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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

ORIENTACIONES

10 Tesis sobre el patriotismo en el siglo XXI. (II de II) II Parte: la práctica del patriotismo

Infokrisis.- Realizadas a prisa y corriendo, es evidente que estas notas precisan de un trabajo de pulido, ampliación y afinado para que adquieran una mayor coherencia orgánica. Lamentablemente, la endémica falta de tiempo nos impide garantizar cuando podremos realizar ese trabajo. Sin embargo, en su estado actual creemos que son los suficientemente explícitas como para fijar algunas posicione sy para definir los puntos de partida y las desembocaduras a las que aspiramos a llegar. Seguramente se trata de unificar los contenidos de este documento con otro que elaboramos hace cinco años sobre Identidad y Arraigo (que si no recordamos mal está también incluido en infokrisis).

 

II Parte: la práctica del patriotismo

 

5ª Tesis: El patriotismo es cosa de todos

- El aire es cosa de todos, pertenece a todos y todos podemos utilizarlo. No existe un “partido del aire” o un “partido del aire con a olor a limón”. El patriotismo es una virtud cívica normal, tan normal como el aire que respiramos.

- Algo que es de todos, que pertenece a todos y que en situación normal, todos deberíamos experimentar –el patriotismo-, no puede confundirse con una bandería. La etimología de las palabras ayuda a comprender su significado: la bandería es lo propio de quien se coloca detrás de una bandera. El nexo etimológico entre bandera y bandería es el mismo que existe entre bandería y banda, cuya última etapa es la consideración del bandido, es decir, del que pertenece a una banda… o bandería. Un bando es siempre “facción, partido, parcialidad” y así lo define el diccionario de la RAE. El patriotismo no puede ser patrimonio de una fracción de la población sino que, como el aire, es algo que pertenece a todos los hijos de una misma patria y en la que deben reconocerse.


6ª Tesis: El patriotismo no es ni puede ser un rasgo de identificación política


- Las banderías constituyen un término que se aplicó entre los siglo XV y XIX a las luchas fraccionales (son famosas en Catalunya las luchas entre las banderías de los nyerros y los cadells o las luchas entre partidas de bandidos de las que habla Cervantes en El Quijote. El equivalente moderno y comprensible de las banderías serían los partidos políticos.

- De ahí que exista una contradicción flagrante cuando alguien define su bandería (hoy partido) como “partido patriota”. A eso se le llama en   “oxímoron” (ὀξύμωρον). Un oxímoron es la combinación de dos términos en sí mismos contradictorios: si el “partido” es parte, fracción, bandería no puede ser “patriota” en la medida en que lo patriótico es algo común a todos y relativo a la totalidad de una comunidad.

- La patria no puede estar al albur de la lucha entre las partes ni tiene sentido que unos la utilicen contra los otros. Cuando una sociedad llega a este extremo, esa sociedad ha perdido la noción de lo que es el patriotismo. Si el patriotismo goza hasta ahora de buena salud en países como los EEUU es, en la medida en que los dos grandes partidos están identificados con él sin matices y distinción. Sólo en donde ha sido utilizado por un sector de una comunidad nacional para atacar a otras, ha entrado en crisis.


7ª Tesis. La falta de patriotismo deriva del racionalismo extremo, extrema negación de lo humano

- No todos viven el patriotismo con la misma intensidad, desde formas relajadas hasta formas extremas y afectadas de patriotismo, existe toda una gama de matices del mismo instinto. Eso es normal en la medida en que la diferencia es la ley que preside lo humano. No es raro pues que algunos tengan el patriotismo a flor de piel y otro lo experimenten solamente en situaciones extremas. Sin embargo hay límites.

- Por un lado la negación de todo patriotismo que practicaría, la izquierda anarquista o los impulsores del humanismo universalista para los que lo “natural” es un gobierno universal y el sentirse “hijos de una sola tierra” pues la “raza humana nació sin fronteras”… Se trata de una falacia e incluso de una deformación del espíritu: la “raza humana” nunca ha existido, ha existido el género humano, dividido éste en “razas” y éstas en “pueblos”, en “tribus” y “comunidades”. Cada uno de estos elementos ha tenido y tiene sus rasgos de identidad innegables. Por otro lado, las fronteras siempre han existido. Suelen ser el producto de condicionamientos geopolíticos (los accidentes naturales que suelen definir las fronteras siempre han existido ahí: los Pirineos, el Rhin, los Andes que separan Argentina de Chile como un tiralíneas) o geohistóricos (fronteras resultantes de tratados, pacto, alianzas dinásticas, etc). En realidad, nunca las fronteras son gratuitas, siempre tienen una razón de ser y contienen a unos pueblos que se han desarrollado hasta alcanzar unos rasgos de identidad precisos. Quienes sostienen estas curiosas doctrinas anarquistas son individuos que –como se produce en cierto sentido también en el otro flanco del espectro político, en la extrema-derecha- confunden Nación, Patria y Estado. Para la extrema-izquierda la “nación” es una creación de la burguesía (lo cual es rigurosamente exacto) que ésta utiliza contra la clase obrera gracias al aparato coercitivo al Estado. ¿Y la Patria? Para la anarquía “patria” y “nación” suponen poco más o menos lo mismo. El anarquismo solamente arraigó en sectores del movimiento obrero con ansias de revancha social o bien en intelectuales extremadamente ilustrados perdidos en un universo de teorías intelectuales y de un racionalismo extremo (cuyo límite fue el positivismo de principios del siglo XIX)… que, simplemente, les hizo perder la instintividad.

- Si para Descartes todo lo real es racional y sólo lo racional es real, resulta evidente que la instintividad que es el espacio propio del patriotismo, carece de realidad tangible. Si, para colmo, el materialismo atribuye solamente realidad a lo material, niega necesariamente la existencia y la comprensión del patriotismo. Sin embargo, dentro del marxismo, el patriotismo reapareció una y otra vez y sus teóricos terminaron reconociendo la diferencia entre el “nacionalismo burgués” y el “patriotismo proletario”. El propio comunismo debió de renunciar a la existencia de una “Internacional” sometida siempre a tensiones nacionales. La disidencia chino-soviética tuvo también que ver con esto y hoy mismo, el comunismo cubano es un régimen que trata de excitar y manipular el patriotismo de la población.

- La modernidad, por otra parte, ha creado una capa aislante entre el ser humano y la tierra que le ha visto nacer; esta “capa” le impide experimentar el sentimiento patriótico y está formada precisamente por las actitudes materialistas y por el individualismo que surgido de la revolución francesa, fue diluyendo la sensación de “comunidad”. El tipo humano individualista, finalmente, terminó por perder progresivamente la percepción de sus sanos instintos, refugiándose en lo privado. De ahí que la actual patología de civilización registra como uno de los rasgos más sorprendentes la inhibición del individuo de todos los instintos que podrían asegurar su supervivencia: dificultades para la procreación (negativa a experimentar el instinto de reproducción y los rasgos de la sexualidad normal), negativa a considerar que una comunidad debe defenderse (negativa a experimentar el instinto de agresividad) y negación del instinto territorial (atenuación creciente del patriotismo).


7ª Tesis: Las desviaciones, exageraciones y sobre actuaciones dañan al patriotismo

- El patriotismo sobreactuado genera una serie de desviaciones que ayudan poco al patriotismo y tienden a caricaturizarlo, derivando en formas degeneradas de patriotismo. Se entiende por “sobreactuación” una afección continua, obsesiva y enfermiza que, como cualquier obsesión, bloquea al sujeto y hace que cualquier otro aspecto de la realidad quede subordinado, asfixiado y ahogado por el patriotismo. En general esta sobreactuación supone una adulteración de la conciencia patriótica y una aproximación al nacionalismo. En tanto que “individualismo de los pueblos”, el nacionalismo no concibe que cada cual pueda vivir el nacionalismo de una manera diferente. El nacionalista ve rivales, enemigos, adversarios ante los que oponer el propio nacionalismo e imponerlo. El patriota, en cambio, sabe que el ciudadano de otro pueblo debe experimentar la misma sensación de apego a la tierra natal que él y, por tanto, le resulta fácil establecer puentes y percibirlo incluso como amigo, encontrando puntos de contacto con él, especialmente si existe una contigüidad antropológica y cultural en lugar de una brecha entre las dos comunidades. La relación entre patriotas españoles y portugueses no puede ser la misma que entre españoles y marroquíes. Los griegos ya se burlaban de aquellos que sostenían que la Luna brillaba mejor en Atenas que en Esparta.

- Las sobreactuaciones del patriotismo revisten, fundamentalmente, tres formas: chauvinismo, jingoísmo y tribalismo.


o    El chauvinismo en Francia, patrioterismo en España, es una percepción narcisista de la propia comunidad considerada como “lo más plus” en cualquier aspecto. Está hecho a partes iguales de paranoia (la sensación de que la Nación está amenazada continuamente por peligros imaginarios), mitomanía (la construcción de una “historia nacional” amputada de todos los aspectos problemáticos) y delirio de grandeza (que frecuentemente surge como respuesta y sublimación de complejos de inferioridad o frustraciones).

o    El jingoísmo es otra forma de patriotismo exaltado y agresivo que justifica aventuras y guerras de conquista en el exterior. En este sentido, por ejemplo, George W. Bush fue un “jingoísta”, término de origen acuñado en el siglo XIX. Es un término propio del mundo anglosajón que se aplica especialmente al expansionismo militarista. Nació en el contexto del imperio británico e incluía una idea de superioridad racial y cultural que fue defendido tanto por laboristas como por conservadores. En esa época, los ingleses retroalimentaban esta idea con las posiciones hostiles de los demás imperios europeos. El término procede de una canción de music-hall cantada durante la guerra de Crimea: “No pelearemos más que por Jingo”.

o    El tribalismo, por su parte, sugiere que todas las manifestaciones de un pequeño grupo social (una tribu) son superiores a los de cualquier otro. El tribalismo aparece especialmente en comunidades de carácter minúsculo que experimentan una sensación de inseguridad al ser fronterizas con otras más grandes. A partir de ese momento intentan exaltar sus “rasgos diferenciales” hasta extremos exagerados y hacen todo lo posible por aumentarlos aún más.


