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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

NACIONAL

Hacia la gran crisis (II)

2. El PP o la “gran esperanza” que tardará poco en defraudar

2.1. El centro-derecha vencerá sin convencer y gobernará sin tener proyecto. En estas condiciones, es evidente que el electorado se arrojará en manos del liberalismo de centro-derecha (el culpable último de la crisis de 2007) de la misma forma que se arrojaría en brazos del diablo en persona si éste le asegurase que iba a facilitar la salida a la crisis. Lo peor de todo es que el liberalismo de centro-derecha ni siquiera ha prometido que nos sacará de la crisis, nos ha dicho solamente que mantendrá las prestaciones sociales disminuyendo impuestos. Solamente hay una forma de hacer eso: repatriando a 3.000.000 de inmigrantes a sus países de origen… algo que el PP no está dispuesto a realizar en ningún caso. El que Rajoy prometa realizar el milagro de los panes y los peces no implica que esté en condiciones de hacerlo.

2.2. Los silencios de Rajoy son gritos de su programa de recortes neoliberales. No es raro que Rajoy permanezca callado la mayor parte de la legislatura e incluso alejado de los periodistas: carece de respuestas sobre cómo salir de la crisis. Si la ciencia matemática todavía no ha logrado demostrar la cuadratura del círculo, difícilmente Rajoy va a lograr “mantener prestaciones sociales”, disminuyendo impuestos. Y lo que es todavía peor: la “estimulación del empleo” solamente vendrá a condición de que Rajoy se pliegue a la dictadura de los mercados (que exigen precisamente igualarnos en productividad a los esclavos chinos allí donde el mandarinato sigue todavía vigente, unos mercados que exigen una más drástica “reforma laboral” con despido absolutamente libre, unos mercados que exigen la privatización de todo lo privatizable y que, de paso, anteponen sus beneficios al bienestar de todo un pueblo, configurándose como verdaderos criminales y usureros sin escrúpulos, auténticos enemigos de nuestro pueblo y de cualquier otro que reivindique su derecho a subsistir por delante de la obligación al pago del interés económico).   

2.3. Preparando el pacto con el “partido de los chorizos”. La opacidad del programa del PP en materia económica es similar a su opacidad en materia política: incluso obteniendo mayoría absoluta –lo cual es prácticamente seguro que obtendrá- ni siquiera está claro que se decida a aplicar medidas necesarias en este momento para equilibrar los presupuestos públicos, en la medida en que esas medidas irían en contra del entramado autonómico que, en su mayor parte está hoy en sus manos y equivaldría a agredir a sus varones regionales. Así mismo, en el momento de escribir estas líneas, la constitución de los ayuntamientos en Cataluña ya ha evidenciado que la voluntad del PP es pactar, ante todo y sobre todo, con CiU, lo que equivale a mantener los niveles de gasto insoportables en aquella autonomía, mientras que en el País Vasco la entrada de Bildu en la arena política modifica sensiblemente la situación política en aquella autonomía y prácticamente deja abiertas dos opciones (o “frente abertzale” con el PNV o “frente de izquierdas”, Bildu-PSOE) dejando completamente al margen al PP en los próximos años.

2.4. ¿Aplicará el PP alguna medida absolutamente vital para reformar el Estado? Esto implica, además, que el PP –como ya le ocurrió durante su anterior etapa de poder- se verá incapacitado, a causa del peso de los nacionalistas periféricos en Cataluña y el País Vasco, para aplicar necesarias políticas en materia educativa, la primera de las cuales es reconstruir la unidad de la educación recuperando para el Estado las competencias en esta materia que ahora están en manos de las autonomías. Lo dramático es que mientras la enseñanza para las autonomías solamente tiene sentido como medio para ensalzar y magnificar los hechos regionales, existe una necesidad para el Estado y para las próximas generaciones de reconstruir una enseñanza de calidad, especialmente en los niveles de primaria, transformando lo que hasta ahora es un mero almacenamiento de los hijos en horarios laborales de los padres, en un sistema capaz de preparar jóvenes para la educación secundaria y superior. Sin esta reforma imprescindible de la enseñanza es completamente imposible que en nuestro país se diseñe un modelo económica que no tenga que ver con construcción y con hostelería y, por supuesto, nos queda como de muy difícil acceso un modelo basado en I+D+i. Pues bien, aun en el caso de que el PP afrontara su nueva etapa de poder con una resuelta voluntad de reconstruir el sistema educativo, se enfrentaría a la oposición del centro-derecha regionalista que preferiría hacer causa común con la izquierda antes que renunciar a esta importante parcela de poder.

2.5. La sociedad española ha agotado su tiempo y su paciencia. Por otra parte, la irrenunciable reconstrucción (reconstrucción, no reforma) de la educación nos pone ante el gran problema que afrontamos en estos momentos: el plazo en que la aplicación de unas medidas tardan en tener efecto sobre la sociedad. En el tema educativo ese plazo no es menor a 15 años, entre que se diseña el nuevo modelo educativo, se aplica y da resultados. En el plano económico, un nuevo modelo tarda entre 5 y 7 años en dar resultados. Y este es el drama: que la sima en la que está sumido nuestro país es tan profunda que no disponemos de tanto tiempo. Todas estas reformas se deberían de haber abordado en el período terminal del felipismo, cuando era evidente que la implantación del Estado de las Autonomías había fracasado y empezaba a estar claro que la Constitución de 1978 contenía graves carencias y precisaba de un profundo ajuste. Entonces, cuando disponíamos de fondos estructurales en abundancia, cuando todavía era tiempo de acometer las reformas, no se hizo nada. Aznar, en minoría durante su primer mandato, tiró por la vía más fácil: el ladrillo y la hostelería que, a fin de cuentas, era la única posibilidad a la vista de que el sistema educativo no preparaba a profesionales y técnicos en número suficiente para ir más allá y nuestro empresariado prefería el dinero fácil y el regate en corto antes que los proyectos de mayor calado. Porque a la quiebra del sistema educativo se unión la transformación que en esos mismos años se produjo (1985-2005) de la economía productiva en economía especulativa. Hoy, agotados los fondos estructurales, agotada las reservas del Estado, ya no existen posibilidades de realizar la “reforma necesaria” de manera gradual y pausada.

2.6. El PP carece de modelo político y su modelo económico es el neoliberalismo. Pero incluso aunque esa “reforma necesaria” fuera posible, el PP carece de modelo que aplicar. El PP no es un partido “conservador” (difícilmente podría serlo cuando ya no queda nada a “conservar” que valga la pena), sino liberal. Y esta diferencia es importante porque el liberalismo es, sin duda, la ideología más volátil que puede existir. Llevamos décadas de experiencias liberales y de economía liberal (prácticamente desde finales de los años 70) y es precisamente el liberalismo económico lo que nos ha llevado hasta donde estamos. La excusa de los liberales es sostener ante sus fracasos que nunca se han aplicado los principios liberales en sentido estricto, nunca el Estado se ha inhibido completamente en materia económica y, por tanto, nunca se ha producido la libre concurrencia de las fuerzas del mercado… cuando esto suceda, la economía generará empleo, prosperidad y progreso, sostienen los liberales olvidando que esta crisis es la crisis del liberalismo, olvidando que ha sido la estricta observancia de los principios liberales lo que ha generado una globalización que se muestra inviable a corto plazo y que es la causa principal de que el paro se haya apoderado de nuestro mercado laboral y de que hayamos visto a millones de inmigrantes cruzar nuestras fronteras para abaratar la fuerza de trabajo. El liberalismo solamente consigue igualarnos “por abajo”, no aspira a crear condiciones dignas de trabajo, sino a hacer de cualquier trabajado mano de obra esclava, la única que puede competir con la mano de obra china en productividad y salarios bajos.

2.7. El liberalismo no es la solución, es la esencia del problema. Una sociedad liberal es, en última instancia, una sociedad en la que los depredadores (poseedores del capital) actúan con más eficacia y contundencia sobre las mayorías (los ciudadanos, los trabajadores, los jóvenes, los jubilados) en nombre de la “libertad” y del “mercado” a la espera de qué el dinamismo de este genere empleo… aunque nada se nos diga de cuáles serán las características de ese empleo: salarios bajos, contratos precarios, seguridad social privada, inestabilidad en el empleo, ritmos de trabajo infernales y, finalmente, despido libre con un mínimo de coberturas sociales. Ese es el modelo chino y el único con el que se puede competir en un mundo globalizado. Ese es el modelo que el liberalismo quiere aplicar en Europa. No es raro que el PP –que comparte, prácticamente sin fisuras este modelo (véase sino los bochornosos “debates” de Intereconomía en los que se magnifica cualquier atentado contra los trabajadores  considerándolo como necesario para aumentar nuestra “competitividad” y “estimular el empleo”)- calle cuando se le pregunta cuál es su modelo económico y qué medidas adoptará en la materia, limitándose a contestar con una irresponsabilidad entre cínica, angelical y analfabeta, que “bajar los impuestos sin disminuir las ayudas sociales”…

2.8. La política del PP en los dos últimos años: callar, ocultar las propias propuestas y esperar a que pase el cadáver de ZP ante el balcón de Génova.  A pesar de que el PP haya hecho causa común con el clamor de la mayoría de la población española que exige elecciones anticipadas ya para cortar la larga agonía del zapaterismo que ha supuesto su segunda legislatura desde el momento mismo de iniciarse, lo cierto es que no está utilizando los recursos a su alcance para liquidar la situación: ni ha recurrido a la moción de censura, ni ha movilizado a sus partidarios en la calle para acortar la legislatura. Es fácil entender el porqué: en estos momentos nos encontramos a un paso de la intervención de la economía española por parte de la UE ante la imposibilidad para recortar el gasto público (y, en especial, ante la negativa de las autonomías a hacerlo). El PP prefiere que esta intervención (o la aplicación de las medidas exigidas por la UE y por los acreedores, las únicas que la evitarían) se produzca durante el mandato del PSOE. Contrariamente a lo que los estrategas del PSOE perciben, lo cierto es que el tiempo juega contra este partido y resulta difícil pensar que se podrán celebrar elecciones en plazo (marzo 2012) sin que antes la UE haya presionado para que se apliquen medidas drásticas (reducciones salariales y despidos de funcionarios, hachazos a ayudas sociales, privatización de todo lo privatizable, despido libre). El tránsito que media entre el inicio del verano de 2011 y el final del invierno de 2012 es demasiado largo y la situación de la economía española demasiado grave como para pensar que esas medidas no se van a exigir de manera ineludible por parte de la UE. Sea quien sea el partido que aplique esas medidas va a quedar absolutamente pulverizado ante la opinión pública. Solamente el optimismo antropológico del presidente del gobierno hace que se aferre a la esperanza de que el descenso del paro estacional que tendrá lugar entre junio y octubre de 2011, las buenas cifras del turismo que se prevén a raíz del desvío de contingentes turísticos de los países árabes a España y las buenas cifras de la exportación, generen un crecimiento económico que pueda alardear el PSOE ante la campaña electoral como si la crisis ya hubiera pasado y los “brotes verdes”, aunque retrasados, hubieran terminado por llegar.

2.9. España no va peor gracias a una casual coyuntura internacional, no gracias a la gestión del gobierno. Pero la esperanza del PSOE es tenue (apenas una esperanza para desesperados): en octubre el paro volverá a subir al haber terminado la temporada turística y la mayor parte de campañas agrícolas, por otra parte, las cifras turísticas se habrán saldado con un aumento del número de visitantes pero con un aumento mucho menor del número de ingresos del sector (a la vista de que cada vez atraemos más a un turismo de baratillo y garrafón, de alpargatas y nula capacidad adquisitiva) y, finalmente, las exportaciones dependen de Francia y de Alemania (nuestros principales compradores) y no está claro que la subida de tipos de interés del Banco Central Europeo no vaya a frenarlas. Sea como fuera, las esperanzas del PSOE en un enderezamiento en materia económica dependen de tres factores que no tienen nada que ver con el gobierno de nuestro país: tres factores exteriores ajenos (el crecimiento económico franco-alemán, los problemas en el Magreb y los ciclos estacionales) ninguno de los cuales controla el gobierno.

2.10. Sin modelo económico de sustitución, sin tiempo para la recuperación. Antes hemos dicho que precisamos un nuevo modelo económico y añadíamos que ya no había tiempo suficiente para aplicarlo. Sosteníamos igualmente que el PP carece de modelo económico (de ahí que no sea capaz de definir exactamente cómo vamos a salir de la crisis) y añadíamos finalmente que, aunque lo tuviera, habría que esperar 5-7 años para aplicarlo, cerrando el círculo el hecho de que la enfermedad de la economía y de la sociedad española es de tal envergadura que no disponemos de tanto tiempo para esperar resultados. Y esto nos sitúa ante el dramatismo del momento actual: el PSOE ha demostrado su ineficacia para gestionar la crisis, al igual que toda la socialdemocracia europea la ha abordado apoyando a los causantes de la crisis (banca, alta finanza, sectores de la patronal) en detrimento de las clases trabajadoras, de los jóvenes, de las familias, de las PYMES y de los jubilados… pero no está absolutamente claro que el PP tenga fórmulas mágicas, es más, sus fórmulas liberales constituyen una amenaza para los grupos más desfavorecidos de la sociedad. El PSOE ha sido el gran fracaso, pero el PP no es la solución porque sus fórmulas son parte del problema: el modelo económico hundido no lo diseñó ZP, sino Aznar y, lo peor para el PP, es que ahora carece de modelo de sustitución.

2.11. La realidad de la crisis hace que tanto el PSOE como el PP se atrevan a aplicar las fórmulas impuestas por el FMI, la banca internacional, la alta finanza y el Banco Central Europeo. En las actuales circunstancias ya no se trata de que el PP ofrezca soluciones más racionales a algunos problemas, ni siquiera de que con él, desaparezcan las medidas de “ingeniería social” más odiosas e irresponsables a las que irá unido el nombre del ZP. En este terreno, buena parte de la gestión del PP va a consistir en intentar dar marcha atrás a algunas de estas medidas e, incluso, ni siquiera en este terreno está claro si el PP va a intentar dar marcha atrás en lo peor del zapaterismo: su silencio a la hora de afirmar si reabrirá o no la investigación sobre el 11-M, sus ambigüedades en materia de aborto, de divorcio-exprés y de matrimonio gay, sus dudas sobre el futuro de las leyes de “igualdad” o su apoyo a la ley de violencia doméstica (seguramente la ley más absurda e ineficaz del zapaterismo), todo esto, añaden dudas y más dudas sobre lo que será el gobierno del Partido Popular cuyo único mérito, será enterrar al zapaterismo… a pesar de que la política que aplicará no será muy diferente de la asumida por Zapatero en este último año y medio: liberalismo y más liberalismo, aceptación y aplicación de las medidas dictadas por la UE, por la banca y por la finanza internacional. Nada más.

(c) Ernest Milá - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Economía española 1939-70

Infokrisis.-Iniciamos la publicación de distintos artículos sobre la transición española y sobre sus orígenes. La intención a medio plazo es completar un amplio trabajo sobre este período histórico de nuestro país. A pesar de lo que se tiene tendencia a pensar, la transición no estuvo motivada principalmente por causas políticas (la peculiar forma de organización del Estado impuesta por el franquismo), sino fundamentalmente económicas (la necesidad de la economía española de abrirse a nuevos mercados para garantizar su crecimiento y los beneficios del capital y el interés de la alta finanza internacional por hacer de España un marco privilegiado de inversiones durante las décadas 1975-1995. De ahí la importancia que concedemos a la economía y al estudio de su evolución entre 1939 y 1970 (a la vista de que entre 1970 y 1975 no aparecieron elementos nuevos -a excepción de la crisis económicas y energética internacional de 1973 tras la guerra del Yonkipur- que modificaran el planteamiento que ofrecemos. Esperamos, aun a riesgo de aburrir al lector, ser todo lo sistemáticos que exige la temática.

La primera mentira que se extendió sobre la transición española fue que ésta había sido forzada por el pueblo español capitaneado por su Rey y que en esa marcha quedó superada la tradicional dicotomía entre las dos Españas. Tanto la “oposición democrática” como la mayor parte del franquismo fueron conscientes de lo que estaba en juego y actuaron con responsabilidad y visión de Estado para evitar otro conflicto entre españoles. Era todo mentira… pero la inercia del “macizo de la raza” (ver artículos sobre El macizo de la raza-I y El macizo de la raza-II) lo convirtió en verdad institucionalizada.

Fue sólo la situación económica del país la que facilitó el marco adecuado para que se produjera la transición y se pasara de una dictadura paternalista a una democracia formal. Ni el rey fue el motor del cambio, ni Suárez su genial impulsor. Fueron solo los intereses económicos del escuálido capitalismo español los que forzaron la transición.

Bajo el régimen de Franco había ido cobrando forma un capitalismo que progresivamente se fue sintiendo incómodo con el marco institucional de la época. A una forma económica capitalista corresponde inevitablemente una forma política democrática (o partidocrática). De hecho, el franquismo no fue más que un intento de superar el atraso secular de nuestro pueblo mediante un gobierno centralizado y autoritario que planificara nuestro desarrollo a fin de acortar el camino que nos separaba de Europa. Eso se hizo entre 1960 y 1970. Cuando se llegó a los comienzos de los años 70 era evidente que el marco político gracias al cual se había desarrollado nuestra economía precisaba otra adoptar otra forma que le permitiera introducirse en nuevos mercados y recibir capitales exteriores. Nuestra economía precisaba una estructura política que el franquismo no podía proporcionarle. Era preciso entrar en lo que entonces se llamaba “Mercado Común Europeo”, pero eso resultaba imposible sin un régimen de partidos. Y, por otra parte, todos los países miembros de ese “mercado”, lo eran también de la OTAN… en donde nuestra presencia había sido rechazada.

Dicho de otra forma: mientras las necesidades del escuálido capitalismo español precisaron del franquismo, el régimen se mantuvo inconmovible, pero cuando precisó ir más allá, simplemente, forzó la transición. Todo esto se percibe mucho mejor si viajamos a la España de hace 50 años.

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Fue en 1960 cuando podemos considerar que arranca el desarrollismo. Ese año el gobierno liberalizó el comercio exterior, el nivel de vida se elevó considerablemente y la producción industrial aumentó espectacularmente; el sector “secundario” pasó a abarcar un 30% de la economía del país. En 1960 era ya evidente que nos encontrábamos en una situación muy diferente a la de 1951 (la guerra, por entonces había terminado doce años antes pero sus consecuencias seguían experimentándose dramáticamente)…

En 1945 una mala cosecha hizo que reapareciera el peligro del hambre. Nuestra renta per cápita estaba por los suelos y la de 1951 equivalía en todo a la de 1913 en donde 513 pesetas de ese año equivalían a las 7.000 de entonces. Entre 1939 y 1951 no hubo impulso económico sino, como máximo, economía de subsistencia. Y en el período que abarca de 1951 a  1960 el crecimiento es lento, irregular, inconstante y poco evidente. En realidad, España vivió entre 1939 y 1959 veinte años de soledad y autarquía económica. Las barreras aduaneras eran casi insuperables, lo poco que se importaba y exportaba se había por cupos y estos estaban sometidos a una corrupción de la que se hablaba poco pero que todos sabían que existía.

En los años 50, España seguía teniendo un perfil rural y la mitad de la población vivía en el campo. Medio siglo antes eran dos tercios de la población los dedicados a actividades agrícolas y ganaderas, pero entre 1965 y 1970 ese porcentaje disminuyó hasta un tercio de la población. Nuestro gran período fueron los años 60: entonces si que pudo hablarse de despegue económico. El consumo y el nivel de vida aumentaron hasta el punto de que cuando se llegó a 1970, nuestra renta per cápita había alcanzado los 820 dólares (cuando se consideraba que más de 400 era un síntoma de desarrollo. Ciertamente, el sector primario en 1969 abarcaba el 15%, mientras que en Europa oscilaba entre el 3 y el 9%, pero esto indicaba solamente nuestra situación en el concierto de las naciones europeas: estábamos por detrás de Francia, el Reino Unido y Alemania y ocupábamos una posición intermedia entre Italia a un lado y Grecia y Portugal a otro.

A lo largo de los 60 nuestra producción de frigoríficos aumento catorce veces y la de coches lo hizo nueve veces. Entre 1960 y 1966 se duplicó la producción de acero. Era el resultado de las medidas liberalizadoras de nuestra economía aprobadas en consejo de ministros el 30 de julio de 1959 y que afectaron a 1/3 de nuestro comercio exterior. Se importaron materias primas (especialmente hidrocarburos, siderurgia y productos químicos), bienes de equipos y alimentos. Las exportaciones sin embargo crecieron poco, apenas productos del campo (frutos secos, vino, aceite y hortalizas), pero muy pocas manufacturas. Las pocas que se producían no eran en absoluto competitivas, hacía falta tecnología e inversión y no había ni de lo uno ni de lo otro. Todo esto hizo que aumentara el déficit de la balanza comercial. En 1963 eran 1.219 millones de dólares y en 1970 habían llegado a los 2.337.

