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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

El voto inmigrante no será crucial en 2011… pero sí en 2019

Infokrisis.- El voto de inmigrantes en las próximas elecciones municipales podrá provocar un vuelco electoral sin precedentes: el número de extranjeros que podrán votar en las elecciones municipales de 2011 se duplicará respecto a 2008. Y no será un voto gratuito: nos costará dinero a todos…

El diario ABC, fue el primer medio que advirtió en diciembre lo que nosotros estamos proclamando desde el número 1 de IdentidaD, a saber, que el voto de inmigrantes en la próximas elecciones municipales podrá provocar un vuelco electoral sin precedentes a la vista del incremento del número de extranjeros que podrán votar en las elecciones municipales del 2011.

En efecto, hasta 2008 eran 1.183.496 los inmigrantes que podían ejercer su derecho al voto. En 2012 (si es que la agonía del zapaterismo llega a completar la legislatura) esta cifra se duplicará. Un año antes, en 2011, tendrán lugar las elecciones municipales y 2.250.000 votos procedentes de la inmigración pueden alterar el panorama de muchos ayuntamientos y comunidades autónomas e incluso del mismo Estado.

En las próximas convocatorias electorales, así pues, estarán presentes 600.000 inmigrantes procedentes de países con los que España en los últimos años con los que España ha firmado un convenio de reciprocidad (Colombia, Perú, Islandia, Trinidad y Tobago, Ecuador, Cabo Verde, Chile, Paraguay y Nueva Zelanda). A eso se unen 800.000 rumanos y búlgaros, miembros de pleno derecho de la UE y… ¡oh, maravilla de maravillas! 500.000 hijos y nietos de exiliados que, según la Ley de Memoria Histórica, pueden pedir la nacionalidad española a pesar de no haber pisado jamás España.

Es evidente que el gobierno Zapatero tiene la creencia de que buena parte de todo este contingente les va a votar a ellos, algo evidente en lo que se refiere a los hijos y nietos de la “memoria histórica”, pero no tan claro en lo relativo a los rumanos y búlgaros. Por otra parte, en la actualidad hay más de 500.000 ciudadanos que se durmieron como inmigrantes y que se levantaron como ciudadanos españoles de pleno derecho. Resulta muy difícil saber exactamente si se trata de ciudadanos “integrados” en la sociedad española o simplemente “beneficiarios” de una decisión administrativo y que, siguen identificándose con su país y con sus tradiciones de origen.

PRUNE: la quimera del voto

Mucho más claro lo deben tener los miembros del Partido Renacimiento y Unión de España, PRUNE, salido a la luz pública el pasado mes de noviembre en la emblemática ciudad de Granda. Se trata de un partido islámico que busca el voto inmigrante irrumpirá en las municipales de 2011 para, al menos, plantar la semilla. «Algún día uno de nosotros será alcalde... o ministro», dijo uno de sus portavoces.

Los objetivos del partido son encomiables: afirman buscar sólo la "regeneración moral y ética" de la sociedad española (que falta hace, por cierto). En el futuro pintado por el PRUNE "no tendrán cabida las prácticas usureras en las transacciones comerciales y el interés bancario" y sí "todo aquello que contribuya a la consecución de alcanzar las más altas cotas de participación de la ciudadanía, especialmente los desfavorecidos, en todos los ámbitos de decisión política", con un "absoluto respeto" a la Constitución Española. Lo dicho, encomiables propuestas con las que nadie en sus cabales disentiría, salvo con el espinoso problema de la religión…

En declaraciones a la prensa, su presidente, Mostafa Bakkach El Aamrani, señaló que el PRUNE no es un partido musulmán o islámico, sino que está abierto a "todo el mundo" y especialmente pretende “dar voz a los marginados”, inmigrantes y no inmigrantes.

A pesar de haberse presentado en sociedad en Granada –última capital del reino nazarí- el núcleo originario del partido irradió desde Asturias y afirma estar en vías de constitución delegaciones en Madrid, Barcelona y Valencia, con vistas a presentar candidaturas en las próximas municipales.

Mostafa Bakkach declaró también que el PRUNE no está vinculado a ningún país extranjero a España ni a ningún movimiento religioso, puesto que ha sido constituido por todo tipo de personas con el objetivo de "contribuir democráticamente a la determinación de la política nacional y a la formación de la voluntad política de los ciudadanos". El símbolo del partido es un globo terráqueo que contiene las siglas del partido y del que emergen cinco figuras humanas, un símbolo casi zapateriano.

El viernes 23 de octubre el PRUNE publicó el primer número de su boletín La Ruta, domiciliado en Granada. En las primeras líneas del boletín podía leerse una proclama que empezaba así: “Somos ciudadanos españoles, nuestro país es España, y nuestra constitución es la constitución española, así somos ciudadanos de derecho y hecho, ni de la primera categoría ni de la segunda”. En el mismo boletín se reconocía al Islam “como fuente de principios”, afirmándose que “El PRUNE tendrá en cuenta al Islam en su actuación política, considerándolo como factor determinante para la regeneración moral y ética de la sociedad española”...

En dicho boletín el PRUNE se aferra a la ignorante declaración zapateriana de “España país de las tres culturales”, de ahí que consideren a “España como un estado multiétnico” y reconozcan que los fundadores son inmigrantes nacionalizados españoles. El siguiente artículo comenta los “Hoy os voy a hablar de nuestros problemas como comunidad musulmana en Asturias”: falta un cementerio islámico, ése es todo el problema…

¿Marroquíes en la vida política española?

La iniciativa del PRUNE no es única. La comunidad marroquí inmigrante se está moviendo en los últimos meses. El pasado 13 de noviembre, en Barcelona, distintas asociaciones marroquíes denunciaron las "dificultades" que encuentran cuando intentan participar en la vida política española y pidieron "imparcialidad" a las administraciones e instituciones españolas.

Los reunidos miembros de 55 asociaciones participaban en la primera jornada del II Congreso de Entidades Marroquíes de Cataluña, que impulsan 25 entidades de inmigrantes marroquíes, entre ellas La Llum del Nord, Adib Biladi, Atimca, Averroes y Alkantara. El objetivo del congreso era "superar el objetivo fundacional de las asociaciones de inmigrantes marroquíes, que se han dedicado a dar asistencia laboral, legal y social", e iniciar una nueva fase "en el que las entidades tienen que jugar un papel más activo dentro de la sociedad catalana", según comunicó a los medios el portavoz de La Llum del Nord, Ahmed Benallal quien añadió: "Los catalanes de origen marroquíes tienen que superar el victimismo y empezar a participar en la política activa".

Benallal denunció que las administraciones españolas "dificultan" el acceso de los inmigrantes a la política activa "porque no son imparciales"… Ellos tampoco deben serlo a la vista de que la otra gran asociación de inmigrantes marroquíes, Ibn Batuta, no estuvo presente en el congreso. Ibn Batuta boicoteó la primera edición creando una federación de asociaciones rival a la que convocaba estar jornadas y vinculada directamente al régimen de Marruecos y, concretamente a su ministerio del interior.

Todas estas declaraciones son excesivamente gratuitas como para no recordar que en España, todos los partidos políticos han colocado a candidatos de origen inmigrante en sus listas. Desde el PSC-PSOE hasta el PP y CiU, con la esperanza de atraer el voto marroquí. De todas formas, las declaraciones de todas estas asociaciones marroquíes contrastan con la realidad de la participación política magrebí en las distintas políticas de los países europeos en donde tienen fuertes contingentes de inmigrantes y que puede ser calificada con una sola palabra: nula.

Tanto en Alemania, como en Francia, como en el Reino Unido o en Holanda, la inmigración magrebí tradicionalmente se inhibe de la política de cada país, como si eso no fuera con ellos. En cuanto a las asociaciones magrebíes en Europa su única función consiste en reclamar más y más fondos para la “integración”, y por supuesto, para garantizar los sueldos de sus liberados y el mantenimiento de sus locales.

Desde el primer número de IdentidaD siempre hemos sostenido que los inmigrantes magrebíes no están en absoluto interesados en la política de los países europeos y se inhiben sistemáticamente. La realidad siempre nos ha dado la razón. Las declaraciones de los inmigrantes marroquíes presentes en el Congreso de Entidades Marroquíes en Catalunya pueden hacer creer que existe un “clamor” de participación política en la comunidad inmigrante… algo que no ha ocurrido en ningún país europeo y que tampoco ocurre en España. Detrás de estas proclamas lo único que existe es el afán de captar fondos y subsidios de la Generalitat. ¿Le extraña a alguien?

El problema de fondo de la inmigración en Europa


Inicialmente, diversos factores en los años 80 hicieron que las izquierdas europeas pensaran en la importación de inmigrantes para compensar las pérdidas electorales que estaban sufriendo e sus bases electorales. La inmigración sustituiría al proletariado europeo.

Por otra parte, desde el gobierno, izquierdas y derechas comprobaron que la llegada masiva de inmigrantes hacía aumentar el PIB, no tanto porque creaba riqueza –que no la creaba- como porque su mera presencia generaba mayor movimiento económico. Además, la inmigración, una vez instalada en Europa, parecía interesarse poco por la política (una bendición para la clase política). Mientras los europeos solían participar y opinar con criterio, los recién llegados se contentaban solamente con pedir “subsidios para la integración”. Y era presumible que sus hijos serían tan sumisos como sus padres y, de paso, resolverían la crepuscular demografía europea con generaciones de sumisos que jamás se interesarían por la universidad ni, por tanto, aspirarían a puestos dirigentes…

Diez años después, todo esto se empezaba a torcer: parte de la población europea empezaba a estar alarmada. La inmigración no se integraba, creaba guetos a partir de barrios en los que su presencia masiva hizo imposible la convivencia y se produjeron fenómenos de limpieza étnica que literalmente vaciaron zonas enteras de las grandes ciudades. Pronto, los inmigrantes, especialmente magrebíes y andinos, empezaron a entender que la progresía europea tenía un complejo de culpabilidad (motivado por la colonización) que podían explotar en su beneficio. Así la inmigración pasó a estar subsidiada. Bastaba que un inmigrante pusiera delante de un progre la zanahoria de la integración para que éste entrara al trapo y ofreciera más y más subsidios. Esta fiebre terminó afectando también a la derecha.

Bruscamente, la intifada de noviembre del 2005 en Francia, marcó la llegada al punto sin retorno: los inmigrantes, ni se integraban, ni se adaptaban a Europa… era Europa la que debía de adaptarse a ellos, ¿cómo? Con mayores subsidios. Francia, en este terreno ha llegado a subsidiar a familias enteras de polígamos subsaharianos con ¡24 hijos! Todo para evitar el estallido étnico-social… El resultado de esta política de concesiones sin contrapartidas ha sido justamente el contrario: estamos en puertas del estallido étnico-social.

El suculento e improbable caladero islámico: 1.300.000 en España

España llegó tarde al festín. Pero en apenas 10 años recuperó años de retraso. Es a partir del “aznarato” cuando empiezan a llegar inmigrantes. El siguiente presidente de gobierno, Zapatero, estaba obsesionado desde el 2000 con el tema de la inmigración, influido por las ideas multiculturalidad y mestizaje, así como por el deletéreo mensajes implícito en los círculos humanistas-universalistas: “debemos caminar hacia un gobierno mundial, con una sola raza, una sola religión mundial, y sin fronteras”, utopía (mejor, distopía) extremadamente difundida por los progresistas que mamaron parte de su formación intelectual en escritos de la New Age.

