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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

infokrisis: octubre 2008, primer mes con 30.000 artículos leídos

Infokrisis.- Un blog es, por definición, la plasmación de los gustos y preocupaciones de quien lo publica. De lo contrario sería una web o un portal expresando la opinión de un colectivo. Habitualmente, los lectores de un blog suelen ser amigos del autor y eso hace inevitablemente que la mayoría tengan apenas 15-25 visitas diarias. Cuando iniciamos hace casi seis años infokrisis (entonces krisis.info) no teníamos muchas aspiraciones.

En nuestros primeros pasos en 1997 en Internet habíamos hecho un pequeño html que todavía sigue por ahí, en lykos, desfigurado por el tiempo y por las ventas del hosting a distintas empresas, DisidenciaS,que llegó a tener 100-120 visitas día. En este momento, en infokrisis hay varios cientos de artículos publicados sobre los temas más diversos y el crecimiento en los últimos meses ha sido espectacular. En agosto de 2008 logramos 21.887 visitas, en septiembre 26.270 y éste mes nos falta muy poco, para alcanzar las 30.000, lo que supone, 1.000 artículos leídos por día.

Algunos de los artículos insertados registran estos momentos casi 15.000 lecturas y dos centenares están por encima de los 5.000, superando muchos los 10.000. En los tres meses de este año (los primeros que podemos comparar con las cifras de año anterior, pues fue en agosto de 2007 cuando blogia insertó sus contadores) el aumento de visitas ha sido de un 25%.

Así que podemos felicitarnos de que nuestro trabajo interesa. En su mayor parte, los visitantes proceden de google en donde estamos muy bien situados, ocupando en muchos temas los 5 primeros puestos, lo que indica que estamos en cabeza de la consulta en muchas áreas.

El hecho de que octubre sea el primer mes en el que llegaremos a 30.000 visitas es un hito. Confirma que Internet es democrático e igualitario en el sentido de que cualquiera que tenga algo que decir y que sea susceptible de interesar a otros, logra hacerse un hueco sin necesidad de codazos y sensacionalismos. El mundo va cambiando y nos alegramos profundamente de ser testigos y en la modestia de nuestras posibilidades, protagonistas de ese cambio. En España los blogs más leídos e incluso promocionados por portales como Periodistadigital, tienen como máximo 40.000 lectores/mes, así que estamos cerca de “los grandes”.

Se considera que un blog está consolidado entre 200 y 600 visitas y tiene “alta audiencia” a partir de esa cifra. En tanto que periodista y escritor lo que nos reconforta es “ser leído”, saber que al otro lado hay alguien. Que nuestro trabajo de francotirador inconformista sirve para algo. 30.000 artículos leídos en un mes empieza a ser una cifra respetable. En algunos artículos en Wikipedia figuramos en la zona de enlaces y algo así como una cincuentena de blogs han enlazado con el nuestro.

Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a un pobre diablo (Alvarito, que grande eres, chico) que, pelmazo él, nos obligó a eliminar los comentarios y que facilitó el contacto directo y personal con lectores que tenían algo que decir y que aportar. Lo que se había transformado en un sumidero de insultos, se ha convertido en una fuente de nuevas amistades, y de enriquecimiento recíproco.

Un blog, por definición, no puede tener “próximos objetivos”. No tendría sentido que planteáramos lo que es un escaparate de los propios intereses y aficiones, como una competición de audiencia. No aspiramos a subir a los 35.000 artículos/mes leídos y luego a llegar a los 40.000. El ascenso en lectores vendrá en razón directa al número de nuevos artículos colocados y de la calidad e interés de los mismos.

Si se observa la evolución de infokrisis. Inicialmente, los artículos servidos eran artículos que ya habíamos publicado en revistas convencionales de todo tipo, meros comentarios de actualidad, o simples divagaciones sobre temas que nos interesaban. Poco a poco, hemos ido eludiendo el seguimiento de lo cotidiano (para eso está la iniciativa colectiva de Identidad) para centrarnos en el análisis de temas en profundidad. La fusión de varios de estos temas, sistemáticamente tratados, han dado lugar a verdaderos “libros” online, que ofrecemos gratuitamente a nuestros lectores. Distintas bibliotecas, archivos y museos se han puesto en contacto con nosotros para reproducir nuestro material o entablar formas de colaboración.

Lo más curioso es que la imagen que algunos dan de nosotros como “agentes secretos perversos”, como “asesinos despiadados” o como “malhechores sin escrúpulos”, contrasta con los contenidos y reflexiones que aquí encuentran y en este sentido son decenas los que nos han comentado lo saludable de ese contraste, como cuando crees que vas a beber hiel y te sirven un cubata inesperado. Así que gracias también a los que se han tomado la molestia de calumniarnos sistemáticamente.

Lamentamos no tener tiempo para el ejercicio del humor ni de la sátira en este blog. Acaso un día podamos, hoy el tiempo nos devora y ya es milagroso que durante casi seis años hayamos podido mantener esta iniciativa.

Gracias a todos los que acuden regularmente a infokrisis. Gracias a los que encuentran nuestro blog en google y que se sirven de nuestro material para satisfacer sus necesidades intelectuales. Gracias a los que nos han linkado. Gracias a los que nos proporcionan el hosting. Gracias, en definitiva, a los 30.000 lectores del mes de octubre de 2008.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 

 

 

Lo malo de los excombatientes y del tiempo pasado… a propósito de los hombres de negro...

Infokrisis.- Estaba yo tan tranquilo hace unos años cuando un viejo amigo, y sin embargo camarada, va y me dice: “¿Te acuerdas de XXX?, ha escrito un libro en el que te cita”. “Y ¿qué dice?”, le digo. Me responde: “Historietas”. Me dejó el libro y lo leí. Era una mezcla de ficción, realidad, alucinación y recreación literaria. Buena mezcla y bien narrado. Hará unas semanas, un camarada y sin embargo amigo me dice: “¿Te acuerdos de XXX? Ha escrito un libro en el que te cita”. ¡Ostias, un deja vû!. Y no. Era otro libro, en el que el mismo autor que, con otro seudónimo, me citaba de nuevo, con otro nombre. En fin, un lío. “Y ¿qué dice?”, le pregunto. Me dice: “Historietas”. Me dejó el libro y lo leí. Era una mezcla de ficción, realidad, alucinación y recreación literaria. Buena mezcla y bien narrado. Con estos antecedentes, os juego una noche de copas y demás, a que de aquí a un año, me encuentro a un amigo, probablemente camarada, que me dirá: “¿Te acuerdas de XXX?, ha escrito un libro en el que te cita”. Y ¿qué dice?, le diré. Y me dirá: “Historietas”. Éste retorno si es eterno y no el del Nietzsche.

 

La categoría de los excombatientes o como pillar tortícolis

Hay distintos tipos de excombatientes: los que han hecho la guerra, saben lo que es la guerra y dicen: “es una experiencia difícilmente transferible, así que ¿qué te voy a contar?”. Los hay que añaden: “han muerto muchos amigos, prefiero olvidar”. Otros, no olvidan, pero nunca alardean de su condición de excombatientes. Y los hay que servían el rancho en la retaguardia o conducían el coche del coronel, en palanca, pero que te cuentan historias de cómo ganaron esa cruz de hierro comprada a buen precio en el rastro de Madrid y avejentada, para colmo, con betún de Judea. El viejo adagio hermético “los que hablan no saben y los que saben no hablan”, se cumple también aquí.

Lo digo porque al leer este libro hay tres tipos de historias: las que no se han vivido de cerca pero las ha contado gente que vivió de cerca y el tiempo las ha deformado; las que no se han vivido de cerca pero las ha contado gente que tampoco las vivió de cerca y el tiempo las ha convertido en irreconocibles; y las que se han vivido de cerca y se cuentan como se ha visto o creído ver. Un lío, vaya. Este libro es de los tres tercios, hay de todo, en una inextricable y desigual confusión. Por lo que recuerdo anécdotas de aquella época hay y mucho más chuscas que las que cuenta el autor. Incluso algunas de las anécdotas contadas podían haberse coronado con un addendum que se conoció años después sin el cual es difícil comprender por qué tal o cual fulano actuó como actuó. Da la sensación de que en un momento dado al autor se le han secado las fuentes y a ratos la divagación se hace demasiado lejana, cuando podría haberse informado perfectamente, simplemente leyendo los libros de Casals, por poner un ejemplo, o quizás en un tratado de psicopatología, o desde luego telefoneando a alguna fuente originaria.

Da la sensación que todo el problema de fondo era cómo escribir 140 folios para que el editor pudiera ofrecer uno de esos productos de 100 ó 150 ejemplares de venta asegurada. Y el autor del libro vale para bastante más, a condición de “crear” en lugar de “recordar”. Y si “crea” autónomamente, mejor que si “recuerda” episodios que están tan lejos en el tiempo que pierden significado y significante. El autor sirve para la novela y, más para la novela corta. A condición, insisto, de emanciparse de la subjetividad del recuerdo y de los intereses del editor y tirar por la vía propia y solitaria de quien está sentado delante de un folio y crea literatura. A fin de cuentas, todo autor tiene un poco de ermitaño. Sigamos con lo de los excombatientes…

Estas reflexiones, que no son de ahora, me han llevado a aborrecer el ambiente de los excombatientes, entendiendo por excombatiente a todo aquel que dice “yo estuve allí”, al margen de que sea o no verdad y al margen de que el lugar en el que se estaba presuntamente fuera heroico o bufo. Desde muy joven he abominado del pelmazo que te cuenta lo que hizo, real o supuestamente, en la cota 214 del frente del Tembleque.

Todo esto viene a cuento de que quizás haya cosas que valga la pena recordar para superar lo que no se ha logrado metabolizar. Puede entenderse que alguien quiera arrogarse un heroísmo que en su momento no le correspondió o que si es lo único “grande” que haya hecho en su vida, quiera adornarlo o magnificarlo. La naturaleza humana es lo que es, y no hay más cera que la que arde. Pero hay cosas que me resultan más difíciles de entender… Y esto es lo esencial: no hay nada más diferente a una guerra que la vivencia de la extrema derecha en la transición barcelonesa. Y entro en la materia del libro que nos ocupa…

La historia de la extrema-derecha en Barcelona en el período 1973-1981 (período que abarca el libro que intento comentar) es completamente banal, no hay en ella nada heroico, nada que valga la pena verdaderamente recordar, nada singular, ni nada de lo que uno se sienta especialmente orgulloso. Entonces ¿por qué esa insistencia en volver una y otra vez a recordar la vacuidad? Me recuerda a esos shows televisivos en los que unos individuos e individuas, gilipollas y gilipollos, te cuentan sus pequeñas miserias irrelevantes. Y tú dices: “¿y a mí que coño me importa que la novia de este atontao le haya dejado y que su chica se haya liado con un tragasables zíngaro y le críen un hijo en una granja pirenaica que para colmo salió negro?”. Pues con el libro éste pasa algo parecido: “¿y a quién le importa que al tal Gunter lo pillaran con un 6’25 mm chirriante que disparaba pelusa del ombligo?”. Si te contara los anormales que ha conocido y que he tenido que soportar incluso en la distancia, el bueno del Gunter aparecería como un alma cándida. Sin ir más lejos, ayer me entero que un antiguo camarada, Salchichofen por más señas, que siempre despuntaba por estar como las maracas de Machín, después de años de observarla por la ventana, saltó al piso de la vecina, la secuestró, la quiso violar y los GEO pusieron fin a la aventura depositando al antiguo camarada en la cárcel psiquiátrica más próxima; en saliendo, mató al padre cuchillada va  cuchillada viene, que eso si es sublimar sus pulsiones edípicas. Irrelevante, a fin de cuentas; cualquier cárcel psiquiátrica tiene casos como éste. Una querida amiga psiquiatra penitenciaria tiene historias a palas iguales o mejores que ésta. Lo dicho, Gunter era un alma candida. En cuanto a Salchichofen apenas mereció un suelto en el diario local.

Sumar anécdotas de este tipo hasta completar 140 folios no parece algo tremendamente positivo. Alucinados hay cada día todos los que quieras. De hecho, es toda una civilización la que está de camisa de fuerza. Y si no, mira los telediarios y mira quien nos gobierna. Lo irrelevante, lo friki, lo anómalo nos rodea, están en torno nuestro, pero tapoco hay que recrearse en lo friky. En el PP y en el PSOE hay tantos anormales como hubo en la extrema-derecha en sus mejores tiempos ¿por qué creéis que aplauden a sus líderes y además les votan?

Hay algo peor que un excombatiente que estuvo en la cota 214 del frente del Tembleque: un excombatiente que estuvo en la extrema-derecha barcelonesa entre 1973 y 1981 y que se recrea en ello. Mirar para atrás recordando acciones heroicas, camaradas caídos y momentos en los que te la has jugado a doble o nada, es mirar atrás, pero quizás, la intensidad de la experiencia pueda justificar algo tan humano como es la nostalgia. Pero es que en la extrema-derecha barcelonesa de 1973-1981 no hay nada de esto, no hay nada que sea digno de ser recordado. Travesuras, pánfilos, colgaos, adolescentes díscolos, poco más. Es una historia tan pobretona, tan minimal y tan escuálida que no da para mucho, ni siquiera para la anécdota. Porque esta obra es pura anécdota. Y el autor puede escribir cosas bastante más interesantes a condición de que se convenza de que aquello no fue nada y que su imaginación es capaz de crear situaciones mucho más novelescas y entretenidas que las surgidas de conversaciones de excombatientes con recuerdos deformados, papeles irrelevantes y deseos de sobrevalorar su actividad en aquellos años.

Las 140 páginas de este libro, en general, y dejando aparte lo que, en lo personal aprecio al autor a pesar de que no lo veo desde hace 28 años, parece un recorrido  banal por unas historias juveniles de poco recorrido.

La realidad es realidad y la ficción es ficción

Hay tres formas de “despertar”: el polvo del siglo que una sabe que lo ha alcanzado porque como que te mueres (el famoso tantra de ¿t’antrao o no t’antrao?), un porro trompetero de esos que de tanto en tanto parecen romper un velo dentro del fumata de turno, y un estado profundo de meditación. Es lo que en El Cero y el Infinito, Arthur Koestler llama “el sentimiento oceánico” al que le dedicó alguna de las mejores páginas de la literatura del siglo XX, porque realmente existe una sensación de infinitud labil en la que participas activamente y en la que te sientes arrastrado a la vez. Koestler ni se fumó un porro ni entró en éxtasis con el polvo del siglo; lo hizo ante la Pietá de Miguel Ángel. A otros les ha pasado lo mismo con el Rienzi de Wagner y Borges definió aproximadamente ese mismo estado de conciencia en El Aleph.

En cualquiera de estos casos uno tiene la sensación de que el estado de conciencia ordinaria ha quedado suspendido y percibe la realidad de una manera más directa, sin ese velo propio de la conciencia disminuida en la que vivimos habitualmente, y que nos limita y, a la postre, nos amarga. Cualquiera de esas tres experiencias (el sexo, la droga o la mística) llega a estados de arrobamiento interior en los que, por algún motivo, emerge “algo” que permite percibir la realidad de otra manera, más directa, más íntegra, holística que le dicen los finolis. En esos momentos es cuando verdaderamente se cree percibir  directamente y sin filtros lo que es real y lo que es ficticio. “Despertar” es la palabra que mejor le cuadra y que desemboca en una percepción integral de la realidad. Cualquier cosa ajena al despertar supone seguir sumido en el sueño: el sueño deforma la realidad, la subjetiviza, hace que nuestro bagaje mental le dé unos tonos que no tenía ni tiene, la filtra, la tamiza, le da otro color. La deforma, en definitiva. Recordar es, a la postre, siempre, deformar.

Esto es lo que ocurre con este libro. Incluso a los que hemos vivido algunas de las peripecias que cuenta el autor, nos cuesta reconocernos en algunos episodios. A ratos no está claro si la narración es ficción o es realidad. En otros, el autor comete involuntariamente errores de bulto y es normal: ha pasado mucho tiempo y es difícil mantener recuerdos de pequeños detalles de conversaciones vivos y actualizados. El tiempo hace que se tiendan a deformar los recuerdos, y frases dichas en un contexto tienen un sentido muy diferente en otro.

Bien, todo eso se asume y no hay más problema, pero ¿por qué cambiar los nombres? ¿por qué llamar a Jorge Mota, Jorge Nota o Ernesto Vila a Ernesto Milà? ¿A ver que pensaría el autor si escribiera 140 folios citando a un tal "Juan Carlos Castillín Martón"? (tranquilo, que no)

¿Por qué esa manía de deformar nombres de manera tan leve? El autor sabe que diga lo diga me sería imposible pelarme con él. Aunque también podía haber consultado algún episodio que no fue como dice y otros de los que podría haber extraído mucho más partido. Para mí, esta utilización de nombres levemente alterados, resulta un misterio y no contribuye precisamente a deslindar lo que es ficción de lo que es realidad. Una novela es una novela y un libro de memorias es un libro de memorias. Pero cuando elementos de ficción se mezclan con la realidad, francamente, puede ocurrir que se dé una imagen distorsionado de una época.

Hará unos quince años un improvisado “novelista” de la ultra que iba para el Nobel y se quedó en el primer peldaño, dotado de la misma sensibilidad que un peazo marmolillo del ocho, presentó en Planeta una “novela” sobre el secuestro por el FPolisario del pesquero “Galgomar” ha principios de los años 80. Los pescadores estuvieron detenidos durante una larga temporada por los polisarios y en este libro, el autor contaba su visión de los hechos y una supuesta “operación rescate”. El original acabó en mis manos para que lo valorara: se mezclaban hechos reales con ficción. Por ejemplo, Felipe González pasaba a ser “Felipe Gonzálvez” y así sucesivamente. La editorial, claro, rechazó publicar el libro: o es ensayo histórico o es documento periodístico o es ficción. Si quiere ser todo a la vez, es un caos. Y si es ficción, Felipe González mejor que sea “Atilano Pérez”. Y Jorge Mota mejor que sea “Pedro Ciruelo”, o así, que ni tiene por qué ser wagneriano, ni siquiera vegetariano. En cuanto a Ernesto Milà, puede ser, sin ir más lejos, “Roque Rajuela”, pero, hombre “Ernesto Vilá” es casi un chiste y haría pensar que al autor se le ha secado la imaginación o no da más de sí.

El problema es que este tipo de literatura sirve para que haya enteraos –éste es un país de enteraos, ya se sabe, aquí todos sabemos de todo y los routiers de la ultra son los peores marisabidillos y enteraos de esta parte de la Galaxia- que crean que saben algo de aquella época y no sean capaces de distinguir ficción de realidad, ni a base de polvos del siglo, ni de porros trompeteros.

Resumiendo: si el contenido del libro es “memoria periodística” o “ensayo histórico”, me da la sensación de que hay errores, que las cosas no fueron exactamente así en muchos casos y que las preocupaciones que algunos teníamos en la época no corresponden a lo narrado. Y si se trata de novela, creo que los personajes podrían estar mejor pintados y sus contornos descritos con más precisión.

Y a todo esto ¿cómo fue aquella época?

Hace unos años, mis hijos me pidieron solidariamente que escribiera mis memorias. No han sido los primeros, pero si que con ellos tengo alguna obligación que con otros no debo. Así que empecé a escribir cada día un capítulo. Empecé por “personajes que he conocido”. Llegué al cuarto. ¿Para qué seguir? Aquello era increíble, ¿cómo podía explicar a mis hijos que conocí a un heidegeriano pelmazo y plúmbeo al que habré visto cuatro o cinco veces en mi vida y que luego se dedicó sistemáticamente a ponerme verde en foros de extrema-izquierda? ¿cómo les podía explicar que un porcentaje elevado de antiguos camaradas son hoy puros desechos humanos alcoholizados, con el cerebro desbaratado, vidas frustradas y desperdiciadas, estafadores de pocos vuelos y mucho morro, pornógrafos de chichinabo, calumniadores de baja estofa, agresores domésticos o choricetes del tres al cuarto, e incluso, alguno todo ello junto y multiplicado por dos?

Todo esto entra dentro de lo irrelevante: no son excepciones, en todas partes cuecen habas; he visto esa misma gente en la extrema-izquierda, en el PP, apolíticos, aquí y en el extranjero… es lo humano, es la humanidad que no da más de sí (cuando Yavhé-Dios modeló a algunos no fue con barro sino con mierda seca bien aplanada), es el tiempo que lo corroe todo, son las miserias humanas que desde el naturalismo del siglo XIX o incluso del decadentismo o si se me apura mucho desde El Asno de Oro de Apuleyo, son máscaras ya conocidas por la literatura.

 ¿Qué les iba a explicar a mis hijos? “Mirad, muchachos, conocí a un tipo tan tonto, tan tonto, tan tonto que cuando le dijeron que grabara una lápida para Blas que pusiera “La vida no vale la pena si no es para quemarla al servicio de una empresa grande”, puso “La vida no vale la pena si no es para quemarla al servicio de una fabrica grande”. Y mis hijos me dirían: “¿Pero, papá, con qué gente te has mezclado en la vida?”. Y no lo comprenderían. Así que al cuarto día de teclear memorias borré los archivos.

