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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

NACIONAL

Fraga: balance (negativo)

Fraga: balance (negativo)

Infokrisis.- Vaya por delante que la muerte de cualquier ser humano es una pérdida lamentable que nos recuerda lo fugaz de la vida, lo destructor del tiempo y el inevitable destino de lo humano. De ahí que lo escrito en este artículo sobre Manuel Fraga aluda a su papel como político y no a su dimensión personal.

Manuel Fraga durante el franquismo

De sus cualidades personales como opositor nato es imposible dudar. Es una característica propia de los líderes de la derecha el haber obtenido puestos funcionariales por oposición. Fraga, además se encaramó en ellas para asumir sus primeras responsabilidades políticas durante el franquismo. Fue, inicialmente, hombre de Ruiz Jiménez quien lo nombró para una cargo de segunda fila en el ministerio poco antes de dimitir y convertirse en “sor intrépida” (tal como se le llamó en la época) y pasar a dirigir lo que luego sería el “Equipo Democratacristiano del Estado Español” (sí, porque con Ruiz Jiménez empezó esa carrera por no “ofender” a nacionalistas catalanes y vascos).

Ocupó otros cargos en la Secretaría General del Movimiento (“Delegado de Asociaciones”). Quienes lo conocían decían que ya en esa época era prepotente, autoritario y alternaba momentos de gran tolerancia con otros de maltrato psicológico sobre sus subordinados. Era un tipo contradictorio, no solamente en carácter sino en orientaciones políticas. Y lo siguió siendo, porque la contradicción fue el leit-motiv de su vida.

Su cargo más famoso durante el franquismo fue, indudablemente, al frente del Ministerio de Información y Turismo cargo que ocupó desde 1962 a 1969. Fue uno de los ministros-estrella del período desarrollista que abarcó desde 1960 hasta el final del régimen y que estuvo marcado por la preponderancia del Opus Dei sobre otras fuerzas políticas. Su rival político fue el Secretario General del Movimiento, José Solís Ruiz (conocido como “la sonrisa del régimen”). Ambos cesaron al frente de sus cargos en 1969 cuando estalló el “affaire Matesa”, caso de corrupción en el que se vieron implicados miembros del Opus Dei. Solís apoyó al sector falangista, mientras Fraga hacía otro tanto con el sector opusdeísta. Y de ahí, al frente de la embajada en Londres.

El destino londinense le sirvió para contactar con los conservadores europeos y, según la leyenda que él mismo urdió en torno a su “conversión”, fue allí en donde se volvió “demócrata”. Antes no lo era. De hecho, con Fraga el régimen franquista aprende lo eficacia de la intoxicación informativa (en 1965 llegó a editarse en el ministerio una edición falsa de Mundo Obrero, el semanario de Partido Comunista. Cuando el estudiante Enrique Ruano falleció en un lamentable accidente, Fraga ordenó a Torcuato Luca de Tena el publicar fragmentos manipulados del diario íntimo de Ruano en el ABC en lo que constituyó una de las acciones más sucias realizadas durante el franquismo. También se bañó en Palomares tras perderse unas bombas atómicas norteamericanas y ordenó decir que no había contaminación radiactiva… cuando sí la había y la sigue habiendo incluso hoy cuarenta y cinco años después.

Pero sin duda la “medida estrella” de Fraga fue la Ley de Prensa e Imprenta, gracias a la cual pudieron aparecer diarios y revistas “aperturistas”: Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, y demás publicaciones que pronto fueron copadas por miembros de la oposición democrática. Luego hizo aprobar la Ley de Libertad Religiosa muy criticada en su época al romper el monopolio religioso del catolicismo. A partir de esa ley el Islam se pudo expresar libremente en nuestro país. Ahora ya sabemos a quien reclamar daños y perjuicios…

Fraga fue, en realidad, un “aperturista” durante los años 60, pero también uno de los personajes más siniestros del régimen como hemos visto. Su estancia en Londres le sirvió para hacer olvidar sus manejos en las “alcantarillas” del Ministerio de Información y Turismo. A él se le debe también la conversión de España en “paraíso turístico” (bajo el lema “Spain is diferent”) que ha consagrado a nuestro país como triste “zona de servicios” y “periferia” de Europa.

Manuel Fraga en la transición

El carácter siniestro de Fraga volvió a reverdecer durante el tiempo en el que fue Ministro del Interior y, por extensión, en todo el período que abarca desde 1976 hasta 1981, desde la muerte de Franco hasta el 23-F. Todavía no se ha hecho una valoración objetiva de la actuación de las “alcantarillas” en ese período pero es lícito recordar que a partir del Montejurra-76 (cuando Fraga deja que dos grupos carlistas rivales se enfrenten a tiros), Fraga ya tenía claro el “sin enemigos a la derecha” que todavía hoy mantiene el PP y que establece que el mapa político español “debe” terminar con el Partido Popular y que nada, absolutamente nada a su derecha, debe tener derecho a la existencia.

Fraga consiguió que en los acuerdos secretos de la transición entre los “franquistas evolucionistas” y la “oposición democrática”, estos aceptaran su exigencia de que el futuro mapa político de España no contemplaría ni opciones más allá del PSOE, ni más acá del PP. Y no sólo eso, sino que, a la vista de que esas opciones existían (y tenían una existencia mucho más real que las pequeñas capillas de los evolucionistas y de los minúsculos “partidos demócratas) había, simplemente, que destruirlas. Y así se hizo recurriendo de nuevo a las “alcantarillas”.

Pero Fraga hizo algo más: engañar y mentir a las entonces llamadas “fuerzas nacionales”. El corre-ve-y-dile de la operación fue el exministro de educación franquista, Cruz Martínez Esteruelas, a través del cual Fraga hizo creer a Blas Piñar que Alianza Popular (el precedente del actual PP) estaría dispuesta a una coalición con falangistas y fuerzanuevistas en las elecciones de 1979. La ficción fue mantenida por el diario El Alcázar y, por supuesto, resultó ser completamente falsa. Pocas horas antes de cerrarse el plazo de admisión de candidaturas, Martínez Esteruelas comunicó que Fraga no había aceptado el pacto. Se trataba solamente de un señuelo para distraer a las “fuerzas nacionales”, señuelo puesto en marcha por Fraga con toda la rapacería de la que era capaz.

Hubo, por supuesto, muchas más gestiones de Fraga al frente de interior en aquellos años. Recuérdese lo de “la calle es mía” que costó el que la policía disparó indiscriminadamente en Vitoria causando la muerte de cinco obreros, siendo el episodio más luctuoso de un período extremadamente duro de nuestra historia. Para colmo, Fraga fue partidario desde el principio de legalizar al Partido Comunista de España tal como declaró el 19 de junio de 1976 (el PCE sería legalizado 10 meses después) a Cyrus Sulzberger del New York Times… sólo que Fraga era partidario de legalizarlo después de las primeras elecciones democráticas (cuando daba por supuesto que los socialistas acapararían todo el voto de la izquierda a pesar de haber estado ausentes por completo de España durante el franquismo… era uno de los pactos secretos de la transición).

Fraga hizo algo más en favor del PCE, dirigido por el asesino de Paracuellos: presentó a Carrillo en la sociedad española, introduciéndole en el Club Siglo XXI, avalándolo y arropándolo en la conferencia que dio en aquel foro. A partir de esa conferencia, Carrillo pasó de ser el “verdugo de Paracuellos” (título que el propio Fraga había utilizado durante su período al frente del ministerio) a ser “un político respetado y responsable”…

La transición terminó el 26 de febrero de 1980 cuando Carrillo, del brazo de Suárez, con Felipe González a su vera y Manuel Fraga en el centro, encabezaron la manifestación de protesta contra el golpe del 23-F. Esa manifestación selló el fin de la transición y el principio de la democracia propiamente dicha. Fraga estaba allí para celebrarlo en primera fila. Esa era su obra.

