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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Gaudí en el Parque de la Ciudadela con los Fontseré

Gaudí en el Parque de la Ciudadela con los Fontseré

Redacción.- En esta cuarta entrega de la serie Gaudí, abordamos uno de los primeros trabajos de Gaudí antes de recibir el título de arquitecto fue en el estudio de los dos hermanos Fontseré. Ambos eran altos cargos de la masonería barcelonesa y pertenecían a la dirección de la Gran Logia Simbólica Catalana-Balear, dirigida y formada por Rosendo Arús i Arderiu. Gaudí realizó varios diseños en el marco de remodelación del espacio de la Ciudadela.

Capítulo V
En el Parque de la Ciudadela con los Fontseré

En la gran cascada del Parque de la Ciudadela de Barcelona, al llegar al Aquarium, justo ante la entrada, podemos ver dos pequeño plafón redondo en cuyo interior está representada una salamandra y un tritón, excepcionalmente naturalistas, rodeadas de hojas. Casi es posible palpar la rugosidad de su piel y seguir sus ondulaciones. Ningún sitio mejor para situar una salamandra que en un lugar húmedo. Se la ha considerado signo hermético del fuego a causa de que al desplazarse, su movimiento ondulante, evoque el de las llamas al crepitar. Por eso mismo, los antiguos creían que podía vivir entre las llamas sin consumirse y que era una manifestación del fuego. Su tacto, excepcionalmente frío, no escapó de la atención de los antiguos egipcios que lo tenían como hieroglifo del hombre muerto de frío. La salamandra, no es como el Fénix que nace de sus cenizas, sino que se alimenta del fuego. En la masonería es el símbolo del hombre perdido entre tribulaciones pero dispuesto a vencerlas. Gaudí colocó esta salamandra diseñada primorosamente con entusiasmo juvenil. Volvería a colocar otra en su madurez en la escalinata de acceso al Park Güell. Con casi cuarenta años de diferencia entre ambas, el recuerdo de éste símbolo permaneció indeleble en la mente del arquitecto. En aquella primera ocasión no era dueño de su trabajo, pero quienes le contrataron –los hermanos Fontseré, maestros de obras- debieron apreciar bien éste diseño.

* * *

Aún hoy, los especialistas no han logrado ponerse totalmente de acuerdo y disipar las dudas sobre la envergadura y los trabajos que Gaudí realizó en el Parque de la Ciudadela, pero, en cualquier caso, son significativos. Hay dos elementos a resaltar en este trabajo: el estudio de arquitectura para el que lo realizó, el de los hermanos Fontseré y, el contenido del mismo. Vayamos a lo primero.

José y Eduardo Fontseré eran hijos del maestro de obras José Fontseré que había construido la plaza de toros de la Barceloneta (situado en el emplazamiento que ocupó durante años la llamada “Estación de Cercanías”, donde empezó la bullanga de 1835 que supuso la destrucción de la mayoría de edificios religiosos del casco antiguo de la ciudad). La familia Fontseré era oriunda de Riudoms, en donde también se encontraba el Mas la Calderera, hogar de los Gaudí. Pero, de hecho, la vinculación de los Fontseré con la comarca tarraconense del Camp de Tarragona no debía ser muy fuerte en el período en que Gaudí estudiaba en la Escuela de Arquitectura; el padre, José Fontseré, la había abandonado en su juventud, cuando se estableció en Barcelona e interrumpió el linaje de carpinteros en el que se había criado.

El 15 de octubre de 1868, a un mes del triunfo de la revolución liberal, José Fontseré Mestres, trazó un primer proyecto sobre la remodelación del espacio ocupado por el fuerte de la Ciudadela. Dicha fortaleza, construida por el ingeniero Próspero de Werboom, después de la ocupación de Barcelona por las tropas de Felipe V, evocaba malos recuerdos entre los barceloneses. A la vista de la resistencia que opusieron las milicias gremiales, particularmente en el barrio de la Ribera, Felipe V ordenó el derribo del barrio (sus escombros fueron arrojados al mar y sobre ellos se construyó el barrio de la Barceloneta) y la construcción en el mismo emplazamiento, del fuerte. No era raro que, al arrancar el “sexenio revolucionario”, uno de los primeros objetivos simbólicos del nuevo gobierno fuera el derribo del fuerte. Pero éste no fue aprobado por el Ayuntamiento hasta 1869 y, solamente en 1872, se convocó el concurso para un proyecto de parque público en la zona. Fontseré presentó su proyecto el 30 de septiembre de 1873. El jurado de 13 miembros, encontró tan malos los tres proyectos presentados, que prolongó el plazo de entrega diez días para que los concursantes mejoraran su trabajo. Luego resultó que ninguno de los proyectos presentados estaba firmado por ningún arquitecto. El propio Fontseré era “maestro de obras”. Pero no hubo ningún obstáculo capaz de evitar que fuera él quien se viera favorecido. Una vez más, aparece la sombra del “apoyo mutuo”. Bassegoda lo resume: “Está muy claro que el Ayuntamiento quería que Fontseré se llevara el premio y lo consiguió” (1). Y no es raro que así fuera, por que tanto José como Eduardo Fontseré, eran prominentes miembros de la masonería barcelonesa.

Los Fontseré tienen un historial masónico fraguado a la sombra de Rosendo Arús i Arderiu, inspirador de una corriente masónica, disidente y herética en su tiempo, pero que dejó como legado la Biblioteca Pública que aún hoy puede visitarse en el Paseo de Sant Joan. En 1889, el nombre de Eduard Fontseré figura entre los miembros de la directiva de la Liga Internacional de la Paz y la Fraternidad de los Pueblos (2), una de las muchas iniciativas pacifistas de la aquella época promovidas por las distintas obediencias masónicas. El presidente de esta liga era, por supuesto, Rosendo Arús, el vicepresidente, el espiritista Torres Solanot y el resto de vocales pertenecían, así mismo, a la masonería barcelonesa, destacando el librepensador Tarrida del Mármol. En 1890, Fontseré figura entre los promotores de un nuevo partido radical, junto a una corte de masones reconocidos (Odón de Buen, Salas Antón) como miembro del Gran Oriente Ibérico, de la que Sánchez Ferrer, dice que “era la mas politizada, partidista y abiertamente defensora de la lucha masónica para conseguir el advenimiento de la república” (3). Dos años después, los Fontseré seguían en la brecha y el nombre de Eduardo volvía a aparecer junto a Arús; en esa ocasión, había sido elegido “Primer Vigilante” de la Logia Avant (4), fundada por Arús, núcleo originario de la Gran Logia Simbólica Regional de Catalunya, la obediencia masónica irregular promovida por él. Fontseré participó, junto a otros dos miembros de la Logia Avant (Llorenç Frau Abrines, autor del diccionario masónico más completo del siglo XIX, y Rosendo Arús), como delegado en la Asamblea Constituyente de la Gran Logia Simbólica, en la que participaron otros trece talleres más, entre ellos la Logia Fortuna de Tortosa. La Constitución de la obediencia fue redactada por Fontseré y por otros cuatro ponentes, siendo elegido a continuación el Soberano Consejo de Gobierno que tenía como Gran Presidente a Eduardo Fontserè Mestre, masón de grado 30º que pasó, así mismo, a formar parte de la Gran Comisión de Estatutos y Reglamentos Generales (5). El 16 de julio de 1886 la GLSRC aprobó, con el voto favorable de Fontseré una moción que aprobaba el catalán como “lengua oficial de la obediencia”. El dato es relevante por que, como cuenta Sánchez Ferre, “Hizo falta esperar a la segunda década del siglo XX para encontrar una logia que realice los trabajos masónicos en catalán” (6). Por que, en realidad, la obediencia de Rosendo Arús, tuvo corta vida y a la muerte de éste, periclitó y terminó disolviéndose. Pues bien, Gaudí colaboró con Eduardo y José Fontseré de los que era imposible dudar de su adscripción a la masonería. De hecho, resulta demasiado evidente que los Fontseré se beneficiaron –como antes lo hizo Ildefonso Cerdá con el proyecto del Ensanche- de su adscripción a la masonería para ganar el concurso de urbanización de la Ciudadela.

A partir de 1873 empiezan las obras que se prolongaron hasta 1885, año en el que se colocó la cuádriga de la cascada. César Martinell explica que la participación de Gaudí en los trabajos de la Ciudadela se limitó solamente a ser delineante, pero Rafols y, posteriormente, Bassegoda, a partir de los datos de aquel, señalan “la colaboración de Gaudí estudiante en los trabajos del parque a las órdenes de Fontserè” (7). Rafols debía saberlo por que compartió conversaciones con Gaudí, prácticamente a diario entre 1914 y 1924; anotaba las frases y los recuerdos que el arquitecto le comunicada en pequeñas agendas y con ellas compuso una importante biografía en 1929. Habitualmente se explica que la relación de Gaudí con los Fontseré derivaba de que los padres de ambos eran de Riudoms. Sea como fuere, el caso es que el Gaudí estudiante, entra a trabajar en el estudio de los Fontseré en 1876 y a su lado realizó sus primeros trabajos: las columnas de la cascada, las astas que sostienen las garzas reales, la reja y la balaustrada de la plazoleta de Aribau (8), los templetes gemelos de las escaleras de la cascada, la gruta artificial desaparecida hoy, y, por supuesto, la reja de entrada al parque en donde coloca cascos alados sobre las farolas que, como hemos dicho, aparecen también en la cornisa de la Casa Xifré.

La colaboración con los Fontseré, al parecer, se limitó a las obras del Parque de la Ciudadela, pero, se trató de un proyecto de envergadura. Los Fontseré no eran masones de base, ocupaban, especialmente Eduard, altos cargos en la obediencia masónica que se mostraba políticamente más activa y comprometida. Por la duración y persistencia del historial masónico de Eduard Fontseré, está claro que tenía un alto nivel de compromiso con el entorno de Arús y con la GLSRC en cuya fundación, como hemos visto, participó activamente. Es fácil suponer que Fontseré también intentaba reclutar nuevos masones. Es muy probable que tuviera conversaciones con Gaudí sobre esta temática. No olvidemos que la urbanización del Parque de la Ciudadela se realizó dentro de un clima antimonárquico, republicano y mitológico. La cascada del parque es un compendio de mitología clásica: tritones (hay que mirar a la cornisa de la Casa Xifré para ver también tritones, por cierto), el carro de la Aurora y dos faunos, cuatro grupos de genios, Venus y dos náyades, Neptuno, Leda, Danae, cuatro glifos guardianes del oro… Sería difícil encontrar en la Ciudad Condal una construcción que incluyera tantos elementos mitológicos. Hay que recordar que, en el siglo XIX, un sector de la masonería, albergaba la quimérica idea de sustituir los temas religiosos del cristianismo por unas evocaciones, vagamente deístas y panteístas, inspiradas en la mitología clásica. Esta tendencia alcanzo su paroxismo entre los librepensadores positivistas de los hubo verdadera inflación en todos los barrios de Barcelona entre 1870 y 1910.

Ya hemos visto que Xifré utilizó entre sus símbolos, algunas alusiones mitológicas que luego vuelven a encontrarse en la cascada del Parque de la Ciudadela. En ambos casos, encontramos a masones de amplio historial ya sea como promotores del inmueble o como diseñadores del proyecto. ¿Y Gaudí? Estamos persuadidos de que fue precisamente en esa época, cuando tuvo contactos con la francmasonería y conoció su sistema simbólico. De hecho, es sorprendente el número de francmasones que orbitan en torno a Gaudí en esa época… pero, sobre todo, es sorprendente que un joven arquitecto, que todavía no ha tenido tiempo de dar la medida de su valor, participe en proyectos que, o bien tienen una gran importancia (las farolas, el proyecto de la ciudadela) o bien son promocionados desmesuradamente (el proyecto de Cooperativa Obrera en la Expo de París). De entre todas las explicaciones posibles a este fenómeno, una, no precisamente infundada, es las buenas relaciones de Gaudí en esa época con los medios masónicos barceloneses.

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La colaboración de Gaudí con los Fontseré se limitó a las obras del Parque de la Ciudadela. En las biografías que hemos consultado no parece que la relación se prolongara más allá de los trabajos. Según Collins, los trabajos se prolongaron entre 1877 y 1882. Había recibido el título de arquitecto en 1878 y de esa época debió datar su colaboración con Joan Martorell quien en muchas biografías es presentado como su mentor y al que Gaudí guardó siempre un extraordinario aprecio: “Martorell era un santo y un sabio”, dijo en cierta ocasión (9). Entre 1875 y 1877 (las fechas varían según los autores) participó en el proyecto de construcción del camarín de la Virgen de Montserrat (a pesar de que algún autor –Martinell, en concreto- niega que tuviera cualquier implicación en la obra. De ser cierta, se trataría de la primera participación en un trabajo que tuviera que ver con la Iglesia y lo Sagrado. Existe una confusión en el nombre del arquitecto que realizó el proyecto. Al parecer, no se trataría de Francisco de Paula del Villar Carmona, sino de su padre, Francisco de Paula del Villar Lozano. Sea como fuere, la participación de Gaudí se limitó –como máximo- a tareas de delineación y se limitó a 1876.

De la impresión de que en aquellos años, Gaudí intentaba hacerse un nombre en el terreno de la arquitectura y aceptaba colaborar con arquitectos que gozaban de reconocido prestigio en la sociedad de su tiempo. O con proyectos que, por algún motivo, le reportasen beneficios. Uno de estos proyectos fue el llamado “Kiosko Girossi”, en realidad, un retrete público que debería haber sido colocado en las calles más importantes de la ciudad, pero que, por algún motivo, se estancó entre el papeleo minucipal y la quiebra del promotor. Era mayo de 1878; en enero del mismo año el Ayuntamiento había dado generosamente a Gaudí el encargo de diseñar las farolas de la Plaza Real. El encargo, a pesar de su aparente banalidad, era importante. Se trataba de situar una veintena de urinarios públicos en distintos puntos de la ciudad, dotados con alumbrado de gas, con publicidad comercial y con una concesión municipal de 50 años. Además, Girossi pedía dos metros cúbicos de agua diarios por urinario para asegurar la limpieza y exención de impuestos. El asunto hubiera llegado a buen término de no ser por la quiebra que sufrió Girossi cuando ya tenía todos los permisos y licencias municipales, en lo que podía considerarse un “pelotazo” de la época. Al parecer, en 1883, nuevamente Girossi volvió a la carga con sus urinarios públicos, sólo que en esta ocasión recurrió a otro arquitecto para que diseñara un proyecto… que tampoco pudo llevarse a cabo.

© Ernesto Milà – infokriris – infokrisis@yahoo.es

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1) Joan Bassegoda en “El Gran Gaudí”, Ob. Cit, pág 109 y sigs., ofrece una sucinta biografía y un resumen de las vicisitudes que atravesó el proyecto Fontseré de urbanización de la ciudadela.

2) La relación aparece en el “Boletín Oficial del GONE”, III, núm, 49, 15-VII-1889 y es citado en “La masonería catalana…”, Ob., Cit., pág 145.

3) “La masonería catalana…”, Op. cit., pág 210.

4) “La masonería catalana…”, Op. cit., pág 239.

5) “La masonería catalana…”, Op. cit., pág 244-245.

6) “La masonería catalana…”, Op. cit., pág 249.

7) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit, pág 110.

8) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit, pág 111.

9) “Antonio Gaudí”, José F. Ráfols, Canosa Editorial, Barcelona 1929, pág. 45.

Los incidentes de la manifestación de la AVT

Los incidentes de la manifestación de la AVT

Redacción.- Sabemos que hubo un intento de agresión a Pepe Bono y Rosa Díez en la manifestación de la AVT… pero no sabemos cuánta gente asistió al acto. Desde la SER se dio la consigna de eludir que la manifestación de la AVT fue un varapalo masivo contra el gobierno: ni amnistía ni perdón, ni diálogo ni excarcelaciones anticipadas. Eso era la importante… eso era lo que se trataba de ocultar. Y vale la pena reflexionar sobre todo esto, para que tener una percepción "política".

