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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Memoria histórica (I) : Algunos apuntes sobre la historia de la Falange, el jonsismo y el franquismo

Infokrisis.- A fuerza de repetir algunos tópicos históricos terminan por establecerse verdades absolutas. El problema es que cuando se somete esos tópicos a un mínimo análisis, resulta que aparecen en su verdadera dimensión como lo que son: ideas falsas, sin base real. Entonces se derrumba toda la construcción posterior. En nuestro ambiente político, esos tópicos son recurrentes y han alimentado desde los años 50 y 60 los más enconados –y frecuentemente violentos- debates.

Siempre he sostenido que “memoria histórica” y “acción política” son dos cosas completamente diferentes y sin conexión alguna. Y que los grupos que reivindican una filiación histórica de los años 30 no tienen ninguna posibilidad de remontar el vuelo, pero en cambio tienen la posibilidad de “trabajar” estos temas históricos todavía no resueltos en el marco de asociaciones o fundaciones dedicadas al efecto. Otros opinan, por el contrario, que este bagaje histórico es el que les permitirá recuperarse. Pero creo demasiado evidente que el paso del tiempo demuestra justamente lo contrario

De ahí que sostenga, antes de proseguir, que estos temas no tienen en absoluto un interés  político y deberían ser tratados en el seno de círculos y fundaciones que cultivaran la memoria histórica y la mantuvieran, no en webs de las que se esperan que traten sobre actualidad política. Pero, dado que, frecuentemente, tanto en los artículos enviados, como en los comentarios introducidos, aparecen y reaparecen, me dan la excusa para plantearlos con toda su crudeza.

Elegimos tres: el primero es sobre la importancia efectiva las JONS y del pensamiento de Ramiro Ledesma. El segundo es sobre las relaciones entre franquismo y falange y cómo sobrevivió la Falange durante el franquismo. El último es por qué diablos al partido franquista se le llamó “Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas”.

1. Ramiro y las JONS

La Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, es bueno recodarlo, nunca tuvieron más de 14 miembros. Repito: 14 miembros, esto equivale a las dimensiones de muchos grupúsculos provinciales actuales, pero en un tiempo en el que las ideas que sostenía Onésimo Redondo en Valladolid estaban en boga en toda Europa. Es preocupante que las JCAH solamente hubieran conseguido atraer a 14 personas antes de fusionarse con las JONS.

En los años 50, la Editora Nacional publicó un volumen de Obras Completas de Onésimo Redondo que, fundamentalmente, estaban compuestas por textos extraídos del semanario “Libertad” y por fragmentos de discursos del propio Redondo. Es fácil ver una ideología muy similar al conservadurismo católico y del antisemitismo de la misma extracción. En general, se trata de textos coyunturales, poco atractivos, divagaciones sobre episodios políticos de la época y poco más. No puede hablarse de “doctrina política”, sino de elementos aislados de una “ideología ultra-conservadora” que, por motivos que se nos escapan no habían llevado a esos 14 jóvenes y al propio Onésimo a las filas del Partido Nacionalista Español del Doctor Albiñana, en aquel momento diputado en Cortés y muy conocido como “el primer fascista español” (cuando no era más que un ultraconservador muy conocido, sin más ribetes doctrinales.

Si los 14 miembros de las JCAH son suficientemente elocuentes sobre lo limitado de esta organización, pero más preocupante es todavía que las JONS nunca superaran los 200 afiliados entre la aparición de “La conquista del Estado” (marzo de 1931) y su fusión con Falange Española (febrero de 1934).

De lo que el propio Ramiro Ledesma explica en “¿Fascismo en España?”, las actividades de las JONS jamás supusieron un activismo desbordante, raras veces aparecieron en medios de comunicación y apenas dieron que hablar en su tiempo. Algunos de los ejemplos que da Ramiro sobre el activismo de las JONS indican que, como es habitual en este tipo de formaciones juveniles, al radicalismo se suelen unir “travesuras” propias de la edad: un petardo a la llegada de Companys a Madrid, el asalto a las oficinas de la Asociación de Amigos de la URSS y poco más.

Así como “La Conquista del Estado” era una revista “de combate”, la que le siguió, “JONS” era un órgano teórico. Ramiro Ledesma era consciente de que había que elaborar una doctrina y a ello se aprestó en las páginas de “JONS” (de la que aparecieron 11 números entre mayo de 1933 y  agosto de 1934).

Siguiendo los números de “JONS”, se puede leer la incorporación de este grupo a Falange Española (febrero de 1934), pero no su salida de la misma formación (enero de 1935) cuando la revista teórica ya no existía.

La sensación que se tiene al leer tanto “La Conquista del Estado” como “JONS” es que se trataba de publicaciones hechas por gente muy joven y que, por tanto, se resentían de aspectos extremistas poco razonados y nada razonables (recuérdese el destacado: “Viva la Alemania de Hitler, Viva la Italia de Mussolini, Viva la Rusia de Stalin”), con una intención de capturar la atención de las masas anarco-sindicalistas y una posición entre la “burguesía” y el “socialismo” acentuando los rasgos hiper-revolucionarios, desconociendo que aquel pequeño grupo de 200 jóvenes apenas podía a duras penas pagar su local y no crecía a un ritmo que permitiera pensar en la posibilidad de revolución alguna.

Ramiro Ledesma, por lo demás, no era buen orador, no sabía despertar en el auditorio ni la pasión, ni el entusiasmo que conseguía José Antonio, quizás con menor bagaje filosófico-cultural, pero con mucha mayor facilidad para la síntesis (en este sentido su discurso del Teatro de la Comedia es una pieza oratoria antológica). Los discursos de Ramiro suelen ser toscos, se pierde en consideraciones sobre una revolución imposible de desencadenarse y en sus escritos muestra un radicalismo alejado de la realidad y solamente capaz de atraer a jóvenes… y no muchos como hemos visto

En cuanto a la gran obra teórica de Ramiro Ledesma, el “Discurso a las Juventudes de España” –sin duda, la única obra de carácter doctrinal de toda esta corriente- se trata de una obra breve y que deja muchos cabos sueltos, es eminentemente agitativa y verosímilmente pretendía ser una especie de “Manifiesto Comunista” para su tendencia política. Sin duda la parte más interesante es aquel capítulo en el que analiza el siglo XIX español y el XX hasta la II República. Hay en la obra un patriotismo fervoroso y la convicción de que a través suyo podría regenerarse España.

En la segunda parte (“Problemas de la Juventud Nacional”) define la idea de “nacionalizar a las masas”, une patriotismo y políticas sociales, e intenta dar una solución a un problema que la Generación del 98 había estudiado en los treinta años anteriores: cómo regenerar España. Ramiro alude a que “hay que ser soldados”, propone la creación de “una moral nacional”.

En cuanto a sus ideas económicas es evidente que no tienen vigencia hoy a la vista de que el capitalismo está en un estadio de desarrollo absolutamente diferente al que se encontraba en los años 30. Idéntica crítica podría hacerse a sus ideas sobre convertir España en “fortaleza militar” (el texto estaba escrito antes de la II Guerra mundial, de su desenlace y de la lucha por la hegemonía mundial que supuso la Guerra Fría y prosigue hoy).

Cuando explica que “Cuarenta millones de españoles vivirían mejor que los veintitrés actuales”, hay que sonreír. Ledesma sigue en eso a Mussolini para quien la potencia de una nación dependía de la demografía (concepto eminentemente cuantitativo y que no dice nada sobre la cualidad de los nuevos nacimientos). Si aludo a “sonreír” es porque este punto que apenas tenía actualidad en los años 30 (cuando la natalidad española tenía una tasa por encima del 3,5) es el único que ahora tiene interés (cuando la tasa de natalidad apenas se sitúa en el 1,3). En este tema demográfico podemos decir que el aterrizaje de Ramio fue perfecto… pero se equivocó de aeropuerto esto es, de tiempo. Es hoy cuando tiene interés y no en los años 30.

En la parte titulada “Esquemas estratégicos” alude a la “acción directa” (un concepto de origen anarquista y que Ramiro Ledesma nunca practicó, acaso porque solamente podía ser asumido por una organización como la CNT que en aquel momento contaba con 1.500.000 afiliados), y habla de la “incorporación de los trabajadores a la revolución nacional” que nunca se produjo de manera significativa. Aporta algunas puyas a la Iglesia, al propio José Antonio (insiste en denunciar la acción de los “leguleyos”, acaso porque José Antonio le había interpuesto una denuncia tras la escisión) y, alude a la “revolución” como tarea de una minoría organizada (algo que, por lo demás, desde el “¿Qué hacer?” de Lenin ya no era ningún secreto).  No es esta, sin duda, una parte muy original sino que evidencia que Ramiro “picoteaba” de aquí y e allí e intentaba realizar una síntesis estratégica que resultó bastante tosca a la postre.

El resto de la obra es en cualquier caso interesante de leer, a condición de tener en cuenta que fue escrita en los años 30 y que alude a una España que ya no existe y a una crítica al capitalismo y al marxismo que tampoco existen.

El texto pasó completamente desapercibido en su momento, ni fue leído de manera significativa, ni influyó en absoluto en la trayectoria del grupo mayoritario del fascismo español (Falange), ni sirvió para reconstruir las viejas JONS (de las que Ramiro al final de “¿Fascismo en España?” reconoce que se habían dispersado tras su salida de Falange Española) y todo ello a pesar de ser, repetimos, la única obra con pretensión de estructurar una doctrina para el “nacional-sindicalismo”.

Es una obra clave para quien quiera conocer lo que se pensaba en los años 30 y lo que llevaba Ramiro en mente: un Estado Social y Patriótico según los esquemas de aquella época. Casi es hoy una curiosidad.

En cuanto a la relevancia de Ramiro Ledesma en su momento histórico, a la fuerza hay que reconocer que tuvo un impacto muy poco profundo. Podría ser considerado como “precursor” (al fundar “La Conquista del Estado” en 1931), pero no lo era si tenemos en cuenta que el Doctor Albiñana había constituido su partido exactamente un año antes.

Por lo demás, es difícil establecer qué tenía Ramiro en la cabeza: una forma “española” de fascismo o de nacional-socialismo, un proyecto propio que partía del hecho de que en España la clase obrera estaba dominada por el anarco-sindicalismo, ¿quiso repetir la experiencia hitleriana cambiando el “nacional-socialismo” –en Alemania el movimiento obrero estaba dirigido por socialistas- por el “nacional-sindicalismo” a la vista de quién dominaba aquí? En cuanto a sus posiciones tras la ruptura con José Antonio, ¿estuvieron dictadas por impulsos subjetivos y resentimiento hacia el Marqués de Estella? Cuando dice en “¿Fascismo en España?” que le correspondía “más la camisa roja de Garibaldi que la negra de Mussolini” ¿qué quería decir exactamente?

Nada en las últimas publicaciones de Ramiro aclaran todos estos extremos. Ni en “La Patria Libre” (Febrero 1935 - Marzo 1935) con siete números aparecidos, ni en “Nuestra Revolución” (Julio 1936) de la que apareció un solo número, se muestran ideas que vayan más allá de lo expuesto en el “Discurso a las Juventudes de España”. La diferencia entre ambas publicaciones es que en la primera, Ramiro sigue hablando de “las JONS” como si estas siguieran existiendo. En la segunda, el nombre de JONS desaparece completamente dando, por lo tanto, pie a pensar que Ramiro ha comprendido la inviabilidad de mantener en pie con sus menguados efectivos una organización política.

Escritores como Payne mantienen que la violencia de la que hizo gala Falange se debió al “extremismo de Ramiro”. No estamos de acuerdo. En nuestra opinión fue simplemente un mal cálculo estratégico de José Antonio que embarcó al nuevo partido en una espiral de represalias y contra-represalias que, constituyeron un verdadero rosario de víctimas por uno y otro lado.

Así pues, en conclusión se puede afirmar:

-    Que la relevancia política de Ramiro Ledesma en su tiempo estuvo próxima a la que tienen actualmente los jefes de los distintos partidos de extrema-derecha.

-    Que en su dimensión teórica, Ramiro dio “relativa coherencia” a la doctrina nacional-sindicalista, pero distó mucho de cerrarla.

-    Que numéricamente las JONS tuvieron la misma importancia que la mayoría de grupúsculos de extrema-derecha actuales (no más de 200 afiliados) o incluso menor o mucho menor.

-    Que, aparte de Ramiro Ledesma, el resto de miembros de su partido carecieron de resonancia política o social durante la II República.

-    Que en el momento de producirse el 18 de julio e iniciarse la guerra civil, las JONS hacía dos años que no existían.

 

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Nacionalismo – patriotismo – Nación - Patria - Nacionalidad - Imperio

Infokrisis.- El significado de las palabras y de los símbolos –tal como explica la semiótica de Umberto Eco y especialmente la semiótica cultural de Yuri Lotman- es importante, sino importantísimo, a la hora de definir una doctrina política y una forma de organización del Estado. Algo que generalmente se olvida como signo de los tiempos y muestra del empobrecimiento cultural de nuestro tiempo.

Llama la atención la confusión habitual entre nacionalismo y patriotismo, y que ni siquiera existe un consenso entre la clase política sobre lo que es una nacionalidad y una nación. Cada uno entiende lo que quiere entender a expensas del significado real, etimológico y originario de las palabras.

