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INFOKRISIS, el blog de Ernest Milà

NACIONAL

Autonómicas de 2010. Análisis

Infokrisis.- Cerradas las urnas en Cataluña vale la pena reflexionar sobre lo que han supuesto estas elecciones no solamente para aquella autonomía, sino para el resto de España y, en particular lo que ha supuesto para la Plataforma per Catalunya cuyo voto hemos recomendado a nuestros amigos. Empecemos por este último tema.

Durante algo así como hora y media, prácticamente hasta que se realizó el recuento de un tercio de los votos emitidos, subsistió la esperanza de que PxC lograse entrar en el parlamento con tres diputados. En las horas siguientes esa esperanza se fue diluyendo y, finalmente, al llegarse al 100% de votos escrutados, PxC quedó fuera del parlamento… por los pelos. En torno a 400 votos más por la circunscripción de Tarragona hubieran bastado para que Miryam Núñez hubiera podido entrar en el parlamento. Ahora se sabe que 75.321 catalanes apoyan las listas de la PxC, lo que supone un 2,42% del electorado que acudió a las urnas y que prácticamente alcanza el 3% en la circunscripción de Tarragona.

Basta realizar un muestreo rápido a los resultados obtenidos, sin necesidad de triunfalismo que oculten el hecho de que entre 2010 y 2014 no habrán diputados de PxC en el Parlament, ni de retorcer argumentos, para advertir que:

1)      PxC es el primer partido extrapartamentario. Ha rozado el escaño. No lo ha obtenido por los pelos y contando con un cerco mediático absoluto. Fue significativo que CNN y algunos medios de comunicación escorados a la izquierda, evitaran mencionar a la PxC incluso en los momentos en los que el escrutinio les daba tres diputados. En esto han seguido la consigna tácita de ignorar por todos los medios a PxC. Es más significativo todavía que después de varios meses en los que PxC no aparecía en los medios de prensa de la derecha, una vez cerradas las urnas estos mismos medios que hasta ayer habían ocultado la existencia de PxC, pocas horas después realizaban sesudas interpretaciones sobre sus resultados. No vale la pena calificar a todos estos medios conchabados para evitar que en Catalunya surgiera una voz discordante y anti-sistema.

2)      PxC duplica el resultado del siguiente grupo extraparlamentario y si se hubiera tratado de una elección proporcional debería haber obtenido entre tres diputados y cuatro diputados. Es significativo que formaciones que han gozado hace meses de apoyos mediáticos no desdeñables, hayan obtenido resultados muchos menores que los que han correspondido a PxC: ahí está, perdido en las profundidades de la clasificación UPyC e incluso el Reagrupament Independentista. Por lo demás, la distancia que ha separado a PxC de C’s y de SI, han oscilado en apenas 25 y 20.000 votos. Otras opciones de las que se ha hablado relativamente (Alternativa de Govern, a causa del video de Montserrat Nebrera) durante la campaña, apenas han obtenido 2.187 votos. Quienes siguen nuestros escritos saben que desde hace meses considerábamos que había tres escenarios para la PxC: la victoria (entrar en el parlament), la dulce derrota (quedarse en puertas siendo el primer partido extraparlamentario) y el fracaso absoluto (obtener unos resultados que le dejaran en la cuneta a larga distancia del pelotón de cabeza. Se ha producido la “dulce derrota”: la demostración de que en su primera confrontación electoral autonómica, PxC ha estado a punto de entrar y sus resultados distan mucho de ser “pobres”.

3)      PxC demuestra que su estrategia (lucha contra la inmigración masiva - lucha contra la corrupción - lucha contra la crisis económica) demuestra interés por parte de la población. Se ha dicho que PxC era solamente un partido anti-inmigración. Lo es, pero también es un partido que ha llevado un discurso muy claro sobre la corrupción y el único entre los importantes que ha aludido a la globalización como la matriz de la actual crisis económica y como el principal factor que ha generado la oleada migratoria. Vale la pena no olvidarlo: vale la pena recordar que PxC es algo más que un partido anti-inmigración o que ha enarbolado esta bandera por simple oportunismo tal como lo ha hecho con el descaro más absoluto el PP cuya líder, Sánchez Camacho, se notaba que apenas sabía de qué iba el problema a poco que algún periodista le pregunta sobre la materia. Esa insistencia en una temática muy diversificada es lo que ha permitido a PxC realizar un discurso coherente y perfectamente cerrado: hay crisis económica porque hay globalización, hay globalización porque hay liberalismo, las prácticas políticas liberales se traducen en una corrupción generalizada y la globalización se traduce en dos fenómenos perversos y deletéreos: la deslocalización y la inmigración.

4)      PxC se sitúa en inmejorables posiciones para obtener un nuevo tirón en las próximas elecciones municipales. En el escenario de la “dulce derrota” lo que se ha demostrado es que PxC tiene detrás 75.000 votos y esto se va a traducir entre 75 y 100 concejales en las próximas elecciones. Quien piense que al no haber salido elegido ningún diputado de PxC, se iba a producir un desmoronamiento de este partido, se equivocaba: esto solamente se hubiera producido en el tercer escenario (el del fracaso total)… pero esto no ha ocurrido. Hoy mismo, en los perfiles de facebook, los militantes, afiliados y simpatizantes a la PxC, demostraban su entusiasmo y su interés en continuar la batalla en las próximas elecciones municipales.

¿Por qué no se ha logrado entrar en el parlament?

Vale la pena realizar una crítica a los motivos que han dejado en el atrio del parlament a la PxC. Hay varios. Vamos a repasar unos y otros:

1)      Tal como era de prever los medios a partir del mes de marzo realizaron un cerrojazo mediático. A partir de ese momento pareció como si hablar de la PxC estuviera prohibido. La PxC desapareció de las TVs, de las columnas de los diarios y la consigna fue cumplida por todos los grupos mediáticos.

2)      La actitud del PP que fue evolucionando desde la desorientación del mes de enero de 2010, cuando se desencadenó el asunto del empadronamiento de ilegales, hasta el mes de marzo cuando empezó a husmear sistemáticamente en las Webs de PxC y, literalmente, copiar todas y cada una de las consignas que PxC iba difundiendo: fue así como Sánchez Camacho se enteró de que en Catalunya existían mezquitas y cómo parte de la población catalana rechazaba la islamización de esta autonomía. Más adelante, cuando PxC empezó a difundir la consigna “Única solución: repatriación”, el PP elevó el tiro e intentó asumir esta consigna variándola sensiblemente y planteando el tema del “contrato de inmigración” e introduciendo el tema de la repatriación al aludir a los inmigrantes  que llevaran dos años en paro… algo que también había dicho PxC. Los estrategas del PP lo han tenido fácil: con copiar las consignas de PxC sistemática, ya habían cumplido su trabajo. A ellos los medios sí que les han deparado amplios espacio. De poco ha importado que el discurso del PP sobre la inmigración fuera improvisado, siempre inorgánico, sin intención siquiera de ser cumplido ni ahora, ni cuando Rajoy se siente en la Moncloa, meramente oportunista y carente por completo de escrúpulos.  

3)      Durante los dos últimos meses previos a las elecciones, en la mayoría de las ocasiones en las que algún medio o algún partido se ha referido a la PxC se ha dicho sistemáticamente que se trataba de un grupo “racista y xenófobo”. Ilustres mediocridades de la política catalana han empezado a recoger firmas para la ilegalización de la PxC. Al cerco del silencio se ha unido la infamia. Y en esto, la izquierda, como siempre ha sido maestra, contando por un lado con la acción de ONGs y grupos especializados en la difamación y por otra con llamamientos al “antifascismo” que parecían anclados en concepciones políticas de hace 50 ó 60 años. La intención era asfixiar a la PxC con esta doble tenaza: silencio y difamación. Y ni aún así se ha logrado el objetivo de pulverizar a la PxC.

4)      La PxC ha tenido que vencer otro problema: el “enemigo interior” que en los últimos dos meses aumentó su presión para dar la sensación de que se estaba produciendo una situación de descomposición en el partido. Desde abril hasta octubre, individuos escuálidos que, por un motivo u otro, se habían visto apeados de la PxC, iniciaban ataques furibundos cargados de odio y resentimiento, en webs. En este baile hemos visto a digitales que cambiaban de ubicación de un día para otro, estafadorcillos que llenaban sus perfiles de facebook con varios ataques diarios y para colmo resentidos que acusaban a la PxC de ser “pro-sionistas” (y nada les importaba que fueran incapaces de aportar dato alguno). Había semanas enteras que las “alertas Google” sobre PxC venían cagadas con una docena de noticias de lo que hemos llamado la “banda de los resentidos” cuyas noticias eran utilizadas por blogs con más seguimiento para seguir sus campañas de difamación. El momento culminante de todo esto tuvo lugar cuando se produjo la dimisión de Pablo Barranco y aquí cabe añadir algo: el error de la dirección de PxC consistió en nombrar secretario general del partido a alguien sin experiencia política de ningún tipo y desconocido para la mayoría de la militancia y del que ni siquiera se tenía constancia de cuáles eran sus ideas políticas. Los errores se pagan y, por el motivo que fuera, al producirse la crisis, los medios la presentaron como una “vendetta” interior. A lo largo de semanas y meses de este tipo de ataques, este “frente interior” fue erosionando la imagen de la PxC. Es evidente que lo escuálido de todos estos ataques y lo limitado de los medios que los han ejercido, no ha supuesto una gran merma electoral… pero sí han restado algunos cientos de votos que hubieran valido para obtener el escaño. En este sentido, hay que denunciar la actitud aventurera y particularmente obtusa del llamado Partit per Catalunya que apenas logró presentar una lista en Lleida obteniendo 312 votos… sin embargo, los medios han jugado con la confusión deliberada de las siglas y han hablado bastante más del irrelevante Partit per Catalunya que de la PxC. Un nuevo episodio más de la política del cerco mediático que hoy –cerradas las urnas- algunos periodistas como Josep Ramoneda reconocían que ha existido en torno a la PxC.

5)      Desde el verano, en los medios periodísticos catalanes, los profesionales que habían recibido la orden de no escribir nada sobre la PxC, en privado comentaban la posibilidad de que entrara en el Parlament, si la abstención era alta. La abstención ha sido, efectivamente, alta, pero no tanto como se esperaba. De hecho ha habido casi cuatro puntos más de participación. Si esta participación hubiera sido cuatro puntos menos que en 2006, ese desfase hubiera abierto de par en par las puertas del parlament a la PxC.

6)      La implantación de la PxC no es homogénea: es fuerte en el sur de la provincia de Tarragona, en la Montanya barcelonesa y en algunos enclaves del cinturón industrial, pero es todavía débil en Lleida especialmente y en Girona y, relativamente débil en las grandes ciudades. Esto ha hecho que los resultados fueran modestos en algunas zonas. De todas formas, también se han producido sorpresas: en Salt se ha rozado el 5% que se ha obtenido prácticamente con una visita de Anglada, en otras zonas de Girona y del Empordà se han obtenido porcentajes aceptables incluso en lugares donde no existía organización de la PxC. De haberse podido contar con una organización implantada de manera más homogénea en toda Catalunya, los resultados habrían sido sin duda mejores. Por lo demás, el voto en la provincia de Barcelona cuesta más que en las otras tres provincias. La PxC olvidó en la campaña que era en Tarragona en donde podía obtener mejores resultados (como de hecho así ha sido con un 2,60%, superior a la media obtenida en Catalunya, 2,42%).

7)      La PxC no ha podido competir con los presupuestos extraordinarios (muchos de ellos surgidos al calor de la corrupción) que se han puesto a disposición de los grandes partidos. Contrariamente a quienes difamaban a la PxC apuntando a “dinero sionista” o a fondos imaginativos, la campaña ha demostrado que los fondos sobre los que ha trabajado PxC eran apenas las aportaciones de sus militantes y miembros. Es el precio de la independencia política. En nuestra opinión, los recursos han estado austera y bien gestionados y la única crítica que podría realizarse es que hubiera sido necesario concentrar más medios en Tarragona en donde se ha quedado a poco trecho del escaño.

El balance final confirma la “dulce derrota” como tal: se ha hecho lo que se ha podido en un ambiente particularmente hostil, con enemigos “interiores” aguijoneando desde la impotencia y con enemigos “exterior” actuando en pinza, en medio de un cerrojazo mediático y de una campaña sistemática de denigración, que, para colmo, ha encontrado en el oportunismo sin escrúpulos del PP a su aliado más efectivo. Una buena campaña y un buen resultado a tenor de los medios desplegados y gestionados con rigor y honestidad.

¿Qué han supuesto estas elecciones para Catalunya?

Quien nos haya seguido en los últimos meses, hemos alertado sobre el dilema que se planteaba al elector catalán: o votaba al partido de los “chorizos” o votaba al “frente de los inútiles”. Si llamamos “partido de los chorizos” a CiU es, porque, efectivamente, a lo largo de los años de pujolismo se gestó una red de intereses e influencias, que unido a la docilidad de los medios de comunicación catalanes, llevó directamente a convertir a Catalunya en la zona más corrupta de todo el Estado. Los casos Pretoria y Palau atestiguan que no estamos exagerando. Pero estos casos de corrupción ligados al pujolismo parecían quedar lejos mientras que los siete años perdidos del tripartito estaban demasiado próximos como para el electorado, ni aun aquejado por una irreprimible dosis de masoquismo, olvidaran lo que ha significado el maragallismo-montillista modulado por ERC. Ganó el “partido de los chorizos”.

Esto permite extraer algunas consecuencias sobre lo que aguarda a Catalunya en los próximos años:

1)      La victoria de CiU es relativa: gana, pero precisa 6 votos más para gobernar y las opciones son cuatro, de menos probables a más probables:

- o "sociovergencia" (CiU + PSC)

- o "frente nacionalista" (CiU + PP)
- o "frente de derechas" (CiU + ERC)
- o "pactos coyunturales" para gobernar.

En cualquiera de los cuatro casos se pueden alcanzar niveles de inestabilidad tan solo comparables con el primer tripartito de Maragall.

2) El descalabro del tripartito es absoluto:

- PSC pierde nueve escaños
- ERC pierde once escaños
- ICV pierde dos escaños más

   Los escaños perdidos van a parar:

- a la abstención
- a CiU
- a Laporta

3) Globalmente el independentismo sale derrotado: las opciones independentistas sumadas no alcanzan el nivel de votos de ERC hace cuatro años. La inclusión de Laporta introducirá de manera obsesiva el tema del independentismo en el parlament y garantizará la salida a la superficie de escándalos económicos y procesos a los que se verá sometido Laporta, contribuirán todavía más a erosionar como “poco serias” las posiciones independentistas. Los resultados de ERC son, por su parte, catastróficos y siembran las más serias dudas sobre el futuro de este partido. Por el momento, Carod-Rovira es ya un cadáver político y el secretario general de ERC, Puigcercós, a pesar de que no se haya enterado es otro tanto.

4) No tendremos independentismo, pero tenemos más soberanismo en un momento en el que la crisis económico-social es más grave en Cataluña que en cualquier otro lugar del Estado. Vuelve a gobernar la alta burguesía catalana, así que tendremos más victimismo, más soberanismo y el deseo de jugar un papel en Madrid vendiendo caro el apoyo a cualquier partido que no obtenga la mayoría absoluta para gobernar.

6) La corrupción apenas ha estado presente en la campaña electoral y solamente PxC la ha mencionado sistemáticamente. El resto de partidos ha cubierto el tema con un tupido velo sin duda pactado pues, no en vano, durante la campaña electoral los casos Palau y Pretoria han dado que hablar... en los juzgados. Eso demuestra que “robar” en Catalunya, no implica costes electorales. Con lo cual no hay absolutamente ningún elemento como para pensar que la rapacidad y las prácticas corruptas de la clase política catalana, proseguirán como hasta ahora.

7) Difícilmente CiU va a poder contener la deslocalización de la industria catalana y el aumento del paro. No va a estar en condiciones de rectificar la crisis de la enseñanza, ni está dispuesta a repatriar a los excedentes de inmigración, ni a hacer otra cosa más que ejercer el binomio soberanismo/victimismo. CiU no es la solución para Catalunya sino una parte muy importante del problema.

8) Catalunya es una de las zonas más deterioradas del Estado Español y nada indica que esta tendencia no proseguirá: con la mayor desertización industrial de todo el Estado, con una tasa de paro especialmente juvenil que tiene sólo parangón con la andaluza, con la mayor acumulación de ni-nis, con unos resultados educativos catastróficos, con la mayor tasa de inmigración de España y la mayor acumulación de inmigración islámica, con una prensa que come de la mano de la alta burguesía, con una oligarquía de 300 familias –casi feudal- en todos los resortes del poder, inmersa en una gigantesca crisis en España y en Europa… solamente alguien obsesionado por el nacionalismo puede esperar que la petición de un “concierto económica” puede ser la solución a todos los males. Y en esto está CiU que, fiel a su soberanismo basará toda su política en obtener de Madrid concesiones económicas y prebendas… algo que va a ser muy difícil en tiempos de crisis (cuyos efectos se van a prolongar en torno a 10 años).

9) Cuando se convoquen las próximas elecciones autonómicas, en torno a 600-750.000 inmigrantes habrán sido naturalizados. Veremos entonces cuál es la posición del PP y de los partidos mayoritarios, no tenemos la menor duda de que se iniciará una enloquecida carrera por captar esa bolsa de votos y que todos los partidos pugnarán por prometer más y más beneficios para los “nuevos catalanes” que pesarán como una losa sobre la recuperación económica de Catalunya.

La conclusión final que puede hacerse es que estos resultados no resuelven nada más que el entierro del tripartito y de los líderes de las tres formaciones. Se abre una etapa de inestabilidad, dudas, más soberanismo sobre el trasfondo inquietante de una crisis siempre presente y una corrupción que campará libre por todo el territorio catalán.

© Ernest Milà – infokrisis – http://infokrisis.blogia.comhttp://info-krisis.blogspot.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen.

La periferia del PP: entorno gris

Infokrisis.- Un enjambre de webs, plataformas, cadenas mediáticas parecen situarse fuera del PP ¿lo están verdaderamente? ¿Quién no ha oído hablar de Intereconomía? ¿O de Libertad Digital? Existe todo un entramado de blogs que se permiten el lujo de criticar a Rajoy o de dárselas de independientes, pero que, a la hora de la verdad, siempre, absolutamente siempre, terminan apoyándole o… haciendo el trabajo sucio: paralizar todo lo que nace fuera del PP que puede amenazar, no solamente al PP, sino al bipartidismo imperfecto. No es de ahora, es la táctica utilizada por Fraga desde el principio de la transición expresada en la idea de “sin enemigos a mi derecha”.

Llamamos “periferia del PP” a todo ese sector que gravita en torno a la sigla “popular”, sin estar dado de alta en este partido y manifestando cierto grado de autonomía y crítica. En general, se trata de un fenómeno casi exclusivamente madrileño (allí hay menos poltronas que ambiciosos que aspiren a ocuparlas) y cuya composición ha ido variando a lo largo del tiempo. La referencia ideológica de todo este sector es el “liberalismo”, dando por sentado que cada cual tiene su particular versión de esta doctrina. El enganche con el PP se justifica en la medida en que dentro de este partido existe una corriente liberal de la que Esperanza Aguirre es el exponente más característico.

El “liberalismo” como factor de identificación

A diferencia de la mayoría de liberales actuales, Esperanza Aguirre puede argumentar un largo historial en este sector: en 1976 ya era una de las pocas afiliadas al Partido Liberal fundado por Enrique Larroque. Vale la pena señalar que una parte sustancial de los miembros de este partido eran colaboradores del Servicio de Documentación de la Presidencia del Gobierno (precedente del CESID y del CNI) que habían sido reclutados en su período universitario como “agentes antisubversivos”. En un primer momento, cuando todavía no se sabía cómo se iba a encarrilar la transición, la “opción liberal” era una de las que se promovían desde las “alcantarillas” de la época para construir una derecha organizada frente a la izquierda que se había organizado en la clandestinidad.

Existía otra opción liberal, la encabezada por Joaquín Satrústegui, un monárquico que había conspirado contra la República en 1936 y que participó en todos los saraos monárquicos durante el franquismo, siendo deportado a Fuerteventura por su participación en el “contubernio de Múnich”. Cuando llegó la transición, se produjo una carrera en todos los sectores políticos para alcanzar la “homologación”. Dentro del sector liberal, Satrústegui partía con ventaja, pero pronto resultó evidente que su Alianza Liberal (liberal… y monárquica) arrastraba siglas liberales detrás de las cuales no había absolutamente nada. De poco le sirvió a la Alianza Liberal que bajo los faldones de la mesa camilla en la que se constituyó figuraran siglas tan rimbombantes como la Federación de Partidos Demócratas y Liberales o la Unión Liberal Española, partidos con los que difícilmente se hubiera podido llenar un microbús. La Alianza dejó oficialmente de existir en 1978.

Por su parte, el Partido Liberal terminó integrándose –a la vista de que jamás alcanzó más allá de los 200 afiliados– en UCD, para abandonarla, naturalmente, cuando empezó la crisis del centrismo. En 1983, con el mismo nombre de PL, se federó con Alianza Popular, con el Partido Demócrata Popular (democristiano) y con la Unión Liberal de Pedro Shwartz. La coalición no dio los resultados electorales apetecidos pero sirvió para aproximar a los dos partidos liberales que terminaron fusionándose incorporando a José Antonio Segurado, dirigente de la patronal madrileña. Nueva coalición del AP y el PDP en 1986 y nuevo fracaso absoluto. Las listas que los liberales presentaron en las elecciones municipales y autonómicas de 1987 también tuvieron un resultado lamentable: 0’16% de votos en Castilla y León

Para la inmensa mayoría de la nueva ornada liberal esta etiqueta era solamente su opción para mantener independencia y exigencias en las formaciones con las que pactaban y satisfacer las ambiciones personales de sus miembros. Precisamente por eso, cuando tuvo lugar la transformación de AP en PP en 1989, se exigió a los liberales que se integraran en la nueva formación, desapareciendo completamente como partido autónomo. Y así seguirían en los siguientes 10 años.

Liberalismo digital

El liberalismo estuvo completamente ausente de la política española en la década de los 90. Fue el 8 de marzo de 2000 cuando empezó a publicarse Libertad Digital que, desde el principio se definió como liberal y que suponía la traslación digital de una publicación impresa, La Ilustración Liberal. El grupo era reducido pero contaba con algunos nombres notables: Jiménez Losantos, Alberto Recarte, Javier Rubio, Semprún  Maura, López Campillo, Rodríguez Braun, Amando de Miguel, Gabriel Albiac, César Vidal, Enrique de Diego, etc. Desde el principio el contacto con think-tanks neoconservadores norteamericanos como el Cato Institute, dirigido por Robert Levy y la Heritage Foundation, han sido estrechos y permanentes.

Parte del capital inicial procedía de Julio Ariza del Grupo Intereconomía y la otra parte había sido aportada por el grupo liberal de Jiménez Losantos y Recarte. En 2005, Ariza vendió sus acciones a Arturo Baldasano, el cual poco después las vendió, a su vez, a Losantos y a Recarte hoy propietarios del 22% de la empresa. Libertad Digital es actualmente uno de los 40 digitales de más audiencia en España. Durante años Libertad Digital reprodujo las caricaturas de los norteamericanos Cox&Forkum, discípulos de Ayn Rand la “filósofa del egoísmo” y del neoliberalismo.

