Blogia

INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Un barrio se hunde y la clase política con el "nou estatut"

Un  barrio se hunde y la clase política con el "nou estatut"

Redacción.- Desde el lunes pasado, el barrio barcelonés de El Carmelo vive en perpetua angustia. Castigado en los años 90 por los efectos de la especulación inmobiliaria de los años 70 que obligó a derribar parte de los bloques al estar “enfermos” de aluminosis, ahora ve como sus bloques se caen a causa de la corrupción de las autoridades del ayuntamiento y la generalitat: pero, eso sí, Catalunya tendrá nuevo “estatut”.

El tema del nuevo “estatut” está completamente ausente del debate popular en Catalunya. No le interesa absolutamente a nadie. La población es perfectamente consciente de que el nivel de autonomía de que disfruta es razonable y no hace falta complicarse mucho la cabeza. Intuye, además, que esta discusión falsa sobre el nuevo “estatut”, no es más que un intento de la clase política catalana de obtener más recursos económicos, esto es, de depredar un poco más el erario público. Así pues, la población, ni entra ni sale en esta discusión ficticia generada por los partidos nacionalistas.

Pero bastaría con que la población sintiera que toda esta historia de la generalitat sirve para algo más que para que unos cuantos napoleones de baratillo satisfagan sus intereses. Y no. El alcalde Clos, preocupado se preocupa más por los fastos del Forum 2004, por bailar la samba el día que no toca, por anunciar que ese era “el Forum de los pobres” (cuando al entrada costaba 50 euros) y poco más. Cuando se agrietó el primer edificio, se limitó a una fugaz visita al barrio, tranquilizando a los vecinos y diciendo que no ocurría nada y que el Ayuntamiento estaba con ellos y velaría por restablecer la normalidad de las viviendas. Al día siguiente, el primer bloque afectado era derribado. Asunto resuelto. Los vecinos fueron alojados en hoteles y se les prometió que sólo sería por unos días.

Al día siguiente otros tres bloques se vieron afectados… y dos de ellos están en estos momentos condenados a ser derribados. Entre 900 y 1000 personas se encuentran en estos momentos en la calle, con sus viviendas, sus recuerdos, sus enseres, todo, absolutamente todas sus posesiones personales, perdidas. Y no sabemos si en los próximos días, aumentará el número de afectados.

¿Qué ha ocurrido? El barrio de El Carmelo está mal comunicado, es un barrio de emigrantes que llegaron de Andalucia, Extremadura, Galicia, Castilla, en los años 60 y 70. Los especuladores les vendieron pisos mal construidos, con materiales defectuosos, viguetas pretensadas con el alma metálica deficiente que, en veinte años, deshizo el revestivimiento de hormigón y convirtió las jácenas en pura mantequilla. Cuando Barcelona estrenaba Olimpiada… el barrio de El Carmelo debía apuntalar una veintena de bloques y varios de ellos no pudieron evitar ser derribados. En el siglo XXI, solamente unos pocos autobuses urbanos llegaban hasta El Carmelo que seguía siendo un barrio de difícil comunicación. Era mucho más importante llevar el metro hasta la zona olímpica, la Diagonal Mar, etc.

Y ahora, precisamente, se intentaba paliar ese aislamiento del barrio. Así pues se aprobó una prolongación de la línea 5 del Metro. Los estudios geológicos fueron escasos. La topografía del subsuelo apenas se estudió y, para colmo, se adoptó el “método austríaco” para abrir el túnel. Esto, al menos, es lo que han repetido una y mil veces esta última semana los responsables de la generalitat y el ayuntamiento.

¿”Método austríaco”?... si, el método consiste, simplemente, en ir barrenando el subsuelo y luego penetrar con excavadoras para retirar los escombros, apuntalando el túnel así formado. Según Joaquín Nadal, responsable de Obras Públicas de la Generalitat, “es el método más barato”… ¿más barato?

Solamente a una mente criminal puede ocurrírsele barrenar justo por debajo de bloques de viviendas en zonas geológicamente no estudiadas en profundidad. No solamente existen terrorista de ETA, ni marroquíes o de Al Qaeda, también existen terroristas que actúan en el subsuelo. Entre estos figuran los que dieron la autorización para que se colocaran toneladas de explosivos bajo las viviendas de El Carmelo. Anteriormente, esa misma línea ya había generado problemas en tramos anteriores del trazado: casas agrietadas, molestias para los vecinos, sobresaltos y sensación de que algo no iba bien… ahora esa sensación se ha transformado en el desolador espectáculo de un barrio, castigado por el paro, asaltado por una inmigración ilegal creciente, con una de las tasas de delincuencia mayores de la ciudad, que, además ¡se hunde!

El alcalde Clos ha eludido cualquier responsabilidad, el conseller Nadal la ha atribuido al anterior gobierno de la generalitat. El “anterior gobierno” de la Generalitat “no sabe / no contesta”. La ley de la omertà mafiosa ha impedido que nadie hablara de responsabilidades penales, que existen. Todo se resuelve rellenando los túneles abiertos con hormigón y asunto resuelto. Toda esta clase política, todos juntos en unión, eso sí, defienden el “nuevo estatut”.

La Biblia tenía razón cuando decía aquello de que el número de necios es infinito.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Poligamia y Si a la constitución: objetivos islamicos

Poligamia y Si a la constitución: objetivos islamicos

Redacción.- Dicta Alá en el Corán (IV, 34) que «los hombres tienen autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios les concede sobre ellas». Es su deber, así, domesticarlas: «si sospecháis su infidelidad, encerradlas en habitaciones aisladas y golpeadlas; y cuando os obedezcan, dejad de hacerlo». ¿Existe alguna posibilidad de integrar a gente que cree estas animaladas, en una civilización europea y occidental? ¿Existe alguna posibilidad de que a algún ayatolah civilizado se le ocurra arrancar estos versículos del Corán y arrojarlos al estercolero de las peores ideas sociales, en donde debe estar? No lo creemos. Por tanto, hace falta ser claros: el Islam no es integrable en Europa.

Algo diferente de lo que piensa Mansur Escudero, en otro tiempo Pepe Escudero, fundador del “Marabitum” en 1976 y actualmente, portavoz de la Federación de Entidades Islámicas de España. Hubo un tiempo en el que Mansur Escudero (Mansur, procede de Al Mansur, y Al Mansur es Almanzor… caudillo moro cordobés cuyas correrías en toda la España medieval van desde el saqueo de Barcelona al saqueo de Santiago de Compostela) era una curiosidad, como los lamas de las Alpujarras con su niño reencarnado o los Niños de Dios con sus polvos a buen precio realizados por amor a la humanidad. Pero ese tiempo queda lejos: entonces los islamistas españoles habían nacido aquí o pertenecían a la clase cultivada de estudiantes procedentes de países árabes o diplomáticos. Además era un período en que el Islam todavía no había evidenciado su extremismo fundamentalista más odioso. Ese período ya ha llegado. Y, por lo demás, el islam no es cosa de cuatro intelectuales originales europeos que han leído a Guenon y no tienen nada mejor que hacer, sino de masas, de nivel cultural ínfimo, que han llegado en oleadas a Europa, odian a Europa y solo tienen en mente, aprovechar todo lo que Europa les ofrece gratuitamente y sin contrapartida, para arraigar aquí su sistema supersticioso de creencias: que si no se puede comer cerdo, que si no se puede beber alcohol de uva, que si eso del clítoris es mejor arrancarlo, y que la mujer es una especie de animal de compañía. Ese es el islam real, el único islam existen hoy en día, el islam que llega del sur… no el creado por los intelectuales europeos tras una mala digestión de Guenon.

Así pues no es de extrañar que Pepe [Mansur] Escudero, tras la legalización de la pareja homosexual y de la adopción de hijos por parte de este tipo de parejas, se envalentone y pida la legalización de la poligamia. Todo sea en nombre de la interculturalidad, el mestizaje y el diálogo de civilizaciones… Pero hace falta recordar a gays y islamistas europeos las líneas de Gabriel Albiac sobre el tema: “No entraré en el infinito cinismo de que quienes en Madrid dicen apoyar el matrimonio gay, apliquen en tierra islámica la coránica pena de muerte contra los homosexuales. Hace sólo cuatro años, fueron 52 los procesados por esa «satánica abominación» en el macroproceso del Cairo: para varios se pidió pena máxima. Pero no, no entraré en ese tipo de cinismo. Me repugna demasiado”. Y concluye con unas palabras que no podemos por menos que suscribir: “Algo es, sí, innegociable. Siglos de durísima lucha ha costado a las mujeres europeas el logro de una plena condición ciudadana, que apenas tiene medio siglo de existencia. El menor retroceso en ello sería la peor catástrofe vivida por Europa en toda su historia. Ni en el nombre de Dios, ni el de su Profeta, ni en el nombre de los votos que el PSOE aspira a adquirir de los dirigentes musulmanes, es tolerable que las mujeres retornen a la bárbara condición de animal doméstico. Da una vergüenza infinita tener que decirlo. Pero ahí hemos llegado”.

Objetivo islamico: avanzar posiciones. Medio: la constitución europea

En los años 80 la izquierda europea percibió que perdía el apoyo de la clase obrera, progresivamente aburguesada. Fue entonces cuando abrió las puertas de par en par al nuevo proletariado procedente de los países islámicos, pensando que éstas nuevas bolsas de votos sería la nueva cantera sobre la que asentaría su prosperidad electoral. Veinte años después, resulta evidente que estas bolsas quieren votar a “sus” candidatos, no a los domesticados en las listas de la izquierda europea. Esto, ha sido percibido por todos… salvo por la izquierda europea que, en su humanitarismo intelectualista, ignorante de la realidad social, sigue hablando de “diálogo intercultural”, “diálogo de civilizaciones” y mano tendida a quien se encuentra al otro lado de la brecha antropológica y cultural y con cualquier diálogo desde la civilización europea es imposible, por que supondría abandonar las supersticiones de las que el islam ha vivido desde su fundación.

El islam europeo (creado por millones de inmigrantes procedentes de territorios no europeos) se muestra ahora favorable a la constitución europea. Y de entre todo el islam europeo, el español, mucho más, pues no en vano, tiene como interlocutor a un gobierno que si ha legalizado la pareja homosexual ¿por qué no iba a hacer otro tanto con la poligamia?

La Comisión Islámica de España y la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (los dos principales colectivos que representan a esta comunidad religiosa en España) manifestaron su respaldo al proyecto de Constitución Europea, coincidiendo con el debate en el Congreso de la convocatoria del referendum consultivo. Las Entidades Islámicas piden a los electores musulmanes que voten a favor. El presidente de la Comisión Islámica (órgano interlocutor de esta confesión con el Estado Español), Riay Tatary, valoró este texto como "muy positivo". En declaraciones a Europa Press, se refirió especialmente a los valores que expresa esta Carta Magna a favor de la paz y los valores de igualdad y el trabajo. "Son objetivos nobles que, sin duda alguna, coinciden con los valores islámicos. Por lo tanto, la Comisión Islámica se muestra a favor de la Constitución Europea", recalcó el presidente de este colectivo religioso. Igualmente, Tatary destacó las bondades de este texto en lo que se refiere al derecho a la libertad religiosa y el respeto al ejercicio de la doctrina del Islam. "El texto es bueno. Partiendo del principio de la igualdad, se protegen todos los derechos de los musulmanes, los peculiares de esta religión y en general para todas las sociedades europeas", concluyó.
En la misma línea se manifestó el portavoz de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), Yusuf Fernández. En una declaración a favor de esta constitución que recoge Europa Press, Fernández afirma que "regula la libertad religiosa en sus diferentes dimensiones (la creencia, la práctica, la enseñanza, etcétera). A su juicio, "este texto es claramente positivo para los musulmanes teniendo en cuenta que la Iglesia Católica y algunos partidos de derecha querían mencionar explícitamente al cristianismo como la raíz espiritual de Europa". Así, la FEERI apunta que la Constitución establece que "todas las religiones tendrán la misma consideración y ninguna de ellas es explícitamente mencionadas". "Incluye algunos importantes derechos y principios, tales como la libertad religiosa, la no discriminación y la educación religiosa", añade. Finalmente, la FEERI interpreta que la Constitución Europea busca la creación de "una sociedad abierta, donde los ciudadanos europeos puedan practicar su religión en un ambiente de total libertad". Por todo ello, Yusuf Fernández afirma que "los musulmanes deberían apoyar esta Constitución y votar por ella cuando tengan la oportunidad". No obstante, el número de personas que podrán hacerlos no es elevado, tal y como se desprende de las estimaciones de la propia FEERI. Según sus datos, en Ceuta y Melilla residen en torno a los 70.000 musulmanes, a estos se les sumaría los nacionalizados (unos 170.000) y los conversos (30.000), lo que elevaría la cifra a 300.000 personas con posibilidad de votar en el referendum.

