Crisis alimentaria aquí y ahora. El fantasma del hambre a la vuelta de la esquina
Infokrisis.- En 1974 Henry Kissinger había dicho: "Controle el petróleo y controlará naciones; controle comida y controlará a las personas”. Para algunos esta frase es todo un programa de gobierno. Hay algo todavía peor que la crisis económica: la crisis alimentaria. La primera la tenemos encima; de la segunda no nos libraremos. Llama a las puertas. Los responsables de la crisis económica y de la crisis alimentarias son los mismos: los grandes consorcios financieros. Son ellos los que han impuesto las políticas suicidas de la globalización y quienes nos están llevando a las puertas de la gran crisis alimentaria que en 2008 ya ha registrado los primeros chispazos.
Algunos recuerdan que la actual crisis económica estuvo precedida por un alza general en los precios de los alimentos. La gravedad de la crisis y la oleada de paro que se está produciendo desde el segundo semestre del año, hizo que el aumento de precios de los alimentos pasara a segundo plano. Pero la crisis alimentaria sigue ahí, amenazante, pendiendo sobre nuestras cabezas como otra amenaza, acaso la mayor: se puede vivir en paro, incluso sin petróleo, pero no sin alimento.
Noticias que han pasado desapercibidas
No sólo en España, sino en todo el mundo, el precio de los alimentos experimentó una subida radical desde la primavera de 2007. En particular, el trigo, el maíz y el arroz fueron los alimentos más afectados. La ONU informó que entre marzo de 2007 y marzo del 2008, el precio de los cereales aumentó un 88%, los aceites un 106%, la leche y sus derivados un 48%. Así mismo, el Banco Mundial explicó que desde junio de 2005, el precio del trigo ha aumentado un 181% y el de la comida en general un 83%.
El arroz que en Tailandia se vendía a 198 dólares la tonelada en 2003, se elevó a 1.000 dólares en abril pasado. En marzo de 2008, el precio del arroz se duplicó bruscamente en Haití. En los supermercados norteamericanos se agotaron todas las variedades de arroz. En Europa también hemos registrado aumentos de precio similares, pero no tanto como en el Tercer Mundo y especialmente como los 2.600.000.000 de personas que viven con menos de 2 dólares al día y que gastan el 80% de sus ingresos en alimentación. No es raro que se produjeran motines.
Los disturbios motivados por la escasez alimentaria han comenzado: en Burkina Faso una huelga general de dos días paralizó el país, reivindicando reducciones significativas en el precio del arroz. En abril, en Egipto, el ejército reprimió la huelga general en Mahlla (Delta del Nilo) que exigía sueldos más altos para poder afrontar las alzas de precios. Lo mismo ocurrió en Bangla Desh en las fábricas textiles de Fatullah. “Marcha del hambre” en Costa de Marfil y manifestación masiva ante la residencia presidencial; "Tenemos hambre," y "la Vida es demasiado cara, usted nos está matando", fueron las consignas. Despliegue de fuerzas armadas en Pakistán y Tailandia cuando la policía ya no era capaz de controlar los motines de los campesinos pobres y los asaltos a los almacenes. La lista es interminable: manifestaciones y protestas en todo el Sudeste Asiático (Camboya, Indonesia, Tailandia), en África (Camerún, Etiopía, Madagascar, Mauritania, Níger, Senegal, Zambia), en Centro y Suramérica (Honduras, Perú), en Asia Central (Uzbekistán), en Filipinas…
Según el Banco Mundial, 33 países se encuentran hoy en grave riesgo alimentario. La novedad es que la mayoría de ellos no se habían visto afectados nunca antes por la escasez. Un editorial de la revista Times alertó sobre la posibilidad de nuevas revueltas: "La idea de las masas hambrientas llevadas por su desesperación a tomar a las calles y derrocar el ancien regimen ha parecido imposible desde que capitalismo triunfó tan decididamente en la Guerra Fría.... Y todavía, los titulares del último mes sugieren que los precios de la comida subiendo como un cohete estén amenazando la estabilidad de un número creciente de gobiernos alrededor del mundo. Cuando las circunstancias hacen imposible alimentar a sus niños hambrientos, los ciudadanos normalmente pasivos pueden llegar a ser muy rápidamente militantes con nada que perder".
A finales de 2007, India anuncio que suspendía sus exportaciones de arroz: necesitaba reservas para su propia población. Vietnam hizo otro tanto: una epidemia de insectos había arruinado parte de la cosecha y el arroz producido sería destinado sólo a la población local. Ambos países, India y Vietnam, suponen el 30% del mercado mundial del arroz. Poco después, se produjo el pánico del arroz en EEUU: los consumidores compraron todo el que encontraron en las estanterías de los supermercados. Durante unos semanas hubo escasez de arroz en la meca del capitalismo.
El origen del problema
En Haití el “bizcocho de barro” se convirtió en 2008 en algo habitual: se calienta barro diluido en agua, se le añade algún aceite vegetal y sal... el ”manjar” está listo para su consumo. Haití es uno de los países más azotados por el hambre, a pesar de que en 1985 era autosuficiente en materia alimentaria. Haití producía 170.000 toneladas de arroz que garantizaban el 95% del consumo doméstico. Había miseria… pero no hambre. En 1995, el FMI exigió a Haití que cortara aranceles proteccionistas como condición para conceder un préstamo. El arroz importado pasó del 5% al 75%. El arroz norteamericano se vendió en el mercado local a la mitad de precio; no era mejor: simplemente estaba subvencionado con 232 dólares por Ha por el gobierno de los EEUU que, además, subsidia la exportación. Todo ese dinero no iba a parar a granjeros… sino a consorcios y corporaciones agroindustriales que les permitían vender arroz a un 50% por debajo de los costes de producción. Sorprendentemente la bajada del precio del arroz consumido en Haití no ha favorecido el aumento de su consumo… sino el hambre, al haber aumentado el paro entre los agricultores que constituyen la mayoría de la población.
Haití no es un caso único, ni siquiera extremo. En todo el Tercer Mundo –pero también en los países europeos del Mediterráneo- el mecanismo ha sido siempre el mismo: abolición de aranceles, llegada masiva de exportaciones procedentes de agriculturas ultrasubvencionadas, abandono del campo, aumento de la dependencia alimentaria…
A los países pobres del Tercer Mundo, siempre se les ha exigido abolir aranceles, permitir la entrada indiscriminada de exportaciones, para obtener préstamos. Este proceso ha arruinado completamente la agricultura de muchos países y generado migraciones masivas del campo a la ciudad. Ahora, 100 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre en el mundo a causa de este sistema.
La responsabilidad de los biocarburantes
Los consorcios agroindustriales norteamericanos han comprado gigantescas extensiones de tierras en todo el Tercer Mundo (utilizando para ello plusvalías procedentes de los años de vacas gordas en las bolsas internacionales). Estas gigantescas extensiones de terreno se están cultivando hoy, pero no para cereales destinados a la alimentación, sino a la producción de los llamados biocarburantes.
En 2006 el desvío de cereales a circuitos no alimentarios subió de un 2% a un 3%. Ese 1% se desvió hacia piensos y biocarburantes. Un 1% parece poco, pero es suficiente como para arrastrar toda una cadena de subidas en el precio de los alimentos: para producir un kilo de vacuno se precisan siete kilos de cereales. Al haber aumentado el consumo de carne entre las nacientes clases medias asiáticas, el fenómeno ha multiplicado su impacto: mientras que en China la clase media crecía un 8’6% en 1990, en 2007 lo hizo a un 70%.
Mientras que la producción mundial de alimentos ha ido creciendo a un ritmo mayor que la población mundial desde 1960, incluso durante los años 2006-2008… sin embargo, el precio de los alimentos se ha ido encareciendo hasta hacerse insoportable, especialmente en las economías más modestas.
A partir de 2007 el precio del maíz empezó a fijarse, no en base a los costes de producción y a unos criterios aceptables de rentabilidad, sino en relación al del petróleo, con la consiguiente subida. El efecto inmediato, fue la subida de los precios del maíz destinado para alimentación (y sus derivas, incluidas margarinas), que arrastró luego subidas similares en el precio de la soja, del trigo y de los aceites vegetales para uso alimenticio.
Hay tres elementos que han contribuido a que el precio del petróleo aumentara: de un lado, en tanto que combustible fósil, cada día que pasa, el consumo hace que disminuyan la cantidades de hidrocarburos existentes en el planeta; de otro, el consumo mundial de petróleo aumenta, no solamente en los países industrializados, sino especialmente en los países en vías de industrialización. No se encuentran nuevos yacimientos que compensen el aumento en la demanda del petróleo. Finalmente, también el petróleo se convirtió en un objeto de especulación y a partir de agosto de 2005 se inició “la burbuja petrolera”.
Estos tres elementos, han interactuado para generar un aumento del precio del petróleo. En 2003, el barril de petróleo valía 25 dólares, pero el 29 de agosto de 2005 había alcanzado los 70,85 dólares. Cuando parecía que este sería el tope histórico, el huracán Katrina hizo que aumentara todavía más al afectar a las refinerías situadas en el Golfo de México. Los especuladores transformaron esta tragedia en “burbuja”: en mayo de 2008 el precio alcanzó los 133,17 dólares y en el mercado de futuros se compraba a 168,96 dólares por barril. Luego empezó a remitir, a la vista de que la economía mundial era inviable en esas circunstancias. La “burbuja petrolera” había cesado, pero poco podía hacerse para evitar que los otros dos factores (aumento de la demanda y descenso de las existencias) pusieran fin a la era de petróleo barato.
Sin embargo, los consorcios petroleros afrontaron el problema desde otro punto de vista. Desde los años 80, buena parte del combustible utilizado en Brasil se obtenía a partir de vegetales. Era el “combustible verde” en un tiempo en el que todo lo “verde” tenía buena imagen. Así que fueron los consorcios petroleros los que estimularon la producción de biocarburantes. Había otra buena razón: los EEUU subvencionaba la producción de oleaginosas y gramíneas utilizadas en los biocarburantes. Era como encontrar un pozo de petróleo y que el Estado pagara por la extracción. Pero cualquier gramínea dedicada a biocarburantes queda desviada del circuito alimentario…
¿Quién es el culpable de la “burbuja alimentaria”?
En Perú en agosto de 1990, siguiendo órdenes del FMI el precio del combustible se multiplicó por 30 y el del pan por 12… de una sola vez, en la misma noche y sin aviso previo. Fue la exigencia para obtener un crédito de 1.500 millones de dólares. Es una de las delicias del “mercado libre”. Sin embargo, lo agricultores locales no experimentaron ningún aumento en sus beneficios.
El "mercado libre" destruye las agriculturas locales… incluida la española que no puede afrontar los precios de hortalizas, frutas y verduras procedentes de Marruecos y agoniza lentamente para mayor gloria de la globalización. Si esto pasa en un país europeo, en África, esa política conduce directamente a las hambrunas.
¿Quién gana con este proceso? No gana ni siquiera el granjero medio norteamericano, tan solo un pequeño racimo de empresas que controlan los mercados internacionales de grano, los fertilizantes y el mercado de semillas. Cargill Inc y sus 140 firmas controlan el mercado mundial de grano. Nadie puede competir con Cargill Inc que fija el precio de compra y el de venta, actuando en régimen de oligopolio.
Consorcios como éste utilizan a la Organización Mundial del Comercio (WTO) como ariete para penetrar en terrenos insospechados. El de las semillas, por ejemplo. Unas pocas empresas tienen la exclusiva “propiedad intelectual” sobre las variedades de plantas obtenidas mediante diseños biotecnológicos. Esas plantas son difundidas a través de programas de ayuda y de la abolición de restricciones impuesta por la WTO. Los granjeros del Tercer Mundo las plantan y obtienen cosechas nunca antes vistas (utilizando los fertilizantes adecuados facilitados por los mismos consorcios). Sólo al cabo de un año entienden que no pueden volver a plantar las semillas obtenidos de los frutos cosechados… sin pagar derechos a Monsanto o Arch Daniel Midland y sólo utilizando los fertilizantes vendidos por esas mismas empresas. Ese modelo económico es el que facilita la irrupción de hambrunas y el control alimentario ejercido por unas pocas empresas.
Decrecimiento y ruptura con la globalización
El “desarrollo sostenible”, bendecido en las cumbres de la ONU, se ha mostrado, paradójicamente, insostenible. No se trataba solamente de que los habitantes de las “naciones emergentes” de Asia, utilizasen un carburante cada vez más escaso en la naturaleza: también empezaron a alimentarse con dietas que nunca habían pertenecido a su tradición secular, rechazaban la alimentación monótona e iban incorporando (a medida que las multinacionales de la alimentación y el fast-food penetraban en sus países) cada vez más carne. Si tenemos en cuenta que este proceso está ocurriendo en las zonas más pobladas del planeta, es evidente desde hace diez años que se estaban alterando las necesidades alimentarias del planeta.
Para colmo, la subida del precio del petróleo hizo que aumentara el precio de los fertilizantes y su transporte. Ahora hemos llegado a un proceso endiablado: se gastan hidrocarburos fabricando fertilizantes, se aumenta el consumo de combustible transportando esos fertilizantes y se gastan más cantidades de petróleo poniendo en marcha máquinas de siembra y recolección de plantas que son utilizadas para… fabricar biocarburantes, con los que compensar la escasez de combustible. Todo esto evidencia el estado de una civilización que ha perdido el norte en cuyo centro se ha instalado lo absurdo, cuando lo absurdo sirve a los intereses de los grandes consorcios.