Fuera de sus propuestas económicas, siempre en la línea del  neo-liberalismo más radical y de la cantinela diariamente repetida de “más mercado, menos Estado”, (más “mercado” en manos de un pequeño grupo de inversores y de trusts financieros internacionales capaz de imponer su canibalismo sobre la sociedad gracias a un Estado débil) el “liberalismo” de todas estas corrientes tiene como común denominador que, a la hora de la verdad, justo cuando comienzan los ciclos electorales, hacen propaganda a favor del PP…
Nunca existirá un Partido Liberal en España que agrupe a estas corrientes, a la vista de la impopularidad de sus propuestas que se resumen siempre en privatizaciones, más liberalismo y más libremercado… olvidando que precisamente, estos elementos son justamente los que nos han llevado a la crisis actual de la economía mundial. En cuanto a su sobrevaloración de la iniciativa privada y sus llamamientos a que el Estado no intervenga en economía, son la reedición de las viejas cantinelas incapaces de responder: sin planificación a medio y largo plazo ¿cómo vamos a poder salir de la crisis actual? ¿Cómo vamos a poder elaborar un nuevo modelo económico a la vista de que el anterior ha fracasado? Silencio en las filas liberales, silencio desde los think-tanks norteamericanos que inspiran a estas iniciativas: repetir en voz alta sus fórmulas equivaldría a aislarlos completamente.

En general, esa periferia del PP es “liberal”, sigue como el perro fiel las orientaciones de las fundaciones liberales norteamericanas y deben su popularidad, no tanto a sus principios liberales (que causan espanto a la vista de los resultados a los que ha llevado su aplicación y que, en lugar de rectificar, quieren aplicar de manera todavía más radical), como al radicalismo y a la sobreactuación de sus posturas antisocialistas que encuentran en toda la derecha (profundamente desideologizada) un eco notable.

Grupo Intereconomía: el carburante viene de EEUU

En estos años de intoxicación zapaterista de España, ha destacado la cadena Intereconomía (primero algunos medios impresos y radios, luego una TV en TDT y finalmente un diario) han alcanzado cierta notoriedad en los medios de derecha. Vale la pena recordar que la cadena es de inspiración católica y no en vano uno de sus primeros medios fue el semanario Alba. En general, los contenidos de Intereconomia TV son plúmbeos, soporíferos, mal producidos, facilones y no suelen suscitar comentarios elogiosos, ni abundar en espectadores… salvo El Gato al Agua. El radicalismo antisocialista y descontrolado de este programa en un momento en el que Zapatero suscita unanimidades en contra, es el gran atractivo de la cadena y el verdadero buque insignia de Intereconomía TV. El resto de programas tienen muy baja audiencia y una calidad técnica, en general, deleznable. En lo que se refiere a El Gato vale la pena recordar que su conductor, Carlos Dávila, fue uno de los periodistas que más trabajaron para justificar la participación de Aznar en la Conferencia de las Azores y que más justificaron la invasión de Irak con los argumentos más detestables y mentirosos. ¿Hay algún liberal que no anteponga los intereses estratégicos de los EEUU a los intereses de su propia patria?

En lo que se refiere al diario La Gaceta, el producto más reciente de la cadena, a lo largo del menos de su corta vida no ha brillado por sus cualidades redaccionales y su único mérito hasta ahora ha consistido en desvelar que José Bono ocultó patrimonio, información que en los días sucesivos fue ampliada y completada por otros medios de prensa.

Intereconomía se declara una empresa inspirada por el “humanismo y los valores cristianos” e “independiente de cualquier partido”. En la práctica no pasa de ser un medio que difunde informaciones inspiradas en la derecha del PP (frecuentemente en la extrema-derecha del propio PP), muy influida por los sectores neo-conservadores norteamericanos de los que ha procedido una parte de la inyección de capital que tuvo la cadena en el verano de 2009.

El grupo, como todo el resto de lo que llamamos “periferia del PP”, como máximo aspira a ser una especie de “conciencia crítica” de los planteamientos de centro-derecha de este partido en beneficio de la “derecha-derecha” del mismo. Y a esta lógica obedecen todos sus programas y los contenidos de los mismos.

El antiislamismo como sustitutivo de la lucha contra la inmigración

Otros sectores de la periferia del PP, ante la imposibilidad de jugar un papel propio y específico y al tener su personalidad muy desdibujada ante la falta de temas de agitación capaces de alcanzar popularidad entre el electorado y ante la falta de apoyos, han optado por la vía fácil: mendigar a las puertas de la embajada de Israel una ayudita a cambio de realizar en España propaganda anti-islámica (también hubiera podido reclamarlas en las embajadas árabes…). Con eso se logra crear un “espacio gris” que tiende a confundir “anti-islamismo” con “anti-inmigración”.

Se llega incluso a hablar de “nuestros hermanos sudamericanos”, en alusión a los andinos presentes en España y se olvida, especialmente, el carácter pluricultural de la inmigración presente en España: ¡no son sólo islamistas los inmigrantes presentes en España, sino procedentes de horizontes muy diversos! El burka por ejemplo, que algunos ayuntamientos han prohibido, es una prenda que en rigor solamente se utiliza en Afganistán, sin embargo el “velo islámico” más habitual en España es el niqab marroquí del que la “periferia del PP” (y el propio PP) ni siquiera se preocupan… Y no es raro, Marruecos es el aliado preferencial de EEUU en la zona del Estrecho y en el Magreb y no se trata de crear problemas a los amigos de los amigos…

Generalmente, esta obsesión anti-islamista viene acompañada por dos rasgos igualmente preocupantes: la insistencia en presentar al terrorismo islámico como un peligro realmente existente en España (cuando en España no se ha producido en los últimos 25 años ni un solo atentado islamista, aceptando que sobre el 11-M subsisten las más serias dudas sobre la versión oficial que ya han costado duros enfrentamientos entre Enrique de Diego, uno de los apóstoles del anti-islamismo, y Luis del Pino investigador contrario a la “versión oficial” del crimen. El anti-islamismo difunde en España las tesis emanadas por la administración norteamericana sobre la existencia de una conspiración islamista mundial para cometer atentados. Efectivamente, existen atentados terroristas de marca islámica en Palestina, en Irak, en Afganistán… pero cualquier atentado cometido en Europa y atribuido a los islamistas –salvo el asesinato de Theo van Gogh– han dejado el mismo rastro de dudas que el 11-M.

No es por casualidad que este sector “gris” de la periferia del PP tenga como posiciones en materia internacional: 1) una admiración indisimulable hacia los EEUU, sea quien sea quien gobierne, pero especialmente si gobierna una administración republicana y 2) una toma de posición continua e inequívoca a favor del Estado de Israel. Sobre lo primero cabe decir que los intereses de EEUU y de Europa son cada vez más divergentes; sobre lo segundo, vale la pena recordar que, desde Europa, no se trata tanto de tomar partido por palestinos o por judíos como de procurar que un conflicto en el que no tenemos nada que ganar, nos salpique. Se entiende el interés de EEUU por apoyar a Israel a la vista del peso del “dinero judío” en la economía norteamericana (y para ello no hay que recurrir a ningún antisemita ultramontano de baratillo sino al sociólogo norteamericano James Petras, autor, entre otros de The Power of Israel in the United States o de Rulers and Ruled in the U.S. Empire: Bankers, Zionists, Militants… sobre la base de datos objetivos incuestionables).

Los promotores del anti-islamismo, no está tan interesado en liquidar el fenómeno de la inmigración en Europa como en defender y popularizar la causa del Estado de Israel. Es evidente que el Islam no tiene lugar en Europa, que es una doctrina del desierto y que es allí en donde debe permanecer. Es evidente que en caso de existir terrorismo islamista en Europa, habría que combatirlo decididamente… pero no haciéndose eco de las alarmas que cada tres meses parten de los EEUU para mantener viva la sensación del “peligro”.

No hay lugar para el Islam a este lado de Gibraltar en la sagrada tierra de Europa. Pero no olvidemos que los problemas de la inmigración generados en España lo son por llegada masiva de 6.000.000 de inmigrantes (+ 1.000.000 que ya han recibido la nacionalidad española), mucho más de lo que nuestro mercado laboral y nuestra hacienda pública pueden sostener, inintegrables y para los que no existen posibilidades de trabajar en tiempos de crisis. Un país con 5.000.000 de parados, líder en déficit público, no necesita inmigrantes. Y la condición de inmigrante es independiente de si es islamista, católico, hinduista, ateo o animista.

Conclusión: la periferia del PP como caballo de Troya del PP

El principio acuñado por Fraga (“sin enemigos a la derecha”) sigue grabado a fuego en la estrategia del PP. Inicialmente este principio iba orientado contra la extrema-derecha clásica heredera del franquismo. Fraga selló los pactos de la transición e impuso la destrucción de la extrema-derecha que le garantizaba el control de un amplio espacio político que iba desde el centro hasta los confines de la derecha. Paradójicamente, en nombre del anti-socialismo, parte de esa extrema-derecha ingresó en el PP… No fue la primera confusión. Hoy ha aparecido otra nueva: pensar que el actual movimiento anti-inmigración es la continuación de aquella extrema-derecha franquista. No solamente no lo es, sino que es su antítesis. Los votos no es están en la derecha (que se siente muy cómoda en el PP con Rajoy especialmente ahora que no tienen dudas de que derrotará a ZP, y olvidan fácilmente que fue Aznar, el “querido líder” de la foto de las Azores y de la amistad entrañable con el colega Bush, quien abrió las puertas a la inmigración para favorecer su modelo económico). Los votos están entre los trabajadores amenazados por la crisis y por la competencia desleal de la mano de obra inmigrantes que compite con ellos y que vive en sus barrios generando problemas de convivencia, los votos están entre los jóvenes el 60% de los cuales están en paro y víctimas del sistema educativo, los votos no están con los “satisfechos” por la derecha, sino los que perciben que la corrupción ha asfixiado al sistema político español ¡y que esa corrupción está anidada en el propio PP!, los votos están entre los abstencionistas que expresan su rechazo votando nulo, o votando en blanco o simplemente no acudiendo al voto y que se aproximan al 50%. Los votos no están entre los satisfechos por la gestión de Rajoy…

Manejando la ambigüedad en materia de inmigración, lo que hemos denominado la “periferia del PP” elude el hecho fundamental: que ante la crisis actual no pueden mantenerse las ambigüedades. Ya no basta con decir que “hay que regular los flujos migratorios”, o que “hay que combatir el burka en las escuelas” o señalar a los islamistas como “perversos y terroristas”, temas habituales del “anti-inmigracionismo” de la “periferia del PP”… Hay más inmigrantes que no pueden permanecer en este país además de los islamistas y todo lo que no sea repetir una y mil veces la consigna “Única solución: ¡repatriación!”, es engañarse y engañar al electorado.

Y a este trapo no entra la periferia del PP que, por una parte, aspira a ser una opción diferenciada del PP en el día a día, pero convergente con él en los ciclos electorales con la secreta esperanza de que el PP “tenga en cuenta” los servicios prestados. En buena medida este sector está compuesto por gentes que tienen un ojo puesto en el PP y el otro en cualquier sector que le pueda aportar algo de clientela para hacerse notar por el PP. Otros son, simplemente, submarinos del PP para tratar de controlar y ridiculizar todo lo que aparece fuera de la periferia de este partido y su misión es reconducir estos sectores hacia la periferia del PP.

Todo para cumplir el viejo axioma fraguista: “Sin enemigos a la derecha”… Lo que está “vendiendo” políticamente toda esta periferia del PP es simplemente mercancía averiada: pro-sionismo, liberalismo rancio, pro-americanismo, ocultar la temática anti-inmigración agitando el fantasma del “terrorismo islámico”, sobreactuando en el tema del burka y eludiendo la cuestión del niqab, para terminar apoyando al PP, a la hora de la verdad… Poco ruido y menos nueces y, las pocas que salen, podridas.  

(c) Ernest Milà - infokrisis@yahoo.es - http//infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin citar origen.

La Catalunya que deja el tripartito: los referendos independentistas confirman que Catalunya seguirá unida al Estado...

Infokrisis.- Los referendos independentistas, paradójicamente, han servido para demostrar el desinterés de la población catalana hacia la secesión del Principat. Hubiera sido difícil hacerlo peor, pero en la Catalunya gerenciada durante siete años por un tripartito, cinco governs y dos Presidents, hubiera sido difícil esperar otra cosa. El problema, de todas formas, es mucho más complejo de cómo se percibe en Madrid.

 

El 16 de septiembre de 2008, Europa Press reprodujo una información facilitada por el Cercle d’Estudis Sobiranistas (CES) que sostenía que si en ese momento se hubiera celebrado un referéndum de independencia en Catalunya ganaría el “sí” con el apoyo del 55%, mientras que un 45% la rechazaría. El CES así lo afirmó, tras analizar los resultados de “21 encuestas sociológicas y política realizadas desde 1991”, que incluían una pregunta directa sobre la independencia de Cataluña.

El presidente del CES no era otro que el aún vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Alfons López Tena. Tanto Tena como el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Marc Belzunces -que presentó el estudio-- destacaron que una eventual victoria independentista en un hipotético referéndum dependería de los índices participación. Según el CES, la abstención favorecería a los independentistas, que acudirían a votar "en bloque".

Las esperanzas y las realidades

No hay nada peor que confundir los deseos con la realidad. López Tena, prominente miembro de CiU en la comarca de Osona, se convirtió dos años después en el impulsor del referéndum por la independencia de Catalunya. Porque si para algo han servido los referendos independentistas ha sido precisamente para demostrar el desinterés de la población catalana por una perspectiva secesionista. Con más criterio y con sondeos más amplios, la propia Generalitat (compuesta por un partido independentista, ERC, otro en la permanente inopia, ICV, y un tercero específicamente oportunista, PSC) publicó en febrero un sondeo en el que reconocía que apenas un 19% de la población, en el mejor de los casos, se decantaría por una opción secesionista que contemplase una Catalunya vinculada a la Unión Europea.

Pero este sondeo tiene “trampa”. La trampa es precisamente la que ha vuelto a repetirse en el texto de la pregunta en los referendos independentistas. La reproducimos: “¿Está usted de acuerdo en que Catalunya se convierta en un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”. ¿A que viene ese interés en mezclar a la Unión Europea en todo este asunto? Es simple: a nadie se le escapa que una Catalunya con 6.000.000 de ciudadanos y 1.250.000 inmigrantes, en fase de desertización industrial, es inviable. No tiene fronteras geopolíticas bien definidas, es deficitaria completamente en materia energética, e incluso, admitiendo la imaginativa encuesta del CES de 2008, prácticamente la mitad del electorado estaría en contra de la independencia. Roto el cordón umbilical con el Estado Español solamente quedaba la vía de la Unión Europea para alimentar al Estado Catalán neonato.

¿Es viable esta perspectiva? Difícilmente: la Unión Europea es, por el momento y mientras no se demuestre lo contrario, una “Unión de Estados Nacionales” tal como se sostiene en el Tratado de Lisboa que confirmó este concepto incluido en el proyecto frustrado de Constitución Europea. Y este es precisamente el problema que encuentran los proyectos de “nuevos estados” que pugnan por surgir aquí y allí en el seno de los Estados de la Unión: aceptar la independencia de uno supondría para la UE abrir una espiral de imitadores que liquidaría, en mayor o menor medida a todos los Estados actuales de la Unión, al menos en su actual configuración. A nadie se le escapa que precisamente los Estados más fuertes de la UE, sus “locomotoras”, Francia y Alemania, no están dispuestos a tolerar un proceso similar.

Y este es el problema para los independentistas de toda Europa, y especialmente de España, que la UE supone una “cláusula de integridad” que blinda en la práctica ante los procesos independentistas.

Referendos ingenuos frente a realidades tozudas

Dentro de este contexto, el esfuerzo independentista catalán está siendo superior a sus fuerzas reales. En el fondo, el independentismo está representado por un eje central, ERC, y una miríada de pequeños grupos, minipartidos y asociaciones culturales subsidiadas con los que ERC tiene un permanente intercambio de “flujos”. En ocasiones, cuando ERC asciende en expectativas de voto, tiende a atraer a estos grupúsculos y cuando desciende su intención de voto, tiende a generar más y más disidencias.

Los resultados de ERC han tenido en los últimos 30 años la evolución de unos dientes de sierra. Ahora le toca las horas bajas y, por tanto, los grupúsculos están en su cenit. En cuanto a CiU mantiene un sector independentista en CDC, no en UDC, y especialmente entre la gente joven… Nada hay de nuevo en esto que reitera lo que siempre ha ocurrido en los últimos 30 años. A la vista de que CiU no puede crecer más hacia su derecha (el PP), tiende a hacerlo hacia su izquierda (ERC) y no es raro, por tanto, que con cierta frecuencia Artur Mas (como antes Pujol) realice alguna declaración soberanista que supongo un aliciente para ese electorado. Tampoco aquí hay grandes novedades en esto.

Sin embargo, en el ambiente independentista existe siempre una permanente actitud de exaltación adrenalínica. En 1987, Terra Lliure y los radicales independentistas estaban convencidos de que “toda Catalunya” les apoyaba y se lanzaron a colocar bombas pensando que la independencia estaba a un paso. ¿Por qué lo hicieron? Porque su círculo de amistades, sus lecturas, todo lo que les enlazaba con la sociedad salían de los medios independentistas o, de alguna manera, estaban vinculados a ellos. En definitiva, si hubo Terra Lliure fue por que el independentismo practicaba la danza de los derviches giróvagos: toda su vida y sus relaciones orbitaban en torno al tema independentista. Esto les deformaba la perspectiva y les hurtaba la percepción objetiva de la realidad. Y en eso siguen.

Desde entonces el independentismo no ha mejorado. Fruto de esa “imaginación viciosa” ha sido la cadena de referendos independentistas que ha logrado redimensionar la naturaleza del independentismo catalán.

A pesar de que en algunas comarcas como Osona, el impulso independentista ha contado con el apoyo de los jerarcas locales de CDC, lo cierto es que, fuera de esa comarca, todo el trabajo de organización y convocatoria ha recaído sobre ERC y su constelación de grupúsculos. Si tenemos en cuenta que la estructura de ERC es fuerte solamente en Girona y relativamente fuerte en algunas comarcas de Barcelona, especialmente en el interior, y sus disidentes carecen de estructura más allá de la local, se percibe claramente lo limitado de la convocatoria y de sus resultados.

¿Qué hace falta saber para votar?

Tal es la pregunta que se plantean los organizadores de los referendos en la portada de su folleto explicativo sobre la consulta. Ellos mismos contestan:

“1) Se votará mediante voto secreto depositado en una urna. Las posibles opciones de voto son SI-NO-BLANCO

2) Podrán votar todas las personas empadronadas en el municipio a partir de los 16 años.

3) Para votar se habrá de acreditar la identidad y la residencia en el municipio del elector, exhibiendo en la mesa electoral el original de alguno de los siguientes documentos:

- Para acreditar la identidad los considerados ciudadanos españoles: DNI o Carné de Conducir.

- Para acreditar la identidad de los extranjeros: los comunitarios, el DNI del país de origen; los no comunitarios residentes el NIE; los extranjeros empadronados sin permiso de residencia, el pasaporte del país de origen.

- Para acreditar la residencia: si consta en el documento identificador la dirección en el municipio queda acreditada. Si no consta una dirección o es de otro municipio, el elector tendrá que acreditar su residencia exhibiendo en la mesa electoral el certificado o el volante de empadronamiento, de fecha posterior a la del documento identificador.”

Pues bien, en estas condiciones para votar se percibe la debilidad de la propia convocatoria: de un lado pueden votar los electores de entre 16 y 18 años. Los independentistas tienen tendencia a pensar que “la juventud está con ellos” y, por tanto, contra más jóvenes sean los electores, esperan que más refuercen el soberanismo… olvidando que esos mismos jóvenes, a medida que van creciendo, tienen tendencia a abandonar ese radicalismo adolescente.

Independentismo e inmigración

En segundo lugar sorprende que los inmigrantes (que, a fin de cuentas no son más que residentes temporales, lo que en Alemania se llama “trabajadores invitados”) tengan derecho a decidir el futuro de Catalunya y no solamente los legales sino también los ilegales empadronados. En estos, los organizadores no hacen más que seguir la directriz de ERC que, en la actualidad puede ser considerado como el “partido más plus”: más independentista y más proinmigracionista, flagrante contradicción producto de las ensoñaciones de Carod-Rovira que considera a la cultura catalana más integradora que cualquier otra de Europa, de manera queque cualquier inmigrante, por el mero hecho de tener contacto con ella, queda transfigurado e integrado.

Los miembros de ERC creen, sin sombra de duda, que la integración de los inmigrantes que no se ha podido realizar satisfactoriamente en lugar alguno de Europa, se realizará casi como por milagro, en la Catalunya independiente. A los inmigrantes islámicos esta posibilidad les seduce realmente: una Catalunya independiente es más fácil de islamizar que incluida dentro de un Estado más grande con amplias zonas en las que no existen islamistas.

¿De dónde ha podido salir esa absurda idea? La ideología humanista y nacionalista de ERC ha hecho que en la mayoría de Ayuntamientos en donde tienen presencia ocupen las concejalías de carácter social… en donde se han podido relacionar con miles de inmigrantes relacionados con cientos de asociaciones que acuden en busca de alguna subvención o subsidios. Es evidente que cuando alguien acude a pedir algo tiende a agradar al interlocutor y eso es lo que han visto los concejales de ERC: inmigrantes sumisos que les siguen la corriente para obtener algo a cambio…

De ahí que se haya producido la paradoja de que el partido político más independentista que, en principio se está tentado de pensar que es el que defiende con mayor ahínco la identidad catalana, sea, finalmente, el que apoye más decididamente a la inmigración que tiende a rebajar precisamente por su mera presencia esa misma identidad.

El inicio del conflicto: Arenys de Munt

El origen de esta tendencia a la convocatoria de referendos de escasa o nula solvencia partido en el mes de julio de 2009 del ayuntamiento de Arenys de Munt. Vecino a Arenys de Mar, situado en la costa, Arenys de Munt es un municipio interior poblado por unos 8.500 habitantes, con un 25% de inmigración real, gobernado por una Agrupación independiente de carácter independentista (AM2000), ERC y la CUP (independentismo radical). Votó el 41% de la población. Si Arenys de Munt saltó a la fama no fue tanto por el referéndum como por la presencia de unos 70 falangistas uniformados como en los años 30 que irrumpieron en la población el mismo día de la consulta.

Una vez se examina la sociología de la población se percibe claramente que el principal problema de Arenys de Munt es la inmigración y, naturalmente, la crisis económica, combinado explosivo que estalló en e mes de marzo cuando se produjeron protestas vecinales ante la posibilidad de que se construyera una mezquita. Sin embargo, los independentistas eligieron esa población para “estrenar” su oleada de referendos.

Así como el referéndum que amenazó con convocar el Lehendakari Ibarretxe con carácter institucional, estos referéndums eran iniciativas surgidas de asociaciones y partidos y jamás ha contado con el apoyo de legalidad alguna. La idea con la que se convocaban era la de que –copiamos del texto de la propia convocatoria- “un buen nivel de participación impulsará la convocatoria de un referéndum nacional de independencia con carácter vinculante reconocido por la comunidad internacional”. Si esa era la intención, los escasos resultados y el bajo seguimiento de la campaña, ha constituido un estrepitoso fracaso.

El PSC procuró pasar de puntillas sobre el asunto de los referendos y vio el cielo abierto con la presencia arcaizante de 75 falangistas uniformados en Arenys, situándose en posición de equidistancia entre los “independentistas radicales” y los “falangistas recalcitrantes”. Los partidos catalanes, salvo el PP, sostenían que la consulta, aunque no fuera “legal” era “legítima” en aras a la libertad de expresión; muchos ayuntamientos –incluso con mayoría socialista- pusieron sus instalaciones y recursos a disposición de los convocantes de la consulta sin preguntarse si era legal facilitar a organizaciones privadas los datos del padrón municipal…

Esto, unido a que en algunos municipio se votó durante una semana, a que en otros no existió ningún tipo de control, y los “observadores” internacionales fehacientes brillaron por su ausencia y, sobre todo, que quienes realizaron el recuento de votos, quienes llevaron la administración de los resultados y los únicos que hicieron campaña fueron los independentistas, restaban los restos de “legitimidad” que pudo tener la consulta en su origen y los pobres resultados sellaban el fracaso de la iniciativa y un paso atrás para el independentismo.