Si el desarrollo económico español fue viable se debió a tres factores que, en cierta medida han seguido estando presentes en nuestra historia económica reciente: de un lado el turismo hizo que afluyeran divisas suficientes como para compensar la balanza de pagos. De otra, casi dos millones de españoles habían marchado al exilio económico y enviaban cada mes remesas de dinero en divisas a nuestro país (como ocurre hoy en sentido inverso con los inmigrantes que envían caudales a sus respectivos países siendo en varios de ellos –Ecuador y Marruecos especialmente- la primera o la segunda fuente de ingresos de esos Estados. Finalmente la recepción de inversiones extranjeras garantizó un nivel aceptable y acelerado de desarrollo. No solamente el déficit fue cubierto, sino que aumentaron las reservas de oro y de divisas. A lo largo de los años 60 estas reservas se habían sencillamente duplicado.

El turismo, desde luego, fue nuestro gran invento y desde entonces ha quedado fijado a la economía española en un puesto preferencial. Solamente en 1961 los ingresos por turismo habían compensado el déficit comercial. Así que podíamos estar moderadamente tranquilos. En 1970 los ingresos por turismo habían sido 1680 millones de dólares que cubrían el 81% del déficit comercial. Por delante solamente teníamos a un país en número de pernoctaciones turísticas: Italia. Pronto la superaríamos. A pesar de que fueran las suecas quienes se llevaron la fama, la mayoría de los turistas que llegaban a nuestras playas procedían del Reino Unido, Francia y Alemania, venían en torno a 1.000.000 de norteamericanos peregrinando por los sanfermines y las ferias taurinas y 800.000 escandinavos que se dejaban notar en nuestras playas. Entonces eran menos… pero dejaban más. Pronto nos convertimos en la meca turística de la clase media europea.

La emigración también aportó lo suyo. En 1966 teníamos a 1.800.000 trabajadores sudando fuera de nuestras fronteras. Su perfil era el de un obrero de entre 20 y 40 años que estaba entre dos y tres años trabajando en Alemania, Francia o Suiza para regresar luego con fondos suficientes con los que levantar un pequeño negocio o, simplemente, comprarse un piso. El fenómeno alcanzó relieve en 1960 y cuatro años después, muchos de los que se habían ido ya estaban volviendo. Esa nueva emigración era radicalmente diferente a la que se había conocido hasta entonces. Si exceptuamos el período entre 1936 y 1945 en donde no hubo inmigración de ningún tipo, a parte de la forzada por cuestiones políticas, en 1950 empezaron de nuevo los flujos migratorios hacia Iberoamérica (50.000 al año), y solamente fue a partir de 1960 cuando se empezó a sentir la tendencia a emigrar a Europa (y a disminuir las fugas hacia Iberoamérica). De hecho, la emigración de españoles fue una de las resultantes del Plan de Estabilización de 1959. El propio gobierno facilitó y estimuló el fenómeno.

Finalmente, la inversión extranjera que en el período autárquico había quedado limitada (la ley de 24 de noviembre de 1939 limitada al 25% la participación extranjera en empresas españolas) se amplió en 1950 hasta el 50% y aumentó especialmente a partir de 1961. Necesitábamos inversiones en el sector turístico para afrontar una creciente demanda y también necesitábamos inversiones directas en empresas. Llegaron capitales de Alemania, Francia Inglaterra, Suiza y EEUU (184 millones de dólares en 1965… lo que apenas suponía el 1,3% de la inversión norteamericana en Europa). Fruto de estas inversiones fue el impulso dado a algunas empresas (Barreiros y Altos Hornos, por ejemplo).

España estaba cambiando. Entre 1870 y 1970 la población del país se duplicó (de 16 millones de habitantes a 33). En 1952, cuando nació el que suscribe estas líneas, nuestro índice de natalidad superaba en un 10% al de mortalidad. La mortalidad infantil empezó a descender a partir de mediados de los años 50 y la población fue creciendo… como también crecieron sus necesidades de consumo. Y, como se sabe, en Europa al menos, el crecimiento de la población es un estímulo para el crecimiento subsiguiente del capitalismo.

Éramos y somos un país desequilibrado demográficamente: una parte importante del centro estaba despoblado (provincias como Guadalajara, Soria, Cuenca, Teruel o Huesca tenían una densidad de población de apenas 20 habitantes por kilómetro cuadrado), a parte de Madrid (que absorbía un 10% de la población total del país a finales de los 50 (33 millones de habitantes), las ciudades de mas de 500.000 habitantes se situaban en la periferia costera.

Peor estaban las cosas en materia educativa: en 1965 apenas había en todo el país 13.687 ingenieros y ese año 22.000 reclutas que ingresaron en el ejército eran completamente analfabetos. Nuestro sistema educativo era insuficiente y nuestro tejido de profesionales técnicos y científicos extremadamente tenue. Un tercio de la enseñanza primaria estaba en manos de las órdenes religiosas en 1968. Ese año el 16% de los niños de 6 a 13 años estaban sin escolarizar y otros 770.450 tenían una escolarización muy deficiente. A pesar de que el II Plan de Desarrollo proveía crear más de medio millón de nuevas plazas escolares, ese objetivo seguía siendo pobre.

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De todo esto se deduce un panorama en el que convivían dos “Españas” la desarrollada y la del subdesarrollo. Había en todo esto un problema “histórico”. El capital disponible en España se había orientado hacia sectores de muy baja productividad (construcción, turismo y especulación) y la clase dirigente no había asumido el mismo papel que la burguesía en el pelotón de cabeza de Europa. Y en eso seguimos cuarenta años después.

El problema del capitalismo español era endémico y nuestros problemas no venían ni de la República ni del franquismo. A éste último, como máximo, se le puede responsabilizar el que intentara recuperar el tiempo perdido por la vía de la planificación, el autoritarismo y el sacrificio de las libertades políticas. En todos los terrenos de la economía, nuestro país había ido acumulando unos retrasos espectaculares. A pesar de ser un país, en la época, eminentemente agrícola, nuestro sector primario estaba inadecuado para la producción en los años 50.

La existencia de terrenos comunales para el pastoreo y de pequeñas tierras cultivables en torno a los municipios había concentrado la población. Para colmo, esto mismo generó una ausencia casi total de cercados. Cuando en la segunda mitad del siglo XVIII aumentó la población se experimentó la necesidad de nuevas tierras que el sistema anterior ya no podía satisfacer. La desamortización de 1837 solamente benefició a las grandes fortunas. A mediados del siglo XIX, antiguos ganaderos favorecieron el impulso cerealista que se vivió en la época, pero hasta mediados del siglo XX existió muy poca mecanización para facilitar las tareas del campo. Además, nuestra sociedad rural mantuvo hasta hace poco estructuras sociales que no eran sino reminiscencias del antiguo régimen. Solamente distintas oleadas de inmigración a la ciudad rompieron esta tendencia.

Peor iba la industrialización que se había iniciado en Catalunya en la segunda mitad del siglo XVIII con la industria del algodón y la aparición de la Compañía Catalana de Hilados de Algodón. La burguesía de aquella región empezó a demostrar actitudes para ir de capital industrial del Reino. La fábrica de tejidos que se instaló en Guadalajara, en cambio, resultó un fracaso. Afortunadamente, el edicto de 1771 confirmó las tendencias proteccionistas prohibiendo la entrada en España de textiles extranjeros. Solamente fue en la segunda mitad del siglo XIX cuando aparecieron los polos industriales modernos. En Bilbao se aprovechó la presencia de mineras muy bueno de hierro para establecer hornos Bessemer en 1856 que en 1899 lograba exportar 9.500.000 de toneladas de mineral. Se pactó con Inglaterra el cambio de mineral de hierro por carbón. Otro tanto ocurrió en Asturias al iniciarse la explotación de minas de carbón.

A partir de 1891 se produce el enfrentamiento histórico entre grandes industriales catalanes y vascos y grandes propietarios agrícolas castellanos y andaluces, al intentar restaurarse un severo proteccionismo que se agravó con la pérdida de las colonias. El mercado nacional era débil la concurrencia limitada y existía un enfrentamiento con el proteccionismo. No eran, desde luego, las mejores condiciones para lograr el desarrollo económico de nuestro país.

El desarrollo industrial se apoyó en Bancos propiedad de familias muy ricas a la vista de que el ahorro de las empresas y de las familias era casi inexistente. Aún en 1965, esa situación apenas había variado. Los bancos, ese año proporcionaban los dos tercios del crédito. Los bancos (el Bilbao, el Vizcaya, el Hispano, el Banesto y el Central) dominaban el mercado de capitales y, por tanto, controlaban amplios sectores de la industria. Los diez mayores monopolios representaban el 45% del capital de las 150 empresas nacionales mayores, pero sólo el 35% de sus beneficios. Pero los bancos españoles eran todavía pequeños en el contexto internacional. El primer banco español estaba situado en el puesto 70 en el ranking internacional. Nuestras empresas eran minúsculas: la francesa Rhône Poulenc del sector de químicas era tan grande como las 14 empresas del sector que existían en ese momento en España.

La autarquía que irrumpió entre 1939 y 1959 empeoró todavía más la situación. En 1960, la gran polémica en España era entre partidarios y contrarios al proteccionismo. Cuando ganaron estos últimos, buena parte de las empresas que se habían construido (y que se levantarían en la próxima década) no eran competitivas ni técnicamente estaban a la altura.

No solamente la producción de mercancías estaba a mínimos en relación con Europa (por lo menos hasta 1960), sino que la circulación de esta producción constituía un verdadero martirio. La red ferroviaria era insuficiente. Las carreteras de muy mala calidad. Y en cuanto al parque de camiones baste decir que en el Benelux había diez veces más que en España y, para colmo, más modernos.

La situación de los ferrocarriles era particularmente preocupante hasta los años 60. La red radial beneficiaba al centro pero perjudicaba a la periferia y ayudó a que se agudizara la diferencia sociológica entre el interior y la costa: mientras que esta cada vez se poblaba más, el centro (salvo Madrid) tendía justo a lo contrario. En 1849 se inauguró el ferrocarril Barcelona-Mataró y en 1901 existían 13.168 km construidos que en 1966 solamente habían crecido hasta 18.200 km. Lo peor no solamente era que el ferrocarril creciera poco, sino que el que existía estaba abandonado. En 1940 había traviesas de madera que tenían ya 50 años de antigüedad. En esa época nuestros ferrocarriles tenían un alto grado de inseguridad.

Incluso después del período de crecimiento 1960-70, en 1969 el nivel del tráfico español de mercancías era de 7.886 millones de toneladas lo que apenas suponía un 15% del que tenía lugar en Francia. Era uno de los sectores en los que nuestro atraso era más patente. Si bien en los años sesenta aparecieron nuevos modelos de ferrocarriles (el Taf, el Talgo, el Ter), en 1970 íbamos muy por detrás de cualquier país europeo e incluso había regiones como Extremadura prácticamente aisladas.

Nuestras carreteras no iban mucho mejor, sin embargo nuestro parque de automóviles es lo que mejoró con más celeridad como muestra del consumo. Si en 1955 corrían por nuestras carreteras apenas 233.000 vehículos, en 1965 ya eran 1.900.000 y en 1970 habían llegado a 4.000.000. Los vehículos crecieron a más velocidad que la red de carreteras. No es raro que el II Plan de Desarrollo dedicara la mitad de los fondos públicos a mejorar las carreteras. El Plan Nacional de Autopistas preveía que para 1975 existieran 500 km de peaje y los primeros km solamente se inauguraron en Barcelona en 1979 y 1971-72. En 1967 el Plan de Renovación de Carreteras preveía la construcción de 5.000 km nuevos. Pero las carreteras secundarias hacía años que no se habían renovado.

Tampoco en los transportes marítimos estábamos en los años 60 mejor situados a pesar de que en 1966 un tercio de las importaciones se transportaban en barcos españoles. Había muchos puertos pero de poco tráfico y de muy primitivos equipamientos. Cinco de los grandes puertos estaban en el Cantábrico mientras que el petróleo entraba por Tenerife, Cartagena y Huelva y las mercaderías secas por Bilbao y Barcelona. En 1969 nuestra flota era la catorceava del mundo con 3.330.000 toneladas. Había muchos barcos… pero demasiado viejos. En 1963 el 38% de nuestros barcos tenía más de 25 años (por un 6’7% en el mundo desarrollado). A partir de 1960 se dio un fuerte impulso a la construcción naval que facilitó el que en 1967 los barcos mayores de 25 años hubieran descendido al 17’6% y los que tenía menos de 5 años pasaron a ser el 34%. Pero existían demasiadas empresas navieras y astilleros y era evidente que no todos eran competitivos.

La minería era escasa a pesar de que España había sido desde el Imperio Romano considerado como un país minero. Se extraían 15 millones de toneladas en 1967 suficientes como para cubrir las necesidades del país. Pero ese carbón era de mala calidad y las minas tenían muy poca calidad y de difícil explotación. Esto hacía que solamente pudieran emplearse como combustible en plantas térmicas. Después de los años de proteccionismo se estabilizó la producción y en los años 60 hubo que cerrar muchas minas por ser antieconómicas. Nuestra minería cada vez tuvo que soportar competencia de América y África.

Nuestro talón de Aquiles para la era industrial era el petróleo. No teníamos y las explotaciones que se iniciaron en Ayoluengo y luego en La Rápita o las pizarras bituminosas de Puertollano no lograron jamás autoabastecernos. En 1960 la distribución de carburante era mediocre y la capacidad de refinado no cubría las necesidades, pero en los diez años siguientes la incorporación de nueve plantas consiguió un fenomenal salto adelante pasando España a abarcar el 1% del refinado mundial.

En el sector de la electricidad es donde recuperamos el tiempo perdido. Hasta mediados de los años 50 seguían produciéndose “restricciones” eléctricas. Sin embargo, en 1970 se producían 56.486 millones de kilowatios lo que suponía el triplicar la producción de 1960. El éxito se había conseguido gracias a una política racional de embalses. No solamente se producía electricidad sino que se facilitaba la irrigación de los campos. Siguió utilizándose hulla de baja calidad para los centrales térmicas y empezó a utilizarse la energía nuclear pues, no en vano, existían minas de Plutonio en España. En 1970 se inauguraron las centrales de Zorita, Garoña y Vandellos y nuestro país pudo exportar energía eléctrica a Francia (a la inversa  de lo que ocurre hoy).

El panorama de nuestra industria era miserable en 1950 y siguió siéndolo hasta 1960. A partir de ese momento se produce una recuperación que durará a lo largo de toda la década. En 1970 las perspectivas eran insuficientes pero mucho mejores. Ese año nuestra producción era modesta (4.122.000 de toneladas de fundición y 7.386.000 de toneladas de acero). En este terreno éramos la octava potencia europea. Pero no era suficiente: la falta de acero era el primer obstáculo con que se enfrentaba nuestra industria. Además, la productividad en siderurgia era bajísima: en 1962 un obrero español producía 429 toneladas de acero mientras que en Europa ese mismo obrero producía 12075 toneladas. Esta diferencia no se debía a falta de cualificación de nuestros trabajadores sino a atraso tecnológico de los altos hornos generada por la autarquía que existió hasta 1959 y que la tecnología nacional no estuvo en condiciones de superar.

En 1966 el 33% de la producción de carbón y acero y el 50% de laminados eran producidos por empresas integrales que se habían polarizado en zonas geográficas: en Asturias y en la ría del Nervión, en Santander y en Sagunto. Existían tres grupos: Ensidera, propiedad del INI, creada en 1950 y que veinte años después producía 2,14 millones de toneladas de acero; Uninsa, aspiriana, creada en 1965 con capital Krupp, producía 359,999 toneladas de fundición y 400.000 de acero; y, finalmente, Altos Hornos de Vizcaya, líder del sector hasta 1970, con una producción de 1.700.000 toneladas en factorías instaladas en Sestao y Baracaldo, propiedad de United States Steel. Era algo, pero era poco y lo que es peor: no era suficiente para cubrir siquiera las necesidades manufactureras de nuestro país.

En el sector de químicas ocurría otro tanto: si bien a partir de los Planes de Desarrollo el sector fue creciendo y se mostró excepcionalmente dinámico, a pesar de que sus exportaciones eran mínimas. La producción de abonos era quizás donde éramos más competitivos. El sector era uno de los que habían recibido más capital extranjero, esencialmente norteamericano, pero trabajábamos con patentes extranjeras y no existía investigación suficiente para elaborar nuevos productos.

Las cementeras a partir de 1960, cuando se liberó el comercio y empezó el furor constructivo creció desmesuradamente entre 1963 y 1970 (266 kg per cápita en 1963, 405 kg en 1966 u 506 en 1970). El volumen total de producción era de 5.000.000 de toneladas en 1960 que se habían multiplicado por 3,25 en 1970. Era mucho –y el auge de las cementeras auguraba lo que iba a ocurrir treinta años después cuando el modelo económico español era altamente tributario de la construcción- pero se trataba de uno de los sectores más conflictivos. El cemento era ya en aquella época, muy sensible a las oscilaciones del mercado y resultaba complicado transportarlo.

Hasta aquí las cifras de nuestra industria. Entre 1960 y 1970 España había experimentado un auge económico y había emprendido la vía del despegue. Estábamos más cerca del desarrollo pleno que del subdesarrollo, pero las bases productivas de nuestro desarrollo en lo relativo a industrias básicas eran todavía muy débiles.

Otro tanto podía decirse de la industria de transformación y pesca. Esta industria manufacturera se desarrolló más rápidamente que las industrias básicas entre 1960 y 1960. Solamente había un excepción: la industria del automóvil, la que más sensible es a las fiebres consumistas.

El sector del automóvil estaba protegido. La Empresa Nacional de Autocamiones (Enasa) dependiente del INI, ocupaba un 13% en la producción nacional de vehículos en 1970 y estaba asociada a Britsh Leyland que poseía una cuarta parte de las acciones. Los astilleros en 1966 estaban al nivel de Francia y nos situaba en el noveno lugar mundial. Cuatro años después la producción se duplicó. Para esa época el 50% de los barcos botados eran petroleros. Existían astilleros en la ría del Nervión, en Cádiz, en El Ferrol, en Cartagena, en Santander, en Vigo, en Valencia, la Maquinista Terrestre y Marítima en Barcelona, Barreiros y Barckock & Vilcox en el País Vasco, etc. Los astilleros y la producción naval eran nuestros pulmones en materia de exportaciones desde mediados de los años 60.

La obra pública recibió a partir del I Plan de Desarrollo un impulso decisivo siendo a mediados de los años 60 el sector que daba trabajo a un mayor número de obreros: algo más de 1.000.000 entre 1965 y 1969, en torno al 8,8%. A lo largo de esa década la inversión pública en construcción pasó del 20% al 38%. El sector de la construcción estaba dominado por grandes empresas con capital extranjero. Si España era un destino atractivo para inversiones de este tipo se debía a causa de lo barato de la mano de obra que procedía del entorno rural y tenía escasa cualificación. La vivienda de protección oficial experimentó un crecimiento inusitado cada vez mayor a medida que nos aproximábamos a 1970. Ese años estaban terminadas 187.000 viviendas de protección oficial, se habían iniciado otras 279.000 y estaban en fase avanzada de construcción 441.137 más.

Fue aquella la gran época de las industrias del consumo. La textil catalana por ejemplo producía en 1969 115.352 toneladas de hilados de algodón, 107.726 toneladas de hilado de tejidos y 35.000 toneladas de fibras sintéticas que en aquel momento causaban furor. Pero la industria tenía sus problemas: había pocas materias primas para procesar lana y el algodón era demasiado caro. Así que había que importar del extranjero. En cuanto a las fábricas de fibras artificiales trabajaban con patentes extranjeras. Además existían demasiadas factorías. El I Plan de Desarrollo reguló el sector, destruyendo 500.000 husos y 20.000 telares.

