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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

No a Turquía en la UE (XI) Los problemas político-militares de la cuestión

No a Turquía en la UE (XI) Los problemas político-militares de la cuestión

Infokrisis.- En esta parte de nuestro estudio sobre Turquia, abordamos algunos aspectos fundamentales de la cuestión: el papel de las FFAA turcas en la evolución política de aquel país, y las paradojas más perversas que implicaría un ingreso en la UE. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, esa integración, lejos de desactivar la "bomba islamista", contribuiría a barrer al kemalismo, la principal trinchera antiislámica.

 

El 6 de octubre de 2004, la Comisión Europea se manifestó a favor de abrir negociaciones con Turquía para su adhesión en la Unión. La decisión fue tomada considerando que el gobierno turco había cumplido con las condiciones previas requeridas para iniciar las conversaciones. El informe presentado en aquella ocasión por la Comisión constaba de tres partes. En la primera, se pasaba revista al esfuerzo turco de democratización acometido en el 2003. La conclusión era que mejoraba la aplicación de los derechos humanos y los “Criterios de Copenhague” se iban cumpliendo; en la segunda parte se afirmaba que el país estaba preparado para iniciar la negociación y, finalmente, se especificaban los puntos más delicados del proceso. Turquía había dado otro paso al frente y parecía aproximarse, lenta, pero inexorablemente a Europa. Luego vino el NO francés al proyecto de Constitución Europea, la subida de Angela Merkel al poder en Alemania y el debilitamiento de Tony Blair, el gran turcófilo inglés. En el momento de escribir estas líneas nadie duda que el proceso negociador puede durar un mínimo de diez años y muy pocos serían capaces de afirmar si, finalmente, va a llegar a buen puerto. En cualquier caso, en 2006 todo induce a pensar que la negociación económica va a ir muy por delante, de la social o de la política. Los riesgos políticos del ingreso de Turquía en la UE persisten a pesar de la declaración favorable de la Comisión Europea. Estos riesgos están presentes en Turquía tanto como lo estarías en cualquier país musulmán.

En general, los países musulmanes suelen tener altibajos en sus líneas políticas. ¿Quién iba a decir que tras el relativamente breve período panarabista de Egipto sucedería un recrudecimiento de las actividades islamistas clandestinas sobre el trasfondo de un gobierno pro-occidental? El país de la Nasser es el que sufrió en 2005 un incremento más espectacular del fundamentalismo islámico. Y el Irán del Sha, heredero del antiguo imperio persa al que intentó vincular su régimen y su monarquía laica, es hoy el semillero de fundamentalismo chiíta. Otro tanto puede decirse de Irak, Estado laico hasta los últimos momentos del régimen de Saddam Hussein y hoy víctima de una guerra contra el ocupante norteamericano, además de una guerra civil entre baasistas y musulmanes y, finalmente, una guerra religiosa, superpuesta, dentro de la guerra de religión entre sunnitas y chiítas. Por no hablar de la Argelia del FLN, socialista y laica, pasada por ocho años de guerra civil tras la victoria electoral del FIS. ¿Acaso en el vecino Marruecos la situación es diferente? Presentada como baluarte contra el fundamentalismo islámico, la monarquía alahuíta no ha podido evitar que en 2006, el movimiento político-social hegemçonico sea la corriente fundamentalista. ¿Hacen falta más ejemplos?

En demasiadas ocasiones, un país de mayoría islámica parecía haber asumido, de una vez por todas, una vía laica, para luego sufrir una regresión hasta posiciones mucho más retrasadas que las del punto de partida. El esfuerzo de Kemal Ataturk por “occidentalizar” Turquía y transformarla en un Estado laico, a tenor de lo visto, no puede considerarse definitivo. De hecho, el proceso de discreta demolición de la obra de Ataturk sigue hoy inexorable. La sociedad turca está más islamizada hoy que cuando el que fuera llamado “el padre de los turcos” disolvió el califato y derogó la sharia. La “excepción kemalista” agoniza y si no ha sido abolida completamente se debe a las necesidades económicas y estratégicas de Turquía que precisa, por una parte, la amistad con EEUU y su apoyo en la marcha hacia el espacio turcófono a cambio de la amistad y reconocimiento con Israel, y de otro, con la UE, receptor de más de la mitad de sus exportaciones y considerado como dispensador de la sopa boba a la que Turquía aspira.

La gran razón esgrimida por los defensores del ingreso de Turquía en la UE, la que, según ellos debería de neutralizar la fuerza de cualquier argumento en sentido contrario, consiste en afirmar que contribuiría a reforzar el diálogo de civilizaciones y neutralizar el conflicto con el islamismo en tanto que sería un ejemplo de que, la democracia también puede coexistir con el Islam. Para nosotros, por el contrario, se trata, justo de lo contrario, Turquía sería el “caballo de Troya” del islamismo en la UE. No hay que perder de vista el hecho de que nuestro espacio es un “territorio a islamizar”. ¿Se puede facilitar más la islamización de Europa que integrando al Estado más potente del mundo islámico? Estamos antes otra “apuesta” de las presuntas cabezas pensantes del progresismo europeo. Si el término “caballo de Troya” no les gusta estéticamente, pongan este otro: “cabeza de puente”. Turquía está llamada a ser la “cabeza de puente” del islamismo en Europa, donde ya actúan bolsas fundamentalistas entre la inmigración turca, argelina y marroquí.

Los valedores de la causa turca, habitualmente, son tres. El primero procede de la izquierda y del progresismo “buenista” europeo que, unánimemente, apuesta por Turquía. Los “progres” son los grandes ludópata de nuestro tiempo. Les encanta realizar constantemente “apuestas”, piruetas, formular teorías y realizar saltos al vacío que, habitualmente, se saldan con demoledores costalazos. La derecha, muestra menos unanimidad. Existe cierta derecha que abomina de la posibilidad de Turquía en Europa (Merkel, Chirac, Shüssel), mientras que otros pertenecen al círculo pro-turco (Sarkozy, Aznar). Los hay como Rajoy que en este tema prefieren no opinar y otros como Berlusconi que, mientras permanecieron en el candelero de la política, dijeron cualquier cosa y su contraria. El tema turco se ha convertido en una máquina de hacer perder votos a sus valedores. El NO francés al proyecto de Constitución Europea se debió, en altísima medida, a que el texto no cerraba, de una vez y para siempre, las esperanzas a la candidatura turca. Todos los demás argumentos fueron menores. Y otro tanto ocurrió en Holanda. No es raro que la derecha pro-turca prefiera ignorar el tema ante la merma de votos que le supone. En las próximas presidenciales francesas del 2007, se verá como Sarkozy elude la cuestión, mientras que Le Pen le recuerda su turcofilia a cada paso.

El tercer gran apóstol de la causa turca es George Bush, especialmente desde que su presencia en Irak requiere más esfuerzos que los inicialmente previstos. Para EEUU, si la UE tiene frontera directa con las zonas calientes de Oriente Medio, inevitablemente se verá envuelta en el conflicto iraquí y, eventualmente, en el iraní y, solamente podría hacerlo del lado norteamericano. Por otra parte, la entrada de Turquía supone echar un cable a un aliado de la OTAN, tutelar su penetración en el “espacio turcófono”, globalmente segundo productor mundial de petróleo y tener la posibilidad de acceder directa y masivamente a la zona del Cáucaso, teniendo la llave del petróleo del Caspio hacia el Oeste. Finalmente, Bush no ignora que una federación es tanto más viable cuanto más homogénea es su población. Bush sabe perfectamente que la marcha de millones de turcos fuertemente islamizados hacia Europa Occidental no tardaría ni una generación en suponer un lastre de tal magnitud que la existencia de la propia UE peligraría. Pensar que podría existir entre la frontera irauí y Lisboa, un espacio sin fronteras, sería pensar que la heroína turca, los terroristas islámicos y las legiones de inmigrantes, no sólo turcos, sino afganos y extremo-orientales tendrían pocas dificultades en plantearse en el otro extremo de la Unión. Estúpido quien olvide que los EEUU y la UE son competidores en el momento actual. Un competidor es aquel que, en el futuro, corre el riesgo de convertirse en enemigo. Desde Tsun Tzu, debilitar al enemigo es la estrategia más antigua del mundo. Bush no está haciendo otra cosa que aplicarla, de la misma forma que, en contrapartida, la UE debería defender la entrada masiva de hispanos en EEUU y la adhesión de México como nuevo Estado de la Unión… total, puestos a ejercer de Maquiavelo, habría que demostrar que donde las dan las toman.

La negociación de la UE con Turquía tiene varios frentes a limar. Ya hemos hablado de algunos, pero el frente político, aparentemente, el más simple de resolver, va a resultar, sin duda, el más complicado. Empezando por la cuestión de las minorías.

Según el Tratado de Lausanne, en Turquía “existen minorías”… Bravo, el problema es que no las menciona con nombres y apellidos. Para el artículo 143, “minoría” es equivalente a “no musulmán”. Los criterios internacionales consideran que una minoría es discriminada en cuanto no goza de los mismos derechos que la mayoría de la población. ¿Cómo hay que considerar el hecho de que las mezquitas turcas sunnitas tengan la electricidad y otros servicios públicos gratuitos, mientras que otros grupos religiosos islámicos no gozan de este privilegio en sus lugares de culto? ¿o el hecho de que la “minoría kurda”, mayoritaria, por lo demás, en el Kurdistán turco, no pueda aprender su lengua en la escuela? Si se trata de hablar de “minorías” se trata, así mismo, de hablar de igualdad de derechos con el resto de la población. Las autoridades turcas más sinceras han sugerido que un proceso de este tipo “fragilizaría” al Estado. Y es posible que tengan razón. La cuestión es que para ingresar en la UE, estas reformas son necesarias. Y la primera de todas, modificar el artículo 3º de la Constitución turca, según el cual “el Estado turco con su patria y su nación indivisible es una y su lengua es el turco”. Este redactado es incompatible con los principios de la UE. Si bien nadie cuestiona la “indivisibilidad del territorio”, debería de aludir al turco como “lengua oficial”, lo que facilitaría la aceptación de otras lenguas en régimen de igualdad, y en cuanto a la referencia al Estado, la Nación y la Patria, conceptos, en buena medida, ideológicos, debería señalar simplemente que Turquía es un “Estado unitario”. En el fondo, las reformas constitucionales que precisa Turquía son, al menos en este terreno, relativamente parecidas a las que sufrieron las “Leyes Fundamentales” franquistas durante la transición. Desde este punto de vista, una cosa sería el respeto, la co-oficialidad de la lengua kurda y su coexistencia con el turco y otra muy distinta el secesionismo kurdo y la pretensión de forjar una “nación”. El concepto de “ciudadanía” debería ser también reformado. Un kurdo o un armenio, en realidad, no son “turcos”, son, en realidad “ciudadanos turcos de nacionalidad kurda o armenia”.

Estas posibilidades fueron negadas por Kemal Ataturk en los años veinte. Y si, ciertamente, en su período de gobierno, Turquía ha avanzado por delante de todos los países islámicos, no es menos cierto que se trató de una “revolución en lo alto”, impuesta por la cúpula kemalista, a la que siguió y sigue una “reacción en lo bajo”. Sin embargo, es significativo, que tanto kemalistas como antikemalistas, laicistas e islamistas, coincidan en seguir considerando a las minorías no musulmanas, como carentes de derechos culturales y nacionales.

La cuestión de las minorías es, sin duda, uno de los frentes políticos que van a resultar más duros de negociar, porque no se trata solamente de aplicar algo que está escrito en la constitución y a lo que buena parte de la población y de la clase política está predispuesta a aceptar, sino todo lo contrario. La mayoría turcófona y musulmana, no experimenta la menor reserva mental a la hora de cercenar los derechos de las minorías. Es más, un eventual cambio de legislación, forzado por la negociación con la UE, no haría otra cosa que dar alas al islamismo radical y, especialmente a los partidos nacional-islamistas. Con Turquía siempre existe la oportunidad de apostar para perder.

El 27 de abril de 2003, el Ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Abdullah Gül, demostró que no había cambiado gran cosa en la historia de Turquía en los últimos ochenta años. Ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, negó nuevamente la realidad histórica del genocidio armenio. Mal asunto, porque la reunión estaba prevista para que rindiera cuentas de los progresos en la aproximación de Turquía a la UE. Gül ejerció exhibición pública de cinismo cuando aludió a “la tradición secular de multiculturalismo y tolerancia religiosa del pueblo turco”. Era lo que se esperaba de él, si bien rebasó los límites del sentido común y sobreactuó en el ejercicio de cinismo. Un diputado socialista suizo le solicitó viajar a Turquía para examinar el problema kurdo de cerca y otro de la UDF francesa osó preguntarle sobre cómo iba el reconocimiento del genocidio armenio. Error. Gül reaccionó con argumentos que quizás en el senado norteamericano hubieran cortado cualquier discusión posterior, pero no en la patria de Aristóteles y Descartes, la denostada “vieja Europa”. Sobre los kurdos, Gül negó cualquier particularismo de este pueblo y equiparó las reivindicaciones kurdas con el terrorismo; sobre Armenia negó la existencia del genocidio y, se refirió a los muertos como resultado del estado de guerra de la época. El 28 de junio de 2003, siete docentes fueron condenados por un tribunal regular, por haber cuestionado la posición oficial del Estado turco sobre el genocidio armenio.

La victoria del Partido de la Justicia y el Desarrollo el 3 de noviembre de 2002, dejó atrás el esfuerzo occidentalizador de Kemal Ataturk. Vale la pena meditar sobre lo que significó, en plena marcha hacia Europa, esta victoria de un partido islamista moderado. Veamos, en primer lugar, lo que significó para las FFAA.

El ejército turco es el más numeroso de Europa y, sin duda, de los mejores dotados de armamento y modernas tecnologías de guerra. El problema radica en que las fuerzas armadas turcas, no solamente tienen unas dimensiones inusitadas, sino que, además, sus militares tienen una tendencia irreprimible a intervenir en las cuestiones políticas. Sobre ese intervencionismo vale la pena decir unas cuantas palabras.

El ejército turco es el gran bastión del kemalismo. Ahora bien, sabemos que el kemalismo es, históricamente, el único intento sincero y enérgico de arrancar a Turquía del mundo islámico para reconducirlo hacia Occidente. Ayer, de no haber irrumpido el kemalismo, Turquía sería hoy un califato islámico venido a menos. Hoy, si no existiera la sombra militar, el movimiento islámico se mostraría mucho más amenazante que ahora. El caso argelino demostró el riesgo de que un islamismo radicalizado se suicidara generando la intervención militar. Pero, imaginemos que Turquía se esfuerza sinceramente por alcanzar los estándares democráticos europeos en aras de su integración en la UE. Es evidente que el papel del ejército debería necesariamente disminuirse ante la perspectiva europea y no habría inconveniente… de no ser porque, paradójicamente, una Turquía europea dejaría vía libre para que el país fuera controlado en el espacio de menos de un lustro por los elementos más antieuropeos y antioccidentales, mientras que los sectores kemalistas –los únicos que ejercen el pro-occidentalismo en ese país- se verían peligrosamente laminados.

A todo esto, vale la pena hablar de las relaciones entre kemalismo e islamismo. Turquía cayó en cierta medida en el mismo error que cometió Hassan II con el islamismo radical, o los norteamericanos con la resistencia antisoviética en Afganistán. Los gobiernos marroquí y turco, mientras duró la Guerra Fría, estaban alarmados por el desarrollo de los acontecimientos. Como era habitual, la URSS utilizaba a los partidos comunistas como peones de su política expansionista. En ambos países, las autoridades consideraron que para oponer al comunismo, otro movimiento de masas, era preciso recurrir al islamismo. En los años 60-90, el principal foco de expansión y financiación de los movimientos islamistas radicales era, paradójicamente, los gobiernos marroquí y turco. Otro tanto ocurrió en Afganistán. Los asesores norteamericanos juzgaron que el elemento emotivo y sentimental más agresivo para reclutar voluntarios y carne de cañón que combatiera a los soviéticos, era apelar al fenómeno religioso. La propia CIA financió los primeros núcleos de Al-Qaeda de la misma forma que Israel había hecho otro tanto con Hamas y Hezbolah, cuando intentó –y consiguió- torpedear a la resistencia palestina (inicialmente laica), estimulando el fundamentalismo religioso. Los errores se pagan y las estrategias erróneas terminan convirtiéndose en fuentes de males futuros y volviéndose contra quienes las han generado. En Turquía se reprodujo un proceso análogo cuando los distintos gobiernos militares se preocuparon solamente de reprimir las actividades comunistas y separatistas, pero no adoptaron ninguna iniciativa contra los partidos confesionales y, no sólo eso, sino que incluso los financiaron como carne de cañón anticomunista.

En otras palabras, a pesar de lo paradójico que pudiera parecer, mantener a Turquía fuera de Europa supondría la opción más segura para que el kemalismo pudiera subsistir y, por tanto, el país continuaría siendo, al menos en teoría, aliado de Occidente. Vale la pena no olvidar este dato fundamental: solamente los que se sienten kemalistas se muestran sinceramente por la integración en Europa. Cuando un musulmán se muestra favorable a la integración, es porque espera obtener unos beneficios, no para un Estado laico y democrático, sino para reconstruir el califato perdido, restablecer la sharia y hacer del territorio de la UE, una tierra de promisión. Que no lo puedan decir en voz alta no implica que no contemplen esa posibilidad como la más ventajosa para su forma de ser. El islamismo turco tiene un enemigo interior, el kemalismo, y un enemigo exterior, el carácter democrático y laico de la Europa común. Para su fortuna, existe una contradicción fundamental entre el soporte fundamental del kemalismo turco –las fuerzas armadas- y el marco democrático de la UE. El proceso de integración en Europa, al marginar a los militares turcos, hace saltar la muralla kemalista que todavía hoy impide una islamización profunda de la sociedad turca, y el libre paso de los terroristas islámicos desde Irak hasta Lisboa. Mientras el Estado turco ha sido tutelado por los militares, esto era imposible, en el momento en que se les recluya en el mismo papel que tienen en las democracia occidentales, se abrirá la caja de Pandora. El hecho de que en Europa sea justo y necesario que el estamento militar se recluya en las actividades prescritas por las constituciones de las distintas democracias europeas, no quiere decir que eso mismo sea posible en Turquía. Dejando aparte que una cosa es proclamar que una democracia es tal y otra muy distinta, llevar a cabo la mutación cultural que implica pasar de una concepción teocrática y otra liberal y democrática. La misma historia reciente de Turquía indica que si los principios democráticos no están grabados a fuego en la mentalidad de su población, los retrocesos, las involuciones y los riesgos están siempre presentes. Basta con que una crisis económica estalle, o que una fuerza exterior financie a cualquier formación integrista, para que se produzca un brusco crecimiento del fundamentalismo, con el consiguiente desenganche de los principios democráticos. Hoy sabemos que ochenta años de kemalismo, como máximo, han logrado que una parte de la población aprecie los escaparates de consumo, pero no la tolerancia, la libertad de culto, la concepción laica del poder, las libertades democráticas, los derechos humanos y los derechos de las minorías, etcétera. En las actuales condiciones políticas, Turquía no está preparada para ingresar en la UE. La democracia no cala en la mentalidad de las poblaciones por una simple y superficial reforma constitucional. No se cambia de la mentalidad teocrática de la mayoría a una mayoría democrática, como quien compra un traje pret-à-porter. La victoria del islamismo moderado en 2003 demuestra lo que decimos.