De aquella época hay poco que contar y mucho menos que sea interesante. No fue más que una “iniciación juvenil”. El adolescente sabe que ha dejado de ser un criajo cuando atraviesa un rito de tránsito: un niño negro en África va el jodido y dice que quiere ser hombre, así que se mete en una “sociedad de hombres”, luego el brujo de la tribu le corta el prepucio y para acabar de arreglarlo lo dejan tirado en medio de la selva hasta que caza a un león (¿o era a un cérvido o quizás una cabra loca? África es, desde luego, misteriosa). En Europa las cosas van de diferente manera: el crío empieza a vislumbrar que es hombre a fuerza de matarse a pajas, así que se apunta a una tribu urbana y en lugar de cazar a un león le da una hostia a un hincha del equipo contrario y en lugar de que venga en brujo en pos de su pito, se mutilada la cabellera y durante unos meses se hace skin. Luego se le pasa fiebre y tiene conciencia de que ya es un hombrecito. Mira tú por dónde los skinetes y skinaos siguen las mismas prácticas del negrito recién salido del neolítico. Pero no nos desviemos… Y en el caso que nos ocupa, una cazadora de cuero negra y una “aventura iniciática” bastaron para que algunos considerasen que habían dejado atrás la infancia y se habían hecho hombrecitos.

De aquella época lo que recuerdo es que todos estábamos en tribus urbanas: estaba la tribu de la Joven Guardia Roja y los del PENS y luego estaba la tribu de los troskos y la de los maoístas (esos malditos) y la del FSR (esos sosainas, tan broncos como amargaos y amargaores) y qué se yo. También estaba la OJE. Y los scouts. Y luego había uno que era carlista y todo su problema era si se ponía la boina roja encima o debajo del casco de motorista cuando iba a repartir leña… Era todo juvenil. Irrelevante. De todo aquello lo que recuerdo como lo único que vale la pena recordar es la iniciación en el amor. El primer cuerpo de mujer que se ve desnudo y que se percibe como algo divino, el primer beso, la primera humedad interior, el cuerpo de terciopelo de suavidad inaudita. La pasión. La primera noche con una mujer, la primera despedida, el negarse ambos a cesar en el abrazo, el primer orgasmo cuando no se sabe todavía lo que son los orgasmos. El primer gemido. La ternura infinita, la pasión extrema, violenta, desenfrenada, incontrolable, para volver luego a la calma, a la serenidad de los cuerpos abrazados, del momento que se desearía prolongar eternamente y de la gran frustración de no poderlo prolongar. Y ante esto ¿cómo coño queréis que me acuerde de aquel colgado del JEP, del Gunter, o del pelmazo que te saca El Ser y el Tiempo a traición e inesperadamente cuando estás arrinconado contra una esquina que te impide el dribling y obstinándose en leerte un párrafo que a ti te trae al fresco, o de qué se yo qué sigla intrascendente y que personaje gris e irrelevante o retorcido, traidorzuelo y serpentino?

Si mi nombre aparece en foros de extrema-izquierda en dos centenares de ocasiones unido a los más inverosímiles episodios y tropelías no se debe a que los malvados marxistas me hayan jurado odio eterno, sino a gentes aparentemente de mi mismo bando –con nombres y apellidos- que con primor los han ido colocando allí. El autor del libro que nos ocupa cuenta que una chica anarquista –que no era anarquista, hombre, que era una de las mujeres más encantadoras que he conocido y que era de la Joven Guardia Roja, la anarquista era otra que luego detuvieron en la reconstrucción de la FAI- una vez que me detuvieron fue a mi casa y recuperó algunos papeles y objetos ilegales y una traca. La historia es más o menos cierta, a rasgos generales. Contaría más sino fuera porque el chivatillo de turno lo pasaría al tarao de siempre y la cosa terminaría, inevitablemente, en indymedia adornado por la baba más infecta. Pero he de decir aquí, que en la izquierda he encontrado gente que me ha ayudado cuando he tenido problemas. Sería difícil olvidar que la tramitación de mi petición de indulto la realizó generosa y desinteresadamente el abogado y entonces senador Juanmari Bandrés; no puedo por menos que agradecer eternamente a Manolo Vázquez Montalbán que fuera de los  pocos que llamaron a mi mujer para solidarizarse cuando me detuvieron en 1984; o al que fuera director del Avui, antiguo Bandera Roja, Albert Viladot, uno de mis puntos de apoyo cuando me encontraba en clandestinidad o que fuera un conocido político socialista francés que llegó a lo más alto que se puede llegar en Francia el que impidió la extradición a Italia de mi compañera con la que había sido detenido en Francia.

A decir verdad, puedo asegurar que todos los berenjenales en los que ha salido a relucir mi nombre desde el lejano 1972, han sido generados siempre por gente del que presuntamente era mi bando y, parajódicamente, que buena parte de los apoyos que he tenido hayan procedido del otro lado de la trinchera. Esto hace que se relativicen mucho las diferencias ideológicas e importe sólo, a la postre, el fuste de las personas. ¿Y los camaradas? En 1973 debí a un camarada el que la policía conociera mi existencia y en 2000 debí a otro presunto camarada que llegara a la redacción de Ardi Beltza un informe sobre mí, en un tiempo en el que Ardi Beltza señalaba a ETA los objetivos y ETA mataba. Quien envió el informe, listillo él, era incapaz de hacer algo más que arrancar un ala a una mariposa, así que probó a ver si ETA le hacía el favor.

Volviendo a la ultra de los setenta. Aquel ambiente político era extremo y en los climas extremos solamente es posible encontrar temperamentos extremos: he conocido en ese ambiente a gente extraordinaria, a gente curiosa -casi exóticos antecedentes del frikismo que nos invade- y a indeseables que lo serán hasta que mueran y a enanos lúbricos que agotan solitos toda la taxomonía freudiana de los complejos. ¿Podía ser de otra manera? Creo que no, pero tampoco me sorprende. Clima extremo, gente extrema, para bien o para mal.

Aquella época fue una locura porque al tránsito de la adolescencia se sumo la transición política. Vamos que todo estaba en perpetuo tránsito y fluir. Pero tampoco hay para hacer de ello poesía épica, romancero nuevo, elegías y églogas, ni ejercicios áticos ni cínicos, porque la cosa no daba ni para la letra de un tango arrabalero. Como máximo para los cuatro versos dejados por el samurai antes de despanzurrarse el vientre.

Toda adolescencia es, en buena medida una locura que antes o después termina sanando. Parafraseando a Jünger cuando decía aquello de que la vida es una herida y la muerte la posibilidad de cicatrizarla, se podría decir que la adolescencia es un acné juvenil, y la grasilla estampada contra el espejo tras el reventón del grano es la posibilidad de concluir esa difícil etapa de la vida. Es, a partir del momento en que pasa el período enfebrecido, cuando empieza la vida de verdad. Lo de antes era el balbuceo del recién nacido. El problema es que alguno se ha atascado ahí y, nada, que no hay forma de que madure. Ya lo decía hace unos años: “Madurad, muchachos, madurad”. Y nada, que cuando a los cuarenta y muchos alguien no ha madurado, con éste no hay nada que hacer.

Hace unos años conocía a un skin de treinta y tantos tacos que era skin desde los 14 y que afirmaba con una seriedad pasmosa que moriría skin. Algo hizo tilt! y se paró en su vida cuando no ha sido capaz de ser nada más que skin, es decir, algo que por definición es puntual. ¿Os imagináis a un negro permanentemente vagando por la selva en busca leones, cérvidos o cabras locas y al que el brujo de la tribu insista constantemente en pegarle más tajarinis a su pene? Pues eso. Todo lo que es adolescencia es puntual y una vez pasado no se puede recordar eternamente con mentalidad de excombatiente: “tal día hice tal cosa”, máxime cuando se trata de cosas intrascendente de las que como decía el enorme Louis-Ferdinand Céline: "Si dentro de 20 años de nosotros queda la palabra mierda, ya será una gran cosa".

Hay un problema en todo esto y es lo que me preocupa. Que recuerde, el autor del libro que nos ocupa abandonó por distintos motivos el ambiente de la extrema-derecha de Barcelona hacia principios de los años 80. Han pasado casi treinta años. Una vida. Escribir sobre el pasado indica una voluntad de rememorarlo, de mirar atrás, cuando la vida un fluir siempre hacia delante. A veces hay pasados que no vale la pena recordar, lo mires como lo mires.

Cuando se atraviesa una iniciación juvenil quedan dos opciones. Una consiste en desvincularse del ambiente en el que se ha experimentado esa liturgia: sería el caso del tipo que abandona cualquier relación con sus camaradas y se dedica a su familia a su trabajo y a sus quehaceres. Hay otra opción, la del que se plantea: “hombre, hay algo en la sociedad moderna que falla, me gustaría hacer algo por mi país, por mi gente, por los que son como yo, por mis hijos” y decide llegar al final en su aventura. A partir de ese momento, lo hasta entonces era instintivo se va convirtiendo en convencimiento ideológico. El período juvenil, el rito de tránsito de la pubertad queda atrás, como el balbuceo del recién nacido, y uno empieza a ver y a plantear las cosas de otra manera. De forma más madura. O quizás para algunos como una aventura, por ejemplo.

Determinados caracteres precisan de la aventura para sobrevivir. Por ahí unos cursis, muy bien intencionados por lo demás, van hablando con ribetes peripatéticos sobre la peripatética “muerte del espíritu” y demás literatura hecha de amargura y desazón, cuando todo es mucho más simple: la "muerte del espíritu" es el aburrimiento, dita sea. Para algunos el aburrimiento es la vida burguesa, para otros el aburrimiento es una ópera de Wagner justo cuando aparece berreando la enésima Valkiria, y para otros al fin el aburrimiento es saber que mañana va a pasar lo mismo que ayer. Es decir que no va a pasar nada.

Cuando eso ocurre, el cerebro deja de funcionar, deja de crear, deja de elucubrar, deja de intentar percibir la realidad tal cual es, deja de reflexionar, de esforzarse, elude lo inesperado, se vuelve primero conformista y más tarde percibe que se aburre; el cerebro, literalmente, va muriendo, se va oxidando. Hoy los neurólogos están de acuerdo en que el alzheimer se evita haciendo trabajar el cerebro siempre, aprendiendo siempre, ampliando conocimientos, haciendo trabajar las meninges, estrujando las neuronas para que escurran todo el colesterol de sopor cultural que las embota. Y si para colmo, además del cerebro, mantienes vivas las vísceras, aguzados los instintos y en permanente alerta para vivir intensamente y sin tiempos muertos, eso ya es la repera. Vivir no es ninguna ganga, pero puestos a vivir, más vale apurar la vida hasta las haces, hasta la sangre, hasta el final de la carcajada de Dionisos.

Dado que hace 28 años que no veo al autor de este libro ni tampoco realmente tengo relación con gente que mantenga contacto con él, soy perfectamente consciente de que puedo meter la pata, pero me da la sensación de que algo en la vida del autor quedó pendiente. Como si una experiencia que hasta ese momento acababa de ser un mero rito de tránsito, se hubiera interrumpido y en lugar de que la aguja del microsurco llegara al fin, en un momento dado del recorrido por el vinilo, quedara rayado, como si existiera un bloqueo y se dieran excesivas vueltas a un período que fue, de verdad, se mire como se mire, irrelevante y que comparado con lo que algunos hemos podido vivir, simplemente como padres, o como profesionales de alguna rama, no representa gran cosa, ni algo que merezca ser contado, ni siquiera recordado.

Hace dos años unos queridos amigos y antiguos camaradas, organizaron un homenaje en el 30 aniversario del asesinato de Juan Ignacio, el que fuera presidente del Frente de la Juventud. Me llamó mucha gente en aquellas semanas porque hubo intercambio de teléfonos, vi a mucha gente que hacía muchos años que no veía, incluso antes nos juntamos algunas decenas de camaradas casualmente y en la mesa llegamos a contabilizar casi 200 años de cárcel cumplidos entre todos, pero hubo un momento en que aquello me fastidió y, lamentándolo mucho, tuve que cortar: todo era demasiado nostálgico… era discutir sobre la Cota 214 del frente de El Tembleque… no nos veíamos desde hacia 25 años, algunos reiniciaron la relación con el consabido “como decíamos ayer” y preguntaban, “Oye ¿y que tal si nos metemos en La Falange?”… habían pasado 25 años y algunos pensaban lo mismo, exactamente lo mismo y en los mismos términos que en 1980. De Fuerza Nueva, de la Falange, del Frente de la Juventud no quedaba nada y había antiguos camaradas que el reloj se les había quedado parado allí. Cuando miras demasiado atrás te sumerges en el lamento permanente de lo que se podía haber hecho y no se supo ni se pudo hacer o salió mal. El que el ritornello se haga con tintes irónicos y con cierto sentido del humor, como hace el autor, no quita que el poso de amargura subyazca en cada página. Es lo malo que tiene interrumpir las aventuras y querer volverlas a recuperar 25 años después, cuando la mayoría están tripudos y barrigones, canosos los más afortunados y más calvos que un billar la mayoría.

Pero había algo más que faltaba en aquella reunión a la que no asistí. Repito ahora algo que ya escribí en este mismo blog hace dos años. Juan Ignacio fue asesinado. Que no es broma, hombre, que le reventaron la cabeza con seis u ocho balas, que el crimen sigue impune, que hay por ahí un hijo puta que se ha ido de rositas y mientras, ninguno de esos jueces de relumbron preocupados por la memoria histórica de hace 70 años es capaz de reabrir el sumario de uno de los crímenes que quedan impunes de la transición. Y alguno de nosotros, pudiendo aportar datos para la reapertura, prefirió hurtar esa deuda al camarada asesinado. Porque, si los antiguos militantes del Frente de la Juventud nos reuníamos, no había más objetivo que reunirnos para manifestarnos ante la Audiencia Nacional, ante el Ministerio de Justicia y presentar una petición formal para que se reabriera el sumario. Aquella oportunidad se perdió y la nostalgia se quedó en nostalgia de la que algunos optamos por mantenernos a prudencial distancia lamentándolo mucho. Siempre quedará el 50 aniversario, claro está.

El asesinato de Juan Ignacio y lo que siguió, ya no era un rito de tránsito, ni un impulso juvenil, ni una historia inventada por el biólogo, que se cita en el libro en la que un camarada debe huir perseguido por el ejército lo iba a matar. En 1978 y siguientes ya nos habíamos metido en un terreno peligroso. Era la política de verdad. Y si uno no acepta las reglas y se configura como outsider le puede pasar lo que a Romualdi, a Duprat, a Stirbois, a Fortuyn o a Haider, que vas por la carretera, te deslumbra una luz intensa y concentrada y te la pegas contra el camión que, siempre, casualmente, viene delante… o simplemente te pegan cuatro tiros o te revientan con una bomba. Algunos éramos conscientes, otros se encontraron en ese terreno por inercia y sin tener idea muy clara de que se la iban a jugar. Juan Ignacio no fue el único que murió. Y los años de cárcel que se llevaron algunos tampoco eran broma y la década de exilio que se llevaron otros tampoco. 

Tiempo perdido, tiempo recobrado

Dice el introductor -otro querido camarada- que este libro nos ayuda al “tiempo recobrado”. Lo dudo. El subjetivismo inherente a la condición humana hace que cada cual recuerde aquellos años de manera personal y diferente y les atribuya un valor especial, enorme o irrelevante según carácter. Así pues, este libro es una opinión personal y por tanto subjetiva sobre aquellos años. Da la sensación de que el autor no lo ha hecho con otra intención, pero sí que algún joven puede entenderlo como una enumeración fiel los hechos. Y ni lo que se cuenta ahí es todo lo que ocurrió, ni siquiera lo más relevante, ni tampoco sirve para educar políticamente a gente joven.

El libro tiene el valor de testimonio personal. Pero el tiempo se pierde siempre y en esto Proust el gran decadente entre los decadentes tenía razón. Lo dice uno al que le cabe el honor de haber roto -no me pregunten cómo- la cama sobre la que yació Sarah Bernard y donde Proust escribió las páginas más emotivas de su “Jean Lantier”, en la mansión del Marne que él mismo describe. Allí seguían a principio de los 80, los rosales búlgaros en donde Proust tuvo un éxtasis, allí seguía el destartalado caserón con su palomar y sus sótanos abovedados, allí seguían la llanura del Marne tal como la describió y los campesinos Petit Pierre, Gros Pierre, la carnicera Josanne, el marechal herrero Claude, etc. Proust pensaba que era su obligación reconstruir cada momento de su vida con una precisión milimétrica, apurando la descripción no sólo de las personas y las situaciones, sino de los sentimientos, los aromas, el cielo cambiante, el olor de la tierra mojada agrietada por el primer brote de las habas al despuntar la primavera, la brisa en el rostro y el culito de sus amantes, que de todo había. Proust se complacía en el decadentismo como otros se complacen hoy ante un Wopper con queso y pepinillos. Por eso rememoraba hasta sus más mínimas vivencias y les daba un empaque literario como tributo a su fatuidad. Pero el tiempo pasa y tratar de recobrar el tiempo constituye siempre un acto de nostalgia que no se puede permitir el que vive hacia delante. Como un titanismo faldicorto y cuernilargo que siempre termina en fracaso: el tiempo fluye, se nos escapa, intentar asirlo es desperdiciar la vida. La vida es corta y una tercera parte nos la pasamos durmiendo, faltaría más que las otras dos terceras partes nos pasáramos recordando y lamentando lo que puso ser y no fue. Así que ya me dirán.

¿Hay otra forma de vivir que no sea hacia delante? La nostalgia es un no-vivir, un irse muriendo en fascículos o lo que es peor, extinguiéndose. Los egipcios hablaban de una “segunda muerte” que ocurría cuando uno ya había muerto, era la muerte del espíritu, para evitarlo hacían sus ritos y construían sus pirámides, era como las brasas que quedan después de que la llama haya desaparecido del fuego de leña.  Muerto el cuerpo aún tarda algo en morir el espíritu. Jodido, eh? Pero más dura es la nostalgia que a fin de cuentas supone un extinguirse en vida. Todo tiempo dedicado a la nostalgia se lo hurtas al futuro.

Y me temo que este libro es un ejercicio de nostalgia y, por tanto, un tiempo perdido. El tiempo fluye y es característico de nuestra raza –sí, de nuestra raza- el afrontar el destino conscientes de lo que hay al final del camino, que no es ninguna ganga, por cierto, pero no por ello la carcajada de Dionisos debe apagarse en un glub! angustioso.

*        *        *

Un consejo al autor como tributo a lo de “Ernesto Vilá”, que de esto entiendo: el autor tiene madera de narrador. Pero tiene un lastre y es que los libros que he leído de él suponen variaciones sobre el mismo tema. Las facultades de narrador del autor son patentes y le sugeriríamos que las empleara en otros frentes más “engrescadores”: tiene imaginación suficiente, por lo que recordamos de él, para crear situaciones ingeniosas y escribir relatos entretenidos susceptibles de ser publicados por editoriales convencionales o bien –cosa que le recomendamos- enviar originales a premios literarios de todo tipo. El problema del autor es que piensa demasiado en los demás, esto es en los amigos, en agradarlos, en intentar gustar o satisfacerlos, lo que dice mucho de su generosidad, en lugar de pensar en sí mismo y en su carrera literaria. Sí, ciertamente el Planeta o el Ciudad de Torrevieja son premios viciados en donde gana el que sale por la tele, pero hay cientos de premios literarios, algunos muy bien remunerados en donde el autor de este libro puede competir en igualdad de condiciones con cualquier otro autor. Cualidades no le faltan. Saludos allí donde estés, colega…

 

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 

 

 

“La que está cayendo”… una situación endiablada y sin salida (por las buenas)

Infokrisis.- Desde hace un mes la frase más repetida en las tertulias radiotelevisivas es “con la que está cayendo…” y, ciertamente, está cayendo “lo que no está escrito” (frase que acompaña inevitablemente a la primera). Esos mismos tertulianos son capaces de definir qué es lo que está cayendo, pero incapaces de dar alguna solución y en eso son solidarios de los grupos económicos y político-sociales que han generado esa misma crisis. Pero ésta no es una crisis como las anteriores… ni tendrá una solución como las anteriores.

1. ¿Crisis cíclica? ¿de qué…?

Hace unos años, un amigo constructor me hablaba de su negocio como “cíclico”, con altibajos de siete años. Intentaba estar preparado para la siguiente crisis “cíclica”, disponiendo de mano de obra capacitada (y barata), ofreciendo productor para todos los bolsillos (casas de alta gama, chalés “americanos” prefabricados, casas de madera, etc.). Este hombre –que había acumulado una fortuna y cientos como él, que vendían las promociones que sus mismas empresas construían- creía firmemente que, había que estar preparado para la crisis que, inevitablemente, sería “cíclica”, vendría y se iría automáticamente. Se equivocaba.

Las cifras oficiales indican que en estos momentos hay un millón de viviendas vacías en España. Las cifras reales y lo que se va a terminar de construir de aquí al primer trimestre de 2009, son mucho más graves:  indican que hay dos millones de viviendas, de nueva construcción, de segunda mano o procedente de embargos y ejecución de hipotecas, que están a la venta… y no hay dos millones de consumidores que vayan a comprarlo ni a estos precios ni a otros, ni con los actuales intereses bancarios, ni con tipos de interés rebajados. ¿Por qué? Por la inseguridad que destila toda la situación y que va a hacer muy difícil volver a estimular el crédito y mucho más difícil que el presunto cliente se arriesgue. Solamente puede haber riesgo, cuando hay seguridad. Ni compradores ni entidades de crédito tienen seguridad en que su inversión o su préstamo lleguen a buen puerto. Los primeros se refugian en el alquiler y en la venta al contado y los segundos se arriesgan sólo a financiar el 40% del precio, acompañado de garantías y avales… cuando hace menos de un año ofrecían el 120%, literalmente, por la patilla. No hay seguridad, luego no hay reactivación del mercado inmobiliario.