En lo que se refiere al automóvil, aquellos fueron también grandes años. Era, sin duda, la industria mas expansiva. En 1966 esperó en un 177,8% las previsiones del Plan de Desarrollo. Y en 1970 ocupábamos el octavo lugar en el mundo de producción de vehículos con 450.000 unidades salidas de nuestras fábricas. SEAT fue la gran apuesta. Esta empresa penetrada en un 36% por la FIAT, había sido fundada con capital estatal en 1952. La FASA Renault en Valladolid, y la Citröen en Vigo, Morris en Pamplona y SIMCA-Chrysler en Galicia contribuían al dinamismo del sector. El Estado aprovechó la fiebre de la compra de vehículos para gravar el automóvil con un impuesto que supuso en 1965 el 15% de los ingresos del Estado. Dos años después el mercado daba los primeros síntomas de saturación y en 1970 se fabricaron 400.000 turismos que seguían sin ser suficientes para cubrir el consumo nacional.

El sector, a pesar de su impulso y dinamismo no estaba exento de problemas. Los vehículos nacionales eran todavía caros, era imposible exportarlos al extranjero (sólo se hacía en un 1% de la producción). Dado que era inevitable proceder a exportaciones, el gobierno protegió a la industria nacional grabando los vehículos llegados del extranjero con unos derechos de aduana que suponían el 57,3% del precio total. Además, si bien es cierto que se fabricaban muchos vehículos en España, no es menos cierto que una parte sustancial de los componentes se hacía con patentes extranjeras. Aquello debió hacernos reflexionar y entender que era preciso proceder a la investigación de patentes propias. Per en España todavía se repetía el unamuniano “que inventen ellos”.

Otro de los sectores que experimentó más auge en la industria manufacturera fue, por supuesto, la producción de electrodomésticos y televisores. Hasta 1955, en España no se producía ni una triste nevera eléctrica. Fue a partir de entonces cuando se inició el despegue de esta industria que dos años después conseguía producir la ridícula cifra de 15.000 unidades. En 1960 ya se habían alcanzado los 100.000 televisores anuales. Y cinco años después la cifra se había multiplicado por cinco. Al acabar la década de los 60, en este terreno con 162 monitores por cada 1.000 habitantes, ya nos acercábamos a los niveles de consumo de Francia (185 monitores por cada 1.000 habitantes) y Francia (249 monitores por cada 1.000 habitantes). Pero había poca liquidez, así que el 90% de los televisores se compraban a crédito. Para las familias trabajadores el acceso al monitor y al pequeño utilitario fue una forma de despertar al consumo.

Nuestra pesca en 1966 iba de maravilla. Habíamos duplicado las capturas en los últimos diez años y nos encontrábamos a la cabeza de Europa y en sexto lugar mundial. En 1970 habíamos llegado a 1.500.000 de toneladas de capturas. Este éxito se debía a la renovación de la flota pesquera operado a partir de 1961 y a las subvenciones recibidas por el sector. Solamente entre 1965 y 1966 se botaron 25.229 toneladas de buques pesqueros y en 1970 el sector daba trabajo –tiempos aquellos- a 100.000 pescadores.

El cambio que tuvo lugar en la agricultura durante los años 60 fue espectacular. España hacia finales de la década anterior había dejado de ser una nación agrícola y en 1970 un tercio de las exportaciones eran agrícolas y un tercio de la población se dedicaba a la agricultura que representó un sexto del PIB de aquel año. En el siglo XIX había en España huertas y vergeles pero los terrenos de regadíos eran pocos y localizados en algunas regiones. Solamente a partir de mediados del siglo XIX se empezaron a desarrollar regadíos en Lérida y especialmente en Levante (donde empezó la exportación de naranjas). Durante un siglo las exportaciones se redujeron a agrios de Valencia y Murcia, frutos secos de Baleares y Tarragona y plátanos de Canarias. Los vinos aromáticos de Jerez y Málaga también conocieron una expansión por Europa al igual que las hortalizas de Murcia y Canarias.

En 1919 las exportaciones agrícolas eran la primera fuente de divisas y representaban el 17,2% de los ingresos globales. Iban destinadas fundamentalmente a los países del Mercado Común Europeo y de ellas casi dos tercios eran naranja. Ese mismo año, por raro que pueda parecer, se empezó a exportar productos agrícolas al Este europeo. En 1968 se había conseguido que 121.000 toneladas de plátano entraran en el Reino Unido y Suecia. En 1970 Italia se configuró como la primera compradora mundial de nuestro aceite que volvía a refinar y exportaba a EEUU. De 1860 a 1970 el objetivo nacional en agricultura fue autoabastecerse de trigo y leguminosas, que con el pescado y el arroz eran la base alimenticia del país. Pero a partir de 1970 no se pudo mantener ya la demanda interior a la vista del aumento del nivel de vida y hubo que proceder a la importación de maíz.

La mecanización de nuestros campos había sido lenta. En 1959 solamente existían 50.000 tractores y 4.000 cosechadoras que se triplicaron en 1965 cuadruplicando las cosechas ese año. En 1970, se consiguió que el parque de tractores subiera a 260.000… justo la mitad de lo que era necesario para garantizar una producción suficiente. También el consumo de abonos nitrogenados se disparó entre 1964 y 1970, mientras que en ese mismo tiempo se triplicaban los abonos potásicos y se duplicaban los fosfatados.

Las instituciones oficiales impulsaban este crecimiento. Los bancos de Crédito Agrícola y del Crédito Hipotecario, así como el Instituto Nacional de Colonización realizaron un esfuerzo extraordinario cuyos resultados estaban a la vista. En apenas 10 años, de 1960 a 1970, nuestra agricultura experimentó un tirón como nunca antes lo había hecho.

Sin embargo, el campo español tenía una serie de problemas consuetudinarios. Menos del 20% de los propietarios poseían dos terceras partes de la tierra cultivable. El latifundio con bajos niveles de explotación lastraba nuestra producción agrícola. A diferencia de otros países europeos, en España la posesión de amplias extensiones era una forma de acumulación de riqueza y así se operó desde los tiempos de la Reconquista al sur del Tajo hasta mediados del siglo XX. Sin embargo, la mala distribución del agua, el minifundismo y su contrapartida el latifundismo constituían los hándicaps históricos del sector.

Los problemas de nuestra agricultura se saldaron a partir de 1950 con un creciente despoblamiento de las zonas rurales. En 1950 la agricultura absorbía al 47’5% de la población activa, pero diez años después, esta cifra había descendido hasta el 39’7% y en 1970 se había contraído hasta el 27,9%. Si se pudo mantener e incluso aumentar la producción fue gracias a un esfuerzo de racionalización.

Entre 1900 y 1960, los terrenos de regadío habían crecido poco e iban muy por detrás de las necesidades alimentarias del país. La creación del Instituto Nacional de Colonización en 1939 y la “reforma agraria” que acometió mediante una política de concentración parcelaria avanzaron muy lentamente y fue solamente gracias a la política hidráulica que mejoró algo la situación. Los latifundios, con todo, no se tocaron. Una ley de 1953, preveía la expropiación de tierras sin cultivar o mal cultivadas. Como quien oye llover. En 1970 no se había producido todavía expropiación alguna…

Tal era la situación económica del país y de la producción en las distintas áreas. No era como para echar cohetes, pero entre 1960 y 1970 se había recuperado una parte del terreno perdido.

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin citar origen

La “spanish revolution”

Infokrisis.- Esta mañana he acompañado a unos amigos norteamericanos a la Plaza de Cataluña de Barcelona pensando que sería un día como otro cualquiera en la tibia lasitud de aquella concentración de “los indignados”. Como uno tiene una suerte endiablada y se le secan hasta las flores de plástico, a las 9:30 nos hemos encontrado una situación tensa: en centro de la plaza aislado por un cordón de Mossos d’Esquadra (a partir de ahora Mossos, a pesar de ser muchos ya talluditos), baterías de camiones de limpieza, una treintena de vehículos policiales, antidisturbios disfrazados del Darth Vaader de la Guerra de las Galaxias, ambulancias y un helicóptero mariposeando desde las alturas. Lo que ha ocurrido a los largo de las tres horas siguientes ha sido digno de una comedia de enredo. Pero, finalmente, la visita ha servido para hacerme una idea muy exacta de lo que está pasando allí y de lo que está pasando, pues, en otras plazas similares. Valga decir cuando escribimos hace más de diez días los primeros artículos sobre esta “movida” que no íbamos muy desencaminados. A decir verdad, esta visita de hoy era la prueba del 9 para confirmar lo que dijimos –a saber que toda protesta es buena pero que esta no es la protesta social de los indignados sino de unos pocos de ellos con características muy concretas y que lo más interesante del movimiento, los que legítimamente tenían razón en “indignarse” se ha ido retirando de las plazas- y para pulsar el ambiente sobre el terreno.

Ni son todos los que están ni están todos los que son

Quien hoy no se indigna por lo que está pasando en nuestro país es que o no tiene sangre en las venas o tiene atrofiada la capacidad crítica. Hasta en el PSOE empieza a haber “indignados” con la persistencia del zapaterismo en no reconocer su fracaso. Hasta la Chacón a fecha de hoy podría formar como “indignada” contra el zapaterismo a la vista de que el propio ZP ha matado a la muñeca exembarazada para evitar tener que ceder mañana sábado ante las baronías regionales: después del hara-kiri forzado de la Chacón ya no hace falta discutir sobre si primarias o congreso. Claro está que la Chacón, después del trauma de desdecirse de lo que ha venido repitiendo en los últimos dos meses y medio –que ella se presentaría a las primarias- se ha hecho ya a la idea de que vendrán tiempos mejores y que ni siquiera el sibilino y seráfico Rubalcaba logrará sacar al PSOE del hoyo y, por tanto, el candidato será un futuro cadáver político a más tardar a mediados de marzo de 2012. Pero esta es otra historia que circula al margen de lo que en otros países se considera como un “movimiento histórico de la juventud española” o la “spanish revolution” que dicen los americanos y que está atrayendo a una corriente de progres del otro lado del océano en busca de emociones celtibéricas al estilo de Heminway y de sus consabidos sanfermines. Ni es un movimiento “histórico”, ni una “revolución”. A la vista está a poco que examinemos sus componentes.

Desde hace décadas, la evolución del capitalismo y de la sociedad del consumo ha taponado la puerta a cualquier movimiento revolucionario. A principios del siglo XX, Henry Ford ya se dio cuenta de que el truco para que el capitalismo sobreviviera consistía en transformar a los productores alienados en consumidores integrados. A fin de cuentas, también Ford tenía sinceros deseos de que los proletarios mejoraran sus expectativas de vida. E incluso los socialistas fabianos ingleses aspiraban a casar alta finanza con una mejora de las condiciones de los humildes. De ahí salió el congreso de Bad-Godesberg que desmarxistizó a la socialdemocracia alemana y, de retruque, a la Internacional Socialista. La nueva ola llegó a España en 1977 y en 1979, los marxistas del PSOE ya estaban purgados o reducidos a una corriente que apenas sobrevivía entre oportunistas de todos los pelajes que se arracimaron bajo la sigla de los “40 años de vacaciones”. A partir de entonces la socialdemocracia, convertida en columna del sistema capitalista, apenas pretendía otra cosa que mejorar la situación de los trabajadores y enunciar políticas sociales que no implicaran pérdida de dividendos para el capital financiero. Nada más. Decían estar a la izquierda, pero en realidad estaban en el centro-izquierda, como la derecha que se decía conservadora, en realidad era mucho más liberal y apenas pretendía otra cosa que estabilidad social a cambio de… que el capital financiero no perdiera dividendos. De ahí que, a partir de los años 60 centro-derecha y centro-izquierda en el mundo desarrollado no fueran otra cosa que las dos caras de una misma moneda.

Eso fue lo que, a fin de cuentas, generó el “espíritu de mayo del 68” y las revueltas estudiantiles de todo el mundo desarrollado: el reconocimiento de que la “vieja izquierda” se había integrado en el sistema y no pretendía otra cosa que gestionar su parcela de poder. Aquello fue una serie de algaradas mucho más que una revolución. Pero ahí estaban estudiantes y algunos miles de obreros. Incluso la CGT se vio obligada a decretar la huelga general. No es que los estudiantes fueran una clase “objetivamente revolucionaria” (es decir, no tenían fuerza por sí mismos para encabezar la revolución) pero se tenían como el “detonador” de un proceso que terminaría con una lucha insurreccional contra el Estado. El hecho de que la CGT fuera arrastrada a la huelga por unos grupúsculos estudiantiles que apenas contaban con 3.000 efectivos sumados los de todas sus siglas (ver nuestro estudio sobre la Revolución de Mayo publicado en info-krisis en el 40 aniversario de aquellos sucesos).

Es importante que haya un eje central en todo proceso “revolucionario”: es decir que debe de haber una “fuerza social” que aporte lo esencial al desarrollo de los acontecimientos y que asuma el papel de columna vertebral de los mismos: los intelectuales y el proletariado en el caso del bolchevismo en 1917, la colusión entre clases medias y obreros patriotas en las revoluciones fascista y nacional-socialista, etc.

De ahí la endeblez del movimiento del 15 de marzo: a pesar de que debieran de estar indignados los parados, éstos solamente estuvieron presentes en los primeros días de protesta, a pesar de tener necesariamente que estar indignados los estudiantes la inmensa mayoría de ellos han estado ausentes en el momento actual y solamente lo estuvieron también en los primeros días de ocupación de las plazas. Deberían estar indignados los jubilados y los funcionarios pero solamente aparecieron algunos de los primeros (y muy pocos de los segundos) en los albores del sit-in. Y las madres de familia deberían estar en vanguardia de la protesta a la vista de que sus maridos, sus hijos y ellas mismas tienen por delante un futuro hecho de paro, subempleo, contratos basura, inflación y precariedad. Y apenas hubo algunas en el principio de la protesta.

La pregunta inquietante es ¿quién protagoniza hoy el movimiento del 15-M? Ningún grupo social concreto. Hay jóvenes, pero no son estudiantes en su inmensa mayoría. Hoy mismo, recordando pasadas glorias del Movimiento Estudiantil hemos recorrido los patios de la Universidad Central de Barcelona (situado a 300 metros de la Plaza de Cataluña: ahí no había –ni siquiera en el otrora combativo facultad de letras- ni un solo cartel llamando a apoyar la revuelta. Ni uno solo. Hoy mismo, estaba convocada una manifestación contra los recortes de la Generalitat en materia de estudios universitarios y la convocatoria se ha hecho –caso significativo- en Pedralbes, es decir, en el lugar más alejado de la Plaza de Cataluña como queriendo decir: “no tenemos nada que ver con ellos”. Tampoco había sindicalistas, ni parados (al menos en número significativo), grupos sociales que podían dar un relieve a la protesta. Ni mucho menos se encontraban miembros de las clases medias en riesgo de proletarización que tienen mucho por indignarse en la medida en que son ellos quienes están pagando la crisis. Ni pequeños comerciantes. Nada, allí había “desclasados” (marginados sociales en número excesivo, okupas, antisistemas (en las alocuciones que he podido oír el primitivismo ideológico se unía a la falta de un vocabulario capaz de expresar ideas, del género de “Nois: som uns craks”, “Companys, ni un pas enrere”, mientras, como originalidad se cantaba el “No nos moverán” como tributo a la revolución del 68. La presencia de marginales que no tienen nada que ver con movimientos sociales y que en años anteriores convergieron en Barcelona procedentes de toda Europa a la vista de la permisividad del ayuntamiento socialista ante las ocupaciones de edificios, rebajaba visiblemente la envergadura de la protesta. Para colmo, según declaraban algunos organizadores, se habían producido robos de pertenencias y los organizadores, tanto en Barcelona como en Madrid, advertían a la gente que acudieran pero sin objetos de valor. Denuncias por robo de carteras (en Barcelona este “arte” lo protagonizan marroquíes y argelinos) todos los que se quieran.

La sensación que daba era que una parte sustancial de quienes quedaban en la plaza de Cataluña protestando eran ni-nis, demasiados porreros (el canuto languidece el carácter), algunos canosos supervivientes de pasadas movilizaciones de masas durante el franquismo o la transición, ya tripudos y barrigones intentado revivir viejas gestas. Gente joven de poca cualificación ideológica e incluso incapaces de articular más allá de unas pocas ideas sumarias –y frecuentemente contradictorias e incoherentes- sobre la globalización, los bancos, el capitalismo, los partidos políticos o… el fascismo. La culpa no es de ellos, sino de la ruina del sistema educativo español.

Luego estaban, finalmente, los “espiritualistas”: new-agers que creen que esta es una “revuelta acuariana”, gentes que proponen “meditar en común” para lograr la “paz mundial”, émulos de Noah Chomsky, acaso los mejor intencionados y seguramente los que más a fondo trabajan los problemas, algunos emigrantes (la bandera de Turquía presidía una de las estatuas de la Plaza), los habituales gays (otra de las estatuas estaba pintada –un desnudo masculino, obviamente- a spray con los colores de la bandera del movimiento), más y más okupas, “pasionarias” de guardarropía, anarquistas que confunden la anarquía con haz-lo-que-te-salga-de-los-mismísimos. Y mirones, sobre todo mirones: algunos interesados en comprobar las dimensiones y las calidades del movimiento (ese era nuestro caso), otros deseosos de hacer la foto de su vida con móvil o con cámara (si mi esposa tiene tiempo para editarlo veréis las imágenes que hemos tomado en vídeo), policías infiltrados intentando reconocer a los “meneurs” (agitadores) e incluso alguna mamá de los indignados que rodeados por los “mossos” podían salir pero no volver a entrar en la plaza. Y sobre todo había medios de comunicación, camiones y furgonetas de todos los medios, emitiendo vía satélite, corresponsales hasta de la TV china, un trazado de cables que recorrían el suelo de las avenidas que rodean la plaza y corresponsales radiofónicos de miles de emisoras para dar cobertura a lo que desde el primer momentos se preveía iba a ser un desalojo duro. Y olor a letrina tal como ha insistido la prensa y los políticos de derecha que, al parecer, no pueden admitir ningún movimiento que no huela a rosas, a jazmín, o como mínimo a Aguabrava…

Esto era todo: no había revolucionarios, luego no habrá revolución. Ya lo sabíamos. Todo quedará en una algarada que suscitó el interés de verdaderos “indignados” pero que luego, a la vista del percal que corría en las plazas, se ha ido retirando discreta, prudente e irremisiblemente.

Para que haya una revolución debe de haber…

El discurso de los líderes improvisados demostraba que no se habían molestado en viajar al fondo de la crítica contra su enemigo: el gran capital, la globalización, la alta finanza, el PPSOE, etc. Críticas superficiales, mal armadas, sin desembocaduras revolucionarias que superaran los tópicos paradójicos de mayo del 68 (construidos por lo demás por un pequeño número de situacionistas y que todos los grupúsculos que participaron en la revuelta rechazaban por “pequeño-burgueses”), era la tónica de la crítica ejercida por las voces cantantes. Amateurs, en definitiva, de pocos vuelos. Una revolución es otra cosa.

Para que haya una revolución debe de existir una voluntad inquebrantable de cambio, cueste lo que cueste, un espíritu y una combatividad propia de Leónidas y de sus 300 espartanos. Y allí esto no existía: el porro desmoviliza, infantiliza el discurso y las actitudes, lleva a la lasitud, cuando la revolución es un viento ardiente que todo lo arrasa, un temblor de intensidad situado mucho más allá del límite de la escala de Richter, un tsunami que no deja valor en pie a su paso. Una revolución es Nietsche y no Gandi, es Lenin y no Luther King, es Hitler y sus SA y no los rastas que parecían haber convergido en la plaza, es Evola y no Stéphen Hassel… Una revolución solamente puede ser armada por una organización decidida a tender puentes de acero sobre ríos de sangre. Porque, sí, una revolución es guerra, fuego, muerte, destrucción, ejecuciones sumarias, purgas inmisericordes, una revolución es un cochecito de bebé que se desliza por unas escaleras batidas por los disparos, es un destile de antorchas en la noche de enero un día de 1933, son 60.000 camisas negras preparándose para lanzarse sobre Roma puñal entre los dientes y con dos bombas de mano en cada mano, una revolución es el atraco a un banco para financiar a los “profesionales”, es el boicot a todas las estructuras del régimen, el hostigamiento a todos los representantes del sistema, es la helada determinación de acabar con el orden viejo, con el orden de papá y mamá para construir el orden de los hijos de la destrucción. Es el complejo de Edipo sublimado en la destrucción del Estado y el de Electra cristalizado en la voluntad de destruir la sociedad del ayer. Es el olor dulzarrón de la sangre derramada en los caminos, el aceptar la posibilidad de morir en el intento y, desde luego, la mucho más cierta de pasar años en prisión. Por todo eso, para hacer una revolución hace falta ser puros como el agua de los manantiales que se encuentran en las cumbres, duros como el mejor de los aceros Krup y fanáticos como los cruzados de otro tiempo.