Una participación decreciente

Los resultados de los referendos en diciembre en 167 municipios fueron, con mucho, los más favorables a los independentistas con una participación que apenas llegó al 29%. Para colmo, el resultado de los SÍES, un 94%, recordaba demasiado a las “elecciones a la búlgara” por su unanimidad. En realidad, lo que ocurría es que el 94% de los votantes eran todos los independentistas que podía haber en esos municipios. Particularmente masiva fue la consulta en Osona que, impulsada por López Tena, alcanzó el 47% de participación. Era el techo. En otras zonas como Vilanova i la Geltrú apenas votó el 15% de los electores convocados. Ya desde entonces se empezó a ver que la tendencia general era a la indiferencia en las grandes poblaciones y a la participación relativa en las pequeñas, especialmente en “la muntanya”.

Otra nueva oleada de referendos convocados en febrero confirmó esta tendencia, llamando particularmente la atención los malos resultados cosechados en especial en el sur de la provincia de Tarragona en donde la participación fue, literalmente, imperceptible. La participación en los 80 municipios en donde se realizó la consulta fue sensiblemente menor a la de los referendos de diciembre. De las 290.027 personas llamadas a consulta acudió solamente el 21,55%, 6’5 puntos menos que en diciembre. En El Vendrell apenas se llegó a una participación del 8%.

Estos referendos están sirviendo para algo evidente: Catalunya es plural y las comarcas de Tarragona tienen una opinión muy diferente a las de la Muntanya catalana (Osona, Berguedá, la Garrotxa, etc.). Rupit y Pruit, separados unos pocos kilómetros en Osona alcanzaron el 71% de participación, cifra récord que seguramente debe mucho a la actividad incansable de López Tena.

La siguiente oleada de referendos tuvo lugar el pasado 25 de abril confirmándose todas estas tendencias, especialmente la tendencia a una menor participación que empezaba a rozar el ridículo. En esta ocasión votaron 212 municipios pero la participación se quedó en el 20% pelado. La participación fue desigual, pero los organizadores cometieron el error de destacar que población mostraban un récord de participación: La Vilella Baixa (Tarragona), situada en el Priorat, votaron 99 personas, el 68% del censo; en Nalec (Lérida), en Urgell, lo hicieron 87 personas, el 96% del censo, y en Iborra (Lérida), en la Segarra, acudieron a las urnas el 90% de los empadronados, 112 votantes... Votaciones máximas en poblaciones minúsculas, cuando en Lliçà de Munt, apenas votó el 12% del censo, en Lérida, el 8%; y en Reus, apenas el 15%. Poblaciones grandes participación pequeña…

De seguir esta tendencia en la próxima oleada de referendos los votantes estarían por debajo del 20%. Y todavía falta el referéndum en Barcelona a celebrar en 2011… ¿Se llegará hasta ahí?

El núcleo del problema catalán

A estas alturas hay pocos observadores que sostengan que el independentismo catalán es un “grave peligro”. No lo era siquiera cuando existía una organización terrorista que mataba (en realidad, “moría” en accidentes con manejo de explosivos, mucho más que “mataba”, cuatro terroristas de Terra Lliure saltaron por los aires y causaron una sola víctima y de manera involuntaria), ni tampoco lo ha sido durante los siete años en los que ERC ha estado gobernando.

Los problemas para Catalunya en estos momentos son la situación real de Catalunya (caracterizado por una mixtura de inmigración masiva, corrupción y crisis económico-social), la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut aprobado en 2007 (si bien es cierto que con una abstención del 50% y con un soporte del 30% del cuerpo electoral real) y lo que se ha llamado “desafección catalana”.

El “nacionalismo español” identificado con Aznar dejó mal recuerdo en Catalunya a causa especialmente de su prepotencia en materia internacional y del insensato alineamiento de Aznar con los proyectos belicistas de George W. Bush. A partir de ese momento los índices de abstención en las distintas consultas electorales fueron en aumento. Tras el aznarato, las esperanzas suscitadas en Catalunya por Zapatero se fueron al traste a causa de su actitud oportunista ante el Estatut (actitud que varió desde el “aprobaré lo aprobado por el Parlament de Catalunya” hasta su “aprobaré la sentencia del Tribunal Constitucional” y más tarde a raíz de la crisis económica y de la incapacidad del zapaterismo para reconocer el problema y actuar en consecuencia.

En otras palabras: los “gobiernos de España” han “fallado” en los últimos 10 años a los ojos de la mayor parte de catalanes. Existe una tendencia inevitable en Catalunya a identificar “España” con la “gestión del gobierno de España”. Si éste falla, lo que se debilita es la idea de España. En el momento actual, la “desafección catalana” consiste en eso precisamente: la crisis económica y social en Catalunya es de tal magnitud, los niveles de corrupción disparados, la inmigración tan absolutamente omnipresente que se tiende a atribuir la responsabilidad de todo esto al “gobierno español” o, directamente, a “España”.

Lo peor es que esta opinión no es del todo descabellada. El gobierno español es en buena medida responsable del caos catalán… Pero también en Catalunya existen responsabilidades. Pero el gobierno de la Generalitat está paralizado en la cuestión del “nou Estatut” desde hace siete años, a partir del momento en que llegó al poder Maragall con hambre de pasar a la historia alcanzando una nueva cota autonómica y apoyándose en… independentistas. A la “desafección catalana” en relación a España se une otra no menos visible: también existe en relación a las autoridades específicamente catalanas como mostró el impresionante índice de abstención, voto nulo y voto en blanco en las pasadas elecciones municipales en la ciudad de Barcelona y a los niveles de abstención (cercanos o superiores al 50%) que se prevén en las próximas elecciones autonómicas de noviembre.

El problema de Catalunya es que ya no se cree en las bondades de “España” y de sus gobiernos (que se consideran como algo ajeno y lejano), pero tampoco en el gobierno autonómico (que cada vez se ve como una banda de corruptos incapaces, sensación aumentada por el caso Millet y la Operación Pretoria).

El problema de Catalunya y de España es, a fin de cuentas, el mismo: la inexistencia de una “misión” y de un “destino”, que hoy ya no se concibe ni en común ni separadamente…

Y, desde luego, el independentismo que quería aportar a Catalunya un “destino independiente” ha fracasado completamente en su intento. Catalunya seguirá unida al resto del Estado, por mucho tiempo, pero sin fe y con indiferencia generalizada mientras la política española esté gobernada por serviles de Bush  y herederos o por inútiles incapaces de comprender las dimensiones de la crisis actual.

(c) Ernest Milà - infokrisis - infokrisis@yahoo.es - http://infokrisis.blogia.com - Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Los 300… de la burguesía catalana: Corrupción estructural en la Generalitat

Infokrisis.- Desde hace 150 años hacen y deshacen a su antojo en Catalunya. Son 300 familias ligadas por lazos de parentesco endogámicos que acumulan patrimonio, lo fusionan, a través de matrimonios de sus hijos e hijas y controlan los negocios, la sociedad, la cultura y la política catalana. Ellos construyeron el catalanismo político y ellos lo han gestionado en exclusiva. No se han enterado todavía, pero su ciclo toca a su fin. Su canto del cisne han sido los casos Palau y Pretorio, tras los cuales nada será igual en Catalunya.

Félix Millet era algo más que un estafador (presunto, claro, porque en la Catalunya de la oligarquía todo es presunto a la espera de que el proceso jamás se celebre) especializado en desviar fondos del Palau de la Música a sus cuentas de gastos personales hasta más allá de lo grotesco y mezquino. Félix Millet era sobre todo “un patriota catalán”, penúltimo vástago de un linaje decimonónico vinculado a los negocios y al catalanismo político. Su modo de actuar denota una sensación de impunidad absoluta. Desde  2002 la Sindicatura de Comptes (el equivalente catalán del Tribunal de Cuentas) detectó anormalidades, las cuales no impidió que la Generalitat y otras instituciones condecoraran y honraran a Millet.

El despacho de este “prócer catalán” en el Palau era frecuentemente visitado por los grandes nombres de la sociedad y de los negocios locales. No iban allí para pedir favores o recomendaciones sino para dar dinero. Y es raro, porque Millet, habitualmente era quien les llamaba y les solicitaba donaciones. Su orgullo y soberbia llegaban hasta el punto de no desplazarse a la oficina de los que sableaba, sino que los citaba en la suya seguramente para jugar en terreno propio.

Esbozo histórico: hacia una “música nacional de Catalunya”

Félix Millet llevaba treinta años al frente del Palau de la Música. La música le importaba, literalmente, un pepino, pero el lugar, en tanto que uno de los centros históricos de relaciones entre la oligarquía catalana desde principios del siglo XX, era una institución que permitía conmover a los patricios de las 300 familias de la alta burguesía y obtener de ellos jugosas donaciones. Desde que el Conde de Güell, en el último tercio del siglo XIX, financiaba de su bolsillo todas las actividades catalanistas, existía en esos círculos “ilustrados” la noción de crear una “música nacional de Catalunya”. El Gran Teatro del Liceo no parecía el lugar más adecuado para ello.

Las óperas wagnerianas, al decir de aquella generación catalanista, eran “paganas” y, en cualquier caso, poco católicas y nada catalanas. Sin embargo, era lo que los amantes de la música exigían en aquella época. El wagnerianismo penetró profundamente en los gustos de la aristocracia económica del Liceo de la misma forma que las masas corales se habían extendido entre las clases populares gracias a la obra de Anselm Clavé, francmasón y socialista utópico. Clavé se había inspirado en el libro Viaje a Icaria, de Etienne Cabet (uno de los padres del comunismo utópico cuyo pensamiento logró penetrar profundamente en los círculos revolucionarios barceloneses). Cabet contaba que en su sociedad ideal icariana los obreros irían cantando al trabajo y trabajarían cantando coralmente para establecer vínculos fraternos entre todos ellos. Anselm Clavé llevó esta idea a la práctica y, desde entonces, las masas corales siempre han tenido cierta raigambre popular en Barcelona. Pero el Conde de Güell no estaba cómodo ni con las óperas wagnerianas seguidas por la alta burguesía, ni con las masas corales que atraían a las clases populares frecuentemente impregnadas del naciente socialismo. En efecto, ni en unas ni en otras se encontraba ese carácter catalanista que tanto ansiaba. De ahí que propusiera la construcción de una “música nacional de Catalunya” y para ello estuviera dispuesto a poner sobre la mesa sus ingentes y casi ilimitados fondos.

Güell fracaso a la hora de crear una “ópera nacional catalana” capaz de rivalizar con el wagnerianismo. Aprovechando que el mecenas tenía grandes propiedades en las costas del Garraf, un músico que formaba parte del entorno de los Güell, García Robles, decidió dedicar una ópera peripatética a esta comarca. La ópera se llamó “Garraf” y sería difícil decidir si la música compuesta por García Robles era lo peor o lo farragoso del texto escrito por el poeta Ramón Picó i Campañas, secretario personal del Conde de Güell, deslucía más la obra… Robles, por cierto, escribió para el Orfeón Catalán un “Himno a la Bandera Catalana” y la trilogía “Catalonia” evidenciando que hacía todo lo que podía para satisfacer al mecenas.

Más fortuna tuvo el Orfeón Catalán, sociedad coral fundada en 1891, surgido de las masas corales de Clavé “catalanizadas”. El Orfeón fue fundado por Lluís Millet i Pagés y para darle una sede social se construyó el Palau de la Música Catalana cuyo sobrino-nieto saqueó en los últimos 30 años. En Catalunya se dice que los padres crean las empresas, los hijos las expanden y los nietos las destruyen… Con algunas diferencias, más o menos, esto fue lo que ocurrió en el Palau de la Música

Félix Millet padre, hombre clave del catalanismo político de postguerra

Tenía algo de razón Félix Millet cuando consideraba el Palau de la Música y el Orfeón Catalán como una especie de jardín familiar. Si Lluís Millet y Pagés (1867-1943) fundó estas instituciones con la única intención de reforzar el catalanismo político y su intención de “construcción de una música nacional de Catalunya”, fue el arquitecto Domenec i Montaner (otro catalanista que, naturalmente, proponía la creación de una “arquitectura nacional de Catalunya”… de la que él, Gaudí  y Puig i Cadafalch serían sus máximos exponentes) llevó a cabo el proyecto que se inauguró en 1908. Las 300 familias encabezadas por Güell financiaron el edificio que siempre destacó por su excelente sonoridad y la discutible calidad estética de los exteriores.

Félix Millet i Maristany (1903-1967), sobrino del fundador se crió entre el ambiente catalanista del Palau y los jesuitas de Caspe que no lograron hacer carrera del zagal. Éste optó como toda la alta burguesía catalana de la época, por la política de las fusiones familiares que entrañaban también fusiones económicas, y casó con la “pubilla” (hija mayor de una familia, destinada a recibir la herencia) de la familia Tusell, clan de industriales, entre cuyos negocios figuraba una agencia de seguros al frente de la cual fue colocado el papá del protagonista del “Caso Palau”.

En esa época, prácticamente todo el nacionalismo catalán era, como el vasco, católico y Félix Millet padre, siguiendo órdenes del obispado de Barcelona creó a sus expensas la Federació de Joves Cristians de Catalunya (FEJOC) en 1931 y pocas semanas después, de Unió Democrática de Catalunya. Al estallar la Guerra Civil, la FEJOC sufrió 400 bajas la mayoría asesinados por la FAI. Los Millet lograron escapar hasta la Italia fascista en donde papa Félix se hizo cargo de una empresa de seguros italiana que en plena guerra instaló en la Sevilla de Queipo de Llano. Pero Félix Millet hizo algo más en los últimos meses de guerra, mientas gente de su edad daba la vida en los frentes: hizo negocios.

Con los dineros obtenidos compró la Compañía Hispano-Americana de Seguros y Reaseguros, empresa que trabajaba con el gobierno fascista italiano durante la primera fase de la II Guerra Mundial. Las empresas vetadas por los aliados por estar vinculados visiblemente a la Italia fascista eran sustituidas por una tapadera, la compañía de Félix Millet. Eso le permitió amasar una gran fortuna y comprar el Banco Popular de Previsión a través del cual trabajaría luego con el poderoso sector bancario del Opus Dei. Por si esto fuera poco, la compañía italiana para la que había trabajado, en agradecimiento a los servicios prestados le regaló el 25% de acciones del Banco Vitalicio. Entre este pequeño holding bancario y los seguros, Millet se convirtió en una de las grandes fortunas de la Catalunya de postguerra y como tal participó en grandes negocios en la Europa destrozada que surgió de la II Guerra Mundial. Sus negocios de seguros abarcaron todos los países de Europa Occidental incluyendo Alemania, Francia e Italia y llevando sus tentáculos a la por entonces próspera República Argentina.

En 1941 impulsó la renovación de los Jocs Florals y financió la creación de la Sociedad Benéfica Minerva que ayudaba económicamente a los intelectuales catalanistas en el exilio que deseaban volver. En 1947 tuvo lugar un hecho cuya importancia generalmente no se valora en su justa medida. El catalanismo empezó su reconstrucción. Esta no se hizo a través de movimientos políticos, sino mediante iniciativas religiosas y culturales. El mejor prosista en lengua catalana, Josep Pla, había dado la idea de reeditar las obras de Verdaguer (a partir de 1940 ya se publicaron sin el más mínimo problema con la censura obras escritas en catalán… de autores católicos). Otros, como mucha más fe católica que Plá, siguieron por esta vía en 1945, cuando el abad benedictino de Montserrat (Aureli Escarré) empezó a preparar las Fiestas de la Entronización de la Virgen de Montserrat junto a Félix Millet i Maristany. La idea, en principio, no era mala: se trataba de “reconciliar” a los catalanes que habían combatido en ambos bandos.
Ibáñez Escofet en su libro “La Memòria és un gran cementiri” recuerda que fue allí en donde por primera vez emergieron los nombres de Ainaud de Lasarte (historiador, luego diputado de CiU), Joan Raventós (luego líder del PSC), Josep Benet (luego líder del PSUC y profesor particular de los hijos de Félix Millet) o el propio Jordi Pujol. El acto es considerado por la historiografía catalanista como el punto de arranque del movimiento que todavía en esa época estaba íntimamente vinculado a las esferas eclesiásticas.

Pero Félix Millet i Maristany participaría en otras dos iniciativas importantes para la reconstrucción del catalanismo político: la creación del Ómnium Cultural (1961) de la que fue primer presidente y en la fundación de Banca Catalana que asumió la financiación del catalanismo. Por lo demás, a partir de 1951, asumió también la presidencia del Orfeón Catalán que ya empezaba a ser una “empresa familiar” de los Millet. A pesar de sus gigantescos recursos, ninguno de los Millet destacó como “líder político”. Cuando se producen los “hechos del Palau”.

En efecto, el 19 de mayo de 1960, cuando se conmemoraba el centenario del nacimiento del poeta Joan Maragall. Una parte de los asistentes cantó el Cant de la Senyera (composición de Lluís Millet sobre un poema de Joan Maragall, compuesta como himno del Orfeón Catalán) en presencia de varios ministros de Franco. Resultaron detenidos los organizadores y sometidos a consejo de guerra, entre ellos Jordi Pujol (que siempre negó responsabilidad en los hechos). El episodio tuvo lugar precisamente en el Palau de la Música. A partir de ese momento, Pujol se convierte en el centro del catalanismo político de postguerra cuyo periplo durará hasta 2003 cuando no se presente de nuevo como candidato a la presidencia de la Generalitat.

El último Millet

Fèlix María Millet i Tusell era hijo de Fèlix Millet i Maristany. Mientras sus hermanos mayores se dedicaron a ampliar la fortuna familiar al frente del holding bancario (el Vitalicio y el Hispano; y el mayor, Salvador llegará a presidente de La Caixa entre 1980 y 1987), Fèlix fue enviado por la familia a Guinea Ecuatorial cuyo único negocio era el plátano y el cacao. Acabada la aventura africana tras la descolonización, en 1974, participó con otros dos nombres ilustres del catalanismo político, Josep Trias de Bes (militante del PSUC en los 60, pasado al socialismo catalanista en 1973, luego al partido pujolista CDC desde 1976, en 1995 al PP y desde 2009 en UPyD… lo cual no fue obstáculo para que firmara el Manifiesto del Sí al Nou Estatut) y Joaquím Molins (pasado del Centre Catalá en 1976, a UCD en 1979, luego en 1981 a CDC ocupando distintos cargos hasta que se retiró en 2001) en Renta Inmobiliaria Catalana fundada por los hermanos Baquer i Miró (otros apellidos catalanes ilustres). La cosa fue bien hasta que empezaron los problemas. Fèlix Millet acabó quince días en la Cárcel Modelo acusado de estafa y condenado luego por “impudencia” que “facilitó un delito de falsedad”. El País publicó la sentencia el 31 de octubre de 1984. A pesar de que la fiscalía lo solicitó, el tribunal no autorizó el procesamiento de Joaquim Molins y Josep María Trias de Bes, miembro del Consejo de Administración de Renta Catalana. Los perjudicados por la imprudencia de Fèlix Millet y la falsedad de Ignasi Baquer fueron en total 120

Sin embargo desde 1978 fue nombrado presidente del Orfeó Català sustituyendo a otro apellido de “los 300”, Joan Anton Maragall. Éste Maragall, hijo del poeta Joan Maragall y, por tanto, tío del ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall, tiene también una carrera emblemática del camaleonismo de este grupo selecto de familias oligárquicas catalanas: amigo íntimo del alcalde franquista José María de Porcioles, Joan Antón colocará a su sobrino Pascual en el Ayuntamiento –después de que éste formara parte del Front Obrer Catalán y fuera enviado al exilio dorado tras ser desarticulado el grupo-, en la guerra civil había huido a Burgos para ponerse a las órdenes de Franco y trabajar con Eugeni D’Ors –catalanista de derechas como él- y así hasta el inicio de la transición que le coge al frente del Club Catalònia (nacionalistas de derechas.

El mismo año en el que Millet es condenado por el feo asunto de Renta Catalana, se crea la Fundación Orfeó Catalá-Palau de la Música destinada para asegurar la financiación pública a estas instituciones presididas por él. A partir de ese momento se produce la riada de fondos con que la Generalitat obsequia a una de las instituciones que ya han pasado a ser tradicionales en Catalunya y que permitieron ampliar el Palau con unas obras discutibles e innecesarias que, según los expertos, terminarían arruinando la acústica del local.

A lo largo de los 32 años en los que Millet estuvo al frente de la institución, incluso sectores catalanistas –Ernest Lluch, por ejemplo- denunciaron la decadencia de la institución. Paradójicamente, contra más fondos públicos y privados afluían a la entidad, ésta caía en más atonía. Hoy se sabe que los músicos eran becarios y se ignora lo contabilidad real de prácticamente 32 años…

Las 100 familias, las 300 familias, las 400 familias

Al estallar el Caso Palau, la primera reacción del nacionalismo fue asumir una defensa cerrada de “uno de los suyos”. Oriol Pujol, quinto hijo del expresident de la Generalitat negó las acusaciones y salió en defensa de Millet alegando que se trataba de “un nuevo ataque al país”. La Catalunya “que pesa” conocía perfectamente que el Palau de la Música se había convertido en un semillero de contactos y relaciones económicas que nada tenían que ver con la música. Y si se quería participar en esta trama de reparto de contratas y prebendas que pasaban a través de Millet, había que pagar un peaje: financiar el Palau que era como financiar el huerto de Millet, esto es, al propio Millet. La primera reacción de Oriol Pujol supuso la reacción visceral de un miembro de la oligarquía catalana que consideraba que el ataque contra uno de los suyos, era el ataque contra todos. Pero la abundancia de indicios hizo que esa línea de defensa fuera inmediatamente abandonada so peca de aumentar el descrédito de la oligarquía catalana. Las “familias” de la oligarquía recalibraron pronto su estrategia. Mejor dejar caer durante unos meses a Millet para evitar que la opinión pública se fijara en ellos. ¿Quiénes son estas familias oligárquicas?

Carles Carretero, ex conceller de la Generalitat y ex dirigente de ERC, actualmente embarcado en la aventura independentista del Reagrupament junto al presidente del Barça, Joan Laporta, lo dijo muy claramente el pasado otoño: “no queremos una patria empobrecida en la que 400 personas lo deciden todo y lo reparten todo”. Esta alusión a “los 400” parece enigmática sin embargo deriva de una frase pronunciada por Fèlix Millet i Tusell: “Somos unos cuatrocientos y siempre somos los mismos”, citando como lugares de encuentro el Orfeó Català, el Círculo del Liceo, la tribuna del FC Barcelona y La Caixa… No se trata de los “organismos de gobierno” de la sociedad catalana pero sí en donde se relaciona la gente que tiene poder real. Cuando Josep Lluís Núñez quiso ampliar sus relaciones lo hizo en el marco del Barça. Su problema era que sus apellidos carecían de pedigrí catalanista. No era de los 400… Es curioso que Fèlix Millet se incorporara a la candidatura de Núñez, continuara con el siguiente presidente de la entidad, Joan Gaspart incluso a pesar de que se hubiera presentado en la candidatura rival de Bassat O’Ghilvy… Si Millet fue requerido por Núñez se debió solamente a su “pata negra catalanista”…

Sin embargo, en el libro L’oasi català, de Pere Cullell y Andreu Farras se hablaba de las 100 familias que se reparten el poder en Catalunya y Antonio Santamaria en su artículo en El Viejo Topo, alude a “300 familias” de las que dice Vivens Vives que “ya figuraban en el censo de fabricantes de 1829”. ¿En qué quedamos? ¿100, 300 ó 400 apellidos ilustres componen la oligarquía catalana? Poco importa. Habitualmente los apellidos indican hasta qué punto la endogamia ha mezclado a estas familias (300 según Vicent Vives). Por otra parte, no todas las familias oligárquicas han sobrevivido, algunas se han empobrecido, generalmente a causa de los nietos no estaban a la altura de sus padres y optaron por vender patrimonio en los 80, pateárselo en los 90 y vivir penurias en el siglo XXI. Los que han sobrevivido fueron republicanos bajo la república, franquistas durante el franquismo y demócratas de centro-derecha y de centro-izquierda desde la transición y mañana serán lo que haga falta que sean, impulsados por su espíritu camaleónico.

