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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Ante el 11-S-2013

Infokrisis.- En Cataluña el curso político se inicia el 11-S, fecha de la caída de Barcelona en manos de las tropas austriacistas. Es ocioso repetir a estas alturas que los catalanes que lucharon y murieron en aquel combate lo hacían para que en las Españas (en rigor, solamente un jacobino habría de una sola España) reinara un Habsburgo. Repetir esto en Cataluña, después de casi 40 años de bombardeo ideológico y falsificación histórica es completamente inútil. La Generalitat ha decretado que ese es el “Día Nacional de Cataluña” y eso es lo que se celebra al margen del verdadero sentido histórico de esa fecha.

Por lo demás, no es a una fecha concreta a lo que nos queremos referir, sino a la celebración en sí misma. Recordaremos lo que ha pasado en los dos últimos años en Cataluña, que no ha sido poco. Y lo resumimos punto a punto:

1.- La voracidad presupuestaria de la Generalitat se encontró a un paso de la bancarrota.

2.- Artur Mas actuó como lo había hecho Pujol durante todo un ciclo: con una mano puso el cazo y con la otra atizó el fantasma independentista.

3.- El 11-S del 2012 y la manifestación que reunió a 150-200.000 personas fue el punto álgido de esa campaña y la tarjeta de visita de Mas para su negociación con Rajoy.

4.- La negociación fracasó: simplemente no había dinero en la caja.

5.- Ante al fracaso, Mas siguió atizando el fantasma independentista para que Rajoy diera su brazo a torcer.

6.- Rajoy respondió sacando de los cajones los dossiers sobre corrupción en Cataluña y apuntando directamente al corazón de la familia Pujol.

7.- Mas entendió el mensaje y rebajó las exigencias independentistas enfangándose en una polémica interior con ERC que benefició sobre todo a esta.

8.- CiU (como el PSC) están en franca pérdida de electorado, manteniéndose el PP en sus mismos niveles, subiendo ERC y C’s como la espuma.

Hoy, el problema económico de la Generalitat sigue siendo acuciante. La caída en la calidad de los servicios públicos es tal que nos retrae a los años 60, trenes de cercanías que no llegan a la hora, sanidad pública empantanada, policía autonómica ineficiente, exceso de burocratización, obsesión lingüística, inmigración masiva inintegrable, tasas de paro similares solamente a Andalucía, desertización industrial, Generalitat paralizada en su tarea de gobierno y una corrupción mucho más extendida de lo que los medios que maman de las ubres de la Generalitat reflejan… Eso es Cataluña. Y esta es la situación.

Así llegamos al 11-S de 2013. La Generalitat ya sabe que el camino hacia la UE le está vedado si se independiza. Sin embargo, lo que transmite no es eso, sino que Cataluña será “un futuro Estado más de la UE”. En cuanto a la población se divide en 1/5 parte ganada por el independentismo, 1/5 españolista, 3/5 partes completamente indiferentes, apáticas, apolíticas y preocupadas solamente por el día a día y por cómo sobrevivir en una situación completamente hostil. Ahora bien, es rigurosamente cierto que ahora hay más independentistas que hace dos años. ¿Motivo? “Madrid gobierna mal”. Es inevitable que se identifique al “gobierno central” con “Madrid” y que si las cosas van mal en Cataluña (¡y de qué manera van mal!) se culpabilice a “Madrid”, ese ente abstracto y perverso que gobierna contra Cataluña…

En realidad, las cosas no son así. Es decir, si son así, pero no en el sentido en el que la Generalitat y el independentismo lo difunden: “Madrid” gobierna mal, entendiendo por “Madrdi2 el sistema de fuerzas políticas, económicas y mediáticas que cristalizó en la constitución de 1978… pero la Generalitat de Cataluña es una derivada de ese sistema, y como él, sufre exactamente la misma crisis a escala regional. Una Cataluña independiente no variaría mucho la situación: existiría una frontera más en el Ebro y un pasaporte catalán que muchos catalanes, simplemente, rechazaríamos.

Es evidente que el independentismo es un “tigre de papel” y que le quedan exactamente dos 11-S para alcanzar sus fines o retirarse para siempre: el 11-S de 2013 y el 11-S de 2014, cuando se cumplirá el 400 aniversario de la caída de Barcelona en las manos borbónicas. Todo lo que el independentismo pueda hacer tiene fecha de caducidad: o lo hace antes del 11-S de 2015, o se convertirá en una dolorosa irrisión para Cataluña, un nuevo fracaso histórico para una región que desde la Batalla de Muret vive en un permanente fracaso histórico. Eso implica que los dos próximos 11-S van a ser “de traca” y el independentismo quemará sus últimos cartuchos.

Tiene a favor la corriente de simpatía creciente a la causa independentista, no tanto por convicción (los argumentos que manejan los independentistas son peripatéticos y mero ejercicio de infantilismo político que causan la más irreprimible tristeza y alguna que otra sonrisa de conmiseración) como por lo que se está prolongando la crisis económica, devenida crisis social y desembocada finamente como crisis política del sistema nacido en 1978. Tiene a favor, igualmente, que el independentismo es un mito inédito y de eficacia incomprobable. Lo puede prometer todo, porque nunca ha sido nada, a pesar de que si nos atenemos a la eficacia en la gestión del nacionalismo, su hermano mayor, legítimamente se puede sospechar de sus capacidades para gobernar.

Tiene en contra el que Cataluña actualmente está dividida en tres grupos sociales: el catalanoparlante, el castellanoparlante y la inmigración, en cifras: 2.250.000-2.500.000, 2.250.000-2.500.000, 2.000.000-2.50.000, respectivamente… Hay tres identidades habitando sobre la tierra catalana y no una como difunde la Generalitat. Estas tres identidades sobreviven en un marco general de a-culturización. La propia Generalitat parece incapaz de recordar que Cataluña es algo más que sardanas y castellers: Cataluña no vive un momento particularmente bueno de creación artística, cultural o literaria y las tres identidades que coexisten viven un paralelo proceso de empobrecimiento cultural.

Paree difícil que Cataluña alcance la independencia en 2014, a la vista de que no hay una mayoría social holgada y suficiente como para que el nuevo Estado disponga de un “suelo” sociológico suficiente como para poder imponerse. Lo más probable sería que en caso de decretarse la independencia, un 20% de castellanoparlantes abandonarían la comunidad y se irían a sus lugares de origen. Cataluña sería, por esto mismo, más “inmigrantes” y menos “española” y la Generalitat se engaña respecto a las posibilidades de “integración” de la inmigración por mucho que TV3 entreviste a antxenetes africanos o marroquíes… Dejando aparte que la inmigración puede apoyar la independencia, siempre y cuando reciba garantías de que será el grupo social más protegido.

Este es un problema importante porque la ausencia de fuerzas armadas catalanas y la ineficacia de los Mossos d’Esquadra en la represión de la delincuencia, dejan a una Cataluña independiente prácticamente indefensa ante motines, insurrecciones e intifadas que podrían estallar si la inmigración se ve abocada permanentemente a la pobreza y se le retiran subsidios, subvenciones y ayudas. Y no se ve de qué manera una Cataluña independiente podría remontar la pendiente de la desertización industrial, cuando en realidad, lo que ocurriría sería todo lo contrario: ésta se aceleraría con el tránsito de muchas empresas hasta ahora radicadas en Cataluña, al otro lado de la frontera del Ebro.

Sea como fuere, los dirigentes nacionalistas e independentistas tienen todo el derecho a engañarse y a engañar a su parroquia sobre el futuro de una Cataluña independiente. Lo que nos interesa ahora es que el problema actual tiene solamente dos soluciones que se perfilarán entre hoy y el 11-S de 2014:

- O Cataluña alcanza la independencia

- O Cataluña sigue vinculada a España tal como lo ha estado hasta ahora.

En el primer caso el problema no terminaría el día en que La Vanguardia multiplicara por 10 sin ningún pudor el número de catalanes que apoyaría la independencia. A decir verdad, los problemas empezarían en ese momento: un 20% de catalanes acelerarían su marcha del “nuevo Estado”, firmas comerciales de relieve harían otro tanto, como siempre ocurre en estos casos, la voz cantante la llevaría en los primeros momentos el independentismo radical y éste no está desde luego preparado para asumir el gobierno ni de una Cataluña independiente ni de una Cataluña autonómica. Luego se agudizaría la crisis económica: los productos catalanes serían rechazados por su actual primer comprador, la población situada en el Estado Español. La campaña contra el cava de hace unos años se convertiría en una campaña contra cualquier producto etiquetado en Cataluña. Buscar otros mercados y ser competitivo, costaría lustros y ni siquiera está claro si se tendría éxito. Sin olvidar que el nuevo Estado para sobrevivir necesitaría dinero y aumentar la presión fiscal no sería el mejor estreno de la “hacienda catalana”. Así pues, las vías para sobrevivir serían dos: o bien privatizar todos los servicios, es decir, entrar en una dinámica ultraliberal que, aunque fuera pan para hoy y hambre para mañana diera a la Generalitat un respiro económico, o bien entregarse en plancha a la inversión extranjera generando unos incentivos que en la práctica generarían el que una Cataluña políticamente independiente fuera una Cataluña colonizada económicamente, tal como lo puede estar Senegal, Uganda o Madagascar.

En el segundo caso, se engaña quien piense que las cosas quedarían como están ahora. Nos gustaría saber cómo, fracaso el proceso independentista, Cataluña o lo que quede de ella, recuperaría la confianza del Estado. Tres años de tensiones independentistas y treinta y cinco años de chantajes nacionalistas, no se olvidan así como así. Quedarían secuelas y sobre todo resquemores que ya hoy existen: en los años 80, “Madrid” priorizó el eje Lisboa-Madrid-Valencia y en el nuevo milenio cuando se habla de enlazar a “España” con “Europa” se piensa en rutas que discurran por los Pirineos Centrales, no por el Pirineo Catalán. Es comprensible. El Eje Mediterráneo, por ejemplo, hoy no es una prioridad de los gobiernos españoles. Cataluña corre, pues, el riesgo de quedar como una región periférica de España en la que “España” no tiene absolutamente ninguna confianza y sobre cuya lealtad existen serias dudas… Si esto ocurre con el Estado, podemos imaginar cómo se vería a Cataluña a nivel popular desde el resto del Estado Español: “traidores”, “enemigos de España”, “malas gentes que merecen un escarmiento”, etc, lo abriría heridas que tardarían generaciones en restañarse.

Cataluña, a decir verdad, tiene las de perder. A diferencia del Estado Español, no posee una comunidad lingüística, más allá de Andorra, capaz de apoyar un proceso independentista. Parece difícil que incluso dentro de la UE pueda contar con algún apoyo para su causa.

¿Tiene solución la actual coyuntura en Cataluña? Difícilmente. La reforma de la constitución española es complicada y cualquier solución pasa por la reforma constitucional y la promulgación de nuevas reglas del juego, algo así como “resetear” una situación que está estancada y que no tiene salida dentro del actual marco constitucional.

Pero lo más grave es que nada en España es mejorable, y en especial la crisis económica, mientras España no se emancipe de la globalización. Rajoy no lo hará. El PSOE tampoco. A los independentistas no les importa nada más que no sea la independencia y lo que pase luego pertenece a otro mundo. La globalización es algo que escapa a sus análisis y en lo que no entran. Pero es el problema central del que depende la solución de todos los demás. Lo que el independentismo hace es aplicar una solución del siglo XIX para un problema del siglo XXI. No es raro que mientras se empeñe en la cuestión independentista sufrirá Cataluña y sufrirá España. Estamos ante un problema que no es catalán, ni siquiera español: es un problema europeo: Europa no tiene cabida dentro de la globalización lo que implica que plantear la cuestión de la independencia es plantear una falsa solución regional a un problema muy real pero de alcanza europeo.

Nadie va a salir bien parado de lo que se avecina en los dos próximos años…

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

 

 

 

RHF - XXIII - Sumario

RHF - XXIII - Sumario

Acaba de aparecer el nº 23 de la Revista de Historia del Fascismo con los siguientes temas:

La noche del Cristal ¿Arranque del Holocausto? – Julius Evola y el antisemitismo – Servicios Secretos vaticanos y Revista Internacional de las Sectas y Sociedades Secretas – Eduardo Rözsa: mercenario y aventurero del Opus Dei al Islam y de la milicia croata a su asesinato en Santa Cruz – Fuerzas Armadas Revolucionarios o la marxistización de la guerrilla peronista – El fascismo y cinematografía: cine de propaganda y proyección internacional.

Este número correspondiente a junio se abre con un estudio sobre la Noche del Cristal, importante en la medida en que la historiografía “oficial” sitúa allí el inicio del “holocausto”. En efecto, el asesinato del diplomático alemán Vom Rath en París, a manos de un judío polaco, tuvo como consecuencia el desencadenamiento de disturbios que dañaron propiedades judías y algunas sinagogas. En este estudio describimos los pormenores del episodio y desvelamos algunas de las claves de lo sucedido, demostrando que no constituyó de ninguna manera el “kilómetro cero” del “holocausto”.

Siguiendo con los artículos dedicados a Julius Evola, en este número incluimos un estudio sobre las razones y los planteamientos de su “antisemitismo” con especial referencia a su introducción a Los Protocolos de los Sabios de Sión, que reproducimos como apéndice de dicho artículo.

La sigla Sodalitium Pianum probablemente no dirá mucho a nuestros lectores, sin embargo, se trató del primer servicio secreto vaticano que influyó luego en iniciativas próximas al fascismo y al antisemitismo como la Revista Internacional de las Sociedades Secretas publicada antes de la II Guerra Mundial por Monseñor Jouin.

Eduardo Rózsa encarnó en su aventura el “espíritu fascista”... a pesar de su origen, de sus iniciales fidelidades ideológicas e incluso de su religión. Rózsa mismo se clasificó como “nacional-anarquista”. Su aventura, en cualquier caso, merece ser conocida como rareza.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias que operaron en Argentina entre finales de los 60 y principios de los 70 tienen lugar en esta revista en la que en otros números hemos estudiado las organizaciones armadas de aquel país. Su importancia radica especialmente en que se trató de la primera organización guerrillera decantada completamente a la izquierda.

Finalmente, un amplio estudio sobre el cine de propaganda fascista durante el Ventennio italiano cierra este número que creemos extremadamente variado en temática y contenidos. En el artículo se enfatiza la importancia que el fascismo dio a la industria del cine y cómo su influjo ha logrado persistir en el tiempo en instituciones como la Mostra di Venezia, Cinecittá o el Istituto LUCE.

¿Un golpe como los demás?

¿Un golpe como los demás?

Infokrisis.- Finalmente se ha producido lo que desde hace una semana se estaba viendo venir. El ejército ha cortado la experiencia de los Hermanos Musulmanes en Egipto. No es raro, si tenemos en cuenta que el ejército egipcio ha estado permanentemente presente en la política nacional desde la independencia. Primero con Nasser, luego con Sadat hasta llegar a Mubarak. Tras este corto interregno de un año, vuelve de nuevo al primer plano. Así pues, hasta aquí, no hay nada nuevo bajo el sol.