La modernidad tiene, además, otro elemento dominante: la incoherencia. Una escuela de filosofía o una doctrina política, necesariamente, debían –en otro tiempo, no desde luego en nuestra malhadada época- de estar estructurados en función de razonamientos y premisas perfectamente concatenadas que llevaran de unos conceptos a otros en riguroso encadenamiento. A esto se le llamó en otro tiempo “coherencia”. Algo coherente es algo consecuente que une las posiciones anteriores a las siguientes en un todo armónico.

Para ser eficaz una doctrina política o una escuela filosófica deben ser necesariamente coherentes. Y la única forma de alcanzar niveles de coherencia aceptables es atribuyendo a las palabras el justo valor que les corresponde por su etimología y por su origen.

Esta introducción sirve como prefacio para situarnos en una digresión la nación, el nacionalismo, la Patria, el patriotismo y el significado e implicaciones de cada uno de estos conceptos.

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Primero fue el núcleo familiar, luego el tribu y el clan, y entre agricultores emanó la ciudad. Un grupo de ciudades y comarcas provistas de la misma identidad, generó la nacionalidad, cuando distintas nacionalidades se organizaron en torno a un linaje aparecieron los “reinos” y en el estadio siguiente, surgió la idea Imperial: una élite con voluntad de poder y proyecto civilizador. Al menos esto fue así hasta la modernidad.

¿Cuándo empieza la modernidad? Según los libros de historia que barajábamos en el bachillerado de los años 60, la “Edad moderna” empezaba cuando terminaba la “Edad Media”, esto es, en el Renacimiento y en los Reyes Católicos a esta parte de la galaxia. Lo siguiente era la “Edad Contemporánea” y en esto no había unanimidad. Para algunos empezaba con el desastre del 98, otros –pelotilleros ellos- con el franquismo y los había –rigor se impone- que la hacían remontar a la revolución francesa. Sí, porque la “Nación” es un producto que se asienta en la historia con la Revolución Francesa. Mientras, la “Patria” es algo cuyo sentido aparece ya en la Odisea y en la Ilíada y, por supuesto en la Historia de Roma la Grande.

Ha sido preciso realizar esta brevísima introducción histórica para aproximarnos a lo esencial del problema: nacionalidad, nación y patria no son lo mismo, como, evidentemente, tampoco es lo mismo la idea de “Imperio” y, resulta claro que no todo “imperio” merece la mayúscula que como el valor al soldado, “se le supone”. Y no digamos entre la exaltación de la patria –el “patriotismo” y de la nación –el nacionalismo-.

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1) Diferencia entre “imperio” e “imperialismo”.- Es obvia, se habla con sana nostalgia del Imperio Romano o del Imperio de los “Grandes Austria”, se denosta, al mismo tiempo el “imperialismo” americano o el soviético liquidado en la conclusión de la Guerra Fría. Para que haya “imperio” debe de haber una cultura que exportar. Es precisamente la superioridad cultural –las culturas, por mucho que los amantes del multiculturalismo lo nieguen, también están sometidas a un orden jerárquico. La concepción cultural de Roma la Grande está años luz por encima de la cultura de las islas de Andamán (una de cuyas últimas testigos murió no hace muchos días si hemos de creer a las agencias de prensa; cuenta EFE que hablada una lengua a la que se le calculaba 65.000 años…). Beethoven y Bach no están al mismo nivel que la música sincopada africana, de la misma forma que Wermer de Delf o Velázquez son superiores al chamán africano que pinta el cuerpo de los enfermos para logra su curación. En el mundo domina la ley de la desigualdad y de la jerarquía. La realidad no es progresista.

Por eso mismo el concepto que podemos albergar de los grandes imperios del pasado no tiene nada que ver con su proyección en el presente: a pesar de que Brzezynsky y los teóricos de la proyección “imperial” de los EEUU lo pretendan, éste país no es el “reflejo” de Roma la Grande (Brzezinsky llega incluso a comparar el despliegue militar actual de los EEUU con el de las Legiones en el período de la “pax romana”: 250.000 militares). Es justo su inversión. Roma fue una potencia civilizadora, los EEUU son, en cambio, una potencia bastardizadora. No difunde cultura, sino que aculturiza. Roma duró un ciclo de mil años y EEUU difícilmente llegará a 2025. Es así de simple: cualquier parecido con la realidad entre Roma y EEUU, de existir, sería pura coincidencia.

Cuando un “imperio” no tiene una Cultura que exportar (atención a las mayúsculas y a las minúsculas) no es un Imperio, ni su cultura es Cultura (conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social,). En el caso de los EEUU, como máximo podríamos hablar de “civilización” (nivel de vida y desarrollo económico-social de una sociedad) siguiendo la distinción spengleriana entre ambos conceptos. Roma, por el contrario, fue una potencia cultural (esto es con principios culturales), capaz de civilizar (es decir, de aplicar estos conceptos para elevar el nivel de vida de las poblaciones conquistadas).

Evola trata este tema en “Los Hombres y las ruinas”: el Imperio sería tal en cuanto su cultura tuviera como eje central una metafísica (o dicho con otras palabras: con los “espiritual” y con su posibilidad de acceder a lo que está “más allá de lo físico”). El “imperialismo” sería una forma de dominio económico-militar.

En este sentido estos conceptos tienen mucho que ver con las castas dominantes que construyen uno de estos proyectos: el Imperio de los Austria estuvo constituido por la casta guerrera, la aristocracia y la pequeña aristocracia y su fin fue civilizador (llevar una cultura) y metafísico (expandir una concepción de la vida identificada con el catolicismo).

Por el contrario, el Imperio Británico fue un producto de la burguesía emergente y se generó fue a remolque de la Compañía de Indias de las que la casta militar británica no era más que una punta de lanza que facilitaba los buenos negocios y la introducción forzada en mercados y en países proveedores de materias primas…). En este sentido, el imperialismo norteamericano puede considerarse como su continuación, repitiéndose el mismo esquema cambiando sólo la Compañía de Indias por las multinacionales y a los lanceros bengalíes y demás cuerpos coloniales por los marines…

2) Diferencia entre “patria” y “nación”.- Es radical, son dos conceptos antitéticos como el blanco y el negro. La “patria” es la “tierra de los padres”, allí en donde se ha nacido y en donde están enterrados los antepasados. Es una proyección física del linaje, del clan, de la nacionalidad. El concepto, como mínimo, se remonta al siglo VI a. de JC y aparece en el mundo clásico. Indica “transmisión” de un legado que pasa de padres a hijos, siendo la misión de cada generación ampliarlo y engrandecerlo. No tiene nada que ver con lo “individual”, sino con lo “colectivo”: la familia, el clan, la nacionalidad. Tampoco tiene nada que ver con la modernidad, sino que está ligado a la “tradición” (literalmente “lo que se transmite”). Tiene también mucho que ver con el arraigo y la identidad: se está arraigado a la tierra en la que se ha nacido y en la que han nacido y están enterrados los antepasados que es la tierra en la que nacerán los hijos que vendrán; se tiene una identidad específica que procede de un conjunto de rasgos antropológicos, étnicos y culturales que indican a cada persona y a cada grupo social lo que es y lo que no es.

En cuanto a la nación es un fenómeno esencialmente moderno que aparece con las revoluciones francesa y norteamericana que, junto con la guerra civil británica anterior y con el movimiento de la Ilustración y el Enciclopedismo, exasperan las líneas de fractura que ya se habían intuido en el siglo XVI y XVII, cuando los descubrimientos y el comercio generan las primeras acumulaciones de capital por parte de los banqueros y comerciantes y estos se sienten incómodos ante cualquier autoridad superior a ellos. No quieren depender de la aristocracia y de la monarquía, sino que aspiran a convertirse ellos mismos en poder.

Por otra parte, la “fides” medieval pierde tensión, los nuevos monarcas intentan amputar los fueros a los cuerpos intermedios de la sociedad y se genera una fenómeno perverso especialmente en Francia con los Borbones: un proceso uniformizador de la sociedad que cristaliza en el absolutismo y en el despotismo ilustrado. Las nacionalidades que forman los reinos se ven presionadas por un centralismo absolutista emergente, nivelador e igualitario que se verá exasperada tras la Revolución Francesa, pero todavía no han irrumpido las naciones. Francia, España, el Reino Unido, no son en el siglo XVII y hasta la Revolución Francesa, “naciones”, sino “reinos” y estos ya no son un conjunto de nacionalidades y estamentos sociales ligados por una “fides”, sino un aparato central monárquico que tiende a asumir cada vez más roles y a ocupar espacios cada vez mayores de poder. Eso es el absolutismo.

En la fase siguiente, cuando estalla la revolución francesa, en la medida en que Luis XVIII es guillotinado, el “reino” desaparece y es justamente entonces cuando aparece la “nación” que continúa la tendencia centralizadora, uniformizadora e igualitaria generado por la monarquía absoluta. Los revolucionarios la emprenden contra los gremios (expresión organizada de la función productiva o de los trabajadores organizados en instituciones de defensa y transmisión del oficio… quienes asumen el poder revolucionario son burgueses, pero no están adscritos a los oficios sino al dominio sobre el capital, al comercio y a la especulación, generándose las oligarquías económicas actuales), contra las órdenes religiosas (impulso anti-religioso de la revolución francesa que persigue, prohíbe y expulsa a los presentantes de la casta sacerdotal) y contra las órdenes militares y la aristocracia que las articulaba (en la medida en que la casta guerrera era renuente a un entendimiento con la oligarquía burguesa: aquellos sostenían principios y valores superiores, estos tenían como único principio: el negocio). Y crean otro modelo de sociedad construida en nombre del “ciudadano” aboliendo la estructura trifuncional propia de las sociedades indoeuropeas que había prevalecido hasta ese momento y que Dumezil reconstruyó y demostró su universalidad en todo el ámbito cultural de los pueblos de ese origen. La Revolución Francesa contribuyó pues a desfigurar la estructura trifuncional de la que derivaba lo esencial de la identidad de los pueblos europeos.

La confusión terminológica vino por que los revolucionarios llamaron al “ciudadano”, el “enfant de la patrie” (en la Marsellesa, el himno de los revolucionarios), pero se trata solamente de una licencia poética sin contenido teórico. Cuando Robespierre, Marat, Dantón y demás criminales, aluden a la “patrie”, en realidad estaban hablando de un valor y de un concepto nuevo puesto al servicio de la burguesía compuesto por el individualismo, el liberalismo económico, el igualitarismo a ultranza, las clases sociales (definidas según parámetros económicos y según su función en el proceso de producción como completará Marx) frente a los estamentos (grupos sociales agrupados según una vocación, con sus tradiciones propias, su función social concreta e interrelacionadas entre sí y en absoluto en lucha tal como quería Marx). La “patria” de la revolución francesa no es la cantada por Homero, ni la experimentada en el mundo clásico.

El “ciudadano” de la revolución francesa es el individuo sin personalidad propia, exactamente igual a otros ciudadanos (como un grano de arena lo es a otros) que experimenta un rechazo hacia cualquier autoridad superior y rechaza toda aquella autoridad que no proceda de la ley del número. El poder tiene una justificación, a partir de entonces, meramente cuantitativa, casi material: un 51% gobierna sobre un 4%, aunque la mayoría esté compuesta por violadores y criminales y la minoría por premios Nobel. Efectivamente, la ley del número de la democracia liberal está ligada a la “nación” tanto como a la burguesía como clase hegemónica y al liberalismo como sistema económico. La patria, por el contrario, está vinculada a la tradición.

3) Diferencia entre “patria” y “Estado”.- La patria no está ligada necesariamente a vínculos jurídicos sino sociales, a valores y a espacios concretos. No tiene necesariamente nada que ver con el Estado, aunque tampoco existe contradicción alguna entre “patria” y “Estado”, todo dependerá del momento histórico en el que se aplique: el concepto de Estado ha variado mucho a lo largo de la historia. No es lo mismo un Estado vertebrado por una casta guerrera, que aquel otro al que una casta sacerdotal ha dado coherencia o el que ha tomado forma con la burguesía como clase política dominante. En este último caso se dice que el Estado es la encarnación jurídica de la Nación. Pero en la Edad Media era el marco en el que cristalizaba la idea de la “fides”. Y en el tiempo en el que la casta sacerdotal era hegemónica, estaríamos hablando de una concreción teocrática.

La geopolítica de la historia enseña que en las potencias marítimas y comerciales, siempre el Estado ha sido particularmente débil (Cartago ayer) o ha existido una desconfianza de la población hacia el Estado (EEUU hoy). Sin embargo, en las potencias continentales ha existido una fuerte estructura estatal (Esparta ayer, Roma más tarde, la URSS en el siglo XX). No es raro que las potencias navales intentaran disminuir el peso del Estado para aumentar el papel del comercio y que en las potencias terrestres ocurra justamente lo contrario.

4) Diferencia entre “nación” y “nacionalidad”. Evola, así mismo en “Los hombres y las ruinas” sostenía que en el pasado –esto es, en el “mundo tradicional”- no existían “naciones”, sino “nacionalidades”. Basta realizar un análisis histórico para comprobar que el Diccionario de la Real Academia no tiene razón en cuanto sitúa a la “nacionalidad” como “la calidad de los ciudadanos de una nación”. Es otra cosa, porque la “nacionalidad” aparece mucho antes que el concepto de “nación” irrumpiera en la historia.