El resultado de estas políticas ha sido nefasto. Hoy en España hay, como mínimo, 7.000.000 de inmigrantes de los que, aproximadamente, 1.300.000 son musulmanes. A ellos va dirigido principalmente el mensaje del PRUNE y de todos los partidos mayoritarios que cultivan el voto inmigrante. España será una parte importante en… Eurabia.

Los socialistas fueron los primeros en lanzar la idea de conceder el voto al inmigrante. La excentricidad fue sugerida por Jesús Caldera, vicepresidente ejecutivo de la Fundación Ideas (sic!), a principios de la pasada legislatura y, a partir de julio pasado se está debatiendo con una seriedad pasmosa en los foros socialistas. La idea del “imaginativo” Caldera es que los inmigrantes que residan legalmente y de forma estable en España puedan participar en las elecciones municipales. Caldera cree que “el que da primero da dos veces” y que la “derechona” no se atreverá a votar en contra (lo que es probable). Cuenta además con que el Ministerio de Exteriores improvise aprisa y corriendo convenios de reciprocidad con los países implicados

El Artículo 13.2 de la Constitución prevé que «solamente los españoles serán titulares de los derechos reconocidos en el artículo 23 [votar], salvo lo que, atendiendo a criterios de reciprocidad, pueda establecerse por tratado o ley para el derecho de sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales». Sin embargo, éste artículo es el único modificado en 1992 a causa de la firma del Tratado de Maastrich, previéndose que los ciudadanos de la Unión Europea residentes en un Estado miembro del que no sean nacionales tendrán derecho a ser electores y elegibles en las elecciones municipales. Para Caldera bastaría modificar ligeramente esta nueva redacción para que el derecho se hiciera extensible a los no comunitarios.

Con la izquierda entusiasmada por esta posibilidad e incluso con una parte del PP (el inefable Gallardón) en la misma sintonía, pocas resistencias deberían producirse si esta nueva reforma se trasladara al parlamento. Pero aún en ese supuesto los problemas no dejan de estar presentes.

El primero de todos es el desequilibrio entre la comunidad marroquí presente en España (un millón de personas) y la comunidad española presente en Marruecos (5.000 personas). Mientras que el voto de un millón si es decisivo, 5.000 votos poco pueden varias. De ahí que la “reciprocidad” no haría sino trasladar ese desequilibrio a la política real.

En segundo lugar, es difícil que la reciprocidad fuera aprobada por el gobierno marroquí. La Asociación de Trabajadores e Inmigrantes Marroquíes en España (Atime) al ser consultados señalaron que lo complicado de esta propuesta: “A los problemas burocráticos hay que añadir un detalle importante: ni siquiera los que residimos aquí podemos votar en las elecciones de Marruecos”.

Hay un último factor que juega en contra de la propuesta lanzada por la Fundación [malas] Ideas. El comportamiento político de los marroquíes en el exilio económico es excepcionalmente crítico con Mohamed VI al que culpan –con razón- de ser el causante de que hayan tenido que abandonar el país. Los 50 imanes formados en Rabat por los expertos de Mohamed VI en operaciones psicológicas, destinados a predicar en España y el mantenimiento de una red de pequeñas asociaciones de inmigrantes sin apenas seguimiento, no auguran nada bueno para el régimen marroquí que sabe perfectamente que los inmigrantes marroquíes pueden llevar la voz de la oposición al interior de los partidos políticos españoles y, por tanto, debilitar su posición. No, Rabat no está mínimamente interesado en “reciprocidades” de ningún tipo.

¿Entonces? Entonces, las posibilidades de que los ciudadanos marroquíes voten en España, siguen siendo muy remotas. Pero el PSOE se contenta con mendigar el voto de los naturalizados españoles: unas cuantas decenas de miles, las suficientes como para desequilibrar el empate técnico entre PP-PSOE o entre CiU-PSC en Barcelona.

Por el momento, en 2011 y 2012 el voto inmigrante no será crucial, pero en las elecciones generales de 2020 y en las municipales de 2019, sí lo serán pues, no en vano, millones de inmigrantes hoy habrán pasado a disfrutar de la nacionalidad española. Ése es el futuro y ésa es la gran tragedia: que las próximas elecciones de 2012 y 2016 serán las últimas en las que el voto de españoles de origen será decisivo para gobernar en España.

¿Qué implica participar en la vida política española?

En la actualidad –hay que recordarlo- las constituciones de España y Marruecos hacen casi inviable que, al menos a corto plazo, vaya a salir adelante un acuerdo para que la comunidad marroquí residente en España vote en las elecciones municipales. Quienes sí tienen derecho a voto son los marroquíes nacionalizados españoles, no los que siguen teniendo la condición de inmigrantes. No parece viable, pues, que en 2011, los inmigrantes marroquíes puedan votar en las elecciones municipales. Ahora bien, los esfuerzos de los distintos partidos políticos españoles –de derechas, de izquierdas y nacionalistas- para integrar en sus listas a exponentes de la comunidad marroquí tienen como objetivo precisamente captar el voto de los nacionalizados.

En este terreno el gobierno tiene una opacidad de datos absoluta. El gobierno no aporta datos sobre “los nuevos españoles” que en los últimos años han obtenido la nacionalidad. En realidad, no es difícil adquirirla: Todo extranjero que resida legalmente en España puede solicitarla. Los asilados políticos con 5 años de residencia en España, los naturales de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial, Portugal y sefardíes con 2 años de residencia en España; los nacidos en territorio español o casados con un nacional, al 1 año de residencia en España; los nacidos fuera de España, de padre o madre que originalmente hubieran sido españoles, un año de residencia en España; quienes hayan estado sujetos legalmente a la tutela, guarda o acogimiento de un ciudadano o institución españoles, durante dos año consecutivos, incluso si continuaran en esta situación en el momento de la solicitud, les basta con un año de residencia en España, además, por supuesto, y éste es el caso al que se acogen las mayoría de inmigrantes “obtener la nacionalidad por consolidación” que consiste en “adquirirla por la posesión y utilización continuada durante diez años, con buena fe y basada en un título inscrito en el Registro Civil”.

Si tenemos en cuenta que el fenómeno migratorio se inició en 1996-7, a medida que pasa el tiempo cada vez mayor número de inmigrantes tienen la posibilidad de dejar de serlo y adquirir la nacionalidad española. Por ejemplo, si en la actualidad existen 7.000.000 de inmigrantes, en 2019, esa cifra, en su totalidad, ya habrá pasado a ser legalmente españoles. Dicho de otra manera: el problema de la inmigración no es tanto un problema presente como de futuro. Por que en 2019, por alta que sea la tasa de abstención de la inmigración, y aunque se mantengan los mismos criterios para conceder el derecho al voto, dentro de 10 años el potencial de voto de la inmigración equivaldrá en cifras absolutas al porcentaje de votos que hoy tienen el PP o el PSOE. Dicho de otra manera: a partir de ahora, progresivamente, se gobernará por la inmigración y si algún partido quiere ocupar la Moncloa y no tiene mayoría absoluta, ya no deberá de contar con un tercer partido como bisagra, sino con el voto inmigrante que decidirá mayorí
as y minorías. 

Hoy por hoy, la Constitución de 1978 deja la puerta abierta a que los extranjeros de determinados países ejerzan su derecho a voto, siempre que haya reciprocidad por parte de ese otro país, que debe abrir sus urnas a los españoles allí residentes. No es el caso de Marruecos, país que debería llevar a cabo una complicada reforma constitucional ya que en la actualidad impide participar en los comicios a los ciudadanos extranjeros, ya sea como candidatos o como electores. No hay, pues, posibilidades de reciprocidad. Para que este obstáculo se modificara sería precisa una reforma constitucional en Marruecos.

El voto en unas elecciones estaba hasta ahora vinculado a la nacionalidad: votaban solamente los que ostentaban la nacionalidad española, suponiéndose que los ciudadanos de otras nacionalidades estarían vinculados a la suya propia para ejercer un derecho al voto. Esto, que parecía lógico, ha sido reiteradamente torpedeado por las izquierdas europeas a las que, posteriormente se han sumado los partidos de centro y de centro-derecha, más que nada para evitar no perder esos posibles caladeros de votos.

Para colmo de males, el Parlamento Europeo “recomendó” que se concediera el voto a los inmigrantes que ya hoy pueden hacerlo en Irlanda, Bélgica, Holanda o Dinamarca, aun cuando, Marruecos no tiene tratados de reciprocidad suscritos con esos países. Es interesante recalcar que la constitución marroquí no considera la posibilidad de pérdida de la nacionalidad: es decir, un nacido marroquí siempre seguirá siéndolo a pesar de que lleve pasaporta español, francés o belga…

(c) Ernesto Milá - infokrisis - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

España: de la Champion’s League a país de riesgo.

Infokrisis.- Cada día que pasa hay menos razones para el optimismo– Los peores presagios económicos se están cumpliendo– Mientras que el endeudamiento crece de día en día, España pierde credibilidad y empieza a ser considerada como un riesgo para las agencias de rating– Estamos llegando al punto crítico– Hasta ahora el endeudamiento se compensaba con la emisión de bonos– A partir de ahora empezará a plantearse el problema de ¿quién se atreve a comprar deuda pública española? ¿Qué inversor puede fiarse de un país considerado como “riesgo”? Esto no ha hecho más que empezar.


El 18 de diciembre pasado se publicó un dato estremecedor: la deuda de las comunidades autónomas del Estado Español había aumentado un 33’2% en el tercer trimestre de 2009, en comparación con el mismo período de 2008– A finales de septiembre de 2009, la deuda de las comunidades autónomas, en cifras absolutas, ascendía a 83–843 millones de euros, el 7’9 del PIB– Los datos son del Banco de España así que no pueden ser puestos en duda– No ha habido ni una sola autonomía que haya establecido un plan de austeridad digno de tal nombre– De hecho, se diría que para las autonomías seguimos en tiempos de “vacas gordas”– Y lo mismo ocurre con el Estado y con los Ayuntamientos– Solamente las PYMES y las familias están sufriendo recortes en sus gastos.

Record de endeudamiento histórico

El rating es una clasificación de los fondos de inversión atendiendo a su rentabilidad y a su riesgo– Aquellos que están mejor situados (con más rentabilidad a mínimo riesgo) son calificados con cinco estrellas, mientras que los peor situados  (mínima rentabilidad a máximo riesgo) reciben una sola– Existen agencias especializadas en rating que califican no sólo a productos financieros sino que también analizan la solvencia de los países– Su prestigio deriva de la exactitud de sus previsiones– Estas clasificaciones sirven de orientación para los inversores que, a partir de ahí, pueden elegir los bonos o acciones que deseen adquirir.

Los problemas de la economía española en 2010 van a depender de que las agencias de rating internacionales no se ceben contra la deuda emitida por el gobierno– Y de momento lo están haciendo: sus opiniones destilan pesimismo en relación a España– A pesar de los errores que han cometido en otro tiempo (permitiendo, por ejemplo que los “bonos basura” se filtraran en los mercados internacionales gozando de la mejor calificación…) los criterios de estas agencias siguen siendo tomados en consideración por los inversores– Por eso ha preocupado extraordinariamente que tres agencias de las más importantes (Agencia Moody’s, Standard & Poor's, y Morgan Stanley) restaran puntos a la deuda pública española.

