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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

Fundaciónnes = vergüenza

Fundaciónnes = vergüenza

Infokrisis.- Aunque parezca un chiste, el PSOE reunió a sus cuatro fundaciones en una nueva; esté no es el chiste, sino que la nueva fundación se llamara “Ideas”; este tampoco era el chiste; la gracia está en que a su frente colocaron al único socialista que no solamente tenía poca ideas, sino que aquellas que tenía eran malas-malísimas. Nos referimos a Jesús Caldera, aquel eximio ministro de Trabajo que debió su cargo a ser amigo de José Luis Rodríguez Zapatero y que perpetró la “regularización masiva” entre febrero-mayo de 2005. Aquella regularización puso en marcha un “efecto llamada” que todavía tiene ecos si tenemos en cuenta que todavía sigue llegando inmigración desde África.

Era previsible que con Caldera al frente, las ideas que se les podían ocurrir a los de la Fundación Ideas sólo podían ser malas-malísimas. La última conocida fue contratar como factótum a un “golfo” (calificado así por el propio PSOE, un tal Mulas) casado a su vez con una “golfa” (aunque el PSOE, por aquello del machismo se haya cuidado de no aplicar a la mujer un insulto del mismo jaez que al hombre), Amy Martín contratada para escribir artículos a 16 céntimos la pulsación, una valoración que ninguno de los grandes columnistas –Paco Umbral  o Vázquez Montalbán incluidos– soñaron jamás en cobrar. Así son las “ideas”, de la Fundación Ideas.

Se supone que las “fundaciones” son entidades que reciben subvenciones y subsidios públicos y privados para realizar actividades sin ánimo de lucro que benefician al conjunto de la sociedad y que demuestran un alto grado de altruismo. Fiscalmente, aportar dinero a las fundaciones supone obtener reducciones impositivas, así que tienen su atractivo para las empresas y en cuanto a la tarea de las mismas lo único que se exige es que su actividad sea “de interés general. En la ambigüedad de estos conceptos está implícita la explicación de por qué se han convertido –especialmente las vinculadas a los partidos políticos o que reciban solamente subvenciones públicas– en focos de corrupción, nidos de víboras y cuevas de ladrones.

Al PSOE, el problema le viene de viejo. En 1975, cuando murió Franco, era tan difícil encontrar en España a un socialista como setas en febrero. Debió ser la Fundación Ebert dependiente de la socialdemocracia alemana la que entre 1975 y 1980 prestó ingentes cantidades de dinero para construir de la nada a un PSOE a partir de un grupo de chicos sevillanos cubiertos de pana. Claro está que cuando el PSOE llegó al poder y tuvo que firmar el acuerdo de adhesión con las Comunidades Europeas (hoy UE), firmase cualquier cosa que los alemanes le pusieron sobre la mesa. Era la contrapartida a los millones invertidos. El resultado fue el desmantelamiento de nuestra industria pesada (en España, hubo un tiempo en el que teníamos altos hornos, astilleros, minería ¿se acuerdan?). La “reconversión industrial” fue el pago que realizó el PSOE a su benefactor alemán hasta el punto de que Margaret Tatcher en sus memorias se pregunta: “No sé cómo los españoles pudieron firmar tales condiciones”.

En la derecha las cosas no han ido mucho mejor. También los democristianos alemanes y los socialcristianos bávaros participaron en la construcción de un partido de derechas allí en donde solamente había franquistas. En efecto, la Fundación Adenauer prestó más y más dinero a las varias fundaciones de la derecha española, especialmente a la Cánovas del Castillo. No solamente se trataba de facilitar la creación de partidos democráticos en España, sino de que estos siguieran las líneas que se les imponía. Y esas líneas implicaban convertir a España en un “país periférico” de Europa, dedicado al turismo, al ladrillo, a los “servicios”; no se trataba, por supuesto, de que pudiera competir con el “centro” en industria pesada, investigación, y todo aquello que hace que un “pequeño país” pueda convertirse en un “gran país”.

Con el paso del tiempo, las fundaciones dependientes de los partidos políticos han ido limitándose a ser fuentes de financiación ilegal de los mismos. Unos dan “sobres” (inefable Bárcenas) y otros pagan 16 céntimos por letra (rubicunda Amy). No nos hemos dado cuenta de que el rasgo más habitual del régimen fundado en 1978 es la corrupción. A veces uno tiene la sospecha de que este país todavía funciona porque los corruptos necesitan que haya un mínimo de actividad económica para poder “untarse”. La corrupción está anidada en los ayuntamientos, en el senado, en cualquier nivel institucional, corona incluida, y, por supuesto, en las fundaciones por donde pasta acaso uno de los niveles más pedestres de “golfos” y “golfas”.

Hay dos siglas que lo han hecho todo para permitir la corrupción en España: PP y PSOE. Sin olvidar, claro está, que Cataluña es pacto privilegiado de CiU. Resulta difícil saber cuál de los dos partidos es más corrupto y solamente a sus afiliados les interesa perder tiempo en demostrar que el otro es, ira por dónde, el más corrupto.

Desde hace años, no hay cargo público que no esté sometido a sospechas, ni partido político mayoritario que no protagonice, un día sí y otro también, corruptelas de todo tipo. Hay regiones enteras –Cataluña y Andalucía, hermanadas por este tema, por el paro y por la inmigración masiva– que están, literalmente, en manos de bandas de salteadores de caminos. Desde hace décadas sabemos que todo aquel cargo que firma la entrega de una subvención, de concesión de un curso para formación de parados, de ayuda para una ONG, etc, etc, cobra luego una comisión del receptor, a modo de agradecimiento. Y de hecho, ese porcentaje es lo más importante de negociar y de cumplir mucho más que lo que se hace en realidad con el dinero recibido para tal o cual actividad. Lo sabemos todos, pero no hay medios que tengan el valor de decirlo alto y claro, negro sobre blanco.

Así que lo mejor que podemos hacer es tomarnos un tranquilizante y recapitular. Los que estamos en la calle, los españolitos de a pie, tenemos desde hace mucho tiempo conciencia exacta:

1) que los dos grandes partidos (PP y PSOE) están sostenidos y alimentados por la corrupción,

2) que los dos grandes partidos son los grandes focos de corrupción que existen en España,

3) que la corrupción es la característica central del régimen político nacido en 1978,

4) que ninguno de los dos grandes partidos está dispuesto a hacer nada contra la corrupción (si lo quisieran hacer ya lo habrían hecho) y

5) que todas las instancias del Estado y de la sociedad, desde la Corona hasta las asociaciones (fundaciones, ONGs y cualquier otra entidad subsidiada) están corruptas.

Así están las cosas y así seguirán durante mucho tiempo: en plena crisis, la mayoría pasándolo mal, y los partidos políticos repartiéndose miles de millones, directamente o por los canales habituales. ¿Y el elector? Por que, al final, la culpa de esta tomadura de pelo es solo del elector que elije lo que elije y recibe lo que recibe: corrupción sobre corrupción, paro sobre paro, miseria sobre miseria… El elector, mal, gracias.

¿Honorable u orinable?

¿Honorable u orinable?

Infokrisis.- Recientemente el Parlament de Cataluña se ha superado a sí mismo, y una institución cuya actividad exclusiva ha sido emanar leyes como una churrera que han pasado casi completamente desapercibidas para la población, pero que apenas han servido para justificar los emolumentos de los diputados. Una historia personal: en 1983 denuncié a la Comisión de Derechos Humanos del Parlament de Catalunya el haber sido objeto de malos tratos por parte de los miembros del grupo IV de la Brigada Regional de Información de Barcelona. A fin de cuentas, la citada comisión debía de servir para algo. La única noticia que tuve es que me pedían que nombrara un abogado… Luego nada. Júzguese a partir de ahí la “alta estima” en la que tengo a la institución.

El parlament de Cataluña decidió un buen día que Cataluña era una nación. Apoyaron la iniciativa casi todos, socialistas incluidos. Era evidente que el paso siguiente era la petición de soberanía: si Cataluña es una nación le correspondía, obviamente, la independencia como tal. ¿Y qué mejor para oficializarse como nación que un referéndum en el que pregunte si se quiere o no ser independiente? Provisto de esa lógica de hierro, el parlament ha cometido la semana pasada este último disparate.

El evento ha sido promovido por ERC (tiene prisa en que se convoquen nuevas elecciones intuyendo que su posición mejorará, a pesar de contar con la dirección de menor perfil y entidad que ha tenido esta sigla en toda la democracia), y se ha sumado una siempre despistada Iniciativa per Catalunya Verds, verdadera máquina de perder votos y una CiU resignada a ir donde Oriol Junqueras le quiera le llevar si con eso logra mantenerse ¿año? ¿año y medio? en el poder.

El episodio parlamentario no ha llegado en el mejor momento: lo ha hecho cuando el debate político en toda España –y Cataluña es España hasta en esto– está centrado en la corrupción de la clase política. De hecho, Cataluña es “más” España porque allí la corrupción tiene la misma envergadura que en Andalucía. La diferencia estriba en que mientras en Cataluña es protagonizada por la élite económico-social (las 200 familias que controlan Cataluña desde principios de la era industrial, entonces dedicadas a los telares y hoy volcadas a la especulación sin fronteras) y en Andalucía tiene como protagonistas a socialistas procedentes de las clases medias que quieren asimilarse a la jet-set y demostrar a las generaciones venideras que el paso por el poder les engordó mucho y bien, sacándoles de su mediocridad económica. Por lo demás, se diría que Cataluña y Andalucía son equivalentes en todo y que ambas son las zonas del Estado más parecidas entre sí: tanto en tasa de paro, como en paro juvenil, como en inmigración, y, por supuesto, en corrupción. Quizás la única diferencia sea que la bandera catalana es la tradicional de siempre y la andaluza se la inventó un tipo que pasaba por poeta, se convirtió al islamismo y ahí están las franjas verdes para recordarlo. Una broma, vaya.

En Cataluña se ha contemporizado demasiado con el nacionalismo. Se ha dicho que todo nacionalismo tiene un poso “identitario”. Claro que lo tiene, pero es que el nacionalismo catalán y su consiguiente identidad fue forjada por la alta burguesía catalana del siglo XIX que cuando se sintió lo suficientemente fuerte quiso reivindicar el poder político para sí. Luego, vinieron las recreaciones culturales: que si los castellers (propios de una zona de Cataluña), que si la sardana (el baile sardo traído a Cataluña por marinos y recuperado por un compositor murciano, Pepe Ventura) y poca cosa más. Se le puso barretina (gorro de los marineros de todo el mediterráneo) y en paz. Así se crea una identidad “nacional”.  

Decir que, todo esto forma una nación” es poco menos que un mal chiste. Y el chiste ha pasado a ser una broma pesada cuando, de ser patrimonio de pequeños grupos nacionalistas y minúsculos grupos independentistas, a ser, por mor de algunas votaciones, “lo oficial” en Cataluña: que si es una nación, que si debe convocar un referéndum para la independencia.

Vayamos a lo esencial: hemos visto como algunos amigos nos decían: “no hay que tener miedo a los referendos, hay que votar… y votar no”. Bien, pero el problema no es ese. Los problemas sobre los que hay que tomar posición son muy anteriores, por este orden:

- ¿Cataluña es una nación? Respuesta: no. Nunca lo ha sido, en la historia Cataluña nunca ha sido independiente.

- ¿Hay una sola identidad en Cataluña? Respuesta: no. En Cataluña hay dos identidades, la identidad catalana y la identidad española. No sólo hay muchos catalanes que nos sentimos españoles, sino que hay muchos nacidos fuera de Cataluña que viven y han construido Cataluña. El nacionalismo catalán ha cometido el mayor pecado histórico: negando que existiera una identidad española en Cataluña, al mismo tiempo ha traído a Cataluña la identidad islámica. Y de esto él y sólo él es el responsable.

- ¿Los catalanes tienen derecho a decidir? Respuesta: no. Cataluña es algo más que los catalanes de una generación en un momento concreto del siglo XXI y dentro de una crisis particularmente grave. Cataluña son todas las generaciones de catalanes que se han sucedido a lo largo de la historia, que han sido y que serán. Y eso no es numéricamente cuantificable. Las naciones nunca se crean por una votación, sino que aparecen por voluntad histórica. Por eso son inapelables y por eso Cataluña nunca ha sido independiente sino que ha sido una parte más de Hispania. Tenemos derecho a decidir sobre lo que afecta a nuestro tiempo, no sobre lo que está por encima de nosotros.

- ¿Es aceptable votar no en el referendo? Respuesta: no. En primer lugar falta saber si el referendo se celebrará (lo cual es altamente improbable y todo induce a pensar que toda la escenificación actual servirá solamente como excusa para acentuar el victimismo nacionalista). En segundo lugar este referéndum es ilegal (según el actual marco constitucional en donde el ámbito de decisión es el “pueblo español” sin existir vía a otras abstracciones) e ilegítimo (por lo ya dicho de que una generación en un momento concreto no tiene derecho a decidir por las que han sido y las que serán). Por tanto, votar no es una pobre opción: de lo que se trata, simplemente, se de denunciar el referéndum como lo que es: un intento de vía de escape del “partido de los ladrones” de Cataluña para aliviar la situación procesal de muchos de los suyos y evitar los procesos que vendrán.

No se trata pues tanto de votar NO como de:

1) denunciar la inconsecuencia del nacionalismo catalán. Cataluña no es una nación.

2) denunciar la ilegalidad e ilegitimidad del referéndum.

3) denunciar a los promotores del referéndum como el “partido de los ladrones” (CiU en concreto y ERC su cómplice) en torno al cual hay que tejer una malla protectora.

Cabría añadir que en una región en la que los medios de comunicación comen de la mano de la generalidad desde hace décadas y en donde la prensa libre es un lujo y, desde luego, una excepción, la información veraz y sin tamiz no llega al ciudadano. En esas condiciones ¿puede pensarse en un reférendum justo? (aún a pesar de que lo más probable sería que el resultado diera la razón a los “españolistas” por alambicada, retorcida y confusa que fuera la pregunta). Sin olvidar que el sistema educativo catalán es, sin duda, uno de los que cosecha peores resultados de toda España y en un ambiente de ignorancia extendida entre la juventud, pedir que voten los menores de 18 años es casi un chiste. Sin olvidar, finalmente, que también se ha hablado de que los inmigrantes tendrán derecho a decidir sobre la independencia o no de Cataluña… siendo que ni son catalanes, ni españoles. Según la Generalitat tiene “derecho a decidir” el futuro de Cataluña aquel que pasaba casualmente por allá… La Generalitat cree que se puede operar con las Comunidades Islámicas de Cataluña como operó con la comunidad andaluza comprando simplemente al peso a justo Molinero…

La sangre no llegará al río y todo quedará en una tormenta en un vaso de agua. Pero las grandes cuestiones que plantea este tema del referéndum exceden con mucho el votar si o no. Y vale la pena plantearlas porque la experiencia demuestra que en las últimas elecciones solamente han experimentado un ascenso notable dos formaciones: ERC y C’s, las que planteaban un discurso más claro: POR CATALUÑA INDEPENDIENTE O POR ESPAÑA UNIDAD. Y aquí no hay lugar ni para “terceras vías”, ni para la ambigüedad, ni para la de cal ni la de arena, ni siquiera para un dribling que ni siquiera estaría al alcance de la pierna de Mesi.