Aún hay descerebrados…, aun hay una vieja extrema-derecha

A nadie se le escapa que Bono y la Díez fueron atacados por individuos exaltados identificados con la vieja extrema-derecha de la transición. Y como en aquella ocasión, demostraron ser los mejores enemigos de las ideas que decían defender. La extrema-derecha de la transición sigue sin entender qué es lo que está ocurriendo, como ayer no entendió lo que era la transición, hoy tampoco es capaz de entender que el PSOE es una olla de grillos dentro de la que coexisten distintas corrientes y sensibilidades ante cualquier problema.

Pepe Bono no es Maragall, Rosa Díez no es Jordi Sevilla, Paco Alvárez no es Peces-Barba. El PSOE es hoy un mosaico gaudiniano en el que solamente el ejercicio del poder y la proximidad a los fondos públicos, garantiza la unidad. Se trata de una unidad frágil y sin futuro: ZP podrá atemperar todavía durante un tiempo las tensiones entre quienes son más jacobinos que “nacional-socialistas-periféricos”. Veremos el tiempo en que tardan en aflorar de nuevo las tensiones entre Ibarra y Maragall, o entre Pachi López y Redondo…

En la España de hoy, una misma sigla no implica la adscripción a las mismas ideas. Ni en el PSOE, ni en el PP ¿o es que hace falta recordar que Esperanza Aguirre no es Gallardón?

Si la extrema-derecha superviviente de la transición pretendía atemperar el éxito de la manifestación de la AVT, lo ha conseguido: gracias a ella, las “víctimas del terrorismo” han sido olvidadas en beneficio del “Bono-víctima”. Los organizadores pretendían una manifestación silenciosa: no la tuvieron. Quizás por que el horno no estaba para bollos y por que las provocaciones del gobierno débil e incapaz en los últimos 10 días, caldearon los ánimos.

Pero es en momentos como esos en los que es preciso mantener más la calma y ser conscientes de lo que se pretende. Y esta manifestación pretendía lanzar una seria advertencia al gobierno: con ETA ni olvido, ni perdón, contra ETA, ceder un poco, el renunciar a mucho.

La responsabilidad del gobierno débil e incapaz

Cuando ZP lanzó desde la televisión pública una mano tendida a ETA, demostró una vez más lo que ya sabíamos, que su política de la “renuncia preventiva” supondrá un retroceso en la lucha antiterrorista. Vistas las iniciativas y la ausencia total de carácter, autoridad y energía del gobierno (es decir, lo que se llama “talante”), quienes se manifestaron el sábado tenían todo el derecho a sentirse inquietos: un millar de muertos podían ser traicionados, los familiares de las víctimas podían ver su derecho al castigo a los asesinos de sus seres queridos, gracias a que el gobierno débil e incapaz anteponía su interés en ser él quien “pacificara” al País Vasco.

Para colmo, en la manifestación del sábado hubo una ausencia notable: el comisionado para las víctimas del terrorismo. Era la primera ocasión en la que Peces-Barba podía evidenciar, mediante el gesto de su asistencia, con quien estaba: con las víctimas o con la poltrona. Y lo demostró: con la poltrona. Hay que recordar que Pilar Manjón, cuando pidió ante la Comisión de Investigación del 11-M en el Parlamento, una “comisión independiente de investigación”… ZP “interpretó” esto torticeramente: en lugar de “comisión”, tuvo un “comisionado”. Desde entonces, el comisionado no ha hecho nada, ni siquiera dar alguna declaración que evidenciara con quién estaba su corazón. Y no es raro que permanezca callado: cualquier intervención puede entorpecer le proceso de diálogo y negociación de ZP con ETA-HB. Así que chitón. Está claro con quien está Peces-Barba.

En una mesa de negociación, en cuando ETA-HB confirme lo que toda España sabe ya, a saber, que ZP tiene la mandíbula blanda, carece de carácter y no tiene redaños suficientes para afrontar un problema cara a cara y con decisión, ETA-HB sabrá que ha ganado y que cualquier cosa que pida le será concedida.

En estas condiciones, es normal que los sectores más obtusos y primarios de la población, muy sensibilizados con la lucha contra el terrorismo, reaccionen violentamente, evidenciando su completa falta de educación política: ven a Bono y piensan, “he aquí a un traidor”, ven a Rosa Díez y dicen “esta es la que está con los maricones”…

Lo máximo que puede achacársele a ambos políticos socialistas es que forman parte del mismo magma que no tuvo nada mejor en el congreso de 2000 que elegir a un tipo sin experiencia y sin carácter, como secretario general.

Las aspiraciones de las Víctimas del Terrorismo.

Se dice que las distintas asociaciones están politizadas. En realidad eso no es malo: toda la sociedad lo está. La cuestión es si el interés de partido, pesa en ellos más que la defensa y la memoria de sus seres queridos asesinados. Y sobre esto no tenemos ninguna duda: tanto la AVT como las asociaciones de víctimas del 11-M están, ante todo y sobre todo, con la memoria de los asesinados y todo lo demás pasa a segundo plano.

El PSOE no puede aspirar a que estas asociaciones le hagan el caldo gordo o sean, completamente apolíticas, o simplemente, defiendan las iniciativas deslabazadas del gobierno en materia antiterrorista. El gobierno ZP se tiene que acostumbrar a que contra más debilidad evidencie, contra menos energía muestre contra el terrorismo, contra más rompa con la política antiterrorista que logró arrinconar a ETA, las asociaciones de víctimas estarán más enfrentadas contra él.

Y en este momento, el gobierno no puede aspirar a que las asociaciones de víctimas apoyen sus iniciativas. Ahora, cuando el gobierno tiende la mano a ETA-HB…

Las víctimas del terrorismo exigen: el esclarecimiento de todos los crímenes, conocer las razones últimas, los autores intelectuales y los mandatarios de los crímenes de ETA y del terrorismo islámico; exigen el castigo a los culpables, la estricta y total aplicación de la ley, el decir basta a las política mentecatas de reinserción y reducción de condenas que hacen que 3000 años de condena, no se traduzcan en cadena perpetua, sino que se extingan en apenas 8 o 12 años… exigen respeto de las autoridades y garantías de que no se utilizará su dolor como moneda de cambio.
Las víctimas saben que ETA-HB quiere negociar la forma de poner en libertad a sus presos. Es decir, a los asesinos. Una paz con los asesinos en la calle, no es una paz, es una claudicación vergonzosa. ZP es capaz de claudicar en esto y en mucho más. Lo sabemos todos, incluso muchos militantes del PSOE. Las víctimas quieren que se persiga a los asesinos hasta el fin del mundo, que nunca tengan tregua, que siempre haya una mazmorra fría para acogerlos hasta el fin de sus días.

Violencia en las manifestaciones ¡nunca jamás!

Hoy sabemos que zarandear a Bono ha conseguido que se oculte la cifra de manifestantes. Unos exaltados lograron que una victoria política, un aviso al gobierno y a su irreprimible tendencia a ceder ante los asesinos, pasara a segundo plano ante un episodio chusco e inútil. Un grupo de exaltados, consiguieron pulverizar el éxito de movilización que supuso colocar en la calle a decenas de miles de madrileños.

¿Por qué fue posible este incidente? Apenas había servicio de orden, la manifestación dio la impresión de desarrollarse de manera casi completamente improvisada: digámoslo ya, apenas hubo servicio de orden. Si lo hubiera habido, no se habrían producido estos incidentes.

Los primeros que van a pagar el error van a ser los propios exaltados que protagonizaron el conato de agresión a Bono. Nadie duda que en las próximas horas serán detenidos y procesados. Algo habrán aprendido.

Pero este caso no debe caer en el olvido: en las manifestaciones en la calle es precisamente donde hay que mantener más la calma y la serenidad, cuando es más necesario reforzar los servicios de orden capaces de contener a los exaltados y proteger a los manifestantes de agresiones exteriores. Está claro, en la próxima manifestación de este tipo, habrá que recordar a los organizadores que solo evitarán la acción episódica de exaltados, mediante la estructuración de un servicio de orden, sólido, estable y entrenado.

Eso, o de lo contrario, correrán el riesgo de que una y otra vez se produzcan incidentes similares que determinada cadena mediática pueda utilizar para desviar la atención de la opinión pública.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Gaudí: zonas oscuras, crisis religiosas

Gaudí: zonas oscuras, crisis religiosas

Redacción.- Siguiendo con la serie de artículos sobre Antonio Gaudí que serán incluidos en el libro Gaudí y la masonería. Caso abierto, publicamos ahora el Capítulo VII, titulado “Zonas oscuras, crisis religiosas”. La biografía de Gaudí tiene distintas zonas oscuras en la que es posible percibir un elemento perturbador: su visión del mundo no fue la misma en su juventud que en su madurez. En este capítulo se revisan los datos biográficos que evidencian esa crisis.

Capítulo VII
Zonas oscuras, crisis religiosas…


Hay una pregunta legítima e ineludible ¿Por qué no hay huellas de las relaciones de Gaudí con la masonería? ¿a qué se debe que él mismo no diera alguna referencia sobre esa institución? Responder a estas cuestiones es relativamente simple. Cae por su propio peso. Antonio López, el Marqués de Comillas, era el principal financiador de las iniciativas antimasónicas en España… era su cliente y estaba emparentado con los Güell. Sin duda, aludir a la masonería en el entorno de Comillas, era mentar a la bicha.

Del 26 al 30 de septiembre de 1896, tuvo lugar en Trento el I Congreso Antimasónico Internacional (1). Asistió una nutrida representación española, dentro de la cual, destacaba la catalana. Esta delegación catalana empezó a estructurarse seis meses antes por el vicario general de la diócesis de Barcelona, Francesc de Pol que constituyó la Junta Diocesana del Congreso Antimasónico Internacional, vinculada a la Junta Nacional establecida en Valencia. En el documento emitido por la Junta de Barcelona a la opinión pública se denunciaba que la “francmasonería es una sociedad nacida a la sombra de las doctrinas librepensadoras, organizada en el secreto y en el misterio, apoyada por una propaganda esencialmente anticristiana (…) preguntad a vuestros hijos y a vuestros hermanos, cuya sangre riega los campos de Cuba, el origen de esa infame guerra, y sabréis que las logias masónicas, de acuerdo con las de los EEUU, hicieron y hacen propaganda antipatriótica para arrancar esa joya a la católica España”. Y, poco después, el boletín del Obispado de Barcelona anunciaba que las tareas del congreso antimasónico serían: “El estudio teórico de la masonería y establecer conclusiones prácticas para combatirla”. Pere Sánchez señala que “La representación catalana al congreso fue muy numerosa y una de las más activas. Se adhibieron dieciocho entidades barcelonesas, entre las cuales cabe destacar el Círculo Artístico de San Lluc (2) y la Asociación de Padres de Familia (presidida por el Marqués de Comillas)”. Un cronista explicaba que la “comisión catalana no igualada por ninguna otra así española como extranjera, se hace una excepción en su favor, admitiendo y leyendo esta cuarta sesión pública una proposición de Cataluña”. La citada propuesta catalana decía textualmente: “Atacar a las Órdenes religiosas y singularmente a la Compañía de Jesús (…) es hacer propaganda masónica”. Acabado el congreso, el boletín de Obispado de Barcelona destacó que “el presidente del congreso hizo constar que el comité español había sido el más activo en cuanto a la propaganda, con una mención especial de la comisión catalana y del Círculo Artístico de Sant Lluc que hacen propaganda religiosa y antimasónica por medio de sus pinceles”.

Estos datos, presentados por Sánchez Farré son tremendamente interesantes; de ellos se puede deducir que, no solamente existió una presencia española en el Congreso Antimasónico de Trento, sino que la delegación catalana, fue la más nutrida y, con mucho, la más activa. Pues bien, los dos puntales de esta presencia catalana fueron la Asociación de Padres, presidida por el Marqués de Comillas y por el Círculo Artístico de Sant Lluc, que agrupaba, precisamente, a los artistas e intelectuales modernistas, catalanistas y conservadores. La vinculación de Gaudí con Comillas y con su entorno, así como con el Círculo Sant Lluc, son suficientemente notorias como para que insistamos en ellas. Buena parte de los amigos, conocidos y allegados a Gaudí, pertenecían a este círculo. Bassegoda cuenta que Gaudí “trato mucho” al obispo Torras i Bages en dicho círculo del que fue consiliario. Pero es que Torras, los Llimona y el propio Gaudí fueron cofundadores del Círculo Artístico en 1893. Gaudí, hasta muy avanzada su vida, siguió frecuentando el Círculo e incluso fue allí, en 1912, donde conoció a Juan Bergós (3). Podemos imaginar, en estos ambientes, lo sospechoso que hubiera podido llegar a ser alguien que confesara su antigua militancia masónica, especialmente en un momento en el que los sectores conservadores se hacían eco de que “un masón nunca deja de ser masón”. En esos mismos momentos en los que se celebraba el congreso antimasónico de Trento, estaba en su punto álgido la mistificación de Leo Taxil que había exagerado hasta la caricatura la “venganza masónica” (4) (que, no era otra cosa que una condena iniciática a quien abandonaba y abjuraba de su pertenencia a la Orden, pero nunca una ejecución física, como Taxil y otros sostenían indicando incluso que se realizaba mediante un cuchillo ritual curvo y un tajo limpio en la yugular…). Como fruto de la confusión creada en el medio católico por las ideas injertadas por Taxil, se tenía tendencia a sospechar de antiguos masones y, desde este punto de vista, no es raro que, por breves y leves que hubieran sido sus relaciones con la masonería durante su juventud, Gaudí estuviera muy interesado en no proclamarlas.

Pero hay otra cuestión, así mismo importante. ¿Por qué no existen huellas documentales de la presencia de Gaudí en alguna logia? Nos equivocaríamos si pensáramos que ha llegado hasta nosotros mucha documentación sobre la masonería decimonónica. Hay obediencias enteras sobre las que no existe el más mínimo rastro documental; se han evaporado, prácticamente. Y mucho más si retrocedemos a la primera mitad del siglo XIX, donde las fuentes de documentación sobre las organizaciones carbonarias, comuneras y masónicas son escasísimas. Quizás, la obediencia de Rosendo Arús, la GLSRC, es una sobre las que ha conservado más documentos de su andadura, pueden consultarse sin restricciones en la Biblioteca que él mismo fundó y que tuvo como primer conservador a Eudaldo Canivell, amigo de Gaudí, socio de la Cooperativa Obrera de Mataró y francmasón notorio. Si consultamos este material, comprobaremos que no hay exceso de documentación y que, incluso en la vida de un personaje público y notorio como Arús, que anotaba cuidadosamente su historial masónico en una libreta, existen dudas y agujeros negros sobre su trayectoria masónica. Ya hemos dicho en otro lugar, que algunas obediencias siguieron (y siguen) practicando la antigua costumbre de las hermandades de constructores de quemar sus archivos periódicamente.

Además, no podemos olvidar la tendencia que existía en aquella época (último cuarto del siglo XIX) a reconstruir las propias biografías. Vamos a examinar el ejemplo de una mujer próxima a Gaudí para darnos cuenta hasta qué extremos se llegaba en la negación del pasado juvenil.

