda caiga, en otras palabras, que la burbuja inmobiliaria, termine reventando.

El Banco de España sostenía los efectos positivos de la inmigración sobre el crecimiento de la renta per cápita y sobre la tasa de empleo. Así, el impacto de la inmigración sobre el crecimiento de la producción por habitante entre 2001 y 2005 habría representado el 25% del incremento total. Por su parte, la contribución de los inmigrantes al aumento de la tasa de empleo supone una cuarta parte del total. Evidentemente, el Banco de España no puede entrar en otras consideraciones más allá de las puramente económicas; no va a ser, desde luego, el Banco de España quien le corresponda alertar sobre los riesgos generados por la inmigración en todo lo referente a la identidad nacional y a la estabilidad de la sociedad española. El Banco de España solamente puede opinar en materia económica y, no todo es positivo en este plano. Desde el punto de vista de la productividad, la presencia de la inmigración no han podido ser más negativos. Entre 2001 y 2005, la inmigración restó casi dos décimas a la tasa anual media de crecimiento de la productividad por persona ocupada, que fue del 0,5%. Así mismo, la inmigración ha contribuido notablemente al aumento de la inversión pero ha tenido un efecto “ambiguo” sobre la tasa de ahorro de la economía. Ello se debe a que los inmigrantes se concentran en estratos bajos de renta, donde la propensión media al ahorro es más reducida.

La inmigración y la creación de nuevos hogares

Incluso en regiones en donde la inmigración no es masiva, como La Rioja, el peso de la inmigración en el consumo ha sido decisivo. En esa comunidad seis de cada diez hogares son creados por la inmigración. La contribución de los extranjeros a la formación de núcleos familiares coloca a la región en el cuarto lugar de España, cuya media es del 48,8%. El 15,5% de los hogares formados en La Rioja entre 1996 a 2006 han sido posible gracias al importante incremento de la inmigración que se ha producido en la región y entre 2000 y 2006 esa cifra se eleva hasta el 58,8% de los nuevos hogares, es decir, casi seis de cada diez, según un estudio de la Caixa Catalunya.

La contribución media de los extranjeros en España en estos seis últimos años es del 48,8%. Los datos estadísticos muestran grandes diferencias entre regiones, aunque en ninguna de ellas el porcentaje baja del 24%. Encabezan el ránking Navarra, con un 63,7%; Madrid, con un 60,4%; Comunidad Valenciana, con un 60%; y a continuación se coloca La Rioja, con el ya señalado 58,98%. En el extremo opuesto, Cantabria, País Vasco, Galicia y Extremadura (con valores entre el 24% y el 30%) son las comunidades españolas que menos han notado el peso de la inmigración en la formación de nuevos hogares. Según el estudio de Caixa Catalunya, Canarias, las comunidades del arco mediterráneo, Madrid y La Rioja configuran la zona más expansiva en cuanto a creación de nuevos hogares en la última década. En España, el número de hogares pasó de 12,3 millones en 1996 a 15,9 millones en 2006, con un crecimiento agregado del 30% que refleja también disparidades regionales muy notables.

Los “agentes sociales” empiezan a preocuparse

A mediados de 2007, distintas instituciones próximas a la patronal y el sindicato Comisiones Obreras, han multiplicado declaraciones extremadamente significativas destinadas a precisar la importancia de la inmigración en el “presunto” crecimiento económico español. Las voces son, más o menos, coincidentes a la hora de señalar carencias y defectos, pero divergentes a la hora de establecer soluciones y extremadamente ambiguas cuando se trata de proponer medidas en positivo.

En una encuesta elaborada por el IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa) e incluida en su informe “La gestión emprsarial en el año 2007”,los empresarios definieron la política de Zapatero sobre la inmigración como “inadecuada” (62,4%) o “muy inadecuada” (17,9%). Es significativo que un organismo patronal vertiera estos calificativos. Los empresario se manifestaban a favor de "fomentar una inmigración cualificada y adoptar medidas que conlleven la selección de inmigrantes en función de las necesidades de nuestro país", en otras palabras, lo que estaban proponiendo es regular los flujos migratorios de manera efectiva, algo que ni el PP hizo en su momento, ni el PSOE ha tenido jamás intención de realizar.

Si esto ocurría en los medios próximos a la patronal, en el otro “interlocutor social”, CCOO, los juicios no eran mucho más condescendientes en relación con la política gubernamental. A principios de junio de 2007, el secretario general de CC.OO., José María Fidalgo, pidió al Gobierno que cambiase su actual política migratoria e implante otra mucho más restrictiva. Fidalgo, en el curso de unas jornadas sobre deslocalización de empresas, celebradas en el Consejo Económico y Social, aseguró que “en España sobra mano de obra muy barata y no hace falta seguir importándola”. Para el dirigente sindical, la prioridad es invertir en educación, formación profesional e investigación y desarrollo para “llenar la mochila de productividad” y frenar así la deslocalización de empresas. Las declaraciones del responsable de Comisiones Obreras deben encuadrarse en el cambio de modelo productivo que reclama el sindicato y qie se basa en dar menos prioridad a un crecimiento basado en el consumo y en la construcción y sí en sectores con mayor capacidad para generar valor añadido. El actual “modelo de bajo coste”, razona Fidalgo, sólo sirve para atraer inmigrantes.

Después de una década defendiendo la llegada de inmigrantes, CCOO ha advertido que el fenómeno provoca una reducción de los salarios y mantiene el empleo en situación de precariedad. Por razones de corrección política, los sindicalistas no se prodigan en este tipo de declaraciones pese a que serían bien recibidas por las bases de sus organizaciones. Las declaraciones de ayer de Fidalgo son las más contundentes expresadas en esta dirección y abren un paréntesis de optimismo sobre la actitud de CCOO ante el fenómeno de la inmigración masiva.

Esto no era óbice para que unas semanas después, 120 inmigrantes, delegados de CCOO, participasen en Madrid en un encuentro sindical sobre inmigración y salud laboral, en el que reflexionaron sobre las condiciones de trabajo, seguridad y salud laboral. En la actualidad, CCOO se arriesga a seguir los pasos de su sindicato hermano francés, la CGT, abandonado por los trabajadores franceses y transformado prácticamente en “sindicato argelino”. Ciertamente, en España la situación es muy diferente y la inmensa mayoría de trabajadores no están afiliados a ningún sindicato, pero si es rigurosamente cierto que las cúpulas sindicales se debaten en una situación esquizofrénica que oscila entre sacar toda la bilis que llevan dentro y denunciar a la inmigración como la principal, sino la única causa, del estancamiento (y frecuentemente del retroceso) salarial, o bien defenderla.

Las declaraciones de Fidalgo dejan pensar que el sindicato, finalmente, se ha tenido enfrentar con sus fantasmas y reconocer los hechos consumados: si, todos son trabajadores, los inmigrantes y los autóctonos (tal como sostiene la “doctrina oficial”), pero la superabundancia de inmigrantes perjudica a los autóctonos.

Así pues, si l política de inmigración del gobierno encuentra resistencias, ya no es solamente en la patronal, sino también entre los trabajadores. Cuando se desvele las repercusiones del fiasco, los impulsores de esta política harían bien en ausentarse sin dejar señas.

Otro estudio publicado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) iba en la misma línea de denuncia. No existe “crecimiento económico español milagroso”, a pesar de que nos lo hayan presentado como superior a cualquier otro país de Europa, todo era un fraude. Según la FEDEA el 90% del crecimiento medio del Producto Interior Bruto (PIB) de los últimos cinco años está directamente relacionado con la inmigración. O lo que es lo mismo: es un crecimiento ficticio que se detendrá en el momento en que deje de afluir una media de 600.000 inmigrantes por año. Las cifras dadas por FEDEA indican que el peso de la inmigración durante el decenio 1996-2005 suponía un 39% del crecimiento medio del PIB español; pero si nos limitamos al período 2000-2005, esta aportación se dispara hasta el 90% del crecimiento total.

No hay, pues, “milagro” en la economía española. El milagro es la inmigración. Si los salarios están contenidos es a causa de la inmigración… esto, en teoría, contribuye a frenar la inflación, aumentando el consumo, pero dice muy poco de los derechos y necesidades del trabajador español, el principal perjudicado. El citado informe Las remesas de dinero que los inmigrantes mandan a sus países de origen se han más que multiplicado por cuatro en seis años, pasando de los poco más de 1.500 millones de euros del año 2000 hasta los 6.500 millones de euros contabilizados en el año pasado. Los autores del informe sostienen que estas remesas contribuyen a “disminuir las desigualdades” en los países a donde van a parar… dato manifiestamente falso: en realidad, contribuyen a empobrecer a esos países. No en vanos, las zonas de África que han generado más inmigración y que reciben más remesas de los que se fueron son las más pobres y los campos están abandonados: en efecto, si ya hay dinero que llega de los que se han ido a España ¿para qué trabajar?

Por otra parte, el informe, realizado desde una perspectiva ultraliberal considera extremadamente positivo que la inmigración haya contribuido a contener los salarios. En realidad, no ha sido así: los salarios han perdido poder adquisitivo. Por otra parte, es rigurosamente falso que la inmigración haya abaratado los precios tal como sostiene el informe: véase el sector de la adquisición de viviendas que ha podido ir incrementando artificialmente los precios gracias a la demanda de vivienda de 6.000.000 de “consumidores” llegados del extranjero. El informe llega a sostener de manera absolutamente insensata que se paguen 2.500 euros como prima por inmigrar a España… Obviamos citar los nombres de los autores para evitar que puedan ser tachados de alucinados. Lo esencial a retener de dicho informe es, precisamente, el impacto de la inmigración en el PIB. Este se estancará o retrocederá en el momento en que cese la oleada migratoria. Es evidente que esta oleada no puede durar eternamente (ya es problemático que la sociedad española pueda integrar el fenómeno), así pues, el crecimiento económico se detendrá bruscamente antes o después con los efectos deletéreos sobre la economía y, especialmente, sobre la sociedad española. Las reclamaciones deberán entonces realizarse a los gobiernos que han permitido este disparate. Y es, por eso que decimos que harán bien en ausentarse sin dejar señas.

Por su parte, otra asociación patronal, el Instituto de la Empresa Familiar, en un informe sobre la política de inmigración -“Hacia un Modelo de Inmigración Sostenible”- publicado a mediados de junio de 2007, reclamaba más orden en las políticas de migración. Las conclusiones a las que llega el informe tienen cierto nivel de esquizofrenia, pero a la postre resultan significativas. Se dice por ejemplo que “La inmigración legal es positiva; la irregular puede llegar a ser un enorme problema para los ciudadanos españoles y para los inmigrantes”… si tenemos en cuenta que el 90% de la inmigración es irregular valdría más la pena decir simplemente que “la mayoría de la inmigración es un enorme problema”. Así mismo, se insiste, con mucho tino en que “Es prioritario apostar por la contratación en origen”. Algunas empresas lo hacen, por ejemplo VIPS que se jacta de que el 60% de su plantilla son inmigrantes contratados en los países de origen. Pero esto crea un problema, por que lo lógico sería que si se contratan legalmente en los países de origen, los inmigrantes irregulares fueran inmediatamente repatriados… y eso no ocurre. Así pues, en las actuales circunstancias, el problema de la inmigración se agrava desde el momento en que sin cerrar la vía a los irregulares, se contratan en origen. Se reconoce lo que a partir de mediados de 2007, es del dominio público, a saber que “La Inmigración esta teniendo una aportación positiva al PIB español”, pero se añade, también con buen tino que “La experiencia de otros países indica que a largo plazo será menor y que no es un sustituto adecuado de las reformas estructurales necesarias”. Mucho más discutible es la afirmación de que el inmigrante no genera un mayor coste sanitario que la población autóctona… claro que es menor, pero sólo si atendemos a la cifra global, si nos atenemos a la relación gasto/gasto ingreso per cápita, los inmigrantes están muy por encima de los autóctono en “consumo sanitario”, entre otras cosas por que tienen una demografía mucho más activa y por que los accidentes laborales son más frecuentes entre inmigrantes que entre autóctonos. Otra afirmación discutible en el citado informe es que “La mejor Política de integración es la Educación”… tópico manido y eternamente repetido que, si bien, en esta ocasión viene atenuado con el reconocimiento de que “La Inmigración no es la causa de las deficiencias del Sistema educativo, pero las acentúa”. Se podría decir más claro y cristalino: la inmigración es una de las causas principales de la quiebra del sistema de enseñanza pública. Otro punto destacable del informe es el reconocimiento de que “La Inmigración no es una solución a las deficiencias que presenta el Sistema de Pensiones ni al envejecimiento de la población. Retrasa la aparición de los problemas que conllevan, pero los hace más grandes”, lamentablemente no se insiste en que alguien nos ha mentido y que entre 1997 y 2005 este concepto de la inmigración como panacea universal para resolver los problemas del sistema de pensiones ha sido sistemáticamente repetido por loros mediáticos y políticos autistas. El informe reconoce igualmente que la inmigración genera una economía sumergida que no hay forma de sacar a la superficie y que supone competencia desleal para con el resto de las empresas y los trabajadores. El informe deja en el aire algunos temas que parecen mal resueltos o en los que los redactores no se han preocupado por proponer alternativas. Así por ejemplo se dice tajantemente, “La Repatriación de personas es una política cara”, pero no se recomienda ninguna otra política. Se pone el dedo en la llaga en otro problema: “Las acciones de ayuda a los inmigrantes no pueden suponer la exclusión de estos programas de la población local más desfavorecida. No se puede producir un efecto sustitución”, pero tampoco se propone ninguna alternativa. De hecho, cuando los redactores de este informe abordan las propuestas en positivo, se percibe claramente… la imposibilidad de concretarlas, apenas unas vaguedades y una fe en que la Unión Europea venga y nos resuelva el problema…

De todo esto, se deduce que, sectores de la patronal –especialmente los que no han resultado tan directamente beneficiados como hosteleria y construcción- empiezan a albergar serias dudas sobre la política de inmigración. Fieles –todavía- a lo políticamente correcto, creen que es posible aplicar “políticas de integración”, fingiendo ignorar que todas ellas han fracasado en Europa y que la mejor política de integración todavía no se ha inventado. Se niegan a condenar claramente la existencia de una inmigración masiva y, esperanzados, creen que “la educación”, el “esfuerzo presupuestario”, bastarán para integrar a sectores que han demostrado ser hasta ahora inintegrables en otros países europeos.