La historia terminará olvidando el nombre del tonto que puso en marcha todo este artificio del referéndum y de la independencia y terminará maldiciendo a los parlamentarios que suscribieron la declaración soberanista como se maldice a lo más desaprensivo y oportunista. Porque cuando Cataluña quiebra por la corrupción, la crisis económica, el casi millón de parados, el millón y medio de inmigrantes y la desertización industrial, el “honorable” Artur Mas se perdía en maximalismos que él es el primero en saber que jamás se concretarán. A todo esto, ¿qué adjetivo le cabe a Mas a la vista de todo esto, el de “muy honorable” o el de muy orinable”? Porque, díganme si todo esto no es para mear, literalmente…

© Ernesto Milà – Infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

 

RHF-XVIII. Sumario

RHF-XVIII. Sumario

Acaba de aparecer el número XVIII de la Revista de Historia del Fascismo (Enero 2013)

Sumario:

DOSSIER

Fascismo Español 

Tánger: único fruto imperial

La ocupación española de la ciudad libre

Ernesto Milà

Pocos días después de la derrota de Francia en junio de 1940, unidades de Regulares españolas ocuparon la Zona Libre de Tánger sin disparar un solo tiro. Aquello pareció ser –y se presentó así– como el punto de arranque de la reconstrucción del imperio español, conquista a la que deberían seguir otras muchas expuestas en el libro Reivindicaciones de España. Sin embargo aquella ocupación duró pocos años y, obviamente, no supuso el pistoletazo de salida de nada y mucho menos de una imposible expansión imperial que borrara la amargura de 1898. Pero, en cualquier caso, el episodio nos sirve para repasar la política magrebí del III Reich y las reservas de Franco ante la misma.

 

Resistencia

Werwolf: La resistencia alemana a la ocupación aliada (I de III)

Ernesto Milá

En 1944 se creó la primera unidad irregular de la Wehrmach destinada a hostigar mediante la guerra de guerrillas a las tropas de ocupación aliadas en Alemania. Se le llamó Wehrwolf (“lobo de defensa”) o Werwolf (“hombre lobo”) y prolongó su actividad hasta 1949, mucho más allá del cumplimiento del deber. La represión que debieron afrontar los “hombres lobo” fue implacable y se extendió a la población civil. Las hazañas de estas unidades irregulares fueron silenciadas por la prensa férreamente controlada por la censura aliada y no fue sino hasta la reunificación cuando en la propia Alemania empezaron a aparecer obras e incluso películas que tenían al Werwolf como protagonista. Esta es la historia de aquella experiencia bélica de los irreductibles del III Reich

 

Ariosofía y ocultismo

Wotanismo y teosofismo germánico

El presente texto constituye el Capítulo IV de la obra Les racines occultistes du nazisme, de Goodrick–Clarke (Editorial Pardes, Puiseaux 1987), una obra que sin fantasías y siguiendo el método historiográfico, describe con precisión cuáles fueron las relaciones entre nacionalsocialismo y ocultismo. Estas relaciones existieron, efectivamente, pero se remontan solamente a la “prehistoria” del NSDAP. Ir más allá de esto, como han hecho algunos, constituye una aventura insensata que compete más a la imaginación que al método histórico.

 

Neofascismo

Memorias de Delle Chiaie

Del nacimiento a la fundación de Avanguardia Nazionale

En números anteriores hemos publicado dos capítulos de las memorias de Stefano della Chiaie publicadas bajo el título L’Aquila e il Condor. En esta número XVIII de la Revista de Historia del Fascismo publicamos los tres primeros capítulos de esta obra que ayudarán entender el neofascismo italiano de los años 50-60: Los primeros años de lucha, el nacimiento de Avanguardia Nazionale y Los Seráfico del Espíritu Santo.

 

Neofascismo

Jeune Europe: Una organización revolucionaria de vocación supranacional (III parte)

Yannick Sauveur

Presentamos la tercera parte de la tesis doctoral de Yannick Sauveur sobre Jean Thiriart y Jeune Europe. En esta parte se trata la organización y la vocación europea de la organización. El artículo evidencia la originalidad de la experiencia de Thiriart, pero también sus límites, especialmente fuera de Bélgica. Jeune Europa constituyó una innovación profunda en el neofascismo pero jamás cristalizó como una organización de masas, acaso porque se adelantó a su tiempo.

 

Antisemitismo

Cuando Francia era antisemita (1880–1906) “antisemitismo popular” (II de II)

Ernesto Milá

Publicamos la segunda parte sobre el “antisemitismo popular” en Francia de principios del siglo XX. Si en la primera parte nuestro estudio estaba orientado a establecer las características de la coyuntura socio-política en la que incubó este antisemitismo y a describir quiénes fueron sus principales doctrinarios, en esta vamos a intentar trazar el camino recorrido por las distintas organizaciones antisemitas. Un cuarto de siglo después, este antisemitismo todavía no se había disuelto completamente y fue uno de los elementos sobre los que incubó el fascismo en Francia.

ANEXO

Así pensaba el antisemitismo popular (Un fragmento de La Francia Judía)

A modo de complemento documental del artículo precedente reproducimos un fragmento de la La France Judía, sin duda la obra más representativa del antisemitismo galo. Si hemos elegido estos fragmentos es porque resumen todo el contexto doctrinal que luego será asumido íntegramente por los fascismos. Los juicios del autor (en ocasiones temerarios), y sus opiniones antropológicas (en parte superadas hoy por la investigación), la tendencia a la racionalización con la contrapartida de la hostilidad manifiesta, así como el estilo de la redacción nos dicen cómo fue el antisemitismo francés que apareció en los últimos años del siglo XIX y en los principios del XX.

 

Características:

Formato libro 150 x 210 mm

Páginas 218

Tapas en cuatricomía con solapas

Pedidos: eminves@gmail.com

Precio venta al público: 18,00 euros + 3,00 euros de gastos de envío (precios para España, resto mundo, consultar)

Forma e-pago: ingreso en cuenta corriente BBVA (al hacer el pedido indicamos el número) o pago a través de pay-pal

Suscripción:

6 números: 100 euros

12 números: 200 euros

 

Corrupción y riesgos

Corrupción y riesgos

Los riesgos de instalar la corrupción en el centro del debate político

Infokrisis.- La corrupción en Cataluña no es algo nuevo. El Caso Banca Catalana demostró hace treinta años que los bribones se vuelven invulnerables cuando se enfundan pijama nacionalista. Es solamente ahora cuando casi todos los medios de comunicación denuncian la corrupción anidada en la dinastía Pujol. El por qué se produce esto ahora y no antes es evidente: ahora existe un independentismo catalán desafiante al que hay que responder. Y Rajoy responde sacando a la superficie lo que ya se sabía que existía desde hacía décadas y nadie se había preocupado por sacar a la superficie.

Las denuncias contra la corrupción en Cataluña han hecho mucha pupa a CiU que en las últimas semanas ha reculado en sus ínfulas independentistas. En la última encuesta realizada en Cataluña sobre intención de voto, ERC y C’s subían y el resto de los partidos o se mantenían o bajaban, pero CiU se desplomaba.

Como se sabe, existen nexos de unión entre Prisa y la familia Pujol. Al parecer fueron los Pujol los que compraron el edificio en el que se redacta diariamente El País… Así que los Pujol son los caseros de una empresa que está haciendo aguas por todas partes, con bajadas espectaculares de ventas, que poco a poco se va deshaciendo de partes o las va cerrando y que está en una crisis permanente. No es raro que haya sido El País (junto con El Mundo) quien haya venido en ayuda de los Pujol demostrando que el PP también es una olla de corruptos y un foco de corrupción. Hasta aquí nada nuevo.

La fase siguiente ha sido la denuncia de que una fundación vinculada al PSOE pagó a los altos cargos sobres con un total de 600.000 euros… Los hijos de Maleta, Filesa y Time Export, al parecer, siguen como en sus mejores tiempos.

No albergamos la menor duda de que en las próximas semanas el anecdotario de la corrupción irá creciendo hasta hacernos olvidar la prima de riesgo, la independencia de Cataluña y lo aburrido de una liga del que ya se sabe quién será el vencedor. Pero todo esto tiene algunos riesgos.

Rajoy se ha equivocado de estrategia y los dirigentes del PSOE y de CiU que han arrojado al rostro de Rajoy sus vergüenzas, están jugando con fuego. Ellos lo hacen con la intención de desprestigiar al contrario, pero el ciudadano lo que percibe es otra cosa: que todos los partidos tienen por práctica habitual la corrupción y que toda la clase política es corrupta y corruptora. Buena lectura, porque es justamente así: el régimen nacido en 1978 fue creado por los “padres de la constitución” con la sana intención de durar y con la insana voluntad de que fueran ellos quienes permanecieran eternamente gestionándola.

Cuando la constitución ha superado la edad de Cristo, está envejecida y desvencijada. Las fuerzas políticas y sociales que la alumbraron, así como las esperanzas que suscitó, ya no son las mismas. Los 34 años de régimen han dejado como recuerdo la corrupción. De la misma forma que el período de la “restauración” estuvo marcado sobre todo por el caciquismo y en su momento no se reconoció, ahora, el rasgo más acusado del actual régimen es la corrupción… y, por supuesto, nadie lo reconoce entre la clase política.

La Razón proponía la creación de un “pacto anticorrupción” entre todos los partidos… hay que atarse los machos ante propuestas como estas. En las actuales circunstancias un “pacto anticorrupción” solamente puede ser un pacto de silencio y la revalidación de la omertá entre la clase política para taparse mutuamente sus vergüenzas. Hay que releer a Platón para saber que en La República, en el siglo VI antes de Cristo, el filósofo ya alertaba sobre la realidad de que ningún político ha votado nunca una ley que le pudiera perjudicar. El panorama político español demuestra que 2600 años después no hay nada nuevo bajo el sol.

© Ernesto Milá – Infokrisis – ernesto.mila.rodri@gmail.com

Catástrofes internacionales (IV)

Catástrofes internacionales (IV)

En un mundo globalizado el destino de España no se decide en territorio nacional. Son los poderes financieros internacionales los que han propulsado ese nuevo modelo de economía a partir de la caída del Muro de Berlín y de la doctrina del “fin de la Historia”. De hecho, la crisis de la burbuja inmobiliaria (iniciada en 2007 en EEUU), la crisis financiera (iniciada al año siguiente con la quiebra de Lehman Brothers) y la crisis de la deuda (iniciada a partir de 2009 en España), constituyen el fracaso de la globalización. La globalización ha tenido a un pequeño número de beneficiarios (los gestores del capital financiero internacional) y a una inmensa mayoría de afectados (especialmente a las poblaciones del mundo desarrollado que en pocos años han visto como su industria se deslocalizaba y llegaban a sus países oleadas de inmigrantes para abaratar el coste de la mano de obra y ganar en competitividad. Intento absurdo porque los salarios medios en Europa no pueden rivalizar con los 150 euros/mes pagados en China, no con los 75 euros/mes pagados en Vietnam, ni con los 33 euros/mes pagados en África negra…

El problema más importante al que se enfrenta España en la segunda década del nuevo milenio es, precisamente, el fracaso de la globalización y la imposibilidad de enderezar nuestra economía de manera autónoma o al menos junto a los países europeos que tienen una estructura económica y unos costes de producción próximos a los nuestros. A esto se une un sistema de alianzas impuesto durante la transición como condición previa para el ingreso en las Comunidades Europeas y que ha supuesto una profundización en la línea seguida por Franco desde 1956 cuando suscribió los pactos de ayuda y amistad con los EEUU, ingresando en la OTAN, participando luego en las aventuras coloniales de los EEUU y comprometiéndose en el “escudo antimisiles”, todo lo cual indica que nuestra política exterior, desde hace casi 70 años está condicionada por las actitudes de los EEUU y sirve más a sus intereses que a los nuestros.

Todo ello crea un marco extremadamente catastrófico para nuestra política exterior y, especialmente, marca la imposibilidad –mientras se persista en estas actitudes: 1) aceptación acrítica de la globalización, 2) integración en la OTAN, 3) seguidismo hacia los EEUU- de modificar los lineamientos erróneos en política exterior que contribuyen a aumentar el peso de las catástrofes descritas anteriormente: el política porque los EEUU imponen un modelo político que no es el que más conviene a nuestro país, en economía porque precisamente el gran lastre de nuestra economía es nuestra inclusión en la globalización y en cultura porque seguimos un modelo nacido fuera de nuestras fronteras, el “modelo americano”.

Por tanto, los problemas que se suscitan en este terreno son:

a. Somos vasallos de un país en decadencia que corre el riesgo de arrastrarnos en su caída- Decimos “vasallos” y no aliados porque los “imperios” tienen vasallos, nunca aliados.

- EEUU tienen hoy una deuda acumulada de más de 12 billones de euros. Una deuda así es imposible de cubrir y evidencia la debilidad del imperialismo norteamericano que sigue viviendo en la actualidad gracias 

1) a que diariamente desde hace casi 20 años, se inyectan más de 1.000 millones de euros diarios en las bolsas norteamericanas, lo cual garantiza el consumo interior y permite que las empresas norteamericanas prosigan su depredación por todo el mundo. Esos 1.000 millones proceden de los petrodólares, de China y de Europa.

2) a que la inmensa mayoría de los grandes consorcios multinacionales, a pesar de que, por definición, son internacionales, tienen su sede social en los EEUU y actúan en la misma dirección que el llamado complejo militar-petrolero-industrial.

3) a que la alianza entre los EEUU y el capital en manos judías goza de buena salud y el poder militar de los EEUU es hoy por hoy la gran salvaguardia del Estado de Israel, si bien el judaísmo norteamericano tiene connotaciones culturales (es prácticamente laico en sus élites económicas), económicas (la élite del judaísmo norteamericano, en buena medida, cree que el mantenimiento del Estado de Israel es excesivamente costosa, es decir, no es un judaísmo sionista) y mito-políticas (especialmente desde el conservadurismo norteamericano se ha insistido en que Israel es el “pueblo elegido de la antigüedad” mientras que los EEUU son el “pueblo elegido de la modernidad” y que, por tanto, los destinos de ambos países están unidos) que complican extraordinariamente el problema en el momento actual.

