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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Sobre la reunión del G-20 (IV de IV): 6. Lo que dirá Zapatero en Washington: la “salud de nuestra banca”

Infokrisis.- En un foro como el G-20, parece difícil que Zapatero pueda decir algo que les suene bien a  los países en vías de desarrollo  y no va a poder recurrir a sus temas favoritos: “los objetivos del milenio”, la “eliminación de la pobreza”, la “lucha contra el hambre en el mundo”, etc. Y es una pena, porque en ese terreno, Zapatero se mueve bien, crispa la mandíbula, pone ojos de carnero degollado y parece como si nos quisiera vender un vehículo de segunda mano. Su discurso, va a ser breve, tirando a brevísimo,  lo justo para que lo reproduzca un informativo de TV sin dar tiempo a los televisionarios a cambiar de canal.  Parece difícil que Zapatero pueda decir algo verdaderamente constructivo sobre cómo remediar los males de la economía mundial.

A mayor abundamiento, si alguien debería de permanecer callado, cabizbajo y meditabundo en su silla plegable, colocado junto al butacón de Sarkozy, es precisamente Zapatero, pues no en vano la “octava potencia económica mundial” tiene un sistema económico enfermizo y achacoso cuyo mal endémico es el paro y sin esperanzas de que nunca mas, ni mañana ni dentro de veinte años, la construcción vuelva a ser lo que un día fue, mientras que al sector turístico solamente le cabe ir cediendo plazas a otros países europeos, especialmente al Adriático. Y, para colmo, sin modelo alternativo. Una joyita, vamos.

Zapatero siempre ha alardeado –al menos desde el momento en que reconoció que crisis, lo que se dice crisis, estaba presente y muy presente– de que puede “enseñar al resto del mundo” las delicias del sistema de regulación de la banca española… Esta mentira, mil veces repetida, se ha convertido en una verdad oficial, coreada por los banqueros en pleno: es su forma de mantener la confianza y las acciones de inversores algo ingenuos. Solbes la repitió en su entrevista con Herrera Carlos: "los controles son mayores que en cualquier otro país occidental", por lo tanto a salud de nuestro sistema financiero es “envidiable”… ¿Envidiable? ¡Pero si aquí  nuestrosistema bancario ha generado el mismo pastel que en EEUU. Lo que ocurre es aquí las cosas van con algo de retraso y la crisis todavía no ha alcanzado en toda su potencia a ¿nuestro? sector bancario.

Si nuestra banca gozara de buena salud, el Estado no tendría necesidad de emitir deuda pública por valor de entre 30 y 50.000 millones de euros para acudir en su ayuda en cuando aparezcan las primeras grietas en el edificio. Porque esas grietas aparecerán, están apareciendo ya. Y lo que es peor, esa deuda pública pagará unos intereses que la única forma de recaudar es mediante un aumento de la presión fiscal. y contribuirá a ralentizar aún más nuestra economía. Si el sistema bancario español tuviera una salud garantizada a toda prueba y estuviera seguro de que los controles bancarios establecidos funcionan, el Estado nunca jamás, nunca, hubiera accedido a algo tan grave como editor deuda pública, para recaudar un dinero que no tiene, en un momento en que ya hemos llegado al límite prudencial de endeudamiento del Estado. Los rumores sobre la insolvencia de nuestras entidades financieras colapsaron los foros económicos de Internet y ocuparon amplios espacios en los medios de comunicación económicos. ¿De qué “salud” está hablando Zapatero?

Para colmo, Botín y los demás banqueros, ponen empaque a la situación aludiendo añadiendo al calificativo mil veces repetido de “solvencia”, el de “seriedad”. Y lo dice un Botín con tirantes rojos emergiendo de entre su tripa. ¿Seriedad? ¿Qué seriedad? La banca española ha comprado productos bancarios en cantidades no comunicadas a los medios, los ha vendido cobrando una comisión, sin preocuparse de lo que estaba vendiendo, ni de la solvencia de las operaciones, ni de lo que vendían. Y el Santader es probablemente el banco más pringado en esta verdadera estafa por desidia.

En efecto, no es ningún secreto que Banif es una entidad vinculada al Banco de Santander –de Santander, sí, ese paradigma de “solvencia” y “seriedad”-, Pues bien, Banif es una de las empresas que más bonos de Lehman Brothers ha vendido en España. No se sabe la cantidad, por supuesto; hacerla pública equivaldría a que el “gran” banco de Santander quedara en entredicho. En cuanto a las Cajas de Ahorro, se han literalmente rebozado en activos tóxicos norteamericanos: Caja Madrid, Unicaja, La Caixa… si son incapaces de dar cifras de la basura que han comprado o de los productos insolventes que han vendido a sus clientes, es simplemente para retrasar unos meses más el desplome que inevitablemente se producirá entre el segundo trimestre de 2009 y el primero de 2010, cuando la morosidad de hace cuadriplicado en relación a la actual.

En lo que si ha tenido razón Botín es en que el sistema bancario español es “rentable”: rentable a fuerza de cobrar comisiones por venta de productos-basura, esto es, rentable porque sangre y engaña a sus clientes; rentable porque reparte beneficios pero socializa pérdidas. Rentable por que a fuerza de secretismo, los únicos que a fin de cuentas podrán negociar, retirar y rentabilizar sus activos son los propios consejos de administración de la banca que, en el momento en que se produzca el desplome bancario, se desharán de sus acciones y las convertirán en productos más rentables ¿en la bolsa de Pekín? ¿en la de Adis-Abeba? ¿en las de Malasia? ¡Qué más da! Si el político nunca adopta decisiones que le perjudiquen, el banquero emerge sobre la ruina de sus propios clientes y del despido de sus propios empleados: para que unos pocos ganen, muchos deben perder…

Ah, y los bonos emitidos por el Estado se están vendiendo mal, incluso en China, ¿quién cree en la salud de la economía española?

Más sobre la “seriedad” de la banca española: al igual que la americana, exactamente igual, “nuestra banca” ha concedido créditos hipotecarios sobrevalorando los pisos en un 30% de promedio. Y lo que es peor, no solamente han dado créditos por el 80% de la tasación, como aconsejaba la prudencia y como hicieron durante muchos años, sino que llegaron a dar hipotecas por el 110%, lo que habida cuenta de la sobretasación, equivalía a dar hipotecas por el 143% del valor del inmueble… ¡a gentes que cada vez más tenían menos solvencia e, incluso, menos experiencia en consumo, inmigrantes a los que se les hizo creer que la forma de ahorro en España era la compra de viviendas y que en cuanto quisieran deshacerse de ella, en apenas 5 años habría duplicado su valor…!

Seamos realistas: en España, todos los bancos, sin excepción, prácticamente, han hecho lo mismo que los bancos norteamericanos: sobretasar, dar créditos de manera irresponsable por un valor superior al real, y buscar dinero en entidades financieras extranjeras… ¡un dinero que en breve no van a poder devolver! ¿Por qué creéis que en octubre el gobierno concedió 30.000 millones de ayuda a la banca? Simplemente porque el 31 de diciembre vencían muchos de esos créditos que debían pagar ¡y no podían!

Por eso el gobierno miente cuando dice por activa y por pasiva que ese dinero es “para reactivar el crédito”… y, por eso también, los bancos exigen que no se publiquen las cifras de ayuda que precisa cada banco… Estamos ante una estafa en la que un Estado al borde de la insolvencia, pide un crédito para pagar a unas entidades financieras situadas sobre el vacío y los intereses de esos bonos los vamos a pagar todos los españoles mediante nuestros impuestos.

Esta es la “solvencia” y la “seriedad” del sistema bancario español. ¿Esto es lo que va a vender Zapatero en la cumbre del G-20? ¿Qué leccioncilla puede dar el maestrillo del país más arruinado de Europa Occidental y, por extensión de “occidente”, después de los EEUU.

Ni la Comisión Nacional del Mercado de Valores, ni el Banco de España, ni el ministerio de economía, ni industria y comercio, ni la Dirección General de Seguros, ni el presidente del gobierno, ese lerdo absoluto en materia económica y zote en gestión de crisis, han demostrado servir para gran cosa: ni han evitado la entrada de activos tóxicos, ni han impedido que la banca española concediera créditos hipotecarios y líneas de crédito alegremente y sin garantías… Y, para colmo, ha tenido que venir Solbes ante el inquisidor  de ustedes, Herrera Carlos (probablemente el mejor periodista que circula hoy por las emisoras de radio), para que los oyentes nos enterásemos de que los bancos han llegado hasta prestar ¡una cantidad global cuarenta veces superior a los efectivos de que disponían!

Si Zapatero tuviera una receta, la aplicaría en España. Esa receta no existe y es más posible que, de existir, fuera descubierto por un párvulo que por el presidente del gobierno.

¿Para qué va Zapatero al G-20? Para volver diciendo que España “pesa” en los foros internacionales. No pesamos. Somos un chiste. Una dolorosa irrisión. Un país con imagen de pedigüeño y con una clase política intemperante que tiene interés en acudir a cumbres… aun cuando no tenga nada que decir, ni menos de lo que alardar. El presidente del gobierno español –esto es, la imagen pública de “España”- es despreciado en todas las cancillerías europeas: ni siquier odiado, ni mucho menos temido: simplemente despreciado. El jefe de gobierno holandés irá también de observador a Washington sin necesidad de tener a su país en jaque durante tres semanas y sin necesidad de declararse “octava potencia económica” (y primera en paro). Vergüenza y bochorno para el gobierno. Vergüenza y abominación para silla plegable de Zapatero en Washington.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Sobre la reunión del G-20 (III de IV): 4. La teoría liberal y la praxis de los liberales

Infokrisis.- Rodríguez Braun y compañía, economistas mediáticos siempre a punto de saludarse como liberales y de celebrar las virtudes nunca evidenciadas del todo del liberalismo económico, sostienen que nunca ha existido una economía verdaderamente liberal y que siempre el mercado ha estado condicionado por los Estados. En el momento en que se dé vía libre para una economía en la que el Estado ni participe, ni regule, ni siquiera opine, entonces asistiremos a una verdadera vida económica liberal hecha de progreso, crecimiento ilimitado y bienestar generalizado para todos. Pero, oh maldición, mientras el Estado intente regular algo, la pureza  virginal del liberalismo de estricta observancia se corromperá y cualquier crisis será posible.

El gran problema de los economistas liberales es que, fundamentalmente, son periodistas o profesores universitarios, se ganan bien la vida y jamás descienden al terreno de la economía real y de la praxis liberal. Si lo hicieran, si descendieran a lo real, les ocurriría como a los empresarios de formación liberal ansiosos, no de que el Estado no intervenga, sino de que el Estado acuda en su ayuda tantas veces cuanto haga falta y que el Estado regule el mercado en beneficio suyo.

Resulta pues que el liberalismo, presentado como panacea, como antaño el comunismo, jamás se ha experimentado de manera pura y cristalina, y, por tanto, jamás ha podido dejar constancia de su valor real... Pero, de la misma forma que el GULAG estaba en Marx, pero solamente salió a la superficie como lo peor del stalinismo, las crisis cíclicas anidaban en el pensamiento de los primeros liberales, precisamente, porque cuando se teorizó el liberalismo la psicología era una rama del saber muy atrasada –de hecho, todavía hoy sigue atrasada- en relación a otras ciencias. Por tanto, no es raro que lo peor del liberalismo salga a la superficie con las grandes crisis… y se mantenga más discretamente en situación de pujanza económica (pero no desaparezca del todo, como no desaparecieron durante la pujanza aznarista, los contratos basura, la precariedad laboral, las diferencias salariales abismales, las malas condiciones de trabajo y la inseguridad laboral rematada por unos sindicatos que debían fidelidad a ese Estado que le extendía cheques a fin de mes.

Si los primeros liberales hubieran sabido algo de psicología habrían previsto que un mercado libre, completamente libre, es inviable porque en el ser humano de mentalidad e instinto depredador, anida el afán de lucro y de máximo beneficio con el mínimo esfuerzo y en tiempo más breve posible. Y si hubieran sabido lo que era el devenir histórico y leído la crónica de la decadencia, habrían percibido que desde el Siglo XV, los “valores”  son un concepto cada vez más superficial y se viven con menos intensidad. Y últimamente, incluso, un arcaísmo para la mayoría que no solamente desconoce el concepto de “valores éticos”, sino que además ni siquiera es capaz de imaginar que pudieran existir.

5. Frente a liberalismo, ¿socialismo?

Existen tantos conceptos de socialismo, posiblemente, como socialistas. Decir socialismo es no decir nada, a menos de que vaya  acompañado de alguna coletilla, socialismo marxista, socialismo nacional, socialismo democrático, socialismo fabiano, socialismo revolucionario, socialista moderado, socialismo libertario, socialismo independentista, etc., con todas las mezclas, variantes y tonalidades posibles. Lo dicho, existe un socialismo a medida de cara persona, y el corte del socialismo depende de quien lo usa.

Tiene gracia que en la última campaña electoral norteamericana, el candidato republicano acusara a su oponente de ser ”socialista” simplemente por intentar la “redistribución de la riqueza”, algo, como mínimo ambiguo a menos que se explique cómo diablos hacerlo, cosa que Obama jamás hizo. Así mismo, los economistas teóricos liberales españoles consideran que una mayor intervención del Estado en economía es un rasgo característico del socialismo… si bien, como antes hemos dicho, los liberales prácticos –los empresario- no duda en pedir al Estado que intervenga: en ocasiones para defender a la industria local mediante políticas proteccionistas y, últimamente, para que el Estado regule el mercado laboral y las modalidades de contratación.

Y este es el drama que esta crisis va a ser aprovechada por la clase política para favorecer el que el Estado pueda intervenir más en la economía y en la regulación de los mercados. ¿Y eso qué implica? Pues algo tan simple como que la partitocracia quiere extender sus garras mucho más allá de donde le ha constreñido la plutocracia económica en los últimos setenta años. ¿Acaso lo hacen para crear un mundo más justo? Por Dios, no seamos ingenuos y recordemos una vez más a Leo Strauss: “Ningún político hace nada que perjudique a sus intereses” lo que puede leerse también en negativo: “Ningún político hace algo que no convenga a sus intereses”. Si el Estado decide intervenir en economía es precisamente porque en el juego de pesos y contrapesos –no salidos en absoluto de Montesquieu, sino de los compromisos entre los distintos sectores de poder- la clase política organizada en el sistema partitocrático (un escuálido régimen de partido único organizado en dos tendencia: centro-derecha y centro-izquierda) aspira a mejorar sus posiciones en relación a la plutocracia.

Hoy, en el marco partitocrático en el que nos encontramos –en absoluto democrático a menos que creamos en Papa Noel y en las virtudes paragnostas de la Bruja Lola y de la Aramís- cuando el Estado habla de “intervenir los mercados” y “regular la banca” hay que echarse a temblar: simplemente aprovechan la crisis de prestigio de la clase financiera y empresarial, para reforzar el suyo y, aun comiendo de la mano del capital por un tiempo, aspiran a poder elegir el tipo de pienso que les sirven.

