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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

INMIGRACION

Alicante: la provincia mártir (III de El vuelco religioso de una provincia. El drama religioso de Alicante

Infokrisis.- Al vuelco demográfico se une un cambio de signo religioso. Alicante es cada vez menos lo que era –una provincia con mayoría católica- para convertirse en un amasijo de religiones exóticas. Ni siquiera la Iglesia Católica parece consciente de lo que está ocurriendo. Mientras el obispado Orihuela-Alicante multiplica sus iniciativas “interreligiosas”, el número de fieles y de sacerdotes no deja de disminuir. En estas circunstancias, en apenas 20 años, mientras la Iglesia Católica alicantina prácticamente habrá desaparecido, las sectas exóticas, las Iglesias Evangélicas, el islamismo e incluso los grupos satanistas gozarán de buena salud.

Desde hace 30 años no se construyen nuevas iglesias en Alicante y las que hay celebran cada vez menos oficios y están cubiertas por menos titulares. Sin embargo, en la provincia se han construido en los últimos 10 años, 28 mezquitas. Este dato basta por sí mismo para expresar el cambio socio-cultural operado por la inmigración. Combinando su potencia demográfica con sus creencias, el Islam corre el riesgo de desfigurar completamente la identidad tradicional de Alicante en los próximos años.

Las cifras de la tragedia

En 1996 la inmigración representaba el 1’37% de la población y, en buena medida, estaba formada por ciudadanos de la Unión Europea que, por uno u otro motivo (negocios, estudios, residencia habitual, trabajo, jubilados) residían en España. Once años después, la inmigración había superado los 6.000.000 (legales + ilegales + nacionalizados) esto es un 14%.

Hace 30 años, el 82% de la población alicantina se declaraba católico, pero en 2007 el número de practicantes había descendido al 15’5%. Si seguir el papel y las vicisitudes de la Iglesia es importante se debe a que el catolicismo es la religión tradicional de nuestro país. Si la Iglesia desaparece, se pierde algo de lo que ha sido la identidad española en los últimos 1.500 años.

Los viajes de Juan Pablo II a España sirvieron poco para revitalizar el catolicismo español. Las cifras sobre la recepción de sacramentos son desoladoras. En el 2000 se celebraron 284.226 bautismos, lo que supone un 71’8% de los nacidos en España ese año. En 1990 habían sido 350.510, un 86’6%. Las celebraciones de la Primera Comunión han caído a 265.000 en 2000, cuando 10 años antes eran casi 400.000. Las confirmaciones también fueron 50.000 menos en ese tiempo. Las bodas en la Iglesia descendieron del 77’2% al 71’8%.

Y la Iglesia sufre algo peor que la pérdida de fieles: la pérdida de “pastores”. Con unos seminarios vacíos y una edad media del clero superior a los 60 años. En la actualidad solamente cursan estudio en seminarios 1.800 aspirantes al sacerdocio, algo menos que en 1990. En 2002 se ordenaron solamente 50 sacerdotes, cifra completamente insuficiente para cubrir las bajas por jubilación que en 2000 afectaban al 41% de los 20.000 sacerdotes. Veinte años más y el 85% de iglesias se cerrarán por falta de “pastores”.

La inmigración como solución

Desde el año 1996, cuando empezó el fenómeno migratorio, la Iglesia española vio en la inmigración una salida para su problema de subsistencia. Los inmigrantes aportarían a la Iglesia más fieles y más pastores. De hecho, desde los años 80, algunos conventos femeninos españoles se habían visto revitalizados por la llegada de monjas y novicias procedentes de Filipinas. Diez años después empezaron a aumentar los contingentes de monjas llegados de países subsaharianos. Además, la Iglesia española vivía en la ficción de que la inmigración procedente de los países andinos, aparentemente católicos, aportaría más fieles. Y, finalmente, estaba la tarea pastoral realizada sobre la inmigración, directamente o mediante ayudas sociales (a través de Caritas, especialmente).

Pilar Samanes, secretaria general de la Comisión Episcopal de Migraciones explicaba en marzo de 2008: “La Iglesia vive, por encima de todo, las migraciones como una ocasión para vivir la catolicidad, no haciendo parroquias paralelas donde simplemente se coexista, sino buscando el verdadero encuentro”. Y añadía: “En este momento, lo importante es crear auténticas comunidades de fe, donde nadie se sienta extranjero”. En el documento La Iglesia en España y los inmigrantes, aprobado por la XC Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, la inmigración se contempla como una “oportunidad y una gracia”, a la vez que indica que “nadie puede permanecer ajeno ni indiferente a un fenómeno de tal envergadura”. Y en esto último, efectivamente, tienen toda la razón. Todo lo demás parece erróneo.

Si la Iglesia ha centuplicado sus esfuerzos de asistencia a favor de la inmigración, esto no se ha traducido en un paralelo aumento ni de las vocaciones, ni de los fieles. Es más, los inmigrantes que se declaran católicos (un 63%) tienen el mismo problema que los católicos autóctonos: son muchos, pero practican pocos. En el caso de los inmigrantes, solamente un 30% de los que se declaran católicos asisten alguna vez al año a algún oficio religioso. Lo cierto es que las comunidades evangélicas (12%), las sectas cristianas (7%) y los islamistas (un 20%) crecen a mucha mayor velocidad… y tienen un grado de compromiso mucho mayor: un 88’5% de los evangélicos y un 70% de los musulmanes asisten regularmente a sus centros de culto.

Sin embargo, Caritas no pregunta a quién ayuda, simplemente concede ayudas de forma completamente desinteresada. Y esto, que inicialmente, se pensaba que podía atraer nuevos fieles a la Iglesia, no ha operado absolutamente ningún beneficio en esa dirección. En 2001 el obispo de Barcelona en su sermón de la Misa del Gallo explicó que por la mañana habían ofrecido una comida de Navidad a los inmigrantes residentes en la ciudad, a la que “habían asistido muchos hermanos inmigrantes”. Luego debió reconocer que a la misa que siguió habían acudido muchos menos. En la Misa del Gallo, en realidad, no había ninguno en una Catedral con 5 o 6.000 fieles.

Jugando en campo contrario

En Alicante llama la atención cómo la iglesia provincial se ha lanzado a jugar en un terreno que no es el suyo. Sin tener en cuenta su debilidad estructural (un 20% de las parroquias de la provincia están hoy sin titular), la Iglesia alicantina ha multiplicado sus celebraciones “ecuménicas”, sumándose a iniciativas surgidas en ambientes no católicos.

El 12 y 13 de mayo de 2007 tuvo lugar en Alicante el III Parlamento de las Religiones convocado por la Red Catalana-Valenciana de Entidades de Diálogo Interreligioso, organizado por la Mesa Interreligiosa de Alicante. El tema era “La Carta de la Tierra y el Compromiso de las Religiones”. La sesión inaugural corrió a cargo de Federico Mayor Zaragoza. El acto concluyó con diversas prácticas devocionales de cada religión

El encuentro había sido organizado por la Mesa Interreligiosa de Alicante, uno de cuyos miembros es la Iglesia Católica a través del obispado de Orihuela-Alicante. Poco antes, el Papa había pronunciado en Ratisbona el fragmento de un discurso del emperador bizantino Manuel II Paleólogo con un erudito persa, cuyo contenido ha sido considerado ofensivo por el mundo musulmán. Los asistentes a las jornadas de Alicante no ahorraron invectivas contra el Papa y el representante católico, el sacerdote Jaume Benaloy recordó que el Papa de Roma "pidió disculpas" e incidió en la "estima profunda" que la Iglesia católica tiene por la comunidad islámica…

Quizás no valga la pena recordar que estos encuentros interreligiosos y concretamente los “parlamentos de las religiones” nacieron en los ambientes universalistas de la UNESCO sustituyendo y suplantando los esfuerzos del ecumenismo surgido a mediados del siglo XX de la mano de Juan XXIII. Si, el papa Juan había limitado el ecumenismo a las iglesias ortodoxa y anglicana, tras la clausura del Vaticano II, en los ambientes universalistas de la UNESCO se propuso un “diálogo interreligioso” ampliado a todas las religiones (e incluso a las sectas ocultistas) tendente a la formación de una “religión mundial” que siguiera a la creación de un “gobierno mundial” protagonizado por la ONU y a una “interculturalidad” promovida desde la propia UNESCO. Éste, definitivamente, no es el terreno de la Iglesia Católica. Ni siquiera asiste como invitado: juega en campo contrario.

La inversión religiosa: el satanismo

Lo sorprendente de la situación religiosa de España es que la pérdida de vigor de la Iglesia Católica no se traduce en la irrupción de un período de racionalismo y positivismo, sino en la proliferación de sectas y de cultos irracionales. Alicante es, en este terreno, una provincia paradigmática: mientras la religión tradicional se va perdiendo, irrumpen los cultos exóticos más alejados de nuestra identidad.

En el curso del XII Congreso Nacional de Psiquiatría celebrado recientemente en Valencia, Leonardo Casis explicó que se estaba produciendo en el mundo occidental un “renacimiento pujante del satanismo” en el que “están influyendo de forma importante las creencias importadas por los inmigrantes”. Y añadía que “la mayor concentración de sectas satánicas de España se encuentra en la Comunidad de Alicante”. Según Casais, este resurgimiento "nos devuelve a épocas de pensamiento mágico y primitivo".

En la provincia de Alicante 5.000 personas estaban vinculadas en 2006 a 40 sectas de distintos tipos. Siete de ellas son satánicos. La gran mayoría se vincula ahora al Islam o a religiones radicales, “muchas de ellas en grupos de tendencia destructiva y radicalizada”, apunta el experto Gabriel Carrión. El Tercer Ojo, Adonais, Hijos de Lucifer o Los adoradores de Seth son sólo algunas de las sectas satánicas con más seguidores en la provincia.

También este experto explica que el auge de la inmigración ha provocado que “una gran parte de las sectas presentes aquí estén vinculadas al Islam, que son muy peligrosas, o a religiones de tipo chamanista o vudú procedentes de África y Suramérica”.

Amnistía Internacional, según publicó la edición digital del diario 20 minutos, la comunidad Valenciana es la tercera autonomía española con más número de sectas (cerca de 200 grupos, 14 de ellos satánicos), mientras que en la provincia alicantina se localizan unos 40, de las que siete adoran al diablo. Para financiarse, “la mayoría de grupos satánicos trafica con drogas y mujeres. Y practican ritos sexuales aberrantes. Muchas están en Las Marinas”, indica Carrión.

La desarticulación de una secta más reciente en la provincia se remonta a junio de este año, cuando la Guardia Civil detuvo a cinco personas en Llíber (Marina Alta, Alicante), miembros de una comunidad espiritual conocida como colectivo AMBA, que usaba la meditación de tapadera. Fuentes del caso afirmaron que se trataba de una secta de carácter destructivo. Un año antes, en Benimantell, la Guardia Civil había desmantelado un colectivo sectario deteniendo a 11 personas relacionadas con la Congregación del Olivo, entre ellas, el líder del grupo, que finalmente ingresó en prisión. La organización se apropiaba de dinero de los adeptos y les ocasionaron también daños psicológicos irreparables. Antes, en 2001, en Crevillent el cabecilla de otra secta había estafado a más de un centenar de personas procedentes de Elche, Crevillent y Alicante.

Los cultos satánicos aparecieron de la mano de grupos de inmigrantes procedentes de Brasil, el Caribe y el África Subsahariana algunos de los cuales utilizan consultorios de videncia y magia para reclutar adeptos.

Un panorama desolador

Pérdida de fuerza social de la religión tradicional, la Iglesia Católica, concentración del 90% de los esfuerzos de la Iglesia en la tarea social de Caritas dirigidos preferentemente hacia la inmigración, aumento constante de las confesiones religiosas islámicas, evangélicas y de los cultos exóticos, incluido el satanismo, sustitución de la religión tradicional por supersticiones y creencias infrarracionales, parroquias católicas sin titular y aumento de los lugares de culto no católicos… No es la racionalidad o el positivismo lo que sustituye a la Iglesia sino los cultos y las supersticiones que nunca antes habían aparecido en nuestro suelo.

Dejando aparte a las Iglesias Ortodoxas (en Alicante residen 40.000 rumanos en buena medida miembros de esta confesión) y las parroquias anglicanas, que están muy próxima al catolicismo, las confesiones religiosas que más están creciendo  en Alicante son las Iglesias Evangélicas, el Islam y las sectas. Alicante cuenta con 28 mezquitas y un cementerio islámico y unos 130.000 fieles.

Las sectas adventistas y los Testigos de Jehová tienen un seguimiento del 4% sobre el total de la inmigración, concentrándose sobre todo en poblaciones andinas, al igual que las 397 iglesias evangélicas distribuidas en toda la Comunidad Valenciana, buena parte de las cuales tienen también presencia en Alicante en donde se calcula que, cuentan en torno a 20.000 andinos adheridos a ellas.

Y esto, para una provincia como Alicante con 1.850.000 habitantes, parece excesivo.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

El Islam contra Europa. 10 argumentos para rechazar la islamización de Europa

Infokrisis.- Desde esta revista siempre nos hemos manifestado en contra de los desplazamientos masivos de población a los que se ven forzados millones de personas por culpa de la globalización. Desde estas páginas siempre hemos defendido que el primer derecho humano es la seguridad de poder vivir tranquila y dignamente en la propia tierra natal. Hemos defendido nuestra identidad en tanto que ciudadanos de una autonomía del Estado, miembros de esta comunidad nacional que se llama España y en tanto que ciudadanos europeos. Por tanto, a nadie le puede extrañar, que esta defensa de nuestra identidad nos lleve a rechazar la inmigración masiva (que tiende a alterar nuestra identidad y, por tanto, a perder homogeneidad y ganar inestabilidad)  y, así mismo, a ser extremadamente críticos con un tipo de inmigración cuyas creencias chocan directamente con las que consideramos propias de nuestra cultura. Nos estamos refiriendo al Islam.

¿Es posible defender la libertad religiosa cuando se tiene la convicción de que una religión ha generado históricamente problemas y los está generando en toda Europa? Dicho de otra manera: ¿es posible considerar al Islam solamente como una muestra de la legítima aspiración de todo ser humano a vivir una experiencia espiritual? La respuesta es no: es Islam choca con el concepto que se tiene de religión en Europa y, de ahí, los problemas que ha generado la inmigración islámica mostrándose completamente inasimilable e inintegrable entre los pueblos y los países que le han dado acogida.

Ni en un solo país europeo, ni en los de tradición más democrática, se ha logrado una integración plena de las comunidades islámicas. Vale la pena reflexionar sobre esto y ser conscientes de que no es un problema de partidas presupuestarias, ni de discriminaciones positivas, sino que la incapacidad del Islam para integrarse en Europa está implícito en su mismo médula. Hay 10 motivos por los que el Islam es “otra cosa” y no puede ser tratado como una religión como cualquier otra:

1.    El Islam no es una religión como las demás

En la India han convivido armoniosamente budistas, jaimistas e hinduistas de muchas corrientes, solamente han existido incidentes violentos, atentados terroristas y masacres, con el mundo islámico de la India. Este caso es para meditar: pone en la pista de que “algo” es diferente en el Islam que le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos y que desde siempre han sido escenario de tolerancia religiosa.

Ese “algo” que impide la normalización del Islam y su homologación como cualquier otra religión, es su concepción político-religiosa de la comunidad: la umma. Este concepto es importante para entender la “particularidad islámica”: la umma es la comunidad de los creyentes regida por los principios del Islam. No tiene solamente una dimensión religiosa y espiritual, sino política y material. Esté en un país o en otro, es islamista se siente miembro de una comunidad superior y, por tanto, le debe obediencia especialmente a ella.

El Islam no aspira a regir los destinos espirituales de la humanidad, sino también los destinos políticos: por eso establece una ley coránica… que suele ser incompatible con la legislación de los países en los que reside el islamista. Y no solo eso, sino que aspira a que ese modelo coránico triunfe al estar inspirado por Alá.

Cualquier otra religión ha entendido que estamos en el siglo XXI: que la religión es una opción individual, que no hay poder que venga de ningún dios, que ninguna religión puede aspirar dominar a otras, que una cosa es la ética y la moral de una sociedad y otra muy distinta los principios religiosos de quienes la integran. Pero la concepción coránica se basa claramente en la concepción de umma: renunciar a ella, sería renunciar a uno de sus puntales. De ahí la incapacidad del Islam para evolucionar hacia formas compatibles con el siglo XXI. 

2.    El Islam es ajeno a la mentalidad europea

El Islam nace en el siglo VII, en la península arábiga en donde solamente existía civilización en las ciudades. El resto estaba formado por tribus atrasadas que practicaban cultos primitivos y animistas. Hacía 1.200 años que en tierra de Europa ya había florecido el pensamiento pre-socrático y el platónico. En aquellas zonas de Arabia, por el contrario, existía un atraso secular. Mahoma fue, en realidad, mucho más un reformador y legislador que un teólogo. Dio a su pueblo un código de conducta, adaptado a su naturaleza de pueblo nómada y habitante de un medio hostil: el desierto. No es de extrañar que el paisaje monótono del desierto esté presente en la misma idea religiosa islámica: veneración a un solo dios, prohibición de su representación, ausencia de santos locales o de otras figuras emblemáticas de la fe que pudieran aportar “variedad”. Por eso se ha dicho que el Islam es la religión propia del desierto: la religión de quien por delante un paisaje sin matices, monótono y unidimensional.