El problema vino a partir de conocerse el aumento de la deuda de las comunidades autónomas– Distintos medios se hicieron eco de la noticia a principios de diciembre pasado: los datos del Banco de España informaban que el endeudamiento de las comunidades autónomas seguía un crecimiento desde 1995 a pesar del compromiso de estabilidad presupuestaria adquirido por España.

Catalunya se había destacado particularmente en el tercer trimestre del año acaparando el 28’6% de la totalidad de la deuda acumulada por el conjunto de comunidades autónomas– Catalunya alcanzó en ese momento los 24–054 millones de euros, seguida de Valencia (14–533 millones de euros) y Madrid en tercera posición (11–173 millones de euros)– Ni una sola de las diecisiete comunidades autónomas logró reducir ni un euro la deuda en 2009– En algunos casos (262,9% en el caso del País Vasco, el 81,1% de Murcia o el 64,8% de Canarias) el incremento porcentual fue espectacular (262,9% en el caso del País Vasco, el 81,1% de Murcia o el 64,8% de Canarias).

Los ayuntamientos no van a la zaga– Globalmente su deuda alcanzó los 34–546 millones de euros en el tercer trimestre de 2009, con un aumento del 13,2% sobre el mismo periodo del año anterior– Particularmente espectacular fue el incremento de la deuda de Madrid capital que alcanzó los 7,364 millones de euros– No es solo el Estado central, sino todos los niveles de la administración los que se encuentran progresivamente endeudados.

Tres sentencias de tres agencias de rating

El 10 de diciembre, la política económica del gobierno Zapatero sufrió una nueva merma en su credibilidad cuando otra prestigio agencia de calificación crediticia, Standard & Poor's, que rebajo la clasificación crediticia de España definiéndola como “negativa”– La agencia explicó ampliamente a qué se debía esta pérdida de confianza: la subida de impuestos abordada por el gobierno no ha bastado ni remotamente para contener el déficit que sigue desbocado dada la caída del consumo y “hacen falta políticas económicas más agresivas” para los próximos años.

Para Standard & Poor’s esta calificación negativa se prolongará como mínimo durante los tres próximos años– La pregunta es ¿se atreverá el gobierno a anunciar nuevas subidas de impuestos capaces de ir remontando el déficit a razón de un 2% del PIB en ese período hasta entrar de nuevo en superávit? Solamente así se evitaría que España descendiera todavía más en el actual nivel de rating.

Sin embargo S & P es ampliamente pesimista: ni cree que el gobierno se atreva a una nueva subida de impuesto antes de las elecciones de 2012, ni  cree que las subidas de los tipos de interés que se esperan para 2010 favorezcan la colocación de la deuda pública española (tal como expusimos en el nº 24 de IdentidaD, artículo “Carry Trade”, páginas 12-15), a lo que se une la certidumbre de que el endeudamiento seguirá creciendo en los próximos años hasta superar el 90% de la ratio deuda pública / PIB en el 2015.

De todos los informes emitidos por agencias de rating y organismos internacionales, el de S & P es el más duro hacia la política económica de Zapatero– La agencia considera que los altos niveles de endeudamiento del sector privado impiden crecimientos superiores al 1% durante muchos años, a lo que se unirá un estancamiento del consumo persistente.

La comparación con la economía griega –la más “tocada” de la UE– es desfavorable para España– Crédit Suisse sostiene que los precios en España están sobrevalorados un 10% respecto a la media europea y, por tanto, no hay más camino para reordenar las cosas que la deflación (una bajada de los precios)– Pero el gobierno Zapatero tiene horror a esa palabra que supondría el hundimiento del PIB– De ahí que en lugar de dejar que los concesionarios de automóviles y los fabricantes bajaran los precios, ha preferido subvencionar la compra de vehículos– Si bien es cierto que una bajada de precios implicaría necesariamente facilitar el consumo… pero bajarían los salarios, algo que la sociedad española no está en estos momentos en condiciones de soportar (durante los años de crecimiento económico, los salarios seguían siendo bajos pero siempre existía el acceso al crédito fácil; hoy los salarios son bajos, pero la espita del crédito está cerrada…)– Para colmo Crédit Suisse subraya que la vivienda sigue sobrevalorada en toda Europa, un 12% según el FMI, mucho más para la institución suiza y muchísimo más en España.

Para los próximos años Crédit Suisse un aumento de la presión fiscal en España, una reducción del consumo, la escasez de crédito, la imposibilidad de renovación tecnológica en las empresas y el mantenimiento de una tasa de paro superior al 20%, lo que conducirá necesariamente a una pérdida de competitividad… nada de lo cual ayudará a reactivar la economía y será uno de los factores de aumento de la deuda pública que concluirá con más presión fiscal en una espiral sin fin del que, hoy por hoy, nadie puede decir dónde concluirá.

Al conocerse el análisis de Crédit Suisse sobre el riesgo financiero en España (informe publicado el 10 de diciembre), los medios de comunicación españoles destacaron lo dramático de la situación, incluso con tintes irónicos– El Confidencial, por ejemplo, escribió: “Zapatero tiene razón en que España lidera la Champions League, pero no la del crecimiento económico, sino la del riesgo financiero”– En efecto, España había pasado a ser, según la unidad de análisis económico de este prestigioso banco, ¡el sexto país más peligroso del mundo para realizar inversiones! Estamos en la actualidad considerados con la misma solvencia que países como Turquía, Ucrania, Bulgaria, Egipto, Indonesia, Colombia o Kazajistán– Solamente Grecia, Hungría, Rumanía y Lituania, tienen hoy más riesgo que España.

Catalunya y Andalucía se han visto unidas de nuevo, no solamente por tener las mayores tasas de paro y especialmente de paro juvenil, sino también por alcanzar ex aequo los puestos de cabeza en número de empresas declaradas en suspensión de pagos– En toda España erraron en el tercer trimestre del año 764 PYMES, cifra que será superior en el cuarto trimestre, tres veces más que en el mismo período del año anterior. 

El año 2008 marcó el hundimiento de grandes constructoras, luego siguieron las inmobiliarias– Catalunya fue la comunidad situada en cabeza en suspensiones de pagos (165, 31 constructoras, 31 inmobiliarias y 36 del sector industrial y energético) seguida por Andalucía (122 suspensiones de pagos)– Pero no son solamente empresas las que se declaran en quiebra, la marejada del impago también ha alcanzado a los ayuntamientos de mediano tamaño: León, Lorca, El Álamo y Villajoyosa– Son los primeros, otros muchos seguirán la misma senda en los próximos meses– Cada vez se tienen más noticias de ayuntamientos que experimentan dificultades crecientes para abonar sus nóminas y decenas que lo hacen con retraso.

Moody’s se vio obligado a rebajar la calificación financiera de Catalunya a la vista de su elevado nivel de endeudamiento pasando de Aa•3 a A1 e indicó que todavía podía bajar más– Cabe decir que la calificación A1 es una calificación intermedia que aproxima peligrosamente a la deuda pública catalana a los “bonos basura” (Ba1)– Otras comunidades autónomas (Castilla-La Mancha, Comunidad Valencia, Andalucía, Castilla-León, Extremadura y Galicia, sufrieron también descensos en su calificación financiera– Moody’s no ha percibido que la mejora radical del sistema de financiación autonómica que beneficia a Catalunya pueda operar una disminución de la deuda de la Generalitat… dado que no contempla ninguna medida para apretarse el cinturón y tratar de contener el déficit, algo, por lo demás, evidente.

Es la segunda rebaja de calificación que ha sufrido la Generalitat de Montilla a lo largo de 2009– Otras agencias de rating han llegado a las mismas conclusiones considerando de manera muy negativa la seguridad ofrecida por la deuda pública catalana.

El día 15 de diciembre se supo que la agencia de calificación crediticia Moody's había situado a España como el país desarrollado con mayor riesgo financiero en 2010, según su "índice de miseria" que tiene en cuenta, fundamentalmente el déficit público (10%) y el paro (20%)– Para Moody’s España está a la cabeza de “país riesgo” por delante de países como Letonia, Lituania, Irlanda o Grecia– La agencia de rating no rebajó la calificación de España, pero si indicó que se vería obligada a hacerlo de no acometerse profundas reformas estructurales… algo que no entra en los planes del gobierno socialista– Pero este pequeño detalle sirvió para que Zapatero, se viera obligado a salir a la palestra para defender la máxima solvencia de España– "Dos de las tres agencias de rating han confirmado la máxima calificación para nuestra deuda”… el que no se conforma es porque no quiere.

Solamente Morgan Stanley echó un capote al gobierno español justamente en el punto más problemático: la supuesta salud del sistema bancario español que hoy depende solamente de un negocio tan esperpéntico como la compra de bonos del Estado al 3% con dinero prestado por el Banco de España al 1% de interés, operación que, como vimos, se hará imposible en 2010, cuando el Banco Central Europeo suba los tipos de interés– Estas operaciones se han traducido este año en un 2% del beneficio neto del Santander, un 3% del de Banesto, un 4% del de Popular, un 5% del de Sabadell y seguramente cifras parecidas para el BBVA que no ha ofrecidos cifras– Los beneficios obtenidos con estas operaciones contribuyen a paliar las pérdidas por una morosidad creciente.

Pero las cosas son más graves de lo que parecen– El estudio de Morgan Stanley no incluya a las Cajas de Ahorros y elude el espinoso problema de que los bancos españoles han anotado los inmuebles recuperados por la ejecución de hipotecas con los precios de tasación de cuando se concedieron estos créditos a familias que luego no pudieron pagarlos– En los dos últimos años, la vivienda se ha devaluado entre un 20 y un 25%, pero los bancos siguen sin reconocer los nuevos valores de los inmuebles de su propiedad en sus balances contables– Cuando se vean forzados a hacerlo entrarán inevitablemente en pérdidas.

El problema no es sólo que el Estado sufra una crisis de confianza perceptible en todo el mundo financiero internacional, el problema es que a la deuda del Estado se suma la de los ayuntamientos y las comunidades autónomas– El sistema bancario todavía no ha sacado a la superficie el 50% de las pérdidas que se esperan y la morosidad empieza a ser insoportable– A lo que se unen los altos niveles de endeudamiento de las PYMES y de las familias– No hay política económica digna de tal nombre– Ni siquiera hay una política de contención del gasto público en las partidas en las que resultaría menos agresivo para la población– No hay –y esto es lo peor- un plan para salir del agujero– ¿Cómo va a generar confianza Zapatero con sus alusiones al “viento y al sol” pronunciadas en la cumbre del clima y que demuestra hasta qué punto está en Babia… Lo raro es que las agencias de rating no hayan situado a la deuda pública española junto a los “bonos basura”.

Lo que implicará “rebajar el rating”

No es sólo la oposición la que alberga las más serias dudas sobre la solvencia del Estado Español, sino las principales agencias de rating, las que son tenidas en cuenta por los inversores, estos es quienes deberían comprar deuda pública emitida por el gobierno español, no como acto de caridad, sino como negocio seguro y de poco riesgo– Durante 2009, la banca privada ha acudido en socorro de Zapatero como contrapartida a los 8–000 millones puestos a su disposición por el Plan de Rescate de la Banca– Pero, ya hemos visto que en 2010, a partir del aumento de los tipos de interés esa estrategia de colocar deuda a los bancos españoles ya no podrá ser utilizada…– Entonces ¿quién comprará la deuda pública española? Respuesta: cualquier inversor al que se le ofrezcan intereses mayores.