Uno de los puntos mas graves del informe es donde se asegura que el sistema de la seguridad social peligra a causa de la inmigración, pero las cifras cantan. En este momento hay alrededor de 1,9 millones de extranjeros afiliados al Seguro que, en este momento, suponen una aportación de unos 8.000 millones de euros a las arcas del sistema público de pensiones. Ahora, todavía parece que, globalmente, los inmigrantes porten más de lo que reciben. Ciertamente, sólo uno de cada 30 cotizantes extracomunitarios recibe una prestación de la Seguridad Social, frente a la media de uno cada 2,65 trabajadores españoles, pero eso no ocurrirá siempre. A medio plazo, en cuanto los trabajadores inmigrantes que hoy tienen 35-40 años empiecen a jubilarse, o simplemente, cuando el paro vuelva a enseñorearse, se investirá la balanza y la inmigración se convertirá en un elemento más del déficit de la seguridad social. Además, ya hoy, los inmigrantes tienen sueldos un 30% inferiores a los nacionales y eso provoca que coticen de promedio 4.327 euros frente a los 4.770 euros de la mayoría de los españoles… es decir, según el estudio, estas cifras revelan que "el dinero aportado por los cotizantes (extranjeros al Seguro) no se corresponde con el que percibirán tras su jubilación", dice el estudio y cita al que fuera asesor del Gobierno Aznar, José Barea, para afirmar que el problema se agravará por el aumento de la esperanza de vida. La sentencia final a este respecto es dura, pero no por ello menos objetiva: "La inmigración sólo sirve para generar más dudas en torno al futuro del sistema de pensiones".

Por su parte, la Fundación Encuentro, dependiente de la Fundación Cultural de Caja España, publicaba su informe sobre anual “España 2007” aportando algunos datos interesantes. Uno de ellos llama la atención por su precisión: “España necesita entre cuatro y siete millones el número de extranjeros que necesita España para seguir creciendo al ritmo actual”… cuatro millones ya están aquí desde el 2005, ahora estamos llegando apresuradamente a los seis millones y seguramente superaremos los siete antes del 2009… por arcanos desconocidos “Encuentros” considera que se llegará a los siete millones ¡diez años después, en 2020! Si el PIB ha crecido tanto últimamente se debe a la inyección de 600.000 inmigrantes y, por esta regla de tres, hará falta que sigan entrando al mismo ritmo para que puedan mantenerse los actuales ritmos de crecimiento, solo igualados por China y por otros pocos ¿privilegiados?. Para el informe de Caja España, los inmigrantes no son responsables del 90% del crecimiento económico, sino solamente de la mitad.

El estudio comete un error matemático y de concepto. Explica que los inmigrantes aportan a las arcas del Estado 23.402 millones de euros al año, mientras que las contraprestaciones que reciben son "sensiblemente inferiores", de 18.618 millones de euros, es decir, el 5,4% de los gastos de las Administraciones Públicas… pero no explican exactamente qué es lo que contabilizan como “contraprestaciones”. Además, no se trataría solo de observar las “contraprestaciones” sino también los “gastos generados”. ¿Se han contemplado los gastos en materia de prisiones, trabajo en juzgados, salarios de nuevas promociones policiales y daños pagados por las aseguradoras o que debe cubrir el propio ciudadano víctima de un delito? Si, ya sabemos que no es políticamente correcto recordar todo esto, pero a la vista de que, como hemos demostrado, la inmigración influye decididamente en la inseguridad ciudadana, habrá que introducir estas cifras por algún sitio y mucho nos tenemos que los 5.000 millones de superavit que según “Encuentro” aporta la inmigración queden muy por detrás de los gastos no contabilizados.

Por otra parte, el informe reconoce que en 2005, los inmigrantes compraron el 25% de las viviendas que se vendieron en España (cuando apenas representaban un10% del total de la población). De lo que cabría deducir que, en caso de que estas ventas no se hubieran producido la vivienda hubiera debido experimentar no una desaceleración sino un descenso en su precio. Tampoco se entiende por qué “Encuentros” considera positivo el que a lo largo de 2006, los inmigrantes enviaran a sus países 6.250 millones de euros (un 332% más que cinco años antes). Desgraciadamente, no se explica en qué consiste lo “positivo” de esta cifra. El informe repite un viejo tópico que viene arrastrándose desde el año 2000: que la Unión Europea necesitará 45 millones de inmigrantes para mantener los niveles de protección actuales hasta el año 2050…

Como podemos ver, los distintos informes, todos ellos realizados por gabinetes preparados y equipos solventes… no son en absoluto coincidentes y mucho menos esclarecedores. Como máximo permiten aislar algunos datos significativos que, unidos a otros, componen una situación extremadamente sombría.

Para colmo, CCOO, manejando datos de la Encuesta de Población Activa, afirma que el trabajador inmigrante es un 19% menos productivo que el trabajador autóctono. El estudio afirma que la diferencia de productividad entre un trabajador nacional y un inmigrante es cada vez más grande. Pasó a ser de 6.025 euros en 2002 (37.192 euros por ocupado en los nacionales y 31.998 euros en los inmigrantes) a 7.070 en 2004 (37.793 en los nativos y sólo 30.723 en los extranjeros). En porcentaje, la diferencia de productividad (a favor del nativo) ha pasado del 14,3% al 18,7% en sólo tres años. Lo que ha provocado el crecimiento de la diferencia no es la menor profesionalidad de los inmigrantes, si no su distribución. Uno de cada cuatro encuentra un empleo en sectores poco productivos, como agricultura y construcción. En realidad, esto es cierto, pero sólo en parte. Ocurre también que la mano de obra que llega a España, en su inmensa mayoría, no es mano de obra cualificada, sino en fase de aprendizaje, con todo lo que ello implica en bajos rendimientos laborales.

Por otra parte, en marzo de 2007, el número de afiliados a la Seguridad Social superó los 19 millones de personas, de los que casi dos millones son inmigrantes, el 10,5% del total de afiliados (y, entonces, los otros tres millones de inmigrantes ¿qué medios de vida poseen? Sería bueno que ulteriores estudios, trabajos, informes, dossiers y encuestas respondieran a esta cuestión... Claro está que esta cifra es relativa. Si se da por buena la cifra de cuatro millones de inmigrantes, estamos hablando de 1 de cada 2, afiliados a la seguridad social… pero si, como parece, nos aproximamos a los seis millones, entonces estamos hablando de 1 de cada 3 y, a partir de aquí la carga económica para el Estado (pagado por la sociedad española) es insoportable. Todos estos elementos conducen a CCOO a una ecléctica conclusión: “Si bien la inmigración es globalmente positiva, ha repercutido negativamente en la productividad y en los niveles salariales”… conclusión obligada, pero también limitada. Ha repercutido negativamente en otros muchos sectores y terrenos.

A pesar de su disparidad, lo que está claro es:

1. Que el crecimiento económico español desde 1998 depende de la inyección de inmigrantes.

2. Que se trata, pues, de un crecimiento económico ficticio basado en el aumento artificial de consumidores y en el descenso salarial que genera.

3. Que este crecimiento es pan para hoy y hambre para mañana

4. Que cuando cese la riada migratoria, el crecimiento económico remitirá.

5. Que una nueva crisis económica tendrá repercusiones que excederán con mucho el marco de la economía par convertirse en una crisis social generalizada.

6. Que dentro del “modelo español de desarrollo”, solamente unos sectores de la patronal han salido muy beneficiados con las riadas migratorias (especialmente, los menos productivos), pero que la factura la tendrá que pagar la sociedad.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Bandas latinas: el estado de la cuestión

Bandas latinas: el estado de la cuestión

Infokrisis.- El año 1997, los titulares de la prensa española, de tanto en tanto, registraban las noticias sobre la eclosión de las bandas latinas en Nueva York, pero estaban muy lejos de imaginar que la recién llegada inmigración ecuatoriana se iba a convertir en el foco difusor en nuestro país del mismo fenómeno. El 12 de octubre de ese año, todos los medios de comunicación se hicieron eco de la cruzada emprendida por el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, para controar a las bandas latinas. La consigna de Giuliani “Tolerancia cero”, se estaba imponiendo y en tres años la delincuencia había bajado aproximadmente  50% en la “Gran Manzana”.

Repasando aquellas noticias algunos advertimos por primera vez nombres y siglas que apenas seis años después se iban a popularizar en nuestro país: los Latin Kiongs, La Familia, los Bloods, los Salvatruchas, etc. La presencia de todos estos grupos se estaba haciendo cada vez más efectiva en las zonas en las que Giuliani estaba venciendo a la dlincuencia. Sus pintadas abundaban en los vagones del Metro y se les podía ver con sus anchos vestidos y sus camisas de colores vivos en algunos barrios mayoritariamente poblados por latinos. La importancia de esta nueva delincuencia era tal que en mayo de 1997, el alcalde Giuliani se vió obligado a crear un grupo especial de 200 policías especializados en la lucha contra estas bandas. Durante el verano de ese año produjeron 700 arrestos de adolescentes de entre 12 y 18 años, vinculados con estas bandas. En octubre estas bandas empezaron a agredir a estudiantes en los vagones del metro o en la proximidad a los institutos. Sin mediar palabra, herían a los jóvenes en los brazos o en las piernas con el único objetivo de hacerles sangrar. También se produjeron violaciones de chicas en los lavabos de los institutos, protagonizadas igualmente por los miembros de estas bandas. En todos estos casos, se trataba de rituales de iniciación en estas bandas. A finales de 1997 se calculaba que en todo el territorio de los EEUU en torno a 600.000 jóvenes de origen hispano estaban vinculados a estas bandas. Hasta 1997, la inmensa mayoría de estos jóvenes estaban radicados en California, pero a partir de entonces empezaron a proliferar en la Gran Manzana.

Giuliani identificó el fenómeno a tiempo, preparó a su policía y exigió medidas judiciales que castigaran a los miembros de las bandas que al salir de prisión volvieran simplemente a ponerse en contacto con ellas o que simplemente les prohibieran adquirir y portar cuchillos y navajas. El alcalde tenía claro cuál era la naturaleza del problema, el diagnóstico y su tratamiento.

Cuando ocurría todo esto en Nueva York, en España estaban llegando los primeros inmigrantes ecuatorianos y dominicanos. La mayoría de los que leyeron aquellos artículos pensaban que en EEUU y, particularmente en Nueva York, las bandas juveniles eran algo habitual: habíamos oído hablar de ellas desde los tiempos de “West Side Story”, así que no nos sorprendió. Poco imaginaban que en pocos años, el mismo fenómeno se transplantaría a nuestro país. Pero así ha sido y hoy podemos afirmar que España es, después de los EEUU, el paraíso de las bandas latinas. La diferencia estriba en que una legislación represiva y basada en el castigo penal como la norteamericana apenas ha podido hacer frente al fenómeno, así que no albergamos la menor duda en que un sistema garantista, basado en la rehabilitación del delincuente, poco podrá hacer frente a las bandas latinas. El fenómeno es incipiente: estamos todavía en el inicio de la primera parte.

Cuando las bandas se hicieron visibles

Lo recordamos con claridad. La primera noticia que leímos sobre las bandas latinas fue en un cyber local del centro de Torrevieja propiedad de un ciudadano de origen ruso. Toda la información partía de una crónica aparecida en un conocido diario de difusión nacional que daba cuenta de la aparición en Madrid de distintas bandas latinas organizadas por inmigrantes de procedencia iberoamericana. Hasta ese momento, la violencia juvenil que había llegado con la inmigración ilegal, masiva y descontrolada, era una violencia aislada que procedía de grupos de delincuentes sin vínculos orgánicos. A partir de la aparición de las “bandas latinas” era evidente que nos enfrentábamos a un nuevo tipo de delincuencia organizada ante la que Giuliani no había dudado en exigir medidas legislativas de excepción y crear un cuerpo policial especial cinco años antes. Pero en España ni se tomaron medidas en aquel momento, ni el fenómeno se había previsto, ni nadie tenía la más mínima intención de reconocer la gravedad a la detección de los primeros núcleos organizados de bandas latinas. Hay que recordar que en julio de 2002, Aznar no solamente negaba que hubiera aumentado la inseguridad ciudadana, sino que atribuía esa sensación muy extendida en la sociedad, a una percepción errónea. Ciertamente, al iniciarse el otoño de ese año, Aznar había rectificado y establecido medidas para contener el aumento de la delincuencia que ese verano se hizo demasiado evidente como para poder negarlo, pero ni desde la presidencia, ni siquiera desde el ministerio del interior, se había aludido hasta entonces a las “bandas latinas”. De hecho, no se aludió a ellas en medios oficiales hasta un año después, cuando a principios de 2004, ya estaban extendidas por toda la geografía nacional y, desde luego, en todos los puntos en donde existían comunidades iberoamericanas fuertemente asentadas.

Antes de 2003, las autoridades policiales y, particularmente, los grupos antiatracos, ya percibían el cambio que se estaba operando en la delincuencia organizada. Uno de sus mandos precisó: «Proliferan las bandas de origen suramericano, especialmente chilenos -como la desarticulada en el marco de Operación Sahara, desarrollada en el mes de junio, en la que fueron detenidos cuatro individuos acusados de seis atracos- y colombianos -como la que cayó el pasado mes de julio en la calle de Rafael Finat del distrito de Latina- que vienen con documentación cubana para evitar ser extraditados». Así mismo, los responsables policiales estaban sorprendidos por la premeditación y frialdad con la que suelen actuar las bandas suramericanas: tras seleccionar y estudiar el objetivo, distribuyen las funciones de los integrantes del grupo. Pero, de entre todos los grupos de delincuentes, los colombianos llamaban poderosamente la atención.

Hasta mayo de 2003, la opinión pública tenía la sensación de que, de toda la delincuencia iberoamericana que actuaba en España, la colombiana era la única peligrosa. En 2001 había aumentado ya alarmante e inexplicablemente el número de homicidios en Madrid. Hasta el mes de junio de ese año se había registrado, solamente en la región de Madrid, 33 homicidios, frente a 26 en el mismo período del año 2000 0 18 en 1999. El problema había ido aumentando un 25% cada año. Casi siempre, los titulares que daban cuenta de estos sucesos hablaban de “ajustes de cuentas”. Leyendo la letra pequeña de los artículos se podía saber que estos “ajustes de cuentas”, habitualmente entre ciudadanos de origen colombiano se debía, casi exclusivamente, al tráfico de cocaína. Desde finales de la década de los 90, la Guardia Civil había puesto contra las cuerdas a los narcotraficantes gallegos, cuyas estructuras habían saltado por los aires. En ese mismo tiempo, los carteles colombianos empezaron a desconfiar de los gallegos, especialmente por razones económicas: sus beneficios eran exorbitados, así que los colombianos decidieron asumir la totalidad del negocio, ellos mismos traerían la cocaína a España y ellos mismos se encargarían de su distribución. Así lo hicieron y así empezaron a ajustar cuentas con aquellos peones que, por unos u otros motivos, defraudaron a los carteles colombianos. Por lo demás, hay que decir que el grueso de la comunidad colombiana no era particularmente conflictiva, habían venido a trabajar honradamente a España y eso era lo que estaban haciendo. Una ínfima minoría, había criminalizado a toda una comunidad… eran los riesgos de no practicar una política selectiva de inmigración, tanto a la salida de Colombia como a la entrada en España.

Así pues, en mayo de 2003, la delincuencia “hispana” se identificaba con los narcos colombianas que operaban en nuestro país. Pero las bandas latinas, en ese momento ya se estaban organizando y extendiendo especialmente por la Comunidad de Madrid. Históricamente, el primer incidente en el que salen a relucir “bandas latinas” tiene lugar el 27 de febrero de 2002, en el instituto de la calle Maqueda en Aluche en donde dos grupos de estudiantes se enfrentaron en una riña multitudinaria. A un lado ecuatorianos y colombianos, al otro madrileños. Los incidentes habían comenzado días antes cuando los ecuatorianos y colombianos amenazaron a un estudiante madrileño, lo agredieron luego al salir de clase. La víctima presentó denuncia en comisaría.