Ahora bien, el mantener alejada a Turquía de la UE no implica desvincularnos de su destino como nación, ni mucho menos considerarla un “Estado hostil”. Estado hostil es aquel que demuestra encono, animadversión y conflictividad en relación a cualquier socio de la UE. De la misma forma que un “Estado amigo” no es aquel que remite más veces en menos tiempo frases encomiásticas, un “Estado hostil” es el que lo demuestra en los hechos. En caso de que Turquía fuera capaz de cortar sus flujos migratorios hacia Europa Occidental, se constituyera como un baluarte ante el fundamentalismo islámico, o impidiera que a través suyo llegaran riadas de heroína y estupefacientes, es evidente que, con el tiempo, sería considerado como un “Estado amigo”, dueño en su política interior de mantener unas peculiaridades propias, ante las cuales la UE no tendría nada que decir. Lo que nosotros y muchos que no creen en la oportunidad de integrar a Turquía, estamos proponiendo es una alternativa a la integración que no llevara directamente a la hostilidad recíproca. Turquía es seguramente el país islámico más próximo a Occidente… pero, aun así, existe una brecha antropológica, cultural, religiosa e histórica que resulta tan innegable como inevitable y que desaconseja la integración de pleno derecho.

Algunos analistas contrarios al ingreso de Turquía en la UE, ofrecen como contrapartida el estatuto de “país asociado”, una especie de rango privilegiado, como país amigo y aliado, socio comercial preferencial y destinatario principal de ayudas económicas al desarrollo. No sería Turquía el único caso de país que resultara muy difícil y peligroso integrarlo como miembro de pleno derecho de la UE, pero con el que conviene mantener relaciones de buena vecindad. Bielorrusia, Ucrania y la propia Rusia, podrían integrarse en el mismo cinturón. Esto favorecería la cooperación internacional y, de hecho, supondría una modalidad de asociación no ensayada hasta ahora, en la que estos países no participarían en los mecanismos institucionales de la UE. Incluso los países de la orilla sur del Mediterráneo podrían optar a este tipo de acuerdos en tanto que “Estados vecinos”.

En el fondo se trata de recuperar una idea que irrumpe en la Edad Media Europea con el Imperio Carolingio. Entre éste y los territorios hostiles o demasiado alejados del centro, se crearon las “marcas”. Los “Estados Vecinos” de la UE deberían poder optar a un tratamiento similar. Autónomos de los mecanismos de poder y autoridad de la UE, mantendrían relaciones privilegiadas con ella. La cooperación debería llegar hasta el control de la inmigración y la vigilancia de fronteras, hasta la cooperación en política exterior, seguridad y defensa, pasando por la cooperación en terrenos culturales y de comunicación.

Si la UE constituye la “dimensión federal”, éste segundo círculo, sería la “esfera de amistad y cooperación”, más allá de la cual existiría un complejo mundo euroasiático con el que la intensidad y proximidad de las relaciones debería dictarse según consideraciones geopolíticas, las únicas que, a fin de cuentas, están por encima del tiempo y de los gobiernos. Es evidente, por ejemplo, que Europa no es una obra de caridad, y que la ayuda al desarrollo no puede seguir distribuyéndose según criterios vagos, oportunistas o inadecuados. Ante la imposibilidad de trazar planes de ayudas a nivel mundial (en unos países la ayuda es desaconsejable en la medida en que se trata de países que están bajo la esfera de otras superpotencias, mientras que otros están excesivamente distantes como para que esa ayuda se convierta en proyección política, e incluso existen países en los que la ayuda al desarrollo se convierte en un elemento paralizante de la economía: “si nos dan dinero sin hacer nada ¿para qué hacer algo?”) el criterio geopolítico debe transformarse en el verdadero patrón que oriente el sentido y las prioridades de las ayudas dirigidas a este “tercer círculo” de países que ni son miembros de la UE, ni “Estados Vecinos”.

De todas formas, en política internacional, nunca se debe ser excesivamente optimista. El realismo es la mejor vacuna contra los excesos del voluntarismo, el buenismo y los espejismos al estilo del “diálogo de las civilizaciones”. Turquía no tiene muchas posibilidades de evolucionar. En realidad solo dispone de cuatro opciones: o bien, una nueva crisis del orden público y la convivencia puede llevar nuevamente a los militares al poder, especialmente si se producen procesos como el que tuvo lugar en 1992 en Argelia con la victoria del Frente Islámico de Salvación, en la primera vuelta de las elecciones; o Turquía desarrolla un modelo propio que algunos han llamado “democracia islámica” y sigue mirando hacia la UE; o bien, el país no supera sus crisis cíclicas y, en el próximo período de vacas flacas, se produce un nuevo estallido social bajo la bandera del islamismo que termina por inclinar al país en el bloque de los Estados Islámicos radicales, junto a Irak; una última posibilidad sería una situación de crisis generalizada en el que la Tracia europea se escindiera del resto del país, los kurdos recuperaran su independencia y el resto de la Península Anatolia quedara sumida en una crisis similar a las que desintegraron el Imperio Otomano entre el siglo XIX y la toma del poder de Ataturk. Estas cuatro hipótesis tienen todas similares posibilidades de realizarse. Existe, por supuesto, una última, la más improbable: Turquía se transforma en una democracia gracias al impulso de los restos del kemalismo y prosigue una marcha hacia Occidente, decidida y sin retrocesos. Insistimos, esta posibilidad es altamente improbable. Cualquiera de las otras, en cambio, puede ocurrir. Las condiciones objetivas no permiten ser, pues, excesivamente optimistas.

Y es que Turquía es un país políticamente muy, muy inestable. En los 84 años de república, se han sucedido 60 gobierno, con una media de poco más de un año en el poder. Esta trepidante sucesión de gobiernos ha imposibilitado el desarrollo político de Turquía y es, desde luego, la causa de que hasta 2004, los pasos en la integración europea hayan sido lentos y limitados. Pero hay un hecho que merece ser destacado. Resulta extremadamente paradójico que haya sido un partido islamista, moderado pero islamista, el que haya dado pasos más firmes que cualquier otro para integrar a Turquía en la UE. En efecto, el Partido de la Justicia y el Desarrollo ascendió al poder en noviembre de 2002, aupado en el 34% de los votos, lo que le reportó una cómoda mayoría absoluta de 363 escaños sobre 550. Vale la pena preguntarse por qué el PJD está tan interesado en promover la marcha –“forzada”, incluso- de Turquía hacia Europa.

Hay una buena razón que eclipsa a cualquier otra. Para entenderla debemos antes valorar el papel de los militares en el Estado turco.

El fundador de la Turquía moderna, Mustafá Kemal Ataturk, era militar y gobernó el país con mano de hierro, pero tuvo la habilidad de impedir que los militares participaran en política. Si querían hacerlo, debían abandonar la carrera militar. Su sucesor, Ismet Inonu, era también militar profesional. La exigencia. Inonu dio el primer paso hacia una democracia occidental, legalizando algunos partidos políticos y convocando elecciones generales en 1950. La experiencia no funcionó. En 1960, los militares “golpearon” y volvieron a hacerlo en 1980 y 1997. Sin embargo, a diferencia de las dictaduras iberoamericanas de los años sesenta y setenta, los gobiernos militares turcos no fueron particularmente corruptos, si bien, su nivel represivo no tuvo nada que envidiarles. Además los militares turcos preferían volver lo antes posible a sus cuarteles. De hecho, siempre, salvo en el caso de Ataturk, a los pocos años del pronunciamiento militar, los militares han cedido el poder a los civiles. La población turca tiene unos estándares políticos muy diferentes de los occidentales; las reiteradas intervenciones de sus FFAA en el gobierno de la nación no es percibido como una “amenaza contra la democracia”, sino todo lo contrario, como si el ejército fuera una especie de guardián de las esencias democráticas y constitucionales.

De tanto en tanto, algún partido realiza llamamientos a las FFAA. El último caso fue protagonizado por el Partido de Acción Nacional, en el año 2004, el cual envió algo más de trescientas cartas a altos mandos militares quejándose de la negligencia de las autoridades a la hora de responder a lo que calificaban como “provocaciones kurdas”.

A diferencia de países como Argentina, Brasil, Bolivia o Chile, en donde el ejército tomó el poder apoyado por una mínima parte de la población, las FFAA turcas son muy populares: la ciudadanía está convencida de que, de producirse un momento de crisis nacional, desencuentro entre los partidos y violencias civiles, el ejército pondrá orden. No es, desde luego, la idea que en Europa nos forjamos de la misión de las FFAA, lo que no impide que allí sean la institución más valorada. Frente a unos políticos corruptos, las FFAA son una institución a salvo de cualquier sospecha. Además se trata de un ejército que ha librado una guerra contra la insurgencia kurda entre 1987 y 1999, y que causó casi 40.000 muertos. Salvo los kurdos, la población percibió esta guerra como un intento de conjurar una amenaza contra la integridad territorial del país y, en general, apoyó a su ejército.

No parece arriesgado decir que estamos ante una democracia tutelada por las FFAA. El organismo mediante el cual se realizaba este control era el Consejo de Seguridad Nacional, una especie de comisión mixta compuesta por mandos militares y altos cargos políticos. Estaba gobernado por una “secretaría general” que, al decir de los observadores de la UE, era una “verdadero gobierno en la sombra”. Tras las últimas reformas constitucionales, su papel quedó limitado al de un órgano consultivo.

Ya hemos dicho en otro lugar que las FFAA turcas figuran entre las primeras del mundo, tanto en número como en equipamiento. Esto implica que su presupuesto de defensa es alto para un país en vías de desarrollo. A partir del 2004, los gastos militares empezaron a ser inferiores a los de educación. Al igual que en su momento la URSS, tampoco Turquía hacía público el monto total de sus gastos de defensa. Esto duró hasta 2004, cuando se suprimió la confidencialidad de los gastos militares ante el Tribunal de Cuentas. Hasta el 2004, los militares nombraban un representante para el Consejo de la Educación, para el Consejo Audiovisual y para los Tribunales Especiales.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 18.05.06

No a Turquía en la UE (X) Las razones del interés turco hacia Europa

No a Turquía en la UE (X) Las razones del interés turco hacia Europa

Infokrisis.- Racep Tayyip Erdogan, primer ministro de Turquía, sintetizó lo que representaba la adhesión de su país a la UE. En un lenguaje más poético -e incluso cursilón- afirmó que "Turquía debería ser como una rosa... y como toda rosa, además de la fragancia, incluye espinas". En otras palabras, fragancia para unos y espinas para la inmensa mayoría.

En el último Índice de Desarrollo Humano de la ONU, Turquía se sitúa muy por debajo de Rumanía, el país europeo que cierra la lista. No es, desde luego, la mejor referencia para un futuro socio. La esperanza de vida media de los españoles, por ejemplo, es de 79’2 años. Turquía estaría situada en las antípodas con el nivel mínimo, 70’4 años. La tasa de alfabetización de algunos países europeos llega hasta el 99’7%, mientras que la de Turquía es del 86’5%. La enseñanza primaria, la secundaria y la superior, tiene una tasa del 92% en España y del 68% en Turquía. Finalmente, el PIB español es de 21.460 y el de Turquía de 6.390.

La estructura económica de Turquía es cualquier cosa menos liberal. Turquía ocupa la posición 100 de 123 países, compartida con Malawi y Madagascar, en el Informe de 2004 sobre Libertad Económica en el Mundo, publicado por el Instituto Fraser de Canadá y la posición 66 de 104 países en el Índice de Competitividad de Crecimiento 2004 del World Economic Forum. Estas cifras hacen de Turquía un país radicalmente diferente a Europa en su estructura económica y más próxima al tercer mundo que al pelotón de cabeza del desarrollo en el que la UE tiene la legítima ambición de permanecer.

Según los Criterios de Copenhague, los países candidatos deben tener un sistema económico con capacidad para competir en el mercado único de la UE. En el informe elaborado por la Comisión Europea en 2004, quedaba claro que Turquía no satisfacía ninguno de los criterios económicos, a pesar de la mejora de su economía en los últimos años y de que sus expectativas teóricas de crecimiento son de entre un 8 y un 10% anual. Turquía no ha logrado estabilizar su economía. La inflación se redujo al 2003 a un 25%. El pago de los intereses de la deuda pública constituye una carga insoportable que inmoviliza las inversiones públicas y genera un déficit presupuestario muy elevado. Así pues, a Turquía le queda mucho camino por delante para adecuar su economía a la UE.

La economía turca es muy diferente a la comunitaria. El sector público tiene un peso excesivo en su economía (un 5% y el 20% en las manufacturas). El Estado es propietario de los dos mayores bancos del país que hubieran quebrado en el 2001 de no haber sido porque el Estado saneó sus cuentas. Los directivos, simplemente, habían concedido miles de millones en créditos a empresarios insolventes y corruptos… pero amigos del partido en el poder. Queda todavía mucho por andar en el camino de la privatización. La pequeña y mediana empresa se ve bloqueada en su actividad por la falta de créditos bancarios. Tan solo las grandes empresas los reciben con facilidad, pero las pymes se ven asfixiadas por la burocracia y la corrupción. No es raro que la inversión extranjera vacile antes de proyectarse sobre Turquía. En 2004 apenas representaba el 1% del PIB, cifra insuficiente para que pudiera realizarse una modernización en la industria. Turquía podría necesitar para modernizar su economía unas ayudas financieras de entre 30.000 y 60.000 millones de euros.

A pesar de la mejora de la economía, Turquía se parece más a un país subdesarrollado que a cualquier país europeo. Sólo un 20% por ciento de la población disfruta de un estilo de vida similar al europeo, pero el resto es similar o incluso inferior a India o Pakistán. Criminalidad en auge, economía sumergida, paro, mendicidad, son las escenas más habituales que todo turista ha visto en Turquía. El paro afecta al 45% de las personas en edad de trabajar y, del resto, entre la mitad y la tercera parte ni tienen contrato, ni cotizan a la seguridad social, ni siquiera tienen contrato laboral. El producto interior bruto per capita es inferior al 30% de la media de la UE, y su poder adquisitivo por habitante es una quinta parte del correspondiente a los antiguos países de la Unión (la “Europa de los Quince”) y la mitad de los diez nuevos países miembros.

El Producto Interior Bruto de la UE es 21.000 euros por habitante. El de Turquía, justo la tercera parte. Este mero dato hace que la riada de turcos hacia Europa Occidental sea inevitable en la hipótesis de un eventual salto de las barreras aduaneras. Esta migración de sur-este a oeste, tendría como contrapartida una deslocalización empresarial de oeste a sur-este. Si los salarios están en Turquía tres veces por debajo del nivel de Francia o Alemania, es evidente que la producción de manufacturas resulta más rentable allí. A la ola de parados generada por una inmigración dispuesta a vender su fuerza de trabajo más barata que los trabajadores europeos, seguiría una migración de las plantas de producción europea a Turquía. Quizás algunos ganen con todos estos “ajustes”, pero la inmensa mayoría de los trabajadores europeos perderían.

Además, Turquía es hoy un país en el que el sector agrícola es mayoritario. Ya hemos dicho que el sector agrícola turco ocupa tanta mano de obra como la de todos los países que se incorporaron a la UE en mayo de 2004. Dicho de otra forma: las ayudas que están recibiendo los agricultores en virtud de la Política Agrícola Común, el único incentivo que impide el hundimiento de los cultivos en Europa, serían absolutamente inviables en el caso de que Turquía ingresara en la UE. Suele decirse que la competencia de la agricultura europea en relación a las agriculturas del Tercer Mundo es desleal; bien, lo es, ¿y? ¿Acaso lo que se pretende es que los cultivos, desde el mayor latifundio hasta el último bancal olvidado de Europa, se abandonen por antieconómicos y el campo quede solamente para las visitas de fin de semana y las granjas-escuela para niños urbanitas? ¿Se pretende arrojar al paro y a la miseria a nuestros agricultores? Y hablando de “competencia desleal”, ¿acaso no es desleal la producción agrícola en zonas en donde ni existe sindicación, ni seguridad social, sino solamente agotadoras jornadas laborales a cambio de un salario de miseria? Lo lamento: Europa tiene que aprender a ser egoísta. Nuestros agricultores primero. Nuestros agricultores son los únicos ecologistas que tienen una experiencia real y vivida de defensa de la naturaleza, son los que se están preocupando de labrar las tierras, en lugar de abandonarlas o entregarlas a la especulación inmobiliaria. Nuestros agricultores merecen todas las ayudas necesarias para asegurar la rentabilidad de sus explotaciones y el abastecimiento de los mercados a precios aceptables. Así que ¿de qué estamos hablando? La Política Agraria Común fue el fundamento de la CEE precisamente para evitar la carestía, el desabastecimiento de los mercados y las oscilaciones brutales de los precios. Y esa política debe seguir, por poco liberal que sea. Ahora bien, esa política es inviable si Europa tiene que financiar a un sector agrario tan extenso como el turco.

Aquí está la madre de todos los motivos que tiene Turquía para acercarse a la UE con una persistencia casi humillante. Turquía no pretende otra cosa que “tocar” fondos europeos. Si no, ¿de dónde procede esta obstinación turca que dura ya casi medio siglo, de mirar hacia Europa?, ¿cuál es el motivo por el que está dispuesto a cambiar su legislación, maquillar su política de derechos humanos, seguir afirmando que es un Estado laico? ¿Es que los turcos, bruscamente, se sienten “europeos” aun cuando sus fronteras con Siria o Irak digan justo lo contrario? No seamos tan ingenuos, ni tan estúpidos, como para pensar que en Turquía lo que se está desarrollando es una mutación cultural como la que preveía Huntington, y que el país “está cambiando”. Vayan a Turquía, no se contenten con visitar Tracia, ni la antigua Constantinopla, vayan a Anatolia, recorran Capadocia y lleguen hasta el Kurdistán. No solamente no encontrarán a nadie que se sienta “europeo”, ni encontrarán rastros de cultura “europea”, no habrá nada que les remita a nuestra vieja Europa. No seamos idiotas: Turquía mira al dinero europeo, no le interesa ninguna otra cosa; en su cinismo, las autoridades turcas saben que el ingreso de su país en el “club europeo” generará una oleada migratoria sin precedentes, lo que, en la práctica supone arrojar a millones de turcos fuera de su territorio. Las remesas enviadas por estos millones de inmigrantes contribuirán a generar una dinámica económica sin precedentes en aquel país y, en cuanto a la deslocalización de empresas europeas, generará puestos de trabajo a pesar de que Europa Occidental, particularmente, vea a miles de trabajadores arrojados al paro y a soportar la competencia desleal de quienes están dispuestos a vender más barata su fuerza de trabajo. Pero, sobre todo, Turquía tiene la mirada puesta en la Política Agraria Común. Los fondos estructurales y el grueso de subsidios agrícolas serían invertidos en el Este de la Península Anatolia, la zona más empobrecida de Turquía y cuyo PIB es menos de la mitad de la zona Oeste y la cuarta parte del existente en Tracia. Es decir, el dinero de los contribuyentes europeos se invertiría en la zona menos europea y más oriental de Turquía.