¿Cómo competirá la deuda pública española con la emitida, por ejemplo, por el Estado Federal Alemán? Máxime cuando el diferencial con el bono alemán a 10 años se situará el próximo año en niveles próximos a 100 puntos básicos (un punto porcentual), lo que significa que la deuda pública –si se quiere vender- deberá ofrecer como mínimo algo más de 1–500 millones de euros adicionales en forma de intereses– A menos solvencia, la deuda es atractiva solamente si ofrece más intereses– Las cifras proceden del gabinete de estudios de Caja Madrid– Dicho de otra manera: nos esperan más impuestos.

El Estado emitirá a lo largo del próximo año –tal como indican los Presupuesto Generales para 2010- 211–500 millones de euros de deuda pública, la mayor parte de los cuales (2/3 partes) tomarán la forma de bonos y obligaciones del Estado, en total 158–625 millones– La subida de un punto en el precio del dinero –decretada por el Banco Central Europeo- supondrá, pues que deberán pagarse en intereses 1–586 millones adicionales– Y si esto ocurre también con las letras del Tesoro (emisiones a corto plazo) estaremos hablando de un total de 2–100 millones, coste real de la bajada en la credibilidad de España entre los inversores.

Todos los países están emitiendo deuda en estos momentos: sufrirán más las economías débiles o que ofrezcan menos garantías –como la española-, las cuales no tendrán más remedio que ofrecer intereses mayores para hacer atractiva la inversión y digerible el riesgo…

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Sí a Europa, no a esta Europa (I de III)

Infokrisis.- Ángela Merkel se lamentó el pasado 17 de marzo de que la UE no haya creado un procedimiento para expulsar a los países que pongan en riesgo la estabilidad del conjunto.  El lamento viene a cuenta de España y de nuestra crisis económica que está lastrando la economía de la UE. El “eje franco-alemán” que propulsó los acuerdos de Maastricht hace casi veinte años no hizo las cosas bien no en materia fiscal, ni en materia de seguridad, ni siquiera en el tan calculado euro. Y ahora toca pagar las consecuencias y de paso plantearnos tres cuestiones: ¿Por qué está fracasando la “idea europea”? ¿La “idea europea” es aceptable o rechazable? Y, finalmente, si no es esta Europa ¿qué otra Europa es posible?

INTRODUCCIÓN

En 1991, el Tratado de Maastricht supuso una reforma del Tratado de Roma (1956) que dio origen al Mercado Común Europeo. En cierto sentido, a partir de ese acuerdo se intentó acelerar el proceso de “convergencia europeo”. Se consideraba entonces que “Europa” había sido hasta entonces un “mercado” pero que, a partir de ese momento, manifestaba su voluntad de convertir la “unión económica” en “unión política”.

En aquel momento dio la impresión de que el proyecto estaba impulsado especialmente por Francia, mientras que Alemania se limitaba a ir a remolque. Los alemanes parecían tener otro proyecto: convertir a los países del Este Europeo, hasta hacía poco comunistas, en sus nuevos mercados sin necesidad de compartirlos con otros socios.

Esta sensación estaba reforzada por el papel que los alemanes jugaron en el desmantelamiento de Yugoslavia y en las guerras civiles balcánicas que siguieron. A muchos analistas nos dio la sensación de que en ese momento Alemania estaba tratando de reconstruir una política de influencias en Europa del Este y especialmente hacia el Mediterráneo (a través de Eslovenia y Croacia) muy similar a la del antiguo Imperio Austrohungaro.

No creíamos, en definitiva, en el “entendimiento franco-alemán” y no apostábamos porque el proceso pudiera avanzar. Algunos incluso opinábamos que Maastricht contribuiría a dividir a Europa en dos bloques: en el Este dominado por la hegemonía alemana y en el Oeste por la francesa. Nos equivocábamos: las políticas adoptadas por ambos países no eran coyunturales, sino estructurales.

El Tratado de Maaastricht fue hijo de la prisa. Tanto Francia como Alemania eran conscientes de que había pasado mucho tiempo desde los acuerdos de Roma (1956) y que era preciso ir algo más allá. Por entonces se solía decir que Europa era un gigante económico y un enano político. Pero los años que han mediado entre 1991 y 2010 no han variado esta percepción, con el agravante de que el Euro, convertido en moneda de cambio internacional y de reserva, ha aumentado esa sensación de gigantismo económico y minimalismo político.

En el único terreno en el que la Unión Europea  ha crecido políticamente es en superficie (en Maastricht, el Mercado Común estaba compuesto por 12 Estados, mientras que hoy forman parte de la Unión, 27), nunca en profundidad. En cuanto a su dimensión económica, el euro está siendo víctima de su gigantismo y de la ausencia de un poder central real y con capacidad de mando y maniobra.

¿QUÉ HA FALLADO EN EUROPA?

Ha fallado en primer lugar no saber explicar la necesidad de la UE. La historia se va acelerando en el siglo XXI y Europa sigue teniendo la misma estructura de Estados-Nación que a finales del siglo XVIII, gobernada por los “inmortales principios” de la Revolución Francesa. El orgullo de pertenecer a un Estado-Nación cristaliza en el “nacionalismo” que no es sino la aplicación del individualismo liberal a las nuevas estructuras generadas con la caída de los Reinos y la decadencia de los Imperios. Quien dice liberalismo dice individualismo de los ciudadanos y de las naciones a las que pertenecen. Si hasta entonces las guerras se habían declarado por los “derechos del Rey”, a partir de ese momento estallarían por las rivalidades nacionalistas. Y en los 156 años que median entre 1789 y 1945 la historia de Europa es la historia de guerras entre “nacionalismos”.

Pero cuando se llega a 1945 aparece un fenómeno nuevo: Francia y Alemania que, en cuatro generaciones, se habían enfrentado en tres ocasiones, se dieron cuenta de que con la invención de las nuevas armas aparecidas en la última fase de la II Guerra Mundial, el siguiente enfrentamiento fuera el último. De ahí surgió a principios de los años 50 la idea de la “construcción de Europa” que, con mucho realismo, se dedicó inicialmente a resolver un problema fundamental: la alimentación (lo que se llamó “Europa Verde”) y luego la industria pesado (la CECA, Confederación Europea del Carbón y del Acero). El paso siguiente fue la firma del Tratado de Roma. Además, Francia y Alemania eran conscientes de que no podían competir con las dimensiones geopolíticas de la URSS y de los EEUU. La idea europea surgió pues para alejar de Europa los riesgos del nacionalismo.

A partir de 1945 se inicia la lucha por la hegemonía mundial. Ya no se trataba, como había hecho el nacionalismo alemán, de intentar ser potencia hegemónica en Europa, ni lo que intentó el nacionalismo italiano de establecer un imperio tardío (en los años 50 se inició la “descolonización” y la existencia de la ONU hacía completamente imposible la expansión imperialista clásica).

Alemania (como la otra potencia vencida, Japón) había renunciado a rearmarse –ahorrar en presupuesto de Defensa- para concentrar todos sus esfuerzos en recuperar peso económico. A pesar de que no les fue mal y que ya a mediados de los años 50, Alemania y Japón empezaban a inundar el mundo con sus manufacturas, el canciller Erdhart Adenauer entendió que no disponía de la “dimensión” suficiente para competir en la nueva era de los imperialismos. Eso llevó a lo que hoy es UE.

En su arranque, la “idea europea” fue vivamente criticada, incluso por los europeistas. Muchos la veían solamente como un “mercado” (y así lo era, en efecto), pero existía una razón para plantear la convergencia europeas en términos económicos: había que encontrar un denominador y lograr éxitos inmediatos. Se juzgaba –y se acertó- que la eliminación de aranceles, la estimulación del comercio interior en el espacio de ese mercado, implicaría un estímulo a la actividad económica europea: Europa era un club creado para mejorar la economía y el bienestar de sus miembros). Seguramente el mejor análisis sobre el Mercado Común fue realizado en los años 60 por Jean Thiriart en su obra “Europa: un Imperio de 400 millones de hombres”. Decía Thiriart que el Mercado Común era, hasta ese momento, el mejor de los intentos posibles de construir Europa.

Pero entre el Tratado de Roma y el de Maastricht median 35 años, demasiado tiempo para la creación de un espacio económico europeo que ni siquiera alcanzaba a todo el continente. Además, era evidente en 1991 que la destrucción de la URSS y de su sistema de alianzas en Europa, resolvía los 45 años precedentes de lucha por la hegemonía mundial a favor de los EEUU. Se entraba en un “nuevo orden mundial” que se preveía gobernado por los EEUU. Si Europa quería seguir pesando algo en el mundo debía de dar una nueva vuelta de tuerca.

Es significativo que Maastricht fuera sobre todo combatido por la fuerza de choque de los EEUU en el Mercado Común: el Reino Unido de Margaret Tatcher, partidaria de un eje anglosajón con EEUU y al margen de la Europa continental.

La prosperidad franco-alemana abría la posibilidad de convencer a los Estados-Nación más pobres de que renunciar a algunos aspectos de su soberanía tenía como contrapartida la posibilidad de recibir ayudas económicas “inimaginables” para desarrollar sus economías. El principio franco-alemán era que contra más progreso y actividad económica hubiera en la “periferia europea” (es decir, todo lo que no era el eje franco-alemán) repercutiría favorablemente en la economía global de Europa y, por tanto, en los negocios del “núcleo de Europa” (Alemania y Francia).

Lo que franceses y alemanes estaban haciendo era colocar una zanahoria ante los ojos de países como España, Grecia, Portugal o Italia (que veía en ello una posibilidad de desarrollar a su Sur deprimido) y se convertía en el principal atractivo para las futuras nuevas incorporaciones de los países del Este Europeo.

Y a partir de ahí apareció una contradicción: empezó a producirse una cesión de soberanía, especialmente en materia económica, de los Estado hacia quien les daba dinero… pero, paralelamente, quien recibía ese dinero eran los Estados-Nación que seguían siendo tan nacionalistas y celosos de sus intereses como antes. La “idea europea” estaba fracasando porque el “nacionalismo” seguía gobernando. Por otra parte no se hizo absolutamente ningún esfuerzo para que las poblaciones de las distintas naciones europeas asumieron mentalmente la necesidad del proceso de convergencia y lo que implicaba.

A ello contribuyó también las ambigüedades del proyecto europeo: ¿Se tendía a hacer de Europa una potencia política y, por tanto, se iba a desplazar el dominio y la influencia de los EEUU sobre Europa? ¿Sobre qué principios políticos se iba a realizar esa unión? ¿Sobre el liberalismo, sobre el socialismo, sobre una concepto nuevo? ¿Sobre qué bases emotivas y sentimentales se iba a construir Europa? ¿Cuáles serían los mitos fundacionales en el sentido soreliano? ¿Cuál sería la misión geopolítica de Europa? ¿Y su misión histórica? ¿Cuál sería el aliado de Europa y quién su adversario? Y así surgían cientos de cuestiones fundamentales que ni siquiera hoy nadie se atreve a plantear y sobre los que existen diferencias insuperables entre izquierdas y derechas y entre unas y otras dentro de cada país…

La construcción, por tanto, empezaba a asentarse sobre bases poco sólidas y en tierras movedizas.