Josefa Moreu Fornells, “Pepeta” Moreu, está considerada como la única mujer a la que se declaró Gaudí. Llama la atención como Pepeta Moreu, reelaboró su biografía y pasó de mostrar una imagen de librepensadora y partidaria del amor libre en su juventud, a recibir el viático de un cura en el Sitjes de plena Guerra Civil y a negar sus ideales que le habían llevado a la Cooperativa Obrera de Mataró. Verán…

Josefa Moreu era, hacia 1877, una joven alta y rubia, al decir de todos, muy guapa e inteligente. Avanzada en su tiempo, solía bañarse en las playas de su ciudad natal, Mataró (5), algo inusitado en la época. Según se sabe por las memorias escritas por su hermano mayor Josep María Moreu, en 1880, las hermanas Josefa (“Pepeta”) y Agustina eran librepensadoras y republicanas y las define como “disparatadas, divertidas y enamoradizas”. Agustina practicaba el “amor libre” (6). En 1875, Pepeta se había casado con un exaltado militante carlista, Joan Palau; con los 3000 duros de la dote, compraron un barco con el que realizaron transportes entre Ceuta, Melilla y Marruecos. El carlista, alejado de su causa, al parecer cayó en el alcoholismo y cuando Pepeta le puso los puntos sobre las íes, anunciándole que estaba embaraza, aquél vendió el barco y desapareció. Pepeta quedó sola en Orán y sin un duro, pero dispuesta a salir adelante. Estuvo durante dos meses tocando el piano en cafetines, hasta que logró enternecer a unos marineros que la condujeron a ella y a la hija que llevaba en sus entrañas hasta su tierra natal. Tras el embarazo entró en la Cooperativa Obrera Mataronense como profesora de idiomas. Fue allí donde la conoció Gaudí que se enamoró perdidamente de ella.

En esa época, como hemos visto, Gaudí realizaba varios trabajos para la Cooperativa y hay varias versiones de cómo se conocieron pero lo que importa es destacar que fue la única mujer a la que el arquitecto se declaró en toda su vida. Fue rechazado. En esa época pertenecer a un círculo libertario estaba socialmente aceptado, incluso para una mujer; pero el terrorismo anarquista que acompañó al desarrollo de algunas fracciones del movimiento libertario hizo que esa percepción fuera variando progresivamente entre la población. Cuando el 7 de noviembre de 1893, Santiago Salvador lanza dos bombas Orsini durante la representación de “Guillermo Tell” en el Liceo de Barcelona, los anarquistas se convierten en réprobos. Precisamente, Pepeta Moreu debía haber asistido a la representación, pero no encontró un traje a su gusto y eso la salvó. En esa época, Pepeta ya había reconstruido su vida fuera de los ideales exaltados de su juventud (7). De hecho, Ama María Ferrín nos recuerda que Lluis Bonet i Garí publicó las conversaciones que mantuvo con Pepeta. Le explica que, si hubiera sido por ella, en la Cooperativa Obrera habría enseñado doctrina cristiana, pero que la institución no lo permitía. Esto, unido al hecho de que en los últimos días de la Guerra Civil en Catalunya, exactamente el 9 de diciembre de 1938, Pepeta Moreu, enferma de muerte a causa del parkinson, falleciera en el número 16 de la calle Sant Pere de Sitges, no sin antes haber recibido los Santos Sacramentos administrados por un sacerdote disfrazado de obrero de la construcción… (8), indican hasta qué punto Pepeta Moreu reelaboró su autobiografía e intentó, por todos los medios borrar los aspectos libertarios de su juventud. No se trató solamente de que hubiera cambiado de ideales, es que a partir de la irrupción del terrorismo anarquista, esa filiación había pasado a ser reprochable.

Si hemos sacado, precisamente en este punto los aspectos más relevantes de la vida de Josefa Moreu es, no sólo por su proximidad a la vida de Gaudí, sino especialmente para resaltar el contraste entre una juventud absolutamente libertaria, identificada con las ideas sociales más avanzadas de su tiempo, a la que sigue una etapa de estabilidad personal y madurez, para terminar en el conservadurismo más rancio y convencional y, en la consiguiente negación del propio pasado. Josefa Moreu siguió ese camino.

De ahí que cuando Gaudí explicara a toro pasado que “Cuando visitaba en su casa a Pagés [el dirigente de la Cooperativa Obrera], éste dejaba a la vista sobre la mesa, para que los leyera, ese tipo de libros que promueven ideas ateas anarquista, pero nunca les hice el menor caso” (9) … también aquí hay que preguntarse si esto fue así, realmente, o si el impacto, absolutamente brutal del atentado del Liceo y de las bombas anarquistas que siguieron, no determinó una reelaboración en los recuerdos del arquitecto y un intento de borrar –al menos psicológicamente- una parte de su pasado… tal como había hecho Josefa Moreu.

Cuando Gaudí realiza la Puerta del Rosario de la Sagrada Familia, introduce en su interior una ménsula con la imagen de una anarquista corriendo, con una bomba Orsini en la mano, exactamente igual a las que estallaron en el Liceo, entregada por una garra diabólica que surge del cuerpo informe de un congrio, es 1895, dos años después del atentado. En ese momento, no sólo Gaudí o Pepeta Moreu, sino mucho barceloneses honestos, que habían pretendido canalizar sus ansias de justicia social en las distintas organizaciones anarquistas, estaban horrorizados de hasta qué punto, los “redentores” de la humanidad, en las que ellos, en algún momento, creyeron, se habían convertido en bestias salvajes sedientas de sangre. En el fondo, el relieve de la Puerta del Rosario que hemos mencionado, no es sino una condena a la violencia anarquista. Ahora bien ¿y antes de esa fecha, en su juventud, por ejemplo? Esa condena no está tan clara.

Barceloneses tan notables como Ildefonso Cerdá, Narciso Monturiol, Anselmo Clavé, habían pertenecido a asociaciones socialistas utópicas. Clavé havía fallecido en 1874 y su féretro fue enterrado en el Cementerio del Este o de Pueblo Nuevo, diseñado por el carbonario italiano Ginessi. El ayuntamiento convocó un concurso para diseñar su panteón y, el entonces estudiante, Gaudí se inscribió aunque finalmente no presentaría ningún proyecto, venciendo el de Doménech i Montaner. En otras ocasiones Gaudí mostró interés por las iniciativas corales de Clavé cuyas orientaciones políticas, utopistas y de izquierdas, eran del dominio público. De hecho, el comunismo y el socialismo utópico tuvieron una gran importancia en la Barcelona de entre 1830 y 1860 en un episodio de la historia pasada de la ciudad que nadie, ni cátedra ni institución pública alguna, se han tomado excesiva molestia en reconstruir. El mismo callejero barcelonés ha dejado rastros de esta influencia en nombres como los de la Avenida Icaria, que procede de la comuna creada por Etienne Cabet en EEUU y en la que participó un barcelonés (un tal Rovira, miembro del grupo “cabetiano” o comunista utópico de la ciudad). El propio Joseph Xifré tuvo algunas relaciones con estos medios utópicos y algunos autores han considerado que la Casa que construyó en el Paseo de Isabel II, estaba inspirado, con propiedad, en los falansterios fourieristas. Abdón Terradas (10) y otros políticos liberales exaltadas de esa misma época, pertenecían así mismo a estos círculos. Cerdá elaboró sus manzanas con forma de cuadrado achaflanado en su intento de crear una ciudad “igualitaria”, sin barrios ricos, ni barrios pobres, y utilizó un recurso geométrico para seguir las directrices que Cabet dio en “Viaje a Icaria” (según las cuales el problema de la cuadratura del círculo tenía resolución geométrica, pero no matemática). Montubio investigó las posibilidades de un “buque insumergible” (que luego resultaría ser el submarino) para evitar el sufrimiento de las mujeres de los pescadores de Cadaqués y el riesgo de sus maridos a los que conoció bien durante su destierro en esa ciudad del Alto Empurdán. En cuanto a Clavé, sus coros fueron su respuesta a la idea de crear una comunidad de trabajadores que aumentaran su sentimiento de solidaridad de clase y cohesión vincular (11). Con todo esto queremos resaltar el hecho de que entre las clases cultivadas barcelonesas, las ideas “de izquierda” y progresistas, no eran desconocidas en el siglo XIX, sino que más bien formaban parte de su arsenal ideológico.

La cuestión es si Gaudí compartió en algún momento de su vida criterios parecidos. Aun a pesar de que dijera que los textos que, distraídamente, Pagés, dejaba sobre su escritorio, lo cierto es que hay otras fuentes que indican que Gaudí se interesó por los problemas de la sociedad de su tiempo desde una perspectiva de lo que hoy llamaríamos “progresismo”. Rafols (y Bassegoda lo reproduce) dice que, en su período de estudiante, Gaudí “debió de sentir interés por los problemas de la clase obrera” (12).

Las convulsiones del entonces naciente movimiento obrero organizado hicieron que tempranamente aparecieran fracturas y estrategias diversas. Aunque, inicialmente, todas estuvieran reunidas en la Asociación Internacional de Trabajadores (1864), pronto se formaron dos corrientes la comunista en torno a Marx y Engels y la anarquista formada por los discípulos de Bakunin. Cinco años después de la fundación de la Internacional, la escisión estaba consumada. Pero dentro de la Internacional apareció una tercera estrategia, la cooperativista, que tuvo en España como dirigentes a Rafael Farga Pellicer y a Salvador Pagés. Ambos eran masones. El propio Farga (y también Anselmo Lorenzo, líder sindicalista y miembro de la logia Hijos del Trabajo), la Internacional nació en “un local de la masonería londinense el 5 de agosto de 1862, pero ésta no participó especialmente aunque suscribía la idea de unir en una organización a todos los trabajadores del mundo, peldaño de la futura unión de la humanidad: es decir, la fraternidad universal masónica” (13). Cuando murió Bakunin, Farga propuso al arquitecto Camilo Oliveras –del que Bassegoda dice que era “gran amigo de Gaudí” (14), que colaboró con él en Comillas y en el Palacio Güell y proyectó la Casa de la Maternidad, en cuya junta directiva se encontraba el doctor Sataló, utilizando abundantemente ángulos de 45º (la abertura tradicional del compás masónico, por cierto)- la construcción de un monumento fúnebre al líder libertario. Oliveras, redactó efectivamente el proyecto, pero el nunca hubo ocasión de levantar el monumento. El grueso del movimiento obrero catalán, a pesar de estar más próximos al bakuninismo (con Farga a la cabeza), tenía una fuerte corriente cooperativista de la que Pagés era líder. El hecho de que los jefes de fila de ambas corrientes fueran masones, fue el elemento que resto violencia a la polémica, a diferencia de que la que tuvo lugar luego entre los sectores marxistas y anarquistas. Ana María Ferrín dice que Gaudí, “en esa época, leyó a Marx” (15) y añade que “hay referencia a que colaboró en un proyecto de monumento a Bakunin”. Joan Bergós, por su parte reconoce que “En su juventud, pero, se contagia del movimiento socialista, que se iniciaba en Inglaterra, y generosamente impulsa la Cooperativa fabril La Obrera Mataronense; pronto quedó decepcionado”, y cita luego palabras de Gaudí: “Los sindicatos y cooperativos –excepto las de consumo que tienen la venta asegurada- acaban de mala manera, por que no tienen un jefe responsable que administre, sino que quieren mandar muchos; o si lo tienen y pasa una mala época para los negocios, atribuyen todo lo malo al jefe” (16). Si Bergós afirma que Gaudí en su juventud “se contagió” es por qué el propio Gaudí se lo dijo.

Teniendo todo esto en cuenta, la frase extraída de una conferencia de Bonet Garí (03.04.27) según la cual el arquitecto le dijo que “no se había dejado seducir por las ideas avanzadas del director de la cooperativa de Mataró”, hay que relativizarla con el paso del tiempo. Pagés figuraba entre los más moderados de los moderados de la internacional. En realidad, más que el “socialismo” o al “anarquismo”, a lo que aspiraba era a un “cooperativismo obrero” en el que un tejido de cooperativas dirigidas por obreros, compitieran en un mercado que en nada, o muy poco, se diferenciaba del capitalista. A estos ideales, Pagés unía consideraciones de tipo ético o moral, muy propias de las logias de la época. Probablemente, la cuestión era que Gaudí aspiraba a algo más. Después de leer a Marx, la verdad es que Bakunin parece poco y el sistema científico de aquel, si bien más árido, es, desde luego mucho más racional y sus razonamientos están, desde luego, mucho mejor concatenados.

De esa época data también su descripción en varias obras como “dandi” (17) partícipe de una tertulia agresiva y anticlerical en el “Café Pelayo”. Este dato es importante, por que si, realmente Gaudí participó en esos encuentros, que tendrían lugar entre 1874-76, es justamente en ese período de tiempo en el que más verosimilitud puede tener el centrar las relaciones Gaudí con la masonería. ¿Es cierto éste Gaudí? Pues la cuestión no está nada claro y cada cual tiene el derecho a dar por buenas unas u otras fuentes. Los biógrafos ortodoxos de Gaudí, con Casanellas a la cabeza y Rafols a prudencial distancia y con ciertas dudas, no comprenden “la contrafigura que presenta al arquitecto en plena actividad inicial, liberado de la angustia económica, inclinado a un “dandismo” pletórico y epicúereo, amante de los buenos manajares, frecuentador de salones, veladas musicales, Liceo, anticlerical, indiferente en materia religiosa y, por no decir ateo del todo, rayano en el ateísmo” (18). Pero, Ferrán Soldevilla, habla en el mismo período del arquitecto, como de un “dandi”, distante, que ni siquiera se bajaba de la calesa ni se sacada los guantes cuando visitaba las obras. Otros han dicho que “Gaudí, en seguida, se ganó fama de dandi, limpio y pulido que sólo se conformaba con lo mejor. Los guantes de piel de cabrito que compraba en la tienda Esteban Comella de calle Aviñó y en casa Arnau en calle Conde del Asalto, tenía un molde para que le hicieran sombreros a medida, tenía sombreros blandos, de paja para verano y de copa de seda negra, que eran sus preferidos” (19) ¿Cuál de los dos Gaudís es el auténtico?

Todos los autores ortodoxos suelen citar el famoso libro de Feliu Elías “Simó Gómez, un pintor de Poble Sec”. Elías que, en ocasiones firmaba sus artículos y caricaturas en “El Patufet” con el seudónimo de “Apa” y “Joan Sacs”, era crítico de arte. Escribió en muchas revistas de la época, pero sobre todo, sus colaboraciones en “La Publicitat”, lo han hecho célebre, mucho más, desde luego, que sus caricaturas en “Papitu” (qué él mismo fundó en 1908) de las que todo el mundo coincidía en que carecían completamente de gracia (20). Era amigo de Francesc Pujols, a su vez, amigo y apologeta de Gaudí, una persona que conocía bien la obra del arquitecto.

Elías habla en el Capítulo XII de su obra sobre Simó Gómez de “Los Intelectuales” y alude a varias tertulias que reunían a la flor y nata de las artes de Barcelona entre 1840 y 1870. Existía una tertulia en torno a Enric Gómez, hermano de Simó, en el Café Suiç, a mediodía y por la noche. Participaban, además de Enric Gómez, Carles Altadill (socio de Narciso Monturiol y de Xifré Downing, hijo de Xifré Casas, en la empresa que abordó la construcción del submarino “Ictineo”) y, Albert Llanas (amigo de Simó Gómez), Sefarí Pitarra, el abogado Serraclara, el doctor Santaló (amigo de Gaudí), el político catalanista Valentí Almirall y Carles Vidiella, que tocaba el piano en el bar. Cuando Vidiella fue contratado como pianista en el Café Nou (luego Café de las Delicias, más tarde Lyon d’Or, situado en las Rambla). Luego –cuando se abrió el Ensanche y la Rambla de los Capuchinos empezaba a quedar lejos- se trasladaron al Café Pelayo, situado en la esquina entre calle Pelayo y Rambla de Canaletas. Se sumaron Doménech i Montaner, amigo de Simó y Enric Gómez, Riera i Bertrán, Angel Guimerá (co-fundador de Jove Catalunya), Pico i Campanar (apoderado del Conde de Güell) y Pompeu Gener (librepensador y escritor familiarizado con las nuevas corrientes europeas). A nadie se le escapa que la orientación mayoritaria de todos ellos es catalanista, pero también muchos son republicanos, federalistas y… de algunos se sabe su filiación masónica y su anticlericalismo militante.

Elías se extiende en las conversaciones y exabruptos que solían protagonizar esta tertulia con el beneplácito del propietario del local “por que sabía que aquellos hombres selectos eran el crédito de la casa y aquellos cantos ruidosos el mejor reclamo”.