- Estas tres “desviaciones”, en realidad, corresponden más al nacionalismo que al patriotismo y aparece especialmente con los Estados-Nacional, el liberalismo, el individualismo, las burguesías nacionales y la economía liberal en su fase industrial. Todas son formas sobreactuadas de la tendencia natural a ser hijos fieles de la patria que a cada uno nos corresponde por origen.

8ª Tesis: Politizar el patriotismo supone matar al patriotismo


-    El patriotismo puesto al servicio de un partido político mata siempre al patriotismo y lo hace patrimonio de parte tal como hemos anotado anteriormente. Frecuentemente esta forma se caracteriza por colocar una coletilla al patriotismo: patriotismo constitucional, patriotismo entendido con la adhesión a una persona física, patriotismo social, etc.


o    El patriotismo constitucional es el slogan improvisado por el PP durante el período de Aznar para oponerse a los focos secesionistas, especialmente al vasco. Son dos términos que no pueden tener nada que ver: el patriotismo no está ligado a ninguna forma política, pueden sentirlo –y de hecho lo han sentido- los soviéticos que luchaban en lo que llamaron “gran guerra patriótica” contra los alemanes, lo han sentido los romanos durante sus fiestas y celebraciones y lo han sentido los conquistadores españoles desde Pizarro hasta Cascorro. Las constituciones son un fenómeno relativamente recientes (no más de cuatro siglos) y se trata de normas que aspiran a ser perennes pero que en la práctica suelen durar apenas algunas décadas, hasta que otra la sustituye. Resulta imposible unir lo permanente (el patriotismo) a lo impermanente (un texto constitucional).

o    El patriotismo entendido como la adhesión a una persona física es una de las formulaciones más habituales y modernas que reviste la politización del patriotismo y que se suele encontrar en su larga degeneración hacia el nacionalismo. Cuando Jordi Pujol se sentía atacado por el escándalo de Banca Catalana, intentaba galvanizar a la población catalana, excitando el nacionalismo y explicando que “atacaban a Catalunya”. El zapaterismo considera igualmente que cualquier cosa que no sea apoyarlo en su gestión autista y desintegradora supone una “falta de patriotismo”. Y, por supuesto, el franquismo jugó, especialmente en sus últimos años la trasposición de la figura de Franco a la de España: la prensa de septiembre de 1975, por ejemplo, acusaba a quienes se manifestaban contra Franco a causa de los fusilamientos de 5 terroristas de ETA y del FRAP, de “atacar a España”. En realidad esta tendencia supone una continuación de la idea anterior a la Revolución Francesa según la cual la figura del Rey era considerada como el símbolo de toda la comunidad. Atacar la figura del Rey suponía atacar al Reino y, por tanto, la población lo consideraba como el ataque a algo propio. Caídas las monarquías tradicionales, quedó siempre el recurso de identificar abusivamente a cualquier líder con la totalidad de la patria.

o    Por su parte, el patriotismo social es el resultado de los intentos de construir un envoltorio nuevo para la extrema-derecha, tratando de acentuar el carácter social de esta. El término aparece como sustitutivo de otros habituales en los años 30 que venían a indicar lo mismo: nacional-sindicalismo, nacional-socialismo, nacional-fascismo. Después de una década de utilizar esta combinación de patriotismo social quizás sea hora de reconocer que no ha suscitado el efecto esperado, ni que ha calado en la mentalidad de la población. ¿A causa de qué? En principio porque se trataría de una tautología, algo que se afirma a sí mismo dos veces: en tanto que identificación de todo un pueblo con sus raíces, el patriotismo es, por sí mismo, social y presupone que todos los habitantes de un mismo territorio constituyen parte de una comunidad que, en tanto que tal, forma un todo con sus líderes y estos tienen la obligación de velar por el orden social, la seguridad y los derechos de la población, dado que solamente así, esa comunidad seguirá unida y prosperará. Cuando un patriotismo no es, por sí mismo, social, deja de ser patriotismo y se convierte en  impulso oligárquico, esto es, en identificarse, no con las raíces de un pueblo y de una tierra, sino con los intereses de las aristocracias económicas. Aludir al patriotismo social es olvidar que todo patriotismo es, por definición, social y deja de serlo en el momento en que una oligarquía pretende “administrarlo”.


- De ahí que el patriotismo no pueda ni deba de ser utilizado jamás como bandera política so pena de desvirtuarlo e instrumentalizarlo al servicio de una determinada bandería. Cuando los ciudadanos de una comunidad dejan de verse como miembros de esa misma comunidad y empiezan a discutir sobre los matices de su patriotismo, es que esa comunidad ya ha perdido el instinto patriótico y está descendiendo por los escalones que llevan del patriotismo al nacionalismo y de éste, como reacción (a causa de las tragedias que ha generado en sus formas jingoístas, chauvinistas, patrioteras y tribalistas, en los siglos XIX y XX, siglos de las guerras y luchas nacionales) lleva o bien a la negación del patriotismo o bien a su sustitución por formas de internacionalismo.


9ª Tesis: No es el patriotismo el que define una opción política sino la idea de “identidad”


- Es evidente que hay partidos políticos que defienden mejor o con más énfasis que otros el ser, el mantenimiento y la vigencia de una de una Nación-Estado. Sin embargo sería peligroso considerar que esos partidos son “patrióticos”. Serán más “patrióticos” que otros, a condición de aceptar que en todos los partidos existen, en mayor o menor densidad “patriotas”.

- Esta discusión es particularmente virulenta en la extrema-derecha y alcanza hasta el límite de lo absurdo: ningún partido –sostienen- defiende la unidad de la patria y la integridad del Estado… salvo los partidos ultraderechistas. Lamentablemente este planteamiento no explica el porqué España sigue siendo una unidad cuando estos partidos en su conjunto apenas arrastran 40-60.000 votos en toda España… Contrariamente a lo que se tiene tendencia a creer en la extrema-derecha en todos los partidos políticos existen formas de patriotismo y personas que defienden la integridad y la prosperidad de la patria (mucho más cuestionable es que sus direcciones hagan otra cosa más que defender sus intereses).

- Si la extrema-derecha enfatiza en esta idea –evidentemente deformada- es porque desesperadamente busca un “rótulo” ideológico que pueda sustituir a las viejas doctrinas de los años 30 y cree haberlo encontrado en el patriotismo. Pero algo que está presente en mayor o menor medida en todas las fuerzas políticas difícilmente puede ser un paradigma creíble para definir lo propio. La extrema-derecha suele sacar banderas nacionales a la calle… olvidando que el PP saca muchas más. Luego, por tanto, al error que consiste en que a un intento de politizar el patriotismo, se une un segundo error consistente en tratar de rivalizar con el PP cuyas manifestaciones incomparablemente más multitudinarias que las de extrema-derecha registras una alta densidad de banderas nacionales.

- En su búsqueda de un paradigma que defina su doctrina, la extrema derecha ha equivocado el tiro y ha confundido los términos. En efecto, para diferenciarse del PP y de su patriotismo constitucional, tiende a sobreactuar en un terreno en el que no puede competir.

- El patriotismo es un instinto y el nacionalismo un producto de las Revoluciones Liberales del  siglo XVIII y XIX. El primero es, como hemos dicho, cosa de todos y el segundo apenas es una proyección de la ideología liberal, esto es, de otra familia política. Así pues hay que recurrir a otros términos que tengan utilidad política y que no estén en contradicción con los propios orígenes.

- La idea de “identidad” y de “identitario” es probablemente la que mejor se adapta a las exigencias de una lucha política en Europa en el siglo XXI. Y esto por varios motivos:

-  La Identidad puede ser definida como un conjunto de señas de identidad que caracterizan a un pueblo. Así pues, se sitúan en un terreno diferente al patriotismo. Mientras que éste es un fenómeno no político, un instinto inmaterial y una virtud cívica, la sensación, el orgullo y la certidumbre de pertenecer a una comunidad, lo identitario se apoya en un sustrato antropológico y cultural, en experiencias históricas pasadas y en tradiciones surgidas con el devenir del tiempo. Y este sustrato se puede percibir desde distintas perspectivas. El patriotismo es lo propio del lugar donde se ha nacido. Sin embargo, si nos referimos a la identidad veremos que existen distintos niveles de identidad: uno es el que afecta a la comarca o la región en la que hemos nacido; otro es el que afecta al Estado al que pertenecemos y otro, finalmente, es el que afecta a la dimensión europea. Estos tres niveles de identidad, lejos de estar en contradicción, tienden a complementarse y son algo que ha aparecido frecuentemente en la historia de Europa: región – nación – Europa.


o    La región o la comarca, lo que en España se llama la “patria chica” y en Francia la “patria carnal”, el lugar donde nacemos ¿alguien con un mínimo de inteligencia podría negar que nos sintiéramos apegados al entorno del que hemos surgido? Es más: quien no aprecia la tierra en la que ha nacido no puede considerarse patriota de Patria alguna pues, no en vano, era tierra es parte de la Patria.

o    La nación se ha formado a partir de un largo proceso histórico y ha sustituido al “Reino” siendo hoy una realidad porque los procesos históricos nunca dan marcha atrás y, tanto el Reino como las estructuras feudales que lo constituyeron quedaron atrás y tampoco volverán. La nación es la realidad a través de la cual se organiza el Estado.

o    En cuanto a Europa es el depositario de tres cargas culturales: el mundo clásico greco-latino, la catolicidad medieval y el mundo nórdico-germánico que a raíz de los desplazamientos de poblaciones llegadas del Norte y del Este hacia el Sur y el Oeste, tendieron entre todas de dar al continente un grado de homogeneidad etno-cultural. Desde que a partir de 1945 y durante la Guerra Fría se evidenció que, ante determinados problemas ya no podían resolverse a través de la dimensión nacional, fue preciso recurrir a la convergencia europea. Si está fracasando es porque, impulsada por plutócratas, olvidó recordar estas bases históricas y culturales.


