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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

Punto final: Teoría y práctica de la “autonomía histórica”

Infokrisis.- La gravedad existía antes de que Newton se sentara en una tarde del siglo XVII bajo un manzano. No hacía falta enunciarla, pero la jodida gravedad, ahí estaba y si asomabas más de medio cuerpo fuera de una ventana, ibas y te caías. ¿Por qué? Por la gravedad. Newton no descubrió nada que el sentido común no hubiera dictado. Su mérito consistió en darse cuenta de algo que todos percibían pero que ninguno era capaz de formular en términos de teoría científica. La ciencia es hija del sentido común y de la matemática. Está sometida a leyes inmutables, cuantificables y permanentes y cuando se dan las condiciones normales de presión y temperatura, opera los efectos esperados. Como la política, vamos.

DEL BONITO JUEGO DE LA PETANCA

Todo esto viene a cuento de la “autonomía histórica”. Existía antes de que Laureano L. la enunciara y siguió existiendo y haciendo avanzar a determinados partidos políticos que nunca oyeron hablar de ella.

La gravedad, como la “autonomía histórica”, es algo que todos practican habitualmente pero, habitualmente, sin darse cuenta. Casi como el jugar a la petanca donde nadie dice: “Mire, he arrojado un peloto metálico de 70 mm de diámetro con una masa inercial X y, aplicando la segunda ley de Newton el impacto ha sido de la hostia hasta generar una fuerza reactiva que ha enviado a la bola del contrario a tomar pol saco según la resultante de los vectores direccionales que entran en juego y dejando la mía justo rozando al boliche, donde su fuerza inercial se ha agotado”. Habitualmente, “algo” te dice cómo hay que lanzar la bola, dónde tiene que caer y sobre qué. A eso se le llama instinto, a lo otro se le llama “complejo de ecuaciones físico matemáticas”. Ni Newton ni Einstein, ni Stephen Hawkins han sido buenos jugadores de petanca. Y es que una cosa son las leyes de la física y otras muy diferentes los instintos. El jugador de petanca no utiliza su capacidad científica, sino su habilidad instintiva.  Lo primero están al alcance de quienes se sienten fascinados por la matemática, a los segundos les basta tener un aceptable nivel de percepción instintiva y de sentido común.

Y con todo esto queremos decir que no hace falta enunciar el “principio de la autonomía histórica” para  ejercitarlo, todos los partidos de nuestra ambiente la siguen en Europa, pero ninguno ha perdido mucho tiempo demostrándolo y discutiéndolo, porque cuando se discute es que al de enfrente le falta sentido común.

SOBRE LA NATURALEZA HUMANA

Presuntuosos como somos, los humanos tienden a considerarse “animales racionales” –algunos menos racionales que otros y más animales que la media– pero lo cierto es que, en tanto que ocupando en el Cosmos un lugar intermedio entre la materia y el espíritu absoluto (eso que algunos llaman Dios), nos vemos sometidos a influencias que nos elevan o nos ligan a la materia. Nietzsche en su “Así habló Zarathustra” explicaba que “hemos recorrido el camino entre el gusano y el hombre y aún queda en nosotros mucho de gusano”.

Konrad Lorenz le corrigió 75 años después explicándole al genial bigotudo alemán que la parte que tenemos de mamíferos superiores, la biológica, tiene por mérito insertar en nuestro corazón (no entre los pliegues del cerebro ni entre meninge y meninge, sino en el corazón) unos instintos reflejos que nos ayudan a vivir: el instinto territorial (que hace que precisemos un territorio propio en el que desarrollar nuestra vida, no somos “comunistas” en el sentido de que sí necesitamos cierto grado de intimidad y espacio propio con el que identificarnos, de donde derivan las ideas de “propiedad”, “tierra natal” y “patria”), el instinto de supervivencia (que nos hace intentar reproducirnos para prolongar nuestros linajes y defendernos de cualquier riesgo para nosotros y para nuestra comunidad), el instinto de agresividad (que nos hace responder airadamente a cualquier ataque de que seamos objeto nosotros o los seres y las patrias que amamos) y el instinto del placer (que nos hace darle al pinganillo como los cabronazos que somos al fin y al cabo).

Nuestros instintos son algo muy diferente a nuestras filias y a nuestras fobias. Los instintos no son racionales, son eficaces reacciones de que no pasan por el cerebro y que están anidados en nuestros genes. Se transmiten por herencia, pero si no se utilizan, se atrofian. Su eficacia está demostrada a lo largo de la historia de la humanidad desde que el primer homínido descendió de un árbol en las sabana africana y utilizó un fémur de mamífero como garrota y una mandíbula de gacela como puñal. Había nacido la pre-humanidad, desde entonces los instintos contribuyen a nuestra supervivencia.

Las filias y las fobias, por el contrario, ni son racionales, ni son instintivas, son productos del subconsciente, de nuestras pasadas experiencias, de nuestros logros y frustraciones, de recuerdos reelaborados, almacenadas entre los oscuros corredores de nuestro cerebro, metabolizadas y transformadas en lastres mentales y lentes opacas que nos impiden percibir la realidad tal cual es. Son, a fin de cuentas, la peste.

SOBRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD

Servidor es “tradicionalista”, en el sentido de que comparte las tesis de Julius Evola y René Guénon sobre la Tradición. Es evidente que entre Tradición Primordial y Tradición carlista existen ciertas diferencias. No es lo mismo, qué va, pero existe cierta afinidad. Evola y Guénon, lo que proponían era investigar las distintas tradiciones universales para deducir de ellas unas leyes generales que permitieran establecer sus “estructuras” y hoy, cuando la “tradición” ha sido sustituida por la “modernidad” (y la “modernidad” ha demostrado ser una crisis permanente), reconstruir lo que permitió “a los antiguos” crear civilizaciones que sobrevivieran miles de años.

Pero Evola y Guénon, pronto, se dieron cuenta de que si aquellas civilizaciones habían demostrado su estabilidad durante milenios, se debía principalmente a una concepción del individuo que le obligaba a asomarse a su interior y tratar de alcanzar el centro de su propio ser. Eso que hoy se llama con cierta frivolidad y sin apurar su sentido “ser uno mismo”, como si uno mismo no pudiera ser completamente gilipollas. Por “ser uno mismo” se entendía, desde el punto de vista tradicional, en encontrar el centro de nuestro ser… que no era otro que la trascendencia. Y esto se realizaba mediante una serie de prácticas de ascesis (de meditación y concentración, fundamentalmente) que permitían en todo momento vivir el “aquí y el ahora” y, por tanto, liberarse del peso maledetto y taradillo del subconsciente.

Las civilizaciones tradicionales eran pues civilizaciones “del ser”, en donde cada uno vivía sus instintos y trataba de llegar por distintos caminos al centro de su ser, a diferencia de las actuales civilizaciones modernas o civilizaciones “del devenir”. Entonces, aparecía la “sensación comunitaria”, el sentimiento de ser uno mismo, pero de pertenecer también a una familia, a un linaje, a un clan, a un pueblo asentado sobre una misma patria. Lo que en las civilizaciones tradicionales era “comunitario” en la modernidad surgida de la revolución francesa es “individual”.

Y eso daba conciencia al ser humano de que ocupaba un lugar intermedio en el Cosmos, entre el cero y el infinito, entre la materia (pues innegablemente era materia) y el espíritu (pues había algo en el ser humano irreductible a la materia y cuyo límite eran las células más evolucionadas, del cerebro, las neuronas, que eran materia pero que estaban en condiciones de elaborar algo que iba más allá de la materia: el intelecto). El ser humano se veía atraído por fuerzas que lo arrastraban hacia esa materia y otras susceptibles de elevarlo por encima de su condición humana hasta el mundo del espíritu, la trascendencia o el mundo de la unidad. José Antonio Primo de Rivera, intuía algo de todo esto cuando dijo aquello de que “somos portadores de valores eternos”.

A partir de esta definición joseantoniana los problemas que se abrían eran interesantes: porque, si lo que definía a la condición humana era el ser “portadores de valores eternos” (esto es, de valores “tradicionales”), ¿qué ocurría con quienes no “portaban” esos valores? Si la lealtad, la capacidad de sacrificio, la entrega a la comunidad, el sentimiento del honor –particularmente el no ligado a asuntos de catre–, la responsabilidad, y así sucesivamente, eran lo que definía “lo humano”, más allá de tener cabeza, tronco, extremidades y mano prensil ¿cómo había que llamar a quien no “portaba esos valores”? ¿Homínido, acaso hominicaco, merluzo integral?. Los valores nacen con nosotros, pero si no se actualizan y se viven, desaparecen… y entonces desaparece la condición humana y aparece el hominicaco y derivados.

En el fondo esto es lo que está pasando en el actual momento de civilización: el sistema educativo es incapaz de actualizar los “valores eternos”, la sociedad a fuerza de “entertaintment” se ha empobrecido y, para colmo, esto ha contribuido a que los instintos se hayan atenuado todos sin excepción o hayan adoptado formas exóticas: que si carne o pescado tanto me da, que si sexo virtual, que to el mundo es güeno, que si paz y amor, que si en lugar de ayudar a mamá a hacer la cama que la tengo aquí al lado voy a ayudar a un indígena del amazonas, que si soy ciudadano del mundo, que si yo nunca tomaré un arma, que si los toros muy malos porque se tortura a un animal que es como torturar a cualquier ser humano, y todo así, eternamente así. Bagatelas, superficiales, falsos problemas, encoñamientos progresistas y poco más. Hoy se discute sobre todo lo que las civilizaciones anteriores se negaron a discutir. Hoy se discute sobre la evidencia.

No es de extrañar que en este malhadado tiempo–basura, hecho de comida–basura, tele–basura, ética–basura, entertaintment–basura, ongs-basura, lo que haya resultado sea una civilización-estercolero en cuyo seno los instintos se han adormecido y pesan más las filias y las fobias que la objetividad, la contingencia sobre la trascendencia, lo individual sobre lo comunitario, y demás

En esta situación, solamente el saber “objetivo” (es decir, no condicionado por nada: ni por los lastres de nuestro cerebro, ni por odios, resentimientos sociales, intelectuales, nacionales, recuerdos que nos la ponen tiesa, traumas que nos la arrugan, frustraciones, amores juveniles, experiencia pasadas reelaboradas con el paso del tiempo, etc.), la recuperación del sentido común y una sólida personalidad (que no es lo mismo que una “sólida individualidad”) pueden ser los clavos ardiendo a los que asirnos. Retener esta ideas: sentido común.

Y ahora entramos en el meollo de la cuestión de la “autonomía histórica”, algo de lo que no sería necesaria hablar si hubiéramos conservado los instintos (el de supervivencia el primero de todos ellos) o el sentido común.

¿PERO QUÉ DIABLOS ES LA AUTONOMÍA HISTÓRICA?

Básicamente este principio dice que un movimiento político debe actuar en el tiempo que le ha tocado vivir en función de ese tiempo y sin ataduras, lastres o pesos que procedan de otros tiempos pasados. Punto: la autonomía es eso, sólo eso y nada más que eso. A fin de cuentas, parece algo muy razonable. Está claro que si alguien se siente “liberal”, no defenderá el liberalismo propio del “trienio liberal” (1820–1823), en donde un liberal era “nacionalista”, estaba en contra del voto de la mujer, su modelo histórico era Mazzini y Garibaldi, hoy con olor a naftalina, y su ideal el jacobinismo revolucionario de 1789, hoy con olor a putrefacción… El discurso político actual del liberalismo moderno va por otra parte (neoconservadurismo, absoluta no injerencia del Estado en materia económica, respeto a la libertad individual y demás tópicos). Es simple: nuevos tiempos, nuevas envolturas, nuevos planteamientos, nuevos objetivos, nueva imagen, en definitiva. ¿He dicho “imagen”?

Vivimos una civilización de la “imagen”. En 1965, un exótico intelectual francés, Guy Debord, publicó un libro difícil de leer pero embriagador: “La Sociedad del Espectáculo”. La idea básica era que en las sociedades de capitalismo avanzado, todas las actividades humanas estaban sometidas a las leyes del espectáculo. La diferencia entre la TV franquista y la TV aparecida en la segunda mitad de los 80, radicaba en que la primera se limitaba a cubrir un tiempo de ocio, mientras que la segunda se convertía durante las 24 horas de emisión, en puro espectáculo, desde las Mama Chicho, hasta los primeros talk–shows y desde los reality–shows a los informativos de alto voltaje emotivo. En esa “sociedad del espectáculo” lo que cuenta es la “imagen”. La imagen es el reflejo que damos de nosotros mismos a los demás. “Reflejo” no es la imagen original sino una proyección de la misma. Así es nuestro tiempo.

El libro de Debord (lo podéis encontrar en e–mule sin dificultades a coste cero o en algunas librería de viejo a coste 10–15 euracos) analizaba el proceso a través del cual todas las actividades humanas se transformaban en “espectáculo”, incluida la política.

Así pues, para poder “hacer política”, había que aceptar las reglas del juego. La primera de todas tener una buena imagen, al menos una imagen aceptable para una parte significativa de la de la sociedad en ese momento existente. Para muchos cuarentones de 1975 era aceptable “ser franquista”, pero devenidos octogenarios hoy, todo aquello queda lejos-lejísimos y a lo que espiran es una ir a Benidorm con el Inserso o a un régimen que les resuelva el día a día. ¿Y el franquismo? Como las historias de la puta mili: quedaron atrás…

DE LOS FASCISMOS Y SUS RESTOS…


Dado que los fascismos fueron vencidos en 1945 y Franco murió 30 años después, estos regímenes fueron sustituidos por democracias liberales que tendieron a satanizarlos. Solidarízate con Satán y terminarán viéndote con cuernos, colita y leotardos rojos, aunque seas una santo varón, puro y virginal.

Dejando aparte que estos regímenes tampoco eran ninguna ganga y que fueron respuestas concretas de la sociedad a situaciones precisas de carácter económico–social, político y existencial de los años 30, era evidente que su tiempo había pasado y, a partir de ese momento, lo único que estuvieron en condiciones de recoger fueron “protestas” contra los fallos y desajustes del sistema democrático (en Italia el Partito del Huomo Qualunque en 1948 y luego el MSI a partir de esa fecha, y en España la ultra de 1977-1981 y los Ruiz Mateos y Gil y Gil posteriores)

Aquí, si la transición hubiera sido una balsa de aceite, la oratoria de Blas Piñar jamás hubiera tenido audiencia, ni despertado el más mínimo interés (¿qué podía interesar alguien que en 1975 sostenía la indisolubille unión de la Iglesia y el Estado? ¿creéis verdaderamente que a las “masas oceánicas” de los 20-N les interesaba algo el tema? La transición supuso cinco años de traumas continuos y de desajustes permanentes, con lo que Blas, logró cierta audiencia. Inmediatamente se asentó la transición y el Estado democrático, Blas se hundió en la miseria política más absoluta. Fin de la historia.

En 1976 algunos sosteníamos (con 24 años y una inexperiencia absoluta de la vida, pero con el instinto de supervivencia bien vivo) que a medida que se alejara el franquismo en el tiempo sería más difícil tratar de tenerlo como referencia, por lo tanto, si se pretendía “restaurar” el franquismo, corría prisa hacerlo y la vía golpetera era la que se imponía. Y si no se estaba con cuajo para jugar efectivamente por el golpismo, siempre quedaba jugar al juego democrático con todo lo que implicaba aceptar sus reglas (lo primero de todo, un cambio de fisonomía y deshacer aquellas desgalichadas formaciones paramilitares que hacían reír a unos, sonreír a otros y carcajearse a los más y abochornar a muchos de los propios).