Un Estado partitocrático, contra más débil, mejor. Más aún: en un Estado en el que la partitocracia se ha adueñado de todas las esferas del poder, absolutamente todos los niveles administrativos viven de la explotación del ciudadano, mediante la fiscalidad, mediante la coacción, mediante abusos administrativos y mediante un sistema de multas y tributación que asfixia, especialmente a las clases medias. En el fondo, la partitocracia sabe que enfrentarse a los plutócratas es complicado y peligroso. Si los medios de comunicación, en lugar de apoyar a los dos grandes, deciden apoyar a un tercero, el negocio de los dos grandes partidos puede derrumbarse. Se puede disputar algunos fragmentos de poder con el gran capital y con el dinero… pero siempre dentro de unos límites y sin restar beneficios al capital. Los beneficios de la partitocracia solamente pueden extraerse sangrando a las clases trabajadoras y, en especial, a la sufrida clase media. Ese es el “socialismo”, el único socialismo posible en los próximos años.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Sobre la reunión del G-20 (II de IV): 2. Puestos a refundar, refundemos

Infokrisis.- La gravedad y profundidad de la crisis, legitima y da consistencia a la crítica al capitalismo. Difícilmente ésta podría ejercerse en momentos de euforia económica, en días de vino y rosas, abundancia, consumo y exceso. En los “tiempos fríos” de los que hablaba Guillaume Faye, si algo es criticable, lo es con mesura, ponderación y buen tino. Pero cuando se ha operado un brusco tránsito hacia los “tiempos calientes” en donde la incertidumbre, la sensación de provisionalidad e inseguridad, de desigualdad ya no creciente, sino abismal, entre quienes lo tienen todo y quienes no tienen nada, no es que todo se haga criticable, es que muy frecuentemente, el objeto de la crítica se convierte más bien en el objetivo a abatir y no faltan voluntarios para empuñar la piqueta de demolición.

Los “tiempos fríos” en los que nada pasa y todo puede esperar hasta el día siguiente, están quedando atrás. No lo percibimos por nuestra propia inercia. La naturaleza humana es conservadora y se resiste al cambio. Habitualmente no cambia por voluntad propia sino por presión externa y, sin duda, por necesidad; pocas veces por un intrínseco deseo de novedades profundas. En los “tiempos fríos” no se discute apenas, salvo en duelos parlamentarios versallescos (eso que llaman “cortesía parlamentaria”). Pero ese tiempo ha pasado. Estamos entrando, casi sin darnos cuenta, en tiempos calientes en los que todo es posible porque todo corre el riesgo de quedar desarzonado.

Mienten quienes afirman que estamos “en la fase dura de la crisis”. Estamos entrando en la crisis, queda aun entre año y medio y dos años para entrar en la fase dura, a la que seguirá un reajuste durísimo y quizás hacia el 2015-18 empecemos a salir del túnel. Tal es, al menos, la teoría con la que se mueve Santiago Niño que algo debe saber en tanto que catedrático de estructura económica de una universidad privada, y que ni parece tener complejos ni sometimiento a lo políticamente correcto. Nos queda mucho por saber cómo van a ser esos “tiempos calientes”, la virulencia que van a alcanzar y qué estructuras caerán para siempre. Y no serán pocas.

No es sólo el capitalismo lo que se trataría de refundar sino sobre todo el sistema político que ese mismo capitalismo ha degradado hasta convertirlo en una caricatura de “democracia”. Lo hemos dicho en muchas ocasiones: si democracia es votar cada cuatro años bajo la narcosis de las campañas electorales, si una bomba aquí o un muerto por allá, mecen a masas de electores como cañas al viento, si una mentirijilla por aquí y una promesa electoral por allá, sin explicar en qué consiste la letra pequeña o en donde está el truco (siempre, en todas las promesas electorales, hay truco), si democracia es libertad de expresión para quien no tiene nada que decir y mucho engaño que vender en el mercadillo electoral, se la pueden meter en el caca y que les vote su puta madre, por decirlo claro y pronto aplicando a las instituciones lo que está vigente en la calle, como decía Adolfo Suárez. Igual, utilizando un lenguaje descarnado, alguien se entera de que cualquier parecido entre el sistema político español y la democracia es como comparar un huevo a una castaña.

Vivimos una partitocracia tutelada por la plutocracia. Vale la pena explicar la concatenación de palabros. Partitocracia porque mandan los partidos que, ellos mismos, gracias a la ficción construida en 1978 por los “padres de la constitución” (que ya pertenecían a partidos y lógicamente buscaban beneficios para esos mismos partidos) se arrogaron el papel de pieza intermedia y factor de modulación entre la “voluntad popular” y el gobierno de la nación. Como si colocar un voto en una urna fuera una operación mágica de la que, en ese atanor electoral, saldría una voluntad colectiva, casi animista, que aureolase al político con las miasmas de la “soberanía” que ejerce cada ciudadano y, solo por ello, ya estuviera autorizado a ejercer los tres votos de la partitocracia: voto de lucro, voto de demagogia y voto de voto de nepotismo, equivalente a los de pobreza, castidad y obediencia para la clase política.

Los partidos hicieron su sistema… en el que lógicamente, ellos mismos son los únicos bien parados. Fueron jueces y parte. Partieron y repartieron la tarta... entre ellos. Leo Strauss decía que en la historia de la humanidad, desde el neolítico hasta la era de la nanotecnología, la criogenia y la ingeniería genética, no se ha visto todavía nunca a un político adoptar una medida que fuera perjudicial para él. Si, los procuradores franquistas, se hicieron el hara-kiri no fue para abrir lo que se suponía iba a ser la era de las libertades democráticas, sino porque en buena medida creyeron que podrían beneficiarse de la nueva situación. Así nació UCD y así se coaligaron los “siete magníficos” en lo que luego sería AP y luego el PP. Ningún político, mire usted por donde, adopta decisiones contrarias a sus intereses, pero igualmente no pestañea a la hora de adoptar decisiones contrarias a los intereses de otros.

La cuestionable "grandeza" de la partitocracia estriba en que “hoy por mí, mañana por ti”: “hoy estoy en el poder y buitreo hasta lo que no está escrito y mañana estarás tú y harás tres cuartos de lo mismo, así que no me saques hoy los colores, porque mañana cuando estés sentado en el machito, seré yo quien te rompa el culo”. La partitocracia es así de sutil y sus maneras son las de una prostituta de posguerra embrutecida, de carnes desparramadas y modales soeces, pero eso sí, con máscara de vampiresa.

Pero la partitocracia es una parte de ese todo que los optimistas antropológicos y los hemipléjicos mentales llaman “democracia”. Luego está la plutocracia. Del griego πλουτοκρατα, gobierno de los ricos, la plutocracia supone la preponderancia de las  élites adineradas en el gobierno de la nación. Los Estados modernos indican un alto grado de especialización: el que nace con dinero o logra acumular masas desproporcionadas de dinero, se dedica a acumular todavía más. Por algún motivo -incomprensible para quien esto escribe-, los primeros 1.000 millones no bastan para que fulano o mengano se retiren a vivir la vida en lugar de aspirar al infarto o al cáncer de estómago. Quieren más y, como el corrido mexicano, más y más y mucho más. Dicen que son humanos, pero hay que ponerlo en entredicho, son máquinas de acumular dinero hasta lo indecible, más allá de todo límite y de cualquier sentido de la medida. Y siguen. Como han educado a sus hijos en esa norma, el niño o la niña no saben hacer otra cosa que ganar más dinero. He conocido a muchos ricos e incluso he realizado trabajos para algunos, así que sé de qué hablo. Y hay algo sorprendente en ellos: el 95% de su tiempo lo dedican a obtener más beneficios. Me recordaban a los estafadores que he conocido en la cárcel como detenido político: seas quienes seas, preso de posibles o preso en la indigencia, boqueras o kie, cuando un estafador habla contigo sobre cualquier tema, te está midiendo: intenta saber por dónde te la puede meter doblada y como te va a quitar hasta el último céntimo. Vamos, como el banquero. O el agiotista.

Pero esta clase es demasiado buena –o se cree así- para dirigirse al pueblo y para pringarse en la gobernación de un pueblo. Para ello tiene a un intermediario: la clase política. La plutocracia gobierna a través de la partitocracia dando de comer en la mano a una clase política de pocos vuelos y en la que la figura del estadista se ha ausentado sin dejar señas. ¿Qué es, a fin de cuentas, el político? Es el ambicioso que no ha podido acceder a la élite económica, pero que de mayor, aspira a ser como ella. Se dedica a la política porque tiene la sensación –acertada, por lo demás- de que es a la sombra del poder como se hacen los buenos negocios.

Desde el punto de vista cuantitativo, los plutócratas gobiernan a través de la partitocracia en la medida en que tienen en sus garras una mayor acumulación de capital. Los políticos, por su parte, podrán en alguna rara ocasión criticarles y la crítica será tomada como una travesura: “no hay problema, ellos son así: precisan el aplauso de la plebe y para suscitarlo precisan atacar a los saben que la plebe odia”. Basta un leve tirón de orejas para poner al político en su lugar. ¿Os imagináis la entrevista entre Zapatero y los siete grandes de la Banca? ¿Qué le debió decir Botín? “Cuando yo diga “perro ladra”, entonces hablas”Si las palabras quizás no sean exactas –los banqueros también son duchos en el arte de la esgrima, el florete y el quiebro versallesco- el espíritu es, sin embargo, indudablemente éste.

Desde los primeros tiempos de Felipe González resultó obvio que lo que luego se llamaría “la jet” socialista tenía un complejo de inferioridad social demasiado evidente en la familia Guerra, con sus hermanos aprovechados, piruleros y mangantones, derramando demagogia entre su grey que llegó a decir aquello: “la derechona, fijarze zi è malage, que le quieren quitar el cortiho al zeñorito Guerra”. Estos buscaban un lugar bajo el sol del dinero, ellos que tanta hambre pasaron en su infancia. Luego estaban los “beautifoul people” que aspiraban a entrar en el club selecto de la banca y vieron en el imperio de RUMASA la forma de hacerse, al menos, con un cacho.Tras esa primera corruptela, vinieron todas las demás que hicieron del felipismo el paraíso del pelotazo y de la falta de escrúpulos.

La plutocracia sabe, fuera de toda retórica y de la épica desplegada por los partidos, por qué cada político está en su lugar: para pillar, medrar y enriquecerse sin necesidad de trabajar excesivamente. No es raro que los manejen y utilicen como el niño de la vecina maneja las piezas del Belén en Navidades. En todo Belén siempre tiene haber un caganer (esa máxima aportación de la cultura catalana a la navidad). En Catalunya los políticos están orgullosos cuando alguien aprovecha su imagen para modelar un caganer. Es significativo. En términos no tan simbólicos, el caganer es el que carece de escrúpulos para mostrar el culo en público, esto es, mostrarse  como lo que es: un aprovechado, oportunista de la peor especie, de la misma forma que el caganer no tiene inconveniente en figurar durante las semanas del pesebre, pantalón bajado y en funciones sobre la taza del retrete. Todo en torno suyo huele a defecación y apesta.

¿Hay que refundar algo? Refundemos: el sistema político, por ejemplo. Pobre concepto de la democracia se tiene cuando ésta no pasa de ser una plutocracia en la que los amos del dinero delegan el gobierno ordinario de las cosas a gente ordinaria, capaces de mentir sin pudor y sin recato: la clase política.

Es todo un mundo nuevo el que hay que construir. No solamente un nuevo modelo económico sino un nuevo modelo políticos. El mercado es –o debería serlo para el idealismo liberal- el libre juego de la oferta y la demanda, sin controles, autorregulado, sin obstáculos. La partitocracia es la traducción de este esquema al universo de la política, en el que todo está al albur del libre juego de los partidos.

 

3. ¿Cuál es el problema?

La democracia histórica aparece como resultado de la ideología burguesa basada en el afán de lucro y de usura. En un primer momento histórico estas tendencias fueron moduladas por la ética burguesa (nacida en cierta medida del poder gremial) que exigía cierta contención, mesura e, incluso, filantropía. Pero en las entreguerras, los valores más positivos de la burguesía se evaporaron. El trauma de la I Guerra Mundial pulverizó a la burguesía europea. El ascenso de América en la política económica internacional, en esa misma época, generó un nuevo modelo a imitar: el tipo que sólo vive para trabajar que sustituye al burgués medio de la época que trabajaba para vivir.

Además, inicialmente, la democracia fue una reacción contra el absolutismo de un solo hombre, el rey todopoderoso. Montesquieu elaboró una teoría sobre la división de poderes en la que la obsesión era establecer un sistema de pesos y contrapesos, de tal manera que nunca más un solo hombre, ni siquiera un ungido, ni un recomendado por Cristo Nuestro Señor, pudiera detentar todo el poder en una nación.

Pero algo fallaba en todo esto: a medida en que el burgués fue dejando atrás la mesura y la responsabilidad que habían caracterizado al poder gremial hasta principios del XIX, una nueva ética se superpuso a la burguesa: la ética del todo vale, del afán de lucro y del préstamo usurario que fueron desplazando a cualquier otro valor y muro ético de contención. Así pues, la democracia, el sistema político generado por la burguesía ascendente, terminó siendo solamente un sistema de valores basados en obtención de más beneficios en menos tiempo y con el menor esfuerzo… no para dedicar el tiempo restante a cultivar un poco la propia interioridad o entregarse a su familia, sino para disponer de mas tiempo para ganar más dinero en las mismas condiciones.

Las grandes acumulaciones de capital que se generaron así no podían dar lugar a engaño: quien disponía del dinero, creaba y destruía jefes políticos, ponía y deponía a su antojo. Llegó así el tiempo, al filo entre el XIX  el XX que la política fue completamente dominada por la economía, no sólo en el mundo anglosajón como hasta entonces, sino a toda Europa. Así, se llegó a la plutocracia lo que entrañó, que la democracia se convirtió en ficción y pasase a ser solamente el acompañamiento emotivo para cualquier ejercicio de demagogia.

Y así hasta hoy. Cuando, aquí y ahora, sabemos que un político como Zapatero es capaz de encaramarse sobre 192 cadáveres para llegar a la Moncloa y en los cuatro años siguientes cometer todo tipo de estupideces en cadena, para llegar a las siguientes elecciones y utilizar solamente un cadáver y una gran mentira para ser reelegidos por 12.000.000 de personas que creyeron sinceramente que no había crisis económica y que esta legislatura sería la del pleno empleo, como rezaban los eslóganes electorales del PSOE, es justo y necesario reconocer que en este país o hay mucho tonto de baba (en principio 12.000.000), o la clase política no duda en ejercer diariamente el recurso de la mentira a sabiendas de que le sale gratis.

Y esto nos lleva a la conferencia del G-20. Cuando se supo que Zapatero podría llevarse a Washington una silla plegable para ir de oyente, hasta el PP expresó su satisfacción. No era rara la alegría del PP. Durante 15 días Zapatero había entonado en todo el orbe el “Dame aaalgo paaayo…”, evidenciándose como el político mediocre, ignorante y bobalicón que es, y finalmente, sólo cuando ya estuvo sumido en la más absoluta miseria, obtuvo el permiso para poner su sillita plegable al lado de la poltrona francesa. El pedigüeño había quedado identificado como tal.

Gracias a Solbes supimos en el curso de su entrevista con Carlos Herrera que, en realidad, daba igual que Zapatero hubiera ido como que no hubiera ido. Fue espeluznante oir a “alguien que sabe”, como Solbes, decir que “En estas reuniones los grupos de trabajo llevan ya varios meses en acción, así que en Washington de lo único que se va a tratar es de cerrar una declaración conjunta”… Así pues, la presencia de ZP en Washington –sea lo que sea lo que ha costado- no iba a servir para nada, apenas era una operación cosmética y mediática, porque los equipos económicos del G-20 vienen trabajando desde hace tres meses preparando el encuentro… del que España solamente se ha enganchado a ultimísimo ahora y para realizar una declaración protocolaria.

Nada grande se dirimirá en Washington. Zapatero alardeará entre pasillos, con aquel mandatario que le haga caso y dado su natural habilidad para las lenguas, de la “solidez del sistema bancario español” que ha “evitado el contagio con los activos tóxicos llegados desde EEUU”. Solamente el “eje de la banana venida a más” (Ortega – Castro – Chávez – Morales – Correa) le harán caso para buitrear alguna que otra ayudita adicional. Pero si se cruza con Bush es probable que éste le espete: “Su sistema bancario será tan sólido como el acero Krupp, pero su sistema social peligra con 3.000.000 de parados ¿eso es lo que nos viene a proponer: un buen método para para fundir a 3.000.000 de parados? OK, entonces pase”.

