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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Constantes geopolíticas en Oriente Medio (I de III)

Constantes geopolíticas en Oriente Medio (I de III)

Redacción.- Presentamos la primera de tres entregas dedicadas a las “Constantes Geopolíticas en Oriente Medio”. Este trabajo lo hemos estructurado en tres partes: en esta primera nos limitamos a definir las grandes líneas de tensión de la geopolítica mundial en estos momentos. En la segunda parte, estudiaremos la geopolitica del conflicto de Oriente Medio y en la última, analizaremos la posición de EEUU y cómo responde a sus intereses geopolíticos directos.

Las características del tiempo nuevo

El desenlace de la Segunda Guerra Mundial, consagró la tendencia iniciada en el siglo XV, con la época de los grandes descubrimientos geográficos. Si hasta entonces se había vivido una geopolítica de “espacios cerrados” (limitados geográficamente e independientes económicamente unos de otros), a partir de ese momento los espacios de intercambio cultural, de mercancías y de influencias políticas, van creciendo y se tiende a lo que, geopolíticamente se ha llamado el “gran espacio”. De hecho, la geopolítica puede ser definida hoy como la ciencia de apoyo de la política que estudia el “gran espacio”.

A partir de 1945, se inicia una tendencia que culmina en 1990 con la proclamación, por parte de George Bush del Nuevo Orden Mundial. Este período está caracterizado por el ensanchamiento del campo geográfico a nivel universal; la lucha por la hegemonía mundial iniciada con la Guerra Fría y, especialmente, a partir de 1948, llega a su límite y se resuelve en los 15 años siguientes a favor de los EEUU que se consolidan como única potencia con capacidad global, aún siendo evidente que, a partir de la invasión de Irak y de la incapacidad para doblegar a la resistencia iraquí, esa capacidad puede ser, legítimamente, puesta en duda.

En ese mismo período de 15 años, llega hasta el paroxismo la densidad de los intercambios internacionales y de los flujos de capital, que ya no se limitan a ser invertidos en una bolsa concreta, sino que pueden migrar en segundos de un continente a otro, sin ningún límite.

Pero si la red de mercados financieros ha adquirido un carácter global, el Acuerdo General de Aranceles, ha favorecido, así mismo, la implantación de un mercado de bienes y servicios, así mismo, globalizado. En este marco de economía mundializada, es evidente que las empresas que mejor se moverán, serán las multinacionales. No contentas con alcanzar por sí mismas unas dimensiones que exceden el presupuesto y la importancia de muchos Estados Nacionales, desde 1990 se asiste a acelerados procesos de fusión entre distintas empresas multinacionales y a la formación de consorcios que funcionan en régimen de oligopolio en distintos sectores de la economía mundial. Todo este proceso no podía realizarse sin el concurso de las nuevas tecnologías y de la irrupción de la era de la informática. Nunca como ahora, las tecnologías de la información, la electrónica y la microinformática, han tenido tanta influencia en la sociedad y nunca como hoy han existido tantas posibilidades de bienestar alcanzado a través de la ciencia.

Sin embargo, lo que podía constituir el “final de la Utopía”, es decir, un avance para la mejor gestión de los recursos al alcance de la humanidad, está convirtiendo a nuestro mundo en un infierno. Hasta 2003, los EEUU parecían la única potencia adaptada para ejercer el gobierno mundial en un marco de hegemonía unipolar. Tras los sucesos de Irak, y a la vista de la marcha de la economía norteamericana, todo induce a pensar que estamos en el umbral de un tiempo multipolar en el que todavía están por perfilar el alcance de algunos actores (China, la nueva Rusia reconstituida, la Unión Europea, cuando salve sus dificultades de integración). Pero no está claro, como va a ser el comportamiento de estas entidades y cuáles serán sus relaciones y su lógica de alianzas.

A la espera de cómo se resuelvan estos enigmas, la realidad actual nos dice que la pobreza global avanza en el planeta, los atentados ecológicos, lejos de descender, aumentan en las zonas en desarrollo acelerado que aspiran a ser competitivas en todos los sectores de la escena mundial; aparecen, así mismo, el respeto a los derechos humanos está ausente en la mayor parte del planeta e, incluso en Europa, se perciben graves desajustes políticos, procesos de esclerosis y degeneración en los sistemas políticos. Esto, sin contar, la aparición constante de conflictos entre Estados vecinos que se desarrolla sin cesar, no sólo en el mundo subdesarrollado, sino también en el Este de Europa.

En cualquier caso, las contradicciones entre las superpotencias, a diferencia del pasado, no son totales, sino parciales, y, desde luego, han atenuado su carga ideológica: entre todas las superpotencias existen acuerdos e intercambios comerciales, relaciones políticas e incluso flujo de capitales y tecnologías. No estamos, pues, ante oposiciones absolutas entre regiones, sino relativas, que se desarrollan en un escenario global. En este escenario evolucionan (de manera irracional muy frecuentemente) países en busca de su autosuficiencia en materia energética, en recursos hídricos y en producción alimentaria, avalados por ejércitos dotados de armamento progresivamente más sofisticado. Todos estos factores tienden a crear un escenario completamente inestable en donde las políticas de alianzas se fraguan a corto plazo y sin garantía de que un elemento desestabilizador no las modifique a continuación. Inestabilidad e inseguridad son las características del tiempo presente que ha consagrado el dominio del “gran espacio”.

Los focos de tensión geopolítica o la "geopolítica del caos"

La geopolítica es una ciencia auxiliar de la política, en absoluto determina los acontecimientos políticos, sino que, como máximo, los orienta. Pero, en general, la política internacional, incluso en este tiempo del “gran espacio”, se basa en los mismos principios que cuando dominaban los pequeños “espacios cerrados”: seguridad para las poblaciones, garantía de fronteras que protejan la actividad económica y la vida de la comunidad, garantía de dominar y disponer de recursos económicos suficientes como para garantizar la vida y la prosperidad del Estado y de la comunidad. Es evidente que la política y la economía caminan juntas y que, en el siglo XXI, la economía guía a la política. Esto contribuye a aumentar la inestabilidad mundial y a establecer lo que se ha llamado “geopolítica del caos”.

En este momento, los focos de tensión y duda de la política mundial son los siguientes:

1) El ascenso de la economía china, el aumento incesante de su capacidad de producción y de invasión con sus manufacturas de todos los mercados mundiales; las dudas sobre este proceso son: ¿Hasta cuándo proseguirán las altas tasas de desarrollo chino? ¿hasta cuando la marcha de la economía china no forzará un cambio en la estructura política desembocando en una democracia formal? ¿hasta qué punto será viable una sociedad de 1200 millones de personas en las que se acumulan tensiones sociales, étnicas y religiosas?

2) El espacio de la antigua URSS, fraccionada en Estados, microestados y superpotencias, con una Rusia humillada y empobrecida, pero todavía disponiendo de grandes recursos energéticos y militares, la convivencia con algunos de sus vecinos, se asevera difícil sino imposible. El espacio geopolítico ruso es hoy el “corazón del caos”, en donde se acumulan en algunas de sus exrepúblicas el ascenso del integrismo islámico, guerrillas al servicio de intereses petroleros, y generalización de la corrupción en todas las exrepúblicas, que hacen inviable el fortalecimiento de una democracia formal.

3) Oriente Medio, donde los conflictos se acumulan sin solución aparente: conflicto entre Israel y sus vecinos, causado por el control sobre los acuíferos de Gaza y Cisjordania y por las fuentes del Jordán, envenenado por los integrismos de uno y otro lado; conflicto entre los países árabes moderados y el ascenso de la marea islámica; contradicciones entre formas distintas del islam y, finalmente, contradicciones y rivalidades nacionales entre países de la zona. A esto hay que añadir situaciones de guerra abierta y resistencia armada como en Irak y Arfganistán.

4) El Magreb que, por su proximidad a Europa y su carácter mediterráneo, nos afecta muy directamente. La explosión demográfica que hace que su población se duplique cada 20 años; el ascenso del integrismo, la posibilidad de guerra social y religiosa, las rivalidades nacionales entre Estados vecinos, la aparición de un incipiente integrismo islámico, crean una situación de inestabilidad extrema.

5) Africa Subsahariana, zona de pobreza endémica y, prácticamente, irresoluble, en la que el SIDA, el Ebola, epidemias de todo tipo, analfabetismo y estructura tribal, parece muy difícil que logre despegar en algún momento. Zonas, incluso, que hasta la descolonización, habían vivido un aceptable nivel sanitario y de vida, han terminado hundiéndose en pocos años a causa de la corrupción y el desgobierno.

6) Los conflictos en Asia Central, que tienen su centro de gravedad en el contencioso indo-pakistaní por la región de Cachemira. Ambos contendientes, con una demografía explosiva, se han dotado de armamento nuclear y mísiles tácticos. Así mismo, la inestabilidad alcanza a la región del Himalaya, siendo observada con interés y preocupación en China.

7) La zona del Pacífico hacia la que se ha desplazado el eje de la economía mundial y que tiene centros de conflicto extremadamente marcados: la contradicción entre Japón y China, entre las dos Coreas, de China Continental y Taiwan, los problemas del crecimiento del integrismo islámico en Malasia, la inestabilidad económica de la zona, especialmente de los dragones asiáticos y del propio Japón, contribuyen a hacer de este nuevo centro de la economía mundial, un escenario particularmente inestable.

8) El subcontinente centro y suramericano, a pesar de los ingentes recursos energéticos y económicos, tiene en su fracturación en decenas de Estados su talón de aquiles. Y lo que es peor: parece difícil su integración en un solo bloque, sino que persisten las rivalidades nacionales surgidas de las independencias del siglo XIX. Inestabilidad económica, inestabilidad política e inestabilidad del ritmo de desarrollo, amenazan al subcontinente.

9) Finalmente, los problemas encontrados por la Unión Europea, con su última integración poco meditada, el rechazo al Tratado de la Unión, las rivalidades nacionales que todavía no terminan de superarse y la ausencia de una política única, exterior y de defensa, no permiten ver a una UE independiente, federal y estable en el futuro.

Quedaría por hablar del papel de las organizaciones internacionales en el siglo XXI. Éste ha quedado desdibujado, a partir de 1990 y, sus directrices cada vez han contado menos en la escena internacional. Esas organizaciones, empezando por NNUU, pero también por sus agencias especializadas (FAO, UNESCO, UNICEF, etc.) deberían de modificar sus estrategias y sus objetivos. Revisar el camino andado hasta ahora por estas asociaciones, debería bastar para comprender que, a pesar de las buenas intenciones y las declaraciones grandilocuentes, estas entidades, no solamente han distado mucho de alcanzar sus objetivos, sino que, en la actualidad, se encuentran en completa crisis de iniciativa e identidad.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Pedro Zerolo, Zapatero y la demolición de la sociedad

Pedro Zerolo, Zapatero y la demolición de la sociedad

Redacción.- El gobierno ha cuidado en todos los detalles: ha aprobado la ley de “matrimonios” homosexuales poco antes del día del orgullo gay, se ha preocupado de que aparezca en el BOE el mismo 2 de julio y, finalmente, la ministra de ¿cultura?, Pepín Blanco y Pedro Zerolo han estado en primera fila de la manifestación “festiva”. Zerolo puede estar orgulloso, el día en el que ZP se divorcie, ya se podrá casar con él. No sé ZP, pero yo de él, no le daría la espalda a PZ, Pedro Zerolo.

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ZP se ha equivocado hasta en el momento

Habitualmente, los gobiernos realizan sus “grandes” reformas, en la segunda mitad de la legislatura, a fin de que el efecto benéfico para algunos colectivos sociales, sea reciente y esté presente en el momento de acudir nuevamente a votar. A nadie se le escapa que la sociedad española sigue considerando “maricones” a los “gays” y que los chistes sobre las partes traseras siguen haciendo reír al personal. Una ley de igualdad para los matrimonios gay no va a hacer que “dar por el culo” deje de ser una guarrada para convertirse en la “sublime muestra del amor homosexual”, ni que los niños adoptados por dos padres o dos madres, sean respetados por sus compañeros. Querer deformar las opiniones de una sociedad, recurriendo a leyes aprobadas por la mínima diferencia de votos, es arriesgado para el seudo-legislador. Aquí no se trata de “elevar a rango de ley lo que es normal en la calle”, sino de querer alterar la percepción que la sociedad tiene: “elevar al rango de normalidad legal a lo que la calle percibe como anormalidad”.

Es evidente que todo el interés del PSOE por la cuestión de los homosexuales viene en función de sus necesidades electorales. Con una mayoría más que relativa, con unas encuestas del CIS que confirman que ZP no despega del PP, el cultivo de las minorías sexuales es vital para las esperanzas electorales del socialismo español. Triste el destino del partido fundado por Pablo Iglesias, cuya permanencia en el poder en la próxima legislatura dependerá solo del voto de los homosexuales y las lesbianas. Estos colectivos suponen de un 3 a un 5% de la población, una bolsa de votos que el PSOE quiere convertir en espacio clientelar.

Pero ZP ha olvidado algo esencial: los matrimonios gays van a tener que vivir, como los heterosexuales en “soluciones habitacionales” de 30 metros cuadrados y allí, en esa superficie, deberán de criar a su hijo chino o árabe, recién adoptado… Si, por que el problema para ZP es que olvida un pequeño hecho esencial: incluso los gays, además de ser homosexuales, son otras cosas, ciudadanos, por ejemplo; y, en tanto que ciudadanos, van a tener que someterse a las demás creaciones del PSOE: pisos de 30 metros cuadrados, un país centrifugado, una economía víctima de la globalización radical, sin defensa nacional, sin orientaciones en política exterior, con una economía a la deriva que vive de la inercia del período anterior, etc.