Hoy, 35 años después de la muerte de Franco, nadie piensa en retornar al franquismo, ni nadie toma en consideración al franquismo más que como parte de la historia de España; sólo que en este país cainita como ninguno y dirigido por resentidos, algunos pretenden ajustar cuentas con la historia, algo, a todas luces imposible y producto de sus filias y de sus fobias.

INCOMPRENSIÓN DE LA REALIDAD A LA DERECHA, INCOMPRENSIÓN A LA IZQUIERDA

Ni la sociedad es la misma, ni la “imagen” requerida hoy es la misma que de la que se partía en 1975, ni mucho menos la que estaba generalizada en 1936. La historia corre y, jodida ella, va y se acelera desde 1989 (Caída del Muro, Guerra de Kuwait, Globalización a espuertas, crisis sistémica y posición de firmes ante el abismo, a la espera de dar el brinco al vacío, perspectiva de un mundo multipolar).

Que ni la imagen de 1936 ni la de 1975 es la adecuada para afrontar una lucha política, es a todas luces evidente y lo han entendido casi todos… salvo algunos en la extrema–derecha y otros pocos en la extrema–izquierda. Estamos hablando casi de individualidades desenfocadas, no de movimientos de masas, ni siquiera de grupúsculos.

No es raro que ambos grupos de individualidades sean marginales. El PCE, por ejemplo, cuya voz cuenta cada vez menos incluso dentro de IU, rinde culto a los “brigadistas internacionales” un día sí y otro también, busca tumbas como un topo, ensalza a tal o cual fusilado notable, remite a episodios de la guerra civil… de los que ni siquiera sus propios jóvenes se acuerdan. Eso ha conseguido convertir al PCE en fuerza residual y avejentada.

El PSOE, por su parte, muy de tanto, canta la Internacional con algunos de sus miembros puño en alto. Pero el problema es que a la izquierda le empieza a pasar como a la falange que si no se reconoce en la internacional, el puño en alto, difícilmente se va a reconocer en el programa histórico de la socialdemocracia de Bad Godesberg o en Pablo Iglesias, en general, ha perdido sus rasgos de identidad: cantar una vez al año la Internacional no les redime de su asimilación al neocapitalismo y la globalización. Están en el poder sí, pero no es gracias a sus sentidas emociones puño en alto y con el estribillo hortera de la Internacional en los labios, están en el poder porque de socialistas pasaron a socialdemócratas y a aceptar el discurso del contrario, el neocapitalismo. En cuanto al discurso nostálgico hace mucho que no es el eje ni lo que les da imagen y, de paso, están hundidos porque no están sabiendo responder al tiempo nuevo, ni encuentran una fórmula para situar a la socialdemocracia ante el futuro.

¿Por qué minorías cada vez más exiguas hacen guiños con la internacional y el puño en alto unas pocas veces al año? Respuesta: por mera exigencia electoral. Ese pequeño gesto coyuntural y electoral, efectivamente, va dirigido a los abueletes que vivieron la guerra y que participaron en la oposición antifranquista… cada vez son menos (también a la izquierda los que tenían 30 años cuando murió franco hoy tiene 65 y son honestos jubilados. Cada vez votan menos y mueren más, por lo tanto, cada vez los viejos usos y rituales de la izquierda se ejercitan menos.

La derecha nacional europea lo ha comprendido mejor. ¿Por qué Fini pasó de ser de “neofascista” a “postfascista”? Sencillo, porque a principios de los años 90, los veteranos de la República Social Italiana que habían estado 45 años votando el MSI, empezaban a escasear y los huecos en sus filas reflejadas en los obituarios, explicaban por sí mismas la decadencia electoral del partido. En España, ni durante la democracia, ni durante la transición, nadie entre la derecha recurrió ni a Franco, ni siquiera Gil Robles (que vivió hasta  1980), ni a la CEDA… ¿Por qué? Respóndase usted mismo y recibirá una piruleta si concluye que “porque quedaban muy atrás en el tiempo”.

En cuanto a la extrema–derecha española la cosa fue todavía peor. En los años 30 se adoptó una imagen y unos planteamientos políticos que correspondían a los años 30... pero en 1975 se siguió adoptando unos planteamientos y una retórica que correspondían a aquellos años 30 y en 2010 alguno (el plural se me hace cuesta arriba cuando hablo de individualidades) sigue con el rollo de “aquellos maravillosos años 30”. Cuando un grupo de falangistas apareció en Arenys de Munt en otoño pasado, vestidos de riguroso uniforme, aquello mereció una película de ciencia ficción en la que un grupo de aventureros miembros de una expedición de los años 30, reaparecen después de atravesar un vórtice espacio-temporal en 2009.

MÁS ALLÁ DE LA IMAGEN, EL CONTENIDO

Pero la imagen, a fin de cuentas, es lo superficial, pecata minuta y cosa de poca monta aunque su envoltura es todo para las masas. ¿Os imagináis a alguien con el uniforme comunista de los años 30 (uniforme que también existió: camisa roja con botones azules, pañuelo rojo al cuello y pantalón azul sepu… que el Partido Comunista Internacional utilizó hasta 1979)? ¿Un esperpento, verdad? Pues nada, sin comentarios y sin embargo en los años treinta era el pan de cada día. No, el problema no es sólo de imagen; eso es lo más superficial. El problema es de principios y de análisis políticos. Lo primera que subyace cuando ves a alguien que utiliza rituales, uniformes, nombres y formas de los años 30 es que no ha entendido que estamos en 2010. Aunque el proyecto político sea de la repera, una especie de mezcla entre Nostradamus y la ciencia de los alquimistas, capaz de prever el futuro y de dar solución a todos los problemas, la imagen hará que ese grupo sea inmediatamente desconsiderado y no sea capaz de suscitar interés o que nadie juzgue interesante leer aquello que queda definido por su propia imagen demodé y naftalínica. Pero, con todo, vale la pena plantearse el problema de los contenidos.

La sociedad subdesarrollada española de los años 30 y recién llegada al desarrollo de 1975, no tienen punto de comparación con la actual, ni en estructura, ni en valores, ni en costumbres. El capitalismo de 1929 (capitalismo industrial) no tenía ya nada que ver con el 1975 (capitalismo multinacional), ni con el de 2010 (capitalismo financiero y globalizador), por tanto, difícilmente los programas de los años 30 pueden sostenerse hoy.

La “dimensión nacional” en los años 30 era la de los Estados Nación surgidos a finales del siglo XVIII, pero desde 1945, cuando se vive una “política de bloques”, esa dimensión hay –parajódicamente– que “redimensionarla”. Y desde 1956 con el Tratado de Roma, aun más. Y desde mediados de los 80 con la incorporación de España al Mercado Común, más aún.

Las costumbres han variado extraordinariamente gracias a la aplicación del “entertaintment” concebido por Brzezinsky y la Trilateral desde principios de los años 90. Todo, todo absolutamente, ha cambiado y lo que servía en 1936 o en 1975, ahora ya no sirve un pijo. Como para proponer ahora “Franco, Franco” y “unidad, unidad” (como si la unidad  de los mancos facilitara el uso de las dos manos)…

LO COYUNTURAL Y LO ETERNO

Hoy la derecha radical precisa elaborar una teoría política a partir casi de cero, para poder estar a la altura del tiempo que va discurriendo día a día. Y eso era, a fin de cuentas, lo que proponía Laureano L. al decir que “Democracia Nacional no se reconoce en ninguna ideología histórica”. Tampoco parece una salvajada, a primera vista.

Y alguno dirá: “pero bueno, y yo que soy falangista qué pasa conmigo”. Y aquí no es Laureano sino yo el que contesta: todo lo que la doctrina falangista tiene de válido hoy es lo que es “eterno”, lo que no nació con Falange sino que Falange recogió de nuestra tradición. El resto es coyuntural: el nacional-sindicalismo era viable –digamos, más o menos viable- en una España en la que el sindicalismo importaba algo y en donde la CNT era hegemónica y apolítica y, lamento decir, que hoy la CNT ya no existe salvo como residuo. José Antonio no hizo nada más que encarnar unos principios “tradicionales” en un momento histórico concreto y en una imagen concreta que correspondía a esa época. Y ahora volvemos a Newton y a su puta manzana.

Si la teoría de la gravedad es cierta, no lo es porque una manzana se estrellara en la cabeza de Newton en una calurosa tarde del verano inglés, sino porque las manzanas han caído en todas las épocas, en todas las circunstancia y en todas las latitudes. Algo es “verdad” porque ha existido siempre, no porque en un momento dado de la historia, alguien lo haya teorizado. Lo interesante de la filosofía de Nietzsche son precisamente aquellos aspectos “eternos” de los que, intuitivamente, se hace eco, no sus especulaciones de viejo sifilítico. Si hubiera que haber esperado hasta la segunda mitad del siglo XIX para que apareciera un tipo genial que descubriera lo que antes había permanecido velado para la humanidad, eso implicaba que las generaciones anteriores estaban formadas por obtusos. La “verdad” no nace con Nietzsche, ni con Ortega. Si el pensamiento de ellos es válido en algunas partes, lo es sólo en la medida en que adapta “verdades eternas” y las recupera para un tiempo nuevo. Y lo mismo vale para José Antonio.

Por todo ello el “principio de la autonomía histórica” (un “principio” es un punto de partida para una reflexión, no la reflexión en sí) debería de completarse con el principio de la “Tradición” (algo es eficaz en cuanto ha sido adoptado por las generaciones que nos han precedido y a demostrado su vigencia y eficacia a lo largo de los siglos, no hace sólo setenta años). Una cosa es la “imagen” (coyuntural, limitada en el tiempo) y otra “los principios” (y cuando se alude a principios se presupone que uno se refiere a los “valores eternos” y no a que si a mí me cae bien o mal éste o aquel).

La “imagen” depende de que la que uno sea capaz de dotarse (arma con bate de beisbol a toda la tropa y rápales al cero, mételes la Bomber y las DocMartens encajadas en las canillas, y por buena que sea tu teoría política y sesudo tu análisis, no levantarás cabeza en milenios). Y con los “valores eternos” ocurre otro tanto: se viven o no se viven, si se viven son válidos, si no mejor olvidarnos de ellos en política (nunca he visto, ya que estamos en esto, más folleteo, ni más divorcios que en la extrema–derecha, a pesar de que se las daba de católica y que el propio Blas fue padrino de más de un matrimonio que no duró mucho más allá del viaje de novios…). Los altos valores morales católicos que se predicaban en ese ambiente no estaban a la altura de la práctica de sus miembros. Por tanto, 0. O era, simplemente, que un partido no puede vender religión y desde el momento que lo hace deja de ser un partido, para ser un grupo apostólico. Y Fuerza Nueva logró no ser ni una cosa ni otra.

LA AUTONOMÍA HISTÓRICA EN LA PRÁCTICA

Vale la pena establecer dónde nació el principio de la “autonomía histórica”: de gente salida de CEDADE, es decir, de “malditos”. Pronto entendieron esos “malditos” que si querían hacer política, no podían identificarse con los modelos históricos. También se plantearon que por triunfales que hubieran sido los movimientos de los años 30, aquello se había terminado y que era preciso dar otra visión, otra estrategia, otra imagen y otra doctrina. Ahí empezó su reflexión estratégica que, finalmente, terminó en reflexión doctrinal y política.

Pero los sectores mayoritarios de la extrema derecha que en los años 70–80 y 90 habían vivido un relativo “baño de masas” a raíz de los desajustes de la transición, creían –algunos lo creen todavía– que no era necesario variar nada de sus principios estratégicos (a fin de cuentas, la “autonomía histórica” era un principio estratégico) porque, a fin de cuentas, la plaza de Oriente se llenaba todos los años... Y cuando llegaron los años 90 y los 20–N se podían celebrar casi en un teatrito, siguieron con la mirada vuelta a los “buenos tiempos” en los que eran masas las que seguían a las banderas victoriosas. Y llevan 20 años en esto. Los que tenían en 1990  60 años (que eran los que tenían 45 durante el franquismo) tienen hoy 80 y todo lo que no sea el nietecito, la pensión y el “que gane Rajoy”, les interesa muy poco.

De esos sectores ultras satisfechos con lo que tuvieron en 1977–1985, no ha surgido, ni entonces ni ahora, un solo intento de reflexión, ni estratégica, ni política, ni doctrinal, a pesar de que su miseria política debería haberles obligado a reflexionar por puro instinto de supervivencia. Y en ello siguen, con sus filias y sus fobias, recordando cómo fueron “los buenos tiempos” que nunca más volverán porque la historia no tiene por costumbre dar marcha atrás.

La teorización de Laureano L. fue asumida por Democracia Nacional, partido que ha conseguido llegar desde la nada a la más absoluta miseria en apenas 15 años. ¿Invalida esto la teoría? Veámoslo con calma.

Antes de 1995-96, no existió el principio de la autonomía histórica: si existió algún cambio de Fuerza Nueva al Frente Nacional, cambios tan tenues que eran poco perceptibles (Cillero era más un tipo de Fuerza Nueva o quizás anclado en el siglo XIX, que de otra cosa) y lo mismo por lo que se refiere a lo que ocurrió dentro de Juntas Españolas que fueron una especie de Fuerza Nueva sin Blas y con el catolicismo más relajado. Pero lo que se puede llamar “autonomía histórica” empieza y termina con DN. Vale la pena ver la historia del partido.

Tras fundarse con un equipo con ideas muy claras, el primer problema fue que la mayoría carecía de experiencia política real. Toda su militancia anterior se había desarrollado en la ultra… que era la mejor manera de no tener experiencia política real. Muchos habían sido gentes salidas de Fuerza Nueva, pasados por Juntas Españolas, pero sin experiencia efectiva en insertarse en el juego político democrático del que estaban informados solamente a través de los medios de comunicación. Por otra parte, en aquel momento, la democracia no pasaba por un mal momento. El aznarismo había logrado superar la situación de desmoralización nacional del felipismo y en lo que se refiere  la inmigración no fue un problema en aquellos primeros años y, por tanto, a DN le faltó el elemento de movilización hasta 2000.

Cuando, a partir de los incidentes en El Ejido, la inmigración irrumpe como problema, DN ya ha perdido su única fuente de financiación y empieza a estar envuelto en una guerra interior permanente que se prolonga desde 2000 hasta 2005 y que, con chispazos menores, se prolongará hasta 2009. Como resultado de esta guerra se van los mejores en sucesivas tandas. Laureano L. es expulsado junto con una docena, antes Pedro A. y P-Corrales se van hartos, luego se expulsará a Chris R., al que suscribe y a una cincuentena más, cuando ya DN ha encontrado a su “líder máximo”, “gran timonel” y “ayatollah universal” en la figura de un tipo sin oficio ni beneficio y con afán de hacer de la política un medio de vida como antes lo había intentado a través de vender camisetas para el ambientillo y luego de desafinar con canciones de rock-fachilla. De hecho, Canduela se hace con las riendas de DN por su carácter de desocupado, mientras que ninguno de todos los anteriores quería hacerse cargo de la dirección porque… tenían medios de vida y por tanto disponían de poco tiempo para dedicarlo a la política.