-    Al contrario que el patriotismo que es, incuestionable y depende solamente de lo vivo que tengamos la instintividad, lo identitario es propiamente un eslogan político: nadie discute ni nadie puede hacer una bandera política de la patria bajo la que están enterrados los antepasados y en la que nacerán los hijos. La patria no se discute, la patria se asume como un hecho natural común a todos. Sin embargo con la los procesos identitarios son susceptibles de poder ser interpretados según distintas fórmulas políticas: ¿es hora momento de revisar los estatutos de autonomía? ¿hay que reducir el número de autonomías en España? ¿cuál debe ser el futuro del Euro o de la Unión Europea? ¿Qué valores clásicos producto deben resaltarse con más vigor? ¿existe o puede existir una defensa europea común? Todas estas cuestiones son susceptibles de distintas interpretaciones y cada uno es libre de adoptar las que convienen a su proyecto político: unas tenderán a diluir la identidad nacional, otras a aumentarla, unas serán centrífugas, otras centrípetas, unas enfatizarán más la idea europea, otras la denostarán. Así es la política: choque de voluntades, de proyectos, de identidades. La patria está en otro sitio.


10ª Tesis: El patriotismo en el siglo XXI es un baluarte contra la globalización


- Paradójicamente, el Estado-Nación nacido del liberalismo de finales del XVIII y principios de XIX, ha sido superado y hoy es atacado por los descendientes de quienes lo fundaron. En efecto, la burguesía liberal formada en aquellas épocas veía en el capitalismo el instrumento para multiplicar sus beneficios, en la democracia el sistema político para afirmar su hegemonía respecto a las aristocracias y a las monarquías y en el Estado-Nación su marco de aplicación. Pero para el gran capital y para la oligarquía financiera fundada en estos últimos 250 años, la realidad es otra: a causa de los procesos de acumulación de capital y de financiarización de la economía, a causa de la insensata búsqueda continua de beneficios, el modelo Estado-Nación ya no servía para las nuevas élites económicas que idearon la globalización como etapa posterior al Estado-Nación.

- Hoy, el principal enemigo de cada Estado-Nación no es la Nación vecina, sino la globalización. Y es fundamental retener este principio, porque si el sistema mundial sobrevive a la gran crisis iniciada en 2008, solamente podrá hacerlo a costa de las naciones y de los pueblos, imponiéndose sobre ellos. Desde este punto de vista todo lo que debilita a la globalización  (proceso económico) y la mundialización (proceso político-cultural) puede y debe ser utilizado como recurso.

- Y esto solamente puede hacerse a costa de depurar al Estado-Nación de las tendencias hacia el “nacionalismo” y de las tendencias más extremistas del “individualismo de los pueblos”. Y hoy más que nunca. Habitualmente los grandes procesos de acumulación de capital se han producido a raíz de guerras y conflictos nacionales, exacerbadas por los nacionalismos. Hoy, la oligarquía económico-financiera internacional, tratará otra vez de provocar el estallido de guerras localizadas capaces de animar la producción industrial de nuevo y de generar extraordinarios beneficios para salir de la actual crisis. No es pues nacionalismo lo que conviene, ni exaltaciones chauvinistas, ni mucho menos irrupción de tribalismos dentro de las Naciones-Estado.

- Lo que contiene es: de un lado tender a la formación de bloques económico-políticos con la dimensión viable para sobrevivir como espacios de economía autosuficientes sin injerencias de la alta finanza internacional. Y de otro lado, estimular el patriotismo y las señas de identidad de los pueblos.

-  Un pueblo con personalidad propia es un pueblo que jamás será doblegado por la globalización. Una comunidad de pueblos con tecnología, recursos y población, es una comunidad que sobrevivirá y estará en condiciones de emanciparse del proceso globalizador.

-  El patriotismo es, en este contexto, sin duda, uno de los puntales esenciales de esta recuperación de la libertad de los pueblos ante el yugo globalizador. Un patriotismo depurado de las sífilis nacionalistas y de las sobreactuaciones chauvinistas o patrioteras, capaz de unir en un proyecto esencial a la voluntad de los ciudadanos, quizás no sea suficiente para batir la globalización, pero si es necesario. Por que, a fin de cuentas, si la globalización se caracteriza por una nivelación y una pérdida de la identidad de los pueblos y de las naciones, el patriotismo es la garantía de recuperar el contacto con nuestros orígenes y el trampolín sobre el que afirmar nuestra identidad.


© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

10 Tesis sobre el patriotismo (I de II) - El patriotismo en su teoría

Infokrisis.- Siempre me ha llamado poderosamente la atención esa sobreactuación en materia patriótica y el desconocimiento sobre el mismo tema que la suele acompañar. La conclusión a la que he llegado es que resulta triste -sino tristísimo- defender una determinada doctrina -en este caso el "patriotismo"- y no termina de saber en qué consiste ni lo que implica. Estas notas, realizadas apresuradamente intentar resumir y definir claramente este orden de ideas en torno al patriotismo y responde a dos cuestiones fundamentales: ¿Qué es el patriotismo, su origen y su causa primera? y ¿Cuál es su futuro en el siglo XXI?.


I Parte: la teoría del patriotismo

 

1ª Tesis: El patriotismo es una virtud del espíritu


-  El origen del término “patriota” es suficientemente ilustrativo sobre su contenido: Deriva de la unión de los términos “patris” y “otes”, indicando lo perteneciente o relativo a la tierra del padre. Su significado es similar al término “arraigo”, esto es la capacidad de unión entre un hombre y la tierra que la ha visto nacer. El novelista J.R.R. Tolkien decía razón al decir que “las raíces profundas no se congelan jamás”: contra mayor es el arraigo de un hombre en su tierra natal mayor es su capacidad de sobrevivir a los desafíos de la modernidad

- Hay distintas formas de vivir el patriotismo. La más completa es, sin duda, aquella que consiste en identificarse con la tierra en donde se ha nacido y con sus valores, donde están enterrados los padres y es pisada por la comunidad a la que se pertenece. Esto implica un conocimiento y una fidelidad a los de la tierra natal, a su tradición, a su sustrato etno-cultural, esto es, en definitiva, a su identidad.

- El patriotismo no es ni una emoción, ni un sentimiento. Cualquier sentimiento y carga emotiva que se da en un individuo dependen solamente de procesos químicos que alteran los equilibrios hormonales en el interior de su cerebro. Las situaciones de miedo, tensión o euforia surgen de descargas de determinadas hormonas en el cerebro. El patriotismo es otra cosa muy diferente y mucho más profunda que una filia o una fobia momentánea que dura lo que duran los 90 minutos de un encuentro de fútbol o la celebración de una victoria deportiva, por ejemplo.

- Llama la atención que en la modernidad tardía las muestras más exaltadas de “patriotismo” se den en los estadios de fútbol y en las competiciones deportivas en donde se producen fenómenos de hipnosis colectiva en donde las masas son “seducidas” por una figura del deporte o por los colores de un equipo, produciéndose un fenómeno de exaltación irracional y una descarga de emotividad que están muy lejos del patriotismo tal como se entendió en las Ciudades Griegas o en la Antigüedad Romana.

- El “patriotismo” que aparece en los estadios no es, en rigor, patriotismo, sino un estado de exaltación que no surge de la identificación con la tierra natal, sino de un espectáculo que entra dentro del entartainment y de la modernidad de más bajo nivel.

- Para vivir el patriotismo es preciso que el individuo identifique y viva los valores de su comunidad. Esto implica un cierto grado de educación y de comprensión de cuáles son esos valores. No se trata de que el patriotismo dependa del mayor o menor nivel cultural de una población, sino de su capacidad para identificar y vivir los valores como propios y transmitirlos en el decurso de las generaciones. Y precisamente por todo esto es una “virtud del espíritu”, entendiendo por “espíritu” el principio generador de carácter íntimo que es su esencia y sustancia.


2ª Tesis: El patriotismo es la modulación humana del instinto territorial presente en las especies superiores


- ¿De dónde surge esta cualidad del espíritu? Para responder a esta pregunta debemos recordar lo que es la naturaleza humana: de una parte un sustrato biológico que comparte con los animales y de otro un soplo de genialidad superior y racionalidad, ausente en otras especies. En tanto que compartimos un sustrato biológico con las especies superiores compartimos también los instintos presentes en estas: instinto de reproducción y de placer, instinto de agresividad y supervivencia, instinto territorial.

- Estos instintos presentes en las especies biológicas superiores, se modulan en el ser humano dando forma a valores, comportamientos y actitudes concretas y civilizadas. El instinto de reproducción y de placer tienen que ver con la sexualidad; el instinto de agresividad pasa a ser el valor fundamental del estamento guerrero y de la milicia; y el de supervivencia es una síntesis de los dos anteriores. Derivan de la época en la que el ser humano era cazador-recolector.

