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"Falange: un estudio crítico" en Zona de Descargas

"Falange: un estudio crítico" en Zona de Descargas Redacción.- Desde el 17 de abril pasado el tema de la "unidad" se ha reavivado. Es un tema recurrente que aparece regularmente cada tres años por término medio. Para fijar posiciones, hemos creído necesario restacar un escrito que realizamos en octubre de 2002 y que en su momento no publicamos. El texto se titula: "Falange: un análisis crítico sobre el presente y el futuro del nacional-sindicalismo". Creemos que puede servir como documento de base para iniciar el debate sobre una política de alianzas. El libro puede ser descargado a continuación o desde la Zona de Descargas.

"Falange: análisis crítico sobre el presente y el futuro del nacional-sindicalismo"

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Indice de la obra:

INTRODUCCION

I. LAS SIETE MUERTES DE FALANGE ESPAÑOLA

II. LA INADECUACION IDEOLOGICA

III. LAS NECESIDADES MINIMAS DE LA LUCHA POLITICA

IV. EL PROCESO DE GROPUSCULARIZACION

CONCLUSION

De la Amical Mathausen al Club de la Comedia

De la Amical Mathausen al Club de la Comedia

Redacción.- Los mitos progres más que tener pies de barro, lo que tienen es la cara dura. Rigoberta Menchu rehizo su biografía porque “encarnaba el destino colectivo de su pueblo”, Eve de Bonafini, presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, jamás tuvo a un hijo desaparecido. Enric Marco, presidente de la Amical de Mathausen… jamás estuvo en un campo de concentración, pero eso sí, pudo explicar sus sufrimientos en el parlamento. El chorizo dice que lo hizo por pedagogía...

El bonito caso de Enric Marco: falso prisionero y chorizo auténtico

Libertad Digital daba la noticia: “Enric Marco, hasta hace horas presidente de Amical de Mauthausen, nunca estuvo en un campo de concentración. Su historia, que ha durado treinta años era una farsa. Su narración que arrancó las lágrimas a los asistentes al Parlamento cuando contaba como les desnudaban o les mordían los perros era un invento. Ya ha sido destituido de su cargo en la Asociación Amical de Mauthausen. Ante la evidencia, ha admitido que se lo inventó todo pero no explica el porqué".


Añade Libertad Digital algunas perlas del falsario: "No fueron locos, ni sádicos, fueron más que eso, fueron funcionarios de aquella Europa fascista con la que soñaban y que pensaban duraría 1.000 años", relató el 29 de enero en el Parlamento español, Enric Marco, el ex presidente de la asociación Amical de Mauthausen.


Este hombre, uno de los españoles más conocidos por su cautiverio en un campo de concentración nazi y que se dedicaba a dar unas 120 conferencias anuales sobre su vivencia, explotó su mentira durante 30 años. Marco nunca estuvo en el cautiverio nazi y su narración es una farsa.

La dudas sobre su relato comenzaron con un informe en el que no quedaba clara su historia como deportado. Según el diario El País, su relato era creíble pero muy difícil de comprobar, Enric Marco dijo que no tenía pensión porque había venido a España a trabajar clandestinamente con un sindicato. Pero Marco, de 84 años, ha confesado y ha admitido en un comunicado hecho público este martes que “deformó la realidad” y que “se lo inventó todo”.

Su reelección como presidente de la asociación Amical de Mauthausen se produjo el pasado 1 de mayo y al día siguiente la asociación tuvo que reunirse con carácter urgente y le cesaron de su cargo. Además, le obligaron a regresar de Austria, donde se encontraba reunida la asociación, para que no asistiese a los actos conmemorativos por el 60º aniversario de la liberación del campo nazi. De todos modos, alegaron que Marco tenía problemas de salud para no generar polémicas. En la nota, Marco admitía haber salido hacia Alemania en 1941 en una expedición de "trabajadores españoles" y haber regresado en España a principios de 1943, antes de la liberación de los campos nazis en 1945, por lo que no ingresó en el campo de Flossenburg, tal y como afirmó en varias entrevistas.

La nueva presidenta Rosa Torán, historiadora y familiar de un deportado, ha expresado a diversos medios de comunicación su “consternación y dolor” ante la mentira y admitió al periódico La Vanguardia que pudo engañarles porque “nadie le pidió el carné, y su biografía como deportado data de 1978”.
Los deportados reales, que han trabajado con Marco los últimos seis años, están desolados. Una de ellas, Neus Catalá, de 89 años, comenta indignada a El País: “yo ya sabía que Marco no era un deportado, se notaba que no había estado en los lugares que decía, no conocía Flossenburg, sus descripciones obviamente no coincidían con la realidad” y refiriéndose al ex presidente le calificó de “mentiroso” y “sin vergüenza”.

El fondo de la cuestión

En esta ocasión, el falsario ha sido desenmascarado, pero no nos alegremos: lo ha sido por una simple rencilla entre miembros de la asociación. Al parecer, tenía la mala costumbre de barrer siempre para casa, para sus propios intereses, no compartía ni el dinero de las conferencias, ni las subvenciones que utilizaba para sufragar los gastos de desplazamiento… de las conferencias, que, a su vez, eran pagadas. Brillante. Otros que aspiraban a sucederle en el cargo, le han desenmascarado.

Pero el fondo de la cuestión no es éste que, no deja de ser una anécdota chusca muy habitual entre los progres de izquierdas (Luís Roldán se presentó como “ingeniero” cuando no había aprobado ni siquiera una asignatura del primer curso, por ejemplo). El fondo de la cuestión es obvio: ¿cuántos Enric Marcó ha tenido el ámbito “exterminacionista” desde abril de 1945? Y plantear esta pregunta no es que sea algo propio de neonazis, sino que parece lógico preguntarse a 60 años del fin de la Segunda Guerra Mundial, plantearse por qué, hoy más que nunca, el “exterminacionismo” sigue como hijo de la vecina, que da gloria verlo y cualquier mínimo debate sobre si aquello fue, más o menos, propaganda bélica, está vetado por ley.

Dentro de 60 años, se hablará de que el presidente de los EEUU, un tal Bush, atacó Iraq para defenderse de las armas de destrucción masiva y del perverso Bin Laden al que Saddam Hussein tenía albergado en su habitación de invitados. Si tenemos en cuenta que fueron 3 años soportando informaciones constantes sobre las supuestas armas ocultas y solamente un día se publicó el parte sobre su inexistencia, es lógico que los historiadores del mañana concedan que la realidad fue lo primero… Y es que toda esta lamentable historia de Irak ha sido propaganda de guerra. Por cierto ¿y de dónde han procedido la mayor parte de los datos sobre la “shoa”? El caso de Enric Marco es significativo: un aprovechado que toma la propaganda de guerra por realidad y explica su historia. Claro, quien ha estado preso en realidad –estar en un campo de concentración o en una cárcel no es ninguna ganga en ningún caso y menos aún en tiempo de guerra- reconoce perfectamente las exageraciones y las falsedades… que se calle o no es harina de otro costal. Se callará si no ama excesivamente la verdad histórica. Hablará si la ama… o si tiene alguna pendencia con el falsario.

La cuestión no es negar o afirmar el holocausto. La verdad histórica no es una cuestión de opinión personal, sino que surge de documentos y de trabajos de investigación histórica, del contraste de dossier; no es algo abstracto, sino algo objetivo y mesurable. NO CUESTIONAMOS EL HOLOCAUSTO, LO QUE CUESTIONAMOS ES LA PROHIBICION DE INVESTIGAR EN TORNO AL HOLOCAUSTO. El “revisionismo” tiene el mismo derecho a investigar como el “exterminacionismo”. Esto resulta tan lógico que es absolutamente enloquecedor tener que recordarlo y tener que recordar que si existe el tabú en torno al holocausto es, en buena medida a falsarios, exaltados, victimistas, cínicos y engañabobos como Enric Marco.

