Blogia
INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

El tercer frente autonómico se ha abierto

El tercer frente autonómico se ha abierto Redacción.- El recuento de los votos de la emigración no ha bastado para dar al PP el escaño necesario para gobernar en Galicia. La victoria de un PSG disminuido y de un BNG engordado por su papel de colaborador necesario para un gobierno autonómico gallego, abre el tercer frente autonómico, tras el Plan Ibarreche y el “nou Estatut” de Maragall. La centrifugación nacional ha dado otra vuelta de tuerca. La debilidad se paga; y ZP pagará su debilidad ante el nacionalismo y el independentismo.


Primeras reacciones de los vencedores

Quintana del BNG, a poco de conocerse los resultados del recuento de votos de la inmigración, ha cuantificado el agravio a Galicia en 41.000 millones de euros y, por si esto no fuera suficientemente ilustrativo, ha declarado que Galicia “no saldrá barata al gobierno central”. Por su parte, Pérez Touriño, de quien hasta ahora no se sabía ni su pensamiento, ni sus ideas, ni siquiera si pensaba o tenía ideas, hoy ha podido declarar que Galicia tendrá pronto “un novo estatuto”.

No hacen falta más declaraciones para saber exactamente lo que va a ocurrir en Galicia en los próximos meses. La apacible estabilidad de los últimos 16 años, ha terminado. Ciertamente, no todo han sido éxitos para el gobierno Fraga y, de hecho, da la impresión de que la estructura social gallega todavía sigue manteniendo rasgos de caciquismo atenuado y de voto clientelar. El PP podía haber perdido unas elecciones después del caso Prestige, tras el desgaste de tres lustros de poder y a la vista del caos interior que se ha enseñoreado del PP Gallego en el último año. Sin embargo, lo que da la sensación que ha causado la derrota de Fraga, no ha sido el desgaste de los años de gobierno (de hecho, Fraga ha ganado abultadamente a sus dos contenientes), sino la demografía gallega que, unido a sus 82 años, ha hecho que el voto joven migrara hacia las otras dos opciones, o simplemente, engordara la abstención.

Lo que espera a Galicia a partir de ahora ya lo podemos intuir: una coalición inestable, en la que el BNG pedirá mucho más de lo que el PSG está en condiciones de dar, pero que no tendrá más remedio que conceder, si quiere fraguar una mayoría estable en torno al gris Pérez Touriño. Sabemos que, problemas que no están en la sociedad gallega –la necesidad de “reforzar el autogobierno” o de un “nuevo estatuto”- aparecerán diariamente en los diarios, Sabemos también que los independentistas gallegos, irrelevantes políticamente y en regresión, van a convertirse en los perpetuos intemperantes de la política gallega.

Y sabemos, en definitiva, que el tercer frente autonómico se ha abierto.

Un respiro para el gobierno Zapatero

El PSOE puede muy bien alardear de que está gobernando en dos de las tres “autonomías históricas” (si es que aceptamos esa terminología torpona que considera que la “historia” empieza con la II República), solo que el PSOE gobierna en coalición con grupos independentistas y que en el País Vasco, Pachi López no hubiera tenido inconveniente en gobernar también con el PNV. En otras palabras: el socialismo en las autonomías gobierna con aquellos partidos que quieren destruir al Estado. La cuestión es que, en el Estado, el PSOE gobierna y, en tanto que partido de escala estatal, su principal enemigo son los independentistas: es decir, repetimos, los que quieren romper la unidad del Estado.

A nadie se le escapa que estas contradicciones van a pesar como una losa sobre el futuro del gobierno ZP. Y nadie duda de que, la victoria relativa en Galicia va a constituir un respiro autonómico para el gobierno ZP en los meses del verano y hasta el debate sobre el Estado de las Autonomías. Diferente hubiera sido si el escaño en litigio hasta hoy, hubiera caído del lado del PP. En esa circunstancia: con la presión del tripartito catalán, con el pacto del PNV con la extrema-izquierda abertzale, hubiera generado tal marasmo en la política autonómica y tal voluntad de reacción en los sectores socialistas partidarios de mantener la unidad del Estado (de momento ya se oyen ruidos de afiliados en Catalunya, Andalucía, Extremadura, País Vasco e incluso en la propia Galicia), que ZP hubiera pasado, sin duda, el peor verano de su vida a la espera de que las contradicciones autonómicas acumuladas en un año y medio de gobierno, le estallaran en la cabeza.

Pero no ha sido así. Lo que no quiere decir, que las contradicciones hayan desaparecido y que ZP siga siendo rehén de los independentistas de ERC y del “proyecto de diálogo” con ETA (esto es, de concesiones al nacionalismo vasco).

De espaldas a la opinión pública, de cara al oportunismo

Junio de 2005 ha sido un mes movido: manifestación en contra de la negociación con ETA por parte de la AVT, manifestación a favor de la unidad del Estado, con la excusa de los “papeles de Salamanca”, manifestación a favor de la familia y contra el proyecto de ley de uniones gay… Y ZP ha permanecido impasible, como si nada. Además de esto, el NO holandés y francés, ha aislado al presidente de gobierno español, que, por otra parte, ha visto como alguien no particularmente grato al socialismo español, Tony Blair, dirige el semestre europeo. Y ZP como si nada.

José María Aznar ya comprobó en su propia piel, lo duro que significa gobernar contra la opinión pública. Aún con la bomba del 11-M, Aznar hubiera seguido gobernando si su compromiso con Bush y Blair en la cumbre de las Azores no hubiera ido tan lejos. Pero Aznar, provisto de una cómoda mayoría absoluta, creyó que era inamovible y que no tenía porque escuchar el ruido de los pancarteros. Y esos pancarteros –más una bomba criminal y asesina- terminó por derrocarlo. ZP se enfrente ahora a una situación similar, sólo que la sociedad civil se está enfrentando de manera creciente a su “talante” ya superado y rebasado.

A ZP le toca ejercer el oportunismo propio de los oportunistas sin principios. Ese oportunismo que le hizo figurar bajo las pancartas del no a la guerra, ese oportunismo que le pegó al asiento al paso de la bandera americana, el mismo oportunismo que le llevó a promover leyes que favorecieran desmesuradamente a la minoría gay (3-5% de la sociedad), o a las feministas (gobierno paritario), etc. Es triste que el único éxito en la calle que puede tener el gobierno de aquí al, probablemente, nunca jamás, sea la próxima manifestación del día del orgullo gay, en donde legiones de travestidos, drags, exhibicionistas y demás, arropados por los progres rebañados en la cazuela del PSOE, formarán prietas las filas.

La debilidad agudiza los enfrentamientos, la blandura endurece las contradicciones

En quince meses, un gobierno que anunciaba su llegada para borrar la crispación de la sociedad, ha tenido un resultado completamente opuesto a lo que anunciaba: ETA, de estar literalmente acorralada, y políticamente ser una cero a la izquierda situado a la puerta del universo carcelario, se ha convertido en una organización con capacidad para “negociar” y con voluntad (y capacidad para seguir atentando). Es un mérito que se le debe a ZP. En quince meses, el aislamiento político español en el terreno internacional ha llegado hasta extremos absolutamente históricos: no solamente, España no tiene “gobiernos amigos”, sino que ni siquiera está claro en donde piensa el gobierno español encontrarlos. A todo esto, los saharauis, en plena intifada, son abandonados por el gobierno español, mucho más devoto de la defensa de los intereses de Telefónica, los hoteleros catalanes y canarios y el grupo PRISA (siempre PRISA), en Marruecos. La sociedad española que había normalizado las “parejas de hecho”, gays o no, bruscamente, se ha visto escindida en dos a causa de un proyecto absurdo, ridículo y poco meditado que equipara matrimonios heterosexuales a uniones gays. Mientras leyes que precisaban un endurecimiento inmediato (la ley de extranjería), se han convertido en un “papeles para todos”, leyes que exigían una rápida reforma (la ley del menor), ni siquiera está en los planes del gobierno, realizar una revisión mínima. Hay problemas autonómicos en donde antes no los había y los verdaderos problemas siguen irresolubles, han aparecido cientos de pequeños conflictos (o no tan pequeños) en los que las propuestas del PSOE chocan con la realidad más dramática: el transvase del Ebro (con parte de las inversiones ya realizadas) es sustituido por un insensato proyecto de implantación de desaladoras, justo en el momento en que la sequía se enseñorea de los campos de España; para colmo, al límite de producirse el “apagón analógico”, el gobierno concede un nuevo canal en abierto a PRISA, esto sin olvidar su posición ya dominante en el mundo de la radio.

El “talante” se ha transformado en apenas 14 meses en torpeza y debilidad. Y no es así como se van a resolver los problemas de este país. La debilidad ha hecho que en ese tiempo 1.500.000 de inmigrantes llegaran descontroladamente a nuestro país y la regularización masiva no pudiera absorberlos a todos. Así, el gobierno ha creado una demanda de trabajo, muy superior a lo que puede satisfacer la oferta de nuevos empleos. Las ganas de terminar por la vía del “diálogo” con ETA, se han convertido en argumentos para que la organización terrorista ataque a la desesperada. La pasión declarada por ZP por la “libertad de expresión”, no ha sido más que la excusa para conceder a PRISA un creciente oligopolio mediático. El diálogo con Marruecos, lejos de llevar a avances en las relaciones bilaterales, ha supuesto el fin de las esperanzas para el pueblo saharaui…

Habitualmente, la debilidad no lleva a situaciones de justicia, sino que conduce hasta más allá de la crispación. Tras la crispación está la fractura. Hoy, la sociedad española se encuentra en un tiempo de fractura. Tras la fractura viene el enfrentamiento: de momento los independentistas catalanes, vascos y gallegos, ya han apostado por el enfrentamiento. Y contra más debilidad perciban del gobierno central, más alto colocarán el listón.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

El principio del mando y la organización política

El principio del mando y la organización política Redacción.- El mando puede definirse como el ejercicio autoritario de una función jerárquica. El “principio del mando” es el principio de organización y conducción políticas según el cual el titular del mando, en cada nivel, tiene plena libertad de aplicación, y por tanto de adaptación de las órdenes recibidas, plena libertad de iniciativa y, como contrapartida, una responsabilidad total en su esfera de acción. El principio del mando es esencial para la conducción política, ahora bien…


Liderazgo en condiciones democráticas

En las actuales circunstancias, aparece como evidente que el liderazgo de una organización identitaria debe ser un liderazgo enfocado hacia la competición electoral. Es evidente que la imagen del líder, proyectada sobre sectores sociales concretos, es la que debe de atraer votos hacia un cartel electoral, pues, para bien o para mal, nunca como ahora, el destino de una opción ha estado ligado a un rostro concreto.

Harina de otro costal es, si la organización política adopta el mismo principio que regía en las antiguas sociedades indo-europeas. Al “rey” (esto es, a lo que hoy sería el rostro del cartel electoral), se le añadía un “dux bellorum” o el “heretigo”, que asumía la dirección del ejército en momentos excepcionales (lo que hoy sería la conducción de la organización política).

Este viejo principio de las sociedades tradicionales europeas, tiene hoy su traslación a los modernos partidos democráticos: una cosa es la cabeza de lista electoral, el candidato, imagen y rostro público del partido; y, otra muy distinta, el motor de la organización política que lo promueve. Habitualmente, esta doble función se representa mediante las figuras del “secretario general” y del “secretario de organización” o bien del “Presidente” y del “Secretario General”, uno se vuelca hacia la proyección exterior, intentando ganar votos y el otro, mueve el aparato interior; uno se proyecta sobre la sociedad y el otro dinamiza al partido. Tres mil años no han sido suficientes para borrar de nuestra herencia genética el recuerdo del estilo de organización de nuestros ancestros…

Pero esto tiene algunas implicaciones: la imagen que se proyecta públicamente debe tener determinadas características (edad, perfil profesional, patrimonio personal, capacidad oratoria, ingenio, carisma, capacidad de seducción, sutilidad personal, etc.) que no todo el mundo tiene y, aún teniéndolas, debe de tener también una mezcla de idealismo y ambición, por que el ejercicio del liderazgo le va a robar parcelas de intimidad personal y le va a obligar a un ritmo de vida que no es el habitual. En este sentido, es bueno que el líder sea ambicioso: cualquier persona que carezca de ambición está inhabilitado para el liderazgo… ahora bien, no basta solo con la ambición, a ésta debe precederle las condiciones requeridas que acabamos de enunciar. Cuando la ambición es la única cualidad, frecuentemente el liderazgo frustrado desemboca en paranoia y espíritu de secta.

La figura del motor de la organización es distinta. En las organizaciones políticas suelen confluir cuatro tipos de personas: el líder, el funcionario, el intelectual y el activista. Sea cual sea, el tipo de asociación, desde un club de ajedrez a una maquinaria política de primer orden, siempre encontraremos estos cuatro tipos de militantes. Estos cuatro tipos deben estar equilibrados en una dirección política: si están presentes en peso decisivo los activistas, la organización tendrá un perfil excesivamente militante y su imagen será poco electoral; si los intelectuales pesan demasiado, estaremos ante un círculo cultural, más que ante un partido que busca sobre todo ocupar parcelas de poder; si estamos ante militantes con mentalidad funcionarial, lo que saldrá de ahí será una pequeña maquinaria de relojería sin capacidad de proyectarse sobre las masas; y si el partido tiene demasiados “tribunos”, las escisiones se sucederán una tras otra.

En un partido democrático, los congresos bienales constituyen la DIRECCION ESTRATÉGICA DEL PARTIDO. No son otra cosa: en ellos, representantes de la militancia, deliberan y votan ponencias que orientan la trayectoria del partido en los dos años siguientes. Y eligen una dirección. Esa dirección debe ser equilibrada: debe de contener a activistas (por que el partido deberá realizar una tarea militante y expansiva), debe contener a funcionarios (por que hará falta una gestión administrativa y unos protocolos de afiliación, y encuadramiento), debe contener a intelectuales (por que el día a día hará que el partido deba definirse en relación a la actualidad siempre cambiante) y, finalmente, debe contener líderes (que sean indiscutibles dentro del partido y que, como mínimo, sean respetados en el entorno de simpatizantes). La política democrática tiene una LEY DE ORO: EL EQUILIBRIO. Cuando en el interior de un partido, se rompe el equilibrio de tendencias, y un estilo quiere imponerse sobe los demás, ese partido está condenado a la esterilidad.


Autoestima y objetividad

De lo anterior se deduce que NO TODOS SERVIMOS PARA TODO. En las dos columnas de acceso al santuario de Delfos, estaban escritas dos filacterias con sendas leyendas: “Nada de más” y “conócete a ti mismo” que resumían el pensamiento dórico, con su cortante simplicidad: nada de superfluo y un perfecto conocimiento de las propias posibilidades, eran las leyes de oro de la cultura clásica. Hoy, por supuesto, siguen vigentes.

Habitualmente, el sistema de enseñanza que padecemos no tiene como finalidad, el que el sujeto tienda a conocer sus posibilidades, aquello para lo que está adaptado, y siga su vía: frecuentemente hemos visto como el fracaso estudiantil en algunas carreras supera el 50% y como a una edad avanzada muy pocos conocen su verdadera vocación. Eso implica un déficit de conocimientos sobre uno mismo.

Así mismo, ese déficit de conocimiento, unido a una autoestima sobrevalorada, lleva a peligrosas confusiones sobre las propias capacidades. También aquí debe existir un equilibrio entre “autoestima” (la valoración del propio yo) y “conocimiento de uno mismo” (el realismo en relación a las propias posibilidades personales). Es bueno que la autoestima sea alta en las personas… pero mucho mejor que venga acompañada por una valoración objetiva sobre el propio yo y sobre las posibilidades reales que lo adornan.

El líder nato es aquella persona que una alta autoestima a un alto nivel de posibilidades personales. Contra más se reducen estas posibilidades personales, más debe autolimitarse el “líder” en la escala jerárquica. Es evidente, por ejemplo, que el presidente de gobierno carece de carisma, preparación, incluso inteligencia suficiente para ocupar un cargo que verosímilmente le viene grande, y esto genera una situación de deterioro político en España, desde el 14-M. Por su discurso plano, ingenuo rayano en lo infantil, tópicamente progre, ZP no pasaría de ser un concejal mediocre de su ciudad, León, y poco más. Su ego, propio de un iluminado, le ha servido para encaramarse sobre otros competidores, pero una vez en el cargo… no ha dado la talla y, poco a poco, se irá redimensionando como un concejalillo de provincias sin más historia.

¿Por qué alguien que no tienen condiciones suficientes alcanza el liderazgo? Por tres motivos el primero, por falta de competencia (es el caso de ZP cuando en el congreso de 2001 del PSOE, nadie creía que podrían batir al PP y, por tanto, candidatos de reconocida valía se retiraron para dar paso al ambicioso recién llegado de que nadie dudaba que se rompería los dientes en la primera elección), el segundo por un manejo de los resortes burocráticos (es el caso de Stalin, cuya preparación política era muy inferior a su ambición personal y que supo colocar a sus peones en lugares clave y en momentos clave para resultar elegido secretario general del PCUS y luego, ejerció un poder omnívoro y totalitario para desembarazarse de sus rivales, basado en la purga y la represión) y, finalmente, por ambigüedad (alguien que ha sido eficaz en un determinado nivel jerárquico, cuando ambiciona otro escalón superior que ya no corresponde a su capacidad, suele ser apoyado por quienes todavía no han advertido que lo que hasta ese momento era preparación, a partir de ese momento va a ser inadaptación para el cargo).

El problema, a fin de cuentas, no es que el líder logre ser reconocido como tal, sino que, una vez en el pedestal… dé la talla y haga avanzar a la formación política. En realidad, el liderazgo se confirma con la “prueba del nueve”: el éxito.

No todos servimos para el liderazgo, en ocasiones el sujeto prudente se coloca en la fila que le corresponde, ni más adelante, con el riesgo de evidenciar falta de esas cualidades que no posee, ni más atrás, haciendo gala de falta de responsabilidad y eludiendo compromisos.

El liderazgo y la eficacia

El 2% de individuos en las sociedades occidentales, son psicópatas integrados. Muchos de ellos ejercen posiciones de mando en empresas, asociaciones y colectivos. En este mismo dominio, en su momento, ya hablamos de los psicópatas integrados Psícopatas entre nosotros: el riesgo de los psicópatas integrados. Es un tema peligroso, porque frecuentemente, tienden a sobrevalorar su ego, y actuar a despecho del daño que puedan causar, a terceros, a colectivos enteros o a otras personas. Su falta de empatía con el medio en el que se mueven, unido a la sobrevaloración de su propio ego (algo muy diferente a la autoestima), hace que utilicen a terceros como arietes, les importa más mantener sus posiciones personales que las de la organización en la que están encuadrados y, se atrincheran, identificando sus intereses personales con los de su organización. Durante el felipismo vimos como en distintos niveles de la administración aparecieron personajes con todos los rasgos del psicópata integrado: con una capacidad para mentir absolutamente desmesurada, capaces de negar la evidencia y lo obvio, utilizando a sus subordinados como peones sacrificables, absolutamente desaprensivos con el manejo de fondos reservados, etc. De todo este período derivó el hundimiento final del felipismo, etapa oscura y corrupta de la historia de España.

Por qué se produjo esta degeneración final del felipismo: por la sencilla razón de que para ocupar un cargo público se exigía una lealtad más allá de toda medida a quien lo había dado, a cambio podía saquear su área de influencia: la dirección de la Guardia Civil, los fondos reservados de Interior, las arcas del BOE, lo expropiado (RUMASA) o, simplemente, entrar en formas de chantaje puro y simple (Caso Hacienda).

Existe un problema ético: ¿qué está por encima? ¿la legalidad o la eficacia? ¿Qué es mejor: un gobierno legal pero incapaz o un gobierno de facto pero eficaz? A nivel de principios, parece claro que la legalidad es lo único a considerar… pero, solo en principio. En una situación de degradación política, social y económica, si se vuelve a preguntar que está antes la legalidad o la eficacia… los menesterosos contestarán sin duda que la eficacia. En realidad, es preciso trasladar los términos de la pregunta: la eficacia legitima aquello que ha entrado en crisis por muy legal que sea.

Es en estos términos precisos que hay que situar, por ejemplo, el análisis histórico del franquismo: gobierno de facto (es decir, ilegal) que llevó a España de la carreta y la alpargata al desarrollo industrial (es decir a la eficacia), concentrando poderes y anteponiendo el derecho a comer a las libertades políticas. O el caso del gobierno de la República Popular China: “un Estado, dos sistemas”, es decir, máxima rigidez política, planificación del desarrollo, para lograr la hegemonía económica en la zona. Nadie pasa de la alpargata, al ordenador portátil, sin etapas intermedias caracterizadas por la planificación rígida del desarrollo: esto fue lo que ocurrió en la España franquista. El hecho de que la transición se realizara mediante el consenso de los sectores del franquismo y de la oposición democrática, implicó que, en la práctica, la ilegalidad franquista del 18 de julio, había conquistado una mayoría social que imposibilitó la ruptura democrática y, por tanto, obtuvo carta de legitimidad.

No digamos, lo que ocurre cuando a la ilegalidad se une la ineficacia… Obiang Nguema es, sin duda, el paradigma de la ilegalidad (conquista el poder hace 25 años con un golpe de Estado, exorcizando a sus fantasmas tribales mediante el juicio, expulsión y fusilamiento de su tío, Macías, no logra sacar al país de la miseria y, para colmo, el hallazgo de petróleo –producto estrella- sirve solo para aumentar las rentas personales del tiranuelo: ilegalidad e ineficacia, catástrofe al cuadrado…

Liderazgo y conducción política

¿Qué hacer cuando no existe un liderazgo claro en una organización política? Es posible, por ejemplo, que en una organización no exista un cabeza para el cartel electoral y, sin embargo, exista un aparato militante aceptable. En ese caso, hay que ser extremadamente realistas: esa opción no avanzará mucho más allá de un cierto límite. Así pues, debe preocuparse por encontrar a la persona que pueda encabezar el cartel electoral. Si no lo tiene dentro, deberá buscarlo fuera, especialmente en este momento, en el que la política democrática y electoralista se basa solamente en la proyección de rostros y personalidades sobre el cuerpo electoral.

En las actuales circunstancias, cuando insistimos en abordar procesos de FUSION COHERENTES Y EN FUNCION DE PROGRAMA, IMAGEN Y ESTRATEGIA, lo estamos proponiendo precisamente por esto, por que no hay un liderazgo completo y, por tanto, no hay posibilidades de estructurar un cartel electoral con garantías suficientes de éxito. Repetimos: “procesos de fusión coherentes”, lo que quiere decir, basados en un programa común, en una imagen aceptable para la sociedad y en una estrategia lúcida y perfectamente establecida… no en el acuerdo apresurado y sin elaboración de documentos, de dos personas a espaldas de sus respectivas organizaciones. Eso, históricamente, siempre ha llevado a situaciones de fractura interior.

La eficacia del liderazgo se demuestra de cara al exterior, en un avance real de la opción (mayores porcentajes electorales, concejales, diputados, aumento de la afiliación y del peso político, etc.), y se mantiene o se diluye si la conducción política es correcta o no lo es. Una conducción política correcta tiene que estar pendiente de los cambios políticos, sociales y económicos que se operan en la sociedad, debe de tener una alta capacidad de análisis y adaptación y debe, sobre todo, de estar bien dotado para la táctica diaria. De lo contrario, lo que se tiene hoy, puede perderse mañana, lo avanzado un día, se convierte en fracaso al siguiente porque las condiciones han cambiado.

Está claro que el liderazgo en la sociedad debe basarse también en lo que podríamos llamar una superioridad ética y moral del candidato: no se trata solo de que “dé” una imagen aceptable, sino de que “tenga” esa imagen. En otras palabras: se trata de predicar con el ejemplo, o mejor dicho, de ser ejemplo de lo que se predica. Solo siendo ejemplo se puede hablar a un auditorio, al electorado, interpretando aquello que necesita oír, aquello que está pensando, sólo así se logra identificarse con los problemas populares y dar respuestas sencillas a problemas complejos. No se puede predicar moralidad, siendo un depravado o un obseso (la alusión a Clinton es paladina), no se puede hacer de la defensa de la familia un reclamo y de paso ser un maltratador o un cliente habitual al putiferio de la esquina (casos no han faltado en los partidos mayoritarios), no se puede exigir moralidad a la clase política y saquear los fondos del propio partido o de las instituciones que se administran (algo muy habitual en la Catalunya de Maragall y en la UDC del período anterior). El lider, además de tener ambición, autoestima y capacidad, debe de ser el ejemplo de lo que predica.

Está claro que, eso sigue sin bastar: un líder no podrá ejercer su liderazgo, sin un programa político que encaje objetivadamente con un sector de la sociedad de su momento. De ahí la necesidad de realizar un análisis sociológico del cuerpo electoral y elegir aquellos sectores, como “target” electoral, a los que mejor pueda llegar el mensaje identitario SIN COMPETENCIA ALGUNA. Esos son los “sectores sociales preferenciales” en los que debe concentrarse la publicidad y las iniciativas del partido. Las necesidades de un partido que aspira a la mayoría absoluta, son muy distintas de las necesidades de un partido que aspira solamente a ser el contrapeso a los partidos nacionalistas e independentistas. Así pues, la sociopolítica, en tanto que ciencia auxiliar de la política, no puede estar ausente de un proceso de conducción política.

¿Fidelidad a la persona o al programa?

Toda sociedad, partido, corporación, tiene unas reglas del juego definidas en sus estatutos y en el caso de un partido político, definidas en sus documentos fundacionales, en su programa, en su línea estratégica y en su imagen. Así pues, cuando alguien se afilia a una organización política, se afilia por identificación con todos estos elementos. En tanto que, direcciones estratégicas de la organización, los congresos son esenciales porque en ellos se renueva la línea política, la dirección y el programa, básicamente. Tras cada congreso, resulta evidente que los afiliados deben volver a plantearse si los ideales de la organización, que a partir de ahí, se han readaptado y/o renovado, siguen siendo los propios y actuar en consecuencia: si creen que la organización ha cambiado tanto que se ha alejado de lo aquello con lo que ellos se habían identificado, está claro que deben abandonarlo o bien, resignarse a estar en minoría. De ahí la necesidad de que los fundadores de un partido, aseguren el que, por muchos cambios que se produzcan en ese partido, la formación no se alejará mucho de los ideales originarios. Por eso, en los estatutos se suelen introducir cláusulas que limitan los cambios: por ejemplo, para alterar los estatutos debe alcanzarse 2/3 partes de los votos (algo que también y, con mucho fundamento, está contenido en la constitución española).

Esta claro que en los partidos democráticos lo que los afiliados deben es una fidelidad a los estatutos, los ideales, los documentos y el programa del partido, que pueden ser representados públicamente por uno u otro rostro. En un partido lo importante y esencial, es lo que pretende, el modelo de sociedad que aspira a construir y el programa mínimo, todo lo demás es aleatorio y mutable. En el momento en que un líder exige una fidelidad desmesurada y fuera de toda medida y una confianza ciega a sus subordinados, concentrando y acumulando todos los poderes habidos y por haber… en ese momento, no hace falta ser un técnico para saber que esa organización está condenada a desaparecer o a transformarse en una pequeña secta de acólitos.

Está claro que, en toda agrupación política, debe de existir un mínimo de cohesión vincular entre sus miembros y, por tanto, un mínimo de sentido de la lealtad hacia el mando. El problema consiste en no confundir lealtad con servilismo, ni hablar franco y leal, con fidelidad perruna. El militante tiene la obligación ética y moral de participar en la línea política y en la marcha de su organización y tiene también la obligación de advertir cuando la línea emanada desde la dirección se aparta de los motivos que dieron vida a su formación política. Callar no es remarcar la fidelidad al mando, sino actuar irresponsable y acríticamente; hablar por aquellos canales abiertos supone testimoniar fidelidad a la organización en la que se milita.

Mas claro, agua.

© Ernesto Milá infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Necesidad de una teoría sobre la organización

Necesidad de una teoría sobre la organización Redacción.- En los años 1981-82 la extrema-derecha entró en crisis y desapareció del panorama político. A partir de entonces se abrió un período de reflexión y reconstrucción que todavía dura. Desde entonces, el único hecho verdaderamente nuevo, es la reconversión de un sector de la extrema-derecha en “otra cosa”, no por mero pragmatismo, sino como resultado de la aplicación de la teoría de la “autonomía histórica”. Proponemos unas reflexiones sobre este tema.


Un sector huérfano de éxitos y de ideas

Si 1978-80 fueron los “grandes años” de la extrema-derecha española, ello se debió a un hecho objetivo: las dificultades de asentamiento que estaba encontrando la democracia española y la proximidad al franquismo que se veía como un período de orden y prosperidad. A eso se unión el que algunos sectores del franquismo, no aceptaron la profunda transformación que imprimieron en este sector el tandem Fraga-Suárez (hermanos separados y rivales) e intentaron mantener con vida los ideales del franquismo. Ese fue el factor subjetivo que se añadió al factor objetivo (las dificultades de la transición) y al factor voluntarista (miles de personas que deseaban “hacer algo”), y dio como resultado loa “años dorados” de Fuerza Nueva.

Pero eso, era evidente que se iba a acabar y que, a partir de la victoria socialista y del golpe del 23-F, la transición quedaba concluida y con ella las esperanzas de los que lo fiaban todo al golpe militar y a que las dificultades de adaptación democrática proseguirían in aeternum. En ese punto se disuelve Fuerza Nueva. A partir de entonces, ningún partido logra reconstruir una situación de iniciativa estratégica y, poco a poco, se van perdiendo todos los peones utilizados por la extrema-derecha de la época: El Alcázar, La Nación, distintas editoriales, personajes públicos, etc.

Nuestra tesis es que desde entonces la extrema-derecha no ha logrado levantar cabeza porque no han existido ideas nuevas para dinamizarla. Todos los líderes y lidercillos que se creían llamados a presidir los distintos partidos, seguían sin tener una idea exacta de lo que era la lucha de partidos en un marco democrático y lo han ignorado todo sobre la técnica política. Eso y que no se ha producido una renovación de ideas, en general, porque, previamente, tampoco la extrema-derecha se había caracterizado (salvo sectores muy minoritarios, casi diría marginales), por sostener “ideas”, sino más bien por enrocarse en principios visceralmente defendidos. Con posteriores, al no aparecer ideas nuevas, difícilmente se podía trasladar a la sociedad, un mensaje que estaba mal perfilado, peor matizado y desastrosamente ausente. Pero hubo una excepción.

De Juntas Españolas a Democracia Nacional

Cuando en 1983 se empieza a trabajar por la creación de Juntas Españolas (en un doloroso y agónico parto en el que menudearon irregularidades de todo tipo por parte del mentor, el fallecido exdirector de El Alcazar, Antonio Izquierdo), algunos de los participantes, ya tienen muy claro que se trata de crear un modelo nuevo de partido. La idea era percibida todavía de manera confusa, pero en síntesis, esos sectores tendían a pensar que la forma de organización (paramilitar), el encuadramiento (pre-democrático) y la imagen (directamente extraída de los años 30), habían terminado. La disolución de Fuerza Nueva, así parecía demostrarlo.

A lo largo de los 80, JJEE, en lugar de ampliar su radio de acción, se fue encerrando progresivamente en sí misma, entre otras cosas porque en su interior permanecían aún muchos resabios del pasado en materia organizativa. A decir verdad, el problema real era que se habían perdido los argumentos que justificaban la existencia de un partido: España no se estaba rompiendo en 1985, el terrorismo a partir de 1987 empezó a tener sonoros fracasos y un aislamiento social creciente, la democracia no había traído la perdición nacional, sino que los primeros 7 años socialistas vieron cierta prosperidad y estabilidad económica, se entró en la OTAN y en Europa, etc. La extrema-derecha, no logró identificar temas nuevos, caballos de batalla sobre los que desarrollar su acción y, finalmente, se produjo una desmovilización masiva de sus cuadros y de su militancia.

En ese período, el ambiente estaba dividido en dos grandes sectores: los querían seguir haciendo lo que siempre habían hecho (sectores falangistas) y los que se planteaban de manera confusa formas nuevas de trabajo (un sector de JJEE, sectores surgidos de CEDADE y grupos juveniles como Bases Autónomas). Fue en este contexto en donde Laureano Luna elabora las tesis de “autonomía histórica”, las formula de manera correcta, comprensible y rigurosa y, este hecho, en treinta años supone la ÚNICA IDEA NUEVA EMANADA DEL AMBIENTE.

A partir de las tesis de “autonomía histórica” ya no hay un ambiente, sino dos: el fiel al modelo histórico y el renovado. Y entre ambos se abre una brecha que impide toda colaboración: porque, para que la “autonomía histórica” sea creíble, debe ser tal, es decir, debe evitarse todo contacto con grupos que evoquen por su estética o por sus principios al sector histórico.

En este sentido, no es raro que en los últimos diez años, especialmente a partir de 2002, el grupo por el que, sin lugar a dudas, ha pasado más militancia y que a logrado hacerse un pequeño hueco electoral, es DN. Pero, sin embargo, DN no ha logrado consolidarse y vale la pena preguntarse porqué.

Las ideas y la práctica

La idea de la “autonomía histórica” era correcta para establecer unos lindes entre un ambiente político nuevo y aquel otro del que había emanado. Pero, para tener éxito, la tesis de “autonomía histórica” debía de ser correctamente aplicada. Y aquí estuvo el problema: inicialmente, no faltaron medios, pero si faltó una correcta aplicación de esos medios. Por lo demás en los cinco primeros años de vida de DN, no existía todavía “razón suficiente” para su lanzamiento. La inmigración todavía no era un problema en España. Fue a partir de 2000 cuando los sucesos de El Ejido saltaron todas las alarmas. Pero, justamente, en ese momento, parte de los fundadores, dirigentes y financiadotes de DN se retiraron por distintos motivos.

En los cinco años siguiente, DN ha vivido un tiempo de crisis constantes que ha hecho que con una inusitada frecuencia estallaran problemas interiores, crisis de crecimiento, diferentes enfoques organizativos y finalmente, todo esto no se tradujera en avances políticos reales y mucho menos en una irrupción en el terreno de la “política real”.

Es cierto que, ninguno de los disidentes de DN, de los escisionistas o de los que han resultado expulsados, ha asumido otra teoría, con posterioridad a su militancia en DN, que la de la “autonomía histórica”. De hecho, esa teoría ha avanzado fuera de DN y hoy, solo los falangistas, dudan de su eficacia y exactitud.

El hecho de que una idea formulada correctamente y en función de premisas y razonamientos lógicos perfectamente concatenados, no dé de sí todo lo que se esperaba de ella, no desdice el valor de esa teoría, sino la ineficacia de quienes la han –la hemos- intentado poner en práctica. La teoría sigue siendo válida y, aquí y ahora, en futuras andaduras políticas NO PUEDE PARTIRSE DE OTRO PRINCIPIO MÁS QUE EL DE LA AUTONOMIA HISTORICA. Seamos más precisos: PODEMOS IR MÁS ALLA DE LA AUTONOMÍA HISTÓRICA Y COMPLETARLA CON OTRAS TESIS, PERO NUNCA RENUNCIAR A ELLA, NI SITUARNOS MÁS ACA DE LA MISMA.

Renovar el criterio organizativo

La formulación de la teoría de la “autonomía histórica” hace diez años, tenía un hueco que todavía no ha sido cubierto: una teoría sobre la organización. La pregunta a responder es ¿A TRAVÉS DE QUÉ CANALES ORGANIZATIVOS DEBE CRISTALIZAR LA DOCTRINA DE LA AUTONOMIA HISTORICA?

DN no atravesó tres etapas: la primera fue la de un presidente único (Francisco Pérez Corrales), la segunda etapa fue la de una Mesa Nacional sin liderazgo claro, la tercera, aprobada de forma exigua e insuficiente en el Vº Congreso, volvía a la primera solución pero con unos poderes excepcionalmente concentrados.

La primera etapa no dio de sí todo lo que podía haber dado, a causa de que hasta 2000, todavía era discutible que en España existiera el problema de la inmigración como tal y, por tanto, no existía un tema estrella con capacidad de atracción. Así, todo lo hecho en aquel período no tuvo excesivo eco mediático y, por tanto, quedó empequeñecido. Ni siquiera la visita de Le Pen a España aquel año logró que los medios se interesaran por DN.

En la segunda etapa se entró en una fase de crisis sostenidas que tienen como centro la polémica Luna-Canduela y que llevan a la expulsión del primero, tras haber proclamado la ilegalidad del Vº Congreso. Entre el verano de 2002 y el otoño de 2004, el partido experimenta un crecimiento real, aun a pesar de que los órganos de dirección no funcionen bien y que en Madrid, área fundamental, la organización atraviese dificultades y no logre despegar. A partir de finales del 2003, la organización de Alcalá y la de Madrid inician una polémica interior que concluirá tras el Vº Congreso con 40 bajas de la delegación de Alcalá. En las últimas semanas, distintos problemas de enfoque y orientación, llevarán primero a mi dimisión y segundo a una nueva situación de crisis del partido. Pero, en ese momento, ya se ha adoptado (de forma ilegal a nuestro entender) el modelo organizativo que se impuso por unos pocos votos en el Vº Congreso: Manuel Canduela presidente que nombra a Secretario General y de Organización y en donde todo el partido depende directamente de él. Ese modelo, por lo que sea, ha fracasado. Hay buenos motivos.

El liderazgo para ser tal, debe ser indiscutible, esto es, debe ir apoyado en éxitos políticos, si estos éxitos políticos no existen, es inútil que un líder intenta apoyar su control sobre el partido en una votación. El liderazgo refrenda en un congreso, éxitos obtenidos previamente, no es un cheque en blanco.

Paradójicamente, hemos regresado a un modelo organizativo (el presidido por el “Führerprinzip”, el “principio del jefe”) que contrasta con el modelo de autonomía histórica y que, evidentemente, es incompatible con él. Para colmo, ese “Führerprinzip”, mal asumido y peor llevado tiende a confundir la fidelidad a la persona con la fidelidad a la idea y a superponer la primera a la segunda: basta que un delegado recientemente normado haya votado contra una propuesta de la presidencia, para que dos días después ese delegado sea sustituido drásticamente.

Ese modelo organizativo, basado en una cúpula unipersonal de la que emanan todas las orientaciones, iniciativas y órdenes, y que exige lealtad extrema sino servilismo a la persona y no a la idea o al programa, es inviable y va unido a los grupúsculos políticos afectos al “modelo histórico”.

Es significativo que el III, IV y V Congreso del partido tuvieran como elemento polémico central, la renovación de la dirección, mucho más que la elaboración de estrategias perfectamente definidas. La discusión se tenía no sobre lo que se mandaba sino sobre quien mandaba no importa qué.

En ocasiones, no basta con aprobar una tesis avanzada, si la mente y el recuerdo, el modelo organizativo, están anclados en formas organizativas tan inoportunas e inviables como las de los años 30: uno manda y el resto obedece, especialmente, cuando el liderazgo no está consagrado por ningún éxito político.

La realidad dice que hay que ir hacia formas participativas de la militancia, formas con capacidad para integrar a las nuevas afiliaciones, para fortalecer estructuras locales (mucho menos costosas que una estructura nacional) lo más autónomas posibles, con capacidad para estructurar campañas según la situación político-social de su entorno. La realidad dice que los congresos deben ser DEFINITORIOS de estrategias y sólo cuando éstas están definidas se trata de ver qué líderes pueden mejor ponerlas en práctica. El líder, elevado a tal, no por su prestigio ni los éxitos que ha reportado a la organización, sino por un margen exiguo de votos, no puede creer que su liderazgo se ha consolidado al cierre del congreso, especialmente cuando la discusión estratégica ha sido superficial y mal asumida por la organización.

El recurso continuado a la expulsión, contribuye a depurar filas, efectivamente, y a hacer que, solamente los más fieles (o los más colegas), los más aines al presidente, ocupen los cargos de mando, independientemente de su preparación, capacidad, actitudes o experiencia. Ante esta situación se producen, siempre, dos posturas: la de quienes se van directamente y sin hacer ruido, o simplemente permanecen inactivos y desinteresados; y la de quienes protestan por la marcha de los acontecimientos. Pero la lógica del “führerprinzip” impide toda vuelta atrás: el ejercicio de esa forma de mando, exige con una lógica absolutamente suicida, la expulsión de cualquier disidente. Y en eso estamos.

En unas notas realizadas hace varios años, me sorprendía de que la doctrina leninista sobre la revolución y el proceso revolucionario, está muy por detrás de la teoría leninista sobre la organización. En muchas ocasiones los análisis de Lenin sobre el desarrollo y la previsión de un proceso revolucionario llaman la atención por su subjetivismo y, en ocasiones, por su estupidez intrínseca (en 1915, llegó a considerar a Suiza como el país en el que antes se desencadenaría la “revolución bolchevique” por que el proletariado suizo tenía armas…). Sin embargo, el gran mérito de Lenin es haber elaborado una teoría sobre la organización que, por sí misma, en gran medida, desencadenó el proceso revolucionario.

La conclusión a extraer de todo esto es que, si bien la doctrina de la “autonomía histórica” fue un brillante desarrollo teórico, debía de haberse completado con una “teoría sobre la organización” y una “teoría sobre el proceso alternativo”, es decir, una reflexión organizativa y estratégica, coherentes. Pero, lamentablemente, esa teorización no tuvo continuidad y quizás sea la hora de recuperarla en estos momentos en donde se ha visto su necesidad.

A estas alturas, resulta obvio decir que el “führerprinzip” consagrado por estrecho margen en la ponencia de organización, no es compatible ni es acorde con la tesis de la “autonomía histórica”. Se coló por debajo de la puerta, como un tranchete. Y para los aficionados al buen queso (francés y/o español) cualquier cosa parecida a un tranchete es un insulto al paladar.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

Galicia ¿sube o baja en la escalera?

Galicia ¿sube o baja en la escalera? Redacción.- Las elecciones gallegas 2005, parecen un paradigma de la caricatura del gallego: te lo cruzas en una escalera y no sabes si sube o baja, a una pregunta contesta con otra pregunta y al recuento electoral responde con un aplazamiento. No se sabe quien ha ganado. Pero pueden extraerse algunas conclusiones provisionales.

En el momento de escribir estas líneas está en juego el escaño 38 en Galicia. Si el recuento de los votos de la emigración gallega, otorga el escaño al PP, la victoria de Fraga habrá sido “pelada”, pero suficiente. Buen resultado si tenemos en cuenta que supone la séptima victoria continuada en Galicia. Hasta dentro de unos días no se sabrá, realmente, quien ha ganado las elecciones gallegas. Pero, a estas alturas, pueden establecerse algunas conclusiones.

El fondo de la cuestión

Lo que estaba en juego en Galicia –y lo que sigue en juego en el momento de escribir está crónica- es si en Galicia gobernaba un anciano o gobernaba el “eje del caos”.

Seamos claros: será difícil que el PP realiza una campaña tan mala como la que ha realizado Fraga en Galicia. Salidas de tono frecuentes (propias del Fraga de siempre), frases en ocasiones inoportunas y que desprotegían su mandíbula para que el puño del PSG-BNG lo marcara, la misma presentación de un candidato de 82 años que rompía todos los consejos de marketing y publicidad, y, por supuesto, un desgaste de veinte años de ejercicio del poder, todo ello han favorecido la bajada de votos del PP. Pero, aún así, con todos estos errores de conducción política, Fraga ha sido el partido mayoritario, con mucho, y el que tiene una mayor representación parlamentaria.

Frente a él, Zapatonto y su figurón local, Pérez Touriño, no han hecho una campaña mejor, si exceptuamos el mítin de La Coruña en la que estuvieron presentes todos los elementos de una brillante campaña electoral. Pero, ni aún así. ¿Por qué? Por tres motivos: por que el candidato del PSG, Touriño, carece de carisma, es un tipo distante, incapaz de generar entusiasmo en el electorado; en segundo lugar por que buena parte de los electores que hubieran estado dispuestos a castigar a Fraga y a votar PSG, eran perfectamente conscientes de que ese gesto suponía el ascenso al poder de una fuerza radical, marginal, un verdadero frente del rechazo formado por grupúsculos extremistas acogidos bajo el común paraguas independentista; finalmente, por que el PSG-PSOE es una amalgama de tendencias, desideologizado, en el que caben desde una democracia social (Paco Vázquez) hasta socialdemócratas grisis (el propio Touriño) o funcionarios oportunistas y sin escrúpulos (Pekín Blanco), todos ellos con hambre de poder y que no han dudado en aplaudir los recortes de Zapatonto al “Plan Galicia”.

Además, hay otro factor a tener en cuenta: los avances obtenidos por el PSOE-PSG, no se han debido al candidato presentado a la presidencia de la Xunta. En absoluto. Se han debido al “efecto Zapatero”. Si, por que, aún hay gente para la que Zapatonto es un líder carismático, con su talante, con su populismo socialista, con sus declaraciones huecas en defensa de homosexuales y feministas. La campaña del PSOE gallego no solamente no ha conseguido vencer al PP, sino que no ha conseguido vencer a Manuel Fraga a sus 82 años…

Los resultados reales y su comentario

El PP ha perdido cuatro escaños. Apenas ha perdido 45.000 votos en la noche del recuento, que muy probablemente, recupere cuando se abran los votos de la emigración. No puede hablarse de una derrota. Como máximo de un descenso provocado por las razones que hemos señalado.

El PSG-PSOE, por su parte, ha ganado unos 180.000 votos, suficiente para ganar ocho diputados, pero no lo suficiente para batir a Fraga. Es el “efecto gobierno” generado por 16 meses de gobierno de Zapatero y por la reiterada presencia del presidente en la campaña gallega.

Finalmente, el BNG, ha retrocedido, perdiendo 40.000 votos y 4 diputados. La retirada de Veiras, los problemas interiores, el radicalismo de la formación, el ejemplo de ERC que está pesando como una losa sobre quienes sienten por primera vez la tentación de votar a una opción independentista, han golpeado duramente al BNG. Ciertamente, el voto juvenil ha ido mayoritariamente a la izquierda, pero era previsible a la vista de la edad de Fraga. Mucho va a tener que cambiar el BNG y, sobre todo, recortar su radicalismo, si quiere interesar a un electorado más sensato y maduro. Y, a la vista de las componentes interiores del BNG, está hipótesis parece algo lejana.

Hasta dentro de unos días no se sabrá exactamente quien gobierna en Galicia. Tanto Pepín Blanco como Touriño, han cometido la irresponsabilidad de darse como “ganadores” y de considerar a Fraga como “expresidente”. Pero, en el momento de escribir estas líneas, entre los recursos presentados y el voto de la inmigración, no parece definitivamente sellada la victoria del PSG-BNG.

El sentido de estas elecciones

Zapatero no ha resultado reforzado. Si Fraga no obtiene el escaño 38, podrá alardear de que el presidente de la Xunta es un hombre suyo y que le ha debido a él la victoria. Pero también tendrá que realizar dolorosas concesiones a sus molestos compañeros de viaje. Si Fraga no obtiene el escaño 38, Zapatero habrá obtenido una victoria pírrica.

Si en la derecha está presente el “voto oculto”, en la izquierda el “voto cerril” aparece por todas partes.

Ahora bien, si ese disputado escaño se otorga, finalmente, a Fraga, mucho me maquino que este verano, Zapatero no va a poder llevar a sus bienamadas hijas a la piscina de la Guardia Civil, ni va a protestar por que las fotografíen, ni siquiera se va a poder permitir unos días de asueto: tendrá razón, y mucha, en tener el vientre descompuesto ante lo que pueda ser el período en el cual el “tripartito” catalán, publique su “Nou Estatut” (lo que ocurrirá presumiblemente el 11-S) y se celebre, en la segunda quincena del mes, en el Senado, el debate sobre el Estado de la Nación. Por que entre esas fechas, está el primer límite histórico del “talante”: hasta entonces habrá logrado aplazar las crisis y la hora de la verdad, a partir de ese momento, la bola de nieve de la centrifugación nacional que él mismo ha arrojado por la pendiente, corre el riesgo de arrastrarlo.

Con todo, las elecciones gallegas demuestran que Zapatero aun tiene crédito electoral. No excesivo, ciertamente. Al empate técnico entre PSOE y PP (lo que en la práctica equivale a una victoria del PP), se une el hecho del “voto enmascarado” capitalizado por el PP que indica hasta qué punto la derecha vergonzante se niega a reconocerse como tal en las encuestas. El PSG ha mejorado en Galicia, a causa del “voto cerril” de la izquierda: no importa que Zapatero haya cortado los fondos del “Plan Galicia”, no importa que en 16 meses de gobierno, Zapatero no haya realizado absolutamente ninguna concesión, gesto o regalo a Galicia, sino que ni siquiera la ha tenido en cuenta… y aún así, el PSG utilizando como mascarón de proa a Zapatero, ha logrado avanzar algo.


Los resultados irrelevantes del ambiente

Si mencionamos estos resultados es, simplemente, por que muchos de los visitantes de infokrisis, son simpatizantes de este sector. Lo que encontramos, era previsible, pero no por ello menos lamentable. Las tres últimas formaciones de la provincia de Coruña, son, precisamente: DN con 459 votos, FE-JONS con 343 e IDEGA con 303, en total 1.105 votos. En las otras tres provincias, solamente, se presentaba FE-JONS, que ha alcanzado 117 votos en Lugo, quedando los últimos clasificados, 94 votos en Orense, quedando, así mismo, los últimos, y en Pontevedra 402 votos, el mejor resultado de éste partido, que le permite ser el cuarto empezando por la cola…

El que diga que estas tres formaciones hubieran obtenido la suma de los votos que ha obtenido cada una de ellas, si se hubieran presentado juntas, se equivoca. Cuando se está ante resultados tan pobres, no hay análisis electoral posible. Da la sensación de que FE en Pontevedra y DN en Coruña, han estado ligeramente por encima de lo que se esperaba, pero, no hay que olvidar que ambas formaciones son incompatibles y que los votantes conscientes de unos, rechazan la imagen, los ideales y el programa de los otros.

En cuanto a Idega, tras la escisión de DN, generada por antiguos miembros gallegos del MSR pasados a esta formación, demuestra muchas cosas: en primer lugar que las “teorías” del “centrismo radical” o de la “identidad gallega”, por sí mismas, si no son erróneas -que lo son- carecen, por sí mismas, de fuerza suficiente para interesar a poquísima gente. Ahí acaba la andadura de una opción, asfixiada por análisis erróneos y sentenciada por la indiferencia del electorado.

A decir verdad, los resultados de estas tres formaciones son acordes con las campañas realizadas y con los medios movilizados. Es evidente que FE-JONS ha intentado jugar en estas elecciones la carta de ser la “única falange” presente. Pero, no nos engañemos, FE-JONS, en Galicia, carece de estructura, de simpatizantes y de una implantación real. Los 900 votos recibidos por la candidatura gallega de Diego Márquez, suponen el TECHO MÁXIMO CON EL QUE CUENTA CUALQUIER ETIQUETA FALANGISTA EN GALICIA. Poco, muy poco, mucho menos para un movimiento que tiene 72 años de vida y por el que han pasado varios miles de gallegas, sino decenas de miles.

¿Y DN? Quedar por detrás del Partido Humanista o del CDS, no es desde luego un timbre de honor. Ahora bien, quedar por delante de Idega y de FE-JONS, confirman tímidamente la tendencia al “surpasso” por parte de DN sobre cualquier otra formación del “ambiente”. No puede hablarse de “éxito”, pero tampoco de rotundo fracaso. Si tenemos en cuenta que hace un año DN Galicia tuvo la escisión de los afiliados llegados del MSR que pasaron a fundar IDEGA, en realidad, se ha demostrado que la primera irrupción electoral de DN en Galicia, ha sido, como mínimo esperanzadora. O al menos, algunos pueden considerarla así.

Pero no olvidemos que estamos, no sólo por debajo del 1%, sino del 0’1%. Con estos resultados no puede hacerse gran cosa, especialmente el día después de las elecciones. Esta campaña ha demostrado que faltan cuadros, falta estrategia, faltan medios e incluso falta dirección política. En otras palabras, estas elecciones confirman lo ya sabido: que las opciones históricas son terminales (FE-JONS), que las opciones improvisadas en base a ideas “geniales” nunca cuajan (IDEGA) y que las campañas abordadas sin medios y sin estrategia política no llegan muy lejos.

En resumen ¿qué indican estos resultados? Que se está muy lejos todavía de tener CONCIENCIA DE PARTIDO POLITICO, persiste la mentalidad de banda, de bandería, de grupo, pero no, en absoluto, la de partido. Si tenemos en cuenta que otros grupos como AES o como LaFalange, declaran tener “delegación” en Galicia y no han logrado presentarse, se percibirá fácilmente que todo este ambiente está muy, muy lejos de pesar políticamente… a causa de sus propios errores.

© Ernesto Milá – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La búsqueda de un modelo organizativo

La búsqueda de un modelo organizativo Redacción.-.- A raíz de la elaboración de un artículo sobre organización, hemos debido repasar y ordenar apuntes, antes de dar la redacción definitiva. Así, hemos rescatado estos apuntes sobre organización en donde se habla de distintos modelos organizativos, desde la experiencia leninista a las distintas experiencias nacionalistas y populares de la postguerra. Consideramos que estos apuntes pueden servir, en el estado de elaboración primitiva en el que se encuentran, para abrir un debate sobre el modelo organizativo

La búsqueda de un modelo organizativo

Las distintas formas de organización
desde 1945 hasta nuestros días


El modelo organizativo es el instrumento político adaptado para la realización de una estrategia concreta. Esto equivale a decir que la discusión estratégica es anterior y superior la discusión organizativa. Para plantear una discusión estratégica es preciso intentar captar la realidad político-social, en primer lugar, que permite definir una estrategia capaz de modificar esa realidad en función del propio proyecto político. Así pues, en definitiva, para plantear una discusión en materia organizativa, es preciso resolver antes definir el propio proyecto político (doctrina y programa), luego los objetivos políticos, en función de estos, la estrategia (que solo puede plantearse tras un análisis político detenido) y las tácticas para aplicarla y, finalmente, en función de todo lo anterior, debe surgir el modelo organizativo, casi de manera automática.
Resulta prácticamente imposible, separar la discusión organizativa, de la discusión estratégica; por tanto, en las líneas que siguen, frecuentemente vamos a aludir tanto a estrategia como a organización. Lo que pretendemos es resumir las distintas experiencias organizativas y estratégicas que se han sucedido desde 1945 hasta nuestros días en el área que podemos definir como “nacional-popular” o “alternativa”. Las experiencias que ha vivido este sector –multiforme, por definición- son diversas y contradictorias; creemos que vale la pena resumirlas y tratar de extraer algunas conclusiones. La importancia de una discusión de este tipo radica en que nos sitúa ante diferentes modelos y nos permitirá analizar cuáles están agotadas o son vías muertas, y -especialmente, en el capítulo de conclusiones- nos va a permitir definir un posible modelo organizativo para el futuro.

El nacimiento de una teoría sobre la organización

No es sino hasta finales del siglo XIX cuando se pone de manifiesto la necesidad de una teoría sobre la organización revolucionaria. Los congresos de la Internacional Obrera habían eludido esta cuestión que, sin embargo, estaba relativamente presente en sus tres tendencias: para el cooperativismo la cuestión organizativa debía responder, necesariamente, a las necesidades de las clases trabajadores de autoorganizarse al margen de la figura del capitalista; para los anarquistas, cualquier forma de capitalismo establece una dominación de clase y, por tanto, para destruir el capitalismo, es preciso huir de esquemas organizativos que reproduzcan el “autoritarismo”, tic inherente a todo modelo en el que la burguesía aparece como clase hegemónica; finalmente, la tendencia marxista, en los primeros congresos de la Internacional, eludió responder a las cuestiones organizativas, acaso, por que hasta ese momento, no se las había planteado.

Pero era en este último sector (expulsados los cooperativistas y aislados los anarquistas) en donde debían de plantearse por primera vez los dos modelos organizativos: o bien el modelo insurreccional (revolucionario), o bien el modelo moderado (socialdemócrata). Esta discusión se centró en el SPD alemán en donde ambas tendencias (Berstein y Kautsky) se enfrentaron con dureza inusitada.

Cuando el siglo empieza, con la revolución rusa de 1905, las distintas corrientes marxistas, todavía no han desarrollado una teoría sobre la organización revolucionaria. Las polémicas generadas en el seno de la socialdemocracia alemana seguirán vivas y tendrán sus repercusiones hasta que emerja la figura de Lenin y, finalmente, el proceso revolucionario se plantee como la construcción de un mecanismo de relojería –la organización revolucionaria- extraordinariamente precisa. Evola recuerda que la diferencia esencial entre la revolución francesa y la soviética, es que mientras en la primera todo se desarrolló de una manera caótica, como si fuerzas elementales destructivas hubieran sido liberadas por los revolucionarios y luego se mostraran incapaces de controlarlas, en la revolución rusa, esas fuerzas elementales siempre fueron controladas y puestas en marcha por una organización de revolucionarios profesionales que habían reducido la revolución a un problema técnico.

Pero a principios de los años veinte se habían producido distintos episodios que aportaban ideas nuevas analizadas por Curcio Malaparte en su obra “Técnica del golpe de Estado”. Malaparte, distinguía distintas técnicas del golpe de Estado: la marcha sobre Roma (focos populares que, en un golpe de audacia, convergen y se alzan sobre la confusión reinante), el golpe de Kapp (un golpe mal planteado que no logra derrotar al adversario en un primer momento y que se agota por falta de proyecto en días sucesivos), el golpe de Kemal Ataturk (una operación cívico-militar que encuentra apoyo en una parte importante de la población), el ascenso de Hitler (que tras el intento frustrado de Munich en 1923, rectifica y adopta la vía parlamentaria), etc.

El trauma del conflicto bélico 1939-45, hace que el libro de Malaparte quede olvidado en la postguerra y que, a partir de finales de los años 40, cuando se intenta reconstruir el ambiente patriótico y anticomunista, apenas se tengan en cuenta las experiencias y los modelos de la preguerra, y se parta, prácticamente de cero. Esto genera una multiplicidad de experiencias que vale la pena repasar brevemente.

I. La teoría leninista de la organización

Lenin no hizo otra cosa que abordar el problema de la organización revolucionaria desde un punto de vista científico y mecánico. Así llegó a la conclusión de que era preciso un “centro revolucionario” formado por “revolucionarios profesionales”, que dinamizaran, mediante “correas de transmisión”, distintos sectores seciales. Lenin distinguía entre la “organización horizontal” (el partido con sus delegaciones distribuidas sobre el plano geográfico) y la “organización vertical” (formado por las estructuras sindicales, juveniles, femeninas, es decir, especializadas, del partido).
El “centralismo democrático”, tal como fue definido por Lenin se puede resumir en tres principios:

- La minoría se pliega a la mayoría.
- Los organismos superiores dirigen a los organismos inferiores.
- La totalidad de la organización es dirigida por el comité central.

El comité central es el máximo organismo entre congresos. El congreso es la asamblea de militantes y compromisarios, que se constituye como “dirección estratégica” de la organización. A su vez, el comité central, es el organismo que vela por la aplicación de las resoluciones adoptadas en los congresos. Dentro del comité central, una secretaría permanente, es el organismo táctico de la organización.

Este centro, constituido, como hemos dicho, por revolucionarios profesionales, dinamiza distintos sectores de la sociedad. Mediante el sindicalismo, el mundo laboral, mediante un grupo estudiantil, el trabajo en la universidad y en la enseñanza, y así sucesivamente. Todo esto constituye la “estructura vertical” (corporativa) de la organización leninista. Pero, finalmente, hay una tercera “estructura”, la “paralela”.

Una “estructura paralela” es un conjunto de asociaciones, personas y medios, oficialmente, no vinculadas al “núcleo revolucionario”, pero que trabajan, en sus respectivos frentes de trabajo, para la realización de la estrategia adoptada en congreso. Por ejemplo, en el VI Congreso del PCE se adoptó la estrategia del “Pacto por la Libertad” que culminó en la formación de la Junta Democrática de España. Esta iniciativa fue apoyada por “submarinos” del PCE, oficialmente, no vinculados al mismo, pero que trabajaban según las directrices de la dirección.

Este esquema leninista, estuvo en vigor desde los prolegómenos de la revolución rusa, hasta el hundimiento de los Partidos Comunistas a principios de los años 90. Se trata de un tipo de organización extremadamente sólido, reconvertible según las necesidades de la lucha política y perfectamente adaptable a las condiciones más negativas que puedan aparecer. La prueba es que, de toda la “oposición democrática” durante el franquismo, solamente el PCE y otros grupos dotados del mismo esquema organizativo, lograron sobrevivir y eludir la persecución policial.

Los partidos fascistas y nacionalistas de los años 30, tenían una organización aparentemente similar, si bien el “centralismo democrático” era sustituido por el “führer prinzip”: el principio del mando, según el cual, el liderazgo se impone y no precisa de un refrendo democrático. Es evidente que, el fascismo surgió en la época del “liderismo” y que, con posterioridad a 1945, los grandes líderes carismáticos, desaparecieron. De hecho, el fracaso en la revitalización del modelo histórico fascista se ha debido a la ausencia de líderes de talla inhumana o sobrehumana, como los que aparecieron en los años 20 y 30.

En esto se basaba la superioridad del modelo leninista sobre el fascista: en que, el leninista no lo basaba todo en la organización democrática elegida en congreso., en el fascista, se basaba todo en la capacidad de atracción y liderazgo del führer. Si el führer falla, falla todo lo demás.

II. La postguerra: Jeune Nation y el MSI

Las primeras experiencias organizativas de postguerra llevaron a dos modelos completamente diferentes: el modelo activista y el modelo parlamentario, representados respectivamente por Jeune Nation y por el Movimento Sociale Italiano. El primero quedó configurado como un movimiento activista con fuerte carga ideológica (el nacionalismo francés maurrasiano) y vocación extraparlamentaria, constituido por un núcleo central de estudiantes y jóvenes que, en la práctica, era un movimiento estudiantil, sin partido político del que ser su sección juvenil. El MSI, por su parte, entendió, desde el primer momento, que la experiencia de la República Social había sido derrotada y que tenían por delante una larga lucha parlamentaria en la que se trataba de entender y adaptar las “reglas del juego”.

Ambos movimientos, con una fisonomía muy distinta, ideologías diferenciadas, tenía, sin embargo, un punto común que expresaba perfectamente la situación psicológica de Europa Occidental en los años 50: el anticomunismo. Con los tanques soviéticos dominando medio continente, ni siquiera parecía claro que fueran a respetar el pacto de Yalta. Por lo demás, los partidos comunistas occidentales, aparecían como quintacolumnas del mundo soviético. Las nuevas democracias surgidas tras 1945, no eran, desde luego, sus modelos ideales, pero en comparación con lo ofrecido por el régimen soviético, tenían ciertas ventajas. Fue así como en estos sectores cobró forma el “occidentalismo”, es decir, una concepción de Europa ligada al “mundo occidental”, en el cual los EEUU eran el “leadership”.

El otro elemento común fue el “militantismo”, esto es, la concepción del militante como motor de la lucha política. En Jeune Nation, este militantismo demostró su efectividad en las jornadas que siguieron a la invasión de Budapest y a la represión contra el movimiento de los patriotas húngaros. En Italia, desde la fundación del MSI en 1948, el militantismo fue la columna vertebral de su acción. Pero existían, también en este terreno, dos diferencias: el MSI adaptaba el militantismo a una finalidad clara, obtener un peso político en las instituciones italianas; Jeune Nation, no pudo nunca, realizar este tránsito y quedó como arquetipo de todas las experiencias activistas (el activismo es el militantismo convertido en fin en sí mismo) que se sucedieron posteriormente. A pesar de lo amplio de las movilizaciones que realizó JN en los días de la represión húngara y en los primeros conatos de resistencia francesa en Argelia, el movimiento jamás pudo lograr un espacio político cómodo en la sociedad francesa, exactamente igual que luego ocurriría con Occident primero, Ordre Nouveau después, Forces Nouvelles entre 1975 y 1983 y los distintos grupos activistas que se han ido sucediendo posteriormente.

III. Las experiencias de Jeune Europe y del MJR

En 1961, la descolonización del Congo por parte de Bélgica y de Argelia por parte de Francia, habían terminado en sendos fracasos. Pero si en el Congo la descolonización se tradujo en una limitada revuelta de los colonos y en la aparición de tropas mercenarias, en Argelia, la resistencia desembocaría en la creación de la Organisation de l’Armée Secrete, la OAS, grupo que hoy podríamos calificar de “terrorista”, aunque más exactamente fuera una organización clandestina de defensa de la comunidad europea en Argelia.

Los mismos errores que se produjeron en el golpe de Kapp a principios de los años 20, se reprodujeron en el golpe de Argel. Los reclutas del Primer Regimento de Partacaidistas (I REP) se revelaron contra el entreguismo de De Gaulle y plantearon una lucha por la “Argelia Francesa”. Pero el golpe de Argel fue mal preparado, no se tuvo en cuenta la necesidad de una clase política civil que sostuviera la iniciativa golpista y, mucho menos, de un programa de gobierno, más allá de la propuesta de “Argelia Francesa”. El golpe fracaso y los paracaidistas del I REP volvieron a su acuartelamiento cantando “Rien de rien, je ne regrette rien”, tonadilla elevada a la fama por Edith Piaff: “Nada de nada, yo no lamento nada”.

Pero esa impreparación y la subordinación de cualquier iniciativa política a la jerarquía militar, tanto en la planificación de la sublevación de Argel como en el posterior combate de la OAS, condenó al fracaso a ambas iniciativas que, en el fondo, lo fiaban todo a la desaparición física de De Gaulle. Boby Dovecar, sargento del I REP, Claude Piegts, Roger Degueldre, y tantos otros fueron detenidos y fusilados por De Gaulle. Solamente unos cuadros de la OAS-Metro (las células de la OAS surgidas en el exágono francés) estuvieron en condiciones de reflexionar sobre lo que habían supuesto el fracaso de la OAS y el abortamiento de la sublevación del I REP en Argel. De este grupo surgió el Mouvement Jeune Revolution, pero también sirvió como base para la reflexión organizativa realizada por los simpatizantes de la resistencia francesa en Argel, radicados en Bélgica. Y en torno a este segundo grupo se coaguló Jeune Europe liderada por Jean Thiriart.
El MJR se planteó reproducir el esquema organizativo de la “subversión”, tal como había sido detectado por los oficiales de inteligencia y acción psicológica del Ejército Francés en Argelia. De un lado, era preciso disponer de una ideología. Lo que en la izquierda fue el marxismo, en el MJR fue el “solidarismo”. Luego, insistió en un modelo organizativo basado en una “central” revolucionaria que creaba distintas “correas de transmisión”, comités especializados, grupos de solidaridad, etc. Es probable que el MJR, en su mejor momento, no pasara de 200 afiliados hacia finales de los años 60. Su proyecto periclitó en el momento en que irrumpió “Ordre Nouveau” con más medios y desarrollando un activismo mayor que terminó eclipsando el modelo organizativo del MJR. El MJR descubrió en el anticomunismo y en la solidaridad con las poblaciones de los países del Este, un caballo de batalla que le reportó los mejores beneficios y llevó a algunos de sus militantes a ser detenidos en la Plaza Roja de Moscú y a contactar con el Bloque Antibolchevique de las Naciones con sede en Munich que intentaba organizar la resistencia activista en la URSS.

Posteriormente, perdido el impulso inicial, el “solidarismo” se fue transformando y dividiendo en distintas organizaciones y revistas a lo largo de los años 70. En la actualidad encontramos a antiguos miembros del MJR en el Front Nacional y en los grupos nacional-revolucionarios activistas.

En el fondo, la experiencia de Jean Thiriart y de Jeune Europe discurrió por similares derroteros, pues, no en vano, era, hasta cierto punto, como el MJR, hijos de la misma matriz: el trauma de la descolonización. Ambos tomaron buena parte de sus ideas sobre organización de la experiencia bolchevique. Ambos tomaron como modelo organizativo, el militantismo: “El militante puede hacerlo todo, contando con nada”, tal era la frase clave de esta concepción. Las diferencias entre MJR y Jeune Europe estribaban en la “dimensión nacional” del proyecto: marco europeo en la experiencia de Thiriart, nacionalismo francés en el caso del MSR. Ambas iniciativas entrarían, por lo demás, en lo que se ha dado posteriormente en llamar “autonomía histórica”, en la medida en que no se reconocían en modelos previos.

De todas formas, Jeune Europe atravesó distintas etapas de desarrollo y el mismo Thiriart varió notablemente sus orientaciones, especialmente en lo que a geopolítica se refería. Progresivamente, del “Ni Washington, ni Moscú”, se pasó “Sobre todo no a Washington”, especialmente, cuando el movimiento ya había perdido fuelle y estaba disuelto en la práctica, si bien tuvo la prolongación periodística de “La Nation Europeénne” en la cual estas orientaciones quedaron más acusadas.

Thiriart concibió también el partido al estilo bolchevique, sosteniendo la idea del “movimiento como orden de creyentes y combatientes” que debería ser, también, una “central revolucionaria” capaz de movilizar, a nivel europeo, a amplias masas de la población. Thiriart, voluntariamente, huía del modelo de partido convencional, democrático, electoralista, el “führerprinzip” y la importancia de una élite militante surgida de una “escuela de cuadros” como motores de la lucha política, la dimensión europea de esa lucha, fueron algunas de las innovaciones de Thiriart en esa primera etapa.

Pero, cuando Jeune Europe se disolvió, Thiriart no detuvo su teorización, sino que la amplió, también en materia organizativa. En ese segundo Thiriart, ya alejado de la realidad política cotidiana, se perciben ciertas fugas hacia el “idealismo”: insiste, en nuestra opinión, de manera excesiva, en dos modelos organizativos que considera necesario recuperar: “un ejército político” al estilo de las SA hitlerianas y un “ejército del pueblo” al estilo de las Brigadas Internacionales. Si tenemos en cuenta que las SA fueron posibles a causa de un momento histórico particular e irrepetible (guerra perdida, puñalada por la espalda, paro, inflación brutal) y que las Brigadas Internacionales emergen en un contacto de guerra civil en España (lo que no era, ni remotamente el caso), Thiriart olvidaba lo esencial: que en 1965-75, Europa había entrado en el consumismo, la sociedad del bienestar y el “fin de las ideologías” y que ha propia historia y el desarrollo económico-social ,habían hecho completamente irrepetibles los modelos de las SA y las Brigadas Internacionales.

Hay que reconocer a Thiriart un mérito esencial. Él, antes que ningún otro, percibió en la firma del Tratado de Roma de 1965, un hecho irreversible: a partir de entonces, Europa, necesariamente, iba a caminar hacia una integración progresiva y se trataba de pensar en dimensión europea, en términos de “movimiento europeo integrado”.

Thiriart concibió este “movimiento” a la manera leninista: con un núcleo de “revolucionarios profesionales”, transferibles de un país a otro, dirigidos por un “centro político” único, con capacidad para transformarse de movimiento activista y militante a organización militar de combate (da la sensación de que entre 1962-1965, Thiriart estaba persuadido de que en el Este europeo, la única forma de trabajo político era mediante la insurrección, la lucha armada y la guerra popular contra las burocracias estalinistas.

El último campamento de verano de “La Nation Europeenne”, debió de tener lugar hacia 1968 ó 69, cuando los grupos que, inicialmente, apoyaron a Thiriart ya estaban muy dispersos y debilitados (la propia revista desaparecería poco después) y en los 15 años siguientes, Thiriart prosiguió sus reflexiones, pero no ya en un contexto militante, sino como meras reflexiones de laboratorio, hasta que, finalmente, el inicio de la “perestroika” haga coincidir sus posiciones geopolíticas con las necesidades de la extinta URSS. Pero, en esta fase, su “macropolítica” (quizás más que la geopolítica) se muestra, dramáticamente alejada de la realidad política cotidiana de Europa Occidental y, por tanto, las construcciones de Thiriart en esa época apenas puedan ser consideradas como “teorías”, en nuestra opinión, excesivamente distanciadas de la realidad: y la realidad era que carecían de una cristalización organizativa y política capaz de llevarlas a la práctica, cualquiera que fueran.

IV. El activismo organizado: Francia e Italia. Extraparlamentarios

En 1968, la expansión de la extrema-izquierda, parece evidenciar la necesidad de una respuesta de la misma intensidad. El comandante Valerio Borghese expresa y encarna este estado de ánimo: “No es el tiempo de la palabra, es el tiempo de la acción”. Obtener un diputado o un concejal parecía poco, ante la necesidad de detener la ofensiva callejera de la extrema-izquierda. De hecho, lo que ocurrió fue que la “protesta” era el signo de los tiempos (finales de los 60, principios de los 70). Si en el seno de la izquierda se había gestado un fenómeno de rechazo a las formas moderadas y parlamentarias, una rotura con el estilo moderado, en el otro lado, había ocurrido otro tanto. En ambos extremos del espectro político se criticaba a la “burguesía” y a la moral y a la ética burguesa. En la izquierda a partir de Marcusse, en la derecha, tomando como base los textos del “último Evola” (Cabalgar el Tigre). Ese rechazo al mundo burgués era el mismo que estuvo presente en la fundación de los Fascios Italianos de Combate y en los Cuerpos Francos alemanes del Baltikum; parecía que, este sector político, había recuperado, finalmente, la energía de los primeros tiempos. El modelo organizativo que preside ese período es el “extraparlamentario”. Además hay fenómenos que abundan en esa hipótesis: en Francia, la candidatura de Tixier Vignancourt había sido derrotada ampliamente, a pesar de la proximidad de la guerra de Argelia y de la protesta antigaullista; en Alemania, el Partido Nacional Demócrata, NPD, dirigido por Adolf von Thadden no había sido capaz de superar el listón del 5% y quedó fuera del parlamento en las elecciones de 1969. En Italia, las disensiones internas y la evidencia de la política proamericana, así como un pragmatismo preocupante en la dirección del MSI, que aparece con Michelini y se reafirma con Almirante, hace que, desde principios de los años 60, se sucedan dos escisiones que darán vida al Centro Studi Ordine Nuovo y a Avanguardia Nazionale Giovanile que, a finales de los 60 se convertirá en Avanguardia Nazionale, integrante del Fronte Nazionale del comandante Borghese. Había nacido el “área extraparlamentaria”.

En una primera fase, la coexistencia entre extraparlamentarios de “derecha” y de “izquierda” no es particularmente difícil, ambos parten de una crítica a la burguesía y a la partitocracia y, hasta los sucesos de Vallegiulia de 1968, no se producirá la fractura histórica entre contestatarios de derecha y de izquierda. Habiendo ocupado la facultad de derecho los estudiantes extraparlamentarios de “derecha”, en un momento de fuerte agitación estudiantil, Giorgio Almirante dirigió el asalto del servicio de orden del MSI (I gorili di Caradonna) contra las facultades ocupadas por la izquierda. La expedición punitiva del MSI, al detenerse en la facultad de derecho, pidió a los ocupantes que les acompañaran en su expedición “contra los rojos”. Los ocupantes de derecho valoraron la posibilidad de oponerse a los activistas del MSI haciendo causa común con los contestatarios, o bien no obstaculizar la expedición punitiva. Se optó por esto último. Al día siguiente, el movimiento estudiantil que no había sido antifascista hasta ese momento, desplegó sus banderas rojas y manifestó su voluntad de aplastar al neo-fascismo. La pasividad ante la expedición del MSI, hizo que la “contestación neofascista” o “contestación de derechas” perdiera toda credibilidad.

Pero el neofascismo extraparlamentario era todavía fuerte para plantear una estrategia de conquista del Estado. En ese momento, existían dos líneas: la del Centro Político Ordine Nuevo (una parte del Centro Studi había reingresado en el MSI) y la de Avanguardia Nazionale. Los primeros sostenían la tesis de la “revolución nacional”; tendían a movilizar a sectores de la población, para provocar una situación insurreccional tal que favoreciera una nueva “marcha sobre Roma” y, por tanto, una “revolución nacional”. Los segundos defendían la tesis “gradualista”: era imposible realizar la revolución nacional sin parcelar la ruta en etapas intermedias en cada una de las cuales de lo que se trataba era de mejorar las posiciones propias, debilitando al adversario. Mientras Ordine Nuovo se agotó en cientos de incidentes activistas y fue víctima de provocaciones venidas de la Seguridad del Estado, Avanguardia realizó una valoración más precisa de la situación política: en momentos en los que se hablaba del “compromiso histórico” (pacto entre el PCI y la DC), que supondría una situación ampliamente desfavorable para las fuerzas nacionales italianas, de lo que se trataba, inicialmente, era de impedir ese pacto. De ahí surgió una estrategia: la revuelta del Sur: si ese pacto tenía lugar, el sur se rebelaría. El ensayo insurreccional tuvo lugar en Regio Calabria con la excusa de la discusión sobre la capitalidad de la región. Durante meses, el gobierno central estuvo rebasado por la agitación desarrollada por los medios de Avanguardia. Paralelamente a esta labor de “contención” del “compromiso histórico”, estaba la tarea “ofensiva”: la hipótesis golpista. No es que el golpe de Estado se defendiera como un fin en sí mismo, sino como la posibilidad de avanzar posiciones y generar una situación nueva, con una correlación de fuerzas mucho más favorable. Tal fue el trasfondo histórico-político en el que se desarrolló el “golpe Borghese”.

El problema residía en la desproporción de fuerzas. En palabras de uno de los protagonistas de aquel período “lo que debía hacerse, se intentó”. Se fracasó, en definitiva, por que la represión, la infiltración, la provocación, eran tales, que hacían prácticamente imposible un resultado final mínimamente esperanzador. Cuando, en 1974, cayó el régimen portugués (y con él la iniciativa de Aginter-Press), luego el franquismo y, finalmente, el régimen de los coroneles, se evidenció la imposibilidad de una vía “gradualista” en Europa. La estrategia que adoptaron algunos núcleos de lo que la prensa amarilla conoció como Internacional Negra, fue desplazar el eje de operaciones, de Europa hacia América Latina en donde era, en aquel momento, más fácil trabajar políticamente. Con posterioridad, reconstruidos “santuarios” en el Cono Sur, era posible entonar el –como decía la letra de una canción de Amici dal Vento- “a Europa volveremos, unidos para ti”. Nuevamente, el cálculo no tenía en cuenta la desproporción de efectivos y si bien se obtuvieron situaciones preeminentes en algunos países (Argentina, Bolivia, Chile), la proximidad del coloso norteamericano hizo imposible que el trabajo político realizado entre 1974 y 1982 fraguara.

En Francia, sin embargo, la experiencia del movimiento Occident, volcado hacia el activismo anticomunista y reducido a un “servicio de orden” extraordinariamente eficaz que prolongó su vida en Ordre Nouveau, tuvo un giro sorprendente. Compuesto, esencialmente, por los mismos cuadros que Occident, la vocación era completamente diferente. Ordre Nouveau quería construir un partido similar al MSI. Para ello actuó en dos tiempos: en un primer momento, generando una columna vertebral –el propio Ordre Nouveau- y en un segundo momento, integrando en su área de influencia a un grupo de personalidades y pequeñas organizaciones en lo que se llamó el Front National. Pero el gobierno, terminó prohibiendo Ordre Nouveau (como seis años antes había hecho con Occident) y tan solo quedó en pie una mínima estructura presidida por Jean Marie Le Pen que aun tardaría 10 años más en completar su travesía del desierto. El núcleo fundador de Ordre Nouveau, tras intentar proseguir unido –etapa de Faire Front- colaborando con Le Pen, lanzó el Parti des Forces Nouvelles, siguiendo técnicas de marketing político y publicidad que, hasta ese momento, no habían estado al alcance de las fuerzas nacionales en Francia. En realidad, Forces Nouvelles –a pesar de su nombre- había creado una línea política luego recuperada en España por Democracia Nacional o por el Vlaams Block: la vocación de asumir una línea moderada en su actuación, pero radical en sus contenidos; duros en el fondo, sutiles en la forma.

El proyecto de Forces Nouvelles, fue, rebasado por un Front National rejuvenecido y dinámico que tuvo en Pierre Stirbois a su principal animador y a Jean Marie Le Pen su líder público. No puede decirse que la experiencia del PFN fracasara, sino que fue encarnada con más vigor y liderazgo por el tandem Le Pen – Stirbois. Resulta evidente que estos sectores se situaban en una perspectiva “gradualista”. La idea de la “revolución nacional” había sido completamente abandonada en beneficio de la definición de unas etapas intermedias que, como hemos dicho, debían mejorar progresivamente las condiciones políticas en las que se desarrollaban las fuerzas nacionales en cada país. A condiciones diferentes, se generaron respuestas diferentes: la alternativa golpista en Italia y la alternativa parlamentaria en Francia. En ambos caos, un núcleo, inicialmente extraparlamentario –Avanguardia en Italia y Ordre Nouveau en Francia- constituyen un “frente nacional”, agrupando fuerzas convergentes de muy distinto signo, no sólo políticas sino también sociales, pero, mientras el Front National aspiraba a un gradualismo por vía parlamentaria, el Fronte Nazionale de Borghese, veía en el golpismo la primera etapa a cubrir.

V. La “lucha armada”: la experiencia de los NAR

La estrategia extraparlamentaria del sector de la “revolución nacional” se estrelló contra una represión brutal, errores propios de conducción política y, finalmente, maniobras provocadoras entre 1971 (Ordine Nuevo, Anno Zero, Fronte Nazionale Rivoluzionario) y 1980 (Terza Posizione). La represión, la actitud agresiva e intolerante de la extrema-izquierda y el terrorismo de las Brigadas Rojas, indujeron a sectores que creían en la “revolución nacional” a adoptar la “vía armada” como estrategia de lucha. La experiencia de los Núcleos Armados Revolucionarios (NAR) fue, en este sentido, paradigmática.

La diferencia entre el terrorismo de las Brigadas Rojas y el de los NAR era evidente para quien quisiera verlo: mientras los primeros hacían de la violencia y el terrorismo un arma ofensiva, para los NAR fue simplemente la respuesta de un sector político, asfixiado y perseguido. Los errores, las acciones inoportunas, y el desastre final, no pueden hacer olvidar que el terrorismo de los NAR fue el hijo directo de la permisividad con que el Estado Italiano contempló a la extrema-izquierda y la tolerancia hacia el “antifascismo” más agresivo, terrorista y obsceno.
Desde el punto de vista orgánico, los NAR aportaron poco a una teoría sobre la organización revolucionaria. En buena medida se trató de núcleos espontáneos que utilizaron una sigla, sin que existiera una realidad orgánica y una dirección centralizada. El NAR surgido del Frente Universitario de Acción Nacional romano tenía una matriz completamente distinta al NAR vinculado a determinados exponentes de Terza Posizione.

El expontaneismo demostró su inviabilidad a los pocos meses. Las organizaciones “armadas” (estos es, terroristas) para ser eficaces, deben desarrollar primeramente una parte política excepcionalmente activa y con iniciativa, imposible de ser desarticulada, para, en un momento dado de su desarrollo, segregar en ella, una parte “armada”, excepcionalmente reducida, tecnificada y profesionalizada. Eso, o de lo contrario, el expontaneismo se reduce a núcleos carentes de estrategia unificada, con una vida media corta e irrepetibles. En 1981 el NAR estaba completamente desarticulado y una generación de militantes había pagado con su vida o con años de cárcel su aventura.

En realidad, la tentación activista no era nueva en la extrema-derecha. En los años 60 ya habían aflorado distintas siglas del “terror negro”: la OAS en Francia y las Escuadras de Acción Mussolini en Italia. Pero donde las experiencias en este terreno habían llegado más lejos fue, sin duda en Argentina y Bolivia. En los años 50, tras la “revolución nacional” de Víctor Paz Estensoro, la Falange Socialista Boliviana “golpeó” en varias ocasiones e intentó acciones guerrilleras en la zona de Santa Cruz de la Sierra. Por su parte, en Argentina, habían aparecido guerrillas urbanas peronistas (los Uturuncos del peronista William Croques y sus secuelas) y nacionalistas (especialmente el Movimiento Nacionalista Revolucionario “Tacuara”). “Tacuara” desarrolló entre 1965 y 1969 una verdadera guerrilla urbana en Argentina con decenas de atentados contra los partidos de izquierda. Esta guerrilla urbana tuvo sus prolongaciones insospechadas a finales de los años 60 y principios de los 70, en el vecino Uruguay. Allí, algunos tacuaras en fuga, habían conseguido organizar células con militantes uruguayos que constituyeron el núcleo primitivo del Movimiento de Liberación Nacional “Tupamaros”. La entrada en el movimiento de Raúl Sendic, hizo que la nueva organización se decantara hacia el castro-socialismo y el marxismo. Otro tanto ocurrió con una fracción de la Tacuara argentina que, tras insistir en los aspectos “sociales” primero y “socialistas” después, terminó ubicada en el trotskysmo del Secretariado Unificado de la IV Internacional, en el que un antiguo tacuara, Joe Baxter, ocupó un lugar preponderante hasta su fallecimiento en accidente aéreo.

En 1968, en una de las publicaciones de Tacuara se realizó una interesante reflexión sobre la violencia política: el objetivo era el desencadenamiento de una “sublevación nacional” que desembocara en un golpe de Estado. Ese golpe debía tener un carácter político-militar. En realidad, solamente en el instante mismo del golpe, era cuando el peso de las fuerzas armadas era absolutamente necesario, pero, tanto antes como después, el peso de las operaciones recaía sobre un aparato político. Los tacuaras habían estudiado con detenimiento el proceso insurreccional argelino del FLN y la respuesta de la OAS. A ello habían contribuido militantes católicos argentinos ligados a Tacuara y relacionados con grupos católicos franceses, gracias a los cuales recibieron documentación que pudieron estudiar y que sirvió para darles un basamento estratégico-organizativo. En realidad, Tacuara fue una organización “para-militar” de la postguerra, autónoma, nacionalista, que logró una aceptable penetración en la sociedad argentina y, especialmente entre la juventud y que sirvió de vivero a otros grupos que aparecerían 10 años después: desde los Montoneros, hasta la Triple A.

Estas dos experiencias armadas, la de los NAR y la de la Tacuara argentina, son, sustancialmente diferentes: violencia defensiva en el caso de los NAR, violencia ofensiva en la Tacuara, núcleo guerrillero los NAR, cuyo “frente político” informal debía ser Terza Posizione, organización integrada político-militar, en cambio, la Tacuara.

Ambas experiencias y el fracaso de cualquier otra experiencia armada de izquierdas o de derechas, demuestra el subjetivismo inicial de quienes adoptaron esta vía. No midieron la desigualdad de fuerzas con la que debían enfrentarse y fue, finalmente, éste cálculo erróneo el que les llevó a la destrucción. La “vía armada”, el terrorismo, no es “vía”, es, como máximo, un callejóN sin salida que conduce directamente a un paredón…

VI. Anarco-fascismo recurrente

Existió una “izquierda fascista” de la misma forma que existió un “fascismo reaccionario”… pero en los años 30. A mediados de los años 60, especialmente, a partir del ascenso de la contestación estudiantil y de la aparición de la contracultura, algunos sectores extraparlamentarios intentaron recuperar nuevas formas de expresión que, históricamente, correspondían al “fascismo de izquierdas”, adaptándolo e incorporando fenómenos que se desarrollaban en los 60. Fue así como surgieron experimentos, pretendidamente eclécticos de fusión ideológica.

Esta tendencia aparece en Italia (con Giorgio Fredda y el grupo Lotta de Popolo (1968-1973, que saltó a la fama como grupo “nazi-maoista”), en Alemania (con distintas escisiones del NDP realizadas a principios de los años 70), en Francia (con los grupos autotitulados de Socialisme Europeene, Lutte du Peuple, CIPRE) y en España hacia 1973-75 (con pequeños grupos sin mucha historia creados en Madrid, muy influenciados por el trotskysmo y por el “nacionalismo-revolucionario” (que entonces no había pasado a ser, todavía, un sinónimo de nacionalsocialismo). En la mayor parte de los casos, estos grupos apenas tuvieron una incidencia real, agruparon a unas pocas decenas de militantes, interiormente, ni siquiera tenían unos criterios unificados y, frecuentemente, caían en las escisiones, las exclusiones y los conflictos ideológicos generados por matices.

Si en lo ideológico estos grupos insistían en la experiencia “socialista” del fascismo que veían (o creían ver) reconstruida por el maoísmo chino, por su austeridad, por su antisovietismo, por su antiamericanismo, por su filosofía del “poder en la punta del fusil”, etc, en lo organizativo, su aportación fue poco menos que nula. La organización asamblearía, la organización de la no-organización, un activismo frenético, en ocasiones contradictorio, siempre desprovisto de un planteamiento estratégico que permitiera capitalizar toda la riada activista, les condujeron al agotamiento en pocos años.

En España, esta tendencia está presente, especialmente en la “falange de izquierdas” aparecida en el último tercio de los años 60 (Frente Sindicalista Revolucionario) y que alcanza su cenit en el erróneamente llamado “hedillismo” de 1976-77 (FE-JONS(A)). A nadie se le escapaba –sólo a los propios “hedillistas”- que por mucha agitación obrerista, republicana, antifascista que desarrollaran, los 38 años de franquismo habían sellado en el imaginario colectivo del pueblo español, el yugo y las flechas al “régimen anterior”. Aunque sectores “hedillistas” alardearan de su admiración por el Ché Guevara, por las guerrillas latinoamericanas, por los montoneros argentinos, y, finalmente, por el sandinismo… la triste realidad era que, muy difícilmente, podían tener credibilidad si todo eso se realizaba con camisa azul, yugo y flechas, Cara al Sol y demás añadidos que lo hacían, altamente improbable, sino surrealista.

Mucho más cuerpo y similitud con las experiencias anarco-fascistas, fue el desarrollo en los años 80, especialmente en el ámbito madrileño, del grupo conocido como Bases Autónomas, en el que se reproduce el mismo esquema del anarco-fascismo de quince años antes, prácticamente sin variación. BBAA aparece cuando las formaciones clásicas de extrema-derecha han desaparecido. Erróneamente, BBAA atribuye esta crisis al “conservadurismo carca” inherente a esas experiencias y, por tanto, hay que organizarse de manera inversa (“autónoma” frente al rigidismo organizativo evidenciado por las centurias paramilitares de Fuerza Nueva, y a partir de las “bases”, es decir, de la militancia, y no de unos dirigentes sin contacto con la acción). Nunca tanta energía y entusiasmo fue desparramado en tan poco tiempo. Con la intención de “romper esquemas”, BBAA realizó tomas de posición, siempre sorprendentes, cuyo drama consistía en que eran incomprendidas por todos. La cuestión no era “romper esquemas” o ir a “por el caos” (otro de los temas favoritos de BBAA en la época) sino que el “esquema”, cualquiera que fuera, terminara siendo comprendido… por alguien.

A diferencia de la experiencia “hedillista” (la mayoría de cuya militancia se dispersó a los pocos años, desapareciendo de todos los ambientes, “sindicalistas” incluidos), lo esencial de la militancia de BBAA, siguió evolucionando y dando vida a iniciativas posteriores, mucho más serenas, meditadas y fruto de la metabolización de las experiencias pasadas.

De todas formas, el “anarco-fascismo” es una línea recurrente que tiene tendencia a aparecer en momentos de crisis o de recesión. De hecho, el problema del sector “nacional” consiste en lo que podríamos llamar, la “rotura de la continuidad”. La desmovilización de cuadros, una vez agotada la experiencia activista, y la ausencia de documentos autocríticos, producen el que, generaciones posteriores de militantes, vuelvan a repetir los mismos esquemas que han llevado a generaciones anteriores al fracaso. Si tenemos en cuenta que el Frente Negro de los Strasser o el obrerismo activista de Ramiro Ledesma, no tuvieron la más mínima incidencia política en su momento, las corrientes posteriores que reproducían esos mismos esquemas organizativos e idearios, no iban a tener más resultados… dado que, por lo demás, las condiciones objetivas eran mucho más desfavorables.

VII. El fracaso del modelo histórico

A estas alturas, discutir sobre si un modelo histórico formulado en los años 30 puede ser transplantado al siglo XXI, parece una discusión completamente absurda y banal. Y sin embargo, en España, sigue presente en la medida en que existen unos cuantos grupos, situados fuera del tiempo, que todavía siguen utilizando nombres y siglas de otros tiempos y que remiten a otras realidades.

El modelo histórico se ha caracterizado siempre por un rigidismo organizativo y unas formas paramilitares extraídas del ejemplo de los movimientos de los años 30: un grupo de cinco militantes forma una escuadra, luego siguen las “líneas”, las “falanges” y las “centurias”. Así se organiza la “primera línea”. Luego están: la sección juvenil, la sección femenina, la sección estudiantil, el sindicato, etc. El modelo histórico evidencia una inadaptación estructural a la realidad de la segunda mitad del siglo XX y, no digamos, a la sociedad postindustrial del siglo XXI. Lo que funcionó en un país y, en un tiempo (en Alemania e Italia, fundamentalmente), no debe, necesariamente, funcionar en otro país y en otra época.

El modelo histórico, a decir verdad, jamás funcionó siquiera en España. Para que hubiera funcionado habría sido preciso que existieran amplias franjas de excombatientes que hubieran vivido la experiencia bélica y quisieran trasladarla a la vida cotidiana y a la vida política. Pero la “guerra de Marruecos” fue extremadamente limitada e impopular y no podía generar las movilizaciones de protesta de los excombatientes distanciados del poder civil que fueron, efectivamente, el núcleo fundacional del fascismo histórico.

Con todo, el ejemplo del modelo histórico fascista logró contagiarse a España a partir del 18 de julio. Pero, la caída de los fascismos y el alejamiento del período bélico hicieron que ya en los años 50, el modelo político-organizativo inspirado en el fascismo estuviera fuera de lugar. A finales de los años 60, uniformes, formaciones paramilitares, referencias históricas, simbología, etc., eran ecos lejanos de otro tiempo. Ayudaban a hacer testimonialismo, pero impedían hacer política. De hecho, ninguna de las organizaciones políticas alternativas de postguerra que tuvo algo de éxito, absolutamente ninguna, en ningún país de Europa, hacía referencia a los “modelos históricos”. En España, por el contrario, partidos como Fuerza Nueva o FE-JONS siguieron usando y abusando de las formaciones paramilitares hasta principios de los años 80. El resultado fue cero.

VIII. De la derecha nacional a la autonomía histórica

Existían corrientes extraparlamentarias y corrientes “de izquierda”, por que el modelo electoralismo no avanzaba a una velocidad que satisficiera a los más exigentes. El crecimiento del MSI fue, en los años 50 y 60, excesivamente lento y no siempre continuo. Interiormente, surgieron disidencias que se tradujeron en la creación de movimientos extraparlamentarios, pero también existieron fugas en sentido contrario.

Si de lo que se trataba era de ganar espacios de poder, tener una presencia institucional creciente, era evidente que había que subordinarlo “todo” a ese objetivo y, por tanto, despojarse de algunos rasgos que, hasta entonces, habían sido las señas de identidad del neofascismo en general y del MSI en particular. Fue aquí en donde aparecieron los problemas por que en ningún lugar estaba escrito “hasta dónde” había que renunciar y qué era lo renunciable. Luego, no había que olvidar que los servicios de inteligencia intentaban rectificar, mediante la provocación y las “operaciones especiales”, tendencias del electorado que modificaban las correlaciones de fuerzas y la estabilidad política del centroizquierda italiano.

En 1969, el MSI había absorbido al Partido Monárquico y a sus votos. En 1973, integrando algunos jefes militares jubilados y algunos jueces, lanzó la etiqueta MSI-DN, esto es “destra nazionale”. En 1975, el sector más “occidentalista” del MSI, se escindió adoptando el nombre de Destra Nazionale. Esta iniciativa demostraba que en este tipo de formaciones la “espera del poder” no puede eternizarse y se trata de adoptar iniciativas que aceleren el crecimiento y la inserción en las instituciones y en los mecanismos de poder. En 1976, este partido –que había llegado a contar con un fuerte grupo parlamentario y a contactar en España con Alianza Popular, entonces digerida por Fraga Iribarne- había dejado de existir tras el descalabro electoral y la desaparición del grupo parlamentario.

El problema de este sector escindido del MSI –como luego se reproducirá en la escisión de Bruno Megret dentro del Front National- era que las piruetas y los tránsitos políticos no pueden realizarse en el vacío y por puro oportunismo; es preciso un colchón doctrinal, un basamento teórico que justifique, permita y delimite la transformación. Y este “colchón” no estuvo ausente en este tipo de escisiones que luego tuvieron también su continuación en Francia, cuando Alain Robert pasó del Parti des Forces Nouvelles a formaciones centristas, sin más explicaciones que el cargo político ofrecido. En España, se produjeron fenómenos limitados, pero similares, cuando militantes de Juntas Españolas (y antes de la extinta Fuerza Nueva), pasaron al Partido Popular, demostrando que no tenían muy claros los motivos por los que militaron en estas organizaciones, ni los objetivos y contenidos del PP.

Fue a mediados de los años 90, cuando en España, de la mano de Laureano Luna y del núcleo que dará vida a Democracia Nacional, se establece un marco teórico mucho más preciso: es la doctrina de la “autonomía histórica” que puede definirse como el reconocimiento de que no hay modelos históricos que tomar como referencia y que es preciso construir una opción sin lastres del pasado y que responda a las necesidades, planteamientos y exigencias del tiempo presente.

Esto delimitaba dos campos: el “sector histórico” y el “sector de la autonomía histórica”. Era evidente que, en España, quedaba a un lado las distintas “falanges”, todas modelos clónicos del original, y de otro, Democracia Nacional. En los ocho años que siguieron, DN consiguió acercarse primero, igualarse después y superar en las elecciones generales de 2004, al sector histórico. Sin embargo, los resultados fueron extremadamente modestos. La capacidad para establecer una teoría política, no tenía nada que ver con la capacidad para llevarla a la práctica, ni con los medios, ni con las técnicas necesarias. Pero, al margen del nivel de avance de la “autonomía histórica” sobre el cuerpo social, lo cierto es: 1) que, incluso dentro del sector “histórico” se han producido movimientos tendentes a “renovar”, tanto programa, como imagen, dejando aparcada la ideología (FE-La Falange y su gran “descubrimiento”: el antiinmigracionismo que ha eclipsado completamente a cualquier otro pleanteamiento), 2) que sectores como Alternativa Española, al reemprender por tercera vez la andadura –tras Fuerza Nueva y el Frente Nacional- lo han hecho de manera, al menos en su marketing, mucho más “autónoma” en relación al franquismo, la falange y el carlismo, que ya no aparecen en su propaganda, 3) que otras formaciones, ya sea oficialmente (España 2000) o algunos sectores (Movimiento Social Republicano), han asumido implícitamente las tesis de autonomía histórica y 4) que para ser creíble la autonomía histórica debe ser real, esto es, debe renunciarse a cualquier tipo de participación, contacto o solidaridad con el sector histórico, a la que se produce la más mínima contaminación entre ambos sectores, el “sector histórico” no resulta afectado, pero el sector de la “autonomía”, pierde toda crediblidad.

IX. La idea de la “Orden” y la “metapolítica”

A medida que se iban acumulando experiencias frustrantes y se sucedían éxitos limitados, distintos grupos militantes fueron agotando las posibilidades de ensayar vías nuevas. Llama la atención como organizaciones y personajes que no habían tenido contacto entre sí y que desconocían unos a otros sus reflexiones, fueron a parar a las mismas desembocaduras organizativas. En 1948, Evola había publicado un pequeño opúsculo –“Orientaciones”- germen de las ideas desarrolladas posteriormente en su obra “Los hombres y las ruinas”. Esta obra tuvo una continuación en “El fascismo visto desde la derecha”. Esta trilogía engloba lo que puede ser definido como el “pensamiento político de la derecha tradicionalista en la postguerra”. Pero, en el fondo, Evola era consciente de que una ideología de este tipo no podía ser asumida por un “movimiento”, sino más bien sólo podía ser encarnado por una “Orden”. La referencia y el vínculo de agregación de esa orden era el “terreno espiritual”, o dicho de otra manera, la metafísica. Hombres que identificaran su vida con sus ideas (fusión de teoría y de práctica), inexorables, dispuestos a ser ejemplo y vanguardia, precisaban identificarse entre sí y organizarse en una estructura diferente a la de un partido político: es entonces cuando Evola se vuelve hacia los órdenes que habían protagonizado los mejores momentos de la Edad Media. Llega incluso a redactar un proyecto de estatutos de “La Orden de la Corona de Hierro” e incluso considera al Príncipe y Comandante de la Décima MAS, Junio Valerio Borghese, aristócrata, guerrero y líder político, como el arquetipo del modelo humano que precisaba una orden de este tipo. Ciertamente, Borghese lo era y accedió cuando Evola le solicitó el prólogo a “Los hombres y las ruinas”. Por otra parte, Evola, formó personalmente a varias “promociones” de jóvenes, en las ideas del tradicionalismo. Las enseñanzas, impartidas en el domicilio de Evola en Roma, no eran solo teóricas, políticas o históricas. El centro era “la práctica”, la metafísica aplicada a uno mismo: Evola enseñaba un perfecto dominio sobre el yo, cómo alcanzar la estabilidad de la mente, sistemas de relajamiento y concentración adaptados a la finalidad perseguida, y desarrollo de capacidades psíquicas presentes en todos los textos de las distintas doctrinas sapienciales.

Hay dos etapas en el Evola de la postguerra: el Evola de “Los hombres y las ruinas” en donde cree en la posibilidad de una acción metapolítica realizada por los que han sobrevivido a las ruinas de la Segunda Guerra Mundial y de la República Social, sin resultar destruidos y siguen en pie, actuando y agitando contra el Estado espúreo llegado en los furgones de los vencedores y aquel otro Evola que a mediados de los años 60 percibe, antes que nadie, un cambio de tono (la postguerra ha terminado y con ella la carestía, los racionamientos, las destrucciones físicas y se ha inaugurado la era de la abundancia, la opulencia y el hedonismo) y agrupa sus reflexiones en “Cabalgar el Tigre”. Ese Evola ha percibido la imposibilidad de un asalto frontal al Estado, la creciente desproporción de fuerzas y lo lejano que empieza ya a quedar la experiencia bélica, tan traumática como embriagadora, en 1965 la guerra ha concluido 20 años antes… una generación ha pasado. Y, en torno a la nueva generación, empiezan a darse signos y respuestas diferentes. Ha aparecido la “contestación” (que ya se presagiaba desde los beatniks de los años 50 en San Francisco). La aparición de la píldora, la revolución sexual, la crisis generacional, la ciencia, las nuevas orientaciones del arte y de la cultura, de la música, suponen, a la postre, el hundimiento, no del mundo tradicional, sino del mundo burgués. Y, en la medida en que ese mundo burgués se acerca a su final, se abren nuevas posibilidades para los que se sienten exiliados en la modernidad. Así pues, Evola desaconseja atacar al corazón del mundo burgués: éste se hunde por sí mismo; el único problema consiste en que el hundimiento no afecte a las fuerzas que defienden la tradición, las cuales deben “cabalgar el tigre”, es decir, capear el temporal hasta que el “tigre” se detenga, para, entonces, rematarlo.

Generalmente se tiene al Evola de “Cabalgar” como opuesto al Evola de “Los hombres y las ruinas”. No es exacto. En su última gran obra, “Cabalgar”, Evola ofrece soluciones personales, pero en sus últimos artículos sigue manteniendo las mismas posiciones de “Los hombres…”. Si, en lo personal, el rechazo al modelo burgués y la crítica a la sociedad burguesa debe estar siempre presente, la idea de “Orden” debe permanecer como salida comunitaria. No hay partido, tal es la conclusión, sin Orden que la estructure. La vertiginosa situación italiana generada a partir de 1969 y que se prolongó durante casi 15 años, impidió que pudiera constituirse embrión alguno de “orden”, pero el pensamiento de Evola influyó ampliamente en las juventudes del MSI, y especialmente en las organizaciones extraparlamentarias italianas.

Mientras estas reflexiones tenían lugar en Italia, en Francia, se llegaba a conclusiones relativamente similares. En 1965, el fracaso de los Comités Tixier Vignancourt que apoyaron la candidatura a las presidenciales de este partidario de la Argelia Francesa, determinaron la desmovilización de la organización que le había apoyado con más dinamismo y capacidad de atracción: la Federación de Estudiantes Nacionalistas y su publicación “Europe Action”. El fracaso de 1965 impulsar a la FEN a retirarse de la actividad política junto a los exponentes de la “vieja derecha”. La efervescencia ideológica previa a mayo de 1968, y la explosión contestataria que tuvo lugar en ese momento, aceleraron en junio de ese año la aparición de “Nouvelle Evole”, animada por Alain de Benoist y por el núcleo que hasta hoy ha dado vida a la “nueva derecha”.

En aquellos primeros pasos de la ND, Benoist y sus amigos insisten en los aspectos que les diferencian de la “vieja derecha”: si ésta es antialemana, la ND mira sin complejos los productos culturales que proceden de más allá de Alsacia y Lorena; si la “vieja derecha” es católica, la “nueva derecha” será “pagana”. Si una es chauvinista, la otra será europeísta. Si una es acientífica, la ND intentará basar sus posiciones –empezando por el “nacionalismo”- en sólidas bases científicas y su crítica al marxismo se basa en la genética, más que en la denuncia del GULAG. En los 10 años siguientes, la ND ampliará su influencia, hasta que, hacía 1978 se convierte en un fenómeno mediático en el vecino país. Los hechos parecen dar la razón a la ND, porque en esa época, el Front National, languidece, los grupos activistas tienen una influencia reducida y de todo el ambiente no hay noticias en los medios. En ese mismo momento, la ND influye directamente en “Le Figaro Magazine”, dispone de revistas en cuya línea editorial influye decisivamente y Benoist y sus socios, suelen aparecer en tertulias, entrevistas y debates televisados. Sus “universidades de verano” tienen cada vez más eco y logran abrir sucursales en otros países (España con “El Martillo” primero, Ediciones Thor luego y “Punto y Coma”, finalmente; Italia, en torno a Marco Carchi competidor con Fini en la presidencia del Fronte della Giuventú, Bélgica y Alemania, en torno a “Junges Forum”).

Pero el tiempo va pasando y el tiempo tiende a colocarlo todo en su lugar. Todos estos avances no tendrán continuidad ni cristalizarán en nada concreto. De hecho, cuando Le Pen termine la “travesía del desierto”, la influencia de Benoist es mínima en el FN. En Italia, ocurre algo similar. De hecho, el problema consiste en que la razón de ser de la ND consistía en reconocer que se habían perdido anteriores batallas políticas porque se carecía de la preparación necesaria. Así pues, era necesario “prepararse” para futuras luchas. Pero estas nunca llegaban. Como si un entrenador de cualquier deporte insistiera en que sus jugadores se entrenaran continuamente… pero nunca iniciaran el partido. La iniciativa tuvo eco y llamó la atención, mientras Le Pen no despegó. En cuanto lo hizo –y Le Pen era el paradigma de lo que Benoist llamaba “vieja derecha”- la ND perdió fuelle, especialmente cuando, sus cuadros más activos y dispuestos a la acción, se sumaron al lepenismo.

En España, las cosas iban a discurrir por los senderos más impensables. Si bien todos los intentos de creación de una ND fracasaron (en parte por el eclecticismo de “Punto y Coma” y su vinculación… a la derecha liberal, completamente desinteresada por la metapolítica, en parte porque quienes “descubrieron” a Benoist en España, buscaban solo un tema “original” manejado en exclusiva que les diera entrada a algún departamento universitario, o bien, simplemente, por falta de talla intelectual de sus impulsores), la idea de la “metapolítica” estuvo presente durante los años 70. En el fondo, lo que proponía Evola, una derecha tradicional organizada como “orden”, había sido encarnado por algunas formas de carlismo y, por otra parte, en aquel momento, España seguía siendo un país mayoritariamente católico. Aquí no había lugar para “paganismo”, ni para una metapolítica crecida fuera del catolicismo. Pero también en España se vivía la sensación de que las formas políticas y organizativas que se habian ensayado hasta ese momento, no funcionaban: los Círculos José Antonio, eran eso, “círculos”, y, por tanto, unos tenían poca relación con otros a pesar de la común filiación falangista; Fuerza Nueva existía en aquella época (1970-3) solo durante las conferencias de Blas Piñar, pero no existía una estructura organizativa permanente, sino sólo delegaciones de la editorial. Las organizaciones del Movimiento (Guardia de Franco, OJE, Frente de Juventudes, Sección Femenina, Vieja Guardia) languidecían en la inactividad. En esta situación, un pequeño grupo de católicos madrileños, con una mentalidad activista, decidieron organizarse y dar vida a Cruz Ibérica. Su fundador y alma, Fernando Alcázar de Velasco, hijo de un falangista notorio de la primera hora, tenía una innegable agudeza intelectual y podía ser considerado como un pensador católico, tradicionalista y patriota. Alcázar tenía la idea de constituir una “orden militante católica”, con la intención, incluso, de pedir el reconocimiento al Vaticano y un estatuto propio. No eran excesivamente franquistas, muy anticomunistas, criticaban los despuntes liberales del régimen y pensaban en un “marco ibérico”. En aquella época de pobreza intelectual, los textos de Cruz Ibérica, destilaban cierto aroma de sofisticación. Como en el caso de los textos evolianos, los documentos de Cruz Ibérica no estaban dirigidos hacia las masas, sino a élites católicas tradicionalistas dispuestas a la acción.

En hecho de que evidenciaran su componente católica y cierta agresividad en las formas, facilitó el que la prensa los identificara con los Guerrilleros de Cristo Rey, los asimilara a Fuerza Nueva, o simplemente los atacara como a peligrosos integristas. En realidad, algo de peligro si entrañaban. En 1974, Cruza Ibérica lanzó un semanario que llegaba puntualmente a un buen listado de grupos, notables y simpatizantes. Pero en abril de ese año, Fernando Alcázar y el núcleo central de Cruz Ibérica resultaron detenidos tras atracar la central del Banco Atlántico. Beneficiados por las amnistías posteriores a la muerte de Franco, reemprendieron el trabajo político entre 1976 y 1978, cuando la iniciativa se extinguió en el momento en el que ya, Fuerza Nueva se había convertida en hegemónica.

De Cruz Ibérica hoy no permanece ni el recuerdo, pero hay que reconocer el paralelismo y la similitud objetiva que tuvo con la experiencia evoliana. Ambas se desarrollaban sobre el trasfondo de la construcción de una “Orden”, a diferencia de la ND que pretendía, más bien, constituir una “élite intelectual”. La “acción” se excluía en beneficio del entrenamiento para un partido que nunca llegaba.

Las experiencias de estos modelos organizativos y estratégicos indican que, si bien es necesario, un basamento intelectual para la acción, tampoco es precisa una l sofisticación extrema que lleva, inevitablemente, al mero cultivo de la intelectualidad, especialmente, cuando existe –como en la ND- una inhibición de cualquier lucha política. Ahora bien, el modelo evoliano y el de Cruz Ibérica, muestran también limitaciones y la primera de todas es el desconocimiento de las “condiciones objetivas” que impone la realidad: hoy, vivimos la era de las masas, si lo que se asume es la lucha política como necesidad para resolver los problemas de la comunidad nacional, inevitablemente hay que apelar a las masas y, como decía el viejo adagio hermético “lo semejante se une a lo semejante”. Una “orden” difícilmente vivirá los mismos problemas de las masas y muy difícilmente estará en condiciones de atraer a las masas y, mucho menos, de participar en una iniciativa político-militar.

Por otra parte, quienes participan en iniciativas de este estilo, tienden a considerarse a sí mismo “élite”… cuando la élite solamente demuestra ser tal en la “prueba”. La eficacia de una élite se mide por la eficacia de su acción o, en cualquier caso, por el ejemplo que aporta a otros. Aquel que se define como “élite”, miente en el peor de los casos o se equivoca en el mejor. Situados en pleno narcisismo, la autotitulado “élite”, incapaz de realizar “trabajo de masas”, se refugia en los cenáculos restringidos. Hitler, en “Mi Lucha”, había denunciado a estos núcleos “völkisch”, llamándolos “giróvagos”… con lo que, una vez más se demuestra, que no hay nada nuevo bajo el sol.

X. El modelo organizativo del futuro

El repaso de todas estas experiencias nos ha confirmado en lo que decíamos al principio: la relación entre estrategia y organización. A partir de ahora se tratará de establecer una estrategia para el presente para estar en condiciones de definir cómo será la organización del futuro.

Nos enfrentamos a un momento histórico complejo. El sistema surgido de la Europa en ruinas de 1945, parece aproximarse a su fin. Si en 1990, murió Yalta (la división europea en dos bloques), quince años después se percibe el desgaste terminal del sistema político europeo: desconfianza creciente del electorado hacia las opciones tradicionales desde 1945, aumento de la diferencia entre la Europa Oficial y la Europa Real, crisis de crecimiento de la Unión Europea, problemas insuperables generados por la globalización (deslocalización e inmigración), etc. Frente a estos problemas, las opciones políticas tradicionales han adoptado un autismo que, a medio plazo, les llevará necesariamente a la autodesintegración. Porque, el sistema político europeo afronta una cita ineludible: su fecha de caducidad podrá tardar más o menos, pero la tendencia actual señala una marcha inexorable hacia el colapso final.

Esto marca dos tiempos: 1) del momento presente a aquel límite en el cual las instituciones democráticas entren en crisis o no estén en condiciones de responder a las necesidades históricas y 2) a partir de ese momento cuando Europa estará ante una situación de gravedad excepcional. Y esto obliga a prever una estrategia de larga duración que contemple estas dos etapas.

En la primera etapa, la actual, las necesidades son obvias: ganar peso político, objetivo que pasa por una estrategia electoralista. Lo que implica que hay que subordinarlo todo a tal estrategia (imagen, programa, táctica), pero sin perder de vista que, a medida que la situación se vaya agravando, llegará un punto en el que, para avanzar será preciso algo más que una representación parlamentaria y un partido electoralista. Será preciso, en esta segunda fase, una formación capaz de encuadrar y organizar amplias masas populares, capaz de garantizar la autodefensa de las comunidades y esto mucho más cuando que, en la actualidad, el ejército es una entelequia en países como España y no existe la seguridad de que esté en condiciones de poder afrontar, ni una oleada de terrorismo, ni revueltas étnico-religiosas-sociales surgidas de los guetos, ni siquiera responder a amenazas interiores que excedan la capacidad antidisturbios de las fuerzas policiales.

Así pues, el modelo organizativo debe prever las necesidades actuales (electoralistas), pero también el previsible deterioro de la situación (que conducirá a la necesidad de la autodefensa). Y esto implica, a la postre, que el movimiento hoy debe de ser una estructura electoral con capacidad de encuadramiento y movilización, para en una segunda fase, sin abandonar su carácter electoralista, priorizar la capacidad de autodefensa de la comunidad. La perspectiva que tenemos en los próximos diez años, es de hundimiento del sistema político europeo y de la legalidad vigente, con el elemento añadido, de debilidad de las fuerzas de seguridad del Estado y de las fuerzas de Defensa Nacional, para afrontar crisis graves interiores y amenazas exteriores. Porque, de lo que se trata, a fin de cuentas, es de defender la legalidad y la legitimidad, en un momento en el que peligro y la inestabilidad amenacen el estilo de vida y la tradición europea.

Guillaume Faye aludía a los “tiempos fríos” (los actuales, en donde da la sensación de que no ocurre nada) y a los “tiempos calientes” (en los que se precipitan las crisis). En los primeros, resulta muy difícil movilizar a las masas, en los segundos, lo que es preciso es encuadrar y organizar a las masas y de esto se trata precisamente: de avanzar hoy en los “tiempos fríos”, mediante una organización electoralista, pero sin perder de vista, el próximo advenimiento de los “tiempos calientes”, en los que hará falta algo más. Y será entonces cuando la organización deberá mostrar su dureza, su coherencia, su valor para liderar la autodefensa de las masas. Así pues, lo que debemos tener en mente es una organización fácilmente convertible de democrático-electoralista en vanguardia organizada de la nación.

Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es

La sociedad civil movilizada contra Zapatonto

La sociedad civil movilizada contra Zapatonto Redacción.- El PSOE ha probado en dos semanas sucesivas, su propia medicina: también en lo que se trata de pancartas, donde las dan las toman. El PSOE que aprovechó las protestas contra la guerra de Irak y el “Nunca Mais”, ahora recibe una primera andanada de artillería de la calle: la manifestación de la AVT, la de los “papeles de Salamanca” y ahora toca la respuestas de las familias al “matrimonio” gay.

[nuestra posición sobre la "cuestión homosexual" está ampliamente expuesta en nuestro libro LOS GAYS VISTOS POR UN HETERO. Pros y [RE]contras que puede ser solicitado a Editorial PYRE o bien a infokrisis@yahoo.es, al precio de 12,00 euros + 5 de gastos de envío]


De la “crispación” a la fractura

Zapatonto subió al poder, denunciando el “aumento de la crispación” que se produjo en España a partir de la crisis del “Prestige” y que atravesó el último año y medio de gobierno de Aznar. En el fondo, lo que se le puede reprochar a Aznar –además de orientaciones erróneas en política exterior y de priorizar excesivamente el lazo trasatlántico de España (que carecía de tradición y convicción), era que, al menos, Aznar, hablaba con claridad y tenía cierta visión del futuro político: apostó por los EEUU pensando que era el “hermano de Zumosol”… el error, es palpable, pero a nadie se le escapa que al menos la “apuesta” se realizaba sobre una valoración objetiva de resultados. El problema con Zapatonto, es que sus opciones están extraídos del “manual del perfecto progre” al uso de la izquierda desde los años 80, esto es, un compendió de tópicos políticamente correctos, adornados con una verborrea humanitarista y de buen rollito, a la que se une una ignorancia cultural estructural.

Aún sin pretenderlo –por que Zapatonto aspiraba a entrar en la historia como el “hombre que imprimió talante” a la Nación- la “crispación” de ayer se ha convertido en “fractura social” hoy. Hace un año, nadie discutía que las parejas homosexuales tenían perfecto derecho a petarse el culo mutuamente –y con perdón, pero es que así es y a la forma de coito homosexual no hay otra forma de llamarla- sin que los demás tuviéramos por qué juzgarlo. Hoy, hoy en junio de 2005, el seudo-matrimonio gay y la retorcida idea de las adopciones homosexuales, ha suscitado polémicas en la que, ni siquiera los gays integrados en la sociedad, tienen nada que ganar. Gracias a Zapatonto, ayer las reivindicaciones gays causaban menos perplejidad y oposición que hoy. Hace un año y medio, la mayoría social era partidaria de dejar a los gays con sus peculiaridades eróticas, mientras que hoy, la “Ley de Matrimonios Homosexuales” y, especialmente, todo lo relativo a la adopción, es rechazado por buena parte de la sociedad. Lo que, en principio, debía ser un guiño hacia una bolsa electoral (el 3-5% de homosexuales), se ha convertido en un elemento de movilización antisocialista.

Es evidente que el “matrimonio gay” es un tema “menor” en relación al eje central de la política socialista: abrir debates sobre la articulación de España, sin saber a donde conducirlos o sin tener opinión propia sobre el tema. Pero el caso del tratamiento de la cuestión homosexual, es el fiel reflejo de la incapacidad de Zapatonto para resolver problemas de la comunidad, antes bien, de su talento innato para generar problemas donde no los hay y llegar la fractura social allí donde antes no existía, ni siquiera, crispación.

Pepeteros en el armario… o la “mariconada” en acción

La existencia de un “colectivo popular gay” siempre ha llamado la atención. Siempre hemos sabido que en la derecha había tanta homosexualidad, como mínimo, que en la izquierda. Lo que ocurre es que el “gay de derechas”, da la sensación de que, socialmente, está integrado; tiene sus afinidades sexuales y ni él se preocupa de la sexualidad de los otros, ni tenía aspiraciones a convertirse en “redentor” de los reales o supuestos gays “oprimidos”, y, finalmente, para él, los valores de la “derecha” (orden, autoridad, liberalismo, España), eran anteriores y superiores a sus valores individuales en tanto que gays. Pues bien, no era así.

Si bien el PP madrileño toleró –e incluso en el caso de Gallardón- consideró acertada la constitución de un colectivo homosexual vinculado al partido, nadie esperaba que, finalmente, los gays del PP, terminaran chantajeando de la peor manera concebible a su propio partido.

La voz popular tiene un modismo para aquel que realiza acciones traicioneras inesperadas y por la espaldas. A eso se le llama “hacer mariconadas”. En este caso, los gays del PP han realizado, lo que, en rigor, no es otra cosa que una “mariconada” (y perdón, por el uso de palabras argóticas en este artículo, pero siempre que se alude a lo gay se ronda la marginalidad, se busque o no). O ¿cómo hay que llamar a esa amenaza poco velada de los gays pepeteros de denunciar a los miembros de la dirección y de su ejecutiva que “no han salido del armario”?

A decir verdad, esta absoluta traición y chantaje evidencia que un gay, por encima de cualquier otra opción colectiva es, ante todo y sobre todo, gay. Al menos, por lo que se refiere a los miembros del citado colectivo gay del PP. El error del partido es no haber apelado a la coherencia. De la misma forma que discutir sobre si un sacerdote tiene derecho a llevar una vida sexual plena, es un absurdo por la sencilla razón de que, al asumir los hábitos y la tonsura, se asumen también unos valores y unos compromisos, entre cuales está el celibato… la militancia en un partido de derechas debería de dejar claro que, aún existiendo lugar en ese partido para gentes con orientación gay… el concepto de “normalidad” que defiende, es HETEROSEXUAL. En otras palabras: el error del PP y allí –mira por donde- se la han metido doblada (una vez más disculpas), es en la organización de un círculo gay dentro del PP que, finalmente, debería de evidenciar que para ellos las reivindicaciones gays (incluso la más desmadrada e inaceptable de las adopciones) está por encima de la política del partido. La dirección del PP debería dejar de jugar a lo políticamente correcto y de cortejar al 3-5% de voto gay y poner en la tesitura a éste y a cualquier otro militante gay que, su opción sexual no interesa en absoluto al partido, y que éste sostiene defiende y asume una orientación social HETEROSEXUAL (¿por qué es así? Suponemos…).

A la tercera… va la vencida

Primero la sociedad civil se movilizó en apoyo de las víctimas del terrorismo. Y Zapatonto dijo que, muy bien, pero que su pulso no temblaría a la hora de ceder lo que hubiera que ceder para que ETA dejara de matar. Luego fue la manifestación de Salamanca, tras la cual, lo que la áspera meseta de Castilla defendió fue la unidad de España. Y Carod protestó porque le habían propuesto para el paredón. El sabe perfectamente que se trataba de una frase tan coloquial como improbable. Y sabe también que hacerse el mártir, con o sin corona de espinas, rinde beneficios electorales en Catalunya. Hubiera debido de “crisparse” lo mismo Carod cuando sus militantes llamaban “asesino” a Aznar, o cuando ellos o otros colocaban la gaviota del PP en el objetivo dibujado al estilo ETA. En el fondo, el disgusto afectado de Carod, jaleado por todos los medios que apuntalan la imagen del pelele de Zapatonto, no tenía como fin sino distraer del referéndum popular celebrado en las calles de Salamanca: PEDIR LA UNIDAD DEL ARCHIVO, ES DEFENDER LA UNIDAD DE ESPAÑA, PEDIR EL RETORNO DE LOS “PAPELES DE SALAMANDA” –dejando aparte las consideraciones archivísticas según las cuales un archivo es solo archivo en cuanto tiene originales, no fotocopias, diapos o microfilms- ES APOYAR EL PROCESO DE CENTRIFUGACION NACIONAL.

Si la política antiterrorista que supone una rotura del consenso que llevó al Pacto Antiterrorista, fue contestada por cientos de miles de manifestantes –¿para qué intentar cuantificar si fueron 250, 500 ó 750.000?- que pedían NO A LA NEGOCIACION CON ETA, NO A LA POLITICA DE LA RENUNCIA PREVENTIVA Y DEL BUEN ROLLITO CON EL TERRORISMO, CUMPLIMIENTO COMPLETO DE CONDENAS, a la semana siguiente lo que Salamanca y Castilla dijeron fue SI A LA UNIDAD DEL ESTADO Y NO A LA CENTRIFUGACIÓN NACIONAL LLEGADA CON ZAPATONTO.

Ahora queda el tercer frente en el que Zapatonto movió ficha: el de las reivindicaciones gays. Las asociaciones familiares, puestas en marcha, apoyados desde las parroquias, parece que, junto a los españoles que todavía no han perdido el sentido común, se manifestarán el próximo sábado. Esta tercera manifestación promete, como mínimo, ser tan populosa como las demás. Veremos si el gobierno Zapatonto consigue también permanecer de espaldas a esta realidad.

En tres semanas, el gobierno ha demostrado que ha perdido, no solo fuelle en las encuestas del CIS –es decir, en las encuestas cocinadas por el CIS- y está en un empate técnico que, supone, en la práctica una derrota- sino que ha perdido la iniciativa en la calle que obtuvo, fraudulentamente entre el 12 y el 14-M y que, fugazmente volverá a tener el próximo 2 de julio, Día del Orgullo Gay, cuando vuelva a salir a la calle, ese cortejo de drags, travestidos, transexuales o niños de mirada lánguida con ganas de exhibicionismo y fiesta homofila… ¿y esa es toda la movilización popular que puede conseguir el PSOE en año y medio de gobierno? ¿va a tener que esperar al día del orgullo gay para decir, con los gays, “esta boca es mía”?

Digámoslo ya: este gobierno, en estos momentos, carece de base social, tiene, como máximo, una base electoral inercial que siempre ha votado PSOE y que, con una cerrilidad ilimitada, volverá a hacerlo, cuenta, así mismo, con unos cuantos miles de feminitudas y de gays agradecidos por la “apuesta personal” de Zapatonto. ¿Y…? En el País Vasco, el PSOE está escindido en la práctica; en Catalunya, el PSC sufre los primeros achaques y la rotura del estalinismo impuesto entre ginebra y ginebra por el presidente, de momento, la escinsión ya se ha exteriorizado e, incluso, en la cuestión de las bodas gays y las adopciones, senadores del PSC ya han dicho en voz alta que votarán contra la ley; en Extremadura la posición de Ibarra es clara: no a la centrifugación y… ¿sobre los gays? Ibarra mejor calla antes de decir la animalada que todos esperamos. Hasta Chávez ha dado el primer aviso: “Catalunya no es una nación”. Y Bono, ya se sabe que escarba la ideología de Calvo Sotelo para encontrar anclajes a su inspiración… El PSOE, en definitiva, vive horas bajas, horas de desintegración anunciada, cuya primera fase ha sido la pérdida de cualquier influencia en la calle y la dislocación de su base social.

Nos sumamos entusiásticamente a la manifestación en defensa de la familia. No hay más familia que la familia heterosexual, no hay más finalidades de la familia que el gozo de la pareja y la continuidad del linaje y de la especie. Por eso estaremos en Madrid y por eso, animamos a todos nuestros amigos y lectores, a todos los navegantes que hayan recalado en este blog, a tener el valor de decir NO, bien alto, al disparate hecho política y que Zapatonto ha transformado en su tradicional forma de gobierno.

Queda la cuarta manifestación.

Estas tres manifestaciones evidencian el desgaste de un gobierno que debe su cargo, no a los votos, sino a las bombas criminales y asesinas del 11-M y al apoyo del Club de Perpignan. Estas tres manifestaciones evidencian tres respuestas a las líneas de fractura de la política gubernamental: la lucha antiterrorista, la centrifugación nacional y las políticas de ataque a la familia. Pero aún queda un cuarto frente de lucha.

En estos 16 meses de disparates continuados, sin duda, la regularización masiva de inmigrantes, que ha estremecido a toda Europa y le ha obligado a tomar medidas cautelares, es la que va a tener un mayor impacto social en los próximos años. SE HAN REGULARIZADO A MÁS INMIGRANTES DE LOS QUE EL MERCADO DE TRABAJO PUEDE ADMITIR y EN UN MOMENTO DE INESTABILIDAD ECONÓMICA. A nadie se le escapa –solo a Zapatonto, Calderilla y la Consuelo Rumiante- que ÉSTE ERA EL ELEMENTO QUE FALTABA PARA DESTROZAR EL MERCADO DE TRABAJO Y ATENTAR CONTRA LOS INTERESES, LOS DERECHOS, LA ESTABILIDAD Y LA TRANQUILIDAD DE LAS CLASES MÁS MODESTAS.

De ahí que digamos: HACE FALTA UNA PROTESTA MASIVA, UNITARIA Y POR ENCIMA DE CUALQUIER SIGLA, EN CONTRA DE LA INMIGRACIÓN MASIVA, EN CONTRA DE LA POLITICA DE CONTINUO ESTIMULO AL EFECTO LLAMADA, CONTRA LA POLÍTICA DE APERTURA AL ENEMIGO DEL SUR, CONTRA LA MANO TENDIDA A QUIEN HA LLENADO NUESTRO PAÍS DE CHORIZOS, TERRORISTAS Y DELINCUENTES, A QUIEN PERMITE QUE LOS TRABAJADORES QUE HAN EMIGRADO PARA TRABAJAR, SE CONFUNDAN CON LEGIONES DE DELINCUENTES SALIDOS DE TODOS LOS ESTERCOLEROS DEL MUNDO, Y QUE CONFLUYAN SOBRE NUESTRO TERRITORIO. NO SOMOS SOLO NOSOTROS, ESPAÑOLES, SINO TAMBIÉN AQUELLOS INMIGRANTES QUE HAN LLEGADO AQUÍ PARA TRABAJAR, LOS QUE DEBEMOS DE PROTESTAR CONTRA LA LEY DEL MENOR, CONTRA LA LEY DE INMIGRACIÓN Y SU REGLAMENTO, CONTRA LA POLÍTICA DE CONCESIONES DEL PSOE A LA INMIGRACIÓN, Y LA DENEGACIÓN DE ESOS MISMOS DERECHOS A NUESTRA GENTE, CONTRA LOS QUE HAN SABOREADO LA ENSEÑANZA PÚBLICA, HAN LLEVADO LA VIOLENCIA A LAS AULAS Y A LOS BARRIOS, CONTRA LOS QUE LOS HAN TRANSFORMADO EN GUETOS Y CONTRA LOS QUE PREDICAN DESDE MEZQUITAS SUBVENCIONADAS CON CARGO A LOS PRESUPUESTOS GENERALES, EL ODIO Y LA REVANCHA, LA RECONQUISTA DE AL-ANDALUS Y EL ASESINATO DE “INFIELES” Y “CRUZADOS”…

Seamos claros: no hay movilización popular en torno a la inmigración POR QUE TODAVÍA NO SE HAN FORMADO COMITES LOCALES, PROVINCIALES, REGIONALES, DE GENTES, SIN DISTINCIÓN DE PARTIDO NI DE CREENCIA POLITICA, QUE LUCHEN POR LA CONTENCION DE LA INMIGRACIÓN MASIVA E ILEGAL.

Está claro que el PP está atemorizado ante este conflicto… por que, en buena medida, ha larvado bajo su mandato. Desde 1996 hasta 2004, España pasó de 500.000 inmigrantes a 3.500.000. Realmente poco, por que en apenas un año ha pasado a 5.000.000… Está claro que en este terreno, el PP se mueve con inseguridad, teme, de un lado, el ataque de los “políticamente correctos” que se lanzarán a degüello en el momento en que algún militante del PP enarbole la NECESARIA bandera de la lucha contra la inmigración ilegal y masiva. Pero está también claro, que el PSOE es culpable y que desde la reforma de la ley de extranjería de 1999, SIEMPRE se ha manifestado a favor de la INVASIÓN.

Así pues, es la sociedad civil la que debe movilizarse, a partir de ya. Y por eso llamamos a todos los militantes organizados y a los ciudadanos conscientes a CONSTITUIR COMITÉS POR EL CONTROL DE LA INMIGRACION MASIVA en sus localidades, por encima de partidos y de asociaciones, de cara a una MOVILIZACION NACIONAL PARA FRENAR LA PERDIDA DE IDENTIDAD DE ESPAÑA Y LA ALTERACIÓN DE NUESTRO SUSTRATO ANTROPOLÓGICO Y CULTURAL.

Estamos asistiendo a la mayor mutación social, étnica, religiosa y antropológica que se ha vivido en país alguno. En apenas 8 años, nuestro país ha incorporado a un 12-14% de población alógena. No es raro que la sanidad, los servicios públicos, la enseñanza, la seguridad ciudadana, las cárceles, los servicios asistenciales, el suministro eléctrico, todo, absolutamente todo, esté sobresaturado por un crecimiento inesperado, brusco y ante el que no estábamos preparados.

EL CUARTO GOLPE, EL GOLPE QUE DEBE DE TERMINAR MOVILIZANDO A LAS CLASES POPULARES –QUE EN BUENA MEDIDA HAN SIDO VOTANTES DEL PSOE- DEBE ASESTARSE EN EL TERRENO DE LA INMIGRACIÓN. Hoy, el 75% de la población considera que sólo deben de venir inmigrantes con contrato de trabajo, el 60% ve a la inmigración como problema, el 67% opina que hay demasiados inmigrantes… EL CUARTO GOLPE, EL DEFINITIVO, EL GOLPE A LA MAJADERÍA HECHA POLÍTICA, A LA DEBILIDAD TRANSFORMADA EN FORMA DE GOBIERNO, DEBERÁ DARSE EN EL TERRENO DE LA INMIGRACIÓN.

La necesidad de una política antiterrorista, de acorralamiento total y sin perdón, a los asesinos…

La necesidad de realizar la unidad del Estado, frente a las veleidades de centrifugación nacional…

La necesidad de defender a la familia y a la procreación como una forma de defender la estabilidad de la propia sociedad…

TODO ESTO TIENE COMO COMPLEMENTO, LA NECESIDAD DE UN CONTROL Y UNA CONTENCIÓN RIGUROSA DE LA INMIGRACIÓN, DE LA REFORMA DE LA LEY DEL MENOR, DE LA REPATRIACIÓN DE INMIGRANTES SIN TRABAJO, DEL ENCARCELAMIENTO POR CUALQUIER DELITO, SEGUIDO DE LA EXPULSIÓN PARA QUIENES HAYAN DELINQUIDO… Y EL CIERRE DE FRONTERAS PARA EVITAR EL COLAPSO DEL ESTADO, LA FORMACIÓN DE GUETOS Y DE BANDAS TRIBALES EN NUESTROS BARRIOS.

Y EN ESTE TERRENO, HOY, NO HAY NI UNA AVT, NI UN AYUNTAMIENTO DE SALAMANCA, NI UNA ASOCIACIÓN FAMILIAR, QUE NOS VAYA A SACAR LAS CASTAÑAS DEL FUEGO: O NOS MOVEMOS Y MOVILIZAMOS A LA SOCIEDAD CIVIL EN ESTE TERRENO Y CONVERTIMOS, LA INMIGRACIÓN, DE TEATRO FAVORITO DE ZAPATONTO PARA SUS DEMAGOGIAS Y TALANTES, O BIEN, LA OFENSIVA CONTRA EL DESGOBIERNO, VA A SER INCOPLETA.

[nuestra posición sobre la "cuestión homosexual" está ampliamente expuesta en nuestro libro LOS GAYS VISTOS POR UN HETERO. Pros y [RE]contras que puede ser solicitado a Editorial PYRE o bien a infokrisis@yahoo.es, al precio de 12,00 euros + 5 de gastos de envío]

© Ernesto Milá – infokrisis –infokrisis@yahoo.es

La esclerosis política obliga a trabajar sobre la sociedad civil

La esclerosis política obliga a trabajar sobre la sociedad civil Redacción.- Fractura entre la clase política y el “país real”, alejamiento creciente de los intereses de los partidos políticos de los de la sociedad, desconfianza de la sociedad hacia los partidos y hacia sus cúpulas, creciente absentismo electoral, todo esto conforma un fenómeno a tener en cuenta por quienes aspiramos a incidir sobre la realidad. En la práctica nos obliga a volcarnos sobre la sociedad civil y tratar de movilizarla para poder alcanzar peso específico. Hoy no puede haber otra consigna más que la de vertebrar, movilizar y despertar a la sociedad civil.

Frecuentemente, se achaca a los partidos llamados “patrióticos” una falta de iniciativa, a causa de su desunión. Negativo. El error consiste en considerar solo un factor meramente “cuantitativo”, cuando en política, de lo que se trata es de “cualidades”. La “cualidad” arrastra a la cantidad. La cantidad, no deja presuponer la calidad. El frente de los mediocres seguirá teniendo la misma capacidad de arrastre que cada una de sus partes, aisladas. El “efecto multiplicativo” de la unidad, solamente se genera en torno a una justa línea política y a una estrategia lúcida. Pero la unidad, por sí misma, no genera absolutamente ningún fenómeno relevante, especialmente cuando sus partes son excesivamente pequeñas para aportar juntas masa crítica suficiente.

En el presente estudio lo que pretendemos es abrir un debate de tipo estratégico-organizativo sobre las características del movimiento político futuro.

Las enseñanzas históricas

La historia pasada no es una garantía de nada, pero si facilita un catálogo de experiencias.
Y la historia dice: CUANDO LAS VÍAS POLÍTICAS ESTAN CERRADAS, NO HAY PROBLEMA, SINO PUEDE TRABAJARSE EN EL TERRENO POLITICO, SE TRABAJA EN EL DE LA SOCIEDAD CIVIL

Pregunta inmediata: - ¿Están cerradas hoy las vías políticas?

Respuesta: - EN BUENA MEDIDA LA POLITICA NOS ESTA VEDADA y, parte de nuestros fracasos se deben, fundamentalmente, a que hemos insistido en intentar horadar un territorio protegido con un muro excepcionalmente espeso, ante el cual, todos los esfuerzos estaban –no solo en España, sino en toda Europa- condenados al fracaso.

Pregunta: Pero en Francia con el Front National, en Flandes con el Vlaams Block, en Austria con el FPÖ, etc. ¿no se han producido irrupciones “populistas” en el terreno político?

Respuesta: - Si, efectivamente, pero no es en éste en donde se dirime hoy lo esencial. Las clases políticas surgidas de 1945 han asegurado un sistema cerrado en el que las “terceras fuerzas” son mal acogidas y donde, finalmente, tal como demostró el caso francés en los años 80, cualquier aproximación de un partido alternativo a las esferas de decisión, es inmediatamente bloqueada por reformas inmediatas abordadas por los partidos mayoritarios. El poder, digámoslo ya, es un club en el que sus dos socios, obstaculizan el ascenso a terceros.

Pregunta: - ¿Quiere esto decir que hay que descartar las elecciones democráticas como elementos estratégicos?

Respuesta: - No exactamente, lo que se quiere decir, es que Europa vive un momento de tal gravedad que resulta extremadamente peligroso confiar toda la estrategia en el mero electoralismo. Está claro que una representación municipal, parlamentaria, autonómica y europea, es algo a perseguir… pero no puede ser el único objetivo, Es más, en España, por ejemplo, es un objetivo secundario en relación al objetivo principal.

Pregunta: -¿Y cuál es ese objetivo principal?

Respuesta: - TOMAR LA INICIATIVA EN LA SOCIEDAD CIVIL. Esa sociedad civil ha sido abandonada por los partidos mayoritarios, ha sido masacrada en los años del socialismo y ha dormido en los años del PP. Pero sigue ahí y seguirá siempre, en la medida en que las poblaciones afrontan los problemas del día a día con una desconfianza creciente hacia la clase política. De lo que se deduce una nueva estrategia: ARRAIGAR EN LA SOCIEDAD CIVIL PARA REALIZAR UNA MARCHA DESDE AHÍ A LA POLÍTICA INSTITUCIONAL. Cualquier partido –ni siquiera el Front Nacional o cualquier otro- que no haya conseguido arraigar fuertemente en la sociedad civil, corre el riesgo de desaparecer tras la desaparición de su líder o bien cuando el “voto útil” altere una convocatoria electoral.

En los años del franquismo, Santiago Carrillo, mejor que cualquier otro, comprendió que era preciso liquidar la guerrilla y el maquís, deshacerse de los cuatros inútiles para el trabajo que se abría y era mejor convertirlos en mártires que ponerlos al frente de células civiles que, inevitablemente, no funcionarían en la medida en que sus dirigentes tenían experiencia “militar” y terrorista, pero no política. Hay que reconocer al Santiago Carrillo de finales de los 50 y principios de los 60, el haber tenido la lucidez y la inflexibilidad gélida propia del estalinismo, para enviar a morir a sus camaradas inútiles en la nueva fase, sacrificarlos y, además, lograr que el tiro de gracia, no lo diera él, sino la policía franquista. Desde Comorera a Julián Grimau, comisario con manos teñidas de sangre, enviado “marcado” a España, detenido y fusilado, no por su militancia comunista, sino por sus crímenes durante la guerra.

Santiago Carrillo, ese anciano que pontifica en las tertulias de la SER, ese residuo de los peores crímenes de guerra, fue, hay que reconocerlo, el genial líder político, que durante el franquismo estructuró el más sólido aparato político clandestino que haya conocido la historia reciente de España. Carrillo fue el primero, entre todos los líderes de la oposición democrática, en percibir que si era imposible derribar al franquismo mediante un ataque directo, era, sin embargo, mucho más simple, horadar su estructura interior. Los agentes de Carrillo, a principios de los años 60, construyeron, a partir de núcleos mineros asturianos, el mayor sindicato clandestino, Comisiones Obreras, que en pocos años, logró penetrar en la estructura de los sindicatos verticales franquistas. Convirtió a la Iglesia en un gruyere y a cientos de parroquias, en locales de la estructura paralela del Partido Comunista. Transformó las “Comisiones Obreras de Barrio” en el formidable movimiento asociativo vecinal de principios de los años 70 y, finalmente, consiguió que, hasta en el último colegio profesional, en la última universidad, en el último núcleo de la inmigración española, existiera una presencia activa de cuadros comunistas liderando la lucha contra el franquismo. El franquismo había cerrado las puertas de la política al PCE y a la oposición democrática, pero eso importaba poco: si el PCE mantenía el control sobre la sociedad civil, era evidente, que, a partir de ahí, podría forzar la “ruptura democrática” o bien realizar –como ocurrió- la “transición” de manera ventajosa, ante el primer síntoma de debilidad del sistema. Estos síntomas menudearon a partir del asesinato de Carrero Blanco y de la muerte de Franco. A mediados de los 60, otros núcleos orbitados en torno a la “oposición democrática” y satelizados, en la práctica por el PCE o el PSUC, adoptaron idénticas estrategias. Fueron los años en los que Jordi Pujol proclamó que “no es el momento de hacer política, es el momento de hacer país”. Por “hacer país” entendía estructurar a la “sociedad civil”…

Todas estas enseñanzas, no tan remotas en el tiempo, deben servir de algo. Máxime cuando, si bien existen unas circunstancias políticas diferentes y un régimen de libertades políticas que no existió en el franquismo, lo cierto es que hoy existe una desvinculación profunda entre la clase política y la sociedad, entre la “España oficial” y la “España real”.

La reciente experiencia nos dice: El “frente mediático” se ha demostrado imposible de taladrar. Quien paga, manda, y las campañas electorales las pagan los grandes partidos, luego, en período electoral, la única información susceptible de ser colocada en un medio de comunicación sobre un partido alternativo es aquella que le desprestigia. Así de sencillo. Desde los medios de derechas a los de izquierda, el “frente mediático” tiene una respuesta unánime y acepta con fidelidad perruna las sugerencias de sus “clientes”, los partidos mayoritarios: “no hables de los menores, que yo pago tus facturas”.

Por tanto, todo lo que no sea, coagular un fuerte movimiento de protesta popular que, en momentos electorales, cristalice sobre una sigla particular, es un trabajo inútil, testimonial, residual y condenado al fracaso.

Una de las condiciones objetivas que crean una situación favorable para el desmantelamiento de un régimen es el descrédito de los portavoces del sistema, es decir, de la clase política. Hoy, ese descrédito es todavía mayor que el vivido en los últimos años del franquismo. Tiene gracia que en 1972, en algunas zonas del Barrio de El Carmelo se agrietaran algunas casas al construirse el túnel del Carmelo. Veintitrés años después, ¼ parte del barrio se ha hundido, al construirse el metro. El paralelismo es asombroso, pero en 1972, ni siquiera el fuerte movimiento vecinal que existía en la zona encontró muestras de corrupción administrativa, aunque si pudo centrarse en un modelo de desarrollo municipal erróeno y criticable. Hoy, el Carmelo se ha hundido por que una clase política corrupta y corruptora, extendida a la totalidad de los partidos, ha extendido el cobro del racket del 3%-mínimo, a cualquier actividad. Llama la atención que la comisión, prontamente creada por el Parlament de Catalunya, haya sepultado el tema del 3% en el olvido y que el propio Maragall entre cubata y cubata, haya podido decir que se “ha restablecido la normalidad”, la normalidad de la corrupción…

El Carmelo no es un caso único: es la enésima muestra de que nunca como hoy hemos tenido tantos niveles de representación y nunca como hoy nos hemos sentido tan indefensos. Nosotros, esto es, la sociedad civil. Ni uno solo de esos escalones representativos ha sido capaz de hacer nada contra las bandas étnicas, nadie ha hecho absolutamente nada para contener la precariedad del empleo, el encarecimiento de la vivienda, la inseguridad ciudadana, el desastre de la enseñanza pública, ABSOLUTAMENTE NADA. Y casi mejor que no se muevan mucho, por que cuando el “legislador”, legisla… es para echarse a temblar: el Código Penal, la Ley del Menor, la Ley de Extranjería y decenas de leyes autonómicas de las que solo se acuerda el redactor del BOE y los de le los 17 BOES autonómicos, son solo algunas muestras de que cualquier situación es susceptible de empeorar en cuanto la clase política decide hacer algo para “remediarla”.

En estas circunstancias, lo realmente sorprendente es que la gente se tome la molestia de sacrificar un día de playa, de sky o de telebasura, yendo a votar. No es raro que en el pasado referéndum sobre la Constitución Europea, más del 50% del electorado, no acudiera a las urnas y que la inmensa mayoría de quienes lo hicieron, votaron sin saber exactamente qué es lo que aprobaban. Un sistema así, que, además se autoprotege, con listas cerradas y bloqueadas, es un sistema no-democrático, y no-representativo, condenado a ver como la brecha entre la sociedad civil y la sociedad política se va ensanchando.

La existencia actual de esta brecha se percibe cuando las estadísticas nos cuentan que el 76% de la población solamente quiere que permanezcan en España inmigrantes con puesto de trabajo… mientras que la clase política deshoja la margarita habilitando presupuestos sin cesar para acoger a sin papeles en lugar de repatriarlos expeditivamente y cortar el efecto llamada. En el País Vasco sólo ¼ parte del electorado quiere la independencia… lo que no es óbice para que el 75% de la clase política vasca aspire a negociar un nuevo estatuto con un techo autonómico más próximo al umbral de la independencia. Y en Catalunya, cuando solamente un 20% de la población dice desear de manera muy vaga un nuevo estatuto y el resto niega que Catalunya sea una “nación”, el 100% de la clase política acuerda que habrá nuevo estatuto y que en él figurará que Catalunya es “una nació”… Mientras la sociedad pide mano dura contra la delincuencia, los parlamentarios dan a luz leyes como la del menor que garantiza un proteccionismo suficiente para crear el caldo de cultivo para todo tipo de bandas étnicas. Y así sucesivamente: todo esto son muestras de algo que nuestra clase política se puede permitir: estar desvinculada de los intereses de la población.

Diferente sería si la sociedad civil reaccionara y se plantara diciendo: ¡¡ALTO, HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO!!, LOS PARTIDOS POLÍTICOS PUEDEN ARROGARSE REPRESENTATIVIDAD CUANDO CUMPLEN SUS PROGRAMAS, CUANDO ATIENDEN LAS OPINIONES Y LAS NECESIDADES DE LA POBLACIÓN, CUANDO MUESTRAN EFICACIA EN LA GESTION, Y NO POR EL MERO HECHO DE TENER UNOS RESULTADOS MAS O MENOS BUENOS CADA CUATRO AÑOS EN UNA CONSULTA PUNTUAL EN LA QUE NADA LES OBLIGA A RESPETAR LA INTENCIÓN DEL VOTO QUE RECIBEN.

Es la sociedad civil la que hay que movilizar, tratar de hacerse un hueco en una sociedad política, progresivamente aislada y desvinculada de los intereses generales, explica el porqué las consignas políticas lanzadas sobre esa sociedad, caen en la indiferencia o recogen apenas el favor de minorías demasiado exiguas como para alcanzar masa crítica necesaria para pesar políticamente.

Pero ¿qué es hoy la sociedad civil?

Se entiende por “sociedad civil” el ámbito en el que el conjunto de asociaciones, instituciones, estados de opinión, grupos sociales, personas, pueden alcanzar sus fines y objetivos propios. Para Antonio Gramsci, existen dos realidades que abarcan las relaciones económicas, la Sociedad Política y la Sociedad Civil; la segunda está constituida por las instituciones que reúnen a los individuos y están destinadas a producir un consenso: la escuela, los medios de comunicación de masas, las instituciones religiosas, etc. Desde una perspectiva marxista, podríamos decir que, en esta última concepción, la Sociedad Civil se sitúa entre el Estado y el Mercado.

En 1979 el sistema que se gestó del consenso constitucional puede ser llamado, con propiedad, PARTITOCRACIA. La partitocracia es el poder omnívoro de los partidos mayoritarios que se reparten todas las esferas de poder. EL GRAN ADVERSARIO DE LA PARTITOCRACIA ES LA SOCIEDAD CIVIL. No es raro que, cuando cesaron las convulsiones de una transición realizada a martillazos y que costó –contrariamente a la mitología oficial hoy dominante- innumerables trastornos a la sociedad española en todos los terrenos, el PSOE abordara la demolición sistemática de la sociedad civil que pasó por la domesticación de algunos sectores a través de las subvenciones y por la disolución de los canales de diálogo entre la sociedad civil y la sociedad política. Los mismos sindicatos, una parte importante de la sociedad civil, terminaron por convertirse en un estado mayor de trabajadores privilegiados y funcionarios con la panza contenta. La economía del pelotazo, la doctrina del “desencanto”, generaron un repliegue a lo individual, que deshizo franjas enteras de la sociedad civil. El mismo movimiento vecinal que hasta ese momento, había mostrado una vitalidad inigualable se convirtió en un cadáver con rostro asistencial. Para colmo, en los años del PP, paradójicamente, en lugar de promocionarse una sociedad civil digna de tal nombre, se amamantó, una vez más, gracias a las ubres del Estado, a todo un entramado de ONGs pacifistas, ecologistas, feministas, gays, antiglobalizadoras, que terminaron por revelarse contra la misma mano que los alimentó, en las jornadas de protesta previas a la invasión de Irak. No es que Roma no pagara a traidores, es que, en este caso, Roma financió a Cartago…

Y así llegamos al momento actual en el que, una vez más, la sociedad civil es un área inorgánica y completamente desarticulada. Pero no hay que olvidar la gran capacidad de cristalización de la sociedad para afrontar determinados problemas que afectan directamente a la ciudadanía. Hemos visto, como rápidamente, en apenas horas, barrios enteros, ciudades enteras, se han movilizado en defensa de sus intereses: hemos visto a Elche en rebelión en defensa de la industria del calzado; hemos visto a Hospitalet de Llobregat movilizado en defensa de la seguridad ciudadana; vimos en El Ejido hasta donde llegó la protesta popular contra tres asesinatos realizados por magrebíes en apenas 10 días, hemos visto incidentes en Premiá, en La Almunia, en Tarrasa, en Villaverde, en Torrejón, en Getafe… En horas, parece como si en estas ciudades se hubiera tocado a rebato en defensa de sus intereses.

El riesgo de este tipo de movilizaciones es precisamente su espontaneísmo: frecuentemente, cuando hemos participado en estas movilizaciones, nos ha tocado realizar un trabajo de freno de la ira popular, nos ha tocado pacificar y tranquilizar a unas poblaciones que querían tomarse la justicia por su mano, nos ha tocado llamar a la calma, pero también a la firmeza y a la resistencia pacífica. Nos ha tocado, en definitiva, encarrilar estas movilizaciones, allí donde hemos podido, por el camino de la protesta pacífica y del respeto a la legalidad vigente. Y, al mismo tiempo, hemos podido ver como, cuando la policía intentaba identificar a nuestros militantes, la población los rodeaba y salía en su defensa, increpando a la policía que no éramos nosotros los que poníamos en riesgo la seguridad ciudadana, sino las legiones de bandas étnicas que operaban desde los parques y plazas vecinas. Y hemos visto, como la policía daba la razón a los vecinos y como las protestas vecinales tenían como resultado reforzar temporalmente la vigilancia y erradicar la delincuencia de esa zona, al menos temporalmente.

Pero estos casos nos han enseñado la inmensa capacidad de respuesta que tiene nuestra población. Miente quien dice que nuestro pueblo está dormido: nuestro pueblo es como un gigante dormido, un gigante que cuando despierta, barre obstáculos y destroza al adversario. El tiempo está llegando de que la movilización de la sociedad española haga aquello que la clase política no está en condiciones de hacer porque no entra dentro de la defensa de sus intereses.

Si durante los años de la transición, del socialismo y de la derecha, el objetivo de los partidos mayoritarios ha sido desmovilizar a la sociedad civil para priorizar la partitocracia, el l objetivo de los patriotas hoy no puede ser otro que el de movilizar a la sociedad civil para crear un destino nacional

De los actuales partidos hacia la sociedad civil

Vamos a resumir el drama al que nos enfrentamos: vivimos momentos de importancia desconocida hasta ahora. Un necio, con una dotación intelectual que jamás le hubiera permitido ser algo más candidato suplente a concejal de una remota pedanía en el más remoto y olvidado pueblo de España… es hoy presidente del gobierno. A su lado, los Aznar, los Felipe González, los Calvo Sotelo y los Suárez, pueden ser considerados en rigor “grandes estadistas”. No es raro que, el propio González haya podido hablar del “proceso de centrifugación nacional” que vive España en la actualidad. Ese proceso ha sido acelerado por el hecho de que José Luís Rodríguez Zapatero, desertó de su puesto en la pedanía olvidada y quiso hacer realidad su “sueño”: pasar a la historia de España. De momento, día a día, está pasando a la crónica de sucesos. Pero esto es lo que hay y la sociedad política se niega a reconocer la incapacidad manifiesta del presidente de Gobierno para dirigir los asuntos nacionales. Pero, en pocos meses, ni la cobertura mediática de PRISA, podrá salvar a Zapatonto del hundimiento personal y político. Harina de otro costal, es si la sociedad española y el tejido nacional podrá soportar el desgarro y los costurones de este período, sin duda, el más oscuro de la reciente historia de España, después de la Guerra Civil a la que Zapatatonto tanto ama referirse.

El drama consiste en que, a medida que pasa el tiempo, cada vez hace más falta un movimiento de regeneración y reconstrucción nacional… por que la tarea de demolición del Estado (por activa y por pasiva) se ha ido acelerando en el curso del primer año de gobierno de Zapatonto. Pero el drama estriba en que, si bien ese movimiento es imprescindible, resulta imposible construirlo mientras persistan las actuales circunstancias. Reconocer esto supone penetrar de lleno en el terreno del realismo político. Veamos unos ejemplos.

En las pasadas elecciones municipales, Democracia Nacional pudo haber obtenido un concejal por Alcalá de Henares. Bastó con que, unos días antes, la prensa local detuviera a algún skin y le acusara, sin pruebas, de ser miembro de DN, para que la candidatura se deshinchara y, finalmente, quedara alejada, no solo del concejal, sino de un resultado que se aproximara. En mayor escala, en otras ocasiones, ha bastado con que un descerebrado (o un provocador) pintara una svástica, o que alguien, utilizando los mismos símbolos y siglas, realizara una acción inoportuna (la protesta contra Carrillo, por ejemplo, en la Librería Crisol) y condenable, para que la “maledicencia” se extendiera sobre todo el ambiente político. Nadie sale en defensa de los “malditos”, especialmente, cuando algunos de los malditos están orgullosísimos de serlo. Resulta absolutamente imposible realizar una y otra vez declaraciones de “democratismo” y “autonomía histórica”, si, finalmente, al cabo de pocos días, se marcha junto a banderas de otro tiempo que evocan discusiones, pero no adhesiones, rechazos y polémicas, imágenes caídas y tiempo pasado y repasado…

En estas circunstancias, pensar que una sigla logrará romper el aislamiento, congraciarse con un grupo de prensa y lograr que, un par de acciones afortunadas, multiplique por 100 el 0’05% actual… parece excesivamente voluntarista, optimista y, a la postre, inmovilizante. Por que, a fuerza de esperar esa coyuntura favorable, que nunca llega y que, aunque llegara no se podría ni se sabría aprovechar por falta de cuadros, de medios y de líderes, el tiempo va pasando… y no sucede nada.

Lo que se está proponiendo es otro tipo de actividad, que supone una RUPTURA MENTAL, ORGANIZA Y DE ESTILO CON LO QUE HA CONSTITUIDO EN LOS ÚLTIMOS TREINTA AÑOS, NUESTRA ACTIVIDAD POLÍTICA.

En nuestro análisis de la partitocracia [véase nuestra obra “¿Aún votas merluzo?”, firmada con el seudónimo de “Pol Ubach”] llegamos a la conclusión de que los términos derecha e izquierda han perdido su validez y ya no responden a las exigencias del actual momento histórico: no hay “soluciones de derechas” o “soluciones de izquierdas”. Hay soluciones y nadie en sus cabales, rechazará una “solución” susceptible de mejorar su situación y la de su sociedad, porque no corresponda con su ubicación política. Así pues, debemos tender a modelos políticos transversales, si bien, resulta evidente que el grado de depauperación ética, moral e ideológica de la izquierda, hace que suela prescindir de análisis políticos para caer en las únicas referencias que utiliza como “identificadores”: laicismo, humanismo, culto a lo políticamente correcto, progresismo, antiautoritarismo retórico, y “buen rollito”, esto es, todo lo que puede ser etiquetado como “doctrina Zapatonto”. De ahí que se haya operado una selección a la inversa en el seno de la izquierda española: han permanecido todos aquellos oportunistas sin principios, que precisan de un rótulo electoral con tirón (las siglas PSOE, lo tienen) para medrar a la sombra del poder. Hay que reconocer en la izquierda española un fenómeno degenerativo un fenómeno que se ha producido de manera mucho más drástica que en la derecha celtibérica. Aun sosteniendo un trasversalismo realista, resulta evidente que poniendo a un lado de la balanza los desmanes y corrupciones de la izquierda socialista y los de la derecha pepetera, el desequilibrio es evidente en beneficio de esta última. En el fondo la doctrina de la izquierda se ha transformado en una serie de iconos tópicos, mientras que el liberalismo de derechas ha resistido mejor el golpe del tiempo nuevo. Eso ha acelerado el proceso oportunista degenerativo y sin principios de la izquierda mucho más que el de la derecha que, en el fondo, ha alterado poco sus postulados de siempre. Un izquierdista nos justificaba hace poco la innata tendencia del socialismo al “choriceo” diciendo que, en el fondo, la derecha siempre ha tenido dinero, mientras que la izquierda lo único que ha hecho ha sido buscarse un lugar bajo el sol del capitalismo. Exacto hasta cierto punto. Maragall no es precisamente hijo de una familia desfavorecida por la fortuna y lo mismo podría decirse de la familia Boyer, y de la inmensa mayoría de los que constituían el núcleo del socialismo español a partir de Sûresnes.

De todas formas, cuando LLAMAMOS A MARCHAR SOBRE LA SOCIEDAD CIVIL, lo que estamos haciendo es proponer iniciativas políticas muy concretas que vayan respondiendo sucesivamente a los CONFLICTOS QUE LA CLASE POLITICA CREA Y QUE SOPORTA LA SOCIEDAD CIVIL. Y ANTE ESTOS CONFLICTOS, LA SOCIEDAD CIVIL DEBE RESPONDER DE MANERA UNITARIA, como respondió ante la guerra de Irak o ante el terrorismo de ETA.

En las actuales circunstancias nos parece evidente que si iniciativas UNITARIAS entre partidos no han cristalizado, o bien, se siguen abordando con una frivolidad exasperante, esto evidencia la IMPOSIBILIDAD de tales iniciativas. Las vías cerradas no son para desesperarse. Después de todo, a partir del fracaso “caso Italiano” (Alternativa Sociale + Forza Nuova + Fronte Nazionale + Fiamma Tricolore), se evidencia que LA UNIDAD NO LO ES TODO. Intentar taladrar el muro que constituye la Alleanza Nazionale de Fini, parece una tarea titánica que, difícilmente, va a conseguirse en el terreno de la político, como ya dejaba intuir el resultado de las elecciones municipales (en donde el “frente” encabezado por Alexandra Mussolini obtuvo un escaño, cuando se esperaban algunos más) y como ha quedado claro a partir de las últimas elecciones autonómicas. Y no es un problema de inyectar dinero, ni siquiera de tener un rostro conocido (la Mussolini lo es suficientemente), sino de CONDICIONES OBJETIVAS, DE OPORTUNIDAD POLITICA Y DE ESTRATEGIA.

En España las cosas son todavía más difíciles. Por que si en Italia, existen puentes entre la AN de Fini y los sectores externos a ella, en España no ocurre nada similar. Los núcleos dispuestos a alumbrar un movimiento político alternativo, carecen de contactos políticos y sociales, especialmente con las esferas del poder, no existen puentes fuera del propio sector que adolece de un aislamiento completo que invalida la tesis que nosotros mismos sostuvimos hace diez años, según la cual, el “partido patriota” surgiría de una escisión de la derecha del PP… Históricamente, la derecha del PP se ha sentido mucho más cómoda en el PP que en cualquier otro lugar y la única escisión producida (el PADE) jamás logró ampliar sus fuerzas, sino que progresivamente se ha ido recluyendo en unas dimensiones cada vez más grupusculares. Hoy no parece que exista un movimiento de descontento dentro del PP que permita pensar que van a producirse transvases significativos, ni siquiera transvases de militantes de base.

La sugestión de que el “PP está al borde de la escisión” por que ha tolerado algunas iniciativas “políticamente correctas” que ofendían el sentir de parte de su militancia (especialmente madrileña), expresa un optimismo voluntarista que no tiene ninguna razón de ser: la derecha está demasiado contenta con Rajoy y con las siglas PP como para pensar que, mientras persistan las actuales circunstancias, alguien dentro del PP se va a mover, para dar el salto al vacío. Por que no se trata de ser cabeza de ratón… sino uña de babosa… Y así hemos podido ver, como la mayoría de los que en su momento se fueron del PP, han ido regresando por la puerta falsa, o bien se han ido orbitando en torno suyo, a la vista de que los buenos negocios se hacen a la sombra del poder y el PP tiene todavía poder municipal, poder autonómico y, probablemente, regresará al poder en un año. Quienes creen en el transvase de energías del PP al “área patriótica”, deberían despertar de su sueño y no confundir deseos con realidades.

Lo que estamos proponiendo es algo completamente diferente. TRABAJAR SOBRE LA REALIDAD PARA EVITAR QUE LA REALIDAD NOS ARRASTRE. Y la realidad es aquello que existe, que se puede analizar, medir y situar. El análisis de la realidad nos dice: ESPAÑA TIENE PROBLEMAS Y ESOS PROBLEMAS SON, FUNDAMENTALMENTE, CINCO:

- Una INMIGRACION MASIVA que va a contribuir a la destrucción de nuestra identidad y nos va a impulsar a una especie de guerra civil racial y social como la que ya está en marcha en Francia (“semana trágica” de Perpignan y existencia de 1500 zonas donde el Estado francés ya ha desaparecido, todos guetos de inmigrantes). Esto se une a los problemas de terrorismo y defensa nacional que Zapatonto subordina a las buenas relaciones con Marruecos, el “enemigo del Sur”.

- Un PROCESO DE DESINTEGRACION Y CENTRIFUGACION NACIONAL imparable que irrumpe en un momento en que el poder central se encuentra en las manos más débiles que sea posible concebir y que, en la práctica, va a tener como resultado el empobrecimiento del país, la rotura de la Nación y del Estado y un desequilibrio de hará inviable la existencia misma del Estado Español, lo cual aparece en un momento en el que la construcción europea ha quedado embarrancada por la negativa franco-holandesa a aprobar el texto de la constitución europea.

- La IMPOSIBILIDAD DE LA SOCIEDAD PARA CUMPLIR SU FINALIDAD: subsistir. La imposibilidad para acceder a la vivienda, las dificultades para crear nuevas familias, para acceder a la paternidad, la defensa cerrada llevada por el progresismo de todo lo que disuelve a la institución familiar, amenaza con la misma subsistencia biológica de la familia y hace necesaria la defensa de la familia, de la natalidad y de la demografía, lo que implica, la defensa paralela de las condiciones sociales y urbanísticas que la hacen posible.

- El TERRORISMO ETARRA E ISLAMISTA que se ha instalado en nuestro suelo y que ha encontrado en el partido socialista al mejor aliado. Cuando alguien sostiene que el “diálogo de civilizaciones” es la panacea universal contra quienes acaban de asesinar a 192 personas en tu propio país, cuando alguien alude al “heroísmo etarra” necesario para construir la paz, cuando pudiendo vencer al terrorismo, decide dialogar con él… es que no hay poder en el poder…

- La INVIABILIDAD DEL SISTEMA MUNDIALIZADO, especialmente para las clases más desfavorecidas de la sociedad que no tienen otra salida más que el empobrecimiento y la convivencia en las zonas fronterizas con los guetos. La santificación de la precariedad laboral ante el silencio sindical, la deslocalización realizada gratuitamente ante el silencio de las instituciones europeas, los salarios de hambre y la existencia de una fuerza de trabajo que nadie está interesada en comprar (el paro), están generando una inviabilidad del sistema económico-social que puede resultar colapsado ante la más pequeña crisis energética, un desabastecimiento de los mercados provocados por cualquier epidemia surgida en el otro extremo del mundo, o simplemente por una crisis de superproducción en al país más alejado de Europa.

La clase política, atrincherada en sus instituciones creadas para garantizar “puestos de trabajo” de élite y para garantizar la rentabilidad de los negocios realizados a la sombra del poder, naturalmente, no vive ninguno de estos cuatro elementos de crisis. A fin de cuentas, Piqué sabe que en una Catalunya segregada de España, él seguirá representando a “la derecha”. De la misma forma que Pachi López seguirá siendo “líder socialista” de la “Nación Vasca” independizada. Y si bien, los socialistas valencianos pueden hacer hoy pocos negocios en la Generalitat, siempre les quedará La Moncloa para a través de ahí canalizar sus influencias y el flujo de euros a sus arcas. Por lo demás, la omertá del 3% sigue viva, activa y operativa. No es raro que la clase política no reconozca más factor de inestabilidad que la inflación, las cifras macroeconómicas y los resultados estadísticos. No son la “España real”, sin esa “España oficial”, mantenida a base de vientres agradecidos, cerebros sumisos y comidas de la mano de los círculos del poder.

Así pues lo que estamos proponiendo es:

1. - PRIORIZAR EL TRABAJO SECTORIAL DE LA MILITANCIA.

Hasta ahora, el error de los partidos llamados “patrióticos” ha consistido en intentar reforzar su propia estructura, pensando que llegaría el momento en que, cuando estuviera suficientemente fuerte, podría pasar a liderar la protesta de amplios sectores de la sociedad. Pero se trataba de una ilusión. En primer lugar, por que las estructuras de partido despiertan las mayores desconfianzas en una sociedad que, en los últimos 30 años, especialmente, ha tenido que sufrir la rapacidad y la incompetencia de la clase política. En segundo lugar, por que el sistema político español está consensuado constitucionalmente en torno a dos grandes opciones políticas nacionales y una tercera de carácter regionalista en algunas autonomías; estos sectores, tácita y deliberadamente, taponan y bloquean el nacimiento de cualquier opción política nueva. En tercer lugar, por que para un proyecto de ese tipo hacen falta recursos, prácticamente inagotables, cuadros políticos profesionalizados y personalidades de relevancia política, social o mediática que aporten su concurso al naciente partido, así como el apoyo de algún grupo de prensa. Todas estas circunstancias, ni se han dado, ni se darán mientras persistan las actuales circunstancias. Por tanto, persistir en la actual línea que mantienen todos los partidos patrióticos, con diferencias solamente de imagen, resulta absurdo y se ha revelado completamente estéril.

Para colmo, en el interior de estos grupos, el militante debe hacerlo todo contando con nada, se ve sometido a múltiples presiones y, en la práctica, en lugar de realizar un trabajo de proyección sobre la sociedad, lo que realiza es un trabajo de “construcción del partido”, volcado a prestigiar a sus siglas en relación a otras siglas concurrentes, jugar a llamar la atención mediática para asegurar un crecimiento más rápido, y desgastarse en luchas intestinas y de poder que, resultan todavía más grotescas a la vista de la endeblez del pastel a repartir… Mientras persista esta forma de trabajo, no hay absolutamente ningún motivo para pensar que se logrará alcanzar algún día el “ansiado” 1% que, por lo demás, tampoco representa ningún peso político efectivo.

Así pues SE TRATA DE CAMBIAR DE ESTILO DE TRABAJO. Y esto pasa por preparar a la militancia para un trabajo sectorial que nada tiene que ver con el desarrollado hoy. Ese trabajo puede resumirse así MENOS “CONSTRUCCION DEL PARTIDO” Y MÁS “CONSTRUCCIÓN DEL MOVIMIENTO”.

Si un partido es una columna unitaria dotada de doctrina, objetivos, estrategia, táctica, clase política dirigente y criterio organizativo, un movimiento es un conjunto de asociaciones, comités, partidos, individuos, medios, que, aun sin existir una vinculación orgánica, marchan todos hacia los mismos objetivos conjuntos.

Un partido es cosa de sus militantes, un movimiento sociopolítico está estructurado tiene como SUJETO POLITICO A LAS CAPAS AVANZADAS, DECIDIDAS, LUCIDAS Y CONSCIENTES DE LA POBLACIÓN.

2.- ESTIMULAR LA FORMACION DE COMITES NACIONALES ANTE PROBLEMAS CONCRETOS

Un comité es una unión de militantes e independientes que deciden trabajar para lograr un objetivo concreto en un campo especializado, al margen de cualquier otra sigla o de cualquier otra dirección de partido. Es evidente que, en estos momentos, la creación de un Comité contra la Delincuencia Urbana implicaría necesariamente, contar con militantes activos de esa localidad, con vecinos y entidades dispuestos a prestar su apoyo, con jóvenes estudiantes de los centros amenazados, con padres de familia, pues bien, todo eso es lo que constituye un COMITÉ LOCAL. Esta forma de organización implica un CAMBIO DE CHIP TANTO EN LA MILITANCIA COMO EN LAS DIRECCIONES. Hasta ahora se ha discutido mucho sobre políticas de alianzas, pero muy poco sobre como caminar junto a los sectores avanzados y conscientes de la población. Y, en el fondo, esto es lo que cuenta, especialmente en un momento en el que ninguno de los “partidos patrióticos” pueda alardear de haber salido de la atonía política. Las relaciones entre militantes de distintas organizaciones siempre son difíciles, especialmente si no logran olvidarse los intereses y los rasgos distintivos de cada organización; ahora bien, todo esto es más viable si esos mismos militantes, sin renunciar a la pertenencia a su organización, trabajan junto en el seno de un comité ad hoc (es decir, un comité específico para cumplir una tarea concreta). Y en este sentido los comités que pueden formarse son muchos: Comité por la Contención de la Inmigración Masiva, Comité en Defensa de la Identidad y la Unidad Nacional, Comité en Defensa de una Vivienda Digna, Comité contra el Terrorismo Islámico, Comité contra la Corrupción, Comités de Autodefensa Ciudadana contra la Inseguridad, Comité en Defensa de la Familia y la Natalidad, y así sucesivamente. Lo importante es que estos comités no deben tener como función, solamente, unir a los militantes de los distintos partidos patrióticos, sino ESTABLECER EL MARCO DE UNIÓN ENTRE LOS INTERESES DE LOS CIUDADANOS Y LOS DE NUESTRO AMBIENTE POLÍTICO.

Naturalmente, cada comité debe proveerse de una lógica de trabajo propia: de un programa mínimo sectorial, proponiendo soluciones concretas al problema abordado. Contra más comités locales y nacionales, se esté en condiciones de crear, más profunda será la penetración que estaremos en condiciones de realizar en la sociedad. Lo importante, en este momento, es destacar que después de años de haber experimentado multitud de vías, ésta es la única que permite crear un espacio político concreto en el que los intereses de amplias capas de la población se unen a los intereses del movimiento de regeneración nacional.

3.- CONVERTIR ESTOS COMITES EN CARTELES ELECTORALES EN TODAS LAS CONVOCATORIAS

La potencia de los comités nacionales se demuestra andando: y andando quiere decir, realizando campañas de agitación y propaganda en torno a los temas que han justificado su creación. Se trata de colocar al máximo de gente en las calles en el mínimo tiempo. Se trata se encuadrar y organizar la protesta popular contra la política gubernamental. SE TRATA DE ENCARRILAR LA PROTESTA POPULAR POR LOS SENDEROS DE LA RECONSTRUCCION NACIONAL, pues no en vano, solo en el marco de una profunda reforma constitucional y nacional, se eliminará el germen y el semillero de conflictos que arrastramos desde la redacción de la actual marco legal. Una mayor representatividad, listas abiertas y desbloqueadas, una mayor facilidad para convocar consultas populares, una profunda revisión del “desparramo” autonómico, un reconocimiento taxativo de que la única nación existente encuadrada por el Estado, es España y que, España está formada por distintas “nacionalidades históricas” que no son las que obtuvieron el reconocimiento durante la II República; una superación del guerracivilismo con el que la izquierda huérfana de argumentos, ha impregnado nuestro día a día; un reconocimiento de que el único diálogo con el terrorismo es a través del vidrio de las prisiones; el establecimiento de la cadena perpetua para delitos de asesinato y una justicia ejemplificante, basada en el castigo del delito antes que en la reinserción del delincuente; una tolerancia cero en materia de inseguridad ciudadana; la obstaculización por vía impositiva de la economía especulativa; la persecución implacable de la corrupción política; una nueva ley que impida las grandes concentraciones mediáticas; la contención del gasto público; la renegociación del Tratado de la Unión; una nueva orientación en política exterior y en defensa, basada en la percepción del Sur como único enemigo potencial que ya cuenta con quintacolumna en el interior de la Unión; la transformación del Senado en una cámara corporativa, con representación de los distintos estamentos de la nación, sindicatos, colegios profesionales, universidades, instituciones científicas, empresariado, etc. TODAS ESTAS REIVINDICACIONES, NO SON SOLO LAS DE ALGUNOS PARTIDOS REGENERACIONISTAS Y PATRIOTICOS, SINO QUE DEBEN SER TRANSMITIDAS A SECTORES ENTEROS DE LA POBLACIÓN, QUE YA LOS PERCIBEN DE MANERA CONFUSA Y QUE ES PRECISO AGREGAR Y ORGANIZAR PARA FORMAR LA PROFUNDA REFORMA CONSTITUCIONAL.

Lo que estamos proponiendo es UNA ALIANZA ENTRE LOS SECTORES SANOS DE LA POBLACION Y EL MOVIMIENTO POLITICO REGENERACIONISTA Y PATRIOTICO, una alianza posible desde el momento en que las encuestas evidencian que los intereses de la clase política inmovilista y absolutista, no son compartidos como propios por la población.

Lo que estamos proponiendo, a fin de cuentas, es que la regeneración política, moral y social del pueblo español sea asumida por el propio pueblo español, cuyas capaz más lúcidas y conscientes de los riesgos de la actual situación, SEAN ENCUADRADOS EN EL MARCO DE COMITÉS NACIONALES, SITUADOS MÁS ALLA DE LOS PARTIDOS POLITICOS. Lo que estamos proponiendo es QUE EL PUEBLO ESPAÑOL FORME SUS PROPIOS CANALES REPRESENTATIVOS Y ENTRE EN LAS INSTITUCIONES CON VOZ PROPIA.

Por que, a fin de cuentas, de lo que se trata es de CREAR PRIMERO, DESARROLLAR DESPUES Y HACER CONVERGER, FINALMENTE, A LOS COMITES NACIONALES, EN UN CARTEL ELECTORAL DE CARÁCTER REGENERACIONISTA Y PATRIÓTICO.

4.- COLOCAR EN BARBECHO LAS SIGLAS DE LOS DISTINTOS PARTIDOS DEL AREA

A lo largo de años estas siglas han demostrado su techo. Han servido, eso sí, para agrupar en torno a unas siglas, a militantes dispuestos a convergen en función de determinados temas de agitación. Pero, mientras persistan las actuales circunstancias, el techo de todos estos partidos es excesivamente bajo. No se trata de que ningún partido desaparezca, sino de que sus militantes, en lugar de hacer trabajo EN EL PARTIDO, lo hagan en COMITES UNITARIOS, junto a sectores de la sociedad que experimentan los mismos problemas y que ni están encuadrados por partidos, ni tienen el más mínimo interés de militar políticamente.

A estas alturas hay que reconocer que la mayoría de opciones políticas patrióticas apenas han logrado crecer en los últimos años, y quienes lo han hecho en extensión y profundidad, tampoco se han visto libres de crisis internas, sacudidas e inestabilidad. Resulta evidente que la “fórmula partido” no puede seguir aplicándose por mucho tiempo. Esa fórmula pudo aplicarse en los primeros meses de la transición, pero desde el momento en que cuajaron dos grandes opciones políticas y una tercera nacionalista en las comunidades autónomas, iba a resultar muy difícil insertarse en el juego político, utilizando las mismas armas que los partidos al uso.

Obstinarse en trabajar como un partido como cualquier otro, en estos momentos, es vano y peligroso: vano por que no existe ningún elemento que permita pensar que se va producir el despegue y peligroso, porque, a fuerza de darnos de cabeza intentando atravesar un muro impenetrable, estamos dejando que corra el tiempo, crezcan los riesgos a los que se ve sometida nuestra nación y nuestra comunidad, y, finalmente, no estamos intentando otras alternativas y opciones.

5.- IMPONER EL DIALOGO DIRECTO ENTRE EL GOBIERNO Y LAS AUTONOMIAS Y LOS COMITES CREADOS.

Hablemos claro: el gobierno débil y cobarde, tiene la ventaja de que carece de interlocutores válidos en materia de inmigración masiva. Los únicos interlocutores existentes hoy son ONGs de acogida de inmigrantes, responsables de inmigración de los sindicatos y de los partidos políticos, y, por supuesto, los miembros de las asociaciones de inmigrantes… pero no hay ni un solo interlocutor disonante y partidario del control de la inmigración masiva e ilegal. Y es normal que así sea, en la medida en que los partidos que tienen son favorables a la contención de la inmigración, carecen de representación política. Así pues, de lo que se trata es de crear estructuras unitarias, apoyadas por fuertes movilizaciones populares en las que se evidencia de manera indudable que el gobierno debe, necesariamente, contar con ellos, o, de lo contrario, cualquier medida que se adopte, se adoptará contra la corriente de opinión que ha cristalizado en la formación de un comité por el control de la inmigración masiva. Y, por tanto, cualquier acuerdo, sin la representación de una de las partes interesadas, será nulo e inaplicable.

No hay que olvidar que, en este momento, el primer objetivo, no puede ser otro más que el control de la inmigración. Si dejamos pasar el tiempo, antes de quince años, muchos de los inmigrantes que hoy se han regularizado, obtendrán la nacionalidad española, dentro de pocos meses, todos ellos habrán pedido la reagrupación familiar y, solo a la vuelta de un año, podemos encontrarnos con que en lugar de cinco millones de inmigrantes, estamos ante ocho y los problemas que hoy están aflorando un poco por todas partes, se han revelado completamente incontrolables.

De ahí que sea preciso habilitar cauces para lograr una interlocución con el gobierno. Y resulta evidente que éste solamente aceptara sentarse a hablar con “comités nacionales”, en el caso de que estos comités logren arraigar en las masas populares.

6.- LANZAR ANTES DE DOS AÑOS UNA OFENSIVA DE RECOGIDA DE FIRMAS Y DE MOVILIZACIONES MASIVAS EN TORNO A LOS CINCO TEMAS ENUMERADOS.

Para pesar políticamente hay dos posibilidades: o bien ganar elecciones, o bien movilizar amplias masas populares. El mero hecho de demostrar que se es capaz de entregar en el parlamento una petición acompañada de medio millón de firmas es muestra suficiente de que se dispone de fuerza social. El gobierno puede eludir convocar un feréndum, en efecto, es potestativo, pero, en cualquier caso, se ve obligado a considerar como interlocutor válido al colectivo que ha entregado las firmas para la materia de la que se trata. Por otra parte, si insistimos en recoger firmas no es por que creamos que solamente un signo sobre un trozo de papel implica algo, sino porque para conseguir esa firma es preciso dinamizar una campaña, realizar una tarea pedagógica y eso implica realizar AGITACION Y PROPAGANDA. Entonces sí es el momento de las manifestaciones callejeras y de los mítines, de las marchas de protesta y de las concentraciones pacíficas. Un gobierno fuerte permanece ajeno a cualquier forma de presión, un gobierno débil e incapaz, un gobierno que tiene el miedo escrito en la cara de todos sus ministros y la debilidad cincelada en el rostro de su presidente, es un gobierno relativamente fácil de condicionar.

7.- CON EL OBJETIVO DE HACER CONVERGER LOS DISTINTOS COMITÉS NACIONALES, LAS ASOCIACIONES QUE LOS HAYAN APOYADO Y LOS PARTIDOS POLITICOS IDENTIFICADOS CON SUS POSTULADOS, EN UN FRENTE NACIONAL Y SOCIAL.

Ahora bien, como toda campaña de agitación y propaganda, de lo que se trata es de, finalmente, transformar la fuerza social acumulada en peso político. Y eso pasa por la presencia institucional. No se trata de presentar una candidatura en cada provincia, sino de presentar en cada provincia una candidatura a cuyo frente hayan nombres conocidos, nombres que hayan destacados en las campañas de recogida de firmas y de movilizaciones, nombres que sean populares entre sus vecinos, nombres de verdaderos agitadores capaces de arrastrar el voto en su barrio, populares en la zona, de los que nadie duda sobre su honestidad, que hablan claro y son sencillos en la expresión, que llegan al corazón de los electores y que se han manifestado con ellos, que los han conocido en las recogidas de firmas y no solamente han hecho la demagógica presencia en los mercados durante la campaña electoral.

Lo que nosotros estamos proponiendo es que, finalmente, los comités nacionales, especializados en la contención de la inmigración, en la defensa de la unidad nacional, en la reivindicación de una economía social, los comités para una vivienda digna, comités contra la especulación, comités antimundialización, unidos a otras formaciones culturales y políticas, en torno a un programa común, se transformen en cartel electoral. Converjan en un FRENTE NACIONAL Y SOCIAL como cristalización política de la alternativa.

El retorno de la sociedad civil a la política: regeneracionismo y reforma

En este momento no existe otro camino, ni en España ni en Europa, que MARCHAR HACIA LA SOCIEDAD CIVIL, ENCONTRARSE CON LOS SECTORES SANOS Y DISPUESTOS DE LA POBLACIÓN, MOVILIZARLOS EN FUNCIÓN DE OBJETIVOS Y TEMAS CONCRETAS Y, POSTERIORMENTE, ELABORAR UNA ALTERNATIVA QUE PERMITA LA INSERCIÓN DE ESTOS SECTORES EN LA VIDA POLÍTICA NACIONAL A TRAVÉS DE LA PRESENCIA EN LAS INSTITUCIONES Y DE LA REFORMA DE ESAS MISMAS INSTITUCIONES.

El cuello de botella de la actual situación política española, nació del mismo consenso constitucional. El sistema de pesos y contrapesos que se utilizaron en 1979 para evitar la fractura social, ha dado origen a un sistema difícilmente reformable… en el que, precisamente, los dos partidos mayoritarios (consagrados así por la ominosa ley d’Hont) son INCOMPATIBLES entre sí. La partitocracia nacida en 1979, para asegurar su pervivencia, estimuló esa rivalidad que ha impedido cualquier reforma constitucional y de la reglamentación electoral. El principal responsable del actual impasse político que se remonta a principios de la década de los 90, es la partitocracia, tal como tuvimos ocasión de demostrar en nuestra obra ya citada “¿Aún votas, merluzo?”. Así pues, es preciso romper esa dinámica infermal y la única forma es recurriendo a la sociedad civil y a las capaz lúcidas y conscientes de la población, fuera del marco de los partidos.

Intencionalidad del presente documento

Este documento no tiene otra intención que la de apuntar algunas ideas y abrir debates entre quienes sean capaces de darse cuenta de la gravedad del momento presente y debatir. No es ningún programa político ni estratégico de ninguna organización, sino la opinión personal del que lo suscribe.

© Ernesto Milà – infokrisis –infokrisis@yahoo.es