Esta espiral no tiene salida: necesitamos más petróleo para fabricar biocarburantes; pero ésto –unido a las malas cosechas y a la especulación- provoca el aumento en el precio de los alimentos. Y así seguirá mientras el objetivo sea suplir la crisis energética con biocarburantes… lo que añade una crisis alimentaria, además de no servir para resolver las necesidades energéticas del planeta.
En los países emergentes no disminuirá el número de ciudadanos que aspiren a vivir “como occidentales” (el modelo etnocéntrico norteamericano acompaña a la globalización) por lo tanto hay que pensar que cada vez será preciso aumentar más las superficies de cultivo dedicadas a biocarburantes… con lo que disminuirán las dedicadas a alimentación. Y ni siquiera está claro que exista superficie de cultivo suficiente en todo el planeta como para suministrar energía a todos los motores que existirán de aquí al 2020 cuando el petróleo empiece a escasear de verdad.
Solamente hay tres salidas: o una disminución drástica de la población mundial, especialmente la de los países emergentes que, de paso, son los más superpoblados; o el hallazgo de nuevas formas de energía; o el decrecimiento.
Los atentados de Bombay en noviembre pasado demostraron que “alguien” parece interesado en envenenar las relaciones entre India y Pakistán y convertir aquella zona en una prolongación de la guerra de Afganistán. A fin de cuentas (como decíamos en ID-14, págs. 31-34), no sería la primera vez que se sale de una crisis económica organizando una guerra que ocasione decenas de millones de muertos (y en la zona podrían alcanzarse con facilidad algún centenar de millones en poco tiempo), estimule la productividad de algunos países y genere perspectivas de crecimiento económico mediante inversiones en la reconstrucción de los países afectados.
En cuanto a las nuevas formas de energía, no hay que ser hoy muy optimistas a medio plazo, a pesar de que la esperanza de que los científicos encuentren nuevos hallazgos que eviten los problemas generados por el crecimiento, haya alimentado la concepción “progresista” de la historia durante siglo y medio. En realidad, lo que ha ocurrido es otra cosa: los científicos han generado inventos que han mejorado la calidad de vida, pero al mismo tiempo creando nuevos problemas, los cuales han sido resueltos con otros inventos que han terminado generando más problemas… hasta la situación límite actual. No se puede ser muy optimista en torno a esto. Haría falta ver si crear un parque móvil de vehículos movidos con energía solar, resuelve el problema o más bien crea nuevos problemas medioambientales: ¿dónde se almacenarían las baterías amortizadas? ¿no correrían el riesgo de agotarse determinados minerales utilizados para la fabricación de esas mismas baterías? La ciencia no tiene respuestas para todo y las respuestas que aporta no están libres de suscitar nuevos y más graves conflictos.
Queda la opción del decrecimiento. Un planeta de posibilidades y recursos limitados, no puede crecer de manera ilimitada. No hay, pues, “desarrollo sostenible”. Ahora de lo que se trata es de desandar lo andado o enfrentarse a la realidad de problemas medioambientales cada vez mayores e irresolubles.
Decrecimiento implica que todos vamos a sufrir mermas en nuestro ritmo de vida a cambio de obtener una garantía de viabilidad del planeta. Probablemente deberemos utilizar más a menudo transportes públicos. Seguramente, habrá que renunciar a vehículos de alta cilindrada y potencia elevada. Mientras se encuentra una solución energética viable (la energía de fusión no estará presente en nuestras vidas antes de 2040-2050) habrá que restringir los consumos, optimizar los rendimientos, esforzarse en las energías renovables y aumentar los presupuestos de investigación en estos sectores. Pero todo esto no bastará.
Será preciso moderar el volumen de población: no habrá que ver como una tragedia el que la pirámide de edades sea, durante unas décadas, negativa y que al bajar la población el PIB sea negativo. Si el problema es el pago de pensiones, el Estado deberá habituarse a administrar mejor sus recursos, reducir su volumen y aligerarse. Europa es, por cierto, una de las zonas más pobladas del planeta. Menos población, menos consumo. Y si esa población es, cuanto más homogénea, mejor, tenderán a desaparecer problemas y tensiones étnico-sociales. En este terreno el fin de la globalización debe acarrear el fin de la multiculturalidad y el mestizaje.
Hoy, no es que falten alimentos, es que están mal gestionados. No es raro: se gestionan en beneficio de unos pocos consorcios que dominan la alimentación, los fertilizantes y los mercados internacionales. Solucionar el problema pasa por una profunda reforma internacional, no sólo de la Organización Mundial del Comercio y de los tratados firmados, sino del FMI y el Banco Mundial, culpables en gran medida de la crisis alimentaria. Y, por supuesto, la abolición de “derechos de propiedad intelectual” sobre semillas obtenidas por biotecnología. Todo esto implica –vale la pena recordarlo- una profunda reforma política en cada país y la alteración profunda de las correlaciones de fuerzas políticas que han permitido llegar hasta esta situación. Dicho con otras palabras: quienes han gestionado el poder en los últimos 30 años, son culpables de las situaciones generadas y deben pagarlas. Las responsabilidades políticas a quienes firmaron alegremente acuerdos con la WTO y facilitaron la aplicación de políticas de destrucción de nuestros campos, deben ser exigidas y sus siglas arrojadas al estercolero de la historia.
Cada país debe tender a la autosuficiencia alimentaria. O al menos cada bloque económico integrado debe disponer de esa autonomía. Vale la pena recordar que la Unión Europea tuvo como precedente la “Europa Verde” que estableció normas que consiguieron estabilizar los precios de los alimentos en los años de postguerra y racionalizar la producción. La globalización se muestra como la causa de buena parte de los males de la economía, pero también ha terminado siéndolo de los pueblos. La globalización ha facilitado el alza del precio de los alimentos, las hambrunas en determinadas zonas del planeta y, finalmente, el que un sector que afecta a toda la población, esté en manos de un cartel de corporaciones multinacionales que actúan en régimen de oligopolio.
Los Estados tienen la obligación de facilitar el derecho a la vivienda, a la alimentación y al bienestar a las poblaciones y esos derechos están por encima de los acuerdos internacionales firmados irresponsablemente y de los derechos de los consorcios multinacionales.
Las dos consignas para los próximos años no puede ser otras más que decrecimiento y ruptura de la globalización. Eso o tendremos un negro futuro como perspectiva.
[recuadro fuera de texto]
Geopolítica del agua
El agua dulce escasea cada vez más. Para el 2025 se calcula que el 70% de la población no tendrá acceso a “cantidades suficientes de agua potable”. Hoy, el 20% del agua dulce es utilizada por la industria, el 67% va a parar a la agricultura (85% en Asia, África e Iberoamérica). El consumo doméstico ocupa el 10% del total. El agua está presente en todas partes, pero no toda puede consumirse. El 97% del agua de la Tierra es salada, solamente el 2’5% es dulce y el 0’5% es humedad superficial. Buena parte del agua dulce se encuentra en acuíferos subterráneos que, una vez explotados tardan en renovarse. En cuanto a las aguas de los ríos cada vez están más contaminadas.
En Europa la situación es muy mala. La mayoría de ríos están contaminados con agrotóxicos y residuos industriales. La situación es particularmente preocupante en España, Italia (especialmente en el Sur), Grecia, Balcanes, Holanda y Alemania. Asia está todavía peor y el agua es uno de los elementos que enfrentan a Turquía e Irak (por el control de las fuentes del Tigris y el Ëufrates) y la principal causa del conflicto en Palestina (al precisar los cultivos del desierto del Negev, las aguas del Jordán y de los acuíferos de Gaza). Iberoamérica con un 12% de población mundial tiene el 47% de las reservas mundiales de agua, lo que no es obstáculo para que en algunas zonas se exploten acuíferos hasta agotarlos.
Falta agua. Por tanto, no es raro que en los próximos años se desencadenen “guerra del agua”. La escritora y cuentistas política canadiense Maure Barlow en su libro “Oro Azul”, indicó que “antes de que nosotros nos diéramos cuentas de esta crisis del agua, las corporaciones transnacionales ya lo habían previsto y formaron un cartel para apropiarse del agua. El Fondo Monetario Internacional está presionando a los países que padecen una crisis monetaria y económica para que -entre otras cosas- privaticen el agua como condición para liberar los créditos”. Por su parte, el Director del instituto Polaris de Canadá, indicaba que, ”Hay un grupo de corporaciones que controlan el agua a escala mundial”, citando a tres de las más importantes: Lyonneise des Eux, Vivendi (ambas francesas) y RWE de Alemania.
La Organización Mundial de la Salud, informó en 2006 que más de mil millones de personas no disfrutan de suministro seguro de agua potable. Chris Middleton -director de la consultora australiana de marketing de bebida Fountainhead- asegura que, “en cuestión de 30 años el agua embotellada ha pasado de no ser prácticamente nada, a ser la segunda o tercera mercancía que más dinero mueve en el mundo después del petróleo y el café”. En este mercado de “pocas ballenas y muchos pezqueñines” al decir de Middleton compiten Coca Cola y Pepsi. Para Nestlé, según sus propias estadísticas, los habitantes del planeta beben 148.000 millones de litros anuales, alrededor del doble que en 1996. El mercado asiático crece a un ritmo vertiginoso, duplicándose las ventas entre 1997 y el 2002. La causa es la alta contaminación de los recursos hídricos, convirtiéndose China en el tercer consumidor de agua embotellada con aproximadamente 10.000 millones de litros anuales (una media de 8 litros por persona).
A la escasez de agua se une también el destrozo ecológico que suponen miles de millones de embases de plástico con un peso estimado de 1.500.000 toneladas de las solamente se recicla un 20%... ¿solución? Para echarse a temblar: embases reciclables fabricados a partir de ¡maíz!, que se descompondrían fácilmente en agua, dióxido de carbono y material orgánico… lo único que faltaría para que los precios de los alimentos experimentaran otro nuevo repunte.
El hecho de que la ONU haya establecido una “década internacional” (de 2005 a 2015) con el título de “agua por la vida”, no parece que vaya a servir para mucho. Mientras la población del planeta crezca y sus nuevos hábitos alimentarios precisen cada vez más cereales, el consumo del agua irá en aumento. Para colmo, el cambio climático y la desertización creciente de partes del planeta se unen al agotamiento de acuíferos, la contaminación de ríos y lagos. Se prevé que en el 2050 7.000 millones de personas se vean afectadas por la escasez de agua. La ONU atribuye esta situación a la “mala gestión de los recursos hídricos” pero el problema es mucho mayor. En las llamadas Metas de Desarrollo del Milenio para el 2015, la problemática del agua ocupa un lugar preferente.
La Declaración Ministerial de La Haya de marzo de 2000 estableció la relación entre la ausencia de agua y el aumento de las enfermedades y la muerte. En 2000, la tasa de mortalidad estimada sólo por diarreas relacionadas con la falta de sistemas de saneamiento del agua fue de 2.213 millones de personas. La mayoría fueron niños. En la misma reunión se aceptó que el agua constituye una parte esencial de todo ecosistema. Sin embargo, se aceptó también que en el 2030 el 60% de la población mundial vivirá en ciudades y que en las nuevas conurbaciones no existen garantías ni de suministro de agua, ni de eliminación efectiva de residuos, ni, por tanto, podrán existir garantías sanitarias. Además, habrá que dar de comer a esa población: dado su número es inevitable recurrir a la agricultura sistemática, pero, aun mejorando los sistemas de riego, lo que se logrará es aumentar la cantidad de agua dedicada a este fin ¿en detrimento de la industria o del consumo humano? Habrá, necesariamente, que promover una industria más limpia, no sólo menos contaminante, sino que consuma menos agua y que contamine menos. Y eso va a ser difícil: especialmente por que determinados países fían todo su futuro al desarrollo industrial.
Durante siglos, el agua dulce del planeta ha parecido bastante estable. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, los procesos de contaminación empezaron a alterar ese equilibrio. Los vertidos tóxicos y la contaminación de acuíferos crean problemas insuperables y hacen que el agua a disposición de la agricultura y del consumo humano, disminuya. Lo dramático es que aumenta la demanda de agua potable para consumo humano, para agricultura y para industria. En estas circunstancias la tesis del “desarrollo sostenible” ya ni puede seguir siendo una esperanza.
(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@blogia.com - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.
Preguntas razonables sobre una situación económica irracional
Infokrisis.- ¿Cómo disminuir el déficit fiscal? Lo importante no es bajar o subir impuestos, sino eliminar la principal causa del déficit. España supera hoy en 6’5 puntos el umbral de endeudamiento previsto en el Pacto Europeo de Estabilidad. En 2010 la situación no mejorará. No hay en el horizonte ningún motivo para el optimismo. La solución del PP consiste en bajar impuestos, en la creencia de que esa medida contribuirá a subir la inversión; la solución socialdemócrata consiste en subir impuestos… Ninguno de los dos grandes partidos responde a lo esencial: ¿cómo contener el gasto público? Y ¿cómo eliminar a los principales elementos generadores de gasto público? Para determinar el tratamiento adecuado a una enfermedad hay que conocer sus causas. El déficit público es una enfermedad, pero nuestra clase política se niega a señalar con el dedo a la principal bomba aspiradora de recursos público: la inmigración.