La “nacionalidad”, en efecto, tiene mucho más que ver con el “imperio” y con el “arraigo” que con la nación. Históricamente, los grandes imperios tradicionales no se podían articular en una unidad al estilo del jacobinismo revolucionario o al absolutismo nivelador inmediatamente anterior. Eran territorios demasiado extensos y con características propias como para que cada parte fuera “lo mismo” que otras. La unidad estructural era “el reino” (desde los míticos reyes de Roma hasta el concepto de reino que se abre en la “Edad Moderna”), y cuando el reino manifestaba una voluntad de poder, “el imperio”. El reino se constituía sobre la base de la “fides”, el acto de reconocimiento de la autoridad de un monarca, el cual, a cambio, reconocía unos fueros concretos (esto es unos beneficios propios a tal o cual región, ciudad o estamento).

La nacionalidad implicaba la existencia de unos vínculos identitarios propios que compartían todos los miembros de esa nacionalidad que generalmente se asentaba sobre un territorio común previo a su incorporación al “imperio”. Una vez incorporados, seguían manteniendo leyes, normas y tradiciones específicas, a las que se superponían las del Imperio. Flandes o el Franco Condado formaron parte del Imperio español aun hablando otra lengua, disponiendo de otras tradiciones, desde el momento en que aceptaron las bases sobre las que se asentaba la construcción de los Grandes Austrias: defensa del catolicismo, expansión universal de una cultura católica y tarea civilizacional. Por naturaleza, los imperios, como las monarquías tradicionales no podían ser más que estructuras descentralizadas en las que cada nacionalidad aplicaba y adaptaba a sus características los principios imperiales.

La nacionalidad tenía por encima al Imperio y por debajo a las comarcas que la componían. Todo esto formaba parte de un sistema flexible, elástico y perfectamente adaptable de distintos niveles de identidad a la que solamente eran refractarios algunos pueblos exóticos (Israel en el caso de la antigua Roma, los pueblos situados al norte de la muralla trajana en las Islas Británicas, entre otros, esto es, pueblos situados en la periferia del Imperio). En ningún caso el concepto de “nación” y de “nacionalidad” que se atribuía en los imperios tradicionales tenía absolutamente nada que ver con el concepto actual que se atribuye a estas palabras. En esto estribó la trampa de los nacionalistas periféricos durante los debates que llevaron a la redacción de la constitución española de 1978: se introdujo el término “nacionalidad” en el texto, dando a entender que se consideraba desde un punto de vista tradicional próximo a regiones del Estado que disponían de cierta personalidad y características propias. Sólo en un segundo momento, esos mismos nacionalistas la ambigüedad del concepto que habían sostenido en 1978 pasaron a afirmar que “nación” y “nacionalidad” eran lo mismo.

La “nacionalidad” es una parte de un organismo mayor (Estado, Imperio), tratándose de un concepto tradicional, mientras que la “nación” es otro concepto esencialmente moderno que sustituye al de “Reino” a partir de la revolución francesa. Aparece en ese momento el concepto de Estado-Nación (el Estado considerado como la encarnación jurídica de una Nación) y el llamado “principio de las nacionalidades” (según el cual un pueblo que disponga de una lengua propia y habite sobre un territorio concreto es una “nación”). Este segundo principio tiende a considerar de manera excesiva el papel de la lengua, cuando para el concepto tradicional de “nacionalidad” eran precisas otras muchas similitudes: cultura, pasado, antropología, historia, geopolítica, etc. ¿Qué había ocurrido?

De la misma forma que la ley de oro que se impone con la Revolución Francesa en materia de relaciones sociales era el individualismo, al perderse en el terreno político la noción de “Reino” y de “Imperio”, el punto de referencia es “material”: el “ciudadano” que no es, como hemos dicho, sino un átomo social. Cada parte de una “nación” reivindica, a partir de la instauración misma del concepto, la aplicación del “principio de las nacionalidades” y se ve así misma como una “nación” que carece de Estado. Con el liberalismo ocurre como con algunos minerales que cristalizan en determinadas estructuras geométricas y que basta con golpear con un martillo para que reproduzcan en dimensiones cada vez más pequeñas esa misma estructura geométrica y así hasta lo infinitamente pequeño. Se empieza afirmando que Catalunya es una nación y los habitantes del valle de Arán terminan sosteniendo su carácter de “nacionalidad” pues -según el “principio de las nacionalidades”- disponen de una lengua propia y habitan sobre un territorio concreto… son, pues, una nacionalidad.

A partir de la instauración del concepto de “nación”, el único poder que puede contribuir a mantener la unidad del conjunto es la fuerza. Europa es un continente excepcionalmente rico cuyas naciones han estado compuestas hasta hace poco más de 200 años por nacionalidades que han hundido sus raíces muy profundamente. Los revolucionarios franceses de 1789 entendieron que, desaparecidos los rastros de la “fides” medieval que habían quedado en pie después del absolutismo borbónico, la única posibilidad de mantener unidad a la nación era mediante la fuerza de la guillotina. A diferencia de estos, el carlismo español, mantuvo en la segunda mitad del siglo XIX en su tetralogía –Dios, Patria, Fueros, Rey- en tercer lugar los “fueros” concedidos por los monarcas a ciudades, estamentos, regiones y… nacionalidades. Hasta hacía poco no se hablaba de “España” en singular, sino de “las Españas” en plural, reconocimiento la existencia de distintas nacionalidades que formaban ese racimo de “las Españas”.

Una vez desaparecida la “fides” y los principios superiores de carácter civilizacional que mantenían unidos al conjunto de los reinos y los imperios, quedaba solamente la fuerza para mantener la integridad del conjunto. Y la fuerza generaba, allí en donde se aplicaba tímidamente una reacción en contra. Según la ley del equilibrio que gobierna todo lo que está en el Cosmos, a una fuerza aplicada en dirección centrípeta, debía seguir otra fuerza centrífuga de orientación inversa.

5) Diferencia entre “nacionalismo” y “patriotismo”.- El “nacionalismo” fue definido por José Antonio Primo de Rivera como el “individualismo de los pueblos” y, sin duda, esta es una de sus frases más afortunadas. El nacionalismo no es más que un impulso emotivo y sentimental –luego, irracional o, mejor, infrarracional- surgido de sugestiones históricas impuesta por complejos colectivos, frustraciones, resentimientos y traumas históricos que tiende a ser inevitablemente agresivo contra el nacionalismo más próximo y sumir a una nación en el aislamiento y la hostilidad hacia el vecino. En este sentido, el nacionalismo es un fenómeno beligerante y enfermizo (“lo mío es superior a lo de los demás”).

En cierto sentido el “nacionalismo” es un legado de nuestra herencia animal, no modulado por la cultura. De la misma forma que todos los mamíferos experimentan el impulso territorial y no toleran que ningún otro animal penetre en su territorio, los humanos acompañan a este impulso irracional por consideraciones filosóficas y existenciales. En tanto que residuo del impulso territorial, el nacionalismo no puede ser sino hostil y beligerante hacia cualquier otra cosa que no sea lo propio. Seguramente Alberto Boadella es quien mejor ha definido la esencia íntima del nacionalismo cuando dijo: “Es como un pedo, que sólo satisface a quien se lo tira”. Tiene gracia que los nacionalistas empleen buena parte de sus alardes teóricos en explicar que no son agresivos hacia ningún otro nacionalismo, sin embargo los conflictos que se han desarrollado en los últimos 200 años tienen como germen el exclusivismo nacionalista.

El patriotismo es otra cosa muy diferente: deriva de algo tan objetivo como es la fidelidad a la tierra y a los antepasados. Así como el nacionalismo está ligado a la idea exasperada de Nación y esta a la revolución francesa, el patriotismo aparece en la historia con las civilizaciones tradicionales de la antigüedad a partir del mundo clásico, es decir, irrumpe con determinado nivel de cultura. El nacionalismo, por el contrario, no tiene nada que ver con la cultura, sino con la civilización. Las guerras del siglo XIX y XX son precisamente esto: intentos de conquistar territorios de unas naciones a otras, para controlar recursos energéticos, no para expandir modelos de cultura.

El hecho es que no hay rastros de nacionalismo antes de 1789. Antes, desde la Edad Media, hasta finales del XVIII, cuando se declaraba una guerra y la población demostraba su entusiasmo no era por el “honor nacional” como por la “fidelidad” al Rey y por su honor. De ahí que, históricamente, el nacionalismo esté ligado a un determinado modelo: a la burguesía como casta hegemónica, a la democracia del número como sistema político, al liberalismo capitalista como concepción económica y así sucesivamente. Del paradigma liberal deriva el nacionalismo y la exaltación irracional que expande.

Esta idea es importante: para ser un “nacionalista” consecuente es preciso ser jacobino, liberal, defender los valores burgueses, adherirse al capitalismo y a la democracia, o de lo contrario, se corre el riesgo de caer en la incoherencia. Eso es coherencia. Ser “nacionalista”, pero antiliberal o les liberal pero antinacionalista es simplemente inconsecuencia. Tal fue lo que entendió perfectamente José Antonio Primo de Rivera, cuando en ningún momento se declaró “nacionalista”.

El nacionalismo nunca ha pertenecido a nuestra familia política. En su forma jacobina ha sido patrimonio de la izquierda y en su forma liberal cosa de la derecha. Se empieza confundiendo nacionalismo y patriotismo y se termina desconociendo a la propia familia política. Nunca un imperio ha sido “nacionalista” pues no en vano “nación” e “imperio” son conceptos imposibles históricamente de encajar. Volvemos pues, al principio: un imperio no es más que una nacionalidad con voluntad de poder y proyecto cultural superior a los demás.

*     *     *

Coda

Habría que preguntarse por qué viviendo en una sociedad liberal y democrática, capitalista y gobernada por los ideales de la burguesía, el nacionalismo español es casi inexistente. Se debe a varios fenómenos perfectamente identificables y completamente concatenados.

El nacionalismo español que emergió inicialmente durante el siglo XIX, especialmente a partir del trienio liberal (1820-23), terminó generando cincuenta años después una eclosión de nacionalismos periféricos (catalán, vasco, gallego, andaluz) que un mineral que cristaliza en forma cúbica puede romperse hasta el infinito reproduciendo esa misma estructura cúbica en formas cada vez más pequeñas. A partir de ese momento, hacia finales del siglo XIX, la historia de España se convierte en un permanente tira y afloja entre el nacionalismo central y el periférico.

Paradójicamente, el franquismo, que incluía entre sus soportes al carlismo y que reconocía como filiación política la negación de la Revolución Francesa, esto es, del jacobinismo, terminó siendo un régimen jacobino y centralista seguramente como rechazo al separatismo de ERC, Estat Catalá, el PNV o ANV… Algunos de los teóricos del nuevo régimen llamaron la atención sobre los riesgos del jacobinismo y de la desconsideración hacia las lenguas y los rasgos regionales. Esto hizo que mientras otras extremas-derechas europeas (la francesa, por ejemplo) aceptan el hecho regional (en las manifestaciones del Front National, por ejemplo, están siempre presentes las banderas de las distintas regiones), en la española todavía se desconfíe de lo que supone la periferia.

A esto ha contribuido el fracaso del Estado de las Autonomías y las tensiones generadas por los nacionalistas. La extrema-derecha (y buena parte del centro-derecha y del centro-izquierda) están presos de una lógica endiablada: esencialmente el nacionalismo español y el nacionalismo periférico son de la misma naturaleza, sólo que éste es la fotocopia reducida de aquel.

Otro fenómeno ha agravado esta situación: la pérdida de la tensión ideal del nacionalismo español que, a partir del desastre de 1898 y, mucho más, después de la Generación del 98, cayó en la atonía y detuvo su teorización. El mundo fue evolucionando y se produjo un desfase especialmente a partir de 1945 cuando volvió la paz y el mundo resultó empequeñecido gracias a los nuevos medios de comunicación de masas y a la evolución de los transportes. En los treinta años siguientes (de 1945 a la crisis del petróleo de 1973) se produjo un crecimiento económico constante que elevó el nivel de vida y aceleró la concentración de capitales. Veinte años después –tras la conclusión de la II Guerra del Golfo, la de Kuwait- el capitalismo ya no era el mismo que en 1945 (capitalismo industrial), ni el mismo que en 1973 (capitalismo multinacional), se había convertido en capitalismo globalizador.

La clase hegemónica ya no era la burguesía media sino la oligarquía económica que se nutre, fundamentalmente, esquilmando a las clases medias. La “nación-Estado” ya no es la dimensión apropiada para gestionar el sistema mundial.

Por otra parte, los Estados-Nación, demasiado pequeños para afrontar los desafíos del tiempo nuevo se ven obligados a agruparse en unidades mayores (los proyectos Airbus, ciclotrón para desarrollar la energía de fusión, caza europeo, etc., superan con mucho el presupuesto de los Estados de tamaño medio de la UE). Y, hasta ahora, la crítica de los “nacionalistas” no ha sido capaz de elaborar una alternativa a esta situación. El nacionalismo jacobino de hoy sigue siendo exactamente el mismo que el de finales del siglo XIX, no ha variado un ápice, mientras que la sociedad y la situación internacional ha variado extraordinariamente.