Quizás la novedad estribe en que el ejército parece haber acudido al llamamiento de las masas airadas concentradas en la plaza Tahrir… o al menos, así es como se presenta el movimiento militar. De hecho, no hay que olvidar que esas mismas masas derribaron al régimen de Mubarak no tanto por su peso muerto, como por el apoyo que tuvieron de las potencias occidentales las cuales se negaron a apoyar al régimen de Mubarak. Y, por otra parte, es preciso no olvidar dos elementos esenciales:

- que los Hermanos Musulmanes vencieron en unas elecciones en las que los partidos islamistas, muy islamistas o fanáticamente islamistas, consiguieron una abultadísima mayoría. Los Hermanos Musulmanes, en solitario, obtuvieron el 52% y su rival inmediato el 47,5 en la segunda vuelta, y

- que la sociedad egipcia es una sociedad mayoritariamente islamista (el 75% son sunitas, los coptos son el 19% y de la población y el 6% restante ortodoxos, cristianos armenios, católicos romanos y protestantes)

Así pues, la simetría electoral dio la victoria a los islamistas. Resulta sorprendente la tibieza con la que el mundo occidental se ha tomado el golpe de Estado contra el gobierno, no lo olvidemos, legal, de Mursi. Como si Occidente agradeciera a los militares egipcios que un islamista radical (relativamente radical) fuera expulsado del poder. Un golpe militar en Iberoamérica, exactamente en las mismas condiciones, hubiera sido denostado inmediatamente por los EEUU y por los profesionales de los “derechos humanos” de todo Occidente. Dos pesos, dos medidas. Y esto es un grave error:

El error consiste, en primer lugar, en pensar que el sistema democrático occidental, inamovible y dogmático desde 1945, puede ser exportado a todo el mundo. Ni es perfecto en Europa (donde la corrupción y la partidocracia prolongan su vida durante décadas), ni es justo en los EEUU (en donde las elecciones son una mascarada para regular la distribución de poder político entre las distintas fracciones e intereses del capitalismo norteamericano), ni se ha implantado en África (en donde cualquier apariencia de democracia es pura ficción), ni siquiera en Iberoamérica puede decirse que funcione bien (funciona especialmente bien para las oligarquías económicas). Pero el dogma establecido en 1945 implica que la “concienciad universal” solamente puede evidenciarse mediante la “democracia”, esto es, mediante un sistema liberal en lo económico y partidocrático en lo político.

Para que el sistema democrático a la occidental sea viable hay que contar con una clase media, fuerte, estable y tranquila. Nada de eso existe en el mundo árabe. La clase media europea es una clase hasta ahora mayoritaria en nuestras sociedades que por su naturaleza misma precisa estabilidad y que huye de los sobresaltos. Para que haya “democracia”, al menos debe existir un grupo social lo suficientemente amplio como para que pueda asentarse. Y en Egipto no hay una clase media suficientemente extendida como para que la partidocracia a la Europa pueda prolongar su existencia durante mucho tiempo.

Así pues, el error, europeo consiste en ignorar el hecho esencial de las sociedades árabes, a saber: que la fuerza social hegemónica es el Islam. El Islam está extendido a toda la sociedad y supone el elemento de agregación de aquellos pueblos, gracias al cual, consiguieron civilizarse. Si se ignora este hecho capital, Occidente queda imposibilitado por comprender lo que está ocurriendo en el mundo árabe.

Las “primaveras árabes” se saldaron con gobiernos todavía más injustos que los que fueron derribados, se establecieron en algunos casos a través de guerras extremadamente destructivas o bien dieron lugar a gobierno, más o menos democráticos, que disgustaron a “Occidente” (esto es, a EEUU y a su apéndice militar, la OTAN). Cuando aludimos a estos movimientos de hace tres años, nos referimos a ellos diciendo que se inauguraba un período de inestabilidad en Oriente Medio.

Europa fracasará en su política exterior hacia el mundo islámico mientras no perciba este hecho esencial y –tal como escribimos en 2002 en nuestra obra Marruecos, el enemigo del Sur y Marruecos, la amenaza–, antes o después, será preciso que reconozcamos el hecho de que el único interlocutor válido al sur del Mediterráneo y al Este del Bósforo, es el Islam. Vale más, -decíamos entonces- que nos hagamos a la idea de que tendremos que tratar con él Islam, antes que intentar apuntalar a los tambaleantes gobiernos de la zona. De todos aquellos gobiernos solamente subsiste el de Marruecos, en la medida en que se ha convertido en el portaviones norteamericano en África.

Ahora bien, hay que insertar el golpe de Estado y los sucesos que están ocurriendo en Egipto desde hace quince días, en el contexto que le es propio: las tensiones generadas por la existencia del Estado de Israel y por la amenaza iraní de disponer en breve de armamento nuclear, con lo que la hegemonía judía en la zona quedaría en entredicho. Israel ya no podría mostrarse tan altiva e intolerante en la cuestión palestina y en la discusión sobre las fronteras de 1967. Le tocaría negociar. E Israel no puede negociar porque lo que está en juego es, caro o cruz, o la subsistencia del Estado de Israel o su desaparición: los acuíferos de Gaza, las fuentes  del Jordán, el agua, en definitiva, es lo esencial de la cuestión. Y también la geopolítica del imperialismo que hace de Israel la “base avanzada” de los EEUU en caso de conflicto y la permanente espina clavada en el flanco del mundo árabe.

Así hay que situar la agresión de bandas de mercenarios de la CIA y del Mosad y de grupos de delincuentes tribales de Siria contra el gobierno legítimo. Siria se encuentra separando a Irán de Israel, si los aviones judíos quieren volver a bombardear las plantas nucleares iraníes deberán hacerlo sobrevolando Siria y eso no sería posible con un ejército sirio vigilante y atento a lo que sobrevuela su espacio aéreo. Para que el ataque pueda tener lugar con garantías de éxito, Siria debe ser neutralizada y su capacidad militar anulada. Tal es el sentido del actual conflicto.

La segunda pieza del puzle es Egipto. La historia militar enseña que ningún país puede combatir en dos frentes al mismo tiempo: el Israel de hoy no es el de 1967 cuando la sociedad judía era todavía joven. Incluso la “composición étnica” de Israel ha variado. Se han ido judíos centroeuropeos (los que dieron coherencia en las primeras décadas a Israel) y han llegado grupos judíos procedentes de Rusia, Sudamérica, África, que en el momento actual no están suficientemente integrados. Por lo demás, el pacifismo, lo políticamente correcto, la corrupción, la partidocracia y el consumismo han hecho mella en la sociedad judía. Israel solamente puede llegar a la guerra basando su estrategia en un primer y único golpe destructor propinado a distancia mediante misiles y a través de su aviación.

Desde el inicio de la crisis económica, tal como se puso de manifiesta en la reunión del Club Bildelberg en Sitjes en 2009, Israel está resultando demasiado caro al judaísmo norteamericano, el cual tomó el relevo cuando Alemania acabó de pagar las indemnizaciones que desde la postguerra garantizaron la viabilidad económica del Estado judío. Decir judaísmo norteamericano es decir gran capital financiero… que ante todo busca rentabilidad y máximo beneficio para sus inversiones.

Al estallar la crisis económica en 2007 en los EEUU empezó a teorizarse con la posibilidad de que se tratara de una crisis de larga duración, como al de 1929, de la cual solamente se salió mediante la Segunda Guerra Mundial (ahora podemos entender perfectamente el interés del Reino Unido en convertir una disputa fronteriza entre Polonia y Alemania en una guerra mundial). En efecto, la crisis del 29 duró en EEUU 10 años y de ella se salió solamente cuando las fábricas volvieron a ponerse en marcha fabricando armamento militar y fluyeron los créditos para la compra de grandes arsenales y recursos bélicos. Ahora estamos ante la misma situación.

La crisis iniciada en 2007 está durante ya cinco años y no tiene aspecto de cesar sino que progresivamente se va complicando. La guerra, una guerra localizada sería lo único que podría hacer que se “calentara” la economía mundial. Oriente Medio ofrece las mejores condiciones para un conflicto de este tipo: si Israel lograra imponerse a sus enemigos, el mundo árabe quedaría definitivamente fuera de la historia, obligado a “laicizarse” y a ceder completamente sus recursos petroleros al capitalismo norteamericano… gobernado por judíos.

Pero, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, no todos los judíos son sionistas. Y en los EEUU el judaísmo, si bien tiene “simpatía” por Israel, antepone sus beneficios a cualquier otra consideración. En caso de que Israel fuera aniquilado por sus vecinos árabes (lo cual podría ocurrir), el judaísmo norteamericano perdería especialmente una fuente de gastos. En cualquiera de los dos casos, la guerra parece ser la mejor opción para salvar al capitalismo de esta crisis.

¿Estamos defendiendo una visión conspiracionista de la historia? En absoluto, lo que estamos sugiriendo es que alguien está moviendo fichas para preparar las condiciones para que la agresión judía contra Irán se realice con garantías de éxito para Israel.

La movilización de la plaza Tahrir es, como todos estos movimientos, de importancia relativa. Tiene la importancia que le atribuyen las cadenas mediáticas. Esas masas están en la calle por las malas condiciones de vida y porque un 25% de la población no es islamista y protesta contra una legislación islamista que le agrede. Pero no son mayores, ni de más interés que las que derribaron a Mubarak, ni siquiera representan nada en un país de ¡83.000.000 millones de habitantes!

Ahora sabemos que el movimiento del 15-M y de los “indignados” tuvo una importancia muy relativa y era protagonizado por exiguas minorías movilizadas a golpe de twit o mediante msm. Nada grave, en definitiva, ni nada importante. Casi un movimiento superficial compuesto por muchas tendencias, la mayoría muy superficiales que pronto logró segregar la presencia de verdaderos indignados al comprobar que las riendas las llevaban rancios extremistas de izquierdas y marginados de todos los pelajes.

Y, sin embargo, durante unos días pareció que en las plazas del 15-M acampaba una “mayoría social”. Si dio esa impresión fue por que las agencias mediáticas transfirieron esa sensación. Y nadie que conoce mínimamente lo que es el periodismo ignora que esas macroempresas, a menudo deficitarias y, por tanto, subvencionadas, trabajan para determinados gobiernos y grupos económicos para condicionar los criterios de la población y “orientarlos”.

En la plaza Tahrir lo que se ha desarrollado fue el habitual “teatrillo” escenificado para uso de los medios de comunicación. Protestaba una minoría contra un gobierno legal que había obtenido el 52% de los votos. Esa protesta ha justificado un golpe de Estado que muy probablemente suma al país en una guerra civil similar a la que estalló en Argelia cuando la victoria del Frente Islámico de Salvación fue hurtada por el consorcio franco-norteamericano.

En esa circunstancia, el “frente occidental” de Israel estará neutralizado y los aviones y las baterías de mísiles judías solamente tendrán que apuntar hacia Teherán.

Europa se está equivocando en su política hacia el mundo árabe: la presencia de millones de islamistas en la sagrada tierra de Europa no va a hacer cambiar los datos esenciales de la ecuación. Antes o después, Europa tendrá que negociar con el islamismo, así que mejor hacerse a la idea de cuáles van a ser los términos del toma y daca:

 - para el Islam el sur de Gibraltar y el este del Bósforo.

- Europa no es tierra del Islam.

- Buenas relaciones basadas en la separación nítida de las zonas de influencia.

- ¿Y que pasa con Israel? Israel no es problema de Europa. Allá Israel se las componga con quienes lo han creado.

- Europa no puede ejercer el papel de redentor y entrometerse en lo que son cuestiones regionales.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com - infokrisis

Moros & Cristianos

Moros & Cristianos

Infokrisis.- Las fiestas de moros y cristianos son el reflejo de un hecho histórico: el impacto que causó ocho siglo de ocupación islámica. En un principio estas fiestas estaban extendidas a casi toda España, recluyéndose progresivamente en unas zonas concretas hasta tener su presencia actual especialmente en el Levante. Estas fiestas suponen un rasgo propio de nuestra identidad, de una identidad hecha en lucha contra el Islam. Este artículo fue elaborado hace algunos años cuando estaba en plena polémica la petición de las asociaciones islámicas de inmigrantes para que estas festividades se prohibieran... Este ensayo es complementario de nuestra obra sobre la antropología de la Vieja España titulado Teoría y práctica de la familia en España que puede adquirirse en formato e-book en Amazon. 


Fiestas de moros y cristianos

Eco milenario de la amenaza islámica

 

El 26 de octubre de 2004, la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas emitía un comunicado exigiendo que se suprimieran las “fiestas de Moros y Cristianos”, argumentando que "no tienen cabida en la España democrática". Resulta, como mínimo grotesco, seguir una religión difícilmente compatible con cualquier forma de democracia y aspirar a dar lecciones sobre lo que es o no democrático. Lo evidente es que ningún país regido por principios islámicos tiene formas democráticas similares a los estándares europeos.

Pero el hecho objetivo y el fondo de la cuestión es que los islamistas se sienten en estos momentos suficientemente fuertes en España como para iniciar una ofensiva contra nuestras tradiciones antropológicas. Si esto ocurre hoy, cuando hay poco más de un millón de islamistas –la inmensa mayoría llegada con la inmigración magrebí y pakistaní– podemos suponer lo que ocurrirá en cinco años, cuando esta cifra se haya duplicado. ¿Se prohibirá el jamón de bellota? ¿los tintos rioja y los claretes serán arrojados fuera de la ley? ¿nuestras mujeres tendrán que ir con algún tipo de velo para no ofender a los “creyentes”? Ironías a parte, el comunicado de la FEERI nos da pie para recordar lo que son las “fiestas de moros y cristianos”.

1. Origen de la fiesta y componentes estamentales

Las fiestas de nuestra península nacen, habitualmente, como recuerdo del hecho más traumático de nuestra historia que supuso una ruptura con el pasado y el intento, no solamente de instalar uno gobiernos invasores, sino unos valores que ni se correspondían con los de Europa, ni tenían nada que ver con ellos. Ese episodio histórico se inicia con la “Pérdida de España” y termina con la “Toma de Granada”.

Entre ambas fechas median 800 años de tensiones y estado de guerra permanente. No es raro que, al alejarse el riesgo islámico, especialmente a partir del siglo XV, en las zonas que habían estado más expuestas a las razzias islamistas, la alegría desbordada en momentos festivos, cristalizase en forma de fiestas de moros y cristianos, dramatizando la derrota de aquellos y la liberación del territorio y de las conciencias. Si en siglos posteriores a 1492, estas fiestas, lejos de decaer, se reafirmaron, fue a causa de que hasta una fecha relativamente tardía -ya en el siglo XVII- la amenaza islámica no fue definitivamente conjurada. Hasta que los piratas berberiscos no son aplastados definitivamente y hasta que no se liquida definitivamente la amenaza otomana, inquietantemente estimulada por los moriscos de La Alpujarra, la costa mediterránea española no puede respirar tranquila.

Se tiene constancia de que en 1150 ya se celebró la primera fiesta de este tipo en Lérida y en 1426 aparecían en Murcia. Resulta interesante constatar que en algunas zonas del Mediterráneo, especialmente allí en donde la presencia de marinos del Reino de Aragón fue más intensa (Sur de Italia, Costas e Islas del Adriático), aparecen fiestas similares, sin duda, implantadas por ellos. Hoy incluso subsiste en la isla de Nórchula (Croacia), la “Danza Moreska” muy similar al baile de este tipo que aún subsiste en Lérida.