Manuel Fraga en democracia

Fraga albergaba un sueño: ser presidente del gobierno. No advertía que su pasado polémico como funcionario franquista le vedaba para ese cargo. Los resultados de las primeras elecciones fueron malos o muy malos. Alianza Popular nunca despegó completamente y siempre se vio superada tanto por UCD como por el PSOE. Fraga no inspiraba confianza. Por otra parte, él se quería demócrata pero su carácter era autoritario y prepotente y no estaba dispuesto ni a dimitir de su cargo al frente de la derecha liberal ni mucho menos a dirigir su partido democráticamente.

Jorge Verstrynge fue quizás el primero en advertir que el techo de AP con Fraga al frente era bajo o bajísimo y encabezó una maniobra para desplazarlo a la autonomía gallega que, por entonces se acababa de constituir. Y Fraga montó en cólera. Relevó al secretario general, le hizo la vida imposible dentro del partido y Verstrynge terminó dimitiendo. Lo que no fue óbice para que luego, quienes lo sucedieron, primero Hernández Mancha y luego Aznar, lo enviaran primero al parlamento europeo y luego a… Galicia.

Y entonces Fraga se travistió de galleguista de estricta observancia. Allí estuvo 15 años; no fue sin duda lo que él hubiera deseado para su jubilación, pero fue al menos el premio de consolación. Su gestión no fue una buena  gestión. Empezó proclamando la necesidad de una “administración única” (que afortunadamente su partido no asumió). Consistía en liquidar la administración del Estado y considerar a las “autonomías” como la “administración” por excelencia. De haber triunfado esta tesis, es difícil que España hubiera soportado las tensiones autonómicas y presumiblemente ya estaría rota. En cierto sentido la administración estatal es lo que garantiza la existencia de una superestructura unitaria, algo que la “administración única” de Fraga liquidaba en beneficio de 17 autonomías que, en su conjunto… formarían la administración del Estado.

Además de esta enormidad conceptual, el período de Fraga evidenció que todavía quedaba mucho caciquismo en Galicia. La política faraónica de las administraciones autonómicas no fue menor en la Galicia de Manuel Fraga: intentó controlar a los medios siguiendo la técnica utilizada por CiU en Catalunya, financiando y subvencionando a los medios de comunicación, impulsó el monocultivo del eucalipto, estableció canteras en lugares de importancia paisajística y, para colmo, fundió cientos de millones en la llamada Cidade da Cultura. Mucho fue el dinero que movió la Xunta en su gobierno y mucho, por tanto, fueron las comisiones y la corrupción.

Se tiene tendencia a pensar que las embajadas autonómicas en otros países es cosa de la Generalitat de Catalunya. Fraga se les adelantó siendo el primer presidente autonómico que intentó tener una presencia activa en el exterior… cultivando la amistad, mire usted por dónde, con Fidel Castro. Para Fraga era más importante que los antepasados de Castro hubieran sido gallegos que el que hubiera transformado a la isla de Cuba en una macrocárcel.

Conclusión: éste es Fraga y esto es el PP

Este es Manuel Fraga Iribarne, fallecido esta semana. Desató polémicas allí donde fue. Sus partidarios, todos ellos miembros de la derecha liberal, conservadora y democrática, le tienen como a un mito. El resto de la sociedad no es de la misma opinión. Habituado al trabajo de las alcantarillas, al “donde dije digo, digo Diego” y a tomar una postura y poco después la contraria con la misma facilidad, se suele decir de él que era un “hombre honesto”.

Honesto, pero no hizo nada para erradicar la corrupción ni siquiera de su Galicia natal. Tampoco hizo nada para que existiera una ley de partidos, ni alejó de AP a quienes ya por entonces empezaban a hacer de las corruptelas su actividad particular. Si primero hubo el Caso Naseiro y luego el Caso Gürtel, es seguramente porque Fraga se negó a que la lucha contra la corrupción fuera prioritaria. El resultado lo tenemos a la vista: la democracia española tiene como factor identificador a la corrupción. Sólo que en Galicia, algo más atrás en la evolución de la sociedad española por su particular configuración en pequeños núcleos rurales, el caciquismo (extendido a toda España durante la restauración) sigue teniendo arraigo.

Fraga es uno de los grandes responsables de la situación político-económica actual. Ya hemos visto que fue uno de los que promovieron el turismo como elemento esencial del modelo económico español. Fue uno de los “padres de la constitución” (o mejor dicho, de ese disparate llamado “constitución española”). Si bien criticó el Título VIII de la Constitución ni hizo nada por reformarlo, ni siquiera para que su partido lo propusiese, simplemente se fue a Galicia a gobernar allí con la grandeza y el boato con que hubiera querido gobernar en La Moncloa.

Dicen de él que fue un “estadista”. No lo fue, fue un político oportunista: franquista durante el franquista, aperturista durante la transición y demócrata bajo la democracia. Dicen que fue un hombre de grandes principios éticos y morales y de una honestidad a toda prueba. Lo será para unos, pero si la medida de los hombres la dan sus construcciones, Fraga fue como cualquier otro presidente autonómico: demagogo, dramatizando su papel como arraigado populista en la tierra en la que le vio nacer… y, por supuesto, no hizo nada para erradicar la corrupción, ni para prever que el modelo turístico español, unido al ladrillo, nos situaría ante la crisis económica más brutal de nuestra historia, se limitó a promocionar la lengua gallega por encima de la lengua vehicular de todos los españoles. Tal como hizo CiU en Catalunya y el PNV en Euzkadi…

Este era Manuel Fraga, ninguna ganga como se puede ver…

© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

O ellos o nosotros...

O ellos o nosotros...

Info-krisis.- En un artículo estamos siempre obligados a esquematizar. En el fondo una esquematización no es más que una simplificación que no se aparta de la realidad, a diferencia de una “idealización” que es una esquematización desmesuradamente favorable que persigue algún fin,  o de una “demonización” que es justo lo mismo pero en sentido denigratorio. Lo que cuenta siempre es la realidad objetiva antes que cualquier tipo de idealización o de demonización.

Y la realidad objetiva dice que hay dos elementos que son dominantes en el panorama político español: de un lado, los cuatro partidos mayoritarios han sentenciado indubitablemente la muerte del “estado del bienestar” y de otro llevan casi cuatro décadas glorificando al llamado “estado de las autonomías”. No lo dicen explícitamente pero su intención es liquidar el “estado del bienestar” y “completar”, “perfeccionar” o “profundizar” en el “estado de las autonomías”.

Se tiene tendencia a decir que el “estado del bienestar” es caro de mantener, que genera injusticias sociales y parasitismo, que es inviable a la vista de que la pirámide demográfica juega en su contra y que nos tenemos que hacer a la idea de que tenderá a desaparecer. Nunca volverán sistemas de seguridad social que impliquen medicamentos gratuitos, que garanticen la revalorización de las pensiones por encima del aumento del coste de la vida y que deberemos habituarnos a ver reducidas progresivamente las prestaciones y los servicios sociales: si alguien quiere algún servicio más allá de los mínimos y si lo quiere de calidad, que se lo pague, tal es el mensaje de los apóstoles del liberalismo extremo que han encontrado en los socialdemócratas a sus cómplices ideales en su tarea de liquidar el modelo de Estado surgido desde la primera mitad del siglo XX –hay que decirlo- desde que entre Henry Ford creó el Ford T y Hitler impulsó el Volkswagen… Luego, en la segunda mitad del siglo, con la aplicación de las políticas keynesianas el “estado del bienestar” creció y, aunque lo hizo de manera desigual, en toda Europa se instauró un modelo de Estado que anteponía la seguridad y el bienestar de los ciudadanos a cualquier otro principio. En España, fueron los años 60 en los que la seguridad social, la jubilación y la educación tomaron cuerpo junto a otros elementos propios del desarrollo de la época (la industrialización y la creación de infraestructuras).