El hecho de que un país como Turquía ingrese en la UE y se beneficie de todo este régimen de subsidios y del libre paso de bienes, personas y capitales, es peligroso. Huntington y todos los que se han atrevido a “apostar” por el acercamiento de Turquía a Europa, saben perfectamente que una “apuesta” se realiza existiendo un alto grado de incertidumbre sobre el resultado final. Puede ser que “funcionara” y que el paso dado por Turquía hacia Europa contribuyera a desactivar la bomba islámica en aquel país, puede ser que Europa dispusiera de una atalaya para pacificar Oriente Medio, podría ser, incluso, que otros países islámicos se democratizaran siguiendo el ejemplo turco. Entonces, todos contentos, menos los trabajadores y los campesinos europeos. Pero, podría ocurrir justo lo contrario. Europa se vería expuesta a tener unas fronteras con la zona más “caliente” del planeta, implicada en guerras y conflictos innecesarios, al menos para nosotros. Podría ocurrir que, en lugar de aplacarse, el islamismo turco viera en la integración en la UE un gesto de debilidad de Europa y como los vándalos, los suevos y los alanos en el 406, decidieran cruzar el Bósforo y los Dardanelos, no solamente para trabajar, sino para islamizar Europa Occidental, y con los ayatolahs, los terroristas. Podría ocurrir, incluso, que los intentos de ampliar su zona de influencia en el Este, con la idea “panotomana”, terminara por chocar con China y con la nueva Rusia, los tres puntales sobre los que se asienta la seguridad en Eurasia. Podría ocurrir, incluso, que después de unos cuantos años de sangrar y muñir a Europa, un gobierno islamista terminara chocando con la UE y retirándose del proyecto… justo cuando Europa había invertido miles de millones de euros, cuando la deslocalización, la inmigración masiva, hubieran causado daños irreparables en Europa Occidental. Podría ocurrir todo esto. Y, en lo más íntimo, estamos convencidos de que hay muchas más posibilidades de que ocurra esto, que no un “happy end” en el idilio de Turquía con Europa. Europa perdería en la “apuesta”. Una de las normas éticas y morales del antiguo sistema educativo en el que algunos de nosotros nos educamos, hace que contemplemos las “apuestas” y los “juegos de azar” como inmorales e irresponsables. Y en política, una “apuesta” es una forma de jugar a la ruleta rusa. Inmoral hacia los trabajadores y los campesinos europeos, los sectores más sensibles y frágiles del continente, e irresponsable en tanto se realiza al margen de cualquier sentido de Estado y hace incluso peligrar cincuenta años de construcción europea.

El interés de Turquía en Europa es todavía más incomprensible toda vez que participa en la Unión Aduanera desde 1995, en la Asociación de Cooperación Euro-Mediterránea o en el Espacio Económico Europeo. Turquía es un mercado en expansión para la UE. Pero no el único. Por el contrario, la UE es la única fuente de dinero “fácil” para Turquía. No hay, en estos momentos, otro, y todo induce a pensar que así va a ser durante mucho tiempo. Ni China, ni Rusia tienen el más mínimo interés en apoyar a un país que está empeñado en movilizar a la población turcófona en beneficio propio, restándoles áreas de influencia. En cuanto a EEUU está demasiado lejos como para que su ayuda sea decisiva. ¿Van entendiendo por qué Turquía soporta cualquier condición, cualquier rechazo, cualquier humillación?

Turquía encajaría mal en Europa. No solamente su paisaje no es europeo, ni sus costumbres, ni su historia, sino que es más bien la negación de Europa. Además, ya que las estadísticas parecen tener fuerza en nuestras sociedades, las mayores diferencias entre Turquía y Europa serían estadísticas. ¿Qué es Turquía? No es un país rico, ni tampoco es un país pobre; es un país en vías de desarrollo. Los países del Este Europeo que se integraron en la Unión en mayo de 2004, estaban muy por delante de Turquía. La mitad de turcos viven con un salario inferior a 60 euros por persona, esto es, 240 euros por familia; cuando el Fondo Monetario Internacional sitúa el umbral de la pobreza “tolerable” en 525 dólares. Algo más de la población turca vivía en la pobreza. ¿Puede suponerse que, mediante una serie de reajustes, Turquía finalmente consigue multiplicar por cinco su PIB para ponerse a la cola de la UE? Lo dudamos, especialmente porque las diferencias entre el Este y el Oeste de Turquía son abismales y, si se nos apura, insuperables en varias generaciones. La parte occidental es la más frecuentada por el turismo y tiene un mayor nivel de inversiones e infraestructuras. El 64% de la población turca vive en zonas rurales, que aportan el 78% del PIB nacional, con un PIB per cápita del 23% superior a la media nacional. En ningún país de la Europa Mediterránea, estas diferencias de PIB en el interior eran tan grandes. En Turquía el PIB del Oeste es ocho veces superior al del Este. Europa no está en condiciones de compensar todo este desequilibrio interior.

¿Enviar fondos a Turquía? En países con democracias saludables como España, Francia e Italia, se han producido desvíos de fondos, y han aflorado casos de corrupción galopante. Afortunadamente, en Occidente la corrupción es una excepción, pero no la norma. Además existen garantías jurídicas suficientes como para que el ciudadano pueda legítimamente pensar que los niveles de corrupción, antes o después, salen a la superficie y sus culpables son castigados con cierto rigor. Turquía es otra cosa. Incluso el país con más opacidad dentro de Europa, Rumanía, se sitúa lejos de los niveles de corrupción turcos. Los datos de “Transparency Internacional” figuran entre los lastres mas pesados de la candidatura turca. ¿Enviar subsidios a Turquía? Mientras no ascienda en el ranking de los países más corruptos, sería como entregar la custodia de un furgón blindado a una banda de salteadores de caminos.

Actualmente, la agricultura genera un 12% del PIB en Turquía, y se supone que en la próxima década se reducirá al 10%. Sobre esta base, se puede hacer un cálculo rápido del coste potencial máximo que conllevaría la ampliación del nivel de ayuda de la PAC a Turquía. Franz Fischler no es desde luego el Comisario Europeo más popular en nuestro país, pero, sin duda, es una de las personas que más entienden sobre los problemas de la agricultura en Europa. Su ascendencia germánica le imposibilitó reconocer las bondades de la dieta mediterránea y fue uno de los más enconados defensores de las reducciones de los subsidios agrícolas al cultivo del olivo en España. Pero esa misma ascendencia germánica, con su precisión y minuciosidad extremas, fue lo que obligó al comisario de agricultura a explicar en septiembre de 2004 que la adhesión de Turquía a la UE costaría, solamente en subsidios avícolas, la friolera de entre 11 y 13.000 millones de euros. Literalmente insoportable, incluso en la hipótesis de que los actuales agricultores europeos fueran desprovistos de cualquier tipo de subvención y todo fuera a parar al Este turco, es decir, a Oriente Medio. Sencillamente, inaceptable. Pero si, además, Turquía percibiera fondos estructurales en la misma medida que las economías deprimidas del Sur de Europa han venido haciéndolo tras su integración, la factura se elevaría a 32.000 millones de Euros. Pero a esta cifra aún hay que añadir la que derivaría del aumento de la población turca en los próximos 15 años, con lo que habría que introducir una corrección en las cifras que nos llevaría a los 40.000 millones de euros anuales. No es realista, ni siquiera dice mucho del sentido común de los promotores occidentales de la candidatura turca, que sectores enteros del campesinado y de los trabajadores europeos sean simplemente laminados y abandonados a su suerte, para sostener el desarrollo de zonas de Asia que nada tienen que ver con Europa. Los Zapatero y demás “dialogantes” deberían pensar en sus electores más que en obras de caridad para Asia que arrojarían a la precariedad a millones de contribuyentes, trabajadores y agricultores europeos. Si es que no han olvidado como se ejerce la “funesta manía de pensar”. Ningún técnico sería capaz de abrir falsas expectativas, considerando una “candidatura imposible” como la turca y que acarreara tantos riesgos para nuestras poblaciones. Nadie salvo quizás un “apostador”, un “tahúr” quizás, un “aventurero”, un “ludópata”, o simplemente un imbécil.

Tampoco hay que olvidar que los años que se avecinan van a ser duros. Aún no se ha experimentado los efectos más deletéreos del fin de la era del combustible barato. Todavía no sabemos de qué forma, exactamente, van a afectar las subidas de carburante al proceso de globalización que se consideraba hace dos años como nuestro fatum. No sabemos siquiera cuál va a ser el impacto de las manufacturas chinas, indias, pakistaníes y, en general, asiáticas, en las economías occidentales; ignoramos cuál va a ser el techo de las deslocalizaciones y no podemos imaginar un continente europeo con 40 millones de parados por un lado y con 40 millones de inmigrantes por otro, sin la más mínima intención de regresar a sus países de origen. Y es en este contexto, en el que se puede decir aquello de que las “apuestas” y los “experimentos”, en casa, con gaseosa y sin que se entere papá.

© Ernesto Milá Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

 

 

No a Turquía en la UE (IX) Demografia e inmigración, el “mal turco”

No a Turquía en la UE (IX) Demografia e inmigración, el “mal turco”

Infokrisis.- Europa ha ganado la batalla del desarrollo económico y la prosperidad, pero está perdiendo la batalla demográfica. Nuestra población declina. Las razones son muchas, pero la primera de todas ellas es que el bienestar parece encajar mal con la procreación. Contrariamente a lo que la lógica y el sentido común impondrían, la paternidad alcanza sus más altas cuotas, no cuando xisten posibilidades de crear con tranquilidad y en un entorno "amigable" para la prole, sino todolo contrario.

 

Los sociólogos sostienen que está demostrado que la incultura fomenta la natalidad y que ésta se estabiliza cuando mejora la educación de una comunidad. Las cifras cantan. Habrá que creer en las cifras que nos dan. Ahora bien, por algún motivo que los sociólogos todavía no han explicado satisfactoriamente, hace cincuenta o cien años existía la misma pobreza endémica en algunas zonas de África y, sin embargo, no se había producido la explosión demográfica. ¿Por qué antes no y ahora si? Por el momento, lo cierto es que, en situaciones de pobreza, el sexo es la actividad más barata. Quien no tiene nada que hacer se entrega a la tarea más gratificante que existe: hacer el amor. Al menos, durante la crisis del orgasmo se olvida todo lo demás. El daño colateral aparece nueve meses después.

Tiene poco sentido preocuparse por las razones de la explosión demográfica del Tercer Mundo. Probablemente las causas sean muchas y diferentes en cada marco geográfico. Lo cierto es que el diferencial demográfico perjudica a Europa y beneficia al Tercer Mundo. Hoy, África es la zona que crece a mayor velocidad del planeta, muy por delante incluso de China que, aunque tarde, finalmente ha logrado controlar su natalidad, no gracias a un proceso de culturización, sino a una legislación específica. Vean.

En 2005 Malí tenía 13’5 millones de habitantes; en el 2050 tendrá 42. Lo sorprendente es que la ayuda al desarrollo que recibe Malí en la actualidad, es muy superior a cualquier otro período de su historia, y no va a disminuir. En lugar de cumplirse las previsiones de los sociólogos, esa ayuda que debería redundar en una mejora, como mínimo cultural, de la población, no evitará que en 45 años su población se triplique. Las cifras en otros países del África subsahariana son, asimismo, espeluznantes: en las mismas fechas, Níger que tiene 14 millones de habitantes pasará a tener 50, Burkina Faso, hoy con 13’2 millones de habitantes, alcanzará los 39’1. En términos globales, todo el continente africano, incluida la franja magrebí, habrá pasado de 905 millones de habitantes a 1937 millones. Un aumento de mil millones en 45 años. En ese mismo período, se calcula que China solamente habrá crecido 62,3 millones de habitantes. Otras cifras demográficas son igualmente alarmantes: Marruecos y Argelia tendrán respectivamente, en el 2050, 46,4 y 49,5 millones de habitantes, frentes a los 32 y 33 millones actuales. Podía ser peor. Pero, en su conjunto, los países árabes habrán duplicado casi su población: de 321 millones a 598. En ese tiempo Europa declinará demográficamente, pasando de los actuales 728’4 millones a 653 millones. Casi un 10% de merma, sin contar del 90% restante los contingentes que, habiendo nacido en Europa, no son étnica ni, quizás, culturalmente europeos y que podemos situar en torno a un 20%. La merma es mucho mayor de lo que podía pensarse.

En el mundial de fútbol de 2006, la selección francesa tendrá solamente tres jugadores que correspondan al “estándar” étnico europeo. No se trata, evidentemente, de entrar en consideraciones de tipo racista y xenófobo, pero sí de advertir que, de seguir este declive demográfico, el “europeo” terminará siendo un grupo étnico en extinción; casi con toda seguridad minoritario en menos de un siglo. Por de pronto, se calcula que en el 2012-2015, el Islam será la religión más seguida en Inglaterra y, sólo unos años más tarde, en Francia, Bélgica, Holanda y Alemania. Insistimos, no es como para entrar en consideraciones racistas, pero esto es lo que hay y no es, desde luego, agradable saber que el propio grupo étnico va a verse ahogado por otros en apenas 90 años. Algo habrá fallado.

Y lo que ha fallado habrá sido que los distintos gobiernos europeos no han intentado encontrar otra salida a la crisis demográfica, más que la de importar inmigración. Lo normal hubiera sido iniciar campañas de natalidad en cuanto se percibió que la demografía entraba en crisis; las campañas, unidas a incentivos fiscales para la adquisición de viviendas, y un régimen de subsidios, hubieran paliado el problema. En lugar de eso, se prefirió recurrir a una inmigración que se percibía como la panacea y que luego se convirtió en receptora de la mayoría de subsidios. Que no es solución se verá en torno a la segunda década del milenio cuando se compruebe lo que venimos sosteniendo desde hace unos años: que ni la colonización fue un buen negocio, ni la inmigración es la solución a todos los males, o dicho de otra manera: que la inmigración genera más gastos que beneficios. Pues bien, es en este contexto en el que hay que situar el ingreso de Turquía en la UE.

Si hemos precedido los datos demográficos y migratorios de Turquía de esta breve introducción es porque Turquía es un país “dador de inmigrantes” y en segundo lugar porque es un país con una demografía muy superior a la europea. Al suicidio demográfico de Europa, habría que añadir la integración de Turquía en la UE para rematar la faena: porque no me negarán que tendría bemoles que el Estado más grande de la UE y, por tanto, el más representado, fuera, al mismo tiempo, el más pobre, el que tiene una mayor demografía, el más representado en la UE y, para colmo, ni siquiera fuera europeo, cultural, étnica, ni geográficamente. Si me dicen que la UE está pilotada por kamikazes no lo dudaré.

Turquía tiene en la actualidad 72 millones de habitantes. En el año 2050 llegará a los 100 y su demografía distará mucho de haber alcanzado la cúspide, mientras que la europea se encontrará en el punto más bajo. En realidad, Turquía cuenta hoy con una población casi tan numerosa como los Estados que ingresaron en la UE en 2004. La pobreza de Turquía y su innegable experiencia en exportar inmigrantes, hará que en el momento de ingresar en la UE se produzca una migración masiva hacia el Oeste. Y no vemos de qué manera se iba a poder controlar, si la UE se ha demostrado absolutamente incapaz de controlar flujos migratorios llegados de países más alejados.

Los partidarios de la entrada de Turquía en la UE se preocupan especialmente de disipar estos temores. Básicamente, su idea es que la economía turca crece a una velocidad superior a cualquier otro país de la UE e incluso supera a la de China. Esto facilitará que en un plazo de diez años, el tiempo que se estima que podrían durar las negociaciones con la UE, Turquía tendrá una economía similar a otros países de la cuenca mediterránea. Algún magnate turco ha llegado a decir que hacia 2022, los europeos emigrarán a Turquía, amparado en las proyecciones demográficas. En efecto, hacia el 2020, la edad media en Europa Occidental será de 55 años y en Turquía se situará en torno a los 26’5. Se da por supuesto que este descenso hará de Turquía un lugar habitable y agradable. No lo tenemos tan claro, pero, aun así consideramos que tiene razón César Molinas, ex Managing Director de Merrill Lynch cuando dijo: “apostar por Turquía es una oportunidad a largo plazo”. En efecto, es una apuesta, lo que implica un alto grado de azar e incertidumbre. Si resulta, bien; si no, estamos ante un peligro histórico.

¿Y por qué debería de “funcionar” la integración turca? Es curioso, pero los más ardientes defensores de la integración turca no se encuentran en Europa sino en EEUU. Huntington en su “Choque de Civilizaciones”, advirtió algo fundamental: integrar a Turquía en la Europa democrática o a México en el pelotón de las democracias implica, necesariamente, un cambio de civilización en esos países. Eso, o de lo contrario, el proceso de mutación política y económica será tan superficial que correría el riesgo de producir traumáticas regresiones. En el caso turco se trata de pasar de un paradigma de civilización musulmán, oriental y otomano a otro laico, occidental y europeo. Vale la pena dedicar un párrafo más a este planteamiento.

Huntington cree, o dice creer, en la superioridad del paradigma occidental sobre cualquier otro. Pero los hechos indican otra cosa. En sus queridos EEUU, después de un cuarto de siglo de llegadas masivas de inmigrantes de origen hispano, finalmente, han sonado las alarmas. Quizás el hecho de que Nueva York sea la ciudad del mundo en la que se habla más español, o que Miami sea ya una ciudad hispana al 90% y San Francisco lleve el mismo camino, ha precipitado las alarmas. Porque lo que se ha producido no ha sido una integración de los hispanos en la cultura de acogida (como había ocurrido hasta 1980, cuando eran una minoría excesivamente débil) sino la creación de “enclaves” hispanos, impermeables a cualquier otra influencia. Hoy, un hispano en Miami no precisa ni siquiera aprender inglés para llevar a cabo una vida normalizada. Antes si. Es el número lo que cambia la situación: existe una “masa crítica” a partir de la cual una comunidad se muestra autosuficiente y no precisa realizar ningún esfuerzo de integración. Y, no sólo eso, también está la escala de valores. Los hispanos son católicos y su Dios es el de los pobres; el pobre, por su estado de indefensión, es recompensado en la otra vida. Los anglosajones, por el contrario, son cristianos evangélicos y/o calvinistas; para ellos Dios recompensa con el triunfo económico-social a sus elegidos. ¿Es posible encontrar dos comunidades separadas por un abismo cultural tan amplio? Será difícil, pero el hecho es que el cálculo de Huntington no se confirma en la práctica en los EEUU. ¿Por qué, pues, habría de cumplirse en Europa? Turquía: ¿va a abandonar su escala de valores, su religión y su cultura, simplemente por el hecho salvífico de su integración en Europa? Difícilmente. Las experiencias de los inmigrantes turcos en Alemania evidencian precisamente que estas comunidades se muestran impermeables a la cultura europea. Como máximo, estas bolsas de inmigración son receptivas al consumo, y a la adquisición de bienes utilitarios, pero no a una mutación cultural y religiosa. Es justamente todo lo contrario lo que tiene tendencia a ocurrir.