Las fiestas de moros y cristianos nacen en el contexto de una sociedad tradicional que creía firmemente en las intervenciones sobrenaturales en su vida. No alude solamente a un recuerdo desagradable (un milenio en el que la Península estuvo sometida a la presión islámica) y a la victoria final, sino que establecen que ésta se produjo por intervención divina.

Cuando el 7 de octubre de 1571 se produce la victoria de Lepanto, el papa Gregorio XIII instaura las fiestas de la Virgen del Rosario, imagen sagrada patrona de la flota cristiana. Los piadosos cristianos de la época tenían conciencia de que la victoria de Lepanto no se había debido a la estrategia superior de Don Juan de Austria, sino a la intervención de la Virgen del Rosario. En este mismo contexto se inscriben el resto de victorias anteriores sobre los sarracenos e incluso el alejamiento del peligro tras la expulsión de los moriscos. Esto explica suficientemente la interpolación de elementos religiosos en la fiesta. En la localidad granadina de Cerchelejo este origen está claro y lo mismo ocurre en poblaciones próximas (Campillo de Arenas o Bélmez de la Moraleda), festividades de moros y cristianos, todas ellas, colocadas bajo la advocación de la Virgen del Rosario.

En cuanto a los elementos propiamente militares presentes en la fiesta se explican de acuerdo con el carácter “paramilitar” de los gremios artesanales. Hasta el siglo XVIII una parte importante en la actividad de los gremios eran el mantenimiento de “milicias concejiles” (por ejemplo, “la coronela” formada por los gremios barceloneses que más combatividad demostró durante el triste asedio de 1714 por Felipe V). A partir de Felipe II, se instituyen las milicias locales en base a la organización gremial (en el fondo, ya desde las corporaciones romanas, los gremios siempre fueron excepcionalmente belicosos y eficaces en la protección de las villas). En la medida en que la sociedad medieval europea era estamental, esta composición se percibía también en la configuración originaria de las fiestas de moros y cristianos: la nobleza convocaba las fiestas y las presidía; el clero las bendecía y les aportaba sus contenidos sagrados; y los gremios aportaban los contingentes humanos de lo que más adelante se configurarían como las “filaes”. Estos últimos, organizados de forma paramilitar, desfilaban disciplinadamente, de la misma forma que las milicias gremiales realizaban constante ejercicios paramilitares que en período festivo daban la fisonomía que todavía tienen hoy las “filaes”.

2. Contenidos festivos

Es indudable que los contenidos de estas fiestas tienen distintos orígenes que varían de unas poblaciones a otras. En ocasiones aparece el viejo tema tan habitual en la primera lírica castellana en los “romances fronterizos” que suelen tratar del amor de un cristiano y una mora. En Xixona, se fusila al “moro traidor” después de un juicio sumarísimo. ¿Su delito? Haberse enamorado de una cristiana y renunciado por amor a su religión. Otro tanto ocurre en Guardamar y en Ibi.

En otras se recuerda a los familiares y amigos muertos, como en Banyeres de Mariola cuando los miembros de las comparsas, rodilla en tierra, descargan sus trabucos, en una de las versiones más antiguas de la fiesta constatada documentalmente desde mediados del siglo XVIII.

El exceso de tomates maduros se utiliza en Cocentaina cuando las comparsas combaten a tomatazo limpio, en una versión local de la fiesta influida, sin duda, por la “guerra del francés”.

En 1668, el cronista Carbonell, en su "Celebre Centuria", alude a las celebraciones de aquel año en Alcoy. La lectura de su obra demuestra a las claras que, inicialmente, las “filaes” (o su precedente) estaban formadas en función del gremio al que pertenecían sus miembros; sin embargo, éste carácter se perdió un siglo después, cuando esas mismas fiestas locales ya tenían un claro cariz popular que coincidió con la pérdida de influencia de los gremios artesanales. El 23 de abril, en esa localidad se celebraba el día de San Jorge y el “alardo” (derivado de alarde) con los omnipresentes petardos, cohetes y trabucos.

En Orihuela, la variante de la fiesta introduce una figura femenina –es completamente falso que la mujer no hay estado presente en as fiestas de moros y cristianos hasta hace poco, de hecho, siempre ha aparecido con algún papel específico–, “la Armengola”, evocación de una heroína local de la resistencia antisarracena.

Las de Alcoy figuran, sin duda, entre las más importantes y han sido declaradas Patrimonio Turístico Internacional.

A pesar de las extraordinarias diferencias entre unas celebraciones y otras, la totalidad de las fiestas de moros y cristianos tienen algunos rasgos comunes. Habitualmente, todas ellas contienen tres elementos: las “Entradas”, las “Embajadas” y la “Procesión” (en la que el carácter religioso es preponderante). Los participantes están divididos en dos bandos ataviados tal como se supone que vestirían los bandos moros y cristianos del Medievo, aun abundando los arcaísmos y la fantasía. Sin embargo, algunas de las comparsas no tienen relación con estos bandos: Labradores (o Maseros); Contrabandistas (o Andaluces, Bandoleros, Mirenos etc.); Pescaors (o Marineros); Bucaneros (o Piratas, Corsarios, etc.); Zíngaros; o Pacos, que utilizan vestimentas de claro origen setecentista u ochocentista. Todas las comparsas reciben también el nombre de “filaes” por su particular forma de desfilar (en fila, no en columna).

Cada uno de los bandos toma simbólicamente la ciudad un día, en el episodio que recibe el nombre de “Entrada Mora” y “Entrada Cristiana”. Finalmente, por supuesto, son los cristianos los que conquistas la villa. Cada bando lee ritualmente unas líneas que habitualmente son desafíos, retos, invocaciones y, en definitiva, declaraciones de intenciones. Los “combates” se desarrollan siempre en el centro de la villa –frente a la casa consistorial- donde se instala el “castillo” (un entramado de madera) en disputa. Se muestran armas propias del Medievo (espadas, puñales, lanzas y ballestas), pero también armas de avancarga (arcabuces, trabucos y espingardas), arcaísmo procedente del siglo XVIII.

¿Por qué la presencia inseparable de la pólvora en este tipo de festividades? Desde el principio de su utilización se ha atribuido a la pólvora un carácter “embriagador” que todavía hoy puede constatar quien haya disparado varias ráfagas con arma automática. Como se sabe, determinados perfumes o el producto de la combustión de algunas resinas facilita el acceso a estados diferenciados de conciencia, operando una desconexión entre el consciente y el inconsciente, facilitando la irrupción de estratos más profundos de la personalidad y de la percepción. Por su parte, el humo de la pólvora tiene un carácter, que, a diferencia del incienso que estimula la introspección, confiere a quien la respira profundamente, un impulso expansivo y un estado de exaltación próximo a la embriaguez alcohólica.

Las comparsas cristianas suelen tener nombres característicos: Cristianos Nuevos, Almogávares, Cruzados, Caballeros del Cid, Templarios, Hospitalarios, Caballeros de la Baronía, Mirenos, etc. Las comparsas moras son también características: Benimerines, Bereberes, Almohadas, Marroquíes, Moros Nuevos, Abenzoares, Judíos… Las comparsas están jerarquizadas interiormente: dirigidas por un “capitán”, también tienen un alférez y un abanderado (generalmente, la dama de la comparsa). Su sede o “cuartel” es el centro de las reuniones sociales a lo largo del año. Las comparsas conservaron cierto carácter remotamente gremial: no se trataba solamente de una agrupación de ciudadanos en período festero, sino de una verdadera “fraternidad” en la que sus miembros practicaban el apoyo mutuo.

En las fiestas villeneras (4-9 de septiembre) participan catorce comparsas, siete moras y siete cristianas. Existen “filaes” exclusivamente femeninas. En su actual configuración son la síntesis de tres fiestas: la propiamente patronal (la más antigua que data, como hemos visto de 1474), la fiesta militar o alarde de carácter gremial (las milicias gremiales aportan “la soldadesca”) que se configura en la primera mitad del siglo XVII y, finalmente, la fiesta de rememoración histórica (que aparece tras la retirada napoleónica y del que proceden los textos de las “Embajadas” que todavía se leen hoy, escritos entre 1810 y 1815). La fusión de estas tres fiestas y su ubicación a principios de septiembre tiene como denominador común la participación popular masiva de los ciudadanos de Villena.

Este mismo esquema de fusión entre distintas fiestas que, finalmente, dan como resultado la configuración actual, es un esquema que se reproduce en otras muchas localidades, pero sería erróneo pensar que las referencias a los “moros y cristianos” solamente aparecen en el siglo XIX tal como han sostenido algunos historiadores. Es cierto, si, que los textos de las “embajadas” y la configuración actual se remonta a ese período, pero no es menos cierto que el impacto de la invasión napoleónica revalidó e hizo revivir el recuerdo traumático del milenio de amenaza islámica (en 1812, cuando se retiran las tropas napoleónicas hacía solamente un siglo que las costas del Levante español se habían visto libres de las razias de los piratas berberiscos).

Lo cierto es que hay constancia que ya desde el siglo XIV, se celebraban representaciones en las que dos bandos, uno de moros y otros de cristianos, simulaban disputar un castillo de madera (“baluarte”) instalado en el centro de la población. El “baluarte” era tomado alternativamente por cada bando. Posteriormente, en el curso de los combates se utilizó el arcaísmo de las armas de fuego y “corría la pólvora”. Finalmente, las “salvas” (significativa alteración de “Salve”, oración compuesta para honrar a la Virgen) en honor de la Virgen cerraban la fiesta.

Parece que esas primigenias fiestas de moros y cristianos no tenían lugar anualmente, sino solo en momentos destacados: bodas reales, bautizo de infantes, victorias militares, pero no estaban todavía superpuestas a las fiestas patronales. Todo esto le permitió decir a Lope de Vega que las “Comedias de Moros y Cristianos” eran en su época las preferidas por el público.

3. Ámbito Geográfico

A pesar de que las formas más singulares de fiestas de moros y cristianos tienen lugar hoy en las zonas del Levante español, antropólogos e historiadores suelen convenir que hubo un tiempo en el que estuvieron extendidas a toda la península hacia finales de la Edad Media y, a partir de entonces, se fueron reconvirtiendo en algunas zonas y replegando en otras. Con todo, su ámbito geográfico actual es excepcionalmente extenso y se celebran fiestas de este carácter en las comunidades valenciana, murciana, castellano-manchega, andaluza, y en menor medida en Catalunya, Mallorca y Aragón.

Esto nos describe una supervivencia de las fiestas en la parte mediterránea y especialmente a partir del Ebro hacia el sur y en la zona sur de la península, es decir, en las zonas en donde la presencia islámica estuvo más viva hasta el siglo XV,  hasta los sucesos de La Alpujarra dos siglos después y, en última instancia, la zona más amenazada por los piratas berberiscos.

Actualmente las fiestas de Moros y Cristianos se celebran en las tres provincias del antiguo Reino de Valencia (en treinta y cuatro localidades de la provincia de Alicante -en la ciudad de Alicante en cinco barrios-, en Jijona con el peculiar añadido el “Juicio al moro traidor”, en dieciséis de la provincia de Valencia -incluida la capital provincial-, en una de la provincia de Castellón –Peñíscala-), en el Reino de Murcia (en cuatro localidades), en Castilla-La Mancha, provincia de Albacete (en Caudete, próximo a Villena, desde 1588, siendo uno de los lugares de mayor antigüedad) y en la provincia de Toledo (en una localidad, Consuegra), en Andalucía (en 42 localidades de Granada, en 32 localidades de Almería, en 3 de Jaén y en 1 Cádiz, de nombre significativo: Benamahoma). Así mismo, se celebran fiestas moros y cristianos en lugares distantes de los anteriores como Lérida capital y en dos localidades insulares (Sóller y Pollença).

Si tenemos en cuenta que la mayor aglomeración de fiestas tiene lugar en Alicante, Valencia, Almería y Granada, especialmente en la zona de La Alpujarra, esto coincide con las de mayor presencia de moriscos, de tal forma que puede concluirse que en esas zonas, la expulsión fue tomada como una liberación por parte de las poblaciones cristianas hasta el punto de magnificarla en forma de fiestas.

Aún hoy, en La Alpujarra se celebran 14 fiestas de Moros y Cristianos. En esta zona los personajes principales de cada bando son rey, general, embajador y espía. Es significativo que en los textos siempre figura la queja de los moros por su expulsión de España y la conversión final de los moros producida por propio convencimiento, con ayuda de fuerzas sobrenaturales.

A finales de 1568 se extendió una sublevación de moriscos en gran parte del Reino de Granada, con mayor incidencia en La Alpujarra donde intentaron instaurar un nuevo reino árabe, con la ayuda del imperio otomano. Tal fue el origen de la “Guerra de La Alpujarra”. La consiguiente expulsión de los insurrectos hizo que la zona quedara prácticamente despoblada y fuera colonizada por cristianos viejos. Cuando la comarca fue repoblada, persistió intensamente el recuerdo de las matanzas y excesos operados por los moriscos, hecho que se deja entrever en la contundencia –ciertamente, “racista y xenófoba”- de los textos leídos en el curso de las fiestas alpujarreñas. Con todo, hasta el siglo XVIII siguieron produciéndose frecuentes ataques de piratas, buena parte de los cuales eran descendientes de los moriscos expulsados. No es raro, pues, que en toda la comarca de La Alpujarra las fiestas de moros y cristianos constituyan hoy una de las principales manifestaciones folklóricas de la comarca.

En otras zonas de Levante, incluso, se alude al desembarco de los “piratas berberiscos” como elemento inspirador de las fiestas. Por ejemplo en las playas de Villajoyosa, donde las comparsas escenifican el desembarco moro y la lucha en la playa, mientras los espectadores consumen el “nardo”, una mezcla de absenta y granizado de café. Así pues, no es sólo la Reconquista sino también las guerras contra los moriscos y los piratas de Berbería las fuentes inspiradoras de estos ritos festivos y que recuerdan que la idea de España se ha forjado en parte en un milenio (desde el siglo VIII hasta el XVIII) de luchas ininterrumpidas contra el Islam.

Es evidente que las fiestas no son homogéneas en todos los lugares, ni tienen el mismo nivel de seguimiento popular. A la vista de todo esto y de su origen histórico, podemos convenir:

1) que las fiestas de moros y cristianos aparecen hacia el siglo XV en su configuración primitiva.

2) que, inicialmente, conmemoran el inicio de un nuevo ciclo histórico marcado por la conclusión de la Reconquista, la expulsión de los moros de la Península y las correrías piráticas.

3) que entre 1500 y 1750 se fueron extendiendo por toda España, irrumpiendo muy superficialmente en algunas zonas en donde la presencia islámica había sido mínimo, para luego desaparecer poco después.

4) que en su actual configuración las fiestas se remontan a una horquilla de tiempo que figura entre el final de la Guerra de Sucesión y el final de la Guerra de la Independencia.

5) que dado lo extenso de su reparto geográfico y su antigüedad, estas fiestas se han configurado de formas diferentes, teniendo la forma de desfiles en unos lugares, en otros bailes y dramatizaciones de episodios de la Reconquista.