Finalmente, alude al “cenáculo del café Pelayo, esquina Rambla de los Estudios” (21), que “tenía otro apéndice interesante. Era una pequeña reunión que al llegar los tertulianos de Enrique Gómez al café se encontraba formada en una mesa rinconera. Era la tertulia de los anticlericales rabiosos que se reunían sólo para blasfemar en común en un rito nocturno”. Y luego enumera a los participantes más famosos de la tertulia: Gaudí y “otro arquitecto llamado Oliveras” y un “señor Fargas”. Es evidente que se refiere al arquitecto, a Camilo Oliveras (que, efectivamente, fue un gran amigo de estudios y colaborador de Gaudí en varios proyectos, además de un arquitecto cuyo nombre brilló con luz propia), y a Rafael Farga Pellicer que también utilizaba el seudónimo de “Justo Pastor de Pellico” para firmar algunos libros y ensayos, respectivamente. Elías sigue luego: “Gaudí era entonces debutante en arquitectura pero estaba ya lleno de talento y nuevas iniciativas, colaborando en la construcción del Parque y en las farolas de la plaza Real. Era tan apasionado anticatólico que no vacilaba ante las más vocingleras manifestaciones de anticlericalismo, deteniéndose ante la puerta de los templos para insultar a los fieles con el grito elocuente de entonces: Llanuts! [borregos!]” (22).
El libro de Elías es muy documentado y comedido, como crítico de arte es bueno y, en absoluto visceral. Reconoce, sobre todo, los méritos de la pintura realista, pero no hay ningún motivo para pensar que exageraba, ni siquiera que estaba contando datos que no hubiera vivido muy de cerca. En realidad, Elías pertenecía también a estos círculos y no hablaba de oidas. En cuanto al biografiado, el pintor Simó Gomez, mantenía ciertos vínculos con el que luego sería el entorno gaudiniano. Era amigo de Eudaldo Canivell y del poeta Joaquín Bartrina d’Aixemús, con los que Gaudí mantuvo una buena amistad y, al igual que estos y que Gaudí, fue miembro de la Asociación Catalana de Excursiones Científicas. Era huraño y le encantaba vivir en el campo, así que compró una finca en las faldas de Montjuich aun por urbanizar. Pero a una edad temprana, el doctor Santaló (otro vínculo con Gaudí) le diagnosticó epilepsia. Murió el 5 de febrero de 1880. Elías dice de él –y no puede dudarse de su opinión- que era “antirreligioso y anticlerical” (23).

Los biógrafos ortodoxos consideran este textos “lamentables” y alguno atribuye la responsabilidad a Doménech i Montaner (del que Josep Pla diría que “tratándose de cosas personales, era bilioso, amarillo y crispado”) con el que Gaudí ya había tenido choques de relativa envergadura desde su período de estudiante (Doménech fue con toda seguridad el único que votó contra la concesión del título de arquitecto a Gaudí, mientras el resto del tribunal lo hacía afirmativamente). Pero el hecho de que Doménech albergara resentimiento contra Gaudí, no implica, necesariamente, que fuera un mentiroso. Se sabe, a ciencia cierta, que la tertulia existía y que el propio Doménech la frecuentó en algún momento e incluso cuenta que participaban Bartrina d’Aixemús, Eduardo Toda y Agustín Querol. Pero lo que no están tan claras son las fechas. A la luz de los datos que facilitan uno y otros, puede deducirse que Doménech i Montaner da unas fechas (1882: Toda en Barcelona) que no son coincidentes con las que facilita Elías (1874-78: Trabajo de Gaudí en farolas de la Plaza Real). La diferencia de tiempo es suficiente como para que no existe seguridad de que se está hablando de la misma tertulia: parece que el local era el mismo, pero no la tertulia; entre ambas median entre 4 y 8 años de diferencia, tiempo más que suficiente como para que Gaudí atemperara sus fervores anticlericales, y pasara a rotular para Joan Martorell el alzado de la fachada de la Catedral de Barcelona. Por lo demás, también hay que considerar el Café Pelayo como el más céntrico lugar de reunión de aquel momento. El doctor Santaló, años después, seguía siendo un cliente habitual del local y, por lo que sabemos, no se trataba de un personaje particularmente anticlerical, sino que se le ha definido como “católico comprometido” (24). Los datos proporcionados por un artículo de Bassegoda Amigó (25) contribuyen a centrar más las fechas: Gaudí asistía a la tertulia del Café Pelayo “poco antes de la inauguración de la Exposición Universal” (1888), cuando “La Renaixença” ya era diario (desde 1881). Así pues, tenemos una orquilla de tiempo 1881-1888 que no está en contradicción con la fecha en la que Toda estuvo en Barcelona (1883)… pero esto sigue quedando lejos en el tiempo del trabajo de las famosas farolas: sigue existiendo un desfase, como mínimo, de cuatro años y máximo de nueve años, tiempo suficiente como para cambiar de opinión y actitud vital varias veces. Bassegoda termina su defensa del Gaudí católico durante toda su vida, citando en encuentro de Pla con José Pijoan (“muy adicto a Gaudí”, según Bassegoda, que conoció al arquitecto y cuyas opiniones son dignas de crédito) y que vale la pena reproducir: “Pijoan –dice Pla- dijo no conocer el texto de Elías pero que su afirmación no le extrañaba nada puesto que Gaudí fue un hombre contradictorio en grado indscriptible. En su juventud debió pasar momentos de pasión vehemente. Su crisis religiosa duró muchos años y su vida está llena de zonas sucuras que nada, quizás, intentará aclarar. En este país hay un interés excesivo en mantener ficciones, aunque de vez en cuando se quemen unas cuantas iglesias. Gaudí fue un catalán de fondo tráfico, como el mismo Maragall”. Y Bassegoda añade a modo de comentario: “Pijoan, muy adicto a Gaudí y defensor de la Sagrada Familia, únicamente sirven para confirmar la existencia de zonas oscuras en la personalidad de Gaudí, cosa nada extraña dada la defensa que siempre hizo de su intimidad” (26). Así pues, existe un punto en el que los biógrafos ortodoxos de Gaudí y los intérpretes heterodoxos estamos de acuerdo: en que existen “zonas oscuras” en su personalidad y que tuvo “crisis religiosas”. Este trabajo intenta aportar algo sobre las “zonas oscuras” y establecer el origen de su primera “crisis religiosa.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

NOTAS

1) Los datos sobre el Marqués de Comillas y las iniciativas antimasónicas han sido extraídos de “La Maçonería a Catalunya”, Ob, Cit., pág. 80-85

2) El Círculo Artístico de Sant Lluc fue fundado en 1893 a iniciativa de un grupo de destacadas personalidades del arte y de la vida pública catalana de la época. Los principales motores fueron los artistas Joan i Josep Llimona, Dionís Baixeras, Antoni Utrillo, Alexandre de Riquer, Antoni Gaudí y el obispo Dr. Torres i Bages. La voluntad que los movió a fundar la sociedad fue el espíritu de compromiso con la fe cristiana y un profundo amor a la propia tierra. Sus fundadores fueron destacados miembros del movimiento modernista catalán y posteriormente de las más renovadas tendencias artísticas. Puig i Cadafalch, Joaquim Folch i Torres, Joaquim Mir, Pau Gargallo, Opisso, Eugeni d’Ors, Joaquim Renart, Sunyer, Rafael Serrahima, Antoni Vila-Arrufat, Solanich, Joan Rebull, Joaquim Llucià, Carles Mensa, Llorenç Artigas, Joan Miró… han sido miembros del círculo. Datos extraídos de la web del círculo: http://www.santlluc.com/

3) “El Gran Gaudí”, Op. cit., págs. 25, 31 y 565.

4) “El contubernio judeo-masónico-comunista”, Op. cit., Capítulo I, pág. 31-126.

5) Todos los datos que hemos empleado sobre Josefa Moreu han sido extraídos de “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Op. cit., pág. 90 y sigs.

6) Op. cit., pág 99.

7) En efecto, había abierto una sombrerería en la calle Puertaferrisa y allí conoció a José Vidal Gomis, un comerciante al que le habían ido bien los negocios en Japón y con el que contrajo matrimonio. Vidal, posteriormente debería convertirse en delegado de la Paramount en España, gracias a lo cual, la hija que Pepeta tuvo con José Caballol Viader, pudo entablar amistad con Omar Shariff, Julie Christie, Sara Montiel, etc.

8) Se encuentra enterrada en el Cementerio de Marinos de Sitges, con la lápida 809 que corresponde a la familia “Moreu-Caballol”. Su hija, Joaquina, festejó la entrada de las tropas franquistas en Barcelona ofreciendo a dos oficiales un banquete en Villa Elvire (en el paseo de la Ribera 26), domicilio de unos parientes. Uno de los oficiales invitados era el Marqués de Castellvell, padre del escritor habitual de la prensa del corazón y aristócrata decadente, José Luís de Villalonga. Datos extraídos de “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit, págs. 114-115.

9) Citado en “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Op. cit., pág. 89.

10) Véase “Abdón terrados. Primer apóstol de la democràcia catalan (1812-1856), Joseph Soler Vidal, Edicions de la Magrana, Barcelona 1983, especialmente el capítulo “Abdón Terradas i Joan Prim”, pág. 148 y sigs.

11) “Guía de la Barcelona Mágica”, Op. cit., pág. 213 y sigs.

12) “El Grau Gaudí”, Op. cit., pág. 102, citando la referencia de “Gaudí”, Editorial Canosa, Barcelona 1929, pág. 32.

13) “La maçoneria a Catalunya”, Op. cit., pág. 256.

14) “El Gran Gaudí”, Op. cit., pág 103.

15) “Gaudí, de piedra y fuego”, Op. cit., pág. 81,

16) “Gaudí l’home i l’obra”, Joan Bergós, Lundwerg Editores, Barcelona 1999, pág 39.

17) Joan Bergós explica en “Gaudí, l’home i l’obra”, Op. cit., pág. 41: “Gaudí se dejaba arrastrar por la alegría de vivir y, como ya se ha visto, vestía con impecable elegancia, estimaba el confort, la buena mesa, los vinos y los tabacos exquisitos; le gusta la equitación y el paseo en coche, tiene un abono en el Teatro Principal, es un asiduo concurrente a las tertulias del Liceo…, sin llegar a excesos. Se muestra despreocupado en materia religiosa” (…) Se diría que ha hecho suya la máxima un poco epicurea del Cohelet: “No hay otro bienestar para el hombre bajo el sol, que comer y beber y alegrarse, y tanto mejor que eso acompañe su trabajo durante los días de vida que Dios le da bajo el sol””. Y más adelante, Bergós añade: “A pesar del ambiente enrarecido, producido por el contagio belicoso de buena parte de la clerecía –una de las nefastas consecuencias de la última carlinada, causa del anticlericalismo-, Gaudí no se dejó arrastrar nunca y nadie le sintió ninguna frase despectiva hacia la Iglesia”. Cita luego otra fase del arquitecto: “El hombre sin religión es un hombre al que le falta algo espiritualmente, un hombre mutilado”.

18) “Nueva Visión de Gaudí”, E. Casanella, Ediciones Polígrafa, Barcelona 1963, pág. 32.

19) “Antoni Gaudí”, Op. cit., pág. 65.

20) “Homenots – 3ª Serie”, Obra Completa, Vol. 21, Josep Pla, Ed. Destino, Barcelona 1872, pág. 428 y sigs.

21) “Simó Gomez. Historia Veridica d’un pintor de Poble Sec”, FEliu Elias, Junta Municipal d’Exposicions d’Art de Barcelona, Barcelona 1913, págs 105-110.

22) “Simó Gomez. Historia Veridica d’un pintor de Poble Sec”, Op. cit., pág. 109.

23) “Simó Gomez. Historia Veridica d’un pintor de Poble Sec”, Op. cit., pág. 99.

24) “Antoni Gaudí”, Op. cit., pág. 154.

25) “La Vanguardia”, 14 de mayo de 1929.

26) “El Gran Gaudí”, Op. cit., pág. 104-105.

El peligro marroquí: demografía incontenible

El peligro marroquí: demografía incontenible

Redacción.- La visita del Rey Juan Carlos I a Marruecos ha sido un gesto de pleitesía de la Casa Real hacia… la cadena PRISA, uno de los holdings con mayores intereses en Marruecos. Siguiendo el dictado de Polanco, el Rey ha leído unas frases para mayor gloria del “diálogo de civilizaciones”, olvidado ya por todos. Pero todas esas buenas palabras no impiden que Marruecos siga siendo el enemigo del Sur, con voluntad o sin ella. Los rasgos que se dan en la sociedad marroquí, son incompatibles con la estabilidad de sus vecinos.

Ofrecemos a continuación un fragmento del Capítulo I del libro de Leon Klein, “Marruecos, el enemigo del Sur” del cual quedan todavía algunos ejemplares en almacén. Recordamos que dicho libro sigue teniendo actualidad y que puede ser solicitado a adb@pyrelibros.com o bien en la Tienda PYRE, al precio de 15,00 €; así puedes contribuir al mantenimiento de esta Web

LA EXPLOSIVA DEMOGRAFÍA DEL MUNDO ARABE

En la orilla norte del Mediterráneo se da un modelo demográfico caracterizado por:

- equilibrio demográfico
- tasas de natalidad bajas
- tasas de mortalidad bajas
- aumento de la edad media de las poblaciones.

Por el contrario, en la orilla sur del Mediterráneo los fenómenos que se producen a solo 50 kilómetros de las costas de Gibraltar o a 150 de Pantelaria y Lampedusa, son inversos:

- crecimiento demográfico desenfrenado
- tasas de natalidad muy altas
- tasas de mortalidad medias
- disminución de la edad media e las poblaciones.

Si hay una palabra que defina esta contradicción es “desequilibrio”. En efecto, entre las dos orillas existe un desequilibrio creciente e imparable. Continuemos este análisis con más detalles.

Existen tres trozas en el Mediterráneo:

- Zona A formada por España, Francia, Italia, Yugoslavia y Grecia.
- Zona B formada por Albania, Chipre, Israel, Líbano y Malta.
- Zona C formada por Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto y Turquía.

La tasa de crecimiento demográfico de la Zona A es de un 0’9%, la tasa de crecimiento demográfico de la Zona B es de un 2’3% y la de la Zona C de un 2’5%. Esto implica que en el 2025, la Zona A albergará solo al 3&% de la población total del Mediterráneo. Algo sorprendente, por que en 1950 suponía el 66% y en 1985 el 52%. Por el contrario, los países islámicos hacia el 2025 tendrán el 60% de la población de la cuenca: el doble de lo que tenían en 1995 y cinco veces más que en 1950.

De estos países, los que constituían la Unión del Magreb Arabe suponían un 30% de la población total del mundo árabe en 1995. Estos países crecen con una tasa anual del 3%. Hoy, la población total de los países islámicos asciende a 300 millones. En el 2010, rebasarán en población a la Unión Europea y se configurarán como el tercer bloque demográfico tras China e India.
Sin embargo no se trata de un bloque que pueda compararse a ningún otro de los existentes. Llama la atención que la población total en edad de trabajar sea solamente de un 53% de la población total. Esto se debe a que la mujer no está incorporada al mercado laboral (menos de un 10% de mujeres trabajan en el mundo árabe, frente al 45% de Dinamarca y cifras ligeramente menos en otros países europeos. Pero además el mundo árabe tiene la tasa mundial más baja e “fuerza activa de trabajo”: un 53% de la fuerza de trabajo, es decir que de cada 100 personas en edad y disposición de trabajar, solamente lo están haciendo 53.