En efecto, el cínico sistema de producción capitalista en Europa ha atribuido a esas bolsas de inmigración el papel que antes correspondía al subproletariado urbano. Mano de obra barata y carne de cañón laboral, sometida a contratos basura y a precariedad en el empleo. Si a eso añadimos que turcos en Alemania, argelinos en Francia y marroquíes en España, no son particularmente proclives a incluirse en programas de capacitación laboral, e incluso que los hijos de inmigrantes tienen una tasas de absentismo escolar muy superiores a otros grupos étnicos, el problema que aparece es que, mediante la vía del trabajo, resulta difícil que estos grupos inmigrantes puedan ascender en la escala social. Además, el hijo del inmigrante percibe pronto que su padre no ha podido abandonar la precariedad después de veinte, treinta o cuarenta años de trabajo. A partir del momento en que una comunidad toma conciencia de esta situación (explotación, falta de preparación, salario de subsistencia que nunca dará acceso a los grandes escaparates de consumo) se producen dos situaciones: o bien, el modelo que se adopta es el de un gran ídolo mediático perteneciente a la misma comunidad (Zidane, ídolo de todos los jóvenes argelinos, por ejemplo) o bien la vía de los circuitos ilegales. La primera vía se ve frustrada inevitablemente por la realidad (Zidane sólo hay uno y raperos multimillonarios magrebíes muy pocos) y la segunda por el aparato policial-judicial. El resultado final es el rechazo a la sociedad de acogida. Este rechazo se produce en dos fases: en la primera aparece un rechazo a todo, y se intenta destruir el todo en un arranque salvaje de nihilismo (es la revuelta que ha tenido lugar en Francia en noviembre de 2005), luego viene el reflujo y el asumir el hecho de que solamente la “propia comunidad” puede ofrecer algo positivo: la familia, la tribu-suburbio, la mezquita, las fiestas comunitarias religiosas, una lengua, unas canciones, unas tradiciones que son las de los padres o las de los abuelos. Probablemente, este proceso jamás se produciría si Europa viviera una prosperidad permanente, sin crisis profundas. Pero esto no es así. Las crisis cíclicas aparecen y siempre afectan a los sectores más desfavorecidos por la sociedad. Por lo tanto, el efecto de mutación cultural augurado por Huntington en México y Turquía es, no sólo muy difícil que se produzca, sino que evidencia además un idealismo unilateral: a lo mejor resulta que, para grupos étnico-religioso-culturales no occidentales, la democracia, el laicismo y nuestra escala de valores no son percibidos como óptimos. ¿Por qué ellos no tienen derecho a seguir su propia vía? Lo tienen, efectivamente, pero en su propio horizonte geográfico. Lo que es inviable es un mundo árabe y una Turquía enraizada en sus tradiciones seculares inamovibles y una Europa que acepta bolsas de “disidencia” cultural, étnica, religiosa o social. Cuando se va a apostar con la seguridad de perder, es mejor negarse a jugar.

Algunas cifras sobre la demografía turca ilustrarán mejor todos estos razonamientos.

En el 2005, Turquía tenía 71 millones de habitantes y entre 1960 y 1990 había duplicado su población. Los demógrafos calculan que, con una tasa de natalidad del 3’1%, Turquía alcanzará en 2015 los 100 millones de habitantes (otros demógrafos sostienen que será “sólo” de 80 millones, pero las cosas tampoco cambiarían). Una cifra que habla por sí misma es que, en la actualidad, Turquía tiene tantos trabajadores agrícolas como el resto de la UE, lo que hace, materialmente imposible, seguir con la política agraria común en caso de que éste país termine integrándose.

De entrar en la EU, uno de cada cinco “europeos” será turco. A partir de ese momento, Turquía contaría con un centenar de diputados en el Parlamento Europeo, mientras que Alemania tiene 92 y Francia 72. Numéricamente, Turquía sería entonces el país más importante numéricamente (y, por tanto, políticamente) de la UE. Pero ese país tendría una uniformidad religiosa como ningún otro. En efecto, el 99% de su población sería musulmana y, de seguir la tendencia actual, los partidos islamistas, moderados o no, serían mayoritarios. Esto implicaría que el grupo parlamentario nacional más fuerte en Estrasburgo sería islamista. No sé a ustedes, pero a mí me produce serias dudas un parlamento europeo con un fuerte grupo islamista (al que se sumarían diputados islamistas elegidos en listas “progresistas”, o simplemente islamistas en Europa Occidental, y representantes de los países musulmanes europeos que, antes o después, llamarán a las puertas de la UE: Albania, Bosnia, Kosovo…).

Se suele decir que Turquía se encuentra inmersa en un proceso de transición demográfica, con un rápido descenso en la tasa de crecimiento de su población, que ha pasado del 2,5% al 3% en las décadas de los 50 y 60, a menos de un 1,5% a principio de este siglo. Pero esto no basta para evitar –y esto lo reconocen los demógrafos más optimistas y proclives a minimizar el crecimiento turco- que en los próximos veinte años su población se incrementará en un 25%. El informe elaborado por el instituto DIW alemán sobre el potencial de migración de Turquía sugiere que los flujos migratorios anuales de éste país hacia occidente “no superarán las 250.000 personas por año”. Lo cual no es poco. Pero esta cifra ni siquiera es segura. A pesar de que se impusiera un período de “abstinencia” a Turquía con prohibición de exportar inmigrantes, lo cierto es que cualquier crisis local podría suponer una “marcha hacia occidente” de contingentes de población turca situados por encima de esa cifra. ¿Y por qué podría producirse una crisis? Por muchos motivos: por la proximidad de las zonas más calientes de Oriente Medio a las fronteras turcas, por el avivamiento del conflicto kurdo, por una crisis social motivada por la absoluta tendencia a la desigualdad de la renta en el interior de Turquía y, finalmente, por conflictividad interna suscitada por los partidos islamistas.

Si finalmente se aprobara el proyecto de constitución europea que fue rechazado en Francia y Holanda y aprobado –sin debate y sin saber lo que se votaba- en España, la toma de decisiones debería tomarse con el respaldo de al menos un 65% de la población de la UE y de un 55% de los Estados miembros. Lo que implica que, en el caso de que un país no estuviera de acuerdo con una propuesta, necesitaría contar con el apoyo de un 35% de la población de la UE y un 45% de los Estados miembros para bloquearla. El sistema de voto por mayoría doble, en palabras de Giscard d’Estaing, “concedería a Turquía un peso significativo en el bloqueo de decisiones”. De hecho, por sí misma Turquía, a pesar de ser el país más poblado, no podría bloquear ninguna decisión, pero precisaría a las poblaciones de al menos otros dos países grandes para alcanzar el umbral necesario del 35%. ¿Existen esos otros dos países? En principio no, lo que existe es un número creciente de turcos incorporados a las listas electorales de Europa Occidental a lo que habría que sumar en el futuro a Albania y a Bosnia, países musulmanes.

En la actualidad residen fuera de Turquía algo más de cuatro millones de inmigrantes, la mayoría de ellos en Alemania (las cifras se discuten: entre tres y cuatro), Francia (medio millón), Países Bajos (270-300.000), Austria (200-250.000), Bélgica (110-125.000), Reino Unido (70-80.000), Dinamarca (53-55.000) y suecia (37.000). Depende de la fuente las cifras son unas u otras, ahora bien, la única cifra segura es la de inmigrantes de origen turco nacionalizados europeos. Esta cifra asciende en los países citados a 1.271.000 nuevos “europeos” en el 2004. En el momento de escribir estas líneas, es posible que hayamos alcanzado la cifra de millón y medio. Este millón y medio son, ya en este momento, votantes “europeos”.

(c) Ernesto Milà Rodríguez - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - 17.05.06

 

 

Forum Filatético y las estafas piramidales

Forum Filatético y las estafas piramidales

Infokrisis.- La noticia de la semana que ha cubierto a cualquier otra, incluida la caída bochornosa y sainetesca del tripartito catalán, ha sido la detención de los principales repsonsables de AFISA y del Forum Filatélico y el desmantelamiento de una presunta estafa piramidas. Pero hay algo en todo esto que no termina de encajar. ¿Qué es una estafa piramidal? Si reflexionamos, veremos que el estado es el único que puede ser acusado de esta práctica fraudulenta.

Infokrisis.- La noticia de la semana que ha cubierto a cualquier otra, incluida la caída bochornosa y sainetesca del tripartito catalán, ha sido la detención de los principales responsables de AFINSA y del Fórum Filatélico y el desmantelamiento de una presunta estafa piramidal. Pero hay algo en todo esto que no termina de encajar. ¿Qué es una estafa piramidal? Si reflexionamos, veremos que el Estado es el único que puede ser acusado de esta práctica fraudulenta.

Los sellos, ¿son una inversión?

No, los sellos no son una inversión. Intente usted vender un sello de algo más de treinta años y comprobará que, una cosa es el precio de catálogo y otra lo que alguien esté dispuesto a pagar por él. Poco, realmente. La revalorización de los sellos, probablemente, no vaya más allá del 0’5% anual. Así pues, los sellos son una actividad para coleccionistas, pero no para inversores. Desde este punto de vista, lo ocurrido con AFINSA y con el Fórum Filatélico era algo que ya podía preverse y que, en realidad, ya ocurrió a finales de los ochenta con algunas pequeñas empresas que vendían este producto como la inversión de su vida. Pero…

… Pero la cuestión es que, desde hace treinta años, estas dos empresas iban pagando religiosamente los intereses estipulados que, por lo demás, no eran excesivamente altos, ni correspondían a los habituales ofrecidos por los “chiringuitos financieros” (más de un 10%). Hay que reconocer, en principio, que una “estafa piramidal” cae en unos pocos meses o, como máximo, en unos años. Estas dos empresas han funcionado durante treinta años, han reintegrado el valor de los sellos estipulado en contrato y han pagado los intereses prometidos. No es raro que unos clientes hayan arrastrado a otros y que quien invirtió medio millón de pesetas inicialmente se animara a invertir cinco en cuanto tuvo ocasión.

Entonces ¿cómo funcionaban Fórum Filatélico y AFINSA?

Ambas empresas tuvieron la habilidad de atraer pequeños inversores entregándoles una garantía: sellos. Lo que estas empresas hacían con el dinero recaudado no tiene nada que ver con la filatelia. Simplemente lo invertían en negocios rentables y con los beneficios pagaban intereses y cubrían el capital. Estos negocios tenían que ver con el sector inmobiliario, con las inversiones en el extranjero y con la compra de valores en los mercados bolsísticos de todo el mundo.

La rentabilidad del sector inmobiliario –y, por lo demás, su opacidad- es una de las más altas: construcción, promoción y venta, pueden llegar, fácilmente, a doblar la inversión inicial. Por otra parte, la inversión en bolsa, en productos a medio plazo, da un mínimo de un 5’5-6% anual. Y si el producto se “trabaja” en el día a día de las cotizaciones, puede alcanzar hasta el 20%, más allá del cual, el riesgo aumenta excesivamente, aunque también lo hacen los beneficios.

Si tenemos en cuenta la obligación de pago de intereses situados en torno al 5%, se verá que una empresa que cuenta con unos cuantos miles de inversores –y en el caso de estas empresas estamos hablando de decenas de miles- puede operar con un capital excepcionalmente alto, que le permite diversificar inversiones y, en consecuencia, obtener unos beneficios extremadamente jugosos. AFINSA y Fórum Filatélico realizaban este tipo de prácticas.
¿Y los sellos? Los sellos eran, simplemente, la garantía de que el contrato se iba a cumplir. Unos ofrecen sellos, otros “pagarés del tesoro”, otros letras de cambio, otros acciones, ¿qué más da? Los sellos y todo lo demás, era, simplemente, una garantía tan desprovista de valor real como cualquier otra fórmula en la que el soporte sea papel y no un metal precioso o un bien inmobiliario. Lo que importaba no era la garantía sino la disposición y la voluntad de las dos empresas para satisfacer los compromisos adoptados (el pago de intereses y la recompra de los sellos al valor estipulado o la reintegración del capital). Trabajar durante treinta años sin haber quebrado indica un alto grado de eficacia en la gestión del dinero ajeno.

¿Qué es la “estafa piramidal”?

La llamada “estafa piramidal” es otra cosa. En realidad, la estafa piramidal es el llamado “truco de Ponzi”, un inmigrante italiano a EEUU que ofrecía intereses excepcionalmente altos a los inversores. El  “truco” consistía en pagar los intereses de los primeros inversores con su propio capital y luego con el capital de los siguientes inversores y así sucesivamente. El problema apareció cuando algunos inversores solicitaron el reintegro: todo el dinero se había utilizado en pagar intereses. En otras palabras, se había volatilizado.

El “truco de Ponzi”, cambió de nombre cuando se crearon en los años setenta en EEUU los llamados “clubes de la pirámide”, que tardaron todavía quince años en llegar a nuestro país. Se trataba de formar “pirámides” a partir de una cúspide. La persona que se encontraba en la cúspide reclutaba otras dos personas dispuestas a entregarle una cantidad X, y éstas a su vez debían encontrar, cada una, otras dos personas, dispuestas a hacer otro tanto. Parte de esa cantidad quedaba en sus manos y la otra parte se entregaba a la cúspide de la pirámide. A su vez, cada una de las cuatro personas que estaban en el tercer nivel debía buscar otras ocho personas dispuestas a lo mismo, y así sucesivamente. Llegaba un momento en el que se cerraba el proceso y la “cúspide” se retiraba, dejando que las dos personas que estaban en el segundo nivel, constituyeran cada una su propia pirámide. Los beneficios eran altísimos y cada cual tenía la perspectiva, un día no lejano, de convertirse en vértice de una pirámide… si ésta seguía su crecimiento aritmético. Si, por lo que fuera, fallaba, los escalones inferiores de la pirámide lo perdían todo, pero los superiores solamente contabilizaban las ganancias recaudadas hasta el momento del crack de la pirámide…

Mientras que el “truco de Ponzi” era estafa pura y simple, los “club de la pirámide” no engañan a sus miembros. Simplemente existe un riesgo altísimo, a costa de unos beneficios no menos elevados. Como en bolsa… las inversiones de rápidos y altos beneficios conllevan siempre, e inevitablemente, un margen mayor de riesgo que las inversiones a largo plazo. Los llamados “chicharrillos” de la bolsa, siempre fluctuantes y sin lógica económica –parte de los llamados “valores tecnológicos” obedecen a este concepto–, pueden reportar beneficios extraordinarios, o ruinas absolutas.

Pues bien, las dos empresas “desarticuladas” por la Audiencia Nacional, eran mucho más serias que todo esto y la prueba es que pudieron funcionar durante treinta años cumpliendo todos sus compromisos. Entonces, ¿qué ha ocurrido?

Razones para una acción policial.

Los dirigentes de Gescartera tenían a bien comprarse calzoncillos de seda y su “padre patrón” esnifaba cocaína como una aspiradora a cualquier hora del día o de la noche. Esto hacía que el consumo de prostitutas de alto standing no fuera menor y que el rendimiento laboral de la cúpula de Gescartera fuera mínimo. En el fondo, Gescartera también ingresaba dinero de pequeños (y no tan pequeños) accionistas con la promesa de invertirlo en sectores extremadamente productivos. El problema de Gescartera era que en la cúpula de la empresa se encontraba un, digamos, “enfermo”, hijo de la economía del pelotazo y del boom de la cocaína entre las clases pudientes. Nada de todo esto encontramos en Fórum Filatélico o en AFINSA.

El hecho de que los propios trabajadores salieran en defensa de sus directivos y, en todo momento, insistieran una y otra vez en la capacidad de la empresa para afrontar sus compromisos, así como en la honestidad de sus jefes, es elocuente.

Ahora bien, la Audiencia Nacional ha encontrado motivos suficientes para enviar a las cúpulas de ambas empresas a la cárcel. Entre esta decisión y la publicidad dada por los medios de comunicación a la redada, es evidente que los principales perdedores serán los inversores. Y, por extensión, tal como hizo presagiar la portavoz del gobierno, todos los contribuyentes. Como cualquier empresa dedicada a las inversiones, inspirar seguridad es el factor clave para seguir captando inversionistas. Desde la mañana misma en el que la policía se personó en la sede de estas dos sociedades, ambas, sea cual sea su situación patrimonial, pueden considerarse muertas y enterradas. No sobrevivirán a una investigación judicial hecha pública por todos los medios de comunicación.

La principal acusación, de todas formas, es la de “fraude a la hacienda pública”. En otras palabras, los responsables de estas dos empresas han hecho lo que solemos hacer todos los españoles: intentar eludir al máximo el pago de impuestos. Los trucos fiscales para ello son muchos y, el más habitual, es el falseamiento de los ingresos y de los gastos. El impuesto sobre los beneficios es de tal magnitud que hace inevitable que TODAS las empresas realicen maquillajes contables de este tipo. Fórum Filatélico no iba a ser una excepción. El hecho de que esponsorizara a un conocido equipo de baloncesto iba en esa dirección. Pero, sin duda, no sería la única. Existen pequeñas empresa que año tras año declaraban haber pintado el local y realizado obras de albañilería en los retretes para reducir el margen de beneficios contables y minimizar el impacto de la rapacidad de hacienda sobre los beneficios.

Es posible que las dos empresas filatélicas hayan realizado prácticas contables ilegales. Bien, si ese es el problema, una auditoría y la consiguiente multa habrían resuelto el tema. Ahora lo que tenemos, en cambio, es una situación de alarma social, con varias decenas de miles de inversores alarmados y con la seguridad de perder su dinero (o de verlo reducido a una quinta parte, en la mejor de las hipótesis).

Pero hay otro motivo que está en el verdadero origen de la acción judicial contra las filatélicas. La Banca tolera mal a los competidores e incluso a los espontáneos que realizan actividades de inversión. El verdadero escándalo de esta cuestión es que dos empresas surgidas de la nada hayan conseguido movilizar miles de millones de pesetas ofreciendo unos márgenes de rendimiento por inversión que la gran Banca no está dispuesta a aceptar. Por tener depositados 6.000 euros en AFINSA o Fórum Filatélico se recibía un 5% de interés. Por tener depositada la misma cantidad en una caja de ahorros o en un banco, hay que pagar el mantenimiento de la cuenta, la correspondencia enviada al domicilio y, finalmente, los intereses están muy por debajo de la inflación. Tener dinero en banca –como no sea en extratipos– es una ruina total.

No es raro que, en los últimos años, el dinero que antes iba a productos bancarios se dirija ahora a otro tipo de empresas. Como en cualquier período de gobierno socialista, la banca obtiene –mira por dónde- unos beneficios siempre “sin precedentes”. Pero la banca quiere más, al tiempo que da menos. Y es ahí en donde aparece el “Estado punitivo”.

La operación no tenía como finalidad desmantelar una “estafa piramidal”. No hay estafa piramidal en la actividad de estas dos empresas. El verdadero objetivo de la operación era sembrar las dudas en torno a las empresas privadas que ofrecen intereses superiores a la banca o, incluso, a las sociedades de cambio y bolsa, crear alarma social, para que este tipo de empresas desaparezcan y el ahorro de los inversores regrese a la banca o a la bolsa.

De paso, el “Estado punitivo” ha conseguido cubrir durante unas semanas la peripatética escenificación de la rotura del tripartito catalán, mediante las dramáticas imágenes de unos inversores modestos que no se hacen ninguna ilusión sobre el destino de sus ahorros.

El precedente de RUMASA.

Los socialistas son especialistas en meter la mano allí donde no hace falta. RUMASA fue, ni más ni menos, que un expolio sin principios y sin justificación. Luego, lo expoliado se repartió entre los amigos. Ellos se llevaron los beneficios y la sociedad española las deudas ocasionadas por RUMASA, una vez fue expoliada.

La situación es, hasta cierto punto, similar a la de Afinsa y Fórum Filatélico. RUMASA tenía problemas de tesorería, pero tenía un banco -la joya de la corona- el Atlántico, que garantizaba el saneamiento de la empresa. RUMASA también debía pagos a la Seguridad Social y, naturalmente, había realizado maquillajes en la contabilidad. Pero lo más probable es que los negocios de Ruiz Mateos hubieran conseguido sobrevivir a la crisis económica que vivía en ese momento y, en caso contrario, siempre quedaba un patrimonio para vender capaz de enjugar las eventuales pérdidas. Como las pérdidas no iban a enjugarse era interviniendo el consorcio, vendiendo las propiedades a precios de regalo a los amigos, y dejando las deudas acumuladas a partir de la intervención con cargo al erario público.