- Junto a estos instintos se moduló también el instinto territorial que hace que una especie superior o un individuo perteneciente a esa especie considere determinado territorio como propio y esté dispuesto a defenderlo (con el instinto de agresividad) y a sentirse seguro para cumplir la ley de su especie (mediante el instinto de reproducción). Los avances de la etología desarrollada especialmente en los años 60 y 70 estudiaron este instinto y no permiten discutir científicamente esta conclusión.

- Los instintos son imprescindibles para la supervivencia de una especie. Si se pierden o se atenúan eso significa que la especie que padece este adormecimiento de lo instinto, corre peligro de extinguirse. El instinto territorial nos proporciona la sensación de que el territorio que ocupamos es inviolable. Cualquier intruso que penetre en él desencadena inmediatamente el instinto de agresividad ante la posibilidad de que pueda suponer un peligro para nuestro instinto de supervivencia y reproducción.

- En la medida en que la naturaleza humana es biología pero va más allá de la biología, tiende siempre a modular estos instintos y a darles un significado mucho más concreto que en el medio animal: el “territorio propio” es la habitación que poseemos en un hogar, es el barrio e el que hemos nacido, es la comarca que conocemos bien, la tierra chica, la Patria, y en acepciones superiores, todo nuestro entorno cultural.

- Si el instinto territorio trasladado a lo humano constituye el desencadenante inevitable del patriotismo, es evidente que negarlo implica negar también la naturaleza humana o, como mínimo, desconocerla. De ahí que todo lo que suponga una negación intelectual del patriotismo sea siempre una construcción teórica deshumanizada y despersonaliza que ignora el impacto de los instintos en nuestra naturaleza.


3ª Tesis: El patriotismo es completamente diferente al nacionalismo.

- Se tienen tendencia a confundir “patriotismo” con “nacionalismo”. Históricamente, el “nacionalismo” aparece con la nación y ésta lo hace en un momento reciente de la historia (el último cuarto del siglo XVIII con la Revolución Americana y la Revolución francesa). La transformación de los “reinos” en Estados-Nación y la sustitución del vínculo de fidelidad para con la figura del Rey por la doctrina de los Derechos y Deberes del Ciudadano implicó insertar en el concepto “nación” y en su derivado el “nacionalismo”, una carga ideológica que dependía precisamente del marco intelectual en el que se produjo la transformación de los Reinos en Estados-Nación: la ideología liberal.

- El “nacionalismo” está íntimamente unido a una serie de fenómenos históricos concretos: el advenimiento de la burguesía como clase hegemónica, la revuelta del burgués y del comerciante contra las aristocracias guerreras, la democracia como forma política, el liberalismo como su traducción económica, y al individualismo como forma de concebir el mundo. No hay más nacionalismo que el vinculado a todas esta tendencias que aparecen en un momento reciente de la historia, perfectamente identificable.

- En lo que se refiere al patriotismo, su origen se pierde en la noche de los tiempos. Si bien en el mundo clásico ya existía esta concepción, todo induce a pensar que en formas de civilización anteriores ya estaba presente.

- Fundamentalmente, el nacionalismo aspira a la hegemonía de su nación y  como Napoleón en el caso francés, aspira a imponer los valores de la ideología burguesa a todo el mundo. Por eso todo “nacionalismo”, a la postre es en cierta medida “internacionalismo” en la medida en que asume una tarea misional de extensión de sus valores nacionales a todo el orbe.

- El patriotismo es todo lo contario. Sabe cuál es su tierra y que valores le corresponden. Básicamente los regímenes patrióticos tienen tres vertientes en las que suelen insistir: la preservación de la soberanía y de la unidad del territorio; el culto a los héroes y a los antepasados como formas de unir el pasado con el presente y proyectarlo hacia el futuro; y, finalmente, conservar los valores propios calificados como “valores patrios”. No hay pues, en el patriotismo, forma alguna de expansionismo, ni de imperialismo. Aspirar a dominar a tal o cual nación carece de sentido para un patriota interesado únicamente en aquella tierra en donde están enterrados sus antepasados y en donde se encuentra la forma de vida que ha conocido desde su nacimiento.

- En la medida en que se ha definido al nacionalismo como el individualismo de los pueblos los choques entre naciones han sido una constante en los dos siglo XIX y XX que pueden ser considerados en rigor como los siglos de las luchas nacionalistas, cuando cada nación ha querido imponerse sobre el vecino, fundamentalmente por intereses económicos, en la medida en que la clase hegemónica en los Estados-Nacional es la de la burguesa y la comerciante. Esta tendencia solamente ha terminado cuando la propia dinámica del sistema capitalismo-liberal ha terminado considerando que los intereses oligárquicos del sistema se defienden del hoy mejor en el marco de un mundo globalizado en el que la ideología dominante es el humanismo universalista difundido por la Unesco, la economía ha dejado de ser liberal para ser financiera, la cultura ha pasado a ser entertaintment y el Estado-Nación se va disolviendo progresivamente y ve limitada su soberanía por la oligarquía financiera internacional.


4ª Tesis: El patriotismo está situado más allá del racionalismo y del irracionalismo


- De la misma forma que el nacionalismo está vinculado a la ideología que arranca con el racionalismo cartesiano, prosigue luego con la Ilustración y está presente en el romanticismo alemán, el patriotismo se sitúa fuera de las corrientes ideológicas: es simplemente un instinto humano derivado del instinto territorial propio a los animales superiores.

- El patriotismo, no es, pues, desde luego, una forma de racionalismo (doctrina que sostiene que todo lo real es racional y sólo lo racional puede aspirar a ser real, por tanto todo lo que es material es, a la postre, real y no existe más realidad que la material), pero tampoco es irracionalismo, ni mucho menos emotividad y sentimiento. El patriotismo es esa sensación mesurada y objetiva en la que el sujeto se identifica con la tierra y con la comunidad que reside sobre esa tierra así como con sus antepasados que están allí bajo esa misma tierra. Su origen remoto es el sustrato biológico modulado por el genio de lo humano.

- En unos momentos de fuerte cambio social, científico y cultural, en donde adaptarse continuamente a la corriente de las innovaciones se hace cada vez más difícil, es cuando el arraigo y el patriotismo se configuran como el único valor capaz de mantener la cadena entre las generaciones.

- Al situarse en el terreno de la instintividad –que es un automatismo del comportamiento-, el patriotismo es una sana reacción y una base sólida para el desarrollo de las comunidades y un mecanismo que les da coherencia y continuidad generacional, situado por encima de las ideologías y de las concepciones propias de cada individuo. Es un dominador común presente en todas las estructuras horizontales y verticales de la sociedad y, por tanto, un factor de estabilidad, coherencia y orden social y político.


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El momento político (VI de VI) 6. Por un programa mínimo de reconstrucción nacional

Infokrisis.- Esta es la situación actual sobre la que hay que operar. A esto se unen consideraciones derivadas de la historia reciente de España, importantes en la medida en que en los últimos años están cayendo mitos que se habían mantenido durante 30 años en pie y esta crisis está contribuyendo a que cada vez desaparezcan más tabúes de nuestro vocabulario político:

- Hoy ya es posible hablar de “crisis del sistema de partidos”, cuando hace solo unos años a muchos de derechas e izquierdas se les llenaba la boca hablando de “la joven democracia española y sus logros”.

- Hoy ya es posible decir bien alto que la corrupción es un mal endémico en el sistema de partidos
y que se ha generalizado, cuando hace sólo unos meses, la clase política repetía ante la admiración de los medios que “los políticos corruptos eran una excepción”.

- Hoy ya la inmensa mayoría de la población española conoce perfectamente y califica el papel de los sindicatos mayoritarios como representantes solamente de sí mismos
, estos es, de sus liberados, cuando hace poco nadie dudaba de que eran representantes de las clases trabajadoras.

- Hoy las cantinelas reiteradas sobre el papel benéfico de la inmigración están completamente desacreditadas y son mas contestadas por sectores más amplios de la población.

- Hoy las frases tranquilizadoras del gobierno ya no tienen credibilidad ni sobre el “descenso” de la inmigración ni sobre el “descenso” de la delincuencia o sobre el “fin de la crisis” y la “pronta recuperación” cada vez merecen menos crédito.

Estamos llegando a una situación previa a grandes cambios políticos y la primera muestra es el descrédito de los portavoces del sistema. Cada vez los partidos políticos tienen menos credibilidad, cada vez los porcentajes de electores que acuden a las urnas va disminuyendo, cada vez los partidos políticos mayoritarios son objeto de más críticas, hostilidad, ironías y las declaraciones de sus líderes encuentran más dificultades en ser digeridas y aceptadas por la sociedad.

La brecha entre los partidos y la población, la brecha entre los problemas de la población y la capacidad de solucionarlos por parte de los partidos mayoritarios va en aumento. Por eso es la hora de nuevas opciones políticas y del ascenso de grupos que hasta ahora han ocupado lugares marginales.

Es preciso aprovechar la fractura del Estado surgido en 1978 y el descrédito de los partidos mayoritarios y de sus tópicos para  preparar nuestro asalto a las instituciones y la reforma integral de un régimen caído en la inoperancia y la corrupción. Las condiciones objetivas son extremadamente favorables y hace falta que nuestra organización y las organizaciones hermanas estén en condiciones de redoblar sus esfuerzos y actuar en sinergia para aprovechar estos años decisivos en los que cada español está llamado a asumir sus responsabilidades en defensa de su patria y del futuro de sus familias.