Como es habitual, las autoridades, en este caso la Consejería de Educación, negaron la importancia a los incidentes alegando que los episodios de violencia no son habituales en este instituto… Pero los padres de los alumnos españoles opinaban otra cosa: las peleas entre estas dos bandas venían de lejos. Vecinos del barrio añadieron incluso que la mayoría de ecuatorianos y colombianos que participaron en los incidentes no eran estudiantes del centro. Llovía sobre mojado, en cualquier caso, por que existían seis denuncias policiales contra estos grupos. Y uno de los estudiantes que no participó en la pelea describió la pelea como una riña « entre suramericanos y españoles, pero nada fuera de lo normal». En 2002 “nada fuera de lo normal”. Por su parte, la policía también desmintió a la consejería de educación, afirmando mediante un portavoz que en numerosas ocasiones debieron intervenir en el centro para evitar peleas entre chicos: «Son riñas entre estudiantes de distinta nacionalidad que afortunadamente no llegan a ser graves y que suelen sucederse, casi siempre, a la salida del instituto», añaden. «En muchas de las intervenciones nos avisan los propios profesores que han oído como los chicos se citaban para pegarse», agregó. Así pues, en 2002, las autoridades autonómicas madrileñas practicaban la habitual política del avestruz: negar la evidencia creyendo que hacerlo así evitaría que el conflicto saliera a la superficie.

La legalización de las bandas

Hacia mediados del 2006, un sector de los Latin Kings daba síntomas de “debilidad”. Muchos de ellos habían resultado detenidos, buena parte de sus círculos estaban desarticulados y, precisamente porque habían crecido extraordinariamente, interiormente no todos veían las cosas de la misma manera, ni estaban dispuestos a sacrificar lo mismo. Por otra parte, algunas esferas autonómicas, especialmente en Catalunya, sostenían la necesidad de hacer algo parecido a lo que se había hecho en EEUU en los tiempos de Giuliani: romper a las bandas latinas, ofreciendo a los sectores más “sensibles” la legalización a cambio de la inmunidad por los delitos cometidos hasta entonces. Esto supondría una merma en los efectivos. Por otra parte, una de las condiciones –no confesadas, por supuesto- para entrar en la legalidad era informar a la seguridad del Estado de quienes estaban cometiendo los crímenes que a partir de ese momento se produjeran.

Esta estrategia se pone en marcha en Catalunya impulsada por el ayuntamiento de Barcelona a principios de marzo de 2005. El gobierno municipal de la Ciudad Condal permitió la reunión “semiclandestina” de 200 delegados de los Latin King de toda España para valorar las posibilidades de legalización, y por tanto, de alejamiento de cualquier actividad delictiva. El impulso venía del ayuntamiento de Barcelona que exigía para reconocerlos legalmente cuatro puntos: insertarse en la sociedad española, abandonar la violencia, dejar la clandestinidad y reconciliarse con las bandas rivales, especialmente los ñetas, con los que existía un proceso paralelo de regularización.

En marzo de 2006, según fuentes policiales, solamente estaban en activo cuatro “capítulos” de los Latin Kings en Madrid que agrupaban a unos cincuenta activistas.  Desde el mes de septiembre de 2004 la policía había identificado solamente en Madrid a 400 miembros de la banda, muchos de los cuales ya estaban en prisión o procesados. El informe era altamente optimista porque indicaría que las bandas estaban prácticamente desarticuladas. Se añadía que los máximos dirigentes de la banda en España habían sido detenidos. Y así era, en efecto: Eric Javier Velastegui Jara, el jefe máximo de la banda, estaba a punto de ser juzgado por la Audiencia Provincial de Madrid, tras ser acusado de un delito de robo, otro de detención ilegal y otro más por agresión sexual por hechos ocurridos en mayo del 2003, justo cuando las bandas latinas salieron a la superficie. Pero el informe policial callaba algunas cosas.

Los cuatro capítulos de la banda implantados en la región (dos capítulos en Carabanchel -Capítulos Viracocha y Azteca-, otro en Galapagar -el Capítulo Chicago-, y otro en Villalba -el Capítulo Wolverine-, además del capítulo femenino –Amazonas- sin ubicación geográfica concreta) seguían gozando de buena salud y, tras la crisis de crecimiento inicial que se produjo entre 2003 y 2004, a pesar de las detenciones y de algunos abandonos, especialmente de miembros que todavía no estaban regularizados, seguían manteniéndose frescos como rosas (y como sus espinos).

Además, se estaba produciendo un fenómeno todavía más peliagudo. Dado el aumento sin precedentes de la inmigración andina en España (y que no tiene comparación con el seguido en ninguna parte del mundo, ni siquiera en EEUU, en donde han llegado contingentes sólo ligeramente superiores para una población seis veces mayor…), las bandas latinas habían crecido extraordinariamente, incluso antes de que sus líderes pudieran estructurarlas de tal forma que no perdieran el control sobre ellas. Además, al haberse generado una presión policial efectiva, habían aparecido, un poco por todas partes, individuos con la “estética” propia de las bandas latinas pero que, sin embargo, no estaban adscritos a la dependencia de ninguna. Simplemente, actuaban por su cuenta, sin ningún tipo de control.

Esto era lo que permitía al ayuntamiento de Alcorcón afirmar con una seriedad pasmosa en enero de 2007 que “no existían bandas latinas en la ciudad”… efectivamente, ni existían Latin Kings, ni Ñetas, ni Salvatruchas, etc, sino que existían delincuentes desorganizados, provistos de la misma estética y, lo que era peor, que se limitaban a copiar las prácticas de estos grupos. Por que lo cierto era que en Alcorcón no existirían bandas latinas organizadas, tal como decía el ayuntamiento local, pero no era menos cierto que cientos de latinos cobraban peajes para utilizar parques públicos e imponían su ley en las canchas de baloncesto. No es que existieran solamente tres bandas organizadas, sino que además de ellas existían decenas de grupos locales y, lo que era peor, una tendencia a actuar localmente como lo estaban haciendo las bandas organizadas en otras zonas.

El movimiento de las bandas latinas se había atomizado. Al carecer los grupos organizados de fuerza suficiente para arrastrar e incorporar a los grupos locales, éstos, simplemente, actuaban independientemente sin recibir instrucciones ni atenerse a ninguna disciplina. Así mismo, habían desechado los rituales, la mística y la dinámica interna de las bandas organizadas, pare quedarse solamente con el estilo exterior (la vestimenta) y las formas delictivas (robos, coacciones, pago de “peajes”, etc.).

En este contexto, la legalización de las bandas latinas era un recurso táctico, como lo era la presión policial, pero no iba a ser la solución a los problemas. Los incidentes de Alcorcón en enero de 2007, lo demostraron ampliamente. Por otra parte ¿es moral la “legalización” de grupos de delincuentes, justo para que dejen de serlo? No está claro. En el fondo, la legalización no consistía en otra cosa que en “comprar” a los dirigentes más proclives a ser “comprados”, ofrecerles el señuelo de subvenciones y prebendas para desmovilizarlos. Esto tenía una parte buena (amputar del movimiento a algunos sectores, los más oportunistas, sin duda), pero tenía una parte negativa: la “compra” era demasiado evidente… así que para desmovilizarlos a todos, había que “comprarlos” a todos. Y, a la vista de que el número de andinos residentes en España iba creciendo constantemente, utilizar esta estrategia resultaba imposible a corto plazo. Además, había que reconocer que un Latin King legalizado es como una hiena que ha renunciado a sus colmillos. Lo esencial de las bandas latinas es el proceso mediante el cual se integra a sus miembros: para entrar en la banda es preciso realizar algún acto delictivo que demuestre la lealtad y el compromiso del neófito a la banda. Así pues, por definición y por iniciación, todo Latin King es un delincuente por el mero hecho de serlo.

Esto no impidió que el 31 de julio de 2006, el tripartito catalán, a través de su departamento de justicia inscribía a la “Organización Cultural de Reyes y Reinas latinos de Cataluña” con el número 32929/1. Las instituciones catalanas consideraron el acto de la inscripción como el primer paso para lograr la integración y asimilación de los adolescentes latinos. La asociación se había constituido con fecha 7 de mayo con “objetivos sociales”: el fomento de las relaciones interculturales, la promoción de la educación en valores de defensa de los derechos humanos y de los derechos de los ciudadanos, y el favorecimiento de la participación de los jóvenes de cualquier nacionalidad en actividades de formación profesional y cultural, social y deportiva. Era la coronación a los esfuerzos iniciado en noviembre de 2004 por el Ayuntamiento de Barcelona. La nota periodística que daba cuenta de la legalización añadía la clave del asunto: “Una vez comiencen a desarrollar sus actividades sociales, la asociación podría beneficiarse de subvenciones públicas si reúne los requisitos para ello”. La legalización fue saludada con cierta euforia por las autoridades (aunque no estaba muy claro si la euforia se debía al hecho en sí o a que ese mismo día empezaban las vacaciones estivales). Harina de otro costal fue la reacción de los Mossos d'Esquadra que se limitaron a reaccionar con «prudencia» advirtiendo que pese a este paso por la legalización de las bandas latinas, seguirá existiendo un grupo dentro del cuerpo de la Policía autonómica que estudie el comportamiento y haga el seguimiento de este colectivo.

Realizada la experiencia en Catalunya quedaba ahora extrapolarla al resto de España. Y aquí aparecía otro problema, porque en realidad la inmigración latina en Catalunya era minoritaria en relación a otros grupos desde que en los años noventa, el gobierno de Jordi Pujol decidió priorizar la inmigración magrebí a la latina por motivos lingüísticos (los latinos hablaban castellano y no se esforzarían en aprender al catalán, mientras que los magrebíes si podían asumir ese esfuerzo para comunicarse con los catalanes…). La clave de la cuestión no se encontraba en Barcelona, sino en Madrid en donde en marzo de 2006 ya se habían identificado a más de 1.200 jóvenes vinculados a estos grupos. Además, en Madrid, la presión policial se había demostrado extraordinariamente eficaz

Además de los cuatro capítulo de los Latin Kings (con 150-170 activistas cada uno), en Madrid operaban dos grupos de Ñetas, además de los Dominican Don't Play, los Forty Two y los Trinitarios. Hasta ese momento, los más golpeados por la policía habían sido los Latin Kings,cuyo máximo dirigente en la Comunidad de Madrid, King Wolverine (Rey Lobezno), había sido detenido disminuyendo la actividad delictiva de la banda. A pesar de que daba la sensación de que estaba disminuyendo la actividad de los Latin Kings, lo cierto es que, globalmente, seguían produciéndose extorsiones a la población y amenazas a quienes querían abandonar la banda. Lo más llamativo era que desde enero de 2006 no se habían vuelto a producir choques entre distints bandas latinas, tan habituales hasta entonces. Esto era considerado como un síntoma de vuelta a la normalidad, cuando apenas indicaba otra cosa que una distribución de zonas de influencia pactada. Cuando se preguntaba en Madrid a los responsables policiales encargados del seguimiento de las bandas latinas, qué les parecía la legalización de los Latin Kings en Catalunya, ninguno quería valorarlas desde el punto de vista policial, alegando que se trataba de cuestiones “políticas”.

El 29 de mayo de 2007, la Generalitat del segundo tripartito, siguiendo con su política de legalización, dio la luz verde a la asociación de Ñetas con el número 34144/1 con el nombre de “Asociación Sociocultural, Deportiva y Musical de Ñetas”. Tiene gracia que también aquí, los medios, comentando la noticia y reproduciendo las declaraciones de la autoridades de la Generalitat, volvieran a destacar especialmente, lo que ya habían destacado al legalizarse los Latin Kings: “Una vez comiencen a desarrollar sus actividades sociales, la asociación podría beneficiarse de subvenciones públicas si reúne los requisitos necesarios”...

¿Cuál es el problema? En realidad, ninguna, siempre es bueno que, aunque sea por una vía subsidiada, el menor inmigrante se integre en la sociedad de acogida. Ahora bien ¿bastará un simple subsidio a una asociación cultural y a sus dirigentes para integrar a toda una comunidad? El ayuntamiento de Barcelona tomó como referencia la política de Rudolf Giuliani en Nueva York para vencer a las bandas latinas: la zanahoria por un lado (legalizar a los legalizables) y el palo por otra (presionar policialmente al resto). La primera táctica ha sido adoptada entusiasticamente por las autoridades políticas (y percibida con recelo por autoridades policiales) según el “modelo americano”… pero no era a América hacia donde había que haber mirado, sino a la vieja Europa, especialmente a Francia en donde esta política ya se había aplicado sobre lo que allí se llama las “bandas étnicas”, fracasando estrepitosamente. La “intifada” de noviembre de 2005 en Francia selló el fracaso absoluto de esta política. Cuando se subvenciona la integración, lo que se está haciendo es generar una red de intereses que aspira a vivir de la teta del Estado. Si hay que subsidiar la integración, es que ya no es integración, sino “compra”. Los inmigantes españoles en Francia y en Alemania no recibieron ni un franco ni un marco para integrarse en una sociedad en la que, por lo demás, cuando llegaron a esos países, ya estaban próximos. No hay mejor integración que la que se genera espontáneamente. Por eso somos altamente pesimistas ante las posibilidades de integración de quienes no aspiran a integrarse más que para disfrutar de subsidios.

Así son ellos. Así no los queremos entre nosotros

A mediados de junio de 2005, la policía había logrado identificar a 407 adolescentes miembros de bandas latinas, todos ellos fanáticos del hip-hop y del reggaeton, vestidos con sus ridículas ropas anchas y de entre 15 y 17 años. De los 407 identificados solamente a 48 lograron demostrarles algún delito. Frecuentemente pertenecían a familias desestructuradas o bien en las que el padre, al trabajar largas jornadas, apenas coincidía con ellos. El fracaso escolar es habitual en ellos y en su entorno y, muchos de ellos habían optado por no ir a clase.

A las bandas latinas les importa muy poco quien es “el enemigo”: españoles, otras bandas similares hispanas o bien otros grupos de adolescentes inmigrantes no hispanos. No importa: lo importante es que, día a día, estén en condiciones de hacer alardes de virilidad, valor para ellos e irresponsabilidad para la sociedad. No se les puede considerar atracadores ni delincuentes sistemáticos, en realidad, roban para satisfacer sus gustos: comprar droga, bebida o simplemente proverse de cadenas de oro y de ropa absurda. Siempre han demostrado cierta preferencia por los teléfonos móviles de gama alta y, especialmente, por “controlar” zonas urbanas concretas, especialmente parques públicos o canchas de baloncesto.

Madrid, en donde la inmigración iberoamericana es mayoritaria, fue el primer foco de difusión de las bandas latinas en España. Los Latin King se establecieron en: Carabanchel, Usera, Villaverde y Tetuán a lo largo de 2002 y salieron a la superficie a principios del año siguiente; en cuanto a los Ñetas, eran fuertes en Vallecas y luchaban por estar implantados en los mismos barrios que los Latin Kinas.