En su mejor momento (hacia 2002–2004, DN no debió de tener más de 350–400 afiliados (hacia 2003), cuando en su inicio eran en torno a 1.000). Desde 2005, DN es un cadáver incapaz de generar un solo documento político y que vive de lo que los expulsados han elaborado antes. A partir de ese momento, Canduela, se pelea por ser fotografiado abrazando a Blas, coquetea con Ynestrillas, con Andrino, con Corral… y de la “autonomía histórica” nunca más se sabe porque para Canduela de lo único que se trata es de sobrevivir.

Entre la ausencia de una situación favorable hasta 1999, cuando DN tenía alguna financiación, y el inicio de una situación favorable en el período 2000-2005 que coincidió con la sucesión de guerras internas de DN, y de 2005 hasta 2010, cuando DN ha sido dirigida en solidario por un mendrugo… ¿puede hablarse de práctica de la autonomía histórico en DN?

No hay más muestras de autonomía histórica propiamente dicha en la historia reciente de la extrema-derecha española. Hay esfuerzos por aproximarse, pero que siempre terminan siendo incompletos y permiten reconstruir de alguna manera la “obsesión histócia”. A fin de cuentas, la autonomía histórica es como la virginidad: o se es virgen o te han desflorado… O hay o no hay.

¿ES NECESARIO EL PRINCIPIO DE LA “AUTONOMÍA HISTÓRICA”?

Un niño acerca su mano a una estufa y se quema: nunca más lo volverá a hacer y si está cerca su hermano menor, él tampoco lo hará nunca: sabe que aquello hace daño. Nadie con dos dedos de frente hace algo que le perjudica. Lo saben por instinto y no hace falta establecer “principios” para alertar a nadie sobre que “eso perjudica”. La palabra en el Diccionario de la RAE que corresponde a quien se perjudica a sí mismo es precisa, contundente y rotunda: “gilipollas”.

Todos –absolutamente todos– los partidos políticos europeos que han tenido algo de éxito, se basan en ese principio no formulado de “autonomía histórica”, pero sí instintivo –ven porqué habíamos empezado hablando de instintos–.

Incluso en Portugal en donde existió un régimen todavía más prolongado en el tiempo que el franquismo, hoy no existe ningún partido que asuma el “salazarismo” o formas del fascismo portugués. Ni siquiera en Grecia la extrema–derecha se identifica ni con el período de los “coroneles” finales de los 60, principios de los 79, ni por supuesto con el fascismo griego de Metaxas de los años 30. En Francia, nadie alude ni a Petain, ni a Doriot, en Bélgica, Degrelle y el Rex son recuerdos históricos; el BNP del Reino Unido actúa independientemente de lo que dijera Mosley en su época; ni rastro de “modelos históricos” en los países nórdicos; y en Italia, con una miríada  partidos de derecha y de extrema–derecha, es posible establecer una ley universal: “contra más adictos sean al modelo histórico, menos votos recogen en las elecciones”; el caso alemán es muy particular, pero, de momento pro–Köln parece integrar más votos que las formaciones “históricas”. Nadie se ha formulado el principio de autonomía histórica… porque estaba simplemente dictado por un instinto de supervivencia… como el niño que ve que su hermano se quema y no quiere tener una ampolla en el dedo que le escocerá unos días…

Por eso, el principio de autonomía histórica no se conoce en ningún país europeo: se aplica en la práctica y punto, se aplica por instinto de supervivencia, se aplica por que se conocen las leyes de la imagen y de la política y se aplica porque domina el sentido común.

¿Y España? También aquí las cosas empiezan a tener cierto aire de normalidad. El grupo que en estos momentos aparece con facilidad en los medios de comunicación y que el mismo Estado ha considerado como un “riesgo”, es PxC… que a nadie se le escapa que actúa en función de una “autonomía histórica” no formulada, pero no por ello menos real.

¿Así que la “autonomía histórica” es un fracaso? Pues sí… lo es… y lo es SÓLO en la medida en que todavía estamos hablando de “autonomía histórica”, cuando lo normal hubiera sido que el problema ni siquiera se hubiera planteado en 1975. Lo normal hubiera sido que ese año se hubiera entendido que España caminaba hacia una democracia y que hacía falta “imagen y credibilidad”, en lugar de mirada atrás, formaciones paramilitares esperpénticas y de un discurso político de una simplicidad rayana en la absoluta ignorancia de los mecanismos de la política (entre otros, mira tú por dónde, esa cantinela del “España se rompe…” y no se rompía y no se rompía y se seguía repitiendo el discurso de “España se rompe…” y así hasta hoy que, afortunadamente goza de buena salud y sin romperse.

Alguno creyó que aquello “funcionaba” porque afluía gente. No funcionaba: lo que funcionaba eran los desajustes de la transición que habrían hecho que muchos españoles se hubieran arrojado en brazos del diablo en persona si éste les hubiera propuesto un futuro más ordenado y con menos calambres y traumatismos.

Eso generó que las formaciones ultras (Falange, Fuerza Nueva, FE(I), FE–JONS(A), FNJ, FdJ) que, con su imagen hubieran tenido muy pocas posibilidades de atraer a más allá de unos miles de afiliados, experimentaran un breve auge… que duró todo lo que duraron los desajustes de la transición. Acabos estos el 23–F –gracias, entre otros factores, a Tejero y al 23-F– todo aquello se hundió. Las capillas ultras siguieron existiendo como agrupación de amigos, camaradas que se reconocían en el pasado, con la llegada de algunos jóvenes tan bienintencionados como despistados, pero nunca más como opciones electorales que iban disminuyendo su peso a medida que el franquismo iba quedando atrás, hasta ser lo que son hoy: 40.000 votos, divididos entre media docena de siglas que incluyen el voto de los afiliados, el voto de algunos familiares, el voto de algunos amigos, el voto de algún despistado y el error técnico que se produce en cualquier elección.

Enunciar el principio de “autonomía histórica” fue una necesidad a la vista del escaso nivel doctrinal, la absoluta incapacidad para plantear estrategias y la simplicidad integral de las distintas formaciones ultras que –tanto ayer como hoy– aspiran solamente a destacar en relación al vecino, pero no a obtener éxitos políticos reales.

No hubiera hecho falta enunciar el principio de la “autonomía histórica” si la extrema–derecha en sus direcciones, hubiera albergado un mínimo de sentido común. Pero éste había desaparecido hacía mucho tiempo y absolutamente nadie era capaz de interpretar porqué se ganaron votos durante la transición y porque se perdieron luego irremisiblemente.

La extrema–derecha había perdido su instinto de supervivencia, desde principios de la transición se guió por filias y por fobias (esto es por complejos mentales anidados en el subconsciente, no por impulsos objetivos –intelectuales– o instintivos). Y así ha ido. Y así va. Y así irá…

Parece increíble que todavía haya alguien que atribuya a la “autonomía histórica” las desgracias incluso de lo que sucedió incluso antes de que este principio fuera enunciado.

Parece increíble que en 2010 (repito: en 2010), todavía haya gente que se plantee o no el uso de uniformes, que siga considerando como argumento de “autoridad” textos escritos hace 70 ó 75 años, que crea que imágenes del ayer (1936, 1975, 1980) pueden ser utilizadas hoy.

Parece mentira que estemos discutiendo todavía lo que el propio instinto de supervivencia debería haber resuelto sin teorías, principios, ni artículos como éste, en lugar de discutir sobre problemas del aquí y del ahora.

Parece increíble la falta de pragmatismo y la ignorancia que nos llevan a discutir hasta el infinito temas que por sí mismos y con el mero recurso al sentido común deberían de estar ya resueltos hace décadas.

Parece increíble que alguien sea capaz de afirmar que la culpa de la miseria de nuestro ambiente político se deba a que se han abandonado las formas de otro tiempo y que se atribuya la falta de éxitos a eso precisamente y no a todo lo demás.

El problema es calidad humana. Faltan dirigentes con capacidad suficiente de mando y de análisis, faltan cuadros que sean líderes allí donde van y que ejerzan prestigio y liderazgo, faltan camaradas que sean respetados por su carisma, por su empatía con la población. Allí en donde estos camaradas están presentes, allí se cosechan avances locales.

No queremos ver que en las últimas décadas se ha producido en la ultra una selección a la inversa: a medida que el desenfoque de la ultra aumentaba, los cerebros más lúcidos se han ido a sus casas, las nuevas altas han sido de gente bienintencionada pero sin experiencia y en su inmensa mayoría tras un tiempo revoloteando en torno al ambiente se han ido a su casa al percibir la absoluta falta de espectactivas y posibilidades de un sector que, todavía hoy cree que la “unidad” lo resolverá todo y que en los modelos de los años 30 y del nacional-catolicismo se encontrará algo capaz de interesar a alguien. Ha quedado solamente en el ambiente, los empecinados, los recién llegados que en un 95% permanecen entre uno y tres años antes de regresar a lo privado, y los que tenemos creemos que lo que la reacción que se ha producido en Europa, tendrá lugar también en España antes o después o que tenemos un alto grado de convencimiento doctrinal. Hace falta renovar las filas, crear mimbres nuevos, porque con los actualmente existentes, el fracaso es lo que espera en el 2012, en el 2016 y en el siglo XXII. Para evitarlo, hay que aparcar las discusiones ingenuas y casi infantiles como ésta y tener una percepción clara y concreta de nuestro tiempo, no de lo que decía José Antonio en 1935 ni de los pantanos que construyó Franco en los años 50 y 60.

VALE YA DE CHUMINADAS…

Laureano L. cometió un error con el principio de la  “autonomía histórica”… enunciarlo. Era como una criba: nadie lo necesita como nadie necesita conocer la matemática de la ley de la gravedad para saber que las manzanas caen o las leyes de la mecánica para jugar a la petanca. Si alguien no había advertido, en 1995 que había que prepararse para una época nueva, lo mejor era remitirles al silabario de la política y partir de cero. Porque la “autonomía histórica” no es un “principio”, sino una condición sine qua non para participar en política con un mínimo de posibilidades de que alguien –fuera del ambiente– alguien te haga puto caso.

¿Alguna conclusión? Sí, una sola: si la extrema–derecha quiere imitar a otras formaciones europeas (y españolas, puesto que PxC es de aquí, no de Marte) y despegar… tiene, necesariamente que aparcar, de una vez por todas, estas discusiones absurdas que, como el valor al soldado, se suponen resueltas ya.

Dicho de otra manera: si la extrema–derecha quiere “funcionar” debe de dejar de ser lo que ha sido hasta ahora… porque eso que ha sido es lo que le está impidiendo encarnar los intereses de grupos sociales y sectores de la población angustiados por la inmigración masiva, la crisis económica y la corrupción generalizada.

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

Sí a Europa, no a esta Europa (I de III)

Infokrisis.- Ángela Merkel se lamentó el pasado 17 de marzo de que la UE no haya creado un procedimiento para expulsar a los países que pongan en riesgo la estabilidad del conjunto.  El lamento viene a cuenta de España y de nuestra crisis económica que está lastrando la economía de la UE. El “eje franco-alemán” que propulsó los acuerdos de Maastricht hace casi veinte años no hizo las cosas bien no en materia fiscal, ni en materia de seguridad, ni siquiera en el tan calculado euro. Y ahora toca pagar las consecuencias y de paso plantearnos tres cuestiones: ¿Por qué está fracasando la “idea europea”? ¿La “idea europea” es aceptable o rechazable? Y, finalmente, si no es esta Europa ¿qué otra Europa es posible?

INTRODUCCIÓN

En 1991, el Tratado de Maastricht supuso una reforma del Tratado de Roma (1956) que dio origen al Mercado Común Europeo. En cierto sentido, a partir de ese acuerdo se intentó acelerar el proceso de “convergencia europeo”. Se consideraba entonces que “Europa” había sido hasta entonces un “mercado” pero que, a partir de ese momento, manifestaba su voluntad de convertir la “unión económica” en “unión política”.

En aquel momento dio la impresión de que el proyecto estaba impulsado especialmente por Francia, mientras que Alemania se limitaba a ir a remolque. Los alemanes parecían tener otro proyecto: convertir a los países del Este Europeo, hasta hacía poco comunistas, en sus nuevos mercados sin necesidad de compartirlos con otros socios.

Esta sensación estaba reforzada por el papel que los alemanes jugaron en el desmantelamiento de Yugoslavia y en las guerras civiles balcánicas que siguieron. A muchos analistas nos dio la sensación de que en ese momento Alemania estaba tratando de reconstruir una política de influencias en Europa del Este y especialmente hacia el Mediterráneo (a través de Eslovenia y Croacia) muy similar a la del antiguo Imperio Austrohungaro.

No creíamos, en definitiva, en el “entendimiento franco-alemán” y no apostábamos porque el proceso pudiera avanzar. Algunos incluso opinábamos que Maastricht contribuiría a dividir a Europa en dos bloques: en el Este dominado por la hegemonía alemana y en el Oeste por la francesa. Nos equivocábamos: las políticas adoptadas por ambos países no eran coyunturales, sino estructurales.

El Tratado de Maaastricht fue hijo de la prisa. Tanto Francia como Alemania eran conscientes de que había pasado mucho tiempo desde los acuerdos de Roma (1956) y que era preciso ir algo más allá. Por entonces se solía decir que Europa era un gigante económico y un enano político. Pero los años que han mediado entre 1991 y 2010 no han variado esta percepción, con el agravante de que el Euro, convertido en moneda de cambio internacional y de reserva, ha aumentado esa sensación de gigantismo económico y minimalismo político.

En el único terreno en el que la Unión Europea  ha crecido políticamente es en superficie (en Maastricht, el Mercado Común estaba compuesto por 12 Estados, mientras que hoy forman parte de la Unión, 27), nunca en profundidad. En cuanto a su dimensión económica, el euro está siendo víctima de su gigantismo y de la ausencia de un poder central real y con capacidad de mando y maniobra.

¿QUÉ HA FALLADO EN EUROPA?

Ha fallado en primer lugar no saber explicar la necesidad de la UE. La historia se va acelerando en el siglo XXI y Europa sigue teniendo la misma estructura de Estados-Nación que a finales del siglo XVIII, gobernada por los “inmortales principios” de la Revolución Francesa. El orgullo de pertenecer a un Estado-Nación cristaliza en el “nacionalismo” que no es sino la aplicación del individualismo liberal a las nuevas estructuras generadas con la caída de los Reinos y la decadencia de los Imperios. Quien dice liberalismo dice individualismo de los ciudadanos y de las naciones a las que pertenecen. Si hasta entonces las guerras se habían declarado por los “derechos del Rey”, a partir de ese momento estallarían por las rivalidades nacionalistas. Y en los 156 años que median entre 1789 y 1945 la historia de Europa es la historia de guerras entre “nacionalismos”.

Pero cuando se llega a 1945 aparece un fenómeno nuevo: Francia y Alemania que, en cuatro generaciones, se habían enfrentado en tres ocasiones, se dieron cuenta de que con la invención de las nuevas armas aparecidas en la última fase de la II Guerra Mundial, el siguiente enfrentamiento fuera el último. De ahí surgió a principios de los años 50 la idea de la “construcción de Europa” que, con mucho realismo, se dedicó inicialmente a resolver un problema fundamental: la alimentación (lo que se llamó “Europa Verde”) y luego la industria pesado (la CECA, Confederación Europea del Carbón y del Acero). El paso siguiente fue la firma del Tratado de Roma. Además, Francia y Alemania eran conscientes de que no podían competir con las dimensiones geopolíticas de la URSS y de los EEUU. La idea europea surgió pues para alejar de Europa los riesgos del nacionalismo.