Por otra parte, la llamada “burbuja inmobiliaria” todavía no ha estallado. Se considera que el estallido se produce cuando los que deben afrontar el pago de una vivienda advierten que el precio ha bajado tanto que les resulta más cómodo perder la inversión y dejar de pagar la hipoteca. Eso ocurre cuando se produce una brusca caída del precio… ¿Y de qué manera se va a reactivar mínimamente el mercado sino es con un descenso brutal de entre el 30 y el 40% del precio actual de la vivienda? Nadie compra un chupa-chups por veinte euros. Se compra por un euro porque es su valor. Nadie, compra un piso que vale X a 2X. Hasta que los precios de la vivienda no se desplomen, el mercado seguirá varado, el problema no es solamente de crédito, sino de exceso de oferta y de precios hinchados. Y se desplomarán…

Ese desplome es inevitable por tres motivos: porque el parque de viviendas en venta es demasiado grande, 2.000.000 de viviendasy, a una oferta tan grande, con una demanda tan mínima, el precio en un mercado sin presiones y libre, debería tender necesariamente a bajar. Además, de momento, los constructores están viviendo de líneas de crédito agotadas ya, pero concedidas por cinco años y todavía creen que en el tiempo en que les queda por pagar sólo intereses y evitar el pago de la mayor, el mercado se recuperará y podrán vender su cartera inmobiliaria (vana esperanza, porecillos...). A medida que se vayan acercando los vencimientos de las líneas de crédito los promotores podrán elegir entre el embargo o la venta sin beneficios. a precios de remate Finalmente, las hipotecas concedidas gratuita y graciosamente a miles y miles de inmigrantes desde 2005 hasta hoy, especialmente por algunas cajas y bancos espabilados que buscaron una nueva bolsa de clientes en sectores sin experiencia en consumo, todavía no han fallado masivamente. El “efecto sonajero” (la aparición del inmigrante con las llaves del piso agitándolas en la oficina bancaria devolviéndolas y diciendo que se va a su país o que vuelve al alquiler) todavía dista mucho de haber llegado a su punto álgido. No será sino entre 2009-2010 cuando este proceso llegue a su límite. Estos miles de viviendas que los bancos deberán poner de nuevo en venta contribuirán a la caída en picado del precio de la vivienda.

A diferencia de otras épocas, es difícil que ésta sea una crisis cíclica: es un parón del que se tardará mucho tiempo en volver a pisar el acelerador. Y aunque se pise, nunca se alcanzarán las velocidades vertiginosas de otro tiempo y esto por varios motivos: en primer lugar porque en los últimos 12 años, nuestra población ha aumentado a un ritmo medio de 500.000 personas anuales… por eso ha hecho falta construir más, porque se construía más barato y para más gente. Pero esa crecimiento hipertrófico no puede durar mucho más, especialmente en momentos de crisis.

Cuando se salga de la crisis, las economías del Este de Europa, gracias a las ayudas de la UE, estarán en auge… y la inmigración se recibirá allí. Por tanto, el parque de viviendas vacías no va a poder disminuir. Y es por eso precisamente que esta crisis de la construcción no es cíclica sino TERMINAL.

2. Crisis terminal de un modelo económico

Nuestra tesis desde que se inició la crisis es: no hay una sino dos crisis que no tienen nada que ver salvo su coincidencia en el tiempo. Una crisis económica específicamente española basada en un modelo erróneo fundado en el crecimiento hipertrófico de la construcción y en el sector servicios (hostelería-turismo) y una crisis financiera internacional que no es más que la crisis de la globalización.

Veamos lo primero.

Ya hemos aludido a la construcción, primer pilar del modelo económico español. El segundo, desde los tiempos del franquismo, es el turismo hasta el punto de que la patronal de hostelería ha adquirido una fuerza y una presencia en los partidos (especialmente en el PP) inusitada y desmesurada.

España es hasta ahora el segundo destino turístico mundial y tenemos una cuota del 7% del turismo mundial, por delante de los EEUU y de Italia. La Organización Mundial del turismo, preveía a principios de 2008 que el turismo aumentaría en España a razón de un 5% anual hasta 2020… Sin embargo, en el mes de octubre se sospecha fundadamente que el año 2008 se cerrará con un descenso del 5% en las cifras del turismo… a causa de la “crisis financiera internacional”, según se dice. No es cierto.

Si España ha podido ser durante 40 años meca del turismo mundial se ha debido, inicialmente por el precio, por el sol y por el tipismo. De esto solamente queda el sol. Los precios se han encarecido en muchos casos hasta límites insoportables, los servicios se han ido restringiendo, el turismo encuentra cada vez más problemas y dificultades (inseguridad ciudadana, descenso en la eficacia de los servicios) y del tipismo ya no quedan ni los rastros. Los sectores costeros se han masificado y convertido en verdaderas aglomeraciones de rascacielos, chalés, frecuentemente anárquicos, imposibles de atraer a un turismo de calidad, se pueblan cada verano con millones de turistas de bocadillo atraídos por paquetes turísticos que no generan beneficios en España.

Para colmo, si España ha podido resistir perfectamente la competencia de los países del Magreb que carecen de infraestructuras turísticas y albergan demasiada inseguridad para el visitante, difícilmente va a poder resistir el empuje de los países centroeuropeos y de algunos países de la antigua Yugoslavia que, una vez pacificados estos y recibiendo fondos estructurales los primeros, conservan un tipismo que se ha evaporado en España y unos precios que son entre la tercera y la quinta parte que en España…

Ante esta competencia ¿tiene futuro el sector turístico español? Cuando un chalé en una isla del Adriático cuesta 6.000.000 de pesetas y aquí en torno a 35-40.000.000, no hay competencia posible: los jubilados alemanes, ingleses y holandeses que hasta ahora constituía la “inmigración agradable” en la Costa del sol, en Baleares y en Canarias, han dejado de establecerse aquí y muchos están empezando a migrar hacia el Adriático donde hay el Sol que la naturaleza ha hurtado en su país.

Así pues, el sector turístico español tiene problemas. No es solamente el encarecimiento de los servicios, sino la caída en picado de su calidad. Es frecuente pedir una cerveza y que en lugar de servirla con cierta delicadeza y atención, te la tiren sobre la mesa… Aun sin mirar la nacionalidad del camarero, es evidente que no ha salido de las escuelas de hostelería de nuestro país. ¿Qué sensación hace levantarse en hoteles cuyo servicio de habitaciones está compuesto por magrebíes cubiertas con el pañuelo? Y lo que es peor: hay otros horizontes mucho más tentadores en Europa Central y del Este…

Así pues, nuestro futuro es un turismo de baratillo, de chanclas y bocata, borrachera de sangría de garrafón y bronca en disco. Y poco más: el turismo del que cualquier país estaría orgulloso de liberarse.

No es raro que el sector “servicios” liderado por el turismo haya dado saldo negativo en el último trimestre. Es sólo el anticipo de lo que se avecina en los próximos años. Hoteles cerrados y en venta permanente de un consorcio hotelero a otro, miles de restaurantes cerrados y otros miles más trabajando por mera supervivencia. No hay posibilidades de un “redespertar cíclico”, la crisis en el sector turístico, no es terminal como lo será en la construcción, pero sí un lento, progresivo e inevitable declive. Los buenos tiempos del turismo y de la hostelería ya han quedado atrás.

3. La ley interior del capitalismo y el fin de la globalización

Queda la tercera pata de nuestro modelo económico: la especulación, esto es, comprar barato, vender carísimo, prestar y cobrar interés usurero… Esa tendencia está en el alma misma de la cultura burguesa que llegó al poder en 1789 y que hoy ha contaminado a toda la sociedad. Ese alma del sistema es el afán de lucro y de usura. Para que una civilización así constituida sea viable es preciso aceptar que para que este modelo funcione: unos tienen ganar y otros tienen que perder. El problema es que a lo largo de 200 años de marcha del capitalismo hemos asistido a un proceso imparable, una acumulación creciente de capital que cada vez está en menos manos. Así pues, hoy, la ley económica que quiere que para que unos ganen otros tienen que perder se enuncia así: para que unos pocos ganen mucho, la mayoría se arriesga a perderlo todo. Ese es el espíritu del actual modelo económico mundial. A ese modelo se le llama “globalización”.

La globalización no es necesariamente nuestro destino, ni siquiera es una necesidad para los pueblos… pero sí es una necesidad para el capital que, tras haber superado su fase artesanal, luego su fase industrial, luego su etapa multinacional, ahora precisa de un mercado mundial para poder proseguir la inercia de su proceso de acumulación del capital.

Inicialmente la globalización fue un mercado mundial de capitales. En la actualidad es un proceso de desarraigo de la industria (del Primer Mundo a China) y de desarraigo de las poblaciones (del Sur al Norte y del Este al Oeste).

Pero el mundo no es homogéneo y, por tanto, la globalización es inviable. La demografía no está unánimemente distribuida, ni los recursos naturales, y por lo que se refiere al nivel de desarrollo existen diferencias notables no solamente entre los países, sino dentro de cada país. En China, por ejemplo, hay tantos pobres como habitantes tiene España. Y en España, la distancia entre los más ricos y las clases medias, no deja de ampliarse.

En estas condiciones, la globalización es un proceso criminal y suicida, por lo demás inviable y que ha generado la primera gran crisis financiera mundial.

Así pues es hora de pensar en poner tasas que disuadan al capital de migrar de un día para otro en busca de mayores beneficios, es hora de reimplantar un sistema de aranceles proteccionistas (no sólo por motivos de dumping, sino también por cuestiones sanitarias y por pura prudencia) y, por supuesto, es hora de empezar a pensar en “zonas mundiales de economía integrada”, cuyo mercado interior es homogéneo, su legislación laboral también, existen posibilidades conjugar esfuerzos para investigación y desarrollo, hay fuentes de materias primas, etc. Uno de esos mercados de economía integrada es, por supuesto, Europa, y su prolongación, Rusia. Y este binomio Rusia-Europa es completamente autárquica (palabra maldita pero que cada vez va a ser más necesaria recuperar), esto es, autónoma del resto del mundo.

A la vista de la situación de la economía norteamericana, de las economías iberoamericanas, de las economías árabes que dependen sólo de la existencia de reservas de petróleo y de la economía china que depende de exportaciones siguen manteniendo a cientos de millones de personas próximas al umbral de la pobreza o muy por debajo, no hay ninguna posibilidad de mantener la globalización como si aquí no pasara nada y como si el problema real que ha capatulpado esta crisis ha sido el sistema globalizado guiado por “diosecillos de la economía” poseídos por el ectoplasma del afán de lucro y de usura heredado de la primera burguesía que hizo posible la Revolución Francesa.

No puede haber un afán de lucro y de usura ilimitado, para una sociedad de posibilidad y recursos limitados. Si se acepta esto, se acepta que la globalización es inviable y que si se mantiene todavía hoy como incuestionable es porque disponemos de una clase política que come de la mano del capital globalizado y deu nos consorcios mediáticos que son la voz de ese mismo amo.

4. Necesitamos estadistas, necesitamos recuperar el espíritu de revuelta

Nada de todo esto habría ocurrido, si en lugar de políticos-molusco hubiéramos tenido estadistas. El político-molusco, como la chirla o el mejillón, es duro por fuera, aparentemente sólido… pero blando por dentro. No nos referimos, por supuesto, a gente de la envergadura de Zapatero, tipo del político-moco, blando y verde por fuera, blando por dentro, que ni pincha ni corta en la escena internacional y que se encuentra en la Moncloa por pura chiripa (un extraño atentado con 192 muertos en 2004 y una mentira y un muerto en 2008), especie de “turista accidental”, sino que nos estamos refiriendo a los Sarkozy o a los Merkel…

Mientras Europa no tenga conciencia de que sus intereses son diferentes a los de la globalización y a los de EEUU, mientras que Europa no entienda que la geopolítica está ahí para recordarnos que el espacio euro-ruso es hoy por hoy el único que es posible estabilizar, y que lo tiene todo para ser el polo de estabilidad mundial, recursos, tecnología, población, no habrá nada que hacer. Mientras nuestra clase política no tenga ni los conocimientos, ni el valor, ni la envergadura suficiente para certificar la inviabilidad de la globalización, mientras no haya al frente de nuestros destinos verdaderos estadistas y apenas tengamos otra cosa que gestores temporales grises (Merkel) o hiperactivos mediáticos (Sarkozy), que todavía viven con la mentalidad de la  guerra fría y que piensan que el destino de la UE es… alinearse permanentemente con el imperio resquebrajado y decadente, militarmente impotente de los EEUU

Ninguno de estos políticos fueron capaces de prever la que “iba a caer”: ni uno sólo se preocupó por investigar en qué consistían esos “productos financieros” que llegaban de los EEUU, ni a uno solo le preocupó la situación interior de la economía norteamericana, endeudada hasta lo indecible y que se ha mantenido a lo largo de 10 años con una riada de euros, yenes y petrodólares que afluían a sus bolsas y aseguraban el consumo interior… Ni uno sólo ha sido capaz de prever las tres crisis de nuestros días: financiera, ecológica y alimentaria.

Sí, porque la globalización tiene otros dos frentes de erosión además de la crisis financiera. Sobre la crisis ecológica apenas hay nada nuevo que decir. Solamente pazguatos que en un momento se han creído “estadistas” y apenas son becarios de Bush –y me refiero a Aznar- pueden dudar de la gravedad del cambio climático y minimizarlo… porque lo minimiza el patrón americano. Alain de Benoist recientemente ha resumido brutalmente la situación: un planeta de posibilidades limitadas, no puede tener un desarrollo ilimitado…. Cualquier desarrollo es insostenible más allá de ciertos límites. No reconocerlo implica precipitarse por una crisis ecológica destructiva para toda la humanidad que está estallando ante nuestras narices y ante la que los moluscos políticos nos dicen sólo que… el “desarrollo debe ser sostenible”, ¡cómo si eso fuera a ser posible! Y nos lo dicen animando a “reciclar bolsitas de basura”, colocar bombillas de bajo consumo o, lo que es más grave, eludiendo el decirnos que toda la humanidad ni hoy, ni dentro de 300 años podrá vivir con los estándares de nivel de vida y consumo del Primer Mundo. Quien crea que el último paria de África podrá un día tener un utilitario de a 3’5 litros cada 100 km, quien crea que podrá consumir como cualquier urbanita europeo o es idiota o está mintiendo. Ya no estamos ante aquel chiste que decía que si 1.300 millones de chinos se limpiaran el culo con papel higiénico ya no quedarían bosques ¡es que ya, aquí y ahora, hay 1.300 millones de chinos que tienen esa como máxima aspiración! El chiste, que no era chiste sino pesadilla, se ha vuelto realidad.

Las energías alternativas, hoy por hoy, siguen siendo una tomadura de pelo: las placas solares son caras, inseguras y caducas, las molinetas eólicas caras y limitadas, la energía de las mareas más cara aún, la fisión nuclear un sueño de futuro a treinta o cuarenta años vista, la única energía accesible, barata y viable es la nuclear con todo lo que ello conlleva… Tal es el panorama. Y no hay nada que hacer.

En cuanto a la crisis alimentaria no es menos grave. El agua es tan importante como el petróleo… y empieza a escasear explicando algunos conflictos localizados en Oriente Medio (por el control de las fuentes del Jordán, en el nacimiento del Tigris y el Éufrates). Los acuíferos están en todo el mundo en vías de agotamiento y en España desciende 9 metros cada año. Los biocarburantes, vendidos con la etiqueta ecológica que parece disculparlo todo, han destinado amplias hectáreas de cultivo destinado a alimentos, al cultivo de gramíneas y oleaginosas… acarreando hambrunas en los mismos países productores y alzas mundiales en el precio de los alimentos, mientras que en Europa cada vez más el campo se despuebla y deja de ser rentable.

Bastaría la aparición de un pequeño virus en el Sudeste Asiático, de donde proceden buena parte de los alimentos consumidos en Europa, para que se interrumpiera el flujo de provisiones… a una Europa desabastecida y que ha liquidado su riqueza agrícola e incluso a los agricultores.

¿Hay políticos que tengan arrestos para afrontar esta situación? Y lo que es peor ¿hay políticos capaces de detectar estos problemas? ¡si el gobierno español no fue ni siquiera capaz de detectar en 2004 que la economía no podría seguir mucho tiempo como estaba! ¡si ni siquiera fue capaz hasta finales del tercer trimestre de 2008 de reconocer la realidad de los hechos! ¿Créeis verdaderamente que Zapatero vería una colilla y sería capaz de deducir que ahí han fumado?

Estos gestores accidentales, llamados políticos, distantes de la categoría de los estadistas, ni siquiera son capaces de elegir colaboradores lúcidos, inteligentes, sensatos, agudos y penetrantes, solamente buscan asesores entre los amiguetes, entre los dispuestos a ser “yes-man”, hombres-bisagra dispuestos a reírles las gracias y a alabar tanto sus inexistentes méritos como sus muchas carencias.

5. No hay solución dentro de la globalización

¿Quieren “refundar el capitalismo”? ¿No sería mejor empezar a cavar su fosa? ¿No sería mejor sentenciar el fin de la globalización? Ya sabemos cuál es la trayectoria del capitalismo desde su etapa artesanal hasta la etapa globalizadora… ¿Qué hace falta para demostrar su inviabilidad?

El sistema económico precisa hoy más que nunca intervencionismo estatal en lugar de un mercado sometido a los complejos de psicópatas poseídos por el demonio del afán de lucro y de usura. El sistema precisa planificación ante el desmadre que ha supuesto el absentismo del Estado. La economía precisa, sobre todo, denunciar como fantoches a los popes del liberalismo económico, del moderado y del salvaje. El sistema precisa atenuar las diferencias entre una cúspide que lo tiene todo y unas clases medias hacia abajo progresivamente más empobrecidas.

Ahora bien, no se trata de que el Estado “intervenga” en los mercados, tanto como que al frente del Estado haya estadistas y no moluscos. Así pues, para salir de esta crisis, no se trata tanto de refundar el capitalismo, como de refundar los sistemas partitocráticos occidentales.

Ahora es posible.

Las grandes convulsiones económicas, terminan generando grandes convulsiones políticas. Son las clases medias europeas las que van a resultar más presionadas por la actual crisis y, es por tanto, de ellas, en donde, antes o después, cobrará forma una alternativa al sistema.

Por nuestra parte, consideramos que los puntos de esa alternativa no pueden ser otros más que:

1.- Creación de espacios económicos homogéneos: el nuestro está definido por la UE-Rusia.

2.- Emancipación de ese espacio económico de la globalización.

3.- Intervención de los mercados mediante la imposición de aranceles proteccionistas en todo el ámbito UE-Rusia.

4.- Economía dirigida en los sectores estratégicos y planificada en el espacio económico homegéneo.

5.- Economía social basada en impedir las grandes acumulaciones de capital y lograr unos niveles de bienestar para todos los ciudadanos.

6.- Marcha atrás en el binomio deslocalización-inmigración, connaturales a la globalización: relocalización de la industria de producción de bienes y repatriación de los excedentes migratorios.

7.- Exigencia de responsabilidades políticas y económicas a los responsables de haber desencadenado la crisis o no haber sido capaces de afrontarla.

8.- Imposición de tasas a la circulación de capitales fuera del ámbito de la economía integrada UE-Rusia.

9.- Impulso al repoblamiento de los campos y a la creación de una nueva agricultura y ganadería en el ámbito de la UE.

10.- Impulsión de una industria de defensa europea capaz de asegurar el material para la defensa e integridad del territorio de la UE, completamente desvinculado de la OTAN.

En estos tiempos en los que todos los programas deben ser necesariamente “moderados” si quieren encontrar un lugar entre las mayorías de centro-izquierda o de centro-derecha, éste programa puede parecer radical. Es radical en estos “tiempos fríos”, pero mañana, a medida que los tiempos se vayan “calentando”, este programa se va a convertir en una necesidad.

La crisis no va a amainar y la esperanza es que esta crisis suponga una marea que arrastre del panorama los políticos-moco y a los políticos-molusco, no sólo en España, sino en toda la UE.

En un momento en el que los comentaristas repiten –como decíamos al principio- aquella muletilla de “con la que está cayendo”, la ciudadanía debe prepararse para “la que va a caer” y ser consciente de que siempre habrá un Palacio de Invierno que asaltar y un mundo nuevo que construir.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nacimiento, auge y decadencia de una mitología contemporánea

Infokrisis.- Vamos a intentar realizar una aproximación al nacimiento, desarrollo y muerte de una mitología contemporánea. Tenemos la fortuna de que nuestra generación ha visto estas tres fases concentradas y, por tanto, estamos en condiciones de analizar el proceso completo que se inicia con la publicación del libro Templarios entre nosotros (1962) y termina con la publicación de El Código Da Vinci (2003). Entre ambas fechas es todo un proceso mitológico nuevo el que irrumpe, con unas características propias.

0. Introducción

La mitología es, por definición, el estudio de los mitos. Un mito es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico o en un tiempo ilusorio y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad. Otra definición nos indica que es una historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal. También puede ser una persona o cosa rodeada de extraordinaria estima o a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen. Todas estas definiciones se adaptan perfectamente al mito cuyo origen vamos a intentar establecer: el mito de un tesoro oculto, de un linaje perdido y de la conspiración para restaurarlo.

Veremos el punto de arranque lejano de ese mito. Conoceremos a la persona que le dio forma. Luego, analizaremos como el mito cobró vida propia y voló de la mano de un mistificador. Finalmente, veremos que el mito escapó a todo control y entró en el universo literario descendiendo por varios peldaños hasta terminar, finalmente, en un mediocre producto literario y en un más que mediocre film de mismo título: El Código da Vinci.

Entre la primera manifestación del mito (1962) y la última (2004), median 42 años y algo más de 100 si nos remontamos a las causas últimas. Es sorprendente que en un espacio tan breve de tiempo, un mito se haya convertido para muchos “modernos” en “historia”.