Pero luego, a partir de que se afirmara el neo-liberalismo (primero a partir del ensayo chileno con la Escuela de Chicago instalada allí, luego a partir del binomio Tatcher-Reagan en los 80 y, finalmente a partir de la globalización en los 90), la progresiva disminución del estado del bienestar se hizo al ritmo que lo permitían los intereses electorales de los partidos de gobierno. Hoy, la ideología dominante da por finiquitada la época en la que el “estado del bienestar” e incluso en las tertulias y los debates nadie se atreve ni siquiera a cuestionarlo a pesar de que la inmensa mayoría de la población es quien debería desear su mantenimiento. De todas formas el impacto de los medios de comunicación social a merced de los grupos mediáticos y de los consorcios financieros es tal que el elector ya no le importa siquiera votar a quienes les han asegurado que van a restarle derechos y beneficios sociales…

La cuestión es si es cierto que el “estado del bienestar” es inviable. En realidad, si se ha mantenido durante unos años, no debería de serlo. Además se da otra circunstancias, el Estado dilapida recursos y medio progresivamente que no benefician al ciudadano sino a la clase política dirigentes. Así pues, la alternativa sería: si en las actuales circunstancias es inviable el “estado de las autonomías” esto ocurre porque una clase política depredadora quiere un enriquecimiento rápido y lo obtiene solamente en la medida en que sus intereses coinciden con los de la alta finanza internacional de la que, a fin de cuentas y en última instancia la clase política son sus perros de presa.

Estamos en tiempos de crisis y el presupuesto del Estado no da para todo: sería, desde que Platón escribiera la República, la primera vez que una clase política renuncia a un privilegio o a un ventaja, así que no podemos pensar que van a renunciar a nada de lo que tienen (fundamentalmente a las llaves de la caja y a repartirse el presupuesto y las comisiones como quieren y por tiempo indefinido) para practicar “políticas sociales”. Así que es imposible desvincular el “rescate” del “estado del bienestar” de una reforma general del aparato del Estado y de la moral de la clase política.

¿Por qué la clase política dice que el “estado del bienestar” es caro y no se puede mantener? Porque antepone sus intereses de casta a los intereses populares. ¿Cómo logra desviar ingentes cantidades de dinero hacia sus bolsillos, fondos que podrían ser utilizados en servicios sociales y en reforzar el bienestar de la población? Respuesta: muy sencillo, multiplicando las estructuras parasitarias del Estado y los niveles administrativos y creando al frente de los miles y miles de pequeñas oficinitas y centros minúsculos de decisión a miembros de la clase política (o a cuñados, sobrinos, hijos, testaferros, etc.). Así pues, una reforma general del Estado implica, sobre todo, una reforma de la administración y una eliminación drástica de los niveles administrativos. Uno de ellos particularmente…

Desde 1979 no hay absolutamente nada que sea más gravoso para el Estado que las Autonomías. En aquella época vivíamos todavía la resaca del jacobinismo franquista (extraño jacobinismo puesto que esta doctrina fue fruto de la revolución francesa de 1789 cuyos valores el franquismo no compartía y mucho más exótico aún si tenemos en cuenta que una de las fuerzas políticas que apoyaron al franquismo fue el carlismo cuyo foralismo iba en contra de la homogeneización jacobina… pero esta es otra historia) y se consideraba que cualquier cosa que acercara la administración al ciudadano era positiva y había que aceptarla. Además en Catalunya, Euzkadi y Galicia existían partidos nacionalistas y estatutos de autonomía históricos que se reimplantaron (también en buena medida como revanchismo y también para enlazar con la “legitimidad” republicana anterior). El problema vino cuando UCD implantó el “café para todos” y extendió a todas las regiones el modelo autonómico. Eso fue el origen del “Estado de las Autonomías” cuyas excelencias no han ido cantando durante todas las décadas en las que iba aumentando el gasto público, pero ¡no en dirección al bienestar social sino en la creación de ese nuevo escalón autonómico que se unía a las Diputaciones Provinciales residuo decimonónico desprovisto prácticamente de funciones pero con excedentes funcionariales interminables!

Ahora estamos en un momento en que al déficit del Estado se le une el déficit de los ayuntamientos, el de las comunidades autonómicas, el déficit de las diputaciones y el déficit de las empresas y de las familias… demasiado déficit para una sociedad cada vez más triturada por los impuestos y cada vez más abocada al paro y a la precariedad. Así pues, es necesario ELIMINAR ESCALONES ADMINISTRATIVOS.

A nadie se le escapa que las Diputaciones Provinciales carecen de funciones precisas y las que poseen en la actualidad podrían ser perfectamente asumidas por las Delegaciones del Gobierno. Sobran. Es cierto que su liquidación entrañaría no menos de 100.000 funcionarios en la calle entre contratados, fijos y, sobre todo, asesores y titulares. Es conocido que los segundas y terceras filas de los partidos políticos, sin muchas luces y con exceso de ambiciones son destinados a estas canonjías en donde tienen hueso que roer y presupuesto que esquilmar durante años. Sobran y nadie llorará –salvo la clase política- cuando se disuelvan.

Pero eso no bastaría para simplificar la administración. Hay otro escalón que hoy ya es lícito cuestionar sin que nadie sospeche de tentaciones jacobinas. Las autonomías. Diecisiete autonomías son muchas autonomías, y cada una de ellas se configura como un pequeño Estado dentro del Estado. Demasiado para 40 millones de personas y demasiado para nuestro momento histórico marcado a fuego por la crisis económica y la corrupción. La lógica, hace unos años, cuando se podía, se hubieran reducido el número de autonomías: ¿qué sentido tienen autonomías uniprovinciales como Murcia, Madrid o Cantabria? ¿O qué puede justificar el que Ceuta y Melilla estén separadas de la autonomía Valenciana? Hubiera sido traumático quizás para algunas taifas autonómicas, pero hubiera agilizado y aligerado mucho el aparato autonómico del Estado si en lugar de 17 se hubieran reducido, por ejemplo, a 10. Hoy, ni siquiera esto es posible.

Hoy el nivel de la deuda autonómica es tal que supone más de la mitad de la deuda total del país. Los “recortes” que las autonomías realizan apenas son mera cosmética: se despiden a los contratados prescindibles (se sustituyen por becarios) y se mantiene al aparato central de nepotismo, enchufismo y amiguismo… Ya se ha visto y no funciona. Cuando las curas paliativas de una úlcera no funcionan, es preciso sajar y amputar el miembro. Tal es la única alternativa viable en la actualidad: liquidar por la vía de apremio el Estado de las Autonomías, que el Estado recupere de nuevo las competencias que descentralizó, que las siga manteniendo descentralizadas, pero sin la existencia de 17 pequeños parlamentitos que “legislan” minucias y fruslerías sin interés, 17 pequeños gobiernos autonómicos, 17 aparatos mediáticos de comunicación pagados por los ciudadanos, todos ellos pequeñitos, redonditos y deficitarios, y 17 fotocopias reducidas del Estado. Ya hemos visto su utilidad y su techo: generan más problemas que otra cosa. Complican la tramitación de expedientes porque han sustituido (y Catalunya en esto es paradigmática, el “centralismo madrileño” por el centralismo de la capital autonómica elevado a la enésima potencia). Y son caros: nunca tanta falla dio tan poco chispa.

De hecho, lo único que le debería de interesar mantener al ciudadano es el “estado del bienestar” porque él es el beneficiario. Y si hay que prescindir de algo, es bueno que el ciudadano, anestesiado por el “Sálvame”, narcotizado por el bombardeo de información, desmovilizado por su propio aluvión de problemas, tome la palabra y defienda “lo suyo”, antes que lo “de otros”: y lo de otros es el “Estado de la Autonomías”, son las Diputaciones Provinciales, es el entramado parasitario creado desde 1978 por los gestores del régimen y que hace necesario arrinconar poco a poco el “estado del bienestar” porque, como “los inmortales”, al final solamente puede sobrevivir uno. Y de lo que se trata es que ese “uno” sea la sociedad, no la clase política.

Por eso, recomendaríamos a todos nuestros amigos y a todos aquellos ciudadanos a los que les quede algo de sentido común como para no actuar contra sí mismos (quien lo hace, semánticamente, es un “gilipollas” en su sentido pristino y originario) les animamos a denunciar el carácter deletéreo y despilfarrador de las autonomías y de todo lo que viaja con ellas, incluido ese bagaje emotivo y sentimental propagado por los nacionalismos, y exigir de una vez por todas que la necesario REGENERACIÓN DEL ESTADO incluya especialmente LA DISOLUCIÓN DEL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS, al grito de ¡ELLOS O NOSOTROS! ¡O ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS O ESTADO DEL BIENESTAR!