A partir de 1945 se inicia la lucha por la hegemonía mundial. Ya no se trataba, como había hecho el nacionalismo alemán, de intentar ser potencia hegemónica en Europa, ni lo que intentó el nacionalismo italiano de establecer un imperio tardío (en los años 50 se inició la “descolonización” y la existencia de la ONU hacía completamente imposible la expansión imperialista clásica).

Alemania (como la otra potencia vencida, Japón) había renunciado a rearmarse –ahorrar en presupuesto de Defensa- para concentrar todos sus esfuerzos en recuperar peso económico. A pesar de que no les fue mal y que ya a mediados de los años 50, Alemania y Japón empezaban a inundar el mundo con sus manufacturas, el canciller Erdhart Adenauer entendió que no disponía de la “dimensión” suficiente para competir en la nueva era de los imperialismos. Eso llevó a lo que hoy es UE.

En su arranque, la “idea europea” fue vivamente criticada, incluso por los europeistas. Muchos la veían solamente como un “mercado” (y así lo era, en efecto), pero existía una razón para plantear la convergencia europeas en términos económicos: había que encontrar un denominador y lograr éxitos inmediatos. Se juzgaba –y se acertó- que la eliminación de aranceles, la estimulación del comercio interior en el espacio de ese mercado, implicaría un estímulo a la actividad económica europea: Europa era un club creado para mejorar la economía y el bienestar de sus miembros). Seguramente el mejor análisis sobre el Mercado Común fue realizado en los años 60 por Jean Thiriart en su obra “Europa: un Imperio de 400 millones de hombres”. Decía Thiriart que el Mercado Común era, hasta ese momento, el mejor de los intentos posibles de construir Europa.

Pero entre el Tratado de Roma y el de Maastricht median 35 años, demasiado tiempo para la creación de un espacio económico europeo que ni siquiera alcanzaba a todo el continente. Además, era evidente en 1991 que la destrucción de la URSS y de su sistema de alianzas en Europa, resolvía los 45 años precedentes de lucha por la hegemonía mundial a favor de los EEUU. Se entraba en un “nuevo orden mundial” que se preveía gobernado por los EEUU. Si Europa quería seguir pesando algo en el mundo debía de dar una nueva vuelta de tuerca.

Es significativo que Maastricht fuera sobre todo combatido por la fuerza de choque de los EEUU en el Mercado Común: el Reino Unido de Margaret Tatcher, partidaria de un eje anglosajón con EEUU y al margen de la Europa continental.

La prosperidad franco-alemana abría la posibilidad de convencer a los Estados-Nación más pobres de que renunciar a algunos aspectos de su soberanía tenía como contrapartida la posibilidad de recibir ayudas económicas “inimaginables” para desarrollar sus economías. El principio franco-alemán era que contra más progreso y actividad económica hubiera en la “periferia europea” (es decir, todo lo que no era el eje franco-alemán) repercutiría favorablemente en la economía global de Europa y, por tanto, en los negocios del “núcleo de Europa” (Alemania y Francia).

Lo que franceses y alemanes estaban haciendo era colocar una zanahoria ante los ojos de países como España, Grecia, Portugal o Italia (que veía en ello una posibilidad de desarrollar a su Sur deprimido) y se convertía en el principal atractivo para las futuras nuevas incorporaciones de los países del Este Europeo.

Y a partir de ahí apareció una contradicción: empezó a producirse una cesión de soberanía, especialmente en materia económica, de los Estado hacia quien les daba dinero… pero, paralelamente, quien recibía ese dinero eran los Estados-Nación que seguían siendo tan nacionalistas y celosos de sus intereses como antes. La “idea europea” estaba fracasando porque el “nacionalismo” seguía gobernando. Por otra parte no se hizo absolutamente ningún esfuerzo para que las poblaciones de las distintas naciones europeas asumieron mentalmente la necesidad del proceso de convergencia y lo que implicaba.

A ello contribuyó también las ambigüedades del proyecto europeo: ¿Se tendía a hacer de Europa una potencia política y, por tanto, se iba a desplazar el dominio y la influencia de los EEUU sobre Europa? ¿Sobre qué principios políticos se iba a realizar esa unión? ¿Sobre el liberalismo, sobre el socialismo, sobre una concepto nuevo? ¿Sobre qué bases emotivas y sentimentales se iba a construir Europa? ¿Cuáles serían los mitos fundacionales en el sentido soreliano? ¿Cuál sería la misión geopolítica de Europa? ¿Y su misión histórica? ¿Cuál sería el aliado de Europa y quién su adversario? Y así surgían cientos de cuestiones fundamentales que ni siquiera hoy nadie se atreve a plantear y sobre los que existen diferencias insuperables entre izquierdas y derechas y entre unas y otras dentro de cada país…

La construcción, por tanto, empezaba a asentarse sobre bases poco sólidas y en tierras movedizas.

A 55 años de la firma del Tratado de Roma y a 20 de la firma del Tratado de Maastricht resulta evidente que los fallos en la construcción de Europa han sido cinco:

-    FALTA DE IDEAS NUEVAS. Incapacidad para construir un modelo de Europa que fuera más allá de las ideas de 1789: liberalismo económico, democracia de partidos, nacionalismo emotivo, forma Estado-Nación e “inmortales principios”.

-    REDUCCIONISMO PERMANENTE A LA ECONOMÍA. Fundamentación económica como único estímulo a la construcción europea (que si ayudó inicialmente a la ampliación, se demostrado insuperable después de 20 años de “construcción política de Europa” que no ha servido absolutamente para nada.

-    ALTO NIVEL DE INDEFINICIÓN. Ambigüedades en el proyecto originario (que se han ido extendiendo en el tiempo) por la imposibilidad de poner de acuerdo a “progresistas” y “conservadores” en qué es Europa y cuáles son los límites geopolíticos, antropológicos, religiosos e históricos de Europa lo que ha generado la imposibilidad de definir un “mito fundacional” en el sentido soreliano.

-    NACIONALISMOS. Los distintos intereses en función de los cuales actúan los distintos gobiernos que son fruto de la etapa histórica de la que proceden sus sistemas político-económicos: el Estado-Nación y el “nacionalismo” a él inherente.

-    FALTA DE DEFINICIÓN DE “EUROPA”. La incapacidad para definir “Europa” como polo independiente del “occidentalismo”, lo que implicaba delegar ciertas funciones (especialmente en materia de Defensa, en la OTAN, esto es en los EEUU, renunciar a un mando militar europeo unificado y apoyar las aventuras coloniales de los EEUU en Asia). Los EEUU precisan que Europa siga siendo un enano político y lo logran a través de su aliados histórico (el Reino Unido) y de los países del Este en plena resaca de 40 años de dominación soviética.

Estos cinco elementos son, sin duda los más importantes para justificar el fracaso en la construcción de Europa. Vamos a ver ahora si el proceso de convergencia europeo era o no necesario.

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MEMORIA HISTORICA VI. Por un juicio histórico objetivo al franquismo (III de III). V. La democracia orgánica

Infokrisis.- Entre los intentos del franquismo de institucionalizar su régimen, figura la propuesta –como hemos visto lanzada por Arrese- de crear una “democracia orgánica”. Se trata de una forma original de democracia limitada en la que la idea inicial era un desarrollo de un fragmento del discurso de José Antonio Primo de Rivera en el Teatro de la Comedia, cuando aludió a la “familia, el municipio y el sindicato” como “estructuras naturales” de la sociedad. Arrese infirió que era necesario crear un “poder legislativo” en el que estuvieran presentes estas estructuras “orgánicas” que, el “fundador” había contrapuesto a la estructura “inorgánica” de los partidos políticos.

La Ley Orgánica del Estado dio forma legal a todo esto. Las Cortes quedaron divididas en “tres tercios”: el familiar, el sindical y el corporativo. En el primero estaban representados los cabezas de familia en tanto que representantes de la célula básica de la sociedad, en el segundo los sindicatos y en el tercero la sociedad civil y otras estructuras de poder: ejército, asociaciones culturales, universidades, juventud, ayuntamientos, etc.

No se puede negar que, a la vista de cómo han ido estos últimos 30 años en la vida política española, la forma “partido” ha constituido un rotundo fracaso por lo que José Antonio Primo de Rivera ya había previsto: los intereses de los partidos prevalecen desde el primer momento sobre los intereses de la sociedad. Por tanto, esta idea de “democracia orgánica” figura entre los aspectos más interesantes del franquismo.

Es innegable que aquella idea fracaso. La democracia “orgánica” no fue tal. Se ironizaba diciendo que era una “democracia digital”, esto es, elegida a dedo y que ninguno de los tres tercios era representativo de la sociedad de su tiempo. Algo de eso había, en efecto. Pero en 1967-75, en España existía la presunción de que los partidos políticos representaban opciones ideológicas mientras que los alcaldes, responsables sindicales eran elegidos a dedo y en las elecciones municipales no se podía presentar todo aquel que quería sino aquellos cuya fidelidad a Franco estaba suficientemente atestiguada. Por otra parte, desde principios de los años 60, el franquismo tenía de su parte a una mayoría silenciosa, mientras que la oposición (reducida al PCE y a grupos de extrema-izquierda cada vez más numerosos)  iba teniendo una creciente capacidad de movilización especialmente en el mundo sindical y estudiantil.

La Ley Orgánica introdujo innovaciones que limitaron todavía más la capacidad de movilización de los partidarios del Régimen: se transformó el “Movimiento Organización” en “Movimiento Comunión de todos los españoles en los ideales del 18 de julio”… pero estos ideales cada vez estaban más difuminados.

Se nos insistía en aquella época (1971) en que el edificio franquista estaba sostenido por varias columnas, fundamentalmente la falange y los tecnócratas del Opus, constituyendo las dos columnas sobre las que se instalaba el frontispicio del Estado en cuyo vértice superior había una bandera que eran las “Leyes Fundamentales”, esto es, el equivalente a la constitución. Se añadía que si etas dos columnas se peleaban entre sí, el edificio amenazaba con derrumbarse. Pero, mientras se nos decía esto, el Opus y la Falange se enzarzaban en una permanente guerra de desgaste que tuvo su momento álgido durante el Caso Matesa (escándalo de fraude en las exportaciones que arrastró en su caída a los ministros más conocidos del Opus Dei).

Paralelamente, a partir de 1967, se inició un período de atenuación doctrinal del régimen, se relajó la tensión ideal en el Frente de Juventudes y en los Hogares de la OJE, el Movimiento franquista, “organización” o “comunión” pasó a ser un aparato burocrático-administrativo. Los organismos del régimen (la propia policía, la magistratura, las fuerzas armadas, esto es, los poderes fácticos) empezaron a defender su “profesionalidad” y a proclamar que estaban al servicio de quien gobernara en cada momento…

Todo esto permite entender porqué una semana después de la muerte de Franco, los partidos políticos de la oposición prácticamente actuaban y se reunían con entera libertad y porque año y medio después tenían lugar las primeras elecciones democráticas.

La “democracia orgánica”, sin duda el intento más serio de superar el sistema de partido, no funcionó: el capitalismo autóctono no quería experimentos de este tipo que hicieran recelar a Europa, quería penetrar en los mercados europeos y muerto Franco se trataba solamente de forzar lo antes posible la homologación política en Europa.

Da que pensar el hecho de que en Italia, el régimen fascista cayera cuando los aliados tenían ocupada Sicilia y habían desembarcado en Anzio, cuando los bombardeos de terror aliados sobrevolaban cada día Roma y cuando los resistentes practicaban el tiro en la nuca. Pues bien, con la guerra perdida, con una inevitable sensación de derrota, Mussolini pronunció su último discurso en el Teatro Lírico de Milán cuatro meses antes de que terminara la guerra y él mismo resultara asesinado. Hasta el último momento hubo voluntad de resistencia entre los cuadros de la República Social Italiana. Y fueron cientos de miles quienes optaron por resistir. En Alemania ocurrió otro tanto hasta principios de mayo de 1945 cuando entre las ruinas del Berlín destruido prosiguió la resistencia armada y cuando hasta 1946 el Wherwolf siguió resistiendo y atentando contra los aliados.

En la España de 1975, con una situación infinitamente menos dramática, no se produjo ninguna resistencia numantina por parte de los miembros del  aparato franquista: el Frente de Juventudes, la Sección Femenina, los Sindicatos Verticales, la Guardia de Franco, etc, fueron disueltas sin pena ni gloria. Suárez poco antes de las elecciones de junio de 1977 reunión a los lugartenientes provinciales de la Guardia de Franco explicándoles que todo seguiría igual, pero en lugar de llamarse “Guardia de Franco”, a partir de entonces se llamarían “UCD”. Solamente el lugarteniente de Lérida se opuso… los funcionarios del Movimiento pasaron a ser destinados al ministerio de cultura, frecuentemente en los archivos de los sótanos; los profesores de Formación del Espíritu Nacional como todo el resto de funcionarios franquistas se intentaron acomodar como pudieron ante la nueva situación… Si la monarquía Alfonsina cayó sin que saliera a la calle “ni un solo pelotón de alabarderos”, el franquismo se disolvió como un azucarillo con leves resistencias por parte del “bunker”.

A fin de cuentas Franco supo trasladar su propio pragmatismo a su grey, la cual asumió que en cada momento histórico había que actuar en función de ese mismo pragmatismo. Nada más.

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MEMORIA HISTORICA V. Por un juicio histórico objetivo al franquismo (II de III). III. El problema de las libertades. IV. Franquismo uno y trino

Infokrisis.-Como todo régimen autoritario (y no hay nadie, por muy partidario de Franco que sea que pueda negar esta componente en el régimen) el franquismo desconsideró las libertades públicas. No había libertad de reunión, de manifestación, de opinión o de organización. La tolerancia –que existió- era mayor o menor con determinadas fuerzas políticas, pero solamente se permitieron manifestaciones en apoyo del régimen, se cerraron diarios dirigidos por disidentes del régimen e incluso en los últimos años, a pesar de los tímidos intentos aperturistas de Fraga, la información no fue libre, y se vivió una situación muy parecida a la del Marruecos actual: censura previa o autocensura que llegó incluso a reprimir a partidarios del régimen y a fuerzas que habían participado en su fundación (caso de la prohibición de manifestarse en Alicante el 20-N de 1970 para las Juntas Promotoras de Falange Española, o incluso prohibición de manifestarse por “Gibraltar español” que fue convocada en 1973 por el semanario Fuerza Nueva, por no hablar del cierre de los círculos José Antonio en 1973 tras los incidentes que tuvieron lugar en el Día Nacional de los Círculos en Toledo). Si esto era lo que tenían ante la vista los partidarios del régimen (o al menos los disidentes moderados del mismo) podemos pensar lo que recibieron otras fuerzas políticas.