Hasta ahora las relaciones entre el mito y la historia seguían dos rutas: o el mito se hacía historia (episodio de la fundación de Roma por los gemelos Rómulo y Remo que la que arrancó la historia de esta Ciudad) o la historia se convierte en mito (como en el episodio del rey Arturo, figura histórica que a lo largo de la Edad Media pasa a la dimensión mítica). Pero lo que ha ocurrido en el siglo XX tiene poco que ver con esto: una seudo-historia y un seudo-mito se convierten en producto de consumo. Los mitos han llegado a la era de las masas y éstas se encuentran sometidas a la psicología que enunció Gustav Le Bon, la “psicología de las muchedumbres”. Según esta teoría, un producto de masas triunfa, no cuando se adapta al nivel cultural medio de las masas, sino a sus niveles más bajos.

1. El recorrido a realizar

Así pues, lo que vamos a ver son los siguientes episodios:

1) En 1962 un escritor –Gérard de Séde- nos cuenta un cuento sin preocuparse excesivamente de si es verdad o no. A pesar de ser marxista y trotskystas, es un apasionado del “misterio”. Publica una obra, Templarios entre nosotros. Allí alude a un misterioso “esoterista” que luego resultará ser Pierre Plantard. El tandem está formado.

2) A partir de ese momento, el tandem empezará a funcionar: Plantar fabrica las piezas aprovechando su larga militancia en grupos esotéricos, lo que le ha permitido conocer el extraño episodio que ocurrió en el pueblo francés de Rennés-le-Château, sobre un tesoro oculto y un cura que lo descubrió. En 1967, De Séde publica El oro de Rennes.

3) A partir de ese momento, intenta aprovechar el material que no ha incluido en esa primera obra para componer varios libros que siempre tienen, inevitablemente, a Pierre Plantard como “inspirador”: en 1973 aparece La Race Fabuleuse, que remite al pretendido origen de los merovingios.

4) El éxito de estas obras hace que el monstruo creado por De Séde camine sólo: empiezan a aparecer obras, más o menos fantasiosas en torno al mismo tema que termina ligado a otros misterios recurrentes: los templarios, la rosa+cruz, etc. Se empieza a hablar de una misteriosa organización secreta que habría protegido a los supervivientes merovingios: el Priorato de Sión. De Séde ya no controla el mito.

5) En 1982 aparece El Enigma Sagrado escrito por Michael Baignet, Richard Leigh y Henry Lincoln. En la portada de la primera edición española, bajo el subtítulo nos indica de qué nos va a hablar la obra: “Jesucristo, los cátaros, el santo Grial, los templarios, la Orden de Sión, los francmasones”. El libro aparece como un ensayo de investigación histórica, pero une datos auténticos a falsedades y enormidades históricas. El “informador” único de estos autores es Pierre Plantard

6) En 1988, Umberto Eco publica El Péndulo de Foucault, extrayendo la inspiración de El Enigma Sagrado: aquí ya estamos en plena ficción literaria. El nivel intelectual de Eco le impide presentarlo como “trabajo de investigación”: es simplemente una novela, a ratos, incluso, brillante.

7) En 2003, Dan Brown publicó en los EEUU, el best-seller, El Código da Vinci, sosteniendo que sustancialmente se trataba de una novela en la que el eje central es su investigación sobre la descendencia de Jesucristo. No es por casualidad que uno de los protagonistas de su novela sea “Jacques Sauniére”, que ostenta el mismo apellido que el cura de Rennés-le-Château, lo que remite de nuevo a la obra de Gérard de Séde, El Oro de Rennes. Es la cúspide del mito.

Este recorrido implica cuatro fases:

1ª Fase.- Gestación: entre 1880 y 1962. En esta fase cobra forma el misterio de Rennes-le-Château. Es una curiosa historia con algún ribete esotérico y aspectos difícilmente explicables que jamás habría alcanzado un eco internacional de no ser por las obras de Gérard de Séde y por la constante inspiración de Pierre Plantard.

2ª Fase.- Manifestación: entre 1962 y 1973. Fase en la que el propio De Séde va utilizando el tema que, cada ve más, adquiere ribetes novelescos. En La Raza Fabulosa, De Séde pierde en las últimas 20 páginas del libro el freno y se desliza por la senda de los “extraterrestres”.

3ª Fase.- Apogeo: entre 1973 y 1982. El mito camina solo. Aparecen muchos escritores que tocan el tema pero solamente hay un inspirador que los encarrila hacia sus intereses y obsesiones: Pierre Plantard. Pero el éxito de Plantard es efímero. Existe un misterio en Rennes, pero las informaciones que ha dado a periodistas son “material averiado”.

4ª Fase.- Novelización: entre 1983 y 2003. El mito de convierte en best-seller. Ante lo insostenible de una supervivencia merovingia, y ante los errores encontrados en los documentos históricos elaborados pacientemente por Plantard a lo largo de décadas, la única posibilidad que queda de mantener abierto el mito es llevarlo al terreno de la novela de ficción. Plantard, el Juan Bautista del mito es duramente criticado, incluso por De Séde, procesado y condenado a… no reivindicar el trono de Francia.

Tales son los jalones que recorreremos y que concluirán con unas reflexiones sobre las mitologías modernas.

2. La militancia política de Gérard de Sède: trotskysta y titoista

De Séde, desde1938 pertenecía al Partido Comunista Internacionalista. Durante la guerra imprimió clandestinamente un resumen de los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista y algunos textos de Trotsky. Alistado en la resistencia, su cometido consiste en falsificar documentos y sellos de goma. En esa época él mismo se movía con documentación  nombre de “Nicolas Gérard Bernier”, nacido en Córcega y empleado.

Hacia el final de la guerra, se le pide albergar en su domicilio a un desertor del ejército de Vlassov, el general ruso que colaboró con los alemanes. La estructura creada por De Séde le permite reclutar a algunos militantes jóvenes y crear centros sociales que enmascaran a grupos de la resistencia. En uno de ellos, cerca de Saint-Garmain-des-Prés, participa entre otros León Savinkov, el hijo de Boris Savinkov, terrorista social-revolucionario ruso, que había combatido en España en las Brigadas Internacionales. Este grupo también es frecuentado por españoles que trabajan en la Organización Todt.

En febrero de 1944, el PCI encarga al grupo de De Séde la celebración de una conferencia clandestina de grupos trotskystas europeos. Luego participa en el robo de varios coches en un garaje que van a parar a la red de resistentes trotskystas. Luego se le confiará el mando de la “milicia patriótica” del Distrito XIV de París que asume con el nombre falso de “Nicolás de Rosa”, uno de los primeros brigadistas internacionales muerto en la guerra de España. Y así participa en la insurrección parisina de agosto de 1944, cuando las tropas americanas ya están entrando en la ciudad.

Después de la guerra, De Séde mantendrá siempre su vinculación con la gente del Partido Comunista Internacionalista de Pierre Frank, que obtuvo apenas 50.000 votos en las elecciones de 1946 configurándose como un partido minoritario. Por orden del partido practicará el entrismo en el Partido Socialista Unificado siendo expulsado por “titoista” en 1949. Él y el joven que había captado durante la guerra, Louis Dalmas, serán considerados como la “fracción trotskystas del titoismo francés”. Dalmas, incluso viajará a Yugoslavia y conocerá personalmente al mariscal Tito. De todas formas, todo esto entra cada vez más dentro de las querellas grupusculares entre fracciones extremistas. De Séde seguirá activo y frecuentará la sede del PCI próxima a la rue de l’Arbre Sec (a pocos metros de la Rue Rivolí y del Louvre), un nombre de resonancias esotéricas.

Unido a los surrealistas, con los que trabajaba desde 1942, De Sede empieza sus trabajos como periodista y se va retirando poco a poco de la primera fila de la militancia política, pero nunca cortará con el trotskysmo y a su muerte el 30 de mayo de 2004, sus antiguos camaradas despedirán su féretro puño en alto y al canto de la Internacional. Un arcaísmo casi tan grande como haber instigado durante casi 20 años toda una corriente de historia-ficción que alimentaba la “hipótesis merovingia”.

Habría que mencionar algunas características del entorno familiar en el que nació Gérard de Séde. Había nacido el 5 de junio de 1921 en París. Sus padres pertenecían a la nobleza y estaban vinculados a Action Française. Sin embargo, De Sede rompe pronto con la tradición monárquica familiar y con el catolicismo. Milita en el surealismo y luego en el trotskysmo, como hemos visto. Se casará con Sophie de Séde con la que tendrá una hija a la edad de 39 años. Luego se distanciará de su familia para volver con Sophie en 1992 y restablecer la vida familiar hasta el momento de su muerte. En 1994 publicará junto a su mujer L’Occultisme dans la politique, en uno de cuyos capítulos presenará su “testamento” sobre el affaire de Rennes-le-Château en el que se negaba a reconocer que "casi todo había salido de casi nada".

Su hija lo define como “poco práctico”, con una “gran capacidad de abstracción”. Añade que en ocasiones le costaba reconocer que se había equivocado. Escribió sobre literatura, filosofía, política y misterios. Su fama deriva solamente de estos últimos que constituyen la mitad de su obra.

Es hijo único en un hogar con un padre frecuentemente ausente y una madre autoritaria y asfixiante. Se refugia en su abuela y en sus tíos. Entre 1931 y 1936 se orienta hacia la izquierda militante influenciado por dos acontecimientos: la guerra civil español y la victoria del Frente Popular en Francia. No se comprometerá políticamente sino hasta 1937-8. Se siente “de izquierdas” pero no le gusta la dictadura comunista. Es en esa época cuando conoce a Sophie, su esposa. Se compromete con el PCI durante la guerra mundial y participa en la resistencia. También empieza a trabajar como periodista. En 1946 es alumno del filósofo Gaston Bachelard. Antes de 1956 vive unos años en Yugoslavia. Entre 1956 y 1956 se interesa por la agricultura y es en ese momento cuando conoce a Roger Lhomoy. En 1959 vuelve a París y entrada como periodista de plantilla en France Press. También ejercerá como free-lancer para algunas revistas. En 1962 escribe su primera obra de carácter seudo-histórico, Templarios entre nosotros… que determinará su futuro.

Aún así, sigue trabajando en France Press. Colabora también en Le Canard Enchainé. Viaja mucho y se distancia progresivamente de su familia. En 1988 se produce uno de esos bruscos cambios en su trayectoria y abandona Francia. Permanece durante unos años en la nicaragua sandinista. Al morir su madre regresa a Francia y renueva las relaciones con su exmujer con la que vuelve a colaborar en algunos trabajos hasta su muerte en la noche del 29 al 30 de mayo de 2004.

Es una vida que tiene mucho de bohemio, en cierto sentido desordenada, con cambios bruscos que indican sus problemas psicológicos interiores que venía arrastrando desde su juventud: hijo de una familia noble rechaza a la nobleza y todo lo que implica y milita en la extrema-izquierda. Hay en esta militancia y en buena parte de los escritos de De Séde un rechazo a su origen, una necesidad de “matar al padre” y todas las enseñanzas que había recibido en su juventud. Muchos de los escritos de De Séde son incomprensibles si se ignoran todos estos antecedentes familiares.

3. Los templarios entre nosotros. 1962.

El libro publicado por Gerard de Séde en 1962 sería, prácticamente una historia sobre la Orden del Temple, más o menos similar a cualquier otra, sino fuera porque tiene un comienzo y un final anómalos. De Séde lubica lo que parece ser el tesoro de los templarios en una cripta secreta instalada en el castillo de Gisors.

De joven, De Séde, según cuenta, había conocido a un tal Roger Lhomoy, que durante unos años fue guardián de la fortaleza de Gisors. En 1929 había sido  nombrado guardián y jardinero del castillo, pero 10 años después, al comienzo de la II Guerra Mundial el castillo es cerrado al público y Lhormoy aprovecha para comenzar a excavar en el lugar que él cree se oculta un tesoro fabuloso. Después de meses de trabajo, Lhomoy llegó a una cripta subterránea y allí comprueba la existencia de unos cofres ordenados que, sin duda, debían contener el desaparecido tesoro templario. Finalmente en 1946 encuentra una cámara subterránea y en ella 30 cofres (que no abre). A partir de ahí empiezan las calamidades del intrépido Lhomoy. Nadie cree en su descubrimiento y, no sólo eso, sino que le prohiben volver a descender. No es cuestión de que tenga un accidente, pues los desprendimientos son frecuentes en las paredes del pozo que ha construido. Y además, lo despiden. Pasarán los años: se realizarán todo tipo de estudios con sondas acústicas, con detectores volumétricos, se cavarán túneles horizontales, pero la cripta secreta nunca se encontrará… El Ministerio de Cultura francés presidido por André Malraux se tomará interés en el asunto y excavará en Gisors: sin éxito.

Todo esto ocurría en 1949. Unos años después, la historia llega a oídos del joven barón Gèraud de Sède de Lièoux, más conocido como “Gérard de Séde”, de 28 años que empieza a forjarse una carrera como periodista.

De Séde publica un artículo en Paris-Match, la revista ilustrada de más tirada en Francia y que gozaba de más prestigio en la prensa francesa. Luego aborda la elaboración de su libro. Pero –si hemos de creer a De Séde- poco después de la publicación del artículo sobre la “cripta secreta” en el Match, alguien “contratado por el gobierno suizo para localizar documentos históricos del Medievo”, se pone en contacto con él. De Séde viaja a Suiza. Describe la residencia del misterioso “documentalista” e incluye en el apéndice de su obra, un texto, prácticamente inextricable dado por el desconocido. Es una mezcla de erudición esotérica y de gusto por el misterio, en el que resulta difícil en ocasiones saber de qué diablos está hablando. El lenguaje es deliberadamente impenetrable. La excusa que ha tomado el desconocido para entrar en contacto con De Séde es que le sorprendido el dibujo de la “cripta secreta” que De Séde incluía en su artículo… el desconocido estaba buscando precisamente una cripta similar, cuyo plano tenía pero de cuya ubicación carecía.

Hay que situarse en la época. Estamos en 1962. Dos años antes, Louis Paywels y Jacques Bergier han publicado la primera edición de su Retorno de los Brujos. Europa vive un renovado interés por lo misterioso, las ciencias ocultas, los secretos, la magia, la alquimia, los extraterrestres, el templarismo, las sociedades secretas, etc. Hay muchos escritores dispuestos –con todo el derecho del mundo- a aprovechar esta tendencia. Gérard de Séde es uno de ellos. Su obra, Templarios entre nosotros, será traducida a muchos idiomas –entre ellos el castellano y su libro editado por Mateu en 1965- e incluso en la actualidad se reimprimen algunas nueva edición.

A decir verdad, salvo el inicio y el final del libro de De Sede, el resto contiene una historia, aparentemente banal del templarismo, que posee todos los lugares comunes que aprecian los especialistas en ocultismo. Sin embargo, si releemos el texto con detenimiento aparecen algunos datos anómalos y nunca antes incluidos en ninguna historia sobre la orden. Se alude al episodio de la “tala del olmo de Gisors”, se menciona a los extraños monjes de San Sansón de Orleáns, a un tal Urdus  y se enfatiza excesivamente la importancia de este castillo en la historia de Francia. Pero, en general, la mayoría de datos que aporta De Séde son suficientemente conocidos y han sido extraídos de obras publicadas sobre el Temple en los años 30 y 40. Entonces ¿para qué un nuevo libro sobre el Temple?

Hay más misterios. De Séde no da una fecha exacta de su encuentro con Lhomoy. O, mejor dicho, da dos fechas distintas. En las primeras ediciones de J’ai lu, aparece en la página 9, el año 1959. Pero en la novena edición del libro aparece 1959. El vagabundo había nacido en 1904. Existía. No era un personaje de ficción, inventado para lanzar un misterio inexistente. Nosotros mismos hemos tenido ocasión de visitar Gisors y hablar con funcionarios municipales a punto de la jubilación que lo conocieron y que se complacen en contar la historia del jardinero que dijo haber encontrado la “cripta secreta” del Temple. También añaden que, a raíz de las excavaciones realizadas en 1962 la torre del castillo se resquebrajó e insisten en que nunca nadie, salvo Lhomoy si hemos de creerle, encontró nada.

Así pues, está claro: testimonio único, testimonio nulo. Pero había algo todavía más espectacular y que decía muy poco de la seriedad profesional de Gérard de Séde. El misterioso documentalista no era otro que Pierre Plantard del que, a decir verdad, De Séde nunca explicó ni cómo ni por qué lo conoció. Lo que si se sabe fehacientemente es que la versión dada por De Séde en Templarios entre nosotros es falsa. No será la única falsedad que De Séde cuente sobre este sujeto. Cuando escriba diez años después La Raza Fabulosa, lo presentará como “su amigo de toda la vida”, “el marqués de B.” y, no sólo eso, sino que para evitar que ningún medio de comunicación se interese por él, ésta obra terminará con la melodramática muerte del “marqués de B.” en una cacería...

Desde 1962 y en los siguientes quince años la colaboración entre Gérard de Séde y Pierre Plantard proseguirá con altibajos. De Séde, a decir verdad, apenas tenía idea de esoterismo ni de ocultismo, su formación cultural le aportaba conocimientos de historia, pero, sobre todo era periodista.

En 1967 aparece la obra de Louis Charpentier sobre los templarios y poco después su obra dedicada a la Catedral de Chartres. El género que tocan ambos autores es el mismo e incluso han tocado el mismo tema, los templarios, lo que permite establecer comparaciones. Mientras la obra de De Séde está atiborrada de datos extraños, cogidos por los pelos, testimonios únicos y, por tanto, nulos, en su inicio y farrogosas e inextricables parrafadas seudo-esotéricas en su final, la obra de Charpentir, aun conteniendo  planteamientos heréticos desde el punto de vista de la historiografía, sí resiste una crítica y si puede aportar sus fuentes de manera clara e indubitable. Charpentier ha contado con la información privilegiada aportada por sus amigos, los “compagnons”, es decir, por algunos miembros de las hermandades de artesanos que todavía existen en Francia. Cuando, por ejemplo, alude a “las tres mesas que portaron el Grial” en su exposición sobre el esoterismo de la Catedral de Chartres, se hace eco de las viejas leyendas gremiales que plantean problemas geométricos y constructivos. Cita sus fuentes, cita el testimonio que cualquiera de los que hemos llamado a la puerta de los “compagnons” hemos podido conocer. Todo lo que en De Séde es retorcido, casi gótico, extraño, con pretensiones eruditas, procede de Pierre Plantard y es fácilmente reconocible.

Esto hace que la obra sobre los templarios de Charpentier sea clara, concisa, breve, abundante en datos, adornada con hipótesis plausibles o al menos que merecen ser tomadas en consideración, mientras que el libro sobre los templarios escrito por De Séde es opaco, pretencioso a ratos, con fuentes dudosas. La primera permite realizar estudios posteriores sobre el fenómeno del templarismo que confirmarán o no las tesis de su autor. La obra de De Séde –y esta en concreto- sume en un callejón sin salida: fuera de sus fuentes no hay fuentes de información posibles.

Y este es el problema: que las fuentes de De Séde solamente se apoyan en los escritos de De Séde. En cierto sentido ocurre como con el patrimonio intelectual de una secta que solamente se basa en una línea de escritos elaborados por la propia secta. Así ocurre con De Séde, como no podía ser de otra manera, porque, a fin de cuentas… en buena medida, los escritos de De Séde tenían a Pierre Plantard como inspirador.

4. Plantard dicta, De Séde escribe

Tanto Templarios entre nosotros, como El oro de Rennes están firmados por “Gérard de Séde”, fueron escritos por él… pero fueron dictados por Pierre Plantard. Es fácil suponer que, como muchos surrealistas a los que conoció bien, en particular el grupo de Robert Desnos, vinculado a los grupos de Georges Ivanovich Gudjieff, De Séde hizo sus primeras armas en esoterismo y simbolismo en ese ámbito tan dado a lo mágico y a lo paranormal y del que salió el propio Louis Pauwels cuyo Retorno de los Brujos fue precedido de un más interesante libro dedicado a Gurdjieff.

El problema con el surrealismo es que, salvo Desnos y alguno más, el resto eran –tal como entendió muy bien Gala Dali que los conocía perfectamente- meros diletantes. Ninguno de ellos profundizó. En general, muchos, incluido André Breton, se limitaban a leer obras “ocultistas” y apreciar su dominio del simbolismo (la mayoría de surrealistas leyeron, por ejemplo, a Fulcanelli… pero no hay rastro de que lo entendieran). Todos los surrealistas –salvo el grupo que se sintió atraído por Gurdjieff- se sentían atraídos por lo paranormal, pero ignoraban donde estaba la puerta que daba acceso al conocimiento ordenado de sus doctrinas. La mayoría de ellos, por lo demás, sufrían fuertes contradicciones internas: eran marxistas, frecuentemente como el propio De Séde, trotskystas… pero se sentían atraídos y fascisnados por el mundo de lo inaprensible.

No es, pues raro, que con los antecedentes políticos y culturales de De Séde, en un momento dado de su vida estuviera predispuesto para asumir “alguna forma” de esoterismo, de manera distante, pero ejerciendo el papel de divulgador. Cuando conoció a Pierre Plantard, lo debió considerar su “introductor” en la materia.

Es difícil establecer si durante casi veinte años, la colaboración entre De Séde y Pierre Plantard fue sincera o si ambos eran conscientes de que estaban llamados a complementarse: De Séde precisaba informaciones exclusivas, planteamientos únicos que pudiera popularizar entre un público poco exigente. Plantard, por el contrario, necesitaba que sus doctrinas excéntricas sobre los merovingios (que había recibido desde su juventud cuando era el brazo derecho del “conde” George Monti, el cual, a su vez, había sido secretario de Josephin Peladan, como veremos más adelante) circularan y llegaran a un público cada vez más amplio.