Pero aquí hay algo que matizar. RUMASA, Afinsa, Fórum Filatélico, son empresas de titularidad privada. Como el bar de la esquina o la sociedad limitada de fontanería a la que recurrimos con cierta frecuencia, ni nos van a repartir sus beneficios, ni tenemos porque cubrir sus pérdidas. O todos o ninguno. O el Estado cubre las pérdidas de TODAS las empresas privadas o no la cubre de ninguna. Lo inadmisible consiste en crear situaciones de alarma social con redadas espectaculares –especialmente para cubrir las vergüenzas políticas de Catalunya-, hundir empresas que se podrían haber salvado por la propia gestión de sus dirigentes, y luego “socializar” las pérdidas.

El que sea inocente qué tire la primera piedra

¿Ha dicho usted “estafa piramidal”? El Estado es el principal “estafador piramidal” si es que vamos a eso. ¿Cómo hay que calificar, por ejemplo, el tratamiento que el Estado ha dado a la “seguridad social”?  Se nos dice que la entrada masiva de inmigrantes se ha permitido y se está permitiendo para asegurar las pensiones de nuestros jubilados. Es decir, que con las nuevas cotizaciones de los inmigrantes se asegura, solamente, el pago de las pensiones. Un sistema concebido de esta manera, precisará facilitar la entrada constante de inmigrantes para pagar las pensiones en una carrera enloquecida.

En la actualidad, ya está demasiado claro que la inmigración absorbe más recursos de los que genera. Y en el terreno de la seguridad social, todavía más. Sobre cinco millones de inmigrantes, apenas uno y medio están cotizando y los otros tres millones y medio se benefician de las mismas prestaciones, aun cuando no ingresan ni un euro en las arcas. De ahí que sea previsible que, en la próxima legislatura, se deba de proceder a una nueva regularización masiva, con la intención de incorporar más cotizantes a la SS. Este tipo de prácticas está llamado a quebrar el sistema de pensiones en menos de diez años.

Es evidente que el Estado intentará evitar la quiebra rebajando las pensiones. Mientras la policía difundía imágenes de su irrupción en las oficinas de las filatélicas, el “eximio” ministro Caldera (Calderilla para la historia) anunciaba la DISMINUCION de las pensiones para viudas. Es natural: estadísticamente, las viudas votan a la derecha y además no están organizadas. Es pues un colectivo al que se le puede golpear sin contemplaciones. Esto sí que es una verdadera estafa, porque cuando iniciamos nuestra vida laboral, firmamos un contrato con la Seguridad Social: aceptamos pagarle una parte sustancial de nuestro sueldo (nosotros y las empresas), a cambio de una pensión estipulada y de unos servicios médicos y farmacéuticos. Pero, unilateralmente, el Estado decide modificar las cláusulas del contrato: extiende cada vez más el plazo de cotización, mientras que reduce las pensiones de jubilación… consultando solamente a los “sindicatos”, esas entidades de derecho privado, subvencionadas con dinero público y que, por lo tanto, comen de la mano del Estado. Maravilloso.

Imaginemos lo que dirían los medios si las dos filatélicas intervenidas hubieran modificado unilateralmente los contratos firmados con sus clientes: si en lugar de pagar el 5%, lo hubieran rebajado al 2%, negociando con un sindicato de inversores subvencionado por las mismas filatélicas…

Detrás de la aparente banalidad del caso de las filatélicas (banalidad para quienes no invertimos en valores filatélicos), lo que se esconde es un problema mucho más complejo. El poder de la banca, la sumisión del poder político a la banca, la socialización de las pérdidas, las cortinas de humo creada para ocultar otras vergüenzas, y así sucesivamente. Y lo más terrible es que no existen argumentos suficientes, aparte del castigo y la multa, para justificar la honestidad en la tributación a la hacienda pública. Hacienda lo somos todos, sí, para recaudar, pero para gastar, el Estado solamente cuenta con sus amigos y protegidos. Elegir entre la Iglesia y las ONG’s es poco. Pagar impuestos en la España de ZP es pagarle el modelito de negra zumbona a la ministra portavoz, pagar impuestos en España es financiar a los amigos del poder, pagar impuestos en España es pagar los dos años de paro a los consellers de ERC que apenas han permanecido 20 días en el cargo, pagar impuestos en España es pagar a las clínicas abortistas, es pagar las operaciones de cambio de sexo a los travestidos y es, finalmente, pagar todos los gastos generados por esa estafa piramidal generada desde el Estado y que se llama inmigración salvaje y masiva. No con mi dinero. No con el vuestro.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 14.05.06

Catalunya frente al futuro (I) Balance del gobierno Maragall: Tres años de agonía

Catalunya frente al futuro (I) Balance del gobierno Maragall: Tres años de agonía

Infokrisis.- Cuando en noviembre de 2003, en el portal Krisis.info, comentábamos la formación del gobierno tripartito catalán, a la vista de la naturaleza de sus componentes, anticipábamos lo difícil que iba a ser agotar la legislatura. Y dábamos al tripartito un límite de 24 meses. Nos equivocamos solo por cinco meses. Toca ahora hacer balance del gobierno más lamentable que ha tenido Catalunya en toda su historia y también pensar en el futuro.


El problema ha estado en la presidencia de la Generalitat

La revisión de lo que han supuesto estos últimos dos años y medio, indica que después de veinte años de gobierno de CiU, no existía una alternativa mínimamente solvente. Hoy se empieza a sospechar que la alternativa a Pujol… era Mas y no Maragall. Maragall ha sido un paréntesis lamentable en la política catalana tal y como, por lo demás, podía intuirse. Lo dijimos desde el principio de la legislatura catalana: Maragall no está en condiciones de presidir la Generalitat. El rumor sobre su alcoholismo ha recorrido transversalmente las redacciones de los diarios y se ha repetido en cientos de blogs. Nosotros mismos lo hemos oído en las redacciones catalanas de los principales semanarios de información. Sea o no cierto, lo importante es que ya desde el tiempo en que Maragall era alcalde de Barcelona, los rumores sobre su comportamiento y actitudes eran múltiples y variopintos. Se decía –lo decía Pujol- que Maragall era un personaje “genial” que cada día llegaba a su despacho en el Ayuntamiento con media docena de ideas nuevas. Sus colaboradores se preocupaban de que la mayoría de esas ideas no prosperase. De tanto en tanto, tenía alguna idea genial y de varias de ellas, alguna era aplicable e incluso tenía éxito.

Maragall es hijo de la alta burguesía catalana. Militó en el FLP y, tras la desarticulación, sus padres lo enviaron a estudiar a las mejores universidades inglesas y norteamericanas. Regresó y militó en el PSC, pero siempre fue un individualista, poco a dado a someterse a la disciplina de partido. Una especie de “bala loca”, aupado en el prestigio de su apellido, en los dineros de papá y en sus méritos como ex del FLP.

Como cualquier persona, Maragall tenía un límite y una ambición. Su límite era ser alcalde de Barcelona. Si tenemos en cuenta que sobre 6 millones de catalanes, 4 viven en el área metropolitana de BCN, es casi más importante estar en el lado del Ayuntamiento en la Plaza de Sant Jaime, que en el lado del Palau de la Generalitat. Maragall tenía ese desparpajo fuera de protocolo y esa sensación de proximidad y populismo con el que muchos alcaldes suelen “enlazar” con los ciudadanos. No era ni un gran gestor, ni un buen administrador, pero sabía ser popular entre los electores de la ciudad. El problema aparece cuando alguien aspira a un cargo situado más allá de su preparación y de sus límites personales. Hacia 1996, de regreso de Roma, a Maragall se le ocurrió que estaba llamado a ser “president de la Generalitat”. No lo consiguió hasta el 2003. Pero el cargo le cogía demasiado mayor, desgastado, incluso desprestigiado en las filas del propio PSC. Y, por lo demás, las cualidades que le habían hecho triunfar en el Ayuntamiento no eran las que requería el cargo de President. Pero, desde el fracaso de Nadal como candidato del PSC (ex alcalde de Gerona, pero con mucha más solvencia personal y política que Maragall), la única figura que podía hacer sombra, si no a Pujol, sí al menos a su sucesor, Artur Mas, era Maragall.

El PSC le venía pequeño y las reuniones de comités ejecutivos, de comités centrales, la democracia interna, todo eso, le fastidiaba profundamente. Así que Maragall creó su propia estructura política: “Ciudadanos por el cambio”. Las relaciones entre esta plataforma y el PSC jamás fueron todo lo claras que hubiera convenido al PSC, pero, en el fondo, Maragall era lo único que podía presentar ante Mas. A lo largo de la campaña electoral de 2003, Maragall demostró la conveniencia de permanecer callado: cada vez que abría la boca, existía un 50% de posibilidades de que su opción perdiera votos. En realidad, el PSC no podía perforar el techo de CiU por una sencilla razón: se veía incapaz de ganar votos en el cinturón industrial castellano-parlante, no conseguía incorporar los votos de la otrora importante fuerza política que fue el PSUC y, tampoco lograba convencer a los electores de CiU de que cambiaran su opción.

Así que, en las elecciones de 2003, Maragall, con menor número de votos que CiU, gobernó gracias a la improvisación de un gobierno tripartito, junto a ERC (en ese momento en auge) y la fuerza residual rosa-verde de ICV-EUiA. Lo normal hubiera sido un gobierno CiU-PSC, pero las dos “grandes reinonas”, Maragall y Mas, jamás hubieran podido entenderse. El problema era que un gobierno de este tipo no entraba en la estrategia del PSC, pero sí en la de ERC.

Durante años ERC difundía la idea de que el independentismo catalán solamente era viable si se conseguía ganar a los sectores socialistas. Así pues, el partido mayoritario (PSC), fue incluido en la estrategia del minoritario (ERC). Maragall dio TODO a ERC: le permitió que el “conseller en cap” fuera, primero Carod, y luego el gris, desdibujado y mediocre Bargalló; le dio más consejerías y más importantes de lo que su peso político real indicaba; y, finalmente, entró en la dinámica de ERC de avanzar hacia la independencia mediante un “nuevo estatuto” que alcanzara un techo competencial sin precedentes. Porque era ERC y no el PSC el que creía en el “nuevo estatuto”. Maragall y los socialistas catalanes se encontraron, de pronto, encarrilados en una dirección que no era la suya. Sin embargo, Maragall, asumió pronto la idea. Era la posibilidad de pasar a la historia de Catalunya en una sola legislatura y superar incluso la fama de su tío-abuelo, el insigne poeta. Las bombas del 11-M crearon una situación favorable para la coalición ERC-PSC y para los delirios de Maragall y las realidades estratégicas de Carod. Zapatero precisaba los votos de ERC para lograr mayoría parlamentaria. Y, además, Zapatero era secretario general del PSOE gracias a los votos de Maragall y del PSC. Estaba claro que, al menos durante un tiempo, iba a existir “feeling” entre Carod, Zapatero y Maragall. Existía una comunidad de ideas: Maragall y Zapatero eran firmes defensores del “federalismo asimétrico” y de una nueva reestructuración de España. Estaban también de acuerdo en que era preciso una “segunda transición” y estaban dispuestos a asumir los riesgos de pilotar al país por horizontes situados más allá de la Constitución.

A partir de ese momento quedaba abierta la vía para el “nou estatut”. Desde que llegó al poder el tripartito, más que gobernar, se había dedicado a “catalanizar el país” y meterse en camisa de once varas. Eso llevó a crear fricciones en Catalunya. El uso del castellano empezó a ser estigmatizado más allá de lo tolerable, mientras que la legislación anterior, extremadamente proteccionista con el catalán hizo caer el peso de sus posibilidades punitivas. Menudearon las multas a los comerciantes que “vulneraban” la ley de uso del catalán. Los “comisarios lingüísticos” se hicieron odiosos en las emisoras de radio y TV, incluso para los propios catalanoparlantes y, para colmo, lo que más llamaba la atención es que la labor de gobierno del tripartito brillaba por su ausencia. Tal como Maragall reconoció, el 90% de su esfuerzo estaba centrado en la elaboración del “nuevo estatuto”.

El lamentable espectáculo de Carod entrevistándose con los dos grandes carniceros de ETA en Perpignan, la bochornosa actuación de la Generalitat (la de CiU y la del tripartito) en el asunto de El Carmelo, con la secuela ignominiosa del 3% encubierta por todos los partidos, la llave de Carod queriendo indicar quién tenía la sartén por el mango en la gobernabilidad, no sólo de Catalunya sino también del Estado, las soflamas federalistas de Maragall, y el resultado de la discusión estatutaria con el boicot a los productos catalanes, todo esto y nada más, ha sido la caótica realidad de estos tres años de gobierno del tripartito. Maragall es el gran culpable de lo ocurrido. Maragall y los que, dentro del PSC, sabiendo que estaba en condiciones de ocupar el poder, lo auparon hasta allí y se refugiaron tras él para hacerse con jirones del poder.

Estos dos años y medio de Maragall han constituido un seísmo en la política catalana y han hecho saltar por los aires todo el planteamiento del nacionalismo desde Prat de la Riba. Este planteamiento sostenía que Catalunya era la “parte seria de España” y que el destino de los catalanes consistía en “tomar las riendas del Estado Español”, a cambio de unos altos niveles de autonomía. El mayor nivel de industrialización y de riqueza, e incluso la perfecta organización de la Olimpíada del 92, parecían dar la razón a los nacionalistas. No era del todo cierto: durante el período de Jordi Pujol, Catalunya fue la zona del Estado en donde arraigó con más fuerza la corrupción. Sin embargo, esta corrupción ha permanecido soterrada e ignorada, gracias a la complicidad de los medios de comunicación catalanes, defensores siempre de la idea de “Catalunya = seriedad” que excluía de partida la existencia de corrupción entre las autoridades.

Sea como fuere, los veinte años de Pujol constituyeron una balsa de aceite en comparación a los dos años y medio de Maragall. Después de Maragall, Catalunya no volverá a tener esa imagen de “seny”, eficacia y cordura que intentó imprimir Prat de la Riba y los impulsores del nacionalismo catalán.

El “nuevo estatuto” y el acuerdo Más-Zapatero

Primero el debate previo a su entrada en el Parlament, luego la discusión parlamentaria, más tarde la aprobación, finalmente el traslado a Madrid, la discusión en comisión, la aprobación parlamentaria, luego la aprobación en el senado; y entre medio de todos estos peldaños, interminables discusiones, boicots sin precedentes a los productos catalanes, declaraciones contradictorias, maximalistas, y un inmenso cansancio, no solo en la sociedad catalana, sino en toda la sociedad española con la historia del “nuevo estatuto”.

La sociedad catalana y española se cansó pronto del tema por la sencilla razón de que jamás había demandado la reforma del Estatut. Ni siquiera los independentistas iban en esa dirección. Para la mayoría el “camino estatutario” se había agotado y era mejor plantear el derecho de autodeterminación, antes que un “nuevo estatuto”. Para la inmensa mayoría del electorado convergente, socialista y no digamos popular o para la opinión pública, el Estatuto de Nuria estaba bien planteado y no daba problemas así que ¿para qué reformarlo?.

Era la clase política del PSC, especialmente, la que contemplaba mejoras en su situación si lograban un techo estatutario mayor. El razonamiento es simple: un 3% sobre X es menor que un 3% sobre 4X. Se trataba, simplemente, de obtener un mayor control sobre los recursos fiscales recaudados en Catalunya. Así habría más que repartir. No hay otro motivo razonable para aspirar a un “nuevo estatuto”. Este “nuevo estatuto” se ha elaborado DE ESPALDAS a las necesidades, a los intereses y a la atención del pueblo catalán. Y, en el fondo, es lo único que ha hecho el tripartito en estos dos años y medio.

Y, lo mejor, es que podrían haberse ahorrado todo este trabajo. En la larga tramitación del “nuevo estatut”, todos los partidos optaron por intentar rebasar al de al lado en nacionalismo y cada uno colocó el listón más alto que su competidor. El resultado fue un proyecto de Estatuto anticonstitucional que resultó aprobado por el 90% de los parlamentarios catalanes… Era evidente que ese Estatuto, ni podía ser aprobado en el parlamento español, ni hubiera superado un análisis superficial de constitucionalidad.

La mediocridad y falta de claridad de Rodríguez Zapatero contribuyó a enmarañar todavía más este proceso y a levantar falsas expectativas en algunos de los protagonistas de esta tragedia catalana. Carod-Rovira, presentado como el “malo” de la película ha sido, en realidad, la esposa engañada, la última en enterarse de la infidelidad de su marido del alma con un nuevo partener.

Porque, a fin de cuentas, estos dos años y medio angustiosos y aburridos con la discusión estatutaria de fondo podían haberse ahorrado. Hubiera bastado agotar el Estatuto de Nuria y habilitar un par de decretos leyes sobre régimen fiscal, para llegar al mismo punto que se ha llegado con el acuerdo Mas-Zapatero. El hecho de que aparezca en el preámbulo la palabra “nación” es, hasta cierto punto irrelevante. El preámbulo del Estatuto es un mal chiste, ilegible, incomprensible, mal redactado desde el punto de vista sintáctico, deliberadamente ambiguo y opaco; intenta contentar a todos y apenas logra otra cosa que inducir a la duda y a la perplejidad. Lo realmente importante es que el “nuevo Estatuto” salido del Parlamento Español, no es el mismo que el “nuevo Estatuto” salido del Parlamento Catalán. Es el estatuto salido del acuerdo entre dos personas, tras una tarde de negociaciones. El resultado de un cambalacheo realizado a espaldas del pueblo español, del pueblo catalán y de las instituciones autonómicas, sin luz ni taquígrafos, sin la participación de los representantes electos, y además, una reforma encubierta de la Constitución. El “nuevo estatuto” es el estatuto de la infamia, aprobado por el 90% de los diputados catalanes, pero de espaldas al pueblo catalán; un “nuevo estatuto” aprobado por los pelos en el Senado español y un “nuevo estatuto” en el cual los diputados socialistas más hostiles dieron la medida de lo que valían: porque ni Guerra, ni los diputados extremeños y andaluces, ni Bono, ni los diputados socialistas madrileños o castellano-manchegos, que tanto habían chistado en la tramitación del “nuevo estatuto”, se atrevieron a moverse en la foto final. ¿Para qué pues un parlamento? Con apenas con los seis jefes de grupo parlamentario, el resto sobra.

El “nuevo estatuto” que, finalmente, será sometido a referéndum, no es, desde luego, el mismo estatuto maximalista que salió del Parlamento de Catalunya. Se han atenuado sus aspectos más escandalosamente anticonstitucionales y ha pasado a ser apenas una “dentellada” en la recaudación fiscal unido a unas cuantas frases incomprensibles en el preámbulo y a cuatro medidas que consagran el catalán como única lengua oficial en Catalunya y sellan la limpieza étnica de los castellanoparlantes. Nada más. Y todo pactado por Mas y Maragall.

Carod-Rovira, la figura dramática del tripartito catalán

Es difícil valorar a Carod-Rovira cuando todavía están demasiado cerca sus “hazañas”. Siempre hemos sostenido que Carod es el mejor valor de ERC, a mucha distancia del resto. Diremos incluso más: las metidas de pata de Carod se han debido no tanto a su falta de honestidad política, como a su falta de experiencia política real. Esa falta de experiencia es lo que le ha impulsado a decir lo que verdaderamente piensa, en lugar de practicar el doble lenguaje como ha hecho el resto de la clase política catalana. Carod es un personaje shakesperiano, dramático, que cree verdaderamente en lo que defiende y que nunca se ha definido más que como “independentista”. “No soy nacionalista, soy independentista”, ha dicho en reiteradas ocasiones. Y, en tanto que independentista, ha procurado llegar al máximo de posibilidades del Estatuto de Nuria y fraguar un nuevo Estatuto que llegara todavía más lejos, al que seguiría, naturalmente, acabadas las experiencias estatutarias, el proceso de autodeterminación.