A lo largo de estas últimas décadas, y ya que había que pasar por la “voluntad popular”, su habilidad ha consistido en legitimar su mecanismo de poder utilizando el catalanismo como elemento emotivo y sentimental para obtener el refrendo de las urnas, pero está bastante claro que para ellos “Catalunya” no es más que una proyección para seguir manteniendo su posición hegemónica. Nacionalistas sobre todo, algunos de ellos optaron por el PSC, como forma de socialdemocracia moderada y teñida de un fuerte sentimiento catalanista cuya tarea histórica fue denunciada por el propio Leguina: “esos chicos que eran progres en su juventud y que hoy nos sirven para que los votantes charnegos no se nos salgan del redil”…

La disposición oligárquica de todo este sector llega hasta el absurdo: Sin ir más lejos, el funcionario del cuerpo de interventores de la Generalitat Enric Fernández Ferrer –que entre el 2002 y el 2005 se encargó de fiscalizar las cuentas del Consorci del Palau de la Música– era la pareja sentimental de Gemma Montull, exdirectora financiera del Palau, imputada en la causa e hija de Jordi Montull, mano derecha de Fèlix Millet y administrador del consorcio Orfeó-Palau. Fernández pagó con fondos del Palau obras valoradas en 97.000 euros en una casa propiedad de él y de su pareja en Teià (Maresme)… Éste era el funcionario que debía censurar las cuentas del Palau…

La vergüenza de la familia Millet se llama hoy “Félix Millet i Tusell”. Se ignora la cantidad total que defraudó del Palau de la música. Joaquín Leguina lo cifraba entre 20 y 30 millones de euros… Era, como casi todo en Catalunya –en donde la alta burguesía oligárquica se ha comportado con una completa impunidad desde el Caso Banca Catalana en donde una parte sustancial de los “patas negras catalanes” aparecían- un secreto a voces que la prensa catalana callaba y de la que no venían proliferando anónimos, informaciones, denuncias e investigaciones periodísticas jamás publicadas.

Otros apellidos catalanes ilustres le obsequiaron con la “Creu de Sant Jordi” (que le fue entregada por Jordi Pujol) y la “Clau de la Ciutat” (entregada por Maragall). El juez Solaz lo dejó con cargos pero sin fianza.

Por su parte, Montull –otro apellido “pata negra catalán”- se limitaba, como señaló la prensa, a “exhibir un papelito con algún post-it como remedo de rendición de cuentas, y su jefe prometía con poco entusiasmo y menos intención enviar más información a los pocos que hacían alguna pregunta”. A lo cual seguía siempre una lacrimógena petición de fondos realizada por Millet para mover los corazoncitos de la oligarquía catalana con cuatro frases sobre, sí, sobre la “construcción nacional de Catalunya”. El dinero servía sólo para alimentar el ritmo de vida de los Millet, reformar sus lujosas viviendas, viajar a todo a los mejores destinos con la familia y llenar de billetes su caja fuerte.

Tras el procesamiento de Félix Millet se hizo cargo del Palau, Mariona Carulla, otro nombre destacado de “los 300”, hija de María Font, viuda de Lluís Carulla i Canals (1904-1990). Hijo de una familia de farmacéuticos, Lluís Carulla creó en 1937 la empresa Gallina d’Or que luego se transformaría en Gallina Blanca, actualmente con presencia en 100 países con el nombre de Agrolimen. Carulla, otro de los financiadores del catalanismo en la postguerra, fue uno de los impulsores en 1961 de Òmnium Cultural junto a Fèlix Millet. Hoy, 165 “patronos” y 200 empresas constituyen lo esencial de la financiación del Palau de la Música Catalana, una institución que para siempre quedará ligada a uno de los episodios más bochornosos de la corrupción en España.7

En el fondo, Millet –y con él buena parte de los 300- están convencidos de que Catalunya es su huerto familiar y pueden disponer de él a su antojo. Y la verdad es que han venido haciéndolo en los últimos 100 años.

[recuadros]

Pretoria construido con la misma materia que el Palau

A pocas semanas de la puesta en libertad sin fianza y con cargos de Fèlix Millet estallaba otro escándalo que apuntillaba la pretendida superioridad moral del nacionalismo catalán y derruía su presunto “amor per la terra”, reduciendo a ceniza toda la retórica sobre la “construcción nacional de Catalunya”. El concepto antropológico de “seny” (sensatez, cordura, sabiduría, serenidad en el juicio) catalán, quedaba así mismo pulverizado. La Operación Pretoria, en efecto, llevó a la cárcel a los que habían sido brazos derecho e izquierdo de Pujol durante los veinte años que duró su gestión al frente de la Generalitat: Maciá Alavedra y Lluís Prenafeta, así como a destacados miembros del Partido Socialista.

En efecto, el 27 de octubre, por orden de a Audiencia Nacional se produjo la detención del alcalde de Santa Coloma de Gramanet, Bartomeu Muñoz i Calvet por posibles delitos de asociación ilícita, cohecho, fraude de subvenciones, exacciones ilegales y falsedad en documento público y mercantil… Resultó detenido también el concejal de urbanismo Manuel Dobarco. El daño causado a las arcas públicas en Santa Coloma ascendía según la primera estimación a 18.377.000 euros… no estaba mal para una ciudad en su inmensa mayoría de origen modesto o muy modesto.

Santa Coloma en 1975 tenía 140.000 habitantes, pero en los últimos años, la llegada masiva de inmigración del Tercer Mundo no ha podido compensar el retorno de 20.000 inmigrantes andaluces que llegaron en los años 50-70. Bartomeu Muñoz, alcalde de la localidad, es hijo del último alcalde franquista de la misma población, Blas Muñoz, que amasó unos cuantos millones antes de ser procesado por el Tribunal de Contrabando y Defraudación, tras lo cual entendió que los buenos negocios solamente se hacían a la sombra del poder, ingresando en el Movimiento en 1964. Apoyado por Martín Villa, gobernador de Barcelona, “papá Muñoz” se convirtió en alcalde. En ese momento, era propietario de 500 viviendas en la ciudad, su hijo cobraba los alquileres. Ya como alcalde fue acusado de prácticas usureras, pero misteriosamente –según se dice por presiones del gobernador civil- el caso no prosperó. En 1977, Muñoz hizo lo mismo que otros miles de arribistas municipales: presentarse como candidato de UCD. Perdió por supuesto la alcaldía conservando una poltrona en el ayuntamiento.

Gobernada la ciudad primero por el PSUC y desde 1981 por el PSC que llevó a Manuela de Madre a la alcaldía, luego fue el hijo del propio Muñoz, Bartomeu Muñoz, quien la sustituyó también con la etiqueta “PSC”. Un Muñoz se había acostado como alcalde franquista y otro Muñoz se despertaba como alcalde socialista. Milagros del camaleonismo. Bartomeu Muñoz, alcalde de una ciudad suburbial del cinturón industrial de Barcelona, vivía en las inmediaciones del parqué del Turó, uno de los lugares más exclusivos de la capital catalana. Milagros del populismo socialista. Pero se produjeron más milagros.

La “sociovergencia” es un invento reciente de sectores de PSC partidarios del pacto con CiU para gobernar Catalunya tras las próximas elecciones autonómicas, pero otros ya estaban poniendo en práctica la “sociovergencia” desde hacía más de una década. Era un feo asunto de corrupción…

Cuando abandonaron el poder, los brazos derecho e izquierdo de Pujol, Maciá Alavedra (exconseller de finanzas de Pujol) y Lluís Prenafeta (Secretario de la Presidencia) se dedicaron a “captar presuntamente el dinero negro de la evasión fiscal de la burguesía hacia el paraíso fiscal de la isla de Jersey, fonos que posteriormente eran blanqueados en operaciones urbanísticas en el área metropolitana de Barcelona” (Antonio Santamaría, El Viejo Topo). Algo de esto fue detectado ya en 1997 cuando un diputado socialista, Luís García Sáez (a) “Luigi”, “operaba como mediados y comisionista entre los evasores fiscales, los ayuntamientos socialistas y los promotores inmobiliarios”. Poco después, en 1999, “Luigi” fue expulsado del PSC por otra estafa en obras públicas en Mataró y Olesa en lo que se llamó Caso AGT. Entre otros imputados en este caso (que misteriosamente se archivó) figuraba también Josep María Triginer, líder de la Federación Catalana del PSOE en los años 70. Santa Coloma era uno de los pocos lugares en donde el PSOE tenía una mínima base militantes, la mayoría juvenil y ajena a las otras dos componentes mayoritarias del socialismo catalán (el PSC-R y el PSC-C).

“Luigi” fue diputado nacional por el PSOE-PSC durante 12 años. Otros miembros del PSC fueron imputados con él en la Operación Pretoria demostrando que las “expulsiones” son apenas meros maquillajes cosméticos, pero en absoluto medidas que impliquen el final de los vínculos de un presunto corrupto con sus antiguos camaradas de partido. Entre otros detenidos figuraba también Genis Carbó, ex jefe de Planificación Territorial de la Generalitat y coordinador del Plan Metropolitano de Barcelona, Doris Malfeito, esposa de Alavedra, Antoni Jiménez, concejal socialista de Montcada i Reixac y el ex alcalde del PP de Sant Andreu de Llavaneres.

Lo que emergió de la Operación Pretoria fue una red “transversal” de corrupción que estaba por encima de los fraccionamientos políticos y que abarca a las dos columnas sobre las que se sostiene la política catalana en las últimas décadas: el PSC y CiU. No se trata, contrariamente a lo que alega la versión oficial, de una corrupción coyuntural, sino absolutamente anidada en las estructuras de poder y que ha gozado de completa impunidad. Se trata de una corrupción que afecta a las cúpulas del PSC y de CiU y que no es de ahora, sino que se remonta desde principios de los años 80.

Cuando presuntamente Alavedra y Prenafeta estaban llevan a cabo las actuaciones corruptas que desencadenaron la Operación Pretoria ocho años después, éste último impulsaba en 2001 la Fundación Catalunya Oberta, cuyos estatutos afirman que es: "es una entidad independiente enmarcada en la ideología liberal" que "tiene como objetivos analizar, defender y promover los valores de la sociedad abierta, la libertad, la democracia y la economía de mercado”. Maciá Alavedra era uno de los miembros de esta fundación catalanista y patriótica… Una vez más, el patriotismo se había convertido en la última trinchera de los bribones.

De la omertá al Nou Estatut

En un debate sobre el hundimiento del barrio de El Carmelo el 4 de marzo de 2005 Pasqual Maragall, entonces president de la Generalitat de Catalunya, aseguró en el Parlamente que “el problema de CiU se llama tres por ciento” en una clara y diáfana alusión al cobro de comisiones en la adjudicación de obras. Inmediatamente, Artur Mas, jefe de la oposición y dirigente de CiU reaccionó inmediatamente pidiendo que retirara esta alusión para “no poner en peligro la legislatura y la reforma del Estatut”.

La alusión al “3%” sacudió a la sociedad catalana en un momento en que el hundimiento del barrio de El Carmelo había generado una notable convulsión al saberse que era posible realizar el trazado de los túneles de metro de Barcelona por un procedimiento más seguro y barato. En torno a 3.000 vecinos habían tenido que cambiar de alojamiento y muchos de ellos habían perdido todo su patrimonio y sus recuerdos en el hundimiento de un bloque de viviendas populares. La concesión de las obras del Metro que habían provocado el hundimiento de El Carmelo se había realizado durante el gobierno de CiU. La alusión de Maragall se refería a que el 3% de la adjudicación de contratos en obras públicas revertía en los partidos de gobierno entregado por los beneficiarios de la contrata.

En aquel debate no se entendió bien la velada amenaza pronunciada por Artur Mas: "no olvide que, en los próximos meses, entre PSC y CiU hemos de hacer cosas muy importantes al servicio de este país (...) y para ello es muy necesario que entre ustedes y nosotros siga existiendo un cierto círculo de confianza política, que no es de amistad, de intentar hacer cosas juntos al servicio de nuestro país. Le pediría que no se rompa". Mas se refería a la reforma del Estatut, en cuyo trasfondo lo único que realmente importaba a la clase política catalana era la posibilidad de manejar más fondos que hasta ese momento estaban a cargo del Estado. No es lo mismo un 3% sobre 100 que un 3% sobre 1.000… Mas terminó su velado ataque con estas palabras: “Usted manda la legislatura a hacer puñetas, supongo que es consciente", pidiendo acto seguido que retirara su expresión para “restablecer este mínimo de confianza que el país necesita". Era un grito a favor de la impunidad: yo olvido los muertos en tu armario y tú olvidas a los muertos que tengo albergados en el mío…

Maragall tardó pocos minutos en retirar sus palabras, explicando que "lo hago por una sola razón, que interesa mucho al país, y es que Cataluña tiene de ahora en adelante cosas muy importantes que hacer, y espero de usted y de su grupo que estén en condiciones de cumplir su parte de obligación en los meses que vendrán, en los que se jugará el Estatut de Cataluña, la Constitución Española y, en buena medida, nuestro futuro". Todo era pura retórica: la demanda social de un nuevo Estatuto era cero, literalmente no interesaba a nadie en la sociedad catalana, tan solo había reavivado un poco más la rapacidad de la clase política autonómica.

El rifirrafe parlamentario se prolongó todavía un poco más: "si en algún momento ustedes tienen alguna sospecha de lo que sea- prosiguió Artur Mas- hagan el favor de hacer aquello que se ha de hacer, vayan a los tribunales y presenten las demandas que hagan falta, pero dejen de extender por todas partes la sombra de la sospecha, porque ustedes no lo pueden hacer por trayectoria y no lo han de hacer sobre todo mirando hacia el futuro". Y Maragall dio una nueva vuelta de tuerca: "Ustedes se han sentido atacados por una acusación que de alguna manera ven como verídica, porque si no, no se entendería el tono de su intervención", ha apuntado Maragall, añadiendo luego que “CiU ha roto una regla, que en este Parlament se había respetado siempre, que era el respeto entre diputados y al presidente de la Generalitat, y esto algún día les pasará factura"…

Lo que siguió fue antológico: ningún partido catalanista tuvo el más mínimo interés en crear una comisión parlamentaria que investigara la misteriosa alusión al 3% que había generado la reacción desproporcionada de Mas. El tema se enterró primero en el Parlament y posteriormente en los medios de comunicación catalana.

El resultado de la “crisis del 3%” fue que la clase política catalana cerró filas ante el peligro de quedar evidenciada ante la opinión pública. De ese consenso surgió el acuerdo para avanzar hacia la redacción del “nou Estatut”: tapar las vergüenzas hoy para tener más vergüenzas que repartir mañana…

Cuando casi simultáneamente estallaron en 2009 los Casos Palau y Pretoria quedó evidenciada la responsabilidad de todos los partidos políticos catalanes en la opacidad en el manejo de fondos públicos, la financiación ilegal de estos partidos y los canales de enriquecimiento de la clase político. Y es que un 3% da para mucho y con el Nou Estatut dará para todavía más. Poco importa que los tribunales, ni los censores de cuentas hayan entrado a fondo en esta cuestión, lo que importa es que el electorado catalán lo ha percibido como realidad y en las últimas elecciones municipales de 2007 generaron algo más de un 50% de votos en blanco y nulos y de abstenciones en un municipio de buen nivel cultural y alta participación: la Ciudad Condal de Barcelona.

La oligarquía catalana y su tupida red

Jordi Pujol siempre ha sido un “hombre de país” más que un “hombre de partido”. Sabe perfectamente que los partidos son necesarios solamente para ganar elecciones, pero que se trata de organismos que no representan “opiniones” sino “intereses”. Y, para Pujol, no es bueno que todos los intereses pasen por los partidos. De ahí que tanto durante el franquismo como en la transición siguiera proclamando la “necesidad de hacer país” (expresión popular que los intelectuales nacionalistas siempre han traducido como “construcción nacional de Catalunya”). Y para “hacer país” es preciso renovar las estructuras de las élites económicas. De lo contrario podría aparecer en cualquier caso un avatar del lerrouxismo que durante décadas contuvo la expansión del catalanismo político e incluso le infringió derrotas históricas a principios de siglo.

De ahí que durante los años de poder, Pujol facilitara la creación de un nuevo stablishment político. Para ello facilitó la creación de nuevos think-tanks o bien promovió la renovación de otros, el Círculo de Economía, por ejemplo, de carácter liberal y desde luego mucho menos conservador que el Círculo Ecuestre (fundado en 1856 y cuya misión en los años 80 y 90 fue simplemente la unión entre los catalanes que colaboraron con el franquista –de hecho que impulsaron el franquismo en Catalunya- con los que en la transición se arrimaron al catalanismo político). El Círculo Ecuestre presidido fue presidido durante un tiempo por Manuel Carreras, que era, al mismo tiempo… vicepresidente del Palau de la Música. Otros nuevos think-tanks generados al efecto fueron el Instituto de la Empresa Familiar (impulsado por Leopoldo Rodés, también con vocación artística que le llevó a la presidencia del patronato de la Fundació Macba). El pujolismo (y mucho más que él, la oligarquía catalana que encarnaba) a fin de eternizarse en el poder, articuló las asociaciones más representativas de las distintas familias oligárquicas en el llamado Grupo 16 o G-16.

El 15 de diciembre de 2008, el diario Expansión publicaba un artículo en el que denunciaba que “Los pesos pesados del tejido asociativo se reúnen cada dos meses con el objetivo de debatir sobre las cuestiones que más preocupan a Barcelona”. Se trataba del llamado G-16, que Expansión definía acertadamente como “una especie de sanedrín que reúne a las principales instituciones de la sociedad civil catalana”. La palabra sanedrín es seguramente la que mejor le conviene. Apenas aparece públicamente, “tampoco emite notas de prensa, estudios de opinión ni realiza informes: su máxima es la discreción”. Cada dos meses, los miembros del G-16 se reúnen para “comentar los asuntos que preocupan y afectan a Barcelona y Catalunya”. Allí acuden los presidentes de las dieciséis principales instituciones del ámbito empresarial, deportivo y cultural de Barcelona, desde el Barça al Círculo del Liceo, pasando por el Orfeó Català, el Ateneu Barcelonès, la Cámara de Comercio, el Polo, el Club de Tenis, el Círculo Ecuestre, el Real Automóvil Club, el RCD Español e incluso el Centre Excursionista de Catalunya.

Solamente pueden asistir los presidentes de las dieciséis entidades miembros del Grupo, que no pueden delegar su representación. Discrección y reserva, casi clandestinidad, son los pilares de su funcionamiento. Las comidas –añadía Expansión- nunca tienen lugar en un restaurante, sino en las sedes o instalaciones de las distintas entidades. El calendario de encuentros se intenta que coincida con eventos organizados por los propios socios del G-16: “Por ejemplo, es habitual reunirse en el Club de Tenis Barcelona con motivo del Trofeo Conde de Godó. Otra cita tradicional es el concurso de saltos que organiza el Real Club de Polo”.

Su impulsor a principios de los 80 era Francisco Mas Sardà miembro de una conocida familia de banqueros, que entonces presidía el Círculo del Liceo, el cual concibió la idea de reunir con periodicidad a las principales instituciones de la sociedad civil. Le sucedió como impulsor Alfredo Molinas –presidente de Fomento del Trabajo, la patronal catalana– quiso continuar con la idea que amplió el grupo a once miembros y luego a dieciséis. Entre otros participan los presidentes del FC Barcelona y del RCD Español, Joan Laporta y Sánchez Llibre. Uno de los miembros del G-16 era, por supuesto Félix Millet.

Camaleonismo político en Catalunya de ayer a hoy

Algunos se sorprenderán al conocer las relaciones que unían a Millet y José María Aznar. Los Millet, siempre dispuestos a practicar el camaleonismo político no han dudado nunca en aproximarse a quien manda en cada momento, evidenciando que el nacionalismo catalán sistemáticamente antepone sus intereses a los ideales patrióticos. Durante su segunda legislatura, Aznar conoció durante una visita al Palau de la Música a Fèlix Millet. Este primer encuentro tuvo como consecuencia la entrada del Ministerio de Cultura en el Consorcio del Palau, dato importante porque hasta ese momento la entidad solamente había sido gestionada por catalanes. La cosa se entiende mejor si tenemos en cuenta que Millet se las arregló para que el presupuesto de reforma del Palau se elevara de 9 millones de euros a 24, una parte importante de cuyo coste fue asumido por el Estado Español. En contrapartida, Millet se integró en la FAES, la fundación presidida por José María Aznar tras la derrota del PP en 2004… Cuando estalló el Caso Palau,
FAES hizo pública una nota en la que afirmaba que “prescindieron de Fèlix Millet como miembro del Consejo Asesor del Instituto Catalunya Futur-FAES porque su implicación fue cero".

Como siempre la alta burguesía catalana antepone los intereses a los valores, incluidos al catalanismo mismo. Cuando el Conde de Güell vio que la agitación obrera en Barcelona era de tal magnitud que solamente el Ejército Español podía salvar sus intereses, atenuó su “nacionalismo” y sus herederos llegaron a regalar la casa de los Güell a Alfonso XIII para mejorar las relaciones. Esa casa era el Palacio de Pedralbes en donde residía Franco durante sus visitas a Barcelona. Antes, eso sí, los Güell destrozaron una pila de mármol en la que caía el agua de una fuente diseñada por Gaudí en el jardín de la mansión. Los años hicieron que la maleza cubriera los restos de esa fuente y que, destrozada, fuera encontrada a finales de los años 60: aun destrozada se podía percibir que estaba adornada con las cuatro barras catalanas, los Güell se habían preocupado de desfigurarla no fuera a ser que lo monarquía y el ejército que debían salvar sus intereses se lo tomaran a mal… El camaleonismo político de la alta burguesía catalana no es nuevo.

En los mismos años en los que Millet entraba a formar parte del patronato de FAES, recibía en su despacho –se rumorea que por indicación de Artur Mas- a Ángel Colom i Colom, alias “sis ales”, entonces presidente del Partit per l’Independencia, una atrabiliaria formación política escindida de ERC cuando se agotaron las líneas de crédito en esa formación, del que formaba parte también Joan Laporta. El PI había dejado deudas multimillonarias que Millet estaba dispuesto a encontrar a “paganos” que las cubrieran. Desde la derecha españolista hasta la izquierda independentista, Millet estaba por encima de cualquier ideología política y de cualquier patria, y trataba solo de generar una propia red de intereses.

Lo que han demostrado los Casas Palau y Pretoria

-    La existencia de una oligarquía económica en Catalunya.

-    El carácter camaleónico y arribista de esa oligarquía.

-    Su utilización del catalanismo como excusa emotiva y sentimental para ocultar su red de intereses oligárquicos.

-    El carácter institucional y estructural de la corrupción en Catalunya.