La sensación que se tiene después de cada medida económica del gobierno Zapatero es que cada vez nos encontramos más lejos de la solución. Subidas de impuestos, Plan E, ayuda a la banca, plan VIVE, miles de millones distribuidos entre ONGs, subsidios repartidos alegremente a millones de inmigrantes… Todo ello es como para sentir un inmenso agujero negro bajo nuestros pies del que, a pesar de la fraseología zapateriana, lo único que se puede experimentar es una angustia creciente. Las cifras son elocuentes…
¿Qué es el déficit fiscal?
Es la situación en la cual los gastos realizados por el Estado y sus organismos, superan a sus ingresos en un año de ejercicio. En el caso español, cuando se habla de este déficit se incluye el de las administraciones locales, el aparato del Estado y las Comunidades Autónomas.
Históricamente, los Estados procuraban no entrar en situaciones de déficit fiscal. Fue a partir de la primera crisis del petróleo en 1973 cuando se empezó a generalidad y hoy es una lacra habitual en las economías de casi todas las naciones especialmente en momentos de crisis cuando se reducen las recaudaciones del Estado y aumentan los gastos sociales (como ocurre en la actualidad).
Al existir déficit tiende a aumentar el endeudamiento público y la emisión de deuda. Para hacerla atractiva es preciso incrementar los tipos de interés… con lo cual, se palia el déficit, pero aumentan las obligaciones del Estado en pago de intereses, lo que hace que aumente el déficit.
En ciencia económica se considera que la peor medida para combatir el déficit es la emisión de papel moneda. Para hacerlo sin provocar hiperinflación, es preciso deshacerse de las reservas en divisas con lo que la moneda pierde posibilidad de cubrir el pago de las importaciones y, por tanto, se muestra a corto plazo insostenible.
¿Cuál es la situación actual en España?
A lo largo de 2009 el déficit presupuestario del Estado español siguió creciendo hasta situarse en julio en los 49.687 millones de euros, cinco veces más que en el mismo período del año anterior, según cifras del propio Ministerio de Economía. Esa cantidad supone el 4,69% del Producto Interior Bruto (PIB) español, cuando un año antes, el déficit presupuestario se situó en 9.912 millones de euros.
España entró oficialmente en recesión en el segundo semestre de 2008. Ese año terminó con unas cuentas públicas (incluidas las del Estado, los ayuntamientos, las comunidades y la seguridad social) absolutamente deficitarias que supusieron el 3,8% del PIB, frente a un superávit del 2,2% en 2007. Para 2009, el gobierno prevé un déficit de las cuentas públicas del 9,5%, ¡6,5 puntos por encima del límite puesto por el Pacto de Estabilidad europeo!
Cuando termine el año el déficit habrá superado el 10% y se situará en torno a 70.000 millones de euros. Prácticamente el mismo que corresponde en porcentaje a los EEUU si tuviera la misma población que España.
¿Cuál es la salida “clásica” a esta situación?
La subida de impuesto era, por tanto, inevitable como resultado de una política económica torpe cuyos grandes defectos fueron: no prever ya en 2003 que construcción y turismo sufrirían una inflexión, basar el modelo económico en un aumento de más de 500.000 de consumidores adultos entre 1997 y 2008, con bajos salarios, altos índices de endeudamiento y en función de solamente dos sectores económicos, construcción y hostelería, negar durante nueve meses la existencia de la crisis y no reaccionar durante otros seis, adoptar medidas erróneas (apoyo a la banca, Plan E, Plan VIVE) y negarse a aplicar soluciones (repatriación de los excedentes migratorios) que pudieran contravenir la ideología mítico-universalista del presidente del gobierno.
El resultado, dentro de la improvisación y la falta de imaginación y autoridad del gobierno, ha sido una inevitable elevación de impuestos que generará más paro y mayor ralentización económica: subida del IVA, desaparición de la desgravación de 420 euros, aumento de los impuestos indirectos, impuesto sobre el ahorro y amenaza de nuevos impuestos (como la “tasa ecológica” que ya empieza a despuntar en los discursos de algunos ministros).
Parece muy difícil que todas estas iniciativas logren recaudan más allá de 15-17.000 millones con lo que distaría mucho de recuperarse niveles aceptable de endeudamiento, al menos en los próximos seis años, como mínimo, especialmente si tenemos en cuenta que no hay absolutamente ninguna razón para pensar que en el 2010 el déficit no seguirá creciendo.
En los primeros meses del año, la recaudación del IVA se ha reducido un 36,1% y los ingresos del Estado por vía impositiva han caído un 16,9%. Particularmente grave y significativo ha sido la caída de la recaudación por el impuesto sobre Sociedades que sufrió perdió un 25,2% de ingresos. Cae el consumo, cae la actividad económica, cae, por consiguiente, la recaudación fiscal. Subir impuestos es la garantía de que el Estado atenuará ligeramente su déficit (en absoluto lo resolverá) y, sobre todo, que aumentarán las bolsas de economía sumergida, la defraudación fiscal y, lo que es mucho peor, los cierres de empresas, con el consiguiente aumento del paro y de la carga social que el Estado deberá afrontar si no quiere asistir impotente a una revuelta social de dimensiones desconocidas en nuestro país.
¿Existe solución?
No desde luego si un gobierno débil y de incapacidad manifiesta para la gestión de la economía sigue en el puente de mando. Las elecciones anticipadas se configurarán como una urgencia a lo largo de 2010. No desde luego si Zapatero se sigue negando a reconocer la realidad: la economía mundial no podrá arrastrar a la economía española (al menos significativamente) porque en España los dos pilares sobre los que se basaba nuestro modelo están agotados definitivamente: construcción (el “ladrillado” ha dejado como herencia 3.000.000 de viviendas invendibles en los próximos 20 años) y hostelería (encarecimiento de los destinos turísticos, saturación, nuevos mercados en el Este Europeo mucho más baratos).
La única solución es la disminución del gasto público, una disminución radical. Aparte de una necesaria reforma del panorama autonómico y de una racionalización de la administración (17 autonomías son demasiadas para gestionar un país y un 30% de funcionarios no tiene parangón con país desarrollado alguno), la repatriación de los excedentes de inmigración es la única medida que lograría tres cosas: 1) atenuar de manera significativa el déficit y las inversiones gravosas para el erario e inútiles (miles de millones gastados en “integración”, formación profesional para inmigración, subsidios, prisiones, policía, justicia, etc.), 2) resolver el problema del paro entre autóctonos, 3) aumentar el volumen de los salarios (al haber menos mano de obra, los salarios tienden a elevarse) y, por tanto a estimular el consumo, relanzando la economía.
Lo que es absolutamente imposible es mantener una masa inerte de inmigrantes que siguen llegando (600.000 en 2007, 400.000 en 2008 –cuando ya la crisis era palpable-, 200.000 según las previsiones en 2009) y que no retornan. Hoy puede dudarse de que esa inmigración viniera a España atraída solo por las perspectivas de trabajo: en realidad, el hecho de que hoy, cuando no hay trabajo, ni perspectiva de haberlo en años, persistan en quedarse demuestra que su interés estriba en aprovechar los servicios sociales, los subsidios, los servicios sanitarios y educativos… Están en su derecho: pero ni en tiempos de bonanza ni en tiempos de crisis el Estado puede permitirse una masa inerte tan absolutamente desmesurada. De 6.500.000 inmigrantes, apenas cotizan a la seguridad social 1.500.000. Buena parte del resto vive de la caridad pública, esto es, de los ingresos del Estado. Las repatriaciones masivas de inmigrantes en paro de larga duración, el cese de las reagrupaciones familiares, de las regularizaciones por arraigo y la expulsión de inmigrantes que hayan cometido actos de delincuencia o que estén implicados en trabajo negro, son políticas duras pero racionales si el objetivo es disminuir la carga del Estado.
¿Hay alguna otra solución?
La solución Zapatero, esto es la solución socialdemócrata, es aumentar impuestos y que vayan llegando inmigrantes. Cargar el peso de la crisis sobre las clases medias. La solución Rajoy es disminuir impuestos y, tal como demostró el PP entre 1996 y 2004 mirar a otro lado cuando llegan ilegales. Ambos partidos coinciden en facilitar el despido… aunque ambos oculten esta carta para períodos alejados de elecciones.
La solución Rajoy se basa en las mismas concepciones neoliberales que nos han conducido hasta esta crisis: facilitar el que empresarios sin escrúpulos bajen salarios, que la banca abra la espita del crédito para que el endeudamiento de las familias aumente hasta que cada individuo viva solo para pagar su deuda, sin más aliciente que endeudarse de nuevo cuando pague la anterior; con unos bancos que imponen sus criterios en economía (fueron ellos los que generaron el “ladrillazo” y los que provocaron la artificial subida del precio de la vivienda mediante sus empresas de tasación) y unos empresarios que quieren beneficios máximos a riesgo cero… Rajoy piensa que todos estos alicientes para los “señores del dinero” bastarán para reactivar la economía.
En cuanto a la oferta del PP de bajar impuestos es falaz: el Estado tiene unos compromisos de pago ineludibles, el problema no es bajar impuestos en realidad, sino evitar que el déficit aumente. Y en este sentido no hay absolutamente ninguna medida que indique como el PP piensa generar esa disminución del déficit. Bajar impuestos sin disminuir las causas que generan déficit supone, en la práctica, aumentarlo hasta hacerlo impagable.
La peor perspectiva que puede considerarse en España es que a los años de negligencia económica de Zapatero, siga un ciclo en el que todavía se agrave más la situación económica: y nada, absolutamente nada en el programa del PP indica que podría ser de otra manera.
[Recuadro fuera de texto]
EEUU: como en España (o a la inversa)
De acuerdo con el departamento del Tesoro de los Estados Unidos, el déficit del presupuesto federal del país en 2008 ha alcanzado los 454.810 millones de dólares, cifra casi tres veces la registrada del año anterior. Lo más preocupante consiste en que los 700.000 millones de dólares del plan de rescate no están incluidos en los números rojos del año fiscal de 2008 que finalizará en septiembre, y que el déficit fiscal en el próximo año financiero podría sobrepasar los 800.000 millones de dólares.
Las causas: desaceleración económica y bancarrota financiera
El déficit fiscal de 2008 ha sido el más alto durante los más de 200 años desde la fundación de los EEUU, superando los números rojos de 2007 de 161.530 millones de dólares, la cifra pronosticada de la oficina de presupuesto del Congreso (438.000 millones de dólares) y la prevista de la oficina de administración y presupuesto (389.000 millones de dólares).
Los ingresos federales de EEUU en 2008 disminuyeron en un 1,7%, pasando de los 2.570.000 millones dólares a los 2.520.000 millones, mientras los gastos aumentaron en un 9,1 % alcanzando los 2.980.000 millones de dólares.
Henry Paulson, secretario del tesoro (equivalente a ministro de economía y hacienda) atribuyó el aumento del déficit fiscal al impacto negativo de la desaceleración económica sobre los ingresos y los beneficios de las empresas, el reembolso tributario diseñado para promover la reactivación económica, a los gastos ocasionados por la quiebra de algunos bancos, y, por supuesto, al incremento de gastos militares. A partir de estos datos se entiende perfectamente por qué Obama ha clausurado la instalación de misiles anti-misiles en Europa del Este.
Más déficit en 2009
Los 700.000 millones de dólares propuestos en el plan de rescate bancario, aprobado por el Congreso a principios de octubre, no están incluidos en el déficit fiscal del año financiero de 2008 que finalizó ya el 30 de septiembre, sino deben ser pagados por el presupuesto del próximo año.
Los números rojos del presupuesto federal de 2009 de EEUU podrían superar los 800.000 millones de dólares, mientras que los gastos aumentarán ampliamente debido al pago del plan de rescate bancario, a la recesión económica y al reembolso tributario propuesto en el plan. Las políticas expansionistas previstas por la administración Obama tenderán a incrementar el déficit mucho más que a reducirlo.
Preocupación en China
Los expertos chinos en economía están preocupados por el impacto del alto déficit fiscal de EEUU en dos años consecutivos pueda tener en China que mantiene reservas en divisas en moneda americana que el gobierno no ha hecho público pero que parecen acercarse al medio billón.
Chan Xuelin, uno de los economistas más brillantes que asesora al gobierno chino en la materia dijo que para afrontar el alto déficit fiscal, es posible que EEUU emita en gran margen la moneda, lo que conducirá inevitablemente a la devaluación del dólar. Actualmente vivimos un espejismo: el dólar se ha revaluado debido al incremento de la necesidad del dólar para enfrentarse a la crisis financiera global. Pero esto no durará siempre. En el momento en que se restaure la confianza en los mercados, se reducirá la necesidad del dólar y la cuantiosa emisión de la moneda estadounidense dará origen a una devaluación drástica sobre cuya cuantía los expertos chinos no se ponen de acuerdo. Para los más pesimistas el dólar podría perder hasta el 70% de su valor.
En China se teme esta inevitable devaluación de la que no se duda que causará pérdidas en aquel país. La dependencia de China de los mercados estadounidenses es elevada a causa de la globalización. La continua recesión económica en EEUU limitará las exportaciones chinas a ese país y arrojará al paro a millones de antiguos campesinos que abandonaron la agricultura para instalarse en los polígonos industriales. Su retorno, frustrados y desorientados, a los campos que en otro tiempo fueron suyos será causa de trastornos sociales que en las zonas del oeste chino, poblados por la etnia Hui, de mayoría islamista, pueden terminar en un aumento de la influencia de los movimientos secesionistas y, en cualquier caso de la conflictiva social.