Desde principios de los años 50, Plantard había recorrido le Langedoc fijando su atención en la pequeña localidad de Rennes-le-Château cuyo “misterio” conocía a través del “conde” Monti. Cultivaba este tema de manera obsesiva, elaborando desde esa época documentos falsos que no utilizaría ni saldrían a la superficie sino hasta al cabo de 15 y 25 años. Y no solamente sobre Rennes-le-Château sino también sobre Stenay, capital de la Austrasia merovingia.

Da la sensación que Plantard vio en De Séde a un periodista de éxito, miembro de la nobleza que tanto le atraía, por lo demás, y lo suficientemente desinformado en materia de esoterismo como para que pudiera servir de vehículo a sus doctrinas estrafalarias. Por que las doctrinas difundidas en los libros de De Séde llevaban el copyright de Plantard… incluso en sentido contractual.

En efecto, la relación se rompió a partir de desconfianzas y resquemores que surgen siempre inevitablemente en mentalidades obsesivas como la de Plantard cuando tienen que colaborar con periodistas dotados de cierto oportunismo como De Séde. Sabemos lo que ocurrió gracias a Plantard. De Séde en cambio cayó y solamente realizó un último ajuste de cuentas con Plantard en su obra Rennes-le-Château - Le dossier, les impostures, les phantasmes, les hypothèses, Éd. Robert Laffont, 1988 que, aquí en España, curiosamente fue publicada solamente con el título El misterio de Rennes-le-Château y subtitulado… “cátaros, templarios y masones”.

Veamos lo que contó Plantard en 1979:"El 17 de julio de 1965, el manuscrito de El oro de Rennes estaba terminado, siguiendo mi acuerdo previo con las Ediciones Juillard e informé de ello al Sr. Pierre Savet, Director de la Editorial. La Srta. Janine Musy me contestó. Nuestro encuentro tuvo lugar el lunes 26 de julio de 1965 y, después de la lectura, se decidió la publicación”... Es sorprendente que Plantard esté hablando de El Oro de Rennes como algo propio y que sea capaz de dar como referencias a dos directivos de la editorial… lo que contribuye a reforzar su posición.

Añade, más adelante: “No deseando ver figurar mi nombre como autor de esta obra, contacté con Gérard de Séde en diciembre de 1965. Éste ignoraba totalmente la existencia de Rennes-le-Château, pero había sido co-autor conmigo del libro Templarios entre nosotros”… La sorpresa se convierte ahora en estupor: no solamente Plantard era el autor del libro sobre Rennes, sino que el primer libro de parahistoria de De Séde fue, en realidad, el resultado de una colaboración entre ambos.

Desde el punto de vista de Plantard, veía así la relación: “yo tenía con él la amistad sincera del maestro a su mejor oficial”.

¿Es creíble esta historia? Sín duda: es Plantard el que viaja durante años a Rennes-le-Château preguntando detalles sobre Berenguer Sauniére y sobre todo el episodio que protagonizó… ¿para qué había de hacerlo si no era para escribir sobre el tema algún día? ¿Por qué Plantard no escribió y firmó el libro en solitario? ¿Por qué recurrió a De Séde? Es fácil interpretarlo: De Séde era conocido como periodista, además había participado en la resistencia (con todo lo que en la Francia de la época implicaba ser resistente, equivaliendo casi a ser intocable), mientras que Plantard se había “pringado” en la “colaboración” tal como demuestra el contenido de la revista que reprodujeron los autores de El Enigma Sagrado, publicada por Plantard durante la ocupación: Vaincre!, además De Séde buscaba gloria periodística y a Plantard lo que le interesaba es aparecer como el elegido y promover el reclutamiento de su organización ocultista, el Priorato de Sión, una mera construcción personal con la que terminaría reivindicando la corona de Francia en tanto que último descendiente de los merovingios.

Además, De Séde tenía una motivación psicológica: las extrañas teorías de Plantard le permitían reformular toda la historia de Francia y romper con lo que le habían inculcado desde niño sus padres monárquicos: la monarquía Capeta, los Borbones, los Bonaparte, incluso los naundorfistas que todavía existen y se reúnen en París, todos, absolutamente todos, eran usurpadores...

Había también en todo esto algo de elitismo propio a su casta de origen: pero era un elitismo reconducido hacia una visión estrafalaria de la historia de Francia. Parece decirnos: “sólo yo he publicado la verdadera historia de La Fronda, de la supervivencia de los merovingios, la legitimidad de la Casa de Lorena, sólo yo, y no vosotros, monárquicos engañados, he redefinido sobre bases nuevas el concepto de legitimidad en el que se apoya la institución monárquica. No solamente Luis XIV fue un ilegítimo de Ana de Austria y, por tanto, a partir de él, la sangre azul ya está ausente de las distintas ramas borbónicas, sino que, vosotros nobles católicos, teníais a un rey legítimo descendiente de un linaje cuya especificidad radicaba en los genes y no lo habíais advertido”. Era la forma en la que Gérard de Séde “mataba al padre” y superaba sus pulsiones edípicas.

Pero aún hay más. Para quien dude de la exactitud de las palabras de Plantard, éste añade una última y definitiva prueba para validar su tesis de que el libro sobre Rennes era obra suya y el de los templarios una obra en cooperación con el escritor. En efecto, el 31 de enero de 1966, en escritura pública registrada con el nº H27276, Gérard de Séde aceptaba colocar su nombre como autor a cambio de una cesión del 35% de los derechos de autor de Plantard a De Séde. Así pues, hay poco que decir al respecto sobre la autoría del libro El oro de Rennes.

Pero se produjo una fricción. Gérard de Séde realizó la corrección del manuscrito y, al decir de Plantard, introdujo algunas modificaciones a iniciativa propia. Plantard le acusa incuso de falsificar algunas fotografías que él había realizado. Hay una, particularmente clamorosa. Se trata de un relieve de la Iglesia de Couiza. Un soldado caído muestra con el dedo índice señalando una piedra. La foto publicada en El Oro de Rennes se nota extremadamente retocada y los perfiles están marcados a plumilla. Sin embargo, cuando nosotros mismos nos desplazamos a Couiza para contemplar con nuestros propios ojos el relieve, nos sorprendió el buen estado de conservación de la obra, la luminosidad interior de la Iglesia que permitía realizar un foto excepcionalmente nítida… y el que el famoso dedo índice estaba replegado y no extendido: alguien habilidoso –inútil recordar que una de las tareas de De Séde para la resistencia durante la guerra consistió en falsificar documentos- había convertido un dedo doblado en un dedo extendido que señalaba una piedra misteriosa…

Plantard cuenta: “A la recepción de los volúmenes enviados por Ediciones JULLIARD el 10 de noviembre de 1967, fue grande mi estupefacción al leer en las páginas 132 a 137 [137 a 144 en la edición española de la colección Otros Mundos de Plaza & Janés) un comentario en el que se trata del Sr. Debant y del Coronel Arnaud y adornado con la reproducción de los "falsos pergaminos" así como el trucado de alguna de mis fotos. La investigación revela que Gérard de Séde se había aprovechado de su trabajo de corrector de pruebas para introducir en la obra elementos salidos de su pura fantasía”. Hace falta hacer algunas precisiones.

Todo el embrollo de Rennes-le-Château se origina a partir de una reforma en la iglesia del pueblo realizada por el párroco Berenguer Sauniére. Se encuentra un tubo de madera cubierto de musgo seco que contiene unos pergaminos. Están presentes el cura, el monaguillo y varios albañiles. Setenta años después, unos supervivientes afirmarán que los pergaminos se encontraron en el altar y otros en un balaustre hueco. Sea como fuere nadie, absolutamente nadie ha tenido acceso a esos pergaminos que sin duda fueron vendidos por Sauniére en su famoso viaje a París, como después de hallarlos.

Sin embargo, en la obra firmada por De Séde aparecen dos documentos que se presentan como los “encontrados por el cura”. Plantard no dice toda la verdad, porque posteriormente pudo confirmarse que el autor de estos documentos cifrados era su amigo el Marqués Philipe de Cherisey. De Séde, seguramente, tuvo conocimiento de ellos en el curso de su relación con Plantard y pensó que eran un plato muy fuerte que necesariamente debía arrojarse al público. De hecho, la obra tenía como leit.motiv unos documentos ocultos hallados por el cura… si en la obra no aparecían estos documentos, el conjunto del trabajo parecía flaquear.

Por otra parte, en uno de estos documentos aparece la notación PS… que luego se ha sabido correspondería a las siglas del Priorato de Sión. Sin embargo, en la fecha en la que aparece el libro nadie ha hablado todavía de esta organización. Pero la organización existe. Ha sido legalizada el 20 de junio de 1966 y sus estatutos depositados en la Prefectura de Niza. Era el “grupo esotérico” de Plantard. Lo más probable es que Cherisey mostrara a De Séde los documentos, éste los llevó al Servicio de Cifra del Ejército que lograron dar con su contenido (irrelevante). De cara al interior del círculo cultural llamado “Priorato de Sión”, Plantard fingió sorpresa, como si hubiera salido a la superficie sin su autorización una documentación extremadamente importante.

Sin embargo, todas estas peripecias y embrollos demuestran:

1) Que el dossier sobre Rennes-le-Château fue recopilado en lo esencial por Plantard.

2) Que, seguramente, Chérisey cedió a De Séde los dos pergaminos como cebo.

3) Que De Séde picó y publicó los pergaminos añadiendo elementos de su cosecha.

4) Que De Séde en 1967 todavía no había oído hablar del Priorato de Sión.

5) Que Plantard utilizaba para sus propios manejos y para promocionar su grupo ocultista las informaciones firmadas por Gerard de Séde en tanto que periodista de reconocido prestigio y ex resistente.

6) Que en su carta Plantard no decía toda la verdad, especialmente sobre los pergaminos elaborados por Chérisey.

7) Que esta colaboración se inició en la obra sobre los templarios

8) Que en esta obra tanto Plantard como De Séde empezaron a mentir sobre su relación.

5. El Oro de Rennes como fase de lanzamiento

Cabe preguntarse ¿qué sentido tenía para Plantard lanzar una obra sobre el misterio que tuvo lugar a principios del siglo XX en un pequeño pueblo pirenaico? La pregunta es todavía más pertinente si se tiene en cuenta que en dicha obra tan solo se alude a los episodios y vicisitudes que rodearon la peripecia del cura Berenguer Sauniére. Apenas se alude a los merovingios salvo de manera ocasional y nada se dice sobre los templarios. Todo el libro parece contenido al estudio de la figura del sacerdote y a lanzar la cuestión sobre los ilimitados recursos con los que contó. A fin de cuentas, era una curiosidad local.

Plantard no tenía en ese momento como objetivo el lanzar simplemente una obra que tendría cierto éxito y obtener un 65% del total de los derechos de autor, sino lanzar un tema: el de un cura misterioso que parecía contar con un tesoro. Era un simple peldaño en lo que había constituido su obsesión durante toda su vida: presentarse como el último heredero de los merovingios, descendiente incluso de la Casa de David.

La enormidad del planteamiento es tal que parece difícil que De Séde cooperara conscientemente con este planteamiento. El hecho de que durante la publicación de El Oro de Rennes filtrara los dos pergaminos pero no el contenido de otros documentos que Pierre Plantard ya había elaborado (en concreto los Dossiers Secretos firmados por “Henri Lobineau”) indica que los desconocía. Sin embargo, su obra siguiente sobre este tema, La Raza Fabulosa, está construida casi en su totalidad sobre estos escritos. Lo cual indica que en 1973, Plantard ya le había indicado su existencia o al menos orientado para que él mismo los “encontrara” en la Biblioteca Nacional, poco importa.

Cuando aparece un misterio, el público pide conocer toda la verdad. El cálculo de Plantard era que si mediante El Oro de Rennes podía suscitar el interés del público, luego, en sucesivas fases, el público cada vez más interesado, podría ir asumiendo, por fases, un planteamiento que era extremadamente complejo. Por otra parte, el propio Plantard fue variando su posición a medida que pasaba el tiempo. Así se explica el que algunos de los elementos que tocó inicialmente en El Oro de Rennes (la fijación en la fecha 17 de enero) posteriormente no volvieran a reaparecer en la trama, como si los hubiera descartado.

Ahora bien, la pregunta clave es: ¿cómo llegó a tener conocimiento Pierre Plantard de un episodio que se había desarrollado a principios del siglo XX en un remoto pueblo pirenaico? En la introducción ya hemos contestado a esto, pero ahora vamos a insistir un poco más. La respuesta nos la facilita el propio De Séde en su última obra sobre el misterio de Rennes aparecida en 1988 en Francia y dos años después en España.

Algunas de las pistas ofrecidas por Rennes en su primera obra sobre Rennes indicaban que la clave del asunto pasaba en buena medida por la secta formada por Josephin Peladan a finales del siglo XIX, llamada el Salón de la Rosa Cruz o también la Rosa+Cruz Católica. Peladan era el típico decadentista francés de la belle epôque, extremadamente prolífico, había sido iniciado en los misterios de la Rosa Cruz por su hermano, Adrién Peladan, el cuál había recibido la filiación del grupo rosacruciano de Toulouse fundado por el conde Laplace a principios del siglo XIX.

La “orden iniciática” de Josephin Peladan gozó de cierta popularidad en su época dada la relevancia de muchas personalidades que participaron de ella, entre otros, nuestro compatriota, el pintor y escritor Santiago Rusiñol. Otros como los músicos Eric Satié y Claude Debussy participaron en sus actividades… y la candante Emma Calvé que Plantar y De Séde situaron en Rennes-le-Château.

En esos años, el secretario de Josephin Peladan era un hombre misterioso y conspirador y vidrioso, Georges Monti. Cuando Pleadan falleció, Monti se constituyó en certo sentido como su heredero, siguió manteniendo los mismos contactos que su mentor, Peladan. Uno de los amigos de Monti era, extrañamente, un oblato, Emile Hoffet, obsesionado con las conspiraciones masónicos y los trabajos de "inteligencia” al servicio del Vaticano. Es posible que formara parte de la red clandestina creada en esos años por la Iglesia, el Abetal, construido a modo de francmasonería católica (en la que, se ha dicho, se habría inspirado monseñor Escribá de Balaguer para crear su Opus Dei).

Monti y Hoffet, amantes de las conspiraciones, conspirador el primero y descubridor impnitente de conspiraciones el segundo, se apreciaron, consideraron que ambos podían ayudarse prestándose libros, realizándose confidencias y manteniendo contactos relativamente frecuentes. Se habían conocido en el hotel Tours-la-Reine de París en donde Emma Calvé se albergaba y recibía a sus amigos y conocidos. Hoffet había conocido al padre Sauniere en su primer viaje a Paris, cuando llevó al seminario de Saint Sulpice los documentos originales que había encontrado en el curso de la reforma de su Iglesia. Se trata de un círculo de interesados por el ocultismo en el que se filtra (o in-filtra) Emile Hoffet a cuenta, sin duda, del Vaticano.

En 1966, un año antes de la aparición de El Oro de Rennes, en un golpe de suerte, de Séde adquiere una parte de los archivos personales de Hoffet. Él mismo lo explica en su última obra sobre el misterio de Rennes. Lo que no explica es en qué circunstancias realiza la compra. Estos archivos parecen interesantes y De Séde los citará en la última obra que escribió en 1988 sobre el asunto… pero sigue eludiendo explicar las circunstancias en las que adquirió los documentos, y sobre el contenido de los mismos. Tan sólo cita los datos biográficos relativos a George Monti. Pero hay algo más raro aún.

Si De Sede había comprado los archivos en 1966 y la obra escrita por Plantard y firmada por De Séde, se publica al año siguiente, apareciendo el nombre de Hoffet en la página 35 de la edición española, ¿por qué no menciona la existencia y el contenido de esos archivos ya desde entonces? Máxime cuando había realizado añadidos de su propia cosecha al manuscrito de Plantard.

En la primera obra se menciona que el padre Sauniere conoció a Hoffet a través del padre Bieil, director de Sant-Sulpice, del que se dice que “examinó cuidadosamente los cuatro jeroglíficos y rogó al visitante se los confiase por ocho días”. Bieil le presenta al editor de libros religiosos Ané, quien, a su vez, le presenta a Emile Hoffet “de apenas 20 años que se interesa por la paleografía y la criptografía junto al sabio sacerdote padre Baguès” y añade: “Se halla sólo en los comienzos de una larga carrera de investigador que habrá de llevarle varias veces al Vaticano y le hará consagrar sus trabajos al ocultismo y a las sociedades secretas”. Nada más… ni una mención a los archivos adquiridos un año antes. Esa es toda la mención que realiza la obra a Emile Hoffet.

Alguien sigue mintiendo en toda esta historia. ¿Para quién trabajaba Hoffet? Se podría pensar que es Hoffet quien le presenta a Emma Calvé y a su amante, el ocultista Jules Bois y que es a través de Hoffet como entra en contacto con Monti y, de ahí con el círculo de la Rosa Cruz Católica de Josephin Peladan. Sobre este terreno no puede afirmarse ni negarse nada rotundamente. Peso, en esta cuestión reside la clave: saber exactamente cómo llegó Sauniére a vincularse al círculo rosacruciano de Peladán…

¿Y por qué es importante establecer este hecho? Por que se puede establecer una filiación que lleva:

- de Berenguer Sauniére y su “tesoro” a Emile Hoffet

- de Emile Hoffet al círculo rosacruciano de Josephin Peladan

- de Josephin Peladan a su secretario, Georges Monti

- de Georges Monti al Grupo Esotérico de Estudios Occidentales que él mismo creó

- del Grupo Esotérico de Estudios Occidentales a Pierre Plantard que es su secretario

Así pues, Plantard tuvo conocimiento de la existencia del cura de Rennes y de todo el misterio de su tesoro gracias a Georges Monti. Éste, tras hacer olvidar su papel extremadamente secundario en la colaboración y en grupos esotérico-políticos de la época como el círculo creado en torno a la revista Vaincre!, en los años 50 empieza a urdir lo esencial de la trama que todavía tardará diez años en eclosionar a través de Gérard de Séde. Tal es la filiación

6. La Raza Fabulosa como nueva pieza del puzzle.

La Raza Fabulosa aparece en 1973. Evidentemente, sus relaciones con Plantard eran todavía buenas pues, no en vano, toda la documentación, prácticamente sin excepción se la ha proporcionado Plantard. Se trata de uno de los libros más reprochables de Gérard de Séde. Inventa un personaje, “el marqués de B.” de quien dice es su amigo, un “historiador y savio”… que cree en los extraterrestres y que afirma con una seriedad pasmosa que los primeros reyes de Francia ¡eran extraterrestres! Y De Séde lo reproduce indicando sólo su “sorpresa”, pero sin añadir un ápice.

El personaje no es “completamente” Plantard sino una mezcla de Plantard y el propio De Séde en el que ambos aportan su contribución para forjar un personaje que, por lo demás, tiene unos contornos muy mal dibujados. Como en las novelas de capa y espada “el marqués de B.” termina muriendo sin que se sepa exactamente quien le ha disparado en el curso de una cacería. El “trabajo de investigación” cada vez se parece más un relato novelado.

¿Cuál es la “raza fabulosa”? La estirpe de los merovingios. ¿Por qué es “fabulosa”? Por que tiene genes extraterrestres… ¿A qué viene toda esta historia absurda de los extraterrestres que no volverán a aparecer nunca mas en la mitología de Rennes-le-Château? Se trata de un signo de los tiempos. La publicación de El Retorno de los Brujos había excitado a los amantes de lo misterioso. En esa época, Louis Pauwels y Jacques Bergier publicaban la revista Planete y, desde esa atalaya habían dado un impulso a todo lo anómalo, incluida la ufología que entonces empezaba a llamarse así. Un amplio sector de la población creía en la existencia de extraterrestres y si de lo que se trataba era de llamar la atención qué menos que recurrir a los extraterrestres. ¿Imaginan el impacto que causaría en España una obra destinada a demostrar que nuestros borbones vienen de allende galaxias?