Asusta pero es así: ¿no queréis una revolución? Pues una revolución es una orgía de destrucción, meses o años de pasión arrebatadora, de estética de la violencia. Es Pol-Pot más la lanza de San Jorge, es el fuego del dragón y al mismo tiempo el hierro que lo mata. O, por decirlo con palabras de Julio Cortazar, una revolución es “echarlo todo por la venta y luego echar la ventana por la ventana”.

Hasta los años 60 a los que mostraban alteraciones mentales se les sometía a la hoy inimaginable técnica del electroshock: un electrodo en la sien derecha en otro en la izquierda y cebollazo de Endesa o de Hunosa a voltaje propio del dios tonante que está en los cielos (Thor o Wotan, ya se sabe). La idea era que el sujeto alterado tenía mal conectadas las neuronas y solamente una descarga eléctrica podía desconectar todas las conexiones cerebrales pensando que luego se reconstruirían de manera natural las conexiones normales. Un tratamiento parecido a la silla eléctrica que servía para que las neuronas dieran un respingo, desapareciera el viejo orden averiado de la mente y el enfermo (casi la víctima) conociera un nuevo amanecer. Y el sistema funcionaba. El enfermo sufría, pero se curaba. Al neurótico obsesivo, una descarga de 2.000 voltios le hacía dejar de lavarse las manos compulsivamente, el gay en el lapso que discurre entre el on y el off del interruptor, volvían a gustarle las chicas. El depresivo encontraba nuevas ganas de vivir y así sucesivamente. El electroshock dejó a muchos psicoanalistas sin trabajo.

Hoy no queda otro camino para la sociedad que sufrir un electroshock total. La enseñanza no funciona. La economía liberal ha embarrancado y la gigantesca deuda mundial no se pagará jamás. Las instituciones democráticas representan solamente a los intereses de los grupos económicos. La sociedad ha empobrecido y rebajado su nivel cultural, la telebasura, la porno-basura, la cultura-basura, el arte-basura, la medicina basura (¿cómo hay que llamar a la cirugía estética, a los efluvios del botox y a los rellenos de silicona?), la distancia que separa a los Strauss-Khan de los menesterosos que ese degenerado “socialista, millonario y judío” ha sumido en la mas absoluta miseria, los países que el FMI ha saqueado, las condiciones leoninas que ha impuesto, la inmoralidad que reina en todas las instituciones y hace que todos los partidos sean tan benevolentes con la corrupción, la pérdida de identidad y del sentido del arraigo a la tierra natal, el destrucción de la biósfera, la imposibilidad de mantener los niveles actuales de crecimiento económico, las tensiones internacionales, el hecho de que el Pico de Hubert dé la señal de alarma de que se ha acabado la era del petróleo barato, la crisis actual del capitalismo de la que solamente puede salirse con una guerrita de nada y unos cuentos billones destinados a la destrucción a los que seguirán otros trillones más dedicados a la reconstrucción de las zonas afectadas, la mentira generalizada de nuestra clase política hecha de psicópatas (los tarados que mejor se adaptan a las reglas del juego), los medios de comunicación que incomunicas, las cadenas mediáticas que mienten en función de quién es su propietario, lo insensato de la globalización que solamente beneficia al gran capital y que es incuestionable para políticos, periodistas y economistas ortodoxos, una Europa que se nos muere porque en lugar de estadistas tenemos pasmarotes con agendas a cuatro años vista y a los que les importa literalmente un pepino envenado lo que suceda después… Todo eso junto –por que forma el pack resultando al que nos ha llevado las ideas de 1789- hace que sea imposible a medio plazo la supervivencia del actual sistema político-económico.

Por eso es necesaria una revolución. Pero –oh, maravilla de maravillas- la revolución es imposible: porque no hay clase objetivamente revolucionaria que asuma el protagonismo, porque no hay una organización revolucionaria, porque no existen ideologías de sustitución –al menos capaces de llegar a amplios sectores de la intelligentsia-, porque nadie está dispuesto a abandonar el hogar de papá y mamá y a emprender la aventura de construir un mundo nuevo que, inevitablemente haría que toda una generación viviera peligrosamente durante décadas.

Lo que ha ocurrido hoy en Barcelona

No me lo tienen que explicar porque lo he visto in situ: 300 mossos, sedundados por un centenar de guardias urbanos, se han levantado hoy con la orden de disolver la concentración. Había muchas razones para ello: en primer lugar dar una lección a “Madrid” que parece incapaz de afrontar el final de la kermesse de Puerta del Sol; en segundo lugar impedir que esta noche en caso de victoria del Barça en la Champion’s, las masa –ya habitualmente predispuestas a la jarana y al cóctel molotov- fueran a convergen con los ocupantes de la plaza. En tercer lugar apuntar un tanto a la pobre policía autonómica que está hoy en el momento más bajo de popularidad de su historia.

La estrategia visiblemente tenía tres fases: 1) amedrentamiento (con un despliegue impresionante de “mossos” y cerco de la ciudad bajo las lonas instalada en el centro de la plaza), 2) irrupción en la Plaza con la excusa de “preservar la higiene de los acampados”) y 3) dispersión de los concentrados en las inmediaciones. A la Conselleria de Interior el tiro le ha salido por la culata. Personalmente he visto “exceso de violencia” entre los “mossos”. No se puede matar moscas a cañonazos. He visto crisis de ansiedad entre los “indignados”. Pero también los “mossos” han vivido horas de nerviosismo e incertidumbre, han golpeado de manera desmesurada a gentes que no eran peligrosas y no han sido capaces de identificar a quienes sí lo eran. El resultados ha sido gente con marcas de las gomas en la espalda, en la cara, pelotas de goma lanzadas a mansalva disparadas incluso contra sectores que no se mostraban en absoluto agresivos. Aquí –al menos que yo haya visto- no ha habido la contrapartida de los cócteles molotovs, ni “mosso” alguno ha podido alejar “riesgo físico” de su vida para una reacción tan desmesurada. Han matado, insisto, moscas a cañonazos. No había para tanto…

… Y lo peor es que en el momento de escribir estas líneas la Plaza de Catalunya está exactamente como por la mañana antes de las 9:00. He pasado hacia las 13:00 por el centro: estaba limpio de residuos (si bien el hedor en las letrinas era insoportable… como cualquier año en las fiestas de Gracia, por otra parte) pero con más manifestantes que en cualquier otro momento. Fuera en la Ronda Universidad que comunica la Plaza de Cataluña con la Plaza de Urquinaona, he podido asistir a un espectáculo increíble: una hilera compuesta por doscientos “mossos” retirándose –ordenadamente, aunque alguno daba muestras de excesivo nerviosismo- seguidos de cerca por unos 2.000 manifestantes (la mayoría jóvenes o inmensamente jóvenes). Hoy he visto lo que era el espectáculo de la derrota, he visto como esos cientos de agentes se retiraban hacia sus vehículos y como el último de ellos desaparecía tras una muchedumbre que prorrumpía en risas, insultos y burlas. Un buen estreno para el conceller de interior…

Alguna confirmación

Así que, reconozcámoslo. Si el movimiento del 15-M está agotado y su ciclo vital no ha durado ni dos semanas. Cinco días de ascenso -del 15 al 20-, dos de clímax –del 20 al 22- y el resto de descenso. Tal ha sido el ciclo vital del movimiento del 15-M. Esto se ha acabado: en la modernidad lo que está “in” y lo que está “out” pasan a velocidades interestelares (o a “velocidad absurda” como se decía en aquella réplica de la Guerra de las Galaxias filmada por Mel Brooks).

El movimiento ha fracasado porque no han estado presentes los grupos sociales que verdaderamente tienen motivos para estar “indignados”. Estuvieron al principio y eso fue lo que dio coherencia e impulso al movimiento. Pero faltó orden, autoridad (sí porque la “spanish revolution” ha adolecido de falta de autoridad moral, de falta de liderazgo y de dirección) e ideas claras: lo mejor, rápidamente, se juntó con lo peor y, finalmente, como siempre ocurre en estos casos, lo peor se adueñó de la plaza (salvo excepciones que estaban allí a título de excepciones).

Así pues, no hay “revolución”. Habrá que releer a Marcusse y su Final de la Utopía para recordar que desde los años 60 los niveles de desarrollo especialmente en los países occidentales son de tal magnitud que, por primera vez en la historia es posible la realización de la Utopía. Pero esa Utopía posible no llega: y no llega porque existe un “orden viejo” que, no solamente tapona cualquier cosa que no beneficie directamente a sus intereses y sólo a ellos (intereses contradictorios con los de la población), sino que absorbe, banaliza y limita cualquier protesta.

Hubiera que haber empezado por establecer una barrera entre grupos sociales “reales” y escoria social. Lo lamento, pero no puedo evitar recordar muchos de los rostros que he visto esta mañana en la plaza: algunos responden a lo que frecuentemente llamamos “colgaos”, otros son jóvenes que, por los motivos que sean, no son “competitivos”, y lo saben: para serlo hay que esforzarse y el sistema educativo español no se ha basado desde principios de los 70 precisamente en el esfuerzo, otros son “okupas”, no he visto allí a parados como los que se encuentra uno en las oficinas del INEM, luego he visto místicos de mediopelo, etc, etc. Mientras un movimiento de protesta y de indignación, no sea decantar lo que “interesa” y lo que “no interesa”, siempre se producirá esa “selección al revés” que ha caracterizado al movimiento del 15-M y su fugacidad.

No hay revolución posible. Ni tampoco hay “reforma” en la medida en que cada medida supondría parches a un sistema al que se le abren TODAS las costuras. Así pues, solamente queda esperar el desplome del sistema, agotado y por sí misma, por la propia dinámica que lo ha caracterizado en las últimas décadas y que hace que se asemeje a una locomotora cargada de explosivos que circula desbocada por una catenaria que conduce directamente a un túnel que todavía no ha sido excavado. Y, a partir de ahí, veremos lo que sobrevive y lo que es capaz de imponer su voluntad y su ley.

Llego a casa a las 19:00, quería haber ido a la playa (“bajo los adoquines, la plaza”, mayo-68 dixit), pero hacía mal tiempo, así que pongo la tele: el hijo de Jaime Ostos se ha ido de “Supervivientes” porque el chaval no se lo hacía, su padre, claro, abochornado por la blandenguería de la criatura. Esa blandenguería es la perífrasis simbólica de toda una generación, incluso de toda una sociedad. Esta sociedad no está hecha por supervivientes, sino por masas e individuos que no sobrevivirían una semana sin telebasura, sin internet, sin videojuegos. Cuando el sistema se desplome, sonará la hora de Federico Nietzsche: el hombre nuevo saldrá de la muerte del viejo orden y de su modelo social. De eso no tengo la menor duda.

Para colmo Paquirrín sigue con gota. A sus ventipocos años. Está enfermo como buena parte de la juventud, como buena parte de una sociedad que debería de estar fibrada y musculosa para afrontar los desafíos del futuro. Desafíos que vendrán nos guste o no. La “spanish revolution” apenas ha sido un aperitivo de lo que vendrá, como lo de Lorca no fue más que un ensayo general con todo del hundimiento de la falla de San Andrés.

© Ernest Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este artículo sin citar origen.

Perspectivas post 22-M

Infokrisis.- Una campaña completamente anodina, absolutamente plana, realizada de espaldas a los ciudadanos, con mítines vacíos de asistentes, consignas previsibles y en medio de perspectivas sombrías por parte de la izquierda y de una victoria de la derecha que no suscita entusiasmos más allá de sus filas, terminará el próximo 22-M con más pena que gloria. Y todos nos alegraremos de que, una vez más, la fiesta electoral concluya.

Es significativo que solamente en el último tramo de la campaña el eje del interés político nacional se haya desplazado de la propia campaña al movimiento de protesta Democracia Real. Eso indica el desinterés de la población hacia la “política oficial” y el estado de ira que empieza a apropiarse de sectores de la juventud. Y esto puede ser un reguero de pólvora que contagie en pocos días a toda una generación que tiene delante suyo el vacío.

Esta es la buena noticia, la mala es que en la Puerta del Sol acampan algunos de los residuos más acrisolados y superficiales del progresismo español: si el rostro más conocido es el de Willy Toledo… casi una caricatura; eso mismo dato indica los límites del movimiento que, a la postre, corre el riesgo de no ser nada más que una enésima expresión de la progresía nacional sin más interés. Veremos si el movimiento es capaz de ir más allá.

De todas formas, salvo que la acampada de la Puerta del Sol en los cuatro próximos días crezca a velocidad asindótica y estalle, lo esencial serán los resultados de las elecciones del domingo. La intención de este artículo es anticiparse a lo que va a ocurrir en los próximos meses. Anticiparse para evitar que las cosas cojan de sorpresa y estemos preparados para lo que se avecina.

El mejor resultado para el 22-M

Ganará la derecha incuestionablemente, falta saber con qué margen y si se tratará de una victoria aplastante o el PSOE conseguirá salvar los muebles y conservar alguna autonomía o capital de provincia. Podemos definir el “mejor resultado” como aquel que incluye tres elementos:

-          Presencia significativa de concejales alternativos y/o identitarios (esto es, que denuncien la crisis económica, la inmigración masiva, la corrupción generalizada y la necesaria regeneración del Estado que pasa a través de una profunda reforma constitucional).

- Alto porcentaje de abstenciones, votos en blanco y votos nulos superior al 40%, lo que implicará confirmar el progresivo alejamiento del grueso de la población de los partidos mayoritarios.

- Derrota incuestionable y sin paliativos del PSOE que genere el inicio de la descomposición de ese partido y la fractura de las baronías autonómicas en pequeños partidos de centro-izquierda a nivel regional.

¿Y esto por qué?

En primer lugar porque la presencia de concejales alternativos y/o identitarios renovará el discurso político y denunciará la política del avestruz practicada por las dos grandes formaciones políticas.

En segundo lugar porque ningún sistema puede eternizarse con la mitad de la población vuelta de espaldas e insolidaria con cualquiera de sus dos grandes opciones.

Finalmente, porque la descomposición del PSOE implicaría el hundimiento de una de las dos columnas sobre las que se sostiene el sistema político español nacido en 1978. Y esto implicaría una inestabilidad creciente que haría necesaria una reforma constitucional: ningún sistema político se mantiene sobre una sola columna…

Lo que nos aguarda el día 23-M

La situación económica sigue yendo mal. Si se ha producido alguna cifra esperanzadora (aumento de exportaciones y llegada de más turistas) se debe no a méritos propios, sino a una coyuntura favorable. Alemania y Francia están creciendo a un 4-5% anual, se trata de nuestros dos principales clientes: si a ellos les va bien, es lógico que nosotros exportemos algo más. En cuanto al turismo, las revueltas árabes han desviado turistas que visitaban esos países hacia España.

Pero estas perspectivas son muy limitadas: el inicio del “recalentamiento” de la economía alemana hace que estén subiendo los tipos de interés como medio de manual para paliar la inflación. Y ese aumento que va bien para contener la inflación en Alemania, supone un menoscabo adicional para la economía española que incluso puede hacer peligrar la venta de deuda pública española (hasta ahora adquirida por bancos españoles con dinero del Banco de España prestado a un interés menos que el que ofrece el Estado por su propia deuda: pero si se produce una subida de tipos de interés, esta operación –carry trade– dejará de ser rentable).

Por otra parte, la llegada de turistas es algo coyuntural: los Estados europeos del Este, especialmente del Adriático (Croacia, Serbia) y de centro-europa están poniendo a punto infraestructuras turísticas nuevas que acompañan a paisajes desconocidos por el turismo y a precios extremadamente accesibles. Confiar en que el turismo siga siendo la gallina de los huevos de oro en España es irresponsable y se trata de esperanzas que serán defraudadas en breve.

La reforma del mercado laboral ha demostrado lo que ya dijimos en Infokrisis: por mucho que se aumente la “productividad” es imposible competir con los mercados chinos. Así que mientras persista la globalización, la economía española está condenada a muerte y le va a ser imposible remontar el vuelo.

Las soluciones clásicas que Europa nos va a imponer son muy simples: recortes, recortes y recortes… especialmente en lo que representa el estado del bienestar. Este es el elemento central que tenemos después del 22-M. El PSOE no iba a aplicar las medidas de ajuste duro antes del 22-M lo que implicaría que su desplome electoral se convertiría en desmantelamiento absoluto. Si el PSOE está dispuesto a aplicar estas medidas (descenso de los salarios de los funcionarios, descenso de las prestaciones sociales, descenso de las coberturas por desempleo, copago en la sanidad, aumento de la presión fiscal, etc) es evidente que lo haría después del 22-M.

Ahora bien…

¿Quién hace el “trabajo sucio”?

Más recortes implica más protestas y más enajenación del voto. Zapatero (que ya no pinta nada ni siquiera en el PSOE) lo intuye. Rubalcaba lo sabe perfectamente. Así pues, si el día 23-M, Zapatero anuncia más medidas, las elecciones generales de marzo de 2012 pueden suponer un fracaso sin precedentes en la socialdemocracia europea.

Por otra parte, entre mayo y octubre se produce un descenso estacional del paro. A partir de octubre, de sin embargo se produce un fenómeno inverso: aumenta sensiblemente hasta Semana Santa. Es un ciclo suficientemente conocido pero que puede ser manipulado por unos o por otros. Las cifras “buenas” del paro durarán pues hasta después del verano, pero no se prolongarán mucho más. Y, desde luego, en el mes de marzo de 2012 habrán llegado o superado hasta los 5.000.000 de parados.

El elemento central de la actual situación política, con Zapatero amortizado es ¿quién hace las reformas que exigen la tiranía de los mercados? Quien lo haga se enajenará la simpatía de la población. Si ZP lo hace el 23-M las perspectivas del PSOE para las elecciones generales de marzo del 2012 convertirán la previsible derrota en hecatombe. Sea la Chacón o el Rubalcaba el candidato (o cualquier otro) lo único que gestionará es la desintegración del PSOE.

Por otra parte, es evidente que los mercados no van a soportar que la agonía de la economía española se prolongue por espacio de 9 meses más. Van a exigir medidas o de lo contrario van a realizar maniobras agresivas contra la economía española. Y solamente hay dos opciones:

- O las reformas se hacen a partir del 23-M con Zapatero en el poder con el resultado del hundimiento total del PSOE,

- O las reformas se las deja a Rajoy para que se “pringue” con reformas antisociales en beneficio de los mercados lo que menoscabaría su imagen y posición.

Rajoy prefiere que las elecciones se celebren en marzo: sabe que ZP deberá aplicar medidas en esos nueve meses y cuando él suba a la Moncloa, al menos se verá liberado de la hipoteca, será otro el que habrá aplicado el peor paquete de medidas antisociales. Será ZP quien haga la parte más sucia del trabajo a cuenta del capital a cambio de permanecer nueve meses más en el poder.

En el PSOE gana espacio la opinión de que es preciso disolver las cámaras y convocar elecciones anticipadas aun a sabiendas de que se vayan a perder y con la perspectiva de volver al poder cuando la imagen del Rajoy presidente se vea erosionada por haber aplicado medidas impopulares (que, por lo demás, tampoco resolverán el problema…). Si se disuelven ahora las cámaras, el PSOE puede alegar unas cifras de paro que disminuirán durante unos meses, un aumento de las exportaciones que durará mientras Alemania siga creciendo a la velocidad con que lo ha hecho en el último año. En marzo del 2012, en cambio, ya se habrá reproducido un  aumento del paro estacional y está claro que los mercados no permitirán que se llegue hasta entonces sin medidas drásticas.

Lo que se dirime es, pues, si el trabajo sucio lo hace Rajoy o ZP y, por tanto, se les cuelga el sambenito –justificado, por otra parte- de servidores de los mercados y ejecutores del estado del bienestar…

¿Elecciones anticipadas o elecciones en su momento?

Las elecciones solamente pueden tener lugar en dos fechas: o bien en otoño (octubre) o bien en marzo (cuando corresponden).

El hecho de que ZP haya anunciado su decisión de no presentarse como candidato genera un problema adicional: los mercados saben que no hay nadie en el timón en España. Es una situación de provisionalidad que no puede eternizarse y que obliga casi necesariamente a anticipar las elecciones, algo que, por otra parte, contribuiría a atenuar el previsible destrozo de la sigla PSOE. Otro elemento a tener en cuenta. Nadie que ya ha anunciado que se retirará genera confianza entre los “señores del dinero”. Nadie invierte en un país en el que ni el partido del poder ni el de la oposición son capaces de decir lo que piensan hacer después de las elecciones.