4) a que la presencia de los marines en 250 bases militares extendidas por todo el mundo y el desarrollo de una industria armamentística basada en los conceptos de ataque masivo a distancia, y guerra asimétrica (con 0 bajas propias y destrucción total del adversario), contribuyen por el momento a mantener la fidelidad de los vasallos, a sabiendas de que quien cambie de posición se arriesga a represalias político-económico-militares.

- En el momento en el que falle algunos de estos cuatro elementos (flujo diario a las bolsas, potencia militar, dinero judío y quiebra de algunos consorcios), los EEUU corren el riesgo de desplome económico-militar. Si a ello se unen problemas sociales (el aumento de las tensiones internas entre latinos y anglosajones, dos comunidades absolutamente diferenciadas y con identidades completamente diferentes e incluso opuestas) y las tensiones entre el “centro” federal y la “periferia” de los Estados, si tenemos en cuenta que la privatización de servicios e infraestructuras ha generado obsolescencia en muchos sectores y falta de capacidad de reacción del poder central, factores todos ellos que nos indican que el futuro de los EEUU es particularmente problemática y que el país camina hacia una guerra civil que puede ser, a la vez, racial y social.

- Si es cierto que la hegemonía norteamericana toca a su fin y que los días de los EEUU como única potencia mundial están contados, habrá que reconocer que esto se aproxima justo en el momento en el que España está privada a causa de la crisis para ejercer una acción política exterior y cuando nuestra situación de dependencia en relación a las orientaciones de la defensa de los EEUU nos comprometen con el “caballo perdedor”. El futuro desmantelamiento de la política exterior de los EEUU puede acarrear el que, bruscamente, nos encontremos con la necesidad de establecer una política propia, pero sin instrumentos suficientes para improvisarla.

- Hay que recordar que las políticas exteriores y de defensa no son objeto de un gobierno concreto, ni de cortos períodos de tiempo, sino que su credibilidad deriva de la ausencia de variaciones en sus orientaciones: un país es tanto “más fiable” para otros países en la medida en que sus políticas de defensa y de exteriores son más constantes.

b. Ante la previsible caída del “unilateralismo norteamericano”, España no está en condiciones de proponer ni practicar una alternativa capaz de convertirnos en dueños de nuestro propio destino y en país influyente.

- Lo dicho en el parágrafo anterior nos sitúa ante otro problema incuestionable: el tiempo del unilateralismo se está acabando, han aparecido nuevos actores internacionales en la escena, que, primero han destacado en la esfera económica y tecnológica, para destacar luego como polos de influencia en el panorama internacional. La política exterior y de defensa española no ha tenido en cuenta la emergencia de estos nuevos centros de poder.

- Los gobiernos españoles de los últimos 60 años han dado como inevitable el que España pertenezca al área de influencia de los EEUU y han renunciado a crear una política exterior propia. Han aceptado el estar ausentes del panorama internacional con vocación y potencia y se han resignado a situarse a la sombra del paraguas protector de los EEUU. Esto ha tenido costes pesados y el primero de todos ha sido compartir el destino de los EEUU, renunciando a la creatividad y a la búsqueda de vías propias. Si se hubiera previsto desde hace décadas que el poder de los EEUU periclitaría, se hubiera experimentado la necesidad de asumir tareas necesarias para tener voz propia en un futuro mundo multipolar. No se hizo así y ahora, en plena crisis económica, España es un país “apestado”, gobernado por una clase política que no inspira respeto ni en el interior ni en el exterior del país y que, por tanto, no está en condiciones de diseñar un destino propio que pueda interesar a un grupo de pueblos en similares condiciones. No estamos preparados para el reemplazo que supondrá pasar del unilateralismo al multilateralismo.

- A la quiebra del unilateralismo que sucederá a la quiebra del americanismo se une un tercer factor que, a modo de receptáculo, encierra a estos dos fenómenos: el fracaso de la globalización.

c. Si entre 1989 y 2001 el mundo vivió bajo el ensueño de la globalización y del “fin de la historia”, a partir de 2007, se desvaneció la viabilidad de la globalización. Nadie en España, todavía, salvo el sector alternativista, cuestiona la existencia de un mundo globalizado.

- El mundo es demasiado diverso como para poder realizar una globalización económica, en cuento al multiculturalismo y al mestizaje cultural que acompañan a la idea mundialista, el mundo es demasiado rico en matices como pensar que alguna vez todos ellos se terminarán fusionando en un todo uniforme.

- La globalización, inicialmente, aludía solamente al libre tránsito de capitales de un lado a otro del planeta. Sin embargo, quienes lo impulsaron, pronto se percataron de que, podía conducir a un “gobierno mundial” (idea que ya estaba implícita en los delirios humanitaristas-universalistas de la UNESCO y de los altos funcionarios de Naciones Unidas) a condición de que se hiciera alusión a una globalización no sólo económica sino también política, cultural, religiosa y étnica. El éxito de la globalización dependía de su viabilidad en el plano económico, y quedaba reforzada por todos los demás frentes. Pero si la globalización acompañaba a una crisis económica, la globalización de las costumbres (el multiculturalismo), de la política (la Alianza de Civilizaciones en sus contenidos), de la religión (seudo-espiritualidad newage) y étnica (las migraciones masivas y el mestizaje), crearían las condiciones para un segundo intento globalizador cuando las circunstancias estuvieran más maduras. Nosotros estamos ahora en ese punto.

- La crisis económico-social iniciada en 2007 ha demostrado a las claras la imposibilidad de una globalización en la que el Primer mundo siempre será la zona más afectada, debiendo renunciar a su objetivo de extender el Estado del Bienestar, dando lugar a formas neoliberales en los que la privatización de los servicios sociales sea el elemento central. Si hoy todavía no existe una revuelta generalizada contra la globalización se debe fundamentalmente a la ausencia de un extendido movimiento político-social que realice una crítica sistematizada a ese modelo.

- La globalización ha generado que nuestro país renuncie a algo tan básico como la autonomía alimentaria y a renunciar a la industria pesada, mientras que está en marcha un proceso creciente de desertización industrial. Nuestro país depende completamente del exterior en materia energética y alimentaria y cada vez producimos menos bienes de consumo y manufacturas. Esto hace que el mercado laboral cada vez se contraiga más (lo que está en contradicción con la llegada masiva de inmigrantes teniendo como consecuencia una caída en picado del precio de la mano de obra escasamente cualificada).

- Por tanto nuestra país (uno de los eslabones más débiles del mundo capitalista occidental) tiene un doble peligro: si la globalización progresa y se afianza, nuestra sociedad sufrirá un trauma que situará a la mayor parte de la población a la precariedad; pero, por el contrario, si la globalización se muestra imposible, nuestro país saldrá de este período con un grave déficit de industria y con un mercado laboral completamente distorsionado, en unas condiciones de conjunto completamente inadecuadas para afrontar un período post-globalizador. En cualquiera de los dos casos, la conclusión al proceso globalizador, sea cual sea, no puede ser sino extremadamente negativa para nuestro país.

d. Desde su creación, en 50 años, el Mercado Común Europeo, luego llamado Comunidades Europeas y finalmente Unión Europea, ha estado sometida a distintas orientaciones. La “unión política” que se expresó como intención en el Tratado de Maastrich con el frustrado intento de redactar una “constitución europea” y la “unión monetaria” (creación del Euro y del Banco Central Europeo), han constituido un estrepitoso fracaso. Desde la transición política (1976-1983) España aposto por “Europa”, sin percibir que algunos de sus impulsores no aspiraban a otra cosa más que a la conquista de un área de influencia sin ejércitos pero con tecnócratas.

- España en la transición política creía que verdaderamente la solución a todos sus males económicos era la “integración en Europa”. Existía en el subconsciente colectivo la idea de que “no éramos Europa”, sino algo exótico situado entre África y Europa. La negociación con la UE fue llevada a cabo por Felipe González en un marco de apresuramiento y presión, máxime cuando el socialismo español debía a la socialdemocracia alemana su propia existencia y el hecho de que fuera el SPD alemán el que construyera a partir de la nada y a golpe de talonario al PSOE a partir de 1976. Pronto se vio que Alemania exigió de Felipe González un alto pago por haberlo situado en el poder. La negociación excesivamente rápida costó el desmantelamiento de sectores estratégicos de nuestra economía.

- Hubo que esperar a la primera reconversión industrial y a la llegada masiva de fondos estructurales durante veinte años para que se produjera espejismo de que la “integración en Europa” había sido un éxito. Pero el final de la llegada de fondos estructurales y el inicio del período en el que España debía de aportar grandes cantidades para el desarrollo de los nuevos socios de la UE, precedió en apenas un año (2006) al inicio de la gran crisis económica (2007), con lo que se juntaron tres efectos perniciosos: fin de la llegada masiva de ayuda europea, inicio del pago de España de sus cuotas para fondos estructurales e inicio de la gran crisis con contracción de los mercados, estallido de las burbujas y aumento consiguiente del paro y de la deuda soberana.

- Si durante el gobierno de Felipe González, España se limitó a aprobar todas las decisiones tomadas en Bonn primero y en Berlín después, con la llegada de Aznar España reforzó el obstruccionismo del Reino Unido en la UE en su condición de segundo gran aliado de EEUU en el seno de Europa. El hecho de que a partir de 2004 esta política saltara por los aires con el gobierno Zapatero, lejos de beneficiar a España, contribuyó a castigarla todavía más: para distanciarse del aznarismo, Zapatero apoyó incondicionalmente al eje franco-alemán y se negó a vetar las firmas de acuerdos preferenciales con países no europeos que lesionaban gravísimamente los intereses de los agricultores españoles. Con Rajoy esta política no ha variado y España es el “gran mudo” de la UE, acaso porque tiene por delante la petición de un “rescate” financiero.

- En el momento actual se ha demostrado que la moneda única es perjudicial para las economías más débiles de la UE que ya no tienen en sus manos una política monetaria para salir de la crisis y están sometidos a la rigidez impuesta por Alemania y por Francia en torno al euro y en torno al Banco Central Europeo. Si tenemos en cuenta que cinco países de la UE ya han pedido “rescate” se entenderá que ya nadie hable de la “construcción política de Europa” y de “profundizar” en la constitución de la UE o en la redacción de una “constitución europea”. La UE empezó siendo un “mercado común”, después de dos décadas de intentar una difícil unión política, hoy el aspecto económico vuelve a ser el esencial pero no acompañado por la euforia de que la desaparición de las fronteras beneficiará a la economía, sino por las dudas sobre si el Euro sobrevivirá a la crisis.

- En el último cuarto se siglo, España se ha configurado como una “nación de servicios” dentro de la UE, un país periférico, carente por completo de industria pesada, apenas un paraíso residencial para jubilados ingleses, holandeses y alemanes y para más de 50 millones de turistas. Pero hemos dejado de ser una potencia industrial, hemos renunciado incluso a la autonomía alimentaria y somos completamente dependientes de Europa… de una Unión Europea que ni siquiera está claro si sobrevivirá a la actual crisis económica.

- Para colmo, la Unión Europea no se ha configurado como un espacio libre de economía cerrado a la globalización y a sus peligros, sino que ha cometido el error de transformarse en la “pieza europea” del mundo globalizado. A las dudas sobre el futuro y sobre la viabilidad de la UE, se unen precisamente ahora las dudas sobre la viabilidad del sistema mundial globalizado.

- Todo esto llega en un momento en el que la economía español y especialmente la industria manufacturera, está extremadamente deslocalizada, esto es, debilitada. Las dudas sobre el futuro de la UE se unen a las dudas en torno a la globalización y a la hegemonía norteamericana, generando demasiados eslabones cuya resistencia es problemática y hacen que la actual situación no puede prolongarse durante mucho tiempo.

e. Históricamente, el único factor que ha facilitado el dejar atrás las crisis económicas (como la del 29) ha sido el estallido de guerras generalizadas. En esta ocasión no será diverso: de la crisis iniciada en 2007 en EEUU solamente se saldrá con un nuevo conflicto que constituirá la guerra para salvar al capitalismo.

- En 1929 estalló la gran crisis del capitalismo. Contrariamente a lo que han propagado periodistas poco exigentes, el “new deal” de Roosevelt (que, fundamentalmente, consistió en inyectar dinero público en la creación de infraestructuras y programas sociales, unidos a algo de proteccionismo). Sin embargo, en 1937, se volvió a producir una recesión. Hay que decir que la crisis del 29 afectó a todos los países desarrollados… salvo a la URSS que estaba regida por otro sistema económico. Y, por supuesto, Alemania que había llevado a cabo una política muy agresiva a partir de 1933 de lucha contra la economía liberal. Hjalmar Schacht, ministro de economía de Hitler, negoció con los acreedores de Alemania el cobrar inmediatamente las cantidades adeudadas a condición de invertir ese mismo dinero en la reconstrucción del Reich. Aceptaron. En pocos meses, el régimen empezó a absorber el paro. No así en EEUU en donde el “new deal” no pudo evitar la irrupción de un 25% de parados… Pronto, el capitalismo llegó a la conclusión de que sin una guerra que volviera a poner en marcha los mecanismos de producción y de consumo, no quedaría atrás la crisis. Alemania marcaba el camino: se estaba impulsando la industria armamentística y esta “tiraba” del resto de sectores económicos. Pero el problema en EEUU y en el Reino Unido es que –a diferencia de Alemania- el ejército ya existía. En Alemania, como se sabe, había sido prácticamente disuelto después del tratado de Versalles y reducido a su mínima expresión hasta el punto de que oficiales alemanes debían entrenarse en la URSS para eludir las condiciones impuestas.

- Era preciso que estallara una guerra lo más lejos del territorio metropolitano de los EEUU. En Europa, por ejemplo. Para eso, EEUU contaba con un aliado preferencial, cerca del teatro de operaciones europeo: el Reino Unido. De hecho, ya en aquella época Londres era la primera plaza bursátil mundial y el nexo entre las finanzas anglosajonas de uno y otro lado del Atlántico estaba sellado desde principios del siglo XIX cuando ya se habían disipado los efectos de la guerra de independencia de las colonias. Fue a través de este aliado providencial que Francia se vio envuelta en una guerra que se saldaría con la peor humillación de su historia y que el Reich tuvo una guerra que Hitler no deseaba. La excusa fue banal: el corredor de Danzig.