Por todo ello recomendamos asumir las siguientes

PROPUESTAS MÍNIMAS A LA SOCIEDAD “PROGRAMA MÍNIMO DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL":
   
Contra la crisis económica:

o    Política de defensa de nuestra industria mediante políticas arancelarias
o    Política de desglobalización, regularización y planificación económica
o    Creación de una Banca Pública capaz de financiar a las PYMES
o    Derecho preferente de los españoles a la hora de optar por puestos de trabajo

Contra la corrupción generalizada:

o    Aumento de las dotaciones policiales dedicadas a investigar la corrupción
o    Aumento de las penas por delito de corrupción,
o    Ley de Financiación de Partidos políticos
o    Responsabilidad solidaria de los partidos políticos por corrupción de sus miembros

Contra la inmigración masiva:

o    Repatriación inmediata de todos los ilegales presentes en España.
o    Derogación de la Ley de Extranjería y  de la “regularización por arraigo”.
o    Repatriación de los inmigrantes en paro de larga duración.
o    Expulsión de todos los extranjeros presos con prohibición de retorno.

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El momento político (V de VI) 5. Las insuficiencias de la oposición

Infokrisis.- Quizás el aspecto más dramático de la actual fase de la crisis económica es que no hay gobierno, pero tampoco hay oposición. En efecto, hoy Rajoy ha asumido su papel de sentarse a la puerta de Génova 5 esperando, sin hacer prácticamente nada, que el cadáver de ZP pase por delante suyo. Callaron ante el debate suscitado en torno a las nucleares y a los cementerios nucleares, callaron cuando estalló el debate sobre el empadronamiento de inmigrantes, allí dónde gobiernan su política en relación a la inmigración es exactamente la misma que la que practica el PSOE desde el Estado: subvenciones, subsidios, integración y… ¡nada más!

El pasado 20 de enero, Mariano Rajoy todavía no tenía claro algunos de los elementos del debate sobre la inmigración cuando declaró que todo el problema de la inmigración estriba en “determinar cuál es la capacidad de acogida de España” (¿a estas alturas no está claro que hay más de cuatro millones de los que podemos acoger?), el trabajo que se podría generar para acoger a trabajadores llegados del exterior (de momento ni PP ni PSOE nos dicen como piensan generar puestos de trabajo) y el “coste de los servicios públicos” (la palabra “insostenible” se impone en este tema)… A estas alturas preguntado por Catalunya Radio, sobre la política de inmigración del PP, Rajoy solamente fue capaz de balbucear: “abogo por una política de inmigración ordenada y coherente”… ¿alguien hubiera propuesto una política de inmigración “desordenada e incoherente”…? El PP está instalado en la ambigüedad más absoluta en materia de inmigración.

Esa ambigüedad es la propia de toda la cúpula del PP. Javier Arenas –que ya acaricia el poder en Andalucía tras 20 años de olerlo a distancia– pidió que “se abra un debate sobre la inmigración sin hipocresía, sin cinismo y reconociendo los errores”… sin embargo no explicó cuál sería la posición del PP en ese debate. Pero lo triste no es que en inmigración la política del PP sea absolutamente ambigua y seguidista en relación al PSOE, o que se preocupe solamente por incorporar los votos de la inmigración como ayuda para las próximas elecciones locales.

Lo grave no es esto, sino que lo grave es que en materia económica, fuera de unos cuantos tópicos, tampoco las propuestas están claras: “bajar los impuestos” y “reducir el casto público” son medidas que no bastan para explicar cómo se podrá pasar de un déficit del 14% del PIB al 3% especialmente si no se indica qué impuestos van a descender y en qué partidas se va a reducir el gasto público. Por lo demás, se ignora el tipo de reforma de la contratación laboral que quiere realizar el PP y si aumentará o no los plazos de cotización a la Seguridad Social.

Aunque no lo digan, está claro que el PP adoptará medidas que corresponden a su tradición liberal: reducción de servicios públicos, medidas neoliberales clásicas (abstencionismo del Estado en materia económica, desregulación completa de los mercados, etc.) sin que sean capaces de explicar, cómo disminuyendo impuesto y con un tejido industrial deshecho a fuerza de quiebras y deslocalizaciones, sin un nuevo modelo económico, van a conseguir que despierten algunos sectores industriales y generen empleo ¿qué sectores?, ¿dentro de qué modelo? Más lógico parece pensar que el PP tomará el poder en unas condiciones lamentables de la economía y para evitar un aumento del déficit que nos sitúe fuera de la zona Euro, optará por un reajuste económico brutal que, ni aún así dará resultados beneficiosos para el mercado laboral a la vista de que seguirá sin haber modelo económico y, en el supuesto de que fueran capaces de idear uno y de ponerlo en práctica, todavía se tardaría cinco años en contemplar algunos resultados benéficos.

De ahí que el PP sea la “alternativa a ZP”, pero no la “alternativa necesaria”. Su salida será neoliberal, no hay absolutamente ninguna muestra de que tenga decisión suficiente para abordar un programa de repatriaciones, el único que permitiría disminuir la partida de gastos más importante del Estado, resolviendo la cuestión de la inmigración por vía de las repatriaciones. Preferirá reducir las prestaciones y los servicios a las clases medias españolas antes que atacar los ingresos de la oligarquía económica y disminuir las prestaciones sociales a todos, antes que sacarse encima al lastre de la inmigración.

Es evidente en estos momentos que el PP no responde a más expectativas que la de apuntillar a ZP, pero que:

Ni tiene una política económica clara que verosímilmente nos pueda sacar de la crisis económica y que en este terreno no va más allá de los tópicos neoliberales.

No tiene absolutamente ningún interés en afrontar decididamente el problema de la corrupción generalizada porque eso implicaría suicidarse y sacar fuera los trapos sucios de todos, incluidos del propio PP.

No tiene ningún interés ni ha propuesto medida concreta alguna para resolver el gran lastre de nuestra economía, la inmigración masiva.

En estas condiciones ¿sirve par algo más Rajoy que para echar a ZP? Para nada más. Al cabo de dos años de su gestión veremos como está la sociedad española y cual es el estado de ánimo de sus propios votantes y de la población en general. Pero mucho nos tememos que en 2014 estaremos al límite y las políticas de Rajoy nos habrán situado en pleno estallido social.

El papel histórico y la utilidad del PP es solamente la de echar a ZP, pero una vez sentado Rajoy en La Moncloa le queda sólo aplicar las políticas antipopulares y ultraliberales que desde la oposición solo se atreve a insinuar. Esas políticas no lograrán sacarnos de la crisis que, no es solamente un resultado del zapaterismo, sino que es una crisis sistémica del neoliberalismo… cuyas fórmulas quiere rescatar Rajoy. Tras lu hundimiento de la sigla PSOE, el acto siguiente del drama será el hundimiento de la sigla PP: y a partir de ahí se abren caminos nuevos para nuestro país y la posibilidad de establecer una regeneración política a la que durante 30 años PP y PSOE se han negado a abrir la puerta.

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El momento político (IV de VI) 4. La descomposición del zapaterismo y la crisis de la socialdemocracia

Infokrisis.- El actual gobierno de Zapatero está completamente agotado y da muestras inequívocas de descomposición. El hecho de que Viviana Aido siga con sus obsesiones zafias e ignorantes –la última de todas, proponer que el feminismo sea “asignatura troncal” en la Universidad, sin que ya nadie se preocupe mucho de lo que dice o deja de decir– y el que la Fernández de la Vega esté completamente desahuciada políticamente, son solamente los signos más externos de que el zapaterismo se encuentra en pleno proceso de descomposición con todo lo que ello implica.

Los síntomas de esta descomposición no dejan de multiplicarse. El llamamiento de Rajoy en el parlamento a los diputados del PSOE a principios de marzo no estaba carente de sentido: “Necesitamos que las cosas cambien y en mano de ustedes está el cambiarlas”, dijo a los diputados socialistas el presidente del PP… en un claro llamamiento a las bases del PSOE para que “hagan algo”, llamamiento interesado porque dentro de dos años, cuando presumiblemente Rajoy haya llegado a La Moncloa puede encontrarse una situación de quiebra técnica del Estado que a partir de ese momento gestionará. No se trata, pues, de aplicar medidas paliativas de la crisis entonces, cuando será mucho más profunda, sino ya a partir de ahora. Era una verdadera llamada a la “rebelión de las cúpulas” del PSOE.

ZP se presenta a las próximas elecciones –lo cual está por ver– cosechará un fracaso que arrastrará a la sigla PSOE sobre el lodo. Los mismos socialistas advierten este riesgo y, horrorizados, se están dando cuenta de que ZP ha colocado a sus más mediocres peones al frente del partido (Leyre Pajín)  e intentan rescatar la sigla ligándola a Pepinho Blanco… que, a fin de cuentas, no sería más que un puente entre el pasado marcado por la sigla “ZP” (completamente amortizada y que no volverá a suscitar entusiasmos) y el futuro de nuevo marcado por la sigla “PSOE”. La sigla “ZP” empieza a ser un lastre para el socialismo.

En 2011 tendrán lugar las próximas elecciones autonómicas en las que el PSOE solamente tiene asegurada hoy Extremadura. En Baleares la multialianza socialista con la “princesita Munar” le ha hecho perder toda credibilidad y arrastrarla en sus escándalos de corrupción. En Andalucía, ni siquiera los millones de euros aportados en 18 de marzo para ampliar el PER y reducirlo a 20 días de peonadas, servirá para mejorar la posición electoral del PSOE, desbordado ya por el PP y que solamente aspira a gobernar en coalición con lo que quede de IU. En Galicia, el PSOE afronta una crisis que prácticamente lo ha borrado del mapa y tardará en recomponerse. En Aragón, Madrid y Valencia retroceden y los candidatos “zapateristas” temen no poder ni siquiera alcanzar el 30% de los votos. En Canarias, López Aguilar ni está ni deja de estar, impidiendo la reorganización del PSOE en esa zona.