4. La Mahoma… ¿es el “ninot” del profeta? ¿por qué el femenino?

Uno de los elementos que han generado más polémica en los últimos años ha sido la tradicional presencia de un “gigante” o “ninot” en algunas fiestas de moros y cristianos. Este “ninot”, llamado “La Mahoma”, ha dado pie a los grupos islamistas para que la utilizaran como excusa para sus peticiones de prohibir la fiesta.

En Beneixama "La Mahoma" acaba siendo pasto de la cohetería. Biar la cede a Villena con “pompa y boato” para que sea utilizada en sus fiestas, constituyendo un vínculo de hermandad entre ambas localidades del Alto Vinalopó (el blusón del “ninot”, lleva inscritos los nombres de ambas villas). Acompañada por un grupo de espías, se introduce en el campo biarense para estudiar la táctica de la próxima batalla contra los cristianos”. El “ball d’espies” –baile de espías– da a las fiestas de Biar un rasgo característico.

A través de “La Mahoma” se hermanaban las ciudades del Alto y el Bajo Vinalopó (Alicante). Sax tenía la suya que se la cedía a Petrer. El monigote lucía una inscripción esclarecedora: "Soy de Sax, y la cabeza de Petrer". Existen rastros documentales de que en otros pueblos de la zona se utilizó en algún momento una figura similar. Y esto da pie a algunas cuestiones interesantes: ¿por qué “Mahoma”? ¿Por qué feminizado?

No está suficientemente documentado que el origen de “La Mahoma” sea el profeta. De hecho nadie en las fiestas de estos pueblos lo considera como una representación del redactor de “El Corán”. Es significativo que tras la prohibición de utilizar la imagen en 2006, nadie quisiera hacer ningún comentario. En realidad, nadie entre los festeros de esas zonas quería renunciar a “La Mahoma”, pero nadie tampoco quería dar una excusa para excitar el fundamentalismo islámico.

Costaba mucho que algunos vecinos de estos pueblos, al ser preguntados por los medios, aceptaran hablar sobre el tema, incluso las autoridades municipales eran remisas a tocarlo. Finalmente, uno de ellos expresó la voz de la tradición: "es solo un muñeco que simboliza el bando moro, no lo vemos como Mahoma". Al periodista no se le ocurrió preguntar, “entonces ¿por qué se le da el nombre del profeta?”. Era evidente: “Mahoma”, “Muhamad” en árabe, es uno de los nombres más extendidos del área islámica, como aquí puede ser Francisco o Antonio… por generalización abusiva, el recuerdo de la presencia islamista durante los años de la Reconquista, se hipostatizaba sobre un muñeco llamado con el nombre más habitual entre los islamistas: “Muhamad”… castellanizado como Mahoma. Así pues, “La Mahoma” no es una efigie del profeta, sino la representación de la totalidad de los islamistas que invadieron España.

¿Y su feminización? Es así mismo simple entender su paradójico género gramatical: en tanto que representante de “una” comunidad, le correspondía el género femenino, de la misma forma que otros conceptos son igualmente femeninos (“la” sociedad, “la” patria, “la” nación) y otros masculinos (“el” Estado, “el” pueblo). Por el contrario, si hubiera representado a una persona física o a la figura del profeta, su género hubiera sido, indiscutiblemente, masculino.

En Beneixama, hasta las festividades de 2005, “La Mahoma” era un armazón de hierro vestido con ropas de inspiración árabe y cabeza de cartón. En el curso de la dramatización de la “toma del castillo”, los cristianos desnudaban a la efigie y llenaban de petardos su cabeza, haciéndola estallar poco después. Esta parte fue suprimida a partir de 2005. La cabeza de “La Mahoma” no volverá, pues, a estallar y en ningún programa festero se la volverá a mencionar con otro nombre que no sea el de “la efigie”.

Hasta ese momento, el molde para elaborar cada año la cabeza de la imagen, pasaba de una generación a otra como si se tratara de una reliquia.

En la actualidad, “La Mahoma” está presente es seis localidades (Castalla, Biar, Villena, Benexiama, Banyeres y Bocairent). Elda y Petrel (muy próximas a las anteriores), decidieron  eliminaron al “ninot” definitivamente de sus fiestas de Moros y Cristianos a finales de los 60. En Petrel, el muñeco era arrojado desde el castillo, explotaba su cabeza y, finalmente, era quemado.

Históricamente, el origen de la “La Mahoma” se remonta al siglo XV. A pesar de que la persistido en la comarca del Vinalopó hasta nuestros días, la primera mención que se encuentra a un monigote es en Jaén, en 1463. En la crónica del condestable Miguel Lucas de Iranzo se menciona la efigie del llamado Mahomad. La imagen terminaba siendo arrojada a la fuente de la plaza de la Magdalena. Al parecer, en las primeras formas de la fiesta, era imprescindible que “La Mahoma” finalmente “muriera”. Como en todo proceso festivo, la dramatización de una muerte significaba exaltar la nueva vida. La muerte (por ahogamiento, despedazamiento, voladura, despeñamiento) de “La Mahoma”, quería dramatizar el inicio de una nueva época y la consiguiente renovación del cosmos. Era necesario que “La Mahoma” muriera para que con ella desaparecieran los valores islamistas de la sociedad y emergiera un nuevo orden de ideas.

El texto del condestable Lucas de Iranzo demuestra la antigüedad de la tradición en torno a “La Mahoma” que no hace sino calificar la tradicionalidad de las fiestas de moros y cristianos. A pesar de que las guerras del siglo XIX, destrozaran archivos parroquiales y municipales y que, por tanto, hoy falten datos objetivos para poder establecer el marco geográfico sobre el que cuajó la imagen de “La Mahoma”, en nuestra opinión, esta tradición estuvo allí en donde estuvieron presentes las fiestas de Moros y Cristianos e, incluso, es posible que, en algunas zonas fuera independiente de las mismas o terminara desvinculándose de ellas.

En la Catedral de Barcelona, hasta la restauración que tuvo lugar a finales de los años 60, sobre el arco del crucero en la puerta Este, justo bajo el órgano, se encontraba una cabeza tocada con un turbante, a la que se llamaba “La Carassa”. Quería la tradición que fuera la efigie del último rey moro de Barcelona (el “Rey Gamir”). Tenía la mandíbula articulada, de tal forma que en la Epifanía arrojaba por ella caramelos a los niños. En 1967, todavía existía, pero ese año, el embajador de Turquía visitó la Catedral y fue retirada al considerarse que podía herir su susceptibilidad. Nunca más ha vuelto a ser exhibida. Es evidente que “La Carassa” de la catedral de Barcelona pertenece al mismo tipo de efigies que aparecen en el último tercio del siglo XV en Jaén y que subsisten hasta principios del Tercer Milenio en el Vinalopó. De hecho, en las fiestas mayores de muchas ciudades catalanas, Barcelona incluida, tienen un gran protagonismo las figuras del “gegant i la geganta”, los dos gigantes de altura similar a “La Mahoma”, y de las que existen diversas variedades… una de ellas, “el Rey y la Reina Mora”. Por increíble que pueda parecer, en Petrer la imagen de “La Mahoma” desapareció también en los años 60. Las crónicas cuentan que fue “de manera natural”, pero los más mayores recuerdan que «en los años 60, a punto de empezar la actuación en la que la figura de La Mahoma sufría mutilaciones, los organizadores se percataron de que los dos embajadores de países musulmanes que habían invitado a ver los festejos podrían sentirse ofendidos»… en efecto, “La Mahoma” era arrojada por el castillo y se le mutilaba.

Por tanto, nos inclinamos a pensar que, contrariamente a lo que sostienen los antropólogos progresistas, “La Mahoma” no es un producto del siglo XIX, ni siquiera tiene una antigüedad de apenas tres siglos, como sostienen otros. Es cierto que, a partir del siglo XIX se empiezan a encontrar más referencias sobre “La Mahoma”… pero es que también se encuentran más referencias sobre cualquier otro rasgo antropológico; es un simple problema de proximidad temporal. En nuestra opinión, nos inclinamos a pensar que “La Mahoma” es tan antigua como las fiestas y estuvo más o menos presente en todas ellas, incluso en zonas muy alejadas de Levante o de su foco de expansión originario (Jaén y, seguramente, el resto de Andalucía (especialmente de la parte oriental). Lo que ocurrió fue que el paso del tiempo alteró algunos significados originarios y la imagen –representación “del otro”, “del adversario”, “del anterior ciclo”, par “par enemigo”– se convirtió en el “gegant i la geganta” en Catalunya y en otras muchas regiones. Fue en los lugares en que las luchas entre moros y cristianos fueron más duras y tardías y en donde la presencia islámica fue más intensa (Levante y el Sur Este Andaluz) donde siguió siendo una hipóstasis de la comunidad islámica.

5. La ofensiva islámica contra las fiestas

La declaración de la FEERI que hemos mencionado al principio se este artículo, no es un exabrupto extemporáneo de un grupo de exaltados, sino que se inscribe dentro de una ofensiva generalizada de los islamistas residentes en España contra nuestras fiestas y tradiciones populares.

Llama la atención que en aquella ocasión, el presidente de la FEERI dijera: “¿qué reacción tendría la población de determinados pueblos si se celebrara la entrada de las tropas de Franco con el consiguiente castigo que infringió a la población?”. A pesar de que las distintas coordinadoras islámicas suelen colocar a islamistas nacidos en España a la cabeza, lo cierto es que la inmensa mayoría de los seguidores del Islam en nuestro país, son de origen extranjero (esto es, han venido sin que nadie les haya invitado), y esa ínfima minoría de islamistas castizos tiene una fuerte presencia de antiguos izquierdistas de los años 60 y 70 que se reciclaron en esa religión cuando se hizo patente que el marxismo había entrado en el basurero de la historia. En el fondo no hay tanto trecho entre el Corán y la última resolución de la IV Internacional o entre las Suras el Profeta y el Pequeño Libro Rojo de Mao, como muy bien sabe Mansur Escudero uno de los exponentes más conspicuos de la minúscula comunidad de islamistas nacidos en España.

La FEERI achaca a las fiestas “islamofobia”. Ya hemos visto que, salvo en La Alpujarra, esa acusación es literalmente falsa y mendaz… tal como demuestra el que las “filaes” de moros tengan prácticamente el mismo seguimiento que las de cristianos. Difícilmente alguien se afiliaría a una asociación que fuera odiada y marginada por sus vecinos.

En esas mismas fechas, otra de las asociaciones islámicas, la Comisión Islámica de España, presidida por el gerente de la Fundación Mezquita de Granada, Malik Ruiz, fue más inteligente que la FEERI: afirmó que “no hay inconvenientes en la celebración de estas fiestas”, pero con una salvedad: “siempre y cuando no haya elementos que puedan ser motivo de provocación y genere discordia”, pidiendo acto seguido que se suprimieran “cuantas imágenes o representaciones ofensivas se den contra el pueblo musulmán”… y aquí incluía, no sólo a “la Mahoma”, sino las inscripciones con caligrafía islámica y las medias lunas que lucen algunos disfraces… Terminaba con algo que podía ser entendido como una amenaza: "No vamos a justificar nunca acciones violentas pero hay que ser comedidos y tener en cuenta lo que para nosotros significa el profeta Mahoma. No se puede tomar a la ligera porque puede derivar en elementos de discordia".

El imán de la mezquita de La Unión y presidente de la FEERI, Félix Herrero coincidió con la apreciación de su colega nazarí: «Como cualquier otra representación de islamofobia o racismo debe eliminarse». Creemos haber demostrado ampliamente que, no solamente, “La Mahoma” no tiene nada que ver con la figura histórica del profeta Mahoma, sino que no existe el menor rastro de racismo, xenofobia, ni siquiera de hostilidad religiosa en los contenidos de las fiestas de moros y cristianos que, en el fondo, son –creemos haberlo demostrado con creces– escenificaciones de un episodio histórico, difícilmente controvertible: el resultado final de la aventura islamista de invasión de España.

6. La instalación de la intolerancia en España

Bocairent es un pequeño pueblo valenciano cuyo nombre se pregonó desde Washington hasta Rawalpindi, el 12 de febrero de 2006. Ese año –el mismo en el que se produjo una oleada de violencia causada por la publicación en Dinamarca de unas inofensivas caricaturas de Mahoma– las autoridades de Bocairent renunciaron a incinerar la figura clave de la fiesta local: “la Mahoma”. El miedo a la intolerancia islamista y la presencia masiva de islamistas había operado esta renuncia. Lo mismo ocurrió en Beneixama: la posibilidad de una reacción islámica asustó.

Bocairent tiene 4.500 habitantes y celebra sus fiestas del 2 al 6 de agosto. Tradicionalmente, desde tiempo inmemorial, un “ninot” de tres metros de altura, vestido de árabe, luciendo media luna y barba negra sobre su tez morena, era el abanderado de las fiestas y el icono más popular. La fiesta terminaba arrojando al “ninot” por el castillo. A partir de 2006, el pueblo renunció a esta tradición: ¿por convicción? ¿por afán renovador? ¡En absoluto! ¡por miedo!.

Lo mismo ocurrió unos días después en Beneixama, cuando se abandonó toda referencia a “La Mahoma”, pasando a ser “la efigie”. En esta localidad de 1.500 habitantes, hasta 2005 se hacía explotar la cabeza de “la efigie”, con pólvora, dando así por concluidas las fiestas.

Era evidente, a partir de la presencia masiva de islamistas en nuestro país que, antes o después, nuestras fiestas iban a sufrir una alteración en profundidad.

Hasta hace poco, podíamos tener una ligera idea de lo que es la intolerancia islámica a partir de las imágenes de masas musulmanas en estados de histerismo e irracionalidad en Palestina o Irán, en Pakistán, Turquía o Marruecos. Ahora ya tenemos a esas masas entre nosotros. Es evidente que las cosas no han terminado aquí, con un simple recorte en algunos rasgos de las fiestas de moros y cristianos. La FEERI lo ha proclamado: quieren su abolición. Es así de sencillo. Saben que hoy no son lo suficientemente fuertes, así que se trata de seguir avanzando e islamizando la península. Que nadie lo dude: cuando el Islam sea lo suficientemente fuerte en Europa, la democracia será un recuerdo y las viejas tradiciones seculares proscritas. Hoy, estamos en la primera fase de la instalación de la intolerancia.

Por todo esto, la defensa de las Fiestas de Moros y Cristianos en su configuración tradicional es algo más que una postura “resistencialista”: supone la afirmación de nuestra identidad y de nuestra historia. Algo irrenunciable. Algo necesario.

Antropología de la vieja España: Teoría y practica de la familia en España

© Ernesto Milà – Ernesto.mila.rodri@gmail.com – infokrisis

 

 

 

Entrevista sobre el catarismo

Entrevista sobre el catarismo

Info|krisis.- En 1996, Editorial Martínez Roca (Grupo Planeta) me pidió componer un libro sobre el catarismo, una especie de guía-manual sobre la herejía desde todos los puntos de vista. El libro fue preparado en un tiempo récord (apenas mes y medio) y en poco tiempo se vendieron 5.000 ejemplares. Entre las distintas entrevistas y artículos que se publicaron en la época sobre este libro, he encontrado esta que reproduzco ahora como acompañamiento para la edición digital en formato e-book que acaba de salir a la venta en Amazon. Se trata de un libro excepcionalmente ameno y sintético en el que el lector podrá encontrar un análisis sobre lo que es el catarismo, un resumen de su historia y las rutas que hoy pueden seguirse en Francia, en España y en Andorra por los lugares en los que se desarrolló la aventura del catarismo. Una serie de anexos completan lo esencial de esta obra que en la actualidad se está traduciendo al portugués y que estaba agotada en España.