© Ernesto Milà – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 

 

 

Rajoy: impresiones (I de III).

Rajoy: impresiones (I de III).

Infokrisis.- Ha sido o más parecido al “parto de los montes” pero, finalmente, habemus gobierno. No nos cabe la menor duda de que el nuevo gobierno del PP tiene un perfil mucho más alto que los distintos gobiernos del zapaterismo en los que la zafiedad, la ignorancia, la inadecuación para el cargo contrastaban con la necesidad de disponer de técnicos y expertos de calidad. Así que decir que el nuevo gobierno es superior a los gobiernos zapateristas no es decir gran cosa, sino tan sólo constatar una obviedad. Este es acaso el único elogio que se puede hacer al primer gobierno de Rajoy (que precisará de aquí a un año un reajuste porque las cosas no están nada bien para que su gestión produzca efectos inmediatos sino que más bien se verá erosionado entre mayo y septiembre del 2012).

Desde hace casi tres semanas en esta misma web habíamos augurado que el ministro de economía sería Luis de Guindos y acertamos de pleno. Era inevitable. Había sucedido lo mismo en Grecia y en Italia: funcionarios de confianza de los “señores del dinero” ocupaban o bien la cartera de economía o incluso (como ha ocurrido en Italia con Monti), la presidencia del consejo de ministros. En aquella España que llegó a 440 puntos de diferencial de la deuda soberana, era inevitable que ocurriera lo mismo. A decir verdad, lo que más puede doler a un ciudadano español es que los “señores del dinero” conocieran hace quince días el nombre del nuevo ministro de economía y nosotros tuviéramos que esperar dos semanas para conocerlo. ¿Que por qué decimos estos? Porque solamente tras conocer el nombre del ministro cesaron los ataques contra nuestra economía y el diferencial de la deuda empezó a bajar (y en eso sigue) lo que implica que “los mercados” daban una tregua al nuevo equipo.

De Guindos, como se sabe fue consejero asesor para Europa de Lehman Brothers y posteriormente responsable de la división financiera de Priceaterhouse-Coopers. Ambas entidades han sido esenciales en el desencadenamiento de la actual crisis económica y no olvidemos que la luz roja empezó a aparecer con la quiebra de Lehman Brothers que pronto se contagió por todo el sistema financiero mundial.

Digamos pues que De Guindos va a ser el encargado de aplicar las reformas en materia económica que exige la alta finanza, los grandes consorcios bancarios y las instancias económicas internacionales empezando por el BCE y el FMI. No había muchas más posibilidades: o era De Guindos o era Rodrigo Rato. Rato, en nuestra opinión, se ha querido resguardar en esta primera fase de la “era Rajoy”. Rato aspira a bastante más que un puesto ministerial: lo quiere todo. Y pasar de la presidencia del FMI a un ministerio no era lo que más le tentaba. Rato será el hombre clave –el “tapado”- en los próximos meses y la alternativa a un presumible fracaso de Rajoy en materia económica que, como a Berlusconi en Italia, le obligaría a dimitir haciéndose cargo del gobierno Rodrigo Rato. Tal es uno de los escenarios posibles. El otro es que De Guindos se inmole en el altar de los intereses de la alta finanza, quede absolutamente desprestigiado pero consiga hacer su trabajo de expolio de la sociedad española para pagar la deuda y lograr que los acreedores respiren tranquilos.

Más problemática será la gestión de Fernández Díaz al frente de Interior. No ha empezado con buen pie. En principio porque el susodicho no deja de ser un superviviente del precedente del PP, Alianza Popular, hijo predilecto de Fraga, sin carisma, sin capacidad de comunicación y sin experiencia en materia de seguridad. Un político, en realidad, irrelevante al que le tocará convencer al electorado pepero de la conveniencia de seguir negociando con ETA.

Porque, el PP, Rajoy, dio el visto bueno a la negociación con ETA y todo lo que ha seguido no ha sido mas que un teatrito infecto en el que ya estaba todo pactado y los papeles repartidos. ¿Por qué nos atrevemos a afirmar esto que podrá parecer a alguno algo más que una infamia? Muy sencillo: porque ETA nunca, y somos tajantes, nunca, habría accedido a negociar con un Zapatero que toda España sabía perfectamente que jamás saldría relegido como presidente el gobierno desde hace tres años, si tuviera la más mínima sospecha de que el PP –el único partido que en buena lógica podría suceder al PSOE en el gobierno- daría marcha atrás en la negociación. Así se entiende las alusiones de Fernández Díaz a la “buena gestión” del faisán Rubalcaba al frente del departamento y por eso mismo se entiende también que Interior y el PP pactaran desde hace dos años el que este partido no se opondría a la política antiterrorista del gobierno. Es decir, que en este frente la actitud del PP va a ser continuista en relación a la de Rubalcaba.

Lógica ha tenido la división en dos ministerios, economía a un lado y hacienda a otro, del mastodonte originario. Cada vez es más evidente que ambas tareas tienden a complementarse pero no a converger. Economía debería de ser el ministerio para guiarnos en la crisis económica y Hacienda debería ser el que disciplinara la recaudación fiscal. Lamentablemente, nos tememos que esta lógica quede pulverizada y ambos ministerios sean lo que han sido hasta ahora bajo el zapaterismo: Economía genera deuda y Hacienda la paga exprimiendo a los españoles.

Con todo, el equipo económico del gobierno si puede ser objeto de alguna crítica es la de ser un instrumento liberal al servicio de una economía globalizada. Ni Montoro ni de Guindos harán jamás crítica alguna a la globalización ni por su mente pasará realizar la propuesta necesaria para reimplantar defensas arancelarias. Tal iniciativa sea considerada como herética y hereje chamuscable quien la efectúe. Ni uno ni otro la van a proponer. Y sin aranceles la economía no reverdecerá…

Uno de los desconocidos del nuevo gobierno es Pedro Morenés situado al frente de la cartera de Defensa, ministerio del cual fue subsecretario con Aznar. No se termina muy bien de ver cuáles son los atributos de Morenés para ir a Defensa, salvo sus buenas relaciones con las navieras del Norte y una breve experiencia en el ministerio entre 1996 y 2000. Morenés es un hombre ligados al capital nacional y a la industria de armamentos española, y seguramente por eso es por lo que está ahí, micho más que por su experiencia.

Es significativo que el CNI haya pasado orgánicamente del Ministerio de Defensa al de Presidencia y esté ahora controlado por Soraya Sáez de Santamaría, fidelísima de Rajoy. Los secretos los tendrá alguien de confianza. Veremos lo que hace con ellos.

Sí pues, el equipo económico del gobierno está de momento volcado a los intereses de los “señores del dinero”, mientras que el equipo de defensa tiene un perfil bajo y el ministerio ha sido prácticamente dislocado para aumentar las atribuciones de presidencia. Lo primero es malo para nuestra sociedad y lo segundo peor todavía para nuestra seguridad. A este respecto creemos que Rajoy ha actuado con cierta ligereza y no ha meditado la jugada lo suficiente. El que alguien sea fidelísimo no le exime de ser eficaz y ni Soraya ni Fernández Díaz tienen ni la más remota experiencia en seguridad. Al mismo tiempo, Morenés es un comerciante no un estratega, ni siquiera tiene gran experiencia en gestión.

Hay algo en este gobierno que recuerda al zapaterismo: premiar a los amigos por encima de los técnicos eficaces. Es cierto que en el PP actual hay más técnicos que en el PSOE de ZP y que, difícilmente se podrá hacer las cosas tan mal como se han hecho en España entre 2004 y 2011, pero también es cierto que hasta ahora los nuevos ministros han hablado poco sobre sus proyectos y da la sensación incluso de que no los tengan. El único que ha hablado más de la cuenta es Fernández Díaz que es quizás el que lidiará con la cartera más problemática después de Economía. Y lo que ha dicho ha decepcionado.

© Ernesto Milà – Infokrisis – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen – http://infokrisis.bogia.comhttp://info-krisis.blogspot.comhttp://www.identitaria.es.