José María Barreda, presidente de Castilla La Mancha, ha pedido en dos ocasiones la renovación del gobierno central… a pesar de ser un zapaterista ungido por el propio ZP. Montilla y los socialistas catalanes nunca más volverán a votar por la candidatura de Zapatero en un próximo congreso del PSOE, ni nunca podrán aportar de nuevo su mayoría en Catalunya (como tampoco la podrá aportar el PSOE andaluz) para reelegir a Zapatero. 

La figura de Zapatero es cuestionada por los diputados guerristas, por la vieja guardia felipista e incluso por los de Izquierda Socialista. Incluso los barones socialistas a los que él mismo respaldó para que ascendieran a su plaza, temen respaldarlo públicamente para evitar ser arrastrados por él en su caída. Para colmo, en Catalunya, el PSC se prepara para una hecatombe histórica en las elecciones de noviembre, permaneciendo hoy 10 puntos por debajo de CiU.

El próximo congreso del PSOE toca en julio de 2012, si no tiene lugar –como es previsible– un congreso anticipado que certifique la defunción inevitable del zapaterismo. Zapatero es un cadáver político amortizado completamente y será inevitable que arrastre al PSOE en su caída. Pero esta crisis del socialismo español hay que enmarcarlo dentro de la crisis de la socialdemocracia europea que es estructural y no solamente coyunturas como podría pensarse a raíz de la situación del zapaterismo en España.

Se aproximan los días en los que el zapaterismo pasará del poder al basurero de la historia, sea la forma que tenga el “socialismo” que le sustituirá parece muy claro que no tendrá nada que ver con los contenidos del zapaterismo. Y esto generará un elemento muy interesante: una de las columnas sobre las que se mantiene el sistema político español desde 1978, está tocado y hundido porque a la crisis zapaterista se une la crisis de la socialdemocracia europea. El hundimiento del PSOE será uno de los elementos que facilitarán la recomposición de fuerzas políticas y es una condición sine qua non para proceder a una regeneración política del país.


La crisis de la socialdemocracia europea

Pero el “zapaterismo” no es más que la resultante de la crisis de la socialdemocracia europea que ha ido perdiendo progresivamente identidad en los últimos 30 años y actualmente se encuentra desdibujada. El “zapaterismo” no hizo más que sustituir la ideología socialdemócrata por esa extraña doctrina hecho a base de “buenismo”, “progresismo”, “feminismo”, igualitarismo a ultranza, ingeniería social  teniendo como denominador común el humanismo universalista de la UNESCO. Era una alternativa a la socialdemocracia que de hecho certificaba la muerte política de ésta. Y el invento ha fracasado. La crisis económica se ha comido en apenas dos años este proyecto., mientras la socialdemocracia ha seguido decayendo en toda Europa.

En 2002, la socialdemocracia gobernaba en 15 países europeos, hoy solamente gobierna en cinco (España, Portugal, Grecia, Reino Unido y Hungría), estando a punto de despedirse del poder al menos en tres (Grecia, Portugal y España). Y esto ocurre justo cuando el “rival” de la socialdemocracia, el liberalismo, afronta otra crisis de gran envergadura.

La socialdemocracia en la forma que hemos conocido tuvo su origen en 1959 cuando los socialistas alemanes abandonaron oficialmente el marxismo y la lucha de clases para mostrarse favorables a la OTAN y aceptar la democracia liberal. Esta corriente tardó veinte años en llegar a España. En mayo de 1979, el PSOE rechazo la renuncia al marxismo, pero en el Congreso Extraordinario celebrado ¡cuatro meses después! la aceptó finalmente. Desde entonces el Partido “socialista”, ha sido, en realidad “socialdemócrata”… e incluso durante el breve tránsito de Almunia por su dirección, propuso la habitual consigna de “unidad de la izquierda”. Sin embargo, la llegada de Zapatero supuso una convulsión porque llegaba alguien sin formación cultural “socialista” y con una vaga percepción de lo que era la “socialdemocracia”. El PSOE se convirtió en un partido que, en lo económico tenía muy poco que decir, y en lo doctrinal desplazaba su centro hacia la “ingeniería social” (igualitarismo, humanismo–universalista, derechos de los gays, facilitar el divorcio, el talante, la negociación con ETA, la doctrina de la “renuncia preventiva”, etc, es decir, todo lo que constituyó el “alma” de la primera legislatura de Zapatero).

En ese momento (2007–8) el PSOE no quería ver lo que se venía encima: la mayor crisis económica de nuestro país. Esta crisis era hija del ultraliberalismo y de la globalización… pero ni la socialdemocracia, ni el zapaterismo supieron generar entusiasmo popular hacía una sigla que primero se había negado a “hacer la revolución”, luego había aceptado la economía capitalista, que había dejado de ser represente de las clases trabajadoras para convertirse en adalid de las clases medias urbanas acomodadas… y que, para colmo, abandonaba a su suerte a los mileuristas, a los jóvenes precarizados, a las fracciones de la clase media asfixiadas por la crisis y en trance de proletarización y a los trabajadores autóctonos en beneficio de los “nuevos proletarios”, los inmigrantes… ni en España, ni en Europa, la socialdemocracia hizo nada en beneficio de estos grupos sociales: simplemente se limitó a resolver (temporalmente) la papeleta a la banca y a los amigos de la propia socialdemocracia.

Desde hace 30 años la socialdemocracia europea ha multiplicado sus desmanes:

- Ha ido estimulando la destrucción de los sectores públicos y las privatizaciones a ultranza, ha destruido cualquier rastro de Banca Pública,

- Ha favorecido los planes de jubilación privados,

- Ha dado a la banca tratos preferenciales,

- Ha propuesto sistemáticamente la prolongación de la edad de jubilación,

- Se ha negado a grabar a las grandes fortunas optando por aumentar los impuestos a las clases medias,

- Se olvidaron las políticas de “pleno empleo” (que contribuían a hacer aumentar los salarios),

- Se redujeron las ventajas sociales (en España inherentes al paternalismo franquista),

- Se privatizaron los servicios públicos (en lugar de mejorarlos e impulsarlos)…

Por todo ello se ha podido hablar en rigor de un “social–liberalismo”, más que una socialdemoracia. La socialdemocracia (en España fue muy evidente durante el felipismo)

Cuando llegó la crisis económica, ni una sola medida activa fue tomada contra los responsables de la misma: la banca, la patronal inmobiliaria, la especulación, la globalización. Pero hubo algo más. Recientemente dos socialdemócratas, Gordon Brown y Zapatero apoyaron la elección de Durao Barroso para presidir la Comisión Europea… Barroso es, como mínimo un hombre contradictorio, maoísta en su juventud, luego devenido ultraliberal, fue el cuarto nombre de la Conferencia de las Azores, el anfitrión al fin y al cabo. Esa Unión Europea, es la que ahora percibe solamente una salida a la crisis de España, Grecia y Portugal, a través de un reajuste brutal y de programas de austeridad que harán caer en poco tiempo a estos tres gobiernos socialdemócratas

En estas circunstancias el mensaje socialdemócrata ha quedado completamente vacío. La izquierda se ha difuminado: ya no existen ni radicalismo, ni anarquismo, ni socialismo marxista, ni comunismo estaliniano, ni dentro de poco existirá la socialdemocracia.

Europa ha dejado de ser la “tierra de promisión” del socialismo que ha pasado a otros horizontes, especialmente en Iberoamérica con los gobiernos de Bolivia, Venezuela y Ecuador… pero esto queda demasiado lejos y, por lo demás, allí hay mucha más demagogia social e indigenismo que socialismo o socialdemocracia.

Mientras las formas de socialismo europeo se encuentran cada vez más desgastadas y ya no están en condiciones de responder a las exigencias de los grupos sociales que hasta hace poco habían constituido su electorado tradicional, la derecha se muestra incapaz de recuperar el favor de esos grupos, ampliándose cada vez más las bolsas de abstención y la ampliación de la brecha entre el electorado y el sistema político.

La izquierda y, en particular, la izquierda socialdemócrata, está agonizando ante nuestros ojos y está dejando un campo libre que hasta no hace mucho explotaba en propiedad: el de los derechos de los trabajadores y las clases más desfavorecidas, el de las políticas sociales y redistributivas. Es el precio de haberse entregado a los grupos oligárquicos y de haberles hecho el juego. La deserción de la izquierda ha dejado libre un terreno en el que tardarán todavía en asentarse nuevas opciones políticas, y en el que nuestro partido tiene una opción de insertarse a condición de hacer de la lucha contra la inmigración masiva, contra la corrupción generalizada y contra la crisis económica y contra la globalización en defensa de las clases trabajadoras.

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El momento político (III de VI). 3. La corrupción se ha apropiado del corazón de las instituciones

Infokrisis.- Cuando Rubalcaba, ministro del interior, afirmaba con una seriedad pasmosa, que se estaban alanzando cifras de delincuencia más reducidas de la década… mentía. La mentira era tan absolutamente descarada e inasumible que toda la sociedad española lo percibió. Hubiera sido la primera en la historia de la humanidad que una sociedad sometida a una crisis económica in precedentes, a la precariedad laboral más absoluta y a tasas de desempleo desconocidos en país alguno… disminuyera su tasa de delincuencia. Pero así nos lo decía Rubalcaba con expresión cándida… Pues bien, ese tipo de mentiras estadísticas a las que tanto nos ha habituado el zapaterismo (y el aznarismo antes que él) son otras tantas formas de corrupción.