Dudar sobre los “6 millones de judíos muertos”, es tocar un tema tabú. La ley persigue a quienes duden del “holocausto”. El “holocausto” es un paréntesis en la historia: el único episodio que está cerrado y encarpetado, clasificado, archivado y que resulta intocable. Como cuando los sabios de finales del siglo XIX decían que la física era una ciencia cerrada de la que ya se sabía todo y que era imposible investigar y abrir nuevos campos en ese terreno. Luego resultó que no. Finalmente, la realidad se obstina en poner las cosas en su lugar. Como a Enric Marcó que ha pasado de dar conferencias sobre Mathausen y, lo que en el argot se llama “currarse la página de la pena”, a ser un falsario degenerado, viejo estafador y mercachifle del dolor. Comprendemos perfectamente que a los verdaderos inquilinos de Mathausen, Enric Marcó sea un desaprensivo odioso. ¿Cuántos habrá habido como él desde 1945?

Exorcismo. La intencionalidad de este artículo.

Recordar todo esto puede hacer acreedor a quien lo escribe del título de neonazi. No es el caso. Servidor, ni es neonazi, ni tiene intención de negar el holocausto, ni siquiera de presentar a Enric Marcó como lo que es (de eso ya se han encargado sus compañeros de la Amical Mathausen, que ellos ajusten cuentas con el falsario).

Lo UNICO que pretendemos es defender la libertad de investigación histórica. No hay ni un solo terreno, ni un período histórico, que nadie, absolutamente nadie, tenga derecho a cerrarlo y prohibir la investigación histórico sobre él. Y mucho menos, si se trata de un período reciente. El holocausto forma parte de las desgracias de la guerra, como el bombardeo de Dresde o las fosas de Katyn. La guerra, no es ninguna ganga: la primera víctima es la verdad, la segunda el vencido. Y ni el vencedor ayer, ni hoy, ni mañana, tiene derecho, a imponer su verdad y limitar el derecho a la libertad de investigación.

En el fondo, Enric Marcó no es más que un subproducto amoral de esta perversión urdida por los progres de izquierda y por los albaceas de lo políticamente correcto: la teoría es que, la perversidad del holocausto es tal, que dudar de su veracidad implica ofender a las víctimas… por lo tanto, ese es el único espacio histórico impenetrable y tabú. La renuncia a la búsqueda de la verdad histórica ha sido el estiércol abonado en el que han proliferado los Enric Marcó de la vida.

Debería de ser la investigación histórica, objetiva, rigurosa y sensata, al margen de la propaganda de guerra de la época, del sentimentalismo y del dolor de las víctimas, la que estableciera la verdad histórica, sobre el holocausto y sobre cualquier otro episodio. Nadie tiene derecho a cerrar el espacio a la investigación. Ese es el fondo de la cuestión. Quien lo hace, se encuentra con legiones de Enric Marcó.

Por cierto, hay que decir que Marco fue secretario general de la CNT… cuando quedaban por pagar 200 millones de pesetas de compensación por el patrimonio sindical requisado por Franco. Lo dicho, este Marco es un listo… ¿Cuántos ha habido como él desde 1945?

Esta nueva figura va a engrosar el panteón de falsario, desde Rigoberto Menchú hasta Luís Roldán, pasando por Eve de Bonafini. El panteón de los progres es el panteón de la caradura.

Por cierto, esperamos que la fiscalía del Estado emprenda las acciones oportunas contra ese falsario ridículo. El delito de estafa está demasiado claro como para que el fiscal general del PSOE, perdón, del Estado, pueda pasarlo por alto.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Italia: cuando la unidad no lo es todo

Italia: cuando la unidad no lo es todo Redacción.- Las recientes elecciones italianas han defraudado las esperanzas de Alternativa Sociale, presidida por Alessandra Mussolini, que esperaba obtener mejores resultados, en línea con los obtenidos en las pasadas elecciones europeas. Vale la pena preguntarse qué ha ocurrido y porqué los porcentajes obtenidos, defraudan las esperanzas depositadas en la candidatura.

Existen “factores objetivos”

Los “factores objetivos” son los que dependen de la coyuntura política concreta; ante ellos y contra ellos no podemos hacer nada, están o no están. Si están, es posible pensar en que la organización política, avance. Si no están, ese avance es completamente impensable. Si una sociedad no tiene problemas, esa sociedad seguirá en la inercia; si no existe un extendido deseo de cambio, esa sociedad seguirá votando a quien lo ha hecho hasta ese momento; si no existe desconfianza hacia los portavoces del régimen, cualquier información emanada por el stablishment será tenida como verdad incontrovertible…

En la sociedad italiana, estos factores están presentes. Ante algunos de estos factores, la izquierda propone soluciones. Pero no, desde luego, ante la inmigración. Así pues, había que pensar que Alternativa Sociale y los cuatro partidos que lo constituyen, trabajan sobre un terreno abonado.

Ahora bien, para que se produzca un éxito político, es preciso algo más que factores objetivos. Porque si la coyuntura no depende de nosotros, es la que es, no hay que olvidar los factores subjetivos y los voluntaristas.

Los “factores subjetivos” ausentes

El segundo paquete de factores a tener en cuenta son los “factores subjetivos”, es decir, los que dependen del movimiento político. Por favorables que sean los factores objetivos, si no existe ni clase política, ni objetivos definidos, ni estrategia, ni táctica, ni criterio organizativo, ni capacidad de análisis político, ni programa, ni cuadros, ni liderazgo, resulta completamente imposible aprovechar una coyuntura.
Y esto es lo que ha fallado en Italia. Faltan algunos de los factores subjetivos.

Llama la atención que hasta la aparición de Alleanza Nacionale, la única organización política sólida que existió a partir de la prohibición de Avanguardia Nazionale, fuera el MSI. De hecho, solamente a principios de los años 70, el MSI tuvo una concurrencia seria (y nunca electoral) en Avanguardia, pero nunca a partir de los años 60, tuvo que competir electoralmente con formaciones concurrentes.

Liquidado el Partido del Uomo Qualcunque, sin haber despegado jamás, ni Nuova República, absorbiendo cada vez a sectores más amplios del Partido Monárquico Italiano, reabsorbiendo a sus esporádicas escisiones, el MSI, logró llegar a la transformación gozando de buena salud y exclusividad en el sector de la derecha nacional. Pues bien, esto no ocurre ahora.

La unidad que no lo es tanto

La transformación del MSI en Alleanza Nacionale, no fue obstaculizada por sectores significativos del partido. Pino Rauti, en otro tiempo dirigente de Ordine Nuevo y considerado –muy erróneamente- fuera de Italia como “nacional-revolucionario”, después de años de aspirar a la Secretaría General, cuando la tuvo, no fue capaz de sacar al partido de su estancamiento e incluso, en su período de mando, existieron peligrosas regresiones. Rauti, aprovechó la transformación para escindirse y pasar a constituir su Movimiento Social Italiano “Fiamma Tricolor”. En un primer momento, en el interior de “Fiamma”, se realizó un simulacro de unidad y allí fueron a parar sectores muy diversos que habían permanecido separados desde principios de los años 70. Sin embargo, la unidad fue efímera y al 1998 existía una dispersión sin precedentes que no se ha paliado en parte, sino hasta la aparición de Alternativa Sociale, generado a partir de la dimisión de Alessandra Mussolini como diputada de AN.

Bajo los colores de Alternativa Sociale se incluyen cuatro organizaciones diferentes: el Fronte Nazionale de Adriano Tilgher, Forza Nuova de Roberto Fiore, un sector de “Fiamma” dirigido por Romagnoli y “Liberta’ d’Azione” de Alessandra Mussolini. Cuatro siglas parecen muchas siglas; en España, habitualmente, se dice en términos militares que “más vale un mal mando que muchos mandos”.

Pero el problema no es que estas cuatro organizaciones no hayan conseguido un despegue en su primera consulta electoral, sino que el camino hasta llegar allí ha sido duro y no exento de fricciones y que, por lo demás, no son todos los que están.

Hay que recordar que en las pasadas elecciones europeas, después de un coqueteo inicial, “Fiamma” se había presentado independientemente de Alternativa Sociale, obteniendo cada una un diputado europeo, en lo que podía considerarse un resultado esperanzador. Ahora bien, “Fiamma” había tenido en el curso de la última legislatura europea dos problemas: el primero fue la “fuga” del anterior diputado europeo, Roberto Bigliardo, tras pasarse a Alleanza Nacionale, formó su propia organización y el segundo problema fue la marginación de Rauti que, por su parte, también constituyó su propio núcleo político. Pues bien, ambos, Bigliardo y Rauti, presentaron listas propias en las últimas elecciones regionales.