 

 

Lo que se pide al gobierno

Lo que se pide al gobierno

No da la sensación de que Rajoy vaya a introducir cambios radicales en España en un momento en el que lo que se necesitan son, precisamente, cambios radicales. Habrá que ver si en los próximos meses –y eso es lo que nos tememos hasta que no conozcamos la lista del nuevo gobierno- Rajoy hará como Zapatero ha hecho durante siete largos y angustiosos años: ir a remolque de la situación, evitar los anuncios de catástrofes salvo cuando ya están encima y poco queda por hacer y tomar la iniciativa solamente en cuestiones secundarios.

Ayer, Rajoy anunció que disminuiría un curso más la ESO y aumentaría un año el Bachillerato. Brillante. Si es así como se piensa reformar el sistema de enseñanza que hace aguas desde la pre-escolar hasta los masters de postgrado, no podemos hacernos excesivas ilusiones de que la luz que se ve al fondo sea la de un túnel que, antes o después, terminará, sino la que se ve desde el fondo de un pozo del que una vez dentro ya no se puede salir.

Es cierto que hacer falta una “reforma” de la enseñanza, aunque quizás lo más justo sería decir que lo que hace falta es una revolución en la enseñanza. “Dar una revolución” supone dar un giro completo hasta regresar a los orígenes. Nuestro sistema de enseñanza nunca fue tan catastrófico como ahora (hubo un tiempo en el que el modesto bachillerato de seis años más dos reválidas y un preuniversitario daba un importante bagaje cultural a aquellas generaciones que hacía que ni siquiera se precisase una prueba de acceso a la universidad a modo de control de calidad y criba de alumnos). Es preciso volver a los orígenes y reconocer que las distintas reformas y doctrinas educativas que se han ido barajando y sustituyendo desde 1973, han sido un fracaso completo. Contra antes se reconozca este fracaso que se inició ya con Franco vivo y que, desde entonces se ha ido agravando, mejor. Reconocer quiere decir, superar. Y superar quiere decir hacer tabla rasa y partir de nuevo en pos de un sistema educativo capaz de… educar.

La propuesta de Rajoy de un año más de Bachillerato es casi una broma que no estamos muy seguros de si responde a exigencias reales de la enseñanza, o si más bien está motivada para entretener a los alumnos durante un año más y evitar que aparezcan masivamente en las listas del paro. Lo que sí tenemos muy claro es que esa pequeña reforma no va a servir absolutamente para nada y ni siquiera merece al calificativo de “parche técnico”. Es simplemente una chapuza, la primera que hemos oído de los labios de Rajoy y que, sin duda, no será la última.

A ese gobierno se le van a pedir muchas cosas. Y no siempre serán iguales. Todo dependerá de quién lo pida. Por ejemplo, la patronal pide despido libre, menos impuestos, crédito barato, reducciones de salarios que no es precisamente lo que piden los sindicatos y no digamos la calle. La alta finanza internacional pedirá –y sin duda obtendrá- que se le pague lo que alegremente se le pidió prestado, se privatice todo lo privatizable y no encuentre trabas para aumentar sus dividendos. Y luego está la población que tiene intereses muy diversos, pero, sin duda mucho más modestos: encontrar tranquilidad y un lugar bajo el sol.

La estrategia de Rajoy, inevitablemente, consistirá en atenuar las tensiones entre la patronal y los sindicatos, como Zapatero, evitar lo más posible meterse en medio de las disputas entre ambos y satisfacer las exigencias de la alta finanza internacional. ¿Por qué? Porque si no lo hiciera, los consorcios mediáticos (cada vez más imbricados e interpenetrados por los “señores del dinero”) destrozarían su imagen en un abrir y cerrar de ojos. Lo hacen todos los días.

Hace una semana tuvo lugar en Moscú lo que podemos calificar como minúscula manifestación de protesta por los resultados electorales del domingo anterior que dieron la victoria a Vladimir Putin. Según los propios organizadores a la manifestación asistieron “40.000 personas”, lejos ciertamente del porcentaje que debería reunir una manifestación de protesta en una ciudad de 15 millones de habitantes, pero lejos también de los 5.000 asistentes que dio la policía de Moscú. El que una manifestación minúscula haya sido aireada por la prensa internacional (esto es, por los consorcios que guían la globalización) es significativo de cómo se informa y del valor de los medios de comunicación hoy en día. Por eso Rajoy sabe que debe satisfacer en primer lugar a los “señores del dinero” o de lo contrario difícilmente sobrevivirá al primer año de su gestión.

¿Y quién satisfará a la población? No se puede estar en misa y repicando dice el viejo refrán español. Satisfacer a los “señores del dinero” implica pagar la deuda con el sudor, el sufrimiento y las privaciones de la población. Puestos a sacrificar a alguien, Rajoy tiene claro que ni se sacrificará a sí mismo, ni se arriesgará a una disputa con los consorcios multinacionales de inversión. Y total, sabe que los electores ni son exigentes, ni siquiera están preparados para saber lo que les conviene, ni mucho menos organizados para combatir ninguna ofensiva que se lance contra ellos.

Nunca estuvo tan claro a quien servirá Rajoy ni que intereses antepondrá. Pero también, en lo que a nosotros se refiere nunca estuvo tan claro quién es el enemigo: la globalización, sus impulsores, la alta finanza internacional, los consorcios financieros, la banca y quien sitúe sus intereses por encima de los de la población. Zapatero lo hizo y por eso lo consideramos enemigo. Rajoy lo está haciendo ahora y por eso no hay otra percepción que podamos tener de él que la de enemigo.

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Urdangarín y la crisis política

Urdangarín y la crisis política

[Infokrisis] Se sabe la teoría que hemos ido defendiendo a lo largo de estos últimos cuatro años, a saber: que la crisis económica, al persistir, se transformará en crisis social (¿de qué otra manera hay que llamar a los 5.000.000 de parados que en 2012 habrán subido a 5.500.000 o incluso 6.000.000 según los más pesimistas?) y esta terminará generando una crisis política de envergadura que dará al traste con el régimen surgido en 1978.

Hasta las elecciones municipales y autonómicas de mayo pasado todavía no se había cruzado la delgada línea roja que separa la crisis social de la política, pero era previsible que se atravesara a la vista de que 5.000.000 de parados, necesariamente, debían responsabilizar a los grandes partidos de su situación de miseria, sin olvidar –dato esencial- que sobre esos dos grandes partidos se asienta el sistema político español de bipartidismo imperfecto.

Primer rasgo de la crisis política: el 15-M

El primer elemento que dejaba pensar en que se estaba entrando en la etapa de “crisis política” era precisamente la aparición del movimiento de “los indignados”. Es cierto que este movimiento es multiforme y contradictorio y que, a fin de cuentas, quién ha terminado definiéndolo (y si se nos apura, limitándolo) ha sido la izquierda alternativa. Es cierto, igualmente, que el tiempo de ese movimiento parece haber pasado y que, a fin de cuentas, era la última expresión de una extrema-izquierda radicalizada pero con un discurso simplista y superficial. Sin embargo, el impacto que logró en los días antes de las elecciones municipales y autonómicas y en los que siguieron fue enorme: por primera vez, un grupo social –“los indignados”- llamaban a la huelga de “votos caídos” y especialmente llamaban a no votar ni al PP ni al PSOE considerados como responsables de la actual situación (diagnóstico correcto), se ejercía una crítica a la partidocracia y se consideraba que la corrupción es el rasgo determinante de la actual situación política.

Tanto en las elecciones de mayo como en las del 20-N el número de votos en blanco y de votos nulos creció extraordinariamente y la abstención abarcó a un tercio del electorado. Tales eran los principales rasgos de la primera fase de la crisis política. Pero, desde entonces se han sucedido otros.