Cuando lleguen las elecciones hará falta ver que pesa más en la mentalidad gay: si el “derecho al matrimonio” o una situación globalmente deteriorada. El gay, además de ser gay, es ciudadano y como tal, sometido a las mismas tensiones y conflictos que el resto de la comunidad. ZP lo ha olvidado, de ahí que no creamos que ni siquiera, desde el punto de vista electoral, la legalización del “matrimonio gay” le beneficie.

Ahora tocan los derechos de los transexuales

Se dice en voz baja, pero de manera insistente: si existe un número creciente de gays es porque existen un número creciente de personas con un defectos de sexualización, cuerpo de hombre y mentalidad de mujer o actitudes femeninas, o viceversa. Estos defectos de sexualización no aparecen hoy por casualidad. Si hoy se registra un mayor número de homosexuales es por lo mismo que las niñas tienen la primera menstruación a una edad sorprendentemente temprana o tienen un desarrollo corporal inusual para el cual, no hace mucho, había que esperar entre dos y cuatro años. No existe secreto alguno para explicar estos cambios fisiológicos y mentales. La sexualidad depende de las secreciones hormonales y la alimentación moderna ha alterado el normal equilibrio hormonal en el ser humano, especialmente en el de los países desarrollados. Las hormonas femeninas están presentes en el agua y en muchos alimentos… no es de extrañar que las sociedades occidentales, exterioricen estas alteraciones en un cambio en las costumbres.

Digámoslo claramente: hasta los años 50, la homosexualidad era considerada una enfermedad. A partir de 1956, cuando la Asociación Norteamericana de Psiquiatría eliminó la homosexualidad del catálogo de enfermedades mentales, la homosexualidad pasó a ser una de las formas posibles de ejercicio de la libertad en el terreno sexual. No era algo extraño en la tradición occidental. Homosexualidad ha habido siempre… pero sólo a partir de los años 80 adquiere un carácter masivo. ¿Motivo? Por el desequilibrio hormonal injertado por aditivos introducidos en la alimentación. Cuando la ingesta continua de conservas genera escorbuto, el escorbuto es considerado una enfermedad. Cuando alguien sufre un desequilibrio hormonal, de lo que se trata es de que recupere la “normalidad”, no que persista en ese desequilibrio y se cree una legislación que eleve a “normal” aquello que fisiológicamente es una “anormalidad”.

¿Para cuando alguna iniciativa en defensa de la familia?

Esta semana ha sido pródiga en reformas legislativas. El divorcio exprés ha quedado aprobado. ZP y PZ (Pedro Zerolo) ya se pueden casar e incluso adoptar niños. Incluso la aprobación del “plan de choque de la vivienda”, con sus pisos de 30 metros, tiene mucho que ver con esta misma temática. La ley sobre la violencia doméstica también ha entrado en vigor con la puesta en marcha de treinta juzgados especializados. A partir de ahora, la agresión de un hombre a una mujer se penará el doble que la agresión de una mujer a un hombre. A esto, en lugar de estupidez, le llaman “discriminación positiva”.

Vale la pena preguntarse si en algún momento, algún día, no se sabe cuando, el gobierno entenderá que la mayor parte de este país es “normal” y que se trata de gobernar para la normalidad, no para la anormalidad. Si, como se acepta, el 3-5% de la población es gay, esto, no deja de ser “anormal” en relación al 97-95% de la población heterosexual. Se mire como se mire, lo “normal” es que las familias unidas por lo civil o por lo religioso, sean proyectos de vida en común, pensados para “durar”… no para divorciarse a los 10 años. Hoy se sabe que uno de cada cuatro matrimonios fracasan en los 10 años siguientes de contraído el matrimonio. Algo falla, evidentemente.

En este terreno, el ejercicio de la libertad personal (para divorciarse, para elegir a una persona del mismo sexo como compañero, para drogarse) no puede confundirse con el perder de vista, la normalidad, ni con el perjuicio que se pueda causar a terceros. El Estado, en tanto que expresión orgánica de la comunidad nacional, debe tener presente, sobre todo, lo que es normal, no lo “anómalo”: los derechos de los delincuentes que causan perjuicios a la comunidad, están por detrás de los derechos de las víctimas. Los derechos de los terroristas están por detrás de los derechos de las víctimas. Los derechos de los homosexuales están muy por detrás de los derechos de las familias heterosexuales. Todo Estado y toda sociedad tiene unas necesidades: la primera de todas, es la continuidad. Para que una comunidad nacional y el Estado que la encarna, tenga viabilidad debe priorizar los derechos de las parejas heterosexuales (las únicas en condiciones de engendrar) y los derechos de las familias (único marco apropiado para la especie humana en cuyo seno se puede asegurar la continuidad cultural de una sociedad).

ZP no entiende nada de todo esto. Ni lo entiende, ni probablemente le interesa, ni seguramente tiene valor para él, un tipo cuya mentalidad está repleta de tópicos de la izquierda utópica, y cuyo comportamiento está hecho del oportunismo tan característico de la socialdemocracia europea. Pero sería de desear que ZP, antes de que acabara la legislatura, advirtiera que una de las misiones del Estado es proyectar la comunidad nacional hacia el futuro y que una sociedad en la que la familia, los hijos y su educación (el caos insertado por el socialismo en la educación es antológico), estén en la picota (a través de la equiparación de los matrimonios héteros a las uniones gays, a través de la quiebra absoluta, total y completa del sistema educativo estatal, a través de la imposibilidad de formar familias con hijos que habiten en pisos de 30 metros, a través de facilitar el divorcio hasta extremos de hacer, prácticamente, inútil el matrimonio, etc.), es una sociedad inviable. La ceguera, la irresponsabilidad y la demagogia de ZP está convirtiendo a la sociedad española en inviable. La responsabilidad histórica que ha adquirido este presidente elevado a la poltrona gracias a un atentado, no deberá olvidarse en las décadas venideras. ZP, que ha pretendido pasar a la historia, mediante esta legislación “progresista”, será denostado por las generaciones venideras como el hombre que más hizo para desmantelar la sociedad española: y no sólo la familia. Cinco milloneas de inmigrantes son otro frente de desestabilización antropológica, económica y cultural, al que hay que pedir responsabilidad a ZP.

La normalidad se aleja de España

Tiene gracia, por que el otro día en un programa de TV catalana, un inmigrante de raza negra, bromeaba en torno a los homosexuales, pero decía una gran verdad, “lo que más me llama la atención son los maricones… en África no existen esas cosas”. No podemos reprochar a este africano que considere la situación que vive Europa en este momento, como anómala e incomprensible desde el punto de vista de la normalidad, Ahora toca el turno a los “transexuales”.

En la manifestación del “orgullo gay” (¿para cuándo una manifestación del “orgullo de la normalidad hétero?) lo que más suele llamar la atención son las “carrozas” sobre las que la anormalidad más absoluta muestra su enloquecimiento a quien quiere verlo. Este año, además, han llamado la atención las pancartas de los transexuales que piden “igualdad de derechos”. Y sobre esto, vale la pena realizar una reflexión.

Se empieza borrando del catálogo de enfermedades mentales a la homosexualidad y se termina “comprendiendo” las reivindicaciones transexuales y pagando las operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social. Una vez perdido el paradigma de normalidad, cualquier cosa vale. A nadie le puede extrañar que, a partir de ahora, el colectivo islamista reivindique algo tan alejado de nuestra tradición cultural y del respeto a la mujer, como es la poligamia, o que salgan otros que reivindiquen lo poliandria. ¿Y por qué no la pedofilia? Algunos colectivos gays ya han escrito que si la pedofilia es consentida ¿qué hay de malo?. Oiga, y ¿han visto la dulzura de la mirada de una vaca? Si estoy enamorado de una vaca, ¿por qué no voy a poder dejarle mi herencia cuando yo falte? ¿por qué no va a poder cobrar una pensión de la SS? ¿qué impide que consideremos a una vaca como una posibilidad, de entre muchas, de vivir en pareja una nueva forma de “matrimonio”? Y ¿qué me dicen de un besugo? ¿acaso sus labios no son mucho más atractivos y naturales que millares de labios recauchutados a base de chutes de botox? El hecho de que ame a un besugo y de que su hábitat natural sea una pecera, no implica que no aspire a una igualdad de derechos para mi pareja, en el fondo, nos amamos…

El límite de los errores de sexualización, es el transexualismo. Hombres de mentalidad con cuerpo de mujer, o viceversa, a los que una seudomedicina de la frivolidad pueden hacer cambiar de sexo: castrarlos a ellos, para, luego, abrirles en canal el pene, zurcirlo con la costura hacia el exterior y volverlo del revés, insertándolo en el interior del bajo vientre. Esto, unido a una sobredosis de lubrificantes, les permitirá –a los que sobrevivan a la natural tendencia de esta cicatriz a cerrarse y provocar todo tipo de infecciones- mantener relaciones sexuales “normales”. Esto y, naturalmente, un cóctel diario de hormonas capaces de alterar la sexualidad de un tercio de la legión, le permitirán llevar una vida “aproximadamente” similar a la de una mujer.

El problema de la sexualidad basada en los impulsos cerebrales, es que estos se estructuran en base a la acción de las hormonas que participan en el proceso de sexualización y de exteriorización de la sexualidad. Y como todo flujo hormonal, puede cambiar. ¿Quién no ha conocido a homosexuales que bruscamente se han casado? ¿o a heterosexuales con hijos que se han fugado con un representante de comercio gay? Pues bien, también es frecuente el caso de transexuales que hoy se sienten hombres y mañana mujeres… hoy se sienten “mujeres” y precisan bolsas de silicona en los senos e incluso una pizca de celulitis injertada en los muslos, mañana, sienten que han nacido para ser hombres de pelo en pecho y se deprimen al ver sus senos turgentes, sus pómulos convertidos en pitones, y así sucesivamente. El Estado no puede, permanente y preferentemente, atender a las reivindicaciones de gente que tiene problemas de identificación sexual. Como máximo puede tratarlos mediante psiquiatría y tratamientos hormonales… pero manteniendo siempre presente que la “normalidad”, no es el último capricho del transexual, sino la normalidad implícita en la naturaleza y en las sociedades humanas. Aquí hombres, allí mujeres. O viceversa. En absoluto: hoy hombre, mañana mujer, pasado no lo sé.

Y, a todo esto, tiene gracia que la Junta de Andalucía pague las operaciones de cambio de sexo con cargo a la seguridad social, mientras los tratamientos de optometría (que si son, en buena medida, un desgaste provocado por la edad y el trabajo) nos lo tengamos que pagar, precisamente, los que cotizamos desde jovencitos a la SS.

ZP y PZ ya se pueden casar.

Si los rizos de Bisbal atraen a millones de quinceañeras, los ricitos azabache de Zerolo, como mínimo tan trabajados como los de Bisbal, atraen solo la atención de unos cuantos dirigentes socialistas. Lo suficiente como para el presunto encanto de los rizos de Zerolo, haya generado un vuelco en la sociedad española. Las uniones gays son cualquier cosa (un lío, un rollo, una historia, una pareja, etc.) menos un matrimonio. Hubiera bastado que ZP se limitara a un decreto que admitiera la formalización de parejas de hecho homosexuales inscritas en un registro ad hoc, estableciera sus derechos, para que se hubiera llegado a la misma situación de igualdad para los homosexuales. Bastaba solo con eso: pero no era lo que quería Zerolo y el movimiento gay. Ellos tenían un “caprichito”.

Lo más gracioso es que Zerolo y sus mariachis consideran el matrimonio como una institución “anticuada”, superada e indeseable. Paradójicamente, aspiran a ella. En realidad, les interesa la equiparación a los matrimonios héteros, para vaciar a esta institución de contenidos y acentuar su crisis. Todo el mundo que conoce mínimamente el mundo gay, sabe perfectamente que las uniones homosexuales tienen corta duración, imposible de cuantificar en este momento, pero, desde luego, muy inferior a las uniones héteros.

La fragilidad de este tipo de relaciones las inhabilita completamente para las adopciones. La adopción es un derecho del adoptado, no de los cónyuges, homosexuales o héteros. Para que haya adopción viable, debe existir estabilidad en la pareja. Las uniones gays, en principio, da la sensación de que carecen en su inmensa mayoría de esa estabilidad. Claro, hasta ahora no existen estadísticas de la duración de las parejas gays… pero, a partir de ahora, si va a existir la posibilidad, año tras año de conocer la duración exacta de los “matrimonios” gays. Y no auguramos ninguna sorpresa, precisamente, sino la confirmación de que las uniones gays son efímeras, transitorias e inestables.

Pedro Zerolo está en la ejecutiva del PSOE por decisión personal de Zapatero. El chico no es ninguna lumbrera. A decir verdad, le interesa solo defender los “derechos del colectivo gay”, algo que hace insistentemente, pero con la limitación de argumentos propia de ese sector. Todos estamos esperando el próximo congreso socialista para comprobar si Pedro Zerolo repite en la ejecutiva del PSOE o se va con viento fresco una vez alcanzados los últimos objetivos de ZP: el desmantelamiento de cualquier rastro de paradigma “normalidad” en la sociedad española.

Que no lo dude, ni ZP, ni PZ: la sociedad española les pedirá responsabilidades por su tarea de demolición.