-    La transversalidad de la corrupción en Catalunya que ha abarcado desde el PP, FAES, hasta CiU, el PSE, el independentismo.

-    La existencia de redes que centralizan el poder económico de la oligarquía catalana.

-    El carácter subordinado de los partidos políticos catalanes a los intereses de esa oligarquía.

-    El valor “interés” situado por encima del valor “Catalunya” para la oligarquía catalana.

-    La permanencia de estos 300 linajes oligárquicos desde el primer tercio del siglo XIX en los mecanismos de poder.

-    Las razones de la población catalana para inhibirse de los últimos procesos electorales que han registrado niveles de abstención inéditos.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

UPyD, el partido de Rosa. En busca de la bisagra electoral

Infokrisis.- La socialdemocracia ha controlado durante 50 años en Europa (y durante 25 años en España) el espacio de centro-izquierda. Y lo ha hecho en solitario. Es un espacio inmenso que, frecuentemente, ha abarcado mas del 30% del cuerpo electoral. Pero hoy su declive es innegable y la cuestión estriba en quién lo sustituirá. No es raro que abunden las “novias” más inesperadas, todas ellas tentadas por ejercer de suculenta bisagra en el ruedo español. Rosa Díez es una de ellas.

De Rosa Díez se suele decir que es “un político de raza”. Sin embargo, a poco que se examinan sus convicciones se percibe una inmensa vacuidad. Ambiciones muchas, ideas pocas, lo suficiente como para ser la “político más valorada en España” (un 4,08%, por encima de ZP con un 3,98 y de Rajoy con un 3,50 en la misma encuesta del CIS). No son precisamente baúles ideológicos los que acompañan a la Díez en su aventura.

Hasta principios del milenio quien asumir un protagonismo propio dentro del PSOE tenía tres opciones: situarse en las proximidades del líder de turno, crear una corriente propia y jugar con estos elementos para presentarse como candidato a la Secretaría General. Ahora todo esto está en trance de cambiar. Dado el actual nivel de desgaste del PSOE siempre queda la posibilidad de escindirse del partido y fundar una agrupación propia que se desmarque de los elementos que han sumido en el desprestigio a la sigla PSOE. Tal es el camino adoptado por Rosa Díez que aspira hoy a ser cabeza de ratón antes que cola de león, en la espera de que el león se empequeñezca y el ratón aumente su peso social en algunas comunidades.

Es lo que se llama partido catch all (literalmente “atrapalotodo”) basado en asumir “lo mejor” de una sigla, renunciando a todo lo que la ha desprestigiado y realizando una búsqueda oportunista de temas que, siguiendo la tradición de las democracias modernas, se reducen a unas cuentas frases, a propuestas superficiales que ni siquiera tienen que ser coherentes unas con otras. Basta que cada una de ellas contente a una bolsa de electores.

Cuando Rosa Díez funda Unión Progreso y Democracia (nombres suficientemente ambiguo en la tradición de los partidos catch all) las ideas básicas son las de “regeneración democrática” que fundamentalmente se presenta en su doble vertiente de lucha contra los nacionalismos y listas abiertas en las elecciones. Eso es todo: un mensaje populista de bajo perfil.

Cuando la Díez colaboraba con el PNV

La ambición y el afán de protagonismo, así como la ausencia de un discurso político coherente y estructurado, son las dos características que han acompañado a la trayectoria política de Rosa Díez. Y estos rasgos no son de ahora sino que la han acompañado siempre. En 2000 aspiró al liderazgo en el PSOE, siendo derrotada ampliamente por Zapatero. Dos años antes había aspirado a encabezar la candidatura socialista en Euskadi, siendo derrotada por Redondo Terreros. En 1999 fue número 1 en la candidatura socialista para las elecciones europeas y en 2004 fue la número 2.

Hoy no se entiende bien porqué se presentó como rival de Nicolás Redondo, si, en realidad, ambos parecían tener las mismas ideas, pero todo es mucho más comprensible si se atienden a las ambiciones personales de la Díez. Esas mismas ambiciones llevaron a la actual “lideresa” antinacionalista a ser entre 1991 y 1998 Consejera de Comercio y Turismo vasco… en un gobierno de colaboración PSE-PNV. Sobre por qué abandonó el cargo hay distintas versiones. El motivo oficial de la ruptura fue el acercamiento entre HB y el PNV (que negociaban el Pacto de Estella). Los tres consejeros socialistas, Rosa Díez entre ellos, presentaron su dimisión. Una versión sostiene que ella fue la primera en presentarla, sin embargo otra mantiene que no estuvo de acuerdo con la decisión de abandonar el Gobierno Vasco. Lo cierto es que no asistió a la reunión de la ejecutiva del PSE para evitar pronunciarse a favor o en contra.

Así pues, Rosa Díez, la enemiga declarada del nacionalismo vasco… colaboró durante una etapa no precisamente corta (siete años) con el PNV e incluso presentó denuncia contra el dibujante Antonio Mingote cuando éste denunció la “campaña de invisibilización de las víctimas del terrorismo” implícita en una de las promociones turísticas de Euskadi que realizó Rosa Díez en el ejercicio de su cargo de consejera.

Tampoco eran aquellos los tiempos en que se solidarizaba públicamente con las víctimas. Debió de producirse el asesinato de Miguel Ángel Blanco para que la sociedad vasca rompiera el cerco de silencio en torno a las víctimas del terrorismo. Y Rosa Díez, percibiendo el cambio de clima, se unió a la nueva tendencia. A partir de ese momento intentaría hacer de las víctimas del terrorismo un trampolín para su personal carrera política.

Si el cambio de actitud de Rosa Díez en relación al nacionalismo se operó cuando el movimiento de protesta contra el terrorismo etarra se convirtió en un movimiento de masas el nacimiento de UPyD coincide con el rechazo de amplísimos sectores de la población ,al “proceso de paz” con ETA abierto por Zapatero.

Rechazo a las prácticas nacionalistas (sin explicar con claridad qué modelo de Estado propone), rechazo al terrorismo etarra (cuando desde 2003 el terrorismo etarra está en desbandada y solo llega hasta donde se lo permiten las fuerzas de seguridad del Estado) y el tema de las listas abiertas, son las únicas propuestas más o menos claras de UPyD. Ahora bien…

Un partido como cualquier otro

En principio, uno estaría tentado en pensar que UPyD es una partido de nuevo cuño que responde mejor a las exigencias de la modernidad que el PP y el PSOE. Pero luego, a medida que se sistematiza el análisis se percibe que se trata de un partido como cualquier otro y especializado como todos en decir una cosa y hacer otra.

La propuesta regeneracionista de listas abiertas y desbloqueadas que UPyD presenta a la sociedad ni siquiera tiene el valor de aplicarla a sí mismo. En efecto, el llamado “Consejo de Dirección” de UPyD (su Comité Ejecutivo) es elegido en los congresos a partir… de listas cerradas y bloqueadas. Frente a la propuesta de Rosa Díez de que ningún político se eternice en el cargo más allá de dos elecciones, Rosa Díez, autotitulada “portavoz de UPyD” y los “coordinadores territoriales” (gente de su confianza) están libres de esta limitación temporal.

Todo en el nuevo partido tiende, mediante artificios estatutarios, a eternizar a Rosa Díez al frente del partido. La “portavocía” junto con los coordinadores territoriales elegidos en listas cerradas y bloqueadas, controla la totalidad del partido.

Esto ha creado hasta ahora los mayores problemas interiores especialmente con antiguos socialistas hartos del dirigismo y de la rigidez propia del PSOE, ganados por las propuestas regeneracionistas de UPyD y que, en la práctica, hace exactamente lo mismo que los partidos a los que critica. En el pasado I Congreso de UPyD, Valia Merino presentó una candidatura alternativa al Consejo de Dirección, siendo a continuación expulsado del mismo. Nada de prácticas democráticas dentro de UPyD: Rosa Díez controla férreamente el partido y los estatutos del mismo han sido ideados para prolongar ese control.

De hecho, la existencia misma de UPyD es significativa. Tanto sus impulsores como la propia Rosa Díez mantuvieron durante un tiempo coqueteos con Ciutadans que, a fin de cuentas, recibía en Catalunya los mismos apoyos que dieron vida el nacimiento de UPyD dos años después. Lo normal hubiera sido que entre ambos partidos hubiera existido un acuerdo. Sin embargo, Rosa Díez se negó a cualquier tipo de entendimiento a pesar de que los puntos de coincidencia entre ambas formaciones eran claros e incluso ambos decían reconocerse en el espacio de centro izquierda “de centro izquierda”.

Apoyo mediático de la derecha

Los líderes políticos hoy no nacen por méritos propios sino gracias al apoyo mediático que reciben. Tal es el caso de Rosa Díez que a partir de su postura discrepante con Zapatero, su oposición a los excesos de su política autonómica y a la política de mano tendida con el terrorismo, empezó a recibir el apoyo de la derecha hasta el punto de que en sus primeros pasos atrajo nichos electorales disconformes con la línea política y con los problemas internos del PP.

Era lógico que así ocurriera: mientras los medios afines al PSOE trataban a Rosa Díez como un peligro para la izquierda o simplemente eludían mencionarla, los de la derecha la apoyaban y reproducían todas sus manifestaciones en un intento, bastante ingenuo por lo demás, de debilitar al PSOE . El carácter de esta promoción mediática hizo que su imagen pública atrajera, al menos en la primera etapa de su desarrollo, más votos del centro-derecha que del centro-izquierda, con lo que Rosa Díez pareció haber dañado más a la propia derecha que a la izquierda.

Este tipo de operaciones realizadas en los laboratorios mediáticos de la derecha, nunca se sabe si van destinados a promover fenómenos nuevos, a realizar un tirón en las ventas (como puede suponer cualquier otra promoción), para generar nuevas fuerzas políticas que animen el aburrido y monótono panorama político español o, simplemente, para condicional la política de la derecha. El caso es que se trata de operaciones siempre arriesgadas y de dudoso futuro. En Catalunya ya fracasó cuando los medios de derechas apoyaron el nacimiento de Ciutadans destinado a robar votos al PSC en el cinturón obrero de Barcelona pero que prácticamente sólo restó votos al PP. Con UPyD las cosas se desarrollarían, al menos en la primera fase, igualmente.

Así se llegó a las elecciones generales de 2008 en las que Rosa Díez arrancó un diputado –ella misma- por Madrid con el 3,76% de los votos en la circunscripción y un 1,19% en todo el país. El resultado se dobló en las elecciones europeas de 2009 obteniendo 450.000 votos y un diputado (Francisco Sosa) que no se integró en ningún grupo parlamentario y figura como “no adscrito”. La suerte no le sonrió ni en las elecciones autonómicas andaluzas y gallegas con el 0’61% y 1’45% de los votos respectivamente), pero, en cambio, 22.000 votos le bastaron para alcanzar un diputado autonómico en las elecciones vascas.

Sin embargo, la situación interior del partido se deterioró extraordinariamente a partir del 29 de marzo de 2009: la rama aragonesa del partido, al tratar las ponencia del I Congreso Nacional, propuso que las listas a para la elección al Consejo de Dirección fueran abiertas. La propuesta resultó rechazada por 85 votos contra 15. La propia Rosa Díez amenazó con abandonar el partido si se aprobaba la propuesta. Este episodio se saldó con varias destituciones y el cese del coordinador regional.

Unos meses después, el 4 de julio, Mikel Buesa, fundador de UPyD, lo abandonaba alegando el “control férreo y autoritario” que ejerce Rosa Díez sobre la formación y atacando al “coordinador de Madrid” al que acusaba de haber “construido un grupo organizado al margen de la dirección nacional en la región madrileña”. Acto seguido Buesa y 39 miembros de UPyD solicitaban la baja por “falta de democracia interna”, por la “instrucción de expedientes injustificados” y, finalmente, por “ausencia de regeneración democrática efectiva y exceso de personalismo”.

En el Congreso del partido celebrado el 20-21 y 22 de noviembre de 2009 asistieron 500 delegados elegidos por voto directo de los afiliados. Las ponencias presentados fueron dos: “organización” y “política” y se eligió un Consejo de Dirección formado por 20 miembros más Rosa Díez como “portavoz”, como se ha dicho, mediantes listas cerradas y bloqueadas. Tras el congreso, un centenar de afiliados –entre ellos, dato importante, la mitad de Consejo Político fundador- abandonaron el partido por el “sesgo totalitario” que había adquirido y por la inexistencia de ningún organismo que controlara al “todopoderoso consejo de dirección”.

Pero todo esto coincidía con una fuerte caída en picado de los apoyos sociales al zapaterismo víctima de la crisis económica y de su escasa capacidad para afrontarla. Así mismo, los distintos casos de corrupción que estallaron entre mediados de 2008 y el otoño de 2009, hicieron que la intención de voto de UPyD remontara especialmente en la Comunidad Autónoma de Madrid en la que es presumible que consiga arañar un parte sustancial de voto socialista.

¿Doctrina? ¿Para qué doctrina?

¿Cuál es el principal activo de UPyD? Rosa Díez. Así pues, la imagen del partido está directa e inseparablemente unido a la de su “lideresa”. A partir de ahí, cualquier examen sobre sus contenidos políticos sobra. UPyD hará lo que Rosa Díez estime oportuno que haga: esto es, lo que convenga a su carrera política personal. Exactamente igual que cualquier otro partido. Rosa Díez que durante toda su carrera política fue socialdemócrata ahora le cuesta definirse en términos doctrinales si esa definición implica perder un sólo voto

¿Sus ideas políticas, eso que antes se llamaba “ideología”? Pocas y tal como hemos sugerido desde el principio, aquellas que convengan a la promoción de su imagen: ¿aborto? Posición ambigua. ¿Laicismo? Manifestado pero no ejercido, especialmente cuando la COPE es uno de sus principales apoyos. ¿Inmersión lingüística? Difícilmente podría criticar hoy lo que aprobó el gobierno vasco cuando ella formaba parte. ¿Inmigración? No sabe, no contesta. Liquidado prácticamente el tema antiterrorista (por desmantelamiento efectivo de ETA y control policial sobre la organización), Rosa Díez recibe sus apoyos especialmente de los desengañados en materia autonómica. Y estos proceden de la derecha tanto como de la izquierda. El principal atractivo de su programa para estos electores es, precisamente el primer punto de su programa: “retorno de las competencias de educación y sanidad de las autonomías al Estado para garantizar la igualdad de todos los españoles ante la prestación de los servicios básicos”.

En este sentido, UPyD sigue en la tradición jacobina del viejo socialismo que siempre consideró a las autonomías y a los partidos nacionalistas como excrecencias pequeño burguesas generadas por las élites económicas regionales.

Es cierto que quienes impulsaron inicialmente UPyD eran antiguos socialistas y progresistas de izquierdas. Entre ellos se encontraba el filósofo Fernando Sabater, Martínez Gorriarán portavoz de !Basta ya!, la tendencia Socialistas en Positivo, el Foro de Ermua con Mikel Buesa y los periodistas y artistas catalanes que habían contribuido al nacimiento de Ciutadans. Pero hoy, muchos de ellos ya están fuera del partido y la ideología de “centro izquierda” apenas es reconocible por el recurso habitual al tópico “progresista”.

Lo que UPyD tiene hoy como pauta doctrina es un conjunto de ambigüedades, calculadas para seguir royendo votos en los caladeros de la izquierda y de la derecha. ¿Para qué? Para servir de soporte electoral a Rosa Díez que es, a la vez el principal activo del partido, pero también su gran riesgo riesgo: si, por algún motivo, se pretende “acabar” con UPyD basta con apuntar las baterías contra Rosa Díez. Erosionada su imagen ante la sociedad, el partido, pura y simplemente, desaparece.

UPyD, lejos de ser una “alternativa” es uno de los muchos aspirantes a jugar como “bisagras”. Más que una propuesta regeneracionista es apenas otro partido que acepta las reglas de juego pactadas en 1978: fuerte proyección mediática de una “figura”, más que propuestas concretas a la sociedad. Rosa Díez, que perdió toda posibilidad de jugar un papel efectivo en el PSOE después de su enfrentamiento con Zapatero en el congreso de 2000, optó por jugar una carta propia y personalizada: ella es UPyD. Sin ella, UPyD es apenas un agregado de buenas voluntades sin proyección mediática y sin un programa con contornos claramente definidos.

Quien haya querido ver en el seno de la izquierda a UPyD como algo parecido a Die Linke de Oskar Lafontaine o a cualquier otro producto surgido de la crisis de la socialdemocracia, se equivoca. Este tema apenas aparece en el discurso de Rosa Díez probablemente porque ni siquiera es consciente del mismo a diferencia de algunos de quienes se sumaron a UPyD y ahora ya están situados fuera del partido ¿Qué es UPyD? Es el partido de Rosa Díez. Nada más. Sólo partiendo de esta única base, un afiliado a UPyD puede sentirse cómodo. Esperar algo más de esta formación parece excesivo.


[Recuadro I]

La gran crisis de la socialdemocracia europea

Socialdemocracia reciclada

Las elecciones europeas de 2009 confirmaron lo que ya se intuía desde principios del milenio, a saber, que la socialdemocracia europea había entrado en crisis. En 2001 eran doce los países europeos gobernados por la socialdemocracia. A principios de 2010 eran solamente cinco, de los que uno, el Reino Unido, ya ha pasado a manos conservadores. En cuanto a los gobiernos de Grecia, Portugal y España tienen las horas contadas a causa de las medidas que se están viendo obligados a adoptar para conjurar la crisis económica. Hacia mediados de 2012, la socialdemocracia prácticamente habrá desaparecido del continente europeo.

Los dirigentes de los partidos socialdemócratas son optimistas. Han vivido situaciones parecidas de pérdida de influencia que han recuperado en los años siguientes. Esto es cierto, pero nunca el descrédito de la socialdemocracia europea ha llegado tan lejos y en tantos países al mismo tiempo. Además se producen otras circunstancias que estaban ausentes en anteriores crisis y que permiten intuir que la socialdemocracia europea está agonizando y puede correr el mismo destino que otras facciones de la izquierda aplastadas por la apisonadora de la historia: radicalismo, anarquismo, estalinismo, comunismo, maoísmo, trotskysmo, de los que no quedan ni los rastros.

En teoría, la contradicción entre derecha e izquierda en las últimas décadas ha sido, en realidad una lucha entre liberalismo y socialdemocracia. Hoy, lo que está en crisis es el sistema económico liberal y, por tanto, su adversario, la socialdemocracia, debería experimentar un ascenso político y sus ideas estarían en boga como remedio a la crisis. Sin embargo no es así, sino todo lo contrario.

A partir del Congreso del SPD alemán en Bad Godesberg (1959) el socialismo alemán renunció al marxismo y se transformó en la socialdemocracia que hemos conocido hasta ahora. Esto implicaba una aceptación del liberalismo económico que, a partir de ahora, asumían como irrenunciable. En las décadas siguientes, con la actitud propia del converso esta postura se fue afianzando hasta el punto de que los socialistas figuraron entre los más ardorosos partidarios de la consecuencia extrema del liberalismo: la globalización.

La pérdida de identidad de la socialdemocracia

Los 50 años que van desde Bad Godesberg hasta la crisis económica actual han supuesto una permanente pérdida de identidad de la socialdemocracia europea. Poco a poco su perfil se ha ido reduciendo hasta que finalmente, en nuestros días, esta tendencia no es más la otra cara de la moneda liberal, la contraria al centro-derecha. Cada una de estas caras se define como negación de la otra hasta el punto de que las elecciones ya no se vota a un candidato concreto por sus méritos, sino por el demérito del otro…

Los grupos que han constituido la base social de la socialdemocracia también han ido cambiando desde una amplia base obrera en los años 60 a las clases medias acomodados a finales de la primera década del milenio autodefinidas como “progresistas”. Estos, evitan solidarizarse con las penalidades de las clases más modestas en tiempos de crisis y prefieren lavarse la conciencia apadrinando a un niño peruano, sumándose a las ONGs más pelegrinas o manifestándose a favor de las energías alternativas. De su pasado “de izquierdas” no queda nada más que el apoyo a algunos temas de escasos calado: la “memoria histórica”, el apoyo al juez Garzón, un laicismo forzado en una sociedad laica y poco más…

A fuerza de ir aceptando las consecuencias extremas del liberalismo, de renunciar al marxismo y de asumir una tenue patina ideológica “progresista”, la socialdemocracia ha renunciado a su propia identidad sin dotarse de otro perfil que fuera fácilmente reconocible. Y así ha ocurrido que cuando ha sobrevenido la “gran crisis”, no hayan estado en condiciones de aportar ninguna respuesta, ni mucho menos de estimular y capitalizar la protesta popular.

Los socialdemócratas se han quedado sin mensaje. Les queda, claro, toda una gama de temas de perfil bajo (violencia doméstica, derechos de los inmigrantes, lucha contra la discriminación, apoyo al feminismo, algunos tópicos ecológicos y solidaridad con el tercer mundo) que importan muy poco al elector en tiempos de crisis. Pero, en realidad, no pueden proponer nada a los jóvenes (que, desde Felipe González en España, disponen solamente de contratos basura y perspectivas de paro, con la imposibilidad de emanciparse de sus padres y de formar una familia o tener hijos), ni a los trabajadores (instalados entre el paro, la competencia desleal que supone la inmigración y la inseguridad laboral), ni mucho menos a las clases medias (machacadas a impuestos y en fase de proletarización). Tal ha sido el precio de ser ganados por el liberalismo: ahora son co-responsables de la gestión del sistema, de los éxitos de ayer y de los fracasos de hoy.

El bofetón de 2009

Hacia principios del milenio la socialdemocracia europea ya daba signos de agotamiento y era evidente que cada vez era “menos socialdemócrata”. La marcha hacia el centro protagonizada por todos los partidos había terminado creando una inmensa zona gris en la que centro-derecha y centro-izquierda apenas se diferenciaban e incluso cada una de ellas mantenía elementos en su interior que bien podrían haber estado en el otro bando (caso de Pimentel ex ministro de Trabajo con el PP o caso de Bono en el caso del PSOE). Por encima de ambos centrismos lo que existía era una aceptación del capitalismo liberal y globalizador.

En 2009, con la impresionante derrota socialdemócrata que evidenciaron las elecciones europeas en el viejo continente, el declive de esta opción era difícil de negar. Hoy solamente gobiernan en cuatro países europeos que perderán inevitablemente en uno o dos años, tras perder el Reino Unido en mayo. Para la socialdemocracia no hay mañana porque ni siquiera en estos momentos la mayoría ha advertido la profundidad de su crisis, ni .quienes lo han hecho (el socialismo francés) saben como salir de ella.

En España el zapaterismo ni siquiera es socialdemocracia sino una mixtura híbrida de humanismo universalista y progresismo de manual dela UNESCO. Incluso es significativo que la sigla PSOE haya desaparecido en beneficio de la sigla ZP. En esta transformación el PSOE ha perdido a sus mentes más lúcidas que se han negado a ponerse al lado de un indigente ideológico y de una nulidad política como Zapatero. ¿Quién sucederá a ZP en 2012? En el PSOE ya no hay líderes políticos, ni mucho menos estadistas, sino apenas un racimo de ambiciosos (Bono, Blanco) o de bobos y bobas planeando sobre el cielo de Babia (Aído, Pajín). Es difícil que con toda esta patulea pueda reconstruirse el socialismo español. De hecho la pregunta correcta es ¿quedara algo del PSOE en 2012?

[Recuadro 2]

Rosa Díez: El síndrome del “gran timonel” y el síndrome de “Ottinger”

La carrera política de Rosa Díez parece discurrir entre dos síndromes poco conocidos pero no menos reales.