Si a estos unimos media docena de pequeñas organizaciones, veremos que la “unidad”, dista mucho de ser completa. Ahora bien…

Cuando la “unidad” no lo es todo

Sería absurdo responsabilizar a la falta de unidad de la modestia de resultados de Alternativa Sociale en las últimas elecciones regionales. Dejando aparte que algunas de las formaciones no incluidas en AS, están dirigidas por personas muy conocidas en la política italiana (Rauti, Bigliardo), la unidad no lo es todo. De hecho, nunca lo es.

La unidad es efectiva cuando existe una campaña previa de lanzamiento de la sigla que permite tener un eco mediático, a través del cual se proyecta la candidatura sobre la sociedad. Para poder realizar una campaña de lanzamiento, se precisa una dirección única, capaz de promover un programa electoral único y unas temáticas únicas. Basta examinar las distintas webs de los cuatro partidos integrados en AS, para advertir que sus diferentes “sensibilidades” están presentes y, con excepción de la postura sobre la inmigración, en el resto de temas, existen variaciones no desdeñables.

El estallido ideológico del “ambiente”

Los períodos de éxitos políticos generan el flujo de militancia, votos y medios, pero también profundización ideológica. Los períodos de regresión política, provocan estallidos ideológicos. En efecto, al no alcanzarse los éxitos propuestos, la primera tendencia es a examinar el fracaso desde un punto de vista subjetivo: y así aparecen las autocríticas parciales, en las que los datos objetivos se confunden con las opiniones personales, siempre, inevitablemente, subjetivas.

El medio nacional, popular y alternativo, vive desde hace años esta situación. Unos atribuyen el fracaso a la imagen “de derechas” del ambiente… y adoptan, en consecuencia, la imagen más alejada y de izquierdas. Ni siquiera en el tema de la inmigración existe uniformidad de criterios, ni en los “temas fáciles” (Turquía, por ejemplo). Basta que Evola o Guénon hayan escrito sobre el esoterismo islámico para que el tema de la inmigración musulmana se haga ininteligible y algunos apoyen el ingreso de Turquía en la UE. Los hay que opinan que el error consiste en identificarse con el pasado… y otros opinan que el error es haber abandonado las referencias del pasado. También los hay que tienen a Giorgio Almirante por el último gran líder de referencia, para otros es justo la referencia indeseable. Los hay que consideran la UE como justa y necesaria y otros como odiosa y rechazable. Y así sucesivamente. Existen varios pequeños diarios… pero ningún diario, ni siquiera semanario, competitivo.

Hubo un tiempo en que la polémica ideológica se polarizaba en torno a los gentilianos y a los evolianos. Hoy, salvo en núcleos muy reducidos, frecuentemente situados al margen de los partidos políticos, estas posiciones han perdido toda influencia. Tampoco han existido teóricos capaces de adaptar el pensamiento de Gentile o el de Evola al siglo XXI. Buena parte de los ideólogos de los años 70 y 80 se encuentran alejados de toda actividad política (Tarchi), en posiciones problemáticas (Mutti) o ejerciendo de ministros en carteras estratégicas del gobierno Berlusconi (Urso y Gasparri). El documento ideológico más ilustrativo de este período es la llamada “Doctrina de las Tres Liberaciones” que no puede paliar la ausencia de un trabajo sostenido de permanente análisis y adecuación ideológica. Con mucha frecuencia se tiende a compensar ese déficit con traducciones de autores belgas, franceses, rusos, etc, pero esto va en detrimento del análisis que afecta directamente a la sociedad italiana.

El estallido terminológico

El ambiente nacional, popular y alternativo italiano ha estallado y evidencia dificultades insuperables para reconstruir su unidad y su recuperación de iniciativa, porque también, paralelamente, ha estallado su terminología. Según quien emplee la palabra “socialismo” se tendrá un concepto u otro muy distinto. Existen sectores, por ejemplo, que confunden la “república social” con el socialismo. Decir “destra” no es lo mismo en unos que en otros ambientes. Aparecen, de tanto en tanto, conceptos equívocos en los que lo que se defiende no tiene nada que ver con lo que, habitualmente, se entiende por ese concepto (“Eurasia”).

Para colmo, se ha acentuado un problema que siempre ha estado, más o menos, presente en este sector: mientras que en el lenguaje de la calle los temas que interesan a la población van por un lado, la temática de estos grupos va por otro; en su propaganda, se tiene cierta tendencia a girar en torno a una serie de temas culturales (Drieu, Brassillach, Celine, Pound, etc) que, si bien constituyen unas bases culturales aceptables, es imposible perder de vista que, a medida que el tiempo va pasando, sus estilos van quedando atrás. Por otra parte, si bien en los años 60 y 70, las obras de estos autores circulaban abundantemente en las librerías, en la actualidad han desaparecido prácticamente de los catálogos editoriales.

Finalmente, es particularmente peligroso separar el análisis político del ideológico. Ambos no pueden caminar de espaldas uno a otro. Frecuentemente, así ocurre. Los análisis ideológicos tienen tendencia a llevar a callejones sin salida políticos. Por ejemplo: Si es Islam es una forma “tradicional”, cualquier “movimiento y gobierno islámico” son un apoyo para los que luchan por la tradición en Europa… cuando, de hecho, ocurre todo lo contrario, porque, se olvida que el razonamiento, para ser justo, debe necesariamente incluir otra premisa: el Islam es el enemigo de Europa, esto es, de nuestra forma de vida.

La conclusión: Italia hoy no es una referencia

Desde hace años venimos comentando con antiguos camaradas italianos de pasadas luchas políticas, que lo que está ocurriendo en el movimiento nacional, popular y alternativo italiano de hoy es regresivo en relación a lo que ocurría en los años 70, cuando éste sector era una referencia para todos nosotros. Era en Italia, precisamente, en donde se realizaban las iniciativas más innovadoras, donde, socialmente, existía en algunas zonas, una influencia real que lograba superar la represión del centro-izquierda, la criminal agresividad comunista y terrorista, poniendo en práctica iniciativas extremadamente creativas y vanguardistas en las peores condiciones políticas imaginables. En aquel tiempo, para nosotros, el movimiento italiano era el ejemplo a imitar.

De todo eso hace ya mucho. Hoy el movimiento nacional, popular y alternativo italiano ya no puede ser considerado como una referencia, sino que debe intentar reconstruirse interiormente en torno a una sigla única, en torno a una clase política y a un liderazgo único, en torno a un programa único, en torno a una estrategia única. Todo esto no puede salir más que de la reflexión objetiva que debe ser, tanto ideológica como política, caminando ambas al paso.

Las abstracciones políticas y las abstracciones ideológicas, son productos del subjetivismo. Conducen directamente al error. El error a la esterilidad política.

No se trata de que el ambiente nacional, popular y alternativo no haya alcanzado un despegue en las elecciones regionales de 2005, sino de que, aun si hubiera tenido un éxito rutilante, los problemas serían exactamente los mismos: dispersión, subjetivismo, estallido organizativo, rotura del esquema ideológico, alejamiento de la Italia real, etc.

Los países del Sur de Europa (Portugal, España, Italia, Grecia) no han logrado afianzar un fuerte movimiento nacional, alternativo y popular y, no por que no existan condiciones objetivas, sino, más bien, porque las condiciones subjetivas (las que tienen que ver con la capacidad de construir un movimiento político, con la habilidad y con las posibilidades reales de hacerlo) siguen sin estar presentes…

Afortunadamente, las condiciones subjetivas dependen de nosotros… Superarlas, siempre es posible.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La Iglesia que recibió y la que entrega Juan Pablo II

La Iglesia que recibió y la que entrega Juan Pablo II Redacción.- Iniciamos aquí la publicación de una serie de artículos que tienen presente la enfermedad de Juan Pablo I y que tienen como objeto valorar su papel dentro de la Iglesia en estos últimos 25 años. Se trata de reflexiones que procuran ser lo más objetivas posibles. En este primer artículo valoramos como va a quedar la Iglesia tras el fallecimiento de Juan Pablo II.