(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@blogia.com - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.
Año decisivo. Catástrofe cantada.
Infokrisis.- Todavía es pronto para conocer el destrozo que la crisis económica –pero no solamente la crisis económica- ha traído al sector turístico. Las primeras cifras hablan de un descenso del 14% en el número de visitantes y de una caída del 20% en los ingresos del sector. Las cifras del paro que se soportarán entre octubre de 2009 y abril de 2010 (los meses “bajos” en el empleo) van a ser dramáticas. Los 5.000.000 de parados que parecían imposible hace 18 meses se van a superar con creces y los especialistas que analizan la situación con mas realismo halan de 5.500.000 de parados reales antes de fin de año. ¿Y 2010? La esperanza de Zapatero es que la monstruosidad de estas cifras se vaya atenuando en los próximos meses. ¿Se atenuará o seguirá creciendo?
El riesgo es precisamente ese: que la ralentización de la actividad económica contraiga todavía más el mercado laboral y siga habiendo un proceso de desertización laboral, quizás no a la misma velocidad que en los últimos 18 meses, pero si una pérdida de puestos de trabajo por goteo. Durante los meses “buenos” de creación de empleo se remontará algo la tendencia (esto es de junio a septiembre) y durante los meses “malos” (de septiembre a mayo) seguirán destruyéndose empleo. Lo saben todos los economistas. El único que parece ignorarlo es ZP.
La esperanza de Zapatero
A ZP y a su equipo, hoy por hoy, le interesan más las cifras esperanzadoras que se generen en los EEUU o en Alemania y Francia que la miserable realidad del país que están gestionando. Su esperanza –en estos momentos su única esperanza de sobrevivir a las próximas elecciones- es que la locomotora franco-alemana y la reactivación económica en los EEUU arrastren el crecimiento de la economía española. Basta ver la fe del carbonero con la que ZP alude a alguna pequeña cifra que pueda resultar esperanzadora en aquellos países.
Zapatero cree saber que el electorado es voluble y olvida pronto las estrecheces de ayer, si en el momento de celebrarse las próximas elecciones, al menos puede alardear de algunas cifras esperanzadoras. En su contra juega el hecho de que si se llegara al final de la legislatura (lo que tampoco está tan claro), las elecciones tocarían en marzo del 2012: un mes “bajo” en el empleo. Y solamente 10.000 parados más en febrero podrían sepultarlo electoralmente.
Pero ¿qué otra esperanza podría tener ZP? Sus medidas se han demostrado absolutamente ineficaces: la banca gracias pudo afrontar sus pagos el pasado diciembre gracias al dinero público, pero aquel auténtico toque a rebato de ZP con la excusa de que así se abriría la espita del crédito se ha demostrado falsa y mendaz. En cuanto al Plan E, el coste por puesto de trabajo creado ha sido excesivo, sus beneficios sociales fugaces y, finalmente, ni siquiera ha podido generar empleo estable en la construcción que es, a fin de cuentas lo que se perseguía. El resto de medidas no han tenido ni el más mínimo impacto en la economía. No es raro que a estas alturas ZP piense que la economía española solamente reaccionará dejándose arrastrar por una oleada de actividad económica en EEUU y en el eje franco-alemán.
Por su parte, el comisario Almunia –miembro del PSOE, no se olvide- sigue siendo poco optimista respecto a la situación económica. Así lo ha declarado en dos ocasiones sucesivas a lo largo del mes de agosto: “España saldrá de la crisis, pero lo hará más tarde que otros países europeos” y “La economía española todavía tardará en reactivarse”. La cuestión es: ¿se reactivará algún día?
Una economía en vía muerta
Zapatero lleva diez meses hablando del “cambio de modelo económico”, pero ni una sola medida –absolutamente ni una- de las adoptadas por el gobierno va en esa dirección, de lo que cabe deducir que la economía española carece en estos momentos de “modelo”. El anterior ya ha fracasado (basado en turismo, construcción y bajo coste de la mano de obra mediante la importación masiva de trabajadores), pero sigue sin haber nada que lo sustituya. Entonces ¿de dónde van a salir los nuevos empleos? A estos se une el fenómeno de la deslocalización que sigue vivo y activo y que genera, por sí mismo, un cambio de modelo… a peor: las empresas españolas dejan de ser plantas productoras de bienes, para convertirse en redes comerciales que colocan en el mercado productos fabricados en el exterior. ¿Quién dijo que no había un nuevo modelo? El problema es que ese es el modelo de la globalización, esto es, el modelo que interesa al gran capital, no a las clases trabajadoras españolas.
Hablando con concejales socialistas (pero también populares) de pueblos de pequeña y mediana entidad, da la sensación de que todavía creen que en un próximo futuro el sector de la construcción reverdecerá como en sus mejores tiempos. Otro tanto ocurre con el turismo: la patronal a de hostelería aceptando el criterio del gobierno piensa que el bache es solamente temporal y pasajero, debido a la crisis económica. En breve, todo remontará…
Se equivocan: aún hoy se siguen construyendo más viviendas de las que se están vendiendo. En estos momentos solamente se está vendiendo un 14% de las viviendas de nueva construcción y todavía hoy es posible ver a constructores “valientes” que, seguramente compartiendo la esperanza gubernamental de que el bache pasará pronto, siguen construyendo bloques de viviendas… Incluso “el Pocero” paradigma de la zafiedad inmobiliaria de este país, proclama que, cuando “suban los populares” todo irá bien y que, de momento, se va a construirles viviendas a los guineanos…
Lo que los especialistas consultados dicen es otra cosa: cuentan que en los últimos 18 meses el precio de la vivienda se ha desplomado un 25%, pero que de aquí a los próximos 18 meses el desplome puede ser todavía mayor. Así pues en mayo de 2011, el precio de la vivienda puede ser un 50% inferior al que tenía en abril de 2008. Lo que traducido quiere decir que el precio de la vivienda se situará prácticamente en los niveles que tenía en 2002 y ni siquiera está claro que en mayo de 2011 se vaya a producir todavía un repunte del precio. El mercado es el mercado… y ante el exceso de oferta de viviendas, el mercado responde bajando los precios. Hay 3.000.000 de viviendas en venta en nuestro país y aun en el supuesto de que se vendieran al ritmo que en el período 2000-2007 tardarían 12 años en venderse. Por eso la construcción no repuntará en mucho tiempo.
En cuanto al turismo, ya dijimos en el IdentidaD-19 que la crisis es un aspecto coyuntural solamente de la bajada de visitantes; los nuevos destinos turísticos en el Este de Europa especialmente, los cambios de gusto de la población, la pacificación de casi toda la antigua Yugoslavia, el cambio climática que hace que cada vez más turistas nórdicos se queden en su país y los cambios en la sociedad española (encarecimiento del precio de los servicios, aumento desmesurado de la delincuencia y mano de obra sin experiencia en la atención al público a causa del empleo masivo de inmigrantes), hacen que las previsiones de un aumento del 5% anual hasta el 2050 sean hoy un cuento de niños que ningún economista puede tomar en serio por mucho que fueran difundido por la Organización Mundial del Turismo.
Ni hostelería ni construcción podrán protagonizar un enderezamiento de la economía española. ¿Puede aparecer otro sector productivo con energía suficiente como para tomar el relevo? No, es más, los signos son completamente pesimistas y tienen que ver con el creciente endeudamiento público. A medida que el Estado va emitiendo deuda pública, logra que cada vez más capital inversor vaya absorbiendo cada vez más compromisos de pago suscritos por el Estado que, en principio, es más solvente que las empresas privadas. Por tanto, del dinero disponible para la inversión, el Estado, al emitir deuda, absorbe una parte sustancial (en estos momentos se calcula que entre el 65 y el 70%), lo que quiere decir que cada vez llega menos dinero a las empresas.
Las empresas, por su parte, no pueden disponer del crédito bancario, al haberse cerrado la espita del crédito y persistir la inestabilidad y las sospechas de insolvencia de muchas instituciones bancarias. Esto lo compensaban empresas recurriendo, mediante la bolsa, a la inversión privada. Pero hoy, cada vez hay menos dinero para apoyar a la empresa privada: el Estado se ha convertido en una bomba aspiradora de capital financiero.
El Estado ahora a la empresa privada, tal es el diagnóstico. Contra más deuda contraiga el Estado, más asfixia generará indirectamente en la empresa privada. Pero el Estado tiene otro recurso para salir del bache…
La inevitable subida de impuestos ¿a quién?
Si el Estado gasta más, deberá de ingresar más necesariamente. Además, la emisión de deuda implica necesariamente el pago de un interés, es decir, de más gasto. Así pues, finalmente, “alguien” tiene que pagar la deuda: el sufrido ciudadano a través de sus impuestos.
Antes del verano pasaron casi desapercibidas las subidas de impuestos en la gasolina y en el tabaco. ZP prefirió no anticipar el estallido social (inevitable por otra parte) retrasando la subida de impuestos del alcohol. Con todo el consumos de cerveza descendió un 15% en el último año. Mala señal, porque la caña de cerveza es una de las pocas alegrías que el español medio se ha podido permitir incluso en tiempos de crisis. Después del verano ZP ya no va a poder subir más los impuestos sobre gasolina y tabaco, sin duda los más lucrativos (a pesar de que el consumo de tabaco ha caído brutalmente no tanto por las campañas en su contra como por efecto de la crisis y la venta de tabaco en rama y de papel para liar, ha alcanzado máximos históricos).
La única vía es la subido de los impuestos. El 21 de agosto, José Blanco, ministro que a la postre está resultando completamente gris y anodino, lanzó la voz de alarma: “Va a ser necesario que los impuestos sobre las rentas más altas suban”, lo que traducido quiere decir que todos aquellos cuya vida dependa de una nómica van a tener que pagar más. Sí, porque cuando los socialistas aluden a las “rentas más altas” ¡se están refiriendo a la clase media!
La prueba de esto es que cuando en plenas vacaciones el Consejo de ministros aprobó una renta de 420 euros para trabajadores en paro que hubieran agotado otras prestaciones, se preocupó de acompañas la medida de tales condiciones que solamente un 3% de los parados sin ninguna percepción, ha podido acogerse a ella. Es preciso, por ejemplo, que la suma de los ingresos de ambos cónyuges en paro no sea superior al 75% del salario mínimo interprofesional o que no se cobre ninguna otra pensión ni ayuda…
La “gran medida social” del verano, estaba completamente deshinchada el 20 de agosto cuando miles de parados habían acudido a las oficinas de empleo a solicitar la prestación y se habían encontrado que, por unos motivos u otros, no tenían derecho a ella: solo el 3% regresó con el formulario para cobrar 420 euros durante seis meses. Pero la crisis será mucho más duradera y tampoco esta fórmula habrá resuelto nada más que unos titulares durante unos días. La deuda pública, además, aumentará.
Ruptura del diálogo social
Era inevitable. Zapatero, como Pilatos, se había lavado las manos: dejó a los “interlocutores sociales” que negociaran entre ellos, para no quemarse y para salir solamente en la foto cuando llegaran a un acuerdo. Pero era inevitable que terminaran enfrentándose. Así pues, hemos estado soportando durante algo más de un año, la ficción de que existía un “diálogo social”, cuando lo que existían eran posiciones encontradas que nada ni nadie iban a ser capaces de resolver.
En este tipo de negociaciones, está claro que cada parte aspira a resolver todos sus problemas y a extraer las mejores condiciones. Además, cada parte representa a sectores sociales muy concretos: la patronal no puede regresar a sus asambleas y explicar que todo sigue igual, con más impuestos, con unas cuotas de la seguridad social que son a la postre un gravamen sobre los salarios, sin posibilidades de deshacerse trabajadores poco eficaces, etc. En cuando a los sindicatos, en esta negociación también se la juegan. Cada vez está más extendido el rumor de que los sindicatos se muestran complacientes antes ZP y no entran a matar, simplemente porque el gobierno ha comprado al peso a sus cúpulas… lo cual, por otra parte, es rigurosamente cierto en lo que se refiere a UGT (pago de las deudas pendientes a cambio de sumisión sindical) y solo en menor medida a CCOO (Toxo, el nuevo secretario general, sigue estando mudo y con un perfil completamente desdibujado, quizás como contraste a la envergadura física de su pred
ecesor Fidalgo y a su mayor claridad de ideas).
Roto el diálogo social ¿qué queda? Lo normal sería que el gobierno se plantara y dictara a las partes las medidas necesarias, no tanto para que pudieran salvar la cara ante sus respectivas fuerzas sociales, sino para que la economía española arrancara. Y, además, el gobierno tendría que predicar con el ejemplo, esto es, someterse él mismo al criterio de los técnicos y expertos en economía en lugar de dilapidar dinero para amamantar a bolsas de electores, alardear de verdaderos acuerdos de financiación autonómica en lugar de blufs para asegurar que tal o cual partido nacionalista apoye los próximos presupuestos y, por supuesto, dejar de tirar el dinero en subvenciones a excentricidades de todo tipo, reducir el número de ministerios, etc., etc. Algo, en definitiva, que el gobierno ZP no va a hacer.