A 55 años de la firma del Tratado de Roma y a 20 de la firma del Tratado de Maastricht resulta evidente que los fallos en la construcción de Europa han sido cinco:

-    FALTA DE IDEAS NUEVAS. Incapacidad para construir un modelo de Europa que fuera más allá de las ideas de 1789: liberalismo económico, democracia de partidos, nacionalismo emotivo, forma Estado-Nación e “inmortales principios”.

-    REDUCCIONISMO PERMANENTE A LA ECONOMÍA. Fundamentación económica como único estímulo a la construcción europea (que si ayudó inicialmente a la ampliación, se demostrado insuperable después de 20 años de “construcción política de Europa” que no ha servido absolutamente para nada.

-    ALTO NIVEL DE INDEFINICIÓN. Ambigüedades en el proyecto originario (que se han ido extendiendo en el tiempo) por la imposibilidad de poner de acuerdo a “progresistas” y “conservadores” en qué es Europa y cuáles son los límites geopolíticos, antropológicos, religiosos e históricos de Europa lo que ha generado la imposibilidad de definir un “mito fundacional” en el sentido soreliano.

-    NACIONALISMOS. Los distintos intereses en función de los cuales actúan los distintos gobiernos que son fruto de la etapa histórica de la que proceden sus sistemas político-económicos: el Estado-Nación y el “nacionalismo” a él inherente.

-    FALTA DE DEFINICIÓN DE “EUROPA”. La incapacidad para definir “Europa” como polo independiente del “occidentalismo”, lo que implicaba delegar ciertas funciones (especialmente en materia de Defensa, en la OTAN, esto es en los EEUU, renunciar a un mando militar europeo unificado y apoyar las aventuras coloniales de los EEUU en Asia). Los EEUU precisan que Europa siga siendo un enano político y lo logran a través de su aliados histórico (el Reino Unido) y de los países del Este en plena resaca de 40 años de dominación soviética.

Estos cinco elementos son, sin duda los más importantes para justificar el fracaso en la construcción de Europa. Vamos a ver ahora si el proceso de convergencia europeo era o no necesario.

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MEMORIA HISTORICA VI. Por un juicio histórico objetivo al franquismo (III de III). V. La democracia orgánica

Infokrisis.- Entre los intentos del franquismo de institucionalizar su régimen, figura la propuesta –como hemos visto lanzada por Arrese- de crear una “democracia orgánica”. Se trata de una forma original de democracia limitada en la que la idea inicial era un desarrollo de un fragmento del discurso de José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia, cuando aludió a la “familia, el municipio y el sindicato” como “estructuras naturales” de la sociedad. Arrese infirió que era necesario crear un “poder legislativo” en el que estuvieran presentes estas estructuras “orgánicas” que, el “fundador” había contrapuesto a la estructura “inorgánica” de los partidos políticos.

La Ley Orgánica del Estado dio forma legal a todo esto. Las Cortes quedaron divididas en “tres tercios”: el familiar, el sindical y el corporativo. En el primero estaban representados los cabezas de familia en tanto que representantes de la célula básica de la sociedad, en el segundo los sindicatos y en el tercero la sociedad civil y otras estructuras de poder: ejército, asociaciones culturales, universidades, juventud, ayuntamientos, etc.

No se puede negar que, a la vista de cómo han ido estos últimos 30 años en la vida política española, la forma “partido” ha constituido un rotundo fracaso por lo que José Antonio Primo de Rivera ya había previsto: los intereses de los partidos prevalecen desde el primer momento sobre los intereses de la sociedad. Por tanto, esta idea de “democracia orgánica” figura entre los aspectos más interesantes del franquismo.

Es innegable que aquella idea fracaso. La democracia “orgánica” no fue tal. Se ironizaba diciendo que era una “democracia digital”, esto es, elegida a dedo y que ninguno de los tres tercios era representativo de la sociedad de su tiempo. Algo de eso había, en efecto. Pero en 1967-75, en España existía la presunción de que los partidos políticos representaban opciones ideológicas mientras que los alcaldes, responsables sindicales eran elegidos a dedo y en las elecciones municipales no se podía presentar todo aquel que quería sino aquellos cuya fidelidad a Franco estaba suficientemente atestiguada. Por otra parte, desde principios de los años 60, el franquismo tenía de su parte a una mayoría silenciosa, mientras que la oposición (reducida al PCE y a grupos de extrema-izquierda cada vez más numerosos)  iba teniendo una creciente capacidad de movilización especialmente en el mundo sindical y estudiantil.

La Ley Orgánica introdujo innovaciones que limitaron todavía más la capacidad de movilización de los partidarios del Régimen: se transformó el “Movimiento Organización” en “Movimiento Comunión de todos los españoles en los ideales del 18 de julio”… pero estos ideales cada vez estaban más difuminados.

Se nos insistía en aquella época (1971) en que el edificio franquista estaba sostenido por varias columnas, fundamentalmente la falange y los tecnócratas del Opus, constituyendo las dos columnas sobre las que se instalaba el frontispicio del Estado en cuyo vértice superior había una bandera que eran las “Leyes Fundamentales”, esto es, el equivalente a la constitución. Se añadía que si etas dos columnas se peleaban entre sí, el edificio amenazaba con derrumbarse. Pero, mientras se nos decía esto, el Opus y la Falange se enzarzaban en una permanente guerra de desgaste que tuvo su momento álgido durante el Caso Matesa (escándalo de fraude en las exportaciones que arrastró en su caída a los ministros más conocidos del Opus Dei).

Paralelamente, a partir de 1967, se inició un período de atenuación doctrinal del régimen, se relajó la tensión ideal en el Frente de Juventudes y en los Hogares de la OJE, el Movimiento franquista, “organización” o “comunión” pasó a ser un aparato burocrático-administrativo. Los organismos del régimen (la propia policía, la magistratura, las fuerzas armadas, esto es, los poderes fácticos) empezaron a defender su “profesionalidad” y a proclamar que estaban al servicio de quien gobernara en cada momento…

Todo esto permite entender porqué una semana después de la muerte de Franco, los partidos políticos de la oposición prácticamente actuaban y se reunían con entera libertad y porque año y medio después tenían lugar las primeras elecciones democráticas.

La “democracia orgánica”, sin duda el intento más serio de superar el sistema de partido, no funcionó: el capitalismo autóctono no quería experimentos de este tipo que hicieran recelar a Europa, quería penetrar en los mercados europeos y muerto Franco se trataba solamente de forzar lo antes posible la homologación política en Europa.

Da que pensar el hecho de que en Italia, el régimen fascista cayera cuando los aliados tenían ocupada Sicilia y habían desembarcado en Anzio, cuando los bombardeos de terror aliados sobrevolaban cada día Roma y cuando los resistentes practicaban el tiro en la nuca. Pues bien, con la guerra perdida, con una inevitable sensación de derrota, Mussolini pronunció su último discurso en el Teatro Lírico de Milán cuatro meses antes de que terminara la guerra y él mismo resultara asesinado. Hasta el último momento hubo voluntad de resistencia entre los cuadros de la República Social Italiana. Y fueron cientos de miles quienes optaron por resistir. En Alemania ocurrió otro tanto hasta principios de mayo de 1945 cuando entre las ruinas del Berlín destruido prosiguió la resistencia armada y cuando hasta 1946 el Wherwolf siguió resistiendo y atentando contra los aliados.

En la España de 1975, con una situación infinitamente menos dramática, no se produjo ninguna resistencia numantina por parte de los miembros del  aparato franquista: el Frente de Juventudes, la Sección Femenina, los Sindicatos Verticales, la Guardia de Franco, etc, fueron disueltas sin pena ni gloria. Suárez poco antes de las elecciones de junio de 1977 reunión a los lugartenientes provinciales de la Guardia de Franco explicándoles que todo seguiría igual, pero en lugar de llamarse “Guardia de Franco”, a partir de entonces se llamarían “UCD”. Solamente el lugarteniente de Lérida se opuso… los funcionarios del Movimiento pasaron a ser destinados al ministerio de cultura, frecuentemente en los archivos de los sótanos; los profesores de Formación del Espíritu Nacional como todo el resto de funcionarios franquistas se intentaron acomodar como pudieron ante la nueva situación… Si la monarquía Alfonsina cayó sin que saliera a la calle “ni un solo pelotón de alabarderos”, el franquismo se disolvió como un azucarillo con leves resistencias por parte del “bunker”.

A fin de cuentas Franco supo trasladar su propio pragmatismo a su grey, la cual asumió que en cada momento histórico había que actuar en función de ese mismo pragmatismo. Nada más.

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MEMORIA HISTORICA V. Por un juicio histórico objetivo al franquismo (II de III). III. El problema de las libertades. IV. Franquismo uno y trino

Infokrisis.-Como todo régimen autoritario (y no hay nadie, por muy partidario de Franco que sea que pueda negar esta componente en el régimen) el franquismo desconsideró las libertades públicas. No había libertad de reunión, de manifestación, de opinión o de organización. La tolerancia –que existió- era mayor o menor con determinadas fuerzas políticas, pero solamente se permitieron manifestaciones en apoyo del régimen, se cerraron diarios dirigidos por disidentes del régimen e incluso en los últimos años, a pesar de los tímidos intentos aperturistas de Fraga, la información no fue libre, y se vivió una situación muy parecida a la del Marruecos actual: censura previa o autocensura que llegó incluso a reprimir a partidarios del régimen y a fuerzas que habían participado en su fundación (caso de la prohibición de manifestarse en Alicante el 20-N de 1970 para las Juntas Promotoras de Falange Española, o incluso prohibición de manifestarse por “Gibraltar español” que fue convocada en 1973 por el semanario Fuerza Nueva, por no hablar del cierre de los círculos José Antonio en 1973 tras los incidentes que tuvieron lugar en el Día Nacional de los Círculos en Toledo). Si esto era lo que tenían ante la vista los partidarios del régimen (o al menos los disidentes moderados del mismo) podemos pensar lo que recibieron otras fuerzas políticas.

En España, además, aunque la tortura no fuera generalizada, los malos tratos y las detenciones eran constantes en la extrema-izquierda y no precisamente contra terroristas sino contra simpatizantes de grupos incluso de izquierda moderada. Los nombres de algunos policías de la Brigada Político Social se hicieron tristemente famosos por cumplir con excesivo celo su tarea de mantener el orden público y por la facilidad con que recurrían a la tortura y a los malos tratos. Y nadie puede negar esto. Si tenemos en cuenta que yo mismo fui detenido en cuatro ocasiones en 1973 sin ningún motivo y que mi teléfono y mi correspondencia estuvo intervenida sin orden judicial alguna durante más de dos años e incluso que se me negó el certificado de “buena conducta” (sic) necesario para obtener el carné de conducir, se verá que desde el punto de vista de los derechos cívicos el franquismo no fue ninguna ganga.

Pero todo ello tenía una intención precisa. Franco se había propuesto industrializar el país y para ello fue necesario establecer varios Planes de Desarrollo que no se hubieran podido aplicar si el país hubiera tenido un gobierno democrático y, por tanto, sometido a cambios cada cuatro años. El desarrollo implicaba estabilidad en el ejercicio del poder y en las orientaciones del mismo.