Hay otras particularidades que resultan sorprendentes n la demografía musulmana. La estructura sexual de los países occidentales representa un equilibrio entre hombres y mujeres, es decir, por 100 hombres existen 100 mujeres. Por increíble parezca la naturaleza, por caminos que se desconocen, ha logrado preservar este equilibrio... equilibrio que no aparece en el mundo árabe, donde por cada 100 mujeres hay 103 hombres. Los sociólogos y los analistas todavía no han explicado convenientemente este dato que sin duda está íntimamente ligado con el papel secundario, subordinado al varón e “inferior” que, en la práctica, atribuyen las sociedades islámicas a sus mujeres.

Este datos con lo que de sorprendente tiene no es quizás tan dramático como la estructura por edad de las poblaciones árabes y, en particular, de las magrebíes. La pirámide de edad es, sin duda, el indicador demográfico más importarte por que nos habla de cómo van a ser esas sociedades en el futuro; de ese datos pueden inferirse todos los demás, especialmente a cuánto va a ascender la “fuerza de trabajo”. No existe tarea de gobierno posible capaz de prever el futuro si no existe un riguroso análisis de la pirámide de población.

Pues bien, el factor más llamativo en la demografía árabe es que el 50% de sus poblaciones están formadas por jóvenes menores de 15 años. En el Africa subsahariana este porcentaje desciende al 45% (si bien con una mortandad mayor), mientras que en Europa está en torno al 21%. Algunos datos son extremadamente significativos: el promedio de nacimientos por mujer se eleva en Jordania e 7’7, mientras que en Europa no llega a 2 nacimientos por mujer y en algunas zonas (Italia y España) está por debajo.

Sin embargo, en lo relativo a las tasas de mortandad, las cifras e los Países Arabes coinciden con la media mundial: la tasa es del 12’6 por mil, mientras que las cifras promedio mundiales son de un 11’4 por mil. Esto se debe, sin duda, a las deficiencias en los sistemas de salud. Allí donde existen, la mortandad se reduce a tasas similares a los países occidentales (Kuwait con un 4 por 1000, por ejemplo). La edad media está situada en torno a los 56’3 años, cuando en Europa alcanza los 73’5 años.

En el Magreb los menores de 15 años representan el 50% de la población y aunque los demógrafos calculan que hacia el 2015 aumentará el peso del resto de edades, la edad media de la zona seguirá siendo extraordinariamente joven. La edad media de Argelia era en 1985 de 16 años, mientras que la de Europa Mediterránea alcanzada los 34 años.

DEMOGRAFÍA DEL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL

Pero centrémonos en el Mediterráneo Occidental y en sus características demográficas. Los datos son igualmente sorprendentes y preocupantes y la muestra más evidente de que en el Sur si puede definirse la perspectiva de futuro con una palabra, esa palabra es “crisis”.

Entre 1953 y 1980 los tres países más significativos del Magreb, Argelia, Marruecos y Túnez, simplemente duplicaron su población que pasó a ser de 22’6 a 45’2 millones de habitantes. En el 2002 llegaban a casi 80 millones y en el 2025 habrán alcanzado los 100. Estas cifras indican que:

- en 1950, los países del Magreb suponían 1/6 parte de la población de la Europa Latina.
- En 1980, este porcentaje había descendido a “casi” 1/3
- En 1990, el porcentaje pasó a “más” de 1/3
- En el 2025, pasará a ser de 2/3: es decir, 110 millones de habitantes, frente a los 170 que se prevén en la Europa Mediterránea.

Esto quiere decir que mientras la demografía del norte del Mediterráneo se mantiene en sus cotas de hace 15 años, e incluso en algunos países (Italia) tiende a descender, en el Sur se va duplicando con facilidad cada 30 años. Mientras las tasas de reproducción en la orilla norte son inferiores al 2%, en la orilla sur alcanzan el 4’5%.

Lo peor es que en el Sur el desarrollo económico, el tejido industrial y la capacidad inversora no alcanzan para proporcionar empleo a la mayor parte de la población joven. La fuerza de trabajo se duplica igualmente cada 20 años en el Magreb, pero no así el número de puesto de trabajo. Por lo demás, estos países tienen tasas de desempleo enormes, la estructura económica se ve incapacitada para, de un lado, disminuir estas cifras, y de otro facilitar trabajo a los jóvenes que aparecen ante el mercado de trabajo a riadas incontenibles y constantes. La emigración a partir del 2002 se ha convertido en una opción que resultará inviable para la mayoría. Antes bien, el problema puede agravarse con la llegada de repatriados segregados por el mercado laboral europeo.

La discusión en torno a la inmigración en Europa se centra en el hecho de que lo que hace falta en el norte (población) tiene en el sur un amplio superavit. La solución parece simple: se desplazan poblaciones del Sur hacia el Norte y así se logra un equilibrio. Pero las cosas no son tan sencillas. En otro lugar de esta obra aludimos a los problemas generados por la inmigración en los distintos países europeos, que en buena medida, son los problemas generados por la inmigración... magrebí. Tal como Guillaume Faye ha dicho con una sobriedad digna de encomio: “si bien la mayoría de magrebíes que llegan Europa llegan a trabajar, también es cierto que la mayoría de delincuentes son magrebíes”. Esto ha generado una percepción diferente de las poblaciones europeas hacia el fenómeno de la inmigración y una hostilidad creciente a la presencia de inmigrantes en el suelo de la Unión Europea.

A partir de ahora el Magreb ya no podrá contar con la válvula de escape de la inmigración para aliviar sus problemas internos. El endurecimiento creciente de la política de la Unión Europea en este terreno demostrará que las fronteras si pueden blindarse, que basta con que exista voluntad política para que la invasión de jóvenes norteafricanos sin oficio ni beneficio, ni cualificación profesional, puede ser cortada en seco. Para Europa, este objetivo es cada vez más perentorio.

Ahora bien, ¿qué es lo que quedará en el sur? Inestabilidad. Cuando millones de jóvenes menores de 15 años no ven una salida a su situación personal más que en la inmigración legal o ilegal y Europa cierra las puertas... esto implica que en los países de África del Norte va a existir una formidable inestabilidad en las próximas décadas.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Gaudí y la masonería: con la AIT

Gaudí y la masonería: con la AIT

Redacción.- Presentamos un nuevo capítulo de la serie “Gaudí y la Masonería. Caso abierto”. Se alude en estas líneas a las relaciones del arquitecto con la Cooperativa Obrera Mataronense, formada por Salvador Pagés, amigo de Gaudí y uno de los miembros de la AIT en España. Esta relación es importante por la naturaleza de los trabajos que realizó, por que allí conoció a la única mujer a la que se declaró y por que, finalmente, allí rompió con la masonería y la izquierda obrera, republicana y federal.

Capítulo VIII

La Cooperativa Obrera Mataronense

Si hemos aludido a la Cooperativa Obrera Mataronense es, precisamente, por que no se trataba de una organización anarquista como otra cualquiera, sino que en su interior, existía una increíble acumulación de gentes que unían, a sus ideales libertarios, la pertenencia indubitada a la orden de los francmasones. Como el propio Pagés… (1)

Es importante seguir el período de tiempo en el que Gaudí realizó distintos trabajos para esta Cooperativa por la razón de que, después de sus relaciones con los Fontseré, es ahí en donde trabajo “por última vez” con notorios francmasones. Y eso nos permite acotar una horquilla de tiempo que transcurre entre la llegada de Gaudí a Barcelona y su trabajo en la Cooperativa Obrera de Matarón, único período en el cual, existe la posibilidad de que Gaudí perteneciera a la masonería, lo cual contribuiría a explicar algunos símbolos que, posteriormente, utilizaría, cuando ya había abandonado la Orden.
Cuando escribimos “El Misterio Gaudí”, entre las pistas falsas que seguimos, figuraban tres hechos “anómalos” que un satanista miembro prominente del Templo de Seth y profesor universitario, por tanto, con cierto conocimiento de lo que estaba hablando, nos señaló: las estrellas invertidas que aparecían en las “vitolas” situadas en las tapias del Park Güell, el dibujo del macho cabrío depositado en la Cátedra Gaudí y realizado por el arquitecto en su período juvenil y, finalmente, la escala 1:666 que utilizó para el plano de la Cooperativa Obrera Mataronense en 1881. El satanista en cuestión, sostenía, utilizando estos tres elementos, que Gaudí habría pertenecido a alguna “masonería luciferina” cuya existencia denunciaría unos pocos años después Leo Taxil (2). Se trataba, evidentemente, de una enormidad de la que no nos hicimos eco, pero si es rigurosamente cierto que tanto los diseños como la escala del plano existen. Y es posible, interpretar esa escala y esa fecha como el final de la cooperación de Gaudí con los medios cooperatistas-masónicos.
En efecto, el plano con la escala anómala está firmado en 1881 y se titula “Sociedad Cooperativa La Obrera Mataronense. Plano General”. “El plano incluye todo el proyecto completo con indicación de lo realizado y de lo simplemente proyectado” (3). En 1875, Gaudí había, como hemos visto, diseñado durante su estancia en el estudio de los Fontseré, algunos de los elementos decorativos del Parque de la Ciudadela. Luego, uno de sus primeros trabajos fue el diseño de las farolas de la Plaza Real (1878) que, como hemos visto, se inspiró en los Porches de Xifré. Todo esto indica que, entre 1874-5 y 1881 existe una orquilla de tiempo en la que los clientes de Gaudí pertenecen a la masonería (incluidos Salvador Pagés y otros socios y amigos de la misma cooperativa), trabaja con arquitectos que son notorios francmasones (los hermanos Fontseré), participaba en asociaciones como la de Excursiones Científicas con presencia e influencia masónica (Eudaldo Canivell) o bien, realiza diseños inspirados en una “morada filosofal” de indiscutible raigambre masónica (la Casa Xifré y las farolas). Si Gaudí perteneció en un momento de su vida a la masonería… solamente pudo ser entre estos seis años.

Más tarde, se produjeron convulsiones políticas –el deslizamiento del anarquismo hacia su vertiente terrorista y el desbordamiento extremista de las posiciones del cooperativismo sostenidas por Pagés- y un cambio en las posiciones personales del arquitecto hacia el catolicismo. En este sentido, puede entenderse que utilizara la escala 1:666 en su trabajo para la cooperativa: era una forma de significar su falta de entendimiento con los principios que guiaban al grupo de Pagés. Gaudí realizó trabajos posteriores para la cooperativa, pero fueron de escasa entidad. El estandarte lo diseñó en 1884 y acarreó todo tipo de problemas: era tan grande y pesado que resultaba imposible que lo llevara una sola persona en los desfiles y manifestaciones. Josefa Moreu que, junto a su hermana, se habían comprometido a bordar la bandera, escribió al arquitecto: “Muy Sr. Mío: es difícil bordar una hoja con tanto detalle” (3). Para colmo, la abeja –símbolo de la laboriosidad y el trabajo- que figuraba en la cúspide del estandarte, metálica, compacta y de 35 centímetros, hacía prácticamente imposible que fuera trasladado verticalmente. Pero hay algo más.

El 2 de agosto de 1885, “El Eco Liberal” (4) daba cuenta de un acto que tuvo lugar el 28 de julio anterior en la famosa sala de blanqueo –diseñada por Gaudí de la Cooperativa y en la que utilizó por primera vez arcos catenarios de madera-. La directiva de la asociación había llamado a Miguel Morayta, Gran Maestre del Gran Oriente de España y, sin duda, una de las figuras más relevantes de la masonería española en el último tercio del siglo XIX. Gaudí había diseñado el decorado. Entonces ocurrió un episodio significativo. El arquitecto había convertido el escenario en un vergel y, al parecer, con gran ingenio, canalizó un flujo de agua que formaba una cascada y recorría el escenario. En aquella ocasión, mientras Agustina Moreu dirigía un coro de niñas que cantaron un fragmento de “Saffo”, ópera de Pacini, mientras que su hermana, Pepeta, tocaba el piano. Antes se habían hablado Pagés y otros miembros de la directiva, pero todos eran “teloneros” para la alocución de Moraya. Cuando éste empezó a hablar, el ruido del agua al romper sobre la cascada y el motor eléctrico que la accionaba, impedían oír su voz (no existían ni micrófonos, ni altavoces, no lo olvidemos). Le pidieron a Gaudí que interrumpiera el flujo, pero éste se negó en redondo: “Si no se entiende lo que dice, mejor. Porque esa gente de Madrid son todos un atajo de tontos” (5). El episodio es algo más que una prueba de lo que luego serían los proverbiales estallidos de mal genio del arquitecto; indicaría una falta de respeto por la figura de Morayta que era, en la época, sin duda la personalidad más indiscutible de la masonería española. Pero estamos en 1885, después de que Gaudí haya evidenciado su rechazo a los ideales de la Cooperativa, utilizando la escala maldita, que incluía el “número de la Bestía” del Apocalipsis, el “666”. No se me ocurre otra explicación para que, en un cierto momento, el arquitecto utilizara una escala tan anómala e inusual en la historia del arte.

Pero esa posición de rechazo no era, desde luego, la que había sostenido Gaudí en los primeros momentos de su colaboración con la Obrera Mataronense. Como hemos dicho, los inicios de la vinculación de Gaudí con la Cooperativa datan de 1875. En 1878 su firma aparece en un proyecto para la construcción de una casita dentro de los terrenos propiedad de la Cooperativa y en el mes de mayo elaboró el plano del casino de la institución que nunca se construyó. Sin embargo, este proyecto es importante por que, en el interior de la sala principal, los muros debían estar decorados con unas frases que han sido innumerablemente citadas para indicar la ingenuidad y simplicidad de ideales que guiaba a los cooperativistas y al propio Gaudí (6) … de quien se ha discutido si las consignas en cuestión eran suyas o inspiradas por Pagés. La cuestión de las frases no es secundaria: si son suyas, indicarían cierto grado de identificación con los ideales del cooperativismo de la época. Bassegoda explica que las consignas fueron sugeridas, “por los socios de la cooperativa” (7), lo que no implica que Gaudí no los compartiera. Algo que encajaría con las opiniones “progresistas y de izquierda” que según el libro de Elías mantenía Gaudí en esos momentos, muy en sintonía con el anticlericalismo de que hacía gala la masonería en la época.

Ya hemos visto que existen unas cuantas referencias que pintan al Gaudí de ese período como anticlerical impenitente, relacionado con una tertulia blasfema y, sino militante, si al menos simpatizante de organizaciones de izquierda. ¿Puede ser cierto todo este material? Digamos que entraría dentro de lo probable, aunque la imagen de este “Gaudí juvenil” y desvergonzado, choque con la imagen de místico cristiano que ha pasado a la posteridad como cliché del “Gaudí maduro”.
La Cooperativa Obrera Mataronense tendrá todavía un fleco más que aparecerá, precisamente, en la vida del “Gaudí maduro”.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokriris@yahoo.es

NOTAS Y REFERENCIAS

1) La historia de la Cooperativa Obrera Mataronense puede leerse en “El Gran Gaudí” de Joan Bassegoda Novell, Editorial Ausa, Sabadell, 1989, págs. 93-105. El autor, de todas formas, elude señalar la pertenencia a la masonería de muchos de los miembros de la cooperativa.

2) A partir de 1885 se produjo una eclosión de la literatura antimasónica que vinculaba a esta Orden al satanismo. El artífice único de todo este material fue Gabriel Jogand Pagés, que firmaría sus escritos con el seudónimo de “Leo Taxil”. En 1897, el propio autor confesó que todas las informaciones relativas al satanismo masónico eran falsas. Sin embargo, sus escritos tuvieron en aquella época –e incluso en la actualidad- un peso decisivo a la hora de que los católicos realizaran una valoración de la masonería. El mejor estudio en lengua española sobre el “affaire Taxil” puede leerse en “El contubernio judeo-masónico-comunista”, J.A. Ferrer Benimelli, Colección Fundamentos, nº 78, Ediciones Istmo, Madrid 1982, Capítulo I, págs. 31-131. Así mismo, por su accesibilidad, puede consultarse también un resumen de la cuestión en Internet: “El Asunto Leo Taxil: masonería, satanismo y erotismo”, Ernesto Milá, URL: http://www.arrakis.es/emila.

3) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág 95.

4) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág. 97.

5) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág. 97-99. que reproduce la totalidad del artículo “La velada de la Cooperativa”, La Voz del Litoral, órgano del Partido Republicano Histórico, Mataró, domingo 2 de agosto de 1885.

6) “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 102.

7) Las frases en cuestión, citadas en casi todas las biografías de Gaudí, eran: “No hay nada más inmenso que la
fraternidad”, “Viva la nobleza de conrazón que es la vida”, “Compañero, sé solidario, practica la bondad”, “Compañero, sé solidario, practica la bondad”, “¿Quieres ser hombre de ciencia? Sé bondadoso”, “Impulsemos la humanidad hacia el amor” y “Los muchos cumplimientos son prueba de falsa educación”.

8) “El Gran Gaudí”, Ob. Cit., pág. 95.

Atención: ZP quiere pactar con ETA

Atención: ZP quiere pactar con ETA

Redacción.- En el terreno de la política antiterrorista, la política del PP fue impecable y rindió frutos abundantes: ETA estaba hasta hace tres semanas, acorralada y contra las cuerdas. Las bestias sedientas de sangre de otro tiempo, se habían convertido en ratas atemorizadas y en desbandada. Pues bien, desde hace quince días “bambí” está dando nuevas alas a ETA.

De la entrevista dada por ZP a la primera cadena de TVE, lo único que tuvo cierto interés y que la justificaba en sí misma, era anunciar su predisposición para “hablar” con ETA y HB, si ello implicaba acabar con el problema del terrorismo vasco. Al parecer, no fue únicamente Carod-Rovira quien ha querido pasar a la historia como el político que consiguió que ETA cesara en su actividad, sino que ZP también está aquejado por este virus. Sea como fuere, “bambi” quiere entrar en la historia patria: mediante el “diálogo de civilizaciones”, a través de la ley de extranjería más permisiva de todo el globo, o simplemente, desactivando a ETA.

La idea de ZP, y del ministro del interior, José Antonio Alonso, no es otra que acceder a las pretensiones de ETA: 1) reagrupar a los presos y 2) relegalizar a HB. A cambio, ofrece una tregua y “diálogo”; lo que salga de esa tregua y de ese diálogo, ya es harina de otro costal.

Ahora bien, es preciso recordar que la dispersión de presos ha sido uno de los elementos que más ha contribuido, a desmoralizar a la banda. Los presos, con perspectivas de pasar entre 10 y 20 años de cárcel, estando cerca de sus amigos, cómplices y familias, se habían convertido en un foco de agitación; dispersos, frecuentemente odiados y marginados por los presos comunes, alejados de lo propio, muy frecuentemente se han derrumbado, han solicitado la reinserción y se han desvinculado del terrorismo. La medida era justa, necesaria y ha dado sus frutos.

¿Reagrupamiento de presos? Mientras la banda siga colocando bombas como las que estalló en Guecho, es una posibilidad abierta. Efectivamente, concentrarlos en Fuerteventura no sería una mala idea.

Sobre la relegalización de HB se impone alguna consideración. Antes de su ilegalización, Otegui y sus monaguillos, habían amenazado con que el País Vasco sería ingobernable con HB ilegalizada. Amenazaban con extender los disturbios callejeros, hacerlos diarios y cada vez más incontrolables. Pues bien, HB se ilegalizó y el mundo no se hundió. Todo lo contrario: se demostró que HB y el radicalismo abertzale era un “gatito de uñas recortadas” incapaz de hacer frente a nadie que estuviera armado con la firme decisión de contenerlo. Mientras Jarrai tuvo enfrente una legislación permisiva confeccionada en la transición y una “ertzaina”, que llegaba, matemáticamente, diez minutos después de que los “kale borroka” se hubieran dispersado, era muy fácil mantener una “guerrilla urbana”. Ahora bien, cuando una legislación nueva equiparó los actos de violencia urbana a los de terrorismo, la cosa cambió. De una semana a otra, el “kale borroka” se deshizo como un azucarillo y los niños díscolos que lo protagonizaban, amonestados por sus papás y mamás, probos militantes del PNV, se dedicaron a actividades más dignas de encomio. Ilegalizar HB resultó muy barato para el Estado.

Y hubiera resultado todavía más barato, si el PNV no hubiera estado allí para sacar las castañas del fuego al radicalismo abertzale. En el Parlamento vasco, el grupo de HB no fue disuelto, simplemente cambió de nombre. Los innobles gestos del PNV, financiando los viajes a los familiares y amigos de los presos y negando el pan y la sal a las víctimas, es elocuente de la miseria moral del nacionalismo vasco. Para colmo, el pacto de Estella y la tregua-trampa, supusieron, para HB un balón de oxígeno y para ETA la posibilidad de recomponer sus líneas tras un período de desmantelamiento policial acelerado.

La política del PP fue dura en materia antiterrorista. El PP entendió que solamente es posible hablar un lenguaje con el terrorismo: el de la decisión inquebrantable de combatirlo. Cualquier otra cosa es una muestra de debilidad. Cualquier gesto, actitud o medida conciliadora, es tomada por el terrorismo de manera triunfal. Cuando en 1977, el gobierno de UCD concedió tres amnistías sucesivas, dejando en libertad a los asesinos de la calle del Correo, entre otros, demostró su debilidad. Algunos estúpidos, apoyaban estas ideas, escribiendo: “Contra terrorismo, democracia”. Y la democracia se demostraba por dejar a más presos en la calle en menos tiempo. No es raro que en 1979-80 el fenómeno del terrorismo hubiera alcanzado sus más altas cotas y que en 1981-82, la banda estuviera cerca del centenar de asesinatos diarios. Toda debilidad se paga, y con el terrorismo se paga con sangre.

A partir del momento en el que ZP nombró ministro del interior a José Antonio Alonso, estaba claro que su voluntad era romper con la política del PP en relación a ETA. Alonso se había opuesto a la dispersión de presos y a la ilegalización de HB. Más claro, agua. Desde su presidencia de Jueces para la Democracia, había mostrado más interés por los asesinos presos que por las víctimas y sus familias. Además, no tenía ni idea de las funciones que correspondía a un ministro del interior. No pertenecía a la “cuota del 50%”, pero ha demostrado ser tan incapaz como las ministras que fueron elegidas por el mero hecho de ser mujeres y no por su preparación. De Alonso no se sabe, exactamente, de ninguna cualidad que lo hiciera ministrable y mucho menos de interior.

Los éxitos que han conseguido las fuerzas de seguridad del Estado en los últimos 9 meses se han debido, no tanto a la gestión de Alonso como a la inercia del período anterior y se ha tratado de operaciones preparadas con antelación durante los últimos meses del período de gobierno del PP. Cuando se termine esa inercia, la impericia de Alonso y el talante, harán lo demás: ETA estará reorganizada para dar golpes rotundos el próximo verano, período para el cual ZP ya se habrá convencido de que es imposible negociar con ETA y cuando la banda se haya reforzado de nuevo con buena parte de sus cuadros presos, puestos en libertad.

Además ZP está mal aconsejado desde el País Vasco. Allí, los socialistas esperan tener un vertiginoso ascenso de votos en las próximas elecciones autonómicas de primavera. Se prevé que el PP se estancará o descenderá lo mismo que el PSE suba. Aralar será la principal beneficiaria de la prohibición de HB, una parte de cuyos votos reforzará al PNV, el cual, por otra parte, perderá votos tibios a los que aterra la secesión o realistas que perciben la imposibilidad de un “Estado libre asociado”. No parece que los resultados de esos comicios vayan a variar mucho la situación actual. El proceso de ruralización del voto nacionalista persistirá, y parece improbable que logren la mayoría absoluta. En este contexto, los “cerebros” [de corcho] del PSE opinan que la relegalización de HB tendría como corolario una merma en la intención de voto del PNV, el cual, retrocedería en relación a los anteriores comicios y, en esas circunstancias, el “Plan Ibarreche” sería de todo punto inviable.

Si, el razonamiento tiene cierta lógica… electoral. Pero ETA mata y HB es su desdoblamiento político, así que, en la práctica, relegalizar a HB supone dar nuevas alas al terrorismo de ETA. Lo que el PSE vasco tiene que confirmar es si ha abandonado la absurda idea que siempre ha mantenido, desde las profundidades de la transición, según la cual es imposible gobernar el País Vasco sin el PNV, o bien si está dispuesto a formar un “Frente Constitucional” junto al PP y alguna otra fuerza política minoritaria, para gobernar frente y contra el abertzalismo. Y no está clara la opción. Es más, da la sensación de que el PSE está dividido en relación a éste punto y ni siquiera es capaz de salir del atrolladero que supone definir a España como “una nación” o al País Vasco como “la nación”…

ETA ha tenido suerte en su historia. Cuando en 1970 estaba absolutamente contras las cuerdas, con prácticamente toda su militancia presa y sólo unos pocos exiliados en Francia dispuestos a hacer alto, Echave Obengoa tuvo la ocurrencia de secuestrar al cónsul alemán Behil en San Sebastián y tener a la opinión pública en vilo durante quince días. Fue el inicio de la recuperación de ETA. Luego en noviembre de 1975, ETA volvía a estar en cuadro, tras las desarticulación de diversos comandos de la organización en Madrid, Barcelona y Bilbao, con la mayoría de sus cuadros presos. En eso muere Franco y, a partir de ese momento, empiezan a salir sus presos en tres sucesivas amnistías que terminaron en junio de 1977 cuando los presos con delitos de sangre fueron “extrañados”, volviendo a España clandestinamente en apenas una semana… A partir de entonces y hasta las fechas previas al pacto de Estella, ETA había logrado mantener lo esencial de sus cuadros e infraestructura, pero en 1997 la situación era, nuevamente límite, y el PNV salió en su defensa. El PNV permitió que ETA, contra las cuerdas y noqueada, se recuperase en el año que duró la “tregua-trampa”. A partir de octubre de 2002, ETA volvió a encajar golpes policiales de dureza inusitada, a lo que se añadió una sistemática persecución judicial que volvió a noquear al terrorismo. El PNV volvió a salvar a ETA, una vez más… sólo que, ahora, estos días, con el visto bueno de una parte sustancial del PSE y con el placet de “bambi”.

Cuando se produce en Madrid, la manifestación de la Asociación de Víctimas contra el Terrorismo, quien es agredido y paga las ambigüedades del PSOE es precisamente Pepe Bono, eximio ministro de defensa. No era quizás la persona que, en este terreno, tenga más culpas, pues no en vano, tanto Bono como Ibarra se han mostrado muy decididamente partidarios de mantener la presión contra ETA y el divorcio de su partido de cualquier intento negociador.

Entre las frases leídas por el presidente de la AVT figura la exigencia de que los familiares y las víctimas no sean utilizadas como “moneda de cambio” en la resolución del problema del terrorismo en España. Estas declaraciones son todavía más significativas en cuanto vienen a pocos días de la declaración de intenciones de “bambi” de estar dispuesto a abrir una negociación con ETA y HB.

Hay que decir algo más: quienes han matado a 20 ó 25 personas no pueden extinguir su condena con 8 ó 12 años de cárcel. Una condena a 3000 años no se extingue en dos lustros. Y poco importa en base a qué consideraciones jurídicas los asesinos en serie aspiran a ser excarcelados a lo largo de 2005. Las bestias sedientas de sangre deben permanecer a fuera de circulación. Solamente la debilidad y ambigüedad, el ingenuo progresismo en el que se hizo la transición hizo posible que en la constitución no quedara registrada la posibilidad de cadena perpetua. Este año 2005, el gobierno –que en esto si parece respetar la “división de poderes”- se prepara para excarcelar sin problemas y como gesto de buena voluntad a los terroristas en serie. Es evidente que estos, pasarán inmediatamente a formar nuevos equipos terroristas en tanto se vean en libertad y así el ciclo del terror volverá a comenzar. ETA-HB impondrá la protección a sus miembros mientras duren las “negociaciones” (no llegarán a nada sustancial) y aprovechará este período para reforzarse y depurar interiormente sus filas de confidentes, chivatos y traidores (que no son pocos y están muy bien situados en la jerarquía de la banda).

Una vez más, la debilidad pasará factura. Una vez más, cuando ETA está al borde de la asfixia, un imbécil cree que tendiendo la mano pasará a la historia como la persona que logró el fin de ETA. En este momento hay que decir bien alto, aquí y en las próximas elecciones vascas, que contra ETA y el nacionalismo solamente la decisión rinde resultados, sólo la fuerza paga, sólo la voluntad inquebrantable de aplastar a la culebra y castigar a quienes tengan en su conciencia una sola gota de sangre inocente con la cadena perpetua hasta el fin de sus días, puede resolver el problema: existe terrorismo por que hay terroristas, hay gente que muere por que hay asesinos dispuestos a matar. Encarcélese a todos los asesinos y tírese la llave y el problema desaparece, o al menos, adquiere una dimensión razonable. La cuestión es que Ibarreche y el PNV sin asesinos que “golpeen el árbol”, jamás podrían coger fruto alguno. Arzallus dixit.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Gaudí y las enseñanzas del abate Sebastián Kneipp

Gaudí y las enseñanzas del abate Sebastián Kneipp

Redacción.- Presentamos el capítulo XIII del libro “Gaudí y la masonería. Caso Abierto” dedicado a estudiar las vinculaciones del arquitecto con la masonería barcelonesa de su tiempo. En próximas entregas iremos sirviendo más anticipos de esta obra exhaustiva. En este primer capítulo se explica por primera vez el origen de algunas costumbres particulares de Gaudí que siempre han llamado la atención.

En la segunda mitad del siglo XIX, se formó en Barcelona, un caldo de cultivo, que hoy llamaríamos “alternativo”, en el que florecieron socialismo utópico, vegetarianismo y naturismo, frenología, teosofía, espiritismo, escuelas librepensadoras y positivistas, anarquismo y movimientos sociales avanzados, universalistas y esperantistas, y un largo etcétera. Este ambiente duró, prácticamente, hasta la guerra civil e incluso, algunas supervivencias, pudieron prolongarse durante la postguerra. Lamentablemente, no existe ningún estudio monográfico sobre este ambiente tan rico y variopinto, como desconocido. Sin embargo, en algunas biografías de personajes concretos, podemos encontrar algunas pinceladas sobre dicho ambiente. En este sentido, la biografía de Mariano Cubí escrita por Ramón Carnicer, es una fuente inagotable de datos, así como la obra de Sánchez i Ferré sobre “La maçoneria a Catalunya”, pueden servirnos para hacernos una idea del “panorama ideológico” de la Ciudad Condal en la segunda mitad del siglo XIX. Y resulta sorprendente saber que menudeaban las manifestaciones callejeras de estos grupos en los que vegetarianos, teósofos, agrupaciones corales, partidos de izquierda, espiritistas, socialistas utópicos, cooperativistas, círculos librepensadores y masónicos, acudían, cada uno con sus estandartes y afiliados, conscientes de que pertenecían a un mismo linaje dividido en distintas familias. Afirmamos que éste fue el ambiente del que Gaudí se nutrió en sus años de juventud.

Afirmamos que, a partir de su último año en Reus, cuando, junto a sus dos jóvenes amigos, redactan el proyecto de restauración de Poblet, ya había asumido una parte de estas ideas, que las mantuvo a lo largo de sus años de estudio en la Escuela de Arquitectura y que se desengañó de ellos, muy probablemente por sus relaciones con la Cooperativa Obrera Mataronense y cuando, a través de su mecenas, Eusebio Güell y del Marqués de Comillas, pudo conocer a las grandes figuras de la Iglesia Católica que influyeron en la rectificación de su pensamiento: desde Verdaguer a Collell, y los obispos de Astorga y Vich, Grau y Torras i Bages. Es, en ese momento, cuando supera su gran crisis interior y se orienta, cada vez con pasos más decididos por la senda del catolicismo. No es esta segunda parte de su evolución la que nos interesa: ha sido tratada hasta la saciedad por sus biógrafos más minuciosos.