De Séde introduce elementos de su propia cosecha. Como fruto de su estancia en Yugoslavia, De Séde debió conocer en la prensa local artículos sobre la temática paranormal que siempre interesó en los Países del Este como sustitutivo de la religión mientras se mantuvo el comunismo. Es por eso que entre las ilustraciones figura el fresco de Detchani, un monasterio medieval cercano a la frontera albanesa que “el marqués de B.” dice “haber visitado” en el curso de sus viajes a lo largo y ancho del mundo. Ahora sabemos que, fue el propio De Séde quien permaneció una larga temporada en la Yugoslavia titoista cuando él era uno de los “trotskystas titoistas” franceses…

Es posible que la creación del personaje del “marqués de B.” fuera un tributo subconsciente a su infancia y a su origen noble y, en este sentido es significativo que, también “matara al padre”, haciéndolo asesinar en las tres últimas páginas de su obra y explicando que el hijo del marqués, poco interesado por los trabajos de su padre, se fue a Katmandú para no volver. Por otra parte, si en De Séde, su origen familiar pesaba mucho y en su complicada ecuación interior, su militancia trotskista, el evidente rechazo a la figura del padre ausente (en viajes permanentes) y el autoritarismo de su madre, en Pierre Plantard la situación es, como mínimo tan grave: hijo de una modesta familia, en la profesión del padre que aparece en varios documentos oficiales puede leerse “valet de chambre”, esto es criado o mayordomo. Plantard explicó que al tratarse de una familia “noble” (los Plantard… de Saint Claire), habían falsificado documentos durante la ocupación alemana que, según Plantard, “perseguía a los nobles”… Porque, si De Séde era de origen noble, Plantard tenía delirios de grandeza y durante toda su vida se comportó como si fuera de una familia noble. Es posible, incluso, que su amistad con Gérard de Séde y el que lo eligiera a él, en lugar de cualquier otro periodista y escritor de fama en la época, se debió a que deseaba estar próximo a los nobles. A no olvidar que el otro amigo con el que elaboró los “falsos pergaminos” y los que luego se llamarán Dossiers Secrets (a los que nos referiremos más adelante), era también noble, el marqués Philipe de Cherisey. A mayor abundamiento, tras la disolución del Grupo Esotérico de Estudios Occidentales, los supervivientes crean la Orden Alfa-Gálatas en la que ya milita Pierre Plantard. El dirigente del grupo, de quien recibe la jefatura de esta orden iniciática es Maurice Moncharville que se hace llamar “Conde de Moncharville”, un hombre notable, profesor de Derecho y antiguo encargado de la misión francesa en el Tíbet. Plantard pasa a dirigir la Orden Alfa-Gálatas con el nombre de “Pierre de France”…

A parte de estas particularidades y del interés en figurar junto a la nobleza sino de presentarse como noble, Plantard ofrece las pistas esenciales con las que De Séde compondrá La Raza Fabulosa. Estas pistas están contenidas en una obra dactilografiada que De Séde dice encontrar en la Biblioteca Nacional con la signatura 4º 1m1249. Lincoln, Baignet y Leight en El Enigma Sagrado describen este documento: explican que se trata de una carpeta de tapas duras que contiene recortes de prensa, cartas pegadas en láminas de refuerzo, opúsculos, numerosos árboles genealógicos y alguna que otra página impresa que, al parecer, había sido extraída de alguna obra… Todo este material se atribuye a un tal Henri Lobineau.

Cuando se publica El Enigma Sagrado es la primera vez que el nombre de Lobineau aparece como tal, sin embargo, Gérard de Séde había utilizado el material contenido en estos dossiers que cita expresamente en La Raza Fabulosa: sólo que lo hace con otro nombre “Henry Lebineau”. La pequeña diferencia entre “Lebineau” y “Lobineau” no es banal, será el inicio de un juego de las confusiones que tiende a alejar cada vez más el conocimiento del verdadero autor de estos documentos.

Los Dossiers Secrets de Henri Lobineau fueron depositados en 1965 en la Biblioteca Nacional (con fecha de edición 1954), es decir, dos años antes de la publicación de El Oro de Rennes. De Séde afirmará que conocía los documentos en el momento en que se editó el libro, sin embargo, de ellos no habla en el libro y elude lo esencial de la temática que contienen, acaso porque no es De Séde quien tiene el control sobre lo esencial de la obra, sino Plantard.

En estos documentos se encuentra todo lo relativo al origen de los merovingios. Uno de los documentos contenidos es la Genealogía de los Reyes Merovingios que utilizarán todos los autores que han trabajado el tema, a partir de La Raza Fabulosa. Tales genealogías aparecen como elaboradas por Lobineau en Ginebra en 1956. Pero todo esto es, indudablemente, una falsificación, empezando por la firma del autor.

El autor ni es Lobineau ni Lebineau, pues en los propios Dossiers Secrets existe una hoja dactilografiada que se dice extraída de la revista Semaine Catholique Genevoise del 22 de octubre de 1966 en la que se afirma que el verdadero autor, Leo Schidlof utilizaba el seudónimo Lobineau y acababa de morir. El artículo estaba firmado por un tal “Lionel Burrus”… Pero ni el semanario suizo existió jamás, y Burrus había fallecido un mes antes de la presunta fecha de publicación del artículo. Así pues, se trataba de una nueva mistificación. Schidlof, existió, pero se trató de un anticuario desinteresado por completo por los merovingios y por las genealogías… que ya había muerto en 1965. Más adelante se atribuirá la paternidad de los Dossiers Secrets al conde de Lenoncourt residente en París… en la calle Lobineau y que tampoco podía decir gran cosa al haber fallecido hacía tiempo. En el ambiente de la delincuencia siempre se dice que “el muerto se come el marrón”. En este caso, muertos no faltaban.

Pues bien, utilizando ese material de paternidad desconocida, De Séde en La Raza Fabulosa presenta la tesis que ya nos sumerge en la temática merovingia. Esta temática tiene cuatro vertientes:

- la génesis del pueblo franco que estaría formado originariamente por judíos de la tribu de Benjamín que se habrían desplazado de Palestina a la Arcadia, de allí a Sicilia, luego a los Alpes y finalmente a Austrasia.

- la génesis de la dinastía merovincia definida como “reges crítini”, esto es “reyes melenudos”.

- la supervivencia de la dinastía merovingia tras la muerte de Dabogerto II asesinado cerca de Stenay, cuyo hijo Sigeberto IV logró sobrevivir y perpetuar su linaje y

- el estudio rápido de distintos episodios de la historia de Francia que confirmarían esta supervivencia y pasarían revista a las distintas conspiraciones urdidas para hacer retornar el poder a esta dinastía.

El libro, a pesar de la enormidad que contenía –el origen extraterrestre de la primera monarquía franca- pasó sin pena ni gloria, fue impreso en una alta tirada pero distó mucho de ser un best-seller. Sin embargo se había dado un notable salto de cualidad al tema: si en El Oro de Rennes los merovingios solamente eran mencionados en unas pocas ocasiones (la iglesia de Rennes estaba datada en aquella época), ahora el tema adquiría un carácter central. Por lo demás, en La Raza Fabulosa no se mencionaba en absoluto al pequeño pueblo de Rennes-le-Château.

7. De La Raza Fabulosa a El enigma sagrado

Habrá que esperar a la publicación de El Enigma Sagrado para que la mitología de Rennes le Château aparezca en su totalidad. En efecto, Henry Lincoln, un productor de la BBC, casualmente había viajado por el Languedoc francés y adquirió el libro de Gérard de Séde sobre Rennes en 1969. Quedó fascinado por el tema y al año siguiente presentó a la BBC un proyecto de documental sobre el asunto. En las navidades de 1970, Lincoln se entrevistó en París con De Séde y éste se mostró críptico. Como se sabe, De Séde había enviado copia de los “falsos pergaminos” (que entonces todos daban como auténticos…) al Servicio de Cifra del Ejército, pero no publicó el “mensaje oculto” que supuestamente contenían. Cuando Lincoln le preguntó por esto, De Séde se mostró críptico: “Pensamos que podría interesar a alguien como usted, impulsarle a averiguarlo por sí mismo”.

En 1971 Lincoln inició el rodaje de un corto sobre el asunto. De Séde, ahora sí, le envió el texto del documento descifrado. Lincoln sospechó y se puso en contacto con los expertos en cifrado del espionaje británico. A partir de ese momento, Lincoln empieza a trabajar sobre un tema del que hasta ese momento De Séde no había dicho nada: el Priorato de Sión que sale a la superficie en el documentar The Lost Treasure of Jerusalem?, emitido por la BBC en 1972. Lincoln vio que el tema daba de sí y dos años después atacó con un nuevo documental Chronicle: The Priest, the Painter and he Devil.

En 1975, Lincoln sigue dándole vueltas al asunto y cree que todavía puede sacársele más partido. Entonces conoce a Richard Leigh, novelista y autor de novelas cortas. Hablan del tema y se ponen de acuerdo en “investigar” un poco más. Luego incorporarán a Michael Baignet. En 1979, el trabajo de este trío dio sus primeros frutos en el documental The Shadow of the Templars emitido por la BBC y en España unos años después en el programa de la tarde del sábado de Jiménez del Oso, a principios de los años 80.

Sin embargo, los documentales se los lleva el viento y solamente los libros permanecen. Así pues, con todo el material recopilado, elaboraron un primer libro, El Enigma Sagrado. Su acogida fue impresionante pero no logró superar los altos muros de los aficionados al esoterismo. En España, editado por Martínez Roca SA, la obra alcanzó varias ediciones pero su fama no superó a los apasionados por lo oculto y será sólo en 2003, cuando el libro de Dan Brown, El Código Da Vinci, inicie su fulgurante ascenso que la obra tendrá un segundo reverdecer. Por supuesto, Lincoln, Baignet y Leigh, publicaron varias secuelas de la obra: El Legado Mesiánico en 1986 y, Lincoln por su cuenta Le Temple Retrouvé en 1991, secuelas algo forzadas que demostraban que Lincoln, veinte años después de sus primeros contactos con la mitología de Rennes seguía “atrapado”.

El Legado tiene tres partes que, en el fondo, no son más que desarrollos de las obras de De Séde. En la primera, por ejemplo, titulada El Misterio, remite básicamente a la obra El oro de Rennes para pasar luego a tratar el tema templario tal como De Séde lo tocó en Templarios entre nosotros. También se habla de los cátaros que De Séde trató en un libro específico cuyo contenido lo sitúa fuera de la temática de Rennes: El tesoro cátaro. La segunda parte prosigue con esta misma referencia y se reproduce el capítulo sobre la Tala del Olmo de Gisors. En esa misma parte, los autores tratan el Priorato de Sión, del que habían sido los primeros en revelar su existencia en los documentales de los años 70 y se extienden en describir las vicisitudes seudo-históricas del linaje merovingio y del priorato, nacido para protegerle y salvaguardar sus intereses. Parte de este material ya había sido revelado por De Séde en La Raza Fabulosa. La última parte realizan una excursión por la leyenda del Grial que termina introduce un elemento nuevo que no había aparecido hasta ese momento: la sangre merovingia se identifica con la “sangre sagrada”, esto es, con la temática del Grial… pero también con la descendencia de Jesús. A partir de este momento y por una pirueta sorprendente, del cura de Rennes, Berenguer Sauniere, hemos pasado a la supuesta descendencia de Jesús. Esta interpolación se les debe fundamentalmente a los tres autores: autodidactas, ajenos por completo a cualquier escuela esotérica, picoteando de aquí y de allí como todo autodidacta, sin orientación clara y queriendo encontrar datos objetivos que demuestren sus intuiciones y sus apriorismo, de los que Pierre Plantard era en buena medida inductor, terminan afirmando, no sólo que los merovingios eran de origen judío, sino que Jesucristo tuvo descendencia y esta se perpetuó en la primera dinastía francesa. Así pues, Plantard que solamente había aspirado a reivindicar su sangre como merovingia y ser el Gran Maestre del Priorato de Sión, protector de la sangre real merovingia, por otra y gracia de tres indocumentados en materia de esoterismo, a la búsqueda de un best-seller, se va catapultado a la doble condición de: heredero de la casa de Clovis y legítimo aspirante al trono de Francia, de un lado, y de otro, ¡emparentado con Jesucristo y la Magdalena de los que sería último descendiente! Algunos, yendo a por lana, terminan trasquilados.

La obra es una novela de capa y espada realizada bajo el aspecto de un ensayo de investigación histórica. En la secuela El Legado Mesiánico se percibe claramente que, o bien los autores son unos ingenuos irredentos o bien están arrastrando el tema hasta más allá del sentido común. Si se hubieran tomado la molestia –o hubieran tenido la cultura suficiente- para investigar lo que fue la revista Vaincre!, publicada por Plantard durante la guerra plagada de elogios al mariscal Petain o preguntado en la prefectura de policía qué dossier había sobre Plantard, no hubieran cometido las irresponsabilidades de presentarlo como un “líder político” en la sombra y como un “hombre que sabía y podía”, cuando apenas era un pobre diablo megalómano y obsesionado por alcanzar un rango de nobleza.  Pero esta secuela es importante por que desplaza todo el tema de Rennes, del Priorato de Sión, de los Templarios y demás, al estudio de si Jesucristo tuvo o no descendencia y a pintar un cuadro divulgativo de las distintas corrientes espirituales en la Palestina del siglo I. En cuanto a la segunda parte es completamente irrelevante y está justificada solamente por el interés en mantener el tema del Priorato de Sión y de su Gran Maestre presente, doscientas páginas de divagaciones en las que Plantard en ocasiones aparece como un mitómano y en otras como un líder político-religioso.

A partir de este momento está abierto el camino que llevará al Código Da Vinci. Lo que había empezado como una historia heterodoxa de los templarios se había transformado en un folletín de capa y espada cada vez más distanciado de la ciencia histórica.

8. El mito novelado: J.J.-Benítez, Perling, Eco… Dan Brown

Así pues ¿existió el Priorato de Sión? No menos que Sigiberto IV el vástago merovingio superviviente. No, seamos claros: no hay absolutamente ni una sola prueba, en ningún momento de la historia que confirme la existencia del Priorato de Sión, ni la supervivencia de los merovingios. Alguien, Pierre Plantard creó una mitología a partir de nada. Sin embargo, millones de personas en todo el mundo, creen que el Priorato de Sión es una temible organización y que los merovingios un día instaurarán al Gran Monarca que reinará sobre el mundo.

Si se ha podido establecer este mito es precisamente por la ignorancia de la historia, por el fracaso de los sistemas educativos occidentales que han bajado el listón de la cultura a mínimos alarmantes y que han hurtado el espíritu crítico de las poblaciones. El que un periodista de extrema-izquierda con una psicología muy particular y que un “gran maestre” de pacotilla con unos complejos psicológicos más acusados, hayan lanado toda una mitología, no es algo raro. Tenían sus buenos motivos: solución de conflictos interiores de su personalidad, búsqueda de best-sellers, etc. Poco importa, no es algo nuevo. Lo sorprendente es que toda esta seudohistoria ha entrado por derecho propio en la cultura de masas y se ha convertido en un mito de la modernidad a pesar de su arcaísmo.

Hasta la aparición de El Enigma Sagrado, todo esto había obtenido una fama moderada. A partir de El Enigma Sagrado se producen dos fenómenos:

- por una parte el “enigma” se convierte en cada vez más escandaloso: ya no se trata solamente de un tesoro encontrado por un cura, ni siquiera de una dinastía que haya logrado sobrevivir… se trata de que Jesucristo tuvo descendencia y que Pierre Plantard tenía derecho a sentarse a la diestra de Dios Padre. Es evidente que, a partir de este planteamiento, quedaba oca racionalidad que defender. Por tanto, a partir de ese momento, toda la saga se vuelve más abrakadabrante: unos autores repiten las gratuidades históricas que otros han escrito y las aumenta, o de lo contrario, no tendrían lugar en el mercado editorial; otros construyen, pura y simplemente, locuras literarias. Es el caso de David Wood y de su obra –afortunadamente no traducida al castellano- Gínisis (Gínisis, no Génesis). Aquí ya nadie se ha tomado la molestia de falsificar documentos, ni de escarbar en la casuística histórica para aislar misterios reales o supuestos, simplemente se especula sobre el vacío. El propio Henry Lincoln entra en este género con su Temple Retrouvé (tampoco traducido al castellano) y en donde repite lo ya dicho bajando el listón y añadiendo especulaciones geométricas para concluir que “el misterio de Rennes-le-Château es la comarca misma”.

- por otra parte, algunos autores entienden que el “enigma” ya no da más de sí y optan por cambiar de género. No es tampoco algo nuevo. De hecho, en los años 70 y 80, nuestro “investigador ufológico nacional”, J.J. Benítez ya nos había obsequiado con una saga olvidable, Caballo de Troya, compuesta por casi una docena de títulos que le valió. En su biografía se cuenta que a partir de 1979 abandonó su profesión de periodista, y “se dedicó a la investigación por completo”. El resultado sería una saga interminable y, a ratos, incluso zafia sobre Jesucristo y su época. En fin, algo bastante lamentable, buena parte de lo cual, para acabar de arreglarlo, parece que había sido plagiado de un “libro revelado” patrimonio de una secta norteamericana, la Fundación Urantia. A pesar de contar con el apoyo de Editorial Planeta y de presentar su obra como su fuera “ensayo de investigación”, la obra de Benítez fue calificada benévola y unánimemente de “falta de rigor”. El Caballo de Troya de Benítez precede a las especulaciones sobre el Antiguo Testamento que luego alcanzan su primer clímax con El Enigma Sagrado y su paroxismo con El Código Da Vinci. A partir de ese momento se inicia un género maltratado por escritores mediocres el primero de los cuales es Peeter Berling que escribe varios best-sellers sobre la saga del Grial demostrando que carecía completamente de conocimientos, incluso superficiales… sobre la saga del Grial. Con mucha más base y una evidente intención crítica, Umberto Eco había escrito, tras el éxito de El Nombre de la Rosa, una segunda novela, El péndulo de Foucault denunciaba el afán conspiranoico que había aparecido con El Enigma Sagrado.

Eco no es novelista profesional, así que si en El Nombre de la Rosa había creado un andamiaje artificial basado en las horas para estructurar su novela, en El Péndulo de Foucault utilizó los sefirots de la Cábala hebrea. También aquí los templarios ocupan un lugar preferente en la narración. Al final todo resulta ser un “jeu d’esprit” en el que tres editores que desprecian a los autores ocultistas, crean un misterio como forma de evitar su aburrimiento.

Pero Eco, había creado un fantasma novelístico que a partir de ahora caminaría solo: había inaugurado un tipo de novela histórica en la que el ocultismo era el leit-motiv. La calidad intelectual de Eco hacía que, aun no siendo novelista, sus productos mantuvieran una indudable calidad. No puede decirse lo mismo de los miles de novelas históricas –empezando por La Torre de la Catedral del premio Nobel de literatura William Golding- ofrecidas por editoriales cada vez más desaprensivas y dirigidas a un público poco exigente. Novelas escritas como churros y con la misma calidad de la patata. He hablado con algunos autores que se dedican a este género: solo una ínfima minoría tiene conocimientos históricos, pero, aun en ese caso, las necesidades narrativas privan sobre el rigor histórico.

Para los que recordamos la forma en que J.J. Benítez vendía sus siete partes de Caballo de Troya, cuando llegó Dan Brown asegurando que había “realizado una profunda investigación histórica”, no nos sorprendimos excesivamente. Sabíamos lo que iba a ocurrir: jaleado por los medios de comunicación, una obra literaria mediocre, sino rematadamente mala, con poca imaginación, conocimiento históricos obtenidos en libros ocultistas de mala o de malísima calidad, escritos por indocumentados autodidactas que ni siquiera tenían conocimientos en profundidad en materia de ocultismo, iba a gozar de gran popularidad entre un público poco exigente y sin capacidad crítica siempre dispuesto a comulgar con ruedas de molino siempre y cuando se acompañe la rueda con un poco de cat-chup… El cat-chup en este caso es la “garantía” de que el libro es el producto de “una profunda investigación histórica”.

Desde el punto de vista literario, el enorme mérito de Dan Brown es escribir un libro compuesto por capítulos extremadamente breves que no cansen al lector y que puedan leerse entre dos o tres paradas de metro. No hay más. El hecho de que uno de los protagonistas ostente el apellido Sauniére, como el cura de Rennes, ya indica la imaginación que ha empleado en la construcción de la novela.

Como en todo best-seller que se precie, al éxito literario siguió la secuela cinematográfica que apareció en un momento en el que el filme La Búsqueda -protagonizada por Nicolas Cage- ya aludía a templarios, conspiraciones, masones, sociedades secretas, etc.

La primera mitología de masas estaba servida. O quizás era la segunda. Sí, porque, antes había aparecido otra: los extraterrestres habían revalorizado a los cielos, gracias a los OVNIS, millones de personas volvieron a mirar con esperanza la llega de mensajeros del más allá que aportaran una regeneración escatológica del mundo. Pero luego, a fuerza de explotar el fenómeno, a partir de la “autopsia al extraterrestre de Roswell”, el fenómeno entró en regresión: en efecto, los mitos de la modernidad son necesariamente breves porque la memoria de la población es corta y su capaciad de fatiga muy alta. Mirar eternamente a los cielos en la modernidad era imposible, ni siquiera para esperar la llegada del redentor. El hombre moderno, nervioso e inquieto, apenas podía tener la atención fijada por un breve espacio de tiempo en algún fenómeno. Más pronto que tarde, por cualquier motivo –en el caso de los OVNIS, el fraude de Roswell y otros muchos más como éste- el hombre encuentra excusas para mirar a otro lado o manifiesta su hartazgo y desinterés por aquello que hasta el día anterior le había cautivado. Hoy, los movimientos de masas son breves en el tiempo pero intensos en impacto.

Con la mitología de Rennes-le-Château, de los templarios y los cátaros, del cura de los millones, del Rey Perdido y de la dinastía merovingia, del Gran Maestre dl Priorato de Sión y todo lo demás, ocurría exactamente lo mismo. Un libro se mantiene como best-seller un máximo de año o año y medio, acabado el cual, o bien aparece otro best-seller o se cambia de género literario. Pero durante el tiempo en el que uno de estos mitos consigue imponerse está en boca de todos, eclipsa a cualquier otro producto literaria y, sobre todo, a quienes sostienen que se trata de un producto de escasa calidad.

Lo que nació en 1962 ha durado 45 años en sufrir las transformaciones que le han llevado del género de la parahistoria (Templarios entre Nosotros) a prácticamente olvidarse. El destino de los mitos de la modernidad es este: brillar con el doble de intensidad para durar la mitad de tiempo… Contra mayor es el fogonazo, menor es su tiempo.

Y ¿a todo esto? ¿cómo es que el cura de Rennes era multimillonario? Es simple –todo a fin de cuentas es suficientemente simple- traficaba con misas y su superior jerárquico lo sancionó por ello. Así de simple, así de sencillo…

© Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Libro gratuito on|line - Hijos de la Teosofía - La matriz del ocultismo contemporáneo

Infokrisis.- Ofrecemos a nuestros lectores y amigos un libro gratuito en nuestra sección de descargas. o bien pulsando este enlace: Hijos del Tesofosimo. La matriz del ocultismo contemporáneo. Se trata de una recopilación de artículos que hemos publicado en los últimos 10 años sobre temática teosófica. Algunos de los capítulos que forman esta obra son nuevos y han sido elaborados para dar coherencia y secuencialidad a nuestra exposición. La obra trata sobre la matriz del ocultismo contemporáneo, la Sociedad Teosófica, de la que ha derivado un amplio abanico de corrientes que hoy pueblan el panorama ocultista.