Nuestra clase política oscila entre la estulticia más absoluta (las Aido, las Pajín, los Papinhos Blanco) y la rapacidad sin límites pues de manifiesto en los casos de corrupción desvelados desde mediados de 2009 y que afectan absolutamente a todas las fuerzas políticas mayoritarias. Nuestra clase política, formada esencialmente por abogadillos ambiciosos de pocos pleitos, entendió pronto que el ejercicio de su profesión nunca les depararía las comisiones y el manejo de fondos al alcance de quien gobierna. Desde principios del felipismo (cuando empezaron a estallar los primeros escándalos de corrupción), los escándalos se han sucedido a los escándalos y la torpeza con que las fuerzas políticas implicadas los afrontaban, no son una casualidad:

- Caso Gürtel, protagonista el PP

- Caso Palau, protagonista CiU

- Caso Pretoria, protagonista CiU, PSC, PP

- Caso Maquillaje, protagonista UM


Pero estos son sin duda los casos más llamativos y que han llegado a los tribunales, luego existen cientos y cientos de casos de corrupción urbanística distribuidos por toda nuestra geografía que no han alcanzado fama nacional y sospechas de corrupción y mala utilización de recursos que afectan a casi todas las autonomías y, finalmente, sospechas de corrupción en la distribución de fondos de ayuda a ONG (la ayuda dada a las ONGs vuelve en gran parte a… quien la ha dado).

Todo esto hace que España ocupe el puesto 28 en las listas de países más corruptos en el «Índice de Percepción de la Corrupción» (IPC), que elabora y difunde la prestigiosa ONG "Transparency International" (TI), informe que señala que “Los sobornos se han extendido y convertido en práctica empresarial casi habitual. Un tercio de las empresas reconocen haber perdido negocios por haberse negado a practicar el soborno o porque las empresas competidoras pagaron más alto precio por la corrupción”. Se establece así mismo que las comunidades autonómicas líderes en prácticas corruptas son Cataluña, Baleares y Andalucía. En dicho informe España desciende tres puestos en relación al anteriormente elaborado (de 2007)

Las repercusiones de dicha “pérdida de credibilidad” son tres:

- pérdida de inversión extranjera,

- descenso del PIB y

- divorcio creciente entre los ciudadanos y el sistema político


Así mismo, los expertos internacionales en corrupción están convencidos de que el nivel real de corrupción en España es muy superior al que indica el último índice de Transparencia Internacional. La razón principal es que los estudios se nutren de estadísticas oficiales y éstas suelen estar muy manipuladas.

Y esto ocurre justo en el momento de mayor dramatismo de la crisis y el paro, justificando por sí misma los elevados niveles de abstención y la brecha irremediablemente abierta entre ciudadanos y clase política.

Pero ni aún así la clase política reacciones y se sigue negando a endurecer las medidas anticorrupción, a aumentar las dotaciones policiales especializadas en corrupción,  a endurecer las penas, a crear juzgados especiales para este tipo de delitos, a aumentar el número de supuesto legales de corrupción, a investigar el destino de la última peseta entregada a la última ONG o la última subvención a la última empresa, y, pro supuesto, la clase política se niega a establecer una ley de financiación de partidos por que el corrupto y el beneficiario de la corrupción es ¡el legislador!

La corrupción está anidada hoy en el alma del sistema política, está presente en todos los partidos, en todos los niveles de la administración y hace tiempo que ha dejado de ser una “excepción” para haberse generalizado. La corrupción es hija de las dos columnas sobre las que se mantiene el sistema político española: PP y PSOE, la corrupción afecta hasta el tuétano a estos dos partidos hasta el punto de que acabar con la corrupción sería acabar con ellos y con su hegemonía política en los últimos 30 años. Y esto es lo que proponemos: un esfuerzo de la sociedad para acabar con la hegemonía de PP y de PSOE y para renovar el sistema político español que no ya no responde a las necesidades eficacia en la gestión, transparencia en las cuentas y honestidad en la clase política.

¡Ni un voto para los partidos de la corrupción! ¡Ni un voto para quienes han degradado el sistema político! ¡Ni un voto para los que han hecho de España su finca y su cortijo!


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El momento político (II de VI) 2. Cinco millones de parados reales son cinco millones de inmigrantes de más

Infokrisis.- Oficialmente hay 4.125.000 parados y 4.600.000 inmigrantes… Es mentira. Las cifras son todavía más monstruosas: los maquillajes estadísticos habituales y por todos conocidos hacen que estas cifras no tengan la más mínima credibilidad. Habría que aproximarse a la realidad mediante las EPA (Encuestas de Población Activa) y a través de los datos de Eurostad (la oficina estadística de la UE). Lamentablemente estos organismos ofrecen datos con meses de retraso. Pero aún así siguiendo las informaciones aparecidas aquí y allí, los datos del Instituto Nacional de Estadística, notas sueltas aparecidas en medios, es fácil llegar a la conclusión de que en estos momentos las cifras reales son las siguientes:

- Una cifra de parados superior a los 5.000.000 (que sigue subiendo) y

- Una cifra de inmigrantes en torno a los 7.000.000 (que sigue subiendo)

Estos desfases son conocidos por todos los medios de comunicación y por quien se toma un mínimo interés en cotejar las cifras, pero nada impide al gobierno que repita mes tras mes sus mentiras sistemáticas: en la España de 2010, mentir sale gratis y falsear las estadísticas puede incluso evitar la caída en pica de un gobierno.

Tanto en inmigración como en paro las mentiras oficiales recurren siempre a los mismos trucos: repetir insistentemente que “se ha llegado al punto de inflexión” (claro que el paro no puede crecer más como en el primer trimestre de 2009… porque ya no hay tejido laboral suficiente como para que siga ascendiendo a ese ritmo), o las ya suficientemente conocidas de no contabilizar los parados reales procedentes de los EREs o los parados no menos reales que están siguiendo cursos, ni, por supuesto, contabilizar los parados que no reciben ninguna percepción laboral y que no han renovado su inscripción en el INEM.

En cuanto a la inmigración es todavía más simple: el gobierno recurre a mencionar sólo a inmigrantes regularizados, en última instancia a aludir a los “empadronados” (olvidando que hay que quien no tiene residencia fija debe renovar cada año su inscripción en el padrón y no todos lo hacen), eludiendo siempre referirse a los no empadronados y a los que van llegando y manteniendo una opacidad total en relación a los “naturalizados” que desparecen de la lista de inmigrantes y reaparecen en la de “nacionales”.

Desde hace años venimos denunciando el maquillado estadístico sistematizado en las cifras de paro e inmigración realizados por éste y por anteriores gobiernos, siendo la única novedad su generalización a otros sectores: fracaso escolar, índices de delincuencia y el hecho de que cada vez el desfase entre la realidad nacional y social y lo que reflejan las encuestas esté separado por una brecha cada vez mayor.

En los últimos meses el gobierno y sus voceros han repetido incesantemente una cantinela: “la inmigración se está yendo”. Pues bien, una y mil veces ¡mentira! No sólo no se están yendo sino que siguen llegando, sí en una proporción menor que en los años anteriores… pero en una proporción que sigue permitiendo hablar de “oleada”.

En 2009 el Instituto Nacional de Estadística reconoció –seguramente por error– que cada mes se habían inscrito en los padrones municipales una media de ¡40.000 inmigrantes! Y esto en tiempo de crisis. Por otra parte, ¿quiénes se van? Las cifras del Plan de Retorno Voluntario son espeluznantes: solamente se han ido desde que se puso en marcha a mediados de 2008, ¡menos de 10.000 inmigrantes!

Y ahora no hay duda: no vienen atraídos por nuestro mercado de trabajo, sino por que las condiciones sociales en España son mejores que en su país de origen. No vienen a trabajar, vienen a gozar de nuestro estado del bienestar que, gracias a ellos, está dando sus últimas bocanadas.

No es cierto que el “paro” suponga la primera carga para el Estado. El paro estaría reducido prácticamente a cero de no ser por la llegada masiva de inmigración a partir de 1997. Siempre, solamente una mínima parte de la inmigración (nunca más de 2.000.000) ha cotizado a la Seguridad Social y siempre lo ha hecho por las franjas salariales más bajas.

Los voceros del zapaterismo hoy nos dicen que el gasto de sanidad de la inmigración es menor… e incluso que la reaparición de enfermedades que se creía desaparecidas o vencidas en España, no tiene nada que ver con la inmigración: ¡un y mil veces mentira! La inmigración, con entre tres y cuatro veces más natalidad que la población autóctona –¿o es que alguien va a negarlo?– y que en buena medida viene a España en un estado de salud deplorable (desde África negra, desde África subsahariana, desde Pakistán o desde los países andinos) entra sin revisión médica previa… o bien (los andinos) exigen nada más llegar que la SS española les haga “un chequeíto”, en cuando a los marroquíes, frecuentemente prolongan artificialmente sus estancias hospitalarios, simplemente para comer gratis durante más tiempo… Todos los empleados del sistema sanitario español saben que en los últimos diez años las agresiones contra ellos han crecido de manera desmesurada. ¿Qué novedad ha ocurrido en el sistema sanitario para que se produzca esa nueva situación? Sólo una: la inmigración masiva.

Basta ya de mentiras: los presupuestos el Estado están lastrados desde hace más de 10 años por los costes de una inmigración que solamente ha beneficiado a al sector hostelero e inmobiliario, abaratando los salarios –otra mentira mil veces repetida: que la inmigración no tiene peso en el estancamiento y la tendencia a la baja de los salarios, desmintiendo las leyes de la oferta y la demandad…– según el viejo principio de “me beneficio yo y la factura la pagas tú”. En efecto, las patronales de hostelería e inmigración se han beneficiado durante años de la llegada masiva de inmigrantes, pero la factura desde el principio la está asumiendo la sociedad española.