Segundo rasgo de la crisis política: la quiebra del PSOE

Es evidente que el desplome electoral del PSOE ha sido algo más que un simple vaivén de votos: el PSOE, la columna de centro-izquierda del régimen español está en este momento desarbolado, desmadejado, abatido y sin esperanzas de poderse reconstruir a falta de un liderazgo indiscutible y, sobre todo, de unos principios sobre los que asentar su trayectoria futura: la línea socialdemócrata, a la hora de la verdad, se ha configurado como una máquina de ayudar al capital, repartir comisiones y corruptelas y adoptar, una tras otra, medidas erróneas que han perjudicado especialmente a las clases trabajadoras y a la burguesía media. Ahora la socialdemocracia encuentra no solo dificultades para sustituir el liderazgo perdido de ZP, sino para afirmar principios. Y ambos hándicaps tardará en superarlos.

En otras palabras: la columna de centro-izquierda costará tiempo reconstruirla (si es que se logra en algún momento), estabilizarla y convertirla en caballo ganador. Es presumible, incluso, que asistamos a una especie de centrifugación del PSOE o acaso de una voladura controlada de varias de sus partes.

Tercer rasgo de la crisis política: el fin del bipartidismo imperfecto

Los resultados electorales, además, han introducido un nuevo elemento de desestabilización en el sistema político español. Hasta ahora, los partidos que “contaban” en el parlamento de la Nación eran 4: PP, PSOE, PNV y CiU, ahora existen 13 formaciones políticas algunas de ellas con tanto peso como Amaiur e IU.

Si la ley de hierro del sistema político español era el “bipartidismo imperfecto”, ahora, con el resultado del 20-N, han aparecido otros actores nuevos en el hemiciclo con los que, a la vista, de su importancia numérica habrá que contar. Y esto es solamente el principio. El hecho de que algunas fuerzas políticas de izquierdas y derechas se hayan quedado en las puertas del Congreso de los Diputados indican hasta qué punto esta ley de hierro ha saltado por los aires. Tal es otro de los rasgos de la crisis política que se está abriendo.

Cuarto rasgo de la crisis política: el caso Urdangarín

Quedaba un último rasgo a tener en cuenta. Como se sabe, la monarquía ha intentado situarse siempre por encima de las luchas de los partidos y configurarse como el representante de “toda la Nación”. Esta intencionalidad se ha diluido frecuentemente por la escasa capacidad e interés de Juan Carlos I por definir sus posiciones: una cosa es convertirse en el moderador de posiciones y otra muy distinta utilizar esto como excusa para no tener posición propia ante ningún problema por grave que sea. Los destrozos del zapaterismo o la increíble tendencia de Aznar de hipotecar la soberanía nacional para seguir en las aventuras coloniales de su amigo Bush, hubieran sido atenuados si el Rey hubiera alzado su voz. Pero nunca lo ha hecho. No es raro de que la institución se configure como un ente tan costoso como inútil, una mera figura decorativa que muy bien hubiera podido desempeñar un muñeco o cualquiera capaz de ejercer el dontrancredismo sin inmutarse.

Sin embargo, la monarquía, mal que bien, ha logrado sobrevivir a costa de no enfrentarse a ninguna de las columnas del  sistema político y de resignarse a desempeñar un costoso papel de figurón del que se sabía más por la prensa del colorín que por las noticias políticas.

Y entonces llegó el caso Urdangarín. El hecho de que la pareja hubiera cambiado inesperadamente su residencia de Barcelona a Washington no hizo sospechar lo que ahora ya se sabe: que existían sospechas de que el “yernísimo” estaba realizando operaciones que entraban dentro del tráfico de influencias utilizando el nombre y los recursos de la Casa Real. En el momento en que escribimos estas líneas, todo induce a pensar que el Caso Urdangarín va para largo y que erosionará la imagen d la monarquía mucho más que los escarceos amorosos de Juan Carlos en Suiza con una periodista o el hecho de saberse que las leyes y los decretos-ley los firmaba un plotter y no el puño de su majestad…

Siempre hemos sostenido que uno de los rasgos del sistema político español nacido en la transición fue, desde 1983, la corrupción que se generalizó con la llegada de los socialistas al poder y que, desde entonces, no ha parado de extenderse como una mancha de aceite. Solamente una institución decía poder estar fuera de toda sospecha: la Casa Real. En realidad no era así: Luis Prado y Colón de Carvajal estuvo allí para recordarnos que el Rey reinaba pero no gobernaba y que él no hacía negocios, pero lo hacía su valido, el bueno de don Luis Prado. Ahora, no. Ahora, con el caso Urdangarín, un miembro de la Casa Real –del núcleo familiar o de la periferia, poco importa- está directamente implicado en una retahíla de casos de corrupción de los que mucho nos tememos que alguien, incluso la propia Casa Real, estaba informada como mínimo desde la partida de la infanta y su marido con destino Washington. Pero cuando eso ocurría el destrozo ya estaba hecho.

Quinto rasgo de la crisis política: la corrupción. Del rey abajo, todos

Para algunos se tratará solamente de un caso de corrupción que afecta a un miembro periférico de la familia real. Para otro será el principio del fin de la monarquía. Y algunos lo consideramos como una reiteración que da que pensar sobre los niveles de corrupción anidados bajo la constitución de 1978. Pero es eso y mucho más: es, sobre todo, la muestra de que la crisis política ha llegado también a la cúspide del Estado y a la monarquía. Y la constitución de 1978 definió a España como una “monarquía social y democrática”…

Así pues, lo que el caso Urdangarín está poniendo de manifiesto es que también la cúspide del Estado se encuentra en crisis y esa crisis viene en un momento en el que la crisis económica está preparando la temperatura para un estallido social (que se producirá en cuanto el nuevo ministro de economía de Rajoy anuncie e intente aplicar medidas que no se confesaron durante la campaña electoral, pero que son exigidas por la UE y por la alta finanza apalancada en eso que se llama “los mercado”) y es una parte sustancial de la crisis política.

O si lo queremos de otra manera: no falta tanto como podría pensarse para que la constitución de 1978 esté completamente desahuciada. El Caso Urdangarín no es más que un elemento que introduce un nuevo factor de desestabilización en el régimen. Fatalmente, el régimen de 1978 no sobrevivirá a tantos elementos desestabilizadores. Es hora de pensar en qué vendrá después porque el régimen se está agotando ante nuestra mirada incrédula y escéptica.  No sabemos lo que vendrá luego, lo que ya podemos intuir es que hemos entrado en la primera parte de la desintegración política del régimen. Y no seremos nosotros quienes lo vamos a llorar.

© Ernesto Milà

El día que ETA se desmovilizará…

El día que ETA se desmovilizará…

¿Qué espera ETA para desmovilizarse? Respuesta: gestionar la movilización con cuentagotas para lo que mejor le convenga a su frente político y a su aliado principal en este momento, el PSOE. ¿Cómo se producirá esta desmovilización? Respuesta: poco antes de las elecciones del20-N los medios de comunicación recibirán un comunicado de ETA en el cual manifestarán su inequívoca voluntad de deponer definitivamente las armas quedan –lo dirá el comunicado- el fleco de los presos que se negociará en los meses sucesivos. ¿Cuándo se liquidará definitivamente la cuestión? Respuesta: poco antes de las próximas elecciones autonómicas vascas (en 2013), ETA anunciará el comunicado final de disolución, generando una oleada de simpatía y entusiasmo hacia la “izquierda abertzale” que, por primera vez, puede aspirar al “surpasso” (esto es, a que Bildu tenga más votos que el PNV). ¿Qué ocurrirá después? Ocurrirá que los últimos bonzos de ETA, el núcleo más irreductible, enfermo y psicópata de la banda, explicará que 60 años de terrorismo (“lucha armada”) no se pueden liquidar así como así, que no se ha dicho nada sobre la unificación del País Vasco, nada sobre la autodeterminación y nada sobre la independencia con lo cual la estrategia de “lucha armada” (terrorismo) sigue siendo todavía válida. Y volverá a haber nuevos atentados…

Más o menos esto es lo que ocurrirá y no creemos ser profetas si auguramos este recorrido en el próximo año y medio. Y es triste, muy triste, porque ETA podía haber sido vencida policialmente hacia el 2004-5. No era preciso liberar a criminales en serie, a verdaderos matarifes visiblemente perturbados, dirigidos por individuos sin escrúpulos y sin moral, para resolver el problema de ETA.