Un pasmarote sin ideas invitado como convidado de piedra al G-20, eso es Zapatero en Washington; solamente se contará con “España” para cerrar una declaración final. No para reformar ni el capitalismo, ni siquiera el sistema monetario internacional, sino para establecer más mecanismo en caso de que la banca privada siga precisando ayudas estatales, lo cual es más que probable que ocurre: no va a haber inversores capaces de adquirir toda la emisión de deuda pública que los países desarrollados –y España el primero- pongan en circulación para pagar los desmanes de la banca y cubrir su exceso de ímpetu usurero.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Sobre la reunión del G-20 (I de IV): 1. Nada que refundar

Infokrisis.- El pasado lunes, el ministro Solbes tuvo a bien prestarse a una entrevista en Onda Cero con Carlos Herrera. A nadie se le escapa que Solbes no es un ministro particularmente malintencionado, ni que Herrera es, tirando a conservador. Así que la entrevista no tuvo desperdicio. Lo que sigue son unas reflexiones extraídas a vuela pluma mientras escuchábamos la entrevista en cuestión y unas apostillas sobre lo que está en juego en este momento.

 

1. Nada que refundar

Se debe a Sarkozy (el presidente más norteamericano que ha tenido Francia, o dicho de otra manera: el presidente menos francés de Francia) el haber dicho teatralmente que la reunión del G-20 tenía como objetivo “refundar el capitalismo”. Luego resultó que no, que cuando a Sarkozy se le pasó el subidón y esa manía de todos los que se sientan en el Elíseo de querer pasar a la historia aunque les falte estatura y les sobren alzas en los zapatos.

Aquí lo que ha habido es una crisis del capitalismo y lo que se busca ahora, simplemente, es una construcción mediática con la que se prestigie nuevamente a este modelo económico. O dicho de otra manera, no se trata de refundar nada (lo que implicaría la muerte de una forma de capitalismo y el advenimiento de otro nuevo) sino que se trata de hacer el boca a boca al sistema económico mundial para que sobreviva hasta la crisis siguiente.

Esta crisis –o la pre-crisis en la que nos encontramos- va a tener al menos algo positivo: ya se puede volver a criticar al capitalismo, ¿en nombre de qué?, pues de algo tan simple como es el sentido común. Basta mirar el modelo productivo de los últimos 30 años para ver que era inviable. La acumulación de capital se ha ido produciendo de una manera tan acelerada en los últimos 25 años que lo raro es que esta crisis no haya aparecido antes.

El capitalismo es un ente diabólico hecho de afán desmesurado de lucro (no de beneficio, sino de lucro, esto es, de beneficio exagerado, más allá de lo razonable), de usura (fuerza motriz de la banca y único estímulo para sus accionistas) y falta de sentido de la medida y ausencia total de ética. El capitalismo nace allí donde termina la idea de comunidad. Es inseparable del individualismo. Allí donde se impone el individualismo se termina anteponiendo lo propio a lo comunitario.

Pero la ley oculta del capitalismo es bien simple: para que uno gane otro tiene que perder. Para que haya grandes acumulaciones de capital, masas inmensas de individuo deben perderlo, para que uno obtenga ventajas, otros muchos deben de sufrir privaciones. Es así de simple: eso es el capitalismo y no los principios teóricos del liberalismo defendidos por enfants terribles de la economía.

¿Para qué nos vamos a engañar? ¿Refundar el qué? Nadie ha tenido intención de refundar nada porque refundar implica reconocer el fracaso del sistema y la clase política dirigente que come de la mano de la clase económica no tiene sensación de que nada haya fracasado. A fin de cuentas, lo suyo no marcha mal. Tan sólo unos años de recortar beneficios que se compensan con despidos, suspensiones de pagos, y, cambiar la orientación del “negocio”.

Ha llegado el tiempo de los agiotistas, palabro en desuso que hizo fortuna tras la I Guerra Mundial, se extendió durante la crisis del 29 y reapareció en la Europa de la postguerra y en la España del gasógeno y las cartillas de racionamiento. Recordarla por la volveréis a oír como sinónimo de especulador, acaparador, estraperlista, monopolizador, logrero, traficante, trapicheador…

El agiotista verá un terreno fértil para sus rapacerías en la crisis que ahora se abre: viene el tiempo de los compradores de oro a buen precio (qué importa si es robado, una vez fundido, las pruebas del delito desaparecen); el tiempo de los subasteros para lo que obtener un beneficio del 1000 por 1 empieza a ser un negocio por el que merece la pena enviar a un lacayo; el tiempo de los mercaderes de zoco interesados en comprar a necesitados a precio de saldo y vender a precio de oro. Es el tiempo de los que acapararán cualquier bien hasta que la escasez haga subir su precio. Y lo más terrible no es que acaparen grandes fortunas sino que su dinero estará hecho, no por el trabajo, sino por el dolor de otros, el abuso a los desafortunados sino por estafas puras y simples. Y nadie verá en esto una ética censurable, un comportamiento digno del paredón –hay algo más grave que robar a un solo individuo: robar a toda una comunidad- sino una muestra de “imaginación en tiempos de crisis”, tal como ha dicho Trinidad Giménez.

La reunión del G-20 no va a servir para gran cosa, como no sea para iniciar una nueva etapa en la marcha del capitalismo. Lo más terrible es que la da sensación de que en tiempos de crisis, no solamente la acumulación del capital se produce más acelerada y radicalmente, sino que la clase política se convierte en el segundo grupo depredador del ciudadano común.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

Entre el honor de los soldados muertos y la indignidad de la Chacón

Infokrisis.- Esa ministra cuyo único mérito para estar donde está es ser “mujer de cuota”, sumisa a su jefe y estar dotada de una ambición desmesurada en las antípodas con sus cualidades para dirigir el Ministerio de la Defensa; esa ministra que selló su paso por Vivienda con una subida del precio del alquiler de 200 euros con la genialidad de proponer que “subvencionaría” el alquiler de los jóvenes con… 200 euro; esa ministra cuyo nombre en Catalunya no se recuerda más que por su afectación progresista y antimilitarismo de baratillo, ha sido la elegida para recibir los cadáveres de nuestros dos muchachos muertos en Afganistán.

Honor a los que mueren cumpliendo órdenes y vergüenza e infamia eterna a los que, como esta individua, desconocen lo que es el honor y aprovechan la recepción de los cadáveres para mentir, mentir y mentir no sólo como cualquier político sabemos que hace, sino como hubiéramos sido incapaces de imaginar que era posible mentir.

¿Terrorismo internacional? ¿qué terrorismo?

Sabemos por que han muerto nuestros dos soldados: han muerto por la fatuidad de una clase política que intenta pagar sus metidas de pata en materia internacional enviando a 3000 soldados a morir en una tierra en la que a España no se nos ha perdido nada y que no tiene nada que ver con la defensa nacional.

Es falso, absolutamente falso y mendaz, que en Afganistán se está luchando “contra el terrorismo” ¡qué terrorismo? ¿El terrorismo del 11-S en el que Afganistán no tuvo absolutamente nada que ver? ¿O es que todavía hay miedo a decir en voz bien alta que 3.000 ciudadanos de los EEUU fueron asesinados en un extraño atentado sobre el que cada día que pasa pueden verse y leerse en youTube o en miles de páginas en Google, en videos irreprochables obtenidos de emule, en todos los idiomas, datos que cuestionan incluso que el atentado fuera cometido por islamistas radicales y todo lleva a una especie de autoatentado para que la opinión pública pidiera acciones radicales contra un “terrorismo internacional” que nadie sabe en qué consiste, ni de quién depende, ni mucho menos cuáles son sus objetivos, pero que todos identifican con el “islam”?

Ciertamente, los radicales islámicos son suficientemente estúpidos para aplaudir unos atentados que jamás hubieran sido capaces de protagonizar (siempre hay un tonto de baba que cree que ha cometido un atentado sólo porque ha llevado el comunicado de reivindicación), pero si en el 11-M hay “agujeros negros”, en el 11-S todo es un gigantesco pozo negro de inmundicias en el que las sospechas más razonables superan a las hipótesis más extravagantes.

No hay “terrorismo internacional”: bajo ese fenómeno se han clasificado fenómenos muy diferentes y atentados cometidos por terroristas de todos los pelajes, incluso por los cometidos por servicios especializados en la desestabilización.

Bush no está en Afganistán por los “terroristas” que pueda haber allí. De hecho, donde hay terroristas es en el país vecino, Paquistán, por lo demás, aliado de los EEUU… Bush está en Afganistán porque era la forma de clavar una espina en el flanco sur de Rusia. Bush está en Afganistán para asegurar una salida hacia el petróleo del Caspio a través del país que, a primera vista, parecía el más débil de la zona, Afganistán y que, después, ha resultado el mismo hueso que tuvo que roer la URSS, poco antes de desplomarse. Esa es la única verdad geopolítica y el único hecho que todos los comentaristas que entienden algo de política internacional y que no se limitan a reproducir los informes que les llegan de la CIA, del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia de los EEUU (como Gustavo de Arístegui, verdadero magnetófono de toda ese material de intoxicación que difunde cada vez que abre la boca).

Mas allá de la indignidad: tomar a las familias de los muertos por idiotas

Cuando oímos a Carme Chacón explicar con una seriedad pasmosa –indicativa de hasta qué punto logra ser una cínica desaprensiva, sólo una cínica desaprensiva y nada más que una cínica desaprensiva– que “el contingente español está en Afganistán para defender a la sociedad española”, sentimos vergüenza ajena y una ira inconmensurable al advertir que, literalmente, toma como pobres imbéciles a las familias de los muertos, como ignorantes que creen que la muerte de sus hijos ha servido para algo. Perder un hijo puede ser todavía peor, si el gobierno por el que lo ha enviado allí a morir, toda a sus padres por idiotas.

Hay algo peor que vender humo, hay algo peor que mentir a todo un país explicando que estamos en Afganistán para repartir bocadillos, para levantar escuelas o para impedir la violencia contra la mujer. Hay algo mucho peor: engañar a las familias de los muertos. No, Carme Chacón: los 787 muertos en Afganistán han sido muertos inútiles en una guerra absurda en la que estamos allí por el servilismo de su gobierno hacia los EEUU. Aznar lo hizo por convicción y oportunismo, ustedes simplemente lamentan que, ese servilismo hacia el imperio que se demuestra en la presencia de 3000 de nuestros muchachos en Afganistán, no le haya sido reconocido y agradecido por un presidente americano que les desprecia y les ningunea hasta la náusea, hasta el punto de que ustedes han mendigado estar presente en la conferencia del G-20 y solamente les han dejado ir justo cuando ya se habían puesto en evidencia ante la opinión pública internacional y ante las cancillerías de todo el mundo su naturaleza de pedigüeños. Sólo entonces, después de que Bush les haya dejado arrastrarse por la indignidad y sólo cuando han mendigado el apoyo de países bananeros se les ha permitido sentar las posaderas en la silla francesa. Total ¡para lo que va a decir! Hay algo peor que mendigar: que, luego, la ignorancia y la falta de propuestas quede de manifiesto ante todo el mundo. Cuestión de tiempo.

España, invisible en política internacional

España no tiene ningún peso en la política internacional, porque nuestro gobierno –éste y el anterior- carecen de voluntad de tener peso propio o se resisten a hacer de Europa un peso efectivo, ignoran cuál es nuestro espacio geopolítico (Europa) y no dudan en embarcarse en las más insensatas aventuras en las que no tenemos nada que hacer, ni que decir, ni mucho menos una causa para que nuestros soldados mueran inútilmente. Dudo que seamos la cacareada “octava potencia industrial”… ¿quién puede afirmarlo cuando nuestras “industrias” se han convertido en redes comerciales de manufacturas fabricadas en China? ¿Qué mierda de “octava potencia”? ¿para quién? ¡solo somos primera potencia mundial en el paro y el empleo basura! Por lo demás, el que suscribe preferiría ocupar el puesto número 100 en “potencia industrial” a cambio de ser octava potencia en empleo estable y de calidad.

Si nuestra clase política, los Blanco, los Zapatero, los Chacón mienten hoy como antes mentían los Aznar, los Zaplana, los Aceves, los Arístegui (¡qué vergüenza toda su retórica desplegada sobre las “armas de destrucción masiva” y sobre “la amenaza del terorrismo iraquí”! inolvidable por siempre jamás), es por que tienen a un pueblo hundido en sus problemas, angustiado por tres millones de trabajadores en paro que serán cuatro en 2009 y cinco en 2010, un pueblo al que uno tras otro, todos los gobiernos democráticos o pre-democráticos han reducido a una miserable condición de indigencia intelectual, amputada su capacidad crítica y su objetividad… con una tercera edad preocupada sólo de la cuantía de su jubilación (desengañaros: si tenéis hoy 55 años, jamás cobraréis por lo que cotizastéis, ¿es que no os habéis enterado que los inmigrantes de los que nos habían dicho que iban a pagar las pensiones de los abuelos están acelerando el desplome de la Seguridad Social?) y una juventud que sublima su precariedad y su incertidumbre ante el futuro con porritos y calimocho… este país está más acabado que un anacoreta en los carnavales de Cádiz.

Indignidad: todo terrorismo nace en Afganistán… incluido el de ETA

Queda una última cosa por decir. Cuando la Chacón cuenta que en Afganistán "se fraguan amenazas contra miles de ciudadanos inocentes y libres del mundo"... miente, una y mil veces miente. Sólo nuestra presencia en la OTAN y el tributo debido al imperio, así como la mala conciencia de Zapatero por la retirada de Iraq (tan ignominiosa como la embarcada azanariana) han hecho de los afganos “nuestros enemigos”. La mujer que cuota que dirige la [in]“defensa nacional”, intenta con esta frase algo miserable: lugar el terrorismo de ETA a la presencia española en Afganistán. A fin de cuentas, parece querer decirnos, los atentados de ETA se fraguan en aquel remoto país. Como si hablar de “terrorismo” hiciera a todos los terroristas hijos de la misma madre. Y no tienen nada que ver, pero puesto que la ministra de cuota ha entrado en el tema, vamos a apurarlo hasta el final.

En Afganistán, unas bandas de pastores y cabreros combaten ¡contra un ejército de ocupación liderado por los EEUU y en el que nuestros 3000 muchachos allí destacados son sólo equivalentes al papel de cualquier tropa colonial indígena en las primera o en la segunda guerra mundial!

¿Os podéis imaginar lo que supone que, utilizando una excusa gratuita –el “terrorismo internacional”, como hace 29 años los soviéticos invadieron ese mismo país para “asegurar la estabilidad y la paz”- tropas extranjeras aparezcan en tu país instalen a un gobierno títere, bombardeen todo aquello que creen una “amenaza” (una boda, un colegio, un hospital) y haya continuamente cacheen a sus ciudadanos y los miren con desprecio? ¿Podéis imaginar lo que es eso? Ese es el desprecio y la prepotencia con que el imperio trata a los pequeños países. Ya se cuida el imperio de combatir sólo a pequeñas potencias ¡y ni aun así logra victorias nítidas!

La realidad: Afganistán y la droga

Hay que decirlo: los afganos están combatiendo por su libertad, por su modo de vida (el que ellos han elegido ¿o es que el modo de vida americano es el único concebible y al que hay que plegarse?) y en la tierra que les ha visto nacer. ¿Cómo se les puede explicar a los afganos que nuestros muchachos han venido a “liberarlos”? ¿de qué? Los únicos que han experimentado la llegada americana como liberación son los cultivadores de adormideras, pues no en vano este cultivo se ha multiplicado por 15 desde 2001. Vale la pena dedicar unas líneas al tema.