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© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Constantes geopolíticas en Oriente Medio (II de III)

Constantes geopolíticas en Oriente Medio (II de III)

Redacción.- Ofrecemos a continuación la segunda entrega de esta pequeña serie de artículos sobre el conflicto de Oriente Medio y sus repercusiones geopolíticas. En esta segunda parte entramos de lleno en la materia, después de la introducción que ha supuesto señalar, en la primera, los principales centros de tensión geopolítica mundial. Vale la pena repasar, pues, los principales episodios históricos de la zona, para desembocar en la crisis del imperio turco y llegar al papel estratégico del petróleo.

La encrucijada geopolítica de Oriente Medio

En la zona definida como Oriente Medio se cruzan distintos espacios geográficos diferenciados: de un lado, es una prolongación de África, de otro un anexo del Sáhara y, finalmente, una antesala de la Península Arábiga. En esta zona, hay rastros de civilización desde el siglo XVIII antes de JC. Vale la pena analizar las enseñanzas históricas aportadas por los pueblos que se han sucedido en la zona.

En esa época, se produjo la migración indo-europea hacia el Caúcaso que constituyó el imperio hitita durante los seis siglos siguientes. Los hititas dominaron el Próximo Oriente y terminaron por enfrentarse con el expansionismo egipcio. Este enfrentamiento culminó con el primer tratado internacional de paz suscrito por dos Estados. En efecto, el rey hitita Astill III y el faraón egipcio Ramsés II, firmaron en tablillas de barro cocido y planchas de cobre, el acuerdo de paz en ambos idiomas.

La zona recibió, posteriormente, la influencia de los intercambios comerciales con las diversas ciudades griegas y, mucho más la influencia romana que ocupó la zona hasta el siglo IV. Luego se disputaron la zona el islamismo y el cristianismo de la mano de civilizaciones árabes no musulmanas. Carlomagno y el Califa de Bagdad consolidaron las rutas hacia el Lejano Oriente que luego aprovecharía Marco Polo con su comitiva en 1271, en dirección a Cathay. Cuando eso ocurría, y desde el siglo XI al XIV, se sucedió la aventura europea de las Cruzadas. En 1097, Gregorio VII planeó una primera expedición a Oriente, pero no fue hasta 1096 cuando Urbano II convocó la primera cruzada. Más impacto tuvo la segunda cruzada proclamada por Eugenio III que libera los Santos Lugares. Durante los doscientos años siguientes, prosiguieron estos movimientos guerrero-religiosos, con distintas fortuna, hasta que a finales del siglo XIII, Jerusalén y Acre cayeron en manos de los islamistas y se desplomó el Reino Latino.

Estos movimientos fueron considerados de naturaleza militar y religiosa, pero eran también, indirectamente, pugnas por el control de zonas geográficas de tránsito. El comercio europeo no podía moverse hacia Cathay si aquella zona no estaba asegurada y controlada por un reino amigo.

Leopoldo Genicot había escrito comentando la situación de la Europa del siglo XIII: "fracaso o éxitos, estas empresas conllevaron consecuencias, la peor de las cuales fue la ruptura entre Occidente y el resto de Europa. Al nordeste, Rusia se apartó de Alemania y de Escandinavia que la habían atacado sin conquistarla, para orientarse -al lado de los mongoles que la había sometido en su mayor parte- hacia Asia y sus inmensidades. Permaneció cerrada al cristianismo romano, redujo probablemente sus transacciones con el Oeste. Polonia, que había escapado a los tártaros y se había enraizado en el catolicismo, se marcó decididamente al final del siglo XIII la frontera que una humanista (el florentino Buonaccorsi) llamaría "terra latina". Al sudeste, los mercaderes italianos se instalaron para el resto de la Edad Media en las islas del Egeo y a lo largo del Bósforo, del mar Negro y del mar de Azov. Pero en religión y en política, la distancia que separaba Constantinopla de Roma y Bizancio de Occidente, se amplió considerablemente".

A principios del siglo XIV, estaba claro que Tierra Santa se había perdido irremisiblemente para Occidente. El Islam había sufrido un increíble impulso adicionando a las tribus mongolas de Persia, y estaba claro para Europa que el camino hacia Oriente estaba cerrado. Fue poco tiempo después, cuando se inician las exploraciones y las conquistas europeas en Africa y América.

La situación no varía mucho hasta que el Imperio Turco da muestras de debilidad y empieza a tambalearse. Es a partir de ese momento, mediados del siglo XIX, cuando Turquía empieza a ser conocido como “el enfermo de Europa”. En el momento en que se produce esta situación, un simple conflicto entre monjes católicos y ortodoxos por el control de los Santos Lugares de Jerusalén, sirve como pretexto para desencadenar la Guerra de Crimea (1854/56). Los actores en conflicto son, de un lado Francia, Inglaterra y el Piamonte, y de otro la Rusia zarista. Para Francia es una cuestión de supervivencia. Desde la derrota en las guerras napoleónicas, éste país había intentado inútilmente recuperar el papel de primera potencia internacional. Napoleón III, logró ser el gran árbitro del Congreso de Paz de París suscrito en 1856. En ese momento, comenzó la apertura de los mercados turcos con la entrada del capital francés e ingles. Se obligó a Turquía a aceptar bajas tasas a la importación.

Las potencias imperiales europeas -Alemania, Francia, Rusia, Inglaterra- procuraron aprovechar la crisis del Imperio Otomano. Inglaterra se preocupó por asegurar sus intereses en Egipto y el control del canal de Suez, que le permitía llegar a la India, máxima aspiración de la corona inglesa. Alemania también se interesaba por la zona desde que construyó su unidad con Bismarck. Desde Bismarck, los estrategas geopolíticos alemanes habían propuesto la creación del ferrocarril Hamburgo-Berlín-Sofía-Constantinopla-Bagdad, concebido como un eje con capacidad para cortar en dos al Imperio Británico. Con leves modificaciones, el ferrocarril fue inaugurado a principios del siglo XX, por el Kaiser Guillermo II durante un triunfal viaje a Constantinopla. Gracias a esa política se convenció a Turquía de que orientara su política de expansión no hacia Europa, sino hacia los países árabes.

Pero, a partir del último tercio del siglo XIX, había entrado un nuevo elemento en juego. La industrialización había creado la necesidad del suministro petrolífero. Una nueva época se avecinaba.

El petróleo, fondo de la cuestión

EEUU estuvo aislado de la política internacional y sin ánimos de entrar en los juegos que excedían la Doctrina Monroe (“América para los americanos… del Norte”), hasta el gobierno del presidente Wilson. Eran los años en los que EEUU precisaba intervenir en la Guerra Europea para mejorar su zona de inversiones. Wilson, al redactar sus 14 puntos, base para la creación de la Sociedad de Naciones, evidenció su interés en intervenir en los asuntos internacionales. Sin embargo, era todavía prematuro y el congreso norteamericano rechazó la integración en éste primer organismo internacional. Debió llegar al sospechoso ataque a Pearl Harbour para que los EEUU se implicaran en la II Guerra Mundial y, a partir de aquí, influyeran decisivamente, no solamente en cuestiones de Europa (Plan Marshall) y América, sino en todo el mundo. A partir de ese momento, especialmente a partir de la Guerra de los Seis Días (1967), los EEUU consideraron a Israel como su aliado natural en Oriente Medio.

La URSS, por su parte, había fraguado una red de alianzas entre los países árabes que databa de los años 50, cuando apareció el socialismo panarabista de Gamal Abdel Nasser, y los partidos baasistas (sirio e iraquí) alcanzaron el poder. Pero, tras el desenlace de la Guerra del Yonkipur (1973), esta red de alianzas perdió a su eslabón más fuerte (Egipto) y los EEUU contaron con un segundo aliado en la zona. A la guerra árabe-israelí de 1973 siguió la primera crisis petrolífera y el primer embargo petrolero. Cuando ocurrió éste conflicto, hacía un año que el ejército y la flota inglesa, se habían replegado al Oeste de Suez, dejando a los norteamericanos encargados de custodiar la zona de Oriente Medio.

Pero es a partir de 1979 cuando se producen cuatro episodios en la zona de Oriente Medio que marcan el futuro hasta nuestros días:

1) Los tanques soviéticos cruzan la frontera afgana y establecen un gobierno prosoviético, revalidando la línea zarista de marcha hacia los mares cálidos del Sur.

2) Poco antes se produce la caída del Sha y la instauración de la primera República Islámica. Al cabo de pocos meses estalla la guerra irano-iraquí que se prolongará durante 7 años.

3) Finalmente, se produce la revuelta islámica de La Meca y dos años después, el asesinato de Anuar el Saddat en El Cairo, también por militantes islámicos.

4) La guerra civil del líbano que incendiaba a aquel país desde 1976, cobró nuevos bríos en noviembre de 1980 cuando se recrudeció la lucha entre fracciones cristianas y palestinas, primero, y más tarde, cuando el ejército sirio invadió el valle de Bekaa.

En aquel momento, Jimmy Carter, gobernaba en EEUU. Antes de que el inoportuno secuestro de ciudadanos y diplomáticos norteamericanos en Teherán por parte de “estudiantes islámicos”, lo eliminara de la carrera presidencial, Carter tuvo tiempo de enunciar la doctrina que lleva su nombre y que puede ser enunciada así: "Cualquier tentativa de un poder hostil encaminado a lograr el control sobre el Golfo Pérsico será considerado un ataque sobre los intereses vitales de los Estados Unidos y será repelido por todos los medios necesarios, incluido la acción militar". A pesar del “talante” liberal de Carter, su doctrina no se limitó a ser un principio teórico, sino que tuvo una traducción militar inmediata, constituyéndose la Fuerza de Despliegue Rápido (actual Comando Central) que concentra las operaciones militares en Oriente Medio. Países como Marruecos están incorporados en este Comando Central (no en vano Marruecos es la “fachada atlántica” del mundo islámico) cuyo radio de acción abarca bases aéreas en Bahrein, la Península Arábiga, hasta la base de Diego García, arrendada a Inglaterra.

La victoria de Reagan sobre Carter en 1983, trajo un cambio de “talante” y, así mismo, un complemento a la doctrina precedente que la reforzaba reconociendo implícitamente que el eslabón político más débil de los países de Oriente Medio era Arabia Saudí. Reagan declaró textualmente que: "Estados Unidos no permitirá que el régimen saudí fuera derrocado por disidentes internos como ocurrió en Irán". A pesar de que Arabia Saudí no era el principal proveedor de petróleo de EEUU (Venezuela le superaba), el suministro de crudo procedente de Oriente Medio, aseguraba la tranquilidad energética de EEUU.

Para EEUU había que mantener la estabilidad política de la zona: no habría más “revoluciones islámicas”, ni más intervenciones de unos países árabes en el seno de otros. Por eso, cuando ocurrió la invasión de Kuwait el 2 de agosto de 1990, el dispositivo norteamericano aprovechó para ponerse en marcha, no tanto en defensa de Kuwait, como por el riesgo que, a partir de ese momento, corría la estabilidad de Arabia Saudí. Sólo dos días después de la invasión iraquí, Dick Cheney (hoy vicepresidente y en la época secretario de defensa) convenció a la monarquía saudí para que autorizara la llegada de tropas norteamericanas y el establecimiento de bases avanzadas que, junto a la VI Flota, garantizarían la seguridad de la península arábiga.

Desde antes de los tiempos de Carter, EEUU consideraba al Estado de Israel como el “gendarme de la zona”. Esta política se basaba en el reconocimiento de que la opinión pública norteamericana difícilmente aceptaba la intervención en países remotos (evidenciada con las protestas airadas contra la Guerra del Vietnam), así pues era necesario delegar la “seguridad mundial”, en potencias locales: Brasil, el Irán del Sha, Corea del Sur, República Sudafricana, y, por supuesto, Israel en Oriente Medio.

A partir de los incidentes de 1979, era evidente que toda la geopolítica de la zona tenía un solo hecho central: el control del petróleo (si exceptuamos que el fondo del conflicto palestino-israelí: el control de los acuíferos de Gaza y de las aguas del Jordán necesarios para la supervivencia del pueblo palestino y también para el riego del desierto del Negev). A partir de 1979, todos los sucesos de la zona son inseparables del petróleo.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El tercer frente autonómico se ha abierto

El tercer frente autonómico se ha abierto

Redacción.- El recuento de los votos de la emigración no ha bastado para dar al PP el escaño necesario para gobernar en Galicia. La victoria de un PSG disminuido y de un BNG engordado por su papel de colaborador necesario para un gobierno autonómico gallego, abre el tercer frente autonómico, tras el Plan Ibarreche y el “nou Estatut” de Maragall. La centrifugación nacional ha dado otra vuelta de tuerca. La debilidad se paga; y ZP pagará su debilidad ante el nacionalismo y el independentismo.


Primeras reacciones de los vencedores

Quintana del BNG, a poco de conocerse los resultados del recuento de votos de la inmigración, ha cuantificado el agravio a Galicia en 41.000 millones de euros y, por si esto no fuera suficientemente ilustrativo, ha declarado que Galicia “no saldrá barata al gobierno central”. Por su parte, Pérez Touriño, de quien hasta ahora no se sabía ni su pensamiento, ni sus ideas, ni siquiera si pensaba o tenía ideas, hoy ha podido declarar que Galicia tendrá pronto “un novo estatuto”.