¿Entonces qué perspectiva social tenemos por delante? Si no hay diálogo social, la única alternativa es el fin de la paz social, y el enfrentamiento patronal-sindicatos. No importa si los sindicatos mayoritarios intentan aplacar los ánimos de los trabajadores: ni CCOO, ni UGT van a salir indemnes de su pasividad previa. En los dos últimos años (desde la huelga del transporte de julio de 2008) los sindicatos independientes se han ido reforzando y ganando posiciones. El gobierno puede controlar a dos cúpulas sindicales a base de óbolos y gabelas, pero no puede hacer lo mismo con decenas de sindicatos de rama. En las próximas movilizaciones obreras que se avecinan para otoño vamos a ver frecuentemente al sindicalismo independientes desbordar a los sindicatos amaestrados. La pregunta siguiente va a ser: ¿entonces qué representatividad tienen esos dos sindicatos mayoritarios como únicos interlocutores de la patronal en el “diálogo social”?
Si es cierto que terminaremos el año con 5.500.000 de parados reales, toda la sociedad española tiene un problema, pero sobre todo el mundo del trabajo: urgen medidas, pero nadie es capaz de adoptarlas. El gobierno, vergonzosamente ausente del “diálogo social” (al carecer en este terreno, como en cualquier otro, de propuestas realistas) se ha traducido un posiciones inencontrables entre patronal y sindicatos. Si no hay diálogo, habrá choque. Y 5.500.000 parados son la garantía de que ese choque se va a producir a lo largo de 2010, el año político que ahora empieza.
(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@blogia.com - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.
Banca no embarga a partidos. Por algo hubo unanimidad en ayudar a la banca con dinero público.
Infokrisis.- Deben bastante más que usted y yo, incluso bastante más que la inmensa mayoría de empresas, sin embargo los bancos les tratan con guante blanco y paños caliente. Y no es por caridad… El pasado día 20, El mundo publicó la noticia de que en 2006, el Banco de Santander y la caja vasca BBK condonaron al PSOE el pago de 33 millones de euros procedentes de los intereses de créditos impagados suscritos hace más de 20 años cuando tuvo lugar la campaña para el referéndum sobre la OTAN. Es una práctica que roza la ilegalidad. El Tribunal de Cuentas ha denunciado repetidamente a los partidos por condonación ilegal de deudas. Los bancos no contabilizan estas condonaciones como “pérdidas” sino como “inversiones”. Las cifras son escandalosas. En un país en el que cada día se ejecutan 700 hipotecas y embargos, nadie toca un pelo a los mayores deudores: los partidos.
Solamente entre 1997 y 1999 la banca condonó deudas de los partidos por un importe de 19,1 millones de euros y se negó a ejecutar deudas impagadas a esos mismos partidos por valor de 26 millones de euros sólo en 1999. Los datos están extraídos de un informe del Tribunal de Cuentas del Reino. En esos mismos años, los partidos políticos habían recibido 448 millones de euros de ayudas públicas. Demasiada ayuda, demasiados impagos para entidades de derecho privado.
A lo largo de estos años, la condonación de 1.150 millones de las antiguas pesetas al PSC-PSOE ha sido el episodio que más ha dado que hablar y que contribuyó a sacar a la superficie esta práctica bancaria poco ortodoxa. La defensa del PSC fue torpe y contribuyó a que la condonación pasara a ser un escándalo cuando alegó que su acuerdo con la caja de ahorros era "privado" y aseguró que "los datos de la renegociación están donde tienen que estar". No era esa la opinión del Tribunal del Cuentas que desmintió al PSC alegando que el partido no había aportado “la documentación acreditativa correspondiente del acuerdo alcanzado con la entidad financiera a finales de 2004".
Según EFE, las fuentes consultadas del sector financiero conocedoras de estas actividades apuntaron que "las condonaciones a los partidos políticos han sido y son normales y no sólo a ellos, también a ayuntamientos e instituciones con implicaciones sociales", añadiendo que "No es caso de ponerse a embargar un partido una corporación local o una empresa clave para un municipio. Hay que pactar".
ERC o el independentismo bancario
La Caixa desde hacía tiempo se había convertido en la vaca que muñían los partidos políticos catalanes para llevar un ritmo de gastos muy superiores a sus ingresos. En 2005 se supo también que esta institución había perdonado 2,7 millones de euros a ERC. Lo grave no era esto sino que la condonación se realizó cuando el pequeño partido catalán ya había entrado en el gobierno tripartito catalán, no antes.
En este caso La Caixa se limitó a perdonar los intereses generados entre 1996 y 2004 por un crédito de 1,41 millones de euros. En el colmo del cinismo, ERC alegó ante esta información publicada por El Mundo que los intereses eran abusivos y que nunca reconocieron esta deuda como tal…
Hay que decir que en 1996, ERC se encontraba literalmente expoliada por su anterior secretario general Ángel Colom. Solamente cuando ya no quedaba nada de dinero en la caja y la Visa-oro se había agotado, Colom y Pilar Rahola abandonaron el partido arrastrando a un pequeño grupo de diputados del Parlament gracias a los cuales pudieron seguir contando con fondos públicos obtenidos a través de la financiación recibida como “grupo independiente” de esa institución. Cuando en las siguientes elecciones autonómicas, el Partit per l’Independencia perdió esa fuente de financiación, simplemente se disolvió. Rahola se orientó hacia el PSC y Colom hacia CiU siendo recompensado con la “embajada” de la Generalitat en Rabat. Colom se configuró como uno de los máximos responsables de que en Catalunya la inmigración magrebí sea mayoritaria. Acto seguido, y a pesar de una situación de completa insolvencia, ERC firmó un crédito con La Caixa que le fue concedido y que, por supuesto, está pendiente de pago.
La cosa no habría llamado la atención de no ser porque en 1999, ERC inició una campaña contra el pago de peajes en las autopistas catalanas cuyo concesionario era ACESA que tenía como accionista mayoritario a… La Caixa. En esta ocasión La Caixa amenazó –según fuentes de ERC- con el embargo de bienes si no se pagaba la deuda. ERC aminoró el ritmo de su campaña y la retiró poco después. En esa época, el crédito ya había vencido y los intereses se fueron acumulando. En 2004, los intereses ya eran superiores a la deuda y en total alcanzaban los 2,7 millones de euros. Entonces ERC accedió al poder en Catalunya. Ya no volvió a tener problemas de liquidez…
La Caixa accedió a descender los intereses al 3%, una práctica absolutamente inusual en la banca. Cuando el crédito se firmó, los intereses de un crédito eran del 11%. ¿Conoce usted a algún particular o a alguna empresa al que la banca haya aceptado renegociar los intereses de un crédito simplemente por que eran altos en el momento de la firma? ¿Cómo La Caixa ha contabilizado los 2,7 millones de euros de intereses firmados y no pagados? ¿Cómo es posible que mientras ERC se mostraba remisa a pagar, La Caixa le concediera otros dos créditos hasta llegar a deber a la entidad 4,1 millones de euros de mayor y 2,7 de interés? Si ERC considera que el 65% de la deuda perdonada por La Caixa no es ni “condonación, ni trato de favor” ¿qué es?
Ante las informaciones publicadas sobre créditos condonados, el Colectivo de Funcionarios Públicos "Manos Limpias" ha presentado sendas denuncias ante la Fiscalía General del Estado y la Fiscalía Anticorrupción contra el ministro de Industria, José Montilla y el presidente de La Caixa, Ricard Fornesa, por presuntos delitos de tráfico de influencias, cohecho, prevaricación y financiación ilegal de partidos políticos. La denuncia fue sobreseída.
¿Qué espera un banco de un partido?
Ni a usted ni a mí, ni a ninguna PYME nos condonan créditos. Los misterios son tres: ¿Por qué los bancos condonan deudas a los partidos políticos, no exigen la devolución de créditos y se niegan a embargar sueldos a cargos públicos y bienes del partido? ¿Qué esperan obtener a cambio a la vista de que ningún banco regala dinero por nada? ¿Cómo contabiliza la banca estos impagos? Las respuestas son evidentes y dicen muy poco sobre la legitimidad del sistema político español.
Los préstamos y créditos concedidos por bancos y cajas de ahorro, en tanto que se conceden y no se pagan, son regalos realizados a los partidos políticos encubiertos por el formalismo que implica firmar una póliza. Regalos ¿a cambio de qué? A cambio de que los bancos y cajas puedan realizar negocios multimillonarios a la sombra del poder ante los que los créditos concedidos a los partidos son meras limosnas. Si los bancos –tal como reconoce un informe del Tribunal de Cuentas- condonan sistemáticamente las deudas a los partidos políticos con representación parlamentaria, es evidente que esperan compensar esa pérdida con otros ingresos. Así las condonaciones se convierten, no solamente en una nueva fuente de financiación ilegal de los partidos políticos, sino en focos de corrupción.
Resulta sorprendente, por ejemplo, que la garantía que los partidos parlamentarios ofrecen para recibir el crédito sea la subvención que ellos mismos se atribuyen procedente de fondos públicos. Sin embargo, cuando esa subvención llega puntualmente, la cantidad no queda vinculada al pago de los créditos, desapareciendo la garantía.
No es raro que sobre este tema, tanto los bancos como los partidos mantengan una opacidad absoluta y solamente se hayan producido algunas filtraciones periodísticas. En 1995, la deuda de los partidos ascendía a 15.000 millones de pesetas, siendo líderes el PSOE (en aquel momento en el gobierno y, por tanto, en posición ideal para facilitar buenos negocios a las grandes empresas) con 10.000 millones de deudas. Y es que los bancos y cajas consideran a los partidos como “clientes especiales”, a fin de cuentas rentables. Un medio de comunicación escribía: “No cobrarán en dinero sus deudas sino en adjudicaciones de obras para sus empresas de construcción, en resoluciones parlamentarias o en el más variopinto de los sistemas”.
El Tribunal de cuentas ha instado al Congreso a que legislara para cubrir este vacío legal. Una propuesta ingenua porque precisamente en el parlamento se sientan solamente representantes de los partidos políticos que no están dispuestos ni remotamente a renunciar a la facilidad de obtener créditos gratuitos y dinero fácil.
Los bancos son los primeros en ocultar estas prácticas. A fin de cuentas, el hecho de que los partidos pasen por ventanilla para recibir dinero demuestra quién manda en realidad. En ocasiones la Banca se ha equivocado en sus apuestas, como cuando prestó 4.000 millones de pesetas de los años 80 a la llamada “operación Roca” (Partido Reformista), dinero del que no recuperaron ni una sola peseta, ni que nadie reclamó. Desde entonces la banca apuesta solo a caballo ganador.
[fuera de texto]
Una larga historia en donde no hay inocentes
En noviembre de 2005, Jaime Caruana, gobernador del Banco de España anunció que estaba recabando información sobre la condonación de un crédito de La Caixa al PSC por valor de 6,57 millones de euros. Las condonaciones siguieron y a petición del organismo regulador de la banca, las cajas de ahorro tuvieron la obligación de comunicar al Tribunal de Cuentas los créditos que conceden a los partidos políticos.
Desde entonces las cosas no han variado, solamente se han hecho más discretas. El caso de la Caja de Castilla La Mancha es significativo: no concedió créditos a partidos políticos pero sí a empresarios vinculados al PSOE hasta mucho más allá de tener la mínima esperanza en que iban a ser devueltos. Hecha la ley, hecha la trampa.
Los préstamos sin devolución y los tratos de favor han proseguido desde entones. El PSC, por ejemplo, ha podido mantener desde 1994 el impago de 14 millones de euros de créditos hasta conseguir que La Caixa condonara el 45% de esa deuda. En cuanto el 55% restante que ascendía a 7’81 millones fueron renegociados al 3% de interés, la mitad del tipo vigente en 1994.
Los socialistas son, con mucho, el partido más endeudado. El PSOE debe en estos momentos, según el Tribunal de Cuentas, 48 millones de euros a distintas entidades de crédito sin que nadie los reclame a pesar de que algunas desde estas deudas están impagadas desde hace 20 años… y los intereses acumulados debía de haber duplicado el mayor la cantidad debida.
El PSOE alegó que, en breve pagaría parte de esa deuda… con la restitución de bienes incautados por el franquismo, que era otro subterfugio para disminuir la propia deuda con dinero público.
En 2007, el Tribunal de Cuentas volvió a pronunciarse en un informe sobre la ilegalidad de la política de condonaciones bancarias, añadiendo que podía poner en peligro la liquidez y la solvencia de las Cajas de Ahorro. Fue todavía más duro: las consideró como fuentes de “financiación irregular”. En ese momento, la deuda total vencida de los partidos políticos ascendía a 40 millones de euros, siendo los partidos de izquierda los máximos beneficiarios de esta política.
¿Y la derecha? Ni el PNV, ni el PP deben créditos, pero, en cambio si tienen un alto nivel de donaciones anónimas de legalidad dudosa. En cuanto a CiU combina ambas fuentes de financiación: créditos impagados y récord de donaciones privadas anónimas, otro dato que permite considerar que el permanente “oasis catalán” es un estercolero de inmundicias e intereses espurios.