En España, además, aunque la tortura no fuera generalizada, los malos tratos y las detenciones eran constantes en la extrema-izquierda y no precisamente contra terroristas sino contra simpatizantes de grupos incluso de izquierda moderada. Los nombres de algunos policías de la Brigada Político Social se hicieron tristemente famosos por cumplir con excesivo celo su tarea de mantener el orden público y por la facilidad con que recurrían a la tortura y a los malos tratos. Y nadie puede negar esto. Si tenemos en cuenta que yo mismo fui detenido en cuatro ocasiones en 1973 sin ningún motivo y que mi teléfono y mi correspondencia estuvo intervenida sin orden judicial alguna durante más de dos años e incluso que se me negó el certificado de “buena conducta” (sic) necesario para obtener el carné de conducir, se verá que desde el punto de vista de los derechos cívicos el franquismo no fue ninguna ganga.

Pero todo ello tenía una intención precisa. Franco se había propuesto industrializar el país y para ello fue necesario establecer varios Planes de Desarrollo que no se hubieran podido aplicar si el país hubiera tenido un gobierno democrático y, por tanto, sometido a cambios cada cuatro años. El desarrollo implicaba estabilidad en el ejercicio del poder y en las orientaciones del mismo.

En otras palabras: las libertades políticas estaban por detrás del afán de industrialización y de los planes de desarrollo. ¿Se hubiera conseguido prosperar económicamente de otra manera? Sospecho que no. La historia enseña que hay que concentrar esfuerzos en el objetivo que se pretende alcanzar: la URSS lo hizo especialmente a partir de Stalin cuando en pocos años se pasó de las hambrunas del período leninista a disponer de la bomba de hidrógeno. Alemania y Japón consiguieron convertirse en motores económicos después de 1945 cuando renunciaron a disponer de ejércitos fuertes y bien armados; su revancha no sería militar sino económica. La reducción de las libertades políticas fue una exigencia del desarrollismo y la planificación económica.

Cuando se trató de expandir la economía española y aplicar un modelo de economía liberal, poco a poco fueron (durante la transición y durante el felipismo) desapareciendo los rasgos de paternalismo franquista (durante el período de Franco un empleado que trabajase tres días en una empresa ya pasaba automáticamente a ser empleado fijo, los “puntos” daban un apoyo a los padres de familia, existían amplios sectores de la economía sometidos a regulaciones y demás medidas proteccionistas), el nuevo modelo económico exigía también un nuevo modelo político homologable en Europa: la democracia liberal y partidocrática. Y así se hizo.

IV. El franquismo uno y trino

Se suele hablar del “franquismo”, sin tener en cuenta que el franquismo no existió como tal, sino que existieron “los franquismos” como fruto del pragmatismo del régimen y de su cabeza visible. Llama la atención como los partidarios del régimen todavía hoy cuando son pocos, pero sobre todo en la transición cuando eran bastante más, desconocían el hecho de que Franco era fundamentalmente apolítico y pragmático y en distintos momentos se apoyó en fuerzas políticas contradictorios y que estuvieron en permanente guerra civil entre sí.

Ya hemos recordado en alguna ocasión cuáles fueron esos momentos, pero los volvemos a repetir a fin de completar el esquema que nos hemos propuesto.

1) Período falangista imperial (1936-1943).- En el momento en que el destino del régimen recién nacido dependía de la ayuda de los países del Eje (Alemania e Italia) gobernados por regímenes fascistas y nacional-socialistas, Franco echó mano de la Falange cuyas características eran homologables a esos regímenes: masas militarizadas, uniformidad, ansias de “revolución nacional”, rituales exactamente iguales, misma retórica, etc. Era una forma de satisfacer a los aliados, Mussolini e Hitler, pero también de galvanizar a las masas con una retórica imperial y el alumbramiento de una nueva fe y de una esperanza patriótica de redención y de aumento de la potencia. Se llegaron a publicar libros en los que España manifestaba sus “reivindicaciones territoriales” a costa de Francia o de Marruecos, e incluso se proponía una ampliación de Guinea Ecuatorial.

Este período duró hasta la derrota alemana en Stalingrado. Serrano Suñer partidario de esta opción cayó en desgracia, oficialmente a causa de un asunto de faldas, pero su caída tenía mucho más calado. Tanto él como otros altos cargos del régimen fueron sustituidos por “aliadófilos”, se retiró la División Azul, se convirtió en apátridas a los voluntarios que siguieron combatiendo en el Frente del Este, se ayudó bajo mano a los judíos exiliados en España en un intento de hacerse perdonar por los aliados.

Es evidente que en un momento en que la guerra quedaba cerca y el esfuerzo de la Falange era evidente, Franco no pudo (o no quiso, por puro pragmatismo) alejarla definitivamente de las esferas de poder, pero se limitó a reducirla al terreno que le era propio: las políticas sociales, mientras que el carlismo (entonces bastante anglófilo) vio reducida su influencia al ministerio de justicia, casi hasta los últimos momentos del régimen. Franco lo que estaba hizo continuamente fue variar las proporciones en las que cada fuerza política estuvo presente en cada momento. Estas fuerzas eran fundamentalmente tres: la falange, los propagandistas católicos y el Opus Dei.

A partir de 1943, Franco entendió que la Falange debía pasar a segunda fila o de lo contrario su régimen sería considerado como enemigo por los aliados vencedores en la medida en que sus signos externos eran los mismos que los del vencido. Y lo hizo sin pestañear.

2) Período nacional-católico (1943-1955).- Desplazados los falangistas como fuerza hegemónica y galvanizadora de las masas, Franco advierte que tanto en Alemania como en Italia (los países vencidos) la fuerza hegemónica a partir de 1945 es la “democracia cristiana”. En España no existía nada de todo esto, pero un sector político que se aproximaba lo suficiente: la Asociación Católica Nacional de Propagandistas.

Fundado en 1908 por el jesuita Ángel Ayala, su función era seleccionar jóvenes católicos de preparación política suficiente para revitalizar el mortecino catolicismo de la época reducido a mero culto exterior. Su primer presidente fue Ángel Herrera Oria un abogado del Estado (antes de alcanzar el sacerdocio y el cardenalato) eficaz organizador y periodista de talento tal como demostró en El Debate. Durante la dictadura de Primo de Rivera tuvieron participación en el poder. La ACNP no era un partido, pero sí un grupo de presión cuya influencia se extendí en muchos ámbitos. DE ellos partió la fundación de Acción Española (con tres “propagandistas”: Vegas Latapié, Víctor Pradera y Pemán que secundaron a Ramiro de Maeztu). Las derechas durante la República estuvieron dirigidas por otro “propagandista”, Gil Robles, los carlistas tuvieron entre su dirección al también “propagandista” Marcelino Oreja Elósegui. En 1934 lograron llevar a las Cortes a 34 propagandistas por distintos partidos.

En cuanto a Falange Española tuvo también su cuota de “propagandistas” en la figura de Onésimo Redondo, lo que no fue óbice para que durante el “período falangista imperial”, la ACNP fuera inicialmente marginada de las esferas de poder. Cuando los falangistas dejaron en 1943 de ser la fuerza hegemónica dentro del franquismo, las necesidades de amistad con el Vaticano y de asimilarse lo más posible a las “democracias cristianas” europeas hizo que Franco recurriera a los “propagandistas” desde el inicio de la segunda fase de su régimen.

Sin embargo, dado que cualquier parecido con una democracia formal era pura coincidencia, los “propagandistas” jamás fueron homologados como “democristianos”, asumiendo y aceptando el calificativo de “nacional-católicos”. Así como los Girón de Velasco, los Fernández Cuesta y demás fueron los nombres señeros de la línea falangista, los de Larráz López, Ruiz-Giménez, Castiella, Silva Muñoz, Martín Artajo, fueron los apellidos de referencia nacional-católicos.

Esta línea incidía en la educación católica, en el vínculo con el Vaticano y la promoción de una moral inspirada en el catolicismo más estricto. Fue en esa época cuando se cerraron los burdeles, cuando la censura cinematográfica se exaspero y cuando llegaron a taparse con pez negra anuncios ingenuos de sujetadores femeninos.

La convivencia con los falangistas fue de mal en peor especialmente con José Luis de Arrese y con su propuesta de transformar el régimen en una “democracia orgánica”. Preparó la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado y reivindicó de nuevo el papel galvanizador de la Falange sobre las masas… pero desde un punto de vista desprovisto de los rasgos “fascistas” que quedaban en la Secretaria General del Movimiento. Era 1955.

3) Período tecnocrático-desarrollista (1955-1975).- En 1953 tienen lugar dos hechos fundamentales que liberan al régimen franquista de buena parte de la presión internacional que había tenido a partir de 1946 cuando empezó el aislamiento internacional. Se firman en un lapso de pocos meses, los acuerdos de cooperación con los EEUU y el Concordato con el Vaticano. El resultado de todo esto es que es que en 1955, el presidente norteamericano Eisenhower visita España y se funde en un abrazo con Franco. A partir de ese momento afluye dinero a España (tanto capitales particulares de los grandes consorcios de inversión de la época, como en forma de ayuda por parte del gobierno americano). A partir de ese abrazo se inicia el tercer período en la historia del régimen. A tiempo nuevo, gestores nuevos.

La firma de los acuerdos con los EEUU y el abrazo Franco-Eisenhower finiquitaron el período de influencia nacional-católica. A partir de ese momento, Franco ya no necesitaba ni a los falangistas (que encerró prácticamente en la Secretaría General del Movimiento y en los Sindicatos verticales), ni en los nacional-católicos (reducidos a unos cuantos medios de prensa, a la censura y poco más), sino que precisaba técnicos y gestores capaces de desarrollar la economía del país, planificarla y realizar una ambiciosa tarea de saneamiento económico que serían el Plan de Estabilización (1959) que supuso la ruptura con la autarquía económica, y los Planes de Desarrollo (Primer Plan de 1964 a 1967, Segundo Plan de 1968 a 1971 y Tercer Plan de Desarrollo de 1972 a 1975).

Ni los falangistas tenían técnicos económicos, ni los nacional-católicos disponían de ellos. Para administrar esa tercera etapa existía un pequeño grupo católico que desde 1939 se había apalancado en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y en distintas universidades: el Opus Dei. A los “tecnócratas” del Opus les correspondió gestionar esta tercera etapa en permanente rivalidad con la falange que seguía teniendo cierto peso movilizador.

En esa etapa los nacional-católicos (los “propagandistas” se vieron sorprendidos por el cambio progresivo de costumbres (el turismo, la relajación de la moral sexual con la aparición de la píldora anticonceptiva y la minifalda, la música rock, etc.) y, especialmente, por la desorientación en la que cayó el catolicismo español después del resultado catastrófico del Concilio Vaticano II.

Por otra parte, los “propagandistas” estallaron literalmente: unos fundaron Cuadernos para el Diálogo y con Ruiz Giménez pasaron al campo de la oposición, otros con Gil Robles participaron en el Contubernio de Munich, los hubo –como Pemán- que se sumaron a los partidarios de Don Juan de Borbón, ingresando en su consejo privado… Y otros, finalmente, como Blas Piñar, miembro también de los “propagandistas”, tendieron a reducir todo el franquismo a los apenas 10 años de nacional-catolicismo, para luego en el tardo-franquismo y en la transición pasar a dirigir el llamado “bunker”. Blas en ese momento, pidió su baja como “propagandista”. En la transición siguieron actuando políticamente a través del Grupo Tácito, en Alianza Popular, en la UCD y, por supuesto, en las distintas formaciones democristianas que aparecieron en ese momento con poco éxito a pesar de estar auspiciadas por el cardenal Tarancón (bestia parda del “bunker”). Hoy siguen parapetadas en la COPE (con Coronel de Palma) y en el PP.

*    *    *

En cada una de estas tres etapas (falangista-imperial, nacional-católica y tecnocrático-desarrollista)  una sola fuerza es hegemónica, permaneciendo las otras dos en situación de minoría pero representadas siempre en el régimen. Esto fue lo que dio cierta coherencia al franquismo y también lo que le permitió sobrevivir y hacer gala de un pragmatismo extremo.

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MEMORIA HISTORICA IV. Por un juicio histórico objetivo al franquismo (I de III)

Infokrisis.- Cuando no hace mucho se han cumplido los 35 años de la muerte de Franco parece ya el momento de que la sociedad española sea capaz de realizar un análisis mesurado y objetivo de lo que supusieron aquellos cuarenta años en la historia de España. Se suele decir que los ánimos no están todavía serenos (¿Y cuándo lo estarán? ¿Cuándo la sociedad española será capaz de considerar al franquismo como una parte de la historia de España y valorarla como tal al igual que la crisis finisecular de 1898 o que la restauración monárquica o incluso como la dictadura de Primo de Rivera que, a fin de cuentas no está mucho más lejana en el tiempo que el 18 de julio de 1936?) y que tanto a un extremo como a otro del arco político todavía hay que vencer muchas filias y fobias? A un lado los partidarios de cambiar la historia (y la historia fue lo que fue: una República fracasada e insostenible y un movimiento cívico militar que apuntilló lo que ya estaba muerto prácticamente a desde el mismo momento en que nación, una guerra con vencedores y vencidos) y a otro los partidarios de idealizarla (quienes consideran con añoranza que el franquismo fue el mejor de los mundos y que el régimen y su líder eran, por definición, perfectos). Ni una cosa ni otra. Basta rascar un poco en ambas posiciones para ver que destilan visceralidad e irracionalidad y que ambas tienen un defecto fundamental: no considerar que el franquismo hoy ya es historia, como en 1936.

Vale la pena extrapolar los años que han transcurrido. En 1936 estaba claro que lo que había ocurrido 40 años antes (la crisis de 1898 y la pérdida de Cuba y Filipinas) ya se consideraba historia y tan solo servía como punto focal de las meditaciones sobre la regeneración de España. Pues bien, el inexorable paso del tiempo ha hecho que el lapso habido entre 2010 y 1936 sea de casi 75 años. ¿Podemos imaginar lo que hubiera supuesto que el propio Franco, Ramiro, José Antonio y los teóricos de Renovación Española o de la izquierda se hubieran quedado anclados en lo que ocurrió 75 años antes, esto es en 1861 cuando España se anexionó la República Dominicana? El tiempo lo aleja todo y vale más no perder de vista que la historia nunca da marcha atrás, salvo cuando se repite como tragicomedia.

Adquirimos uso de razón cuando el franquismo estaba en su apogeo y mayoría de edad cuando declinaba. Hijos de una familia completamente apolítica, a pesar de contar entre sus miembros a fundadores de la Falange barcelonesa, pero también a militares republicanos y a regionalistas catalanes de centro, no albergamos el menor encono al franquismo y tuvimos entre nuestros amigos de infancia a compañeros que luego destacaron en la oposición antifranquista. Por todo esto nos consideramos en disposición de realizar un breve análisis objetivo de lo que fueron aquellos 40 años en la historia de España.

1. La figura de Franco

Cuando Franco dijo a su secretario Salgado-Araujo aquello de “Hágame caso no se dedique nunca a la política” estaba explicando lo que fue el eje de su gobierno: el pragmatismo. Franco era un militar y, como tal, austero. Soldado valeroso, hablaba poco, practicaba el “lenguaje lacónico” enseñado en las escuelas militares desde la antigua Esparta. Así es como se dan órdenes en la milicia, breves como detonaciones, sin posibilidad de equívoco, sin confusión posible, con extrema claridad. En la milicia se enseña al soldado que su eficacia depende de su supervivencia y ésta solamente tiene por encima el honor. Franco durante 40 años fue un superviviente político y debió esa supervivencia, como veremos, al pragmatismo del que siempre hizo gala.