La introducción de este trabajo de recopilación viene obligada por la publicación hace un mes y medio, también on|line de la obra El pensamiento excéntrico. Las fuentes doctrinales de Zapatero. En algunos capítulos se aludía al teosofismo como origen de algunas de esas ideas "excéntricas" y se citaba una de las ramas del teosofismo (Alice Ann Bailey y Buena Voluntad Mundial). En esta recopilación se encuadra en el contexto que es propio a esta corriente.

La obra puede descargarse en forma PDF en nuestra zona de descargas (columna de la derecha) y su índice es:

Introducción.
El teosofismo,
fuente del neoespiritualismo contemporáneo          

Capítulo I
Apuntes para una breve historia del teosofismo       

a) La “teosofía” y el “teosofismo”      
b) El clima neoespiritualista del siglo XIX         
c) La irrupción de la Blavatsky      
d) La fundación de la Sociedad Teosófica        
e) Resumen de la doctrina teosofista         
f) Las primeras crisis         
g) La sucesión de la Blavatsky. Annie Besant        
h) El Caso Krisnhamurti

Capítulo II
La ruptura de la Sociedad Teosófica y sus corrientes    

Introducción         

a) La rama humanitarista: Alice Ann Bailey y BVM     

b. La irrupción de Maitreya “Buda de la Nueva Era”   

b) La rama masónica y rosacruciana        
          La masonería teosofista
          Rosacrucianismo teosofista

c) La rama ocultista  

          Nueva Acrópolis y Hastinapura
          La Gran Fraternidad Universal
          Los neognósticos del “Maestro Samael”

e) La rama luciferina: Theodore Reus, OTO, Iglesia de Satán        

          Aleister Crowley y el satanismo contemporáneo
          Fraternidad de Eulis: de Randolph a la Naglowska
          María de Naglowska: La «Sacerdotisa de Lucifer»

f) La rama orientalista: gurús    

g) La rama religiosa: Iglesia Católica Liberal

h) Las ramas alemanas de la teosofía      

          La Antroposofía
          La Rama Ariosófica o el “teosofismo germánico”Jörg Lanz von Liebenfels y “Ostara”
          La Ordo Novi Templi
          La Germanenorden

Capítulo III
Algunas conclusiones       

ANEXO
La teosofía en España       
          El primer núcleo teosófico español
          La extraña vida de Francisco de Montoliu
          El “Mago de Logrosán”

 

 

 

Ha aparecido el número 12 de IdentidaD

Coudenhove-Kalergi ¿Ángel o diablo? (IV de VIII Parte C). El papel del judaismo en la obra de Coudenhove

Infokrisis.- Uno de los aspectos más polémicos de la obra de Coudenhove-Kalergi y los que le han constado más ataques por parte de la extrema-derecha es, sin duda, su actitud hacia el judaísmo. Para colmo, Kalergi estuvo durante unos pocos años –como ya vimos- adscrito a la masonería vienesa y, por si eso fuera poco, además, su esposa era una actriz de origen judío. De ahí a que algunos consideraran a Coudenhove-Kalergi como uno de los “sabios de Sión”, no había más que un paso que muchos no dudaron en dar. No podemos evitar percibir cierta sensación de proximidad entre Coudenhove-Kalergi y las opiniones (y el drama personal) de un alemán de origen judío que tuvo un papel relevante en la Alemania de la I Guerra Mundial y de la primera postguerra, Walter Rathenau.

Sobre los hombros de Rathenau había descansado la responsabilidad de la planificación de la industria armamentística durante la guerra. Y había cumplido. También le cupo la responsabilidad de formar parte de la delegación alemana que negoció el armisticio y los acuerdos de Versalles y, finalmente, fue la única mente verdaderamente notable de la República de Weimar. Había sido presidente de la AEG y dado trabajo a millones de alemanes, pero nada de todo esto le impidió ser considerado como uno de los “sabios de Sión”[1].

Ernst von Salomón, sin duda el mejor escritor de su generación junto a Ernst Jünger, describió con todo lujo de detalles las conversaciones que tuvieron lugar en el mes de XXX de 1922, cuando un grupo de excombatientes de los Freikorps decidieron atentar contra Rathenau. No lo hacían como ejercicio de antisemitismo sino por considerar que Rathenau era una mente superior a cualquier otra que hubiera participado en la República de Weimar y que, por tanto, hubiera podido a contribuir al odiado y débil régimen. Matarlo era para ellos una necesidad vital[2]. Y así lo hicieron. Dos de los tres miembros del comando murieron en los días siguientes y el propio von Salomón permaneció durante seis años en prisión por haber colaborado en el crimen. De la cárcel salió convertido en el mejor escritor de su generación.

En el caso de Coudenhove-Kalergi, la extrema-derecha, igualmente, ha simplificado sus ataques reduciéndolo al papel de marioneta de los judíos o de hacedor del mundialismo. A decir verdad, ni una ni otra acusación son ciertas. Si la extrema-derecha ha identificado la obra de Coudenhove como “masónica”, no se debe tanto a su breve militancia en la masonería austriaca (que no aportó nada esencial a su obra, ni para bien ni para mal y que lo más probable es que ingresara en sus filas, simplemente, para ampliar su radio de acción), sino que lo hace por que todo lo que aparece como superador de los Estados-Nación es, a los ojos de la extrema-derecha “masónico”. El problema es mucho más complejo. Y no digamos en lo relativo a la posición de Coudenhove-Kalergi en relación al judaísmo que merecería un estudio aparte. Vamos a intentar resumir los puntos de vista de Coudenhove sobre este tema y a procurar explicar el por qué de sus posiciones.

a. El sorprendente punto de partida

Idealismo Práctico es una de las obras de Kalergi que nunca han sido traducidas al castellano y que tampoco se encuentra en ninguna de las Bibliotecas accesibles en España. Eso, hace apenas diez años hubiera sido un problema insuperable, sin embargo, en la actualidad la combinación de sistemas de transmisión de archivos en P2P y software de traducción automática, permiten hacer una aproximación al texto. Y eso es lo que hemos hecho. Una parte de este libro está dedicada precisamente a estudiar el papel y la naturaleza del pueblo judío.

Nos llamó inicialmente la atención una fragmento de Idealismo Práctica, a partir del cual desarrollaremos el tema. El fragmento en cuestión dice: “De la humanidad cuantitativa europea que sólo cree en cantidad y masa, se destacan dos razas cualitativas: la aristocracia y el judaísmo. Separados entre sí, cada cual por su lado, tienen fe en su alta misión, su sangre más pura, las diferencias entre clases. En esas dos privilegiadas razas heterogéneas se encuentra el núcleo de la futura nobleza europea: En la aristocracia feudal, mientras que se deje corromper por la corte, y en la aristocracia intelectual judía, mientras no se deje corromper por el capitalismo […]. Aquí lo que una Lenin, el hombre de hidalguía campestre, y a Trotsky, el escritor judío, se convierte en un símbolo…”[3].

 

De este fragmento, en sí mismo, se pueden realizar algunas deducciones. La primera de todas ellas es el autodidactismo que subyace y que ya hemos resaltado. Coudenhove-Kalergi tiene “ideas propias” y algunas de ellas pueden parecer bastante excéntricas si no se tiene en cuenta cómo han llegado hasta él. La presunta “hidalguía campestre” de Lenin, un activista político, maquiavélico y fanático, aparentemente frío y calculador pero que solía caer víctima de los peores subjetivismos[4], en cuanto a considerar a Trotsky como “escritor judío” parece, así mismo, no menos aventurado[5].

Estas especulaciones personales de Coudenhove no pueden hacer olvidar el contenido esencial de la idea que pretende transmitir: en la Edad Media existieron dos “razas puras”, la nobleza y el judaísmo. Le falta explicar el por qué. La nobleza es, efectivamente, una “raza pura” en la Europa de la Alta Edad Media en la medida en que estuvo formada por las aristocracias germánicas que llegaron con las oleadas que destrozaron el Imperio Romano. En España este proceso es extremadamente en los montes Astures y en los Pirineos de los que partieron los dos núcleos originarios de la Reconquista. Sus impulsores fueron exclusivamente nobles visigodos refugiados en las montañas y que mantuvieron (hasta el siglo XI-XII) la idea de reconstruir el Reino Visigodo. Procesos similares aparecieron en otros países europeos siempre con la misma resultante: las aristocracias estuvieron formadas por las élites “barbaras” que llegaron a Occidente en los siglos IV-V. En cuanto al judaísmo, nadie podrá rebatir su carácter de “raza pura”. Hasta ahí el análisis de coudenhove es tan correcto como original. Es, a partir de ese momento, en donde el análisis se convierte en especulación subjetiva.

Repetimos el texto de Coudenhove, tras decir que el núcleo de la “futura aristocracia europea” se encuentra en la aristocracia y en el judaísmo, advierte que el “único problema” sería que la ristocracia feudal se dejara corromper “por la corte” y que la aristocracia intelectual judía, se dejara corromper “por el capitalismo”. Pero desde el siglo XVII las aristocracia europeas ya se habían dejado corromper por las cortes y el judaísmo había sido uno de los factores esenciales en la irrupción del capitalismo, no el único, pero sí uno de los más importantes tal como demostró Werner Sombart en varias obras[6], tesis que ha sido aceptada incluso en medios del judaísmo contemporáneo[7]. Le tesis clásica es que el judaísmo estuvo en mejores condiciones para asumir el capitalismo porque, los siglos en los que el catolicismo prohibió el préstamo con interés, los judíos eran los que se hacían cargo de esas operaciones y eso posibilitó que el pueblo judío estuviera “acondicionado” para la nueva etapa de evolución económica de la sociedad iniciada con las primeras acumulaciones de capital que se produjeron entre los mercaderes Venecianos y Genovesas cuando abrieron el comercio de las especies.

Sea como fuere, Coudenhove realiza un análisis elogioso sobe el judaísmo en Idealismo Práctica que, como todos los análisis de este tipo suelen destacar los aspectos positivos, capacidad intelectual de abstracción, liderazgo intelectual, eludiendo los problemáticos. Por otra parte y, a decir verdad, el liderazgo judío en muchos aspectos no es tal, sino que corresponde al podercentaje real que correspondería a cualquier otro grupo étnico europeo[8]. Por lo demás, frecuentemente, ese liderazgo aparece en personas que han abandonado el judaísmo, mucho más que en judíos afectos a la sinagoga. Ni Marx ni Freud fueron piadosos judíos. De Spinoza o Bergson puede decirse lo mismo. Y si en los orígenes de la física nuclear han aparecido acumulaciones de teóricos de raza judía, no es menos cierto que han estado también completamente ausentes de otras áreas de la ciencia moderna. Hay judíos en música y… muchos más músicos que no son judíos. En cuanto a la abrumadora presencia de judíos en los primeros tiempos de la Revolución Rusa y en las revoluciones comunistas de los años veinte, es cierto que existió y, a decir verdad, no se trató de ninguna élite intelectual, sino que correspondía al papel marginal y la situación social miserable del judaísmo centroeuropeo del que Gustav Meyrinck realiza una descripción magistral en sus novelas[9].

Coudenhove no ve que buena parte del judaísmo centroeuropeo de los años 20 vive en plena miseria. Quiere ver –y ve- en el judaísmo a una “raza superior”, cuando escribe: “La prominente posición de la que goza el judaísmo hoy en día, se debe únicamente a su superioridadi ntelectual que lo capacita para vencer a una inmensa mayoría de rivales privilegiados, hostiles, envidiosos […] Como pueblo, el judío vive la eterna lucha de la cantidad contra la calidad, de grupos interiores contra individuos superiores, de mayorías inferiores contra minorias superiores”[10].

Coudenhove escribe estas líneas en 1925. En ese momento, los sentimientos antisemitas en toda Europa, especialmente en Europa Central, se han alimentado a causa de dos fenómenos: la identificación de algunos exponentes del judaísmo como máximos beneficiarios de la I Guerra Mundial que han edificado sus fortunas sobre la miseria y la ruina de las poblaciones y el anticomunismo generado como rechazo a los excesos cometidos en todos los países en los que estallaron movimientos sediciosos comunistas en los primeros años , a la vista de que estos movimientos tenían entre sus dirigentes a numerosos miembros de la comunidad judía.

Sin embargo, a despecho de las realidades étnicas y sociales, el análisis de Coudenhove-Kalergi puede calificarse, como mínimo de subjetivo en materia judía. Volveremos más adelante a él.

El segundo elemento sorprendente de la “teoría racial” de Coudenhove Kalergi es su alabanza del mestizaje. A decir verdad, fue la primera persona en el siglo XX a la que se le ocurriría glosar las virtudes del mestizaje y proponer una “Europa mestiza”.

Para Coudenhove, en efecto, el mestizage es saludable… a pesar de que identifique en la personalidad mestiza cualidades problemáticas. Escribe eclécticamente: “El resultado es que, en los mestizos, se unen la falta de carácter, el desenfreno, la debilidad de la voluntad, la inestabilidad, la crueldad y la infidelidad con la objetividad, la universalidad, la agilidad mental, la falta de prejuicios y la amplitud de horizontes”[11].

A mayor abundamiento, cuando intenta pintar al hombre del futuro, nos vuelve a sorprender con una declaración que anticipa 80 años el zapaterismo: “El hombre del futuro será un mestizo […] la futura raza afroeurasiática que se parece exteriormente a la del antiguo Egipto, reemplazará la diversidad de los pueblos por la diversidad de las personalidades. Según las leyes genéticas, con la diversidad de los antepasados, crece la versatilidad, mientras que con la homogeneidad de los antepasados, crece la uniformidad de los descendientes. En las familias con cruzamiento consanguíneo, un ihijo se parece al otro, ya que todos poseen los mismos rasgos familiares […] la consanguinidad crea rasgos característicos, el cruzamiento crea personalices características”[12].

b. El origen de su admiración por el judaísmo y por el mestizaje

Estos elementos son perturbadores y se integran malamente en la imagen de marca de Coudenhove-Kalergi como “padre de Europa”. De hecho, se trata de afirmaciones discutibles que empañan lo indiscutible de la necesidad de una entente europeo para superar guerras como la de 1914-18 o la francro-prusiana de 1870 o la última guerra mundial. Pero, para Coudenhove estas ideas son capitales y las plasma en un libro que, cronológicamente, (1925) sigue al lanzamiento de su idea paneuropea (1922). ¿De dónde salen esas ideas?

Es extremadamente fácil contestar a esta pregunta a poco que nos fijemos en algunos datos de su biografía:

1.- Defensa del mestizaje (a pesar de los pesares y de reconocer él mismo que genera individuos “inestables, versátiles, crueles, infieles y débiles”…) es un producto… de su propia condición de mestizo de aristócrata austro-húngaro y madre japonesa, descendiente de un linaje de samuais[13]. Ese doble origen le dio una amplia cultura antropológica, pero también da la sensación a partir de la lectura del capítulo sobre el mestizaje en Idealismo Práctico que, en algunos aspectos de su vida, pesó como una losa sobre su personalidad: era mestizo en un universo de valores que tenía en alta estima a las “razas puras”.

2.- Síntesis de aristocracia con judaísmo: él era un mestizo casado con una actriz judía que se convirtió en estrecha colaboradora suya en el proyecto paneuropeo. A partir de su matrimonio, Coudenhove sintió necesidad de metabolizar su situación personal dándole forma de una teoría de las razas. Además, en su juventud, Coudenhove tuvo tentaciones antisemitas que posteriormente buscaría limpiar.

3.- Aristocratismo y judaísmo: Coudenhove era miembro de una ilustre familia centroeuropea. Él mismo heredó el título de Conde. Al defender una síntesis de aristocracia y judaísmo lo que hacía era reactualizar un viejo mito de la aristocracia europea (especialmente de la francesa y de la centroeuropea, aunque también estuvo presente en el pasado en el Reino Unido). Sintetizamos: esta concepción quería que por la aristocracia europea discurría la sangre de la Casa de David y no en sentido alegórico sino físico, a través de mezclas que tuvieron lugar a partir del período carolingio[14].

4.- Europeismo como resultado del mestizaje: La saga de los Coudenhove era oriunda de Flandes donde ya ostentaba titulo de nobleza y se trasladó a Austria al estallar la Revolución Francesa. En cuanto a los Kalergi con los que se fusionaron a mediados del siglo XIX, eran ricos cretenses. La saga se había cruzado a lo largo de los dos últimos siglos con polacos, bálticos, noruegos, franceses y alemanes. El padre de Coudenhova hablaba 16 idiomas y desempeñó cargos diplomáticos en Atenas, Constantinopla, Río de Janeiro y Tokio. Nadie mejor que él para intentar una síntesis.

Coudenhove, deliberadamente o movido por resortes de la psicología profunda, creó un sistema que respondía exactamente a su biografía y a los condicionamientos que le imponía. De hecho, en pocos intelectuales del siglo XX estos condicionamientos de origen han estado tan presentes en su obra.

Vamos a ver ahora la que sin duda constituye la característica más perturbadora de las que hemos mencionado: la relación entre la aristocracia europea y el judaísmo.

c. El judaísmo y la aristocracia europea. Planteamiento global

A fuerza de repetir la idea de que la monarquía liberal de hoy fue ayer monarquía absoluta y anteayer monarquía de derecho divino, nos hemos olvidado de explicar de dónde venía esta última noción. Como si nuestros antepasados hicieran gala de una mentalidad absolutamente planeante y se hubieran sacado de la manga una idea ingneua y gratuita… la de que el monarca, por el mero hecho de haber sido “coronado” ya pasara a tener la bendición de Dios.

Si sacamos a colación este tema en el contexto de un estudio sobre la vida y la obra del conde Coudenhove-Kalergi es precisamente porque tiene mucho que ver con él y con su toma de posición en relación al judaísmo. A medida que vayamos desglosando esta parte entenderán en donde reside el interés de realizar una excursión por la doctrina del “derecho divino”.

Wikipedia, esa mezcla inextricable de patanería y erudición, de mezcla de conceptos correctos con verdaderos alardes de ignorancia, todo ello a partes iguales, nos dice que “el derecho divino de los reyes es una doctrina política y religiosa proveniente del absolutismo político”[15]. Error puesto que la doctrina del derecho divino es anterior a la aparición de las monarquías absolutas.

La doctrina del derecho divino sostiene que la autoridad y legitimidad de un monarca está justificada por la voluntad de Dios. Cualquier acto del rey no es más que la traducción exacta de la voluntad de Dios. Toda prerrogativa real derivaría pues de la voluntad de Dios, y no de la voluntad de sus súbditos, de la constitución o del capricho real. Por lo mismo, un rey solamente estaba legitimado en cuando que aceptaba ser el medio a través del cual la voluntad de Dios se concretaba en su reino.

En las luchas entre guelfos y gibelinos en la Italia medieval ya se percibe claramente a lo que llevaría la doctrina del derecho divino de los reyes[16]. Explica Evola la esencial de gibelinismo:

“Según la teología gibelina, el Imperio era una institución de carácter y origen sobrenatural como la Iglesia. Tenía una naturaleza sagrada, así como también casi sacerdotal (y en efecto estacleida a través de un rito que sólo por algunos detalles se diferenciaba del de la ordenación de los obispos) había sido, en el primer Medievo, la dignidad de los mismos Reyes. Es en base a esto que los Emperadores gibelinos, exponentes de una idea universal y supranacional, que tenía la figura –según una expresión característica de esa época- de lex animata in terris, de ley viva en la tierra, se contraponían a las pretensiones hegemónicas del claro, considrando que tenían sólo a Dios por encima de ellos, una vez que hubiersen sido regularmente investidos de su función. Ellos no se contraponían al Papado tan sólo sobre el plano de una rivalidad política, como lo quiere la miopía historiográfica que se encuentra en la base de la común enseñanza escolar. La contienda política no fue sino consecuencia ocasional respecto de aquella existente entre dignitates remitidaas ambas al plano espiritual”[17]

Y más adelante:

“El conflicto entre la visión “gibelina” y la del guelfismo existió en germen ya con el surgimiento del cristianismo a través del contraste entre dos concepciones generales, de las cuales en aquel tiempo era bien visible su carácter irreconciliable. La una era la concepción dualista caracterizada por la fórmula “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, y de este modo por una separación entre instituciones humanas y orden sobrenatural. La segunda –la romana y puede decirse qu también la tradicional- era una concepción jerárquica que consideraba en los jefes de los hombres a los representantes de un poder de lo alto, puesto que –las palabras por lo demás son del mismo San Pablo- “toda potestad viene de Dios”, con la consecuencia de reconocer un valor también espiritual y religioso a toda actitud de lealtad y a toda disciplina política”[18]

En síntesis, las dos concepciones antagónicas que dinamizan toda la edad media se basan, la primera en la doctrina de la doble naturaleza, espiritual que sería encarnada por la Iglesia y temporal que lo estaría por el Imperio. Dado que el espíritu es superior a la materia y al tiempo, la Iglesia –esto es el papado y quien lo ocupara- estaría por encima del Emperador. La segunda es la doctrina de “doble espada” que afirmaba que el Imperio era a la vez una entidad espiritual y material y el Emperados tenía, así mismo el carácter de líder político pero también religioso[19].