GUIA DE LOS CATAROS

DOCTRINA – HISTORIA – RUTAS – CURIOSIDADES

ANEXO: LA RUTA DEL MISTERIO DE RENNES-LE-CHÂTEAU

Ernesto Mila

 

UNA PERSPECTIVA NUEVA SOBRE EL CATARISMO

Pregunta.- En los últimos tiempos se han publicado decenas de libros sobre el catarismo ¿qué aporta este libro que otros no hayan ofrecido antes?

Respuesta.- Desgraciadamente los libros que se vienen publicando sobre el catarismo, o son muy generalistas o demasiado especializados. Y lo que es peor: los libros editados hace solo una década ya no son útiles: hoy cuando conocemos bastante más sobre el catarismo, hace falta poner en orden nuestras ideas cada cierto tiempo. Mi libro está realizado con una triple intención: en primer lugar dar cuenta del estado actual de la cuestión; abandonar algunas interpretaciones que se han reiterado en los últimos sesenta años y establecer el nivel de conocimientos que tenemos sobre el catarismo en estos momentos. De otro lado, he pretendido dar una perspectiva global sobre el fenómeno: doctrina, historia, lugares a visitar y curiosidades inclasificables. En tercer lugar es un libro que puede satisfacer tanto a los interesados en la temática medieval como a aquellas personas que se sienten más proclives a los viajes. Los unos encontrarán una síntesis histórico-doctrinal, los otros, una serie de rutas por Francia y España. Finalmente, estoy convencido que unos y otros terminarán por interesarse por la totalidad del libro.

P.- Usted habla de “novedades” en los estudios cátaros ¿a qué novedades se refiere?

R.- Desde hace solo unos años se sabe que el castillo actual de Montsegur fue construido sobre la auténtica fortaleza cátara, lo que, en otras palabras quiere decir, que, siendo válidas las investigaciones de Ferdinand Niel sobre la “solaridad” del castillo, su orientación y demás curiosidades del trazado… no fueron los cátaros a quienes hay que atribuirlas. Niel y otros como él, realizaron un aterrizaje perfecto, pero se equivocaron de aeropuerto. Hoy se tiende a desmitificar el fenómeno cátaro: ni una forma de gnosticismo, ni tuvo un esoterismo excesivamente marcado; parece incluso que sus rituales fueron extremadamente simples y que se trató más de un movimiento mucho menos esotérico de lo que se suele pensar. También son curiosas las relaciones entre cátaros y templarios; no solamente no fueron en absoluto buenas, sino todo lo contrario; a diferencia de las relaciones con los hospitalarios que estuvieron más marcadas por un colaboracionismo mutuo y casi impensable.

OCULTISMO, ESOTERISMO Y CATARISMO

P.- ¿Sigue usted a alguna escuela particular? ¿pertenece a algún círculo esotérico u ocultista?

R.- No he tenido ninguna relación con el ocultismo, si bien es cierto que tengo cierto interés por las figuras de Crowley y Josephin Peladan. No tengo inconveniente en reconocer que participo de la escuela tradicionalista cuyos elementos más destacados son René Guènon y Julius Evola. No puedo decir que esta “Guía del Catarismo” se haya realizado bajo las estrictas perspectivas de esta escuela –entre otras cosas por que se trataba de un libro de gran difusión-, pero si es cierto que he tenido muy en cuenta sus opiniones y criterios sobre el tema. Para ellos, en concreto para Julius Evola, los cátaros no fueron los “herederos del Grial”, este título les corresponde a los templarios, sin duda alguna. Sin embargo, también he procurado seguir los trabajos de Otto Rhan –que no comparto en su totalidad- pero que me parecen extremadamente interesantes e innovadores.

P.- ¿No fueron cátaros y templarios dos formas de una misma gnosis, es decir, de una doctrina que pretendía alcanzar el conocimiento metafísico?

R.- Cada vez resulta más evidente que el catarismo fue un fenómeno muy variopinto, que alcanzó su límite máximo de pureza en los alrededores del siglo XI y algo del XII y que luego se difuminó. Las persecuciones le restaron a sus mejores hombres. También es cierto que muchos de ellos abandonaron el catarismo y volvieron al redil católico. Pero el caso es que, ya antes de la caída de Montsegur el movimiento sostenía posiciones extremadamente contradictorias allí donde tenía cierto arraigo. Los cátaros del Norte de Italia, no son los mismos que los cátaros de Toulouse. Da la impresión que el movimiento, progresivamente, a medida que va perdiendo a sus mejores hombres, va cayendo en las supersticiones. Al final, cuando muere el último perfecto, Guillaume de Belibaste, estamos ya ante un personaje, que al margen de su talla ética y moral, carece de metafísica y de un pensamiento orgánico, es más bien un conjunto de supersticiones y ritos que, en buena medida, han perdido ya su significado y, por tanto, su poder.

P.- ¿Existió un esoterismo cátaro?

R.- A medida que fui avanzando en la elaboración de la Guía, fui variando mi opinión. En principio pensaba que la línea que podía trazarse sin cierta dificultad desde el maniqueísmo hasta el catarismo, pasando por paulicianos, bogomilos, etc., implicaba la transmisión de un cierto esoterismo que, posiblemente procedía del zoroastrismo reconvertido por los maniqueos. Poco a poco me fui convenciendo de que, si hacemos abstracción, de las historias recurrentes repetidos de unos a otros autores, el esoterismo cátaro es poco menos que inexistente. De todas formas hay que precisar el sentido de las palabras: esoterismo implica, en sentido amplio, una “doctrina secreta”, interior, patrimonio de un círculo de iniciados. Ese “círculo” existía, eran los perfectos. Pero en un sentido más estricto –y siguiendo en esto a Evola y Guènon- un esoterismo digno de tal nombre va siempre parejo a una metafísica. Y esto cuesta más de advertirlo en los textos cátaros. Lo que si existe es una simbología (como en la misma época existía en el catolicismo) particular que podría dar lugar a asimilaciones con otras escuelas y concepciones esotéricas. Pero, en cualquier caso, hoy no pueden compartirse los criterios de grupos como AMORC que ven en el catarismo la quintaesencia de una doctrina esotérica; apenas lo fue. En este terreno es sorprendente que existen rastros de doctrinas esotéricas en las ermitas románicas de los Pirineos… pero que no tienen nada que ver con el catarismo.

LAS SUPERVIVENCIAS DEL CATARISMO

P.- ¿A qué podría asemejarse el catarismo?

R.- Provocadoramente podría decir que a los hippies. En efecto, como estos, los cátaros recorrían los caminos, tenían en sus orígenes una forma particular de vestir, eran admiradores de la naturaleza, iban y venían por los campos, pacifistas impenitentes eran incapaces de ejercer la más mínima violencia. También es cierto que, como los hippies, fueron pocos incluso en sus momentos más álgidos.  En cierto sentido se adelantaron a su tiempo. Su lectura de los textos bíblicos buscaba casi un “libre examen” de los textos, algo que hacia el siglo XVI fue el centro de la polémica entre católicos y protestantes.

P.- ¿Sobrevivió algo del catarismo?

R.- Apenas nada. Cuando caen las fortalezas de Montsegur y Queribus, el movimiento es marginal. Parece que las pocas gentes que en aquellos momentos seguían considerándose cátaros –y que además de ser pocos, eran habitualmente incultos- se integraron en movimientos que aparecieron en aquellas mismas zonas como el de los “Pobres de Lyon”, o valdenses, y más tarde quizás entre los hugonotes hubiera alguno que, por herencia y tradición, hubiera oído hablar algo del catarismo. En mi opinión se extinguieron completamente hacia el último tercio del siglo XIV. No hay que olvidar hubieron muchas conversiones al catolicismo y que, probablemente –y comparto esta teorías- las “etnias malditas” que se encuentran en los Pirineos (agotes del valle del Baztán y cagots de los Pirineos centrales) o en la ruta de Santiago de Compostela (maragatos, vaqueiros, pasiegos y otros de los que ya se ha perdido la constancia como en Barcelona que también hubo grupos marginados) eran antiguos cátaros convertidos y en torno a los cuales la jerarquía católica trazó un círculo protector, por si su conversión no era del todo sincera.

P.- ¿Alude en su libro a estas “etnias malditas”?

R.- Si, ampliamente. Y debo decir que es un tema que me apasiona, por que esa marginación ha llegado hasta nuestros días: 700 años… A principios de los ochenta en Barcelona pude entrar en la última tienda de un cordelero del Raval en Barcelona. Sobre los cordeleros del Raval se decían las mismas patrañas marginadoras que sobre los agotes y los cagots. El hecho de que vivieran en el mismo barrio donde estaba la leprosería de Barcelona, abunda en mi teoría de que existieron antiguos cátaros venidos a Barcelona. También hablo de este tema en mi libro con el particular interés que puede esperarse de un hijo de Barcelona.

LA RENOVACIÓN DE LOS ESTUDIOS CATAROS

P.- Si no ha quedado nada del catarismo, es cierto que Occitania sigue marcada por el fenómeno ¿a qué se debe?

R.- En el siglo pasado hubo un intento romántico de rescatar una historia propia. En Occitania, era evidente que esa historia para por el catarismo. Se recuperaron los Juegos Florales y se creó todo un movimiento en torno a Federico Mistral. De ahí partió un interés renovado por el catarismo. Esto coincidió casi en el tiempo con la aparición de los más famosos ocultistas franceses: Papus, Peladan, Guaita, etc. que se fijaron en el catarismo y, erróneamente, vieron en él más esoterismo del que había en realidad. Pero, aunque equivocados, hicieron escuela y por la senda que ellos desbrozaron otros muchos pasaron. Peladan fue el primero en pensar que existía una relación entre los cátaros y el Grial. Error, vanamente buscaríamos alguna, se trata de dos líneas místicas completamente diferentes. Sobre los pasos de Peladan, un joven alemán, miembro de las SS y del espionaje nazi, Otto Rhan, escribió dos libros que son reeditados con cierta frecuencia: “Cruzada contra el Grial” y “La Corte de Lucifer”, allí se sostenía que el Grial y los Cátaros pertenecían al mismo linaje espiritual.

P.- ¿En qué se basó Rhan para afirmarlo?

R.- En el “Parsifal” de Wolfram von Eschembach. Rhan creía que los versos del minesinger alemán rememoraban la gesta cátara. He de reconocer que su tesis –que en parte era la de Peladan- estaba muy bien armada y tenía poder de convicción. Para colmo era casi una “tesis oficial” en la Alemania Nazi. Himmler, el jefe de las SS realizó altas tiradas de los libros de Rhan lujosamente encuadernados para regalarlos a las altas jerarquías del partido. Himmler creía ciegamente que los caballeros del Grial eran los cátaros.

EL CATARISMO FRENTE AL SIGLO XXI

P.- ¿Qué puede ofrecer el catarismo a los hombres del siglo XXI?

R.- Dos cosas, fundamentalmente. En primer lugar, tras la reflexión cátara –dejando sentados que apenas existió teología y metafísica cátara, pero si hubo una reflexión sincera- se entrevén las grandes cuestiones que inquietan desde hace siglos al ser humano: ¿de dónde procede el mal en el mundo? Los cátaros dieron una respuesta, ni mejor ni peor que otras, pero tras esa respuesta se percibe una sincera y sencilla reflexión espiritual. Sincera en la medida en que muchos de ellos estuvieron dispuestos a morir por defenderla. Esto para mí es esencial sobre todo en estos tiempos en los que nadie parece muy interesado por los grandes problemas que han preocupado a las generaciones, preocupan solo los problemas contingentes y las peores y más vacuas formas de ocio que podamos concebir.

P.- Ha hablado de dos cosas…

R.- Efectivamente, el catarismo forma parte de nuestro pasado. Somos europeos y el catarismo es una parte de la historia de Europa que, sobre todo, tuvo influencia en Alemania, Occitania, algunas zonas de la Península Ibérica, Norte de Italia y en zonas de la antigua y esquilmada Yugoslavia. Creo que los jóvenes del siglo XXI deben tener una idea amplia de la historia de Europa, de su pasado, de lo que vivieron y realizaron sus ancestros. Solo así comprenderán el presente. Es más, en el caso del catarismo, solo así aprenderán a realizarse preguntas necesarias para dar un sentido a la vida.

P.- ¿A qué se debe el actual interés por el catarismo? ¿No es contradictorio con el desinterés por los grandes problemas que acaba de mencionar…?

R.- No se equivoque, Occitania ha encontrado en el catarismo un eje para interesar al turismo. Ya he dicho que la mayoría de piedras que los turistas pueden ver en los castillos, no son realmente cátaras, sino más o menos posteriores. Pero no hay que juzgar negativamente este fenómeno. Creo que es más sano ascender los cientos de metros que llevan hasta la cumbre de Montsegur, que tostarse durante horas tumbado en una playa. El ascenso,  la escalada, la elevación, es también un valor metafísico, como el estar tumbado es su contrapartida. El que asciende está en pié, activo, el otro está pasivo, tumbado. La verticalidad es la vida, la horizontalidad, la muerte y algo peor… el aburrimiento. De ahí que haya dado gran importancia en mi libro a las rutas turísticas; personalmente soy partidario de enseñar la historia sobre el terreno,  como si se tratase de algo vivo. Así que el hecho de que exista una infraestructura turística excepcionalmente bien dotada en la zona, la hace doblemente atractiva: por su pasado y por su presente. En el fondo mi libro es una invitación a recorrer el país Occitano.

RUTAS HERETICAS

P.- Su libro se subtitula “Ruta Herética de España, Francia y Andorra”, el contenido ¿cumple las expectativas que promete?

R.- Si, a condición de que reduzcamos Francia a Occitania y parte de Aquitania, y España a la corona de Aragón. En cuanto a Andorra, su origen está ligado al fenómeno cátaro. Hay que tener en cuenta que para los cátaros, los reinos peninsulares y especialmente la Corona de Aragón y los condados pirenaicos, fueron una zona de huida y retirada. El último perfecto, fue a residir al Levante español, pero contingentes extremadamente numerosos de antiguos cátaros llegaron a esta vertiente del os Pirineos y, muy habitualmente, por Andorra. De todo esto existen apenas trazas y unos fragmentos de historia. No puedo dejar de mencionar a Jordi Ventura Subirats que fue mucho más lejos en este terreno que Menéndez Pelayo en su “Historia de los Heterodoxos”. Ventura Subirats es una referencia obligada a todos los que se interesen por el catarismo en la Corona de Aragón. Lamentablemente sus libros no han sido reeditados en los últimos años y son difícilmente accesibles para el público interesado.

PARÉNTESIS SOBRE RENNES-LE-CHÂTEAU

P.- Una última pregunta sobre un tema que me ha causado cierta perplejidad. En su libro dedica casi cincuenta páginas a Rennes-le-Château y a su entorno, ¿A qué se debe? ¿el “misterio” de Rennes tiene algo que ver con el catarismo?