Por nuestra parte, estamos persuadidos de que tras el 22-M, ZP anunciará la disolución de las cámaras (y si no lo hace el día 23, lo hará en las próximas semanas ante el primer ataque de los mercados, esto es de la alta finanza internacional y ante la perspectiva de una intervención de la economía española por parte de la UE que constituiría el último mazazo, no tanto sobre la socialdemocracia española como sobre la autoestima misma de todo el país.

Los nueve meses que median hasta marzo del 2012, son excesivos como para ZP pueda seguir practicando su “tancredismo” y para que la sigla PSOE pueda aguantar su creciente erosión. Contra más tiempo pase, más difícil va a ser la posición del PSOE.

Las reformas exigidas por la UE y la alta finanza puede retrasarse solamente si se anuncian elecciones anticipadas para otoño. Lo que implicaría que Rajoy será el próximo presidente y quien firmará las medidas que convulsionen a la sociedad española.

Conclusión

Las perspectivas son, en cualquier caso, malas o malísimas. Gobierne quien gobierne la lógica neoliberal vigente en Europa implica ajustes duros que pagará la sociedad. De ahí la importancia que tienen no tanto movimientos improvisados y superficiales como el de la protesta de Democracia Real Ya, como los niveles de abstención y la llegada de concejales “disidentes” del sistema bipartidista. Por otra parte, como ya hemos dicho, el hundimiento del PSOE implicará certificar la agonía del sistema de equilibrios políticos surgidos con la constitución de 1978. La reforma constitucional se haría ineludible para el período 2012-2014.

Las modificaciones en la ley electoral realizadas casi clandestinamente (el hecho de que para presentar listas a partir de las próximas generales sea necesario recabar el 0’1% de firmas del padrón municipal) harán imposible que nuevamente se presentes decenas de listas en las 50 provincias. Forzarán a convergencias entre formaciones políticas minoritarias y quien no lo entienda quedará marginado para siempre e incluso sin posibilidades de presentarse físicamente.

Vivimos una situación que progresivamente se va complicando y que demuestra que, lejos de verse luz en el túnel, la oscuridad se va haciendo más densa.

© Ernest Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

 

 

28-N - Elecciones catalanas

Infokrisis.- Este artículo publicado con el subtítulo Reflexiones sobre el triunfo de la derecha liberal y nacionalista, fue publicado poco después de las elecciones catalans, pero hasta ahora no había tenido ocasión de reproducirlo en info-krisis. Está escrito a poco de conocerse los resultados y no intenta otra cosa más que realizar un análisis global de lo que ocurrió y de por qué ocurrió, con especial referencia a los resultados de Plataforma per Catalunya.

Las elecciones del 28 de noviembre han supuesto la apertura de un nuevo ciclo político en Cataluña. Lo que ha ocurrido es un presagio de lo que se confirmará en mayo en toda España: el triunfo de la derecha, el hundimiento socialista con su llanto y crujir de dientes. Pero también es preciso recordar otros rasgos de las elecciones catalanas: ascenso de los populismos y de la opción anti-inmigración representada por la PxC. Cambiarán los rostros en la política catalana, pero nada más. El electorado tenía que decidir si votar al partido de la corrupción (CiU) o al frente de los ineptos (PSC+ICV+ERC) y se ha decantado por los primeros. Ahora sólo queda ver los resultados… y no parece que vayan a ser muy halagüeños.

La victoria de CiU ha sido “histórica” en la medida en que ha roto todos los techos pre­vios y otro tanto puede decirse de la derrota del PSC. Si bien hubo menos abstención de la esperada (también en esto se equivocaron las encuestas o simplemente min­tieron para estimular la participa­ción) ésta beneficio especialmente a CiU y castigó a la izquierda.

En Barcelona capital, los resulta­dos en Sarrià-Sant Gervasi, reducto de la burguesía acomodada, regis­traron una participación del 673,4% y una aplastante victoria de CiU con el 51,9% de los votos. Sin embargo, en Nou Barris, de carácter proletario y trufado por la inmigración, ape­nas voto el 54% el electorado y el PSC consiguió imponerse con un 28% (fue el único distrito en el que tuvo mayoría en la Ciudad Condal). Globalmente, CiU obtuvo 130.000 votos más en Barcelona que los so­cialistas lo que permite adivinar que en mayo, Xavier Trías conseguirá desalojar por primera vez al PSC de su feudo en el Ayuntamiento.

Victoria a la derecha. Humillación a la izquierda

En general, la derecha liberal y la derecha nacionalista se han impuesto a la izquierda. Ésta ha recibido un varapalo histórico que también deja presagiar el calvario electoral que aguarda a los socialis­tas en las próximas convocatorias electorales. Los tres partidos situa­dos a la izquierda del espectro po­lítico catalán sufrieron resultados que oscilan entre lo malísimo y lo catastrófico.

ICV puede darse por satisfecha si solamente perdió 52.000 votos y se quedó con apenas 229.985 votos y 10 escaños. La gestión de su líder, Joan Saura al frente de la conselle­ría de interior, hacían presagiar re­sultados todavía peores. En cuanto a ERC, la catástrofe es inapelable: simplemente perdió la mitad de sus votos y de sus diputados. En cuan­to al PSC, la caída es algo menor a la esperada, pero lo suficiente para poner fuera de combate a Josep Montilla. En efecto, los resultados de este partido han sido los peores de su historia: 570.361 votos, 18% y 29 escaños.

Los resultados de 2006 registra­ron un total de 1.459.27 votos para la izquierda catalana (PSC + ERC + ICV) que se tradujeron en 72 es­caños. Cuatro años después, apenas suman 1.018.39w votos y 48 esca­ños. En el otro lado, las distintas derechas pueden darse por satisfe­chas: CiU + PP sumaron 1.582.029 votos y 80 escaños, mientras que en 2006 recogían 1.257.978 votos y 62 diputados. En lo que se refiere al PP, la mejora ha sido sustancial: 384.019 votos y 18 escaños, mejo­rando los resultados objetivos en 1995 por Vidal-Quadras. Está cla­ro, pues, quién ha ganado y quién ha perdido.

Génesis de la tragedia socialista

El PSC es un partido con dos al­mas que han ido coexistiendo bajo la misma sigla mientras las mieles del poder autonómico y municipal han dado lo suficiente para satisfa­cer a todos los intereses. Pero ese tiempo ha terminado y tras el 28-N se ha abierto la caja de los truenos.

En el PSC han convivido siem­pre dos sensibilidades identitarias: la sensibilidad catalanista procede de la fusión de las dos ramas del originario Moviment Socialista de Catalunya que durante la transición se obstinaron en llamarse PSC-Congrés y PSC-Reagrupament. Lo esencial de estas dos corrientes era una ausencia completa de obreris­mo y sus militantes no eran más que miembros de la burguesía catalana y de las clases medias progresistas. Paralelamente, existía la Federación Catalana del PSOE se carácter más obrerista y en sintonía con la sigla socialista fundada por Pablo Igle­sias.

En 1978, después de las primeras elecciones generales se abordó el congreso de unificación de las tres tendencias forzado por el dinero de la socialdemocracia alemana admi­nistrado paternalmente por la Fun­dación Ebert y que exigía la exis­tencia de un único partido socialista en toda España. En ese congreso de unificación, la dirección recayó en la tendencia “catalanista”. Sin embargo, de cara a articular una re­lación “amigable” con el PSOE, el PSC renunció a tener grupo parla­mentario propio en el parlamento de Madrid y colaboró sin fisuras en los distintos gobiernos de Felipe Gon­zález aportando ministros y resul­tados electorales. Eran los tiempos e Narcis Serra, Ernest Lluch, Josep Borrell, etc que figuraron como mi­nistros (y no precisamente de los peores) en los distintos gobiernos de Felipe Gonzalez).

A lo largo de los años 80 se de­mostró que en las elecciones auto­nómicas, el electorado se decantaba hacia CiU, pero en las elecciones generales y en las municipales va­riaba en beneficio del PSC. Esto generó que éste partido obtuviera especialmente un gran peso munici­pal y que sus ayuntamientos se con­figuraran como el trampolín para sus futuros dirigentes: este grupo de alcaldes socialistas decididos a dar el salto a niveles superiores de la administración, se le conoció como el grupo de “los capitanes” y consi­guió un peso específico dentro de la organización a partir del Congreso de Sitjes en 1994. Precisamente en ese Congreso, Josep Montilla inició su meteórica carrera hacia la presi­dencia de la Generalitat a partir del feudo socialista del Baix Llobregat.

Las “dos almas” socialistas

Así pues a partir de ese momen­to, el PSC estuvo dividido entre sus “dos almas”: de un lado los “capitanes” controlaron el aparato del partido y de otro los catalanis­tas seguían dirigiendo el partido política e ideológicamente. Ambas tendencias eran conscientes de que debían coexistir para mantener sus redes de intereses y batir a CiU.

La elección de Pascual Ma­ragall como candidato para las elecciones de 1999 a a Generalitat escondía a estas dos tendencias: Maragall había salido del ambien­te municipalista del PSC, pero al mismo tiempo era sobrino nieto del poeta catalanista y su apellido gozaba de enorme prestigio en el medio catalanista. Entre 1999 y 2003 la figura de Maragall esta­ba seguida por la de Montilla que desde el primer momento ofició como su sucesor in pectore.

Cuando en 2004, Zapatero, contra todo pronóstico y gracias a los atentados del 11-M se hace con la poltrona de la Moncloa, Maragall, ya instalado en el Palau de la Generalitat, impulsó la refor­ma del Estatut con la intención de superar el techo autonómico pujo­lista y de forzar el tránsito a una constitución federal que parecía sintonizar con la idea de “España plural” propuesta por Zapatero…

Y aquí se produjo el primer gran error del PSC: gobernar el clave soberanista en lugar de en clave social tal como esperaban la mayor parte de electores que le habían obsequiado con su voto. Maragall demostró escasas cua­lidades para el liderazgo; su go­bierno fue errático, se rodeó de mediocres o simplemente de nulos para cargos de responsabilidad, dependió del estado de ánimo de ERC y de las tensiones interiores que sufre habitualmente este par­tido y el proceso de redacción y tramitación del Nuevo Estatuto se convirtió en agónico y realizado ante la indiferencia de la opinión pública.

Dado que el terreno soberanista es en el que mejor se movía CiU, la tramitación del Estatut, permi­tió que esta coalición recuperara la iniciativa estratégica y, final­mente, el Estatut salió adelante gracias a la componenda bilateral entre Zapatero y Artur Mas, lo que supuso el primer bofetón para el PSC y, no digamos para ERC que con sus diputados en Madrid creía ser la “llave” de la situación.

Sin embargo, cuando cuatro años después la sentencia del Tri­bunal Constitucional rebajó con­siderablemente las competencias estatutarias, a pesar de la mani­festación que recorrió el Paseo de Gracia (40.000 personas según unas fuentes, 1.400.000 según los organizadores…) no pudo ocultar que la sentencia había causado dos fenómenos: la muerte del tripartito y el aumento de las tensiones entre las dos alas del PSC. A pesar de que las elecciones se convocarían seis meses después, a partir de la sentencia del Constitucional, el Tripartito dejó de existir y estalló una guerra civil larvada en el seno del PSC.

Al PSC pareció, a partir de ese momento, importarle muy poco lo que había hecho hasta ese mo­mento en el poder: los “capitanes” tomaron el control, criticaron las multas lingüísticas que había pro­movido el gobierno del tripartito, presionado por ERC, como si la cosa no fuera con ellos; Montilla llegó a pedir que el debate elec­toral tuviera lugar en castellano y, para colmo, a lo largo de la precampaña se presentó como el muro de contención ante el inde­pendentismo… a pesar de haber gobernado siete años con los in­dependenistas de ERC. Tal fue el “giro copernicano” del PSC hacia el españolismo… un intento pos­trero y tardío de recuperar el voto no catalanista.

Justo en ese momento se pu­blicó un interesante artículo de Lluís Orriols en El País en el que realizaba una sociología electoral de las dos tendencias del PSC: los “españolistas”, decía Orriols, son más fieles al socialismo que los “catalanistas”. Mientras que estos últimos tienen tendencia a cambiar su voto hacia CiU o in extremis, a ERC, es más difícil que los “es­pañolistas” lo hagan. Los resulta­dos electorales parecían confirmar esta hipótesis, hasta que el 28-N demostraron que también en esa dirección había habido fugas im­portantes: hacia el PP, hacia C’s e incluso y muy significativo, hacia la PxC.

Era evidente que tras conocer­se los resultados del 28-N, las dos ramas socialistas entrarían de nue­vo en litigio. A la hora de formar gobierno, Artur Mas incorporó a Ferrán Mascarell a su gobier­no. Antiguo conceller socialista, Mascarrell formaba parte del sec­tor “catalanista” del PSC. No era tanto un guiño hacia la “sociover­gencia” como un intento de adi­cionarse al sector catalanista del socialismo. Otros miembros de este sector como Antoni Castells exigieron romper con el PSOE y constituir un grupo parlamentario propio en Madrid con el que po­der afrontar el post-zapaterismo. Y en eso están en el momento de escribir estas líneas. Tras Castells se encuentran los nombres señeros de Montserrat Turá, Ernest Mara­gall y Marina Geli.

Pero en sector de los “capi­tanes”, reconvertido, se prepara también para el ataque: en la ac­tualidad, este sector está represen­tado por los ministros o exminis­tros catalanes que han figurado en los gobiernos zapateristas y por Josep Zaragoza, el secretario general del PSC. Tanto Carmen Chacón como Celestino Corbacho han surgido del municipalismo del PSC y están bien situados para re­coger la herencia de lo que quede del “montillismo”. Mientras se prepara el congreso extraordina­rio, la venerable y paternal figura de Joaquim Nadal queda como ex­ponente público del PSC.

Hasta las elecciones de mayo no parece probable que se desate una noche de los cuchillos largos en el seno del socialismo catalán. Las dos tendencias saben lo que se juegan: concejalías, puestos de trabajo, cargos remunerados de asesores y puestos en empresas públicas. Y a esta red de intere­ses las tensiones ideológicas le convienen poco. Porque, a fin de cuentas, lo que importa recordar es que el PSC no es un partido fuertemente ideologizado, sino todo lo contrario, es un grupo de pragmáticos dividido en dos frac­ciones, una de las cuales considera que el “catalanismo” le ayudará a prosperar y el otro que el “munici­palismo” les favorecerá.

Inmolarse por la independencia

El otro resultado catastrófico ha sido, por supuesto, el de ERC. Perder 200.000 votos y la mitad del grupo parlamentario, no es una bagatela. Esos votos, funda­mentalmente, han ido a parar al SI de Laporta y al Reagrupament de Joan Carretero, hasta un total de 140.000 votos y el resto ha regre­sado a los caladeros de CiU.

La historia de ERC en los úl­timos 20 años ha sido azarosa. A partir de 1989 (Congreso de Lleida), el partido abandona su tradicional federalismo por un in­dependentismo maximalista. Los artífices de este cambio son Angel Colom que acababa de entrar en ERC y Carod-Rovira. Tras el pe­ríodo de Colom al frente del parti­do (en el que las cuentas quedaron a cero y la solvencia del partido se vio sumergida en las profundida­des), la andadura de ERC se vio favorecida por el llamado Pacto del Majestic entre Pujol y Aznar cuando el primero aseguró la go­bernabilidad del primer gabinte del centro derecha.

En 2003, ERC alcanzó su máximo techo electoral obtenien­do en las autonómicas 544.324 votos y 23 escaños y en las ge­nerales del 14 de marzo de 2004 logró 638.902 votos y 8 diputados en el parlamento de Madrid. ERC pasó de la noche a la mañana, a ser la tercera fuerza política catalana y durante unos años, Carod tuvo razón al afirmar que ERC tenía la llave de la gobernabilidad.

Pero eso fue antes de que el fa­natismo independentista de ERC pusiera palos en las ruedas del tri­partito y adoptara un maximalis­mo independentista que no estaba en sintonía con la realidad objeti­va de la sociedad catalana. ERC ha perdido el voto juvenil en be­neficio de Laporta, ha perdido en voto maduro en beneficio del Re­agrupament y ha perdido el voto moderado en beneficio de CiU. No es raro que haya pasado de ser la tercera fuerza política catalana a la quinta, por detrás del PP e inclu­so de la minúscula ICV.

Antes de entrar en el nuevo ciclo electoral, en el interior de ERC ya se produjo un primer ajuste de cuentas, siendo elimina­do de la dirección, Carod-Rovira y reforzándose la posición de Joan Pugicercós. A pesar de la derrota cosechada de la que Puigcercós es responsable casi único, su po­sición al frente de ERC no peligra: quienes podían disputarle es cargo están fuera del partido.

Ahora es fácil prever en qué va a consistir la próxima jugada de Carod dentro de ERC: llamar a la formación de un “frente indepen­dentista”, junto a las CUP, al Re­agrupament y a Laporta a fin de lograr la quimera de “independen­cia para el 2014” (apenas faltan ya tres años…). Sin embargo, la figu­ra de Laporta es, en este ambiente, la de un demagogo, de mucha am­bición y poca cabeza, inestable y personalista, con el cual cualquier pacto corre el riesgo de naufragar inmediatamente después de fir­marse.

Por otra parte, el resultado de los referendos sobre la indepen­dencia ha sido más bien pobre y ha demostrado que menos de un 20% de la ciudadanía votaría sí a la secesión catalana en una con­vocatoria de este tipo. Por lo de­más, tanto Carod como Laporta o Carretero tienen un programa que corre el riesgo de decepcionar a quien lo examina: todo empieza y termina con la independencia de Catalunya… una vez conseguida, todo irá bien, sin que se explique exactamente cómo será ello posi­ble.

El descubrimiento de Alicia Sánchez-Camacho

El PP en Catalunya siempre ha sido un partido marginal y nunca ha logrado tener ni cuota de poder, ni proyecto suficiente como para hacerse un hueco en la política catalana. Cuando Vidal Quadras pareció estar a punto de lograr ese espacio político, los Pactos del Majestic lo borraron literalmente de la política catalana.

Lo cierto es que entre 1996 y 2003, el PP catalán consiguió ir royendo al ala “españolista” del PSC, e incluso ganar votos en el cinturón industrial de Barcelona presentándose como el partido de los no catalanistas. Pero el giro pro-norteamericano de Aznar hizo que muchos de estos votantes que procedían de la izquierda, se per­dieran en las elecciones de 2004 y que no fueran recuperados en los seis años siguientes.

La elección de Alicia Sánchez-Camacho para encabezar el parti­do no fue una buena opción. Sus evidentes limitaciones y su falta de capacidad para gestionar el partido han provocado cientos de abandonos de los que el más nota­ble fue, sin duda, el de Montserrat Nebrera.

Sin embargo, en las elecciones del 28-N el PP lograba su mejor resultado en Cataluña. Está claro que buena parte de ese resultado se debía a que un sector del elec­torado que piensa en términos de Estado percibe que la alternativa al PSOE es el PP desengañados del primero optan por el segundo. Pero también está claro que el PP ha mantenido su posición y la ha mejorado gracias a la incorpora­ ción de un tema que rechina en la militancia del PP en el resto de Es­paña: la inmigración.

En 1996, fue precisamente José María Aznar quien abrió las puertas a la inmigración. En 2003, cuando cedió el poder, había 800.000 inmigrantes ilegales en nuestro país y 2.250.00 regulari­zados. Por entonces ya se habían producido los violentos sucesos de El Egido y las protestas en otras muchas ciudades españoles contra la inmigración ilegal y masiva. La situación de la delincuencia empe­zaba a estar fuera de control y ni Aznar ni ninguno de sus ministros decían nada sobre el tema, salvo que no había motivos para precu­parse.

Alicia Sánchez Camacho ha descubierto el tema de la inmigra­ción gracias a su responsable en Badalona que, temiendo ver pe­ligrar su puesto gracias al avance de PxC, optó por incorporarlo a su programa. Antes CiU ya había hecho algo parecido en relación al empadronamiento de ilegales.

La Sánchez-Camacho lo desco­noce todo en materia de inmigra­ción: ignora incluso el número de inmigrantes que residen en Cata­luña, desconoce por completo las implicaciones del fenómeno, tan sólo ha oído campañas. De ahí que se haya limitado a copiar las pro­puestas de PxC en materia de in­migración y añadir el bochornoso “contrato por la integración” que hubiera debido proclamar en 1999 cuando en España había 1.000.000 de inmirantes y no hoy cuando hay 6.000.000.

