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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El momento político y propuestas (I de VI) 1. Desglobalización o muerte

Infokrisis.- A estas alturas de la crisis –y ante todo lo que nos queda por pasar– parece evidente que han existido causas coyunturales y sistémicas entre los desencadenantes de la misma y otro tanto en España.

En EEUU la causa “coyuntural” de la crisis fueron las hipotecas subprime, mientras que en España fue la burbuja inmobiliaria. Pero la intensidad de estos elementos no hubiera sido tan intensa si tanto en España como en EEUU y en el resto de la economía mundial no se viviera la época de la globalización. La globalización es la fuente originaria de la gran crisis, mientras que las distintas burbujas no son más que gotas de lluvia que intensifican más el cauce del río allí formado.

El origen de la globalización acumula los errores y problemas acumulados en la economía mundial en los últimos 80 años anteriores:

- El crack económico de 1929 ilustrativo sobre los problemas de la especulación bursátil y los riesgos del binomio superproducción–especulación.

- La conferencia de Bretton Woods (1945) que selló la supremacía de EEUU sobre Europa y del dólar sobre las monedas europeas y estableció una equivalencia fija entre el dólar y el oro, convirtiendo a la moneda americana en divisa mundial.

- La decisión de Nixon en 1972 de romper la paridad dólar–oro.

- La llegada al poder del nuevo conservadurismo (1980) de Tatcher y Reagan que abandonó el keynesenismo y dio vía libre al ultraliberalismo y

- El hundimiento de la URSS en 1989 y la victoria norteamericana en Kuwait con la consiguiente posibilidad de crear un sistema económico mundial.

Todos estos hitos económicos han tenido como protagonista al dólar y a los EEUU. No hay otro elemento decisivo en la economía mundial más que el papel y la actitud de los EEUU, esto es de su oligarquía económica. El hito final terminó en la globalización que suponía, especialmente, la libre circulación de capitales por todo el mundo. Y esta ha sido la mayor exigencia de la economía norteamericana. ¿Por qué? Porque desde los años 60, los EEUU vivían por encima de sus posibilidades y precisaban el flujo de dinero exterior a sus bolsas para financiar el consumo interno y la expansión de sus propias empresas multinacionales.

Desde 1972, los EEUU se han convertido a velocidad creciente en polo de atracción del “ahorro mundial”, gracias al cual han podido sobrevivir a costa de aumentar su deuda hasta extremos increíbles. Si esto ha sido posible se ha debido a la existencia del dólar y de los marines del os EEUU.

Además el ultraliberalismo parecía “vencedor” ante sus alternativas: venció al comunismo (por presión militar contra la URSS), venció al fascismo (en una guerra asimétrica), venció a la economía regulada y keynesiana (que, sin embargo, había generado los 30 años de prosperidad que siguieron a 1945) y quedó como único triunfador abriendo las puertas a la globalización.

Y entonces, unido a la libre circulación de capitales en todo el mundo, se generó el gran problema de la economía moderna: la globalización que, en apenas 20 años ha desplazado buena parte de la capacidad industrial de Occidente (Europa + EEUU) hacia el Tercer Mundo. Todo para abaratar los “precios unitarios” de las manufacturas. El capital, ya dueño de todo el planeta, ha cruzado fronteras, ha invertido en unos países o simplemente ha abandonado otros a su suerte, siempre en busca de mayores beneficios y ha buscado abaratar los costes de la producción.

Y esto, como E2000 ha dicho en muchas ocasiones, ha terminado por generar un sistema mundial bidireccional en donde las industrias occidentales se desplazaban al Tercer Mundo y donde los costes de producción en Occidente se abarataban mediante la importación masiva de mano de obra. ¡Esto es la “globalización” y este es el sistema económico que rechazamos!

De ahí que podamos afirmar que aunque el Estado Español o el norteamericano logren resolver el problema monetario que tienen hoy, jamás resolverán la crisis al no afrontar sus causas últimas, la globalización, que, de seguir así cada vez será causa de un empobrecimiento general de “Occidente” y dentro de Europa de una diferencia de rentas cada vez mayor.

La deslocalizacion empresarial –tal como E2000 siempre ha afirmado– debilita la demanda interna (al generar millones de parados y al forzar a la baja los salarios) y aumenta la dependencia del crédito por parte de las familias tal como se ha demostrado ampliamente en los últimos 15 años en España: al no disponer de salarios suficientemente altos para garantizar el consumo, las familias deben recurrir sistemáticamente al crédito, pero cuando las burbujas estallan y los bancos restringen el crédito, las clases trabajadores comprueban su dramática situación y el mecanismo económico se ralentiza.

Por eso, desde el punto de vista económico, de lo único que se trata es de ¡romper la globalización! Y esto solamente puede realizarse mediante un recurso que todavía está en manos del Estado: la protección arancelaria y el retorno al keynesenismo. La economía mundial ha recorrido en los últimos 80 años el camino hacia la globalización, ahora toca DESGLOBALIZAR. Sin desglobalización no se podrá alcanzar nunca más una estabilidad económica mundial.

Está claro que en el siglo XXI es imposible volver a formas del  capitalismo industrial del primer tercio del siglo XX, pero no es menos cierto que la forma del nuevo keynesianismo debe ser diferente y, por tanto urge:

- Reconocer que un “mercado mundial” es fundamentalmente injusto y lesivo para los países occidentales y especialmente para los trabajadores porque siempre las industrias terminarán yéndose donde la mano de obra sea más barata y existan menos coberturas sociales. Solamente existe competencia posible entre países con el mismo nivel de desarrollo y de derechos sociales.

- Retornar al concepto ampliado de “producción nacional” a diferencia hoy cuando la producción se enfoca hacia la exportación o bien cuando se importan bienes y servicios del exterior. Hay que establecer el concepto de “producción de proximidad” que implica una producción dedicada esencialmente a satisfacer a los mercados nacionales y, como máximo a los mercados europeos en lugar de que un cordero australiano recorra los mares para ser consumido en España porque su cría vale menos allí que aquí o que un vino del cono sur recorra el Atlántico para ser bebido en una mesa de Pamplona. Y todo esto es cada vez más necesario en la medida en que la subida del precio del petróleo tiende a encarecer, no tanto el coste de producción como el trasporte a Europa: y el precio del petróleo nunca más descenderá a causa de su escasez creciente.

- El preciso, ante todo y sobre todo, proteger la industria nacional y la industria europea frente a la competencia extranjera, no por nacionalismo, sino para poder mantener el Estado del Bienestar cuyo primer paso es el pleno empleo. Y no importa si para mantener la industria nacional y europea hay que subvencionar determinados productos para eludir la competencia de otros llegados del Tercer Mundo.

- El tránsito de capitales de un espacio económico a otro (es evidente que estamos hablando de “espacios económicos”: Europa, mundo árabe, sudeste asiático, Iberoamérica, África negra, etc) debe ser gravado con tasas lo suficientemente fuertes como para desalentarlo y con fuerza suficiente como para fijarlos, al mismo tiempo que la reconstrucción de un sistema de banca publica garantice que la empresa puede recurrir a la financiación del Estado porque contribuye al mantenimiento del Estado, en lugar de buscar financiación en las bolsas o en la banca privada.

- Cesar por completa cualquier tipo de ayuda a sectores empresariales no productivos o de baja productividad (especialmente a la construcción) y, por supuesto, a la banca. El Estado debe apoyar especialmente al sector primario, alimentación y agrícola, hasta llegar a una “alimentación de proximidad” (nada de importar tomates de Marruecos o naranjas de Israel si pueden ser cultivadas en Europa y a la “producción industrial de proximidad” (nada de traer una tostadora de mala calidad de China que se quemará al cabo de un año si puede producirse en Europa con mejor calidad).

- Abandono por parte de los países europeos de estructuras económicas internacionales nacidas de los acuerdos de Bretton Woods (FMI, BM, Acuerdo General de Aranceles) e impulso de organismos de cooperación económica propios de cada “espacio económico”.

Estos son los problemas reales que deben afrontar la administración española y la europea. Solamente hay una alternativa: O desglobalización o crisis permanente hasta la desintegración del sistema. A pesar de que hoy, periodistas, comentaristas económicos y gobiernos enteros se confiesen “liberales” y, por tanto, partidarios de una desregulación creciente de la economía, lo cierto es que esta crisis es hija de la desregulación y del capitalismo ultraliberal.


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Implantes con tecnología RFID. ¡Soy un ser humano, no soy una cobaya!

Infokrisis.- En la conocida discoteca de Barcelona, Baja Beach, desde 2006 los clientes selectos tienen la posibilidad de implantarse un chip mediante el cual podrán pagar sus consumiciones. Cincuenta y cuatro clientes VIP aceptaron este sistema. A partir de ahora pueden dejar la billetera y el DNI en casa. Periódicamente reaparece la noticia de que tal o cual gobierno ha aceptado implantar chips en su población. Se ha dicho incluso que es la mejor arma para combatir el “terrorismo internacional”. ¿Hace falta que un etarra o un talibán tengan implantados un chip en salva sea la parte para identificarlos? Es hora de rechazar totalmente y para siempre la tentación de los implantes de “chips espía”.

Identidad se ha definido como partidaria de conjugar los avances más vanguardistas de la ciencia con la tradición ancestral de nuestros pueblos. En principio, la investigación genética, la criogenia, las biotecnologías, los avances en computación e inteligencia artificial, la carrera hacia el dominio de la energía de fusión, todo eso, es globalmente positivo y supone seguir en la ruta emprendida por nuestra civilización: sería absurdo tener al alcance de la mano respuestas científicas a nuestros problemas en muchos campos y no recurrir a ellas por miedo o por no vulnerar dogmas. Pero, claro, en todo hay límites.

Una cuestión de límites razonables

Si se cuestiona la difusión de semillas genéticamente modificadas [ver artículo en pag. 31-32], no es tanto porque hayan sido modificadas en sí mismas, sino porque esa modificación genera “derechos de propiedad intelectual” (que harían feliz a Tedy Bautista, el big boss de la SGAE). El principio en este terreno es que toda patente que suponga una mejora general para la humanidad no puede ser patrimonio de una corporación privada.

Existe otra limitación evidente. Cuando un avance científico se convierte en peligroso para algún derecho cívico, ese avance debe ser rechazado. Y no digamos si es peligroso para la salud. Pero hoy, un avance técnico se lanza al mercado en función de los dividendos que pueda dar a la corporación propietaria, estando el afán de lucro por encima del derecho a la salud.

Existen sospechas demasiado fundamentadas de que determinados productos utilizados en el forro interior de las latas de conserva generan la muerte de los espermatozoides masculinos y están en la base de los casos de esterilidad que han crecido desmesuradamente desde que se lanzaron al mercado, pero ¿para qué crear un problema a las corporaciones químicas, que figuran sin duda entre las más poderosas del planeta? Se sabe igualmente que determinadas forma de cáncer y de neumonías están causadas por metabolitos y residuos tóxicos generados por plaguicidas, funguicidas y vermicidas utilizados en agricultura, cuando no se respetan los márgenes de seguridad. Después de la utilización de estos productos, existe un plazo de seguridad para que la planta absorba los metabolitos. Si la cosecha se realiza antes, el fruto llega al mercado con esos metabolitos, generando intoxicaciones de diversos tipos en los consumidores. ¿Pondría usted la mano en el fuego por un campesino chino, vietnamita o marroquí que produce algo que se comerá a miles de kilómetros de distancia, en donde existe ni trazabilidad, ni control científico ni técnico sobre las explotaciones, ni tiene la garantía de que haya respetado los plazos de seguridad? No lo haga, antes o después se quemaría.

La informática y la miniaturización de sistemas constituyeron sin duda los mayores avances del último tercio del siglo XX. Desde entonces, el chip de silicio se ha ido incorporando cada vez más a nuestra vida cotidiana. Está presente es nuestro coche, en nuestros instrumentos de trabajo, en nuestros sistemas de comunicaciones, en nuestro ocio, incluso en nuestra salud. Y es bueno que así sea. Pero una cosa es que esté presente en nuestra vida cotidiana y otra muy distinta que esté dentro de nosotros mismos.

Si hay una perspectiva condenable en el actual panorama científico es precisamente el intento de implantar chips en el ser humano. Hay dos grandes razones para negarse a ello y las dos son de peso.

Dos razones para un rechazo tajante

En primer lugar, los chips no son seguros. Las experiencias que se han realizado en animales (desde principios de los años 90 se implantan chips en los animales domésticos con los datos personales de sus propietarios) inducen a la duda: es muy posible que los chips implantados generen cáncer en un porcentaje no desdeñable de estos animales.

En segundo lugar, aun en el supuesto de que los chips implantados fueran inocuos (lo cual, insistimos, dista mucho de estar certificado), el problema sería quién gestiona las bases datos y el extraordinario poder que tendría el saber dónde está cada persona en cada momento, cuál es su situación y la de sus cuentas bancarias. Es evidente que –salvo que el Estado aceptara externalizar y privatizar este servicio, lo que dadas las tendencias actuales no sería nada extraño- la gestión de esas gigantescas bases de datos correspondería a la propia administración. Y esto es lo grave.

La degeneración del sistema democrático en partidocracia (gobierno de los partidos que sitúan sus intereses de grupo sobre los intereses de la comunidad) y de la plutocracia (poder del dinero y de sus gestores en beneficio del cual gobierna la clase política), hace que estas bases de datos pudieran ser vendidas o estuvieran abiertas a terceros. Podría ocurrir que las compañías aseguradoras, simplemente, solicitaran datos genéticos contenidos en el chip para asegurar solamente a individuos con alta o altísima esperanza de vida; o que datos sobre nuestras cuentas corrientes fueran a parar a bandas internacionales de delincuentes; o, simplemente, que estuvieran en poder del Estado, como si el Estado, en las actuales circunstancias, ofreciera alguna garantía de honestidad.

Hay que excluir los argumentos conspiranoicos que se convierten en verdaderas caricaturas y argumentan el rechazo a los implantes de chips con peregrinas argumentaciones sobre la “marca de la bestia”. Todo es mucho más simple. Los llamados “chips espías” basados en tecnología RFID, son inseguros para la salud y nunca habrá garantías suficientes de que el control sobre sus datos estará siempre a buen recaudo.

Chips espías: una aplicación bastarda de los circuitos

El término “chip espía” fue acuñado por la Asociación de Consumidores contra la Enumeración y la Invasión de la Privacidad (CASPIAN en sus siglas inglesas). El término ha define la tecnología RFID, siglas de “identificación por radiofrecuencia”. Las dos mentoras de CASPIAN, Katrine Albretch y Liz McIntyre publicaron Chips Espías: cómo las grandes corporaciones y el gobierno planean monitorear cada de sus pasos con RFID. El libro alcanzó gran éxito y ha sido traducido al castellano. Describen la acción de chips del tamaño de un grano de arena que pueden ser rastreados a distancia. Se utilizan en técnicas modernas de espionaje, tanto para localizar a los propios agentes que mantienen estos chips implantados bajo su piel (recuérdese la película El Mensajero del Miedo de Denzel Washington) como situados en objetos cuya trayectoria se pretende seguir. El libro en cuestión aporta documentación sobre los planes de grandes corporaciones internacionales (citan específicamente a Wal-Mart y a Procter & Gamble, así como al Servicio Postal de los EEUU). Así mismo, se estos chips ya se utilizan para transacciones monetarias sin utilización de efectivo y evitando el uso de tarjetas de crédito.

Los chips RFID permiten almacenar y recuperar datos remotos almacenados en etiquetas y tags (etiquetas) RFID. Su propósito es transmitir la identidad del objeto que lo lleva incorporado, como si se tratara de un número de serie único, mediante ondas de radio. En algunos objetos comerciales de cierto valor se incorporan estas etiquetas RFID que tienen la apariencia de pegatina. Los chips “pasivos” no precisan alimentación eléctrica interna. Al transmitir información por radiofrecuencia no es preciso que exista una visión directa entre emisor y receptor.

Estos chips nacieron como alternativa a las limitaciones de los códigos de barras que pueden contener poca información y no pueden programados. Los chips RFID, en cambio, pueden transferir información adaptada a cualquier situación: basta programar el chip antes de su colocación.

Es un viejo sueño de las agencias de seguridad. La leyenda indica que fue el KGB soviético quien en 1945 ya había diseñado un dispositivo de escucha secreto. Otros remontan su origen a experimentos realizados en EEUU durante los años 20 y por los ingleses durante la guerra mundial. Parece mucho más cierto que a partir de 1960, cuando se dispuso de transistores, fue posible lograr circuitos relativamente miniaturizados que permitieran emitir una señal para localizar al portador.

Desde entonces ha llovido mucho. A pesar de que los transistores supusieron un avance notable en relación a las antiguas válvulas de vacío, no fue sino hasta la aparición de los chips de silicio cuando la tecnología RFID irrumpió tal como la conocemos hoy.

Los chips RFID que hemos visto en los comercios son “pasivos”, esto es, carecen de fuentes de alimentación. Sin embargo, existe otra variedad con una pequeña batería incorporada. Los pasivos son muy baratos, apenas 0’30 euros que son siempre cargados en el precio de venta al público de los productos. Es decir, el consumidor, paga la seguridad de la empresa.

Los “activos” tienen una señal mucho más potente, pueden trasmitir información a larga distancia y son más eficaces en entornos hostiles a las radiofrecuencias (agua, metal). Su vida útil puede llegar a 10 años.

Para leer la información contenida en un RFID hace falta un lector (reader). Sin embargo, hay dos tipos RFID: los seguros que requieren autentificación del receptor mediante claves criptográficas y los llamados “promiscuos” que pueden ser leídos por cualquier reader.

En la actualidad utilizamos muchos de estos RFID en nuestra vida cotidiana: en el telepago en los peajes de las autopistas, cualquier suministro tecnológico que nos llega desde el lugar más alejado del planeta suele tener un chip RFID incorporado que permite que el reader central tenga ubicado en todo momento la situación de ese envío, en algunas empresas estos productos han sustituido al código de barras y permiten realizar instantáneamente los inventarios e incluso en la lucha contra la falsificación de marcas, en sistemas antirrobo y en la propia llave del automóvil, en el seguimiento de barriles de cerveza, en las bibliotecas en el interior de libros, control de palés, seguimiento de equipajes en aeropuertos y, por supuesto, en mascotas. Y aquí es donde han aparecido los problemas.

Mi mascota muere de cáncer ¿por qué será?

Se convenció a los propietarios de mascotas para que implantaran un chip a sus animales explicándoles que en caso de pérdida serían rápidamente localizadas. Luego se generalizó el sistema y se convirtió en obligatorio en algunos países para evitar el abandono sistemático de mascotas. El estándar internacional emite a 134,5 kHz.

En enero de 2005 la Administración de Drogas y Alimentos de los EEUU (más conocida por sus siglas, FDA) aprobó por primera vez la implantación de chips en seres humanos. Se glosaron las ventajas: servirían para almacenar los datos médicos de cualquier persona, como si se llevara encima un historial médico de varios cientos de folios, evitarían las suplantaciones de personalidad, los actos de terrorismo, se evitaría llevar encima tarjetas de crédito y dinero en efectivo, los niños perdidos serían siempre encontrados, se evitaría el riesgo de ser secuestrado… y así sucesivamente. Hacía veinte años que la implantación de chips se estaba realizando en animales.

Lamentablemente, la FDA no tuvo en cuenta que un porcentaje de los animales de laboratorio, que oscila entre el 1 y el 10%, contraían tumores malignos después de que se les implantaran chips bajo la piel. Como siempre que aparecen estas informaciones las fuentes están viciadas: mientras algunos estudios alertan sobre su peligrosidad, otros sostienen que son inocuos. ¿Lo son? No se podrá estar seguro hasta que no existan estudios sistemáticos independientes. ¿Se realizarán alguna vez? Hace veinte años que se empezaron a comercializar los primeros teléfonos móviles y desde entonces no ha sido posible establecer si las microondas afectan a los usuarios: hay informaciones contradictorios y en todas direcciones. Una mínima norma de sensatez indica que mientras no esté claro el problema, lo mejor es usar lo menos posible el móvil… y no realizarse implantes de chips bajo la piel.

Hasta ahora unos 5.000 norteamericanos han pedido que se les implanten chips RFID. Si se reproduce la proporción de gatos y ratas de laboratorio muertos por tumores malignos, entre 50 y 500 de estos voluntarios deberían morir en los próximos años.

El llamado VeriChip que se les ha implantado tiene el tamaño de un grano de arroz, sus dimensiones son 12 mm de largo y 2,1 mm de diámetro. Se suele inyectar en la parte superior del brazo. Da acceso a un número de identificación que permite conocer automáticamente todo el historial clínico del portador. En mayo de 2002, una familia norteamericana, los Jacobs, implantaron a todos sus miembros microprocesadores VeriChip. A partir de ese momento se les conoció como “Los Chipsons”.

Queda algo por decir. Seguramente lo más importante.