En otras palabras: las libertades políticas estaban por detrás del afán de industrialización y de los planes de desarrollo. ¿Se hubiera conseguido prosperar económicamente de otra manera? Sospecho que no. La historia enseña que hay que concentrar esfuerzos en el objetivo que se pretende alcanzar: la URSS lo hizo especialmente a partir de Stalin cuando en pocos años se pasó de las hambrunas del período leninista a disponer de la bomba de hidrógeno. Alemania y Japón consiguieron convertirse en motores económicos después de 1945 cuando renunciaron a disponer de ejércitos fuertes y bien armados; su revancha no sería militar sino económica. La reducción de las libertades políticas fue una exigencia del desarrollismo y la planificación económica.

Cuando se trató de expandir la economía española y aplicar un modelo de economía liberal, poco a poco fueron (durante la transición y durante el felipismo) desapareciendo los rasgos de paternalismo franquista (durante el período de Franco un empleado que trabajase tres días en una empresa ya pasaba automáticamente a ser empleado fijo, los “puntos” daban un apoyo a los padres de familia, existían amplios sectores de la economía sometidos a regulaciones y demás medidas proteccionistas), el nuevo modelo económico exigía también un nuevo modelo político homologable en Europa: la democracia liberal y partidocrática. Y así se hizo.

IV. El franquismo uno y trino

Se suele hablar del “franquismo”, sin tener en cuenta que el franquismo no existió como tal, sino que existieron “los franquismos” como fruto del pragmatismo del régimen y de su cabeza visible. Llama la atención como los partidarios del régimen todavía hoy cuando son pocos, pero sobre todo en la transición cuando eran bastante más, desconocían el hecho de que Franco era fundamentalmente apolítico y pragmático y en distintos momentos se apoyó en fuerzas políticas contradictorios y que estuvieron en permanente guerra civil entre sí.

Ya hemos recordado en alguna ocasión cuáles fueron esos momentos, pero los volvemos a repetir a fin de completar el esquema que nos hemos propuesto.

1) Período falangista imperial (1936-1943).- En el momento en que el destino del régimen recién nacido dependía de la ayuda de los países del Eje (Alemania e Italia) gobernados por regímenes fascistas y nacional-socialistas, Franco echó mano de la Falange cuyas características eran homologables a esos regímenes: masas militarizadas, uniformidad, ansias de “revolución nacional”, rituales exactamente iguales, misma retórica, etc. Era una forma de satisfacer a los aliados, Mussolini e Hitler, pero también de galvanizar a las masas con una retórica imperial y el alumbramiento de una nueva fe y de una esperanza patriótica de redención y de aumento de la potencia. Se llegaron a publicar libros en los que España manifestaba sus “reivindicaciones territoriales” a costa de Francia o de Marruecos, e incluso se proponía una ampliación de Guinea Ecuatorial.

Este período duró hasta la derrota alemana en Stalingrado. Serrano Suñer partidario de esta opción cayó en desgracia, oficialmente a causa de un asunto de faldas, pero su caída tenía mucho más calado. Tanto él como otros altos cargos del régimen fueron sustituidos por “aliadófilos”, se retiró la División Azul, se convirtió en apátridas a los voluntarios que siguieron combatiendo en el Frente del Este, se ayudó bajo mano a los judíos exiliados en España en un intento de hacerse perdonar por los aliados.

Es evidente que en un momento en que la guerra quedaba cerca y el esfuerzo de la Falange era evidente, Franco no pudo (o no quiso, por puro pragmatismo) alejarla definitivamente de las esferas de poder, pero se limitó a reducirla al terreno que le era propio: las políticas sociales, mientras que el carlismo (entonces bastante anglófilo) vio reducida su influencia al ministerio de justicia, casi hasta los últimos momentos del régimen. Franco lo que estaba hizo continuamente fue variar las proporciones en las que cada fuerza política estuvo presente en cada momento. Estas fuerzas eran fundamentalmente tres: la falange, los propagandistas católicos y el Opus Dei.

A partir de 1943, Franco entendió que la Falange debía pasar a segunda fila o de lo contrario su régimen sería considerado como enemigo por los aliados vencedores en la medida en que sus signos externos eran los mismos que los del vencido. Y lo hizo sin pestañear.

2) Período nacional-católico (1943-1955).- Desplazados los falangistas como fuerza hegemónica y galvanizadora de las masas, Franco advierte que tanto en Alemania como en Italia (los países vencidos) la fuerza hegemónica a partir de 1945 es la “democracia cristiana”. En España no existía nada de todo esto, pero un sector político que se aproximaba lo suficiente: la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.

Fundado en 1908 por el jesuita Ángel Ayala, su función era seleccionar jóvenes católicos de preparación política suficiente para revitalizar el mortecino catolicismo de la época reducido a mero culto exterior. Su primer presidente fue Ángel Herrera Oria un abogado del Estado (antes de alcanzar el sacerdocio y el cardenalato) eficaz organizador y periodista de talento tal como demostró en El Debate. Durante la dictadura de Primo de Rivera tuvieron participación en el poder. La ACNP no era un partido, pero sí un grupo de presión cuya influencia se extendí en muchos ámbitos. DE ellos partió la fundación de Acción Española (con tres “propagandistas”: Vegas Latapié, Víctor Pradera y Pemán que secundaron a Ramiro de Maeztu). Las derechas durante la República estuvieron dirigidas por otro “propagandista”, Gil Robles, los carlistas tuvieron entre su dirección al también “propagandista” Marcelino Oreja Elósegui. En 1934 lograron llevar a las Cortes a 34 propagandistas por distintos partidos.

En cuanto a Falange Española tuvo también su cuota de “propagandistas” en la figura de Onésimo Redondo, lo que no fue óbice para que durante el “período falangista imperial”, la ACNP fuera inicialmente marginada de las esferas de poder. Cuando los falangistas dejaron en 1943 de ser la fuerza hegemónica dentro del franquismo, las necesidades de amistad con el Vaticano y de asimilarse lo más posible a las “democracias cristianas” europeas hizo que Franco recurriera a los “propagandistas” desde el inicio de la segunda fase de su régimen.

Sin embargo, dado que cualquier parecido con una democracia formal era pura coincidencia, los “propagandistas” jamás fueron homologados como “democristianos”, asumiendo y aceptando el calificativo de “nacional-católicos”. Así como los Girón de Velasco, los Fernández Cuesta y demás fueron los nombres señeros de la línea falangista, los de Larráz López, Ruiz-Giménez, Castiella, Silva Muñoz, Martín Artajo, fueron los apellidos de referencia nacional-católicos.

Esta línea incidía en la educación católica, en el vínculo con el Vaticano y la promoción de una moral inspirada en el catolicismo más estricto. Fue en esa época cuando se cerraron los burdeles, cuando la censura cinematográfica se exaspero y cuando llegaron a taparse con pez negra anuncios ingenuos de sujetadores femeninos.

La convivencia con los falangistas fue de mal en peor especialmente con José Luis de Arrese y con su propuesta de transformar el régimen en una “democracia orgánica”. Preparó la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado y reivindicó de nuevo el papel galvanizador de la Falange sobre las masas… pero desde un punto de vista desprovisto de los rasgos “fascistas” que quedaban en la Secretaria General del Movimiento. Era 1955.

3) Período tecnocrático-desarrollista (1955-1975).- En 1953 tienen lugar dos hechos fundamentales que liberan al régimen franquista de buena parte de la presión internacional que había tenido a partir de 1946 cuando empezó el aislamiento internacional. Se firman en un lapso de pocos meses, los acuerdos de cooperación con los EEUU y el Concordato con el Vaticano. El resultado de todo esto es que es que en 1955, el presidente norteamericano Eisenhower visita España y se funde en un abrazo con Franco. A partir de ese momento afluye dinero a España (tanto capitales particulares de los grandes consorcios de inversión de la época, como en forma de ayuda por parte del gobierno americano). A partir de ese abrazo se inicia el tercer período en la historia del régimen. A tiempo nuevo, gestores nuevos.

La firma de los acuerdos con los EEUU y el abrazo Franco-Eisenhower finiquitaron el período de influencia nacional-católica. A partir de ese momento, Franco ya no necesitaba ni a los falangistas (que encerró prácticamente en la Secretaría General del Movimiento y en los Sindicatos verticales), ni en los nacional-católicos (reducidos a unos cuantos medios de prensa, a la censura y poco más), sino que precisaba técnicos y gestores capaces de desarrollar la economía del país, planificarla y realizar una ambiciosa tarea de saneamiento económico que serían el Plan de Estabilización (1959) que supuso la ruptura con la autarquía económica, y los Planes de Desarrollo (Primer Plan de 1964 a 1967, Segundo Plan de 1968 a 1971 y Tercer Plan de Desarrollo de 1972 a 1975).

Ni los falangistas tenían técnicos económicos, ni los nacional-católicos disponían de ellos. Para administrar esa tercera etapa existía un pequeño grupo católico que desde 1939 se había apalancado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y en distintas universidades: el Opus Dei. A los “tecnócratas” del Opus les correspondió gestionar esta tercera etapa en permanente rivalidad con la falange que seguía teniendo cierto peso movilizador.

En esa etapa los nacional-católicos (los “propagandistas” se vieron sorprendidos por el cambio progresivo de costumbres (el turismo, la relajación de la moral sexual con la aparición de la píldora anticonceptiva y la minifalda, la música rock, etc.) y, especialmente, por la desorientación en la que cayó el catolicismo español después del resultado catastrófico del Concilio Vaticano II.

Por otra parte, los “propagandistas” estallaron literalmente: unos fundaron Cuadernos para el Diálogo y con Ruiz Giménez pasaron al campo de la oposición, otros con Gil Robles participaron en el Contubernio de Munich, los hubo –como Pemán- que se sumaron a los partidarios de Don Juan de Borbón, ingresando en su consejo privado… Y otros, finalmente, como Blas Piñar, miembro también de los “propagandistas”, tendieron a reducir todo el franquismo a los apenas 10 años de nacional-catolicismo, para luego en el tardo-franquismo y en la transición pasar a dirigir el llamado “bunker”. Blas en ese momento, pidió su baja como “propagandista”. En la transición siguieron actuando políticamente a través del Grupo Tácito, en Alianza Popular, en la UCD y, por supuesto, en las distintas formaciones democristianas que aparecieron en ese momento con poco éxito a pesar de estar auspiciadas por el cardenal Tarancón (bestia parda del “bunker”). Hoy siguen parapetadas en la COPE (con Coronel de Palma) y en el PP.

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En cada una de estas tres etapas (falangista-imperial, nacional-católica y tecnocrático-desarrollista)  una sola fuerza es hegemónica, permaneciendo las otras dos en situación de minoría pero representadas siempre en el régimen. Esto fue lo que dio cierta coherencia al franquismo y también lo que le permitió sobrevivir y hacer gala de un pragmatismo extremo.

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MEMORIA HISTORICA IV. Por un juicio histórico objetivo al franquismo (I de III)

Infokrisis.- Cuando no hace mucho se han cumplido los 35 años de la muerte de Franco parece ya el momento de que la sociedad española sea capaz de realizar un análisis mesurado y objetivo de lo que supusieron aquellos cuarenta años en la historia de España. Se suele decir que los ánimos no están todavía serenos (¿Y cuándo lo estarán? ¿Cuándo la sociedad española será capaz de considerar al franquismo como una parte de la historia de España y valorarla como tal al igual que la crisis finisecular de 1898 o que la restauración monárquica o incluso como la dictadura de Primo de Rivera que, a fin de cuentas no está mucho más lejana en el tiempo que el 18 de julio de 1936?) y que tanto a un extremo como a otro del arco político todavía hay que vencer muchas filias y fobias? A un lado los partidarios de cambiar la historia (y la historia fue lo que fue: una República fracasada e insostenible y un movimiento cívico militar que apuntilló lo que ya estaba muerto prácticamente a desde el mismo momento en que nación, una guerra con vencedores y vencidos) y a otro los partidarios de idealizarla (quienes consideran con añoranza que el franquismo fue el mejor de los mundos y que el régimen y su líder eran, por definición, perfectos). Ni una cosa ni otra. Basta rascar un poco en ambas posiciones para ver que destilan visceralidad e irracionalidad y que ambas tienen un defecto fundamental: no considerar que el franquismo hoy ya es historia, como en 1936.