La dirigente del PP ha llega­do hasta extremos increíbles: lo que Anglada decía en un mitin, ella lo repetía un día después. Y eso le ha dado un buen resultado que no logrará mantener durante mucho tiempo: en efecto, si bien en Cataluña, donde el PP no tie­ne la más mínima posibilidad de gobernar, la Sánchez Camacho ha podido copiar las propuestas de PxC, en otras zonas en donde el PP lleva años gobernando (Madrid y la comunidad Valenciana, espe­cialmente), no le va a ser tan fácil demostrar “dureza” con la inmi­gración cuando la política del PP en esas autonomías en relación a la inmigración es exactamente la misma que la del PSOE.

Artur Mas sabe perfectamente que en apenas 15 meses va a tener que entenderse con un gobierno del PP y que a poco que se con­firme la actual tendencia electoral, el PP puede gobernar con mayoría absoluta. Si eso es así, el papel de CiU en la gobernabilidad del Es­tado quedará muy disminuido y la mejor solución es presionar ahora al PSOE a la vista de que todos los beneficios que no obtenga hasta marzo de 2012, tardará en obte­nerlos.

Ciutadans

Hace un año, C’s era un partido muerto: había tenido una escisión interna y diversos abandonos, no había sido capaz de trenzar un acuerdo con Rosa Díez que en ese momento se encontraba en la cres­ta de la ola y que manifestaba su interés por irrumpir en Cataluña. Sin embargo, la quiebra del elec­torado socialista ha facilitado un trampolín para que C’s reverde­ciera sus laureles electorales.

A lo largo de la legislatura, C’s palideció por completo. En todo momento se limitó a reali­zar seguidismo en relación a las propuestas del PP y tan solo en­tró en liza en materia lingüística. A pesar de afirmar ser un partido de “centro-izquierda”, en realidad, apenas ha sido otra cosa que una opción antinacionalista… que fi­nalmente ha conseguido atraer al voto juvenil no nacionalista, con más atractivo que el PP. Con una media del 4% en las grandes ciu­dades y del 3,5% en las de tamaño medio, el espeque definitivo de C’s puede producirse en las próxi­mas elecciones municipales. Por el momento el partido se ha es­tabilizado utilizando como único “tema estrella” la hostilidad hacia el catalanismo.

Esa hostilidad es la que le ha facilitado el crecimiento en ciuda­des en las que el viejo PSUC des­apareció por completo y en donde la nueva ICV no tiene fuerza su­ficiente de arrastre para adicionar votos. Y otro tanto puede decirse de zonas del cinturón industrial desencantadas por la ambigüedad insuperable de las dos tendencias del PSC en materia de catalanismo y catalanización.

La gran esperanza: PxC

Durante algo así como hora y media, prácticamente hasta que se realizó el recuento de un tercio de los votos emitidos, subsistió la esperanza de que PxC lograse entrar en el parlamento con tres diputados. En las horas siguientes esa esperanza se fue diluyendo y, finalmente, al llegarse al 100% de votos escrutados, PxC quedó fuera del parlamento… por los pelos. En torno a 400 votos más por la cir­cunscripción de Tarragona hubie­ran bastado para entrar en el parla­mento. Ahora se sabe que 75.321 catalanes apoyan las listas de la PxC, lo que supone un 2,42% del electorado que acudió a las urnas y que prácticamente alcanza el 3% en la circunscripción de Tarrago­na.

Basta realizar un muestreo rá­pido a los resultados obtenidos, sin necesidad de triunfalismo que oculten el hecho de que entre 2010 y 2014 no habrán diputados de PxC en el Parlament, ni de retor­cer argumentos, para advertir que:

1) PxC es el primer partido extrapartamentario. Ha rozado el escaño. No lo ha obtenido por los pelos y contando con un cerco mediático absoluto. Fue significa­tivo que CNN y algunos medios de comunicación escorados a la izquierda, evitaran mencionar a la PxC incluso en los momentos en los que el escrutinio les daba tres diputados. En esto han seguido la consigna tácita de ignorar por todos los medios a PxC. Es más significativo todavía que después de varios meses en los que PxC no aparecía en los medios de prensa de la derecha, una vez cerradas las urnas estos mismos medios que hasta ayer habían ocultado la exis­tencia de PxC, pocas horas des­pués realizaban sesudas interpre­taciones sobre sus resultados. No vale la pena calificar a todos estos medios conchabados para evitar que en Catalunya surgiera una voz discordante y anti-sistema.

2) PxC duplica el resultado del siguiente grupo extrapar­lamentario y si se hubiera trata­do de una elección proporcional debería haber obtenido entre tres diputados y cuatro diputados. Es significativo que formaciones que han gozado hace meses de apoyos mediáticos no desdeñables, hayan obtenido resultados muchos me­nores que los que han correspondi­do a PxC: ahí está, perdido en las profundidades de la clasificación UPyC e incluso el Reagrupament Independentista. Por lo demás, la distancia que ha separado a PxC de C’s y de SI, han oscilado en apenas 25 y 20.000 votos. Otras opciones de las que se ha hablado relativamente (Alternativa de Go­vern, a causa del video de Montse­rrat Nebrera) durante la campaña, apenas han obtenido 2.187 votos. Desde hace meses considerába­mos que había tres escenarios para la PxC: la “victoria indiscutible” (entrar en el parlament), la “dul­ce derrota” (quedarse en puertas siendo el primer partido extrapar­lamentario) y el “fracaso absolu­to” (obtener unos resultados que le dejaran en la cuneta a larga dis­tancia del pelotón de cabeza). Se ha producido la “dulce derrota”: la demostración de que en su primera confrontación electoral autonómi­ca, PxC ha estado a punto de en­trar y sus resultados distan mucho de ser “pobres”.

3) PxC ha confirmado que su estrategia (lucha contra la inmi­gración masiva - lucha contra la corrupción - lucha contra la crisis económica) ha conseguido el respaldo de un sector no des­deñable de la población. Se ha dicho que PxC era solamente un partido anti-inmigración. Lo es, pero también es un partido que ha llevado un discurso muy claro so­bre la corrupción y el único entre los importantes que ha aludido a la globalización como la matriz de la actual crisis económica y como el principal factor que ha generado la oleada migratoria. Vale la pena no olvidarlo: vale la pena recor­dar que PxC es algo más que un partido anti-inmigración o que ha enarbolado esta bandera por sim­ple oportunismo tal como lo ha hecho con el descaro más absoluto el PP cuya líder, Sánchez Cama­cho, se notaba que apenas sabía de qué iba el problema a poco que algún periodista le pregunta sobre la materia. Esa insistencia en una temática muy diversificada es lo que ha permitido a PxC realizar un discurso coherente y perfectamen­te cerrado: hay crisis económica porque hay globalización, hay glo­balización porque hay liberalismo, las prácticas políticas liberales se traducen en una corrupción gene­ralizada y la globalización se tra­duce en dos fenómenos perversos y deletéreos: la deslocalización y la inmigración.

4) PxC se sitúa en inmejora­bles posiciones para obtener un nuevo tirón en las próximas elec­ciones municipales. En el escena­rio de la “dulce derrota” lo que se ha demostrado es que PxC tiene detrás 75.000 votos y esto se va a traducir entre 75 y 100 concejales en las próximas elecciones. Quien piense que al no haber salido ele­gido ningún diputado de PxC, se iba a producir un desmorona­miento de este partido, se equivo­caba: esto solamente se hubiera producido en el tercer escenario (el del fracaso total)… pero esto no ha ocurrido. Hoy mismo, en los perfiles de facebook, los mi­litantes, afiliados y simpatizantes a la PxC, demostraban su entu­siasmo y su interés en continuar la batalla en las próximas elecciones municipales.

¿Por qué PxC no ha logrado entrar en el parlament?

Vale la pena realizar una críti­ca a los motivos que han dejado en el atrio del parlament a la PxC. Hay varios. Vamos a repasar unos y otros:

1) Tal como era de prever los medios a partir del mes de marzo realizaron un cerrojazo mediáti­co. A partir de ese momento pareció como si hablar de la PxC estuviera prohibido. La PxC desapareció de las TVs, de las columnas de los dia­rios y la consigna fue cumplida por todos los grupos mediáticos.

2) La actitud del PP que fue evolucionando desde la des­orientación del mes de enero de 2010, cuando se desencadenó el asunto del empadronamiento de ilegales, hasta el mes de marzo cuando empezó a husmear sis­temáticamente en las Webs de PxC y, literalmente, copiar to­das y cada una de las consignas que PxC iba difundiendo: fue así como Sánchez Camacho se ente­ró de que en Catalunya existían mezquitas y cómo parte de la po­blación catalana rechazaba la isla­mización de esta autonomía. Más adelante, cuando PxC empezó a difundir la consigna “Única solu­ción: repatriación”, el PP elevó el tiro e intentó asumir esta consigna variándola sensiblemente y plan­teando el tema del “contrato de inmigración” e introduciendo el tema de la repatriación al aludir a los inmigrantes que llevaran dos años en paro… algo que también había dicho PxC. Los estrategas del PP lo han tenido fácil: con copiar las consignas de PxC sis­temática, ya habían cumplido su trabajo. A ellos los medios sí que les han deparado amplios espacio. De poco ha importado que el dis­curso del PP sobre la inmigración fuera improvisado, siempre inor­gánico, sin intención siquiera de ser cumplido ni ahora, ni cuando Rajoy se siente en la Moncloa, meramente oportunista y carente por completo de escrúpulos.

3) Durante los dos últimos me­ses previos a las elecciones, en la mayoría de las ocasiones en las que algún medio o algún partido se ha referido a la PxC se ha dicho sistemáticamente que se trataba de un grupo “racista y xenófobo”. Ilustres mediocridades de la polí­tica catalana han empezado a re­coger firmas para la ilegalización de la PxC. Al cerco del silencio se ha unido la infamia. Y en esto, la izquierda, como siempre ha sido maestra, contando por un lado con la acción de ONGs y grupos especializados en la difamación y por otra con llamamientos al “an­tifascismo” que parecían anclados en concepciones políticas de hace 50 ó 60 años. La intención era as­fixiar a la PxC con esta doble te­naza: silencio y difamación. Y ni aún así se ha logrado el objetivo de pulverizar a la PxC.

4) La PxC ha tenido que ven­cer otro problema: el “enemigo interior” que en los últimos dos meses aumentó su presión para dar la sensación de que se estaba produciendo una situación de des­composición en el partido. Desde abril hasta octubre, individuos escuálidos que, por un motivo u otro, se habían visto apeados de la PxC, iniciaban ataques furi­bundos cargados de odio y resen­timiento, en webs. En este baile hemos visto a digitales que cam­biaban de ubicación de un día para otro, estafadorcillos que llenaban sus perfiles de facebook con va­rios ataques diarios y para colmo resentidos que acusaban a la PxC de ser “pro-sionistas” (y nada les importaba que fueran incapaces de aportar dato alguno). Había semanas enteras que las “alertas Google” sobre PxC venían carga­das con una docena de noticias de lo que hemos llamado la “banda de los resentidos” cuyas noticias eran utilizadas por blogs con más seguimiento para seguir sus cam­pañas de difamación. El momento culminante de todo esto tuvo lu­gar cuando se produjo la dimisión de Pablo Barranco y aquí cabe añadir algo: el error de la direc­ción de PxC consistió en nombrar secretario general del partido a al­guien sin experiencia política de ningún tipo y desconocido para la mayoría de la militancia y del que ni siquiera se tenía constan­cia de cuáles eran sus ideas polí­ticas. Los errores se pagan y, por el motivo que fuera, al producirse la crisis, los medios la presenta­ron como una “vendetta” interior. A lo largo de semanas y meses de este tipo de ataques, este “frente interior” fue erosionando la ima­gen de la PxC. Es evidente que lo escuálido de todos estos ataques y lo limitado de los medios que los han ejercido, no ha supuesto una gran merma electoral… pero sí han restado algunos cientos de votos que hubieran valido para obtener el escaño. En este senti­do, hay que denunciar la actitud aventurera y particularmente ob­tusa del llamado Partit per Cata­lunya que apenas logró presentar una lista en Lleida obteniendo 312 votos… sin embargo, los me­dios han jugado con la confusión deliberada de las siglas y han ha­blado bastante más del irrelevan­te Partit per Catalunya que de la PxC. Un nuevo episodio más de la política del cerco mediático que hoy –cerradas las urnas- algunos periodistas como Josep Ramone­da reconocían que ha existido en torno a la PxC.

5) Desde el verano, en los medios periodísticos catalanes, los profesionales que habían recibido la orden de no escribir nada sobre la PxC, en privado comentaban la posibilidad de que entrara en el Parlament, si la abs­tención era alta. La abstención ha sido, efectivamente, alta, pero no tanto como se esperaba. De hecho ha habido casi cuatro puntos más de participación. Si esta partici­pación hubiera sido cuatro puntos menos que en 2006, ese desfase hubiera abierto de par en par las puertas del parlament a la PxC.

6) La implantación de la PxC no es homogénea: es fuerte en el sur de la provincia de Tarragona, en la Montanya barcelonesa y en algunos enclaves del cinturón in­dustrial, pero es todavía débil en Lleida especialmente y en Girona y, relativamente débil en las gran­des ciudades. Esto ha hecho que los resultados fueran modestos en algunas zonas. De todas formas, también se han producido sorpre­sas: en Salt se ha rozado el 5% que se ha obtenido prácticamen­te con una visita de Anglada, en otras zonas de Girona y del Em­pordà se han obtenido porcenta­jes aceptables incluso en lugares donde no existía organización de la PxC. De haberse podido contar con una organización implantada de manera más homogénea en toda Catalunya, los resultados ha­brían sido sin duda mejores. Por lo demás, el voto en la provincia de Barcelona cuesta más que en las otras tres provincias. La PxC olvidó en la campaña que era en Tarragona en donde podía obte­ner mejores resultados (como de hecho así ha sido con un 2,60%, superior a la media obtenida en Catalunya, 2,42%).

7) La PxC no ha podido compe­tir con los presupuestos extraor­dinarios (muchos de ellos surgi­dos al calor de la corrupción) que se han puesto a disposición de los grandes partidos. Contrariamen­te a quienes difamaban a la PxC apuntando a “dinero sionista” o a fondos imaginativos, la campaña ha demostrado que los fondos so­bre los que ha trabajado PxC eran apenas las aportaciones de sus mi­litantes y miembros. Es el precio de la independencia política. En nuestra opinión, los recursos han estado austera y bien gestionados y la única crítica que podría reali­zarse es que hubiera sido necesa­rio concentrar más medios en Ta­rragona en donde se ha quedado a poco trecho del escaño.

El balance final confirma la “dulce derrota” como tal: se ha hecho lo que se ha podido en un ambiente particularmente hostil, con enemigos “interiores” agui­joneando desde la impotencia y con enemigos “exterior” actuando en pinza, en medio de un cerro­jazo mediático y de una campaña sistemática de denigración, que, para colmo, ha encontrado en el oportunismo sin escrúpulos del PP a su aliado más efectivo. Una bue­na campaña y un buen resultado a tenor de los medios desplegados y gestionados con rigor y honestidad.

¿Qué aguarda a Cataluña?

Globalmente el independentismo sale derrotado: las opciones inde­pendentistas sumadas no alcanzan el nivel de votos de ERC hace cua­tro años. La inclusión de Laporta introducirá de manera obsesiva el tema del independentismo en el par­lament y garantizará la salida a la su­perficie de escándalos económicos y procesos a los que se verá some­tido Laporta, contribuirán todavía más a erosionar como “poco serias” las posiciones independentistas. Los resultados de ERC son, por su par­te, catastróficos y siembran las más serias dudas sobre el futuro de este partido. Por el momento, Carod-Rovira es ya un cadáver político y el secretario general de ERC, Pui­gcercós, a pesar de que no se haya enterado es otro tanto.

No tendremos independentismo, pero tenemos más soberanismo en un momento en el que la crisis económico-social es más grave en Cataluña que en cualquier otro lu­gar del Estado. Vuelve a gobernar la alta burguesía catalana, así que ten­dremos más victimismo, más sobe­ranismo y el deseo de jugar un papel en Madrid vendiendo caro el apoyo a cualquier partido que no obtenga la mayoría absoluta para gobernar.

La corrupción apenas ha estado presente en la campaña electoral y solamente PxC la ha mencionado sistemáticamente. El resto de par­tidos ha cubierto el tema con un tupido velo sin duda pactado pues, no en vano, durante la campaña electoral los casos Palau y Pretoria han dado que hablar... en los juzga­dos. Eso demuestra que “robar” en Catalunya, no implica costes elec­torales. Con lo cual no hay abso­lutamente ningún elemento como para pensar que la rapacidad y las prácticas corruptas de la clase po­lítica catalana, proseguirán como hasta ahora.

Difícilmente CiU va a poder contener la deslocalización de la industria catalana y el aumento del paro. No va a estar en condiciones de rectificar la crisis de la enseñan­za, ni está dispuesta a repatriar a los excedentes de inmigración, ni a hacer otra cosa más que ejercer el binomio soberanismo/victimismo. CiU no es la solución para Catalun­ya sino una parte muy importante del problema.

Catalunya es una de las zonas más deterioradas del Estado Espa­ñol y nada indica que esta tendencia no proseguirá: con la mayor deserti­zación industrial de todo el Estado, con una tasa de paro especialmente juvenil que tiene sólo parangón con la andaluza, con la mayor acumu­lación de ni-nis, con unos resulta­dos educativos catastróficos, con la mayor tasa de inmigración de España y la mayor acumulación de inmigración islámica, con una prensa que come de la mano de la alta burguesía, con una oligarquía de 300 familias –casi feudal- en to­dos los resortes del poder, inmersa en una gigantesca crisis en España y en Europa… solamente alguien obsesionado por el nacionalismo puede esperar que la petición de un “concierto económica” puede ser la solución a todos los males. Y en esto está CiU que, fiel a su soberanismo basará toda su política en obtener de Madrid concesiones económicas y prebendas… algo que va a ser muy difícil en tiempos de crisis (cuyos efectos se van a prolongar en torno a 10 años).

Cuando se convoquen las próxi­mas elecciones autonómicas, en torno a 600-750.000 inmigrantes habrán sido naturalizados. Vere­mos entonces cuál es la posición del PP y de los partidos mayorita­rios, no tenemos la menor duda de que se iniciará una enloquecida ca­rrera por captar esa bolsa de votos y que todos los partidos pugnarán por prometer más y más beneficios para los “nuevos catalanes” que pe­sarán como una losa sobre la recu­peración económica de Catalunya.

La conclusión final que puede hacerse es que estos resultados no resuelven nada más que el entierro del tripartito y de los líderes de las tres formaciones. Se abre una etapa de inestabilidad, dudas, más sobe­ranismo sobre el trasfondo inquie­tante de una crisis siempre presente y una corrupción que campará libre por todo el territorio catalán.

(c) Ernesto Milá - infokrisis - http://info-krisis.blogspot.com - http://infokrisis.blogia.com - infokrisis@yahoo.es - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen. 

El sistema contra la juventud

Infokrisis.- Estas navidades han confirmado que, por primera vez, una generación que ahora tiene hasta 15 años va a alimentar su ocio solamente con videojuegos. Tales han sido los regalos más vendidos en estas fechas. Cualquier otra cosa, incluso productos del sector informático (MP4, iPads, iPhones, iBooks, etc, etc) han tenido poco impacto entre la franja de edad de entre 6 y 15 años. Todavía no se han calibrado las implicaciones de un cambio cultural de este tipo, aparte, naturalmente, del ensanchamiento de la “brecha digital”: la distancia que separa a los que utilizan las nuevas tecnologías de los que permanecen de espaldas a ellas… cuando lo realmente importante es la existencia de un amplio espectro de población joven que lo desconoce todo de la vida y solamente sabe utilizar un tipo de producto microinformático: el videojuego. Tras la Generación Ni-Ni, la Generación Cero está a la espera en el atrio.

 

La generación que ahora empieza a aproximarse a los 60 años fue la primera que desde su infancia vio cómo la televisión ocupaba un espacio creciente en su vida. La que ahora tiene 30 creció con los ordenadores personales y luego descubrió las consolas de videojuegos e Internet. Los que ahora tienen entre 10 y 15 años forman parte de la primera generación que han dado la espalda a los juegos hasta ese momento tradicionales, compartidos con otros amigos y han recibido (y exigido) como regalos de Navidad solamente videojuegos.

Del “compartir” al “competir”. La adicción.

No es raro que esta nueva generación no conozca la palabra “compartir” y prefiera la de “competir”. Ciertamente, Internet permite relacionarse con otros jugadores de cualquier lugar del planeta, pero solamente para competir. Los tiempos en los que los niños salían a la calle y se pasaban buena parte de su tiempo de ocio con sus amigos y compañeros han quedado atrás. La nueva generación conoce solamente la vida y el mundo a través de una pantalla de ordenador. Si quiere jugar a los bolos tiene un juego de bolos que, de paso, incluye también tenis, baseball, fútbol y golf. Es difícil arrancarlos de la tiranía del monitor e inducirles a que conozcan el mundo real.