No hacen falta más declaraciones para saber exactamente lo que va a ocurrir en Galicia en los próximos meses. La apacible estabilidad de los últimos 16 años, ha terminado. Ciertamente, no todo han sido éxitos para el gobierno Fraga y, de hecho, da la impresión de que la estructura social gallega todavía sigue manteniendo rasgos de caciquismo atenuado y de voto clientelar. El PP podía haber perdido unas elecciones después del caso Prestige, tras el desgaste de tres lustros de poder y a la vista del caos interior que se ha enseñoreado del PP Gallego en el último año. Sin embargo, lo que da la sensación que ha causado la derrota de Fraga, no ha sido el desgaste de los años de gobierno (de hecho, Fraga ha ganado abultadamente a sus dos contenientes), sino la demografía gallega que, unido a sus 82 años, ha hecho que el voto joven migrara hacia las otras dos opciones, o simplemente, engordara la abstención.

Lo que espera a Galicia a partir de ahora ya lo podemos intuir: una coalición inestable, en la que el BNG pedirá mucho más de lo que el PSG está en condiciones de dar, pero que no tendrá más remedio que conceder, si quiere fraguar una mayoría estable en torno al gris Pérez Touriño. Sabemos que, problemas que no están en la sociedad gallega –la necesidad de “reforzar el autogobierno” o de un “nuevo estatuto”- aparecerán diariamente en los diarios, Sabemos también que los independentistas gallegos, irrelevantes políticamente y en regresión, van a convertirse en los perpetuos intemperantes de la política gallega.

Y sabemos, en definitiva, que el tercer frente autonómico se ha abierto.

Un respiro para el gobierno Zapatero

El PSOE puede muy bien alardear de que está gobernando en dos de las tres “autonomías históricas” (si es que aceptamos esa terminología torpona que considera que la “historia” empieza con la II República), solo que el PSOE gobierna en coalición con grupos independentistas y que en el País Vasco, Pachi López no hubiera tenido inconveniente en gobernar también con el PNV. En otras palabras: el socialismo en las autonomías gobierna con aquellos partidos que quieren destruir al Estado. La cuestión es que, en el Estado, el PSOE gobierna y, en tanto que partido de escala estatal, su principal enemigo son los independentistas: es decir, repetimos, los que quieren romper la unidad del Estado.

A nadie se le escapa que estas contradicciones van a pesar como una losa sobre el futuro del gobierno ZP. Y nadie duda de que, la victoria relativa en Galicia va a constituir un respiro autonómico para el gobierno ZP en los meses del verano y hasta el debate sobre el Estado de las Autonomías. Diferente hubiera sido si el escaño en litigio hasta hoy, hubiera caído del lado del PP. En esa circunstancia: con la presión del tripartito catalán, con el pacto del PNV con la extrema-izquierda abertzale, hubiera generado tal marasmo en la política autonómica y tal voluntad de reacción en los sectores socialistas partidarios de mantener la unidad del Estado (de momento ya se oyen ruidos de afiliados en Catalunya, Andalucía, Extremadura, País Vasco e incluso en la propia Galicia), que ZP hubiera pasado, sin duda, el peor verano de su vida a la espera de que las contradicciones autonómicas acumuladas en un año y medio de gobierno, le estallaran en la cabeza.

Pero no ha sido así. Lo que no quiere decir, que las contradicciones hayan desaparecido y que ZP siga siendo rehén de los independentistas de ERC y del “proyecto de diálogo” con ETA (esto es, de concesiones al nacionalismo vasco).

De espaldas a la opinión pública, de cara al oportunismo

Junio de 2005 ha sido un mes movido: manifestación en contra de la negociación con ETA por parte de la AVT, manifestación a favor de la unidad del Estado, con la excusa de los “papeles de Salamanca”, manifestación a favor de la familia y contra el proyecto de ley de uniones gay… Y ZP ha permanecido impasible, como si nada. Además de esto, el NO holandés y francés, ha aislado al presidente de gobierno español, que, por otra parte, ha visto como alguien no particularmente grato al socialismo español, Tony Blair, dirige el semestre europeo. Y ZP como si nada.

José María Aznar ya comprobó en su propia piel, lo duro que significa gobernar contra la opinión pública. Aún con la bomba del 11-M, Aznar hubiera seguido gobernando si su compromiso con Bush y Blair en la cumbre de las Azores no hubiera ido tan lejos. Pero Aznar, provisto de una cómoda mayoría absoluta, creyó que era inamovible y que no tenía porque escuchar el ruido de los pancarteros. Y esos pancarteros –más una bomba criminal y asesina- terminó por derrocarlo. ZP se enfrente ahora a una situación similar, sólo que la sociedad civil se está enfrentando de manera creciente a su “talante” ya superado y rebasado.

A ZP le toca ejercer el oportunismo propio de los oportunistas sin principios. Ese oportunismo que le hizo figurar bajo las pancartas del no a la guerra, ese oportunismo que le pegó al asiento al paso de la bandera americana, el mismo oportunismo que le llevó a promover leyes que favorecieran desmesuradamente a la minoría gay (3-5% de la sociedad), o a las feministas (gobierno paritario), etc. Es triste que el único éxito en la calle que puede tener el gobierno de aquí al, probablemente, nunca jamás, sea la próxima manifestación del día del orgullo gay, en donde legiones de travestidos, drags, exhibicionistas y demás, arropados por los progres rebañados en la cazuela del PSOE, formarán prietas las filas.

La debilidad agudiza los enfrentamientos, la blandura endurece las contradicciones

En quince meses, un gobierno que anunciaba su llegada para borrar la crispación de la sociedad, ha tenido un resultado completamente opuesto a lo que anunciaba: ETA, de estar literalmente acorralada, y políticamente ser una cero a la izquierda situado a la puerta del universo carcelario, se ha convertido en una organización con capacidad para “negociar” y con voluntad (y capacidad para seguir atentando). Es un mérito que se le debe a ZP. En quince meses, el aislamiento político español en el terreno internacional ha llegado hasta extremos absolutamente históricos: no solamente, España no tiene “gobiernos amigos”, sino que ni siquiera está claro en donde piensa el gobierno español encontrarlos. A todo esto, los saharauis, en plena intifada, son abandonados por el gobierno español, mucho más devoto de la defensa de los intereses de Telefónica, los hoteleros catalanes y canarios y el grupo PRISA (siempre PRISA), en Marruecos. La sociedad española que había normalizado las “parejas de hecho”, gays o no, bruscamente, se ha visto escindida en dos a causa de un proyecto absurdo, ridículo y poco meditado que equipara matrimonios heterosexuales a uniones gays. Mientras leyes que precisaban un endurecimiento inmediato (la ley de extranjería), se han convertido en un “papeles para todos”, leyes que exigían una rápida reforma (la ley del menor), ni siquiera está en los planes del gobierno, realizar una revisión mínima. Hay problemas autonómicos en donde antes no los había y los verdaderos problemas siguen irresolubles, han aparecido cientos de pequeños conflictos (o no tan pequeños) en los que las propuestas del PSOE chocan con la realidad más dramática: el transvase del Ebro (con parte de las inversiones ya realizadas) es sustituido por un insensato proyecto de implantación de desaladoras, justo en el momento en que la sequía se enseñorea de los campos de España; para colmo, al límite de producirse el “apagón analógico”, el gobierno concede un nuevo canal en abierto a PRISA, esto sin olvidar su posición ya dominante en el mundo de la radio.

El “talante” se ha transformado en apenas 14 meses en torpeza y debilidad. Y no es así como se van a resolver los problemas de este país. La debilidad ha hecho que en ese tiempo 1.500.000 de inmigrantes llegaran descontroladamente a nuestro país y la regularización masiva no pudiera absorberlos a todos. Así, el gobierno ha creado una demanda de trabajo, muy superior a lo que puede satisfacer la oferta de nuevos empleos. Las ganas de terminar por la vía del “diálogo” con ETA, se han convertido en argumentos para que la organización terrorista ataque a la desesperada. La pasión declarada por ZP por la “libertad de expresión”, no ha sido más que la excusa para conceder a PRISA un creciente oligopolio mediático. El diálogo con Marruecos, lejos de llevar a avances en las relaciones bilaterales, ha supuesto el fin de las esperanzas para el pueblo saharaui…

Habitualmente, la debilidad no lleva a situaciones de justicia, sino que conduce hasta más allá de la crispación. Tras la crispación está la fractura. Hoy, la sociedad española se encuentra en un tiempo de fractura. Tras la fractura viene el enfrentamiento: de momento los independentistas catalanes, vascos y gallegos, ya han apostado por el enfrentamiento. Y contra más debilidad perciban del gobierno central, más alto colocarán el listón.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Guinea Ecuatorial: las miserias del petróleo

Guinea Ecuatorial: las miserias del petróleo

Redacción.- Guinea ecuatorial es uno de los países africanos más pequeños, importante que nos interesa a efectos del presente artículo por dos motivos: de un lado por ser el único país africano que habla castellano y como paradigma de lo que ha supuesto para el país el descubrimiento y la explotación de petróleo. Aquello que hubiera debido ser una fuente de riqueza se ha convertido en la madre de todas las tragedias para Guinea Ecuatorial. En este artículo pretendemos denunciar una situación insoportable para la humanidad civilizada: Guinea Ecuatorial muere. En realidad, es toda África negra la que muere.

Desde 1993 se explota el petróleo guineano. Pero la población no goza de los beneficios de esta riqueza. Todo lo contrario: el 10% de la población está afectada por el SIDA y el 60% vive muy por debajo del umbral de la pobreza. Sólo la mitad de los niños van a la escuela. Y no debería ser así. Sin embargo, las “cifras macroeconómicas” también parecen aplicarse a Guinea Ecuatorial: la economía guineana crece a una velocidad supersónica y durante la última década ha experimentado el crecimiento más meteórico del mundo: ¡un 19%! Guinea es, tras Nigeria y Angola, el tercer productor de petróleo del África Subsahariana. Entre el 2000 y el 2003, Guinea duplicó su PIB. Pero estas cifras –como todas las cifras “macroeconómicas”- son engañosas. Los beneficios del petróleo van a parar a la oligarquía gobernante.

A mediados de los años 70, los soviéticos instalaron sus “factorías pesqueras” en Guinea, dispuestas con otras bases similares a cortar la ruta del petróleo hacia Europa en cuanto se desatara el conflicto que entonces se preveía. Cuando en 1980, el presidente Macías fue derrocado mediante un golpe de Estado palaciego, capturado y fusilado, todo inducía a pensar que el desastre de los trece años de su gobierno, quedaría superado gracias al talante democrático de los nuevos gobernantes y a la ayuda de los ”cooperantes” españoles. Pero dos años después, ya estaba claro que el talante se había disipado y que la ayuda española, llegaba pero no revertía en la población. Para colmo, Francia se introdujo en la zona directamente y a través de Hassan II que llegó a facilitar su guardia personal para la custodia de Obiang, el nuevo presidente. Guinea, no solamente se alejaba de la democracia y de los derechos humanos, sino que además, la tendencia iniciada en 1969 de empobrecimiento de la población seguía a marchas forzadas.

Los intereses de EEUU en Guinea Ecuatorial

El gobierno norteamericano acaba de reabrir su embajada en Malabo, cerrada en 1995 en protesta por la política de derechos humanos del presidente Teodoro Obiang. Sin embargo, en los últimos años, la situación de las libertades civiles en esta ex colonia española en Africa no ha dejado de empeorar. El cambio de política del gobierno norteamericano hacia Guinea Ecuatorial se debe a que éste país se ha convertido en el tercer productor de petróleo del Africa subsahariana y ha cedido mayoritariamente la explotación del recurso a empresas norteamericanas. Amnistía Internacional no ha cesado de denunciar en estos años la aplicación sistemática de la tortura a los opositores, el incremento de los presos de conciencia, la ausencia de una Justicia independiente del poder político y la desembozada censura que el gobierno dispensa a la prensa opositora. El último embajador norteamericano con sede en Malabo había sido John Bennett, un diplomático que había sido acusado por las autoridades locales de ejercicio de la brujería, por lo que fue declarado persona no grata. Washington decidió entonces retirarlo del país. En la actualidad, trabajan 3000 ciudadanos norteamericanos en Guinea Ecuatorial, sobre todo en el sector petrolífero. La sede diplomática fue instalada en una suntuosa residencia alquilada a un familiar directo de Obiang.

En los años noventa la presión internacional sobre Guinea se centró en la necesidad de democratizar la nación y mejorar los derechos humanos. A esto se unió la retirada del país del Banco Mundial y la embajada norteamericana. Sin embargo, en el mismo año en el que Washington cerraba su embajada, se producían los primeros descubrimientos de petróleo en las costas de Guinea Ecuatorial. Desde entonces, las inversiones francesas y norteamericanas han estado fluyendo en el país. La mejora de la relación entre Malabo y Washington se demostró luego cuando Guinea Ecuatorial firmó un acuerdo de impunidad con el gobierno norteamericano, para evitar que ciudadanos norteamericanos sean procesados por el Tribunal Penal Internacional.