Una Iglesia en crisis, tal fue la herencia de Paulo VI. ¿Qué va a dejar Juan Pablo II a su sucesor? Esa misma Iglesia sumida en una crisis todavía más profunda. ¿Es Juan Pablo II responsable de esa crisis? En realidad no, cuando se sentó en la silla de San Pedro, la institución estaba ya extremadamente resquebrajada. De lo único que puede ser considerado culpable es de no haber podido atajar la crisis.

La Iglesia es una institución que se justifica por su magisterio. No hay magisterio posible sin “maestros”, es decir, sin sacerdotes. En 1966, tras la conclusión del Concilio Vaticano II existían en la cristiandad casi medio millón de sacerdotes y religiosos. Treinta años después la cifra se había reducido a 300.000. Las altas en los seminarios no cesaban de disminuir, mientras que la edad media del clero diocesano no deja de aumentar. En la actualidad ya existe déficit de ministros para atender a los feligreses en muchos países. En España en los últimos 15 años han colgado los hábitos 10.000 sacerdotes.

Entre los años 1940-1964, el número de seminaristas mayores en España pasó de 2.000 a 8.000, cifra muy superior a la media de Europa y en el mundo. Los seminaristas menores pasaron de menos de 5.000 a cerca de 14.000. El número total de seminaristas en 1964 había crecido respecto a 1934 un 300%. Los sacerdotes diocesanos eran, en 1964, 26.000; los sacerdotes religiosos, 10.000, con un aumento del 60%. Existía un total de 38.000 religiosos en 150 institutos, lo que representaba un aumento del 170%) y 109.000 religiosas en 260 institutos (unos 60 creados en España estos años), con un aumento del 60%. En 1964 -al concluir el Concilio- había en España más de 200.000 sacerdotes, de los cuales 30.000 ejercían en misiones fuera de España. Treinta y cinco años después, estas cifras han dado un vuelco espectacular. A pesar de que la población española ha aumentado un 20%, las cifras de sacerdotes en activo han disminuido a la tercera parte. Existen órdenes religiosas prácticamente extinguidas que tienen más inmuebles que miembros activos menores de 50 años. Incluso la enseñanza religiosa que vive una buena época gracias al régimen de conciertos y subvenciones, se encuentra con la paradoja de que en la mayoría de centros “religiosos” solamente existe un religioso, el rector, siendo el resto profesores laicos. Si la enseñanza religiosa goza de buena salud en nuestro país no es tanto por la cantidad de sacerdotes dedicados a la enseñanza en sí misma, como por la quiebra en que entró el sistema de enseñanza público desde los años socialistas y de la que aún no se ha recuperado. En 20 años habrá dificultades para encontrar incluso rectores que dirijan buena parte de los centros de enseñanza religiosos. Y hará falta saber cuántos de esa cifra cumplen con los preceptos estrictamente canónicos. El teólogo alemán Eugen Drewemann, afirmaba en 1999 que “dos terceras partes de los curas de este país viven con su mujer”. Dato no tan alarmante como este otro publicado en 1996: “Seis mil de los 54.000 sacerdotes católicos de Estados Unidos, han sido denunciados por abusos sexuales en 1995”. ¡Casi un 10%!

En todo el mundo han abandonado su ministerio 100.000 sacerdotes en los últimos 15 años. En los últimos 40 años, la Iglesia ha perdido un 30% de sus pastores y ya no existe la posibilidad de reponerlos: los seminarios que, ya en los años 60 estaban funcionando a medio gas (salvo excepciones, como España), están absolutamente desfondados en la actualidad. No se trata solo de que hayan pocas vocaciones, sino de que buena parte de las altas actuales no terminarán sus estudios en los seminarios. Y, por lo demás... ¿qué van a aprender allí? Por que lo peor es que, de la misma forma que faltan profesores religiosos para los centros de enseñanza católicos, tampoco los seminarios están en mejor situación. En 1964 los profesores de los seminarios sabían qué enseñar... hoy ya no está tan claro. El efecto deletéreo del Concilio Vaticano II sobre la cristiandad ha sido tal que resulta imposible pensar que la tendencia pueda invertirse en la próxima generación, la clave, por que en la siguiente, resulta evidente que habrá que habrá que aceptar el sacerdocio femenino, estimular los diaconatos, y demás medidas para superar la crisis de vocaciones.

En los seminarios españoles estaban adscritos 2.025 alumnos en el curso 1998-99. En un país en el que las cifras de la Conferencia Episcopal declaran que el 90% de la población es católica, solamente hubo ese año 361 altas en los seminarios que tuvieron su contrapartida en 133 seminaristas que abandonaron la carrera. El número total de ordenaciones ese año fue de 240, de los cuales, el 50% -si se confirma la curva de los últimos 10 años- colgará los hábitos en los próximos 10 años. No son cifras como para sentirse optimista.

Sin embargo la Iglesia parece no alterarse. O al menos da esa impresión. Cuando la Conferencia Episcopal Española alude a un 90% de católicos en nuestro país, resulta evidente que la cifra constituye de por sí, una enormidad. Especialmente para un país con un catolicismo poco combativo, propenso a aceptar acríticamente cualquier cambio y, en general, poco militante. Las cifras reales de ese año son distintas: no es tan importante considerar quien se considera católico como quién milita como tal. Hacerlo así supone reconocer que el 64% de los católicos no van nunca a Misa ni participan en ningún ritual, salvo los festivos (conocidos como BBC, Bodas, Bautizos, Comuniones). Y si bien el 30% reconocía en 1988 que practicaba la religión católica hay que matizar: se trata de cifras que no tienen en cuenta ni la edad (habitualmente se trata de personas mayores de 50 años, o menores de 15), ni el sexo (fundamentalmente femenino), ni la zona de origen (mayoritariamente rural). Pero la Iglesia en sus informaciones oficiales insiste en presentar las cifras como “logros”. Se repite una y otra vez que el cristianismo es la religión más seguida con 1.802.154.000 fieles en todo el mundo, de los que sólo la mitad son católicos, ciertamente, pero incluso esa cifra supera a la de hindúes (731 millones), budistas (332 millones), confucionistas (343 millones), musulmanes (937 millones), o judíos (19 millones)... Pero se olvida todo lo demás. El catolicismo ha pasado de ser una forma religiosa propiamente europea, a ser una religión presente, sobre todo, en el Tercer Mundo. Presente e inestable. El caso del obispo Milingo es el fatum de las iglesias africanas. En América, donde existen 461 millones de católicos, la competencia con las sectas protestantes y evangélicas indica en estos momentos una pérdida de vitalidad de las iglesias locales (aumentada además por el grado de confucionismo que desde hace 30 años hacen gala, oscilando entre el socialismo guerrillero y el integrismo virulento). En Oceanía, a pesar de existir 7 millones de fieles, se olvida que están concentrados mayoritariamente en Australia donde tienen que competir con otros grupos protestantes mucho más activos. Los 86 millones de católicos asiáticos están anegados en medio de cientos de millones de budistas, hinduistas, shjis, confucianistas, shintoistas, etc. Solo en Filipinas, donde el 84% de la población se declara católica –250 años de dominio español y, más en concreto, de dominio por parte del clero español-, tiene algo de iniciativa; pero, incluso allí, son contestados y frecuentemente rebasados por los fieles islamistas. A pesar de vivir allí dos terceras partes de la humanidad, la Iglesia no ha logrado calar en profundidad. ¿El motivo? El arraigo de las religiones tradicionales en las estructuras sociales, el hecho de que se trate de formas religiosas excepcionalmente vivas con unos sistemas de meditación y aprendizaje mucho más complejos que el cristianismo, convierten a las religiones tradicionales de oriente en mucho más adaptadas a la realidad del entorno que el catolicismo. Y otro tanto puede decirse de las misiones africanas. Corea del sur se ha convertido en el cuarto país en número de conversiones anuales, con casi 150.000, tras filipinas, India y Vietnam.

Sin embargo, en los grandes países asiáticos la cifra de católicos es mínima: en China 0,1%, India 1,75%, Indonesia 2,5,8%, Japón 0,35%, Paquistán 0,66%, Bangladesh 0,18%. Timor Oriental es un enclave católico en las afueras del país musulmán más grande del planeta, Indonesia.