R.- No, en absoluto. En Rennes no hay el más mínimo rastro de que por allí pasara algún cátaro, a pesar de que se encuentra a menos de cinc kilómetros de Montsegur.  Son historias muy diferentes que solamente coinciden en la geografía. La historia del cura de Rennes y de su tesoro me parece fascinante; es un misterio que todavía sigue dando sus frutos. El “affaire” tiene tres ingredientes que me parecen extremadamente atractivos: la figura del cura heresiarca, del perdido y de la montaña mágica… Por lo demás Rennes y su entorno son una maravillosa muestra de la naturaleza salvaje y poco explotada turísticamente. La geografía nos ha sido benévola y Rennes está a menos de 200 kilómetros de nuestro hogar así que la visitamos desde los años setenta. Sería difícil concentrar en tan pocos kilómetros cuadrados tanto misterio. Casi estoy tentado de decir que el esoterismo y el ocultismo que están minimizados en el catarismo, tienen su contrapartida en esta zona colindante con la herejía. Por eso, la última ruta de mi libro es una invitación al lector para recorrer todo el misterio de Rennes-le-Château. A medida que voy describiendo las zonas, aprovecho para describir los acontecimientos que tuvieron lugar allí hace ahora cien años y cuya sombra todavía se proyecta en nuestros días.

P.- ¿Se atrevería a descifrarnos el misterio de Rennes?

R.- No, ahí está la emocionante, que hace tan poco tiempo que se desarrolló y apenas sabemos nada a ciencia cierta. A principios de año murió Pierre Plantard, el autotitulado “Gran Maestre de la Antigua y Mística Orden del Priorato de Sión”, nombre excesivamente largo como para que fuera cierto. Plantard fue la persona que más enrevesó el misterio de Rennes. Cuando aparece en escena –hacia mediados de los años cincuenta- se hace difícil distinguir la verdad que envuelve el misterio de Rennes, de las fantasías urdidas por él. Piense que Plantard dedicó los últimos cuarenta y cinco años de su vida a crear una historia que le colocaba a él en el centro del misterio: nada más y nada menos que como último descendiente de los merovingios, legítimo aspirante a la corona de Francía, del linaje de David, y por tanto, emparentado con el mismísimo Jesús de Nazaret. La habilidad de Plantard fue tal que escritores de genio y plumas vigorosas como la de Gerard de Sede, le creyeron a pie juntillas durante varias décadas. Solo este tema, el de Pierre Plantard, sus merovingios y su Priorato de Sión, por lo espectacular que tienen, merecen ser conocidos.

Por experiencia propia sé que cada vez que, viajando hacia los lugares que describo en mi libro, cuento las historias de Berenguer Sauniere, el cura de Rennes, de su tesoro, de su herejía rosacruciana, y las andanzas de Pierre Plantard y su “Priorato de Sión”, mis acompañantes se sienten fascinados. Es la fascinación ante lo que se sale de lo normal, verdadero o falso, pero anómalo. Por eso incluí en mi libro una ruta en torno a Rennes-le-Château y creo que, resumir esa historia compleja en función de una ruta de apenas 150 kilómetros por el valle del Razés, la comarca del Aude, hasta el pico Bougarach, valen la pena. Así pues, aconsejo a todos los lo que sigan la ruta cátara que se desvíen apenas unos kilómetros: se sentirán fascinados por la historia reciente que hace cien años envolvió al pequeño pueblo pirenaico de Rennes-le-Château..

P.- Muchas gracias por sus respuestas. Hará falta leer su libro para completar las ideas que aquí ha esbozado.


Baltikum, de D. Venner

Baltikum, de D. Venner

Infokrisis.- La muerte sacrificial de Dominique Venner nos sorprendió cuando estábamos corriendo la traducción de una de las obras que escribió con más entusiasmo y que le reportó más fama como historiador: Baltikum, aparecida hace cuarenta años, es una obra que no solamente nos informa sobre un episodio histórico titánico sino que nos explica cómo fue posible el nacional-socialismo, las Secciones de Asalto y su enfrentamiento con las SS.

Nos cuenta cuál era la moral de los combatientes alemanes cuando se firmó el Tratado de Versalles, nos dice por qué experimentaron como una sensación extremadamente vivida el haber sido traicionados y apuñalados por la espalda, cómo se sintió Alemania, cuando después de más de cuatro años de privaciones, todo se desmoronó y el Estado, pura y simplemente, se volatilizó. En ese momento, quienes habían estado hasta ese momento en la retaguardia o agazapados, creyeron llegado su momento: fue el tiempo de los especuladores, de los usureros, pero también el tiempo de los bolcheviques. Solamente los Freikorps reaccionaron ante todo esto. Se organizaron en torno a sus jefes naturales, aquellos que habían destacado en la guerra, que habían dirigido unidades de asalto, jóvenes que debieron abandonar sus estudios para integrarse al frente y que tras cuatro años no conocían ni recordaban nada más que la guerra, con sus destrucciones y su camaradería, con su heroísmo y su abnegación. A ellos más que a nadie les era imposible soportar la República de los usureros y los cobardes, incapaz de afrontar a los bolcheviques y dar bienestar a la población. Sin embargo, Weimar tuvo que recurrir a ellos y lo hizo en nombre de la patria. Y aquellos combatientes no pudieron resistir el llamamiento realizado por Alemania, acudieron allí en donde eran requeridos: en las calles de Berlín y de Munich, para sofocar las revueltas espartaquistas y sus excesos, acudieron a las marcas del Este, a Curlandia y a Lituania, acudieron a liberar Alta silesia de la ocupación polaca. También operaron en el Rhur recién ocupado por los franceses. Allí fue capturado y fusilado uno de ellos, Alberto Leo Schlageter, miembro del NSDAP, cuyo núcleo inicial, precisamente, estaba formado por excombatientes. Ellos lo elevaron a la categoría de mito.

Apenas eran unos miles, todos ellos verdaderos “perros de la guerra”. En 1923, muchos de ellos, con apenas 25 años, habían vivido nueve años de guerra. Era normal que quisieran llevar la camaradería y los valores que constituían el núcleo de su existencia a la vida civil. Y fue así como protagonizaron episodios como el golpe de Kapp o el pustch de Munich. Querían construir un mundo nuevo provisto de los valores propios del soldado. Eran conscientes de que había que purificar la patria y que tal acto pasaba por el fuego. Cuando la república de Weimar les traicionó (y lo hizo en varias ocasiones), supieron que debían castigar a los traidores. Se organizaron clandestinamente, cometieron atentados inmisericordes y ejecutaron como la Santa Veheme medieval a quienes juzgaron culpables. Durante un tiempo se convirtieron en nihilistas: nada merecía ser salvado porque nada tenía la altura suficiente para sustituir a la patria perdida.

La formación del NSDAP, respondió a la exigencia de los Freikorps de disponer de un aparato político que reconstruyera el Reich. La existencia misma del NSDAP es impensable sin el recuerdo de los Freikorps y estos, a su vez, son incomprensibles sin aludir a las “tropas de asalto” creadas por la Wehrmacht en 1915 para afrontar la guerra de trincheras. Esas unidades nuevas estaban concebidas con criterios muy diferentes al resto del ejército regular. Sus oficiales no estaban seleccionados por su categoría social, sino por su valor. Estaban extremadamente próximos a sus tropas y formaron unidades extremadamente eficientes en los asaltos a trincheras y fortines. Pues bien, fue entre los supervivientes de estas tropas que se formaron los Freikorps y luego las Secciones de Asalto del NSDAP.

Muchos de ellos vieron en Hitler el hombre llamado a reconstruir la patria y lo siguieron en su aventura. Tras el golpe de Munich, tras su estancia en la prisión de Landsberg, Hitler cierra una etapa: ya no se tratará de conquistar el poder mediante una audaz maniobra de fuerza, sino de convertirse en un partido de masas capaz de hacerse con el control de la nación a través de las instituciones. En 1923, el fracaso del golpe de Munich es algo más que el fracaso de una estrategia, es el final de los Freikorps y el inicio de la conquista democrática del poder.

Este periplo de cuatro años, de 1919 a 1923, es lo que nos describe admirablemente Dominique Venner. Es indudable que su vida fue un ejemplo hasta el final de valor y de dignidad. Primero como militantes política, como hombre de acción y como doctrinario, como impulsor de organizaciones que renovaron en los años 50 y 60 el combate político en defensa de la patria, de la identidad y de la sociedad. De Jeune Nation a la OAS, de Europe Action a la Fédération des Étudiants Nationalistes, Dominique Venner destacó como activista, dirigente, y doctrinario. Muchos de los conceptos que hoy están suficientemente claros entre las fuerzas patrióticas e identitarias, lo están gracias a su opúsculo Pour une critique positive, redactado en prisión y considerado como el ¿Qué hacer? del nacionalismo. La propia Nouvelle Droite debe mucho, desde sus orígenes, a Dominique Venner.

En mayo de 2013 decidió que era necesario dar testimonio de la decadencia europea mediante una acción expeditiva. Ante el altar mayor de Notre Dame de París, asumió una muerte sacrificial, mucho más que un suicidio. Lo explicó en la carta que dejó sobre aquel lugar que, mucho más que templo cristiano, es crisol ancestral de tradiciones seculares. Por eso eligió Notre Dame como escenario: para reclamar de todos nosotros la defensa de la identidad europea, en este momento negro de nuestra historia.

No somos de los que lloramos a nuestros muertos, sino de los que recogemos su antorcha y aspiramos a que la luz de sus llamas ilumine a cada vez más de nuestros compatriotas. Es por esto que hemos decidido traducir y editar Baltikum: una de las obras más queridas por Dominique Venner. Lamentablemente, esta obra no se integrará en los circuitos de consumo cultural y no podrá ser un best-seller. De esta obra solamente podrá editarse un número limitado de ejemplares, distribuidos entre amigos y gentes que comparten los mismos o parecidos  ideales que Dominique Venner, sin duda, el mejor de todos nosotros. El precio de venta cubra mínimamente los gastos de traducción y el coste de la edición y esperamos que así sea entendido. Baltikum es una obra que merece leerse porque aclara algunos enigmas de la historia y porque Venner es un autor cuya obra merece ser conocida. Y esto es lo que hacemos con la edición de este libro.

 

Características técnicas:

Tamaño 15x23 cm

Páginas: 400

Portada en cuatricomía

Precio: 22,00 euros + 3,00 de gastos de envío

Pedidos: eminves@gmail.com

Cosas que se ven por ahí...

Cosas que se ven por ahí...

Infokrisis.- No hay nada como vivir una temporada en otro país para establecer comparaciones con la vida en la propia ciudad. Comparaciones, naturalmente, para bien o para mal. No todo lo que se ve por ahí fuera es superior a la vida en España. En Nuakchot, por ejemplo, no hay avenidas asfaltadas, ni grandes almacenes, ni siquiera restaurantes en condiciones de servir una buena ensalada sin correr el riesgo de una disentería. En Conakry hasta los más ricos viven miserablemente (que es distinto que vivir de manera austera). Y, para colmo, en algunas grandes ciudades la depauperación convive con el lujo. Lo que más me sorprendió al llegar a Lima en 1983 es que a todos los taxis del aeropuerto les faltaba alguna puerta, el capó o algún vidrio. Cuando elegimos uno que aparentemente estaba completo, lo que le falta eran los frenos. Con él recorrimos los muchos kilómetros que separaban el aeropuerto del centro del Hotel Sheraton en el centro de la ciudad. Fueron kilómetros de miseria como nunca había visto. Niños escuálidos y vestidos con harapos se apostaban en los lados del camino esperando que el coche ralentizara la marcha para abrir el portamaletas y robar algo. Luego, después de kilómetros y kilómetros de miseria, bruscamente, al cruzar una avenida, en la otra acera pasamos a un lujo como no había visto ni siquiera en las grandes capitales europeas. Lo mismo me ocurrió en la etapa siguiente, en Bogotá, donde por las mañanas las calles céntricas tenían un aspecto acogedor y comercial que luego, al irse el sol, se convertía en amenazados y peligroso. En otro viaje a Cartagena de Indias pude admirar el recinto fortificado y todo lo que en él se muestra perfectamente restaurado, una ciudad colonial que remite a los mejores tiempos de la colonización. Cuando el taxi que debía llevarme al hotel se desvió fuera del recinto amurallado, volvieron las peores escenas de chabolismo y depauperación. Gentes viviendo junto a letrinas, ríos de deshechos hediondos circulando entre chabolas descuajeringadas, era lo que podía verse en algunos barrios de Cartagena. Por eso digo, que no todo el monte es orégano y que hay lugares que, indudablemente, están mucho peor que nuestra propia tierra.

Se suele decir que los españoles tenemos dos actitudes ante al viajar al extranjero: el considerar que lo que se ve es incomparablemente superior a lo que se tiene en la patria o, la inversa, de sobrevalorar lo nuestro y desmerecer lo ajeno. De todo tiene que haber, que decía el torero. Pero es rigurosamente cierto que cuando uno va algunos países percibe que las cosas se hacen con mucho más sentido común.

Tuve esa sensación en Praga: salvo uno que llama la atención por su rareza (el llamado Ginger and Fred), la inmensa mayoría de los edificios de la ciudad tienen unicidad arquitectónica. A eso se le llama “estilo”. Lo que vi en Praga es una ciudad en la que la belleza de muchos lugares y monumentos, queda realzada por la unidad del estilo que contiene y rodea a los grandes lugares. Ese estilo se ha perdido en París, por ejemplo. Hace décadas que se perdió. Visitar los arrabales de París (la Banlieu) supone toparse con algunos de los lugares más desagradables que se puede encontrar en Europa. Ocurre como en Toulouse en donde la belleza de la Plaza des Capitouls o de la Iglesia de los Jacobinos o de la misma catedral de Saint Sernin, se alterna con barrios enteros “sans droit”, es decir, en los que ya no rige el Estado de Derecho y que han sido completamente abandonados por la administración que tiene perfecta conciencia de que imponer allí el orden republicano supondría arriesgarse a una sublevación étnica y racial. Marsella, así mismo, era una ciudad hermosa que yo ya no conocí en ese estado. Cuando fui por primera vez a Marsella no vi la ciudad que me había descrito mi padre de manera encendida y elogiosa. Allí, efectivamente, estaba La Cannabiére, que terminaba en el puerto tras un largo descenso repleto de caserones señoriales a uno y otro lado, pero la ciudad mostraba lamentablemente un estado de abandono y dejadez del que no solamente son culpables las autoridades, sino una población que ya dista mucho de ser europea y de comportarse como europeos.