En Europa, en cambio, siempre se ha vivido otro tipo de religión: primero el culto a los dioses de los bosques y de los ríos, el culto a la naturaleza, luego las deidades tutelares de la familia, de la ciudad, del pueblo, finalmente el monoteísmo relativo que, junto a la figura de un Dios único, mostró a su Hijo, al Espíritu Santo, a los ángeles, a los arcángeles, a los santos que sustituyeron a las deidades locales pero ocuparon el mismo puesto como patronos de las ciudades, de las corporaciones y los gremios, etc. El clima de Europa, rico, diverso, variado, hacía que la percepción de lo divino fuera necesariamente diferente

3.    El Islam se ha afirmado contra Europa


El motor del Islam es la guerra santa. En algún versículo del Corán se distingue entre “pequeña” y “gran” guerra santa. La “pequeña” sería la guerra de expansión contra el enemigo exterior. La “gran” guerra sería una lucha del islamista contra sus enemigos interiores. Sea como fuere, el Islam, desde Mahoma, se convirtió en el motor ideológico de una oleada de conquistas que revolucionó el mundo de los siglos VII a XVI. En la concepción islámica, la guerra santa se utiliza para llevar el “orden” allí donde hasta entonces ha habido “caos”. Se trata de una expansión de conquista militar, gravamen económico (todo no islamista debe pagar un tributo) y dominación jurídica y política.

En el 711 e produjo la invasión de la Península Ibérica y la destrucción del Reino Visigodo de España, expresión organizada de nuestra independencia y libertades. Desde el 711 hasta el 1492 esa dominación se hizo efectiva de manera, a menudo brutal, si bien a partir de mediados del siglo XIII ya estaba reducida a una pequeña zona del sureste de la Península.  

Tras la liberación de Granada se permitió a los moriscos seguir en España. La experiencia generó problemas de convivencia que se unieron a la ofensiva turca en el Mediterráneo y contra Europa Central. Los turcos fueron finalmente vencidos en Lepanto y a las puertas de Viena y expulsados sus aliados en la península, los moriscos. Con estos episodios, España consiguió ser un país homogéneo y evitar los problemas que se han producido a lo largo del siglo XX en los territorios de la antigua Yugoslavia a causa de la presencia de enclaves musulmanes inasimilables.

4.    El Islam es incompatible con el estilo europeo

Fue de las fantasías y ensoñaciones, a menudo infantiloides e ignorantes, de los defensores de la multiculturalidad y de España como “país de las tres culturas”, la realidad y la mera observación atenta nos indica que en Europa, el valor fundamental, es el de la libertad y la iniciativa individual. Las visiones dogmáticas no han encajado nunca en la mentalidad europea que siempre se ha querido libre para abrir nuevas vías, romper tabúes y avanzar. Las religiones que han constituido el alma de Europa, desde el paganismo hasta la catolicidad, han sido capaces de irse adaptando al ritmo cambiante de la historia, han conservado unas raíces y unos rasgos distintivos, pero que nunca han constituido un obstáculo ni para la técnica, ni para el avance de las ciencias, ni para el desarrollo de la cultura en las sociedades.

Todo esto encaja mal con el formalismo islámico, con sus principios inamovibles, nacidos en el desierto, pero con intención de imponerse universalmente. El gran problema con el Islam radica en que ente él y Europa existe una proximidad geográfica, pero también y sobre todo una brecha cultural insalvable. Cuando dos concepciones tan diferentes coinciden en el mismo suelo –hoy mediante la inmigración, ayer mediante la colonización- la convivencia inestable y el riesgo de conflicto permanente.

5.    El Islam es una amenaza a Europa

La ofensiva islámica del siglo VIII queda lejos en el tiempo, la del siglo XVI apenas a 400 años, pero la imagen de los serbios asesinados en Kosovo, de las revueltas en los barrios de mayoría islámica en Francia, el chantaje realizado por los países productores de petróleo mayoritariamente islámicos, y sobre todo, la persistencia en los ideales de guerra santa son demasiado actuales para que podamos olvidarlo o pensar que algo en el Islam ha cambiado.

Cuando sabemos que de Marruecos, es habitual la creencia de que Al Andalus (toda la Península Ibérica) es “territorio sagrado del Islam usurpado por Cruzados y herejes”, no podemos por menos que tomar el reto y prepararnos para la defensa ante las consecuencias de tal creencia generalizada. Cuando en la Gran Sala del Palacio Real de Rabat un tapiz muestras las reivindicaciones del “Gran Marruecos” desde Ceuta y Melillas, hasta las islas adyacentes, incluso Canarias y las ya obtenidas, Ifni y el Sáhara y se sabe que el Rey de Marruecos es a la vez líder político y religioso, uno se da cuenta de la distancia abismal que suponen los 15 km que hay de una orilla a otra de Gibraltar.

6.    El Islam es intolerante

La única religión en el mundo que hoy acepta matar y morir en su nombre es la religión islámica. Esto ya es de por sí suficientemente preocupante. Mucho más preocupante es saber que el “guerrero muerto en la guerra santa” (e inmolarse en un atentado es considerado… “guerra santa”), recibe como premio en el más allá, palacios de jade, harenes con huríes, etc, un “paraíso” sensualista que puede atraer en momentos de crisis a fanáticos con el cerebro reblandecido por una interpretación extremista del Islam.

Llama la atención el fenómeno que tiene lugar en Europa cuando un barrio se ve poblado por islamistas: con rapidez, ese barrio se va vaciando a velocidad creciente de población autóctona. Este fenómeno, no suficientemente estudiado, indica la dificultad de convivir con islamistas en los aspectos cotidianos de la vida. En buena medida ese proceso se debe a la actitud de desprecio que muchos islamistas deparan a la mujer, a la de su propia religión y particularmente a la no islamista. Hasta hace poco era imposible decir en voz alta, so pena de ser considerado como xenófobo y racista, que el aumento de violencia doméstica en nuestro país se debía exclusivamente al aumento de contingentes de inmigración procedentes de países en los que la mujer ocupa un papel subordinado y sumiso en relación al varón, como si se tratara de un objeto de su propiedad: como es el caso del mundo islámico.

7.    El Islam genera atraso

Allí donde el Islam ha hincado sus raíces, allí hay un país entre 500 y 1.000 años atrasado en relación a la marcha de la civilización en Europa. Países como Afganistán se encuentran hoy en la alta Edad Media, aun utilizando armas automáticos y teléfonos móviles, su escala de valores y su forma de concebir la sociedad, están ancladas en el siglo VIII-IX. Lo mismo puede decirse de las dinastías petroleras del golfo Pérsico o de las sociedades del Magreb.

Los movimientos laicistas que se sucedieron desde Kemal Ataturk en Turquía en los años 20 hasta los regímenes panarabistas de Nasser, o el baasismo sirio-irakí, han desaparecido completamente de la escena, generando regresiones espectaculares y no explicables por la pobreza de esas zonas, habitualmente ricas en hidrocarburos: es la pobreza generada por una religión esclerotizada, frecuentemente utilizada por sátrapas para justificar su poder y atribuirle un origen religioso.

El fatalismo islámico, su confianza ciega en Alá, y su concepción del poder y de la sociedad hacen completamente innecesario cualquier esfuerzo de superación y cualquier búsqueda de solución a los problemas de la vida. Para colmo, existe una tendencia natural en los pueblos islámicos a tomar refugia en las actitudes más fundamentalistas para responder a las crisis: de ahí la increíble capacidad de deslizamiento de las sociedades islámicas hacia posturas cada vez más integristas… reforzando así su atraso secular.

8.    El Islam es un peligro para Europa

La existencia de comunidades islámicas en suelo de Europa es radicalmente distinta a la que se vivía hace 25 años, cuando algunos europeos se sentía atraídos por el sufismo y las doctrinas del esoterismo islámico y abrazaban esta relación. En aquel momento se trataba de gentes con un buen nivel cultural, integrados en las sociedades europeas que querían ampliar su horizonte intelectual. Esto ya ha pasado a la historia: los europeos islamizados, han sido anegados en las mezquitas por la olea llegada de la inmigración que ni está integrada en las sociedades europeas, ni ha demostrado tener el más mínimo interés en integrarse.

Es más, las asociaciones islamistas, cuando hablan de integración están aludiendo solamente a poder desarrollar su culto y a una situación de igualdad en relación a las culturas y tradiciones europeas: piden que se les respete el Ramadán, la oración de los viernes, el derecho a orar, a elegir a sus imanes, incluso a que sus presos coman y celebren en función de sus tradiciones. Pero quien defiende sus rasgos de identidad y los mantiene en el seno de otra comunidad, antes o después –es cuestión de tiempo- exigirá soberanía y territorialidad. El Islam europeo espera simplemente ser lo suficientemente fuerte para dar ese paso. Con su demografía desbordante es cuestión de apenas una o como máximo dos generaciones que reivindiquen territorialidad. En algunos países europeos ya están reclamando la aplicación de principios jurídicos diferenciados para su comunidad. En estas circunstancias Europa y cada uno de los países que la integran, son inviables.

9.    El Islam es antidemocrático

Históricamente, ningún país islámico o con mayoría islámica ha dado origen a formas estables de democracia. No se lo vamos a reprochar: a fin de cuentas no somos nosotros quienes defenderemos un sistema etnocéntrico europeo de organización del Estado. Somos los primeros en reconocer a cada pueblo la forma de organización que mejor encaje con sus creencias y su naturaleza. El califato no es de estas tierras, pero probablemente es la forma de gobierno que encaja con el sentir y el ser de otras latitudes.

El problema viene en dos sentidos: cuando los EEUU han creado un falso señuelo para justificar su invasión de Afganistán e Irak (el “llevar la democracia a esas tierras”, cuando nadie en esas tierras ha pedido democracia a la occidental) y cuando los contingentes de la inmigración procedente del mundo islámico, aspiran y defienden otro modelo de organización y participación.

Ante todo esto solamente hay una actitud razonable: el reconocimiento de la libertad de cada pueblo para elegir su forma de organización socio-política y el compromiso de respeto de la inmigración a las formas de organización y a los valores que ha encontrado en Europa, sumisión a sus leyes y restricción del ámbito religioso a lo estrictamente individual. Ni los países árabes son tierras para la democracia, ni Europa es tierra de expansión del Islam.

10.    El Islam es un riesgo para la convivencia

En tanto que inintegrable, el Islam es algo radicalmente diferente a cualquier otra forma religiosa y se ha demostrado incompatible con cualquier otro modelo de sociedad, cualquier otra zona geográfica en donde está presente y obligado a convivir con no islamistas. Podía ser de otra manera, pero la realidad demuestra que ha sido así.

La aparición del terrorismo islámico es reciente. Hasta la revolución islámica de Irán en 1979, el Islam condenaba el suicidio. Hoy, el suidicio en la yihad es considerado como una forma de llegar al Paraíso. Esto, unido a la intolerancia, a la resistencia a introducir cualquier cambio en su visión del mundo, a su concepto de la umma, hace del Islam algo radicalmente diferente a lo que se une cierto complejo de inferioridad de algunas sociedades islámicas a causa de la colonización europea. La colonización dejó un rastro de odio contra Europa que dista mucho de haberse extinguido en las sociedades islámicas. Es frecuente encontrar islamistas que consideren que Europa “debe pagar” y que el pago es la admisión sin límites de inmigración (a costa de la desfiguración de nuestra identidad) y del crecimiento de una comunidad halógena a nuestra cultura y a nuestra tradición que antes o después exteriorizará su fe la guerra santa como forma de conquista y de victoria sobre los vencidos.

Todo esto hace genera suficientes incertidumbres como para que las sociedades europeas se preserven del conflicto. El cierre de fronteras a una inmigración que llega con estos modelos de comportamientos en las maletas, el cerebro y en el corazón, es hoy una necesidad y la disminución de los excedentes laborales llegados con la inmigración procedente de países islámicos, una necesidad.

 

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Tras la “reforma Caldera”, la “reforma Corbacho”. Enésima reforma, enésimo error

Infokrisis.- Como las seis anteriores, ésta reforma de la Ley de Inmigración contribuirá a agravar el problema. Que la actual Ley de Inmigración precisa una reforma en profundidad está fuera de toda duda. Que la reforma ideada por el ministro Corbacho, como la anterior perpetrada por Jesús Caldera, contribuirán a agravar el problema de la inmigración, es algo más que una suposición:  es lo que suele ocurrir cuando se reforma de espaldas a la realidad.

Hay gobiernos ciegos y gobiernos incapaces; por increíble que pueda parecer, el gobierno Zapatero ha conjugado estos dos niveles de incapacidad y está demostrando, desde el momento mismo de su instauración hace cinco años y medio, que a su ceguera (falta de percepción de la realidad), se une su incapacidad (falta de iniciativas válidas para resolver los problemas de la sociedad). Y, entre tanto, los problemas se van acumulando.

Durante el 2008, 461.889 inmigrantes, según los datos de Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, se desplazaron a vivir a territorio español. Esto ocurría en plena crisis. Antes, cuando la crisis se perfilaba, en 2007, habían entrado 701.023 inmigrantes. El año anterior, 2006, fueron 587.000. Y así sucesivamente: desde 1997 hasta 2008, ha entrado inmigración a una media de 500-700.000 por año.

Por mucha ingeniería social, concesiones aceleradas de nacionalidad española, enmascaramiento y maquillaje de las cifras reales de inmigración, aludiendo en ocasiones a “inmigrantes legales”, en otras a “inmigrantes empadronados”, pero siempre eludiendo la suma de “inmigrantes legales + inmigrantes ilegales empadronados + inmigrantes ilegales no empadronados”, lo que daría la cifra total que hasta 2004 el PP evitaba dar y que el PSOE se niega, lo cierto es que, en estos momentos, deben residir en España entre 6.000.000 y 6.500.000 de inmigrantes. Insoportable para nuestra sociedad, insoportable por la carga social que representa e insoportable para nuestras infraestructuras educativas, sanitarias, asistenciales, tecnológicas, que están, desde años, funcionando muy por encima de sus posibilidades.

Poco a poco, va aumentando el desfase entre las cifras reales y las cifras “confesadas” por el gobierno. Es evidente que el gobierno pretende evitar la “alarma social” ante la situación que se está gestando: una inmigración sin salidas laborales, que va creciendo, a medida que aumenta el paro… Todos intuimos cómo va a acabar la situación: todos, salvo el gobierno y el primer partido de la oposición, ambos preocupados por convertir a los inmigrantes en votantes, pero despreocupados por completo por una masa incrementada anualmente entre 500 y 700.000 personas, de las que 2/3 partes constituyen un peso muerto para el Estado: de los 6.500.000 de inmigrantes, solamente menos de 2.000.000 cotizan a la Seguridad Social…  

Y no hay esperanza de que cese la marea migratoria. Desde IdentidaD lo hemos dicho desde el número 1: no vienen atraídos por las perspectivas de trabajo en España, llegan huyendo de la miseria. Por fuerte que sea el paro, en España nunca vivirán la situación de miseria de sus países de origen… Bien, pero el problema estriba en que España no puede acoger a la miseria de todo el Tercer Mundo. Los cuarenta millones de enfermos de SIDA que hay en África desearían todos, sin excepción, venir a España a recibir los tratamientos gratuitos a cargo de la Sanidad Pública que cuestan un millón al mes por enfermo: a nadie se le escapa que eso es imposible. Pues bien, de esa imposibilidad nace una necesidad: cerrar el grito de entrada de inmigrantes. La crisis, además, obliga a algo más drástico: empezar a repatriar forzosamente a inmigrantes en paro de larga duración. Y algo más duro: cortar en seco las reagrupaciones familiares, eliminar la posibilidad de “arraigo social” (que supone legalizar a un inmigrante que pueda demostrar estar durante 3 años ilegalmente en España…). Para todo esto haría falta reformar la Ley de Inmigración. El ministro Corbacho ha anunciado la reforma. La mala noticia es que, ¡la reforma no afronta ninguna de las necesidades reales de la nueva situación!

Cómo engañarse y engañar

Resulta un misterio el porqué habiendo firmado el gobierno español la Directiva Comunitaria que prolonga el plazo de detención preventiva de ilegales durante año y medio, la reforma Corbacho solamente la amplía de 40 a 60 días… La respuesta es que el gobierno Zapatero confía solamente en el peso muerto de la inmigración para poder ganar las elecciones municipales que tendrán lugar dentro de dos años y evita por todos los medios tomar medidas que puedan generar actitudes hostiles hacia su sigla. ¿Y el “interés nacional”? Ese concepto es algo que la partidocracia no considera: todo lo que no sea “interés de partido” está fuera de la realidad del actual sistema político.

Para poder reformar una ley hace falta prever cuál va a ser la evolución futura de la sociedad. La muestra de las “previsiones” del gobierno Zapatero, la dio ya en el mes de julio cuando se negó a apoyar la iniciativa francesa que prohibía las “regulaciones masivas”, con el pretexto de que “en el futuro podemos necesitar más inmigración y no podemos atarnos las manos”. ¡En junio de 2008 el gobierno español todavía creía que no había crisis y que en breve, el mercado laboral repuntaría y haría falta una mano de obra nunca vista antes en la historia de España! ¡Ese es el nivel de “previsión” de nuestro gobierno!

Esta incapacidad para prever la realidad futura, esa permanente confusión entre una percepción fantasiosa e irreal del futuro y la triste y miserable realidad que tenemos ante la vista, ha sido una constante del zapaterismo, casi criminal y, desde luego, suicida.

Todos los analistas reconocen que en períodos de crisis las zonas más deprimidas tienden a generar flujos de inmigración más intensos que en períodos de bonanza económica. Y, poco importa que el país receptor de estos flujos se encuentre también en crisis: el inmigrante no es un economista, le basta con saber que aquí hay seguridad y asistencia social, servicios gratuitos y una salario mínimo de inserción que traducido a su moneda local es, simplemente, espectacular: y todo ello por estar. Así pues, se trata solamente de alcanzar lo que, desde el Tercer Mundo, se percibe como la sociedad de la opulencia. Luego, una vez aquí, ya se verá… Tal es la mentalidad con la que está llegando la inmigración.

Dicho de otra manera: en los cuatro próximos años –período mínimo de duración de la actual crisis- disminuirá el número de inmigrantes legales que vayan llegando a España… La mala noticia es que aumentará el número de ilegales.

“Por una inmigración legal y ordenada” ¡payasos!