Los Latin King (Reyes Latinos) nacieron en Chicago en la lejana década de los cuarenta, ciudad históricamente muy propensa a la delincuencia organizada. Mientras se mantuvieron aquella ciudad no tuvieron gran repercusión; tuvieron que establecer sus primeros núcleos en Nueva York –ciudad mucho más importante desde el punto de vista “cultural”, y que “marca tendencias”- para que se hablara de ellos hasta la saciedad.

En España las bandas no solo las forman individuos de una sola procedencia, sino que podemos encontrar nacionalidades de toda Iberoamérica, filipinos, magrebíes e incluso españoles en sus filas. Los Latin Kings españoles son, en su mayoría, hijos de ecuatorianos. Visten de negro y amarillo, lucen collares de oro o dorados, organizados a modo de las “hermandades” de estudiantes americanas (en absoluto violentas) han adoptado de ellas el uso de códigos internos de reconocimiento. Se saludan con tres dedos en forma de corona. Su música es el Rap. Hacen gala de cierto misticismo enfermizo del que el nombre de su libro de referencia ya es significativo, “La Biblia de los LK”. Siguen una especie de religión que mezcla el Rap con jaculatorias y oraciones a la que llaman Kilgim. Su fundador, King Eric, como no podía ser de otra forma, está en la cárcel, acusado de violación, robo y extorsión.

Los Latin Kings, inicialmente no eran otra cosa que una asociación de autodefensa como fueron la mafia siciliana o la camorra napolitana. De hecho, siguieron el mismo proceso degenerativo que estos grupos. En los años 70 ya se habían visto envueltos en actividades ilegales y narcotráfico. No es raro, pues, que los Latin Kings en su actual configuración, nacieran del presidio de Connecticut, cuando dos internos, Félix Millet y Maximiliano Suarez, crearon “The Almighty Latin King Nation” (La todopoderosa nación de los reyes latinos) y redactaron un manifiesto, “The King Manifesto”, racimo de reglas y normas de comportamiento de los integrantes. A principios de los noventa, la banda ya estaba presente en las grandes ciudades con tribus que llevaban nombres de animales relaccionados con el poder y la agresividad. Su jerarquía era muy elaborada: primera corona, segundo corona, Señor de la guerra, Consultor, Tesorero y Soldados. ¿Su objetivo? Crear el “Imperio Latino”.

Los Ñetas habían aparecido en 1979 como una organización en pro de los derechos de los presos en la prisión de Oso Blanco en Puerto Rico. En realidad, apenas era otra cosa que un grupo de autodefensa contra otra banda rival, los llamados "G'27" (Grupo 27) o los Insectos. Su fundador, Carlos Torrer Iriarte, alias “La sombra”, fue asesinado poco después. Su símbolo es una corona de 4 puntas y sus colores el rojo y el negro o el azul y el blanco. Muchos de sus miembros llevan un corazón tatuado con una “Ñ” en el interior.

La tercera banda en orden de importancia implantada en España son los “Mara Salvatruchas”, grotesco nombre que se esconde en ocasiones tras las siglas MS-13. Inicialmente, sus integrantes ean salvadoreños que habían huido de la larga guerra civil que ensombreció a aquel país entre 1979 y 1992. En el ambiente de los salvadoreños emigrados a California desde principios de los años ochenta, se gestó esta banda que en pocos años consiguió extenderse a las principales ciudades de los EEUU, ampliando su base a otros grupos nacionales (hondureños, guatemaltecos, ecuatorianos, peruanos y mexicanos). En la jerga salvadoreña, “mara” equivale a “pandilla” (procede de la palabra “marabunta”). En cuando a “salvatrucha” es sinónimo de “listo” o “espabilado”. Y no deben serlo tanto, cuando los miembros de este grupo, a poco de aproximarse a él, suelen caer en adicciones a drogas de diseño, haschís cocaína.

En realidad, todos estos grupos no son muy interesantes. Su organización, dinámica y actividades, remiten constantemente a cualquier banda de delincuentes organizada. Parecía evidente que en una sociedad anglosajona y en un período temprano como era el Chicago de los años cuarenta, los inmigrantes latinos, pocos y extraños al universo norteamericano, se sintieran marginados y buscaran agruparse para ayuda mutua. Es mucho menos justificable el que, progresivamente, terminaran deslizándose por el camino de la delincuencia y mucho más aun el que en la España del siglo XXI, carente por completo de prejuicios étnicos y que, por lo demás, comparte, lengua y cultura con Iberoamérica, los jóvenes inmigrantes en nuestro país debieran agruparse en “bandas”. Además, cuando estas bandas llegan a España (a principios del siglo XXI), ya está demasiado marcado su carácter delictivo como para que alguien se llame a engaño, ni dentro ni fuera de las bandas.

Ahora bien, los cuerpos policiales y los sociólogos que han seguido el fenómeno, indican que la justificación de los miembros de estas bandas para integrarse en ellas es la “añoranza de su país” y la “sensación de destierro”. Y vale la pena considerar estos dos argumentos por que son, en realidad, cierto (aunque no en la medida en la que los interesados pretenden demostrar: también entran en juego otras consideraciones igualmente objetivas, la sensación de sentirse fuertes, de encontrar complicidades para sus acciones delictivas, los beneficios que reporta el robo y las exacciones, etc.).

Los jóvenes hispanos miembros de estas bandas no han elegido venir a España, simplemente, sus padres les han traído. Parachutados en un país distinto y que no es el propio, experimentan un complejo de inferioridad. Sus padres y ellos tienen que partir de cero, mientras que los autóctonos poseen lo que ellos anhelarían. No están en su país: albegan una oscura sensación de destierro a la que se une, además, el haber sido educados por sus abuelas, no por sus madres (estas trabajaban) o por sus padres (no estaban en el hogar por distintos motivos). Además, son adolescentes y, como todo adolescente, experimentan un cambio hormonal que los hace incontrolables. La combinación de estos tres fenómenos (crisis familiar, crisis de añoranza y crisis de adolescencia) forman un combinado explosivo del que las bandas latinas son su cristalización. Desde el principio de este trabajo hemos repetido esta idea: “la inmigración es un drama” y entre los adolescentes latinos este drama es triple.

Habitualmente, el padre es el primero en emigrar. Los hijos llegan cuando todavía no han podido asumir ni entender dónde está España. Albergan la sombría sensación de estar perdidos en no se sabe donde. Además, sus padres no viven tan bien como ellos habían creído entender por sus cartas o por sus conversaciones telefónicas. Llegan agotados del trabajo y están casi todo el día fuera de casa. Además, se habían encariñado con las abuelas que los mimaban y trataban a cuerpo de rey administrando los euros enviados por los padres. Pero estos euros tienen un valor en un Guayaquil y otro muy distinto en Madrid. En los meses anteriores al viaje, los adolescentes se habían forjado falsas expectativas. Creen que Europa es como han visto en la TV y resulta que no. Una vez aquí, van a parar a barrios, en cierta medida, sórdidos, alejados de los amplios espacios de sus países de origen, albergados en pequeños apartamentos en bloques superpoblados y siendo mirados con desconfianza por los vecinos. Además, creían que iban a hablar la misma lengua y resulta que tampoco es así: en Catalunya les cuesta adaptarse a la política lingüística de la Generalitat.

Solamente pueden superar estas sensaciones negativas a través de la integración con los compañeros y amigos de estudio y de la tarea de los pedagogos. Pero el sistema educativo español está en crisis desde hace más de dos décadas, los profesores desmotivados y desorientados por el cambio de paisaje étnico en las aulas. Por que no son sólo latinos y españoles los que comparten pupitres, son magrebíes, eslavos, pakistaníes, chinos, subsaharianos, un batiburrillo étnico en el que los niños tienen a agruparse por sus “semejanzas”, esto es, por la raza y la lengua. Basta con que estalle un pequeño incidente con cualquier otro grupo étnico como para que cada uno se refuerce en el propio sistema de identidades. A partir de ese momento, el adolescente descubre quien “es como él”, quien se solidariza con él y quien le tiende la mano. De ahí a la banda no hay más que un paso. En el momento en el que el joven hispano adopta los signos identitarios de “su bando” (bando, no banda), una música (el rap, el reggeaton), una vestimenta (gorras, camisolas y pantalones anchos), ya ha entrado en el mundo de las bandas aunque no pertenezca formalmente a él. Sus posibilidades de integración disminuyen a medida en que aumenta su proximidad e identificación con los aspectos más problemáticos y radicales de su grupo étnico. El proceso es siempre el mismo: al salir de clase, un día, se encontrará a algún latino como él que le ofrecerá acompañarles a jugar al futbol, a beber unas cervezas a tal o cual plaza y escuchar música. Hay un alto porcentaje de posibilidades de que esos grupos no sean bandas, pero actúan como tales. No es cierto que sean tomados por “desconfianza racista” por bandas latinas por la población autóctona, es que esos grupo tienen la misma estética que las bandas, actúan como las bandas… luego, sin bandas, aunque formalmente no estén estructuradas como tales.

El balance de las bandas a 30 de junio de 2007

Es difícil decir a partir de 2003 cuantos muertos han causado las bandas latinas en el curso de sus actividades en España, o cuántos delitos han protagonizado. Ha habido crímenes en Barcelona (Hospitalet de Llobregat) y en Madrid, han proliferado (especialmente en Madrid) choques entre bandas rivales y se han identificado a casi 2000 miembros de estas bandas que actualmente aportan un contingente de 300 miembros a las instituciones penitenciarias.

El estallido de las bandas y el que muchos adolescentes latinos hayan adoptado la estética de las bandas, hace imposible cuantificarlas y prever su evolución. Si las bandas organizadas parecen experimentar una fase de reorganización, lo que no ha disminuido son las prácticas propias de estas bandas: extorsión, cobro de peajes, y aumento de la conflictividad en las aulas.

¿La legalización? Auguramos una repercusión limitada a esta medida y quizás el hecho de que dentro de unos meses estas asociaciones registren un bajo o bajísimo nivel de actividad. La legalización, en el mejor de los casos, resolvería apenas una mínima parte del problema, pero no la totalidad del problema, ni su fondo.

El fondo de la cuestión es el drama de la inmigración… y éste no tiene solución. No hay absolutamente ninguna medida que pueda hacer que los adolescentes inmigrantes superen su crisis de adolescencia, no hay nada en el mundo que pueda salvar la añoranza por su tierra natal, nada que sea capaz de remontar las limitaciones salariales de sus padres, ni el alto coste de la vida de nuestro país, nada absolutamente, puede disminuir las agotadoras jornadas laborales de sus padres, ni su ausencia del hogar, y nada puede hacer que las modas y músicas agresivas y el consumo de drogas, desaparezcan del entorno de esta comunidad. A fin de cuentas, tampoco nada puede hacerse para salvar el agónico sistema de enseñanza pública española.

Así pues, la legalización de unos pocos no implica la integración de todos los demás. Los sucesos de Alcorcón en enero de 2007 evidencian la naturaleza del problema, con o sin bandas, la integración de los adolescentes de origen latino es problemática.

(c) Ernesto Milà - infokrisis  - infokrisis@yahoo.es 

 

 

 

El problema de los menores: drama o burla

El problema de los menores: drama o burla

Infokrisis.- En muchos rincones del Magreb los niños no tienen otra aspiración más que le de venir a España a “buscarse la vida”. La tierra en la que delinquir sale barato y donde las autoridades te premias es, desde luego, una tentación para muchos críos marroquíes que están infinitamente mejor en nuestros liberales centros de menores que en su patriarcal sociedad islámica. Reconocer esto no implica que el drama de los menores magrebíes lo tengamos que solucionar en nuestro país. Ante la delincuencia juvenil magrebí vale la pena preguntarse si nuestra Ley del Menor sirve para algo más que para estimularla.

Que nuestra sociedad se está volviendo particularmente violenta, especialmente entre los jóvenes, es algo, hoy indiscutible. Que el aumento de la violencia entre los jóvenes se debe a una multiplicidad de factores, es, así mismo, evidente. Que uno de los factores que han desencadenado ese aumento de la violencia es la inmigración, resulta innegable. Es natural, por tanto, que en un trabajo sobre la inmigración nos preocupemos especialmente de la relación entre violencia juvenil e inmigración, sin llegar a afirmar que su incidencia es mayor que otros (la quiebra del sistema educativo, el ocio virtual, el repliegue hacia lo individual, la pérdida de autoridad de los padres, el mal ejemplo propagado por los medios de comunicación, etc.).

¿Se ha convertido España en uno de los países europeos occidentales con mayores problemas de seguridad ciudadana? En realidad, hasta el año 2000, España registraba unas tasas de criminalidad por debajo de la media europea. Sin embargo, a partir de esa fecha, empezó a crecer. Y esto es lo preocupante, por que es, a partir del año 2000, cuando la inmigración empieza a convertirse en “visible” y masiva, así que resulta inútil negar el hecho consumado de que gracias a la inmigración masiva e ilegal, también en este desagradable terreno de la delincuencia de menores, hemos logrado alcanzar el dudoso honor de situarnos en el pelotón de cabeza.

La elocuencia muda de las cifras

En 2006 aumentó la delincuencia de menores un 8% en relacion al año anterior. Pero este no era el dato relevante. La mayoría de los jóvenes que han cometido una infracción en el primer cuatrimestre era de origen extranjero. En 2006 los españoles representan el 38%, mientras que el año pasado eran el 61%. Del total de internados en este primer tercio del año, el 24% es latinoamericano; el 22% es magrebí; el 9%, de la Europa no comunitaria y el 3%, de la Europa comunitaria. Esta es la cifra desnuda y, por sí misma, suficientemente significativa de cómo están las cosas en lo que a delincuencia de menores se refiere. Podemos dar todas las vueltas que queramos, pero la realidad es que un grupo surgido del 12% de la población juvenil, protagoniza el 61% de los delitos.

En los años anteriores, el aumento había sido muy parecido. En la Comunidad de Madrid, de los 188 chicos en régimen cerrado, 112 eran extranjeros y 76 españoles. En 2005 se ha pasado a 78 nacionales y 157 extranjeros. De los extranjeros más del 50% tienen procedencia marroquí. A la vista de todo esto, el consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, Alfredo Prada, se negó a «equiparar delincuencia y emigración», afirmando que se trataba de “una injusticia”. Sería injusticia pero no por ello es menor objetivo y real.

El año 2004, la policía detuvo a 28.753 personas en la ciudad de Madrid. De todas ellas, por las comisarías del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) pasaron 18.230 inmigrantes. De los más de 18.000 inmigrantes detenidos, poco más de 10.000 fueron arrestados por delitos contra el Código Penal o reclamación judicial: casi tantos como españoles.

La coincidencia: la delincuencia de menores aumenta con el aumento de la inmigración ilegal y masiva

En 2003, un estudio policial advertía que desde 1992 hasta 2002, la cifra de delincuencia juvenil se había duplicado. En efecto, el Instituto de Estudios de Seguridad y Policia, vinculado al Sindicato Unificado de Policía publicó una estadística en la que, a partir de 1997, la delincuencia de menores empieza a dispararse en nuestro país; al lento ascenso que se había producido entre 1992 y 1997, incluso, al leve descenso que tuvo lugar en el año 1996, a partir de 1997 las cifras experimentan un crecimiento dramático en los dos años siguientes, para lugo proseguir un aumento constante pero moderado hasta el momento de escribir estas líneas.