Por una serie de acontecimientos –las muertes de Mola y Sanjurjo- Franco terminó haciéndose cargo de la dirección del Estado y de la conducción militar de una sublevación que, no lo olvidemos, se hizo en nombre de la República y en la que participaron masones como el General Cabanellas que recibió el mando en las primeras semanas y que fue financiada por grandes capitales nacionales (como el sefardita Juan March).

A lo largo de los siguientes 40 años, Franco se apoyó en unas u otras fuerzas políticas que siempre eran las que más convenían en cada momento tal como veremos. La guerra civil y el maquis lo convirtieron sobre todo en un anticomunista, partidario del orden a cualquier precio. Un hombre de derechas, católico y poco más. No fue falangista, no digamos “ramirista”, tampoco fue carlista, ni siquiera Alfonsino y, evidentemente, no fue en absoluto un republicano.

Si algún régimen se le puede parecer en la Europa convulsa de aquella época, podrían tratarse paralelismos con el régimen del Mariscal Petain en la Francia gobernada desde Vichy y, por supuesto, con el Portugal de Oliveira Salazar: regímenes autoritarios pero paternalistas, católicos, de derechas, anticomunistas y antimasónicos (en tanto que católicos), partidarios del “orden” y la “autoridad”.

2. El papel histórico del franquismo en la historia de España

El gran papel que le correspondió asumir a Franco desde 1936 a 1975 fue el conducir a España desde el subdesarrollo hasta estadios avanzados de desarrollo.

En 1936, España era un país atrasado que había ido acumulando fracaso tras fracaso. El siglo XIX había constituido una tragedia constante y sumida nuestra historia en un marasmo de guerras civiles, insurrecciones, pronunciamientos, conspiraciones, altas tasas de criminalidad política y una retahíla de gobiernos incapaces de prolongarse en el tiempo y de trazar políticas de larga duración capaces de generar riqueza. Fueron las burguesías catalana y vasca –seguramente por ser las regiones más próximas a Europa y porque los hijos de estas burguesías fueron a aprender a Francia y al Reino Unido, quienes generaron una industria centrada en esas regiones, o por individualidades como el marqués de Salamanca que tuvieron voluntad de innovación  muy similar a la que se daba en Europa. Pero en esos mismos años, otras regiones –Andalucía y particularmente Cádiz- se estancaron e incluso bajo el reinado de Isabel II se convirtieron en meros folklorismos pintorescos generándose esa imagen de “lo andaluz” casi asimilado a lo gitano que apareció gracias a esa reina, sin duda la mas disoluta y discutible de toda la historia de España.

Del atraso económico derivaba todo nuestro atraso político y los altos niveles de analfabetismo que España tenía en esa época y que estaban muy por encima de los países de Europa central y del norte.

Para colmo, el primer tercio del siglo XX fue una prolongación del siglo XIX: atraso, miseria y la sensación de que cada vez se estaba más lejos de Europa y de que se carecía completamente de peso político internacional a la vista de que seguíamos en el subdesarrollo y sin esperanzas de superarlo.

El puntillazo de todo esto fue la II República que vivió una crisis permanente desde su establecimiento hasta el 1º de abril de 1939.  Conspiraciones de derechas, conspiraciones de izquierdas, conspiraciones separatistas, una violencia política en  la calle infinitamente superior a la que se dio en la transición con el terrorismo de ETA y del GRAPO, inestabilidad, gobiernos que en ningún caso duraron más de dos años, escándalos de corrupción, todo ello dentro del mismo marco de subdesarrollo y caciquismo en la mayor parte de España que inhabilitaban los resultados electorales de las derechas y de las izquierdas.

Tras el desenlace de la guerra civil quedaba la tarea de reconstrucción del país, casi a partir de cero. Es en ese momento, cuando Franco muestra gran lucidez: permanece fuera del conflicto mundial que se desata en septiembre de 1939 (la España atrasada y además, destrozada no está para más guerras, sino para reconstruirse). A partir de ese momento, Franco se propone ganar el tiempo perdido en el siglo XIX y en el primer tercio del XX y proceder a la industrialización del país.

En 1975 esa meta ya está conseguida. La España de 1975, realmente, ha cambiado por completo, en todo: en costumbres, en nivel de desarrollo, en fisonomía, la burguesía cuya debilidad hizo imposible la II República y la generación de cualquier forma de democracia, ese año ya tiene fuerza suficiente como para protagonizar el futuro. La alta burguesía y el gran capital se han concentrado lo suficiente durante los últimos 25 años (1950-1975) como para albergar otros objetivos.

En esos 25 años finales del franquismo se ha formado un capitalismo español quizás todavía raquítico, pero que tiene a su alcance todos los instrumentos jurídicos y financieros para poderse desarrollar. A partir de finales de los años 60, tanto intramuros del régimen como por parte del gran capital autóctono, cobran forma unas cuantas ideas básicas:

-    Franco está envejecido, no durará siempre y, a pesar de que la Ley Orgánica del Estado ha sido aprobada en 1967, lo cierto es que muy pocos creen en un “franquismo sin Franco” y muchos menos en una prolongación del franquismo operada por un príncipe que carecía completamente de simpatías y apoyos fuera de los que Franco le había aportado. Cuando muera Franco, morirá el régimen.

-    Si los años de franquismo sirvieron para industrializar España, el capitalismo autóctono, al tener a finales de los 60 una primera acumulación de capital y un buen nivel productivo, precisaba de otros horizontes comerciales para poder exportar lo producido. El Mercado Común Europeo exigía una fórmula política democrática para ingresar en sus filas. Y España era considerado como poco como un régimen paternalista autoritario y como mucho como una dictadura. Mientras el régimen no adoptara un marco democrático, el capitalismo español tendría vedados los mercados europeos.

-    La caída de los regímenes autoritarios de Portugal y Grecia entre 1973-75 daba una sensación de absoluta soledad y aislaba todavía más al gobierno español, sensación que cobró forma especialmente en dos momentos: durante el proceso de Burgos (diciembre de 1970 cuando fueron juzgados y condenados los militantes de ETA con delitos de sangre) y durante septiembre de 1975 (cuando fueron juzgados, condenados y ejecutados dos miembros de ETA y tres del FRAP produciéndose protestas internacionales de alto voltaje). Para colmo, justo cuando se iniciaba la enfermedad terminal de Franco, las relaciones con Marruecos llegaron a un punto pre-bélico por la cuestión del Sahara. Antes, el asesinato del presidente Carrero Blanco suponía la muerte del delfín de Franco, el que debería tutelas la transición y, por tanto, hacía todavía más imposible la prolongación del régimen.

En efecto, Carrero Blanco, sin duda la mente más lúcida del régimen tardofranquista tenía un proyecto alternativo: como  militar que era, todo consistía en elaborar una estrategia adecuada y esta consistió en intentar por una parte abrir nuevos mercados para los productos españoles que no nos hicieran dependientes del Mercado Común. Estos nuevos mercados estaban situados en la esfera comunista. Se dio la circunstancia, aparentemente paradójica, que a partir de 1972, Carrero impulsara el comercio con los países del bloque comunista. Por otra parte, se trataba de llevar a cabo una transición tutelada que equiparara a España a países como Alemania en donde el partido comunista estaba prohibido (y reducido a algo anecdótico) y nadie negaba su homologación democrática. Carrero lanzó desde 1970 mensajes al PSOE para que se comprometiera en ese proyecto: democracia hasta los socialistas, sin los comunistas. Los minúsculos círculos socialistas dejaron de ser encarcelados e incluso se impulsaron varios proyectos de “asociacionismo político” para organizar a la derecha frente a una izquierda comunista que empezaba a estar organizada.

Pero cuando es asesinado Carrero, todo esto dista mucho de haber tenido un éxito. Y entre diciembre de 1973 y noviembre de 1975 las esferas gubernamentales viven una creciente desazón en la que cada vez cobra más forma la idea de que la transición, para ser creíble, deberá ser total. El capital autóctono así lo quiere y, para colmo, los EEUU conspiran por que tienen intereses muy concretos: integrar a España en la OTAN para dar “profundidad de campo” a la Alianza Atlántica, y estimular importaciones y exportaciones con España. Lo esencial de la transición se diseña en la reunión del Club Bildelberg celebrada en Mallorca poco después de morir Franco. Es el principio del fin.

Por paradójico que pueda parecer, el franquismo murió víctima del desarrollismo y de la superación del atraso secular de España. Cuando el capitalismo español tuvo un nivel de desarrollo suficiente, simplemente precisó homologarse a las democracias europeas y las patronales se convirtieron en arietes de la democracia.

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Memoria Histórica (III). Cómo sobrevivió la Falange a partir de 1936

Infokrisis.- En julio de 1936, Falange Española es pequeña, débil, con sus cuadros dirigentes fusilados, en la cárcel, muertos o en los frentes, en pocas semanas recibe un alud de incorporaciones procedentes de la derecha, pero también de la izquierda deseosa de hacerse perdonar pasadas faltas. La línea de continuidad falangista se rompe. Manuel Hedilla acaba en la cárcel al resistirse a la incorporación de su partido en el aparato franquista. Otros, por el contrario, deciden colaborar incondicionalmente con Franco. A partir de aquí se gesta una discusión que se lleva arrastrando 75 años. ¿Es o no es franquista la Falange?

El problema no tiene solución. Algunos falangistas se incorporaron al régimen y otros no. En volumen es evidente que la mayoría, por los motivos que fueran, decidió cooperar con el régimen. Una minoría –ínfima o muy reducida- se situó extramuros del franquismo. En los años 60 aparecieron los primeros grupos falangistas “disidentes del Movimiento”. Siguieron siendo hiperminoritarios: el FES, los Círculos José Antonio, el FSR. La falange-franquista seguía siendo ampliamente mayoritaria en relación a la falange disidente.

El Movimiento franquista impulso distintas organizaciones que asumieron los rituales y las ideas –o al menos algunas- de los primeros falangistas de antes de la guerra: el Frente de Juventudes y la Organización Juvenil Española, el Sindicato Español Universitario, la Sección Femenina, la Guardia de Franco, la Vieja Guardia, y, por supuesto, el propio Movimiento de FET y JONS. Los mismos falangistas disidentes solían leer las obras completas de José Antonio publicadas por la Sección Femenina franquista y hacían tareas de reclutamiento dentro de los Hogares del Frente de Juventudes y de la OJE. En cuanto a los Círculos José Antonio recibieron ayuda discreta pero cuantificable de la Secretaría General del Movimiento. Era, pues, muy difícil establecer dónde estaba la frontera entre la Falange disidente y la Falange oficial. Seguramente esta frontera se situaba en la actitud a adoptar ante la figura de Franco que para unos era un dictador (“Falange sí, Franco no”), para otros el sucesor de José Antonio (“Franco, Franco, Franco”), mientras que otros gritaban “Franco sí, movimiento no”… posiciones había para todos los gustos.

En 1975, cuando Franco muere, los Círculos José Antonio parecen ser el grupo mejor organizado y más extendido de la Falange disidente, el FES apenas ha salido de su reducto madrileño en donde tenía a sus mejores militantes, y los “hedillistas” (con lo que Manuel Hedilla, por cierto, jamás hizo causa común) eran pocos y mal organizados. Dentro de la Falange franquista, sin duda el grupo polarizado en torno a Raimundo Fernández Cuesta era ampliamente mayoritario.

Pero durante la transición se produjeron corrimientos: los Círculos José Antonio dirigidos por Diego Márquez fueron perdiendo fuelle; el “hedillismo” se comió a una parte, tuvo sus quince minutos de gloria y se deshinchó inmediatamente después quedando como residual a partir de 1979, mientras que el grupo de Raimundo terminó oscilando entre ser un apéndice de Blas Piñar y realizar llamamientos a la unidad que finalmente, en los años 80 condujeron a la desaparición de los restos de los Círculos y a la presidencia de FE-JONS por parte de Diego Márquez. Y así hasta ahora. Hubo una efímera unión no tanto por adición de las partes, como por necesidades de supervivencia de todas ellas. El conjunto que quedó –con franquistas y antifranquistas en distintos grados en su interior, tardó poco en saltar por los aires y formarse las distintas tendencias que hoy conocemos.

El problema que queríamos plantear es si la Falange hubiera sobrevivido sin el apoyo del franquismo. Francamente lo dudamos. Lo que sobrevivió desde 1937 fuera de la estructura franquista eran apenas grupos extremadamente minoritarios que jamás alcanzaron la más mínima relevancia durante los 40 años que duró el régimen. Permanecieron aislados y ni estuvieron en condiciones (a diferencia de los carlistas de Carlos Hugo) de suscitar el interés y la confianza de la oposición democrática en un momento en el que las fuerzas políticas en nuestro país estuvieron divididas entre “franquismo” y “oposición democrática”. Los “falangistas de izquierda”, los “hedillistas” no estaban ni en un lugar ni en otro y no tuvieron fuerza suficiente para ganar peso en ninguna parte.

En los años 90 algunos antiguos hedillistas revitalizaron el partido FE-JONS, la única tendencia que había sobrevivido y que era, no lo olvidemos, una síntesis de falangistas franquistas de Raimundo y de falangistas disidentes atenuados de Diego Márquez.

Todo esto indica a las claras que la Falange antifranquista nunca tuvo durante el franquismo fuerza suficiente para erigirse en formación independiente con autonomía propia; durante la transición no logró ganar credibilidad y quedó pronto como fuerza residual; y, finalmente, durante la democracia sus restos debieron ingresar en FE-JONS.

Dicho con otras palabras: las ideas falangistas sobrevivieron (con cierta adulteración, naturalmente, pero también por negligencia a ponerse al día) gracias a su inclusión en las estructuras de poder franquistas obligándose a la convivencia con tradicionalistas, alfonsinos, derechas diversas, propagandistas católicos, franquistas en estado puro y militares. En ese magma, los falangistas conservaron unos cuantos espacios de poder (ligados siempre al movimiento franquista) siendo marginados poco a poco, primero por los nacional-católicos y luego por los tecnócratas del Opus Dei.

Esta proximidad de la Falange al poder fue uno de los motivos que contribuyeron a que los distintos grupos falangistas no abordaran aspectos teóricos que ni Ramiro Ledesma, ni José Antonio había cerrado en los años 30, dentro de un mundo en el que se producían cambios cada vez más acelerados. Dado que estaban en una situación de “poder compartido” muy pocos vieron la necesidad de abordar problemas teóricos y los que estaban fuera del aparato franquista al ser pocos y poco relevantes, tampoco estuvieron en condiciones de aportar actualizaciones a la doctrina que 30 años después de ser enunciada en sus rudimentos (en 1966) no había realizado ninguna rectificación: los 27 puntos seguían siendo 27, pero la España de 1966 ya no era la de 1936…

Cuando murió Franco y su Estado se derrumbó en pocos meses sin apenas resistencias, los falangistas franquistas se encontraron con que otros fuerzas ya habían emergido con más fuerza y vigor: de un lado los nacional-católicos con Blas Piñar y de otro la derecha liberal que atrajo desde las elecciones de 1977 al franquismo sociológico. Los nacional-católicos y falangistas de Raimundo, apenas obtuvo en aquella ocasión 150.000 votos.

Las distintas corrientes falangistas que no habían percibido la necesidad de una renovación doctrinal cuando eran una parte del poder, tampoco estuvieron en condiciones de realizar esta renovación cuando ya no eran poder, sino oposición. De ahí que, a medida que el franquismo ha ido quedando atrás, estas fuerzas, irremediablemente, hayan ido perdiendo fuelle y hayan ido extinguiendo electoralmente hasta llegar a la situación actual.