Carod Rovira encajaba mal con la política catalana. Incluso en el interior de su propio partido, su figura parece extremadamente solitaria. Llegó a la Secretaría General después del lamentable período de Colom-Rahola y encontró un partido saqueado e insolvente. ERC era un cadáver cuando llegó Carod y, apoyado por circunstancias casuales, no solamente tuvo la habilidad de convertirlo en un partido de gobierno en Catalunya, sino incluso decisivo durante dos años para la gestión del gobierno ZP.

De Puigcercós puede decirse que es antiguo jefe de una banda juvenil, la JERC, con aires de suficiencia y la desmesurada ambición de sustituir a Carod al frente de ERC. De Bargalló puede decirse que es un individuo gris e irrelevante, sin capacidad, talla ni preparación, cuyo único mérito para ser “conseller en cap” fue pertenecer a una “colla de diables” y a otra de “castellers”. Por su parte, el president del Parlament, Benach, logra superar a Bargalló en mediocridad e irrelevancia (aparte de la aportada por su barriga). No hay mucho más de relevancia en ERC. Y, en cuanto a las bases, se trata en buena medida de ex. Ex militantes de Terra Lliure, ex militantes de CiU, ex militantes de Acció Ciudadana, ex militantes del MDT, ex militantes de La Crida, ex militantes del PSC, poco más. Unos han acudido a ERC cuando han sido relegados a posiciones secundarias en CiU o PSC, otros han llevado consigo su radicalismo y su falta de experiencia, los hay que han llegado a ERC por ambición de poder y deseo de apropiarse de alguna poltrona. En el fondo ERC es más pequeña que CiU y el PSC, así que eso garantiza poca competencia por la poltrona. No hay gran cosa de interés en ERC.

Salvo Carod-Rovira…

Y el error de Carod-Rovira fue creer que podía confiar en un político de sonrisa fácil, escasas ideas y traidorzuelo de vocación, como José Luís Rodríguez Zapatero. El problema fue que las encuestas demostraron a ZP –como tuvimos ocasión de comentar en infokrisis- que el independentismo, poco recatado de Carod, era odiado en el resto de España. Y que una alianza con Carod implicaba una caída en picado en las encuestas. Así que ZP decidió sacrificar a Carod. Para ello solamente tuvo que hacer una llamada a Artur Mas. No era la primera. Cuando CiU se plantó en el tramo final de la discusión sobre el “nuevo estatuto” en el Parlamento de Cataluña, ZP debió llamar a Mas para desbloquear la situación. De aquella primera llamada nació un principio de entendimiento. A partir de ese momento, Carod se convirtió en sacrificable. CiU tenía mejor imagen ante el resto del electorado español. Claro está que sacrificar a ERC implicaba también sacrificar a Maragall, pero, en el fondo, ¿a ZP que le importaba? Maragall era un cadáver político y, además, un foco de problemas. Era más viable entenderse con Artur Mas y CiU instalados en el Palau de la Generalitat que seguir las piruetas, los sobresaltos y las excentricidades de Maragall. Así que cuando el Estatut empezó a debatirse en el Congreso de los Diputados, el acuerdo Mas-Zapatero dio un nuevo golpe de tuerca y configuró el futuro político catalán. Y este futuro ya no pasaba por Carod-Rovira. Mas, en el fondo, era un político más pragmático, menos dogmático, si se nos apura, sin ideales ni otro objetivo que no fuera asir las riendas del poder. La flexibilidad de Mas –heredero de los veinte años de experiencia de gobierno de CiU- contrastaba con el dogmatismo de Carod. Carod, no solamente se dice demócrata, es que, además es fiel a la idea que se hace de democracia. Así, cuando llamó a la sofisticada idea de votar “nulo” en el referéndum sobre el Estatut las bases le rectificaron, aunque esa rectificación supusiera en la práctica ofrecer la excusa para que el tripartito saltara por los aires. Y Carod, demócrata de pro, aceptó la decisión de las bases a sabiendas de que, probablemente, eso implique su hara-kiri político.

Los errores políticos de Carod han terminado pasándole factura. El principal fue sobredimensionar sus propias fuerzas. Hubiera debido manejar su capital político con más discreción, hubiera debido evitar meterse en camisa de once varas, como sus contactos con ETA. Hubiera debido ser menos compasivo con la tradición catalana de “aquí no pasa nada” y haber hecho de la investigación del 3% un hecho fundamental para seguir en el gobierno. Calló en ese momento. Cuando se supo que ERC cobraba un “racket” del 20% a sus altos cargos, y cuando alguno de sus militantes fue detenido en redadas policiales contra las redes de pederastas, la imagen del partido –y la del propio Carod, bestia negra de casi todos- se resintió, hasta ser el político peor valorado en todo el Estado. Algo excesivo: en lo personal, es evidente que los ideales de Carod no son los míos, sin embargo no tengo el más mínimo problema en reconocer que me da la sensación que Carod-Rovira es el último político que antepone sus ideas al pragmatismo sin principios que se ha apoderado de la política español.

Y de ahí que, si bien Maragall es el aspecto esperpéntico de estos dos últimos dos años y medio, Carod-Rovira encarna el idealismo independentista traicionado por el socio en el que había confiado (ZP), por el otro partido nacionalista (CiU) y sacrificado, finalmente, por aquel a quien durante dos años intentó cubrir todas sus vergüenzas (Maragall).

El futuro político de Carod dependerá del resultado de las próximas elecciones catalanas. Ha cometido demasiados errores como para salir indemne. Y, desde luego, parece difícil que él o alguno de su partido, entren en una nueva combinación de gobierno. Creo que la política española terminará echándolo en falta.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 13.05.06


Catalunya frente al futuro (II) El Referéndum y las próximas elecciones

Catalunya frente al futuro (II) El Referéndum y las próximas elecciones

Infokrisis.- El nuevo ciclo electoral, que no se esperaba hasta noviembre de 2007, ha terminado adelantándose. La convocatoria del referéndum sobre el "nuevo estatuto" y la anunciada convocatoria de elecciones autonómicas catalanas para otoño, anticipándose un año, van a suponer dos pruebas de fuego para el gobierno ZP. Vamos a analizar la importancia de estos dos procesos políticos.

El Referéndum y sus posibles resultados

En tanto que ley fundamental de una comunidad autónoma, un “estatuto de autonomía” es válido, solamente, si existe un amplio consenso en torno a su fisonomía. De lo contrario, cualquier variación en las simetrías electorales, forzarán cambios en el articulado. Puede entenderse que los padres de la Constitución intentaran por todos los medios favorecer el consenso, aunque mucho menos el que se alcanzara un punto de acuerdo por la vía de la ambigüedad. En política, la ambigüedad favorece el acuerdo cercano y garantiza el conflicto a medio plazo. Las aguas del consenso constitucional trajeron los lodos de las reformas estatutarias.

Si la Constitución define a España como Nación, desde luego no es de recibo que otra comunidad nacional se abrogue el mismo título de “nación”. Jamás en la historia política de la humanidad ha existido una nación compuesta por dos naciones (tres si sumamos la peripatética “nación andaluza” cuyos antecedentes históricos son aún menos visibles que los catalanes, por no decir completamente inexistentes. Los términos no son neutrales: una Nación es un proyecto histórico, implica un destino y una misión. Las naciones no surgen por una votación constitucional, ni se extinguen por otra. Pero de esto ya hemos hablado en otras ocasiones. La inclusión del término “nación” en el preámbulo del “nuevo estatuto”, es algo peor que un error, es una chapuza. El resto del Estatuto evidencia la desmesurada ambición de la clase política catalana por controlar recursos económicos cada vez mayores. Lo más sorprendente e inmoral es que una clase política bajo sospecha –este estatuto puede ser llamado con propiedad el “Estatuto del 3%”- haya sido capaz de redactar una ley que va a afectar a todos los catalanes y que va a ser imitado por otras autonomías.

El “nuevo estatuto” ni hacía falta, ni se ha tramitado pensando qué ocurriría con su aplicación, sino que el punto de encuentro ha derivado, no de la resolución de las contradicciones y los conflictos, sino de su superación, una vez más, mediante redactados ambiguos en los que cada cual puede entender lo que le interesa. El texto, fundamentalmente intervencionista, intenta regular por ley todas las actividades que se den en Catalunya. En lugar de dar vía libre, este estatuto aspira a “modelar” a la población residente en Catalunya según los designios nacionalistas. En resumen, este “nuevo estatuto” es contrario a la necesidad y a la tendencia histórica de repliegue del Estado a las funciones mínimas esenciales para el bienestar público. Stalin se hubiera sentido extremadamente conforme con este texto.

Tal es la chapuza que los catalanes irán a votar en junio.

Cuando se somete a votación un texto de este tipo, el éxito de la convocatoria depende de tres factores: la campaña asfixiante de los medios de comunicación, la actitud de los partidos y la predisposición del electorado.

Los medios de comunicación catalanes hace años que han perdido de vista lo que es la “independencia”. Comen de la mano de la Generalitat, la cual les desvía generosa publicidad institucional. Si son radios, les obliga no solamente a eso, sino a introducir “cuotas lingüísticas”. Si son TV’s, la obligación de emitir en catalán no está escrita, pero es la única garantía de recibir la subvención correspondiente. No van a ser, desde luego, los medios de comunicación catalanes los que hagan campaña contra el “nuevo estatuto”. Es más, van a ser los primeros en animar al electorado a perder unas horas votándolo. La creación del Consejo Radiovisual de Catalunya ha sido la puntilla. Los censurados han aprobado plenos poderes para el censor. En este terreno, salvo la COPE, el resto de medios tiene una respuesta unánime. Todavía recordamos cómo la redacción catalana de El Mundo, dirigida por Alberto Montagut, reducía la carga antisocialista de su diario en Catalunya durante los días del GAL.

La posición de los partidos políticos es más variada. Los partidos mayoritarios, PSC y CiU, votarán a favor. Los situados a la derecha y a la izquierda, ERC y PP, votarán no. La propuesta de Carod de votar nulo en el referéndum, con objeto de no evidenciar una identidad de posición con el PP y de manifestar un nivel de oposición “distinto” a la derecha, fue enmendada por las bases de ERC, mucho más toscas, que obligaron a rectificar la decisión inicial y votar no.

En cuanto a la reacción del cuerpo electoral hay que considerar dos factores. El primero es la indiferencia con la que la inmensa mayoría del pueblo catalán ha asistido a la discusión sobre el “nuevo estatuto” y la falta de interés con que siempre ha acogido todo lo referente al mismo. El segundo es la tendencia natural de la población a inhibirse en este tipo de consultas. El Estatuto de Nuria ya tuvo un alto nivel de abstención (en torno al 38%), cuando sí existía una “demanda social” por un Estatuto de Autonomía. Esa demanda ha estado hoy completamente ausente.

El resultado de estos tres factores va a ser: una abstención que rondará la mitad del cuerpo electoral y, de los votantes, entre una cuarta y una quinta parte votarán no; posiblemente, el número de votos nulos sea también más elevado en relación a otras consultas similares. Esto llevará a la situación de que el “nuevo estatuto” corre el riesgo de ser aprobado por entre un 32 y un 35% del total cuerpo electoral. Parece muy difícil que un estatuto con este soporte social tan débil pueda ser aplicado con convicción y rigor. Es más, un resultado de este tipo contribuiría a confirmar lo que puede suponerse: que existe una brecha entre los intereses de la clase política y de la ciudadanía.

La peor de las hipótesis para CiU y el PSC (especialmente para éste) es que el referéndum no dé un número suficiente de “síes” (menos del 80% de los votantes) en el marco de una abstención masiva (más del 40%). En esas circunstancias, estos dos partidos van a situarse en posición de desventaja en la carrera electoral. Porque los grandes beneficiarios de unos resultados como estos, serían el PP y ERC.

El otro escenario sería el más ventajoso para las opciones mayoritarias: una asistencia a las urnas relativamente masiva (más del 60% de electores), con un número de “síes” alto (más del 80% de los votantes). Un resultado de este tipo implicaría el fracaso y la incomprensión de los mensajes del PP y de ERC y comprometería sus resultados en las elecciones autonómicas.

Las dudas sobre el futuro

CiU, el partido de la burguesía catalana, ha demostrado ser el más hábil en esta situación. Artur Mas ha evidenciado a las claras que le interesa muy poco el referéndum porque, de momento, ya se ha lanzado a la carrera electoral. CiU no puede ocultar su voluntad de obtener un resultado que le permita gobernar sola. Quiere mayoría absoluta y manos libres para aplicar el Estatut. Pero si no obtiene esa mayoría absoluta, el acuerdo entre ZP y Mas, con toda probabilidad, hace que la única coalición aceptable sea entre CiU y el PSC. Un PSC, por supuesto, liberado del lastre que supone Maragall y su plataforma cívica. CiU tiene muy claro lo que quiere y quién va a ser su cabeza de lista.

No ocurre lo mismo con el PSC. Por no saber, el PSC no sabe siquiera quién va a ser su candidato. No es evidente que Maragall vaya a repetir y, si lo hace, parece claro que nunca en la historia de la democracia, un partido va a presentar a su candidato con tan poca fe. Si el PSC decide presentar de nuevo a Maragall, no es porque tenga la más mínima esperanza en que salga elegido, sino porque no hay otro candidato de sustitución.

Nadal, seguramente el candidato más honesto que puede presentar el PSC, está quemado por el hundimiento de El Carmelo. En cuanto a Montilla, considerado durante ocho años como el sucesor natural de Maragall, está hoy liquidado y rematado por el papel jugado en la OPA de Gas Natural sobre Endesa. No hay más. En el momento de escribir estas líneas, justo cuando se ha dado a conocer la composición del gobierno monocolor del PSC, todavía no se sabe si Maragall repetirá como cabeza de lista de este partido. Nos tememos que sí lo será. Si el PSC duda, Maragall tomará la delantera, intentará un show que lo revalide en el puesto y que haga inapelable la decisión de ser el número 1. Pero eso no implicará que mejoren las posiciones electorales del PSC, sino todo lo contrario. De ser así, el apoyo del “aparato” del PSC será tibio y todos los demás partidos harán campaña contra Maragall –muy fácil por lo demás- al que acusarán del esperpento continuado de estos últimos dos años y medio.

O mucho nos equivocamos, o a fin de año volveremos a tener un gobierno de CiU sentado en la Generalitat, ya sea en solitario o con un PSC capitidisminuido que habrá jubilado a Maragall tras el previsible descalabro electoral. El misterio consistirá en saber si ERC ha logrado mantener sus posiciones, avanzarlas, o bien se ha hundido electoralmente. Y en cuanto al PP, sus resultados supondrán la confirmación o la defenestración de Piqué. En este sentido, el destino de ERC está mucho más vinculado al resultado del referéndum que el del PP. En el fondo, ERC ha variado extremadamente sus posiciones: fue el impulsor del “nuevo estatuto”, fue la fuerza política que más trabajó por su elaboración y aprobación, luego se sintió traicionado por ZP y optó por el voto nulo y luego por el no, pero en el senado y en el congreso nacional, sus diputados apoyaron el Estatut… toda esta serie de rectificaciones va a ser muy difícil que la puedan explicar al electorado catalán. Da la sensación de que solamente en Gerona ERC conseguirá unos resultados iguales o quizás superiores a los del 2003. En las otras tres provincias catalanas, va a ser mucho más difícil que igualen cifras.

Por lo que se refiere al PP de Piqué, se le puede reprochar tibieza en su oposición al “nuevo estatuto”. Piqué siempre ha tenido pánico al aislamiento. No ha advertido que, frecuentemente, el aislamiento político garantiza el crecimiento e imprime carácter a una opción política, mientras que eludirlo supone pan para hoy y hambre para mañana. La postura de Piqué ha sido tibia, pero, al menos, lo defendido por el PP ha sido coherente y constante: el “nuevo estatuto” no era necesario, lo aprobado en Madrid tiene poco que ver con lo que salió de Barcelona y se mantienen algunos elementos de inconstitucionalidad. Además, durante dos años y medio, el gobierno de la Generalitat ha estado paralizado por la elaboración del Estatut y la tarea de gobierno ha pasado a segundo plano. Este mensaje claro, puede hacer que el PP mejore algo su situación en Catalunya. Por otra parte, la disidencia antiestatut que ha emanado de los sectores “españolistas” del PSC y que se ha concretado en la opción “Ciudadanos por Catalunya” que tiene a Albert Boadella como principal exponente, puede contribuir a aumentar la ruina electoral del PSC y, si logra entrar en el parlament, hacer que el PP no esté aislado en materia autonómica y lingüística.

¿Alguna otra opción? El magma rojo-rosa-verde representado por ICV-EUiA, bastante tendrá si logra mantener sus actuales posiciones. Lo irrelevante de esta opción, hace que desde su fundación se vaya replegando sobre sí misma y cuente con un espacio político cada vez más reducido. Si logran algún resultado apreciable, quedarán fuera de cualquier opción de gobierno. De hecho, estas elecciones catalanas, si tienen lugar en una situación similar a la actual y, salvo que se produzca un cataclismo al conocerse los resultados del referéndum (por ejemplo, un número de “noes” desmesurado, superior al 30%), todo induce a pensar que CiU lo tiene fácil para regresar al Palau de la Generalitat. Tras Pujol, Mas. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

© Ernesto Milá Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 13.05.06

Catalunya frente al futuro (III) ¿Votar? ¿a quién votar? ¿para que votar?

Catalunya frente al futuro (III) ¿Votar? ¿a quién votar? ¿para que votar?

 

Infokrisis.- La tercera entrega sobre la catástrofe política catalana no puede sino estar dedicada a la parte positiva. Nos podemos plantear a qué votar, a quién votar y para qué votar. Quien esto escribe, por primera vez en su vida, no votará. Si ser catalán es "vivir y trabajar en Catalunya", nosotros hemos dejado de ser catalanes. Lo que no quiere decir que nos abstengamos de opinar y aconsejar sobre Catalunya.


Nuestro apellido es catalán como pocos. Catalán, oriundo de Francia. Nuestros antepasados fueron provenzales que llegaron para repoblar Catalunya. No tuvieron el más mínimo inconveniente en probar su nobleza en las Órdenes de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara. En el siglo XV se asentaron en el Penedés y allí –mira por donde- cultivaron viñas. Como tantos otros catalanes de pura cepa, cuando tocó buscar fortuna en las América, los hijos segundos de los Milá fueron a Cuba junto a otros apellidos ilustres catalanes, los Güell, los Xifré, los Vidal-Quadras, etc. Así que podemos enarbolar pruebas de catalanidad, como mínimo, tan acrisoladas como las del que más.

Pero el clima de ensimismamiento de la política catalana, la provincianización operada en el “país” desde los primeros años del gobierno de Pujol, la asfixiante aparición de un nacionalismo que ha elaborado una nueva “historia de Catalunya” a su medida y al servicio de sus necesidades y, sobre todo, esa negativa a reconocer que sobre el suelo de Catalunya, históricamente, han convivido dos identidades; nos ha inducido a domiciliar nuestra residencia fuera de Catalunya. Desde fuera del Principado, el drama de la política catalana se percibe más como sainete que como tragedia. Cada pueblo tiene los políticos que se merece y Catalunya no iba a ser una excepción. El bajo perfil de los políticos catalanes corresponde a la crisis de Catalunya. No se es “nación” a fuerza de repetirlo una y mil veces, se es nación cuando se es capaz de definir un “destino” y una “misión”. Y de eso la clase política catalana no tiene ni puñetera idea. Si esa es la “talla” de los políticos catalanes, es que Catalunya se ha equivocado.