En cifras, este crecimiento pasa de 43,4 menores detenidos por cada 10.000 jóvenes en 1992 a 83,2 detenidos en 2002. De este aumento, entre 1997 y 19998 se pasa de 48’9 a 77,7, lo que indica un aumento de la efectividad policial. Ahora bien, el número de delitos también aumento espectacularmente en todo este período, pasando de 8,0 delitos violentos cometidos por menores por cada 10.000 jóvenes en 1992 a 20,4 en 2002. En ese período (1992-2002), los diferentes cuerpos policiales practicaron en España un total de 28.025 detenciones de jóvenes menores de 18 años como autores de una infracción penal, lo que supone el 11% de todas las detenciones practicadas en ese mismo período. A lo largo de ese período el 21% de los delincuentes menores eran de origen extranjero. Pero, si observamos la media de inmigración entre 1992 y 2002, veremos que apenas era de un 2%, lo que nos da que la cifra de menores delincuentes extranjeros en ese período era 10 veces superior al normal. Y todavía estaba por llegar el fenómeno de las bandas latinas que eclosionó, precisamente, a partir del año siguiente.

A partir de estos datos, parece imposible negar que el aumento de la delincuencia de menores está relacionado con el aumento de la inmigración ilegal y masiva.

Un testimonio escalofriante

El 16 de noviembre de 1997, el diario “El Mundo” publicaba el testimonio de un menor marroquí de apenas 14 años que vino a España a los 11 años con la intención deliberada de vivir de la delincuencia. El testimonio es liberalmente escalofriante, no solamente por que tiene 10 años (y no se hizo nada para prever el fenómeno), sino por que demuestra una de las líneas de tendencia de la inmigración ilegal, sabedora de que delinquir en España sale barato. Vean:

«Yo ya era ladrón en Tánger, empecé a los nueve, pero tenía miedo de terminar enganchado con el pegamento y me pareció mejor ir a España. Aquí los niños viven mejor (…) Yo me metí en un autobús, al lado de la rueda de repuesto». A poco de llegar a España es detenido en Málaga y llevado a un colegio: «Me escapé. Encontré a una mujer marroquí que me prestó dinero y me fui a Madrid». El director del centro de acogida de Madrid, aseguró al periodista de “El Mundo”: «Hemos hablado con su familia, y son buena gente. Se preocupan mucho por él pero, como carecen de recursos económicos y tienen muchos hijos, no pueden estar siempre pendientes». ¿La especialidad del citado menor? Saquear las pertenencias de turistas, especialmente japoneses, «porque son los que más dinero llevan». Suele viajar a Barcelona y Madrid («Me voy a Barcelona, me monto en el tren, me escondo cuando pasa el revisor, o le digo que le pida el billete a mi padre, que va en otro vagón»).

El menor, identificado como A.M. declaró que había descartado otros países como teatro de sus fechorías y prefería España por encima de cualquier otro y no precisamente por nuestros paraísos turísticos, sino por la falta de competencia en su oficio: «pasé unos días en Italia. Pero no me gustó». Debía, en efecto, competir con delincuentes yugoslavos. Francia tampoco le gustó; allí la competencia era de los argelinos. Así que concluye: «En España se está mejor. Me quedaré aquí hasta que me vuelvan a pillar...». Hay miles de menores como el entrevistado por “El Mundo” entre nosotros. Y no solo magrebíes. El fenómeno de las bandas latinas, visible desde 2003, sacó a la superficie la delincuencia llegada de los Andes.

Distintas actitudes en Europa

En Europa ya había mucha experiencia en este terreno de la delincuencia de menores ligada a la inmigración. En el ya lejano 1998, el gobierno bávaro estudió la posibilidad de expulsar, bajo ciertas condiciones, a familiares de delincuentes extranjeros menores de edad. El proyecto ha provocado una fuerte oposición por parte de las organizaciones de solidaridad con los inmigrantes y refugiados políticos. El proyecto no era absurdo: en 2000 nos enteramos, por ejemplo, de que algunos grupos étnicos utilizan a menores para cometer sus fechorías y esto por dos motivos: en primer lugar por la laxa, permisiva y garantista legislación de menores en España y la segunda por que el tamaño y el peso del menor, le hace más fácil introducirse por ventanas y rejas. El menor es una víctima y los inductores sus familiares, por tanto, aunque sea él quien delinca objetivamente, tanto la inducción como los beneficios van a parar a la familia, así que el proyecto del gobierno bávaro era razonable.

Otros países europeos reaccionaban de manera más timorata. En Francia, por ejemplo, el 30% de los robos era cometido por menores de los que se evitaba dar su procedencia étnica (un parámetro prohibido en Francia por la legislación antidiscriminación aprobada en el período de Mitterand), pero la opinión pública no albergaba la menor duda de que una amplia mayoría de esos “menores” eran magrebíes o de origen magrebí. Las cosas en Alemania se veían en esos años de otra manera: en 1991, devolvió a 34 niños a su país de origen alegando que «el solo hecho de que sean niños no es suficiente para obligar al Gobierno a albergarlos por razones humanitarias». El lugar de un niño –en la cultura europea que, a fin de cuentas, es la única que debemos contemplar en este rincón del planeta que es la UE- es junto a sus padres, aunque estén en las antípodas. Hoy, la legislación garantista española, considera que el menor que se encuentra solo en España y en situación ilegal, debe ser “tutelado por el Estado”… como si careciera de país y como si careciera de padres.

Barcelona como paradigma

El Ayuntamiento de Barcelona está gobernado por la izquierda desde tiempo inmemorial, lo que no implica que su gestión en algunos terrenos –especialmente en los que no generan algún tipo de comisiones- sea la correcta. Y si en algún tema el ayuntamiento de Barcelona debe bajar la cabeza es en el de los delincuentes menores llegados con la inmigración ilegal. Desde septiembre de 1998, los delincuentes menores magrebíes han infestado las zonas turísticas de la ciudad. Elñ 20 de septiembre de ese año, la Generalitat de Catalunya debió contestar a una pregunta formulada por Ignasi Riera, diputado de Iniciativa per Catalunya-Els Verds (IC-EV) Ignasi Riera en el Parlament sobre la situación de los menores delincuentes. En su respuesta, la Generalitat confirmó por primera vez la presencia de jóvenes de origen magrebí en la zona desde finales de febrero de 1998 e informó que «los niños y jóvenes inmigrantes menores de 18 años, que no pueden ser repatriados, reciben protección de la DGAI, que asume la tutela». Asimismo, afirmó que «estos niños reciben educación, asistencia sanitaria y las prestaciones sociales necesarias para asegurar su bienestar, generalmente en un centro de acogida o residencial propio o colaborador». El Govern añadió que «la DGAI hace las gestiones necesarias para tramitar la documentación de los inmigrantes indocumentados y para conseguir el permiso de residencia cuando llevan más de dos años en el país»... Y todo esto tendría mucha más gracia si no se tratara de una broma pesada: un menor inmigrante (delincuente o no), por el mero hecho de serlo no puede ser entregado al consulado de su país más próximo al lugar de su ubicación, para que éste se encargue de algo tan humano como es llevarlo junto a su familia. Y no sólo eso, sino que además, nuestro humanitario y garantista gobierno, se encarga de tramitar su regularización en España lo antes posible, mientras inmigrantes que se atienen a la Ley de Inmigración debe esperar años para obtener el permiso para venir a España. Todo esto no impide que algunas ONGs bramen contra esa política. SOS Racismo, precisamente el mismo día en que el humanitario Riera se interesaba por la situación humanitaria de los menores magrebíes, acusó a la Generalitat de no «hacer de manera sistemática ni con la suficiente agilidad» la tramitación de estos permisos de residencia. SOS Racismo no proponía otra cosa que ampliar el “efecto llamada” a menores y, simplemente, acusaba a las autoridades de no estimularlo con más vigor y más rápidamente. Tal como decía, a cuenta de todo esto, el responsable de Inmigración de Esquerra Unida i Alternativa, Ghassan Saliba, al afirmar que «la cuestión no es la falta de legislación. El problema es la falta de voluntad política». Claro que todavía estaba por llegar la regularización masiva de 2005 en donde un gobierno del Estado afirmaría su “voluntad política” deliberada de centuplicar el “efecto llamada”.

Esto ocurría en el año 1998, cuando en Barcelona todavía no se había producido la llegada masiva de menores magrebíes con intención de saquear y esquilmar a los turistas. Estábamos todavía en los prolegómenos del fenómeno que ya en 1999 los educadores de los centros de menores de la Generalitat ya empezaban a percibir a la vista de que los ingresos de críos marroquíes se había disparado.

El 13 de julio del año 2000, los ciudadanos del tradicional barrio del Raval empezaron a formar patrullas nocturas de ciudadanos ante ante el incremento de la inseguridad. Solo entonces –no antes- todos los niveles de la administración (ayuntamiento, delegación del gobierno, generalitat) reaccionaron. “Parajódicamente”, las autoridades sostenían que la delincuencia se estaba reduciendo y que en el primer semestre del 2000 se habían reducido las denuncias presentadas. La policía hizo algunas precisiones: si, las denuncias se habían reducido, pero la delincuencia había aumentado, en especial los tirones, los robos con intimidación y la sustracción de vehículos, tres delitos que «contribuyen a aumentar la sensación de inseguridad», según reconoció la Delegación del Gobierno que, de paso, reconocía que a todo este caos había que sumar «la suciedad de las calles, el incumplimiento de la hora de cierre en muchos establecimientos, la venta ambulante y la concentración de inmigrantes», especialmente menores magrebíes que malviven en la calle. Se atribuía a delincuentes multirreincidentes, responsables del 65% de los delitos que se cometen en el centro histórico de Barcelona. La policía tenía fichados a 418 delincuentes que acumulan más de 12.000 «presencias ante el juez» en lo que va de año, lo que supone una media de 30 detenciones. Además, medio centenar de ellos acumulan más de 100 detenciones. «Como cometen pequeños hurtos sin violencia, con la legislación actual sólo pueden ser multados o sentenciados a arresto menor, pero en ningún caso ingresan en prisión», según el portavoz de la Delegación.

El alcalde de Barcelona, Joan Clos (hoy ministro de industria), se refirió a la existencia de patrullas ciudadanas en el distrito de Ciutat Vella asegurando «es un sistema que no sirve» para solucionar los problemas del Raval y que, «objetivamente, se podría confundir con una reacción racista, por lo que me congratulo de que los propios vecinos afirmen que no se trata de eso». Así pues, el propio alcalde reconocía lo que todos en el Raval sabían, que la delincuencia iba parejo al aumento de la inmigración ilegal. La crisis se parcheó enviando durante unas semanas a policías de uniforme al Raval, luego, como ocurre siempre en estos casos, cuando se relajó la vigilancia, todo volvió a la “normal anormalidad”.

A finales de marzo de 2001, la situación volvió a ser alarmante. Toda la prensa publicó el día 29 las declaraciones del juez decano: «Barcelona está dejando de ser» una ciudad segura”. Cada día las comisarías recibían un promedio de 600 denuncias, de los que los hurtos y robos suponían el 65% del total. Nadie ignoraba –aunque todos evitaban publicarlo- que en el centro de Barcelona, los menores magrebíes cometían sus delitos con una impunidad ofensiva. Una Junta de Jueces barceloneses celebrada a mediados de marzo de 2000, aprobó medidas para que los robos a turistas no queden impunes. Los juicios acostumbraban a suspenderse porque la víctima –de retorno a su país- no comparecía… Resulta, así mismo sorprendente que en el año 2000 fueran detenidas en Barcelona 18.667 personas, de las que 14.330 pasaron a disposición judicial y apenas un 12 por ciento (es decir, 2.006) ingresaron en la cárcel.

Estas declaraciones y la percepción que el ciudadano barcelonés tenía de la situación de la seguridad, reavivaron el debate sobre los menores. El 9 de abril de 2001, el conseller de Justicia lamentó el «vacío legal» para tratar a los menores de 14 años violentos lo que, a su juicio, también dificulta afrontar el fenómeno de los «niños de la calle», menores inmigrantes que malviven por las calles de Barcelona. El problema que habían detectado las autoridades después de varios años de gestación y eclosión era que «cuando un mayor de 14 años comete una actividad delictiva, la solución es bastante clara pues está prevista en la ley del menor», pero «los problemas surgen en aquellos menores que tienen menos de 14 años o que, siendo mayores de 14 años, su actividad teóricamente delictiva no ha sido calificada como peligrosa por los jueces y, entonces, se remiten a la dirección general de Atención al Menor, aquí radica el vacío legal».

Bruscamente, en toda España, los ciudadanos comprobaron que la delincuencia de menoes –especialmente magrebíes- no era, como habían pensado hasta ese momento una “excepción” generada en su villa, sino que en todas las grandes urbes se estaba produciendo. Las cifras más optimistas cifraron en un millar de menores inmigrantes los que vivía en España en la calle. El dato procedía del del departamento de Estudios sobre Ciudadanía y Migraciones de la Fundación Ortega y Gasset. El perfil de todos ellos era similar: magrebíes pertenecientes a familias con la más elevada mortalidad del país; sin apenas estudios, con siete u ocho hermanos, tres de cada cuatro con TV, pero sólo uno de cada cuatro con agua corriente; ninguno quiere regresar; crueldades de la infancia, muchos dicen que llegan con el sueño de fichar por un equipo de fútbol… La firmante del informe añadió datos más subjetivos, pero no por ello menos importantes, «Muchos [comerciantes] dicen que están en grupos más grandes, con adultos o un veterano, y acaban sufriendo abusos sexuales, prostitución, robando o haciendo de correos de droga de los mayores. ¿Que si ellos toman algo? Hachís y pegamento vulcanizado. Es curioso. Ellos lo llaman la solusió... Hay que darles suficientes razones para que se queden en los centros de acogida. Si no se hace esto, dentro de 10 años habrá problema, porque los niños no dejan de crecer, y crecer en la calle entre delincuentes te hace despiadado».

En 2001 se supo que, según las cifras oficiales del gobierno marroquí, existían en aquel país 8. 780 niños viviendo en la calle, aunque las ONG que trabajan con ellos multiplican esta cifra por tres… Es decir, 25.000 niños que constituyen aspirantes a cruzar la frontera con España en cualquier momento. La mayoría vienen de Tánger o Casablanca.

Al conocer estas cifras, la Consejera de Asuntos Sociales de la Generalitat afirmó entre otras cosas: «Los centros de menores están pensados para los niños de aquí, con los conflictos propios de cada lugar. Y estos críos son mucho más maduros, con otra cultura y religión muy alejados de nuestra realidad. Para administraciones como la Generalitat catalana, este es un problema ajeno y han demostrado con hechos que prefieren mantenerlos en la calle para que la policía se encargue de ellos, criminalizándoles a través de los medios de comunicación». Para colmo, la consejera añadió que . La “estos niños no son nuestros”, algo, por lo demás, evidente, pero que costó el que las ONGs del ramo, se rasgaran las vestiduras (seguramente subvencionadas). «Eso es un delito: no se puede dejar que los niños se degraden día a día como está ocurriendo», respondió a la consejera Vicent Galea, de la Plataforma Ciudadana en Defensa de los Menores Inmigrantes Desamparados.