- El territorio nacional alemán había quedado partido a raíz de las condiciones del Tratado de Versalles. Prusia oriental estaba completamente descolgada del resto del territorio a raíz de la formación del Estado Polaco. Una parte de Pomerania, que siempre había sido alemana, bruscamente se convertía en territorio polaco. El 24 de octubre de 1938, el gobierno alemán solicitó a Varsovia la devolución de la “ciudad libre” de Danzig, unida aduaneramente a Polonia y permiso para tender una línea férrea y una carrera a través del corredor, con estatuto de extraterritorialidad. Varsovia apoyada, por supuesto, por el Reino Unido, rechazó la propuesta que no atentaba ni contra su integridad territorial, ni contra su seguridad. En lugar de eso, firmó un tratado de ayuda mutua con Londres. El camino para la guerra estaba preparado. Se puede reprochar a Hitler que, desde la anexión de Austria, hubiera jugado a la ruleta rusa y que, resultase inevitable que antes o después, estallase la guerra. Pero la excusa de Danzig era excesivamente banal y, por lo demás, a nadie se le escapa que era de justicia que un territorio que había sido colonizado por la Orden de los Caballeros Teutónicos desde el siglo XII, y que siempre había sido germano, no era de recibo que por una decisión puntual internacional pasara a ser… polaca. No era raro que en París, el 3 de septiembre de 1939, cuando Londres declaró la guerra a Alemania seguida por Francia, muchos periodistas se preguntaran “¿Morir por Danzig?”… en efecto, nadie hasta ahora, ha logrado convencer a ningún analista serio, ni a ningún observador imparcial, de que Danzig valía los 51 millones de muertos (12 por el Eje y 49 por los “aliados”)… Es más, si se produjeron 51 millones de muertos fue solamente y nada más que para salvar al capitalismo y terminar con la crisis iniciada en 1929.

- Aquella guerra sirvió solamente para destruir Europa, generar un duopolio internacional USA-URSS que duró 45 años, en el curso del cual, no solamente Alemania, sino especialmente Francia e incluso el Reino Unido resultaron anuladas como grandes potencias. Y, eso sí, el capitalismo resultó salvado y respiró profundamente desde los rascacielos de Manhattan. Vale la pena no olvidar que aquella guerra no fue ni el blitzkrieg, ni el holocausto, ni la guerra en el Mediterráneo o en Asia: fue sólo y únicamente, pro encima de todo, la guerra para salvar al capitalismo. No lo olvidemos, porque ahora tenemos encima una nueva guerra de consecuencias imprevisibles de la que nuestro país y toda Europa debe de mantenerse por encima de todo al margen.

- Casi tres cuartos de siglos después del gran error de Danzig, las piezas del ajedrez vuelven a estar como entonces. El escenario ha cambiado. El Islam y no el Reich es el “enemigo”. El teatro no es Europa sino Oriente Medio. Pero el instigador es el mismo: la alta finanza internacional, los grandes consorcios financieros y mediáticos. Y el objetivo, por supuesto, es el mismo: salvar al capitalismo, preservar los beneficios, rentabilizar el rendimiento del capital y devolver la alegría del crecimiento a los poseedores del capital.

- Es relativamente fácil establecer dónde tomó cuerpo la decisión de desatar un conflicto de dimensiones internacionales: en la reunión del Club Bildelberg en Sitges en el año 2010 en el Hotel Dolce del 3 al 6 de junio. Allí se constató especialmente que el capital financiero norteamericano, mayoritariamente judío, se desentendía del destino del Estado de Israel. El mantenimiento de ese Estado es caro, especialmente cuando Alemania ya ha agotado las indemnizaciones de guerra y cuando la demografía interior del Estado judío ha ido variando (disminuyen los askenazíes y aumentan los judíos etíopes, rusos y sudamericanos). Por otra parte, es bueno recordar, que el judaísmo norteamericano no es, ni ha sido nunca, mayoritariamente sionista y, por tanto, la creación de un “hogar nacional judío” le trae, literalmente, al fresco. A partir de ese momento, otros escenarios que podían haber sido tomados como ubicaciones para un conflicto generalizado quedaron descartadas (especialmente Beluchistán)

- Llevamos más de dos años asistiendo al movimiento de las piezas. Las “revoluciones árabes” distan mucho de ser movimientos providenciales. Si lo hubieran sido, ni la OTAN, ni EEUU hubieran puesto tanto cuidado en derribar al régimen de Ghadaffi, ni en haber permanecido ajenos a las peticiones de apoyo que formularon los dictadores tunecino y egipcio que tantas veces habían apoyado las políticas norteamericanas en la zona. Era evidente y hasta un ciego podía intuirlo que cualquier movimiento en el mundo árabe generaría desequilibrios interiores que facilitarían el ascenso de fuerzas políticas islámicas radicalizadas. Pero era necesario que desaparecieran dictaduras laicas para abrir el paso a dictaduras religiosas fanatizadas y que estas hicieran causa común con el gobierno iraní para lograr que una vez iniciado el conflicto entre Irán e Israel, el teatro de operaciones se extendiera desde el Atlas hasta Filipinas. Sí, porque ese será el escenario y la excusa el ataque que en estos mismos momentos está preparando Israel contra las instalaciones nucleares iraníes. Los halcones de Tel Aviv piensan que el tiempo juega contra ellos y que contra antes ataquen antes se verán libres del peligro de que Teherán cuente con ingenios nucleares. El hecho de que Irán tenga armas atómicas es importante, simplemente, porque rompe los equilibrios que se han dado hasta ahora en la zona (Israel tiene ese tipo de armas, no firmó el Tratado de no Proliferación Nuclear y dispone de un número de megatones no cuantificado pero superior a los que posee cualquier otro país árabe… hasta ahora). En un escenario en el que los árabes tengan bombas nucleares, Israel deberá negociar la paz a la baja. Y los cultivos del desierto del Negev (pulmón alimentario de Israel) estarían siempre bajo amenaza de que los árabes condescendieran a que las aguas de los acuíferos de Gaza y de las fuentes del Jordán llegaran a los kibutz.

- En este escenario se entiende perfectamente lo que en estos mismos momentos está ocurriendo en Siria. Se está fomentando artificialmente un conflicto en ese país y se está engañando a la opinión pública europea mediante un bombardeo diario de reportajes, filmaciones, noticias y declaraciones construidas por los laboratorios de operaciones psicológicas de los EEUU hasta el punto de que ya resulta imposible saber qué informaciones tienen un poso de verdad y cuáles son completamente falsas en un esquema similar al que hizo que la opinión pública europea permaneciera callada ante la intervención de nuestros ejércitos en Libia.

- Si hoy Siria está en el ojo del huracán se debe especial y únicamente a que es el aliado preferencial de Irán en Oriente Medio y que es a través de este país como los tanques y los aviones iraníes pueden llegar hasta la vertical de Haifa y de Tel-Aviv e incluso colocar sus baterías convencionales y hacer llegar en pocos años ingenios nucleares lanzados desde los altos del Golán. Mientras, los agentes del Mosad están realizando operaciones secretas en Irán y en Siria. Científicos iraníes han sido asesinados (cinco en apenas dos años).

+- EEUU es el primer interesado en el estallido de este conflicto. No solamente porque ahí es donde está situado el nudo del capitalismo mundial sino porque quiere también sacarse el mal sabor de boca del fracaso de sus últimas intervenciones en la zona: Afganistán en donde no han podido vencer a unos miles de cabreros armados toscamente, en Irak en donde lo único que han logrado ha sido derribar un régimen laico y sustituirlo por un régimen chiíta próximo a Irán (con un país que previsiblemente se partirá en dos: parte chiita y parte sunnita, optando la primera por aliarse con Irán). Washington sabe que en esta guerra sus tropas estarán en casa (salvo que la amenaza de liquidación del Estado de Israel y la subida al poder de los neoconservadores en las elecciones de noviembre de este año animaran a la opinión pública de aquel país a intervenir en defensa del aliado hebreo… cosa harto improbable a la vista del tradicional aislacionismo de la población norteamericana que, sin embargo, a veces se ve basculado por extraños episodios, desde Pearl Harbour hasta el 11-S y desde el Maine hasta el hundimiento del Lusitania) pero que servirá armas y municiones a los contendientes, directa o indirectamente.

- El escenario, repetimos, será éste: ataque preventivo de Israel a las instalaciones nucleares iraníes y respuesta de este país que, por mínima que sea, desencadenará el conflicto. Aunque Irán no se creyera en condiciones militares de atacar, es evidente que tomaría algún tipo de represalia (hoy mismo, en el momento en que escribimos estas líneas, Irán ha suspendido el suministro de petróleo al Reino Unido y a Francia como represalia por haber instigado las sanciones económicas). Y esa represalia solamente puede ser el cierre del estrecho de Ormuz que constituye el verdadero cerrojo del Golfo Pérsico e impediría que ni una sola gota de petróleo saliera de la zona con destino a los mercados mundiales. Cada día 17 millones de barriles de petróleo, un tercio del crudo mundial, pasan por Ormuz así que podemos intuir lo que significaría el cierre del estrecho. Recientemente Ignacio Ramonet recordaba que el Estado Mayor Iraní afirma que “nada es más fácil de cerrar que ese Estrecho”. Y Washington ya ha recordado que el cierre de Ormuz sería considerado como “casus belli”. Ormuz es Danzig.

- Pero hay otro contendiente inevitable en el conflicto: Turquía. Este país está demasiado cerca del conflicto como para que pudiera salir indemne. Tiene fronteras con Irak, Irán y Siria y su territorio es imprescindible para hacer llegar suministros a las distintas partes en conflicto. Ankara será presionado por todos los contendientes para que se sume a sus filas: los EEUU le recordarán su condición de miembro de la OTAN y los países árabes de su carácter religioso mayoritario. Y, para colmo, Turquía, a causa de la cuestión del Kurdistán no se puede permitir adoptar una posición contraria a Siria, Irak e Irán. Tiene que contar con ellos o a ellos les costará poco crear un conflicto interior en el territorio turco. Sin olvidar que los islamistas moderados gobiernan en Ankara.

- Ramonet afirmó en febrero pasado con una ingenuidad que dice muy poco de la experiencia que ha aquilatado a lo largo de los años, que “la hora de la diplomacia todavía no ha pasado” ¿sirvió algo la diplomacia para resolver el contencioso de Danzig? ¿Sirvió algo la diplomacia para evitar el miserable ataque a Irak con las miserables excusas que se dieron? ¿Sirvió la diplomacia para que Sarkozy no se lanzara como un buitre sobre Libia? No, bueno pues aquí tampoco servirá de nada. Y no servirá por la sencilla razón de que los dados hace tiempo que están tirados y el futuro está marcado: en Sitges en 2010, por un grupo de oligarcas, financieros y políticos que comen de la mano de ellos, de todo el mundo. En Bildelberg. Después de entonces ya no hay lugar para la diplomacia porque la diplomacia es solamente un auxiliar de la política y esta hoy no es más que algo subordinado a la alta finanza y a los intereses del capitalismo mundial. Ahora bien, si la suerte de los contendientes (Israel y los países árabes) ya está decidida, lo único que a nosotros debe preocuparnos es preservar nuestra seguridad y nuestra extrañeidad al conflicto. No podemos, la Unión Europea, no puede tomar partido una vez más por los vencedores de 1945: el capitalismo anglosajón. Ni por los agresores de 2003 que nos juraron y perjuraron que había armas de destrucción masiva. Esta no es, ni será nuestra guerra. Esta no debe ser la “Tercera Guerra Mundial” sino la “Cuarta Guerra Árabe Israelí” y quedar así, no nos puede afectar. Debemos necesariamente permanecer al margen de una guerra que puede revestir caracteres de destrucción masiva como pocas antes.

-Por tanto, la única opción admisible en Europa y desde Europa es el neutralismo. No es que Europa sea un “enano político” (que lo es), es que en las actuales circunstancias la única garantía de supervivencia de la Unión Europea es permanecer de espaldas al conflicto, ofreciendo ayuda humanitaria como máximo, pero nunca armas, ni municiones, ni apoyo diplomático a ninguna de las dos partes. EN ESTA GUERRA QUE SE AVECINA, PARTICIPAR ES PERDER. Solamente el capitalismo cree que saldrá beneficiado… Hay que permanecer, pues, vigilantes ante las mentiras con las que nos van a obsequiar nuestros ministros de exteriores y nuestros políticos, incluso los que parece que saben algo de política internacional y apenas saben otra cosa que leer los dossiers de agitación belicista que les llegan de la CIA. Por no hablar de los halcones de la prensa que hace menos de 10 años pontificaban sobre las “armas de destrucción masiva” con un cinismo tan solo equiparable al belicismo más odioso que ha visto este país. Están a la derecha, claro, pero no solamente en la derecha. Y hoy están en el gobierno como lo estuvieron en 2003 cuando la agresión innoble a Irak o como lo estaban en 2001 cuando se produjo la invasión de Afganistán.

- La diferencia entre la crisis del 29 y la iniciada en 2007 es que en la primera el capitalismo tenía entonces áreas por las que expandirse. Hoy, sin embargo, el capitalismo ya está extendido a todo el mundo. Ha generado la madre de todas las desgracias: la globalización. Lo hemos dicho en otras ocasiones: la globalización que se inició como un libre tránsito de capitales (que era, en el fondo lo que interesaba únicamente al capitalismo financiero internacional) ha terminado siendo una globalización de la producción industrial y de las exportaciones e importaciones. Y el mundo es demasiado desigual como para que esto se impusiera impunemente. Es cierto que un trabajador chino cobra 133 euros/mes, pero es que uno vietnamita cobra 75 euros/mes y uno africano 33 euros/mes… así pues, ya sabemos a donde van a ir migrando las industrias. O bien aceptamos la desertización industrial de tres cuartas partes del mundo o bien rompemos con la globalización.

- Los ciclos económicos se agotan. Y el ciclo del capitalismo está agotado: el capitalismo muere por la rapacidad incontenible e irrefrenable de los propios capitalistas así como por la propia ley interior del capitalismo, mayor beneficio en menos tiempo. Un sistema así es insoportable a medio plazo. Y ese plazo ya se está agotando. Lo que ha producido riqueza en un período histórico, no tiene porqué seguir produciéndola a medida que va llegando a sus consecuencias últimas: cada vez más dinero está en menos manos y, por tanto, la “libertad de mercado” es sustituida automáticamente por el monopolio y el oligopolio. Así pues, a diferencia de la crisis de los tulipanes en la Holanda del XVIII o de la crisis del 29, ésta es una crisis sistemática que ha aparecido de la mano de la globalización y de la mano de la concentración del capital. Y no hay remedio. En las actuales circunstancias el capitalismo ya no toleraría nada parecido al “new deal” rooseveltiano o el que los economistas keynesianos tomaran la iniciativa. Todos estos aspectos del capitalismo han quedado atrás. Dicho de otra manera: tras la globalización no hay una fase siguiente de evolución del capitalismo, sólo queda su desintegración.