La FDA es supervisada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) de los EEUU. En 2005, cuando se autorizó la implantación a humanos, el HHS estaba dirigido por Tommy Thompson que tras tomar esa decisión duró apenas quince días más en el cargo. No fue destituido, simplemente dimitió para pasar a formar parte de la dirección del mayor fabricante mundial de chips RFID: más sueldo, más promoción social, más stock-options… ¿y la salud de los usuarios? El negocio es el negocio ¿a quién diablos le importa la salud?

Tommy Thompson, por supuesto, no se ha implantado ningún chip de la empresa que dirige.

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Alicante: la provincia mártir (III de El vuelco religioso de una provincia. El drama religioso de Alicante

Infokrisis.- Al vuelco demográfico se une un cambio de signo religioso. Alicante es cada vez menos lo que era –una provincia con mayoría católica- para convertirse en un amasijo de religiones exóticas. Ni siquiera la Iglesia Católica parece consciente de lo que está ocurriendo. Mientras el obispado Orihuela-Alicante multiplica sus iniciativas “interreligiosas”, el número de fieles y de sacerdotes no deja de disminuir. En estas circunstancias, en apenas 20 años, mientras la Iglesia Católica alicantina prácticamente habrá desaparecido, las sectas exóticas, las Iglesias Evangélicas, el islamismo e incluso los grupos satanistas gozarán de buena salud.

Desde hace 30 años no se construyen nuevas iglesias en Alicante y las que hay celebran cada vez menos oficios y están cubiertas por menos titulares. Sin embargo, en la provincia se han construido en los últimos 10 años, 28 mezquitas. Este dato basta por sí mismo para expresar el cambio socio-cultural operado por la inmigración. Combinando su potencia demográfica con sus creencias, el Islam corre el riesgo de desfigurar completamente la identidad tradicional de Alicante en los próximos años.

Las cifras de la tragedia

En 1996 la inmigración representaba el 1’37% de la población y, en buena medida, estaba formada por ciudadanos de la Unión Europea que, por uno u otro motivo (negocios, estudios, residencia habitual, trabajo, jubilados) residían en España. Once años después, la inmigración había superado los 6.000.000 (legales + ilegales + nacionalizados) esto es un 14%.

Hace 30 años, el 82% de la población alicantina se declaraba católico, pero en 2007 el número de practicantes había descendido al 15’5%. Si seguir el papel y las vicisitudes de la Iglesia es importante se debe a que el catolicismo es la religión tradicional de nuestro país. Si la Iglesia desaparece, se pierde algo de lo que ha sido la identidad española en los últimos 1.500 años.

Los viajes de Juan Pablo II a España sirvieron poco para revitalizar el catolicismo español. Las cifras sobre la recepción de sacramentos son desoladoras. En el 2000 se celebraron 284.226 bautismos, lo que supone un 71’8% de los nacidos en España ese año. En 1990 habían sido 350.510, un 86’6%. Las celebraciones de la Primera Comunión han caído a 265.000 en 2000, cuando 10 años antes eran casi 400.000. Las confirmaciones también fueron 50.000 menos en ese tiempo. Las bodas en la Iglesia descendieron del 77’2% al 71’8%.

Y la Iglesia sufre algo peor que la pérdida de fieles: la pérdida de “pastores”. Con unos seminarios vacíos y una edad media del clero superior a los 60 años. En la actualidad solamente cursan estudio en seminarios 1.800 aspirantes al sacerdocio, algo menos que en 1990. En 2002 se ordenaron solamente 50 sacerdotes, cifra completamente insuficiente para cubrir las bajas por jubilación que en 2000 afectaban al 41% de los 20.000 sacerdotes. Veinte años más y el 85% de iglesias se cerrarán por falta de “pastores”.

La inmigración como solución

Desde el año 1996, cuando empezó el fenómeno migratorio, la Iglesia española vio en la inmigración una salida para su problema de subsistencia. Los inmigrantes aportarían a la Iglesia más fieles y más pastores. De hecho, desde los años 80, algunos conventos femeninos españoles se habían visto revitalizados por la llegada de monjas y novicias procedentes de Filipinas. Diez años después empezaron a aumentar los contingentes de monjas llegados de países subsaharianos. Además, la Iglesia española vivía en la ficción de que la inmigración procedente de los países andinos, aparentemente católicos, aportaría más fieles. Y, finalmente, estaba la tarea pastoral realizada sobre la inmigración, directamente o mediante ayudas sociales (a través de Caritas, especialmente).

Pilar Samanes, secretaria general de la Comisión Episcopal de Migraciones explicaba en marzo de 2008: “La Iglesia vive, por encima de todo, las migraciones como una ocasión para vivir la catolicidad, no haciendo parroquias paralelas donde simplemente se coexista, sino buscando el verdadero encuentro”. Y añadía: “En este momento, lo importante es crear auténticas comunidades de fe, donde nadie se sienta extranjero”. En el documento La Iglesia en España y los inmigrantes, aprobado por la XC Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, la inmigración se contempla como una “oportunidad y una gracia”, a la vez que indica que “nadie puede permanecer ajeno ni indiferente a un fenómeno de tal envergadura”. Y en esto último, efectivamente, tienen toda la razón. Todo lo demás parece erróneo.

Si la Iglesia ha centuplicado sus esfuerzos de asistencia a favor de la inmigración, esto no se ha traducido en un paralelo aumento ni de las vocaciones, ni de los fieles. Es más, los inmigrantes que se declaran católicos (un 63%) tienen el mismo problema que los católicos autóctonos: son muchos, pero practican pocos. En el caso de los inmigrantes, solamente un 30% de los que se declaran católicos asisten alguna vez al año a algún oficio religioso. Lo cierto es que las comunidades evangélicas (12%), las sectas cristianas (7%) y los islamistas (un 20%) crecen a mucha mayor velocidad… y tienen un grado de compromiso mucho mayor: un 88’5% de los evangélicos y un 70% de los musulmanes asisten regularmente a sus centros de culto.

Sin embargo, Caritas no pregunta a quién ayuda, simplemente concede ayudas de forma completamente desinteresada. Y esto, que inicialmente, se pensaba que podía atraer nuevos fieles a la Iglesia, no ha operado absolutamente ningún beneficio en esa dirección. En 2001 el obispo de Barcelona en su sermón de la Misa del Gallo explicó que por la mañana habían ofrecido una comida de Navidad a los inmigrantes residentes en la ciudad, a la que “habían asistido muchos hermanos inmigrantes”. Luego debió reconocer que a la misa que siguió habían acudido muchos menos. En la Misa del Gallo, en realidad, no había ninguno en una Catedral con 5 o 6.000 fieles.

Jugando en campo contrario

En Alicante llama la atención cómo la iglesia provincial se ha lanzado a jugar en un terreno que no es el suyo. Sin tener en cuenta su debilidad estructural (un 20% de las parroquias de la provincia están hoy sin titular), la Iglesia alicantina ha multiplicado sus celebraciones “ecuménicas”, sumándose a iniciativas surgidas en ambientes no católicos.

El 12 y 13 de mayo de 2007 tuvo lugar en Alicante el III Parlamento de las Religiones convocado por la Red Catalana-Valenciana de Entidades de Diálogo Interreligioso, organizado por la Mesa Interreligiosa de Alicante. El tema era “La Carta de la Tierra y el Compromiso de las Religiones”. La sesión inaugural corrió a cargo de Federico Mayor Zaragoza. El acto concluyó con diversas prácticas devocionales de cada religión

El encuentro había sido organizado por la Mesa Interreligiosa de Alicante, uno de cuyos miembros es la Iglesia Católica a través del obispado de Orihuela-Alicante. Poco antes, el Papa había pronunciado en Ratisbona el fragmento de un discurso del emperador bizantino Manuel II Paleólogo con un erudito persa, cuyo contenido ha sido considerado ofensivo por el mundo musulmán. Los asistentes a las jornadas de Alicante no ahorraron invectivas contra el Papa y el representante católico, el sacerdote Jaume Benaloy recordó que el Papa de Roma "pidió disculpas" e incidió en la "estima profunda" que la Iglesia católica tiene por la comunidad islámica…

Quizás no valga la pena recordar que estos encuentros interreligiosos y concretamente los “parlamentos de las religiones” nacieron en los ambientes universalistas de la UNESCO sustituyendo y suplantando los esfuerzos del ecumenismo surgido a mediados del siglo XX de la mano de Juan XXIII. Si, el papa Juan había limitado el ecumenismo a las iglesias ortodoxa y anglicana, tras la clausura del Vaticano II, en los ambientes universalistas de la UNESCO se propuso un “diálogo interreligioso” ampliado a todas las religiones (e incluso a las sectas ocultistas) tendente a la formación de una “religión mundial” que siguiera a la creación de un “gobierno mundial” protagonizado por la ONU y a una “interculturalidad” promovida desde la propia UNESCO. Éste, definitivamente, no es el terreno de la Iglesia Católica. Ni siquiera asiste como invitado: juega en campo contrario.

La inversión religiosa: el satanismo

Lo sorprendente de la situación religiosa de España es que la pérdida de vigor de la Iglesia Católica no se traduce en la irrupción de un período de racionalismo y positivismo, sino en la proliferación de sectas y de cultos irracionales. Alicante es, en este terreno, una provincia paradigmática: mientras la religión tradicional se va perdiendo, irrumpen los cultos exóticos más alejados de nuestra identidad.

En el curso del XII Congreso Nacional de Psiquiatría celebrado recientemente en Valencia, Leonardo Casis explicó que se estaba produciendo en el mundo occidental un “renacimiento pujante del satanismo” en el que “están influyendo de forma importante las creencias importadas por los inmigrantes”. Y añadía que “la mayor concentración de sectas satánicas de España se encuentra en la Comunidad de Alicante”. Según Casais, este resurgimiento "nos devuelve a épocas de pensamiento mágico y primitivo".

En la provincia de Alicante 5.000 personas estaban vinculadas en 2006 a 40 sectas de distintos tipos. Siete de ellas son satánicos. La gran mayoría se vincula ahora al Islam o a religiones radicales, “muchas de ellas en grupos de tendencia destructiva y radicalizada”, apunta el experto Gabriel Carrión. El Tercer Ojo, Adonais, Hijos de Lucifer o Los adoradores de Seth son sólo algunas de las sectas satánicas con más seguidores en la provincia.

También este experto explica que el auge de la inmigración ha provocado que “una gran parte de las sectas presentes aquí estén vinculadas al Islam, que son muy peligrosas, o a religiones de tipo chamanista o vudú procedentes de África y Suramérica”.

Amnistía Internacional, según publicó la edición digital del diario 20 minutos, la comunidad Valenciana es la tercera autonomía española con más número de sectas (cerca de 200 grupos, 14 de ellos satánicos), mientras que en la provincia alicantina se localizan unos 40, de las que siete adoran al diablo. Para financiarse, “la mayoría de grupos satánicos trafica con drogas y mujeres. Y practican ritos sexuales aberrantes. Muchas están en Las Marinas”, indica Carrión.

La desarticulación de una secta más reciente en la provincia se remonta a junio de este año, cuando la Guardia Civil detuvo a cinco personas en Llíber (Marina Alta, Alicante), miembros de una comunidad espiritual conocida como colectivo AMBA, que usaba la meditación de tapadera. Fuentes del caso afirmaron que se trataba de una secta de carácter destructivo. Un año antes, en Benimantell, la Guardia Civil había desmantelado un colectivo sectario deteniendo a 11 personas relacionadas con la Congregación del Olivo, entre ellas, el líder del grupo, que finalmente ingresó en prisión. La organización se apropiaba de dinero de los adeptos y les ocasionaron también daños psicológicos irreparables. Antes, en 2001, en Crevillent el cabecilla de otra secta había estafado a más de un centenar de personas procedentes de Elche, Crevillent y Alicante.

Los cultos satánicos aparecieron de la mano de grupos de inmigrantes procedentes de Brasil, el Caribe y el África Subsahariana algunos de los cuales utilizan consultorios de videncia y magia para reclutar adeptos.

Un panorama desolador

Pérdida de fuerza social de la religión tradicional, la Iglesia Católica, concentración del 90% de los esfuerzos de la Iglesia en la tarea social de Caritas dirigidos preferentemente hacia la inmigración, aumento constante de las confesiones religiosas islámicas, evangélicas y de los cultos exóticos, incluido el satanismo, sustitución de la religión tradicional por supersticiones y creencias infrarracionales, parroquias católicas sin titular y aumento de los lugares de culto no católicos… No es la racionalidad o el positivismo lo que sustituye a la Iglesia sino los cultos y las supersticiones que nunca antes habían aparecido en nuestro suelo.

Dejando aparte a las Iglesias Ortodoxas (en Alicante residen 40.000 rumanos en buena medida miembros de esta confesión) y las parroquias anglicanas, que están muy próxima al catolicismo, las confesiones religiosas que más están creciendo  en Alicante son las Iglesias Evangélicas, el Islam y las sectas. Alicante cuenta con 28 mezquitas y un cementerio islámico y unos 130.000 fieles.

Las sectas adventistas y los Testigos de Jehová tienen un seguimiento del 4% sobre el total de la inmigración, concentrándose sobre todo en poblaciones andinas, al igual que las 397 iglesias evangélicas distribuidas en toda la Comunidad Valenciana, buena parte de las cuales tienen también presencia en Alicante en donde se calcula que, cuentan en torno a 20.000 andinos adheridos a ellas.

Y esto, para una provincia como Alicante con 1.850.000 habitantes, parece excesivo.

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El Islam contra Europa. 10 argumentos para rechazar la islamización de Europa

Infokrisis.- Desde esta revista siempre nos hemos manifestado en contra de los desplazamientos masivos de población a los que se ven forzados millones de personas por culpa de la globalización. Desde estas páginas siempre hemos defendido que el primer derecho humano es la seguridad de poder vivir tranquila y dignamente en la propia tierra natal. Hemos defendido nuestra identidad en tanto que ciudadanos de una autonomía del Estado, miembros de esta comunidad nacional que se llama España y en tanto que ciudadanos europeos. Por tanto, a nadie le puede extrañar, que esta defensa de nuestra identidad nos lleve a rechazar la inmigración masiva (que tiende a alterar nuestra identidad y, por tanto, a perder homogeneidad y ganar inestabilidad)  y, así mismo, a ser extremadamente críticos con un tipo de inmigración cuyas creencias chocan directamente con las que consideramos propias de nuestra cultura. Nos estamos refiriendo al Islam.

¿Es posible defender la libertad religiosa cuando se tiene la convicción de que una religión ha generado históricamente problemas y los está generando en toda Europa? Dicho de otra manera: ¿es posible considerar al Islam solamente como una muestra de la legítima aspiración de todo ser humano a vivir una experiencia espiritual? La respuesta es no: es Islam choca con el concepto que se tiene de religión en Europa y, de ahí, los problemas que ha generado la inmigración islámica mostrándose completamente inasimilable e inintegrable entre los pueblos y los países que le han dado acogida.

Ni en un solo país europeo, ni en los de tradición más democrática, se ha logrado una integración plena de las comunidades islámicas. Vale la pena reflexionar sobre esto y ser conscientes de que no es un problema de partidas presupuestarias, ni de discriminaciones positivas, sino que la incapacidad del Islam para integrarse en Europa está implícito en su mismo médula. Hay 10 motivos por los que el Islam es “otra cosa” y no puede ser tratado como una religión como cualquier otra:

1.    El Islam no es una religión como las demás

En la India han convivido armoniosamente budistas, jaimistas e hinduistas de muchas corrientes, solamente han existido incidentes violentos, atentados terroristas y masacres, con el mundo islámico de la India. Este caso es para meditar: pone en la pista de que “algo” es diferente en el Islam que le hace incompatible con otras religiones, incluso en marcos de civilización abiertos y que desde siempre han sido escenario de tolerancia religiosa.

Ese “algo” que impide la normalización del Islam y su homologación como cualquier otra religión, es su concepción político-religiosa de la comunidad: la umma. Este concepto es importante para entender la “particularidad islámica”: la umma es la comunidad de los creyentes regida por los principios del Islam. No tiene solamente una dimensión religiosa y espiritual, sino política y material. Esté en un país o en otro, es islamista se siente miembro de una comunidad superior y, por tanto, le debe obediencia especialmente a ella.

El Islam no aspira a regir los destinos espirituales de la humanidad, sino también los destinos políticos: por eso establece una ley coránica… que suele ser incompatible con la legislación de los países en los que reside el islamista. Y no solo eso, sino que aspira a que ese modelo coránico triunfe al estar inspirado por Alá.

Cualquier otra religión ha entendido que estamos en el siglo XXI: que la religión es una opción individual, que no hay poder que venga de ningún dios, que ninguna religión puede aspirar dominar a otras, que una cosa es la ética y la moral de una sociedad y otra muy distinta los principios religiosos de quienes la integran. Pero la concepción coránica se basa claramente en la concepción de umma: renunciar a ella, sería renunciar a uno de sus puntales. De ahí la incapacidad del Islam para evolucionar hacia formas compatibles con el siglo XXI. 

2.    El Islam es ajeno a la mentalidad europea

El Islam nace en el siglo VII, en la península arábiga en donde solamente existía civilización en las ciudades. El resto estaba formado por tribus atrasadas que practicaban cultos primitivos y animistas. Hacía 1.200 años que en tierra de Europa ya había florecido el pensamiento pre-socrático y el platónico. En aquellas zonas de Arabia, por el contrario, existía un atraso secular. Mahoma fue, en realidad, mucho más un reformador y legislador que un teólogo. Dio a su pueblo un código de conducta, adaptado a su naturaleza de pueblo nómada y habitante de un medio hostil: el desierto. No es de extrañar que el paisaje monótono del desierto esté presente en la misma idea religiosa islámica: veneración a un solo dios, prohibición de su representación, ausencia de santos locales o de otras figuras emblemáticas de la fe que pudieran aportar “variedad”. Por eso se ha dicho que el Islam es la religión propia del desierto: la religión de quien por delante un paisaje sin matices, monótono y unidimensional.

En Europa, en cambio, siempre se ha vivido otro tipo de religión: primero el culto a los dioses de los bosques y de los ríos, el culto a la naturaleza, luego las deidades tutelares de la familia, de la ciudad, del pueblo, finalmente el monoteísmo relativo que, junto a la figura de un Dios único, mostró a su Hijo, al Espíritu Santo, a los ángeles, a los arcángeles, a los santos que sustituyeron a las deidades locales pero ocuparon el mismo puesto como patronos de las ciudades, de las corporaciones y los gremios, etc. El clima de Europa, rico, diverso, variado, hacía que la percepción de lo divino fuera necesariamente diferente

3.    El Islam se ha afirmado contra Europa


El motor del Islam es la guerra santa. En algún versículo del Corán se distingue entre “pequeña” y “gran” guerra santa. La “pequeña” sería la guerra de expansión contra el enemigo exterior. La “gran” guerra sería una lucha del islamista contra sus enemigos interiores. Sea como fuere, el Islam, desde Mahoma, se convirtió en el motor ideológico de una oleada de conquistas que revolucionó el mundo de los siglos VII a XVI. En la concepción islámica, la guerra santa se utiliza para llevar el “orden” allí donde hasta entonces ha habido “caos”. Se trata de una expansión de conquista militar, gravamen económico (todo no islamista debe pagar un tributo) y dominación jurídica y política.

En el 711 e produjo la invasión de la Península Ibérica y la destrucción del Reino Visigodo de España, expresión organizada de nuestra independencia y libertades. Desde el 711 hasta el 1492 esa dominación se hizo efectiva de manera, a menudo brutal, si bien a partir de mediados del siglo XIII ya estaba reducida a una pequeña zona del sureste de la Península.  

Tras la liberación de Granada se permitió a los moriscos seguir en España. La experiencia generó problemas de convivencia que se unieron a la ofensiva turca en el Mediterráneo y contra Europa Central. Los turcos fueron finalmente vencidos en Lepanto y a las puertas de Viena y expulsados sus aliados en la península, los moriscos. Con estos episodios, España consiguió ser un país homogéneo y evitar los problemas que se han producido a lo largo del siglo XX en los territorios de la antigua Yugoslavia a causa de la presencia de enclaves musulmanes inasimilables.

4.    El Islam es incompatible con el estilo europeo

Fue de las fantasías y ensoñaciones, a menudo infantiloides e ignorantes, de los defensores de la multiculturalidad y de España como “país de las tres culturas”, la realidad y la mera observación atenta nos indica que en Europa, el valor fundamental, es el de la libertad y la iniciativa individual. Las visiones dogmáticas no han encajado nunca en la mentalidad europea que siempre se ha querido libre para abrir nuevas vías, romper tabúes y avanzar. Las religiones que han constituido el alma de Europa, desde el paganismo hasta la catolicidad, han sido capaces de irse adaptando al ritmo cambiante de la historia, han conservado unas raíces y unos rasgos distintivos, pero que nunca han constituido un obstáculo ni para la técnica, ni para el avance de las ciencias, ni para el desarrollo de la cultura en las sociedades.