En Afganistán, los talibanes habían reducido a un nivel anecdótico el cultivo de adormideras. Desde la invasión americana de noviembre de 2001, ese cultivo no ha dejado de aumentar. Hoy, Afganistán es el paraíso del opio. Una vez recogido, sigue la antigua ruta de la seda, causando a su paso todo tipo de destrozos (2.000.000 de yonkis en Irán, cantidades similares en las ex repúblicas soviéticas y penetración en Rusia a través de las magias) hasta que llega a la Sublime Puerta de Turquía. De ahí pasa al corredor turco de los Balcanes, completado con la independencia kosovar celebrada allí como un logro “norteamericano”, de allí a Albania y de Albania a Europa Occidental.

Si veis a un yonki en vuestras calles, no lo dudéis, la heroína que lo ha despojado de cualquier dignidad se ha cultivado en Afganistán. Y si veis a un colgao intoxicado con haschís hasta las trancas, tampoco dudéis: es el haschís cultivado primorosamente en el valle del Rif con el permiso de Mohamed VI y la bendición de los EEUU.

¿Por qué será que, desde la Guerra del Opio –que contribuyó a hacer las fortunas de las grandes dinastías americanas, incluida la de los Bush- allí donde hay droga, los EEUU están presentes? EEUU intenta debilitar a las sociedades europeas porque su supervivencia depende de que Europa acepte sumisamente el servilismo hacia e imperio.

Los afganos no son nuestros enemigos y solamente el azar ha hecho que unos terroristas destrozaran los cuerpos de nuestros dos muchachos en aquel remoto país y en aquella guerra absurda. Ellos están afrontando una guerra de liberación nacional. Nada más y nada menos. Ellos saben por qué matan, nuestros soldados,  en cambio, no saben por qué mueren. Esa es la diferencia.

Basta ya de guerra absurda ¡retorno inmediato de tropas!

Esto tiene que terminar de una vez y para siempre. Parece una simplificación, pero es que la política es el arte de buscar soluciones simples a problemas complejos: nuestros soldados deben irse de Afganistán. Lo antes posible. Ya. Sin refuerzos de tropas (Zapatero buscará el mejor momento para enviar 1500 ó 2000 soldados más ante cualquier gesto de Obama para congraciarse con él, además ¿cuánto nos va a costar la “silla francesa” en la conferencia del G-20 en Washington?), sin sustitución de contingentes, sin dilación. Ya. O de lo contrario, en vista del redoblado empuje de la guerrilla afgana, a Carme Chacón le va a tomar, además del título de ministra de cuota, el de enterradora.

¡Qué basura de gobierno que provoca vergüenza ajena! ¡qué vergüenza de país que permite que sus hijos mueran en las guerras de otros!

© Ernesto Milà – Infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com



 

 

Von Salomon y el terrorismo de los freikorps. La Vehme castiga a los traidores

Infokrisis.- El segundo documento sobre von Salomon es el capítulo titulado La Vehme castiga a los traidores escrito por Dominique Venner e incluido en su obras Baltikum (que será próximamente editada en lengua castellana en Ediciones IdentidaD). En dicho capítulo Venner da cuenta, no solamente de algunos de los más dramáticos atentados terroristas cometidos por los Freikorps, sino también de sus motivaciones. Una estas operaciones fue la que acabó con la vida del Ministro de Asuntos Exteriores de la República de Weimar, Walther Rathenau. Von Salomon participó en el complot y pasó cinco años de cárcel. Cuando llega a ese punto Venner cede la palabra a Von Salomon. Estas son las razones de los Freikops.

 

LA VEHME CASTIGA A LOS TRAIDORES

La primera víctima es un diputado socialista de la extrema-izquierda (U.S.P.D.) al Landtag de Baviera, Gareis, enemigo declarado de los movimientos nacionalistas. Es asesinado el 9 de junio de 1921, antes de que terminen los combates en Baviera.

Tres meses después, se produce la segunda víctima. Esta vez es un personaje importante. Se trata de Mathias Erzberger, jefe del Partido del Centro Católico. En la tarde del 26 de agosto de 1921 Erzberger pasea en las inmediaciones de Griesbach en la Selva Negra, junto a su amigo el diputado Diehl. Cae suavemente una lluvia muy fina. En la bruma tibia dos figuras que apenas se distinguen les siguen de lejos. Se aproximan: son dos jóvenes de ojos claros.

-       ¿Es usted Mathias Erzberger?

-       Si, responde el ministro sorprendido.

Aparecen dos pistolas. Erzberger hace un gesto defensivo con su paraguas para protegerse, mientras su compañero escapa. Las armas disparan. El ministro muere instantáneamente. Diehl resulta herido en un brazo, pero consigue escapar.

El asesino de Erzberger, señala Maurice Baumont [1] “provocará un sobresalto de alegría en muchos de sus compatriotas que celebran como héroes a sus jóvenes asesinos”.

Ex profesor, diputado en el Reichstag con apenas veintiocho años, Mathias Erzberger se había impuesto rápidamente en el seno del Partido del Centro Católico, el Zentrum, y ciertamente no ha sido por su fascinación. Personaje vulgar y de físico desagradable, con las piernas cortas y el rostro grasiento, no inspiraba ninguna simpatía. Su personalidad irradiaba tal avidez y brutalidad que a muchos les daba miedo. Con sus frases mal construidas encadenaba los argumentos como soldados en la batalla. En los debates su causticidad implacable era temida.

Ciertamente desde 1917 Alemania había sido derrotada y tuvo la habilidad de presentarse como el hombre de la paz. En noviembre de 1918 guía la delegación alemana ante la comisión de armisticio. La derrota de Alemania se convierte en su fortuna: se convierte en jefe del Zentrum, vicecanciller del Reich y ministro de Finanzas. Es un ardiente defensor del Tratado de Versalles cuando los mismos socialistas piensan rechazarlo. A partir de ese momento, es un hombre marcado.

En su diario, con fecha 23 de junio de 1919, Harry Kessler anota: “La cólera contra Erzberger era unánime… tengo miedo que tenga el mismo fin que Liebknecht” [2].

En octubre de 1919 en Alta Silesia los hombres de la Brigada Ehrhardt adoptan como consigna:

-       ¡Erzberger!

-       ¡Sepulturero!

Sufre un primer atentado el 26 de enero de 1920: al salir del Tribunal donde ha asistido para un proceso contra el jefe nacionalista Helfferich, un ex cadete, Olwig von Hirchfeld le dispara dos tiros que le hieren gravemente.

Los asesinos del 2 de agosto de 1921 serán más diestros. Son el subteniente Heinrich Tullesen y Heinrich Schultz, ex voluntarios de la Brigada Ehrhardt, luego del cuerpo franco Oberland, y finalmente de la asociación nacionalista Schutz und Trutz. Consiguen huir de la policía. Sus huellas serán seguidas en Baviera, luego en Hungría. Refugiados gracias a uno de los jefes nacionalistas –Gömbs, futuro Ministro de la Guerra- son localizados gracias a un espía. El gobierno del Almirante Horthy rechaza conceder la extradición.

El capitán Manfred von Killinger, su ex superior jerárquico en la Brigada Ehrhardt, es arrestado como sospechoso de haberles procurado pasaportes falsos para la fuga. Tras nueve meses de detención [3] es liberado por falta de pruebas. La prensa de izquierdas asegura que detrás de la Bavarian Word Product Company, que von Killlinger dirige en Munich, se esconde una potente organización clandestina [4] cuyo radio de acción no se limita a Alemania. Se acusa a von Killinger de hacer llegar armas a los nacionalistas irlandeses del Sinn Fein en lucha contra Inglaterra [5].

Por primera vez, con ocasión de su proceso, se habla de una misteriosa organización secreta cuya sigla ensangrentada suscitará el temor o la esperanza: O.C. Un documento que ha terminado en las manos de la policía elimina toda duda sobre las intenciones de la organización. Está escrita esta frase: “La Vehme castiga a los traidores”.

El tribunal secreto de la Vehme, Vehmegericht [6], se confunde con la herencia romántica del Medievo germánico. Aparece, según se cree, en Westfalia en el siglo XII. El Sacro Imperio Germánico está sumido en el caos, minado por la política italiana del Emperador y las pretensiones del papado. Las órdenes imperiales son letra muerta y las antiguas cortes de justicia han desaparecido: cada cual ajusta las cuentas él solo si la fuerza se lo permite. Es la época del Faustrecht, el “derecho del puño”.

Los primeros tribunales de la Vehme nacen espontáneamente para sustituir a la justicia desaparecida. Como la caballería, se trata de una institución típicamente germánica. Basan su existencia en los hombres libres, Frei Herr (“barón” en alemán moderno), los hombres que llevan un arma (en los sellos de las Vehmgericht están representados siempre una o dos espadas). Estos caballeros se reúnen en secreto para crear una justicia rápida y ruda, ecuánime; contrariamente a la leyenda, los arrestados no sufren necesariamente la muerte. Más adelante, el término “hombres libres” se extenderá a los burgueses de la ciudad, que participarán en los tribunales de la Vehme. En torno al Gran Juez, Stuhler, o señor independiente, Freigrat, son otros seis jueces libres, Freishöffen o Wissenderen (iniciados), nobles o burgueses. Los Freischöffen participan en la elaboración del juicio como también en su ejecución. Son al mismo tiempo jueces, policías y verdugos. Mientras los tribunales residían sólo en Westfalia, los Freischöffen han aparecido en toda Alemania y forman una hermandad tan temible  como secreta.

Con el tiempo, el procedimiento se complica y presenta un aspecto voluntariamente terrorífico: “Que las manos del traidor sean ligadas –se lee en el Libro del Derecho de Wigand de 1349- sus ojos vendados, que sea arrojado sobre el vientre, su lengua arrancada, que una triple cuerda sea retorcida en torno a su cuello y que sea colgado a siete pies sobre el pájaro más impetuoso” [7].

La existencia de los tribunales es conocida, pero su funcionamiento es secreto y sin apelación. Dependen directamente del Emperador, el cual en el siglo XIV delega sus poderes al arzobispo conde de Colonia que se convierte en Stuhler supremo. En el siglo XV la institución decaerá; se difundirá la corrupción y la hostilidad de los poderes a los cuales no está sometido.

Institución “deseada y estimada por el pueblo, había sido bien acogida por todas las clases de la sociedad, a excepción de los nobles juzgados y condenados” [8]. La literatura del período romántico –por ejemplo Goethe y Heinrich von Kleist [9]- acreditará los clichés terroríficos que hoy adornan la leyenda de la Vehme.

Y los justicieros de 1922 recuperarán estas imaginen impresionante: ellos también constituyen un tribunal secreto en el que son tanto jueces como verdugos; también ellos emiten sentencias terribles. Las víctimas son los traidores a Alemania y los traidores a la organización. Como los de la primitiva Vehme, los tribunales se esconden espontáneamente, fruto de una época de violencia y pasión.

La famosa O.C., la Organización Cónsul, había nacido en Munich, fundada por el capitán Ehrhardt. Perseguido por un mandato de captura el 15 de mayo de 1920 por haber participado en el golpe de Kapp, Ehrhardt alcanza Baviera, el único Estado en el que el golpe había tenido consecuencias duraderas. El gobierno constituido por el monárquico Gustav von Kahr era abiertamente favorable a los ex cuerpos francos y, para los proscritos, Baviera constituye un puerto seguro donde están a resguardo de los tribunales del Reich.

Ehrhardt se corta la barba de lobo de mar, adopta vestidos civiles y se hace pasar por el representante de una empresa de material óptico. El prefecto de policía Poner le procura un pasaporte falso. Se convierte en el Cónsul Eichwald. Por ello los ex pertenecientes a su brigada se dirán miembros de la Organisatión Cónsul, la O.C.

“El secreto de la Organización Cónsul era simplísimo –revelará uno de sus miembros, amigo íntimo del capitán Ehrhardt- El Tratado de Versalles había limitado el ejército alemán a 100.000 hombres; al mismo tiempo había prohibido formalmente reconstruir un Estado Mayor general. Ya que la forma orgánica había sido estúpidamente destruida, era preciso incorporar de otra forma los servicios sin los cuales un ejército, incluso tan pequeño, no tenía absolutamente nada. Las tareas de la sección operativa podían en rigor ser asumidos por el Alto Mando; la organización y los transportes eran atribuidos al Ministerio de la Reichswehr. Quedaba la sección de información militar, la Abwehr, que no podía ser colocado en ninguna parte y ningún presupuesto había sido previsto para mantenerla.

Fue entonces cuando la Marina del Reich, especialmente bien preparada para tal tarea, se ocupó de este sector. El cuerpo de los oficiales de la ex Marina Imperial era particularmente homogéneo: se componía sobre todo de hombres que conocían el mundo y que se habían dispersado a los cuatro vientos. Se podía contar con ellos cuando se trataba de realizar un deber patriótico, y naturalmente no percibían ninguna retribución. La O.C. era, ni más ni menos, que un sector de la Abhwer que se reconstituía. “Cuando lo supe –añade Ersnt von Salomón- mis ilusiones se hundieron. Había visto en el capitán a una especie de salvador de la patria, un rebelde heroico; supe que era un hombre al servicio del mando, un peón en la lucha de las potencias” [10].

En efecto, Ehrhardt no tiene nada de revolucionario. Desea el retorno al orden destruido por la revolución de noviembre. Bien pronto comprende que operaciones como el golpe de Kapp no tienen ninguna posibilidad de desembocar en la deseada restauración. Tras profundos desacuerdos con el general von Seekt, da marcha atrás y descubre la similitud de sus experiencias. Ambos oficiales se encuentran y se comprenden. Decide que Ehrhardt será el hombre del Estado Mayor en los grupos nacionalistas y en los cuerpos francos clandestinos; se esforzará en reagrupar a todos los que están en condiciones emprender en Baviera la tarea de una restauración nacional, de acuerdo con el gobierno de von Kahr.

Por otra parte, la O.C., es decir la ex brigada, disuelta del Reich estará al servicio del Estado Mayor para ciertas misiones secretas en los territorios alemanes ocupados por los aliados y, sobre todo, en Rumania: constitución y vigilancia de depósitos clandestino de armas, acciones puntuales que podían consistir también en el asesinato.

“Esta atmósfera de actividad clandestina daba un particular impulso a las diversas empresas, pero superaba el límite de lo que era verdaderamente querido y ordenado y lo que podía surgir de iniciativas individuales” [11]. En palabras simples, esto significa que Ehrhardt era frecuentemente superado por las iniciativas de sus hombres.

En Alta Silesia se establece el contacto, automáticamente, entre los activistas dispersos por experiencias anteriores. Aquí se reencuentran los adeptos de la nueva Vehme. Presentes en todas las luchas de posguerra, marginados por un régimen que le debe su existencia, renegados por las clases medias que ven en ellos a los “bolcheviques de derecha” tanto más peligrosos como los de izquierda, están terriblemente solos. Actuarán pues por su cuenta, sin orden, sin Estado Mayor, impulsados por el deseo de venganza. “Ellos se sintieron ligados por un lazo más sólido que los juramentos de fidelidad y los estatutos de la sociedad, aproximados entre sí por el ritmo idéntico que latía en sus venas” [12]. Su arma será el terror, la provocación, el castigo. Están maduros para el terrorismo, último recurso de los movimientos radicales de contestación.

Al regreso de Alta Silesia engrasan los fusiles, esconden granadas y pistolas y recuperan el lúgubre camino de la oficina y de la universidad. Diseminados en todo el Reich, presentes en todas las profesiones, miembros de todas las asociaciones nacionalistas, se pasan la noticia, facilitan informaciones, albergan a agentes en misiones, procuran material. Un solo pensamiento les anima y les da fuerza para continuar: “La Vehme castiga a los traidores”.

Rodeados por la locura de los seres anónimos y de los apetitos mediocres, no se dejan devorar. Extraños a los sueños de la masa, “llevan consigo una atmósfera agitada de inquietud”.

“Se agudiza en ellos la conciencia de que reconocer las leyes de un Estado significa reconocer al Estado mismo. En un rasgo iluminado de intuición consideraban que una voluntad nueva exige leyes nuevas, formuladas en los cerebros en continua fermentación de los combatientes solidarios, leyes que daban una terrible responsabilidad, soportable sólo por quien aceptaba el sacrificio pleno. Estos hombres llegaban a la inexorable conclusión final de que no basta, para sacrificarse, dar la vida, sino que es preciso también dar aquello que es más alto que la vida: el honor y la conciencia (…) Así actuaban, hombres dinámicos en una época dinámica…” [13].

¿Cuántos eran? Un puñado. Rossbach y Heines en Mecklemburgo; Paul Scultz con la Reichswehr Negra en Küstrin [14]; Hauenstein y Schlageter en el Ruhr; los hermanos Tullesen, Manfred von Killinger, los subtenientes Kern y Fischer; Heinz, Plaas y algunos más, dispersos por el Reich.

“Para que el asesinato político sea eficaz como una señal –anota en este período el conde Kessler en su diario [15]- para que resplandezca su luz en el mundo político, es necesario que tenga lugar sobre un fondo ético de rígida moral”. La nueva Vehme la impondrá, implacablemente, en sus propias filas [16].

Ante los tribunales, a los que muchos de ellos serán conducidos, reivindicarán fieramente las acciones realizadas transformándose en acusadores tal como atestigua la réplica de uno de ellos, August Blum [17]:

“Usted, señor Abogado General, afirma que está demostrado sin sombra de dudas que he cometido un asesinato. Usted pide mi cabeza en nombre de la Justicia, la Justicia del Estado en nombre del cual usted habla. Pero este Estado no es mi Estado y su Justicia no es la mía. Aquel hombre –mi víctima- cuya humanidad ha repasado con tanta elocuencia y para el asesino del cual ha pedido con la misma elocuencia el castigo, aquella víctima era un vulgar traidor. Merecía la muerte. No tengo ningún temor en pronunciar las palabras que le impresionan: si, lo he matado. Usted señor Abogado General y sus hijos y todo alemán deberían besar nuestras manos en lugar de perseguirnos por asesinato. Usted me trata a mí y a mis camaradas como asesinos comunes, como criminales. Pero yo le digo que si existe un culpable, este soy yo y solo yo, por que yo he dado la orden de matar, claramente y sin ninguna posibilidad de error. ¡Ordenes, tropas, soldados, leyes de la guerra! Nosotros somos soldados, no criminales. Usted habría debido participar en todos los combates de la frontera, en el Este y el Oeste. Si lo hubiera hecho, no estaría aquí profiriendo filípicas melodramáticas. No hablaría de “liberar al pueblo de peligrosos aventureros”, no hablaría de “bandidos sin principios”. Usted no puede imponerse a nosotros con el veredicto de su corazón. Nosotros somos jóvenes. Hemos sufrido mucho y estamos dispuestos para sufrir aun mucho más. Somos sólo una parte de aquella juventud que está ya penetrada por nuestro espíritu y que sabe que llegará el momento en el que destruiremos el Estado, su Estado, señor Abogado General” [18].

La financiación de las operaciones está asegurada por el “sistema D”. Por otra parte ya se ha visto como procedía Rossbach. Un ingenioso medio es puesto a punto por von Salomón, unido a la oficina de cambio de la estación de Frankfurt del Main: aprovechando que los extranjeros en tránsito deben cambiar su dinero aprovecha la inflación galopante y la variación continua de los cambios, compra divisas fuertes como el dólar, francos suizos, liras, libras esterlinas. El titular de la oficina ha ordenado subdividir operaciones para evitar las tasas que afectan a las grandes sumas sean percibidas por las autoridades monetarias y registra solo pequeñas operaciones fuera de todo control. La diferencia obtenida con el curso oficial aplicado permite alimentar las casas de la red dirigidas por el subteniente de navío Edwin Kern.

Von Salomón y Kern se conocieron el 7 de abril de 1920, el día después de la entrada de las tropas francesas en Frankfurt del Main. La tropa acampó sobre el Schillerplatz. Tiradores senegaleses y Cazadores a pie han formado grupos y se mueven por la zona. Ante ellos, junto a la entrada a los W.C. subterráneos reservados a las señoras, un jovencísimo oficial francés con su fusta se divierte haciendo descender a los paseantes que se dirigen hacia la parada del tranvía. Dirige constantemente palabras insolentes hacia las mujeres y las jovencitas. Este juego parece divertirle mucho [18].

Un joven se adelanta: tiene el rostro liso del colegial imberbe y ojos grandes y oscuros. Camina con seguridad, ignorando la presencia del oficial francés y no intenta pasar de largo como hacen otros. Cuando está delante, el oficial francés le grita algo. El joven continúa caminando con indiferencia. Entonces el oficial enrojece, se lanza tras el joven y lo golpea con la fusta en la espalda.

El joven se vuelve bruscamente; arranca la fusta de las manos del oficial y la rompe lanzándola a los pies del francés. La muchedumbre grita.

El oficial vacila y lleva la mano a los guantes. Con furia se lanza sobre el joven que permanece firme, con las piernas ligeramente dobladas. Cuando el oficial cae sobre él, el joven musculoso realiza un movimiento improvisado con todo el cuerpo que desequilibra al oficial y le hace caer por la escalera del WC de señoras. Luego, el joven se ajusta la corbata y pasa entre un grupo de oficiales franceses que están inmóviles, sorprendidos.

Un grito sale de la masa. De improviso todos se ponen a correr hacia el centro de la plaza sumergiendo a los soldados. Algunos tiros se oyen en la zona del ex Hauptwache (cuerpo de guardia) transformado en café. La masa se desperdiga a continuación, seguida por los soldados.

Ernst von Salomón, espectador admirado de la escena, se esconde bajo las arcadas de un edificio seguido por otra persona. Volviéndose, von Salomón reconoce al joven de poco antes:

-       ¡Lo que has hecho es formidable!

-       ¿Quiere ayudarme?

Le tiende la mano:

-       Me llamo Edwin Kern.

En los dos años que seguirán, el joven de los ojos oscuros, ex alférez de navío y miembro de la Brigada Ehrhardt, se convertirá en uno de los primeros activistas de Alemania. Es él a quien recurre: para hacer pasar armas a los grupos del Tirol del sur, para organizar atentados en Hamburgo, para evadir al subteniente Dithmar, encarcelado por los franceses como “criminal de guerra”. Bien pronto los informes de la policía regurgitan acusaciones contra un ex oficial de marina, cuyo nombre empieza con la letra K.

Kern posee el arte de la provocación, sin escrúpulos morales. Para acentuar la psicosis de la Vehme redacta seudo-estatutos algo delirantes firmados por O.C. y los abandona cerca de un antiguo refugio, entre armas y municiones inutilizadas. La policía y la prensa caen en la trampa y la voz de un temible complot empieza a tomar cuerpo [20].

Organizador de un atentado fallido contra el ex ministro socialista Scheidemann, el mismo que había proclamado la República el 9 de noviembre de 198. Kern es el primero en reconocer el valor del viejo politicastro en el curso de esta operación mal conducida.

Von Salomón tendrá grandes dificultades en hacerle aceptar  dinero procedente de las estafas efectuadas para financiar la revolución, ya que Kern teme que tales métodos puedan corromper a los que los utilizan.

“Siempre con tres nuevos planes al menos en la cabeza y uno en el bolsillo dispuesto para ser ejecutado, siempre de viaje, siempre llevando consigo un viento fresco, ardía con un fuego interior cuyas llamas no soportaban cerca ninguna forma de pereza” [21].

Las largas conversaciones que tiene con los camaradas más próximos, Fischer, Plaas, Heinz y von Salomón, revelan también su carácter de estudiante idealista y teórico implacable de la violencia.

La Conferencia de Ginebra está terminando. Son los primeros días de junio de 1922. Por primera vez se han reunido los representantes de la Entente, los de Rusia Soviética y de Alemania, estos últimos guiados por el ministro de Asuntos exteriores Walter Rathenau. La firma de los acuerdos de Rapallo entre el soviético Cicerin y el alemán Rathenau, es el primer acto libre que Alemania se permitirá desde 1918. En una habitación de Berlín donde se han reunido Kern, Fischer y von Salomón, la noche ha transcurrido actuando como una droga sobre el ánimo de los tres jóvenes. Con su complicidad han sido pronunciadas aquellas palabras que a la luz del día se ocultan por pudor y por reserva. Ernst von Salomón tiene diecinueve años. Ha participado en casi todos los grandes combates de posguerra, desde el Baltikum a Alta Silesia, de la represión berlinesa al golpe de Kaap. Edwin Kern tiene cinco años y ha conocido la guerra [22]:

-       Nunca como en esos días he experimentado esta sensación de dolorosa convulsión. Tengo la sensación de que todo esfuerzo de nuestro tiempo debe ser dirigido hacia este fin. Si se decide algo ¿qué haremos nosotros?

Estas palabras han surgido de los labios del cadete, desgranadas fatigosamente, como el reflejo de un pensamiento que se acerca:

-       No pueden servirnos cambios esenciales fuera de las fuerzas de las que no somos expresión. No puede suceder, ni nosotros lo quitaremos, responde Kern.

-       ¿Qué nos da el derecho a tal fe y a semejante audacia? Nosotros, que no poseemos otra fuerza más que la de nuestra voluntad, nosotros que no sabemos más que matar y destruir, que no conocemos otra ciencia sino la de la conspiración, que no tenemos otra experiencia más que la de nuestros fracasos, nosotros que estamos perseguidos y que perseguimos, que odiamos y somos odiados, nosotros a quienes nadie reconoce y que frecuentemente nos disgustan nuestras acciones, ¿seremos verdaderamente los elegidos?

-       ¿Qué es lo que nos da fe a pesar de todo? Nuestra misma actividad, el estar en condiciones de desarrollar esta actividad. Hombres como nosotros que vencen batallas sin gloria, que se han batido en las derrotas sin ser afectados por ellas, hombres así son siempre la emanación del Futuro. Yo no puede creer que una fuerza muera antes de estar agotada.

Callan. Von Salomón enciende una lámpara amarilla que genera fantásticas sombras por encima de una caja de granadas.

-       ¿Por que somos diferentes? ¿Por qué existen hombres como nosotros, alemanes como nosotros, ajenos al rebaño, a la masa de los otros alemanes? Usamos las mismas palabras y sin embargo no hablamos la misma lengua. Cuando nos preguntas: “¿Qué pretendéis?” no podemos responder. Es una pregunta sin sentido para nosotros. Y si intentamos dar una respuesta, no nos comprenden. Cuando los que no han estado en el frente dicen “interés”, nosotros respondemos “purificación”.

Tras un instante, Kern concuerda:

-       Existe una tiranía a la cual nosotros no podremos nunca someternos: la de las leyes económicas. Es completamente extraña a nuestra naturaleza. Nos resulta insoportable por que es de un rango muy inferior. La del razonamiento materialista. Donde era preciso elegir sin exigir pruebas. El sentido de la jerarquía de los valores o se posee o no se posee. Y con quien niega esta jerarquía toda discusión es imposible.

-       Quienes hoy, en Alemania, hablan de reconciliación, de reparación, de justicia internacional, de conciencia universal, creen en los beneficios de la tiranía económica.

-       Y nosotros, no creemos que los adversarios no puede tener estima uno por el otro, si son conscientes de su respectivo valor, si no son concientes de lo que les distingue y les opone.

-       Esto es precisamente lo que vuelve irreductible nuestro desacuerdo.

-       Lo que vuelve irreductible nuestra oposición, sigue Kern, es que aquellos quieren hacer una Alemania a imagen de las democracias occidentales, mientras nosotros queremos hacer una Alemania definitivamente liberada de Occidente. Nosotros no invocamos el Derecho, invocamos la Justicia. Nosotros no apelamos a la conciencia del universo. Consideramos que un pueblo debe realizarse hasta el límite de su fuerza y no debe renunciar impunemente a la pretensión de dominar hasta donde consiga extenderse.

-       Los únicos en hacerlo, hoy, son los rusos. Le llaman “revolución mundial” pero significa expansión rusa. Pero incluso ellos están enfermos por el espíritu occidental, de marxismo y liberalismo, las dos asquerosas huellas de la tiranía económica.

-       Si viejo amigo mío, pero en Rusia las influencias extranjeras no tienen las consecuencias que tienen aquí. Los alemanes siempre han luchado para lograr una concepción del mundo específicamente germánica. Los rusos conocen solo la lucha entre diversas concepciones extranjeras. Pero no les importa. Asimilan, digieren y transforman todo. Rusifican, es el término exacto. El evangelio de la revolución mundial se ha convertido en el del nuevo fanatismo ruso. ¡Y hasta qué punto es eficaz! Se han desembarazado de los ejércitos extranjeros en su territorio. Han invadido Polonia. Construyen una nación y su idea irradia por el mundo.

-       ¡Nos convertiremos en comunistas! Interrumpe von Salomón.

-       Para hacer estos sería preciso haber nacido rusos. Pero unirse a los comunistas alemanes significa condenarse al fracaso. Los comunistas alemanes son fanáticos rusos. No pueden vencer. Haremos lo que han hecho los rusos: adaptaremos la teoría a la nación. Y esto los rusos no lo permitirían y los comunistas alemanes, que rechazan su nación, no lo desearían.

-       ¿Entonces qué hacer? No podemos situarnos eternamente en los márgenes del mundo. No podemos esperar infinitamente la llegada de lo que ignoramos”

-       Neurosis de activismo.

-       Abandónala. Lo que hacemos ahora no me basta.

-       Es cierto. Napoleón era general a los 25 años.

-       Tonterías. Dímelo si lo sabes, ¿de qué forma podemos coger el manto de Dios si nos pasa al lado?

Kern lo mira y su rostro parece improvisadamente abrirse:

-       Lo que bulle en nosotros fermenta también en otros lugares. El Reich está abierto como un campo arado. Está dispuesto para acoger cualquier semilla. Pero el único grano que nos permitirá germinar deberá ser el fruto de nuestros sueños. Si ahora no arriesgamos el todo por el todo, quizás durante siglos será demasiado tarde. Soportamos los pesos de los planes y de los sistemas. Somos pura acción, con toda la brutalidad de la fuerza primitiva. Por esto debemos ser nosotros quienes demos el primer paso y abramos la primera brecha. Deberemos desaparecer después de haber realizado nuestro trabajo. No estamos destinados a gobernar, sino a dar el impulso.

Sus palabras caen en el silencio. Kern prosigue, en pie:

-       Lo que hemos hecho hasta este momento ha tenido un efecto estimulante, pero no basta. Golpe a golpe, todos los principales representantes de una política que precisa abolir a cualquier coste han caído, pero nosotros hemos golpeado los miembros, no la cabeza ni el corazón.

Nuevo silencio. Luego, sordamente:

-       Tengo intención de matar al hombre que supera a todos los que están en torno suyo.

-       ¿Rathenau? Murmura von Salomón en voz baja.

-       Rathenau, repite Kern. La sangre de aquel hombre debe separar irreductiblemente lo que debe ser separado para siempre.

“En el campo de acción más democrático y más impersonal posible, donde el público soberano, reunido en asambleas de accionistas, decide siguiendo los estatutos nombres y suspensiones de salario, en el curso de una generación se ha formado una oligarquía cerrada como la de la antigua Venecia. Trescientos hombres, que se conocen todos, dirigen los destinos económicos del mundo y buscan sucesores en su entorno”. Walter Rathenau escribió estas líneas en 1909 con una orgullosa exaltación [23]. A los treinta y cinco años, se convirtió en uno de los trescientos: está presente en el consejo de administración de 84 grandes empresas y dirige la más potente de ellas, la A.E.G., que ha heredado de su padre y que suministra electricidad en Alemania, en Inglaterra, en Suiza, España, Italia, América del Sur y en Rusia.

Pero en la Alemania Imperial este hombre poderoso es un ciudadano de segunda clase. Es judío y barreras invisibles lo mantienen en los márgenes de una sociedad que les envidia y desprecia al mismo tiempo. Sin embargo, habiendo podido abatir estas barreras abjurando de su fe, rechazó hacerlo, no por convicción religiosa –ya estaba liberado- sino por dignidad.

Esta ascendencia, este particularismo en el cual se cierra con orgullo, suscita en él un dramático dualismo. Hostil a la guerra, dirigirá la Oficina de Materias Primas y se convertirá en el dictador de la economía alemana durante el conflicto; organiza el trabajo obligatorio, deporta trabajadores belgas hacia las fábricas alemanas. Sin él Alemania no hubiera podido combatir.

Este hombre, que no esconde su desprecio por los Hehenzollern y la antigua aristocracia alemana, vive en el castillo de la reina Luisa.

Este pacifista convencido considera el armisticio de noviembre de 1918 como “la más catastrófica bestialidad de los tiempos modernos” y preconiza la leva en masa que el Estado Mayor considera imposible.

Tras oponerse al Tratado de Versalles, se convierte en campeón de su leal aplicación; en 1921 acepta el Ministerio de Daños de Guerra en el gabinete Wirth y firma con Francia un acuerdo de entrega de indemnizaciones.

Este capitalista se siente atraído por el comunismo en el cual ve el porvenir, el fin de las patrias, el advenimiento de un mundo racional, fundado sobre aspectos económicos.

Este hombre que denota una gran seguridad en sí mismo es un “temperamento melancólico, obsesionado desde la infancia por el presentimiento de la fatalidad” [24].

Por que este hombre rico y poderoso se ve constantemente ahogado por la angustia. Para afrontar esta debilidad íntima consigue unir y estructurar una teoría según la cual el miedo y el valor son los dos principios fundamentales que se oponen en el ser humano. Impulsando más allá su pensamiento, afirma que estos principios son distintamente encarnados por dos razas-símbolo que se enfrentan en la historia. “Cualquier credibilidad –escribe su ex colaborador, el conde Kessler- que se conceda a este mito de una raza del miedo, morena e intelectualoide, en oposición a una raza rubia dominadora, valerosa y sin intelecto, el hecho es que Rathenau cree en él y hace del mismo el punto de partida de su filosofía; asume, por tanto, el valor de una confesión” [25].

Gracias a esta teoría, se venga y deja hablar su resentimiento: “¿Cuándo un hombre rubio, hijo de los dioses del norte, ha hecho algo grande en el campo del pensamiento y del arte?” [26], pregunta Rathenau formulando implícita una respuesta poco convincente. Pero, contemporáneamente, este “hijo de una raza morena esclava y temerosa” experimenta una morbosa atracción por los jóvenes señores de aquella “raza rubia y valerosa” entre los cuales serán reclutados sus asesinos.

Desde el momento en que ha tomado su decisión, Kern ha cambiado. Siempre activo y alegre, se convierte en pensativo. No es que tenga el presentimiento de su fin próximo, sino que la amplitud del acto y las consecuencias del mismo lo llenan de gravedad. Sabe asumir una incalculable responsabilidad ante la Historia. Sabe que el acto requiere su misma destrucción, pero sobre todo lo expone a ser incomprendido. Sus razones son demasiado altas. Algunos instantes antes del asesinato, Ernst von Salomón le pregunta:

-       Si consiguen detenernos ¿qué motivos deberemos dar?

Con una alegría disimulada Kern responde:

-       Si nos detienen, lanzar tranquilamente toda la responsabilidad sobre mí. Es lógico. A ningún precio deberéis decir la verdad. Decir cualquier cosa que no tenga importancia. Decid algo que la gente esté habituada a leer en los diarios de la mañana. Si queréis, decir que Rathenau era uno de los Sabios de Sión o que ha casado a su hermana con Radeck; en suma, una cualquier idiotez. Decir todo lo que queráis, pero decirlo de la forma más llana posible; solo así podrán comprenderos. El motivo que nos ha impulsado no lo entenderán nunca [27].

En la vigilia del atentado, los conjurados pasan la tarde en Berlín. Es una vela de armas. Edwin Kern, con la fuerza de la reflexión y de la voluntad, ha alcanzado un estado de gran distanciamiento. Ha transmitido este estado de ánimo a Herman Fischer, ex oficial, convertido en ingeniero y responsable de la O.C. para Sajonia, que lleva en el rostro la determinación de la generación del frente. Kern es un intelectual impulsado a actuar por la fuerza de sus sentimientos y reflexiones. Fischer es, ante todo, un hombre de acción.

El tercer hombre, Werner Techow, veintiún años, perteneciente a la compañía de asalto de la brigada Ehrhardt, es uno de los miembros de la O.C. en Berlín. Sobrino de un héroe de 1848, pertenece a una familia de magistrados berlineses. Solo él muestra cierto nerviosismo. Su papel en el atentado será esencial, por que conducirá el potente automóvil facilitado por un industrial de Freiberg, en Sajonia, Johann Küchenmeister, miembro de la Schutz und Trutzbund [28].

La pistola automática Mauser facilitada por Christian Ilseman, secretario de la sección del Schutz und Trutzbund de Schwerin, ha sido probada algunos días antes de modo completamente legal. Será Kern quien la usará, mientras Fischer completará el trabajo con bombas de mano.

El equipo está bien conjuntado. Desde hace tres semanas Kern ha impuesto a los dos camaradas una vida rigurosamente comunitaria. Se han preparado como si se tratara de un rito religioso.

Sábado 24 de junio de 1922. Diario del conde Harry Kessler: “A las 11:30 Guseck entra en mi oficia y dice que Ossietzky ha telefoneado en aquel momento para decirle que Rathenau ha sido asesinado. La noticia me ha conmovido. El Reichstag debe ser disuelto inmediatamente, es preciso finalmente ajustar las cuentas con los asesinos de la derecha… Con este asesinato se inicia un nuevo período en la historia alemana” [29].

Relato de un testigo ocular del atentado, el albañil Krischbin publicado por el “Vossische Zeitung” [30]: “Hacia las 10:45 horas, dos coches descienden por la Königsalles, procedentes de Hundekehle. En el primero, que circula en el centro de la calzada, pude ver a un señor sentado en el asiento posterior. Se le veía muy bien por que el automóvil era completamente descubierto, sin capota. En el segundo coche, un gran torpedo de seis plazas, gris oscuro, también descubierto, pude ver a dos jóvenes señores con chaqueta de cuero y sombreros de ala ancha que apenas les dejan ver el rostro. Los dos carecían de barba y no llevaban gafas de automóvil. La Königsalles en Grunewalt es una calle muy frecuentada por los autos y no se notan todos los que pasan. Me fijé en este gran coche por las chaquetas de cuero de sus ocupantes que me llamaron la atención. El gran coche alcanzó al más pequeño que había reducido la velocidad, casi sobre las vías del tranvía, para tomar la doble curva por la derecha, y lo impulsó violentamente hacia el lado izquierdo de la calle, donde estábamos nosotros. Cuando el gran coche estuvo cerca ante el otro, y ya que el ocupante de este último miraba hacia la derecha por si existía peligro de colisión, uno de los señores con chaquetas de cuero avanzó hacia delante con una pistola grande, la apuntó sobre el señor sentado en el otro coche [31]: no tuvo ninguna detenerse para apuntar pues estaba muy cerca suyo. Le veía –digámoslo así- con el aspecto sano y abierto de un oficial; yo estaba semiescondido por que el disparo hubiera podido alcanzarme. Las detonaciones siguieron muy rápidamente, como las de una ametralladora. Cuando el hombre que disparaba hubo terminado, el segundo se alzó manteniendo en la mano alguna cosa –era una granada “limón”- y la lanzó dentro del otro coche. El señor, golpeado en el costado, se había desplomado sobre el asiendo. En aquel momento el conductor se detuvo justo en el ángulo de la Erdenerstrasse y gritó: “¡Socorro! ¡socorro!”. El gran coche partió rápidamente a todo gas y enfiló la Wallotstrasse. El auto con el herido se había detenido a un lado de la calle. En aquel mismo momento se produjo una explosión: la granada había estallado. El señor agachado sobre el sillón saltó por los aires. Acudimos inmediatamente varias personas y encontramos sobre la calzada nueva cartuchos de bala y la tapa de una granada. De la carrocería habían saltado fragmentos de madera. El conductor logró poner el coche en marcha y una muchacha sostuvo al señor inanimado y quizás muerto; luego el coche se perdió a toda velocidad por la Königssallee, en la dirección por la que había venido, hacia el puesto de policía que está 30 metros más lejos, del lado de Hundekehle”.

La muchacha que había subido al auto con tanta sangre fría era una enfermera, Helen Kaiser. En el proceso declarará: “Rathenau, que sangraba abundantemente estaba aun vivo y me miró. Me pareció que estaba ya sin conocimiento”. El conductor condujo al moribundo directamente del puesto de policía a su habitación: aquí fue transportado a su estudio y tendido sobre el pavimento. Cuando un criado se aproximó para ayudarlo a tenderse, Rathenau abrió los ojos por última vez. El médico, que llegó poco después, sólo pudo constatar la muerte. Cinco balas habían penetrado en el cuerpo, la columna vertebral y el maxilar inferior estaban destrozados. “El día después –contará el conde Kessler- lo vimos en el mismo lugar, en el féretro abierto, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, con una expresión muy calmada y una expresión calmada pero indeciblemente trágica en el rostro devastado, herido, muerto. En la parte lacerada del rostro habían colocado un pañuelo que cubría toda la parte inferior hasta la corta barba gris” [32].

“En cuanto los vendedores de prensa gritaron con voz excitada la noticia por las plazas –escribe von Salomón- durante algunos segundos el tumulto de las calles murió para resurgir de nuevo con ritmo alterado, pareció que el eco de aquellos disparos lejanos afectara amenazante a todas las cabezas (…). Todos los hombres quedaron improvisadamente sojuzgados por la misma fuerza misteriosa, por los mismos pensamientos, por los mismos temores y buscaron con rapidez palpitante huir de la confusión; sobre masas incubó, como anunciador del pánico, un vapor envenado que hace gritar a la sangre” [33].

En los días siguientes la muchedumbre invadió las calles: murallas humanas dominadas por las banderas rojas de la Revolución y negro-rojo-oro de la República. Nunca en Alemania se había visto una manifestación similar. Más de un millón de hombres desfilaron por Berlín el día de los funerales de Rathenau; el trabajo se detuvo en todo el Reich. La atmósfera está llena de cólera. La represión se abate sobre los movimientos nacionalistas. El Reichstag vota –en medio del caos- una ley para la defensa de la República después de que el canciller Wirth proclamara en su discurso: “El enemigo está a la derecha”.

En el momento de las manifestaciones de Berlín, Kern y Fischer están aún en la ciudad y se mezclan entre la muchedumbre que pide su cabeza. Techow se ha escondido en casa de un tío suyo que, más tarde, lo entregará a la policía.

A 100 metros del lugar del atentado, su coche se ha averiado: no funciona la bomba de aceite. Techow abre el capó y los tres hombres buscan la avería. En aquel momento desembocan en el ángulo de la calle algunos coches de policía: ven el coche detenido tranquilamente junto a la acera y pasan a todo gas, sin prestarle atención.

“Kern y Fischer habían seguido su vía oscura. Atravesaron el mundo que estaba desconsagrado para ellos y llevando con seriedad mortal el signo de Caín fueron tragados por las sombras que su mismo gesto proyectaba” [34].

Una motora debía recogerlos en las inmediaciones de Warnemünde y conducirlos en alta mar hasta un yate; debían desembarcar en Suecia, donde los ex cuerpos francos contaban con amistades seguras. Desviados por una sucesión de acontecimientos desgraciados y por las dificultades del viaje, llegan tarde a la cita: cuando no ven la canoa en el lugar fijado creen que han sido abandonados.

Empiezan a vagar como bestias salvajes, escondiéndose en casas abandonadas, caminando en la noche, escondiéndose en los graneros. Los camaradas lanzados en su búsqueda para ayudarlos no consiguen encontrar sus huellas.

Finalmente alcanzan el castillo de Saaleck en las inmediaciones de Bad Kösen, propiedad del escritor Hans Wilhelm Stein, donde algunos meses antes se había escondido el subteniente Dithmar tras su evasión en la cárcel de Naumburg.

Una paz inmensa se apodera de ellos. Creen que han llegado al final de su camino personal, en este burgo de granito que domina el valle del Saale, en el silencio resonante de los mármoles, del agua y del follaje.

El gobierno ha prometido un millón de marcos por su captura. El 17 de julio de 1922 la policía recibe una confidencia. Dos policías de Halle son enviados al lugar para verificar la información. Cuando entran en una de las dos torres, se encuentran ante la pistola de Kern:

-       ¡No dispare! Balbucea uno de los policías. Tengo familia.

Kern baja el arma y grita:

-       ¡Escapa miserable!

Unas horas después, el castillo está rodeado por una compañía de Schupos armados de ametralladoras. Los dos hombres no han intentado huir. Para su último encuentro con la gran sombra de los campos de batalla, han elegido este escenario bello y salvaje.

Se ha levantado el viento: furiosos remolinos golpean los viejos muros de la torre. Bancos de nubes pasan sobre las montañas. Las ráfagas de viento mueven las ramas y las hojas. Una corona oscura rodea el castillo que se alza como un espectro.

A pesar de la tempestad, la muchedumbre se concentra ante la empalizada y sobre las colinas que llevan a Saalbeck: ávida, no quiere perder nada de la brutal caza.

Los policías se apostan en la segunda torre. Ven aparecer los dos rostros jóvenes y rubios. El viento lleva lejos las palabras: “Vivamos y muramos por nuestras ideas. ¡Otros vendrán detrás nuestro!”.

Los Schupos, sin ninguna amenaza abren fuego. Edwin Kern es alcanzado por un disparo lanzado por el mismo policía al que en la mañana ha perdonado la vida [35]. Herman Fischel lo lleva a la cama y le cierra los ojos. Luego se relaja sobre la otra cama, apoya el cañón de su pistola en el mismo lugar en el que ha sido alcanzado Kewrn [36]. La detonación retumbará en todo el valle.

 

NOTAS

[1] Maurice Baumont, op. cit., pág. 38

[2] Harry Kessler, op. cit., pág. 101.

[3] En 1929 será elegido diputado en las listas de los nacionalsocialistas por el landtag de Sajonia; Gruppenfüherer S.A., desarrollará importantes tareas bajo el III Reich. Nombrado ministro del Reich en Rumania, se suicidará al entrar las tropas rusas en Bucarest.

[4] Gumbel, op. cit., pág. 40.

[5] Manchester Guardian del 10 de diciembre de 1926. Killinger habría recibido por esta entrega 22.500 marcos oro, el 17 de agosto de 1921, mientras aún estaba en cárcel.

[6] Sobre el origen controvertido del término, ver Jean Pierre Bayard, Les Francs-Juges de la Sainte Veme, París 1971, pág. 102-103.

[7] Citado por Albert Hömberg, Die Entstehung der Westfällischen Freigragschaften, Münster, 1953.

[8] J.P. Bayard, op. cit., pág. 236.

[9] Sobre todo en la tragedia de Goethe Goetz von Berlechingen mity der Eisernen e in Kätchen von Heilbronn de Kleist.

[10] Cfr. Ernst von Salomón, Le Questionnaire, Ed. Gallimard 1953, pág. 321.

[11] Ernst von Salomon, Le Questionnaire, op. cit., pág. 317.

[12] Ernst von Salomon, Los proscritos, op. cit., pág. 273.

[13] Ernst von Salomon, Los proscritos, op. cit., pág. 274.

[14] Ver capítulo XVII.

[15] H. Kessler, op. cit., pág 138.

[16] En Los Proscritos Ernst von Salomon ha relatado la alucinante ejecución de un traidor, en la cual él mismo participaba.