Produce vergüenza ajena leer las declaraciones oficiales que acompañaron a la anterior reforma de la Ley de Inmigración en 2005. Hoy no es tan difícil recordar (en las hemerotecas virtuales están todos los ejemplares de prensa de aquellas semanas) la consigna del gobierno: “Por una inmigración legal y ordenada”… Algunos ya advertimos entonces que esa reforma generaría un “efecto riada” mucho más que un “efecto llamada”. Así ha terminado ocurriendo. Hoy, tres años después de aquella reforma la gran mayoría de la inmigración sigue llegando ilegal, desordenadamente y, lo que es peor: masivamente.

Nunca llegaron más inmigrantes ilegales como en los años posteriores a la “reforma Caldera” y a la “regularización masiva”. A pesar de que el inspirador de la reforma fe el propio Zapatero, el fracaso le costó el ministerio a Caldera… que fue a parar a ese sumidero de ineptitudes que es la “fundación de fundaciones” del PSOE.

Corbacho va por el mismo camino. Hay que recordar, para quien quiera enterarse, que Corbacho era el antiguo alcalde de Hospitalet de Llobregat. Si está en el cargo es precisamente porque el haber bregado con una inmigración que asciende a 65-75.000 sobre una población de 200.000 habitantes autóctonos: es decir, una tercera parte son inmigrantes y se han instalado en L’Hospitalet durante el período de gobierno de Corbacho, de 1995 a 2008. Si en algo es diestro Corbacho es en conseguir que un municipio que, hasta llegar él, era sostenible, viera en pocos años alteradas todas sus constantes, hasta hacerse inhabitable, gracias al aumento desordenado de un tercio de su población.

El “efecto Corbacho” –basado en que da la cara, asume sus responsabilidades, no pestañea a la hora de dar cifras catastróficas de paro- está hoy amortizado por completo. De hecho, en las quinielas sobre eventuales remodelaciones del gobierno, Corbacho es uno de los nombres que suenan más habitualmente como “sustituible”.

Vale la pena recordar que L’Hospitalet fue, durante el período de gobierno de Corbacho, una de las zonas donde más se elevó (hasta multiplicarse por cuatro) el precio de la vivienda y donde la masificación es más insoportable. Hasta hace un año, viviendas en las que nadie con un mínimo de dignidad hubiera aceptado vivir, se vendía a 40 y 45 millones de pesetas en L’Hospitalet.

En el año 2000, Corbacho, al frente del Ayuntamiento de L’Hospitalet hubiera debido reducir a cero la inmigración en el municipio, hubiera debido de interrumpir los empadronamientos en “pisos patera”, hubiera debido admitir que es imposible que una ciudad crezca 1/3 en apenas 10 años sin que merme considerablemente su calidad de vida. No lo hizo: simplemente se limitó a las buenas palabras, a repetir las ideas de “integración”, “multiculturalidad”, “tolerancia” y demás zarandajas que han convertido L’Hospitalet de Llobregat en uno de los lugares más inhóspitos de todo el Estado. Esas son sus credenciales para estar al frente de un ministerio en esta era zapateriana: haber hecho inhabitable su propia ciudad. ¿Es éste el modelo de “inmigración ordenada” que propuso Zapatero hace cinco años?

Como destruir una sociedad reformando una ley

El anteproyecto de la reforma fue adelantado –como no podía ser de otra manera- por El País. Como todo el zapaterismo se trata de un conjunto de medidas inconexas elaboradas de cara a la galería más para respondes a las exigencias reales de un país, abundando las medidas inútiles o simplemente ridículas ante la que está cayendo.

La reagrupación familiar sufre algunas limitaciones… lo que, en principio sería normal, pero luego, la reforma equipara las parejas de hecho al cónyuge a efectos de reagrupación, lo que, en la práctica implica que cada inmigrante legal podrá traer a otro acogiéndose a la reagrupación y sea o no su cónyuge.  Para colmo, el cónyuge y los hijos mayores de 16 años llegarán ya con permiso de trabajo automático… justo en esta época en la que el primer problema del país es que, precisamente, falta trabajo. ¿Sería posible redactar una ley más de espaldas a la realidad? Sí, vean sino el resto de puntos “reformados” de la Ley de Extranjería.

Han hecho falta diez años para que el gobierno español advirtiera que entre un 5 y un 20% de los matrimonios celebrados en España son fraudulentos y no tienen otra finalidad más que regularizar la situación de un ilegal. Le ha hecho falta al zapaterismo cinco años de ejercicio para actuar contra las contrataciones de ilegales. Hay que esperar a la aplicación de esta ley para que todo esto se resuelva con multas de 100.000 euracos de nada para penar las contrataciones de ilegales y los matrimonios simulados… que irán a parar a empresas o sujetos declarados insolventes de partida. 

Dado que el 80% de los inmigrantes entrar ilegalmente, hay que… reconocerles los derechos. Por primera vez en la historia de España la vulneración de una ley implica el reconocimiento de un derecho. Como si ser detenido en un control de carreteras con dos copas de más, hiciera acreedor al conductor de ser obsequiado con una degustación de Cava o de Rioja… Los derechos propuestos en la futura reforma serán: derecho de asistencia jurídica, derecho de entrada de las ONGs a los centros de internamiento, derecho de educación a los menores de 18 años, derechos de asociación, sindicación, huelga, reunión y manifestación… ¿Es este el camino para resolver el problema más grave de nuestra sociedad? Si las situaciones de ilegalidad y las vulneraciones de la ley tuvieran como contrapartida la concesión de derechos ¿en que se basaría el respeto a la ley?

Esta ley es algo peor un bodrio de la peor especie, una astracanada inútil redactada por un gobierno de incapaces. Es algo mucho peor: es el intento insensato y ciego de destruir una sociedad, de vulnerar todos los valores en los que se asienta. Un intento inconsciente del que ni siquiera sus mentores advierten su gravedad. 

Las costuras de nuestra sociedad no van a soportar la doble tenaza formada por una situación económica cada vez más angustiosa y, sin esperanzas de que pueda invertirse la tendencia a medio plazo, y una presencia cada vez más masiva de inmigrantes que contribuyen a agravar la crisis: el peso muerto de la estancia de 2/3 partes de los inmigrantes residentes en España, lo estamos pagando todos los ciudadanos.

En situación de bonanza económica, se podía perder el tiempo discutiendo sobre mitos que nunca han funcionado en Europa: “integración”, “multiculturalidad”, “mestizaje”, “sociedad pluriétnica”… conceptos que allí donde se han aplicado, en modelos de democracia, han fracasado rotundamente. Pero los períodos de bonanza económica tienen eso: que es el tiempo de los diletantes y se puede discutir interminablemente sobre el sexo de los ángeles.

Ese tiempo ha concluido: no es el tiempo del bizantinismo y de los experimentos multiculturales “avanzados”. Es el tiempo de la crisis, de apretarse el cinturón, reducir el gasto público. Nuestra sociedad no va a poder soportar por mucho tiempo el peso de más de 4.000.000 de inmigrantes que no constante como afiliados a la seguridad social, es decir, que no trabajan, ni cotizan, pero si consumen beneficios y ayudas sociales ¡4.000.000! Esa masa la estamos soportando todos con nuestros impuestos. ¿Dice algo esta enésima reforma sobre la obligación que tenemos los españoles de soportar el peso muerto de 4.000.000 de inmigrantes? No, claro que no dice nada: decir algo, recordar nuestra obligación legal de mantener a esta masa con nuestros impuestos podría provocar “alarma social” y la aparición de partidos “xenófobos y racistas”.

Para colmo, Toxo, el nuevo secretario general de CCOO demostró se estrenó con una sorprendente declaración en la que lamentaba que el gobierno “acotara las reagrupaciones familiares de los extranjeros”, añadió que “no se puede tolerar la injusticia que el Gobierno ha cometido”… ¿Se ha enterado CCOO de que cada puesto de trabajo que va a parar a un inmigrantes, es un puesto de trabajo que pierde un trabajador autóctono? 



Los principales elementos de la “reforma”

-    Hoy, los padres y abuelos puedes reagruparse con sus familiares residentes en España. La reforma prevé que esta posibilidad quede restringida a los que llevan 5 años en España y tengan autorización permanente.

-    La reagrupación solamente será aplicable en caso de familiares en línea ascendente (hijos), pero no padres ni abuelos. En contrapartida se concederá a los reagrupados la carta de trabajo. Los mayores de 65 años podrán ser reagrupados con sus familiares.

-    El tiempo de internamiento de ilegales se aumenta de 40 a 60 días… pero dista mucho de los 18 meses que prevé la directiva europea recientemente aprobada.

-    Se reconocen los derechos constitucionales a los inmigrantes ilegales que incluso llega a poder asociarse, reunirse y sindicarse, además, por supuesto, de gozar de todos los beneficios sociales como ya gozan hoy.

-    El gobierno “fomentará” –pero no “obligará”–  el aprendizaje del castellano y de las lenguas autonómicas, punto que hay que interpretar asumiendo que el gobierno destinará ingentes cantidades de fondos a esta materia (que irán a parar a los “amigos” del gobierno) y que la medida no servirá absolutamente para nada.

Eso es todo… es más que decepcionante: es un suicidio.



Un barrio como ejemplo

¿Mejorará la reforma de la Ley de Inmigración el barrio de El Puche en Almería?

El Puche está en Almería… pero no es Almería a tenor del alto porcentaje de inmigración marroquí: el 50%. En la oficina de colocación del barrio reconocen que es difícil encontrar trabajo para el alto número de parados que viven allí, en efecto, solamente el 20% tiene un título parecido al graduado escolar. El Puche es uno de los barrios más pobres y más densamente poblados por inmigración.

La historia de este barrio es triste, en su origen y en su presente. Las primeras casas aparecieron con las inundaciones de 1975 cuando en el barrio de La Chanca se construyeron viviendas provisionales para familias gitanas afectadas. Esas viviendas duran todavía hoy en estado ruinoso y el barrio ha pasado a conocerse como Puche Centro. Es un verdadero gueto de inmigración en donde viven todavía algunas familias autóctonas. Pocas, realmente. La bibliotecaria cuenta la peripecia del barrio: "Al principio éramos familias sencillas. Gente trabajadora y corriente. Luego vino el problema de la venta de droga. Aparecían personajes que venían en buenos coches al principio, luego llegaban en autobús y más tarde venían a rastras", señala.

En la actualidad viven allí 7.000 personas, la mayoría jóvenes: el 50% son inmigrantes, mayoritariamente magrebíes, y el otro 50% se reparte entre gitanos, payos y los llamados mixtos, hijos de payos con gitanos. Los autóctonos de entre 30 y 50 años se han ido del barrio con sus familias e hijos, solamente quedan jubilados, los huecos han sido cubiertos con más población inmigrante.

Los periodistas que lo visitaron hablaron del alto índice de drogadicción, las enfermedades graves, la violencia doméstica, las actitudes xenófobas y racistas (de todos contra todos), la delincuencia y conflictividad entre los jóvenes o un alto índice de absentismo escolar. Es una zona literalmente abandonada: no hay papeleras, apenas quedan contenedores en buen estado, las infraestructuras se caen… La convivencia entre gitanos y marroquíes es pésima y en cualquier momento puede saltar la chispa por cualquier parte. Los gitanos, mayoritarios en el barrio, se han visto desbordados por la llegada masiva de marroquíes. Y, como ocurre siempre, cuando una población inmigrante pasa a ser mayoritaria en una zona, no realizan ningún intento de integrarse, ¿para qué? Si alguien quiere algo que se integren en su comunidad.

La situación en El Puche no deja presagiar nada bueno. Las actitudes racistas están ahí: gitanos contra marroquíes. ¿Hay que recordar que en mayo de 2005 la ciudad de Perpiñán estalló cuando un marroquí resultó asesinado? Durante casi 10 días, la cuidad de los Pirineos sufrió incidente diario, saqueos y un segundo asesinato. La cuestión es: las reformas a la ley de inmigración ¿van a cambiar situaciones como la del barrio de El Puche en Almería? Porque el problema, a fin de cuentas es que no hay sólo un barrio de El Puche, sino diez, cincuenta, cien, doscientos, muchos en toda España que están en las mismas o peores condiciones… y han rebasado desde haciendo el límite de sostenibilidad. Ahora sólo queda el conflicto.


Barcelona: abandonad toda esperanza. Barrios insostenibles en tiempos de crisis

“Nos dijeron que venían para que pudieran pagarse las pensiones, pero consumen todas las ayudas sociales… no sé lo que durará esto”. Un vecino de Barcelona.

Catalunya se aproxima al 20% de población inmigrante. Este porcentaje no se nota en los barrios “altos” de la Ciudad… pero sí en los barrios populares. También ahí el límite de sostenibilidad se ha rebasado hace tiempo. Basta introducirse por el perímetro que está en el interior de las Rondas para advertir la dimensión del fenómeno. Desde 2004, la población inmigrante ya es mayoritaria en el Raval. Se ignora en estos momentos, cuántos inmigrantes ilegales y no empadronados, residen allí. En 2006 se creía que superaban el 70%. Indudablemente esta cifra habrá aumentado en los últimos dos años, como ha aumentado en toda España. Sólo que el Raval ya está saturado. Al otro lado de las Ramblas, el barrio de la Rivera, sufre una situación exactamente igual.

Mientras ha seguido el espejismo de progreso económico ninguna autoridad parecía advertirlo, y si advertían las transformaciones que estaban sufriendo algunos barrios, parecían no interesarles mucho. Y si les interesaban era solamente para ejercer la demagogia social: impedir que las tiendas se rotularan en castellano, pero mirar a otro lado cuando se rotulaban en caracteres islámicos, hablar constantemente de “integración”, “tolerancia”, “multiculturalidad”, y destinar fondos, canalizados por los “amigos” destinados a difundir estos nobles ideales…

Política ciega, resultados catastróficos

El resultado ha sido catastrófico: la crisis ha disparado la demanda de ayuda social en las barriadas con alta densidad de inmigrantes. El pánico empieza a cundir en las dos aceras de la Plaça de Sant Jaume, en donde se encuentran, frente a frente, el Ayuntamiento y la Generalitat, que cada vez dan la sensación de ser fuertes sitiados, pues no es no en vano están en medio de la zona más poblada por inmigración. Por eso la actitud de estas autoridades es todavía más incomprensible: solamente para llegar a sus lujosas oficinas debían, durante años, cruzar unas zonas en las que era evidente que el paisaje estaba cambiando. Ahora –dicen- se trata de impedir que “estalle la convivencia y la cohesión social”.

Pero no es sólo Barcelona-centro donde existe el problema de la imposibilidad de integrar a la oleada de inmigrantes que han llegado en tan poco tiempo. En otros barrios y ciudades del cinturón industrial de Barcelona, la situación es aún peor: Las Torres de Rubí, Collblanc, La Torrassa de L’Hospitalet, Ca n’Anglada en Terrassa… no se diferencian nada de Roquetas en Almería. En algunas de estas zonas ya han estallado incidentes que la disciplina periodística de los medios catalanes ha minimizado, pero que, como mínimo iguala en violencia a la que se ha producido en otros barrios. Así por ejemplo, en 2004, un magrebí resultó muerto en Las Torres de Rubí, en el curso de una pelea ¿con bandas racistas y xenófobas? No, con otros inmigrantes andinos…   En ese barrio el paro alcanza a un 20% de la población. La inmigración supera el 25%. En La Torrassa, el porcentaje es del 35-40%, pero la densidad de la población es la misma que en Calcuta: 50.000 personas por kilómetro cuadrado. Literalmente inhabitable e incontrolable.

Muchos bares en estas zonas se han ido decantando por preferencias étnicas. Seguramente no ha sido nada deliberado, ni siquiera puede ser considerado como una muestra de xenofobia y racismo: simplemente, a cada cual le gusta tener como compañeros a los que son como él. Y esto vale tanto para magrebíes, andinos, pakistaníes y la minoría autóctona, porque en muchos de estos barrios ya es una minoría. No es nada nuevo, ha ocurrido en todo el mundo, desde los EEUU hasta Francia, de Noruega a Portugal: lo semejante se une a lo semejante. La multiculturalidad solamente existe en las mentes de quienes todavía creen en la propaganda oficial. A la salida de un bar de La Torrassa, un jubilado nos decía: “nos dijeron que venían para que pudieran pagarse las pensiones, pero consumen todas las ayudas sociales… no sé lo que durará esto”

Es difícil olvidar que en Perpiñán, la ciudad occitana de los Pirineos, a 150 kilómetros del centro de Barcelona, en mayo de 2005, se produjeron violentísimos enfrentamientos entre gitanos franceses y magrebíes, que concluyeron con un balance aterrador: 2 muertos, centenares de detenidos, una semana completa de disturbios, buena parte de los comercios saqueados y una sensación de estar sentados sobre un polvorín que todavía dura. No vale la pena, ahora, buscar responsabilidades sobre aquellos sucesos. Lo único importante es recordar que tuvieron lugar.

La responsabilidad de la clase política catalana

La clase política catalana hasta ahora ha mirado a otro lado. En tiempos de crisis ya no puede seguir repitiendo la letanía “multiculturalidad – tolerancia – integración – mestizaje”. Ahora toca el choque con la realidad. La clase política catalana no tiene excusa: solamente para ir a sus oficinas en la Plaça de Sant Jaume han pasado necesariamente, hasta llegar allí, por los barrios de mayor densidad de inmigración. Han visto desde sus lujosos coches oficiales como esos barrios cambiaban en muy pocos años. Han visto como esos barrios se degradaban, incluso aun cuando ellos vivieran en barrios tranquilos y alejados del centro. Lo han visto… ¡y no han hecho nada! Ahora llega la crisis y con ella las situaciones límite.

En su ceguera, no es raro que hoy lo único que les preocupe sea disputar el voto de la inmigración ¡desde ERC hasta el PP! Ignoran que en toda Europa la inmensa mayoría de inmigrantes se han inhibido de los procesos políticos de sus respectivos y si han ido a votar, han votado especialmente a sus propias opciones étnicas, ¿hay algún elemento que haga creer que aquí va a ser diferente?

Los nacionalistas catalanes, que en principio deberían ser la fuerza más interesada en preservar la identidad de Catalunya participan también en esta loca –e inútil carrera- en pos del voto inmigrante cuando ya casi 1 de cada 5 residentes en Catalunya ha nacido en el extranjero.