Todo esto encaja mal con el formalismo islámico, con sus principios inamovibles, nacidos en el desierto, pero con intención de imponerse universalmente. El gran problema con el Islam radica en que ente él y Europa existe una proximidad geográfica, pero también y sobre todo una brecha cultural insalvable. Cuando dos concepciones tan diferentes coinciden en el mismo suelo –hoy mediante la inmigración, ayer mediante la colonización- la convivencia inestable y el riesgo de conflicto permanente.

5.    El Islam es una amenaza a Europa

La ofensiva islámica del siglo VIII queda lejos en el tiempo, la del siglo XVI apenas a 400 años, pero la imagen de los serbios asesinados en Kosovo, de las revueltas en los barrios de mayoría islámica en Francia, el chantaje realizado por los países productores de petróleo mayoritariamente islámicos, y sobre todo, la persistencia en los ideales de guerra santa son demasiado actuales para que podamos olvidarlo o pensar que algo en el Islam ha cambiado.

Cuando sabemos que de Marruecos, es habitual la creencia de que Al Andalus (toda la Península Ibérica) es “territorio sagrado del Islam usurpado por Cruzados y herejes”, no podemos por menos que tomar el reto y prepararnos para la defensa ante las consecuencias de tal creencia generalizada. Cuando en la Gran Sala del Palacio Real de Rabat un tapiz muestras las reivindicaciones del “Gran Marruecos” desde Ceuta y Melillas, hasta las islas adyacentes, incluso Canarias y las ya obtenidas, Ifni y el Sáhara y se sabe que el Rey de Marruecos es a la vez líder político y religioso, uno se da cuenta de la distancia abismal que suponen los 15 km que hay de una orilla a otra de Gibraltar.

6.    El Islam es intolerante

La única religión en el mundo que hoy acepta matar y morir en su nombre es la religión islámica. Esto ya es de por sí suficientemente preocupante. Mucho más preocupante es saber que el “guerrero muerto en la guerra santa” (e inmolarse en un atentado es considerado… “guerra santa”), recibe como premio en el más allá, palacios de jade, harenes con huríes, etc, un “paraíso” sensualista que puede atraer en momentos de crisis a fanáticos con el cerebro reblandecido por una interpretación extremista del Islam.

Llama la atención el fenómeno que tiene lugar en Europa cuando un barrio se ve poblado por islamistas: con rapidez, ese barrio se va vaciando a velocidad creciente de población autóctona. Este fenómeno, no suficientemente estudiado, indica la dificultad de convivir con islamistas en los aspectos cotidianos de la vida. En buena medida ese proceso se debe a la actitud de desprecio que muchos islamistas deparan a la mujer, a la de su propia religión y particularmente a la no islamista. Hasta hace poco era imposible decir en voz alta, so pena de ser considerado como xenófobo y racista, que el aumento de violencia doméstica en nuestro país se debía exclusivamente al aumento de contingentes de inmigración procedentes de países en los que la mujer ocupa un papel subordinado y sumiso en relación al varón, como si se tratara de un objeto de su propiedad: como es el caso del mundo islámico.

7.    El Islam genera atraso

Allí donde el Islam ha hincado sus raíces, allí hay un país entre 500 y 1.000 años atrasado en relación a la marcha de la civilización en Europa. Países como Afganistán se encuentran hoy en la alta Edad Media, aun utilizando armas automáticos y teléfonos móviles, su escala de valores y su forma de concebir la sociedad, están ancladas en el siglo VIII-IX. Lo mismo puede decirse de las dinastías petroleras del golfo Pérsico o de las sociedades del Magreb.

Los movimientos laicistas que se sucedieron desde Kemal Ataturk en Turquía en los años 20 hasta los regímenes panarabistas de Nasser, o el baasismo sirio-irakí, han desaparecido completamente de la escena, generando regresiones espectaculares y no explicables por la pobreza de esas zonas, habitualmente ricas en hidrocarburos: es la pobreza generada por una religión esclerotizada, frecuentemente utilizada por sátrapas para justificar su poder y atribuirle un origen religioso.

El fatalismo islámico, su confianza ciega en Alá, y su concepción del poder y de la sociedad hacen completamente innecesario cualquier esfuerzo de superación y cualquier búsqueda de solución a los problemas de la vida. Para colmo, existe una tendencia natural en los pueblos islámicos a tomar refugia en las actitudes más fundamentalistas para responder a las crisis: de ahí la increíble capacidad de deslizamiento de las sociedades islámicas hacia posturas cada vez más integristas… reforzando así su atraso secular.

8.    El Islam es un peligro para Europa

La existencia de comunidades islámicas en suelo de Europa es radicalmente distinta a la que se vivía hace 25 años, cuando algunos europeos se sentía atraídos por el sufismo y las doctrinas del esoterismo islámico y abrazaban esta relación. En aquel momento se trataba de gentes con un buen nivel cultural, integrados en las sociedades europeas que querían ampliar su horizonte intelectual. Esto ya ha pasado a la historia: los europeos islamizados, han sido anegados en las mezquitas por la olea llegada de la inmigración que ni está integrada en las sociedades europeas, ni ha demostrado tener el más mínimo interés en integrarse.

Es más, las asociaciones islamistas, cuando hablan de integración están aludiendo solamente a poder desarrollar su culto y a una situación de igualdad en relación a las culturas y tradiciones europeas: piden que se les respete el Ramadán, la oración de los viernes, el derecho a orar, a elegir a sus imanes, incluso a que sus presos coman y celebren en función de sus tradiciones. Pero quien defiende sus rasgos de identidad y los mantiene en el seno de otra comunidad, antes o después –es cuestión de tiempo- exigirá soberanía y territorialidad. El Islam europeo espera simplemente ser lo suficientemente fuerte para dar ese paso. Con su demografía desbordante es cuestión de apenas una o como máximo dos generaciones que reivindiquen territorialidad. En algunos países europeos ya están reclamando la aplicación de principios jurídicos diferenciados para su comunidad. En estas circunstancias Europa y cada uno de los países que la integran, son inviables.

9.    El Islam es antidemocrático

Históricamente, ningún país islámico o con mayoría islámica ha dado origen a formas estables de democracia. No se lo vamos a reprochar: a fin de cuentas no somos nosotros quienes defenderemos un sistema etnocéntrico europeo de organización del Estado. Somos los primeros en reconocer a cada pueblo la forma de organización que mejor encaje con sus creencias y su naturaleza. El califato no es de estas tierras, pero probablemente es la forma de gobierno que encaja con el sentir y el ser de otras latitudes.

El problema viene en dos sentidos: cuando los EEUU han creado un falso señuelo para justificar su invasión de Afganistán e Irak (el “llevar la democracia a esas tierras”, cuando nadie en esas tierras ha pedido democracia a la occidental) y cuando los contingentes de la inmigración procedente del mundo islámico, aspiran y defienden otro modelo de organización y participación.

Ante todo esto solamente hay una actitud razonable: el reconocimiento de la libertad de cada pueblo para elegir su forma de organización socio-política y el compromiso de respeto de la inmigración a las formas de organización y a los valores que ha encontrado en Europa, sumisión a sus leyes y restricción del ámbito religioso a lo estrictamente individual. Ni los países árabes son tierras para la democracia, ni Europa es tierra de expansión del Islam.

10.    El Islam es un riesgo para la convivencia

En tanto que inintegrable, el Islam es algo radicalmente diferente a cualquier otra forma religiosa y se ha demostrado incompatible con cualquier otro modelo de sociedad, cualquier otra zona geográfica en donde está presente y obligado a convivir con no islamistas. Podía ser de otra manera, pero la realidad demuestra que ha sido así.

La aparición del terrorismo islámico es reciente. Hasta la revolución islámica de Irán en 1979, el Islam condenaba el suicidio. Hoy, el suidicio en la yihad es considerado como una forma de llegar al Paraíso. Esto, unido a la intolerancia, a la resistencia a introducir cualquier cambio en su visión del mundo, a su concepto de la umma, hace del Islam algo radicalmente diferente a lo que se une cierto complejo de inferioridad de algunas sociedades islámicas a causa de la colonización europea. La colonización dejó un rastro de odio contra Europa que dista mucho de haberse extinguido en las sociedades islámicas. Es frecuente encontrar islamistas que consideren que Europa “debe pagar” y que el pago es la admisión sin límites de inmigración (a costa de la desfiguración de nuestra identidad) y del crecimiento de una comunidad halógena a nuestra cultura y a nuestra tradición que antes o después exteriorizará su fe la guerra santa como forma de conquista y de victoria sobre los vencidos.

Todo esto hace genera suficientes incertidumbres como para que las sociedades europeas se preserven del conflicto. El cierre de fronteras a una inmigración que llega con estos modelos de comportamientos en las maletas, el cerebro y en el corazón, es hoy una necesidad y la disminución de los excedentes laborales llegados con la inmigración procedente de países islámicos, una necesidad.

 

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Tras la “reforma Caldera”, la “reforma Corbacho”. Enésima reforma, enésimo error

Infokrisis.- Como las seis anteriores, ésta reforma de la Ley de Inmigración contribuirá a agravar el problema. Que la actual Ley de Inmigración precisa una reforma en profundidad está fuera de toda duda. Que la reforma ideada por el ministro Corbacho, como la anterior perpetrada por Jesús Caldera, contribuirán a agravar el problema de la inmigración, es algo más que una suposición:  es lo que suele ocurrir cuando se reforma de espaldas a la realidad.

Hay gobiernos ciegos y gobiernos incapaces; por increíble que pueda parecer, el gobierno Zapatero ha conjugado estos dos niveles de incapacidad y está demostrando, desde el momento mismo de su instauración hace cinco años y medio, que a su ceguera (falta de percepción de la realidad), se une su incapacidad (falta de iniciativas válidas para resolver los problemas de la sociedad). Y, entre tanto, los problemas se van acumulando.

Durante el 2008, 461.889 inmigrantes, según los datos de Eurostat, la oficina de estadística de la Unión Europea, se desplazaron a vivir a territorio español. Esto ocurría en plena crisis. Antes, cuando la crisis se perfilaba, en 2007, habían entrado 701.023 inmigrantes. El año anterior, 2006, fueron 587.000. Y así sucesivamente: desde 1997 hasta 2008, ha entrado inmigración a una media de 500-700.000 por año.

Por mucha ingeniería social, concesiones aceleradas de nacionalidad española, enmascaramiento y maquillaje de las cifras reales de inmigración, aludiendo en ocasiones a “inmigrantes legales”, en otras a “inmigrantes empadronados”, pero siempre eludiendo la suma de “inmigrantes legales + inmigrantes ilegales empadronados + inmigrantes ilegales no empadronados”, lo que daría la cifra total que hasta 2004 el PP evitaba dar y que el PSOE se niega, lo cierto es que, en estos momentos, deben residir en España entre 6.000.000 y 6.500.000 de inmigrantes. Insoportable para nuestra sociedad, insoportable por la carga social que representa e insoportable para nuestras infraestructuras educativas, sanitarias, asistenciales, tecnológicas, que están, desde años, funcionando muy por encima de sus posibilidades.

Poco a poco, va aumentando el desfase entre las cifras reales y las cifras “confesadas” por el gobierno. Es evidente que el gobierno pretende evitar la “alarma social” ante la situación que se está gestando: una inmigración sin salidas laborales, que va creciendo, a medida que aumenta el paro… Todos intuimos cómo va a acabar la situación: todos, salvo el gobierno y el primer partido de la oposición, ambos preocupados por convertir a los inmigrantes en votantes, pero despreocupados por completo por una masa incrementada anualmente entre 500 y 700.000 personas, de las que 2/3 partes constituyen un peso muerto para el Estado: de los 6.500.000 de inmigrantes, solamente menos de 2.000.000 cotizan a la Seguridad Social…  

Y no hay esperanza de que cese la marea migratoria. Desde IdentidaD lo hemos dicho desde el número 1: no vienen atraídos por las perspectivas de trabajo en España, llegan huyendo de la miseria. Por fuerte que sea el paro, en España nunca vivirán la situación de miseria de sus países de origen… Bien, pero el problema estriba en que España no puede acoger a la miseria de todo el Tercer Mundo. Los cuarenta millones de enfermos de SIDA que hay en África desearían todos, sin excepción, venir a España a recibir los tratamientos gratuitos a cargo de la Sanidad Pública que cuestan un millón al mes por enfermo: a nadie se le escapa que eso es imposible. Pues bien, de esa imposibilidad nace una necesidad: cerrar el grito de entrada de inmigrantes. La crisis, además, obliga a algo más drástico: empezar a repatriar forzosamente a inmigrantes en paro de larga duración. Y algo más duro: cortar en seco las reagrupaciones familiares, eliminar la posibilidad de “arraigo social” (que supone legalizar a un inmigrante que pueda demostrar estar durante 3 años ilegalmente en España…). Para todo esto haría falta reformar la Ley de Inmigración. El ministro Corbacho ha anunciado la reforma. La mala noticia es que, ¡la reforma no afronta ninguna de las necesidades reales de la nueva situación!

Cómo engañarse y engañar

Resulta un misterio el porqué habiendo firmado el gobierno español la Directiva Comunitaria que prolonga el plazo de detención preventiva de ilegales durante año y medio, la reforma Corbacho solamente la amplía de 40 a 60 días… La respuesta es que el gobierno Zapatero confía solamente en el peso muerto de la inmigración para poder ganar las elecciones municipales que tendrán lugar dentro de dos años y evita por todos los medios tomar medidas que puedan generar actitudes hostiles hacia su sigla. ¿Y el “interés nacional”? Ese concepto es algo que la partidocracia no considera: todo lo que no sea “interés de partido” está fuera de la realidad del actual sistema político.

Para poder reformar una ley hace falta prever cuál va a ser la evolución futura de la sociedad. La muestra de las “previsiones” del gobierno Zapatero, la dio ya en el mes de julio cuando se negó a apoyar la iniciativa francesa que prohibía las “regulaciones masivas”, con el pretexto de que “en el futuro podemos necesitar más inmigración y no podemos atarnos las manos”. ¡En junio de 2008 el gobierno español todavía creía que no había crisis y que en breve, el mercado laboral repuntaría y haría falta una mano de obra nunca vista antes en la historia de España! ¡Ese es el nivel de “previsión” de nuestro gobierno!

Esta incapacidad para prever la realidad futura, esa permanente confusión entre una percepción fantasiosa e irreal del futuro y la triste y miserable realidad que tenemos ante la vista, ha sido una constante del zapaterismo, casi criminal y, desde luego, suicida.

Todos los analistas reconocen que en períodos de crisis las zonas más deprimidas tienden a generar flujos de inmigración más intensos que en períodos de bonanza económica. Y, poco importa que el país receptor de estos flujos se encuentre también en crisis: el inmigrante no es un economista, le basta con saber que aquí hay seguridad y asistencia social, servicios gratuitos y una salario mínimo de inserción que traducido a su moneda local es, simplemente, espectacular: y todo ello por estar. Así pues, se trata solamente de alcanzar lo que, desde el Tercer Mundo, se percibe como la sociedad de la opulencia. Luego, una vez aquí, ya se verá… Tal es la mentalidad con la que está llegando la inmigración.

Dicho de otra manera: en los cuatro próximos años –período mínimo de duración de la actual crisis- disminuirá el número de inmigrantes legales que vayan llegando a España… La mala noticia es que aumentará el número de ilegales.

“Por una inmigración legal y ordenada” ¡payasos!

Produce vergüenza ajena leer las declaraciones oficiales que acompañaron a la anterior reforma de la Ley de Inmigración en 2005. Hoy no es tan difícil recordar (en las hemerotecas virtuales están todos los ejemplares de prensa de aquellas semanas) la consigna del gobierno: “Por una inmigración legal y ordenada”… Algunos ya advertimos entonces que esa reforma generaría un “efecto riada” mucho más que un “efecto llamada”. Así ha terminado ocurriendo. Hoy, tres años después de aquella reforma la gran mayoría de la inmigración sigue llegando ilegal, desordenadamente y, lo que es peor: masivamente.

Nunca llegaron más inmigrantes ilegales como en los años posteriores a la “reforma Caldera” y a la “regularización masiva”. A pesar de que el inspirador de la reforma fe el propio Zapatero, el fracaso le costó el ministerio a Caldera… que fue a parar a ese sumidero de ineptitudes que es la “fundación de fundaciones” del PSOE.

Corbacho va por el mismo camino. Hay que recordar, para quien quiera enterarse, que Corbacho era el antiguo alcalde de Hospitalet de Llobregat. Si está en el cargo es precisamente porque el haber bregado con una inmigración que asciende a 65-75.000 sobre una población de 200.000 habitantes autóctonos: es decir, una tercera parte son inmigrantes y se han instalado en L’Hospitalet durante el período de gobierno de Corbacho, de 1995 a 2008. Si en algo es diestro Corbacho es en conseguir que un municipio que, hasta llegar él, era sostenible, viera en pocos años alteradas todas sus constantes, hasta hacerse inhabitable, gracias al aumento desordenado de un tercio de su población.

El “efecto Corbacho” –basado en que da la cara, asume sus responsabilidades, no pestañea a la hora de dar cifras catastróficas de paro- está hoy amortizado por completo. De hecho, en las quinielas sobre eventuales remodelaciones del gobierno, Corbacho es uno de los nombres que suenan más habitualmente como “sustituible”.

Vale la pena recordar que L’Hospitalet fue, durante el período de gobierno de Corbacho, una de las zonas donde más se elevó (hasta multiplicarse por cuatro) el precio de la vivienda y donde la masificación es más insoportable. Hasta hace un año, viviendas en las que nadie con un mínimo de dignidad hubiera aceptado vivir, se vendía a 40 y 45 millones de pesetas en L’Hospitalet.

En el año 2000, Corbacho, al frente del Ayuntamiento de L’Hospitalet hubiera debido reducir a cero la inmigración en el municipio, hubiera debido de interrumpir los empadronamientos en “pisos patera”, hubiera debido admitir que es imposible que una ciudad crezca 1/3 en apenas 10 años sin que merme considerablemente su calidad de vida. No lo hizo: simplemente se limitó a las buenas palabras, a repetir las ideas de “integración”, “multiculturalidad”, “tolerancia” y demás zarandajas que han convertido L’Hospitalet de Llobregat en uno de los lugares más inhóspitos de todo el Estado. Esas son sus credenciales para estar al frente de un ministerio en esta era zapateriana: haber hecho inhabitable su propia ciudad. ¿Es éste el modelo de “inmigración ordenada” que propuso Zapatero hace cinco años?

Como destruir una sociedad reformando una ley

El anteproyecto de la reforma fue adelantado –como no podía ser de otra manera- por El País. Como todo el zapaterismo se trata de un conjunto de medidas inconexas elaboradas de cara a la galería más para respondes a las exigencias reales de un país, abundando las medidas inútiles o simplemente ridículas ante la que está cayendo.

La reagrupación familiar sufre algunas limitaciones… lo que, en principio sería normal, pero luego, la reforma equipara las parejas de hecho al cónyuge a efectos de reagrupación, lo que, en la práctica implica que cada inmigrante legal podrá traer a otro acogiéndose a la reagrupación y sea o no su cónyuge.  Para colmo, el cónyuge y los hijos mayores de 16 años llegarán ya con permiso de trabajo automático… justo en esta época en la que el primer problema del país es que, precisamente, falta trabajo. ¿Sería posible redactar una ley más de espaldas a la realidad? Sí, vean sino el resto de puntos “reformados” de la Ley de Extranjería.

Han hecho falta diez años para que el gobierno español advirtiera que entre un 5 y un 20% de los matrimonios celebrados en España son fraudulentos y no tienen otra finalidad más que regularizar la situación de un ilegal. Le ha hecho falta al zapaterismo cinco años de ejercicio para actuar contra las contrataciones de ilegales. Hay que esperar a la aplicación de esta ley para que todo esto se resuelva con multas de 100.000 euracos de nada para penar las contrataciones de ilegales y los matrimonios simulados… que irán a parar a empresas o sujetos declarados insolventes de partida. 

Dado que el 80% de los inmigrantes entrar ilegalmente, hay que… reconocerles los derechos. Por primera vez en la historia de España la vulneración de una ley implica el reconocimiento de un derecho. Como si ser detenido en un control de carreteras con dos copas de más, hiciera acreedor al conductor de ser obsequiado con una degustación de Cava o de Rioja… Los derechos propuestos en la futura reforma serán: derecho de asistencia jurídica, derecho de entrada de las ONGs a los centros de internamiento, derecho de educación a los menores de 18 años, derechos de asociación, sindicación, huelga, reunión y manifestación… ¿Es este el camino para resolver el problema más grave de nuestra sociedad? Si las situaciones de ilegalidad y las vulneraciones de la ley tuvieran como contrapartida la concesión de derechos ¿en que se basaría el respeto a la ley?

Esta ley es algo peor un bodrio de la peor especie, una astracanada inútil redactada por un gobierno de incapaces. Es algo mucho peor: es el intento insensato y ciego de destruir una sociedad, de vulnerar todos los valores en los que se asienta. Un intento inconsciente del que ni siquiera sus mentores advierten su gravedad. 