La empresa petrolera Marathon Oil fue, a partir de entonces, la más interesada en la reanudación de las relaciones bilaterales. En junio, Marathon invitó a Obiang y a algunos de sus ministros a visitar EEUU. Marathon Oil, con sede en Houston (Texas), en 1997 ocupaba el puesto 36 en una clasificación mundial de empresas petroleras, pero en 2001 aparecía en el puesto número 10. En 2001 adquirió por 993 millones de dólares los activos guineanos de la compañía CMS Energy y el 20 de junio de 2002, por otros 155 millones, los de otra pequeña empresa (Globex). En septiembre de 2002 el gobierno guineano aprobó una ampliación de las capacidades del yacimiento Alba y una segunda fase de ampliación estará disponible a finales de 2004. Hoy, Marathon Oil dispone del 63,33 % del bloque A (Alba), el 47 % del bloque D (contiguo al A), el 52,4 % de una fábrica de condensados, el 45 % de la fábrica de metanol Atlantic Methanol Production y el 52,2 % de una fábrica de gas de petróleo licuado procedente del refinado del petróleo bruto, un combustible considerado "limpio".
Actualmente tienen intereses en el país: Marathon Oil, Amerada Hess, Exxon Mobil, Chevron Texaco, Vanco Energy, Ocean Energy, Energy Africa y Petronas. Las seis primeras son norteamericanas, Energy Africa tiene su sede central en Johannesburgo y Petronas (la última en llegar) es malaya. España, a pesar de la ayuda prestada desde 1980, está fuera del mercado petrolero guineano.

Pero, lo que, en principio, debía de ser una fuente de riqueza para el país, se ha convertido en fuente de desgracias. Le Monde escribía en 2003: "Al margen del oro negro, nada tiene interés para las autoridades guineanas. La economía del cacao está casi olvidada. No se exporta ni una tonelada de café. Los trabajos en torno del sector maderero están abandonados. (...) La gestión de los ingresos procedentes del petróleo sigue tan oscura como siempre. El Banco Mundial no aprecia ninguna repercusión positiva en los indicadores sociales. La mortalidad infantil, por ejemplo, sigue siendo superior a la media del Africa Subsahariana ".

En enero de 2003 se supo que el presidente Obiang mantiene una cuenta en una sucursal de la Banca Riggs, en Washington, cuyo saldo en los últimos dos años ha oscilado entre los 300 y los 500 millones de dólares. Según la prensa norteamericana, se trataría de ingresos procedentes del petróleo depositados por las compañías internacionales que actúan en Guinea Ecuatorial, entre ellas Exxon Mobil y Amerada Hess. La administración norteamericana, ha hecho la vista gorda ante estas ilegales acumulaciones de capital. Y es que el interés de EEUU por Guinea, va más allá de lo estrictamente petrolero y se adentra en el terreno de la cooperación militar. Inicialmente, la presencia militar ha sido protagonizada por empresas privadas, en concreto por la Military Professional Ressources Incorporated (MPRI), sociedad privada norteamericana integrada por militares retirados que asesoran a la marina guineana en el manejo de guardacostas. La zona es vital para los intereses económico-militares de EEUU. El Pentágono calcula que en el 2015, los EEUU recibirán de la zona del Golfo de Guinea el 25% de sus importaciones de petróleo…

El drama africano y el petróleo

Durante el período colonial, Europa organizó económicamente África de tal forma que cada uno de los territorios se había especializado en la producción de un bien particular destinado a suplir las necesidades de materias primas de las metrópolis. Luego de la descolonización y como consecuencia de la herencia colonial, las economías de los países africanos han dependido casi exclusivamente de la producción agrícola y la explotación de ciertos minerales como el oro y los diamantes. Dentro del total del comercio mundial, la participación de África descendió del 4 al 2% durante la década de 1990, y actualmente, si se excluye a Sudáfrica, Egipto y Nigeria, esta participación es cercana al 0%. El descubrimiento de petróleo en África está sirviendo para reinsertar al continente en la economía mundial.

A partir de la crisis venezolana y de la inestabilidad en Oriente Medio y en el Cáucaso, tanto EEUU como el resto de países industrializados, se han visto obligados a diversificar al máximo las fuentes de obtención de petróleo. La producción de petróleo en el Golfo de Guinea (Nigeria, Congo, Gabón, Camerún y Guinea Ecuatorial) sobrepasa los 4,5 millones de barriles diarios y supera a la de Irán, Arabia Saudita o Venezuela. EEUU importa hoy el 15% de su petróleo de esta región. En el 2.000, la UE importaba el 22% de su petróleo de los países del Golfo de Guinea.

El petróleo ha sido una fuente de conflictos para los países de la zona desde que se descubrió en Nigeria en 1960. La escisión de Biafra en 1967, y la guerra que siguió, causando cientos de miles de muertos, tuvo como desencadenante, el petróleo. Hoy, Nigeria, es el 7º productor mundial de crudo y el 4º en exportaciones a Estados Unidos. Sin embargo, aún hoy, el contencioso es susceptible de revitalizarse en cualquier momento, a causa de la disputa territorial entre Camerún y Nigeria, a causa de las reivindicaciones del primero sobre la península de Bakasi (Biafra).

Las reservas de petróleo en la zona ascienden a más de 500 millones de barriles e incluso hay previsiones que las elevan hasta 1 billón. Después de Oriente Medio y del Cáucaso, ésta es la tercera reserva mundial de crudo. Y el azar ha querido que Guinea Ecuatorial sea uno de los países con más reservas en la zona. En breve, Guinea producirá 500.000 barriles de petróleo al día. Esto permitió que en 2002, la economía guineana, creciera el 34% en el 2002, la tasa más alta del mundo en ese período.

Este aparente despegue económico, no ha mejorado la situación de los derechos humanos en el país. Detenciones y torturas sin ningún tipo de cortapisa, juicios celebrados sin garantías procesales suficientes, restricciones de todo tipo a las libertades fundamentales de la población y una corrupción generalizada, hacen incomprensible el silencio de EEUU y de los países europeos, que ven en Guinea a un futuro proveedor de petróleo. De ahí que ningún gobierno occidental denuncie que, entre el 60 y el 80% de los ingresos del petróleo, se quedan en manos del clan guineano de gobierno y que este dinero nunca llegue a la población más necesitada del país.

Este caso no es único en Africa. Si, como se preveía hace 7 años, el petróleo podía reinsertar a Africa en la economía mundial, en la actualidad, no existe la menor duda de que, absolutamente ningún gobierno africano, tiene la intención de “compartir” el petróleo con la población ni mucho menos utilizarlo como recurso para lograr el desarrollo de sus respectivos países.

El drama guineano y el desinterés español

Cuando se inició la explotación del petróleo, el Obiang explicó que el país iba a experimentar profundas transformaciones económicas. El 12 de octubre de 1998, Obiang, que ya por entonces se embolsaba los gigantescos beneficios generados por el petróleo, explicaba: "El petróleo no llevará dinero al pueblo, pero sí ayuda a éste para que la actividad del campo tenga mayor valor económico para el productor. El dinero del petróleo nunca se repartirá a la población como erróneamente muchos creen; con ello queremos animar al pueblo para que trabaje con ahínco la agricultura para que se beneficie del dinero del petróleo, por que es el Estado el único que emplea los ingresos de este producto para potenciar la economía nacional y prestar los servicios sociales al pueblo y no para el consumo directo de la población". Era evidente que Obiang no pensaba distribuir la riqueza. Y en eso está.

Hasta el 2003, el país no tenía participación en la producción y, tras esa fecha, asciende solamente al 10% de las exportaciones. No existen impuestos a las exportaciones con lo cual el FMI calcula que sólo entre enero y mayo de 1998, el país ha perdido unos 400 millones de Euros. El gobierno no supo –o no quiso- negociar mejor los contratos con las petroleras. Mientras los demás países de la zona establecen una proporción para el Estado de más del 50% del volumen neto de petróleo, Pues bien, a pesar de lo mal que se ha negociado con las petroleras americanas, los ingresos actuales de Guinea Ecuatorial dependen casi exclusivamente de la producción de petróleo.

Guinea –ecuatorial, única excolonia española en el Africa Subsahariana, agoniza hoy, como agonizaba en 1980, cuando el gobierno español facilitó y alentó el golpe de Obiang. Miles de millones de los presupuestos nacionales españoles se han invertido en “misiones humanitarias” en Guinea Ecuatorial. Todo, no ha servido para casi nada. El gobierno Obiang que subió denunciando la corrupción y el despotismo de Macías, es hoy, como mínimo, tan corrupto y despótico como lo fue aquel. Solo que España mira a otra parte. Como en el Sahara Occidental hoy y como en Ceuta y Melilla ¿mañana?

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El principio del mando y la organización política

El principio del mando y la organización política

Redacción.- El mando puede definirse como el ejercicio autoritario de una función jerárquica. El “principio del mando” es el principio de organización y conducción políticas según el cual el titular del mando, en cada nivel, tiene plena libertad de aplicación, y por tanto de adaptación de las órdenes recibidas, plena libertad de iniciativa y, como contrapartida, una responsabilidad total en su esfera de acción. El principio del mando es esencial para la conducción política, ahora bien…


Liderazgo en condiciones democráticas

En las actuales circunstancias, aparece como evidente que el liderazgo de una organización identitaria debe ser un liderazgo enfocado hacia la competición electoral. Es evidente que la imagen del líder, proyectada sobre sectores sociales concretos, es la que debe de atraer votos hacia un cartel electoral, pues, para bien o para mal, nunca como ahora, el destino de una opción ha estado ligado a un rostro concreto.

Harina de otro costal es, si la organización política adopta el mismo principio que regía en las antiguas sociedades indo-europeas. Al “rey” (esto es, a lo que hoy sería el rostro del cartel electoral), se le añadía un “dux bellorum” o el “heretigo”, que asumía la dirección del ejército en momentos excepcionales (lo que hoy sería la conducción de la organización política).

Este viejo principio de las sociedades tradicionales europeas, tiene hoy su traslación a los modernos partidos democráticos: una cosa es la cabeza de lista electoral, el candidato, imagen y rostro público del partido; y, otra muy distinta, el motor de la organización política que lo promueve. Habitualmente, esta doble función se representa mediante las figuras del “secretario general” y del “secretario de organización” o bien del “Presidente” y del “Secretario General”, uno se vuelca hacia la proyección exterior, intentando ganar votos y el otro, mueve el aparato interior; uno se proyecta sobre la sociedad y el otro dinamiza al partido. Tres mil años no han sido suficientes para borrar de nuestra herencia genética el recuerdo del estilo de organización de nuestros ancestros…

Pero esto tiene algunas implicaciones: la imagen que se proyecta públicamente debe tener determinadas características (edad, perfil profesional, patrimonio personal, capacidad oratoria, ingenio, carisma, capacidad de seducción, sutilidad personal, etc.) que no todo el mundo tiene y, aún teniéndolas, debe de tener también una mezcla de idealismo y ambición, por que el ejercicio del liderazgo le va a robar parcelas de intimidad personal y le va a obligar a un ritmo de vida que no es el habitual. En este sentido, es bueno que el líder sea ambicioso: cualquier persona que carezca de ambición está inhabilitado para el liderazgo… ahora bien, no basta solo con la ambición, a ésta debe precederle las condiciones requeridas que acabamos de enunciar. Cuando la ambición es la única cualidad, frecuentemente el liderazgo frustrado desemboca en paranoia y espíritu de secta.

La figura del motor de la organización es distinta. En las organizaciones políticas suelen confluir cuatro tipos de personas: el líder, el funcionario, el intelectual y el activista. Sea cual sea, el tipo de asociación, desde un club de ajedrez a una maquinaria política de primer orden, siempre encontraremos estos cuatro tipos de militantes. Estos cuatro tipos deben estar equilibrados en una dirección política: si están presentes en peso decisivo los activistas, la organización tendrá un perfil excesivamente militante y su imagen será poco electoral; si los intelectuales pesan demasiado, estaremos ante un círculo cultural, más que ante un partido que busca sobre todo ocupar parcelas de poder; si estamos ante militantes con mentalidad funcionarial, lo que saldrá de ahí será una pequeña maquinaria de relojería sin capacidad de proyectarse sobre las masas; y si el partido tiene demasiados “tribunos”, las escisiones se sucederán una tras otra.

En un partido democrático, los congresos bienales constituyen la DIRECCION ESTRATÉGICA DEL PARTIDO. No son otra cosa: en ellos, representantes de la militancia, deliberan y votan ponencias que orientan la trayectoria del partido en los dos años siguientes. Y eligen una dirección. Esa dirección debe ser equilibrada: debe de contener a activistas (por que el partido deberá realizar una tarea militante y expansiva), debe contener a funcionarios (por que hará falta una gestión administrativa y unos protocolos de afiliación, y encuadramiento), debe contener a intelectuales (por que el día a día hará que el partido deba definirse en relación a la actualidad siempre cambiante) y, finalmente, debe contener líderes (que sean indiscutibles dentro del partido y que, como mínimo, sean respetados en el entorno de simpatizantes). La política democrática tiene una LEY DE ORO: EL EQUILIBRIO. Cuando en el interior de un partido, se rompe el equilibrio de tendencias, y un estilo quiere imponerse sobe los demás, ese partido está condenado a la esterilidad.


Autoestima y objetividad

De lo anterior se deduce que NO TODOS SERVIMOS PARA TODO. En las dos columnas de acceso al santuario de Delfos, estaban escritas dos filacterias con sendas leyendas: “Nada de más” y “conócete a ti mismo” que resumían el pensamiento dórico, con su cortante simplicidad: nada de superfluo y un perfecto conocimiento de las propias posibilidades, eran las leyes de oro de la cultura clásica. Hoy, por supuesto, siguen vigentes.

Habitualmente, el sistema de enseñanza que padecemos no tiene como finalidad, el que el sujeto tienda a conocer sus posibilidades, aquello para lo que está adaptado, y siga su vía: frecuentemente hemos visto como el fracaso estudiantil en algunas carreras supera el 50% y como a una edad avanzada muy pocos conocen su verdadera vocación. Eso implica un déficit de conocimientos sobre uno mismo.