Artur Más se rodeó de un nutrido grupo de inmigrantes en el último partido Barça-Madrid, al acabar el mitin de CiU “sólo para inmigrantes” que tuvo lugar antes del encuentro en el Palacio de congresos. Allí salió a relucir de nuevo Ángel Colom, ex secretario general de ERC, ex presidente del Partit per l’Independencia y ex delegado de Pujol en Marruecos… hoy “responsable sectorial de inmigración de CiU”, probablemente uno de los políticos más desprestigiados de Catalunya que está multiplicando reuniones con colectivos inmigrante buscando el voto para CiU.

Ni el PP, ni ERC tampoco quieren permanecer al margen de la carrera. En la última reunión del Consell Nacional del partido el tema era la inmigración y la resolución aprobada señalaba que “el millón de personas que han llegado a Catalunya en los últimos tiempos supone “retos muy importantes para la sociedad de acogida”. ERC reclama políticas que intervengan en “la ordenación y la gestión de los flujos migratorios”, pero quiere imponer el catalán como "lengua de uso público y compartida de las personas migrantes (sic), convirtiéndose así en una herramienta más de cohesión”. El presidente de ERC, Joan Puigcercós, intervino en dicha reunión subrayando que “los derechos sociales de los recién llegados son intocables, pero los derechos políticos son otra cosa. Para tener derechos políticos, para poder decidir en una comunidad nacional, es preciso conocer el país, la cultura y la lengua, y nosotros trabajaremos para facilitar las herramientas para que los nuevos catalanes tengan acceso a estos conocimientos. Pero el derecho político ha de ser consecuencia de la integración, el enraizamiento y la estima”. Al parecer el único problema es que el inmigrante aprenda catalán.

Ambos, Puigcercós y Mas utilizaron el término “nuevos catalanes” para referirse a los inmigrantes… ¿les han preguntado a ellos lo que piensan?


Fin de la moratoria para búlgaros y rumanos

Vaya por delante que búlgaros y rumanos son ciudadanos europeos de pleno derecho. Y vaya por delante que desde IdentidaD siempre hemos sostenido que, si es rigurosamente necesaria una inmigración en España, lo lógico es que proceda de los países europeos. Y, por último, vaya por delante, que el sector conflictivo de la inmigración rumana en España es el mismo que también es considerado como conflictivo en su país de origen, la etnia romaní. Dicho lo cual añadiremos que parece aventurado en las actuales circunstancias, levantar la moratoria laboral que hasta ahora pesaba para ciudadanos búlgaros y rumanos. Con un mercado laboral absolutamente desplomado y que pasará mucho tiempo antes de que se reactive, el permitir la entrada a trabajadores búlgaros y rumanos es una iniciativa absolutamente aventurera e irresponsable. 

La moratoria es un mecanismo contemplado en los tratados de adhesión de ambos Estados que permite al resto de países miembros aplicar un periodo transitorio a la libre circulación de trabajadores por cuenta ajena. Este plazo puede prolongarse hasta siete años en tres fases, la primera de las cuales debe durar dos años y para cuya renovación es preciso informar primero a la Comisión Europea. España vencerá el primer plazo el 31 de diciembre de 2008. Para Corbacho, “no vale la pena proseguir con la moratoria”… ¿no vale la pena? ¿acaso tenemos un mercado laboral eufórico?  ¿en que se basa para asegurar –como hizo- que los flujos migratorios se inviertan en relación a estos dos países? ¿hay algún rastro de que efectivamente vaya a ser así? No, no lo hay.

Por lo demás, la existencia de una crisis económica se percibe también desde Bulgaria y Rumania. Los amigos de los trabajadores de estos países que residen en España, son perfectamente conscientes de que aquí no atan los perros con longaniza y que en las actuales circunstancias no hay trabajo. Por tanto, es rigurosamente cierto que la inmigración laboral procedente de estos países se ha detenido… y sin embargo siguen llegando ciudadanos de ambos países ¿qué está ocurriendo?

Es simple: han dejado de venir trabajadores búlgaros y rumanos pero siguen llegando –¡y en qué cantidades!- ciudadanos de etnia romaní procedente de esos países, que desde antes del verano están abandonando Italia. España es el objetivo. Las costumbres antropológicas y culturales de este grupo étnico son difícilmente integrables en Europa (incluido en su Rumania natal). El hecho de que en su escala de valores no conste como algo moralmente rechazable el engañar a los que no son miembros de su comunidad, es suficientemente elocuente y explica por sí mismo, porque ni en su propio país, ni en Italia, han podido arraigar, ni han podido evitar generar en torno suyo un halo de hostilidad.

Pues bien, estos son los rumanos y búlgaros que están llegando en estos momentos. ¿Dice la reforma de la ley de inmigración algo sobre qué hacer con comunidades tan alejadas de nuestra escala de valores que exista con ellas una brecha antropológica y cultural insalvable? No, no dice nada: entonces esa reforma no solucionará ningún problema real.

Por cierto, la medida anunciado por el gobierno de eliminar la moratoria ha sido aplaudida por la “banda de los cuatro”: la medida cuenta con el apoyo del PP, del PSOE por supuesto, CiU no puso ningún obstáculo y, por lo que se refiere al PNV, Emilio Olabarría se mostró también favorable. ¿Realmente son conscientes de la naturaleza del problema?

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Alicante: la provincia mártir (II de III). Cómo la inmigración ha alterado sin remedio a toda una provincia

Infokrisis.- Alicante ha cambiado radicalmente. Ha pasado en apenas 20 años de ser una provincia que vivía del turismo en la costa y la industria y la agricultura en el interior, a ser una provincia en vías de convertirse en el “geriátrico de Europa”, con turismo, una industria en declive y una agricultura estable, para devenir, finalmente, una provincia en crisis, con un marcado proceso de desertización industrial (mayor a cualquier otra provincia española), que lo fiaba todo a la construcción y a la que ha terminado por afluir una inmigración en volumen absolutamente insoportable… y, para colmo, con una agricultura. A partir de ahora, ni siquiera va a ser el geriátrico de Europa.

Y, finalmente, ha llegado la crisis. A la rotura del tejido socio-económico de la provincia se une ahora la mayor crisis económica que haya vivido nuestro país en su historia. El riesgo es que ambas crisis conduzcan a crear nuevas realidades insostenibles para esta provincia.

Alicante, meca del turismo y de los jubilados europeos

La forma de la provincia es triangular. Su base es una parte del “frente mediterráneo” de la Península y, desde mediados de los años 60 fue uno de los emplazamientos privilegiados de nuestra industria turística. A diferencia de otras zonas costeras, inicialmente en Alicante no se trató de un turismo masificado, sino extraordinariamente diversificado. De un lado era la meca de un turismo interior procedente, de la Comunidad de Madrid. Pero, al mismo tiempo, llegaba un turismo procedente de Europa Occidental y de los Países Escandinavos. Inicialmente, todo este turismo se limitaba a alojarse en hoteles y pensiones, pero pronto –hacia finales de los años 60- el turismo interior empezó a adquirir apartamentos y luego a establecerse en la zona. Todo esto generó el que ya en 1967, la primera actividad de las zonas costeras no fuera la pesca como hasta entonces, sino la hostelería, el turismo y la construcción.

Los visitantes llegaban atraídos por el sol y el mar que parecían más escasos en sus lugares de origen. Se ha llegado a esgrimir como reclamo turístico el que Alicante tiene 340 días de sol al año. Hasta principios de los años 90, los jubilados ingleses, holandeses, alemanes y nórdicos preferían establecerse en Canarias y en Baleares. Pero pronto se hizo evidente que la lejanía de Canarias era un problema para muchos y que las Baleares estaban saturadas. A decir verdad, muchos inmigrantes europeos además de mar y sol, buscaban también tranquilidad. Fue entonces cuando a principios de los 90 empezaron a fijarse en la provincia de Alicante que contaba con un aeropuerto fácilmente accesible desde las zonas costeras de Torre vieja-San Fulgencio, con un turismo “de calidad” –especialmente en el eje Javea-Denia-CACPE-, cuyas infraestructuras eran buenas y los precios, inicialmente, no eran excesivamente caros. Además, la convivencia con los autóctonos era excelente.

Con el paso de los años, toda la costa alicantina se saturó de urbanizaciones pobladas mayoritariamente por unos “inmigrantes” europeos que, no solamente no planteaban problemas sino que estimularon el movimiento económico y, por tanto, la riqueza de la zona. Poco a poco, se impuso la imagen de “Alicante = geriátrico de Europa”. Pero ocurrió algo peor: la construcción alcanzó un desarrollo hipertrófico en toda la costa al iniciarse el período de gobierno del PP. Se estaba construyendo por encima del umbral de sostenibilidad. Y no había nadie que lo detuviera: todo lo contrario, se estimulaba. Para construir al ritmo que precisaba la expansión turística de Alicante, ya en 1997, era necesario contar con una mano de obra que no existía en la provincia. Así que fue preciso recurrir a otro tipo de inmigración completamente diferente al que había llegado hasta entonces.

La inmigración no daba miedo a los alicantinos. A fin de cuentas, antes de la llegada de los jubilados europeos, en los años 60 habían llegado decenas de miles de franceses procedentes de la traumática descolonización de Argelia (“pieds noires”) que tuvieron su parte en el desarrollo económico de la provincia entre 1961 y 1969. A partir de 1996 empezaron a llegar masivamente inmigrantes andinos y magrebíes. La crisis del “corralito” argentino hizo que también afluyeron miles de bonaerenses a la provincia.

Si la franja costera del triángulo alicantino vivía del turismo, la hostelería y la construcción, el interior de la provincia tenía sólidos puntales industriales construidos primorosamente desde el I Plan de Desarrollo franquista entre 1964 y 1967. La industria juguetera española se concentraba en Ibi, una población que hasta ese momento era casi exclusivamente heladera. En Crevillente se concentraba la industria de la alfombra de toda España y buena parte se dedicaba al textil, llegando a funcionar hasta 80 fábricas que exportaban el 75% de su producción a finales de los años 90. Elda-Petrer, Novelda, Villena y Elche concentraron hasta finales del milenio a una industria del calzado que exportaba a todo el mundo y suplía con creces las necesidades nacionales. En Elche se fabricaba hasta el 42% del calzado consumido en España. Un 30% de la mano de obra villenera llegó a trabajar en pequeñas factorías y en sus hogares, también en el sector del calzado.

El resto de industria del interior de la provincia tiene que ver con las canteras y con los productos químicos utilizados en agricultura. Pero, desde principios del milenio, el sector agrícola sufre una recesión cada vez más acusada. Algunas zonas de la provincia, observadas desde el aire, generan una irreprimible tristeza al percibirse con claridad el aumento incesante de los campos de cultivo abandonados. Las causas de este abandono han sido tres: de un lado no poder soportar la caída de los precios de la producción agrícola ante las importaciones magrebíes e incluso iberoamericanas; de otro el aumento en la edad media de los campesinos y el que sus hijos no se vean motivados a seguir trabajando los campos. Finalmente, las políticas agrícolas comunitarias, erráticas y contradictorias, elaboradas por centroeuropeos que lo ignoraban todo sobre los cultivos mediterráneos, han terminado apuntillando al sector.

A partir del último tercio de los años 90, la globalización empezó a generar sus efectos más deletéreos sobre la industria de la provincia de Alicante. El textil empezó a migrar hacia el Magreb, fue el primer síntoma de que algo estaba cambiando. Luego –ya a partir del 2000- le siguieron el juguete (casi completamente deslocalizado en estos momentos), el calzado (en vías aceleradas de deslocalización) y el mueble de la vecina Yecla (Murcia) que también absorbía mano de obra alicantina. Hasta 2006 no hubo problemas porque los excedentes laborales de estos sectores eran absorbidos por la construcción o las industrias suministradoras de materiales de construcción. Pero en 2006 empezaron a notarse los primeros síntomas de desaceleración. A partir de entonces, los parados generados por otros sectores ya no pudieron reciclarse en la construcción y el paro empezó a enseñorearse en la provincia. En el momento de escribir estas líneas, empiezan a verse las colas del paro en las oficinas del INEM de la provincia. Es sólo el principio. Cuando entre marzo y junio de 2008 terminen las obras en curso, apenas quedará en activo en el sector de la construcción un 25% de quienes lo componían hace sólo dos años.

En cuanto a la agricultura, el drama no es menor. En el momento en que la UE empezó a subvencionar determinados cultivos, buena parte de los agricultores orientaban su producción hacia los cultivos subvencionados para lo que debían adquirir maquinaria apropiada. En el caso de la viña la situación ha sido dramática: por un lado se empezó a subvencionar las plantaciones de cepas… para luego subvencionar el arranque de las mismas, todo esto en un marco de caída de los precios de la producción. Se han subvencionado la colocación de espalderas, la compra de aperos, el riego por goteo… para negarse a subvencionar en absoluto la producción (que a fin de cuentas era lo esencial para compensar las caídas en los precios de la producción). El resultado ha sido el hundimiento del sector, lo abusos y el abandono progresivo de la agricultura.

Pero hasta hace dos años, cualquier agricultor que quisiera vender sus tierras y obtener el dinero suficiente para la jubilación, sabía que podía hacerlo. Hoy, eso ya es imposible. A partir de 2006 se orientaron amplias zonas agrícolas hacia la energía solar. En Beneixama se encuentra la mayor “huerta solar” de Europa con 32 hectáreas de placas. Buena parte de los agricultores intentaron entrar en el nuevo negocio. Pero las hidroeléctricas no facilitaron las cosas a tenor de que deben comprar obligatoriamente la energía producida a un precio superior al del kilowatio que venden… En cuanto a los generadores eólicos, muy discutidos (por el ruido vibratorio que producen, por la alteración del paisaje y por su rendimiento oscilante), la otra posibilidad con la que contaban algunos agricultores, apenas han podido concretarse dos nuevos parques eólicos, estancados en el momento de escribir estas líneas.

El turismo ha entrado también en crisis en 2008 y los jubilados europeos han dejado de afluir. Es más, algunos han fallecido y sus herederos tienen dificultades en vender sus chalets y apartamentos. Los que se venden van a parar a otros jubilados del mismo origen… pero ya no se construye.

Este es el drama económico de la provincia… un drama que es  también social: de una parte, la población autóctona empieza a registrar tasas importantes de paro que recuerdan las de principios de los años 90. De otro, la provincia de ha llenado de inmigrantes que habían venido atraídos por las posibilidades de trabajar en hostelería, construcción y agricultura… sectores que están en crisis. Lo peor es que no parece que, en breve, esta situación pueda ser reversible.

La construcción nunca más –nunca- volverá a tener la importancia que ha tenido hasta el 2006 en la provincia de Alicante. De otro, la industria deslocalizada ya no volverá, y lo que es peor, no existe la más remota idea de qué podría sustituirla. En cuanto a la agricultura, salvo que ocurriera un cambio en la economía mundial, en las actuales circunstancias, con un Marruecos que cada vez obtiene más beneficios de la UE y donde se concentran cultivos intensivos de ínfima calidad pero de precio adaptado a los tiempos de crisis, no se ve de qué forma ni en función de qué podrían levantarse los campos alicantinos.

En estas circunstancias ¿qué hacemos con los excedentes migratorios? Siguen llegando masivamente a la provincia… pero no hay trabajo ni siquiera para los que llevaban diez años asentados en Alicante. ¿Entonces…? Contrariamente a lo que quieren pensar las autoridades provinciales, autonómicas y estatales, el problema de la provincia es de modelo económico: nadie fue capaz de prever las oscilaciones de la agricultura, ni denunciar las inconsecuencias de la UE en materia agrícola, nadie fue capaz de prever lo que implicaba la globalización para la industria de la que vivía el interior de la provincia. Nadie fue capaz de crear un modelo económico alternativo para el momento en el que fallara la construcción (¿quién pudo pensar que se podría construir eternamente y sin medida?) o que el turismo entrara en recesión. Si bien el Magreb no ha logrado suplantar a España en materia turística, como se temió a principio de los 90, las costas del Adriático y los países del Este, una vez liberados de la pesada losa del socialismo real, se configuran hoy como destinos turísticos de primer orden con un crecimiento exuberante que atrae al turismo de calidad, dejando para nuestras costas un turismo de alpargata y garrafón.

De “provincia modelo” a “provincia mártir”

Luís Díaz Alperi, un hombre clave en la política municipal del PP en Alicante ciudad, explicaba hace poco algo demasiado lógico y evidente como para discutirlo: “muchos inmigrantes van a delinquir para vivir”. Claro está que las conclusiones que realizaba Alperi al diario Levante eran incomprensibles: “hace falta más dinero para la inmigración”. Esto es, evitar que roben… subvencionándolos. No hay que olvidar que la degradación de la vida en la ciudad, la creación de guetos de la inmigración, la “limpieza étnica” del centro, si tienen un responsable por omisión es el PP del que forma parte Alperi y que ha gobernado ininterrumpidamente desde 1995.

Alicante es, junto a Valencia, la provincia con más inmigrantes parados que no cobran subsidio. Solamente un 58% de los 14.288 extranjeros que había en paro en junio de 2008, cobraban algún tipo de prestación que asegurase sus necesidades más básicas. Resulta un misterio saber de qué vive, exactamente, el resto. Seguramente la mayoría del trabajo negro, pero es inevitable conectar esta situación con el aumento de los robos en la provincia experimentada desde principios de 2006.