Las costuras de nuestra sociedad no van a soportar la doble tenaza formada por una situación económica cada vez más angustiosa y, sin esperanzas de que pueda invertirse la tendencia a medio plazo, y una presencia cada vez más masiva de inmigrantes que contribuyen a agravar la crisis: el peso muerto de la estancia de 2/3 partes de los inmigrantes residentes en España, lo estamos pagando todos los ciudadanos.

En situación de bonanza económica, se podía perder el tiempo discutiendo sobre mitos que nunca han funcionado en Europa: “integración”, “multiculturalidad”, “mestizaje”, “sociedad pluriétnica”… conceptos que allí donde se han aplicado, en modelos de democracia, han fracasado rotundamente. Pero los períodos de bonanza económica tienen eso: que es el tiempo de los diletantes y se puede discutir interminablemente sobre el sexo de los ángeles.

Ese tiempo ha concluido: no es el tiempo del bizantinismo y de los experimentos multiculturales “avanzados”. Es el tiempo de la crisis, de apretarse el cinturón, reducir el gasto público. Nuestra sociedad no va a poder soportar por mucho tiempo el peso de más de 4.000.000 de inmigrantes que no constante como afiliados a la seguridad social, es decir, que no trabajan, ni cotizan, pero si consumen beneficios y ayudas sociales ¡4.000.000! Esa masa la estamos soportando todos con nuestros impuestos. ¿Dice algo esta enésima reforma sobre la obligación que tenemos los españoles de soportar el peso muerto de 4.000.000 de inmigrantes? No, claro que no dice nada: decir algo, recordar nuestra obligación legal de mantener a esta masa con nuestros impuestos podría provocar “alarma social” y la aparición de partidos “xenófobos y racistas”.

Para colmo, Toxo, el nuevo secretario general de CCOO demostró se estrenó con una sorprendente declaración en la que lamentaba que el gobierno “acotara las reagrupaciones familiares de los extranjeros”, añadió que “no se puede tolerar la injusticia que el Gobierno ha cometido”… ¿Se ha enterado CCOO de que cada puesto de trabajo que va a parar a un inmigrantes, es un puesto de trabajo que pierde un trabajador autóctono? 



Los principales elementos de la “reforma”

-    Hoy, los padres y abuelos puedes reagruparse con sus familiares residentes en España. La reforma prevé que esta posibilidad quede restringida a los que llevan 5 años en España y tengan autorización permanente.

-    La reagrupación solamente será aplicable en caso de familiares en línea ascendente (hijos), pero no padres ni abuelos. En contrapartida se concederá a los reagrupados la carta de trabajo. Los mayores de 65 años podrán ser reagrupados con sus familiares.

-    El tiempo de internamiento de ilegales se aumenta de 40 a 60 días… pero dista mucho de los 18 meses que prevé la directiva europea recientemente aprobada.

-    Se reconocen los derechos constitucionales a los inmigrantes ilegales que incluso llega a poder asociarse, reunirse y sindicarse, además, por supuesto, de gozar de todos los beneficios sociales como ya gozan hoy.

-    El gobierno “fomentará” –pero no “obligará”–  el aprendizaje del castellano y de las lenguas autonómicas, punto que hay que interpretar asumiendo que el gobierno destinará ingentes cantidades de fondos a esta materia (que irán a parar a los “amigos” del gobierno) y que la medida no servirá absolutamente para nada.

Eso es todo… es más que decepcionante: es un suicidio.



Un barrio como ejemplo

¿Mejorará la reforma de la Ley de Inmigración el barrio de El Puche en Almería?

El Puche está en Almería… pero no es Almería a tenor del alto porcentaje de inmigración marroquí: el 50%. En la oficina de colocación del barrio reconocen que es difícil encontrar trabajo para el alto número de parados que viven allí, en efecto, solamente el 20% tiene un título parecido al graduado escolar. El Puche es uno de los barrios más pobres y más densamente poblados por inmigración.

La historia de este barrio es triste, en su origen y en su presente. Las primeras casas aparecieron con las inundaciones de 1975 cuando en el barrio de La Chanca se construyeron viviendas provisionales para familias gitanas afectadas. Esas viviendas duran todavía hoy en estado ruinoso y el barrio ha pasado a conocerse como Puche Centro. Es un verdadero gueto de inmigración en donde viven todavía algunas familias autóctonas. Pocas, realmente. La bibliotecaria cuenta la peripecia del barrio: "Al principio éramos familias sencillas. Gente trabajadora y corriente. Luego vino el problema de la venta de droga. Aparecían personajes que venían en buenos coches al principio, luego llegaban en autobús y más tarde venían a rastras", señala.

En la actualidad viven allí 7.000 personas, la mayoría jóvenes: el 50% son inmigrantes, mayoritariamente magrebíes, y el otro 50% se reparte entre gitanos, payos y los llamados mixtos, hijos de payos con gitanos. Los autóctonos de entre 30 y 50 años se han ido del barrio con sus familias e hijos, solamente quedan jubilados, los huecos han sido cubiertos con más población inmigrante.

Los periodistas que lo visitaron hablaron del alto índice de drogadicción, las enfermedades graves, la violencia doméstica, las actitudes xenófobas y racistas (de todos contra todos), la delincuencia y conflictividad entre los jóvenes o un alto índice de absentismo escolar. Es una zona literalmente abandonada: no hay papeleras, apenas quedan contenedores en buen estado, las infraestructuras se caen… La convivencia entre gitanos y marroquíes es pésima y en cualquier momento puede saltar la chispa por cualquier parte. Los gitanos, mayoritarios en el barrio, se han visto desbordados por la llegada masiva de marroquíes. Y, como ocurre siempre, cuando una población inmigrante pasa a ser mayoritaria en una zona, no realizan ningún intento de integrarse, ¿para qué? Si alguien quiere algo que se integren en su comunidad.

La situación en El Puche no deja presagiar nada bueno. Las actitudes racistas están ahí: gitanos contra marroquíes. ¿Hay que recordar que en mayo de 2005 la ciudad de Perpiñán estalló cuando un marroquí resultó asesinado? Durante casi 10 días, la cuidad de los Pirineos sufrió incidente diario, saqueos y un segundo asesinato. La cuestión es: las reformas a la ley de inmigración ¿van a cambiar situaciones como la del barrio de El Puche en Almería? Porque el problema, a fin de cuentas es que no hay sólo un barrio de El Puche, sino diez, cincuenta, cien, doscientos, muchos en toda España que están en las mismas o peores condiciones… y han rebasado desde haciendo el límite de sostenibilidad. Ahora sólo queda el conflicto.


Barcelona: abandonad toda esperanza. Barrios insostenibles en tiempos de crisis

“Nos dijeron que venían para que pudieran pagarse las pensiones, pero consumen todas las ayudas sociales… no sé lo que durará esto”. Un vecino de Barcelona.

Catalunya se aproxima al 20% de población inmigrante. Este porcentaje no se nota en los barrios “altos” de la Ciudad… pero sí en los barrios populares. También ahí el límite de sostenibilidad se ha rebasado hace tiempo. Basta introducirse por el perímetro que está en el interior de las Rondas para advertir la dimensión del fenómeno. Desde 2004, la población inmigrante ya es mayoritaria en el Raval. Se ignora en estos momentos, cuántos inmigrantes ilegales y no empadronados, residen allí. En 2006 se creía que superaban el 70%. Indudablemente esta cifra habrá aumentado en los últimos dos años, como ha aumentado en toda España. Sólo que el Raval ya está saturado. Al otro lado de las Ramblas, el barrio de la Rivera, sufre una situación exactamente igual.

Mientras ha seguido el espejismo de progreso económico ninguna autoridad parecía advertirlo, y si advertían las transformaciones que estaban sufriendo algunos barrios, parecían no interesarles mucho. Y si les interesaban era solamente para ejercer la demagogia social: impedir que las tiendas se rotularan en castellano, pero mirar a otro lado cuando se rotulaban en caracteres islámicos, hablar constantemente de “integración”, “tolerancia”, “multiculturalidad”, y destinar fondos, canalizados por los “amigos” destinados a difundir estos nobles ideales…

Política ciega, resultados catastróficos

El resultado ha sido catastrófico: la crisis ha disparado la demanda de ayuda social en las barriadas con alta densidad de inmigrantes. El pánico empieza a cundir en las dos aceras de la Plaça de Sant Jaume, en donde se encuentran, frente a frente, el Ayuntamiento y la Generalitat, que cada vez dan la sensación de ser fuertes sitiados, pues no es no en vano están en medio de la zona más poblada por inmigración. Por eso la actitud de estas autoridades es todavía más incomprensible: solamente para llegar a sus lujosas oficinas debían, durante años, cruzar unas zonas en las que era evidente que el paisaje estaba cambiando. Ahora –dicen- se trata de impedir que “estalle la convivencia y la cohesión social”.

Pero no es sólo Barcelona-centro donde existe el problema de la imposibilidad de integrar a la oleada de inmigrantes que han llegado en tan poco tiempo. En otros barrios y ciudades del cinturón industrial de Barcelona, la situación es aún peor: Las Torres de Rubí, Collblanc, La Torrassa de L’Hospitalet, Ca n’Anglada en Terrassa… no se diferencian nada de Roquetas en Almería. En algunas de estas zonas ya han estallado incidentes que la disciplina periodística de los medios catalanes ha minimizado, pero que, como mínimo iguala en violencia a la que se ha producido en otros barrios. Así por ejemplo, en 2004, un magrebí resultó muerto en Las Torres de Rubí, en el curso de una pelea ¿con bandas racistas y xenófobas? No, con otros inmigrantes andinos…   En ese barrio el paro alcanza a un 20% de la población. La inmigración supera el 25%. En La Torrassa, el porcentaje es del 35-40%, pero la densidad de la población es la misma que en Calcuta: 50.000 personas por kilómetro cuadrado. Literalmente inhabitable e incontrolable.

Muchos bares en estas zonas se han ido decantando por preferencias étnicas. Seguramente no ha sido nada deliberado, ni siquiera puede ser considerado como una muestra de xenofobia y racismo: simplemente, a cada cual le gusta tener como compañeros a los que son como él. Y esto vale tanto para magrebíes, andinos, pakistaníes y la minoría autóctona, porque en muchos de estos barrios ya es una minoría. No es nada nuevo, ha ocurrido en todo el mundo, desde los EEUU hasta Francia, de Noruega a Portugal: lo semejante se une a lo semejante. La multiculturalidad solamente existe en las mentes de quienes todavía creen en la propaganda oficial. A la salida de un bar de La Torrassa, un jubilado nos decía: “nos dijeron que venían para que pudieran pagarse las pensiones, pero consumen todas las ayudas sociales… no sé lo que durará esto”

Es difícil olvidar que en Perpiñán, la ciudad occitana de los Pirineos, a 150 kilómetros del centro de Barcelona, en mayo de 2005, se produjeron violentísimos enfrentamientos entre gitanos franceses y magrebíes, que concluyeron con un balance aterrador: 2 muertos, centenares de detenidos, una semana completa de disturbios, buena parte de los comercios saqueados y una sensación de estar sentados sobre un polvorín que todavía dura. No vale la pena, ahora, buscar responsabilidades sobre aquellos sucesos. Lo único importante es recordar que tuvieron lugar.

La responsabilidad de la clase política catalana

La clase política catalana hasta ahora ha mirado a otro lado. En tiempos de crisis ya no puede seguir repitiendo la letanía “multiculturalidad – tolerancia – integración – mestizaje”. Ahora toca el choque con la realidad. La clase política catalana no tiene excusa: solamente para ir a sus oficinas en la Plaça de Sant Jaume han pasado necesariamente, hasta llegar allí, por los barrios de mayor densidad de inmigración. Han visto desde sus lujosos coches oficiales como esos barrios cambiaban en muy pocos años. Han visto como esos barrios se degradaban, incluso aun cuando ellos vivieran en barrios tranquilos y alejados del centro. Lo han visto… ¡y no han hecho nada! Ahora llega la crisis y con ella las situaciones límite.

En su ceguera, no es raro que hoy lo único que les preocupe sea disputar el voto de la inmigración ¡desde ERC hasta el PP! Ignoran que en toda Europa la inmensa mayoría de inmigrantes se han inhibido de los procesos políticos de sus respectivos y si han ido a votar, han votado especialmente a sus propias opciones étnicas, ¿hay algún elemento que haga creer que aquí va a ser diferente?

Los nacionalistas catalanes, que en principio deberían ser la fuerza más interesada en preservar la identidad de Catalunya participan también en esta loca –e inútil carrera- en pos del voto inmigrante cuando ya casi 1 de cada 5 residentes en Catalunya ha nacido en el extranjero.

Artur Más se rodeó de un nutrido grupo de inmigrantes en el último partido Barça-Madrid, al acabar el mitin de CiU “sólo para inmigrantes” que tuvo lugar antes del encuentro en el Palacio de congresos. Allí salió a relucir de nuevo Ángel Colom, ex secretario general de ERC, ex presidente del Partit per l’Independencia y ex delegado de Pujol en Marruecos… hoy “responsable sectorial de inmigración de CiU”, probablemente uno de los políticos más desprestigiados de Catalunya que está multiplicando reuniones con colectivos inmigrante buscando el voto para CiU.

Ni el PP, ni ERC tampoco quieren permanecer al margen de la carrera. En la última reunión del Consell Nacional del partido el tema era la inmigración y la resolución aprobada señalaba que “el millón de personas que han llegado a Catalunya en los últimos tiempos supone “retos muy importantes para la sociedad de acogida”. ERC reclama políticas que intervengan en “la ordenación y la gestión de los flujos migratorios”, pero quiere imponer el catalán como "lengua de uso público y compartida de las personas migrantes (sic), convirtiéndose así en una herramienta más de cohesión”. El presidente de ERC, Joan Puigcercós, intervino en dicha reunión subrayando que “los derechos sociales de los recién llegados son intocables, pero los derechos políticos son otra cosa. Para tener derechos políticos, para poder decidir en una comunidad nacional, es preciso conocer el país, la cultura y la lengua, y nosotros trabajaremos para facilitar las herramientas para que los nuevos catalanes tengan acceso a estos conocimientos. Pero el derecho político ha de ser consecuencia de la integración, el enraizamiento y la estima”. Al parecer el único problema es que el inmigrante aprenda catalán.

Ambos, Puigcercós y Mas utilizaron el término “nuevos catalanes” para referirse a los inmigrantes… ¿les han preguntado a ellos lo que piensan?


Fin de la moratoria para búlgaros y rumanos

Vaya por delante que búlgaros y rumanos son ciudadanos europeos de pleno derecho. Y vaya por delante que desde IdentidaD siempre hemos sostenido que, si es rigurosamente necesaria una inmigración en España, lo lógico es que proceda de los países europeos. Y, por último, vaya por delante, que el sector conflictivo de la inmigración rumana en España es el mismo que también es considerado como conflictivo en su país de origen, la etnia romaní. Dicho lo cual añadiremos que parece aventurado en las actuales circunstancias, levantar la moratoria laboral que hasta ahora pesaba para ciudadanos búlgaros y rumanos. Con un mercado laboral absolutamente desplomado y que pasará mucho tiempo antes de que se reactive, el permitir la entrada a trabajadores búlgaros y rumanos es una iniciativa absolutamente aventurera e irresponsable. 

La moratoria es un mecanismo contemplado en los tratados de adhesión de ambos Estados que permite al resto de países miembros aplicar un periodo transitorio a la libre circulación de trabajadores por cuenta ajena. Este plazo puede prolongarse hasta siete años en tres fases, la primera de las cuales debe durar dos años y para cuya renovación es preciso informar primero a la Comisión Europea. España vencerá el primer plazo el 31 de diciembre de 2008. Para Corbacho, “no vale la pena proseguir con la moratoria”… ¿no vale la pena? ¿acaso tenemos un mercado laboral eufórico?  ¿en que se basa para asegurar –como hizo- que los flujos migratorios se inviertan en relación a estos dos países? ¿hay algún rastro de que efectivamente vaya a ser así? No, no lo hay.

Por lo demás, la existencia de una crisis económica se percibe también desde Bulgaria y Rumania. Los amigos de los trabajadores de estos países que residen en España, son perfectamente conscientes de que aquí no atan los perros con longaniza y que en las actuales circunstancias no hay trabajo. Por tanto, es rigurosamente cierto que la inmigración laboral procedente de estos países se ha detenido… y sin embargo siguen llegando ciudadanos de ambos países ¿qué está ocurriendo?

Es simple: han dejado de venir trabajadores búlgaros y rumanos pero siguen llegando –¡y en qué cantidades!- ciudadanos de etnia romaní procedente de esos países, que desde antes del verano están abandonando Italia. España es el objetivo. Las costumbres antropológicas y culturales de este grupo étnico son difícilmente integrables en Europa (incluido en su Rumania natal). El hecho de que en su escala de valores no conste como algo moralmente rechazable el engañar a los que no son miembros de su comunidad, es suficientemente elocuente y explica por sí mismo, porque ni en su propio país, ni en Italia, han podido arraigar, ni han podido evitar generar en torno suyo un halo de hostilidad.

Pues bien, estos son los rumanos y búlgaros que están llegando en estos momentos. ¿Dice la reforma de la ley de inmigración algo sobre qué hacer con comunidades tan alejadas de nuestra escala de valores que exista con ellas una brecha antropológica y cultural insalvable? No, no dice nada: entonces esa reforma no solucionará ningún problema real.

Por cierto, la medida anunciado por el gobierno de eliminar la moratoria ha sido aplaudida por la “banda de los cuatro”: la medida cuenta con el apoyo del PP, del PSOE por supuesto, CiU no puso ningún obstáculo y, por lo que se refiere al PNV, Emilio Olabarría se mostró también favorable. ¿Realmente son conscientes de la naturaleza del problema?

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Alicante: la provincia mártir (II de III). Cómo la inmigración ha alterado sin remedio a toda una provincia

Infokrisis.- Alicante ha cambiado radicalmente. Ha pasado en apenas 20 años de ser una provincia que vivía del turismo en la costa y la industria y la agricultura en el interior, a ser una provincia en vías de convertirse en el “geriátrico de Europa”, con turismo, una industria en declive y una agricultura estable, para devenir, finalmente, una provincia en crisis, con un marcado proceso de desertización industrial (mayor a cualquier otra provincia española), que lo fiaba todo a la construcción y a la que ha terminado por afluir una inmigración en volumen absolutamente insoportable… y, para colmo, con una agricultura. A partir de ahora, ni siquiera va a ser el geriátrico de Europa.

Y, finalmente, ha llegado la crisis. A la rotura del tejido socio-económico de la provincia se une ahora la mayor crisis económica que haya vivido nuestro país en su historia. El riesgo es que ambas crisis conduzcan a crear nuevas realidades insostenibles para esta provincia.

Alicante, meca del turismo y de los jubilados europeos

La forma de la provincia es triangular. Su base es una parte del “frente mediterráneo” de la Península y, desde mediados de los años 60 fue uno de los emplazamientos privilegiados de nuestra industria turística. A diferencia de otras zonas costeras, inicialmente en Alicante no se trató de un turismo masificado, sino extraordinariamente diversificado. De un lado era la meca de un turismo interior procedente, de la Comunidad de Madrid. Pero, al mismo tiempo, llegaba un turismo procedente de Europa Occidental y de los Países Escandinavos. Inicialmente, todo este turismo se limitaba a alojarse en hoteles y pensiones, pero pronto –hacia finales de los años 60- el turismo interior empezó a adquirir apartamentos y luego a establecerse en la zona. Todo esto generó el que ya en 1967, la primera actividad de las zonas costeras no fuera la pesca como hasta entonces, sino la hostelería, el turismo y la construcción.

Los visitantes llegaban atraídos por el sol y el mar que parecían más escasos en sus lugares de origen. Se ha llegado a esgrimir como reclamo turístico el que Alicante tiene 340 días de sol al año. Hasta principios de los años 90, los jubilados ingleses, holandeses, alemanes y nórdicos preferían establecerse en Canarias y en Baleares. Pero pronto se hizo evidente que la lejanía de Canarias era un problema para muchos y que las Baleares estaban saturadas. A decir verdad, muchos inmigrantes europeos además de mar y sol, buscaban también tranquilidad. Fue entonces cuando a principios de los 90 empezaron a fijarse en la provincia de Alicante que contaba con un aeropuerto fácilmente accesible desde las zonas costeras de Torre vieja-San Fulgencio, con un turismo “de calidad” –especialmente en el eje Javea-Denia-CACPE-, cuyas infraestructuras eran buenas y los precios, inicialmente, no eran excesivamente caros. Además, la convivencia con los autóctonos era excelente.

Con el paso de los años, toda la costa alicantina se saturó de urbanizaciones pobladas mayoritariamente por unos “inmigrantes” europeos que, no solamente no planteaban problemas sino que estimularon el movimiento económico y, por tanto, la riqueza de la zona. Poco a poco, se impuso la imagen de “Alicante = geriátrico de Europa”. Pero ocurrió algo peor: la construcción alcanzó un desarrollo hipertrófico en toda la costa al iniciarse el período de gobierno del PP. Se estaba construyendo por encima del umbral de sostenibilidad. Y no había nadie que lo detuviera: todo lo contrario, se estimulaba. Para construir al ritmo que precisaba la expansión turística de Alicante, ya en 1997, era necesario contar con una mano de obra que no existía en la provincia. Así que fue preciso recurrir a otro tipo de inmigración completamente diferente al que había llegado hasta entonces.