De hecho, el mundo virtual es extremadamente tranquilizador para ellos. Un niño “muere” una y otra vez en el monitor de su videojuego, para revivir inmediatamente y poder rectificar la jugada progresando al nivel superior. El morir virtual no ocasiona daños ni molestias, sólo aumenta el rendimiento del jugador. En cambio, un pisotón dado por descuido en la calle produce dolor puntual; es el precio de la realidad. Además, la realidad virtual es tranquilizadora: en ella, antes o después, siempre se gana. En la realidad tangible esto no ocurre: no está nunca claro si se alcanzará lo esperado o no, si se podrán cumplir ambiciones y proyectos. Además, en el universo tangible, moverse implica un esfuerzo, intentar obtener algo supone sacrificarse, querer “ser” algo requiere precisamente la presencia de algo que el jugador de un videojuego no está dispuesto a asumir: que no todo en la vida es juego o diversión.

La adicción es el efecto esperado por los fabricantes de un videojuego: éste es tanto mejor cuanto mayor es su capacidad adictiva. De hecho, la adicción es uno de los principales factores que se tienen en cuenta para medir la calidad de un videojuego: el tiempo que el jugador está “enganchado” a él sin moverse de la pequeña pantalla, las horas que le dedica...

El problema de la adicción de toda una generación a los videojuegos no es que espacios cada vez mayores de su vida pasen a depender de su adicción, sino que el entorno en el que desarrolla su vida se va degradando y unidimensionalizando: a fuerza de dar la espalda a la realidad tangible, el adicto a los videojuegos se sumerge en una realidad virtual que resulta para él mucho más gratificante y tranquilizadora.

Quiebra del sistema educativo

En una sociedad sana, el sistema educativo habría enseñado al joven que el ocio constituye una parte de su tiempo, pero que esos años son, fundamentalmente, años formativos en los que su capacitación y su preparación para asumir responsabilidades en el futuro son, sin duda, lo más importante. Hay tiempo para todo: para el estudio, para la familia, para los amigos, para el ocio e incluso para los videojuegos… pero esto ocurriría sólo en una sociedad sana: en la actualidad el tiempo destinado a estos últimos va engullendo progresivamente el dedicado a otras áreas de la sociabilidad.

La combinación entre un sistema educativo desintegrado y que ya no cumple ninguno de los objetivos para los que había sido diseñado y la tendencia del joven a usar y abusar cada vez más de los videojuegos actúa en sinergia creando un efecto deletéreo. Poco importa, desde este punto de vista, si los videojuegos son pacíficos o violentos: es su capacidad adictiva situada en el marco de una crisis del sistema educativo lo que los hace peligrosos.

Las concepciones progresistas en materia educativa hacen que desde la preescolar, el joven, en lugar de ser adiestrado en las distintas habilidades del conocimiento y especialmente en los sistemas de obtención de conocimiento (esfuerzo, constancia, sacrificio, interés, concentración, autodisciplina), reciba una enseñanza cuyo principio es “aprender jugando”. Los maestros procuran que el niño adquiera conocimientos a través de juegos y de diversión, evitan que tenga que esforzarse y se obstinan en que desde las letras hasta el contar hasta 100 se conviertan en un juego que logre interesar al niño. El resultado de este sistema de enseñanza es que el niño aprende, sí, aprende, sobre todo… a jugar.

En las fases siguientes de su progreso por el sistema educativo, cuando ya ha entrado en la EGB y se supone que debería de adquirir conocimientos más sólidos, los padres van percibiendo que el aprendizaje de la lectura y de la aritmética se va retrasando en relación a lo que ellos mismos habían experimentado en su aprendizaje. Un padre de 50 años se formó en el bachillerato del tardo franquismo que aseguraba que entre los 5 y 6 años el niño había aprendido a leer correctamente y sabía sumar y restar con facilidad. Hoy el dominio de esas habilidades tiende a retrasarse un par de años. Por lo demás, hasta los 10 años, el niño ejercitaba la “caligrafía”, hacer que su escritura fuera inteligible, hoy esta asignatura ha desaparecido completamente y si era importante se debía sobre todo a que el niño aprendía a dominar su pulso, su atención y su capacidad para templar su ánimo.

La lectura era otra habilidad que se enseñaba a partir de los 5 años y que a los 8 ó 9 proporcionaba algo más que fluidez en su uso, garantizaba también la comprensión de lo que se estaba leyendo. La única forma de asimilar todas estas habilidades es mediante el esfuerzo, el sacrificio, la atención y la constancia, elementos que están completamente ausentes del “aprender jugando” que, a fin de cuentas, solamente transmite el… aprender a jugar.

Rostros desconocidos para errores conocidos

Para colmo, alguien de rostro desconocido, cuyo poder para diseñar un sistema educativo estaba en contradicción con su cualificación para hacerlo, decidió un buen día que los niños podían progresar de un curso a otro a pesar de tener asignaturas suspendidas. Lo razonable hubiera sido que se volviera a examinar el septiembre de las asignaturas suspendidas en junio, pero alguien sin rostro decidió que el niño podía pasar al curso siguiente aun manteniendo un déficit de conocimientos, déficit que al ser acumulativo, cada año le inhabilitaba más para el dominio y la comprensión de determinadas asignaturas. Para dividir hace falta saber sumar, restar y multiplicar, si el alumno pasa de un curso a otro con déficit de conocimientos en estas materias jamás podrá dividir, ni adentrarse en las complejidades del álgebra y, por lo mismo, tampoco estará en condiciones de seguir adelante en asignaturas como física y química o en aquellas otras que requieran reflexión lógica incluso aunque sean de ciencias. Sería bueno que los medios de comunicación nos recordaran el rostro de quien introdujo esa “novedad” en nuestro sistema educativo que ha destrozado la vida estudiantil de una parte importante de nuestros jóvenes.

Y para colmo, tampoco conocemos el rostro de aquel otro educador que creó distintos “itinerarios”, esto es distintas ramas que a partir de una temprana edad condicionaban la orientación posterior del estudiante: el antiguo bachillerato de ciencias a un lado y de letras a otro tenía sus asignaturas “hueso”: matemáticas y química por una parte y latín y griego por otra, es decir, estaban equilibrados en dificultades.

En cambio, los actuales “itinerarios” adolecen de varios defectos insuperables. De un lado, en un momento en el que los jóvenes carecen de “vocación” y en su inmensa mayoría ignoran lo que quieren ser en el futuro, es extremadamente peligrosos pedirles que elijan a temprana edad un itinerario que condicionará sus estudios futuros: lo más probable es que elijan el itinerario más  fácil, el que consideran que tiene menos asignaturas “hueso”: el humanístico, el artístico… y rechacen el científico que es el que les requiere más esfuerzos (en un momento, además, en el que a fuerza de ir pasando de curso con asignaturas suspendidas ya les ha hecho perder el control de las asignaturas de ciencias). A esto se une que, llegados a esos niveles, la cultura del esfuerzo y del sacrificio ya está completamente ausente del panorama del estudiante.

PP y PSOE: padres de un sistema educativo quebrado

El resultado de este sistema educativo esperpéntico construido por el PP y por el PSOE es una superabundancia de alumnos (una tercera parte) que abandonan sus estudios de primaria antes de concluirlos. Los que pasan al nivel universitario lo hacen mayoritariamente a carreras “fáciles” o con pocas complicaciones (habitualmente de letras) para las que, por lo demás, existen escasas salidas profesionales y un número desmesurado de alumnos: ¿cuántos periodistas necesita la sociedad española? Sin duda muchos menos que los miles que cada año se gradúan en las facultades de periodismo de este país (para colmo, la fractura de España en 17 comunidades autónomas hace que cada una de ellas exija una facultad de periodismo a despecho de su población y de las posibilidades de empleo de los licenciados, la inmensa mayoría de los cuales al acabar sus estudios se limitan a ser becarios en cualquier medio de comunicación que, para casi todos será su única posibilidad en la vida de haberse aproximado a una redacción).

En cuanto a los que han abandonado sus estudios ni siquiera les queda el recurso a la formación profesional: se tarda demasiado en acabar unos estudios que tampoco están concebidos como prácticos y aplicativos. Lo que les interesa es trabajar en lo que sea y lo antes posible: mientras la construcción ha absorbido mano de obra, cientos de miles de jóvenes que habían abandonado la EGB se refugiaban en las obras, evacuando escombros o haciendo tareas de peonaje… La crisis ha cerrado esta vía para siempre y ha dado carta de naturaleza a la Generación Ni-Ni.

En cuanto a los jóvenes que siguen carreras técnicas y que concluyen sus estudios, el panorama no es mucho más alentador: les aguardan salarios bajos y contratos en precario que no están en relación con los esfuerzos que han tenido que realizar para obtener el título y que, desde luego, no les va a permitir formar una familia ni a la mayoría independizarse de sus padres. Los problemas de la enseñanza en España se dan a todos los niveles y también nuestra universidad tiene carencia extremadamente dramáticas.

En efecto, la vinculación entre universidad y empresa es cero o próxima a cero. En otros países, es frecuente que cuando los alumnos presentan proyectos de fin de carrera, buscadores de talentos acudan a las exposiciones y ofrezcan, ya a partir de ahí, contratos a los nuevos licenciados. Esto no ocurre en España, entre otras cosas porque las empresas funcionan de manera muy diferente: aquí no es la cualificación lo que se requiere para ejercer la mayor parte de empleos, sino el tener a un buen “contacto” (habitualmente un amigo, un familiar, etc). En muchas empresas, puestos de responsabilidad son entregados a individuos completamente nulos que, a su vez, para salir adelante, deben contratar a técnicos mejor cualificados… y peor pagados. El resultado final es que cada vez más jóvenes licenciados en carreras científicas se van al extranjero para poder ejercer su empleo a cambio de un salario digno y de una estabilidad en el puesto de trabajo.

La desembocadura de toda esta catástrofe educativa es un empobrecimiento cultural y científico de la sociedad española y el que, en su conjunto, nuestros jóvenes tengan “poco valor añadido”. No es por casualidad que el modelo económico de José María Aznar se basase sobre todo en el desarrollo de dos actividades aparatosas pero de escaso valor añadido: construcción y hostelería. El fracaso de nuestro sistema educativo nos había abocado a ello… Y mientras eso siga así ni leyes de “economía sostenible”, ni nebulosos proyectos de I+D+i podrán aplicarse en la práctica.

De la generación Ni-Ni a la generación Cero

El sistema de enseñanza se ha convertido en un reservorio de niños, una especie de logística de almacenamiento mientras los padres trabajan, pero ha perdido completamente su capacidad educativa y tiene muy mermada su función formativa. De hecho, el sistema educativo –por bien que funcione- nunca puede sustituir al entorno familiar en la formación de las nuevas generaciones, pero, éste, se encuentra hoy así mismo degradado: abundan las familias monoparentales, los hijos únicos y los divorcios; todo esto ha hecho que se alterara extraordinariamente el marco en el que crecen los hijos.

Desde luego, una sociedad moderna no puede negar que la familia burguesa está hoy muerta y enterrada pero que era un “más” en relación a las modernas formas parafamiliares que han ido apareciendo posteriormente. En la familia burguesa estaba todavía presente cierta especialización: la madre se cuidaba de la educación del niño y del mantenimiento del hogar, mientras que el padre aportaba medios económicos a la familia. No era una forma ideal de organización familiar, pero suponía un estadio superior al que lo ha sustituido.

Cuando, a partir de los años 40 la mujer empezó a integrarse en el mercado laboral (veinte años después en España), se rompió esta división de funciones, el sistema educativo suplió el hecho de que la madre disminuyera su presencia en el hogar. Eran los tiempos en los que se enseñaba “urbanidad” en los primeros años de escuela. Pero luego, cuando el sistema educativo entró en crisis en los años 70 y especialmente en los 80 y 90, todo esto se fue al traste.

Hoy estamos viendo los resultados de una generación que, en buena parte ya tuvo una educación muy deficiente, educando a su vez a sus hijos. El resultado será inevitablemente demoledor. Esto, para colmo, ha coincidido con la eclosión de los videojuegos que han representado para las familias la posibilidad de que los hijos estén tranquilos, casi en un estado entre letárgico y catárquico ante el monitor de la cónsola de videojuegos.

¿Hay solución? En lengua castellana “solución” rima con “educación”.  La educación es hasta tal punto importante para un país que resulta imposible cambiar un modelo económico sin cambiar antes el modelo educativo. Modelos educativos de perfil bajo que aspiren solamente a que el joven abandone las aulas conociendo los rudimentos culturales mínimos, no puede aspirar a desarrollar una economía basada en I+D+i.

Primero educación y reconstrucción de un modelo familiar sólido y estable. Paralelamente reconstrucción del sistema educativo reintroduciendo los valores de esfuerzo, sacrificio, constancia, autodisciplina y mérito por parte del alumno y reconociendo autoridad al profesor. Para ello es preciso revisar todos los recovecos del sistema educativo, incluidas las Escuelas Normales, verdaderos reductos del progresismo que nos ha llevado directamente a la ruina del sistema educativo. Si un profesor no tiene valor (o no cree) en la necesidad de imponer su autoridad, no puede seguir dando clases. Es preciso volver a la concepción clásica que considera a la escuela como una relación jerárquica entre los que tienen un “saber” que transmiten a quienes no lo tienen. Si, en lugar de esta concepción se impone la que hasta ahora ha sido habitual en democracia, esto es, que alumnos y profesores forman un todo “democrático” e igualitario, nunca jamás se logrará recomponer nuestro sistema.

Frente al “aprender jugando” hay que reimplantar la “cultura de la memoria” sin la cual es imposible ejercer el pensamiento lógico y que no es sino una parte dela cultura del esfuerzo. El elemento central de cualquier sistema informático es la CPU, la “unidad central de procesos”, el cerebro del ordenador. Un ordenador es tanto más eficaz cuanta más memoria RAM tiene y a mayor velocidad funciona. Otro tanto ocurre con el ser humano. Sin embargo, la enseñanza moderna ha desterrado por completo el aprendizaje memorístico de los planes de enseñanza, lo que equivale también a imposibilitar el ejercicio del pensamiento lógico…

El papel del mundo digital

Hoy, todos los profesores tienen que comprobar si los trabajos que encargan a sus alumnos los han hecho ellos o los han copiado y pegado de cualquier Web (alguna de las cuales alardea de existir para cubrir esa función: www.rincondelvago.com, por ejemplo). Cuando Zapatero en uno de sus habituales “paquetes de medidas” proponía que todos los estudiantes tuvieran un ordenador personal, evidentemente, no sabía lo que estaba diciendo: eso solamente puede ser admisible en un sistema educativo que funcione, no en un sistema educativo quebrado en el que cada estudiante, con el ordenador recibiría la posibilidad de insertar videojuegos o jugar en red. Los edificios no pueden empezarse por el tejado, pero tampoco a ZP se le puede pedir algo de sentido común.

Paradójicamente nuestros jóvenes están a la cola de Europa en rendimiento escolar pero tienen un más que aceptable nivel de utilización de las nuevas tecnologías, incluso los que han abandonado los estudios a los 14-16 años. Esto explica por qué en España no se producen estallidos de cólera como los que han sucedido en Grecia, Reino Unido, Francia o Italia en situaciones en general bastante menos dramáticas que la española. Aquí nuestros jóvenes están sometidos a la narcosis de los videojuegos que se completa con otras “esperanzas para desesperados” generadas por el propio sistema. En ningún otro país, por ejemplo, los clubs de fútbol están tan endeudados con el Estado (especialmente con la Seguridad Social a la que adeudan en torno a 5.000 millones de euros) como en España y en pocos países la situación del déficit público haría tan urgente cobrar esa deuda: sin embargo, es mucho más fácil que el Estado embargue la cuenta corriente de un pequeño empresario a la taquilla del CF(FC) Barcelona o del Real Madrid.

El sistema (entendido como el conjunto de intereses, político, económicos y mediáticos que dan forma a una nación y a su sociedad) ha entendido perfectamente que el mejor joven es el joven consumido ante la pantalla de un ordenador, que puede cultivar su tiesto de marihuana en el balcón. Poco importa que pase las horas muertas intentando superar el nivel del videojuego en el que se encuentra, o que emplee horas en ver partidos de fútbol intrascendentes jugados por equipos que ni le van ni le vienen, incluso en ligas distantes en el espacio. Poco importa que fuera no haya trabajo, ni posibilidades de obtenerlo en el próximo lustro. Tampoco importa que su nivel de conocimientos y de preparación laboral sea cero o próxima o cero, o se concentre en sectores (como la hostelería y la construcción) que nunca más le van a ofrecer alternativas laborales.

Si tiene necesidad de relacionarse de tanto en tanto con otros jóvenes, la moda del botellón le facilitará una oportunidad más para el embrutecimiento de los sentidos mediante sobredosis de alcohol. Si va por la calle, por el metro, llevará encajados en los oídos auriculares que harán que con apenas 25 años tenga los tímpanos endurecidos propios de un anciano de 65 años. El ruido, el videojuego, el botellón, el espectáculo deportivo, le impedirán meditar sobre lo miserable de su existencia. Comerá solamente porque sus padres trabajan o viven de un modesta pensión que da al menos para eso, y de poco le importará ser un prominente miembro de la “Generación Ni-NI” que apenas ocupó un corto período de tiempo entre el estallido de la gran crisis económica (junio de 2008) y el momento en el que advirtió que ésta era algo más que un paréntesis en el que ni trabajaría, ni estudiaría.

El problema de fondo es mucho mayor de lo que se tiene tendencia a pensar: si esta crisis que se prolonga ya por espacio de tres años, dura –tal como se prevé- en torno a 5 ó 10 años más, en el curso de los cuales no solamente no encontrará trabajo, sino que le será muy difícil reemprender unos estudios en un sistema educativo quebrado, de tener 25 años pasará luego a tener 35, una edad en la que ya resulta difícil encontrar determinados trabajos y su preparación y experiencia profesional serán la misma que ahora mientras que la sociedad habrá cambiado radicalmente. En esa sociedad posterior a la crisis, mucho más competitiva que la actual, los 35 años pesarán como una losa, y mucho más si tenemos en cuenta que las pensiones de jubilación se calcularán sobre la base de los últimos 25 años de cotización. Para entonces es posible que muchos padres que hoy mantienen a sus hijos, ya hayan fallecido ¿de qué vivirá entonces la Generación Ni-Ni? ¿en qué trabajará?

Por eso hemos empezado diciendo que la “brecha digital” entre los usuarios de las nuevas tecnologías y los que permanecen de espaldas a ellas, no es –contrariamente a lo que opina la sociología- el hecho capital de la sociedad moderna. Incluso alguien que no haya utilizado jamás un ordenador puede realizar trabajos agrícolas y, por extensión, puede trabajar en sectores de poco valor añadido. Pero un joven de la Generación Ni-Ni que durante años no haya trabajado ni estudiado, que haya utilizado su tiempo para chatear por la red, utilizar videojuegos, enviarse mensajes SMS y que maneje todos los mecanismos de ocio de la red ello no implica que esté mejor adaptado para afrontar una sociedad competitiva, sino que está refugiado en un mundo virtual que lo aísla completamente la realidad y le proporciona un entorno narcótico y tranquilizador como la droga más sedante que se hubiera inventado.

La Generación Ni-Ni es sólo un estadio temporal en la vida de un joven. Su permanencia en este nuevo grupo social producto de la crisis, durará entre 3 y 10 años más. Cuando haya terminado la crisis –de la manera que sea, incluso son el desmantelamiento del actual sistema mundial de producción y consumo- toda esa generación adicta a lo digital, percibirá que no está preparada para tomar el relevo de las que le han precedido: será una Generación Cero. Hay que alarmarse sobre cómo serán los hijos de esta nueva generación. 

© Ernesto Milà – infokrisis – infokrisis@yahoo.eshttp://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

 

ZP tras Obama y... Bush

Info-krisis.- Lo intuíamos pero no hasta ese punto. Han tenido que llegar los “papeles de Wikileaks” para que supiéramos que el gobierno Zapatero había cultivado desde sus primeros días de poder el servilismo más absoluto en materia de política exterior. Realmente, a poco que nos liberemos de prejuicios atribuidos por los clichés periodísticos, lo cierto es que no ha habido prácticamente diferencias entre la política de Aznar y la política de Zapatero en relación a los EEUU: ¿es el proamericanismo enfermizo de nuestra clase político algo inevitable? ¿Puede España en soñar con una política autónoma en relación a los EEUU? No, desde luego, mientras políticos serviles, oportunistas y sin escrúpulos ocupen el poder.