En el ya lejano 2001 -con  el copyright de Dinpesa- se ofrecían unas cuantas pinceladas –suficientes- de lo que estaba ocurriendo en la ciudad de Alicante: Las calles del centro tradicional de Alicante se han transformado. Una de las zonas más emblemáticas de la capital ha cambiado su habitual aspecto -negocios de restauración y establecimientos al servicio del turismo- tras haberse convertido progresivamente en un barrio magrebí. En poco más de un año el centro histórico de Alicante ha tomado acento árabe y son ya pocos los negocios nativos que allí subsisten. El día a día de esta zona toma paisaje de un zoco, dónde sólo tienen cabida inmigrantes que viven o viajan a Alicante gracias a un ferry diario que enlaza la capital con Orán. El problema radica en que la convivencia se ha tornado harto complicada. La voz de alarma surgió este verano con la formulación de todo tipo de denuncias por robos, tráfico de drogas y, prostitución. Lo cierto es que en una decena de calles se concentra más del 70% de los delitos que se cometen en la ciudad. Las denuncias iban más lejos: comerciantes que traspasaron sus negocios a los magrebíes rompían su silencio y aseguraban haber sido víctimas de extorsiones y prácticas mafiosas, con la única intención de hacerse con el control de la zona. Hecho que finalmente se ha producido. Bazares, locutorios telefónicos, comedores árabes, pensiones, panaderías, carnicerías ... son algunos de los dominios de estos inmigrantes que se han abierto hueco en la vida cotidiana. La guinda al pastel la ponen las 81 denuncias presentadas por mujeres allí residentes que dicen haber sido "víctimas de amenazas e insultos por parte de los magrebíes que han tomado la calle", según señala un portavoz de la Coordinadora para la Recuperación del Centro de Alicante”.

Era sólo el principio. En 2001, escribir esto equivalía a hacerse acreedor del calificativo de “xenófobo y racista”. Sin embargo, toda la ciudad de Alicante y el consistorio gobernado por el PP, eran perfectamente conscientes de lo que estaba ocurriendo. Como siempre, se creía poder superar la situación inyectando fondos públicos. Siete años después, no solamente no se detuvo la degradación del centro de Alicante, sino que el problema se extendió a otros barrios y al interior de la provincia [tal como veremos en otras partes de este mismo dossier].

Alicante ha pasado de ser una “provincia modelo” con industria diversificada, hostelería, turismo, agricultura, a ser una “provincia mártir” en la que la industria se ha deslocalizado, el turismo remite, la agricultura se extingue y de la construcción quedan solamente las brasas. Ahora viene “el tío Paco con la rebaja”, como se dice popularmente cuando se pretende expresar la idea de que lo peor está aún por llegar.

Pateras hasta en Alicante

Pero no es solamente la delincuencia que denunciaba Alperi lo que los alicantinos tienen ante la vista. Es mucho peor. En principio, lejos de retraerse los flujos migratorios a la provincia [como hemos visto] aumentan más que en ninguna otra provincia española. Esto se debe a que los inmigrantes están de espaldas a la realidad económica internacional y desconocen los problemas de la economía española. Llegan simplemente porque son conscientes de que en caso de existir “crisis” en España, en su país existe “miseria absoluta”; y, al menos aquí, aunque estén paro y vivan en precariedad (en su país de origen la precariedad es todavía más dramática), el Estado garantiza una serie de servicios (sanidad, renta mínima de inserción, escuelas, asistencia social, etc.) ¡Cómo van a dejar de venir! ¡lo raro es que no vengan a mayor velocidad! Es normal que en las zonas que hasta ahora han ido concentrando más inmigración (como Alicante) el “efecto huida” sea mucho mayor que allí donde nunca se han instalado inmigrantes.

Hecha la ley, hecha trampa. Controlado el Estrecho mediante un avión dotado de radar, las mafias de la inmigración cambian de táctica. Las pateras ya no parten de las costas marroquíes, sino que se embarcan en “buques nodriza”, habitualmente pesqueros marroquíes o pequeños mercantes, y son soltados en lancha cerca de las costas españolas. Contra más al norte se realiza la operación, más seguridad tiene de tener éxito.

En septiembre de 2007 se produjo la llegada a las costas alicantinas de cinco pateras procedentes de Marruecos. Demasiado lejos para que hubieran podido llegar por sí mismas. Y si las pateras llegan, también llegan drogas. Desde hace cinco años, la vigilancia policial en las costas gallegas ha hecho que descendiera la entrada de cocaína en los puertos de aquella autonomía. Como ya informó IdentidaD, a partir de 2003 tuvieron contactos entre los narcotraficantes marroquíes y los colombianos. Los marroquíes aseguraban la llegada de la cocaína a Marruecos y luego su traslado a España quedándose con un 5% de los envíos que, o bien serían consumidos en el propio Marruecos (el “majzén” –el entorno del palacio Real- es un “gran aficionado” a la coca) o serían distribuido en España por redes marroquíes hasta entonces solamente especializadas en haschís. Parte de esos envíos entran por las costas alicantinas. No es raro que el consumo de cocaína y de haschís en Alicante esté por encima de la media nacional.

Incluso la inmigración argelina que nunca había sido apreciable (ni apreciada, a decir verdad, dado que los antiguos “pieds noires” franceses residentes aun en la provincia son excepcionalmente críticos hacia ellos) en la provincia ha repuntado en plena crisis económica. A principios de agosto de 2008, se registró la llega de 10 pateras en Torrevieja con 91 argelinos. Otras llegaron, así mismo, a la vecina Murcia. Desde principios de año, habían resultado detenidos 781 argelinos aspirantes a entrar en España, el año anterior 83 argelinos habían perecido ahogados en la aventura y 1.530 fueron detenidos.

¿Crean riqueza o deslocalizan capital?

Derechas e izquierdas alicantinas han estado de acuerdo en que la inmigración “crea riqueza”. No es así. De hecho, la inmigración es uno de los dos aspectos de la globalización: no crea riqueza sino que desplaza la riqueza. En Alicante, la inmigración ha sido la causa de que los precios de la mano de obra agrícola, pero también en construcción y hostelería, bajaran. Cuando los defensores de la inmigración masiva reconocen esto –y hoy ya pocos se atreven a negarlo- pasan a sostener que gracias a las cotizaciones de los inmigrantes se pagan las pensiones de los abuelos (pero evitan decir que la inmensa mayoría de inmigrantes cotizan en las franjas salariales más bajas, tienen trabajos temporales y familias numerosas, con lo que si bien la SS recauda más… también gasta mucho más con lo que el sistema de pensiones peligra hoy más que nunca) una idea que hoy ya se cuestiona desde muchos puntos. Entonces, su última línea de justificaciones es decir que los inmigrantes “crean riqueza”.

Es cierto que gracias a la inmigración el PIB ha ido creciendo en los últimos 10 años. Es normal para un país en el que han ingresado una media de 600.000 inmigrantes/año, el PIB suba solamente por la presencia de estos mismos inmigrantes que comen, beben, se alojan y consumen en definitiva. Pero no es riqueza lo que se crea. La riqueza se crearía si el dinero ganado por los inmigrantes se invirtiera en España. Es cierto que se trata de cantidades mínimas, pero sumados, alcanzan más de 8.135 millones de euros… ese dinero se va en forma de remesas al extranjero.

Una vez en los países de origen ese dinero también sirve para poco: con él no se pueden crear pequeños comercios ni pymes, sino como máximo, servir para satisfacer el consumo básico de los receptores. Así pues, salvo para las entidades que tramitan los envíos de remesas y para los administraciones de los países receptores que cobran impuestos directos e indirectos sobre ese dinero, el producto del trabajo de la inmigración sirve para bien poco.

En total los inmigrantes residentes en la provincia de Alicante enviaron en 2007 728’6 millones de euros a sus países de origen, representando casi el 7% de la cifra total de remesas enviadas desde España.

Así pues, las remesas, lejos de ser una fuente de creación de riqueza, son un frente añadido más a la deslocalización de capitales. Es normal que así sea: a fin de cuentas, la inmigración no consiste en otra cosa más que en comprar mano de obra en el extranjero, que desarrolla aquí su trabajo, pero buena parte de cuyo pago se realiza en forma de remesas. En períodos de crecimiento económico, estas cifras apenas tienen repercusión, pero cuando se producen crisis de dimensiones incalculables como la actual, estas remesas adquieren una dimensión dramática: en primer lugar, los 728’6 millones de euros que se van al extranjero en la provincia de Alicante supondrían un mayor movimiento económico en la provincia e inyectar fondos en los circuitos económicos. Esa cantidad supone un dinero que es absorbido por una bomba, desaparece de la provincia de Alicante y reaparece pulverizada en los países de destino de esas remesas.

Algunas conclusiones

La provincia de Alicante vive una situación de conflictividad creciente cuyos efectos se dejarán sentir durante décadas. Con una natalidad crepuscular y una constante llegada de inmigrantes con demografía explosiva, hay que ser realistas sobre el futuro que le aguarda a la provincia: y ese realismo, implica necesariamente ser pesimista.

A eso hay que añadir el hundimiento de los modelos económicos que rigieron desde 1960 a 1985 y desde 1985 hasta la gran crisis de 2007. La globalización ha golpeado a Alicante más que a cualquier otra provincia española. Sus dos tentáculos, la inmigración masiva y la deslocalización empresarial, se han conjugado en Alicante de manera endiablada. En el momento en que escribimos estas líneas, ni el gobierno de la nación (PSOE), ni el gobierno autonómico (PP), ni la diputación provincial, ni los ayuntamientos de las primeras ciudades alicantinas, han sido capaces de prever la crisis hasta que ha estado encima ni mucho menos los remedios para establecer un nuevo modelo económico. En esas circunstancias, Alicante solamente tiene delante suyo la crisis, terrible, imparable, prolongada…

No hay lugar para el optimismo, pero sí una necesaria catarsis. Y el principal medio para realizarla es dejar de votar automáticamente a las opciones políticas que hasta ahora han gobernado y exigir un rendimiento de cuentas y una petición de responsabilidades a una clase política que ha sido capaz de sumir a Alicante en la crisis más profunda de su historia. Y, resaltamos, que la crisis provincial dista mucho de haber alcanzado sus cotas máximas.

Mientras Alicante siga gobernada por la misma clase política, interesada solamente por aumentar su patrimonio, que sigue con fidelidad perruna las leyes de lo políticamente correcto, será muy difícil salir de la crisis. Las ideas nuevas solamente pueden venir de la mano de gentes nuevas. La vieja clase política, responsable de la quiebra de una provincia, está inhabilitada para liderar el futuro.


De “Zapatero Premio Nóbel” a “Alicante, ven cuando quieras”


Todas las provincias tienen irresponsables, inconscientes y/o, francamente, tontos. En Alicante, últimamente, parecen proliferar. Dos noticias –dos “perlas”- son suficientemente elocuentes de lo que decimos.

Víctor Domínguez, miembro del Consejo Político local de Izquierda Unida-Alicante, publicó un artículo recogido en “Nueva Claridad” (subtitulado “Por una alternativa marxista”…) en el que seguía, obstinadamente, sosteniendo en ¡2006! el “papeles para todos”. En su nirvana marxista, Domínguez alude a que la Ley de Extranjería “ha provocado una fuerte respuesta tanto entre la población alicantina como entre los trabajadores inmigrantes” (?) lo que ha llevado a la creación del “Comité de Inmigrantes de Alicante”… No busquen información sobre ese “comité”. En Google solamente aparece en una ocasión: en el artículo en el que lo cita Domínguez. La tesis que sostiene es que el eslogan de la diputación de Alicante: “Alicante, ven cuando quieras”, no alude a los inmigrantes, sino al turismo “de clase” y él, humanitario como es, quiere extender el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, a todos los extranjeros. En definitiva “papeles para todos”. Con estos planteamientos se entiende que en pocos años Izquierda Unida haya descendido en Alicante del 10’3 en 1993 al 2’3 en 2008. Y todavía parecen muchos a tenor de los planteamientos de Víctor Domínguez.

La otra “perla” es casi tan buena. En 2007 un grupo de inmigrantes alicantinos propusieron a José Luís Rodríguez Zapatero al precio Nóbel de la Paz en 2008. La noticia es un despropósito, no sólo por la información en sí, sino por sus promotores que decidieron lograron sus 5 minutos de fama mediática provincial. Quienes promovieron colocar a ZP al mismo nivel que la madre Teresa de Calcuta, fueron los miembros de la Plataforma para la Integración y la conquista de los Derechos Políticos de los Nuevos Españoles y fue entusiásticamente apoyada por los andinos de Amigos de Alacant, Nueva Realidad y los magrebíes de Abya-Yala… que, en su conjunto, suman 250 afiliados. Indudablemente, se trata de los más “listos”, en la medida en que han entendido que Zapatero subvenciona a quien le ríe las gracias. Por cierto, mientras el portavoz de estas asociaciones, elogiaba a Zapatero y pedía para él una promoción internacional (al ser “un gran humanista”), aprovechaba para tachar las declaraciones de Díaz Alperi sobre el aumento de la delincuencia al aumentar el paro entre la inmigración como “criminales” y “xenófobas” y pidió para él la “aplicación de la ley al sembrar el odio y las divisiones entre la ciudadanía”.

Por supuesto de la Plataforma para la Integración y la conquista de los Derechos Políticos de los Nuevos Españoles, nunca más volvió a saberse nada.

Elche: de ciudad del calzado a ciudad de la inmigración

Elche es la tercera ciudad de la Comunidad Valenciana y excepcionalmente próxima a Alicante, frecuentemente se trata a ambos ayuntamientos de “conurbación”. Los males de la ciudad de Alicante se reproducen en Elche hasta el punto de haber situado a la ciudad en momentos de tensión (como las manifestaciones contra la proliferación del comercio chino en 2004).

Elche ha sido uno de los destinos preferidos por la inmigración. En la actualidad, el crecimiento demográfico de Elche (mediante nacimientos y empadronamientos) se debe en un 80% a los inmigrantes. El 20% restante es crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y fallecimientos). Los datos oficiales nos cuentan que en Elche había a finales del 2006 14.382 residentes extranjeros. De ellos, el grueso procedía de Ecuador, Colombia, Marruecos y Rumania, suponiendo el 55% del total. En el padrón municipal se reflejan hasta 115 nacionalidades distintas. En Elche hay una mayor proporción de magrebíes (20%) que en Alicante (13,6%). La proporción de rumanos en Elche es el doble que en Alicante.

En la primavera del 2004 estallaron en el polígono Carrús de Elche incidentes graves cuando empezaron a detectarse los primeros síntomas de crisis del sector del calzado.

La crisis del calzado, primer signo de la globalización

A partir de 2002 apareció un nuevo tipo de producto en España: calzado extremadamente tosco, de muy mala calidad, frecuentemente caminar un poco con ellos destrozaba el pie, su única ventaja es el precio: baratísimo y distribuido en la misma zona de Alicante. Paradójicamente, grandes empresas ilicitanas del calzado como Pikolinos, Martínez Valero y Kelme, entre otras, habían trasladado parte de sus procesos productivos al sureste asiático.

En la región de Elche y en el sector del calzado se produce un doble fenómeno: de un lado, los inmigrantes que han llegado de China, aceptan trabajar por un salario miserable, con contratos a tiempo parcial, cuando están trabajando jornadas de 10 y 12 horas laborables (lo cerrado de la comunidad china y el peso de las «tríadas» mafiosas, hacen que mantengan el silencio sobre lo precario de sus condiciones laborales). ¿Por qué? Porque en su estilo de vida, es aceptable permanecer diez o quince personas en el mismo piso (y por tanto, los gastos de alquiler bajan drásticamente) y trabajar durante jornadas interminables, sin derechos sociales, sindicación, pagas extras, etc.

De otro lado, el déficit del saldo comercial por el descenso de las exportaciones y el aumento de las importaciones de calzado y la paulatina pérdida de empleos conforman el escenario del conflicto que vive el sector del calzado de la provincia de Alicante. El resultado de esta doble tenaza es el estrangulamiento de la industria alicantina del calzado: no pueden competir con los ínfimos costes de producción de las empresas chinas en España, ni pueden competir con el precio de las importaciones de calzado procedentes de China.

China es hoy el primer proveedor de calzado de España en 2003 con 70,9 millones de pares, un 53% del total de las importaciones del sector en ese año. La cosa es todavía más sorprendente en la medida en que en el sector del calzado España podría ser completamente autosuficiente. En el periodo 1999–2003 las importaciones de zapatos procedentes de China se dispararon hasta el 108,15 por ciento, al pasar en dicho periodo de 29,7 millones de pares a los 61,9 antes mencionados. El precio medio por cada par de zapatos chinos importados se sitúa en 3,7 euros. Paralelamente, en los últimos tiempos se han ido destruyendo entre 1.500 y 2.000 empleos anuales en el sector del calzado de Elche y entre 10.000 y 15.000 trabajadores pueden perder sus puestos entre un futuro inmediato.

Si bien el retroceso del sector se inició en la década de los noventa, los problemas alcanzaron su cenit a partir de 2001 y 2002, con la caída de las exportaciones a Estados Unidos tras el 11–S. Ante esta recesión del mercado, firmas históricas como Martínez Valero, que funcionaba desde principio de los años sesenta, cerraron algunas de sus factorías y despidieron a sus trabajadores. En 2003 se tramitaron en las comarcas alicantinas del Vinalopó expedientes de regulación de empleo que afectaron a 60 empresas y 780 trabajadores en localidades como Elche, Aspe, Villena, Monóvar, Elda, Petrer, Sax o Aspe, cuyas economías dependen en gran medida de este sector.

Otro problema es el calzado de marca falsificado, actividad a la que se dedica buena parte de la estructura china. El 13 de enero de 2005, la Policía Local de Elche desmantelaba uno de estos almacenes en la partida de Altabix y quince días después la Policía Nacional detenía en la ciudad a dos empresarios, uno chino y otro español, acusados de distribuir zapatos falsificados, tras hallar en una nave industrial 3.244 pares de estas características. Precisamente las falsificaciones y la competencia desleal por parte de los chinos fueron la causa de las manifestaciones de trabajadores ilicitanos en el polígono Carrús en 2004.

¿De dónde vienen los chinos?

Antes –hasta 2001– los inmigrantes chinos procedían de Taiwan (China Nacionalista), Singapur y Hong–Kong: es decir, las zonas occidentalizadas de China que, o bien fueron colonias europeas hasta hace poco, o bien reagruparon a los oponentes a la revolución comunista de Mao (Taiwan). Habitualmente se dedicaban a la restauración o bien a negocios de import–export, o a tiendas de Todo a 100.