La inmigración no daba miedo a los alicantinos. A fin de cuentas, antes de la llegada de los jubilados europeos, en los años 60 habían llegado decenas de miles de franceses procedentes de la traumática descolonización de Argelia (“pieds noires”) que tuvieron su parte en el desarrollo económico de la provincia entre 1961 y 1969. A partir de 1996 empezaron a llegar masivamente inmigrantes andinos y magrebíes. La crisis del “corralito” argentino hizo que también afluyeron miles de bonaerenses a la provincia.

Si la franja costera del triángulo alicantino vivía del turismo, la hostelería y la construcción, el interior de la provincia tenía sólidos puntales industriales construidos primorosamente desde el I Plan de Desarrollo franquista entre 1964 y 1967. La industria juguetera española se concentraba en Ibi, una población que hasta ese momento era casi exclusivamente heladera. En Crevillente se concentraba la industria de la alfombra de toda España y buena parte se dedicaba al textil, llegando a funcionar hasta 80 fábricas que exportaban el 75% de su producción a finales de los años 90. Elda-Petrer, Novelda, Villena y Elche concentraron hasta finales del milenio a una industria del calzado que exportaba a todo el mundo y suplía con creces las necesidades nacionales. En Elche se fabricaba hasta el 42% del calzado consumido en España. Un 30% de la mano de obra villenera llegó a trabajar en pequeñas factorías y en sus hogares, también en el sector del calzado.

El resto de industria del interior de la provincia tiene que ver con las canteras y con los productos químicos utilizados en agricultura. Pero, desde principios del milenio, el sector agrícola sufre una recesión cada vez más acusada. Algunas zonas de la provincia, observadas desde el aire, generan una irreprimible tristeza al percibirse con claridad el aumento incesante de los campos de cultivo abandonados. Las causas de este abandono han sido tres: de un lado no poder soportar la caída de los precios de la producción agrícola ante las importaciones magrebíes e incluso iberoamericanas; de otro el aumento en la edad media de los campesinos y el que sus hijos no se vean motivados a seguir trabajando los campos. Finalmente, las políticas agrícolas comunitarias, erráticas y contradictorias, elaboradas por centroeuropeos que lo ignoraban todo sobre los cultivos mediterráneos, han terminado apuntillando al sector.

A partir del último tercio de los años 90, la globalización empezó a generar sus efectos más deletéreos sobre la industria de la provincia de Alicante. El textil empezó a migrar hacia el Magreb, fue el primer síntoma de que algo estaba cambiando. Luego –ya a partir del 2000- le siguieron el juguete (casi completamente deslocalizado en estos momentos), el calzado (en vías aceleradas de deslocalización) y el mueble de la vecina Yecla (Murcia) que también absorbía mano de obra alicantina. Hasta 2006 no hubo problemas porque los excedentes laborales de estos sectores eran absorbidos por la construcción o las industrias suministradoras de materiales de construcción. Pero en 2006 empezaron a notarse los primeros síntomas de desaceleración. A partir de entonces, los parados generados por otros sectores ya no pudieron reciclarse en la construcción y el paro empezó a enseñorearse en la provincia. En el momento de escribir estas líneas, empiezan a verse las colas del paro en las oficinas del INEM de la provincia. Es sólo el principio. Cuando entre marzo y junio de 2008 terminen las obras en curso, apenas quedará en activo en el sector de la construcción un 25% de quienes lo componían hace sólo dos años.

En cuanto a la agricultura, el drama no es menor. En el momento en que la UE empezó a subvencionar determinados cultivos, buena parte de los agricultores orientaban su producción hacia los cultivos subvencionados para lo que debían adquirir maquinaria apropiada. En el caso de la viña la situación ha sido dramática: por un lado se empezó a subvencionar las plantaciones de cepas… para luego subvencionar el arranque de las mismas, todo esto en un marco de caída de los precios de la producción. Se han subvencionado la colocación de espalderas, la compra de aperos, el riego por goteo… para negarse a subvencionar en absoluto la producción (que a fin de cuentas era lo esencial para compensar las caídas en los precios de la producción). El resultado ha sido el hundimiento del sector, lo abusos y el abandono progresivo de la agricultura.

Pero hasta hace dos años, cualquier agricultor que quisiera vender sus tierras y obtener el dinero suficiente para la jubilación, sabía que podía hacerlo. Hoy, eso ya es imposible. A partir de 2006 se orientaron amplias zonas agrícolas hacia la energía solar. En Beneixama se encuentra la mayor “huerta solar” de Europa con 32 hectáreas de placas. Buena parte de los agricultores intentaron entrar en el nuevo negocio. Pero las hidroeléctricas no facilitaron las cosas a tenor de que deben comprar obligatoriamente la energía producida a un precio superior al del kilowatio que venden… En cuanto a los generadores eólicos, muy discutidos (por el ruido vibratorio que producen, por la alteración del paisaje y por su rendimiento oscilante), la otra posibilidad con la que contaban algunos agricultores, apenas han podido concretarse dos nuevos parques eólicos, estancados en el momento de escribir estas líneas.

El turismo ha entrado también en crisis en 2008 y los jubilados europeos han dejado de afluir. Es más, algunos han fallecido y sus herederos tienen dificultades en vender sus chalets y apartamentos. Los que se venden van a parar a otros jubilados del mismo origen… pero ya no se construye.

Este es el drama económico de la provincia… un drama que es  también social: de una parte, la población autóctona empieza a registrar tasas importantes de paro que recuerdan las de principios de los años 90. De otro, la provincia de ha llenado de inmigrantes que habían venido atraídos por las posibilidades de trabajar en hostelería, construcción y agricultura… sectores que están en crisis. Lo peor es que no parece que, en breve, esta situación pueda ser reversible.

La construcción nunca más –nunca- volverá a tener la importancia que ha tenido hasta el 2006 en la provincia de Alicante. De otro, la industria deslocalizada ya no volverá, y lo que es peor, no existe la más remota idea de qué podría sustituirla. En cuanto a la agricultura, salvo que ocurriera un cambio en la economía mundial, en las actuales circunstancias, con un Marruecos que cada vez obtiene más beneficios de la UE y donde se concentran cultivos intensivos de ínfima calidad pero de precio adaptado a los tiempos de crisis, no se ve de qué forma ni en función de qué podrían levantarse los campos alicantinos.

En estas circunstancias ¿qué hacemos con los excedentes migratorios? Siguen llegando masivamente a la provincia… pero no hay trabajo ni siquiera para los que llevaban diez años asentados en Alicante. ¿Entonces…? Contrariamente a lo que quieren pensar las autoridades provinciales, autonómicas y estatales, el problema de la provincia es de modelo económico: nadie fue capaz de prever las oscilaciones de la agricultura, ni denunciar las inconsecuencias de la UE en materia agrícola, nadie fue capaz de prever lo que implicaba la globalización para la industria de la que vivía el interior de la provincia. Nadie fue capaz de crear un modelo económico alternativo para el momento en el que fallara la construcción (¿quién pudo pensar que se podría construir eternamente y sin medida?) o que el turismo entrara en recesión. Si bien el Magreb no ha logrado suplantar a España en materia turística, como se temió a principio de los 90, las costas del Adriático y los países del Este, una vez liberados de la pesada losa del socialismo real, se configuran hoy como destinos turísticos de primer orden con un crecimiento exuberante que atrae al turismo de calidad, dejando para nuestras costas un turismo de alpargata y garrafón.

De “provincia modelo” a “provincia mártir”

Luís Díaz Alperi, un hombre clave en la política municipal del PP en Alicante ciudad, explicaba hace poco algo demasiado lógico y evidente como para discutirlo: “muchos inmigrantes van a delinquir para vivir”. Claro está que las conclusiones que realizaba Alperi al diario Levante eran incomprensibles: “hace falta más dinero para la inmigración”. Esto es, evitar que roben… subvencionándolos. No hay que olvidar que la degradación de la vida en la ciudad, la creación de guetos de la inmigración, la “limpieza étnica” del centro, si tienen un responsable por omisión es el PP del que forma parte Alperi y que ha gobernado ininterrumpidamente desde 1995.

Alicante es, junto a Valencia, la provincia con más inmigrantes parados que no cobran subsidio. Solamente un 58% de los 14.288 extranjeros que había en paro en junio de 2008, cobraban algún tipo de prestación que asegurase sus necesidades más básicas. Resulta un misterio saber de qué vive, exactamente, el resto. Seguramente la mayoría del trabajo negro, pero es inevitable conectar esta situación con el aumento de los robos en la provincia experimentada desde principios de 2006.

En el ya lejano 2001 -con  el copyright de Dinpesa- se ofrecían unas cuantas pinceladas –suficientes- de lo que estaba ocurriendo en la ciudad de Alicante: Las calles del centro tradicional de Alicante se han transformado. Una de las zonas más emblemáticas de la capital ha cambiado su habitual aspecto -negocios de restauración y establecimientos al servicio del turismo- tras haberse convertido progresivamente en un barrio magrebí. En poco más de un año el centro histórico de Alicante ha tomado acento árabe y son ya pocos los negocios nativos que allí subsisten. El día a día de esta zona toma paisaje de un zoco, dónde sólo tienen cabida inmigrantes que viven o viajan a Alicante gracias a un ferry diario que enlaza la capital con Orán. El problema radica en que la convivencia se ha tornado harto complicada. La voz de alarma surgió este verano con la formulación de todo tipo de denuncias por robos, tráfico de drogas y, prostitución. Lo cierto es que en una decena de calles se concentra más del 70% de los delitos que se cometen en la ciudad. Las denuncias iban más lejos: comerciantes que traspasaron sus negocios a los magrebíes rompían su silencio y aseguraban haber sido víctimas de extorsiones y prácticas mafiosas, con la única intención de hacerse con el control de la zona. Hecho que finalmente se ha producido. Bazares, locutorios telefónicos, comedores árabes, pensiones, panaderías, carnicerías ... son algunos de los dominios de estos inmigrantes que se han abierto hueco en la vida cotidiana. La guinda al pastel la ponen las 81 denuncias presentadas por mujeres allí residentes que dicen haber sido "víctimas de amenazas e insultos por parte de los magrebíes que han tomado la calle", según señala un portavoz de la Coordinadora para la Recuperación del Centro de Alicante”.

Era sólo el principio. En 2001, escribir esto equivalía a hacerse acreedor del calificativo de “xenófobo y racista”. Sin embargo, toda la ciudad de Alicante y el consistorio gobernado por el PP, eran perfectamente conscientes de lo que estaba ocurriendo. Como siempre, se creía poder superar la situación inyectando fondos públicos. Siete años después, no solamente no se detuvo la degradación del centro de Alicante, sino que el problema se extendió a otros barrios y al interior de la provincia [tal como veremos en otras partes de este mismo dossier].

Alicante ha pasado de ser una “provincia modelo” con industria diversificada, hostelería, turismo, agricultura, a ser una “provincia mártir” en la que la industria se ha deslocalizado, el turismo remite, la agricultura se extingue y de la construcción quedan solamente las brasas. Ahora viene “el tío Paco con la rebaja”, como se dice popularmente cuando se pretende expresar la idea de que lo peor está aún por llegar.

Pateras hasta en Alicante

Pero no es solamente la delincuencia que denunciaba Alperi lo que los alicantinos tienen ante la vista. Es mucho peor. En principio, lejos de retraerse los flujos migratorios a la provincia [como hemos visto] aumentan más que en ninguna otra provincia española. Esto se debe a que los inmigrantes están de espaldas a la realidad económica internacional y desconocen los problemas de la economía española. Llegan simplemente porque son conscientes de que en caso de existir “crisis” en España, en su país existe “miseria absoluta”; y, al menos aquí, aunque estén paro y vivan en precariedad (en su país de origen la precariedad es todavía más dramática), el Estado garantiza una serie de servicios (sanidad, renta mínima de inserción, escuelas, asistencia social, etc.) ¡Cómo van a dejar de venir! ¡lo raro es que no vengan a mayor velocidad! Es normal que en las zonas que hasta ahora han ido concentrando más inmigración (como Alicante) el “efecto huida” sea mucho mayor que allí donde nunca se han instalado inmigrantes.

Hecha la ley, hecha trampa. Controlado el Estrecho mediante un avión dotado de radar, las mafias de la inmigración cambian de táctica. Las pateras ya no parten de las costas marroquíes, sino que se embarcan en “buques nodriza”, habitualmente pesqueros marroquíes o pequeños mercantes, y son soltados en lancha cerca de las costas españolas. Contra más al norte se realiza la operación, más seguridad tiene de tener éxito.

En septiembre de 2007 se produjo la llegada a las costas alicantinas de cinco pateras procedentes de Marruecos. Demasiado lejos para que hubieran podido llegar por sí mismas. Y si las pateras llegan, también llegan drogas. Desde hace cinco años, la vigilancia policial en las costas gallegas ha hecho que descendiera la entrada de cocaína en los puertos de aquella autonomía. Como ya informó IdentidaD, a partir de 2003 tuvieron contactos entre los narcotraficantes marroquíes y los colombianos. Los marroquíes aseguraban la llegada de la cocaína a Marruecos y luego su traslado a España quedándose con un 5% de los envíos que, o bien serían consumidos en el propio Marruecos (el “majzén” –el entorno del palacio Real- es un “gran aficionado” a la coca) o serían distribuido en España por redes marroquíes hasta entonces solamente especializadas en haschís. Parte de esos envíos entran por las costas alicantinas. No es raro que el consumo de cocaína y de haschís en Alicante esté por encima de la media nacional.

Incluso la inmigración argelina que nunca había sido apreciable (ni apreciada, a decir verdad, dado que los antiguos “pieds noires” franceses residentes aun en la provincia son excepcionalmente críticos hacia ellos) en la provincia ha repuntado en plena crisis económica. A principios de agosto de 2008, se registró la llega de 10 pateras en Torrevieja con 91 argelinos. Otras llegaron, así mismo, a la vecina Murcia. Desde principios de año, habían resultado detenidos 781 argelinos aspirantes a entrar en España, el año anterior 83 argelinos habían perecido ahogados en la aventura y 1.530 fueron detenidos.

¿Crean riqueza o deslocalizan capital?

Derechas e izquierdas alicantinas han estado de acuerdo en que la inmigración “crea riqueza”. No es así. De hecho, la inmigración es uno de los dos aspectos de la globalización: no crea riqueza sino que desplaza la riqueza. En Alicante, la inmigración ha sido la causa de que los precios de la mano de obra agrícola, pero también en construcción y hostelería, bajaran. Cuando los defensores de la inmigración masiva reconocen esto –y hoy ya pocos se atreven a negarlo- pasan a sostener que gracias a las cotizaciones de los inmigrantes se pagan las pensiones de los abuelos (pero evitan decir que la inmensa mayoría de inmigrantes cotizan en las franjas salariales más bajas, tienen trabajos temporales y familias numerosas, con lo que si bien la SS recauda más… también gasta mucho más con lo que el sistema de pensiones peligra hoy más que nunca) una idea que hoy ya se cuestiona desde muchos puntos. Entonces, su última línea de justificaciones es decir que los inmigrantes “crean riqueza”.

Es cierto que gracias a la inmigración el PIB ha ido creciendo en los últimos 10 años. Es normal para un país en el que han ingresado una media de 600.000 inmigrantes/año, el PIB suba solamente por la presencia de estos mismos inmigrantes que comen, beben, se alojan y consumen en definitiva. Pero no es riqueza lo que se crea. La riqueza se crearía si el dinero ganado por los inmigrantes se invirtiera en España. Es cierto que se trata de cantidades mínimas, pero sumados, alcanzan más de 8.135 millones de euros… ese dinero se va en forma de remesas al extranjero.

Una vez en los países de origen ese dinero también sirve para poco: con él no se pueden crear pequeños comercios ni pymes, sino como máximo, servir para satisfacer el consumo básico de los receptores. Así pues, salvo para las entidades que tramitan los envíos de remesas y para los administraciones de los países receptores que cobran impuestos directos e indirectos sobre ese dinero, el producto del trabajo de la inmigración sirve para bien poco.

En total los inmigrantes residentes en la provincia de Alicante enviaron en 2007 728’6 millones de euros a sus países de origen, representando casi el 7% de la cifra total de remesas enviadas desde España.

Así pues, las remesas, lejos de ser una fuente de creación de riqueza, son un frente añadido más a la deslocalización de capitales. Es normal que así sea: a fin de cuentas, la inmigración no consiste en otra cosa más que en comprar mano de obra en el extranjero, que desarrolla aquí su trabajo, pero buena parte de cuyo pago se realiza en forma de remesas. En períodos de crecimiento económico, estas cifras apenas tienen repercusión, pero cuando se producen crisis de dimensiones incalculables como la actual, estas remesas adquieren una dimensión dramática: en primer lugar, los 728’6 millones de euros que se van al extranjero en la provincia de Alicante supondrían un mayor movimiento económico en la provincia e inyectar fondos en los circuitos económicos. Esa cantidad supone un dinero que es absorbido por una bomba, desaparece de la provincia de Alicante y reaparece pulverizada en los países de destino de esas remesas.

Algunas conclusiones

La provincia de Alicante vive una situación de conflictividad creciente cuyos efectos se dejarán sentir durante décadas. Con una natalidad crepuscular y una constante llegada de inmigrantes con demografía explosiva, hay que ser realistas sobre el futuro que le aguarda a la provincia: y ese realismo, implica necesariamente ser pesimista.

A eso hay que añadir el hundimiento de los modelos económicos que rigieron desde 1960 a 1985 y desde 1985 hasta la gran crisis de 2007. La globalización ha golpeado a Alicante más que a cualquier otra provincia española. Sus dos tentáculos, la inmigración masiva y la deslocalización empresarial, se han conjugado en Alicante de manera endiablada. En el momento en que escribimos estas líneas, ni el gobierno de la nación (PSOE), ni el gobierno autonómico (PP), ni la diputación provincial, ni los ayuntamientos de las primeras ciudades alicantinas, han sido capaces de prever la crisis hasta que ha estado encima ni mucho menos los remedios para establecer un nuevo modelo económico. En esas circunstancias, Alicante solamente tiene delante suyo la crisis, terrible, imparable, prolongada…

No hay lugar para el optimismo, pero sí una necesaria catarsis. Y el principal medio para realizarla es dejar de votar automáticamente a las opciones políticas que hasta ahora han gobernado y exigir un rendimiento de cuentas y una petición de responsabilidades a una clase política que ha sido capaz de sumir a Alicante en la crisis más profunda de su historia. Y, resaltamos, que la crisis provincial dista mucho de haber alcanzado sus cotas máximas.

Mientras Alicante siga gobernada por la misma clase política, interesada solamente por aumentar su patrimonio, que sigue con fidelidad perruna las leyes de lo políticamente correcto, será muy difícil salir de la crisis. Las ideas nuevas solamente pueden venir de la mano de gentes nuevas. La vieja clase política, responsable de la quiebra de una provincia, está inhabilitada para liderar el futuro.


De “Zapatero Premio Nóbel” a “Alicante, ven cuando quieras”


Todas las provincias tienen irresponsables, inconscientes y/o, francamente, tontos. En Alicante, últimamente, parecen proliferar. Dos noticias –dos “perlas”- son suficientemente elocuentes de lo que decimos.

Víctor Domínguez, miembro del Consejo Político local de Izquierda Unida-Alicante, publicó un artículo recogido en “Nueva Claridad” (subtitulado “Por una alternativa marxista”…) en el que seguía, obstinadamente, sosteniendo en ¡2006! el “papeles para todos”. En su nirvana marxista, Domínguez alude a que la Ley de Extranjería “ha provocado una fuerte respuesta tanto entre la población alicantina como entre los trabajadores inmigrantes” (?) lo que ha llevado a la creación del “Comité de Inmigrantes de Alicante”… No busquen información sobre ese “comité”. En Google solamente aparece en una ocasión: en el artículo en el que lo cita Domínguez. La tesis que sostiene es que el eslogan de la diputación de Alicante: “Alicante, ven cuando quieras”, no alude a los inmigrantes, sino al turismo “de clase” y él, humanitario como es, quiere extender el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, a todos los extranjeros. En definitiva “papeles para todos”. Con estos planteamientos se entiende que en pocos años Izquierda Unida haya descendido en Alicante del 10’3 en 1993 al 2’3 en 2008. Y todavía parecen muchos a tenor de los planteamientos de Víctor Domínguez.

La otra “perla” es casi tan buena. En 2007 un grupo de inmigrantes alicantinos propusieron a José Luís Rodríguez Zapatero al precio Nóbel de la Paz en 2008. La noticia es un despropósito, no sólo por la información en sí, sino por sus promotores que decidieron lograron sus 5 minutos de fama mediática provincial. Quienes promovieron colocar a ZP al mismo nivel que la madre Teresa de Calcuta, fueron los miembros de la Plataforma para la Integración y la conquista de los Derechos Políticos de los Nuevos Españoles y fue entusiásticamente apoyada por los andinos de Amigos de Alacant, Nueva Realidad y los magrebíes de Abya-Yala… que, en su conjunto, suman 250 afiliados. Indudablemente, se trata de los más “listos”, en la medida en que han entendido que Zapatero subvenciona a quien le ríe las gracias. Por cierto, mientras el portavoz de estas asociaciones, elogiaba a Zapatero y pedía para él una promoción internacional (al ser “un gran humanista”), aprovechaba para tachar las declaraciones de Díaz Alperi sobre el aumento de la delincuencia al aumentar el paro entre la inmigración como “criminales” y “xenófobas” y pidió para él la “aplicación de la ley al sembrar el odio y las divisiones entre la ciudadanía”.

Por supuesto de la Plataforma para la Integración y la conquista de los Derechos Políticos de los Nuevos Españoles, nunca más volvió a saberse nada.

Elche: de ciudad del calzado a ciudad de la inmigración

Elche es la tercera ciudad de la Comunidad Valenciana y excepcionalmente próxima a Alicante, frecuentemente se trata a ambos ayuntamientos de “conurbación”. Los males de la ciudad de Alicante se reproducen en Elche hasta el punto de haber situado a la ciudad en momentos de tensión (como las manifestaciones contra la proliferación del comercio chino en 2004).

Elche ha sido uno de los destinos preferidos por la inmigración. En la actualidad, el crecimiento demográfico de Elche (mediante nacimientos y empadronamientos) se debe en un 80% a los inmigrantes. El 20% restante es crecimiento vegetativo (diferencia entre nacimientos y fallecimientos). Los datos oficiales nos cuentan que en Elche había a finales del 2006 14.382 residentes extranjeros. De ellos, el grueso procedía de Ecuador, Colombia, Marruecos y Rumania, suponiendo el 55% del total. En el padrón municipal se reflejan hasta 115 nacionalidades distintas. En Elche hay una mayor proporción de magrebíes (20%) que en Alicante (13,6%). La proporción de rumanos en Elche es el doble que en Alicante.

En la primavera del 2004 estallaron en el polígono Carrús de Elche incidentes graves cuando empezaron a detectarse los primeros síntomas de crisis del sector del calzado.

La crisis del calzado, primer signo de la globalización

A partir de 2002 apareció un nuevo tipo de producto en España: calzado extremadamente tosco, de muy mala calidad, frecuentemente caminar un poco con ellos destrozaba el pie, su única ventaja es el precio: baratísimo y distribuido en la misma zona de Alicante. Paradójicamente, grandes empresas ilicitanas del calzado como Pikolinos, Martínez Valero y Kelme, entre otras, habían trasladado parte de sus procesos productivos al sureste asiático.

En la región de Elche y en el sector del calzado se produce un doble fenómeno: de un lado, los inmigrantes que han llegado de China, aceptan trabajar por un salario miserable, con contratos a tiempo parcial, cuando están trabajando jornadas de 10 y 12 horas laborables (lo cerrado de la comunidad china y el peso de las «tríadas» mafiosas, hacen que mantengan el silencio sobre lo precario de sus condiciones laborales). ¿Por qué? Porque en su estilo de vida, es aceptable permanecer diez o quince personas en el mismo piso (y por tanto, los gastos de alquiler bajan drásticamente) y trabajar durante jornadas interminables, sin derechos sociales, sindicación, pagas extras, etc.

De otro lado, el déficit del saldo comercial por el descenso de las exportaciones y el aumento de las importaciones de calzado y la paulatina pérdida de empleos conforman el escenario del conflicto que vive el sector del calzado de la provincia de Alicante. El resultado de esta doble tenaza es el estrangulamiento de la industria alicantina del calzado: no pueden competir con los ínfimos costes de producción de las empresas chinas en España, ni pueden competir con el precio de las importaciones de calzado procedentes de China.

China es hoy el primer proveedor de calzado de España en 2003 con 70,9 millones de pares, un 53% del total de las importaciones del sector en ese año. La cosa es todavía más sorprendente en la medida en que en el sector del calzado España podría ser completamente autosuficiente. En el periodo 1999–2003 las importaciones de zapatos procedentes de China se dispararon hasta el 108,15 por ciento, al pasar en dicho periodo de 29,7 millones de pares a los 61,9 antes mencionados. El precio medio por cada par de zapatos chinos importados se sitúa en 3,7 euros. Paralelamente, en los últimos tiempos se han ido destruyendo entre 1.500 y 2.000 empleos anuales en el sector del calzado de Elche y entre 10.000 y 15.000 trabajadores pueden perder sus puestos entre un futuro inmediato.

Si bien el retroceso del sector se inició en la década de los noventa, los problemas alcanzaron su cenit a partir de 2001 y 2002, con la caída de las exportaciones a Estados Unidos tras el 11–S. Ante esta recesión del mercado, firmas históricas como Martínez Valero, que funcionaba desde principio de los años sesenta, cerraron algunas de sus factorías y despidieron a sus trabajadores. En 2003 se tramitaron en las comarcas alicantinas del Vinalopó expedientes de regulación de empleo que afectaron a 60 empresas y 780 trabajadores en localidades como Elche, Aspe, Villena, Monóvar, Elda, Petrer, Sax o Aspe, cuyas economías dependen en gran medida de este sector.

Otro problema es el calzado de marca falsificado, actividad a la que se dedica buena parte de la estructura china. El 13 de enero de 2005, la Policía Local de Elche desmantelaba uno de estos almacenes en la partida de Altabix y quince días después la Policía Nacional detenía en la ciudad a dos empresarios, uno chino y otro español, acusados de distribuir zapatos falsificados, tras hallar en una nave industrial 3.244 pares de estas características. Precisamente las falsificaciones y la competencia desleal por parte de los chinos fueron la causa de las manifestaciones de trabajadores ilicitanos en el polígono Carrús en 2004.

¿De dónde vienen los chinos?

Antes –hasta 2001– los inmigrantes chinos procedían de Taiwan (China Nacionalista), Singapur y Hong–Kong: es decir, las zonas occidentalizadas de China que, o bien fueron colonias europeas hasta hace poco, o bien reagruparon a los oponentes a la revolución comunista de Mao (Taiwan). Habitualmente se dedicaban a la restauración o bien a negocios de import–export, o a tiendas de Todo a 100.

A partir de 2002, irrumpieron otro tipo de chinos: los continentales, procedentes del gigante chino en fase de evolución hacia un capitalismo tutelado por el Partido Comunista. Estos últimos entran a través de Yugoslavia (país que se venga de Europa por los bombardeos de la OTAN aceptando la llegada de chinos sin visado que luego se desparraman por toda Europa Occidental. Se trata de gentes más conflictivas que los anteriores, han traído sus mafias (las «tríadas») y tienen poca relación con gente de fuera de su comunidad. Habitualmente trabajan para empresas chinas sometidos a horarios infernales y salarios de hambre.

¿Cómo se inició el conflicto de Elche?

Durante los días anteriores a los sucesos circularon por Elche pasquines anónimos convocando una manifestación en contra de las empresas asiáticas instaladas en el Polígono Carrús. La convocatoria no fue comunicada a la Subdelegación de Gobierno de Alicante y tampoco fue secundada por sindicato alguno. Los aproximadamente 300 asistentes iniciales, según la Policía, comenzaron por cortar el tráfico y proferir gritos de «¡chinos fuera!», para luego apostillar «¡Elche se muere!». La crispación fue en aumento y los participantes más exaltados pasaron a la acción, yendo a la treintena de almacenes asiáticos abiertos. No eran muchas las opciones, ya que la mayoría de los encargados habían cerrado en previsión de lo que se avecinaba. Contenedores quemados, dos naves incendiadas y el saqueo de la mercancía de un trailer que proveía a uno de los almacenes fueron el resultado de la revuelta ciudadana.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Alicante: la provincia mártir (I de III) Dos inmigraciones, dos orígenes, un conflicto

Infokrisis.- Dentro de poco el 25% de la población alicantina será inmigrante. Los alicantinos tienen pocos motivos para ser optimistas: en apenas nueve años la inmigración ha crecido un 900% en toda la provincia. Buena parte de la ciudad de Alicante tiene un rostro extraño. Alicante es la tercera provincia con más inmigración de toda España y la que tiene un crecimiento más rápido. Las perspectivas son extremadamente sombrías ante la crisis económica.


Alicante-Elche es la octava aglomeración demográfica en España (con 748.565 habitantes) y la provincia de Alicante la quinta con 1.825.264 habitantes… sin embargo es la tercera de España en número de inmigrantes. En el tercer trimestre de 2008, la provincia de Alicante se configuró como la primera en aumento de la población inmigrante según los datos del Observatorio Permanente de la Inmigración. Es evidente que existe un desequilibrio que va a condicionar el futuro de la provincia.

Alicante: en vanguardia de la inmigración

En los meses de julio, agosto y septiembre, a pesar de la crisis, se otorgaron 105.735 permisos de residencia, de los que 15.866 estaban localizados en la Comunidad Valenciana, por delante incluso de Madrid y Catalunya. En apenas un año, 65.768 inmigrantes con permiso de residencia se han instalado en las tres provincias valencianas. Alicante es la provincia que registraba el mayor número de inmigrantes legales en septiembre de 2008: 267.975, a los que hay que sumar un número indeterminado –pero, en cualquier caso, algo- de ilegales entre empadronados y no empadronados, posiblemente en torno a los 60-70.000. A principios de 2008 residían 41.000 ilegales empadronados en la provincia: el 40% del total de los empadronados en la Comunidad Valenciana.

Las cifras dadas por Rafael Blasco, conseller de inmigración de la Comunidad Valenciana, son espectaculares: esta comunidad alberga hoy a 839.224 extranjeros “empadronados”, de los que casi 300.000 son ilegales. Lamentablemente, el conseller no quiso alarmar a la población y evitó dar el número de ilegales no empadronados o cuyo empadronamiento ha caducado (cada año los extranjeros deben renovar su empadronamiento, algo que una parte importante ignora). Por tanto, es más que probable que los extranjeros legales, ilegales empadronados e ilegales no empadronados, asciendan a un millón. La edad media de estos inmigrantes se sitúa en los 37 años.

Lejos de estabilizarse o disminuir a causa de la crisis y de la recesión económica los inmigrantes siguen afluyendo a la provincia de Alicante. Rafael Blasco no se alarma (aunque tendría razones para ello): “Nuestra Comunitat es una tierra de oportunidades y acogida. Resulta indudable que los inmigrantes eligen, cada vez más, nuestra región para vivir y prosperar”, declaró en a principios de octubre.

Pero la provincia de Alicante tiene otra característica: aún hoy es una provincia de destino de las migraciones en el interior del Estado. En la provincia de Alicante residen más de 88.000 andaluces, 74.000 manchegos, 51.000 murcianos y 41.000 madrileños, y existen 11 asociaciones y centros. Entre ellos componen el total de más de 352.000 ciudadanos españoles de otras comunidades que han cambiado su lugar de residencia. Sin embargo, son pocos los alicantinos que residen en otras autonomías del Estado. Así pues, si tenemos en cuenta que la población total de la provincia es de 1.783.555 habitantes, al deducir 350.000 inmigrantes y los 352.000 ciudadanos de otras provincias españolas, veremos que Alicante es una provincia con casi la mitad de nacidos fuera. Está claro que la inmigración española y la procedente de la UE (excluida, hasta ahora, la comunidad gitana rumana) no crean problemas, pero el nivel de desarraigo en esa provincia es excesivo y genera evidentes desequilibrios.

Entre 1996 y 2008 la población inmigrante aumentó un 800% en la provincia de Alicante y, especialmente en la capital. Las barriadas del Carmen (las antiguas Mil Viviendas), Virgen del Remedio y San Agustín han llegado en ese período incrementos de residentes extranjeros del 5.000%. La zona norte de la ciudad de la Alicante es un gueto inmigrante. En Colonia Requena y Cuatrocientas Viviendas hay crecimientos superiores al 3.000%, Sidi Ifni, Nou Alacant y Ciudad de Asís experimentan un aumento superior al 2.000%, mientras que Carolinas Altas, Campoamor, Los Ángeles, Altozano, la zona de Conde Lumiares, el Garbinet, Carolinas Bajas, Juan XXIII y Ciudad Jardín, han registrado aumentos superiores al 1.000% desde 1997. Los otros dos barrios que menores aumentos han experimentado son la Albufereta y Cabo Huertas, que albergan a población extranjera de origen europeo. Los barrios del centro de la ciudad de Alicante se han visto enormemente degradados, habiendo denunciado algunos comerciantes procesos de “limpieza étnica”.

Aumenta la inmigración conflictiva, disminuye la europea

Las perspectivas son sombrías para la provincia de Alicante en materia de inmigración. El Anuario CeiMigra preveía en 2007 que el 25% de la población de la región será inmigrante… pero el anuario evita –acaso por desconocerlo- explicar que lo que variará extraordinariamente será la composición nacional de los colectivos inmigrantes. Y este es el aspecto más grave del problema.

En efecto, hasta ahora ingleses, alemanes y holandeses jubilados constituían el mayor contingente de la inmigración en la provincia de Alicante. Se trata de una inmigración que no “crea problemas”: al establecerse en la provincia han estimulado el movimiento económico (una pensión media inglesa es de 3.000 euros), no han generado deudas (habitualmente, compran sus casas al contado) y han estimulado el sector de la construcción como en ninguna otra provincia creando urbanizaciones enteras en la comarcas de la costa. Pero eso flujo de inmigrantes ya se ha acabado.

A partir de 2004 ya era evidente que este flujo –que alcanzó entre 2001 y 2002 su período álgido- estaba disminuyendo. Los precios se habían encarecido extraordinariamente. Hasta entonces, el precio de un chalet en la costa se situaba en torno a los 25-30.000.000 de las antiguas pesetas. A un inglés le bastaba con vender su plaza de parking en Londres para adquirirlo. Pero a partir de 2001 se produje una revaloración del euro en relación a la libra esterlina, con lo que el precio en libras iba creciendo, al tiempo que también aumentaba el precio del propio chalet.

Además, a partir de 2002 empezó a advertirse un aumento de la delincuencia en las comarcas de Alicante. Los jubilados extranjeros que venían en busca de sol y tranquilidad, se encontraron con que en el pack encerraba también una inseguridad creciente. Además, promotores poco escrupulosos que vendieron chalets sin célula de habitabilidad o completamente ilegales. Al mismo tiempo, desde la implantación del euro, toda España asistió a un proceso inflacionista que en pocos meses encareció los bienes básicos.

A esto se sumó otra problema: “pacificada” a partir de los bombardeos de la OTAN sobre Yugoslavia en 1998, la zona costera del Adriático de la antigua Yugoslavia, los promotores inmobiliarios vieron en las islas del Adriático, pertenecientes a Croacia, un nuevo horizonte para los jubilados europeos: en efecto, un chalet de similares dimensiones en una isla del Adriático costaba 5 veces menos que en las costas alicantinas. A lo que había que sumar que el coste de la vida era allí un 50% más barato que en Alicante. Es evidente, con estos datos en la mano, que el flujo de jubilados europeos se ha detenido para siempre.

Así mismo, la inmigración polaca, numerosa en Alicante hasta 2005, empezó a descender y hoy es prácticamente inapreciable. Se trataba de una inmigración con buena capacitación laboral. En algunos pueblos del interior, entre 2002 y 2003, los polacos sustituyeron a los marroquíes que eran percibidos como “conflictivos” por los agricultores. El hecho de los polacos fueran mayoritariamente católicos y participaran en las ceremonias religiosas tradicionales los hizo muy apreciados en toda la provincia.

Así pues, hay una inmigración que disminuye en Alicante: la de origen europeo. Paralelamente, hay otra inmigración que aumenta: la de origen andino y, especialmente la magrebí.

Es evidente que los datos que considera CeiMigra ignoran este hecho básico: aumenta la inmigración que está separada por una brecha cultural y antropológica y disminuye la inmigración que pertenece a nuestro ámbito cultural y geopolítico, Europa. Dicho con palabras más descarnadas: aumenta la inmigración poco cualificada y sin posibilidades de insertarse en el mercado laboral, y disminuye la inmigración cuya mera presencia ha generado movimiento económico y riqueza. La perspectiva, de la provincia de Alicante, por tanto, no puede ser más sombría. Y, hay que decir que se trata de un caso único que tiene, solamente, ciertas similitudes con Canarias y Baleares, donde también empieza a disminuir la inmigración europea y aumenta la “conflictiva”.

La hipótesis de trabajo con la que se mueve CeiMigra es correcta: en los próximos ocho años se producirán 600.000 nuevos asentamientos de inmigrantes en la Comunidad Valenciana de los que la mitad se asentarán en Alicante, pero, en su inmensa mayoría serán subsaharianos, magrebíes y andinos. Según esto, en 2017, el 25% de la población de Alicante (y, por extensión de la Comunidad Valenciana) será extranjero. Pero esta proporción es posible que se alcance mucho antes: pues los datos que maneja CeiMigra son los ofrecidos por el gobierno… y, por tanto, erróneos, pues ignoran la existencia de entre un 15 y un 20% de ilegales no empadronados. 

El estudio tampoco tiene en cuenta que la natalidad de los alicantinos autóctonos está en declive, mientras que la de magrebíes y andinos es explosiva. Ya hoy, en  San Fulgencio, Llíber, Rojales, Benitachell, Algorfa, Alcalí, Benijófar, San Miguel de Salinas y Teulada, los nacimientos de estos grupos étnicos son superiores a los españoles. Así pues, introduciendo estas rectificaciones –tasa demográfica e ilegales no empadronados- se llega a la conclusión de que entre el 2011 y el 2012 uno de cada cuatro residentes en Alicante sea inmigrante.

También es significativo que de los 1.000 millones de euros que movieron en 2007 los inmigrantes en el mercado inmobiliario de la Comunidad Valenciana, 675 correspondan a la provincia de Alicante… en un momento en el que las compras de viviendas por parte de jubilados de la UE ya se había ralentizada. En 2007, 4.700 viviendas fueron vendidas a ciudadanos extranjeros. Habrá que ver cómo afectan el paro y la crisis al pago de las hipotecas firmadas demasiado alegremente. Esta cifra suponía el 18% de las ventas de pisos a extranjeros de toda España.

Todos estos datos confirman la impresión de que, en las actuales circunstancias, la provincia de Alicante es insostenible y camina a pasos agigantados hacia un conflicto que será a la vez étnico, económico y social. Se podía haber previsto a partir de 2001, se podían haber tomado medidas a partir de 2004 cuando estallaron los incidentes en el Polígono Carrús de Elche y cuando resultó evidente que la deslocalización iba a masacrar a la industria provincial. No se hizo nada: ahora toda aguardar las consecuencias más deletéreas. El umbral de la inviabilidad ya se ha alcanzado.

Alicante ciudad: los guetos se extienden


La capital de la provincia es una de las ciudades con mayor índice de inmigración de toda España. Además, la inmigración ésta concentrada en algunos barrios. Los que un día fueron barrios de trabajadores alicantinos son hoy verdaderos guetos de inmigrantes: en especial el núcleo histórico de la ciudad y algunas barriadas periféricas. Los problemas generados están multiplicándose: deterioro de la convivencia, deterioro urbano y marginación.

Al igual que ha ocurrido en toda Europa, el proceso de “guetización” de los barrios alicantinos ha sido acelerado: unas pocas familias, habitualmente, magrebíes, instaladas en un barrio concreto, operaban el mismo fenómeno que en París o Berlín, en Roma o en Londres: a la vista de los recién llegados, se iniciaba un traslado masivo de familias autóctonas hacia nuevas urbanizaciones. Los huecos generados eran rápidamente cubiertos por más inmigrantes, lo que hacía que el fenómeno se acelerara y que, en tiempos record, apenas cinco años, el paisaje de muchos barrios alicantinos haya cambiado radicalmente.

En la actualidad viven en la ciudad de Alicante entre 45 y 50.000 inmigrantes (entre legales, ilegales empadronados e ilegales no empadronados), lo que representa un 15% del total de la población. Mientras la población autóctona –según un estudio de la Universidad de Alicante- apenas había crecido a partir de 1996, la inmigrante había aumentado en un 900%.

El gobierno municipal (en manos del PP) no supo o no quiso hacer absolutamente nada para poner alto y prever estas modificaciones en la sociología de la ciudad. A fin de cuentas, muchos concejales estaban vinculados a promotoras e inmobiliarias que veían con muy buenos ojos, el baile de compra y venta de viviendas y la bajada del precio de la mano de obra. Esto ha generado una “segregación espacial” que ha terminado acentuando la degradación de determinados barrios de la ciudad.