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Ni contención del gasto público ni prudencia. Así se dilapida nuestro dinero
Infokrisis.- La “ayuda al desarrollo” y a las más inverosímiles ONG son un pozo sin fondo para la hacienda pública. La política de inmigración figura entre la más obscena del gobierno Zapatero. En lucha antiterrorista, al menos, ha habido una prudente marcha atrás y lo mismo puede decirse en la aventura autonómica emprendida por los socialistas en la anterior legislatura. Pero en inmigración cualquier rectificación parece excluida por los planes del presidente del gobierno. Y es ahí, justamente ahí, en donde haría falta con más urgencia, desandar lo andado y sustituir la “improvisación y la chapuza” por una política digna de tal nombre.
En 2009 el déficit público habrá aumentado extraordinariamente y seguramente se situará en torno a los 30.000 millones de euros. No hay ninguna garantía de que la sangría se detenga en diciembre del 2009, sino que es más que posible que siga aumentando.
En diciembre de este año nos habremos aproximado a los 3.000.000 de parados y un año después es más que posible que hayamos superado la barrera de los 4.000.000. El gasto social que representa el pago de subsidios y seguros de paro va a ser de tal calibre que será necesario contener el gasto público.
Zapatero y el derroche presupuestario
Hay áreas de la administración en donde se dilapidan cientos de millones de euros al año. El gobierno está subvencionando a las más absurdas ONGs, cubriendo en algún caso hasta el 80% de su presupuesto (como el caso que denunciamos del Movimiento contra la Intolerancia) sin que su tarea sea en absoluto relevante, ni reaicen ninguna aportación tangible a la sociedad salvo el enriquecimiento de sus administradores.
El otro frente que será preciso recortar es el de la, eufemísticamente llamada “ayuda al desarrollo”. La intención del gobierno ZP de alcanzar en esta legislatura la barrera-fetiche del 0’7% debe ser revisada. Aunque nuestro país gozara de una desahogada situación económica habría que preguntarse si esa ayuda sirve para algo.
¿Salvar vidas o sostener a tiranuelos?
Cuando se formula esta cuestión a cooperantes, ONGs y profesionales de la “ayuda humanitaria”, la respuesta es siempre la misma: “con que salve una vida, ya es suficiente”. De hecho, nuestro actual 0’5% de PIB destinado a ayuda al desarrollo no solamente no salva vidas, sino que probablemente contribuye solamente a que muchos tiranuelos africanos sigan masacrando a su población.
Cuando se viaja a cualquier país africano, tanto en Marruecos como en Malí o Mauritania, en los comercios se pueden ver las bolsas de arroz o harina de Cruz Roja con la indicación: ”Ayuda humanitaria. Prohibida su venta”. Hoy, la ayuda humanitaria sirve sólo para que una banda de progres y snobs laven su conciencia pensando que hacen algo “por los pobres”.
En realidad, nuestros fondos de “ayuda humanitaria” languidecen en las bancas suizas en cuentas cifradas cuyos titulares son los tiranuelos africanos. O centroamericanos. Países como Nicaragua reciben ingentes ayudas de fondos solo por el hecho de ser gobernados por amigos de ZP como el “comandante” Ortega, al margen de que su propia familia lo haya denunciado como violador incestuoso y pedófilo.
Viajar por el mundo tirando de talonario
En período de “vacas gordas” nadie se preocupaba por este 0’5%. A fin de cuentas, el superavit de las cuentas permitían arrojar a los pobres eso y mucho más. A Zapatero se le llenaba la boca exhibiendo en NNUU y en los mítines las abultadas cifras de “ayuda al desarrollo”. Moratinos llegó a desarrollar el Plan África, basado solamente en el ingenuo método de hacer amigos tirando de talonario.
Cada ve que Leyre Pajín o la vicepresidenta del gobierno o el propio Moratinos toman el jet con destino a cualquier país insolvente es cuestión de echarse a temblar: podemos apostar con que el viaje costará entre 5 y 40 millones de euros en “ayuda al desarrollo” que, simplemente, por presentarse como “ayuda humanitaria”, parece libre de toda crítica. Y debería ser todo lo contrario.
Si esa ayuda no se fiscaliza hasta el último euro se corre el riesgo –como ya ha ocurrido- de que cualquier ayuda a los países pobres esté bajo sospecha. Hoy hemos alcanzado ese punto de desconfianza: ni una sola vez el gobierno socialista nos ha explicado para qué ha servido esa “ayuda al desarrollo”, nunca nos han presentado un logro realizado con el dinero de nuestros impuestos, jamás hemos visto un proyecto educativo con pies y cabeza que haya cristalizado… sabemos eso sí, que los excedentes de algunas editoriales ligadas al partido del poder, se han enviado a países como Bolivia como “ayuda”… ayuda ¿a quién? Al país receptor o a la “empresa de los amigos”.
Las exigencias impuestas por la crisis
Hoy más que nunca es urgente que el Estado se fije dos objetivos: ayudar con eficacia y disipar las reservas que tiene la población sobre el destino de la “ayuda humanitaria” y la tarea de las ONGs. Para eso será preciso aplicar estrategias consistentes en:
1) Cortar toda ayuda con países que no colaboren al 100% en la repatriación de inmigrantes.
2) Cortar toda ayuda a gobiernos dictatoriales y sanguinarios que restringen los derechos humanos.
3) Suspender toda ayuda humanitaria a países en los que existan serias sospechas de que los fondos y los bienes enviados se dilapidan o se desvían hacia otros objetivos.
4) Realizar auditorías oficiales a todas las ONGs que hayan recibido más de 60.000 euros en ayudas públicas para comprobar si el dinero público se ha destinado a los fines programados y en su defecto entregar los datos a la fiscalía general del Estado para que actúe en consecuencia.
5) Restringir las ayudas y los beneficios fiscales solamente a las ONGs que realmente realicen una función social.
6) Llevar ante el Tribunal Internacional de La Haya a países que no hayan respetado los acuerdos bilaterales firmados por España.
7) Depurar responsabilidades en la cúpula de Interior y en la cúpula del ministerio de Trabajo e Inmigración sobre los “maletines” entregados irresponsablemente a policías y autoridades de los países receptores de vuelos de repatriación.
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El proceso de creación del dinero: moneda sin respaldo. La Gran Estafa
Infokrisis.- La constatación de la realidad económica obliga a definir las bases de una nueva economía. Hay algo en esta crisis económica internacional que no termina de entenderse: ¿cómo unos cuántos miles de hipotecas impagadas en EEUU han generado un efecto tan absolutamente impresionante que ha paralizado la economía mundial y que dista mucho de haber alcanzado sus últimas consecuencias? Como siempre, las raíces de los males son profundas y el origen de esta crisis no radica en tal o cual práctica asumida por las entidades de crédito en EEUU entre 2002 y 2007. Las malas prácticas bancarias de esos años han precipitado una crisis cuyo origen se encuentra en la naturaleza misma del sistema bancario. Su origen es la usura (el préstamo con interés). Su remedio una nueva visión del Estado y del Trabajo.
“¿Trabajar? ¿para qué? Mejor que trabaje tu dinero… ¿Para qué esforzarse si una buena inversión permite vivir mejor que esos idiotas que apenas pagan su deuda con el sudor de su frente?”… Las fórmulas para que el dinero “trabaje” por ti, son múltiples: un 10% de rendimiento del capital es considerado hoy como el sueño de un inversor feliz (aunque, finalmente, se trate de una estafa piramidal). Pues bien, actitudes frívolas como esta –que están en la mente de todos y a las que nadie puede resistirse– son las causantes, en última instancia de la actual crisis.
Cuando en una sociedad el principal valor es el dinero ocurren cosas como ésta. El dinero es lo único percibido como real por la modernidad. Sin embargo, el dinero se crea de la nada. O mejor dicho: se crea a partir de la deuda, una paradoja como otra cualquiera de un sistema, en sí mismo, paradójico.
¿Qué es la moneda?
Llamamos moneda a una “pieza de material resistente”, metálica y acuñada en forma de disco que se emplea como medida de cambio por su valor intrínseco y como unidad de cuenta (esto es, unidad que mide el valor de mercado, euros, dólares, yens). Para que algo sirva como moneda debe ser fácilmente transportable, difícilmente falsificable y aceptado unánimemente por la sociedad. Así pues, la moneda es un convencionalismo aceptado para poder realizar intercambios comerciales.
En nuestro ámbito de civilización, el oro y la plata han sido considerados metales nobles, próximos a la naturaleza de los dioses y, por tanto, elegidos como material para las acuñaciones. Si las monedas fueron circulares se debió a que esa figura geométrica era considerada como propio de los dioses. Las estrías que presentan las monedas aún hoy, fueron en otro tiempo símbolos sagrados que invocaban el beneficio de esos mismos dioses. Alterar el valor de la moneda se considerada un delito gravísimo penado sólo con la muerte más cruel que pudiera imaginarse. El préstamo con interés estaba prohibido y quien lo practicaba era considerado, simplemente, un parásito y despreciado por la gran masa social.
Hasta ese momento, aparte de la economía de trueque que subsistió hasta un tiempo relativamente reciente, toda moneda en circulación estuvo “respaldada” por el material del que estaba hecho. El “papel-moneda” todavía no existía.
De la moneda real a la moneda imaginaria
En el siglo XII los Caballeros Templarios habían desarrollado un sistema bancario que acumuló en pocas décadas un patrimonio extraordinario perteneciente, no a ellos en tanto que personas, sino a su orden; la Orden del Temple se regulaba mediante una regla rígida que impedía el enriquecimiento de sus miembros. En las encomiendas templarias existían bóvedas subterráneas en las que quien lo deseaban podían guardar su oro. A cambio, recibían un documento acreditativo del depósito. Esto les permitía tener la tranquilidad de saber su oro custodiado por una orden guerrera sometida a una regla de pobreza, castidad y obediencia. Al mismo tiempo permitía realizar desplazamientos a otras poblaciones y no correr el riesgo de ser asaltado en los caminos. La posesión del recibo del depósito bastabaa para hacerlo efectivo en otra encomienda templaria. Así nació el papel moneda.
En 1314, los últimos templarios fueron quemados en una isla del Sena por un rey ambicioso que codiciaba sus tesoros y que, de paso, les debía mucho oro. A partir de ese momento, la banca dejó de estar sometida a reglas éticas o morales: quien ejercía de banquero buscaba su propio enriquecimiento, tal era su normal moral. La nueva generación de banqueros laicos, pronto se dieron cuenta de que los depositarios del dinero, raramente lo retiraban, sino que preferían utilizar los recibos como elemento de pago. Eso, además de estimular la creación de más papel moneda, dio otra idea a los banqueros.
Ya que en sus arcas tenían almacenado un oro que no era suyo sino de los depositarios, pero que estaba permanentemente conservado allí, podrían prestarlo a terceros cobrando un interés. Cualquier forma de interés era considerada hasta entonces como usura, pero los préstamos que necesitaron los gobiernos para afrontar conflictos y guerras, hicieron que desde el mismo poder, cambiara la percepción de la usura hasta convertirse en moralmente aceptable pasando a llamarse “interés bancario”. El dinero “empezó a trabajar” por sí mismo.
La siguiente vuelta de tuerca se produjo cuando los banqueros advirtieron que nadie, salvo ellos, conocían el monto total de los depósitos guardados en sus bancos. Cada depositario individual conocía el valor de lo que tenía depositado… pero ignoraba lo que tenía el vecino. Así pues, ¿por qué no prestar más dinero del que se disponía en depósito, entregando “papel moneda”? Se trataba de un fraude que permaneció oculto durante muchos años.
Cuando los gobiernos advirtieron el mecanismo utilizado por los banqueros, se limitaron a establecer unos límites para el crédito: admitieron que solamente se pudiera prestar más dinero del realmente existente, dentro de unos márgenes. Había nacido el dinero imaginario.
¿De dónde sale el dinero que prestan los bancos?
Hoy, los usuarios del sistema bancario tienen el convencimiento de que el dinero que prestan los bancos procede de los depósitos que tienen y de su sabia gestión. En absoluto: los bancos prestan un dinero que no poseen. Simplemente lo “crean” a partir de la deuda. Oficialmente, por cada 1 € depositado realmente en el banco, existen otro 9 € más, inexistentes que pueden ser prestados. Si se produjera una quiebra de tal o cual banco, el Banco Central acudiría en su ayuda (lo que no se indica es lo que ocurriría si fueran todos o buena parte de los bancos los que quebraran…). Así pues, los gobiernos constituyen, en última instancia, el aval para los bancos: y esto es hoy, la última trinchera capaz de generar confianza en el sistema bancario. De ahí la importancia de los movimientos económicos realizados en todos los países occidentales en el pasado mes de noviembre para salvar a la banca, concediéndole préstamos mediante la emisión de deuda.
Hubo un tiempo en que el dinero estaba limitado por la cantidad de oro y plata existente. El papel moneda hasta principios del siglo XX era raro y cualquier establecimiento podía negarse a aceptarlo de la misma manera que hoy algunos rehúsan aceptar pagos con tarjetas de crédito. En nuestro país, los billetes indicaban que “El Banco de España pagará al portador la cantidad de X pesetas”. Sin embargo, hoy ya no es posible convertir el dinero en algo diferente. El oro, la plata o el cobre ya no son los “respaldos” para un billete. El dinero se crea como hemos dicho a partir de la deuda mediante un simple procedimiento.