Vale la pena preguntarse cómo Catalunya puede orientar su voto para que este período de crisis, mirarse el ombligo y ensimismamiento, termine cuanto antes y Catalunya pueda participar en España y dentro del marco de la UE en una “misión” y un “destino”.

¿Votar?

El voto es un derecho democrático, aun cuando sirva realmente para poco y el voto aislado sea como un grano de arena en la playa. No hay que sobrevalorar el hecho de votar. Votar es expresar la opinión cada cuatro años y elegir mandatarios. Toda la teología creada sobre la “soberanía popular” como sustitutivo del “derecho divino” es fatua e inútil.

En un referéndum, el voto es quizás más importante para el futuro que en cualquier otra consulta. Se va a elegir la norma de convivencia de la sociedad catalana y las relaciones de Catalunya con el resto del Estado y con la Nación Española. Así pues votar, en este caso, es una obligación moral. La abstención es una opción demasiado sencilla, es la opción de los apáticos y de quienes son incapaces de concebir algo más allá de su propia individualidad. Una opción rechazable por insolidaria y antihistórica.

Excluyamos el votar SI en el referéndum. El sentido de la historia va en la dirección de crear formas mayores de organización política. A partir de finales de la Segunda Guerra Mundial, con el "boom" de las comunicaciones y los transportes y, posteriormente, con la irrupción de la era de la informática, el mundo se ha hecho progresivamente más pequeño; y la complejidad de la investigación científica y de la producción de tecnologías de vanguardia, hace que las naciones deban aproximarse unas a otras, formando bloques geopolíticas de nuevo cuño. Hoy resulta evidente que, una dimensión nacional como las de las naciones europeas, ya no está en condiciones de sobrevivir sin aproximarse entre sí, o bien, sin plegarse a los deseos de superpotencias. España es hoy uno de los puntales de la Unión Europea. Y lo que se trata de defender es la proyección de esa Unión como entidad geopolítica independiente y con voluntad de convertirse en uno de los ejes de un mundo multipolar. La UE es una “unión de Estados Nacionales”. Todo lo que contribuye a reforzar esa Unión puede ser considerado como positivo, lo que contribuye a debilitar a cada una de las naciones que la componen y, por tanto, alejarnos del objetivo final, la constitución de una Federación Europea, es negativo. La historia no da marcha atrás: los tiempos de las taifas y de la formación de los condados catalanes, de la corona de Aragón o los avances de Castilla, quedaron atrás cuando abordaron de común acuerdo un proceso de convergencia, primero, y de unidad después. Hacer saltar por los aires ese proceso histórico supone hacer girar hacia atrás la rueda de la Historia. Cuando un proceso centrífugo de este tipo, además, está pilotado por una clase política indigna del más mínimo crédito y culpable de saquear las arcas del Estado, ese estatuto es un engendro depravado que no puede apoyarse en ningún caso. El SI es una opción a excluir y, a medida que se acerque la fecha del referéndum iremos dando argumentos más concretos contra el “nuevo estatuto”.

El voto que aconsejamos está entre el NO y el voto NULO. Para elegir entre uno u otro deberemos tener en cuenta lo dicho en la parte II de esta trilogía de artículos sobre la política de Catalunya. Un aumento excesivo del NO implicaría aumentar el papel político de ERC y, en menor medida, del PP. A ERC se le puede achacar su independentismo irrealizable. El independentismo es el nacionalismo llevado al límite, al margen de cualquier consideración pragmática, de la lógica y del sentido común. Por su parte, al PP se le puede achacar falta de claridad, haber renunciado a la movilización popular en Catalunya y una ambigüedad calculada para evitar su aislamiento del resto de partidos políticos catalanes. Finalmente, el hecho de que el PP y ERC coincidan en su NO al estatuto añade un nuevo elemento de duda y ambigüedad, que desaconseja hacer causa común con estos partidos, votando NO.

El único argumento a favor del NO sería minimizar el apoyo al estatuto e invalidarlo al ser apoyado por menos de un tercio del cuerpo electoral real, entre “noes” y abstenciones. Que ese estatuto no va a resolver ninguno de los problemas catalanes parece demasiado evidente y que, por el contrario, va a aumentar las contradicciones entre Catalunya y España parece también claro. Así que la forma más clara de oponerse es decir NO. En la urna, todos los “noes”, vengan de donde vengan, tienen el mismo resultado. Por lo tanto es una opción a contemplar.

El voto nulo es otra posibilidad. Abandonada por ERC, ha quedado libre como forma de expresar una oposición activa al nuevo estatuto. Tiene la ventaja de que no implica identificación con ninguna fuerza política y que resta porcentaje al SI. Además, permite una campaña pedagógica en el curso de la cual no se corre el peligro de contribuir a aumentar el peso de ninguna opción.

Rechazo del SI, opciones entre el NO y el voto NULO y recomendación de ejercer el derecho al voto, son las opciones que podemos establecer de cara al referéndum.

¿Por qué votar en las autonómicas?

Tras el referéndum, las elecciones autonómicas. No debería de ser así. De hecho, si la existencia de un gobierno se convierte en inviable, lo que procede es primero resolver la cuestión de la gobernabilidad y, luego, someter el texto del estatuto a referéndum. Especialmente porque el texto estatutario ha sido promovido por un gobierno que ha caído. Otra posibilidad hubiera sido convocar el referéndum y las elecciones en la misma fecha, pero esto tenía el inconveniente de que cogía a los partidos en una situación de imprevisión. Se optó por la solución que más convenía a Maragall: primero referéndum, luego elecciones. Así tenía tiempo para reforzar su posición y la legítima aspiración de que si la consulta sobre el estatuto fuera un éxito de participación y del SI, el “president” lo podía enarbolar como un éxito personal para forzar su reelección como candidato del PSC.

La decisión está tomada, así que de poco vale lamentarse o discutir. En cinco meses tendremos elecciones autonómicas en Catalunya. Si ahora mismo se convocaran elecciones generales en España, el “voto útil” causaría estragos y polarizaría la intención del voto hacia el PP y hacia el PSOE. En ese contexto, a nivel nacional, ninguna opción nueva va a tener posibilidades de irrumpir cuando se convoquen elecciones generales en el 2008. Los partidos nacionalistas y los partidos marginales, como IU, quedarán ampliamente laminados en las generales y cualquier intento de irrupción de opciones nuevas, será asfixiado por el “voto útil”. Pero esto no ocurre en las elecciones autonómicas catalanas. Si en el Estado lo que existe es un bipartidismo imperfecto, en Catalunya existe un sistema multipartidista en estado puro. No hay “voto útil” que valga y cada cual puede votar en conciencia a la opción que considere más acorde con sus aspiraciones, ideas o pretensiones.

Por cierto, desde infokrisis ¿qué podemos exigir y a qué podemos aspirar?

En primer lugar a un encaje entre la política catalana y la política española, basado en tres principios: la lealtad de Catalunya hacia España, la pertenencia de la “nacionalidad” catalana a España (la “nacionalidad” es un espacio geográfico en el que existen rasgos históricos, antropológicos y culturales comunes) y, finalmente, la existencia en Catalunya de dos identidades. Catalunya es una autonomía “pluriidentitaria” que forma parte de la Nación (unidad dotada de “misión” y “destino”) y del Estado (encarnación jurídica y organizativa de la nación).

En segundo lugar, que las políticas sociales son mucho más importantes que las políticas autonómicas y que la gestión de un gobierno autonómico no es otra que resolver los problemas que aparecen en su campo de aplicación. En este sentido, hay que recordar el principio de solidaridad interterritorial: Catalunya no puede desvincularse y desentenderse del desarrollo y las necesidades de otras partes de España, especialmente porque el desarrollo catalán ha sido posible gracias al trabajo de millones de inmigrantes llegados de otros puntos del Estado a los que se les ha impedido conservar incluso su propia identidad.

En tercer lugar, un partido catalán tiene la obligación de situar en toda su gravedad el problema de la inmigración, máxime cuando las políticas de la Generalitat en relación a la inmigración han sido una completa y total locura. En el período de Pujol se trataba solamente de impedir la llegada a Catalunya de inmigrantes iberoamericanos hispanoparlantes, y se cometió la estupidez de priorizar la inmigración magrebí. Por algún extraño motivo a algún “cerebro” de la Generalitat se le ocurrió que los magrebíes aprenderían antes catalán que los iberoamericanos. Hoy, el 65% de la inmigración marroquí en España está ubicado en Catalunya, donde, por lo demás, no se ha podido evitar que a los magrebíes siguieran los andinos… Hoy la inmigración es el gran problema de Catalunya junto al encarecimiento de la vivienda y a la delincuencia, ligada en una medida asfixiante a la inmigración.

Ningún partido político mayoritario de Catalunya ha dicho nada mínimamente razonable en relación a la inmigración. Como máximo la obligación de todos los inmigrantes de conocer el catalán… algo inútil para ellos, dada la alta movilidad laboral que los lleva de un lugar a otro de la geografía nacional. Así pues, una opción “aceptable” será aquella que contemplase decisivamente la aplicación de medidas para cortar la inmigración masiva en Catalunya… y en el resto del Estado.

Finalmente, en Catalunya es preciso restar a la Generalitat sus pretensiones de intervenir en todos los ámbitos de la vida social, y, sin embargo, restaurando el principio de autoridad. Ese principio está en trance de desaparecer en Catalunya. Ocupaciones sistemáticas, movimientos antisistema de radicalismo agresivo y violento, una criminalidad en aumento más que en cualquier otro lugar de España, una policía autonómica novata y rebasada en todos los terrenos, un incivismo creciente en la sociedad, violencia en las escuelas, bandas latinas operando a sus anchas, formación de guetos en todas las zonas industriales, masificación en las cárceles, baja calidad de los medios de comunicación dependientes de la Generalitat, intervencionismo en los medios con la amenaza de no renovar las licencias de emisión en caso de actitud hostil, una inmoralidad creciente…, son algunos de los problemas sociales que es preciso resolver en Catalunya o en caso contrario esos problemas acabarán con la sociedad catalana.

Pues bien, no hay ningún partido cuyo programa esté dispuesto a coger el toro por los cuernos y afrontar decididamente todos estos problemas. Así pues, se conoce la frase de los Hermanos Marx: “En la casa de al lado hay un tesoro” dice Groucho. Zeppo le contesta: “Pero si al lado no hay ninguna casa” y Groucho concluye: “Es igual, construiremos una”. De lo que se trata, pues, es de crear una nueva opción política.

¿A quién votar?

Esa nueva opción no puede salir de partidillos pertenecientes a otro tiempo que, si no han conseguido arraigar en zonas mucho más favorables para ellos (Madrid, Castilla, Navarra), mucho menos lo van a hacer en Catalunya. Estas opciones “nacionales” o “nacionalistas españolas” nunca han tenido gran arraigo en Catalunya, en situaciones mucho mejores. Parece difícil que hoy logren arraigar mínimamente, toda vez que cuentan con menos cuadros y militantes que nunca. Ni democracias nacionales, ni falanges, ni partidos de este tipo tienen la más mínima posibilidad de sumar más de 2000 votos en todo el territorio catalán y bastante esfuerzo tendrán con encontrar nombres suficientes para estructurar candidaturas que cubran las cuatro provincias. No es sobre esas bases sobre las que se podrá estructurar una alternativa de futuro.

En este momento solamente existe una opción en embrión que progresivamente va arraigando en los municipios y que, seguramente, hubiera podido demostrar su ímpetu si las elecciones autonómicas hubieran tenido lugar DESPUES de las municipales. En efecto, “Plataforma per Catalunya”, en los últimos dos años, ha ido trenzando un tejido cada vez más tupido de delegaciones locales que permite pensar que tras las próximas municipales podrá contar con un grupo de concejales cada vez más numeroso. En nuestra opinión, se trata de apoyar y reforzar a la “Plataforma per Catalunya”, trabajar para completar los planteamientos de esta organización y procurar que sea, efectivamente, el embrión de un gran partido catalán alternativo.

Si el gran problema de Catalunya es el que deriva de la presencia masiva de un millón de inmigrantes con los daños colaterales que eso comporta, entonces no hay más remedio que reconocer que la “Plataforma per Catalunya” hoy es la opción más realista y por la que vale la pena, no sólo apostar, sino comprometerse; así como procurar que en otras zonas de España surjan opciones similares. Cuando el “modelo de partido” se ha hecho inviable, el “modelo plataforma” es la única vía aceptable. Deseamos a la “Plataforma per Catalunya” un avance sustancial en las próximas elecciones municipales y un despegue en las autonómicas de otoño. Y animamos a la creación de organizaciones similares en otras autonomías.

© Ernesto Milà Rodríguez – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 13.05.06

Evo Morales o la fugaz fascinación del “populismo indígena”

Evo Morales o la fugaz fascinación del “populismo indígena”

Infokrisis.- Evo Morales inició su carrera política como representante de los cultivadores de coca del Chaparé boliviano. En enero de 2006 fue elegido presidente por mayoría absoluta con el eslogan: "Somos Pueblo. Somos MAS". ¿Estamos ante un nuevo estilo de hacer política o bien ante alguien que seduce a las masas con la misma facilidad con que luego las decepciona? ¿Es sólida la alternativa de Evo Morales?


En 1997, Evo Morales fue elegido diputado por el Chaparé con el 70% de los votos, lo que corresponde exactamente al porcentaje de indios y mestizos en esa zona. En el 2002, estuvo a punto de obtener la presidencia del país pero fue derrotado por escaso margen. A lo largo del gobierno de Sánchez Lozada se convirtió en el líder de la oposición y nadie dudaba que iba a ser el futuro presidente del país, aunque jamás hubiera tenido responsabilidad alguna de gobierno. Su “populismo indígena” merece ser estudiado. Sus primeros cien días al frente del gobierno boliviano también.

Del “socialismo militar” al “populismo indígena”

A mediados de los años 30, la embajada alemana en La Paz mantuvo relaciones con el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Víctor Paz Estensoro, mientras que la italiana lo hacía con la Falange Socialista Boliviana (FSB) de Oscar Únzaga de la Vega. Además, la presencia de Ernst Rohem y de algunos “soldados perdidos” alemanes que combatieron en la Guerra del Chaco, habían influido en un grupo de militares que unían a su patriotismo una alta conciencia social.

Los años comprendidos entre 1933 y el final de la Segunda Guerra Mundial se conocen en la historia de Bolivia como el período del “socialismo militar”. En aquellos momentos el país era propiedad de un grupo oligárquico conocido como “La Rosca”, o los “barones del estaño” (las familias Aramayo, Patiño, Hostchild). Este período estuvo protagonizado por tres dictadores militares (Toro, Busch y Villarroel) fracasaron en su enfrentamiento con “La Rosca”, acabando trágicamente. Gualberto Villarroel fue colgado de una farola frente al palacio presidencial de La Paz; antes, David Toro se había suicidado ante la imposibilidad de realizar su programa de nacionalización de los bienes de la oligarquía; su figura inspiró a Pierre Drieu la Rochelle al protagonista de su novela “El Hombre a Caballo”.

El “socialismo militar” había muerto; llegaba el período del “populismo”. En 1956, llegó al poder el MNR de Víctor Paz, realizando una reforma agraria limitada y mal planteada. La FSB se situó en la oposición e intentó varios golpes de Estado, hasta que su fundador Óscar Únzala resultó muerto. El populismo el MNR fue sustituido por la dictadura de René Barrientos, un militar que hablaba quechua y bajo cuyo mando se capturó al Ché Guevara. El gobierno Barrientos protagonizó un populismo de derechas vinculado a la embajada americana. Estaba todavía por llegar el “populismo de izquierdas” vinculado a las embajadas chilena y cubana. El general Torres lo encarnó durante unos meses. Luego vino la breve experiencia guerrillera marxista de Teoponte, en donde encontramos a los que diez años después serían dirigentes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (Jaime Paz Zamora), los cuales, una vez en el poder en 1985, estarían escindidos entre su fidelidad a los narcotraficantes y a la embajada americana.

El interregno militar del General Banzer (1972-1978) en el que lel MNR y la FSB volvieron a encontrarse, no aportó nada a la historia de Bolivia y el gobierno del General García Meza, apoyado por la dictadura argentina, apenas supuso una nueva muestra de populismo, frustrado a causa del bloqueo económico impuesto por el gobierno Reagan y por el lanzamiento al mercado de grandes reservas de cobre y estaño almacenados en EEUU desde la II Guerra Mundial, que hundieron el precio de estos minerales y, en consecuencia, la economía boliviana y, en menor medida, la chilena.

En este largo período (1935-1983) se había pasado del “socialismo militar”, a un “populismo” protagonizado por las clases medias de origen europeo. Pero el elemento dominante en la sociedad boliviana eran las comunidades indígenas que, por lo demás, crecían a mucha más velocidad que las europeas. Cuando se evidenció el fracaso de los distintos gobiernos democráticos entre 1983 y 2005 y se fueron agotando todas las opciones posibles. Finalmente, solamente quedó por experimentar el “populismo indígena” que, por lo demás, tenía a su favor la diferencial demográfica. Tal es el contexto histórico en el que hay que situar el “populismo” de Evo Morales.

Mientras que en el período de “socialismo militar” sus protagonistas estaban movidos por un afán sincero de reforma social y de patriotismo, durante el período “populista” la sinceridad se transformó en demagogia social y el patriotismo en chauvinismo. Es evidente que se había producido una caída de nivel; pero no iba a ser la última. Finalmente, el fracaso de los partidos democráticos tradicionales (MNR de Víctor Paz, ADN de Banzer, MRIN de Siles Suazo, MIR de Paz Zamora, etc.), debía de hacer emerger una opción populista protagonizada por indígenas y apoyada sobre el electorado indígena, numéricamente mayoritario.

Its the demography, stupid

Bolivia es un “país multiétnico” en el que los grupos étnicos europeos suponen apenas un 20%, los amerindios un 50%, los mestizos un 27’5%, existiendo, ademàs, pequeñas comunidades japonesas, libanesa, turca y chinas. A partir de 1980, el país pasó de seis a diez millones de habitantes. La tasa de natalidad es de 3’8 hijos por mujer, 4’6 si se tiene en cuenta solamente a las etnias indígenas y mestizas. Así pues, basta levantar la bandera del indigenismo para obtener una cómoda mayoría.

Lingüísticamente, Bolivia es un mosaico; el español es hablado por tres cuartas partes de la población (aunque algunos lo emplean como segunda lengua), el quechua (evolución de la lengua inca) se habla en Cochabamba y Potosí, el aimara (lengua pre-incaica) en Oruro y La Paz y el guaraní (en Santa Cruz y el Beni), a lo que hay que añadir 37 lenguas nativas y 127 dialectos tribales.

Lo sorprendente es que, el “indigenismo” creciente de la política boliviana no ha logrado evitar la extensión del español. Esto se explica por la creciente concentración de la población –hasta los años 70, eminentemente rural– en las ciudades. Hoy, sólo una cuarta parte de la población vive en el campo. Desde 1995, ciudades como Cochabamba o La Paz han crecido a un ritmo de un 8% anual. Las tres grandes ciudades (La Paz, Santa Cruz de la Sierra y Cochabamba) ocupan a 4 de cada 5 individuos económicamente activos. En 15 años, estas ciudades han duplicado su población.