- La debilidad de España en materia internacional obligará al gobierno español en el momento en el que estalle el conflicto, a tomar partido y a seguir a los EEUU en esta nueva aventura, y lo hará a través de la OTAN. Es muy probable que el presidente de gobierno que se siente en La Moncloa en ese momento crea que la vía de la guerra puede ser, no sólo aceptable sino también deseable para nuestro país y que tanto la participación en el conflicto como la reconstrucción de las zonas afectadas supondrán un buen negocio que relanzará la economía española. A diferencia de otras crisis económica anteriores, lo esencial de este no es lograr poner en marcha las fábricas de armamento y que estas arrastren a la economía en general, ni tampoco el proceso de reconstrucción posterior de las zonas afectadas, sino que un conflicto de este tipo hay que insertarlo dentro de una economía globalizada, por lo que en última instancia el mal de fondo de la economía seguiría vivo y activo.

- Es fundamental entender, por lo demás, que en estos momentos nuestro país no está preparado para un conflicto bélico, ni siquiera para un conflicto asimétrico en el que algunos cientos o miles de nuestros soldados murieran en una guerra organizada por los EEUU e Israel para salvar al capitalismo. El estallido de un conflicto de esas características redundaría todavía más en un desprestigio de las instituciones y del gobierno, agravando aún más la crisis nacional. Pero, por el contrario, adoptar una posición neutralista y no participar en el conflicto supondría un enfriamiento de las alianzas tanto con los EEUU como con la UE, incomprensible desde el momento en el que España es un país miembro de la OTAN y está obligada a participar allí en donde el mando de la Alianza lo requiera.

- Estamos persuadidos de que un conflicto de este tipo, por la gravedad y la evidente inmoralidad que va a suponer, puede ocasionar un estallido político-social en nuestro país y precipitar todo el proceso de aumento de las contradicciones internas del sistema político-económico. La “guerra para salvar al capitalismo” puede convertirse, paradójicamente, en la “guerra que hundirá a la constitución de 1978”.

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Las tensiones que debe soportar España son muchas y de muy diversa naturaleza. Todas han coincidido en un espacio de los 10 años que median entre 2007 y 2017: son demasiados y de demasiada magnitud como para pensar que a partir de 2017 el sistema podrá superarlos. Es lógico pensar que el sistema no estará en condiciones de afrontar todos estos problemas en cadena y sucumbirá a lo que hemos dado en llamar “convergencia de catástrofes”.

(c) ernesto Milá - infokrisis - ernesto.mila.rodri@gmail.com

 

Feliz 2013 (o 2012+1)

 

El Ángel de las Horas (o El Ángel del Cuadrante Solar) en la fachada Sur de la Catedral de Chartres. A la izquierda el original del siglo XIII cincelado por los compagnons. A la derecha el cincelado 700 años después cincelado por los mismos compagnons. Esta es mi Tradición.

Renovar la idea de España (V)

Renovar la idea de España (V)

Info-krisis.- Terminamos la serie sobre la "renovación de España" con estos dos capítulos que, a pesar de ser difíciles de abordar, polémicos y conflictivos, tienen una importancia crucial para agotar la temática: ambos capítulos aluden al catolicismo en España, a su presente y a su futura, así como a las orientaciones culturales necesarias para una reconstrucción nacional.

7) Iberismo y catolicismo

En otro tiempo hubiera sido posible decir que el Iberismo, a ambos lados del Atlántico, sería “católico”. Pero hoy eso es ya imposible y no sería razonable partir de una base falsa como trampolín para la regeneración nacional. La pérdida de influencia de la Iglesia Católica, su fragmentación en distintos grupos interiores (Opus Dei, Comunión y Liberación, neocatecumenales, legionarios de Cristo, Yunque, etcétera, etcétera) que han sustituido lo que representaba la tradición de las viejas órdenes religiosas (benedictinos, franciscanos, dominicos, jesuitas) invadiendo los espacios hasta ahora reservados al clero diocesano (que han podido ocupar por la debilidad creciente de éste y la falta de vocaciones), el desmantelamiento de los ritos y de la liturgia que tuvieron lugar después del Concilio Vaticano II, la renuncia a las propias tradiciones y el no haber estado en condiciones de encabezar una respuesta “espiritual” a la ofensiva del materialismo moderno, todo ello ha hecho que le Iglesia española haya perdido en los último 50 años la mayor parte de su capital humano y que ni siquiera esté asegurado el reemplazo en los seminarios que garantizaría la preparación constante de “pastores” para la Iglesia. El hecho mismo de que en los conventos femeninos la inmensa mayoría de miembros sea de origen asiático o africano, indica a las claras el nivel de descomposición en el que se encuentra la Iglesia española. Ni siquiera la llegada masiva de inmigrantes andinos ha reforzado, como creían inicialmente desde la jerarquía, al catolicismo español sino que ha servido para reforzar precisamente a las sectas religiosas evangélicas y a las confesiones protestantes mucho más que al catolicismo local (lo que, por lo demás, demuestra así mismo la crisis del catolicismo iberoamericano que no ha podido soportar la desmovilización que supuso la teología de la liberación en los años 70-80).

Pensar que el catolicismo puede volver a ser el eje en torno al cual se polaricen fuerzas para reemprender una reconquista espiritual y material de España y para alumbrar los caminos de su reconstrucción, supone hoy una forma de idealismo que jamás podrá concretarse: puede ser que satisfaga a los católicos y a su particular visión de la vida, pero no desde luego a los que no tienen la fe en la doctrina de la Iglesia. El ciclo de la Iglesia Católica parece haberse agotado y no se ve de que manera podría reactualizarse y recuperar una iniciativa que perdió desde principios de los años 60 incluso en España.

Por otra parte, es preciso negar un error habitualmente presente en las concepciones que se han forjado de España desde el último tercio del siglo XIX: España no empieza con la conversión de Recaredo, es decir, con el momento en el que el Reino Visigodo de España empieza a ser formalmente católico. España (Hispania, Hesperia) es preexistente a la aparición del cristianismo, se inicia cuando con los primeros pobladores de la península que si bien no pudieron tener jamás la conciencia de la nacionalidad, si, al menos, eran vistos desde fuera de la península como un conjunto de pueblos con destino común. Y, por lo mismo, España sobrevive a la desaparición del catolicismo como fuerza hegemónica en la cultura española (lo que ocurrió progresivamente a partir de principios de los años 60). Reducir la historia de España al catolicismo es acotar un segmento de una línea histórica mucho más amplia.

A este respecto, vale la pena recordar que España se desangró en defensa de la fe y en su difusión en el nuevo mundo en los siglos XVI-XVII. Si el Imperio Español es radicalmente diferente del británico es precisamente porque estuvo propulsado por la difusión del ideal de la catolicidad, mientras que el británico no fue nada más que la búsqueda de un área de expansión y de aprovisionamiento para la Compañía de Indias; una iniciativa, en primer lugar, económico-comercial. Pero en aquellos siglos ¡Había una Iglesia que defender! ¡Había una liturgia que practicar! ¡Había un pueblo que tenía una fe unánime que lo unificaba! Nada de todo esto existe hoy; en su lugar tenemos confusión doctrinal, caos litúrgico, seminarios vacíos, sectas disputándose el favor de los fieles de a pie, desviaciones humanistas-universalistas en las jerarquías, confusión la ayuda a los menesterosos y la aceptación acrítica de la inmigración como hecho consumado, el silencio de la Iglesia ante el Islam, el olvido del hecho fundamental de que el marco del catolicismo ha sido Europa y el ámbito de influencia creado por los pueblos europeos, para considerar una expansión misional por Asia y África especialmente en donde la Iglesia crece con más rapidez, olvidando que hoy Europa es “tierra de misiones” y eludiendo la debilidad estructural de las comunidades católicas allí creadas, la sensación de que el Vaticano se ha enrocado en una serie de temas en materia de sexualidad (especialmente su obsesión por el “creced y multiplicaros” y su rechazo a cualquier método contraceptivo, cuando resulta evidente que un crecimiento exponencial de la población es imposible y que el planeta está superpoblado especialmente en alguna zonas), su moral sexual que considera el gozo sexual y erótico como una forma pecaminosa y que solamente puede ejercerse, como mal menor, de cara a la paternidad… todo esto hace que la Iglesia perdiera en el Vaticano II su ocasión para “ponerse al día” y que progresivamente esté perdiendo influencia en Europa y ganándola en la periferia, en zonas en donde no puede competir con las religiones tradicionales (budismo, confucianismo, taoísmo, brahamanismo) o bien puede extenderse a condición de relajarse a sí misma y de mirar a otro lado ante las constantes antropológicas y culturales que en África negra, al menos, son las más inapropiadas para la difusión del catolicismo romano.

El catolicismo ya se ha contraído demasiado en España como para pensar que pudiera ser tomado como punto de apoyo para un renacimiento nacional, como ocurrió en otro tiempo. Hace falta ser realistas y no mezclar los delirios místicos (del tipo de “la Iglesia es eterna y por tanto reverdecerá de sus crisis”) con las realidades operantes aquí y ahora. Esto puede constituir un motivo de desesperación para un católico que considera que la historia de España y la del catolicismo están indisolublemente unidas: en ese caso habría que aceptar que la crisis de España es la crisis del catolicismo romano… pero el problema es mucho más profundo.

Vale la pena recordar que cuando murió Franco solamente tres obispos de la Conferencia Episcopal se situaban en posiciones tradicionalistas y esto después de 35 años de que el régimen apoyara y priorizara a la Iglesia. Sin olvidar que Paulo VI pidió en repetidas ocasiones el indulto para condenados por el franquismo y que las iglesias se convirtieron en los principales focos de oposición al franquismo desde mediados de los años 60. La conducción política de un país no puede depender de la salud o de las patologías que se hayan generado en el Vaticano. Mejor defender una fe que el materialismo o el nihilismo, evidentemente, pero el Estado no puede comprometerse con una fe en crisis que ya representa no a la totalidad del pueblo español sino a una minoría (la que va a misa todos los domingos, los únicos que, efectivamente, merecen el nombre de “católicos”) y que, para colmo, hace causa común en el País Vasco y Cataluña, con movimiento independentistas (haciendo además abstracción de que los nacionalismo regionales se expandieron en el último tercio del siglo XIX desde las sacristías y los púlpitos). A partir de ahora, la reconstrucción del patriotismo español ya no puede realizarse sosteniendo que la Iglesia y España caminan en paralelo, sino reconociendo el hecho consumado e inasumible de que la Iglesia está en crisis y que España ya no puede defenderla porque ni siquiera está claro hacia a dónde quiere caminar esa misma Iglesia.

Podría suponerse que la irrupción del Islam y su inquietante presencia en el interior de Europa podrían dar lugar a una nueva “guerra de religión” y, por tanto, sería necesario apoyar “lo nuestro” frente a lo que ha llegado del desierto. Es evidente que en los próximos años el Islam será la religión más seguida en Francia, en el Reino Unido, en Bélgica, en Holanda y seguramente en Alemania. Eso demuestra la vitalidad del Islam y el hecho de que se apoye especialmente en los sectores étnicos procedentes de la inmigración y no haya podido penetrar en los sustratos étnicos europeos originarios, evidencia que más que una guerra de religión estaremos ante un conflicto étnico-social. 

Conocemos la doctrina de Charles Maurras según la cual el catolicismo ofrecía para Francia el “mito movilizador” para asegurar su unidad nacional. Pero Maurras escribía estas ideas hace 100 años, cuando el catolicismo francés (mucho más militante que el español, por cierto) estaba vivo y activo a pesar de todos los intentos de laicización de la sociedad operados desde 1789 de manera extremadamente sangrienta. Hoy, la situación es completamente diferente: en Francia existe el mismo nivel de desertización parroquial que en España. En las regiones de la periferia francesa los pocos sacerdotes que quedan, la mayoría con una edad superior a los 60 años, deben realizar periplos itinerantes por parroquias de distintas poblaciones en las que ya no quedan sacerdotes con qué regentarlas. Una vez más, el problema del catolicismo es de pastores para dirigir la grey. Pero nosotros, un movimiento político de reconstrucción nacional ya no puede hacer nada para resolver la crisis de la Iglesia. Solamente disponemos del Estado y de nuestra voluntad para afrontar ese proceso. No se puede contar con que la Iglesia haga algo más que intentar defender sus propios intereses y que, ni siquiera esto lo haga de manera unitaria sino que serán las distintas “sectas” en las que está hoy dividida la Iglesia las que asumirán la defensa de sus intereses de parte. Y, hay que decirlo, los intereses de esas sectas no tienen absolutamente nada que ver con el interés nacional.

Por tanto, los tiempos han cambiado: la defensa de España ya no se identifica ni remotamente con la defensa de una fe que solo permanece viva y es practicada por una minoría (y para ello solamente hace falta ir a la puerta de las iglesias y ver el número de los que acuden a los oficios religiosos). Mientras algunos patriotas sigan bloqueados por esa idea, supeditando la defensa de la patria a la defensa de la Iglesia eludirán la realidad: que la Iglesia está en crisis y que solamente compete salvarla a las jerarquías de la misma, pero que la crisis de España puede –y debe ser- afrontada por la voluntad de los patriotas: CATÓLICOS O NO.

Es más, cabe preguntarse si hoy la defensa de los intereses del catolicismo coincidiría con la defensa de los intereses de la Iglesia. Ya hemos visto como, mientras el franquismo seguía defendiendo la unidad de intereses del Estado y de la Iglesia (algo que beneficiaba extraordinariamente a la Iglesia), ésta, por el contrario, declaraba por activa y por pasiva, que Estado e Iglesia eran “independientes”. Mientras Franco consagraba a España al Sagrado Corazón, la Iglesia miraba a otra parte y prefería no pronunciarse porque los vientos que soplaban en aquella época eran laicos y la Iglesia había decidido apoyar políticamente sólo a las democracias-cristianas. Franco fue, en todo esto, más papista que el Papa… y el resultado fue que en septiembre de 1975, el Vaticano hizo causa común con la oposición antifranquista. Hay que recordar que, durante la transición solamente Fuerza Nueva y, más en concreto, su líder, Blas Piñar, sostuvo una posición explícita de defensa de la doctrina de la Iglesia desde un punto de vista tradicionalista. El pago fue que la Conferencia Episcopal, no solamente le desautorizó sino que se situó en las antípodas. Para colmo, las luchas entre católicos oficialistas y católicos tradicionalistas provocó escisiones interiores en el partido piñarista. Una vez más, como en la II República, la iglesia con su apoyo al “caballo ganador” (primero a la CEDA y luego a la UCD) prefirió la real-politik a apoyar a los sectores más combativos y decididos a una defensa de la fe y a una regeneración nacional. Estos ejemplos históricos recientes son suficientes como poder afirmar tajantemente: nunca más el patriotismo español se desangrará en defensa de otro ideal que no sea el sagrado ideal de la patria; nunca más el patriotismo español se basará en los principios de un pasado católico para eludir la realidad del presente en el que el catolicismo ha perdido la hegemonía religiosa en beneficio del indiferentismo; nunca más la historia de España se reducirá a la historia de la “España católica”: España es mucho más que eso. Hispania, Hesperia, Iberia, han existido antes que la Iglesia y presumiblemente seguirán existiendo cuando la Iglesia se extinga al acabarse un ciclo que, obviamente, ya está tocando a su fin.