Desde Madrid, Javier Urra, entonces Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid aludió a la naturaleza del fenómeno: «El 90% no se queda [en los centros de menores] y tampoco se les puede retener al tratarse de centros abiertos. Muchos pasan varios días y luego se echan a la calle porque lo que quieren es trabajar, no estudiar en sitios saturados y poco adaptados para su idiosincrasia». Las cifras eran correctas, pero el diagnóstico erróneo: no estaba claro que quisieran “trabajar” (a menos que se considere la delincuencia como un trabajo), ni que quisieran “estudiar”. El gran problema real era que la garantista Ley del Menor no permite deportar a un menor inmigrantes a inmigrante a su país si no es para devolverlo a su propia familia o a las instituciones que deberían velar por ellos, en la práctica estas expulsiones se están produciendo sistemáticamente y de manera totalmente irregular en ciudades como Ceuta y Melilla. El “legislador” no ha explicado por qué la ley del menor no considera al Estado de donde vienen los inmigrantes como el “responsable” directo a falta de los padres biológicos y porqué precisamente el Estado Español debe de asumir esa consideración.

La multirreincidencia entre la inmigración

Los datos anteriores a 1998 son escalofriantes: más de 5.000 niños fueron expulsados de Ceuta y Melilla porque el único centro de acogida de esta ciudad estaba saturado y en condiciones lamentables. El Consejo de Ministros que aprobó la entrada en vigor del reglamento de la Ley de Extranjería que en su artículo 62.5 prevé dos límites a la situación de interinidad de estos menores: la Ley da un plazo de nueve meses a las autoridades españolas para encontrar a alguien que se haga cargo de los pequeños en sus países de origen, en caso contrario España no tendrá más remedio que asumirlos sin posibilidad de expulsarlos.

Toda esta legislación es extremadamente humanitarista, garantista y timorata, así que es, a la postre, inaplicable. La Generalitat de Catalunya (cuando había “seny” en Catalunya, esto es, antes de la proliferación de maragalladas) lo comprendió tarde, pero lo comprendió. El 17 de junio de 2002, la situación de los menores delincuentes se había hecho insoportable y corría el riesgo de llegara al traste el carácter turístico de la Ciudad Condal, así que el Parlament autorizó lo que era lógico desde hacía dos años, esto es la reclusión de “niños de la calle con fines educativos”. A partir de ese momento la Generalitat puede ordenar la reclusión “con fines educativos” de los menores que delinquen. La nueva legislación prevé una atención especial a los adolescentes en alto riesgo social que prevé, entre otras medidas, la posibilidad de internar en centros educativos durante un plazo máximo de un mes a a quellos niños de la calle, mayoritariamente inmigrantes indocumentados que viven en la calle, que hayan rechazado otras vías de asistencia social. En ese momento, las cifras de menores delincuentes no estaban claras, pero oscilaban entre 300 y 500 operando por Barcelona. El ayer alcalde y hoy ministro, Joan Clos, seguía lanzando balones fuera. A pesar de que el 13 de junio de 2002, se manifestó dispuesto a que la Guardia Urbana asumiera la seguridad ciudadana, insistió en que no había motivo de alarma. Los años malos habían sido entre 1983 y 1984, cuando se unieron una fuerte crisis económica con la aparición de la heroína. Contra todo sentido común, criticó que se vinculase la inmigración a delincuencia: «Es una injusticia y peligroso», afirmó y recordó que la persona con mayor número de detenciones en Barcelona «es un gallego».Además, cifró en «420» los delincuentes de los que «200 son españoles»… lo que indica que el 50% de la delincuencia en Barcelona era en aquella época de origen extranjero, cuando, las cifras oficiales apenas daban una presencia del 4% de inmigrantes. Y en cuanto al multirreincidente gallego, cuyo nombre jamás se supo, si era cierto, pronto fue superado por otros muchos.

El 29 de julio de 2001, “El Mundo” había publicado una relación de inmigrantes multirreincidentes a raíz de la detención de Petra Arcan, acusado de los asesinatos de un empresario y su familia. Arcan, de origen moldavo, había sido detenido en nueve ocasiones anteriores. No era una excepción. Es posible que hubiera algún “gallego” que superase estas cifras, pero si existía y no era un recurso argumental improvisado por el alcalde Clos, lo sería a título de excepción. Véase sino:

Petru Arcan, 9 detenciones antes de asesinar / Mohamed Ch. 42 años. Marruecos. 134 detenciones / Liazid M.M.41 años. Marruecos. 121 det./ Sumani B. 1949. Argelia. 116 det./ Tafa S. 27 años. Argelia. 115 det. / Abdel H.O. 40 años. Marruecos.114 det. / Sadi N. 28 años. Argelia. 113 det. / Luis Hernan G.S.39 años. Perú. 107 det. / Mourad B. 29 años. Argelia. 104 det./ Youssef R. 24 años. Argelia. 103 det. / Josef M. 31 años. Argelia.101 det. / Natali S.N. 28 años. Argelia. 98 det. / Moez M. 34 años. Túnez. 89 det. / Mario K. 26 años. Libano. 88 det. / Mohamar G. 37 años. Argelia. 87 det. / Mohamed B. 32 años. Argelia. 86 det. / John A. 38 años. Marruecos. 86 det. / Abdel K.Y. 31 años.Argelia. 85 det. / Dahoudi M. 26 años. Marruecos. 84 det. / Zaoui K. 30 años. Argelia. 81 det. / Brahim M. 39 años. Egipto. 78 det. / Arifi H. 27 años. Líbano. 78 det. / Kamouch H. 29 años.Argelia. 77 det. / Amokrane A. 33 años. Argelia. 75 det. / Houari K. 32 años. Argelia. 74 det. / Carmelo D. 41 años. Etiopía. 74 det. / Kamel A. 31 años. Palestina. 74 det. / Mustapha B. 38 años. Palestina. 73 det. / Juan Carlos S. 38 años. Chile. 72 det. / Mohamed F. 28 años. Argelia. 70 det. / Aissa R. 27 años.Argelia. 70 det. / Alí B. 34 años. Líbano. 69 det. / Mohamed B.H. 40 años. Túnez. 68 det. / Omar B. 32 años. Argelia. 67 det./ Djamel A. 41 años. Argelia. 66 det. / Houssin G. 34 años. Argelia.65 det. / Said A. 36 años. Argelia. 63 det. / Abdesselam B. 34 años. Argelia. 61 det. / Rachir S. 20 años. Argelia. 61 det./ Mohamed S.A. 23 años. Argelia. 60 det. / Rachid G. 22 años.Marruecos. 59 det. / Mohamed A. 34 años. Argelia. 58 det. / Robert H. 31 años. Líbano. 58 det. / Hassam El H. 35 años. Argelia.57 det. / Benjamel M. 29 años. Argelia. 57 det. / Omar Ch. 35 años. Líbano. 56 det. / Reziaguiae A. 30 años. Argelia. 55 det./ Irik D. 28 años. Argelia. 55 det. / Kamel M.K. 18 años. Túnez.55 det. / Omar B. 31 años. Argelia. 54 det. / Darss M.S. 26 años.Marruecos. 53 det. / Miloud E. 37 años. Palestina. 53 det. / Mohamed B.J. 34 años. Líbano. 52 det. / Khalid B. 34 años. Marruecos.51 det. / Mohamed A.M. 33 años. Marruecos. 50 det. / Mohammed K. 42 años. Marruecos. 50/ Azar M. 36 años. Marruecos. 49 det./ Maximiliano R.C. 45 años. Perú. 48 det. / Ghani G. 24 años.Argelia. 47 det. / Ahmed B. 33 años. Argelia. 47 det. / Mamed S. 31 años. Argelia. 46 det. / Abdellah N. 46 años. Marruecos.46 det. / Mustafa A. 33 años. Marruecos. 45 det. / Gharsaoui L. 32 años. Marruecos. 46 det. / Mohamed O. 34 años. Marruecos.46 det. / Aloune O.M. 44 años. Mauritana. 46 det. / Gharbaoui B. 32 años. Marruecos. 45 det. / Abdelkabire F. 30 años. Marruecos.45 det. / Mohamed A. 34 años. Argelia. 44 det. / Omar M. 24 años.Argelia. 43/ Mario P. 18 años. Argelia. 43 det. / Noreddine B.34 años. Argelia. 43 det. / Rachid A. 28 años. Marruecos. 42 det. / Ahmed M. 46 años. Túnez. 42 det. / Amar A.B. 40 años.Marruecos. 41 det. / Fredy A.M. Colombia. 40 det. / Samuel J.58. Suráfrica. 40 det. / Mebarek B. 41 años. Argelia. 39 det./ Mouhamar G. 31 años. Marruecos. 39 det. / Kader L. 28 años.Túnez. 38 det. / Azougah A. 27 años. Argelia. 37 det. / Abdelhakim M. 27 años. Argelia. 37 det. / Laoda O. 26 años. Argelia. 36 det. / Rachid K. 74. Argelia. 36 det. / Bogaba A. 27 años. Argelia.36 det. / Rachid Ch. 44 años. Argelia. 35 det. / Haim R. 37 años.Argelia. 35 det. / Salim R. 23 años. Argelia. 35 det. / Rachid D. 25 años. Argelia. 35 det./ Radoan B. 31 años. Marruecos. 34 det. / Benchaa E. 32 años. Argelia. 33 det. / Djamel A. 37 años.Argelia. 33 det. / Farid H. 37 años. Argelia. 33 det. / Mouloud B. 24 años. Argelia, 33 det. / Teodoro R.S.H. 47 años. Perú.33 det. / Elala S. 27 años. Argelia. 32 det. / Pierre M. 44 años.Argelia. 32 det. / Rubén Darío D.L. 36 años. Chile. 32 det. / Chadouu S. 36 años. Argelia. 31 det. / Petric M. 24 años. Bosnia.31 det. / Mohamedel G. 20 años. Marruecos. 31 det. / Faisal S.32 años. Argelia. 30 det. / Abdelkader M. 16 años. Argelia. 30 det. / Mohamed A. 25 años. Egipto. 30 det. / Habboud A. 42 años.Marruecos. 30 det. / Hamid H. 30 años. Argelia. 29 det. / Hecine N.E. 37 años. Argelia. 29 det. / Omar G. 21 años. Marruecos.28 det. / Samir S. 26 años. Argelia. 27 det. / Dauria di G. 41 años. Etiopía. 27 det. / Ihadadene F. 29 años. Argelia. 26 det./ Larab M. 32 años. Argelia. 26 det. / Samir B. 27 años. Argelia.26 det. / Mohamed S. 24 años. Argelia. 26 det. / Jean M.M.M.39 años. Camerún. 26 det. / Abdoun M. 41 años. Palestina. 26 det. / Karim B. 24 años. Argelia. 25 det. / Rachid B. 31 años.Argelia. 25 det. / Mohamed Ch. 29 años. Argelia. 25 det. / Ahmed Mohamed B.L. 42 años. Marruecos. 25 det…

Con estos antecedentes no es de extrañar que la delincuencia juvenil haya crecido en Madrid un 8% entre 2005 y 2006. El 57% de los internos son extranjeros. Del total de internados en este primer tercio del año, el 25% es latinoamericano; el 21% es magrebí; el 8%, de la Europa no comunitaria y el 1% de la Europa comunitaria. El robo seguía siendo el delito más frecuente por el que ingresan en los centros de reforma… así pues, tranquilidad, son delitos “inofensivos” (salvo para el que le roban la cartera, le hurtan en el comercio, o le realizan un “tirón·, claro) tal como sostienen las autoridades. Pero no todo es tan “inofensivo”. El Ministerio de Trabajo concedió en julio de 2006 la residencia permanente a un menor marroquí con 11 antecedentes, además, presuntamente implicado en la reciente muerte del agente César Casqueiro. El marroquí H. B. S. era menor en el momento de ocurrir los hechos, pero, a pesar de su amplio historial delictivo, no se le podrá expulsar de España porque el Ministerio de Trabajo, que dirige Jesús Caldera, ya le ha concedido la tarjeta de residencia permanente. A raíz de este hecho, la Confederación Española de Policía (CEP) tronó asegurando que el Gobierno está concediendo y renovando los papeles a inmigrantes con antecedentes policiales. «Ésta es la política irresponsable del presidente Zapatero, que regulariza a delincuentes. Todo aquel extranjero que tiene antecedentes policiales puede conseguir los permisos. Además, con esta ley de papeles para todos tampoco les podemos expulsar», declaró del CEP, Rodrigo Gavilán. En cuanto al menor marroquí H.B.S., la Policía le ha identificado como el conductor del coche que embistió a un vehículo policial que le perseguía por Madrid y que provocó la muerte de César Casqueiro, un agente en prácticas de 29 años. El portavoz policial decladró con una lógica aplastante: «Si a este menor le hubiésemos podido repatriar, el policía ahora estaría vivo. A día de hoy, aunque sea mayor de edad, no le podemos expulsar porque ya tiene la tarjeta permanente. Para renovar los permisos, el Gobierno está aplicando el silencio administrativo positivo y no se comprueban los datos informáticamente», se quejó Gavilán.

El fracaso de las políticas garantistas y permisivas

El problema histórico de José Luís Rodríguez Zapatero es haber llegado al poder con un programa humanitarista y garantista en materia de seguridad ciudadana justamente cuando estas tendencia estaban siendo progresivamente rechazadas por la sociedad. A poco de llegar al poder ZP ya era evidente que la seguridad ciudadana estaba a flor de piel entre los vecinos de los barrios más afectados. A partir de ese momento, se diría que la delincuencia internacional, empleando un sexto sentido que solo lo da el haber vivido años en la ilegalidad, había percibido al gobierno español como la quintaesencia de la debilidad y a nuestro país como el teatro de operaciones más cómodo para proseguir sus delitos y exacciones.

El 21 de noviembre de 2004, el departamento de justicia de la Generalitat, reconocía que “más del 10% de los menores infractores que están bajo la tutela del Departament de Justícia están en paradero desconocido”. En ese momento, la Generalitat ya había cambiado de manos, y el “primer tripartito”, entre artículo y artículo del “nou Estatut” (presentado como una demanda de la sociedad y que apenas fue refrendado por un tercio de la ciudadanaza) hasta hacia como que gobernaba y aprobó un “plan director de justicia juvenil” para 2004-2007 apuesta firmemente por los programas específicos para atender a los infractores. Albert Batlle, secretario general de Serveis Penitenciaris, Rehabilitació i Justícia Juvenil explicó que el perfil de los jóvenes que infringen la ley en Cataluña ha cambiado mucho en los últimos años, sobre todo con el aumento de la “población de origen extranjero”.