El tiempo del nacionalismo ya ha pasado porque era solamente el impulso emotivo, sentimental e irracional de la burguesía media, ligado a la democracia liberal y al capitalismo industrial, fenómenos todos ellos que han quedado muy atrás en la historia.

© Ernest Milà

Un paso más adelante en el riesgo de desplome del sistema político

Infokrisis.- En dos años más, con un déficit acumulado del 20% el Estado va directa e irremisiblemente a la quiebra. Las soluciones para evitar esta situación límite son pocas y todas traumáticas: aumento de la presión fiscal, descenso de los salarios, aumento de la edad de cotización y políticas de austeridad. El gobierno Zapatero no tendrá valor para aplicar estas medidas que entrañarían presumiblemente, no sólo la ruina electoral del propio Zapatero, sino que correría el riesgo de arrastrar a la sigla PSOE.

LA “ALTERNATIVA” DEL PP

En cuanto a la oposición, posiblemente sus soluciones hubieran valido en los primeros momentos de la crisis o cuando ésta se presentía en el horizonte (hacia 2007), no ahora. Las propuestas del PP para la salida a la crisis no son menos problemáticas: bajar impuestos, reformar el mercado laboral y favorecer la creación de puestos de trabajo, cantinelas habituales de Rajoy y de su partido. El programa es tan incompleto que estremece que este partido puede ganar las elecciones de 2012 o de cuando se convoquen, pues resulta inevitable pensar que la situación se irá deteriorando y el anticipo de la consulta será ineluctable.

¿Bajar impuestos para aumentar el movimiento económico? Es una solución clásica pero que en este momento ni siquiera es aplicable en España por una sencilla razón: no tenemos margen de maniobra. No podremos soportar que la recaudación del Estado caiga en picado y ceda la presión fiscal para que a partir de ese momento se creen empresas capaces de absorber los cinco millones de parados reales y generar una reactivación económica que en apenas tres años logre disminuir el déficit del 14% al 3%... Para que eso fuera posible sería preciso que se dieran muchas circunstancias añadidas: que la banca, por ejemplo, reabriera la espita del crédito y financiara la creación de miles de nuevas empresas.

La banca y las cajas de ahorro en estos momentos todavía no han reconocido el 50% de su agujero negro y del que generarán en los próximos dos años a medida que vayan venciendo las líneas de crédito concedidas a los constructores y al sector inmobiliario. Cuando eso ocurra el Estado Español, ya anegado por el déficit público, no podrá conceder a la banca otra ayuda de 30.000 millones, tal como ocurrió hace justamente un año cuando alegaba que lo hacía para “reabrir la espita del crédito”… Ni tiene dinero, ni el electorado toleraría un nuevo empujoncito a la banca que ni siquiera contribuiría a abrir el crédito. Así pues, difícilmente, en los próximos dos-cuatro años, la banca española va a estar en condiciones de otra cosa más que de salvarse a sí misma.

Por otra parte, no es menos cierto que las empresas sólidas no se crean al azar. Para ello hace falta una mínima planificación. Ni la construcción ni el turismo reverdecerán nunca más con los niveles que tuvieron hasta 2007. Y si tenemos en cuenta que esos eran los pilares de la economía española hasta ese momento, ¿cuáles serán a partir de ahora? Dicho de otra manera: ¿cuál será el nuevo modelo económico?

EL MITO DEL “NUEVO MODELO ECONÓMICO”

El modelo económico anterior se basaba en el desarrollo hipertrófico del sector de turismo y del de la construcción, unido a salarios bajos (obtenidos mediante los contratos-basura y en precario, el sistema de becarías para jóvenes y, finalmente, la importación de millones de inmigrantes que inevitablemente tiraban a la baja del valor trabajo disminuyendo salarios) compensados con un crédito accesible para todos en todos los sectores (hipotecario, vehículos, viajes, consumo habitual, tarjetas de crédito, etc.). Este modelo carpetovetónico se insertaba dentro de una economía mundial globalizada.

Mientras duró la esperanza en que la globalización generaría un crecimiento económico mundial, los distintos gobiernos españoles del PSOE y del PP, alegaron que España que ya no podría competir en cantidad y precio de sus manufacturas, triunfaría en calidad y valor añadido. De ahí toda la retórica del I+D+i…

Pero toda esa retórica no se ha sabido aplicar en la práctica (acaso porque las concepciones globalizadoras solamente funcionan sobre el papel y son meros engaños a la esperanza), tal como ha demostrado el triste “proyecto de ley de economía sostenible” urdido por el zapaterismo antes del verano y al que le falla lo esencial: el sector de las energías renovables no pueden crear las mismas tasas de empleo que el turismo y la construcción. Y, por lo demás, cuándo toda España esté cubierta de molinetas y placas solares ¿qué otro sector va a absorber los excedentes de mano de obra?

Pero hay algo peor que todo esto. La certidumbre de que la creación de un nuevo modelo económico precisa cinco años desde que se aprueba hasta que rinde sus primeros resultados. No hay margen. El tiempo perdido por el gobierno Zapatero (tres años) y los errores en la conducción de la economía española en los últimos 50 años (primero con la transformación de España en zona de servicios turísticos con Fraga, luego con los errores en la negociación con la Comunidad Europea que entrañó la liquidación de sectores enteros –naviero y minero especialmente- más tarde con la obsesión renovada por el crecimiento del PIB de la manera más rápida y espectacular ya con Aznar que facilitó el desembarco de los primeros 2.500.000 de inmigrantes, y cuyo crecimiento se vio favorecido por los fondos estructurales de la UE y, finalmente, la estupidez y la ceguera del zapaterismo, que permitió la entrada de otros 4.000.000 de inmigrantes y siguió disfrutando en sus primeros tres años de las mieles del crecimiento de la construcción y el turismo), todo ello unido hace que sea preciso alumbrar un nuevo modelo económico, casi de cero… para el cual hace falta una financiación que hoy ya no existe ni para la empresa privada ni para el Estado.

Estamos ante una pescadilla que se muerde la cola y que tiene todas las trazas de convertirse en una espiral centrípeta que cada vez paralice más la economía, entrando en conflicto con la espiral centrífuga del aumento de la deuda. Estos dos movimientos de singular intensidad y de dirección opuesta pueden entrañar desgarrones interiores no sólo en el sistema económico, sino en la estructura social del país y, finalmente, en la estructura política.

RIESGOS POLÍTICO-SOCIALES

Los sindicatos mayoritarios y subsidiados, ante la agresión a los trabajadores que supone la elevación de los plazos de cotización de los 65 a los 67 años, están respondiendo con una tibieza antológica. El problema es que en los últimos ocho años, los sindicatos han pasado de ser estructuras de defensa de los intereses de los trabajadores a ser simplemente estructuras de empleo para los liberados sindicales y poco más. Por tibia que sea la protesta realizada por los sindicatos nadie puede apostar como terminará una protesta que se sabe como empieza pero no cómo puede desenvolverse. Los sindicatos hoy son estructuras burocráticas, nada más. Sus cuadros sindicales, meros funcionarios pagados por el Estado. Su capacidad de movilización empieza y termina en los funcionarios que componen su burocracia. Ni tienen capacidad ya para realizar movilizaciones, ni siquiera para controlar las pequeñas movilizaciones a las que están obligados a convocar para salvar la cara ante las medidas que se avecinan y que agredirán precisamente al sector menos culpable por el desencadenamiento de la crisis: los asalariados.

Si unimos a esto, la certidumbre de que si el PSOE lo está haciendo rematadamente mal se une a la presunción de que el PP no lo hará mucho mejor a tenor de las pocas ideas que está difundiendo como alternativa. Por otra parte, si Zapatero llega al final de la legislatura la situación española estará próxima en bancarrota o con la economía intervenida por la UE. Seguirá siendo necesario un nuevo modelo económico… que no podrá evidenciar sus frutos sino hasta la legislatura siguiente, con lo que los primeros años de gobierno del PP será, simplemente, dramáticos, entrañando su descrédito más absoluto.

La pregunta es si la sociedad española y el sistema político español podrán soportar la crisis más aguda que ha sufrido el país desde la guerra civil. La respuesta es no. Por el momento, la incapacidad y la rapacidad de la clase política han entrañado su desprestigio más absoluto. Los banqueros compiten con los políticos y con los violadores la peor imagen pública ante la sociedad.

A la vista de la situación actual y de cómo puede evolucionar en los próximos cinco años, parece relativamente claro que van a caer muchas estructuras que han gozado de total impunidad en los últimos 35 años: los partidos mayoritarios corren el riesgo de convertirse en meros residuos. La caída en picado, por ejemplo, de la calidad política de la clase dirigente del PSOE es significativa: a Felipe, hábil demagogo que se rodea de técnicos y expertos, lo sustituye Almunia, técnico poco dotado para lograr la empatía con el electorado, al que sustituye un individuo plagado de tópicos y complejos políticamente correctos que aplica el Principio de Peter –“un inútil se rodea de gente más inútil que él para que no le hagan sombra”- y convierte España en un páramo económico, eso sí, con igualdad de sexos, paridad, aborto libre, leyes asimétricas contra la violencia doméstica y memoria histórica hemipléjica… Cuando este iluminado de escasas luces empieza a estar “quemado”, aparece un nombre como presunto sustituto, la Chacón, pero ésta pierde pronto su atractivo: ya no está embarazada y su gestión al frente de Defensa es un fiasco espectacular en apenas un semestre. Quemada la Chacón el sustituto in pectore es Pepinho Blanco, el tonto de la clase, que jamás logró superar el primero de derecho, ni es técnico, ni empatiza con el electorado, ni siquiera tiene una formación cultural básica. ¿Qué seguirá después? ¿Un estudiante de EGB? ¿Un tragasables? ¿Una prostituta que tuvo un hijo con un tragasables y a la que le crían un hijo en Bobadilla? ¿Un transexual explosivo y de rabo kilométrico?

DEL DESCRÉDITO DE LA CLASE POLÍTICA A LA EROSIÓN DE LOS PARTIDOS

Tuvo razón Rajoy en decir en el debate sobre la situación económica del pasado 16 de febrero que la culpa de lo que estaba pasando no era sólo de Zapatero, sino de los diputados que le apoyan. El problema que no aprecia Rajoy es que al PP le ha pasado otro tanto: sus diputados fueron absolutos muditos cuando Aznar se lanzó en su enloquecida carrera en apoyo de Bush durante en los prolegómenos de la guerra de Irak. Lo que Rajoy no advierte es que hoy la clase política en su totalidad está sometida a un desprestigio absoluto a causa del odio secular que mantienen PP y PSOE y que hace imposible un acuerdo para intentar salir de la crisis. Mañana ese desprestigio habrá avanzado un poco más y no serán los políticos, sino sus formaciones los que serán denostados por la opinión pública.

Y el sistema político español generado en 1978 se basa en la alternancia de una opción de centro-derecha y otra de centro-izquierda en el poder. Si PP y PSOE entran en crisis, es todo el sistema político español el que corre el riesgo de derrumbarse. Algunos no vamos a lamentarlo, sino que consideramos que el sistema nacido en 1978 precisa una reparación urgente y si sus gestores no son capaces de abordarla, bien merece ser sustituido por otro. Esta seria la única consecuencia positiva de la actual crisis económico-social: abrir la puerta para la renovación política del país.

© Ernesto Milá  - infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

ETA y el misterio de su existencia

Infokrisis.- Cada vez se entiende menos la persistencia del terrorismo vasco. En plenas navidades, Rubalcaba anunció la inminencia de un atentado de ETA. Recién acabadas las fiestas, la consabida furgoneta-bomba fue interceptada y sus ocupantes detenidos. Casi inmediatamente, otro etarra reconoció haber intentado atentar en tres ocasiones contra José María Aznar. El mísil no funcionó… Y todo esto en medio de un clima de derrota en el que ETA no logra recuperar la iniciativa estratégica. ¿Cómo es que la policía no apuntilla de una vez para siempre a la organización terrorista vasca?

Algo sigue sin cuadrar en el terrorismo etarra, configurado como la “excepción europea”. Y sin embargo, no hay absolutamente ningún motivo por el que ETA no hubiera debido de ser completamente desarticulada como las Brigadas Rojas, Acción Directa o la Fracción del Ejército Rojo, ni por el que no hubiera debido desmovilizarse como el IRA. Hay un misterio no aclarado en ETA que los últimos acontecimientos refuerzan.

Del día de los Inocentes a la cuesta de enero

El 28 de diciembre no era, sin duda, el día más adecuado para anunciar un nuevo atentado de ETA, pero Rubalcaba no lo dudó y, ejerciendo sus funciones de ministro del interior, amargó las fiestas navideñas a todo un país anunciando vagamente un “gran atentado” o un “secuestro”. Históricamente, siempre que se anuncia algo así, o no ocurre nada, o la policía logra una detención espectacular. Eso fue lo que ocurrió dos semanas después, en plena cuesta de enero.

Las informaciones sobre todo esto son confusas. Interior lo justifica diciendo que en este tema cualquier información puede “alertar a la banda”. Seguramente es así, pero, a estas alturas, ni “la banda”, ni sectores cada vez más amplios de la opinión pública, se llaman a engaño: los primeros porque conocen exactamente lo que ha pasado y el alcance de las detenciones al poco de haberse producido, y la opinión pública porque empieza a sospechar que hay algo que no cuadra: si se producen tantas detenciones ¿por qué no se acaba de una vez por todas con “la banda”?