En su viaje a la India, Juan Pablo II afirmó su convencimiento de que en Asia será la región de la Tierra donde más se difundirá el mensaje evangélico en el tercer milenio. Parece difícil compartir su optimismo pastoral, cuando los datos objetivos inducen a pensar en todo lo contrario.

La tarea pastoral de Juan Pablo II ha logrado detener, al menos momentáneamente, la hemorragia de católicos latinoamericanos. El resultado del Vaticano II estuvo a punto de desmantelar las iglesias locales. Ordenes enteras, como los jesuitas, se adhirieron a formulaciones teológicas progresistas que estuvieron a punto de aislarlas de buena parte de la población.

América se ha convertido en el momento actual en la principal reserva católica. Ocho de cada diez habitantes se encuentra bautizado. Brasil y México con 885 y 94% católicos son, en la actualidad, los países con una comunidad religiosa católica aparentemente más amplia.

El catolicismo mexicano, como el uruguayo, han debido de soportar en el presente siglo persecuciones anticlericales, frecuentemente orquestadas por la masonería. Luego fue la división provocada por las doctrinas marxistas que calaron muy hondo en estos países. En la actualidad, estas tendencias se encuentran muy debilitadas o simplemente desaparecidas, pero el riesgo de las sectas evangélicas es grande. Desde que a finales de los años 60 se evidenció que la Iglesia Católica latinoamericana ya no era un factor de estabilidad político-social, sino que había travestido su tradicional conservadurismo por una coloración izquierdista extremadamente radical, la CIA inundó el continente con sectas de todo tipo, desde ufológicas hasta carismáticas, pasando por todo tipo de corrientes protestantes o evangélicas. En algunos países centroamericanos, incluso lograron colocar a gobernantes adictos a estos grupos en el poder. En otros países, como Brasil, la Iglesia ha debido de soportar la concurrencia de cultos sincréticos africanos (candomblé, santería, macumba, etc.) y de sectas evangélicas. En general, a pesar de que en la actualidad la Iglesia Latinoamericana goce de mejor salud que al inicio del pontificado de Juan Pablo II, también existen sombras y, en cualquier caso, el crecimiento de los practicantes católicos se ha estancado desde hace 15 años.

Por su parte, en Estados Unidos, el 25% de la población se considera católica, si bien el número de practicantes no llega al 10%. Pero esto no es lo peor. Si bien las diócesis norteamericanas se cuentan entre las que cuentan con una mayor liquidez financiera, sus ministros son, por el contrario, los que con más frecuencia ocupan las páginas de sucesos de los diarios pues, no en vano, se ven insistentemente protagonizando escándalos de abusos sexuales sobre menores. Esto, unido a la corrupción de algunas jerarquías católicas, ha empañado extraordinariamente la imagen de la iglesia norteamericana y la ha hecho entrar en recesión.

En África la situación de la Iglesia dista mucho de ser estable. El 15% de la población está bautizada, pero resulta imposible saber el número de practicantes. El país con una mayor tasa de católicos es Guinea Ecuatorial (con el 76% de bautizados), sin embargo –tal como veremos más detenidamente cuando analicemos al caso del Obispo Milingo- las Iglesias africanas son atípicas, frecuentemente sincréticas, y la prédica católica no ha conseguido erradicar las costumbres tribales ancestrales que han alcanzado incluso a la cúpula jerárquica y a sus ministros. Por otra parte, los países con más tasa de católicos (Angola, con un 54%, Congo con un 42%, Uganda, con un 40%, Burundi con el 59% y Ruanda con el 44%) son teatro de guerras civiles brutales en las que ninguna de las partes ahorra crímenes y sadismo. En Nigeria, los Estados católicos del Norte sufren la hostilidad de los islámicos del Sur; frecuentemente las tensiones llegan hasta el derramamiento de sangre, los linchamientos y los choques irregulares.

A escala mundial, el número de sacerdotes en el momento en el que Juan Pablo II se hizo cargo de la Iglesia, era de 420.971. En 1997 se había reducido la cifra hasta 404.208 según las cifras oficiales. Es decir, se habrían perdido 16.763 sacerdotes. Ahora bien, estas cifras son discutibles y están sujetas a dudas. Otras fuentes no oficiales estiman que en la actualidad no hay más de 300.000 religiosos. Lo más grave es que donde la crisis de vocaciones es más evidente es en Europa, la cuna tradicional del cristianismo. En América, el número de sacerdotes ha descendido levemente durante los años de pontificado de Juan Pablo II: apenas se han perdido 1.000, de 121 a 120.000, aproximadamente. En África y Asia, el número de vocaciones crece y otro tanto ocurrió en los primeros años tras la caída del muro de Berlín, si bien en la actualidad, las cifras se han estabilizado. En África las ordenaciones han pasado de 17.000 en el momento en que el cónclave eligió a Juan Pablo II, a 25.000 en la actualidad. En Asia las cifras han sido mayores (de 27.000 a 44.000). Pero es en Europa en donde la sangría ha sido más evidente: casi 40.000 sacerdotes han colgado los hábitos desde 1978 pasándose de 250.498 a 213.398. Esta crisis resulta evidente en los países tradicionalmente católicos: Italia (que ha perdido un 13’84% del clero, España (con un 16% menos), Portugal (menos 17’32%) y los casos extremos de Bélgica y Francia (que han visto reducido en un tercio el número de sacerdotes durante el pontificado de Juan Pablo II). El hecho de que en el Este europeo las vocaciones hayan aumentado espectacularmente en algunos casos, no es demasiado relevante: las comunidades católicas (salvo en Croacia y Polonia) tienen pequeña entidad y las Iglesias Ortodoxas son allí dominantes.

Pero hay otro factor esencial que se ha producido durante el pontificado de Juan Pablo II. El eje de la Iglesia ya no es Europa. Los nombramientos de obispos y el aumento de las diócesis se han producido sobre todo en el Tercer Mundo. Entre 1979 y 1997 han sido nombrados 2.061 nuevos prelados. En el ámbito mundial, en 1978, eran 3.714, mientras que en 1997 ese número alcanzaba los 4.420. África ha pasado de tener 432 obispos en 1978 a 562 en 1997. En Asia, se pasó en ese mismo período de 519 prelados a 617; en América, de 1416 a 1659; en Oceanía de 94 a 118; en Europa de 1253 a 1464.

Estas cifras pueden no parecer particularmente dramáticas. Pero lo son. Aportaremos solo un dato para poder hacerse una idea significativa del estado de la cuestión. Las corrientes migratorias de Sur a Norte han generado un vuelco étnico en las poblaciones de algunos países, especialmente Alemania, Francia e Inglaterra. Habitualmente los recién llegados del tercer mundo traen en sus maletas la religión tradicional de sus comunidades, como único signo de identificación. El hecho de que reciban permiso de residencia y luego nacionalidad, no les priva de seguir con sus confesiones religiosas particulares, especialmente con el Islam. Pues bien, en el 2010 el Islam será la religión más seguida en Gran Bretaña. Entre el 2020 y el 2040 esto mismo ocurrirá en Francia y en Alemania. A nadie se le escapa que, dada la facilidad con que las comunidades musulmanes giran hacia el integrismo, esto generará conflictos y tensiones, en nuestra opinión insuperables, en Europa Occidental.

Pero este hecho nos permite ver algo que parece pasar desapercibido para los estrategas de la curia Vaticana: Europa es hoy tierra de misiones. A fuerza de buscar nuevos adeptos en zonas que vivían arraigadas a sus religiones tradicionales, el extraordinario esfuerzo misionero que llevó la Iglesia a partir de 1945 y hasta mediados de los años 70, hizo que los elementos más activos y predispuestos para la evangelización, se desplazaran al Tercer Mundo. Las cifras cantan: el aumento de las vocaciones en esas zonas y el crecimiento de obispos y diócesis es significativo, pero, en la práctica, esto se ha hecho a costa desguarnecer las diócesis europeas: éstas se encuentran hoy exangües y en el límite de la extinción, guiadas por pastores de más de 50 años que carecen de energía suficiente, imaginación y voluntad para acometer la tarea misional necesaria hoy en el viejo continente. De hecho, entre 1978 y 1997 fallecieron 144.437 sacerdotes. El envejecimiento se ha convertido en el gran problema de la iglesia en las puertas del siglo XXI. La edad media en 1995 era de 54,6 años, y la de los obispos de 66,49, en 1997... a esa edad ya no acompaña ni la vitalidad ni la firmeza de carácter necesaria para acometer el arduo trabajo de evangelización del Viejo Continente. Y, además, ya hemos visto que faltan vocaciones. La Iglesia parece confiar más en los diáconos, categoría eclesial olvidada hasta hace unas décadas. El crecimiento del número de diáconos es realmente impresionante. En 1978, había 5.562 diáconos, pero en 1997 habían pasado a ser 24.407, la mayoría europeos. Resulta evidente que se trata de cubrir de laguna forma las bajas que van dejando los sacerdotes que fallecen. Pero, muy frecuentemente, el entusiasmo y la voluntad no suplen la larga preparación que facilita un seminario.