A partir de 2002, irrumpieron otro tipo de chinos: los continentales, procedentes del gigante chino en fase de evolución hacia un capitalismo tutelado por el Partido Comunista. Estos últimos entran a través de Yugoslavia (país que se venga de Europa por los bombardeos de la OTAN aceptando la llegada de chinos sin visado que luego se desparraman por toda Europa Occidental. Se trata de gentes más conflictivas que los anteriores, han traído sus mafias (las «tríadas») y tienen poca relación con gente de fuera de su comunidad. Habitualmente trabajan para empresas chinas sometidos a horarios infernales y salarios de hambre.

¿Cómo se inició el conflicto de Elche?

Durante los días anteriores a los sucesos circularon por Elche pasquines anónimos convocando una manifestación en contra de las empresas asiáticas instaladas en el Polígono Carrús. La convocatoria no fue comunicada a la Subdelegación de Gobierno de Alicante y tampoco fue secundada por sindicato alguno. Los aproximadamente 300 asistentes iniciales, según la Policía, comenzaron por cortar el tráfico y proferir gritos de «¡chinos fuera!», para luego apostillar «¡Elche se muere!». La crispación fue en aumento y los participantes más exaltados pasaron a la acción, yendo a la treintena de almacenes asiáticos abiertos. No eran muchas las opciones, ya que la mayoría de los encargados habían cerrado en previsión de lo que se avecinaba. Contenedores quemados, dos naves incendiadas y el saqueo de la mercancía de un trailer que proveía a uno de los almacenes fueron el resultado de la revuelta ciudadana.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Alicante: la provincia mártir (I de III) Dos inmigraciones, dos orígenes, un conflicto

Infokrisis.- Dentro de poco el 25% de la población alicantina será inmigrante. Los alicantinos tienen pocos motivos para ser optimistas: en apenas nueve años la inmigración ha crecido un 900% en toda la provincia. Buena parte de la ciudad de Alicante tiene un rostro extraño. Alicante es la tercera provincia con más inmigración de toda España y la que tiene un crecimiento más rápido. Las perspectivas son extremadamente sombrías ante la crisis económica.


Alicante-Elche es la octava aglomeración demográfica en España (con 748.565 habitantes) y la provincia de Alicante la quinta con 1.825.264 habitantes… sin embargo es la tercera de España en número de inmigrantes. En el tercer trimestre de 2008, la provincia de Alicante se configuró como la primera en aumento de la población inmigrante según los datos del Observatorio Permanente de la Inmigración. Es evidente que existe un desequilibrio que va a condicionar el futuro de la provincia.

Alicante: en vanguardia de la inmigración

En los meses de julio, agosto y septiembre, a pesar de la crisis, se otorgaron 105.735 permisos de residencia, de los que 15.866 estaban localizados en la Comunidad Valenciana, por delante incluso de Madrid y Catalunya. En apenas un año, 65.768 inmigrantes con permiso de residencia se han instalado en las tres provincias valencianas. Alicante es la provincia que registraba el mayor número de inmigrantes legales en septiembre de 2008: 267.975, a los que hay que sumar un número indeterminado –pero, en cualquier caso, algo- de ilegales entre empadronados y no empadronados, posiblemente en torno a los 60-70.000. A principios de 2008 residían 41.000 ilegales empadronados en la provincia: el 40% del total de los empadronados en la Comunidad Valenciana.

Las cifras dadas por Rafael Blasco, conseller de inmigración de la Comunidad Valenciana, son espectaculares: esta comunidad alberga hoy a 839.224 extranjeros “empadronados”, de los que casi 300.000 son ilegales. Lamentablemente, el conseller no quiso alarmar a la población y evitó dar el número de ilegales no empadronados o cuyo empadronamiento ha caducado (cada año los extranjeros deben renovar su empadronamiento, algo que una parte importante ignora). Por tanto, es más que probable que los extranjeros legales, ilegales empadronados e ilegales no empadronados, asciendan a un millón. La edad media de estos inmigrantes se sitúa en los 37 años.

Lejos de estabilizarse o disminuir a causa de la crisis y de la recesión económica los inmigrantes siguen afluyendo a la provincia de Alicante. Rafael Blasco no se alarma (aunque tendría razones para ello): “Nuestra Comunitat es una tierra de oportunidades y acogida. Resulta indudable que los inmigrantes eligen, cada vez más, nuestra región para vivir y prosperar”, declaró en a principios de octubre.

Pero la provincia de Alicante tiene otra característica: aún hoy es una provincia de destino de las migraciones en el interior del Estado. En la provincia de Alicante residen más de 88.000 andaluces, 74.000 manchegos, 51.000 murcianos y 41.000 madrileños, y existen 11 asociaciones y centros. Entre ellos componen el total de más de 352.000 ciudadanos españoles de otras comunidades que han cambiado su lugar de residencia. Sin embargo, son pocos los alicantinos que residen en otras autonomías del Estado. Así pues, si tenemos en cuenta que la población total de la provincia es de 1.783.555 habitantes, al deducir 350.000 inmigrantes y los 352.000 ciudadanos de otras provincias españolas, veremos que Alicante es una provincia con casi la mitad de nacidos fuera. Está claro que la inmigración española y la procedente de la UE (excluida, hasta ahora, la comunidad gitana rumana) no crean problemas, pero el nivel de desarraigo en esa provincia es excesivo y genera evidentes desequilibrios.

Entre 1996 y 2008 la población inmigrante aumentó un 800% en la provincia de Alicante y, especialmente en la capital. Las barriadas del Carmen (las antiguas Mil Viviendas), Virgen del Remedio y San Agustín han llegado en ese período incrementos de residentes extranjeros del 5.000%. La zona norte de la ciudad de la Alicante es un gueto inmigrante. En Colonia Requena y Cuatrocientas Viviendas hay crecimientos superiores al 3.000%, Sidi Ifni, Nou Alacant y Ciudad de Asís experimentan un aumento superior al 2.000%, mientras que Carolinas Altas, Campoamor, Los Ángeles, Altozano, la zona de Conde Lumiares, el Garbinet, Carolinas Bajas, Juan XXIII y Ciudad Jardín, han registrado aumentos superiores al 1.000% desde 1997. Los otros dos barrios que menores aumentos han experimentado son la Albufereta y Cabo Huertas, que albergan a población extranjera de origen europeo. Los barrios del centro de la ciudad de Alicante se han visto enormemente degradados, habiendo denunciado algunos comerciantes procesos de “limpieza étnica”.

Aumenta la inmigración conflictiva, disminuye la europea

Las perspectivas son sombrías para la provincia de Alicante en materia de inmigración. El Anuario CeiMigra preveía en 2007 que el 25% de la población de la región será inmigrante… pero el anuario evita –acaso por desconocerlo- explicar que lo que variará extraordinariamente será la composición nacional de los colectivos inmigrantes. Y este es el aspecto más grave del problema.

En efecto, hasta ahora ingleses, alemanes y holandeses jubilados constituían el mayor contingente de la inmigración en la provincia de Alicante. Se trata de una inmigración que no “crea problemas”: al establecerse en la provincia han estimulado el movimiento económico (una pensión media inglesa es de 3.000 euros), no han generado deudas (habitualmente, compran sus casas al contado) y han estimulado el sector de la construcción como en ninguna otra provincia creando urbanizaciones enteras en la comarcas de la costa. Pero eso flujo de inmigrantes ya se ha acabado.

A partir de 2004 ya era evidente que este flujo –que alcanzó entre 2001 y 2002 su período álgido- estaba disminuyendo. Los precios se habían encarecido extraordinariamente. Hasta entonces, el precio de un chalet en la costa se situaba en torno a los 25-30.000.000 de las antiguas pesetas. A un inglés le bastaba con vender su plaza de parking en Londres para adquirirlo. Pero a partir de 2001 se produje una revaloración del euro en relación a la libra esterlina, con lo que el precio en libras iba creciendo, al tiempo que también aumentaba el precio del propio chalet.

Además, a partir de 2002 empezó a advertirse un aumento de la delincuencia en las comarcas de Alicante. Los jubilados extranjeros que venían en busca de sol y tranquilidad, se encontraron con que en el pack encerraba también una inseguridad creciente. Además, promotores poco escrupulosos que vendieron chalets sin célula de habitabilidad o completamente ilegales. Al mismo tiempo, desde la implantación del euro, toda España asistió a un proceso inflacionista que en pocos meses encareció los bienes básicos.

A esto se sumó otra problema: “pacificada” a partir de los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia en 1998, la zona costera del Adriático de la antigua Yugoslavia, los promotores inmobiliarios vieron en las islas del Adriático, pertenecientes a Croacia, un nuevo horizonte para los jubilados europeos: en efecto, un chalet de similares dimensiones en una isla del Adriático costaba 5 veces menos que en las costas alicantinas. A lo que había que sumar que el coste de la vida era allí un 50% más barato que en Alicante. Es evidente, con estos datos en la mano, que el flujo de jubilados europeos se ha detenido para siempre.

Así mismo, la inmigración polaca, numerosa en Alicante hasta 2005, empezó a descender y hoy es prácticamente inapreciable. Se trataba de una inmigración con buena capacitación laboral. En algunos pueblos del interior, entre 2002 y 2003, los polacos sustituyeron a los marroquíes que eran percibidos como “conflictivos” por los agricultores. El hecho de los polacos fueran mayoritariamente católicos y participaran en las ceremonias religiosas tradicionales los hizo muy apreciados en toda la provincia.

Así pues, hay una inmigración que disminuye en Alicante: la de origen europeo. Paralelamente, hay otra inmigración que aumenta: la de origen andino y, especialmente la magrebí.

Es evidente que los datos que considera CeiMigra ignoran este hecho básico: aumenta la inmigración que está separada por una brecha cultural y antropológica y disminuye la inmigración que pertenece a nuestro ámbito cultural y geopolítico, Europa. Dicho con palabras más descarnadas: aumenta la inmigración poco cualificada y sin posibilidades de insertarse en el mercado laboral, y disminuye la inmigración cuya mera presencia ha generado movimiento económico y riqueza. La perspectiva, de la provincia de Alicante, por tanto, no puede ser más sombría. Y, hay que decir que se trata de un caso único que tiene, solamente, ciertas similitudes con Canarias y Baleares, donde también empieza a disminuir la inmigración europea y aumenta la “conflictiva”.

La hipótesis de trabajo con la que se mueve CeiMigra es correcta: en los próximos ocho años se producirán 600.000 nuevos asentamientos de inmigrantes en la Comunidad Valenciana de los que la mitad se asentarán en Alicante, pero, en su inmensa mayoría serán subsaharianos, magrebíes y andinos. Según esto, en 2017, el 25% de la población de Alicante (y, por extensión de la Comunidad Valenciana) será extranjero. Pero esta proporción es posible que se alcance mucho antes: pues los datos que maneja CeiMigra son los ofrecidos por el gobierno… y, por tanto, erróneos, pues ignoran la existencia de entre un 15 y un 20% de ilegales no empadronados. 

El estudio tampoco tiene en cuenta que la natalidad de los alicantinos autóctonos está en declive, mientras que la de magrebíes y andinos es explosiva. Ya hoy, en  San Fulgencio, Llíber, Rojales, Benitachell, Algorfa, Alcalí, Benijófar, San Miguel de Salinas y Teulada, los nacimientos de estos grupos étnicos son superiores a los españoles. Así pues, introduciendo estas rectificaciones –tasa demográfica e ilegales no empadronados- se llega a la conclusión de que entre el 2011 y el 2012 uno de cada cuatro residentes en Alicante sea inmigrante.

También es significativo que de los 1.000 millones de euros que movieron en 2007 los inmigrantes en el mercado inmobiliario de la Comunidad Valenciana, 675 correspondan a la provincia de Alicante… en un momento en el que las compras de viviendas por parte de jubilados de la UE ya se había ralentizada. En 2007, 4.700 viviendas fueron vendidas a ciudadanos extranjeros. Habrá que ver cómo afectan el paro y la crisis al pago de las hipotecas firmadas demasiado alegremente. Esta cifra suponía el 18% de las ventas de pisos a extranjeros de toda España.

Todos estos datos confirman la impresión de que, en las actuales circunstancias, la provincia de Alicante es insostenible y camina a pasos agigantados hacia un conflicto que será a la vez étnico, económico y social. Se podía haber previsto a partir de 2001, se podían haber tomado medidas a partir de 2004 cuando estallaron los incidentes en el Polígono Carrús de Elche y cuando resultó evidente que la deslocalización iba a masacrar a la industria provincial. No se hizo nada: ahora toda aguardar las consecuencias más deletéreas. El umbral de la inviabilidad ya se ha alcanzado.

Alicante ciudad: los guetos se extienden


La capital de la provincia es una de las ciudades con mayor índice de inmigración de toda España. Además, la inmigración ésta concentrada en algunos barrios. Los que un día fueron barrios de trabajadores alicantinos son hoy verdaderos guetos de inmigrantes: en especial el núcleo histórico de la ciudad y algunas barriadas periféricas. Los problemas generados están multiplicándose: deterioro de la convivencia, deterioro urbano y marginación.

Al igual que ha ocurrido en toda Europa, el proceso de “guetización” de los barrios alicantinos ha sido acelerado: unas pocas familias, habitualmente, magrebíes, instaladas en un barrio concreto, operaban el mismo fenómeno que en París o Berlín, en Roma o en Londres: a la vista de los recién llegados, se iniciaba un traslado masivo de familias autóctonas hacia nuevas urbanizaciones. Los huecos generados eran rápidamente cubiertos por más inmigrantes, lo que hacía que el fenómeno se acelerara y que, en tiempos record, apenas cinco años, el paisaje de muchos barrios alicantinos haya cambiado radicalmente.

En la actualidad viven en la ciudad de Alicante entre 45 y 50.000 inmigrantes (entre legales, ilegales empadronados e ilegales no empadronados), lo que representa un 15% del total de la población. Mientras la población autóctona –según un estudio de la Universidad de Alicante- apenas había crecido a partir de 1996, la inmigrante había aumentado en un 900%.

El gobierno municipal (en manos del PP) no supo o no quiso hacer absolutamente nada para poner alto y prever estas modificaciones en la sociología de la ciudad. A fin de cuentas, muchos concejales estaban vinculados a promotoras e inmobiliarias que veían con muy buenos ojos, el baile de compra y venta de viviendas y la bajada del precio de la mano de obra. Esto ha generado una “segregación espacial” que ha terminado acentuando la degradación de determinados barrios de la ciudad.

En dicho estudio de la Universidad de Alicante, se hacía constar que “en 1997, las tres barriadas que recogían a un mayor número de extranjeros se situaban precisamente en la zona de playas: Playa de San Juan (5,3%), Albufereta (7,5%) y Cabo Huertas (5%)”. Se trataba, por supuesto de una población mayoritariamente europea y con elevada capacidad adquisitiva. Pero en 2005 este panorama había cambiado radicalmente: las zonas periféricas de la ciudad –junto al núcleo histórico- albergan al grueso de inmigrantes, en buena medida ilegales, que viven del trabajo negro o bien legales con sueldos limitados. En 2005, los barrios de Colonia Requena, con un 35% de población extranjera, Virgen del Remedio, con un 21,8%, o Juan XXIII, 18,5%, estaban convirtiéndose en verdaderos guetos. Pero hay más. Barrios como Virgen del Carmen, Virgen del Remedio y San Agustín han experimentado crecimientos de su población inmigrante entre 1996 y 2005 superiores al 4.000%; Colonia Requena y Cuatrocientas Viviendas registraron crecimientos superiores a los 3.000%... ¡Se trata de cifras record en Europa! En ninguna ciudad europea el proceso de “guetización” se ha producido de manera tan acelerada y con tanta profundidad.

Y el ayuntamiento, a todo esto, callado ante una ciudad sociológicamente cada vez más inviable.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

El voto inmigrante no será crucial en 2011… pero sí en 2019

Infokrisis.- El voto de inmigrantes en las próximas elecciones municipales podrá provocar un vuelco electoral sin precedentes: el número de extranjeros que podrán votar en las elecciones municipales de 2011 se duplicará respecto a 2008. Y no será un voto gratuito: nos costará dinero a todos…

El diario ABC, fue el primer medio que advirtió en diciembre lo que nosotros estamos proclamando desde el número 1 de IdentidaD, a saber, que el voto de inmigrantes en la próximas elecciones municipales podrá provocar un vuelco electoral sin precedentes a la vista del incremento del número de extranjeros que podrán votar en las elecciones municipales del 2011.

En efecto, hasta 2008 eran 1.183.496 los inmigrantes que podían ejercer su derecho al voto. En 2012 (si es que la agonía del zapaterismo llega a completar la legislatura) esta cifra se duplicará. Un año antes, en 2011, tendrán lugar las elecciones municipales y 2.250.000 votos procedentes de la inmigración pueden alterar el panorama de muchos ayuntamientos y comunidades autónomas e incluso del mismo Estado.

En las próximas convocatorias electorales, así pues, estarán presentes 600.000 inmigrantes procedentes de países con los que España en los últimos años con los que España ha firmado un convenio de reciprocidad (Colombia, Perú, Islandia, Trinidad y Tobago, Ecuador, Cabo Verde, Chile, Paraguay y Nueva Zelanda). A eso se unen 800.000 rumanos y búlgaros, miembros de pleno derecho de la UE y… ¡oh, maravilla de maravillas! 500.000 hijos y nietos de exiliados que, según la Ley de Memoria Histórica, pueden pedir la nacionalidad española a pesar de no haber pisado jamás España.

Es evidente que el gobierno Zapatero tiene la creencia de que buena parte de todo este contingente les va a votar a ellos, algo evidente en lo que se refiere a los hijos y nietos de la “memoria histórica”, pero no tan claro en lo relativo a los rumanos y búlgaros. Por otra parte, en la actualidad hay más de 500.000 ciudadanos que se durmieron como inmigrantes y que se levantaron como ciudadanos españoles de pleno derecho. Resulta muy difícil saber exactamente si se trata de ciudadanos “integrados” en la sociedad española o simplemente “beneficiarios” de una decisión administrativo y que, siguen identificándose con su país y con sus tradiciones de origen.