¿Cómo llegó Gaudí a lo que hemos definido como “ambiente alternativo”? Reus, como hemos visto, era la segunda ciudad de Catalunya en la época en que nació. Grandes figuras de la política y la intelectualidad del momento habían nacido en aquella ciudad: el poeta romántico Joan Bartrina, el general Prim, el pintor Fortuny. Sabemos que hubo logias masónicas y círculos librepensadores. Sabemos que operaron partidos y agrupaciones de izquierda, utopistas y jacobinos. Y sabemos, finalmente, que cuando los tres amigos de Reus redactan el proyecto de restauración de Poblet, están impregnados de este ambiente. No sabemos exactamente por qué los padres de Gaudí lo enviaron a Barcelona a cursar el último año de bachillerato. Si ha dicho que fue para alejarlo de los disturbios políticos (pero en Barcelona las cosas no estaban mucho mejor que en Reus, sino todo lo contrario e, incluso, aunque esa fuera la razón, daría lugar a pensar que los padres veían con preocupación la evolución de las ideas de su hijo y prefirieron alejarlo de las “malas compañías”) y para que acompañara a su hermano mayor, Francisco, que estudiaba medicina en la Ciudad Condal (y es significativo que fuera matriculado en un instituto laico y no en alguno de los muchos colegios religiosos que existían en la misma zona, próxima a la escuela de medicina en la que estudiaba su hermano). Pero el misterio, a estas alturas, no es Gaudí, sino su padre. De él se saben muy pocas cosas: que era hábil calderero, hijo y nieto de caldereros, casado con una mujer procedente de este gremio… y poco más. Sabemos también, gracias a Joan Bergós, que “Su padre se hizo naturista, según el método del abate Kneipp, y con las prácticas hidroterapeuticas se curó las varices de las piernas que los médicos no conseguían curarlo; en vista de la eficacia del sistema, Gaudí adoptó algunas prácticas. Hasta en pleno invierno se lavaba todo el cuerpo con agua corriente, friccionándose intensamente; así hacía ejercicio y masaje a la vez” (1). Lamentablemente, no sabemos si esta adhesión del padre del arquitecto hacia las prácticas recomendadas por Kneipp, se produjo en su tierra natal de Tarragona o bien cuando, tras fallecer su esposa, se trasladó con su sobrina a Barcelona, ayudando a su hijo en la administración de su estudio de arquitectura. Lo importante, en cualquier caso, es recordar que el abate Kneipp era uno de los puntales de este ambiente alternativo al que hemos aludido. La adhesión al medio vegetariano y naturista procedía, pues, en Gaudí de su padre. Es decir, que la familia, en algún momento, estuvo predispuesta a asumir estas teorías alternativas aplicadas a la salud, quizás a causa de la muerte de su hijo mayor que, precisamente estudiaba medicina, o quizás a causa de la mala salud que tuvo el arquitecto desde muy niño.

Bergós cuenta, por ejemplo, “al día siguiente de su nacimiento fue bautizado en la Parroquia de Sant Pere de Reus (…) El niño se desarrolló con dificultad, obligando a alargar el período de lactancia”, y más adelante, “antes de los seis años empezó a sufrir los ataques de reumatismo articular que reaparecieron en diversas ocasiones en el transcurso de su vida. Esta enfermedad tuvo consecuencias importantes en la formación del muchacho: le hizo frecuentar las estancias en el Mas, donde recordaba que muchas veces había de ir montado en un burro porque el dolor le impedía caminar” (2). Estos ataques reaparecieron en distintos momentos en la vida del arquitecto. Van Hensbergen explica que “oyó a sus padres hablar sobre su próxima muerte” (3).

La madre de Gaudí fallece en 1876 su hermano Francisco y, pocos meses después, su madre; la hermana de ésta, Rosa, apenas le sobreviviría tres años. Posteriormente el arquitecto reconoció que en ese período sufrió una fuerte depresión y, poco después empezó un diario (que abarca del 22.11.876 al 25.01.877). Es, a partir de ese momento cuando su hija pasa a vivir con el padre de Gaudí. En sus treinta y seis años de vida parece que solamente existe una fotografía de ella, con el doctor Santaló y su familia y Gaudí y su padre. Al parecer, Gaudí pidió consejo al doctor sobre anatomía para la fachada del nacimiento y también sobre dieta y nutrición.

Por cierto que en esa foto Gaudí está fumando un puro con el gesto distraído. Si recordamos el proyecto de Poblet, allí los tres jóvenes sostienen la conveniencia de vender tabaco y abrir un estanco en el monasterio. Otros autores también han recordado que, en su juventud, le encantaba la buena mesa y los tabacos seleccionados. Algo que no encaja con el odio que, posteriormente, adopta en relación al tabaco y a los fumadores. Rosa Egea, murió de tuberculosis y era propensa a la taquicardia (1912), probablemente agravada por el creciente alcoholismo de la muchacha, tras la muerte del padre del arquitecto (1906). Bergós dice que “tan ajeno como era Gaudí al vicio del alcohol, sufrió mucho al ver que su sobrina se bebía el agua del Carmen”.

La foto de Gaudí fumando es de 1904. Lo cierto es que, inmediatamente después de esa foto Gaudí empieza a mostrarse intolerante con el tabaco. Solía ordenar a sus subordinados “Tire el cigarro” y frecuentemente lo argumentaba: “Dios no hizo las narices para que echaran humo como una chimenea” (4). En otra ocasión el pintor castellonense Joan Porcar explicó la anécdota de que en cierta ocasión, Gaudí hablaba sobre el Escorial en términos poco elogiosos; Porcar no le hacía mucho caso y seguía fumando; esto sacó de sus casillas a Gaudí el cual le increpó: “Es un cigarrillo lo que perderá a los valencianos”, y Porcar añade: “Desde aquel día me tuvo cierta manía”. Porcar, intentando mejorar la relación y aprovechando que se encontró al arquitecto acompañado por el escultor Matamala en una parada de autobús, les pagó el billete. Los dos artistas ni siquiera le hicieron caso. Al día siguiente, para fatalidad de Porcar, se volvió a encontrar a Gaudí y lamentó el cáncer de Matamala que había llegado a que le extirparan la nariz. Gaudí literalmente le dijo “Fot el camp” (5). Pero lo más sorprendente es que el abate Kneipp en sus miles de páginas de consejos higiénicos y dietéticos, no tiene ni una sola línea contra el tabaco. De hecho, él mismo era un moderado fumador de puros. Así puede entenderse la foto de Gaudí con el puro, junto a su padre. Así pues, hay que pensar que cuando empezó a denostar el tabaco era en el último período de su vida a partir de 1914, cuando se dedicó exclusivamente a las obras de la Sagrada Familia. Quizás la edad, la muerte de sus familiares más próximos y de sus mejores amigos (Berenguer, Matamala, Maragall, Güell) y la conciencia de que había atravesado una grave enfermedad nerviosa (en 1910), le indujeron abandonar el tabaco, incorporando una prohibición que Kneipp no había realizado nunca.

Indudablemente, el estilo de vida que llevó, como mínimo después de la muerte de su sobrina y quizás en un período situado en torno a la muerte de su padre, estaba inspirado en la dieta que llegó, precisamente a su padre a los 92 años de vida, en un tiempo en el que la vida media estaba en torno a los 50 años. Paseaba cada día 3 km por el Park Güell y sostenía que, como la distancia ideal que había que recorrer cada día era de 10 kilómetros. Había dicho a Bergós: “He llegado a la conclusión de que el total de caminar durante el día tiene que ser de unos diez kilómetros y que los cambios de altitud aumentan la eficacia del ejercicio; por eso los días festivos, indefectiblemente vamos a la escollera y cada tarde subo a dormir al Park Güell” (6). El método de Kneipp llamaba a este procedimiento “kinesioterapia o terapia del movimiento” y, la modalidad que practicaba Gaudí, “entrenamiento dinámico”, que seguía en su aspecto de caminar, pero que, en realidad, podía incluir natación, bicicleta, correr, etc.

Pero todo esto no impidió la crisis de 1910, seguramente, producta de una multiplicidad de factores: “Tensiones, poco descanso, mala alimentación, salud llevada al límite, desembarcaron en una anemia cerebral o, como diríamos hoy, una depresión nerviosa” (7). La estancia en Vic en el domicilio señorial de Doña Concepción Vila, no le sirvió de mucho. La habitación que Doña Concepción le había destinado le desagradó por su hedonismo y, al parecer, durmió en el suelo. Cuando algún solicito vigueta se ofrecía a acompañarlo por los recorridos artísticos de las inmediaciones, el paseo se solía hacer difícil. El arquitecto no apreciaba lo que veía: “No es arte verdadero, sólo copias de obras mediterráneas”.

Aprovechaba para denostar a Van Eyck o Rembrandt a los que calificaba de “artistas de comedor burgués, decoradores de tercer orden”. Joaquín Vilaplana, familiar de Doña Concepción, debió de sufrir el carácter difícil que mostraba Gaudí en ese momento. Posteriormente dijo que “le dio la impresión de que Gaudí poseía una gran cantidad de conocimientos, pero que prefería aparecer como un snob de la humildad y la pobreza” (8). Las tres semanas que estuvo en Vich no sirvieron de gran cosa, tan solo para que diseñara unas farolas muy criticadas que fueron, finalmente, derribadas en 1924. Seguían los problemas en el Colegio de las Teresianas, en Palma de Mallorca las cosas no iban mejor y cabildo estaba alarmado por los gastos desmesurados, la urbanización del Park Güell era evidente que había fracasado y las obras de la cripta Güell estaban detenidas. Para colmo, el doctor Santaló, a la vista de los síntomas –accesos de fibre intermitente y escalofríos- diagnosticó “fiebre de Malta”. En la primavera de 1911 estaba tan débil, que Santaló tomó la iniciativa de llevarlo al Puigcerdá. Se alojan en el Hotel Europa y Gaudí demuestra ser muy consciente de qué es lo que le ha llevado hasta ese extremo. Dirá a Santaló: “Presiento que mi curación no es cuestión de medicamentos sino de norma de vida” (9).
A esas alturas, era evidente que los remedios y las medicinas alternativas no le habían ayudado mucho, lo cual no fue obstáculo para que siguiera siendo vegetariano hasta el final de sus días y siguiera a rajatabla los peculiares consejos del abate Sebastián Kneipp.

En 1894, cuando se terminan los cimientos del Pórtico del Nacimiento, Gaudí se encuentra en un estado de exaltación mística extrema. Es entonces cuando evidencia su segunda crisis emocional grave en el famoso episodio del ayuno cuaresmal que deja al arquitecto postrado en su lecho en situación de extrema debilidad que su amigo, colaborador y dibujante, Opisso, reflejó en un apunte.

Bergós da cuenta de que Gaudí sufría una disfunción ocular. Un ojo le permitía ver bien a larga distancia, pero con el otro solamente podía apreciar los detalles próximos. Le recetaron un monóculo, pero terminó rechazándolo en beneficio de los baños oculares de agua fría recomendados por el abate Kneipp. La única crítica que se permitió realizar jamás a su admirado obispo Torras i Bages fue, precisamente, utilizar gafas: “Cuando alguien tiene problemas en al vista, lo mejor es hacer ejercicios con los ojos y lavárselos con fuerza” (10). El abate Kneipp en sus estudios sobre hidroterapia daba instrucciones precisas para lavarse todas las partes del cuerpo, con agua natural, fuera cual fuera la época del año. Gaudí seguía estas instrucciones, por lo que nos cuentan sus biógrafos, al pie de la letra.

El sistema de Kneipp preveía baños de agua externo e internos, vahos (Gaudí los hacia con eucalipto) y lo que llamaba “envolturas”. Habitualmente consistía en un “lienzo basto de lino”, colocado mojado sobre la parte del cuerpo que se pretendía sanar y que se mantenía con imperdibles (hoy los discípulos de Kneipp recomiendan ligarlos con velero). Se sabe que Gaudí se frotaba las plantas de los pies con fragmentos de hielo y que se colocaba vendas en las piernas, según cuentan sus biógrafos, para protegerse del frío. Pero esto no parece muy coherente; unas simples vendas apenas pueden proteger del frío húmedo de la Ciudad Condal. Es mucho más probable que Gaudí, a la vista de los problemas que tuvo su padre en las piernas a causa de las varices y que sanó gracias a los tratamientos recomendados por Kneipp, fuera sobre sus pasos. El caso es que en varias ocasiones, sus acompañantes vieron como entraba en algún portal para volver a colocarse las vendas que se le habían soltado. En el método Kneipp, estas envolturas húmedas, tienen como finalidad sustraer o acumular calor según la duración con que sean aplicadas.

En cuanto a la costumbre de aplicarse hielo en las plantas de los pies, iba en la misma dirección que la costumbre de su padre de andar descalzo sobre la hierba: el abate Kneipp así lo recomendaba e incluso hoy sus discípulos sostienen la existencia de una “estrecha relación entre la actividad vasomotora de la piel, de la pelvis menor y de la garganta, y entre los pies y el resto de los órganos” (11). En realidad, el abate Kneipp no recomendaba “andar sobre hierba”, sino “sobre rocío o nieve”, descalzo, por supuesto. E incluso recomendaba andar así durante uno o dos minutos, aumentando el tiempo paulatinamente hasta llegar a cinco (12). Y Gaudí andaba… en 1906 iba al oratorio de San Felipe Neri donde realizaba la confesión diaria. Los domingos llegaba hasta la Catedral y luego solía ir a la escollera del puerto y a la Barcelonesa. De regreso, seguía el Paseo de Colón hasta el monumento y luego ascendía por las Ramblas, frecuentemente acompañado por el escultor Matamala y Alfonso Trías, hijo del abogado Trías que vivía como él en el Park Güell. Quizás algo más de diez kilómetros los domingos…

Se sabe, así mismo, que su alimentación, al menos en el último período de su vida era exigua, apenas un poco de lechuga, un vaso de leche, unas gotas de aceite sobre la lechuga, nueces, confitura de remolacha y pan con miel, todo ello acompañado por mucha agua. En ocasiones comía algo de frutos secos o pasas (13). También se sabe que comía verduras con sal y un poco de aceite vegetal. En algún texto hemos leído que, ocasionalmente, mezclaba la leche con cítricos e incluso tenía alguna teoría al respecto. Siempre, después de comer, tenía la costumbre de limpiarse las manos con miga de pan mojada en agua. “Explicaba que las ensaladas, la lechuga y la escarola son la forma más sencilla y perfecta de tomar aceite, preparado así para su emulsión; que es un error que la leche con frutas, incluídos los cítricos, combinen mal, que es todo lo contrario: la piel de las frutas es el mejor regulador intestinal. Todo lo que comía lo acompañaba con pan y no bebía aun que no hubiera comido nada más que frutos secos; acababa siempre con miga de pan, que hacía de “esponja limpiadora de la dentadura”; después bebía un poco de agua” (14). Y estos hábitos dietéticos contrastan con los que mantuvo, siempre según Bergós, el arquitecto en otros tiempos: “Gaudí, de joven, había sido un gran gourmet, pero nunca fue goloso; en su madurez, primero por convencimiento de la moda naturista, después para combatir los ataques reumáticos que reaparecen alguna vez y finalmente por ascetismo, llegó a un grado de frugalidad extraordinario; hasta tal punto que un día, paseando por la escollera, no pudo evitar comer excepcionalmente fuera de hora unas cuantas almendras crudas, diciéndome: “Siempre tengo hambre y no me he levantado de la mejo que no me quedaran ganas de comer”” (15).