 

“Los cables de la embajada estadounidense en Madrid, revelados por Wikileaks y que van desde 2005 hasta 2010, aportan las pruebas y los nombres de la insólita sumisión de las autoridades socialistas españolas ante Estados Unidos. Detrás de una fachada de aparente firmeza e independencia, la realidad mostrada por los documentos diplomáticos es la continuidad del servilismo aznarista”, escribe Roberto Montoya en Le Monde Diplomatique del mes de enero de 2010. No se trata, pues, de un artículo escrito en un medio de la derecha liberal española, sino en una revista habitualmente proclive al zapaterismo y que siempre había loado sus presuntos méritos. Ni la izquierda más conspicua cree en las bondades antiamericanas del zapaterismo.

Una larga cadena de sumisiones

En el imaginario colectivo del pueblo español la impronta antiamericana del zapaterismo se basa en dos instantes inolvidables: el 18 de abril de 2004, cuando Zapatero ordenó la retirada del contingente español de Irak apenas un día después de haber jurado su cargo y el 12 de octubre de 2003 cuando permaneció sentado al paso de la bandera norteamericana durante el desfile del Día de la Hispanidad. Estos dos gestos sirvieron para atribuir a Zapatero una imagen de marca antiamericana que no tenía nada que ver con la realidad y mucho con la elaboración de una imagen de marca capaz de atraer el voto juvenil.

Los documentos de Wikileaks recogen varios cables del embajador norteamericano, George Argyros al Departamento de Estado previendo que el nuevo presidente de gobierno se comportaría de manera similar a como lo había hecho Felipe González veinte años antes. A fin de cuentas, FG había dado muchas más muestras de antiamericanismo…

Argyros tenía razón. Durante los años en los que Zapatero compartió mando con  George W. Bush (entre 2004 y 2008) la política de mano tendida de la administración española a la administración norteamericana fue tan constante como servil. Inmediatamente después de la retirada de las tropas españolas, Zapatero comunicó a Washington cuatro medidas destinadas a mostrar su buena voluntad en materia de Irak: el envío de 20 millones de dólares para garantizar la limpieza de las elecciones iraquíes, el ofrecimiento de personal militar español para entrenar al ejército iraquí reconstruido y colaboracionista con el invasor, el aumento de tropas en Afganistán y, finalmente, las palabras de Rey en 2004 en las que exaltó las relaciones entre ambos países. No había la menor duda: al margen de la retirada de tropas (prometida con demasiada insistencia como para que pudiera eludirse) los intentos de Zapatero por reconstruir las relaciones diplomáticas con posterioridad a ese hito fueron inmediatas, reiteradas y constantes.

Pero eso era sólo el principio. Los  papeles de Wikileaks confirman que lo que siguió fue todavía más bochornoso. De hecho se trataba de una constante en el socialismo español que venía de lejos…

El partido de los giros copernicanos

Vale la pena desterrar un primer prejuicio histórico: el PSOE que irrumpió en España en 1976 de la mano de la socialdemocracia alemana no tenía nada que ver con el partido fundado por Pablo Iglesias. Ese partido, a lo largo de cuarenta años de ausencia en la política nacional se había convertido en una especie de estado mayor de ancianos exiliados y sus restos pronto pasaron a ostentar la denominación de PSOE(h), esto es “histórico”. El socialismo español, a partir de Sûresnes no fue más que una emanación del SPD alemán que, a través de la Fundación Ebert, amamantó al nuevo PSOE dirigido por la “camarilla sevillana” formada por el tándem Felipe González – Alfonso Guerra.

Hasta antes de Sûresnes, la “camarilla sevillana” se mostraba contraria a la guerra del Vietnam, solía tener “desviaciones ultraizquierdas” y gustaba presentarse como “más a la izquierda” que el PCE. Su antiamericanismo era primario y propio de la extrema-izquierda de la época. Por supuesto, estaban contra la OTAN y no tenían empacho en denunciar al “imperialismo americano”. Anticomunistas, despreciaban a CCOO (el único sindicato realmente existente en el interior del país durante el tardofranquismo) achacándole el ser una “apéndice del PCE” (lo cual era cierto), pero callaban cuando se les reprochaba que la UGT no solamente era tan inexistente como el PSOE sino que era su sindicato subordinado…

Ni el PSOE, ni la UGT tuvieron una existencia real en el interior de España hasta finales de 1976 cuando empezó el goteo de avispados militantes de extrema-izquierda hacia las filas socialistas; luego, tras las elecciones de 1977, ese goteo se convirtió en chorro y, finalmente, pocos meses antes del ascenso al poder, grupos enteros –el Partido del Trabajo, la Organización Revolucionaria de Trabajadores y la Organización de Izquierda Comunista- ingresaron en bloque en el PSOE. Para ese momento, el PSOE ya había tenido su “Bad Godesberg” particular siguiendo las pautas de la socialdemocracia alemana: renunciar al marxismo y asumir el capitalismo como proyecto.

El PSOE, a partir de ese momento, dejó de ser “socialista” y pasó a ser “socialdemócrata”. No sería el único tránsito que realizaría el PSOE: el curso de esas transformaciones y giros copernicanos, el PSOE se fue desembarazando, poco a poco, de su antiamericanismo, renunció a su oposición a la OTAN, moderó sus políticas sociales y terminó siendo, ya en el poder, un partido acomodaticio para los intereses de Washington en España. No es raro que uno de los escasos socialistas del interior que militaban en el PSOE antes de 1975, Javier Solana, pasara del antiamericanismo más panfletario a ser secretario general de la OTAN y, como tal, responsable de los bombardeos sobre Yugoslavia en apenas un cuarto de siglo…

La mutación zapaterista

Cuando llega Zapatero a la secretaría general del partido, no solamente lo ignora todo sobre el marxismo, sino que ni siquiera tiene una idea muy concreta de lo que es en ese momento (2000) la socialdemocracia. Zapatero es hijo de aquella generación socialista que se incorporó al partido sin ninguna motivación ideológica y cuando ya se había convertido en un conglomerado de intereses mucho más que en una formación basada en un programa y en unos principios socialdemócratas. De hecho, el programa zapaterista de gobierno, con su afán de ingeniería social, tiene muy poco que ver con los programas socialdemócratas que se aplicaban en Europa a principios del milenio y tiene mucho más que ver con los contenidos del Correo de la UNESCO que con cualquier portavoz socialdemócrata.

Cuando Zapatero llega al poder, la tensión ideológica dentro del PSOE hace tiempo que ya ha cesado: las transformaciones en su línea política entre 1973 y 1993 han sido de tal calibre que, quienes han permanecido dentro de la sigla PSOE tienen como único denominador común, el oportunismo y la ausencia de principios.

Entre el año 2000 (cuando Zapatero alcanza el poder dentro del PSOE) y 2010 (cuando su estrella está irremisiblemente arrastrándose sobre el fango), ya no hay ni “programa”, ni “doctrina”, ni siquiera “liderazgo” en la socialdemocracia española, sino tan solo “imagen”. La “imagen” no es el reflejo de la realidad, sino una versión interesada de la misma destinada a reforzar la implantación y la presencia del partido ante determinadas bolsas de electores.

En 2000, justo cuando el PP había alcanzado una cómoda mayoría absoluta, el PSOE buscaba desesperadamente nuevas bolsas de electores. Cuando se produjo el sorprendente giro pro-norteamericano de Aznar y su bochornosa toma de posición en la cuestión de Irak, contraria a la lógica, al sentido común, a la honestidad y a los intereses de España como potencia europea, el PSOE vio el cielo abierto: ejercitaría, una vez más, el antiamericanismo primario como forma de captación del voto juvenil y del voto tradicional de izquierdas que había perdido en algunas zonas (el cinturón industrial de Barcelona, por ejemplo).

Así pues, toda la promoción electoral del PSOE entre 2002 y marzo de 2004 se centró en el tema anti-norteamericano a efectos de consumo interior. Pero, ni aun así, lograron distanciarse lo suficientemente del PP y, de hecho, hubieran perdido las elecciones de no ser por las extrañas y providenciales bombas del 11-M. 

Zapatero ¿el antimericano?

Si bochornosa fue la retirada de Irak y las contrapartidas ofrecidas (que han costado casi dos centenares de vidas en Afganistán), mucho más bochornosa fue la actitud del ejecutivo zapaterista ante la ofensiva norteamericana contra Irán. Los papeles de Wikileaks han demostrado que el gobierno español aceptó las presiones de Washington para que empresas españolas se retiraran de aquel país. Así lo hicieron –por presiones gubernamentales- los bancos Santander y Sabadell que cerraron sus oficinas en Teherán. Así lo hizo Iberia, Repsol, Unión Fenosa, Telstar entre 2004 y 2008… antes de que Obama llegara al poder. Zapatero aceptó la ominosa política antiiraní de Washington muy parecida en todos los sentidos a la impuesta por Bush a la administración Aznar.

Pero el punto más bajo de indignidad se alcanzó cuando ministros del gobierno español aceptaron la presencia de vuelos de la CIA sobre territorio español llevando a territorio norteamericano a secuestrados que serían torturados en cárceles secretas por su improbable relación con el “terrorismo internacional”. Esos vuelos, gracias a los papeles de Wikileaks, se sabe que prosiguieron con posterioridad a la llegada de Zapatero al poder y se prolongaron durante tres años hasta 2007.

Y no sólo eso. En el caso del asesinato del cámara José Couso, diversos ministros del gobierno español se comprometieron a presionar a las autoridades judiciales para que no procesasen a ningún ciudadano norteamericano. En este innoble cambalache participan desde el fiscal general del Estado, Conde-Pumpido, hasta el fiscal de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, pasando por el entonces ministro de justicia, López Aguilar y la vicepresidencia Fernández de la Vega y, por supuesto, Bernardino León (llamado en los papeles de Wikileaks, “el chico de oro”) hasta su superior, Fernández Moratinos…

La propia de La Vega expresó tácitamente al embajador norteamericano, Eduardo Aguirre (de origen cubano) que “no tiene reparos a los vuelos de inteligencia a través del territorio español”. La misma portavoz del gobierno expresó a Aguirre que Javier Zaragoza tenía una “estrategia para torcer el brazo a Garzón en el caso Guantánamo”… El servilismo, no sólo de Zapatero, sino de los personajillos que componían su gobierno, genera una increíble tristeza y es la muestra más palpable de la falta de independencia del gobierno de un país, aparentemente libre e independiente...

Más allá de la coincidencia cósmica

A partir de noviembre de 2008, cuando Obama gana las elecciones presidenciales norteamericanas, Leyre Pajín pudo hablar de una “coincidencia cósmica” al producirse ambas presidencias que, para ella, suponían la llegada al poder de dos mandatarios inspirados por una vaga idea humanista-universalista…

Sin embargo, las relaciones entre Obama y Zapatero no han llevado a una situación en la que España haya demostrado su autonomía en relación a la política norteamericana, sino que han confirmado la tendencia de la administración española a ir a remolque de las decisiones de Washington. Los ejemplos no faltan.

Poco después del primer encuentro entre el nuevo procónsul norteamericano, Solomont, con el presidente Zapatero en enero  de 2010, aquel envió un cable a Washington recogido por Wikileaks: “España está abierta a incrementar la presencia de EEUU en la base naval de Rota para que sirva a los objetivos del AFRICOM”… Lo sorprendente es que el AFRICOM, el mando del Pentágono para África, se sitúa en la nueva base norteamericana en Marruecos, a los pies del Atlas, la mayor base aeronaval del continente negro. Algunas dependencias del AFRICOM residirán en Rota, en especial todo lo relativo a inteligencia y operaciones de inteligencia… incluidas las operaciones false flag de inteligencia encubierta.

En otro documento de Wikileaks, Moratinos y Alonso se mostraban “entusiasmados” por la posibilidad de aumentar la presencia norteamericana en Rota. Y lo que era mucho más sintomático: en la primavera de 2010, fuerzas armadas españolas participaban junto a fuerzas marroquíes y norteamericanas en las maniobras “Flintlock”, de carácter antiterrorista organizadas por el AFRICOM. ¿Le interesa algo al Pentágono el hecho de que Marruecos sea, desde todos los puntos de vista, el enemigo geopolítico de España? Por supuesto que no: ni le interesa al Pentágono, ni mucho menos le interesa recordarlo al Ministerio de la Defensa español que, en buena medida no es más que una oficina local del Pentágono.

Gracias a los papeles de Wikileaks hemos logrado entender esa insistencia del ministerio del interior español en localizar a “grupos terroristas islámicos” en Catalunya… El barrio del Raval se ha configurado en los últimos cuatro años como la principal zona de detención de “yihadistas” en toda Europa… poco importa que en Catalunya no se haya producido ningún atentado terrorista y que absolutamente todas las detenciones de islamistas en Barcelona hayan llevado a sentencias absolutorias o a condenas por delitos comunes que nada tenían que ver con terrorismo… Nada importa que estas detenciones las haya realizado la policía española y los Mossos d’Esquadra utilizando materiales llegados a través de la CIA, del Departamento de Estado, del Departamento de Justicia norteamericano… cuyo valor probatorio ante un tribunal regularmente constituido es próximo al cero absoluto. Lo importante es reconocer que la presión del gobierno norteamericano sobre el gobierno español (como sobre cualquier otro gobierno tercermundista) se realiza agitando el, espantajo de la “lucha antiterrorista”…

A principios de abril de 2009 se produjo lo que parecía un aumento de la fricción entre el gobierno español y el norteamericano a raíz de la decisión unilateral española de retirarse de Kosovo. A pesar de que el vicepresidente Biden se encargó de reprochar a Zapatero el no haberles avisado con anticipación, lo cierto es que, inmediatamente, se apresuró a declarar que “la relación bilateral de España supera cualquier desencuentro sobre Kosovo”.

A parte de esta pequeña diferencia, lo cierto es que durante los dos años de administración Obama, Zapatero se ha situado siempre en el furgón de cola de la política exterior norteamericana… sin haber obtenido absolutamente ninguna contrapartida.

Los intercambios comerciales entre España y EEUU están estancados y son extremadamente débiles; Zapatero no ha logrado comprometer a Obama en su proyecto bienamado de la Alianza de Civilizaciones, el aumento de tropas en Afganistán (3.000 efectivos que nos cuestan un millón de euros anuales); tampoco ha logrado uno de sus objetivos programáticos históricos: el que el Pentágono se encargara de limpiar los 50.000 metros cuadrados contaminados desde 1966 con la caída de un avión que portaba ingenios nucleares en las palabas de Palomares.

No hay mejoras significativas en la posición española: tanto servilismo zapateriano no ha servido absolutamente para nada. Los “papeles de Wikileaks” solo han confirmado algo que ya intuíamos desde siempre: que ni siquiera en política exterior, el zapaterismo ha sido esencialmente diferente al aznarismo.

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Nebrera: la falta tema estrella

Infokrisis.- Hay dos resultados electorales en Cataluña que han llamado la atención al quedar muy por debajo de lo que se esperaba. Ciertamente, nadie esperaba ni que Montserrat Nebrera y su Alternativa de Govern, ni Rosa Díaz y su UpyD, obtuvieran representación parlamentaria, pero tampoco que quedaran tan sumidos en las profundidades del ranking electoral. El pobre resultado de UDyP es fácil de explicar: de un lado, la candidatura concurrente de Ciutadans ha conseguido mantener e incluso aumentar sus resultados y ha taponado el ascenso del partido de Rosa Díez que, por lo demás intentaba disputar un espacio político difuso en Cataluña: el de centro-izquierda. En realidad, lo único que interesa a ambos partidos en esa autonomía, es la cuestión lingüística; todo lo demás pasa para ellos a segundo plano. No hay absolutamente ningún motivo para que estos dos partidos presentaran candidaturas separadas. De hecho, Albert Rivera ya intentó una fusión entre ambas formaciones y solamente las ambiciones desmesuradas y el deseo de Rosa Díez de evitar que nadie absolutamente le dispute el liderazgo dentro de su partido, impidieron un acuerdo. Rosa Díez ha pagado caro su ambición obteniendo un resultado residual.

Cuando por encima de su programa

Mucho más interesante es el caso de Alternativa de Govern inspirada por Montserrat Nebrera. Nebrera es una política bien conocida en Cataluña que en los últimos años ha recorrido tertulias de distintos medios de comunicación; pero todo esto no ha evitado que consiguiera menos de  3.000 votos. Vale la pena preguntarse por los motivos de este magro resultado.

El programa de Nebrera, en primer lugar, era “flojo” y estaba muy por debajo de la personalidad de la candidata. En efecto, no había nada en él que destacara particularmente. Todo lo que contenía eran posiciones y actitudes muy razonables, pero también muy tibias y que no conseguían llamar la atención del electorado. Los elementos de reforma del sistema político estaban también contenidos en el programa de UPyD, otros elementos eran compartidos con el PP y otros con el PSOE, y también, por lo demás, los había que eran asumidos por todos los partidos políticos. La Alternativa de Govern no era tal, sino que se reducía a ser un programa de contenidos grises y poco definidos que difícilmente podía llamar la atención del electorado. La Alternativa de Govern no podía ser, pues, algo más que una de las cuarenta siglas que concurrían a estas elecciones.

Para llamar la atención del electorado no es preciso proponerle un programa de gobierno sino una serie de “temas estrella”, pocos, tres o cuatro a lo sumo, capaces de dar personalidad a esa candidatura. Y deben ser puntos que estén a flor de piel en las masas populares. Montserrat Nebrera debía haber leído a Gustav le Bon y su psicología de las muchedumbres para saber que la capacidad de retención de las masas es mínima, que su comprensión global está siempre por debajo de la de cada uno de sus miembros, que la masa es irracional y jamás podrá asumir posiciones complejas, incluso que su memoria es mínima.

La necesidad de un “tema estrella”

Esto es mucho más cierto para las pequeñas opciones que no cuentan ni con grandes medios, ni con una presencia mediática constante y que necesitan mucho más que los grandes partidos disponer de un perfil propio. Y este perfil solamente lo pueden conseguir mediante la adopción de lo que hemos llamado “temas estrella”.

Un “tema estrella” es aquel que puede caracterizar a una opción política. Debe ser un tema por el que, al menos un sector del electorado esté especialmente sensibilizado y para el que esta opción plantee unas soluciones muy concretas que lo diferencien de cualquier otra opción electoral.

Un “tema estrella” debe cubrir un hueco en el arco político y si hoy hay un sector que esté ya copado y sin posibilidades de hacerse un hueco, es el espacio de centro. Montserrat Nebrera ha lanzado un mensaje “transversal” pero sin el radicalismo suficiente como para obtener una carta de naturaleza y se ha quedado en una mera opción de “centro” sin mordiente y sin atractivo para el electorado. No ha existido “tema estrella” luego no ha existido impacto político.

Nebrera ha querido huir de las calificaciones de centro-derecha, de centro-izquierda, de derecha-derecha y mucho más de extrema-derecha. El resultado ha sido falta apoyos y de “tema”.

Esta experiencia ha demostrado también que una candidata que aporte imagen, bien dotada desde el punto de vista intelectual, sin manchas en su historial, no es necesariamente una buena estratega, ni siquiera alguien en el que el electorado deba necesariamente fijarse.

Demasiadas opciones, pocas fusiones

Por otra parte, las recientes elecciones catalanas han demostrado que existen demasiadas opciones y que lo necesario hubiera sido proceder en el período pre-electoral a procesos de entendimiento y fusión entre las más similares o entre aquellas que podían haberse compensado entre sí. Es evidente que la candidatura de UPyD y la de Ciutadans hubieran debido ser una sola y misma candidatura y que la existencia de UPyD en Cataluña solamente estaba justificada por las disensiones internas y luchas fraccionales en el interior de Ciutadans.

Y en cuando a Alternativa de Govern, Pilar Nebrera debería de haber valorado antes de concurrir cuáles eran sus propias fuerzas, cuál es el espacio político que estaba descubierto, qué problemas eran los que tenían impacto suficiente en la sociedad catalana para poder aportar una salida razonable y, finalmente, qué otras fuerzas políticas estaban más próximas a sus planteamientos y con quién podría entenderse políticamente. No lo hizo y no es que el electorado la haya abandonado… es que no la ha tenido en cuenta.

Y Cataluña tiene en estos momentos tres problemas básicos: inmigración masiva, corrupción generalizada, crisis económica producto de la globalización. Y era a estos problemas a los que había presentar respuestas, mucho más que una Alternativa de Govern demasiado difusa y que atribuía un perfil gris a Nebrera, muy por debajo de su perfil político.

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