PRUNE: la quimera del voto

Mucho más claro lo deben tener los miembros del Partido Renacimiento y Unión de España, PRUNE, salido a la luz pública el pasado mes de noviembre en la emblemática ciudad de Granda. Se trata de un partido islámico que busca el voto inmigrante irrumpirá en las municipales de 2011 para, al menos, plantar la semilla. «Algún día uno de nosotros será alcalde... o ministro», dijo uno de sus portavoces.

Los objetivos del partido son encomiables: afirman buscar sólo la "regeneración moral y ética" de la sociedad española (que falta hace, por cierto). En el futuro pintado por el PRUNE "no tendrán cabida las prácticas usureras en las transacciones comerciales y el interés bancario" y sí "todo aquello que contribuya a la consecución de alcanzar las más altas cotas de participación de la ciudadanía, especialmente los desfavorecidos, en todos los ámbitos de decisión política", con un "absoluto respeto" a la Constitución Española. Lo dicho, encomiables propuestas con las que nadie en sus cabales disentiría, salvo con el espinoso problema de la religión…

En declaraciones a la prensa, su presidente, Mostafa Bakkach El Aamrani, señaló que el PRUNE no es un partido musulmán o islámico, sino que está abierto a "todo el mundo" y especialmente pretende “dar voz a los marginados”, inmigrantes y no inmigrantes.

A pesar de haberse presentado en sociedad en Granada –última capital del reino nazarí- el núcleo originario del partido irradió desde Asturias y afirma estar en vías de constitución delegaciones en Madrid, Barcelona y Valencia, con vistas a presentar candidaturas en las próximas municipales.

Mostafa Bakkach declaró también que el PRUNE no está vinculado a ningún país extranjero a España ni a ningún movimiento religioso, puesto que ha sido constituido por todo tipo de personas con el objetivo de "contribuir democráticamente a la determinación de la política nacional y a la formación de la voluntad política de los ciudadanos". El símbolo del partido es un globo terráqueo que contiene las siglas del partido y del que emergen cinco figuras humanas, un símbolo casi zapateriano.

El viernes 23 de octubre el PRUNE publicó el primer número de su boletín La Ruta, domiciliado en Granada. En las primeras líneas del boletín podía leerse una proclama que empezaba así: “Somos ciudadanos españoles, nuestro país es España, y nuestra constitución es la constitución española, así somos ciudadanos de derecho y hecho, ni de la primera categoría ni de la segunda”. En el mismo boletín se reconocía al Islam “como fuente de principios”, afirmándose que “El PRUNE tendrá en cuenta al Islam en su actuación política, considerándolo como factor determinante para la regeneración moral y ética de la sociedad española”...

En dicho boletín el PRUNE se aferra a la ignorante declaración zapateriana de “España país de las tres culturales”, de ahí que consideren a “España como un estado multiétnico” y reconozcan que los fundadores son inmigrantes nacionalizados españoles. El siguiente artículo comenta los “Hoy os voy a hablar de nuestros problemas como comunidad musulmana en Asturias”: falta un cementerio islámico, ése es todo el problema…

¿Marroquíes en la vida política española?

La iniciativa del PRUNE no es única. La comunidad marroquí inmigrante se está moviendo en los últimos meses. El pasado 13 de noviembre, en Barcelona, distintas asociaciones marroquíes denunciaron las "dificultades" que encuentran cuando intentan participar en la vida política española y pidieron "imparcialidad" a las administraciones e instituciones españolas.

Los reunidos miembros de 55 asociaciones participaban en la primera jornada del II Congreso de Entidades Marroquíes de Cataluña, que impulsan 25 entidades de inmigrantes marroquíes, entre ellas La Llum del Nord, Adib Biladi, Atimca, Averroes y Alkantara. El objetivo del congreso era "superar el objetivo fundacional de las asociaciones de inmigrantes marroquíes, que se han dedicado a dar asistencia laboral, legal y social", e iniciar una nueva fase "en el que las entidades tienen que jugar un papel más activo dentro de la sociedad catalana", según comunicó a los medios el portavoz de La Llum del Nord, Ahmed Benallal quien añadió: "Los catalanes de origen marroquíes tienen que superar el victimismo y empezar a participar en la política activa".

Benallal denunció que las administraciones españolas "dificultan" el acceso de los inmigrantes a la política activa "porque no son imparciales"… Ellos tampoco deben serlo a la vista de que la otra gran asociación de inmigrantes marroquíes, Ibn Batuta, no estuvo presente en el congreso. Ibn Batuta boicoteó la primera edición creando una federación de asociaciones rival a la que convocaba estar jornadas y vinculada directamente al régimen de Marruecos y, concretamente a su ministerio del interior.

Todas estas declaraciones son excesivamente gratuitas como para no recordar que en España, todos los partidos políticos han colocado a candidatos de origen inmigrante en sus listas. Desde el PSC-PSOE hasta el PP y CiU, con la esperanza de atraer el voto marroquí. De todas formas, las declaraciones de todas estas asociaciones marroquíes contrastan con la realidad de la participación política magrebí en las distintas políticas de los países europeos en donde tienen fuertes contingentes de inmigrantes y que puede ser calificada con una sola palabra: nula.

Tanto en Alemania, como en Francia, como en el Reino Unido o en Holanda, la inmigración magrebí tradicionalmente se inhibe de la política de cada país, como si eso no fuera con ellos. En cuanto a las asociaciones magrebíes en Europa su única función consiste en reclamar más y más fondos para la “integración”, y por supuesto, para garantizar los sueldos de sus liberados y el mantenimiento de sus locales.

Desde el primer número de IdentidaD siempre hemos sostenido que los inmigrantes magrebíes no están en absoluto interesados en la política de los países europeos y se inhiben sistemáticamente. La realidad siempre nos ha dado la razón. Las declaraciones de los inmigrantes marroquíes presentes en el Congreso de Entidades Marroquíes en Catalunya pueden hacer creer que existe un “clamor” de participación política en la comunidad inmigrante… algo que no ha ocurrido en ningún país europeo y que tampoco ocurre en España. Detrás de estas proclamas lo único que existe es el afán de captar fondos y subsidios de la Generalitat. ¿Le extraña a alguien?

El problema de fondo de la inmigración en Europa


Inicialmente, diversos factores en los años 80 hicieron que las izquierdas europeas pensaran en la importación de inmigrantes para compensar las pérdidas electorales que estaban sufriendo e sus bases electorales. La inmigración sustituiría al proletariado europeo.

Por otra parte, desde el gobierno, izquierdas y derechas comprobaron que la llegada masiva de inmigrantes hacía aumentar el PIB, no tanto porque creaba riqueza –que no la creaba- como porque su mera presencia generaba mayor movimiento económico. Además, la inmigración, una vez instalada en Europa, parecía interesarse poco por la política (una bendición para la clase política). Mientras los europeos solían participar y opinar con criterio, los recién llegados se contentaban solamente con pedir “subsidios para la integración”. Y era presumible que sus hijos serían tan sumisos como sus padres y, de paso, resolverían la crepuscular demografía europea con generaciones de sumisos que jamás se interesarían por la universidad ni, por tanto, aspirarían a puestos dirigentes…

Diez años después, todo esto se empezaba a torcer: parte de la población europea empezaba a estar alarmada. La inmigración no se integraba, creaba guetos a partir de barrios en los que su presencia masiva hizo imposible la convivencia y se produjeron fenómenos de limpieza étnica que literalmente vaciaron zonas enteras de las grandes ciudades. Pronto, los inmigrantes, especialmente magrebíes y andinos, empezaron a entender que la progresía europea tenía un complejo de culpabilidad (motivado por la colonización) que podían explotar en su beneficio. Así la inmigración pasó a estar subsidiada. Bastaba que un inmigrante pusiera delante de un progre la zanahoria de la integración para que éste entrara al trapo y ofreciera más y más subsidios. Esta fiebre terminó afectando también a la derecha.

Bruscamente, la intifada de noviembre del 2005 en Francia, marcó la llegada al punto sin retorno: los inmigrantes, ni se integraban, ni se adaptaban a Europa… era Europa la que debía de adaptarse a ellos, ¿cómo? Con mayores subsidios. Francia, en este terreno ha llegado a subsidiar a familias enteras de polígamos subsaharianos con ¡24 hijos! Todo para evitar el estallido étnico-social… El resultado de esta política de concesiones sin contrapartidas ha sido justamente el contrario: estamos en puertas del estallido étnico-social.

El suculento e improbable caladero islámico: 1.300.000 en España

España llegó tarde al festín. Pero en apenas 10 años recuperó años de retraso. Es a partir del “aznarato” cuando empiezan a llegar inmigrantes. El siguiente presidente de gobierno, Zapatero, estaba obsesionado desde el 2000 con el tema de la inmigración, influido por las ideas multiculturalidad y mestizaje, así como por el deletéreo mensajes implícito en los círculos humanistas-universalistas: “debemos caminar hacia un gobierno mundial, con una sola raza, una sola religión mundial, y sin fronteras”, utopía (mejor, distopía) extremadamente difundida por los progresistas que mamaron parte de su formación intelectual en escritos de la New Age.

El resultado de estas políticas ha sido nefasto. Hoy en España hay, como mínimo, 7.000.000 de inmigrantes de los que, aproximadamente, 1.300.000 son musulmanes. A ellos va dirigido principalmente el mensaje del PRUNE y de todos los partidos mayoritarios que cultivan el voto inmigrante. España será una parte importante en… Eurabia.

Los socialistas fueron los primeros en lanzar la idea de conceder el voto al inmigrante. La excentricidad fue sugerida por Jesús Caldera, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Ideas (sic!), a principios de la pasada legislatura y, a partir de julio pasado se está debatiendo con una seriedad pasmosa en los foros socialistas. La idea del “imaginativo” Caldera es que los inmigrantes que residan legalmente y de forma estable en España puedan participar en las elecciones municipales. Caldera cree que “el que da primero da dos veces” y que la “derechona” no se atreverá a votar en contra (lo que es probable). Cuenta además con que el Ministerio de Exteriores improvise aprisa y corriendo convenios de reciprocidad con los países implicados

El Artículo 13.2 de la Constitución prevé que «solamente los españoles serán titulares de los derechos reconocidos en el artículo 23 [votar], salvo lo que, atendiendo a criterios de reciprocidad, pueda establecerse por tratado o ley para el derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales». Sin embargo, éste artículo es el único modificado en 1992 a causa de la firma del Tratado de Maastrich, previéndose que los ciudadanos de la Unión Europea residentes en un Estado miembro del que no sean nacionales tendrán derecho a ser electores y elegibles en las elecciones municipales. Para Caldera bastaría modificar ligeramente esta nueva redacción para que el derecho se hiciera extensible a los no comunitarios.

Con la izquierda entusiasmada por esta posibilidad e incluso con una parte del PP (el inefable Gallardón) en la misma sintonía, pocas resistencias deberían producirse si esta nueva reforma se trasladara al parlamento. Pero aún en ese supuesto los problemas no dejan de estar presentes.

El primero de todos es el desequilibrio entre la comunidad marroquí presente en España (un millón de personas) y la comunidad española presente en Marruecos (5.000 personas). Mientras que el voto de un millón si es decisivo, 5.000 votos poco pueden varias. De ahí que la “reciprocidad” no haría sino trasladar ese desequilibrio a la política real.

En segundo lugar, es difícil que la reciprocidad fuera aprobada por el gobierno marroquí. La Asociación de Trabajadores e Inmigrantes Marroquíes en España (Atime) al ser consultados señalaron que lo complicado de esta propuesta: “A los problemas burocráticos hay que añadir un detalle importante: ni siquiera los que residimos aquí podemos votar en las elecciones de Marruecos”.

Hay un último factor que juega en contra de la propuesta lanzada por la Fundación [malas] Ideas. El comportamiento político de los marroquíes en el exilio económico es excepcionalmente crítico con Mohamed VI al que culpan –con razón- de ser el causante de que hayan tenido que abandonar el país. Los 50 imanes formados en Rabat por los expertos de Mohamed VI en operaciones psicológicas, destinados a predicar en España y el mantenimiento de una red de pequeñas asociaciones de inmigrantes sin apenas seguimiento, no auguran nada bueno para el régimen marroquí que sabe perfectamente que los inmigrantes marroquíes pueden llevar la voz de la oposición al interior de los partidos políticos españoles y, por tanto, debilitar su posición. No, Rabat no está mínimamente interesado en “reciprocidades” de ningún tipo.

¿Entonces? Entonces, las posibilidades de que los ciudadanos marroquíes voten en España, siguen siendo muy remotas. Pero el PSOE se contenta con mendigar el voto de los naturalizados españoles: unas cuantas decenas de miles, las suficientes como para desequilibrar el empate técnico entre PP-PSOE o entre CiU-PSC en Barcelona.

Por el momento, en 2011 y 2012 el voto inmigrante no será crucial, pero en las elecciones generales de 2020 y en las municipales de 2019, sí lo serán pues, no en vano, millones de inmigrantes hoy habrán pasado a disfrutar de la nacionalidad española. Ése es el futuro y ésa es la gran tragedia: que las próximas elecciones de 2012 y 2016 serán las últimas en las que el voto de españoles de origen será decisivo para gobernar en España.

¿Qué implica participar en la vida política española?

En la actualidad –hay que recordarlo- las constituciones de España y Marruecos hacen casi inviable que, al menos a corto plazo, vaya a salir adelante un acuerdo para que la comunidad marroquí residente en España vote en las elecciones municipales. Quienes sí tienen derecho a voto son los marroquíes nacionalizados españoles, no los que siguen teniendo la condición de inmigrantes. No parece viable, pues, que en 2011, los inmigrantes marroquíes puedan votar en las elecciones municipales. Ahora bien, los esfuerzos de los distintos partidos políticos españoles –de derechas, de izquierdas y nacionalistas- para integrar en sus listas a exponentes de la comunidad marroquí tienen como objetivo precisamente captar el voto de los nacionalizados.

En este terreno el gobierno tiene una opacidad de datos absoluta. El gobierno no aporta datos sobre “los nuevos españoles” que en los últimos años han obtenido la nacionalidad. En realidad, no es difícil adquirirla: Todo extranjero que resida legalmente en España puede solicitarla. Los asilados políticos con 5 años de residencia en España, los naturales de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal y sefardíes con 2 años de residencia en España; los nacidos en territorio español o casados con un nacional, al 1 año de residencia en España; los nacidos fuera de España, de padre o madre que originalmente hubieran sido españoles, un año de residencia en España; quienes hayan estado sujetos legalmente a la tutela, guarda o acogimiento de un ciudadano o institución españoles, durante dos año consecutivos, incluso si continuaran en esta situación en el momento de la solicitud, les basta con un año de residencia en España, además, por supuesto, y éste es el caso al que se acogen las mayoría de inmigrantes “obtener la nacionalidad por consolidación” que consiste en “adquirirla por la posesión y utilización continuada durante diez años, con buena fe y basada en un título inscrito en el Registro Civil”.

Si tenemos en cuenta que el fenómeno migratorio se inició en 1996-7, a medida que pasa el tiempo cada vez mayor número de inmigrantes tienen la posibilidad de dejar de serlo y adquirir la nacionalidad española. Por ejemplo, si en la actualidad existen 7.000.000 de inmigrantes, en 2019, esa cifra, en su totalidad, ya habrá pasado a ser legalmente españoles. Dicho de otra manera: el problema de la inmigración no es tanto un problema presente como de futuro. Por que en 2019, por alta que sea la tasa de abstención de la inmigración, y aunque se mantengan los mismos criterios para conceder el derecho al voto, dentro de 10 años el potencial de voto de la inmigración equivaldrá en cifras absolutas al porcentaje de votos que hoy tienen el PP o el PSOE. Dicho de otra manera: a partir de ahora, progresivamente, se gobernará por la inmigración y si algún partido quiere ocupar la Moncloa y no tiene mayoría absoluta, ya no deberá de contar con un tercer partido como bisagra, sino con el voto inmigrante que decidirá mayorí
as y minorías. 

Hoy por hoy, la Constitución de 1978 deja la puerta abierta a que los extranjeros de determinados países ejerzan su derecho a voto, siempre que haya reciprocidad por parte de ese otro país, que debe abrir sus urnas a los españoles allí residentes. No es el caso de Marruecos, país que debería llevar a cabo una complicada reforma constitucional ya que en la actualidad impide participar en los comicios a los ciudadanos extranjeros, ya sea como candidatos o como electores. No hay, pues, posibilidades de reciprocidad. Para que este obstáculo se modificara sería precisa una reforma constitucional en Marruecos.

El voto en unas elecciones estaba hasta ahora vinculado a la nacionalidad: votaban solamente los que ostentaban la nacionalidad española, suponiéndose que los ciudadanos de otras nacionalidades estarían vinculados a la suya propia para ejercer un derecho al voto. Esto, que parecía lógico, ha sido reiteradamente torpedeado por las izquierdas europeas a las que, posteriormente se han sumado los partidos de centro y de centro-derecha, más que nada para evitar no perder esos posibles caladeros de votos.

Para colmo de males, el Parlamento Europeo “recomendó” que se concediera el voto a los inmigrantes que ya hoy pueden hacerlo en Irlanda, Bélgica, Holanda o Dinamarca, aun cuando, Marruecos no tiene tratados de reciprocidad suscritos con esos países. Es interesante recalcar que la constitución marroquí no considera la posibilidad de pérdida de la nacionalidad: es decir, un nacido marroquí siempre seguirá siéndolo a pesar de que lleve pasaporta español, francés o belga…

(c) Ernesto Milá - infokrisis - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Aullidos (III). La debilidad sigue matando: 19 muertos más en el Estrecho

Infokrisis.- A menos de una semana después de que ZP se haya negado a comprometerse a no realizar más regularizaciones masivas, 19 personas han muerto en unas de los más trágicos episodios de la inmigración masiva que ha costado incluso la vida a nueve bebés. Pero hay que decirlo bien alto: si esta masacre tiene a un “autor intelectual”, éste es ZP: como decíamos hace tres años, “la debilidad mata”. De hecho, la debilidad y la estupidez siguen matando.