En esta ocasión, el anuncio de Rubalcaba era todavía más incomprensible porque podía ser considerado como una forma de alertar “a la banda”. No hacía falta alertar en plenas navidades a la opinión pública, bastaba con hacerlo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Pero lo más incomprensible todavía es que, alertado todo el mundo de la “inminencia de un atentado”, “la banda”, en lugar de replegarse y esperar mejor ocasión, en lugar de revisar su seguridad… empieza a moverse y a traslada una furgoneta bomba. ¿Hay alguien que lo entienda?

Ciertamente, ETA no está dirigida en estos momentos por mentes lo que se dice “preclaras”, pero incluso de un psicópata medianamente dotado, debería de esperarse una actuación más “prudente”. Todo esto sería cómico de no tener como protagonista a una organización terrorista con cientos de muertos en su haber.

Del atentado diario al atentado de mantenimiento

ETA ha pasado de cometer un atentado al día prácticamente (pequeñas bombas en repetidores de TV, en domicilios de personas significadas como no-abertzales, en locales de partidos político democráticos, etc.) a realizar unos pocos atentados al año. No se entiende tampoco éste cambio de estrategia. Se diría que se debe a la propia debilidad de la banda, pero también a la necesidad de mantener la llama del terrorismo. Sí, pero ¿para qué? Y esto es lo verdaderamente incomprensible.

Sin posibilidades de negociar nuevamente, sin frente político que valga, con 500 militantes en la cárcel y un número similar en el exilio, con divisiones cada vez más notorias entre los presos, con una situación progresivamente adversa, alejado el PNV –su máximo valedor– del poder, con militantes de cada vez peor calidad y sin experiencia, con una población que –salvo en los altos valles de Guipúzcoa– permanecen cada vez más alejados del terrorismo, con una incapacidad evidente en reconstruir una estrategia y con la iniciativa perdida desde hace casi 15 años (tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco… ¿qué pueden esperan obtener los últimos etarras aparte de 20-30 años de prisión casi asegurados?

Los actuales “atentados de mantenimiento” de ETA se ceban sobre números de las fuerzas de seguridad del Estado (3 en 2009), sobre “políticos” alejados de los centros de poder (el exconcejal socialista de Mondragón, Isaías Carrasco), muertos ocasionales (los dos ecuatorianos muertos en el atentado a la T-4 en diciembre de 2007), así como unas pocas acciones de kale-borroka y algún atentado aislado, es todo lo que ETA ha dado de sí en estos últimos ocho años.

Las detenciones de etarras han sido constantes en todo este tiempo. En los últimos 30 años se han registrado casi 10.000 detenciones de etarras o simpatizantes con la banda. En los últimos años, las detenciones en Francia han ido aumentando paulatinamente. A partir del 2000 el aumento en el número de detenciones empezó a dispararse. Ese año se encontraban en cárcel en España 500 etarras y 75 más en Francia. Nunca, desde 1983, el número de etarras presos, cumpliendo condenas en firme, ha bajado de 450 presos. En la actualidad se encuentran encarcelados 750 etarras, llegando la cúspide de etarras presos en 2009 con 762. Los “atentados de mantenimiento” tienen su precio en presos y en suma de años de prisión…

Nuevo misterio: con 10.000 detenidos en estos últimos 30 años ¿cómo es posible que la banda no haya sido completamente desarticulada de una vez y para siempre?

La flor de la sospecha

Se han producido errores en la lucha antiterrorista: el primero de todos fue dar una amnistía general para delitos de sangre en junio de 1977. En aquel momento, ETA vio esta amnistía no como una posibilidad de insertarse en la vía democrática entonces iniciada, sino como una debilidad del Estado y, a partir de ese momento, las tres fracciones de la banda (ETA(pm), ETA(m) y los Comandos Autónomos) iniciaron una ofensiva terrorista como nunca antes se había visto que abarcó la primera mitad de los años 80.

El segundo gran error fue el GAL promovido desde el Estado y cuya gestión se entregó a los sectores más incapaces y corruptos de la policía, siendo, a la postre, más un medio para apropiarse de los fondos reservados del Estado que un medio para acabar con ETA. En realidad, pocos, salvo sus familias, lloraban a los etarras asesinados y menos aún hubieran reprochado al Estado el hablar a ETA con el único lenguaje que conocía y que era capaz de entender. Es más, lo que aún hoy suscita encono no fue tanto el que se asesinara a etarras, como el que los encargados de realizar la operación, la convirtieran en una fuente de ingresos personales.

El tercer gran error fue el “proceso de paz” iniciado por Zapatero, justo cuando “la banda” se encontraba más aislada y acorralada. ZP abordó ese proceso que situó a ETA en el centro del panorama político español. Y si ZP se atrevió a actuar así fue porque “alguien” le convenció de que esa operación llegaría a buen puerto. El garante de la operación era “Josu Ternera” y era evidente que “alguien” dentro de la seguridad del Estado tenía un nexo estable y continuo con “Ternera”. Cuando éste fue desplazado de la cúpula de “la banda”, la operación “proceso de paz” saltó por los aires.

En el colmo de lo incomprensible

Este proceso siniestro y esta renuncia a acabar definitivamente con ETA va generando muertos entre las fuerzas de seguridad del Estado y cientos de detenidos. Los episodios extraños se van sucediendo unos tras otros.

Recientemente el etarra Pedro María Olano, vecino de Lizartza el pasado 8 de enero y "enlace" de ETA entre Francia y España, confesó al juez Grande Marlaska que habría transportado material explosivo para los comandos operativos en el Estado español, incluido un misil SAM-7 destinado a asesinar a Aznar cuando era presidente del gobierno en 2001. El mísil fue vendido, según la versión oficial, por el IRA a ETA, y falló en tres ocasiones…

¿Cómo es posible que un arma de alta tecnología fallara en tres ocasiones? O la información es falsa, o el misil fue entregado a ETA ya averiado, o bien algún etarra lo inutilizó. Por otra parte, Pedro María de Olano es, al decir de quienes lo conocen, un individuo sin luces, un bravucón irrelevante y estúpido, capaz de amenazar pero no de pensar.

Tampoco es comprensible esta relación entre ETA y el IRA en… 2001. Por entonces, en el Ulster ya se había iniciado el proceso de paz que acabó en el desmantelamiento del IRA. Hubiera sido difícil que los terroristas irlandeses que, de los que desde hacía dos décadas no mantenían relaciones con ETA, bruscamente hubieran decidido vender un mísil a “la banda” en un momento en el que lo único que deseaban era concluir felizmente su andadura terrorista.

Es imposible no recordar que diez años antes, cuando se produjo la gran desarticulación de ETA en Bidart, también se encontraron mísiles SAM-7 en cuya cabeza se había colocado un localizador que permitía a la policía tenerlo permanentemente ubicado. En aquello ocasión la operación fue facilitada por el traficante de armas que vendió los SAM-7 a ETA. En 2001 ¿quién averió por tres veces el mísil?

El estado de la cuestión

Comandos detenidos antes de que realicen el primer atentado, misiles que se almacenan pero que no se utilizan y cuando se utilizan no funcionan, sombras proyectadas sobre el 11-M, un jefe terrorista –“Ternera”- que es el único miembro de la cúpula de “la banda” que no ha sido detenido en los últimos 10 años, terrorismo de mantenimiento que ya no mata ni a fiscales del Supremo, ni a Generales, ni a políticos de primera fila, sino que se centra en números de la Guardia Civil y en exconcejales, componen un cuadro desolador: ¿por qué no se apuntilla de una vez por todas a ETA? Respuesta: porque se hará según las conveniencias políticas, no según las exigencias de la ética o de la seguridad. Mientras esas circunstancias no se generen, algunos sectores de la seguridad del Estado han convenido que conviene mantener viva a ETA.

Mantener viva a ETA para que el terrorismo aparezca y desparezca según conveniencias, para tapar otras noticias igualmente dramáticas pero menos espectaculares; mantener en vida latente a ETA porque muchos viven de la “lucha antiterrorista” que ha terminado generando una red de intereses; mantener viva a ETA pero con las garras limadas para que solamente puede ocasionar pequeños daños, pero no destrozos que harían peligrar la posición de algunos encargados de la lucha antiterrorista.

¿Durante cuánto tiempo nos vamos a dejar engañar con el culebrón de “la banda”. Hasta “El Corazón de la Ciudad”, culebrón emitido por TV3, se terminó el pasado 23 de diciembre, después de 1906 episodios. Todo termina en esta vida… salvo ETA. Y ya va siendo hora de que alguien tenga el valor de apuntillar aquello que ya está muerto y enterrado.

[fuera de texto]

La extraña sombra de ETA el 11-M


Antes de las elecciones de 2004 se produjeron movimientos extraños de militantes de ETA. Por algún motivo empezaron a manejar la posibilidad (absurda y peligroso desde el punto de vista terrorista e incomparablemente más inseguros que un temporizador clásico) de sustituir temporizadores por teléfonos móviles que incluso cuando se intentaron utilizar (en el acto de homenaje a Gregorio Ordoñez) no funcionaron; un comando de ETA robó un vehículo justo en el callejón perdido asturiano en donde vivía González Trashorras y tres furgonetas-bomba fueron detenidas cuando intentaban alcanzar el corredor del Henares (precisamente el corredor del Henares, un objetivo que tenía muy poco de estratégico, sino fuera porque allí se colocaron las bombas del 11-M), una de ellas realizó el viaje en paralelo al vehículo en el que los delincuentes islamistas trasladaron los explosivos dados por Trashorras a Madrid… Todo esto no puede ser una casualidad. La sombra de ETA está demasiado presente en el atentado del 11-M. Sólo que esta sombra se ha interpretado mal.

La derecha, a raíz del monumental error del gobierno Aznar de atribuir en las 48 primeras horas posteriores al 11-M, se obstinó en los dos años siguientes en sostener que “ETA estaba tras el 11-M”. Y no era eso. El 11-M escapaba a las posibilidades y a los planes de ETA (de la misma forma que escapaba a las posibilidades de unos delincuentes comunes islamistas nunca hasta entonces interesados por la política, pero sí por el trapicheo y el dinero fácil). No, ETA no diseñó el 11-M. Harina de otro costal es que “alguien” no utilizara a ETA con dos objetivos: en primer lugar para lograr el “efecto engaño” que costó al gobierno Aznar la pérdida de las elecciones (sostener ante la opinión pública durante 48 horas que los atentados habían sido obra de ETA) y en segundo lugar para generar una “operación despiste” (si, por algún motivo, fracasaba la imputación contra los islamistas, siempre podía reabrirse la “pista etarra”, pista, también muerta e incluso si este primer despiste fracasaba, siempre había una segunda línea de despista: la tarjeta de Gráficas Bilbaínas, propiedad de un ultraderechista, encontrada dentro de la Renault Kangoo, unido a otras pistas elaboradas previamente que abundaban en la misma dirección).

Para que los terroristas de la banda generaran todas estas pistas era preciso que alguien de la cúpula de la banda mantuviera relaciones estrechas con alguno de los autores intelectuales del atentado.11-M. El proceso de destrucción de pruebas, la negligencia en investigar determinadas pistas, lo extraño de todo lo sucedido en el episodio de la muerte de los presuntos autores del crimen en la casa de Leganés, el innegable papel de algunos funcionarios de la seguridad del Estado en todo esto, inducen a pensar en que el formidable agujero negro que es el 11-M dista mucho de ser aclarado. Demasiados funcionarios de la seguridad del Estado tienen responsabilidades en que no se haya esclarecido toda la verdad sobre el crimen. ¿Alguno de ellos mantenía, además, vínculos con “Josu Ternera”.

Casi nueve años después de haber abandonado su escaño en el Parlamento Vasco, después de haber entrado en clandestinidad y tras haberse movido durante el “proceso de paz” con entera libertad por Navarra, después de que todos sus parteners en la dirección de ETA hayan resultado detenidos, cuando es evidente que en los últimos nueve años, alguien, desde dentro de la banda, “ayuda” a la policía a cortar las uñas a ETA, hace falta preguntar al ministerio del interior, por qué se niega a detener a “Josu Ternera” y acabar de una vez por todas con ETA.

“Ternera”, el hombre con 40 años de militancia en ETA a las espaldas, con una enfermedad de estómago incurable, sesentón, ya no puede albergar muchas esperanzas sobre el futuro de ETA. Su libertad a cambio de su colaboración. Colaboración ¿en qué? ¿en hacer desaparecer a ETA? ¿o más bien en seguir manteniendo la ficción de una organización terrorista operativa que ya solamente puede servir a intereses que no son los del independentismo vasco?

eLas detenciones de los tres últimos años se han realizado solamente en el sector etarra que desplazó a “Josu Ternera” de la dirección de ETA. Parece como si Interior quisiera ver de nuevo a “Ternera” y a su gente al frente de la banda: entonces sí que sería posible ofrecer la “gran noticia” del zapaterismo: “ETA se ha disuelto”. El descrédito político que sufre ZP en la actualidad induce a pensar que esta será una de las cartas que jugarán sus estrategas de cara a las elecciones de 2012: “Sí, ZP fracasó en su tratamiento de la crisis… ¡pero logró desmovilizar a ETA!”.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

ACABA DE APARECER EL NÚMERO 0 DE EL OBSERVATORIO RADICAL

ACABA DE APARECER EL NÚMERO 0 DE EL OBSERVATORIO RADICAL

Con fecha 7 de febrero acaba de aparecer el número 0 de la revista El Observatorio Radical que puede ser solicitado al telf.: 902 192 030 - o por email a observatorioradical@yahoo.es o infokrisis@yahoo.es. La revista está dirigida por Ernesto Milá, tiene 48 páginas (18 a todo color), formato 255x310 mm, grapada e impresa en papel de 80 gramos.