La conclusión global es desalentadora, especialmente dada la situación del catolicismo en Europa Occidental que hasta ahora ha sido el centro de la cristiandad y desde hace casi 2000 años, la religión del Viejo Continente. El desplome que ya se advertía tras el Vaticano II, que se fue confirmando durante el apostolado de Paulo VI, se convirtió en desbandada con Juan Pablo II. Veinte años más y los sacerdotes que hoy tienen 50 años, estarán jubilados. Y no hay reemplazo. No hay posibilidades de acometer con una élite sacerdotal le re-evangelización de Europa. Necesaria, si bien no suficiente, para superar la crisis de la Iglesia abierta tras el Vaticano II.

Resulta fácil explicar el por qué se ha hundido la Iglesia en Europa Occidental: ya hemos apuntado alguna causa. Sería injusto (y lo que es peor, falso) atribuir a las directrices de Juan Pablo II, la responsabilidad de la crisis de vocaciones. En efecto, si bien el Papa ha insistido en la necesidad del celibato entre el clero, esa necesidad estaba presente también en pontificados anteriores, no se proclamaba con la firmeza que lo ha hecho Juan Pablo II, por que nadie lo discutía. Esta no es la causa. Por lo demás tampoco creemos que la presencia de sacerdotes casados supusiera algún peligro. La Iglesia Ortodoxa, mantiene una actitud que consideramos está más próxima al cristianismo de los primeros tiempos y, en el fondo, no se ha mostrado negativa. Los sacerdotes ortodoxos pueden casarse y ejercer su ministerio, lo que no pueden hacer es ascender en la jerarquía; jamás, por ejemplo, podrán ser obispos. No parece absurdo que así sea. La Iglesia, en un período tardío, varió sus directrices en este punto y el celibato se fue convirtiendo en algo cada vez más arraigado en el seno de la Iglesia, hasta convertirse en parte de su tradición. Pero, en nuestra opinión, el hecho de que el celibato fuera abolido no implica que aumentaría el número de los sacerdotes, ni siquiera su calidad como ministros de la Iglesia.

Hay otros factores que son extremadamente negativos para el desarrollo de las vocaciones. Estas, desde siempre, han sido mayoritarias en las zonas rurales... zonas que, poco a poco, van despoblándose o reconvirtiéndose. Aparecían especialmente entre hijos segundos de familias numerosas: hoy, raras son las familias de más de tres hijos... Finalmente, estaban ligadas en parte al subdesarrollo: en efecto, había dos profesiones que no conocían el paro: el ejército y la Iglesia. Y de la misma forma que los funcionarios públicos procedían fundamentalmente de zonas rurales, también los eclesiásticos, mayoritariamente surgían del mismo esquema sociológico. Esquema que hoy ha cambiado radicalmente.

La Iglesia, que podía haber percibido con antelación este cambio y tomado medidas para que su impacto sobre la catolicidad fuera menor, no atendió las voces que ya a finales de los años 60, alertaban contra la caída en picado de las vocaciones, las defecciones sacerdotales y la pérdida de vigor de las órdenes religiosas. Paulo VI no atendió las voces de alerta. Juan Pablo II no pudo hacer nada. Su gestión, desde el punto de vista de la situación interior de la Iglesia, ha sido contradictoria: mientras que por una parte realizaba un número inusitadamente alto de viajes pastorales, por otra parte, estos viajes no se traducían en aumentos de vocaciones ni fortalecimiento de las iglesias locales. Muchos opinan que el ritmo frenético de viajes era una imposición de la curia romana que evitaba que el Papa, de visita en el extranjero, se preocupara de los problemas domésticos y de la situación global de la Iglesia. En otras palabras: los viajes pastorales estimulados por la Curia eran la forma de distraer la atención del Papa e impedirle percibir el caos que se enseñorea desde hace 30 años de los corredores vaticanos. Y es posible que así sea...

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El pontificado de Juan Pablo II: el culto mariano

El pontificado de Juan Pablo II: el culto mariano Redacción.- Juan Pablo II ha sido el gran estimulador del culto mariano. En esto ha sido continuista en relación a los últimos Papas. Desde las apariciones marianas del siglo XIX y desde la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, poco a poco, el culto a la Virgen ha ido ganando espacio aun a pesar del papel, evidentemente, muy secundario de la Virgen en los Evangelios y de las dificultades que esto podía crear ante otras confesiones cristianas.

En efecto, el culto mariano es el principal tema de conflicto entre católicos y no católicos, los cuales lo califican a menudo de “culto idolátrico”. No hay “unión de las iglesias” mientras el papado insista en este tema. Con lo ortodoxos existe cierta coincidencia si bien el papel de la Virgen es evidentemente muy secundario. En cuanto a los protestantes, el culto a la virgen o a los santos es completamente rechazado.

La doctrina oficial católica explica que María es la “servidora” del Señor en la tarea de la redención de la humanidad. La Iglesia enseña que no se trata propiamente de un “culto” en sentido estricto, pues el único culto real es el culto a Dios. Cualquier oración católica se dirige a Dios, pero tiene a María y a los Santos como mediadores: a través de estos se pide ayuda a Dios, “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores!. Al menos, tal es la doctrina.

El problema es que la idea de que María permaneció perpetuamente virgen no se encuentra en la Biblia. Para entender su origen hay que bucear en la mitología. El primer rastro de una virgen mítica se incluye en la historia de Nimrod y Semiramis, reyes de Babilonia y, al mismo tiempo grandes sacerdotes del culto babilónico. Tras morir Nimrod, Semiramis creó una orden de sacerdotisas. Luego quedó embarazada y pretendió que su hijo era la reencarnación de Nimrod. Al volver del más allá, se suponía que tenía las claves del mundo espiritual y que, además, era el “marido de su madre”. Nimrod reencarnado pasó a llamarse Tammuz. Luego se convirtió en Baal, el dios del sol. Su fiesta se celebraba en el solsticio de invierno. De la religión elaborada por Nimrod y Semiramis permanecen en el catolicismo la idea del celibato obligatorio para los sacerdotes, el sacramento de la confesión y, finalmente, la fecha del solsticio de invierno como punto de arranque del calendario festivo. Semiramis se convirtió para la posteridad en una gran diosas (Baalti, la Madre de Dios) y se la atribuyeron una serie de “calidades” míticas: diosa madre, reina de la mañana, reina del cielo, mediadora, madre de la humanidad, Astarté, etc. A menudo se la representaba sentada con un niño sobre las rodillas. Esta misma leyenda con leves variaciones se encuentra en China con la figura de Shing-Mon (la Madre Santa) y Fo-Hi (fundador del Imperio Medio), en India con Devaki (la diosa) y Khrisna (el niño), en Frigia con Nana (la madre) y Attis (el niño que en Grecia se llamó Dionisos), en Efeso (Gracia), con Diana (madre de los dioses identificada con Semiramis), en Grecia con Afrodita, “la mediadora”, en Egipto con Isis (la diosa-madre) y Horus (el niño), en Escandinavia con Disa (representada con un niño), en Roma con Venus (la diosa) y Júpiter (el niño), en Palestina con Astarte (Isthar, la diosa) y Baal (el niño), en México con Sochiquetzal (la virgen-madre) y Quetzalcoalt, por citar solo unos ejemplos en absoluto exhaustivos. En Egipto, Horus, hijo de Isis y Osiris, triunfó sobre Tifón-Set, el principio del mal. Al llegar al Tíbet, China y Japón, los misioneros jesuitas se extrañaron al constar que existían equivalencias no desdeñables entre las diosas locales y la imagen de la Virgen María. Prácticamente en cada tribu africana se adoraba a una madre que había dado vida a un hijo divino. Incluso existen datos en la Biblia que demuestran que el pueblo judío rindió un culto idolátrico a la “reina del cielo” que fue denunciado en Jeremías (44:17-25) y en el Libro de los Jueces (2:13).