Mao Tse Tung era llamado “el Gran Timonel”. Enver Hoxa “el faro del socialismo”. Stalin “el gran líder patriótico”… y así sucesivamente. En la tradición de la izquierda, siempre ha habido un “ayatollah”, un “gran inspirado” o el consabido “amado líder carismático”. Tal es la única tradición de izquierdas que conserva UPyD.

Quienes creen que la izquierda procede de una tradición democrática tienen mucho de ingenuo. Vivimos en la época del “liderismo” (a no confundir con la época del “cesarismo”. La diferencia entre el “líder” y el “césar” es que el primero es un jefe ocasional que goza de buena imagen mediática y el “césar” un estadista enérgico que lleva a su pueblo hasta mucho más allá de donde éste cree que podría llegar solo). Los “líderes” no son más que proyecciones mediáticas realizadas a conveniencia de los medios de comunicación que, por iniciativa propia, o a cuenta de terceros, desencadenan operaciones políticas destinadas a lograr efectos concretos.

La “operación Zapatero” (que incluyó el 11-M verosímilmente), la “operación Obama”, como en su momento la “operación Suárez” no son nuevas, están hechas de la materia con que están hechas las fantasías democráticas de la modernidad: fama mediática, personajes mediocres situados en el centro de la escena por decisión de los poderes fácticos. Nada que no hubiera sido denunciado ya por Guy Debord desde mediados de los años 60 cuando era evidente que las “democracias” se habían convertido en “espectáculo”.

Todo eso explica el que Rosa Díez frecuentemente figure con mejor imagen que cualquier otro político… lo que no implica, paradójicamente, que esa imagen se traduzca necesariamente en votos.

El mal de todo “liderismo” reside en que el personaje central aureolado de fama mediática frecuentemente pierde la perspectiva de sí mismo y de sus limitaciones y aspira siempre a ocupar una centralidad cada vez mayor, muy por encima de sus posibilidades reales, de sus condiciones o de su capacidad. Mientras que el “césar” suele rodearse de asesores y pares de calidad que forman con él una especie de “clase dirigente”, el “líder” actúa según el principio de Peeter sobre los distintos niveles de incompetencia: percibe rápidamente quienes le pueden hacer sombra (o quienes cree que le harán sombra) y los aleja del centro, mientras se rodea de gente aún más mediocre que él para evitar que ninguno de ellos consiga hacerle sombra. Esto explica el por qué Rosa Díez se deshizo de algunos de los fundadores del partido y porque tiene siempre la pluma tan dispuesta para firmar sentencias de expulsión. Tal es la concreción del “síndrome del gran timonel”.

Pero hay otro síndrome aún peor: dar gato por liebre, frase española que no tiene traducción directa en otros idiomas, aunque existe la tendencia a unificar el mismo concepto en el llamado “síndrome de Ottinger”.

Richard Ottinger era un político sin experiencia que se presentó como candidato al senado de los EEUU en 1976. Un perfecto incapaz con modales de proto-yupi. Sus asesores o mostraron como un político joven, seguro de si mismo, enérgico pero dialogante, con conocimiento y empatía con los problemas de la gente, dotado para el arte del gobierno y cuya única intención era servir a sus electores. Nadie dudaba que sería el vencedor hasta que se enfrentó con sus adversarios en un debate televisivo. Allí Ottinger se hundió en la miseria.

No estuvo en condiciones de responder a ninguna pregunta concreta sobre cómo sería su política, ni qué medidas concretas aplicaría una vez llegado al senado. Una cosa es construir mediáticamente a un personaje y otra muy diferente que éste sea capaz de dar la talla. Para que una operación de este tipo tenga éxito es preciso dotar al personaje de contenido. Y en el caso de Ottinger, sus asesores se olvidaron de llenar con contenidos al “líder”. Cuando acabó el debate televisivo, la carrera política de Ottinger acabó también.

Es inevitable recordar a Rosa Díez y sus giros copernicanos en los últimos 15 años. Su discurso siempre ha estado desprovisto de fondo, sus propuestas en positivo apenas son reconocibles, el contenido de UPyD es, por tanto, mínimo, pues si Rosa Díez es apenas una proyección mediática de la prensa de derecha, UPyD es una proyección personalizada de Rosa Díez.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto

La Catalunya que deja el tripartito (I). Los referendos de fin de semana

Infokrisis.- Los referendos independentistas confirman que Catalunya seguirá unida al Estado. Los referendos independentistas, paradójicamente, han servido para demostrar el desinterés de la población catalana hacia la secesión del Principat. Hubiera sido difícil hacerlo peor, pero en la Catalunya gerenciada durante siete años por un tripartito, cinco governs y dos Presidents, hubiera sido difícil esperar otra cosa. El problema, de todas formas, es mucho más complejo de cómo se percibe en Madrid.

El 16 de septiembre de 2008, Europa Press reprodujo una información facilitada por el Cercle d’Estudis Sobiranistas (CES) que sostenía que si en ese momento se hubiera celebrado un referéndum de independencia en Catalunya ganaría el “sí” con el apoyo del 55%, mientras que un 45% la rechazaría. El CES así lo afirmó, tras analizar los resultados de “21 encuestas sociológicas y política realizadas desde 1991”, que incluían una pregunta directa sobre la independencia de Cataluña.

El presidente del CES no era otro que el aún vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Alfons López Tena. Tanto Tena como el investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Marc Belzunces -que presentó el estudio-- destacaron que una eventual victoria independentista en un hipotético referéndum dependería de los índices participación. Según el CES, la abstención favorecería a los independentistas, que acudirían a votar "en bloque".

Las esperanzas y las realidades

No hay nada peor que confundir los deseos con la realidad. López Tena, prominente miembro de CiU en la comarca de Osona, se convirtió dos años después en el impulsor del referéndum por la independencia de Catalunya. Porque si para algo han servido los referendos independentistas ha sido precisamente para demostrar el desinterés de la población catalana por una perspectiva secesionista. Con más criterio y con sondeos más amplios, la propia Generalitat (compuesta por un partido independentista, ERC, otro en la permanente inopia, ICV, y un tercero específicamente oportunista, PSC) publicó en febrero un sondeo en el que reconocía que apenas un 19% de la población, en el mejor de los casos, se decantaría por una opción secesionista que contemplase una Catalunya vinculada a la Unión Europea.

Pero este sondeo tiene “trampa”. La trampa es precisamente la que ha vuelto a repetirse en el texto de la pregunta en los referendos independentistas. La reproducimos: “¿Está usted de acuerdo en que Catalunya se convierta en un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?”. ¿A que viene ese interés en mezclar a la Unión Europea en todo este asunto? Es simple: a nadie se le escapa que una Catalunya con 6.000.000 de ciudadanos y 1.250.000 inmigrantes, en fase de desertización industrial, es inviable. No tiene fronteras geopolíticas bien definidas, es deficitaria completamente en materia energética, e incluso, admitiendo la imaginativa encuesta del CES de 2008, prácticamente la mitad del electorado estaría en contra de la independencia. Roto el cordón umbilical con el Estado Español solamente quedaba la vía de la Unión Europea para alimentar al Estado Catalán neonato.

¿Es viable esta perspectiva? Difícilmente: la Unión Europea es, por el momento y mientras no se demuestre lo contrario, una “Unión de Estados Nacionales” tal como se sostiene en el Tratado de Lisboa que confirmó este concepto incluido en el proyecto frustrado de Constitución Europea. Y este es precisamente el problema que encuentran los proyectos de “nuevos estados” que pugnan por surgir aquí y allí en el seno de los Estados de la Unión: aceptar la independencia de uno supondría para la UE abrir una espiral de imitadores que liquidaría, en mayor o menor medida a todos los Estados actuales de la Unión, al menos en su actual configuración. A nadie se le escapa que precisamente los Estados más fuertes de la UE, sus “locomotoras”, Francia y Alemania, no están dispuestos a tolerar un proceso similar.

Y este es el problema para los independentistas de toda Europa, y especialmente de España, que la UE supone una “cláusula de integridad” que blinda en la práctica ante los procesos independentistas.

Referendos ingenuos frente a realidades tozudas

Dentro de este contexto, el esfuerzo independentista catalán está siendo superior a sus fuerzas reales. En el fondo, el independentismo está representado por un eje central, ERC, y una miríada de pequeños grupos, minipartidos y asociaciones culturales subsidiadas con los que ERC tiene un permanente intercambio de “flujos”. En ocasiones, cuando ERC asciende en expectativas de voto, tiende a atraer a estos grupúsculos y cuando desciende su intención de voto, tiende a generar más y más disidencias.

Los resultados de ERC han tenido en los últimos 30 años la evolución de unos dientes de sierra. Ahora le toca las horas bajas y, por tanto, los grupúsculos están en su cenit. En cuanto a CiU mantiene un sector independentista en CDC, no en UDC, y especialmente entre la gente joven… Nada hay de nuevo en esto que reitera lo que siempre ha ocurrido en los últimos 30 años. A la vista de que CiU no puede crecer más hacia su derecha (el PP), tiende a hacerlo hacia su izquierda (ERC) y no es raro, por tanto, que con cierta frecuencia Artur Mas (como antes Pujol) realice alguna declaración soberanista que supongo un aliciente para ese electorado. Tampoco aquí hay grandes novedades en esto.

Sin embargo, en el ambiente independentista existe siempre una permanente actitud de exaltación adrenalínica. En 1987, Terra Lliure y los radicales independentistas estaban convencidos de que “toda Catalunya” les apoyaba y se lanzaron a colocar bombas pensando que la independencia estaba a un paso. ¿Por qué lo hicieron? Porque su círculo de amistades, sus lecturas, todo lo que les enlazaba con la sociedad salían de los medios independentistas o, de alguna manera, estaban vinculados a ellos. En definitiva, si hubo Terra Lliure fue por que el independentismo practicaba la danza de los derviches giróvagos: toda su vida y sus relaciones orbitaban en torno al tema independentista. Esto les deformaba la perspectiva y les hurtaba la percepción objetiva de la realidad. Y en eso siguen.

Desde entonces el independentismo no ha mejorado. Fruto de esa “imaginación viciosa” ha sido la cadena de referendos independentistas que ha logrado redimensionar la naturaleza del independentismo catalán.

A pesar de que en algunas comarcas como Osona, el impulso independentista ha contado con el apoyo de los jerarcas locales de CDC, lo cierto es que, fuera de esa comarca, todo el trabajo de organización y convocatoria ha recaído sobre ERC y su constelación de grupúsculos. Si tenemos en cuenta que la estructura de ERC es fuerte solamente en Girona y relativamente fuerte en algunas comarcas de Barcelona, especialmente en el interior, y sus disidentes carecen de estructura más allá de la local, se percibe claramente lo limitado de la convocatoria y de sus resultados.

¿Qué hace falta saber para votar?

Tal es la pregunta que se plantean los organizadores de los referendos en la portada de su folleto explicativo sobre la consulta. Ellos mismos contestan:

“1) Se votará mediante voto secreto depositado en una urna. Las posibles opciones de voto son SI-NO-BLANCO

2) Podrán votar todas las personas empadronadas en el municipio a partir de los 16 años.

3) Para votar se habrá de acreditar la identidad y la residencia en el municipio del elector, exhibiendo en la mesa electoral el original de alguno de los siguientes documentos:

- Para acreditar la identidad los considerados ciudadanos españoles: DNI o Carné de Conducir.

- Para acreditar la identidad de los extranjeros: los comunitarios, el DNI del país de origen; los no comunitarios residentes el NIE; los extranjeros empadronados sin permiso de residencia, el pasaporte del país de origen.

- Para acreditar la residencia: si consta en el documento identificador la dirección en el municipio queda acreditada. Si no consta una dirección o es de otro municipio, el elector tendrá que acreditar su residencia exhibiendo en la mesa electoral el certificado o el volante de empadronamiento, de fecha posterior a la del documento identificador.”

Pues bien, en estas condiciones para votar se percibe la debilidad de la propia convocatoria: de un lado pueden votar los electores de entre 16 y 18 años. Los independentistas tienen tendencia a pensar que “la juventud está con ellos” y, por tanto, contra más jóvenes sean los electores, esperan que más refuercen el soberanismo… olvidando que esos mismos jóvenes, a medida que van creciendo, tienen tendencia a abandonar ese radicalismo adolescente.

Independentismo e inmigración

En segundo lugar sorprende que los inmigrantes (que, a fin de cuentas no son más que residentes temporales, lo que en Alemania se llama “trabajadores invitados”) tengan derecho a decidir el futuro de Catalunya y no solamente los legales sino también los ilegales empadronados. En estos, los organizadores no hacen más que seguir la directriz de ERC que, en la actualidad puede ser considerado como el “partido más plus”: más independentista y más proinmigracionista, flagrante contradicción producto de las ensoñaciones de Carod-Rovira que considera a la cultura catalana más integradora que cualquier otra de Europa, de manera queque cualquier inmigrante, por el mero hecho de tener contacto con ella, queda transfigurado e integrado.

Los miembros de ERC creen, sin sombra de duda, que la integración de los inmigrantes que no se ha podido realizar satisfactoriamente en lugar alguno de Europa, se realizará casi como por milagro, en la Catalunya independiente. A los inmigrantes islámicos esta posibilidad les seduce realmente: una Catalunya independiente es más fácil de islamizar que incluida dentro de un Estado más grande con amplias zonas en las que no existen islamistas.

¿De dónde ha podido salir esa absurda idea? La ideología humanista y nacionalista de ERC ha hecho que en la mayoría de Ayuntamientos en donde tienen presencia ocupen las concejalías de carácter social… en donde se han podido relacionar con miles de inmigrantes relacionados con cientos de asociaciones que acuden en busca de alguna subvención o subsidios. Es evidente que cuando alguien acude a pedir algo tiende a agradar al interlocutor y eso es lo que han visto los concejales de ERC: inmigrantes sumisos que les siguen la corriente para obtener algo a cambio…

De ahí que se haya producido la paradoja de que el partido político más independentista que, en principio se está tentado de pensar que es el que defiende con mayor ahínco la identidad catalana, sea, finalmente, el que apoye más decididamente a la inmigración que tiende a rebajar precisamente por su mera presencia esa misma identidad.

El inicio del conflicto: Arenys de Munt

El origen de esta tendencia a la convocatoria de referendos de escasa o nula solvencia partido en el mes de julio de 2009 del ayuntamiento de Arenys de Munt. Vecino a Arenys de Mar, situado en la costa, Arenys de Munt es un municipio interior poblado por unos 8.500 habitantes, con un 25% de inmigración real, gobernado por una Agrupación independiente de carácter independentista (AM2000), ERC y la CUP (independentismo radical). Votó el 41% de la población. Si Arenys de Munt saltó a la fama no fue tanto por el referéndum como por la presencia de unos 70 falangistas uniformados como en los años 30 que irrumpieron en la población el mismo día de la consulta.

Una vez se examina la sociología de la población se percibe claramente que el principal problema de Arenys de Munt es la inmigración y, naturalmente, la crisis económica, combinado explosivo que estalló en e mes de marzo cuando se produjeron protestas vecinales ante la posibilidad de que se construyera una mezquita. Sin embargo, los independentistas eligieron esa población para “estrenar” su oleada de referendos.

Así como el referéndum que amenazó con convocar el Lehendakari Ibarretxe con carácter institucional, estos referéndums eran iniciativas surgidas de asociaciones y partidos y jamás ha contado con el apoyo de legalidad alguna. La idea con la que se convocaban era la de que –copiamos del texto de la propia convocatoria- “un buen nivel de participación impulsará la convocatoria de un referéndum nacional de independencia con carácter vinculante reconocido por la comunidad internacional”. Si esa era la intención, los escasos resultados y el bajo seguimiento de la campaña, ha constituido un estrepitoso fracaso.

El PSC procuró pasar de puntillas sobre el asunto de los referendos y vio el cielo abierto con la presencia arcaizante de 75 falangistas uniformados en Arenys, situándose en posición de equidistancia entre los “independentistas radicales” y los “falangistas recalcitrantes”. Los partidos catalanes, salvo el PP, sostenían que la consulta, aunque no fuera “legal” era “legítima” en aras a la libertad de expresión; muchos ayuntamientos –incluso con mayoría socialista- pusieron sus instalaciones y recursos a disposición de los convocantes de la consulta sin preguntarse si era legal facilitar a organizaciones privadas los datos del padrón municipal…

Esto, unido a que en algunos municipio se votó durante una semana, a que en otros no existió ningún tipo de control, y los “observadores” internacionales fehacientes brillaron por su ausencia y, sobre todo, que quienes realizaron el recuento de votos, quienes llevaron la administración de los resultados y los únicos que hicieron campaña fueron los independentistas, restaban los restos de “legitimidad” que pudo tener la consulta en su origen y los pobres resultados sellaban el fracaso de la iniciativa y un paso atrás para el independentismo.

Una participación decreciente

Los resultados de los referendos en diciembre en 167 municipios fueron, con mucho, los más favorables a los independentistas con una participación que apenas llegó al 29%. Para colmo, el resultado de los SÍES, un 94%, recordaba demasiado a las “elecciones a la búlgara” por su unanimidad. En realidad, lo que ocurría es que el 94% de los votantes eran todos los independentistas que podía haber en esos municipios. Particularmente masiva fue la consulta en Osona que, impulsada por López Tena, alcanzó el 47% de participación. Era el techo. En otras zonas como Vilanova i la Geltrú apenas votó el 15% de los electores convocados. Ya desde entonces se empezó a ver que la tendencia general era a la indiferencia en las grandes poblaciones y a la participación relativa en las pequeñas, especialmente en “la montanya”.

Otra nueva oleada de referendos convocados en febrero confirmó esta tendencia, llamando particularmente la atención los malos resultados cosechados en especial en el sur de la provincia de Tarragona en donde la participación fue, literalmente, imperceptible. La participación en los 80 municipios en donde se realizó la consulta fue sensiblemente menor a la de los referendos de diciembre. De las 290.027 personas llamadas a consulta acudió solamente el 21,55%, 6’5 puntos menos que en diciembre. En El Vendrell apenas se llegó a una participación del 8%.

Estos referendos están sirviendo para algo evidente: Catalunya es plural y las comarcas de Tarragona tienen una opinión muy diferente a las de la Montanya catalana (Osona, Bergueda, la Garrotxa, etc.). Rupit y Pruit, separados unos pocos kilómetros en Osona alcanzaron el 71% de participación, cifra récord que seguramente debe mucho a la actividad incansable de López Tena.

La siguiente oleada de referendos tuvo lugar el pasado 25 de abril confirmándose todas estas tendencias, especialmente la tendencia a una menor participación que empezaba a rozar el ridículo. En esta ocasión votaron 212 municipios pero la participación se quedó en el 20% pelado. La participación fue desigual, pero los organizadores cometieron el error de destacar que población mostraban un récord de participación: La Vilella Baixa (Tarragona), situada en el Priorat, votaron 99 personas, el 68% del censo; en Nalec (Lérida), en Urgell, lo hicieron 87 personas, el 96% del censo, y en Iborra (Lérida), en la Segarra, acudieron a las urnas el 90% de los empadronados, 112 votantes... Votaciones máximas en poblaciones minúsculas, cuando en Lliçà de Munt, apenas votó el 12% del censo, en Lérida, el 8%; y en Reus, apenas el 15%. Poblaciones grandes participación pequeña…

De seguir esta tendencia en la próxima oleada de referendos los votantes estarían por debajo del 20%. Y todavía falta el referéndum en Barcelona a celebrar en 2011… ¿Se llegará hasta ahí?

El núcleo del problema catalán

A estas alturas hay pocos observadores que sostengan que el independentismo catalán es un “grave peligro”. No lo era siquiera cuando existía una organización terrorista que mataba (en realidad, “moría” en accidentes con manejo de explosivos, mucho más que “mataba”, cuatro terroristas de Terra Lliure saltaron por los aires y causaron una sola víctima y de manera involuntaria), ni tampoco lo ha sido durante los siete años en los que ERC ha estado gobernando.

Los problemas para Catalunya en estos momentos son la situación real de Catalunya (caracterizado por una mixtura de inmigración masiva, corrupción y crisis económico-social), la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut aprobado en 2007 (si bien es cierto que con una abstención del 50% y con un soporte del 30% del cuerpo electoral real) y lo que se ha llamado “desafección catalana”.

El “nacionalismo español” identificado con Aznar dejó mal recuerdo en Catalunya a causa especialmente de su prepotencia en materia internacional y del insensato alineamiento de Aznar con los proyectos belicistas de George W. Bush. A partir de ese momento los índices de abstención en las distintas consultas electorales fueron en aumento. Tras el aznarato, las esperanzas suscitadas en Catalunya por Zapatero se fueron al traste a causa de su actitud oportunista ante el Estatut (actitud que varió desde el “aprobaré lo aprobado por el Parlament de Catalunya” hasta su “aprobaré la sentencia del Tribunal Constitucional” y más tarde a raíz de la crisis económica y de la incapacidad del zapaterismo para reconocer el problema y actuar en consecuencia.

En otras palabras: los “gobiernos de España” han “fallado” en los últimos 10 años a los ojos de la mayor parte de catalanes. Existe una tendencia inevitable en Catalunya a identificar “España” con la “gestión del gobierno de España”. Si éste falla, lo que se debilita es la idea de España. En el momento actual, la “desafección catalana” consiste en eso precisamente: la crisis económica y social en Catalunya es de tal magnitud, los niveles de corrupción disparados, la inmigración tan absolutamente omnipresente que se tiende a atribuir la responsabilidad de todo esto al “gobierno español” o, directamente, a “España”.

Lo peor es que esta opinión no es del todo descabellada. El gobierno español es en buena medida responsable del caos catalán… Pero también en Catalunya existen responsabilidades. Pero el gobierno de la Generalitat está paralizado en la cuestión del “nou Estatut” desde hace siete años, a partir del momento en que llegó al poder Maragall con hambre de pasar a la historia alcanzando una nueva cota autonómica y apoyándose en… independentistas. A la “desafección catalana” en relación a España se une otra no menos visible: también existe en relación a las autoridades específicamente catalanas como mostró el impresionante índice de abstención, voto nulo y voto en blanco en las pasadas elecciones municipales en la ciudad de Barcelona y a los niveles de abstención (cercanos o superiores al 50%) que se prevén en las próximas elecciones autonómicas de noviembre.

El problema de Catalunya es que ya no se cree en las bondades de “España” y de sus gobiernos (que se consideran como algo ajeno y lejano), pero tampoco en el gobierno autonómico (que cada vez se ve como una banda de corruptos incapaces, sensación aumentada por el caso Millet y la Operación Pretoria).

El problema de Catalunya y de España es, a fin de cuentas, el mismo: la inexistencia de una “misión” y de un “destino”, que hoy ya no se concibe ni en común ni separadamente …

Y, desde luego, el independentismo que quería aportar a Catalunya un “destino independiente” ha fracasado completamente en su intento. Catalunya seguirá unida al resto del Estado, por mucho tiempo, pero sin fe y con indiferencia generalizada mientras la política española esté gobernada por serviles de Bush  y herederos o por inútiles incapaces de comprender las dimensiones de la crisis actual.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto

“Nou Estatut”: pasar página definitivamente

Infokrisis.- Cuando ya nadie tenía fe en la capacidad del Tribunal Constitucional para ponerse de acuerdo en una sentencia sobre el Estatut de Catalunya recurrido por el Partido Popular desde hace más de cuatro años, su presidenta logró aprobar por 6 votos contra 4 su propuesta de sentencia. Hoy ya tenemos sentencia que no es ni la que el tripartito que gobierna en Barcelona hubiera deseado, ni tiene la contundencia que el PP habría necesitado para demostrar que el Constitucional le daba solamente la respuesta, ni refuerza al zapaterismo (que dijo aquella inenarrable frase de que “aprobaría todo lo que saliera del Parlament de Cataluña”, etc. La sentencia es de aquellas que permiten, como en las noches electorales, demostrar que cada partido ha ganado. ¿Ha ganado alguien realmente? La sentencia ha intentado contentar a todos sin que nadie haya

1. Sobre la sentencia en sí

La vicepresidenta del gobierno, a poco de conocerse la emisión de la sentencia, salió triunfante ante las cámaras explicando que el recurso del PP había sido derrotado y que solamente un artículo había sido declarado inconstitucional. Ha sido la única voz que fuera en esa dirección. En realidad 14 artículos han sido declarados inconstitucionales y 24 deberán ser remodelados… Si tenemos en cuenta que todos los artículos no tienen el mismo interés y que para los nacionalistas precisamente los artículos recurridos son los que más valor tienen (declarar inconstitucional la declaración de la lengua catalana como “preferente”, liquidar el sueño de un “poder judicial catalán” e incluso que la sentencia ha avalado en varios momentos la “indisoluble unidad del Estado”, tumbar lo relativo a las competencias en materia de Cajas de Ahorro y Tributos locales y la figura del defensor del pueblo catalán) a la hora de evaluar el preámbulo y el término “nación”, entenderemos el enfado de ERC ante la sentencia.