Es preciso, pues, como exigencia para la reconstrucción y la regeneración nacional, tomar un mito movilizador más allá del mito religioso católico. Hace falta establecer cuál será ese mito movilizador a la altura de los tiempos. Mito laico o mito religioso, lo importante es que tenga capacidad de movilización, que suponga un revulsivo con suficiente potencial movilizador como para alumbrar la nueva página de nuestra historia y que esté a la altura del tiempo nuevo, del siglo XXI y de lo que vendrá.

7) ¿Qué enfoque cultural?

La evidente pérdida de peso del catolicismo en la sociedad española se evidencia en la medida en que su crisis empieza justo cuando la cultura americana penetra a raudales en España, esto es, a principios de los años 60. Esta fecha hay que situarla un lustro después de la firma de los acuerdos de cooperación militar con los EEUU, en la primera parte del Concilio Vaticano II y cuando se inicia el cambio en las costumbres (irrupción del pop, de la minifalda, de la píldora anticonceptiva y de la ideología de la “liberación sexual”). Es, además, en la década de los 60 cuando el turismo se convierte en una gran “industria” nacional y produce un doble efecto: de un lado, España debe de adaptarse a los gustos de estos flujos turísticos y de otro esa riada extranjera que desembarca en España modifica sustancialmente los hábitos y las costumbres de los españoles. A pesar de que la inmensa mayoría de turistas sean europeos, este fenómeno y los cambios en la sociedad española y occidental, lo que han conseguido que se implante aquí es la cultura americana especialmente en la industria del cine (la de mayor impacto en aquel momento). Cuando Franco agoniza en El Pardo, España es culturalmente una colonia norteamericana. En las décadas que seguirán este estado de dependencia aumentará en todos los terrenos agravado por la desaparición efectiva de cualquier barrera. Cuando se habla de globalización cultural lo que se universaliza es precisamente la cultura generada en los EEUU. El hecho de que el sistema educativo español haya entrado en quiebra y que la clase política dirigente sea perfectamente consciente de que se trata de amputar en las nuevas generaciones la capacidad crítica, redunda en la miseria cultural de nuestro pueblo.

Pero la historia indica que un Estado no es verdaderamente independiente si carece de unas señas de identidad propias. La independencia indica un cierto grado de autonomía cultural y la existencia de un caldo de cultivo lo suficientemente rico en nutrientes como para que florezca una vida cultural propia sobre la que repose la identidad nacional. El hecho mismo de que los nacionalismos periféricos inicien su trabajo especialmente en el terreno de la cultura (la frase de Pujol en los años 60, “primero hacemos país, luego ya habrá tiempo de hacer política”, es significativa de esta voluntad, así como el énfasis puesto por la Generalitat en apoyar y apuntalar económicamente cualquier muestra, por raquítica que sea, de cultura catalana) es significativo de la importancia que atribuyen a este fenómeno. No hay nación fuerte, libre e independiente sin una cultura igualmente fuerte que se proyecte sobre un pueblo con un nivel cultural medio que sea aceptable. Nada de todo esto existe hoy en España, por tanto, no es raro que las sombras más siniestras se ciernan sobre nuestro futuro.

Así pues, el terreno cultural es un terreno preferencial de acción si lo que se aspira es a un enderezamiento nacional y a superar una crisis varias veces centenaria. Hasta ahora, era evidente que cualquier alusión a esta temática implicaba casi necesariamente el recurrir al catolicismo; a la pregunta de ¿qué tipo de cultura era preciso afirmar y difundir en España? La única respuesta posible hasta mediados de los años 60 era, “la cultura católica y la inspirada por el catolicismo”. Ahora, las cosas ya no están tan claras. Basta ver los contenidos de los canales de TV católicos para percibir hasta qué punto la perspectiva cultural es limitada y condicionada por una fe que ya no dice nada a la mayor parte de los ciudadanos. Sin entrar en discutibles contenidos sobre la gestión pasada de la Iglesia, ni en las conveniencia políticas actuales del Vaticano que hacen, acaso más odiosos, algunos de los contenidos de estos canales.

Es evidente que el catolicismo impregnó profundamente a la sociedad española. Haría falta preguntarse también hasta qué punto algunos de los temas del catolicismo no han influido negativamente en la construcción de España: nuestro país se desangró en defensa de la fe y no siempre lo que convino al Vaticano convenía a España, especialmente en los siglos del Imperio de los Austrias.

Por otra parte, es indudable que, salvo en materia de sexualidad y de aborto, las orientaciones de la Iglesia han ido cambiando con el paso del tiempo. Si en otro tiempo, la Iglesia supo alumbrar el camino de la aristocracia armada en las Órdenes de Caballería, si bien dispuso de Órdenes Monásticas capaces de mantener y albergar en sus salas de copistas y en sus bibliotecas lo esencial de la cultural clásica greco-latina, si bien inspiró la organización de la sociedad urbana en las Órdenes Gremiales, y a cada uno de estos estamentos les dio valores y funciones propias, con la crisis de la Reforma todo esto entrar en crisis: el catolicismo se cierra en sí mismo para afrontar la batalla con los protestantes, en Trento el dogma se impone a cualquier otra consideración, se diría que, a partir de entonces el catolicismo se vuelve cada vez más rígido y apoyado en una serie de principios indiscutibles e indemostrables que se exasperan en el siglo XIX con el dogma sobre la infalibilidad del papa y la dogma sobre la Inmaculada Concepción que terminan generando pequeñas convulsiones en la iglesia holandesa y en la centroeuropea. Esta tendencia a valorizar el papel de la Virgen ha proseguido en el siglo XX (en 1950 Pío XII aprueba el dogma de la “asunción de María” y el Concilio Vaticano II revalorizó el culto a Maria) a pesar del papel efectivo de la Virgen en los Evangelios.

Ramiro Ledesma en su Discurso a las Juventudes de España aludía a los últimos 200 años de fracasos -hoy cabria hablar de 277 años, pues no en vano hay que añadir a la “pirámide de fracasos” descrita por Ledesma, el que supuso el fracaso final del franquismo que no pudo prolongarse en la historia de España constituyendo una especie de interregno entre dos formas de partidocracia y, por supuesto, el fracaso de la constitución de 1978 que ha sido responsable de sumir a nuestro país en la crisis política, económica, social, cultural y demográfica más grave de nuestra historia, facilitando el proceso de centrifugación nacional- si tenemos en cuenta que los primeros rastros de crisis nacional ya pueden encontrarse en las novelas picarescas del Siglo de Oro y en la aparición de lo que Machado llamó “el macizo de la raza”, podemos concluir que extinguida la Reconquista y sus ecos e iniciada la colonización de América, los primeros Austrias no estuvieron en condiciones de dar a España un destino histórico capaz de proyectarse en el futuro. Tuvieron mucho más de Alejandro Magno que de César, cuando éste último fue perfectamente consciente de que los límites del Imperio Romano era el estanque mediterráneo y las posiciones que garantizaban su dominio, mientras que Alejandro, de batalla en batalla fue estirando sus líneas de aprovisionamiento y forjado un Imperio tan amplio como frágil e imposible de defender. Los Austrias, obsesionados con mantener las posiciones en Flandes en defensa de la fe, fueron desgastando el capital humano de nuestro país, agotando los recursos que lograban salvar a la flota inglesa y a sus sucursales piráticas en una lucha sin futuro de la que lo único que queda es el heroísmo de los Tercios y la leyenda negra urdida por nuestros adversarios. La sociedad de los siglos XVI y XVII seguía en gran medida las pautas de la edad media, su patriotismo se expresaba con la fidelidad al rey y a su honor, sus decisiones eran seguidas aunque no siempre entendidas, ni acaso compartidas. El momento en el que aparece el machadiano “macizo de la raza” (la apatía del pueblo español ante cualquier problema incluidos sus propios problemas) es precisamente ese: justo el momento en el que la población no entiende esa obstinación de los Austrias en defender las posiciones en Flandes y su participación en las guerras de religión, sin duda por que existía una dicotomía entre las posiciones de los Habsburgo y los sentimientos de la población. En un momento en el que no existían telecomunicaciones y la información circulaba difícil y trabajosamente, podemos pensar lo que suponía para la población contribuir al esfuerzo de estas guerras de religión. La España real y la España oficial empezaban a distanciarse. El honor del monarca y la fidelidad que el pueblo le tributaba siguió en pie hasta el final de la dinastía, pero era inútil crearse falsas ilusiones sobre lo que experimentaba un pueblo que permaneció en el subdesarrollo hasta bien entrados los años 50 del siglo XX y que fue quedando retrasado en relación a otros pueblos europeos.

No estamos interesados en realizar una crítica a la doctrina de la Iglesia, no solamente porque esta compete solamente a los católicos, sino porque el peso de la Iglesia ha disminuido tanto en España que va a ser difícil que tenga un papel efectivo en un enderezamiento cultural del país. Por otra parte, es preciso reconocer que si en algún momento de nuestro futuro el catolicismo recuperara la iniciativa cultural, el nivel de indiferentismo religioso de nuestro país le impediría jugar un papel verdaderamente relevante más allá de sus muros cada vez más altos.

Es evidente que un enderezamiento cultural de nuestro país no puede realizarse de espaldas al cristianismo, religión que hasta no hace mucho, ha sido el eje central de la historia de España durante un ciclo, no se trata de romper con los valores que han sido asumidos incluso por nuestros padres, pero tampoco se trata de seguir a la Iglesia en su pendiente.

La Iglesia se apoya en dogmas, pero los dogmas son solamente útiles cuando se cree en ellos, creencia que es apuntalada por la fe, un impulso irracional del alma que predispone a esa creencia. Quien no tiene fe, no cree en el dogma y quien no cree en el dogma no puede asumir los rasgos de la cultura católica. Eso ocurre hoy a la mayor parte de nuestro pueblo que, bautizada o no, permanece al margen del adoctrinamiento de la Iglesia y de espaldas a su culto.

Así pues, hay que partir de otras bases y reconocer que nuestra cultura históricamente ha sufrido distintas influencias: en primer lugar la influencia del mundo clásico llegada con griegos y romanos, en segundo lugar la influencia del mundo germánico llegada con los visigodos, sin olvidar que antes, los sustratos originarios de la población compartían una visión del mundo común a todo el paganismo antiguo. Y, por supuesto, existió una influencia del catolicismo y, no solamente del catolicismo sino también de sus disidencias pues no en vano, España fue tierra de disidencias dentro mismo del catolicismo, mucho más que “país de las tres culturas”.

Dicho de otra manera: de lo que se trata es de realizar un retorno a las raíces de la Hispaniae eterna y no solamente rescatar la España católica, en la medida en que el destino de esta segunda depende de la evolución general del catolicismo vaticano (y no se puede ser muy optimista respecto a ello), mientras que la primera implica un viaje a las profundidades de nuestro pasado ancestral y de las influencias histórico-culturales que han hecho a nuestro país.

Hace falta establecer los valores sobre los que puede reconstruirse y regenerarse la idea de España. Uno de ellos es sin duda la fidelidad a nuestra tradición histórica en sentido amplio y en absoluto restringido a un período concreto de la misma. Pero “tradición” implicaría arcaísmo si no estuviera acompañada de dos esfuerzos: uno la incorporación de lo que podemos llamar el “espíritu prometeico” y de otro la actualización de esa tradición.

Entendemos por espíritu prometeico el esfuerzo por alcanzar permanentemente las nuevas fronteras de la ciencia. No hay que tener miedo al avance científico, sino tan solo planificarlo y abordarlo implacablemente. Eso implica: imaginación, audacia, capacitación y recursos. Implica, por tanto, un nuevo sistema educativo y una exigencia de esfuerzo a todas las generaciones. Desde el ingreso de España en la OTAN y en las Comunidades Europeas (hoy UE), hemos perdido algo más de un cuarto de siglo en el que al “que inventen ellos” se unió a la “sopa boba” que fueron durante veinte años la llegada masiva de fondos reservados. Este período concluyó en 2006 coincidiendo precisamente con el estallido de la burbuja inmobiliaria: el “que inventen ellos” había confluido con la llegada de la economía especulativa y la minusvaloración de la productiva. Ese tiempo perdido ya no volverá, ahora toca, simplemente, recuperar el tiempo perdido en un momento en el que la historia avanza a mucha más velocidad que en cualquier otro momento.

En economía ha llegado el tiempo de la planificación, del mantenimiento del rigor y de la austeridad para todos los grupos sociales, especialmente para los que más tienen. También aquí ha llegado el tiempo de la implacabilidad y del rendimiento de cuentas. El período en el que cada ciudadano se desentendía del resto de la comunidad, simplemente porque la erosión a que la clase política había sometido a esa misma sociedad, beneficiando su proceso de atomización y la desintegración de la sociedad civil, ese período ha concluido. El período en el que partidocracia, amparándose en la “libertad de expresión y organización”, creaba estructuras mafiosas que a nadie representaban  y que sólo beneficiaban a la cúpula de los partidos, ese período también debe terminar. El tiempo en el que la “España real” camina hacia una dirección y el de la “España oficial” iba hacia otro, debe ser definitivamente enterrado. El tiempo en el que el ideal más alto que podía concebirse era el desgastado “libertad, igualdad, fraternidad” que servía como excusa para las peores exacciones y las más criminales corruptelas, debe de ser superado. No en vano estamos hablando de un tiempo nuevo en el que imaginación, audacia y voluntad deben ser los elementos motores de la sociedad a partir de un sistema educativo remodelado para insertarlos.

En una España como la actual en la que la centrifugación, el desorden, el desgobierno y la corrupción se han convertido en el resultado de la constitución de 1978, la primera idea que debe presidir una regeneración es la de Orden. El Orden es la garantía de la seguridad y sin seguridad no es posible el ejercicio de ningún derecho humano, por tanto la seguridad es el primer derecho humano y supone la aplicación en lo contingente de un principio superior de carácter metafísico: el Orden. El Orden supone articular todo el conjunto de una comunidad en torno a un principio que constituye la referencia primera y superior. Ese principio debe estar presente en todos los ciudadanos y especialmente en su clase dirigente, debe de transmitirse desde todas las instituciones y especialmente desde la educación y desde la tarea de gobierno. Ese principio no puede ser otro que el del patriotismo social: la construcción de una patria para todos los españoles en el interior de la cual todos los ciudadanos tengan acceso a una vida digna, tengan la seguridad de que entregarán a sus hijos una patria mejor de la que han recibido y estén imbuidos de la idea de regeneración, reconstrucción.

Pero no hay Orden sin Autoridad. España precisa que se restablezca el principio de Autoridad, pero hace falta definir que Autoridad estamos hablando. La Autoridad implica casi necesariamente “complementareidad”: los que la ejercen deben tener capacidades superiores a aquellos a los que se les impone. Cuando eso ocurre, y cuando quienes obedecen a la Autoridad son perfectamente conscientes de sus limitaciones, es cuando se impone de manera natural la idea de que unos son complemento de los otros. La Autoridad supone una capacidad de dirección, un carisma y una entrega propias de quien da mucho y exige poco. Platón concebía casi de manera sacerdotal a la clase política dirigente que, prácticamente, debía hacer “voto de pobreza”, es decir, de renuncia a la acumulación de riquezas en el ejercicio de su cargo. Para Platón, el mejor gobierno era aquel que era ejercido por profesionales de la política que entendían esta casi como si se tratara de un sacerdocio. No servían a Dios, servían al Estado, eso implicaba la mayor de las lealtades, la dedicación constante y la renuncia a cualquier prebenda o beneficio personal. En una situación en la que en España se ejerciera la verdadera Autoridad, ninguno de los altos cargos del Estado tendría exención de responsabilidad jurídica como hoy ocurre con la monarquía, ni haría falta que sus “pares” (otros diputados) votaran sobre si se le mantiene o no su inmunidad parlamentaria. Los servidores del Estado y de la Sociedad deben estar constantemente expuestos a la crítica por su gestión y a pagar inmediatamente y de la manera más dura por sus errores, omisiones o responsabilidades. No en vano cuando cometen alguna de estas faltas no lesionan los intereses de un particular, sino los de toda una Comunidad e incluso los de las generaciones que están por venir y que tienen en el Estado a su garante a pesar de no haber todavía nacida. Lesionan igualmente los intereses y los derechos de las generaciones que ya han desaparecido.

La Autoridad se articula en distintos niveles de preparación que construyen un sistema jerárquico. En España ha desaparecido casi completamente la noción de jerarquía, se ha desarticulado y se ha invertido: es frecuente que en el propio Estado y en sus instituciones, pero también en empresas y universidades, la autoridad esté en manos, no de los mejores, sino de los más oportunistas, de quienes han sabido escalar sin principios por la pirámide social, los más inútiles, los más ambiciosos y, obviamente, los más psicópatas. Hemos construido un modelo de sociedad en el que al sujeto más “competitivo” se le exigen las mismas cualidades que al psicópata clínico: capacidad para la adulación, para la mentira, ausencia completa de escrúpulos, encanto superficial, creencia en que sus intereses son los primero y lo único a defender, etc. Lo pero en estos momentos en España, no es que la noción de jerarquía –articulación racional de los distintos niveles de Autoridad en una todo armónico en el que unos escalones superiores complementen a los inferiores- haya desaparecido, sino que se ha invertido. Si hubiera desaparecido completamente se habría producido un estado de anarquía que, al menos, hubiera hecho que las jerarquías naturales se reconstruyeran de manera espontánea, pero lo que ha ocurrido es que se ha impuesto un modelo de organización social cada vez más rígido en el que utilizando ciertos tópicos (“democracia”, “consultas populares”, “derechos humanos”, “constitución”, “libertades”, etc, etc) para afirmar su poder e impedir que emerja cualquier otro.

España hoy precisa que se restablezca la Autoridad en todos los niveles de la sociedad: en el Estado y en todos sus niveles administrativos, en las familias, en todos los niveles de la enseñanza, etcétera. E incluso, es preciso que conceptos similares a Autoridad o que implican cierto grado de Autoridad se restablezcan, especialmente el concepto de “respeto”: en los negocios, en los suministros, en las relaciones sociales. Una reforma social de este tipo no puede llevarse adelante sin un cambio radical en el estilo de vida de las gentes y en los mecanismos educativos y no puede salir más que de un proceso revolucionario en el que una minoría audaz logre arrastrar a una masa de población hacia sus posiciones, se haga con el poder e imponga estos principios con mano de hierro hasta que hayan calado en toda la sociedad.

Se engaña quien crea que hoy las cosas pueden cambiar en nuestro país mediante “consensos” y “reformas”. La Constitución de 1978 y lo que ha ocurrido durante las décadas en las que ha regido los destinos de este país, ha desarticulado completamente a la sociedad: ha acentuado las características implícitas en el “macizo de la raza” (individualismo, repliegue a lo personal, desinterés por la cosa pública, apoliticismo, banalización, pasividad, ausencia de espíritu crítico, hedonismo como único valor y mediocridad generalizada) y ya no es posible rectificar la marcha de la sociedad mediante pequeños parches, sino que es toda una obra de ingeniería la que hay que aplicar y en todos los terrenos. Por eso, lo que hace falta en España no es una “reforma”, sino una Revolución, entendiendo “revolución” en su significado etimológico: re-volvere, volver de nuevo al punto originario.

Esta Revolución en buena medida debe ser “cultural”. Es imposible pensar solamente que una reforma política o una revolución que se centre en el terreno político pueden lograr un efectivo cambio de rumbo en la sociedad. Las causas que han llevado a España a la situación de postración actual son profundas y anidan incluso en el subconsciente de la población y no será sino excavando más profundamente todavía en el terreno como lograrán arrancarse las raíces de nuestros males que, especialmente, afectan a la forma de ver la vida que, con Machado, sabemos que constituyen el “macizo de la raza”. Pues bien, ese “macizo” hay que desmantelarlo golpe a golpe, desmenuzarlo, destrozarlo, pasarlo por el tamiz, para que de esa tierra fértil que es nuestro pueblo, se rompan los bloqueos y los obstáculos que impiden un crecimiento normal.

Armados con estos principios será preciso que una revolución cultural aborde sobre todo la lucha contra el modelo cultural de importación que nos ha llegado de EEUU y sobre el cual se apoya la agónica dominación americana. Hoy los EEUU son una potencia militar decadente que ni siquiera ha sido capaz de vencer a unos cabreros en las montañas afganas y a la resistencia iraquí. Es la misma potencia militar que tardó más de diez años en comprender que había perdido la guerra del Vietnam y solamente unas semanas en entender que Sudán iba a ser algo más que un paseo militar retransmitido por la TV. Desde hace más de 70 años la estrategia militar americana se concentra en bombardeos a gran altura, ataques a distancia, evitando lo más posible el choque directo con la infantería. Cuando el contacto directo entre infante e infante se ha producido, el ejército norteamericano prácticamente ha entrado en desbandada o simplemente se ha atrincherado en sus bases. Estas, distribuidas por todo el mundo, agrupan a 250.000 soldados, deliberadamente el mismo número que las legiones romanas desplegaron en las centurias de la Pax Romana. En muchos casos, esas bases son apenas centros de control de comunicaciones y su operatividad se reduce a cero. Si los EEUU han logrado mantener su hegemonía mundial con un ejército mediocre ha sido por la alianza entre los EEUU y el gran capital y por la exportación de un modelo de cultura basado fundamentalmente en el entertaintment. Ese modelo es el que ha llegado a Europa y el que ha creado un tipo humano como el que tenemos, individualista y replegado en sí mismo.

El tipo humano que nos ha llegado de los EEUU, no es más que la extremización del que nació y se afirmó con la Revolución Francesa y con la previa Revolución Americana. Hoy, ese modelo, de la mano de los EEUU, ha llegado a su límite y representa la síntesis entre la banalidad, la búsqueda de del lucro y de la usura, el hedonismo, la aceptación de la masificación y una cultura que incorpora todo lo que anteriores modelos han rechazado, empezando por el multiculturalismo y el mestizaje cultural y terminando por la igualdad absoluta entre sexos (que termina atenuando la polaridad sexual: porque la pérdida de identidad en las sociedades modernas llega hasta tal extremo que incluso la propia identidad sexual está desfigurada).

Es preciso rechazar completamente ese modelo y sustituirlo por otro que tenga la fuerza suficiente como para arrinconarlo primero y por aplastarlo después. Sí, porque estamos hablando de un combate cultural: y en los combates hay que hablar de victoria, derrota, equilibrio de fuerzas, ofensiva y aplastamiento del enemigo. La cultura americana es enemiga y no simplemente adversaria porque es la expresión de un Estado cuyos intereses no son los de Europa y que históricamente ha impedido –el mundo anglosajón- la posibilidad de un acuerdo entre los distintos Estados Europeos, con el resultado de dos Guerra Mundiales “calientes” y una Guerra “fría”.

El modelo de sustitución no puede ser otro más que el “modelo militar”. De hecho, los valores de Orden, Autoridad, Jerarquía, son propiamente militares y si de lo que se trata es de sustituir al tipo humano nacido de las revoluciones liberales, habrá que recurrir al que existía anteriormente, cuando las “aristocracias” eran hegemónicas en la sociedad. Desaparecidas las aristocracias o reducidas a su dimensión caricaturesca en la prensa del corazón, los valores que las animaron durante un amplio ciclo de nuestra historia, quedaron recluidas en el estamento militar y ahí han permanecido extinguiéndose cada vez más y estando progresivamente más sometidas al poder político. Es evidente que entre “sociedad democrática” y “sociedad militar” existen contradicciones y que los valores de “libertad, igualdad, fraternidad” son inaplicables a la milicia y cuando se intenta aplicar lo que subyace es la descomposición de las fuerzas armadas, proceso actualmente en fase avanzada de desarrollo.

Cuando la mentalidad burguesa penetra en las FFAA lo que se tienen no son “militares”, gente que hace de la Milicia un estilo de vida y una profesión, son “soldados”, es decir, gente que está en uniforme por el sueldo, por la soldada. Hoy, nuestro ejército profesional, salvo los cuerpos especiales, se asemeja más a una oficina funcionarial, con horarios de entrada, salida, bocadillo, comida y descanso. Desde hace décadas nuestros ministros de defensa están más interesados en discutir quién cobrará las comisiones por la compra de armamento que de si ese armamento es realmente útil, pierden más tiempo en discutir sobre lo banal (“el ejército y la constitución”, “el ejército y la sociedad democrática”, “la igualdad sexual en el ejército”, etc) o en seguir a los EEUU en unas aventuras coloniales en las que España no tiene nada que ganar ni que perder, que sobre lo verdaderamente esencial: que el ejército es el escudo defensivo de un país, no de una clase política atrincherada tras los artículos de la constitución. En España ha habido muchas constituciones y habrán, sin duda, muchas más; esta de ahora es una mas, así que obstinarse en su defensa parece otra de las banalidades habituales con las que se elude el problema fundamental del mal hacer y de las patologías de la clase política.

Antes hemos dicho que era preciso restablecer el principio de Autoridad en la sociedad. Pero no solo eso. Es preciso también restablecer la idea de responsabilidad, de deber, de honor, de capacidad de sacrificio, de disciplina… valores todos ellos que componen la panoplia de los valores militares. Y es preciso restablecernos, no solamente en una milicia liberada de la tiranía interesada de la clase política, sino también en toda la sociedad como valores de sustitución de los valores actualmente transmitidos por la enseñanza y aplicados en la sociedad. Los valores de “igualdad”, “paz”, “bienestar”, etcétera, son valores “finalistas”, pero existen otros que ya no se enseñan en las escuelas, los valores “instrumentales”, sin los cuales los anteriores no pueden existir. Y luego, por supuesto, existen valores-bazofia llegados con el humanismo-universalista expandido por la UNESCO y por la ONU, que han tenido en José Luis Rodríguez Zapatero a su caricatura española: valores de un “mundo sin fronteras”, “mestizaje cultural” (como si el tam-tam y la música de Beethoven pudieran “fusionarse”), “pacifismo universalista”, “multiculturalismo” y todo lo que es “políticamente correcto” que no es más que el acompañamiento coreográfico del “nuevo orden mundial” y de un “pensamiento único” con el que los gestores del gran capital financiero internacional quieren crear unos seudo-valores que acompañen a su proyecto de globalización.

Vivimos en un momento de descomposición de todos los valores, punto extremo al que nos ha llevado el liberalismo. Solamente encontramos en los valores militares (que todavía se enseñan en las Academias Militares y que todavía permanecen de manera residual en muchos de nosotros) la única alternativa. Esos valores han acompañado a nuestros pueblos europeos en sus mejores momentos en la historia. Cuando en España la sociedad ya había iniciado la pendiente de la decadencia, nuestros Tercios todavía los mantenían bien altos y en las mayores crisis de nuestro país siempre se recurrió a esos valores y a las espadas en las que cristalizaban para salir. Hoy, si de lo que se trata es de realizar un enderezamiento nacional, recuperar el tiempo perdido y sacar a España del foso en el que nos encontramos, hará falta recurrir a esos valores de acero, porque ha llegado el tiempo en el que nos resignamos a desaparecer o adoptamos decisiones que requieren la dureza del material cien veces templado.

© Ernesto Milà – infokrisis – ernesto.mila.rodi@gmail.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin indicar origen.

Renovar la idea de España (IV)

Renovar la idea de España (IV)

6) ¿España con Portugal?

Salvo para los nacionalistas de uno y otro lado de la frontera, las historias de España y Portugal son tan simétricas que podría pensarse que no son dos países sino que sus tribulaciones han ocurrido en el mismo país.

Una de las mayores tragedias de nuestra historia se encierra en la frase “Entre España y Portugal todavía está Aljubarrota”. En efecto, desde 1385, los resquemores entre ambos países han permanecido latentes y a poco que se rascara a uno y otro lado de la frontera hispano-portuguesa han reaparecido a lo largo de la historia de ambos países.

Intermitentemente en la historia han ido apareciendo chispazos unitaristas partidarios de un acercamiento entre España y Portugal. Inútil recordar que en los siglos del nacionalismo estos chispazos han sido extremadamente minoritarios y que la opinión pública de ambos países ha permanecido al margen y de espaldas a dicha idea unificadora. Sin embargo, hoy estamos convencidos de que es lo que se precisa para que ambos países puedan encontrar su lugar en un mundo globalizado e incluso las estadísticas –con todo lo que de falso y deformador de la realidad tienen- parecen demostrar que el ideal iberista goza de una creciente reputación en ambos países. Creemos que es hora de resucitar el IDEAL IBERISTA, revisarlo y adaptarlo a la realidad del siglo XXI.