Los Estados exigen a las instituciones bancarias que tengan “reservas”. El ejemplo clásico que se da es el de un banco de nueva creación que disponga de un capital inicial de 1.111,12 euros, que constituye su capital efectivo aportado por los inversores. La legislación actual permite que ese dinero sea considerado como “reserva” en la proporción 9 a 1. Los clientes pueden pedir, en esas circunstancias créditos por un valor total de 10.000 euros (9 veces el capital inicial depositado realmente en el banco). Cuando eso ocurre, el banco simplemente se limita a solicitar al Banco Central que le permita “crear” esa proporción de dinero 9 veces superior al capital depositado. A partir de ese momento se trata simplemente de anotar en la ficha del cliente una deuda de 10.000 euros, deuda que el receptor del préstamo reconoce mediante su firma y sobre la que responde con sus bienes. Además deberá pagar los correspondientes intereses.
Si se trata de comprar un coche, el vendedor recibirá esos 10.000 euros en efectivo (que hasta entonces habían sido una mera anotación contra la cuenta del prestatario) y los depositará en el banco ya como dinero en efectivo. A partir de ahí, el banco podrá conceder otro crédito e 9.000 euros a otro cliente. El proceso se repetirá y el banco volverá a recibir en efectivo los 9.000 euros pudiendo legalmente conceder otro préstamo de 8.000 y así sucesivamente, en un proceso que se ha definido como una “muñeca rusa infinitamente decreciente” que recibe el nombre de “reserva fraccionada”. Y a eso se referían Zapatero y Solbes cuando insisten en las “garantías de seguridad del sistema bancario español”….
En última instancia, el dinero es creado por los gobiernos (a través de las autoridades monetarias) siendo depositado en los bancos centrales y pasando de ahí a los bancos privados. Se crea según las ofertas de crédito de esos mismos bancos. El problema es la morosidad que hace que todo este sistema “imaginativo” sea inestable y, en última instancia, impredecible. Por eso, la clase política y los banqueros insisten en decir que la base del negocio es la “confianza” que el ciudadano tenga en estas instituciones. Pero ¿es seguro un sistema que permita “crear” 100.000 euros imaginarios a partir de 1.111,12 euros reales? Si un banco solamente tiene 1.111,12 euros para responder por 100.000 euros ¿dónde está la “solidez” del sistema? ¿cuáles son sus garantías? ¿en dónde basar la confianza? Es casi un acto de fe religiosa.
De ahí el interés de los bancos en adquirir depósitos: su tenencia temporal les permite aumentar el dinero en movimiento y apoyar la falsa idea de que prestan un dinero que “poseen”. No es así. En realidad, el sistema bancario es un sistema cerrado: el crédito bancario creado en un banco se deposita en otro y viceversa. Cuando existen depósitos por valor de 1.111,12 euros (o millones de euros, o decenas de millones de euros) es posible recolectar intereses diez veces superiores sobre un dinero ¡que el sistema bancario nunca ha tenido!
Una espiral con velocidad de fuga creciente
Tal es la naturaleza del sistema de “creación del dinero”. Queda por decir que el modelo teórico de “deuda fraccionada” que hemos presentado no es real. En efecto, los bancos, con el paso del tiempo y aprovechando las necesidades de los gobiernos, han ido haciendo que las garantías de depósito se hayan ido relajando progresivamente. Hoy, las proporciones de reserva pueden ser muy superiores al 9 a 1 inicial. Frecuentemente se llega al 20 a 1, o incluso al 30 a 1, hasta el punto de que se admite que solamente el 5% del dinero en circulación es creado por la Casa de la Moneda, el resto es, simplemente creado a partir de la deuda. A decir verdad, cada día se crea y se destruye dinero a medida que son pagados los créditos firmados con sus correspondientes intereses y se conceden nuevos créditos.
Si esto puede mantenerse es por dos motivos: 1) por que los gobiernos emiten leyes que generan confianza sobre la “salud” de sus divisas, 2) por que las deudas son pagadas en moneda de curso legal y 3) por que el Poder Judicial garantiza que quien incumpla el contrato y no pague sus deudas será perseguido por la ley, dado que nuestra firma en una póliza de crédito indica que tenemos algo con lo que responder a la deuda de hemos contraído y que se trata de bienes tangibles (en oposición al dinero ficticio, inexistente antes de que firmemos la póliza y que es completamente intangible).
Así pues, a la pregunta de dónde sale el dinero para prestar y cómo es posible que millones de personas deban miles de millones de euros, la respuesta es: el dinero se crea de la nada, y se materializa con la deuda, es decir con la concesión del mismo crédito. Paradójico, ridículo, pero real. La paradoja es todavía más absurda: si toda la sociedad pagara todas sus deudas ¡no existiría dinero! Tal como está configurado el sistema monetario, sin crédito no hay dinero, o al menos lo habría en cantidades tan escasas que sería inutilizable (se reduciría al 5% de dinero en circulación emitido por el Banco Central).
Al conceder un crédito, los bancos “crean” el dinero del mayor de la deuda, no el dinero con el que se pagan los intereses. Ese dinero sale del total de dinero en circulación, la mayor parte del cual ha sido igualmente creado como créditos bancarios… que tienen que ser pagados con más dinero de aquel con el que fue creado. No hay dinero en el mundo capaz de pagar todos los créditos firmados por toda la población con sus intereses correspondientes. Y este es el gran problema: porque para pagar los créditos existentes hace falta conceder más créditos a mayor velocidad, para pagar los cuales hará falta conceder muchos más créditos y así sucesivamente. Se trata de una espiral expansiva que se propaga a una velocidad cada vez mayor. A nadie se le escapa el pequeño detalle de que este sistema gira a cada vez mayor velocidad y, en los últimos años a una velocidad que hacía previsible su descarrilamiento.
Esto explica algunos de los rasgos de nuestras economías: los intereses son relativamente bajos en relación a períodos anteriores (solamente así se estimula el consumo, esto es, el endeudamiento), los gobiernos gastan más que nunca en gastos frecuentemente absurdos y en créditos a terceros países (y suelen ser los primeros deudores de la banca, de no serlo, el sistema podría paralizarse; la mala noticia es que el Estado al aumentar su deuda… aumenta los impuestos, con lo cual, el ciudadano se endeuda más… y debe crearse más dinero), las tarjetas de crédito se conceden con extrema facilidad (así estimulan el pequeño consumo cotidiano gastando un dinero que no se posee realmente y habituándonos a vivir permanentemente endeudados)… Pero el resultado final es que la espiral se expande a una velocidad cada vez mayor y, cada día que pasa, el sistema está más próximo al colapso.
Para colmo, el resultado final de todo esto es dramático: ¡a medida que se crea de la nada más dinero, éste vale menos! Lo único que puede hacer que mantenga su valor es un aumento del nivel de intercambios y… la creación de más dinero, en la misma proporción. Cuando se dice que la economía crece un 3’7% en una año y un 3’4% al año siguiente, se olvida decir que el crecimiento de este último año es mayor, puesto que la magnitud sobre la que se mide ya se ha incrementado un 3,7% en el ejercicio anterior. Aunque los porcentajes puedan parecer bajos, el crecimiento no es “constante”, sino “exponencial” y la curva que lo refleja está cada vez más inclinada.
La necesidad de un nuevo modelo económico
La cumbre del G-20, a la que Zapatero asistió con su silla plegable, pomposamente fue presentada como “la refundación del capitalismo”. Y este es el problema: que el capitalismo ha demostrado en esta ocasión, no solamente no ser reformable, sino tender implacablemente a las últimas consecuencias de su lógica interna basada en la usura y el interés. No hay frenos, ni contrapesos posibles para un sistema de creación del dinero estructurado tal como está el actual. Al igual que el ciclista cae en cuanto deja de pedalear, el capitalismo y, en especial el sistema bancario, entran en colapso en cuanto dejan de generar deuda, pero la deuda que terminan generando es tan enorme que el sistema debe pedalear con más fuerza, hasta que se rompen los engranajes, recalentados por un esfuerzo de décadas.
Hasta ahora los remedios a este modelo económico han sido:
1) Abaratamiento de la mano de obra. Esto se logró en los años 60-70 con la incorporación de la mujer al mercado laboral estimulando la doctrina feminista de la “paridad de sexos”, esto es, inyectando un 50% más de masa laboral y, por tanto, rebajando salarios: esto explica el porqué en los años 50-60 una familia podía vivir con un solo salario y hoy apenas es viable formar una familia con dos salarios. Posteriormente, a partir de mediados de los años 90, fue necesario importar fuerza de trabajo del extranjero para abaratar aún más los salarios. No solamente distamos mucho del pleno empleo, sino que éste –propuesto bochornosamente por el PSOE en las últimas elecciones– constituiría una verdadera tragedia para el sistema: de haber pleno empleo, se correría el riesgo de que la fuerza de trabajo aumentara de valor (al disminuir el número de trabajadores y seguir existiendo demanda de trabajo).
2) Abaratamiento de los costes de producción: a lo que sobre todo ha contribuido el proceso de globalización y la deslocalización industrial orientado hacia donde la mano de obra era más barata y existía una mayor proximidad a las fuentes de materias primas y una mayor productividad. Pero también esto constituye otra espiral, en este caso involutiva, al menos en Europa: si cada vez se deslocaliza más industria, ¿no existe el riesgo muy real de experimentar un proceso de desertización industrial, aumento inimaginable del número de parados y dependencia del exterior de cualquier suministro, incluida la alimentación? Una situación así ¿no resulta suicida?.
3) Utilizar los procedimientos de manual de la economía clásica: ¿sube la inflación? Se aumentan los tipos de interés. ¿Se desacelera la economía? Se bajan los tipos de interés a fin de aumentar la inversión. El resto lo hace el “mercado” que se regula a sí mismo. Y al decir “mercado” se refieren al mercado mundial, una entidad abstracta excesivamente diferente en sus distintos elementos constitutivos (¿Qué tiene que ver China, en población, en mentalidad, en sistema político, con cualquier país europeo o con la misma UE? ¿qué tiene que ver el mundo árabe con Iberoamérica? El mundo, afortunadamente, es muy diverso y muy desigual en cada una de sus partes.
Pero el precio de la mano de obra ya no puede abaratarse mucho más: las clases trabajadoras están en el límite de la subsistencia, ni siquiera el silencio culpable de los sindicatos podría hacerles transigir con una situación insoportable en sus hogares. La globalización, por su parte, se basaba en la era del petróleo barato, cuando era posible enviar mediante increíbles cadenas suministro, mercancías de un lugar a otro del planeta a bajo coste: la era del petróleo barato ha concluido. En cuanto a las soluciones de la economía clásica… nos han llevado hasta donde estamos, así pues, mejor olvidarnos de ellas. Es todo un nuevo sistema económico el que hace falta reconstruir, a la vista de que el actual, puede subsistir –como un zombi– durante unos cuantos años, pero está condenado a muerte porque nada humano puede crecer sin cesar sobre bases tan falsas como el proceso de creación del dinero que hemos expuesto. ¿Entonces?
Definir los problemas de una nueva economía
Los problemas que debe afrontar de una “nueva economía” se centran en:
1) Un objetivo: creación de dinero que circule permanentemente sin necesidad de que éste sea constantemente prestado para que pueda existir y que pueda asegurar la continuidad de los intercambios económicos.
2) Un problema a evitar: que los gobiernos sigan pidiendo prestado dinero a los bancos, cuando ellos mismos pueden crearlo, evitando pagar intereses y, por tanto, estando en condiciones de disminuir impuestos.
3) Recuperar el sentido común: un sistema económico no puede crecer de manera ilimitada en base a la deuda. Crecimiento perpetuo y sostenibilidad son incompatibles. Mucho más cuando ese crecimiento se basa en la sobreexplotación de los recursos naturales y nos sitúa al borde del caos ecológico.
4) Localizar el fondo del problema: que, a fin de cuentas, es el proceso de creación de dinero mediante la deuda y la servidumbre al interés financiero. Aunque los prestamistas tuvieran dinero suficiente para prestar, sin necesidad de crearlo mediante deuda, al cobrar interés, siempre se reconstruiría el problema de fondo; quienes tienen dinero para prestar cada vez tendrían más y, finalmente, acapararían toda la propiedad. Es decir, al “hacer trabajar su dinero”, aumentarían sus beneficios, esto es, su acumulación de capital. Por tanto, al final del ciclo, volveríamos al origen de la espiral que nos ha llevado hasta donde estamos. El problema no es tanto el préstamo de dinero real, como la servidumbre del interés.
5) Un patrón unánimemente aceptado: ese patrón, sobre el que se respaldaría la moneda debería dar un valor real al dinero circulante y debería servir como respaldo de esa moneda. Nadie quiere volver a llevar bolsas de oro encima, pero le “dinero de plástico” tampoco es la solución porque lleva nuevamente al problema de la dinero creado artificialmente sin respaldo tangible.
Cambiar el sistema: abolir la servidumbre del interés
Hay soluciones simples que se ven fácilmente cuando se tiene voluntad para quererlas percibir: si el problema de la creación del dinero apareció con el préstamos con interés, bastará simplemente con prohibir el interés. No parece absurdo. Es posible que la Banca no esté dispuesta, pero, a fin de cuentas la banca es un organismo privado y la sociedad no puede depender de sus necesidades y vicios heredados. El Estado tiene que volver a asumir un papel central en la economía de un país y en especial en el crédito. No se trata de “nacionalizar el crédito”, tanto como de eliminar las malas prácticas bancarias que al haberse prolongado a lo largo de la historia nos parecen como normales: nadie debería, en efecto, poder prestar más dinero del que dispone, nadie debería cobrar un interés usurario por prestar dinero, nadie podría fabricar dinero a partir de la deuda.