La negativa a entrar en el fondo de la cuestión sobre el término “nación” incluido en el preámbulo del Estatuto se justifica, por ejemplo, afirmando que se encuentra en el preámbulo y carece de valor normativo, para acto seguido, aludir en varias ocasiones a la “indisoluble unidad de España”.

En materia lingüística la sentencia es suficientemente ambigua para que todas las partes vean lesionados sus intereses: mientras se niega explícitamente la legalidad de la política oficial de la Generalitat que define el “uso preferente del catalán”, la sentencia establece el “uso normal del catalán”, lo que obliga a la Generalitat a modificar varias leyes promulgadas en los últimos tres años, sin que existan garantías de que tal modificación se realizará.

Las leyes catalanas son declaradas explícitamente de rango inferior a las del Estado y, por tanto, esto tiene que ser considerado como un fracaso para las aspiraciones nacionalistas que pretendían situar la Generalitat y el Estado Español al mismo nivel. Sin embargo, también aquí se elude explicitar qué leyes y qué reglamentos aprobados desde hace cuatro años deben ser modificados, lo que prolongará la situación de ambigüedad interpretativa por parte de la Generalitat.

Figuras como “el defensor del pueblo catalán”, la creación de un “poder judicial catalán”, determinadas medidas en materia de fiscalidad local y de gestión de las Cajas de Ahorros, han sido igualmente declarados anticonstitucionales, sin embargo, en lo que se refiere a la administración en los diferentes departamentos no se modifica la pretensión de la Generalitat de asumir “competencias exclusivas” en materia ejecutiva lo que implica en gran medida la desaparición del aparato del Estado en España.

La sentencia, al haberse retrasado cuatro años y al desaparecer la figura del recurso previo de inconstitucionalidad llega en un momento en el que la Generalitat ya ha desarrollado muchos de los artículos recurridos. La confusión, el caos y las interpretaciones unilaterales que se van a generar durarán por espacio de años a causa del retraso y de la ambigüedad de la sentencia.

2. Lo que se pretendía con el Estatut

El nuevo estatuto nace de la colusión de una serie de circunstancias subjetivas (megalomanía de Maragall e intento de pasar a la historia de Cataluña forzando un “federalismo asimétrico” por vía estatutaria, intento de Carod-Rovira de avanzar un paso más hacia la independencia, necesidad de CiU de no perder protagonismo y de evitar la erosión de su voto por parte de ERC) eludiendo circunstancias objetivas (ausencia de demanda social de la población catalana, clamor inexistente por una reforma estatutaria). De ahí que este Estatuto no haya recibido el refrendo de más de un 30% de electores cuando se le sometió a consulta.

Carod Rovira aspiraba, por una parte, a incorporar al PSC al nacionalismo (y por eso Carod y Maragall firmaron el Pacto del Tinell) y por otra a avanzar algo más hacia el independentismo. Desde su óptima, el Estatuto no tenía otra justificación más que la creación de un marco jurídico nuevo que posibilitara en una década más acceder a la independencia. De ahí que más que un “estatuto”, el texto tuviera la fisonomía de una “constitución” con reconocimiento de derechos cívicos y del establecimiento de tres poderes clásicos (ejecutivo, legislativo y judicial), tendiera a la desaparición de la estructura del Estado en Cataluña y eliminara la influencia de la lengua castellana.

Sin embargo, todo ha ido al revés: la población catalana tiene la sensación de que estos últimos siete años se han perdido en el debate estatutario y que su situación no ha mejorado, sino todo lo contrario. El tripartito es hoy un estado mayor de desahuciados políticos. La clase política catalana ha alcanzado niveles inéditos de desprestigio y la brecha con la población es insalvable después de las últimas oleadas de corrupción. La reacción de la clase política catalana a la sentencia será cargar las tintas, intentar movilizar a la población apelando a la vena emotiva y sentimental del catalanismo (veremos si en varano, si con el mundial de fútbol en ciernes y sin que el tema genere excesivo entusiasmo en la población, la movilización alcanzará un nivel de masas).

3. De quién es hijo el Estatut

El Estatut es hijo del consenso parlamentario del 3%, pacto tácito entre los partidos parlamentarios catalanes en 2004 para evitar la creación de una comisión parlamentaria que investigara las comisiones del 3% cobradas por CiU en la concesión de oba pública. Esa práctica se había generalizado durante el pujolismo y siguió manteniéndose. De ahí salió la “omertá” de los partidos catalanes y el intento de ir un poco más lejos para la mayoría: ese nuevo techo autonómico para la mayoría tenía como objetivo que la Generalitat pudiera disponer de más fondos… ¿para? Para que las comisiones del 3% fueran sobre un monto mayor.

A lo largo de 20 años de pujolismo Cataluña se convirtió en uno de los posos de mayor corrupción de todo el Estado. Estos casos estallaron tanto bajo el pujolismo como bajo los dos tripartitos y siempre, absolutamente siempre, tocaron a los altos cargos del gobierno de Pujol: desde consellers de UDC hasta los propios brazo derecho (Maciá Alavedra) y brazo izquierdo (Lluis Prenafeta) pasando por notables e históricos del nacionalismo (Millet) y alcaldes del PSC inmersos en recalificaciones salvajes y desaprensivas.

El “nuevo Estatut” es hijo de todo esto: fue redactado por una clase política degenerada y miserable que había aprendido a utilizar sistemáticamente el nombre de “Catalunya” para avalar sus rapacidades y justificar sus desmanes. Desde que Jordi Pujol a principios de los años 80 movilizó a la ciudadanía catalana en su defensa para evitar el procesamiento en el caso Banca Catalana, teniendo el cinismo de afirmar que se intentaba llevar al banquillo “a Catalunya”, siempre el nacionalismo catalán ha jugado con la emotividad y el sentimentalismo catalán para tapar sus vergüenzas.

Estos son los que han hecho el Estatut. Como si un atracador diseñara el sistema de seguridad de una institución bancaria. El Estatut será “legal”, pero sus impulsores no son “legítimos”: pertenecen a esa clase política de la que Catalunya debe liberarse si quiere dejar atrás los bloqueos y los ensimismamientos nacionalistas.

4. Siete años en la vida de Cataluña

Estos últimos siete años de vida catalana han visto sucederse en el poder a dos tripartitos ineficaces y autistas: mientras la situación se iba deteriorando cada día más en las calles y en los barrios, las autoridades catalanas multiplicaban sus declaraciones nacionalistas y pugnaban por presentarse a cual más nacionalista… mientras que en la calle iban llegando oleadas de inmigrantes, se iba procediendo a la creación de guetos étnicos un poco por todas partes, se establecía 1.250.000 extranjeros en territorio catalán superando el 22% de inmigración real, estallaban casos de corrupción a cual más espectacular, las fábricas se iban deslocalizando y Catalunya adquiría niveles de paro y especialmente de paro juvenil similares a Andalucía. Eso ha sido todo.

A lo largo de estos últimos siete años el seny  catalán se ha dilapidado. Todos los objetivos del tripartito se han visto defraudados, incluso los que ha perseguido con más interés. En materia lingüística, incluso, en estos años se ha producido un fenómeno paradójico: la lengua catalana cada vez se “conoce” más (por las normas de inmersión lingüística), pero cada vez se “habla” menos, descendiendo incluso su utilización en la universidad. Esto no ha sido óbice para que se generalizara la odiosa “delación lingüística” estimulada desde la Generalitat y especialmente por ERC.

Pero lo peor ha sido la falta absoluta de “centros de imputación”: hemos asistido continuamente en Catalunya a un permanente enfrentamiento entre ayuntamientos, Generalitat y Estado, acusándose cada uno de las carencias y los problemas gravísimos que ha atravesado la sociedad catalana en este malhadado ciclo. Las muestras de ineficacia por parte de algunas consellerías (interior, por ejemplo, con Joan Saura al frente) han sido constantes: incendios forestales descontrolados, nevadas que paralizaban comarcas enteras y las mantenían sin energía eléctrica durante quince días, desautorización de los Mossos d’Esquadra, etc.

Donde más dramática ha sido la situación, desde luego, ha sido en materia económica. Ninguno de los instrumentos de planificación económica y creación de un nuevo modelo económico al alcance de la Generalitat habilitados por el Estatuto ha funcionado. Nadie ha sido capaz de sacar a Catalunya de la crisis económica que ha alcanzado en esa autonomía unos niveles de paro real por encima del 20%.

5. Problemas reales y problemas virtuales

En Catalunya casi nadie esperaba la sentencia del tribunal constitucional. Interesan más otros problemas: ¿Cómo llegar a fin de mes? ¿Cómo evitar que el propio barrio sea objeto de un proceso de limpieza étnica? ¿Cuál será el próximo alto cargo procesado o el apellido famoso que acabará en la cárcel por corrupción? ¿Cómo evitar el paro? ¿Cómo superar la sensación de inseguridad que se ha apoderado de la sociedad catalana?

Ante todos estos problemas, la Generalitat no tiene soluciones, alternativas ni respuestas a los problemas reales experimentados por la población. Pero, eso sí, su reacción, ante los problemas virtuales –como la sentencia del Estatut- es inmediata.

Una sociedad en la que la inmigración ha pasado de 2% en 1996 al 23% en apenas 14 años, en donde la natalidad está completamente hundida y excluido el aumento demográfico aportado por los inmigrantes, dispone de la tasa de natalidad más baja de todo el mundo, es una sociedad inviable. Una sociedad en la que en algunas zonas la inmigración es superior al 50% (Salt, el Rabal y la Ribera de Barcelona, etc) donde ya son varias decenas de colegios públicos los que tienen entre el 90 y el 100% de alumnado inmigrantes, es una sociedad inviable.

Cuando la Generalitat permanece indiferente a las estrecheces de la mayor parte de catalanes y prosigue con un gasto faraónico en todas las consellerías, lo que está haciendo es justificando la “desafección” que la sociedad catalana prodiga a su clase política.

Si hay una palabra que define a la Catalunya de mediados de 2010 esta es “inseguridad”. No existen garantías de que en los próximos meses no se producirán nuevos casos de corrupción, no hay nada que indique que el paro ha tocado suelo, ni nada absolutamente que permita suponer que la Generalitat o el Estado van a disminuir la presión fiscal.

Para colmo, las cárceles catalanas tienen el mayor porcentaje de presos extranjeros y experimentan el mayor crecimiento en número de “residentes” que en cualquier otra parte del Estado. Amparados en las diferentes estadísticas entre la policía nacional, la guardia civil y la policía autonómica, ninguna administración ofrece datos fidedignos sobre el aumento de la delincuencia, pero a faltad e datos, la población tiene la percepción de que cada día aumentan los delitos y los hurtos especialmente en zonas de inmigración masiva.

Ante todo esto, el tripartito ha permanecido paralizado, incapaz de reaccionar  y sin más proyectos que aquellos que podían rendir buenas comisiones y aumentar el faraonismo de la Generalitat. Hoy es difícil encontrar en Catalunya alguna calle en la que no se encuentre domiciliada alguna oficina administrativa de la Generalitat. Contrariamente a la percepción que se tenía al principio de la transición, el Estado de las autonomías, lejos de disminuir el volumen y la densidad de la administración, lo ha multiplicado por cuatro.

En estas condiciones, gobierne el tripartito o gobierne CiU, la desembocadura final es la misma: una administración autonómica insostenible dentro de un Estado de las Autonomías absolutamente insoportable desde el punto de vista económico.

6. De cara a las elecciones

Todo lo que los partidos digan o hagan en los próximos días va a estar dictado por la proximidad de las elecciones: el PPC intentará demostrar que la sentencia del Estatut les ha dado la razón e incluso es posible que logren recuperar algunos votos a pesar de que nunca como hoy este partido ha estado tan mal dirigido; el PSC procurará detener la caída en picado de su intención de voto cometiendo el error que sin duda ha contribuido hasta ahora a limitar su techo electoral en las elecciones autonómicas: presentarse como más nacionalista que los nacionalistas y olvidando que su caladero de votos está en el cinturón industrial de Barcelona mayoritariamente castellanoparlante. CiU ejercerá el radicalismo nacionalista en su intento de recuperar votos que hace siete años se fueron hacia ERC. Este partido, por su parte, intentará captar el voto juvenil y el del independentismo que ha ido mermando hacia el Reagrument y hacia las CUPs. Y en cuanto a ICV, bastante tendrá con sobrevivir a Joan Saura…

Vendrá el verano y se acabarán las movilizaciones. Vendrá septiembre y la proximidad de campaña electoral excitará los ánimos de nuevo. Es difícil pensar que en Catalunya ocurrirá una especie de revuelta cívica. Más parece que la sentencia del Estatut producirá una primera oleada de excesos verbales y de movilizaciones más o menos problemáticas que se irán agotando con el paso de las semanas.

En noviembre, tanto PSC como CiU insistirán en que todos los ciudadanos acudan a votar. Su fantasma más indeseable es que los niveles de abstención se aproximen al 50%... lo que facilitaría el que nuevas opciones políticas –Plataforma per Catalunya entre otras- lograran entrar en el Parlament. ¿Y luego? CiU no va a traicionarse a sí misma: seguirá haciendo lo que ha hecho hasta ahora: negociar con quien gobierne en La Moncloa las mejores condiciones ¿para Catalunya? ¡No! ¡Para CiU! Lo que es muy diferente…

En cuanto al Estatut asistiremos en los próximos años a historias interminables de leyes y reglamentos establecidos para desarrollarlo y que serán recurridos nuevamente ante el constitucional… que mostrará la misma diligencia en elaborar sentencias que ha evidenciado en esta espera angustiosa de cuatro años.

En realidad, no es el Estatuto el que hay que reformar ahora, sino toda la estructura autonómica del Estado que todo el mundo conviene en aceptar que es demasiado costosa y absolutamente inviable. Es el Estado de las Autonomías el que ha fracasado y ya va siendo hora de reconocerlo.

© Ernest Milà – infoKrisis – infoKrisis@yahoo.es – http://infokrisis.blogia.com – Prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

Siete años perdidos. Balance de la gestión errática de la izquierda catalana

Infokrisis.- El tiempo del tripartito catalán se acaba. Sea cual sea el resultado de las elecciones de noviembre, la próxima legislatura en ningún caso será igual a la anterior. En realidad, estos últimos siete años de política catalana han estado presididos por la parálisis permanente. En lugar de ser un período en el que la izquierda haya aplicado políticas sociales, en realidad se ha limitado a hacer con mucha menos habilidad lo que hubiera hecho CiU de seguir en el poder: atizar el nacionalismo. Si a esto unimos que la inmigración se ha duplicado en los años del tripartito, que no se han adoptado medidas anticrisis, para colmo, la corrupción que había surgido bajo el pujolismo ha salido espectacularmente a la superficie y, finalmente, que opus magnum del tripartito, el nou Estatut, difícilmente saldrá indemne de la prueba del Tribunal Constitucional, todo ello hace que los siete años de tripartito sean siete años perdidos.

En 2003, cuando se convocaron las elecciones catalanas, venció el PSC por apenas 7.000 votos, pero CiU obtuvo 4 escaños más. El cansancio de más de dos décadas de pujolismo y el hecho de que el liderazgo de Artur Mas no estuviera suficientemente asentado hizo que, por primera vez, la izquierda catalana (PSC e ICV) pactaran con un partido de izquierda independentista (ERC) que había obtenido una subida importante (11 escaños más). A la hora de buscar combinaciones para estructurar un gobierno, las conversaciones llevaron a la firma del llamado Pacto del Tinell, sin el cual sería imposible comprender estos últimos siete años de política catalana.

La “doctrina” del Pacto del Tinell

Suscrito el 14 de diciembre de 2003 por PSC, ERC e ICV, el Pacto del Tinell tenía como intención  darles un programa común y estructurar un gobierno de coalición formado por estas tres fuerzas políticas. Dado el espectacular ascenso de ERC este partido parecía ser el árbitro de la situación (Carod Rovira utilizó recordó constantemente en el mes que medió entre las elecciones y la firma del Pacto del Tinell que ellos tenían la “llave de la gobernabilidad de Catalunya”). Se intentó inicialmente un “gobierno de concentración” formado por todos los partidos salvo por el PP, que no fue posible dado que CiU exigía la presidencia al haber obtenido más escaños, cargo al que aspiraba también Maragall argumentando haber obtenido más votos… La segunda posibilidad, el acuerdo entre nacionalistas de CiU e independentistas de ERC tampoco fue viable en la medida en que las exigencias de cada parte parecían excesivas a la otra. Así pues se llegó a la tercera posibilidad: un gobierno de izquierdas formado por socialistas, independentistas y ecosocialistas.

Vale la pena recordar la situación que se daba en la política española en aquel momento. La política nacional estaba dominada por dos temas: las elecciones madrileñas y el debate contra la guerra de Irak. Aznar gobernaba cómodamente amparado en una mayoría absoluta. Se acaban de celebrar las elecciones autonómicas en Madrid (26 de octubre de 2003) que dan la victoria al PP, después de que el 25 de mayo anterior la defección de dos diputados socialistas hiciera imposible la formación de un gobierno de izquierdas.

Después de una primera legislatura (1996-2000) en la que Aznar se había visto obligado a pactar con CiU (pasando del “Pujol enano, habla castellano”, al “yo hablo catalán en familia”), a partir de la obtención de la mayoría absoluta se enrocó en una oposición cerrada contra los nacionalismos periféricos. Esto, unido a la política belicista y al alineamiento favorable a los EEUU en los meses previos a la invasión de Iraq, generó un amplio margen de hostilidad contra Aznar en Catalunya. Aún así era evidente que la economía iba bien y nadie dudaba que con el sustituto de Aznar, Rajoy, el PP volvería a ganar las elecciones. El liderazgo de Zapatero en la oposición era excepcionalmente débil, suscitaba pocos entusiasmos y ya había recibido el calificativo de “bambi” emanado de las propias filas socialistas.

Es en esas circunstancias en las que hay que enmarcar el Pacto del Tinell. Forzado por ERC, pero sin excesiva oposición por parte de PSC e ICV, el Pacto acordó la reforma del Estatuto de Autonomía y exigir un nuevo marco de financiación autonómica. Existía la impresión de que gobernando Aznar en Madrid durante otros cuatro años el “nou Estatut” jamás saldría adelante y, por tanto, ERC pensaba en poder movilizar amplias masas populares jugando la carta del victimismo.

Desde principios de los años 90, Carod-Rovira sostenía la teoría de que la independencia de Catalunya solamente sería posible cuando el PSC adoptara una posición nacionalista. De ahí que Carod estuviera mucho más predispuesto a formar un gobierno de coalición con el PSC en lugar de con CiU: el hecho de que el PSC aceptara no suponía, para Carod, saciar las ambiciones y el hambre de poder atrasada de los cuadros del PSC (como de hecho era en realidad…) sino que este partido se había volcado definitivamente hacia el nacionalismo catalán. Para Carod la independencia de Catalunya dependía precisamente de los socialistas: en el momento en que estos incorporaran tesis socialistas, la independencia estaría al alcance de la mano. El planteamiento de Carod tenía una objeción: los socialistas hubieran aceptado cualquier cosa y la contraria para situar a Maragall en la plaza de Sant Jaume y no estaban dispuestos a discutir la “doctrina Carod” que era, por lo demás, una ficción dogmática.

Maragall, que ya había sido candidato en 1999, repitió nuevamente al frente de la lista simplemente por su obstinación y… porque no existía ningún otro candidato con perfil suficiente como para sustituirlo. Montilla, el sustituto eventual, todavía no era suficientemente conocido por el electorado. En filas socialistas se preveía que Maragall ganaría las elecciones de 1999 con Montilla como segundo de abordo y, tras estar dos años presidiendo la Generalitat, dimitiría por obvios “motivos de salud” para dejar el testigo a Montilla. Esta “hábil” estrategia no contaba con la tozudez de Maragall del cual, en aquel momento, abundaban los rumores sobre su estado de salud y distintos testimonios que aludían a estados de confusión mental que sufría (luego debió reconocer un principio de Alzheimer), además, quienes lo habían visto en ruedas de prensa, conferencias y en su entorno se sabía que frecuentemente su conversación se volvía errática, divagante, contradictoria e incoherente.

A pesar de todo eso, el pacto se firmó el 14 de diciembre de 2003 por Pasqual Maragall (cuyo estado aleatorio de confusión mental pronto pudo advertirse), Carod-Rovira (preso de su doctrina independentista dogmática) y Joan Saura (progre entre los progres y empeñado en no advertir que estaba dejando la pancarta por el coche oficial).

Los acuerdos del Tinell fueron cuatro: "Más y mejor autogobierno. Más calidad democrática", “Un nuevo impulso económico para Cataluña", "Cataluña, una nación socialmente avanzada" y "Una nueva política territorial y ambiental"… de todo este programa solamente en torno al tercer punto se lograron concentrar esfuerzos. De ahí surgió el nuevo Estatuto. Finalmente, una cláusula establecía la prohibición de que cualquier partido negociara con el PP, tanto en la Generalitat como a nivel estatal. Ese fue el inicio del aislamiento del PP del que Zapatero se benefició durante los cinco años siguientes.

El primer tripartito: unidimensional

Cinco días antes de las navidades de 2003, Maragall tomó posesión como President de Catalunya y tres días después se daba a conocer el nuevo gobierno (formado por 8 miembros del PSC, 5 de ERC y 2 de ICV). Saura fue consejero de Relaciones Institucionales y Carod-Rovira “conseller en cap”. Carod, que había llegado con ideas nuevas, provocó la primera grave crisis al entrevistarse con Josu Ternera y otros miembros de ETA en Perpiñán pactando una “tregua” para Catalunya que excluía al resto del Estado. Una vez conocido el episodio, se supo que había acudido a espaldas de Maragall, lo que supuso su salida del gobierno.

Apenas 100 días después de la formación del nuevo gobierno catalán se producen los atentados del 11-M de 2004 y la agitación que siguió en los tres días siguientes. Estos episodios tuvieron como primera consecuencia política la pérdida de las elecciones por parte del PP y la victoria inesperada de Zapatero (que, en el fondo había sido elegido secretario general del PSOE en la creencia de que la inevitable derrota electoral de 2004 acabaría con él sin que ninguno de los barones del PSOE que aspiraban a ocupar la presidencia del gobierno, se quemaran…). Todo esto supuso dos fenómenos: la extensión del Pacto del Tinell a todo el territorio nacional con el aislamiento del PP incorporada como consigna por el zapaterismo y el que el asunto de un nuevo estatuto dejara de ser un tema victimista (por la oposición cerrada que le habría deparado Aznar) para pasar a ser una realidad. Hay que decir que, llegado a este punto, no existía ni la más mínima demanda social de un nuevo estatuto y que, en estos últimos siete años, nunca se ha manifestado, ni siquiera en los momentos de mayor tensión o en el propio referendo para su aprobación.