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Memoria Histórica (II) Sobre el nombre del partido franquista

Infokrisis.- Durante el franquismo se solía ironizar sobre el quilométrico nombre que resultó de la fusión entre falangistas y carlistas. De hecho, hubiera bastado con llamar a la fusión de ambos “Falange Española Tradicionalista”, pero difícilmente puede entenderse en qué circunstancias y por qué se añadió la coletilla “de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalistas”. Como ya hemos visto, las JONS no volvieron a levantar cabeza a partir de su salida de Falange Española y en la última publicación de Ramiro, el nombre ya ni siquiera aparecía.

Se entiende que Franco, en su proyecto de unificar a las distintas componentes que le apoyaron se hubiera acordado de Renovación Española o de los albiñanistas que, aun muy debilitados, todavía tenían arraigo real en Navarra y en algunas provincias castellanas; e incluso de las Juventudes de Acción Popular que también le apoyaron y estaban formadas por decenas de miles de afiliados.

Es cierto que tras la subida al poder del Frente Popular (febrero de 1936), Falange se había reforzado con contingentes procedentes de las JAP (que prácticamente enarbolaban las mismas consignas de “revolución nacional”), pero en julio de 1936, las JAP seguían siendo incomparablemente más fuertes que Falange Española. Es cierto que los albiñanistas eran pocos pero muy radicales y que los de Renovación Española eran menos aún, pero, desde luego se encontraban entre sus filas a grandes nombres de la sociedad y de la intelectualidad de su tiempo. Pero ¿y las JONS? Porque Falange no utilizó tras la ruptura con Ramiro la sigla FE-JONS.

Es un misterio histórico (y agradeceríamos si alguien nos lo pudiera aclarar con datos objetivos que nosotros no hemos encontrado) el por qué Franco se acordó de las siglas de este pequeño grupo de no más de 200 jóvenes que, para colmo, querían “nacionalizar a las masas anarcosindicalistas”, que no dudaron en lanzar puyas contra la Iglesia y que, para colmo, ni siquiera existían en julio de 1936.

Fue precisamente  la incorporación del nombre de JONS la que aportó la dimensión quilométrica al nombre del partido franquista. Era frecuente que, aun hoy, se recuerde a éste como con ironía: “Falange Española Tradicionalista y de los Grandes Expresos Europeos”.

¿Fue quizás para aportar al nombre las partículas “nacional-sindicalismo” que tenían cierto paralelismo con el “nacional-socialismo” del que Franco estaba recibiendo material y unidades eficaces de aviación? Es lo más probable. En aquel momento, Franco estaba convencido de que había que “apuntar” a España a algún bloque y, como era natural, dio a su partido la misma fisonomía de otras experiencias europeas que, en aquel momento, le estaban ayudando material y económicamente.

Si eso es así, las siglas ideadas por Ramiro se incorporaron a las de “Falange Española” y a la “T” del “Tradicionalismo”, no por lo que había detrás, ni numérica, ni doctrinalmente, sino, simplemente por que se aproximaban a las del “amigo alemán”. La presencia de estas siglas duró hasta la aprobación de la Ley Orgánica del Estado en 1966, cuando desaparece el “Movimiento Organización” y se crea en “Movimiento Comunión de todos los españoles en los ideales del 18 de julio”, tal como nos explicaban los profesores de Formación del Espíritu Nacional en la época, eludiendo decir que en esta tercera fase del Estado franquista ya no era necesario galvanizar a las masas como en 1936-1943 cuando la suerte sonreía al Eje y el régimen español se quería homologar a él; ni como cuando entre 1943 y 1956, vencido el Eje, Franco optó por adoptar una imagen nacional-católica (que aspiraba a poder equiparar a las democracias cristianas que se impusieron en media Europa en 1945); ni, por supuesto a partir de 1956 cuando aparece el fervor desarrollista encarnado en los tecnócratas del Opus Dei. A partir de ese momento, las siglas FET y JONS eran superfluas y fueron definitivamente liquidas en 1966.

En 1966 hacía 30 años que Ramiro había sido fusilado y 32 que las JONS habían desaparecido. Hoy hace casi 75 años de todo esto. Si sirve de algo hablar de todo esto es como curiosidad para revisar la memoria histórica sobre un tema que creemos se ha despachado con demasiada facilidad: el misterio sobre la inclusión de las siglas JONS en el nombre del aparato franquista.

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“MI MARIDO ES MI AGRESOR”. UNA DE CADA SIETE MUJERES, VICTIMA

Infokrisis.- Este artículo apareció hace ¡diez años! en una revista dedicada a crímenes. Me lo he encontrado buscando otros archivos y si lo reproduzco es porque cinco años antes de que el zapaterismo descubriera que existía violencia doméstica, a principios del 2000 la plaga ya había irrumpido. En aquel momento ya teníamos la sensación indeleble de que el aumento se debía a dos causas: la brutalización de la sociedad y la llegada masiva de inmigración. Esa sospecha terminó convirtiéndose a partir de 2004 en una certidumbre que los esbirros ideológicos del zapaterismo todavía ignoran.

 

“MI MARIDO ES MI AGRESOR”.

UNA DE CADA SIETE MUJERES, VICTIMA (en el año 2000, claro...)


El 16 de agosto un anciano con cáncer mató a su mujer afectada Alzheimer y luego se suicidó. Ese mismo día un hombre en trámite de separación apuñaló a su esposa en Barcelona. El día antes, las cosas no habían ido mejor. Mª José Jacobo había resultado asesinada por su marido en Valencia y Soraya Hernández fue muerta por su compañero en Valencia. ¿Casos anómalos? Una de cada siete mujeres admite ser víctimas de maltratos. Y eso que sólo 1 de cada 100 casos llega a los juzgados. Ya no se puede ocultar: la “violencia de género” se ha duplicado en España desde 1998. La violencia contra la mujer es la manifestación de una patología social. ¿Cuál es la situación? ¿podemos hacer algo para detener esta plaga? 

Las enfermeras de los pabellones de urgencias del Hospital Clínico y de Sant Pau de Barcelona, cada vez atienden más casos de violencia doméstica. Frecuentemente es el propio marido que solo unos minutos antes se ha ensañado con la víctima, la que la acompaña, entre asustado y arrepentido, al hospital. Lourdes Pou, lleva cinco años en este departamento y solo ha visto crecer el número de ingresos por agresión doméstica: “Es increíble: hay días en las que en traumatología, se registran cinco y hasta siete casos de lesiones ocasionadas por el propio marido. Sin embargo, pocas son las mujeres que reconocen haber sido objeto de agresiones. Conocemos las razones que dan a sus ojos morados, labios partidos o incluso pómulos rotos. Unas dicen que les ha saltado un hueso cuando cortaban un bistec, otras que han sufrido un accidente doméstico o que se han caído por las escaleras. Las hay que han sido ingresadas dos veces en una semana”.

En otros centros de urgencias de toda la geografía nacional, la situación es idéntica. El problema se ha desbordado y todo induce a pensar que, a pesar de la alarma social que genera, la violencia doméstica dista mucho de estar controlada.

Las víctimas no son solo las mujeres maltratadas sino también los niños que presencian las agresiones. Los hijos que han crecido en un ambiente familiar de violencia crónica, presentan rasgos parecidos a los que han sido víctimas de abusos. Frecuentemente, cuando en el hogar, cohabitan, no solo los hijos sino algún abuelo, es posible que la violencia se extienda hasta ellos.

¿QUÉ ES LA VIOLENCIA DOMESTICA?

El eminente psiquiatra, Doctor Jesús Arina no duda en comparar la importancia del problema de la violencia doméstica al SIDA y, desde luego, está muy por delante de las afectadas por violaciones, accidentes de tráfico y robos con violencia. En algunos países desarrollados, el 20% de las mujeres que acuden a los servicios de urgencia es por causa de la violencia doméstica. De ellas el 20% son embarazadas.

El doctor Arina define la violencia doméstica como “el uso deliberado de la fuerza para controlar o manipular a la pareja o a la prole”. Existen muchas formas de violencia: “Se trata del abuso psicológico, sexual o físico habitual. Sucede entre personas relacionadas afectivamente, como son marido y mujer o adultos contra los menores que viven en un mismo hogar”.
La violencia doméstica no es solamente el abuso físico, los golpes, o las heridas. Son aún más terribles la violencia psicológica y la sexual por el trauma que causan, que la violencia física, que todo el mundo puede ver. “Hay violencia –explica el doctor Arina- cuando se ataca la integridad emocional o espiritual de una persona”.

La violencia física, la más evidente, casi siempre es precedida por el abuso psicológico. La víctima es degradada su autoestima erosionada y, finalmente, agredida. La violencia psicológica cuesta más que detectar. En muchas ocasiones, ni siquiera las propias protagonistas son conscientes de su carácter de víctimas. Por lo demás cuesta más de detectar: “Quien ha sufrido violencia física –prosigue el doctor Arina- tiene huellas visibles y puede lograr ayuda más fácilmente. Sin embargo, a la víctima que lleva cicatrices en la psiquis o alma le resulta más difícil obtener compasión y ayuda”.

VIOLENCIA PSICOLÓGICA: SUFRIMIENTO INTERIOR

La violencia psicológica consiste en despreciar a la mujer e insultarla de tal manera, que llega un momento en que tiende a creer que merece los golpes o al menos está predispuesta a aceptarlos.

Hay mujeres que se avergüenzan por lo que les sucede y que hasta se creen merecedoras de los abusos. Por eso prefieren mantenerlos en secreto y esa situación puede prolongarse durante años. Igual que en el caso del alcohólico, el que golpea a una mujer o la maltrata psicológica o sexualmente, lo primero que hará es negarlo o bien afirmar que hay una razón para ello; sin embargo, el sentido común dice que “No hay ninguna razón para golpear a una mujer, ni a nadie”. El agresor suele tener una gran capacidad de manipulación. Frecuentemente, una vez denunciados, lo niegan; suelen decir: "Yo no la he golpeado, yo no le hecho nada, sólo tocarla".

LAS DISTINTAS FORMAS DE VIOLENCIA PSICOLOGICA

El aislamiento es otra modalidad de abuso psicológico. “He conocido casos –cuenta el doctor Arina- en que le hacen el vacío a la mujer, ni le hablan, ni la miran y entonces ella se va creyendo que merece ese trato.
 
La intimidación es también un abuso: "Si dices algo te mato". Muchas mujeres no se atreven a hablar. A todas las mujeres que sufren este tipo de agresiones, les resulta más duro soportar los abusos psicológicos que las palizas: “Mi marido –nos cuenta una víctima en la sala de traumatología del Hospital Clínico- me ha estado agrediendo física y psicológicamente durante los últimos 3 años. Después de los primeros golpes, el cuerpo se insensibiliza y no sientes nada más que miedo durante la paliza. Pero las humillaciones e insultos los oyes siempre incluso cuando él está callado”.

El abuso psicológico también puede revestir la forma de echarle la culpa a la víctima. En general, los agresores –al igual que los drogadictos- suelen encontrar siempre excusas para su comportamiento. El doctor Arina cuenta un caso que vivió personalmente: “Conocí a una mujer cuyo marido la golpeaba porque se ponía jeans. Yo preguntaba al esposo: "¿prefiere que vaya con  falda corta?" No sabía que responderme. Le echaba la culpa a ella y por eso le pegaba”.

El “abuso económico” es un aspecto del psicológico: "Si dices algo no te voy a dar la mensualidad". En España se han dado casos en los últimos meses de este tipo de agresiones. El marido chantajea a la mujer para que oculte las agresiones de que es objeto, o de lo contrario, le cortará la asignación económica. En otros casos, la mujer agredida carece de medios propios de vida, depende de su marido en este terreno: denunciar la agresión, equivale a encontrarse en la miseria.

ABUSO CON “TRIANGULACION”

Hay otro tipo de abusos que se conocen como “abusos con triangulación” en los que los agresores utilizan a los hijos para hacer sentir culpables a las esposas. Los hijos son utilizados como mensajeros: "dile a tu madre que...". Las amenazas transmitidas a través de los hijos o las amenazas que implican cortar la relación de la madre con el hijo, constituyen también abusos psicológicos y, muy frecuentemente, preceden al abuso físico.

Distintos psicólogos, como el doctor Jacobo Abellán adscrito a los servicios sociales del Ayuntamiento de Madrid, han visto en su consulta decenas de casos de mujeres perplejas por los malos tratos psicológicos inflingidos por sus maridos. El doctor Abellán cuenta que una mujer de clase media con su marido en paro, acudió a su consultorio y relató malos tratos de este tipo. “Le dije: “Su esposo la va a golpear”. “No, él es incapaz”, me respondió. Ocho meses después de esta conversación se produjo la agresión”.

VIOLENCIA DURANTE EL NOVIAZGO

El 15 de mayo pasado la policía detenía en San Fernando de Henares a un hombre de 43 años acusado de apuñalar a su novia. El detenido, que contaba con antecedentes por tráfico de drogas, asestó varias puñaladas a su ex novia que logró sobrevivir a sus heridas. No es un caso particularmente raro.

En los últimos años han aumentado las agresiones durante el noviazgo. Si bien, desde principios de los años 90 se había registrado un aumento de los asesinatos de mujeres a manos de sus ex novios, desde 1999 se registra un aumento de las agresiones a las novias.

Los celos son una de las causas, pero, habitualmente, las agresiones se producen sin motivo alguno. Una enfermera de la Clínica de la Fe de Valencia nos transmite su perplejidad: “Se trata de gente extremadamente joven; da la sensación de que los jóvenes se están volviendo más agresivos y este tipo de violencia tiene tanto que ver con las agresiones entre parejas, como con la violencia creciente que los psicólogos vienen detectando entre los jóvenes”. Sea como fuere, desde principios de año se ha registrado un incremento de las agresiones entre parejas de novios. En varios casos se ha llegado al asesinato.

Esto implica que, tanto las mujeres como sus familiares deben de estar atentas a la aparición de signos de agresividad desde esta fase de la pareja; aun cuando no se llegue a la violencia, si pueden aparecer signos de agresividad, ataques de ira o escaso autocontrol sobre las reacciones nerviosas.

Todas las mujeres interrogadas por la policía o por los servicios de Asistencia social, han reconocido que desde la época de sus noviazgos aparecían detalles que al pasarlos por alto no les permitieron darse cuenta de lo que vendría después. 

En este período, la novia tiende a verlo todo de "color de rosa" e idealizar la figura de la otra persona. Los “pequeños defectos” se justifican o se tiende a pensar que son algo puntual y se corregirán en el futuro. Pero cuando se han casado, están sometidas al chantaje de la violencia y, en ocasiones, a un férreo control.

CONTROL EXCESIVO

El 22 de mayo de 2001, el Tribunal Supremo confirmó la sentencia que condenaba a un hombre que pinchó el teléfono de su dormitorio conyugal para averiguar si su mujer le era infiel. El marido celoso fue condenado a 1 año de cárcel y 360.000 pesetas de multa, pero, además de confirmarse, la sentencia indicaba la tendencia al control excesivo que algunos agresores quieren someter a sus mujeres.