En dicho estudio de la Universidad de Alicante, se hacía constar que “en 1997, las tres barriadas que recogían a un mayor número de extranjeros se situaban precisamente en la zona de playas: Playa de San Juan (5,3%), Albufereta (7,5%) y Cabo Huertas (5%)”. Se trataba, por supuesto de una población mayoritariamente europea y con elevada capacidad adquisitiva. Pero en 2005 este panorama había cambiado radicalmente: las zonas periféricas de la ciudad –junto al núcleo histórico- albergan al grueso de inmigrantes, en buena medida ilegales, que viven del trabajo negro o bien legales con sueldos limitados. En 2005, los barrios de Colonia Requena, con un 35% de población extranjera, Virgen del Remedio, con un 21,8%, o Juan XXIII, 18,5%, estaban convirtiéndose en verdaderos guetos. Pero hay más. Barrios como Virgen del Carmen, Virgen del Remedio y San Agustín han experimentado crecimientos de su población inmigrante entre 1996 y 2005 superiores al 4.000%; Colonia Requena y Cuatrocientas Viviendas registraron crecimientos superiores a los 3.000%... ¡Se trata de cifras record en Europa! En ninguna ciudad europea el proceso de “guetización” se ha producido de manera tan acelerada y con tanta profundidad.

Y el ayuntamiento, a todo esto, callado ante una ciudad sociológicamente cada vez más inviable.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Punto final: Teoría y práctica de la “autonomía histórica”

Infokrisis.- La gravedad existía antes de que Newton se sentara en una tarde del siglo XVII bajo un manzano. No hacía falta enunciarla, pero la jodida gravedad, ahí estaba y si asomabas más de medio cuerpo fuera de una ventana, ibas y te caías. ¿Por qué? Por la gravedad. Newton no descubrió nada que el sentido común no hubiera dictado. Su mérito consistió en darse cuenta de algo que todos percibían pero que ninguno era capaz de formular en términos de teoría científica. La ciencia es hija del sentido común y de la matemática. Está sometida a leyes inmutables, cuantificables y permanentes y cuando se dan las condiciones normales de presión y temperatura, opera los efectos esperados. Como la política, vamos.

DEL BONITO JUEGO DE LA PETANCA

Todo esto viene a cuento de la “autonomía histórica”. Existía antes de que Laureano L. la enunciara y siguió existiendo y haciendo avanzar a determinados partidos políticos que nunca oyeron hablar de ella.

La gravedad, como la “autonomía histórica”, es algo que todos practican habitualmente pero, habitualmente, sin darse cuenta. Casi como el jugar a la petanca donde nadie dice: “Mire, he arrojado un peloto metálico de 70 mm de diámetro con una masa inercial X y, aplicando la segunda ley de Newton el impacto ha sido de la hostia hasta generar una fuerza reactiva que ha enviado a la bola del contrario a tomar pol saco según la resultante de los vectores direccionales que entran en juego y dejando la mía justo rozando al boliche, donde su fuerza inercial se ha agotado”. Habitualmente, “algo” te dice cómo hay que lanzar la bola, dónde tiene que caer y sobre qué. A eso se le llama instinto, a lo otro se le llama “complejo de ecuaciones físico matemáticas”. Ni Newton ni Einstein, ni Stephen Hawkins han sido buenos jugadores de petanca. Y es que una cosa son las leyes de la física y otras muy diferentes los instintos. El jugador de petanca no utiliza su capacidad científica, sino su habilidad instintiva.  Lo primero están al alcance de quienes se sienten fascinados por la matemática, a los segundos les basta tener un aceptable nivel de percepción instintiva y de sentido común.

Y con todo esto queremos decir que no hace falta enunciar el “principio de la autonomía histórica” para  ejercitarlo, todos los partidos de nuestra ambiente la siguen en Europa, pero ninguno ha perdido mucho tiempo demostrándolo y discutiéndolo, porque cuando se discute es que al de enfrente le falta sentido común.

SOBRE LA NATURALEZA HUMANA

Presuntuosos como somos, los humanos tienden a considerarse “animales racionales” –algunos menos racionales que otros y más animales que la media– pero lo cierto es que, en tanto que ocupando en el Cosmos un lugar intermedio entre la materia y el espíritu absoluto (eso que algunos llaman Dios), nos vemos sometidos a influencias que nos elevan o nos ligan a la materia. Nietzsche en su “Así habló Zarathustra” explicaba que “hemos recorrido el camino entre el gusano y el hombre y aún queda en nosotros mucho de gusano”.

Konrad Lorenz le corrigió 75 años después explicándole al genial bigotudo alemán que la parte que tenemos de mamíferos superiores, la biológica, tiene por mérito insertar en nuestro corazón (no entre los pliegues del cerebro ni entre meninge y meninge, sino en el corazón) unos instintos reflejos que nos ayudan a vivir: el instinto territorial (que hace que precisemos un territorio propio en el que desarrollar nuestra vida, no somos “comunistas” en el sentido de que sí necesitamos cierto grado de intimidad y espacio propio con el que identificarnos, de donde derivan las ideas de “propiedad”, “tierra natal” y “patria”), el instinto de supervivencia (que nos hace intentar reproducirnos para prolongar nuestros linajes y defendernos de cualquier riesgo para nosotros y para nuestra comunidad), el instinto de agresividad (que nos hace responder airadamente a cualquier ataque de que seamos objeto nosotros o los seres y las patrias que amamos) y el instinto del placer (que nos hace darle al pinganillo como los cabronazos que somos al fin y al cabo).

Nuestros instintos son algo muy diferente a nuestras filias y a nuestras fobias. Los instintos no son racionales, son eficaces reacciones de que no pasan por el cerebro y que están anidados en nuestros genes. Se transmiten por herencia, pero si no se utilizan, se atrofian. Su eficacia está demostrada a lo largo de la historia de la humanidad desde que el primer homínido descendió de un árbol en las sabana africana y utilizó un fémur de mamífero como garrota y una mandíbula de gacela como puñal. Había nacido la pre-humanidad, desde entonces los instintos contribuyen a nuestra supervivencia.

Las filias y las fobias, por el contrario, ni son racionales, ni son instintivas, son productos del subconsciente, de nuestras pasadas experiencias, de nuestros logros y frustraciones, de recuerdos reelaborados, almacenadas entre los oscuros corredores de nuestro cerebro, metabolizadas y transformadas en lastres mentales y lentes opacas que nos impiden percibir la realidad tal cual es. Son, a fin de cuentas, la peste.

SOBRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD

Servidor es “tradicionalista”, en el sentido de que comparte las tesis de Julius Evola y René Guénon sobre la Tradición. Es evidente que entre Tradición Primordial y Tradición carlista existen ciertas diferencias. No es lo mismo, qué va, pero existe cierta afinidad. Evola y Guénon, lo que proponían era investigar las distintas tradiciones universales para deducir de ellas unas leyes generales que permitieran establecer sus “estructuras” y hoy, cuando la “tradición” ha sido sustituida por la “modernidad” (y la “modernidad” ha demostrado ser una crisis permanente), reconstruir lo que permitió “a los antiguos” crear civilizaciones que sobrevivieran miles de años.

Pero Evola y Guénon, pronto, se dieron cuenta de que si aquellas civilizaciones habían demostrado su estabilidad durante milenios, se debía principalmente a una concepción del individuo que le obligaba a asomarse a su interior y tratar de alcanzar el centro de su propio ser. Eso que hoy se llama con cierta frivolidad y sin apurar su sentido “ser uno mismo”, como si uno mismo no pudiera ser completamente gilipollas. Por “ser uno mismo” se entendía, desde el punto de vista tradicional, en encontrar el centro de nuestro ser… que no era otro que la trascendencia. Y esto se realizaba mediante una serie de prácticas de ascesis (de meditación y concentración, fundamentalmente) que permitían en todo momento vivir el “aquí y el ahora” y, por tanto, liberarse del peso maledetto y taradillo del subconsciente.

Las civilizaciones tradicionales eran pues civilizaciones “del ser”, en donde cada uno vivía sus instintos y trataba de llegar por distintos caminos al centro de su ser, a diferencia de las actuales civilizaciones modernas o civilizaciones “del devenir”. Entonces, aparecía la “sensación comunitaria”, el sentimiento de ser uno mismo, pero de pertenecer también a una familia, a un linaje, a un clan, a un pueblo asentado sobre una misma patria. Lo que en las civilizaciones tradicionales era “comunitario” en la modernidad surgida de la revolución francesa es “individual”.

Y eso daba conciencia al ser humano de que ocupaba un lugar intermedio en el Cosmos, entre el cero y el infinito, entre la materia (pues innegablemente era materia) y el espíritu (pues había algo en el ser humano irreductible a la materia y cuyo límite eran las células más evolucionadas, del cerebro, las neuronas, que eran materia pero que estaban en condiciones de elaborar algo que iba más allá de la materia: el intelecto). El ser humano se veía atraído por fuerzas que lo arrastraban hacia esa materia y otras susceptibles de elevarlo por encima de su condición humana hasta el mundo del espíritu, la trascendencia o el mundo de la unidad. José Antonio Primo de Rivera, intuía algo de todo esto cuando dijo aquello de que “somos portadores de valores eternos”.

A partir de esta definición joseantoniana los problemas que se abrían eran interesantes: porque, si lo que definía a la condición humana era el ser “portadores de valores eternos” (esto es, de valores “tradicionales”), ¿qué ocurría con quienes no “portaban” esos valores? Si la lealtad, la capacidad de sacrificio, la entrega a la comunidad, el sentimiento del honor –particularmente el no ligado a asuntos de catre–, la responsabilidad, y así sucesivamente, eran lo que definía “lo humano”, más allá de tener cabeza, tronco, extremidades y mano prensil ¿cómo había que llamar a quien no “portaba esos valores”? ¿Homínido, acaso hominicaco, merluzo integral?. Los valores nacen con nosotros, pero si no se actualizan y se viven, desaparecen… y entonces desaparece la condición humana y aparece el hominicaco y derivados.

En el fondo esto es lo que está pasando en el actual momento de civilización: el sistema educativo es incapaz de actualizar los “valores eternos”, la sociedad a fuerza de “entertaintment” se ha empobrecido y, para colmo, esto ha contribuido a que los instintos se hayan atenuado todos sin excepción o hayan adoptado formas exóticas: que si carne o pescado tanto me da, que si sexo virtual, que to el mundo es güeno, que si paz y amor, que si en lugar de ayudar a mamá a hacer la cama que la tengo aquí al lado voy a ayudar a un indígena del amazonas, que si soy ciudadano del mundo, que si yo nunca tomaré un arma, que si los toros muy malos porque se tortura a un animal que es como torturar a cualquier ser humano, y todo así, eternamente así. Bagatelas, superficiales, falsos problemas, encoñamientos progresistas y poco más. Hoy se discute sobre todo lo que las civilizaciones anteriores se negaron a discutir. Hoy se discute sobre la evidencia.

No es de extrañar que en este malhadado tiempo–basura, hecho de comida–basura, tele–basura, ética–basura, entertaintment–basura, ongs-basura, lo que haya resultado sea una civilización-estercolero en cuyo seno los instintos se han adormecido y pesan más las filias y las fobias que la objetividad, la contingencia sobre la trascendencia, lo individual sobre lo comunitario, y demás

En esta situación, solamente el saber “objetivo” (es decir, no condicionado por nada: ni por los lastres de nuestro cerebro, ni por odios, resentimientos sociales, intelectuales, nacionales, recuerdos que nos la ponen tiesa, traumas que nos la arrugan, frustraciones, amores juveniles, experiencia pasadas reelaboradas con el paso del tiempo, etc.), la recuperación del sentido común y una sólida personalidad (que no es lo mismo que una “sólida individualidad”) pueden ser los clavos ardiendo a los que asirnos. Retener esta ideas: sentido común.

Y ahora entramos en el meollo de la cuestión de la “autonomía histórica”, algo de lo que no sería necesaria hablar si hubiéramos conservado los instintos (el de supervivencia el primero de todos ellos) o el sentido común.

¿PERO QUÉ DIABLOS ES LA AUTONOMÍA HISTÓRICA?

Básicamente este principio dice que un movimiento político debe actuar en el tiempo que le ha tocado vivir en función de ese tiempo y sin ataduras, lastres o pesos que procedan de otros tiempos pasados. Punto: la autonomía es eso, sólo eso y nada más que eso. A fin de cuentas, parece algo muy razonable. Está claro que si alguien se siente “liberal”, no defenderá el liberalismo propio del “trienio liberal” (1820–1823), en donde un liberal era “nacionalista”, estaba en contra del voto de la mujer, su modelo histórico era Mazzini y Garibaldi, hoy con olor a naftalina, y su ideal el jacobinismo revolucionario de 1789, hoy con olor a putrefacción… El discurso político actual del liberalismo moderno va por otra parte (neoconservadurismo, absoluta no injerencia del Estado en materia económica, respeto a la libertad individual y demás tópicos). Es simple: nuevos tiempos, nuevas envolturas, nuevos planteamientos, nuevos objetivos, nueva imagen, en definitiva. ¿He dicho “imagen”?

Vivimos una civilización de la “imagen”. En 1965, un exótico intelectual francés, Guy Debord, publicó un libro difícil de leer pero embriagador: “La Sociedad del Espectáculo”. La idea básica era que en las sociedades de capitalismo avanzado, todas las actividades humanas estaban sometidas a las leyes del espectáculo. La diferencia entre la TV franquista y la TV aparecida en la segunda mitad de los 80, radicaba en que la primera se limitaba a cubrir un tiempo de ocio, mientras que la segunda se convertía durante las 24 horas de emisión, en puro espectáculo, desde las Mama Chicho, hasta los primeros talk–shows y desde los reality–shows a los informativos de alto voltaje emotivo. En esa “sociedad del espectáculo” lo que cuenta es la “imagen”. La imagen es el reflejo que damos de nosotros mismos a los demás. “Reflejo” no es la imagen original sino una proyección de la misma. Así es nuestro tiempo.

El libro de Debord (lo podéis encontrar en e–mule sin dificultades a coste cero o en algunas librería de viejo a coste 10–15 euracos) analizaba el proceso a través del cual todas las actividades humanas se transformaban en “espectáculo”, incluida la política.

Así pues, para poder “hacer política”, había que aceptar las reglas del juego. La primera de todas tener una buena imagen, al menos una imagen aceptable para una parte significativa de la de la sociedad en ese momento existente. Para muchos cuarentones de 1975 era aceptable “ser franquista”, pero devenidos octogenarios hoy, todo aquello queda lejos-lejísimos y a lo que espiran es una ir a Benidorm con el Inserso o a un régimen que les resuelva el día a día. ¿Y el franquismo? Como las historias de la puta mili: quedaron atrás…

DE LOS FASCISMOS Y SUS RESTOS…


Dado que los fascismos fueron vencidos en 1945 y Franco murió 30 años después, estos regímenes fueron sustituidos por democracias liberales que tendieron a satanizarlos. Solidarízate con Satán y terminarán viéndote con cuernos, colita y leotardos rojos, aunque seas una santo varón, puro y virginal.

Dejando aparte que estos regímenes tampoco eran ninguna ganga y que fueron respuestas concretas de la sociedad a situaciones precisas de carácter económico–social, político y existencial de los años 30, era evidente que su tiempo había pasado y, a partir de ese momento, lo único que estuvieron en condiciones de recoger fueron “protestas” contra los fallos y desajustes del sistema democrático (en Italia el Partito del Huomo Qualunque en 1948 y luego el MSI a partir de esa fecha, y en España la ultra de 1977-1981 y los Ruiz Mateos y Gil y Gil posteriores)

Aquí, si la transición hubiera sido una balsa de aceite, la oratoria de Blas Piñar jamás hubiera tenido audiencia, ni despertado el más mínimo interés (¿qué podía interesar alguien que en 1975 sostenía la indisolubille unión de la Iglesia y el Estado? ¿creéis verdaderamente que a las “masas oceánicas” de los 20-N les interesaba algo el tema? La transición supuso cinco años de traumas continuos y de desajustes permanentes, con lo que Blas, logró cierta audiencia. Inmediatamente se asentó la transición y el Estado democrático, Blas se hundió en la miseria política más absoluta. Fin de la historia.

En 1976 algunos sosteníamos (con 24 años y una inexperiencia absoluta de la vida, pero con el instinto de supervivencia bien vivo) que a medida que se alejara el franquismo en el tiempo sería más difícil tratar de tenerlo como referencia, por lo tanto, si se pretendía “restaurar” el franquismo, corría prisa hacerlo y la vía golpetera era la que se imponía. Y si no se estaba con cuajo para jugar efectivamente por el golpismo, siempre quedaba jugar al juego democrático con todo lo que implicaba aceptar sus reglas (lo primero de todo, un cambio de fisonomía y deshacer aquellas desgalichadas formaciones paramilitares que hacían reír a unos, sonreír a otros y carcajearse a los más y abochornar a muchos de los propios).

Hoy, 35 años después de la muerte de Franco, nadie piensa en retornar al franquismo, ni nadie toma en consideración al franquismo más que como parte de la historia de España; sólo que en este país cainita como ninguno y dirigido por resentidos, algunos pretenden ajustar cuentas con la historia, algo, a todas luces imposible y producto de sus filias y de sus fobias.

INCOMPRENSIÓN DE LA REALIDAD A LA DERECHA, INCOMPRENSIÓN A LA IZQUIERDA

Ni la sociedad es la misma, ni la “imagen” requerida hoy es la misma que de la que se partía en 1975, ni mucho menos la que estaba generalizada en 1936. La historia corre y, jodida ella, va y se acelera desde 1989 (Caída del Muro, Guerra de Kuwait, Globalización a espuertas, crisis sistémica y posición de firmes ante el abismo, a la espera de dar el brinco al vacío, perspectiva de un mundo multipolar).

Que ni la imagen de 1936 ni la de 1975 es la adecuada para afrontar una lucha política, es a todas luces evidente y lo han entendido casi todos… salvo algunos en la extrema–derecha y otros pocos en la extrema–izquierda. Estamos hablando casi de individualidades desenfocadas, no de movimientos de masas, ni siquiera de grupúsculos.

No es raro que ambos grupos de individualidades sean marginales. El PCE, por ejemplo, cuya voz cuenta cada vez menos incluso dentro de IU, rinde culto a los “brigadistas internacionales” un día sí y otro también, busca tumbas como un topo, ensalza a tal o cual fusilado notable, remite a episodios de la guerra civil… de los que ni siquiera sus propios jóvenes se acuerdan. Eso ha conseguido convertir al PCE en fuerza residual y avejentada.

El PSOE, por su parte, muy de tanto, canta la Internacional con algunos de sus miembros puño en alto. Pero el problema es que a la izquierda le empieza a pasar como a la falange que si no se reconoce en la internacional, el puño en alto, difícilmente se va a reconocer en el programa histórico de la socialdemocracia de Bad Godesberg o en Pablo Iglesias, en general, ha perdido sus rasgos de identidad: cantar una vez al año la Internacional no les redime de su asimilación al neocapitalismo y la globalización. Están en el poder sí, pero no es gracias a sus sentidas emociones puño en alto y con el estribillo hortera de la Internacional en los labios, están en el poder porque de socialistas pasaron a socialdemócratas y a aceptar el discurso del contrario, el neocapitalismo. En cuanto al discurso nostálgico hace mucho que no es el eje ni lo que les da imagen y, de paso, están hundidos porque no están sabiendo responder al tiempo nuevo, ni encuentran una fórmula para situar a la socialdemocracia ante el futuro.

¿Por qué minorías cada vez más exiguas hacen guiños con la internacional y el puño en alto unas pocas veces al año? Respuesta: por mera exigencia electoral. Ese pequeño gesto coyuntural y electoral, efectivamente, va dirigido a los abueletes que vivieron la guerra y que participaron en la oposición antifranquista… cada vez son menos (también a la izquierda los que tenían 30 años cuando murió franco hoy tiene 65 y son honestos jubilados. Cada vez votan menos y mueren más, por lo tanto, cada vez los viejos usos y rituales de la izquierda se ejercitan menos.

La derecha nacional europea lo ha comprendido mejor. ¿Por qué Fini pasó de ser de “neofascista” a “postfascista”? Sencillo, porque a principios de los años 90, los veteranos de la República Social Italiana que habían estado 45 años votando el MSI, empezaban a escasear y los huecos en sus filas reflejadas en los obituarios, explicaban por sí mismas la decadencia electoral del partido. En España, ni durante la democracia, ni durante la transición, nadie entre la derecha recurrió ni a Franco, ni siquiera Gil Robles (que vivió hasta  1980), ni a la CEDA… ¿Por qué? Respóndase usted mismo y recibirá una piruleta si concluye que “porque quedaban muy atrás en el tiempo”.

En cuanto a la extrema–derecha española la cosa fue todavía peor. En los años 30 se adoptó una imagen y unos planteamientos políticos que correspondían a los años 30... pero en 1975 se siguió adoptando unos planteamientos y una retórica que correspondían a aquellos años 30 y en 2010 alguno (el plural se me hace cuesta arriba cuando hablo de individualidades) sigue con el rollo de “aquellos maravillosos años 30”. Cuando un grupo de falangistas apareció en Arenys de Munt en otoño pasado, vestidos de riguroso uniforme, aquello mereció una película de ciencia ficción en la que un grupo de aventureros miembros de una expedición de los años 30, reaparecen después de atravesar un vórtice espacio-temporal en 2009.