[17] Cfr. Kampf: Lebensdokumente deutscher Jugend von 1914-1934. Leipzig 1934.

[18] Se ignora el número de las ejecuciones realizadas por estos tribunales de la nueva Vehme. La única fuente conocida es sospechosa. Se trata de E. J. Gumbel, traducida al francés con el título de Les grands crimes politiques en Allemagne 1919-1929, Gallimard 1931. El autor no esconde el partido que ha tomado. Para él, los asesinos son condenables o excusables según hayan sido de extrema-derecha o de extrema-izquierda. Este maniqueo evalúa en 354 las víctimas de la Vehme en el citado período. Pero se basa sobre testimonios tendenciosos. Procede amalgamando hechos y situaciones que no tienen ninguna relación entre sí. Por ejemplo, imputa a los cuerpos francos clandestinos, el intento de asesinato de Von Seeckt, planeado, sin embargo por el T-Apparat del K.D.P., organización terrorista del partido comunista. Ver a este propósito Margarette Buber-Neumann, La Revolution mondiale, Ed. Casterman, 1971.

[19] Esta escena es descrita por Ernst von Salomón en Los Proscritos, op. cit., y en “L’Illustration” del 17 de abril de 1920.

[20] Algunos historiadores lo creyeron, tal como Robert Waite, que lo cita ampliamente como un auténtico documento.

[21] Ernst von Salomón, Los Proscritos, op. cit., pág. 275-276.

[22] Este diálogo ha sido reconstruido en base a lo que se narra en Los Proscritos (de la pág. 305 a la 315 de la edición italiana citada) y a las observaciones hechas por von salomón al autor.

[23] Artículo publicado en el “Neue Freie Presse” de la Navidad de 1909, citado por L’Illustration del 22 de abril de 1933.

[24] Benoist-Mechin, op. cit., tomo II, pág. 212.

[25] Conde Kessler, Walther Rathenau, Ed. Grasset, pág. 24-25.

[26] Citado por Benoist-Mechin, op. cit., pág. 215.

[27] Cfr. Ernst von Salomón, op. cit., pág. 250. La explicación dada habitualmente por los contemporáneos y también por los historiadores es el antisemitismo de los autores del homicidio. A este propósito se recuerda una canción del Selbstschützen de Alta Silesia:

Metemos a Walter Rathenau

El maldito, el innoble judío.

Es cierto que el antisemitismo fue uno de los denominadores comunes del movimiento nacionalista y de los cuerpos francos. Sin embargo, nada deja suponer que este elemento haya intervenido claramente en los motivos de Kern y de sus camaradas. Ernst von Salomón lo ha explicado claramente en Le Questionnaire (pág. 108-109) y lo ha reiterado insistentemente al autor.  Hay que recordar que su libro Los Proscritos escrito en pleno ascenso del nacionalsocialismo (1919-1930) no contiene ni una sola frase antisemita ni de desprecio hacia Rathenau. Abundan, sin embargo, los testimonios que presentan a este como un personaje superior e incluso en ocasiones simpático.

[28] Ver capítulo XIII.

[29] Conde Kessler, op. cit., pág. 160-162.

[30] Referido por “L’Illustration” del 22 de abril de 1933.

[31] La pistola Mauser del tipo 96 tiene un accesorio de madera que se adapta a la empuñadura del arma para forman un culatín.

[32] Citado por L’Illustration del 22 de abril de 1933.

[33] Ernst von Salomón, op. cit., pág. 328.

[34] Ernst von Salomón, op. cit., pág. 328.

[35] Cfr. El informe de los policías citado por Ernst von Salomón, op. cit., pág. 339.

 

(c) Por el original francés: Dominique Venner - Baltikum.

(c) Por la traducción: Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

NOTA BIOGRAFICA SOBRE ERNST VON SALOMON

Infokrisis.- El presente texto que reproducimos ha sido extraído de la obra Retrato del Aventurero de Roger Stephane, Ediciones de la Flor, Buenos Aires 1968, páginas 177-182. Resume los puntos más significativos de la vida, de la obra y del sentir de Ernst von Salomón. Estas notas tienen todavía más valor en la medida en que han sido extraídas de un autor que, globalmente, condena la obra de von Salomón y todo lo que ello significa. Aún así, resulta imposible desfigurar la vida de un espíritu volcado a la acción y a la aventura.

 

 

Ernst von Salomon nació en Kiel el 25 de septiembre de 1902. Su padre había nacido en Inglaterra y su madre en Rusia, a pesar de lo cual adoptaron la nacionalidad prusiana, opción que fue reivindicada por su hijo: Yo sé que de no haber nacido prusiano, lo hubiera sido por elección[1].

Descendía sin embargo de la pequeña aristocracia franco-alemana: un Salomon, Louis Frederik Cassian de Salomon, participó en el complot de Pichegru contra Napoleón.

Su padre estaba al servicio del Estado: para un prusiano, ser comisario de policía no era carecer de dignidad.

Bautizado en la religión católica, Ernst von Salomon desarrolló un agnosticismo consciente[2]. Lo enviaron a Karslruhe, en la región de Bade, donde asistió a los cursos de un instituto que preparaba jóvenes para ingresar en el Cuerpo de Cadetes del Emperador.

Si bien sólo contaba doce años cuando estalló la guerra, no por ello resultó menos sensible a la exaltación patriótica y militarista que se suscitó en Alemania.

A los dieciséis años, cuando su país se ve obligado a firmar el armisticio, vive este hecho como una humillación personal.

La Primera Guerra Mundial concluyó tanto para Alemania como para Francia en 1918, pero para los adolescentes alemanes "continuó" en las guerras que sostuvo Alemania en Polonia o en Litúania.

Se constituyeron los cuerpos francos de la Alta Silesia y del país báltico, por el año 1921 y Ernst von Salomon participó en unos y otros.

Conducido por jóvenes oficiales que no habían podido aceptar el fracaso, atribuido a los tratados, parecían querer demostrarles lo que podían lograr el valor y la fuerza de voluntad puestos al servicio de cierto concepto de nación. Los jóvenes oficiales se desquitaron en el este del fracaso sufrido en el oeste. El arbitraje aliado que restituyó a Alemania la fracción de Silesia conquistada por estos cuerpos francos, justifica su existencia y consagra su acción.

Al regresar de estas campañas, Ernst von Salomon no perdió contacto con sus compañeros. Para ganarse la vida fue empleado de seguros, y luego bancario. Instaló un pequeño local de cambios como los que pululaban en la Alemania inflacionista y, simulando consultar telefónicamente los valores en plaza de papeles extranjeros, pagaba, a los clientes poco informados y despiertos, sumas inferiores al valor real de la moneda que le habían ofrecido[3]. En Alemania los grupos de conspiradores nacionalistas se multiplicaban. Von Salomon integró dieciocho de estas asociaciones: de una de ellas emergió Hitler. Además, participó en el complot que costaría la vida al ministro de Relaciones Exteriores, Walter Rathenau. Ernst von Salomon afirma que el antisemitismo no desempeñó el menor papel en este asesinato: Con su voz pausada Ernst Jünger me preguntó: «¿Por qué no tiene usted el coraje de decir que Rathenau murió porque era judío?". He recibido cartas hasta de Palestina preguntándome lo mismo, y cada vez respondí: "Porque no es cierto”[4].

Nada permite poner en duda la sinceridad de von Salomon. Las razones de este joven nacionalista eran suficientes[5]: como hombre de Estado, Rathenau había tomado partido con respecto a la derrota de 1918, el Tratado de Versailles y todas las servidumbres impuestas a Alemania. Creía que Alemania sólo podía reconstituirse a partir del estricto cumplimiento de todas las cláusulas de los tratados .internacionales que acababa de firmar, para obtener de esta manera, de la Sociedad de las Naciones, una especie de certificado de buena conducta. Todo político que compartiera el respeto por estos tratados debía ser "suprimido"[6]. Por otra parte, Rathenau tenía formación o cultura burguesa. Participaba del humanismo optimista de comienzos de siglo: su encuentro con Gide no es puramente casual.

Hemos visto más arriba la "alergia" de von Salomon frente a la conducta del humanista burgués, alergia que no excluía cierta atracción por ella[7]. Un burgués cultivado hablaba su mismo idioma, pero para von Salomon encarnaba la impotencia.

 

Es un burgués internacionalista (ahora lo llamaríamos europeo) en cuyo asesinato colaboró en 1922 un joven "irredento". La toma de conciencia, por parte de los jóvenes nacionalistas, de la importancia política de Rathenau, los decide muy pronto a matarlo; al subir a un coche rumbo al sitio del asesinato, el asesino declara: "Si Hitler comprende que ha llegado su hora, es el hombre que creo"[8].

Una vez cumplida su misión, los asesinos se dan a la fuga, y son perseguidos de cerca. Von Salomon se dispone a reunirse con ellos, siguiendo paso a paso las informaciones de los diarios, pero, sorprendidos en un escondrijo improvisado, son abatidos por la policía.

Entre el asesinato de Rathenau y su propio arresto, von Salomon viajó a Munich, para entrevistar al comandante Ehrhardt, quien, después de colaborar en el "putsch" de  Kapp, hablaba de confederar los pequeños grupos de nacionalistas alemanes:

"Después de un rato, escuché que alguien subía la escalera. Me senté a una mesa. Entró un hombre: pese al calor sofocante llevaba un impermeable y un sombrero de paño gris verdoso; bajo la nariz, emergía un extraño, bigote. Me preguntó, con voz gutural:

"-¿Está el comandante?

"No parecía prusiano, pero podría haber sido agente de la policía criminal. Respondí:

"-¡No!

"-Es necesario que hable de inmediato con él -dijo-. ¿No me conoce? Soy Adolf Hitler.

"Yo lo conocía, aunque no lo había visto nunca.

"Kern lo había estimado mucho; opinaba que, fuera del comandante, Hitler era el único hombre capaz y con coraje para pasar a la acción. Me levanté diciendo:

"-Voy a ver.

'To anuncié al comandante:

"-Mi comandante, Adolf HitIer quiere hablarle.

"El comandante dejó caer su mano, sobre la mesa, gritando:

“Dios mío! ¿Qué quiere ahora ese idiota?

“Después, hizo un movimiento pequeño y brusco con la cabeza, y ordenó:

"-Hágalo pasar.

"Volví a la antecámara, hice un pequeño y brusco movimiento con la cabeza, y repetí:

"-Pase.

 

"Un poco más tarde, el comandante salió con él y me dijo:

“-Está bien, está usted en libertad.

"En la calle, lo perdí de vista. Es la única vez que ví a Adolf Hitler, en persona"[9].

Arrestado, von Salomon fue condenado por primera vez a cinco años de reclusión por participar en el crimen de Rathenau, y a tres años por golpes y heridas, con concurso de penas; una amnistía lo liberó en 1928.

Es entonces cuando se inicia su carrera de escritor, que no le impide, por otra parte, continuar su militancia en los medios ultranacionalistas. Es entonces cuando conoce, entre otros, a Ernst Jünger. “En ese momento me preguntaba por qué Jünger podría interesarse en mí: era demasiado inteligente para creer que durante toda mi vida yo me esforzaría, el rostro en éxtasis, por llenar de balazos a bravos ministros, o a tirar bombas, para seguir plantando en mi vejez ardiente, mediocres estandartes sobre cualquier clase de barricada"[10].

Y, desde entonces, hiciere lo que hiciere, es consciente de la distancia que se establece entre él y su acto, entre él y su vocación; de nacionalista pasa a ser, insensiblemente, un escritor que se mira ser nacionalista: “Soy un observador apasionadamente comprometido”[11].

En 1932, decide pasar sus vacaciones en Francia; allí se encuentra en la región vasca con Claude Farrère, todavía glorioso y dolorido por una bala perdida recibida en ocasión del asesinato del presidente Paul Doumer. Escribe sobre sus vacaciones en Francia una larga novela, incorporada al Cuestionario: Boche in Frankreich[12], resplandeciente de ternura, de sol y de ironía. El ascenso del hitlerismo al poder y las resistencias que encuentra, el combate de una Alemania desgarrada, no impiden a Ernst von Salomon, que tenía entonces 30 años, conocer y apreciar una cierta dulzura de vivir. Con la llegada de Hitler al poder, muchos de sus amigos alcanzan puestos importantes. De "réprobo" se convierte en héroe del "irredentismo", él, uno de los asesinos de Rathenau. El nuevo régimen se muestra dispuesto a colmarlo de honores. Cualquiera sea el sentido que el pensamiento moderno ha dado a esta palabra, von Salomon era desinteresado, y, más exactamente, comenzaba a desinteresarse.

Rehusó todo beneficio moral o material del III Reich y fue lector en la editorial Robwolt, luego guionista. Cuando un oficial americano le preguntó acerca de las verdaderas razones que le habían impedido afiliarse al partido nacionalsocialista, Salomon responde:

 

-Si hubiera ingresado en el partido, sería por lo menos Gauleiter; ¿no es cierto?

-Yaeh -dijo el oficial apresuradamente.

-Y bien, me convertí en guionista, lo que me permite ganar el triple que un Gauleiter[13].

El sentimiento de contrición demócrata cristiano que se abatió sobre la República Federal Alemana, impidió, después de la Segunda Guerra Mundial, reconocer el talento profético de Ernst von Salomon así como también la importancia de su testimonio.

Salomon quedó en sombra hasta la publicación en 1952 de El Cuestionario cuya desenvoltura, la insolencia respecto de los norteamericanos y el desapego frente al pasado, alegraron a toda esta nueva generación de alemanes exasperados y hartos de sentirse culpables.

Pese a sus 648 páginas El Cuestionario fue un best seller, que colocó a von Salomon en el sitio que le correspondía: el del mejor escritor alemán en vida.

 

© Roger Stephane – Ediciones de la Flor – Buenos Aires

© Reproducido en Infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com

 

 

 

 



[1] El cuestionario, A, pregunta 16.

[2] El cuestionario, A, pregunta 23.

[3] Los réprobos, 11, 5.

[4] El cuestionario, A, pregunta 24.

[5] Cf. supra, p. 82.

[6] El cuestionario, A, pregunta 24.

[7] Cf. supra, pp. 82 y 90.

 

[8] Los réprobos.

[9] El cuestionario, E, pregunta 41.

[10] El cuestionario, C, pregunta 28.

[11] El cuestionario, B, pregunta 25.

[12] El cuestionario, 1, pregunta 125.

 

[13] El cuestionario, observaciones.

 

 

[ir]reflexiones (I de ¿?) Homenaje a Ernst von Salomón

A los 14 años, cuando descubrí en la biblioteca de mis padres Los Réprobos de Ernst von Salomón y lo leí, quise ser como él. Más tarde, cuando ya tenía treinta años, encontré en un tenderete de libros de lance en Caracas un ejemplar deshilvanado de El Cuestionario -¿qué historia debían tener aquellas páginas que verosímilmente habían pasado por muchas manos antes de llegar a mí?- escrito por von Salomón. Lo leí camino de Honduras a donde me condujo un desvencijado Douglas en un viaje interminable y ensordecedor. Tres días después todavía tenía el run-run de los motores clavado en los oídos, terminé la lectura y entonces supe lo que era la derrota. Yo estaba siendo en aquel momento, von Salomón y quería vivir mi aventura hasta el final. Anque culminara en derrota.

 

En 2003 traduje el libro de Dominique Venner, Baltikum, la historia de los Freikorps (Cuerpos Francos alemanes) entre 1918 y 1923 –una obra que en breve editará Ediciones IdentidaD, sirva esto como primera publicidad- y entonces recordé que un día quise ser como von Salomón y que la intensidad de mi aventura no había sido lo suficiente como para igualar esa tensión, ese dolor y esa angustia que solamente pueden estar en el origen de grandes obras, personales, políticas o literarias. Finalmente, hoy he acertado a leer un libro que no recuerdo dónde compré –acaso en el Mercado de Sant Antoni en Barcelona un día ya lejano- y he sabido que de mayor quería ser como von Salomón.