Vale la pena extrapolar los años que han transcurrido. En 1936 estaba claro que lo que había ocurrido 40 años antes (la crisis de 1898 y la pérdida de Cuba y Filipinas) ya se consideraba historia y tan solo servía como punto focal de las meditaciones sobre la regeneración de España. Pues bien, el inexorable paso del tiempo ha hecho que el lapso habido entre 2010 y 1936 sea de casi 75 años. ¿Podemos imaginar lo que hubiera supuesto que el propio Franco, Ramiro, José Antonio y los teóricos de Renovación Española o de la izquierda se hubieran quedado anclados en lo que ocurrió 75 años antes, esto es en 1861 cuando España se anexionó la República Dominicana? El tiempo lo aleja todo y vale más no perder de vista que la historia nunca da marcha atrás, salvo cuando se repite como tragicomedia.

Adquirimos uso de razón cuando el franquismo estaba en su apogeo y mayoría de edad cuando declinaba. Hijos de una familia completamente apolítica, a pesar de contar entre sus miembros a fundadores de la Falange barcelonesa, pero también a militares republicanos y a regionalistas catalanes de centro, no albergamos el menor encono al franquismo y tuvimos entre nuestros amigos de infancia a compañeros que luego destacaron en la oposición antifranquista. Por todo esto nos consideramos en disposición de realizar un breve análisis objetivo de lo que fueron aquellos 40 años en la historia de España.

1. La figura de Franco

Cuando Franco dijo a su secretario Salgado-Araujo aquello de “Hágame caso no se dedique nunca a la política” estaba explicando lo que fue el eje de su gobierno: el pragmatismo. Franco era un militar y, como tal, austero. Soldado valeroso, hablaba poco, practicaba el “lenguaje lacónico” enseñado en las escuelas militares desde la antigua Esparta. Así es como se dan órdenes en la milicia, breves como detonaciones, sin posibilidad de equívoco, sin confusión posible, con extrema claridad. En la milicia se enseña al soldado que su eficacia depende de su supervivencia y ésta solamente tiene por encima el honor. Franco durante 40 años fue un superviviente político y debió esa supervivencia, como veremos, al pragmatismo del que siempre hizo gala.

Por una serie de acontecimientos –las muertes de Mola y Sanjurjo- Franco terminó haciéndose cargo de la dirección del Estado y de la conducción militar de una sublevación que, no lo olvidemos, se hizo en nombre de la República y en la que participaron masones como el General Cabanellas que recibió el mando en las primeras semanas y que fue financiada por grandes capitales nacionales (como el sefardita Juan March).

A lo largo de los siguientes 40 años, Franco se apoyó en unas u otras fuerzas políticas que siempre eran las que más convenían en cada momento tal como veremos. La guerra civil y el maquis lo convirtieron sobre todo en un anticomunista, partidario del orden a cualquier precio. Un hombre de derechas, católico y poco más. No fue falangista, no digamos “ramirista”, tampoco fue carlista, ni siquiera Alfonsino y, evidentemente, no fue en absoluto un republicano.

Si algún régimen se le puede parecer en la Europa convulsa de aquella época, podrían tratarse paralelismos con el régimen del Mariscal Petain en la Francia gobernada desde Vichy y, por supuesto, con el Portugal de Oliveira Salazar: regímenes autoritarios pero paternalistas, católicos, de derechas, anticomunistas y antimasónicos (en tanto que católicos), partidarios del “orden” y la “autoridad”.

2. El papel histórico del franquismo en la historia de España

El gran papel que le correspondió asumir a Franco desde 1936 a 1975 fue el conducir a España desde el subdesarrollo hasta estadios avanzados de desarrollo.

En 1936, España era un país atrasado que había ido acumulando fracaso tras fracaso. El siglo XIX había constituido una tragedia constante y sumida nuestra historia en un marasmo de guerras civiles, insurrecciones, pronunciamientos, conspiraciones, altas tasas de criminalidad política y una retahíla de gobiernos incapaces de prolongarse en el tiempo y de trazar políticas de larga duración capaces de generar riqueza. Fueron las burguesías catalana y vasca –seguramente por ser las regiones más próximas a Europa y porque los hijos de estas burguesías fueron a aprender a Francia y al Reino Unido, quienes generaron una industria centrada en esas regiones, o por individualidades como el marqués de Salamanca que tuvieron voluntad de innovación  muy similar a la que se daba en Europa. Pero en esos mismos años, otras regiones –Andalucía y particularmente Cádiz- se estancaron e incluso bajo el reinado de Isabel II se convirtieron en meros folklorismos pintorescos generándose esa imagen de “lo andaluz” casi asimilado a lo gitano que apareció gracias a esa reina, sin duda la mas disoluta y discutible de toda la historia de España.

Del atraso económico derivaba todo nuestro atraso político y los altos niveles de analfabetismo que España tenía en esa época y que estaban muy por encima de los países de Europa central y del norte.

Para colmo, el primer tercio del siglo XX fue una prolongación del siglo XIX: atraso, miseria y la sensación de que cada vez se estaba más lejos de Europa y de que se carecía completamente de peso político internacional a la vista de que seguíamos en el subdesarrollo y sin esperanzas de superarlo.

El puntillazo de todo esto fue la II República que vivió una crisis permanente desde su establecimiento hasta el 1º de abril de 1939.  Conspiraciones de derechas, conspiraciones de izquierdas, conspiraciones separatistas, una violencia política en  la calle infinitamente superior a la que se dio en la transición con el terrorismo de ETA y del GRAPO, inestabilidad, gobiernos que en ningún caso duraron más de dos años, escándalos de corrupción, todo ello dentro del mismo marco de subdesarrollo y caciquismo en la mayor parte de España que inhabilitaban los resultados electorales de las derechas y de las izquierdas.

Tras el desenlace de la guerra civil quedaba la tarea de reconstrucción del país, casi a partir de cero. Es en ese momento, cuando Franco muestra gran lucidez: permanece fuera del conflicto mundial que se desata en septiembre de 1939 (la España atrasada y además, destrozada no está para más guerras, sino para reconstruirse). A partir de ese momento, Franco se propone ganar el tiempo perdido en el siglo XIX y en el primer tercio del XX y proceder a la industrialización del país.

En 1975 esa meta ya está conseguida. La España de 1975, realmente, ha cambiado por completo, en todo: en costumbres, en nivel de desarrollo, en fisonomía, la burguesía cuya debilidad hizo imposible la II República y la generación de cualquier forma de democracia, ese año ya tiene fuerza suficiente como para protagonizar el futuro. La alta burguesía y el gran capital se han concentrado lo suficiente durante los últimos 25 años (1950-1975) como para albergar otros objetivos.

En esos 25 años finales del franquismo se ha formado un capitalismo español quizás todavía raquítico, pero que tiene a su alcance todos los instrumentos jurídicos y financieros para poderse desarrollar. A partir de finales de los años 60, tanto intramuros del régimen como por parte del gran capital autóctono, cobran forma unas cuantas ideas básicas:

-    Franco está envejecido, no durará siempre y, a pesar de que la Ley Orgánica del Estado ha sido aprobada en 1967, lo cierto es que muy pocos creen en un “franquismo sin Franco” y muchos menos en una prolongación del franquismo operada por un príncipe que carecía completamente de simpatías y apoyos fuera de los que Franco le había aportado. Cuando muera Franco, morirá el régimen.

-    Si los años de franquismo sirvieron para industrializar España, el capitalismo autóctono, al tener a finales de los 60 una primera acumulación de capital y un buen nivel productivo, precisaba de otros horizontes comerciales para poder exportar lo producido. El Mercado Común Europeo exigía una fórmula política democrática para ingresar en sus filas. Y España era considerado como poco como un régimen paternalista autoritario y como mucho como una dictadura. Mientras el régimen no adoptara un marco democrático, el capitalismo español tendría vedados los mercados europeos.

-    La caída de los regímenes autoritarios de Portugal y Grecia entre 1973-75 daba una sensación de absoluta soledad y aislaba todavía más al gobierno español, sensación que cobró forma especialmente en dos momentos: durante el proceso de Burgos (diciembre de 1970 cuando fueron juzgados y condenados los militantes de ETA con delitos de sangre) y durante septiembre de 1975 (cuando fueron juzgados, condenados y ejecutados dos miembros de ETA y tres del FRAP produciéndose protestas internacionales de alto voltaje). Para colmo, justo cuando se iniciaba la enfermedad terminal de Franco, las relaciones con Marruecos llegaron a un punto pre-bélico por la cuestión del Sahara. Antes, el asesinato del presidente Carrero Blanco suponía la muerte del delfín de Franco, el que debería tutelas la transición y, por tanto, hacía todavía más imposible la prolongación del régimen.

En efecto, Carrero Blanco, sin duda la mente más lúcida del régimen tardofranquista tenía un proyecto alternativo: como  militar que era, todo consistía en elaborar una estrategia adecuada y esta consistió en intentar por una parte abrir nuevos mercados para los productos españoles que no nos hicieran dependientes del Mercado Común. Estos nuevos mercados estaban situados en la esfera comunista. Se dio la circunstancia, aparentemente paradójica, que a partir de 1972, Carrero impulsara el comercio con los países del bloque comunista. Por otra parte, se trataba de llevar a cabo una transición tutelada que equiparara a España a países como Alemania en donde el partido comunista estaba prohibido (y reducido a algo anecdótico) y nadie negaba su homologación democrática. Carrero lanzó desde 1970 mensajes al PSOE para que se comprometiera en ese proyecto: democracia hasta los socialistas, sin los comunistas. Los minúsculos círculos socialistas dejaron de ser encarcelados e incluso se impulsaron varios proyectos de “asociacionismo político” para organizar a la derecha frente a una izquierda comunista que empezaba a estar organizada.

Pero cuando es asesinado Carrero, todo esto dista mucho de haber tenido un éxito. Y entre diciembre de 1973 y noviembre de 1975 las esferas gubernamentales viven una creciente desazón en la que cada vez cobra más forma la idea de que la transición, para ser creíble, deberá ser total. El capital autóctono así lo quiere y, para colmo, los EEUU conspiran por que tienen intereses muy concretos: integrar a España en la OTAN para dar “profundidad de campo” a la Alianza Atlántica, y estimular importaciones y exportaciones con España. Lo esencial de la transición se diseña en la reunión del Club Bildelberg celebrada en Mallorca poco después de morir Franco. Es el principio del fin.

Por paradójico que pueda parecer, el franquismo murió víctima del desarrollismo y de la superación del atraso secular de España. Cuando el capitalismo español tuvo un nivel de desarrollo suficiente, simplemente precisó homologarse a las democracias europeas y las patronales se convirtieron en arietes de la democracia.

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Memoria Histórica (III). Cómo sobrevivió la Falange a partir de 1936

Infokrisis.- En julio de 1936, Falange Española es pequeña, débil, con sus cuadros dirigentes fusilados, en la cárcel, muertos o en los frentes, en pocas semanas recibe un alud de incorporaciones procedentes de la derecha, pero también de la izquierda deseosa de hacerse perdonar pasadas faltas. La línea de continuidad falangista se rompe. Manuel Hedilla acaba en la cárcel al resistirse a la incorporación de su partido en el aparato franquista. Otros, por el contrario, deciden colaborar incondicionalmente con Franco. A partir de aquí se gesta una discusión que se lleva arrastrando 75 años. ¿Es o no es franquista la Falange?

El problema no tiene solución. Algunos falangistas se incorporaron al régimen y otros no. En volumen es evidente que la mayoría, por los motivos que fueran, decidió cooperar con el régimen. Una minoría –ínfima o muy reducida- se situó extramuros del franquismo. En los años 60 aparecieron los primeros grupos falangistas “disidentes del Movimiento”. Siguieron siendo hiperminoritarios: el FES, los Círculos José Antonio, el FSR. La falange-franquista seguía siendo ampliamente mayoritaria en relación a la falange disidente.

El Movimiento franquista impulso distintas organizaciones que asumieron los rituales y las ideas –o al menos algunas- de los primeros falangistas de antes de la guerra: el Frente de Juventudes y la Organización Juvenil Española, el Sindicato Español Universitario, la Sección Femenina, la Guardia de Franco, la Vieja Guardia, y, por supuesto, el propio Movimiento de FET y JONS. Los mismos falangistas disidentes solían leer las obras completas de José Antonio publicadas por la Sección Femenina franquista y hacían tareas de reclutamiento dentro de los Hogares del Frente de Juventudes y de la OJE. En cuanto a los Círculos José Antonio recibieron ayuda discreta pero cuantificable de la Secretaría General del Movimiento. Era, pues, muy difícil establecer dónde estaba la frontera entre la Falange disidente y la Falange oficial. Seguramente esta frontera se situaba en la actitud a adoptar ante la figura de Franco que para unos era un dictador (“Falange sí, Franco no”), para otros el sucesor de José Antonio (“Franco, Franco, Franco”), mientras que otros gritaban “Franco sí, movimiento no”… posiciones había para todos los gustos.

En 1975, cuando Franco muere, los Círculos José Antonio parecen ser el grupo mejor organizado y más extendido de la Falange disidente, el FES apenas ha salido de su reducto madrileño en donde tenía a sus mejores militantes, y los “hedillistas” (con lo que Manuel Hedilla, por cierto, jamás hizo causa común) eran pocos y mal organizados. Dentro de la Falange franquista, sin duda el grupo polarizado en torno a Raimundo Fernández Cuesta era ampliamente mayoritario.

Pero durante la transición se produjeron corrimientos: los Círculos José Antonio dirigidos por Diego Márquez fueron perdiendo fuelle; el “hedillismo” se comió a una parte, tuvo sus quince minutos de gloria y se deshinchó inmediatamente después quedando como residual a partir de 1979, mientras que el grupo de Raimundo terminó oscilando entre ser un apéndice de Blas Piñar y realizar llamamientos a la unidad que finalmente, en los años 80 condujeron a la desaparición de los restos de los Círculos y a la presidencia de FE-JONS por parte de Diego Márquez. Y así hasta ahora. Hubo una efímera unión no tanto por adición de las partes, como por necesidades de supervivencia de todas ellas. El conjunto que quedó –con franquistas y antifranquistas en distintos grados en su interior, tardó poco en saltar por los aires y formarse las distintas tendencias que hoy conocemos.

El problema que queríamos plantear es si la Falange hubiera sobrevivido sin el apoyo del franquismo. Francamente lo dudamos. Lo que sobrevivió desde 1937 fuera de la estructura franquista eran apenas grupos extremadamente minoritarios que jamás alcanzaron la más mínima relevancia durante los 40 años que duró el régimen. Permanecieron aislados y ni estuvieron en condiciones (a diferencia de los carlistas de Carlos Hugo) de suscitar el interés y la confianza de la oposición democrática en un momento en el que las fuerzas políticas en nuestro país estuvieron divididas entre “franquismo” y “oposición democrática”. Los “falangistas de izquierda”, los “hedillistas” no estaban ni en un lugar ni en otro y no tuvieron fuerza suficiente para ganar peso en ninguna parte.

En los años 90 algunos antiguos hedillistas revitalizaron el partido FE-JONS, la única tendencia que había sobrevivido y que era, no lo olvidemos, una síntesis de falangistas franquistas de Raimundo y de falangistas disidentes atenuados de Diego Márquez.

Todo esto indica a las claras que la Falange antifranquista nunca tuvo durante el franquismo fuerza suficiente para erigirse en formación independiente con autonomía propia; durante la transición no logró ganar credibilidad y quedó pronto como fuerza residual; y, finalmente, durante la democracia sus restos debieron ingresar en FE-JONS.

Dicho con otras palabras: las ideas falangistas sobrevivieron (con cierta adulteración, naturalmente, pero también por negligencia a ponerse al día) gracias a su inclusión en las estructuras de poder franquistas obligándose a la convivencia con tradicionalistas, alfonsinos, derechas diversas, propagandistas católicos, franquistas en estado puro y militares. En ese magma, los falangistas conservaron unos cuantos espacios de poder (ligados siempre al movimiento franquista) siendo marginados poco a poco, primero por los nacional-católicos y luego por los tecnócratas del Opus Dei.

Esta proximidad de la Falange al poder fue uno de los motivos que contribuyeron a que los distintos grupos falangistas no abordaran aspectos teóricos que ni Ramiro Ledesma, ni José Antonio había cerrado en los años 30, dentro de un mundo en el que se producían cambios cada vez más acelerados. Dado que estaban en una situación de “poder compartido” muy pocos vieron la necesidad de abordar problemas teóricos y los que estaban fuera del aparato franquista al ser pocos y poco relevantes, tampoco estuvieron en condiciones de aportar actualizaciones a la doctrina que 30 años después de ser enunciada en sus rudimentos (en 1966) no había realizado ninguna rectificación: los 27 puntos seguían siendo 27, pero la España de 1966 ya no era la de 1936…

Cuando murió Franco y su Estado se derrumbó en pocos meses sin apenas resistencias, los falangistas franquistas se encontraron con que otros fuerzas ya habían emergido con más fuerza y vigor: de un lado los nacional-católicos con Blas Piñar y de otro la derecha liberal que atrajo desde las elecciones de 1977 al franquismo sociológico. Los nacional-católicos y falangistas de Raimundo, apenas obtuvo en aquella ocasión 150.000 votos.

Las distintas corrientes falangistas que no habían percibido la necesidad de una renovación doctrinal cuando eran una parte del poder, tampoco estuvieron en condiciones de realizar esta renovación cuando ya no eran poder, sino oposición. De ahí que, a medida que el franquismo ha ido quedando atrás, estas fuerzas, irremediablemente, hayan ido perdiendo fuelle y hayan ido extinguiendo electoralmente hasta llegar a la situación actual.

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Memoria Histórica (II) Sobre el nombre del partido franquista

Infokrisis.- Durante el franquismo se solía ironizar sobre el quilométrico nombre que resultó de la fusión entre falangistas y carlistas. De hecho, hubiera bastado con llamar a la fusión de ambos “Falange Española Tradicionalista”, pero difícilmente puede entenderse en qué circunstancias y por qué se añadió la coletilla “de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas”. Como ya hemos visto, las JONS no volvieron a levantar cabeza a partir de su salida de Falange Española y en la última publicación de Ramiro, el nombre ya ni siquiera aparecía.

Se entiende que Franco, en su proyecto de unificar a las distintas componentes que le apoyaron se hubiera acordado de Renovación Española o de los albiñanistas que, aun muy debilitados, todavía tenían arraigo real en Navarra y en algunas provincias castellanas; e incluso de las Juventudes de Acción Popular que también le apoyaron y estaban formadas por decenas de miles de afiliados.

Es cierto que tras la subida al poder del Frente Popular (febrero de 1936), Falange se había reforzado con contingentes procedentes de las JAP (que prácticamente enarbolaban las mismas consignas de “revolución nacional”), pero en julio de 1936, las JAP seguían siendo incomparablemente más fuertes que Falange Española. Es cierto que los albiñanistas eran pocos pero muy radicales y que los de Renovación Española eran menos aún, pero, desde luego se encontraban entre sus filas a grandes nombres de la sociedad y de la intelectualidad de su tiempo. Pero ¿y las JONS? Porque Falange no utilizó tras la ruptura con Ramiro la sigla FE-JONS.

Es un misterio histórico (y agradeceríamos si alguien nos lo pudiera aclarar con datos objetivos que nosotros no hemos encontrado) el por qué Franco se acordó de las siglas de este pequeño grupo de no más de 200 jóvenes que, para colmo, querían “nacionalizar a las masas anarcosindicalistas”, que no dudaron en lanzar puyas contra la Iglesia y que, para colmo, ni siquiera existían en julio de 1936.

Fue precisamente  la incorporación del nombre de JONS la que aportó la dimensión quilométrica al nombre del partido franquista. Era frecuente que, aun hoy, se recuerde a éste como con ironía: “Falange Española Tradicionalista y de los Grandes Expresos Europeos”.

¿Fue quizás para aportar al nombre las partículas “nacional-sindicalismo” que tenían cierto paralelismo con el “nacional-socialismo” del que Franco estaba recibiendo material y unidades eficaces de aviación? Es lo más probable. En aquel momento, Franco estaba convencido de que había que “apuntar” a España a algún bloque y, como era natural, dio a su partido la misma fisonomía de otras experiencias europeas que, en aquel momento, le estaban ayudando material y económicamente.

Si eso es así, las siglas ideadas por Ramiro se incorporaron a las de “Falange Española” y a la “T” del “Tradicionalismo”, no por lo que había detrás, ni numérica, ni doctrinalmente, sino, simplemente por que se aproximaban a las del “amigo alemán”. La presencia de estas siglas duró hasta la aprobación de la Ley Orgánica del Estado en 1966, cuando desaparece el “Movimiento Organización” y se crea en “Movimiento Comunión de todos los españoles en los ideales del 18 de julio”, tal como nos explicaban los profesores de Formación del Espíritu Nacional en la época, eludiendo decir que en esta tercera fase del Estado franquista ya no era necesario galvanizar a las masas como en 1936-1943 cuando la suerte sonreía al Eje y el régimen español se quería homologar a él; ni como cuando entre 1943 y 1956, vencido el Eje, Franco optó por adoptar una imagen nacional-católica (que aspiraba a poder equiparar a las democracias cristianas que se impusieron en media Europa en 1945); ni, por supuesto a partir de 1956 cuando aparece el fervor desarrollista encarnado en los tecnócratas del Opus Dei. A partir de ese momento, las siglas FET y JONS eran superfluas y fueron definitivamente liquidas en 1966.

En 1966 hacía 30 años que Ramiro había sido fusilado y 32 que las JONS habían desaparecido. Hoy hace casi 75 años de todo esto. Si sirve de algo hablar de todo esto es como curiosidad para revisar la memoria histórica sobre un tema que creemos se ha despachado con demasiada facilidad: el misterio sobre la inclusión de las siglas JONS en el nombre del aparato franquista.

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