MÁS ALLÁ DE LA IMAGEN, EL CONTENIDO

Pero la imagen, a fin de cuentas, es lo superficial, pecata minuta y cosa de poca monta aunque su envoltura es todo para las masas. ¿Os imagináis a alguien con el uniforme comunista de los años 30 (uniforme que también existió: camisa roja con botones azules, pañuelo rojo al cuello y pantalón azul sepu… que el Partido Comunista Internacional utilizó hasta 1979)? ¿Un esperpento, verdad? Pues nada, sin comentarios y sin embargo en los años treinta era el pan de cada día. No, el problema no es sólo de imagen; eso es lo más superficial. El problema es de principios y de análisis políticos. Lo primera que subyace cuando ves a alguien que utiliza rituales, uniformes, nombres y formas de los años 30 es que no ha entendido que estamos en 2010. Aunque el proyecto político sea de la repera, una especie de mezcla entre Nostradamus y la ciencia de los alquimistas, capaz de prever el futuro y de dar solución a todos los problemas, la imagen hará que ese grupo sea inmediatamente desconsiderado y no sea capaz de suscitar interés o que nadie juzgue interesante leer aquello que queda definido por su propia imagen demodé y naftalínica. Pero, con todo, vale la pena plantearse el problema de los contenidos.

La sociedad subdesarrollada española de los años 30 y recién llegada al desarrollo de 1975, no tienen punto de comparación con la actual, ni en estructura, ni en valores, ni en costumbres. El capitalismo de 1929 (capitalismo industrial) no tenía ya nada que ver con el 1975 (capitalismo multinacional), ni con el de 2010 (capitalismo financiero y globalizador), por tanto, difícilmente los programas de los años 30 pueden sostenerse hoy.

La “dimensión nacional” en los años 30 era la de los Estados Nación surgidos a finales del siglo XVIII, pero desde 1945, cuando se vive una “política de bloques”, esa dimensión hay –parajódicamente– que “redimensionarla”. Y desde 1956 con el Tratado de Roma, aun más. Y desde mediados de los 80 con la incorporación de España al Mercado Común, más aún.

Las costumbres han variado extraordinariamente gracias a la aplicación del “entertaintment” concebido por Brzezinsky y la Trilateral desde principios de los años 90. Todo, todo absolutamente, ha cambiado y lo que servía en 1936 o en 1975, ahora ya no sirve un pijo. Como para proponer ahora “Franco, Franco” y “unidad, unidad” (como si la unidad  de los mancos facilitara el uso de las dos manos)…

LO COYUNTURAL Y LO ETERNO

Hoy la derecha radical precisa elaborar una teoría política a partir casi de cero, para poder estar a la altura del tiempo que va discurriendo día a día. Y eso era, a fin de cuentas, lo que proponía Laureano L. al decir que “Democracia Nacional no se reconoce en ninguna ideología histórica”. Tampoco parece una salvajada, a primera vista.

Y alguno dirá: “pero bueno, y yo que soy falangista qué pasa conmigo”. Y aquí no es Laureano sino yo el que contesta: todo lo que la doctrina falangista tiene de válido hoy es lo que es “eterno”, lo que no nació con Falange sino que Falange recogió de nuestra tradición. El resto es coyuntural: el nacional-sindicalismo era viable –digamos, más o menos viable- en una España en la que el sindicalismo importaba algo y en donde la CNT era hegemónica y apolítica y, lamento decir, que hoy la CNT ya no existe salvo como residuo. José Antonio no hizo nada más que encarnar unos principios “tradicionales” en un momento histórico concreto y en una imagen concreta que correspondía a esa época. Y ahora volvemos a Newton y a su puta manzana.

Si la teoría de la gravedad es cierta, no lo es porque una manzana se estrellara en la cabeza de Newton en una calurosa tarde del verano inglés, sino porque las manzanas han caído en todas las épocas, en todas las circunstancia y en todas las latitudes. Algo es “verdad” porque ha existido siempre, no porque en un momento dado de la historia, alguien lo haya teorizado. Lo interesante de la filosofía de Nietzsche son precisamente aquellos aspectos “eternos” de los que, intuitivamente, se hace eco, no sus especulaciones de viejo sifilítico. Si hubiera que haber esperado hasta la segunda mitad del siglo XIX para que apareciera un tipo genial que descubriera lo que antes había permanecido velado para la humanidad, eso implicaba que las generaciones anteriores estaban formadas por obtusos. La “verdad” no nace con Nietzsche, ni con Ortega. Si el pensamiento de ellos es válido en algunas partes, lo es sólo en la medida en que adapta “verdades eternas” y las recupera para un tiempo nuevo. Y lo mismo vale para José Antonio.

Por todo ello el “principio de la autonomía histórica” (un “principio” es un punto de partida para una reflexión, no la reflexión en sí) debería de completarse con el principio de la “Tradición” (algo es eficaz en cuanto ha sido adoptado por las generaciones que nos han precedido y a demostrado su vigencia y eficacia a lo largo de los siglos, no hace sólo setenta años). Una cosa es la “imagen” (coyuntural, limitada en el tiempo) y otra “los principios” (y cuando se alude a principios se presupone que uno se refiere a los “valores eternos” y no a que si a mí me cae bien o mal éste o aquel).

La “imagen” depende de que la que uno sea capaz de dotarse (arma con bate de beisbol a toda la tropa y rápales al cero, mételes la Bomber y las DocMartens encajadas en las canillas, y por buena que sea tu teoría política y sesudo tu análisis, no levantarás cabeza en milenios). Y con los “valores eternos” ocurre otro tanto: se viven o no se viven, si se viven son válidos, si no mejor olvidarnos de ellos en política (nunca he visto, ya que estamos en esto, más folleteo, ni más divorcios que en la extrema–derecha, a pesar de que se las daba de católica y que el propio Blas fue padrino de más de un matrimonio que no duró mucho más allá del viaje de novios…). Los altos valores morales católicos que se predicaban en ese ambiente no estaban a la altura de la práctica de sus miembros. Por tanto, 0. O era, simplemente, que un partido no puede vender religión y desde el momento que lo hace deja de ser un partido, para ser un grupo apostólico. Y Fuerza Nueva logró no ser ni una cosa ni otra.

LA AUTONOMÍA HISTÓRICA EN LA PRÁCTICA

Vale la pena establecer dónde nació el principio de la “autonomía histórica”: de gente salida de CEDADE, es decir, de “malditos”. Pronto entendieron esos “malditos” que si querían hacer política, no podían identificarse con los modelos históricos. También se plantearon que por triunfales que hubieran sido los movimientos de los años 30, aquello se había terminado y que era preciso dar otra visión, otra estrategia, otra imagen y otra doctrina. Ahí empezó su reflexión estratégica que, finalmente, terminó en reflexión doctrinal y política.

Pero los sectores mayoritarios de la extrema derecha que en los años 70–80 y 90 habían vivido un relativo “baño de masas” a raíz de los desajustes de la transición, creían –algunos lo creen todavía– que no era necesario variar nada de sus principios estratégicos (a fin de cuentas, la “autonomía histórica” era un principio estratégico) porque, a fin de cuentas, la plaza de Oriente se llenaba todos los años... Y cuando llegaron los años 90 y los 20–N se podían celebrar casi en un teatrito, siguieron con la mirada vuelta a los “buenos tiempos” en los que eran masas las que seguían a las banderas victoriosas. Y llevan 20 años en esto. Los que tenían en 1990  60 años (que eran los que tenían 45 durante el franquismo) tienen hoy 80 y todo lo que no sea el nietecito, la pensión y el “que gane Rajoy”, les interesa muy poco.

De esos sectores ultras satisfechos con lo que tuvieron en 1977–1985, no ha surgido, ni entonces ni ahora, un solo intento de reflexión, ni estratégica, ni política, ni doctrinal, a pesar de que su miseria política debería haberles obligado a reflexionar por puro instinto de supervivencia. Y en ello siguen, con sus filias y sus fobias, recordando cómo fueron “los buenos tiempos” que nunca más volverán porque la historia no tiene por costumbre dar marcha atrás.

La teorización de Laureano L. fue asumida por Democracia Nacional, partido que ha conseguido llegar desde la nada a la más absoluta miseria en apenas 15 años. ¿Invalida esto la teoría? Veámoslo con calma.

Antes de 1995-96, no existió el principio de la autonomía histórica: si existió algún cambio de Fuerza Nueva al Frente Nacional, cambios tan tenues que eran poco perceptibles (Cillero era más un tipo de Fuerza Nueva o quizás anclado en el siglo XIX, que de otra cosa) y lo mismo por lo que se refiere a lo que ocurrió dentro de Juntas Españolas que fueron una especie de Fuerza Nueva sin Blas y con el catolicismo más relajado. Pero lo que se puede llamar “autonomía histórica” empieza y termina con DN. Vale la pena ver la historia del partido.

Tras fundarse con un equipo con ideas muy claras, el primer problema fue que la mayoría carecía de experiencia política real. Toda su militancia anterior se había desarrollado en la ultra… que era la mejor manera de no tener experiencia política real. Muchos habían sido gentes salidas de Fuerza Nueva, pasados por Juntas Españolas, pero sin experiencia efectiva en insertarse en el juego político democrático del que estaban informados solamente a través de los medios de comunicación. Por otra parte, en aquel momento, la democracia no pasaba por un mal momento. El aznarismo había logrado superar la situación de desmoralización nacional del felipismo y en lo que se refiere  la inmigración no fue un problema en aquellos primeros años y, por tanto, a DN le faltó el elemento de movilización hasta 2000.

Cuando, a partir de los incidentes en El Ejido, la inmigración irrumpe como problema, DN ya ha perdido su única fuente de financiación y empieza a estar envuelto en una guerra interior permanente que se prolonga desde 2000 hasta 2005 y que, con chispazos menores, se prolongará hasta 2009. Como resultado de esta guerra se van los mejores en sucesivas tandas. Laureano L. es expulsado junto con una docena, antes Pedro A. y P-Corrales se van hartos, luego se expulsará a Chris R., al que suscribe y a una cincuentena más, cuando ya DN ha encontrado a su “líder máximo”, “gran timonel” y “ayatollah universal” en la figura de un tipo sin oficio ni beneficio y con afán de hacer de la política un medio de vida como antes lo había intentado a través de vender camisetas para el ambientillo y luego de desafinar con canciones de rock-fachilla. De hecho, Canduela se hace con las riendas de DN por su carácter de desocupado, mientras que ninguno de todos los anteriores quería hacerse cargo de la dirección porque… tenían medios de vida y por tanto disponían de poco tiempo para dedicarlo a la política.

En su mejor momento (hacia 2002–2004, DN no debió de tener más de 350–400 afiliados (hacia 2003), cuando en su inicio eran en torno a 1.000). Desde 2005, DN es un cadáver incapaz de generar un solo documento político y que vive de lo que los expulsados han elaborado antes. A partir de ese momento, Canduela, se pelea por ser fotografiado abrazando a Blas, coquetea con Ynestrillas, con Andrino, con Corral… y de la “autonomía histórica” nunca más se sabe porque para Canduela de lo único que se trata es de sobrevivir.

Entre la ausencia de una situación favorable hasta 1999, cuando DN tenía alguna financiación, y el inicio de una situación favorable en el período 2000-2005 que coincidió con la sucesión de guerras internas de DN, y de 2005 hasta 2010, cuando DN ha sido dirigida en solidario por un mendrugo… ¿puede hablarse de práctica de la autonomía histórico en DN?

No hay más muestras de autonomía histórica propiamente dicha en la historia reciente de la extrema-derecha española. Hay esfuerzos por aproximarse, pero que siempre terminan siendo incompletos y permiten reconstruir de alguna manera la “obsesión histócia”. A fin de cuentas, la autonomía histórica es como la virginidad: o se es virgen o te han desflorado… O hay o no hay.

¿ES NECESARIO EL PRINCIPIO DE LA “AUTONOMÍA HISTÓRICA”?

Un niño acerca su mano a una estufa y se quema: nunca más lo volverá a hacer y si está cerca su hermano menor, él tampoco lo hará nunca: sabe que aquello hace daño. Nadie con dos dedos de frente hace algo que le perjudica. Lo saben por instinto y no hace falta establecer “principios” para alertar a nadie sobre que “eso perjudica”. La palabra en el Diccionario de la RAE que corresponde a quien se perjudica a sí mismo es precisa, contundente y rotunda: “gilipollas”.

Todos –absolutamente todos– los partidos políticos europeos que han tenido algo de éxito, se basan en ese principio no formulado de “autonomía histórica”, pero sí instintivo –ven porqué habíamos empezado hablando de instintos–.

Incluso en Portugal en donde existió un régimen todavía más prolongado en el tiempo que el franquismo, hoy no existe ningún partido que asuma el “salazarismo” o formas del fascismo portugués. Ni siquiera en Grecia la extrema–derecha se identifica ni con el período de los “coroneles” finales de los 60, principios de los 79, ni por supuesto con el fascismo griego de Metaxas de los años 30. En Francia, nadie alude ni a Petain, ni a Doriot, en Bélgica, Degrelle y el Rex son recuerdos históricos; el BNP del Reino Unido actúa independientemente de lo que dijera Mosley en su época; ni rastro de “modelos históricos” en los países nórdicos; y en Italia, con una miríada  partidos de derecha y de extrema–derecha, es posible establecer una ley universal: “contra más adictos sean al modelo histórico, menos votos recogen en las elecciones”; el caso alemán es muy particular, pero, de momento pro–Köln parece integrar más votos que las formaciones “históricas”. Nadie se ha formulado el principio de autonomía histórica… porque estaba simplemente dictado por un instinto de supervivencia… como el niño que ve que su hermano se quema y no quiere tener una ampolla en el dedo que le escocerá unos días…

Por eso, el principio de autonomía histórica no se conoce en ningún país europeo: se aplica en la práctica y punto, se aplica por instinto de supervivencia, se aplica por que se conocen las leyes de la imagen y de la política y se aplica porque domina el sentido común.

¿Y España? También aquí las cosas empiezan a tener cierto aire de normalidad. El grupo que en estos momentos aparece con facilidad en los medios de comunicación y que el mismo Estado ha considerado como un “riesgo”, es PxC… que a nadie se le escapa que actúa en función de una “autonomía histórica” no formulada, pero no por ello menos real.

¿Así que la “autonomía histórica” es un fracaso? Pues sí… lo es… y lo es SÓLO en la medida en que todavía estamos hablando de “autonomía histórica”, cuando lo normal hubiera sido que el problema ni siquiera se hubiera planteado en 1975. Lo normal hubiera sido que ese año se hubiera entendido que España caminaba hacia una democracia y que hacía falta “imagen y credibilidad”, en lugar de mirada atrás, formaciones paramilitares esperpénticas y de un discurso político de una simplicidad rayana en la absoluta ignorancia de los mecanismos de la política (entre otros, mira tú por dónde, esa cantinela del “España se rompe…” y no se rompía y no se rompía y se seguía repitiendo el discurso de “España se rompe…” y así hasta hoy que, afortunadamente goza de buena salud y sin romperse.

Alguno creyó que aquello “funcionaba” porque afluía gente. No funcionaba: lo que funcionaba eran los desajustes de la transición que habrían hecho que muchos españoles se hubieran arrojado en brazos del diablo en persona si éste les hubiera propuesto un futuro más ordenado y con menos calambres y traumatismos.

Eso generó que las formaciones ultras (Falange, Fuerza Nueva, FE(I), FE–JONS(A), FNJ, FdJ) que, con su imagen hubieran tenido muy pocas posibilidades de atraer a más allá de unos miles de afiliados, experimentaran un breve auge… que duró todo lo que duraron los desajustes de la transición. Acabos estos el 23–F –gracias, entre otros factores, a Tejero y al 23-F– todo aquello se hundió. Las capillas ultras siguieron existiendo como agrupación de amigos, camaradas que se reconocían en el pasado, con la llegada de algunos jóvenes tan bienintencionados como despistados, pero nunca más como opciones electorales que iban disminuyendo su peso a medida que el franquismo iba quedando atrás, hasta ser lo que son hoy: 40.000 votos, divididos entre media docena de siglas que incluyen el voto de los afiliados, el voto de algunos familiares, el voto de algunos amigos, el voto de algún despistado y el error técnico que se produce en cualquier elección.

Enunciar el principio de “autonomía histórica” fue una necesidad a la vista del escaso nivel doctrinal, la absoluta incapacidad para plantear estrategias y la simplicidad integral de las distintas formaciones ultras que –tanto ayer como hoy– aspiran solamente a destacar en relación al vecino, pero no a obtener éxitos políticos reales.

No hubiera hecho falta enunciar el principio de la “autonomía histórica” si la extrema–derecha en sus direcciones, hubiera albergado un mínimo de sentido común. Pero éste había desaparecido hacía mucho tiempo y absolutamente nadie era capaz de interpretar porqué se ganaron votos durante la transición y porque se perdieron luego irremisiblemente.

La extrema–derecha había perdido su instinto de supervivencia, desde principios de la transición se guió por filias y por fobias (esto es por complejos mentales anidados en el subconsciente, no por impulsos objetivos –intelectuales– o instintivos). Y así ha ido. Y así va. Y así irá…

Parece increíble que todavía haya alguien que atribuya a la “autonomía histórica” las desgracias incluso de lo que sucedió incluso antes de que este principio fuera enunciado.

Parece increíble que en 2010 (repito: en 2010), todavía haya gente que se plantee o no el uso de uniformes, que siga considerando como argumento de “autoridad” textos escritos hace 70 ó 75 años, que crea que imágenes del ayer (1936, 1975, 1980) pueden ser utilizadas hoy.

Parece mentira que estemos discutiendo todavía lo que el propio instinto de supervivencia debería haber resuelto sin teorías, principios, ni artículos como éste, en lugar de discutir sobre problemas del aquí y del ahora.

Parece increíble la falta de pragmatismo y la ignorancia que nos llevan a discutir hasta el infinito temas que por sí mismos y con el mero recurso al sentido común deberían de estar ya resueltos hace décadas.

Parece increíble que alguien sea capaz de afirmar que la culpa de la miseria de nuestro ambiente político se deba a que se han abandonado las formas de otro tiempo y que se atribuya la falta de éxitos a eso precisamente y no a todo lo demás.

El problema es calidad humana. Faltan dirigentes con capacidad suficiente de mando y de análisis, faltan cuadros que sean líderes allí donde van y que ejerzan prestigio y liderazgo, faltan camaradas que sean respetados por su carisma, por su empatía con la población. Allí en donde estos camaradas están presentes, allí se cosechan avances locales.

No queremos ver que en las últimas décadas se ha producido en la ultra una selección a la inversa: a medida que el desenfoque de la ultra aumentaba, los cerebros más lúcidos se han ido a sus casas, las nuevas altas han sido de gente bienintencionada pero sin experiencia y en su inmensa mayoría tras un tiempo revoloteando en torno al ambiente se han ido a su casa al percibir la absoluta falta de espectactivas y posibilidades de un sector que, todavía hoy cree que la “unidad” lo resolverá todo y que en los modelos de los años 30 y del nacional-catolicismo se encontrará algo capaz de interesar a alguien. Ha quedado solamente en el ambiente, los empecinados, los recién llegados que en un 95% permanecen entre uno y tres años antes de regresar a lo privado, y los que tenemos creemos que lo que la reacción que se ha producido en Europa, tendrá lugar también en España antes o después o que tenemos un alto grado de convencimiento doctrinal. Hace falta renovar las filas, crear mimbres nuevos, porque con los actualmente existentes, el fracaso es lo que espera en el 2012, en el 2016 y en el siglo XXII. Para evitarlo, hay que aparcar las discusiones ingenuas y casi infantiles como ésta y tener una percepción clara y concreta de nuestro tiempo, no de lo que decía José Antonio en 1935 ni de los pantanos que construyó Franco en los años 50 y 60.

VALE YA DE CHUMINADAS…

Laureano L. cometió un error con el principio de la  “autonomía histórica”… enunciarlo. Era como una criba: nadie lo necesita como nadie necesita conocer la matemática de la ley de la gravedad para saber que las manzanas caen o las leyes de la mecánica para jugar a la petanca. Si alguien no había advertido, en 1995 que había que prepararse para una época nueva, lo mejor era remitirles al silabario de la política y partir de cero. Porque la “autonomía histórica” no es un “principio”, sino una condición sine qua non para participar en política con un mínimo de posibilidades de que alguien –fuera del ambiente– alguien te haga puto caso.

¿Alguna conclusión? Sí, una sola: si la extrema–derecha quiere imitar a otras formaciones europeas (y españolas, puesto que PxC es de aquí, no de Marte) y despegar… tiene, necesariamente que aparcar, de una vez por todas, estas discusiones absurdas que, como el valor al soldado, se suponen resueltas ya.

Dicho de otra manera: si la extrema–derecha quiere “funcionar” debe de dejar de ser lo que ha sido hasta ahora… porque eso que ha sido es lo que le está impidiendo encarnar los intereses de grupos sociales y sectores de la población angustiados por la inmigración masiva, la crisis económica y la corrupción generalizada.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.