Cuando se publicaba este plan, resultaba demsiado evidente, no solo la vinculación delincuencia de menores y aumento de la eufemísticamente llamada “población de origen extranjero”, sino que se había puesto de manifiesto el fracaso de la política asistencial y garantista en Catalunya. En lugar de endurecerla, como había hecho CiU en sus últimos años de gobierno, se ablandó. Era lo que menos convenía. La multirreincidencia entre los menores era aterradora. A los 26 meses de haber sido «desinternados», un 42% de los menores reinciden con conductas graves. A los 42 meses, la cifra se eleva a un 60%. Los datos de reincidencia general aún són más abultados. Tras seguir a los jóvenes entre 17 y 97 meses, se produce un 71% de casos de recaída en la delincuencia. El estudio se realizó en el centro educativo L'Alzina, con los datos de que disponían desde su apertura e 1986. Pero había trampa en el estudio: se había excluido a los jóvenes de “otras comunidades autónomas” y a “los inmigrantes en situación irregular”… Valdría la pena saber, pues, qué valor tenía el estudio más allá del mero coleccionismo estadístico.

La blandenguería en cuestión de menores de la que daba muestras el “primer tripartito” se podía advertir en las cifras publicadas el 6 de diciembre de 2004, cuando ya hacía un año que Maragall y los suyos ocupaban la poltrona. En ese tiempo, apenas 13 menores de edad marroquíes llegados a Cataluña habían sido repatriados según informó la consellera de Benestar i Família, Anna Simó. Para la bienpensante consejera, no había diferencia entre un “menor catalán” y un “menor inmigrado” (salvo la cultura, la etnia, la religión, etc., claro está).

¿El menor un menor magrebí?

La edad es algo relativo. Mi padre se fue de su casa a los 18 años para estudiar, yo me fui a los 23, mis hijos se han ido a los 27. Suele existir acuerdo en que los jóvenes tardan cada vez más en madurar. Sólo que otros lo hacen con mucha más rapidez, dependiendo de su modelo cultural. Solamente un obtuso puede confundir la “igualdad de derechos” con la “igualdad absoluta”. No todos los menores por edad son “menores” por capacidad o mentalidad, y por tanto, no todos los menores por edad pueden ser tratados con el mismo rasero.

Si alguien pretende una ilustración de lo que de lo que decimos, le contaremos brevemente el caso de Ángeles, violada por un individuo “grande, muy grande, altísimo”. El violador la tumba en el suelo, la amenaza con unas tijeras y empieza a cortarle los pantalones y las bragas. Luchan. Él pierde las tijeras, pero extrae un cuchillo con el que amenaza el cuello de la víctima Finalmente, consuma su violación. La escena tiene lugar en un paso subterráneo de Barcelona. Poco después, la policía local logra detener al agresor. Se trata de un adolescente que acaba de cumplir los 15 años. Fue juzgado y condenado en firme el 21 de junio de 2005. La sentencia era miserable, aunque, eso sí, “ajustada a derecho”: un año de internamiento en régimen cerrado. Era gambiano y apenas llevaba unos meses en España. Internado en el centro de menores de L’Alzina, quienes lo trataron declararon en el juicio que manifestó «un enorme menosprecio hacia la figura femenina que era fomentado por sus patrones culturales, originarios de Gambia».

La juez de menores, de hecho, ya había valorado la situación familiar del menor, con un padre con cuatro esposas y trece hermanos, entendiendo que «sería una dificultad más para su integración, por el abismo cultural existente y las diferencias signitificativas entre su vida anterior y la actual». Que «minimice» el hecho delictivo y que «muestre dificultad en la relación entre iguales». La víctima se preguntaba al conocer la sentencia: “¿cómo puede ser que esto pase?” y luego añadía: «Es como si la justicia me hubiera dado una patada en el culo». Finalmente, se preguntaba sobre las posibilidades rehabilitación del menor en tan poco tiempo de condena.

Cuando esa sentencia se hacía pública, otros datos en la misma línea ensombrecían a Catalunya. El 5 de octubre de 2005, la Generalitat, en pleno debate sobre el “nou estatut”, detectaba la existencia en Cataluña de niñas delincuentes muy agresivas. Un estudio, elaborado por el Centre d'Estudis Jurídics i de Formació Especialitzada del Departament de Justícia, llevado a cabo a partir del estudio de los 3.728 menores desde el 2002 hasta diciembre de 2004, indicó que . El objetivo es conocer el perfil de los menores que reinciden, para poder intervenir sobre los factores que les unen y mejorar las expectativas de reinserción. Por supuesto, como era habitual en la Catalunya del “primer tripartito”, se negó categóricamente que el fenómeno de la delincuencia de menores estuviera relacionado con el incremento del número de inmigrantes. ¿Para qué reconocerlo públicamente si es algo de lo que no le cabe la menor duda ni a los funcionarios de los centros de menores, ni a los funcionarios de los cuerpos policiales, ni a la ciudadanía?

De Barcelona a Madrid, vasos comunicantes

Las fronteras autonómicas solamente existen en la mentalidad de los partidos nacionalistas, pero no de la delincuencia. Es frecuente que algunas autoridades locales pacten, informalmente, por supuesto, con la Guardia Civil y con los jueces de su demarcación, aplicar medidas de presión para alejar a la delincuencia de esa población. Generalmente, esos “pactos” tienen éxito y hay zonas de nuestro país que los delincuentes no osan pisar por que saben que acabarán entre rejas. Así que hacen lo más lógico: se van a la población de al lado, donde existe más manga ancha para la delincuencia. Eso explica las diferencias entre las bajas tasas de delincuencia de una población y las altas tasas de la de al lado. Cuando, en Barcelona algunos se preocuparon por la delincuencia llegada de fuera y aplicaron medidas parciales y limitadas en el tiempo, la delincuencia, incluidos los menores, siempre sensibles a la presión policial, optaron por lo más sencillo: irse a Madrid. Total, tampoco iban a pagar el billete de tren, así que era un bonito viaje en el curso del cual, incluso, podían saquear a algún despitado turista.

El 30 de junio de 1999, por primera vez se evidencia la existencia de “vasos comunicantes” entre Barcelona (a donde la delincuencia magrebí llega dado su carácter mediterráneo y su proximidad a la frontera francesa) y Madrid (la ciudad más parecida a Barcelona en populosidad y, por tanto, con condiciones similares de “trabajo”). De la misma forma que la delincuencia de menores se manifestó en el barrio de El Raval en Barcelona, ocurrió otro tanto en Lavapiés en Madrid. Los delincuentes eran los mismos: niños magrebíes. El delegado del Gobierno, Pedro Núñez Morgades, anunció ese día la instalación de un sistema de rayos X en los juzgados de Plaza de Castilla para saber con mayor exactitud la edad de los sospechosos. Este sistema consiste en la medición del nivel de osificación de los huesos de la muñeca, a través de los cuales se determina con un pequeño error la edad del sujeto.

El fondo de la cuestión era que, ya en 1999, estaba claro que la delincuencia en España tenía una gran movilidad geográfica. Lo que se iba de Barcelona llegaba a Madrid. Pero en el año 2000, Lavapiés ya registraba una anómala presencia de comerciates chinos que, hasta ese momento apenas habían llamado la atención y que, probablemente hubieran seguido con sus restaurantes y sus tiendas de ropa y de “todo a 100”, sin llamar la atención, de no ser porque empezaron a ser objeto de actos de vandalismo por parte de los niños magrebíes. A finales de febrero de 2000, iniciaron patrullas callejeras integradas solo por gente de su etnia, armados con hachas para defenderse de las constantes agresiones y atracos de los inmigrantes magrebíes. La situación era hasta tal punto grave que el redactor de un conocido diario nacional resultó herido por arma blanca en Lavapiés cuando intentaba recavar informaciones. El fotógrafo se llevó la peor parte cuando fue rodeado en la plaza de Cabestreros por un grupo de magrebíes.

De la misma forma que en esa época en el barrio de El Raval de Barcelona, los principales incidentes racistas desde 1997 se producían entre magrebíes y ecuatorianos, en Lavapiés, la guerra había estallado desde mediados de 1998 entre chinos y magrebíes. El Jueves Santo del 2000, varios cientos de miembros de ambas comunidades se enfrentaban en la calle con un saldo de seis heridos. De ahí que los chinos desenterraran sus hachas de guerra y no precisamente de forma metafórica. Fue necesario que viniera un ciudadano originario de China para recordarnos algo que solo nuestra clase política ignopraba. En efecto, Songhua Xu, presidente de la Asociación Chino-Española que agrupa a los comerciantes del barrio, declaró a “El Mundo” que «las leyes españolas no sirven. Los detienen un día y a las pocas horas están en la calle. Si esto sigue así, nos tendremos que marchar y no vamos a hablar bien de Madrid. No descartamos tomarnos la justicia por nuestra cuenta». Parece razonable.

Los primeros chinos se instalaron en Lavapiés en 1995, y en el año 2000 ya se podía contar en torno a un centenar de comercios de esa nacionalidad en torno a la calle de Mesón de Paredes. El problema entre estos dos colectivos había surgido en 1998 cuando los magrebíes que se dedicaban a las sirlas (robos con navajas) comenzaron a confundir a los ricos turistas japoneses que visitaban Madrid con los residentes chinos… Un mando policial madrileño declaró que, “[los magrebíes] enseguida se dieron cuenta de que atracar a los chinos también tenía sus beneficios y, sobre todo, sus ventajas (…) Como ese dinero era negro y no se podía justificar su procedencia, los magrebíes comenzaron a percatarse de que sus víctimas no lo denunciaban a la policía, por lo que los delitos quedaban impunes». Y “El Mundo” añadía: “Desde entonces, los enfrentamientos se reproducen cada vez con más virulencia. Cuando un chino es atracado, sus compatriotas intentan vengar la ofensa. Hachas contra navajas”. Bonita perspectiva.

¿Qué tiene que ver todo esto con la delincuencia de menores? Sencillo: queda claro que, según los mandos policiales, la delincuencia en Lavapiés era protagonizada por sirleros magrebíes. Pues bien, otro declaró que el 70% de la delincuencia en Lavapiés era protagonizada “por menores” que habitualmente se reúnen en la Plaza de Cabestreros o sus alrededores ha sido arrestado entre 10 y 40 veces, según los datos oficiales. «Esta cierta impunidad –declaraba un policía- con la que cuentan estos pequeños delincuentes les hace estar engrandecidos y no tener miedo a volver a atracar y asaltar a los ciudadanos», explican fuentes policiales.

La tensión entre ambas comunidades aumentó cuando a principios de 2000 llegaron decenas de delincuentes magrebíes menores, consumidores habituales de anfetaminas y esnifadores de cola, llegaron a Lavapiés y se instalaron en la plaza de Cabestreros. Por ironías de la vida, allí tiene su sede el inefable Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, insigne abanderado de los derechos de la inmigración y receptor de las generosas subvenciones servidas por la teta del Estado.

A finales de enero de 2003, los incidentes volvieron a repetirse. Tras los comerciantes chinos, fueron los indios quienes respondieron a las agresiones magrebíes: «Si no les hacemos cara, nos comen», decía un comerciante de la calle de Mesón de Paredes al periodista que le entrevistó. Isabel García, presidenta de la Asociación de Vecinos ATILA considera que el barrio parece un infierno. «El problema es que los jóvenes magrebíes son muy violentos, extremadamente peligrosos y los más pequeños están amparados por los más grandes». En esos mismas días se supo que 268 inmigrante residentes en Ciutat Vella en Barcelona, acumuilan 8.134 detenciones. A una media de 30,3 cada uno. Si esto es inmigración sostenible que venga Dios y lo vea.

(c) Ernesto Milà - infokrisis@yahoo.es

La inmigración afecta muy negativamente a nuestra sanidad

La inmigración afecta muy negativamente a nuestra sanidad

Infokrisis.- ¿Cómo afecta la inmigración a la salud de nuestro país? Es difícil establecerlo. No hay cifras sobre los gastos que la inmigración genera en la sanidad española (y si existen, se ocultan), y la política oficial consiste en negar que la inmigración haya tenido una repercusión negativa sobre la salud pública de nuestro país. Hasta 2003, la “doctrina oficial” sostenía que el mismo hecho de inmigrar generaba una especie de “selección natural”, se iban de sus países los más fuertes, mientras que los enfermos y los más débiles. Así pues, los inmigrantes que llegaban a España estaban frescos y sanos como rosas. En realidad, la “doctrina oficial” encubre un enorme agujero negro sanitario del que sólo iremos tomando conciencia en los próximos años.

La “doctrina oficial” contra viento y marea

Todavía en 2002, algunos seguían defendiendo contra viento y marea la versión oficial: si aumentaban las enfermedades infecciosas en España no era a causa de la inmigración, sino porque cada vez viajaban más españoles al extranjero… Así lo sostenía, por ejemplo, el Dr. José Manuel López Abuín, médico de familia y coordinador del Proyecto del Inmigrante de la Sociedad Española de Medicina Rural y Generalista (SEMERGEN), quien negó categóricamente que la llegada de inmigrantes esté suponiendo la introducción de nuevas enfermedades a España. Los españoles de viaje en el extranjero frecuentaban prostitutas y se contagiaban. Eso era todo y a eso se debía el repunte de ciertas enfermedades.

Sólo un año antes, en septiembre de 2001, se difundían noticias igualmente optimistas. Según un estudio del Grupo de Salud Internacional de la Sociedad Catalana de Medicina Familiar y Comunitaria (SCMFIC) las enfermedades importadas por los inmigrantes que llegan a España no suponían un riesgo para la salud pública. Los responsables del estudio detectaron y siguieron a lo largo de 3 años las enfermedades de inmigrantes que en España ya estaban erradicadas, como la malaria, y otras, como el bocio, que por su período de latencia, se hubieran originado en el extranjero. También se detectaron las patologías que llegaron a España de la mano de los viajeros. Los médicos que participaron en el estudio tenían asignada una población de 13.900 habitantes y sólo se detectaron enfermedades importadas en 35 inmigrantes, por lo que "estos pacientes son en general gente sana". En sólo el 27% de los casos se detectaron enfermedades que pudieran ser transmisibles, como la hepatitis B o la tuberculosis.

La reintroducción de enfermedades tropicales en España, como el dengue y la malaria, es motivo de "alerta" en la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Ramón y Cajal, donde su responsable, el Dr. Rogelio López-Vélez, reclama la creación de un registro nacional de enfermedades importadas. En España (donde la malaria se erradicó oficialmente en 1964), sólo hay un registro de declaración obligatoria para esta enfermedad, con unos 200 casos nuevos al año, de los que el 60% de los cuales corresponde a españoles que contrajeron la enfermedad durante un viaje a un país exótico y el 40% restante pertenece a inmigrantes. En opinión del Dr. López-Vélez, "sería muy interesante conocer qué enfermedades importadas hay y estar dotados de un registro actualizado y funcional, donde se pudiera ver el resurgir de enfermedades como la leishmaniasis o la malaria". El responsable de Medicina Tropical del Ramón y Cajal, unidad de referencia en España, señaló que hay una "preocupación internacional por la emergencia de enfermedades infecciosas" y en España, dijo, "hay que estar muy alerta, porque su ecosistema y su climatología favorecen nuevos brotes".