El ascenso de Zapatero a La Moncloa, supuso una ayuda para Maragall. En efecto, Zapatero había llegado a la secretaría general del PSOE gracias al bloque de votos del PSC y estaba en deuda con este partido. Subía el presidente del gobierno con la promesa de una “España plural” que encajaba perfectamente con el concepto de Maragall de “federalismo asimétrico”. De ahí que Zapatero se comprometiera a aprobar el estatuto que surgiera del Parlamento catalán, tras lo cual se reformaría la constitución convirtiendo al senado en “cámara territorial” y la vertebración del Estado estaría próxima al federalismo maragallano… 

A partir de ese momento, todos los esfuerzos del gobierno tripartito catalán se concentraron en la redacción del Estatuto. Mientras el barrio de El Carmelo se hundía, apareció el “escándalo del 3%” (porcentaje de los contratos de obra pública cobrado por los gestores de la Generalitat como precio por otorgar esos mismos contratos). En el curso de un debate en el parlamento catalán, tras usar la palabra Artur Mas, Maragall contestó “Su problema es el 3%” aludiendo a estos cobros de estas comisiones institucionalizados por CiU. Mas reaccionó virulentamente amenazando con romper el consenso sobre el nuevo Estatuto en caso de que se hicieran más alusiones a este espinoso tema. Maragall rectificó y ni siquiera se creó una comisión parlamentaria para investigar el cobro de estas comisiones.

Pronto se percibió que las medidas ecologistas propuestas por ICV animaban precisamente a las empresas a abandonar Catalunya y deslocalizarse, se percibió que ERC se había convertido en una fuente de problemas (durante el viaje a Israel, Carod-Rovira se negó a participar en el homenaje a Yitzhak Rabin –primer ministro laboralista asesinado- por no encontrarse la bandera catalana presente; pocas horas antes, Carod se había fotografiado con una corona de espinas, ERC había insistido con un énfasis excesivo en el reconocimiento internacional de las selecciones deportivas catalanas).

De ahí que, de todo el primer tripartito solamente se salvara la redacción del Estatuto. Pero con matices, porque, finalmente, no fue el Tripartito quien lo gestionó en Madrid, sino… Artur Mas quien acudió a La Moncloa para pactar con Zapatero aspectos del proyecto para evitar que entraran en contradicción con la constitución española. Y, además, el Estatuto fue objeto de la ruptura del primer tripartito, aprobándose con la hostilidad de ERC. Antes, tras una larga gestación en el Parlament, el texto fue aprobado el 30 de septiembre de 2005 tras un acuerdo in extremis firmado entre el tripartito y CiU sobre financiación autonómica y enseñanza.

El 18 de junio de 2006 se convocó el referéndum sobre el Estatuto después de que fuera aprobado por las Cortes Generales de España el 10 de mayo de 2006. El resultado fue decepcionante para el tripartito: apenas votó la mitad del electorado (48,85%), y de los votantes el 20’76% lo hizo en contra y el 5,34% en blanco. Sobre 6.500.000 de catalanes apenas 1.882.650 habían apoyado, menos de un 30% de la población. Esto indicaba un peligroso alejamiento entre la población y la clase política catalana, pero golpeaba especialmente al tripartito… uno de cuyos partidos, ERC, incluso había recomendado el voto negativo.

El segundo tripartito

A pesar de los modestos resultados del referéndum y de que los consellers de ERC habían sido expulsados del tripartito al recomendar el No en la consulta, al conocerse el resultado de las elecciones anticipadas que siguieron el 1 de noviembre de 2006, se volvió a reconstruir, contra todo pronóstico, la misma fórmula de gobierno.

Nuevamente CiU volvió a vencer en número de votos, mejorando los resultados obtenidos en 2003, pero insuficientes para gobernar. El PSC, ante el deterioro de la salud de Maragall y sus actitudes cada vez más erráticas, optó por presentar como candidato a Montilla. Se trató de unas elecciones-espectáculo entre las que destacó el “folla’t a la dreta” de los jóvenes de ICV, el desnudo del candidato de Ciutadans (que indicaba el estado de indigencia de esta coalición) y la firma ante notario de que CiU no pactaría con el PP.

La historia de este segundo tripartito ha sido completamente gris e irrelevante y el problema de fondo ha radicado precisamente que se ha limitado a hacer más “nacionalismo”, contrariamente a lo que se podía esperar de una coalición “de izquierdas”.

CiU venció en esta ocasión en número de votos y de escaños (48% y el 32% de los votos). De los tres miembros  de tripartito solamente ICV ganó escaños (quedando con un total de 12), mientras ERC perdía 2 y el PSC 5. En cuanto al PP perdió un escaño y Ciutadans ganó 3. Ya por entonces surgieron las primeras propuestas de los que luego se llamaría “sociovergencia” (“gran coalición” entre PSC y CiU), sin embargo, el PSC temía el “abrazo del oso” que podía propinarle el nacionalismo moderado así que optó por revalidar el tripartito por puro afán de supervivencia de los dos partidos derrotados e incluso del ICV que, aún subiendo, seguía siendo irrelevante.

Inicialmente sorprendió que Joan Saura ocupara la Consellería de Interior. Resultaba incomprensible que una personalidad ultraprogresista hasta la náusea, estuviera a cargo de los mossos d’esquadra. Inmediatamente se filtró la maquiavélica explicación: a la vista de que ICV era el único partido del tripartito que había obtenido buenos resultados, se trataba… de erosionarlo situando a su coordinador en la Consellería más expuesta. De hecho, la gestión de Saura ha sido constantemente criticada en estos últimos años (incendio en la Horta de Sant Joan, denuncias por maltrato en las comisarías de los mossos, caos generado por las nevadas con cortes de energía eléctrica que llegaron a prolongarse durante 10 días, intervenciones de los mossos d’esquadra criticadas por el propio Saura…). Lo que debía haber sido una maquiavélica maniobra para erosionar a ICV se convirtió en un foco erosión de todo el tripartito (que hoy sólo sigue siendo defendido por ICV como opción válida).

Hacia principios de 2010 los socios de ICV en el tripartito ya intuían que ellos iban a pagar los errores y horrores de Saura. Ernest Maragall, hermano del ex president y dirigente del PSC, pasó al ataque certificando en enero la defunción del tripartito (del que dijo que “se había convertido en un artefacto inestable, sin vigencia más allá de su mandato actual al renunciar a encarnar un proyecto integral de país”), ERC, por su parte, atacó por boca de Jordi Huguet quien propuso una “gran coalición” (PSC, ERC, CiU) de la que, obviamente, quedaba excluida ICV. Los últimos doce meses de tripartito están suponiendo un año de desintegración y coronan la parálisis de los seis años anteriores al tiempo que extiende un certificado de mala gestión dada la angustiosa situación que vive la población catalana indefensa ante una crisis económica especialmente dura en Catalunya (y mucho más para sus jóvenes) y por la llegada masiva de inmigración islámica ante la complacencia de Montilla.

Con más pena que gloria este segundo tripartito, agotado desde su mismo inicio, fruto de las impotencias de unos y de las ambiciones desmedidas de otros, paralizado en su tarea de gobierno, continuista en relación a los 23 años de pujolismo, está muerto, enterrado y en putrefacción. Se sabe de su existencia porque, de tanto en tanto, se le oye alguna declaración especialmente sobre el recurso presentado por el PP ante el Tribunal Constitucional (y que ha supuesto, en la práctica, la consideración del PP como algo ajeno a Catalunya).

Balance de los últimos siete años de política catalana

A lo largo de los 23 años de pujolismo se generaron una serie de vicios que finalmente estallaron en los últimos años de su gestión y estallados durante los dos tripartitos. No hay que olvidar que el pujolismo arrancó con el escándalo de Banca Catalana, entidad que entró en crisis en 1982. En aquel tiempo Banca Catalana era la mayor entidad financiera de aquella autonomía y en pocos días perdió el 38% de sus depósitos al rumorearse el anuncio de una suspensión de pagos. Las pérdidas fueron cubiertas con cargo al Fondo de Garantía de Depósitos y la entidad intervenida por el Banco de España. En 1984, el nombre de Jordi Pujol fue incluido en la querella presentada por la Fiscalía del Estado que debió prestar declaración. Los fiscales Mena y Villarejo presentaron la petición de procesamiento de los 18 exconsejeros del banco, entre ellos Pujol, por presuntos delitos de apropiación indebida, falsedad en documento público y mercantil y maquinación para alterar el precio de las cosas. Pero 33 magistrados de la Audiencia de Barcelona votaron en contra de procesar a Pujol cuya defensa consistió simplemente en erigirse como “imagen de Catalunya” y considerar que cualquier atraque  contra él lo era contra Catalunya.

Sin embargo, a lo largo de su mandato, Pujol se fue erosionando a causa de su evidente oportunismo al pactar unas veces con el PP y otras con el PSOE, y en lo económico aplicó un programa neoliberal con las correspondientes privatizaciones, las externalizaciones de servicios y los conciertos, mientras se convertía en una tradición consuetudinaria al pujolismo la famosa cuestión del 3% en el cobro de comisiones. Así mismo, en los medios periodísticos catalanes -los que no estaban controlados directamente por la Generalitat o por CiU aceptaban no investigar casos de corrupción que pudieran perjudicar el buen nombre de Catalunya y al seny catalán- optaron por pasar de puntillas sobre todos estos episodios.

El resultado fue que durante el pujolismo Catalunya se convirtió en la zona del Estado en la que más y mejor corrupción arraigó -a poca distancia, eso sí, de Andalucía- y en donde los casos de corrupción pasaban casi completamente desapercibidos.

No es raro que en las elecciones de 2003, CiU perdiera votos a favor de ERC (su vaso comunicante). Una vez estrenada la gestión del tripartito se empezó a ver que con una ICV que carecía completamente de peso político, con una ERC sobredimensionada y con un president del PSC capidisminuido, el anhelo de parte de los votantes de este partido de desplazar el eje de la acción de gobierno de la permanente reivindicación nacional al encaramiento de los problemas sociales, no iba a ser posible.

Desde las primeras sesiones de debate sobre el Estatut se evidenció que para ERC la cuestión era apenas un mero trámite para avanzar un peldaño hacia la independencia de Catalunya. De la misma forma que un salchichón no puede comerse sino cortándolo de rodaja en rodaja, ERC había planificado la independencia en tres fases: el “Estatuto de Sau” (vigente hasta ese momento), el “nuevo estatuto” (que liquidaba prácticamente la presencia del Estado en Catalunya e incluía la definición de Catalunya como nación) y, finalmente, la independencia plena que el propio Carod anunciaba a diestra y siniestra que tendría lugar en 2014.

Sin embargo, las expectativas de ERC quedaron decepcionadas. No logró imponer su “estatuto de máximos” y lo que fue peor para ERC: dado que para aprobar la reforma del Estatut en el Parlament de Catalunya era necesario contar con los votos de CiU, éste partido -en crisis desde que fue arrojado del gobierno catalán- consiguió remontar el vuelo y convertirse en el factor central de la negociación que finalmente llevó a Artur Mas a La Moncloa pactando con Zapatero los recortes necesario para encajar el Estatuto con la constitución española.

A partir de todo esto no puede extrañar que al principio de este análisis hayamos calificado al tripartito de “continuista” en relación a los 23 años de pujolismo. La obsesión nacionalista de CiU había sido heredada por el tripartito a partir de ERC y del saturnismo de Maragall.

En Catalunya donde no existe problema lingüístico, ERC procuró reforzar la presión creando las, verdaderamente desagradables e insidiosas, “oficinas de delación lingüística”. Fue también ERC la que generó amplias protestas del mundo de la cultura al excluir de la Feria de Frankfurt a los escritores nacidos y residentes en Catalunya pero que utilizan la lengua castellana para escribir sus obras. Así mismo, fue ERC la que dilapidó tiempo, esfuerzos y fondos en la reivindicación de selecciones deportivas catalanas, la que abrió costosas “embajadas de la Generalitat” en una docena de países extranjeros… cuando la crisis económica ya despuntaba en el horizonte y podía percibirse a las claras el ocaso del modelo económico del aznarismo y de su versión neoliberal catalana.

A lo largo del primer tripartito solamente Maragall fue un poco más allá del reduccionismo nacionalista exigiendo un nuevo sistema de financiación autonómica, más equitativo que el existente hasta ese momento y que permitiera superar las carencias e insuficiencias de la Generalitat en materia de servicios sociales, educación y sanidad. Hay que decir que si Catalunya necesitaba más dinero era en gran medida por la llegada masiva de inmigrantes en número muy superior a cualquier otra autonomía. Sin embargo, el tripartito no cuestionó absolutamente ninguna de las medidas neoliberales aplicadas por Pujol, ni, por supuesto, se atrevió a investigar –en nombre de la famosa “omertá”- los casos de corrupción que aparecían un poco por todas partes como herencia del período anterior. Fue ERC la que más énfasis puso, precisamente, en bloquear la comisión de investigación sobre el escándalo del 3%. De hecho, si el Estatuto tiró adelante fue por el pacto llegado con CiU: apoyo a cambio de silencio en este espinoso asunto.

¿Dónde estaban las diferencias entre el tripartito y CiU? Simplemente era una diferencia de rostros: los proyectos eran prácticamente los mismos. La única, quizás, era que Pujol mantenía un fuerte liderazgo en la sociedad catalana, mientras que Maragall jamás lo tuvo y Montilla menos aún.

Cuando empieza la gestión del segundo tripartito y ERC sufre su primer retroceso, este partido empieza a sufrir disidencias: se refuerzas las plataformas soberanistas pero ya fuera del control de ERC (Candidaturas de Unidad Popular) y aparecen nuevos partidos (Reagrupament) con posibilidades de arrastrar a los sectores más soberanistas de ERC a la vista de que el Estatut, embarrancado en el tribunal constitucional durante cuatro largos años, no parece ser un camino más adecuado para la independencia. El Reagrupament, reforzado por Joan Laporta, ha llegado a presentar un proyecto de “Constitución Catalana” que excluye completamente al castellano (hablado hoy habitualmente por un 47% de la población) y permitiendo que residentes en las comunidades valencia, aragonesa y balear “adquieran la condición nacional de catalán” con solo solicitarla… Así pues, quienes no hablen catalán no serán considerados catalanes, pero quienes residan fuera de Catalunya y hayan nacido en otras comunidades autónomas pueden convertirse automáticamente catalanes con sólo solicitarlo. A nadie se le escapa que estas consideraciones vulneran un amplio repertorio de leyes nacionales e internacionales y casi suponen una caricatura más próxima a la “rauxa” que al tradicional “seny” catalán.

En torno a estas nuevas iniciativas se van concentrando sectores de la juventud y clases medias especialmente en la periferia de Barcelona que, desengañados de las vías parlamentarias y acuciados por la crisis económica, están intentando dar la batalla con “iniciativas populares” como los referendos independentistas que se vienen sucediendo (con escaso éxito, por cierto) desde el mes de septiembre de 2009. ERC hoy, en conclusión, ya no tiene la gobernabilidad de Catalunya como la tuvo en 2003.

Por lo demás, la crisis económica y la responsabilidad del zapaterismo en su negativa a reconocer la crisis primero, en su reacción tardía después y en su batería de medidas erróneas que han tenido como consecuencia la exacerbación de la deuda pública, han hecho que el Pacto del Tinell saltara por los aires. Hoy el PP (fuera de Catalunya) ya no está aislado. Quien está arrinconado y amortizado políticamente es precisamente Zapatero.

El único éxito que puede contar el tripartito, el acuerdo de financiación autonómica que benefició extraordinariamente a Catalunya, quedó empañado a raíz de la gravedad de la crisis y, sin duda, habrá que renegociarlo muy a la baja. Tanto la reforma del mercado de trabajo como la nueva ley de educación catalana se realizaron según parámetros neoliberales, favoreciendo en el primer caso a la enseñanza privada y en el segundo a los intereses de la patronal.

Si el primer tripartito evidenció la falta de autoridad y el descontrol de que era capaz de llegar Maragall, el segundo fue todavía peor. Educado en el zapaterismo, Montilla se ha negado a reemplazar a conseller requemados y carbonizados por la mala gestión de sus departamentos (Saura en Interior, Baltasar en medio ambiente, Ernest Maragall en educación), lo cual ha ido aumentando la sensación de parálisis en la tarea de gobierno.

Para colmo de males, la proximidad de las elecciones autonómicas y de las municipales y los palpables avances de la PxC cuyo eje de propaganda se centra en la necesidad de cerrar la entrada a más inmigrantes en Catalunya (algo que la población percibe como necesario) y a repatriar a los excedentes (algo que disminuiría el gasto social de la Generalitat y aliviaría la presión que está sufriendo la sociedad catalana, especialmente las clases trabajadores), está generando discordias y dudas en los grandes partidos. Mientras ERC, paradójicamente, es el partido más pro-inmigracionista, ICV está todavía anclado en el irredento “papeles para todos”, el PSC cultiva el voto marroquí, CiU está alarmado por el crecimiento de PxC y la segura pérdida de mayoría en alguno de sus filones tradicionales (especialmente en Osona).

Algunos ayuntamientos han intentado aplicar medidas propuestas por la PxC con el resultado de abrirse fricciones con sus direcciones barcelonesas enrocadas en lo políticamente correcto y dar pábulo a que se hable todavía más de la PxC.

Previsiones para noviembre

Las encuestas oficiales cierran el paso a la entrada de cualquier partido nuevo en el Parlament de Catalunya. Sin embargo, las encuestas privadas o realizadas por gabinetes de sondeos incluyen a Plataforma per Catalunya y a Reagrupament entre los partidos que se sentarán en las bancadas del nuevo parlamento a elegir en noviembre. Quien desaparece de todas las quinielas es Cuitadans que  ha decepcionado ampliamente a su clientela.

Las estimaciones sobre la caída del PSC oscilan entre la “dulce derrota” y el “amargo desplome”, concediéndoles una pérdida de entre el 3 y el 10%. Otro tanto ocurre con ERC que si no ocurre un milagro puede perder entre el 30 y el 50% de los votos que obtuvo en 2006. Paradójicamente, el partido que se ha mostrado más catastrófico a lo largo de estos últimos cuatros años de gobierno puede subir entre lo casi imperceptible (0’5%) y lo moderado (no más del 2%). El triunfo augurado para CiU puede quedar empañado por el Caso Pretoria pero, aún así nadie duda de que rozará la mayoría absoluta sino la supera. En cuanto al PP, la gestión de Alicia Sánchez Camacho no logra que el partido remonte, sino que, por un lado se produce un goteo de cargos y de votos hacia PxC y, por otra apenas recupera votos que en su momento fueron a parar a Ciutadans.

Así las cosas, las quinielas están abiertas para el próximo noviembre. De lo que no cabe la menor duda, es que el tripartito es historia y será recordado en sus dos versiones como uno de los más lamentables períodos de autogobierno. 

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Cooficialidad o conflicto: La cuestión lingüística y la cuestión política

El problema lingüístico aun siendo relativo, existe. Las cifras de utilización de una y otra lengua en 2009 indican que el uso del catalán hace tiempo que ha tocado techo. De hecho, el uso del castellano entre la población que reside en Cataluña sigue yendo muy por delante del que se hace del catalán, 45,9% por 35,6% como promedio. Pero si nos atenemos al área metropolitana de Barcelona, los castellanohablantes (53,8%) duplican a los catalanohablantes (27,8%), según las cifras manejadas por un diario tan poco sospechoso como es El Periódico, editado en dos ediciones castellana y catalana. Así mismo, el castellano también es ampliamente mayoritario en el Campo de Tarragona. En el resto de comarcas, en su mayoría zonas rurales, el catalán sigue siendo mayoritario… justo donde siempre lo ha sido.

La encuesta de El Periódico demostró algo sorprendente: entre los mayores de 65 años (que se habían educado en las escuelas franquistas y en un período en el que la lengua catalana, sin estar prohibida, no gozaba del favor gubernamental ni del apoyo de una institución de autogobierno) el catalán sigue siendo la lengua mayoritaria, pero en todos los demás grupos sociales (incluidos los menores de 40 años que ya recibieron enseñanza en catalán), domina el uso del castellano. En la categoría de jóvenes entre 15 y 29 años, que han utilizado en buena parte de su itinerario escolar el catalán como lengua vehicular de aprendizaje, se reproduce una diferencia de más de 12 puntos porcentuales a favor del castellano.

Es cierto que la mayoría de la población conoce ambas lenguas, pero el dominio del castellano es notoriamente superior (20 puntos porcentuales por delante) cuando se pregunta en qué idioma se habla o se lee habitualmente. La diferencia a favor del castellano es aún mayor cuando se pregunta a los encuestados en qué idioma escriben….

Estas cifras son de junio de 2009 cuando ya se habían cumplido casi seis años de tripartito. En su obsesión lingüística, el tripartito, y especialmente ERC, también ha fracasado.

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¿Por qué el PSC no se distancia de CiU?

Resulta significativo que en las elecciones generales catalanas, el PSC suela vencer, mientras que en las elecciones autonómicas siempre obtiene resultados mucho menores. La explicación es que buena parte de los electores socialistas predispuestos a votar ayer a Felipe González y hoy a Zapatero, se refugian en la abstención en las elecciones autonómicas cuando el PSC intenta mostrar un perfil “nacionalista”.

Dirigido por sectores de la pequeña burguesía catalana, el PSC desde su constitución siempre ha parecido estar más cerca del regionalismo catalanista que del socialismo de Pablo Iglesias. Esto le ha costado perder votos en las elecciones autonómicas, especialmente en el cinturón industrial de Barcelona. Ese mismo fenómeno ya se produjo con el PSUC, mayoritario en la transición en esa zona y que, a causa de sus alardes “nacionalistas” terminó, primero desdibujándose en beneficio del PSC y, más tarde, aportó lo esencial para acreditar el crecimiento del PP en el período 1999. Aun hoy las clases trabajadoras del cinturón industrial son castellanoparlantes e incluso en zonas como L’Hospitalet o Cornellá, o en el mismo Raval barcelonés, se oye antes hablar el árabe que el catalán.

Este posicionamiento del PSC hacia actitudes regionalistas fue el causante de que perdiera sucesivas elecciones autonómicas en los años 80 y 90 y que, a partir de 2003 no estuviera en condiciones de distanciarse de CiU en intención de voto para las autonómicas. Si en 2006, el PSC sufrió una sangría de votos hacia Ciutadans (partido autodefinido como “progresista y de centro-izquierda” pero al que realmente el único tema que toca es el lingüístico). Ciudadans ha estado compuesto por cuatro tendencias: los anti lengua catalana químicamente puros, castellanoparlantes sin orientación política; los socialistas castellanoparlantes, los libertarios contrarios a imposiciones lingüísticas; y, finalmente, los procedentes del PP o de la extrema-derecha sensibilizados por este tema). Pero el hecho de que a lo largo de estos cuatro años, Ciutadans ha votado sistemáticamente las propuestas del PP, ha terminado por romper este partido y situarlo ante su desaparición que tendrá lugar en noviembre de 2010, sin que UPyD –al que ha ido a parar parte de la militancia de Ciutadans- pueda sustituirle.

El PSC pensó que colocando a Montilla al frente de su cartel electoral autonómico, la presencia de un “nuevo catalán” nacido en Andalucía bastaría para aproximarse al sector castellano parlante de la sociedad, sin necesidad de modificar sus posiciones nacionalistas catalanas. No ha sido así, sino todo lo contrario. El breve ciclo de Ciutadans queda como testigo de ese fracaso.

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