Lo que estaba detrás de estas dos concepciones era la doble vía que presentaba la Biblia, de un lado en el Antinuo Testamento con la figura de Melquisedec, a la vez “rey, sacerdote y profeta” y de otro en el Evangelio con la figura de Pedro (el que ata en la tierra para que sea atado en el cielo y el que desata en la tierra para que sea desatado en el cielo). La consagración de los emperadores gibelinos se remitía a la primera concepción, mientras que la del papado inspiraba a los sucesores de Pedro[20].

De esta segunda concepción, nacería con el tiempo, la idea de la “monarquía de derecho divino”. El rey lo es “por la gracia de Dios”. Y el acto de la consagración real pasa a ser el instante ritual en que recibe esa “gracia” del prelado de turno. Pero se trata de una doctrina relativamente tardía que aparece cuando el gibelinismo ha sido vencido, tras la muerte de Federico II Hohenstaufen. Pero ¿y antes? ¿en qué basaban los reyes su autoridad? Es fácil responder a la cuestión.

Tras la caída del Imperio Romano, las invasiones germánicas generaron una nueva aristocracia en toda Europa (de ahí que Coudenhove dijera que en la edad media solamente había dos “razas puras”, la caballería y el judaísmo, acertara plenamente). Inicialmente, algunas monarquías bárbaras como la merovingia en Austrasia y Neustria el rey era elegido entre un linaje noble caracterizado por algún signo distintivo. Los merovingios eran los “reges criniti” (monarcas velludos o monarcas con crines). Esta concepción abarcó a otros pueblos “bárbaros” y aparece en toda Europa en la Alta Edad Media: es Arturo cuyo nombre deriva de Arktos, el oso, animal caracterizado por la estrema frondosidad de su pelaje, o en episodios como la “muerte” de Don Favila, sucesor de Don Peñayo al frente de la resistencia anti-islámica en los montes astures que intentaba restaurar la unidad e integridad del reino visigodo. Cuenta la tradición que Favila fue muerto por el abrazo de un oso, lo que hoy suele reconocerse como rito de iniciación en la que el rey asumía el poder y la fuerza del oso. La pilosidad parecía distinguir a los linajes elegidos en las monarquías germánicas.

Marc Bloch ha podido escribir:[21] "La larga cabellera que constituía el atributo fundamental de la monarquía franca era ciertamente en su origen un símbolo sobrenatural concebido como la sede del poder maravilloso que se les reconocía a los hijos de la raza elegida. Se llegó incluso a concederle un valor mágico”.

El Rey merovingio, además, estaba marcado por otros rasgos distintivos de pertenencia al linaje sagrado: al nacer, tenía una mancha a la altura del pecho en forma de cruz. El mismo pelo, en el linaje regio merovingio no era una cabellera sino verdaderas crines particularmente gruesas que se extendían a lo largo de la columna vertebral[22]. Seguramente el hecho de que muechos de estos pueblos tuvieran al jabalí como animal totémico tiene mucho que ver con todo esto.

A pesar de haberse bautizado, los merovingios conservaron la tradición germánica de elección de sus reyes entre los miembros del linaje sagrado adornado con los rasgos físicos que le eran propios. Los nobles, a la vista de los signos de legitimidad, procedían a elegir al “rey legítimo”. El acto de “consagración” consistía simplemente en elevarlo sobre su escudo por los mismos nobles que lo habían elegido, símbolo de los pares que aceptaban su liderazgo. Se pedía al rey que reinara, que tuviera una vida justa y limpia, que su serenidad se situara en la cúspide del poder, por encima de las mutaciones de lo humano. Reinaban, pero no gobernaban: de eso se encargaban los mayordomos de palacio y antes, en las batallas, los “Dux Bellorum”. Por una fatal confusión de la lengua francesa, el rey “fait neant” (hacía nada, esto es, era el “motor inmóvil” que revestía el mismo sentido que el Apolo Délfico: sol inmóvil situado en el centro de la creación), esto es, el rey que “reinaba pero no gobernaba”, paso a ser el rey “faineant”, literalmente el “rey haragán”[23].

Extinguida la monarquía merovingia, el problema de sus sucesores consistió en aureolarse de legitimidad. Ellos no tenían los signos físicos que les marcaban como los elegiso, así que tuvieron que buscar un justificante para que su autoridad fuera respetada por todos.

Carlomagno abordó el problema desde dos puntos de vista: de una lado, la legitimidad de su Imperio procedía de ser la continuidad de “Roma la Grande” y en su coronación se utilizó la fórmula “renovatio romani imperio”. Pero eso no parecía suficiente para una nobleza y para un tiempo turbulento. Así que Carlomagno intentó apoyar su dinastía en otro recurso.

A partir de ahora cedemos la palabra a Artur J. Zuckerman[24], historiador norteamericano que ha elaborado un interesante planteamiento al respecto. Nuestra experiencia personal confirma la tesis de Zuckerman. Durante nuestra estancia en París tuvimos ocasión de relacionarnos con algunas familias de la nobleza francesa y centroeuropea cuyo concepto de la monarquía enlazaba perfectamente con la tradición instaurada por Carlomagno. Zuckerman presenta la siguiente tesis: los carolingios buscaron deliberadamente enlazar con el más sagrado de los linajes dinástcos, el representado por la Casa de David que había contado entre sus reyes, al gran rey de Israel y a Jesucristo. Si había un linaje “sagrado”, éste era el de David. No en vano la Biblia así lo afirmaba. Por lo tanto, el único linaje susceptible de hacer de la monarquía franca una entidad “intocable”, a falta de viejas tradiciones y de signos corporales definitorios, era unirse a la Casa de David.

Joaquín Javaloys llega a las últimas consecuencias de la vía emprendida por Zuckerman: “El elemento común en todas las ceremonias de coronación real en Europa en los siglos octavo y noveno es el vínculo que se establece, al ser ungido el rey, con los prototipos bíblicos David y Salomón”[25] y unas líneas más adelante, añade: “Los Carolingios, al unirse matrimonialmente con la Casa de David, crearon una familia davídico-carolingia que asumió la legitimidad para gobernar a las naciones que Dios había concedido a David y a sus descendientes (…) Carlomagno pudo ser coronado emperador como heredero en Occidente de los antiguos Césares y como caudillo del nuevo pueblo elegido de Dios que era toda la Cristiandad, confirmando y haciendo duradera la alianza entre el trono y el altar que le comprometió a proteger a la Iglesia y al Papa de Roma”[26]

La tesis de Javaloys que completa la de Zuckerman es que “desde Sancho Garcés I, rey de Navarra, hasta Juan Carlos I de borbón, pasando por Alfonso VII, rey de Castilla y León y por Felipe II de Austria, todos los reyes españoles son indudablemente descendientes del rey David de Israerl, pues, en definitiva, los reyes españoles, por los Capetos de Francia, proceden en último término del emperador Carlomagno y de Makhir David-Teodoric, príncipe y jefe de la Casa de los descendientes directos de David”[27].

Si esto es cierto y los carolingios lograron unirse a la Casa de David, huelga cualquier doctrina del “derecho divino”, basta repasar la Biblia para ver que esta era la dinastía elegida por Dios en la que nació su Hijo y, por tanto, quien enlazara con ella, se hacía indiscutible. El problema vino cuando las convulsiones medievales hicieron que se perdiera la memoria de los orígenes y esta situación se enturbiara con los progroms antisemitas que se hacen frecuentes en el siglo XIV. Lo que hasta ese momento había un timbre de legitimidad, corría el riesgo de no ser entendido por un populacho que cada vez demostraba más beligerancia hacia el judaísmo, esto es contra el judaísmo.

Marc Bloch realiza pesquisas sobre un “milagro” que realizaban los monarcas franceses hasta Luis XVI: la curación de enfermedades por imposición de manos. A lo largo de más de 400 páginas de su famoso libro, Bloch presenta una documentación exhaustiva que avala la realidad de ese milagro. Se sabe, así mismo, que el prestigio que tuvo Carlos, Príncipe de Viana, de madre francesa, derivaba de que curaba enfermedades por imposición de manos. Bloch explica que los monarcas galos inicialmente curaban una amplia gama de enfermedades pero que, poco a poco se fue reduciendo. En el Renacimiento curaban la migraña y la escrufulosis, pero Luis XIV ya solamente curaba la migraña[28].

A partir de la instauración de la Inquisición, el enmascaramiento del origen judío de las monarquías europeas se generaliza y es entonces y sólo entonces cuando se establece la doctrina del derecho divino en la que las alusiones a la Casa de David son solamente simbólicas.

El origen remoto de la legitimidad monárquica obtenida en función del enlace con la dinastía de David se oculta para los más, pero sigue transmitiéndose de generación en generación a la alta nobleza europea y así llega a los que, sin duda, serán sus últimos representantes dignos en el siglo XX. Es pues, normal, que el conde Coudenhove-Kalergi, miembro de esa nobleza, mantuviera el recuerdo de sus orígenes y, utilizando argumentos propios para reforzar una concepción que a principios del siglo XX era patrimonio solamente de la alta nobleza europea –y en concreto de capas del legitimismo francés y del jacobitismo inglés y de algunos exponentes de la Casa de Habsburgo y de los Habsburgo-Lorena. Esta concepción fue la que ilustró Coudenhove-Kalergi en el capítulo de su obra Idealismo Práctico dedicada a la nobleza y a los judíos.

Queda ahora explicar el episodio histórico que enlaza a Carlomagno con la Casa de David. Es relativamente sencillo[29].

Como apéndice de su obra, Zuckerman reproduce el facsímil del llamado Sefer Seder ha Kabbaabah, de Abraham ibu Dandi actualmente en el Seminario Teológico Judío de América[30]. En esta obra se dice:

“Entonces el Rey Carlos envió una petición al Rey de Babilonia para que le remitiese uno de sus judíos descendiente de la Casa Real de David. Él la acogió y le envió uno de allí, un magnate y sabio, de nombre Rabbí Makhir. Y Carlos lo estableció en la capital de Narbona y lo instaló allí donde la dio grandes posesiones cuando la capturó de los ismaelitas. Y él tomó como esposa a una mujer de entre los magnates… y el Rey lo hizo noble. Este Nasí Makhir se convirtió en el caudillo. Él y sus descendientes emparentaron con el Rey y con todos sus descendientes”.

Este texto merece algunas precisiones: el “Rey Carlos” es Carlomagno y el “Rey de Babilonia”, el califa de Bagdad. Nasí es la palabra judía que equivale a príncipe. Sobre la confirmación de este téxto, Javaloys saca a colación un artículo de Arleth Graboïs, profesor de la universidad de Haifa quien dice: “esta tradición hebraica está confirmada por un texto, compuesto hacia la misma época, redactado en la abadía de Lagrasse y conocido por el nombre de la crónica de “Seudo-Philomeno”, según el cual “Carlomagno, confirmando a Makhir, el descendiente del rey David, su título real repartió Narbona entre el arzobispo, Aimeri de Narbonne y los judíos”[31]. Esta es la parte de la historia más conflictiva aue, para colmo ha resultado irreparablemente dañada cuando escritores a medio camino entre el periodismo mal llamado de “investigación” y los folletones de capa y espada han incluido su versión de los hechos en relatos de pura ficción[32]. Zuckerman se basa en el estudio de un privilegio de Carlomagno concedido en el 791 por el que se confirmaba el rango, la dignidad y la autonomía del Principado judío en el sur de Francia, a ambos lados de los Pirineos[33]. Pero existe una confusión: se trata de toda la “marca hispánica” y es difícil que toda ella, constituida por el esfuerzo de la nobleza visigoda que, luego, apoyada por los francos, consiguiera liberar del Islam un amplio territorio que incluía la Septimania[34] y llegaba hasta la línea del Ebro.

Sea como fuere, de lo que no hay duda es de que Alda, la tía de Carlomagno, se casó con el exilarca judío de Bagdad, Makhir, que una vez en Septimania cambió el nombre por Teodorico o Thierry. Este es el primero de una serie de enlaces que unirán al linaje descendiente del exilarca a todas las casas reales europeas[35].

Mil doscientos cincuenta años después de que ocurriera todo esto, en algunos sectores de la nobleza europea todavía se tenía una oscura memoria de lo que había supuesto este régimen de cruces con la Casa de David: el entronque de las dinastías “bárbaras”, surgidas de las aristocracias germánicas que habían derribado al Imperio Romano con la única dinastía indiscutible y legítima en tanto que hundía sus raíces en la Biblia y había sido elegida por la divinidad como cuna de su Hijo. A medida que los progroms antisemitas deslizaron a la población europea por la ruta de la oposición al judaísmo, las monarquías europeas enmascararon esa voluntad de entroncar con la Casa de David, pasando a referirse al “derehco divino” de los monarcas como fuente de legitimidad. Sin embargo, en la aristocracia centroeuropea todavía quedaba el recurso de que en los albores de la Edad Media, solamente existían, tal como Coudenhove-Kalergi había afirmado, dos “razas puras”: la caballería (surgida de las aristocracias germánicas) y el judaísmo.

Tal es el origen de las tomas de posición de Coudenhove sobre la “cuestión judía”.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

[1] Dominique Venner, Baltikum, La Storia dei Corpi Franchi, Germania 1919-1921, Ciarrapico Editore, Roma 1981, Capítulo XVI, La “vehme” punisce i tradittori, pág. 307 y sigs.

[2] Dominique Venner, Baltikum, op. cit., pág. 325.

[3] Idealismo Práctico, op. cit., pág. 45.

[4] En 1916, cuando Lenin languidecía en su exilio suizo y los alemanes todavía no habían llamado a su puerta enviándolo, literalmente empaquetado a la rusia zarista para que deslabazara su retaguardia, sostenía la “interesante” idea de que Suiza era el país europeo en donde antes estallaría la “revolución proletaria”… porque allí el proletariado “tenía armas” (las del servicio militar que consevan los suizos en sus hogares). Lenin, como máximo puede ser considerado un analista político fanático y dotado por la diosa Fortuna mucho más que por sus cualidades de prospectiva.

[5] Trotsky era el genial agitador, el despiadado conductor del ejército rojo y otra versión del analista político, que intenta ser frío pero que, como Lenin apenas hace otra cosa que establecer una visión apriorística que luego intenta por todos los medios justificar en función de exhaustivos análisis. Es decir, lo contrario al “método científico”.

[6] Ver a este respecto: Werner Sombart, El Burgués, Alianza Universidad, Mdrid, 1972, especialmente Capítulo 17, pag. 240, Capítulo 21 (Los Judios), pág. 273 y Catítulo 24 (Las emigraciones de los judíos), pág. 306.

[7] En la web argentina “Torah”, (http://www.tora.org.ar/contenido.asp?idcontenido=1202), Yehuda Levi culmina su estudio titulado “La Torah es ¿capitalista o socialista? con esta frase: “En definitiva, el aparato económico de la Torá es capitalista, pero su espíritu es socialista”.

[8] Por el contrario, Coundenhove-Kalergi pensaba que la presencia de judíos en las élites intelectuales era superior a la normal. Escribe: “Con estos dos intentos de salvación de la espiritualidad y las costumbes, el judaísmo ha auspiciado más que ningún otro pueblo a las masas desheredadas de Europa. Así como el judaísmo moderno supera a todos en el porcentaje de hombres importantes: apenas un siglo después de su liberación, este pequeño pueblo está a la cabeza de la ciencia moderna con Einstein, a la cabeza de la música moderna con Mahler, a la cabeza de la filosofía moderna con Bergson, y a la cabeza de la política moderna con Trotsky” (Idealismo Práctico, op. cit., pág. 51-52).

[9] Véase el blog: http://gustavmeyrink.blogia.com en donde estan insertadas algunas de las obras de este novelista, entre otras El Golem cuya acción se desarrolla en el gueto judío de Praga: no nos engañemos, el clima de estos guetos era de miseria pura y simple y, por tanto, era un nido de agistadores y militantes comunistas.

[10] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 52

[11] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 21

[12] Idealismo Práctico, op. cit.. pág. 22

[13] Dato aportado en Wikipedia, edición norteamericana, http://en.wikipedia.org/wiki/Count_Richard_Nikolaus_von_Coudenhove-Kalergi

[14] Esta idea está sintetizada en la obra de Joaquín Javaloys, El origen judío de las monarquías europeas, Editorial EDAF, Madrid 1999.

[15] http://es.wikipedia.org/wiki/Derecho_divino_de_los_reyes

[16] Un amplio estudio de este conflicto puede encontrarse en Julius Evola, Rivolta contro il mondo moderno, Edizioni Mediterranee, Roma 1988, Capítulo Traslazione dell’Impero. Il Medioevo ghibellino, pág 350 y sigs. También en Julius Evola Los hombres y las Ruinas, Ediciones Heracles, Buenos Aires 1994, Capítulo X, Tradición – Catolicismo – Gibelinismo, pág. 131 y sigs. Y, finalmente Julius Evola, El misterio del Grial y la Tradición Gibelina del Imperio, Plaza-Janés, Barcelona 1977, Epílogo: 29. Inversión del gibelinismo, pág. 241 y sigs.

[17] J. Evola, Los Hombres…, op. cit., pág. 133-34

[18] J. Evola, Los hombres…, op. cit., pág. 135.

[19] Evola analiza detenidamente todas estas concepciones cuando describe el carácter sobrenatural que tenía para los romanos la idea imperio (J. Evola, Rivolta…, op. cit., pág. 321 y sigs.) y la idea gibelina medieval (J. Evola, Rivolta…, op. cit., pág 364 y sigs.).

[20] A lo largo de infinidad de artículos y ensayos, J. Evola desarrolla esta argumentación tras los pasos de René Guénon quien, como era habitual en él, se negaba a alcanzar las últimas consecuencias de sus afirmaciones. En este caso, Evola se limita a desarrollar lo apuntado por Guénon en El Rey del Mundo, Ediiones Alternativa, Barcelona 1988, Capítulo II, Realieza y Pontificado, pag. 15 y sigs., y Capítulo VI, “Melki-Tsedeq”, pág. 53 y sigs.

[21] Marc Bloc, Les Rois thaumaturges, Gallimard, 1924, pág. 319.

[22] Gerard de Séde, La race fabuleuse, Editions J’ai lu, París 1973. Pág 43-59.

[23] De Séde, LA race…, op. cit., pág. 62.

[24] Artur J. Zuckerman, A Jew Princedom in Feudal France, 768-900, Columbian University Press, 1972, págs.

[25] J. Javaloys, op. cit., pág. 17.

[26] J. Javaloys, op. cit., pág. 17.

[27] J. Javaloys, op. cit., pág. 21.

[28] Hay que pensar, por otra parte que en el siglo XVII empieza a experimentarse la decadencia de la nobleza y muy especialmente de las casas reales europeas. Luis XIII, casado con Ana de Austria, durante 23 años fue incapaz de engendrar un hijo. Fue solamente en las postrimerías de su reinado cuando se produjo el “episodio de Val-de-Grâce”. Luis XIII prometió a la Virgen construir una Iglesia en ese lugar si su mujer era capaz de concebir un hijo… Nueve meses después, efectivamente, nace ese hijo que será Luis XIV y del que nadie duda que es un bastardo. Al morir Luis XIII se sabrá que físicamente era incapaz de satisfacer a una mujer e incluso de penetrarla. La biología puede hacer milagros, pero la maledicencia popular hace de Luis XIV el hijo de Mazarino o del propio Richelieu. (G. de Séde, op. cit., Cap. Le Secret de la Fronde, pág. 114 y sigs.). Si esto es cierto, a partir de Luis XIV los borbones de Francia han perdido la pureza de su sangre.

[29] Lo más controvertido de la tesis de Zuckerman y lo que hace que su construcción peligre no es su estudio sobre los enlaces reales carolingios sino la existencia de lo que él llama “Principado Judío de Septimania”.

[30] A. Zuckerman, op. cit., pág. 384 y sigs.

[31] J. Javaloys, op. cit., pág. 16.

[32] Nos estamos refiriendo a la saga de El Enigma Sagrado de Michel Baignet, Richard Leigh y Henri Lincoln (Martínez Roca, Barcelona 1985) que tuvo su secuela en El legado mesiánico de los mismos autores (Martínez Roca, Barcelona 1987), y, finalmente, en la famosa novela El Código de Dan de Peter Brown (Umbriel Editores, Barcelona 2003) y, anteriormente, tomado como base por Umberto Eco en El Péndulo de Foucault (Novedades de bolsillo, Barcelona 2003). Todas estas obras parten de la documentación –en buena medida falsa y elaborada a propósito por un estrafalario personaje que se presentaba como el “último merovingio”, Pierre Plantard. El origen de esta saga fue, precisamente, una obra escrita en 1967 por Gerard de Séde, El misterio de Rennes le Château (Plaza Janés, Barcelona 1969) que fue elaborada con materiales facilitados por el propio Pierre Plantard, quien hasta 1973 facilitó lo esencial de la información para las obras compuestas por De Sede (buena parte de Templarios entre nosotros, Editorial Mateu, Barcelona 1965), parte de El Misterio Gótico, Plaza Janés, Barcelona 1981 y la totalidad de La Race Fabuleuse, op. cit.).

[33] Zuckerman, op. cit., pág 35, reproducido en J. Javaloys, p. cit., pag. 47.

[34] Es importante recordar el papel que tuvo Septimania en la caída del Reino Visigodo de Tolodo, no solamente porque poco antes de empezar la invasión islámica, el Conde Paulus, un noble hispano-romano, se había sublevado en la zona de Catalunya y la Septimania transpirenaica, sino porque los dos últimos reyes visigodos de Toledo, Akhila y Ardo, fueron elegidos en Septimania. A este respecto ver artículo de Olegario de las Eras en la revista IdentidaD nº 6, pág. 32-33.

[35] Javaloys en el apéndice de su obra ha incluido 30 páginas de cuadros genealógicos para demostrar esta filiación, op. cit., pág. 220 al final.