La aventura no es sólo cosa del ayer

La vida es extraña. Breve, pero extraña. Un amigo y camarada de toda la vida me decía que hoy no se pueden vivir aventuras por las que valga defender morir y que no hay grandes causas que justifiquen dar y recibir la muerte. Sí, porque no hay aventura digna de tal nombre sin sangre. La propia o la de otro. Este camarada se equivocaba. Siempre hay alguna aventura sobre la que valga la pena cabalgar hasta arrojarse al vacío.

Quizás las aventuras del ayer eran más nítidas. Los compañeros de aventura de von Salomón, tras cuatro años y medio de trincheras eligieron seguir combatiendo, cuando ya no había mando que lo ordenase, en las alturas de Alta Silesia y plantaron sus banderas y sus culos en lo alto del Annaberg. Antes habían combatido en Riga y en el Báltico, y antes aún combatieron contra los comunistas en las calles de Berlín y de Munich. Atentaron en el Rhur cuando Francia ocupó tierra alemana y algunos, von Salomón entre ellos, llegaron a la conclusión de que algunos traidores no merecían vivir ,o que otros, como Rathenau, eran demasiado buenos y hubieran podido dignificar la República de Weimar, es decir, el reino de la mediocridad. O la aventura de liberar tierra europea del stalinismo hasta las puertas de Moscú o en las calles de la ciudad de nombre maldito y de maldito sea su nombre, Stalingrado. Cada época tiene sus aventuras a medida de los hombres que las protagonizan.

El aventurero y el burgués, separados por la actitud ante la muerte

No es raro que hoy algunos consideren que levantarse cada mañana para ir a trabajar ya es una aventura o que la aventura de tener hijos sea excesiva para ellos. En tiempos serviles, lo que en otro momento era normal se convierte en la única gran aventura posible.

La diferencia que hay entre el aventurero y el burgués es que el segundo aspira a morir en la cama, durante la noche, sin dolor y sin ser consciente de que se le va la vida. Puestos a no querer morir, piensa, lo mejor es no enterarse. El burgués –que ha pasado por la vida sin enterarse qué diablos es la Vida- oculta la muerte y evita mirar a la muerte –ese destino inevitable de lo humano- acaso por eso hoy ya no vemos féretros por las calles e incluso en los hospitales se bajan por ascensores fuera de la vista del público.

Uno de los primeros recuerdos de mi infancia –quizás a los tres años- era la imagen de un féretro desconocido llevado a hombros descendiendo por la calle Viladomat seguido por unas doscientas personas. Así eran los entierros antes: casi exhibicionistas para recordarnos que la muerte nos espera al final del camino.  Quien sabe lo que hay al final del camino ,no se sorprende cuando le toca a él sino que simple dice: “Bien, veamos, ahora me toca a mí”. Un lama tibetano durante un curso sobre el concepto de la muerte en el budismo nos decía: “Nadie, ningún hombre, ni el Buda, han escapado nunca a la muerte” y luego añadía: “Desde el momento en que nacemos, nadie ha  logrado invertir la línea del tiempo y conseguido recuperar un segundo del tiempo que se le fue”, efectivamente, desde que nacemos nuestro crédito de tiempo se va agotando. No hacía falta ser lama tibetano para saber la conclusión a la que llegamos: “No sabes ni el día ni la hora, sólo sabes que palmarás… así que estate preparado porque lo peor es que la muerte te coja con esos pelos”.

Horrorizado, el burgués niega a la muerte pensando que podrá ganarle la partida de ajedrez, con solo evitar acudir al encuentro o que el trance será menos amargo si le pilla sobando. El aventurero en cambio, siente horror por morir banalmente o de sopa de ajo.

De los rasgos del aventurero: entre el miedo y la lucidez

¿Imagináis a un aventurero sufriendo demencia senil o en un gediátrico? La demencia senil nos desposee de nuestros recuerdos, algo que jamás le podría pasar al aventurero que procura no tener recuerdos -en el canto de la Legión  se expresa esta idea en el "nada importa mi vida anterior"-, sino, en su lugar, experiencias, no vive del pasado sino que ansía enfrentarse al futuro o al menos quiere ser dueño de su futuro, así que contra menos servidumbres haya contraído con el pasado, más libre estará.

El aventurero espera que un día suene el teléfono y una voz amiga le diga simplemente: “Vamos a morir”, no como amenaza, ni menos expresando el temor de algo que se sabe cierto, sino como culminación de una aventura que se asume, como orden, como propuesta y determinación: "Vamos a morir". Buscando, siempre se encuentra alguna causa para morir. Hay hombres que están dispuestos a morir como culminación de su vida, hombres que desean con toda la fuerza de su alma -especialmente con los cojones del alma como decía Miguel Hernández- embarcarse en una última aventura, aunque sea precisamente la que, finalmente, le queme y haga de él un cadáver bien churruscado.

La intensidad de la aventura es lo que marca la satisfacción por la misma. El cuerpo y el alma cambian en el curso de una aventura. Si se supera la prueba, el alma sabe el material con que está hecha. Las sensaciones se extreman: el arrojo o el miedo son radicales, distan mucho de los que se puede experimentar al salir a la calle y participar en una vida plácida y llevadera.

El arrojo se experimenta con lucidez. La mejor definición que he oído pertenece a la película Apocalipsis Now, si bien fue extraída de la novela de Joseph Conrad que sirvió de base para el argumento, El Corazón de las Tinieblas (novela que puede bajarse con P2P). El coronal Kurtz, en un momento dado explica al oficial que ha venido a matarlo que la visión de los brazos cortados de los niños a los que sus hombres habían vacunado, le produjo el efecto de una “bala de diamante disparada entre los ojos”. En eso consiste la iluminación, en una nueva percepción de la realidad: nítida, limpia, brusca, íntegra y en experimentar la sensación de implacabilidad e indestructibilidad llegada de no se sabe dónde, pero que uno intuye que emerge del fondo del alma de eso que no estamos seguros que tenemos hasta que se abre una compuerta y entonces solamente nos resulta incomprensible el cómo habiamos sido capaces de vivir antes sin esa sensación.

La lucidez no da valor, pero se superpone a cualquier otro valor. Hace que todo lo demás pase a segundo plano. Concentra toda nuestra atención, todas las fibras de nuestro cuerpo en un solo punto: el deber.  Los hindúes lo llaman Dharma (pero hágame caso, y si no es un usted un cursi, un pedante o un memo redomado, lláme deber al deber  y no pierda el tiempo). Ese deber puede proceder de la orden de un mando cuya autoridad se acepte. O bien de una fuerza interior, porque el aventurero tiene esa fuerza interior que en cada momento le indica cuál es su deber y qué es lo que hay que hacer en cada mmento. Cualidad importante hoy cuando ya no hay “mando” que ordene.

Luego está el miedo. El miedo que se pasa ante un examen, ante una mala situación que supera al individuo, no es miedo, quizás sea pánico en el peor de los casos o susto en el mejor. El miedo es otra cosa mucho más intensa y puntual. El pánico que puede sentir el parado ante la imposibilidad de afrontar la hipoteca o el miedo del escolar ante el examen que tendrá mañana y que percibe como insuperable, el susto ante el tropezón, pertenecen a ese género de sensaciones menores y atenuadas con las que la modernidad nos pone a prueba y que solamente nuestra debilidad de espíritu nos las hace ver como insoportables. El miedo -casi estaba tentado de escribirlo con mayúsculas, pues no en vano merece el homenaje que habitualmente se le niega a todo lo que establece una criba entre los hombres- es el compañero inseparable del aventurero.

Todos los aventureros han tenido miedo en alguna ocasión. No tenerlo implica ser un inconsciente o un insensato, un fanático o un tarado. El miedo es una fuerza de la naturaleza que cuando se apodera de ti, o la controlas o ella misma se encarga de que pierdas el control de tí mismo. El miedo, a fin de cuentas, no es más que una prueba. Cuando notas que el ano se te comprime, que los latidos del corazón y de las sienes son tan intensos que en cualquier momento podrían saltar, cuando la boca está más que seca y los testículos parecen quererse encoger, con o sin sudor –el sudor es discrecional y no está siempre presente, lo cual no deja de ser curioso-, eso es el miedo.

Los problemas de querer ser otro y no ser uno mismo

Ante el miedo, como ante el segundo botellón de calimocho, o sobrevives o te derrumbas. El aventurero no aspira más que a experimentar la “prueba” (y luego otra y otra más) que le demuestre la calidad de su temple, la valía de la pasta con la que lo han modelado.

Recuerdo un camarada que había visto demasiadas películas y tenía tendencia a identificarse con el prota. El riesgo del cine o de la televisión o incluso de alguna novela, es que terminemos olvidando quien somos y asumamos que somos el tipo duro que tras indecibles peripecias se lleva a la chica. Cuando dejamos de ser nosotros mismos para creernos otro, ese agente secreto tronchamozas, de gustos selectos y habilidades inverosímiles, o ese héroe de opereta que no se despeina ni en los más agitados trances, o aquel otro miembro de los 300 de las Termópilas, que cachas él, ligaba con la más despiporrante heroína ateniense, si esto ocurre es que vamos pero que muy mal. El camarada en cuestión había visto la serie televisiva de los 60, Los Intocables y se creía a ratos uno de los secuaces de Eliot Ness y en otros –lo más habitual, por aquello de que las mujeres siempre se enamoran del chico malo- asumía el rol del ganster entre los gansters, Frank Nitti. Este camarada se había comprado incluso –la estupidez suele tener el límite muy lejano- trajes oscuros a rayas al uso, al parecer, entre los gansters de Chicago y gustaba fumar puros, no porque el aroma le emocionase, sino porque así lo hacían los gansters. El día en que otro camarada, cachondo él, montó en el local –el local del partido, claro- una timba a la que acudían los burlangas de Badalona, nuestro hombrecito se derrumbo: se vio detenido, creyó que al estar el local a nombre de un amigo suyo, sólo con eso bastaría para procesarle, condenarle y ver su apellido arrojado al oprobio badalonés (que ese si es oprobio). Se derrumbó, en definitiva. Una cosa es jugar a ser Frank Nitti, mafioso de pro del Chicago de los años 30 y otro muy distintos, querer asumir su rol en la Badalona de los primeros 70.

Cuando queremos asumir un papel que no es el nuestro, siempre tenemos tendencia a derrumbarnos en el atrio del templo de la verdad. En aquel momento, yo acababa de cumplir 20 años, pero supe lo que era un gilipollas: la persona que se hace daño a sí mismo, sin ser consciente de que intentar ser aquello que no se es, ni para lo que no se tienen cualidades, siempre, indefectiblemente, acaba peor que mal.

Recuperar el sentido de la aventura

Lucidez y miedo, tales son los rasgos que llevados al límite -más allá de los cuales cual la lucidez implica desintegración del ser en el todo y el miedo colapso cardíaco garantizada o embolia galopante- hacen del aventurero un ser de otra pasta. Como von Salomón.

Llegado a un momento de su vida, el aventurero dice basta, hasta aquí he llegado y aquí me paro. Todos tenemos nuestros compromisos con la vida y con la normalidad. Una mujer lleva a un matrimonio, un matrimonio lleva a tener hijos; hay el deber de criarlos y educarlos. Y probablemente, hacia la mitad de la vida,  con un poco de suerte, ya sean mayorcitos. Entonces el aventurero mira el teléfono y vuelve a desear recibir la llamada que le llevará a otros horizontes y a nuevas aventuras, a situaciones inesperadas, a probarse a sí mismo, a demostrar de nuevo la dureza de su espíritu y si el material con el que está hecho ha resistido el paso del tiempo o la aluminosos lo ha corroido. Desea entonces recuperar la lucidez de cuando solamente tenía emociones intensas, cuando se sentía vivo y activo, cuando su cerebro ardía por un ideal, cuando se encontraba parachutado en el país más absurdo a donde solamente le había llevado una orden escueta y tenía que demostrar, a partir de cero, si servía para algo o si era mierda bien aplanada que había cometido el error de creerse algo especial.

Von Salomón se encontró en 1928, liberado tras seis años de prisión, de los que salió convertido en el mejor escritor de su generación. En 1945 se sentaba al frente de un capitán del ejécito norteamericano que le interrogaba y no lograba etender sus motivaciones: ¿por qué no ingresó usted en el partido nazi?, Von Salomón le contestó que, efectivamente, muchos de sus amigos habían llegado a Gauleiter, pero él optó por otra vía: “ganaba más dinero como guionista de la UFA”. Hubo un momento en el que se odió a sí mismo por haber perdido el empuje que tuvo en los mejores años de su vida, aquellos en los que todo consistía en trazar planes, participar en conspiraciones, vivir la clandestinidad, esperar órdenes, ejecutarlas con implacabilidad, ser temeraria cuando la situación exigía serlo y ser cauto cuando el plan podía ser estropeado por un acto irresponsable. Ante aquel capitán americano que no hubiera entendido otra razón para que un héroe de la resistencia nacional como era von Salomon no hubiera aspirado a más altos honores, solamente había una forma de explicárselo: el dinero.

Evidentemente, von Salomon estaba tomando el pelo a aquel capitán. Pero su espíritu reverdeció en las semanas siguientes. Pero la realidad es que quien ha sido tocado alguna vez por la caricia de la aventura, nunca más puede olvidar las sensaciones que experimentó y siempre, antes o después, ansía volver a sentirse vivo y activo en medio de la más desmadrada, increíble e incluso, injustificable, aventura.

Von Salomón, fue una de las víctimas del proceso de desnazificación; él que nunca se afilió al NSDAP. De la conversación con aquel capitán americano surigió El Cuestionario. Sin duda su mejor obra después de Los Réprobos.

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Dos textos inolvidables

Como homenaje a mi ídolo de juventud que es mi ídolo de madurez y que mal asunto será si sigue siendo mi ídolo de ancianidad, quiero colocar en este blog dos textos que me parecen extremadamente ilustrativos del espíritu de la época (el Zeitgeist que vuelve a estar de moda hoy gracias al vídeo del mismo título que recomiendo ver en youTube o bajarlo íntegro por P2P):

- El primero es la biografía de von Salomón publicada como anexo del libro de Roger Stephane, Retrato del Aventurero. Si tenemos en cuenta que el libro fue prologado por Jean Paul Sartre y que Stephane pertenece al mismo entorno político sartriano, se percibirá mejor que el aventurero genera admiración incluso entre sus enemigos.

- El segundo texto es el capítulo del libro de Dominique Venner, Baltikum, relativo al atentado contra Walter Rathenau en el que von Salomón aparece como uno de los protagonistas. Se trata de algo más que un fragmento de la historia alemana del siglo XX, es la historia de la aventura de todas las épocas, la misma de Leónidas en las Termópilas o de Filípides en la llanura de Maratón, la historia del humilde soldado que busco aventura en Lepanto y obtuvo gloria en las letras, de los caballeros catalanes que forzaron la puerta de San Esteban en Jerusalén y entraron los primeros en la ciudad elevando al mejor de ellos, Godofredo Bouillon sobre sus escudos a la antigua usanza de nuestra raza, a los templarios de Gerard de Ridford y a su última y enloquecida carga de caballería en Tierra Santa, a nuestro tercios curtidos en Flandes, a los soldados españoles de Bailén y a los soldados napoleónicos de la Guardia Imperial que muere pero no se rinde y que, coño, demostraron que la consigna era algo más que un lema de héroes de figurín y relumbrón. Y así hasta llegar a los defensores del Berlín destruido. El resumen de ese espíritu, que es el de nuestra raza, lo encontré concentrado en ese capítulo de Baltikum que ofrecemos a nuestros amigos, pocas semanas antes de que aparezca el volumen editado en español.

© Ernesto Milà – Infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com