Así mismo, ese déficit de conocimiento, unido a una autoestima sobrevalorada, lleva a peligrosas confusiones sobre las propias capacidades. También aquí debe existir un equilibrio entre “autoestima” (la valoración del propio yo) y “conocimiento de uno mismo” (el realismo en relación a las propias posibilidades personales). Es bueno que la autoestima sea alta en las personas… pero mucho mejor que venga acompañada por una valoración objetiva sobre el propio yo y sobre las posibilidades reales que lo adornan.

El líder nato es aquella persona que una alta autoestima a un alto nivel de posibilidades personales. Contra más se reducen estas posibilidades personales, más debe autolimitarse el “líder” en la escala jerárquica. Es evidente, por ejemplo, que el presidente de gobierno carece de carisma, preparación, incluso inteligencia suficiente para ocupar un cargo que verosímilmente le viene grande, y esto genera una situación de deterioro político en España, desde el 14-M. Por su discurso plano, ingenuo rayano en lo infantil, tópicamente progre, ZP no pasaría de ser un concejal mediocre de su ciudad, León, y poco más. Su ego, propio de un iluminado, le ha servido para encaramarse sobre otros competidores, pero una vez en el cargo… no ha dado la talla y, poco a poco, se irá redimensionando como un concejalillo de provincias sin más historia.

¿Por qué alguien que no tienen condiciones suficientes alcanza el liderazgo? Por tres motivos el primero, por falta de competencia (es el caso de ZP cuando en el congreso de 2001 del PSOE, nadie creía que podrían batir al PP y, por tanto, candidatos de reconocida valía se retiraron para dar paso al ambicioso recién llegado de que nadie dudaba que se rompería los dientes en la primera elección), el segundo por un manejo de los resortes burocráticos (es el caso de Stalin, cuya preparación política era muy inferior a su ambición personal y que supo colocar a sus peones en lugares clave y en momentos clave para resultar elegido secretario general del PCUS y luego, ejerció un poder omnívoro y totalitario para desembarazarse de sus rivales, basado en la purga y la represión) y, finalmente, por ambigüedad (alguien que ha sido eficaz en un determinado nivel jerárquico, cuando ambiciona otro escalón superior que ya no corresponde a su capacidad, suele ser apoyado por quienes todavía no han advertido que lo que hasta ese momento era preparación, a partir de ese momento va a ser inadaptación para el cargo).

El problema, a fin de cuentas, no es que el líder logre ser reconocido como tal, sino que, una vez en el pedestal… dé la talla y haga avanzar a la formación política. En realidad, el liderazgo se confirma con la “prueba del nueve”: el éxito.

No todos servimos para el liderazgo, en ocasiones el sujeto prudente se coloca en la fila que le corresponde, ni más adelante, con el riesgo de evidenciar falta de esas cualidades que no posee, ni más atrás, haciendo gala de falta de responsabilidad y eludiendo compromisos.

El liderazgo y la eficacia

El 2% de individuos en las sociedades occidentales, son psicópatas integrados. Muchos de ellos ejercen posiciones de mando en empresas, asociaciones y colectivos. En este mismo dominio, en su momento, ya hablamos de los psicópatas integrados Psícopatas entre nosotros: el riesgo de los psicópatas integrados. Es un tema peligroso, porque frecuentemente, tienden a sobrevalorar su ego, y actuar a despecho del daño que puedan causar, a terceros, a colectivos enteros o a otras personas. Su falta de empatía con el medio en el que se mueven, unido a la sobrevaloración de su propio ego (algo muy diferente a la autoestima), hace que utilicen a terceros como arietes, les importa más mantener sus posiciones personales que las de la organización en la que están encuadrados y, se atrincheran, identificando sus intereses personales con los de su organización. Durante el felipismo vimos como en distintos niveles de la administración aparecieron personajes con todos los rasgos del psicópata integrado: con una capacidad para mentir absolutamente desmesurada, capaces de negar la evidencia y lo obvio, utilizando a sus subordinados como peones sacrificables, absolutamente desaprensivos con el manejo de fondos reservados, etc. De todo este período derivó el hundimiento final del felipismo, etapa oscura y corrupta de la historia de España.

Por qué se produjo esta degeneración final del felipismo: por la sencilla razón de que para ocupar un cargo público se exigía una lealtad más allá de toda medida a quien lo había dado, a cambio podía saquear su área de influencia: la dirección de la Guardia Civil, los fondos reservados de Interior, las arcas del BOE, lo expropiado (RUMASA) o, simplemente, entrar en formas de chantaje puro y simple (Caso Hacienda).

Existe un problema ético: ¿qué está por encima? ¿la legalidad o la eficacia? ¿Qué es mejor: un gobierno legal pero incapaz o un gobierno de facto pero eficaz? A nivel de principios, parece claro que la legalidad es lo único a considerar… pero, solo en principio. En una situación de degradación política, social y económica, si se vuelve a preguntar que está antes la legalidad o la eficacia… los menesterosos contestarán sin duda que la eficacia. En realidad, es preciso trasladar los términos de la pregunta: la eficacia legitima aquello que ha entrado en crisis por muy legal que sea.

Es en estos términos precisos que hay que situar, por ejemplo, el análisis histórico del franquismo: gobierno de facto (es decir, ilegal) que llevó a España de la carreta y la alpargata al desarrollo industrial (es decir a la eficacia), concentrando poderes y anteponiendo el derecho a comer a las libertades políticas. O el caso del gobierno de la República Popular China: “un Estado, dos sistemas”, es decir, máxima rigidez política, planificación del desarrollo, para lograr la hegemonía económica en la zona. Nadie pasa de la alpargata, al ordenador portátil, sin etapas intermedias caracterizadas por la planificación rígida del desarrollo: esto fue lo que ocurrió en la España franquista. El hecho de que la transición se realizara mediante el consenso de los sectores del franquismo y de la oposición democrática, implicó que, en la práctica, la ilegalidad franquista del 18 de julio, había conquistado una mayoría social que imposibilitó la ruptura democrática y, por tanto, obtuvo carta de legitimidad.

No digamos, lo que ocurre cuando a la ilegalidad se une la ineficacia… Obiang Nguema es, sin duda, el paradigma de la ilegalidad (conquista el poder hace 25 años con un golpe de Estado, exorcizando a sus fantasmas tribales mediante el juicio, expulsión y fusilamiento de su tío, Macías, no logra sacar al país de la miseria y, para colmo, el hallazgo de petróleo –producto estrella- sirve solo para aumentar las rentas personales del tiranuelo: ilegalidad e ineficacia, catástrofe al cuadrado…

Liderazgo y conducción política

¿Qué hacer cuando no existe un liderazgo claro en una organización política? Es posible, por ejemplo, que en una organización no exista un cabeza para el cartel electoral y, sin embargo, exista un aparato militante aceptable. En ese caso, hay que ser extremadamente realistas: esa opción no avanzará mucho más allá de un cierto límite. Así pues, debe preocuparse por encontrar a la persona que pueda encabezar el cartel electoral. Si no lo tiene dentro, deberá buscarlo fuera, especialmente en este momento, en el que la política democrática y electoralista se basa solamente en la proyección de rostros y personalidades sobre el cuerpo electoral.

En las actuales circunstancias, cuando insistimos en abordar procesos de FUSION COHERENTES Y EN FUNCION DE PROGRAMA, IMAGEN Y ESTRATEGIA, lo estamos proponiendo precisamente por esto, por que no hay un liderazgo completo y, por tanto, no hay posibilidades de estructurar un cartel electoral con garantías suficientes de éxito. Repetimos: “procesos de fusión coherentes”, lo que quiere decir, basados en un programa común, en una imagen aceptable para la sociedad y en una estrategia lúcida y perfectamente establecida… no en el acuerdo apresurado y sin elaboración de documentos, de dos personas a espaldas de sus respectivas organizaciones. Eso, históricamente, siempre ha llevado a situaciones de fractura interior.

La eficacia del liderazgo se demuestra de cara al exterior, en un avance real de la opción (mayores porcentajes electorales, concejales, diputados, aumento de la afiliación y del peso político, etc.), y se mantiene o se diluye si la conducción política es correcta o no lo es. Una conducción política correcta tiene que estar pendiente de los cambios políticos, sociales y económicos que se operan en la sociedad, debe de tener una alta capacidad de análisis y adaptación y debe, sobre todo, de estar bien dotado para la táctica diaria. De lo contrario, lo que se tiene hoy, puede perderse mañana, lo avanzado un día, se convierte en fracaso al siguiente porque las condiciones han cambiado.

Está claro que el liderazgo en la sociedad debe basarse también en lo que podríamos llamar una superioridad ética y moral del candidato: no se trata solo de que “dé” una imagen aceptable, sino de que “tenga” esa imagen. En otras palabras: se trata de predicar con el ejemplo, o mejor dicho, de ser ejemplo de lo que se predica. Solo siendo ejemplo se puede hablar a un auditorio, al electorado, interpretando aquello que necesita oír, aquello que está pensando, sólo así se logra identificarse con los problemas populares y dar respuestas sencillas a problemas complejos. No se puede predicar moralidad, siendo un depravado o un obseso (la alusión a Clinton es paladina), no se puede hacer de la defensa de la familia un reclamo y de paso ser un maltratador o un cliente habitual al putiferio de la esquina (casos no han faltado en los partidos mayoritarios), no se puede exigir moralidad a la clase política y saquear los fondos del propio partido o de las instituciones que se administran (algo muy habitual en la Catalunya de Maragall y en la UDC del período anterior). El lider, además de tener ambición, autoestima y capacidad, debe de ser el ejemplo de lo que predica.

Está claro que, eso sigue sin bastar: un líder no podrá ejercer su liderazgo, sin un programa político que encaje objetivadamente con un sector de la sociedad de su momento. De ahí la necesidad de realizar un análisis sociológico del cuerpo electoral y elegir aquellos sectores, como “target” electoral, a los que mejor pueda llegar el mensaje identitario SIN COMPETENCIA ALGUNA. Esos son los “sectores sociales preferenciales” en los que debe concentrarse la publicidad y las iniciativas del partido. Las necesidades de un partido que aspira a la mayoría absoluta, son muy distintas de las necesidades de un partido que aspira solamente a ser el contrapeso a los partidos nacionalistas e independentistas. Así pues, la sociopolítica, en tanto que ciencia auxiliar de la política, no puede estar ausente de un proceso de conducción política.

¿Fidelidad a la persona o al programa?

Toda sociedad, partido, corporación, tiene unas reglas del juego definidas en sus estatutos y en el caso de un partido político, definidas en sus documentos fundacionales, en su programa, en su línea estratégica y en su imagen. Así pues, cuando alguien se afilia a una organización política, se afilia por identificación con todos estos elementos. En tanto que, direcciones estratégicas de la organización, los congresos son esenciales porque en ellos se renueva la línea política, la dirección y el programa, básicamente. Tras cada congreso, resulta evidente que los afiliados deben volver a plantearse si los ideales de la organización, que a partir de ahí, se han readaptado y/o renovado, siguen siendo los propios y actuar en consecuencia: si creen que la organización ha cambiado tanto que se ha alejado de lo aquello con lo que ellos se habían identificado, está claro que deben abandonarlo o bien, resignarse a estar en minoría. De ahí la necesidad de que los fundadores de un partido, aseguren el que, por muchos cambios que se produzcan en ese partido, la formación no se alejará mucho de los ideales originarios. Por eso, en los estatutos se suelen introducir cláusulas que limitan los cambios: por ejemplo, para alterar los estatutos debe alcanzarse 2/3 partes de los votos (algo que también y, con mucho fundamento, está contenido en la constitución española).

Esta claro que en los partidos democráticos lo que los afiliados deben es una fidelidad a los estatutos, los ideales, los documentos y el programa del partido, que pueden ser representados públicamente por uno u otro rostro. En un partido lo importante y esencial, es lo que pretende, el modelo de sociedad que aspira a construir y el programa mínimo, todo lo demás es aleatorio y mutable. En el momento en que un líder exige una fidelidad desmesurada y fuera de toda medida y una confianza ciega a sus subordinados, concentrando y acumulando todos los poderes habidos y por haber… en ese momento, no hace falta ser un técnico para saber que esa organización está condenada a desaparecer o a transformarse en una pequeña secta de acólitos.

Está claro que, en toda agrupación política, debe de existir un mínimo de cohesión vincular entre sus miembros y, por tanto, un mínimo de sentido de la lealtad hacia el mando. El problema consiste en no confundir lealtad con servilismo, ni hablar franco y leal, con fidelidad perruna. El militante tiene la obligación ética y moral de participar en la línea política y en la marcha de su organización y tiene también la obligación de advertir cuando la línea emanada desde la dirección se aparta de los motivos que dieron vida a su formación política. Callar no es remarcar la fidelidad al mando, sino actuar irresponsable y acríticamente; hablar por aquellos canales abiertos supone testimoniar fidelidad a la organización en la que se milita.

Mas claro, agua.

© Ernesto Milá infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Necesidad de una teoría sobre la organización

Necesidad de una teoría sobre la organización

Redacción.- En los años 1981-82 la extrema-derecha entró en crisis y desapareció del panorama político. A partir de entonces se abrió un período de reflexión y reconstrucción que todavía dura. Desde entonces, el único hecho verdaderamente nuevo, es la reconversión de un sector de la extrema-derecha en “otra cosa”, no por mero pragmatismo, sino como resultado de la aplicación de la teoría de la “autonomía histórica”. Proponemos unas reflexiones sobre este tema.