En la actualidad, en territorio español se encuentran algo más de un 1.000.000 inmigrantes procedentes de países árabes. De los 600.000 marroquíes, el 50% ven a Bin Laden con buenos ojos y unos cuantos cientos han participado en los atentados del 11-M, por iniciativa propio a teledirigidos por cualquier centro de poder.

Dentro de 10 años (o menos), advertiremos el error de no haber destacado en la constitución europea las “raíces cristianas de Europa”, no como forma de afirmación de una religión, sino como muralla de protección contra quienes en el siglo XX consideran a la mujer como un trasto o un animal de compañía, algunas de cuyas tendencias son capaces de considerar la repugnante idea de privar a la mujer de la posibilidad del placer mediante la extirpación brutal del clítoris, o que son capaces de dar instrucciones sobre como pegar a la mujer sin que se note (¿hay que recordar que el imán de Fuengirola pasó solo unos días en cárcel y fue liberado por el gobierno débil, incapaz de percibir el riesgo de no dar castigos ejemplares ante estos atentados a los derechos humanos?). Hay que protegerse ante la “ideología del desierto” y la constitución europea hubiera sido una buena posibilidad deslindar a la Unión ante la difusión de esta ideología extraeuropea y antieuropea. Mansur Escudero y Yusuf Fernández han percibido la debilidad del texto constitucional y las posibilidades que se abren para la institucionalización del islam en Europa. De ahí su apoyo a la constitución.

Pero esto, para otros, es la razón más firme que nos resuelve a votar no al texto constitucional y a realizar una movilización general para que el texto constitucional sea devuelto y mejorado, para que se introduzca la referencia a los orígenes cristianos de Europa, a la herencia procedente del mundo clásico greco-latino, y con todo ello, constituir la muralla defensiva ante la barbarie.

En la sagrada tierra de Europa, el islam intolerante en su raíz y en su esencia, no tiene cabida.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El joven Gaudí, la restauración de Poblet y la masonería

El joven Gaudí, la restauración de Poblet y la masonería

Redacción.- Traemos un nuevo artículo sobre Antonio Gaudí. Alude a su juventud en Reus y a su ambiente. El clima de laicismo masónico que compartió con sus amigos y que les llevó a programar la reconstrucción del monasterio de Poblet… pero no a la restauración del culto. Así mismo, en el curso de aquella restauración Gaudí y sus amigos se topó con una tumba providencial.

Capítulo I.

La restauración de Poblet y los amigos del Gaudí Joven

Nuestra historia empieza cuando tres adolescentes acaban de saltar la tapia de la abadía de Poblet, abandonada primero, destruida y saqueada después, y se pasean por la Iglesia en la que no queda de valor, más que las piedras talladas con maestría, para realzar la grandiosidad del lugar. Uno de los adolescentes es un modesto hijo de caldereros con unos ojos azules, penetrantes e hipnóticos. Se llama Antonio Gaudí. Junto a sus dos amigos, recorren, una tras otra, las capillas desmanteladas. En la del Santo Sepulcro, en el lado del Evangelio, les llama la atención los altorrelieves de una de las tres sepulturas cuyas losas tapizan el suelo; no es desde luego la del abad Juan de Guimerá que ganó el derecho a estar enterrado allí al haber costeado los gastos de la capilla, ni la de un doctor que yace a su lado, cuyo oficio puede comprobarse por los instrumentos de la ciencia médica que muestra la losa, sino la tercera, que pertenecía a un caballero de nombra extranjero. De retorno a su casa, debieron preguntar quién era el desconocido que figuraba sin relieve alguno. En el cenobio derruido de Poblet, Gaudí inicia su portentosa aventura.

* * *

Estamos ahora en el Londres de principios del siglo XVIII. Una ciudad de calles abigarradas que vivía uno de los períodos más libertinos de la historia de Inglaterra; fue entonces cuando los londinenses bebieron más pintas de buena cerveza y se entregaron al hedonismo más absoluto. De hecho, las tabernas eran los lugares de reunión de las más variadas asociaciones y círculos intelectuales. Algún crítico ha dicho que las tabernas no son el lugar más adecuado para la espiritualidad y la cultura, sin embargo, en uno de esos centros nació la masonería moderna (1). Pero había otras tabernas, donde acudía gente con menos preocupaciones filosóficas.

Cuando Christopher Wren (2)[i] dimitía de su cargo al frente de las hermandades de constructores y los protestantes realizaban su sigiloso entrismo en esas logias, en algunas tabernas de alta alcurnia se reunían jóvenes libertinos con ganas de alternar orgías con bromas pesadas. Se llamó a estos centros "Hell Fire Clubs", Clubs del Fuego del Infierno. Para hacer gala a su nombre, blasfemar era una obligación a la que se comprometían sus miembros; ateos impenitentes, se daban a sí mismos “nombres iniciáticos" relacionados con sus presuntas o reales cualidades amatorias ("Jhonny pijo largo", "Lady Vagina", "Mary Orgasmos", “Edwards Treshuevos”, etc) e imponían a sus miembros un brindis al diablo en noche de luna llena y en el interior de un cementerio, como rito de admisión. A partir de 1720, los Clubs del Fuego del Infierno experimentaron un crecimiento espectacular en un tiempo que la masonería seguía casi con sus mismos efectivos que en 1717, cuando se creó la Gran Logia Unida de Londres en la Taberna del Ganso y la Parrilla.

El ídolo de todos estos clubs, no era otro que el joven Duque Philip de Wharton, un personaje, oportunista, provocador, alcohólico, libertino y, globalmente, depravado. Sus vaivenes políticos le llevaron a jurar fidelidad a Jacobo III en Avignon, cuando apenas tenía 18 años, aprovechando la ocasión para sacarle 2000 libras a la viuda de Jacobo II (2), cuando ésta residía en Saint Germain en Laye; la cantidad fue suficiente para convertirlo, en poco tiempo, en el mejor conocedor de los burdeles de París. Pero nada le impidió, de regreso a Inglaterra, tomar partido por la causa contraria. Su comportamiento fue progresivamente más escandaloso, sin duda, trastornado por el alcoholismo que le pasaría factura en la segunda parte de su vida. Tan escandalosas maneras, conocidas de todos, no fueron óbice para que se le admitiera en la masonería (a pesar de exigir a sus miembros que fueran “hombres libres y de buenas costumbres”). No tardaría en crear problemas a la recién creada institución en la que logró escalar, muy pronto, hasta la cúpula.

El 25 de marzo de 1722, la Gran Logia de Londres sostuvo la candidatura del Duque de Montagu para ocupar el cargo de Gran Maestre. Montagu no era santo de la devoción del Duque de Wharton, así que éste decidió impedir la elección. Clavel, historiador masónico por excelencia, cuenta la significativa anécdota que ocurrió: "El 21 de junio [Wharton] convocó una gran asamblea, para la cual había hecho preparar un suntuoso banquete. Estando ya en los postres, y por consiguiente, cuando ya las cabezas estaban algo acaloradas con los vapores del vino, que se había servido con profusión, los partidarios de Wharton, tomando a un tiempo la palabra, atacaron vivamente la reelección del Duque de Montagu, que reputaron como un acto impolítico y suficiente para desalentar a los hermanos, cuyo acto e influencia social podían ser empleados en beneficio de la masonería (...) Los partidarios de Wharton obtuvieron un triunfo completo, resultando aquél elegido por unanimidad" (3).

Todo volvió a la normalidad cuando la Gran Logia declaró nulo e irregular un procedimiento tan expeditivo para nombrar Grandes Maestres. Montagu se comportó moderadamente y, en la asamblea convocada para resolver el contencioso, renunció a su cargo en beneficio de Wharton. Clavel explica que "su administración fue sumamente favorable para la sociedad. El número de logias se aumentó considerablemente en Londres y en los demás condados y la Gran Logia se vio obligada a crear el oficio de Gran Secretario, a fin de poder despachar la correspondencia" (4).

Su recuerdo se mantiene aun en la masonería española cuya Logia de Investigación (en un tiempo financiada por Mario Conde), dependiente de la Gran Logia de España, lleva su nombre. A pesar de esta tarea misional en España, el Duque de Wharton pasará a la historia de Inglaterra por ser el representante mejor conocido y más representativo de los "Clubs del Fuego del Infierno". Puede entenderse entonces el interés que puso el pastor Anderson y Teófilo Desaguliers en denunciar a los "estúpidos ateos" en sus "Constituciones". Efectivamente, el Artículo I del reglamento establecido en 1723 obligaba al masón "a obedecer a la ley moral; y si comprende bien el Arte, nunca será un estúpido ateo ni un religioso libertino". Estas frases han hecho verter ríos de tinta, pero, conociendo el dato de los “Clubs del Fuego del Infierno”, más parecen dardos dirigidos contra el Duque de Wharton que principios dictados por la tradición ancestral de los maestros masones.

El 20 de abril de 1721, el dean de Windsor, presentó un proyecto de ley contra estos clubs blasfemos, pero la iniciativa era excesivamente radical y permitía perseguir incluso a cualquier indiferentista religioso o disidente de la iglesia anglicana. Wharton fue el principal opositor a dicho proyecto. En esa ocasión actuó como un cínico redomado. Extrajo una Biblia del bolsillo y leyó distintos fragmentos de los Hechos de los Apóstoles, adoptando las poses propias de un predicador. El proyecto fue rechazado y el propio duque blasfemó a gusto esa misma noche en su taberna habitual.

En junio de 1725, Wharton, viajó al continente y tomó contacto con los medios jacobitas romanos y españoles. Al año siguiente se convirtió al catolicismo para casarse con la irlandesa Maria Teresa O’Neill O’Brian. En 1728, llegó a España y, junto con otros ingleses residentes en Madrid, fundaría la logia "Las Tres Flores de Lis", situada en la fonda del mismo nombre, en la calle San Bernardo, esquina con la calle de la Garduña. La logia es conocida como "Logia Matritense" e, históricamente, puede ser considerada como la primera en España y, también, la primera establecida fuera de Inglaterra (6). A fines de 1728, Wharton volvió a Francia y permaneció en París, entre septiembre de 1728 y abril de 1729, federando varias logias existentes en la capital del Sena.

A los 31 años tenía el hígado deshecho por los excesos. En 1729 regresó a España, muriendo fortuitamente en el Monasterio de Poblet cuando lo visitaba. Allí fueron depositados los restos del Duque de Wharton y Marqués de Malbury, bajo una losa en la capilla del Santo Sepulcro (7).

Esos mismos restos fueron los que, casi ciento cuarenta años después, debieron llamar la atención de Antonio Gaudí y sus dos amigos.

* * *

“La mejor prueba de su precoz audacia fue el proyecto que, en unión de toda y del que, andando el tiempo, fue doctor José Ribera, imaginó desde el 1868 al 1870, para restaurar Poble y que se conserva como un reliquia en el castillo de Escornalbout” (8).