Ahora bien, ahora ya sabemos que el culto a la virgen es universal, sólo queda saber cómo logró afianzar su posición dentro de la nueva religión en los primeros siglos del cristianismo. No resulta difícil establecerlo: en el siglo IV, cuando la religión católica se elevó al rango de religión oficial del Imperio Romano, a fin de ser mejor aceptada, insistió en transformar las divinidades paganas antiguas en los nuevos objetos del culto cristiano: así se transformó Saturno en San Saturio, Atlas en San Cristóbal, etc. y a medida que el cristianismo se fue extendiendo a otras zonas de Europa, se produjo la misma transformación de las divinidades locales reconvertidas e incorporadas al panteón cristiano. María no es otra cosa que la supervivencia de una divinidad pagana. No hay en el culto mariano absolutamente nada de original: todas las religiones tienen un lugar para la “diosa madre” que frecuentemente es virgen.

Ciertamente, durante muchos años, el culto mariano no llamó particularmente la atención de los fieles cristianos. De tanto en tanto, algún místico elaboraba textos muy heterodoxos de homenaje a la Virgen, tras los cuales, antes o después, se dejaba traslucir cierto aroma pagano. En el siglo XII, la adoración a la “dama” adquirió un relieve particular en la cristiandad, y especialmente en la casta guerrera. Buena parte de los relatos del Grial tienen como protagonistas a damas conquistadas por caballeros. Resulta evidente que estas “damas” son simbólicas y que encarnan el “aspecto femenino de la Creación”. Paralelamente, en el plano religioso, los templarios se convirtieron en los grandes promotores del culto a “Nuestra Señora”, presentada habitualmente como “virgen negra”. Como la Isis egipcia o la Sulamita de “El Cantar de los Cantares”, las vírgenes negras eran, a la vez, reinas y madres de dioses. En realidad, siempre, los santuarios de las vírgenes negras surgían allí donde antes hubo santuarios a la diosa Isis traída a Europa por las legiones romanas. Tras la destrucción de la Orden del Temple, en 1307, y la interrupción del ciclo del Grial (a principios del siglo XIII), el culto mariano volvió a remitir y fue marginal en la Iglesia hasta el siglo XIX.

Ocurrió bajo el pontificado de Pío IX.

Pío IX fue el primer gran impulsor del culto mariano. Su pontificado fue el más largo de la historia, de 1846 a 1878, 32 años. Ciertamente, la Virgen se aparecía desde hacía siglos a determinados católicos. A Iglesia no hacía mucho caso de estas apariciones y siguió manifestando cierto autismo en relación al tema hasta que en 1846 se produjeron las apariciones de La Salette. Estas apariciones tienen como novedad el que la virgen alerta a la cristiandad sobre los “pecados del clero”; la Virgen alertaba sobre las desgracias que aguardaban a la humanidad. Era el primer caso de una profecía apocalíptica llegada de la Virgen. Las apariciones de La Salette tuvieron gran impacto sobre la cristiandad, especialmente cuando ocho años después pareció que, efectivamente, se cumplía la profecía.

En efecto, tres años después de las apariciones de La Salette, el 2 de febrero de 1849, Pío IX publicó la encíclica “Ubi prinum” en la que hizo un retrato de la Virgen desde su exilio en Gaeta. Fue en el curso de ese encierro cuando el Papa comenzó a promover la idea proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción. El dogma implicaba que María había nacido libre de pecado original. Antes que él, ningún Papa se había atrevido a tanto. En 1507, un dominico de Viena, el hermano Letser afirmó que la virgen se le apareció y le reveló que había sido concebida en pecado original y que no fue sino hasta al cabo de tres horas cuando resultó santificada. La virgen le dejó incluso una carta para el papa Julio II en esos momentos comprometido en sus guerras itálicas y al hermano Letser unos estigmas en panos y pies. La inquisición tardó poco en descubrir que se trató de una superchería. Los dominicos se oponían al dogma de la Inmaculada Concepción... Más adelante, el Concilio de Trento eludió plantear el problema y en 1622, Gregorio XV decretó festivo el día de la Concepción pero prohibió el uso del término “Inmaculada”. En 1701, Clemente XI proclamó obligatoria la festividad de la “Inmaculada Concepción”... pero se trataba de una tradición eclesiástica, en absoluto de un dogma, se podía o no creer e ello. A partir de Pío IX, la creencia era obligatoria o de lo contrario no había salvación posible.

En 1848 y 1849, Europa se vio asolada por una serie de movimientos revolucionarios, fundamentalmente antimonárquicos y anticristianos. Pío IX huyó a Nápoles horrorizado por la virulencia y radicalidad de estos movimientos y se convirtió en un pontífice contrario a cualquier movimiento renovador. En 1858 tuvieron lugar las apariciones de Lourdes mucho más tranquilizadoras que las de La Salette que contribuyeron a promocionar más el dogma de la Inmaculada Concepción que había sido proclamado cuatro años antes. En 1870, con la pérdida de los Estados Pontificios, integrados en el proceso de unificación italiana, el Papado perdió su poder temporal. Pío IX quiso compensar estos desastres mediante tres medidas: la convocatoria de un concilio ecuménico, la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción y, finalmente, la declaración de la infalibilidad del Papa.

A medida que han transcurrido los últimos 150 años en la historia de la Iglesia, el culto mariano no ha dejado de creer. En el mismo Concilio Vaticano II, se dio una gran importancia al culto mariano y, a partir de su conclusión, proliferaron las apariciones de la Virgen en todo el mundo, desbordando incluso las previsiones de la Santa Sede que no ha reconocido la mayor parte de estos episodios. En realidad, casi sin excepción, estas nuevas apariciones marianas tenían un carácter apocalíptico, similar a las de La Salette, solo que derivaban del ciclo aparicionista de Fátima y, en especial, de su “tercer secreto”. Con Juan Pablo II, todo esto llegaría al paroxismo.

En septiembre de 2000 se beatificó a los Papas Juan XXIII y Pío IX. El proceso de beatificación del Papa Juan XXIII, fue iniciado por el Papa Pablo VI en 1965. El milagro propuesto para la elevación a los altares del "Papa Bueno" fue la curación de Caterina Capitani, superiora de las Hijas de la Caridad del hospital de Agrigento (Sicilia), quien pidió la intercesión del Papa Roncalli después de haber sido desahuciada tras una operación para extirpar un tumor en su estómago. La congregación para la Causa de los Santos reconoció que una religiosa francesa quedó curada inexplicablemente de una factura de rótula en 1899, tras pedir la intercesión del Papa. La beatificación de Pío IX llevaba estancada casi 100 años hasta que Juan Pablo II decidió estimularla, por el único mérito de haber promovido el dogma de la Inmaculada.

El 13 de mayo de 1981, cuando Juan Pablo II llevaba solo dos años como pontífice, sufrió el atentado perpetrado por Alí Agca en la Plaza de San Pedro. Aún convaleciente, el Papa declaró: "Cuando fui alcanzado por la bala no me di cuenta en un primer momento que era el aniversario del día en que la Virgen se apareció a tres niños en Fátima". No fue él, sino su secretario personal el que advirtió la coincidencia de fechas. La bala que fue extraída del intestino del Papa fue engarzada en la aureola de la corona de la Virgen de Fátima poco después. Mientras duró la convalecencia, el Papa solicitó que le entregaran los informes de la biblioteca secreta vaticana sobre las apariciones de Famita. Las conclusiones a las que llegó debieron ser extremadamente convincentes para él, por que un año después del atentado, exactamente el 13 de mayo de 1982, viajó por primera vez a Fátima, para "agradecer a la Virgen su intervención para la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud". Si el Papa atribuía a la Virgen su salvación, había otra persona que no podía entender lo sucedido: el propio Alí Agca, el asesino frustrado. En diciembre de 1983, el Papa lo visitó en la cárcel. El mismo Alí Agca, sorprendentemente, aludió a Fátima. "¿Por qué no murió? Yo sé que apunté el arma como debía y sé que la bala era devastadora y mortal… ¿por qué entonces no murió? ¿por qué todos hablan de Fátima?".