Un sector huérfano de éxitos y de ideas

Si 1978-80 fueron los “grandes años” de la extrema-derecha española, ello se debió a un hecho objetivo: las dificultades de asentamiento que estaba encontrando la democracia española y la proximidad al franquismo que se veía como un período de orden y prosperidad. A eso se unión el que algunos sectores del franquismo, no aceptaron la profunda transformación que imprimieron en este sector el tandem Fraga-Suárez (hermanos separados y rivales) e intentaron mantener con vida los ideales del franquismo. Ese fue el factor subjetivo que se añadió al factor objetivo (las dificultades de la transición) y al factor voluntarista (miles de personas que deseaban “hacer algo”), y dio como resultado loa “años dorados” de Fuerza Nueva.

Pero eso, era evidente que se iba a acabar y que, a partir de la victoria socialista y del golpe del 23-F, la transición quedaba concluida y con ella las esperanzas de los que lo fiaban todo al golpe militar y a que las dificultades de adaptación democrática proseguirían in aeternum. En ese punto se disuelve Fuerza Nueva. A partir de entonces, ningún partido logra reconstruir una situación de iniciativa estratégica y, poco a poco, se van perdiendo todos los peones utilizados por la extrema-derecha de la época: El Alcázar, La Nación, distintas editoriales, personajes públicos, etc.

Nuestra tesis es que desde entonces la extrema-derecha no ha logrado levantar cabeza porque no han existido ideas nuevas para dinamizarla. Todos los líderes y lidercillos que se creían llamados a presidir los distintos partidos, seguían sin tener una idea exacta de lo que era la lucha de partidos en un marco democrático y lo han ignorado todo sobre la técnica política. Eso y que no se ha producido una renovación de ideas, en general, porque, previamente, tampoco la extrema-derecha se había caracterizado (salvo sectores muy minoritarios, casi diría marginales), por sostener “ideas”, sino más bien por enrocarse en principios visceralmente defendidos. Con posteriores, al no aparecer ideas nuevas, difícilmente se podía trasladar a la sociedad, un mensaje que estaba mal perfilado, peor matizado y desastrosamente ausente. Pero hubo una excepción.

De Juntas Españolas a Democracia Nacional

Cuando en 1983 se empieza a trabajar por la creación de Juntas Españolas (en un doloroso y agónico parto en el que menudearon irregularidades de todo tipo por parte del mentor, el fallecido exdirector de El Alcazar, Antonio Izquierdo), algunos de los participantes, ya tienen muy claro que se trata de crear un modelo nuevo de partido. La idea era percibida todavía de manera confusa, pero en síntesis, esos sectores tendían a pensar que la forma de organización (paramilitar), el encuadramiento (pre-democrático) y la imagen (directamente extraída de los años 30), habían terminado. La disolución de Fuerza Nueva, así parecía demostrarlo.

A lo largo de los 80, JJEE, en lugar de ampliar su radio de acción, se fue encerrando progresivamente en sí misma, entre otras cosas porque en su interior permanecían aún muchos resabios del pasado en materia organizativa. A decir verdad, el problema real era que se habían perdido los argumentos que justificaban la existencia de un partido: España no se estaba rompiendo en 1985, el terrorismo a partir de 1987 empezó a tener sonoros fracasos y un aislamiento social creciente, la democracia no había traído la perdición nacional, sino que los primeros 7 años socialistas vieron cierta prosperidad y estabilidad económica, se entró en la OTAN y en Europa, etc. La extrema-derecha, no logró identificar temas nuevos, caballos de batalla sobre los que desarrollar su acción y, finalmente, se produjo una desmovilización masiva de sus cuadros y de su militancia.

En ese período, el ambiente estaba dividido en dos grandes sectores: los querían seguir haciendo lo que siempre habían hecho (sectores falangistas) y los que se planteaban de manera confusa formas nuevas de trabajo (un sector de JJEE, sectores surgidos de CEDADE y grupos juveniles como Bases Autónomas). Fue en este contexto en donde Laureano Luna elabora las tesis de “autonomía histórica”, las formula de manera correcta, comprensible y rigurosa y, este hecho, en treinta años supone la ÚNICA IDEA NUEVA EMANADA DEL AMBIENTE.

A partir de las tesis de “autonomía histórica” ya no hay un ambiente, sino dos: el fiel al modelo histórico y el renovado. Y entre ambos se abre una brecha que impide toda colaboración: porque, para que la “autonomía histórica” sea creíble, debe ser tal, es decir, debe evitarse todo contacto con grupos que evoquen por su estética o por sus principios al sector histórico.

En este sentido, no es raro que en los últimos diez años, especialmente a partir de 2002, el grupo por el que, sin lugar a dudas, ha pasado más militancia y que a logrado hacerse un pequeño hueco electoral, es DN. Pero, sin embargo, DN no ha logrado consolidarse y vale la pena preguntarse porqué.

Las ideas y la práctica

La idea de la “autonomía histórica” era correcta para establecer unos lindes entre un ambiente político nuevo y aquel otro del que había emanado. Pero, para tener éxito, la tesis de “autonomía histórica” debía de ser correctamente aplicada. Y aquí estuvo el problema: inicialmente, no faltaron medios, pero si faltó una correcta aplicación de esos medios. Por lo demás en los cinco primeros años de vida de DN, no existía todavía “razón suficiente” para su lanzamiento. La inmigración todavía no era un problema en España. Fue a partir de 2000 cuando los sucesos de El Ejido saltaron todas las alarmas. Pero, justamente, en ese momento, parte de los fundadores, dirigentes y financiadotes de DN se retiraron por distintos motivos.

En los cinco años siguiente, DN ha vivido un tiempo de crisis constantes que ha hecho que con una inusitada frecuencia estallaran problemas interiores, crisis de crecimiento, diferentes enfoques organizativos y finalmente, todo esto no se tradujera en avances políticos reales y mucho menos en una irrupción en el terreno de la “política real”.

Es cierto que, ninguno de los disidentes de DN, de los escisionistas o de los que han resultado expulsados, ha asumido otra teoría, con posterioridad a su militancia en DN, que la de la “autonomía histórica”. De hecho, esa teoría ha avanzado fuera de DN y hoy, solo los falangistas, dudan de su eficacia y exactitud.

El hecho de que una idea formulada correctamente y en función de premisas y razonamientos lógicos perfectamente concatenados, no dé de sí todo lo que se esperaba de ella, no desdice el valor de esa teoría, sino la ineficacia de quienes la han –la hemos- intentado poner en práctica. La teoría sigue siendo válida y, aquí y ahora, en futuras andaduras políticas NO PUEDE PARTIRSE DE OTRO PRINCIPIO MÁS QUE EL DE LA AUTONOMIA HISTORICA. Seamos más precisos: PODEMOS IR MÁS ALLA DE LA AUTONOMÍA HISTÓRICA Y COMPLETARLA CON OTRAS TESIS, PERO NUNCA RENUNCIAR A ELLA, NI SITUARNOS MÁS ACA DE LA MISMA.

Renovar el criterio organizativo

La formulación de la teoría de la “autonomía histórica” hace diez años, tenía un hueco que todavía no ha sido cubierto: una teoría sobre la organización. La pregunta a responder es ¿A TRAVÉS DE QUÉ CANALES ORGANIZATIVOS DEBE CRISTALIZAR LA DOCTRINA DE LA AUTONOMIA HISTORICA?

DN no atravesó tres etapas: la primera fue la de un presidente único (Francisco Pérez Corrales), la segunda etapa fue la de una Mesa Nacional sin liderazgo claro, la tercera, aprobada de forma exigua e insuficiente en el Vº Congreso, volvía a la primera solución pero con unos poderes excepcionalmente concentrados.

La primera etapa no dio de sí todo lo que podía haber dado, a causa de que hasta 2000, todavía era discutible que en España existiera el problema de la inmigración como tal y, por tanto, no existía un tema estrella con capacidad de atracción. Así, todo lo hecho en aquel período no tuvo excesivo eco mediático y, por tanto, quedó empequeñecido. Ni siquiera la visita de Le Pen a España aquel año logró que los medios se interesaran por DN.

En la segunda etapa se entró en una fase de crisis sostenidas que tienen como centro la polémica Luna-Canduela y que llevan a la expulsión del primero, tras haber proclamado la ilegalidad del Vº Congreso. Entre el verano de 2002 y el otoño de 2004, el partido experimenta un crecimiento real, aun a pesar de que los órganos de dirección no funcionen bien y que en Madrid, área fundamental, la organización atraviese dificultades y no logre despegar. A partir de finales del 2003, la organización de Alcalá y la de Madrid inician una polémica interior que concluirá tras el Vº Congreso con 40 bajas de la delegación de Alcalá. En las últimas semanas, distintos problemas de enfoque y orientación, llevarán primero a mi dimisión y segundo a una nueva situación de crisis del partido. Pero, en ese momento, ya se ha adoptado (de forma ilegal a nuestro entender) el modelo organizativo que se impuso por unos pocos votos en el Vº Congreso: Manuel Canduela presidente que nombra a Secretario General y de Organización y en donde todo el partido depende directamente de él. Ese modelo, por lo que sea, ha fracasado. Hay buenos motivos.

El liderazgo para ser tal, debe ser indiscutible, esto es, debe ir apoyado en éxitos políticos, si estos éxitos políticos no existen, es inútil que un líder intenta apoyar su control sobre el partido en una votación. El liderazgo refrenda en un congreso, éxitos obtenidos previamente, no es un cheque en blanco.

Paradójicamente, hemos regresado a un modelo organizativo (el presidido por el “Führerprinzip”, el “principio del jefe”) que contrasta con el modelo de autonomía histórica y que, evidentemente, es incompatible con él. Para colmo, ese “Führerprinzip”, mal asumido y peor llevado tiende a confundir la fidelidad a la persona con la fidelidad a la idea y a superponer la primera a la segunda: basta que un delegado recientemente normado haya votado contra una propuesta de la presidencia, para que dos días después ese delegado sea sustituido drásticamente.

Ese modelo organizativo, basado en una cúpula unipersonal de la que emanan todas las orientaciones, iniciativas y órdenes, y que exige lealtad extrema sino servilismo a la persona y no a la idea o al programa, es inviable y va unido a los grupúsculos políticos afectos al “modelo histórico”.

Es significativo que el III, IV y V Congreso del partido tuvieran como elemento polémico central, la renovación de la dirección, mucho más que la elaboración de estrategias perfectamente definidas. La discusión se tenía no sobre lo que se mandaba sino sobre quien mandaba no importa qué.

En ocasiones, no basta con aprobar una tesis avanzada, si la mente y el recuerdo, el modelo organizativo, están anclados en formas organizativas tan inoportunas e inviables como las de los años 30: uno manda y el resto obedece, especialmente, cuando el liderazgo no está consagrado por ningún éxito político.

La realidad dice que hay que ir hacia formas participativas de la militancia, formas con capacidad para integrar a las nuevas afiliaciones, para fortalecer estructuras locales (mucho menos costosas que una estructura nacional) lo más autónomas posibles, con capacidad para estructurar campañas según la situación político-social de su entorno. La realidad dice que los congresos deben ser DEFINITORIOS de estrategias y sólo cuando éstas están definidas se trata de ver qué líderes pueden mejor ponerlas en práctica. El líder, elevado a tal, no por su prestigio ni los éxitos que ha reportado a la organización, sino por un margen exiguo de votos, no puede creer que su liderazgo se ha consolidado al cierre del congreso, especialmente cuando la discusión estratégica ha sido superficial y mal asumida por la organización.

El recurso continuado a la expulsión, contribuye a depurar filas, efectivamente, y a hacer que, solamente los más fieles (o los más colegas), los más aines al presidente, ocupen los cargos de mando, independientemente de su preparación, capacidad, actitudes o experiencia. Ante esta situación se producen, siempre, dos posturas: la de quienes se van directamente y sin hacer ruido, o simplemente permanecen inactivos y desinteresados; y la de quienes protestan por la marcha de los acontecimientos. Pero la lógica del “führerprinzip” impide toda vuelta atrás: el ejercicio de esa forma de mando, exige con una lógica absolutamente suicida, la expulsión de cualquier disidente. Y en eso estamos.

En unas notas realizadas hace varios años, me sorprendía de que la doctrina leninista sobre la revolución y el proceso revolucionario, está muy por detrás de la teoría leninista sobre la organización. En muchas ocasiones los análisis de Lenin sobre el desarrollo y la previsión de un proceso revolucionario llaman la atención por su subjetivismo y, en ocasiones, por su estupidez intrínseca (en 1915, llegó a considerar a Suiza como el país en el que antes se desencadenaría la “revolución bolchevique” por que el proletariado suizo tenía armas…). Sin embargo, el gran mérito de Lenin es haber elaborado una teoría sobre la organización que, por sí misma, en gran medida, desencadenó el proceso revolucionario.

La conclusión a extraer de todo esto es que, si bien la doctrina de la “autonomía histórica” fue un brillante desarrollo teórico, debía de haberse completado con una “teoría sobre la organización” y una “teoría sobre el proceso alternativo”, es decir, una reflexión organizativa y estratégica, coherentes. Pero, lamentablemente, esa teorización no tuvo continuidad y quizás sea la hora de recuperarla en estos momentos en donde se ha visto su necesidad.