Porque lo importante de un viaje turístico no son solo los lugares que vas a visitar, sino la gente con la que te vas a cruzar. Estaba en un bar en la Mala Straná de Praga, aprovechando el WiFi que ofrecían junto a unas salchichas. De repente me di cuenta de que estaba rodeado de mesas en las que se sentaban niños. Y era raro porque en España, cuando en una mesa tienes la desgracia de que se te sienten al lado adolescentes de 14 a 18 años, lo más normal es que griten, se muestren excitados y convulsos y organicen un revuelo que te rompa la concentración. Lo que más me extraño de aquellos niños checos es que… ¡hablaban! Y lo hacían pausadamente, sin aspavientos, sin estridencias. Me sorprendió, así mismo, que el móvil no se utilice en ningún lugar con la obstinación que en España. Aquí es raro ver a gente de todas las edad que cualquier transporte público no esté hablando por el móvil (frecuentemente a gritos, obligándote a oír lo que no te interesa y lo que por pudor debería de mantenerse entre los dos interesados) o enviando interminables mensajes de texto. ¿Tiene la gente tanto que decirse? Luego, si oyes –porque estás obligado a la vista del tono y del timbre que utilizan- resulta que siempre se trata de banalidades. La tarifa plana ha destrozado este país. En naciones con mucho mejor nivel tecnológico (y, probablemente, también con mucho más nivel educativo), resulta raro verse obligado a oír la conversación telefónica de otros. Los aparatos de telefonía se utilizan mucho más mesurada y prudentemente. Se diría que las personas reservan a veces espacios de tiempo para pensar sobre sí mismos, meditar o simplemente abstraerse. No precisan constantemente llamar la atención, ni recordar a unos y otros, incluso a los que no nos interesan, que existen. Hoy he pensado en toda esta gente cuando he leído un texto de Louis Ferdinand Céline, traído a colación por Paul Serant en “Romantisme Fasciste”, un ensayo sobre los novelistas franceses que optaron por la “colaboración”: “Si de todo esto queda una mierda en apenas diez años, ya será mucho”.

Los niños que vi en Praga me sorprendieron tanto como los que vi en la ciudad de Quebec. Uno de los días que estuve allí, los colegios tenían fiesta o bien favorecían las visitas extraescolares. Así que estaba en un bar del centro, en el primer piso, cuando una vibración en la escalera de madera pareció indicar que estaba llegando público en masa. Una vez más, me estremecí ante la llegada de no menos de un centenar de niños. También aquí, me sorprendió que los profesores fueran capaces de ordenarlos en mesas y que no hubiera más ruidos ni molestias que los que podía causar cualquier otro cliente. Y era sorprendente, porque también aquí, hablaban entre ellos de manera reposada. Ni jugaban con las maquinitas de videojuegos, ni con el teléfono móvil, ni ponían música estridente… hablaban. Cuando uno se sorprende de que los niños hablen y no griten o berreen es que las cosas están muy mal en su patria.

También he visto por esos mundos de dios, ciudades en las que se ha realizado un gran esfuerzo de racionalización. En Canadá, en los supermercados, a la entrada, hay unas máquinas que “tragan” botellas y latas vacías. Es su forma de “devolver el casco”, algo que en España ya no se hace. En estas máquinas, cualquiera puede introducir sus botellas vacías o sus latas, para recibir un vale de descuento por las compras hechas en el super. Esos cascos vacíos se distribuyen entre los fabricantes de bebidas, mientras que las latas se comprimen y se venden a empresas que procesan el latón. En España se habla mucho de reciclado, pero todo resulta tan absurdo que quien se lo crea merece el título de “santo varón”. En efecto, aquí la filosofía consiste en que los ayuntamientos instalan en las calles contenedores de botellas, las retiran cuando están llenos, las entregan a empresas que las trituran… para fabricar nuevas botellas. Cuando era pequeño se decía aquello de que “para ir y volver vale más no ir”. ¿No sería más razonable salvar las botellas, devolverlas a las empresas, premiar económicamente el reciclado y evitarse fundir más y más botellas sobre el polvo de vidrio de las anteriormente útiles pero vacías?

En Montreal llamaron a la puerta. Eran los bomberos. Me ofrecieron instalar una alarma contra incendios. Aun hoy me avergüenzo de que dudé en aceptarla e incluso me resistí: lo normal era que en España, si venía alguien diciendo que era bombero y que te regalaba una alarma, lo normal era que el paso siguiente fuera pegarte un sablazo económico. Aquí era un regalo… regalo interesado porque una alarma instalada puede evitar un incendio y el consiguiente gasto provocado por la movilización de los bomberos y un pago del seguro del hogar.

Más aún: pocos días después apareció un funcionario municipal regalándome un contenedor para basuras orgánicas. Una vez a la semana pasa el camión para recogerlas, así pues el contenedor era de tamaño grande. Antes, otro contenedor para basura no orgánica también había sido entregado por el ayuntamiento. Se recogía dos veces a la semana… En nuestro esquilmado país nos piden que reciclemos y que nos busquemos la vida: que seamos nosotros quienes compremos los contenedores, que seamos nosotros quienes separemos todo lo separable, que lo llevemos a los contenedores, en ocasiones situados lejos de casa y que, además, todo esto, lo hagamos gratis. Porque el Ayuntamiento no solamente nos cobra por recoger diariamente la basura, sino que tiene un ingreso por la venta de los materiales reciclados. Los traperos de antes han desaparecido. Para los que no los han conocido, diremos que era gente del barrio que venía a tu casa, se llevaba los desperdicios (papel, muebles, botellas, etc) ¡y te pagaba por ello! Hoy, el régimen, nos ha enseñado la necesidad de ser cornudos (pagar por llevarse la basura) y apaleados (reciclar nosotros mismos y llevar hasta los contenedores, para que otros obtengan comisiones y beneficios). Díganme si todo esto no les parece absurdo.

Los españoles solemos decir que en ningún país se come como en España. Es falso. Estando en Canadá, pude ver una edición de Salvados sobre seguridad alimentaria. Resulta que la seguridad alimentaria que existe en España es como una mierda, pero sin el como.  Y, mire usted por donde, Canadá, precisamente el país con más seguridad alimentaria del mundo. ¿Es así? Lo pude comprobar sobre el terreno: la leche sabe a leche, los fresones a fresones, la carne no empieza a soltar agua en cuanto se la coloca en la sartén. El único producto español que vi en Canadá eran las Galletas María, vendidas en una cadena cuyo equivalente en España sería el “todo a un euro”. Lo de la leche es sangrante porque lo que aquí se vende como “crema de leche para cocinar” en Canadá es lo que se vende como “leche entera”. Inútil decir que la leche desnatada canadiense no tiene nada que ver con el aguachirri blancuzco que recibe en España el mismo título. Otro tanto cabría decir de los derivados lácteos, incluidos los helados: son extremadamente superiores en Canadá. En cuanto a la carne o el pescado, no tiene punto de comparación… Gana Canadá por goleada. Cabe decir que recorrimos supermercados elitistas (la cadena Tradition) y de batalla (la cadena Intermarché), supermercados norteamericanos (Walmart) y cadenas locales (IGA). En todos ellos, la calidad de los productos era superior a los alimentos que se vende en España en El Corte Inglés o en Mercadona. Sin duda y sin excepción. Algo no funciona en nuestro país en materia alimentaria. Y eso que podríamos ser el granero y la despensa de Europa. La legislación de la UE no ha sentado nada bien para nuestro estómago.

Vale la pena hablar del pan y de la panadería. Estoy harto de comprar una baguette que parece hecha con papel de fumar y que en el camino de la panadería a casa se quede rígida como una picha recién alimentada con viagra chino. He recorrido zonas (Villena, sin ir más lejos) en donde resulta absolutamente imposible comer un pan mínimamente aceptable. ¿Qué harinas se utilizan para que la vida media de una barra de pan antes de entrar en rigor mortis sea de apenas un par de horas? En Canadá conocí a una panadería italiana que facilitaba productos a establecimientos hoteleros. Compré bolsas de 30 panecillos a 4 dólares canadienses, esto es a 3 euros… Era la provisión para toda la semana: y aguantaban en perfecto estado de revista hasta el último. ¿Harinas que resisten seis días sin fraguar? En España eso ya no se conoce ni en pueblos perdidos.

Que el país funciona mejor que España es algo que se puede intuir desde que uno llega al aeropuerto y debe pasar por la policía de fronteras. He visto pocos tratos tan agradables por parte de la policía como en el aeropuerto de Montreal, pero al mismo tiempo, un comportamiento tan sistemático: motivo del viaje, dónde vas a residir, durante cuánto tiempo, en qué fecha abandonarás el país, si es la primera vez que viajas, necesidad de mostrar billete de salida y carta del quien te va a albergar o reserva del hotel… si todo esto es conforme, coherente y lógico, pasas. Si no, primer avión de retorno al lugar de origen.

En Canadá hay inmigración, pero controlada y, sobre todo, integrada, o al menos, esa es la sensación que se tiene cuando se visita el barrio hispano, el barrio moro, el barrio portugués, el barrio italiano, el barrio chino, el barrio pakistaní, etc. El sistema judicial es duro, los juicios rápidos y la policía eficiente. Quien entra para delinquir sabe que la cárcel es su horizonte. Hubo una manifestación a finales de mayo pidiendo “papeles para todos” (¿os suena, verdad?), apenas acudieron unas 100 personas, la mayoría andinas. A decir verdad, vi casualmente otra manifestación por la rue Saint-Hubert pidiendo la legalización de la marihuana seguida por menos de 100 personas. Todos los colgaos de la ciudad, vaya. Claro que en Montreal hay delincuencia, claro que hay drogas, claro que hay inmigración masiva, y claro que hay corrupción administrativa, pero en una medida y con una intensidad tan baja en relación a lo que conocemos en nuestra pobre España, que llama la atención precisamente porque resulta imperceptible. En Québec por las noches dejaba una tumbona excepcionalmente cómoda en el porche de la casa y a nadie se le ocurrió robarla, algo que en España hubiera resultado incomprensible. De la misma forma que recibí varios libros comprados a través de ebay y de priceminister, el cartero los depositó en el buzón a nivel de calle, accesible para cualquier amigo de lo ajeno y allí seguían cuando volvía a casa por las noches.

Trabajo. En España hay empresas en las que cobras por estar y contra más estés, aunque no hagas nada, mejor te consideran. Se sale de ellas a las 21 horas, a pesar de que desde las 18:00 lo único que se haga sea dejarse ver. Cada aumento de sueldo hay que pelearlo y la participación en los beneficios de la empresa es una entelequia. En Canadá un 3% de aumento anual automático se une a la posibilidad de aumentos de sueldo por resultados. Las empresas de tamaño medio y grande tienen guarderías, gimnasios, cafés, etc. He conocido empresas que regalan a sus empleados semanalmente tiestos de flores, fruta y refrescos… los estadounidenses se ríen mucho de todas estas prácticas que contribuyen a crear un buen ambiente de trabajo y a demostrar que el empleado interesa a la empresa, él y su bienestar. En España, en cambio, estamos hablando de “ganar competitividad” y eso solamente pasa, según la patronal y el gobierno con los sindicatos como convidado de piedra, por facilitar el despido, rebajar los salarios, restar derechos sociales y establecer contratos en precario, becarías y todo aquello que remite a la primera revolución industrial decimonónica.

Hay solamente una práctica carpetovetónica que no encontraréis en lugar alguno del planeta: la siesta. Pero lo que se dice comer, se come bien en Belgrado, en Cagliari, en Praga, en Carlovi Bari, en Montreal o en Québec… incluso existen restaurantes españoles que te hacen recordar los aromas y las calidades que tuvo la patria en otro tiempo. Eso es todo. Es evidente que si uno visita el Reino Unido, es posible que la comida de allí le repugne… ya hemos dicho que en todas partes cuecen habas y que hay zonas de Europa en donde el saber vivir es una práctica poco habitual.

Podría seguir y llegar a la página 100, per creemos que lo que intentamos expresar ha quedado claro: nuestro país sufre un proceso de degradación en todos los terrenos (no solamente n el económico-social o en el político) que repercute en la vida de los ciudadanos, de los que se interesan por la política y de los completamente apolíticos. La vida de todos nosotros va perdiendo calidad. Y hay un responsable de todo ello: el régimen nacido en 1978, para el que los beneficios y las comisiones de la clase política, sus prebendas y sus intereses, sus caprichos y sus necedades se sitúan por encima del interés general. La situación en nuestro país es, en este momento dramática: jóvenes que siguen sus estudios con la única esperanza de abandonar España en cuanto terminen conscientes de que aquí ni hay, ni habrá durante décadas, puestos de trabajo de calidad para absorberlos; personas maduras cuyo drama es haber conocido una España en la que valía la pena vivir y no este deshecho de país en el que cada día los informativos recuerdan que las mismas siglas son desde hace 35 años causantes de nuestra decadencia; empresarios desengañados de la economía productiva que tan solo buscan cómo cerrar sus empresas y realizar el consabido pelotazo que les resuelva la papeleta para los próximos 20 años; comisionistas en todos los niveles administrativos incapaces de racionalizar su gestión; políticos en el poder, en la oposición y en los partidos ascendentes, que apenas buscan otra cosa que vivir del dinero público y situarse a la sombra del poder. Un país desmoralizado, inactivo, absolutamente petrificado por la visión dantesca de un futuro sin esperanza, gobernado por unos partidos que no tienen otro proyecto que sentarse en la poltrona, ni más ambición que medrar en las instituciones… unas instituciones de las que ya hemos olvidado que debían servir para representarnos, defendernos y gestionar el progreso de la sociedad.

Viajar por el extranjero supone entender que España no es el paraíso en ningún terreno y que mas valdría que nuestros políticos viajaran un poco más y se inspiraran en los países que verdaderamente funcionan o de lo contrario este país, que vive en la actualidad de la hostelería y del turismo, en breve verá como huyen los unos y los otros hacia destinos más agradables, baratos y cómodos.

Este artículo, evidentemente, ha sido un desahogo, legítimo y comprensible, de quien está harto de ver como este país se hunde, sin que no haya ni autoridades, ni aspirantes a serlo, que tengan capacidad de convicción, energía, ni proyecto para enderezarlo. Nunca como hoy ha sido difícil ser patriota en España, porque nunca como hoy la patria ha estado tan desmoralizada, destrozada y dirigida por ineptos y corruptos. Ya lo he dicho: “Estoy dispuesto a morir por mi patria, pero no ha vivir en ella”. Y me reafirmo.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com - infokrisis   

 

 

Todo sobre el nacionalismo...

Todo sobre el nacionalismo...

Infokrisis.- Todo nacionalismo es producto de una burguesía que no solamente quiere tener hegemonía social y económica, sino también política. El nacionalismo (a no confundir siempre con Patriotismo, tema al que ya hemos dedicado otros artículos e incluso nuestra obra Identidad, patriotismo y arraigo en el siglo XXI) es un fenómeno relativamente reciente que nace con la revolución americana y con la francesa. Ambos episodios suponen la ruptura de la clase social que ha ido ascendiendo desde el Renacimiento, la burguesía, gracias al aumento del comercio y al tráfico de especies), con el “orden aristocrático” en el que primero la nobleza (feudalismo) y luego el rey absoluto y la corte, eran las fuerzas hegemónicas de la sociedad. Poco a poco, la burguesía ha ido creciendo y llega un momento en el que exige una situación hegemónica: quiere el poder político, porque gracias a él puede utilizar a su favor el poder económico.

Del reino a la nación y de la nación al nacionalismo

En ese proceso, los que hasta entonces eran “Reinos”, quedan convertidos en “Naciones”. Una “nación” es, históricamente, un territorio en el cual se han impuesto los valores de la burguesía expresados en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. El problema es que la burguesía no es una clase homogénea, sino fraccionada en intereses regionales, locales, incluso corporativos. De ahí que cuando en algunas zonas se constituyeron unas burguesías locales que, por algún motivo, tenían algún elemento de agregación común, allí apareciera un movimiento regionalista y/o secesionista.

La independencia de las colonias americanas sigue siempre a la formación de una burguesía criolla, de la misma forma que los nacionalismos catalán y vasco, van parejos a la industrialización de estas dos regiones que tiene lugar en la segunda mitad del siglo XIX (y especialmente en el último cuarto del siglo) al retornar muchos capitales invertidos hasta ese momento en las colonias americanas.

Si el nacionalismo andaluz o gallego tuvieron mucho menor calado que el catalán o el vasco, se debe sin duda, a los distintos niveles de desarrollo de todas estas regiones y, por tanto, a la mayor o menor importancia de sus burguesías locales. Por otra parte, los rasgos diferenciales de carácter antropológico, cultural y lingüístico, contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, en absoluto son determinantes, sino que, como máximo, constituyen los recursos emotivos y sentimentales sobre los que se edifica y “embellece” la construcción ideológica de la burguesía, cuyo interés es exclusivamente económico y mercantil. Esto explica el por qué en zonas como Mallorca o Menorca en las que existen rasgos “diferenciales”, o en el Valle de Arán, no haya existido nunca un nacionalismo: se debe, simplemente, a que el peso de la burguesía ha sido mucho menor que en Cataluña. De la misma forma que el caso del nacionalismo andaluz, Blas Infante realizó una fantasiosa construcción basada en la historia y en algunas peculiaridades lingüísticas, pero no pudo convertir su movimiento cultural en político precisamente por debilidad de la burguesía local.

La formación de todo movimiento nacionalista está precedida por una fase en la que la burguesía local va aumentando su poder pero todavía es débil en relación al conjunto de fuerzas políticas y sociales. En esa fase, el énfasis de su acción es “cultural”: se trata de “recuperar” y crear “factores diferenciales” que, juntos, configuren una “identidad” diferenciada del resto de identidades. El nacionalismo es, sobre todo, una sensibilidad emotiva basada en mitos y en construcciones reales o ficticias para las que sus teóricos utilizan distintos elementos: geografía, historia, lingüística, antropología, etc.

El nacionalismo catalán hijo de la alta burguesía regional

Así nació el nacionalismo catalán: la burguesía catalana en la segunda mitad del siglo XIX exigía “proteccionismo” para su industria textil. El bombardeo de Barcelona por Espartero fue el elemento emotivo sobre el que se apoyó la primera oleada pre-nacionalista, lo que se ha dado en llamar “la Renaixença”. Luego, esa misma burguesía, al sentirse más reforzada por el aumento de sus inversiones (tras el retorno del capital procedente de Cuba y antes de Maracaibo), no solamente financió la creación de un “nacionalismo cultural” (Verdaguer, Maragall, y toda una cohorte de escritores y artistas financiados por los Güell que, al mismo tiempo, pagaban a su costa los Juegos Florales, crearon con restos de leyendas tradicionales y arcaicas, toda una mitología catalana) sino que quiso disponer de instrumentos políticos para defender sus intereses económicos.

En los primeros años del siglo XX, el nacionalismo regionalista creció extraordinariamente en la misma medida en que la crisis del 98 ponía en crisis la idea de España y el nacionalismo español. Seguramente, antes del principio de los años 20 hubieran optado por la vía independentista de no ser porque la huelga general de 1909 demostraron que la clase obrera catalana tenía unos intereses antagónicos a los de la burguesía y estaba dispuesto a defenderlos por la vía insurreccional y a través de un fuerte movimiento sindicalista. La burguesía, tras la Semana Trágica, entendió que nada, salvo el ejército español, podía mantener sus intereses, renunció durante unas décadas a su independentista y se atrincheró en posiciones regionalistas que dieron como resultado la Mancomunitat primero y el Estatuto de Catalunya después. Mientras, los intereses mineros de los Romanones, de los Comillas y de los Güell, hicieron que se mantuviera la guerra con Marruecos a costa del sacrificio de miles de vidas de soldados de quintas salidos de las clases más humildes.

75 años de vida catalana

Durante la guerra civil el nacionalismo se difuminó completamente demostrando que su fuerte no era la defensa armada de sus intereses y que sus intereses estaban divididos entre una República dominada por la izquierda y, por tanto, anticapitalista, y un franquismo tolerante con el capitalismo pero furibundamente antiseparatista. Y si durante la guerra hubo catalanes en ambos bandos (Cambó y la Lliga apoyaron al franquismo, mientras ERC y Estat Catalá, más que apoyar a la República, apoyaban a la autonomía catalana legalizada por esta), en la postguerra, prácticamente toda la burguesía catalana, casi sin excepciones, decidió colaborar con el franquismo. Mientras duró, el nacionalismo nunca más volvió a ser un movimiento de masas, simplemente quedó reducido a unos cuantos apellidos famosos entre las “200 familias” que reivindicaban un “regionalismo” de fuerte contenido clerical. Fue la izquierda la que, fiel a la herencia republicana, situó la reivindicación de las instituciones creadas por esta junto a un programa político reivindicativo basado en tres puntos: “Libertad – Amnistía – Estatuto de Autonomía” que, luego, finalmente, con el desplome del franquismo en 1976-77, pudo hacerse efectivo.

Fue en esa situación en la que el nacionalismo catalán reapareció. En 1980 obtuvo, finalmente, el gobierno de Cataluña y un nuevo Estatuto de Autonomía con techo mucho más alto que el republicano. En los veinte años que siguieron se evidenció que la arquitectura del sistema constitucional español había diseñado un sistema de bipartidismo imperfecto en el cual las situaciones en las que un gobierno no gozaba de mayoría absoluta debían recurrir a un partido nacionalista periférico para poder ejercer la tarea de gobierno. Jordi Pujol aprovechó diestramente esta circunstancia convirtiéndose en la pieza irremplazable del centro-derecha y del centro-izquierda para esos momentos en que estaban abocados a gobernar en minoría.

A cambio, Pujol lo que exigió siempre fue “manos libres” en Cataluña y eso se tradujo de dos maneras: 1) con un aumento asindótico de la corrupción que hizo de esa autonomía la más corrupta de todo el Estado, gozando prácticamente de impunidad y 2) con un aumento de la concentración de capital en manos de las “200 familias”.

Cataluña en la globalización

Mientras se producían estos fenómenos en Cataluña, la situación del capitalismo internacional iba cambiando así como las circunstancias políticas internacionales. España entraba en la Unión Europea, “unión de Estados Nacionales”. Caía el Muro de Berlín y los EEUU vencían en la guerra de Kuwait (segunda guerra del Golfo) dando el pistoletazo de salida al “nuevo orden mundial” cuyas dos características esenciales eran 1) la globalización económica y 2) el tránsito del mundo “bipolar”, al mundo “unipolar”, cuyo leader eran los EEUU.

A pesar de su nacionalismo sentimental, las “200 familias” entendieron perfectamente al nueva situación y se adaptaron a ella: Cataluña abandonó pronto su tradicional estructura productiva, el textil dejó de ser la actividad preferencial de la región y se deslocalizó progresivamente, el tejido industrial se aligeró y los beneficios dejaron de llevar por el sector industrial, empezaron a obtenerse a través del sector servicios y, luego, a través de las inversiones especulativas. La novedad era que tales inversiones ya no eran realizadas en Cataluña: el nacionalismo dejaba de invertir en la propia tierra para hacerlo en cualquier otra en la que se pudieran obtener beneficios. En este sentido, la familia Pujol es el paradigma de las nuevas orientaciones de la alta burguesía catalana: mientras sus inversiones sobre territorio catalán van siendo abandonadas, aumentan sus inversiones en cualquier otro territorio del mundo, especialmente en Iberoamérica y en operaciones bursátiles especulativas.

Puede parecer una contradicción el que la alta burguesía catalana haya cambiado sus prioridades y estas hayan pasado a ser idénticas a las de cualquier capitalismo. La lógica obliga a pensar que su interés por el nacionalismo catalán habría disminuido y, sin embargo, no es así. Vale la pena preguntarse sobre los motivos del mantenimiento de este interés: es fácil entenderlo, la respuesta está en el techo autonómico obtenido por Cataluña que le permite, en la práctica, operar casi como un Estado independiente pero con todas las ventajas de estar asociado a una nación y no debiendo emplear parte de su presupuesto en costosas estructuras propios de un Estado moderno (defensa, especialmente, pero también diplomacia, etc.). Y lo que es más importante, gracias a la Generalitat de Cataluña se dispone de una fuente continua de ingresos que, una vez obtenidos en esta tierra, pueden invertirse en inversiones especulativas en cualquier lugar del planeta.

Cataluña en la actual crisis económica

Eso seguirá mientras el nacionalismo siga controlando los resortes de la Generalitat. Pero, el nacionalismo catalán siempre ha tenido un problema histórico: la división entre los que opinan que es preciso seguir “asociado” a España por tenue que sea el vínculo y aquellos otros que opinan que debe convertirse en una nación independiente.

En una situación como la actual, los segundos tienen la iniciativa. En efecto, la crisis económica iniciada en 2007 en EEUU y en España unos meses después, ha evidenciado el fracaso del modelo político-económico nacido en 1978. Desde esa época, la propaganda nacionalista ha tendido a culpabilizar de todas las desgracias a Cataluña a la actitud del “Estado Español”, de tal manera que cuando la crisis económica se ha convertido en asfixiante, una parte sustancial de la población catalana ha creído que, efectivamente, se debía a “Madrid”, esto es al Estado central donde residen los presidentes del gobierno incapaces o simplemente estúpidos. En estas circunstancias (y a medida que se prolonga la crisis y la falta de expectativas económicas se va haciendo cada vez más evidente) resulta fácil difundir el “Espanya ens roba” y generar al esperanza de que a Cataluña le iría mejor si “volara sola”.

Al igual que Pujol, Artur Mas ha seguido utilizando el arma del chantaje para que el gobierno de Madrid cuente con su apoyo, pero con una diferencia: Mas carece de la habilidad política y del prestigio que tuvo Pujol y, especialmente, cometió el error de financiar las actividades de los minúsculos grupos independentistas (diciendo a “Madrid”: “mirad, si no me dais lo que pido, os tendréis que entender con estos”) olvidando que estamos en plena crisis y que, de la misma forma que en Cataluña se responsabiliza a “Madrid” del mal gobierno, también es cierto que crece la opinión –especialmente a partir del momento en el que el gobierno a dado rienda suelta a las investigaciones judiciales por corrupción en el entorno nacionalista- de que CiU no es completamente inocente en este caos y que, a fin de cuentas, ha gobernado durante casi 30 años en el Palau de la Generalitat.

Artur Mas: salto al vacío

En estas circunstancia, el órdago de Mas el pasado 11 de septiembre fue un triple salto mortal que corre el riesgo de causarle la rotura del espinazo: no solamente, a partir de entonces, el gobierno de Madrid abrió decenas de procesos por corrupción contra altos funcionarios de CiU, el Supremo emitió sentencias pendientes durante años contra procesados de UDC y el mismo entorno familiar de los Pujol se vio asediado por las investigaciones. Y lo que es peor: en situaciones de crisis y de confusión política, solamente prosperan las opciones más nítidas, en el ámbito nacionalista, ERC que siempre ha sostenido un programa independentista y que, en el momento de escribir estas líneas está viviendo un histórico “surpasso” en intención de voto en relación a CiU, partido que, por lo demás, se ve desgarrado por sus tensiones internas, mientras que el gobierno catalán está paralizado y desorientado justo en el momento en el que la crisis se torna cada vez más aguda (la entrada en liquidación de la Seda de Barcelona ha supuesto el fin de la última gran empresa histórica dedicada al textil que todavía quedaba en  Cataluña, a modo de símbolo del final de una era).

La situación actual dista mucho de tener solución: una alta burguesía sigue demagógicamente difundiendo “nacionalismo” pero invirtiendo fuera de Cataluña y utilizando la Generalitat solamente como fuente de ingresos seguro (y agencia de colocaciones para sus segundones) para obtener unos ingresos que luego se insertan en los circuitos de la globalización. El nacionalismo que hasta ahora era patrimonio de la alta burguesía ha pasado a ser, en su forma más radical, el independentismo, consuelo de grupos sociales muy diversificados afectados por la crisis y cuyas actitudes políticas dependen, no ya de intereses de clase, sino de percepciones personales sobre como salir de la crisis (de ahí que sea posible percibir distintas tonalidades de nacionalismo e independentismo y que el frente independentista esté atomizado no solamente en siglas, sino que dentro de cada sigla exista una miríada de posiciones diferentes sobre problemas y estrategias).

La atomización de Cataluña

Esta situación, lejos de sorprendernos, entra perfectamente en la lógica de los hechos: cuando una “nación” deja de ser misión y destino y se convierte simplemente en una excusa emotiva y sentimental para justificar la hegemonía política de su alta burguesía, puede decirse que hemos entrado en un “materialismo nacionalista” y, como todo lo que es materia, mineral, puede fragmentarse hasta el infinito. Eso es lo que está ocurriendo en estos momentos.

La sociedad catalana está dividida verticalmente entre los “españolistas”, los “indiferentes” y los “catalanistas”. Los primeros, a su vez, están divididos entre los “unitaristas”, los “federalistas”, “moderados de derecha” y los “patriotas”. Los últimos, por su parte, están divididos entre “independentistas moderados”, “independentistas radicales”, “independentistas conservadores”, “independentistas de extrema-izquierda” y, por supuesto, “nacionalistas”. Mayoritariamente, la sociedad catalana sigue siendo indiferente y estando ajena a lo que ocurre. Sin embargo, en los últimos tiempos, los independentistas radicales (ERC) y de extrema-izquierda han ido experimentando un crecimiento a expensas del “nacionalismo” (CiU), mientras que los “unitaristas” del campo españolista (C’s) ganan protagonismo sobre los “moderados de derecha” (PP) y sobre los “federalistas” (PSC). Pero todos estos conjuntos “horizontales” están, a su vez, divididos en franjas horizontales, las clases y los grupos sociales. Hoy, ya ni siquiera la alta burguesía catalana opera como realidad social autónoma tal como demuestra el “españolismo” relativo de la patronal, ni lo que queda de clase obrera catalana está completamente divorciada del nacionalismo como lo estuvo hasta antes de desencadenarse la crisis.

El resultado de todo esto es un puzle inextricable, imprevisible y, sobre todo, completamente inestable: la peor de las situaciones que podrían darse en el peor momento de la historia de Cataluña. Porque la Cataluña de hoy no es una roca en el océano como quisieran los nacionalistas, sino un Titanic perdido en una tormenta y con los dos costados atravesados por la corrupción y la partidocracia, y una oficialidad al mando mucho más pendiente de sus inversiones en tierra que del gobierno del barco. Para colmo, con algunos pasajeros que no han pagado billete y que han entrado en número de 1.250.000, dotados de identidad propia e irreductibles al nacionalismo y a Cataluña. En efecto, la presencia de una inmigración masiva contribuye a agravar aún más el problema.

Y todos sabemos cuál es el fin de una nave en estas circunstancias. No hay tabla de salvación, ni botes suficientes. Cataluña tiene por delante un futuro mucho más negro que en cualquier otro momento de su historia.

© Ernesto Milá – ernesto.mila.rodri@gmail.com - infokrisis