Quedan las víctimas del terrorismo. El gobierno las alaba constantemente y las mima (especialmente a las asociaciones afines al PSOE y al “proceso de paz”). Las víctimas del terrorismo son los grandes perdedores de este final de ETA: molestas a casi todos. Molestan al gobierno porque son el testimonio vivo de que no hay justicia para ellos y de que con una indemnización no se lavan las heridas. Molestan al PNV porque las víctimas lo son porque madres vascas parieron monstruos. Molestan a ETA porque son lo único que les separa de la respetabilidad y les recuerda que su organización y sus avatares (HB, Bildu, Sortu, etc.) tienen madera de matarifes y serial killers. Molestan a los medios de comunicación empeñados mayoritariamente en bendecir un proceso de paz que lleva a los asesinos a las instituciones pero que no redime a las víctimas de su dolor. Molestan a los apáticos, a los tibios y a los timoratos porque nadie puede permanecer ajeno al dolor causado al perder a un ser querido.

Para las víctimas el gobierno tendrá palabras de ánimo, olvidando que las víctimas lo tenían muy fácil para vengarse: bastaba con contratar a asesinos profesionales para hablar al entorno etarra en el único lenguaje que conocen. Y no lo hicieron. Esta es la diferencia: unos son asesinos en serie y los otros no. Pero que no olvide ni el gobierno ni ETA que hay una deuda con las víctimas del terrorismo que se va a acrecentar con la puesta en la calle de los asesinos. Más aún: hay una deuda con la sociedad española, quienes han empañado la convivencia durante casi 60 años no pueden llegar a las instituciones, sentarse como interlocutores válidos del gobierno de la Nación, como si aquí no hubiera pasado nada.

La verdad es que no creemos que la llegada del PP aporte gran cosa al “proceso de paz”. En este terreno, como en cualquier otro Rajoy es un prodigio de ambigüedad y probablemente sea el primer presidente que llega a La Moncloa y que no ha explicado cuáles van a ser las medidas que aplicará inmediatamente. Las de verdad, no las de cara a la galería.

¿Detendrá Rajoy la salida continua de asesinos en serie que están cumpliendo condena? ¿Seguirá machacando policialmente a la banda? ¿Dejará que esos mismos asesinos estén presentes en las instituciones y puedan hablar en nombre del “pueblo vasco”? Mucho nos tememos que las respuestas a todas estas preguntas –y a otros tantas más que podrían formularse en otros terrenos- van a ser decepcionantes.

La incapacidad para afrontar la lucha antiterrorista y para asegurar la defensa de la población ante las bandas criminales, pesa cada vez más como una losa sobre el “régimen” nacido en 1978. Demasiada impotencia, demasiada negociación, demasiados errores, demasiados titubeos. Nada que pueda recordarse con dignidad.

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Androfobia en el PSOE

Rubalcaba sabe que no puede obtener un resultado aceptable sin el voto femenino el próximo 20-N. Su jefa de campaña, Elena Valenciano, buscando ese voto ha cargado contra los “machos cabríos”. Rubalcaba ha ido por ese mismo camino diciendo: “Quiero que las mujeres decidan en política”. En realidad desde 2001, esto es, desde que se inició el período Zapatero, este partido ha ido haciendo gala de una creciente “androfobia” (odio a lo masculino).

Será porque cuando apareció el remilgado fenómeno ZP estaba de moda lo “metrosexual”, será porque en los últimos años había aumentado el número de homosexuales (mucho más que de mujeres) en el PSOE, el caso es que esta sigla se ha ido “feminizando”, o si se nos permite la utilización, en absoluto peyorativa sino rigurosamente descriptiva, “amariconando”. Incluso políticamente, del rojo vivo de la bandera de las reivindicaciones sociales el PSOE ha pasado al rosa desvaído de las reivindicaciones “soft” y de la ingeniería social zapaterista.

Para Zapatero –y por extensión para el PSOE- hay que llegar a un “gobierno mundial”, a una “religión mundial”, a una “cultura mundial”, a una “raza mestiza” y, por supuesto, aproximar también los sexos hasta lograr una igualación tal que destruya las diferencias como ha pretendido destruir las diferencias entre naciones o entre culturas. Al PSOE de ZP le va lo “unisex”, en definitiva. No, la idea no es de ZP, sino que aparece frecuentemente en El Correo de la UNESCO y en demás libelos mundialistas que son la única referencia “ideológica” de Zapatero.

Hay un drama detrás de todo esto. Desde los años 60 las feministas (hoy mayoritariamente enquistadas en el PSOE) han defendido las tesis más abrakadabantes: que si la opresión patriarcal, que si las diferencias entre orgasmo clitórico y orgasmo vaginal (rigurosamente ciertas pero que las feministas fuerzan hasta desplazar el eje de la sexualidad femenina del varón al dedo corazón de la mano derecha), que si no hay que depilarse, ni usar “prendas opresivas” (sujetadores, medias, bragas), que si resaltar la diferencia entre hombres y mujeres constituye una muestra de “sexismo”, etc, etc. El PSOE (y toda la izquierda progresista) han aceptado estas tesis y las han incorporado, no sólo a su programa (lo que ya era una irresponsabilidad), sino a sus vidas personales (lo que era un suicidio anímico).

¿Puede usted imaginar lo que supone vivir al lado de una mujer que piensa en estos términos feministas? Pues bien era en esos caladeros femeninos en los que pescaban los hombres del PSOE, donde ligoteaban y encontraron a sus ricashembras. No es de extrañar que la proliferación desmesurada de divorcios y de ahí-te-quedas haya sido superior entre la progresía que en cualquier otro lugar. Y, por lo mismo, no es de extrañar que los adolescentes crecidos junto a esas “compañeras” hayan huido de la sexualidad hétero para refugiarse en los más cómodos páramos de los armarios gays.

Suele recordarse que la izquierda está en crisis. Y lo está. La socialdemocracia ha sido la gran defensa que ha tenido el capital financiero y la globalización en los últimos 40 años en toda Europa y especialmente en esta crisis. Pero esta crisis de identidad alcanza hoy hasta lo sexual. La rosa es el emblema que se atribuye el PSOE cuando en realidad le hubiera correspondido más la luna, símbolo universal de lo femenino (y, por aquellas fatalidades de la simbología, símbolo también del Islam). Este emblema le hubiera convenido mucho más al PSOE zapaterista desde 2001 pues no en vano ha optado por presentarse como defensor impenitente de los “derechos de la mujer” llevamos hasta el extremo ultra-igualitario y a la malhadada “discriminación positiva”.

Para defender esos derechos, el PSOE arbitró en su primera legislatura una batería de leyes innecesarias sobre la violencia doméstica (cuando en realidad hubiera bastado repatriar a los inmigrantes que apalearan a sus mujeres para que las tasas de violencia doméstica no se disparasen como así ha ocurrido), sobre la igualdad (cuando la mujer ya es socialmente considerada como “igual” al varón), sobre el aborto (cuando los derechos de la mujer se superponen a los derechos del non-nato), incluso sobre la ordenación de los apellidos (cuando para establecer genealogías lo más adecuado es seguir un patrón y no permitir que cada miembro de la pareja o el funcionario de ventanilla, decidan que apellido es el primero). Todo esto y una legislación sobre materia sexual excepcionalmente proteccionista en relación al mundo gay, fue la gran y única aportación del zapaterismo entre 2004 y 2008.

En la segunda legislatura todo esto se hundió. El PSOE había olvidado que la mujer es algo más que un “sujeto sexual igualitario”: es madre, es esposa, es trabajadora. Como madre y esposa ha visto como su marido y sus hijos entraban en las listas del paro. Como trabajadora se ha visto ella misma arrojada al empleo basura, a los salarios de miseria y a la amenaza del paro. Y ahora el PSOE le piden su voto…

Por nuestra parte lo que prevemos (y pedimos) es precisamente un voto de castigo del 50% de la población (la femenina) contra el PSOE. Se lo merecen: premiar la androfobia es malo para hombres, para mujeres y para la sociedad entera. Si eres “andrófono” no pasas de ser estar aquejado por una neurosis obsesivo-compulsiva de base sexual. Bueno, en realidad lo que merece este partido de gays, hombres soft, feminitudas y cuñaos enchufados es mucho más que un voto de castigo.