Ambos –víctima y verdugo- habían terminado por atribuir un papel milagroso a la Virgen de Fátima. En 1991, Juan Pablo II regresó al santuario, donde afirmó que "la Virgen me regaló otros diez años de vida". En más de una ocasión ha señalado que considera todos sus años de Pontificado posteriores al atentado como un regalo de la Divina Providencia a través de la intercesión de la Virgen de Fátima.

Llegados a este punto, vale la pena preguntarse los motivos por los que distintos papas han promovido el culto mariano. Otros cultos podían haber sido igualmente adecuados: a San Pedro (piedra básica de la Iglesia), San Pablo (fundador efectivo del cristianismo y gran misionero evangelizador) o bien, a la Magdalena (imagen del arrepentimiento)... La respuesta es triple. Ya hemos aludido a la universalidad del papel de la virgen-madre en todas las tradiciones religiosas. No hay que perder de vista que los años 60 supusieron el arranque de la larga marcha de la mujer hacia el logro de la igualdad con el varón. El culto mariano parecía anticiparse a este proceso, resaltando el “aspecto femenino de la Creación”. Finalmente, es posible que la Iglesia advirtiera que el ciclo cristiano, tal como se había concebido hasta entonces tocaba a su fin e iba a ser sustituido por un ciclo más humanista al que la imagen de la Virgen iba a ser una especie de eslabón intermedio.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El pontificado de Juan Pablo II: las santificaciones masivas

El pontificado de Juan Pablo II: las santificaciones masivas Redacción.- Una de las actividades que Juan Pablo II ha considerado más importantes han sido las santificaciones. En sus 23 años de pontificado, Juan Pablo II ha proclamado 1.220 beatos en 124 ceremonias y 451 santos en 42 ritos de canonización, unas cifras inusitadas desde hacía siglos. Pero estas santificaciones no han tenido el eco esperado.

Y, sin embargo, no soplan buenos tiempos para las santificaciones, de un lado porque la crisis de la Iglesia está haciendo que muy pocos se interesen por los nombres y las hazañas religiosas de las nuevas elevaciones a los altares; de otro, por que durante el papado de Juan Pablo II se han producido santificaciones masivas que, como todo lo masivo, tienden a devaluar lo que se pretendía enaltecer. Además, el hecho de que determinadas instituciones consiguieran estar a punto de elevar a los altares a personalidades que, como Escribá de Balaguer, son discutibles para muchos sectores. Sin embargo, el papado de Juan Pablo II ha sido pródigo en santificaciones, aun cuando el efecto obtenido ha sido justo el contrario que el esperado. O simplemente, como en el caso de Gaudí, su bondad, alternaba con ataques de cólera contra quienes criticaban su obra, ataques por lo demás, muy alejados de la santidad.

¿Por qué alguien es elevado a los altares? Reconocer la santificación de alguien supone reconocer públicamente su calidad humana y sus virtudes trascendentes capaces de hacerle vivir la fe de manera heroica. Para alcanzar la santidad hay que haber realizado algún milagro y, sobre todo, llevar una vida de pureza y santidad. El santo es, fundamentalmente, un ejemplo de virtudes cristianas y, como todo ejemplo, puede servir de modelo a otros. Contra más santos haya más ejemplos habrá para las nuevas generaciones. Dado que las personas se sienten ligados a su tierra natal, la dispersión de las santificaciones y su proliferación hará que cada región tenga un santo propio y, por tanto, las gentes le dediquen a él su devoción. En realidad, con los santos ocurre como con las reliquias: contra mas haya, mejor. Las reliquias no son más que “condensadores de fe”. Cuando un católico ora ante una ermita repleta de reliquias, tiene ante sí restos evocadores de la vida de santos y mártires que estimulan su ejemplo, le dan renovadas fuerzas para soportar los problemas del día a día y acrecientan su fe. Y esto al margen de que las reliquias sean verdaderas o falsas. Basta con que el católico sienta ante ellas devoción y veneración para que operen su efecto vigorizador de la fe. Con los santos debería ocurrir otro tanto: contra más santos haya, más se estimula la fe. Pero lo que valía en otras épocas, ya no sirve en la nuestra. Y, por lo demás, el fuste de los santos de ayer es muy distinto al de los actuales.

Las nuevas santificaciones obradas por Juan Pablo II se realizan en función de patrones muy diversos. Algunos son santos por haber sufrido de manera edificante un martirio (caso de los sacerdotes y frailes fusilados durante la guerra civil española). En otros casos se trata de santos laicos cuyas vidas, si bien tienen algo de edificante, en el fondo no se percibe una trascendencia real. Cuando San Juan Bosco fue elevado a los altares, se abrió paso a este tipo de santificaciones en las que una tarea completamente mundana –la fundación de escuelas- que, como máximo podría ser considerada como una alta labor asistencial o educativa, se elevó al rango de la santidad. También hay casos en los que la virtud más destacada del nuevo santo es su oposición política al fascismo o al comunismo o a cualquier otro tipo de dictadura. ¿Y por qué no santificar a los sacerdotes guillotinados durante la Revolución Francesa? ¿o los sacerdotes nacionalistas vascos fusilados por las tropas de Franco? Santificando a unos se abre la posibilidad de que en un futuro no muy lejano se santifique a Camilo Torres o al Padre Ellacuría, simplemente por haber sido víctimas de fuerzas represivas.

La santidad es otra cosa; si se tratara de un problema de insistencia en una tarea, probablemente muchos miembros de ONGs podrían ser santificados y si se tratara de casos de valor personal ante el peligro o el riesgo, muchos soldados lo merecerían igualmente. La trascendencia es otra cosa: es la sensación extremadamente clara de que la vida de una persona está inspirada por Dios y que esa persona, de alguna manera, ha sabido incorporar a sí mismo y exteriorizar los aspectos de la trascendencia.

Habitualmente, las santificaciones han venido forzadas por las necesidades de la curia de enviar a Juan Pablo II a tal o cual país. Basta que se produzcan 25 nuevas santificaciones en México para el Papa sea enviado allí. O basta que se hable de “diálogo entre las iglesias” y “ecumenismo” para que, acto seguido, se canonice a Rafa Xhoboq Al-Rayes, cristiana maronita y primera santa árabe de los tiempos modernos.

El “Documento final del Congreso Europeo sobre las Vocaciones al Sacerdocio y a la Vida Consagrada en Europa” (Roma, 5-10 de mayo de 1997) definía, de manera muy clara, las razones de estas oleadas de santificaciones masivas: “Es tiempo, ahora, de que aquella llamada suscite nuevos modelos de santidad, porque Europa tiene necesidad, sobre todo, de la santidad que el momento exige, original por tanto y, en algún modo, sin precedentes. Se necesitan personas, capaces de «echar puentes» para unir cada vez más a las Iglesias y a los pueblos de Europa y para reconciliar los espíritus”. En otras palabras, lo que se está intentando es re-evangelizar el mundo y, particularmente Europa, pero, no recurriendo a misioneros ni predicadores, sino simplemente apelando a la figura de los santos. Se percibe la crisis, se ve claramente que Europa es, nuevamente, tierra de misiones, pero al faltar predicadores y misioneros, solo los muertos, con su ejemplo, pueden ayudar en esta tarea.

Así pues, lo que ha variado durante el papado de Juan Pablo II es el concepto mismo que se tenía del Santo. Antes, el Santo era alguien que, en vida, operaba milagros. Ahora el Santo es quien opera milagros tras su muerte. Por que, desde luego, pensar que Europa puede ser nuevamente evangelizada sin el concurso de una titánica tarea de predicadores de envergadura, eso si que sería un milagro.

Mucho nos tememos que esta oleada de santificaciones y beatificaciones masivas sirva para muy poco a la causa de la Iglesia. La mayoría de estos nuevos santos solo tendrán un altar en su pueblo de origen. Más allá serán cuerpos muertos y olvidados para la totalidad de la cristiandad.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es