Aquellos tres jóvenes de apenas 15 años, “escribían poesías y hablaban de caballeros, de historia de Catalunya y de la restauración de los modelos nacionales” (9); tras haber inspeccionado hasta la saciedad el monasterio de Poblet, impresionados por su decadencia y enfebrecidos por el clima de romanticismo de la época, entre ruinas y arrebatos del espíritu, Antonio Gaudí, Eduardo Toda y José Ribera, se reunieron en casa de la hermana de éste último, en Espluga de Francolí, para tratar la restauración del lugar. Era el año 1870. El proyecto juvenil, fue pergeñado a mano en el dorso de varios panfletos jacobino-republicanos (10) firmados por el “Comité Democrático Republicano Federal de Reus” y rubricado, entre otros, por José Güell Mercader, pariente de Toda. El monasterio había sido abandonado en 1835 y sus restos fueron incendiados y saqueados, encontrándose en un estado lamentable.

José Ribera Sans (1852-1912), que luego sería un reputado médico, Gaudí y Toda refrendaron las líneas escritas por éste último: “Poblet debe ser restaurado, si, y no debe volver a pesar en él este ominoso poder de buitres negros, que un día devoraron la conciencia del pueblo hispano para así ahogar el recuerdo de sus maldades” (11). La alusión a los “buitres negros” parece, bastante evidentemente, dirigida contra el clero. Joan Bassegoda (por cierto, vicepresidente de la Hermandad de Benefactores del Monasterio de Santa María de Poblet) ha explicado que alude a los “profanadores del monasterio” y, sería imposible negarse a aceptarlo, de no ser por que el resto de la frase no parece guardar relación con la profanación y sí con la temática anticlerical de la época (la frase “devoraron la conciencia del pueblo”, se repite en muchos textos de librepensadores y francmasones de la época y es característica de los ataques que, los jesuitas particularmente, recibían desde las logias masónicas y los medios librepensadores; por otra parte, si utilizando la misma retórica, se aludiera a los saqueadores del templo, la frase hubiera dicho: “devoraron el recuerdo del pueblo” (o la “memoria del pueblo”, en alusión a los bienes históricos depredados). Sin olvidar que el tiempo verbal en el que aparece –“devoraron”- es el pretérito y el saqueo continuado se estaba realizando en presente.

Pero es que, además, hay que insertar la frase de los “buitres negros” en el contexto en que fue escrita. Vanamente buscaríamos en todo el proyecto de restauración de Poblet elaborado por los tres jóvenes, alguna referencia a la restauración del culto y a la vuelta de los monjes. Bassegoda realiza una trascripción completa del documento y sorprende hasta que punto los tres lo tenían todo pensado: “Podría establecerse un café para así hacer contraer hábitos de amor al naciente pueblo e incitar a los vecinos de los inmediatos a reunirse en el monasterio en los días festivos”. “Podrían tenerse criaderos de animales como gallinas, cerdos, conejos, etc. (…) Podrían venderse legumbres, hortalizas, etc. Imprimiéndose y vendiéndose la historia de Jaime I. (…) Hacer vinagre. (…) Hacer jabón. (…) Una caja de ahorros para los trabajadores…”, y así hasta una veintena de proyectos económicos. Pero de restauración del culto, nada y de reintegración de la comunidad cisterciense al lugar, tampoco hay una sola línea. Así pues, no vale la pena recordar, como suelen hacer los “gaudianianos de estricta observancia”, una y otra vez, que Gaudí estudiaba en los Escolapios… En ningún punto, los tres jóvenes demuestran el más mínimo celo religioso. Les importa la restauración del lugar y su conversión en una especie de “mix” de hotel, balneario, red cooperativa, museo o falansterio… cualquier cosa, menos la restauración de la vida monástica. Digámoslo claramente: aquellos adolescentes, podían ser alumnos de los Escolapios, pero la religión les resultaba completa y visiblemente indiferente.

Hay una serie de frases incluidas en el documento que indican el entorno cultural del que se habían nutrido: “Poblet merece –escriben- y debe ser arrancado de las garras del tiempo, que amenaza sepultarlo en el abismo del olvido; las glorias que entraña, los héroes que lo eligieron para última morada, el arte escarnecido, la ciencia vilipendiada, nos lo demandan a gritos”. Y, tras la famosa frase de los “buitres negros”, siguen: “[Poblet] debe, para que forme singular contraste con sus antiguos días, ser erigido en sublime templo de la humanidad, donde las ciencias y las artes tengan sus museos y academias”… A nadie que esté mínimamente familiarizado con la literatura masónica y utopista del siglo XIX, se le escapa que esta alusión al “sublime templo de la humanidad” es propia de ese ambiente y no de la enseñanza escolapia. Los tres jóvenes lo consideran un “templo de la humanidad”, no un “templo de Dios”, como había sido hasta antes de la catastrófica desamortización de Mendizábal.

Con estos comentarios, creemos suficientemente demostrado que en esa época, tanto Gaudí como sus dos amigos, se situaban en el mismo (o similar) campo que los redactores del manifiesto jacobino en cuyo dorso escribieron el proyecto, y no en el campo católico. También, en algunas partes, el manuscrito evidencia cierto romanticismo catalanista, por ejemplo: “Azotado por los vendavales que aventan las desparramadas cenizas de los héroes catalanes (…) álzase Poblet”. Pero luego, se alude al “pueblo hispano” (referencia que algunas transcripciones del texto eluden por aquello de resaltar el catalanismo gaudiniano que estaría inherente desde su primera juventud y que sería incompatible con cualquier reconocimiento a “lo hispano”). En aquella época, da la sensación de que los tres adolescentes valoraban el que allí estuvieran enterradas “las cenizas de los héroes”… pero, en realidad, no son “héroes” quienes allí yacen, sino los monarcas de la Corona de Aragón. Lo cual refuerza el que se trataba de adolescentes impregnados del jacobinismo masónico y republicano que en ese momento era extremadamente influyente en Reus. Sólo desde el punto de vista jacobino podía eludirse mencionar la figura del “rey” (no en vano, los jacobinos franceses habían guillotinado a Luis XVI y arrojado al Delfín de Francia –un niño de apenas siete años- a la Torre del Temple, donde moriría).

Allí, en aquel cenobio fundado en 1150, se encontraban enterrados buena parte de los monarcas de la Corona de Aragón, desde Jaime I hasta Juan II. Los tres jóvenes habían viajado a Poblet en un momento en el que el catalanismo político apenas tenía influencia, aún cuando los Juegos Florales habían sido restaurados en 1857 y Buenaventura Carlos Aribau había escrito su Oda a la Patria en 1833. Jove Catalunya (12) sólo será fundada en 1870, promovida por Eusebio Güell y el Centre Català, primer partido catalanista, inspirado también por Güell y por el francmasón Valentí Almirall, nacería en 1882. Así pues, el año en que los tres jóvenes abordan precozmente la restauración de Poblet, no puede concluirse en que el cenobio les inspirara, solamente, un sano sentimiento identitario… la frase que hemos destacado de Ribera, así como la trayectoria posterior de Toda dentro de la francmasonería, inducen a pensar sino ejerció también sobre ellos un particular atractivo el hecho de que allí estuviera la tumba del Duque de Wharton, fundador de la masonería española y del que, en esa época, no se conocían todavía –al menos en España- su aspecto frívolo y desordenado. De hecho, aún hoy, la figura del Duque de Wharton es emblemática y señera en la masonería española, no es un masón más entre otros muchos, es, como hemos visto, el fundador de la masonería española que fue, además, la primera logia establecida fuera de Inglaterra. Y su tumba está en Poblet.

De Eduard Toda i Güell, Josep Pla dice que era “de poca estatura, aspecto triste, que hablaba poco, pero a veces se lanzaba” (13); y sobre su evolución –por que Toda también evolucionó en su larga vida- la resume diciendo “fue un hombre de su tiempo. Primero anarquistoide, después liberaloide y después europeizante” (14); tras separarse de sus otros dos compañeros, estudió la carrera diplomática y ejerció como embajador de España en distintos destinos hasta su jubilación. A lo largo de toda su vida no pudo olvidar el entusiasmo de aquel proyecto juvenil y, en cuando se jubiló, dedicó sus últimos años a promover la restauración del monasterio. En 1940, un año antes de su muerte, pudo ver como los monjes restablecían en aquel lugar la vida monástica, algo que Toda no había previsto en su juventud. De los tres amigos, fue el único que pudo ver realizado el proyecto.

La trayectoria de Toda es significativa. Había nacido en Reus en 1855. Era algo más joven que Gaudí. Estudió derecho en Madrid y estableció una gran amistad con Víctor Balaguer (francmasón de amplio historial y cuyo nombre han llevado varias logias masónicas de Vilanova i la Geltrú hasta nuestros días (15) ) y, utilizando la influencia de Emilio Castelar (asimismo francmasón), en 1873, Toda ingresó en el Ministerio de Estado como diplomático. Fue vicecónsul en Macao, Hong-Kong y Shangai. A partir de 1871 colaboró con distintos medios de prensa, en especial, con revistas de la “Renaixença” (La Ilustració Catalana y La Renaixença). En 1884 fue destacado como cónsul en Egipto y participó en excavaciones arqueológicas en Tebas, donde obtuvo el núcleo de su valiosa colección de antigüedades egipcias que, en la actualidad, pueden visitarse en el Museo Arqueológico de Madrid y en el Museo Víctor Balaguer de Vilanova. No cabe duda de su pertenencia a la masonería. Son también los años en los que Helena Petrovna Blavatsky acaba de fundar la “Sociedad Teosófica”, dedicada oficialmente al “estudio de las religiones”, pero, realmente, se trató de un grupo ocultista convencional, especialmente interesado por el antiguo Egipto. Existe una famosa foto suya tomada en un almacén de sarcófagos de El Cairo, en el que Eduard Toda se ha ataviado de Faraón egipcio con todos los atributos y, por la seriedad de su rostro, resulta evidente que no se trata de ninguna broma. Mientras estaba en El Cairo envió varios artículos a la prensa española firmados con el seudónimo de “Alí Bey”, el aventurero nacido en Barcelona de verdadero nombre Domingo Badía Leblich, así mismo, francmasón, primer europeo que viajó a la Meca. En 1888 se convirtió en el redescubridor de la cultura catalana en la ciudad de l’Alguer (Cerdeña). Al producirse la crisis del 98, Toda fue secretario de la Comisión Española encargada de negociar la paz con los EEUU. Poco después, abandonó la carrera diplomática y se estableció en Londres dedicándose a los negocios particulares. Allí pasó los años de la Primera Guerra Mundial, a cuyo fin regresó a Cataluña provisto de una considerable fortuna personal que le permitió la reconstrucción del antiguo monasterio de Escornalbou (próximo a Reus) donde se estableció, convirtiéndolo en una residencia señorial. En 1930, fue nombrado presidente del recién constituido Patronato de Poblet que llevaría a cabo la restauración del monasterio. En 1926 cedió el castillo de Escornalbou al obispado de Tarragona con la condición de que pudiera seguir viviendo allí hasta su muerte y ser enterrado en el lugar. Pero la donación, aceptada demasiado fácilmente, no tenía en cuenta lo deficitario de la propiedad. El cardenal Vidal i Barraquer intentó vender la propiedad para aludir las cargas, sin conseguirlo; a todo esto, la Guerra Civil y los vaivenes económicos, entrañaron la ruina de Eduard Toda que murió en Poblet en 1941.

Gracias a Pla sabemos que en el curso de su vida Toda atemperó sus opiniones juveniles. De “anarcoide” en sus tiempos de amistad con Gaudí y Ribera, pasó a liberaloide (cuando Víctor Balaguer le adornó con su amistad) y, finalmente, “europeizante” cuando se convirtió en gerente de una compañía vasca de navegación. Pla lo llegó a apreciar. Dijo de él: “El señor Toda contribuyó a desprovincianizar el país”. Él mismo le explicó que jamás le atrajeron ni los Juegos Florales, ni la poesía, “ni todas aquellas nimiedades”. Recordó a Pla un poema de su amigo Joaquín Bartrina (“Todo lo sé / del mundo los arcanos / ya no son para mí misterios sobrehumanos”), manifestándole que jamás hubiera sido capaz de escribir cursiladas como esa. Así mismo le confesó también sus “pecadillos” de juventud: “Un día, de muy joven, fui partidario del General Prim y del Rey Amadeo y del liberalismo que la situación creó. A Prim lo asesinaron; el Rey Amadeo dimitió del cargo por el asco que le producía el país: la única cosa que me quedó fue el liberalismo que entonces mamé” (16). Con Bartrina, precisamente, Toda había fundado una revista de la que apenas aparecieron dos números, “El Sorbete”, el 25 de junio de 1868 y el 2 de agosto del mismo año. Gaudí, necesariamente, conocía esa revista, que elaboraban sus amigos de juventud pues ese verano estuvo en Reus y, por lo demás, se sabe que siguió manteniendo correspondencia con Toda.

A Toda, el clero nunca terminó de agradarle, ni siquiera en su vejez, a pesar de que la edad y la vida le hicieran un hombre ecuánime y moderado. Cuando explicaba cómo se destrozó la arquitectura religiosa de Reus en las bullangas de 1835, decía a Pla: “La confusión entre la Iglesia y el Estado ha llegado a extremos inconcebibles… Cuando pienso en las salvajadas cometidas en el año 1835 pienso en estos casos. Las revoluciones no las hace el pueblo espontáneamente. Siempre hay unos “meneurs” [en francés en el texto, agitadores], que ordenan lo que se ha de hacer. A veces la cosa parece clara. La Iglesia ha tenido una manera de hacer prepotente, excesiva, literalmente desaforada. Antes las cosas desaforadas, el contragolpe es siempre violento, excesivo, anormal” (17). En relación a Poblet había en su criterio cierto cinismo e ironía, voluntarias y estudiadas. Decía que “cuando sea posible, hay que llevar allí a cuatro monjes para mantener lo pintoresco del monasterio” (18). La restauración de la vida monacal en el cenobio no era, pues, para él, asunto de religión, sino de pintoresquismo…

El episodio juvenil de la restauración de Poblet (1870), supone la primera vez en la que probablemente se cruza la masonería con Antonio Gaudí. No solamente un texto, incuestionablemente anticlerical, escrito de común acuerdo por los tres, ha podido llegar hasta nosotros, sino que el tercer amigo, se convierte en los años siguientes en un diplomático de éxito, miembro, de la masonería que, sin embargo… es enterrano en un cementerio católico, aun manteniendo hasta el final de sus días, la trayectoria anticlerical (atemperada, eso sí) que adoptó desde su juventud.

Se ha olvidado demasiado rápidamente que para la masonería española –aún hoy, pero, sin duda, mucho más en el siglo XIX- el monasterio de Poblet (19) es un centro importantísimo a causa de que allí fue enterrado el fundador histórico de esta sociedad en nuestro país. A fuerza de ver cuál fue la trayectoria posterior de Gaudí y la evolución de sus ideas, se ha concluido –acaso demasiado rápidamente- en que él y los otros dos jóvenes, solamente se sentían atraídos por el cenobio, entendido como mausoleo de buena parte de los Reyes de la Corona de Aragón. Además, no puede eludirse el hecho de que el proyecto de restauración fuera escrito en el dorso de un manifiesto jacobino. Como también el tono de la redacción indica una innegable sintonía con los ideales jacobinos y masónicos. Ni tampoco, finalmente, puede eludirse el hecho de que Toda, durante buena parte de su vida, militase en la masonería y se interesase extraordinariamente por la vida de otro francmasón catalán, “Alí Bey”.

Precisamente con Toda ocurre como con “Alí Bey” o el propio Ildefonso Cerdá… no se tiene ningún documento objetivo, emanado de fuentes masónicas, que confirme su pertenencia a la Orden, sin embargo, lo cierto es que Cerdá “llevaba el mandil prácticamente colgado” o que, incluso, -como insistiremos más adelante- “Alí Bey” estuvo relacionado con los medios ocultistas franceses de finales del siglo XVIII y principios del XIX, en especial con el entorno de Fabre d’Olivet y el grupo neopitagórico de París, que tenía como inspirador a Delisle de Sales (20). En cuanto a Toda, la militancia masónica está confirmada por tradición oral, así como por la amistad y colaboración que deparó hacia Víctor Balaguer, de quien sí se conoce con seguridad su filiación masónica. No en vano, Toda legó al Museo Víctor Balaguer de Vilanova i la Geltrú, una momia y otros bienes egipcios que aún pueden contemplarse. El Museo, por cierto, tiene un trazado y una arquitectura de la que difícilmente puede negarse su inspiración masónica.

Se ha dicho que la colaboración de Gaudí en el proyecto juvenil de restauración de Poblet fue mínima o, incluso, que no participó. Se acepta que la memoria fue redactada en 1870 y que su transcripción se debe a Toda, del cual es también el plano de la abadía, pero se admite también que Gaudí colaboró dibujando el sello del abad Cuyàs, “magnum sigillum populatanum” (21). La fecha de 1870 da mayor credibilidad a la presencia de Gaudí. Sus biógrafos reconocen que volvió a Reus en noviembre a causa de la epidemia de fiebre amarilla que azotó Barcelona. El sello lo copia de un grabado al cobre del libro del padre Jaime Finestres, pero suprime el capelo abacial y las correspondientes ínfulas trenzadas y colgantes a los lados del blasón populetano. El dibujo es importante por que es el más antiguo conocido del arquitecto. Las carencias son, así mismo significativas: tienden a eludir su carácter religioso. Eufemià Fort en un artículo publicado en “El Correo Catalán” del 2 de octubre de 1926, tras dar cuenta de las significativas carencias del escudo, comenta: “… los noveles argonautas, los jovenzuelos patricios, tratan de restaurar Poblet dejando en deliberado olvido su esencial significación eclesiástica y su carácter monacal, van a restaurar sencillamente una obra de arte, un monumento de la patria”. El documento y el mapa, por cierto, están escritos y rotulados en castellano.

¿Todo esto a dónde nos lleva? Bastante más lejos de donde han querido llegar los biógrafos gaudinianos ¿Por qué nos hemos extendido en todos estos extremos? Nos lleva a fijar la fecha de 1870 como el primer momento en el que el nombre de Gaudí aparece relacionado con un “entorno” masónico o para-masónico. A raíz de la minuciosidad con la que los tres jóvenes examinaron las ruinas del monasterio, es muy presumible que, a partir de 1870, la masonería ya no fuera un enigma para el futuro arquitecto.

La tumba del Duque de Wharton en Poblet puso en la pista a aquellos tres jóvenes de los atributos simbólicos de la masonería… Herramientas que simbolizan altos valores éticos y morales: la escuadra simboliza la equidad; el compas, el equilibrio; el nivel es símbolo de igualdad; la ploma de rectitud; el mallete o mazo, la voluntad de crear; el cincel, la atención y la concentración… (22) que no son otros, precisamente, que herramientas propias del noble arte de la Arquitectura. La carrera por la que Antoni Gaudí i Cornet, finalmente, optaría.



1) Como textos accesibles sobre la masonería pueden consultarse: “Historia de la Francmasonería” de F.T.B. Clavel, Edicomunicación, Barcelona 1988; “El Secreto masónico” de Robert Ambelain, Martínez Roca, Barcelona 1985 e “Historia General de la Masonería”, de Oscar Rodrigo Albert, Editorial Mitre, Barcelona 1985.

2) Gaudí no ignoraba la existencia de Christopher Wren: “El Palacio Güell, cuya cúpula, como ya se dijo, parece inspirada en los modelos renacentistas, tiene también relación con la de San Pablo de Londres, de sir Christopher Wren. La de Londres es triple, aunque la exterior es solamente decorativa, mientras que la intermedia es un tronco de cono. Gaudí suprimió la cúpula inútil del exterior y dejó visto el cono entero, coronado por la veleta, como si fuera la cabeza de un proyectil” [“El Gran Gaudí”, J. Bassegoda, pág. 282]. Christopher Wren (1632-1723), arquitecto inglés de tendencia marcadamente clasicista, proyectó, entre otras la construcción del Sheldonian Theatre en Oxford en 1663 y de la capilla del Penbroke College en Hampton Court (Greenwich). Pero fue tras el incendió que destruyó buena parte de Londres en 1666, cuando realizó sus obras más importante. Encargado de la reconstrucción de la ciudad, restaura 50 iglesias de las 87 que el fuego había destruido y establece los planos de la Catedral de San Pablo (1675-1702). Según el manuscrito de Aubrey, “Historia Natural del Wiltshire”, habría sido “Hermano adoptado” de una logia de constructores, en 1691. Anderson indique que fue Gran Maestre de la Franmasonería operativa, algo que jamás ha sido confirmado y que parece inverosímil. Su hijo, sir Christopher Wren (1678-1747) fue arquitecto, escritor y miembro del Parlamento. Fue Venerable de la Logia Antiquity nº 1 en 1729 [“Dictionire de la Fran-Maçonnerie”, Op.cit., pág. 1256].

3) Los datos biográficos sobre el Duque de Wharton han sido extraídos de “Francmasonería”, Alec Mellor, Editorial AHR, Barcelona 1977-

4) “Historia de la Francmasonería”, Op.cit., pág. 30.

5) “Historia de la Francmasonería”, Op.cit., pág. 46.

6) El “Dictionnaire de la franc-maçonnerie”, PUF, París, reconoce la existencia de esta logia y da abundantes datos: fue constituida el 25 de febrero de 1728, por el Duque de Wharton y otros cinco ingleses residentes en Madrid, con el nombre de «Frenh’s Arms in St. Berdanard’s Street y The Flower of Luces”, abierta con patente de la Gran Logia Unida de Inglaterra. Hasta 1734 recibió el nº 50, para luego convertirse en la nº 44 hasta 1756 y la nº 22 a partir de esa fecha y hasta 1768 en la que fue “rayada” (dada de baja) ante la falta de signos de vida. Así mismo, entre 1748 y 1756 se sabe de la presencia masónica en Barcelona. Se tiene la convicción de que se trató de franmasones vinculados al estamento militar que dejaron en el Cuartel de Artillería de la calle del Comercio (hasta hace poco Caja de Reclutas) los símbolos de su credo en forma de grabados sobre el dintel de las puertas laterales, que aun pueden verse. Así mismo existió una Gran Logia Independiente fundada por el Conde de Aranda.

7) “En el centro del pavimento, junto a los peldaños del altar se encuentra “lápida sepulcral, sin relieves, con texto en latín, conteniendo los restos el caballero inflés, fallecido en 1731, Felipe de Wharton. Esta sepultura se encuentra emplazada actualmente en el antiguo cementario de monjes y nobles”. Felío A. Villarrubias, “El altar del Santo Sepulcro del Real Monasterio de Poblet”, Abadía de Poblet, 1960, pág. 16.

8) “Antonio Gaudí”, José F. Ráfils, Canosa Editorial, Barcelona 1929, pág. 12.

9) Gijs van Hensbergen, “Antoni Gaudí”, Plaza & Janés, Barcelona 2001, pág. 42.

10) Citado entre otros por Ana María Ferrín en “Gaudí, de Piedra y Fuego”, Jaraquemada Editores, Barcelona 2001, pág. 70.

11) “El Gran Gaudí”, Joan Bassegoda, pág. 39.

12) Eusebio Güell no figura entre los fundadores, pero sí su hombre de confianza, el poeta Pico i Campanar que, de paso, era su administrador. Picó hacía nacido en 1848 en Mallocar y a los 11 años se desplazó con su familia a Barcelona. A partir de 1889 se convierte en apoderado de Eusebio Güell. El propio Picó presidió Jove Catalunya en 1873. Así mismo fue cofundador de otra asociación promovida por Güell, la Asociació de la Llengua Catalana (1881). Fue Mestre en Gai Saber y resultó premiado en los Juegos Florales de 1867, 1868, 1871, 1873, 1884 y 1885. De 1900 a 1902 es presidente del Centro Excursionista de Catalunya y en 1902 del Ateneo de Barcelona. En 1894 conpuso el libreto de la ópera “Garraf”. Falleció en 1916.

13) “Guía fundamental y popular del Monasterio de Poblet”, Joseph Pla, Publicaciones de la Abadía de Poblet, 1980, pág. 148.

14) “Guía fundamental y popular del Monasterio de Poblet”, Joseph Pla, Publicaciones de la Abadía de Poblet, 1980, pág. 150.

15) “La Masonería a Catalunya”, Pere Sánchez i Farré, Ajuntament de Barcelona – Ediciones 62, Barcelona, 1990, pág. 339

16) “Homenots – 4ª Serie”, Obras Completas, Vol 29, Josep Pla, Barcelona 1975, pág. 53 y sigs.

17) “Homenots – 4ª Serie”, Obras Completas, Vol 29, Josep Pla, Barcelona 1975, pág. 87.

18) “Guía fundamental y popular del Monasterio de Poblet”, Op.cit., pág. 148.

19) No es el único edificio religioso que ha atraído el interés de la masonería. Otro edificio particularmente apreciado por los masones en la Ciudad Condal, es la Iglesia de Santa María del Mar, considerada como la “catedral de los constructores”. Allí fue velado el cadáver del Gran Maestre de la Gran Logia de España, Luís Salat Gusils. Salat fue el reorganizador de la masonería tras los años de prohibición del franquismo. La primera residencia de Gaudí en Barcelona, estaba situada en la placeta de Montcada, anexa al ábside de Santa María del Mar.

20) “Misterios de Barcelona”, Ernesto Milà, Editorial PYRE, Barcelona 2001, pág. 33 y sigs.

21) Las informaciones sobre el sello de Poblet han sido extraídas de “El Gran Gaudí”, Op.cit., pág. 34 y 35.

22) El simbolismos constructivo de la masonería está expuesto con particular brillantez en “Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada” de René Guénon, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires 1969, especialmente en la parte titulada “Simbolismo Constructivo”, págs. 221-275

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es

El debate sobre el Plan Ibarreche: ZP en Babia

El debate sobre el Plan Ibarreche: ZP en Babia

Redacción.- De todas las voces que se oyeron ayer en el Congreso de los Diputados, solo una no estuvo a la altura de su cargo: la del Presidente del Gobierno que, una vez más, ha confirmado lo que otros sospechamos desde que fue elegido secretario general del PSOE: carece de talla de estadista. Ibarreche hizo campaña ante su electorado y Rajoy se consolidó como el líder de la oposición y el futuro presidente.

Donde no hay no puede sacarse nada. Una cosa es ir a la sede de las NNUU y leer un papel escrito por otros y otra participar en un debate parlamentario con la agilidad precisa para responder los desafíos lanzados por el otro interlocutor. ZP no ha dado la talla, su alocución ha sido pronunciada con palabras torpes y vacilantes, sólo ha pensado en no ofender a ERC ni a IU. Carod, en los pasillos de las Cortes, ya lo había dicho: “puede decir lo que quiera, pero según lo que diga tendrá que disolver el parlamento”.

Pero lo peor no es quel a política nacional esté secuestrada por ERC… sino que el presidente de gobierno carece de la envergadura necesaria para en estadista. Una sombra, ínfima, desdibujada, que apenas sabe repetir la vieja historia del “gran acuerdo histórico” que terminará con todos los problemas, como anteayer vendió la estupidez del “diálogo de civilizaciones”, y como ayer dijo –con gran estremecimiento de todos los concejales socialistas de urbanismo- que todo el suelo público sería para “viviendas protegidas”… cuando la propia ministra del ramo ya habló de la imposibilidad de cumplir el programa socialista en el este terreno, ni convirtiendo los pisos de 50 metros cuadrados en “soluciones habitacionales” (cajas de cerillas).

Sin talla, sin ideas propias, más allá de cuatro vaguedades sobre el “talante”, el “diálogo”, infantilista en sus opiniones y juicios, desconociendo que en política lo que cuenta no es el buen rollito, sino la energía, el carácter, el temperamento, la creatividad, la fuerza y el vigor y que es solamente así como la historia ha demostrado que se afronta el día a día, Zapatero, es como una especie de monaguillo coriáceo sellado en la silla gestatoria de San Pedro.

Hoy, ZP ha vuelto a demostrar que solamente le interesa una cosa: seguir donde está, contra viento y marea, aunque se hunda el Estado, aunque España entre en un proceso de “centrifugación” (FG dixit), aunque haya que ceder mucho más allá de lo que un Estado puede ceder para seguir considerándose Estado… cualquier cosa antes de que Carod saque la lleve y le recuerde quien tiene las llaves de su permanencia en el poder. Vergüenza y oprobio a la cobardía encarnada por ZP, al oportunismo aventurerista de considerar que puede pactarse la desintegración del Estado. Vergüenza a los electores que le votaron. Vergüenza a los afiliados socialistas que lo eligieron como al “mejor” entre los suyos.

Al menos el lendakari vino a hacer lo que todos sabíamos que venía a hacer a Madrid: iniciar su campaña electoral, realizar un nuevo ejercicio de victimismo y presentarse como si los diputados “madrileños” no comprendieran su buena voluntad y sus legítimas aspiraciones. El lendakari aspira a monopolizar el voto de los tontos y lo va consiguiendo, elección tras elección: esos electores vascos que no se dan cuenta de que allí hay una situación insostenible, que no existe posibilidades de ejercer libertades cívicas para quien no es nacionalista, que con un 50% de votos, el alucidado viene a hablar del “pueblo vasco”, que siendo rechazado de plano en Alava y Navarra, y, no digamos en los departamentos vasco-franceses, sigue hablando de “Euzkadi” como de una entidad territorial única que abarca las “provincias de Euzkadi Norte”, las de “Euzkadi Sur” y Navarra… El 18% de los vascos han abandonado el territorio en los últimos 25 años. La inversión se ha estancado a pesar de los incentivos y el sector mayoritario de la patronal ya ha condenado el “Plan Ibarreche” que, desde que se hizo público, no ha suscitado ni una sola adhesión más allá de los altos muros del PNV-EA y del jueguecito macabro de HB. Todo lo contrario, sectores de la sociedad vasca se han movilizado contra el plan, junto a la mayor parte de la patronal, ha suscitado el encono de Alava y Navarra, la indiferencia de “Euzkadi Norte” e incluso algunos destacados nacionalistas han preferido cambiar de partido antes de seguir manteniendo posiciones inviables e insostenibles.

El lendakari hizo su papel y, ciertamente, consiguió contentar a su parroquia. ZP intentó tender la mano, mostrarse comprensivo, mostrar voluntad de diálogo, ofrecer su mejor sonrisa de carnero degollado, su gesto más tierno… como Ibarreche. La diferencia es que el primero es consciente de la debilidad del segundo y va a intentar que un éxito electoral –casi estamos persuadidos de que esta misma semana se convocarán elecciones anticipadas- refuerce su posición y termine por doblegar a un ZP que si las urnas no le son extremadamente favorables, cansado y deprimido, seguirá con su política de la “renuncia preventiva”.

A Ruvalcaba le correspondió defender un talante un poco más definido en el debate de ayer. Es el tradicional juego de las partes: ZP tendiendo la mano, Ruvalcaba azote parlamentario… Cada uno jugó su “papel”, el problema es que la política no es una obra de teatro, sino la administración de un Estado y el gobierno de una Nación.

El choque queda aplazado hasta la noche en que se conozca el resultado de las elecciones vascas: habrá que ver quién sube más, si el PSOE o el PNV. Si es el segundo, el referéndum está cantado antes del verano. Si es el primero… intentará gobernar con el PNV, como ya lo hizo durante ocho años. En esas condiciones, el PNV se contentará con arrancar unas cuantas ventajas más y seguir medrando en el poder que, en gran medida, conservará íntegro: reagrupamiento de los presos vascos, relegalización de HB, excarcelaciones de los asesinos de ETA, arrancar al definición estatutaria de “Euzkadi” como una “nación”, etc.

Por que a ZP le interesa mucho más aislar al PP, que salvar la unidad del Estado, confirmar la integridad de la Nación o mantener el “Pacto Antiterrorista”. Cualquier cosa con tal de poder mantenerse en el poder.

Los argumentos del lendakari han sido pobres, en ocasiones surrealistas, sin calado político, argumentos de taberna, con el cerebro enfebrecido por los vapores etílicos, aptos solo para las vísceras, pero no para la razón. De su pobre concepto de democracia es muestra evidente la noción de que el “ámbito de decisión vasco” puede anteponerse al parlamento español, como si la comunidad de vecinos de mi inmueble se declarara independiente por decisión soberana de su “ámbito de decisión”, esto es de la asamblea de vecinos.

Cualquier “estadista” hubiera podido recordar al lendakari lo que es la democracia, en qué principios se basa y cuáles son las reglas del juego. No, desde luego, ZP, preocupado por no ofender a ERC. Afortunadamente estaba Rajoy. Su discurso ha sido, técnicamente, irreprochable. Se le puede agradecer cierto sentido del humor en su exposición y, sobre todo, carácter, firmeza y claridad. Llama la atención que haya sido precisamente el líder de la oposición el que haya ejercido las funciones que hubieran debido corresponder al presidente del gobierno. Seguramente, muchos electores habrán empezado a pensar que el 14-M se equivocaron de voto.

El Estado de las Autonomías, ni se ha cerrado, ni podrá cerrarse mientras persistan las actuales circunstancias. Es hora de empezar a ir reconociendo que ese modelo de Estado ha fracasado y que 17 autonomías son demasiadas para administrar el país. No sólo los nacionalistas e independentistas opinan que ese modelo Estado ha fracasado, también nosotros lo creemos.

¿Por qué, precisamente, toda descentralización consiste en reforzar el poder de las comunidades autónomas? Es mucho más efectivo reforzar las competencias de las diputaciones y de los municipios, de los consejos regionales… los “estatutos de autonomía” satisfacen especialmente a los nacionalistas, es decir, a los “minijacobinos” que no quieren otra cosa que reproducir los tics del Estado Central en sus zonas de influencia. Os habrán contado que Catalunya es una “autonomía”, no os lo creáis, Catalunya es la periferia de Barcelona. No hay un centralismo más burocrático que el de Barcelona, ni comarcas más olvidadas que el Campo de Tarragona o las comarcas deprimidas de Lérida. Diferente hubiera sido si hubieran aumentado las competencias de los ayuntamientos y las diputaciones.

Digámoslo ya: nadie en los bares ni en las conversaciones informales de la calle, se interesa por una reforma de los Estatutos, ni en Catalunya, ni en el País Vasco, ni mucho menos en Andalucía o Canarias. Nadie, solamente una clase política que aspira a mayores cuotas de autonomía… económica, a recaudar impuestos, a romper la caja única de la Seguridad Social y a aumentar los déficits regionales. En esto, la Generalitat de Catalunya ha sido maestra en el arte del despilfarro. No son las autonomías las que hay que reforzar, sino los niveles menores de la administración.

ZP se ha dejado arrastrar por los nacional-socialistas de su propio partido (Maragall) y por las exigencias de quienes le apoyan (ERC). Ha sido llevado a un terreno que no es el suyo, sino el de los nacionalistas e independentistas y en donde no hay acuerdo posible entre los que deberían gestionar el Estado y quienes aspiran a romperlo para gestionar en beneficio propio cualquier fragmento.

Y lo peor es que no hay solución:

La solución federal –dejando aparte que no es evidente que sea viable- es rechazada por los nacionalistas que no pueden soportar que Catalunya sea considerada en plano de igualdad con La Rioja o Murcia.

El federalismo “asimétrico” –que regresa a la vieja historia de las “autonomías históricas”- no es menos inviable: el “café para todos” se impone automáticamente en cuando alguna autonomía pretende moverse (véase el caso de Canarias que estos días reivindica un techo autonómico superior al vasco).

El Estado de las Autonomías –actualmente existente- es un cadáver en putrefacción que huele ya en algunos de sus miembros. Está, literalmente, muerto. Murió al no poder ejercer una verdadera autonomía de las partes y trasladar los procesos de centralización del aparato central del Estado, a las comunidades autónomas.

El jacobinismo, carece de defensores, nadie procura romper la tiranía de lo políticamente correcto, afirmando la preponderancia de la unidad del Estado sobre cualquier otra entidad. Si no hay defensores, es que no hay solución en ese terreno.

¿Entonces? Entonces, insistimos, no hay solución. Hay dos problemas: uno es el nacionalismo, el otro la debilidad hecha poder (ZP). Mientras el nacionalismo no entre en la cloaca de la historia, el único lugar que legítimamente le corresponde, y mientras un presidente asustadizo, carente del más mínimo sentido de Estado, de la más mínima talla como gobernante, siga siendo presidente, éste país seguirá sin pausa y a velocidad creciente, instalado en la centrifugadora.

Batir al nacionalismo, expulsar del poder a ZP… son los puntos previos para cualquier solución. No hay posibilidades de encontrar nuevas fórmulas de articulación nacional, ni de reforma constitucional, mientras el nacionalismo y el independentismo jueguen un papel –por mínimo que sea, en la gobernabilidad del Estado- y mientras no haya sentado en La Moncloa un verdadero estadista.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Los Goyas hundidos, eso sí, mar adentro

Los Goyas hundidos, eso sí, mar adentro

Redacción.- Como ZP se sienta en la poltrona, ningún “académico” del cine considera que debe llevar pegatina alguna ni protestar por nada. Los progres iracundos de las dos últimas ediciones de los Goya, son ahora mansos corderitos a la espera de la subvención perdida. Eso sí, en 12 meses, el cine español ha perdido 3 millones de espectadores y no hay motivos para creer que el próximo año las cosas van a cambiar.

Ni “Mar adentro” es una película tan buena para recibir una oleada de Goyas, ni la industria española del cine goza de una salud envidiable. De hecho, ésta película tristona y sobre un tema malhadado, ha podido cosechar este rosario de estatuillas, por que no había nada mejor. Si lo único que podía cerrar el paso a “Mar adentro” era Almodóvar… podemos imaginar cómo está la industria del cine.

“Mar Adentro” no es una película genial, es una peliculilla sin mucha historia que hace de un tema dramático, una cinta que deja un regusto amargo. No está bien interpretada. Bardem no es un gran actor. Le falta mucho por aprender y, en EEUU que de esto del busines-show entienden mucho, no lo han seleccionado como candidato a “mejor actor”. No lo es. Por lo demás, en cuanto a Belén Rueda… tampoco puede decirse que estemos ante una gran actriz. En los teatros universitarios hay gente con el mismo o superior talento. En cuanto al Goya al mejor maquillaje… el premio no puede sino hacernos sonreír.

El problema no es que la Academia del Cine haya querido castigar a Almodóvar (cuya película, por lo demás, es sencillamente, deleznable) sino que con semejantes argumentos, con este tipo de planteamientos, a nadie con dos dedos de frente, le puede sorprender que la pérdida de espectadores sea una sangría insoportable para la industria española del cine.

Entre estas películas y las astracanadas al estilo de “Pocholo y Borja Mari” o “Ei si di si”, la industria del cine agoniza y uno se entrega a los peores productos americanos, del estilo de “La Búsqueda”, “Alejandro” o “Troya”, que, al menos, venden espectáculo, aventura, efectos especiales, dinamismo, agilidad y, en algún caso, incluso glamour. El cine español carece de glamur: cuando los premiados suben al escenario y dicen unas palabras, su aspecto es lamentable y lo que dicen todavía peor. Por una fatal coincidencia la llegada de Dustin Hoffman se ha producido en los mismos días en los que tenía lugar la entrega de los Goya. Observen las diferencias: los actores españoles creen que su trabajo termina cuando el director anuncia el fin del rodaje. Dustin Hoffman genera empatía, poco importa lo que se piense de él y de sus películas, el tipo sabe cómo atraer y vender simpatía. Ningún actor español premiado en los tres últimos años es capaz de dar esa imagen, así que ¿puede extrañarnos que nuestro cine agonice?

Por otra parte, es común a todo el cine europeo esa mala costumbre que tienen todos los directores de ser un nuevo Fellini o un nuevo Bergman, buscar realizar productos “intelectualmente” muy elaborados que inducen al bostezo sin elegancia, al aburrimiento irremediable y a obviar la ausencia en las salas. ¿Cine español? No, lo siento, es aburrido en unos casos y casposo sin gracia en otros. El cine, debe entretener y divertir, debe ser espectáculo, trepidante, debe de llevarnos allí donde el día a día no nos muestra, debe ser aventura o crónica, debe ser cine negro o biopic, debe ser comedia o intriga, cualquier cosa antes que inducir al bostezo, concluir en un drama esperado o, simplemente, como en el caso Almodóvar, ser un deja vu, de todo lo anterior.

Allí estaba ZP, ante el público al que tanto debe y que tanto quiere. En esta ocasión, nadie chistó, todos hacían cara de buenos chicos, responsables, gente de la Academia del Cine en la que se puede confiar, merecedores de la subvención a fondo perdido, sopa boba que de año en año desintegra cada vez más nuestra industria cinematográfica.

Ni uno solo recordó que la comisión del 11-M no ha servido para nada. Ni uno solo recordó que, a pesar de que los 1000 soldados españoles se hayan ido de Irak, se han reciclado en Afganistán y que en Irak las cosas hoy están mucho peor –pero mucho- que cuando se produjo la invasión americana y la retirada española. Por no hablar de los nuevos atentados de ETA. Hay motivos para protestar. De hecho, en la encuesta del CIS de 30 de diciembre pasado, la inmensa mayoría de españoles percibía que el próximo año iba a ser más duro y terrible que el 2004 y apenas ninguno creía que su situación familiar y personal iba a mejorar. Esta es la esperanza que ha generado ZP. Al parecer, solamente ha contentado a los miembros de la Academia del Cine.

Obtener 14 goyas sobre 15 es un gran éxito, si. Pero es que no había competencia, por que en 2004 no ha habido cine español digno de tal nombre. Las candidaturas de “La mala educación”, de Pedro Almodóvar, “Tiovivo c.1950”, de José Luis Garci, o “Roma”, del argentino Adolfo Arostarain, no eran competencia para “Mar adentro” ni para nadie. Eran películas muy mediocres, con directores que se repiten a sí mismos y en donde la genialidad está ausente.

El único Goya que valió la pena fue, sin duda, el que la Academia concedió a José Luís López Vázquez, verano de 82 años, superviviente de una generación de actores de talla, con múltiples registros y que se han negado a jugar un papel social que no fuera otro que el de “cómicos”. Si repasamos la filmografía de López Vázquez, veremos que parte de las mejores producciones del cine español, pasan a través suyo y lo tuvieron como protagonista. Esa generación está llegando al final del camino. No pasa un año sin que algunos de sus mejores, nos abandonen. Este año le ha tocado a Agustín González y a nuestro amigo Cris Huertas, cuyo nombre fue también evocado en la gala de los goya.

Ahora quedan los Oscars el próximo 27 de febrero. Gane quien gane, no tenemos absolutamente ninguna duda, de que ganará el espectáculo. Y eso es lo que importa, por que nuestros Bergman, Passolini y Fellini de baratillo no caen en la cuenta, es que no hace falta vender filosofías y problemas de alto contenido metafísico y existencial… es mucho más sencillo: basta con no aburrir, basta con entretener, que aburrirnos ya nos aburren entre ZP y el lendakari, entre Carod y Maragall. El día en que el cine español recuerde que es espectáculo, debe ser espectáculo y el espectáculo es lo único que atrae espectadores, posiblemente ese día el cine español remonte la sima en la que se hunde irremisiblemente.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Los GAYS vistos por un HETERO

Los GAYS vistos por un HETERO

Redacción.- Acaba de aparecer el libro de Rafael Pi, “Los GAYS vistos por un Hétero – pros y [RE] contras”, tercer libro de la Colección Impacto. Siguiendo la tónica de esta colección, con un tratamiento del tema desenfadado, se llegan a conclusiones que desdicen la política socialista de equiparación de las parejas homosexuales o los matrimonios héteros. El ambiente gay queda perfectamente retratado con unas pinceladas que son una denuncia de la fatuidad de quienes desean alagar la bolsa de votos que supone el mundo gay, fuera de cualquier otra consideración.

Pedidos: adb@pyrelibros.com – ejemplar 12,00 + gastos envío

Web del libro: Web de "Los Gays vistos por un hétero"
Catálogo de la Editorial PYRE
Venta de Libros

Sumario de la Obra:

Palabras previas 5
I
De la autocensura al delito 9
II
El paradigma de normalidad 17
III
Apresurada historia de la
«revolución sentimental» 29
IV
El andrógino platónico y las raíces teóricas de la
homofilia postmoderna 37
IV
El calambrazo de la sexualidad 54
V
La «cuestión gay» existe8 60
VI
En los senderos de la mitología gay 80

[capítulo de muestra]

Punta de partida del autor:

No hay libro sin tesis y no hay tesis sin que el autor se moje. Así que partamos de una autodefinición que disipe lo que, a estas alturas, ya deben ser pocos equívocos. Pues bien, efectivamente, tal como habían presumido desde el pie de imprenta, nos oponemos frontalmente a las reivindicaciones que el movimiento gay realiza en el momento de escribir estas líneas. Creemos que en 2004, los gays han alcanzado un razonable nivel de integración jurídica y social, más allá del cual el horizonte se vuelve problemático, no para ellos, pero si para la sociedad... Una reivindicación exagerada deja de ser una reivindicación para convertirse en el desmadre. Con esto de las reivindicaciones gays, estamos desde hace tiempo, instalados en el desmadre.

Nuestra oposición a las reivindicaciones de lo que podríamos llamar el «movimiento gay radical» no la realizamos, precisamente, desde una postura homófoba, sino desde la defensa del derecho a nuestra libertad de expresión. Se discrepa de los argumentos de un colectivo radical organizado y se argumenta con otros razonamientos. Faltaría más. Este proceso discursivo es lo que ha hecho avanzar a la civilización, tanto como la invención de la rueda que ha culminado en el CD o la evolución de la garrota al láser (que todo ha contribuido).

Hemos procurado racionalizar al máximo nuestras argumentaciones y evitar cualquier tendencia homofóba subjetiva, de la que nos manifestamos no contaminados; y, sobre todo, se ha procurado no ofender ningún tipo de sensibilidad sexual. Los argumentos del movimiento gay, en tanto que argumentos, son contestables. Y esto es lo que hacemos en esta pequeña obra polémica.

Lo mejor para empezar, es entonar el credo. Pues bien, este es mi credo sobre la materia:

Creo que el sexo y la sexualidad son algo polimorfo. Existen muchas formas de vivir el sexo y la sexualidad. Una de ellas es la opción gay.

Creo que cualquier opción sexual pertenece al dominio de lo íntimo. Entiendo que haya gente atraída por este tipo de relación y no voy a ser yo quien lo juzgue: en tanto que acto íntimo, pertenece al dominio de lo privado. Pero si puede resultar contestable el intento de elevar este tipo de relaciones de lo íntimo a lo público y su aspiración a equipararse con la pareja heterosexual.

Creo firmemente en los dos roles sexuales: masculino y femenino encarnados en dos tipos fisiológicos concretos: hombre y mujer, que la evolución ha adaptado física y fisiológicamente, para complementarse.
Creo que la sexualidad tiene dos funciones: el placer y la reproducción y que ambos son instintos básicos, inseparables de la condición humana. Cuando se niega el principio del placer o cuando se pierde el instinto de la perpetuación de la especie, es que existe una patología social.

Creo que en la capacidad reproductiva da la pareja heterosexual radica su diferencia y superioridad sobre la homosexual, no apta para esa finalidad.

Creo que lo colectivo es superior a lo privado.

Creo que el principio del placer y como lo resuelva cada individuo, pertenece al dominio de lo privado, pero la reproducción, hasta cierto punto, tiene mucho que ver con lo público: en efecto, cuando no hay nacimientos, peligra la vida de un Estado, de una familia, de un linaje y de una Comunidad; así pues, la paternidad y la maternidad, «hasta cierto punto», rebasan el dominio de lo privado. Las parejas gays, obviamente, carecen de la posibilidad de la paternidad o de la maternidad. Luego son un «menos», en relación a un «más».

Creo que todo lo que no encuentra lugar en ese patrón de normalidad, no es «anormalidad», sino que supone distintos niveles de distanciamiento del «estándar razonable de normalidad»; más allá de un determinado punto, se alcanza, efectivamente, la anormalidad. En el sexo no todo es admisible: determinadas prácticas y formas extremas de sexo evidencian niveles obvios de anormalidad.

Creo que hay que impedir al poder público que yazca en el lecho de los amantes; no son buenas las leyes que pretendan regular el ejercicio del placer; pero el Estado si tiene mucho que decir a la hora de estimular la natalidad: todo lo que hace el Estado para estimular la natalidad es bueno; cuando un Estado desconsidera la natalidad es que ahí existe un problema. Por cierto, hoy no existen políticas de natalidad dignas de tal nombre. Luego... aquí hay un jodido problema.

Creo que las reivindicaciones gays relativas a la abolición de cualquier tipo de discriminación por razón de sexo son asumibles por la sociedad (y, de hecho, ya han sido asumidos y difícilmente el mundo gay podría hablar hoy de discriminación).

Creo, por el contrario, que las reivindicaciones destinadas a equiparar en derechos a las parejas homosexuales con las parejas heterosexuales son muy discutibles, especialmente en lo que se refiere a la adopción.

Creo que, tanto en el terreno de los derechos de la mujer y de los derechos de los homosexuales, ya se ha alcanzado el nivel de «normalidad». Ir más allá de ese nivel, con «discriminaciones positivas» o leyes protectoras desmesuradas, es innecesario salvo por los partidos que aspiran a ganar la sumisión clientelar de determinadas bolsas de votantes. Algunos sectores políticos han intentado cosificar en forma de votos al mundo gay asumiendo las reivindicaciones de los sectores más radicales sin creer en ellas.

Creo que algunas manifestaciones extremas del «universo gay» evidencian profundos desequilibrios interiores en sus exponentes y una obsesión enfermiza por exteriorizar la propia opción sexual.

Creo que determinadas prácticas eróticas o alteraciones físicas voluntarias evidencian tales desequilibrios.

Creo que hay que distinguir entre virilidad y machismo, entre tolerancia y homofilia, entre reivindicaciones asumibles y reivindicaciones fuera de toda medida, y para ello es preciso redefinir el estándar de «normalidad». En lugar de eso, la consecuencia de la «revolución sexual» iniciada en los 60 ha sido dinamitar cualquier noción de normalidad y la filtración en el curso de la confusión de propuestas razonables con reivindicaciones reprobables, derechos a la libre opción individual con obligaciones y reconocimientos por parte de la sociedad.

Creo que la madre de todas las batallas en este terreno consiste en una necesaria redefinición de un paradigma de normalidad.
Y a eso vamos.

Web del libro: Web de "Los Gays vistos por un hétero"
Catálogo de la Editorial PYRE
Venta de Libros

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo,es

ALTERMEDIA: Red europea de informacion

ALTERMEDIA: Red europea de informacion

Redacción.- Anunciamos a nuestros lectores y amigos que, a partir de hoy, nos incorporamos a la red Altermedia y pasamos a colaborar en su sección en lengua española. Altermedia es una red intereuropeo extendida a prácticamente todos los países de nuestro continente que se ha configurado como la principal red de intercambio de informaciones. La URL de Altermedia, edición española, es http://es.altermedia.info/, a partir del menú situado a la derecha puede accederse a las redes de otros países.

Así mismo, realizamos un llamamiento a todos nuestros amigos y lectores para ofrecerles los bytes de Altermedia para que colaboren en la introducción de noticias y comunicados, para ello deben enviarlos a infokrisis@yahoo.es, como dirección provisional y, a partir de ahí, los introduciremos en la web.

Altermedia ha supuesto un éxito en Francia en donde, mensualmente recibe 50.000 visitas. Este debe ser nuestro objetivo para la edición española: ampliar hasta una cifra de visitantes similar, la audiencia de “Altermedia/España”, una red de intercambio de información que refuerza las redes ya existentes en España.
Altermedia: http://es.altermedia.info
Correspondencia: infokrisis@yahoo.es

1860: El Segundo Gran Despertar Religioso norteamericano

1860: El Segundo Gran Despertar Religioso norteamericano

Redacción.- El Primer Gran Despertar espiritual norteamericano daría lugar al movimiento que cristalizó en la independencia nacional. A partir de ese momento, se inicia un período de rápido desarrollo económico, afluencia masiva de inmigrantes europeos que huían de las guerras napoleónicas y de los destrozos de la Revolución Francesa, y un espectacular crecimiento demográfico que hacía necesaria la producción de bienes en cadena. Mientras todo este proceso socio-económico se activaba, los valores de Norteamérica, especialmente religiosos, seguían vivos. Pero a partir de 1790, cuando la lucha por la independencia empezaba a quedar lejos, apareció una nueva forma de religiosidad que ha dado en llamarse «Segundo Gran Despertar». Todavía harían falta 200 años más para que se generase el «Tercero», el que conocemos nosotros.

Ya ese Segundo Despertar tuvo como instigadores a predicadores itinerantes que organizaban grandes asambleas públicas generando histeria colectiva y crisis liberadoras para muchos asistentes. El movimiento irradió a partir del Estado de Kentucky. Los predicadores excitaban al frenesí a los asistentes hasta situarlos en una especie de trance profundo e innegable. En el punto culminante, algunos de los asistentes caían al suelo con un grito penetrante, se convulsionaban primero, moviendo la cabeza de un lado a otro vertiginosamente y luego parecían como muertos. Algunos caían en una risa espontánea e irrefrenable pero, en absoluto, contagiosa; en otros se producían extraños fenómenos paranormales, el sujeto, tras danzar, parecía estar ausente con una sonrisa beatífica en el rostro. Los había que «huían por miedo» según un testigo, y otros cantaban «con el cuerpo», sin que el sonido surgiera de sus labios. Puede parecer algo extraño, e incluso alguien sospechará que las descripciones están falseadas, pero, en realidad, nada de lo dicho es diferente de lo que ocurre, aquí y ahora, en las asambleas de los «cristianos renacidos», ni en sus principios, ni en su fenomenología.
Este movimiento, que alcanzó a prácticamente toda la sociedad norteamericana, generó las grandes organizaciones religiosas específicamente norteamericanas en los años siguientes: cuáqueros, mormones, e incluso al movimiento dietista del doctor Kellogg, ya en la segunda mitad del siglo. El Segundo Gran Despertar duró casi 75 años y llevó directamente a la Guerra de Secesión.

En buena medida, el desencadenante emotivo de la guerra fue la novela de Harriet Beecher Stowe «La Cabaña del Tío Tom». El libro presentaba una situación de inhumanidad con la que eran tratados los esclavos que no se correspondía absolutamente en nada a la realidad. De hecho, la Beecher jamás había viajado al Sur y los suplicios y crueldades a los que eran sometidos los negros, salió de su imaginación. Se trataba de una fanática presbiteriana que creía que el espíritu del Segundo Gran Despertar era imprescindible para la formación de la conciencia nacional americana. Pensaba que la sociedad de su tiempo vivía una fuerte corriente materialista que sólo podía ser contrarrestada mediante la práctica religiosa intensiva y enérgica. Religión, política y cultura debían caminar al mismo paso y ser hijas de la misma matriz, sostenía la Beecher. La única forma, para ella, de alcanzar esa meta era realizando un esfuerzo mesiánico que tensara las cuerdas de la sociedad americana y le diera un nuevo impulso. Ese esfuerzo era la conquista del Oeste (había dicho «está claro que el destino religioso y político de la nación habrá de decidirse en el oeste») y el «evangelismo» como medio para unir a los hombres y mujeres de la frontera en un mismo ideal. Lo que entendía por «evangelismo» era exactamente el mismo concepto que hoy tenemos de «fundamentalismo cristiano». Y si era preciso movilizar conciencias contra el Sur en nombre de la lucha contra la esclavitud, no iba a reparar en los costes y en el dolor de esa iniciativa: simplemente, para ella, era necesaria por el bien de Norteamérica.

En aquel momento, las dos confesiones más arraigadas eran los metodistas que en 1844 eran la confesión más extendida, seguidos de los baptistas en el sur. Fue entonces cuando aparecieron los movimientos escatológicos y mileranistas que hoy, nuevamente, han recuperado la iniciativa con los «cristianos renacidos».

En 1818, William Millar, un baptista del sur, estudió detenidamente los textos bíblicos y concluyó que el mundo terminaría en 1844. Reclutó a miles de seguidores. Llegada la fecha, nada ocurrió. Para la mayoría de sus fieles se produjo la «gran decepción», pero no así para un grupo de ellos instalados en Battle Creek que pasaron a llamarse Adventistas del Séptimo Día. Desde allí irradiaron a todo el mundo, hasta nuestros días, y se convirtieron en el centro de un imperio vegetariano desde que el doctor John H. Kellogg se hizo cargo del lugar. Kellog basaba su teoría nutricionista en el desayuno con cereales. Parece banal, pero insertaba su estudio en las raíces culturales norteamericanas. La popularización de los cereales estaba, para Kellog, cargada de virtudes morales. Su mentora, Ellen Harmon, había tenido de adolescente un éxtasis místico en la que «vio» la santidad de los alimentos del desayuno. Gracias a los copos de maíz, los Padres Peregrinos habían salvado la vida y nada como el maíz era más norteamericano. De hecho, lo cultivaban los indios, pero, inicialmente, era inexistente en Europa. El maíz era un regalo de Dios, no podía ser un azar que se lo hubieran encontrado los colonos. A partir de este principio visionario, el doctor Kellog utilizó todo su saber y sus artes como busines management, en encontrar justificación al consumo de copos de maíz.

En la película «El Balneario de Battle Creek» se pinta un cuadro extremadamente realista que no puede ser desconocido para quienes nos hemos relacionado en alguna ocasión con el movimiento de la «New Age» que irrumpió un siglo después. En efecto, si los movimientos religiosos del Segundo Gran Despertar, volvieron a emerger en los años 80, en forma de «cristianos renacidos», el movimiento de Kellogg se reencarnó en los distintos sectores de la «New Age».

De aquel Segundo Gran Despertar surgieron, igualmente, los mormones. Fue mucho lo que aportaron a la conciencia nacional americana. De hecho, Joseph Smith lo que hizo fue proporcionar a América «raíces históricas profundas». Lo de menos era que se trataba de pura invención, lo importante es que, Norteamérica, a partir de Smith era, como mínimo tan «antigua» como la Vieja Europa. En 1827 «un ángel», Moroni, reveló a Smith el emplazamiento de unas planchas de metal en las que estaba escrito la historia de una de las tribus perdidas de Israel. Gracias a unas piedras, Urim y Thurim, y a la colaboración de otro ángel, logró traducir el texto que, editado con el nombre de «Libro de Mormon», describe la historia de un pueblo precolombino procedente de la torre de Babel, que cruzó el Atlántico -¡en barcazas!- y logró sobrevivir en el nuevo mundo. Así que «América» procedía, no de la oleada de navegantes y descubridores del siglo XV-XVI… sino del período incierto, pero, en cualquier caso, remoto, de la Torre de Babel. En el 384 de nuestra era, Moroni, hijo de Mormon, enterró las tablas que luego Joseph Smith «descubriría» y que, por cierto, nadie más que él logró ver. Esta locura colectiva logró asentarse y modelar hasta nuestros días el Estado de Utah, hoy uno de los Estados más prósperos de los EEUU, en el que la influencia mormona sigue siendo absoluta.

En el curso de este Segundo Gran Despertar norteamericano, aparecieron conceptos e ideas que venían de Europa en las valijas de los inmigrantes, pero que solamente en EEUU llegaron a convertirse en verdaderos movimientos de masas. Del místico sueco Emmanuel Swedemborg y de los 38 densos volúmenes de sus escritos, emanaron las sectas más exóticas. Así mismo, fueron extremadamente bien acogidos el mesmerismo y la homeopatía que encontraron el territorio americano su tierra de promisión. El hijo directo del messmerismo, el espiritismo, fue un producto típicamente americano que irradió a partir 1847 generando fenómenos de histeria colectiva en los que los protagonistas, mediums, afirmaban ponerse en contacto con «entidades desencarnadas» (muertos). Roberto Owen, hijo del famoso socialista utópico inglés, dio una conferencia sobre el tema en la Casa Blanca, ante el escepticismo de Lincoln y la adhesión entusiasta de su mujer que, tras el asesinato del presidente, recurrió a médiums y técnicas espiritistas para comunicarse con él. En 1870, los espiritistas tenían 11 millones de adeptos en EEUU.

El pragmatismo norteamericano y la tendencia al misticismo de pacotilla dio como resultado una nueva formulación religiosa basada en la aplicación práctica y utilitaria de los principios religiosos. Lo que aportó el Segundo Gran Despertar, fue la conciencia de que «no hay problema, por grave que sea, que no tenga solución». Cualquier enfermedad, por terrible y destructora que sea, puede curarse mediante la fe. Es la «auto-ayuda» (¿les suena el término?) llevado a sus últimas consecuencias. Esta corriente tuvo en Mary Baker Hedí a su principal exponente. Aquejada de dolores terribles que ninguna medicina oficial lograba paliar, fue, finalmente, curada por el un tal Quimby, que practicaba el mesmerismo, una forma de curación mediante una mezcla de imposición de manos e hipnosis. A partir de ahí, intuyó el origen mental de cualquier dolencia y creó su propio sistema de curación espiritual basado en el principio de que toda realidad está en la mente y cualquier otra cosa es pura ilusión, tal como, por lo demás, afirmaba Swedemborg.

Pero este Segundo Gran Despertar y sus procedimientos de «autoayuda» debían de tener todavía otro profeta, junto a Mary Baker, el doctor Kellog, Joseph Smith y los adventistas, etc, se trataba de Ralph Waldo Emerson cuyos libros y tratados sobre el carácter han inspirado a generaciones de buscadores de textos de «auto-ayuda». Emerson era utopista, promovió una comunidad que terminó en bancarrota, pero de él, quedan sus libros reaprovechados en sucesivos tratados editados desde entonces (mediados del siglo XIX, hasta nuestros días). Y aún hubo más.

Los emigrantes alemanes, ciertamente influidos por los socialistas utópicos, crearon comunidades florecientes como la Harmony de Pensilvania. Eran pietistas y proponían la confesión auricular, pero eran hábiles trabajadores y hubieran logrado perpetuar sus comunidades de no ser por que rechazaban el matrimonio y la procreación. Evidentemente, tenían fecha de caducidad y, en apenas una generación, se extinguieron. Otra de estas comunidades, la de Oneida, realizó experimentos avanzados y «sicalípticos». Practicaban el amor libre, practicaban el «matrimonio complejo» (decidido comunitariamente) y, finalmente, educaban a sus hijos como en los kibbutz actuales.

Todo este enjambre de sectas y confesiones exóticas cristalizó en el gran hallazgo de América: el impulso dado al sistema educativo. Educación es, ayer y hoy, progreso. A mediados del siglo XIX, ya existía un denso tejido educativo, público y privado, en los EEUU. El Estado se había hecho cargo de sostener económicamente la educación de millones de niños y adolescentes. Las escuelas públicas no estaban controladas por ninguna secta religiosa, pero extendían valores religiosos: para ellos, religión y educación eran terrenos inseparables. Pragmáticos, como siempre, intentaron que, más que una forma de culto, la educación difundiera una forma de comportamiento y actitud social. Que luego, los padres, en el hogar, podían o no fortalecer.

Decir que aquello era una balsa de aceite religiosa es completamente inexacto. Las tensiones religiosas existieron desde los comienzos de la nación americana. No hace falta aludir a la «caza de brujas» que tuvo lugar en Salem en el siglo XVIII y que evidenció hasta dónde podía llegar la histeria colectiva y qué mínimos podían ser los desencadenantes. También hemos aludido a las desventuras de Merton tras su fiesta del «Palo de Mayo». A partir del primer cuarto del siglo XIX, empezaron a llegar de forma masiva inmigrantes irlandeses, esto es, católicos, que encajaron, inicialmente, mal con este panorama religioso. En los veinticinco años que siguieron establecieron diócesis por todo el territorio de los EEUU y a partir de 1834 tuvieron que afrontar campañas anticatólicas procedentes de distintos sectores evangélicos y masónicos. Aparecieron panfletos difamatorios, especialmente contra los conventos. No faltaban, al igual que en la literatura anticatólica europea, elementos pornográficos que colocaban un punto de picante en el relato. Tuvieron inmenso éxito. En 1834, un convento de monjas ursulinas fue incendiado en Boston. No hubo tribunal capaz de condenar a los instigadores y, los propios jueces, estaban convencidos de que en los inexistentes calabozos subterráneos del convento se asesinaba a niños ilegítimos.

También apareció el temor a una «conspiración católica» destinada a conquistar el valle del Misisipí, dirigida por el Papa y el emperador austríaco. Escritores notables (Lyman Beecher o Samuel Morse) afirmaron que los emperadores europeos enviaban a América a sus súbditos para que se apoderaran del país. Era cierto que los inmigrantes católicos aceptaban salarios bajos y rompían el mercado de trabajo, pero era incuestionable que la riada migratoria no estaba inducida por ningún «centro oculto» de poder europeo. De todas formas, esta tendencia al «conspiracionismo» ha estado, a partir de entonces, implícita en un reducto de la población norteamericana que siempre ha integrado cualquier acontecimiento en su particular visión del mundo, por irracional que fuera. Aún hoy, en la América profunda, se cree que la ONU es una conspiración comunista destinada a esclavizar a América y quienes justifican este criterio no tienen dificultades en encontrar una amplia panoplia de argumentos paranoides…

Desde la autora de «La Cabaña del Tío Tom» hasta los conspiracionistas anticatólicos, pasando por los mentores del movimiento cuáquero, los mormones, los adventistas, los mesmeristas, espiritistas, nutricionistas, etc, lo que se había creado era una propia «religión nacional» que influía decisivamente en la vida norteamericana y en la formación de la mentalidad y el carácter a través del sistema educativo público. Ciertamente, esta religión era indefinida, carecía de un culto único e incluso sus enfoques eran radicalmente distintos… pero coincidían en su rechazo a la esclavitud. Sin embargo, la esclavitud era tan antigua en Norteamérica como el gobierno representativo. Efectivamente, éste se había adoptado en 1619, el mismo año en el que un navío holandés llevó a los primeros esclavos al territorio.

Progresivamente, a lo largo del segundo tercio del siglo XIX, pudo comprobarse que el esclavismo y el espíritu religioso eran altamente incompatibles y terminaron desembocando en la guerra civil. No en vano Paul Jonson dice en su «Historia de los EEUU»: «el Segundo Gran Despertar, con su aguda intensificación de la pasión religiosa, significará la sentencia de muerte de la esclavitud, del mismo modo que el Primer Despertar había firmado la sentencia de muerte del colonialismo británico».

Una vez terminada la guerra civil, América irradiará poderosamente, primero en Centroamérica (guerra contra México e intervención en distintos países centroamericanos), después en el Caribe (guerra contra España), finalmente en el Pacífico, para luego proyectarse sobre Europa (con las dos guerras mundiales), sobre el sudeste asiático (frustrada intervención en la Península Indochina) y más tarde sobre Oriente Medio y Asia Central (directamente o a través de la alianza privilegiada que EEUU mantiene con el Estado de Israel). Es indudable que esta expansión tiene una motivación fundamentalmente geopolítica y económica, pero que el gran hallazgo de Norteamérica ha sido justificarla, no en función de las ambiciones territoriales o la intención manifiesta de depredación económica, sino por argumentos éticos y morales.
En la última parte de esta pequeña obra, insistiremos en el Tercer Gran Despertar norteamericano, cuyos primeros despuntes se producen en los años 60, fraguan a finales de los 70, condicionan el poder durante la administración Reagan y se convierten en el elemento movilizador y levadura de las masas capaz de llevar a un tipo como George W. Bush a la Casa Blanca.

Ahora bien, nada de todo esto hubiera sido posible, ni la política agresiva de EEUU, ni el cenit imperial alcanzado entre 1990 y 2003, sólo por la acción de unos fanáticos religiosos, tan crédulos y timoratos en el siglo XXI como lo fueron en los dos primeros Grandes Despertares anteriores. El cambio que tiene lugar en las postrimerías del siglo XXI era previsible. Con la mentalidad americana generada en los dos siglos anteriores, ciertamente, se podía galvanizar a un país… pero no dirigirlo en un mundo tan complejo como el moderno. Las viejas ideas ya no servían, los viejos ideales que dieron vida a la lucha de las colonias por su independencia y luego que llevaron a la guerra civil, eran inoperantes para un mundo complejo, habían servido para inspirar el trabajo de los granjeros y modelas su mentalidad, pero ahora estaban completamente fuera de lugar… sólo que esta «verdad» era inconfesable. Nadie que hubiera osado proclamarla en público, habría logrado ser escuchado, como máximo, se le tendría por un antipatriota, sino por algo peor en función de las teorías conspiranoicas que tan fácilmente surgen en los EEUU.

Y esto es lo más sorprendente de la América contemporánea: que a nivel de colectividad social, con Bush lo que ha triunfado son los valores típicamente americanos que, como hemos visto, son inherentes a la sociedad independizada de Inglaterra el 4 de julio de 1776… pero no son esos valores los compartidos por la élite que dirige la sociedad norteamericana. Esto, como veremos en el capítulo siguiente, son, precisamente, su negación. Por que hoy, los EEUU están dirigidos por una logia que lejos de estar inspirada en los valores tan exóticos como tradicionales, que hoy están encarnados en el movimiento evangélico de los «cristianos renacidos», se inspira en los escritos de un extraño filósofo, Leo Strauss, el cual podía ser tildado, pura y simplemente de «nazi», en el peor sentido de la palabra… de no ser por su ascendiente judío.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es