Lo que saldría de la unión de ambos países es un bloque de 65 millones de habitantes, con una prolongación lingüístico-cultural de 360.000.000 más en el continente sudamericano, otros 45.000.000 en Centroamérica y 116.000.000 en México, lo que da un total de 520.000.000 al sur de Río Grande y de 600.000.000 de habitantes que hablan castellano y portugués en todo el mundo. Este bloque es hoy débil porque desde el siglo XVII ha sufrido constantemente los embates del mundo anglosajón, pero podemos pensar lo que supondría en este momento un bloque de poder de esa magnitud capaz, en primer lugar de animar a los pueblos situados al sur de Río Grande a romper con la hegemonía política, militar y cultural de los EEUU; en segundo lugar, permitiría a la nueva Iberia ser un experimento inédito en la historia del siglo XXI: por una parte, un Estado de vocación europea, con cultura clásica y orígenes comunes con un conjunto de pueblos continentales y, por otra parte, como puente con el subcontinente situado al otro lado del Atlántico.

La búsqueda de un futuro ibérico común reforzaría así mismo su carácter marítimo y su vocación atlántica (que no “atlantista”). Es evidente que una vocación de este tipo implicaría desplazar la capitalidad comercial a Lisboa verdadera atalaya oceánica, manteniendo la capitalidad política en Madrid, más protegida y resguardada. En el siglo XX hemos visto como el Atlántico se convertía en un “mar anglosajón”. Se trata ahora de preparar las bases para que en la segunda mitad del siglo XXI, el Atlántico se convierta en un “mar ibérico”.

Desde Río Grande hasta el estrecho de Magallanes, estamos hablando de un continuum cultural y lingüístico, dotado de población, recursos naturales y tecnología, que forman una de las unidades naturales de la economía post-globalizada. Es preciso prevenir lo que podríamos llamar “desviaciones seudo-románticas” que pueden aparecer en la zona: una cosa es el “ideal bolivariano” que presupone un destino común para todos los pueblos de Iberoamérica, y otra muy distinta el “ideal indigenista” que aspira a restaurar las antiguas cultural pre-colombinas. Vamos a ser claras al respecto: esas culturas estaban prácticamente muertas cuando se produjo la llegada de los colonizadores. No existe continuidad ni transmisión regular entre las antiguas culturas y religiones andinas y los actuales representantes del indigenismo. Lo que hoy se considera “indigenismo” es un subproducto surgido de la agregación de residuos inconexos de las viejas tradiciones, recuperadas y reinterpretadas con mejor o peor fortuna, con sugestiones procedentes del a “new age” y del ecologismo más supersticioso (en donde la teoría de Gea se recombina con el culto telúrico a la Pachamama, en un sincretismo ingenuo cuando no ridículo).

Por otra parte, no hay que perder de vista el elemento étnico. Si en la actualidad se vive en los países andinos una recuperación del indigenismo es porque en Bolivia, Perú o Ecuador éste grupo étnico es el mayoritario, no por lo que pueda aportar en sí mismo. Ya hemos aludido al origen sincrético del actual indigenismo, pero existen también barreras étnicas. Los actuales Estados centro y suramericanos surgieron de la formación de una burguesía criolla, culturalmente arraigada en las mismas tradiciones que las ibéricas, pero que aspiraban a la independencia en la medida en la que siempre que aparece una clase burguesa con fuerza suficiente busca inmediatamente defender sus intereses y ampliarlos contando con un Estado propio. A los estratos originarios andinos la idea de Estado les era prácticamente desconocida. No se trata pues, tanto de defender el “indigenismo” andino (alejado completamente de nuestro horizonte y de nuestra dinámica cultural) o cualquier otra forma de subcultura (macumba, candomble, y restos de religiones africanas llevas al nuevo mundo en los barcos esclavistas, en zonas del Caribe y de Brasil), como de apoyar y sostener las visiones culturales originarias del mundo clásico que fueron trasplantadas a Iberoamérica por los Conquistadores.

Llama la atención que fuera el integralismo portugués el último que propusiera una forma de iberismo que no estaba en absoluto alejada del que al otro lado de la frontera estaba proponiendo Ramiro de Maeztu. El ideal iberista siempre ha fascinado a algunos patriotas españoles y portugueses. Supone, en primer lugar, la fusión de dos viejos reinos históricos que, tras la pérdida de las colonias del siglo XIX que se prolongó hasta el último cuarto del siglo XX, vieron reducidas sus posibilidades históricas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, se evidencia que el mundo “se ha empequeñecido”. Los sistemas de transporte y los avances tecnológicos especialmente en comunicaciones hacen que los desplazamientos de un lado al otro del planeta sean más sencillos. El mismo resultado del conflicto bélico hace que de un mundo multipolar en el que grandes zonas del planeta quedaban fuera del alcance de alguno de los Estados Nacionales imperialistas, se pase a un mundo bipolar y, a partir de la caída del Muro de Berlín, en 1989, se pase a un mundo unipolar. A partir de esos hitos cada vez resultará más difícil que los rasgos de las identidades nacionales no resulten desfigurados y perjudicados.

Hacia principios de los años 60 varios fenómenos contribuyen a la aceleración de la pérdida de soberanía nacional por parte de los pequeños Estados que deben alinearse a un lado u otro de las dos grandes superpotencias. España lo hace del lado atlantista aun sin estar incluido dentro de la OTAN, a donde nos han llevado los pactos firmados por Franco con Eisenhower. Portugal, mucho más directamente fue miembro fundador de la OTAN desde 1949. Pero no fue solamente desde el punto de vista militar, también desde el punto de vista económico, ambos países fueron progresivamente penetrados por sociedades multinacionales que se hicieron con el control de amplios sectores de la economía y, a partir de la democratización, tras la negociación de ambos países con las “Comunidades Europeas” pasaron a formar parte de la actual UE. Cuando eso ocurría, ambos países ya estaban incluidos dentro de la economía mundial globalizada, situados, dentro de la división internacional del trabajo, entre los países de la periferia europea.

A parte de los errores propios de los gobiernos españoles y portugueses, es indudable que la entrada de ambos países en la zona euro y la misma pertenencia a la UE, mientras que por una parte supusieron determinados avances a partir de la llegada masiva de fondos de integración, por otra parte, impidieron la salida de la crisis utilizando los mecanismos que hasta entonces habían sido propios de un Estado soberano.

En el momento de escribir estas líneas lo que se percibe es:

1) Que el Estado Español y el Estado Portugués ya no disponen de la “dimensión nacional” adecuada para afrontar los problemas que derivan de una emancipación de la economía globalizada, ni siquiera para sobrevivir dentro de un marco gobernado por las grandes acumulaciones de capital y la existencia de centros de poder mundial. Son demasiado “pequeños” para resistir a otros Estados e incluso a conglomerados económico-financieros que hoy dictan sus reglas.

2) Que la unión entre ambas naciones y la existencia de una obvia “área de influencia común” en el continente iberoamericano, generación una “nueva dimensión nacional” más acorde con las hechuras de la economía mundial y, por consiguiente, generarían un Estado más fuerte en condiciones de afrontar los desafíos de la misma.

3) Que a la vista de que la Unión Europea ha terminado configurándose como una estructura especialmente beneficiosa para las economías más fuertes de la eurozona (especialmente la alemana y a distancia la francesa), es hora de ir pensando en una alternativa que nos refuerce dentro de la UE, pero que sea capaz de general un “Plan B” en caso de que la UE termine disolviéndose o bien cuando la reiterada lesión a nuestros intereses (como ha ocurrido durante esta crisis) nos obligue a dar por cancelado el pacto de adhesión. Y en una tercera opción: cuando un gobierno digno de tal nombre renegocie los acuerdos con la UE.

Indudablemente, dos países, uniendo sus esfuerzos y su peso, aun siendo periféricos, conseguirían presumiblemente liderar al pelotón de “países de tamaño medio” de la UE, algo que Aznar ya intentó amparándose en el poder extra europeo y antieuropeo de los EEUU. De lo que se trata hoy ya no es de esto, sino de ligar el destino de Europa (con UE o de una Europa reconstruida y regenerada, al destino de otras zonas geográficos pujantes, Iberoamérica. Por que la UE tiene tres opciones:

- O ser un socio de los EEUU, constituyendo el Reino Unido el eslabón de enlace entre ambos lados del océano, con la agravante de que los EEUU quieren solamente una Europa políticamente débil y militarmente aliada. Una Europa fuerte jamás toleraría el estatus semifeudal que siguen teniendo los EEUU en nuestro territorio. Una Europa libre jamás toleraría la presencia masiva de tropas coloniales norteamericanas en nuestro suelo que están aquí para protegernos de un enemigo inexistente. Esta es la opción que hay que rechazar sin contemplaciones: los intereses del mundo anglosajón y los intereses de Europa son distintos, los aliados del mundo anglosajón y los que nos interesan a los europeos no son los mismos. Europa tiene que ser una realidad político-militar autónoma o bien se limitará a ser el escenario de enfrentamientos de los EEUU con quienes les disputan su hegemonía, como ya ocurrió durante el período de la guerra fría.

- O mantener la actual formulación de la UE como una especie de alianza de Estados europeos medianos y pequeños que aceptan la hegemonía económica alemana, un país que antepone sus intereses nacionales a los intereses europeos. Ha sido Alemania la que nos obligó a liquidar nuestra industria pesada, a renunciar a altos hornos y minería, la que liquidó sectores enteros de nuestra economía durante la reconversión industrial y la que, proponiendo acuerdos preferenciales con Argelia, Marruecos, Túnez e Israel está literalmente liquidando nuestra agricultura. No queremos una “Europa Alemana” o, más bien una Europa cuyo destino sea proteger los intereses de las industrias y de los bancos alemanes. Si hoy hay crisis de deuda pública en algunos países europeos se debe a que bancos alemanes y franceses prestaron a los países del sur de Europa de manera irresponsable cantidades que no iban a engrosar los circuitos de la economía productiva sino de la especulativa. Los bancos alemanes han contado con el apoyo del Estado alemán, que ha obligado a los Estados del Sur de Europa a apretarse el cinturón y endeudarse para evitar la quiebra de las instituciones germanas, cuyos errores eran lo que les habían conducido a esa situación. Nunca más un Estado debe de situarse como defensor de la banca que opera en su territorio, ni nunca más otro Estado debe estar obligado a garantizar la seguridad económica de otro Estado cuyos bancos han prestado dinero de manera irresponsable a sus entidades financieras. La Europa-alemana es, en realidad, la Europa de la banca alemana y no podemos sino rechazarla con todas nuestras fuerzas.

- O forjar un polo de agregación de los Estados de tamaño medio de la UE (y nos estamos refiriendo a Iberia) capaz de hablar de tú a tú al Estado Alemán. Esa Iberia debería plantear al Reino Unido cuál es su situación: por Europa o contra Europa, por el mundo anglosajón junto a los EEUU o por el mundo europeo con los europeos, a la vista de que ambas actitudes son incompatibles y sospechosas de deslealtades y traiciones. Esa Iberia debería de estar en condiciones de poner sobre el terreno la alianza con Iberoamérica para plantear una nueva estrategia en una UE desenganchada del a tutela norteamericana y en la que la disolución de la OTAN marque el primer tiempo: mano tendida y alianza con Iberoamérica y con Rusia, contención con el mundo árabe, tutela sobre África negra, distanciamiento del proceso de quiebra de los EEUU y, por supuesto, propuesta de una defensa europea común capaz de garantizar la seguridad en la marcha hacia esos objetivos político-económicos.

La historia se forja a través de grandes proyectos. La fusión entre dos naciones históricas supone una acumulación de experiencias y la formación de un bloque de poder capaz de operar como revulsivo, no solamente en Europa, sino en toda nuestra área cultural de influencia. Para salir de las grandes crisis históricas son precisos los grandes proyectos que vayan más allá de donde la historia se ha detenido o se ha torcido.

La recuperación del ideal iberista es acaso la más afortunada reflexión que nos impone la crisis económica. Se trata de una reunificación, no de una fusión sin base histórica. Hasta la invasión árabe no hay datos históricos que justifiquen la separación. Bajo los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV, entre 1580 y 1640, ambos países eran uno y alumbraban el mayor imperio civilizador después del Imperio Romano.

A nadie se le escapa el carácter oceánico de una fusión de este tipo que incluiría a las Azores, a Madeira y a las Canarias, pero también a las ciudades de Ceuta y Melilla y a un mapa autonómico español simplificado, reordenado y nacionalizado, reducido a Galicia, la Comunidad Vasca, Aragón, Cataluña, Levante, Andalucía y Castilla (que incluiría a las dos actuales Castillas, a Madrid, Rioja, Cantabria, Murcia, Navarra, Asturias y Extremadura).

La reunificación con Portugal sería también la ocasión de transformar a la desgastada e inerte monarquía española en un régimen presidencialista y unicameral. La cuestión lingüística es más fácil de resolver con Portugal (en donde está clara la lengua) que con las autonomías españoles (en donde coexisten dos identidades diferenciadas y por tanto de lo que se trata es de que cada una de ellas tenga el acceso a la educación en la lengua de su elección y que los organismos autónomos del Estado garanticen la igualdad de esas dos identidades.

La reunificación supondría al mismo tiempo la creación del segundo espacio geográfico más amplio de la UE (después de Francia) y el cuarto mayor de Europa (tras Francia, Rusia y Ucrania). Dada la actual población de ambos países, la reunificación supondría el alcanzar un peso similar al de las mayores países de la UE (Francia, Alemania y el Reino Unido) y, por tanto, nos corresponderían 78 escaños en el Parlamento Europeo.

En la actualidad y según una encuesta de 2010 realizada por la Universidad de Salamanca, el 40% de los españoles y el 46% de los portugueses se muestran partidarios de una federación de este tipo. Sin olvidar que en la actualidad la inmensa mayoría de españoles y de portugueses conocen sus respectivos países y están vinculados por lazos de amistad e incluso familiares. Inútil recordar que la crisis económica nos ha deparado el mismo triste destino de endeudamiento público y que estamos afrontando una situación extremadamente difícil que lo sería menos con el efecto galvanizador dado por una reunificación que pondría en marcha fuerzas creativas que hasta ahora han permanecido ocultas o en estado de latencia.

Finalmente, lo que aspiramos a transmitir es que una revisión del futuro de España pasa necesariamente por abordar de nuevo handicaps históricos que permanecen el suspenso desde hace siglos. Dicho de otra manera, la revisión del futuro de España, no puede ser más que el de una convergencia con Portugal.

bandera españa portugal

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