Van Hensbergen explica que en 1911 se le diagnosticó brucelosis, quizás como resultado de su costumbre de beber leche sin pasteurizar. El mismo autor atribuye el mal carácter del arquitecto a la enfermedad: “Uno de los síntomas más potentes y perturbadores de la brucelosis son los cambios de humor súbito, que pueden terminar en depresiones suicidas. Van acompañados de ataques de cólera, intervalos de concentración, agotamiento físico, dolores de cabeza intensos, inflamación glandular, sudores nocturnos, artritis dolorosas” (16). Algunos de estos síntomas son los mismos que los de la depresión. Las depresiones, sin embargo, suelen ser recurrentes. Gaudí, él mismo, al morir su madre, su hermano y su tía, en un plazo corto, cuenta que sufrió un estado depresivo. Cuesta entender si lo que le ocurrió durante el ayuno de 1894 fue una crisis mística aguda o un nuevo estado depresivo, o una mezcla de ambos. Y, por lo mismo, la brucelosis sirve para explicar algunos exabruptos del arquitecto. Si a esto unimos una hernia que le obligó a llevar bastón y la extraña costumbre de llevar zapatos de piel con suela de esparto, habremos completado el cuadro clínico de Gaudí. ¿A dónde nos lleva?

Cuando aparece una figura de estatura desmesurada, todos los que se encuentran en su entorno quedan empequeñecidos. De su sobrina de treinta y tantos años se sabe muy poco y de su padre de 92 no se sabe mucho más. Sin embargo, están ahí, rodeando al arquitecto día a día, hasta principios del siglo XX. Da la sensación de que, al menos el padre, tuvo un peso decisivo en la educación de Gaudí y en la adopción por éste de algunas peculiaridades de su comportamiento. Sabemos que conoció la obra del abate Kneipp gracias a su padre… pero sabemos también que, absolutamente todas las peculiaridades de su vida cotidiana –dieta, hábitos higiénicos, largas caminatas- no fueron otra cosa que el resultado de la aplicación de los principios del abate Kneipp que recibió de su padre. Si los descontextualizamos se quedan solo en excentricidades. Y en este terreno, Gaudí no era precisamente un excéntrico: todo lo que hacía era seguir el sistema de Kneipp metódicamente y hasta su muerte.

Resulta imposible recabar más datos sobre su padre. Deberemos reconocer que no sabemos absolutamente nada sobre él. Ni, por lo demás, tampoco hay muchas posibilidades de obtener hoy información. Pero si contextualizamos el marco en el que surgieron las especulaciones dietéticas e higienistas del abate Kneipp, deberemos convenir que pertenece a ese “entorno alternativo” al que hemos hablado al principio de este capítulo. A decir verdad, no sabemos por qué su padre abandonó el oficio de calderero, y vendió el “mas” La Calderera. Se ha dicho que para pagar los estudios del joven Antonio Gaudí… pero, esas mismas biografías, han señalado por activa y por pasiva que, desde muy pronto, trabajó para pagarse la carrera. No sabemos mucho sobre las opiniones del padre de Gaudí y es raro por que desde que llegó a Barcelona con su sobrina hasta que murió en 1906 pasaron algo más de 25 años. Todo lo que se sabe del padre es que tuvo como médico de cabecera al doctor Cubero, que seguía los consejos del abate Kneipp gracias a lo cual se curó las varices y que administró los dineros del arquitecto. Gracias a Bergós se ha podido saber que cuando Francisco Gaudí, padre del arquitecto, se encontraba en estado preagónico, preguntó los nombres de los diputados elegidos en las elecciones (17). Lamentablemente, de la frase, no puede deducirse cuáles eran sus preferencias políticas. Todo esto tiempo dio para una foto con la familia Santaló y para un dibujo de Opisso. Poco realmente. De hecho nada. Debieron llevarse bien, padre e hijo, nada hay que permita intuir lo que hoy sería una “guerra de generaciones” o algo similar. El padre fue un ejemplo para el hijo. Y el hijo llevó algunos consejos del padre hasta extremos muy radicales, como en su fidelidad al abate Kneipp.

Todavía está por llegar el historiador que investigue (y la institución que subvencione…) el “ambiente alternativo” de la Barcelona decimonónica en el que tuvieron eco las enseñanzas del abate Kneipp, proliferaron los clubs naturistas y vegetarianos, las asociaciones espiritistas y teosóficas, los círculos de librepensadores y de positivistas, las ideas utopistas y cooperativistas. Pero todo esto existió en una Barcelona que, a partir de 1936, lo dejó atrás y que las velocidades de transformación, siempre aceleradas, han hecho que olvidáramos, incluso nosotros ciudadanos de la antigua Colonia Julia Augusta Faventia Paterna Barcino, este tejido que formó parte de nuestro pasado reciente.

¿Qué queda de la lectura de estas páginas? La duda sistemática que en este caso se traslada del arquitecto a su padre. ¿Quién fue en realidad Franciso Gaudí Serra? ¿qué hizo a lo largo de sus 92 años de vida? ¿qué pensaba? ¿cómo llegó a conocer y practicar la dieta de Kneipp? ¿estaba vinculado al tejido alternativo en el que se compartían estas y otras ideas no menos excéntricas? Ninguna de estas preguntas pueden ser contestadas, pero contribuyen a traspasar una parte del “misterio Gaudí” a su padre.

¿Qué sentido puede tener, entonces, incluir un capítulo sobre esta temática en un libro sobre las relaciones, presuntas o reales, entre Gaudí y la masonería? Las logias masónicas –algunas más que otras, por supuesto- eran una parte de este “tejido alternativo”. Como ha analizado Pere Sánchez Ferré en su estudio sobre la masonería en Catalunya, librepensadores, vegetarianos, teósofos, libertarios, socialistas, republicanos, francmasones, solían manifestarse de forma unitaria.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

NOTAS

1. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 31.

2. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 23 y 25

3. “Antonio Gaudí”, Ob. Cit., pág. 39.

4. Frases citadas en “Gaudí, de piedra y fuego”, Ob. Cit., pág. 273.

5 “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 393.

6. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, ob.cit., pág. 31.

7. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 305.

8. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 309.
9. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 373.

10. “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Ob. Cit., pág. 394.

11. Los discípulos de Kneipp han resumido en una página web las características generales de los tratamientos recomendados, puede compararse con las costumbres y hábitos de vida de Gaudí, para ver que son completamente coincidentes: http://www.unizar.es/med_naturista/hidroterapia/Lacurakeneipp

12. Una buena recopilación de los remedios y principios del abate Kneipp puede leerse en “Water Connection”, Marc Ams, Las Mil y una Ediciones, Madrid, 1987.

13. “Gaudí en la intimidad”, Cordoner Blanch, pág. 89.

14. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

15. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

16. “Antonio Gaudí”, Ob. Cit., pág. 259.

17. “Gaudí, l’Home i l’Obra”, Ob. Cit., pág. 32.

El Rey en Marruecos… ¿y por qué no en Ceuta y Melilla?

El Rey en Marruecos… ¿y por qué no en Ceuta y Melilla?

Redacción.- El gobierno alberga las máximas esperanzas en la visita de Juan Carlos I a Marruecos. Según ha declarado el ministro Moratinos, van a solucionarse casi treinta años de “desencuentros”. Demasiado para un Rey que carece de poder ejecutivo y en una situación sin precedentes en la que 142 súbditos marroquíes están presos en cárceles españolas por delitos de terrorismo y donde otros terroristas que han actuado en España se pasean libremente por las calles de Tetúan. El 11-M pesa como una losa sobre esta visita, pero hay algo más incomprensible: ¿por qué el Rey Juan Carlos I no ha visitado todavía Ceuta y Melilla?


La visita de Juan Carlos I

En el momento de escribir estas líneas, se sabe que Juan Carlos I ha sido recibido con grandes muestras de cordialidad. En el país en el que, estadísticamente, el 50% de la población se declara partidario de Bin Laden, el 40% odia a los “cristianos” y el 60% tiene intención de inmigrar (85% entre la juventud), la población marroquí ha arrojado pétalos de rosa al paso de los reyes, poética forma de decirle: “bienvenido, dentro de poco serás tú quien nos recibas así en su país”.

En un momento en el que la inmigración marroquí se ha disparado (contrariamente a lo que viene diciendo el gobierno desde el mes de septiembre a fin de crear un clima de opinión favorable para este viaje y para la aprobación de su reforma de la Ley de Extranjería), el año en el que la Guardia Civil ha incautado más toneladas de hachish y cuando han logrado pasar más toneladas de droga (incluida cocaína colombiana) que nunca, cuando el pueblo saharaui se encuentra más olvidado de su historia, cuando los marroquíes están mas cerrados en las negociaciones pesqueras… en ese momento, cuando se trata de demostrar una actitud de “hasta aquí hemos llegado y a partir de aquí, no vamos a consentir”, justo en ese momento, Juan Carlos va a ver a su homólogo marroquí para restablecer las inmejorables relaciones que siempre ha tenido.

Hay que recordar que la primera visita al exterior de ZP fue a Rabat. Allí condonó buena parte de la deuda marroquí, firmó varios acuerdos, irrelevantes todos ellos, incluido un convenio para la enseñanza del Islam en España. Veremos a ver qué saca Mohamed en esta ocasión. Mucho nos tememos que los pétalos de rosa van a ser cobrados a precio de oro.

Y Juan Carlos, cederá, por que Juan Carlos I, históricamente, siempre ha cedido ante Marruecos. ¿O es que hará falta recordar que el primer acto de su reinado consistió en ordenar el repliegue del ejército y consentir la firma del Acuerdo Tripartito de Madrid, con Franco agonizante?

Hay algo que en estos casi treinta años de reinado, Juan Carlos I, todavía no ha hecho: visitar Ceuta y Melilla. Diplomáticamente, todos los gobiernos, desde Suárez hasta ZP, han impedido este viaje (y parece que la Casa Real tampoco ha tenido excesivas ganas en realizar un desplazamiento de esa naturaleza) por que podía ser considerado como una afirmación de la hispanidad de estas dos ciudades.

Con Marruecos, la única política que constante en estos últimos 30 años, ha sido la de la “renuncia permanente”. Y ZP en esto, es un maestro. Desde hace nueve meses, días a día, cada vez a mayor velocidad, la política exterior española en la zona se desliza hacia posiciones progresivamente más cercanas a las sostenidas por Marruecos y alejadas del Sáhara Occidental y Argelia. ¿Hace falta recordar, por cierto, que el primer viaje de ZP una vez fue elegido flamante Secretario General del PSOE fue a… Rabat?

Dos artículos significativos: terror y miseria de Marruecos

La miseria de la que es capaz la corona marroquí ha sido evidenciada en las páginas de “El País”, donde ayer domingo, se publicó una larguísima entrevista con Mohamed VI. Es significativo que esta entrevista se haya publicado en un medio propiedad de un grupo económico con amplios intereses en Marruecos. Gracias a Polanco y a sus parabólicas, la población marroquí recibe diariamente un incentivo suplementario para inmigrar a España. La entrevista, está visiblemente retocada, maquillada, limada, pulida y es una muestra de la cirugía cosmética más servil a la que puede llegar el periodismo.

El “príncipe de los creyentes” de Marruecos se permite opinar sobre asuntos internos de España y alabar a ZP, denostando a Aznar. ¿Perejil? Queda claro a lo largo de la entrevista que es tierra marroquí. Queda claro que Marruecos hace un esfuerzo supremo, muy superior a sus fuerzas, en la cuestión de la inmigración y que ellos mismos, son “víctimas de la inmigración”. ¿Y en el hachish? Todo resuelto. La entrevista, tediosa e irreal, tenía solamente una finalidad: mostrar la “talla” de ZP en política internacional que era valorada, incluso, por Mohamed…

Ese mismo día La Vanguardia publicaba un artículo en el que se defendía… la integración de Marruecos en la Unión Europea. El argumento central era que así se reforzaría la “democracia marroquí”. Pero en Marruecos no hay democracia, hay un poder teocrático con unos ministros nombrados a dedo por la Casa Real (los ministros de confianza, así llamados), lo que hay en Marruecos es una situación progresivamente más inestable, en la que los rasgos característicos son: explosión demográfica, esclerosis de las reformas políticas, empobrecimiento del grueso de la población y… aumento de la marejada del Islam radical. Esta es la realidad marroquí. Aparte, naturalmente, que sigue siendo el “enemigo del Sur”.

Terrorista buscado en España, en libertad en Marruecos

Si “El País” publicaba ayer su servil entrevista con Mohamed para mayor gloria de los intereses de PRISA en Marruecos, “El Mundo”, por aquello de las ventas, practicaba “periodismo de investigación”. Ironías aparte, lo cierto es que el artículo de “El Mundo” era impactante y lograba desplazar el viaje de Juan Carlos hacia un problema mucho más interesante: todavía no sabemos gran cosa de lo que ocurrió el 11-M, ni quien fue el inspirador del atentado, ni quien dio la orden, ni cómo se desarrollaron los sucesos posteriores, hasta llegar a la eliminación de todos los testigos en Leganés. Ahora, gracias a “El Mundo” sabemos un poco más.
El artículo empezaba así: “Mohamed Haddad, un relevante militante islámico residente en España al que testigos presenciales aseguran haber reconocido colocando una de las bombas en uno de los trenes volados el 11-M en Madrid, vive actualmente en la ciudad de Tetuán, en el norte de Marruecos”. Tras el atentado, Haddad se trasladó a Marruecos, detenido durante unos días, inmediatamente fue puesto en libertad. Lo más curioso no es eso… sino que Haddad fue la persona que escapó del episodio de Leganés, cuando la policía rodeó el inmueble. Después de un confuso episodio que no ha sido aclarado por la Comisión Parlamentaria de Investigación, murieron 7 ú 8 presuntos terroristas, sin que esté muy claro si fueron ellos quienes se suicidaron o si la explosión que se produjo tuvo como única finalidad cerrar todas las pistas.
Haddad vive hoy en Tetuán, sin su pasaporte y con la prohibición formal de salir del país o de hablar con la prensa. Por cierto, en 1984, Haddad fue “un enérgico miembro del movimiento scout del Partido del Istiqlal”. Que era muy activo, pero que nunca portó barba ni profesó, por lo menos públicamente, ideas radicales. En medios periodísticos marroquíes se tiene la convicción de que Mohamed Haddad es un confidente de la DST marroquí en España.
Todo esto contribuye, más que a cerrar pistal… a abrir posibilidades interpretativas; cada vez están más confirmadas las interpretaciones que aparecieron en el libro “11-M: Los perros del infierno”. Los atentados del 11-M vinieron de Marruecos, eso nadie lo duda. Pero, hasta ahora, se carecía de pruebas suficientes como para intuir que hubieran sido preparados por altas instancias marroquíes. Ahora, sabiendo el paradero de Haddad, se está mucho más cerca de la demostración de esta teoría. Todos la intuíamos, pero a todos nos faltaban datos suficientes.

Los servicios secretos marroquíes se personaron el sábado 13 de marzo en España, trayendo “documentos” que demostraban la vinculación de los primeros detenidos con los medios integristas islámicos marroquíes. Y era raro, por que se trataba de inmigrantes legales y la seguridad marroquí hubiera estado obligada a presentar esos documentos antes de su legalización… no cuando ya se había cometido la salvajada del 11-M. A partir de ese momento, era evidente que los servicios secretos marroquíes (tenidos en Marruecos como los verdaderos autores de la masacre de Casablanca) tenían algo que ocultar y, de alguna manera, estaban vinculados al crimen. Hoy esa certidumbre moral ha aumentado hasta convertirse en convicción.

Pues bien, es a ese régimen cruel, antidemocrático, tiránico, en la que el reyezuelo tiene un poder omnívoro extendido a todos los ámbitos de la vida pública y estatal, donde la división de poderes es pura ficción, las elecciones una frivolidad y la acumulación de capital la única aspiración, es a ese régimen al que ha ido a saludar, como de igual a igual, Juan Carlos I y ante el que inclinó la cerviz ZP.

Habrá que permanecer vigilantes ante los resultados de este viaje: ¿qué ventajas va a obtener el reyezuelo marroquí?

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

PD.- Se recomienda la lectura de "El Enemigo del Sur" y "11-M: Los perros del Infierno" para redondear la lectura de este artículo.