Impedir la servidumbre del interés puede realizarse mediante tres vías: en primer lugar, simplemente por ley mediante una iniciativa del poder legislativo. Pero esto no bastaría para desterrar completamente una práctica que lleva ejerciéndose durante siglos y que ha dejado su huella en nuestras mentalidades: de lo que se trata , en última instancia, es de entronizar –segunda vía- un nuevo modelo social que vea en el préstamo con interés algo rechazable, propio de parásitos sociales y en cualquier otro ingreso no procedente del trabajo, un modelo en sí mismo condenable. Finalmente queda una última, gravar las actividades bancarias con impuesto que disuada de su ejercicio más allá de determinados límites. Las necesidades de crédito deberían ser pues cubiertas por el Estado a un interés que justificara solamente los impagos y el desarrollo de la actividad: no que constituyera un impuesto añadido.
Los economistas clásicos niegan que una sociedad pudiera vivir sin el sistema bancario. Se olvidan de que las sociedades mueren precisamente a causa de la naturaleza del sistema bancario.
Por otra parte, la actual crisis nos muestra que no son solamente los bancos convencionales los que se benefician de la creación de dinero ficticio. Las grandes corporaciones financieras, los brokers, los bancos de gestión, viven del mismo sistema. Es su gigantismo, junto al ejército americano, el que ha forzado la globalización de la economía y la creación de un mercado mundial de capitales, lo que ha facilitado el enriquecimiento de unos pocos y el endeudamiento y la miseria de millones: así pues, la segunda exigencia de un nuevo modelo económico es la ruptura con la globalización y la creación de un nuevo modelo económico que ya no será “mundial”, sino que deberá atender a dos factores: su sostenibilidad (en función de los recursos del planeta) y su desigualdad (reconocimiento las diversas situaciones que viven los distintos continentes en lo que a desarrollo económico se refiere).
A diferencia del dogma establecido por los economistas liberales, y con él, se levanta la concepción de “espacios autárquicos de economía integrada” autónomos en sí mismos, formados por países complementarios, uniformes en su cultura, en sus necesidades y en sus comportamientos económico-sociales y, provistos, por sí mismos de capacidad técnica para desarrollar proyectos de renovación tecnológica; capacidad productiva para asegurar el bienestar de su población y, en segundo lugar, exportar excedentes, sin necesidad de importarlos; autonomía en materia energética. Es evidente que nuestro “espacio autárquico de economía integrada” está constituido por Europa. Y al decir “Europa” unimos los países de la UE y Rusia.
Se trata, sobre todo de romper el modelo etnocéntrico que generaliza el estándar occidental a todo el mundo, romper los patrones de consumo innecesario, la producción constante, el considerar natural la obsolescencia programada de los productos y cambiar la percepción mental del modelo de desarrollo: no es posible llegar a un desarrollo que se sitúe por encima de la capacidad ecológica del planeta.
Es evidente que un cierto consenso mundial tiene que producirse, pero este no aparecerá hasta que la globalización, paradójicamente, se rompa: dentro de un mercado globalizado cada parte intenta exportar más, producir más, y hacerlo más barato… por tanto, se reconstruye el patrón de inviabilidad para el cual hace falta inversión ilimitada, crédito, y finalmente destrucción del medio ambiente. Rompiendo la globalización, todo este proceso se ralentiza y se reordena: cambiado el estándar de vida, cada pueblo puede seguir su propia vía hacia el bienestar en función de sus recursos, de su tecnología, de su capacidad productiva y de su modelo antropológico y cultural.
El trabajo en un nuevo concepto de desarrollo
Queda por definir cuál sería el patrón económico que respaldara a la moneda de cada espacio de economía integrada. Hemos visto que el oro escasea y que rápidamente sería monopolizado. La plata, ciertamente, es más abundante y habría más dificultades, pero también es inviable al estar desigualmente repartida y su cantidad es limitada. Así pues persiste el problema de qué bien tangible respalda el valor económico de una moneda. Además, el problema se plantea en un tiempo en el que es preciso pensar también en cómo se producirán las transformaciones económicas (por la vía de la mutación progresiva, consciente y voluntaria o por la vía del desplome inapelable del sistema neo-capitalista). En efecto, si el 95% del dinero “creado” y respaldado por la deuda, reconocer la gran estafa que supone, implicará la parálisis del sistema y, por tanto, el caos.
Así pues, es preciso plantarse qué valor tangible podrá respaldar a la moneda. Sólo hay uno: el trabajo. La solidez de una economía, su estabilidad, solamente puede respaldarse en las gentes que forman la sociedad en la que esa economía actúa. La economía así concebida para de ser un fin sí misma (como en la óptica liberal en la que el fin de la economía es garantizar una producción que asegure el consumo y, por tanto inicie la espiral producción-consumo-crédito-deuda) pase a ser solamente un medio para la consecución de un fin: el generar un ambiente estable y “amistoso” para el ser humano. Las ideas de estabilidad frente a la de “crecimiento sostenible”, de arraigo frente a mudialización, de “Ser” frente a “poder”, se completan solamente con la del reconocimiento del trabajo como único valor que mantiene en pie una economía una sociedad y, por tanto, como único respaldo a su moneda.
Cuando decimos “trabajo” intentamos ver más allá de la actividad manual que ha sido considerada desde la irrupción del marxismo como la única forma de “trabajo”. Es trabajo la actividad del soldado que defiende las fronteras, es trabajo la acción del agricultor que crea alimentos, es trabajo la acción del político que crea un destino para su país, es trabajo la acción de un intelectual que crea cultura, del artista que exterioriza su sensibilidad, del padre de familia que educa a sus hijos, del anciano que transmite a sus nietos una tradición, un estilo, una enseñanza para vivir la vida, el trabajo la tarea de investigación del científico, del constructor de nuevas fronteras: todo eso, en su conjunto, forma el verdadero –el único valor- en el que puede reposar la salud económica de un pueblo.
Cuando el trabajo se denigra mediante salarios de miseria, con medidas diariamente premeditadas para abaratar los costes, cuando todo un pueblo vive sometido a la dictadura del interés, al sistema de creación fraudulenta de dinero a partir de la nada, cuando ha dejado que de esa concepción deriva la “economía del pelotazo”, la comprensión hacia el “hacer trabajar el dinero” y hacia la usura y el parasitismo, la moneda que utilice ese pueblo no vale absolutamente nada. Una simple catástrofe natural puede hoy contribuir a desmadejar su economía y a convertir a una población que solamente sabía apreciar el dinero pero lo ignoraba todo sobre la supervivencia y sobre el “trabajo”, es una sombra de sociedad.
El trabajo es a la vez lucha, esfuerzo, creación, destino, futuro, responsabilidad, autodisciplina e implica, así mismo, la existencia de otros dos valores que han desaparecido: el sentido de la comunidad (es decir del grupo humano que está unido en una misma actitud y, por tanto, en un mismo destino: laboral, municipal, familiar, regional, nacional, europeo) y que se reconoce porque en su interior todas las partes son solidarias; y de otro lado el valor de la personalidad (que no es el individuo anónimo, sino el ser humano dotado de rostro propio, con voluntad propia, potencialidades propias que puede desarrollar… o no y que es, por eso mismo, fundamentalmente desigual a cualquier otro ser humano, esto es: dotado de una personalidad propia).
El sentimiento de comunidad es orgánica y el sentimiento de personalidad solamente puede manifestarse en un conjunto comunitario en forma de jerarquía, es decir, de complementareidad. No es raro que en las sociedades modernas se haya hecho todo lo posible por hacer desaparecer el sentido (y el instinto) de jerarquía hasta el punto de que en la actualidad solamente existe una jerarquía: la del dinero, la única que podrían desear los “señores del dinero”, los banqueros y los gestores de los grandes consorcios.
No sólo hay que reconstruir una ética del trabajo, sino reconocer que la capacidad de trabajo de un pueblo es el único sostén de su economía y, por tanto, el único respaldo real de la moneda. ¿Es mesurable el “trabajo” en términos de unidades económicas? La respuesta es sí.
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Lo que se dirime en la actual crisis mundial.Pensar la postglobalización
Infokrisis.- El sistema mundial ya no da más de sí: o se sustituye o se desploma. Esta no es una crisis económica como las anteriores. Es la gran crisis de la globalización. La fragilidad del sistema mundial ha hecho que la primera crisis sea la última. Las medidas de rescate de los bancos emprendida por los gobiernos occidentales es un mero parche técnico. El problema no está en los bancos sino en el sistema económico mundial. O se le sustituye o se desploma. A elegir.
A fuerza de pensar en la liquidez bancaria, en el paro y en la pérdida de poder adquisitivo, perdemos la perspectiva y los árboles nos impiden ver las hojas. Los distintos aspectos de la actual crisis van mucho más haya de la economía, afectan a todos los órdenes de la sociedad.
¿Qué es la globalización? Nada bueno
La globalización es aquel sistema que asegura cinco factores:
1) Que los capitales podrán acudir a las bolsas en cada momento más jugosas. Con un “enter” de ordenador cientos de millones de euros o dólares pueden migrar de un país a otro en busca de un 0’5% más de beneficio.
2) Que las plantas de producción pueden mirar a los países con menos coberturas sociales, salarios más bajos y mayor proximidad a las fuentes de materias primas.
3) Que en los países del Primer mundo se puede rebajar el precio de la mano de obra importante trabajadores extranjeros.
4) Que un gobierno es legítimo no por su fundamentación jurídica y representativa, sino por abrir o no sus mercados al exterior.
5) Que los marines son el brazo armado de la globalización y cualquier casus belli vale para abrir nuevas guerras y convencer a los escépticos de las bondades del sistema.
¿A dónde lleva la globalización? A un mundo peor
Estos cinco elementos configuran la realidad del actual sistema económico mundial que tiene unas características extremadamente peligrosas:
1) Se trata de un sistema inestable en donde ni los capitales, ni las industrias, ni las personas, están fijos. Hemos regresado al tiempo prehistórico de los “nómadas”. La globalización ha arrojado por la ventana todo lo que es sedentario, estable, fijo, permanente.
2) La globalización no genera distribución de la riqueza sino aumento de las diferencias: entre países ricos y países pobres y dentro de cada país entre élites económicas y resto de la población. Se tiende a una mayor concentración de capitales en menos manos.
3) La transformación del Primer Mundo en zona de servicios y del Tercer Mundo en Meca de la deslocalización lleva a empobrecer a las clases medias y trabajadores en el mundo desarrollado y aumentar el volumen de la mano de obra esclava en los países receptores de la deslocalización.
4) Esta redistribución de la producción supone que el mundo desarrollado pierde puestos de trabajo que no hay forma de recuperar y, por tanto, pierde capacidad de consumo. Así pues, la globalización genera un aumento de tensiones sociales, tan sólo compensado en momentos de “vacas gordas” mediante un sistema de narcosis cultural que induce a la pasividad, a la fuga de la realidad y al fatalismo.
Todo esto es lo que podemos llamar un “mundo peor”. La globalización abordada en los últimos veinte años y presentada como panacea universal, va acumulando un formidable potencial explosivo de carácter social que va a ser difícil que estalle.
En estos momentos, la gran duda es si la globalización se desprenderá antes o después de que un estallido social le ponga fin.
Los tres focos del estallido social
Los eslabones más débiles en la cadena de la globalización son tres:
1) Las clases media europeas: dotadas de un alto nivel cultural y dirigidas por alfeñiques políticos. Estas clases medias, cada vez más empobrecidas y con una capacidad económicas más limitada no podrán eternamente soportar la presión que les precipita por el abismo del empobrecimiento.
2) Las masas explotadas asiáticas: que, antes o después, tomarán conciencia de su situación de explotación y exigirán derechos sociales y libertades políticas.
3) Los sectores engañados por la globalización que han abandonado sus países de origen emigrando a los países del Primer Mundo en donde se les prometía acceso a unos mercados de consumo que hasta ahora les siguen vedados.
La combinación de estos cuatro elementos generará distintos “frentes del rechazo” que acentuarán tensiones internacionales y en el interior de cada país.
¿Hacia dónde? Preparar la post-globalización
El sistema económico basado en la globalización es inviable e indeseable y lo ha demostrado con creces. Solamente la talla de enanos políticos de nuestra clase política es capaz de considerarla como indiscutible.
Hace falta empezar a pensar en el futuro del sistema mundial. Este sistema deberá basarse en cinco puntos:
1) Un mundo multipolar con un eje centrado en la alianza euro-rusa con voluntad de sustituir al actual mundo multipolar.
2) La división del mundo en zonas de economía integrada, protegidas por aranceles: nuestra zona no es otra que el espacio euro-ruso que debe configurarse como espacio económico-político autónomo.
3) Grabar con tasas el capital errante que migra de una bolsa a otra, estabilizándolo sobre los espacios de economía integrada.
4) Recuperar la capacidad de planificación económica de los Estados, necesaria en estos momentos en los que se ha percibido que los mercados no bastan para ordenar la economía mundial.
Estas cuatro condiciones para abrir el tiempo nuevo de la post-globalización serán tachadas por los economistas liberales como medidas “socialistas”. Estos esquematismos simplistas dan la medida de su talla intelectual. No son “socialistas” más que para las mentes obtusas cuyo liberalismo nos ha llevado a la crisis actual.
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