Por cierto, va siendo hora de que ZP diga claramente si Sónsoles es un tío.

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Hacia la gran crisis (III)

3. Las consecuencias futuras: el hundimiento del Estado surgido en 1978

3.1. El Régimen nacido en 1978 se ha constituido como una “norme pirámide de fracasos”. Fracaso del PSOE (2004-2012) y presumible fracaso del PP (a partir de 2012 que se prolongaría hasta 2016…). Según el modelo político español, a un fracaso del PP seguiría, o bien un período en el que este partido seguiría gobernando en minoría apoyado por un partido nacionalista o bien cuando se produciría una nueva alternancia en el poder, ganando un PSOE reconstruido las siguientes elecciones… El hecho de que esto haya ocurrido ya en anteriores ciclos políticos no implica que vuelva a ocurrir ni mucho menos que el ciclo se pueda reproducir ad infinitum. ¿Por qué? Por que las clases dirigentes del PP y del PSOE, e incluso del nacionalismo catalán, están ya excesivamente desprestigiadas como para que el electorado les conceda en tan poco tiempo, un nuevo voto de confianza. El hecho de que, a medida que pasan los días, cada vez con más nitidez vaya cristalizando la protesta en distintos sectores de la sociedad española y el hecho de que los niveles de abstención, pero mucho más especialmente los votos en blanco y nulos (esto es, lo que podríamos llamar “abstención activa”), aumenten espectacularmente (nulos: 1,17% en 2007 y 1,70% en 2011, esto es 398.506 votos nulos y 1,92% en 2007 frente al 2,54% de votos en blanco en 2011, es decir 584.012 votos, hace que a los 11.710.762 abstenciones que se produjeron el 22-M se hayan sumado 982.518 votos más ascendiendo la “insolidaridad” del electorado ante el régimen y su protesta a 12.593.280 electores… Dicho de otra manera: más de 1/3 del electorado ha dicho no al sistema o no se identifica con ninguna de las opciones que compiten. Hoy, prácticamente el número de votantes a los partidos mayoritarios es casi el mismo que el número de electores que, activa o pasivamente, se abstienen de votarlos. Y sin embargo, los primeros tienen el poder absoluto gracias a la Constitución de 1978 y a la Ley d’Hont.

3.2. Vivimos bajo la tiranía de un escuálido régimen partido único: el PPSOE. Pero hay algo peor para nuestro sistema político que las altas tasas de abstención: la erosión de los pilares sobre los que se aguanta todo su entramado burocrático. En efecto, en 1978 los “padres de la patria” elaboraron una constitución que, sobre todo, garantizaba por todo el tiempo en el que estuviera en vigor, que el poder quedaría repartido entre centro-derecha y centro-izquierda, actuando como bisagra los pequeños partidos nacionalistas cuando no existieran mayorías absolutas. Las discusiones sobre el régimen electoral que debían garantizar este principio fueron interminables, mientras que las declaraciones de principios se solventaron en pocos días y Títulos importantes como el tema autonómico o los organismos que configuración la división de poderes, se cerraron malamente dando lugar a todo tipo de interpretaciones posteriores. Lo esencial en 1978 era garantizar la estabilidad del sistema político favoreciendo la creación de una especie de “partido único” con un tejado de dos vertientes: centro-derecha y centro-izquierda, UCD-PSOE primero y PP-PSOE después. Ese sistema ha terminado siendo una “democracia formal” mucho más que una “democracia real”, un sistema en el que la corrupción, el nepotismo, el saqueo de los fondos públicos, la burocratización y la mala gestión de los distintos poderes y de los múltiples niveles administrativos del Estado, se ha convertido en la norma. Con razón se dice que la corrupción afecta poco electoralmente… quienes diseñaron el sistema político ya se preocuparon de que así fuera y de que la Ley d’Hont garantizara que los partidos mayoritarios todavía serían más mayoritarios a pesar de que fueran cloacas de corruptelas e inmundicias.

3.3. La centrifugación creciente del PSOE. Y este es el problema que tenemos ante la vista: el sistema político español, como hemos dicho, se apoya sobre dos columnas políticas, una de las cuales ya está completamente erosionada y carcomida (el PSOE), sufriendo un proceso de centrifugación de sus “baronías” y de pérdida de calidad de su dirección. En lugar de aparecer un partido de izquierdas que lo sustituya, o incluso, en lugar de reforzarse Izquierda Unida, lo que está sucediendo es que nadie está –ni probablemente estará- en condiciones de sustituir al “coloso” de centro-izquierda y en su lugar están apareciendo pequeños grupos, frecuentemente de carácter local o regional que intentan apropiarse de la herencia que antaño perteneció al PSOE: es UPyD en Madrid, es Ciutadans en Cataluña, son grupos regionalistas como la Xunta Aragonesista, es el revival inesperado del Partido Andalucista, e incluso, son algunas formaciones “verdes” y la propia Izquierda Unida, y también es el propio PSOE el que ve como sus “federaciones” cada vez son más independientes y alejadas de una cúpula que se muestra cada vez más incapaz de hablar en nombre de una sola sigla e inmovilizado ante las tensiones de sus propias “baronías”. En la actualidad, el PSOE ya no es, ni seguramente podrá ser después de su derrota cantada en las próximas elecciones generales, una columna sólida sobre la que se mantenga el sistema político español, ni tampoco, su crisis ha dejado que se consolidara ninguna otra columna, apareciendo en su lugar minúsculas formaciones que aportan poco, salvo constatar la pulverización del centro-izquierda. Y en esas condiciones, si una de las dos columnas sobre las que se sostiene nuestro sistema político colapsa, el sistema en su conjunto pierde estabilidad.

3.4. Las fuerzas que impulsaron la transición ya no son preeminentes. Así pues, en los próximos años, vamos a asistir a una “precarización” creciente del régimen surgido en 1978 a raíz de la crisis del PSOE. A esto se une otro factor de importancia no desdeñable: la configuración de los medios de comunicación social que existía en 1978 y la preeminencia que entonces mantenían sobre la sociedad, ya no es la misma que la existente actualmente. En efecto, el papel de las grandes cadenas mediáticas en la transición española fue innegable hasta el punto de que puede decirse que sin su concurso no hubiera sido posible. Los 33 años que han seguido han modificado sustancialmente esta situación: alguna cadena ha desaparecido (Cadena 16), otras han visto disminuido su poder (Prisa), otras se encuentran en situación agónica (Unidad Editorial) y casi todas ellas tienen en el momento actual dificultades económicas y se ven obligadas a recortes en plantilla y en salarios. Además de esto, el eje de la información se ha desplazado en estos últimos 15 años, de los medios de comunicación convencionales al universo digital. Los propios diarios se han visto ante la tesitura de mantener ediciones digitales que les hurtaban lectores a sus ediciones convencionales, a la vista de que si querían seguir manteniendo situaciones de preeminencia en el sector debían necesariamente estar presentes en Internet. A lo que se ha unido la aparición de nuevas formas de información: webs primero, blogs después, redes sociales en la actualidad, que cada vez son más seguidas por el público en detrimento de los medios digitales cuya opinión cuenta cada vez menos. Dentro de 5 años buena parte de los diarios actualmente existentes habrán desaparecido y lo mismo cabe decir de las televisiones privadas. Precisamente la generalización de Internet ha roto la unanimidad y la tiranía de lo políticamente correcto que regía en la transición. Y si bien es cierto que hoy la totalidad de las grandes cadenas mediáticas sigue constituyen una estructura de apoyo al sistema surgido en 1978, no es menos cierto que esa estructura tiene mucho menos peso, poder e influencia que en aquella época. La caída en picado de la influencia de las grandes cadenas mediáticas se constituye también como una más de los factores de inestabilidad y precarización del sistema. No hay que olvidar que una de las “condiciones objetivas” que indican que un régimen ha llegado a su fin es el descrédito de sus portavoces que en este caso ha alcanzado incluso el descrédito de su sistema mediático.

(c) Ernest Mila. Prohibida la reproducción de este texto