Se trata de una revista independiente de formación e información cuya lectura puede interesar a todos los que creemos que es necesario afrontar en este momento tres problemas: crisis económica - inmigración masiva - corrupcion generalizada, y darles una respuesta contundente.

En estos momentos estamos en fase de elaboración de la web de la revista.

El sumario del primer número incluye distintos artículos denunciando los desmanes de la banca en España, un manifiesto contra la corrupción, un análisis pormenorizado de los contenidos de la reforma de la ley de inmigración, un dossier sobre Eduardo Rózsa, el judío hungaro de origen boliviano que pasó del Opus Dei al islamismo radical, y distintos artículos y comentarios sobre el toro como símbolo de la identidad nacional, el cine de la postguerra española con Edgar Neville, orientaciones sobre los sistemas de protección para impedir el robo de nuestros vehículos, sobre el cinturón de castidad y sobre otros muchos temas que informarán, formarán y entretendrán a los lectores.

 

 

 

 

EL ESCENARIO SOBRE EL QUE TENDREMOS QUE TRABAJAR EN 2010-2011


Infokrisis.- La situación creada a partir del miércoles por la tarde, en la que el gobierno, ante las muestras de rechazo de la opinión pública (expresadas a través de los diarios digitales, dato importante) dio marcha atrás en su proyecto de modificar la normativa para las cotizaciones en vistas a la jubilación) dio marcha atrás, tuvieron como primera consecuencia un desplome de 5 puntos en la bolsa y una reacción inmediata de las agencias de rating internacional que desde hace meses tienden a ser reticentes con la calificación de la solvencia de España para afrontar los pagos de su deuda pública. El jueves 4 de febrero, cuando Zapatero estaba realizando su “oración” en EEUU, la tormenta del día anterior se había transformado en temporal y lo que debía haber sido un acto tendente a promocionar la imagen del presidente agnóstico que “rezaba”, se volvió en contra. No solamente no pudo nada más que saludar a Obama, sino que en esos mismos momentos, las bolsas españolas, literalmente, se desplomaba e incluso los sindicatos, hasta ahora garantes del [des]orden económico de ZP empezaban a mostrarse excepcionalmente duros con la gestión del gobierno. Ya se sabe, al perro enfermo todo se le antojan pulgas.

PREVISIONES QUE SE CUMPLEN

La previsión que realizábamos en el Documento de la Junta Nacional de España 2000 publicado a finales de 2008 preveía que la crisis económica se iría transformando progresivamente en crisis social y ésta, de persistir en el tiempo, pasaría a ser crisis política que, finalmente, colocaría al borde del abismo al sistema surgido de los equilibrios de fuerzas de 1978. Aquella previsión se está cumpliendo implacablemente. Si la crisis social no ha estallado todavía en toda s virulencia ha sido porque los sindicatos han sido en estos meses un corsé para la protesta de los trabajadores y especialmente de los parados.

El zapaterismo ha tratado de inyectar en la sociedad española “esperanza”: esperanza en sobrevivir con el paro, luego con el subsidio de desempleo, más tarde con los 470 euros durante seis meses más, siempre con la promesa de “brotes verdes”. Hoy todo eso se ha esfumado o está a punto de hacerlo. El desencadenante ha sido la crisis de las pensiones: hará falta cotizar más y por más tiempo para percibir menos… La crisis social en este momento es imparable porque las esperanzas se van diluyendo y cada vez más españoles empiezan a darse cuenta de que el gobierno carece completamente de respuestas para salir de la crisis y nadie –absolutamente nadie y mucho menos el PP- es capaz de percibir en dónde, en qué sectores económicos, podrían salir los 3.000.000 de puestos de trabajo que precisa el mercado laboral…

MOVIMIENTOS EN EUROPA

En las últimas semanas ya no se habla del grupo PIGS (“cerdos” en inglés) que reunía a Portugal, Italia, Grecia y España, sino del grupo STUPID (“idiotas” en inglés) formado por España, Turquía, Reino Unido, Portugal y Dubái, verdaderamente martirizados por el aumento asindótico de la deuda exterior.

Tal como habíamos expuesto en varios artículos anteriores publicados en la segunda mitad de 2009, el drama de la economía española excede con mucho las dimensiones de nuestro país: estamos lastrando la economía europea. Los bancos y las cajas de ahorro españolas han trabajado con un dinero que no pertenecía a sus depósitos sino que han sido capitales procedentes de inversores franceses y especialmente alemanes los que han alimentado la burbuja inmobiliaria con fondos canalizados a través de bancos y cajas españolas. Hasta ahora solamente han salido a la superficie el 50% de las pérdidas de los bancos que han sido cubiertos por dinero público, pero el otro 50% que irá saliendo a la superficie en los próximos dos años, ya no podrá ser cubierto por Estados absolutamente endeudados y dependientes de los pagos de intereses, especialmente como en el caso de España en donde la deuda aumenta de hora en hora y la calificación de su solvencia financiera va bajando de semana en semana. Cuando se genera una deuda incobrable –como en el caso de la deuda inmobiliaria española- uno sufre por que no puede pagar y otro sufre más aún porque no puede cobrar. Esto último es lo que está pasando en Europa y, por eso decíamos hace unos meses, que la economía española supone hoy un lastre para la economía europea.

Mientras Zapatero “rezaba” en EEUU, en Europa se reunían Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy, las dos “locomotoras” europeas, demostrando lo poco que sirve la “presidencia española”. El resultado de esta reunión no se ha hecho público todavía, pero lo que se ha filtrado es extremadamente preocupante: posibilidad de que Francia y Alemania generen una “zona europea” de primera división con condiciones diferentes al resto de Europa e incluso con una tercera zona, en la que estaría España y que reuniría a las economías más problemáticas: especialmente la de Grecia, Portugal, Irlanda y, naturalmente, España. Se ha llegado a hablar de que el eje franco-alemán podría llegar incluso a abandonar la zona Euro.

No creemos que se llegue hasta ese punto, pero sí que entre marzo y abril, los servicios económicos de la UE “intervengan” la economía española e impongan reformar consideradas como necesarias en Europa: resolver el asunto de las pensiones, descender el salario a los funcionarios, revisar las cuentas de bancos y cajas de ahorro, aumentar impuestos y garantizar que España pagará las sumas crecientes de intereses que se van acumulando en la deuda externa. Desde el punto de vista de la ortodoxia económica, las salidas son pocas e inevitables: contención del gasto público, austeridad presupuestaria, reforma del mercado laboral (con despido libre  sin indemnización), subidas generalizadas de impuestos y reformas en el sistema de las pensiones y de la seguridad social.

Ya que niel PP, ni el PSOE se atreven a dar esos pasos –por que su intención de voto caería inmediatamente en picado- será la UE quien asuma la responsabilidad de resolver el embrollo. A nadie se le escapa que el trauma que va a causar esta intervención va a convulsionar a la sociedad española de arriba a bajo. Las medidas se reducirán a “más presión, menos perspectivas”, en efecto, porque al aumento del sacrificio de la sociedad española, no existe la contrapartida de cómo generar empleo, ni siquiera a partir de qué sectores se podría generar.

Lo que implica que, aun dando respuestas a como generar una nueva estructura económica que no dependa del turismo y de la construcción en el día de hoy, todavía faltarían cinco años para que el nuevo modelo económico se pusiera en marcha y repercutiera favorablemente en el mercado laboral. Dentro de cinco años, inevitablemente, la crisis social ya habrá pasado a ser crisis política y la situación del panorama político se habrá convertido en extremadamente inestable y turbulenta.

EL CANTO DEL CISNE DEL ZAPATERISMO

Al conocerse los resultados de las elecciones de marzo de 2008 realizamos en la misma noche un análisis de urgencia para infoKrisis en el que afirmábamos: Zapatero ha ganado, a él lo tocará gestionar la crisis económica (cuya existencia seguía negando) y esa crisis terminará con él. En febrero de 2010 podemos decir que este análisis era exacto y que al peor presidente de la historia reciente de España le ha correspondido lidiar con el toro más peligroso que, naturalmente, lo ha corneado.

El individuo que se subió al atril en la Jornada de Oración era un cadáver político maloliente e irrecuperable, discutido incluso dentro de su propio partido… y que, dramáticamente para el PSOE, ya no tiene reemplazo. Rubalcaba es demasiado atacable para sucederle, Leyre Pajín y Pepinho Blanco, literalmente, demasiado tontos. Solana es, sin duda, en quien confluyen muchas muradas, si bien el fantasma de los cadáveres serbios bombardeados por la OTAN mientras él era secretario general de la alianza, le garantizan el peor de los fracasos. Por que, a fin de cuentas, Solana no puede ser calificado más que de “asesino telefonista” (asesino por ordenar los bombardeos injustificables de Serbia durante más de un mes y telefonista porque se limitó a transmitir a la OTAN las órdenes que recibía por teléfono de Bill Clinton, mientras la Levinsky le hacía una limpieza de bajos).

ZP es agua pasada. Su “baraka” se ha esfumado. De hecho, nunca debió estar en La Moncloa y si lleva seis años es gracias a unas bombas misteriosas que todavía nadie sabe quien colocó y gracias a la mentira de que no existía crisis económica.

Nadie duda que cuando se convoquen elecciones anticipadas, Rajoy pasará a ser el inquilino de la Moncloa y todo el misterio será saber si el PSOE cae o simplemente se desploma y si a última hora, Rosa Díez y su UDyP consiguen arrasar en Madrid y en algunas provincias. Quedará también por saber si el PSOE andaluz pasa a la oposición. Pero todo esto son elementos segundarios porque el elemento principal a tener en cuenta es cuándo se convocarán elecciones.

LA URGENCIA DE ELECCIONES ANTICIPADAS

Los seis años de zapaterismo han sido una crisis permanente y a lo largo de todo ese tiempo ha dado la sensación de que no había nadie en el timón como no fuera para imprimir siempre el giro más inesperado orientado siempre hacia el choque con los arrecifes: en el tema de la inmigración con la regularización masiva de 2005 y con la reforma de la Ley de Extranjería de 2009, en el tema de ETA con el “proceso de paz”, en el tema estatutario con las reformas de los estatutos de segunda generación, en el tema internacional con el envío de más tropas a Afganistán, en el tema económico con las medidas más deslavazadas para salir de la crisis que han terminado agotando los recursos del Estado sin generar empleo de calidad y duración, en las ensoñaciones de “economía sostenible” que desde mayo no se concretan en nada…

Todo esto ha llegado a su fin: Zapatero es un político amortizado y en las próximas semanas la gravedad de la crisis va a alcanzar tal relieve –cuando se produzca la intervención de la economía española- que solamente hay una salida: moción de confianza en el parlamento por parte de ZP, moción de censura por parte del PP, gobierno de concentración o bien celebración de elecciones anticipadas. Veamos cada opción.

Parece difícil que ZP se atreva a presentar una moción de confianza. Para ello debería de exponer una política económica realista y responder a esta pregunta: ¿cómo salir de la crisis? No tiene respuesta, luego no puede presentar una moción que tan sólo serviría para que ante todo el país su política quedara ridiculizada y todos los grupos de la oposición pasaran revista a sus errores durante seis años.

En cuanto al PP ha optado por la vía más fácil: dejar que el zapaterismo se hunda para vencer en las próximas elecciones, no tanto por méritos propios como por los errores del propio Zapatero. Por lo demás, a nadie le gusta presentar una moción de censura… para perderla. A Rajoy le basta solamente para ser presidente dejar pasar el tiempo, nada más.

Algunas voces de dentro del PSOE han empezado a proponer a mediados de esta semana la creación de un gobierno de “concentración nacional” (Zapatero lleva meses “trabajando” a Durán i Lleida de UDC, instándole a que se sume al gobierno para “pacificar” a las fuerzas políticas catalanas tras la publicación de la sentencia del Estatut). Hipótesis gratuita porque el PP solo tiene que esperar y no se va a arriesgar a ser presentado como cómplice del destrozo económico generado, ni va a compartir momentáneamente un poder del que puede disponer en exclusiva. Esta opción es el clavo ardiendo al que se agarran algunos segundones socialistas que en otro tiempo se arrimaron al poder. Opción de desesperados donde las haya.

La última solución es la única viable: convocatoria de elecciones anticipadas, pero hay un problema. España en estos momentos ocupa la presidencia europea y en estas condiciones es imposible articular una campaña electoral. Así que habría que esperar hasta que acabara el “semestre español”, lo que ocurriría en junio. Pero hay otro problema: las elecciones catalanas. Como se sabe la legislación española establece que ningún proceso electoral puede estar distanciado menos de 90 días.

En principio, las elecciones autonómicas catalanas se celebrarán como máximo en noviembre. La cuestión es si el gobierno montilla llegará hasta noviembre o preferirá convocar elecciones anticipadas. Excusa no faltará: en el momento en el que se publique la sentencia sobre el Estatut por parte del Tribunal Constitucional (marzo-abril), en Catalunya puede producirse un verdadero estallido inducido por la carrera demagógica emprendida por todos los partidos (con declaraciones altisonantes y llamamientos a la revuelta cívica si se toca “una coma” del Estatut… de un Estatut que se estableció sin que existiera demanda popular y que fue aprobado por una minoría de apenas el 30% del cuerpo electoral.).

Montilla es el más interesado en convocar elecciones anticipadas. Ahora todavía está a tiempo de frenar el avance de Laporta cuya candidatura demagógico-populista-independentista corre el riesgo de convertirse en cuarta fuerza del parlamento catalán, rascando votos de ERC, de CiU y, especialmente, votos jóvenes. También puede evitar que Rosa Díez robe al PSC miles de votos de castellano-hablantes. E incluso que la PxC convierta las elecciones en un referéndum contra el empadronamiento de ilegales en tiempo de crisis. Nadie duda de que en el momento en que se publique la sentencia del Estatut, el tripartito saltará por los aires y cada partido jugará a ser más crítico y radical…

Si son ciertas las informaciones publicadas en las últimas semanas en los medios, la sentencia caerá en marzo. Así pues, podría haber elecciones en Catalunya en mayo-junio, o como máximo, en noviembre. Dado que las nacionales no podrían tener lugar hasta cuando acabara el semestre español al frente de la UE (junio) las elecciones generales no podrían celebrarse, bien hasta octubre (en caso de que las catalanas fueran antes del verano) o bien hasta febrero del 2011 (en caso de que las catalanas fueran en noviembre). El optimismo antropológico de Zapatero le puede inducir a esta segunda opción, esperando que en un año pueda disponer de mejores cifras macroeconómicas que ofrecer (algo en lo que prácticamente nadie cree…). Pero también aquí hay un problema… Esto daría la posibilidad de que las elecciones municipales se celebraran imperativamente en mayo de 2010 sin que existiera superposición de plazos.

De lo que apenas cabe duda es que las elecciones anticipadas son inevitables en las actuales circunstancias, tanto en Catalunya como en todo el Estado. Y ese es el escenario en el que vamos a tener que trabajar, nos guste o no…

(c) Ernesto Milá - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin citar origen.

En defensa de nuestra identidad: corridas de toros (II de II). Los toros en la historia de España

Infokrisis.- La tesis de esta segunda parte es muy simple: tiende a demostrar que el toreo ha acompañado los mejores momentos en la historia de España y ha encontrado eco en  el corazón de nuestros grandes conductores; mientras, los adversarios del toreo han surgido en los momentos de decadencia y en todo aquello de nuestra historia de lo que se puede prescindir. Podríamos traspasar también esta dicotomía al dominio de la pintura y concluir que nuestros grandes pintores del XIX y del XX (Goya, Picaso, Dalí, entre otros muhos), han representado en sus cuadros y de manera encomiástica al toreo. E incluso hoy, en el mundo de la cultura abundan los favorables a considerar a los toros como algo que “está en la modernidad, pero que no pertenece a la modernidad”. Ayer mismo, el urbanista e intelectual, Luis Racionero, sin duda uno de los más brillantes intelectuales de los últimos 40 años, defendía en las tardes de Onda Cero, esta fiesta con argumentos parecidos a los que utilizábamos en la primera parte de este ensayo. Tal es el recorrido que vamos a realizar.

En la Edad Media, cuando España volvió a ser.

Desde los tiempos en que los patricios romanos combatían contra uros en las arenas del circo, y los iniciados mitriacos se bañaban ritualmente en la sangre del toro, hasta la Alta Edad Media, hay pocas noticias sobre el toreo. Prácticamente desde que Odoacro, rey de los godos hérulos, asaltó Roma y envió las enseñas imperiales a Bizancio en el 476, hasta el siglo, se sabe poco como evolucionaron esos ritos pagamos. Pero, sin duda subsistieron.

De un lado, el mitraismo, especialmente tras la muerte de Juliano Emperador, fue desapareciendo asimilado por el cristianismo (desde el Edicto de Constantino, la Iglesia que había recomendado la deserción de las legiones mientras proclamaron la religión de la paz, al convertirse en nuevo poder, excomulgaron a los desertores y recuperaron la mejor tradición mitraica como religión de los combatientes). ¿Qué ocurrió luego?

Apenas 266 años después, en el 742, nacía Carlomagno reputado de ser un admirador de la fiesta de los toros (lances de toros). La cosa es importante porque se trata de un emperador de vocación europea que quiso reconstruir la unidad perdida de “Roma la Grande” (tal como se conocía al Imperio Romano en la Edad Media) y que demuestra que el toreo, aun conservándose en España, Portugal y en el Mediodía francés, fue europeo siglos atrás como ya habíamos sostenido en la primera parte de este ensayo. Es fácil pensar que en el tiempo que media entre la caída de Roma y la juventud de Carlomagno, los toros habían pasado de ser un rito iniciático, a ser una fiesta popular.

En esos mismos años cuando cobra carta de naturaleza la leyenda del Camino de Santiago y aparecen fragmentos legendarios que indican que el toro estaba incorporado al naciente imaginario colectivo del pueblo español ya durante la primera fase de la Reconquista. En Astorga aparece la leyenda de la “Reina Loba” (inevitable el tener a esta “reina” como avatar de la Loba Capitolina romana venerada en todo el ámbito imperial).  En las costas de Galicia llega una barca acompañada por cuatro marineros con el cadáver del Apóstol Santiago. Saltan a tierra y se dirigen al castillo de la Reina Loba, la cual los encarcela. Ayudados por la providencia los cuatro marineros logran escapar, pero la Reina Loba envía a sus soldados a capturarlos. Cuando ya los han divisado y sólo queda atravesar un puente, éste hunde arrastrando a los perseguidores al barranco. Es entonces cuando los cuatro marinos se presentan otra vez ante la Reina Loba pidiéndole una pareja de bueyes para trasladar al cadáver del Santo Apóstol Santiago. La Reina se burla de ellos y en lugar de bueyes les entrega dos toros bravos… pero estos, por intervención sobrenatural, se dejan uncir mansamente. La Reina Loba se convierte entonces al cristianismo.

Sería difícil encontrar una perífrasis simbólica más clara: los cuatro marineros son los cuatro evangelistas y el cadáver de Santiago (Sant-Yago, esto es, Santa Unión, pues el término sánscrito “Yug”, del que derivan Yago y Yugo tiene análogo sentido al de “religare” del que deriva “religión”, significando en ambos casos “unión”) el proyecto misional en el que se muestra la voluntad de arraigar el catolicismo español con la tradición originaria del catolicismo, asumiendo desde entonces y hasta principios del siglo XVIII, la construcción de un binomio inseparable: España-Catolicidad. La Reina “Loba” es, por supuesto, la alusión a la Roma imperial y patricia, todopoderosa que, finalmente se rinde ante el poder del cristianismo. En cuanto a la sustitución de los bueyes (castrados y mansos) por dos toros bravos, indica que el poder de Santiago es superior a la fuerza del toro apareciendo un tema habitual en la Edad Media, especialmente en el período gibelino: la lucha entre el poder sacerdotal y el poder de las aristocracias guerreras; la virilidad del toro, en esta versión, se amansa ante el poder sobrenatural de la fe, el sacerdocio se impone sobre la casta guerrera.
Esta leyenda muestra la “actualidad” del toro durante los “siglos oscuros” del Medievo y demuestra también que el toro seguía siendo un icono popular. Cuenta las crónicas que el Cid era –como no podía ser otra forma- un gran aficionado al lanceo de toros. Eso ocurría a principios del siglo XI. En aquella época el lanceo era un deporte de la aristocracia guerrera y, como tal, se realizaba solamente a caballo. El toreo a caballo duró hasta el siglo XVII y no fue sino entonces cuando empezó a torearse a pie por menestrales e  incluso por campesinos, subsistiendo solamente el arte del rojeo a caballo reservado para la aristocracia guerrera.

De Alfonso X el Sabio también quedó constancia de su afición a los toros y, para colmo, en un fragmento vinculado al Condado de Barcelona (esa ciudad declarada antitaurina…). Uno entre varios fragmentos  en los que se cita esta tendencia es en la crónica de 1128, año “en el que casó Alfonso VII en Saldaña con Doña Berenguela. Hija del Conde de Barcelona, y entre otras funciones hubo también fiestas de toros”.

Todo esto demuestra que en los siglos en los que se constituyó la esencial de las tradiciones antropológicas y culturales de nuestro país, la Edad Media, la fiesta de los toros ya ocupaba un lugar destacado.

Antes de los Reyes Católicos, el toro de lidia ya era un animal “diferente” que merecía otra consideración: ni estaba hecho para el arrastre, ni para la alimentación, ni por su piel, sino para ser lanceado y lidiado a la manera de la época. A partir de certificarse la unidad de las coronas de Castilla y de Aragón, empieza a realizarse una primera selección de toros bravos localizada en la provincia de Valladolid. Sin excesivos datos objetivos se atribuye a una ganadería que subsistió hasta el siglo XIX –Raso del Portillo- los primeros intentos de estabilizar un  tipo de toro bravo adaptado para estas fiesta entre los siglo XV y XVI. Pero también en Andalucía, Navarra, en el valle del Jarama y en Aragón, se criaron toros para estos festejos. En el siglo XVIII, cuando las “corridas de toros” ya se convirtieron en un espectáculo cotidiano, las ganaderías empezaron a parecerse a las actuales.

Entre el Siglo VIII y el XVII, la fiesta de los toros siguió siendo cosa de la aristocracia guerrera. Pruebas no faltan… se toreaba a caballo, se utilizaba espada y lanza: la montura y la espada eran solo autorizadas para caballeros. Los Grandes Austrias, fueron partidarios de la fiesta hasta el punto de que Carlos I Emperador festejó el nacimiento de Felipe II con un lance de varas y luego el que sería su sucesor hizo otro tanto. A Todo esto, Felipe II tuvo que interceder ante el Vaticano para que levantara la excomunión sobre quienes participaran en estos festejos. En efecto, la bula papal Salute Gregis (1567), emitida por Pio V, había prohibido los lances con toros y no fue sino su sucesor. Gregorio XIII, ocho años después, quien reconocimiento el papel de Felipe II como defensor la cristiandad, volvió a autorizarlos. Lo que, en ocasiones discuten los historiadores del toreo es si el papa levantó la excomunión siguiendo el ruego del Emperador, o si fue a la vista de que nadie hacía caso del interdicto y la Iglesia perdía fieles y veía mermada su autoridad… 

En esa época, España incluso exportó el noble arte de lanceo de reses bravas a… Inglaterra –increíble, pero certificado por los cronicones- en donde en el XVI llegaron a celebrarse este tipo de fiestas auspiciados por la aristocracia en el período en el que Carlos I de Inglaterra y Lord Buckingham, invitados durante su estancia en España a uno de estos eventos, quedaron prendados por él, reproduciéndolos en su tierra natal. Dado que los ingleses son muy suyos, estos espectáculos importados de España en el XVI terminaron desembocando en los bull-baitings, peleas entre perros y toros que resultaron prohibidas en 1824, a instancias de la Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals…

La fiesta todavía distaba de parecerse a la actual. Tenía con el rejoneo el común elemento del caballo, pero ni capote, ni banderillas, estaban presentes. Las plazas… eran cuadradas y solían ser plazas mayores a las que se les añadía una barrera y un entramado de asientos y gradas de madera, mientras que el resto del público, los menestrales especialmente, lo contemplaban desde las ventanas de sus viviendas.

En esos años empieza a formarse “la cuadrilla” cuyas funciones son de ayuda al caballero que torea con su montura. La nobleza reconstruye en ello la figura del “paje” (el aprendiz de escudero) y de “escudero” (aprendiz de caballero). Combatiente en su montura, queda del período medieval el privilegio de matar al toro a caballo con la espada. Es el paje el que le entrega la espada y es el “escudero” el que le ayuda en la proto-faena. La incipiente cuadrilla torea a pie. Para atraer al toro utilizan su capa y, con eso el toreo empieza a parecerse al actual. Todavía no se utiliza la muleta, ni el falso estoque que vendrán luego. En ocasiones, el caballero no logra matar al toro desde su montura (por falta de pericia, porque el toro está agotado y no persigue al caballo sino que lo rehúye), y es entonces cuando alguien de sus ayudantes recibe el encargo de acabar con él.

En el período de los Austrias Menores, la nobleza empieza a decaer. Así como en las generaciones anteriores, el noble había recibido su título por hechos de armas –nunca como prebenda por amistad o por su patrimonio amasado en negocios- y transmitía a sus descendientes la responsabilidad de su casta (marqueses o señores que defendías las marcas de las fronteras; duques o descendientes de los “dux bellorum”, literalmente “señores de las batallas” en los que los monarcas delegaban el arte de la guerra; y condes defensores de un territorio) que era, ni más ni menos, que el combate, en el nuevo período histórico que se inicia con la decadencia del Imperio, la nobleza empieza a ausentarse de los “lanceos”. Éstos siguen celebrándose, pero, cada vez protagonizados por hidalgos de menor relieve, hasta que, finalmente, desaparece casi completamente el caballo (relegado a partir de ahora a las corridas de rejones) y el toreo se hace cosa de a pie, propio de las castas bajas de la sociedad. Y, a partir de ese momento, se convierte en un espectáculo masas en su forma moderna.

La afición ya apuntaba maneras en los siglos XVI y XVII y rebasó con mucho el ámbito de las fiestas mayores y de determinados días del año. Pasó a celebrar victorias bélicas primero, luego se institucionalizó en determinados períodos del año y, finalmente al organizarse las ferias taurinas ya en un período reciente. En el siglo XVII esta tendencia ya se ha consolidado. Los toreros empiezan a ser, aun sin título de nobleza, extremadamente populares. Queda de la antigua tradición guerrera, el “paseillo” de las cuadrillas, verdadero remedo de un desfile militar en el que se lucen capotes y armas y donde todo está ordenado jerárquicamente, por rangos, como en cualquier ejército.

La sustitución de los Austrias por la dinastía borbónica, no aporta nada bueno a la fiesta. Los borbones vienen de Francia así como los Habsburgo venían de Austria. La diferencia reside en que mientras estos son respetuosos con las tradiciones populares, los primeros son hijos de la Ilustración y pretenden traer a España el período de “las Luces”. Desde Felipe V existe una desconfianza creciente de la monarquía hacía borbónica hacia el toreo. Afectos a una tradición racionalista (más que racional) y “dispuestos a modernizar el país”, los borbones desconfían de algo que ha nacido en la más remota antigüedad y que el pueblo sigue como si de un rito religioso se tratara. No es racional, luego no es ilustrado…

Aún así la fiesta de los toros, progresa y aparecen innovaciones impuestas por los grandes nombres de la época: un menestral, hijo de menestrales, “Costillares” (Joaquín Rodríguez), conocedor de la anatomía de los bóvidos a raíz de su trabajo en el matadero de Sevilla, crea la faena de capote y perfecciona el lance de verónica, vuelve a disciplinar a las cuadrillas que sólo reconocerán, a partir suyo, la orden del mataor. Inventa el volapié y la muerte por estoque humillando el hocico del toro. Cien años después, “Cúchares”, inventa la faena “al natural”. Antes que él, Pepe-Hillo, muerto en la plaza, había escrito un primer tratado de tauromaquia. A partir de ahí se suceden los grandes nombres: Lagartijo, Frascuelo, Paquiro en el XIX y ya en el XX, Belmonte, Joselito, antes de la guerra civil y después Manolete, Dominguín y su eterno rival Ordóñez. Y así hasta llegar a los hermanos Rivera Ordoñez, al francés Sebastián Castella, a El Juli o a César Rincón (favorito del que suscribe) seguido a corta distancia de Enrique Ponce.

El toreo goza de buena salud y sigue siendo un espectáculo que atrae el favor de un público que se va renovando, a despecho de los anti-taurinos. Los mejores años de la historia de España han sido años en los que la población y la autoridad política o la monarquía, se han identificado con el arte del toreo. Porque, a fin de cuentas, los detractores del toreo aparecen, no solo en la decadencia, sino que, por lo general, son los promotores de esa misma decadencia.

Con los borbones el anti-taurinismo se hizo rey. La aristocracia se afrancesó en pocos años como prueba de que ya habían perdido las raíces y la tensión existencial de los mejores años del Imperio. Para colmo Felipe V creó una nueva aristocracia que ya no era la de la sangre, sino la del blasón obtenida a costa de adular al monarca, entregarle preces o simplemente lamerle el culo. Y los borbones de ayer y de hoy lo tuvieren siempre requete-lamido. Desde Felipe V –cuyo nombre se maldice aún hoy en media España- que consideraba a las corridas como espectáculos propios “del populacho” y que las prohibió en 1723, hasta Fernando VI rodeado de Ilustrados –con Jovellanos en cabeza- que sólo las consintió a cambio de que los ingresos obtenidos se descargaran el erario público, los borbones, uno tras otro, intentaron apuntillar a la fiesta.

El Conde de Aranda, creador de una logia masónica independiente de las logias inglesas, durante el reinado de Carlos III, prohibió de nuevo las corridas en 1771. Nadie, por supuesto, le hizo caso y la orden sirvió solo para demostrar lo indómito de un pueblo que no desertaba de sus tradiciones seculares. Carlos IV quiso imponer su autoridad actualizando la prohibición en 1805. De esos años son los aguafuertes y grabados de Goya sobre la fiesta. Fernando VII a quien en su vida no quedó nadie al que no traicionara, gozó, curiosamente, de popularidad, sin duda por el hecho de que no se atrevió a una nueva prohibición que hubiera evidenciado aún más su debilidad.

A partir de los períodos liberales del siglo XIX (desde el trienio liberal 1820-1823), los distintos gobiernos de esa corriente atacaron una y otra vez a las corridas y las prohibieron con idéntica fortuna que los borbones. En 1877 cuando el Marqués de San Carlos y Montevirgen, José María de Quiñones de León y Vigil, lo intentó por última vez en 1877, ante un parlamento atemorizado y sabedor que de votar por la prohibición equivaldría a no revalidar nunca su acta de diputados, se negó a aprobarla. No era raro: en aquellos días, Lagartijo y Frascuelo eran más populares en España que el poncio de turno o el mismo papa de Roma.

Luego vino la crisis finisecular del XIX y las revisiones de la historia de España, país dramático este en el que el progresismo siempre ha mirado más al extranjero que al terruño y donde el conservadurismo ha sido habitualmente regresivo y tendido a lo atávico. En tanto que eco del pasado, no es raro que el progresismo de hoy (que corresponde exactamente a los liberales del XIX y a los borbones ilustrados y afrancesados del XVIII), intuyeran algo no reductible a sus esquemas en la fiesta de los toros.

Más lamentable es, por el contrario, que algunos españoles, a la hora de reflexionar sobre lo que significó la última página en la ruina del Imperio en 1898, terminaran opinando que había que desterrar los toros de nuestra cultura. Hay en la Generación del 98 una parte que, literalmente vuelve la espalda a la tradición española y cree que en ella está la fuente de todas nuestras desgracias. Unamuno optó por esta dirección. Otros, como Eugenio Muñoz Díaz, antitaurino de manual, ex sacerdote que mantuvo amoríos con la cantante María Noel, cuyo apellido adoptó como seudónimo, fueron casos de psiquiátrico. Dado que su complejo de culpabilidad latente al mantener amores cuando aún estaba bajo la promesa de la castidad, sublimó este complejo reforzándose en la idea de que quienes mataban a los toros y quienes los jaleaban, eran todavía más culpables que él… Casi típico de la psiquiatría aun non nata. Muñoz (o “Noel” por parte de amante), la emprendió contra los toros y el flamenco.

Confundía “Noel” la Andalucía creada por Isabel II y sus marquesonas a mediados del XIX, cuando por pura moda introdujeron en la jet-set de la época las batas de cola, los faralaes y los tejidos de lunares y estampado gitano, con los que Merimé había descrito “lo andaluz”, confundiéndolo con “lo gitano” (Andalucía hasta ese momento había podido ser llamada “Castilla Sur” dado que tras la expulsión de los moros y moriscos había sido repoblada con castellanos). Las pocas luces de Muñóz-“Noel” -que a todo esto se había hecho socialista y republicano, y cuyo complejo de culpabilidad no le dejaba razonar con la cabeza fría y las neuronas en forma- favorecieron que lo mezclara todo: toreo, gitaneo, andalucismo, pasodoble, cantejondo y, para colmo, en el popurrí incluyó al “género chico” (la zarzuela) y no pudo incluir al “género ínfimo” (el naciente  espectáculo de music hall arrevistada y sexy) porque en eso estuvo su primera amante… Leyendo a Muñoz-“Noel” se percibe que lo que más le fastidiaba de todo esto es que la gente se divirtiera. Era un tipo sombrío y amargado al que los desengaños políticos terminaron por avinagrarlo del todo. En la biblioteca Nacional pueden consultarse su obra, hoy olvidada y que ni siquiera los antitaurinos consideran por excesivamente enrevesada y visceral.

En cuanto a los antitaurinos de hoy, en buena parte su experiencia procede de asociaciones norteamericanas (PETA) o inglesas. Otros, tienen mas interés en borrar síntomas de lo que consideran “lo español” de sus autonomías, mucho más que de defender a los toros. Los hay de todo, pero se trata de actitudes irrelevantes, de gente no menos irrelevante.

Un resumen de la historia del toreo

Estamos llegando al final de lo que nos habíamos propuesto. A partir de Julius Evola sabemos que existen dos tipos de civilizaciones, casi como dos categorías ontológicas radicalmente separadas e irreconciliables: las civilizaciones tradicionales y las civilizaciones modernas. Esta clasificación no se refiere al tiempo de los siglos, sino a los valores: las civilizaciones tradicionales hablan en términos de “comunidad”, las modernas en términos de “clase”: las tradicionales se orientan por valores superiores, las modernas por valores materiales y de consumo; las tradicionales quieren seguir fieles a sus orígenes, quieren tener un vínculo con la “tierra de los padres” (por eso el patriotismo es propio de estas civilizaciones e incomprendido en la modernidad), las modernas niegan el pasado, lo perciben como regresivo, como cualquier otra estructura (como la familia, como la religiosidad, como la idea de orden, la de autoridad y la de jerarquía, que niegan pertinazmente). Son dos formas de entender la civilización que están frente a frente y de manera irreconciliable.

En la historia de España, algo trascendental ocurrió en 1717: la España tradicional de los Austrias (en realidad eran “las Españas”), fue derrotada por la Ilustración y la ideología de las Luces, entronizándose una dinastía afrancesada y “progresista”. Es a partir de ese momento en donde empiezan los problemas en la historia de España que se arrastran hasta ahora. Al centralismo francés traído por los borbones y destructor de fueros, sigue la revolución francesa traída a España por Napoleón y luego las revoluciones liberales. Negación de la tradición, afirmación del progreso. No es de extrañar que desde Felipe V las corridas de toros fueran denostadas primero por los ilustrados, luego por los afrancesados, finalmente por los liberales que mamaban de las fuentes de la revolución francesa de 1789 y actualmente por los “progres”.

Quizás fuera porque la dinastía de los Austrias no estuvo a la altura en sus últimos representantes que impidió que se operase un fenómeno de modernización similar al que experimentó Japón entre mediados del siglo XIX y hasta los años 60 del XX, cuando una sociedad inspirada por valores tradicionales, pudo aplicar modernas estructuras de producción basadas en los principios tradicionales (la fidelidad a la autoridad tradicional se trasladó a las empresas; el gusto por la obra bien hecha, presente en toda civilización tradicional, convirtió a Japón a partir de 1945 en gran potencia industrial… demostrando que Tradición no implica atavismo y atraso). La Alemania de Bismarck realizó un recorrido similar.

El punto de inflexión de nuestra historia (1717 con el desenlace de la Guerra de Sucesión) convulsionó a toda la sociedad española, incluso a la que había tomado partido por el Borbón. En ese momento, las ideas tradicionales fueron progresivamente arrinconadas en beneficio de las ideas ilustradas primero, liberales después y progresistas ahora. La idea de “las Españas” se arrinconó primero apareciendo un centralismo borbónico y luego el jacobinismo revolucionario que no era sino su adaptación y consecuencia extrema.

En el siglo XIX el foralismo carlista intentó mantener en pie la idea “de las Españas” y el vigor de los “cuerpos intermedios” de la sociedad a los que los liberales atacaron una y otra vez hasta prohibir el movimiento gremial. Luego, en el siglo XX, el debate no fue cerrado por la Generación del 98 y los regeneracionistas no consiguieron emitir un dictamen convincente sobre las causas de nuestra decadencia. En los años 30, los distintos movimientos que emulaban al fascismo, intuyeron cuál era el origen del problema de España. José Antonio Primo de Rivera condenó el liberalismo y aportó buenos motivos para ello. Al igual que otros fascismos de la época, consideró su pensamiento como una síntesis de tradición y revolución.

Si de algo podemos estar seguros es de que nuestra tradición política no deriva del liberalismo, como tampoco debe nada a las ideas de la Ilustración y a la ideología de Las Luces. Todo eso se concretó en las revoluciones liberales y masónicas y en la irrupción de otras familias políticas: liberalismo primero y socialismo después.

Las corridas de toros solamente se pueden enmarcar en la tradición española en tanto que cristalización de una parte de su identidad. Si se defienden principios identitarios y tradicionales, esto implica que, gustando o no gustando las corridas de toros, se las entiende y se las encaja en la historia de España.

A la inversa: quien dice pertenecer a una familia política que ha combatido (y ha sido combatida por…) al liberalismo y el socialismo (socialismo utópico y socialismo marxista), su actitud no puede ser sino automáticamente contraria a las corridas de toros, como, de hecho así lo demuestra este pequeño análisis histórico que hemos realizado, no solamente para recordar que los toros forman parte de la identidad española (y de “las Españas”) sino que existen dos familias políticas opuestas. Y la nuestra no tiene nada que ver con quienes sistemáticamente se han opuesto a los toros.

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