La inmigración es hoy, globalmente, la primera partida de gastos del Estado: en seguridad, en prisiones, en policía, en sanidad, en educación, en gastos por seguros, incluso las más altas tasas de accidentes laborales y de carretera, el aumento de las tasas de alcoholismo, el gasto en ONGs que “ayudan al inmigrante”, los gastos de “integración” asumidos por ayuntamientos, comunidades autónomas y Estado, todo ello, sumado y empaquetado nos da la mayor partida de gastos del Estado.

La lucha contra la inmigración masiva es todavía más urgente hoy en la medida en que para reducir el déficit público es cada día que pasa mar urgente eliminar la primera partida de gasto del presupuesto: la inmigración. Y para ello basta con hacer cumplir la ley: repatriar urgentemente a los ilegales, repatriar urgentemente a los inmigrantes parados de larga duración, cortar las reagrupaciones familiares y la absurda “regularización por arraigo”, desactivar el efecto llamada considerando un agravante el delinquir en España siendo extranjero, cesando los subsidios y las subvenciones a la inmigración, expulsando inmediatamente a los 40.000 extranjeros presos en nuestras cárceles. Cesando toda ayuda para la “integración” (quien no se integre voluntariamente que se vaya)… con lo que será posible afrontar la reducción del gastos público sin necesidad de subir impuestos, ampliar los plazos  de cotización. Pero para ello hay que tener el valor de reconocer que la inmigración ha llegado a límites insostenibles y… se tienen que ir.


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El momento político y propuestas (I de VI) 1. Desglobalización o muerte

Infokrisis.- A estas alturas de la crisis –y ante todo lo que nos queda por pasar– parece evidente que han existido causas coyunturales y sistémicas entre los desencadenantes de la misma y otro tanto en España.

En EEUU la causa “coyuntural” de la crisis fueron las hipotecas subprime, mientras que en España fue la burbuja inmobiliaria. Pero la intensidad de estos elementos no hubiera sido tan intensa si tanto en España como en EEUU y en el resto de la economía mundial no se viviera la época de la globalización. La globalización es la fuente originaria de la gran crisis, mientras que las distintas burbujas no son más que gotas de lluvia que intensifican más el cauce del río allí formado.

El origen de la globalización acumula los errores y problemas acumulados en la economía mundial en los últimos 80 años anteriores:

- El crack económico de 1929 ilustrativo sobre los problemas de la especulación bursátil y los riesgos del binomio superproducción–especulación.

- La conferencia de Bretton Woods (1945) que selló la supremacía de EEUU sobre Europa y del dólar sobre las monedas europeas y estableció una equivalencia fija entre el dólar y el oro, convirtiendo a la moneda americana en divisa mundial.

- La decisión de Nixon en 1972 de romper la paridad dólar–oro.

- La llegada al poder del nuevo conservadurismo (1980) de Tatcher y Reagan que abandonó el keynesenismo y dio vía libre al ultraliberalismo y

- El hundimiento de la URSS en 1989 y la victoria norteamericana en Kuwait con la consiguiente posibilidad de crear un sistema económico mundial.

Todos estos hitos económicos han tenido como protagonista al dólar y a los EEUU. No hay otro elemento decisivo en la economía mundial más que el papel y la actitud de los EEUU, esto es de su oligarquía económica. El hito final terminó en la globalización que suponía, especialmente, la libre circulación de capitales por todo el mundo. Y esta ha sido la mayor exigencia de la economía norteamericana. ¿Por qué? Porque desde los años 60, los EEUU vivían por encima de sus posibilidades y precisaban el flujo de dinero exterior a sus bolsas para financiar el consumo interno y la expansión de sus propias empresas multinacionales.

Desde 1972, los EEUU se han convertido a velocidad creciente en polo de atracción del “ahorro mundial”, gracias al cual han podido sobrevivir a costa de aumentar su deuda hasta extremos increíbles. Si esto ha sido posible se ha debido a la existencia del dólar y de los marines del os EEUU.

Además el ultraliberalismo parecía “vencedor” ante sus alternativas: venció al comunismo (por presión militar contra la URSS), venció al fascismo (en una guerra asimétrica), venció a la economía regulada y keynesiana (que, sin embargo, había generado los 30 años de prosperidad que siguieron a 1945) y quedó como único triunfador abriendo las puertas a la globalización.

Y entonces, unido a la libre circulación de capitales en todo el mundo, se generó el gran problema de la economía moderna: la globalización que, en apenas 20 años ha desplazado buena parte de la capacidad industrial de Occidente (Europa + EEUU) hacia el Tercer Mundo. Todo para abaratar los “precios unitarios” de las manufacturas. El capital, ya dueño de todo el planeta, ha cruzado fronteras, ha invertido en unos países o simplemente ha abandonado otros a su suerte, siempre en busca de mayores beneficios y ha buscado abaratar los costes de la producción.

Y esto, como E2000 ha dicho en muchas ocasiones, ha terminado por generar un sistema mundial bidireccional en donde las industrias occidentales se desplazaban al Tercer Mundo y donde los costes de producción en Occidente se abarataban mediante la importación masiva de mano de obra. ¡Esto es la “globalización” y este es el sistema económico que rechazamos!

De ahí que podamos afirmar que aunque el Estado Español o el norteamericano logren resolver el problema monetario que tienen hoy, jamás resolverán la crisis al no afrontar sus causas últimas, la globalización, que, de seguir así cada vez será causa de un empobrecimiento general de “Occidente” y dentro de Europa de una diferencia de rentas cada vez mayor.

La deslocalizacion empresarial –tal como E2000 siempre ha afirmado– debilita la demanda interna (al generar millones de parados y al forzar a la baja los salarios) y aumenta la dependencia del crédito por parte de las familias tal como se ha demostrado ampliamente en los últimos 15 años en España: al no disponer de salarios suficientemente altos para garantizar el consumo, las familias deben recurrir sistemáticamente al crédito, pero cuando las burbujas estallan y los bancos restringen el crédito, las clases trabajadores comprueban su dramática situación y el mecanismo económico se ralentiza.

Por eso, desde el punto de vista económico, de lo único que se trata es de ¡romper la globalización! Y esto solamente puede realizarse mediante un recurso que todavía está en manos del Estado: la protección arancelaria y el retorno al keynesenismo. La economía mundial ha recorrido en los últimos 80 años el camino hacia la globalización, ahora toca DESGLOBALIZAR. Sin desglobalización no se podrá alcanzar nunca más una estabilidad económica mundial.

Está claro que en el siglo XXI es imposible volver a formas del  capitalismo industrial del primer tercio del siglo XX, pero no es menos cierto que la forma del nuevo keynesianismo debe ser diferente y, por tanto urge:

- Reconocer que un “mercado mundial” es fundamentalmente injusto y lesivo para los países occidentales y especialmente para los trabajadores porque siempre las industrias terminarán yéndose donde la mano de obra sea más barata y existan menos coberturas sociales. Solamente existe competencia posible entre países con el mismo nivel de desarrollo y de derechos sociales.

- Retornar al concepto ampliado de “producción nacional” a diferencia hoy cuando la producción se enfoca hacia la exportación o bien cuando se importan bienes y servicios del exterior. Hay que establecer el concepto de “producción de proximidad” que implica una producción dedicada esencialmente a satisfacer a los mercados nacionales y, como máximo a los mercados europeos en lugar de que un cordero australiano recorra los mares para ser consumido en España porque su cría vale menos allí que aquí o que un vino del cono sur recorra el Atlántico para ser bebido en una mesa de Pamplona. Y todo esto es cada vez más necesario en la medida en que la subida del precio del petróleo tiende a encarecer, no tanto el coste de producción como el trasporte a Europa: y el precio del petróleo nunca más descenderá a causa de su escasez creciente.

- El preciso, ante todo y sobre todo, proteger la industria nacional y la industria europea frente a la competencia extranjera, no por nacionalismo, sino para poder mantener el Estado del Bienestar cuyo primer paso es el pleno empleo. Y no importa si para mantener la industria nacional y europea hay que subvencionar determinados productos para eludir la competencia de otros llegados del Tercer Mundo.

- El tránsito de capitales de un espacio económico a otro (es evidente que estamos hablando de “espacios económicos”: Europa, mundo árabe, sudeste asiático, Iberoamérica, África negra, etc) debe ser gravado con tasas lo suficientemente fuertes como para desalentarlo y con fuerza suficiente como para fijarlos, al mismo tiempo que la reconstrucción de un sistema de banca publica garantice que la empresa puede recurrir a la financiación del Estado porque contribuye al mantenimiento del Estado, en lugar de buscar financiación en las bolsas o en la banca privada.

- Cesar por completa cualquier tipo de ayuda a sectores empresariales no productivos o de baja productividad (especialmente a la construcción) y, por supuesto, a la banca. El Estado debe apoyar especialmente al sector primario, alimentación y agrícola, hasta llegar a una “alimentación de proximidad” (nada de importar tomates de Marruecos o naranjas de Israel si pueden ser cultivadas en Europa y a la “producción industrial de proximidad” (nada de traer una tostadora de mala calidad de China que se quemará al cabo de un año si puede producirse en Europa con mejor calidad).

- Abandono por parte de los países europeos de estructuras económicas internacionales nacidas de los acuerdos de Bretton Woods (FMI, BM, Acuerdo General de Aranceles) e impulso de organismos de cooperación económica propios de cada “espacio económico”.

Estos son los problemas reales que deben afrontar la administración española y la europea. Solamente hay una alternativa: O desglobalización o crisis permanente hasta la desintegración del sistema. A pesar de que hoy, periodistas, comentaristas económicos y gobiernos enteros se confiesen “liberales” y, por tanto, partidarios de una desregulación creciente de la economía, lo cierto es que esta crisis es hija de la desregulación y del capitalismo ultraliberal.


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