A estas alturas, resulta obvio decir que el “führerprinzip” consagrado por estrecho margen en la ponencia de organización, no es compatible ni es acorde con la tesis de la “autonomía histórica”. Se coló por debajo de la puerta, como un tranchete. Y para los aficionados al buen queso (francés y/o español) cualquier cosa parecida a un tranchete es un insulto al paladar.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La crisis de la U.E. y lo que representa para el futuro

La crisis de la U.E. y lo que representa para el futuro

Redacción.- El NO francés y holandés ha precipitado la crisis de la UE. Y esto ha generado un cambio completo del entramado de alianzas interiores entre los Estados de la Unión. En este nuevo contexto, previsible, por lo demás, la España de Zapatero se ha quedado sola. Vale la pena conocer la nueva situación generada y las repercusiones que va a tener para España en los próximos años. Que no van a ser, precisamente, pocas, sino muchas e indeseables.

De la precipitación española al no francés

Zapatero intentó dar el “campanazo” en la UE siendo el primero que convocaba un referéndum Pero el referéndum español, lejos de ser un triunfo personal de Zapatero ha constituido otro de sus gestos habituales gestos precipitados exteriores. No solamente el porcentaje de votantes estuvo por debajo del 50%, sino que además, el número de sies fue anormalmente alto. Ahora sabemos lo que ocurrió: que el pueblo español voto DESINFORMADO. En un referéndum de este tipo, lo normal es que el convocante (el gobierno), facilite a la ciudadanía un ejemplar del texto sometido a votación. En este caso esta exigencia no estuvo presente. Salió el SI porque, la “tradición democrática” española hace que dentro de los partidos políticos el debate sea siempre inexistente y, nadie, en ninguna de las dos formaciones mayoritarias, tuvo arrestos para oponerse a la línea de las direcciones popular y socialista.

Pero cuando Francia dijo no y el no fue amplificado, posteriormente, por Holanda, esta política de “prestigio” de Zapatero hacia Europa, se desmigajó en pocos días. Ahora sabemos lo que estaba en juego y lo que se escamoteó al electorado español: no se le dijo que el Tratado implicaba la posibilidad de ingreso turco en la UE, no se le dijo que consagraba el liberalismo salvaje, la desprotección a los derechos cívicos y situaba a la Unión dentro del contexto globalizador mundial… lo cual, no puede hacer, a corto plazo, sino debilitarnos.

En Francia hubo un debate. El propio partido socialista, facilitó un debate interior. Además, fuerzas políticas de izquierdas y derechas, manifestaron su hostilidad al SI. Lo importante es que hubo debate: se sabía lo que se iba a votar, la clase política había estudiado el tratado constitucional y, una parte, lo rechazó. En España, no solamente el debate público fue escamoteado, sino que muchos políticos representativos alardearon públicamente de desconocer aquello que iban a votar.

Lo que Zapatero creía que iba a ser un paseo triunfal, se ha convertido, a partir de ahora, en un calvario.

La política de Zapatero en relación a Europa

La política de ZP ha consistido, desde su primer momento, en apostar por la “pancarta” (esto es, proclamar, inicialmente, un antiamericanismo y, posteriormente, una alineación junto al eje franco-alemán, para salvaguardar la “independencia de Europa”). Zapatero se equivocó en todo.

En primer lugar, se equivocó en pensar que estaba tratando con “Francia” y “Alemania”; error imperdonable, porque en realidad, estaba tratando con Chirac y Schröeder. ZP no supo advertir el drama de sus dos interlocutores en Europa, aspiró, pretenciosamente, a ser el “tercer grande”. Si Azanar se había fotografiado junto a Blair y Bush en las Azores, él, ZP lo hacía con Chirac y Schröder a la sallida del Elíseo. Pero había una pequeña diferencia.

Tanto el líder francés como el alemán, son políticos declinantes, políticamente de la fosa. Schröder ganó de milagro las elecciones alemanas de 2001 (gracias al incidente climatológico de una inundación en la que demagógicamente “dio el cayo”, siendo recompensado por el electorado). En cuando a Chirac, llegó al Elíseo teniendo como adversario a Le Pen y estando sostenido por la totalidad de los partidos políticos desde el trotskysmo hasta la derecha fronteriza con Le Pen. Ni Schröder ni Chirac contaban con una posición fuerte en sus respectivos países.

Luego vino la guerra de Irak que dio la sensación de que la población europea estaba unánimemente detrás del eje Chirac-Schröeder. Pero eso duró poco tiempo: cuando se restableció la normalidad, se evidenciaron los problemas de la construcción europea y el primero de todos, fue la ampliación, drástica, excesiva, poco meditada, aventurerista y conflictiva que incorporó de una tacada a diez países del Este, todos ellos con economías débiles, a la UE.

Zapatero es culpable de haber hecho política de pancarta cuando tocaba hacer una reflexión mucho más profunda sobre lo que estaba ocurriendo en Europa entre el verano de 2002 (cuando se fragua el ataque a Irak) y el mayo de 2005 (no franco-holandés). Para colmo, olvidó otro dato esencial: en junio de 2005, Blair ocuparía la presidencia rotativa de la UE. Y Blair acababa de ganar –por goleada- las elecciones inglesas. De todos los líderes europeos, es, en este momento, el que se asienta sobre una posición política más estable. Todavía resuenen las palabras de Bono en la ejecutiva socialista de febrero de 2003, cuando los micrófonos, en un descanso en la reunión, preguntó: “Y Blair ¿de qué va el gilipollas ese?”, frase que pasó a los informativos de todo el mundo, incluida la BBC.

El problema europeo en España

Hace seis meses sosteníamos que la racionalidad implicaba votar nulo a la constitución europea, a pesar de que, finalmente, hicimos campaña por el NO. España ha sido, sin duda, uno de los países más beneficiados con la adhesión a la UE. En primer lugar por que se hizo en un momento en el que todavía no existía aglomeración para entrar, hace 20 años. En segundo lugar por que se ha beneficiado extraordinariamente de las ayudas y los recursos de la UE. No tuvimos un “Plan Marshall”, pero hemos tenido veinte años de ayudas de la Unión.

Ciertamente, los sucesivos planes de reconversión y ajuste, sugeridos por la UE, a cambio de los fondos, han provocado la desaparición de sectores estratégicos de nuestra industria e incluso el cierre de la casi totalidad de minas del país, la reducción de astilleros a una pálida sombra de lo que existía en el 75, pero, en general, para el conjunto de la sociedad española y, especialmente, para las regiones más deprimidas, el ingreso en la UE ha sido globalmente positivo. De ahí que votar NO, equivalía a rechazar lo que ha contribuido a estabilizar nuestra economía definitivamente, desde que en 1976-77, el proceso inflacionista se disparó. Si en España, se ha podido reducir los tipos de interés, si se ha contenido la tasa de paro y se han vigorizado nuestras exportaciones, es gracias a la inyección de fondos de la UE.

No es lo mismo votar NO desde Francia o Alemania (que han tenido que pagar la factura del desarrollo español, como Schröder se encargó de recordar a Aznar en lo más agrio de la polémica sobre Irak), que votar NO desde España, uno de los grandes beneficiarios de la UE.

Pero el problema es que Zapatero se preocupó de modificar los parámetros para establecer el PIB español… resultó que, sobre el papel, somos bastante más ricos de lo que nos pensábamos. Así, oficialmente, el PIB español está separado solo un 2% del europeo… con lo cual las ayudas de la UE cesan de recibirse drásticamente. Es evidente que si un español viaja a Europa occidental experimenta de la manera más viva que ese nuevo baremo para establecer el PIB es fraudulento, engañoso e inexacto. Pero la cosa no cambia nada el planteamiento: las mentiras estadísticas han beneficiado el cierre del grifo de fondos europeos.

El gobierno español, gran partidario de la ampliación insensata y aventurera, propagador de la entrada de Turquía en la UE (tanto Aznar como Zapatero), máximo valedor del eje Chirac-Schröder… de repente, se encuentra con que los líderes crepusculares europeos en los que ha depositado confianza, no mueven ni un dedo para defender el talón recibido por el Estado Español. Y no solo eso, sino que son los primeros en explicar que el talón debe cortarse bruscamente. Para colmo, Blair, la más sólido de las jefaturas europeas (Berlusconi es otro cadáver político) , “el gilipollas” de Bono, muestra una oposición todavía mayor al envío de fondos a España.

Lo técnicos del gobierno Zapatero empiezan a entrever lo que va a ocurrir en los próximos tres años. El presidente, por su parte, está todavía perdido en sus devaneos sobre el “diálogo de las civilizaciones”, el matrimonio-que-no-es-matrimonio gay y el debate autonómico, progresivamente más envenado. Pero el gran problema que tiene este país es que a la fractura social (del guerracivilismo al tema gay, del cambio de política antiterrorista a la barbaridad cometida en materia de inmigración), se une la fractura nacional que cuenta hoy con dos frentes abiertos (Catalunya y el País Vasco) y en apenas seis meses, previsiblemente, contará con la apertura del frente gallego… pero, todo esto, incluso, podría ser superado, si no fuera por que estas dos fracturas se van a dar sobre el trasfondo inquietante y demoledor de una crisis económica sin precedentes y en la que no vamos a poder contar con ningún premio de consolación, ni con ningún regalo desinteresado de la UE.

Si no hay inversión de la UE, el primer sector que se resentirá será la obra pública. Luego, la disminución de las subvenciones al campo, la eliminación de subsidios para distintos cultivos, generará la ruina de en torno a dos millones de campesinos que verán en la venta de sus tierras para la construcción de urbanizaciones, la única esperanza de futuro. Para colmo, el sector de la construcción de viviendas, que ha vivido en el año socialista su mejor momento especulativo, se calcula que recuperará un atisbo de normalidad para el 2007, lo que implica que los precios de la vivienda, deberán bajar necesariamente. Pero, si bajan, la construcción dejará de ser el refugio más seguro de capitales (negros o blancos) y esto ocurre en un momento en que la Bolsa da unos resultados extremadamente mediocres y las capitalizaciones bancarias o las inversiones a plazo fijo, igual que bonos, letras del tesoro, emitidos por el Estado, dan unos beneficios irrisorios.

Si a esto unimos la invasión de productos manufacturados allende los Urales, llegaremos a la conclusión de que el proceso globalizador dista todavía mucho de haber alcanzado sus últimas y fatales consecuencias.

Pero hay otro factor de inestabilidad creciente: en un país no puede insertarse un 12-14% de población inmigrante en apenas seis años, sin pensar que esto va a producir alteraciones sociales, económicas y laborales, drásticas. Esto ha ocurrido en España entre 1999 y 2005, en este terreno, los errores socialistas han sido, como mínimo de la misma magnitud que la falta de previsión del PP. Si bien, hay que reconocer que el “gran error”, la regularización masiva, ha correspondido a Zapatero. Todo esto ha creado una oferta laboral muy superior a las necesidades del mercado. Estos cinco millones de residentes extranjeros (3.500.000 legales y 1.500.000 ilegales que siguen aumentando) inesperados, están provocando una insuficiencia en los recursos energéticos, un gasto público desmesurado en materia de seguridad ciudadana, prisiones, asistencia social, ayudas a menesterosos, vigilancia de fronteras, justicia, etc, que no queda compensado ni por el consumo interior que genera (el 75% del dinero movido por la inmigración, va a parar fuera de nuestras fronteras), ni por los ingresos en concepto de seguridad social o impuestos y, finalmente, constituyen otro factor de inestabilidad, especialmente, en momentos de crisis económica y aumento del paro.

La gran duda: la detención en seco del proceso europeo

El proceso de construcción de la UE se ha detenido. La constitución aprobada en España, ha sido arrojada al basurero de la historia en Francia y Holanda, en Alemania, constitucionalmente no habrá referéndum pero la opinión pública dice NO, en Inglaterra tampoco se ha convocado referéndum… Es evidente que ese proyecto de constitución jamás será aprobado en el estado en que se encuentra.

Francia y Alemania, esto es, Schöeder y Chirac, no se encuentran en el mejor momento político. Así pues, Europa tiene como valedores a políticos locales (Barroso), a pequeños Estados recién incorporados y ansiosos de empezar a recibir los cheques en los que basar su desarrollo futuro, o bien a ilusos europeistas que ni siquiera tienen claros los límites y la definición de Europa. Entre estos últimos está Zapatero, y con él, España está más aislada que nunca.

El problema es: la Unión Europea es necesaria en un mundo en vías de globalización. La UE es irreversible en gran medida, puede ser que quede como está hoy (incompleta) o que ralentice su marcha hacia una federación, pero lo que resulta evidente y lo realista, es considerar que la UE es necesaria (por que la política internacional hoy es política bloques y por que la economía mundial es un mecanismo en el que solo hay lugar para macroactores continentales) y que, hasta cierto punto, es irreversible.

El actual momento histórico permite un “kit-kat”. La Europa acelerada de hace dos años, que aceptó incorporaciones rápidas de socios poco fiables, ha muerto, es la Europa de Schröder y Chirac. La Europa que, alegremente, aceptaba la entrada de Turquía, está agonizando. La Europa que veía el “diálogo de civilizaciones” como la mejor de las alternativas, ha quedado reducida a un Zapatero aislado y confuso. Es un buen momento para proponer OTRA EUROPA. Sin duda, el mejor de todos.

Hace unos meses, durante el referéndum europeo algunos partidos sacaron la consigna “Europa SI, pero no ASI”. Esto en la práctica, en la lógica política, equivalía a votar nulo o a votar en blanco. Opciones mucho más sólidas cuanto que no había habido debate y ni siquiera se había difundido el texto constitucional. Pues bien, esa consigna, “Europa SI, pero no ASI”, es la que hay que recuperar en esta noche oscura que ha empezado en Europa.

© Ernesto Milá – infokrisis –infokrisis@yahoo.es