 

La pobreza no genera inmigración

A poco de conocerse la noticia, ZP ha expresado con su más compungida cara de circunstancias, su “dolor” y su idea reiterativa de que la inmigración está fomentada por la pobreza. Ni siente “dolor”, ni la pobreza está detrás de la inmigración. Esta idea reiterativa ya se ha demostrado falsa en muchas ocasiones. Recordamos, sin ir más lejos, cuando en plena crisis de las vallas de Ceuta y Melilla, Jesús Caldera explicó que los que intentaban vulnerar nuestra soberanía e imponer su presencia por la vía del hecho consumado, no se podían contener porque “el salto de las vallas es un problema de pobreza”… Bastó que el comisario europeo Franco Frattini “aflojara” 40 millones de Euros al sátrapa marroquí, para que Mohamed VI al día siguiente la “pobreza” pareciera desaparecer completamente de África a la vista de que, desde entonces, no se han vuelto a producir saltos masivos. Era evidente que esos saltos estaban permitidos por la policía marroquí y, por tanto, por el Mohamed VI para obligar a los “bobos europeos” a que se rascaran los bolsillos.

Ahora la situación se repite de nuevo. Zapatero tiene que ir esta misma semana a Marruecos. En las semanas previas, Mohamed VI ya ha “preparado” el viaje. Primero fueron las avanlanchas de subsaharianos en las aduanas de Ceuta y Melilla, luego el paso franco a las pateras que nuevamente, aprovechando el buen tiempo, volvían a cruzar el Estrecho, ahora ha sido una patera tripulada casi exclusivamente por mujeres y por sus hijos recién nacidos la que va a planear sobre la entrevista Mohamed VI-ZP: “Si tu no me pagas más… los dramas seguirán produciéndose”…

Y Zapatero pagará. Claro que pagará. Pagará en forma de ayuda al desarrollo, pagará en forma de subvenciones a ONGs que enviarán alimentos gratuitos a Marruecos que, una vez llegados, desaparecerán de los circuitos de la beneficencia y reaparecerán en mercados y a la venta, pagará en forma de “acuerdos culturales”, pagará en forma de proyectos de “cooperación”, pagará… es decir, pagaremos todos, pero las comisiones de estas ayudas –¡ah! ¿pero no sabían que todos estos créditos blancos, ayudas y subsidios se firman cuando ya está claro las comisiones que se desvían para todas las partes que las han negociado? ¿acaso creían que los presidentes de gobierno entran por la puerta de La Moncloa con apenas unos ahorrillos y salen cuatro años después convertidos en multimillonarios porque han sabido gestionar sus 5.500 euros mensuales de sueldo?...-

Zapatero lo ignora todo sobre África (de hecho parece ignorarlo todo sobre cualquier cosa, manteniendo un déficit cultural y humano verdaderamente bochornoso para quien ostenta la presidencia del gobierno). Ignora que si bien es cierto que existe hambre en algunas zonas de África, los contingentes migratorios que llegan a Europa ¡no proceden de las zonas hambrientas, sino de las zonas más prósperas! ¿o es que saben de algún tripulante de patera que proceda de Darfur o de los campos de refugiados del Zaire…? No, de hecho, lo que sorprende, es que quienes sobreviven tienen aspecto de estar bien alimentados y de haber podido pagar los 2.500 euros que cuesta la travesía y que incluyen un completo servicio de orientación cuando logran alcanzar la península en todo lo relativo a abogados, derechos, repartos gratuitos de bocadillos, centros de asistencia social, ONGs de apoyo, etc.

El sueño aficano

Si no es la pobreza ¿qué es lo que impulsa a los subsaharianos hacia Europa? Hay varios motivos. África –lo hemos dicho frecuentemente- muere de SIDA, hambrunas cíclicas, desgobierno, dictaduras, epidemias y guerras civiles. ‘Africa es el continente desestructrado por excelencia. Nada funciona buen en África. Y, por supuesto, ni hay asistencia social, ni mucho menos sanidad digna de tal nombre. De hecho, no hay ni siquiera gobiernos que merezcan este nombre y, por no haber, tampoco hay “Estados”. Hay dictadores y tribus, que no es lo mismo.

El modelo “africano” es Samuel Etóo: un tipo que rompe cada mes un Mercedes nuevo o un Porsche y que ha logrado ser respetado por los “blancos” y aplaudido con sólo dar patadas a un balón. Zidane y Etóo son los dos grandes ídolos africanos. Todos los jóvenes quieren ser como ellos. Y sus madres están dispuestas a ponerlos en la recta de ese sueño africano, llevándolos a Europa.

En África el nivel de SIDA es insoportable y en una generación habrá mermado el continente. Aún así, en Sudáfrica no solamente no se adoptan medidas para paliar una epidemia que alcanza al 17% de la población (en Malí es el doble) e incluso se desaconsejan los preservativos para mantener relaciones sexuales. Y no lo desaconseja el brujo de la tribu… sino el ministro de sanidad. Así pues, la crisis sanitaria es irremediable en toda África. Las ONGs europeas ni tienen suficientes voluntarios, ni es el caso, como para tener cerca de todas las parejas que hagan el amor a un “observador” dispuesto a colocarles el preservativo… Ellos deberían poner también algo de su parte.

En África han comprobado además algo que los magrebíes conocen desde hace cuarenta años: los beneficios de la victimización. Saben que en Europa hay gente lo suficientemente boba como para darles todo aquello que pidan sin exigirles nada a cambio. Y eso no es desprendimiento, es, lo repetimos, estupidez. Contra más des, más vendrán en busca del cargo-cult en forma de progre y humanitarista europeo. Vienen a trabajar, claro, pero también a buscar la sopa boba. Y en ello incluimos a las pobres madres que han perdido a su hijo en la patera de Málaga.

Sí, ellas también son culpables. Saben –y lo saben porque las mafias de la inmigración se lo han dicho y, en esto, no les han mentido- que si llegan a Europa con un niño menor de edad, es absolutamente imposible que las expulsen. Repito: absolutamente imposible. Lo lógico sería lo contrario: repatriarlas en las mejores condiciones posibles para evitar que otras mujeres –y en África hay millones de madres como éstas- se decidan a lanzarse a la aventura. Contra más se lancen –es un problema matemático- más morirán en el Estrecho, ellas y/o sus hijos.

Zapatero autor intelectual de la masacre

Pero hay algo más. Todo esta sucesión de muertes absurdas en el Estrecho tiene a un responsable intelectual: el que ha elaborado la teoría que sensibiliza los corazones de los europeos y que no tienen nada que ver con la realidad. El autor intelectual y gran responsable de las muertes en el Estrecho es José Luís Rodríguez Zapatero.

Como todo progre europeo, Zapatero siente una especie de complejo de superioridad respecto a África y a los africanos. Piensa que el destino de estos es vivir como europeos, según los estándares europeos. Si no, la situación de los africanos es “injusta” y de “pobreza”. Pero África no es Europa. El África interior vive en unas condiciones más parecidas al neolítico que a la modernidad. En las zonas de costa, se ha intentado transplantar los estándares de vida occidentales. He visto en cabañas de Lobito y en chozas de Nuachkot, televisores con antena parabólica colocados en el único mueble del habitáculo: una mesa que más parecía ser un altar sobre el que se rendía culto a la TV.

En África, por lo demás, no existe la familia, sino la tribu. La promiscuidad habitual en las relaciones sexuales hace que cada varón tenga relaciones con un cierto número de mujeres que, a su vez, desconocen a ciencia cierta quien es el padre de sus hijos. No será el padre el que los eduque, sino que esta educación es asumida por la tribu. Además, al tratarse en buena medida de zunas rurales, existe una facilidad para acceder a los alimentos básicos. El estilo de vida africano es diferente al europeo y solamente un progre ignorante como ZP puede pensar que para los africanos el mejor estilo de vida no es el suyo… sino el occidental. En esto demuestra su “occidentalocentrismo” y su desprecio por las tradiciones culturales y antropológicas africanas.

Además ZP es un fanático del “mestizaje”, del “multiculturalismo” y de la “sociedad multiétnica”, así que necesita más y más inmigración para seguir poniendo en práctica su magna obra de “ingeniería social”. Es incluso probable que como algunos descerebrados, piense que la mezcla étnica terminará creando una “raza humana mestiza” (lo que algún pensador mexicano llamaba “raza cósmica”) que erradicará por completo la existencia del racismo y de las desigualdades étnicas, conservando lo mejor de cada raza. Esto recuerda aquel chiste contado sobre Bernard Shaw cuando una dama hermosa pero limitada en su intelecto le pidió tener relaciones sexuales para poder alumbrar un hijo “con mi belleza y su talento”, a lo que Shaw repuso: “¿Y qué ocurriría si sale con mi belleza y su talento?”. El chiste es aplicable a las concepciones que ZP se debe forjar sobre etnología y cultura. Por algún motivo, el mestizaje siempre termina resaltando los valores más negativos de los grupos étnicos originarios.

La debilidad mata

El drama –y es un drama en cuanto que muere gente- es que ZP intelectualmente es un cero a la izquierda. Los conceptos que maneja en todos los órdenes (salvo quizás como profesor de derecho) son extremadamente rudimentarios y toscos, así que no hay esperanzas de que entienda la naturaleza del problema. Y el problema es que la debilidad mata.

Si hace cinco años ZP hubiera repatriado por vía de urgencia a todo inmigrante ilegal que arribase a nuestras costas, haría ya cinco años que el problema de la inmigración suicida mediante pateras y caducos se habría terminado. En lugar de eso, ha preferido pontificar como progre buenista que es, sobre la pobreza, sobre el hambre en África, sobre los derechos humanos… y así el “efecto llamada” de 2005, en lugar de disiparse, se ha centuplicado. Es evidente que en ningún poblado africano, nadie pagaría 2.500 euros a las mafias para emprender una aventura que inevitablemente costaría la muerte o la repatriación. Pero, dado que dos terceras partes de los ilegales llegados en cayuco, logran su objetivo y se establecen en suelo español, la aventura suicida prosigue (las mafias evitan hablar de los muertos en el mar) y cada vez más africanos vienen en busca de su sopa boba o dispuestos a transformar a sus hijos recién nacidos en Ronaldinhos, Etóos o Zinades.

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Es con una mezcla de dolor y náusea que escribimos estas líneas. Dolor porque ningún ser humano puede permanecer insensible ante una tragedia que se lleva 19 vidas de las que 9 corresponden a bebés. Y náusea porque se trata de muertos tan inútiles como evitables. Se ignora cuánta gente se ha ahogado en estas aventuras. Hace tres años la Guardia Civil aludió a 3.000, mientras que otras fuentes añaden un cero a la cifra. Es posible. Pero aunque fueran 300 la cosa no cambiaría mucho: ninguno de los supervivientes logrará jamás insertarse en el mercado de trabajo español (en el supuesto de que hayan venido con esa intención y no con la mucho más simple de tener la convicción de que en España atan los perros con longaniza y el Estado lo subsidia todo), en estos tiempos de crisis, los supervivientes lograrán sobrevivir a costa de sobrecargar más y más nuestro gasto social que ya, desde hace una década, va a parar casi íntegramente a la inmigración. Pero también aquí hay pobres y también aquí hay necesitados autóctonos que parecen ser pobres de segunda división. Y ahora, con la crisis a cuestas ¿los proyectos de ingeniería social de ZP son viables? Ni son viables, ni tienen interés racional, son simplemente ensoñaciones de un bobalicón con cuatro ideas progresistas mal aprendidas y peor engarzadas, pero lo suficientemente fanático e inconsciente como para ponerlas en práctica. A pesar de que lo de “intelectual” le cuadre poco a ZP, lo cierto es que él es el único “autor intelectual” de las muertes en el Estrecho.

© Ernesto Milá – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es  http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 

 

La pretendida “dureza” de la UE en materia de inmigración se queda en cero

Infokrisis.- ZP rompe el consenso europeo.Gracias a ZP, el plan francés para contener la inmigración ha quedado descafeinado y ha ganado en una ambigüedad que le restará toda eficacia. Antes, los cánceres de cada nación afectaban sólo a esa nación, pero con la UE un cáncer nacido en cualquier país europeo puede afectar a la totalidad de la UE. Los ciudadanos españoles podemos avergonzarnos de que nuestro presidente haya descafeinado el Pacto Europeo de Inmigración y Asilo convirtiéndolo en un documento prácticamente inútil: ni “pacto de integración”, ni “condena a las regularizaciones masivas” estarán presentes.

 

El Pacto Europeo de Inmigración y Asilo, que ha sido acordado por Francia, España y Alemania, fue profundamente modificado respecto al borrador que presentó el Gobierno francés. Se han eliminado o suavizado sus aristas más agudas. Éstas suponían una condena a la política de regularizaciones masivas (y, por tanto, a la realizada por ZP en 2005) y una defensa del contrato de integración (propuesto por el PP en su última campaña electoral).

La ambigüedad presidiendo el Pacto

En el texto del Pacto las regularizaciones no se prohíben… es más, el texto, de ser claro, ha pasado a ser lo suficientemente ambiguo como para que cada país lo interprete a su gusto. Se habla de que la UE admitirá “regularizaciones caso por caso”, añadiéndose que estas regularizaciones masivas no serán sólo por “motivos humanitarios”, sino también por “razones económicas”.

En cuanto al “contrato de integración” pasa a ser sustituido por una ambigua declaración en la que se alude al "equilibrio de derechos y deberes de los inmigrantes". Se dice algo tan evidente como que los inmigrantes tienen como única obligación el "respeto a las leyes del país de acogida". También aquí se ha rebajado el listón obligando solamente a los Estados tomar medidas para "favorecer el aprendizaje de la lengua [por los inmigrantes] y su acceso al empleo".

En el preámbulo del documento se incluyen frases inspiradas por ZP: "La hipótesis de una inmigración cero parece irrealista y peligrosa”, o esta otra: “Las migraciones contribuyen al crecimiento económico de la Unión Europea y de Estados que las necesitan por su situación demográfica y su mercado de trabajo”.

De las antiguas resistencias a la inmigración masiva solamente quedan estos fragmentos: “[...] La UE no tiene medios para acoger dignamente a todos los inmigrantes que buscan una vida mejor. Una inmigración mal controlada puede atentar contra la cohesión social de los países de acogida"… sin embargo, es evidente que las medidas contenidas en el Pacto no van a contribuir a “controlar” la inmigración. Es incluso dudoso que sirvan incluso para atenuarla.

Un documento frustrado

Es evidente que, por sí mismo, ZP no tiene fuerza, prestigio y argumentos suficientes como para imponer nada a la UE y mucho menos a la vista del desastre que ha constituido su política de inmigración. Entonces ¿por qué Francia ha transigido?

La derecha gobierna en Francia y en Alemania (los interlocutores de España en las negociaciones sobre este Pacto) y, especialmente en el primer país, ha subido al poder con un programa claramente anti-inmigracionista. Pero el volumen de los inmigrantes residentes en Francia y la acumulación de errores anteriores de la política gala en esta materia han contribuido a que la situación en los suburbios poblados por inmigrantes sea altamente explosiva y cualquier chispa pueda prenderlos de nuevo. Sarkozy no ha puesto toda la carne en el asador en esta materia para un nuevo estallido en las banlieus. De cara a su electorado, Sarkozy puede esgrimir como argumento: “ZP es un fanático izquierdista”, evitando de paso  un estallido étnico.

En estas condiciones es dudoso que este documento sirva para algo. Cada gobierno lo interpretará a la medida de sus necesidades y compromisos locales y, nuevamente, la posibilidad de que exista una actitud unitaria en materia de inmigración, queda nuevamente abolida. El 15 de octubre el documento será ratificado por la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno a celebrar en Bruselas.

La irresponsabilidad del PSOE

El Gobierno español, que pactó la última redacción en una reunión con el Ejecutivo francés celebrada el pasado 4 de julio en Madrid, se declaró "muy satisfecho"  por el resultado y sostiene que “avala la política de inmigración aplicada por España en los últimos años”...

¿Un triunfo para “España”? Triunfos son la victoria de la selección española en Austria o la victoria de Nadal en Wimbledon: victorias netas, claras y sin discusión. Lo de ZP en el Pacto Europeo de Inmigración es algo muy diferente. La [no]política de inmigración del gobierno socialista ha constituido un fracaso –no un éxito- y ZP ha logrado que el reconocimiento de ese fracaso se soslaye en el documento y éste alcance una ambigüedad tal que permita interpretarlo como un “aval europeo” a su [no]política.

Desde el punto de vista táctico, ZP ha obtenido un éxito “rutilante”… tan rutilante como negar la crisis y conseguir que 12.000.000 de electores se lo crean. Zapatero está yendo de victoria en victoria hasta la desintegración final del país. Porque es evidente que la crisis económica existe (¡y qué crisis!) y es también evidente que la inmigración se ha convertido en un problema capital en nuestro país. Un titular de PRISA puede enmascararlo… pero el problema no desaparecerá.

La irresponsabilidad de ZP no reside solamente en esto. Sus exigencias –España es el país que en estos momentos tiene el mayor problema de inmigración en Europa porque en ningún otro ha llegado tanta inmigración en tan poco tiempo y en ningún otro país existe una estructura económica tan débil como en España- al resto de socios europeos –mucho mejor preparados para soportar crisis económicas y de inmigración- han eliminado la posibilidad de una política única en Europa para la contención de la inmigración.

ZP, en definitiva, hasta hora ha supuesto un cáncer la para identidad española, ha abierto de par en par las puertas a una inmigración en número muy superior al necesario y al que podemos integrar y, finalmente, ha conseguido que el cáncer haga metástasis y se traspase a otros países.

Sarkozy, por su parte, es culpable de decepcionar a sus electores que le exigían actitudes contundentes en materia de inmigración. Claro está que el Pacto es tan absolutamente ambiguo que deja a cada país las manos libres para actuar a su arbitrio. Pero con este plan en la mano, los electores de Sarkozy quedarán ampliamente decepcionados.