La Revista Española de Salud Pública, en su número correspondiente a septiembre-octubre de 2004, era mucho menos optimista. Su editorial estaba dedicado a “Población inmigrante y enfermedades infecciosas”, firmado por los doctores Antonio Guerrero Espejo y Javier Colomina Rodríguez. En dicho artículo se reconocía que “en los últimos años en Barcelona el porcentaje de inmigrantes entre los enfermos de tuberculosis ha aumentado hasta el 32%, con una tasa entre inmigrantes que alcanza hasta 100 casos/100.000 habitantes/año”. Se reconocí que las enfermedades que afectan a los inmigrantes varían según la población atendida: “Así en una unidad de referencia de medicina tropical con atención mayoritaria de inmigrantes subsaharianos indocumentados, la fiebre, el prurito, la eosinofilia, la visceromegalia y la anemia fueron más frecuentes entre los africanos, mientras que la tos lo fue entre los latinoamericanos. Los diagnósticos más frecuentes fueron filariasis, malaria, parasitaciones intestinales, infección por los virus de hepatitis C y B, enfermedades de transmisión sexual, tuberculosis e infección por el VIH”. En dicho artículo se reconocía que, a pesar de que la comunidad subsahariana no figura entre las más numerosas residentes en España, la incidencia del SIDA es superior a cualquier otra.

Pero estos datos optimistas no pudieron contabilizarse a partir de 2003, cuando se hizo demasiado evidente que la inmigración estaba ligada a la propagación de ciertas enfermedades. Hoy, solamente, alguna ONG tan bienintencionada como obtusa, niega esta vinculación. Los datos juegan en su contra.

Algunas cifras por autonomías

El 8 de septiembre de 2003, las agencias de prensa transmitieron las declaraciones del presidente de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), Lluís Cabero, quien advirtió que algunas de las enfermedades que habían sido erradicadas en España han vuelto a emerger como consecuencia de la inmigración. Así, explicó que patologías como la malaria o la sífilis están reemergiendo, debido a las personas que vienen contagiadas desde sus países de origen. En ese sentido, el Dr. José Zamarriego, presidente de Honor de la SEGO, explicó que gran parte de las prostitutas que hay en España son extranjeras, y al presentar una frecuencia más alta de este tipo de patologías, se convierten en focos de infección para la población final. El Dr. Zamarriego añadió que la promiscuidad sexual es el factor causante de que "la cadena se ponga en marcha".

Dos meses después, en noviembre de ese mismo año, cuando habían llegado ya 3.000.000 de inmigrantes presentes, algo debía ocurrir porque una Orden del Ministerio de Sanidad dio lugar a la creación del Instituto de Investigación de Enfermedades Raras, heredero del anterior Centro de Investigación sobre el Síndrome Tóxico y Enfermedades Raras creado en diciembre de 2001, veinte años después de que se produjera el brote del Síndrome del Aceite Tóxico.

Algunas cifras son literalmente escalofriantes: el 30% de los inmigrntes ilegales llegados a Canarias sufren sífilis, sida, turberculosis o hepatitis B o C, según declararon los sindicatos policiales del archipiélago canario en 2006. La cifra del 30% sale de un estudio sobre un grupo de mil indocumentados. Es cierto que, Carlos Arroyo, de Médicos Mundi dudó de la veracidad de estos datos. Para Arroyo, el hecho de que abunden casos de hepatitis entre los subsaharianos no es anómalo: “Son portadores de esta enfermedad, como nosotros del sarampión, y sólo se transmitiría por vía sexual». A pesar de negar tajantemente que haya riesgo de epidemia, Arroyo reconoció que sí hubo un caso de tuberculosis este año: «El paciente, desgraciadamente, falleció». Pero la encuesta realizada por los policías era difícilmente cuestionable; se encargó a una empresa externa a la que se pagaron 25 euros por análisis… y los 1000 primeros demostraban que el 30% tenían informaciones contagiosas, fueran o no “habituales” entre los africanos.

Si esta era la situación en Canarias, en la comunidad valenciana las cosas no iban mucho mejor. El 23 de mayo de 2006 se publicaba una noticia que cifraba en un centenar el número de “enfermedades importadas” que registraban los hospitales valencianos. Tuberculosis, paludismo, mal de Chagas o parasitosis intestinal, dengue, eran algunas de las dolencias infecciosas que viajan a la Comunitat. La Unidad de Enfermedades Emergentes, Reemergentes e Importadas del Hospital General de Valencia atendió 1.028 casos en 2005. A esta cifra hay que sumar los 150 enfermos que pasan por este departamento del Hospital General de Alicante anualmente. De estas enfermedades, el 70% se diagnostican en inmigrantes y el 30% restante, en viajeros.

Entre 1997 y 2002, la Unidad de Enfermedades Infecciosas de Valencia atendió a 40 personas con paludismo. Algo más de la mitad de los enfermos eran viajeros que habían visitado zonas endémicas con ninguna o una inadecuada profilaxis y el resto inmigrantes de estas áreas asentados en la Comunitat. Mientras que la malaria es una enfermedad restringida a regiones exóticas, la tuberculosis no. El último brote de esta infección sorprendió a los padres y madres del colegio de Pego y, en diciembre de 2005, a los de la guardería la Cañada en Villena, donde ocho niños resultaron contagiados.

Las embarazadas inmigrantes, asentadas en la Comunitat, se someten a la rigurosa profilaxis y minuciosos análisis en los hospitales de la región para evitar que las infecciones de las que no han sido tratadas en sus países de origen no sean trasmitidas al feto. Así sucede con la tuberculosis y desde hace unos meses, tal y como informó LAS PROVINCIAS, con el mal de Chagas, una patología endémica de los países Latinoamérica, donde alrededor de 20 millones de personas están contagiadas por esta dolencia.

La incidencia, enfermedad por enfermedad

Se ha debatido mucho la incidencia del SIDA entre la inmigración. La realidad es que numéricamente hay menos infectados por el SIDA entre los inmigrantes, pero su porcentaje es mayor al que corresponde entre españoles. Si, oficialmente, la inmigración supone un 10% de la población española (en realidad es algo superior), la repercusión del SIDA entre la inmigración se sitúa cinco puntos más, un 15%. Un estudio realizado por el hospital de Talavera sobre pacientes inmigrantes infectados con SIDA estuvo en condiciones de establecer un perfil del afectado: todos ellos muy jóvenes y que se infectaron mediante prácticas heterosexuales, frecuentemente con prostitutas de su misma nacionalidad.

El responsable de esta consulta en el Hospital Nuestra Señora del Prado, el doctor Fernando Marcos, explicó a Efe que «cada vez tienen más peso» los inmigrantes en este servicio que el centro ofrece desde hace más de una década y que cuenta con unos ochenta pacientes habituales que deben acudir todos los meses. Los usuarios de la consulta del SIDA reciben cada mes el tratamiento prescrito, que tiene un coste muy elevado ya que ronda los 6.000 euros mensuales. Mientras en España más de las dos terceras partes de estos pacientes han sido o siguen siendo adictos a drogas por vía parenteral, entre los extranjeros el «perfil» es diferente y contrajeron la enfermedad en sus relaciones heterosexuales. «Los inmigrantes que acuden son jóvenes que, por lo general, en su país no han recibido tratamiento porque es muy costoso y que en España comienzan porque, gracias a Dios, está financiado por la Seguridad Social», explicó Fernando Marcos.

En cuanto a la tuberculosis, ni las estimaciones más optimistas son capaces de dudar que el aumento de casos registrados en España está íntimamente ligado a la inmigración. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) alertó del incremento de los casos de tuberculosis detectado entre personas inmigrantes y reclamó a las autoridades sanitarias la puesta en marcha de programas de intervención sobre estos colectivos. Los expertos de esta sociedad científica aseguran que cada año decrece el número de casos de tuberculosis asociados al virus del sida, mientras "aumentan de forma notable los relacionados con la inmigración procedente del tercer mundo".

En España se registran unos 12.000 enfermos nuevos cada año (unos 25 casos por cada 100.000 habitantes), "lo que supone una incidencia tres veces superior a la media de la UE. Por ello, los neumólogos muestran su convencimiento de que las autoridades sanitarias españolas "no deberían cerrar los ojos a la realidad y actuar, con respecto a la inmigración, con los mismos criterios preventivos que ya se han puesto en práctica en otros países europeos.

Veamos otras enfermedades. La anemia y enfermedades infecciosas como la malaria o la hepatitis B son las enfermedades más prevalentes en los niños inmigrantes que llegan a España, según informó el doctor José Tomás Ramos, de la Unidad de Inmunodeficiencias del Hospital 12 de Octubre en un comunicado. Al mismo tiempo, insistió en la importancia de "realizar una completa analítica" a todo niño inmigrante recién llegado a España, que incluya serologías a hepatitis B, C y VIH, así como "estudio de parásitos intestinales y Mantoux, y completar el calendario vacunal".

En los últimos 25 años han aparecido en España más de una veintena de patologías asociadas a la inmigración, algunas de las cuales ellas ya se habían erradicado en este país, según las conclusiones del curso "Inmigración. Patologías Emergentes", que dirigió en Madrid en el año 2004, el presidente del Centro Nacional de Medicina Tropical, Jorge Alvar. La tercera conclusión ponía el dedo en la llega: “La salud de los inmigrantes recién llegados es un reflejo del estado de salud de sus países de origen. Sin embargo, algunas patologías infecciosas que acaban padeciendo los inmigrantes se deben, en parte, a las condiciones de vida y actividades de riesgo que sufren en el país de acogida. Ello ocurre con enfermedades cosmopolitas como la tuberculosis o el sida”. Se mencionba, igualmente que un estudio clínico efectuado en Mataró (Barcelona), demostraba que el 38% de las infecciones detectadas en inmigrantes tenían potencial de transmisión en nuestro país.

Por su parte, la tuberculosis ha experimentado un repunte evidente en España. Enfermedad cosmopolita y antigua, inició una epidemia en Europa hacia el año 1600, y del viejo continente se expandió por el planeta con la aventura colonial europea. En España, las mejoras sociales y los tratamientos médicos disminuyeron la incidencia de esta enfermedad hasta casi hacerla desaparecer, sin embargo, tanto en nuestro país como en otros países europeos con gran incidencia de la inmigración, el 50% de los casos diagnosticados de tuberculosis son diagnosticados entre inmigrantes. Un proyección realizada en el citado curso calculó que “sólo” nos llega un caso de tuberculosis por cada 500 inmigrantes subsaharianos. En Barcelona, entre 1995 y 2001, el porcentaje de inmigrantes entre los enfermos con tuberculosis aumentó del 5 al 32%, con una tasa de incidencia entre inmigrantes superior a 100 casos/ 100.000 habitantes.

Como se sabe, España fue, desde el inicio de la epidemia del SIDA uno de los países más afectados, a causa de la alta tasa de toxicómanos que apareció en la segunda mitad de la década de los ochenta. En aquel momento, España tenía unas tasas de SIDA más altas a las registradas en Iberoamérica y África del Norte. La incidencia del SIDA entre la inmigración empezó a sentirse en junio del año 2000 cuando se notificaron 1.076 casos en personas originarias de otros países. Esta cifra apenas suponía un 3% del total de infectados, pero empezaba a ser preocupante, aunque no alarmante. De hecho, el porcentaje de infectados correspondía al porcentaje de inmigrantes presentes en nuestra sociedad. Un estudio posterior realizado en Barcelona demostró que el 25% de los casos de SIDA en inmigrantes se había infectado en España al recurrir a los servicios de prostitutas, generalmente, de su propio país (el 66’8% de los inmigrantes residentes en el Maresme barcelonés, no tenía pareja estable y frecuentaban a prostitutas. En los últimos quince años, la incidencia del SIDA entre ciudadanos españoles, ha ido descendiendo significativamente (> 60% hasta 1999) que en el colectivo de inmigrantes (20% en los mismos años).

El porcentaje de inmigrantes entre las personas con sida en Barcelona ha crecido de un 5% (1988-1999) a un 10% (1999-2001) y más moderadamente en los años siguientes. Otro estudio efectuado en Barcelona en personas que acudieron a una clínica de enfermedades de transmisión sexual (ETS), demostró que los extranjeros representaban el 34,9% de los usuarios. Tenían una tasa de infección por VIH similar a los autóctonos, pero tenían significativamente más ETS, incluyendo la sífilis y la hepatitis B, siendo la prostitución un factor de riesgo muy significativo en el colectivo de inmigrantes.

La neurocisticercosis, considerada endémica en España hasta hace unos 20 años ha repuntado también a causa de la inmigración. Debido al control veterinario y a los hábitos higiénicos de una gran mayoría de la población ha disminuido su incidencia. Sin embargo, es una enfermedad que se ha descrito últimamente en inmigrantes originarios de América latina48 . Por su parte, los nematodos intestinales son un diagnóstico mucho más frecuente entre los inmigrantes que en la población española. En diversos estudios se ha constatado que en los inmigrantes suele predominar el poliparasitismo

La esquistosomiasis es otra enfermedad endémica de ciertas zonas tropicales. En España se han descrito casos en inmigrantes y también en turistas. En diversos estudios en inmigrantes se ha detectado la presencia de filarias. La enfermedad de Chagas es endémica de América latina. Las autoridades médicas sospechan que el hecho de que en España haya una inmigración proveniente de zonas endémicas de América Latina hace suponer que una parte de estos inmigrantes serán portadores de Trypanosoma cruzi, como así demuestra la práctica clínica en centros especializados.

La gran mayoría de la patología no infecciosa en el niño inmigrante, exceptuando la malnutrición, algunas avitaminosis o intoxicaciones, y la anemia de células falciformes, es similar a la patología que pueden presentar en algún momento los niños españoles, por lo que en general hay que seguir criterios similares en cuanto a la asistencia médica. No obstante, es importante tener en cuenta una serie de problemas o enfermedades que los inmigrantes pueden padecer con más frecuencia, y que aunque son conocidos por los pediatras, al no ser habituales en la práctica clínica, pueden pasar desapercibidos. También es importante conocer que el niño inmigrante de países de baja renta, padecerá con menos frecuencia patologías relacionadas con una sociedad desarrollada, como hipertensión, obesidad, hipercolesterolemia, enfermedades autoinmunes, patología relacionada con una dieta pobre en residuos, así como, y debido al ambiente en que se han desarrollado, menor número de enfermedades alérgicas.

Cerca del 40% de los pacientes que tienen tuberculosis actualmente en España son inmigrantes, y esta incidencia va aumentado entre dicho colectivo cada año, según explicó el Dr. Francisco Javier García Pérez, del Servicio de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid, durante el VIII curso de Enfermedades Tropicales y del Viajero, celebrado en el Hospital Carlos III de Madrid. En el año 2001 la incidencia de la tuberculosis en España fue del 25% entre los inmigrantes, del 13% en pacientes con sida y del 12% en alcohólicos. Sin embargo, en los últimos años, debido al aumento de la influencia masiva de inmigración, se estima que estas cifras alcancen el 40% en el 2003.


© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es