Mientras que el Oriente Boliviano (Santa Cruz) tiene una mayor densidad de ciudadanos de origen europeo, el Altiplano andino (con La Paz como capital) registra una mayor abundancia étnica de indígenas. Esto, unido a las climatologías diferentes y a la configuración distinta de sus recursos económicos, ha creado dos “países” diversos. No es raro que en los próximos años –y especialmente si se produce el desplome de la política indigenista de Evo Morales– se registren movimientos secesionistas en Santa Cruz de la Sierra.

Geopolítica de Bolivia

La historia de Bolivia está presidida por un drama: carecer de salida al mar. Las guerras del siglo XIX contra Perú y Chile cortaron la posibilidad de contar con una salida al Pacífico. Tan sólo a través del Madeira (un afluente del Amazonas, llamado Madre de Dios en Bolivia) es posible tener una complicada salida fluvial al Atlántico. Para colmo, la guerra del Chaco, contra Paraguay, y antes la guerra con Brasil, comprimieron el territorio boliviano a su dimensión actual. El ferrocarril La Paz-Arica (en el norte de Chile) es hoy su única posibilidad de salida al Pacífico. En el siglo XX, Bolivia ha mantenido relaciones de alianza y amistad con Brasil y Argentina (es decir, hacia el Atlántico) y de hostilidad con Perú y Chile (los países que impiden su salida al Pacífico). Por su parte, mientras la frontera de contacto entre Chile y Perú es pequeña, la que mantiene Brasil con Argentina es extremadamente amplia. Brasil. Además, Brasil siempre ha intentado ejercer su influencia sobre Uruguay. Y, finalmente, Argentina y Chile mantienen frecuentes polémicas fronterizas. Todas estas relaciones crean una situación extremadamente conflictiva en el área geopolítica boliviana.

América del Sur es un subcontinente mucho más heterogéneo de lo que a primera vista de podría pensar: las diferencias climáticas, étnicas, el relieve, la orografía han modelado los distintos rasgos específicos de las naciones sudamericanas. A las clásicas contradicciones geopolíticas entre “valle” y “montaña”, entre “naciones oceánicas” y “naciones continentales”, se unen los rasgos culturales y antropológicos de las distintas etnias y las fricciones históricas que en menos de dos siglos de independencia han generado barreras de hostilidad entre casi todas las naciones sudamericanas (entre Venezuela y Colombia, entre Perú y Ecuador, entre Argentina y Chile, entre Brasil y Argentina, entre Bolivia y Paraguay, etc.

Brasil aspira a convertirse en “potencia regional”. A ello contribuyen su demografía, sus recursos económico-energéticos y su tecnología. Para ello precisa realizar una marcha geopolítica hacia el Pacífico. De ahí el interés que Brasil ha demostrado por Bolivia desde los años sesenta. De hecho, todo induce a pensar que en los próximos años Brasil estimulará el secesionismo “cruzeño” (de Santa Cruz de la Sierra) según evolucione la situación interior boliviana. La frontera entre la región de Santa Cruz y Brasil es extremadamente permeable y ambas zonas tienen relaciones económicas fluidas desde principios del siglo XX. Selvática y con gran riqueza forestal (madera y caucho), la región de Santa Cruz tiene poco que ver con la otra parte de Bolivia, el Altiplano.

La cuestión étnica en los países andinos

Brasil tiene un solo problema para realizar su aspiración de convertirse en “potencia regional”: el sustrato étnico extremadamente inestable compuesto por un alto porcentaje mestizo para el que la idea de “proyecto histórico”, “destino nacional”, son absolutamente incomprensibles. En Bolivia ocurre otro tanto. Por su riqueza minera, Bolivia estaría llamada a ser un país con una envidiable prosperidad. Sin embargo, la mala gestión de recursos, la corrupción y la mentalidad indígena, impiden que algún día pueda alcanzarse algo parecido a un “estado del bienestar”.

Ahora bien, el estudio de la mentalidad indígena es indispensable para comprender la naturaleza del “populismo” encarnado por Evo Morales y su gobierno. La impresión general de los indígenas que han votado en masa a Evo Morales es que, ahora, “ellos” están en el poder. Para cualquier indígena boliviano, Evo es “de los suyos”. Su aspecto físico es el característico del indígena boliviano sin que falte ni un solo rasgo. Evo Morales es, pues, el arquetipo étnico del amerindio boliviano.

Pero esto grupo étnico tiene unos rasgos problemáticos. El indio realiza sus procesos mentales a una velocidad distinta de la europea. En buena medida, carece –dato importante– de visión proyectiva y de capacidad de planificación en su vida propia. Concibe la unidad familiar, concibe a la tribu, concibe la aldea o el barrio, pero le es imposible concebir algo que sea superior a lo que puede ver en su proximidad. Su productividad, salvo excepciones, se limita a lo estrictamente necesario para lograr la supervivencia.

En las naciones andinas y centroamericanas, la estratificación étnica está directamente relacionada con la estatificación social y económica. Es frecuente, por ejemplo, que en las Fuerzas Armadas, la tropa sea india, la suboficialidad mestiza y la oficialidad, europeoide. En Bolivia, la clase favorecida es blanca, los mestizos ocupan un escalón intermedio (pequeño comercio, vendedores ambulantes, transportistas), mientras que el indio realiza trabajos agrícolas y forma el grueso del subproletariado urbano.

El drama de países como Bolivia radica en que la población india es, a la vez, la más numerosa y la que dispone de menor formación media y superior. En otras palabras, países como Bolivia sufren una contradicción insalvable: después de haber pasado por todas las opciones políticas, solamente quedaba una, la que disponía del electorado objetivo más numeroso, la opción indigenista, pero, al mismo tiempo, esta es la más inadecuada para ejercer el poder político. En cualquier consulta democrática, la mayoría siempre vence: pero la mayoría en estos países es india o mestiza y el drama estriba en que ni indios ni mestizos, ni mulatos, tienen en estos momentos la capacitación técnica y la experiencia para gobernar.

La esencia del “populismo indígena”

Inicialmente, las reivindicaciones del MAS y de Evo Morales, parecen justas: el pueblo boliviano es el legítimo propietario de las riquezas que alberga el subsuelo de su país. Pero las cosas no son tan sencillas. Hasta que terminaron las dictaduras militares en 1983, el sector minero estaba prácticamente nacionalizado en Bolivia. La COMIBOL regentaba el grueso de la industria minera. Y el sector se mostraba improductivo. El descubrimiento y la explotación de las grandes bolsas petroleras y gasísticas, así como la liberalización del sector minero, permitieron la entrada de compañías extranjeras. Estas compañías –en especial Petrobras (Brasileña) y Repsol (hispano-argentina)– realizaron grandes inversiones en el establecimiento de modernos sistema de bombeo y canalización. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar, la industria petrolera no da beneficios inmediatos y las inversiones a medio plazo requieren un gran esfuerzo económico.

Los acuerdos firmados entre anteriores gobiernos bolivianos y las petroleras, seguramente, otorgaban a estas grandes ventajas a cambio de corruptelas. La historia del petróleo, a partir de la segunda mitad del siglo XX, es la historia de la corrupción. Y en Bolivia la cosa no iba a ser diferente. Pero el problema estriba en que la ruptura de los contratos firmados por anteriores gobiernos bolivianos solamente puede realizarse demostrando que han existido corruptelas y cláusulas abusivas ante un Tribunal Internacional y tras un fallo favorable. Y Evo Morales ha optado por el desprecio a la legalidad internacional. Su declaración de que las petroleras no serán indemnizadas hace que otras empresas extranjeras que se planteaban inversiones en Bolivia hayan paralizado sus proyectos.

El indígena boliviano suele tener una visión conspirativa de la historia y atribuye sus desgracias, siempre a elementos no derivados de su propia actitud. Para Evo Morales, la postración de Bolivia es el fruto de “quinientos años de colonización”. Poco importa que Bolivia haya sido independiente desde 1825 y que, a partir de esa fecha, los conflictos más graves de su historia los haya tenido con los países vecinos y no con la “potencia colonizadora”. Poco importa si los “barones del Estaño” eran de nacionalidad boliviana (aunque de etnia semita). Poco importa que la civilización inca estuviera prácticamente desintegrada a la llegada de los españoles y que hoy no quede de ella más que el recuerdo, unas cuantas ruinas y la lengua quechua. Poco importa que la mentalidad india no conciba en términos de “nación” o de “futuro” y que, por tanto se inhiba de los complejos problemas que entraña la administración de un Estado moderno. Lo único que le importa a Morales es un régimen de coartadas tranquilizadoras que inhiben a Bolivia –y, en particular, a la etnia indígena– de cualquier responsabilidad en la marcha del país.

De ahí, que la falsificación de la historia y la exoneración del indio de cualquier responsabilidad, sea el primer rasgo sorprendente del “populismo indígenista”. A continuación viene la contrapartida: “si tú eres responsable de mi situación, tú debes pagar”. Esta frase, miles de veces repetida, ha hecho mella en las mentes bienpensantes del progresismo europeo, en cuyo subconsciente late un profundo complejo de culpabilidad: “Europa es culpable de su prosperidad, por tanto, debemos ayudar al Tercer Mundo al que explotamos”, cuando el razonamiento correcto sería: “Si yo me siento culpable, probablemente sea porque mi vida mundana y opulenta, no está de acuerdo con mis ideales”. Evo Morales y todas las ideologías de la “liberación nacional” tercermundistas han entendido que explotando el complejo de culpabilidad de la izquierda europea, pueden obtener toda la ayuda que desean.

Lo más sorprendente es que las dos principales compañías petroleras afectadas por las medidas nacionalizadotas de Evo Morales, tienen su capital mayoritario en los dos países que, inicialmente, demostraron una mayor predisposición a apoyar al nuevo gobierno boliviano: Brasil y España. En el momento de escribir estas líneas, Petrobras ya ha advertido que se retirará de Bolivia si las condiciones del nuevo contrato propuesto por Evo Morales no le convienen, y el gobierno de la izquierda brasileña ha comunicado su insatisfacción a Bolivia, enfriando las relaciones con ese país. Rodríguez Zapatero, por el contrario, ha optado por la vía de la ambigüedad: se limitó a comunicar que enviaría un negociador para tratar de resolver la crisis y que la “ayuda al desarrollo” no se interrumpiría.

Cuando Evo Morales resultó elegido presidente, una de las primeras llamadas fue del Presidente del Gobierno español, Rodríguez Zapatero, el cual le prometió doblar la ayuda española al desarrollo de Bolivia. Además, Evo Morales obtuvo la condonación de un tercio de la deuda externa con España. No era suficiente. El 11 de mayo de 2006, en la Conferencia de Viena, cuando todavía estaba en la mente de todos, la irrupción de las Fuerzas Armadas Bolivianas en los campos petroleros y en las oficinas de la compañía española Repsol, Evo Morales, se permitía echar en cara a Zapatero, el que todavía no había hecho efectiva esa promesa.

Porque si la primera idea del “populismo andino” es culpabilizar a otro de sus propias desgracias, la segunda consiste en introducir en el cerebro de los indígenas la idea de que “el culpable debe pagar”, pero la tercera idea esencia es aún más deletérea: practicar el doble lenguaje, tanto ante su propio electorado, como en los foros internacionales o en las entrevistas con dirigentes de otros países. Véase un ejemplo.

La empresa española de comunicaciones, PRISA, propietaria del mayor diario español “El País”, de la mayor plataforma de TV por cable y de la emisora de radio de más audiencias (la SER), tiene también intereses en los principales medios de comunicación bolivianos. Rodríguez Zapatero y Evo Morales, deben a PRISA el haber sido elegidos presidentes de gobierno de sus respectivos países. Cuando “España” envía “ayuda al desarrollo”, esa ayuda va destinada a adquirir libros de texto escolares editados por PRISA en Bolivia. Si Zapatero mantiene la ayuda al desarrollo no es por amistad ni por idealismo, sino para beneficiar a quienes lo promocionaron. Toda deuda se paga y, tanto Zapatero como Morales son hijos del mismo consorcio empresarial.

La cuestión petrolera; dimensiones y riesgos.

Morales indicó en Viena que las compañías extranjeras "recuperarán la inversión y tendrán ganancias". Además, aclaró que "no estamos expulsando a nadie, sólo ejerciendo el derecho de propiedad sobre nuestros recursos", prosiguió. Pero las cosas no están tan claras. El 1 de mayo de 2006, Evo Morales decretó la nacionalización de los recursos petroleros y gasísticos del país, tal como había prometido durante la campaña electoral. El “decreto supremo 28701” contribuiría a eliminar la pobreza del país. Esta normativa exige que las empresas que exploten los yacimientos sean empresas mixtas y deberán estar participadas por el 51% de capital boliviano. La producción deberá entregarse a ese ente estatal que se encargará de la comercialización, definiendo condiciones, volúmenes y precios, tanto para el mercado interno como para la exportación y la industrialización. El estado Boliviano se quedará con el 82% de los ingresos y las petroleras un 18%, para cubrir los gastos de explotación. Evo Morales declaró: "se acabó el saqueo de nuestros recursos naturales por empresas extranjeras". En 1937 y en 1969 se habían adoptado medidas de este tipo que constituyeron rotundos fracasos.

Ahora bien, estas medidas solamente serían acertadas si se dieran dos supuestos: la existencia de un gobierno libre de corrupción y si ese gobierno tuviera capacitación técnico-económica para gestionar el sector petrolero y gasístico. Pero en Bolivia, los distintos gobiernos de derechas y de izquierdas de los últimos 25 años, han llegado al poder prometiendo honestidad y eficacia, para terminar demostrando solo eficacia en el saqueo de las arcas públicas. No hay ningún dato objetivo que permita pensar que con el gobierno de Evo Morales va a suceder algo diferente. Por otra parte, ni el presidente, ni sus cuadros administrativos tienen experiencia en el gobierno, ni en la gestión de los asuntos públicos.

Lo que parece extremadamente difícil es que Bolivia pueda obtener los 6.000 millones de dólares que le permitirían explotar correctamente y con sistemas avanzados, sus recursos naturales. Como máximo, el Fondo Monetario Internacional –bestia negra de Evo Morales– está dispuesto a prestar 500, una cantidad a todas luces insuficiente.

Si Evo Morales no rebaja sus exigencias a las petroleras, estas se retirarán de Bolivia, con lo cual se corre el riesgo de parálisis energética del país y de que el gesto contribuya a aumentar el precio del petróleo en el mercado mundial. Un desastre que, en mayor o menor medida, pagaremos todos, pero especialmente el mercado argentino y los accionistas de Repsol y Petrobras. Si, por el contrario, el presidente boliviano rebaja sus exigencias y permite que las petroleras sigan operando sin obstáculos, entonces la propia población se sentirá defraudada y engañada. En ese caso, el “populismo indígena” de Evo Morales se diluirá como un azucarillo; el contacto con la “realpolitik” convertirá al MAS en un partido de izquierda pragmática, con leves toques folklóricos indigenistas y poco más. Su apoyo popular disminuirá rápidamente e, incluso, parece complicado que pueda terminar su mandato sin que asistamos a nuevos estallidos sociales.

A decir verdad, de los firmantes de la Albernativa Bolivariana para las Américas (ALBA) , Bolivia es el “eslabón más débil”. Y no por su producción petrolera (Bolivia tiene las segundas reservas de petróleo de Suramérica, después de Venezuela), sino por su inestabilidad congénita y por la debilidad de su tejido político. En los otros dos firmantes, se dan condiciones muy diferentes. Fidel Castro está apoyado en una fuerte estructura político-policial y Hugo Chávez es el principal exportador de petróleo a EEUU, a pesar de todas sus soflamas antiamericanas, habiendo triplicado las exportaciones durante los dos últimos años de su mantado. De hecho, Chavez contempla la posibilidad de sustituir a las petroleras en Bolivia, con capital venezolano. Hoy Venezuela, regala prácticamente 90.000 barriles diarios de petróleo a Castro. La propuesta de Chavez consiste en apoyar a Bolivia en la explotación de su petróleo a cambio de productos bolivianos. O dicho de otra manera: cambiar a las petroleras extranjeras, por capital venezolano.

¿Qué representa esto para Europa? Cuando se está hablando de petróleo se está hablando de nuestro presente y de nuestro futuro. Ni el “populismo indígena”, ni las declaraciones antinorteamericanas de Evo Morales pueden separarse del hecho de que, por el momento, su gestión como presidente de Bolivia ha generado alarma en los mercados mundiales del petróleo, junto con la guerra de Irak, las declaraciones belicosas del presidente iraní o los frecuentes sabotajes en los oleoductos africanos. Y todo esto tiene mucha importancia para nosotros: hace que se incremente el precio del petróleo. La era del petróleo barato ha terminado, a partir de ahora la demanda de petróleo será siempre superior a la oferta y, en apenas tres décadas, el petróleo mundial se habrá agotado. Desde ahora y hasta que eso ocurra, el precio no hará más que subir. Todo aquel que contribuya –desde gobiernos tercermundistas hasta multinacionales del petróleo– al encarecimiento del producto y al desabastecimiento de los mercados, será, simplemente culpable de la fragilización de la economía mundial. Esto repercutirá en los bolsillos de cada uno de nosotros y, muy especialmente, de las clases trabajadoras europeas. Y Evo Morales, en esto también tendrá su parte de responsabilidad.

¿Tiene futuro Evo Morales?

Evo Morales no es una excepción en Bolivia: hay muchos Evos Morales solamente en su población, El Alto, todos de la misma estatura y complexión, todos con el mismo pelo negro azabache, todos con la misma edad, todos, absolutamente todos, con unas nociones políticas extremadamente toscas y con una capacidad exasperante para la demagogia y la culpabilización de EEUU y de la UE, todos disponiendo de una fórmula magistral, sencilla, para resolverlo todo: “la estatización del petróleo y el gas”...

Evo Morales, lejos de tener en ellos a aliados, va a tener a competidores celosos de su protagonismo. Es significativo que, nada más conocerse los resultados electorales, accedieran a darle “100 días de gracia” para resolver los problemas del país... problemas que, probablemente no se resolvieran en medio siglo.

Pero hay algo que diferencia a Evo Morales de otros indios como él: detrás de Morales ha estado PRISA haciéndole la campaña electoral, modelando su imagen y prestigiándolo más allá de sus cualidades personales, de su liderazgo real y del paso político de su partido, formado por apenas unas decenas de indios y unos pocos estudiantes. Mientras que en España el Partido Socialista es un anexo de PRISA y Rodríguez Zapatero puede considerarse como un funcionario de esta multinacional de la comunicación, Evo Morales es el nuevo “chico de los recados” de PRISA en Bolivia. No es otra cosa, es nada más que eso, y, posiblemente, nunca será algo más.

Es previsible que Evo Morales ocupe el poder durante poco tiempo. Y en ese poco tiempo va a decepcionar, ante todo, a sus electores: les ha prometido progreso y prosperidad a cambio de estatizar el gas y el petróleo. Hoy, sabemos, que las fórmulas nacionalizadotas no garantizan la correcta explotación de recursos ni hacen aumentar los ingresos para el Estado. La nacionalización es una “fórmula sencilla para un problema complejo”, pero no es, necesariamente, la solución.

Aceleración de la crisis boliviana, agotamiento de las opciones, período de la demagogia indigenista, separatismo cruceño, regreso de la agitación social, huida de empresas y capitales con el consiguiente empobrecimiento del país... dentro de poco Evo Morales será una anécdota en la historia de Bolivia. Y algún cineasta podrá filmar un documental sobre este período, que se titulará “Lo que queda de Bolivia”...


© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – 12.05.06