Frecuentemente, el marido celoso la llama constantemente al trabajo o a la casa para saber qué está haciendo ella; erróneamente toma esto como un signo de amor y de preocupación hacia la mujer amada. Cuando la mujer llega unos minutos tarde, sospecha que le es infiel. Si no la encuentra en el puesto de trabajo porque ha ido a desayunar, sus celos se desatan. Frecuentemente las frases más repetidas, antes incluso de saludarla son: “¿qué has hecho?, ¿a dónde vas?, ¿con quién?, ¿por qué?, ¿vas a salir con esa ropa tan provocativa?, ¿a qué hora regresas?, ¿esa amiga, la conozco yo?, ¿dónde vive?”.

Los celos son una enfermedad que generan una tensión psicológica en las dos partes de una pareja y que, frecuentemente, conducen a la agresión y siempre a la tortura psicológica.

EL CICLO DE LA VIOLENCIA DOMESTICA

El psicólogo americano, doctor Akermann que vino en la pasada primavera a dar un ciclo de conferencias en distintas universidades españolas, nos explicó que la violencia doméstica está sometida a ciclos que se repiten siempre.
“La primera fase –explica Akermann- es el abuso psicológico. Las tensiones entre la pareja van en aumento. Primero empiezan por insultos y desprecios, luego se pasa a los gritos y finalmente a las explosiones de cólera en el curso de las cuales la mujer resulta golpeada”. Esta primera fase se inicia con presión psicológica y termina con agresión física. La mujer suele permanecer paralizada por el miedo y no atina a defenderse, ni a buscar ayuda, atribuye la agresividad a una reacción puntual de su marido debida a algún conflicto exterior (trabajo, alcohol, estrés, amistades) y cree que, en cuanto desaparezca, se restablecerá la normalidad.

A esto sigue el período de reconciliación. “El hombre –sigue Akermann- se da cuenta de lo que ha hecho e intenta ser amable con la mujer. Le pide disculpas y está dispuesto a darle muestras de su amor”. Esta situación tiene más intensidad si la reacción de la mujer a la primera paliza ha sido distanciarse o pedir el divorcio. 

La tercera fase está caracterizada por la confusión en la que está sumida la mujer: piensa que su marido la golpeó, pero al mismo tiempo es cariñoso con ella. No sabe que pensar. Sin embargo, el ciclo tarda poco en repetirse y se reproduce una nueva agresión a la que seguirá un mar de disculpas y propósitos de enmienda, confusión en la mujer y nuevas agresiones. Y así hasta que la mujer rompa este ciclo infernal denunciando el caso y divorciándose, o bien hasta que las agresiones crezcan en brutalidad hasta producir la muerte de la víctima. 

LAS CAUSAS DE LA VIOLENCIA DOMESTICA

Las distintas fuentes consultadas, clínicas, psicológicas y policiales, coinciden en afirmar que todas las sociedades, pero especialmente, las de la Europa del Sur, tienen rasgos machistas muy acusados. El machismo es la tendencia de algunos varones a someter a su dominio a la mujer, controlar su actividad y disciplinarla con severidad. El machismo ha surgido de la degeneración del modelo patriarcal.

Por otra parte, nuestra sociedad muestra una tendencia cada vez mayor a resolver los conflictos por la fuerza. El agresor, consciente de su mayor fuerza física, ha creído saber que la violencia es la única forma para mantener un control injusto sobre la mujer. Contrariamente a lo que tiene tendencia a creerse, la violencia doméstica aparece en todas las clases sociales. 

Parte de la responsabilidad de la violencia recae sobre los medios de comunicación. Tanto el cine como la TV y los videojuegos muestran estereotipos masculinos agresivos. Así mismo, directa o indirectamente, estos medios muestran habitualmente películas, series y juegos violentos que contribuyen a aumentar la sensación de violencia que vive la sociedad.

Buena parte de los casos de violencia doméstica tienen que ver con toxicomanías y drogadicciones. El alcohol y ciertas drogas estimulan los centros nerviosos cerebrales de los que depende la agresividad, aumentando el instinto violento. Todos somos agresivos, pero logramos contener esta tendencia dentro de los límites socialmente aceptados. Un sobreestímulo de estas zonas cerebrales (o una falta de control sobre nuestros impulsos), pueden generar situaciones de violencia extremas.

Otro factor a tener en cuenta son los valores culturales y los ejemplos que hemos tenido en nuestra infancia. Niños que han visto malostratos en su hogar, tienden a reproducirlos cuando son adultos. Este aprendizaje negativo les ha enseñado a afrontar los conflictos y solucionarlos mediante la fuerza bruta.

ALGUNOS DATOS SOBRE LA DIMENSIÓN DEL PROBLEMA

Según la Secretaría General de Asuntos Sociales, durante los cinco primeros meses de 1998 se presentaron 7.469 denuncias por violencia doméstica, 392 más que en el mismo periodo del año anterior. Destacó el aumento de las consultas al teléfono de atención a las mujeres maltratadas: de 148 llamadas en el primer semestre de 1997, a 2.017 en el de 1998. En ese año murieron 15 personas víctimas de agresiones (si bien colectivos femeninos elevan esta cifra a 31).

En 1999 las muertes de mujeres ascendieron a 42, mientras que las denuncias fueron 21.782. El año pasado, las cifras fueron similares con tendencia a la alza: 44 muertes y 22.385 denuncias. En el momento de escribir estas líneas solamente se disponen de  cifras hasta el mes de mayo (19 fallecimientos y 5.420 denuncias) y, a la vista de la evolución de años anteriores, se prevé que la tendencia al alza que se viene registrando desde principios de los años 90, quede confirmada.

Otro elemento a tener en cuenta son las diligencias realizadas por la policía que han ido creciendo. Mientras que en 1996 solo 1 de cada 4 denuncias era completada con diligencias previas, el pasado año prácticamente 3 de cada 4 denuncias fueron seguidas de actuaciones en firme.

Esto implica un cambio de percepción en las autoridades judiciales y confirma el hecho de que el clamor popular y la alarma social creada han hecho reaccionar a los cuerpos de seguridad del Estado y al aparato judicial.

Mientras en nuestra sociedad sigan la agresiones domésticas en proporciones tan elevadas, difícilmente podremos creer que vivimos en un marco civilizado. La misma noción de civilización excluye las prácticas violentas contra cualquier miembro de la sociedad.

 
[recuadro fuera de texto]
[recuadro I]

VIOLENCIA PSICOLÓGICA. LAS FORMAS DE MACHACAR A UNA MUJER

a.    Abuso verbal: Rebajar, insultar, ridiculizar, humillar, utilizar ironías para confundir.

b.    Desprecio: Tratar al otro como inferior, tomar las decisiones importantes sin consultar al otro.

c.    Abuso económico: Control abusivo de finanzas, recompensas o castigos monetarios, impedirle trabajar aunque sea necesario para el sostén de la familia, etc.

d.    Intimidación: Asustar con miradas, gestos o gritos. Arrojar objetos o destrozar la propiedad.

e.    Amenazas: De herir, matar, suicidarse, llevarse a los niños.

f.    Aislamiento: Control abusivo de la vida del otro, mediante vigilancia de sus actos y movimientos, escucha de sus conversaciones, impedimento de cultivar amistades, etc.
 
g.    Abuso sexual: Imposición del uso de anticonceptivos, presiones para abortar, menosprecio sexual, imposición de relaciones sexuales contra la propia voluntad o contrarias a la naturaleza.


[recuadro II]

LAS TRES PREGUNTAS CLAVE: ¿CUANDO LA SITUACIÓN ES INTOLERABLE?

Si contestas afirmativamente a una sola de estas preguntas es que has llegado a una situación intolerable y tienes que tomar cartas en el asunto. No puedes seguir siendo víctima esperando que cese la “mala racha”:

a)    ¿Has ocultado heridas o hematomas quedándote en casa, o poniéndote lentes oscuras?

b)    ¿Has llorado hasta dormirte por haber sido golpeada o insultada por tu esposo?

c)    ¿Te has dicho a ti misma: "Esta situación va a mejorar, debo tener paciencia"?.

[recuadro III]

LA PERSONALIDAD DEL MALTRATADOR: ¿CÓMO LOS COMPAÑEROS VIOLENTOS?

Los maridos y novios maltratadores tienen un comportamiento muy parecido en casi todos los casos. Los rasgos comunes son los siguientes:

-    Proceden de hogares violentos, han visto malostratos y han sido víctimas de los mismos en su infancia.

-    El riesgo un 75% ante la amenaza de divorcio o separación.

-    Padecen trastornos psicológicos. Hay muchos psicópatas.

-    Abundan alcohólicos o toxicómanos.

-    Son inmaduros, inseguros y tienen gran dependencia afectiva.

-    Emocionalmente son inestables, impacientes e impulsivos.

-    Trasladan la agresividad que han acumulado en otros terrenos (trabajo, amigos, ocio, etc.) a la mujer.

-    Tienden a considerar a la mujer como un objeto de su propiedad.

-    Tras la agresión se produce el arrepentimiento, pero se trata de una sensación temporal.

-    Tiende a tener pocos amigos y sentirse aislado.

-    Suele tener un bajo nivel de autoestima y mucha frustración.

-    Carácter patológicamente celoso y desconfiado.

-    Tiene rasgos propios del machista y quiere cumplir con el estereotipo masculino que se ha forjado.

-    Contradictoriamente con su conducta muchos son educados, cultos y religiosos.


[recuadro IV]

 “PERROS” Y “SERPIENTES”: LOS DOS TIPOS DE MALTRATADORES

Los Doctores John Gottman y Neil Jacobson, especializados en este tipo de violencia, han establecido dos categorías: “perros” y “serpientes”. Estas son sus características:

El maltratador “perro”:

•    Suele caer bien a todos y ser bondadoso, salvo con su esposa.

•    Es violento con los que ama y pacífico con el resto.

•    No suele haber cometido delitos de ningún tipo.

•    Extremadamente celoso.

•    Tendencia a los accesos de ira sin control.

•    Siente pánico a ser abandonado.

•    Priva a su esposa o novia de su independencia.

•    Es frecuente que su padre tuviera mal carácter.

•    Reacciona violenta y desmesuradamente en las discusiones.

•    Vigila y ataca públicamente a su compañera.

•    Pueden rehabilitarse mediante terapia adecuada.


El maltratador “serpiente”:

•    Agresivo con todo el mundo, incluso fuera de la familia.

•    Frecuentemente implicado en peleas y pendencias.

•    Suele haber sido acusado de delitos comunes diversos.

•    Suele ser toxicómano o alcohólico.

•    Su rehabilitación fracasa en la mayoría de casos.

•    Propenso a amenazar con armas, especialmente cuchillos.
 
•    Se calma internamente, según se vuelve agresivo.

•    Carácter sociopático. Frío y calculador. Engaña a su víctima.

•    Carácter sádico.

•    No depende emocionalmente de otra persona.
 
•    Insiste en que su compañera debe hacer lo que él quiere.

•    Tras una agresión física puede ocurrir que tenga miedo de las consecuencias y reemplace la violencia física por la psicológica.


[RECUADRO V]

CONSEJOS PRACTICOS ¿QUE PUEDE HACER SI ES VICTIMA DE MALOSTRATOS?

-    Primero llame a la Policía: 091. La agresión es un delito. La policía, no solo recoge denuncias sino que le informarán también sobre casas de acogida y otras instituciones u organismos que ayudan a las mujeres maltradas.

-    Busque ayuda de los servicios sociales de su comunidad. Encontrará esta información en la guía telefónica o en el teléfono de información de su ayuntamiento. La mayoría de los organismos públicos (Ayuntamientos, Comunidades Autónomas o Gobierno) ofrecen recursos a las víctimas de la violencia doméstica.

-    Puede dirigirse al teléfono gratuito de ayuda y atención a las víctimas de malos tratos, perteneciente al Instituto de la la Mujer (Secretaría de Estado de Asuntos Sociales): 900191010.

-    Váyase inmediatamente del hogar si cree que usted y sus hijos corren peligro o procure estar acompañado por alguien de su confianza. Después trate de buscar o que le orienten hacia un albergue para mujeres maltratadas.
 
-    Avise a sus vecinos de que llamen a la policía cuando oigan los primeros ruidos propios de agresión. Si ya se han producido antecedentes, pídales que acudan a la policía al menor indicio.

-    Planifique qué hacer ante una nueva agresión: Tenga a mano los teléfonos de la Policía y de familiares que la puedan auxiliar. Ponga sus papeles importantes juntos (libro de familia, Documento Nacional de Identidad, tarjeta sanitaria, contratos y recibos, nómina de la pareja, certificado de nacimiento, libreta o cheques bancarios, etc.) y los objetos que se va a llevar en un lugar donde usted pueda encontrarlos rápidamente.

-    Prevea sus recursos económicos y la lista de personas que le pueden ayudar. Evite pedir apoyo a amigos comunes.

-    Cambie de hábitos tras abandonar el hogar y evite contactos con el agresor.


-    Aprenda a pensar independientemente. Trate de hacer planes para el futuro y  establezca unas metas personales.

-    No ignore el problema, ni crea que va a solucionarse solo. Una agresión, nunca es la última. No sienta vergüenza de acudir a los servicios que le hemos recomendado. Piense que no solo su integridad está en peligro sino también la de sus hijos.

-    En caso de ataque proteja sus partes vitales con los brazos.

-    Si ha sido víctima de una agresión, obtenga atención médica de su médico de cabecera o de los servicios de urgencia. Solicite al personal que tome fotografías de sus heridas por si acaso usted decide emprender alguna acción legal.

-    Haga un historial de las agresiones sufridas, le servirá como base para su protección legal: anote detalladamente las agresiones de que ha sido objeto, recopile todas las pruebas disponibles (partes de lesiones, denuncias y fotografías).

-    Comuníquese con el Juzgado de Guardia: pida información sobre cómo obtener una orden judicial de protección de usted y sus hijos, independientemente de las repercusiones penales para su compañero maltratador.

-    Solicite gratuitamente el folleto "Como prevenir la violencia contra las mujeres", editado por la Confederación de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (CEACCU). Teléfono de Madrid: 915945089.



[RECUADRO VI]

MITOS Y REALIDADES: ALGUNOS ERRORES SOBRE LA VIOLENCIA DOMESTICA

-    REALIDAD: La Violencia Familiar se da en todos los estratos socioeconómicos y culturales.
-    MITO: La Violencia Familiar se da sólo en familias sin dinero ni educación

-    REALIDAD: Para resolver una situación de Violencia Familiar se requiere ayuda de profesionales especializados en la temática.
-    MITO: El amor todo lo puede.

-    REALIDAD: Cualquier vulneración a la integridad humana viola los Derechos Humanos, que son universales.
-    MITO: Lo que ocurre en una familia forma parte de la vida privada y no hay que meterse.

-    REALIDAD: No existe justificación para la violencia.
-    MITO: Ella lo provoca.

-    REALIDAD: Hay que tener claro que una relación de violencia es una relación de tortura y que la persona castigada se encuentra sometida e inhibida para reaccionar.
-    MITO: Si la mujer se queda es porque le gusta.

-    REALIDAD: La Violencia Familiar es cultural y aprendida.
-    MITO: La Violencia Familiar es natural e instintiva.

-    REALIDAD: El consumo de alcohol puede favorecer la emergencia de conductas violentas, pero no la causa.
-    MITO: El consumo del alcohol es la causa de las conductas violentas.

(c) Ernesto Milà - infokrisis - infokrisis"yahoo.es - http//infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen